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    <title><![CDATA[Noticias]]></title>
    <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/</link>
    <description><![CDATA[Noticias]]></description>
    <pubDate>Fri, 01 May 2026 22:44:18 +0000</pubDate>
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      <title><![CDATA[«Leer es como tener conversaciones inteligentes con personas desconocidas»]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/leer-es-como-tener-conversaciones-inteligentes-con-personas-desconocidas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/GUSTAVO_VALLE_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>La familia como gravedad de destino y como compromiso ingr&aacute;vido que se asume. La infancia, sus tenebrosidades y sus solsticios, sus recovecos de susto y asombre, la hermandad de quienes se dan la mano y se ayudan, mientras construyen camino; el prop&oacute;sito y sentido, la obligaci&oacute;n y el mandado. El viaje. Todo ello puebla las p&aacute;ginas de la &uacute;ltima novela de Gustavo Valle (Caracas, 1967), <em>El brillo de los ni&ntilde;os</em> (Pre-Textos), escrita desde el extrav&iacute;o, con una soltura por donde asoma el disfrute.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- El brillo de la infancia, &iquest;tiene el peligro (o acaso la bendici&oacute;n) de convertirse en fulgor y cegar a quien queda cerca?</p>
<p>- &iquest;En qu&eacute; consiste ese brillo? Se puede pensar que es el brillo propio de la infancia esa condici&oacute;n de excepcional belleza o inocencia que luego perdemos en la vida adulta. Es decir, los ni&ntilde;os, solo por ser ni&ntilde;os, brillan. Pero, los de la novela se encuentran inmersos en un mundo oscuro, y en rigor, son m&aacute;s bien ni&ntilde;os sombr&iacute;os, pues han pasado por experiencias muy duras. Quiz&aacute;s su brillo se manifiesta en su manera de mantenerse juntos, en ese pacto de hermandad que los une, a pesar de las hostilidades. Ese fulgor, como lo llamas, puede tambi&eacute;n cegar y quemar a quienes est&aacute;n cerca. Es la violencia de la que tienen que echar mano para defenderse. Esa &laquo;ind&oacute;mita luz&raquo;, para decirlo con palabras de Luis Albero Spinnetta y Charly Garc&iacute;a. &nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Estos hermanos tienen el prop&oacute;sito de entregar las cenizas de Adela y buscar al t&iacute;o Am&iacute;lcar. &iquest;Es posible vivir sin darle sentido a lo que se vive?</strong></p>
<p>Ese prop&oacute;sito se lo imponen los adultos, concretamente la abuela. Ellos siguen una orden, que es ir a la frontera. Los ni&ntilde;os no suelen tener prop&oacute;sitos, operan de acuerdo a las circunstancias que enfrentan y viven un eterno tiempo presente. Tener prop&oacute;sito implica tener conciencia de una dimensi&oacute;n de futuro, y la infancia es puro presente. Ellos siguen las &oacute;rdenes que les indicaron. Son un poco irreflexivos, como suelen ser los ni&ntilde;os, que viven inmersos en la experiencia. Me interes&oacute; explorar esa dimensi&oacute;n infantil, donde las cosas ocurren para ellos lejos del tiempo de la historia.&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Entre los hipocor&iacute;sticos, el metaplasmo, la anaclasis, la s&iacute;nquisis y la aposiopesis, &iquest;por cu&aacute;l siente usted m&aacute;s querencia? </strong></p>
<p>Jajaja, son las figuras ret&oacute;ricas que aparecen en la novela, en boca del pap&aacute; de los protagonistas. Esas palabras &laquo;raras&raquo; hacen re&iacute;r a los ni&ntilde;os. De todas ellas me quedo con dos: el hipocor&iacute;stico, quiz&aacute;s el m&aacute;s conocido, que es la abreviatura de un nombre, su ap&oacute;cope, por ejemplo, en vez de Yoisiberth decir, Yoisi, o Paco por Francisco. Pero me interesa m&aacute;s la aposiopesis, que es cuando un enunciado se interrumpe, queda incompleto y recurre a los puntos suspensivos. Por ejemplo: &laquo;Si te veo nuevamente haciendo eso, te voy a&hellip;&raquo;, y no se completa la frase. Es como al iceberg de Hemingway pero llevado a un enunciado. Es decir, lo m&aacute;s importante no est&aacute; dicho. Esos puntos suspensivos, ese silencio, contiene todo un relato que debemos rellenar seg&uacute;n el contexto. La aposiopesis requiere, digamos, de un lector que complete la oraci&oacute;n.&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
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<p><strong>Jos&eacute; y Kika, adem&aacute;s de sus respectivos trabajos (hospital y costura) viv&iacute;an de actuar en la calle. &iquest;Por qu&eacute; resulta imposible, salvo excepciones de rigor, vivir de lo <em>in&uacute;til</em>: la escritura, el cante, el baile, la poes&iacute;a&hellip;? </strong></p>
<p>No considero in&uacute;til esas actividades, aunque s&iacute; es muy dif&iacute;cil vivir de ellas. Jos&eacute; y Kika, los padres de los ni&ntilde;os, son, digamos, artistas frustrados que se niegan a abandonar su arte, a pesar del fracaso a cuentas. Me interesa esa dimensi&oacute;n del artista que persiste en su tarea incluso cuando no hay ni reconocimiento ni retribuci&oacute;n. El exitismo opera en el arte de una forma bastante cruel y margina al artista que no cumple con ciertas expectativas. Este tipo de personajes tiene un sentido tr&aacute;gico y humano de gran importancia para la literatura. Pienso en Frenhofer, el personaje de <em>La obra maestra desconocida</em> de Balzac. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p><strong>Diodoro, como S&oacute;focles, solo aspira a morir feliz. &iquest;C&oacute;mo se logra este casi ox&iacute;moron?</strong></p>
<p>A S&oacute;focles se le atribuye una muerte feliz porque vivi&oacute; coronado de gloria gracias al &eacute;xito de sus tragedias, y falleci&oacute; sin dolor a los 90 a&ntilde;os, algo excepcional para la &eacute;poca. Por supuesto, la llamada muerte feliz de S&oacute;focles es una construcci&oacute;n literaria, y parece que se le atribuye a un tal Fr&iacute;nico, poeta de la antigua Atenas, que le dedic&oacute; versos elogiosos a Sofocles y acu&ntilde;&oacute; aquello de la &laquo;muerte feliz&raquo;. Diodoro, uno de los personajes de mi novela, est&aacute; en contra de la muerte, al igual que El&iacute;as Canetti, que se propuso escribir un libro sobre eso. Durante cincuenta a&ntilde;os, Canetti tom&oacute; apuntes con el prop&oacute;sito in&uacute;til de combatir la muerte. El segundo libro de Gonzalo Rojas se llama <em>Contra la muerte</em>. En fin, combatir la muerte es tambi&eacute;n una tradici&oacute;n literaria. Una muerte feliz solo ocurre en la ficci&oacute;n o en los versos de Fr&iacute;nico. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;Viajar es convertirnos en estaciones de tr&aacute;nsito&raquo;. &iquest;De qu&eacute; modo nuestro yo (sea lo que signifique el concepto) se modula en el viaje y en la lectura?</strong></p>
<p>Se modula y se transforma, y puede incluso convertirse en otro. Creo que cambiar de lugar, es decir, viajar, incluso emigrar, es una de las formas de aprendizaje m&aacute;s hondas, y a veces tambi&eacute;n m&aacute;s dif&iacute;ciles. Y la lectura es algo parecido a viajar, una especie de viaje inm&oacute;vil. Pero, &iquest;de qu&eacute; manera ocurre ese cambio o modulaci&oacute;n? Yo pienso que cambia la manera de imaginar, lo que quiere decir que cambia nuestra manera de imaginarnos. Es decir, descubrimos en nosotros aspectos insospechados y nos reconocemos de otra forma a como lo hab&iacute;a hecho antes de viajar o leer.&nbsp; El viaje y la lectura ofrecen herramientas para ampliar la percepci&oacute;n de nosotros mismos. Viajar es como ir de un a libro a otro. Y leer es como tener conversaciones inteligentes con personas desconocidas. &nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Si Gusmarling escribe &laquo;para alborotar incertidumbres&raquo;, &iquest;para qu&eacute; escribe Gustavo Valle?</strong></p>
<p>Siempre he pensado que escribir pone en marcha una m&aacute;quina de fabricar incertidumbres. O al menos, la mejor versi&oacute;n de la escritura buscar&iacute;a eso: alejarse de las certezas, operar con matices, hurgar en el detalle. Pienso que hay que asumir la escritura de esa manera. Es decir, se trata de un debate permanente con la verdad: ponerla en duda, interpelarla, con el objetivo de que prevalezca en su complejidad. Porque la verdad es un conjunto de cosas, muchas veces parad&oacute;jicas y contradictorias. Los grandes escritores suelen ser grandes aguafiestas: detr&aacute;s de las alegr&iacute;as destacan tristezas, detr&aacute;s de un triunfo, concesiones y derrotas. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Pienso en la capacidad intuitiva de Yoisi, que ella rechaza. &iquest;hasta qu&eacute; punto la escritura es eso mismo, una especie de canal medi&uacute;mnico, visionario?</strong></p>
<p>Como cualquier arte, escribir tiene algo de conexi&oacute;n con lo irracional. Es una herramienta que sirve, entre otras cosas, para poder ver lo que no se ve, para conectar con &aacute;mbitos inmateriales. En la novela se menciona a Rimbaud, famoso, entre otras cosas por escribir su <em>Carta del vidente</em>, en la que propone el desarreglo de todos los sentidos para acceder a una revelaci&oacute;n. Es una vieja estrategia que ha llevado a m&aacute;s de uno a la autodestrucci&oacute;n, incluido el mismo Rimbaud, basada en el uso del lenguaje como elemento m&iacute;stico de conexi&oacute;n con lo sobrenatural. Los mantras y las plegarias son viejos mecanismos de comunicaci&oacute;n con el misterio. No s&eacute; si Yoisi rechaza su capacidad intuitiva, pero lo cierto es que sus &laquo;poderes&raquo; le son indiferentes. En el fondo, ella quisiera ser normal.&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Cuando los v&iacute;nculos se interrumpen de manera abrupta (se los lleva el hurac&aacute;n), &iquest;de qu&eacute; modo se repara esa herida, y de qu&eacute; depende que el que los sobrevive no quede del lado de la locura o, digamos, la maldad (l&eacute;ase resentimiento, recelo, amargura)?</strong></p>
<p>En la novela hay muchos v&iacute;nculos rotos, en primer lugar, el que une a padres e hijos. Reparar esas heridas probablemente sea imposible. Gus y Yoisi son hu&eacute;rfanos, y activan la memoria para reconstruir el v&iacute;nculo roto, pues solo en la memoria ese v&iacute;nculo permanece. Y como sabemos que la memoria es uno de los subg&eacute;neros de la imaginaci&oacute;n, entonces la &uacute;nica forma de reparar esos v&iacute;nculos es imagin&aacute;ndolos. Quiz&aacute;s esto, y la actitud indulgente hacia sus padres, a pesar de todo lo ocurrido, les permite sobrevivir a la locura. No es el caso de otro de los personajes, el t&iacute;o, a quien lo acompa&ntilde;a la fatalidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&iquest;Qu&eacute; tiene la infancia que resulta irresistible para la escritura?</strong></p>
<p>Rilke dec&iacute;a que nuestra verdadera patria es la infancia. En la infancia ocurren pr&aacute;cticamente todas las cosas que nos marcar&aacute;n para siempre. Y, al mismo tiempo, escribir es de alguna manera volver a ser ni&ntilde;o, en el sentido de que se trata de reproducir la forma de mirar de ellos, ese intento de recuperar la mirada inocente, para la que todo es nuevo y motivo de asombro. Entonces no solo es interesante cuando los ni&ntilde;os aparecen en las historias, sino cuando la mirada infantil se adue&ntilde;a del que escribe. Por otra parte, para un ni&ntilde;o, el adulto es un obst&aacute;culo contra su libertad, y al mismo tiempo su refugio. Esa tensi&oacute;n y relaci&oacute;n de fuerzas entre el ni&ntilde;o y el adulto quise que estuviera en la novela. &nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Para que el adulto no est&eacute; abocado a abandonar la poes&iacute;a que conoci&oacute; de ni&ntilde;o (o la magia, lo on&iacute;rico, tanto da), &iquest;Qu&eacute; se requiere?</strong></p>
<p>No lo tengo muy claro, pero quiz&aacute;s la clave sea desarmar ciertos dogmas, ese vicio tan arraigado en los adultos. Aprender a moverse en la incertidumbre y abrirse a lo imprevisible. En ese sentido, leer buenos libros es un excelente ejercicio, porque, entre otras cosas, ense&ntilde;a a dudar, a sostener lo ambiguo y cuestionar cualquier asomo de ortodoxia. &nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&iquest;Cu&aacute;nto de Gustavo hay en Gusmarling y Yoisi?</strong></p>
<p>Muy poco. M&aacute;s de mi mujer y mi hijo, que son m&uacute;sicos. Pero en realidad creo que pertenecen al universo de casos reales de ni&ntilde;os migrantes que lamentablemente conocemos trav&eacute;s de las noticias, y tambi&eacute;n de ni&ntilde;os protagonistas de ciertos cuentos y novelas, que me acompa&ntilde;aron durante la escritura del libro, y que al final menciono. Ah&iacute; est&aacute;n <em>La cruzada de los ni&ntilde;os</em>, de Marcel Schwob, los cuentos de los hermanos Grimm, <em>El elegido</em> de Thomas Mann, <em>La infancia de Jes&uacute;s</em>, de Coetzee, y otros.&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&iquest;De qu&eacute; cura la m&uacute;sica que no pueda hacerlo la literatura?</strong></p>
<p>No s&eacute; si el arte cura, pero s&iacute; s&eacute; que ayuda a comprender algunas cosas y aliviar otras. La musicoterapia, por ejemplo, es una disciplina cl&iacute;nica, avalada desde la neurociencia, con efectos comprobados en la rehabilitaci&oacute;n neurol&oacute;gica de enfermos de Parkinson o personas que han sufrido accidentes cerebro vasculares. Sin embargo, creo que una cosa es el arte, y otra la aplicaci&oacute;n de herramientas art&iacute;sticas para tratamientos terap&eacute;uticos. En el caso de la literatura, no dudo de que la expresi&oacute;n escrita sirva para comprender mejor nuestro pasado o hurgar en nuestros traumas, pero creo que su funci&oacute;n principal no es terap&eacute;utica, sino cat&aacute;rtica, y sobre todo problematizadora. La buena literatura no te resuelve los problemas; hace que los veas en una mayor complejidad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 30 Apr 2026 11:53:05 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Daniel Durand, la valentía de contar lo que pasa]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/daniel-durand-la-valentia-de-contar-lo-que-pasa/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/DANIEL_DURAND_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Deliberadamente fr&iacute;volos, inc&oacute;modos, provocadores, prosaicos, en las ant&iacute;podas del poeta-profesor: as&iacute; pueden caracterizarse los poemas de Daniel Durand. Inscrito en la misma generaci&oacute;n que Fabi&aacute;n Casas y Laura Wittner &mdash;la de los poetas argentinos de los a&ntilde;os noventa&mdash;, su trabajo, como ocurre con toda voz po&eacute;tica significativa, desborda ese marco generacional. Los adjetivos no responden aqu&iacute; a un gesto caprichoso: el lector los encontrar&aacute; debidamente documentados en <em>La man&iacute;a de rodar</em> (La Coz, 2025), antolog&iacute;a que en menos de cien p&aacute;ginas ofrece un recorrido por la obra de un autor que nunca hizo un oficio de la escritura; en otras palabras, nunca igual a s&iacute; mismo pero siempre &eacute;l.</p>
<p>Con dise&ntilde;o editorial de Eugenia Parrado y una tapa que evoca influencias abstractas a lo Kandinsky &mdash;en contraste con poemas marcadamente figurativos&mdash;, el volumen re&uacute;ne textos de <em>Lupa de la inmersi&oacute;n</em> (2023), <em>Ruta de la inversi&oacute;n</em> (2007), <em>El estado y &eacute;l se amaron</em> (2006), <em>Cabeza de buey</em> (2012) y <em>Como un Marlboro</em> (2016). La selecci&oacute;n, m&aacute;s que ofrecer un panorama exhaustivo de su obra amplia y variada, parece guiarse por un criterio de legibilidad, priorizando poemas breves y accesibles a lectores ajenos al contexto social, pol&iacute;tico o literario argentino.</p>
<p>&laquo;Hay poetas a los que no se puede separar de su voz&raquo;, dice Laura Wittner &mdash;tambi&eacute;n antologada por La Coz&mdash; al referirse a Durand. Su voz po&eacute;tica funciona como una marca indeleble: aunque se desdibuje y se mezcle con la oralidad urbana, el tono permanece. No hay impostura, pero tampoco confesi&oacute;n. M&aacute;s que un yo biogr&aacute;fico, lo que perdura es una manera de decir desenfadada y alejada de cualquier ret&oacute;rica</p>
<p>Poemas como &ldquo;Ni&ntilde;o con banana&rdquo; o &ldquo;Peque&ntilde;a botella de vidrio&rdquo;, que figura en la contratapa, muestran c&oacute;mo Durand convierte lo m&aacute;s ordinario &mdash;incluso lo escatol&oacute;gico, el residuo, aquello en lo que nadie repara&mdash; en materia po&eacute;tica. Lo cotidiano no se sublima: se presenta tal cual, con toda su sobriedad y violencia. Evita tanto la abstracci&oacute;n generalizadora como el lirismo sentimental sin por ello hacer una &eacute;pica de lo marginal.</p>
<p>Si toda antolog&iacute;a es una vida encuadernada, la de Durand es la creaci&oacute;n de una vida, no su recreaci&oacute;n. Por eso <em>La man&iacute;a de rodar</em> puede leerse &mdash;y en cierto modo vivirse&mdash; como un estado mental alterado: una forma particular de relacionarse con el entorno. La casa de una madre muerta, las linternas de las prostitutas nocturnas del barrio, el cielo de Boedo, los recuerdos de la infancia en Concordia, o un ni&ntilde;o paseando y masticando una banana perfecta por los pasillos brillantes de la ma&ntilde;ana.</p>
<p>De ah&iacute; que <em>La man&iacute;a de rodar</em> sea un libro de m&uacute;ltiples capas: conviven en &eacute;l ecos del modernismo estadounidense, algo del despojo beat y la econom&iacute;a de medios de la l&iacute;rica oriental. Es un libro del ahora y de siempre, un flash po&eacute;tico que nos muestra que basta atender con obstinaci&oacute;n a lo que pasa para hacer l&iacute;rica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Daniel Durand, <em>La man&iacute;a de rodar (Antolog&iacute;a)</em>, Valencia, La Coz, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 22 Apr 2026 08:03:25 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Chicharras y meigas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/chicharras-y-meigas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/DAVID_ROAS_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>David Roas (Barcelona, 1965) es un consolidado autor de g&eacute;nero. Su capacidad para integrar el terror en la alta literatura se ha podido disfrutar en obras como<em> Invasi&oacute;n</em> (2018) y <em>Ni&ntilde;os</em> (2022), ambas editadas, como este volumen &uacute;ltimo, por P&aacute;ginas de Espuma. Adem&aacute;s de narrador es te&oacute;rico del fant&aacute;stico, con ensayos como <em>Tras los l&iacute;mites de lo real. Una definici&oacute;n de lo fant&aacute;stico</em> (P&aacute;ginas de Espuma, 2011).&nbsp;</p>
<p>Este libro, <em>Territorios</em> (P&aacute;ginas de Espuma, 2026) contin&uacute;a con la tradici&oacute;n de lo sobrenatural que aparece en lo cotidiano que alimentaba su anterior entrega, <em>Ni&ntilde;os</em> (2022). Roas ofrece un libro corto, de relatos breves, donde conviven los juegos de la loter&iacute;a de Shirley Jackson, ecos a&nbsp; Luciano Lamberti, el disco de <em>A santa compa&ntilde;a</em> (y, tambi&eacute;n, <em>Devocionario</em>, claro) de Golpes Bajos y la poes&iacute;a de Anton Reixa celebrando San Mart&iacute;n.&nbsp;</p>
<p>La misma portada, entre el espantap&aacute;jaros que nos recuerda la pel&iacute;cula "<em>Scary Stories To Tell In The Dark</em>", pero si la hubiera dirigido Le&oacute;n Klimovsky, con una gorra de Caja Rural incluida, nos coloca en el punto de salida del<em> agro-horror,</em> el <em>folk-terror,</em> los ni&ntilde;os del ma&iacute;z y distintas gradaciones del paganismo adolescentes. La cita de <em>People Are Strange</em> de The Doors, canci&oacute;n cl&aacute;sica de cine ochentero de vampiros en <em>The Lost Boys</em>, con la versi&oacute;n de Echo and The Bunnymen deja claro que esto va de gui&ntilde;os a la cultura pop(ular) desde final de los setenta hasta hoy. Comenzando con &ldquo;Un ga&ntilde;&aacute;n entre el centeno&rdquo;, el primer asomo del h&iacute;pster de Daniel Gasc&oacute;n (que retornar&aacute;n, como todos los malvados, m&aacute;s adelante), esta vez vestido como un observador de Joe Hill, viendo ni&ntilde;os y espectros, un Camilo Jos&eacute; Cela muy sudado, atrapado por las chicharras. Lo &uacute;nico fresco, los ultramarinos. En el interior, lejos de los aires frescos del Cant&aacute;brico. Este primer cuento, en el que a Casimiro se le fue la mano, donde la indiferencia parece m&aacute;s bien desprecio, del Bar Venancio en adelante, acaba siendo un cuento sobre la soledad: la que siente la abuela, abandonada por su familia, que le obliga a evitarla con un espectro. Esa misma dejadez y esa misma compa&ntilde;&iacute;a acaba siendo la &uacute;nica herencia real. Aunque sea curioso que en lo real encontremos un fantasma.</p>
<p>Seguimos hacia &ldquo;A matanza o porco&rdquo;, aqu&iacute;, directamente, llega Os Resentidos dando m&uacute;sica a las p&aacute;ginas, quiz&aacute;, por los disfraces, algo de la nueva visi&oacute;n de <em>Cementerio de animales</em> de Stephen King y los cuernos y pieles que hemos visto en pantalla, con la presencia siempre de Carcosa y el rey de Amarillo. Pero aqu&iacute;, en vez de osamentas paganas hay disfraces de ninjas. Capturar el instante, hacer del refr&aacute;n, &ldquo;A todo cerdo le llega su San Mart&iacute;n&rdquo;, un cuento.&nbsp;</p>
<p>La cita de &laquo;La matanza de los garrulos lis&eacute;rgicos&raquo; nos lleva a los tiempos en los que, armado con un sampler, Juli&aacute;n Hern&aacute;ndez se hac&iacute;a llamar Padre Karras. Volvemos al Bar Venancio y los h&iacute;psters malvados en &ldquo;La invasi&oacute;n de los ladrones de huertos&rdquo;. Aqu&iacute; pivoto en la lectura entre el h&iacute;brido de tomate y tabaco, &ldquo;Tomacco", creado por Homer Simpson en 1999 y la fetidez radioactiva de <em>El color que cay&oacute; del cielo </em>de Howard Phillips Lovecraft. Cr&iacute;tica liviana al capitalismo, paranoia ludita contra las empresas qu&iacute;micas, Palomares, los marroqu&iacute;es bondadosos y las hortalizas de cincuenta pies. Al final, tanto la naturaleza como el dinero acaba recuperando su espacio. Siempre.&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Listo para usar&rdquo; es una miniatura que recuerda la sensaci&oacute;n de infinito estirado que supon&iacute;a el est&iacute;o adolescente. Los recuerdos materiales y los emocionales. El bochorno entre las hermanas. Una que se incendia en silencio y otra que lo hace, mientras extra&ntilde;a a sus amigas de Barcelona. Un vestido maldito que tiene algo de la venganza calmada de <em>Carrie</em> y aleda&ntilde;os.&nbsp;</p>
<p>&ldquo;La conjura de los recios&rdquo; vuelve al mundo rural y aislado, donde los comercios reciben pocos suministros. Al menos una Mahou fr&iacute;a, algo es algo. Ignacio, el protagonista, se entretiene bajo tierra, conociendo a la Santa Pelagra. Es un relato con toques de <em>fantaterror</em> espa&ntilde;ol, nos sentimos entre la trilog&iacute;a de <em>Los caballeros templarios zombis</em> de Amando de Ossorio y una canci&oacute;n de Derribos Arias contra las ni&ntilde;as malcriadas. Toledo y su m&iacute;stica, no es casualidad que sea el arzobispo de Toledo cuando se hable de la orden del Temple. Los santitos paganos, m&aacute;s ni&ntilde;os que santos. Avanza la idea de una iconograf&iacute;a universal, alejada de lo urbano, en la que los dioses anteriores al cristianismo, permanecen en lugares remotos, exigiendo sangre y sacrificios para asegurar la cosecha.&nbsp;</p>
<p>Saltamos, de nuevo, a Os Resentidos: &ldquo;La noche de los puercos vivientes&rdquo;. Un gui&ntilde;o al Necronomic&oacute;n, convertido en Negrocomic&oacute;n y una variaci&oacute;n fon&eacute;tica del cl&aacute;sico, "Ph'nglui mglw'nafh Cthulhu R'lyeh wgah'nagl fhtagn". En Espa&ntilde;a tenemos pocas armas de fuego, desconocemos el olor de la p&oacute;lvora. Encerrados como en <em>Evil Dead</em>, cuando se acaben las pistolas y las puertas y ventanas sean astillas, solo quedar&aacute;n los chasquidos, el orujo y la fuerza bruta.&nbsp;</p>
<p>Mi cuento favorito es el &uacute;ltimo; &ldquo;<em>Rituales</em>&rdquo;: instantes en los que el vapor del oc&eacute;ano se convierte en niebla, como en los discos de Nacho Laguna o las pel&iacute;culas <em>kafkianas</em> de Woody Allen. Un mes&oacute;n con percebes a doce euros, la sensaci&oacute;n de estar ante un lugar que puede aparecer y desaparecer, un lugar cu&aacute;ntico, incluso por la prensa y los habituales. Me acerco al realismo m&aacute;gico rural, a la hechicer&iacute;a del terru&ntilde;o recordando aquel Cant&aacute;brico profundo y at&aacute;vico de Cristina S&aacute;nchez-Andrade o los cuentos de Juan Montiel. Y, claro, la idea de convertir San Andr&eacute;s de Teixido en Innsmouth para una escena de &aacute;nimas, escarabajos y yerbas, que termina en el mar, como esperando a Paco Rabal en su &uacute;ltima aparici&oacute;n, <em>Dag&oacute;n, la secta del mar.</em> Meigas y sanandreses. &iquest;Qui&eacute;n ser&aacute; el tercer muerto para el que suena la mazurca? Buena pregunta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>David Roas,&nbsp;<em>Territorios</em>, Madrid, P&aacute;ginas de Espuma, 2026.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 22 Apr 2026 07:46:19 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[José Manuel Lucía Megías, "El hombre que yo amo" (2025): un itinerario por el ser y el amor]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jose-manuel-lucia-megias-el-hombre-que-yo-amo-2025-un-itinerario-por-el-ser-y-el-amor/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/JOS_MANUEL_LUC_A_MEG_AS_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Todos los poemarios de Jos&eacute; Manuel Luc&iacute;a Meg&iacute;as coinciden en un planteamiento com&uacute;n del que parten y al que llegan: la indagaci&oacute;n continua del ser, la b&uacute;squeda incansable de razones no tanto para vivir sino para sentir, para trascender los l&iacute;mites ordinarios en los que se desarrolla la existencia cotidiana. No significa esto que la suya sea una poes&iacute;a de evasi&oacute;n, bien al contrario: no persigue desviarse del mundo en el que se ancla, sino afirmarlo en otros fundamentos, con el objeto de desvelar sus imposturas y de desmontar los c&oacute;digos trillados de la rigidez de ideas o de la intolerancia.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>0. Principios de una po&eacute;tica visual y humana</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Se explican, as&iacute;, los rasgos formales que, desde <em>Libro de horas</em> (2000), se han ido entretejiendo en sus libros para configurar un discurso diferente, fiado a probaturas extremas de un versolibrismo, lleno de agilidad y de avidez expresivas. J. M. Luc&iacute;a compone poemas extensos, que suelen superar los sesenta versos, sin patrones estr&oacute;ficos determinados, con espor&aacute;dicas asonancias, que se agitan y se desbordan en l&iacute;neas versales que rozan los l&iacute;mites de la p&aacute;gina de escritura y que vuelcan sus sentidos en continuos escalonamientos: hay una dimensi&oacute;n visual que procede de la necesidad de ahondar en los asuntos (siempre reales y concretos) que se abordan, una escala de armon&iacute;as que no depende tanto de los metros regulares como del continuo entrelazamiento de palabras henchidas de sonoridad, que se reduplican en series de sin&oacute;nimos y se amalgaman en secuencias homog&eacute;neas, unidas por an&aacute;foras que sirven de cabecera para los n&uacute;cleos internos con los que el poema acaba construy&eacute;ndose.</p>
<p>A lo largo de un cuarto de siglo, Jos&eacute; Manuel Luc&iacute;a ha ido conformando una po&eacute;tica del ser y de la existencia, alejada de cultas vanidades porque se asienta, siempre, en verdades inmediatas. El entorno de la vida se convierte en el espacio esencial de su indagaci&oacute;n creadora: desde las ra&iacute;ces familiares hasta las heridas causadas por la persecuci&oacute;n de quienes poseen otra orientaci&oacute;n sexual, su obra genera una mirada dirigida hacia un mundo que persigue a quienes tacha de diferentes para salvaguardar inflexibles normativas religiosas o pol&iacute;ticas.</p>
<p>Brotan de los poemarios de Jos&eacute; Manuel Luc&iacute;a proclamas de esperanza (porque siempre hay que creer) y clamores de indignaci&oacute;n (porque siempre hay que resistir). Sus largos y libres versos trenzan, en los telares de la conciencia, un imaginario de ideas y de nociones con las que se definen los esquemas de un pensamiento po&eacute;tico que ense&ntilde;a a reconocer otros mundos, no ilusorios, sino tambi&eacute;n reales y cercanos, que precisaban s&oacute;lo ser nombrados para poder percibirlos.</p>
<p>Sus amplios poemas captan n&iacute;tidas fotograf&iacute;as &mdash;la otra pasi&oacute;n de J. M. Luc&iacute;a: <em>Instantes. Fotolibro po&eacute;tico</em> (2023)&mdash; de la realidad por la que transita el poeta: vagones de metro, barras de bares, aulas universitarias, laberintos de calles o cruces de caminos que se recorren con la finalidad de que puedan ser reconocidos, sabiendo que esos itinerarios traer&aacute;n consigo las experiencias necesarias para proclamar la verdad esencial con la que se titula la antolog&iacute;a que de su obra realizara Pablo M. Moro Rodr&iacute;guez: <em>Yo soy quien soy. Inventario de una noche</em> (2018).</p>
<p>Toda su creaci&oacute;n se enra&iacute;za en una dicotom&iacute;a: para ser hay que sufrir (y vivir), para ser hay que sentir (y escribir). De esta tensi&oacute;n vital y est&eacute;tica surge este &uacute;ltimo libro, en el que el poeta mira de frente a quienes lo rodean para presentar a la persona con la que comparte su vida y proseguir la construcci&oacute;n de una trayectoria po&eacute;tica marcada por un compromiso continuo de buscar y de definir una identidad (creativa y amorosa): <em>El hombre que yo amo</em>.</p>
<p>Acierta J. M. Luc&iacute;a al elegir una declaraci&oacute;n de Mar&iacute;a Victoria Atencia, que ha servido de clave para guiar la lectura de la obra que aqu&iacute; se realiza:</p>
<p>El poema es, por definici&oacute;n, una intimidad confesada. Pero una intimidad suya &mdash;del propio poema&mdash;, y que excluye, e incluso suplanta a la de quien lo ha escrito<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20FERNANDO%20G%C3%93MEZ%20REDONDO%20SOBRE%20EL%20LIBRO%20DE%20JOS%C3%89%20MANUEL%20LUC%C3%8DA%20MEG%C3%8DAS%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20ABRIL%202026.doc#_ftn1">[1]</a></p>
<p>El desvelamiento de esa &laquo;intimidad&raquo; mueve al poeta a trazar un viaje hacia el interior de s&iacute; mismo, con el prop&oacute;sito de encontrar al ni&ntilde;o que fue, al adolescente en que se convirti&oacute;, al hombre que lleg&oacute; a forjarse para afrontar normas y l&iacute;mites coercitivos, ajenos a su verdadera identidad, callada y ocultada durante muchos a&ntilde;os, pero proclamada finalmente en dieciocho poemas que suponen un canto de afirmaci&oacute;n del ser, mediante un discurso po&eacute;tico enhebrado con continuas citas de poetas que fueron perseguidos, pero que aprendieron a plantar cara a la incomprensi&oacute;n de una sociedad biempensante (atrofiada y castradora) e intransigente; contra ella se alzaron Luis Cernuda, Federico Garc&iacute;a Lorca, Jaime Gil de Biedma, Luis Antonio de Villena y, ahora, Jos&eacute; Manuel Luc&iacute;a Meg&iacute;as.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>1. La recuperaci&oacute;n del pasado: el &laquo;nosotros&raquo; del presente</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El viaje se inicia con un &iacute;ncipit que remite a un verso de <em>La realidad y el deseo</em>: &laquo;Placeres prohibidos&raquo; [poema 1.&ordm;]. La lectura del libro de Cernuda marca el presente en el que se el poeta se instala: una playa en donde dos j&oacute;venes se besan, ajenos a todo lo que ocurre a su alrededor. En ese espacio emerge, &laquo;a lo lejos&raquo;, la figura de &laquo;un ni&ntilde;o&raquo;, que golpea la arena de esa playa &laquo;a la espera de un beso que nunca llega&raquo;, pero cruzada tambi&eacute;n por dos mujeres que vuelven el rostro, ofendidas ante un amor que no aciertan a comprender y que sigue su curso imparable:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y mientras,</p>
<p>los j&oacute;venes,</p>
<p>bronceados y tersos,</p>
<p>devoran su juventud con aquel beso sobre la playa (14).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Logra, as&iacute;, el poeta reencontrarse con el ni&ntilde;o que fue y que ha vuelto al presente, convocado por sus versos: con &laquo;El ni&ntilde;o que llevo dentro&raquo; [poema 2.&ordm;] se adentra en el &aacute;mbito de una infancia conformada por evocaciones familiares y por temores que se manifiestan en unas l&aacute;grimas que se vierten en el presente porque no pudieron mostrarse en el pasado:</p>
<p>Esta noche ha despertado el ni&ntilde;o que llevo dentro,</p>
<p>al que hab&iacute;a sepultado bajo la harina del recuerdo,</p>
<p>con las l&aacute;grimas que nunca me hab&iacute;a permitido derramar (15).</p>
<p>Son l&aacute;grimas que traen consigo los recuerdos de un silencio impuesto, que ayudan a recuperar los retazos de una vida que se negaba a s&iacute; misma, pero que adquiere ahora la raz&oacute;n de ser que la creaci&oacute;n po&eacute;tica le presta:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y estas l&aacute;grimas</p>
<p>se mezclan,</p>
<p>por fin,</p>
<p>con los versos</p>
<p>que nunca he dejado de escribir,</p>
<p>llenando de tinta azul las lunas llenas de los dedos (17).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se quiebra, con rotundidad, el silencio en el que aquel ni&ntilde;o lejano hab&iacute;a ca&iacute;do para refugiarse de la hostilidad que lo rodeaba. Se adquiere, de este modo, la firmeza necesaria para proclamar, &laquo;aqu&iacute; y ahora&raquo;, la verdad esencial que esas l&aacute;grimas &mdash;las &laquo;llevo dentro&raquo;&mdash; han conseguido preservar.</p>
<p>El poemario contiene la recuperaci&oacute;n de una memoria ligada a una identidad presentida, pero acallada por circunstancias externas; todos los poemas se van uniendo y reconstruyendo una historia personal, enraizada en una dif&iacute;cil y arriesgada lucha interna contra los prejuicios y las costumbres morales. Para librar esa batalla requiere el poeta un grado de &laquo;Hero&iacute;smo&raquo; [poema 3.&ordm;], necesario para dejar testimonio de un proceso realmente ag&oacute;nico, por cuanto se trataba de vencer la &laquo;irredenta estulticia&raquo;, tal y como la defin&iacute;a Luis Antonio de Villena en <em>Como a un lugar extra&ntilde;o</em>. J. M. Luc&iacute;a entrama v&iacute;vidos recuerdos de una infancia solitaria, sumida en un silencio que se vuelca en versos que est&aacute;n a punto de escribirse, en libros que se convierten en los mejores &laquo;amigos a la salida del colegio&raquo; (19), en vivencias alejadas de las bruscas competiciones de los otros chicos o excluidas de celebraciones de cumplea&ntilde;os a los que no era invitado; se desciende a la fr&aacute;gil condici&oacute;n de la soledad, a ese estado en el que el aislamiento del ser es capaz de avistar o de imaginar lo que todav&iacute;a no se es, pero se intuye:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Recuerdo que,</p>
<p>entonces,</p>
<p>en aquellas tardes de oto&ntilde;o,</p>
<p>esas tardes de nubes barrocas que anuncian tormentas literarias,</p>
<p>ya empezabas a pensar en m&iacute;,</p>
<p>en ese t&uacute; empe&ntilde;ado en cumplir a&ntilde;os,</p>
<p>ansioso por ver tambi&eacute;n cumplidos</p>
<p>uno a uno</p>
<p>todos tus sue&ntilde;os (20).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La recuperaci&oacute;n de ese &laquo;yo&raquo; de la infancia permite vislumbrar las im&aacute;genes que se quieren entregar al &laquo;t&uacute;&raquo; que, desde el presente, indaga en esa conciencia herida, quiz&aacute; abandonada (&laquo;como decepcionantes eran tus solitarios cumplea&ntilde;os&raquo;, &iacute;d.), pero dotada de la entereza suficiente para no llorar ni por la falta de compa&ntilde;eros ni por la &laquo;noticia de la muerte de nuestro padre&raquo; (materia de <em>Aqu&iacute; y ahora</em>, 2020). Se crea, as&iacute;, una primera persona en plural: un &laquo;nosotros&raquo; formado con el ni&ntilde;o que fue y con el hombre que es ahora, capaz de entender el doloroso itinerario de renuncias y de menosprecios a que se vio condenado:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hemos compartido muros de soledad</p>
<p>y de miedo (21).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El presente permite restaurar el pasado, volver a poner en pie unos &laquo;sue&ntilde;os&raquo; que nunca se perdieron, porque segu&iacute;an formando parte de una conciencia que s&oacute;lo necesitaba el suficiente valor para recuperarlos, para llorarlos:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esos sue&ntilde;os que</p>
<p>hoy</p>
<p>se han vuelto l&aacute;grimas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En un gesto impensado. Lleno de versos. Heroico (&iacute;d.).</p>
<p>Sin la poes&iacute;a no hubiera podido producirse esa restauraci&oacute;n de un ser que permanec&iacute;a anhelante del futuro para ponerse, por fin, en pie.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>2. La memoria (herida) de la escritura po&eacute;tica.</strong></p>
<p><strong></strong>&nbsp;</p>
<p>El libro articula una trama anecd&oacute;tica porque hay una historia de una memoria herida que se va recuperando, poema tras poema, para no perderla. Se evoca, as&iacute;, a una figura, ya sin nombre, pero ligada a la revelaci&oacute;n de unos sentimientos que, de otro modo, nunca hubieran podido afirmarse: &laquo;Al compa&ntilde;ero en la &uacute;ltima fila de la clase&raquo; [poema 4.&ordm;]. El &laquo;yo&raquo; del presente, armado ya ese plural que lo une al &laquo;yo&raquo; del pasado, puede recuperar las emociones sentidas cuando entraba en el aula y distingu&iacute;a, ocupando el mismo sitio de siempre, a ese muchacho, el &uacute;nico que compart&iacute;a con &eacute;l un gesto de reconocimiento, acogido con gratitud:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Era el primero en sonre&iacute;rme por las ma&ntilde;anas.</p>
<p>El &uacute;nico (24).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>S&oacute;lo desde el presente se pueden decir las verdades que entonces se ocultaron &mdash;&laquo;Nunca he dejado de amarle&raquo; (&iacute;d.), &laquo;Fue mi primer amor&raquo; (25)- y que ahora se proclaman, tra&iacute;das por el hilo continuo de la una creaci&oacute;n po&eacute;tica, entra&ntilde;ada en una identidad sentimental, mantenida hasta el presente:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Seguro que por aquellos a&ntilde;os le escrib&iacute; poemas de amor.</p>
<p>Mis primeros poemas de amor.</p>
<p>A&uacute;n hoy se los sigo escribiendo (&iacute;d.).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se van entrelazando, de modo progresivo, los eslabones de un libro compuesto al dictado de las emociones recobradas, tanto las sentidas por aquel ni&ntilde;o como las revividas por este adulto. Porque son las mismas, pueden conformar la materia de la obra. Si no fuera as&iacute;, no podr&iacute;a el poeta preguntarse &laquo;&iquest;C&oacute;mo escribir desde el silencio?&raquo; [poema 5.&ordm;], al ser ese &laquo;silencio&raquo; el reducto en el que se refugi&oacute; el ni&ntilde;o al que ahora recupera, para liberarlo de las circunstancias aflictivas en las que hab&iacute;a crecido:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;C&oacute;mo se escribe</p>
<p>desde el silencio,</p>
<p>desde las conversaciones y complicidades</p>
<p>que nunca hemos compartido a lo largo de estos a&ntilde;os? (27).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los poemas conforman el espacio de encuentro entre esos dos seres distanciados por el tiempo y por la vida; el poeta se pone en pie ya convertido en la figura de ese ni&ntilde;o para realizar unas mismas acciones, fijadas en un itinerario preciso de ritos (asistir con su madre a misa cada domingo: &laquo;de cualquier mes en un pueblo con calles de barro&raquo;, &iacute;d.), enfrentado a presencias hostiles, a ciegos reproches, incluso a la mirada absorta de quien lo acompa&ntilde;aba a una ceremonia vac&iacute;a, que nada deja y que todo encubre:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;C&oacute;mo se escribe</p>
<p>sobre lo que nos hemos pasado toda una vida olvidando? (29).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero la memoria regresa al presente, fluye a trav&eacute;s de los versos, se abisma en el mismo espacio que vuelve a ser recorrido; frente a las naves de la iglesia con tumbas medievales, se perfila la angostura de &laquo;El callej&oacute;n&raquo; [poema 6.&ordm;], un pasaje de tr&aacute;nsito &mdash;necesario y temible&mdash; que el ni&ntilde;o ten&iacute;a que atravesar para llegar a la casa de sus primos; eran cinco metros los que se deb&iacute;an cruzar, una distancia corta y erizada de emboscadas:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tan solo cinco metros de silencio y de risas contenidas,</p>
<p>de pu&ntilde;os abiertos y el rojo de las miradas delatoras,</p>
<p>silenciosas,</p>
<p>sin aliento,</p>
<p>a la espera de la presa que se acerca,</p>
<p>que comienza una carrera de tan solo cinco metros,</p>
<p>de cinco interminables metros,</p>
<p>sin aliento,</p>
<p>con los ojos cerrados (31).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El estrecho lugar de paso se estremece con los recuerdos de los golpes, los insultos, los gritos, a los que se responde con la firmeza y con la convicci&oacute;n de quien no est&aacute; dispuesto a rendirse:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>todo,</p>
<p>todo,</p>
<p>todo,</p>
<p>antes que derramar una sola l&aacute;grima (32).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Acude la memoria familiar a construir la trama de los recuerdos recuperados para convertirlos en vivencias desde el presente en el que se escribe; aquellas manos de la madre, que avanzaban con las del hijo por la nave de una iglesia, dan paso a las &laquo;Manos&raquo; [poema 7.&ordm;] a las del padre, que, por ajenas entonces y ahora, no pueden recobrarse:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No recuerdo c&oacute;mo eran las manos de mi padre.</p>
<p>No recuerdo el tacto de sus dedos en mi cara</p>
<p>ni el rojo de los pocos cachetes que tuvo que darme (33).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tampoco logra recordar las de los t&iacute;os, afanadas en los trabajos del campo, convertidas en herramientas. Frente a ellas, adquieren un seguro perfil las manos maternas, por su delicadeza y su agilidad:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las manos de mi madre son peque&ntilde;as y de u&ntilde;as rojas.</p>
<p>Manos para embellecer el mundo con sus gestos,</p>
<p>con el balanceo mar&iacute;timo de su m&aacute;quina de coser (&iacute;d.).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esas manos s&iacute; que devuelven al presente la vida que acunaron, acariciaron y guiaron, en las que se pueden reconocer se&ntilde;ales comunes desde el presente al que se ha llegado:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dos manos que est&aacute;n envejeciendo juntas,</p>
<p>que comienzan a compartir enfermedades heredadas</p>
<p>y un mismo perfil y unas mismas u&ntilde;as (34).</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>3. El deseo frente a la realidad: el descubrimiento del ser</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los poemas se enlazan mediante recurrencias de unas mismas im&aacute;genes: las manos del presente se tienden hacia el pasado en las cuatro secuencias de &laquo;Confesionario&raquo; [poema 8.&ordm;]; son manos asombradas al enfrentarse a la imprevista reacci&oacute;n de la carne que cobraba una forma y un volumen sorprendentes:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el principio, tuvo que haber existido un d&iacute;a.</p>
<p>Una primera hora. Un primer minuto.</p>
<p>Ese instante en que tus diminutas manos</p>
<p>sintieron</p>
<p>por primera vez</p>
<p>el calor</p>
<p>de aquel miembro que,</p>
<p>entre la longitud de tus dedos,</p>
<p>no dejaba de crecer y de volverse m&aacute;rmol (1. 35).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las expl&iacute;citas sensaciones determinan las distintas fases del crecimiento del ser y de la aceptaci&oacute;n de la identidad que ahora se proclama y que sirve para librar a aquel ni&ntilde;o de los temores entonces padecidos.</p>
<p>Y lo mismo ocurre con la atracci&oacute;n sentida hacia un &laquo;&eacute;l&raquo;, hacia un &laquo;hombre&raquo;, que despierta una imprevista red de deseos entrelazados con los sue&ntilde;os:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>So&ntilde;abas</p>
<p>quiz&aacute;s</p>
<p>con verle desnudo,</p>
<p>con poder acariciar aquel pecho de olores de campo,</p>
<p>siempre intuido tras inoportunas camisas de cuadros (2. 37).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero se trata de un deseo truncado por una realidad inapelable, por los l&iacute;mites inflexibles de la raz&oacute;n en los que el ni&ntilde;o vive apresado, incapaz de salir de la inconsciencia en la que se halla sumido:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Siempre te has preguntado c&oacute;mo hubiera sido besarle,</p>
<p>sin saber lo que era,</p>
<p>en realidad,</p>
<p>un beso (3. 39).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La incertidumbre se extiende a los encuentros que se hubieran querido alcanzar y que, ahora, no se sabe siquiera si en verdad llegaron a existir. Siempre el deseo se enfrenta a la terca realidad:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las palabras que abr&iacute;an el c&oacute;digo de los encuentros</p>
<p>nunca fueron pronunciadas.</p>
<p>Nunca m&aacute;s</p>
<p>recorrieron nuestros labios,</p>
<p>si es que,</p>
<p>alguna vez,</p>
<p>en aquellos meses,</p>
<p>lo hicieron (y 4. 41).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La imaginaci&oacute;n del ni&ntilde;o se desborda mientras contempla una escultura de &laquo;San Sebasti&aacute;n&raquo; [poema 9.&ordm;] sumida en la penumbra de esa iglesia a la que acud&iacute;a los domingos junto a su madre. Se trata de una estatua que permanece ajena a todas las miradas menos a las heridas por un deseo presentido y entrelazado a su cuerpo casi desnudo, atravesado su pecho por una flecha que queda clavada en la memoria de quien recrea los detalles de esa imagen, desprovista de santidad y dotada de una fuerza ins&oacute;lita, para convertirla en el s&iacute;mbolo de todo aquello de lo que se carece, pero que se reconoce y se transforma en la materia de los sue&ntilde;os:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y aquella escultura de madera de San Sebasti&aacute;n</p>
<p>era</p>
<p>en tu habitaci&oacute;n</p>
<p>medida de tu verdadera estatura,</p>
<p>como verdadera era la flecha que deseabas que atravesara tu pecho,</p>
<p>y que, entre tus m&uacute;sculos blancos, se perdieran unas manos,</p>
<p>y aquel beso entreabierto de unos labios interrogantes</p>
<p>que no pod&iacute;an dejar de sonre&iacute;r</p>
<p>y de mirarte</p>
<p>en el momento de la entrega (44-45).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una &laquo;entrega&raquo; que se convierte en fundamento de la &laquo;escritura&raquo; po&eacute;tica, forjada ya en el per&iacute;odo de la infancia, entre sue&ntilde;os y temores, deseos y realidades apenas intuidas, que se desbordan en el cauce de &laquo;Mi colcha de versos&raquo; [poema 10.&ordm;], con el presentimiento de que esas razones po&eacute;ticas ser&iacute;an recuperadas en otro momento de una vida que estaba por llegar:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sin saberlo,</p>
<p>me estaba cosiendo una colcha de versos</p>
<p>para cuando llegara el fr&iacute;o m&aacute;s all&aacute; de la infancia (47).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Son dos &laquo;fr&iacute;os&raquo; distintos: el de las inclemencias sufridas en la ni&ntilde;ez, por el miedo en el que se vive, se contrapone al de los escalofr&iacute;os sentidos por la lectura de los libros de poes&iacute;a, con los que se va alimentando el imaginario del adulto que se est&aacute; poniendo en pie, lentamente, apoyado en la lectura:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero,</p>
<p>de pronto,</p>
<p>llegaron los versos,</p>
<p>los hilos de los versos con los que fui cosiendo mi colcha</p>
<p>de lecturas rutilantes y de secretos intuidos solo ante el espejo.</p>
<p>Y,</p>
<p>de pronto,</p>
<p>so&ntilde;aba <em>ser un r&iacute;o y dormir como un r&iacute;o</em>,</p>
<p>y la colcha iba creciendo al ritmo de mis dedos</p>
<p>y la cama se iba haciendo cada vez m&aacute;s peque&ntilde;a,</p>
<p>y mis pies y mis brazos crec&iacute;an tan solo para dormir</p>
<p><em>con aquel camarada que pondr&iacute;a en tu pecho</em></p>
<p><em>un peque&ntilde;o dolor de ignorante leopardo</em> (48).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se evoca la &laquo;Oda a Walt Whitman&raquo; de Federico Garc&iacute;a Lorca como se indica al dar cuenta de los libros que van conformando la memoria literaria que le otorgar&aacute; la lucidez necesaria para alcanzar a ver el mundo de otra manera: <em>La peste</em> de Camus (le&iacute;da en voz alta), &laquo;los deseos de Cernuda&raquo;, &laquo;el abrazo necesario de Gil de Biedma&raquo;, la compa&ntilde;&iacute;a &laquo;del joven fauno Luis Antonio de Villena&raquo; (49), enlazados todos en una escritura incesante de la que emerge un nuevo ser:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y no necesitaba los cuadernos donde anotaba los poemas</p>
<p>porque dorm&iacute;a con ellos,</p>
<p>de hombre a hombre,</p>
<p>arropado por el peso c&aacute;lido de mi colcha de versos</p>
<p>que iba creciendo al ritmo de las u&ntilde;as de mi impaciencia (49-50).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A lo largo de la obra, se reconstruye el fruct&iacute;fero di&aacute;logo con esos poetas que le permitieron trazar una memoria distinta, en la que poder habitar, a salvo ya de las burlas hirientes y de los prejuicios sufridos, protegido &mdash;antes y ahora&mdash; por esa &laquo;colcha de versos&raquo;, con la que logr&oacute; protegerse del &laquo;fr&iacute;o&raquo; de la incomprensi&oacute;n y esperar hasta que llegara el tiempo oportuno en que esas lecturas se convirtieran en las tramas esenciales de los nuevos poemas:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El fr&iacute;o de los versos que</p>
<p>entonces</p>
<p>nunca me atrev&iacute; a escribir</p>
<p>y que</p>
<p>hoy</p>
<p>se vuelven nuevos hilos para mi colcha de versos (51).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los escalonamientos versales permiten contrastar el pasado y el presente &mdash;&laquo;entonces&raquo;, &laquo;hoy&raquo;&mdash;, en el que adquiere sentido ese &laquo;nosotros&raquo; &mdash;el ni&ntilde;o y el adulto&mdash; recuperado en la primera parte del poemario.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>4. La realizaci&oacute;n amorosa: pasi&oacute;n y poes&iacute;a.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La historia que se despliega se refiere a sucesos reales, a actos que se consideran definitivos por la confirmaci&oacute;n que aseguran: &laquo;La primera vez&raquo; [poema 11.&ordm;] corresponde a esa necesidad testimonial de ir fijando las etapas en las que se ha ido forjando la identidad sexual intuida y presentida, hasta que pudo por fin ser vivida y, a la vez, temida; lo anecd&oacute;tico envuelve esta composici&oacute;n en la que se describe un espacio inici&aacute;tico, abocado a la decadencia:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fue en un caser&oacute;n abandonado detr&aacute;s de la iglesia.</p>
<p>O quiz&aacute;s solo era una casa abandonada,</p>
<p>una desconocida casa detr&aacute;s de la iglesia (53).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Se contraponen, as&iacute;, el espacio de la iglesia &mdash;en el que entraba guiado por la mano de su madre y en donde se escond&iacute;a esa estatua de San Sebasti&aacute;n&mdash; con el de una casa en cuyas ruinas se afirmar&iacute;a el urgente deseo de mirar y de ser mirado por alguien con quien se pod&iacute;an compartir unos mismos sentimientos:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero all&iacute; est&aacute;bamos los dos,</p>
<p>aprendiendo juntos a sentirnos adultos,</p>
<p>a imitar gestos que ve&iacute;amos en las pel&iacute;culas o en las reuniones familiares (53).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>O lo que es lo mismo: &laquo;aprendiendo&raquo; a crecer, a sentir la presencia de otro cuerpo, a descubrir el roce de las caricias tanto tiempo imaginadas, hasta ese momento preciso en el que el orden de &laquo;las reuniones familiares&raquo; &mdash;de la cotidianidad normativa&mdash; logra trascenderse:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entonces mi cuerpo se abri&oacute; como un volc&aacute;n,</p>
<p>y el fuego fue avanzando por torrentes v&iacute;rgenes</p>
<p>hasta derramarse en medio de aquella habitaci&oacute;n vac&iacute;a,</p>
<p>llena de excrementos y de ratas muertas (55).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se contraponen el s&uacute;bito gozo de una sexualidad al fin afirmada con la decrepitud de un marco en el que la suciedad y el deterioro simbolizan el temor y el abandono a los que aquel ni&ntilde;o se hab&iacute;a visto condenado; el ahora adolescente inicia una nueva andadura, demasiado fr&aacute;gil, pero s&oacute;lo suya:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nunca volvimos a aquella casa abandonada detr&aacute;s de la iglesia.</p>
<p>Nunca volvimos a sentarnos juntos en el autob&uacute;s.</p>
<p>Nunca volvimos a hablarnos (55).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>La soledad, extendida a lo largo de los a&ntilde;os, hab&iacute;a sido quebrada en esa ocasi&oacute;n concreta, que empezaba y acababa en s&iacute; misma. Pero tra&iacute;a consigo otras promesas que esperaban solamente a ser cumplidas.</p>
<p>El &laquo;nosotros&raquo; &mdash;sujeto po&eacute;tico del libro&mdash; va creciendo, entrando en la adolescencia; el &laquo;yo&raquo; del presente interpela al &laquo;t&uacute;&raquo; del pasado para desgranar los temores vencidos y las ilusiones generadas para descubrir el verdadero ser, obligado a permanecer oculto. La escritura po&eacute;tica constituye el hilo conductor que une los dos tiempos; en &laquo;No es f&aacute;cil&raquo; [poema 12.&ordm;] se traza el marco de unas vivencias que siguen comparti&eacute;ndose, ya en una edad distinta:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No es f&aacute;cil tener quince a&ntilde;os</p>
<p>y que te guste la poes&iacute;a.</p>
<p>No es f&aacute;cil tener quince a&ntilde;os</p>
<p>y que te gusten los hombres</p>
<p>y que te escondas en los rincones a escribir</p>
<p>unos poemas con los que vas descubriendo el mundo,</p>
<p>describiendo sus esquinas y sus detalles m&aacute;s certeros,</p>
<p>aquellos que siempre permanecen ocultos en los espejos (57).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La poes&iacute;a construye &laquo;el mundo&raquo; que le fue negado a ese adolescente que ansiaba ponerse en pie para ser &eacute;l mismo y que tuvo que luchar contra todos los dictados normativos y morales para afirmarse: se amaba &laquo;en silencio&raquo;, &laquo;en secreto&raquo;, &laquo;en el miedo&raquo; (&iacute;d.), pero se amaba porque ya se hab&iacute;an conocido y sentido &laquo;las manos calientes&raquo; que lo guiaron por el deseo, para dejarlo despu&eacute;s solo y obligarlo a volcarse en una creaci&oacute;n cada vez m&aacute;s urgente:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No es f&aacute;cil</p>
<p>necesitar escribir poes&iacute;a</p>
<p>en silencio (58).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero ese ejercicio de creaci&oacute;n &mdash;o de supervivencia emocional&mdash; alberga lo que se calla y descubre lo que aguarda a ser vivido, si acaso puede ser aceptado sin temores:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No es f&aacute;cil</p>
<p>querer vivir en ese mundo de palabras nuevas (&iacute;d.).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las &laquo;palabras&raquo; invocadas acuden a nombrar lo que se busca, lo que se desea, que no es m&aacute;s que poder encontrar a otro ser capaz de compartir esas mismas emociones:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En silencio.</p>
<p>En secreto.</p>
<p>Con miedo</p>
<p>y verg&uuml;enza</p>
<p>a ser descubierto</p>
<p>mientras escribes un poema de amor</p>
<p>y sue&ntilde;as que</p>
<p>un d&iacute;a</p>
<p>lo tendr&aacute; entre sus manos tu compa&ntilde;ero (59).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los versos se entrelazan para construir &laquo;un poema de amor&raquo;, justo cuando asoma, por primera vez, el perfil de ese &laquo;compa&ntilde;ero&raquo; al que el libro se dirige.</p>
<p>El encuentro se produce en &laquo;Una noche en metro&raquo; [poema 13.&ordm;], en unas circunstancias casuales cuyos detalles se recuerdan con precisi&oacute;n:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fue en Barcelona.</p>
<p>Una noche de cumplea&ntilde;os y de deseos</p>
<p>soplados en las risas compartidas de las velas (61).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>En un bar de copas, se suceden &laquo;Su primer beso&raquo;, &laquo;Mi primer beso&raquo;, &laquo;Nuestro primer beso&raquo; (61-62), en una gradaci&oacute;n articulada mediante acciones y sentimientos que van ganando en intensidad: una &laquo;mano&raquo; que se busca, una &laquo;cortina de pl&aacute;stico&raquo; que se descorre, un regreso enseguida hacia la &laquo;luz&raquo;, cuando ya todo ha cambiado, cuando los recuerdos han sido reemplazados por las certezas:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>un pecho acariciado y unas manos exploradoras</p>
<p>que encontraron en mi mano muerta la resurrecci&oacute;n</p>
<p>del sexo, el aliento</p>
<p>cada vez</p>
<p>m&aacute;s ardiente de las piernas</p>
<p>y unos pantalones vaqueros por los tobillos,</p>
<p>y una mano con la copa cada vez m&aacute;s vac&iacute;a, m&aacute;s vac&iacute;a, m&aacute;s&hellip; (63).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un nuevo ser acaba de ponerse en pie para contemplar ese mundo nuevo en el que se entra, con la confianza y la seguridad del raudal de emociones que lo estaban aguardando, para hacerlas suyas.</p>
<p>Ya el poeta no se dirige al &laquo;yo&raquo; recuperado de su infancia y de su adolescencia, sino a ese &laquo;t&uacute;&raquo; que le ha permitido construir un &laquo;nosotros&raquo; distinto, porque ahora el plural ya no mira hacia el pasado, sino hacia el futuro; tales son los &laquo;Escaparates&raquo; [poema 14.&ordm;] que se entrev&eacute;n en el nuevo espacio iluminado por la presencia del ser amado, en una ciudad que resulta trascendida por el amor compartido:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En esa ciudad</p>
<p>siempre</p>
<p>terminamos por encontrarnos</p>
<p>en el c&iacute;rculo incompleto de las miradas entrelazadas de los escaparates (65).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se acota un marco urbano que se recorre en compa&ntilde;&iacute;a, sin necesidad de palabras, con la atenci&oacute;n puesta s&oacute;lo en el instante en que las miradas se encuentran y se reconocen en el espejo confuso de los escaparates, convertidas en una sonrisa com&uacute;n y en unos pasos que se apresuran a buscar otro espacio, ya habitado desde la firmeza de un destino com&uacute;n:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>esa ciudad que,</p>
<p>por un instante,</p>
<p>resucitaba en el calor de nuestros cuerpos</p>
<p>y en la libertad triunfante de nuestras caricias a flor de piel (67).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se accede a una nueva dimensi&oacute;n, forjada no con las realidades cotidianas (los trabajos, los compromisos, las agendas), sino con los deseos convertidos en una vida conjunta:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay otra ciudad m&aacute;s all&aacute; de la ciudad que habitas (&iacute;d.).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sin embargo, el dolor, aunque cambie, sigue acechando: el 2 de abril de 2003 mor&iacute;a en Barcelona Terence Moix, uno de los autores que fue conformando el imaginario de J. M. Luc&iacute;a; para dar cuenta de los ecos oscuros y de las heridas luminosas, se invoca un famoso verso de <em>Poeta en Nueva York</em>, &laquo;Aquellos ojos m&iacute;os de 1910&raquo;, convertidos aqu&iacute; en &laquo;Aquellos ojos m&iacute;os del 2003&raquo; [poema 15.&ordm;]; el poeta se busca, primero, a s&iacute; mismo, en los rumbos que su vida segu&iacute;a, ajeno a la p&eacute;rdida de quien le hab&iacute;a infundido tantas certezas:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;D&oacute;nde estabas aquella madrugada cuando muri&oacute; Terenci Moix?</p>
<p>&iquest;A qu&eacute; otro Ram&oacute;n estaba siguiendo el rastro</p>
<p>o en qu&eacute; risas intentabas columpiar tu deseo? (69).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El poema se llena de presencias reales: Enric Maj&oacute;, el actor que fue pareja del escritor, su hermana Ana Mar&iacute;a o las figuras salvadas de la muerte (Marilyn) por su escritura, mientras la vida de quien se iba configurando en poemarios cada vez m&aacute;s precisos cobraba otros rumbos:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero nada recuerdas,</p>
<p>en realidad,</p>
<p>nada de aquella madrugada</p>
<p>en que Terenci muri&oacute; dej&aacute;ndote,</p>
<p>para siempre,</p>
<p>hu&eacute;rfano (71).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Adquiere sentido, as&iacute;, volver a los &laquo;Armarios&raquo; [poema 16.&ordm;], para adentrarse, una vez m&aacute;s, en el t&uacute;nel lejano de los recuerdos que deb&iacute;an recuperarse, para evocar los signos del progresivo descubrimiento que un ni&ntilde;o iba alcanzando de una identidad que no llegaba a conocer bien del todo; era preciso sumergirse en un pasado m&aacute;s alejado del tiempo en el que hab&iacute;a vivido aquel ni&ntilde;o curioso y &aacute;vido de novedades:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero aquel armario,</p>
<p>el primer armario de mi vida</p>
<p>y en cada uno de ellos se escond&iacute;a</p>
<p>una historia familiar, un recuerdo de suspiros olvidados (73).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entrar en ese inmenso armario de la abuela permit&iacute;a sumergirse en un &laquo;oc&eacute;ano&raquo; (&iacute;d.) de continuas sorpresas y, sobre todo, alejarse del bullicioso mundo de unos compa&ntilde;eros ensimismados en otros juegos, carentes de los misterios encerrados en cajones en los que permanec&iacute;a encerrado el pasado:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquellos veranos en casa de mi abuela,</p>
<p>dentro del armario,</p>
<p>conservan el olor a alcanfor y el silencio</p>
<p>de las historias que solo unos pocos recordaban,</p>
<p>como la mina de oro de la abuela de mi abuela,</p>
<p>de la que solo quedaba el recuerdo de unas escrituras (74).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otra &laquo;mina&raquo; de mayor riqueza fluye a trav&eacute;s de estos versos que se enfrentan al vac&iacute;o de los armarios del presente, mudos testigos de las prisas y del olvido:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y poco m&aacute;s</p>
<p>puedo decir</p>
<p>de los armarios de mi vida.</p>
<p>Y poco m&aacute;s</p>
<p>quiero decir</p>
<p>ahora que se han vuelto transparentes (75).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Prendido en el t&iacute;tulo del poemario <em>Aqu&iacute; y ahora</em> (2020), se fija, de un modo preciso, con ese adverbio de tiempo el punto en el que el presente adquiere, por fin, la dimensi&oacute;n que el amor compartido le otorga. Se alcanza, ya, la &uacute;ltima etapa de esta compleja historia llena de recovecos y de revelaciones.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>5. &laquo;El hombre que yo amo&raquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El hexas&iacute;labo que da t&iacute;tulo al poemario proviene de la canci&oacute;n de Violeta Parra, &laquo;Gracias a la vida&raquo;; el lento y dif&iacute;cil recorrido trazado en este libro conduce a esta declaraci&oacute;n tan precisa: &laquo;El hombre que yo amo&raquo; [poema 17.&ordm;]. Lejos quedan los temores y las precauciones adoptadas ante una vida hostil, los roces ocasionales y los escondites llenos de presentimientos, las estatuas perfiladas con el deseo o los callejones convertidos en desfiladeros erizados; la larga trayectoria en busca de la afirmaci&oacute;n de una identidad humana y po&eacute;tica culmina en esta espl&eacute;ndida composici&oacute;n, en la que concurren la escultura y la arquitectura para poder armar un espacio de encuentro, de permanencia, de seguridad; diez grupos estr&oacute;ficos se entretejen con la an&aacute;fora que proviene de la canci&oacute;n de Parra; de este modo, &laquo;El hombre que yo amo&raquo;, se convierte en una proclama de vida, en una larga y tensa declaraci&oacute;n en la que se procede a describir al hombre amado, en una emotiva semblanza en la que los rasgos f&iacute;sicos se entretejen con los sentimentales; el retrato final adquiere una complejidad extraordinaria:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El hombre que yo amo</p>
<p>tiene las manos grandes (vv. 1-2)&nbsp;</p>
<p>El hombre que yo amo</p>
<p>conserva preguntas infantiles en la mirada (vv. 8-9)&nbsp;</p>
<p>El hombre que yo amo</p>
<p>tiene los pies grandes</p>
<p>e impacientes (vv. 13-14)&nbsp;</p>
<p>El hombre que yo amo</p>
<p>sabe mezclar olores en la alquimia de los pucheros (vv. 22-23)&nbsp;</p>
<p>El hombre que yo amo</p>
<p>se conoce el nombre de todos los m&uacute;sculos (vv. 28-29)&nbsp;</p>
<p>El hombre que yo amo</p>
<p>me sonr&iacute;e cuando me descubre al amanecer (vv. 35-36)&nbsp;</p>
<p>El hombre que yo amo</p>
<p>besa como los &aacute;ngeles (vv. 42-43)&nbsp;</p>
<p>El hombre que yo amo</p>
<p>tiene la barba y el pelo blancos (vv. 49-50)&nbsp;</p>
<p>El hombre que yo amo</p>
<p>pasea a mi lado por las aceras de la ciudad (vv. 53-54)&nbsp;</p>
<p>El hombre que yo amo</p>
<p>siempre estuvo aqu&iacute; a mis espaldas (vv. 60-61) (77-79).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A ese punto se quer&iacute;a llegar: a la confirmaci&oacute;n de la unidad que forman dos seres que se han encontrado, tras haber transitado por mundos muy alejados y que saben, porque as&iacute; lo quieren, que van a permanecer ya siempre unidos:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Solo fue necesario un gesto &mdash;y su insistencia&mdash;</p>
<p>para que nunca m&aacute;s nos separ&aacute;ramos,</p>
<p>para seguir juntos, como siempre lo hab&iacute;amos estado (vv. 63-65) (79).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ello a pesar de la sorda incomprensi&oacute;n de quien no est&aacute; dispuesto a aceptar que el amor, adem&aacute;s de los cuerpos, se fragua en las miradas y se gesta en la armon&iacute;a de las conciencias similares.</p>
<p>Aquel &laquo;nosotros&raquo; con el que se abr&iacute;a el poemario, constituido por el &laquo;yo&raquo; del ni&ntilde;o y del adolescente con el &laquo;yo&raquo; del poeta y del adulto, se transmuta ahora en otro plural: &laquo;Colof&oacute;n. Somos nosotros&raquo; [poema 18.&ordm;], que proviene de <em>Las personas del verbo</em> de Jaime Gil de Biedma; el amor compartido infunde la fuerza y la energ&iacute;a suficientes para sentirse ya a salvo y oponerse al rencor y al desprecio evocados en los primeros poemas; cabe, entero, el itinerario de toda una vida en un verso en el que se alcanza el destino ansiado:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No saben lo que hemos sufrido hasta conquistar este gesto (81).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Frente a la intransigencia mostrada por esa tercera persona en plural (un &laquo;Ellos&raquo; que permanece ya al margen de esta relaci&oacute;n), se pone en pie el &laquo;nosotros&raquo;, forjado con un largo sufrimiento, convertido ya en la indisoluble unidad del &laquo;gesto&raquo; que otorga pleno sentido a los amantes: un beso que no se reduce a la uni&oacute;n de dos labios que se buscan, sino que se transforma en el s&iacute;mbolo final de una vida que ha logrado dejar atr&aacute;s los temores y los recelos, a&uacute;n nombrados porque siguen existiendo:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hemos tenido que permanecer</p>
<p>sin pesta&ntilde;ear</p>
<p>ante una bofetada</p>
<p>y a sonre&iacute;r mientras nos clav&aacute;bamos cilicios de verg&uuml;enza</p>
<p>en las carnes blandas de nuestro miedo cotidiano (83).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo ese padecimiento no ha sido en vano. Dos vidas han cruzado un espacio de sombras hasta alcanzar la luz que irradia de ese &laquo;gesto&raquo; en el que quedan abolidas la humillaci&oacute;n y la soledad:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero todo ha valido la pena,</p>
<p>todo,</p>
<p>todo,</p>
<p>todo,</p>
<p>ante este beso que son todos los besos,</p>
<p>ante este gesto cotidiano,</p>
<p>olvidado,</p>
<p>ante este beso que es ahora,</p>
<p>por fin,</p>
<p>todos nuestros besos (&iacute;d.).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el &laquo;ahora&raquo; del &uacute;ltimo verso escalonado, se integra la suma de esos seres (el ni&ntilde;o, el adolescente, el adulto), recuperados en poemas de dolorosas evocaciones, para constituir el &uacute;nico &laquo;yo&raquo; que adquiere sentido al fundirse, para siempre, con &laquo;El hombre que yo amo&raquo;.</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20FERNANDO%20G%C3%93MEZ%20REDONDO%20SOBRE%20EL%20LIBRO%20DE%20JOS%C3%89%20MANUEL%20LUC%C3%8DA%20MEG%C3%8DAS%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20ABRIL%202026.doc#_ftnref1">[1]</a> Se cita por Madrid, Huerga y Fierro, 2025.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Thu, 16 Apr 2026 12:01:43 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No habrá más penas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/no-habra-mas-penas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/CRISTINA_GIM_NEZ_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Cristina Gim&eacute;nez (Teruel, 1972), despu&eacute;s de una primera etapa po&eacute;tica, presenta este volumen <em>No quiero ser olvido</em>, un salto cualitativo en su obra y que, adem&aacute;s, coincide con la nueva andadura de la editorial Los Libros del Gato Negro. Un libro sobre la conservaci&oacute;n de la memoria, el intercambio emocional, las mujeres de una vida, la vida de las mujeres. La primera parte &ldquo;Hija&rdquo;: &ldquo;Escondido tras el R9 amarillo canario / descolorido por el sol y los a&ntilde;os / esperaban no ser vistos, para no posarla&rdquo; &iquest;Qu&eacute; es la vida? Un recuerdo o una presa que se desborda, con apetito: &ldquo;Esa a la que quisi&eacute;ramos volver, / muchos d&iacute;as cuando ni ves un gorri&oacute;n, / ni oyes unas risas&rdquo;. &iquest;Ni&ntilde;a, madre o hija? Seguimos con una confusi&oacute;n total: &ldquo;Y aparece un hombre casi desconocido. / Una enfermedad que enturbia&rdquo; &iquest;Qu&eacute; queda cuando solo hay un hueco? &iquest;Es el espacio una figura ausente o eso solo eso, distancia y oquedad? &ldquo;Me qued&eacute; acompa&ntilde;ada por el vac&iacute;o&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&iquest;Existe alivio? &iquest;Tiene apellidos o es solo un sintagma atrapado entre los labios sin besos? El texto de Cristina Gim&eacute;nez se construye con preguntas, abotargado de interrogantes. Hay versos como: &ldquo;Un poco m&aacute;s lejos de mis diecis&eacute;is, / y de tus solo sesenta y dos&rdquo;. Lo eucl&iacute;deo es l&iacute;rico cuando trae la pena. Un color para cada tiempo y una distancia por recorrer hasta el final de las p&aacute;ginas. El recuerdo, el pasado, la vida que se acumula: &ldquo;porque nos hab&iacute;an dado todo limpio / y lo dejamos ensuciar&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>La segunda parte, despu&eacute;s de &ldquo;Hija<em>&rdquo;</em>, es<em> &ldquo;</em>Madre<em>&rdquo;</em>: un cambio en las dimensiones cartesianas para asomarse al abismo m&aacute;s bello y temible: &ldquo;Sus burbujas ser&aacute;n mi ox&iacute;geno / y su comp&aacute;s mi satisfacci&oacute;n. / Ser&eacute; sirena y yo ser&eacute; para siempre su/rendido navegante&rdquo;. Una ni&ntilde;a, amasada en su vientre, temer que se deshace la &uacute;nica manera de controlar la distancia entre la arcilla y el barro. O el barro y la arcilla. Dosis alternas de ibuprofeno y paracetamol, el monstruo de la fiebre: &ldquo;Cre&iacute;a ser el centro de tu universo / porque yo era tu alimento&rdquo;. No existe de dolor, llega el anest&eacute;sico: &ldquo;Es porque sabes que ella est&aacute; a punto de respirar&rdquo;. La primera l&aacute;grima entre los versos: &ldquo;Secando la l&aacute;grima que queda&rdquo;. En el pavor encuentras la belleza de lo filial: &ldquo;Hilos de plata / que se deshilacharon desde la luna / y me hilvanaron al sue&ntilde;o perpetuo / m&aacute;s real que la propia vida&rdquo;. La segunda l&aacute;grima se desliza: &ldquo;Huelo azul verdoso. Y seco una l&aacute;grima / antes de que caiga en la arena&rdquo;. La parte de Refugio, un listado de colores que cruzan el libro: rojo, azul, verde (a), negro, amarillas, rojas y blanca. En &ldquo;Allande&rdquo;: &ldquo;Cuando yo me vaya seguir&aacute;n sonando / los trinos y la cascada&rdquo; y en el mismo poema: &ldquo;No habr&aacute; nadie que escuche, / &nbsp;pero ellos dir&aacute;n que un d&iacute;a yo los o&iacute;a correr&rdquo;, las piedras, el suelo, los sabores: &ldquo;Por mucho que duela sabe a miel&rdquo;. En el recorrido de una mariposa azul encuentras un verso que acaba con: &ldquo;Volver&iacute;a a ver los colores, los rincones, las sonrisas y la vida&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Llegamos a &ldquo;Mujer&rdquo;<em>,</em> poemas de t&eacute;cnica, de f&iacute;sica, de la vida contra el sistema internacional: &ldquo;Miles de toneladas de newtons&rdquo; y una cama, sudor, risas, en el descanso llega tambi&eacute;n: &ldquo;Por lo que duele la vida y lo que amarga vivirla&rdquo;. Se fabrican y se dejan llevar los objetos: &ldquo;Mosquiteras que, / sin ser rejas, evitan que yo salga / y me invadan los insectos&rdquo;. Entre los sintagmas, los contenidos y los continentes: &ldquo;Se pierden con fonemas estrictos / cuando en realidad solo desean ser libres&rdquo;. Entrar y cerrar, llenar de muebles la vida, vender la desidia como tiempo para la reflexi&oacute;n: &ldquo;Te am&eacute; y un d&iacute;a arreglar&eacute; la maldita puerta&rdquo; y seguir, en la misma gruta emocional: &ldquo;Y no te recordar&eacute; / ni en el instante de abrirla ni el de cerrarla&rdquo;. La sed del asteroide, el resumen del aliento. Al escribir uno apaga la desesperaci&oacute;n, no sabemos si es la muerte de la carne o el alma que se quiebra: &ldquo;Una no quiere quedarse inm&oacute;vil / ilusionando una puesta de sol&rdquo;. Y sigue: &ldquo;Una siempre est&aacute; recogiendo en su cavidad tor&aacute;cica / las respiraciones y las exhalaciones suyas y de otros&rdquo;. Y as&iacute;, en esa miseria s&uacute;bita, aparecen cuervos, gusanos y alima&ntilde;as: &ldquo;decid&iacute; unilateralmente que un escarabajo / dejasen sus v&iacute;sceras en paz&rdquo; o &ldquo;Envenena todo aquello que est&aacute; cerca / sean gatos sarnosos o p&aacute;jaros tuertos&rdquo;. Y en el instante siguiente. &ldquo;Despu&eacute;s de casi hacerme combustionar / espont&aacute;neamente&rdquo; y as&iacute; &ldquo;Los anhelos desaparecieron con / la escarcha&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>La destrucci&oacute;n puede ser detectada de distintos modos: &ldquo;Los a&ntilde;os explotaron en mi cara / y salpicaron los meses y los d&iacute;as / hasta no quedar nada&rdquo;. &iquest;Y si la muerte es de otro? O si la vida de otro trae un final: &ldquo;Mueres y dejas / el aliento fr&iacute;o que a otro temple&rdquo;, la extra&ntilde;eza frente a uno mismo, el recuerdo de lo b&aacute;sico, el fr&iacute;o o el calor, palabra como arrullo, el recuerdo en&eacute;simo del mar imposible: &ldquo;Solo el mar viniendo a m&iacute;&rdquo;. As&iacute; termina, cuando el lector, explorador, encuentra el verso final y definitivo: &ldquo;No quiero ser olvido&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cristina Gim&eacute;nez, <em>No quiero ser olvido</em>, Zaragoza, Los libros del gato negro, 2026.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 16 Apr 2026 11:36:12 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En la angelical revuelta de la noche]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/en-la-angelical-revuelta-de-la-noche/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/JAVIER_FAJARN_S_DUR_N_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Javier Fajarn&eacute;s (Zaragoza, 1997) ha publicado <em>Alud</em> (Pregunta, 2016) y <em>La ciudad y el cuchillo</em> (Pregunta, 2017) y, unos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, retorna con este volumen <em>Casi como una aparici&oacute;n</em> (Pre-Textos, 2025). La poes&iacute;a herm&eacute;tica y aut&oacute;noma de Fajarn&eacute;s se introduce a trav&eacute;s de la naturaleza y su oxigenaci&oacute;n l&iacute;rica en este nuevo libro, dividido en tres partes. Comienza con &ldquo;Velar el sol&rdquo; donde encontramos muestras de esta actitud po&eacute;tica en el primero de los textos: "Est&aacute;s all&iacute;: / en la playa de las aguas lentas / donde los ni&ntilde;os que no son tuyos / juegan, se cortan, / se hacen torniquetes / y vuelven a jugar". Vida y muerte sobre la arena, que, sedienta de juventud, comparte los besos de sangre que ofrece el poeta. De sus ojos al tiempo en el que los castillos son absueltos y los recuerdos devorados por el agua salada: &ldquo;Esas cartas que me escribes / no son para leerlas. / Si las abro se vac&iacute;an&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>En el segundo de los poemas la contemplaci&oacute;n contin&uacute;a creciendo, en esa dualidad de mar ausente, que lo emparente con la geograf&iacute;a del recuerdo de Julio Antonio G&oacute;mez y el ese verso de imaginario aragon&eacute;s, siempre sediento, a veces helado, de Manuel Estevan: &ldquo;Agujero de palomas: / la noche, la noche lava el mundo&rdquo;. Un poemario may&uacute;sculo que emociona conforme la escarcha de una noche cruje sobre las palabras, cualquier secreto se diluye en el silencio; seguimos practicando el extra&ntilde;ismo pasional del mar ausente: &ldquo;El mar trae los incendios / de islas lejanas / y mi paso por la arena / no arroja al fuego m&aacute;s verdad&rdquo;. Un paganismo alejado de lo urbano, en lo profundo del verde, en lo inmaculado del hielo, musgo para alimentar la noche, que en su falta de calor, reconoce otras voces, que se perpet&uacute;an, agradecidas, por encontrar alguien que las escuche y las escriba.&nbsp;</p>
<p>En el tercero de los poemas encontramos: &ldquo;Los a&ntilde;os se hacen pan sobre la mesa&rdquo;. Aprovechando la ventaja que se le presenta al lector, el extra&ntilde;o alimento nos rodea: &ldquo;Dentro el aire es negro / alguien le comi&oacute; la luz&rdquo;: Arenas que guardan ni&ntilde;os, como un tesoro de corazones, las almas, otra vez, acuden con extra&ntilde;o apetito, en los versos de Fajarn&eacute;s la paz llega con la tarde, la noche, por otro lado, es incendio: &ldquo;Aunque cierres la puerta / seguir&aacute; siendo de noche&rdquo;. Se hacen corp&oacute;reos los iconos en el poema: &ldquo;El silencio ya estaba dicho, &nbsp;/&nbsp; Ya escrito en el cielo de la boca&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>La presencia de los &aacute;ngeles, rebeldes y tr&aacute;gicos, observadores, son herencia de la mitolog&iacute;a de Peter Handke y Win Wenders pero, tambi&eacute;n, se escoran hacia el espacio de pop que ofreci&oacute; el cambio de d&eacute;cada, primero con la conquista de Manhattan por Leonard Cohen y, m&aacute;s tarde, con la trilog&iacute;a berlinesa de U2.&nbsp;</p>
<p>La pincelada pop agudiza el instinto de ciertos lectores, sumando una conexi&oacute;n especial en la &ldquo;Explosi&oacute;n de alas&rdquo;. As&iacute;, agua y ni&ntilde;os vuelven a aparecer: &ldquo;As&iacute;, / es imposible arder: / las aguas de la infancia se lo impiden&rdquo;, la mutaci&oacute;n de lo l&iacute;quido, el camino hacia la nieve: &ldquo;La nieve ha llegado para derretirse / y por eso no escribes en ellas tu nombre&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>La segunda parte del libro lleva como t&iacute;tulo &ldquo;Los nuevos d&iacute;as&rdquo;. Un bis, otra vez un &aacute;ngel, que golpea con sus alas contra la pared, el eco de un grito callado, Nick&amp;Blixa: &ldquo;Desnudo se pisa mejor la noche / no quiere molestar a los que al lado duermen. / Un &aacute;ngel corre de la playa al cielo / y me dice que la siga&rdquo;. Qu&eacute; extra&ntilde;a es la metamorfosis del recuerdo aunque sea tan claro. Pienso en los poemas de lija de Javier Carnicer, el &aacute;ngel oscense, cuya acci&oacute;n creativa sigue siendo nutricia: &ldquo;Las palabras que te empujan hacia el fondo / nadie las elige&rdquo;. Y copio: &ldquo;Solo los libros no escritos / verdaderamente permanecen. / En ellos no hay nada que pudrirse&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>M&aacute;s all&aacute; de la declaraci&oacute;n en el acto creativo, el final se avecina, es la tercera parte, &ldquo;El accidente&rdquo;, un breve cierre para el libro: &ldquo;Y la mitad de lo escrito / se va con las mareas&rdquo;. Es tiempo de abandonar la oraci&oacute;n como alivio y utilizarla como arma: &ldquo;Dios baja las persianas / y nos conf&iacute;a el mundo&rdquo;. As&iacute;, con las escrituras particulares, abrimos el campo visual hacia la recuperaci&oacute;n del espacio perdido: &ldquo;Chocaron dos trenes.../ nos barri&oacute; el temblor.../ un &aacute;ngel de ne&oacute;n atraves&oacute; la carretera&rdquo;. Es tiempo de incendio, es tiempo de dejarse arder. Un libro magn&iacute;fico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Javier Fajarn&eacute;s Dur&aacute;n. <em>Casi como una aparici&oacute;n</em>. Valencia, Pre-Textos. 2025</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 09 Apr 2026 08:07:07 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La búsqueda en el infinito]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-busqueda-en-el-infinito/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/YOHANA_ANAYA_RUIZ_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Yohana Anaya Ruiz (Estepona, 1994) publica su poemario <em>Diario de un encuentro</em> a trav&eacute;s de la Plataforma de poetas por Teruel, revisando de manera l&iacute;rica, su incursi&oacute;n en la realidad de Centroam&eacute;rica. Desde M&aacute;laga hasta Honduras primero y, m&aacute;s tarde, Panam&aacute;. De Estepona a Teruel, donde Yohana se ha dedicado a la docencia y la actividad cultural.&nbsp;</p>
<p>La primera parte comienza en M&aacute;laga, a&ntilde;o 2019.&nbsp; Acci&oacute;n y observaci&oacute;n. Escapada hacia delante. Buscar ox&iacute;geno y alimento, que el alma se encuentre en sinton&iacute;a con el cuerpo: &laquo;En una cama que huele a libertad&raquo; o &laquo;Hoy voy a respirar mis propios sue&ntilde;os&raquo;. Una vida mon&oacute;tona, ins&iacute;pida que se diluye en el paisaje de M&aacute;laga: &Aacute;msterdam, Panam&aacute;, como un aviso, la eterna longitud del camino y el poeta Fernando Merlo, como una aparici&oacute;n: &laquo;Estoy atravesando el mundo/para poder encontrarme&raquo;. Es clima es un insecto sediento que se apodera del alma al llegar a Honduras: &laquo;Soy una flor de pl&aacute;stico sedienta / en mitad de un aeropuerto&raquo; o &laquo;Repleto de ojos extra&ntilde;os / que quieren arrancarme las ra&iacute;ces / que a&uacute;n no han nacido&raquo;. Un pa&iacute;s con apetito, un cuerpo desfasado frente al tiempo y el espacio, los sentidos saturados antes se&ntilde;ales extra&ntilde;as: &laquo;Y me siento dentro de una canci&oacute;n / que sue&ntilde;a en una radio sin se&ntilde;ales&raquo;. Santos distintos, Rosa, la Santa de plegaria confusa: &laquo;En la cocina demasiado espacio/para tan poca comida&raquo;. Con lo m&iacute;nimo, frente a ojos desconocidos. &laquo;Y hago la cama con unas s&aacute;banas sucias que conservar&aacute;n mi olor&raquo;. Es un proceso de deconstrucci&oacute;n para la poeta, en casa extra&ntilde;a &laquo;Las cicatrices se posan / unas encima de otras: / No hay espacio para tanto dolor&raquo;. Como una palabra min&uacute;scula en mitad de un continente que nos llama, al que llamamos, inmenso: &laquo;&iquest;Por qu&eacute; tanto silencio / sobre mi almohada?&raquo; Hambre, riqueza, pantallas europeas, calles pobres y libres para los ni&ntilde;os &laquo;En Honduras a&uacute;n existen ojos/que observan su cielo&raquo;. Y ojos, y presencias y su misma ausencia de Espa&ntilde;a se convierte en algo distintivo. &laquo;Venir aqu&iacute; ha sido / el mejor de mis errores&raquo;. En las playas de Cayo Cochinos, se mezclan Homero, H&eacute;cate, Cronos y Morfeo. El Mediterr&aacute;neo, padre distante del Atl&aacute;ntico, la arena en la boca, el Pac&iacute;fico, Centroam&eacute;rica, respirar el mar en la distancia: &laquo;Solo es real la niebla:/los recuerdos no se pueden tocar&raquo;. El cuerpo lleno de destilados, sangre y v&iacute;sceras. Todas invadidas por el ej&eacute;rcito, novedoso, salvaje: &laquo;Somos presente con / ansia de futuro&raquo;.&nbsp;</p>
<p>La segunda parte nos lleva hasta Panam&aacute;: &laquo;Usted me embarg&oacute; todos los miedos&raquo;. Soledad, y compartida metamorfosis: &laquo;Jingo&iacute;smo sobre la sandalia/objeto de tortura para los insectos&raquo;. Ni&ntilde;os que cambian de tierra, pero respiran con un mismo orden, en la distancia se reconocen, juegos y gritos: &laquo;El mundo de los tres ni&ntilde;os est&aacute; compuesto de/nubes que lloran/cielos que lloran, /un &aacute;rbol que llora / y tres voluntarios que sonr&iacute;en&raquo;. De Santa Rosa a Santa Clara: &laquo;Lloviese o no / est&aacute;bamos empapados de tiempo&raquo;. San Carlos, Panam&aacute;, cuerpo de tierra, lengua que atraviesa: &laquo;Maldigo haberme quedado quieta/mientras t&uacute; te hac&iacute;as due&ntilde;o de mi insomnio&raquo;. El cambio, el tiempo que escapa a la casualidad a trav&eacute;s del trabajo. &laquo;Este sendero conoce todas tus heridas: / esta tierra ya forma parte de tu cuerpo&raquo; El humor agrio de la torreta del alcohol, a la miseria p&eacute;rfida: &laquo;Y aquel domingo, / el olor a ira lo invadi&oacute; todo&raquo;, Jorge Guill&eacute;n y Julio Cort&aacute;zar mezcl&aacute;ndose en una ciudad loca de geometr&iacute;a. &laquo;Estar&aacute;n perdidas las viejas/almas del pueblo paname&ntilde;o/eternamente desorientadas/ entre esquinas&raquo;. El retorno a M&aacute;laga, Isabel Bono, Antonio Luque, un amor del mont&oacute;n, pero el mont&oacute;n era m&iacute;o: &laquo;M&aacute;laga es un poema dibujado en un mapa, / es una tienda de posibles / de la que todos somos due&ntilde;os y clientes&raquo;, el esplendor en la hierba, &laquo;M&aacute;laga es un imposible / hecho realidad&raquo;. Un libro que se expande, sensible, que hace del viaje una limpieza del alma, entender M&aacute;laga, entender a la poeta. Y hacerlo en la distancia.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yohana &nbsp;Anaya Ruiz, <em>Diario de un encuentro</em>, Teruel, Plataforma de poetas por Teruel, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 01 Apr 2026 08:00:06 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Luditas, posmodernos y capitalistas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/luditas-posmodernos-y-capitalistas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/DANIEL-GASC_N-2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Daniel Gasc&oacute;n (Zaragoza, 1981) lleva a&ntilde;os siendo uno de los columnistas y generadores de opini&oacute;n m&aacute;s importante de Espa&ntilde;a. Su labor period&iacute;stica en El Pa&iacute;s y Onda Cero y, sobre todo, como director de la edici&oacute;n espa&ntilde;ola de la revista cultural <em>Letras Libres</em> lo ha situado como uno de los referentes del pensamiento liberal en nuestro pa&iacute;s. Adem&aacute;s de su obra como narrador, en la que destacan <em>Entresuelo </em>(Mondadori, 2013), el d&iacute;ptico <em>Un hipster en la Espa&ntilde;a vac&iacute;a </em>(Mondadori, 2020) y <em>La muerte del hipster</em> (Mondadori, 2021) o <em>El padre de tus hijos</em> (Literatura Random House, 2023). Tambi&eacute;n ha destacado como ensayista en <em>El golpe posmoderno </em>(Debate, 2018), un posicionamiento pol&iacute;tico contra el proceso soberanista y el consiguiente intento de golpe de estado en Catalu&ntilde;a.&nbsp;</p>
<p>Guionista, presentador de podcast, colaborador en televisi&oacute;n, traductor&hellip; Su &uacute;ltimo libro, <em>Los nuevos Bartleby. Cr&oacute;nica de un cansancio colectivo</em> (Editorial Rosamer&oacute;n, 2026) incluye una nueva traducci&oacute;n del cl&aacute;sico relato de Herman Melville, <em>Bartleby el escribiente</em>, al que Daniel aporta una serie de reflexiones sobre la situaci&oacute;n social y pol&iacute;tica occidental y su relaci&oacute;n con el resto del planeta, tanto en el aspecto laboral, emocional o de comunicaci&oacute;n. Daniel Gasc&oacute;n recoge la existencia de una fracci&oacute;n mundana donde colectivos envilecen el capitalismo, pero no evitan su disfrute.&nbsp;</p>
<p>Esa manera con la que se relaciona la obra de Herman Melville con la de George Saunders, en sus cuentos de futurismo ofim&aacute;ticos, hace que entendamos la fascinaci&oacute;n que produce el autor en referentes de la narrativa contempor&aacute;nea como Rodrigo Fres&aacute;n. Esa manera gestionar la estructura laboral como la contracci&oacute;n de la administraci&oacute;n p&uacute;blica que nos recuerda a Mariano Jos&eacute; de Larra o el mismo Franz Kafka. Estructuras mastod&oacute;nticas que permiten el anonimato y el sabotaje.&nbsp;</p>
<p>Es el trabajo un elemento necesario, pero t&oacute;xico, como lo es el presentismo, la expansi&oacute;n del tiempo hasta el extremo. Eliminar la eficiencia a trav&eacute;s de la generaci&oacute;n de conflictos, de una especie de nuevo ludismo, capaz de quejarse del progreso a trav&eacute;s de m&oacute;viles de &uacute;ltima generaci&oacute;n. El sistema se destruye desde dentro, como hemos visto en series como <em>The Office </em>o momentos del mejor humor, el de personajes como George Costanza, el cl&aacute;sico de Larry David, <em>Seinfeld</em>.&nbsp;</p>
<p>Vivimos en una sociedad en la que la edad es algo cualitativo, se han retrasado las acciones y las responsabilidades. Tiempos de exaltaci&oacute;n, sumidos en un carrusel ininterrumpido de est&iacute;mulos, de moralidad elemental, infantil: una vida de eterno moscoso funcionarial o ausencias escolares justificadas por padres, como la de los adolescentes y los pol&iacute;ticos en tr&aacute;nsito, yendo en una flotilla hacia Gaza o volviendo a subir historias en Tiktok sobre/contra el <em>Cambio clim&aacute;tico</em>. Pedir el decrecimiento econ&oacute;mico en libros que acaban siendo &eacute;xitos de ventas: paradojas que Daniel Gasc&oacute;n acumula y trata con su humor <em>somarda</em> (perm&iacute;tanme esa forma de expresi&oacute;n aragonesa), ca&uacute;stico. En el silencio de los seres humanos, sin ni&ntilde;os, solo frutas y verduras, la naturaleza abri&eacute;ndose paso, un escenario postapocal&iacute;pico, dist&oacute;pico, de videojuego y serie de Netflix.&nbsp; Un problema complejo resuelto con p&oacute;cimas y lugares comunes.&nbsp;</p>
<p>Una disyuntiva universal, que implica a toda la humanidad, tratada con lemas ostentosos y reivindicativos. Sacarle el dinero a los ricos, impuestos a las rentas altas, un mundo sin antibi&oacute;ticos, sin vacunas, sin agua caliente para las duchas. &iquest;La IA nos har&aacute; compa&ntilde;&iacute;a? &laquo;A nivel individual se puede vivir f&aacute;cilmente como una amenaza, pero mi trabajo es una mierda y tengo miedo de que desaparezca&raquo;. Daniel Gasc&oacute;n, certero como siempre, se&ntilde;ala al mejor de los profetas, Michel Houellebecq: primero con el ascenso del islamismo pol&iacute;ticamente goloso, que nos dejar&aacute;, a los hombres recuerden, en una posici&oacute;n de poder y comodidad, en la que seguir&aacute; valid&aacute;ndose la narrativa de la &uacute;ltima d&eacute;cada en Espa&ntilde;a: &laquo;Por lo menos no manda la derecha&raquo;. Las redes sociales sirven para una cosa y para la opuesta. Es un mundo de contradicciones. La delaci&oacute;n se enfrenta a lo pol&iacute;ticamente correcto y exige el anonimato. En el libro aparece la serie <em>Severance,</em> Enrique Vila-Matas, los Monty Python, la generaci&oacute;n post-Covid, Gilles Deleuze, la manufactura y el copista, Georges Perec, Mark Twain y Saul Bellow, Barcelona y <em>El Lazarillo de Tormes</em>. Daniel Gasc&oacute;n en estado puro, haci&eacute;ndonos pensar con una sonrisa perpetua. La gran pluma de nuestra generaci&oacute;n, la sensatez ir&oacute;nica, la pasi&oacute;n por la libertad pura, herencia directa del recordado F&eacute;lix Romeo. Jam&oacute;n y besos. Eso s&iacute; que preferir&iacute;a hacerlo.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Daniel Gasc&oacute;n, <em>Los nuevos Bartleby. Cr&oacute;nica de un cansancio colectivo. </em>Incluye la traducci&oacute;n de <em>Bartleby el escribiente</em>, de Herman Melville, Barcelona, Editorial Rosamer&oacute;n, 2026.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 01 Apr 2026 07:50:42 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Francisco Layna: «El lenguaje no transmite, resuena»]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/francisco-layna-el-lenguaje-no-transmite-resuena/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/FRANCISCO_LAYNA_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Digamos que en la poes&iacute;a de Francisco Layna (Madrid, 1958) la idea es el punto de sutura que descose todo lo dem&aacute;s: el acento de orfebre, la musicalidad siempre a punto de desequilibrio y, por tanto, alt&iacute;sima, los sintagmas de aparente siega que engendran tumultos de sentido y posibilidad. De nuevo, el vuelo. La polinizaci&oacute;n insistente. Se sirve del humor como respuesta certera al enigma, permitiendo que lo aut&eacute;ntico tenga hechura cotidiana. <em>Nunca, mil y gigante</em> (Dilema) re&uacute;ne su poes&iacute;a completa. Recuerden: la contrahuella de sus versos es tan alta como el tiempo que empleemos en habitarlos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El poema no te habla, te obliga a ajustar tu respiraci&oacute;n, tu tiempo de lectura, tu expectativa de sentido&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Al hilo de una de las reflexiones que hace Eduardo Espina en el pr&oacute;logo, &iquest;c&oacute;mo saber que un poema canta y no habla?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-S&iacute;, supongo que te refieres a una de las afirmaciones de Eduardo, esta: &laquo;Puesto que no saben cantar, hoy los poetas hablan&raquo;. O, tal vez, a esta otra: &laquo;Noble forma de hacer cantar al idioma, y en la cual, el lenguaje se reencuentra con sus aspiraciones de plenitud&raquo;. Es esta una habitual referencia a lo po&eacute;tico en cuanto realizaci&oacute;n sonora. Prefiero, por ahora, centrarme en un verso de Espina: &laquo;Eso o a su vez sacar acaso de la galera/el canto a priori de un cuerpo privado&raquo;. &iexcl;Fant&aacute;stico! En un primer vistazo quiero leer lo siguiente: se trata de elegir, nos dice Espina, entre lo dado o inventar desde cero la voz &iacute;ntima de un ser antes de que el mundo la condicione. Pero esto que acabo de hacer es reducirlo todo a una explicaci&oacute;n que, adem&aacute;s de empobrecer, tan solo es una preferencia de lectura entre much&iacute;simas otras. Sin embargo, puedo orientar mi mirada hacia la sonoridad y me percato de la abundancia de vocales abiertas o / a / e / a / a. Tambi&eacute;n de la repetici&oacute;n del sonido [k]: &laquo;sacar&raquo;, &laquo;acaso&raquo;, &laquo;canto&raquo;, &laquo;cuerpo&raquo;. La &laquo;<em>c&raquo;</em><em> </em>genera peque&ntilde;os golpes r&iacute;tmicos. Da sensaci&oacute;n de extracci&oacute;n, corte, aparici&oacute;n. Esto encaja con la idea de sacar/emerger. Si lo leemos marcando acentos naturales, es decir, si atendemos al ritmo interno, constatamos algo peculiar: la primera l&iacute;nea es m&aacute;s ondulante, mientras que la segunda est&aacute; m&aacute;s segmentada, m&aacute;s golpeada, como si el verso pasara de pensamiento a materialidad. Me remito a aquella idea de Ezra Pound (<em>Melopoeia</em>) de que el poema canta cuando el lenguaje se acelera m&aacute;s all&aacute; de la sem&aacute;ntica, es decir, cuando el significado es una propuesta derivada por el sonido. El lenguaje no transmite, resuena. El poema no te habla, te obliga a ajustar tu respiraci&oacute;n, tu tiempo de lectura, tu expectativa de sentido. No es un razonamiento, es todo lo contrario pues pulsa, suspende, retarda en el sonido. &iquest;Eso es cantar? No lo s&eacute;, tan solo intuyo que eso es el canto o que por ah&iacute; van los tiros cuando la explicaci&oacute;n llega demasiado tarde.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;En un poema que canta, cada verso es un campo de fuerzas, y funciona por acumulaci&oacute;n, no por progreso&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Existe un orden interno capaz de hacer que el poema funcione, a pesar de cambiar de orden ciertos versos?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Esther, esta pregunta es muy interesante. Intentar&eacute; vincular esta pregunta a la anterior, a la sonoridad. Digamos que hay dos tipos de orden interno: 1) Orden discursivo (poema que habla, como dec&iacute;a Espina) y 2) Orden r&iacute;tmico&ndash;intensivo (poema que canta). En el primero el poema funciona como una secuencia l&oacute;gica o ret&oacute;rica. Los versos est&aacute;n encadenados por el desarrollo de una idea, de una progresi&oacute;n narrativa o argumentativa, de una causalidad o de un contraste. En este caso, cambiar el orden rompe el poema o lo debilita gravemente. Pensemos en sonetos cl&aacute;sicos, eleg&iacute;as explicativas, poes&iacute;a meditativa o confesional. Aqu&iacute; el orden es externo al verso: el verso sirve a una arquitectura superior. En el segundo orden, el r&iacute;tmico&ndash;intensivo, el poema no avanza: orbita. Los versos est&aacute;n unidos por ritmo, recurrencias sonoras, im&aacute;genes, tensiones afectivas. El orden es interno a cada verso y a su vibraci&oacute;n, no a la secuencia l&oacute;gica. Cambiar el orden no destruye el poema de inmediato. A veces incluso revela mejor su funcionamiento. &iquest;Entonces el orden no importa? Importa, pero no como sintaxis del sentido, sino como respiraci&oacute;n, presi&oacute;n, pausa o ca&iacute;da. En un poema que canta, cambiar un verso no modifica <em>el significado</em> [si es que existe], cambia la intensidad. El poema no dice: &laquo;primero esto, luego aquello&raquo;, sino &laquo;esto insiste, esto vuelve, esto no se resuelve, queda en el aire, en el eco, en tu memoria&raquo;. En un poema que canta, cada verso es un campo de fuerzas, y funciona por acumulaci&oacute;n, no por progreso. Por eso en Celan, en Vallejo, en Mallarm&eacute;, en Eduardo Espina el orden importa, pero no como cronolog&iacute;a, sino como densidad.&nbsp;</p>
<p>Tu pregunta se origina en dos de los poemas sobre la vejez que aparecen en <em>Oraci&oacute;n en 17 a&ntilde;os.</em> En aquella ocasi&oacute;n, tom&eacute; el mismo texto y lo present&eacute; en dos disposiciones: Poema A (&laquo;Probablemente la &uacute;ltima oportunidad para evitar la vejez&raquo;), avance natural hacia el &uacute;ltimo verso. Poema B (&laquo;Para evitar la vejez probablemente la &uacute;ltima oportunidad&raquo;), retroceso exacto desde ese mismo &uacute;ltimo verso. No es un viaje a la semilla, no lo es. Lo que all&iacute; intent&eacute; fue establecer una diferencia de respiraci&oacute;n entre las dos versiones. El poema A (avance hacia el &uacute;ltimo verso) funciona como acumulaci&oacute;n que desciende, presi&oacute;n que se espesa, ca&iacute;da lenta hacia un cierre. En efecto, ese verso final act&uacute;a como cierre fisiol&oacute;gico, agotamiento, aceptaci&oacute;n sin &eacute;pica. La vejez llega como sedimentaci&oacute;n. En el poema B (retroceso desde el &uacute;ltimo verso), todo empieza ya en la lentitud y va subiendo en intensidad imaginaria: del aseo, al cuerpo abierto, a la necesidad de que algo regrese. No es un rejuvenecimiento narrativo. Es una reverberaci&oacute;n. La vejez no se evita, se canta desde dentro hacia atr&aacute;s, como eco.&nbsp;</p>
<p>Este tipo de juego era recurso habitual de cierta poes&iacute;a celebrativa del Barroco. En la segunda mitad del XVII, el monje Caramuel llevar&aacute; a un extremo estos artificios en cuanto a visualidad y arte combinatoria, y dise&ntilde;ar&aacute; poemas m&oacute;viles que tienen una enorme multitud de combinaciones posibles de versos. La reciente poes&iacute;a basada en algoritmos exacerba esto hasta la eliminaci&oacute;n de la experiencia humana. En Espa&ntilde;a hay un caso muy estimable que viene muy bien a tu pregunta. Me refiero a la obra de Maite Mart&iacute; Vallejo. Cuando ella hace alguna presentaci&oacute;n, elabora un texto con diferentes l&iacute;neas de diferentes libros suyos. Ya no se trata de alterar el orden compositivo, sino de amalgamar en un &uacute;nico escrito lo procedente de una variedad. Podr&iacute;a entenderse como una pr&aacute;ctica de escritura expandida donde la autor&iacute;a deja de operar sobre la unidad cerrada del libro para desplazarse hacia una l&oacute;gica de campo textual. En ese gesto, ya no se trata de reordenar o intervenir la arquitectura interna de un poema concreto, como sucede en mis dos poemas sobre la vejez, sino de producir un texto nuevo mediante la confluencia de fragmentos procedentes de distintos libros, es decir, de distintas temporalidades de escritura, distintos contextos de enunciaci&oacute;n y distintos sistemas de sentido. As&iacute;, el texto resultante de Mart&iacute; Vallejo no es una suma ni un <em>collage</em> en sentido ornamental, sino una reconfiguraci&oacute;n sem&aacute;ntica donde las l&iacute;neas, al perder su pertenencia original, generan nuevas relaciones de sentido, nuevos ritmos discursivos y una nueva econom&iacute;a de significaci&oacute;n, desplazando la idea de texto como unidad fija hacia la de texto como red en continua recomposici&oacute;n. Intentar&eacute; ser m&aacute;s breve en las siguientes preguntas, te lo prometo.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;El lenguaje habla en el poema cuando el poeta deja de ser su origen y acepta ser</strong> <strong>su lugar de paso&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-&iquest;Qu&eacute; se requiere para que el lenguaje sea el que hable en el poema y no tanto el poeta?</p>
<p>-En esta pregunta es clave Henri Meschonnic y su idea de que el lenguaje habla cuando el ritmo organiza el sentido y no al rev&eacute;s. El ritmo no decora lo que el poeta piensa; piensa por &eacute;l. De nuevo aqu&iacute; se pueden establecer relaciones con las dos preguntas previas. Nada de esto es &laquo;espiritual&raquo;. Para que el lenguaje hable, hay que tratarlo como materia: sonido, graf&iacute;a, espacio, respiraci&oacute;n, soporte. El lenguaje habla en el poema cuando el poeta deja de ser su origen y acepta ser su lugar de paso. Esto es algo habitual en la poes&iacute;a de &Aacute;ngel Cervi&ntilde;o, por ejemplo. Para &eacute;l, el lenguaje no sirve para llevar un contenido previo. El poema se construye como una serie de operaciones, desplazamientos m&iacute;nimos, repeticiones con variaci&oacute;n, palabras comunes sometidas a presi&oacute;n. Esto produce un efecto clave: el poema no parece escrito desde una intenci&oacute;n, sino desde una din&aacute;mica interna; no leemos &laquo;lo que el poeta quiere decir&raquo;, sino c&oacute;mo la lengua se reacomoda mientras avanza. Ah&iacute; el lenguaje empieza a &laquo;hablar&raquo;. Renuncia a la explicaci&oacute;n, renuncia al &eacute;nfasis expresivo, renuncia al golpe l&iacute;rico final. A cambio, trabaja con una atenci&oacute;n extrema a la continuidad, una confianza en que se sostenga por consistencia, no por revelaci&oacute;n Esto hace que el yo quede disuelto en el procedimiento, incluso como motivo de burla. El lector no sigue una voz, sigue una inercia, y la escritura es otra forma de estar en el mundo. Perm&iacute;teme que aqu&iacute; recurra a una cita del gran Carlos Piera en uno de sus art&iacute;culos llamado &laquo;La densidad&raquo;: &laquo;Cuando ya no somos entorno, nos quedan las im&aacute;genes y sensaciones de ese entorno que hemos sido, y tambi&eacute;n una certeza nueva: la de que nos hemos anulado en &eacute;l. Es en este punto en el que aparece la posibilidad de la poes&iacute;a. De ese modo, el nombre exacto de lo que se ha producido incluye mi desaparici&oacute;n&raquo;. Pero hay m&aacute;s de una fase en este proceso de ausencias, como deja en claro m&aacute;s adelante: &laquo;La del poeta para que se manifieste el objeto, la del objeto para que se manifieste el poema&raquo;. Inapelable. Crear poes&iacute;a es lo mismo que crear ausencias. Mart&iacute; Vallejo y &Aacute;ngel Cervi&ntilde;o son dos magn&iacute;ficos ejemplos.&nbsp;</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;Reconozco la poes&iacute;a que me interesa cuando, al terminar de leer, no siento que ya &laquo;lo entend&iacute;&raquo;, sino que algo en m&iacute; sigue trabajando&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;C&oacute;mo reconocer la poes&iacute;a que alberga un poema?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-&iexcl;Madre m&iacute;a, Esther, vas de lo mejor a lo &oacute;ptimo! Ahora ser&eacute; breve porque la respuesta exige lo contrario, y no es tanto una paradoja como una consecuencia de la densidad anterior. Reconozco la poes&iacute;a que me interesa cuando, al terminar de leer, no siento que ya &laquo;lo entend&iacute;&raquo;, sino que algo en m&iacute; sigue trabajando. El sentido no se clausura. El poema no se convierte en una idea transportable. Hay resto. Si puedes resumir el poema sin p&eacute;rdida, probablemente el poema contiene discurso, no poes&iacute;a. La poes&iacute;a empieza donde el significado ya no coincide consigo mismo. No lo lees como leer&iacute;as una opini&oacute;n o un relato. El poema te lee a ti, regula tu respiraci&oacute;n, tu paciencia, tu expectativa. Ah&iacute; la poes&iacute;a ya est&aacute; operando. No es precisi&oacute;n sem&aacute;ntica, es exactitud sin f&oacute;rmula. Un poema alberga poes&iacute;a cuando el lenguaje deja de ser un medio y se convierte en un lugar donde algo ocurre sin pedir permiso al sentido. Pero, ojo, esto no quiere decir que todo se reduzca al lenguaje, quiere decir que facilita un modo de moldear la experiencia y de ubicarse en el mundo. Me he hecho viejo y cada d&iacute;a creo m&aacute;s en la posibilidad de acceder a lo real, existente al margen de mi mediaci&oacute;n. &iquest;Te he contestado? Me da que esta pregunta tuya va a provocar en m&iacute; una continuidad, como sucede en los poemas que valoro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Un poema an&oacute;malo hace algo: altera la respiraci&oacute;n, introduce un ritmo que no se deja ordenar, obliga al lector a leer sin garant&iacute;as&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&laquo;Una gota de sangre / es una anomal&iacute;a entre tanta uniformidad&raquo;. &iquest;Qu&eacute; debemos aprender de lo an&oacute;malo?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>-Ese verso procede de un poema llamado &laquo;Se levantaba, son&aacute;mbula&raquo;. [Espera, que est&aacute; sonando el frigor&iacute;fico&hellip;&nbsp; Cuando la puerta se queda entreabierta, emite un pitidito para avisar]. A lo nuestro, s&iacute;, habl&aacute;bamos de que en poes&iacute;a, lo an&oacute;malo aparece cuando el lenguaje ya no puede comportarse como instrumento y deja de obedecer. Lo an&oacute;malo nos ense&ntilde;a hasta d&oacute;nde llega el lenguaje ordinario y d&oacute;nde empieza otra forma de decir. Un poema an&oacute;malo hace algo: altera la respiraci&oacute;n, introduce un ritmo que no se deja ordenar, obliga al lector a leer sin garant&iacute;as, crea un estado, no un mensaje, no es un veh&iacute;culo de sentido, sino un dispositivo de<strong> </strong>experiencia, como acabo de comentar. Lo an&oacute;malo protege al poema de la moral y de la utilidad. Un poema demasiado &laquo;normal&raquo; ense&ntilde;a una lecci&oacute;n, transmite una emoci&oacute;n reconocible, confirma valores, puede resumirse, suele agrupar identidades emocionales. Lo an&oacute;malo impide ese cierre y esa unidad. Por eso no se vuelve ejemplar, no consuela f&aacute;cilmente, no queda a disposici&oacute;n del uso. La poes&iacute;a que yo aprecio no sirve para tranquilizar, sino para mantener abierta una herida de percepci&oacute;n. En ese caso sucede que lo an&oacute;malo no pide ser corregido, pide ser escuchado, sin mayores pretensiones. Si un poema se vuelve raro, torpe, excesivo, impropio, lo habitual es que el lector renuncie a su lectura. En mi caso sucede lo contrario. Me lleva a considerar que no todo debe resolverse, no todo debe funcionar. A veces provoca que quede en un retrogusto emocional, quiz&aacute; sea esta la mejor manera de definirlo: retrogusto emocional. Tambi&eacute;n a veces insistir es m&aacute;s verdadero que explicar. Estoy intentando ser coherente con las respuestas anteriores. Ojal&aacute; lo est&eacute; consiguiendo.</p>
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<p><strong>&ldquo;La poes&iacute;a no rinde o no debe rendir cuentas a la actualidad, la opini&oacute;n, la utilidad, la correcci&oacute;n moral. Cuando lo intenta, se vuelve consigna y su autor se convierte en portavoz y esto puede ser peligroso&rdquo;</strong></p>
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<p>-&laquo;La noche parece burlarse de mi / condici&oacute;n de testigo&raquo;. &iquest;De qu&eacute; es testigo el poeta?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Te refieres al poema llamado &ldquo;Testigo&rdquo;, de <em>Oraci&oacute;n en 17 a&ntilde;os</em>. &iquest;Ante qui&eacute;n testimonia el poeta si no declara, no prueba, no convence, no busca absoluci&oacute;n ni veredicto? La poes&iacute;a no rinde o no debe rendir cuentas a la actualidad, la opini&oacute;n, la utilidad, la correcci&oacute;n moral. Cuando lo intenta, se vuelve consigna y su autor se convierte en portavoz y esto puede ser peligroso. Pierde la anomal&iacute;a de la que habl&aacute;bamos. El portavoz representa, habla &laquo;por&raquo;. Cuando el llamado poeta (a veces me abruma esa designaci&oacute;n) se vuelve portavoz, la rareza se corrige, la ambig&uuml;edad se explica, el exceso se poda. &nbsp;Y justo ah&iacute; el poema se me cae de las manos, a no ser que sea la <em>Il&iacute;ada </em>o la <em>Divina comedia</em>... Cuando el poeta se vuelve portavoz, el cuerpo se sustituye por argumento, el ritmo por intenci&oacute;n, la escucha por mensaje. &iquest;De qu&eacute; es testigo este poema en concreto que origina tu pregunta? No de un hecho &uacute;nico. Es testigo de la convivencia obscena de lo sagrado, lo violento y lo &iacute;ntimo. Creo muy de veras que es crucial la l&iacute;nea &uacute;ltima de &ldquo;Testigo&rdquo;, la que dice &laquo;<em>despu&eacute;s compro leche, escribo a mi hermano, quemo alcohol en mi vientre&raquo;.</em><em> </em>&nbsp;Y as&iacute; lo considero no porque sea culminaci&oacute;n, puesto que en otros poemas subsiguientes contin&uacute;a el desarrollo y lo alborota.&nbsp; &ldquo;Testigo&rdquo; no termina con revelaci&oacute;n, termina con cuidado m&iacute;nimo, gesto dom&eacute;stico, autodestrucci&oacute;n silenciosa. El testigo no sale purificado. Sale marcado. El poema ense&ntilde;a que ser testigo no eleva, erosiona. Este poema es testigo de lo que ocurre cuando mirar no basta, pero callar ser&iacute;a peor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y esta &uacute;ltima frase quiero que me sirva de bisagra porque esta respuesta tiene una segunda parte. Por supuesto que hay una poes&iacute;a testimonial que valoro. Si el poder tambi&eacute;n organiza el lenguaje, la sintaxis social y las formas de narrar lo real, si el lenguaje es estructura de poder y la poes&iacute;a experimental interviene el lenguaje, entonces experimentar con &eacute;l puede ser una cr&iacute;tica del valor dominante, una desestabilizaci&oacute;n de las categor&iacute;as y una producci&oacute;n de nuevas formas de percibir. Y aunque no sea experimental, igualmente tiene cabida en mi valoraci&oacute;n, aunque yo no la practique. La poes&iacute;a de Roque Dalton, por ejemplo, o la de M. NourbeSe Philip y su reescritura de archivos de esclavitud (<em>Zong!</em>), o la poes&iacute;a feminista, y otras muchas. Lo que aqu&iacute; pretendo decir es que la poes&iacute;a que experimenta no dice pol&iacute;tica, pero cambia las condiciones de lo decible, puede no ser pol&iacute;tica en su intenci&oacute;n tem&aacute;tica, pero dif&iacute;cilmente es apol&iacute;tica en su operaci&oacute;n formal, porque toda intervenci&oacute;n en las estructuras del lenguaje implica una intervenci&oacute;n en los modos en que la realidad social puede ser pensada, percibida o articulada. No debemos olvidar que Paul Celan emplea el lenguaje despu&eacute;s del genocidio, y en su obra la palabra es un resto hist&oacute;rico. El exclusivismo no conduce a nada, &iquest;no crees?</p>
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<p><strong>&ldquo;La poes&iacute;a ocurre solo cuando el lenguaje deja de ser puro veh&iacute;culo y se vuelve acontecimiento sonoro y perceptivo&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-&iquest;Todo es susceptible de ser poes&iacute;a?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Desde una perspectiva te&oacute;rica, casi todo puede ser susceptible de volverse poes&iacute;a en la medida en que el lenguaje &mdash;o incluso la experiencia&mdash; sea sometido a una operaci&oacute;n de forma, ritmo y significaci&oacute;n que lo desplace de su uso meramente informativo hacia una producci&oacute;n est&eacute;tica y simb&oacute;lica; lo que no implica que todo sea poes&iacute;a por s&iacute; mismo, sino que puede devenirlo bajo ciertas condiciones formales. La poes&iacute;a no crea necesariamente materiales nuevos. Intensifica la relaci&oacute;n con los materiales.<strong> </strong>Todo puede ser poes&iacute;a porque todo puede entrar en ritmo, cuerpo y sonoridad, pero la poes&iacute;a ocurre solo cuando el lenguaje deja de ser puro veh&iacute;culo y se vuelve acontecimiento sonoro y perceptivo. La poes&iacute;a ser&iacute;a el lugar donde el lenguaje deja de ser solo herramienta y se vuelve acontecimiento ontol&oacute;gico: un punto donde ser, cuerpo, tiempo y sonido se cruzan antes de estabilizarse en significado.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;La belleza no ser&iacute;a perfecci&oacute;n. Ser&iacute;a el lugar donde el orden y la grieta se hacen visibles al mismo tiempo&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-&laquo;&iexcl;Ah, la belleza! &iexcl;Cu&aacute;nto en su nombre y cu&aacute;nto en vano!&raquo;. &iquest;Qu&eacute; es para usted eso mismo, la belleza?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-La belleza no es algo frecuente en mi escritura, al menos no como como enunciaci&oacute;n. Cuando aparece no se trata del adorno, sino del acontecimiento. A veces tambi&eacute;n surge como burla. En este caso concreto, el poema trata de algo que surge con una intensidad que excede su utilidad, una experiencia de resonancia entre mundo y cuerpo. Habla m&aacute;s de experiencia que de concepto. En un momento de ese poema se dice: &laquo;La elipsis es bella [<em>&hellip;</em>] el todo sin alguna de sus partes&raquo;.<em> </em>Esto rompe la idea cl&aacute;sica de la belleza como proporci&oacute;n perfecta. Aqu&iacute; la belleza tambi&eacute;n supone falta, corte, ausencia, &laquo;incomplitud&raquo;. La belleza no ser&iacute;a perfecci&oacute;n. Ser&iacute;a el lugar donde el orden y la grieta se hacen visibles al mismo tiempo. Habl&aacute;bamos hace un minuto de la derivaci&oacute;n<strong> </strong>humor&iacute;stica y aqu&iacute; me parece evidente cuando la perfecci&oacute;n est&aacute; incompleta y la totalidad se ve necesitada de la falta, de la escasez. Al fondo late el abuso cultural. Pero, insisto, no es un tema habitual de mi escritura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Considero a Lorca una de las cumbres po&eacute;ticas de todos los tiempos; y a sus pros&eacute;litos, un aburrimiento enorme&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Qu&eacute; tiene de malo &laquo;el comp&aacute;s lorquiano&raquo; como para tener que &laquo;escabullirse&raquo; de &eacute;l?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Me han preguntado varias veces por este asunto. Remite a un verso del primer libro, <em>Y una sospecha, como un dedo</em> que dice: &laquo;Hay que escabullirse del comp&aacute;s lorquiano y de sus telurismos del alma asomada a la baranda&raquo;. Me fascina Lorca, contin&uacute;o ley&eacute;ndolo cada cierto tiempo. Lo que me empalaga son los ep&iacute;gonos, la inmensa corte de imitadores y toda esa atm&oacute;sfera que en Lorca es una genialidad, pero, no siempre pero s&iacute; a menudo, en sus &eacute;mulos suena a falta de imaginaci&oacute;n. Im&aacute;genes tipo &laquo;la tarde sangra despacio por la boca de los olivos&raquo;, &laquo;un lim&oacute;n abierto ilumina el miedo&raquo;, &laquo;la luna afila cuchillos en la espalda del r&iacute;o&raquo;, &laquo;el aire trae un olor a boda rota&raquo;, &laquo;el sol duerme sus heridas dentro de tres naranjas&raquo;. Estas im&aacute;genes acabo de escribirlas a vuela pluma. &iquest;No ser&iacute;as capaz tambi&eacute;n t&uacute;, Esther, de hacer una retah&iacute;la parecida a la m&iacute;a? A eso me refiero, pero que conste que considero a Lorca una de las cumbres po&eacute;ticas de todos los tiempos; y a sus pros&eacute;litos, un aburrimiento enorme.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;En mi regreso a la poes&iacute;a buena parte de culpa la tuvo el cansancio de la cr&iacute;tica, a la que me dediqu&eacute; durante d&eacute;cadas&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Usted public&oacute; su primer libro a los 58 a&ntilde;os. &iquest;C&oacute;mo sabe un poeta cu&aacute;ndo es el momento de publicar?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Mi primer libro de poes&iacute;a lo escrib&iacute; con 18-19 a&ntilde;os. Se llamaba <em>La espalda de enero</em>. Luego sigui&oacute; otro que no finalic&eacute;. A tan temprana edad tuve la clarividencia de guardarlos en un caj&oacute;n, y en alguno deben andar. Consider&eacute; que era mejor leer que escribir. Y ah&iacute; empez&oacute;, y no ha terminado, mi feroz y casi compulsiva dedicaci&oacute;n a la lectura de poes&iacute;a. Adem&aacute;s, aquellos dos libros eran muy malos. Luego entr&eacute; en la universidad y mi trabajo me oblig&oacute; a otro tipo de escritura, la acad&eacute;mica. Volv&iacute; a la poes&iacute;a a los 58 a&ntilde;os tal vez por azar, o tal vez no. Pero s&iacute; tengo claro que en mi regreso buena parte de culpa la tuvo el cansancio de la cr&iacute;tica, a la que me dediqu&eacute; durante d&eacute;cadas. Despu&eacute;s de publicar ocho libros de poes&iacute;a, ya toca ir cerrando ventanas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 27 Mar 2026 11:27:51 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando el mundo se cuenta a sí mismo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/cuando-el-mundo-se-cuenta-a-si-mismo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/JAVIER_ECHALECU_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>Sin noticias del mundo animal </em>(Mr. Griffin Editor), segundo libro de Javier Echalecu, compuesto por m&aacute;s de cuarenta relatos breves donde conviven la ficci&oacute;n h&iacute;brida y el relato ensay&iacute;stico, es un libro que no se acomoda. Entra sigiloso y, sin embargo, en cuanto el lector baja la guardia, muerde: muerde la inteligencia, muerde la expectativa, muerde la idea misma de c&oacute;mo deber&iacute;a contarse un relato. Es un atlas &iacute;ntimo del desconcierto que se mueve entre ecuaciones afectivas, absurdos administrativos y objetos que de pronto se cargan de memoria, como si incluso aquello que pasa inadvertido en la vida cotidiana pudiera contener una verdad esencial bajo su aparente insignificancia. Aqu&iacute; no hay f&aacute;bulas, sino fisuras; no hay vocaci&oacute;n de complacer, sino voluntad de desajuste.&nbsp;</p>
<p>Lo primero que llama la atenci&oacute;n es su capacidad para volver inquietante lo familiar. Un perro salchicha, un mordisco, un pelo, un sill&oacute;n de lectura: elementos anodinos que, bajo la lupa precisa del autor, se retuercen hasta revelar su costado absurdo, casi clandestino, como si el mundo operara con un desplazamiento m&iacute;nimo respecto a su eje natural. Esa desviaci&oacute;n funda el tono del libro, un tono que dialoga con Kafka, Bernhard y Lydia Davis, pero desde un territorio propio, dando como resultado una textura tal como si Kafka hubiera tenido acceso a Google, Bernhard usara Excel o como si Davis hubiera trabajado en un ministerio espa&ntilde;ol.&nbsp;</p>
<p>Su escritura <em>observa antes que narra</em>, como si el relato no fuera el punto de partida sino el eco inevitable de una mirada que se despliega sobre los hechos y los deforma con suavidad. Lo fundamental no es el desenlace, sino el trayecto mental que conduce hasta &eacute;l. Es una escritura que no subestima al lector: opera con un humor envenenado con algo parecido a la ternura, una precisi&oacute;n verbal comprometida y capas de sentido que reverberan en la propia mirada del lector durante mucho tiempo despu&eacute;s de su lectura.</p>
<p>El texto inaugural, &ldquo;Acaso un binomio inadmisible&rdquo;, funciona como un manifiesto. En &eacute;l, el narrador imagina &ldquo;dise&ntilde;ar un animal espeluznante, capaz de suscitar en el ser humano un horror casi primitivo&rdquo;, y en seguida precisa que su arma m&aacute;s letal ser&iacute;a &ldquo;la astucia, familiaridad y enga&ntilde;o, as&iacute; como la capacidad de forjar una relaci&oacute;n de confianza&rdquo;. Este binomio -peligro-confianza, voracidad-amistad, horror-familiaridad-, no define tanto a una criatura inventada como a la naturaleza ambigua del ser humano. Desde la primera p&aacute;gina, el libro insin&uacute;a que el monstruo que imaginamos est&aacute; m&aacute;s cerca de nosotros de lo que admitir&iacute;amos. Esa capacidad para sugerir m&aacute;s que concluir es una de sus virtudes principales.&nbsp;</p>
<p>En otros relatos, la escritura adopta la forma de encuestas, estad&iacute;sticas, anuncios publicitarios o ecuaciones. Echalecu permite que el mundo se cuente a s&iacute; mismo, como si hubiera descubierto un estilo tan propio como invisible, capaz de camuflarse en los lenguajes de la realidad. Un texto puede ser un formulario de satisfacci&oacute;n, otro un spot publicitario&nbsp;llegado del futuro, otro una lista de innovaciones tecnol&oacute;gicas dist&oacute;picas. Este desv&iacute;o gen&eacute;rico dota al libro de un car&aacute;cter genuinamente contempor&aacute;neo: no se conforma con lo de siempre, esquiva las rutas conocidas del relato, arriesga, y en ese gesto encuentra su fortaleza.</p>
<p>En &ldquo;Mam&iacute;feros&rdquo;, por ejemplo, el narrador se enfrenta a la idea de que la tecnolog&iacute;a reducir&aacute; el deseo humano, pero la desmonta mediante un humor fronterizo con la parodia: &ldquo;Enfatizadores epid&eacute;rmicos, microventiladores genitales, dedales magnetizados, miniostras frigor&iacute;ficas&hellip;&rdquo;. Una colecci&oacute;n de artefactos tan disparatados como entra&ntilde;ables que promete intensificar la intimidad sin comprenderla. Lo que se parodia no es la tecnolog&iacute;a, sino nuestra compulsi&oacute;n por convertirla en pr&oacute;tesis emocional. El humor no juzga; expone con claridad la fragilidad de aquello que intentamos perfeccionar.&nbsp;</p>
<p>Algo similar ocurre en &ldquo;Intermedio&rdquo;, donde un publicista del futuro recita una lista de productos imposibles: &ldquo;Bombonas de ox&iacute;geno Wallace, lentillas antigravitatorias Don Virgilio, animales flotantes Palmer-Morales&hellip;&rdquo;. La lista es tan excesiva que deja de ser ciencia ficci&oacute;n para convertirse en s&aacute;tira de nuestro presente: la publicidad como idioma total, como forma de pensamiento, como m&aacute;quina capaz de vender incluso nuestra vulnerabilidad.&nbsp;</p>
<p>El libro gana profundidad all&iacute; donde los personajes habitan situaciones minimalistas, pero emocionalmente densas: un hombre que no puede dejar de marcharse, otro incapaz de determinar si es feliz, una onc&oacute;loga que solo existe si se narra. En &ldquo;Alegor&iacute;a 5&rdquo;, un hombre pide convertirse en poliedro y descubre, con desesperante lucidez, que es un poliedro irregular: met&aacute;fora entre humor&iacute;stica y tr&aacute;gica de lo que ocurre cuando el deseo se materializa. En &ldquo;Alegor&iacute;a 8&rdquo;, la concursante que repite &ldquo;Cla-Cla-Cla&rdquo; sin recordar el nombre de Clausewitz convierte el error en un acontecimiento narrativo: fallar tambi&eacute;n es una forma de aparecer.</p>
<p>Una fuerza subterr&aacute;nea atraviesa la obra: la obsesi&oacute;n por la exactitud. En &ldquo;Dos hechos ins&oacute;litos&rdquo;, la repetici&oacute;n matem&aacute;tica de un accidente sugiere una l&oacute;gica m&aacute;s cercana a lo algor&iacute;tmico que a lo humano. En &ldquo;Miniadivinaciones&rdquo;, el futuro pertenece al S&uacute;per Algoritmo. En &ldquo;Sobre la labor de los secretarios&rdquo;, la perfecci&oacute;n de un acta depende de que el tiempo de lectura coincida exactamente con la duraci&oacute;n real de la reuni&oacute;n. El libro explora as&iacute; la frontera entre lo humano y lo metanatural.&nbsp;Con una palabra inventada como Angustiejas es capaz de condensar una emoci&oacute;n heredada, mientras que en &ldquo;Washington Navel&rdquo; convierte el olor de una naranja en v&iacute;nculo astral con el padre. La autoficci&oacute;n entra aqu&iacute; con sobriedad, no para exhibir, sino para reconciliar: el lenguaje inventa realidades, pero tambi&eacute;n las honra.</p>
<p>En definitiva, <em>Sin noticias del mundo animal </em>es un libro valiente. Incomoda con elegancia, emociona sin sentimentalismo y demuestra que la literatura puede seguir arriesgando sin renunciar a la profundidad. En ese riesgo encuentra su verdad: permitir que lo otro -lo que intuimos, lo que se escapa, lo que no se controla- narre por nosotros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Javier Echalecu, <em>Sin noticias del mundo animal</em>, Le&oacute;n, Mr. Griffin Editor, 2025.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 27 Mar 2026 11:03:27 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un tierno desmoronamiento social]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-tierno-desmoronamiento-social/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/ESTHER_GARC_A_LLOVET_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Esther Garc&iacute;a Llovet (M&aacute;laga, 1963) mantiene una s&oacute;lida trayectoria en la narrativa espa&ntilde;ola actual a trav&eacute;s de novelas como <em>Gordo de feria </em>(Anagrama, 2020), <em>Spanish Beauty</em> (Anagrama, 2022) y, sobre todo, <em>Los guapos </em>(Anagrama, 2024), vinculada tanto en lo est&eacute;tico como en lo visual a su nueva entrega, <em>Las jefas</em> (Anagrama, 2026). Ambas est&aacute;n dotadas de una imaginer&iacute;a pop mediterr&aacute;nea, con elementos de turbio realismo m&aacute;gico, que van desde la presencia de los extraterrestres hasta el clima post apocal&iacute;ptico, heredero de obras como <em>Termush </em>de Sven Holm o la &uacute;ltima obra, as&eacute;ptica en su futurismo sovi&eacute;tico, de Ray Loriga.&nbsp;</p>
<p>Eso s&iacute;, Garc&iacute;a Llovet se maneja en terrenos donde el humor, aun dejando sabor met&aacute;lico en la boca, se hace fuerte. Quiz&aacute; m&aacute;s que risas hay iron&iacute;a y m&aacute;s que ternura hay una soledad dom&eacute;stica inabarcable, fruto de la sociedad que, de manera abrupta, se desmorona alrededor de sus protagonistas y hace, por otro lado, que el lector detenga su lectura para contemplar su propio entorno vital.&nbsp;</p>
<p>El protagonista, &ldquo;El primo&rdquo; contempla c&oacute;mo avanza lo salvaje, se arma ante la naturaleza que devora la humanidad. En un resort, en un hotel, en un lugar de paso que nos hace volver, por un instante a <em>Estaci&oacute;n Saturno</em> de Fernanda Garc&iacute;a Lao, novela con la que comparte espacio. &ldquo;El viejo&rdquo;, el turbio contrapeso, pero comprensivo. La extra&ntilde;a forma del agua cuando se coloca, se instala, se desliza: hoteles, repito, en el final de los tiempos, agotados los suministros, no quedan patatas solo hay<em> snacks</em>. El Mediterr&aacute;neo, construido como una frontera irreal, acerca todo a la arena.&nbsp;</p>
<p>Es en la profundidad del interior, donde el calor no se combate, se sobrevive. Ah&iacute; el universo de Garc&iacute;a Llovet vuelve a <em>Los guapos</em>. Lugares que sobreviven a los turistas, que no sabemos si vampirizan o son vampirizados por los turistas: sudor, olores, fluidos. En la plaza del pueblo, un Burger King; comida de rebajas, comida para adolescentes con resaca: kebabs, burritos, helado, chatarra. En el interior, los museos y los pol&iacute;gonos, los mercados y las personas. Viven. &iquest;Qu&eacute; hacen las jefas, las tres chicas en la piscina?, hermanas, primas, m&aacute;s mujeres que chicas, m&aacute;s sensuales que bellas. Trabajan en ellas mismas.&nbsp;</p>
<p>La novela describe un limbo. El limbo donde el personaje infantilizado de &ldquo;El primo&rdquo; crece, se descubre, est&aacute; en el filo del deseo y la sapiencia. Se enfrenta a la arrogancia y la condescendencia de la riqueza malgastada y los bikinis estridentes y muslos de minigolf. Muchas listas, de marcas y lugares. Marca blanca, marca de lujo, mantener el orden, simplificar la vida. Personajes fuera de lugar en un mundo intermedio, demiurgos seductores, t&iacute;as ricas&hellip; una piscina que se llama <em>Cocoon,</em> un personaje de nombre <em>Cicely</em> (Cicely, Alaska, claro).&laquo;Benidorm es el horizonte, como una ciudad de otro mundo o del futuro&raquo;, un verano largo, casi eterno, es un espacio temporal.&nbsp;</p>
<p>Fiestas de la sangre, el vicio, correr, maquilladas, sin fallar, el sudor no es &aacute;cido ni &aacute;lcali. Es un estadio de menopausia acelerada o de adolescente con retraso. La enumeraci&oacute;n de marcas como un reguero, de Bret Easton Ellis pero en castizo, como la pata de conejo. Redox&oacute;n con vodka, como en las canciones de La Costa Brava. &laquo;Ella es tan guapa que parece que lleve banda sonora propia, que cada vez que se pasa la mano por el pelo se oiga el rumor del mar&raquo;. El libro tiene varias partidas de cartas repartidas a lo largo de sus p&aacute;ginas y tambi&eacute;n camareras, personajes reales, que sobreviven a un mill&oacute;n de grados, a 38&ordm; C, cuando nadie en su sano juicio, se mover&iacute;a.&nbsp; La temperatura, en el final del mundo, en el final de los tiempos, aumenta, se degrada: todo se muda, en el desprendimiento de lo eucl&iacute;deo existe un desarme social, un cansancio generalizado. La lluvia, la piscina que colapsa de suciedad y exceso de cloro, el desbordamiento de las ca&ntilde;er&iacute;as, por la ausencia de mantenimiento, la dejadez y la poblaci&oacute;n (escasa o sobredimensionada, todo vale en el apocalipsis social), todo es trasladable, del hotel al clima, del pueblo a los habitantes. Nubes sobre los &aacute;rboles, luces en el fondo de la piscina que empiezan a parpadear por falta de energ&iacute;a justo en el instante que se erigen como el &uacute;nico faro/gu&iacute;a posible.&nbsp;</p>
<p>La aparici&oacute;n de un caballo blanco, una y otra vez, t&oacute;tem y Macguffin a la vez, a&ntilde;adido al recuerdo del inconsciente colectivo como el final amable de <em>Blade Runner</em>, <em>Las jefas</em> puede tener banda sonora de <em>after</em> en un comp&aacute;s electr&oacute;nico o m&uacute;sica de cantante mel&oacute;dico acompa&ntilde;ado por un grupo de karaoke (colectivo tambi&eacute;n). Piscinas y jardines exclusivos, pero abandonados, el centro del pueblo, donde la vida sobrevive, florece, la resistencia del ser humano, sensual, polvoriento, muy despierto, en contraposici&oacute;n con el hotel, la sala con un &aacute;rbol de Navidad en septiembre, el olor a desinfectante que lo impregna todo sin ser ya capaz de limpiar absolutamente nada.&nbsp;</p>
<p>&ldquo;El Primo&rdquo; bebe brandy de una petaca, como un personaje de Raymond Carver mientras las primas consumen productos sin gas, pero caros. No hay nadie tras la m&aacute;scara del asesino, solo la oscuridad, que se derrite como barro arrastrado por las temperaturas del est&iacute;o. Mi reino por un caballo, pero un caballo blanco. Otra lista, la de potenciales jinetes: San Pablo, Ricardo Coraz&oacute;n de Le&oacute;n y Cal&iacute;gula. Al sur del Mediterr&aacute;neo, de la &uacute;ltima plaza civilizada, est&aacute; Murcia. Como volver a ver en el cine <em>La ca&iacute;da del Imperio Romano</em>, con los murcianos como b&aacute;rbaros, como escapar a Canad&aacute; o la Ant&aacute;rtida, en el &uacute;ltimo veh&iacute;culo, el &uacute;ltimo refugio. M&aacute;s que norte, en este caso es Australia, que queda al sur, nuestro sur, el de todos. M&aacute;s que escapar es una huida hacia delante, una caricatura m&aacute;s al proceso, un listado en&eacute;simo de personajes: ven&iacute;amos de los Ramones, Marif&eacute; de Triana, Cardi B, Zidane, Christopher Nolan, Marco Aurelio y Gerry Mulligan para llegar al conde Lequio, Manuel Fraga, la teniente Ripley, Melanie Griffith y Antonio Banderas. Un juego de roles que deja atr&aacute;s a los menos favorecidos, a los due&ntilde;os de negocios sin futuro, a los trabajadores sin trabajo. Los dejan atr&aacute;s, pobres, pero por fin tranquilos. No se trata de dinero, se trata de paz. Dejadnos en paz, por favor.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esther Garc&iacute;a Llovet, <em>Las jefas</em>, Barcelona, Anagrama, 2026.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 11 Mar 2026 10:41:39 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Yolanda Pantin, un faro en la oscuridad]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/yolanda-pantin-un-faro-en-la-oscuridad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2026/YOLANDA_PANTIN_1.jpg" alt="" /></p>
<p>&laquo;Voy al centro del pa&iacute;s peyorativo, / Voy sorteando obst&aacute;culos / dentro de un paisaje innoble, / basurales, bald&iacute;os...&raquo; Con estas palabras comienza el segundo canto de <em>Hueso p&eacute;lvico</em>, el poema &eacute;pico sin hero&iacute;smo que Yolanda Pantin public&oacute; en el a&ntilde;o 2002, ya en plena madurez literaria. All&iacute;, una voz esc&eacute;ptica transita por Caracas durante una accidentada marcha popular &mdash;&laquo;cruzo el pueblo y voy al centro&hellip; a una manifestaci&oacute;n humana&raquo;&mdash; hasta encontrarse con un &iacute;cono de la ciudad: la estatua de Mar&iacute;a Lionza, la deidad aut&oacute;ctona venezolana, cuyo rasgo m&aacute;s vistoso&mdash;adem&aacute;s del tapir que monta a horcajadas&mdash; es que sostiene un hueso p&eacute;lvico de mujer con los brazos extendidos hacia el cielo: &laquo;De ninguna parte me sobrevino una frase / que llegaba con su imagen: el hueso p&eacute;lvico, en alto / que carga una diosa&hellip;&raquo;. Celebra en ese s&iacute;mbolo de lo femenino &laquo;algo que no era autoderogativo&raquo;, en comparaci&oacute;n con lo que llama &laquo;nuestro forcejeo cotidiano&raquo;. En relaci&oacute;n con el &laquo;pa&iacute;s peyorativo&raquo; del primer verso citado, la diosa de piedra descrita como la negaci&oacute;n de aquello que el sujeto plural deroga es una alternativa al caos en el que vive ese <em>nosotros</em>, m&aacute;s adelante identificado como un &laquo;tr&aacute;fago de almas&raquo;. El sujeto expresivo no es otro que la voz de una conciencia que rechaza el enfrentamiento y se articula desde la espiritualidad, en oposici&oacute;n a una opresiva dimensi&oacute;n material &mdash;&laquo;el presente macizo&raquo;&mdash;. La voz po&eacute;tica se alza por encima de la tribu como anta&ntilde;o hicieron los chamanes y las sacerdotisas, igual que un faro en la oscuridad.</p>
<p>Se trata, sin embargo, de una espiritualidad lejos de lo religioso, donde la voz se ha vuelto esc&eacute;ptica despu&eacute;s de un largo recorrido. Desde los poemarios <em>Canci&oacute;n fr&iacute;a </em>(1989), <em>Los bajos sentimientos </em>(1993)<em> </em>y<em> La quietud </em>(1998), la autora nacida en 1954 ha apostado por una expresi&oacute;n despojada de cuanto es superfluo, desmitificando as&iacute; la sacralidad l&iacute;rica de las generaciones de poetas que la anteceden. Relacionado con ese af&aacute;n depurador est&aacute; su disquisici&oacute;n sobre la relaci&oacute;n del poeta con el lenguaje que es una manera de cuestionar su lugar en la cultura. Una estrategia de ese cuestionamiento es la conversaci&oacute;n que sus obras plantean con otros autores, un rasgo de su oficio literario desde los primeros libros. En <em>Correo del coraz&oacute;n </em>(1985) dialoga directamete con las textos de Calder&oacute;n de la Barca, Stefan Zweig e Italo Calvino, entre otros autores. <em>El cielo de Par&iacute;s </em>(1989) es un extenso poema que se desprende del verso incial de la obra m&aacute;s famosa de TS Eliot, <em>La tierra bald&iacute;a </em>(<em>The Waste Land</em>): &laquo;Abril es el mes m&aacute;s cruel&raquo;. Las conversaciones de ambos libros se sintetizan en <em>Poemas del escritor </em>(1989), en donde la reflexi&oacute;n intelectual lleva a cuestionar la naturaleza del arte, as&iacute; como su alcance y posibilidades reales, igual que hace en &laquo;Divagaci&oacute;n III&raquo;: &laquo;Queda el lenguaje / pero es hueco / Queda el sonido de las palabras cuando aman / pero es ruido // (&hellip;) Queda el hombre solo con el verbo / y las cosas en silencio / puras sin palabras&raquo;.</p>
<p>El mismo a&ntilde;o de <em>Hueso p&eacute;lvico</em>, Pantin public&oacute; dos libros m&aacute;s: <em>Poemas hu&eacute;rfanos</em> y <em>La &eacute;pica del padre</em>; ambos remiten al origen, solo que uno busca testimonios en lo cotidiano y, el otro desdobla la voz po&eacute;tica en las edades infantil y adulta para sembrar el relato familiar en lo m&aacute;s &iacute;ntimo. Ambos refinan las b&uacute;squedas iniciadas en su primer poemario, <em>Casa o lobo </em>(1981), que inaugura la tirantez entre el interior y el exterior que informa el resto de su obra; tirantez que a veces aparece como tensi&oacute;n entre lo familiar y lo <em>unheimlich. </em>Lo <em>unheimlich </em>es el vocablo alem&aacute;n donde Sigmund Freud une lo familiar y el extra&ntilde;amiento; signa el miedo que produce el momento cuando lo familiar, de pronto, se convierte en algo que no lo es. La autora habla con frecuencia de la centralidad que ocupa este sentimiento en sus trabajos; quiz&aacute; el miedo sea una suerte de contracara al asombro natural del oficio po&eacute;tico. En su obra es un extra&ntilde;amiento relacionado con los momentos de p&eacute;rdida en el entorno.</p>
<p>Como la mayor de once hermanos, el papel que cumple en su familia &mdash;seg&uacute;n sus propias palabras&mdash; es el de soporte y de guardiana de los recuerdos. &laquo;En esta casa se amontonan los fantasmas&raquo;, se lee en <em>Casa o lobo</em>: &laquo;Uno les cuenta los cabellos y les adivina, sin cristales, de tanto fantasma que hay por casa&raquo;. Escribi&oacute; el poemario<em> </em>despu&eacute;s de la muerte de dos hermanos en un accidente &mdash;luto al que se a&ntilde;adi&oacute; la p&eacute;rdida de la casa materna&mdash;, durante su etapa formativa en el c&eacute;lebre Taller Calicanto, dirigido por la poeta y narradora Antonia Palacios, entre 1977 y 1982. Por esa &eacute;poca Pantin cofund&oacute; con Miguel y Alberto M&aacute;rquez, Igor Barreto, Rafael Castillo Zapata y Armando Rojas Guardia el Grupo Tr&aacute;fico, que romp&iacute;a con la tradici&oacute;n en virtud de una poes&iacute;a m&aacute;s urbana. El grupo tom&oacute; como lema el verso &laquo;Venimos de la noche y hacia la noche vamos&raquo;, con que Vicente Gerbasi incia <em>Mi padre el inmigrante</em> (1945), obra cl&aacute;sica de la l&iacute;rica venezolana, y lo transforma en &laquo;Venimos de la noche y hacia la calle vamos&raquo;. Aunque los inicios de su carrera est&eacute;n vinculados con los grupos Calicanto y Tr&aacute;fico, con cada libro nuevo que ha publicado Pantin demuestra la singularidad de su voz en el feraz campo de la poes&iacute;a venezolana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;</strong><strong>El poema es una <em>manifestaci&oacute;n</em> formal</strong><strong>&raquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El &uacute;nico grupo literario al que Pantin siempre ha reclamado afiliaci&oacute;n es el de <em>las</em> autoras. Una muestra de este inter&eacute;s es el ensayo &laquo;Entrar en lo b&aacute;rbaro&raquo;, donde rastrea la po&eacute;tica de las mujeres que la antecedieron en el oficio l&iacute;rico. Se public&oacute; en 2003 como introducci&oacute;n al libro <em>El hilo de la voz: Antolog&iacute;a cr&iacute;tica de las escritoras venezolanas del siglo XX</em> (2003), editado por la narradora Ana Teresa Torres. &laquo;Lo escrib&iacute; para saber de d&oacute;nde ven&iacute;amos, qui&eacute;nes hac&iacute;an las ramas del &aacute;rbol de las madres, qui&eacute;nes nos sosten&iacute;an&raquo;, recuerda Pantin. M&aacute;s all&aacute; de tirar del hilo de la voz para encontrar los asideros de sus propios versos, las indagaciones presentadas en el ensayo le permiten colocar a las poetas del pasado y colocarse ella misma en un lugar espec&iacute;fico de expresi&oacute;n: el de aquellas que han sabido ganarse una voz en el espacio p&uacute;blico a trav&eacute;s de un lenguaje propio. &laquo;Creo en el poema que no se ha escrito&raquo;, afirma en ese ensayo: &laquo;La obra de estas escritoras apunta a esa direcci&oacute;n, el poema no las seduce tanto como su posibilidad o su imposibilidad&raquo;. Con la idea de &laquo;entrar en lo b&aacute;rbaro&raquo;, Pantin se refiere a la necesidad que tuvieron las poetas de afirmarse en su propia voz para entrar al lugar en el espacio p&uacute;blico que deb&iacute;an ocupar.</p>
<p>En el caso de la autora de <em>Hueso p&eacute;lvico</em>, ese lugar es el de la consciencia de la tribu. Por eso la voz en ese poemario es femenina, pues solo una mujer &mdash;y m&aacute;s que mujer, <em>una poeta&mdash;</em>puede aprehender el contrapeso que ofrece la diosa a los discursos grandilocuentes articulados desde el poder. Esa misma voz reaparece con algunas variaciones en <em>Pa&iacute;s </em>(2007), un &nbsp;ejemplo &nbsp;es &nbsp;el &nbsp;poema &laquo;El Mandato&raquo;, en donde se lee: &laquo;T&uacute; me escogiste para hablar por /</p>
<p>nuestros muertos, / los que nacieron a destiempo, sin &aacute;nimo / para acusar los golpes. / En su desbarajuste, / ellos me recuerdan a los potrillos / que hab&iacute;a en la hacienda&hellip;&raquo; <em>Pa&iacute;s </em>est&aacute; lleno de ejercicios como este, donde la tentaci&oacute;n grandilocuente de la expresi&oacute;n po&eacute;tica se matiza con escenas de lo cotidiano. La dicotom&iacute;a entre lo exterior y el mundo familiar indica que sus im&aacute;genes no buscan las grandes diatribas pol&iacute;ticas, sino lo &iacute;ntimo en el contexto de lo nacional.</p>
<p>Hay que tener cuidado con ver en <em>Pa&iacute;s</em> el traslado de lo pol&iacute;tico a la poes&iacute;a. Patin siempre ha mantenido separada la persona que escribe del contenido de su producci&oacute;n literaria. Es cierto que su obra avanza en paralelo a una &eacute;poca de crisis profunda en Venezuela y que ella est&aacute; en el centro de una generaci&oacute;n de poetas cuyo trabajo ha absorbido los cambios de la realidad a medida que la violencia social se ha ido profundizado. Adem&aacute;s, ella siempre se mostr&oacute; cr&iacute;tica de Hugo Ch&aacute;vez y ahora de su sucesor, Nicol&aacute;s Maduro. Esto, sin embargo no es la materia de su producci&oacute;n lietraria. Tiene cuidado de que su postura pol&iacute;tica no pase al texto po&eacute;tico, pues ese desliz lo desvirtuar&iacute;a hasta convertirlo en panfleto. Concibi&oacute; <em>Pa&iacute;s </em>con la idea de hacer una suerte de testamento en el cual se definiera como sujeto individual en el contexto de una realidad en crisis, al tiempo que tambi&eacute;n pol&iacute;tico, por cuanto <em>toda </em>postura p&uacute;blica es en s&iacute; misma pol&iacute;tica. La realidad descrita en <em>Pa&iacute;s</em> no se trata espec&iacute;ficamente de Venezuela, sino del lugar del arraigo y el emplazamiento de los antepasados. En este sentido es iluminador el ep&iacute;grafe de Jorge Luis Borges con que se introducen los poemas: &laquo;No soy yo quien te engendra. Son los muertos&raquo;.</p>
<p>La imagen de los muertos es constante en su obra; lo m&aacute;s interesante es que va unida a la aspiraci&oacute;n de llegar a lo esencial, que ella identifica con el gesto de tocar el hueso. Todo eso se traduce en una po&eacute;tica de lo imprescindible: porque eso justamente es el hueso, lo &uacute;nico verdaderamente importante, lo s&oacute;lido que no se desintegra. Quiz&aacute; sea esa necesidad de depurar al poema de aquello que no es esencial lo que ha permitido la proyecci&oacute;n de su obra m&aacute;s all&aacute; de las fronteras venezolanas.</p>
<p>&mdash;Me gustar&iacute;a entender c&oacute;mo ocurre en ti el poema. No se c&oacute;mo llamarlo, &laquo;ocurre&raquo; quiz&aacute; no sea la palabra indicada, por cuanto parece dejar la mayor parte del trabajo a la casualidad. &iquest;<em>Surge</em>, el poema? &iquest;O te <em>enfrentas</em> a &eacute;l?</p>
<p>&mdash;El poema es una <em>manifestaci&oacute;n</em> formal. Cuando hablo de &laquo;manifestaci&oacute;n&raquo; estoy hablando de misterio mientras que cuando hablo de &laquo;forma&raquo; hablo de un trabajo intelectual. El asunto es que eso que llamamos poema, entre el misterio y el intelecto, ocurre en el lenguaje: una frase que viene con su m&uacute;sica, y en la exigencia de la escritura, como un mandato interior, no te da paz, sino guerra&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;</strong><strong>Fuera del lenguaje en la escritura, no existe para m&iacute; casi nada&raquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&mdash;Tienes a otros escritores como asideros conceptuales de tus obras, pienso en <em>Poemas del </em></p>
<p><em>escritor</em>, &nbsp;pero &nbsp;tambi&eacute;n &nbsp;en &nbsp;alg&uacute;n &nbsp;texto &nbsp;de &nbsp;<em>La &nbsp;&eacute;pica &nbsp;del &nbsp;padre </em>&nbsp;y &nbsp;<em>Pa&iacute;s.</em> &iquest;Por qu&eacute;? &iquest;De qu&eacute;</p>
<p>manera la poes&iacute;a es un di&aacute;logo con otras instancias de la cultura?</p>
<p>&mdash;Lo &uacute;nico que busco es &laquo;lenguaje&raquo;. Fuera del lenguaje en la escritura, no existe para m&iacute; casi nada&hellip; Esa b&uacute;squeda de lenguaje en la voracidad de la lectura, sobre todo cuando joven, ese leer o ese ver como quien come, puede terminar, con suerte, por darte una <em>voz</em>&hellip;</p>
<p>&mdash;Dos veces a lo largo de tu carrera has publicado tres libros en un a&ntilde;o, la primera vez fue en 1989 y la otra, en 2002. &iquest;A qu&eacute; se debe esto? &iquest;C&oacute;mo trabajaste los poemarios para llegar a ese resultado?</p>
<p>&mdash;Fueron a&ntilde;os de intensa actividad, muy productivos. Y mira que los tres libros del a&ntilde;o 1989 son diferentes entre s&iacute;: <em>La canci&oacute;n fr&iacute;a</em>, <em>Poemas del escritor</em> y <em>El cielo de Paris</em>. El tema es que, en los a&ntilde;os previos a la publicaci&oacute;n, en la asimilaci&oacute;n de lo vivido y de lo le&iacute;do, cuando escrib&iacute;a, iba a la vez por tres carriles diferentes sin mirar a los lados... Con <em>El cielo de Par&iacute;s</em> abrimos en Caracas el Fondo Editorial Peque&ntilde;a Venecia y con <em>La canci&oacute;n fr&iacute;a</em> junto con un poemario de Alberto M&aacute;rquez, compa&ntilde;ero del grupo Tr&aacute;fico, naci&oacute; la editorial Angria. <em>Poemas del escritor</em> es el &uacute;nico de mis libros que fue <em>pensado </em>cuando al reunir escritos que hab&iacute;an quedado &laquo;hu&eacute;rfanos&raquo; se me ocurri&oacute; adjudic&aacute;rselos a un escritor sin nombre, una que no era yo.</p>
<p>Algo parecido ocurri&oacute; en el 2002. Hablo de <em>La &eacute;pica del padre</em> escrito con una vitalidad y una libertad que no he vuelto a sentir, de <em>El hueso p&eacute;lvico</em>, un poema largo dividido en partes que escrib&iacute; casi en trance, despu&eacute;s de que mi amigo y maestro, el poeta Santos L&oacute;pez, me hizo saber que lo que alzaba nuestra diosa venezolana, Mar&iacute;a Lionza en la escultura que la representa, en medio de la autopista que cruza a Caracas de Este a Oeste, era un hueso p&eacute;lvico&hellip; Entonces, vi venir lo que ven&iacute;a. Del &laquo;choque de trenes&raquo; pasamos a &laquo;la batalla de las ideas&raquo;. Perd&iacute; horas tratando de dilucidar la relaci&oacute;n de los intelectuales con el poder, el uso de la poes&iacute;a como canal ideol&oacute;gico, etc. El otro libro es <em>Poemas hu&eacute;rfanos</em>. Al final, se cumpli&oacute; la profec&iacute;a, y aqu&iacute; seguimos los hu&eacute;rfanos&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El inconsciente es implacable&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&mdash;Igual que hiciste hace dos a&ntilde;os en Madrid, durante el recital que clausur&oacute; tu estancia como</p>
<p>Poeta en Residencia, en &laquo;Memories of war<em>&raquo;, </em>la primera parte de<em> &Eacute;pica del padre</em> explicas que escribiste un poema a Susan Howe &mdash;a quien no conoc&iacute;as&mdash; en el que te confesaste y dijiste lo que llamas tu &laquo;verdad&raquo;, entiendo aqu&iacute; por &laquo;verdad&raquo; tu po&eacute;tica &mdash;en el sentido de la teor&iacute;a de tu pr&aacute;ctica l&iacute;rica&mdash;. Escribes all&iacute;: &laquo;De todo lo que he escrito, el poema inspirado en el nombre de Susan Howe es el que, curiosamente, est&aacute; m&aacute;s cerca de lo que con mucha verg&uuml;enza llamar&iacute;a &ldquo;mi verdad&rdquo;&raquo;. El poema al que te refieres es<em>&nbsp; &laquo;</em>El d&iacute;a que conoc&iacute; a Susan Howe<em>&raquo; </em>y est&aacute; en <em>Los bajos sentimientos</em> (1993). En estos versos es donde m&aacute;s n&iacute;tida encuentro tu po&eacute;tica: &laquo;Yo ven&iacute;a de la guerra [es decir, de un nuevo enga&ntilde;o] /&nbsp; y solo traigo unos poemas / Hay miedo en el dolor / ayer no m&aacute;s dec&iacute;a / y estas palabras para un nuevo encuentro. // Lo importante es invisible para los ojos / porque el odio fluye en un r&iacute;o de sangre&raquo;. Me interesa volver a esto porque han pasado treinta y dos a&ntilde;os desde la publicaci&oacute;n de este poema, y me impresiona que hayas pasado tanto tiempo con un camino trazado tan claro. &iquest;A qu&eacute; atribuyes que tu po&eacute;tica no haya cambiado en todos estos a&ntilde;os?</p>
<p>&mdash;&iexcl;Es la misma persona la que escribe! El inconsciente es implacable. No son tantas las obsesiones y los temas recurrentes en el trabajo de cualquier poeta o escritor. En mi caso uno de esos temas obsesivos es la familia. Cuando le&iacute; que una puede heredar los traumas hist&oacute;ricos o sociales entend&iacute;, m&aacute;s o menos, el origen y la recurrencia de ese turbio trasfondo en mi trabajo. Yo hered&eacute; de los m&iacute;os el trauma de la Guerra de Independencia en Venezuela y el trauma de las guerras federales en el violento siglo XIX. Sobre esa columna que no son sino monta&ntilde;as de p&eacute;rdidas y lamentaciones gira parte de lo que he pensado y escrito. &nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La escritura es una ganancia&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&mdash;&laquo;<em>Memories of war</em>&raquo; es en s&iacute; mismo una declaraci&oacute;n de intenciones en tu literatura y dialoga con un bello ep&iacute;grafe de Joseph Conrad: &laquo;escribir significa conocer el ser en el fracaso&raquo;. All&iacute; la an&eacute;cdota de Susan Howe no se queda en la escritura del poema, sino que avanza hacia una interacci&oacute;n entre ustedes donde ella vincula las obras de ambas a trav&eacute;s de un sentido de lo tr&aacute;gico y de las heridas y te invita a ir al lugar donde da clases, la Universidad de B&uacute;falo, que se alza en las mismas instalaciones donde una vez estuvo De Veaux School, all&iacute; hab&iacute;a estudiado tu padre&mdash;o al menos tu padre del poema&mdash;, antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial, en 1939: &laquo;Susan Howe me ha invitado sin saberlo al lugar donde mi padre fue inocente, todav&iacute;a un ni&ntilde;o&raquo;. Dices tambi&eacute;n en el poema: &laquo;Los hombres hablan de la Guerra (&hellip;) Pero hay otras batallas. Y la muerte verdadera&raquo;. Tambi&eacute;n dices: &laquo;Supe lo que fue mi vida, marcada por el hierro&raquo;. Los hombres que hablan de guerras y armas (el hierro) y las mujeres &mdash;Howe y tu, o la tu del poema&mdash; que hablan de las voces que se quedan silenciadas, el amor que se pierde o se abandona y el horror de las memorias de la guerra, como la propia Howe escribe en un correo. El tejido de referencias que expone este poema y el hecho de que all&iacute; hayas hilado la historia del mundo con la historia menuda de la familia es una buena muestra de lo que haces en tu obra: hablar del padre desde la postura de la hija. Y ese padre es el <em>pater familias </em>tanto como el patriarca de la tribu. &iquest;Dir&iacute;as que tu obra es un extenso di&aacute;logo desde los fracasos de la dominaci&oacute;n masculina, en el plano de lo &iacute;ntimo tanto como en el de lo nacional?</p>
<p>&mdash;No lo hab&iacute;a pensado. Puede ser. En el poema &laquo;Bosques&raquo; de ese mismo libro, reunida la familia en un almuerzo, mi padre brinda sobre la suma de las p&eacute;rdidas que fueron tambi&eacute;n las del pa&iacute;s donde crecimos y que al final son nuestras ganancias. La escritura es una ganancia. En el libro <em>Pa&iacute;s</em> hay poemas y partes completas, dedicadas expresamente a desmontar nuestros mitos fundacionales. Los hombres hablan de la guerra, se lee en <em>Memories of War</em>: El desembarco de Normand&iacute;a, el sitio de Stalingrado, el zorro del desierto, &iquest;cu&aacute;ntas conversaciones no escuch&eacute; de mi pap&aacute; con sus primos cuando ni&ntilde;a? Habiendo crecido en un entorno rural supe que hay cosas que las ni&ntilde;as no pod&iacute;an hacer&hellip;y todav&iacute;a&hellip;</p>
<p>Un hito en el impulso de la obra de Pantin fuera de las fronteras de Venezuela fue la publicaci&oacute;n en 2014 de su poes&iacute;a reunida por la editorial Pre-Textos, bajo el t&iacute;tulo <em>Pa&iacute;s.</em> Proyecci&oacute;n que crece a partir del a&ntilde;o siguiente, cuando le fue concedido el Premio Poetas del Mundo Latino &laquo;V&iacute;ctor Sandoval&raquo; en Aguascalientes (M&eacute;xico) y, un lustro m&aacute;s tarde, el Premio Internacional de Poes&iacute;a &laquo;Garc&iacute;a Lorca&raquo; en Granada (Espa&ntilde;a), ambos por el conjunto de su obra; entre uno y otro&nbsp; recibi&oacute; en 2017 el premio Casa de Am&eacute;rica por <em>Lo que hace el tiempo.</em> En mayo de 2023, Pantin pas&oacute; una temporada en Madrid<em> </em>como Poeta en Residencia, el programa de la Residencia de Estudiantes cuyo prop&oacute;sito es favorecer el trabajo de autores consagrados y acercarlos a los j&oacute;venes creadores espa&ntilde;oles; la visita a Espa&ntilde;a permiti&oacute; promover su obra. Su presencia en las antolog&iacute;as de poes&iacute;a publicadas en Espa&ntilde;a es constante desde muy temprano en su carrera. Ya en 1992, el poeta y acad&eacute;mico colombiano Ram&oacute;n Cote Baraibar la incluy&oacute; en la selecci&oacute;n de autores que integraron <em>Diez de Ultramar. Antolog&iacute;a de la joven poes&iacute;a Latinoamericana</em>, publicada por Visor; all&iacute; comparte espacio con el poeta chileno Ra&uacute;l Zurita, el colombiano William Ospina y el mexicano Fabio Mor&aacute;bito &mdash;la &uacute;nica otra venezolana inclu&iacute;da es Mar&iacute;a Auxiliadora &Aacute;lvarez&mdash;.</p>
<p>El mes de junio del a&ntilde;o pasado, el Departamento de Colecciones Especiales de la biblioteca de la Universidad de Princeton abri&oacute; al p&uacute;blico sus archivos personales y literarios, los <em>Yolanda Pantin Papers</em>. &laquo;La invitaci&oacute;n me tom&oacute; completamente por sorpresa&raquo;, comenta la autora: &laquo;Recib&iacute; la solicitud en un momento de mucha fragilidad cuando cargar con mis cajas, y conmigo misma, se me estaba haciendo muy pesado&raquo;. Tan imbricadas est&aacute;n la historia familiar con su literatura que, cuando comenz&oacute; a seleccionar qu&eacute; mandar, no pudo separar las distintas versiones de sus poemas y sus libros de los papeles relacionados con la familia &mdash;las fotograf&iacute;as, cartas y documentos relacionados con los lugares donde creci&oacute; y que hab&iacute;a guardado con el &aacute;nimo de preservar una historia de vida, no la suya, sino la suya en comunidad&mdash;. &laquo;Al enviar todo, me qued&eacute; sin nada&raquo;, cuenta: &laquo;De alguna manera y parad&oacute;jicamente, junto con el env&iacute;o de las cajas con papeles para ser conservados, llev&eacute; a cabo la fantas&iacute;a de hacer una pira en el patio de mi casa para incendiar [simb&oacute;licamente] la memoria&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;[La] b&uacute;squeda de lenguaje en la voracidad de la lectura, sobre todo cuando joven, ese leer o ese ver como quien come, puede terminar, con suerte, por darte una <em>voz&raquo;</em></strong></p>
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<p>El a&ntilde;o antes de que entrara al cat&aacute;logo de Visor <em>Lo que hace el tiempo</em>, el libro con que gan&oacute; el Premio Casa de Am&eacute;rica, la Pontificia Universidad Javeriana de Bogot&aacute; public&oacute; <em>Bellas ficciones</em>. En &laquo;Notas en la nueva casa de Yolanda Pantin&raquo;, el texto que introduce esa publicaci&oacute;n, Santos L&oacute;pez sintetiza dos caracter&iacute;sticas fundamentales del quehacer literario de la autora. Una son las muchas &laquo;fraternidades&raquo; que posee su voz, amplitud que le pemite atravesar varios temas y contenidos; la otra, es &laquo;su fina sensibilidad para sostener un lenguaje que no desprecia nada: desde su potente interioridad hasta la borradura de un pa&iacute;s&raquo;.</p>
<p>La borradura del pa&iacute;s y la potente interioridad encuentran en <em>Bellas ficciones</em> un lenguaje casi luminoso, pues la referencia a lo familiar var&iacute;a un poco de lo hab&iacute;a hecho hasta ese momento. Cambia el registro l&iacute;rico porque la vida misma cambi&oacute;: en 2016, Pantin se convirti&oacute; en abuela de tres nietos. Intr&iacute;nsecamente relacionados con la experiencia personal, los trabajos de la primera parte de su vida cuestionaban la capacidad del lenguaje para nombrar lo importante, en una pugna eterna entre las fracturas en el entorno familiar y la oscura realidad nacional. El imaginario fundacional de aquello es el hogar de sus antepasados, la casa que se alza entre los restos de una vieja hacienda colonial emplazada en las afueras de Turmero, la ciudad ubicada a unos cien kil&oacute;metros al oeste de Caracas, donde Pantin pas&oacute; la infancia y que cada cierto tiempo aparece en sus poemas como una arcadia personal. En el poema &laquo;Rewind&raquo; de ese libro escribe: &laquo;Como una insensata que interroga su suerte, / vuelvo obsecada al pa&iacute;s de Turmero. / Cuadro por cuadro devuelvo la cinta / para ver a mis padres, ancianos, sentados, / buscando respuestas en los noticieros.&raquo;</p>
<p>Como muestra la cita, en <em>Bellas ficciones</em> no abandona Turmero, sino que lo resignifica a partir de la noci&oacute;n de pertenencia, en un espacio m&aacute;s luminoso que sus obras anteriores. Se cierra entonces el ciclo inciado con <em>Casa o lobo</em>, pues se arrojan rayos de luz sobre lo <em>unheimlich </em>de aquella temprana juventud oscurecida por la muerte de los hermanos. Una muestra de este recorrido hacia laluz se encuentra en &laquo;La ra&iacute;z&raquo;, uno de los textos centrales de<em> Bellas ficciones</em>, en donde escribe: &laquo;Esta casa se hizo con los a&ntilde;os / al seguir un orden y ese orden / no es est&eacute;tico. Todo apunta al hueso: / Ha muerto en m&iacute; lo literario.&raquo; Este verso final parece aludir a lo que la autora se&ntilde;alaba antes en esta conversaci&oacute;n sobre c&oacute;mo ha cambiado su relaci&oacute;n con la poes&iacute;a, en donde ya no busca lo que ella llama los &laquo;efectos&raquo; de los primeros textos, sino la sencillez de la expresi&oacute;n. Las im&aacute;genes propuestas en la cita sugieren que la ra&iacute;z de la prosapia se encuentra en el jard&iacute;n de la casa familiar.</p>
<p>Como los huesos y los caballos, el s&iacute;mbolo del jard&iacute;n ha sido frecuente en sus poemas a lo largo del tiempo. El jard&iacute;n reaparece en un poema de su publicaci&oacute;n m&aacute;s reciente, <em>El drag&oacute;n protegido </em>(2021), en donde lo familiar bordea el discurso de lo nacional: &laquo;Todas las puertas / se han ido cerrando. // Una voluntad / que no cede / y busca / descuidos / de los carceleros. // Las puertas de los cuartos, / las del patio, / las puertas de las neveras, / la puerta que comunica / una casa con la otra. // Todas cerradas con candado, / salvo la puerta que abre al jard&iacute;n.&raquo;</p>
<p><em>Bellas ficciones</em>, <em>Lo que hace el tiempo</em> y <em>El drag&oacute;n protegido</em> constituyen un trilog&iacute;a en donde la relaci&oacute;n entre lo po&eacute;tico y el pa&iacute;s est&aacute; presente de forma m&aacute;s socegada, y se profundiza en una po&eacute;tica del extra&ntilde;amiento que en la primera d&eacute;cada del milenio apenas se bosquejaba. Hay algo brutal en su poema &laquo;Exilio&raquo;<em> </em>&mdash;&laquo;Ustedes perdieron un pa&iacute;s dentro de ustedes&raquo;&mdash;, en donde m&aacute;s que la expatriaci&oacute;n material por motivos pol&iacute;ticos, lo que est&aacute; all&iacute; signado es la p&eacute;rdida de los referentes: la expatriaci&oacute;n espiritual&hellip; &iquest;No es esa la condici&oacute;n para que un pueblo se convierta en un &laquo;tr&aacute;fago de almas&raquo;?</p>
<p>El extra&ntilde;amiento que presentan poemas como &laquo;Exilio&raquo; se reconfigura en los tres &uacute;ltimos libros encerr&aacute;ndose definitivamente en la intimidad, como pasa en &laquo;El jard&iacute;n&raquo;, citado aqu&iacute; como muestra de <em>El drag&oacute;n protegido</em>. Los poemarios se escribieron cuando la conflictividad social, la represi&oacute;n pol&iacute;tica, la hiperinflaci&oacute;n, as&iacute; como la escasez de comida y de medicinas fueron las m&aacute;s altas registradas en la historia contempor&aacute;nea de Venezuela. Porque Pantin vive y escribe en el pa&iacute;s que muchos compatriotas dejaron atr&aacute;s, rodeada por el tr&aacute;fago de almas. Su cotidianidad es la del deterioro, lo que explica en gran parte su lenguaje despojado, que apunta a lo esencial y que la convierten en la consciencia de la tribu, una consciencia particualr que recuerda d&oacute;nde est&aacute; el almade las cosas.</p>
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<p><strong>&laquo;</strong><strong>Perd&iacute; horas tratando de dilucidar la relaci&oacute;n de los intelectuales con el poder, el uso de la poes&iacute;a como canal ideol&oacute;gico&raquo;</strong><strong></strong></p>
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<p>Hace quince a&ntilde;os, cuando Ch&aacute;vez todav&iacute;a mandaba en Venezuela, le comenz&oacute; a preocupar la concentraci&oacute;n de la totalidad de los poderes estatales entre los miembros del partido de gobierno; entonces recordaba a los intelectuales que la posici&oacute;n que deb&iacute;a serles natural era la de distancia con el poder, proclamaba que el lugar de los poetas, los escritores y dem&aacute;s artistas era el rinc&oacute;n, que solo en el margen hab&iacute;a la verdadera libertad para pensar. Ahora que con Maduro la tendencia a concentrar podres no solo ha llegado al extremo, sino que ha tomado tintes policiales, la sola puerta que se abre al jard&iacute;n en el poema indica que, a veces, el &uacute;nico margen posible es lo que est&aacute; m&aacute;s adentro de las personas. En el contexto de una autoproclamada revoluci&oacute;n &laquo;bolivariana&raquo; que lleg&oacute; al poder con la voluntad de cambiar la memoria nacional a trav&eacute;s de la reinterpretaci&oacute;n de los mitos para su uso y abuso pol&iacute;tico &mdash;principalmente, el personaje del Libertador Sim&oacute;n Bol&iacute;var, protagonista de la Guerra de Independencia&mdash;, lo &uacute;nico que el poder no puede ni podr&aacute; nunca confiscar son los recuerdos personales. Por esa raz&oacute;n sus tres &uacute;ltimos libros trabajan sobre la memoria. El final del poema &laquo;Lo que hace el tiempo&raquo; en la publicaci&oacute;n hom&oacute;nima lo demuestra: &laquo;&mdash;El tiempo para ti / es una boca. // &mdash;Para m&iacute; / es un relato / a pulso / con mi madre llevado // aunque su final / no sea un misterio.&raquo;</p>
<p>Los trabajos que prepara ahora siguen por ese camino. Desde hace unos a&ntilde;os, su madre viuda, que todav&iacute;a vive en Turmero, ha estado haciendo collages. Detr&aacute;s de esos trabajos Pantin intuye historias, as&iacute; que le ha pedido que escoja algunos y le grabe audios donde los explique. &laquo;Son trabajos de una persona mayor, los hace intuitivamente porque su vista no es tan buena como antes ni tiene la mano muy firme, pero all&iacute; cabe toda su memoria, im&aacute;genes de su infancia, el recuerdo de sus padres y de sus hermanos cuando ni&ntilde;os&raquo;, cuenta la poeta. Lo importante aqu&iacute; es el ejercicio que hace la hija de adue&ntilde;arse de esas palabras, que pertenecen tambi&eacute;n a los antepasados. &laquo;Mientras transcrib&iacute;a y editaba los audios, nuestras voces se fueron <em>aunando</em>&raquo;, cuenta: &laquo;Fue un trabajo de escucha profunda para &ldquo;sacar&rdquo; pr&iacute;stina su voz. Ella me permiti&oacute; meterme <em>dentro</em> de su escritura, y yo la voy tallando&raquo;.</p>
<p>La hija que hasta ahora se identificaba como la amanuense de sus parientes y los vecinos del pueblo donde se cri&oacute;, ya no solo copia y pasa a limpio los dictados de los antepasados, se afana en rescatar el hilo de la voz que le viene por la l&iacute;nea materna. Luego lo integra a lo personal, como el arque&oacute;logo que para entender su propio cuerpo busca reconstru&iacute;r por completo la osamenta de un hombre que vivi&oacute; hace siglos. En realidad, hace lo mismo que la estatua de Mar&iacute;a Lionza en Caracas: nos muestra un hueso de mujer. Si escribir para Pantin es registrar lo exterior en c&oacute;digos que son familiares, depurando el lenguaje hasta llegar a la osamenta, aunar la voz &iacute;ntima con la materna sugiere el mismo procedimiento utilizado por los chamanes y las sacerdotisas al principio de los tiempos: llenarse con las palabras de los ancestros para encontrar el camino entre lo material y lo espiritual, con el prop&oacute;sito de iluminar el camino de la tribu.</p>
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<p><strong>&laquo;No logro pasar del estado de perplejidad. Donde se supone que hay versos, yo leo frases</strong><strong>&raquo;</strong><strong></strong></p>
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<p>&mdash;Venezuela es una herida abierta en tu obra y en la literatura de otros compatriotas. &iquest;Es esa condici&oacute;n problem&aacute;tica, por decir lo menos, la que te impulsa en cada nuevo trabajo? &iquest;Qu&eacute; significa escribir poemas viviendo all&iacute;, cuando muchos familiares, la mayor&iacute;a de tus amigos y compa&ntilde;eros en el hacer po&eacute;tico est&aacute;n fuera?</p>
<p>&mdash;No s&eacute; qu&eacute; significa, la verdad. No me lo pregunto. Muchos amigos y amigas se han ido del pa&iacute;s, pero muchos hacemos vida en Venezuela. Nos frecuentamos, nos reunimos. Pero no es el tema venezolano lo que hace que sienta lejos a la poes&iacute;a, sino la fractura del mundo que conocimos, y el umbral que se abre todav&iacute;a sin lenguaje&hellip; No logro pasar del estado de perplejidad. Donde se supone que hay versos yo leo frases.</p>
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<p>&mdash;Un rasgo de tu poes&iacute;a que se mantiene desde tus primeros libros es el anclaje en los or&iacute;genes: los familiares y los nacionales. Sin embargo, tus poemas escapan de lo &eacute;pico, a pesar de que hayas publicado un poemario titulado <em>La &eacute;pica del padre </em>y que la voz en <em>Hueso P&eacute;lvico</em> hable a la tribu. &iquest;Crees que todos los poemas son una manera de interpelar al pasado?</p>
<p>&mdash;No, no lo creo. Esa interpelaci&oacute;n al pasado est&aacute;, sobre todo, en <em>La &eacute;pica del padre</em> y especialmente en <em>Pa&iacute;s</em> y en <em>El hueso p&eacute;lvico</em>. Antes y despu&eacute;s de esos libros pasaron muchas p&aacute;ginas...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&mdash;Con motivo de la publicaci&oacute;n de tu poes&iacute;a reunida por la Editorial Pre-Textos en 2014 sugeriste que &laquo;Pa&iacute;s&raquo; es la palabra que mejor sintetiza tu obra po&eacute;tica. M&aacute;s de diez a&ntilde;os despu&eacute;s, &iquest;sigues pensando igual?</p>
<p>&mdash;Me haces dudar&hellip;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>&mdash;En el pr&oacute;logo de ese libro, Antonio L&oacute;pez Ortega dice que en tu obra se aprecia el &laquo;apetito de desmontaje de la propia operaci&oacute;n po&eacute;tica&raquo; hasta el hallazgo de la epifan&iacute;a, que entonces, s&iacute;, congela la b&uacute;squeda expresiva. &iquest;Est&aacute;s de acuerdo con esa afirmaci&oacute;n? &iquest;Crees que el lugar del poeta es el vac&iacute;o y su &uacute;nica manifestaci&oacute;n la revelaci&oacute;n?</p>
<p>&mdash;Creo entender lo que dice Antonio. Mi relaci&oacute;n con la poes&iacute;a ha cambiado. Ahora no echo en falta la intensidad de mis <em>efectos</em>. Hablando en serio, el gran poema que se levanta en el relato como una ola y termina con una epifan&iacute;a es &laquo;El alce&raquo; de Elizabeth Bishop. No me canso de leerlo, siempre me sorprende, igual que me sorprende &laquo;El pez&raquo;, otra maravilla de Bishop.<strong></strong></p>
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<p>&mdash;Aunque se publicaron en a&ntilde;os distintos, <em>Lo que hace el tiempo</em> est&aacute; emparentado con el poemario que lo antecede, <em>Bellas ficciones</em>, que a su vez sigue la senda que abriste con tu primer libro, <em>Casa o lobo, </em>en donde desde el mundo interior se observa lo exterior, representado por lo familiar y lo cultural, pero tambi&eacute;n por lo desconocido<em>. </em>Sin embargo,<em> Bellas ficciones</em> y <em>Lo que hace el tiempo </em>son trabajos m&aacute;s di&aacute;fanos, casi me atrevo a decir optimistas. En todo caso hay una enorme espiritualidad. &iquest;De qu&eacute; manera <em>Bellas ficciones</em> y <em>Lo que hace el tiempo</em> se te <em>manifestaron</em>?<em></em></p>
<p>&mdash;Los poemas de esos libros aparecieron de la manera m&aacute;s misteriosa, yo no los esperaba&hellip; En el a&ntilde;o 2014, uno de nuestros &laquo;a&ntilde;os horribles&raquo; venezolanos, nacieron mis tres nietos. Los morochos de Efra&iacute;n, Izzy y Eduardo, nacieron en Dallas, Texas. All&aacute; descubr&iacute; la fotograf&iacute;a. Tom&eacute; y tom&eacute; fotos porque siendo todo nuevo para m&iacute;, todo ten&iacute;a sentido. Marij&iacute; naci&oacute; ese mismo a&ntilde;o en Caracas, unos d&iacute;as antes de que se desatara la locura represiva contra la disidencia pol&iacute;tica en el pa&iacute;s, sobre todo contra los j&oacute;venes. Esos meses que pas&eacute; con Jimena, mi hija, y con su esposo, Manuel, velaba por el nido donde se estaba criando mi nieta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&mdash;El caballo est&aacute; presente en casi todas tus obras. En la tradici&oacute;n occidental, este es un s&iacute;mbolo complejo, asociado a los deseos exaltados y las pasiones o a la guerra; en ciertas leyendas antiguas, se les atribuye el poder de la clarividencia. El caballo que aparece en tu obra est&aacute; vinculado a la tierra y los ancestros. Para ti, que ves tu obra desde adentro, con la perspectiva de quien va creando su propio lenguaje &iquest;C&oacute;mo has visto evolucionar este s&iacute;mbolo desde tus primeros trabajos?</p>
<p>&mdash;Son los mismos caballos que aparecen en los poemas de <em>Casa o Lobo</em>, mi primer libro: Buc&eacute;falo, el caballo de Alejandro, que ve&iacute;a en una mancha de humedad en el cuarto que compart&iacute;a con mi hermana Blanca; Gradisco, el campe&oacute;n triple coronado que criaron mi padre y mi abuelo; yo misma cruzando Turmero a caballo mientras los ni&ntilde;os me alertaban con gritos: &iexcl;se acab&oacute; la guerra!&hellip; En <em>El drag&oacute;n protegido</em>, mi &uacute;ltimo poemario publicado, los caballos abren y cierran el libro: uno esclavizado por la doma, y el otro, liberado en la muerte de esa condici&oacute;n.</p>
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<p><strong>&laquo;</strong><strong>No es el tema venezolano lo que hace que sienta lejos a la poes&iacute;a, sino la fractura del mundo que conocimos, y el umbral que se abre todav&iacute;a sin lenguaje&raquo;</strong><strong></strong></p>
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<p>&mdash;En <em>21 caballos</em>, donde el lector espera que resulte central el s&iacute;mbolo, apenas aparecen los caballos, se intuye por all&iacute; su br&iacute;o y se les ve abrevar. Lo importante palpita adentro, es el metatexto que estableces con el cuadro de Kazimir Mal&eacute;vich,<em> La carga de la caballer&iacute;a roja, </em>un raro ejemplo de pintura figurativa para quien pas&oacute; a la historia como el fundador del suprematismo. El asunto que hilvana los poemas parecen ser las relaciones entre la actividad art&iacute;stica (el poema, el cuadro) y el poder, as&iacute; que la clave quiz&aacute; est&eacute; en la cita de Adam Zagajewski con que abres el primer poema, &laquo;Fidelidad&raquo;: &laquo;Viv&iacute;a in&uacute;tilmente leyendo los peri&oacute;dicos / pensando en el enigma del poder / y en las causas de la obediencia&raquo;. Aquella imagen de los caballos de Mal&eacute;vich corriendo, tan peque&ntilde;os entre el cielo y el suelo, &iquest;qu&eacute; te dijo de buenas a primeras sobre el oficio intelectual frente al poder?</p>
<p>&mdash;Tuve el privilegio de ver <em>La carga de caballer&iacute;a roja</em> de Malevich en el Museo de Arte Ruso que queda en la plaza Puskin en San Petersburgo. De ese cuadro me impresion&oacute; su peque&ntilde;a escala, sobre todo frente a otros trabajos suyos. Pero eso no es lo importante. Con Stalin en el poder, Malevich regresa a la pintura figurativa. Ver esos cuadros en la nueva galer&iacute;a Tetrakovich en Mosc&uacute;, me parti&oacute; el alma. El poema &ldquo;Blanco sobre blanco&rdquo;, del libro <em>21 caballos</em>, trata de la locura, y la anulaci&oacute;n del arte por la ideolog&iacute;a. En esas fechas me enter&eacute; por la prensa de la muerte s&uacute;bita de los 21 caballos del equipo de polo &ldquo;La lechuza&rdquo; en Miami. Mi libro no ten&iacute;a todav&iacute;a t&iacute;tulo. Le cont&eacute; la an&eacute;cdota a una amiga, muy buena lectora, y ella me hizo ver que los 21 caballos del equipo de polo eran los 12 caballos de la carga de caballer&iacute;a de Malevich. Veinti&uacute;n veces, uno tras otro, cayeron muertos los caballos. La imagen se me hizo insoportable, tan insoportable como ver a los campesinos sin rostro que pint&oacute; Malevich buscando la bendici&oacute;n de Stalin y de los censores del &laquo;realismo socialista&raquo;.<strong></strong></p>
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<p>&mdash;Igual que en <em>El drag&oacute;n protegido</em>, en <em>Lo que hace el tiempo </em>cierras con una poderosa imagen de un caballo. Me refiero a &laquo;El corneto&raquo;, la coda del poemario; se trata de un recuerdo de tu madre que conviertes en cuento. La presencia de tus familiares en tu obra es constante, pero en el caso de tu madre es muy particular, pues has dicho en varias oportunidadades que eres su amanuense y &uacute;ltimamente, despu&eacute;s de que ella ha ido perdiendo la vista, te has dedicado a trabajar con grabaciones de su voz y collages hechos por ella. &iquest;Qu&eacute; relaci&oacute;n guarda esto con &laquo;La hora del cuento&raquo;, con que termina <em>Lo que hace el tiempo</em>, y de qu&eacute; manera esto reformula la enorme importancia que el relato &iacute;ntimo y de los antepasados ha tenido en tu obra?</p>
<p>&mdash;Mis &uacute;ltimos tres libros publicados son en verdad uno solo. Se fueron desprendiendo unos de otros, pero es el mismo libro. As&iacute; como yo escuchaba con curiosidad y fascinacion los relatos de mis padres, y de mis abuelas, las historias de sus vidas que eran tambi&eacute;n nuestras historias, en la cadena ancestral, as&iacute; quer&iacute;a distraerlos de la diatriba pol&iacute;tica cada vez m&aacute;s hiriente en Venezuela. Guardo dos fotograf&iacute;as que recogen lo que digo: en una aparece mi madre escuchando lo que alguien le dice por un m&oacute;vil; y en la otra, la misma luz, el mismo encuadre, y el mismo d&iacute;a, est&aacute; mi padre, con el m&oacute;vil, escuchando con absoluta concentraci&oacute;n. &hellip;Es la hora del cuento.</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 10 Mar 2026 06:49:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Antonio Núñez de Herrera, en el remolino de las vanguardias]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/antonio-nunez-de-herrera-en-el-remolino-de-las-vanguradias/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2026/ANTONIO_N_EZ_DE_HERRERA_6.jpg" alt="" /></p>
<p>Hay libros que garantizan la fama literaria, pero encasillan a su autor en una jaula tem&aacute;tica. Es el caso de Antonio N&uacute;&ntilde;ez de Herrera y su &uacute;nica obra publicada en vida, <em>Sevilla: Teor&iacute;a y realidad de la Semana Santa, </em>editada por el sello Mediod&iacute;a en 1934. Es tal su magnitud estil&iacute;stica y la variedad de ideas sugerentes y modernas que contiene que, hasta fechas recientes, su nombre no era m&aacute;s que la firma de un fascinante libro sobre la gran fiesta sevillana. As&iacute;, en un art&iacute;culo relevante por su precocidad, el cr&iacute;tico de arte Quico Rivas se preguntaba en el n&uacute;mero 5-6 de la revista <em>Separata</em> (primavera de 1981) qui&eacute;n era ese escritor que ten&iacute;a un ensayo de la magnitud del de Eugenio Noel &ndash;<em>Semana Santa en Sevilla</em>, publicado en 1916&ndash; relativo a las procesiones de la capital andaluza. &laquo;&Eacute;l [N&uacute;&ntilde;ez de Herrera] es un ejemplo de supervivencia vanguardista (&hellip;). Como todo buen vanguardista su mayor obsesi&oacute;n es la originalidad. Se acerca al tema intentando eludir los lugares comunes, los t&oacute;picos f&aacute;ciles, las met&aacute;foras y descripciones m&aacute;s manidas&raquo;, asegur&oacute;.</p>
<p>Antonio N&uacute;&ntilde;ez de Herrera era apenas un nombre sin rostro ni historia, enclavijado en la literatura (generalmente, menor) sobre las cofrad&iacute;as de Sevilla. Sin embargo, el autor que protagoniza este monogr&aacute;fico fue mucho m&aacute;s que eso: desde la periferia &ndash;el profundo Sur: Extremadura, Andaluc&iacute;a&hellip;&ndash; de la Edad de Plata, encarn&oacute; una de las apuestas m&aacute;s firmes por la fusi&oacute;n de la literatura y el periodismo, creando las estampas, g&eacute;nero literario en prosa<strong> </strong>que sobresale por la subjetividad, la cr&iacute;tica social, el &aacute;nimo humor&iacute;stico y la pulsi&oacute;n vanguardista. Su olvido, por tanto, ha sido may&uacute;sculo, similar al de otros prosistas de la &eacute;poca, ahora felizmente rescatados, entre ellos, Manuel Chaves Nogales, con quien el autor de <em>Sevilla: Teor&iacute;a y realidad&hellip; </em>aparece en una instant&aacute;nea durante un almuerzo en la Feria de Abril (<em>Ahora</em>, 27 de abril de 1935). El periodista sevillano era pr&aacute;cticamente conocido hasta hace un par de d&eacute;cadas por ser el autor del libro <em>Juan Belmonte, matador de toros </em>(1935).<em> </em>Hoy, tras el rescate y puesta al d&iacute;a del conjunto de su obra, se ha convertido en una figura fundamental de la narrativa espa&ntilde;ola del siglo XX. La memoria, en fin, tiene estos caprichos.</p>
<p>El libro de N&uacute;&ntilde;ez de Herrera, hoy reconocido como el acercamiento m&aacute;s sustancial al fen&oacute;meno de la Semana Santa, atraves&oacute; d&eacute;cadas de absoluto silencio. Nadie lo rese&ntilde;&oacute; ni habl&oacute; de &eacute;l durante a&ntilde;os. No se encuentran respuestas convincentes a este vac&iacute;o. El autor contaba con una amplia red de contactos literarios, forjada en numerosas contribuciones en revistas y peri&oacute;dicos, y hab&iacute;a sido un activo mediador cultural entre Sevilla y Madrid y entre el grupo Mediod&iacute;a y las vanguardias de la &eacute;poca. Adem&aacute;s, hacia<strong> </strong>diciembre de 1934, cuando se publica <em>Sevilla: Teor&iacute;a y realidad&hellip;</em>, era un personaje relevante en las letras, el periodismo y la pol&iacute;tica local. Su firma hab&iacute;a aparecido regularmente en una de las cabeceras andaluzas m&aacute;s influyentes &ndash;fue redactor de <em>El Noticiero Sevillano, </em>decano de la prensa hispalense por aquel entonces y con una tirada diaria de quince mil ejemplares&ndash; y en peri&oacute;dicos madrile&ntilde;os &ndash;ejerci&oacute; de corresponsal de <em>El Heraldo de Madrid </em>y <em>La Libertad, </em>en los que registr&oacute; su mirada cr&iacute;tica sobre la Exposici&oacute;n Iberoamericana&ndash; y hab&iacute;a ocupado diversos cargos p&uacute;blicos, desde secretario del primer alcalde republicano a jefe t&eacute;cnico de la reci&eacute;n creada Hemeroteca Municipal.</p>
<p>Asimismo, el autor de <em>Sevilla: Teor&iacute;a y realidad de la Semana Santa </em>participaba activamente en numerosos proyectos culturales y literarios &ndash;la revista <em>Mediod&iacute;a</em>, el Centro de Estudios Andaluces, donde ocup&oacute; el puesto de secretario general en su primera junta directiva, la Asociaci&oacute;n de la Prensa, de la que lleg&oacute; a ser bibliotecario&hellip;&ndash; e, incluso, hab&iacute;a logrado algunos reconocimientos literarios en el &aacute;mbito local, como el segundo premio del concurso de art&iacute;culos period&iacute;sticos de la fiesta de los Reyes Magos del Ateneo &ndash;con el poema &laquo;Romance de los magos de Sevilla&raquo;, en diciembre de 1932&ndash; y el galard&oacute;n al &laquo;mejor art&iacute;culo en alabanza de la ciudad de Sevilla&raquo; convocado por el Ayuntamiento y concedido en junio de 1934 al texto &laquo;Aprecio y loa de Sevilla&raquo;, alejado, eso s&iacute;, de su transgresor estilo personal. Por esta &uacute;ltima distinci&oacute;n recibi&oacute; un homenaje al que &laquo;asistieron gran cantidad de amigos, principalmente los elementos literarios y art&iacute;sticos de la ciudad, entre los que el se&ntilde;or N&uacute;&ntilde;ez de Herrera goza no solo de la admiraci&oacute;n que sus trabajos merecen, sino del afecto que da la diaria convivencia&raquo;, se lee en la nota publicada por <em>El Liberal</em> (8 de julio de 1934). Es decir, el escritor estaba en todas partes y su libro, en cambio, en ninguna.</p>
<p>Pueden plantearse hip&oacute;tesis dif&iacute;cilmente conclusivas sobre este estricto silencio. Una de ellas, su deriva ideol&oacute;gica. Es cierto que el escritor simpatiz&oacute; con la secci&oacute;n liberal de centroizquierda del Partido Radical que lideraba Diego Mart&iacute;nez Barrio, y que esta fuerza pol&iacute;tica, si bien mayoritaria en la ciudad, nunca cont&oacute; con un &oacute;rgano de prensa estable frente a la patronal <em>(La Uni&oacute;n</em>), los mon&aacute;rquicos (<em>ABC de Sevilla</em>) y la derecha cat&oacute;lica (<em>El Correo de Andaluc&iacute;a</em>). Solo <em>El Liberal</em> &ndash;el m&aacute;s difundido a comienzos de los a&ntilde;os treinta en Sevilla, con una tirada diaria superior a los cincuenta mil ejemplares&ndash; se mostr&oacute; favorable al nuevo r&eacute;gimen, pese a las reticencias de su hist&oacute;rico director, Jos&eacute; Laguillo, mon&aacute;rquico convencido. Ante este panorama, N&uacute;&ntilde;ez de Herrera se puso al frente de dos proyectos vinculados a los intereses pol&iacute;ticos de Mart&iacute;nez Barrio: la revista <em>Cr&iacute;tica. Semanario pol&iacute;tico y de informaci&oacute;n, </em>de la que se<em> </em>publicaron cuatro n&uacute;meros entre el 9 y el 27 de abril de 1931, dando cobertura a los trascendentales comicios municipales celebrados el d&iacute;a 12, y el peri&oacute;dico <em>El Pueblo. Diario Republicano de Andaluc&iacute;a, </em>que solo pudo sacar once n&uacute;meros entre el 28 de junio y el 19 de julio a causa de &laquo;las malas artes y las maquinaciones puestas en juego para impedir su salida&raquo;.</p>
<p>Claro que su afiliaci&oacute;n republicana podr&iacute;a explicar el silenciamiento del libro durante la dictadura franquista, pero no antes. Parad&oacute;jicamente, solo hay rastro de algunas charlas p&uacute;blicas en las que, con toda probabilidad, abord&oacute; su trabajo literario. As&iacute;, el 23 de abril de 1932 &ndash;d&iacute;as despu&eacute;s del boicot antirrepublicano a la Semana Santa, roto &uacute;nicamente por la cofrad&iacute;a de la Estrella&ndash;, dio a conocer &laquo;unas vivas Estampas de Semana Santa, resultado de sus apreciaciones sobre cosas, personas y menciones de la ciudad&raquo; en la Tertulia del Arenal con el t&iacute;tulo de &laquo;Un ensayo y unas estampas de la Semana Santa&raquo; y &laquo;Fisonom&iacute;a del nazareno&raquo;. Al d&iacute;a siguiente, <em>ABC de Sevilla </em>destac&oacute; el &eacute;xito de p&uacute;blico de la lectura, donde se &laquo;expuso el resultado de un an&aacute;lisis qu&iacute;mico de nuestra Semana Santa, consumado en su laboratorio particular&raquo;. De igual modo, en el agasajo recibido el 6 de julio de 1934 por la obtenci&oacute;n de un premio period&iacute;stico local, &laquo;el se&ntilde;or N&uacute;&ntilde;ez de Herrera (&hellip;), a petici&oacute;n de los asistentes, ley&oacute; unas cuartillas sobre temas sevillanos&raquo;. Finalmente, el 21 de noviembre de ese mismo a&ntilde;o, d&iacute;as antes de la publicaci&oacute;n de la obra, el peri&oacute;dico <em>La Voz </em>inform&oacute; de que el escritor hab&iacute;a dado lectura de su &laquo;pr&oacute;ximo libro&raquo;. Ninguna referencia m&aacute;s. Ninguna posterior a la fecha de salida.</p>
<p>N&uacute;&ntilde;ez de Herrera comenz&oacute; a escribir sobre la Semana Santa para <em>El Noticiero Sevillano y La Libertad </em>de Madrid en 1930, a&ntilde;o en el que las procesiones coincidieron con la celebraci&oacute;n de la Exposici&oacute;n Iberoamericana, inaugurada el 9 de mayo de 1929. Por tanto, <em>Sevilla: Teor&iacute;a y realidad de la Semana Santa</em> es una depuraci&oacute;n estil&iacute;stica de esos textos period&iacute;sticos, la formulaci&oacute;n m&aacute;s lograda de las estampas. Aunque<strong> </strong>la mayor&iacute;a de ellas son creadas <em>ex profeso</em> para el libro, el autor tambi&eacute;n reutiliza los materiales de la prensa reproduci&eacute;ndolos casi de forma literal (&laquo;Explicaci&oacute;n y elogio de Pilatos&raquo;); otras veces, los incluye modificados (&laquo;Cr&oacute;nica de la flor quemada&raquo;, &laquo;Biograf&iacute;a del hombre reivindicado&raquo; y &laquo;Excepci&oacute;n de Juanillo el de la Palma&raquo;); y, en ocasiones, emplea motivos comunes, como la cr&oacute;nica del vuelo del <em>Graf Zeppelin</em> por Sevilla, donde hizo escala el 16 de abril de 1930 (&laquo;&Eacute;pica del dirigible y la torre&raquo;). La obra, en apariencia un ensayo sobre la fiesta sevillana, no trata ni de cofrad&iacute;as ni de religi&oacute;n, sino de la ciudad, en la que supo ver esa identidad en fuga del mundo moderno, ese signo de <em>collage</em> de la vida contempor&aacute;nea: &laquo;La Semana Santa no ha existido hasta ahora mismo [&hellip;]. Es aut&oacute;ctona, aut&oacute;noma y autom&aacute;tica. Nace y crece como una planta. Dura siete d&iacute;as y en ese tiempo germina, levanta el tallo, florece, fructifica y grana. Acaba finalmente cuando el postrer nazareno se descalza las sandalias y las envuelve en el &uacute;ltimo n&uacute;mero de <em>El Socialista</em>&raquo;.&nbsp;</p>
<p>El escritor falleci&oacute; el 23 de julio de 1935 en las playas de Montegordo, en la regi&oacute;n portuguesa del Algarve, adonde se hab&iacute;a retirado d&iacute;as antes para curarse de sus cr&oacute;nicos problemas respiratorios. No vio referenciado su libro en vida en ninguna parte. D&iacute;as antes del deceso, su desesperaci&oacute;n era palpable. El 8 de julio escribi&oacute; a Benjam&iacute;n Jarn&eacute;s &ndash;a quien hab&iacute;a dedicado tres amplios art&iacute;culos en tono elogioso publicados en <em>El Noticiero Sevillano</em>&ndash; con un ejemplar firmado de <em>Sevilla. Teor&iacute;a y realidad&hellip;</em> En la carta le ped&iacute;a una rese&ntilde;a para el diario <em>La Naci&oacute;n, </em>y explicaba que estaba siendo &laquo;silenciado concienzudamente por la prensa reaccionaria &ndash;es decir por toda la prensa&ndash; de Sevilla&raquo;. No sabemos si el novelista le respondi&oacute;, aunque se ha localizado hasta la fecha nota alguna sobre la obra. Se inici&oacute; as&iacute; un silencio de d&eacute;cadas, magnificado por la Guerra Civil y la construcci&oacute;n cultural de una dictadura que negaba y silenciaba las complejidades y paradojas que presentaba la Semana Santa. Hubo que esperar hasta 1981, cuando Jos&eacute; Luis Ortiz de Lanzagorta reedit&oacute; el libro, perdido en bibliotecas, mercadillos y librer&iacute;as de saldo. R&aacute;pidamente, durante la transici&oacute;n pol&iacute;tica, se convirti&oacute; en la obra fundamental para comprender la dimensi&oacute;n cultural de la Semana Santa y, por extensi&oacute;n, de la ciudad.</p>
<p>Ya en 2015, el editor David Gonz&aacute;lez Romero ampli&oacute; sustancialmente el corpus conocido de los textos de N&uacute;&ntilde;ez de Herrera y le devolvi&oacute; a un espacio literario, period&iacute;stico y vanguardista desconocido. Apoy&aacute;ndose en la digitalizaci&oacute;n de numerosas cabeceras, descubri&oacute; a un autor sumamente creativo y con una trayectoria personal que le situaba como uno de los referentes del movimiento de renovaci&oacute;n de las letras espa&ntilde;olas surgido en las d&eacute;cadas de 1920 y 1930, tal como ya apuntaba Juan Manuel Bonet en su <em>Diccionario de las vanguardias en Espa&ntilde;a, 1907-1936</em>. En 2018, los firmantes de este texto ampliamos el conocimiento del autor investigando sus claves biogr&aacute;ficas y aportando un importante caudal de textos en la prensa extreme&ntilde;a que explican por qu&eacute; <em>La Gaceta Literaria</em> lo situ&oacute; en enero de 1928 como uno de los autores referenciales de las vanguardias en Extremadura, junto a Enrique Segura, Antonio Otero Seco, Francisco Vald&eacute;s, Antonio Meca o Rom&aacute;n Calder&oacute;n, al tiempo que aparec&iacute;a en las p&aacute;ginas de la publicaci&oacute;n dirigida por Ernesto Gim&eacute;nez Caballero como uno de los animadores del grupo y de la revista <em>Mediod&iacute;a. </em></p>
<p>Precisamente, el papel de N&uacute;&ntilde;ez de Herrera en la publicaci&oacute;n sevillana del 27 tambi&eacute;n ha estado relegado a las sombras. Nunca ejerci&oacute; cargo directivo alguno y, por lo general, pasa desapercibido en los recuerdos de los escritores vinculados a <em>Mediod&iacute;a</em>. Sin embargo, existen suficientes argumentos para defender su importante desempe&ntilde;o, siendo uno de los autores m&aacute;s prol&iacute;ficos en la trayectoria de la hoja sevillana, con un total de seis colaboraciones, s&oacute;lo por detr&aacute;s de Rafael Porl&aacute;n, Joaqu&iacute;n Romero Murube, Rafael Laff&oacute;n y Alejandro Collantes de Ter&aacute;n, quien le dedic&oacute;, por cierto, unos versos de ra&iacute;z popular con una clara orientaci&oacute;n pol&iacute;tica en 1928: &laquo;Por el sol tiene Triana, / &ndash;&iexcl;qu&eacute; bonita!&ndash; cada d&iacute;a / banderas republicanas, / por la luna tiene el puente / ca&ntilde;ones de artiller&iacute;a&raquo;. La relevante posici&oacute;n del extreme&ntilde;o tambi&eacute;n la reconoce <em>La Gaceta Literaria</em> en sus notas de actualidad literaria, que igual da cuenta de la visita del escritor &laquo;de inc&oacute;gnito&raquo; a Madrid para anunciarles la salida inminente de un nuevo n&uacute;mero (octubre de 1928), que demuestra su papel singular como &laquo;prosista&raquo; y &laquo;ensayista&raquo; dentro del grupo hispalense (1 de junio de 1930). &Eacute;l est&aacute; entre los firmantes de una carta de presentaci&oacute;n &ndash;conservada en el Archivo Jorge Guill&eacute;n de la Biblioteca Nacional&ndash; a los seguidores de la publicaci&oacute;n anunci&aacute;ndoles, en enero de 1933, el inicio de una nueva etapa. Igualmente, las necrol&oacute;gicas que publican <em>ABC de Sevilla</em> y <em>El Liberal</em> lo sit&uacute;an tambi&eacute;n<strong> </strong>como referente de la revista, donde afianz&oacute; su prestigio &laquo;en especulaciones y ensayos&raquo;. &nbsp;</p>
<p>Al margen de su papel en <em>Mediod&iacute;a, </em>conviene detenerse igualmente en el ensayo sobre &laquo;la poes&iacute;a de 1927&raquo; que Antonio N&uacute;&ntilde;ez de Herrera public&oacute; por entregas en el peri&oacute;dico <em>La Libertad </em>de Badajoz entre octubre y noviembre de ese mismo a&ntilde;o, es decir, antes del homenaje a G&oacute;ngora organizado por el Ateneo de Sevilla, del que saldr&iacute;a la c&eacute;lebre fotograf&iacute;a fundacional de la Generaci&oacute;n del 27. Se trata de la respuesta a las cr&iacute;ticas contra &laquo;la l&iacute;rica moderna&raquo; que ven&iacute;a vertiendo &lsquo;Un bibli&oacute;filo extreme&ntilde;o&rsquo;, pseud&oacute;nimo del erudito, escritor y fil&oacute;logo Antonio Rodr&iacute;guez Mo&ntilde;ino, en las p&aacute;ginas de <em>El Correo Extreme&ntilde;o</em>. Envuelto en esta pol&eacute;mica, el autor de <em>Sevilla: Teor&iacute;a y realidad&hellip; </em>sostiene que &laquo;la poes&iacute;a espa&ntilde;ola del 1927 no tiene nada de dislocada, ni a&uacute;n son frecuentes los versos libres, ni mucho menos los desencuadernados al estilo cubista y ultra&iacute;sta con el que se trat&oacute; de buscar un revulsivo a la &ntilde;o&ntilde;ez cursi, sentimental y sensiblera, que fue el rabo &ndash;engalanado de lazos de percalina&ndash; que nos dej&oacute; el Romanticismo&raquo;.&nbsp; Y a&ntilde;ade: &laquo;Hay s&iacute;, en la poes&iacute;a actual, una atrevida brillantez en las im&aacute;genes, y un vigor y una depuraci&oacute;n en el adjetivo que escandalizan al lector corriente&raquo;.</p>
<p>La disputa, que se prolonga a lo largo de cinco cap&iacute;tulos &ndash;de los que &uacute;nicamente se conservan los tres &uacute;ltimos, fechados los d&iacute;as 4, 13 y 18 de noviembre&ndash; pasa por ser la primera teorizaci&oacute;n y compendio de las claves po&eacute;ticas que definir&iacute;an al grupo. En este sentido, N&uacute;&ntilde;ez de Herrera percibi&oacute; la existencia de algo novedoso y estructuralmente con sentido en torno al 27 y quiso demostrarlo &ndash;&laquo;&iexcl;con hechos!, no con palabras&raquo;&ndash; con la publicaci&oacute;n de &laquo;un conato de antolog&iacute;a de poes&iacute;a moderna&raquo; en <em>La Libertad</em> de Badajoz. Dicha selecci&oacute;n reuni&oacute; poemas de Alejandro Collantes de Ter&aacute;n (&laquo;Rondel de don Presumido&raquo;), Gerardo Diego (&laquo;Giralda&raquo;), Jos&eacute; Moreno Villa (&laquo;Schola Cordis&raquo;), Rogelio Buend&iacute;a (&laquo;Pescador de estrellas&raquo;), Federico Garc&iacute;a Lorca (&laquo;Prendimiento de Anto&ntilde;ito el Camborio&raquo;), Rafael Alberti (&laquo;Amor de miramelindo&raquo;), Rafael Laff&oacute;n (&laquo;Alegr&iacute;a atl&aacute;ntica&raquo;), Ram&oacute;n de Basterra (&laquo;Eva &uacute;ltima&raquo;), Adriano del Valle (&laquo;Suerte de varas&raquo;), Pedro Salinas (&laquo;El agua que est&aacute; en la alberca&raquo;), Mauricio Bacarisse (&laquo;Diluvio&raquo;), D&aacute;maso Alonso (&laquo;Noche&raquo;), Pedro Garfias (&laquo;Motivos del mar&raquo;) y Joaqu&iacute;n Romero Murube (&laquo;D&eacute;cima&raquo;).</p>
<p>Sin duda, la importancia de esta pionera antolog&iacute;a es sustancial para comprender la forja del grupo po&eacute;tico de 1927 y la contribuci&oacute;n de agentes culturales y revistas literarias perif&eacute;ricas a la conformaci&oacute;n de espacios de encuentro y trasvases de ideas fundamentales a la hora de perfilar las formas de la generaci&oacute;n. Ese protagonismo qued&oacute; rubricado en el c&eacute;lebre homenaje a G&oacute;ngora del Ateneo hispalense, cuya famosa instant&aacute;nea son, en realidad, tres: los reporteros gr&aacute;ficos Juan Jos&eacute; Serrano, &lsquo;Dubois&rsquo;, pseud&oacute;nimo de Eduardo Rodr&iacute;guez Cabezas, y probablemente un tercer fot&oacute;grafo an&oacute;nimo, acaso Pep&iacute;n Bello, que siempre se arrog&oacute; su autor&iacute;a, que<strong> </strong>captaron &laquo;hombro con hombro&raquo; el posado de los poetas para <em>El Noticiero Sevillano</em>, <em>La Uni&oacute;n</em> y <em>El Liberal</em>, respectivamente. Las notas informativas de las cabeceras locales dieron amplia cobertura al contenido de las veladas literarias, recogiendo expresamente la presencia de Antonio N&uacute;&ntilde;ez de Herrera y sus compa&ntilde;eros de la revista <em>Mediod&iacute;a</em> entre el p&uacute;blico que asisti&oacute; a la actividad celebrada en el sal&oacute;n de actos de la Real Sociedad Econ&oacute;mica de Amigos del Pa&iacute;s de la capital andaluza. &nbsp;&nbsp;</p>
<p>Queda constancia, adem&aacute;s, de la difusi&oacute;n de los trabajos literarios del escritor extreme&ntilde;o en muchas publicaciones de la &eacute;poca: <em>Meseta, Cosm&oacute;polis, Oromana, Revista del Ateneo de Jerez</em>&hellip; En estas colaboraciones integra el bagaje ultra&iacute;sta y futurista, confecciona ejercicios vanguardistas y aborda la modernidad desde el prisma del surrealismo. Claro ejemplo son los textos que public&oacute; en <em>El Correo de la Ma&ntilde;ana </em>de Badajoz a comienzos de 1925, reci&eacute;n llegado de la guerra de Marruecos, en los que muestra un inter&eacute;s central por lo festivo y lo carnavalesco, por las m&aacute;scaras y el cuestionamiento de los patrones sociales hegem&oacute;nicos. Pone el foco en la risa, el carnaval, lo popular y la alteraci&oacute;n de roles que provoca la fiesta, elementos que atraviesan toda su obra y que est&aacute;n presentes en <em>Sevilla: Teor&iacute;a y realidad de la Semana Santa. </em>Tambi&eacute;n destacan estos trabajos por jugar con las paradojas y buscar flancos de aparente contradicci&oacute;n. No es menos extra&ntilde;o que publicara sus primeros textos sobre la risa en un rotativo cat&oacute;lico integrista &ndash;<em>El Correo de la Ma&ntilde;ana</em>&ndash;<em> </em>y escribiera uno de sus &uacute;ltimos art&iacute;culos pol&iacute;ticos, desde posiciones democr&aacute;ticas liberales, en el suplemento de la revista anarquista <em>Tierra y Libertad </em>de Barcelona,<em> </em>en octubre de 1931.</p>
<p>N&uacute;&ntilde;ez de Herrera busca en todo momento esos espacios de indefinici&oacute;n y travestismo que impiden lecturas simples y maniqueas. Siente una especial predilecci&oacute;n por los anarquistas que dejan de lado el conflicto social para portar los estandartes del SPQR en las procesiones. &laquo;El &uacute;ltimo nazareno s&iacute;<strong> </strong>tiene su historia y su filosof&iacute;a. En pesados art&iacute;culos doctrinales ha le&iacute;do algo sobre Hegel. Tambi&eacute;n sabe que existe la interpretaci&oacute;n materialista de la Historia, pero ahora no se trata de eso. No se trataba de Largo Caballero. Pero, &iexcl;cuidado!, tampoco del Sumo Pont&iacute;fice. Se trata de la Semana Santa&raquo;, escribe en uno de los primeros cap&iacute;tulos de su libro<em>.</em> El humor y la iron&iacute;a son la mejor forma de transitar la modernidad, desde el esc&aacute;ndalo hasta el an&aacute;lisis social poli&eacute;drico. Huye as&iacute; de los convencionalismos sociales y genera nuevos horizontes que son tambi&eacute;n sociales, como ocurrir&aacute; a partir de 1930, cuando hace m&aacute;s patentes sus postulados republicanos-liberales y democratizadores-regeneracionistas. Como ocurre con otros tantos escritores e intelectuales, el final de la dictadura de Primo de Rivera coincidi&oacute; con un per&iacute;odo de repolitizaci&oacute;n de la literatura. N&uacute;&ntilde;ez de Herrera comienza a dedicar p&aacute;ginas muy cr&iacute;ticas contra los gastos de la Exposici&oacute;n Iberoamericana y contra la historia de corrupci&oacute;n y mal gobierno que ha encaminado al pa&iacute;s hacia la Rep&uacute;blica.</p>
<p>La conjugaci&oacute;n de contradicciones que detecta en lo popular confronta con las &aacute;cidas cr&iacute;ticas que proyecta sobre las &eacute;lites pol&iacute;ticas de la dictadura primorriverista, sobre los terratenientes, sobre la radicalizaci&oacute;n pol&iacute;tica y sobre el pistolerismo. En uno de sus primeros textos pol&iacute;ticos, titulado &laquo;M&aacute;quinas de votar&raquo; y publicado el 28 de agosto de 1927 en <em>La Libertad </em>de Badajoz, tiraba de iron&iacute;a para pasar la censura y denunciar la falta de democracia en Espa&ntilde;a en un comentario sobre el maquinismo y la filosof&iacute;a industrial. &laquo;M&aacute;quinas de votar, que ahorran a los padres de la patria el trabajo de levantarse y abrir la boca. Sencillas m&aacute;quinas &ndash;que de ser complicadas acaso no sirvieron para los parlamentos&ndash;. (&hellip;) Hoy, m&aacute;quinas de votar; ma&ntilde;ana, m&aacute;quinas de hacer senadores. Y m&aacute;s tarde, aquella gentil m&aacute;quina de hacer chorizos &ndash;los cerdos entraban vivos por un lado y sal&iacute;an hechos longaniza por otro&ndash;. Y cuando la chacina no nos gustara, &iexcl;marcha atr&aacute;s!, y los chorizos se convert&iacute;an en cerdos vivitos y coleando&raquo;, anota.</p>
<p>Otra caracter&iacute;stica en la obra de N&uacute;&ntilde;ez de Herrera es la adecuaci&oacute;n de su ritmo narrativo a los imaginarios culturales del momento: la aviaci&oacute;n, la fotograf&iacute;a, el cinemat&oacute;grafo... Por eso escribe &laquo;estampas&raquo;, &laquo;impresiones&raquo;, escenas en movimiento. Tambi&eacute;n escribe &laquo;fintas y teoremas&raquo; a modo de ejercicios de estilo filos&oacute;fico, que son los que presenta en las revistas literarias. El lenguaje es novedoso y ser&iacute;a perfectamente trasladable a un guion cinematogr&aacute;fico formado por escenas inconexas. Es un autor moderno que integra los referentes culturales del momento, propios de la literatura de vanguardia: los dirigibles, las haza&ntilde;as a&eacute;reas, la velocidad, el mecanicismo, el boxeo, la moda, el jazz, las carreras, el cine, los extranjerismos, las masas y las referencias a las vanguardias literarias internacionales. Entrevista al mosquito que vuela por su cuarto, habla con los muertos del cementerio e interroga a su est&oacute;mago. Publica en la segunda etapa de <em>Mediod&iacute;a</em>, en abril de 1933, en una hoja suelta, el mecanoscrito titulado &laquo;Radiograf&iacute;a&raquo;, un texto en prosa con asociaciones libres que sugieren un cierto automatismo, im&aacute;genes irracionales, t&eacute;rminos y expresiones inusuales en el lenguaje po&eacute;tico y pinceladas de humor negro.</p>
<p>Este inter&eacute;s por la modernidad y las vanguardias es proyectado sobre Sevilla. La ciudad, como en el t&iacute;tulo de su &uacute;nica obra publicada, capitaliz&oacute; sus empe&ntilde;os literarios. Ya el 10 de abril de 1926 public&oacute; en <em>La Voz </em>de C&oacute;rdoba un art&iacute;culo criticando los t&oacute;picos generados en torno a la cultura andaluza. No encuentra por ninguna parte la ciudad &laquo;t&iacute;pica&raquo; y &laquo;castiza&raquo;, orientada a reiterar t&oacute;picos para consumo de turistas. Al contrario, su mirada es cr&iacute;tica con toda la tradici&oacute;n rom&aacute;ntica y toda la exaltaci&oacute;n de la pandereta. En <em>La Libertad </em>de Madrid, en su edici&oacute;n del 13 de noviembre de 1929, habla de las dificultades de escribir sobre Sevilla sin caer en &laquo;leso andalucismo&raquo; y en la &laquo;mara&ntilde;a andaluzoide que mintieron turbios escritores. (&hellip;) [Sevilla] es una ciudad blindada por la literatura. Una dura c&aacute;scara la recubre y la disimula. (&hellip;) Y puesto que los fabricantes de panderetas y cr&oacute;nicas para el mercado les hab&iacute;an ense&ntilde;ado c&oacute;mo se hac&iacute;a una Sevilla que gustara a la gente, comenzaron a edificar una ciudad que no desmintiera a las litograf&iacute;as&raquo;. De igual modo, en el citado rotativo madrile&ntilde;o denuncia el 17 de agosto de 1930 que &laquo;hay una Sevilla que no piensa nada m&aacute;s que en los forasteros&raquo;. Meses despu&eacute;s, el 5 de febrero de 1931, volv&iacute;a a denunciar desde las p&aacute;ginas de <em>El Noticiero Sevillano </em>la &laquo;literatura de exportaci&oacute;n&raquo; y la &laquo;pantomima literaria&raquo; creada en torno a Sevilla. N&uacute;&ntilde;ez de Herrera act&uacute;a como un alquimista, entiende la ciudad como un laboratorio en el que descifrar los cambios de la modernidad. La ciudad se convierte en un problema a resolver, en un juego inexplicable de tensiones, en una utop&iacute;a posible en la que lo tradicional y lo novedoso se diluyen: &laquo;Bienaventurados los hombres que saben festejar las antiguas tradiciones y los que saben construir dirigibles&raquo;, escribe. &nbsp;</p>
<p>Para N&uacute;&ntilde;ez de Herrera, la legitimidad pol&iacute;tica republicana descansaba tambi&eacute;n en la cultura popular y el mantenimiento de ritos significativos, aunque su epidermis fuera de tradici&oacute;n cat&oacute;lica y mon&aacute;rquica. Por ello en el seminario republicano que dirige, <em>Cr&iacute;tica, </em>publica<em> </em>antes de las elecciones de abril de 1931 textos relativos a la Semana Santa y las fiestas de Sevilla, pues considera que la hegemon&iacute;a se disputa en estos rituales simb&oacute;licos. <em>Cr&iacute;tica </em>y <em>El Pueblo </em>fueron sus dos proyectos period&iacute;sticos m&aacute;s politizados. En sus p&aacute;ginas subray&oacute; el perfil regeneracionista de la Rep&uacute;blica, acent&uacute;o las cr&iacute;ticas a la monarqu&iacute;a hist&oacute;rica, al caciquismo y a la restauraci&oacute;n borb&oacute;nica. Asimismo, se&ntilde;ala la responsabilidad del rey en el desastre de Annual y en las guerras de Marruecos, que N&uacute;&ntilde;ez de Herrera experiment&oacute; en sus propias carnes durante el servicio militar. A comienzos de 1931, a las puertas de la Rep&uacute;blica, la prensa nacional anunci&oacute; el lanzamiento de un nuevo rotativo republicano denominado <em>Crisol</em>, donde se inclu&iacute;an firmas de Azor&iacute;n, G&oacute;mez de la Serna, Fernando de los R&iacute;os, Luis de Zulueta, Moreno Villa, Am&eacute;rico Castro, P&eacute;rez de Ayala, Corpus Barga, Salvador de Madariaga, Luis Bello y Antonio N&uacute;&ntilde;ez de Herrera. Este &uacute;ltimo no public&oacute; finalmente en <em>Crisol, </em>a menos que escribiera con seud&oacute;nimo, posibilidad que no se descarta pero que parece poco probable ya que, por ejemplo, en el debate que mantuvo con Rodr&iacute;guez Mo&ntilde;ino sobre la poes&iacute;a del 27 cuestion&oacute; a su interlocutor que escribiera con seud&oacute;nimo.</p>
<p>Tras la proclamaci&oacute;n de la Rep&uacute;blica, e iniciadas las reformas del bienio social-aza&ntilde;ista, que N&uacute;&ntilde;ez de Herrera celebra, critica a quienes, desde la izquierda revolucionaria, estaban atacando la Rep&uacute;blica con el fen&oacute;meno del pistolerismo en Sevilla. En este sentido, deja caer la sospecha en <em>La Libertad </em>de Madrid el 18 de agosto de 1931, con argumentos que tambi&eacute;n sostuvo Diego Mart&iacute;nez Barrio, que el suministro de armas a los obreros estaba siendo fomentado por las derechas antirrepublicanas para sembrar el caos, deslegitimar el gobierno y provocar un cambio en la opini&oacute;n p&uacute;blica para que mirara con nostalgia el r&eacute;gimen anterior. Finalmente, denuncia la medida del gobernador civil, Vicente Sol, de armar al antiguo somat&eacute;n &ndash;con el eufemismo de &laquo;guardia c&iacute;vica&raquo;&ndash; para contener el pistolerismo. &laquo;Los anarquistas son mon&aacute;rquicos o los mon&aacute;rquicos son anarquistas&raquo;, es decir, &laquo;monarquistas&raquo;.</p>
<p>Para el escritor, el origen de los males que sufre la ciudad de Sevilla est&aacute; en el endeudamiento masivo de los consistorios durante la dictadura primorriverista para pagar la construcci&oacute;n de los pabellones y el hotel Alfonso XIII de cara a la Exposici&oacute;n Iberoamericana. La ciudad, en aras de un acto de propaganda dictatorial, se hab&iacute;a endeudado de por vida. Pero no s&oacute;lo la cita internacional fue un agujero negro del gasto municipal. Tambi&eacute;n centr&oacute; las ocupaciones de un consistorio que no supo dar respuesta a las decenas de millares de obreros que llegaron a la ciudad para los trabajos de la Exposici&oacute;n y se asentaron en barrios del extrarradio sin servicios y sin una perspectiva laboral una vez concluidos los festejos. La Exposici&oacute;n Iberoamericana fue un polvor&iacute;n que explot&oacute; en el conflicto social de la II Rep&uacute;blica. La deuda municipal y su af&aacute;n por atraer turistas y personajes de renombre hab&iacute;an provocado problemas de vivienda, de trabajo, de higiene y hasta de calidad en las aguas, lo que justificaba el viraje de amplios sectores hacia posiciones republicanas. El 7 de febrero de 1931 denunci&oacute; la deuda injusta contra&iacute;da con los fastos patri&oacute;ticos en las p&aacute;ginas de <em>La Libertad </em>de Madrid. El adeudo convirti&oacute; Sevilla, &laquo;oficialmente, en una ciudad de r&eacute;gimen econ&oacute;mico excepcional, (&hellip;) como multada en sus ciudadanos la culpa de sus regidores&raquo;. La prensa extreme&ntilde;a primero, y la<strong> </strong>madrile&ntilde;a despu&eacute;s, es un punto de escape para N&uacute;&ntilde;ez de Herrera, para expresar sus cr&iacute;ticas sin el peso de la atm&oacute;sfera local. As&iacute;, en noviembre de 1927, alertaba en las p&aacute;ginas de <em>El Heraldo de Madrid </em>que la prensa sevillana &laquo;est&aacute; muy bien ocupada en tocar aires nacionales y serenatas galantes como conviene al mejor &eacute;xito del Certamen Iberoamericano del que son ediles y juglares&raquo;.</p>
<p>Durante sus primeros a&ntilde;os en Sevilla, compatibiliz&oacute; el trabajo en Correos con la colaboraci&oacute;n eventual en la prensa extreme&ntilde;a y en revistas literarias. Esta circunstancia no agrad&oacute; a sus superiores. La Jefatura de Correos de Sevilla le abri&oacute; expediente el 11 de junio de 1929 porque &laquo;trae libros y cuartillas a la oficina y, burlando la vigilancia de los jefes, se dedica a leer y a escribir&raquo;. Sin embargo, dio el salto al periodismo profesional con la Exposici&oacute;n iberoamericana, al convertirse en corresponsal, desde noviembre de 1929, para <em>La Libertad </em>de Madrid. A mediados de ese a&ntilde;o, hab&iacute;a comenzado a trabajar como redactor de <em>El Noticiero Sevillano. </em>De hecho, en septiembre de 1929, abre su reportaje sobre el asesinato ocurrido en un nav&iacute;o &ndash;el yate <em>Mary&ndash; </em>que hab&iacute;a cruzado el oc&eacute;ano Atl&aacute;ntico con ocasi&oacute;n de la Exposici&oacute;n Iberoamericana present&aacute;ndose como un redactor novato. A finales de ese mismo a&ntilde;o, se convierte en uno de los engarces de <em>La Gaceta Literaria </em>en Sevilla, donde firm&oacute; cr&oacute;nicas en diciembre de 1929, enero de 1930 y abril de 1930. Es interesante comprobar c&oacute;mo su visi&oacute;n de la cita internacional var&iacute;a en funci&oacute;n del medio en el que publica, siendo m&aacute;s cr&iacute;tico sobre los gastos y las consecuencias socioecon&oacute;micas en la prensa de Madrid. Para <em>El Heraldo </em>y <em>La Libertad </em>prepara textos muy cr&iacute;ticos con los imagotipos de lo andaluz. Pretende mostrar la ciudad que no se ve tras el trampantojo pintoresco: la de los problemas de vivienda, la de la pobreza, pero tambi&eacute;n la popular que escapa a los t&oacute;picos rom&aacute;nticos.</p>
<p>Por eso, cuando el escritor gallego &Aacute;ngel L&aacute;zaro o el periodista franc&eacute;s &Eacute;lie Richard &ndash;redactor jefe de <em>Par&iacute;s Soir- </em>visitan las fiestas sevillanas de primavera, N&uacute;&ntilde;ez de Herrera ejerce de cicerone at&iacute;pico. Como cuenta el <em>rep&oacute;rter</em> galo en la cr&oacute;nica de su viaje por Sevilla, publicada en la prestigiosa publicaci&oacute;n parisina<em> </em>entre el 14 y el 25 de abril de 1932, el extreme&ntilde;o le mostr&oacute; una ciudad diferente: los barrios de extrarradio, el hacinamiento, la pobreza, la urbe realmente existente y nada pintoresca. Asimismo, tuvieron tiempo para hablar de literatura. Richard reconoci&oacute; el 26 de septiembre de 1936, en <em>Les Nouvelles Litt&eacute;raires, Artistiques et Scientifiques, </em>en un art&iacute;culo sobre el asesinato de Federico Garc&iacute;a Lorca, que fue su anfitri&oacute;n sevillano quien le descubri&oacute; al poeta y dramaturgo granadino.</p>
<p>La obra completa de Antonio N&uacute;&ntilde;ez de Herrera que editamos en 2018 David Gonz&aacute;lez Romero, C&eacute;sar Rina y Jos&eacute; Mar&iacute;a Rond&oacute;n sigue abierta a nuevos descubrimientos. Confiamos en que el proceso de digitalizaci&oacute;n emprendido por las administraciones vaya aportando nuevos textos, tambi&eacute;n en el desarrollo de investigaciones abiertas en torno al personaje. Sin embargo, hay vac&iacute;os en su corta pero intensa trayectoria de escritor que est&aacute;n condicionados por la p&eacute;rdida, presumiblemente irreparable, de las publicaciones. Por ejemplo, no tenemos noticias de nuestro autor entre mayo de 1925 y julio de 1927. En alguno de esos meses dar&iacute;a el salto de <em>El Correo de la Ma&ntilde;ana </em>a <em>El Liberal, </em>ambos de Badajoz, pero sus ejemplares se han perdido. Tampoco se conocen los dos primeros pliegos del debate mantenido con Antonio Rodr&iacute;guez Mo&ntilde;ino en torno a &laquo;la poes&iacute;a de 1927&raquo;. No se conservan los ejemplares de octubre de ese a&ntilde;o donde se publicaron los dos primeros art&iacute;culos. Sucede igual con los textos entre finales de 1927 y 1929, cuando no existe motivo documentado que justifique que N&uacute;&ntilde;ez de Herrera dejara de publicar en esas fechas. Deseamos que el tiempo y el trabajo de investigaci&oacute;n contin&uacute;e aportando m&aacute;s escritos y m&aacute;s referencias de su trayectoria vital, art&iacute;stica y pol&iacute;tica.</p>
<p>Sin embargo, como se puede comprobar en este cartapacio de <em>Turia,</em> no es poco lo que ya se sabe. En estas p&aacute;ginas N&uacute;&ntilde;ez de Herrera trasciende de los l&iacute;mites tem&aacute;ticos de la literatura cofrade y de las fronteras de la ciudad de Sevilla para presentarse como modelo de una generaci&oacute;n que, adem&aacute;s de la poes&iacute;a, ejerci&oacute; ampliamente la prosa y que encauz&oacute; el impacto de su literatura en peri&oacute;dicos y revistas, m&aacute;s din&aacute;micas y &aacute;giles que los libros. La trayectoria de N&uacute;&ntilde;ez de Herrera tambi&eacute;n nos muestra la importancia que tuvo la sociabilidad en la gestaci&oacute;n de un espacio de experimentaci&oacute;n vanguardista y de autoafirmaci&oacute;n generacional conocido como grupo o generaci&oacute;n del 27. Dicha hornada no fue el resultado exclusivo de una serie de encuentros casuales en Madrid, sino que se confeccion&oacute; tambi&eacute;n en colectivos y publicaciones surgidos en la periferia. Sirva tambi&eacute;n este cartapacio para ampliar la n&oacute;mina de heterodoxos andaluces con un personaje que hizo del laberinto urbano de Sevilla un laboratorio creativo para comprender las transformaciones globales de la modernidad.</p>
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      <pubDate>Tue, 10 Mar 2026 06:48:42 +0000</pubDate>
    </item>
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      <title><![CDATA[Juan Manuel Bonet: “Lo más importante que me enseñó mi padre fue a leer las artes de forma interconectada”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/juan-manuel-bonet-lo-mas-importante-que-me-enseno-mi-padre-fue-a-leer-las-artes-de-forma-interconectada/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2026/JUAN_MANUEL_BONET_5.jpg" alt="" /></p>
<p>La casa de Juan Manuel Bonet (Par&iacute;s, 1953) y su esposa la historiadora del arte polaca Monika Poliwka es un reflejo de dos vidas enteras dedicadas al arte. Es un luminoso piso en una casa antigua cercana al templo de Debod en Madrid donde se apilan, ya con grandes dificultades de espacio, libros, centenares, miles de libros, que han rebasado las estanter&iacute;as y brotan del suelo en pilas y pilas que hacen del deambular por ciertas habitaciones y pasillos un ejercicio de funambulismo. Por no hablar de las obras de arte, cuadros y esculturas detr&aacute;s de las cuales hay siempre una historia, una historia de amistad, una historia de admiraci&oacute;n, una historia familiar&hellip; Muchas de las joyas bibliogr&aacute;ficas que esperan una mirada curiosa en pasillos y estudios proceden de una de las aficiones m&aacute;s gratas, casi obsesivas, de nuestro interlocutor: recorrer en todas las ciudades a las que viaja por el mundo todos los mercadillos, rastros, mercados de las pulgas, librer&iacute;as de viejo y toda suerte de espacios donde la paciencia, y el conocimiento puedan dan lugar a encontrar esa primera edici&oacute;n, ese libro dedicado por alguna figura clave de la vanguardia europea. Porque la palabra vanguardia va unida de manera completa, como si fuera un sin&oacute;nimo de su nombre propio, a la carrera de Bonet, incluso m&aacute;s all&aacute; del hecho de ser el autor de una de esas obras fundamentales para entender el arte de nuestro pa&iacute;s: el c&eacute;lebre <em>Diccionario de las Vanguardias en Espa&ntilde;a (1907-1936)</em> fundamental para entender el reflejo de los movimientos art&iacute;sticos en nuestro pa&iacute;s en los albores del siglo XX.</p>
<p>Hacer un listado de las exposiciones comisariadas por &eacute;l a lo largo de su trayectoria ser&iacute;a llenar con creces las p&aacute;ginas dedicadas a esta entrevista. Se podr&iacute;a decir que en esa lista todos los ismos han tenido su lugar, como lo han tenido muchos de los artistas de su generaci&oacute;n. Lo mismo cabe decir de los artistas a los que ha dedicado trabajos monogr&aacute;ficos, baste con se&ntilde;alar algunos: Juan Gris, Ram&oacute;n Gaya, Gerardo Rueda, Modesto Ciruelos, Jos&eacute; Manuel Ballester&hellip; Artistas como Picasso, Morandi, Tarsila do Amaral, Henri Michaux, Esteban Vicente, Caneja, Manolo Millares o Dis Berlin se encuentran entre aquellos a los que ha dedicado muestras retrospectivas. Ram&oacute;n G&oacute;mez de la Serna, Cansinos Assens o Joan Perucho, entre los nombres de los que ha firmado ediciones cr&iacute;ticas.</p>
<p>Pero, sin duda, su nombre quedar&aacute; ligado para siempre al <em>Diccionario de las vanguardias en Espa&ntilde;a</em>, un exhaustivo trabajo, publicado en 1995, impagable a&uacute;n hoy en d&iacute;a para conocer la situaci&oacute;n del arte en Espa&ntilde;a relacionado con las vanguardias hist&oacute;ricas en el primer tercio del Siglo XX. Como escribi&oacute; el galerista Guillermo de Osma en la introducci&oacute;n del libro: &ldquo;La exhaustiva investigaci&oacute;n de Juan Manuel Bonet, basada fundamentalmente en la revisi&oacute;n de las fuentes originales, sintetiza todo el conocimiento que tenemos de esta &eacute;poca, rellenando lagunas y aclarando muchas zonas oscuras, identificando a sus protagonistas, estableciendo muchas biograf&iacute;as que estaban a medio esbozar, corrigiendo errores que se hab&iacute;an transmitido de unos estudios a otros y aportando gran cantidad de datos in&eacute;ditos&rdquo;. Y a&ntilde;ad&iacute;a: &ldquo;creo que una de las grandes virtudes de esta obra y de su autor es su voluntad de objetividad hist&oacute;rica, neutralizando as&iacute; los prejuicios que han existido y todav&iacute;a existen sobre muchos de los protagonistas originados por su ideolog&iacute;a pol&iacute;tica y el bando que tomaron en la guerra&rdquo;.</p>
<p>Un trabajo incansable que tambi&eacute;n ha dado frutos en el terreno de la poes&iacute;a, un g&eacute;nero que comenz&oacute; publicando ya en la treintena con <em>La patria oscura</em>. Una faceta que ha tenido su &uacute;ltima parada hasta ahora en &lsquo;<em>V&iacute;a laberinto</em>&rsquo; que recoge su poes&iacute;a completa junto a los in&eacute;ditos <em>A trav&eacute;s</em> y <em>5 suites</em>.</p>
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<p><strong>&ldquo;Mi legado a la Fundaci&oacute;n Antonio P&eacute;rez en Taranc&oacute;n es el sue&ntilde;o de todo coleccionista&rdquo;</strong></p>
<p>Parte de su colecci&oacute;n bibliogr&aacute;fica y de las obras de arte saldr&aacute;n pronto de la casa. El matrimonio Bonet anda estos d&iacute;as pendiente de esa mudanza gracias a la Fundaci&oacute;n Antonio P&eacute;rez, de Taranc&oacute;n, que abrir&aacute; un nuevo espacio para albergar dichas obras. Se trata de una nueva instituci&oacute;n denominada &lsquo;Constelaci&oacute;n vanguardias: colecci&oacute;n y archivo Monika y Juan Manuel Bonet&rsquo;, donaci&oacute;n en la que adem&aacute;s de los donantes y la FAP participan la Diputaci&oacute;n de Cuenca y el Ayuntamiento de Taranc&oacute;n. El nuevo espacio se ubicar&aacute; en la denominada Casa Parada y ser&aacute; un centro de exposici&oacute;n permanente donde se exhibir&aacute; parte de la colecci&oacute;n con una sala dedicada a exposiciones permanente.</p>
<p>El acuerdo ha sido calificado como un sue&ntilde;o por el protagonista. Empezamos la conversaci&oacute;n en este punto, y se ir&aacute; desarrollando tambi&eacute;n como una constelaci&oacute;n pues son tantas las vivencias de quien, adem&aacute;s, ha ocupado cargos importantes en instituciones culturales clave del pa&iacute;s que cada nombre le lleva a abrir un nuevo espacio para el relato y es dif&iacute;cil retomar el punto de partida, cosa que hacemos de vez en cuando sin que muestre el menor cansancio ni desinter&eacute;s por la conversaci&oacute;n.</p>
<p>-Lo de la Fundaci&oacute;n es el sue&ntilde;o de todo coleccionista: que aquello que re&uacute;nes no se disperse. Y en este caso nosotros no hemos ido a buscarlo sino que nos ha venido. El director de la Fundaci&oacute;n, que tiene sedes en Cuenca, Huete, San Clemente y Sig&uuml;enza, vino y nos dijo &lsquo;queremos que seas nuestro siguiente tutelado&rsquo;. Nos habl&oacute; del espacio en Taranc&oacute;n, la Casa Parada, que es un palacio en el que pernoct&oacute; Carlos V en uno de sus viajes. Adem&aacute;s de los espacios expositivos se habilitar&aacute;n dos naves para almac&eacute;n. Estamos definiendo la selecci&oacute;n porque una parte ser&aacute; una cesi&oacute;n y otra una donaci&oacute;n. Para m&iacute; es un sue&ntilde;o, pero tambi&eacute;n necesito acostumbrarme. Yo ahora lo tengo todo aqu&iacute; a la hora de trabajar. Esto acostumbrado a tirar de mi Lorca, de mi Borges y de mi Pessoa y ahora muchas de esas cosas importantes van a estar all&iacute;, a noventa kil&oacute;metros de mi casa. Pero donar&eacute; cosas importantes porque si te ofrecen algo as&iacute; tienes que responder a la altura de las circunstancias.</p>
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<p><strong>&ldquo;Los n&uacute;cleos fuertes de la colecci&oacute;n est&aacute;n muy relacionados con las vanguardias&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash; &iquest;Cu&aacute;les son los n&uacute;cleos fuertes de la colecci&oacute;n?</p>
<p>-Hay varios y muy relacionados con las vanguardias. Por ejemplo, en el Ultra&iacute;smo est&aacute;n representados casi todos. Faltan algunas revistas porque son m&aacute;s dif&iacute;ciles de conseguir que los libros. Es un n&uacute;cleo muy fuerte. Otro es el de las vanguardias polacas y de otros pa&iacute;ses del Este. Tambi&eacute;n el de las vanguardias latinoamericanas. En mis viajes a Latinoam&eacute;rica he comprado a destajo lo relacionado con las vanguardias de esos pa&iacute;ses y del exilio espa&ntilde;ol hasta el punto de tener que casi sobornar a los empleados de Iberia por el peso del equipaje [risas]. En Buenos Aires, pero tambi&eacute;n en Caracas, en Chile o en Brasil he comprado algunas de las mejores cosas que tengo. Montevideo es una de mis ciudades favoritas en esto. Hay mucho, mucho y todav&iacute;a encuentro cosas. El otro d&iacute;a abr&iacute; una caja y encontr&eacute; un cat&aacute;logo de Antonin Artaud del a&ntilde;o 47 bastante raro con un poema manuscrito de mi padre a mi madre. Tambi&eacute;n, un libro de Lorca dedicado a Josep Palau y Fabre, un poeta de la vanguardia catalana, picassiano importante. La noche que yo nac&iacute; mi padre estaba cenando con &eacute;l y con Julio Cort&aacute;zar en Par&iacute;s. Tambi&eacute;n est&aacute;n los primeros libros que compr&eacute; en Par&iacute;s con mi padre. Ahora me doy cuenta de que en el a&ntilde;o 67 pod&iacute;as encontrar, por ejemplo, un libro del a&ntilde;o 28 sin que estuviera considerado libro de viejo, quedaban pecios en esa &eacute;poca. En el cap&iacute;tulo de libros con dedicatorias hay de todo: de Juan Larrea, uno de Pessoa dedicado a Adriano del Valle, otro de Marinetti dedicado a un pintor espa&ntilde;ol, de Jorge Guill&eacute;n, de Breton hay uno de conversaciones dedicado a la revista &Iacute;ndice. Y luego libros dedicados a nosotros de Octavio Paz, de Eugenio Granell, de Arrabal&hellip; Hay tambi&eacute;n una gran colecci&oacute;n de partituras: de Stravinsky, de Falla dedicado a un compositor catal&aacute;n. En fin, hay libros de arte, literatura, poes&iacute;a, arquitectura, m&uacute;sica, fotograf&iacute;a que durante tiempo me costaba escribir de fotograf&iacute;a y ahora cada vez escribo m&aacute;s. En cuanto a obras de arte hay mucho de la generaci&oacute;n de los cincuenta vinculada al grupo de Cuenca, est&aacute;n los geom&eacute;tricos, los del llamado centro de c&aacute;lculo, los Broto, Campano, Sicilia, Dis Berlin&hellip;</p>
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<p><strong>&ldquo;Mi padre fue uno de los primeros becarios en Francia de la posguerra espa&ntilde;ola&rdquo;</strong></p>
<p>-Para hacer un repaso de su trayectoria hay que empezar hablando de su padre, Antonio Bonet Correa, por la gran influencia que tuvo sobre usted y la que iba a ser su propia carrera.</p>
<p>&ndash;Efectivamente. Mi padre era hijo de un militar de origen gallego, Jos&eacute; Bonet, y de Asunci&oacute;n Correa Calder&oacute;n que era hermana del escritor Evaristo Correa Calder&oacute;n. Yo nac&iacute; en Par&iacute;s porque mi padre fue uno de los primeros becarios en Francia de la posguerra espa&ntilde;ola. Al principio de su estancia all&iacute; se aloj&oacute;, como ocurr&iacute;a con algunos becarios, no en el Colegio de Espa&ntilde;a sino en la embajada de Cuba, lo que hizo que durante un tiempo acabara siendo secretario particular del embajador de Cuba y as&iacute; conoci&oacute; a Wifredo Lam y a alg&uacute;n poeta cubano. Siempre contaba que Wifredo Lam estuvo en su boda y que les prometi&oacute; a mis padres como regalo un gouache que nunca lleg&oacute; [risas]. Siempre lo contaba. Pero antes de ir a Par&iacute;s, mi padre ya ten&iacute;a Francia en la cabeza. Estaba suscrito a algunas revistas francesas y en concreto sus primeros art&iacute;culos los public&oacute; en el diario <em>La noche</em> de Santiago de Compostela cuando era estudiante. Mi padre firmaba con seud&oacute;nimo una &lsquo;Cr&oacute;nica de Par&iacute;s&rsquo; sin haber estado nunca all&iacute;, hablaba por ejemplo de que se hab&iacute;a inaugurado una exposici&oacute;n de Matisse, o de que se hab&iacute;a publicado un libro de Paul Eluard... Al cabo de un tiempo cumple su sue&ntilde;o se va a Par&iacute;s da clases en la Sorbona y all&iacute; conoce a mi madre que era alumna suya, tambi&eacute;n era hija de militar y estudiante de espa&ntilde;ol en el Instituto de Estudios Hisp&aacute;nicos. Se casan en 1953 y en 1957 vuelven a Espa&ntilde;a.</p>
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<p><strong>&ldquo;Con 12 a&ntilde;os vi una exposici&oacute;n sobre Apollinaire que me marc&oacute; much&iacute;simo&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;&iquest;Cu&aacute;l cree que es la ense&ntilde;anza m&aacute;s importante que recibi&oacute; de su padre?</p>
<p>&ndash;Mi padre me ense&ntilde;&oacute; desde el principio a leer las artes como interconectadas. Lo he llevado a rajatabla en todos los sitios donde he estado, he articulado cosas en las que pintura, arquitectura, fotograf&iacute;a, m&uacute;sica, cine y literatura formaban una unidad. Yo empec&eacute; a ver exposiciones con mi padre cuando viaj&aacute;bamos a Par&iacute;s con 12 a&ntilde;os. A esa edad recuerdo que vi una gran exposici&oacute;n sobre Apollinaire que hubo en la Biblioteca Nacional de Par&iacute;s. Esa exposici&oacute;n me marc&oacute; much&iacute;simo. Vi otra exposici&oacute;n sobre Delacroix en la que estaban muy presentes tambi&eacute;n la literatura y la m&uacute;sica. Recuerdo otra de Morandi, as&iacute; como la primera exposici&oacute;n de arte minimal que hubo en Europa, o una de las primeras y que circul&oacute; por otras ciudades que fue <em>El arte de lo real</em>. Yo tambi&eacute;n le acompa&ntilde;aba de librer&iacute;as tanto en Par&iacute;s como en Perpi&ntilde;&aacute;n. Recuerdo que en Perpi&ntilde;&aacute;n vimos una exposici&oacute;n de Manolo Hugu&eacute;. All&iacute; mis padres conocieron a su viuda y tiempo despu&eacute;s fuimos a verla en Caldas de Montbui, cerca de Barcelona, y fue la primera vez que yo estuve en una casa donde hab&iacute;a picassos. Otra an&eacute;cdota relacionada con mi padre es que era muy amigo de un pintor surrealista catal&aacute;n, August Puch. Un d&iacute;a fuimos a verle y, al terminar la visita, cuando nos volv&iacute;amos a Perpi&ntilde;&aacute;n, nos dijo: por qu&eacute; no os qued&aacute;is y os presento a Marcel Duchamp y mi padre dijo &lsquo;no, no quiero molestarle&rsquo;. Y nos fuimos y cuantas veces le dec&iacute;a: pero c&oacute;mo pudimos perder esa oportunidad. En Par&iacute;s, unas Navidades fuimos a ver al pintor Sergio de Castro y descubr&iacute; que es el Etienne de la novela <em>Rayuela</em>, de Julio Cort&aacute;zar. Algo que a&ntilde;os despu&eacute;s me confirm&oacute; su viuda. All&iacute; conocimos a Cartier Bresson y a su mujer, que tambi&eacute;n era una excelente fot&oacute;grafa. Y a Mar&iacute;a Elena Viera da Silva y su marido. Todo ese roce me fue conformando.</p>
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<p><strong>&ldquo;Las dos personas que m&aacute;s han influido en mi vocaci&oacute;n son mi padre y Fernando Z&oacute;bel&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;Y todo eso continu&oacute; en Sevilla, donde su padre fue catedr&aacute;tico de Historia del Arte en la Universidad. Y all&iacute;, por cierto, est&aacute;n sus comienzos y su breve paso por la pintura.</p>
<p>&ndash;All&iacute; empec&eacute; a ir solo a las galer&iacute;as y deb&iacute;an de pensar que era hijo de alguien con dinero porque me llenaban de cat&aacute;logos que muchos hoy en d&iacute;a son piezas de colecci&oacute;n. En Sevilla, escucho la primera conferencia de mi padre sobre surrealismo y otros temas. A esa primera conferencia me acompa&ntilde;a Quico Rivas [1953-2008, tambi&eacute;n escritor y cr&iacute;tico de arte], al que hab&iacute;a conocido en el instituto. &Eacute;l era de las juventudes del PCE, pero se estaba pasando ya a ese otro grupo que se llamaba Acci&oacute;n Comunista. Era la &eacute;poca de Carmen Romero como profesora de franc&eacute;s en el Instituto y as&iacute; vimos por primera vez a Felipe Gonz&aacute;lez. Quico y yo empezamos a pintar juntos y formamos el Equipo M&uacute;ltiple. En ese momento, mi padre era director del Museo de Bellas Artes de Sevilla y trataba much&iacute;simo a Carmen Laff&oacute;n y a Fernando Z&oacute;bel. Son los primeros pintores espa&ntilde;oles que conozco en directo, por decirlo as&iacute;. Si tuviera que decir las dos personas que m&aacute;s han influido en mi vocaci&oacute;n son, primero, mi padre y despu&eacute;s Fernando Z&oacute;bel. Yo trabaj&eacute; dos veranos en el museo de Cuenca del que &eacute;l era director. Expuse un verano, luego tuvimos dos exposiciones en Sevilla. La pintura es una aventura que para m&iacute; dura muy poco. Es una aventura muy culturalista. Nos interesaban los pintores pop del momento o cercanos al pop.</p>
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<p><strong>&ldquo;<em>El Correo de Andaluc&iacute;a</em> fue una escuela para aprender a hacer cr&iacute;tica de arte&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;Como Equipo M&uacute;ltiple duran poco pero su historia se sigue recordando. En Sevilla se han celebrado exposiciones conmemorativas del grupo. En cualquier caso, usted abandona completamente la pintura para encaminarse a la cr&iacute;tica de arte.</p>
<p>&ndash;Este verano, en mis <em>excavaciones</em> en la casa de Guadalajara, descubr&iacute; cajas que llevaban d&eacute;cadas sin abrir. All&iacute; encontr&eacute;, entre papeles m&iacute;os, uno en el que dec&iacute;a &ldquo;me gustar&iacute;a ser cr&iacute;tico de arte, pero entiendo que es una profesi&oacute;n que no tiene mucho futuro de modo que voy a orientarme hacia la historia del arte, pero para hacer cr&iacute;tica tambi&eacute;n&rdquo;. Hice Historia del Arte pero no termin&eacute; mis estudios, de modo que soy autodidacta. Hubo tambi&eacute;n un primer episodio en el que, en uno de los veranos de Perpi&ntilde;&aacute;n, descubr&iacute; una revista que se llamaba <em>Arqueolog&iacute;a</em> y me suscrib&iacute;.&nbsp; Entre eso y Tint&iacute;n, que para m&iacute; era muy importante, empec&eacute; a creer que pod&iacute;a ser arque&oacute;logo. Y para que veas lo que me preocupaba entonces la econom&iacute;a ,&ndash; algo raro porque luego no me preocup&oacute; nada y hemos vivido con dificultades muchas veces&ndash; , le&iacute; un reportaje que dec&iacute;a que era una profesi&oacute;n dificil&iacute;sima y que cada a&ntilde;o sal&iacute;an no s&eacute; cu&aacute;ntos arque&oacute;logos pero que se colocaba un 10% y eso me cort&oacute;. Mis padres ya me hab&iacute;an buscado un campamento en Mauritania para hacer arqueolog&iacute;a pero no fui. La pintura dur&oacute; lo que dur&oacute; Sevilla. Y la cr&iacute;tica la empec&eacute; muy joven tambi&eacute;n en Sevilla y tuve un director de peri&oacute;dico extraordinario que se llamaba Jos&eacute; Mar&iacute;a Javierre, era el cura de la televisi&oacute;n. Dirig&iacute;a <em>El Correo de Andaluc&iacute;a</em> que era el peri&oacute;dico del obispado de Sevilla. Ten&iacute;a unas p&aacute;ginas de literatura que las llevaban varios escritores; unas p&aacute;ginas laborales que las llevaba Comisiones Obreras. Era muy amigo de Ram&oacute;n Carande y de Pilar de Salinas, una arist&oacute;crata emparentada con los Mil&aacute; de Barcelona. Javierre nos dejaba hacer lo que quisi&eacute;ramos. Desde publicar un texto sobre Trostky y el futurismo, a unas cr&iacute;ticas feroces contra el Sal&oacute;n de Oto&ntilde;o que escrib&iacute;.&nbsp; Fue una etapa preciosa. Hicimos m&aacute;s de cincuenta n&uacute;meros del suplemento durante a&ntilde;o y medio o dos a&ntilde;os. Fue una escuela para aprender a hacer cr&iacute;tica de arte. Luego tuvo que pasar un tiempo hasta que naci&oacute; <em>El Pa&iacute;s</em> y yo estuve en el equipo inicial del peri&oacute;dico.</p>
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<p><strong>&ldquo;Lo que ha salido en letra impresa no lo retoco jam&aacute;s&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;Y desde muy joven hace compatible esa vocaci&oacute;n con la poes&iacute;a, g&eacute;nero en el que ha publicado varios libros. &iquest;Lo considera un cap&iacute;tulo cerrado?</p>
<p>&ndash;&iexcl;Nooo!, no, no. Espero que no, vamos. Monika te dir&iacute;a que es lo m&aacute;s importante para m&iacute;. La poes&iacute;a tard&oacute; mucho en emerger, por suerte&hellip; Tengo muchos amigos, y es algo que le pasa a todo el mundo en general, que tienden a romper sus primeros libros. Los persiguen, como hac&iacute;a Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez y eso sigue pasando. Gimferrer no quer&iacute;a que se viera uno de sus primeros libros. Yo no tengo ning&uacute;n poema que esconder. Todos los que he publicado, salvo quiz&aacute; puede haber alguno del comienzo&hellip; Pero lo que ha salido en letra impresa no lo retoco jam&aacute;s porque empec&eacute; a publicar poes&iacute;a en 1983 con <em>La patria oscura</em>. Ten&iacute;a 29 a&ntilde;os, no es una edad de poeta adolescente, ya has dejado atr&aacute;s muchas cosas. Antes hab&iacute;a publicado un libro de bibliofilia con Antonio Quejido que se titula <em>Ilusi&oacute;n</em>, pero libro propiamente dicho, largo, digamos, empiezo a publicar en un momento en que ya tengo definidas muchas cosas. Despu&eacute;s, cuando he visto la poes&iacute;a reunida en ese tomo tengo una secci&oacute;n previa que son poemas que repesco, que se hab&iacute;an quedado sin publicar, unos que iban a ser un libro titulado <em>A trav&eacute;s</em>, que ten&iacute;an un punto tel-queliano, que ah&iacute; no me reconozco todav&iacute;a mucho, pero los rescat&eacute; y los publiqu&eacute; tal cual y met&iacute; cosas que se parecen ya a <em>La patria oscura</em>. Luego vino <em>Caf&eacute; des exil&eacute;s</em> y, m&aacute;s tarde, los <em>Doce poemas de Pavel Hr&aacute;dok en versi&oacute;n de J. M. B</em>., que es un &nbsp;falso poeta checo que me &nbsp;invento&hellip;</p>
<p>Parte de los libros que iba haciendo eran colaboraciones con pintores m&aacute;s all&aacute; de <em>V&iacute;a Labirinto</em>, que re&uacute;ne mi poes&iacute;a. Por ejemplo, con Miguel Galano hice <em>Cracovia geom&eacute;trica</em>; con Pablo Sycet, <em>Sala de mapas</em> y ahora saldr&aacute; en Renacimiento una antolog&iacute;a m&iacute;a prologada por Juan Marqu&eacute;s y eso me impulsar&aacute; porque tengo prometida a La Veleta, la colecci&oacute;n que dirige Andr&eacute;s Trapiello, <em>Poemas postales</em>. Son 150 postales antiguas y, para cada una, escribo un poema. La primera es la de Saint Sulpice y la &uacute;ltima es de una calle con almendros en flor en Jap&oacute;n. Algunos son viajes imaginarios, pero en la mayor&iacute;a he estado. Mi paleta aqu&iacute; son las postales. Un recorrido por el mundo como yo lo veo. Estar&aacute;n Brasil, &Aacute;frica donde solo he estado en Marruecos&hellip; Ser&aacute; un libro muy viajero.</p>
<p>&ndash;El viaje ha tenido una gran importancia en su vida. Se puede comprobar con a lectura de <em>La ronda de los d&iacute;as</em>, su dietario publicado en 1995. All&iacute; est&aacute;n las ciudades de su vida como Par&iacute;s, Cracovia&hellip;</p>
<p>&ndash;S&iacute;, s&iacute;, y ahora se ha ampliado la lista. No voy a hacer una edici&oacute;n ampliada, pero se va a reeditar tambi&eacute;n en La Veleta. A&ntilde;adir&eacute; unos pocos fragmentos m&aacute;s que aparecieron en una revista que editaba Juli&aacute;n Rodr&iacute;guez, el escritor y editor fallecido, y que se llamaba <em>La Ronda de Noche</em> y a&ntilde;adir&eacute; esos textos: una ronda gijonesa para el pintor Pelayo Ortega, otra brasile&ntilde;a para Jos&eacute; Manuel Ballester&hellip; Un texto a lo ronda sobre Eric Satie y otro sobre Ezra Pound. Pero el libro est&aacute; cerrado.</p>
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<p><strong>&ldquo;Los dos textos que m&aacute;s me han animado en el campo de la literatura fueron escritos por Joan Perucho y Octavio Paz&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;Una curiosidad. &iquest;Por qu&eacute; en uno de los pasajes del libro donde se mencionan tantos artistas, escritores y m&uacute;sicos, oculta el nombre de Kati Horna, la fot&oacute;grafa h&uacute;ngara?</p>
<p>&ndash;&iexcl;Qu&eacute; curioso! Octavio Paz me pregunt&oacute; lo mismo. Pongo Kati H. porque ella me dec&iacute;a: &ldquo;no diga usted que soy h&uacute;ngara. Yo tengo un pasaporte espa&ntilde;ol que me ha dado el embajador espa&ntilde;ol. Ella hab&iacute;a estado durante la guerra civil en Espa&ntilde;a y le asustaba que se supiera que era h&uacute;ngara. Quise seguir ese juego. Mira, los dos textos que a m&iacute; m&aacute;s me han animado en el campo de la literatura fueron: un texto de Joan Perucho en la tercera de <em>ABC</em>, titulado &lsquo;Los frutos maduros del tiempo&rsquo;. Mucha gente se enter&oacute; por esa p&aacute;gina de que era poeta. Y la otra cosa, que es privada, es que Octavio Paz me mand&oacute; una carta, que la tengo en este laberinto de cosas y que debo encontrar, en la que me dec&iacute;a: &ldquo;me ha encantado el libro [a prop&oacute;sito de <em>La ronda de los d&iacute;as</em>] yo tambi&eacute;n amo las listas&rdquo;. Y era tan bonito lo que me escribi&oacute; que, en una edici&oacute;n de bibliofilia traducida al franc&eacute;s, con un marcap&aacute;ginas que era un grabado de un excelente grabador franc&eacute;s de una de las torres de Saint Sulpice, pusimos un fragmento de esa carta de Octavio Paz. Fueron los dos regalos m&aacute;s importantes que he tenido en mi vida literaria. Me han escrito otras cr&iacute;ticas. Fanny Rubio, una muy temprana, Manuel Rodr&iacute;guez Rivero otra&hellip; Pero esos dos regalos&hellip;</p>
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<p><strong>&ldquo;Dis Berlin un gran viajero imaginario y un caso de complicidad intelectual fuerte&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&ndash;Hay una frase en <em>La ronda de los d&iacute;as</em> que me llam&oacute; mucho la atenci&oacute;n. En ella se pregunta: &iquest;hay algo en la actualidad en la esfera de la creaci&oacute;n art&iacute;stica comparable a lo que la obra de Paul Klee signific&oacute; en su tiempo? Esto lo escribe en 1995. Si se lo preguntara ahora, &iquest;qu&eacute; responder&iacute;a?</p>
<p>&ndash; S&iacute;, s&iacute; lo hay. Ciertos pintores norteamericanos que han continuado en una esfera entre lo geom&eacute;trico y lo po&eacute;tico. Thomas Nozkowski ser&iacute;a un <em>kleeiano</em> por alg&uacute;n lado. Tambi&eacute;n una pintora fallecida recientemente, libanesa que viv&iacute;a en Par&iacute;s, Etel Adnan. Luis Palmero, pintor canario. Klee es insustituible pero hay una filiaci&oacute;n <em>kleeiana</em>, por ejemplo en la propia obra de Vieira da Silva. A m&iacute; me interesa esa onda de pintura geom&eacute;trica y a la vez po&eacute;tica. En Espa&ntilde;a, ahora mismo&nbsp; Alejandro Corujeira es un pintor que para m&iacute; tiene eso tambi&eacute;n. La otra onda que me interesa hoy en d&iacute;a es una onda de figuraci&oacute;n tambi&eacute;n po&eacute;tica o literaria incluso. La palabra literaria tiene muy mala fama. Yo muchas veces he tenido que escribir &ldquo;literario en el buen sentido&rdquo; y una palabra que yo tambi&eacute;n utilizo en positivo es &ldquo;mon&oacute;tono&rdquo;. Pero hay galeristas que me han hecho quitar la palabra. No s&eacute; por qu&eacute;. Morandi es mon&oacute;tono, Rothko es mon&oacute;tono en ese buen sentido. En esa onda po&eacute;tico literaria est&aacute; Dis Berlin, que de alguna manera ha sido alguien tutelado por m&iacute;. Solo tiene cuatro a&ntilde;os menos que yo, aunque para m&iacute; era otra generaci&oacute;n porque yo hab&iacute;a empezado muy pronto. Somos muy c&oacute;mplices, yo le he pasado muchas lecturas po&eacute;ticas y &eacute;l es un gran viajero imaginario y un caso de complicidad intelectual fuerte. Otro es Miguel Galano que me hizo la cubierta de <em>Polonia noche</em>. &Aacute;ngel Mateo Charris, pintor cartagenero, Pelayo Ortega... Tambi&eacute;n estoy muy cercano a Broto, Campano, Sicilia y a los pintores de mi generaci&oacute;n, Alcolea, Quejido, P&eacute;rez Villalta. He seguido muy cerca a los neometaf&iacute;sicos, como he contribuido a bautizarlos&hellip; Y, para Estambul, hemos hecho una exposici&oacute;n que nos encarg&oacute; nuestra embajadora en Turqu&iacute;a de 21 pintores. Tuve que quitar por razones de espacio a los anteriores al 70 y meter los de la generaci&oacute;n de mis hijos: Miqui Leal, el m&aacute;s parecido a Alcolea hoy en d&iacute;a, y en otra l&iacute;nea geom&eacute;trica est&aacute;n Eduardo Barco y Ruth Mor&aacute;n. Ella est&aacute; entre Klee y Michaux.</p>
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<p><strong>&ldquo;Me interesan los artistas que, como Henri Michaux, est&aacute;n a caballo entre la pintura y la literatura&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;El poeta y pintor Henri Michaux, que es sin duda otra de sus grandes pasiones.</p>
<p>&ndash;Lo es. He hecho ya tres exposiciones sobre &eacute;l como comisario, una en el C&iacute;rculo de Bellas Artes de Madrid, otra en Cracovia y otra en la galer&iacute;a Marc Dom&egrave;nech de Barcelona.&nbsp; Me interesan mucho esos artistas, que est&aacute;n a caballo entre la pintura y la literatura. Michaux empez&oacute; siendo escritor, pero siempre rehu&iacute;a los premios literarios. Era un hombre muy hosco hacia ese mundo y, sin embargo, le importaba mucho ser reconocido como pintor. Cuando le expusieron en el Guggenheim de Nueva York o en el Pompidou de Par&iacute;s, para &eacute;l fueron grandes premios.</p>
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<p><strong>&ldquo;Empec&eacute; a hacer exposiciones relativamente tarde&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;De pronto tom&oacute; cuerpo su trabajo como comisario de exposiciones.</p>
<p>&ndash;Yo empec&eacute; a hacer exposiciones relativamente tarde, pero tuve la suerte de que el Museo Municipal de Madrid me confiara dos exposiciones casi seguidas, una en el 79 y otra en el 80. La primera sobre G&oacute;mez de la Serna, y la segunda, con Chiqui Abril, la titulamos &ldquo;1980&rdquo; e incluimos a todos los de entonces. Adem&aacute;s de los ya citados, estaban nombres como Juan Navarro Baldeweg o Alfonso Albacete.</p>
<p>En 1989, Martin Chirino me llama para ser miembro del consejo asesor del Centro Atl&aacute;ntico de Arte Moderno de Las Palmas. Nos reuni&oacute; en el C&iacute;rculo de Bellas Artes, del que era director, y nos dijo que pens&aacute;ramos en una exposici&oacute;n para inaugurar el centro. Y yo le dije que &nbsp;har&iacute;a una exposici&oacute;n que se llamar&iacute;a &ldquo;el Surrealismo entre el Viejo y el Nuevo Mundo, interpretando el viaje de Breton y Perec a Tenerife en el a&ntilde;o 1935 como preludio al exilio de ambos, uno a Nueva York pasando por el Caribe y el otro a M&eacute;xico con Remedios Varo. Se a&ntilde;adir&iacute;an otros que ya estaban en M&eacute;xico y los franceses que se van a Nueva York, como Tanguy o Andr&eacute; Masson. Y Granell, que se va a Santo Domingo, luego a Guatemala y Puerto Rico. Y &eacute;l me dijo: adelante. Fue mi primer viaje a M&eacute;xico, donde estuve con el viudo de Remedios Varo y con Octavio Paz y con los galeristas que hab&iacute;an expuesto a los surrealistas y conoc&iacute; a Manuel &Aacute;lvarez Bravo. Ah&iacute; empieza mi relaci&oacute;n con los museos. Luego vendr&iacute;a el IVAM.</p>
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<p><strong>&ldquo;La proliferaci&oacute;n de museos de arte contempor&aacute;neo, en los 80 y 90, fue necesaria porque ven&iacute;amos de una penuria total&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;Cuando dirige el IVAM, en 1995, los museos de arte contempor&aacute;neo en Espa&ntilde;a estaban dando sus primeros pasos. Desde finales de los ochenta y en los noventa hay una explosi&oacute;n y hay quien opina que se crearon demasiados, teniendo en cuenta las dificultades de mantenimiento y de consolidaci&oacute;n de sus colecciones. &iquest;Qu&eacute; opina al respecto?</p>
<p>&ndash;Es verdad que proliferaron los museos de arte contempor&aacute;neo y las facultades de Bellas Artes, pero hac&iacute;a falta. T&uacute; vas a un pa&iacute;s como Alemania, Francia o Italia y son tres ejemplos que ponen de relieve que no es verdad que se estuviera sobredimensionando todo. Ven&iacute;amos de una penuria total. Hab&iacute;a poqu&iacute;simas escuelas de Bellas Artes, la de Bilbao, por ejemplo, nace muy tarde, en la Transici&oacute;n, hasta entonces s&oacute;lo estaban Madrid, Barcelona, Valencia y Sevilla. En muchas autonom&iacute;as solo hab&iacute;a escuelas de artes y oficios, pero lo que hoy son facultades apenas hab&iacute;a. Y museos [de arte contempor&aacute;neo] lo mismo. Hab&iacute;a en Madrid, en Barcelona, en Sevilla con sus dificultades, y en Bilbao. Pero no hab&iacute;a en Galicia, en Extremadura, en Castilla y Le&oacute;n. T&uacute; vas a Frankfurt y solo en la ciudad hay tres; en Suiza, no digamos y en Francia&hellip; Lo de aqu&iacute; fue necesario y &uacute;til, como lo son los museos unipersonales que los hay por todo el mundo, aunque tienen el peligro de que se conviertan en mausoleos, es verdad que en este sentido se han hecho quiz&aacute; muchos museos unipersonales que se pod&iacute;an haber unido. En Asturias, por ejemplo, hay varios y algunos no parecen sostenibles. La Fundaci&oacute;n Granell de Santiago de Compostela, que empez&oacute; muy bien, ahora mismo la veo a medio gas y la Fundaci&oacute;n Caneja [en Palencia], de la que soy patrono vitalicio nombrado por la familia, est&aacute; muy ahogada porque la Junta de Castilla y Le&oacute;n ha reducido su patrocinio a mi modo de ver de forma impresentable. La Fundaci&oacute;n Alberti, por ejemplo, que no es estrictamente de arte pero tiene mucho arte y yo trabaj&eacute; muy bien con ella cuando hice la exposici&oacute;n en el Reina Sof&iacute;a, ahora est&aacute; pr&aacute;cticamente cerrada&hellip; Tambi&eacute;n trabaj&eacute; con la Fundaci&oacute;n Carlos Edmundo de Ory en C&aacute;diz, al menos &eacute;sta va viento en popa.</p>
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<p><strong>&ldquo;No ver&aacute;s en las hemerotecas muchos lloros m&iacute;os al respecto de la gesti&oacute;n cultural&rdquo;</strong></p>
<p>Como gestor cultural, Juan Manuel Bonet ha estado al frente de las instituciones m&aacute;s destacadas del pa&iacute;s, despu&eacute;s del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) dirigi&oacute; el Reina Sof&iacute;a y, a continuaci&oacute;n, el Instituto Cervantes. En todas ellas su salida se produjo con cierta pol&eacute;mica. Sin embargo, considera que todas fueron experiencias muy positivas y de las que solo quiere acordarse de los frutos obtenidos. Eso s&iacute;, de vez en cuando salpica sus respuestas con alusiones a las cr&iacute;ticas negativas que recibi&oacute; y que considera injustas.</p>
<p>&ndash;La gesti&oacute;n cultural en general &iquest;le ha dado m&aacute;s alegr&iacute;as o penas?</p>
<p>&ndash;M&aacute;s alegr&iacute;as. Soy de olvidarme de las penas, algunas son inolvidables, pero no suelo hablar de ello, no ver&aacute;s en las hemerotecas muchos lloros m&iacute;os al respecto. En el IVAM me encontr&eacute; un equipo que conoc&iacute;a de antes. El museo ten&iacute;a una pol&iacute;tica de enviar cat&aacute;logos muy amplia, de invitar a gente, etc. Ten&iacute;an un presupuesto de promoci&oacute;n que fue uno de los grandes aciertos desde el principio en la gesti&oacute;n del IVAM. Yo lo segu&iacute; haciendo en mi etapa. Una de las exposiciones que recuerdo de ese museo fue la que surgi&oacute; a ra&iacute;z de otra muestra que hered&eacute;, la de la gran fot&oacute;grafa alemana de la Bauhaus Grete Stern. A la inauguraci&oacute;n vino su hija Silvia Coppola, que era la hija de Stern y Horacio Coppola, el inmenso fot&oacute;grafo argentino. Le dije a Silvia: &ldquo;esta expo la he heredado, pero dentro de un a&ntilde;o tu pap&aacute; vendr&aacute; aqu&iacute;&rdquo;. Fue su &uacute;ltimo viaje a Europa, ten&iacute;a 95 a&ntilde;os. Estuvo espl&eacute;ndido. El IVAM es un museo que yo apreciaba antes de que me ofrecieran la direcci&oacute;n y para m&iacute;, que viv&iacute;a en Madrid, no fue f&aacute;cil encontrar el momento de instalarme en Valencia, algo que me reprocharon. Pero yo iba todos los lunes en avi&oacute;n a Valencia y me volv&iacute;a los viernes, ten&iacute;a un pisito como de estudiante en el barrio del Carmen a diez minutos del IVAM. Y tengo un poemario que se llama <em>Plaza del &aacute;rbol</em>, que era la plaza al lado de mi casa. En Valencia me encontr&eacute; con gente muy motivada, muy joven. No hab&iacute;a estrellas, cosa que s&iacute; hab&iacute;a en el Reina Sof&iacute;a. El Reina fue para m&iacute; un terreno m&aacute;s complicado. De Valencia tengo buenos recuerdos, al final hubo momentos complicados y tensiones, pero hicimos cosas muy hermosas. Seg&uacute;n se public&oacute; en la edici&oacute;n valenciana de &lsquo;El Pa&iacute;s&rsquo;, dos fueron las exposiciones m&aacute;s m&iacute;as, por decirlo as&iacute;: la de Alex Katz, al que todo el mundo considera un artista pop pero yo creo que no lo es; y la de Helmut Federle, un pintor suizo afincado en Viena.</p>
<p>Otra importante fue la de Erik Satie, una expo con cantidad de picassos, de mir&oacute;s, de braques, de zuloagas, de casas. Expusimos partituras suyas&hellip; La hicimos con una mujer llamada Ornella Volta, a la que llamaban la viuda de Satie. Cuando muri&oacute;, escrib&iacute; su necrol&oacute;gica diciendo que se perd&iacute;a un caudal de conocimientos que nadie iba a poder igualar. Esa exposici&oacute;n coincidi&oacute; en el tiempo con otra de Juan Eduardo Cirlot donde hab&iacute;a poes&iacute;a, bibliofilia, una partitura que nos prest&oacute; Carlos Edmundo de Ory, que la grabamos, y era la &uacute;nica pieza sinf&oacute;nica que compuso. Hab&iacute;a cuadros de Rothko, Oteiza, Chillida, Tapies, Cuixart, vinieron varios informalistas. Tambi&eacute;n recuerdo la dedicada al Ultra&iacute;smo con Carlos P&eacute;rez, con el que luego en el Reina Sof&iacute;a hice la exposici&oacute;n de Ram&oacute;n G&oacute;mez de la Serna. Fue un aprendizaje con un equipo muy rodado&hellip; Y luego la colecci&oacute;n del IVAM, que es formidable.</p>
<p>&ndash;En el IVAM, adem&aacute;s, hay mucha bibliofilia, cosa que va mucho con su forma de trabajar en los muesos.</p>
<p>&ndash;Hay gente que cree que yo fui el que introduje el libro en la colecci&oacute;n del IVAM pero es mentira, eso viene de la &eacute;poca de Carmen Alborch y de Vicente Todol&iacute;, que fue el que empez&oacute; esa l&iacute;nea de coleccionismo. Es el primer museo espa&ntilde;ol que compra sistem&aacute;ticamente libro ruso de vanguardia, libro futurista, estaba el archivo de Renau [Josep Renau Berenguer, pintor y dise&ntilde;ador valenciano, director general de Bellas Artes durante la Segunda Rep&uacute;blica]. Yo a&ntilde;ad&iacute; algunos artistas espa&ntilde;oles de ese tiempo. Hubo gente que dec&iacute;a que yo iba a hacer un IVAM solo figurativo y no fue as&iacute;. Sigui&oacute; siendo un museo muy plural y si acaso expusimos algunas figuraciones m&aacute;s&hellip; Recibimos una preciosa donaci&oacute;n de la viuda de Caneja. Hicimos mucha m&uacute;sica. En el marco de la expo de Cirlot pusimos la m&uacute;sica <em>Rothko Chapel</em>, de Morton Feldman. Fue la primera vez que se escuch&oacute; en Espa&ntilde;a. En el IVAM conservo amistad con la pr&aacute;ctica totalidad del equipo. Fue una etapa bonita, aunque era complicado vivir entre dos ciudades.</p>
<p>La salida de Bonet del IVAM estuvo relacionada con la pol&eacute;mica por la colocaci&oacute;n de una escultura de Jos&eacute; Sanle&oacute;n en la explanada de acceso al museo. Una decisi&oacute;n de las consejer&iacute;as de Cultura y Obras P&uacute;blicas de la Generalitat que no cont&oacute; con la aprobaci&oacute;n del director. Bonet consider&oacute; entonces que se quebrantaba la autonom&iacute;a de gesti&oacute;n de la instituci&oacute;n. Los trabajadores del centro le dedicaron un prolongado aplauso el d&iacute;a que se hizo oficial su salida del Museo.</p>
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<p><strong>De la direcci&oacute;n del IVAM a la del Reina Sof&iacute;a</strong></p>
<p>&ndash;Tan solo un mes despu&eacute;s de dejar la direcci&oacute;n del IVAM, la ministra Pilar del Castillo le nombra director del Reina Sof&iacute;a. &iquest;Se puede salir indemne de un puesto as&iacute;?</p>
<p>&ndash;Yo hab&iacute;a dejado dicho que nunca aceptar&iacute;a dirigir el Reina Sof&iacute;a porque me parec&iacute;a un sitio muy complicado. Fue una valent&iacute;a por mi parte aceptar, pero tambi&eacute;n fue por parte de la ministra Pilar del Castillo una valent&iacute;a propon&eacute;rmelo, dada mi salida abrupta del IVAM. El Reina no me trajo sinsabores, pero es un sitio que en aquella &eacute;poca ten&iacute;a menos autonom&iacute;a que el IVAM. Ten&iacute;a autonom&iacute;a administrativa, pero pod&iacute;a hacer muy pocos movimientos en la plantilla. Yo solo pod&iacute;a cambiar a mi secretaria y a mi ch&oacute;fer. Despu&eacute;s las cosas han cambiado, pero yo acept&eacute; esas reglas del juego y estuve cuatro a&ntilde;os. No me dio tiempo a recolocar la colecci&oacute;n. Cuando me reun&iacute; con Guirao, mi antecesor, nunca me habl&oacute; de la desaparici&oacute;n de la obra de Richard Serra. [La desaparici&oacute;n de la escultura del artista norteamericano de 38 toneladas que desapreci&oacute; en 1990 y cuya pol&eacute;mica llega casi hasta nuestros d&iacute;as]. Cuando nos encontramos, me habl&oacute; de otros temas relacionados con los impuestos, o las exposiciones de Latinoam&eacute;rica. No hubo ning&uacute;n problema en la transici&oacute;n y tuvimos una buena relaci&oacute;n hasta el final. El Reina Sof&iacute;a ten&iacute;a una estructura m&aacute;s r&iacute;gida que el IVAM, un equipo m&aacute;s baqueteado, hab&iacute;a clanes, sectores, y gente que ven&iacute;a del antiguo MEAC de la Ciudad Universitaria, y todo era un poco m&aacute;s complicado desde ese punto de vista. Alg&uacute;n retoque del equipo que hice fue complicado.</p>
<p>&ndash;&iquest;Con qu&eacute; se queda de esa etapa?</p>
<p>&ndash;Lo que m&aacute;s recuerdo son tres cosas. Por una parte, los incrementos de la colecci&oacute;n. V&iacute;a daci&oacute;n en pago de impuestos entraron cosas formidables, entre ellos un Rothko, un Tarsila do Amaral y una quincena de cosas de Brasil, que ya entonces era una obsesi&oacute;n m&iacute;a. Entraron el bodeg&oacute;n de Dal&iacute; que fue propiedad de Lorca, y m&aacute;s cosas. Por otra parte, una compra que le hice a Pilar L&oacute;pez, la hermana de la Argentinita, a la que compr&eacute; el tel&oacute;n de <em>La romer&iacute;a de los cornudos</em>, el ballet compuesto por Pitaluga con libreto de Lorca, solo se ha expuesto una vez entero. Otra cosa muy importante para m&iacute; fue un programa, que luego se ha ido difuminando con el tiempo, que es el de las exposiciones antol&oacute;gicas. Hicimos Solana, Gaya, Caneja, V&aacute;zquez D&iacute;az, Oramas, Alberto... La generaci&oacute;n nuestra no las hab&iacute;a visto. Eso fue sistem&aacute;tico. Hubo quien dijo que yo solo hac&iacute;a Alberti, pero yo solo hice una exposici&oacute;n de Alberti. Guirao hab&iacute;a hecho Lorca. En la de Alberti hab&iacute;a obras de Motherwell, Dal&iacute;, Maruja Mallo&hellip; Luego hice contempor&aacute;neas como la enorme de los minimalismos. Javier Rodr&iacute;guez Marcos y Anatxu Zabalbeascoa hab&iacute;an hecho un libro sobre el minimalismo y les ped&iacute; que lo convirtieran en una exposici&oacute;n. Hubo una parte de m&uacute;sica encargada al marido de Esther Ferrer, [Tom Johnson], denominada <em>M&uacute;sicas silentes</em>, muy interesante. Tambi&eacute;n destacar&iacute;a otra exposici&oacute;n preciosa, m&aacute;s contempor&aacute;nea, dedicada al Black Mountain College: esa escuela Bauhaus donde hab&iacute;a dado clase Stephen Wolf, amigo de Esteban Vicente, y de la que era decano Joseph Albers. Vino gente superviviente de esa experiencia. Otra hermos&iacute;sima fue <em>Suiza constructiva</em>: la Suiza de entreguerras con el dise&ntilde;o gr&aacute;fico, la pintura, la escultura y todos los geom&eacute;tricos suizos.</p>
<p>El final fue abrupto y me pas&oacute; factura. Hasta hace poco, pon&iacute;as mi nombre en Internet y lo primero que sal&iacute;a es &lsquo;la ministra miente&rsquo;, puesto en mi boca. Es un asunto conocido y est&aacute; en las hemerotecas. Yo estaba en Santiago de Compostela y de repente leo una entrevista [a la ministra Carmen Calvo] donde se dec&iacute;an cosas&hellip; Ella dijo que habr&iacute;a cambios pronto en el Museo y durante un mes no me dec&iacute;an nada y yo lo que hice fue escribirle una carta en la que dec&iacute;a &ldquo;espero instrucciones&rdquo;.</p>
<p>Finalmente, la salida de Bonet del Reina se produce tras su &ldquo;dimisi&oacute;n irrevocable&rdquo;, presentada el 30 de mayo de 2004, un d&iacute;a despu&eacute;s de que la ministra propusiera a Ana Mart&iacute;nez de Aguilar para la direcci&oacute;n del centro.</p>
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<p><strong>El Instituto Cervantes, Par&iacute;s y Madrid</strong></p>
<p>&ndash;En enero de 2017 accede a la direcci&oacute;n del Instituto Cervantes, puesto en el que sucede a V&iacute;ctor Garc&iacute;a de la Concha, y en el que s&oacute;lo estar&aacute; a&ntilde;o y medio hasta julio de 2018. Es muy poco tiempo para desarrollar una gesti&oacute;n.</p>
<p>&ndash;S&iacute;, pero antes dirig&iacute; el Cervantes de Par&iacute;s durante casi cinco a&ntilde;os desde septiembre de 2012 a enero de 2017. Aprend&iacute; mucho. Me sirvi&oacute; para conocer la m&aacute;quina del Cervantes, c&oacute;mo es la acci&oacute;n exterior espa&ntilde;ola, c&oacute;mo tienes que estar muy pendiente de Latinoam&eacute;rica, de la vieja emigraci&oacute;n de los sesenta, del exilio. Por ejemplo, trabaj&eacute; mucho con los sefarditas, y en Madrid tengo recuerdos muy buenos, tambi&eacute;n con momentos complicados, pero me quedo con lo bueno. Conservo bastantes amigos del equipo. Me dio tiempo a nombrar a muy poca gente [nueve directores de centros] y algunos contin&uacute;an. Lo primero que hice cuando llegu&eacute;, adem&aacute;s de reunirme con mis antecesores, fue tener encuentros con el PSOE, <a href="#_msocom_1">[AT1]</a>&nbsp;IU, PP y con los directores del Instituto Vasco Etxepare y el Instituto Ramon Llul. Mi mandato coincidi&oacute; con la primera legislatura de Trump y critiqu&eacute; las barbaridades que se estaban cometiendo con el espa&ntilde;ol. A&ntilde;o y medio es una medida muy rara porque al principio est&aacute;s heredando, aparte de nombrar a una decena de directores, pude preparar la reuni&oacute;n de directores en M&aacute;laga y con Dar&iacute;o Villanueva [entonces director de la RAE] fui a Buenos Aires a presentar el Congreso de la Lengua que se celebr&oacute; en C&oacute;rdoba (Argentina). A la segunda reuni&oacute;n de directores no acud&iacute; porque fui cesado una semana antes.</p>
<p>Alejado de esos puestos de responsabilidad de gesti&oacute;n, Bonet selecciona ahora las obras de su legado, prepara las reediciones de sus libros y maquina futuras exposiciones. Mientras, no olvida su af&aacute;n coleccionista. &ldquo;Aficionado como soy a las listas &ndash;dijo en un preg&oacute;n de una feria del libro antiguo&ndash; alguna vez he pensado en escribir la de &lsquo;los lugares del mundo a los que entr&eacute; a por libros&rsquo;&rdquo;. Y, a buen seguro, que ser&iacute;a una larga lista.</p>
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      <pubDate>Tue, 10 Mar 2026 06:31:39 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Julia Uceda: radiación de fondo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/julia-uceda-radiacion-de-fongo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2026/JULIA_UCEDA_2.jpg" alt="" /></p>
<p>Cuando en los inicios de la l&iacute;nea editorial de la Fundaci&oacute;n Jos&eacute; Manuel Lara, hace algo menos de un cuarto de siglo, Jacobo Cortines propuso comenzar la serie <em>maior</em> de Vandalia con una recopilaci&oacute;n de la Poes&iacute;a reunida de quien hab&iacute;a sido su joven profesora en la Universidad Hispalense, antes de irse a vivir a los Estados Unidos, yo no conoc&iacute;a a Julia Uceda m&aacute;s que de nombre, aunque el que era entonces su &uacute;ltimo libro, <em>Del camino de humo</em>, hab&iacute;a sido publicado en 1994 por una editorial sevillana, Renacimiento, y presentado por su antiguo alumno unos a&ntilde;os antes. Este libro era la s&eacute;ptima entrega de la obra po&eacute;tica de Julia, segunda desde que regres&oacute; de su segundo <em>exilio</em> en Irlanda para fijar su residencia en Galicia. Pese a no tratarse en absoluto de una autora ignorada, sin embargo, sino reconocida en parte por la cr&iacute;tica, su poes&iacute;a y su personalidad, vocacionalmente exc&eacute;ntricas, parec&iacute;an haberla confinado a una posici&oacute;n marginal, como les ocurre a tantos poetas valiosos.</p>
<p>Este relativo aislamiento, que se adecuaba bien a su car&aacute;cter reservado e introspectivo, cambiar&iacute;a con la llegada del nuevo milenio. Muchos lectores de otras generaciones accedimos por primera vez a la obra de la poeta a trav&eacute;s de la mencionada recopilaci&oacute;n, <em>En el viento, hacia el mar</em>, publicada a finales de 2002 con un enjundioso pr&oacute;logo de Sara Pujol Russell. El libro fue excelentemente acogido y recibi&oacute; el Premio Nacional de Poes&iacute;a de 2003, lo que multiplic&oacute; su ascendiente y actu&oacute; como punto de partida de una cadena de reconocimientos que discurri&oacute; pareja a la publicaci&oacute;n de sus &uacute;ltimos libros, en los que su obra alcanz&oacute; cotas muy elevadas. Veinte a&ntilde;os despu&eacute;s, tuvimos el placer de acompa&ntilde;arla en la presentaci&oacute;n de su <em>Poes&iacute;a completa</em>, durante una emotiva velada en Ferrol donde Julia recibi&oacute; el cari&ntilde;o y el reconocimiento de sus vecinos. Aunque mermada por la edad, la poeta casi centenaria &mdash;muri&oacute; poco despu&eacute;s, unos meses antes de cumplir los 99 a&ntilde;os&mdash; estaba ese d&iacute;a especialmente l&uacute;cida, muy elegante y nerviosa como una muchacha. En sus &uacute;ltimos a&ntilde;os la viudedad, sumada a los estragos del tiempo, la ten&iacute;an sumida en un estado de melancol&iacute;a, pero supo disfrutar de ese homenaje que era en cierto modo una despedida.</p>
<p>Hace poco hemos celebrado la concesi&oacute;n del Premio Nacional de las Letras Espa&ntilde;olas a otra gran poeta de su generaci&oacute;n, la malague&ntilde;a Mar&iacute;a Victoria Atencia, que aunque seis a&ntilde;os menor forma parte junto a Julia Uceda de la amplia n&oacute;mina de autores andaluces del cincuenta &mdash;entre ellos Aquilino Duque, Rafael Guill&eacute;n, Julio Mariscal o Vicente N&uacute;&ntilde;ez, por citar s&oacute;lo unos pocos&mdash; que merecer&iacute;an figurar en un canon demasiado condicionado, con escasas excepciones, por la cercan&iacute;a al consabido grupo de la escuela de Barcelona. Sevillana como Aquilino o Manuel Mantero, gran amigo de Julia y prologuista de su primer libro, nuestra poeta vivi&oacute; la mayor parte de su vida adulta fuera de su ciudad de nacimiento y tampoco puede decirse que su obra, aunque no ajena a la influencia de B&eacute;cquer, Antonio Machado o Cernuda, se inscriba en la &laquo;tradici&oacute;n andaluza&raquo;. En realidad su poes&iacute;a, que no se parece a la de nadie, tiene un fuerte componente universal y puede definirse sin necesidad de criterios geogr&aacute;ficos o generacionales &mdash;&laquo;casi podr&iacute;a decirse que no pertenezco a ninguna parte y a todas&raquo;&mdash; como una de las aventuras m&aacute;s singulares de la l&iacute;rica espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea.</p>
<p>Hemos escrito antes &laquo;exilio&raquo; en cursiva por diferenciar, como hac&iacute;a ella misma, su salida voluntaria de Espa&ntilde;a de la obligada huida de tantos, pero no hay duda de que esa salida fue el fruto de un deseo por abrirse a otros horizontes &mdash;de trascender los estrechos &laquo;l&iacute;mites intelectuales&raquo; de aquellos a&ntilde;os&mdash; y una expresi&oacute;n de &iacute;ntima disidencia. La propia poes&iacute;a de juventud de Julia Uceda deja clara su insatisfacci&oacute;n, en la que pesaron la falta de libertad y el clima moral de la dictadura, doblemente asfixiante para una mujer, ya doctora, que intentaba abrirse camino en la universidad sin est&iacute;mulos para seguir en ella. A partir de 1966, Julia ver&iacute;a cumplida su aspiraci&oacute;n en Estados Unidos &mdash;donde respir&oacute; de cerca los aires renovadores de la segunda mitad de los sesenta&mdash; e Irlanda (1974-1976) y fue entonces, durante esa d&eacute;cada larga, con puntuales regresos entre ambos destinos, una emigrante sin nostalgia, aunque no dejara de mirar cr&iacute;ticamente la realidad espa&ntilde;ola. A su vuelta, ya instalada definitivamente en Galicia, era y no era la misma que se hab&iacute;a marchado. Sum&oacute; a su importante obra acad&eacute;mica e investigadora, iniciada con la tesis que dedic&oacute; al poeta y pintor c&aacute;ntabro Jos&eacute; Luis Hidalgo, tan presente en su obra de juventud, la faceta de editora y public&oacute; un interesant&iacute;simo libro de relatos, inicialmente titulado <em>En elogio de la locura </em>(1981) y m&aacute;s tarde, en la reedici&oacute;n corregida, <em>Luz sobre un friso </em>(2008). Pero ser&aacute; su poes&iacute;a de madurez el fruto m&aacute;s acabado de su talento.</p>
<p>Hay en el itinerario que proponen los diez libros de poemas publicados por Julia Uceda &mdash;desde <em>Mariposa en cenizas</em> (1959) hasta <em>Escritos en la corteza de los &aacute;rboles</em> (2013)&mdash; una natural evoluci&oacute;n, pero hay asimismo, ya visible en las primeras entregas, una continuidad representada por temas recurrentes que pueden cifrarse en una palabra clave, <em>extra&ntilde;eza</em>, fundamental en su vocabulario. Extra&ntilde;eza del sujeto po&eacute;tico respecto de su propia identidad, tambi&eacute;n respecto de la sociedad en la que se desenvuelve o m&aacute;s a&uacute;n respecto del mundo o el tiempo que habita y en fin &mdash;cada vez m&aacute;s acusadamente, hasta constituirse en el verdadero n&uacute;cleo de su obra &uacute;ltima, que proyecta sobre la anterior una luz retrospectiva&mdash; respecto del lenguaje cuyas limitaciones no pueden expresar del todo las intuiciones que pertenecen al terreno de lo indecible. Dicho sentimiento se muestra vinculado a planteamientos existencialistas que atraviesan toda su obra, pero no es el de Julia, como el de ning&uacute;n poeta genuino, mero pensamiento en verso, y de hecho la veta que llamar&iacute;amos metaf&iacute;sica convive en su poes&iacute;a &mdash;en ello radica una de las causas de su originalidad, extensible a su forma de abordar los temas <em>hist&oacute;ricos</em>&mdash; con otra fuertemente irracionalista.</p>
<p>Ahora bien, la presencia de lo on&iacute;rico, que es constante en la obra de una autora para la que los sue&ntilde;os &mdash;los sue&ntilde;os <em>reales</em>, no las enso&ntilde;aciones l&iacute;ricas&mdash; son otra forma de comunicaci&oacute;n o de conocimiento, remite menos a la estirpe surrealista &mdash;de la que tambi&eacute;n participa hasta cierto punto, no hay m&aacute;s que recordar la definici&oacute;n que Octavio Paz hizo de la tarea de Andr&eacute; Breton como b&uacute;squeda o &laquo;reconquista de un reino perdido: la palabra del principio, el hombre anterior a los hombres y las civilizaciones&raquo;&mdash; que al pensamiento simb&oacute;lico y en particular a las ideas de Jung sobre el inconsciente colectivo, que convierten las im&aacute;genes primordiales o los motivos o los episodios de la mitolog&iacute;a en arquetipos y dotan a sus perfiles de significados universales, v&aacute;lidos para todas las culturas y perdurables m&aacute;s all&aacute; del contexto hist&oacute;rico en el que fueron alumbrados. El sue&ntilde;o se configura as&iacute; como una realidad paralela o alternativa no en el sentido m&aacute;gico que le conceden quienes le atribuyen propiedades adivinatorias, sino en el no menos revelador de quienes postulan que lo ah&iacute; entrevisto y luego recordado, aunque sea de modo nebuloso, nos pone en contacto con una instancia que nos trasciende y de alguna manera nos explica.</p>
<p>Existe una &laquo;memoria gen&eacute;tica&raquo; que recoge la herencia no directa de los ascendientes, transmitida a trav&eacute;s de generaciones incontables de una manera quiz&aacute; incomprensible o no del todo racional, pero vagamente apreciable cuando se manifiesta &mdash;por ejemplo en los sue&ntilde;os o en determinados estados que calificar&iacute;amos de visionarios&mdash; en forma de reminiscencias. Puede que sea esa memoria la que explique la profunda emoci&oacute;n que sentimos cuando nos internamos en el bosque &mdash;no por casualidad, un espacio familiar en la poes&iacute;a de Julia Uceda&mdash; y experimentamos esa rara comuni&oacute;n que nos retrotrae a edades remotas. El poeta, la poeta es, tambi&eacute;n aqu&iacute; de acuerdo con el imaginario de los surrealistas o de notorios predecesores como Blake o en otro sentido Rimbaud, un <em>vidente</em> que tiene la facultad extraordinaria de contemplar &mdash;o de o&iacute;r, no siempre de interpretar&mdash; cosas que no son de este mundo o lo fueron pero ya no est&aacute;n o no llegaron a ser aunque de hecho viven o perviven, en una dimensi&oacute;n ignota &mdash;una <em>zona desconocida</em>&mdash; que pese a estar m&aacute;s all&aacute; del tiempo emite o irradia se&ntilde;ales reveladoras.</p>
<p>De modo tal vez indeliberado en los inicios, los libros de Julia fueron ahondando en esta <em>visi&oacute;n</em> y pueden leerse como una serie de asedios al enigma primordial de la humanidad, que en el fondo no se diferencia del resto de los seres vivos salvo por la capacidad de la llamada especie elegida para formular su experiencia. Las palabras, en efecto, el lenguaje o la necesidad de comunicaci&oacute;n, ocupan el centro de una po&eacute;tica que explora &mdash;la indagaci&oacute;n, la b&uacute;squeda a trav&eacute;s de caminos no hollados es lo que mejor puede definirla&mdash; los obst&aacute;culos o las insuficiencias de ese deseo de entender o ser entendido y sugiere que los contornos de nuestro mundo, aunque puedan ser descritos, no est&aacute;n tan delimitados ni son tan precisos como podr&iacute;a parecer a primera vista. La experiencia humana no se reduce a una vida y una parte importante de aquella, precisamente la que trasciende los datos inmediatos de la conciencia, la que nos conecta con quienes nos precedieron o suceder&aacute;n, pertenece al vasto territorio de lo inefable.</p>
<p>Ya en su primer libro, a&uacute;n apegado a los esquemas m&eacute;tricos tradicionales y con un tratamiento muy personal de la materia amorosa, alternada con los tonos existenciales o fundida con ellos, aparecen los &laquo;bosques virginales&raquo;, una voz &laquo;lejan&iacute;simamente m&iacute;a&raquo; que viene &laquo;de m&aacute;s all&aacute;&raquo;, &laquo;extra&ntilde;as palabras olvidadas&raquo;, la espera &laquo;al borde del silencio&raquo;, los &laquo;vagos caminos de la noche&raquo; o el vac&iacute;o de &laquo;un mundo no creado&raquo;. Impresiona ver en lo que son todav&iacute;a alusiones puntuales el germen de toda una cosmovisi&oacute;n que no ser&aacute; desarrollada sino m&aacute;s adelante, aunque en los libros posteriores, donde la poeta va acu&ntilde;ando esa dicci&oacute;n caracter&iacute;stica, densa, herm&eacute;tica, en ocasiones &aacute;spera y siempre extremadamente rigurosa, se multiplican los signos que prefiguran las coordenadas de lo que llamar&aacute; el &laquo;mapa de las sombras&raquo;.</p>
<p>Los trazos de ese mapa adquieren nitidez en un poema fundamental como es &laquo;Viejas voces secretas de la noche&raquo;, recogido en el libro hom&oacute;nimo de 1981, donde Julia proclama su deseo de &laquo;o&iacute;r, tratar de o&iacute;r, de sorprender, mejor, las voces / que parecen de fuera y son de dentro&raquo;, voces que transmiten un sonido que &laquo;llega de muy lejos&raquo;. Estas &laquo;viejas voces&raquo; reaparecer&aacute;n en todos los libros de la &uacute;ltima etapa, pero ya antes, tras la citada entrega inaugural, en <em>Extra&ntilde;a juventud</em> (1962) y <em>Sin mucha esperanza</em> (1966), abundan los presagios que admiten, por m&aacute;s que puedan referirse a otros contextos, una lectura en la misma l&iacute;nea. &laquo;Descender por sonidos / que antes nadie escuchara&raquo;, leemos en &laquo;Extra&ntilde;a juventud&raquo;. &laquo;No s&eacute; si son palabras o sue&ntilde;os lo que llevo&raquo;, declara el sujeto de &laquo;Di&aacute;spora&raquo;. &laquo;Has buscado una voz por donde hab&iacute;a / viejos mitos desiertos&raquo;, se dice la autora de &laquo;La trampa&raquo;, aplicada a la tarea de <em>denominar</em> &laquo;a todo lo que pase y se borre y se pierda&raquo;.</p>
<p>El enigma, omnipresente, se esconde no s&oacute;lo en los sue&ntilde;os, que tienen su propio <em>tempo</em>, sino tambi&eacute;n en la realidad cotidiana &mdash;lo natural es o puede ser misterioso&mdash; y se presenta en forma de <em>fragmentos</em> o vislumbres que muestran &laquo;los signos / de un idioma remoto&raquo; ante el que la autora, desplazada o desdoblada, se siente como una extranjera. Ahora bien, incluso volcada como est&aacute; hacia dentro, la de Julia Uceda no es una poes&iacute;a alejada del presente o de la historia, por m&aacute;s que sus poemas civiles prescindan de los tonos realistas sobre los que escribi&oacute; un temprano art&iacute;culo &mdash;&laquo;La traici&oacute;n de los poetas sociales&raquo;&mdash; publicado por <em>&Iacute;nsula</em> en 1967. Esta veta genuinamente <em>comprometida</em>, presente asimismo desde los inicios, se distingue por un tratamiento muy estilizado que reh&uacute;ye la grandilocuencia, aunque tambi&eacute;n evolucion&oacute; desde una formulaci&oacute;n donde se mezclaban la angustia existencial y el malestar espec&iacute;fico por la situaci&oacute;n espa&ntilde;ola hasta una denuncia general de la injusticia, la guerra y los horrores de nuestro tiempo.</p>
<p>La orientaci&oacute;n que toma ese compromiso apunta desde el principio a la compasi&oacute;n o la solidaridad con los perseguidos o los condenados, pero tambi&eacute;n a la odiosa censura de las ideas que se contrapone al necesario ejercicio de la responsabilidad &mdash;&laquo;nadie... nadie... puede hacerlo por ti&raquo;, le dice Cronos a la agonista en &laquo;<em>An&aacute;nke</em>&raquo;&mdash; que como se&ntilde;alaron Sartre y los existencialistas deja a quienes lo asumen a la <em>intemperie</em>. La poeta reivindica &laquo;sin mucha esperanza&raquo; la libertad o la autonom&iacute;a femenina &mdash;o ambas cosas, como en el emocionado homenaje &laquo;A Edith Piaf&raquo;&mdash;, aboga por la memoria de los &laquo;vencidos an&oacute;nimos&raquo; o refuta al tirano innominado en el demoledor &laquo;Epitafio para un desconocido&raquo;. No deja Julia de mostrar su distancia &mdash;no s&oacute;lo espacial, desde <em>Poemas de Cherry Lane</em> (1968), no s&oacute;lo referida a la realidad contempor&aacute;nea&mdash; hacia un pa&iacute;s envilecido, como en el impresionante &laquo;Espa&ntilde;a, eres un largo invierno&raquo;, de <em>Campanas en Sansue&ntilde;a</em> (1977), pero con el final de la interminable dictadura se dir&iacute;a que sus incursiones en este terreno tienden a dejar atr&aacute;s el marco referencial propio para abrirse a una impugnaci&oacute;n de dimensiones universales.</p>
<p>Leemos as&iacute; poemas verdaderamente memorables como &laquo;Del olor del humo&raquo;, con sus alusiones &mdash;no hay batallas gloriosas&mdash; a Normand&iacute;a o Hiroshima; o el ir&oacute;nico y terrible &laquo;Palabras para cantar alrededor de un templo vac&iacute;o&raquo;, que pone rostro a las v&iacute;ctimas de la guerra de Irak y relaciona el solar de la antigua Mesopotamia &mdash;g&eacute;nesis y aniquilaci&oacute;n&mdash; con los escombros del &laquo;Ed&eacute;n destruido&raquo;; o &laquo;Regresa el p&aacute;lido caballo&raquo;, donde se retoma la tragedia espa&ntilde;ola &mdash;los sucesos de Casas Viejas, famosamente contados por su amigo Sender&mdash; ahora en clave de farsa, para denunciar la banalidad que profana la memoria de los muertos. Dichos poemas, siempre en una l&iacute;nea que no tiene nada de enunciativa, son cargas frontales, pero hay otros donde la intenci&oacute;n, menos visible o combinada con otras, participa de la misma inquietud &eacute;tica, as&iacute; el delicad&iacute;simo tributo a Pete Seeger &mdash;con la Shoah de fondo&mdash; en &laquo;El hombre que cuida el r&iacute;o Hudson&raquo; o la serie de cinco movimientos recogida en &laquo;&Aacute;lbum&raquo;, un complejo y espl&eacute;ndido poema donde la libre asociaci&oacute;n mezcla la invasi&oacute;n napole&oacute;nica de Rusia, un retrato de Nietzsche pintado por Munch, la renuncia a la condici&oacute;n divina del emperador japon&eacute;s derrotado en la Segunda Guerra Mundial y la figura tutelar del autor de <em>La peste</em>.</p>
<p>A medida que la poeta conoc&iacute;a otros sistemas de creencias, o mitolog&iacute;as ajenas a los repertorios m&aacute;s difundidos en Occidente, la desconfianza un tanto ingenua hacia el Dios autoritario e implacable o simplemente indiferente de la tradici&oacute;n b&iacute;blica, invocado o <em>discutido</em> con cierta frecuencia en los primeros libros, pero tambi&eacute;n, por ejemplo, en el mencionado poema de la guerra de Irak, fue dejando paso a una forma de espiritualidad que buscaba, desde una posici&oacute;n pr&oacute;xima a la sensibilidad pagana, la intuida conexi&oacute;n con lo primigenio. El af&aacute;n de trascendencia no tiene ya que ver con una divinidad invasiva o impasible, sino con la atribuci&oacute;n de un car&aacute;cter sagrado a la vida o incluso a los elementos inanimados, hermanados en el &aacute;mbito com&uacute;n de la naturaleza. No es ya el ser para la muerte, puesto que nada ni nadie, como en el hermoso verso de Horacio, muere del todo y en cualquier caso los destinos individuales forman parte de un flujo ininterrumpido en el que lo pasado y lo porvenir se dan la mano.</p>
<p>Ya antes de la deslumbrante tr&iacute;ada de t&iacute;tulos finales, <em>Zona desconocida</em> (2006), <em>Hablando con un haya</em> (2010) y <em>Escritos en la corteza de los &aacute;rboles</em> (2013), libro en el que Julia incluy&oacute; un esclarecedor recuento personal, titulado &laquo;&iquest;Somos quienes quisimos ser?&raquo;, el poema en prosa &laquo;Cuadros de interior&raquo;, recogido en su Poes&iacute;a reunida, puede ser le&iacute;do como una po&eacute;tica donde toman forma expresa las visiones que hasta entonces hab&iacute;an aparecido de modo epis&oacute;dico o embrionario. &laquo;Hay un mundo &mdash;leemos al comienzo&mdash;, un espacio, no s&eacute; si un tiempo, fuera del tiempo, del espacio, tal vez del mundo&raquo;, y es ese mundo fuera del mundo el objeto de la inquisici&oacute;n de la poeta, que se apoya en los sue&ntilde;os para captar los &laquo;ecos ya confusos de un tiempo sin espacio&raquo; o a la inversa: &laquo;&iquest;D&oacute;nde est&aacute;n los espacios de lo que ya no es tiempo?&raquo;. Los hombres han olvidado el lenguaje de los vientos o de la lluvia. Las lenguas, la historia, casi han borrado el rastro. El <em>secreto</em> primordial, del que no obstante quedan pistas, ha sido &laquo;encarcelado por la palabra&raquo;. Saber, como sospecharon los griegos, no es sino recordar.</p>
<p>Podr&iacute;a hablarse de varios planos de lo pret&eacute;rito en la poes&iacute;a de Julia Uceda. El primero, personal, se refiere a episodios m&aacute;s o menos imprecisos de la vida de la poeta &mdash;la infancia, la <em>extra&ntilde;a</em> juventud, las casas o los pa&iacute;ses habitados, el no pa&iacute;s de una madurez o una ancianidad que en buena medida se sit&uacute;a fuera de las coordenadas f&iacute;sicas o biogr&aacute;ficas&mdash;, pero incluso en tales casos las evocaciones particulares se solapan con un &aacute;mbito mayor en el que aquellos no son m&aacute;s que peque&ntilde;as muescas, ciertamente significativas pero a la vez insignificantes, una parte &iacute;nfima de la gran corriente en la que confluimos como perplejas part&iacute;culas de trayectoria ef&iacute;mera, min&uacute;sculos eslabones de una cadena innumerable. Un segundo plano, individual, sugiere una conciencia anterior al nacimiento y remite a &eacute;pocas o escenarios desconocidos por la autora, pero allegados a su memoria en forma de reminiscencias e incorporados a ella de alg&uacute;n modo inexplicable. Un tercero, colectivo, recrea la vida humana antes de la historia o, sobre todo, porque el c&oacute;mputo de los siglos no deja de ser una pr&aacute;ctica reciente, de la invenci&oacute;n de las lenguas a la que los humanos, seg&uacute;n afirman los fisi&oacute;logos, est&aacute;bamos predestinados por la anatom&iacute;a. El cuarto plano, en fin, que cabr&iacute;a llamar c&oacute;smico, apenas se insin&uacute;a pero es deducible de los anteriores si entendemos que los seres dotados con la capacidad del lenguaje &mdash;o estos mismos antes de que convirtieran esa potencia en acto&mdash; forman parte indisociable del universo, que tiene una prehistoria a&uacute;n m&aacute;s remota y oscura. &laquo;No hab&iacute;a &mdash;leemos en la cita preliminar que abre &laquo;&iquest;Qu&eacute; se o&iacute;a?&raquo;, tomada del libro sagrado de los mayas de Guatemala&mdash; un solo hombre, un solo animal... S&oacute;lo el cielo exist&iacute;a. La faz de la tierra no aparec&iacute;a&raquo;. &iquest;Hasta cu&aacute;ndo puede retrotraerse esa conciencia anterior al nacimiento? &iquest;Qu&eacute; hab&iacute;a cuando no hab&iacute;a nada? &iquest;Es esa nada siquiera pensable? &iquest;Puede ser expresada?</p>
<p>Ya se lo preguntaba la poeta cuando ni&ntilde;a: &laquo;&iquest;d&oacute;nde / estaba yo <em>antes</em> de estar aqu&iacute;?&raquo;. En los &uacute;ltimos libros de Julia Uceda aflora, con m&aacute;s fuerza que nunca, esa <em>terra incognita</em>, desgranada en versos oraculares que remiten a otros suyos o los ampl&iacute;an, d&aacute;ndoles unidad y sentido. &laquo;Hablo, / para dar libertad a lo no dicho&raquo;: tal es el imposible empe&ntilde;o de la poeta. En &uacute;ltima instancia, lo que plantea Julia es un alucinante viaje hacia los or&iacute;genes, a ese <em>entonces</em> inconcebible &laquo;donde empieza el tiempo&raquo; sin que nuestros antepasados fueran conscientes &mdash;no pod&iacute;an serlo&mdash; del proceso por el que una vida primaria e indiferenciada dejaba paso a otra realidad en la que los d&iacute;as y tambi&eacute;n los hombres se suceden o caen como las hojas de los &aacute;rboles, de acuerdo con el venerable s&iacute;mil de Homero. &iquest;C&oacute;mo pensaban si no hab&iacute;a palabras? &iquest;Pudo preceder el pensamiento a la aparici&oacute;n de las lenguas? &iquest;Existi&oacute; un lenguaje no hecho de sonidos o de sonidos no verbales cuyo significado ya no sabemos descifrar? &iquest;<em>Qu&eacute; se o&iacute;a </em>en aquella hora <em>cero</em>? Decimos, por cierto, <em>los hombres</em>, pero en &laquo;La primera&raquo; Julia escribe <em>ella</em>, &laquo;la sin memoria, / sin hoy / ni ayer&raquo;, la que aprende el &laquo;tierno alarido&raquo; de &laquo;la piedra o la sagrada encina&raquo;, y recoge as&iacute; el sujeto femenino que a juicio de los antrop&oacute;logos habr&iacute;a llevado el peso de las agrupaciones humanas m&aacute;s antiguas, siendo coherente esta asignaci&oacute;n del g&eacute;nero no s&oacute;lo con la identidad de la poeta, sino tambi&eacute;n con los indicios que apuntan a ese protagonismo arcaico de la mujer a la que la tradici&oacute;n posterior ha atribuido, por su supuesta mayor cercan&iacute;a a la condici&oacute;n <em>salvaje</em>, una especial receptividad a los ciclos o una capacidad innata para <em>sentir</em> la naturaleza.</p>
<p class="textopoema">Venimos de un tiempo &mdash;o un no tiempo&mdash; casi inimaginable que fue hace mucho, cuyos apagados ecos resuenan no tanto en la realidad exterior &mdash;pero algo murmuran los vientos, los bosques, los astros a quienes se detienen a escuchar su m&uacute;sica&mdash; como en el interior de las conciencias. Julia Uceda supo recoger esa suerte de radiaci&oacute;n c&oacute;smica de fondo, como llaman los astrof&iacute;sicos a la que result&oacute; de la gran explosi&oacute;n y vaga desde entonces por el universo, una energ&iacute;a remanente que a veces concentra el foco de su poes&iacute;a y otras se percibe en los m&aacute;rgenes o en los blancos, en los silencios, a la manera de una imprimaci&oacute;n que cubriera todas sus p&aacute;ginas. En ellas la poeta, gran poeta, mostr&oacute; la suprema osad&iacute;a del hacedor, que es crear de la nada y es nombrar &mdash;hasta donde pueden las palabras&mdash; lo que no tiene nombre.</p>
<p class="textopoema">Julia fue una mujer poco complaciente y de afilada mirada cr&iacute;tica, dotada de profundas convicciones humanistas y de una admirable curiosidad intelectual que se reflejaba en su rara familiaridad con otras culturas y tradiciones. Su fr&aacute;gil apariencia de los &uacute;ltimos a&ntilde;os contrastaba con la firmeza de un ideario &eacute;tico y est&eacute;tico asumido desde la independencia, propia de un temperamento que pod&iacute;a parecer ensimismado y distante, pero era bienhumorado y entra&ntilde;able en la cercan&iacute;a. El impresionante haya que dio t&iacute;tulo a uno de sus &uacute;ltimos libros y ten&iacute;a en el jard&iacute;n de su casa de Serantes, con sus m&uacute;ltiples troncos en forma de nao, figura en el frontal de su Poes&iacute;a completa y es la viva imagen de una obra destinada a perdurar en el tiempo.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 10 Mar 2026 06:07:10 +0000</pubDate>
    </item>
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      <title><![CDATA[TURIA publica, por primera vez en español, a diez poetas ucranianos actuales  ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-publica-por-primera-vez-en-espanol-a-diez-poetas-ucranianos-actuales/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2026/YULIA_MUSAKOVSKA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>En la secci&oacute;n que TURIA dedica a los estudios literarios, se aportan art&iacute;culos originales muy relevantes. En primer lugar, Abelardo Linares desvela nuevas colaboraciones del c&eacute;lebre periodista y escritor Chaves Nogales publicadas durante la guerra civil espa&ntilde;ola en el semanario parisino &ldquo;Madrid&rdquo;. En ellas, los admiradores y detractores encontrar&aacute;n a un Chaves Nogales mucho m&aacute;s plural, m&aacute;s coherente y combativo.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Un segundo art&iacute;culo, elaborado por el escritor, cr&iacute;tico y editor Ignacio F. Garmendia, tiene como protagonista a Julia Uceda. Quien fuera Premio Nacional de Poes&iacute;a en 2003, es descrita como autora de una obra &ldquo;que no se parece a la de nadie, tiene un fuerte componente universal y puede definirse sin necesidad de criterios geogr&aacute;ficos o generacionales&rdquo;. De ah&iacute; que su trabajo creativo pueda definirse &ldquo;como una de las aventuras m&aacute;s singulares de la l&iacute;rica espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>El tercer art&iacute;culo de la secci&oacute;n de Letras de TURIA es una extraordinaria aproximaci&oacute;n panor&aacute;mica sobre la m&iacute;tica generaci&oacute;n del 27 cuando estamos a punto de celebrar el a&ntilde;o del centenario de esta prodigiosa n&oacute;mina de creadores. Y es que, como afirma Manuel &Aacute;ngel V&aacute;zquez Medel en su texto,&nbsp; &ldquo;casi un siglo despu&eacute;s de su reuni&oacute;n en el Ateneo de Sevilla el 16 y 17 de diciembre de 1927 para conmemorar el tricentenario de la muerte de Luis de G&oacute;ngora, la llamada &ldquo;Generaci&oacute;n del 27&rdquo; sigue despertando una fascinaci&oacute;n que trasciende la an&eacute;cdota hist&oacute;rica, literaria y cultural que las fechas designan&rdquo;. De ah&iacute; que V&aacute;zquez Medel elabore una nueva y oportuna mirada que revisita la obra de aquel grupo con ojos del presente.&nbsp;</p>
<p>En su art&iacute;culo &ldquo;Antonio Rivero Taravillo: una semblanza emocional&rdquo;, Mart&iacute;n Merino Ruiz-Funes rinde un personal y sincero homenaje a quien fuera un gran autor, traductor, editor y gestor cultural, radicado en Sevilla y recientemente fallecido. Fue Rivero Taravillo un escritor muy vinculado a la revista TURIA, en cuyas p&aacute;ginas colabor&oacute; con notable frecuencia. Incluso, en su etapa como director de la Casa del Libro, promovi&oacute; y alberg&oacute; la inolvidable y multitudinaria presentaci&oacute;n de una entrega dedicada a su querido Luis Cernuda. Era el a&ntilde;o 2002 y aquel n&uacute;mero terminar&iacute;a agot&aacute;ndose. Como bien se indica en este bell&iacute;simo y sincero testimonio sobre Rivero Taravillo, fue la suya una vida de&nbsp; constante y apasionada dedicaci&oacute;n a la literatura, en todas sus formas y desde distintos &aacute;mbitos.&nbsp;</p>
<p>Completa la secci&oacute;n que TURIA brinda a los estudios literarios un notable art&iacute;culo de Maribel Cruzado. En &eacute;l y bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Los viajes de Richard Wright a Espa&ntilde;a y otras misiones&rdquo;, se describen los v&iacute;nculos con Espa&ntilde;a de este gran escritor estadounidense. Nos narra los tres viajes por nuestro pa&iacute;s que realiz&oacute; en 1954 y 1955, as&iacute; como analiza los textos que a resultas de ellos publicar&iacute;a y aquellos proyectos que nunca llegaron a plasmarse en realidad.&nbsp;</p>
<p>Por &uacute;ltimo, en el apartado que la revista dedica a publicar narraciones originales, la n&oacute;mina de autores no puede ser m&aacute;s atractiva y potente. Sin duda, garantiza a los lectores que disfrutar&aacute;n con la calidad literaria que brindan indiscutibles nombres propios de nuestras letras como son: Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget (&ldquo;Rasmia&rdquo;), Sara Mesa (&ldquo;Bolita azul&rdquo;), Isaac Rosa (&ldquo;La ley de Parkinson&rdquo;), Jes&uacute;s Carrasco (&ldquo;Kayak&rdquo;), Irene Reyes-Noguerol (&ldquo;D&iacute;as de viento&rdquo;) e Hip&oacute;lito G. Navarro (&ldquo;Blanco roto&rdquo;).</p>
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<p><strong>UCRANIA, VOCES PARA COMPARTIR UNA GUERRA</strong></p>
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<p>Bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Ucrania. Voces para compartir una guerra&rdquo;, TURIA ofrece una amplia y cuidada antolog&iacute;a po&eacute;tica que apuesta por visibilizar la creatividad de los principales autores ucranianos. Sin duda, es una forma de respaldo expl&iacute;cito a un pa&iacute;s que lucha por defender su independencia y legitimidad democr&aacute;tica, as&iacute; como su integridad territorial, frente al expansionismo violento que promueve la Rusia liderada por Vladimir Putin.&nbsp;</p>
<p>Como muy bien subrayan Moloniewicz y Murcia en el texto introductorio de dicha antolog&iacute;a, &ldquo;los ucranianos llevan ya once a&ntilde;os conviviendo con la guerra. Son muchos a&ntilde;os en la vida de una persona. En el caso de la mayor&iacute;a de poetas que se incluyen en esta peque&ntilde;a muestra, es algo as&iacute; como la mitad de su vida adulta y creativa. Su escritura, como la literatura en general, no es un &aacute;mbito aut&oacute;nomo, sino que interact&uacute;a profundamente con la realidad, una realidad marcada por la guerra. No se trata del &laquo;tema de la guerra&raquo; como uno de los posibles temas de la poes&iacute;a, sino de la palabra en acci&oacute;n en una situaci&oacute;n l&iacute;mite&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Los diez poetas ucranianos seleccionados por TURIA para dar a conocer su trabajo literario en espa&ntilde;ol son: Les Beley (1987, &Uacute;zhjorod), Kateryna Kalytko (1982, Vinnytsia), Halyna Kruk (1974, Lviv), Boris Humeniuk (1965. Ostriv), Yulia Musakovska (1982, Lviv), Iryna Shuvalova (1986, Kiev), Ostap Slyvynski (1978, Lviv), Iryna Tsilyk (1982, Kiev), Lubov Yakymchuk (1985, Pervomaisk) y Oksana Zabuzhko (Lutsk, 1960).&nbsp;</p>
<p>Todos ellos, como afirman los traductores Moloniewicz y Murcia, &ldquo;son la voz de la sociedad a la que pertenecen. Se convierten, quieran o no, en bi&oacute;grafos de la guerra. &lsquo;Dan ganas de morirse / pero no queda m&aacute;s remedio que hablar / con la boca llena de piedras y clavos / con la boca llena de sangre&rsquo; &mdash;escribe Yulia Musakovska.&rdquo;&nbsp;</p>
<p>Y es que &ldquo;la nueva poes&iacute;a ucraniana nace en los s&oacute;tanos, los refugios, las trincheras, los trenes, en un exilio forzoso. La poes&iacute;a &mdash;nos dec&iacute;a Gabriel Celaya&mdash; es un arma cargada de futuro. En Ucrania, por desgracia, cargada de presente, de un presente que dura ya demasiado tiempo.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UN IN&Eacute;DITO DE MANUEL CHAVES NOGALES SOBRE P&Iacute;O BAROJA</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>El &nbsp;nuevo &nbsp;n&uacute;mero &nbsp;de &nbsp;la &nbsp;revista &nbsp;TURIA &nbsp;abre su sumario con un material de alto voltaje testimonial y gran inter&eacute;s literario: los varios textos in&eacute;ditos del legendario escritor y periodista Manuel Chaves Nogales (1897-1944) encontrados bajo distintos seud&oacute;nimos o embozados en el anonimato en la revista republicana &ldquo;Madrid&rdquo;, editada en Par&iacute;s y que surgi&oacute; en la &uacute;ltima semana del a&ntilde;o 1937. El autor de este descubrimiento es el reconocido escritor, editor y librero de viejo sevillano Abelardo Linares. De todo ello da pormenorizada noticia en su art&iacute;culo &ldquo;El semanario parisino &lsquo;Madrid&rsquo; y Chaves Nogales&rdquo;. Seg&uacute;n dicha investigaci&oacute;n, Chaves Nogales jug&oacute; un papel trascendental en la creaci&oacute;n y desarrollo del semanario &ldquo;Madrid&rdquo;. Y Linares apuntala su tesis analizando con detalle una columna de febrero de 1938 sobre P&iacute;o Baroja en la que Chaves Nogales, pese a ocultarse bajo el seud&oacute;nimo de Zoilo, traza un perfil extremadamente cr&iacute;tico del gran escritor por su regreso a Espa&ntilde;a y su servilismo hacia Franco. TURIA, adem&aacute;s, reproduce &iacute;ntegramente este texto, tan magistral como feroz, sobre Baroja.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Transcribimos, a continuaci&oacute;n, algunos de los p&aacute;rrafos m&aacute;s significativos de lo que escribi&oacute; Chaves Nogales en &ldquo;Madrid&rdquo; acerca de un Baroja al que descalifica sin paliativos</p>
<p>por haberse &ldquo;pasado al enemigo fascista&rdquo;: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; viento adverso ha soplado sobre don P&iacute;o? &iquest;Nostalgia del paisaje, del idioma o del clima? &iquest;Tristeza? &iquest;Derrota? Esto &uacute;ltimo, sin duda. De lo contrario, no se explicar&iacute;a la actitud extempor&aacute;nea del autor de <em>Zalaca&iacute;n</em>, cuya vida y obra han sido un trenzado de rebeld&iacute;as. Por su pret&eacute;rito, denso en sinceridades, iconoclasta, irreverente y burl&oacute;n, Baroja ha debido adentrarse ahora en les caminos pardos y &aacute;ridos de Castilla con un gesto pat&eacute;tico de muerte; con ese aire t&aacute;cito y desolado que tienen las despedidas de los viajes sin regreso. Baroja &ndash;que no volver&aacute;&ndash;, deja, detr&aacute;s suyo, sus castillos de fiereza y sus torres de independencia y orgullo. Y no hay rescate posible para el patrimonio que abandona. (&hellip;) Compadezc&aacute;monos de ver a Baroja viejo y en derrota, con nieve en la cabeza y cenizas en el coraz&oacute;n.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>JULIA UCEDA, UNA OBRA PO&Eacute;TICA DESTINADA A PERDURAR EN EL TIEMPO</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>En su art&iacute;culo titulado &ldquo;Julia Uceda: radiaci&oacute;n de fondo&rdquo;, Ignacio F. Garmendia aborda de manera certera, y desde un sincero reconocimiento, la gran obra po&eacute;tica de una autora que durante demasiados a&ntilde;os pareci&oacute; estar confinada a una posici&oacute;n marginal. Y ello a pesar de ser reconocida en parte por la cr&iacute;tica. Quiz&aacute; se debi&oacute; a que la suya fue siempre una poes&iacute;a y una personalidad &ldquo;vocacionalmente exc&eacute;ntricas&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Nacida en Sevilla en 1925 y fallecida en Ferrol en 2024, en opini&oacute;n de Ignacio F. Garmendia &ldquo;hay en el itinerario que proponen los diez libros de poemas publicados por Julia Uceda &mdash;desde &lsquo;Mariposa en cenizas&rsquo; (1959) hasta &lsquo;Escritos en la corteza de los &aacute;rboles&rsquo; (2013)&mdash; una natural evoluci&oacute;n, pero hay asimismo, ya visible en las primeras entregas, una continuidad representada por temas recurrentes que pueden cifrarse en una palabra clave, &lsquo;extra&ntilde;eza&rsquo;, fundamental en su vocabulario.&nbsp;</p>
<p class="textopoema">De ah&iacute; que, tras analizar su trayectoria l&iacute;rica, el art&iacute;culo concluya con una afortunada semblanza de la escritora y profesora sevillana: &ldquo;Julia fue una mujer poco complaciente y de afilada mirada cr&iacute;tica, dotada de profundas convicciones humanistas y de una admirable curiosidad intelectual que se reflejaba en su rara familiaridad con otras culturas y tradiciones. Su fr&aacute;gil apariencia de los &uacute;ltimos a&ntilde;os contrastaba con la firmeza de un ideario &eacute;tico y est&eacute;tico asumido desde la independencia, propia de un temperamento que pod&iacute;a parecer ensimismado y distante, pero era bienhumorado y entra&ntilde;able en la cercan&iacute;a. El impresionante haya que dio t&iacute;tulo a uno de sus &uacute;ltimos libros y ten&iacute;a en el jard&iacute;n de su casa de Serantes, con sus m&uacute;ltiples troncos en forma de nao, figura en el frontal de su &lsquo;Poes&iacute;a completa&rsquo; y es la viva imagen de una obra destinada a perdurar en el tiempo.&rdquo;</p>
<p class="textopoema"><strong><br /></strong></p>
<p class="textopoema"><strong>UNA NUEVA MIRADA A LA GENERACI&Oacute;N DEL 27 DESDE EL SIGLO XXI</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>No puede ser m&aacute;s oportuno el art&iacute;culo in&eacute;dito que Manuel &Aacute;ngel V&aacute;zquez Medel publica en TURIA con el t&iacute;tulo &ldquo;Una nueva mirada a la generaci&oacute;n del 27 desde el siglo XXI: hacia una cartograf&iacute;a expandida del campo cultural&rdquo;. Y es que, a un a&ntilde;o de celebrarse el centenario de aquel momento cumbre de nuestra creatividad como pa&iacute;s, ese &ldquo;grupo de artistas &mdash;poetas, pero tambi&eacute;n narradores, pensadores, cient&iacute;ficos, cineastas, creadores pl&aacute;sticos o m&uacute;sicos&mdash; se revela hoy m&aacute;s vigente que nunca. Su obra no es solo testimonio del pasado, sino un sistema cultural vivo, un di&aacute;logo ininterrumpido entre la vanguardia y la tradici&oacute;n, la pureza est&eacute;tica y el compromiso humano, que no ha dejado de influir hasta nuestros d&iacute;as&rdquo;&nbsp;</p>
<p>Seg&uacute;n argumenta V&aacute;zquez Medel en TURIA, es necesario reivindicar &ldquo;el car&aacute;cter transversal de un movimiento que fue, ante todo, un proceso abierto y complejo de una &eacute;poca de crisis y profundos cambios, que encontr&oacute; un potente impulso en las vanguardias, en di&aacute;logo con lo mejor de la tradici&oacute;n po&eacute;tica y cultural espa&ntilde;ola, con G&oacute;ngora en su centro (pero tambi&eacute;n la recuperaci&oacute;n del &lsquo;Poema de Mio Cid&rsquo;<em>, </em>gracias a Men&eacute;ndez Pidal, la vuelta a los Cancioneros y al Romancero, o la relectura de Manrique, Garcilaso, Juan de la Cruz o Cervantes, am&eacute;n de Lope, Calder&oacute;n y el teatro cl&aacute;sico, entre otros).&rdquo;&nbsp;</p>
<p>Y es que hoy debe interpretarse el 27 no como una generaci&oacute;n cerrada de poetas sino &ldquo;un espacio vital y cultural donde la poes&iacute;a dialogaba con la pintura, la m&uacute;sica se fund&iacute;a con el cine, la narrativa exploraba nuevos caminos y el pensamiento cr&iacute;tico intentaba descifrar los signos de un tiempo nuevo, de un tiempo en crisis.&rdquo;&nbsp;</p>
<p>Por todo ello, V&aacute;zquez Medel concluye su texto en TURIA afirmando que &ldquo;la &nbsp;lecci&oacute;n del 27 es la de la apertura: la apertura a las disciplinas, a las influencias internacionales, a la experimentaci&oacute;n formal y, no menos importante, a la diversidad de voces. En un mundo como el nuestro, a&uacute;n marcado por exclusiones y c&aacute;nones r&iacute;gidos, la reivindicaci&oacute;n de este campo cultural plural, dial&oacute;gico y abierto se convierte en un acto de justicia hist&oacute;rica y en un faro para la creaci&oacute;n presente. Recuperar su legado integral es, en definitiva, entender que la cultura no se hace en compartimentos estancos, sino en el f&eacute;rtil y siempre renovado cruce de caminos.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;</p>
<p><strong>ANTONIO RIVERO TARAVILLO, PARADIGMA DEL HOMBRE DE LETRAS</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>En un n&uacute;mero tan especial de la revista TURIA, en el que se dan cita tantos nombres propios vinculados a la ciudad de Sevilla, se ha querido rendir un primer homenaje a uno de sus colaboradores m&aacute;s queridos y longevos: Antonio Rivero Taravillo. Su muerte, el pasado mes de septiembre de 2025, impidi&oacute; que participara como estaba previsto en este sumario. Pero antes, y durante mucho tiempo, fue Rivero Taravillo una firma habitual en las p&aacute;ginas de TURIA.&nbsp;</p>
<p>Por todo ello, y a la espera de una iniciativa futura m&aacute;s amplia y ambiciosa con la que la revista quiere homenajear a este ejemplar hombre de letras, se publica ahora un hermoso texto de Mart&iacute;n Merino Ruiz-Funes titulado &ldquo;Antonio Rivero Taravillo: una semblanza emocional&rdquo;. En &eacute;l se nos narra c&oacute;mo surgi&oacute; una prolongada amistad de m&aacute;s de cuatro d&eacute;cadas con una &ldquo;persona que habitaba el mundo po&eacute;ticamente&rdquo;. Se nos da noticia tambi&eacute;n de c&oacute;mo fue su evoluci&oacute;n, en la vida y en la poes&iacute;a. Esa larga y f&eacute;rtil etapa de madurez que supuso su &ldquo;inmersi&oacute;n profesional en lo que podr&iacute;amos llamar el mundo de las letras. Antonio llevaba a gala no haber ganado nunca un c&eacute;ntimo en un &aacute;mbito que no estuviera relacionado, de alguna forma, con el libro, ya fuera como poeta, bi&oacute;grafo, novelista, ensayista, librero, gestor cultural y editor. Vivi&oacute; desde siempre entregado a los libros y nunca emple&oacute; su tiempo en actividades ajenas: fue hombre de una pasi&oacute;n. No s&eacute; si, simplemente, fueron los a&ntilde;os, pero tengo la sensaci&oacute;n de que en Antonio Rivero se oper&oacute; un proceso de profundizaci&oacute;n: sigui&oacute; adelante, pero m&aacute;s adentro. Se produjo en &eacute;l un mayor desarrollo, una transformaci&oacute;n que se reflej&oacute; en una poes&iacute;a m&aacute;s honda, que buscaba no tanto sorprender como emocionar, siempre desde los c&aacute;nones estrictos de la belleza.&rdquo;&nbsp;</p>
<p>Tambi&eacute;n se describe en TURIA c&oacute;mo acometi&oacute; Rivero Taravillo su enfermedad y la irreversible llegada de la muerte. Seg&uacute;n Mart&iacute;n Merino Ruiz-Funes, es una &ldquo;etapa de trascendencia&rdquo;: &ldquo;Antonio siempre mantuvo una actitud de valent&iacute;a ante su grave enfermedad. Luch&oacute; denodadamente contra ella, pero no desde el rencor ni desde la sensaci&oacute;n de injusticia, sino que tuvo la sabidur&iacute;a y la honestidad de convertir la enfermedad en un proceso de conocimiento. Pese al desgaste de estos &uacute;ltimos a&ntilde;os y pese a la p&eacute;rdida de energ&iacute;a, Antonio tuvo la valent&iacute;a de acometer los cambios en su filosof&iacute;a de vida que consider&oacute; necesarios, aunque supiera que ya no hab&iacute;a pr&aacute;cticamente tiempo. Sab&iacute;a que las posibilidades eran muy pocas, y, aun as&iacute;, quiso dejarnos ese estremecedor testimonio que supone su obra &lsquo;Un invierno en oto&ntilde;o&rsquo;&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>RICHARD WRIGHT, UN AFROAMERICANO VIAJA A LA ESPA&Ntilde;A DE LOS A&Ntilde;OS 50</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>En su art&iacute;culo &ldquo;Los viajes de Richard Wright a Espa&ntilde;a y otras misiones inacabadas&rdquo;, Maribel Cruzado indaga en los v&iacute;nculos con nuestro pa&iacute;s de este reconocido, y en ocasiones controvertido, escritor norteamericano nacido en Roxie, Estados Unidos, en 1908 y fallecido en Par&iacute;s, Francia, en 1960. Durante tres viajes, realizados en la d&eacute;cada de los a&ntilde;os 50 desde Par&iacute;s, Wright recorri&oacute; distintas ciudades espa&ntilde;olas. As&iacute;, Barcelona le pareci&oacute; cosmopolita, pese a descubrir en ella pobreza, suciedad y prostituci&oacute;n. En cambio, Madrid le parece profundamente provinciana. Viaja a Zaragoza, visita la bas&iacute;lica de la Virgen del Pilar y, al describir el tama&ntilde;o de la Virgen, afirma &ldquo;parece una mu&ntilde;equita&rdquo;. Su estancia m&aacute;s larga fue en &ldquo;en &ldquo;la lenta y l&iacute;rica Andaluc&iacute;a, donde el paso y el habla es m&aacute;s pausado y musical que en otros lugares&rdquo;: C&oacute;rdoba, Granada, Algeciras, y Sevilla, ciudad esta &uacute;ltima donde permanece m&aacute;s tiempo y deja&nbsp; numerosos testimonios escritos y fotogr&aacute;ficos.&nbsp;</p>
<p>Gran parte de la obra literaria de Wright (cultiv&oacute; la novela, el relato, la poes&iacute;a y el ensayo) hace alusi&oacute;n a temas raciales, especialmente aquellos que se refieren a la dif&iacute;cil situaci&oacute;n de los afroamericanos a finales del siglo XIX y en la primera mitad del XX. Wright llam&oacute; la atenci&oacute;n del p&uacute;blico en general por primera vez con un volumen de relatos cortos, &ldquo;Los hijos del t&iacute;o Tom&rdquo; (1938). Su segundo libro de ficci&oacute;n, &ldquo;Hijo de esta tierra&rdquo;, fue un &eacute;xito de ventas y se convirti&oacute; posteriormente en una obra de teatro de Broadway (1941) dirigida por Orson Welles. En 1944 Wright abandon&oacute; el Partido Comunista de los Estados Unidos al que se hab&iacute;a afiliado en 1933 y, despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial, se instal&oacute; en Par&iacute;s como expatriado permanente.&nbsp;</p>
<p>Como nos recuerda Maribel Cruzado en TURIA, cuando Wright viene a Espa&ntilde;a ya se ha convertido en el autor afroamericano m&aacute;s famoso y respetado de los Estados Unidos, as&iacute; como en Francia. Pero aqu&iacute; no lo conoc&iacute;a nadie. Hasta su editor norteamericano se hab&iacute;a mostrado reticente con el plan de Wright de escribir un libro sobre Espa&ntilde;a. &ldquo;Pero Wright hab&iacute;a tranquilizado a unos y a otros, asegur&aacute;ndoles que, aun contrario a la dictadura de Franco, su intenci&oacute;n no era sino la de escribir un fresco con las pinceladas e im&aacute;genes de lo que viera y oyera, sin condenar, simplemente tratando de entender y de transmitir a los dem&aacute;s sus impresiones&rdquo;. Ese libro acabar&iacute;a llam&aacute;ndose &ldquo;Pagan Spain&rdquo; y la versi&oacute;n publicada, que conten&iacute;a bastantes menos p&aacute;ginas que las mil del texto inicial no obtuvo la misma acogida que sus obras anteriores. S&oacute;lo el cr&iacute;tico de &ldquo;The New York Times&rdquo; elogi&oacute; su tono provocador y perturbador: &ldquo;los espa&ntilde;oles lo odiar&aacute;n, los cat&oacute;licos quedar&aacute;n consternados, y a otros lectores les parecer&aacute; apasionante&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Sin embargo, nunca se supo si Wright consider&oacute; sus viajes a Espa&ntilde;a una &ldquo;misi&oacute;n cumplida&rdquo;. Su siguiente objetivo, una obra titulada &ldquo;Espa&ntilde;a en el exilio&rdquo; nunca fructific&oacute;. Quedaron en el aire y sin respuesta las preguntas de aquel libro en el que pretend&iacute;a comparar sus viajes con las opiniones de la nutrida colonia espa&ntilde;ola republicana que resid&iacute;a en Par&iacute;s: &ldquo;&iquest;Creen que los espa&ntilde;oles est&aacute;n preparados para una democracia? &iquest;C&oacute;mo piensan construir un puente entre esa Espa&ntilde;a primitiva que yo presenci&eacute; y la que ustedes parecen anhelar? &iquest;Disponen de autogesti&oacute;n suficiente para realizar este importante cambio o cuentan con ayuda externa?&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Wright muri&oacute; en noviembre de 1960 y dej&oacute; no s&oacute;lo aquel proyecto fallido sino otras propuestas que tambi&eacute;n fracasaron. De ah&iacute; que, tras abandonar la narrativa, su &uacute;ltima misi&oacute;n fuera escribir haikus, quedando miles de ellos in&eacute;ditos tras su fallecimiento. Sin embargo, en la actualidad su nombre y su obra est&aacute;n m&aacute;s presentes que nunca en cualquier balance de lo mejor de las letras norteamericanas del siglo XX. <strong></strong></p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 06 Mar 2026 08:57:49 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Como la noche se opone a lo oscuro]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/como-la-noche-se-opone-a-lo-oscuro/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/VICTORIA_LE_N_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Victoria Le&oacute;n (Sevilla, 1981) es conocida por sus traducciones al castellano de autores del canon universal como Mary Shelley, Oscar Wilde, R.L. Stevenson, John Ruskin, William Beckford o Ugo Foscolo, pero tambi&eacute;n es autora de libros como <em>Insomnios</em> (2017) y&nbsp; <em>Secreta luz</em> (Vandalia, 2019), por el que obtuvo el IX Premio Iberoamericano de Poes&iacute;a Hermanos Machado.&nbsp;</p>
<p>Traducci&oacute;n y creaci&oacute;n convergen en el Premio de poes&iacute;a Hermanos Argensola 2025, <em>Luz de la noche</em>, publicado por la editorial Visor.&nbsp; Un libro compuesto por cinco partes que recorren la noche, la vida, la poes&iacute;a. Las ruinas son los restos de la palabra, donde la autora refleja la luz en la noche, la transposici&oacute;n de la poes&iacute;a, as&iacute; que leemos: &ldquo;Pero no olvides nunca que vivir / es ver amanecer sobre unas ruinas&rdquo;. As&iacute; que recorre el mundo, el que se ha internado en la noche, donde el fuego de versos ilumina el camino de los h&eacute;roes entre los restos, hacia el amanecer: &ldquo;La tristeza es la voz de nuestro anhelo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Llega la sed y el hambre que se cubre con m&aacute;scaras, oponi&eacute;ndose al miedo. El lector sigue al mundo en su derrumbe, se cubre a oscuras con el disfraz de la noche. Seguimos en la captura de Vasili Kandinski, lo especular de Percy Bysshe Shelley, encontramos referentes en una cosmolog&iacute;a particular del autor, artistas y personajes: Casandra, Oscar Wilde, Bertolt Brecht, S&aacute;ndor M&aacute;rai y Giotto di Bondone. Nombres que nos acompa&ntilde;an hacia la segunda parte, &ldquo;Memoria del futuro&rdquo;, homenaje a aquellos dioses que cruzaban el cielo en carros de fuego, casi extraterrestres que habitaban otros mundos (que est&aacute;n en este). Una revelaci&oacute;n, los versos como una antorcha, entre la niebla, que pivota, grises que son descubiertos por la luz. Un laberinto que atrapa los cuerpos y esos mismos cuerpos acaban por ser laberintos, en una espiral logar&iacute;tmica fuera de las dimensiones eucl&iacute;deas. As&iacute; que, al final, se descubre: &laquo;Todo amor verdadero es un asombro&raquo;, de esas encrucijadas, se eleva la geometr&iacute;a del deseo hasta llegar a la humedad, atinando: &laquo;Fuera del tiempo nuestras sombras se aman&raquo;.&nbsp;</p>
<p>Esa manera de filtrarse el l&iacute;quido nos deposita en la tercera parte: &ldquo;El espejo del mar&rdquo;, en cinco piezas: &laquo;El mar bate a mis pies y te recuerda / mientras la luna se hunde junto al fango&raquo;. La sed, el trago en la penumbra y, as&iacute;, leemos: &laquo;Caricia de una m&uacute;sica que evoca / otra secreta m&uacute;sica tras ella&raquo;, un coraz&oacute;n que se esconde bajo tierra, en un extra&ntilde;o jard&iacute;n: &laquo;Mueren estrellas en la noche insomne&raquo;, en ausencia del cuarto paso, queda el quinto, alma y esperanza. Dolor que se culmina en un grito: &laquo;El espejo del mar, solo, infinito&raquo;.&nbsp;</p>
<p>En el bloque pen&uacute;ltimo, con el t&iacute;tulo de &ldquo;Pero quiz&aacute; la noche&rdquo; y as&iacute;, belleza, la herida de la tristeza, la mezcla de luz y el tiempo: &laquo;Tiemblo de fr&iacute;o / y me abrazo a tu sombra. Arde la noche&raquo;. Escribo, tras leer, una noche al margen, en el poema &ldquo;Presagio del olvido&rdquo;, &iquest;qu&eacute; es ese rostro, esa cara c&oacute;smica? Como el poeta atrapado en el duermevela de la creaci&oacute;n, desarrollando un universo alternativo de un polvo inanimado: &laquo;Y yo s&eacute; que eres t&uacute;. Eres t&uacute; siempre&raquo;. La ausencia se identifica con la noche y el fr&iacute;o: &laquo;Si dejo que mi amor por ti se apague, / s&eacute; que yo misma me estar&eacute; apagando, / que es mi &uacute;ltima llama / la que a&uacute;n arde en mi cuerpo&raquo;.&nbsp;</p>
<p>El final, del mar a la fuente, el agua de la que la sed bebemos, funcionando este extra&ntilde;o maridaje, del manantial donde el amor se extrae de una parte al&iacute;cuota de la existencia: &laquo;Con la tenacidad del fuego del crep&uacute;sculo / que a diario regresa a contemplarme&raquo;. Silencio y misterio, el final al fondo de la caverna. El libro de Victoria Le&oacute;n, <em>Luz de la noche</em>, ejecuta a la perfecci&oacute;n la oposici&oacute;n entre fuego y oscuridad, del d&iacute;a y la noche, la sed y el l&iacute;quido.</p>
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<p>Victoria Le&oacute;n, <em>Luz de la noche</em>, Madrid, Visor, 2025.</p>
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      <pubDate>Thu, 26 Feb 2026 09:41:06 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Turia entrevista a fondo a Juan Manuel Bonet y Yolanda Pantin ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-entrevista-a-fondo-a-juan-manuel-bonet-y-yolanda-pantin/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2026/JUAN_MANUEL_BONET_5_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Tambi&eacute;n muy destacable es el contenido que ofrece TURIA a los lectores en la secci&oacute;n dedicada al ensayo. En esas p&aacute;ginas se nos habla, a trav&eacute;s de un excelente art&iacute;culo in&eacute;dito titulado &ldquo;Rectificar es de sabios&rdquo;, acerca de una cuesti&oacute;n palpitante en este vertiginoso y convulso siglo XXI: las controvertidas relaciones entre tecnolog&iacute;a, humanidad y salud mental. Y sobre este trascendente asunto se ocupa con indiscutible clarividencia el fil&oacute;sofo David Pastor Vico, un pensador de indudable magnetismo y clarividencia intelectual.</p>
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<p><strong>JUAN MANUEL BONET, O LA ETERNA FASCINACI&Oacute;N POR LAS ARTES Y LAS LETRAS</strong></p>
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<p>Juan &nbsp;Manuel &nbsp;Bonet &nbsp;(Par&iacute;s, 1953) ha colaborado en distintas ocasiones con la revista TURIA, aunque su mayor aportaci&oacute;n fue el extraordinario monogr&aacute;fico que coordin&oacute; sobre el escritor franc&eacute;s Patrick Modiano, que terminar&iacute;a a&ntilde;os despu&eacute;s siendo galardonado con el Premio Nobel en 2014. Circunstancia que hizo que ese n&uacute;mero de TURIA (el 84, publicado en 2007) se terminara agotando al ser la m&aacute;s completa aproximaci&oacute;n hecha en espa&ntilde;ol a su obra.&nbsp;</p>
<p>Bonet ha desarrollado una labor ingente como cr&iacute;tico e historiador del arte&nbsp; contempor&aacute;neo. Su &ldquo;Diccionario de las vanguardias en Espa&ntilde;a, 1907-1936&rdquo;, publicado por Alianza Editorial en 1995, es un libro de obligada referencia y buena prueba de la sabidur&iacute;a enciclop&eacute;dica, as&iacute; como de la curiosidad y sensiblidad extraordinarias de su autor. La lista de exposiciones que ha comisariado es ampl&iacute;sima y, como gestor cultural, ha desempe&ntilde;ado los puestos de director del&nbsp;Instituto Valenciano de Arte Moderno&nbsp;(IVAM) y del&nbsp;Museo Nacional Centro de Arte Reina Sof&iacute;a&nbsp;de Madrid. Fue director del Instituto Cervantes en Par&iacute;s desde 2012 a 2017 y, desde enero de 2017 a julio de 2018, ocup&oacute; el cargo de director del&nbsp;Instituto Cervantes.</p>
<p>La conversaci&oacute;n con Juan Manuel Bonet ha sido realizada por Ang&eacute;lica Tanarro, una de las periodistas culturales m&aacute;s prestigiosas de Castilla y Le&oacute;n, responsable durante a&ntilde;os de la secci&oacute;n de cultura del principal peri&oacute;dico de esa comunidad: &ldquo;El Norte de Castilla&rdquo;, que se edita en Valladolid. En la entrevista, Bonet nos habla de su valioso e ingente legado bibliogr&aacute;fico y art&iacute;stico a la Fundaci&oacute;n Antonio P&eacute;rez de Cuenca y que va a albergarse en un edificio singular de la localidad de Taranc&oacute;n. Una colecci&oacute;n de libros y obras de arte que har&aacute; las delicias de todos aquellos interesados por las vanguardias art&iacute;sticas y literarias, que han sido siempre su gran pasi&oacute;n.</p>
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<p><strong>LA INFLUENCIA DECISIVA DE SU PADRE Y DE FERNANDO Z&Oacute;BEL</strong></p>
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<p>Tambi&eacute;n nos habla de la influencia de su padre, Antonio Bonet Correa ya fallecido, y que fue un prestigioso catedr&aacute;tico de Historia del Arte, primero fue docente en la Universidad de la Sorbona, en Par&iacute;s. Luego, tras su retorno a Espa&ntilde;a, en 1958, dio clases en las universidades de Murcia, Sevilla y Complutense de Madrid. Fue tambi&eacute;n, durante muchos a&ntilde;os, presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Seg&uacute;n Bonet, &ldquo;mi padre me ense&ntilde;&oacute; desde el principio a leer las artes como interconectadas. Lo he llevado a rajatabla en todos los sitios donde he estado, he articulado cosas en las que pintura, arquitectura, fotograf&iacute;a, m&uacute;sica, cine y literatura formaban una unidad&rdquo;. Otra influencia capital en su vida fue la de Fernando Z&oacute;bel, el pintor y director del Museo de Arte Abstracto de Cuenca.</p>
<p>Nos desvela igualmente Bonet que, en sus a&ntilde;os sevillanos, fue donde aprendi&oacute; a hacer cr&iacute;tica de arte gracias a sus colaboraciones en &ldquo;El Correo de Andaluc&iacute;a&rdquo; y aclara que &ldquo;los dos textos que m&aacute;s me han animado en el campo de la literatura fueron escritos por Joan Perucho y Octavio Paz&rdquo;.</p>
<p>En otro momento de la entrevista, Juan Manuel Bonet argumenta que &ldquo;la proliferaci&oacute;n de museos de arte contempor&aacute;neo en los 80 y 90 fue necesaria porque ven&iacute;amos de una penuria total&rdquo;. Ente los muchos pintores espa&ntilde;oles de los que se siente cercano, cita a Dis Berlin: &ldquo;un gran viajero y un caso de complicidad intelectual fuerte&rdquo;. A &eacute;l se a&ntilde;adir&iacute;an Miguel Galano, &Aacute;ngel Mateo Charris, Pelayo Ortega&hellip; &ldquo;Tambi&eacute;n estoy muy cercano a Broto, Campano, Sicilia y a los pintores de mi generaci&oacute;n, Alcolea, Quejido, P&eacute;rez Villalta. He seguido muy cerca a los neometaf&iacute;sicos, como he contribuido a bautizarlos&rdquo;.</p>
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<p><strong>UN GESTOR CULTURAL MUY RELEVANTE</strong></p>
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<p>El bagaje de Juan Manuel Bonet como gestor cultural impresiona, pues ha estado al frente de las instituciones m&aacute;s destacadas del pa&iacute;s: fue director del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), dirigi&oacute; el Reina Sof&iacute;a y despu&eacute;s el Instituto Cervantes. En todas ellas su salida se produjo con cierta pol&eacute;mica. Sin embargo, considera que todas fueron experiencias muy positivas y de las que solo quiere acordarse de los frutos obtenidos: &ldquo;soy de olvidarme de las penas, algunas son inolvidables, pero no suelo hablar de ello, no ver&aacute;s en las hemerotecas muchos lloros m&iacute;os al respecto&rdquo;.</p>
<p>Ahora, alejado de esos puestos de responsabilidad, Bonet selecciona las obras de su legado, prepara las reediciones de sus libros y maquina futuras exposiciones. Mientras, no olvida su af&aacute;n coleccionista. &ldquo;Aficionado como soy a las listas &ndash;dijo en un preg&oacute;n de una feria del libro antiguo&ndash; alguna vez he pensado en escribir la de &lsquo;los lugares del mundo a los que entr&eacute; a por libros&rsquo;&rdquo;. Y, a buen seguro, que ser&iacute;a una larga lista.</p>
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<p><strong>YOLANDA PANTIN O C&Oacute;MO LA VOZ PO&Eacute;TICA SE ALZA POR ENCIMA DE LA TRIBU</strong></p>
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<p>Entre los nombres propios m&aacute;s indiscutibles de la literatura latinoamericana contempor&aacute;nea hay que situar a Yolanda Pant&iacute;n (Caracas, 1954). Su labor como poeta, ensayista, dramaturga, editora y autora de libros para ni&ntilde;os, bien merece el favor de los lectores y el reconocimiento de los estudiosos de nuestra cultura. En esa l&iacute;nea de fomentar el redescubrimiento de su amplia y valiosa obra literaria, la revista TURIA ha querido dedicarle una entrevista en exclusiva en la que se analiza su trayectoria y se difunden sus opiniones. Adem&aacute;s, la entrevista ha sido realizada por otra escritora venezolana: Michelle Roche Rodr&iacute;guez.</p>
<p>Yolanda Pantin ha publicado en Espa&ntilde;a su obra po&eacute;tica reunida (1981-2011) con el t&iacute;tulo &ldquo;Pa&iacute;s&rdquo; (Pre-Textos, 2014). Aunque los inicios de su carrera est&eacute;n vinculados con los grupos literarios Calicanto y Tr&aacute;fico, con cada libro nuevo Pantin ha venido demostrando la singularidad de su voz en el feraz campo de la poes&iacute;a escrita en Venezuela. Buena prueba de su lugar principal en la literatura latinoamericana la acredita su participaci&oacute;n en encuentros de poes&iacute;a y congresos de literatura en Alemania, Argentina, Colombia, Espa&ntilde;a, Estados Unidos, Francia, Guatemala, Holanda, Israel, Italia, M&eacute;xico, Per&uacute;, Portugal, Rep&uacute;blica Dominicana y Uruguay.</p>
<p>En 1989 recibi&oacute; el Premio Fundarte de Poes&iacute;a en Caracas. Fue becaria de la Fundaci&oacute;n Rockefeller en su Bellagio Study Center y en 2004 recibi&oacute; la Beca Guggenheim. Por el conjunto de su obra, recibi&oacute; en 2015 el Premio Poetas del Mundo Latino &ldquo;V&iacute;ctor Sandoval&rdquo; en Aguascalientes (M&eacute;xico) y en 2017 obtuvo el XVII Premio Casa de Am&eacute;rica de Poes&iacute;a en Madrid. En 2021 gan&oacute; el Premio Internacional de Poes&iacute;a &ldquo;Garc&iacute;a Lorca&rdquo; de la ciudad de Granada. Pantin es, por &uacute;ltimo, coautora del libro&nbsp;&ldquo;El hilo de la voz. Antolog&iacute;a cr&iacute;tica de escritoras venezolanas del siglo XX&rdquo;&nbsp;(2003), uno de los m&aacute;s importantes estudios que sobre literatura femenina se ha hecho en Venezuela.</p>
<p>Como bien se subraya en TURIA, la voz po&eacute;tica de Yolanda Pantin &ldquo;se alza por encima de la tribu como anta&ntilde;o hicieron los chamanes y las sacerdotisas, igual que un faro en la oscuridad&rdquo;. De ah&iacute; que declare en la entrevista que &ldquo;fuera del lenguaje en la escritura, no existe para m&iacute; casi nada&rdquo;. O que &ldquo;[La] b&uacute;squeda de lenguaje en la voracidad de la lectura, sobre todo cuando joven, ese leer o ese ver como quien come, puede terminar, con suerte, por darte una voz&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;Perd&iacute; horas tratando de dilucidar la relaci&oacute;n de los intelectuales con el poder, el uso de la poes&iacute;a como canal ideol&oacute;gico&rdquo;, reconoce Pantin en la entrevista. De ah&iacute; que que siempre haya tenido cuidado de que su postura pol&iacute;tica (cr&iacute;tica con Hugo Ch&aacute;vez y sus sucesores) no pasara al texto po&eacute;tico, pues ese desliz lo desvirtuar&iacute;a hasta convertirlo en panfleto.</p>
<p>Sin duda, Venezuela es una herida abierta en la obra de Yolanda Pantin y en la de otros autores. No obstante, preguntada por qu&eacute; significa escribir poemas viviendo all&iacute;, cuando muchos familiares, o la mayor&iacute;a de tus amigos y compa&ntilde;eros en el hacer po&eacute;tico est&aacute;n fuera, ella confiesa: &ldquo;no s&eacute; qu&eacute; significa, la verdad. No me lo pregunto. Muchos amigos y amigas se han ido del pa&iacute;s, pero muchos hacemos vida en Venezuela. Nos frecuentamos, nos reunimos. Pero no es el tema venezolano lo que hace que sienta lejos a la poes&iacute;a, sino la fractura del mundo que conocimos, y el umbral que se abre todav&iacute;a sin lenguaje&hellip; No logro pasar del estado de perplejidad. Donde se supone que hay versos yo leo frases&rdquo;.</p>
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<p><strong>LA TECNOLOG&Iacute;A NO SIEMPRE ES INOCUA</strong></p>
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<p>En el apartado que TURIA dedica al ensayo, el fil&oacute;sofo David Pastor Vico reclama un uso responsable de la tecnolog&iacute;a. Su tesis la desarrolla, con brillantez y claridad, en un art&iacute;culo titulado de forma muy reveladora: &ldquo;Rectificar es de sabios. Sobre tecnolog&iacute;a, humanidad y salud mental&rdquo;. Sin duda este asunto resulta clave en nuestro siglo XXI y conviene analizarlo m&aacute;s all&aacute; de emociones y prejuicios.</p>
<p>David Pastor Vico es hijo de emigrantes andaluces, de ah&iacute; que naciera en Jambes, B&eacute;lgica, en 1976. Pero, en 1982, la familia retornar&iacute;a a Sevilla. David es hoy un reconocido profesor, escritor y divulgador de gran proyecci&oacute;n medi&aacute;tica en Espa&ntilde;a y M&eacute;xico. Estudi&oacute; Filosof&iacute;a en la Universidad de Sevilla, donde se especializ&oacute; en &Eacute;tica de la Comunicaci&oacute;n. Actualmente ejerce la docencia en la UNAM, donde adem&aacute;s colabora con la Direcci&oacute;n General de Divulgaci&oacute;n de las Humanidades. Es autor de los libros &ldquo;&Eacute;tica para desconfiados&rdquo;, &ldquo;Era de idiotas&rdquo; y &ldquo;Filosof&iacute;a para desconfiados&rdquo;<em>,&nbsp;</em>publicados por la editorial Ariel.</p>
<p>Vico fomenta siempre en sus textos el pensamiento cr&iacute;tico. Recoge el testigo de siglos pasados en los que el fil&oacute;sofo asum&iacute;a su papel de analista de la realidad y de provocador del&nbsp;cambio social, no s&oacute;lo desde el mundo de la academia, tambi&eacute;n a pie de calle. Pero la calle de entonces no es la calle de hoy y Vico lo sabe. La posibilidad de visualizaci&oacute;n del fil&oacute;sofo hoy pasa por los medios de comunicaci&oacute;n (radio, prensa, televisi&oacute;n), internet y las redes sociales, donde Vico ha sabido encontrar un hueco para el pensamiento cr&iacute;tico en un mundo que no gusta de pensar demasiado.</p>
<p>En el art&iacute;culo que publica TURIA, Vico asegura: &ldquo;hablar de tecnolog&iacute;a, y analizar su impacto en el mundo, suele ser un ejercicio excesivamente polarizado si se hace a las prisas y corriendo pues, entre &lsquo;misone&iacute;stas&rsquo;<em> </em>y &lsquo;tecn&oacute;filos&rsquo;<em>, </em>solo puede establecerse un juego maniqueo y, en un tablero tan extremo, es dif&iacute;cil que la raz&oacute;n nos pueda traspasar&rdquo;.</p>
<p>De ah&iacute; que su texto resulte, a un tiempo, atractivo de leer y estimulante a la hora de invitarnos a reflexionar sobre este asunto tan decisivo hoy.&nbsp;</p>
<p>Seg&uacute;n Vico, &ldquo;eso de la inocuidad universal de todo adelanto tecnol&oacute;gico est&aacute; m&aacute;s que descartado. Todos los adelantos tecnol&oacute;gicos son maravillosos, es cierto, pero solo desde un punto de vista puramente cient&iacute;fico o tecnof&iacute;lico. Pero ya que todo juicio se elabora desde la perspectiva humana, ya sea este Agamen&oacute;n o su porquero, un cient&iacute;fico o un fontanero, jam&aacute;s vamos a poder desligarnos de factor moral inherente a cada juicio. As&iacute; pues, ser&aacute; el c&oacute;mo y el para qu&eacute; est&aacute; dise&ntilde;ada esa tecnolog&iacute;a, y el uso avieso que hagamos de ella, lo que determinar&aacute; si es buena o mala por construcci&oacute;n y, siendo buena si podemos usarla para el bien o para el mal, seg&uacute;n nuestro inter&eacute;s o retorcimiento.&rdquo;</p>
<p>Por tanto, y a pesar del evidente crecimiento cultural experimentado por nuestras sociedades, &ldquo;seguimos muchas veces actuando antes de pensar, movidos por la emoci&oacute;n o la excitaci&oacute;n del momento y, <em>a posteriori</em>, como buenos cuentistas que somos, intentamos justificarnos&rdquo;. Y as&iacute; ocurre con el uso de la tecnolog&iacute;a en estos momentos. M&aacute;xime porque existen evidencias cient&iacute;ficas claras y abrumadoras de que el uso excesivo de las nuevas tecnolog&iacute;as (m&oacute;viles, tabletas y redes sociales) &nbsp;&ldquo;juegan un papel significativo en el aumento de problemas de salud mental infanto-juvenil&rdquo;. Porque, conviene no olvidarlo, estas herramientas tecnol&oacute;gicas &ldquo;contribuyen a la desadaptaci&oacute;n cerebral, alteran las relaciones sociales, fomentan conductas autolesivas y exponen a los j&oacute;venes a contenidos de riesgo&rdquo;.</p>
<p>De ah&iacute; que David Pastor Vico concluya su art&iacute;culo en TURIA haciendo un claro llamamiento a la urgencia de llevar a cabo un enfoque preventivo en el uso de las nuevas tecnolog&iacute;as que &ldquo;incluya educaci&oacute;n, supervisi&oacute;n y programas escolares espec&iacute;ficos para mitigar sus efectos negativos&rdquo;. Porque no hay nada mejor que ejercer nuestras responsabilidades y &ldquo;asegurar el correcto desarrollo biol&oacute;gico del cerebro de nuestros hijos, o su &oacute;ptima capacidad cognitiva, su buena salud emocional, su correcta interacci&oacute;n social y su desarrollo moral&rdquo;. Ojal&aacute; seamos sabios y rectifiquemos a tiempo.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 26 Feb 2026 09:16:17 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un libro reflexivo y comprometido]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-libro-reflexivo-y-comprometido/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/ITZ_AR_L_PEZ_GUIL_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Cita Itziar L&oacute;pez Guil (1968) a Jos&eacute; Mart&iacute; en el poema &laquo;Revoluci&oacute;n&raquo;, de quien creo recordar que, en <em>Nuestra Am&eacute;rica</em>, habl&oacute; de que &ldquo;cr&iacute;tica&rdquo; significa tener criterio, y a quien apelo para contar algo de un libro inusual en su conjunci&oacute;n de asuntos y miradas. Son muchas y diversas, algunas muy duras, pero la c&aacute;lida voz de L&oacute;pez Guil, es capaz de unificarlas sin disonancias, de hablar de cuestiones muy serias con un tono que las acuna y convierte en un acendramiento intenso, esencial, donde no alza la voz, pero no calla. Contemos, para empezar, que estamos ante un libro reflexivo, comprometido con el yo inmerso en la madurez, y donde rememora, denuncia, analiza o dialoga con el lector, tambi&eacute;n con la eleg&iacute;a y el deseo o su ausencia. No solamente, pues <em>Un refugio en la espesura</em> es el libro de una humanista y reivindicadora del otro, del humillado y ofendido, del pobre o del extranjero desde lo consuetudinario, sin alaradas, casi susurr&aacute;ndolo con una intimidad que se abre en un diario y confiesa &laquo;Soy mi propio verso abierto&raquo;. El expl&iacute;cito t&iacute;tulo ya nos dice algo de ese refugio en el mismo y la memoria, de ese parar en medio del camino de la vida para detenerse a pensar/se o resguardarse en el poema tras haberse reconocido en los escenarios y circunstancias, vicisitudes del yo, pero tambi&eacute;n del de los dem&aacute;s, del otro.&nbsp; Y es que los poemas&nbsp; &nbsp;de <em>Un refugio en la espesura </em>nos emplazan desde el paso del tiempo, la rememoraci&oacute;n, el amor o la denuncia cr&iacute;tica, junto a una sentida eleg&iacute;a la figura del padre o del amor ausente, desde el saber decir, de la conjugaci&oacute;n del asunto y el envoltorio.</p>
<p>La culpa inaugura y cierra el libro. Culpa que puede ser individual, impotencia ante el dolor ajeno, pero tambi&eacute;n alzamiento contra lo aparentemente irremediable: &laquo;Por eso has de impedir que te gobierne su Historia&raquo; y donde &laquo;siempre vences, palabra&raquo;. En ese sendero encontramos una sucesi&oacute;n de asuntos que denuncia: acoso escolar, acoso a los pueblos, al pobre, al emigrante (frente a su aporofilia o amor a los desfavorecidos), la mujer maltratada, el <em>mobbing </em>o acoso psicol&oacute;gico, los epulones o ricos indiferentes a la pobreza o al otro desde su inmerecida o heredada posici&oacute;n de jerarqu&iacute;a social. Y tambi&eacute;n a quienes, desde la pol&iacute;tica, con nombre propio (Madrid) &laquo;ensucian por dinero hasta el lenguaje&raquo;. O habla contra los genocidios en esa &laquo;ciudad arracimada contra el mar, muerto sobre muerto sobre/muerto, y a&uacute;n m&aacute;s bombas&raquo;.&nbsp; No insistir&eacute; en la extensa casu&iacute;stica, pero s&iacute; destacar que esa mirada en la denuncia, sin llegar a las maneras de Sergio Reimondi (y su nueva formulaci&oacute;n de poes&iacute;a social), poco tiene que ver con las maneras antiguas del realismo espa&ntilde;ol, sino con un aquilatamiento intensivo de lo abordado muy atractivo en sus fogonazos l&iacute;ricos.</p>
<p>&nbsp;Me ha parecido desde el yo esa conversaci&oacute;n consigo misma, la crisis con que conversa con la vida, con el tiempo y eros, con la muerte, desde una soledad m&aacute;s o menos ocasional, o desasosiego que el estupendo &laquo;Cercan&iacute;as&raquo; identifica con la luz enrarecida en una estaci&oacute;n nocturna. No hay rendici&oacute;n o narcisismo oto&ntilde;al, sino espera del alba, de ese sol tan constante y expl&iacute;cito en sus poemas (l&eacute;ase desde analog&iacute;as), y liberador de la inquietud (&laquo;Tienes que recobrar todo el dominio de ti misma&raquo;). Y es que la zozobra de la edad cuestiona su lugar desde ese estar en el alambre, en ese tr&aacute;fago en fuga o funambulismo existencial y del cuerpo (con firmes, pero justas certezas). Y donde todo es asombro ante la nueva situaci&oacute;n, el apagamiento del deseo &laquo;Todas las cosas se suceden tan de prisa&hellip;&raquo;. Y es que este diario l&iacute;rico, es tan plural como bien ensamblado en su real intimismo &ldquo;confesional&rdquo;, como los de Alejandra Pizarnik (en prosa), en su pl&aacute;tica con la espesura vital en la que ha buscado refugio en el poema. Y junto a todo ello la exquisita sensibilidad ante la naturaleza, la cualidad de la contemplaci&oacute;n que ped&iacute;a Wordsworth y ella posee, la rememoraci&oacute;n o la eleg&iacute;a al padre, que forman ese ramillete de poemas de una poeta que as&iacute; puede llamarse con todas las letras. Si a todo ello le a&ntilde;adimos la cuidada edici&oacute;n de Pepo Paz&nbsp; Saz y Bartleby o las sugerentes ilustraciones, sabremos que 2026 ha empezado m&aacute;s que bien en lo tocante a la poes&iacute;a l&iacute;rica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Itz&iacute;ar L&oacute;pez Guil, <em>Un refugio en la espesura</em>, Madrid, Bartleby, 2026.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 18 Feb 2026 12:05:13 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El silencio del mundo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-silencio-del-mundo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/ELIZA_BARRY_CALLAHAN_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Eliza Barry Callahan (Nueva York, 1995) es escritora, cineasta, m&uacute;sica y artista visual. Se ganaba la vida escribiendo bandas sonoras para pel&iacute;culas independientes. El 29 de agosto de 2019 sufri&oacute; un incidente que acab&oacute; en la p&eacute;rdida progresiva del o&iacute;do. Curiosamente coincid&iacute;a con la fecha en la que, en 1952, el compositor John Cage hab&iacute;a estrenado 4&rsquo;33&rsquo;&rsquo;. Doscientos setenta y tres segundos en los que la partitura indica al int&eacute;rprete que no debe tocar ni una sola nota. El silencio o el ruido de fondo de los espectadores ser&aacute; el resultado de la pieza. A partir de ah&iacute;, Eliza, en su primera novela, escribe sobre desaparici&oacute;n, p&eacute;rdida y la distancia con el mundo. Nueva York-Los &Aacute;ngeles, en un eje extra&ntilde;o, en un viaje vital en el que suceden muchas cosas en muy poco tiempo. Sexo y deslices, situaciones complejas para personajes aparentemente sencillos, de vidas ociosas. Es la actividad cultural la nueva acci&oacute;n rentista, la gesti&oacute;n de las distancias, puesto que Eliza es una artista global y eso se refleja en el libro.&nbsp;</p>
<p>Construido en forma de dietario minucioso donde se enumeran acciones y ausencias y la manera de relacionarse con sus otros sencillos. Si Venecia es el comienzo, como el agua, se inunda con la playa de Rockaway, llegando hasta el Mediterr&aacute;neo, haciendo acopio de cualquier humedad que, filtrada, le permita detectar lo que la rodea. Cito: &laquo;Hemos llegado a la luna, pero no al o&iacute;do interno&raquo;.&nbsp;</p>
<p>La novela recorre el arte, la literatura y el cine de Occidente: Pierre Bonnard, Ant&oacute;n Ch&eacute;jov y un apartamento sacado de una escena de &ldquo;La ventana indiscreta&rdquo;. O&iacute;r es una pantalla de est&iacute;mulos que realiza la intersecci&oacute;n con la realidad cambiante. Una mezcla demencial de ondas y campos, de permutaciones que asisten al lector mientras acompa&ntilde;a la degradaci&oacute;n de la escritora: aislamiento y soledad. Ella, sola en su apartamento, vocaliza y exhala, una palabra, hola: &laquo;siempre podr&iacute;a o&iacute;r mi propia voz&raquo;. Un novio, cineasta, un exnovio m&aacute;s bien, que nos permite aumentar el listado de fantasmas e influencias: Kafka, Sophie Marceau y Polanski. Un din&aacute;mico galimat&iacute;as de ocio: &laquo;Durante un tiempo abr&iacute; el correo electr&oacute;nico, buscando una felicitaci&oacute;n o una carta de aceptaci&oacute;n, aunque no me hubiera postulado a nada&raquo;. Es la vida del creador, el encargo, la ayuda. Introducir cultura pop, beisbol, cartas/cromos. Y c&oacute;mo sobrevuela la idea de una escuela lengua de signos. Eso s&iacute;, con un nombre siniestro como Gotham. Una amiga de su madre, enferma terminal le dice: &laquo;Preferir&iacute;a morirme antes que quedarme sola&raquo; y tambi&eacute;n &laquo;La coincidencia es una religi&oacute;n y es agn&oacute;stica&raquo;. El arte contra la m&uacute;sica, la literatura se mezcla con John Cage que nos lleva hasta los ready-mades de Duchamp. Se dedica a prepararse t&eacute; y no beberlo &laquo;La evidente desdicha que sent&iacute;a era una revancha por la ni&ntilde;ez a todas luces feliz&raquo;.&nbsp; Un sentido para el libro, librarse de los contrapesos, apelar a la religi&oacute;n, rezar a la termodin&aacute;mica: &laquo;A veces me olvidaba de que estaba enferma porque la m&iacute;a era una enfermedad sumamente limpia&raquo;. Los Soprano y Jacqueline Onassis. Pruebas, palabras, todo se repite, no sabemos si existe el diagn&oacute;stico, ni mejora, ni s&iacute;ntomas ni soluciones. La observaci&oacute;n y puesta por escrito. El dinero, los ritos, terminar abaratando su vida. Una vida sin flores y llena de marcas blancas. M&aacute;s espectros: Ingrid Bergman e Isabella Rossellini. Mezclar la cortisona con las instalaciones minimalistas de Hanne Darboven, el nihilismo convertido en n&uacute;meros y signos, el arte de la taquigraf&iacute;a. Consistente.&nbsp;</p>
<p>Avanzar en la cura a trav&eacute;s de hipnosis por videollamada, Suzanne Ciani y The Buzzer, un ruido blanco basado en las repeticiones, un alivio sovi&eacute;tico que te lleva a una &eacute;poca distinta, hacia la paz de lo anal&oacute;gico. La aparici&oacute;n de Madrid, m&aacute;s bien de Carabanchel. Su c&aacute;rcel. El r&iacute;o Manzanares y la Quinta del Sordo. Hablar de Goya y sus &ldquo;pinturas negras&rdquo;. De la sordera, claro. Los sentidos de Francisco de Goya, no puede ser casualidad, c&oacute;mo la pesadilla pase de la pared al museo de El Prado.&nbsp;</p>
<p>En el viaje, f&iacute;sico e intelectual, se acumulan referentes, Oscar Wilde, golondrinas que marchan a El Cairo, la pel&iacute;cula &ldquo;El prestamista&rdquo;, este libro tiene algo de gu&iacute;a. Aparece un tercer, cuarto o quinto personaje. No es necesario seguir contando: la novia pelirroja del antiguo novio cineasta. Cultura pop, Quincy Jones, Austin Powers, Alvin y las Ardillas, pel&iacute;culas de Metr&oacute;polis, Malevich, Pieter Brueghel y &laquo;Los peces grandes se comen a los peque&ntilde;os&raquo;. De Nueva York a Los &Aacute;ngeles, en una geograf&iacute;a narrativa que incluye La Habana (y Venecia y Madrid, claro).&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Volver a una canci&oacute;n, no la cita, la reviso al escribir, &iquest;Cu&aacute;l es la frecuencia, Kenneth? De los sovi&eacute;ticos a la televisi&oacute;n americana por cable. Ella tambi&eacute;n estaba en Cuba. Y nos lo explica: Museo Nacional de Cuba, el Taller Experimental de Gr&aacute;fica, Belkis Ay&oacute;n. El viaje a Los &Aacute;ngeles. &laquo;Hay gente que miente sobre sus sue&ntilde;os. Se los inventa sobre la marcha&raquo;. El diario &iacute;ntimo de Adela H. (tambi&eacute;n L'Histoire d'Ad&egrave;le H.) dirigida por Fran&ccedil;ois Truffaut, sobre la hija de V&iacute;ctor Hugo. Con Isabella Adjani, a la que tambi&eacute;n escribi&oacute; canciones Gainsbourg. Hay sitio en el libro para la canci&oacute;n francesa. El sonido de Occidente se introduce en el interior del libro, como los zapatos, artistas retiradas de pop sueco e Imelda Marcos.&nbsp;</p>
<p>En Los &Aacute;ngeles cambiamos las calles del este por las afueras del oc&eacute;ano. Todo contin&uacute;a en la sexualidad inherente del cultureta. Sexo y sordera conviven en la novela como lo hacen las referencias y los cultismos. En Los &Aacute;ngeles m&aacute;s cine y m&aacute;s expl&iacute;cito o natural, ba&ntilde;ado de una extra&ntilde;a sensualidad de un compendio de circunstancias que encajan.&nbsp; De nuevo el sonido contra las voces, &iquest;Qu&eacute; queda? La impronta. Al final no son m&aacute;s que ondas.&nbsp;</p>
<p>Se acerca, la historia dentro de la historia, una an&eacute;cdota sobre la voz que grab&oacute; las indicaciones de los transportes metropolitanos de Nueva York. Otros personajes dentro del personaje. Voz y m&aacute;s voz. Como si fuera el GPS, como si fuera Alexa o el Google Maps. El retorno a casa: &laquo;Cuando entr&eacute; en el apartamento pens&eacute; que quiz&aacute; me encontrar&iacute;a a m&iacute; misma&raquo;. Personajes, duraci&oacute;n, libros y personajes con historias intensas, propuestas. La historia de Johannes Kepler, la composici&oacute;n, el volcado de los movimientos y las &oacute;rbitas de los planetas en una melod&iacute;a. Se parece a la paz, la red, un Dios que compone. Que escribe tambi&eacute;n el silencio. En el listado, &ldquo;El eclipse&rdquo; de L'eclisse (El eclipse) de Michelangelo Antonioni y &ldquo;La furia de dios&rdquo; de Werner Herzog. Seamos indulgentes. En el silencio, cualquier noche es el centro del mundo y el presente se renueva sin cesar. Estemos en Manhattan o la selva peruana.&nbsp;</p>
<p>El tiempo transcurre, se consume el dinero, se avanza en la novela mientras se evapora. No hay estaciones. No hay movimiento, ni mejora. &laquo;Recreaci&oacute;n de la guerra de secesi&oacute;n&raquo;, recordando a George Saunders. Otros personajes, otro cat&aacute;logo, como si la autora buscara una soluci&oacute;n (y lo hiciera, acumulando ideas para historias futuras). Se va cerrando, la amiga moribunda de la madre, el cineasta. &laquo;La vida, viviendo como en una moratoria&raquo;. En julio deja de tomar notas. En agosto, cerrando el a&ntilde;o, el libro, un c&iacute;rculo vital y literario, con su madre en Venecia. All&iacute; volvemos a las indicaciones: &ldquo;La Virgen y el Ni&ntilde;o con santos&rdquo; de Giovanni Bellini y un intercambio de v&iacute;deos con el tercer v&eacute;rtice sensual. Ella, &eacute;l, ella. Lo bueno es saber, de nuevo, conocer la permuta de los actos; &laquo;El silencio se reemplaza constantemente a s&iacute; mismo&raquo;. Hacia el final, como podr&iacute;amos esperar, una carretera, una gruta, todo negro. M&aacute;s que negro, apagado. Y su madre que le pregunta: &iquest;Qu&eacute; vas a hacer ahora? Y nosotros que nos preguntamos, como ella, &iquest;Puede ser que no te escuche, que no te escuches t&uacute; ya?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Eliza Barry Callahan, <em>La prueba de audici&oacute;n</em>,&nbsp; traducci&oacute;n de Rita Da Costa, Barcelona, Anagrama 2025</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 18 Feb 2026 11:36:08 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA presentará en Sevilla su homenaje al escritor vanguardista Antonio Núñez de Herrera el 18 de marzo ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-presentara-en-sevilla-su-homenaje-al-escritor-vanguardista-antonio-nunez-de-herrera-el-dieciocho-de-marzo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2026/TURIA_157-158_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Este homenaje colectivo al escritor vanguardista Antonio N&uacute;&ntilde;ez de Herrera tendr&aacute; lugar en Sevilla, el pr&oacute;ximo 18 de marzo y en la sede del Centro Cultural Jos&eacute; Luis Garc&iacute;a Palacios de la Fundaci&oacute;n Caja Rural del Sur. La presentaci&oacute;n de la revista <em>TURIA</em> consistir&aacute; en un conversatorio en el que el periodista de RNE y poeta Fernando del Val dialogar&aacute; con el historiador C&eacute;sar Rina y el periodista Jos&eacute; Mar&iacute;a Rinc&oacute;n, dos autores que poseen una dilatada trayectoria investigadora y divulgadora sobre N&uacute;&ntilde;ez de Herrera y que han coordinado el citado monogr&aacute;fico.&nbsp;</p>
<p>El objetivo principal de este nuevo n&uacute;mero de <em>TURIA</em> es dar a conocer qui&eacute;n fue Antonio N&uacute;&ntilde;ez de Herrera, qu&eacute; papel jug&oacute; en las denominadas vanguardias hist&oacute;ricas y fomentar tambi&eacute;n la lectura de un prosista transgresor en una etapa que se ha venido en denominar la Edad de Plata de la cultura espa&ntilde;ola. Seg&uacute;n afirman en su art&iacute;culo introductorio los dos coordinadores del monogr&aacute;fico, N&uacute;&ntilde;ez de Herrera &ldquo;encarn&oacute; una de las apuestas m&aacute;s firmes por la fusi&oacute;n de la literatura y el periodismo, creando las estampas, g&eacute;nero literario en prosa que sobresale por la subjetividad, la cr&iacute;tica social, el &aacute;nimo humor&iacute;stico y la pulsi&oacute;n vanguardista. Su olvido, por tanto, ha sido may&uacute;sculo, similar al de otros prosistas de la &eacute;poca, ahora felizmente rescatados, entre ellos, Manuel Chaves Nogales&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>En N&uacute;&ntilde;ez de Herrera se cumple una vez m&aacute;s esa tesis que asegura que existen &ldquo;libros que garantizan la fama literaria, pero encasillan a su autor en una jaula tem&aacute;tica&rdquo;. De ah&iacute; que, en <em>TURIA</em>, se subraye que su originalidad e importancia va mucho m&aacute;s all&aacute; de la &uacute;nica y sobresaliente obra que public&oacute; en vida: &ldquo;Sevilla: Teor&iacute;a y realidad de la Semana Santa&rdquo;. Un libro fascinante sobre la gran fiesta sevillana que sigue impactando hoy por su magnitud estil&iacute;stica y por la variedad de ideas sugerentes y modernas que contiene.&nbsp;</p>
<p>Pese a todo ello, y como se recuerda en las p&aacute;ginas de la revista, ese ins&oacute;lito e innovador libro de N&uacute;&ntilde;ez de Herrera, &ldquo;hoy reconocido como el acercamiento m&aacute;s sustancial al fen&oacute;meno de la Semana Santa, atraves&oacute; d&eacute;cadas de absoluto silencio. Nadie lo rese&ntilde;&oacute; ni habl&oacute; de &eacute;l durante a&ntilde;os. No se encuentran respuestas convincentes a este vac&iacute;o. El autor contaba con una amplia red de contactos literarios, forjada en numerosas contribuciones en revistas y peri&oacute;dicos, y hab&iacute;a sido un activo mediador cultural entre Sevilla y Madrid y entre el grupo Mediod&iacute;a y las vanguardias de la &eacute;poca. Adem&aacute;s, hacia<strong> </strong>diciembre de 1934, cuando se publica &lsquo;Sevilla: Teor&iacute;a y realidad&hellip;&rsquo;, era un personaje relevante en las letras, el periodismo y la pol&iacute;tica local&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Seg&uacute;n la tesis que Juan Bonilla expresa en el art&iacute;culo que publica <em>TURIA</em>: &ldquo;A N&uacute;&ntilde;ez de Herrera le hubiera gustado, creo, el truco de Bergam&iacute;n para inventarse una etimolog&iacute;a sobre la palabra &lsquo;religio&rsquo;, que no vendr&iacute;a de &lsquo;religare&rsquo; &ndash;unirse&ndash; sino de &lsquo;relegere&rsquo;. La religi&oacute;n como un modo de releer el mundo. Se nos ha ofrecido un texto y tenemos que leerlo y releerlo, interpretarlo s&iacute;. Pero interpretarlo no en el sentido de darle un significado, sino en el sentido musical: convertirlo en melod&iacute;a. Eso es lo que logra una fiesta cuando eleva la vida a alegr&iacute;a de estar vivos&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Por otra parte, con este monogr&aacute;fico sobre Antonio N&uacute;&ntilde;ez de Herrera, la revista <em>TURIA</em>&nbsp;quiere iniciar una etapa de mayor vinculaci&oacute;n con Andaluc&iacute;a y sus autores de mayor proyecci&oacute;n e inter&eacute;s literario. Una l&iacute;nea de trabajo cultural que ya obtuvo grandes logros en el pasado y de la que son testimonio los inolvidables monogr&aacute;ficos dedicados a Luis Cernuda y Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, que se encuentran agotados desde hace a&ntilde;os.&nbsp;</p>
<p>Buena prueba de esta vocaci&oacute;n de difundir la notable y f&eacute;rtil creatividad literaria la gran urbe andaluza es el dato de que m&aacute;s de 40 escritores radicados o vinculados a Sevilla participen en esta nueva entrega de la revista <em>TURIA</em>. Son textos todos ellos originales y muestran el f&eacute;rtil y plural protagonismo de Andaluc&iacute;a tanto en la narrativa, como en la poes&iacute;a o el ensayo espa&ntilde;ol contempor&aacute;neo.&nbsp;</p>
<p><em>TURIA</em> es una revista que tiene una edici&oacute;n en papel de periodicidad cuatrimestral y otra digital (web y Facebook) de difusi&oacute;n diaria. Fue fundada en Teruel en 1983, su difusi&oacute;n es nacional e internacional por suscripci&oacute;n y est&aacute; considerada como una de las publicaciones peri&oacute;dicas de referencia en el &aacute;mbito cultural espa&ntilde;ol.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Est&aacute; editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, y cuenta con el apoyo de la Caja Rural de Teruel, del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero sobre Antonio N&uacute;&ntilde;ez de Herrera ha sido posible gracias a la financiaci&oacute;n de la Fundaci&oacute;n Caja Rural del Sur.&nbsp;</p>
<p>Desde 2013, la revista <em>TURIA</em> compatibiliza su tradicional versi&oacute;n en papel con otra en formato digital. Tanto la web como su p&aacute;gina en Facebook ofrecen gratuitamente y en abierto una selecci&oacute;n de textos procedentes de la edici&oacute;n en papel y otros contenidos escritos directamente para ser le&iacute;dos s&oacute;lo en soporte digital. Mientras que la web consigue un promedio de 7.000 lectores mensuales, y es tambi&eacute;n tienda virtual desde la que resulta f&aacute;cil y r&aacute;pido adquirir los ejemplares en papel, en Facebook la revista tiene actualmente m&aacute;s de 15.000 seguidores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>ANTONIO N&Uacute;&Ntilde;EZ DE HERRERA, UN HETERODOXO EN LA CIUDAD DE LOS PRODIGIOS</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Antonio N&uacute;&ntilde;ez de Herrera (Campanario, Badajoz, 1900 &ndash; Montegordo, Portugal, 1935) dispone ya, para disfrute del buen lector actual, de un certero y clarificador monogr&aacute;fico que no s&oacute;lo subraya su condici&oacute;n de heterodoxo en una Sevilla convertida en ciudad de los prodigios sino que, como se indica en el art&iacute;culo introductorio, &ldquo;trasciende de los l&iacute;mites tem&aacute;ticos de la literatura cofrade y de las fronteras de la ciudad de Sevilla para presentarse como modelo de una generaci&oacute;n que, adem&aacute;s de la poes&iacute;a, ejerci&oacute; ampliamente la prosa y que encauz&oacute; el impacto de su literatura en peri&oacute;dicos y revistas, m&aacute;s din&aacute;micas y &aacute;giles que los libros. La trayectoria de N&uacute;&ntilde;ez de Herrera tambi&eacute;n nos muestra la importancia que tuvo la sociabilidad en la gestaci&oacute;n de un espacio de experimentaci&oacute;n vanguardista y de autoafirmaci&oacute;n generacional conocido como grupo o generaci&oacute;n del 27. Dicha hornada no fue el resultado exclusivo de una serie de encuentros casuales en Madrid, sino que se confeccion&oacute; tambi&eacute;n en colectivos y publicaciones surgidos en la periferia. Sirva tambi&eacute;n este cartapacio para ampliar la n&oacute;mina de heterodoxos andaluces con un personaje que hizo del laberinto urbano de Sevilla un laboratorio creativo para comprender las transformaciones globales de la modernidad&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Como bien escribe Eva D&iacute;az P&eacute;rez en <em>TURIA</em>, cuando se inaugura el a&ntilde;o 1927 la capital de Andaluc&iacute;a era una ciudad prodigiosa: &ldquo;Gracias al impulso del torero y dramaturgo Ignacio S&aacute;nchez Mej&iacute;as el Ateneo de Sevilla convoca a los j&oacute;venes poetas para conmemorar el tercer centenario de la muerte de don Luis de G&oacute;ngora en diciembre de ese a&ntilde;o. Es la clausura detodo un a&ntilde;o dedicado al poeta barroco que los poetas nuevos enarbolan para su revoluci&oacute;n est&eacute;tica. En Sevilla tendr&iacute;a lugar la puesta en escena oficial del grupo emergente con las jornadas y recitales y, sobre todo, con la fotograf&iacute;a que pasar&iacute;a a la posteridad de la historia literaria. Sin embargo, ese acto fundacional no fue una simple y azarosa an&eacute;cdota. El hecho de que se celebrara en Sevilla se debe a la jugosa atm&oacute;sfera cultural que se hab&iacute;a creado desde comienzos de siglo. Siendo una ciudad anclada en la tradici&oacute;n, vivi&oacute; con animaci&oacute;n el esp&iacute;ritu de la modernidad y de los movimientos de vanguardia. Fue eso lo que hizo que se produjera aquel momento estelar de la literatura.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UN COMPROMISO EXPL&Iacute;CITO CON LA REP&Uacute;BLICA</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jos&eacute; Mar&iacute;a Rond&oacute;n, en su art&iacute;culo titulado &ldquo;N&uacute;&ntilde;ez de Herrera y el grupo Mediod&iacute;a: el solitario en el rinc&oacute;n de Trotsky&rdquo;, explica la trascendencia de la revista &ldquo;Mediod&iacute;a&rdquo; y el f&eacute;rtil ambiente cultural que, en las primeras d&eacute;cadas del siglo XX, vivi&oacute; la capital hispalense. Tambi&eacute;n nos recuerda que N&uacute;&ntilde;ez de Herrera sobresali&oacute; no s&oacute;lo por su brillantez dentro del aquel grupo literaria. Su compromiso pol&iacute;tico republicano lo singulariz&oacute; &ldquo;frente a sus compa&ntilde;eros de aventuras, m&aacute;s tibios pol&iacute;ticamente y, por lo general, situados en posiciones m&aacute;s conservadoras&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Como cuenta Rond&oacute;n en <em>TURIA</em>, &ldquo;ese apoyo expl&iacute;cito a la Rep&uacute;blica lo materializ&oacute; en distintas tareas con una clara exposici&oacute;n p&uacute;blica: &ldquo;Ocup&oacute; as&iacute; de forma ef&iacute;mera la secretar&iacute;a del primer alcalde republicano de Sevilla, Rodrigo Fern&aacute;ndez y Garc&iacute;a de la Villa, ejerci&oacute; temporalmente de responsable de prensa del Partido Republicano Aut&oacute;nomo de Diego Mart&iacute;nez Barrio, y fue secretario del Centro de Estudios Andaluces impulsado por Alfonso Lasso de la Vega y Jim&eacute;nez-Placer durante su etapa como director-conservador del Alc&aacute;zar, el primer gestor municipal tras la cesi&oacute;n del monumento a la ciudad. De la mano de Lasso de la Vega, considerado uno de los precursores del andalucismo, tambi&eacute;n impuls&oacute; la creaci&oacute;n de la Hemeroteca Municipal de Sevilla, convirti&eacute;ndose en el jefe t&eacute;cnico de la nueva instituci&oacute;n cultural&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>M&Aacute;S ALL&Aacute; DE LAS NUBES DE LA AUTOINDULGENCIA</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Formatolibre">Bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Las &lsquo;verdades de plata&rsquo; de Antonio N&uacute;&ntilde;ez de Herrera&rdquo;, Carlos M&aacute;rmol desarrolla con brillantez en TURIA su tesis de c&oacute;mo el escritor extreme&ntilde;o se convirti&oacute; en el &ldquo;cronista heterodoxo de las tradiciones de Sevilla&rdquo; y c&oacute;mo &ldquo;revolucion&oacute; la ret&oacute;rica de la literatura hispalense con su prosa de s&iacute;ntesis&rdquo;. Seg&uacute;n argumenta Carlos M&aacute;rmol, &ldquo;nada es m&aacute;s ex&oacute;tico, para quien vive en las nubes de autoindulgencia, que lo que le sucede en su ciudad. N&uacute;&ntilde;ez de Herrera, en realidad, no inventaba nada. Sencillamente levant&oacute; acta &ndash;a su manera, claro est&aacute;&ndash; de lo que ten&iacute;a delante de los ojos y que, desde luego no por una ceguera ecum&eacute;nica, sino por una selecci&oacute;n consciente, la mayor parte de la prosa cofrade, al margen de su calidad (en general, escas&iacute;sima), hab&iacute;a preferido obviar, ignorar y no mencionar. Desde este punto de vista, la gran aportaci&oacute;n de N&uacute;&ntilde;ez de Herrera al subg&eacute;nero (tan sevillano) de los libros sobre cofrad&iacute;as es ser, quiz&aacute;s sin propon&eacute;rselo, el primer escritor <em>realista</em>. Aunque de un realismo divergente al habitualmente sobreentendido&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Formatolibre">Por su parte, el editor y cr&iacute;tico David Gonz&aacute;lez Romero, en su art&iacute;culo titulado &ldquo;Suertes y desgracias de un libro &uacute;nico&rdquo;, nos narra sus distintas aproximaciones a la obra de N&uacute;&ntilde;ez de Herrera y, entre otras informaciones muy oportunas, nos aclara que &ldquo;justo en los aleda&ntilde;os de la fiebre de la Expo del 29 fueron muchas las plumas meridionales que se asentaron en la prensa de Madrid. Entre 1929 y 1931 Antonio N&uacute;&ntilde;ez de Herrera fue uno de ellos. Y esas estampas sevillanas, muchas de ellas destinadas a interpretar la Sevilla pre, durante y post Expo, guardaban un tremendo parecido y compart&iacute;an materiales con la mitad volteriana que intervendr&iacute;a m&aacute;s tarde en su &uacute;nico libro, de 1934, verdaderamente titulado &ldquo;Sevilla: Teor&iacute;a y realidad de la Semana Santa&rdquo;<em>, </em>y en buena medida, gestado en el ejercicio diario de un periodismo literario por igual de reflexi&oacute;n pol&iacute;tica, de costumbrismo par&oacute;dico, de humorismo callejero&hellip;&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>El artista Pedro G. Romero, entrevistado por Charo Ramos a prop&oacute;sito de N&uacute;&ntilde;ez de Herrera, confiesa en <em>TURIA</em>: &ldquo;Mi trabajo siempre tiene en cuenta que la vanguardia sucedi&oacute;&rdquo;. Y conviene subrayarlo porque este creador nacido Aracena, Huelva, en 1964, lleva varias d&eacute;cadas desarrollando un intenso trabajo con la cultura popular. Una labor que le fue reconocida con Premio Nacional de Artes Pl&aacute;sticas 2024. A Pedro G. Romero le atrae de N&uacute;&ntilde;ez de Herrera la lectura vanguardista que &eacute;ste hizo de la Semana Santa de Sevilla durante la Segunda Rep&uacute;blica espa&ntilde;ola. Una impronta que se refleja tanto por sus cualidades literarias como por su visi&oacute;n est&eacute;tica. Y por su particular acercamiento a la dimensi&oacute;n dual de lo sagrado.&nbsp;</p>
<p>Adem&aacute;s de los ya citados, otros art&iacute;culos que completan la aproximaci&oacute;n de <em>TURIA</em> a Antonio N&uacute;&ntilde;ez de Herrera y su obra son los de Guadalupe Nieto Caballero (&ldquo;Estampas extreme&ntilde;as de la Edad de Plata: de textos, contextos y autores&rdquo;), Javier Navarro de Pablos (La Sevilla prometida. Apuntes urbanos y derivas pol&iacute;ticas en la obra de N&uacute;&ntilde;ez de Herrera&rdquo;), Concha Langa Nu&ntilde;o (&ldquo;Las aventuras period&iacute;sticas de Antonio N&uacute;&ntilde;ez de Herrera: el semanario &lsquo;Cr&iacute;tica&rsquo; y el diario &lsquo;El Pueblo&rsquo;&rdquo;), Roc&iacute;o Plaza Orellana (&ldquo;Antonio N&uacute;&ntilde;ez de Herrera en los arenales del silencio. Sevilla: Teor&iacute;a y realidad de su Semana Santa&rdquo;), Jos&eacute; Miguel Gonz&aacute;lez Soriano (&ldquo;Prosas y prosistas del &lsquo;27&rsquo;: el alcance de su escritura&rdquo;) y &nbsp;cierra el monogr&aacute;fico una completa biocronolog&iacute;a de N&uacute;&ntilde;ez de Herrera a cargo de los coordinadores del monogr&aacute;fico. &nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong><em>TURIA</em> PUBLICA TEXTOS IN&Eacute;DITOS DE ANTONIO N&Uacute;&Ntilde;EZ DE HERRERA </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre las novedades sobre Antonio N&uacute;&ntilde;ez de Herrera que aporta la revista <em>TURIA</em>, destaca un breve recopilatorio de material in&eacute;dito del autor de &ldquo;Sevilla: Teor&iacute;a y realidad de la Semana Santa&rdquo;. Seg&uacute;n indican Jos&eacute; Mar&iacute;a Rond&oacute;n y C&eacute;sar Rina Sim&oacute;n en su presentaci&oacute;n: &ldquo;la digitalizaci&oacute;n de archivos y hemerotecas y los avances en la investigaci&oacute;n sobre el escritor han favorecido la localizaci&oacute;n de m&aacute;s de una veintena de piezas, de las que se presentan cuatro que abarcan, en buena medida, las distintas facetas de su obra&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Uno de esos in&eacute;ditos es un sugerente diccionario filos&oacute;fico. Publicado originalmente en la revista argentina &ldquo;S&iacute;ntesis&rdquo;, ratifica su inclusi&oacute;n en el horizonte est&eacute;tico de las vanguardias.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>FRAGMENTO DEL TEXTO IN&Eacute;DITO DE ANTONIO N&Uacute;&Ntilde;EZ DE HERRERA:&nbsp;</strong><strong>&ldquo;ALGUNOS APUNTES DE UN MAL ESTUDIANTE DE FILOSOF&Iacute;A&rdquo;</strong></p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Adelantamos a continuaci&oacute;n un fragmento de ese art&iacute;culo elaborado en formato de breve diccionario:&nbsp;</p>
<p>&ldquo;ANAX&Iacute;MENES. Cosmolog&iacute;a a&eacute;rea: El mundo un cuajar&oacute;n de aire; la vida, un par&eacute;ntesis aviador; y un buchito de viento, el alma. Cada persona un globo &ndash;un gl&oacute;bulo&ndash; que la muerte desinfla f&aacute;cilmente.&nbsp;</p>
<p>DI&Oacute;GENES. Hijo arruinado de S&oacute;crates tiene, por necesidad, que hacerse troglodita y vegetariano. Vive con la Virtud, dama andrajosa que acaba meti&eacute;ndose a ramera en casa de la Cirenaica.&nbsp;</p>
<p>ANAXIMANDRO. El mundo y sus dioses son unos aparecidos de ese gran vivero del <em>apeiron</em>; ectoplasmas que flamean cierto tiempo y luego regresan, sin otra novedad, a ese gran cementerio del <em>apeiron</em>.&nbsp;</p>
<p>PIT&Aacute;GORAS. El universo, un cociente; el dividendo, la m&oacute;nada. La historia, una cuenta corriente; dios, un tenedor de libros. Ser = 1. No ser = -1. Alma/Cuerpo = 1 /n. 1= 00. Pit&aacute;goras: inventor del sistema filos&oacute;fico decimal y del juego a pares y nones.&nbsp;</p>
<p>ATOMISTAS. Los atomistas no hacen sino pulverizar y poner en marcha &ndash;fuelles&ndash; a los ele&aacute;ticos. Y encender la iluminaci&oacute;n &ndash;&aacute;tomos a la veneciana&ndash; del esp&iacute;ritu.&nbsp;</p>
<p>LOS C&Iacute;NICOS. Los c&iacute;nicos eran buenos con martingala; pobres meritorios; feos de conveniencia; plebeyos honorarios y canes de afici&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>HER&Aacute;CLITO. El de Her&aacute;clito es un eclecticismo de aleaci&oacute;n: el ser y el no ser fundidos en el crisol del suceso y, en torno a los j&oacute;nicos din&aacute;micos, Her&aacute;clito encendiendo el fuego &ndash;asterisco del mundo&ndash; sin miedo a los bomberos de Thales.&nbsp;</p>
<p>EMP&Eacute;DOCLES. A&uacute;n se escrib&iacute;a la filosof&iacute;a en versos, y as&iacute; le result&oacute; un poema que no una filosof&iacute;a: en la entrada del caos el feto del mundo &ndash;cuadr&uacute;pedo de los cuatro elementos&ndash; viv&iacute;a en paz, hu&eacute;sped tranquilo en la matriz at&oacute;mica. Mas lleg&oacute; el odio y enemist&oacute; a los &aacute;tomos, aprendices de hombres; pero vino luego el amor, y en el abrazo cordial y en la c&oacute;pula de los &aacute;tomos apaciguados la vida floreci&oacute; en una primavera de organismos.&nbsp;</p>
<p>ESTOICOS. Los c&iacute;nicos fueron los &laquo;bohemios&raquo; de la filosof&iacute;a; los estoicos son los c&iacute;nicos, pero vestidos de limpio.&rdquo;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 18 Feb 2026 11:06:52 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los distintos estadios de la enfermedad]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/los-distintos-estadios-de-la-enfermedad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/ANA_MAR_A_SHUA_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Ana Mar&iacute;a Shua (Buenos Aires, 1951) es una escritora argentina, especializada en el microrrelato. Uno de sus &uacute;ltimos libros, publicado en 2019, <em>La Guerra</em> (P&aacute;ginas de Espuma), alcanz&oacute; a p&uacute;blico y cr&iacute;tica, encumbr&aacute;ndola como uno de los referentes del g&eacute;nero.&nbsp; Tambi&eacute;n ha incursionado en la literatura juvenil y la poes&iacute;a mientras su narrativa no dejaba de obtener premios y reconocimientos.&nbsp; Su &uacute;ltimo libro de cuentos, <em>Sirena de r&iacute;o</em> (Emec&eacute;) se public&oacute; en Buenos Aires en 2022 y ahora P&aacute;ginas de Espuma edita <em>El cuerpo roto</em>, una profunda reflexi&oacute;n sobre la enfermedad y la vida, sobre el deceso y la familia. Uno de esos libros donde los relatos parecen cap&iacute;tulos de existencias distintas, instantes capturados en una polaroid emocional con la que el lector se siente identificado.&nbsp;</p>
<p>Padres e hijos, mujeres y maridos, sangre y amistad. Todo converge entre recetas, historia, hospitales y situaciones l&iacute;mite que, por su car&aacute;cter humano, gen&eacute;rico, todos acabamos navegando. Inquietante en la brutalidad, en el manejo de los tiempos narrativos, el modo en el que se extiende la enfermedad por las p&aacute;ginas, de lo leve a lo terminal: lugares y situaciones, la desolaci&oacute;n, las palabras que definen el miedo y tambi&eacute;n palabras que, qued&aacute;ndose en el aire, no acaban de significar nada.&nbsp;</p>
<p>En el primer cuento, &laquo;Un canto a la vida&raquo;, nos encontramos con el primer estadio de la simple molestia, conocido por todos, el del ibuprofeno y el paracetamol. Y vemos c&oacute;mo crece, primero muscular, luego el movimiento. Es curioso que las mismas p&aacute;ginas se detienen un instante: el dolor y la enfermedad viajan a distintas velocidades. Hasta la llegada de la palabra-encrucijada, met&aacute;stasis, desfilar&aacute;n el tramadol y sus derivados. Es la supervivencia: la quimioterapia, la falta de sue&ntilde;o, la paranoia. La gran palabra, que siempre aparece, que est&aacute; ah&iacute;. C&aacute;ncer. Un cuento impregnado de empat&iacute;a, del que recibe el lector una lecci&oacute;n cualitativa, doble: no abandonarse al chamanismo y s&iacute; a la ciencia. Y, por supuesto, una lectura de esperanza.&nbsp;</p>
<p>Con &laquo;Rita y el doctor&raquo;, otra enfermedad, otro lugar: la mente, que derrotada y presta, acaba siendo lucha m&aacute;s. Esa sensaci&oacute;n que Shua transmite, de repetir lo mismo mil veces a mil personas distintas, los informes acumulados, la extra&ntilde;eza del paciente frente al doctor, como si fueras, a la vez, su primer y &uacute;ltimo paciente. Y un delicado salto temporal, que olvida lo inc&oacute;modo de lo sexual para llegar a la lenta poes&iacute;a del olvido. Una extra&ntilde;a pasi&oacute;n, un cuento bell&iacute;simo.&nbsp;</p>
<p>Mi favorito es &laquo;Casi una cr&oacute;nica&raquo;, una especie de Hunter S. Thompson en el servicio p&uacute;blico de la Argentina: gente que hace el aguante de lunes a jueves (&ldquo;se la banca&rdquo;) y acaba en urgencias el viernes o el s&aacute;bado, salvando la semana como mejor pueden. Un paraguayo obeso, una chica rica que sangra, lo privado frente a lo p&uacute;blico, un tipo sondado que vive en la calle, empat&iacute;a -es un libro que sobrevive con un suministro infinito de empat&iacute;a-, las risas, el atajo, la coca&iacute;na haciendo su aparici&oacute;n conforme avanza la noche. El whisky y la timba. Duros como estatuas, llega m&aacute;s droga, PACO (pasta base): &ldquo;No bajes&rdquo;, se puso dura la noche, lleg&oacute; la polic&iacute;a, hay un charco de sangre, &ldquo;Se pudri&oacute; todo en la guardia&rdquo;. Un manifiesto de realismo sucio, casi period&iacute;stico. Volver a los setenta, cuando en la Argentina todo era t&eacute;cnico y pol&iacute;tico, &laquo;T&eacute;cnicas modernas&raquo;. Incluso el sexo se somet&iacute;a a la teor&iacute;a pura, igual que los vol&uacute;menes de marxismo, los hab&iacute;a para el acto. Un forro, un frotamiento. Un amor inacabado, un recuerdo agridulce. No habr&aacute; m&aacute;s penas ni olvido.&nbsp;</p>
<p>La belleza llega con &laquo;El cuerpo roto&raquo;, una narraci&oacute;n acelerada, de marido y mujer, una relaci&oacute;n de largo recorrido. Cari&ntilde;o y espera, cuerpos estropeados, la confusi&oacute;n y el hermetismo del recuerdo. Cronometrando el cuento, envuelto en la melaza que siembra el olvido. Ella est&aacute; muy viva. Hay demasiadas viudas en el mundo. Todos lo sabemos. Pero, por llevar la contraria, leo &laquo;Cuidar un gato&raquo;, la tristeza es el reguero de un perfume, un abrazo que queda. Fue ella la que se march&oacute; y el viudo no sabe qu&eacute; hacer con la ropa. Una ligera sonrisa: &laquo;Vos no necesit&aacute;is una novia, necesit&aacute;is una empleada&raquo;. Y llegar el desplome con un abrazo, con otra ausencia, porque la mascota, el gato, es la &uacute;ltima luz encendida que dej&oacute; su esposa. La autora disecciona el paso del tiempo, sin caer en lo obvio, llegando a cada uno de los que leen, porque es un cat&aacute;logo completo de personajes y estados, de momentos y recuerdos.&nbsp;</p>
<p>&laquo;Los gasp&aacute;ridos&raquo; es la complicaci&oacute;n de una intervenci&oacute;n, los grupos de WhatsApp, la autora describe el desgaste, la realidad frente a una estancia prolongada en un hospital, c&oacute;mo todos tienen que seguir, de una manera u otra, primero los amigos, luego los familiares, finalmente los hijos, viviendo sus vidas. Al final, solo ella, esperando, de Buenos Aires al DF: &laquo;Lo vemos dos veces por d&iacute;a. No habr&aacute; m&aacute;s mensajes mientras no haya novedades&raquo;.&nbsp;</p>
<p>&laquo;Gaviotas en el bosque&raquo; es un cuento que aborda otra forma de amor y enfermedad. Padre e hija, anfetaminas y whisky, el desorden como forma de vida, la paciencia como soluci&oacute;n. Un mazo de recetas, fotocopias y farmacias, pastillas, muchas pastillas. Un dibujo, el presente y el pasado. &iquest;Habr&aacute; futuro entre tantas propuestas truchas? Un dibujo, un animal, cien animales, el zoo: recurrir a la infancia. Estacionar en la paz. La b&uacute;squeda por internet, una diarrea, los hospitales como foco de problemas, la llegada de la dependencia.&nbsp;</p>
<p>&laquo;Am&iacute;n o la ca&iacute;da&raquo; es un relato de recuerdos, una vida en su final, donde lo imaginario se confunde con lo real. &iquest;Qu&eacute; buscas? Pues un final magn&iacute;fico y agridulce para ella, para Luis, para el otro, como nos ofrece la autora. De ah&iacute;, a un sue&ntilde;o de p&eacute;plum, de M&oacute;nica y sus m&aacute;s de ochenta a&ntilde;os. Esta vez, t&iacute;a y sobrina. Las recetas como parte de la vida, ritmos de bl&iacute;ster y pastillas.&nbsp;</p>
<p>&laquo;Unos d&iacute;as en la playa&raquo; habla del cansancio de la familia con una persona dependiente, pero tambi&eacute;n, de los fenotipos que la sociedad deja en sus m&aacute;rgenes, unos con m&aacute;s suerte que otros: adictos, suicidas, ni&ntilde;os que extra&ntilde;an a su madre, padres que dan miedo a sus hijos&hellip; al final, volver y volver. Como un tango fuera del tiempo.&nbsp;</p>
<p>Uno de mis relatos favoritos es &laquo;Selva y el diablo&raquo;, c&oacute;mo emparenta la paranoia del proceso, con la revoluci&oacute;n de 1955, con el peronismo, montoneros, la violencia y el monte, d&iacute;as bravos de comunismo y muerte. Pero, al final, la gente se junta alrededor de un cad&aacute;ver al que frotan el pecho para mantenerlo caliente antes de la llegada de la familia. En tiempo de desaparecidos y violencia pol&iacute;tica, la gente sigue muriendo por enfermedad. Ll&aacute;malo causas naturales, si quieres: &laquo;Sos un cad&aacute;ver que camina&raquo;. Una, la pelirroja, la que llevaba el control de un personaje, de Selva, en la c&eacute;lula, acab&oacute; muerta por un infarto, despu&eacute;s de un ataque de asma, en centro de detenci&oacute;n, torturada. &iquest;Qu&eacute; se puede escribir sobre eso? Y cito, una frase, final de relato: &laquo;Y de la &eacute;poca del miedo no se hable m&aacute;s que es cosa triste&raquo;, El final, con &laquo;Despu&eacute;s de la muerte&raquo; es la conclusi&oacute;n perfecta: un instante, el tel&eacute;fono que suena, cuando te relajas, cuando no lo esperas. Acudir al lugar, gastar en el viaje, en el taxi, lo que no gastar&iacute;as si fuera un momento feliz. En el terror y la tristeza se gasta uno m&aacute;s. &iquest;Qu&eacute; prefieres? La vida paral&iacute;tica o la muerte definitiva:&nbsp; &laquo;Todav&iacute;a tiene el pecho caliente&raquo;. La autora lo deja claro, del hombre no queda nada, el cad&aacute;ver tiene la mand&iacute;bula sostenida, un cuerpo que es objeto. Y los que se quedan, los que nos quedamos, con pastillas para dormir, con casas, en la noche, vac&iacute;as para siempre. El miedo a so&ntilde;ar que sigue vivo y el miedo, todav&iacute;a peor, de despertarse y beber toda la tristeza de golpe. Leo, escucho, un bello final, de ansia en Plaza Francia, como la canci&oacute;n. Entre la vida y la muerte, incluso despu&eacute;s, todos los estadios del hombre, una cronolog&iacute;a de lo que nos hace humanos.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ana Mar&iacute;a Shua, <em>El cuerpo roto</em>, Madrid, P&aacute;ginas de Espuma, 2025.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 12 Feb 2026 13:47:45 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vicente Luis Mora: «La escritura no solo no se opone al silencio, sino que constituye la más calmada y muda de sus formas»]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/vicente-luis-mora-la-escritura-no-solo-se-opone-al-silencio-sino-que-constituye-la-mas-calmada-y-muda-de-sus-formas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/VICENTE_LUIS_MORA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Vicente Luis Mora (C&oacute;rdoba, 1970) siempre sorprende con sus propuestas. En la &uacute;ltima, <em>El libro blanco. Alfabetos de silencios</em> (La Caja Books) aborda distintas maneras de habitar el silencio, de encontrarlo, de conjurarlo, de alzarse (o hundirse) hasta &eacute;l; incluso nos descubre su alfabeto, el &laquo;silenci&eacute;s&raquo;. Un extra&ntilde;o ensayo sugerente como enigma o plegaria incauta, de belleza alt&iacute;sima.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;El silencio no es un modo de estar, sino de ser&raquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;nto silencio (y de qu&eacute; naturaleza) ha participado en la escritura de este libro?</p>
<p>- El silencio no es un modo de estar, sino de ser. Siempre me han definido como alguien &laquo;callado&raquo;, por mi car&aacute;cter reservado e introvertido. Mis amigos hac&iacute;an bromas de todo tipo con mis silencios, y creo que <em>El libro blanco </em>responde a esa naturaleza, aunque no hay nada autobiogr&aacute;fico en &eacute;l. Los silencios que se describen en el libro son colectivos, universales. Los m&iacute;os me los callo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Qu&eacute; cualidades se requieren para practicar el &laquo;silenci&eacute;s&raquo;?</p>
<p>- Resguardarse del ruido, sobre todo del propio. Levantarse temprano, antes que el resto de animales y humanos, moverse despacio, alejarse de las plazas. Conducir por carreteras secundarias. Leer sobre todo los m&aacute;rgenes paginales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Hay silencios m&aacute;s puros y otros suced&aacute;neos?</p>
<p>- El silencio puro, t&eacute;cnicamente, no existe. Donde hay un ser vivo, los zumbidos de su sistema nervioso y el rumor del correr de su sangre llegan al o&iacute;do y estropean la recepci&oacute;n (la ausencia de recepci&oacute;n, para ser exactos). Puede haber silencio en una c&aacute;mara anecoica, con la condici&oacute;n de que no haya nadie que lo oiga (sucede un poco como con el gato de Schr&ouml;ndiger: quiz&aacute; exista ese silencio perfecto en el interior del habit&aacute;culo, pero no podemos saberlo, solo deducirlo).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;La belleza genera un momento de suspensi&oacute;n que acalla todo a su alrededor&raquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;El silencio siempre deviene en belleza? Algo similar: &iquest;Silencio y belleza siempre brotan juntos?</p>
<p>- En alg&uacute;n poema del libro se dice que la belleza genera un momento de suspensi&oacute;n que acalla todo a su alrededor. Ese &laquo;contuvo la respiraci&oacute;n&raquo; de los clich&eacute;s novelescos delata la proximidad del acontecimiento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- El silencio del ignorante, &iquest;lo convierte en un sabio?</p>
<p>- El silencio del lego, o del lerdo, son silencios tensos, el&eacute;ctricos, desconfiados, de apretar los pu&ntilde;os. El silencio de la persona sabia es relajado, tranquilo, parece estar en otro sitio mientras calla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;Pensar es de las pocas cosas que logramos desarrollar sin hacer ruido, y por eso es tan valioso &ndash;y tan escaso&ndash;&raquo; </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;El silencio tambi&eacute;n exige un acallamiento del pensar?</p>
<p>- Pensar es de las pocas cosas que logramos desarrollar sin hacer ruido, y por eso es tan valioso &ndash;y tan escaso&ndash;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;ndo duele m&aacute;s un silencio que una palabra?</p>
<p>- En muchos casos descritos en el libro. Por ejemplo, si el silencio responde a la pregunta &laquo;&iquest;Me voy a curar?&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;Hay quienes intentan convertir la pol&iacute;tica es una masclet&aacute; de estupideces, un tronar indistinto de nader&iacute;as estent&oacute;reas&raquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Hay alguien menos proclive al silencio que los pol&iacute;ticos?</p>
<p>- Hay quienes intentan convertir la pol&iacute;tica es una masclet&aacute; de estupideces, un tronar indistinto de nader&iacute;as estent&oacute;reas. Luego, hay otros pol&iacute;ticos, pocos, que hacen su trabajo a escondidas, velando por los dem&aacute;s, o intent&aacute;ndolo. En un libro de aforismos que saldr&aacute; este a&ntilde;o en la editorial Polibea, el poeta Eduardo Moga escribe: &laquo;Una idea sin matices no es una idea, sino una tamborrada&raquo;. La pol&iacute;tica espa&ntilde;ola recuerda a veces la Rompida de Calanda o al toque de tambor en Baena, pero sin gracia, y con nuestra cabeza como parche por reventar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Cu&aacute;ndo conviene convertirse en &laquo;ventr&iacute;locuo&raquo; del silencio ajeno?</p>
<p>- El silencio de los dem&aacute;s es inescrutable; m&aacute;s que ventr&iacute;locuos, somos marionetas del gui&ntilde;ol de lo que callan. Si nos ocultan parte de la verdad cuando hablan, &iquest;cu&aacute;nto mentir&aacute;n al guardar silencio?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Se siente c&oacute;modo el silencio en el pronombre &laquo;yo&raquo;?</p>
<p>- Eso es lo mejor del silencio, que mientras dura no se dice &laquo;yo&raquo;, no agredes a nadie lanzando ese pronombre. Lo habitas como lo que es, un hostal avejentado de provincias que pronto tendr&aacute; otro ocupante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;Escribir es arbitrar en la guerra de los signos contra la p&aacute;gina&raquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo se detectan esas &laquo;grietas del discurso&raquo;, sus silencios, en palabras de T&uacute;a Blesa?</p>
<p>- El discurso est&aacute; compuesto de signos que ocupan parte del espacio en blanco. Ya vio Mallarm&eacute; en <em>Un golpe de dados </em>que la p&aacute;gina es una partitura y que sus partes no escritas deb&iacute;an entenderse como silencios. De ah&iacute; la concentraci&oacute;n de los min&uacute;sculos poemas de Valente, que parecen l&iacute;neas creadas para darle espesor y densidad material al blanco en derredor. Escribir es arbitrar en la guerra de los signos contra la p&aacute;gina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Difieren los silencios que provocan las im&aacute;genes respecto de los que originan las palabras?</p>
<p>- Las im&aacute;genes no nos dejan respirar; es normal que, a veces, cuando queremos concentrarnos en algo, abstraernos o relajarnos, cerremos los ojos. Es la &uacute;nica forma de defenderse. Ese negror inconcreto, con sombras y fosfenos, que contemplamos en la oscuridad, es el equivalente visual del silencio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;Escribir es mi forma preferida de callar durante horas&raquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Es un sinsentido hablar o escribir sobre el silencio? &iquest;No sucede, como apunt&oacute; la poeta Szymborska, que se destruye?&nbsp;</p>
<p>- Por un lado, s&iacute;; si lo dice la admirable Szymborska, poco que agregar. Pero demos un rodeo al razonamiento: &iquest;es lo mismo callar que no escribir? Porque cuando escribo no emito ruidos &mdash;por eso lo hago a mano y con lentitud, sin rasgar ni hendir el papel&mdash;. Escribir es mi forma preferida de callar durante horas. As&iacute; entendida, la escritura no solo no se opone al silencio, sino que constituye la m&aacute;s calmada y muda de sus formas.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 12 Feb 2026 13:27:42 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Xosé María Álvarez Cáccamo: «No renuncio a la función del poema como intérprete interrogante de la complejidad del mundo»]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/xose-maria-alvarez-caccamo-no-renuncio-a-la-funcion-del-poema-como-interprete-interrogante-de-la-complejidad-del-mundo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/XOS_MAR_A_LVAREZ_C_CCAMO_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Lirismo, cr&iacute;tica sin amparo, un regusto de &eacute;pica casi a la antigua usanza&hellip; la poes&iacute;a de Xos&eacute; Mar&iacute;a &Aacute;lvarez C&aacute;ccamo es de una ductilidad solo comparable al borde de la <em>parres&iacute;a</em>. La editorial Dilema re&uacute;ne su obra en <em>Cuatro d&eacute;cadas de poes&iacute;a (1983-2023)</em>, un poeta que tambi&eacute;n transita las veredas del objeto po&eacute;tico, de una intensidad alt&iacute;sima y, al tiempo, enraizado en los asuntos m&aacute;s pol&iacute;ticos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;Mi poes&iacute;a nace en gran medida de la ra&iacute;z de la memoria&raquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- En cuarenta a&ntilde;os, &iquest;en qu&eacute; se sigue reconociendo cuando lee sus poemas m&aacute;s antiguos y cu&aacute;l, de haberlo, es el gran hiato (s) que se han producido en su poes&iacute;a?</p>
<p>- Hoy puedo reconocer en mi obra m&aacute;s reciente &ndash;y reconocerme a m&iacute; mismo sin arrepentimiento- la posici&oacute;n evocativa que dirige mis poemas desde que empec&eacute; a escribir. Es un registro emocional del que no puedo prescindir. Mi poes&iacute;a nace en gran medida de la ra&iacute;z de la memoria. La utop&iacute;a que la conduce es el sue&ntilde;o del reencuentro con el pasado, la ilusi&oacute;n de detener el curso de la vida para poder regresar a la infancia, a la adolescencia, a los &aacute;mbitos familiares, a cierto estado de plenitud que en parte resulta constru&iacute;do por el poema. Memoria po&eacute;tica sin excesivo peso de nostalgia. Todav&iacute;a me identifico, adem&aacute;s, con la mirada on&iacute;rica de fundamento surrealista cuyos excesos de juventud fueron reconducidos a partir de mi libro <em>Cimo das idades tristes</em>, de 1988 &mdash;el posible hiato por el que me preguntas&mdash;, donde comenc&eacute; una ruta de clarificaci&oacute;n expresiva que se fue intensificando hasta hoy. Se trataba de liberar el lastre acumulativo, una imaginer&iacute;a de densa arquitectura no siempre justificada. No renuncio, sin embargo, a la funci&oacute;n del poema como int&eacute;rprete interrogante de la complejidad del mundo y, por lo tanto, huyo de la efusi&oacute;n emotiva no elaborada, del poema como documento confesional</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&laquo;Toda la variedad de mi trabajo obedece a la pulsi&oacute;n del placer manual&raquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- &iquest;En qu&eacute; difiere la poes&iacute;a hecha poema de la poes&iacute;a de los objetos, o la poes&iacute;a visual?</p>
<p>- Mis poemas de base ling&uuml;&iacute;stica vibran en el espacio de la experiencia vital, &iacute;ntima o colectiva. Los poemas visuales y objetuales que salen de mis manos no necesitan asentar sus ra&iacute;ces en la materia de base biogr&aacute;fica, aunque con frecuencia recogen ecos de la memoria, formas y vol&uacute;menes que traen resonancias, por ejemplo, de mis juguetes de ni&ntilde;o. Antonio Gamoneda, en un poema que preside el cat&aacute;logo de mi exposici&oacute;n <em>Biblio-graf&iacute;as</em>, celebrada en Le&oacute;n en 2013, escribe: &laquo;He logrado acercarme a tu jugueter&iacute;a, quiero decir, claro es, a tu jugueter&iacute;a amorosamente diab&oacute;lica&raquo;. Jugueter&iacute;a escult&oacute;rica, objetos encontrados, libros intervenidos, textos criptogr&aacute;ficos, miniaturas on&iacute;ricas, toda la variedad de mi trabajo objetual y visual, aunque emparentada tem&aacute;ticamente con mi poes&iacute;a escrita, se desarrolla en el taller del <em>homo faber</em> y obedece a la pulsi&oacute;n del placer manual, mucho m&aacute;s gozosa y serena que la producida por la inquietante inmersi&oacute;n del poeta en las profundidades de la existencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;La vida, en determinados momentos de su curso, nos agrede&raquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo evitar que &laquo;la crecida de sangre&raquo; nos haga &laquo;hombres muy tristes y muy pac&iacute;ficos para siempre&raquo;?</p>
<p>- El poema de este verso, titulado &ldquo;Cuchillos&rdquo; en castellano, me fue llevando en su avance a la hip&eacute;rbole final, una conclusi&oacute;n de tonalidad ascendente derivada del testimonio de las heridas con que la vida, en determinados momentos de su curso, nos agrede. Yo me sent&iacute;a entonces, en las proximidades de mis cuarenta a&ntilde;os, muy triste. Luego pude comprobar que, afortunadamente, aquel estado de &aacute;nimo no me acompa&ntilde;ar&iacute;a siempre y que los acontecimientos que hab&iacute;an provocado la tristeza vivida entonces como definitiva no hab&iacute;an alcanzado el exagerado volumen de una crecida de sangre. Pero, en aquellos d&iacute;as, me sent&iacute;a arrastrado por la desmesura del r&iacute;o sangriento. Desde mi conciencia de 1988, el a&ntilde;o de ese poema, te dir&iacute;a que los efectos inmediatos de la crecida de sangre no se pueden evitar. Luego las aguas volvieron a su cauce y la vida fue trayendo otras heridas y otros poemas que las fueron acogiendo, a veces con voluntad y resultado de efecto terap&eacute;utico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;La melancol&iacute;a, esa emoci&oacute;n fronteriza, necesaria para la aceptaci&oacute;n serena de la propia fragilidad, pide versos lentos&raquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;La poes&iacute;a es m&aacute;s d&uacute;ctil en la melancol&iacute;a que en el deseo?</p>
<p>- La melancol&iacute;a, esa emoci&oacute;n fronteriza, casi amable, necesaria para la aceptaci&oacute;n serena de la propia fragilidad, pide versos lentos, equilibrados, a veces vers&iacute;culos de formato dilatado. Esta es la segunda acepci&oacute;n del adjetivo <em>&laquo;</em>d&uacute;ctil&raquo; en el diccionario de la Academia: &laquo;Apl&iacute;case a los metales que mec&aacute;nicamente se pueden extender en alambres o hilos&raquo;. Quien pudiera poner la melancol&iacute;a en versos que se fuesen extendiendo a la manera de alambres o hilos. Tal vez se pueda intentar tal prodigio de alquimia en un poema objeto. Extender el metal de la melancol&iacute;a hasta que alcance la sutileza de un alambre finalmente disuelto en hilos.&nbsp; El deseo, en cambio, sobre todo el deseo er&oacute;tico, busca versos rotos, quebrados, vibraci&oacute;n de encabalgamiento, elipsis. Pero hay deseos de amplio espectro o de dimensi&oacute;n transcendente que se manifestar&iacute;an mejor a trav&eacute;s de ritmos sinf&oacute;nicos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;Muchos de mis poemas vienen de sue&ntilde;os que consigo retener en la memoria&raquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;nto de on&iacute;rico alberga la poes&iacute;a?</p>
<p>- Una tendencia fundamental de la poes&iacute;a de todos los tiempos comparte con el discurso del sue&ntilde;o nocturno algunas claves de sentido: el significado polis&eacute;mico de las im&aacute;genes, la sugerencia enigm&aacute;tica, la construcci&oacute;n desordenada, la arquitectura simb&oacute;lica, la irrupci&oacute;n del magma subconsciente. <em>El cantar de los cantares</em>, <em>El c&aacute;ntico espiritual</em>, <em>Poeta en</em> <em>Nueva York</em> o el <em>Aullido</em> de Ginsberg constituyen ejemplos claros de esa corriente on&iacute;rica. La poes&iacute;a simbolista de Rimbaud y Baudelaire, el surrealismo y todas las variantes del irracionalismo po&eacute;tico recogen del sue&ntilde;o una parte decisiva de su materia creativa o, cuando no es as&iacute;, establecen un di&aacute;logo de proximidad muy evidente con la ficci&oacute;n so&ntilde;ada.</p>
<p>Muchos de mis poemas vienen de sue&ntilde;os que consigo retener en la memoria en los primeros momentos de vigilia. Son sue&ntilde;os transcritos en lengua de poema todos los textos de la segunda parte de <em>Tempo de cristal e sombras </em>(2014)<em> </em>y la visi&oacute;n on&iacute;rica dirige adem&aacute;s la construcci&oacute;n de muchas im&aacute;genes a lo largo de toda mi obra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;La pasi&oacute;n del deseo conduce las rutas de nuestra vida&raquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo reconocer &laquo;la hora del deseo&raquo;?</p>
<p>- La hora m&aacute;s alta del deseo es la de los a&ntilde;os de adolescencia y de juventud. Era muy f&aacute;cil entonces reconocer sus s&iacute;ntomas: entusiasmo y desaz&oacute;n, feliz desequilibrio. La pasi&oacute;n del deseo conduce, con mayor o menor intensidad y permanencia, las rutas de nuestra vida. Todav&iacute;a hoy me mueve el entusiasmo de nuevos descubrimientos existenciales, art&iacute;sticos, cient&iacute;ficos y literarios, deseos de amor y de amistad, la esperanza pol&iacute;tica de justicia, la confianza en la derrota del fascismo. El deseo vivo de nuevos poemas. Puedo reconocer en mi cuerpo la vibraci&oacute;n de los diferentes &oacute;rganos del deseo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;Habla el poema con palabras de un idioma inesperado y nos va revelando significados in&eacute;ditos mientras crece&raquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- El poema, &iquest;nos habla o nos escucha?</p>
<p>- Habla el poema con palabras de un idioma inesperado y nos va revelando significados in&eacute;ditos mientras crece. &Eacute;l mismo no sabe lo que nos quiere decir hasta que decide callarse. Tampoco entonces su discurso resulta totalmente inteligible en t&eacute;rminos de racionalidad ni para el autor ni para sus destinatarios. Y, sin embargo, el buen poema nos entrega un efecto de verdad, una sugesti&oacute;n interrogante, un sentido necesario, casi siempre revelador. Estoy hablando de la modalidad poem&aacute;tica con la que m&aacute;s me identifico, distante de aquella otra caracterizada por el uso de un guion previo al acto creativo.</p>
<p>Antes de echarse a andar, el poema escucha el rumor de una intuici&oacute;n que reclama ser verbalizada, un verso que se ofrece sin previo aviso, una pauta musical repentina, una imagen sugestiva, el instante de un recuerdo. En las ocasiones m&aacute;s propicias, el poema decide responder a la solicitud de su autor, quien, sin duda, es el responsable &uacute;nico de la acci&oacute;n creativa.</p>
<p>La ficci&oacute;n verbalizada en mi respuesta, protagonizada por un sujeto, el poema, al que he otorgado atributos humanos, se ajusta a la literalidad de tu pregunta: &laquo;&iquest;El poema &iquest;nos habla o nos escucha?&raquo; Creo, sin embargo, que esta interpretaci&oacute;n fabulada o parab&oacute;lica consigue, como el poema mismo, un cierto efecto de verdad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;No me conformo con la justicia po&eacute;tica de mis versos&raquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Sepultar en unos versos a alguien (Manuel Fraga Iribarne) bajo las columnas oce&aacute;nicas de la infamia y la verg&uuml;enza, &iquest;es justicia po&eacute;tica?</p>
<p>- Ojal&aacute; hubi&eacute;ramos conseguido ejercer contra Fraga Iribarne y otros activos y muy convencidos colaboradores con la dictadura franquista una acci&oacute;n de justicia legal. No me conformo con la justicia po&eacute;tica de mis versos, que responden a la sensaci&oacute;n feliz de aquellos d&iacute;as de movilizaci&oacute;n popular, dirigida por la plataforma Nunca M&aacute;is contra la inoperancia y las mentiras de los gobiernos del Partido Popular (el de la Xunta y el del Estado) &nbsp;frente al desastre provocado por el vertido de petr&oacute;leo del Prestige. Efectivamente, desde el mes de noviembre de 2002 y a lo largo del a&ntilde;o 2003, el dirigente fascista Manuel Fraga Iribarne fue &laquo;sepultado bajo las columnas oce&aacute;nicas de la infamia y la verg&uuml;enza&raquo;, y fuimos nosotros, el pueblo gallego en formidable actividad de insurrecci&oacute;n, quienes pronunciamos la sentencia. Luego &eacute;l emergi&oacute; de los fondos de la ignominia. Pero, finalmente, hoy se cumple de alguna manera el deseo que expresan otros versos de mi poema &ldquo;Mar&eacute; do pobo a arder&rdquo; (Marea del pueblo en llamas): &laquo;Desaparecido/al fondo del fangal de alquitr&aacute;n/y del olvido&raquo;. Justicia popular, tal vez, la que conden&oacute; a Fraga Iribarne al olvido, pues no consigui&oacute; permanecer como hubiera querido en el estado de la tercera vida, la vida de la fama poetizada por Jorge Manrique. Justicia po&eacute;tica, acci&oacute;n verbal de agitaci&oacute;n contra la injusticia, la violencia cat&oacute;lica, el genocidio militar de 1936, la dictadura de Franco o las amenazas fascistas de hoy son los motivos que me incitaron a escribir otros poemas y libros de intenci&oacute;n pol&iacute;tica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;Vivimos horas de absurda confusi&oacute;n que favorece a los movimientos de deriva acr&iacute;tica y de promoci&oacute;n de la ignorancia colectiva&raquo;</strong></p>
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<p>- &iquest;Qu&eacute; diferencia el poema eleg&iacute;aco del sentimentalismo que acampa en tantos versos de hoy?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- El sentimentalismo plano, simple efusi&oacute;n sentimental sin elaborar, materia prima no manufacturada, p&aacute;gina de diario adolescente, son productos que debemos situar en espacios ajenos al &aacute;mbito de la poes&iacute;a, eleg&iacute;aca, h&iacute;mnica o propia de cualquier modalidad gen&eacute;rica. No constituyen entidades de arte sino documentos confesionales &mdash;dignos de aprecio como ejercicio humano&mdash; que, en un tiempo como el presente en que las fronteras del continente literario se desdibujan en beneficio de ciertas aportaciones de perfil populista, est&aacute;n causando mucho da&ntilde;o en los territorios de la recepci&oacute;n menos formada, que acoge esas manifestaciones de la emoci&oacute;n esencial como muestras valorables de Poes&iacute;a. El n&uacute;mero de seguidores de tales documentos de la espontaneidad sentimental en las redes sociales define a veces el nivel que permite, con la complicidad de algunas editoriales, su incorporaci&oacute;n al sistema literario. Vivimos horas de absurda confusi&oacute;n que favorece a los movimientos de deriva acr&iacute;tica y de promoci&oacute;n de la ignorancia colectiva.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;En mi obra abundan las presencias humanas&raquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- El poeta, cuando escribe, &iquest;lo hace solo o lo pueblan voces de vivos y muertos que hacen de esa soledad una multitud bien avenida?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- S&iacute;. Esas otras voces acuden al eco del poema y traen su propio acento. Organizan el coro de la memoria. Confunden sus d&iacute;as con las horas del poeta. El poeta evocativo y eleg&iacute;aco los convoca para que colaboren a ajustar las im&aacute;genes del pasado. En mi obra abundan las presencias humanas. Son sobre todo las personas de mi familia, especialmente mis padres y mis hijos, pero vienen tambi&eacute;n antepasados m&aacute;s remotos, algunos escritores y artistas, seres an&oacute;nimos, siluetas populares: &laquo;Hay bultos que sobreviven indiferentes bajo la tormenta. Suben y bajan por el d&iacute;a entre la lluvia multitudes grises, ropas fr&iacute;as, un tr&aacute;fico l&iacute;quido de sombras&raquo;. En el &uacute;ltimo poema de la antolog&iacute;a &laquo;llegan a mi casa las cuatro muertes, / nuestras cuatro muertes del vivir de siempre&raquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 12 Feb 2026 09:24:22 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La profundidad de lo cotidiano]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-profundidad-de-lo-cotidiano/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/JUAN_LUIS_SALDA_A_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Juan Luis Salda&ntilde;a (San Sebasti&aacute;n, 1978) es escritor y novelista. Su producci&oacute;n literaria es muy heterog&eacute;nea, yendo desde los relatos con <em>Hasta agotar existencias</em>&rdquo; (Comuniter, 2010), el dietario digital e ir&oacute;nico en su exquisita recopilaci&oacute;n <em>Sois todos idiotas</em> (Libros de(a) Imperdible, 2014) y, sobre todo, <em>Hilo musical para una piscifactor&iacute;a</em> (Anorak, 2016) novela que tuvo una segunda edici&oacute;n al a&ntilde;o siguiente coincidiendo con el rodaje de <em>Miau</em>, la pel&iacute;cula de Ignacio Estaregui que se inspir&oacute; en ella para la escritura del guion.&nbsp;</p>
<p>Juan Luis Salda&ntilde;a, habitual en prensa escrita y radiof&oacute;nica, hace del humor y lo cotidiano una marca de identidad, cargada de belleza y una sensibilidad que escapa a los movimientos postmodernos que rodean la literatura espa&ntilde;ola de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Un heterodoxo, capaz de publicar en el mismo a&ntilde;o su tesis doctoral sobre el periodista Mefisto, <em>Fernando Soteras 'Mefisto' (1886-1934) y sus coplas del d&iacute;a como fen&oacute;meno popular</em> (IFC), obtener el premio de narrativa Isabel de Portugal con <em>La mala edad</em> y publicar este, su primer poemario, <em>Inventario dom&eacute;stico</em> con la editorial Olifante.&nbsp;</p>
<p>Hablamos de primer poemario, quiz&aacute; de manera formal, porque Juan Luis ha escrito versos desde que mont&oacute; su primera banda, &ldquo;Nubosidad Variable&rdquo; o ha esbozado una l&iacute;rica heredera de Mariano Jos&eacute; de Larra o Francisco Umbral en sus numeros&iacute;simas columnas en la prensa diaria espa&ntilde;ola y aragonesa. Pero s&iacute;, es tiempo de que el Salda&ntilde;a poeta haga su aparici&oacute;n oficial y lo haga, adem&aacute;s, con un libro que hab&iacute;a obtenido el Premio Internacional de Poes&iacute;a Garrido Chamorro, y en una editorial con la solera y la tradici&oacute;n de Olifante. <em>Inventario dom&eacute;stico</em> nos ofrece un cat&aacute;logo de &aacute;mbitos y capturas, una amalgama emocional donde se suceden los usos y las costumbres, las dimensiones eucl&iacute;deas del cari&ntilde;o y la belleza: tiempo y distancia.&nbsp; Prosas po&eacute;ticas con un tono capitular frente al paso de los a&ntilde;os: &laquo;La ropa tendida es un fusilamiento de almas. La ropa tendida es el suicidio de un espantap&aacute;jaros, la bandera de los barrios, es casi tirar la casa por la ventana&raquo;. Con una po&eacute;tica que encaja con sus compa&ntilde;eros de generaci&oacute;n, cercano al tono de <em>Familia numerosa</em> de Enrique Cebri&aacute;n Zazurca o <em>Quedarse a vivir</em> de Carmen Ruiz Fleta, desde una perspectiva de hijos-padres, de lo filial y lo paterno, de la contemplaci&oacute;n como instrumento para conservar los sentimientos.&nbsp;</p>
<p>Entre los cachivaches del pasado y la quincalla moderna, la memoria es un trasunto de decisiones que se niega a desaparecer. Las elecciones, como en una existencia llena de bifurcaciones y senderos, acaban encumbrando las palabras hacia su territorio natural, la apropiaci&oacute;n del &aacute;mbar como conservaci&oacute;n de la herencia, la conexi&oacute;n familiar.&nbsp; Escribe Salda&ntilde;a: &laquo;El estucado es la epidermis de los tabiques, un lis&eacute;rgico sobrio y sugerente que siempre te ofrece compa&ntilde;&iacute;a. El gotel&eacute; es un relieve imperfecto y un plano imposible, una guerra de pintura congelada en el tiempo y el acn&eacute; perenne de los hogares. Por eso alis&eacute; mis paredes&raquo;. Este libro refleja los paisajes comunes de una generaci&oacute;n que ha sido el demiurgo entre la a&ntilde;oranza digital y el t&oacute;tem tecnol&oacute;gico. Juan Luis Salda&ntilde;a, apol&iacute;neo constructor, amanuense de lo cotidiano, cataloga las grandes cuestiones a trav&eacute;s de met&aacute;foras demoledoras, de juegos de espejos, de la contemplaci&oacute;n sensible de un mundo que se conserva en el museo de la sem&aacute;ntica y el recuerdo. En las habitaciones de la casa se acumulan recuerdos y pasiones: &laquo;Fregar es un barre&ntilde;o de pl&aacute;stico en un camping, una cadena de montaje en familia, una taza desconchada, un coro de italianas y Nosferatu. Fregar es asumir lo imposible, un Poncio Pilato del fr&iacute;o y la decepci&oacute;n inevitable del genio. Fregar es empezar a ensuciar. Por eso compr&eacute; un lavavajillas&raquo;. Pasi&oacute;n y existencia, la genealog&iacute;a del poeta cauteriza el olvido de los objetos, los enfr&iacute;a en el vidrio del instante. Es un dispensario de versos, encajados en prosas nutricias, que har&aacute;n que el lector disfrute de la sucesi&oacute;n de pasajes que conforman Inventario dom&eacute;stico: una experiencia de regresi&oacute;n, aderezada con un pasado c&aacute;lido y reconocible.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Juan Luis Salda&ntilde;a, <em>Inventario dom&eacute;stico</em>, Zaragoza, Olifante, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 06 Feb 2026 09:22:25 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Del baldío al verso]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/del-baldio-al-verso/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/ANT_N_CASTRO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo2">Tras publicar su colecci&oacute;n de relatos <em>Periferias del deseo</em> (Pregunta, 2025), recibir el Premio de las Letras Aragonesas 2024 -ex aequo junto a Jos&eacute; Luis Melero-, y publicar <em>La emoci&oacute;n de vivir</em>, (Gobierno de Arag&oacute;n, 2025); una colecci&oacute;n de prosas y versos que es un gran homenaje lleno de ternura y generosidad para con tantas y tantas figuras a las que evoca y dedica su cari&ntilde;o -desde Emilio Lacambra o F&eacute;lix Romeo, hasta Sinner y Alcaraz-, Ant&oacute;n Castro cierra un a&ntilde;o de cosecha providencial con un nuevo poemario, <em>Con s&iacute;labas de gol </em>(Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2025) en el que se recogen cincuenta y dos prosas po&eacute;ticas centradas en el balompi&eacute; como eje principal de giro; obra que, en palabras del autor, &ldquo;es una aproximaci&oacute;n a un juego contiguo a la emoci&oacute;n, la belleza, el suspense y la idolatr&iacute;a&rdquo; y nos revela a su comienzo que &ldquo;podr&iacute;a contar mil cosas./ Pero en realidad querr&iacute;a hablar/ de todos aquellos a los que am&eacute;&rdquo; y, a&ntilde;adir&aacute; posteriormente en su texto, porque &ldquo;el f&uacute;tbol, como la vida, exige armon&iacute;a, / unidad de grupo, suma de esfuerzos / y pasi&oacute;n de ganar y gozar con los tuyos&rdquo;: he aqu&iacute; un terreno donde desarrollar un juego &aacute;gil y preciso.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">En sus casi doscientas p&aacute;ginas despliega las palabras como si se trataran de aquellos botones con los que, de peque&ntilde;o, emulaba la contienda sobre el verde c&eacute;sped de la imaginaci&oacute;n, botones variados -algunos brillantes, otros m&aacute;s sencillos- con los que Castro compone un once titular en el que se alinean el recuerdo de un pasado de carreras en el bald&iacute;o, el afecto hacia todos quienes formaron parte de ese universo del bal&oacute;n, la ternura brotando de la evocaci&oacute;n, el amor regateando a cada paso de la vida, la pasi&oacute;n del aficionado, el almanaque detallista del forofo, la pluma del cronista deportivo, el hero&iacute;smo del f&uacute;tbol base, la mitoman&iacute;a que despiertan las estrellas rutilantes, la gloria de la victoria y la &eacute;pica del perdedor que nunca se da por vencido; pues &ldquo;al f&uacute;tbol se juega para ganar, pero si pierdes haci&eacute;ndolo bien, no es una deshonra. Es una modesta forma de triunfo&rdquo;. As&iacute;, nos confiesa, &ldquo;el f&uacute;tbol fue una de las primeras escuelas de aprendizaje, algo as&iacute; como un laboratorio a cielo abierto de conocimiento, imaginaci&oacute;n, amistad y sue&ntilde;o&rdquo; y que &ldquo;es tambi&eacute;n un jard&iacute;n abonado de sensaciones, de nombres, de cromos, de alineaciones y de memoria&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Tel&uacute;ricamente la cancha es un planeta paralelo, una suerte de campo de batalla hom&eacute;rico en el que -de forma aleg&oacute;rica- se citan, triunfan o perecen h&eacute;roes inolvidables a los que cantar&aacute;n poetas como Castro, relatando &ldquo;un conjunto de instantes en los que brillan la inteligencia, el temblor de la fantas&iacute;a y ese arte que rara vez llega a los museos y asoma una y otra vez a las praderas de la memoria&rdquo;. Y es que, &ldquo;el f&uacute;tbol es la emoci&oacute;n de vivir&rdquo; y, por ello, estos versos guardan &ldquo;un p&aacute;jaro inesperado&rdquo;, una cr&oacute;nica de la juventud que podr&iacute;an reconocer como suya todos esos muchachos que, generaci&oacute;n tras generaci&oacute;n y en masa, acuden &ldquo;a vivir la vida con el bal&oacute;n de reglamento anudado a los pies&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Al escribir sobre el f&uacute;tbol en su vida, da vida a aquellos que quedaron amarrados al pasado como cromos de una liga distante, salen del &aacute;lbum y recorren la voz con nuevo aliento, porque &ldquo;los que se van viven en nosotros si los recordamos&rdquo;, mucho m&aacute;s si quien los eleva son las alas del verso.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">De una manera incuestionable, se puede afirmar que en estos poemas se celebra la vida, la amistad, el cari&ntilde;o como si de un gol se tratase, ya que &ldquo;el gol es la poes&iacute;a de los domingos de tristeza&rdquo; y en todos y cada uno de los campos en que se traza la marca de un rect&aacute;ngulo de cal, se levantan los &ldquo;escenarios de los recuerdos / donde los versos se miden con s&iacute;labas de gol&rdquo;. Pasado el tiempo, cualquiera de aquellos chicos y chicas podr&iacute;an confesar, con el nombre de alguna figura legendaria en el silencio de la memoria: &ldquo;cerr&eacute; los ojos y o&iacute;, con absoluta nitidez, el clamor / del estadio como si hubieras vuelto a marcar&rdquo; y, es que, para alzarse con el triunfo en la cancha de la vida, no se pude salir a defender un empate. El cuero siempre seguir&aacute; rodando.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">&nbsp;&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Ant&oacute;n Castro, <em>Con s&iacute;labas de gol,</em> Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2025.<em></em></p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 06 Feb 2026 09:00:13 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El peso del pasado ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-peso-del-pasado/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/CARLOS_FORTEA_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>Tormenta de polvo fino</em> es una novela breve solo en apariencia. Bajo su extensi&oacute;n contenida, Carlos Fortea construye un artefacto literario de gran densidad simb&oacute;lica y narrativa, en el que convergen memoria, historia e interrogaci&oacute;n moral. Profesor universitario y reconocido traductor &mdash;galardonado con el Premio Nacional a la Mejor Traducci&oacute;n&mdash;, ya hab&iacute;a mostrado en novelas como <em>Los jugadores</em> o <em>El mal y el tiempo</em> &mdash;rese&ntilde;adas en estas mismas p&aacute;ginas&mdash; su inter&eacute;s por los dilemas &eacute;ticos y por la persistencia del pasado en el presente. En esta ocasi&oacute;n, la obra llega a las librer&iacute;as bajo el sello de Nota al margen, editorial independiente fundada en 2024 con la vocaci&oacute;n de apostar por propuestas literarias exigentes y alejadas de la l&oacute;gica puramente comercial.</p>
<p>Desde sus primeras p&aacute;ginas, el lector percibe que no se encuentra ante una narraci&oacute;n convencional, sino ante una indagaci&oacute;n en aquello que queda fuera del relato hist&oacute;rico oficial. El protagonista &mdash;un narrador sin nombre&mdash; recorre archivos olvidados, abre legajos que nadie consulta porque no pertenecen a personajes ilustres, sino a personas comunes. Al hacerlo, se levanta una nube de polvo: el polvo de la historia acumulado en los papeles de la gente normal, esa &ldquo;tormenta de polvo fino&rdquo; que da t&iacute;tulo a la novela y funciona como poderosa met&aacute;fora del pasado silenciado. &ldquo;Los recuerdos ajenos son m&iacute;os. Fermentan, y los gases que producen alimentan mi mente como si se tratara de una gran turbina&rdquo;, afirma el narrador, dejando claro que su tarea no es reconstruir grandes acontecimientos, sino rescatar vidas sepultadas por el olvido.</p>
<p>En este gesto se sit&uacute;a el verdadero n&uacute;cleo intrahist&oacute;rico de la novela. En un sentido claramente unamuniano, Fortea no se interesa por la historia de los grandes acontecimientos ni por la de los dirigentes pol&iacute;ticos, sino por la de quienes la padecen y la sostienen en silencio, &ldquo;la historia de la gente&rdquo;, hecha a pico y pala. Conviene insistir en ello: no estamos ante una novela hist&oacute;rica al uso. Aqu&iacute; no se reconstruyen batallas, fechas decisivas ni grandes decisiones pol&iacute;ticas. Se trata, m&aacute;s bien, de una novela sobre la memoria, construida a partir de vivencias individuales de personas sumergidas en su tiempo, que viven dentro de los acontecimientos sin alcanzar nunca una perspectiva completa sobre ellos. El narrador act&uacute;a como un mediador entre pasado y presente: recorre casas vac&iacute;as, escucha los ecos de quienes las habitaron y recompone fragmentos de vidas comunes, marcadas &mdash;y con frecuencia aplastadas&mdash; por los vaivenes pol&iacute;ticos y sociales de la historia espa&ntilde;ola. En esa lograda fusi&oacute;n de verdad y ficci&oacute;n, devuelve al relato colectivo a individuos an&oacute;nimos, arrastrados por los acontecimientos y herederos de culpas ajenas, cuyas intrahistorias reclaman, por fin, un lugar en la memoria compartida.</p>
<p>La novela se articula como una aut&eacute;ntica &ldquo;novela de novelas&rdquo;, una estructura fragmentaria que permite abarcar m&aacute;s de dos siglos de historia sin recurrir a un relato lineal. Desde la Guerra de la Independencia hasta la Transici&oacute;n, las tramas se suceden y se entrecruzan, y sit&uacute;an ya en 1812 &mdash;momento en que el pa&iacute;s se parte en dos, entre quienes aspiran a un cambio hacia la libertad, el progreso y la mejora de las condiciones de vida, y quienes desean que todo permanezca perpetuamente igual&mdash; el inicio de un presente que sigue proyect&aacute;ndose hasta hoy. Frente a la idea de que todo comienza con la Guerra Civil, la novela sugiere que esta no fue la causa, sino la consecuencia de un conflicto ideol&oacute;gico y social acumulado durante m&aacute;s de un siglo: en ese sentido, somos hijos e hijas de C&aacute;diz. En ese amplio arco hist&oacute;rico se inscriben las distintas tramas: un afrancesado que planea vengarse de Fernando VII mientras espera el regreso de &ldquo;El Deseado&rdquo;; la amistad forjada en la Guerra de Marruecos entre dos j&oacute;venes destinados a tomar caminos opuestos; un maestro solitario en el frente sublevado durante la Guerra Civil; una actriz en los a&ntilde;os de la Rep&uacute;blica; una periodista en tiempos de la Transici&oacute;n; o el romance entre una actriz emergente y un diplom&aacute;tico alem&aacute;n poco antes del ascenso de Hitler. Son siete u ocho relatos distintos, poblados por personajes que, sin ser reales en sentido estricto, poseen un claro &ldquo;pozo de realidad&rdquo;: ecos de personas conocidas, o&iacute;das, vividas.</p>
<p>Estos personajes luchan, aman, obedecen o resisten seg&uacute;n las circunstancias hist&oacute;ricas que les tocan en suerte. Sus decisiones aparecen siempre condicionadas &mdash;y a veces anuladas&mdash; por el contexto, lo que da lugar a una reflexi&oacute;n especialmente l&uacute;cida sobre la imposibilidad de separar pasado y presente. En este sentido, el tiempo avanza porque se va saltando de relato en relato, de vida en vida, y las vidas de todos los personajes van dando como resultado la vida del pa&iacute;s. No en vano, uno de los pasajes m&aacute;s elocuentes afirma: &ldquo;La historia es igual que una noria puesta en el cauce de un r&iacute;o, nunca gira hacia atr&aacute;s&rdquo;. La estructura fragmentada refuerza esta idea y exige del lector una implicaci&oacute;n activa: Fortea no ofrece respuestas cerradas, sino episodios que dejan preguntas abiertas y reverberan m&aacute;s all&aacute; de la p&aacute;gina.</p>
<p>El estilo, sobrio y preciso, contribuye a crear una atm&oacute;sfera absorbente en la que lo hist&oacute;rico y lo imaginario se confunden, como ese polvo fino que se deposita lentamente y acaba cubri&eacute;ndolo todo. Aunque a lo largo del libro se abordan temas como el poder, la venganza o la lucha pol&iacute;tica, el verdadero n&uacute;cleo es la memoria: la que duerme en los archivos, deformada por el tiempo, y la que se proyecta hacia un futuro incierto en el que a&uacute;n podr&iacute;a servir para corregir errores, si alguien se detuviera a escucharla.</p>
<p>En conjunto, <em>Tormenta de polvo fino</em> es una obra exigente y profundamente sugestiva, ideal para lectores interesados en la literatura introspectiva y en la reflexi&oacute;n hist&oacute;rica. La novela sugiere la convicci&oacute;n de que el mundo se encamina c&iacute;clicamente a la repetici&oacute;n de las cat&aacute;strofes porque las olvida, y de que ese olvido no es inocente, sino a menudo fomentado por quienes medran en la oscuridad. Frente a ello, el autor aspira a arrojar luz: los focos que iluminan el pasado, parece decirnos, despejan tambi&eacute;n el camino del futuro. Con esta novela, Carlos Fortea se confirma como una de las voces m&aacute;s singulares de la narrativa espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea, capaz de convertir el silencio, el polvo y las vidas marginales en el aut&eacute;ntico centro del relato.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Carlos Fortea, <em>Tormenta de polvo fino</em>, Madrid, Nota al margen, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 06 Feb 2026 08:48:02 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ingeniería inversa]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/ingenieria-inversa/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/A.G._PORTA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Venimos de tiempos extra&ntilde;os y alcanzamos espacios maduros. Veterano del salvajismo, A. G. Porta &mdash;que hace un par de a&ntilde;os public&oacute; <em>Persecuci&oacute;n y asesinato del rey de los ratones representada por el coro de las cloacas bajo la direcci&oacute;n de un escritor fracasado</em> (Acantilado, 2022) y cuya primera obra, de 1984, <em>Consejos de un disc&iacute;pulo de Morrison a un fan&aacute;tico de Joyce</em>, fue escrita a cuatro manos junto con su &iacute;ntimo amigo Roberto Bola&ntilde;o y reeditada por Acantilado en 2006&mdash;. Este libro, <em>El invierno en Millburn y otros relatos</em> (Acantilado), aparentemente fragmentado, con un desorden herm&eacute;tico y literario, va y viene desde las notas tomadas y acumuladas con los a&ntilde;os, la ingenier&iacute;a inversa, la pasi&oacute;n por la novela pulp y la alta literatura, de Barcelona a Nueva York, pasando por el oeste de las pel&iacute;culas del mediod&iacute;a. Woody Allen en la Gran Manzana, los bocetos sugestivos de Aloma Rodr&iacute;guez, la apertura al sol de Enrique Vila-Matas. El libro comienza con &ldquo;Sunday afternoon (nueve cuentos)&rdquo;: nueve entregas, una red de personajes, cada uno con una cita. Cada uno, el fermento de una civilizaci&oacute;n y un tiempo.&nbsp;</p>
<p>El primero, en un hotel de Florida: cloro y humedad, una madre, un hijo y un padre astronauta camino a Marte. De ah&iacute;, de Florida o de Marte, hacia Colonia. Los abuelos. David Bowie definiendo la soledad en el espacio y personajes sacados de fiestas de Francis Scott Fitzgerald o de Woody Allen. Un padre y un hijo, tan lejos que se olvidan entre s&iacute;. En el cuento dos, una vuelta atr&aacute;s: dos amigas&hellip; los nombres se confunden como las relaciones; de ah&iacute; la naturaleza no eucl&iacute;dea de la obra, con relatos en estado cu&aacute;ntico, como si quisieran ocupar todo el tiempo y el espacio del lector. De ah&iacute; que el pasado modele el presente o que, simplemente, todo sea un follet&iacute;n de se&ntilde;oritas, abuelos, robots y escritores. Siempre un protagonista escritor. La voz de la voz: un falso documentalista, un demiurgo entre el autor y el lector.&nbsp;</p>
<p>Volvemos a la naturaleza cu&aacute;ntica de la historia: el mismo hijo, protagonista af&oacute;nico, usuario nivel Dios de la programaci&oacute;n de las p&aacute;ginas, a la altura del mismo autor, es capaz de ver el futuro; es el Doctor Manhattan de A. G. Porta. Sabe lo que va a ocurrir porque para &eacute;l ya ha ocurrido. Legos y materia oscura, periodistas, ginebra y t&oacute;nica, cuadros valencianos del siglo XIX, un tercer cuento con desplazamiento hacia el Mediterr&aacute;neo, hacia Valencia. Mary Jane, Selena, Elo&iacute;sa. Un escritor de terceros, como esa idea de la &ldquo;ingenier&iacute;a inversa&rdquo; que sobrevuela todo el volumen. P&aacute;ginas compartidas y, en el cuarto de los cuentos/estadios, dos personajes sorpresa, A y B, como sacados de una obra de Samuel Beckett, montados en un veh&iacute;culo abandonado, un gran cubo: un final de partida para dos ricos exc&eacute;ntricos escuchando a Bach. Todos los cuentos tienen figuras geom&eacute;tricas, uniones, v&eacute;rtices y lados basados en relaciones familiares, sentimentales, de amo y robot.&nbsp;</p>
<p>Es el acto de escribir lo que alimenta el libro. Acaso no introduce en sus escritos una buena parte de s&iacute; mismo. Un escritor que es hermano de la mujer del astronauta e, igual que aparecen artistas valencianos, tambi&eacute;n un Premio Nobel de Literatura, como Claude Simon. De la alta literatura a la odisea espacial. Ya no se sigue la cuenta del n&uacute;mero de relatos, porque ahora el astronauta ha despertado demasiado pronto de su sue&ntilde;o en el espacio profundo. Con la compa&ntilde;&iacute;a de un robot, sometido a la obligaci&oacute;n de escribir una novela en los nueve meses que le quedan hasta el final. Con acceso completo a todos los textos de Occidente, la compresi&oacute;n en archivos de la Biblioteca de Alejandr&iacute;a. La &uacute;ltima actualizaci&oacute;n del ChatGPT que se llevaron en su despegue ser&aacute; una versi&oacute;n obsoleta al volver.&nbsp;</p>
<p>De pronto, en esta meticulosa mezcolanza, volvemos a la Tierra y Porta enhebra p&aacute;rrafos de literatura inici&aacute;tica entre el t&iacute;o escritor y el sobrino genio: la idea es atomizar la cultura pop, de &ldquo;popular&rdquo;. Juegos de rol, criptozoolog&iacute;a y hombres de negro que borran la memoria. <em>El romancero gitano</em>, el descubrimiento de la penicilina, Philip K. Dick y el gran salto adelante. No nos hemos dado cuenta, pero hemos acumulado el cuento cinco y el seis en nuestra lista de le&iacute;dos. Por primera vez, Barcelona. Una boda a la que no puedes acudir por estar camino de Marte. Algo se nos ha perdido en el camino: la decisi&oacute;n de un amor furtivo y dif&iacute;cil. La mujer que no quiso ser su esposa porque sospechaba que terminar&iacute;a sus d&iacute;as en el espacio. Y volver al espacio. Y el robot que tambi&eacute;n tiene el s&iacute;ndrome de la p&aacute;gina en blanco. As&iacute; que, recordando a Rodrigo Fres&aacute;n (que es como recordar un poco a Roberto Bola&ntilde;o), enumera las leyes de Asimov e intenta superar el test de Turing. Bartleby &mdash;por esa resistencia a llevar a cabo el experimento&mdash;, Patrick Modiano &mdash;por ese modo de hablar de las brechas que se abren en el tiempo y que sugieren que el tiempo es proclive a rebelarse los domingos a media tarde&mdash;. Manuel Arranz, Albert Serra, dos pel&iacute;culas y un director: <em>El cielo sobre Berl&iacute;n</em> y <em>Coffee and Cigarettes</em>. Woody Allen. &iquest;Qu&eacute; se guarda en el espacio? Sospechamos que todo.</p>
<p>Un cuento siete de costumbrismo decadente: padre rico y aburrido, abuelo inapetente; en el futuro el humo volver&aacute; a utilizarse, el del tabaco, para ocultar el vulgar olor del sudor de los humanos. Cita de Andr&eacute; Salmon: &laquo;Llega un d&iacute;a, suena la hora, en que, brutalmente, uno se encuentra totalmente solo sin haberse tomado la molestia de romper con nadie&raquo;.</p>
<p>En el cuento ocho y el cuento nueve damos vueltas sobre la confusi&oacute;n. Carcasas y hombres, una iteraci&oacute;n en el control de la IA: &laquo;Algunos pronostican que los humanos viviremos en permanente enga&ntilde;o, puesto que los robots decidir&aacute;n por s&iacute; mismos cu&aacute;l ha de ser nuestro grado de conocimiento de las cosas&raquo;. Y cuando volvemos a los cl&aacute;sicos, R2-D2 o HAL 9000, el cuento final nos devuelve, en bucle infinito, a un pintor valenciano capaz de detectar a los extraterrestres que viven entre nosotros, ocultos.</p>
<p>Despu&eacute;s de esta aglomeraci&oacute;n literaria de final abierto, Porta se adentra en &ldquo;Una historia ins&oacute;lita con Florence Cambray&rdquo;. Dos escritores en la Manhattan de los grandes: Florence y un escritor. Olot, Gerona, la novela neoyorquina y el bloqueo del autor, la fascinaci&oacute;n por las noches interminables (de nuevo, volver a Bola&ntilde;o) y, como buen espa&ntilde;ol, algo de rep&uacute;blica y Guerra Civil; m&aacute;s, en este caso, el follet&iacute;n a&ntilde;ade la Guerra de Marruecos.</p>
<p>Sumido en el desconcierto, llega el siguiente pedazo del puzle: <em>Silver Kane Revisited</em>. En este libro, que transita entre la creaci&oacute;n y el homenaje, entre el pulp y el dietario, confluyen formatos distintos con longitudes variables. Despu&eacute;s del di&aacute;logo entre escritores nos adentramos en este fragmento que tiene un t&iacute;tulo entre novela de a duro (de Marcial Lafuente Estefan&iacute;a, que es uno de los homenajeados/referenciados) y una canci&oacute;n de Sonic Youth.</p>
<p>Los tebeos al cambio: un buen negocio de los quioscos de &eacute;poca, con las novelas del espacio, de detectives y de vaqueros. Redactadas a toda velocidad y sin m&aacute;s documentaci&oacute;n que la contenida en alguna de las voluminosas enciclopedias de las casas familiares del desarrollismo. El juego entre una perspectiva y otra, la narraci&oacute;n de un western crepuscular con un cierto tono de realismo m&aacute;gico combinado con un viaje tur&iacute;stico del autor, dudando si es real o ficticio, si es el Maps de Google o la descripci&oacute;n de la ciudad de Amarillo, m&aacute;s propia de Cormac McCarthy, posee validez.</p>
<p>Lo mejor es no darle vueltas: <em>Un colt, una mujer y el diablo</em>, la editorial Bruguera, los h&eacute;roes de la pradera, una pradera espa&ntilde;ola entre 1972 y 1982, alimento de los sue&ntilde;os, de los malos estudiantes, de los vigilantes de garita. Los tipis indios, reproducidos hasta la saciedad por el pl&aacute;stico de los vaqueros, juguetes baratos&hellip; mirando a los federales, el Street View de Google y pensar en <em>La diligencia</em> (de John Ford) y, claro, esa idea del enfrentamiento cultural entre moteles de carretera y los salones de las viejas pel&iacute;culas del oeste, al mediod&iacute;a, en cualquier canal auton&oacute;mico: &laquo;Los integrantes de la banda de irregulares mercenarios que, en <em>Meridiano de sangre</em>, la obra de Cormac McCarthy, se dedican a asesinar apaches, hombres, mujeres y ni&ntilde;os, a tanto la cabellera&raquo;.</p>
<p>Referencias de cine y literatura, de m&uacute;sica: <em>Bagdad Caf&eacute;</em>, Jon Voight en modo vaquero, <em>Cowboy de medianoche</em> se encuentra con <em>Abierto hasta el amanecer</em>. Ry Cooder y la m&uacute;sica de <em>Paris, Texas</em>, Buddy Holly, la fot&oacute;grafa Dorothea Lange, <em>Malas hierbas</em>, <em>Las uvas de la ira</em>, la Route 66, Woody Guthrie, Chuck Berry, Jack Kerouac, iconos como el Rey de Amarillo, de <em>True Detective</em>, o &ldquo;Los hermanos Dalton&rdquo; &mdash;pero en serio&mdash;&hellip; una canci&oacute;n, un tren en el desierto. Stefan Zweig escuchando un discurso de Hitler mientras recorr&iacute;a Texas en un ferrocarril.</p>
<p>Y termina con el fragmento que da t&iacute;tulo al libro, &ldquo;El invierno en Millburn&rdquo;: historias de material reciclado. &laquo;A veces solo le&iacute;a y pensaba, y a veces, en el cuaderno que estuviera usando, escrib&iacute;a una nota sobre lo que acababa de leer en los cuadernos antiguos, o escrib&iacute;a una nota sobre una idea que se le ocurr&iacute;a a prop&oacute;sito de lo que acababa de leer&raquo;.</p>
<p>Huir a EE. UU., vivir su aventura neoyorquina, la buhardilla de sus sue&ntilde;os, revisar las historias que pueblan los cuadernos hasta encontrar una que le convenza. &Eacute;l mismo se delata: &laquo;Reescribir, a su modo, los nueve cuentos de Salinger. Siempre he tenido una especie de cari&ntilde;o a su edici&oacute;n de Bruguera&raquo;. Pero no llega la inspiraci&oacute;n. Se acaba el dinero mientras se extienden los paseos por lugares de ensue&ntilde;o.</p>
<p>As&iacute; que llegamos a la p&aacute;gina 112. La idea de la ingenier&iacute;a inversa. La reescritura. Diez o doce t&iacute;tulos. Si uno se lanza, debe ir a por todo: los grandes nombres de la literatura. Todo o nada.</p>
<p>A. G. Porta escribe sobre el bloqueo y la reescritura, sobre la posmodernidad y la interpolaci&oacute;n, sobre la mitoman&iacute;a y el agotamiento de las grandes f&oacute;rmulas. Porta escribe, en definitiva, sobre la decadente fragmentaci&oacute;n de Occidente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A.G. Porta,&nbsp;<em>El invierno en Millburn&nbsp;y otros relatos</em>, Barcelona, Editorial Acantilado, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 30 Jan 2026 09:14:59 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un poemario que abre caminos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-poemario-que-abre-caminos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/LAURA_GIORDANI_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>Micelio</em>, t&iacute;tulo del nuevo libro de Laura Giordani, es una met&aacute;fora de la vida, del mundo, de la poes&iacute;a. Las hifas que conforman el micelio tienen capacidad de crecimiento, degradan compuestos inorg&aacute;nicos y neutralizan la toxicidad.&nbsp;</p>
<p>En este libro, los acontecimientos que se cuentan: infancia, muerte del padre, presencia de los hijos, migraciones&hellip;, construyen una unidad que regenera las heridas y son la puesta en marcha de lo que se dice en la primera parte, &ldquo;Micelio madre&rdquo;, la &ldquo;que nos sostiene&rdquo; (&hellip;) &ldquo;hacedora de olvido&rdquo; (p. 23).&nbsp;</p>
<p>Es la palabra po&eacute;tica la que repara el da&ntilde;o y convierte en alimento el detritus de nuestra experiencia humana. Nadie lo puede decir mejor que la propia poeta: el poema es el emergente de un texto mayor sumergido en la penumbra. El micelio nos conecta a los dem&aacute;s; cose todo lo que existe entre el cielo y la tierra, como el fresno de Yggdrasil en la mitolog&iacute;a n&oacute;rdica.&nbsp;</p>
<p>En <em>Micelio</em> fluyen los poemas enlazados y nos sumergen en un camino espiritual, un camino m&iacute;stico, que conduce al Uno. Para &ldquo;dar a la caza alcance&rdquo; debe haber una rendici&oacute;n, &ldquo;una &aacute;scesis inversa (&hellip;) seguir descendiendo hasta saberse sustrato, ra&iacute;z, mineral (&hellip;) hasta diluir los bordes en la compasi&oacute;n del Uno&rdquo; (p. 16). En esa oscuridad nace &ldquo;el poema refucilo en la llanura oscurecida, como &uacute;nica linterna&rdquo; (p. 16). &nbsp;Hay que cavar &ldquo;mirar hacia abajo, / con la misma reverencia / con que alzamos los ojos a la noche estrellada&rdquo; (p. 22).&nbsp;</p>
<p>En la segunda parte --&ldquo;Familia&rdquo;--, se cava en la propia historia. Bosques y personas son lo mismo. Para tratar de los exilios, a los que se vio abocada la familia, se nombra la madera de los barcos que atravesaron el Atl&aacute;ntico. La madera, vinculada con Jes&uacute;s y con la cruz en donde muri&oacute;, es un refugio, algo que nos conecta y nos vincula con la cuna y con el ata&uacute;d. La madera, el tirso que portaba Dioniso, s&iacute;mbolo de vida, de muerte y de &eacute;xtasis tambi&eacute;n, est&aacute; relacionado, sin duda, con lo anterior. Bosques, maderas, naturaleza en general, son id&eacute;nticos a nosotros. El ser humano es Uno con la naturaleza. No logran destruir esa unidad identidades ni aduanas. Nada puede fracturarla.&nbsp;</p>
<p>Esta segunda parte de <em>Micelio</em>, es fundamental para ahondar en el recuerdo porque &ldquo;somos lo que fueron nuestros ancestros, aunque no sepamos descifrarlo&rdquo; (p. 35). Al igual que los &aacute;rboles tienen l&iacute;neas en los troncos, las tenemos nosotros en las manos. Ah&iacute; est&aacute; nuestra vida. Todo lo que vivimos se derrumb&oacute;. De ese derrumbe, de la putrefacci&oacute;n, de las heridas, surgen la sanaci&oacute;n y la belleza: &ldquo;El da&ntilde;o / convertido en joya / de afilada belleza&rdquo; (p. 37).&nbsp;</p>
<p>De la historia familiar, se pasa en esta segunda parte del libro, a lo general, a la historia de toda la humanidad. Lo remoto, pasado mitol&oacute;gico, de la tierra madre, lleva a las relaciones m&aacute;s pr&oacute;ximas: hijos, padres, abuelos. Con este material disperso, en el que cabe todo, se construye un refugio, un nido en el que viven personas concretas, pero tambi&eacute;n todos los seres humanos. El padre migrante, que cruz&oacute; el Atl&aacute;ntico tres veces, vuelve al mar que lo acogi&oacute; y esparce sus cenizas con una sonrisa dichosa. El padre que se funde con los que llegan, con los que nunca llegaron, benditos todos.&nbsp;</p>
<p>La tercera y cuarta parte, &ldquo;Anomal&iacute;as&rdquo; y &ldquo;Ternura en doce anomal&iacute;as&rdquo;, insiste en derrumbar lo que nos separa: los pronombres y la frontera entre vida y muerte. Porque los muertos no han soltado el amarre. Son las palabras las que han de tender hilos &ldquo;entre lo visible y lo no visible&rdquo; porque ellas son el invisible micelio que nos sostiene.&nbsp;</p>
<p>La mayor herida es &ldquo;ese desguace sin t&eacute;rmino de la infancia&rdquo; (p. 70). Pero las heridas han de repararse, ahondar en ellas, fortalecerse con ellas, como en la t&eacute;cnica del Kintsugi, consistente en reparar con oro. Es la belleza de la imperfecci&oacute;n y de la historia que cuentan.&nbsp; &nbsp;</p>
<p>Laura Giordani cita a Rum&iacute;: &ldquo;La herida es el lugar por donde entra la luz&rdquo; (p. 70). Este libro es, tambi&eacute;n, luz y b&aacute;lsamo, muestra heridas y las repara. En todo el libro fluyen la calma y la paz. A los peque&ntilde;os se transmite el secreto de la vida, seg&uacute;n Mateo. Hay que mirarla con inocencia, con los ojos de la inocencia. Es la fe (<em>effet&aacute;</em>) la que se nombra. Una fe fundada en la comuni&oacute;n con la naturaleza, en la seguridad de que formamos parte de ella y en la ruptura de fronteras entre los seres animados e inanimados. Es el h&aacute;lito espiritual de Juan de la Cruz, cuando dijo: &ldquo;Mi Amado, las monta&ntilde;as, / los valles solitarios nemorosos, / las &iacute;nsulas extra&ntilde;as&hellip;&rdquo; Una fe que se manifiesta contra el horror y la violencia y que esgrime el poder de la ternura, &ldquo;capaz de sentir el coraz&oacute;n de la piedra en la muerte&rdquo; (p. 84).</p>
<p>La &uacute;ltima parte, la quinta, &ldquo;Por donde los hu&eacute;spedes invisibles entran y salen&rdquo;, nos muestra el infinito en que vivimos, vivos y muertos. Se rompen los l&iacute;mites en el silencio, en &ldquo;el agua primordial que nos re&uacute;ne&rdquo;. El poema &ldquo;revela la precariedad de los contornos y la hermandad de todo lo vivo&rdquo;. Hay que &ldquo;dejarse anegar / por esa agua inconfinable / que nos hermana&rdquo;. La hospitalidad como apertura radical hacia lo otro ser&aacute; la manera de restaurar el da&ntilde;o. Pero tambi&eacute;n la contemplaci&oacute;n de la naturaleza, del paisaje, hasta fundirnos con &eacute;l como en la actividad japonesa &ldquo;Momijigori&rdquo; (p. 101).&nbsp;</p>
<p>Es la palabra po&eacute;tica el micelio que nos sustenta, en donde vibra la vida secreta. &ldquo;El poema debe transmitir, sin conocer, como una carta sellada&rdquo; (p. 106). Ha de ser una escritura que muestre su rev&eacute;s, sus costuras, una deshilachada manta que nos cobija (p. 107).&nbsp;</p>
<p>Con estas afirmaciones termina <em>Micelio</em>, verdadera po&eacute;tica, que deja al descubierto el trabajo de Laura: sabe que tiene que transmitir todo al lector, que debe abrirle caminos hasta lograr que se anegue en la palabra po&eacute;tica, para que ambos sean Uno tambi&eacute;n.&nbsp;</p>
<p>Si un solo poema logrado puede salvar a un libro, <em>Micelio</em> tiene un r&iacute;o de poemas impactantes. La autora nos gu&iacute;a, paso a paso, por el mundo-micelio, nuestro sustento, regenerador de las heridas. Nos ofrece una historia para darnos al final su concepci&oacute;n de la escritura y del lenguaje po&eacute;tico, guardi&aacute;n de la carta sellada. Pocos poemarios pueden abrir tantos caminos. Pocos poemarios tan comprometidos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Laura Giordani, <em>Micelio,</em> Chile, Ril Editores, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 28 Jan 2026 13:52:58 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[José Luis Trullo: “cuando se pervierte el lenguaje, se corrompe la sociedad”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jose-luis-trullo-cuando-se-pervierte-el-lenguaje-se-corrompe-la-sociedad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/JOS_LUIS_TRULLO_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>En el mundo (o, ya m&aacute;s bien, mundillo) de la cultura, ese en el que pululan artistas de todo pelaje, desde narradores, poetas, novelistas, ensayistas, pintores de vanguardia, m&uacute;sicos y un largo etc&eacute;tera, la pregunta que no deber&iacute;an hacerse es si el arte o la cultura han muerto, ni tampoco (arrimando cada uno el ascua a su sardina) si han muerto la novela, la poes&iacute;a, la pintura o la m&uacute;sica. No. La verdadera y m&aacute;s trascendental pregunta que tendr&iacute;an que hacerse todos aquellos que cl&aacute;sica y tradicionalmente han formado parte de ese amplio gremio es si ha muerto el humanismo. O, dicho de otra manera, si las diferentes expresiones art&iacute;sticas conservan a&uacute;n un car&aacute;cter que vaya m&aacute;s all&aacute; de lo meramente mercantil y comercial, y apunte, por tanto, a cotas m&aacute;s elevadas de espiritualidad. Cotas herederas de la tradici&oacute;n grecolatina y continuadoras de lo que se dio en el Renacimiento, donde importaban m&aacute;s el saber, el conocimiento y el autoconocimiento, la b&uacute;squeda de la verdad, la belleza y el bien, y no la supercher&iacute;a ni la intrascendencia de lo superfluo y lo balad&iacute;. A tenor de lo que la cultura actual produce, se dir&iacute;a que cada vez estamos m&aacute;s cerca de alejarnos de lo primero y de vivir inmersos en lo segundo.&nbsp;</p>
<p>La turistificaci&oacute;n de los museos, las modas pasajeras por estar a la &uacute;ltima en la presentaci&oacute;n de cualquier obra art&iacute;stica por el simple hecho de acumular &laquo;experiencias&raquo; m&aacute;s que por interiorizar y aprender (para crecer mental, sentimental e inteligentemente) de esas &laquo;experiencias&raquo;, como si de atiborrarse de un sinf&iacute;n de platos en lugar de educar el paladar se tratara, es la m&aacute;s evidente raz&oacute;n de que los valores del humanismo cl&aacute;sico est&aacute;n en crisis, o, lo que es lo mismo e incluso algo parad&oacute;jico: que no por consumir m&aacute;s cultura nos culturizamos m&aacute;s, dado que esa cultura, en t&eacute;rminos generales, es una cultura de postureo o una cultura de usar y tirar, como los pa&ntilde;uelos kleenex.&nbsp;</p>
<p>Por fortuna no todo est&aacute; perdido, y contra ese modo de consumismo cultural se revelan unos pocos &laquo;humanistas&raquo; que a&uacute;n creen que la naturaleza humana es una fuente de nobleza y no solo de vileza, y con capacidad de superaci&oacute;n para llegar adonde realmente hay que llegar, a saber: a aquello que nos hace humanos si nuestro prop&oacute;sito en la vida es corregir los vicios y los errores de la sociedad. Uno de esos &laquo;humanistas&raquo; es Jos&eacute; Luis Trullo, tal vez el mejor exponente espa&ntilde;ol en la reivindicaci&oacute;n de una vuelta a la dimensi&oacute;n espiritual del ser humano, y enemigo declarado del materialismo, de la palabra vacua y del relativismo que tiene en los publicistas, los pol&iacute;ticos y los esl&oacute;ganes que utilizan sus mayores armas para adocenar a la gente y devaluar el sentido verdadero de ciertos vocablos, como el bien, la verdad, la justicia o la belleza.&nbsp;</p>
<p>A Trullo le preocupa sobremanera el uso espurio que se hace de esos t&eacute;rminos y reclama (y hasta protesta con muchas impecables e implacables razones) un mejor empleo de los mismos, para lo cual esgrime como necesaria la recuperaci&oacute;n del sentido que en general los fil&oacute;sofos de la antig&uuml;edad y en particular los moralistas franceses le dieron a tales nobles ideas. Porque para esos fil&oacute;sofos y moralistas, igual que para Jos&eacute; Luis Trullo, lo importante, dentro de nuestro devenir como personas, es intentar comprender al otro (recuerden: &ldquo;<em>Je suis l'autre&rdquo; de G&eacute;rard de Nerval o &ldquo;Je est un autre&rdquo; de Arthur Rimbaud), ya que, en el fondo, todos somos lo que somos en relaci&oacute;n a lo que son los dem&aacute;s, y sin los dem&aacute;s nada ser&iacute;amos. En </em><em>Un monstruo incomprensible. </em><em>Retablo de moralistas franceses, 1600-1850</em> (Editorial Renacimiento, 2025)<em>, Trullo ha querido rescatar las mejores sentencias (aforismos, dir&iacute;amos hoy) de una pl&eacute;yade de autores, entre otros Madeleine de Souvr&eacute;, Chamfort, Joubert o Pascal, para hacernos ver que nada de lo humano les fue ajeno. Un rescate que encierra no pocas sorpresas.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Ning&uacute;n sistema pol&iacute;tico podr&aacute; cambiar lo que el ser humano ha sido, es y nunca dejar&aacute; de ser&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&rdquo;Bien, belleza y verdad&rdquo;&hellip;, una tr&iacute;ada por la que apostaron algunos moralistas franceses. &iquest;Por qu&eacute; no por la libertad, la igualdad y la fraternidad? &iquest;Es que eran m&aacute;s estetas que ide&oacute;logos?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Ni una cosa, ni la otra. Los autores que solemos englobar bajo el r&oacute;tulo de &ldquo;moralistas franceses&rdquo; eran, a mi entender, &ldquo;humanistas&rdquo; en el m&aacute;s amplio sentido del t&eacute;rmino, es decir: cre&iacute;an firmemente en la existencia de una naturaleza humana, con sus noblezas y sus vilezas, pero tambi&eacute;n en nuestra capacidad de superar estas para desplegar aquellas. Sus m&aacute;ximas, sentencias, apuntes y aforismos asumen esa funci&oacute;n paren&eacute;tica que ha acompa&ntilde;ado a la brevedad desde la Grecia arcaica (con el caso de Teognis de M&eacute;gara como estandarte m&aacute;s destacado): nos alertan de los errores que cometemos por mera inadvertencia y, salvo excepciones (caso de La Rochefoucauld), nos exhortan a alcanzar esas &ldquo;altas metas&rdquo; a las que, desde Cicer&oacute;n y S&eacute;neca, viene llam&aacute;ndonos expl&iacute;citamente el humanismo occidental. En este contexto, la ideolog&iacute;a pol&iacute;tica ocupa un espacio muy limitado. Bien es cierto que, si hemos de tildar de algo a los moralistas franceses, ser&iacute;a, como poco, de conservadores, cuando no de reaccionarios (caso de Chateaubriand), pero eso no quiere decir que se muestren insensibles ante las injusticias sociales, al rev&eacute;s, las denuncian y las condenan (caso de Chamfort). Lo que s&iacute; tienen muy claro es que ning&uacute;n sistema pol&iacute;tico podr&aacute; cambiar lo que el ser humano ha sido, es y nunca dejar&aacute; de ser. En este sentido, en general los moralistas se muestran un tanto esc&eacute;pticos respecto a cualquier prop&oacute;sito revolucionario, lo cual no excluye su confianza en nuestra capacidad de ser buenos, bellos y verdaderos, si nos lo proponemos, pero individualmente; estar&iacute;amos, pues, ante un caso parad&oacute;jico de fatalismo optimista.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Moralistas franceses en lugar de moralistas de otras lenguas, &iquest;qu&eacute; tienen de especial?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Por la calidad de sus reflexiones y el modo exacto en que las plasmaron por escrito, han logrado ser reconocidos como un caso singular en la historia de la cultura occidental. L&oacute;gicamente, la expresi&oacute;n no es m&iacute;a: pertenece al acervo com&uacute;n, y a pesar de las connotaciones peyorativas que en nuestra &eacute;poca suele acompa&ntilde;ar al concepto &ldquo;moralista&rdquo;, creo que en este caso est&aacute; m&aacute;s que justificado el conservarla, por lo que he comentado m&aacute;s arriba: porque su prop&oacute;sito es el de incidir sobre las costumbres (&ldquo;mores&rdquo;, en lat&iacute;n) para corregir los vicios y enfatizar las virtudes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Es nuestra disposici&oacute;n personal la que acaba determinando el perjuicio o el beneficio que nos ocasiona todo lo que nos ocurre&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Adem&aacute;s, distingues entre moralistas optimistas y moralistas pesimistas&hellip;, &iquest;a qu&eacute; crees que responden esas dos actitudes opuestas?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Entiendo que es una cuesti&oacute;n, ante todo, de car&aacute;cter (el cual, para Her&aacute;clito, era el modo en que el destino se encarna en cada persona). La acidez descorazonadora e implacable de La Rochefoucauld nada tiene que ver con la c&aacute;lida ternura y la sensibilidad de Joubert, por poner un ejemplo. Tambi&eacute;n es cierto que cada cual experiment&oacute; en sus carnes las vicisitudes de su propia ubicaci&oacute;n existencial, y los salones de la aristocracia francesa, si nos creemos lo que nos cuentan los moralistas, deb&iacute;an de ser un aut&eacute;ntico infierno disfrazado de gentileza cortesana. Sin embargo, quiero pensar que, como dej&oacute; escrito Sartre en una frase magistral, &ldquo;somos lo que hacemos con lo que nos hacen&rdquo;: es nuestra disposici&oacute;n personal la que acaba determinando el perjuicio o el beneficio que nos ocasiona todo lo que nos ocurre. En esto, los estoicos, los m&aacute;s preclaros moralistas de la historia, nos brindaron una lecci&oacute;n de valor permanente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-En tu pr&oacute;logo a <em>Un monstruo incomprensible</em> dices que la naturaleza humana siempre es la misma. Pero, &iquest;no te parece que la historia muestra suficientemente que en poco nos parecemos ya a nuestros ancestros?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-En lo superficial, tal vez hemos cambiado, pero en lo profundo somos esencialmente los mismos, y como he se&ntilde;alado, nunca dejaremos de serlo; contra los constructivistas, soy un firme defensor del concepto de &ldquo;naturaleza humana&rdquo;. Es su existencia la que explica la vigencia de los cl&aacute;sicos, a los cuales leemos con el mismo provecho, si no muy superior, al que nos proporcionan nuestros propios contempor&aacute;neos (al menos, en mi caso). Por supuesto, como sociedad en muchos aspectos hemos &ldquo;mejorado&rdquo;, si se puede decir as&iacute;: al menos en Occidente, ya no aceptamos que se discrimine a nadie por su origen, su sexo, su clase social, etc&eacute;tera; pero tambi&eacute;n hay que admitir que en ciertos temas hemos &ldquo;empeorado&rdquo;: el materialismo ha arrasado con nuestra dimensi&oacute;n espiritual, la chabacaner&iacute;a se celebra en lugar de condenarla, las bajas pasiones se han adue&ntilde;ado de las masas hasta l&iacute;mites insoportables... pero eso tambi&eacute;n ha ocurrido en otras &eacute;pocas, como bien sabemos, y sin duda en el futuro volver&aacute; a suceder.. <em>Quod erat demonstrandum.</em></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><strong>&ldquo;Hay que rescatar las palabras de las garras de pol&iacute;ticos y publicistas&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>-&iquest;Las palabras confortan hoy en d&iacute;a como lo hac&iacute;an en el pasado o se han devaluado? &iquest;No crees que las palabras verdaderas est&aacute;n en crisis?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-As&iacute; lo creo, s&iacute;. De hecho, no hace mucho publiqu&eacute; un texto sobre ese tema, titulado de manera elocuente &ldquo;Palabras secuestradas&rdquo;, urgiendo a los poetas (&iexcl;y a los moralistas!) a rescatarlas de las garras de pol&iacute;ticos y publicistas. Cuando se pervierte el lenguaje, se corrompe la sociedad.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Kafka dec&iacute;a que s&oacute;lo la brevedad es impecable. &iquest;Lo prolijo entonces es un exceso del pensamiento?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Impecable e implacable, s&iacute;. El laconismo, como se lee en el <em>Prot&aacute;goras </em>de Plat&oacute;n es &ldquo;propio de un hombre perfectamente educado&rdquo;. Los charlatanes, en cambio, suelen ser verborreicos. Los sofistas constituyen un caso muy claro de ello.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;No existe g&eacute;nero alguno que se encuentre libre del peligro de ser malversado&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Greguer&iacute;as, aerolitos, sentencias, aforismos, etc&eacute;tera&hellip; &iquest;Se podr&iacute;a pensar que son formas de lucimiento m&aacute;s que de pensamiento?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Depende de qui&eacute;n y c&oacute;mo los cultive. Muchas greguer&iacute;as no pasan de chistes sin trascendencia, desde luego, pero otras alcanzan cotas siderales. Con los aerolitos de Ory pasa lo mismo: la mayor&iacute;a son travesuras, y lo que es peor, absurdas. Las m&aacute;ximas y sentencias corren el riesgo contrario: incurrir en la impostura, hacer pasar por densa y profunda un afirmaci&oacute;n vacua y falaz. Pero no existe g&eacute;nero alguno que se encuentre libre del peligro de ser malversado. Ni siquiera de que un lector con dudoso criterio acabe dando su benepl&aacute;cito a un texto insustancial, sea breve como un aforismo o extenso como un ensayo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Entiendo la del aforista como una labor c&iacute;vica&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-&iquest;Un aforista es un francotirador que dispara para herir o matar nuestros lamentables actos fallidos en el curso de nuestra vida?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Al menos, entre muchas otras cosas, debe llamarnos la atenci&oacute;n sobre ellos y proponer alternativas. Por eso entiendo la del aforista como una labor c&iacute;vica. Como dec&iacute;a antes, el ser humano se mueve en la cuerda floja entre la amenaza del error y la promesa del acierto. El aforista que cultiva el registro moral, si es honesto, nos ayuda a alejarnos del primero y acercarnos al segundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Una sociedad que reduce el di&aacute;logo a un intercambio de esl&oacute;ganes, desde luego, tiene muy poco futuro&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-&ldquo;El moralista es un humanista&rdquo; parece ser una de tus tesis. Pero la moral no siempre es la misma, &iquest;c&oacute;mo se come eso?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Coci&eacute;ndolo a fuego lento. No es un asunto que se pueda ventilar en &ldquo;dos tardes&rdquo;, como quien dice; de hecho, es el gran dilema de la &eacute;tica: &iquest;qu&eacute; conceptos forman y no pueden dejar de formar parte del ideario de una sociedad que se respete a s&iacute; misma, y cu&aacute;les son negociables? Desde luego, que ciertos valores cambien con las &eacute;pocas no quiere decir que los vigentes en cada momento haya que darlos por buenos. Como se puede intuir, no simpatizo con el relativismo. Del mismo modo que antes era legal la pena de muerte pero se penalizaba el aborto, ahora ocurre justo al rev&eacute;s. Y, en mi opini&oacute;n, ambas pr&aacute;cticas son igualmente deleznables. En cualquier caso, estamos ante debates de gran calado que no pueden liquidarse con el recurso a lemas del tipo &ldquo;quien a hierro muere, a hierro mata&rdquo;, o &ldquo;mi cuerpo, mi decisi&oacute;n&rdquo;. Una sociedad que reduce el di&aacute;logo a un intercambio de esl&oacute;ganes, desde luego, tiene muy poco futuro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Esforzarnos, ya no digo en amar, sino en comprender al otro no es solo una opci&oacute;n, es un aut&eacute;ntico deber moral&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-&iquest;Los seres humanos somos monstruos incomprensibles, como afirmaba Pascal? &iquest;Y si es as&iacute;, para qu&eacute; hacer el esfuerzo de intentar comprenderlos, como &eacute;l mismo hizo?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-El humano es el ser que comprende, o al menos, que lo intenta. De no ser as&iacute;, en poco se diferencia de una mascota. Precisamente la renuncia al sentido es lo que explica fen&oacute;menos extravagantes como el animalismo: si hay que dar a la humanidad por perdida porque no hay quien, en apariencia, la entienda, me quedo con mi perro, que al menos no me lleva la contraria. De hecho, los grandes mis&aacute;ntropos (con Schopenhauer a la cabeza) se habr&iacute;an vuelto locos, de no contar con la compa&ntilde;&iacute;a de un cuadr&uacute;pedo a su lado. Esforzarnos, ya no digo en amar, sino en comprender al otro no es solo una opci&oacute;n, es un aut&eacute;ntico deber moral; si renunciamos a &eacute;l, como parece ser que est&aacute; ocurriendo, cunde el cainismo, se extiende la violencia y vuelve la ley de la jungla.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-&iquest;No te parece sorprendente que sea una mujer, Madeleine de Souvr&eacute;, quien tenga el honor de ser la madre de los moralistas franceses?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Llamativo s&iacute; lo es. Pero en la Francia de los siglos XVII al XIX brillaron varias mujeres que, al frente de un sal&oacute;n literario, consegu&iacute;an reunir a escritores, pensadores y estadistas para departir sobre lo humano y lo inhumano. Ya hay un libro publicado sobre ellas, de reciente aparici&oacute;n, que incluyo en la bibliograf&iacute;a del volumen: <em>Women Moralists in Early Modern France</em>, de<em> </em>J. C. Hayes (Oxford University Press, Nueva York, 2023).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Las ideolog&iacute;as siempre ser&aacute;n el primer recurso del que echar&aacute;n mano los perezosos&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-De M. de Souvr&eacute; es esta sentencia: &laquo;Las mentes mediocres, pero viciadas, sobre todo las de los falsos sabios, son las m&aacute;s propensas a la obstinaci&oacute;n. S&oacute;lo las almas fuertes saben rectificar y abandonar una decisi&oacute;n err&oacute;nea&raquo;. &iquest;Explicar&iacute;a esto por qu&eacute; estamos gobernados por tontos y mediocres?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-En esa sentencia, magistral, concurren varios temas, y todos de sumo inter&eacute;s. Me quedar&eacute; con que resulta extremadamente dif&iacute;cil mantener esa apertura mental que nos obliga a someter a revisi&oacute;n constante todo aquello que, de renunciar al examen, nos proporcionar&iacute;a calma y seguridad. Por eso las ideolog&iacute;as siempre ser&aacute;n el primer recurso del que echar&aacute;n mano los perezosos: no nos exigen dudar y, a cambio, nos infunden un sentimiento de superioridad que anta&ntilde;o quedaba reservado a los creyentes. Lo de los gobernantes es m&aacute;s complejo, porque ah&iacute; concurren otros factores, pero sin la inestimable contribuci&oacute;n de los ideologizados desde luego que tendr&iacute;an muy complicado acceder al poder y mantenerse en &eacute;l (como podemos comprobar que est&aacute; ocurriendo ahora en nuestro pa&iacute;s).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;En las redes sociales uno muestra, no lo que es, sino lo que quiere que los dem&aacute;s crean que es&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Tambi&eacute;n de la misma autora es esta otra sentencia: &laquo;Saber descubrir el interior de los dem&aacute;s y ocultar el propio es una se&ntilde;al inequ&iacute;voca de una mente superior&raquo;. &iquest;C&oacute;mo casarla con esta &eacute;poca en la que las redes sociales sirven especialmente para mostrar y no ocultar nuestro interior, sino todo lo contrario, para exhibirlo?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-En las redes sociales uno muestra, no lo que es, sino lo que quiere que los dem&aacute;s crean que es, incluso lo que uno mismo quiere creerse que es. Por eso en ellas es tan f&aacute;cil enga&ntilde;arse a uno mismo, engatusar a los incautos y que prosperen los impostores y desalmados. Pero, claro, no todos empleamos las redes para los mismos fines, aunque ese sea su uso m&aacute;s generalizado y pernicioso.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Por volver a la primera pregunta, uno de los moralistas, no recuerdo ahora cu&aacute;l, dice que la b&uacute;squeda de la verdad no sirve sino para hacernos comprender lo ignorante que naturalmente somos. &iquest;La verdad es encontrable? Y si lo es, a pesar de nuestra ignorancia, &iquest;c&oacute;mo es que no nos rendimos a ella, venga de donde venga?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-No me siento capacitado para responder a esa pregunta. Ni siquiera tengo claro a qu&eacute; nos referimos, al hablar de &ldquo;verdad&rdquo;. En cualquier caso, ya S&oacute;crates (al que he dedicado muchas p&aacute;ginas en mi &uacute;ltimo libro) advirti&oacute; que, de acuerdo con el or&aacute;culo de Delfos, &ldquo;solo el dios sabe&rdquo;; los humanos, como mucho, podemos &ndash;&iexcl;y debemos!&ndash; esforzarnos en aprender... lo cual, en los tiempos que corren, con tanta gente dando lecciones a todas horas, no es poco.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Como humanista que soy, y militante, la libertad radical del individuo forma parte de mi argumentario innegociable&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Para Pascal el principio de la moral es el pensar. &iquest;Quiere decir eso que no hay una moral natural o que la gen&eacute;tica no determina nuestra forma de ser en el mundo?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Por seguir con S&oacute;crates, padre de los humanistas occidentales, es el conocimiento del bien lo que nos permite actuar correctamente. Ese intelectualismo &eacute;tico, tan ingenuo que nos puede arrojar en brazos de la melancol&iacute;a, y que choca frontalmente con el t&oacute;pico de la &ldquo;ignorancia socr&aacute;tica&rdquo; (la cual no exclu&iacute;a, contra lo que se suele creer, la expectativa de alcanzar alg&uacute;n saber consistente, como demostr&oacute; su disc&iacute;pulo Plat&oacute;n), pone a la raz&oacute;n humana en el centro de la reflexi&oacute;n sobre los valores, eso est&aacute; claro. No creo que de ello se pueda deducir algo m&aacute;s que el que estamos obligados a seguir pensando en torno a los grandes temas, entre ellos, el de si existe o no una moral natural, y todos los dem&aacute;s. Lo que s&iacute; rechazo frontalmente es eso de que &ldquo;la gen&eacute;tica determine nuestra forma de ser en el mundo&rdquo;; como humanista que soy, y militante, la libertad radical del individuo forma parte de mi argumentario innegociable (la cual no hay que confundir con la &ldquo;autonom&iacute;a &eacute;tica&rdquo;). Son temas muy serios. No se pueden despachar en cuatro frases, me temo que ni siquiera en cuarenta y cuatro mil.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;A cada cual le aguarda una felicidad propia, que pasa por realizar un proyecto vital que &uacute;nicamente le incumbe a &eacute;l&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Por su parte, Chamfort dec&iacute;a que &laquo;la aut&eacute;ntica felicidad humana se funda &uacute;nicamente en la verdad&raquo;. Pero: &iquest;no nos ayudan las mentiras piadosas o nobles (como las llamaba Plat&oacute;n) a paliar la infelicidad?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Chamfort no dice otra cosa que lo que afirman los cl&aacute;sicos grecolatinos: que la felicidad, entendida no como euforia subjetiva sino como estado objetivo de la persona, consiste en el cumplimiento de una vocaci&oacute;n esencial, y que esta no se centra en bienes perecederos sino aut&eacute;nticos, &ldquo;verdaderos&rdquo;. A cada cual le aguarda una felicidad propia, que pasa por realizar un proyecto vital que &uacute;nicamente le incumbe a &eacute;l; por ello resultan tan insatisfactorios y frustrantes los llamados libros de autoayuda, porque generalizan lo que solo puede ser singular.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Abandonado a su suerte, el ser humano est&aacute; condenado a lo peor&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Tanto Pascal como Vauvenargues o Malesherbes ensalzaban la raz&oacute;n. &iquest;Y qu&eacute; hay de la pasi&oacute;n?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-El de &ldquo;pasi&oacute;n&rdquo; es un concepto ambiguo (y antiguo) que requiere matizaciones. No tengo reparos en condenar las &ldquo;bajas pasiones&rdquo; (los vicios de toda la vida: la codicia, la vanidad, la lujuria) como perniciosas, mientras que me mostrar&iacute;a m&aacute;s que dispuesto a defender las &ldquo;altas&rdquo; como beneficiosas para uno mismo y para los dem&aacute;s: la generosidad, la capacidad de sacrificio, la perseverancia... Vistas as&iacute;, hay pasiones buenas y malas. Pero es la raz&oacute;n la &uacute;nica que nos permitir&aacute; gestionar correctamente las primeras y someter a control las segundas. Desde luego, si la alternativa es la de &ldquo;dejarse llevar&rdquo;, como postulan despreocupadamente los gur&uacute;s del espontane&iacute;smo actual, que no cuenten conmigo: abandonado a su suerte, el ser humano est&aacute; condenado a lo peor.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-&iquest;Estamos necesitados de sentencias morales o m&aacute;s bien estamos ya sentenciados a no necesitar que nos moralicen?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-No creo que debamos prescindir de nada, por muy sabios o experimentados que nos creamos. Es comprensible que a nadie le guste que le afeen su conducta. Ahora bien, esa indiferencia colectiva a la que hemos llegado, en virtud de la cual nadie aconseja o reprocha nada a nadie porque a todos nos da todo lo mismo, tampoco creo que sea salut&iacute;fera. Es preciso encontrar un equilibrio entre la sana voluntad de mejorarnos colectivamente y el leg&iacute;timo derecho a equivocarnos y aprender en primera persona de nuestros propios errores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Que el aforismo haya dejado de ser el pariente pobre de la literatura para hacer valer su dignidad cong&eacute;nita es algo que no deber&iacute;a ofender a nadie&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-A tenor de las numerosas publicaciones que, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, vienen haci&eacute;ndose de libros de aforismos, parece que estamos en la edad de oro de este g&eacute;nero literario. &iquest;Crees que es una moda o que ha llegado para quedarse? &iquest;Qu&eacute; futuro le ves?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Me llama la atenci&oacute;n que se hable de abundancia en el &aacute;mbito afor&iacute;stico &ndash;cuando, en el mejor de los casos, en la &uacute;ltima d&eacute;cada se habr&aacute;n publicado unas decenas de libros al a&ntilde;o&ndash; y no, por ejemplo, de burbuja po&eacute;tica, cuando la edici&oacute;n de poemarios puede alcanzar f&aacute;cilmente los tres o cuatro d&iacute;gitos. &iquest;Cu&aacute;ntos recitales po&eacute;ticos se celebran en Espa&ntilde;a, ya no mensualmente, sino todos los d&iacute;as? Por no hablar de premios, concursos y cert&aacute;menes... Creo que, en realidad, hay a quien le molesta que el aforismo haya salido del armario y preferir&iacute;a que siguiera siendo un juguete reservado a unos pocos. De hecho, varios preclaros promotores del g&eacute;nero se han alejado estent&oacute;reamente de &eacute;l en cuanto han empezado a tener compa&ntilde;&iacute;a. Ha habido esnobismo por parte de algunos, eso es innegable, pero que el aforismo haya dejado de ser el pariente pobre de la literatura para hacer valer su dignidad cong&eacute;nita es algo que no deber&iacute;a ofender a nadie. En cuanto a su futuro, no soy adivino, pero s&iacute; es cierto que detecto cierta falta de ambici&oacute;n en no pocos autores, los cuales se conforman con reunir sus textos en vol&uacute;menes miscel&aacute;neos que acaban confudi&eacute;ndose unos con otros, de tan correctos y previsibles. Quiero creer que en la periferia del &ldquo;fen&oacute;meno&rdquo; afor&iacute;stico est&aacute;n fragu&aacute;ndose propuestas arriesgadas que, tarde o temprano, acabar&aacute;n renovando el g&eacute;nero desde dentro; de no ser as&iacute;, no descarto que vuelva a su at&aacute;vico ostracismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 28 Jan 2026 13:37:50 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Atrapado]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/atrapado/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/JOS_DEN_BEKKER_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="western">Tiene cuatro o cinco a&ntilde;os y le tiemblan las piernitas debajo de sus pantalones cortos, todav&iacute;a lo siente ahora. No est&aacute; asustado, no se sobresalta, est&aacute; exaltado, est&aacute; mirando intensamente a una ni&ntilde;a de su edad que, con su larga melena pelirroja ondeando por la espalda, corre hacia su mam&aacute;, que la abraza feliz, levant&aacute;ndola en alto. Nunca ha visto nada tan bonito como esa ni&ntilde;a, todos los d&iacute;as a la salida de la guarder&iacute;a la mira, esas piernitas delgadas, esos zapatitos, ese pelo largo y ondeando. Nunca antes hab&iacute;a visto una mujer con el pelo largo y para colmo rojo. Rizado. Adem&aacute;s con pecas en la cara. Y c&oacute;mo la levanta, c&oacute;mo la madre la mira feliz. &Eacute;l tambi&eacute;n quiere mirarla tan feliz, &eacute;l tambi&eacute;n quiere que lo levanten as&iacute;, &eacute;l tambi&eacute;n quiere que su madre lo recoja de la escuela, pero su madre est&aacute; demasiado ocupada.&nbsp;</p>
<p class="western">La casa de la ni&ntilde;a y de su madre est&aacute; enfrente, donde hay casas grandes, donde hay un parquecito, donde vive gente con pesadas cortinas delante de las ventanas, con pesadas puertas de entrada, cuyos pomos de lat&oacute;n siempre brillan, gente que no tiene cerdos ni gallinas, ni palomas ni conejos, con madres que no llevan delantal y padres que llevan corbata entre semana. Son gente diferente, lo sabe por su madre, que siempre se lo dice como advertencia, que tenga cuidado, que se aleje de ellos, porque a la hora de la verdad te van a defraudar. No sabe muy bien qu&eacute; significa eso de &ldquo;a la hora de la verdad&rdquo;, pero siente que tiene algo que ver con la historia de Pulgarcito, que es abandonado en el bosque con sus hermanitos porque sus padres ya no pueden alimentarlos. Esto le ha asustado, porque mam&aacute; se queja a menudo de que no tiene dinerillo para comprar las cosas que &eacute;l quiere, y puede que un d&iacute;a, por no tener suficiente dinerillo, tambi&eacute;n le abandone en un bosque. Por eso deber&iacute;a dejar de pedir cosas, porque las cosas cuestan dinerillo. Y si ocurre, si se queda solo en el bosque, tal vez pueda encontrar el camino de vuelta a la escuela y pedirle a la ni&ntilde;a pelirroja que le traiga un bocadillo, lo har&aacute;, porque es muy linda, y ellos quiz&aacute;s tengan un cobertizo detr&aacute;s de la casa donde podr&aacute; dormir. O puede dormir en el almiar de un granjero y, a cambio de comida, alimentar a las gallinas y los cerdos y ayudar con el orde&ntilde;o.</p>
<p class="western">Camina hasta casa, est&aacute; lejos, pero conoce el camino, ya es grandecito. Intenta saltarse dos baldosas de la acera cada vez, dando grandes zancadas. Despu&eacute;s de unos cien metros, cruza la calle para evitar el bar del que suelen salir borrachos. &Eacute;sos lo miran ri&eacute;ndose y babean, y a menudo tienen los ojos rojos, que le recuerdan al diablo, el diablo que puede llevarle a uno al infierno si no es juicioso. Por eso quiere ser juicioso, porque los ni&ntilde;os juiciosos van al cielo, eso le ha dicho mam&aacute;, y por eso dobla obedientemente la rodilla cada vez que pasa por delante de la estatua de la Virgen Mar&iacute;a en el sal&oacute;n o de la estatua del Sagrado Coraz&oacute;n en el rellano. O se persigna en nombre del Padre, del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo. Tambi&eacute;n se sabe de memoria el Ave Mar&iacute;a y el Padrenuestro. &ldquo;No nos dejes caer en tentaci&oacute;n&rdquo;, le parece encantador, misterioso, pero no sabe lo que significa, y mam&aacute; le ha dicho que espere a ser mayor, que entonces lo entender&aacute;.&nbsp;</p>
<p class="western">Al otro lado de la calle, se cruza con el lechero, que siempre viene con un caballo y un carro a traer la leche, inspirando por la boca y espirando por la nariz. Dice &ldquo;mujer&rdquo; a mam&aacute;, al igual que el verdulero y el panadero, que tambi&eacute;n vienen a casa con su carro y su caballo. El lechero tiene un gran perro pastor llamado Herta que trata muy mal a Tippie, su perrito, que chilla muy fuerte y se arrastra detr&aacute;s de la ventana de la habitaci&oacute;n delantera para ladrarle a Herta. Mam&aacute; siempre presta mucha atenci&oacute;n cuando el lechero vierte la leche de su lechera en el vaso medidor, porque a veces quiere quedarse un poco por debajo de la l&iacute;nea que indica un litro, y mam&aacute; necesita mucha leche cada vez, por lo que paga mucho m&aacute;s dinerillo del necesario, lo que se llega a perder en un a&ntilde;o, dice, y ella no tiene tanto dinerillo.&nbsp;</p>
<p class="western">Luego pasa por delante de la escuela grande, a la que tambi&eacute;n puede ir el a&ntilde;o pr&oacute;ximo. Le encanta, porque entonces ser&aacute; grande, pero tambi&eacute;n tiene miedo, porque su hermano mayor, que hace tiempo que dej&oacute; la escuela grande y est&aacute; trabajando, le ha dicho que el maestro te pega en las manos con una regla si no prestas atenci&oacute;n, y &eacute;l a menudo no presta atenci&oacute;n, dicen todos, siempre est&aacute; dando vueltas pensando, con una arruga en la frente. No sabe c&oacute;mo quitarse esa arruga de la frente. Pero seguro que puede prestar atenci&oacute;n en matem&aacute;ticas, porque ya sabe contar hasta cien, lo cual es inteligente para su edad, dice su hermana, que le ense&ntilde;&oacute;, y con ella pod&iacute;a prestar atenci&oacute;n bien. Puede que tambi&eacute;n tenga que pelearse en la escuela grande, pero tiene miedo de que le den un pu&ntilde;etazo en la boca, como el otro d&iacute;a, cuando un chico desconocido en la calle le dio un pu&ntilde;etazo en la cara y se fue corriendo y ri&eacute;ndose, mientras &eacute;l segu&iacute;a mirando perplejo las estrellitas rojas que bailaban delante de sus ojos. Tuvo que llorar, pero mam&aacute; le dice que devuelva el golpe y no llore, que tiene que ser valiente. M&aacute;s tarde, cuando crezca, ser&aacute; valiente. Madre nunca le da pu&ntilde;etazos, s&oacute;lo nalgadas cuando se porta mal, o bofetadas, que le encienden las orejas, sobre todo cuando su anillo de boda choca contra ellas, lo que tambi&eacute;n le hace ver las estrellas. Tiene m&aacute;s miedo de su pap&aacute;, cuyas manos son duras y su barba es de alambre de lat&oacute;n, dice su hermano mayor. Pero no pega mucho, s&oacute;lo cuando mam&aacute; le pide ayuda porque hab&iacute;a querido castigarle por haber hecho una travesura y &eacute;l se hab&iacute;a escapado r&aacute;pido. El otro d&iacute;a tambi&eacute;n hu&iacute;a muy deprisa de pap&aacute;, pero &eacute;ste lo alcanz&oacute; y le dio una patada en el trasero con sus pesadas botas de trabajo, que le roz&oacute; la espalda, de modo que ahora tiene abrasiones all&iacute;. Mam&aacute; le ha puesto pomada, pero le pica, y dice que pap&aacute; es un poco torpe a veces, pero tiene buena intenci&oacute;n y esas rozaduras se curan pronto. Pap&aacute; nunca le dice nada, s&oacute;lo a las siete de la tarde, cuando le dice que es hora de ir a la cama.&nbsp;</p>
<p class="western">Un poco m&aacute;s all&aacute; se encuentra la misteriosa casa del hombre de la perilla, llamado Barba de Cabr&oacute;n, que tampoco nunca le habla. La casa y el jard&iacute;n est&aacute;n rodeados por un seto alto e impenetrable, pero en una de las esquinas se ha abierto un agujero por el que puede ver el jard&iacute;n, donde a veces juega una ni&ntilde;a de su edad. Tiene el pelo negro y rizado y unos grandes ojos marrones que le miran interrogantes. La primera vez que la vio le pregunt&oacute; si quer&iacute;a salir a jugar, pero no pudo ni le dejaron, dijo, la puerta estaba cerrada. Detr&aacute;s de ella, apareci&oacute; en el umbral de la puerta el Barba Cabr&oacute;n, que le mir&oacute; mordazmente, como San Nicol&aacute;s. Llam&oacute; a la chica para que se acercara y a &eacute;l le hizo un gesto de que se fuera. Desde entonces, al pasar se asoma t&iacute;midamente por el hueco del seto para ver si est&aacute; en el jard&iacute;n y ella quiere mirarle con sus grandes ojos marrones. A veces, el Barba Cabr&oacute;n, con su barriga abultada y su cadena de reloj, se planta frente a la puerta de su jard&iacute;n, mirando a lo lejos, y entonces &eacute;l lo evita dando un gran rodeo.&nbsp;</p>
<p class="western">Cruza a la izquierda de la carretera de grava y sigue hasta la granja, donde grandes gansos cruzan militarmente el patio a largas zancadas. &ldquo;Vigilan la granja&rdquo;, dice su hermano mayor, &ldquo;y lo hacen mejor que los perros. Ten cuidado&rdquo;. Pero &eacute;l no tiene miedo de los gansos, siempre le gru&ntilde;en de buen humor al pasar, le conocen, saben que les tiene respeto. M&aacute;s adelante, m&aacute;s all&aacute; del grupo de &aacute;rboles altos que &eacute;l puede ver desde su habitaci&oacute;n, hay una cabra amarrada a una estaca al borde del camino, que tambi&eacute;n le conoce. Siempre se burla de la bestia, dando saltos y haciendo movimientos de boxeo y sac&aacute;ndole la lengua, pero aun as&iacute; no consigue acercarse lo suficiente como para tirarlo al suelo con sus cuernos torcidos. Aunque el otro d&iacute;a le pill&oacute; cuando su hermano peque&ntilde;o, que es un huev&oacute;n, se hizo amigo de la cabra o el cabr&oacute;n mientras le daba de comer unas briznas de hierba. Su hermanito es tonto y tiene las patas arqueadas. Se hab&iacute;a acercado a &eacute;l, sin prestar atenci&oacute;n a la cabra o al cabr&oacute;n, y &eacute;ste hab&iacute;a aprovechado la ocasi&oacute;n para tumbarle con un cabezazo que hizo saltar la arena. Su madre, que observaba la escena a lo lejos, se rio a carcajadas. Se hab&iacute;a incorporado con una sensaci&oacute;n de ardor en el interior para la que a&uacute;n no ten&iacute;a nombre.&nbsp;</p>
<p class="western">Hoy es viernes y tiene que apresurarse a llegar a casa, donde le esperan madre y hermanito como de costumbre con una tacita de t&eacute; y una galleta, y luego tienen que recoger juntos, el hermanito y &eacute;l, pelusas, pelusas de tela del sempiterno cosido y remiendo de medias, pelusas que quedan apresadas en las esteras de coco y no se dejan quitar con el sacudidor. Es un trabajo tan fino, dicen mam&aacute; y las hermanas, que se necesitan dedos de ni&ntilde;o para recogerlas. Cuando acaban de recoger las pelusas, mam&aacute; y las hermanas enrollan la estera de coco y la cuelgan de la barra sacudidora, y &eacute;l y su hermanito reciben una galleta extra. Luego pueden ir a jugar.</p>
<p class="western">Mientras los sacudidores siguen retumbando en un tono marr&oacute;n oscuro, sale corriendo a la calle, con la galleta rechin&aacute;ndole entre los dientes. Quiere ir al bosquecillo de arbustos que hay m&aacute;s adelante, adonde ya deben de haber ido los otros ni&ntilde;os de la calle. La arena negra junto al camino de grava se polvorea, desprendiendo un sordo olor a quemado y, en la l&aacute;nguida lejan&iacute;a, las vacas sueltan su mugido vespertino, se&ntilde;al de que quieren ser orde&ntilde;adas. De pasada, echa una mirada asustadiza a la casa de M., el ni&ntilde;o pelirrojo de su vecino, que sabe correr mucho y tambi&eacute;n es muy bueno peleando y dando zarpazos. So&ntilde;&oacute; con &eacute;l el otro d&iacute;a, que estaban sentados juntos en el balanc&iacute;n del patio de recreo y consegu&iacute;a zarandearle con tanta fuerza que volaba por los aires y se peg&oacute; un batacazo con la cabeza en el esti&eacute;rcol de vaca. Tiene miedo de que M. descubra lo que ha so&ntilde;ado y se vengue.&nbsp;</p>
<p class="western">El sotobosque es un conjunto de arbustos y &aacute;rboles peque&ntilde;os por el que s&oacute;lo pueden colarse y arrastrarse los animales peque&ntilde;os, incluidos los ni&ntilde;os. Siempre juegan all&iacute; al escondite y a veces juegan a los m&eacute;dicos. Entonces tienen que bajarse los pantalones y se le permite mirar la rajita de las ni&ntilde;as. Hay una muy fresca que siempre se pone p&eacute;talos en su rajita y luego permite a los chicos que los saquen. A &eacute;l tambi&eacute;n le gustar&iacute;a hacerlo, pero no se atreve.&nbsp;</p>
<p class="western">Todav&iacute;a le falta pasar por la casa de Ylla, la mujer de la boca torcida. Esa torcedura se debe a una "hemorragia cerebral", le ha dicho mam&aacute;, y esa informaci&oacute;n de repente le hizo ver una oleada de sangre que sali&oacute; de su cabeza, causando que la boca se torciera del susto, mueca de la que nunca se recuper&oacute;. M&aacute;s le vale, piensa &eacute;l, porque siempre le mira con maldad y tambi&eacute;n una vez abofete&oacute; a mam&aacute;, por qu&eacute; no quiso dec&iacute;rselo.&nbsp;</p>
<p class="western">Se sumerge en el denso follaje, agach&aacute;ndose bajo las ramas. Las gallinas cacarean en todas direcciones y &eacute;l patea accidentalmente un huevo. Podr&iacute;a hab&eacute;rselo llevado a casa y com&eacute;rselo ma&ntilde;ana por la ma&ntilde;ana, sin que mam&aacute; tuviera que pagar dinerillo. Podr&iacute;a hab&eacute;rselo metido en el bolsillo, pero sin que los otros ni&ntilde;os lo vieran, porque probablemente le delatar&iacute;an ante el mayordomo del granjero, el due&ntilde;o de las gallinas, que ir&iacute;a tras &eacute;l y le dar&iacute;a una patada en el culo con sus zuecos, lo que le producir&iacute;a un dolor tremendo en la espalda y adem&aacute;s ser&iacute;a un desperdicio del huevo, que se le romper&iacute;a en el bolsillo, seguido de una bofetada extra por parte de mam&aacute;, que tendr&iacute;a que volver a lavarle los pantalones otra vez.&nbsp;</p>
<p class="western">Cuando llega, los dem&aacute;s ni&ntilde;os en medio del monte ya est&aacute;n echando a suertes para el escondite, y como &eacute;l es el &uacute;ltimo, la paga &eacute;l, lo han decidido por unanimidad. No van a jugar a los m&eacute;dicos, porque ahora hay una ni&ntilde;a mayor con ellos, que casi nunca participa y podr&iacute;a chivarse de las cosas. Pero a &eacute;l siempre le trata con cari&ntilde;o, igual que a su propio hermanito. Lleva un vestido bermejo que le deslumbra, y a veces sue&ntilde;a que ella es su hermana, en vez de ser su hermana de verdad, le despierta por la ma&ntilde;ana y abre las cortinas para que entre el sol y camina por la casa con pasos el&aacute;sticos, preferiblemente de puntillas, como el hada de Peter Pan. Tambi&eacute;n le cuenta cuentitos, con una voz suave y melodiosa, como la de una maestra de la guarder&iacute;a, en lugar de con su voz real, que es &aacute;spera y no combina con su vestido.&nbsp;</p>
<p class="western">Apoya la mano izquierda en el tronco de un arbolito delgado y presiona la frente contra &eacute;l para iniciar la cuenta. De hecho, tiene que cerrar los ojos para no ver por d&oacute;nde van los dem&aacute;s, pero echa un vistazo furtivo entre las pesta&ntilde;as y los dedos para asegurarse al menos de que nadie va en la direcci&oacute;n que &eacute;l mira. Tiene que tener cuidado de no perderse en fantas&iacute;as, pues ya le ha ocurrido otras veces que ha dejado de contar a mitad de camino porque sus pensamientos le arrastraban a otros mundos. Ahora piensa ansiosamente en la reprimenda que le dio su madre despu&eacute;s de recoger la pelusa. Pensaba que ella hab&iacute;a salido a ayudar a sus hermanas a sacar las otras esteras, pero se hab&iacute;a quedado en la cocina mientras &eacute;l le contaba emocionado a su hermanito lo de la ni&ntilde;a del pelo largo y alborotado. Se lo hab&iacute;a contado exactamente como la ve&iacute;a, que caminaba sin casi tocar el suelo, que caminaba sobre las nubes, que volaba como un pajarito, y que &eacute;l sent&iacute;a el viento de su pelo ondulante en la cara, y que su madre, cuando la abrazaba, la elevaba muy alto en el cielo, tan alto que parec&iacute;a poder tocar el sol. Le ard&iacute;an las mejillas mientras lo contaba, pero su madre le hab&iacute;a dicho que no hiciera eso, ya se lo hab&iacute;a dicho muchas veces, que no puede mentir, que &eacute;l nunca se limitaba a contar lo que hab&iacute;a pasado, sino que lo convert&iacute;a todo en un cuento de hadas, las cosas no suced&iacute;an como &eacute;l las contaba, si segu&iacute;a as&iacute; nadie le creer&iacute;a, y desde luego no deb&iacute;a hablarle as&iacute; a su hermanito, porque a&uacute;n era cr&eacute;dulo y pensaba que todo lo que dec&iacute;a era literalmente cierto. Pero &eacute;l no puede evitarlo, no puede evitar que las cosas que vive acaben as&iacute; en su cabeza, y por eso tiene que contarlas as&iacute;, porque si no las cuenta como &eacute;l las siente, no ser&iacute;an verdad. No entiende que no puede decir que los &aacute;rboles le saludan amablemente por la ma&ntilde;ana cuando va a la escuela y que se doblan de dolor cuando el viento sopla fuerte, si &eacute;l lo ve con sus propios ojos. O que las hojas de los &aacute;rboles se cuentan entre ellas historias en un idioma que &eacute;l no entiende. O que los gorriones todas las ma&ntilde;anas se re&uacute;nen en la ventana de su habitaci&oacute;n para gorjearle alegremente al despertar. Lo oye y lo ve todo, al igual que los colores que los sonidos evocan ante sus ojos.&nbsp;</p>
<p class="western">Termina de contar y empieza a espiar entre la maleza. El suelo huele a podredumbre h&uacute;meda y ve un sapo que se aleja escabull&eacute;ndose. Se pregunta si la bestia huye de &eacute;l o intenta se&ntilde;alarle d&oacute;nde se esconde alguien, y en ese momento oye gritar &ldquo;&iexcl;por m&iacute;!&rdquo; detr&aacute;s de &eacute;l. El primero que le roza y le seguir&aacute;n m&aacute;s. Siempre es as&iacute;. Sabe y acepta que los padres y las madres y los hermanos mayores tienen sabidur&iacute;a y saben hacer cosas que &eacute;l a&uacute;n no sabe o no domina, pero le sorprende que ocurra lo mismo con los dem&aacute;s ni&ntilde;os. Ellos tambi&eacute;n se miran a veces con complicidad cuando &eacute;l habla o hace algo, y &eacute;l no lo entiende, porque tiene mucho que decir que es bonito y emocionante, mucho m&aacute;s que ellos, y ellos tampoco quieren entender que realmente puede hacer algunas cosas, pero que a veces las cosas del mundo simplemente no quieren cooperar con &eacute;l.&nbsp;</p>
<p class="western">Cree ver algo rojo brillando entre las hojas y se acerca para asegurarse de que es la chica mayor del vestido bermejo, pero cuando llega, ella pasa volando a su lado para salvarse. Se r&iacute;e de &eacute;l. Podr&iacute;a haberse adelantado a ella si hubiera reaccionado r&aacute;pido, pero estaba como hechizado viendo sus piernas esbeltas y su cuerpo galopante, y ahora mismo no puede apartar los ojos de su rostro sonriente. Pero tiene que seguir, si los dem&aacute;s pueden, &eacute;l tambi&eacute;n puede hacerlo, es cuesti&oacute;n de quererlo, dicen todos, s&oacute;lo tiene que quererlo para poder hacerlo, entonces tambi&eacute;n podr&aacute; jugar al escondite, como los dem&aacute;s, sin tener que ser siempre el jugador que la paga. Pero el caso es que &eacute;l quiere, aunque los dem&aacute;s, el padre, la madre y hermanos y hermanas y los otros ni&ntilde;os digan que no, &eacute;l s&iacute; quiere, pero lo que pasa es que muchas cosas se interponen, el mundo no se lo permite. Como ahora: busca afanosamente a los otros ni&ntilde;os que se esconden, pero una y otra vez hay cosas que atraen su atenci&oacute;n como un im&aacute;n irresistible: un saltamontes verde y centelleante, lib&eacute;lulas milagrosas que pasan sin hacer ruido o, por el contrario, se quedan inm&oacute;viles en el aire l&aacute;nguido, rayos de sol que hacen brillar las hojas.&nbsp;</p>
<p class="western">Uno tras otro se salvan y &eacute;l tiene que volver a su arbolito, apretar de nuevo la cabeza contra su mano y empezar a contar. Uno de los otros ni&ntilde;os es su sobrino T, que es un bobo de remate, pero siempre gana en los juegos, no s&oacute;lo al escondite, sino tambi&eacute;n a las canicas y a las cartas. No lo entiende. Quiz&aacute; sea porque los juegos son bobos y hay que ser bobo para ganarlos.&nbsp;</p>
<p class="western">Mira entre sus dedos las ondas amarillas del campo de trigo al otro lado del sendero. La luz del sol salpica en chispas, el aire encima de &eacute;l reverbera y susurra. Saborea la &aacute;rida sequedad del sendero. Si quiere escapar, debe atravesarlo r&aacute;pido y deslizarse entre el trigo. Pero antes debe asegurarse de que Henrica la Urraca no viene arrastrando los pies por la arena del sendero, porque podr&iacute;a hechizarle. Henrica la Urraca es una anciana arrugada que siempre camina por este sendero hacia el mercado. Los otros ni&ntilde;os dicen que es una bruja, y que la forma de saberlo es poniendo los pies en cruz sobre sus huellas, detr&aacute;s de ella, y entonces por muy delante que est&eacute;, si mira hacia atr&aacute;s es una bruja. &Eacute;l mismo lo intent&oacute; una vez. La vio caminar muy lejos por el sendero, como siempre torcida, y cuando &eacute;l puso cuidadosamente sus zapatos en cruz sobre sus pasos, ella mir&oacute; inmediatamente hacia atr&aacute;s. Corri&oacute; a casa muy deprisa, con el coraz&oacute;n palpitante, y se escondi&oacute; debajo de la mesa de la cocina.&nbsp;</p>
<p class="western">Grita: &ldquo;&iexcl;Ronda, ronda, el que no se haya escondido que se esconda!&rdquo; y se escabulle hasta el borde del sendero. Est&aacute; tranquilo y desierto, no hay nadie a la vista. Cruza corriendo y se adentra en el trigal. Aqu&iacute; el silencio es abrumador, aunque lo rompan el zumbido de las moscas y el susurro y crujido de los tallos. Tiene que atravesarlo deprisa, hacia el lindero del bosque, donde se alzan dos casuchas con tejado de paja, porque si el labrador le pilla entre el trigo, seguro que viene a por &eacute;l con atronadoras maldiciones y tal vez le d&eacute; una patada en el culo con los zuecos. Los campesinos siempre dicen palabrotas atronadoras, sobre todo a sus caballos de tiro. &Eacute;l cre&iacute;a que era normal, as&iacute; que una vez, mientras jugaba al coche de caballos con su hermanito, le dispar&oacute; con las mismas maldiciones atronadoras que hab&iacute;a o&iacute;do en la calle, pero eso le vali&oacute; una buena paliza de su padre.&nbsp;</p>
<p class="western">&iquest;Por qu&eacute; esos campesinos s&iacute; y &eacute;l no?&iquest;Y por qu&eacute; no pod&iacute;a imitar la realidad en su juego, si todo el mundo dec&iacute;a siempre que hab&iacute;a que ser sincero?&nbsp;</p>
<p class="western">Ahora debe quedarse quieto un momento para aspirar la atm&oacute;sfera profundamente. El aire del verano parece m&aacute;s denso aqu&iacute; debido al silencio, piensa, el silencio espesa el aire, como hace a veces en su dormitorio, cuando est&aacute; solo y hay un silencio absoluto, por lo que el aire le oprime y tiene que aligerarlo con un suave zumbido. La atm&oacute;sfera del trigal le llena de deleite y asombro: el susurro amarillo cuando avanza, cauteloso para no hacerse notar, el zumbido de los insectos, que evoca un color azul p&aacute;lido, el susurro rojizo de todo tipo de criaturas invisibles que corretean por el suelo, y por encima de &eacute;l el sol abrasador y el trinar de los p&aacute;jaros vigilantes que chisporrotean el aire. S&oacute;lo espera que los dem&aacute;s a&uacute;n no se hayan dado cuenta de que se ha escapado, porque de lo contrario seguramente sabr&aacute;n c&oacute;mo encontrarlo. Debe llegar al bosque lo antes posible.&nbsp;</p>
<p class="western">Al borde del trigal hay una zanja que &eacute;l puede saltar f&aacute;cilmente. El bosque frente a &eacute;l calla, a su izquierda una liebre con las orejas levantadas sale disparada hacia los prados. A su derecha, entre los &aacute;rboles, hay casuchas de paja. En una de ellas vive Juan el Manco, un hombre bajito con un solo brazo que vende petr&oacute;leo. Una vez acompa&ntilde;&oacute; a mam&aacute; cuando fue a por petr&oacute;leo, juntos recorrieron el sendero de arena y &eacute;l le hab&iacute;a echado una mano por la izquierda mientras ella llevaba por la derecha la gran jarra de hierro llamada <em>jerrycan</em>, procedente de Inglaterra, que hab&iacute;an abandonado en la cuneta los soldados ingleses despu&eacute;s de la guerra y pap&aacute; se hab&iacute;a llevado r&aacute;pidamente a casa. M&aacute;s adelante, cuando sea un poco m&aacute;s grande, tambi&eacute;n le permitir&aacute;n llevar ese bid&oacute;n, como ya se lo permiten a su hermano mayor, y entonces, como &eacute;l, lo agitar&aacute; alegremente. Ya sue&ntilde;a con caminar entonces a grandes zancadas.&nbsp;</p>
<p class="western">Sigue un estrecho camino de grava detr&aacute;s de unas casuchas y llega a una carretera asfaltada por la que a veces circulan coches. Esa carretera est&aacute; &ldquo;alquitranada&rdquo;, como le han dicho otros chicos, y ese &ldquo;alquitr&aacute;n&rdquo;, que es negro como el carb&oacute;n, viene de los volcanes, que son monta&ntilde;as que escupen humo y fuego y luego el alquitr&aacute;n acaba en el suelo y se puede recoger y recalentar para untar las calles. Esas monta&ntilde;as que escupen fuego le asustan, pero mam&aacute; le tranquiliza: no hay por aqu&iacute;, s&oacute;lo en el extranjero, muy lejos.&nbsp;</p>
<p class="western">Primero comprueba si el alquitr&aacute;n no se ha ablandado con el sol, porque cuando hace calor los zapatos se pegan a &eacute;l, dicen, y no puedes avanzar. Pero lo nota seco y duro, as&iacute; que cruza r&aacute;pido, mirando nervioso a diestra y siniestra, porque los coches pueden circular muy r&aacute;pido y si te atropellan, mueres.&nbsp;</p>
<p class="western">Al otro lado hay otra zanja que tiene que saltar y luego llega a una calle con adoquines rojos y a un lado una acera de baldosas grises, igual que la calle donde est&aacute;n las escuelas. Es muy tranquila. Hay cuatro o cinco casas altas de madera con jardines llenos de flores y cortinas que cuelgan de lado delante de las ventanas, como gruesas trenzas. Detr&aacute;s de los grandes ventanales no se mueve nada, no hay nadie en los jardines, nadie paseando la azada, nadie sacudiendo esteras o rastrillando el suelo. Se hab&iacute;a maravillado de que hubieran puesto aqu&iacute; un trozo de ciudad, con una calle pavimentada y una acera, en esta zona donde por lo dem&aacute;s s&oacute;lo hay arena y grava y &aacute;rboles y arbustos, donde crece la hierba y el brezo y pastan vacas y ovejas y donde s&oacute;lo vive gente corriente. Aqu&iacute; no vive gente corriente, le dice mam&aacute;, es gente elevada, por eso tienen casas elevadas, piensa &eacute;l, esa gente es incluso m&aacute;s elevada que el director de la escuela grande, incluso m&aacute;s elevada que los jefes de pap&aacute; en el trabajo. Son cultos, dice mam&aacute;, saben mucho y pueden hacer cosas que la gente corriente no puede, pero nunca trabajan con las manos, por eso no tienen callos en las manos. Piensa en la vez que visit&oacute; una de esas casas, la &uacute;ltima de la hilera. Hab&iacute;a paseado con un ni&ntilde;o que era nuevo en su clase de la guarder&iacute;a y hab&iacute;a jugado con &eacute;l. &Eacute;ste le dijo que ten&iacute;a muchos juguetes en casa, coches de juguete y un caballito balanc&iacute;n y libros para colorear, y que pod&iacute;a venir a jugar a su casa. Hab&iacute;a aceptado la invitaci&oacute;n con entusiasmo y hab&iacute;a entrado en aquella casa alta asombrado, admirado por la austera sala y los pesados armarios de madera marr&oacute;n, pero sobre todo por los juguetes multicolores y multiformes del peque&ntilde;o. Recuerda que su madre era amable y cordial con &eacute;l, y que iba vestida de domingo en un d&iacute;a laboral, pero no puede recordar su rostro, de tan abrumado estaba por todos los juguetes que le permit&iacute;an tocar y coger. Y el ni&ntilde;o le hab&iacute;a dicho que pronto ser&iacute;a su cumplea&ntilde;os y que le regalar&iacute;an un gran coche de bomberos rojo, que le hab&iacute;an dejado elegir en las fotos de una revista que le ense&ntilde;&oacute; su madre. Le hab&iacute;a dicho que pod&iacute;a venir el d&iacute;a de su cumplea&ntilde;os y jugar un rato con el coche de bomberos. Pero eso no ocurri&oacute;, porque mam&aacute; no se lo permiti&oacute;. &ldquo;Es gente extra&ntilde;a,&rdquo; le hab&iacute;a dicho. &ldquo;Qu&eacute;date en casa y juega con tu hermanito. Te traer&eacute; una galleta extra y te preparar&eacute; leche con chocolate.&rdquo; Pero m&aacute;s tarde la hab&iacute;a o&iacute;do decirle a pap&aacute;: &ldquo;Quieren que venga al cumplea&ntilde;os de su hijo, pero a nosotros ni caso.&rdquo; Entonces se hab&iacute;a sentido muy culpable por desearlo tanto, le hab&iacute;a parecido una traici&oacute;n, y hab&iacute;a salido r&aacute;pidamente a jugar a las canicas con su hermanito.&nbsp;</p>
<p class="western">Pasa junto a la &uacute;ltima casa y echa una mirada repentina al gran ventanal, pero no se mueve nada detr&aacute;s. Est&aacute; oscuro, casi amenazador. Gira la esquina y vuelve a entrar en territorio conocido: caminos de tierra, hierba y brezo, &aacute;rboles que se mecen y casas bajas con tejados de paja. Pero entonces, en alg&uacute;n lugar entre los &aacute;rboles, brilla algo amarillo que reconoce y que retumba en su cabeza como los tonos de un &oacute;rgano. Es la primera vez que oye un sonido a causa de un color y no al rev&eacute;s. Sabe lo que es, es el carromato amarillo del hombre al que llama &ldquo;sartenero&rdquo;, porque sabe arreglar agujeros en las ollas para que mam&aacute; pueda volver a hervir sopa o patatas en ellas. Pero mam&aacute; le llama &ldquo;hojalatero&rdquo; o &ldquo;afilador de tijeras&rdquo; porque tambi&eacute;n sabe afilar cuchillos y tijeras. Viaja con un caballo y un carromato, en el que duerme, y tambi&eacute;n tiene un perrito de pelo blanco y lanoso, que es un poco m&aacute;s grande que Tippie, un perro ruidoso que ladra a cualquiera que se acerque demasiado al carromato, pero &eacute;l consigui&oacute; ganarse su confianza y con el tiempo pudo acariciarlo y jugar con &eacute;l. Y el sartenero tambi&eacute;n le permiti&oacute; verle reparar agujeros en las ollas y afilar cuchillos y tijeras sobre una gran piedra redonda que hac&iacute;a girar mientras pedaleaba. Pero tal vez el perrito no lo conozca ahora, porque el hombre se alej&oacute; durante mucho tiempo. El hombre siempre es muy amable con &eacute;l, y tambi&eacute;n con mam&aacute;, a quien le cae bien, una suave risa de asombro siempre brota en su vientre cuando &eacute;l le habla.&nbsp;</p>
<p class="western">Corre hacia la mancha amarilla y, cuando est&aacute; a mitad de camino, el perrito empieza a ladrar furiosamente. El sartenero sale y sonr&iacute;e amablemente al ver al ni&ntilde;o. Tranquiliza a su perrito y se sienta en la escalerita del carromato. Emocionado le cuenta c&oacute;mo se escap&oacute; jugando al escondite, sobre su viaje por el trigal, el alquitr&aacute;n que sale de los volcanes, el cami&oacute;n de bomberos rojo con el que deber&iacute;an haberle dejado jugar en la casa alta, pero con el que al final no le dejaron. Pero, sobre todo, habla de la ni&ntilde;a de pelo largo y rojo y cara pecosa, a la que su madre levantaba tan alto que parec&iacute;a flotar hacia el sol.&nbsp;</p>
<p class="western">El hombre le escucha sonriente, le escucha atentamente y no encuentra nada extra&ntilde;o en lo que dice, asintiendo constantemente con la cabeza para animarle. Habr&iacute;a querido decir, despu&eacute;s de la historia de la chica que tanto le fascinaba, que a &eacute;l tambi&eacute;n le gustar&iacute;a que le elevaran tan alto, pero se contiene, temeroso de que el hombre se r&iacute;a entonces de &eacute;l, y no quiere tentar a la suerte, porque nunca antes se hab&iacute;a sentido tan comprendido. El hombre le dice que ma&ntilde;ana va a arreglar un mont&oacute;n de ollas y a afilar un mont&oacute;n de cuchillos y tijeras, y que puede venir a mirar todo lo que quiera. Luego se levanta y va al carromato a buscarle una taza de t&eacute; con una galleta. Mientras tanto puede jugar con el perrito, que ya est&aacute; acostumbrado a &eacute;l.&nbsp;</p>
<p class="western">Fervorosamente satisfecho, acaricia la cabeza del perrito e intenta retozar con &eacute;l, como antes. El hombre le llama al cabo de un rato, el t&eacute; est&aacute; listo y le permite sentarse en un mullido sill&oacute;n para beberlo. El t&eacute; es dulce, pero de un dulzor extra&ntilde;o, y el hombre le dice que es porque le ha puesto miel en lugar de az&uacute;car. La miel viene de las abejas, explica, y eso le parece un poco espeluznante. El t&eacute; tambi&eacute;n tiene un sabor amargo que no hab&iacute;a probado antes. Se siente un poco cansado de tanto hablar y se hunde en el sill&oacute;n. Un momento para terminar el t&eacute; y luego tiene que ir a casa, donde mam&aacute; ya debe de haber puesto la mesa. Siente que la tensi&oacute;n disminuye, que le pesan los p&aacute;rpados.&nbsp;</p>
<p class="western">El hombre le quita suavemente la taza de t&eacute; de las manos y va a enjuagarla al fregadero. La seca y mira al ni&ntilde;o dormido.&nbsp;</p>
<p class="western">&ldquo;Vale,&rdquo; piensa satisfecho. &ldquo;Ya est&aacute; atrapado.&rdquo;</p>
<p class="western">&nbsp;</p>
<p class="western">&copy; Jos den Bekker</p>
<p>Amsterdam, julio 2024</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 22 Jan 2026 12:48:14 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hitoritabi [o el libro de Maquisai] de José Rui Teixeira ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/hitoritabi-o-el-libro-de-maquisai-de-jose-rui-teixeira/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/JOS_RUI_TEIXEIRA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>La poes&iacute;a portuguesa y la actualidad literaria del pa&iacute;s hermano va retomando presencia en nuestras librer&iacute;as y &aacute;mbitos culturales como no se percib&iacute;a desde hace mucho tiempo. Quiz&aacute; no ocurriera as&iacute; desde el fen&oacute;meno editorial con que Fernando Pessoa arras&oacute; en nuestros pagos desde mediados de los 80, fundamentalmente, por las traducciones de &Aacute;ngel Crespo y Perfecto Cuadrado, entre otros, que taparon otras escrituras, voces y rumbos.&nbsp;</p>
<p>La actualidad es otra muy distinta hoy en d&iacute;a. Lejos incluso nos empiezan a quedar nombres como Al Berto, Nuno J&uacute;dice o Jos&eacute; Lu&iacute;s Peixoto, por citar a la carrera, gracias a esta continua renovaci&oacute;n propuesta por el Instituto Cam&otilde;es. Y a la gesti&oacute;n de Filipa Soares, alma directora de esta difusi&oacute;n que, sin prisa ni pausa, trae nombres tan relevantes como el de la novelista Ana Margarida de Carvalho y su estupendo <em>El gesto que hacemos para protegernos la cabeza</em> (2025), entre tantos.&nbsp;</p>
<p>O el poeta que hoy nos ocupa, Jos&eacute; Rui Teixeira (Oporto, 1974), profesor al frente de la c&aacute;tedra Poesia e Transc&ecirc;ndencia (Sophia de Mello Breyner Andresen) de la Universidad Cat&oacute;lica de Oporto, pero apenas conocido en Espa&ntilde;a, a pesar de una dilatada obra recogida en <em>Autopsia</em> (2019), a la que se sum&oacute; <em>Habeas corpus </em>(2022). Este <em>Hitoritabi</em> [<em>o el libro de Maquisai</em>] del 2025, en estupenda traducci&oacute;n de Mart&iacute;n L&oacute;pez Vega como carta de presentaci&oacute;n, en una cuidada edici&oacute;n biling&uuml;e, as&iacute; debe hacerse siempre, y por el esfuerzo editorial de Gallo de Oro.&nbsp;</p>
<p>Chus Pato reflexiona en el pr&oacute;logo al libro sobre esas subdivisiones con que Jos&eacute; Rui Teixeira escamotea su decir &uacute;ltimo, bajo nombres de diosas orientales como Uzume, la diosa que baila y cuyo nombre se bifurca en dos cantos: Kaeribana o el di&aacute;logo con una mujer con el mismo nombre que la diosa y Shimijimi, o el reencuentro del poema y el poeta consigo mismo.&nbsp;</p>
<p>Y, sin embargo, a pesar de la originalidad y suntuosidad de la propuesta, yo me quedo con un tono reflexivo herido que vive en el fondo del vaso, ese tono con que George Gadamer define a la poes&iacute;a que as&iacute; puede llamarse. O, si prefieren, el empleado en el di&aacute;logo eleg&iacute;aco de Jos&eacute; Rui Teixeira con el tiempo, la amada y la muerte, en el asimilar el luto y &ldquo;aprender a llorar&rdquo;, seg&uacute;n dicta en un emocionante poema. No solo, pues esa espiritualidad de la madurez, con su pl&aacute;tica con lo perecedero y &ldquo;otras sem&aacute;nticas / bot&aacute;nicas de otras gram&aacute;ticas&rdquo; retornan al origen al hilo de la muerte de la amada, al <em>oikos</em> familiar que empapa sus versos en un saber transformarse en emocionante memoria, en vuelta al origen donde el yo se identifica en su precariedad antigua entre el hoy y el ayer en el duelo: &ldquo;La casa de mis abuelos ten&iacute;a el suelo de tierra batida / y paredes encaladas de blanco. / Cuando anochec&iacute;a, / la muerte ven&iacute;a a palidecer la casa de verde / y el cansancio de pobreza&rdquo;. Pobreza de entonces, pobreza de ser ante la muerte y que, cuenta, apenas se apoya en el bast&oacute;n de la poes&iacute;a para sostenerse a duras penas.&nbsp;</p>
<p>En ese di&aacute;logo visual, experimental, marcado por letras de diferente tama&ntilde;o, Jos&eacute; Rui Teixeira va filtrando esa soledad de fondo, extranjer&iacute;a o extra&ntilde;eza del estar irremediablemente solo, y que el apagar de la luz para dormir, despierta y hace poema. Soledad, miseria, interinidad, incertidumbres luchan en esa fantasmagor&iacute;a de lo incierto contra la resistencia, &ldquo;La fe es una herramienta sin descanso&rdquo;, la fe en sobrevivir, con todo, como resistencia en el &ldquo;La vida es siempre a pesar de todo&rdquo;, aunque el sinclinal tienda a la melancol&iacute;a y a que su nombre quede &ldquo;debajo de la tierra o bajo los escombros&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Y es que, a pesar de ese esfuerzo por hacer del poema &ldquo;un vado&rdquo; o &ldquo;un azogue para da&ntilde;os colaterales&rdquo;, un espacio donde entenderse, siempre fracasa, y nos vemos abocados a admitir &ldquo;una intemperie&rdquo;. Y eso cuanto expone trav&eacute;s de los filtros, esa resistencia, ese fracaso del poema ante la vida, aunque &ldquo;afila las palabras&rdquo; y no duerma, pero cierre los ojos. O, si prefieren, esa lucidez y precariedad del verso ante la vida, el resguardo en esa decantada espiritualidad que busca el silencio y la noche donde encontrarse, exorcizar el dolor, o presentarse a trav&eacute;s de voces que sortean la falta de pudor del yo desnortado, donde el descanso precisa o &ldquo;ama la espesura de las sombras&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Y con ese tono o &ldquo;el lugar de ser hombre&rdquo; cuando la soledad se impone y brilla espl&eacute;ndida la realidad aunque &ldquo;(&hellip;) ya no somos / quien fue amado&rdquo;, nos llega esta reflexiva propuesta distinta y sin pacto.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 22 Jan 2026 12:37:43 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jordi Doce: "Los errores que más lamento se debieron al exceso de obediencia"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jordi-doce-los-errores-que-mas-lamento-se-debieron-al-exceso-de-obediencia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/JORDI_DOCE_6_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>La insistencia</em> (Pre-Textos), la &uacute;ltima obra de Jordi Doce (Gij&oacute;n, 1967), discurre por un tono m&aacute;s amargo de lo que acostumbra (se abre en marzo de 2022 y se cierra, justo, dos a&ntilde;os despu&eacute;s). Quiz&aacute;s &ldquo;sea la hora de sembrar astillas&rdquo;. Formado por aforismos, peque&ntilde;os ensayos, ocurrencias o citas, hilvana los g&eacute;neros con una atm&oacute;sfera que va engendrando im&aacute;genes e ideas estimulantes, hermos&iacute;simas. Su acercamiento a cuestiones relacionadas con la literatura disminuye, para recorrer otros territorios como el ecocidio o el mundo tecnofeudal. Asimismo, tampoco ha compartido los fragmentos de <em>La insistencia</em> en redes, como gusta hacer. Al contrario, pareciera haber sido escrito en el recogimiento de un eremita. Sus apuntes son una buena gavilla para alentar la lumbre lo bello.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;No me considero un escritor profesional&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo saber cu&aacute;ndo hay que atender aquello que nos insiste?</p>
<p>- Para m&iacute;, no digo que eso tenga que funcionar con cada persona, es fundamental la necesidad, creo en ella. No me considero un escritor profesional, escribo cuando no me queda otro remedio que expresarme a trav&eacute;s de las palabras escritas. Pueden pasar d&iacute;as y semanas hasta que eso ocurre, no me preocupa demasiado, hasta que llega un momento en que hay algo que realmente me lleva a la paz. A escribir. Eso, por un lado. Es decir, esa insistencia tiene que ver con la necesidad, con la cierta urgencia &iacute;ntima. Por otro lado, creo que el libro, cualquier libro, nace cuando uno encuentra el tono, cuando uno va con la voz, la voz a la que tiene que sonar el libro. Entonces, uno puede escribir cosas, pero el libro tiene otro tipo de coherencia, siempre tonal. Entonces tengo que inventarme al escritor, en mi interior tengo que inventarme al autor del libro. Que soy yo y no soy yo. Es una creaci&oacute;n interna. Por eso cada libro es distinto, porque cada libro es un autor distinto, que lo genero yo. Cada uno tiene una atm&oacute;sfera, mental, emocional, de conjunto. Una vez que termina el libro, ese autor desaparece. Yo ya no podr&iacute;a recuperar ese tono.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;Me atrae mucho la estetizaci&oacute;n de la desolaci&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Qu&eacute; puede uno encontrarse en &laquo;los descampados de la mente&raquo;? &iquest;Qu&eacute; tienen que ver estos descampados con los no-lugares que describi&oacute; Aug&eacute;?</p>
<p>- Bueno, efectivamente, en lo que escribo abundan los descampados, los no lugares, una fascinaci&oacute;n por esos espacios de tr&aacute;nsito, por esos espacios intermedios. Creo que tiene que ver tambi&eacute;n con la memoria infantil, porque yo para ir al colegio ten&iacute;a que cruzar por un barrio de descampados, en una ciudad que iba creciendo. Adem&aacute;s, no s&eacute; si por inclinaci&oacute;n o por lecturas, me atrae mucho la estetizaci&oacute;n de la desolaci&oacute;n. Los grandes cineastas, grabadores, poetas o pintores han creado ese tipo de fantasmagor&iacute;as, ese tipo de lugares desolados. Son lugares vac&iacute;os, despoblados, donde el sujeto est&aacute; perdido o est&aacute; desorientado, o simplemente abrumado. Una y otra vez me veo atra&iacute;do por esos lugares.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Hablas de &ldquo;literatura de sensaciones fuertes y pensamiento d&eacute;bil&rdquo;. &iquest;Se ha convertido este tipo de literatura en hegem&oacute;nica frente a quienes escriben con vocaci&oacute;n de ser testigos inc&oacute;modos?</p>
<p>- Ya finales del siglo XIX, principios del XX, hab&iacute;a literatura de sensaciones fuertes y pensamiento d&eacute;bil, y literatura comercial, por ejemplo, la novela sical&iacute;ptica, contra la que tanto escribi&oacute; Unamuno. O sea, que eso ya exist&iacute;a, como exist&iacute;a el follet&iacute;n y cierto tipo de novela aparentemente de denuncia, pero que era turbulenta y solo buscaba impactar al lector. O sea, que eso siempre ha existido. Quiz&aacute;s ahora lo que se ha perdido es la conciencia... la conciencia de que eso tiene su lugar, pero no es literatura, o al menos no es literatura seria, al margen de que ese tipo de novelas cumplan su funci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El fragmento desnudo tiene mucho potencial&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Qu&eacute; intensidad la de los aforismos, como los que se entreveran en estas p&aacute;ginas insistentes&hellip;</p>
<p>- Los aforismos resultan dif&iacute;ciles de explicar, a veces son simplemente cabos sueltos que uno deja para el lector. Si los desarrollas, pierden la gracia de todo lo que promete. El fragmento desnudo tiene mucho potencial. Pero si lo desarrollas lo est&aacute;s, de alguna manera, castrando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- La magnitud del error, &iquest;tiene que ver m&aacute;s con el exceso o con el defecto?</p>
<p>- Seguramente no hay una relaci&oacute;n de causa-efecto. Lo que s&iacute; es verdad es que cuando pienso en errores vitales, personales, tiene m&aacute;s que ver con el defecto, con cierta prudencia. Me hubiera gustado ser un poquito m&aacute;s... Ind&oacute;mito. Aunque, al mismo tiempo, te dir&eacute; que esta actitud m&iacute;a me ha permitido mantener cierta resistencia, una resistencia, si quieres, callada. No he sido nunca feroz, como esa antolog&iacute;a de Isla Correyero, de hace muchos a&ntilde;os, y que se llamaba as&iacute;, <em>Feroz</em>, donde se postulaba un tipo de poes&iacute;a en apariencia muy rompedora, muy desobediente. Lo que yo hac&iacute;a no correspond&iacute;a a ese tipo de poes&iacute;a. Pero seguramente he practicado una desobediencia t&aacute;cita, discreta, que a m&iacute; me interesaba m&aacute;s.</p>
<p>En cualquier caso, si hago un repaso vital, efectivamente, los errores que m&aacute;s lamento se debieron al exceso de obediencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;He tenido una desconfianza enorme al poder, en todas sus manifestaciones&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Obediencia a qu&eacute;?</p>
<p>- Bueno... fui un hijo muy obediente. Y a partir de ah&iacute;, todo lo dem&aacute;s. He tenido una desconfianza enorme al poder, en todas sus manifestaciones. Esa obediencia, y esa desconfianza al poder me ha marcado mucho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- En un momento hablas de los m&aacute;rgenes de la escritura, de las riveras. Rivera, etimol&oacute;gicamente, est&aacute; emparentada con &ldquo;rival&rdquo;. Cuando uno escribe, &iquest;tiene m&aacute;s rivales m&aacute;s all&aacute; de lo mismo?</p>
<p>- No creo. Por lo menos en mi caso no es as&iacute;. No, creo, no.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Entonces, reformulo la pregunta: &iquest;A la contra de qu&eacute; se escribe?</p>
<p>- De todo. Creo. No lo s&eacute;. Partimos, de nuevo, de la base de que no me considero un escritor profesional. Soy incapaz de escribir los g&eacute;neros tradicionalmente considerados. La novela, sobre todo el ensayo. No s&eacute;, es que no te podr&iacute;a responder esa pregunta. Evidentemente creo que cada libro es distinto.</p>
<p>Por un lado, estoy escribiendo como la contra de lo que ya he escrito. Por otro lado, escribo invent&aacute;ndome ese autor interior, desde esa diferencia entre los autores interiores que he comentado antes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- En este libro hay una cr&iacute;tica constante de fondo, t&aacute;ctica, inh&oacute;spita, del mundo que nos rodea.</p>
<p>- S&iacute;, adem&aacute;s del ecocidio. Por ejemplo, una cr&iacute;tica a la forma en que el poder act&uacute;a de una manera casi imp&uacute;dica. Las trampas en las que concurren muchos los que han sido maestros, que de repente se han dejado domesticar. No s&eacute;, es un libro en el que, m&aacute;s que estar a la contra, lo que est&aacute; es inc&oacute;modo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Hay una visi&oacute;n un poco pesimista de la comunicaci&oacute;n humana&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Hay un momento que dices que cuando un poeta habla se declara culpable. &iquest;Por qu&eacute;?</p>
<p>- La materia po&eacute;tica tiene que ver mucho con la subjetividad. Bueno, con un pensamiento que no es propiamente conceptual. Y cuando uno habla cuando no se le exige hablar, hay alg&uacute;n tipo de culpabilidad, a eso me refiero. Pero ya coment&eacute; que glosar un aforismo lo mata.</p>
<p>Por otro lado, tengo siempre la sensaci&oacute;n de que hablamos de m&aacute;s. Y, por tanto, todo lo que decimos es reo del malentendido. Y, por tanto, en el momento en que est&aacute;s escribiendo y hablando te expones a ese malentendido y te expones a que todo eso que t&uacute; has dicho sea recogido en tu contra. Al mismo tiempo, uno tiene que hablar y tiene que decir algo. Pero siempre hay esa ambivalencia con respecto al malentendido.</p>
<p>En otro libro digo que en cuanto uno sale de casa empieza el malentendido. Y algo de eso hay. Hay una visi&oacute;n un poco pesimista de la comunicaci&oacute;n humana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;He disfrutado mucho con la poes&iacute;a ajena, me ha proporcionado grandes instantes de belleza&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;S&oacute;lo es la poes&iacute;a la que evita que uno pueda contar el mundo sin echarlo a perder?</p>
<p>- Como dec&iacute;a antes, el problema de explicar los aforismos es que aquello que pueden tener de po&eacute;tico se pierde. Pero creo que hay algo muy hermoso en la integridad de esta pregunta. Habla de la tentaci&oacute;n de querer atrapar ese instante de belleza. La experiencia que tienes es que lo atrapas, pero cuando vuelves a las palabras, te das cuenta de que eran palabras. Con los a&ntilde;os aprendes a dejar un poquito en paz la vivencia has querido atrapar. He disfrutado mucho con la poes&iacute;a ajena, me ha proporcionado grandes instantes de belleza y la he visto al servicio de una realidad y la he visto realzar esa realidad, enriquecerla. Eso nunca me ha pasado a m&iacute; reley&eacute;ndome. Aprendes a entender que, a lo mejor, basta con decir unas cuantas cosas, no hace falta abrumarlas con palabras, sino buscar las palabras que atrapen el c&aacute;lido eco de su placer. No hay que olvidar que a veces dices, escribes, y eso tiene un efecto de tierra quemada, es decir, que esas experiencias quedan consignadas o cerradas en palabras, como si el</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Escribir es estar en un estado de receptividad, estar abierto a la sorpresa&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;nto de juego, de l&uacute;dico tiene la escritura?</p>
<p>- Mucho, mucho. Primero, porque la escritura tiene que ser una sorpresa total, ajena a cualquier t&oacute;pico. Para m&iacute; escribir es estar en un estado de receptividad, estar abierto a la sorpresa, a lo que surja, a la ocurrencia, estar dispuesto a ser sorprendido por el proceso. La escritura fragmentaria a menudo se ha confundido con juegos de ingenio u ocurrencias verbales, con el chiste, con algo, en definitiva, un poco trivial.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 22 Jan 2026 11:58:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vivir en la última paranoia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/vivir-en-la-ultima-paranoia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/CHARLOTTE_GNEUSS_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>La escritora alemana Charlotte Gneu&szlig;<strong> </strong>(1992, Ludwigsburg) irrumpi&oacute; en la escena literaria con una prosa que disecciona sin anestesia la memoria reciente alemana, el peso del pasado y la construcci&oacute;n &iacute;ntima del miedo. Formada en pedagog&iacute;a social y en escritura creativa en Leipzig y Berl&iacute;n, su literatura combina un rigor casi documental con una sensibilidad afilada, siempre atenta a los mecanismos que regulan &mdash;y deforman&mdash; la vida cotidiana. Con <em>Los confidentes</em>, publicada en espa&ntilde;ol por Acantilado, Gneu&szlig; confirma que es una de las voces j&oacute;venes m&aacute;s perturbadoras y necesarias de la narrativa europea.<br /> <br /> Karin, Paul, Marie y la ciudad: Dresde. Nombres que resuenan como ecos atrapados en habitaciones demasiado peque&ntilde;as. La novela se abre en una RDA sin filtros ni nostalgia retro, muy lejos del romanticismo de los discos de Lou Reed o de la mitolog&iacute;a del Berl&iacute;n de Bowie. Aqu&iacute; no hay glamour, solo la humedad de los muros, la vigilia constante, el miedo que se instala en los huesos. Y en ese paisaje, la huida de Paul no es cuento de iniciaci&oacute;n ni melodrama juvenil: es el recordatorio de que el amor, en un estado policial, tambi&eacute;n tiene un expediente.</p>
<p>Gneu&szlig; afina un extra&ntilde;o extra&ntilde;ismo. Cada gesto parece desplazado medio cent&iacute;metro fuera de la realidad, pero nunca tanto como para que podamos refugiarnos en la ficci&oacute;n. En su mundo, la promiscuidad convive con un encorsetamiento f&eacute;rreo; los matrimonios abiertos chocan contra un sistema educativo que parece dise&ntilde;ado para limar la imaginaci&oacute;n. Todo &mdash;el cuerpo, el deseo, la filosof&iacute;a, las disciplinas cient&iacute;ficas&mdash; sirve a la ara&ntilde;a vasta del socialismo real. El capitalismo, la enfermedad; la RDA, pionera nuclear, madre f&eacute;rrea. Una l&oacute;gica que se repite como un susurro colectivo: adaptarse o caer en la locura. Alemanes orientales nacidos en el socialismo, alemanes que no conocen Alemania.<br /> <br /> La protagonista vive atrapada en ese laberinto de silencio y vigilancia. Un padre agotado, casi roto, que se desplaza en un Skoda que huele a derrota; una abuela que guarda verdades inc&oacute;modas en la memoria del bombardeo; un novio, Paul, convertido en delito de fuga: &ldquo;Para m&iacute; Paul era todo&rdquo;, confiesa ella. Y con esa sentencia empieza el inventario de p&eacute;rdidas. La Stasi convierte el amor en un asunto administrativo, una mancha hereditaria. Cada ruta, cada visita, cada conversaci&oacute;n es sospechosa. &ldquo;Plauen es casi Hof, y Hof es territorio fascista&rdquo;, le dicen. Paranoia como idioma materno. La abuela, que sabe que los que bombardearon Dresde son los mismos que ahora controlan sus vidas, obviando las heridas sin cerrar, afirma: &ldquo;La historia que aprendes en la escuela es la que ponen en la radio y la que sale en el peri&oacute;dico. Todo es mentira, cr&eacute;eme, jovencita&rdquo;.<br /> <br /> En este territorio moral desfigurado aparece Wickwalz, el agente que nunca termina de mostrar su rostro. Un funcionario ambiguo, familiar y monstruoso a la vez, con su amable reparto de cigarrillos y su vigilancia nocturna. Gneu&szlig; lo perfila como un personaje de claroscuro expresionista: seducci&oacute;n, amenaza, hasta una sombra de deseo incierto. M&aacute;s que un hombre, es el brazo &mdash;tembloroso y persistente&mdash; de un sistema que convierte la intimidad en materia estatal. Hasta la diversi&oacute;n parece repartirse en cupones, raciones de dulce, vi&ntilde;etas censuradas. La educaci&oacute;n, el lignito,<em> Elogio del comunismo</em>, de Bertolt Brecht, la geograf&iacute;a (solo existen las naciones afines, con esa manera de designar a las rep&uacute;blicas, todas variadas, todas atrofiadas en su democracia, todas con rimbombantes nombres que se refieren al pueblo y a la libertad). El capitalismo es enfermedad, es carb&oacute;n no rentable. &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; todo tiene que ser tan secreto?&rdquo;.</p>
<p>Pese a todo, es una novela sobre adolescentes. Y la autora no olvida la fragilidad luminosa de esa edad: los primeros besos, el v&eacute;rtigo del cuerpo, la convicci&oacute;n de que el mundo puede romperse si la persona amada se va. Pero tambi&eacute;n la pedagog&iacute;a pol&iacute;tica que perfora esa inocencia: &ldquo;No puedes ligar tu felicidad a una persona; debes ligarla a una idea&rdquo;. Una frase que resume el delirio piramidal de una sociedad que se proclamaba igualitaria mientras repart&iacute;a miedo por niveles. Todo lo contrario de un ideal socialista.<br /> <br /> Gneu&szlig; trabaja la confusi&oacute;n como si fuera un material t&aacute;ctil. La novela avanza en una especie de duermevela moral donde el tiempo parece m&aacute;s denso, m&aacute;s lento, como si la narraci&oacute;n hubiera aprendido a respirar bajo el agua. Relaciones que se anudan y se deshacen, escenas que parecen sue&ntilde;os filtrados por la realidad socialista, silencios que retumban m&aacute;s que los gritos. Hay algo somnoliento, s&iacute;, pero es un sopor cargado de electricidad, un estado de alerta disfrazado de calma.</p>
<p><em>Los confidentes</em> no es una novela hist&oacute;rica al uso ni un tratado de memoria. Es un viaje emocional a un mundo fracturado donde cada detalle &mdash;una palabra mal dicha, una mirada desviada, una cama sin hacer&mdash; puede convertirse en un signo de amenaza. Gneu&szlig; captura con una precisi&oacute;n casi quir&uacute;rgica la mezcla de verg&uuml;enza, culpa y deseo de respirar que marc&oacute; a una generaci&oacute;n nacida en un pa&iacute;s que ya no existe. Y lo hace con un estilo que combina ternura y sombra, hasta dejarnos con esa pregunta que incomoda y permanece: &iquest;qui&eacute;n miente cuando todos creen decir la verdad?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Charlotte Gneu&szlig;, Los confidentes, traducci&oacute;n de Alberto Gordo, Acantilado, Barcelona, 2025.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 15 Jan 2026 12:35:23 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sobre los cuerpos y los dioses]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/sobre-los-cuerpos-y-los-dioses/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/MAGDALENA_LASALA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Magdalena Lasala, zaragozana, narradora de lo org&aacute;nico y constructora de ficciones hist&oacute;ricas que la han colocado en la historia de la literatura aragonesa y espa&ntilde;ola, siempre encuentra un espacio en su literatura para la poes&iacute;a, su profesi&oacute;n favorita, su libertad hecha palabra.&nbsp;</p>
<p>La concesi&oacute;n del Premio de Poes&iacute;a Jos&eacute; Antonio Ocha&iacute;ta de 2024 ha permitido que sus lectores recibamos una nueva entrega de su construcci&oacute;n l&iacute;rica, perenne, personal, siempre reconocible, con la publicaci&oacute;n de <em>La piel del cielo</em>. Su tem&aacute;tica, la forma de sus versos, letan&iacute;as paganas, sensualidad de arena y estrellas, la emparentan con algunos de sus libros m&aacute;s recientes como <em>Vivir la vida que no es m&iacute;a</em> (Resurrecci&oacute;n, 2010, Zaragoza); <em>Aquel sabor de lo invisible</em> (Huerga y Fierro, 2014, Madrid) o su &uacute;ltima propuesta, <em>El amor, la vida y t&uacute;</em> que apareci&oacute; el a&ntilde;o pasado en la editorial Olifante.&nbsp;</p>
<p><em>La piel del cielo</em> se estructura en seis cap&iacute;tulos, de longitud variable, donde reina la mitolog&iacute;a, el paganismo y la sensualidad. En el primero de ellos, &ldquo;S&oacute;lo yo&rdquo;, encontramos un parnaso imp&uacute;dico y sensible, basado en el intercambio de los cuerpos salvajes, el sexo nutricio, el amor de herencia cl&aacute;sica y la presencia obsesiva dioses codiciosos y celosos. Al adentrarnos en &ldquo;Osiris enamorado&rdquo; leemos: &laquo;Soy el sue&ntilde;o de la muerte ebria de tu vida&raquo; y, a continuaci&oacute;n, &laquo;El envidiado porque me amas, enamorado de la muerte&raquo;.&nbsp;</p>
<p>La dupla amor y muerte se intercambia en un cielo imaginado, en la noche de la caza: el sue&ntilde;o sagrado de Ori&oacute;n permanece detenido en &ldquo;Ori&oacute;nidas de oto&ntilde;o&rdquo; y la cita que abre camino al verso dice: &ldquo;El secreto que es silencio / como la lluvia que guardan los cielos / sin sospecharla&rdquo;. Lectores de Magdalena Lasala que confluyen entre el Nilo y la V&iacute;a L&aacute;ctea, contemplan retazos de un tiempo antiguo que nos acerca, a trav&eacute;s de las construcciones de m&uacute;sculo y hueso, a las divinidades que cabalgan los cielos inh&oacute;spitos: &ldquo;Esclarecen los rincones de los para&iacute;sos esparcidos / en aquel que s&oacute;lo conocen los dioses y nosotros&rdquo;, al seguir con la lectura nos cubre la tormenta, que trae sed atrasada: &ldquo;Lloviendo el amor de nuestras lenguas l&aacute;cteas&rdquo;.</p>
<p>El demiurgo, lector y le&iacute;do a la vez, avatar del personaje que se acerca a los dioses con el deseo del aprendiz, un cham&aacute;n que esculpe sexo y amor, descubriendo los resquicios de energ&iacute;a que se transmite hasta convertir las pieles de los amantes en jardines prestos para la visita y el goce. La sucesi&oacute;n de los poemas atrae al lector al trance m&iacute;stico: Tilos de octubre, los ceros del loco, vuelta a un tiempo confuso: &ldquo;Atravieso la puerta de Ori&oacute;n al cielo&rdquo; y de un mes al otro, de octubre a diciembre, chocamos con la piedra loca del amor en la boca de Alejandra Pizarnik: &ldquo;Debo testificar el invierno y la luna fr&iacute;a de diciembre.&rdquo; Extra&iacute;da la locura, en el umbral contemplamos a Saturno y la poeta enhebra un juego cabal&iacute;stico. Hay sitio para cualquier religi&oacute;n, ampulosa y cargada de simbolismo: &ldquo;Como minutos de una a ocho, nuevos pelda&ntilde;os de la noria interminable&rdquo;. En la tercera parte, &ldquo;Constelaci&oacute;n del amado&rdquo; se enumera la voz como ap&oacute;sito de las lenguas y las lenguas como herramientas desliz&aacute;ndose sobre el destilado del placer. Un firmamento pr&oacute;vido: &ldquo;Gu&iacute;a de los milagros de los hombres/que envidiaron los dioses&rdquo;. El poema, vers&iacute;culo y oraci&oacute;n, acaba siendo la r&eacute;plica de los aullidos, la narraci&oacute;n que recoge el caminar de<em> nefilim</em>, que unidos carnalmente a las mujeres humanas, en su condici&oacute;n de hijos de dioses ca&iacute;dos son el sustento de los cantes anteriores al diluvio. Solo en el recuerdo del poeta cuando tiene algo de mago y mucho de sacerdote, alcanzamos esas primorosas estancias: &ldquo;No hace fr&iacute;o, pero dejo/que tu chaqueta me abrace antes del vino/y de besar tu cuello&rdquo;. Casas de Ori&oacute;n, lugares en los cielos, flam&iacute;geros como una tormenta, que avisa, retrasada y salvaje, nos cubre con intenciones er&oacute;ticas. Es esa la luz verdadera que cubre el d&iacute;a. En la cuarta parte, &ldquo;El cuerpo del cielo&rdquo; es la l&aacute;grima la que acomete el papel de lucero y gota: &ldquo;Bordar con mis dedos de gigante rendido/tus peque&ntilde;os montes&rdquo;, casi sin darnos cuenta ha pasado otro mes, junio: &ldquo;Donde nos lleva el d&iacute;a infinito de esperar la noche juntos&rdquo; y el mismo poema, &ldquo;Sigo de rodillas/orando ante la perfecta proporci&oacute;n desnuda/de tus horas infinitas&rdquo;. Adriano, alma que se deja moldear, yema de los dedos, tiento eterno de la adolescencia. En la Imposici&oacute;n de Eros, quinta parte del manuscrito, encontramos a los titanes, sueltos por fin de las cadenas, reclaman los cuerpos antiguos, es Prometeo un cantante de rock ca&iacute;do en desgracia o un escultor de las arcillas de piel y hueso. Sacerdotes, talladores, diad&uacute;menos al raspar cuerpos propios y ajenos y saciar con ellos el apetito que implosiona. Al final, sexta parte que lleva como t&iacute;tulo &ldquo;Recuerdo del amado&rdquo;, nos acostumbramos a hacer del pasado un espejo donde reflejar el carisma: &ldquo;Recog&iacute;a la piedra dormida por siglos/que a&uacute;n esperaba tu regreso y tu desnudo glorioso&rdquo;. Y en la estaci&oacute;n final, Hera, madre y hermana secreta, trae la muerte del fr&iacute;o con el verano. Y el poema cierra, como no podr&iacute;a ser de otro modo: &ldquo;Miro tu piel gemela del cielo/emergiendo de la noche sobre tu boca/Sobre tus sue&ntilde;os imposible&rdquo;. Magdalena Lasala, con una obra inmortal, acomete la singularidad de sus versos a trav&eacute;s de construcciones monumentales, sustentadas en cultura profusa, identific&aacute;ndose dentro de un canon eterno e imperecedero. Esta obra es parte y sello de esa catedral de palabras y cuerpos en la que sus lectores nos refugiamos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Magdalena Lasala, <em>La piel del cielo</em>, C&oacute;rdoba, Berenice, 2025</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 15 Jan 2026 12:24:39 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Isaac Muñoz: hiperestesia, belleza y orientalismo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/isaac-munoz-hiperestesia-belleza-y-orientalismo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/_ISAAC_MU_OZ_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Hiperestesia, belleza y orientalismo. Estos son los elementos que conforman el com&uacute;n denominador de la vida y obra de Isaac Mu&ntilde;oz, autor que ha sido foco de investigaci&oacute;n a lo largo de tres d&eacute;cadas por la catedr&aacute;tica en Literatura espa&ntilde;ola Amelina Correa Ram&oacute;n. Con el af&aacute;n de rescatar de la marginalidad a este autor, la experta ha logrado materializar en un libro ameno y divulgativo el retrato de un &ldquo;raro&rdquo; de la literatura de Fin de siglo, culminando as&iacute; un proceso de justicia po&eacute;tica que se inici&oacute; en 1990 con la tesis <em>Recuperaci&oacute;n de un escritor andaluz: Isaac Mu&ntilde;oz (1881-1925)</em>. Este volumen tambi&eacute;n viene acompa&ntilde;ado de documentaci&oacute;n gr&aacute;fica de inestimable valor, como retratos, im&aacute;genes de la casa palacio de su familia en Guadalajara o las postales emitidas desde T&aacute;nger.&nbsp;</p>
<p>La autora nos lleva de la mano por toda la obra de Isaac Mu&ntilde;oz mientras explica por qu&eacute; este singular y fecundo escritor quedar&aacute; fuera del canon literario espa&ntilde;ol durante todo el siglo XX. El recorrido toma su punto de partida desde la primera y ambiciosa obra, <em>Vida </em>(1904), prosiguiendo por <em>Voluptuosidad </em>(1906), <em>Morena y tr&aacute;gica </em>(1908), <em>La sombra de una infanta </em>(1910) o <em>Un h&eacute;roe del Mogreb </em>(1913), entre otras. Cabe destacar <em>Alma infanzona </em>por el fuerte influjo de la filosof&iacute;a nietzscheana canalizada por Gabriele D&rsquo;Annunzio (1836-1938), autor admirado por Isaac Mu&ntilde;oz, donde se pone de relieve la aristocracia de esp&iacute;ritu, noci&oacute;n que marcar&aacute; a muchos autores y fil&oacute;sofos de la &eacute;poca y que, en el caso de Mu&ntilde;oz, conjugar&aacute; tanto la desbordante sensibilidad como la nostalgia hacia una aristocracia se&ntilde;orial e hidalgu&iacute;a espa&ntilde;olas al m&aacute;s puro estilo machadiano, aparte de su clara inclinaci&oacute;n hacia el Oriente, pasi&oacute;n que marcar&aacute; profundamente toda su trayectoria vital, est&eacute;tica y literaria.&nbsp;</p>
<p>Esta repercusi&oacute;n del mundo oriental, clave para la producci&oacute;n literaria de Isaac Mu&ntilde;oz, se encuentra en 1910, cuando es destinado por orden ministerial a Marruecos para realizar una serie de investigaciones hist&oacute;ricas y literarias; simult&aacute;neamente habr&aacute; que sumar su labor en el peri&oacute;dico <em>Heraldo de Madrid</em>. Al a&ntilde;o siguiente, ve la luz una breve obra, <em>Los ojos de Astart&eacute;</em>, que evolucionar&aacute; en 1912 a la novela <em>Ambigua y cruel</em>, con portada de Jos&eacute; Moya del Pino. Ambas obras, al igual que <em>Lejana y perdida </em>(1913), se ambientan en un Oriente Pr&oacute;ximo idealizado, donde confluyen los rasgos ex&oacute;ticos de India y China, otorgando un car&aacute;cter m&aacute;s cosmopolita y refinado a la obra, caracter&iacute;sticas propias del arte modernista.&nbsp;</p>
<p>De esta profunda pasi&oacute;n por el Oriente, especialmente el isl&aacute;mico y espec&iacute;ficamente magreb&iacute; y egipcio, nacer&aacute; tambi&eacute;n <em>La serpiente de Egipto</em>, novela decante ambientada en el Egipto fara&oacute;nico, quedando in&eacute;dita hasta 1997.&nbsp;</p>
<p>El orientalismo de Isaac Mu&ntilde;oz ir&aacute; m&aacute;s all&aacute; de la mera labor literaria, pues sus art&iacute;culos period&iacute;sticos reflejar&aacute;n dicho inter&eacute;s. Comenzar&aacute; a publicar en revistas locales, como <em>Idearium </em>(Granada) o <em>Cr&oacute;nica meridional </em>(Almer&iacute;a), para despu&eacute;s dar el paso a publicaciones propiamente modernistas, digiridas por Francisco Villaespesa, como <em>Renacimiento Latino </em>o <em>Revista Latina </em>(de la cual Isaac ser&aacute; secretario). Tambi&eacute;n colaborar&aacute; en otros peri&oacute;dicos, tales como <em>El telegrama del Rif </em>o <em>Excelsior </em>(Madrid), destacando su labor para el ya citado <em>Heraldo de Madrid</em>, uno de los diarios m&aacute;s importantes del momento.&nbsp;</p>
<p>No obstante, y muy a pesar de ser un autor prol&iacute;fico, no solo en el &aacute;mbito literario sino tambi&eacute;n, como se ha visto, en el period&iacute;stico, Isaac Mu&ntilde;oz ser&aacute; excluido del canon por distintos motivos, como bien los explica la autora del presente libro: por un lado, su posicionamiento frente a la pol&iacute;tica intervencionista en el Protectorado de Marruecos y, por otro lado, su filosof&iacute;a del arte y su vida transgresora y opuesta a los valores morales de su &eacute;poca, encarnando la m&aacute;xima finisecular del <em>&eacute;pater le bourgeois</em>. A todo esto, debemos sumarle el cariz innovador en su estilo literario, centrado m&aacute;s en la forma po&eacute;tica que en la acci&oacute;n, releg&aacute;ndolo a un puesto marginal en los c&iacute;rculos literarios de su &eacute;poca.&nbsp;</p>
<p>Amelina Correa Ram&oacute;n demuestra en este volumen los frutos de una labor detectivesca, la consecuci&oacute;n de un af&aacute;n investigador contabilizado en d&eacute;cadas, donde, si antes rescatadas en su tesis, ahora revividas, las bondades est&eacute;ticas de una figura ocultada est&aacute;n ahora dispuestas al alcance tanto del experto acad&eacute;mico como del aficionado al &aacute;mbito literario.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Amelina Correa Ram&oacute;n, <em>Amor y muerte en el orientalismo modernista: el escritor Isaac Mu&ntilde;oz</em>, Madrid, Archivos Vola, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 15 Jan 2026 11:43:52 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De Cervantes a Cuerda: una aventura erudita y alocada en tierras manchegas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/de-cervantes-a-cuerda-una-aventura-erudita-y-alocada-en-tierras-manchegas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/ROSA_NAVARRO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo2">Tras el gran recibimiento de su obra de debut, <em>Ni&ntilde;a con monstruo dentro </em>(Bala Perdida, 2023) -ganadora del 45&ordm; Premio Tigre Juan 2023 a la mejor obra narrativa en espa&ntilde;ol y Finalista de la 20&ordf; edici&oacute;n del Premio Setenil al Mejor Libro espa&ntilde;ol de Relatos 2023-, Rosa Navarro da el salto a la novela con una obra divertida, sin complejos ni ataduras, diferente, lazada y alzada por una prosa elegante y en la que, en todo momento, es improbable adivinar lo que nos traer&aacute; ya no la p&aacute;gina inmediata, sino el siguiente p&aacute;rrafo por leer. Pero lo primero a lo que hemos de enfrentarnos es a su t&iacute;tulo, <em>Recochura</em>, palabra que no recoge la RAE, aunque puede parecer pr&oacute;xima a &ldquo;recocha&rdquo;, t&eacute;rmino que viene a definir lo muy cocido: recocido. No obstante, indagando en el vocabulario manchego, encontramos en el diccionario de Tomelloso que se define <em>recochura</em> como estado de incertidumbre y desasosiego; ansiedad que acompa&ntilde;a al que se le priva de algo que espera, particularmente de una determinada informaci&oacute;n y, en otras localidades incluso hallamos su sinonimia con &ldquo;mala conciencia&rdquo;. Bien, tiempo habr&aacute; en la lectura para decantarse por una opci&oacute;n un otra.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Nada m&aacute;s abrir sus p&aacute;ginas nos sorprende el humor -cuando no el sarcasmo-, la originalidad, la precisi&oacute;n en la expresi&oacute;n mientras avanza el relato con la facilidad del dibujo a mano alzada y, por momentos, incluso sentimos la aparici&oacute;n de la fuerza l&iacute;rica con la que se ayuda a componer el timbre preciso del instante, del paisaje o la emoci&oacute;n hiperb&oacute;lica, as&iacute; dramatizada. Se dir&iacute;a que, adem&aacute;s de los obvios, hubiera un personaje inmaterial que no pasa inadvertido y que no es otro que el lenguaje, pues se aprecia un cuidado tanto en el glosario de t&eacute;rminos que se usa, como en la forma de encadenar las ideas, creando un texto por momentos delicioso; un disfrute narrativo que, por otra parte, se ha de reconocer que es uno de los pilares que sustenta y da ocasi&oacute;n al desvar&iacute;o del relato. El otro -dir&iacute;a- es el saber, la erudici&oacute;n, que consolidan y otorgan carta de verdad a lo surreal, a lo que ser&iacute;a imposible en un relato que se limitara a lo m&aacute;s probable, a lo veros&iacute;mil o al decir gris, &nbsp;haciendo de esta manera l&oacute;gico y dando carta cabal incluso a lo m&aacute;s descabellado.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">La historia tiene como escenario una poblaci&oacute;n manchega llamada Lugar, es decir, transcurre en un Lugar de La Mancha, lo que ineludiblemente nos llama la atenci&oacute;n, no siendo ni el primer ni el &uacute;ltimo gui&ntilde;o al &ldquo;manco de Lepanto&rdquo;, pues el texto atesora referencias suficientes como para hacer de su surrealismo rural -tambi&eacute;n calificado como <em>surruralismo-</em>, una obra quijotesca que deber&iacute;a de tener su lugar privilegiado entre los homenajes cervantinos.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Como anticip&aacute;bamos, la otra presencia manchega es la del albacete&ntilde;o Jos&eacute; Luis Cuerda, cuya obra se ve celebrada en lo impredecible de la trama y en ese <em>surruralismo</em>, al que antes hac&iacute;amos referencia.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">En es Lugar, si me lo permiten, en ese Macondo se hab&iacute;an asentado tiempo atr&aacute;s los antepasados de la protagonista, una muchacha que -como la Mamba Negra- regresa para hacer justicia: &ldquo;he venido a robar un cuadro y a matar a un hombre&rdquo; y a quien una &ldquo;noche en la que el viento azotaba los cristales y Abuelo se comi&oacute; el alfabeto a ella le lleg&oacute;, sin avisar, el uso de la raz&oacute;n&rdquo;, haciendo de la palabra -insisto- el coprotagonista de la historia; palabra que -como apunta Navarro- nos siembra en el lenguaje, nos hace pensamiento y, por ello, nos torna peligrosos para quienes quieren controlarnos, a ser posible, sin mucho esfuerzo ni resistencia.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Con estos elementos: el humor, la (sin)raz&oacute;n, la afinada punter&iacute;a -es decir, la inteligencia-, el juego con la palabra, la libertad de expresi&oacute;n y de acci&oacute;n&hellip;, son con los que Rosa Navarro compone este texto que puede parecer una &ldquo;pedrada&rdquo; y de hecho, lo es: es el canto con el que David golpea a un gigante: a una sociedad que, como ovejas, permanece amarrada por el aire de un p&aacute;ramo infinito, a sus estamentos de poder, a su jerarqu&iacute;a, a su religi&oacute;n, a su orden social, a su machismo, a su desinter&eacute;s por la ense&ntilde;anza y la cultura -que llega incluso a despreciar el conocimiento del secreto de los secretos: qu&eacute; hay despu&eacute;s de la muerte-&hellip; y lo hace al tiempo que ensalza el papel de las mujeres, en especial de aquellas libres y determinadas; del hero&iacute;smo de los parias y los incomprendidos; del valor del saber, del amor al conocimiento, que -en el inframundo del bombo donde habita Abuelo- se opone al imperio de estatuas y campanarios yermos.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Rosa Navarro -al considerarse algunos de sus personajes femeninos- podr&iacute;a afirmar, como dijera en su d&iacute;a Gustave Flaubert de Madam Bovary, un &ldquo;c'est moi&rdquo;, pues en la maestra podemos ver a la profesora universitaria, en la joven pelirroja -entre cuyos rizos, como met&aacute;fora, anidan colibr&iacute;es y toda suerte de pajarillos- podemos ver un <em>alter ego </em>curioso e idealista, pero sobre todo intuimos en Magdalena, en esa literata que escribe a dos manos con un recaudador -de nuevo- muy cervantino, una proyecci&oacute;n en la que tambi&eacute;n hacer algo de humor con esa &ldquo;obra maestra&rdquo; que todo escritor (o escritora) sue&ntilde;a con haber escrito, o con llegar a escribir alg&uacute;n d&iacute;a.</p>
<p class="Cuerpo2">Por la riqueza de recursos, por el uso del lenguaje en distintos planos y estilos, por la apropiaci&oacute;n -a modo de sampler- de fragmentos de El Quijote o de Azor&iacute;n&hellip;, por lo original, por lo libre de canon&hellip;, estar&iacute;amos tentados a concluir con un Rosa Navarro es la Rosal&iacute;a de nuestras letras contempor&aacute;neas, pero no hay necesidad ninguna. Adem&aacute;s estoy seguro de que preferir&iacute;a que sinti&eacute;ramos la singularidad de su voz, voz que alumbra en su novela a un verbo amaneciente, que no es poco.</p>
<p class="Cuerpo2">&nbsp;&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Rosa Navarro, <em>Recochura</em>, Madrid, Bala Perdida, 2025.<em></em></p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 09 Jan 2026 11:41:22 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Estadios cuánticos de realidad y locura]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/estadios-cuanticos-de-realidad-y-locura/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/ROSA_MART_NEZ_GONZ_LEZ_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>La muerte es un jinete azul</em> (Editorial Milenio, 2025) de Rosa Mart&iacute;nez Gonz&aacute;lez supone el regreso a la novela despu&eacute;s de su poemario <em>El miedo del doble a la soledad</em> (Pregunta Ediciones, 2022) y sus dos anteriores novelas, Sobrevivir en Comala (Editorial Baile del Sol, 2010) y <em>La nota muerta</em> (Pregunta Ediciones, 2020). La autora, navarra de nacimiento, pero afincada en Arag&oacute;n, nos presenta un libro sobre la literatura o sobre la locura. Ustedes pueden elegir. No es una <em>boutade; </em>resulta m&aacute;s c&oacute;mo personalizar las palabras que entregarnos a los extremos. Una cita de Alejandra Pizarnik y otra de Paul Auster. La obsesi&oacute;n, en tres voces. La sensaci&oacute;n de que el lector no es real, como tampoco lo son los personajes. C&eacute;sar y su doctor. Un avatar para convertir el mon&oacute;logo en di&aacute;logo. No hay respuesta. Solo la revisi&oacute;n de la infancia y la adolescencia. Desde la EGB a la muerte de los padres: un tanatorio sin l&aacute;grimas: &ldquo;apenas hab&iacute;a comenzado a saborear mi independencia y ya se me hab&iacute;a arrebatado el pasado; mientras que el futuro se dibujaba como un horizonte imprevisible&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>El protagonista envuelve el discurso en la ciencia, la ciencia de los cl&aacute;sicos: de Prot&aacute;goras a Plat&oacute;n, con la antropolog&iacute;a del lenguaje: una tesis doctoral sobre una tribu que practica la afasia colectiva hasta terminar en su extinci&oacute;n. C&eacute;sar se deja llevar por la obsesi&oacute;n, las mujeres de labios rojos, la carnalidad con el aderezo de la violencia. Y cuando llega la negaci&oacute;n, se combina con el amor. Un amor t&oacute;xico. Un personaje, Rebeca, que har&aacute; m&aacute;s por la novela con su ausencia.&nbsp;</p>
<p>Del desamor, la poes&iacute;a, un libro de poemas que se vende, dinero por la poes&iacute;a, &ldquo;El despliegue de la luz&rdquo;. Como en <em>Amor </em>de Juan Jos&eacute; Becerra, el protagonista se gana la vida con un poemario y dice: &ldquo;Llegu&eacute; a pensar que me lo hab&iacute;a imaginado todo&rdquo;. &iquest;Quiz&aacute; fue ese el primer aviso? Un nombre, Nerval, que nos lleva a Mariana Enr&iacute;quez. El retorno del icono, del avatar del deseo. Una gabardina azul, los labios rojos, bares, librer&iacute;as, una jaula, una cita de Andr&eacute;s Calamaro: &ldquo;La vida es una c&aacute;rcel con las puertas abiertas&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>De Andr&eacute;s Calamaro a Fito P&aacute;ez, aunque sea a trav&eacute;s de Charles Bukowski. Leen el relato de Cass. Fito escribi&oacute; &ldquo;Polaroid de Locura ordinaria&rdquo; y Jos&eacute; Luis Garc&iacute;a un poema que sirvi&oacute; como texto de una de las m&aacute;s grandes canciones de Gabriel Sope&ntilde;a. Los dos, C&eacute;sar y Rebeca, viven en un relato corto de belleza y muerte. No hay nadie del todo vivo ni del todo muerto.&nbsp;</p>
<p>La novela de Rosa Mart&iacute;nez es un estado cu&aacute;ntico constante, entre la literatura y la vida, entre el papel y el sue&ntilde;o. El escritor sigue cabalgando el &eacute;xito, pastillas y alcohol, novela negra. Vaciado por la felicidad: &iquest;Le enferma la realidad o es la rutina? Llegar al instante de una anciana enlutada. Un trance, una almohada, cristales rotos, vaso de agua. Sangre.&nbsp;</p>
<p>Una novela, en el duermevela de la realidad, con una boca tapada para no gritar. El escritor que quiera convertir en libro su vida. O usar la literatura como exorcismo. Jugar con la ciencia, la criminolog&iacute;a, la banalidad del mal, la psicopat&iacute;a. &iquest;Es el cuerpo del personaje, bello y atractivo, la fisonom&iacute;a del asesino en serie? La autora nos lleva al 21 de septiembre de 2017. Coloca indicadores euclidianos para poder detectar los distintos estadios que llevan al abismo: el doctor desaparece, la bandolera en un nuevo d&iacute;a, el tiempo se desplaza, el caos es la realidad, un ascensor. Un ascensor es la marca del extra&ntilde;ismo: caer por el hueco de un ascensor y acabar en la calle, tirado en el suelo. En urgencias como si lo hubieran atracado. Podr&iacute;a llegar a ser la met&aacute;fora de lo c&oacute;mico. Al enfrentarse a su doppelganger y acabar descubriendo que es su exmujer. Un hueco en un edificio p&uacute;blico como met&aacute;fora perfecta del descenso a los infiernos.&nbsp;</p>
<p>Espacio y tiempo se confunden. Valladolid y Madrid. Y Beatriz, &iquest;qu&eacute; Beatriz? &iquest;No era Rebeca? Es la aparici&oacute;n/desaparici&oacute;n nutricia del personaje. Tabaco y una grabaci&oacute;n. Registrar la realidad para justificar la locura. Juan Velilla. Si no son grabaciones, ser&aacute;n fotograf&iacute;as: &ldquo;Fotograf&iacute;as contra el olvido&rdquo;. Una especie de propuesta para mezclar a Leopoldo Mar&iacute;a Panero con el &ldquo;metraje encontrado&rdquo;, un estilo m&aacute;s herm&eacute;tico y cinematogr&aacute;fico que se introduce como la pez entre los huecos de la realidad. Esa es la novela. Una novela de tres personajes. De tres secundarios. Dos ciudades. Una tercera fantasma. El segundo secundario, Jos&eacute; Luis, un anciano con un estudio de revelado anal&oacute;gico llamado Prisma. Como si Rosa hubiera escarbado en una memoria de los ochenta, en nuestra memora. La c&aacute;mara, la pel&iacute;cula, es m&aacute;s que un objeto para captar la realidad, es un arma contra el olvido y la oscuridad. El olor de la qu&iacute;mica que trae el revelado despierta al protagonista y al lector. Un vagabundo, una calle, la c&aacute;mara: salto, otra vez, en el espacio y el tiempo, la tercera ciudad, Alicante.&nbsp;</p>
<p>&iquest;La EGB es un estadio mental? &iquest;Un sue&ntilde;o que se repite, una memoria interna? No olvidamos ni nombres ni apellidos. Al volver de lo profundo, un carrete. &iquest;Pruebas del delirio? &iquest;De la maldad? &iquest;Pruebas o silencio? Volvemos a los potenciales estadios cu&aacute;nticos de la novela. Cerrado por defunci&oacute;n. Del d&iacute;a 9 al d&iacute;a 17, un &aacute;lbum abandonado sobre la mesa del negocio. Del 17 al 19. &iquest;Qui&eacute;n devora los d&iacute;as? El tiempo solo se conserva en los bares de los barrios, lugares donde las estaciones y las celebraciones est&aacute;n consensuadas, como los adornos de Navidad. Lo que capturas en la pel&iacute;cula (o en la cinta magn&eacute;tica o en los ojos del lector) son muertes al azar y el terror del anciano. &iquest;Existe relaci&oacute;n entre la vida sesgada y el timbre en la puerta que avisa? Por primera vez, con el final de la primera parte, aparece la palabra <em>suicidio</em>.</p>
<p>Los tres cap&iacute;tulos en los que se estructura la novela ofrecen visiones distintas en el espacio y el tiempo; se desplazan lentamente, recopilan datos y ponen el contexto. Beatriz, la mujer que sustituye a la mujer, es m&aacute;s prosaica, luminosa y algo sensual. Llega cuando en la Campana de Gauss comienza el descenso. Nos ofrece un entramado de mundos paralelos, una sucesi&oacute;n cu&aacute;ntica, una realidad de locura como enfermedad, es decir, contagiosa. Pero ella es una mujer enga&ntilde;ada, con un trabajo precario, en un Madrid desolador.&nbsp;</p>
<p>Cigarrillos que van y vienen, que definen las m&aacute;scaras. Un doctor. El doctor, te dice el lector: no ha muerto, no lo recuerdo, qui&eacute;n es&hellip; &iquest;Llegar&aacute; el tercer estadio? Del primer intento a la intimidad por pena. La narraci&oacute;n se extiende, luego se comprime. &iquest;Quer&eacute;is saber qu&eacute; guardaba el carrete? Manchas. Manchas que son un reguero velado de muertos que no existen. Cita a Ricardo Piglia, habla de las fantas&iacute;as de John Cheever (en vez de piscinas, calles y fotograf&iacute;as). Daniel es un secundario poco exigido. Un detonante para la huida: &ldquo;Un autor loco en estos tiempos es un soplo de aire fresco&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Al final hay que vender libros y la firma de una persona enajenada no tiene valor legal. Hermetismo, sencillez, ajenos a la sobredosis de la realidad. Amor, ligando, conmigo, siempre hay tiempo para la sensualidad. Juegos, sombras, luces y rostros, miradas, dos cuerpos. C&eacute;sar tiene la piel impregnada de hospital y desesperaci&oacute;n. Tambi&eacute;n de nicotina. Camel, en concreto. Vuelve la electricidad est&aacute;tica, el ozono violento despu&eacute;s del sexo. La autora construye un personaje d&eacute;bil y atractivo, que puede ser cruel, porque tiene algo de infantil: &ldquo;Es que no tienes vida propia. &iquest;Qu&eacute; est&aacute;s haciendo con tu vida, Beatriz?&rdquo;.&nbsp; As&iacute; acab&oacute; todo: &ldquo;Y de alg&uacute;n modo, as&iacute; fue: primero C&eacute;sar me ech&oacute; de su casa; luego me suplic&oacute; que me quedase. Trat&eacute; de que durmiera. Pas&oacute; tres d&iacute;as sin dormir&rdquo;. &iquest;En qu&eacute; realidad has depositado a Beatriz?, le pregunto a su autora. Una en la que el amor se diluye en un muro agrietado por la locura. No olvidemos que el delirio es primo hermano de la escritura. Por eso: &ldquo;Menciona una y otra vez a Rebeca, a un anciano fot&oacute;grafo, a un amigo de Valencia, todo mezclado y todo confuso&rdquo;. Apag&oacute;n y dispersi&oacute;n, C&eacute;sar: diez dimensiones, el hombre que vendi&oacute; su alma. Cuando la ambulancia lleg&oacute;, su vida hab&iacute;a terminado, aunque siguiera vivo. Aunque tuviera que aparecer el Doctor Velilla para protagonizar el cierre, la tercera parte, la realidad golpeando como una amalgama de piedras y pastillas: Francisco de Goya, Franz Kafka, un hombre de vida sencilla, que prefiere leer a ganar dinero. Amante de una esposa (secundaria), detallista ligeramente mon&oacute;tono. El doctor trae una mochila rellena de contradicciones y espejos, en ese juego de espacios, empezamos a sospechar que Velilla es el lector de esta historia, lectores del lector. Beatriz Varela, no sabemos cu&aacute;ndo, se ha convertido en doctora. Escribe sobre muerte y literatura, sobre locura y novelas. &iquest;No es de eso de lo que escribimos todos?&nbsp; Le preguntamos, con esta rese&ntilde;a, a la autora.&nbsp;</p>
<p>Imagino, en la psicosis del escritor, unos pocos cientos de metros entre el Jard&iacute;n Bot&aacute;nico y la Cuesta de Moyano. En Madrid, estratos separados, mezcla de pasado y presente, las vidas son distintas, el multiverso del jinete. Las librer&iacute;as de lance, los almacenes de segunda mano,&nbsp; la foto de la autora (un poco, s&iacute;, un poco, a escondidas de su mujer), el doctor Velilla busca chispa y encuentra fuego. Si el fuego es demencia tambi&eacute;n ilumina: &ldquo;Aquellas p&aacute;ginas le llenaron de luz. Hab&iacute;a alguien especial velando en la oscuridad y ese alguien era Beatriz Varela&rdquo;. De pronto los tres confluyen como conjuntos en una intersecci&oacute;n como Diagramas de Venn. Hay un juicio, hay un internamiento, hay llamadas y m&aacute;s intentos de suicidio. Viajes de Madrid a Valladolid. Ah&iacute;, donde siempre se dice la verdad, es donde el doctor se reconoce en el hombre que conforma el tercer v&eacute;rtice, con Beatriz y C&eacute;sar. Beatriz convertida, s&uacute;bitamente, en el objeto del foco de la historia.&nbsp; Un at&iacute;pico tri&aacute;ngulo, entre la literatura, la psiquiatr&iacute;a, el sexo, o, m&aacute;s bien, la imagen del amor lujurioso y blanco. &iquest;Qu&eacute; es la muerte en este juego cu&aacute;ntico de presentes? &iquest;Liberar a la v&iacute;ctima? Los &uacute;ltimos momentos l&uacute;cidos.&nbsp;</p>
<p>La liberaci&oacute;n tiene algo de eutanasia, de dejadez qu&iacute;mica. No importa.&nbsp; He repetido muchas veces cu&aacute;ntico, pero es la sem&aacute;ntica exacta. En esta nebulosa que nos deja la novela, hay m&aacute;s preguntas que respuestas. M&aacute;s qu&iacute;mica que f&iacute;sica. Ya no s&eacute; si es cita o conclusi&oacute;n, pero tengo que cerrar con esto: Alguien de esta sala podr&iacute;a afirmar que siempre y en todo momento puede o ha podido distinguir la realidad de la creencia, de la idea malsana, de la pasi&oacute;n irracional. Una novela,&nbsp; <em>La muerte es un jinete azul,</em> de la autora espa&ntilde;ola Rosa Mart&iacute;nez Gonz&aacute;lez. Literatura pura, destilada, indescifrable. No dejar&aacute; indiferente al lector.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rosa Mart&iacute;nez Gonz&aacute;lez, <em>La muerte es un jinete azul</em>. L&eacute;rida, Editorial Milenio, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 07 Jan 2026 13:30:41 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nos queda la palabra ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/nos-queda-la-palabra/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2026/JOS_MAR_A_ARI_O_COL_S_500_px.jpg" alt="" /></p>
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<p>Hay palabras ocultas bajo tierra,</p>
<p>hay palabras que cortan cual cuchillos,</p>
<p>hay palabras que siembran esperanzas,</p>
<p>hay palabras de luz y amaneceres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sin embargo,</p>
<p>prefiero los silencios</p>
<p>y la mirada dulce y sugerente</p>
<p>antes que la palabra vacua y simple,</p>
<p>antes que los insultos y amenazas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La palabra se nutre de silencio</p>
<p>y tiene sus ra&iacute;ces</p>
<p>en el pozo de sabias reflexiones</p>
<p>y en la hondura fugaz</p>
<p>de los encuentros.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 07 Jan 2026 12:59:06 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El séptimo día]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-septimo-dia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/ELSE_LASKER-SCH_LER_2_500_px_1.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo2">Hace ahora 120 a&ntilde;os se publicaba <em>Der siebente Tag</em>, segunda obra po&eacute;tica de Else Lasker-Sch&uuml;ler, tras su primer poemario, <em>Estigia</em> (Styx, 1901) -un libro de debut a&uacute;n muy influenciado por el entorno po&eacute;tico berlin&eacute;s, en el que se hab&iacute;a integrado muy activamente-. Sin embargo, probablemente deba ser considerado como &ldquo;su nacimiento po&eacute;tico&rdquo;, en el sentido en el que es aqu&iacute; -en las p&aacute;ginas de <em>El s&eacute;ptimo d&iacute;a</em>-, en las que comienzan a aflorar los rasgos m&aacute;s caracter&iacute;sticos del hacer literario de esta pionera del movimiento expresionista.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Aunque no tengo por costumbre perge&ntilde;ar notas biogr&aacute;ficas de los autores -limit&aacute;ndome a referirme en exclusiva a la obra propuesta-, creo que es precisa la excepci&oacute;n, dada la singularidad del caso. Elizabeth Sch&uuml;ler nace en 1869, aprende a leer a los cuatro a&ntilde;os y deja la escuela en la pubertad, form&aacute;ndose sola. A los 13 a&ntilde;os pierde a su hermano Paul, con el que esta muy unida y en 1890 fallece su madre, provocando su &ldquo;expulsi&oacute;n del para&iacute;so&rdquo; y convirti&eacute;ndola en una figura fundamental de su obra: &ldquo;Mi coraz&oacute;n es la madre muerta,/ Mis ojos, ni&ntilde;os tristes/ que con el mundo van&rdquo;. Se casa en 1894 con el m&eacute;dico Berthold Lasker y se mudan a Berl&iacute;n. En 1895 conoce al poeta Peter Hilde quien se convierte en su mentor y la introduce en el ambiente de la bohemia berlinesa y en los c&iacute;rculos anarquistas y dada&iacute;stas. En 1987 fallece su padre, acrecentando el hueco en la poeta. En 1899 da a luz a un var&oacute;n al que dar&aacute; el nombre de Paul, en recuerdo de su hermano, a&ntilde;o en el que comienzan a publicarse algunos de sus poemas. En 1901 publica <em>Estigia</em>. En abril de 1903 se divorcia y en noviembre se casa con el escritor Georg Lewin. En 1905 se publica <em>El s&eacute;ptimo d&iacute;a</em>, obra que -hasta donde yo tengo noticia- s&oacute;lo est&aacute; disponible &iacute;ntegramente y en versi&oacute;n biling&uuml;e castellano-alem&aacute;n en esta edici&oacute;n de Los libros del innombrable, a cargo de Montserrat Armas.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Nos hallamos, pues, ante la obra de una mujer adulta, reci&eacute;n cruzado el Rubic&oacute;n de un siglo nuevo, de una vida nueva, segura de s&iacute; misma, liberada y que canta &ldquo;Y ella supera/ El mundo,/ Perdiendo su principio,/ Supera todo tiempo,/ Y al final regresa a tu coraz&oacute;n milenario,/ Dominante&rdquo; y que consigue verse introducida en un mundo de hombres -como lo era la escena cultural de Berl&iacute;n, donde las mujeres destacadas se cuentan con los dedos de las manos, teniendo que acudir a nuevos estudios para encontrar otros nombres-, consigue ser una de las figuras m&aacute;s relevantes del Expresionismo alem&aacute;n, e incluso ser despreciada por el mism&iacute;simo &nbsp;Franz Kafka y lo hace eligiendo la elegancia m&aacute;s disparatada y el estoicismo m&aacute;s absoluto, pues son para ella a&ntilde;os de verdadera carest&iacute;a.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">La vida de Else, se extender&iacute;a hasta 1945, dando lugar a la que, probablemente, sea su obra menos reconocida: su propia biograf&iacute;a, en la que introduce grandes dosis de autoficci&oacute;n. No obstante, para los fines de esta lectura, nos quedamos en los primeros a&ntilde;os de la d&eacute;cada de 1900, en Berl&iacute;n, contemplando la obra de una mujer dispuesta a vivir su intelectualidad y su carnalidad de una forma libre, total y completa, aunque, por otra parte, es preciso recordar que se siente insegura ante el mundo -tal vez por la p&eacute;rdida y la incertidumbre econ&oacute;mica- y, de alg&uacute;n modo, atormentada, obstaculizada para vivir una dicha plena: &ldquo;La pesadez asciende de todas las tierras/ Y el olor a plomo nos asfixia,/ Pero el deseo se extiende/ Y se arroja como incendio./ De r&iacute;os salvajes resuena/ El grito primitivo, La canci&oacute;n de Eva&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">En este momento -en el de <em>El s&eacute;ptimo d&iacute;a</em>- el estilo de Lasker-Sch&uuml;ler es fiel reflejo de lo que es ella: est&aacute; lleno de innovaci&oacute;n, de desaf&iacute;o al lengua y a la estructura cl&aacute;sica del poema, de la rima, de la m&eacute;trica&hellip;, juega con el lenguaje, experimenta y se deja sentir a trav&eacute;s de &eacute;l, probando neologismos -de dif&iacute;cil traducci&oacute;n, y en los que Armas ha tenido gran atenci&oacute;n y delicadeza-, introduce en su verso un uso simb&oacute;lico de las im&aacute;genes, una abstracci&oacute;n, un universo de referencias, un ritmo propio en la construcci&oacute;n del poema, pero tambi&eacute;n altera el tema y el tono, lo mismo aparecen referencias b&iacute;blicas que org&aacute;smicas e interpela a otro que puede ser el amante, la madre, otro cualquiera, dios o ella misma:&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Profunda has inclinado tu cabeza sobre m&iacute;,</p>
<p class="Cuerpo2">Tu cabeza de cabellos dorados, primaverales,</p>
<p class="Cuerpo2">Y tus labios, suavidad de seda rosa,</p>
<p class="Cuerpo2">Flores de los &aacute;rboles del Ed&eacute;n.</p>
<p class="Cuerpo2">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Y mi alma es el amor que brota,</p>
<p class="Cuerpo2">Oh, el deseo expulsado,</p>
<p class="Cuerpo2">Y tiemblas por los presentimientos</p>
<p class="Cuerpo2">Y desconoces por qu&eacute; tus sue&ntilde;os se lamentan.</p>
<p class="Cuerpo2">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Y pesada me tiendo sobre tu vida,</p>
<p class="Cuerpo2">Como un recuerdo de mil estirpes.</p>
<p class="Cuerpo2">Y eres tan joven y ciega, tan joven como Ad&aacute;n&hellip;</p>
<p class="Cuerpo2">Profunda has inclinado tu cabeza sobre&nbsp; m&iacute;.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2"><em>&nbsp;</em></p>
<p class="Cuerpo2">Reiteradamente, nos encontramos ante poemas que invitan a ser interpretados &ndash;&ldquo;Soy el jerogl&iacute;fico/ Que subyace a la creaci&oacute;n&rdquo;-, a dar un sentido a la primavera, a encontrar el dolor primero de la infancia, a gozar del sexo declarado, a ver la incorrecci&oacute;n, lo antisistema en el decir, a sopesar el recuerdo del linaje, etc. Interpretaciones, conexiones emp&aacute;ticas y simb&oacute;licas con la emoci&oacute;n y el decir de la poeta, que tambi&eacute;n se antojan necesarias ante otros muchos poemas, como este que lleva por t&iacute;tulo &ldquo;Nuestra canci&oacute;n orgullosa&rdquo;:&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Sobre nosotros cuelgan</p>
<p class="Cuerpo2">D&iacute;as extra&ntilde;os con azules fr&iacute;os,</p>
<p class="Cuerpo2">Y blancos t&eacute;mpanos de nubes amenazan</p>
<p class="Cuerpo2">Con suprimir la dorada isla de los rayos.</p>
<p class="Cuerpo2">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Somos los dos vencedores vencidos,</p>
<p class="Cuerpo2">Y coronas nos elevan de la sangre de los cerdos,</p>
<p class="Cuerpo2">Profetas fueron nuestros padres,</p>
<p class="Cuerpo2">Y nuestras madres, reinas.</p>
<p class="Cuerpo2">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Y dulces las nubes de melancol&iacute;a trepan</p>
<p class="Cuerpo2">En l&iacute;neas de amor sobre sus tumbas p&uacute;rpura ardientes,</p>
<p class="Cuerpo2">Y nuestros cuerpos, dos columnas doradas, orgullosos se alzan</p>
<p class="Cuerpo2">Sobre Occidente, como pensamiento de Oriente.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Por tanto, nos entregamos a la lectura de un libro moderno, actual en muchos aspectos, lleno&nbsp; de juegos, de experimentaci&oacute;n en la palabra, de rebeld&iacute;a y negaci&oacute;n, de lamento y llanto, de pesada herencia, de exaltaci&oacute;n de un placer a flor de piel, de labio. Por momentos sombr&iacute;a, apesadumbrada, derrotada por la inefabilidad, el miedo, la muerte; tambi&eacute;n se alza en sus versos una figura que nos seduce y atrapa. &ldquo;En mi mano, pesado, yace sepultado mi pueblo&rdquo;, escribe. Y, tal vez inspirada por la obra de Hegel -como conciencia infeliz-, proclama: &ldquo;Hay en el mundo un llanto,/ Como si el Dios amado hubiera muerto&rdquo;. En este contexto, &iquest;a qu&eacute; alude ese s&eacute;ptimo d&iacute;a, en el que dio Dios preminencia al descanso, un d&iacute;a santificado por el trabajo concluido? En <em>El s&eacute;ptimo d&iacute;a </em>se celebra la creaci&oacute;n de una nueva mujer, una Else nueva que no toma el lenguaje como algo prestado, ajeno, sino que lo hace propio y, desde su sentir, lo reinventa; de una mujer que juega con sus pies sobre una tierra nueva -tierra a la que alude recurrentemente- y no encuentra l&iacute;mite ni en el azul del cielo ni el brillar de las estrellas -que tiritan al contemplarla cada vez m&aacute;s distante-; una mujer renovada en el placer, en la carnalidad, en la liberaci&oacute;n del deseo; nueva en su arrojo y en su decir simb&oacute;lico. Una mujer completa al conocer su lado oculto y su anverso.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2"><em>El s&eacute;ptimo d&iacute;a.</em> Else Lasker-Sch&uuml;ler. Edici&oacute;n biling&uuml;e castellano-alem&aacute;n. Edici&oacute;n y traducci&oacute;n de Montserrat Armas, Libros del Innombrable. 2025.</p>
<p class="Cuerpo2">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2"><em>&nbsp;</em></p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 15 Dec 2025 07:54:28 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El terror que se adentra en la sociedad afónica]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-terror-que-se-adentra-en-la-sociedad-afonica/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/ELVIRA_NAVARRO_3_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Elvira Navarro Ponferrada (Huelva, 25 de marzo de 1978) nos entrega una de las m&aacute;s notables colecciones de relatos de este a&ntilde;o. Despu&eacute;s de sus &uacute;ltimos t&iacute;tulos, <em>La isla de los conejos</em> (Random House, 2019) y <em>Las voces de Adriana</em> (Random House, 2023), <em>La sangre est&aacute; cayendo al patio</em> (Random House, 2025) recoge nueve relatos de terror, f&iacute;sico y sobrenatural, con elementos de psicolog&iacute;a oscura, ejerciendo un contraste entre la realidad pac&iacute;fica y el instante que el horror desgarra lo cotidiano: la aparici&oacute;n de un agujero min&uacute;sculo, que se abre, expandi&eacute;ndose por las p&aacute;ginas, alimentado de locura, soledad y pavor, hasta que todo queda cubierto. El manejo del registro de la duda es el tono distintivo de este volumen, puesto que existe una sensaci&oacute;n abstracta, casi cu&aacute;ntica, de incertidumbre. &iquest;Qu&eacute; es cierto? &iquest;Qu&eacute; es producto de la imaginaci&oacute;n o, m&aacute;s bien, del delirio? Ese sabor met&aacute;lico que nos queda en el paladar, la manera herrumbrosa de dejarnos boquiabiertos, nos lleva de un lugar a otro, del exterior al interior, lo urbano, lo rural... incluso llegamos a considerar si es necesario volver a definir los eucl&iacute;deos referentes del tiempo y el espacio. Elvira Navarro usa la literatura para redefinir la realidad y sus normas. Nos sumergimos, con las pilas gastadas y la medicaci&oacute;n abandonada, en sus historias. Abre con "La lavadora", una especie de <em>body horror,</em> pero, claro, no es "<em>Carrie</em>", m&aacute;s bien <em>"Buick 8"</em> la tristeza del electrodom&eacute;stico, cuando lo que asusta es el comienzo, los vecinos, la ausencia de empat&iacute;a. Una piscina barata, murmullos que nos persiguen hasta el siguiente relato, que nos acompa&ntilde;ar&aacute;n, sin atender a razones. En "El proyecto", la amenaza de la obra nueva, la vieja, la soledad de una bombilla colgante iluminando, af&oacute;nica, miles de paredes desnudas. El urbanismo, en un cat&aacute;logo de psicopat&iacute;a, conseguir que se unan el delirio y un confinamiento. De eso se obtiene la definici&oacute;n de multitud peligrosa con tres personas. Los fantasmas peligrosos no son los que encuentras en las casas, son los que traes contigo en la mudanza. Dos especies diferentes. El confinamiento dentro del confinamiento, la tecnolog&iacute;a como alternativa a la vida anal&oacute;gica. Islotes en una casa aislada, archipi&eacute;lagos de magia y odio. La familia fr&aacute;gil, ag&oacute;nica: "En el fondo sab&iacute;a que no hab&iacute;a nada ah&iacute;, que eran las sombras que le aguardaban". De nuevo, un murmullo, un suegro, &iquest;Ahora vas a temer por tu hijo?&nbsp;</p>
<p>El miedo, de la distancia rural al centro: "El miedo a la ciudad". Comentamos la posibilidad de elementos de psicourbanismo, la manera en la que Ian Sinclair se refer&iacute;a a los elementos colocados al azar en la ciudad, subterfugios que acaban por ser trampas para el que camina por ella. Puede ser un viaducto o una v&iacute;a de tren, caserones o bas&iacute;licas, una cadena de comida r&aacute;pida. Es Par&iacute;s, es un atolladero que muestra un apetito principal por la mujer: "Quiero salir a alguna avenida, y tomo una calle con la impresi&oacute;n de estar jugando a la ruleta rusa". La cr&iacute;tica, social, pol&iacute;tica, religiosa, m&aacute;s all&aacute; de lo burgu&eacute;s o lo sovi&eacute;tico, la sociedad occidental ser&aacute; devorada por la media luna, que ya viene mordida de f&aacute;brica. Un barrio que se filtra sobre el turista, sobre el extra&ntilde;o, una ciudad que ya no se reconoce, infectada e infecciosa. Entre los puentes, secos, ya solo se filtran los &uacute;ltimos trozos de luz, empuj&aacute;ndose hacia la garganta. Y el final, qu&eacute; final: "Simplemente han aparecido y, sin hablar, pero sonriendo, preparan la bolsa donde ser&eacute; encontrada".&nbsp;</p>
<p>Un salto, otro, esta vez en el cuento "El recogedor de animales". Cuando uno est&aacute; solo acaba alejado de todo. Animales aplastados, carreteras y autov&iacute;a. Trabajo nocturno, una edici&oacute;n de bolsillo de <em>Cementerio de mascotas</em> de Stephen King. Animales malheridos en la monoton&iacute;a del turno de noche, donde se produce la evisceraci&oacute;n definitiva de la personalidad, apoyada por la invasi&oacute;n de los sentidos, la llegada de las enfermedades, las bacterias y el olor sin soluci&oacute;n. La ti&ntilde;a. Esa enfermedad que sirve de referencia en dos instantes del libro: "En los alrededores de los pol&iacute;gonos y las gasolineras, y tambi&eacute;n en las afueras de cualquier localidad, siempre hab&iacute;a m&aacute;s porquer&iacute;a, como si la gente diera por hecho que all&iacute; pod&iacute;a tirarse cualquier cosa". Conocemos esa autov&iacute;a. Los que vivimos en la frontera, de Castilla y Arag&oacute;n. Conocemos los corzos muertos y los buitres que vuelan con hambre atrasada. Es uno de los mejores relatos del libro, sin duda. Un hombre solo: "Isa recogi&oacute; sus cosas en silencio. No la ech&oacute; de menos porque ya la hab&iacute;a echado de menos antes, cuando se fue a Madrid y ese sentimiento se hab&iacute;a desgastado". Al final, cerca de Atienza, los picores, las pulgas, las fiebres altas. Y el final, en el que el hombre, por volver a sentirse humano, por recuperar su lugar en la sociedad, se deja llevar por la rabia y sus instintos animales. Elvira Navarro construye la met&aacute;fora definitiva. Otro de los grandes relatos del libro es "El vigilante", de alguna manera emparentado con "El proyecto" por la manera en la que se interact&uacute;a entre el lugar aislado y la familia. La familia que no se llega a conformar. Tambi&eacute;n, desde otro punto de vista, existe un tejido entre este y el anterior: empleos y esparcimiento. Invitaciones de boda enviadas. Una ca&ntilde;a de s&aacute;bado. Una cena de viernes. Obra nueva en Alcobendas, los espacios vac&iacute;os (y otra vez la idea de los fantasmas que nos acompa&ntilde;an, llenando los espacios, los huecos que no pueden llenar las personas). La distribuci&oacute;n de colmena, las piscinas y las calles, todo igual, pero sin futuro, sin lugar para la humanizaci&oacute;n de un negocio, de un sustrato social. Aparece, aunque lleva rondando todo el libro, la idea de la Nada<em>,</em> con may&uacute;sculas, definida por pisos sin puertas, familias sin hijos, voces sin cuerpo. Alucinaciones auditivas, entomolog&iacute;a del delirio, los s&oacute;tanos hambrientos de vigilantes, almas encerradas en los secadores, en los electrodom&eacute;sticos clonados, la podredumbre del alimento sin refrigerar. Solo la voz de ella, una voz falsa, una voz que solo exist&iacute;a en el futuro. En el cuento Elvira Navarro nos sit&uacute;a solamente en una de las posibilidades cu&aacute;nticas, de las ramificaciones, dejando claro que existen otras opciones latentes y que, incluso, pueden llegar a cruzarse, de un lado a otro de un libro de preguntas irritantes, otras cenas de los viernes, otros mentirosos. Magn&iacute;fico.&nbsp;</p>
<p>En "Tela de Ara&ntilde;a" volvemos a Par&iacute;s, con un movimiento envolvente de violencia, pereza y escape. No es de lo mejor que nos ofrece el libro. Nada que ver con la maestr&iacute;a en la composici&oacute;n que tiene "El ramito de violetas". Intenso, social, desmedido. La descomposici&oacute;n familiar, personal, la muerte y la enfermedad, la destrucci&oacute;n de la clase social para acabar viviendo con poco m&aacute;s de doscientos euros. Con flores de pl&aacute;stico para una tumba llena de resentimiento, pobreza energ&eacute;tica en el abismo de la carga del m&oacute;vil en los enchufes p&uacute;blicos. La desesperaci&oacute;n de llenar bidones de agua en una fuente, el atisbo de lo paranormal en confrontaci&oacute;n con el terror que asola a la protagonista en la realidad. Mucho peor. Son nueve euros sacados de vender recuerdos en p&aacute;ginas de segunda mano. Conejo y arroz, comida de posguerra, calor de hielo en el agua de una ba&ntilde;era, lo tibio, en realidad, es fiebre, el sol, un aviso impertinente. El olvido, una afrenta. Es un relato que no deja indiferente. Cuando llegamos a "Los amores idiotas" nos encontramos con un texto excesivo, donde el sexo, la intoxicaci&oacute;n y la enfermedad compite contra el aburrimiento capitalino. No acaba de arrancar, por m&aacute;s que los lugares y los referentes sean familiares: Chueca, Cyndi Lauper, la modernidad mal entendida, el Hot y el &Ntilde;&Ntilde;: juegos par&aacute;sitos, escatolog&iacute;a, ict&eacute;ricas, cat&aacute;logos de relaciones t&oacute;xicas, fisuras, hepatitis: "No pod&iacute;a disfrutar del sexo si no hab&iacute;a algo sucio por el medio". Somos parte de una generaci&oacute;n que se alimenta de chatarra y sustancias con receta. Y, cuando se acaben, no habr&aacute; quien nos ayude a superar el s&iacute;ndrome de abstinencia. El final, con "La ciudad del miedo", que tiene algo de juego de espejos con "El miedo a la ciudad", es un cierre muy logrado para el libro. Nada forzado. Un poco de metaliteratura ("Bolsa de muerto"), una propuesta futura ("Mujeres de nombres prestados") y una ciudad ajena. Lo ajeno puede ser extranjero, social o, simplemente, la competencia entre lo urbano y lo rural. Una ciudad alucinada, un fragmento de ciudad m&aacute;s bien, donde existen ayudas sociales, nomadismo civilizatorio y un personaje situado en mitad de la historia que nos hace dudar, otra vez, de todo lo que le rodea, incluso de lo que nosotros mismos leemos. Hay un cierto hermetismo literario, un acertado juego con los avatares propios de la ciudad: "No se trataba solamente de la degradaci&oacute;n, sino tambi&eacute;n de la cantidad de espacios an&oacute;malos, residuales. Los edificios estaban llenos de recovecos, pasadizos que llevaban a oscuros patios, ventanas, como si pudieran acceder directamente a un s&oacute;tano que m&aacute;s bien parec&iacute;an cloacas". Colmados, socavones, chavales que no han visto nunca trabajar a sus padres. Subsidio, comer barato, subir y bajar el ascensor, gente loca y cuerda al mismo tiempo, el segundo brote de ti&ntilde;a. Y el final, de autobuses y gente azulado, qu&eacute; hombre, qu&eacute; calles, qu&eacute; historia. Deber&iacute;amos descansar. Todos deber&iacute;amos. Revisar los bolsillos del alma.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Elvira Navarro, <em>La sangre est&aacute; cayendo al patio</em>, Barcelona, Random House, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 11 Dec 2025 10:36:05 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Grandes autores protagonizan el número 156 de TURIA]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/grandes-autores-protagonizan-el-numero-156-de-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2025/TURIA_156_-_PORTADA_page-0001_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>En ese listado de valiosos nombres propios, hay que citar a escritores considerados aut&eacute;nticos cl&aacute;sicos del siglo XX como Antonio Machado, del que en este 2025 se ha venido celebrando el 150 aniversario de su nacimiento. La revista TURIA, que ya le dedicara en 2012 un monogr&aacute;fico que se present&oacute; en Soria y obtuvo una gran acogida, analiza ahora el pensamiento de Machado y lo hace a trav&eacute;s de un art&iacute;culo in&eacute;dito elaborado por Enrique Andr&eacute;s Ruiz bajo el descriptivo y revelador t&iacute;tulo de: &ldquo;Alma y tristeza: el enigma de Antonio Machado&rdquo;.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Sobre la fama y la vigencia de Machado, se afirma en TURIA: &ldquo;Hoy su nombre est&aacute; institucionalizado a un nivel, digamos, tur&iacute;stico, pero al mismo tiempo los significados de su obra quiz&aacute; sean ya incomprensibles para la mayor&iacute;a. El mayor delito en nuestro socializado y mecanizado mundo cultural &mdash;el de lesa actualidad&mdash; se mantiene sobre &eacute;l. Y se mantendr&aacute; &nbsp;siempre, porque &nbsp;Antonio&nbsp; Machado no fue actual ni en su tiempo, salvados los episodios juveniles. <em>Su </em>tiempo no era <em>el</em> Tiempo, m&eacute;dula y clave de su pensamiento y su poes&iacute;a. Y este nada ten&iacute;a que ver con la grosera modalidad del tiempo &uacute;nicamente vigente hoy, en la que, resumiendo, el antes es entendido como obsolescencia y el ahora como innovaci&oacute;n (o, como dice la superstici&oacute;n continuamente invocada por los pol&iacute;ticos: &laquo;retroceder o avanzar&raquo;). El propio poeta estableci&oacute; su distancia con este tiempo instituido en el famoso &laquo;Poema de un d&iacute;a&raquo;: &laquo;Pero &iquest;tu hora es la m&iacute;a? / &iquest;Tu tiempo, reloj, el m&iacute;o?&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LAS MIL Y UNA VOCES DE MART&Iacute;N CAPARR&Oacute;S</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otro excelente autor, considerado por la cr&iacute;tica como uno de los mejores escritores y periodistas latinoamericanos de nuestro tiempo, es el argentino Mart&iacute;n Caparr&oacute;s. TURIA publica una interesante semblanza del personaje y la obra, escrita por alguien que lo conoce bien: Jorge Carri&oacute;n. Cuando acaba de publicarse su nueva novela, &ldquo;BUE&rdquo;, un homenaje narrativo a su ciudad natal, a Buenos Aires, resulta enriquecedor sumergirse en la lectura de esta sugerente aproximaci&oacute;n a la intensa y fruct&iacute;fera labor de Caparr&oacute;s. Una tarea de gran cronista que sigue manteniendo pese a que lucha, estos &uacute;ltimos a&ntilde;os, contra esa tristemente c&eacute;lebre enfermedad incurable y degenerativa llamada Esclerosis Lateral Amiotr&oacute;fica (ELA).</p>
<p>Mart&iacute;n Caparr&oacute;s, que atesora m&aacute;s de 50 a&ntilde;os de profesi&oacute;n y m&aacute;s de 40 libros publicados en m&aacute;s de 30 pa&iacute;ses, es ya una leyenda del periodismo. De ah&iacute; la Fundaci&oacute;n Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez le otorgara su premio Gabo, por haber promovido en su trabajo los valores de la excelencia, el rigor y la &eacute;tica.</p>
<p>Quien ha sido un fabuloso escritor viajero, acostumbrado a tener siempre a su lado m&aacute;quinas de escribir y computadoras port&aacute;tiles, ha tenido que habituarse a dictar y no teclear. Por fortuna, mientras avanzaba la par&aacute;lisis, la voz se ha mantenido enteramente creativa. De esta forma, Caparr&oacute;s ha entrado en la tradici&oacute;n de la literatura dictada y registrada a trav&eacute;s de m&aacute;quinas. Y es que, como subraya Carri&oacute;n en su art&iacute;culo, &ldquo;toda su vida ha estado marcada por la b&uacute;squeda creativa. Y por la centralidad de la voz&rdquo;.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>GERALD MURNANE, DESCUBRIR A UN GRAN ESCRITOR SECRETO</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otro de los contenidos m&aacute;s sobresalientes que ofrece TURIA es un magn&iacute;fico art&iacute;culo de Eduardo Lago sobre uno de los grandes escritores secretos o de culto contempor&aacute;neos: Gerald Murnane. Sobre &eacute;l se ha dicho que &ldquo;hay escritores que para darse a conocer escriben y otros que lo hacen para conocerse a s&iacute; mismos. Estos &uacute;ltimos suelen exigir esfuerzo y paciencia, otra manera de leer. Gerald Murnane&nbsp;pertenece a una estirpe que cuenta con autores como Beckett,&nbsp;Kafka o Proust. Al autor australiano no le interesa la mec&aacute;nica de la mente y el uso propio de la lengua. Sus libros carecen de argumento m&aacute;s all&aacute; de bien escogidas fijaciones, de im&aacute;genes y de historias triviales que acaban interrogando al lector tenaz acerca de su propia conexi&oacute;n con el mundo y con el texto que lee&rdquo;.</p>
<p>Murnane est&aacute; considerado, a sus 85 a&ntilde;os, uno de los autores en lengua inglesa m&aacute;s innovadores, y cuenta con admiradores como el escritor sudafricano John &nbsp;Maxwell Coetzee, Premio Nobel de Literatura en 2003. Este exseminarista y maestro de primaria, al&eacute;rgico a los rituales de la fama, con escaso fervor por las tecnolog&iacute;as contempor&aacute;neas y que nunca ha viajado en avi&oacute;n, se licenci&oacute; en humanidades en la Universidad de Melbourne y, tras pasar unos a&ntilde;os como profesor de ense&ntilde;anza secundaria, desde 1980 dio clases de escritura creativa en distintas universidades. Su obra, de dif&iacute;cil clasificaci&oacute;n, se sit&uacute;a siempre entre el relato autobiogr&aacute;fico, la ficci&oacute;n y el ensayo. En Espa&ntilde;a sus libros han sido editados por Min&uacute;scula, una prestigiosa editorial independiente radicada en Barcelona.&nbsp;</p>
<p>En el art&iacute;culo sobre Gerald Murnane que publica TURIA, Lago confiesa su incredulidad y fascinaci&oacute;n: &ldquo;jam&aacute;s he le&iacute;do nada parecido&rdquo;. Sus libros le producen un inequ&iacute;voco impacto: son las &ldquo;lecturas que m&aacute;s profunda huella han dejado en m&iacute; a lo largo de mi vida. No tengo con quien compararlo, salvo quiz&aacute; con algunos de los momentos m&aacute;s inescrutables de Coetzee&rdquo;. Y es que, seg&uacute;n Eduardo Lago, &ldquo;la escritura de Murnane es una b&uacute;squeda de un tiempo perdido al que solo es posible regresar salvando la distancia que separa la p&aacute;gina del mundo, sumergi&eacute;ndose en las profundidades de la mente&rdquo;. Ojal&aacute;, a partir de ahora, sea un autor m&aacute;s accesible para los lectores en espa&ntilde;ol.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>JOYCE CAROL OATES: VER LA VIDA DE MANERA DIFERENTE</strong></p>
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<p>Completa la secci&oacute;n de estudios literarios, un art&iacute;culo divulgativo sobre la obra de una de las grandes autoras norteamericanas de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas: Joyce Carol Oates. En &eacute;l, se nos brinda un retrato certero, did&aacute;ctico y clarificador de la trayectoria de quien acaba de ver publicada en Espa&ntilde;a su nueva novela &ldquo;El se&ntilde;or Fox&rdquo;. Y es que, como escribe en TURIA Santiago Rodr&iacute;guez Guerrero-Strachan, &ldquo;aunque anciana a&uacute;n atravesada por la vitalidad que la literatura proporciona. A sus ochenta y seis a&ntilde;os contin&uacute;a escribiendo; quiz&aacute;s encuentre sentido a la vida en la inacabable escritura en que, vemos ahora, comenz&oacute; a ser la suya en los a&ntilde;os sesenta. En sus ojos a&uacute;n brilla la curiosidad y la necesidad de contar historias. No de otra forma puedo entender que a&uacute;n hoy siga escribiendo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Sin duda, &ldquo;Joyce Carol Oates es, por encima de todo, una de esas personas atravesadas por la fascinaci&oacute;n, la angustia y la necesidad de la escritura. Su vida revela la importancia que para algunos tiene la literatura. Hay quien asegura, de manera prepotente e ignorante, que la literatura no es necesaria para la vida. La literatura nos empuja a ver la vida de manera diferente, bajo el signo de la escritura, que es en gran medida reflexi&oacute;n. Frente a las pantallas que solo buscan de nosotros la aquiescencia ciega, el escritor pretende que pensemos en lo que nos ha dicho, desea que compartamos con &eacute;l las peripecias de sus personajes. Puede que en nuestra &eacute;poca hiperconectada e hipertecnol&oacute;gica, la literatura solo pueda ofrecernos eso: meditaci&oacute;n, compa&ntilde;&iacute;a, reposo tambi&eacute;n y alejamiento del tr&aacute;fago mundano que ahora lo hemos multiplicado por dos, el real y el virtual. Si es as&iacute;, no es poco&rdquo;. Y si hay alguna autora que brilla en el ejercicio de escribir historias que nos brindan distracci&oacute;n inteligente esa es Joyce Carol Oates.</p>
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<p><strong>RELATOS IN&Eacute;DITOS DE PILAR AD&Oacute;N Y DAVID UCL&Eacute;S</strong></p>
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<p>La potente secci&oacute;n que TURIA dedica a narrativa se nutre tambi&eacute;n de un relato in&eacute;dito de Pilar Ad&oacute;n, considerada una de las escritoras espa&ntilde;olas m&aacute;s representativas de la literatura que se practica en nuestro idioma en este siglo XXI. Puede decirse de ella que es una aut&eacute;ntica y polivalente mujer de letras: cultiva tanto la narrativa como el ensayo y la poes&iacute;a. Adem&aacute;s, tambi&eacute;n ejerce de editora en Impedimenta y como traductora ha ofrecido magn&iacute;ficas versiones de autores como Penelope Fitzgerald, John Fowles, Iris Murdoch y Edith Wharton, entre otros. Buena prueba de su val&iacute;a la acreditan los numerosos y relevantes galardones obtenidos, como el Premio Nacional de Narrativa, el Premio de la Cr&iacute;tica, el Premio Francisco Umbral al libro del a&ntilde;o, el Premio C&aacute;lamo Otra Mirada o el Premio Ojo Cr&iacute;tico. Por otra parte, varias de sus obras han sido traducidas a otras lenguas. Sus &uacute;ltimos libros son la novela &ldquo;De bestias y aves&rdquo; y la antolog&iacute;a po&eacute;tica &ldquo;Las huidas. Poes&iacute;a 1998-2024&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Otro valioso escritor que participa en esta nueva entrega de la revista es David Ucl&eacute;s. Su reciente novela &ldquo;La pen&iacute;nsula de las casas vac&iacute;as&rdquo; est&aacute; obteniendo un &eacute;xito de ventas y de cr&iacute;tica realmente espectacular. Ha convertido a su autor de ser un perfecto desconocido a transformarlo en un creador aclamado en cuantas actividades culturales participa. Su secreto no es otro que haber elaborado una extraordinaria novela desde la &oacute;ptica del realismo m&aacute;gico sobre la guerra civil espa&ntilde;ola. Un t&iacute;tulo que, si bien parec&iacute;a condenado a disfrutar de un p&uacute;blico minoritario, se ha convertido en un prodigioso fen&oacute;meno medi&aacute;tico en Espa&ntilde;a con m&aacute;s de 200.000 ejemplares vendidos en poco m&aacute;s de un a&ntilde;o. De ah&iacute; que, para TURIA, resulte un orgullo y un privilegio poder ofrecer a sus lectores un relato in&eacute;dito de David Ucl&eacute;s titulado &ldquo;La palabra fatal&rdquo;.</p>
<p>Tres autores m&aacute;s de contrastada calidad literaria completan la n&oacute;mina de textos narrativos originales que publica la revista: la argentina radicada en Espa&ntilde;a Mariana S&aacute;ndez y los aragoneses Joaqu&iacute;n Berges y Jos&eacute; Antonio Gargallo.</p>
<p>En las p&aacute;ginas que TURIA dedica a la difusi&oacute;n de poes&iacute;as in&eacute;ditas se dan cita creadores con un itinerario po&eacute;tico contrastado y f&eacute;rtil como Luis Garc&iacute;a Montero, Jordi Doce, Francisco Ferrer Ler&iacute;n, Raquel Lanseros, Gabriel Insausti, Juan Marqu&eacute;s, Teresa Agust&iacute;n, Mart&iacute;n Rodr&iacute;guez Gaona. Junto a ellos, y como es habitual en la revista, no faltan los poemas de destacados poetas emergentes como Ni&ntilde;o de Elche, Marina Casado, Juan F. Rivero o Mar&iacute;a Mart&iacute;nez Bautista, entre otros.</p>
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<p><strong>CLAUDIO MAGRIS O LAS HISTORIAS QUE SUCEDEN EN EL FIN DEL MUNDO </strong></p>
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<h3>El escritor italiano Claudio Magris protagoniz&oacute; en 2006 un inolvidable monogr&aacute;fico en TURIA y ha participado en varias ocasiones m&aacute;s en los sumarios de la revista. Leerlo siempre es un lujo dada la enorme calidad de su trabajo literario y su prestigio en el &aacute;mbito cultural internacional.<span style="font-size: 12px;">&nbsp;</span></h3>
<p>La revista TURIA facilita en su nuevo n&uacute;mero un avance del &uacute;ltimo libro de Magris, que se encuentra en proceso de traducci&oacute;n y que ver&aacute; la luz el pr&oacute;ximo a&ntilde;o gracias a la editorial Anagrama. Su t&iacute;tulo es &ldquo;<em>Cruz del Sur</em>. Tres vidas verdaderas e improbables&rdquo;. En sus p&aacute;ginas se nos cuenta que entre mitad del siglo XIX y los primeros a&ntilde;os del XX, un etn&oacute;logo esloveno, un abogado franc&eacute;s y una monja italiana se encuentran en los confines del mundo. Est&aacute;n muy lejos de casa. Y sin embargo parecen pertenecer totalmente a aquella tierra&nbsp;extra&ntilde;a.&nbsp;</p>
<p>Magris desarrolla algunos de los temas centrales que ha afrontado en su obra, tanto en la ficci&oacute;n como en el ensayo: el viaje, el impulso de partir, las ra&iacute;ces de la identidad, que es siempre una identidad m&uacute;ltiple. Curiosidad y erudici&oacute;n se mezclan en estas tres historias que se despliegan entre la&nbsp;Patagonia y la Araucania, en el sur de Argentina y de Chile. Tierras a las que en los inicios del siglo XX llegan hombres de negocios sin escr&uacute;pulos, pero tambi&eacute;n trabajadores y gentes sin futuro.</p>
<p>En Cruz del Sur se encuentran el antrop&oacute;logo Janez Benigar, aventurero y hombre de familia, el loco abogado franc&eacute;s&nbsp;Or&eacute;lie Atoine de Tounens&nbsp;que se proclama&nbsp;rey de la Araucania. La tercera es la monja&nbsp;Sor Angela Vallese, mujer de coraje y esp&iacute;ritu de aventura, que dedica su existencia a los ind&iacute;genas explotados y masacrados en la Tierra del Fuego.&nbsp;Esta &uacute;ltima historia se desarrolla en un paisaje inhumano, de hielo ant&aacute;rtico, tempestades de vientos solares y vac&iacute;o, un abismo c&oacute;smico que se abre a la nada.</p>
<p>El nuevo libro de Claudio Magris nace del encuentro fortuito con la historia de&nbsp;Janez Benigal, un esloveno nacido en Zagreb, es decir un austro-eslavo, que el primero de octubre de 1908 desembarca en Buenos Aires de la nace Ocean&iacute;a. El barco hab&iacute;a zarpado de Trieste. El a&ntilde;o anterior hab&iacute;a llegado Dino Campana, coraz&oacute;n n&aacute;ufrago, fugado del manicomio de Imola, que se pierde en la Pampa,&nbsp;<em>&ldquo;</em>llana inmensidad en la que no se puede uno orientar, que es el vac&iacute;o de la vida misma&rdquo;, escribe&nbsp;Magris.&nbsp;Un a&ntilde;o despu&eacute;s llegar&aacute;&nbsp;Enrico Mruele, helenista y fil&oacute;sofo, protagonista de&nbsp;&ldquo;Otro mar&rdquo;, que ha dejado la ciudad de Gorizia para convertirse en gaucho en la Patagonia y desaparecer en el anonimato.</p>
<p>Otro de los personajes es Benigar.&nbsp;Su ficha de llegada lo define como obrero de religi&oacute;n cat&oacute;lica y soltero. En realidad es un&nbsp;&ldquo;casi ingeniero&rdquo;, apasionado por la ling&uuml;&iacute;stica, antrop&oacute;logo y autor de una gram&aacute;tica b&uacute;lgara.&nbsp;En cuanto a la fe, se declara no cristiano, y profesa la teosof&iacute;a. Su solter&iacute;a termina pronto. Tendr&aacute; dos mujeres:&nbsp;Sheypukin,&nbsp;una noble ind&iacute;gena que desciende de una familia de jefes mapuches que le dar&aacute; doce hijos. A su muerte se casar&aacute; con Rosario Pe&ntilde;a, tambi&eacute;n india, de la que tendr&aacute; cuatro hijos. En su testamento, Benigar dejar&aacute; escrita su voluntad de ser enterrado junto a las dos:<em>&nbsp;</em>&ldquo;imaginaba incluso que habr&iacute;a sido bello vivir los tres juntos si las leyes humanas y divinas lo hubiesen permitido&rdquo;.</p>
<p>Claudio Magris&nbsp;(Trieste, 1939), prestigioso germanista, ensayista y traductor de Ibsen, Kleist y Schnitzler, entre otros, es una de las figuras mayores de la literatura italiana contempor&aacute;nea. En Espa&ntilde;a, la editorial Anagrama han publicado sus obras narrativas&nbsp;&ldquo;Conjeturas sobre un sable&rdquo;<em>, </em>&ldquo;El Danubio&rdquo; (Premio Internacional Antico Fattore y Premio Bagutta),&nbsp;&ldquo;Otro mar&rdquo;&nbsp;(Premio Europeo Agrigento, Premio Palazzo al Bosco y Premio Pannunzio),&nbsp;&ldquo;Microcosmos&rdquo;&nbsp;(Premio Strega),&nbsp;<em>&ldquo;</em>A ciegas&rdquo;&nbsp;(Premio Tomasi di Lampedusa),&nbsp;&ldquo;As&iacute; que Usted comprender&aacute;<em>&rdquo;</em>, &ldquo;No ha lugar a proceder&rdquo;<em>,&nbsp;</em>&ldquo;Tiempo curvo en Krems&rdquo;; el libro de textos breves &ldquo;Instant&aacute;neas&rdquo;, la pieza teatral&nbsp;La exposici&oacute;n&nbsp;y los ensayos recogidos en&nbsp;&ldquo;Utop&iacute;a y desencanto&rdquo;<em>, </em>&ldquo;El infinito viajar&rdquo;<em>, </em>&ldquo;La historia no ha terminado&rdquo;<em>,&nbsp;</em>&ldquo;Alfabetos&rdquo;<em>, </em>&ldquo;La literatura es mi venganza&rdquo;&nbsp;(coescrito con Mario Vargas Llosa) y&nbsp;&ldquo;El secreto y no&rdquo;.</p>
<p>Claudio Magris ha recibido numerosos premios, entre los cuales est&aacute;n el Premio Erasmus en 2001, el Premio Pr&iacute;ncipe de Asturias de las Letras en 2004, el Premio Estatal Austr&iacute;aco de Literatura Europea en 2006, el Premio de la Paz de los Libreros Alemanes en 2009 y el Premio de la FIL de Guadalajara en 2014.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 24 Nov 2025 12:28:07 +0000</pubDate>
    </item>
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      <title><![CDATA[TURIA entrevista a fondo a la escritora Pilar Adón y al editor Juan Casamayor ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-entrevista-a-fondo-a-la-escritora-pilar-adon-y-al-editor-juan-casamayor/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2025/PILAR_AD_N_8_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Sin duda, y si tenemos en cuenta la proyecci&oacute;n y el reconocimiento que sus respectivas obras y trayectorias han obtenido a nivel tanto nacional como internacional, resulta acertado afirmar que son dos nombres propios de indiscutible relevancia para los buenos lectores de un significativo n&uacute;mero de pa&iacute;ses. En el caso de Pilar Ad&oacute;n, y seg&uacute;n la certera opini&oacute;n del jurado que le concedi&oacute; el Premio Nacional de Narrativa 2023, nos encontramos con el privilegio de poder disfrutar de una autora que posee una &ldquo;voz singular que, fuera de modas y tendencias, y con una sublime capacidad de imaginar, construye atm&oacute;sferas y ambientes de naturaleza extraordinaria que atrapan de manera absoluta&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Por su parte, Juan Casamayor, al celebrar m&aacute;s de un cuarto de siglo de vida al frente de P&aacute;ginas de Espuma, ha demostrado que el g&eacute;nero del relato puede y debe tener m&aacute;s protagonismo en la industria editorial. No por casualidad su cat&aacute;logo, integrado por libros de cuentos de autores como Jos&eacute; Mar&iacute;a Merino, Guillermo Arriaga, Andr&eacute;s Neuman, Eloy Tiz&oacute;n, Mariana Enr&iacute;quez, Jorge Volpi, Clara Obligado, Samanta Schweblin, Javier Tomeo, Guadalupe Nettel, Ana Mar&iacute;a Shua o Carlos Cast&aacute;n, constituye el mejor testimonio de esa saludable vigencia literaria de la narrativa corta.&nbsp;</p>
<p>Tambi&eacute;n son muy destacables los contenidos que ofrece TURIA en la secci&oacute;n dedicada al ensayo. En esas p&aacute;ginas, Rub&eacute;n Benedicto se ocupa de estudiar, divulgar y revalorizar la vida y obra de una autora tan fascinante como comprometida: la fil&oacute;sofa alemana-norteamericana de origen jud&iacute;o Hannah Arendt. Cuando se cumplen 50 a&ntilde;os de su muerte, la revista ha querido fomentar la lectura y reivindicar el inter&eacute;s de quien, formada en filosof&iacute;a y dedicada luego a la teor&iacute;a pol&iacute;tica, fue la pensadora m&aacute;s importante de la historia de las ideas.&nbsp;</p>
<p>De ella nos dir&aacute; en su art&iacute;culo: &ldquo;Para Hannah Arendt, la coherencia no define la acci&oacute;n humana; por eso su tarea implica un reto apasionante intentando hallar un sentido a la realidad en la que se encuentra inmerso el ser humano comprendiendo las experiencias que este confronta en un mundo marcado por la contingencia, la iniciativa, la imprevisibilidad y lo nuevo&rdquo;. Y hoy necesitamos, m&aacute;s que nunca, intelectuales valientes como Arendt que nos recuerden que &ldquo;la m&aacute;s peligrosa de las amenazas a la libertad surge de quienes pretenden terminar con la pluralidad humana, oprimiendo los espacios privados de pensamiento, que son los que posibilitan un di&aacute;logo interno capaz de conducirnos, si es preciso, a desobedecer &oacute;rdenes inmorales&rdquo;.</p>
<p>Completa la secci&oacute;n de ensayo de TURIA un texto titulado &ldquo;Aprovechar la revoluci&oacute;n digital para construir un mundo m&aacute;s justo&rdquo;, de Domingo Garc&iacute;a Marz&aacute;. Son p&aacute;ginas muy did&aacute;cticas y &uacute;tiles para comprender bien el alcance del &uacute;ltimo libro de la gran fil&oacute;sofa espa&ntilde;ola Adela Cortina: &ldquo;&iquest;&Eacute;tica o ideolog&iacute;a de la inteligencia artificial?&rdquo;. Una obra de notable inter&eacute;s por cuanto ayuda a &ldquo;entender, interpretar e intentar cambiar una sociedad digitalizada que tiene una dif&iacute;cil legitimaci&oacute;n si sigue apoy&aacute;ndose en la ambig&uuml;edad y la oscuridad, en las plataformas de la desinformaci&oacute;n, la manipulaci&oacute;n y la exclusi&oacute;n&rdquo;.</p>
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<p><strong>PILAR AD&Oacute;N: &ldquo;LA NATURALEZA ES DESPIADADA. YO NUNCA LA SUBLIMO&rdquo;</strong></p>
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<p>Pilar Ad&oacute;n (Madrid, 1971) protagoniza en TURIA una larga, sincera e interesante conversaci&oacute;n con Fernando del Val, periodista de RNE y poeta, que permite conocer con detalle su personalidad, trayectoria y opiniones. Un di&aacute;logo enriquecedor e ilustrativo que nos muestra c&oacute;mo, en ocasiones como la suya, una vocaci&oacute;n temprana llega a feliz t&eacute;rmino y alcanza en la actualidad el reconocimiento de la cr&iacute;tica literaria y de los lectores m&aacute;s exigentes. Buena prueba de ello son libros como su novela &ldquo;De bestias y aves&rdquo;, que le granjearon una merecida cosecha de premios: Premio Nacional de Narrativa en 2023, Premio de la Cr&iacute;tica, Premio Francisco Umbral al libro del a&ntilde;o, Premio C&aacute;lamo Otra Mirada. Por otra parte, Pilar Ad&oacute;n no s&oacute;lo cultiva con &eacute;xito la narrativa y la poes&iacute;a, tambi&eacute;n ha sabido mostrar su talento como traductora y como editora en Impedimenta, otro de los sellos independientes espa&ntilde;oles m&aacute;s apreciados.&nbsp;</p>
<p>Reconoce Pilar Ad&oacute;n que, entre sus escritoras de cabecera, se encontrar&iacute;an Penelope Fitzgerald, Emily Dickinson o Angela Carter. Y es que, en sus libros, la informaci&oacute;n comienza por la portada. Rostros femeninos laterales, im&aacute;genes que interpelan. De ah&iacute; que, nuestra autora confiese en la entrevista: &ldquo;tengo ciertos conflictos con la realidad que empezaron bien peque&ntilde;a, a causa de haber sido muy lectora&rdquo;.</p>
<p>Preguntada por su relaci&oacute;n con la raz&oacute;n, y a prop&oacute;sito de la presencia de lo sublime en su obra, Ad&oacute;n asegura que es un t&eacute;rmino que le interesa much&iacute;simo: &ldquo;la mezcla de horror y de belleza, esos paisajes que nos aterrorizan y, al tiempo, nos atrapan de manera ineludible. Es cierto que albergo un coraz&oacute;n rom&aacute;ntico pero, en ese deseo de no quemarme por el sol, apelo a la raz&oacute;n o a ese concepto de verdad que usted lleva a lo cl&aacute;sico. Al final busco un equilibrio, aunque s&eacute; que voy con las v&iacute;sceras por fuera&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>No duda en afirmar que le interesa lo extra&ntilde;o en lo cotidiano y admite que la manera en que mezcla belleza y horror est&aacute; determinada del todo por su biograf&iacute;a. Para Ad&oacute;n, &ldquo;la naturaleza es despiadada. Yo nunca la sublimo&rdquo;. Otra clave es la libertad: &ldquo;la libertad es esencial para m&iacute; en todo: en lo que cuento, en c&oacute;mo lo cuento y en la determinaci&oacute;n de los personajes&rdquo;. Cree igualmente que, muy a menudo, &ldquo;olvidamos que somos seres naturales que siguen teniendo lobos dentro&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>A la hora de autodefinir su trabajo creativo, no alberga dudas: &ldquo;nac&iacute; en 1971 y soy hija de mi tiempo. No escribo sobre la realidad urbana ni practico la literatura social. El realismo no es lo m&iacute;o. Me llevo la acci&oacute;n a mi territorio y soy el resultado de mi &eacute;poca&rdquo;. Adem&aacute;s, Ad&oacute;n afirma sin titubeos: &ldquo;puedo llevar mi vida a la ficci&oacute;n y tener una literaria&rdquo;. No obstante, &ldquo;la ficci&oacute;n forma parte de la realidad. Es algo que, en el esp&iacute;ritu espa&ntilde;ol, llevamos marcado a fuego desde el Quijote&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Pilar Ad&oacute;n tambi&eacute;n se muestra concluyente cuando se le demandan los motivos por los que existe una presencia notable de la culpa en su obra: &ldquo;la culpa se mete siempre en mis libros de forma, espero, sutil. Planteo situaciones extremas y el juez es el lector. Que se las arregle. Pero ya no es pedir perd&oacute;n ni esperarlo de los dem&aacute;s, sino perdonarse a uno mismo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&ldquo;He aprendido a lidiar con el dolor, pero hay ciertas cosas que no puedo ver&rdquo;, nos dir&aacute; en la entrevista. No obstante, &ldquo;aunque yo no sea violenta, debo afrontar la violencia como debo afrontar lo que no soporto&rdquo;. Y un &uacute;ltimo posicionamiento que define la personalidad de Pilar Ad&oacute;n: &ldquo;que alguien da&ntilde;e a un ser indefenso -a un ni&ntilde;o, un anciano- me irrita tanto que desear&iacute;a convertirme en superhero&iacute;na&rdquo;.</p>
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<p><strong>JUAN CASAMAYOR: &ldquo;HEMOS CONSEGUIDO HACER DEL CUENTO UNA SINGULARIDAD ESPACIO TEMPORAL&rdquo;</strong></p>
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<p>La conversaci&oacute;n exclusiva que TURIA publica con el editor independiente Juan Casamayor ha sido realizada por la periodista cultural y escritora Ang&eacute;lica Tanarro. Se trata de una entrevista extensa y atractiva, que tiene como objetivo que el lector conozca mejor la ingente tarea llevada a cabo por la editorial P&aacute;ginas de Espuma, la &uacute;nica del panorama espa&ntilde;ol especializada en el g&eacute;nero del cuento, que acaba de cumplir sus veinticinco a&ntilde;os de vida. Juan y su mujer, Encarnaci&oacute;n Molina, han logrado hacer viable ese sue&ntilde;o y la excelencia de su trabajo perseverante y riguroso se ha visto reconocida por autores, lectores y cr&iacute;tica. Y es que, como declara con orgullo: &ldquo;hemos conseguido hacer del cuento una singularidad espacio temporal&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Juan Casamayor, aunque nacido en Madrid en 1968, tiene ra&iacute;ces aragonesas: es licenciado en Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica por la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras de la Universidad de Zaragoza, donde realiz&oacute; su doctorado en literatura espa&ntilde;ola del siglo XVIII. Y no conviene olvidar nunca que, el primer libro que public&oacute; P&aacute;ginas de Espuma, fue &ldquo;Escritos de Luis Bu&ntilde;uel&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Varios hitos editoriales y un sinfin de proyectos de futuro dan fe de esa pasi&oacute;n compartida por sus fundadores de publicar los libros de otros y cuidarlos con cari&ntilde;o sincero y profesionalidad exquisita. Buena prueba de esa meritoria labor son los dos grandes galardones obtenidos por P&aacute;ginas de Espuma: en 2017, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara le otorgaba el Premio al M&eacute;rito Editorial. Con ello, esta feria mexicana considerada la m&aacute;s importante del mundo en espa&ntilde;ol, honraba a quien ha promovido con tenacidad y paciencia el g&eacute;nero del cuento. Dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, en 2019, el Ministerio de Cultura le otorgaba el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural por su &ldquo;dedicaci&oacute;n constante e independiente a la mejor literatura, su atenci&oacute;n especial al &aacute;mbito del cuento, y por cultivar el v&iacute;nculo entre las dos orillas del Atl&aacute;ntico&rdquo;. Adem&aacute;s, la editorial organiza anualmente dos importantes premios literarios: el&nbsp;Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero&nbsp;y el&nbsp;Premio M&aacute;laga de Ensayo.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>En la entrevista, Juan Casamayor reconoce que &ldquo;cuantos m&aacute;s v&iacute;nculos se crean con el autor, m&aacute;s puedo llegar a la esencia del texto&rdquo;. Tambi&eacute;n se muestra convencido de que &ldquo;las nuevas generaciones de editores van a venir mejor formados&rdquo; y cree que &ldquo;es verdad que las editoriales de peque&ntilde;o tama&ntilde;o a veces no tienen la oportunidad o el tiempo necesario para incidir en el texto, pero es un error no solo porque podr&iacute;as mejorarlo, que eso es obvio, sino porque cuanto m&aacute;s te comprometas con un texto mejor lo vas a defender en otros &aacute;mbitos&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>El prestigio atesorado por P&aacute;ginas de Espuma le permite que hasta los principales autores latinoamericanos, que suelen publicar sus otros libros en los grandes grupos editoriales, quieran ver sus cuentos publicados por Juan Casamayor. &Eacute;l lo explica as&iacute;: &ldquo;Yo no puedo competir econ&oacute;micamente con un gran grupo, perder&iacute;a siempre, pero s&iacute; puedo competir en un trabajo subterr&aacute;neo. Lo de ser lector puede parecer una obviedad pero es que el editor que es lector sabe leer editorialmente y si sabes leer editorialmente sabes editar un texto y te aseguro que muchos autores que han pasado por aqu&iacute;, cuando les he editado un libro me han dicho &lsquo;nadie hab&iacute;a hecho esto con mi texto y cuando digo nadie es nadie&rsquo;&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Cuando se le pregunta por los momentos m&aacute;s duros para la editorial, Casamayor confirma que la crisis econ&oacute;mica del 2008 y la pandemia ha sido las peores coyunturas pero, de ambas, salieron reforzados. Adem&aacute;s, confiesa que la editorial es fuerte porque no publica novela: &ldquo;Si yo publicara novela tendr&iacute;a alg&uacute;n libro que me funcionar&iacute;a muy bien pero no podr&iacute;a sostener el cat&aacute;logo que tengo ahora. No podr&iacute;a sostenerlo con las novelas de Andr&eacute;s Neuman, de Jorge Volpi, de Magal&iacute; Etchebarne, de Antonio Ortu&ntilde;o&hellip; Pero tengo esos autores para sus textos de formas breves y eso me permite apostar por autores menos conocidos que han ido muy bien. Para m&iacute; ser&iacute;a una v&iacute;a muerta, un callej&oacute;n sin salida. Quiero tener la editorial que honestamente quiero. Y en eso tiene que ver mi especialidad en el g&eacute;nero, el n&uacute;mero de novedades que hago al a&ntilde;o que son diecis&eacute;is y pueden parecer pocas, pero si tenemos en cuenta los meses en que no hay novedades salen dos al mes. A lo mejor tengo menos complicaciones de producci&oacute;n que otras de nuestro tama&ntilde;o que sacan treinta novedades pero, a cambio, somos muy ambiciosos en nuestra proyecci&oacute;n en Latinoam&eacute;rica. Pocas de esas otras editoriales de nuestro tama&ntilde;o tienen el tejido editorial que tenemos nosotros all&iacute;&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Por &uacute;ltimo, a la pregunta de c&oacute;mo ve el futuro de la editorial, Casamayor no alberga dudas: &ldquo;alargar el presente de P&aacute;ginas de Espuma es mi objetivo&rdquo;. Y aunque el futuro no est&aacute; garantizado, tiene el firme convencimiento de que &ldquo;editar es vivir al borde del abismo y ah&iacute; quiero seguir&rdquo;.</p>
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<p><strong>HANNAH ARENDT, IDEAS CONTRA EL TERROR TOTALITARIO </strong></p>
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<p class="Poromisin">En el apartado que TURIA consagra al pensamiento, sobresale un nombre propio claramente representativo de las turbulencias pol&iacute;ticas, ideol&oacute;gicas y sociales del siglo XX y que tambi&eacute;n se proyectan sobre nuestra &eacute;poca: Hannah Arendt (Hannover, Alemania, 1906 &ndash; Nueva York, USA, 1975). Entre sus obras cabe destacar&nbsp;&ldquo;Los or&iacute;genes del totalitarismo&rdquo;,&nbsp;&ldquo;La condici&oacute;n humana&rdquo;,&nbsp;&ldquo;Eichmann en Jerusal&eacute;n&rdquo;,&nbsp;&ldquo;Sobre la violencia&rdquo;,&nbsp;&ldquo;La crisis de la rep&uacute;blica&rdquo;&nbsp;y&nbsp;La libertad de ser libres&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Poromisin">No por casualidad, el fil&oacute;sofo Rub&eacute;n Benedicto dir&aacute; de Arendt en el original art&iacute;culo que le dedica: &ldquo;Influida por su propia experiencia personal, desarroll&oacute; una filosof&iacute;a existencial en la que su pensamiento se entrelaza con el contexto que le toc&oacute; vivir. Se ocup&oacute;, sobre todo, de la vertiente pr&aacute;ctica de la filosof&iacute;a escribiendo sobre los refugiados, la violencia, la raza, el poder, la educaci&oacute;n, el medio ambiente y el amor, y, aunque no siempre acert&oacute; con sus ideas, las expres&oacute; con valent&iacute;a y audacia componiendo una obra tan compleja y sugerente como hermosa. Su legado se extiende hasta nuestros d&iacute;as dando mucho que pensar, iluminando algunos de los problemas actuales con renovados alientos&rdquo;.</p>
<p class="Poromisin">Reivindicar la toma en consideraci&oacute;n de los postulados de Hannah Arendt es hoy en d&iacute;a muy necesario. M&aacute;xime porque, como se afirma en TURIA, en la actualidad han reaparecido demasiados elementos que ella identific&oacute; en los reg&iacute;menes totalitarios y que es urgente combatir. Por desgracia, a estas alturas del siglo XXI &ldquo;la crueldad obscenamente racista se ha instalado de nuevo en las fronteras, los derechos son relegados con desprecio y las personas agredidas de diversas maneras por las autoridades en muchos lugares, algunos gobiernos muestran lo f&aacute;cil que es suprimir libertades en sus Estados, mientras los medios de comunicaci&oacute;n sumidos en la sociedad del espect&aacute;culo trivializan a los extremistas. Las conquistas pol&iacute;ticas y morales que hasta hace poco se consideraban irreversibles muestran su fragilidad ante l&iacute;deres pol&iacute;ticos empe&ntilde;ados en dinamitar los consensos ensalzados por una masa que aplaude el estilo autoritario y agresivo del poder&rdquo;.</p>
<p class="Poromisin">Sin duda, vivimos inmersos en un preocupante y peligroso panorama internacional. De ah&iacute; que convenga acudir a las ideas de Arendt, a su humanismo pol&iacute;tico. Porque, esta pensadora amante de la verdad, la responsabilidad y el coraje, nos demostr&oacute; con su vida y con su obra que debemos acudir a dichas virtudes pol&iacute;ticas esenciales si queremos &ldquo;superar el miedo, romper la inercia y actuar protegiendo la libertad&rdquo;. Y es que, como bien asegur&oacute; siempre, &ldquo;los sacrificios nunca son acciones individuales, precisamente adquieren sentido porque existimos junto a otros&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Poromisin"><strong><br /></strong></p>
<p class="Poromisin"><strong>&iquest;ES POSIBLE QUE LA REVOLUCI&Oacute;N DIGITAL CONSTRUYA UN MUNDO M&Aacute;</strong><strong>S JUSTO?</strong></p>
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<p>Nadie mejor que la prestigiosa fil&oacute;sofa espa&ntilde;ola Adela Cortina para reflexionar sobre un asunto ya clave en nuestros d&iacute;as y que lo ser&aacute; a&uacute;n m&aacute;s en el futuro inmediato de la humanidad: la actual colonizaci&oacute;n algor&iacute;tmica y su impacto en las sociedades democr&aacute;ticas. A ello ha dedicado recientemente un libro de lectura muy recomendable cuyo t&iacute;tulo y subt&iacute;tulo no pueden estar mejor elegidos: &ldquo;&iquest;&Eacute;tica o ideolog&iacute;a de la inteligencia artificial? El eclipse de la raz&oacute;n comunicativa en una sociedad tecnologizada&rdquo;. Dada su relevancia, TURIA le dedica un pormenorizado y clarificador an&aacute;lisis en su secci&oacute;n de ensayo. El art&iacute;culo lo escribe otro destacado experto: Domingo Garc&iacute;a Marz&aacute;, catedr&aacute;tico de &Eacute;tica de la Universitat Jaume I de Castell&oacute;n.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>
<p>En su art&iacute;culo, Garc&iacute;a Marz&aacute; suscribe la tesis central del libro de Adela Cortina: el reto del siglo XXI es &ldquo;aprovechar la actual revoluci&oacute;n digital para construir un mundo m&aacute;s justo, siempre teniendo en cuenta los obst&aacute;culos de este nuevo escenario&rdquo;. Para conseguirlo, resume los principales avances que aporta la obra acerca de la imprescindible reflexi&oacute;n sobre las nuevas herramientas tecnodigitales y su uso en cinco puntos. En el primero se ocupa de la perspectiva &eacute;tica, es decir: tomar la moral en serio. En el segundo, se responde con argumentos s&oacute;lidos a la pregunta &iquest;una &eacute;tica para las m&aacute;quinas?. Un tercer &aacute;mbito a considerar es el relativo a la confianza e ideolog&iacute;a de la IA, en el que se defiende el uso de una inteligencia artificial confiable. Los retos para la democracia que acarrea la implantaci&oacute;n de las nuevas tecnolog&iacute;as ocupan el cuarto apartado de su an&aacute;lisis. Por &uacute;ltimo, se reflexiona sobre la introducci&oacute;n de la IA y su impacto en la educaci&oacute;n y la participaci&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>Y es que, como bien subraya Domingo Garc&iacute;a Marz&aacute; en TURIA, &ldquo;debemos reconocer los beneficios de la inteligencia artificial, pero tambi&eacute;n, y en especial, es necesario desvelar y enfrentarse a los riesgos que derivan de la aplicaci&oacute;n de estos sistemas llamados inteligentes: las dificultades para proteger la privacidad de los escolares, de sus familias y del profesorado; la brecha digital que no para de ampliarse con cada innovaci&oacute;n&rdquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 24 Nov 2025 12:03:12 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Decir lo inasible: las migraciones de una voz. Una lectura personal del poema de Gloria Gervitz]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/decir-lo-inasible-las-migraciones-de-una-voz-una-lectura-personal-del-poema-de-gloria-gervitz/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/GLORIA_GERVITZ_500_px.jpg" alt="" /></p>
<div class="WordSection1">
<p class="Poromisin" style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p class="Poromisin" style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p class="Poromisin" style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p class="Poromisin" style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p class="Poromisin" style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p class="Poromisin" style="text-align: left;" align="right"><em>yo es mi cuerpo</em><em><br /> </em><em>yo es la m&uacute;sica que no oigo</em></p>
<p class="Poromisin" style="text-align: left;" align="right">Mariano Peyrou</p>
<p class="Poromisin" align="right">&nbsp;</p>
<p class="Poromisin">&nbsp;</p>
<p class="Poromisin">&nbsp;</p>
<p class="Poromisin">&nbsp;</p>
<p class="Poromisin">Este ensayo-lectura aborda <em>Migraciones: Poema 1976-2020</em>, obra &ldquo;clave&rdquo; de Gloria Gervitz, desde la perspectiva del lector extra&ntilde;ado m&aacute;s que desde un an&aacute;lisis acad&eacute;mico stricto sensu. En &eacute;l se exploran las m&uacute;ltiples voces, vivencias y emociones que entreveran esta obra fundamental de la poes&iacute;a mexicana contempor&aacute;nea, con &eacute;nfasis en su construcci&oacute;n po&eacute;tica, su lenguaje &iacute;ntimo y la constante tensi&oacute;n entre lo personal y lo universal. A partir del di&aacute;logo con ensayos recientes y figuras destacadas de la cr&iacute;tica, se reivindica el valor est&eacute;tico y existencial del poema como un acto de resistencia, memoria y afirmaci&oacute;n vital.&nbsp;</p>
</div>
<p class="Poromisin">En <em>Migraciones: P</em><em>oema 1976-2020</em>, la poeta mexicana Gloria Gervitz condensa m&aacute;s de cuatro d&eacute;cadas de vida y escritura en una composicion org&aacute;nica, &iacute;ntima en plenitud, que fluye como un caudal polif&oacute;nico de voces, personas, memoria y exilio: arraigo y desarraigo. En estas l&iacute;neas me aproximo a <em>Migraciones</em> con la emoci&oacute;n del descubrimiento, desde el asombro del que escucha y lee. Sin renunciar, eso s&iacute;, a una deriva anal&iacute;tica y con la convicci&oacute;n de que estamos ante una de las obras po&eacute;ticas m&aacute;s intensas y verdaderas de nuestro tiempo.</p>
<p class="Poromisin">El pasado mayo de 2025, la poeta, ensayista y acad&eacute;mica de la Universidad Iberoamericana (CDMX) Tania Favela (M&eacute;xico, 1970) present&oacute; en la librer&iacute;a madrile&ntilde;a Enclave de Libros, junto a los tambi&eacute;n poetas Marta Eloy (Cracovia, 1973) y Julio Prieto (Madrid, 1968), el volumen <em>Este es el testimonio del oyente: aproximaciones cr&iacute;ticas en torno a Migraciones de Gloria Gervitz </em>(2024)<sup>1</sup>. Se trata de un conjunto de doce ensayos precedidos por un texto liminar de Favela (&ldquo;El tiempo por fin vencido&rdquo;) y una conversacion, a modo de colof&oacute;n, que mantuvo Marta Eloy con la propia poeta. En estos ensayos los autores se interpelan acerca de la composici&oacute;n como si fueran &ldquo;escuchantes&rdquo; mientras recordamos el verso de la poeta mexicana: &ldquo;(esto es solo el testimonio del oyente)&rdquo;, quebrando as&iacute; el silencio de la cr&iacute;tica especializada alrededor de la obra de Gervitz y ofreciendo diversas miradas con sus respectivos an&aacute;lisis y acotaciones t&eacute;cnicas.</p>
<p class="Poromisin">Mi prop&oacute;sito, surgido al hilo de esa presentaci&oacute;n y del coloquio posterior, no es analizar &mdash;en estas p&aacute;ginas&mdash; el innegable peso cient&iacute;fico que tiene este trabajo en su pulsi&oacute;n y en su justificado af&aacute;n de difundir la obra de la poeta mexicana, sino abordar desde una perspectiva personal, como un &ldquo;oyente&rdquo;<em> </em>m&aacute;s, el acercamiento a una obra casi inabarcable por su intensidad y complejidad, y as&iacute; expresar mi percepci&oacute;n como lector que ha tenido la fortuna de toparse con estas <em>migraciones</em> en el lugar adecuado y en el momento propicio. Mi idea, por tanto, es contribuir, en la medida de lo posible, a fomentar la lectura de este texto sorprendente y a que esta se produzca obteniendo el m&aacute;ximo fruto/deleite intelectual y emocional.</p>
<p class="Poromisin"><em>Migraciones: </em><em>Poema 1976-2020</em> de la escritora mexicana Gloria Gervitz (Ciudad de M&eacute;xico, 1943) ha sido publicado por la Ibero y la editorial Mangos de Hacha (Ciudad de M&eacute;xico, 2024)<sup>2 </sup>en un volumen cuidado por la acad&eacute;mica Tania Favela, que incluye, adem&aacute;s del corpus definitivo y el glosario autoral de Gervitz en sus p&aacute;ginas finales, una nota justificatoria de la edici&oacute;n. En dicha nota se detalla el periplo editorial de este libro, de este <em>un</em><em>iverso</em><em> </em><em>Gervitz</em> que no es sino el poema de toda una vida: de las vivencias y convivencias de una mujer extraordinaria. Es el poema definitivo que gravita en el fluir migratorio de lo personal a lo po&eacute;tico a lo largo de m&aacute;s de 250 p&aacute;ginas y <em>so&ntilde;ado</em> a lo largo de muchos a&ntilde;os de escritura y reescritura.</p>
<p class="Poromisin">Tras su germen, una plaquette titulada <em>Shajarit &mdash;</em>editada en junio de 1979 por la Imprenta Madero de M&eacute;xico&mdash; que pronto pas&oacute; a ser <em>Fragmento de ventana</em> en 1986 y <em>Yizkor </em>(&ldquo;Que recuerde&rdquo;)<sup>3 </sup>en 1987, ser&aacute; esta edici&oacute;n, <em>Migraciones: </em><em>Poema 1976-2020</em> (2024), adem&aacute;s de las ediciones de Mangos de Hacha (M&eacute;xico, 2018) y Libros de la Resistencia (Madrid, 2020) entre otras, la que permita, a partir de ahora, a un mayor n&uacute;mero de lectores enfrentar una arquitectura l&iacute;rica que atesora, como afirma Tania Favela, el nutrimiento necesario para alimentar a la poes&iacute;a contempor&aacute;nea. Y tanto es as&iacute; que la fuerza de este libro radica en la capacidad de reescribir los recuerdos a partir de un cuerpo y un lenguaje que son el verdadero territorio/motor para la creaci&oacute;n de una po&eacute;tica<strong> </strong>&laquo;en conversaci&oacute;n con el que est&aacute; en ninguna parte y con el m&aacute;s presentido de los sujetos&raquo;<sup>4</sup>.</p>
<p class="Poromisin">Son muchos los calificativos que la cr&iacute;tica ha puesto sobre la mesa para definir qu&eacute; es y qu&eacute; supone <em>Migraciones</em> en el panorama po&eacute;tico actual: libro &uacute;nico, libro de arena, libro r&iacute;o, poema total, etc. En este flujo de versos sin regreso aparente, en este ir y venir de mareas, a veces mansas, a veces enfurecidas que, con resaca, vuelven a las profundidades del animal poema y lo habitan &mdash;en palabras de Favela&mdash;, &laquo;tenemos un principio y un fin; y en medio, en ese oleaje hacia adentro, de ascensos y descensos, que es el poema: soledad, miedo, duda, deseo, reclamo, s&uacute;plica, v&eacute;rtigo, dolor, perd&oacute;n, revelaci&oacute;n, comprensi&oacute;n&raquo;<sup>5</sup>. En la contracubierta del libro, Myriam Moscona<sup>6 </sup>habla del tiempo, la guerra, la luz f&iacute;sica y metaf&oacute;rica, el cuerpo [&ldquo;aqu&iacute; en tu cuerpo aqu&iacute; est&aacute;n tus alas&rdquo; (p. 250)], el sexo, la madre [como epicentro desconcertante cuando leemos &ldquo;madre no me juzgues / t&uacute; tambi&eacute;n est&aacute;s condenada al olvido&rdquo; (p. 66)], la palabra, el deseo o la muerte [porque &ldquo;&iquest;d&oacute;nde est&aacute; tu muerte ahora?&rdquo; (p. 58)].</p>
<p class="Poromisin">En definitiva, la deriva de la vida &mdash;<em>peregrinatio vitae</em><em>&mdash;</em> como afirmaci&oacute;n, como conocimiento de una misma. En palabras de Olvido Garc&iacute;a Vald&eacute;s, la &laquo;<em>difusi&oacute;n</em> de un sujeto [&hellip;] que procede, sin embargo, en femenino&raquo;<sup>7</sup>, que ya es otra a cada golpe de verso, a cada vuelco de p&aacute;gina y a cada vuelta del minutero de su coraz&oacute;n. Parafraseando a Borges: para el mismo lector el mismo libro cambia, ya que somos el r&iacute;o de Her&aacute;clito. He aqu&iacute;, pues, a una mujer con verdadera devoci&oacute;n por el lenguaje, porque <em>Migraciones</em> es el lenguaje &iacute;ntimo y generoso de lo tel&uacute;rico por la belleza. Es, en cierto sentido, para bien o para mal, un acto po&eacute;tico irreverente y contestatario &mdash;por momentos&mdash; de amor a la memoria, al soporte de los recuerdos que es el cuerpo, al sufrimiento, al miedo, a la vida, y as&iacute; escuchamos una voz que dice: &ldquo;est&aacute;s en la belleza de estar viva en esta tu vida&rdquo; (p. 250). O, como afirmaci&oacute;n categ&oacute;rica embutida de esperanza al final del poema y ante un profundo sentimiento de orfandad: &ldquo;entr&eacute; al lugar entreme hu&eacute;rfana [&hellip;] estoy aqu&iacute; / en este instante / que es todo los instantes / estoy viva&rdquo; (p. 89, p. 267).</p>
<p class="Poromisin"><em>Migraciones</em> cobija la palabra enunciada por una voz de voces &mdash;especulares&mdash; a veces dif&iacute;cil de identificar por el lector, una dicci&oacute;n que se des/dobla en dolor, en nostalgia de volver, en miedo, en deseo o en placer sexual cuando &ldquo;el placer se hace tan intenso&rdquo; (p. 19). Y al mismo tiempo, el poema se deshilacha, resuena en presencias como &ldquo;una ni&ntilde;a loca que mira desde dentro&rdquo; (p. 17), &ldquo;y la muchacha que lloraba abrazada a su madre muerta&rdquo; (p. 34), la madre, la abuela y la mujer vieja que en medio del insomnio escribe: &ldquo;son las tres de la ma&ntilde;ana / y tengo miedo&rdquo; (p. 138). Una voz que interroga al vocativo (yo/t&uacute;) y que nos evoca los versos de Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez en <em>Eternidades</em>: &ldquo;Yo no soy yo. / Soy este[a] / que va a mi lado sin yo verlo; / que, a veces, voy a ver, / y que, a veces, olvido. /&hellip;/ el que quedar&aacute; en pie cuando yo muera.&rdquo;<sup>8</sup>. Una forma de decir, la de Gervitz, que se interpela constantemente y afirma: &ldquo;memoria &iquest;me oyes? [&hellip;] y aquella que soy / ofrece perd&oacute;n a la que fui&rdquo; (p. 41), que se anuda al cuerpo siendo este cuerpo amparo, alimento y firme sost&eacute;n de dicha memoria &ldquo;aunque donde se la toque duele[a]&rdquo; (p. 129). Pero <em>Migraciones</em>, m&aacute;s all&aacute; de las significaciones emocionales que retumban con registros de oralidad en cada palabra y en cada vuelco de p&aacute;gina, es lenguaje l&iacute;rico de alta tensi&oacute;n, es un <em>no lugar</em> cuya orograf&iacute;a pluridimensional se asienta en la adopci&oacute;n de una sintaxis desanudada, en los m&aacute;rgenes de la norma y en los silencios que, en ocasiones, gritan m&aacute;s que callan cuando, por ejemplo, leemos en voz alta &ldquo;acaso un tedio / de otra yo tambi&eacute;n / olvidada / y grito&rdquo; (p. 139) o &ldquo;y el grito / apenas / un filo / un ala&rdquo; (p. 160). Adem&aacute;s, este poema clama por la tradici&oacute;n literaria y ling&uuml;&iacute;stica que transita desde &ldquo;en ese tu fluir quiet&iacute;simo&rdquo; (p. 121) &mdash;Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente de fondo y su ensayo sobre Miguel de Molinos cuando dice que &laquo;la primera paradoja del m&iacute;stico es situarse en el lenguaje&raquo;<sup>9&mdash;, </sup>y Juan de la Cruz (<em>el humilde del sin sentido</em>) hasta los salmos, pasando por estructuras de la tradici&oacute;n m&iacute;stica y hebrea, como han constatado en sendos art&iacute;culos Margarita Le&oacute;n Vega en &ldquo;Del ritual a la interiorizaci&oacute;n de la palabra&rdquo; y Denise Le&oacute;n al afirmar que <em>Migraciones</em> puede ser le&iacute;do como &laquo;una floraci&oacute;n de la m&iacute;stica salvaje&raquo;<sup>10&nbsp; </sup>&ldquo;y la devocion [que] como una hoja de obsidiana / corta&rdquo; (p.124). En este sentido, Cruz Flores concluye que &laquo;en la obra de la poeta mexicana, como en la intenci&oacute;n del cabalista o del exegeta, se distingue una indagaci&oacute;n sobre el acto de nombrar y una intenci&oacute;n &mdash;f&uacute;til a sabiendas&mdash; de conciliar la experiencia vivida con el lenguaje&raquo;<sup>11</sup>. A esto se suma el uso espont&aacute;neo de varias lenguas, como el hebreo, el ingl&eacute;s y el espa&ntilde;ol, que es en s&iacute; el exilio de la lengua materna como territorio-alma del poema. En <em>Migraciones</em> la alternancia de lenguas se hace presente, pero es que la migraci&oacute;n no es solo un desv&iacute;o de lugar o territorio, sino que acarrea consigo &mdash;casi siempre&mdash; la adopci&oacute;n/imposici&oacute;n de otra lengua, de otra cultura. El uso del hebreo y el ingl&eacute;s aqu&iacute; no es un gesto de poseer <em>don de lenguas</em>, es la evidencia de una mutilaci&oacute;n: Gervitz arrastra una historia familiar de desarraigo y el dolor mismo del lenguaje en el desapego.&nbsp;</p>
<p class="Poromisin">En la contracubierta del libro, afirma William Rowe que en el poema de Gervitz las palabras parecen &laquo;sostenidas solo por el aire&raquo; y que &laquo;el espacio blanco se ha convertido en espacio denso, resistente&raquo;<sup>12</sup>. Como venimos se&ntilde;alando, el cosmos gervitziano no es un texto al uso, no es un poema com&uacute;n, en absoluto: <em>Migraciones</em> es la demostraci&oacute;n de que la carga emocional/vivencial en el ente po&eacute;tico est&aacute; cimentada en un conglomerado de recursos hilvanados, quebrados con libertad creativa, con precisi&oacute;n de maestro relojero y con la capacidad de poder nombrar lo que no ha sido nombrado antes, tejido todo ello en el telar m&aacute;gico de la introspecci&oacute;n, de la mirada/miradas inteligente/s de la poeta.<strong></strong></p>
<p class="Poromisin">Los recursos, vaivenes tipogr&aacute;ficos en cascada y los blancos que esos vaivenes precipitan, por ejemplo, con los que Gervitz ahorma muchos momentos de <em>Migraciones</em> son profusos, incluso a veces podr&iacute;an parecernos abrumadores, sin dejar de ser en su extra&ntilde;eza pertinentes. Pues bien, a pesar de esto y gracias a esto, los versos fluyen limpios, frescos, seguros de s&iacute; mismos, acunados por un ritmo que asciende y desciende como las aguas en un azud, como si nada sucediese en la hoja de papel; mas al cabo todo sucede, todo est&aacute; pre&ntilde;ado en el vac&iacute;o, en el &uacute;tero del poema. Las an&aacute;foras, v&eacute;ase la copulativa que se desliza a lo largo de varias p&aacute;ginas (desde la p. 171) y que comienza con el sorprendente &mdash;casi ox&iacute;moron sint&aacute;ctico o deixis l&eacute;xica o elipsis simb&oacute;lica&mdash; &ldquo;y el calor derriti&eacute;ndose en las barras de chocolate&rdquo;, las concatenaciones, el rompiente de los versos, las distribuciones espaciales, esas p&aacute;ginas que vaciadas, salvo por un breve apunte versal en su &aacute;pice o en su desembocadura (pp. 244 y 245), sobrecogen al lector.</p>
<p class="Poromisin">En fin, todo parece fluir en el poema, haberse dejado ah&iacute; en pausado movimiento de forma natural, igual que la naturaleza hace crecer un &aacute;rbol (recordando a Huidobro) o c&oacute;mo el r&iacute;o &ldquo;se ovilla en ese regazo de l&aacute;grimas&rdquo; (p. 159) que es el mar, o c&oacute;mo la abuela reza el rosario bajo una lluvia que nos moja a todos de melancol&iacute;a. Las met&aacute;foras &mdash;&ldquo;claveles rojos de este sue&ntilde;o&rdquo; (p. 245)&mdash;, las comparaciones, las im&aacute;genes, los juegos l&eacute;xicos o las paradojas &mdash;Teresa de Jes&uacute;s presente &ldquo;vivo sin saber de m&iacute; / vivo sin vivir en m&iacute; [&hellip;] soy sierva de la loca / la insondable / la inasible pasi&oacute;n&rdquo; (p. 211)&mdash; son gestos ego&iacute;stamente solidarios con el <em>tempo</em> pausado o encendido, manso o violento que el acontecer sensorial del poema demanda en cada instante, en cada comp&aacute;s.</p>
<p class="Poromisin">Por momentos, el discurso se tensiona, se violenta hasta l&iacute;mites sorprendentes y el lector tiene la sensaci&oacute;n de surfear/migrar una gran ola y hacerlo con la seguridad que nos da esa tabla de salvaci&oacute;n que es el ritmo. Y as&iacute; gravitar en equilibrio sobre la superficie deslizable y la profundidad del poema-agua, del poema-inmensidad, del poema-universo. Esta es, a nuestro entender, una de las muchas bondades de este texto extraordinario. Todo en <em>Migraciones </em>rezuma verdad y transmite al lector una emoci&oacute;n sustantiva: &ldquo;y dijo mi abuela a la salida del cine / sue&ntilde;a que es hermoso el sue&ntilde;o de la vida muchacha&rdquo; (p. 16), una imantaci&oacute;n de complicidad y cercan&iacute;a, ahora bien, sin concesi&oacute;n alguna a lo inane, sin ornato aparente o real prescindible.</p>
<p class="Poromisin">Este libro, que comienza de manera abrupta con letra en min&uacute;scula (<em>in media res</em>),<em> </em>alienta a su descubrimiento desde su vers&iacute;culo inicial e invita al lector a que no se detenga &ldquo;en las migraciones de los claveles rojos donde revientan cantos de aves picudas y se pudren las manzanas antes del desastre&rdquo; (p. 7). Desde su nacimiento, que es la migraci&oacute;n primigenia, <em>Migraciones</em> exhala toda la emoci&oacute;n de quien se sabe ef&iacute;mera y vital en esta vida pasada, presente y por venir, de quien se desgarra, recapacita y rememora el tiempo que habita un cuerpo si soporte de la palabra que dice cuanto calla. Y esto, que es de lo que da fe Gloria Gervitz a lo largo de toda su vida en sus <em>migraciones</em>, no solo nos conmueve. Deber&iacute;a conmover al mundo porque &ldquo;afuera enmudece la lluvia [&hellip;] y la oscuridad se dilata&rdquo; (pp. 64-65). Y aun as&iacute;, <em>Migraciones</em> permanece como una voz ex(n)tra&ntilde;able que nos habla desde el cuerpo &mdash;y m&aacute;s all&aacute; de &eacute;l&mdash;. Un poema que sigue, a d&iacute;a de hoy, respirando entre nosotros.</p>
<p class="Poromisin">&nbsp;</p>
<p class="Poromisin">&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;&mdash;</p>
<ol>
<li>Tania Favela Bustillo, ed., <em>Este es el testimonio del oyente: aproximaciones cr&iacute;ticas en torno a Migraciones de Gloria Gervitz</em> (Ciudad de M&eacute;xico: Bonilla Artigas Editores, 2024). En este volumen, Premio LAJSA 2025 al Mejor Libro Editado, aparecen ensayos de Tania Favela, Mark Schafer, Blanca Alberta Rodr&iacute;guez, Perla Sueiras, William Rowe, Cossette Galindo Ayala, Alejandra de la Pe&ntilde;a Barrig&oacute;n, Margarita Le&oacute;n Vega, Denise Le&oacute;n, Javier Helgueta Manso, Mar&iacute;a Rivas Casanueva, Juan Manuel Portillo, Perla Masi y Marta Eloy Cichocka.</li>
<li>Gloria Gervitz, <em>Migraciones. Poema 1976&ndash;2020</em>, ed. Tania Favela (Ciudad de M&eacute;xico: Universidad Iberoamericana / Mangos de Hacha, 2024). Todos los versos citados provienen de esta edici&oacute;n definitiva.</li>
<li><em>Shajarit</em>, oraci&oacute;n jud&iacute;a de la ma&ntilde;ana, pone t&iacute;tulo a lo que podr&iacute;amos convenir en la primera version del poema de Gervitz publicada en 1979. <em>Yizkor</em>, oracion jud&iacute;a entonada en memoria de los difuntos, es a su vez el ep&iacute;grafe de la tercera entrega en 1987. Entre ambas, en 1986, se publica <em>Fragmentos de ventana</em>.</li>
<li>Juan Carlos Mestre, <em>Manifiesto por un no lugar</em>, Los Cuadernos del Mildendo (C&aacute;ceres: Ediciones Liliputienses, 2015), 67.</li>
<li>Tania Favela Bustillo, &ldquo;Migraciones dentro de Migraciones&rdquo;, en <em>Remar a contracorriente. Cinco po</em><em>&eacute;</em><em>ticas</em> (Madrid: Libros de la Resistencia, 2019), 122, 155.</li>
<li>Myriam Moscona, texto de contracubierta en Gloria Gervitz, <em>Migraciones. Poema 1976&ndash;2020</em> (Ciudad de M&eacute;xico: Universidad Iberoamericana / Mangos de Hacha, 2024).</li>
<li>Olvido Garc&iacute;a Vald&eacute;s, &ldquo;El vuelo excede el ala,&rdquo; <em>El Urogallo</em> 122-123 (1986): 63. Citado por Tania Favela en <em>Remar a contracorriente. Cinco po</em><em>&eacute;</em><em>ticas</em> (Madrid: Libros de la Resistencia, 2019).</li>
<li>Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, <em>Eternidades</em> (Madrid: Taurus, 1982), 418.</li>
<li>Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente, &ldquo;Ensayo sobre Miguel de Molinos,&rdquo; en <em>La piedra y el centro</em> (Madrid: Taurus, 1983), 83.</li>
<li>Tania Favela Bustillo, ed., &ldquo;El tiempo por fin vencido,&rdquo; en <em>Este es el testimonio del oyente: aproximaciones cr&iacute;ticas en torno a Migraciones de Gloria Gervitz</em> (Ciudad de M&eacute;xico: Bonilla Artigas Editores, 2024), 16. (Este texto corresponde a un cap&iacute;tulo dentro del libro colectivo.)</li>
<li>Cruz Flores, &ldquo;Gloria Gervitz, o de c&oacute;mo atesorar el silencio,&rdquo; <em>Letras Libres</em>, 21 de abril de 2022, https://letraslibres.com/literatura/gloria-gervitz-o-de-como-atesorar-el-silencio/.</li>
<li>William Rowe, texto de contracubierta en Gloria Gervitz, <em>Migraciones. Poema 1976&ndash;2020</em> (Ciudad de M&eacute;xico: Universidad Iberoamericana / Mangos de Hacha, 2024).</li>
</ol>]]></description>
      <pubDate>Mon, 24 Nov 2025 11:14:38 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jordi Doce o la respiración a la intemperie]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jordi-doce-o-la-respiracion-a-la-intemperie/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/JORDI_DOCE_6_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>En <em>La insistencia</em>, el poeta Jordi Doce vuelve a reivindicar &mdash;igual que hizo en <em>Hormigas blancas</em> (2005), <em>Perros en la playa</em> (2011) o <em>Todo esto ser&aacute; tuyo</em> (2021)&mdash; un espacio libre y ap&aacute;trida dentro de la literatura: ese territorio h&iacute;brido en el que conviven el diario, el aforismo, el cuaderno de notas, la miniatura ensay&iacute;stica, la greguer&iacute;a (&laquo;La escalera es un zigzag puesto en pie&raquo;) e incluso el &laquo;articuento&raquo; a lo Mill&aacute;s; en definitiva, aquello que Carmen Mart&iacute;n Gaite denomin&oacute; <em>cuaderno de todo</em>. Doce abre una ventana para que el lector lo acompa&ntilde;e en el propio proceso de creaci&oacute;n de su pensamiento y, a trav&eacute;s de ella, adivinamos sus inquietudes pol&iacute;ticas, sociales, ecol&oacute;gicas; sus deslumbramientos literarios; sus fantasmas familiares&hellip;&nbsp;</p>
<p>El volumen se sostiene en una prosa afilada, sincera y sin artificio, que destila esa lucidez cordial tan caracter&iacute;stica del autor. Doce observa el mundo con una mezcla extra&ntilde;a de pudor, iron&iacute;a y precisi&oacute;n moral: al lector le llega la sensaci&oacute;n de asistir a una inteligencia que respira. No hay impostaci&oacute;n ni af&aacute;n de epatar; solo un continuo ajuste de mirada, una b&uacute;squeda que se repite y se depura. De ah&iacute; el t&iacute;tulo: <em>La insistencia</em> es la persistencia de una conciencia que vuelve sobre lo real para comprenderlo &mdash;o, al menos, para sostenerlo sin estridencias&mdash;. Pero &laquo;la insistencia&raquo; es tambi&eacute;n la voluntad de seguir transitando el desierto cuando la vida se ha convertido en &laquo;una larga, interminable tarde de domingo&raquo;.&nbsp;</p>
<p>El libro brilla especialmente cuando se mueve en el registro biogr&aacute;fico y cotidiano (como hiciera en aquel <em>La vida en suspenso</em>): las escenas familiares, las peque&ntilde;as revelaciones del d&iacute;a, las s&uacute;bitas introspecciones heredadas &mdash;a menudo&mdash; de un pasado que duele m&aacute;s por lo que calla que por lo que muestra. Doce logra elevar lo com&uacute;n sin sacrificarlo, como si cada detalle fuera un cristal que dejara ver el movimiento oculto de la vida. La memoria del padre, por ejemplo, aparece aqu&iacute; sin sentimentalismo: es un tel&oacute;n de fondo que explica sin justificar, que acompa&ntilde;a sin absorber.&nbsp;</p>
<p>La vertiente pol&iacute;tica, discreta pero firme, confirma la vocaci&oacute;n &eacute;tica del autor. La denuncia ecol&oacute;gica, las reflexiones sobre el poder tecnol&oacute;gico o la mirada cr&iacute;tica hacia la l&oacute;gica feudal de nuestros d&iacute;as nunca caen en el panfleto; est&aacute;n moduladas por un humor brillante y por una sensibilidad que no necesita gritar para hacerse o&iacute;r. Doce se permite incluso la ternura de los animales &mdash;los dos &uacute;ltimos rinocerontes blancos del norte, Najin y Fatu, convertidos en emblema de la extinci&oacute;n&mdash; como una forma de duelo c&iacute;vico.&nbsp;</p>
<p>Lo literario ocupa, por supuesto, un lugar central. En estas p&aacute;ginas aparecen Cavafis, Gamoneda, Thoreau, Tolkien, Steiner&hellip; como compa&ntilde;eros de conversaci&oacute;n, voces que ayudan a sostener el pensamiento y sus vacilaciones. Se ejerce aqu&iacute; una defensa impl&iacute;cita de la conversaci&oacute;n culta, una pr&aacute;ctica cada vez m&aacute;s minoritaria. No es una erudici&oacute;n de biblioteca, sino de vida.&nbsp;</p>
<p>El humor &mdash;leve, sutil, quiz&aacute; eco de los a&ntilde;os ingleses del autor&mdash; salva al libro del ensimismamiento. El autor encuentra en lo cotidiano un destello que desordena la solemnidad. Una frase aparentemente menor &mdash;&laquo;Estoy silbando la partitura de mis cicatrices&raquo;&mdash; basta para entender que su mirada no es sentimental, sino l&uacute;cida: nombra la herida sin recrearse en ella.&nbsp;</p>
<p>Y todo desde la mirada del poeta, identidad primigenia del autor: &laquo;Los buitres limpian las costillas del cad&aacute;ver. Ma&ntilde;ana el viento las har&aacute; sonar&raquo;.&nbsp;</p>
<p>Si algo destaca en <em>La insistencia</em> es la sensaci&oacute;n de estar leyendo a alguien que piensa con nosotros, no para nosotros. Esa compa&ntilde;&iacute;a intelectual &mdash;esa forma rara de hospitalidad&mdash; convierte el libro en un espacio donde el lector entra y sale sin violencia. Es un libro para subrayar, para discutir mentalmente, para aplaudir, para abrir por cualquier p&aacute;gina y encontrar una resonancia.&nbsp;</p>
<p>En un momento en que la literatura fragmentaria se ha convertido casi en un gesto autom&aacute;tico, Jordi Doce demuestra que el fragmento solo tiene sentido cuando nace de una atenci&oacute;n verdadera. <em>La insistencia</em> no recoge ocurrencias: recoge vida. Y la convierte, con una sutileza extraordinaria, en una forma de claridad. Su escritura fragmentaria responde a una &eacute;tica de la atenci&oacute;n. Frente a la dispersi&oacute;n contempor&aacute;nea, Doce elige la insistencia &mdash;esa repetici&oacute;n paciente que recuerda m&aacute;s a Simone Weil que a Twitter&mdash; como un modo de resistencia &iacute;ntima. En un momento del libro define la escritura como &laquo;una forma de respiraci&oacute;n&raquo;, y el lector no tarda en entender que escribe para sostenerse, para mantener el pulso, como quien vuelve una y otra vez al mismo territorio para no desaparecer. Para existir.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jordi Doce,&nbsp;<em>La insistencia</em>, Valencia, Pre-Textos, 2025.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 24 Nov 2025 10:52:34 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Necesidad de salvar lo esencial]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/necesidad-de-salvar-lo-esencial/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/CORINA_OPROAE_4_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cos"><em>C&oacute;mo enterrar al padre en un poema</em>, el nuevo poemario de Corina Oproae, editado por Tusquets recientemente, est&aacute; construido a modo de recetario, como aquellos que ten&iacute;an nuestras abuelas, a su vez, herencia recibida de la generaci&oacute;n anterior. Registro de una sabidur&iacute;a ancestral que se consideraba &uacute;til. Legado imprescindible de conocimientos pr&aacute;cticos que pod&iacute;a incluir consejos de temas dispares, desde c&oacute;mo eliminar una mancha a cocinar un buen caldo. Y por qu&eacute; no, agradecer&iacute;amos, c&oacute;mo administrar la existencia o enterrar a nuestros muertos, asuntos todos ellos entreverados con la cotidianeidad.&nbsp;&nbsp;</p>
<p class="Cos">Entre lo mundano acontece la muerte. Importa principalmente la del padre y la de la madre, por su radicalidad. Muertes que vuelven, sin soluci&oacute;n, en cualquier momento, que asoman tras los objetos, tras la rumia del pensamiento y que nos dejan suspendidos, es decir, desarraigados. Poema a poema, la poeta querr&iacute;a reconstruir un saber con el que afrontarlas y dejar que acompa&ntilde;en, una vida, la suya, la nuestra, que debe continuar. Exenta de pretensi&oacute;n, la tarea se declara, por s&iacute; misma, insolvente.&nbsp;</p>
<p class="Cos">&iquest;En qu&eacute; momento se rompi&oacute; la cadena de transmisi&oacute;n generacional y la comunidad dej&oacute; de ser portadora de esa pretendida sabidur&iacute;a? Oproae opera con los restos de un naufragio. Fantasmagor&iacute;as que se le aparecen en busca de sentido o aquel sentir que nos recorre en busca de su forma, sin hallarla. Algo que nos atraviesa, queramos o no, engarzados todos en una red espacio-temporal. Algo que no vivimos como trascendente, sino como org&aacute;nico, flujo natural de lo viviente del que formamos parte, pero que nos lleva a repetir rituales, ahora, secularizados.&nbsp;</p>
<p class="Cos">Necesidad de salvar lo esencial, asimilado como nutriente, cumpliendo el indispensable trasvase energ&eacute;tico. Cumplir con la exigencia vital de echar ra&iacute;ces y tener que hacerlo a deshora, en oto&ntilde;o, destemplados de extra&ntilde;eza, a cuenta de recibir un alimento exiguo, destilado de tierra escasa y de lenguaje insuficiente. &ldquo;Descender te resulta imposible&rdquo;, nos dice la autora, la materia es opaca, pero tambi&eacute;n el &aacute;rbol colapsa, la poeta se olvida de s&iacute;, y el &ldquo;poema se abisma / y t&uacute; comienzas a echar ra&iacute;ces/ hacia el cielo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Cos">Alquimia del poema, no sobre el &aacute;rbol sino sobre el devenir del &aacute;rbol, sobre la vida y la muerte en el &aacute;rbol. El yo no puede descender, voluntad de no intervenir, que es voluntad al fin y al cabo, pero en el momento en que se produce el olvido, el poema s&iacute; puede abismarse. La poeta, cual Casandra con el don de profec&iacute;a, a quien Apolo escupiera en la boca, construye una narraci&oacute;n condenada a no ser atendida, palabra advenediza que viene del lodo. Ya no la naturaleza, sino la naturaleza atravesada por todo lo que es artificio y contiene la <em>energeia </em>que empuja el devenir. El arte, esa forma nueva de <em>religare.</em>&nbsp;</p>
<p class="Cos">El poema nace del lado dormido del cuerpo, lugar de regeneraci&oacute;n. Proceso que no puede consumarse, apenas parpadeo, la realidad sigue estando escindida, el fondo, inaccesible, el v&iacute;nculo, roto, la herida, abierta. &iquest;Qu&eacute; puentes ocasionales nos ofrece el lenguaje po&eacute;tico? Lo l&iacute;rico es el sue&ntilde;o de un p&aacute;jaro posado sobre una l&iacute;nea de tensi&oacute;n entre lo oculto y la presencia. Pero lo l&iacute;rico se quiebra, se desvela, asiste al p&aacute;lpito, oye la respiraci&oacute;n fatigada de lo vivo, presencia el derrumbe. &ldquo;Repites en voz alta la continuaci&oacute;n / de aquel poema inacabado / que aqu&iacute; a la intemperie / encuentra su pleno sentido&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Cos">La reflexi&oacute;n sobre el lenguaje, o sobre los lenguajes, sobre el arte o artificio, como forma de convocar y dejarse atravesar por todo aquello que de manera silenciosa convive con nosotros, ejerce violencia o es violentado, nos sirve de alimento o detrimento, est&aacute; presente. Oproae construye el poemario al modo en que trabajar&iacute;a una artista contempor&aacute;nea multidisciplinar en una instalaci&oacute;n. Se deja acompa&ntilde;ar por ellas, literatas, m&uacute;sicos, artistas. Nos pide a un tiempo que la lectura se ampl&iacute;e con su obra, visualizar la ejecuci&oacute;n de Jacqueline du Pr&eacute; del concierto para violonchelo en mi menor opus 85 de Edward Elgar, tener en mente las pinturas de Nalini Malani o Yayoi Kusama, o las instalaciones performaticas de Valie Export, utilizar los hilos de Chiharu Shiota, por citar algunas. Recordar la forma en que afrontan vida y escritura Plath,&nbsp; Marinescu, Bishop, Pizarnik o Lispector, entre otras.&nbsp;</p>
<p class="Cos">Todo ello le sirve para ir confeccionando ese recetario, destinado al fracaso, para el cuidado de un cuerpo complejo, que muere y renace constantemente, sin poder deshacer la trama que lo constituye, biolog&iacute;a que se desenvuelve en una realidad parad&oacute;jica de espacio-tiempo, y se desdobla con la conciencia y el lenguaje. Poemas para aprender a enterrar a nuestros muertos, para volver a dormirnos con los ojos abiertos, si nos desvelamos, para regresar a un lugar que ya no existe o perder lo que nunca tuvimos, contar una y otra vez la misma cosa hasta olvidarla.&nbsp;</p>
<p class="Cos">&nbsp;</p>
<p class="Cos">Corina Oproae, <em>C&oacute;mo enterrar al padre en un poema</em>, Barcelona, Tusquets, 2025.</p>
<p class="Cos">&nbsp;</p>
<p class="Cos">&nbsp;</p>
<p class="Cos">&nbsp;</p>
<p class="Cos">&nbsp;</p>
<p class="Cos">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 24 Nov 2025 10:31:45 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pilar Adón, una ventana abierta al bosque]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/pilar-adon-una-ventana-abierta-al-bosque/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2025/PILAR_AD_N_7.JPG" alt="" /></p>
<p class="LO-normal"><strong>Pilar Ad&oacute;n, una ventana abierta al bosque</strong></p>
<p>En sus libros, la informaci&oacute;n empieza por la portada. Rostros femeninos laterales, im&aacute;genes que interpelan. El universo de Pilar Ad&oacute;n empieza antes de la primera l&iacute;nea. &ldquo;En ning&uacute;n caso, im&aacute;genes impositivas. Nada de lo que hago tiene esa vocaci&oacute;n&rdquo;. No promete la luna. Tampoco el sol. Promete nubes. Miradas perdidas, inquietantes. Con el lector avisado, pueden llegar las citas literarias, Angela Carter o Emily Dickinson, a la que vuelve siempre: &ldquo;Me sirve incluso para el pensamiento de alg&uacute;n personaje&rdquo;. Por cierto, en su faceta como editora en Impedimenta elige las portadas con igual prop&oacute;sito, &ldquo;poes&iacute;a y verdad est&aacute;n unidas&rdquo;.</p>
<p>Como autora, en narrativa Pilar Ad&oacute;n habla de personajes encerrados en casas, que, con halo rom&aacute;ntico, est&aacute;n rodeadas de naturaleza. En ellas viven de manera casi siempre voluntaria. Hacen all&iacute; lo que quieren, protegidos y libres de imposiciones sociales y, sobre todo, ajenos a un exterior, digamos, imperfecto. El aislamiento tiene que ver con lo sublime, no con lo &oacute;ptimo. Podr&iacute;amos pensar que permite la reclusi&oacute;n porque hace de ella un laboratorio. Porque, en el mundo salvaje, Pilar Ad&oacute;n traza mapas seg&uacute;n camina. Se tiene por controladora y tal vez perfeccionista. No pasea, rastrea. Y &ldquo;el rastreo tiende a lo sublime&rdquo;, si atendemos a su poema &lsquo;Verde enfermedad&rsquo;.</p>
<p>Los ojos de Pilar Ad&oacute;n son un contrapunto del de sus personajes. Ella sabe que el autor no puede no estar en la obra. Asume que lo biogr&aacute;fico permea en lo literario. Y que un miedo particular sirve para hablar del miedo en general. &ldquo;Somos los seres que tenemos m&aacute;s a mano&rdquo;. Pero, aunque a diferencia de Penelope Fitzgerald, escritora suya de cabecera, no hace ficci&oacute;n en las entrevistas, se cuida de no romper ciertos misterios -&ldquo;Ser&iacute;a hacerme trampa a m&iacute; misma&rdquo;-.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Tengo ciertos conflictos con la realidad que empezaron bien peque&ntilde;a, a causa de haber sido muy lectora&rdquo;</strong></p>
<p>-La realidad no existe, dice en un poema.</p>
<p>-Hay un conflicto con la realidad en cuanto a qu&eacute; es. Cuando digo que no existe -ser&iacute;a la voz po&eacute;tica; no podemos asimilarla a mi voz como persona civil- puede parecer extra&ntilde;o o, al rev&eacute;s, t&oacute;pico. Pero para m&iacute; es m&aacute;s real la vida de determinados personajes -siendo consciente de que no han existido- que acontecimientos de personas reales que no veo tan pr&oacute;ximos. Tengo ciertos conflictos con la realidad que empezaron bien peque&ntilde;a, a causa de haber sido muy lectora.</p>
<p>-Eso no la convierte en relativista.</p>
<p>-Cada vez lo soy m&aacute;s. Me cuesta decir absolutos y posicionarme de forma categ&oacute;rica. Seg&uacute;n vamos madurando, somos menos tajantes. Las ideas muy claras son de la adolescencia y de la juventud. El pensamiento se va haciendo flexible.</p>
<p>-&iquest;Los grises tienen que ver con aceptar una visi&oacute;n c&iacute;nica de la vida?</p>
<p>-No necesariamente.</p>
<p>-&iquest;No hay un cinismo rom&aacute;ntico?</p>
<p>-No me interesa el cinismo.</p>
<p>-Como en <em>Casablanca</em>, conectado a la renuncia, &lsquo;voy a hacer como que no me importa&rsquo;.</p>
<p>-Ver&aacute;, aunque hable de relativismo -y de aceptaci&oacute;n, por tanto, de otros posicionamientos- en realidad todo me importa. Puede parecer exagerado, pero es verdad: si me permitiera pronunciar una frase tajante ser&iacute;a: todo me afecta, absolutamente. Como la canci&oacute;n, soy un coraz&oacute;n tendido al sol. He aprendido a protegerme, pero es algo que experimento a diario.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Busco un equilibrio, aunque s&eacute; que voy con las v&iacute;sceras por fuera&rdquo;</strong></p>
<p>-&iquest;Y c&oacute;mo es su relaci&oacute;n con la raz&oacute;n?, hay una quiebra, se supone, con el multiperspectivismo, con el relativismo, pero a la vez usted cree en la verdad, lo que parece muy cl&aacute;sico. En alg&uacute;n poema cita el &lsquo;no pensar&rsquo; como algo deseable.</p>
<p>-Claro, no pensar viene como consecuencia de pensar demasiado igual que protegerse llega despu&eacute;s de haber sentido en exceso. Entonces el &lsquo;no pensar&rsquo; es simplemente un deseo de calma. Entiendo que usted va por el camino del romanticismo porque -sobre todo en los &uacute;ltimos libros- he hablado de lo sublime, un t&eacute;rmino que me interesa much&iacute;simo: la mezcla de horror y de belleza, esos paisajes que nos aterrorizan y, al tiempo, nos atrapan de manera ineludible. Es cierto que albergo un coraz&oacute;n rom&aacute;ntico pero, en ese deseo de no quemarme por el sol, apelo a la raz&oacute;n o a ese concepto de verdad que usted lleva a lo cl&aacute;sico. Al final busco un equilibrio, aunque s&eacute; que voy con las v&iacute;sceras por fuera.</p>
<p>-Su propuesta no trata de lo bonito, sino de la belleza, en la que cabe una herida.</p>
<p>-A m&iacute; -quiz&aacute; por lo sublime, por el romanticismo y por el horror- no me interesa una belleza que no zarandee, o que no conlleve escalofr&iacute;o. La herida&hellip; tiene connotaciones muy negativas.</p>
<p>-Pensaba en Kafka.</p>
<p>-Pero una sacudida conduce muchas veces a un estremecimiento est&eacute;tico de placer. Es por lo que mis portadas, al contrario que a otra gente, no me parecen feas: porque entiendo que la belleza puede llegar de la sacudida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me interesa lo extra&ntilde;o en lo cotidiano&rdquo;</strong></p>
<p>La belleza, lo inquietante. Ese girar la cabeza y reparar en algo. &ldquo;No hablo de extraterrestres, sino de una sorpresa peque&ntilde;a. Me interesa lo extra&ntilde;o en lo cotidiano. Algo que no debiera estar donde est&aacute;&rdquo;. Esa vocaci&oacute;n explica el modo en que ella representa la naturaleza, las casas y hasta el comportamiento de sus personajes. Desde esa perspectiva habremos de entender las sensaciones de miedo, soledad y deseo de huida que sienten. &ldquo;Acudo a sentimientos que ha experimentado la mayor&iacute;a, desde lo transversal. Me gusta lo que se descubre. Me interesa la inocencia&rdquo;.</p>
<p>-&iquest;De ah&iacute; que en los cuentos de <em>Las iras</em> (2025) haya ni&ntilde;as?</p>
<p>-Exacto, porque experimentan todo por primera vez. Cuando describo una encina lo hago pensando que la veo por primera vez. Y deseo igualmente que el lector sienta que es la primera vez que lee sobre una.</p>
<p>-La encina la presenta en <em>Las ef&iacute;meras</em> (2015) como un &aacute;rbol protector.</p>
<p>-S&iacute;, pero es le&ntilde;osa. Lo que me sirve para relacionarla con lo salvaje. En la naturaleza sin domesticar todo es bonito, pero todo puede suceder.</p>
<p>-Ese contraste lo tenemos en <em>De bestias y aves</em> (2022), cuando menciona unas hojas bajo las cuales se ocultan hormigas y bichos. Me recuerda el principio de <em>Terciopelo azul</em>: la c&aacute;mara se introduce en un c&eacute;sped radiante y aflora, debajo, una vida que repele; la belleza siniestra en lo cotidiano.</p>
<p>-Puede que haya esa conexi&oacute;n -he visto la pel&iacute;cula, aunque Lynch no figura entre mis referentes. No dir&iacute;a que es una influencia-.</p>
<p>-Ferrer Ler&iacute;n dice que nos pueden influir incluso obras no le&iacute;das. &ldquo;Por capilaridad&rdquo;.</p>
<p>-[r&iacute;e] Me lo apunto. Me interesa. Seguro que en lo que hago hay referencias de las que no soy consciente. Me dijeron, y esto es muy curioso -en la l&iacute;nea de Ferrer Ler&iacute;n-, que ten&iacute;a influencias de una autora a la que no hab&iacute;a le&iacute;do -o no era consciente de haber le&iacute;do-. Me parece apasionante.</p>
<p>-&iquest;Qui&eacute;n?</p>
<p>-Fleur Jaeggy. Cuando publiqu&eacute; <em>El mes m&aacute;s cruel</em> (2010), se dijo que era evidente, y yo no sab&iacute;a de su existencia. La le&iacute; y me encant&oacute;. En todo caso, con la imagen de Lynch ha dado en el centro: soy muy consciente de que si levantas una piedra lo m&aacute;s probable es que salga un bicho. Una vez mi abuela levant&oacute; una hortensia hermos&iacute;sima en el patio y brot&oacute; un tropel de caracoles. Impresionante: la hortensia con sus flores incre&iacute;bles y debajo un mundo de baba. Episodios de ese tipo me han marcado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La manera en que mezclo belleza y horror admito que est&aacute; determinada del todo por mi biograf&iacute;a&rdquo;</strong></p>
<p>-Dedica <em>Las iras</em> a su madre y <em>De bestias y aves</em> (2022), a su padre. Lo inquietante &iquest;hasta qu&eacute; punto tiene relaci&oacute;n con su biograf&iacute;a?</p>
<p>-Pues, aunque el autor no se tiene que imponer a los personajes y estos no anden al servicio de sus man&iacute;as, la manera en que mezclo belleza y horror admito que est&aacute; determinada del todo por mi biograf&iacute;a. La forma de escribir se ve alimentada por pel&iacute;culas y libros a modo de refuerzo -te fijas en lo que te atrae- pero la experiencia pesa.</p>
<p>-Un cineasta que le interese.</p>
<p>-Lars von Trier. <em>Melancol&iacute;a</em> me impresion&oacute;.</p>
<p>-Hab&iacute;a escrito mucho cuando la vio.</p>
<p>-S&iacute;, no influy&oacute;, pero es un mundo af&iacute;n. Cuando eres ni&ntilde;o y conoces la naturaleza de verdad -no el jard&iacute;n, no los parques con suelo de corcho en la zona de los columpios- la mirada es otra. Es lo que dec&iacute;amos antes, a prop&oacute;sito de Lynch. Y esas turbulencias est&aacute;n en <em>Melancol&iacute;a</em>.</p>
<p>-Le&iacute; una interpretaci&oacute;n afortunada: la naturaleza viola a la protagonista cuando se encuentra sin ropa, tirada en el bosque. Brazos abiertos y una pierna flexionada. A prop&oacute;sito, su relaci&oacute;n con la naturaleza parece ambivalente: &iquest;c&oacute;mo la definir&iacute;a? Hay como una actitud posmoderna de descreencia en el ser humano mientras este sublima al &aacute;rbol y al animal. Pero eso nos saca del tablero.</p>
<p>-A los seres humanos, dice.</p>
<p>-S&iacute;. O sea, en toda &eacute;poca de decadencia se supone que llega un momento en el que el ser humano se suaviza tanto que deja de confiar en s&iacute; -en nuestro caso podr&iacute;a venir de matar a dios, primero; de matar al pr&oacute;jimo, despu&eacute;s, pensemos en las guerras mundiales; y de matarse, por fin, a s&iacute; mismo. Desde no teniendo hijos a pensando que la naturaleza es sabia y &eacute;l un malhechor contaminante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La naturaleza es despiadada. Yo nunca la sublimo&rdquo;</strong></p>
<p>-T&uacute; eres malo y la naturaleza es la buena. Me parece muy interesante. Un juego peligroso. S&iacute;, percibo una conducta culposa&hellip;</p>
<p>-&hellip; en un momento en el que no existe la culpa.</p>
<p>-Eso es, vivimos una sociedad en la que todo est&aacute; permitido y cualquier postura es l&iacute;cita. Creo que soportamos una crisis enorme sobre la cabeza. Lo que ha dicho me interesa, como <em>Melancol&iacute;a</em>, porque est&aacute; anclado al fatalismo y al romanticismo. La crisis de los tiempos. De todos modos, en mis libros no hay finalismo. Alrededor s&iacute; percibo un exceso apego a la naturaleza. Fruto de no conocerla. La naturaleza es despiadada. Yo nunca la sublimo. Sale sin parar en mi obra, pero no la glorifico. Hay que defenderse de ella.</p>
<p>-&iquest;Y en su poes&iacute;a primera?</p>
<p>-Bueno, al principio pudo estar dulcificada. Tend&iacute;a a evitar lo desagradable. No me parec&iacute;a que la matanza del cerdo fuera po&eacute;tica.</p>
<p>-&iquest;Y hoy?</p>
<p>-Hoy s&iacute;. Pero al principio hab&iacute;a m&aacute;s campi&ntilde;a inglesa [r&iacute;e]. No miraba la naturaleza a la cara.</p>
<p>-Aunque era su espejo.</p>
<p>-Probablemente me costaba admitir una parte de m&iacute;. &iquest;Impostura? No lo s&eacute;. Yo creo que guardaba relaci&oacute;n con mis principios vitales del momento. Seg&uacute;n cumples a&ntilde;os, vas ancl&aacute;ndote -o desancl&aacute;ndote- a filosof&iacute;as. En el momento actual -vuelvo al relativismo-, aspiro a una armon&iacute;a en la que para ensalzar una cosa no necesite machacar otra. Intento ver todo en un mismo plano.</p>
<p>Se recuerda leyendo a Emerson y a los trascendentalistas estadounidenses. Fil&oacute;sofos y escritores del XIX que sent&iacute;a cercanos, y con los que deseaba comulgar a&uacute;n m&aacute;s. Subrayaba, anotaba&hellip; y tachaba: &ldquo;Recuerdo una frase que dec&iacute;a algo as&iacute; como que la naturaleza est&aacute; <em>para</em> el ser humano, para que se deleite contempl&aacute;ndola y se convierta en mejor persona. Aunque yo era idealista, ray&eacute; el p&aacute;rrafo. Ya me daba cuenta de que no est&aacute; <em>para</em> nosotros; nos preexiste y espero que nos sobreviva, pero mis deseos no son a la manera de Rousseau&rdquo;.</p>
<p>-En <em>Da dolor</em> (2020) eligi&oacute; precisamente una cita de Thoreau: &ldquo;Todas las cosas buenas son salvajes y libres&rdquo;, y en <em>La hija del cazador</em> dice textualmente eso: &ldquo;El bosque no est&aacute; ah&iacute; <em>para</em> el hombre&rdquo;. &iquest;Cu&aacute;ndo cambia su voz po&eacute;tica?</p>
<p>-A partir de <em>La hija del cazador</em> (2011), claramente.</p>
<p>-Ah&iacute; conjura pr&aacute;cticamente la tradici&oacute;n l&iacute;rica: &ldquo;No ser &aacute;rbol&rdquo;.</p>
<p>-[r&iacute;e] Estaba en conflicto conmigo. No me terminaba de encontrar. Hay mucha fuga, como en mis novelas. No quer&iacute;a ser &aacute;rbol, pero quer&iacute;a el bosque.</p>
<p>-&iquest;Porque los primeros no dejan ver el segundo?</p>
<p>-[r&iacute;e] Es un libro que parece contradictorio pero siento que afronto la verdad en &eacute;l: hablo de querer cuidar al padre y de querer ser otra persona al mismo tiempo -y si fuera otra persona, tendr&iacute;a otro padre-.</p>
<p>-&ldquo;La tendencia del agua / a escapar&rdquo;.</p>
<p>-Es el p&aacute;lpito de la huida. La tendencia natural del agua, se supone, frente a la seguridad -sucia- de las aguas estancadas, que tambi&eacute;n salen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Logr&eacute; convencerme por completo de que realmente era el monstruo que soy&rdquo;</strong></p>
<p><em>La hija del cazador</em> es el quicio de su poes&iacute;a. En la espesura &ldquo;cualquier voz humana suena a ruido extra&ntilde;o&rdquo;. Ese es el momento de intersecci&oacute;n que nos interesa. Se trata de un libro cruzado por ruidos, porquer&iacute;a y desorden. &ldquo;No hay manzanas ni melod&iacute;as de viol&iacute;n. / Su perro gime&rdquo;. Y en los l&iacute;mites caben criaturas que causan espanto y fascinaci&oacute;n. &ldquo;De las aguas aflor&oacute; el monstruo&rdquo;. Tres lustros m&aacute;s tarde, asume en <em>Las iras</em>: &ldquo;Logr&eacute; convencerme por completo de que realmente era el monstruo que soy&rdquo;, eso s&iacute;, parapetada en Mary Shelley. Pilar Ad&oacute;n aspira a tener todo controlado en sus novelas, en sus poemas y en las entrevistas. Casi piensa m&aacute;s que siente. Por lo que tal vez no sean monstruos, sino sue&ntilde;os de la raz&oacute;n. Previo a <em>La hija del cazador</em> ya hab&iacute;a pistas de por d&oacute;nde ir&iacute;an&hellip; los tiros: en <em>Alimento</em> (2001) salen ara&ntilde;azos sueltos y hay atisbos de violencia; y en <em>Con nubes y animales y fantasmas</em> (2006) leemos: &ldquo;(&hellip;) la apariencia inocente / que ofrece la desmembraci&oacute;n en cientos de gotitas aisladas&rdquo;. En realidad, habla de la lluvia chocando contra las cristaleras de un aeropuerto, pero la mirada es completamente oblicua. Diez p&aacute;ginas m&aacute;s adelante, se ausculta: &ldquo;Estas piernas no me pertenecen. / Caminan junto a m&iacute;, pero no son las m&iacute;as&rdquo;, y otras diez m&aacute;s all&aacute;, se pregunta d&oacute;nde est&aacute;n sus manos: s&oacute;lo ve &ldquo;sucios y fr&iacute;os dedos, / que no sienten&rdquo;. Si no es otra desmembraci&oacute;n, se le parece.</p>
<p>Su poes&iacute;a est&aacute; llena de disonancias. La ha reunido bajo el t&iacute;tulo <em>Las huidas </em>(2024). En su &uacute;ltima entrega, del mismo a&ntilde;o, <em>Atractivo carnal</em>, habla de la religi&oacute;n en los cuerpos, y de alguna fobia. &ldquo;Me da asco la palabra n&aacute;car y me dan asco las perlas (&hellip;) Me consideraba ni&ntilde;a irritable, joven furiosa, / intolerante agresiva incapaz de aceptar que los humanos beben, / sorben y tragan. / No me da asco que lo haga el perro&rdquo;. Ella misma como un ser que cambia o escapa de sitio. El bosque a veces es el veh&iacute;culo; otras, el destino. &lsquo;Agarrada a mi rama (&hellip;) decidida a no bajar&rsquo;. Reconoce incluso el encierro como forma de huida. &ldquo;En la tradici&oacute;n, es una idea negativa -responde a una incapacidad para afrontar la realidad-. Yo en ning&uacute;n momento la asocio con la cobard&iacute;a -tampoco pasar&iacute;a nada por hacerlo-. <em>Huir</em> no deber&iacute;a ser el verbo, pero es el que utilizo porque me gusta c&oacute;mo suena.</p>
<p>-Asociado a libertad.</p>
<p>-S&iacute;, s&iacute;. A la valent&iacute;a de querer cambiar la situaci&oacute;n. No son personajes acomodaticios -&ldquo;Esto es lo que hay&rdquo;-. F&iacute;jese, yo hablo mucho de literatura b&iacute;blica -en cada cuento de <em>Las iras</em> hay una cita-&hellip; pero hay dos elementos del catolicismo que rechazo, precisamente vinculados a la huida: poner la otra mejilla y la famosa resignaci&oacute;n cristiana. Mis personajes no se resignan nunca, y &iquest;qu&eacute; hacen?: se van.</p>
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<p><strong>&ldquo;La libertad es esencial para m&iacute; en todo: en lo que cuento, en c&oacute;mo lo cuento y en la determinaci&oacute;n de los personajes&rdquo;</strong></p>
<p>-Y avanzan, verbo positivo.</p>
<p>-&iquest;Hacia d&oacute;nde? No tienen ni idea. &iquest;Pueden terminar peor? S&iacute;, pero se van en busca de algo relacionado, efectivamente, con la libertad. La libertad es esencial para m&iacute; en todo: en lo que cuento, en c&oacute;mo lo cuento y en la determinaci&oacute;n de los personajes.</p>
<p>Llegamos al refugio y la naturaleza &iquest;Son elementos antit&eacute;ticos o van de la mano? En las cuevas de Pilar Ad&oacute;n hay platonismo -&ldquo;alrededor de unas sombras&rdquo;, <em>Las iras</em>- y, de nuevo, libertad. A la mencionada <em>Melancol&iacute;a</em> podemos sumar <em>Avatar</em>, que ampara una interpretaci&oacute;n del humano como un ser que deja de gustarse -al punto de que se deforma el dibujo, dominado f&iacute;sicamente, en forma y color, por la naturaleza-. En los libros de la autora hablaremos de posesi&oacute;n al ver que a una persona le crece una rama por dentro -llegando a florecer-, en <em>De la mano iremos al bosque</em> (2010)- y cuando, de nuevo en <em>Las iras</em>, un anciano se deja clavado un pincho con el fin de que la naturaleza haga nido en su interior. Es el plano un&iacute;voco en que Ad&oacute;n sit&uacute;a a los personajes dentro del bosque. &ldquo;No utilizar&iacute;a la palabra violaci&oacute;n porque me resulta agresiva y deliberada, y no atribuyo intencionalidad a la naturaleza, pero s&iacute; me fijo en la conexi&oacute;n. No distingo entre seres: somos naturaleza&rdquo;. Un todo sin superioridades ni inferioridades. &ldquo;Me doy cuenta de que -y lo relaciono con mi experiencia, que traslado a la ficci&oacute;n-, seg&uacute;n nos apartamos de la naturaleza -de forma destructiva, a&ntilde;adir&iacute;a- perdemos nuestra capacidad de supervivencia&rdquo;.</p>
<p>-Su literatura parece muy pegada a su biograf&iacute;a.</p>
<p>-S&iacute;, la relaci&oacute;n que yo he vivido con los animales a trav&eacute;s de mi padre hac&iacute;a que, en su comportamiento diario, &eacute;l no fuera tan pusil&aacute;nime como somos los dem&aacute;s.</p>
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<p><strong>&ldquo;Olvidamos que somos seres naturales que siguen teniendo lobos dentro&rdquo;</strong></p>
<p>-Eso tendr&aacute; que ver, especulo, con la dureza perdida en un mundo de algod&oacute;n, no con situar un reclinatorio frente a la naturaleza.</p>
<p>-S&iacute;, s&iacute;. Somos cada vez m&aacute;s d&eacute;biles. Aprender del proceder animal nos llevar&iacute;a rutinas en las que no habr&iacute;a que intervenir. Estaci&oacute;n tras estaci&oacute;n -si no hay alteraciones clim&aacute;ticas-, florecen los &aacute;rboles, se caen las hojas, llega la parada invernal. &iexcl;Los ciclos no dependen de nuestra presencia! &iquest;Qu&eacute; pasa? Que damos la espalda a esa realidad y dejamos de percibir su comportamiento. Olvidamos que somos seres naturales que siguen teniendo lobos dentro. Ahora una persona se clava una ramita y va a la enfermera. Nos volvemos torpes y faltos de valor ante situaciones comprometidas en espacios protegidos. Reina la asepsia.</p>
<p>-Y esa blandenguer&iacute;a, si se me permite, nos ha llevado a reescribir cuentos y a quitar lobos. Hemos llegado a que un pr&iacute;ncipe no pueda besar a una mujer dormida porque supondr&iacute;a un abuso.</p>
<p>-[niega con la cabeza] Es terrible. Mis referencias conscientes parten de la tradici&oacute;n oral. En los cuentos de hadas que le&iacute; hab&iacute;a ni&ntilde;as con zapatitos rojos a las que les cortaban los tobillos para que dejaran de bailar y de correr por las zarzas llen&aacute;ndose de heridas. Les cortaban los pies por los tobillos.</p>
<p>-La casa de Hansel y Gretel era protectora como las suyas.</p>
<p>-Dos ni&ntilde;os abandonados por sus padres, hoy pecado. En los cuentos sin suavizar aprendemos a tomar decisiones. Eres ni&ntilde;a, pero no eres tonta. Sabes que est&aacute;s leyendo en casa, sentada, con una manta, comiendo queso. Esa manera de aprender es crucial y yo me alegro de haberla vivido. Los cuentos terribles me enriquecieron, gracias a ellos dispongo de un imaginario fecundo. Es una l&aacute;stima que se pierda.</p>
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<p><strong>&ldquo;No escribo sobre la realidad urbana ni practico la literatura social&rdquo;</strong></p>
<p>-El autor de <em>Psicoan&aacute;lisis de los cuentos de hadas</em> dec&iacute;a justamente que esas narraciones hablaban de la fortaleza asociada al esfuerzo y de la necesidad de salir adelante por medios propios.</p>
<p>-Claro, muchas veces tengo que pensar que nac&iacute; en 1971 y soy hija de mi tiempo. No escribo sobre la realidad urbana ni practico la literatura social. El realismo no es lo m&iacute;o. Me llevo la acci&oacute;n a mi territorio y soy el resultado de mi &eacute;poca.</p>
<p>-Que es el de su infancia y juventud.</p>
<p>-De mayores no aprendemos. Entonces llega el relativismo: &iquest;es mejor mi forma de pensar? Lo que valoro est&aacute; relacionado con mi &eacute;poca, no es m&aacute;s. Por eso -no tengo herramientas, no soy soci&oacute;loga ni sic&oacute;loga-, no me atrevo a echar por tierra las tendencias socioeducativas actuales, aunque no me gusten. Jam&aacute;s quise ser madre, pero tengo sobrinas y veo lo que hay.</p>
<p>-Mezcla de escepticismo con ideas s&oacute;lidas.</p>
<p>-A ver, en mi generaci&oacute;n, desde el momento en que ten&iacute;as conciencia, sab&iacute;as que cada miembro del hogar hac&iacute;a frente a unos deberes. La obligaci&oacute;n de los ni&ntilde;os era estudiar. Y el que no sacaba buenas notas no pod&iacute;a culpar al profesor. Yo me eduqu&eacute; en la perseverancia y en sacarme las casta&ntilde;as del fuego.</p>
<p>-En general, parece que no ha ido mal.</p>
<p>-Mi infancia fue m&aacute;s suave que las anteriores -remont&eacute;monos medio siglo, a los a&ntilde;os veinte, pero, en mi caso, el amor duro fue excesivo. De ni&ntilde;a, s&oacute;lo quer&iacute;a leer y estar con mi madre - sigo enmadrada a mis 53-. Y ninguna de esas cosas pegaba con mi realidad socioecon&oacute;mica. En mi familia no hab&iacute;a tradici&oacute;n literaria: mi madre ten&iacute;a libros, pero no hab&iacute;a nadie con h&aacute;bito lector; y, menos todav&iacute;a, escritores. Por el contrario, mi familia era muy sociable: en casa siempre hab&iacute;a gente&hellip; por eso me tira, yo creo, encerrar a mis personajes. El aislamiento es su forma de alcanzar la libertad.</p>
<p>-Las personas que leen necesitan estar solas.</p>
<p>-Especialmente. Y cuando me encerraba en mi habitaci&oacute;n, me iba debajo de la mesa.</p>
<p>-Recogimiento dentro del recogimiento.</p>
<p>-De tal modo, si entraban y no se fijaban, no me ve&iacute;an. La sociabilidad me imped&iacute;a leer, era feliz apart&aacute;ndola. Pero no s&oacute;lo me obligaban a relacionarme con otras ni&ntilde;as, tambi&eacute;n a no protestar si me ca&iacute;a&hellip; y yo no paraba de hacerlo. Siempre he sido muy miope y hasta que lo descubrieron -y tardaron por ausencia de precedentes en mi familia- todo el d&iacute;a estaba en el suelo. Si le ense&ntilde;ara las rodillas se sorprender&iacute;a, se me met&iacute;an piedrecitas. Todo esto para decir que el amor duro fue conmigo duro de verdad.</p>
<p>-No guarda rencor.</p>
<p>-Es la manera en que supieron educarme. Lo hicieron lo mejor que pudieron.</p>
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<p><strong>&ldquo;Se tiene la piel muy fina&rdquo;</strong></p>
<p>-Excesos al margen, cada cual parec&iacute;a saber gestionar su frustraci&oacute;n. Ahora en seguida se acude al psic&oacute;logo, que est&aacute; muy bien, pero hay gente con problemas de verdad.</p>
<p>-[r&iacute;e] Una sensaci&oacute;n nos invade a todos, da igual cu&aacute;ndo hayamos nacido: se tiene la piel muy fina. Mis padres son del 41. Su educaci&oacute;n fue radicalmente distinta. Mi padre, perdedor; mi madre, en el lado de los vencedores. Hubieron de arregl&aacute;rselas con problemas econ&oacute;micos, mentales y f&iacute;sicos&hellip; y eso tampoco es lo ideal.</p>
<p>-Una guerra es un contexto extremo.</p>
<p>-Por supuesto. Pero hablamos de supervivencia. Cada uno sale adelante como puede. De peque&ntilde;a me atormentaba c&oacute;mo sobrevivir&iacute;a sola en una isla desierta. &ldquo;Tengo un mont&oacute;n de limitaciones&rdquo;, me dec&iacute;a, &ldquo;empezando por la vista&rdquo;.</p>
<p>-En la actualidad se opera.</p>
<p>-Yo no he dado el paso porque me da miedo.</p>
<p>-&iquest;Es miedosa?</p>
<p>-Pues, aunque suene t&oacute;pico, me da miedo el miedo, &iexcl;otra limitaci&oacute;n! [r&iacute;e] Pero aun no teniendo buena vista y sin considerarme especialmente fuerte, siempre pens&eacute; que sobrevivir&iacute;a por mis medios. Que no depender&iacute;a de nada ni de nadie, una cosa de la que no se habla actualmente. Sabemos que hay un mont&oacute;n de recursos, se tienen hasta sin hacer falta. &iquest;Y si por un casual -crisis econ&oacute;mica, social, un cataclismo- esa red desaparece? Por eso me llevo a los personajes a territorios en los que est&aacute;n solos y sobreviven.</p>
<p>-En un cuento de <em>Las iras</em> una mujer se construye una casa.</p>
<p>-Vuelve lo biogr&aacute;fico. Yo siempre quise aprender a hacer una &iexcl;y mi padre no me ense&ntilde;aba! [r&iacute;e]. &Eacute;l era alba&ntilde;il y esos saberes -poner ladrillos, la construcci&oacute;n- se los transmit&iacute;a a mi hermano. A m&iacute; no me ense&ntilde;&oacute; a hacer cemento porque era chica. Y mi madre, por el otro lado, quer&iacute;a ense&ntilde;arme a coser, cosa que a m&iacute; no me interesaba. Yo buscaba aprender de mi padre: &iquest;qu&eacute; se puede comer?, &iquest;qu&eacute; se puede cultivar?, &iquest;en qu&eacute; momento?, &iquest;d&oacute;nde est&aacute; el refugio?, &iquest;c&oacute;mo hacer fuego?...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Puedo llevar mi vida a la ficci&oacute;n y tener una literaria&rdquo;</strong></p>
<p>-Hemos aludido a la casa, a la naturaleza y a la familia. Vamos con las hijas. Hay por doquier.</p>
<p>-Cuando me preguntan por qu&eacute; escribo sobre hermanas, la respuesta f&aacute;cil es &lsquo;porque no tengo&rsquo;. Puedo llevar mi vida a la ficci&oacute;n y tener una literaria. Siguiendo el razonamiento, hablar de hijas quiz&aacute; sea porque no soy madre. Supongo que me sit&uacute;o en personajes en evoluci&oacute;n con una necesidad constante de cari&ntilde;o -un papel que asocio m&aacute;s a la hija que a la madre-. La madre aporta la protecci&oacute;n. Ojo, rechazo a la madre-hero&iacute;na, siempre dispuesta a inmolarse por la prole. &iexcl;Esos padres siempre presentes&hellip;! Pero s&iacute; hablo de seres que necesitan protecci&oacute;n.</p>
<p>-&iquest;Se puede ser madre y no ser castradora?</p>
<p>-Desde luego, los padres de ahora intentan no serlo bajo ning&uacute;n concepto, pero pueden acabar si&eacute;ndolo a fuerza de estar tan encima. Ellos quieren lo contrario: sobran parodias de c&oacute;mo nos vamos al otro extremo: a razonar hasta el absurdo. Al ni&ntilde;o que va con los dedos al enchufe, le explican qu&eacute; es la electricidad y c&oacute;mo circular&iacute;a por su cuerpo con resultado de muerte. Eso, en vez de decir &lsquo;ah&iacute; no se toca&rsquo;, asustarle y punto. Se nos est&aacute; yendo un poco de las manos.</p>
<p>-Y cuando vemos ni&ntilde;as salvajes, &iquest;guardan alguna relaci&oacute;n con Kaspar Hauser o con los ni&ntilde;os lobo?</p>
<p>-Realmente no, y eso que publicamos uno de los libros de T. C. Boyle, en Impedimenta: <em>El peque&ntilde;o salvaje</em>, que habla de los ni&ntilde;os ferales. Pero no es en lo que estoy pensando. Son ni&ntilde;os -ni&ntilde;as, en mi caso- que viven en sociedad y es precisamente la presi&oacute;n social la que les conduce a lo salvaje.</p>
<p>-La presi&oacute;n social que comentaba.</p>
<p>-S&iacute;. &ldquo;Sal, relaci&oacute;nate, j&uacute;ntate con otras ni&ntilde;as&rdquo; &iquest;Pero qu&eacute; necesidad ten&iacute;a yo de todo eso?</p>
<p>-En <em>De bestias y aves</em>, hay una chica tentada por deshacerse de unos retratos que pint&oacute;. Teme lo que representan. &iquest;Los personajes pueden no ser su espejo, sino despertar un reflejo en el que usted se reconozca?</p>
<p>-Ella tiene miedo de esos cuadros porque representan a su hermana muerta, ahogada. Teme verlos y que le recuerden lo que sucedi&oacute;. Iban las dos en un coche, tuvieron un accidente y cayeron a un canal. Carga con la culpa de la superviviente. S&iacute; que es cierto que es un caso conectado a un poema de <em>Da dolor</em> en el que muestro mi tendencia a hablar de seres inocentes que no tendr&iacute;an por qu&eacute; estar expuestos [el libro est&aacute; al lado, encuentra el poema y lee:]: &ldquo;Lector que asumes estos versos, / has de saber que su autora es una bestia innoble / que no puede callarse. Que escribe / sobre entra&ntilde;as y personas decentes, / y despierta cada d&iacute;a dentro de una cabeza / derramada en chirrido. / Que entrega / y delata a los que m&aacute;s quiere / sin borrar nada, / midiendo el valor de una vida / por los libros le&iacute;dos, / los libros escritos. / Su nula dignidad y su poca &eacute;tica&rdquo;. Coro pinta a su hermana ahogada, no puede evitar hacerlo. Guarda los cuadros en un maletero, ella misma no quiere verlos. Pero los ha pintado. Y ya que existen, por supuesto, alguien podr&iacute;a verlos. Yo voy m&aacute;s lejos: muestro a los dem&aacute;s todo.</p>
<p>[Hay que decir que en el poema &lsquo;Exposici&oacute;n temporal&rsquo;, de <em>Poems nipples</em>, a&ntilde;o 1998, ya hab&iacute;a prefigurado la escena: &ldquo;Y ma&ntilde;ana procura salvar del ahogo, / sin s&uacute;plicas, / a la ni&ntilde;a muerta que descansa en todos tus cuadros&rdquo;. Truculencias de terciopelo.]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La ficci&oacute;n forma parte de la realidad. Es algo que, en el esp&iacute;ritu espa&ntilde;ol, llevamos marcado a fuego desde el <em>Quijote</em>&rdquo;</strong></p>
<p>En 2019, Pilar Ad&oacute;n compaginaba los poemas de <em>Da dolor</em> con la novela <em>De bestias y aves</em>, cuya escritura qued&oacute; frenada al fallecer su padre, en septiembre. Sinti&oacute; por primera vez que no pod&iacute;a escribir prosa: la naturaleza de la novela estaba fuertemente asociada a &eacute;l, y sin &eacute;l el libro carec&iacute;a de sentido. Ad&oacute;n -apelativo vinculado a su familia paterna, por cierto- sab&iacute;a que su padre no leer&iacute;a, en cualquier caso, el libro; su padre nunca ley&oacute; ninguno. Logr&oacute; salir de la par&aacute;lisis gracias a atreverse con un texto de menos de cien p&aacute;ginas: <em>Eterno amor</em> (2021). La sensaci&oacute;n que ella tuvo de exponer el fallecimiento de su padre, reflejada en el poema, es la misma de Coro ante los cuadros de la hermana. Y volvi&oacute; a <em>De bestias y aves</em>, cuya escritura se volvi&oacute; a solapar, en este caso, con la de <em>Las iras</em>. De ah&iacute; nace otro cord&oacute;n umbilical: el cuento &lsquo;Roca blanca, fondo azul&rsquo;, precedido de una cita de Simone Weil -&ldquo;La felicidad no est&aacute; ligada a la inocencia&rdquo;- autora que preceder&aacute; tambi&eacute;n sus poemas de 2024: &ldquo;La belleza seduce a la carne con el fin de obtener permiso para pasar al alma&rdquo;. El relato empieza: &ldquo;Lo primero que hace una mujer cuando llega una tierra que es suya pero no lo ha sido hasta entonces es medirla&rdquo;.</p>
<p>Pilar Ad&oacute;n es una cart&oacute;grafa dual. Para ella algo tan limpio como una melod&iacute;a puede estar hecho de barro y nieve, y la pureza surgir de la impureza. Llama &ldquo;demonio m&iacute;o&rdquo; a una &ldquo;criatura angelical&rdquo; y qu&eacute; decir del cobijo ambivalente de los bosques. &ldquo;Claro que me interesa la dualidad, en <em>De bestias y aves</em> hay todo el tiempo juegos de ese tipo, empezando por lo que hay fuera de Betania y lo que hay dentro, algo que tiene que ver con los cuentos de hadas: la idea de frontera&rdquo;. Coro tiene una vida <em>real</em> anclada a su trabajo, a su vida social, a su personalidad controladora y de repente se interna en el reino de Betania. Llega a una casa y, de primeras, le ofrecen una bebida caliente que ingiere quem&aacute;ndose, y que es como la antigua p&oacute;cima de los cuentos. La dualidad se establece a partir de ese elemento cl&aacute;sico. &ldquo;&iquest;Hasta qu&eacute; punto la ficci&oacute;n no es real? Para nosotros forma parte de la realidad. Es algo que, en el esp&iacute;ritu espa&ntilde;ol, llevamos marcado a fuego desde el <em>Quijote</em>. Algo con lo que nacemos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La culpa se mete siempre en mis libros de forma, espero, sutil. Planteo situaciones extremas y el juez es el lector&rdquo;</strong></p>
<p>-Antes ha hablado de religi&oacute;n. Hay culpa.</p>
<p>-S&iacute;, la culpa se mete siempre en mis libros de forma, espero, sutil. Planteo situaciones extremas y el juez es el lector. Que se las arregle. Pero ya no es pedir perd&oacute;n ni esperarlo de los dem&aacute;s, sino perdonarse a uno mismo. Est&aacute; presente en lo que hago, s&iacute;.</p>
<p>En su obra hay muerte. Cazadores abundan. Desde en los t&iacute;tulos -<em>La hija del cazador</em>, &lsquo;El cazador&rsquo;- hasta en el interior de los libros: infatigables y nocturnos -<em>De la mano iremos al bosque</em> (2010)-; salvadores -<em>Las ef&iacute;meras</em>-; y hay &lsquo;caza beat&iacute;fica de la brutalidad&rsquo; -<em>Poems nipples</em>-. Por supuesto, se mata para comer -<em>De bestias y aves</em>-. La escritura de Pilar Ad&oacute;n gira en torno a resortes que propician mareos gustosos en el lector. Y en ocasiones afloran los deseos m&aacute;s ocultos: as&iacute;, en <em>Las iras</em>: &ldquo;Lo estudia. Anticipando quiz&aacute; la humedad y el aspecto de la superficie negra sobre la que flotan decenas de espesos ramilletes de insectos muertos. Quiz&aacute; pregunt&aacute;ndose si podr&iacute;a sumergir un cuerpo adulto en ese pozo. El cuerpo de una cuidadora imperturbable (&hellip;)&rdquo;.</p>
<p>-&ldquo;A veces la imagino golpe&aacute;ndola hasta matarla&rdquo;, esa frase, al t&eacute;rmino de <em>Las &oacute;rdenes</em> (2018) me recuerda otra de Bergman: &ldquo;A veces tengo fantas&iacute;as, me imagino matando a alguien&rdquo;. &iquest;Le ten&iacute;a presente?</p>
<p>-No, no [extra&ntilde;ada], pero el universo es el mismo. &iexcl;Otro que me ha influido sin saberlo! [estalla en risas].</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;He aprendido a lidiar con el dolor, pero hay ciertas cosas que no puedo ver&rdquo;</strong></p>
<p>-Los deseos de matar est&aacute;n por todas partes. Los ejemplos de violencia natural son innumerables.</p>
<p>-Es curioso, f&iacute;jese: antes le dec&iacute;a que era un coraz&oacute;n tendido al sol, me vino la imagen de la canci&oacute;n de V&iacute;ctor Manuel. Te vas dando una vaselina que te cubra. No s&eacute; si soy PAS -persona altamente sensible, ahora hay etiquetas para todo-. S&eacute; que he aprendido a lidiar con el dolor, pero hay ciertas cosas que no puedo ver. Mi sentido de la justicia muy bestia, utilizo ese adjetivo. Y se filtra en mis historias.</p>
<p>-&iquest;Sacan algo de usted que no le gusta?</p>
<p>-No, mi reacci&oacute;n no me asusta, pero asumo que tiene que ver con la ira. Los hechos son lo que no soporto. Mi impulso es ir a solucionar lo que me desagrada, el famoso desfacer entuertos. Ir a ayudar, a calmar. Me nacen ganas de extender las alas e intentar proteger a todo el mundo. Usted antes hablaba de la madre castradora, yo creo que lo habr&iacute;a sido. Habr&iacute;a sido mala madre, demasiado protectora, actitud que me repele. No actuar&iacute;a como hicieron conmigo. Llevar&iacute;a a los hijos en volandas para que no se cayeran. Se me hace dif&iacute;cil asumir que escribo tanto de violencia, me considero absolutamente pacifista.</p>
<p>-O sea, ha reflexionado sobre ello.</p>
<p>-Sobre todo, durante <em>Las iras</em>. Me dije: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; haces escribiendo esto?</p>
<p>-Igual por aquello de afrontar lo que le desagrada.</p>
<p>-Pues igual s&iacute;, para situarme ante el espejo de lo que no soporto.</p>
<p>-El &uacute;ltimo cuento es fuerte desde el t&iacute;tulo, que admite ser le&iacute;do con una sonrisa: &lsquo;Elle est belle, le monstre&rsquo;.</p>
<p>-Recuerdo estarlo escribiendo y sentir dolor.</p>
<p>-&iquest;Es de quienes sufre escribiendo?</p>
<p>-En absoluto, yo me divierto mucho. Pero en ese cuento, pensaba: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo est&aacute;s entrando aqu&iacute;?&rdquo;. Era como cuando ten&iacute;as una costra y empezabas rascarla hasta que te la quitabas y sal&iacute;a la sangre. A m&iacute; la sangre no me marea, pero me afecta&hellip; y segu&iacute;a y segu&iacute;a rascando.</p>
<p>-Esa necesidad de rascar la costra servir&iacute;a para definir la literatura, es pl&aacute;stica, kafkiana. Usted antes rech</p>
<p>azaba la idea de la herida, pero hemos llegado a ella.</p>
<p>-Algunas conversaciones son como una gruta por la que avanzas a tientas. Antes hubo un momento en que, mientras yo hablaba, le vi la cara y pens&eacute;: &ldquo;Ver&aacute;s c&oacute;mo me saca un ejemplo en el que digo lo contrario&rdquo; [r&iacute;e, y en esa desdramatizaci&oacute;n hay una inteligencia que celebra el pensamiento]. Pues s&iacute;, escribiendo <em>Las iras</em> me hice sangre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Aunque yo no sea violenta, debo afrontar la violencia como debo afrontar lo que no soporto&rdquo;</strong></p>
<p>-&iquest;La curiosidad alguna vez no es malsana?</p>
<p>-[vuelve a re&iacute;r] Si es grande, yo dir&iacute;a en este momento que no. La necesidad de explorar va m&aacute;s all&aacute; de cualquier temor o dolor puntual&hellip;</p>
<p>-Es su deber.</p>
<p>-Claro, ir m&aacute;s all&aacute;. Y, aunque yo no sea violenta, debo afrontar la violencia como debo afrontar lo que no soporto. &iquest;Deseos de matar? &iquest;Yo? Nunca.</p>
<p>-Ah&iacute; cabe la apelaci&oacute;n al fingidor. Usted se viste de exploradora al escribir.</p>
<p>-Y me interno en la selva cuando no soy capaz de matar ni a una hormiga. Cuando alguien dice: &ldquo;Mira, una ara&ntilde;a&rdquo;, y la mata, yo digo: &ldquo;&iquest;Pero qu&eacute; te ha hecho?&rdquo;. Es que ni carne como. Soy vegetariana.</p>
<p>-&iquest;En ese posicionamiento hay alguna relaci&oacute;n con el padre?</p>
<p>-Claro, &eacute;l era cazador. Pero cazador por necesidad: como le dije, naci&oacute; en el lado de los perdedores y se tuvo que buscar la vida. Mi padre me cont&oacute; &ndash;era una persona muy callada- que hab&iacute;a comido de todo. Y de todo era de todo. Porque mi padre pas&oacute; hambre. Entonces, cuando ven&iacute;a con las piezas y desollaba los conejos, y los troceaba delante de m&iacute;, y salpicaba de sangre los azulejos, despertaba un rechazo frontal en mi interior.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Que alguien da&ntilde;e a un ser indefenso -a un ni&ntilde;o, un anciano- me irrita tanto que desear&iacute;a convertirme en superhero&iacute;na&rdquo;</strong></p>
<p>-En alg&uacute;n poema est&aacute;.</p>
<p>-Y en alg&uacute;n texto narrativo. La adolescencia y la lucha contra la figura paterna. Pero lleg&oacute; la comprensi&oacute;n afortunadamente a tiempo, antes de que se me fuera. Supe ver por qu&eacute;, c&oacute;mo y en qu&eacute; situaci&oacute;n hab&iacute;a estado. Esa relaci&oacute;n con los animales -alimentarlos para matarlos y, por &uacute;ltimo, comerlos- a m&iacute; siempre me ha producido una lucha interna. No soporto que le hagan da&ntilde;o a los dem&aacute;s -y ah&iacute; meto a los animales-. Que alguien da&ntilde;e a un ser indefenso -a un ni&ntilde;o, un anciano- me irrita tanto que desear&iacute;a convertirme en superhero&iacute;na [r&iacute;e]. Entonces, bueno, esos casos que usted cita tienen que ver con la exploraci&oacute;n de lo que no soporto.</p>
<p>-Me ha hecho recordar un viaje a las hoces del Ebro, al norte de Burgos. En la barra de un bar estaban hablando de que, hasta una &eacute;poca casi contempor&aacute;nea, hasta hace nada, hab&iacute;a gente que cambiaba tarros de miel por ratas grandes muertas. Y un se&ntilde;or, tomando un vino, era de los que las cazaba. Se las dejaba a otro en un tablero clavadas por la cola con una chincheta.</p>
<p>-&iquest;Para com&eacute;rsela?</p>
<p>-Pues hombre&hellip;</p>
<p>-Y era una rata, no era un conejo.</p>
<p>-Era una rata. Estaban al lado y me met&iacute; en la conversaci&oacute;n: &ldquo;&iquest;Pero esto es verdad?&rdquo;, y terci&oacute; el camarero: &ldquo;As&iacute; ha sido siempre&rdquo;.</p>
<p>-No sab&iacute;a que pudiera estar la gente en esa situaci&oacute;n, pero me consta -y esto lo digo con 53 a&ntilde;os, pero durante mucho tiempo no quise o&iacute;r hablar del tema- que mi padre se vio en esas circunstancias. Mi madre s&iacute; disfrut&oacute; de una educaci&oacute;n formal, y tend&iacute; m&aacute;s a su forma de ver la vida.</p>
<p>-&ldquo;A mi padre, &eacute;l sabe por qu&eacute;&rdquo;, reza la dedicatoria de <em>De bestias y aves</em>.</p>
<p>-Rechazaba el fr&iacute;o, el hambre, la escasez&hellip; hasta que me di cuenta de que el cincuenta por ciento de mi sangre y de mi experiencia vital estaban absolutamente vinculadas a ese hombre. Y ese hombre hab&iacute;a hecho lo imposible por que yo estudiara ingl&eacute;s desde peque&ntilde;a, por que tuviera gafas, con lo caras que eran, y libros. Y me llev&oacute; a un buen colegio. Tambi&eacute;n de ah&iacute; quiz&aacute; me sale el relativismo, que entiendo como contemplar muchos lados, no uno s&oacute;lo.</p>
<p>Hace unos d&iacute;as, una persona resumi&oacute; delante de ella unos cuentos suyos y pens&oacute; &lsquo;qu&eacute; barbaridad&rsquo;. &ldquo;Los temas contados de manera fr&iacute;a, sin la envoltura literaria, son dur&iacute;simos. Me dio miedo pensar que yo hubiera escrito esas cosas. Pero es como el que tiene v&eacute;rtigo y se sube a lo alto de un acantilado&rdquo;.</p>
<p>-Respecto del dolor, que sali&oacute; antes, sostiene Gamoneda que puede producir placer dentro de la poes&iacute;a, ya que hablamos de belleza.</p>
<p>-&iquest;Usted conoce un poema de &eacute;l titulado &lsquo;Malos recuerdos&rsquo;?</p>
<p>-&iquest;En qu&eacute; libro est&aacute;?</p>
<p>-<em>Blues castellano</em>. Habla de c&oacute;mo unos amigos y &eacute;l, de peque&ntilde;os, cog&iacute;an a una perrilla y la ataban&hellip; l&eacute;alo. A ver, no s&eacute; lo que hay de autobiogr&aacute;fico.</p>
<p>-Tendr&aacute; que ver con la misi&oacute;n de atender la verdad.</p>
<p>-Cuenta adem&aacute;s que se qued&oacute; con el papel de fumar que una madre le mandaba a un soldado. Es un poema breve y monstruoso. Sobre todo, lo de la perrilla en el s&oacute;tano y c&oacute;mo, a pesar de todo, el animal segu&iacute;a a todos lados a los muchachos [el poema termina: &ldquo;Mi verg&uuml;enza es tan grande como mi cuerpo&rdquo;].</p>
<p>-Hay muchos perros en lo que usted escribe.</p>
<p>-Como elemento absoluto de fidelidad.</p>
<p>-Como contrapunto simb&oacute;lico, a veces.</p>
<p>-Totalmente. El perro a veces est&aacute; en el sitio que las personas desatienden. En <em>Las iras</em> las ni&ntilde;as se sienten traicionadas, no abrigadas, por quien tiene que quererlas -es el tema del que estamos hablando todo el rato- y los perros representan justo lo contrario. Y eso que dice Gamoneda es verdad: no puedes concebir la literatura como <em>el</em> <em>tema</em>. Lo que da belleza -e inter&eacute;s- es la forma. En ella, y no en otra parte, est&aacute;n la voz y el mundo del autor.</p>
<p>La forma elegante de Pilar Ad&oacute;n llega donde no alcanzan los hechos. &ldquo;Este peculiar estado de inquietud. / Mi manera de avivar la zozobra, / empe&ntilde;ada en seguir viviendo as&iacute;&rdquo;, <em>Atractivo carnal</em>. Asombrada. As&iacute; vive. Como escribe.</p>
<p class="LO-normal"><strong><br /></strong></p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 24 Nov 2025 05:41:03 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[ Alma y tristeza: el enigma de Antonio Machado]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/alma-y-tristeza-el-enigma-de-antonio-machado/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2025/ANTONIO_MACHADO_4.jpeg" alt="" /></p>
<p>Las fotograf&iacute;as y los dem&aacute;s testimonios hacen ver a un hombret&oacute;n grande y pesado, con anchas caderas, que seguramente se balanceaba al andar. Luego est&aacute;n la ceniza sobre las solapas, el cuello sucio de la camisa, los lamparones. Un d&iacute;a o&iacute; a Rafael Alberti contar (como si fuera suya) la an&eacute;cdota del huevo frito seco, pegado a un butac&oacute;n en una de las casas alquiladas por los Machado en Chamber&iacute;, que hab&iacute;a contado Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez. Alfredo Marquer&iacute;e, un antiguo cr&iacute;tico teatral, de joven lo trat&oacute; en Segovia; los chavales paseaban con &eacute;l hasta el r&iacute;o, el Eresma; de vuelta, hac&iacute;an escalas en las tabernas que encontraban por el camino. A Machado le gustaba el vino, a veces no manten&iacute;a del todo la vertical y llegaba algo aturdido a la pensi&oacute;n de la calle de los Desamparados. A pesar de las transformaciones, quien haya visitado esa casa habr&aacute; podido percibir un desamparo muy evocador del poeta: la habitaci&oacute;n fr&iacute;a, orientada al norte, que deb&iacute;a de tener atestada de papeles y libros en completo desorden; la cocina, oscura, l&uacute;gubre; los techos bajos, la humedad...</p>
<p>Quienes hemos sentido durante toda la vida la &iacute;ntima compa&ntilde;&iacute;a de Antonio Machado tenemos otra experiencia en com&uacute;n: la de haber arrostrado el denuesto que lo califica de poeta anticuado. Anticuado en el peor sentido: mohoso, rancio, viejo, como reflejan aquellas descripciones. Todo lo contrario que Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez; el propio Juan Ram&oacute;n se situ&oacute; frente a &eacute;l como ep&iacute;tome del artista moderno, de aspecto pulido. Y luego los famosos poetas del 27, quiz&aacute; con la excepci&oacute;n de Bergam&iacute;n y a ratos de Cernuda, siguieron aprovechando las diferencias entre los dos.</p>
<p>En realidad, no se trataba &mdash;y no se trata ahora&mdash; de ninguna cuesti&oacute;n higi&eacute;nica o indumentaria, no principalmente. Machado deploraba todo lo mec&aacute;nico, y la sociedad y el lenguaje modernos, convertidos en mecanismos de pulcras apariencias, fueron sus permanentes caballos de batalla. Todo eso pertenec&iacute;a al &laquo;reino de las sombras&raquo;, como llam&oacute; en una frase de <em>Los complementarios</em> a la pol&iacute;tica nacional, en la que iban envueltos el &laquo;pensamiento-&oacute;mnibus&raquo;, que dec&iacute;a Mairena, y todos los esl&oacute;ganes que rodaban por los peri&oacute;dicos. En definitiva, lo social, a lo que &eacute;l respond&iacute;a con su flagrante desali&ntilde;o.</p>
<p>Claro que su fama tambi&eacute;n pas&oacute; por tiempos de enaltecimiento tan oficial que daba apuro declararse machadiano. Hubo un Machado para falangistas, un Machado para comunistas y siempre hay otro a mano para quienes consideran el m&aacute;s grande de los elogios el de poeta civil, que seg&uacute;n se entienda viene a ser su perfecto contrario. En gran medida, todos son cosa del pasado. Hoy su nombre est&aacute; institucionalizado a un nivel, digamos, tur&iacute;stico, pero al mismo tiempo los significados de su obra quiz&aacute; sean ya incomprensibles para la mayor&iacute;a. El mayor delito en nuestro socializado y mecanizado mundo cultural &mdash;el de lesa actualidad&mdash; se mantiene sobre &eacute;l. Y se mantendr&aacute; siempre, porque AM no fue actual ni en su tiempo, salvados los episodios juveniles. <em>Su </em>tiempo no era <em>el</em> Tiempo, m&eacute;dula y clave de su pensamiento y su poes&iacute;a. Y este nada ten&iacute;a que ver con la grosera modalidad del tiempo &uacute;nicamente vigente hoy, en la que, resumiendo, el antes es entendido como obsolescencia y el ahora como innovaci&oacute;n (o, como dice la superstici&oacute;n continuamente invocada por los pol&iacute;ticos: &laquo;retroceder o avanzar&raquo;). El propio poeta estableci&oacute; su distancia con este tiempo instituido en el famoso &laquo;Poema de un d&iacute;a&raquo;: &laquo;Pero &iquest;tu hora es la m&iacute;a? / &iquest;Tu tiempo, reloj, el m&iacute;o?&raquo;.</p>
<p>Sobre el reproche de la decrepitud externa de Antonio Machado sobrevuelan otros, por ejemplo y al nivel m&aacute;s superficial, los estil&iacute;sticos: su apego a la m&uacute;sica decimon&oacute;nica, a la cuerda sentimental, al subjetivismo rom&aacute;ntico, sus paisajes a la manera de Aureliano de Beruete, etc. Pero m&aacute;s arriba, por encima de todo eso, unas alas negras planean sobre las cuestiones verdaderamente decisivas, que no tienen ya que ver con la est&eacute;tica, personal o literaria, sino con la imaginaci&oacute;n. Con los aspectos constitutivos de su imaginaci&oacute;n, tal como cristalizan en su poes&iacute;a y su pensamiento y los convierten en profundamente inactuales. La imaginaci&oacute;n de Antonio Machado estaba habitada por el alma, la muerte y la resurrecci&oacute;n, y los tres objetos o figuras (por decirlo as&iacute;) desprenden hoy las turbias emanaciones de una sesi&oacute;n de ocultismo o de encuentros con ectoplasmas. Son repudiados por el <em>zeitgeist</em>. Las tres figuras, sin embargo, hablan de la unidad de todas las cosas, de su vislumbre fugaz, de su anhelo y del dolor por su p&eacute;rdida. Una unidad abandonada, y en realidad proscrita, hace mucho tiempo.</p>
<p>Tras la derogaci&oacute;n de la metaf&iacute;sica, las preocupaciones modernas acerca del alma, tipo De la Mettrie y dem&aacute;s ilustrados, consistieron en buscarle un asiento fisiol&oacute;gico, por sutil que este fuera. La realidad s&oacute;lo ten&iacute;a ya una verdad material, <em>res extensa</em>. La primitiva psicolog&iacute;a del siglo XIX quiso encontrar el alma en el cerebro. Proliferaron las ciencias de lo mental, como se llamaban entonces. En un intento de rescatar su antiguo prestigio, un poeta contempor&aacute;neo nuestro como Gabriel Ferrater se refiri&oacute; al alma diciendo: &laquo;Lo que los iletrados llaman psicolog&iacute;a&raquo;. Pero se trataba de los letrados, precisamente. Kant mismo, a quien Machado consideraba fundador del nuevo pensamiento, fue considerado un psic&oacute;logo. Y tambi&eacute;n Hegel entend&iacute;a el alma como objeto de la nueva ciencia psicol&oacute;gica (o parapsicol&oacute;gica, quiz&aacute;). Hoy, la palabra &laquo;alma&raquo; despide ese tufo a espiritismo. Pues bien, el tablado m&aacute;s caracter&iacute;stico del primer Antonio Machado, el de <em>Soledades</em>, es inseparable de aquella imaginer&iacute;a: los &laquo;mirtos talares&raquo;, la &laquo;veste blanca y pura&raquo;, las &laquo;t&uacute;nicas que pasan&hellip;&raquo;. Es conocido su aprecio &mdash;como el de Rub&eacute;n, Unamuno, Juan Ram&oacute;n o Villaespesa&hellip;&mdash; por Edgar Allan Poe; para todos ellos Poe era la fuente manantial de la poes&iacute;a moderna y de la suya propia. El aldabonazo sobrecogedor en &laquo;<em>The Raven</em>&raquo; fue remedado por Machado en varias ocasiones, y un poema de <em>Soledades</em>, luego descartado, llevaba justamente ese t&iacute;tulo, &laquo;<em>Nevermore</em>&raquo;.</p>
<p>La muerte. Como se sabe, Antonio Machado hab&iacute;a nacido en una familia en la que confluyeron dos ramas muy distintas. Por un lado, estaba el reguero que representaba el abuelo darwinista, progresista y krausista Antonio Machado N&uacute;&ntilde;ez, rector de la universidad sevillana y sost&eacute;n de la familia mientras vivi&oacute;. Por el otro, le llegaba el hilo de la tradici&oacute;n popular, el encantamiento an&oacute;nimo, el misterio <em>oriental</em> de una sabidur&iacute;a no escrita. Su abuela, Cipriana &Aacute;lvarez Dur&aacute;n (sobrina de Agust&iacute;n Dur&aacute;n, el recopilador del <em>Romancero General</em>) fue un archivo andante de coplas y cuentos antiguos. Siguiendo ese hilo, el padre, Antonio Machado &Aacute;lvarez, entreg&oacute; su vida al estudio y la difusi&oacute;n del <em>folk-lore</em>, y para eso se traslad&oacute; con su familia a Madrid. Pero era un iluso; no hizo carrera acad&eacute;mica, daba clases por las que no le pagaban. Cuando muri&oacute;, tres a&ntilde;os antes que el abuelo, Antonio Machado ten&iacute;a dieciocho a&ntilde;os y la penuria ambulante que vivi&oacute; la familia tras esas muertes lo marc&oacute; para siempre. Todo lo que ocurr&iacute;a en el tiempo era, pues, irreversible. Todo estaba condenado a la desaparici&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; hab&iacute;a sido de aquel otro <em>Tiempo </em>en el que los individuos viv&iacute;an con la promesa de derrotar a la muerte y los pueblos en la espera compartida de esa victoria?</p>
<p>Mucho despu&eacute;s, en una coplilla de las &laquo;Canciones a Guiomar&raquo;, acu&ntilde;&oacute; uno de sus <em>dicta </em>m&aacute;s c&eacute;lebres: &laquo;Se canta lo que se pierde&raquo;. Sin embargo, Machado no se refer&iacute;a simplemente a lo que va quedando atr&aacute;s al paso de los d&iacute;as, en la cuneta del tiempo cronol&oacute;gico. La &laquo;p&eacute;rdida&raquo; de Machado tiene poco que ver con la <em>st&eacute;resis</em> de la que habla Arist&oacute;teles en la <em>F&iacute;sica</em>, en la <em>Metaf&iacute;sica</em> y en el tratado <em>Acerca del alma</em> (aunque con significados distintos). Cuando el Fil&oacute;sofo estudia la mec&aacute;nica del movimiento &mdash;que es la del tiempo sucesivo, el &laquo;tiempo vac&iacute;o&raquo; del &laquo;Poema de un d&iacute;a&raquo;&mdash; observa que en todo cambio natural hay algo que subsiste y algo que, en efecto, se pierde en el paso del antes al despu&eacute;s. Pero la congoja por lo perdido no obedec&iacute;a para Machado a ninguna l&oacute;gica parecida; la &laquo;vieja angustia&raquo; le era conocida desde mucho antes, desde ni&ntilde;o: &laquo;&mdash;S&iacute;, yo era un ni&ntilde;o, y t&uacute;, mi compa&ntilde;era&raquo;, dice (<em>Soledades, galer&iacute;as y otros poemas</em>, LXXVII). Esa angustia parec&iacute;a haber nacido al mismo tiempo que su conciencia despertaba al mundo, como una hermana gemela, dejando atr&aacute;s, en un para&iacute;so olvidado, en un antes-del-tiempo, todo lo feliz, lo m&aacute;s sagrado: la unidad de &laquo;la vida buena&raquo;, anterior a las particiones y contradicciones del pensamiento.</p>
<p>Sin embargo, como el intelectual que era, Antonio Machado no pod&iacute;a pensar aquella zozobra sino figur&aacute;ndose un antagonismo entre lo que permanece y lo que pasa, lo negativo y lo afirmativo: la raz&oacute;n y su sombra. En su &laquo;guerra de las entra&ntilde;as&raquo; (&laquo;Proverbios y cantares&raquo;, XIII) las certezas racionales batallaban con la esperanza que contra toda evidencia &mdash;<em>in spe contra spem</em>&mdash; alumbra en el coraz&oacute;n. Principalmente, la del resurgimiento de todo. Sus versos invocaron frecuentemente su fraternidad con la primavera. En ella la resurrecci&oacute;n abandonaba el mundo de las ideas y alcanzaba la realidad de las cosas. En <em>Espa&ntilde;oles de tres mundos</em> Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez (quiz&aacute; con una media sonrisa) llam&oacute; a Machado &laquo;due&ntilde;o del secreto de la resurrecci&oacute;n&raquo;; pero de ese sue&ntilde;o hoy no queda &mdash;social, institucional, culturalmente&mdash; sino el vestigio arqueol&oacute;gico de una creencia archivada.</p>
<p>Seg&uacute;n la circunstancia, el esquema de opuestos tom&oacute; otros nombres: el subjetivismo de su primera poes&iacute;a frente al realismo de <em>Campos de Castilla</em>; su indecisa afiliaci&oacute;n entre cl&aacute;sicos o rom&aacute;nticos; su propio autorretrato, dubitativo entre el &laquo;guitarrista lun&aacute;tico, poeta&raquo; y el caviloso &laquo;aficionado&raquo; a la filosof&iacute;a que le dijo ser a Federico de On&iacute;s... Envolvi&eacute;ndolos a todos estaba el sue&ntilde;o de la unidad perdida, aunque permanentemente intuida y anhelada por los poetas y los fil&oacute;sofos anticuados. (As&iacute; que no es de extra&ntilde;ar el desd&eacute;n de Ortega por el Machado fil&oacute;sofo y sus elucubraciones rom&aacute;nticas y sentimentales &mdash;lo que sin duda eran&mdash;; por el contrario, la moderna y mundana prosa de Ortega lleva, para entendernos, un clavel en la solapa).</p>
<p>Hubiera sido raro que en casa de los Machado no flotaran citas, frases, ecos de aquella dial&eacute;ctica de los opuestos, heredada sin duda de la filosof&iacute;a alemana que, m&aacute;s o menos degradada, hab&iacute;a entrado por la puerta del brazo del krausismo. En el pr&oacute;logo a una oscura <em>Historia sobre la evoluci&oacute;n del sentido de los colores</em> que encontr&eacute; por casualidad, obra de un profesor de Breslau, el folclorista Antonio Machado &Aacute;lvarez distingu&iacute;a en 1884 entre la explicaci&oacute;n intelectual de los sentimientos y la comprensi&oacute;n <em>natural</em> que s&oacute;lo &laquo;el ni&ntilde;o y el salvaje&raquo;, dec&iacute;a, pueden tener de las sensaciones. As&iacute; que tambi&eacute;n Machado padre persegu&iacute;a una armon&iacute;a de la ciencia y el romanticismo. Casi exacto contempor&aacute;neo de Hegel, Karl Christian Friedrich Krause (divulgado en Espa&ntilde;a por el soriano Juli&aacute;n Sanz del R&iacute;o, a quien Machado elogi&oacute;) recibi&oacute; las lecciones de Schelling y de Fichte en Jena, y fue una especie de campe&oacute;n del <em>armonismo</em>. En fin, todos buscaban el modo de coser el desgarro que Kant hab&iacute;a producido entre la subjetividad de nuestras sensaciones y la objetividad del mundo. El propio <em>sistema </em>de Hegel (traducido, por cierto, aunque del franc&eacute;s, por los Giner, Hermenegildo y Francisco) significa un duelo por la unidad perdida y un esfuerzo por recobrarla de otra manera. El Kant del &laquo;volat&iacute;n inmortal&raquo; hab&iacute;a hecho nacer a un nuevo individuo independiente y libre frente a las convicciones o usos arrastrados por la tradici&oacute;n; al menos en la mitad de sus entra&ntilde;as Antonio Machado era ese individuo. En la otra mitad, su propia autoconsciencia advert&iacute;a dial&eacute;cticamente de lo negativo que esa misma libertad comportaba: su ganancia significaba la p&eacute;rdida, a manos de los nuevos intelectos especializados, de la dimensi&oacute;n pre reflexiva que se encarnaba en la sabidur&iacute;a popular; la de la gracia de la poes&iacute;a a manos del lenguaje silog&iacute;stico; la de la comuni&oacute;n de los corazones a manos de la aritm&eacute;tica social.</p>
<p>No obstante, la restituci&oacute;n o resurrecci&oacute;n de la unidad perdida &mdash;pensemos con Machado&mdash; no se producir&aacute; como regreso a ning&uacute;n pasado. Cualquier idea de restauraci&oacute;n es un fraude. El hondo y conmovedor &mdash;aunque abstracto&mdash; poeta de <em>Soledades</em> hab&iacute;a identificado el alma con el desv&aacute;n de los trastos: &laquo;&iexcl;Cosas de ayer que sois el alma&hellip;!&raquo; (<em>Soledades</em>, LXI). Y esa alma se parec&iacute;a mucho al &laquo;alma bella&raquo; de los rom&aacute;nticos, retra&iacute;da y est&eacute;ril, cuya pasividad puso en evidencia Goethe en sus <em>Confesiones..</em>. Machado achac&oacute; siempre al polvoriento laberinto de sus galer&iacute;as la culpa de no haber vivido la juventud que le hubiera correspondido; all&iacute; s&oacute;lo hab&iacute;a fantasmas, &laquo;despojos del recuerdo, / la carga bruta que el recuerdo lleva&raquo;, como dice en otro poema crucial. M&aacute;s tarde, para el poeta de <em>Campos de Castilla</em> el alma hab&iacute;a cambiado de emplazamiento: ya no duerme en ning&uacute;n ayer, ahora habr&aacute; de ser un trabajo de futuro, una <em>obra</em>, en definitiva, construida a la luz del d&iacute;a con &laquo;labores y esperanzas&raquo;, como dir&aacute; en el poema a Giner.</p>
<p>En cuanto al pueblo&hellip; La ciudadan&iacute;a de la democracia, compuesta de meros individuos agregados, tiene en el pueblo su contraparte. En el art&iacute;culo &laquo;Sobre una l&iacute;rica comunista que pudiera venir de Rusia&raquo;, Machado habl&oacute; de la &laquo;m&oacute;nada fraterna&raquo; para referirse a la comuni&oacute;n de los pr&oacute;jimos. <em>Rusia</em> era entonces un talism&aacute;n, rodeado, adem&aacute;s, por un halo m&iacute;stico. Al escribir sobre la idea de <em>Pueblo</em> en la obra de Gorki, un poeta coet&aacute;neo de Machado, Alexander Blok, mantuvo frente a Lunacharsky y los socialdem&oacute;cratas que Gorki no estaba guiado por ninguna idea pol&iacute;tica de la &laquo;inteligencia contempor&aacute;nea&raquo;, sino por el &laquo;Dios vivo&raquo;. Gorki no hablaba, pues, desde una &laquo;sociedad cultural&raquo;, ni desde ninguna otra en la que un individuo fuera considerado, dec&iacute;a Blok, el &laquo;elemento constitutivo de un conjunto&raquo;. Como el propio Antonio Machado y como Juan de Mairena, el poeta ruso pens&oacute; que al pueblo y a la <em>Intelligentsia</em> los separaba un abismo: a este lado, las construcciones abstractas; all&aacute;, en la otra orilla, las canciones antiguas, las epopeyas cantadas por quienes no saben leer y la media sonrisa burlona de los campesinos que guardan su secreto.</p>
<p>Cuando yo era ni&ntilde;o, los versos de Machado pertenec&iacute;an en Soria a los h&aacute;bitos del lenguaje com&uacute;n, con el mismo arraigo inconsciente de una costumbre heredada en familia. Circulaban sin que nadie reparase en que se trataba con ellos de una construcci&oacute;n est&eacute;tica, un artificio, una invenci&oacute;n. Los ritmos de vida consustanciales a los poemas eran tomados por datos de la realidad. La tierra misma &mdash;el r&iacute;o, las sierras&hellip;&mdash; parec&iacute;a haber tomado en ellos su imagen exacta por irradiaci&oacute;n natural. Soria era <em>as&iacute;</em>. El propio Machado dijo sentirse m&aacute;s inclinado a la naturaleza que al arte, pero esto s&oacute;lo en parte es verdad, en la parte de un cierto sentido filos&oacute;fico que le era familiar. Machado era alguien completamente urbano que gustaba de pasear por las afueras por escapar un rato del contacto con los hombres, pero ah&iacute; acaba todo (ah&iacute; y en el gusto institucionista por las excursiones a la sierra). En realidad, todo era invenci&oacute;n para &eacute;l, y todo lo que amaba, la naturaleza, el pueblo, su Dios mismo &mdash;&laquo;el Dios que se lleva y <em>que se hace</em>&raquo;, como dice en el elogio a Azor&iacute;n&mdash; hab&iacute;a de pasar por un trabajo de la conciencia para recobrar su verdad. Deb&iacute;a ser <em>hecho</em>. El Dios de su famosa saeta no pod&iacute;a ser ya el de &laquo;la fe de mis mayores&raquo;, ese Cristo sanguinoliento sacrificado por la tiran&iacute;a de Jehov&aacute;. El suyo era &laquo;el que anduvo en el mar&raquo;, un Jes&uacute;s del amor, &uacute;nicamente accesible, como el de Hegel, tras un Viernes Santo especulativo, es decir, filos&oacute;fico. Una creaci&oacute;n. Y el paisaje, lo mismo; contra la candidez de mi peque&ntilde;a ciudad infantil, ning&uacute;n paisaje de Machado est&aacute; <em>ah&iacute;</em>, en la realidad, en la naturaleza. Ninguno <em>existe</em>.</p>
<p>De hecho, tanto la idea de <em>Dios </em>como la de <em>Naturaleza</em> hab&iacute;an sido para la incansable filosof&iacute;a idealista puertos de llegada tras un trabajoso proceso reflexivo. Creaciones. Al empirismo material, orgullo de la primera modernidad, sigui&oacute; una reacci&oacute;n espiritualista y casi m&iacute;stica &mdash;la de Schelling, por ejemplo&mdash; en busca de un nuevo absoluto conciliador en el que la unidad quedara recompuesta. Como se&ntilde;al&oacute; Terry Pinkard, el gran bi&oacute;grafo de Hegel, as&iacute; fue como junto al aspecto puramente biol&oacute;gico de la naturaleza, fue reconocido otro aspecto en alguna medida auto sensible a su propia actividad, capaz, por tanto, de interioridad y sentimiento.</p>
<p>Capaz, por ejemplo, de tristeza. Entre los versos que me han acompa&ntilde;ado siempre hay uno para m&iacute; especialmente enigm&aacute;tico. Ha sido el est&iacute;mulo principal de estas notas. En el romance &laquo;La tierra de Alvargonz&aacute;lez&raquo;, en <em>Campos de Castilla</em>, las tierras de Soria son tristes y pobres. Pero esa tristeza no es naturalista o realista, ni una mera transferencia del interior del poeta. Los versos dicen: &laquo;Tan tristes que tienen alma&raquo;. &iquest;Por qu&eacute;? &iquest;Es el alma una especie de colmo de la tristeza? (Unamuno lo saca a colaci&oacute;n en <em>Del sentimiento tr&aacute;gico de la vida</em>, un poco como quien ha le&iacute;do lo que ha querido leer y angustiado por la desaparici&oacute;n de lo individual en la onda gen&eacute;rica de la vida). Pero la pregunta puede ser planteada de otra manera: &iquest;Es posible que una realidad f&iacute;sica haya alcanzado la condici&oacute;n de idea inmortal, la de una esencia, dir&iacute;amos que a fuerza de tristeza? O, a la inversa, &iquest;es posible que la verdad m&aacute;s honda (para decirlo en su idioma) se haya encarnado &mdash;como &laquo;el Dios vivo&raquo;&mdash; en algo existente?</p>
<p>&laquo;De Plat&oacute;n no se r&iacute;en m&aacute;s que los se&ntilde;oritos&raquo;, dice el escritor de <em>Juan de Mairena</em> en una frase maravillosa. La familiaridad plat&oacute;nica de Antonio Machado no est&aacute; entre sus ex&eacute;gesis m&aacute;s habituales (y eso que leer a Plat&oacute;n en griego fue uno de sus deseos incumplidos). Pero &mdash;volvamos a pensar con &eacute;l&mdash; el alma, dormida entre las sombras, despierta de su sue&ntilde;o racional. Despierta, precisamente, de la vigilia, del tiempo hist&oacute;rico, del olvido que significan nuestra ciencia y nuestra pol&iacute;tica, nuestra cultura y nuestras comunicaciones sociales. Entonces, el alma recuerda (&laquo;Entre los poetas m&iacute;os / tiene Manrique un altar&raquo; [<em>Soledades, galer&iacute;as y otros poemas</em>, LVIII]). Y entonces la conjetura, plenamente plat&oacute;nica, de Abel Mart&iacute;n se cumple: &laquo;Si un grano del pensar arder pudiera / no en el amante, en el amor, ser&iacute;a / la m&aacute;s honda verdad lo que se viera&raquo;. Por cierto que Marcel Proust, otro coet&aacute;neo, en el tercer tomo de la <em>Recherche</em> evocaba de manera muy parecida la salida de un sue&ntilde;o &laquo;La gran modificaci&oacute;n que el despertar nos trae no es tanto el introducirnos en la vida clara de la consciencia como el hacernos perder el recuerdo de la luz un poco m&aacute;s tamizada en que reposaba nuestra inteligencia como en el fondo opalino de las aguas&raquo;.</p>
<p>Todo esto no quiere decir en absoluto que los versos del mayor poeta de nuestra lengua encuentren en la filosof&iacute;a, dial&eacute;ctica o plat&oacute;nica, algo as&iacute; como su justificaci&oacute;n, y su explicaci&oacute;n mucho menos. Pero sin el estremecimiento de pensar y de sentir lo pensado, nada hubiera ardido. La suprema emoci&oacute;n de su poes&iacute;a culmin&oacute; a mi juicio en versos que, sin embargo, no dicen nada, que no explican nada, que se limitan a nombrar: &laquo;&iexcl;pinos del amanecer / entre Almaz&aacute;n y Quintana!&raquo;. El pensamiento aparece en ellos elidido; por decirlo as&iacute;, ha muerto la flor para que brote el fruto. El r&iacute;o de la reflexi&oacute;n ha sido atravesado. En un hermoso poema titulado &laquo;Ecos&raquo;, Manuel Machado preguntaba: &laquo;&iexcl;Chopos del camino blanco, &aacute;lamos de la ribera! / (&hellip;) / De estas palabras sencillas / &iquest;qu&eacute; puso Antonio en las letras?&raquo;. Sin adverbios, sin adjetivos, sin que la sintaxis obligue a significar algo m&aacute;s, sin obediencia a cadena argumental alguna, ahora la conciencia se asombra de encontrarse, inconcebiblemente, ante realidades esenciales, eternas, sin circunstancia de tiempo o lugar. Nada de lo que ve est&aacute; <em>ah&iacute; </em>&mdash;como dir&iacute;a Heiddeger, &laquo;ah&iacute; a mano&raquo;&mdash;. Los versos de Machado no <em>representan </em>ning&uacute;n paisaje real. Tampoco los dedicados a la amada muerta se refieren a la historia de su vida &mdash;los hay anteriores a que el hecho real sucediera. Todo est&aacute;, y quiz&aacute; estuvo siempre, lejos: <em>en el alma</em>, que es &laquo;distancia&raquo; y &laquo;ausencia&raquo;, como dice en &laquo;Los sue&ntilde;os dialogados&raquo;. Ese r&iacute;o, esos cerros, ya no pertenecen &mdash;como cre&iacute;amos, orgullosos e ingenuos, en la vieja ciudad de mi infancia&mdash; a ninguna geograf&iacute;a particular. Atestiguan del alma de todas las cosas.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 24 Nov 2025 05:15:38 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rosa Montero, o el arte de narrar]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/rosa-montero-o-el-arte-de-narrar/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2025/ROSA_MONTERO_10.jpg" alt="" /></p>
<p>La voz de Rosa Montero es reconocible entre en mill&oacute;n; su trayectoria, &uacute;nica; y su obra, inmensa, de una calidad y audacia dif&iacute;ciles de comparar con la de ning&uacute;n otro escritor. Desde Turia, hemos querido indagar en lo insigne de su literatura, rindiendo homenaje a la obra monterina con un monogr&aacute;fico que se acerque a sus or&iacute;genes y a lo que la define, a la esencia de sus libros, y tambi&eacute;n a lo que queda en los m&aacute;rgenes.</p>
<p>La autora ha recibido multitud de reconocimientos y premios tanto por su labor period&iacute;stica como literaria. Sin ir m&aacute;s lejos, ha sido Premio Nacional de ambos, de Periodismo en 1980 y de las Letras en 2017. Por la totalidad de su obra literaria ha sido galardonada, entre otros, con el Premio Glauka de la Biblioteca de Cuenca en 2002; en 2014 con el Premio Don Luis a la Excelencia literaria de La Rioja, y dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, en 2016, por su novela negra, con el VII Premio José Luis Sampedro de Getafe Negro y el Premio de honor del Festival Panam&aacute; Negro, este &uacute;ltimo en 2020. Es Miembro de Honor de la Universidad de M&aacute;laga. 2019 fue un gran a&ntilde;o en el que recibi&oacute; el Premio Internacional de Periodismo Ciudad de C&aacute;ceres, adem&aacute;s del Premi Llig Picanya, el Premio Ciudad de Alcal&aacute; de las Artes y las Letras, y el Premio Leyenda. Al a&ntilde;o siguiente, en 2020 fue galardonada con el Premio Viajera en el Tiempo, el Premio a la solidaridad Juan Antonio Gonz&aacute;lez Caraballo y el Premio CEDRO.</p>
<p>En 2022 obtuvo ese gran honor que es la Medalla de Oro del C&iacute;rculo de Bellas Artes, el Premio Iberoamericano ASICOM-Universidad de Oviedo y el Premio Festival E&ntilde;e, as&iacute; como el Premio Especial en los XXXIII Premios &lsquo;El Ojo Cr&iacute;tico&rsquo; de RNE y, en 2023, el Premio FILEM de M&eacute;xico. <strong></strong></p>
<p>Su alcance internacional se ve reflejado en varios homenajes que se suceden en diferentes pa&iacute;ses del mundo; en 2010 la Universidad de Puerto Rico la nombr&oacute; Doctora Honoris Causa, y en 2011 la ciudad de Buenos Aires le otorg&oacute; el t&iacute;tulo de Hu&eacute;sped de Honor. En 2012 recibi&oacute; el Premio de la AFDE (Association pour la Difussion de l&rsquo;Espagnol en France) por la difusi&oacute;n de su obra en la ense&ntilde;anza del espa&ntilde;ol en Francia. En 2018 fue nombrada Profesora Honoraria del Departamento Acad&eacute;mico de Humanidades de la Pontificia Universidad Cat&oacute;lica de Per&uacute;.</p>
<p>Como periodista, Rosa Montero lo ha hecho todo y en todo ha sido referente; su inconfundible estilo para hacer entrevistas ha pasado, sin duda, a formar parte de la historia del periodismo. En 2019, Debate recogi&oacute; una selecci&oacute;n en <em>El arte de la entrevista</em>. <em>Cuarenta a&ntilde;os de preguntas y respuestas</em>. Esa manera tan propia de entrevistar, que con tanta maestr&iacute;a combina una exhaustiva labor investigadora con un &ldquo;viaje al otro&rdquo;, como ha explicado la propia autora, le ha valido el reconocimiento de toda una disciplina, y hoy su estilo es parte del <em>curriculum</em> de la Facultad de Periodismo. Tambi&eacute;n en 2019, se le reconoci&oacute; su labor period&iacute;stica creando el aula Rosa Montero en la facultad de Periodismo de la universidad Miguel Hern&aacute;ndez de Elche (Alicante). Ha sido adem&aacute;s una rigurosa cronista y reportera durante un tiempo clave para nuestro pa&iacute;s. Hoy podemos leer algunos de esos reportajes en <em>Cuentos verdaderos</em>, la recopilaci&oacute;n que Alfaguara public&oacute; en 2024, y donde vemos a Montero llevar a Espa&ntilde;a de la mano mientras cruza los escabrosos a&ntilde;os de la Transici&oacute;n. Como columnista es ahora mismo la voz m&aacute;s establecida y con mayor trayectoria, el motivo por el que muchos lectores empezamos leyendo <em>El Pa&iacute;s Semanal</em> por el final, para descubrir, antes que nada, su &ldquo;Manera de vivir&rdquo; de la semana. En 2014, esta labor de entrar en nuestras casas y ayudarnos a entender un poco mejor el mundo y a nosotros mismos fue reconocida con el Premio Internacional de Columnistas del Mundo. Su carrera a toda una vida de periodismo fue premiada tambi&eacute;n, hace ya veinte a&ntilde;os, en 2005, por la Asociaci&oacute;n de la Prensa de Madrid. En 2017 recibi&oacute; el Premio a la Trayectoria Profesional, concedido por el Club Internacional de Prensa, adem&aacute;s del Premio Internacional de Periodismo Manuel Alc&aacute;ntara, otorgado por la Universidad de M&aacute;laga. M&aacute;s recientemente, en 2024, <em>El Espa&ntilde;ol</em> le concedi&oacute; el Premio Maga de Magas por toda una Trayectoria Profesional.</p>
<p>Si como reportera ha escrito una buena parte de la historia de Espa&ntilde;a y de algunos de sus episodios y personajes principales, como novelista ha agitado a&uacute;n m&aacute;s tanto los s&oacute;lidos moldes literarios como los corazones de sus lectores.</p>
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<p><strong>Los dos lados de la balanza literaria</strong></p>
<p>Este monogr&aacute;fico se publica a solo cuatro a&ntilde;os de que se cumpla el 50 aniversario de su primera novela y, en las &uacute;ltimas cuatro d&eacute;cadas (largas), Montero ha alcanzado un &eacute;xito de ventas y una popularidad incontestables sin que en ning&uacute;n caso dicho triunfo entre el p&uacute;blico haya comprometido ni su ambici&oacute;n literaria ni la sofisticaci&oacute;n de su prosa. Y esta es una premisa que tambi&eacute;n funciona al rev&eacute;s, es decir, que ha cultivado una voz, ha cuidado una forma y se ha superado a s&iacute; misma en lo que respecta a la calidad literaria de su propia escritura sin dejar nunca de escribir libros que resuenen con millones de personas.</p>
<p>Conseguir semejante proeza al nivel de Montero no es poco, y de hecho es mucho, porque con este hito en el que se ha convertido, nuestra autora desbanca una de esas creencias anticuadas cuyo eco a&uacute;n sigue resonando, a saber, la idea de que la calidad de la literatura est&aacute; re&ntilde;ida con el hecho de que dicha literatura sea, adem&aacute;s, una historia adictiva, de trama trepidante, con el poder de secuestrar la mente del lector.</p>
<p>Montero nunca se ha situado en ninguno de los dos lados de la balanza que siempre nos han contado que existe. En esa balanza hay un extremo en el que se coloca la ambici&oacute;n literaria, la que consigue romper c&aacute;nones, estirar los moldes, dar un paso m&aacute;s all&aacute; en nuestra concepci&oacute;n de novela y crear un texto original, rompedor y de alta calidad; en el otro, se encuentra la obra que cuenta con el mayor n&uacute;mero de lectores, la que trata temas que interesan a gran parte de la poblaci&oacute;n, una obra accesible y que, en suma, se vende mucho. Es cierto que esos dos lados existen, pero &iquest;no es la buena literatura justo la que es capaz de encontrar el equilibrio entre ambos? Eso es lo que Rosa Montero lleva haciendo d&eacute;cadas: equilibrismo de altura, sin caerse y sin caminar c&oacute;modamente hacia ninguno de sus extremos (y, si lo quisiera, ser&iacute;a capaz de instalarse en cualquiera de ellos).</p>
<p>Debemos a&ntilde;adir, adem&aacute;s, que la autora contin&uacute;a escribiendo. Nos cuenta que ya tiene en mente sus siguientes proyectos, es decir, sus pr&oacute;ximos libros. As&iacute; que, mientras la contamos, esta historia a&uacute;n est&aacute; ocurriendo; Montero no dejar&aacute; de hacer, en sus palabras, &ldquo;lo que le calienta m&aacute;s el coraz&oacute;n&rdquo; y, para ella, la escritura de ficci&oacute;n es la mejor manera de luchar contra esa losa de hielo que puede cernerse sobre el ser humano.</p>
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<p><strong>Una cualidad triple</strong></p>
<p>Desde finales de los setenta, la obra de Montero ha estado tejiendo con palabras el desbarajuste de pensamientos que son nuestros cerebros, cont&aacute;ndonos historias en las que entramos como si fu&eacute;ramos Alicia en la madriguera, sin preguntarnos c&oacute;mo volver o qu&eacute; ocurrir&aacute; al salir, y lo hace con una prosa que se eleva por encima de la mundanidad y que es, a la vez, un b&aacute;lsamo curativo.</p>
<p>Llegar a ese nivel, adem&aacute;s de talento, inteligencia, un pensamiento original, lecturas, trabajo y un largo etc&eacute;tera, requiere una extra&ntilde;a cualidad triple que no abunda, pero que ella posee a raudales. Aqu&iacute; va un intento de desgajar esta suerte de f&oacute;rmula m&aacute;gica monterina: nuestra autora tiene una curiosidad genuina e inmensa por los otros, y esta se combina con un af&aacute;n de superaci&oacute;n literaria constante que existe, a su vez, junto a una confianza inquebrantable en la mejor versi&oacute;n del ser humano. &iquest;El resultado? La prodigiosa p&oacute;cima que es la buena literatura cuando a la vez que nos emborracha, nos hace m&aacute;s sabios.</p>
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<p><strong>La falta de miedo </strong></p>
<p>En ingl&eacute;s existe el t&eacute;rmino <em>fearlessness</em>; un sustantivo que hace referencia al estado de no tener miedo. <em>Fear</em>, que significa miedo, precede a dos sufijos: <em>-less</em>, que niega lo anterior, y <em>-ness</em> que lo convierte en nombre, es decir, en estado. De la narrativa de Montero emana ese estado, la sensaci&oacute;n de quien se atreve con todo, la de una autora cuya existencia y escritura no est&aacute;n mediatizadas por el miedo. No en vano, lleva tatuada en la nuca la frase del poeta chileno Ra&uacute;l Zurita &ldquo;ni pena ni miedo&rdquo; y, quien haya le&iacute;do sus <em>Cuentos verdaderos</em>, entender&aacute; que, cuando en este pa&iacute;s se pasaba mucho miedo, ella recibi&oacute; amenazas y fue intimidada como periodista, sin que ello la llevara nunca a plantearse dedicarse a otra cosa o a plegarse a lo que pretend&iacute;an sus amonestadores.</p>
<p>Es cierto que, por razones evolutivas, el miedo es parte de nuestro comportamiento. Sin miedo al depredador o a no tener comida durante los largos inviernos nos habr&iacute;amos extinguido como especie. Pero sin curiosidad tambi&eacute;n. Sin la necesidad imperante de explorar los l&iacute;mites de lo conocido, de lo que sabemos que existe y que funciona para sobrevivir no se habr&iacute;a inventado la rueda, ni los antibi&oacute;ticos, ni la bombilla. Y sin ellos y otros tantos descubrimientos de la humanidad, tambi&eacute;n habr&iacute;amos terminado por desaparecer.</p>
<p>A Rosa Montero le puede siempre la curiosidad, las ganas de buscar, de entender, de ampliar, de abarcar; en unas ocasiones son conocimientos sobre el funcionamiento de nuestro cerebro y la neurociencia los que ans&iacute;a conocer, otras veces aspira a comprender de qu&eacute; est&aacute;n hechas las esposas de los dictadores militares, o en qu&eacute; consisten los d&iacute;as de quienes viven en una tribu esquimal. Es una curiosidad que pasa siempre por comprender vidas ajenas, almas distintas, una sed que se enfrenta a una paradoja, a saber, que cada ser humano es &uacute;nico e irrepetible y, a la vez, se encuentra con los mismos l&iacute;mites que el resto de los mortales.</p>
<p>A esos l&iacute;mites viaja Montero una y otra vez en su obra, una obra incontenida e incontenible que nos llega con su inconfundible voz, la que lectoras y lectores de todo el mundo esperamos como agua de mayo cada vez que cerramos su &uacute;ltimo libro. &nbsp;</p>
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<p><strong>Pasen y vean</strong>&nbsp;</p>
<p>Para recrearnos con el recorrido de la escritora m&aacute;s querida y c&eacute;lebre de nuestro pa&iacute;s, vamos a remontarnos un poco en el tiempo, as&iacute; que, tal como ella dijo a sus lectores en las p&aacute;ginas de <em>Cuentos verdaderos</em>, por favor, pasen y vean.</p>
<p>Rosa Montero naci&oacute; en Madrid, el 3 de enero de 1951. La autora ha compartido en algunas entrevistas recuerdos sobre aquella infancia en el barrio de Cuatro Caminos. Como le ocurre a la generaci&oacute;n nacida en los a&ntilde;os cincuenta, la ni&ntilde;a que fue Montero habit&oacute; un pa&iacute;s que apenas se parece al que conoci&oacute; la novelista consagrada en la que se convirti&oacute; de adulta. En ese pa&iacute;s infantil, adem&aacute;s de imperar una dictadura militar, pasaba un reba&ntilde;o de ovejas por su casa todos los d&iacute;as a mediod&iacute;a. &iexcl;Ovejas en Cuatro Caminos! Pero el pasado es as&iacute;, siempre parece un escenario de ficci&oacute;n cuando lo observamos desde la mirilla del momento presente.</p>
<p>De ni&ntilde;a padeci&oacute; tuberculosis, y ha recordado en varias ocasiones c&oacute;mo fueron esos cinco a&ntilde;os que pas&oacute; sin ir al colegio, enferma en casa, devorando cuentos y escribiendo sus primeras historias. Desde peque&ntilde;a ley&oacute; mucho y de manera desordenada. Su madre, a la que Montero recuerda como una mujer con un don para la escritura y la pintura, una artista que se vio entregada a las labores dom&eacute;sticas y a la crianza, le llevaba a su hija unos treinta cent&iacute;metros de libros elegidos al azar en la biblioteca de su t&iacute;o, y la ni&ntilde;a los devoraba en cuesti&oacute;n de d&iacute;as. De aquellos a&ntilde;os, Montero guarda tambi&eacute;n im&aacute;genes y olores de la vuelta a casa de su padre; Pascual Montero, torero de profesi&oacute;n, regresaba con sangre seca pegada a su traje de luces, y Rosita lo esperaba nerviosa sentada en el alf&eacute;izar de la ventana, con las piernas colgando a trav&eacute;s de los barrotes, muy atenta a la llegada del gran coche negro que le tra&iacute;a de vuelta sano y salvo.</p>
<p>En el instituto Beatriz Galindo fue alumna del gran Gerardo Diego, profesor temido por el alumnado, que tuvo siempre reglas estrictas sobre el estilo de redacci&oacute;n, y que acab&oacute; poniendo matr&iacute;cula de honor a la adolescente que se empe&ntilde;&oacute; en usar las comas en contra de lo establecido (pero tal como ella consideraba que le ped&iacute;an algunas frases copulativas). La joven rebelde con ideas claras acerca de la puntuaci&oacute;n era Rosa Montero, que poco despu&eacute;s har&iacute;a sus pinitos tambi&eacute;n como actriz en grupos de teatro independiente como Canon o T&aacute;bano, actuando, por ejemplo, en <em>Casta&ntilde;uela 70</em>, la obra m&iacute;tica de Juan Margallo que la censura acab&oacute; prohibiendo.</p>
<p>Tras un ataque de p&aacute;nico que la acerc&oacute; a una soledad aterradora de la que ha hablado recientemente en <em>El peligro de estar cuerda</em>, Montero se interes&oacute; por la psicolog&iacute;a, y de esa carrera complet&oacute; cuatro cursos en la Universidad Complutense de Madrid, pero la abandon&oacute; antes de terminar, en parte porque ya estaba trabajando como periodista y en parte porque le horrorizaron las pr&aacute;cticas psiqui&aacute;tricas de la &eacute;poca, en las que a&uacute;n se aplicaban choques qu&iacute;micos y otros m&eacute;todos punitivos.</p>
<p>Durante sus a&ntilde;os en la Escuela de Periodismo, Montero asisti&oacute; al cambio m&aacute;s dr&aacute;stico de nuestro pa&iacute;s; mientras Espa&ntilde;a atravesaba la transici&oacute;n a un estado democr&aacute;tico, ella ya trabajaba como periodista. Recuerda que fue en la playa de M&aacute;laga, haciendo un reportaje para la revista <em>Fotogramas</em>, donde se enter&oacute; de la muerte de Franco. Eran a&ntilde;os en los que los cambios se avecinaban vertiginosamente, a&ntilde;os de leer a Mars&eacute;, a los autores del <em>boom</em>, a los cl&aacute;sicos de ciencia ficci&oacute;n, de andar descalza por Madrid y de practicar un periodismo temprano en revistas como <em>Pueblo, Posible </em>o <em>Hermano Lobo</em>.</p>
<p>Cuando en 1976 Montero llega como periodista a <em>El Pa&iacute;s</em>, ya lleva a sus espaldas un prestigio reconocido, e incluso el premio del C&iacute;rculo de Escritores Cinematogr&aacute;ficos. El peri&oacute;dico se convierte en una segunda casa para ella y, aunque cambiar&iacute;an muchas cosas en su vida, <em>El Pa&iacute;s</em> es un hogar que no abandonar&aacute; nunca. Entre 1980 y 1981 fue tambi&eacute;n redactora jefa del suplemento dominical.</p>
<p>Adem&aacute;s de cr&oacute;nicas y reportajes, Montero destac&oacute; muy pronto por su talento para la entrevista. Ha hecho m&aacute;s de dos mil entrevistas, ha reescrito en qu&eacute; consiste esa forma period&iacute;stica que ella convirti&oacute; en arte. Durante cuarenta a&ntilde;os largos entrevist&oacute; a pol&iacute;ticos, gente del espect&aacute;culo y diversos personajes, entre los que podemos destacar a Nixon, Yaser Arafat o Malala. &iquest;Y la primera entrevista? La primera de todas se la hizo a su madre, y fue sobre su padre. Tuvo lugar en la mesa de la cocina de aquella casa en Reina Victoria, cuando nuestra autora ten&iacute;a solo ocho a&ntilde;os. Su t&iacute;tulo, &ldquo;Interviu a Pascual Montero&rdquo; (sic). Pero si descontamos esa infantil ocasi&oacute;n, la primera entrevista la hizo para el diario <em>Informaci&oacute;n</em> de Alicante, al terminar el primer curso de periodismo, a los pies de un avi&oacute;n, a un cantante por entonces no muy conocido llamado Julio Iglesias.</p>
<p>Hablamos de periodismo no solo porque es una importante faceta suya como escritora sino porque fue tambi&eacute;n el germen de su primera novela, <em>Cr&oacute;nica del desamor</em> (1979). Le hab&iacute;an pedido un libro de reportajes sobre mujeres, pero Montero ya buscaba retos y, tras explicar el cambio de direcci&oacute;n que iba a dar aquel encargo, lo convirti&oacute; en una novela, y fue aquella historia la que lo empez&oacute; todo.</p>
<p>La autora ha compartido en alguna ocasi&oacute;n haber renegado durante a&ntilde;os de ese primer texto de ficci&oacute;n, que no consideraba a la altura del resto de su producci&oacute;n novel&iacute;stica y que qued&oacute; descatalogada un tiempo. Pero aquella lejana opera prima, que fue una suerte de pistoletazo de salida, es un libro por el que preguntaban una y otra vez lectores de todo el mundo. La obra, ya lo sabemos, abandona a su autor una vez se publica y Montero, consciente de que ese libro pertenec&iacute;a ya a sus lectores, accedi&oacute; a que se reeditara. Hoy ya se encuentra en Alfaguara, como aproximadamente la mitad de su obra. Una curiosidad que tambi&eacute;n la hace &uacute;nica es que Montero es, en sus palabras, b&iacute;gama en lo que se refiere a lealtad editorial, pues desde hace a&ntilde;os su obra se publica entre Alfaguara y Seix Barral.</p>
<p>Entre <em>Cr&oacute;nica del desamor </em>y su &uacute;ltima novela (hasta la fecha) han pasado cuarenta y seis a&ntilde;os, y es indiscutible que su voz, prosa y estilo han evolucionado tanto como lo ha hecho el pa&iacute;s en estas d&eacute;cadas. Aunque tambi&eacute;n, como en las grandes historias de amor, desde los inicios hubo algo que ya estaba ah&iacute;. Y la de Montero es, sin duda, una gran historia de amor con la literatura; es, de hecho, &ldquo;el amor de su vida&rdquo;, como nos explic&oacute; ella en el volumen de t&iacute;tulo hom&oacute;nimo. Su estelar carrera de novelista la enmarcan ese encargo period&iacute;stico convertido en obra de ficci&oacute;n y <em>Animales dif&iacute;ciles</em> (2025), la &uacute;ltima entrega de la saga de Bruna Husky.</p>
<p>Durante su primera d&eacute;cada como escritora de ficci&oacute;n, Montero publica cuatro novelas: <em>Cr&oacute;nica del desamor</em> (1979), <em>La funci&oacute;n delta</em> (1981), <em>Te tratar&eacute; como a una reina</em> (1983) y <em>Amado amo </em>(1988). La variedad de enfoques, temas y estilos de estos primeros libros ya auguran el futuro de una de las novelistas m&aacute;s ambiciosas en nuestro idioma. Tras esa primera novela, la autora se embarca en la compleja trama de <em>La funci&oacute;n delta</em> que, tomando una ley de f&iacute;sica cu&aacute;ntica como punto de partida, teje una historia que salta del presente al futuro con maestr&iacute;a (un futuro, por cierto, del que ya han pasado quince a&ntilde;os, pues se toma 2010 como referencia de lo venidero). Los dos libros que la siguen, <em>Te tratar&eacute; como a una reina</em> y <em>Amado amo</em>, tienen en com&uacute;n el agudo retrato de distintos aspectos de la sociedad y de las relaciones de poder, tambi&eacute;n de la peque&ntilde;ez, de la soledad y, sobre todo, de toda la fragilidad contenida en los seres humanos. En lo formal, <em>Amado amo</em> da, adem&aacute;s, un salto estil&iacute;stico que sit&uacute;a a Montero a la vanguardia de los prosistas de entonces.</p>
<p>Es probablemente la d&eacute;cada de los noventa cuando la novela de Montero adquiere esa dimensi&oacute;n a la que nos referimos como &ldquo;madura&rdquo;. Es decir, la autora contin&uacute;a experimentando, indagando y abriendo caminos, pero, adem&aacute;s, tiene ya una voz propia y siempre reconocible, que no har&aacute; sino continuar depurando con los a&ntilde;os.</p>
<p>En 1990 publica <em>Temblor </em>(Finalista del Premio Europeo de Novela), una novela que ahora podemos clasificar como ficci&oacute;n especulativa, en la que se reflexiona sobre la identidad y la memoria a trav&eacute;s de un mundo de f&aacute;bulas y leyendas. El texto es tambi&eacute;n, tal vez, una antesala al mundo de ciencia ficci&oacute;n que desarrollar&iacute;a a&ntilde;os m&aacute;s tarde de la mano de una de sus protagonistas m&aacute;s legendarias, Bruna Husky. Amante del riesgo y de los retos, Montero publica, tres a&ntilde;os m&aacute;s tarde la que quiz&aacute; sea su obra m&aacute;s l&iacute;rica, la m&aacute;s barroca y la que presenta el mundo m&aacute;s rec&oacute;ndito y duro de la infancia, <em>Bella y oscura</em> (1993), una f&aacute;bula en la que se dan cita lo lumpen de historias como <em>Te tratar&eacute; como a una reina</em> y el simbolismo de <em>Temblor</em>. Una de las caracter&iacute;sticas de la narrativa de Montero es su naturaleza impredecible; y as&iacute;, con cada nueva publicaci&oacute;n, nos confirma que un estilo, un tema o un mundo de ficci&oacute;n espec&iacute;ficos nunca nos dan una pista de cu&aacute;les ser&aacute;n los siguientes. En este caso, cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s de <em>Bella y oscura</em>, publica <em>La hija del Can&iacute;bal</em> (1997; Premio Primavera de Narrativa a la mejor novela; Premio C&iacute;rculo de Cr&iacute;ticos de Chile), una obra de acci&oacute;n vertiginosa en la que se reflexiona sobre la identidad y el paso del tiempo a trav&eacute;s de la historia de un secuestro, mientras se visitan interesantes cap&iacute;tulos de la historia del anarquismo en Espa&ntilde;a. La novela cont&oacute; con varias, adaptaciones, primero como largometraje y, diez a&ntilde;os despu&eacute;s, como cortometraje, y obra de teatro.</p>
<p>La naturaleza raposa de nuestra autora es una de las cualidades a las que ella misma ha hecho referencia al repasar su propia trayectoria como escritora. Haciendo eco de la distinci&oacute;n esbozada por Isaiah Berlin, la narradora de <em>La loca de la casa</em> habla de la diferencia entre escritores erizo y escritores zorro. Los primeros se enroscan y vuelven sobre sus temas en cada libro; a los segundos, en cambio, les empuja una necesidad de salir a explorar. Montero lleva una vida sumida en una incesante b&uacute;squeda de nuevas fronteras y l&iacute;mites que abordar con su prosa. Pero, a la vez, dejando que sean los temas y las im&aacute;genes quienes la escojan a ella, permitiendo que el contar de sus historias sea un reflejo de lo impredecible y azaroso que es la vida.</p>
<p>El nuevo milenio la sorprendi&oacute; as&iacute;, atrapada por una nueva historia que se convertir&iacute;a en <em>El coraz&oacute;n del T&aacute;rtaro</em> (2001), donde las leyendas medievales alumbran un duro relato en el que la protagonista se zambulle en el trauma de su pasado. Ni siquiera los cr&iacute;ticos m&aacute;s observadores habr&iacute;an podido adivinar que a esa obra le seguir&iacute;a su texto m&aacute;s ambicioso formalmente hasta ese momento, con el que posiblemente rompi&oacute; m&aacute;s barreras; con <em>La loca de la casa</em> (2003; Premio Qu&eacute; Leer a la mejor novela del a&ntilde;o; Premio Grinzane Cavour a la mejor novela extranjera publicada en Italia por <em>La pazza di casa</em>; Premio Roman Premier por <em>La folle du logis</em>), Montero se embarca en un viaje del que ya no volver&aacute; nunca, recorriendo las fronteras que delimitan los g&eacute;neros literarios como solo podr&iacute;a hacerlo quien m&aacute;s los domina.</p>
<p>En ese incesante viaje al otro que es toda su obra, Montero retoma, dos a&ntilde;os despu&eacute;s, el mundo medieval, pero esta vez en <em>La historia del rey transparente </em>(2005; Premio Qu&eacute; Leer a la mejor novela del a&ntilde;o; Premio Mandarache), con una fuerza y una labor investigadora ins&oacute;litas. El resultado es una novela redonda, compleja, que abarca desde los poros de la piel hasta los confines del universo, y que se acerca a nuestro mundo m&aacute;s inmediato desde la Europa de los siglos XII y XIII. Tres a&ntilde;os despu&eacute;s, lejos del escenario medieval, se adentra en el Madrid contempor&aacute;neo a trav&eacute;s de algunos de sus personajes m&aacute;s memorables en esa f&aacute;bula urbana que es <em>Instrucciones para salvar al mundo</em> (2008; Premio de los Lectores del Festival de Literaturas Europeas de Cognac, Francia, por <em>Instructions pour sauver le monde</em>) y que sit&uacute;a al lector tanto en la periferia madrile&ntilde;a como en las torres m&aacute;s modernas de la capital, en un club de carretera y en el universo virtual de Second Life, pero que nos lleva, sobre todo, a la materia latente de la que estamos hechos.</p>
<p>Aunque ese parec&iacute;a un insuperable fin de fiesta, lo mejor est&aacute; a&uacute;n por venir. Con el inicio de la siguiente d&eacute;cada, Montero abre lo que hoy podemos definir como tres v&iacute;as de su escritura. Por un lado, empezar&aacute; su serie de Bruna Husky, que la corona como una de las escritoras m&aacute;s importantes de ciencia ficci&oacute;n en nuestro pa&iacute;s, pero con la que, adem&aacute;s, como explicar&aacute; Mart&iacute;n Galv&aacute;n en su ensayo, consigue renovar el g&eacute;nero, y la preconcepci&oacute;n que existe de &eacute;l como subg&eacute;nero de segunda clase. En esta ambiciosa serie, Montero explora los l&iacute;mites de aquello que nos hace humanos a trav&eacute;s de una alegor&iacute;a futurista que, como la buena ciencia ficci&oacute;n, no habla sino del presente. A lo largo de catorce a&ntilde;os, el universo de <em>L&aacute;grimas en la lluvia</em> (2011; que unos meses despu&eacute;s se public&oacute; como c&oacute;mic y obtuvo el Premio de los lectores del Sal&oacute;n del Comic de Barcelona) se va ampliando y complicando en <em>El peso del coraz&oacute;n</em> (2015), <em>Los tiempos del odio</em> (2018; Premio Violeta Negra Occitanie 2020 del Festival Toulouse Polars du Sud, en Francia) y <em>Animales dif&iacute;ciles</em> (2025).</p>
<p>Otra de las l&iacute;neas de su escritura es la que empez&oacute; en 2003 con <em>La loca de la casa</em> y que contin&uacute;a en la d&eacute;cada de 2010. Como explicar&eacute; en mi contribuci&oacute;n a este monogr&aacute;fico, cabe considerar <em>La loca de la casa </em>(2003), <em>La rid&iacute;cula idea de no volver a verte</em> (2013; Premio de la Cr&iacute;tica de Madrid; Prix du Livre Robinsonnais por <em>L ́idée ridicule de ne plus jamais te revoir</em>) y <em>El peligro de estar cuerda</em> (2022; Mejor Libro de No Ficci&oacute;n 2022 por el Gremio de Libreros) como una trilog&iacute;a de libros h&iacute;bridos; son textos que son y no son ensayos, reflexiones e impresiones personales, biograf&iacute;as o semblanzas, recuerdos y fabulaciones. Nuestra autora se refiere a ellos como artefactos literarios y, afortunadamente, tambi&eacute;n de estos podemos esperar uno m&aacute;s.</p>
<p>Su tercera l&iacute;nea de escritura de los &uacute;ltimos a&ntilde;os son sus novelas contempor&aacute;neas. Con <em>La carne</em> (2016) y <em>La buena suerte</em> (2020), Montero se erige como una de esas contadoras de historias que en verdad son magas, que embelesan y que, como cualquier embaucador, adem&aacute;s hace que parezca f&aacute;cil lo que est&aacute; haciendo. La trama y los personajes de estas novelas no se parecen entre ellas y, sin embargo, la caracter&iacute;stica m&aacute;s sobresaliente de ambas es la ligereza de su escritura; el hecho de que est&aacute;n concebidas por quien ha alcanzado una altura y ahora relata como el que bebe agua cuando tiene sed, porque es inevitable y necesario para seguir viviendo. Por si se lo est&aacute;n preguntando, les adelanto que s&iacute;, que de esta l&iacute;nea de novela contempor&aacute;nea existir&aacute; otra en un futuro pr&oacute;ximo, y nunca hubo tantas ganas de que llegara un libro sobre nuestro tiempo.</p>
<p>Y por si estas l&iacute;neas de escritura de los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os nos crearan la impresi&oacute;n de que hay un patr&oacute;n o una manera de predecir el futuro literario cuando se trata de Montero, recordaremos que su pen&uacute;ltima novela (propia de una escritora zorro), la llev&oacute; en busca de nuevos retos que encontr&oacute; en forma de otro par de manos, las de Oliver Truc, y con &eacute;l se puso manos a la obra (valga la redundancia). <em>La desconocida</em> es una novela concebida en dos idiomas, con dos cerebros, con dos imaginarios, y que pronto podremos ver, adem&aacute;s, en la gran pantalla.</p>
<p>Hasta aqu&iacute; su obra novel&iacute;stica. Parece imposible que quien ha hecho tanto y tan bien en lo referido a la producci&oacute;n de novelas, haya dedicado tambi&eacute;n su talento a la escritura de cuentos infantiles; adem&aacute;s de <em>El nido de los sue&ntilde;os</em> en 1991, Montero ha publicado toda la serie juvenil protagonizada por B&aacute;rbara.</p>
<p>Cuenta, adem&aacute;s, con una serie de libros compuestos por ensayos sobre temas que le interesan; algunos los han inspirado sus viajes, como <em>Estampas bostonianas</em> (2002); o la literatura, como <em>El amor de mi vida</em> (2011). Ha escrito tambi&eacute;n dos ensayos biogr&aacute;ficos <em>Historias de mujeres </em>(1995), que fue reeditado en 2018 en edici&oacute;n ilustrada y ampliada bajo el t&iacute;tulo <em>Nosotras. Historias de mujeres y algo m&aacute;s</em>, adem&aacute;s de <em>Pasiones: amores y desamores que han cambiado la historia</em> (1999). En 2022 fue tambi&eacute;n responsable del libreto de &ldquo;La violaci&oacute;n de Lucrecia&rdquo; de Jos&eacute; de Nebra, en el Teatro de la Zarzuela.</p>
<p>Hay otra dimensi&oacute;n de Montero que no se ha explorado mucho y es su faceta como escritora de relatos breves, quiz&aacute; porque, como le ocurre al propio g&eacute;nero del cuento, a menudo se considera secundaria. Sin embargo, como dec&iacute;a Cort&aacute;zar, lo fant&aacute;stico de un cuento solo se logra con la alteraci&oacute;n de lo normal, y en esa tergiversaci&oacute;n de lo anodino, Montero es una experta, y por eso son maravillosos los cuentos recogidos en <em>Amantes y enemigos. Cuentos de pareja</em> (1998; Premio C&iacute;rculo de Cr&iacute;ticos de Chile), que presentan la visi&oacute;n distorsionada y oblicua de la realidad que todo buen cuentista sabe que existe. En 2019 tambi&eacute;n idea, coordina y edita el volumen de relatos <em>Hombres (y algunas mujeres)</em>, publicado por Zenda en formato digital, en el que a&uacute;na a grandes escritoras de la lengua espa&ntilde;ola para crear una serie de relatos protagonizados por varones, lanzando una suerte de pregunta invertida, &iquest;c&oacute;mo escriben las mujeres a los hombres? El resultado es un excelente libro que rezuma originalidad y aplica una nueva lente al tema del g&eacute;nero de la literatura.</p>
<p>Montero es, tambi&eacute;n, una de las autoras espa&ntilde;olas con mayor dimensi&oacute;n internacional. En los pa&iacute;ses de habla hispana de Latinoam&eacute;rica es la escritora peninsular m&aacute;s le&iacute;da y aclamada. En el resto del mundo, y entre aquellos que no leen en nuestro idioma, tambi&eacute;n goza de una inmensa popularidad, con una obra traducida a m&aacute;s de veinte lenguas.</p>
<p>En la d&eacute;cada de los ochenta, fue invitada como profesora universitaria a dar clase de literatura y periodismo en la prestigiosa instituci&oacute;n de Wellesley College, cuya tradici&oacute;n se ha escrito a trav&eacute;s de su pensamiento human&iacute;stico, y que ha acogido a grandes autores de habla hispana, como Pedro Salinas, Guillermo Cabrera Infante o los Mar&iacute;as. En 2018 pas&oacute; una temporada en China, donde la Universidad de Estudios Extranjeros de Beijing la invit&oacute; a dar una ponencia, haciendo apariciones y dando charlas sobre su obra tambi&eacute;n en los Institutos Cervantes de Shangh&aacute;i y Beijing, en el Festival Literario Internacional de Macao y en la Universidad de Fudan.</p>
<p>Ciudadana comprometida con causas sociales, feminista, defensora de la libertad sexual y patrona de animales indefensos, la autora ha vivido siempre acompa&ntilde;ada de perros en diferentes barrios de la capital. Ahora reside junto a Petra, la perra m&aacute;s literaria de Madrid, en un bello piso inundado de luz y libros al que se mud&oacute; tras el fallecimiento de su marido, Pablo Lizcano. Cuando el calor asedia y sus compromisos se lo permiten, trata de guarecerse en Casc&aacute;is, Portugal, donde se retira a escribir.</p>
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<p><strong>Rosa Montero en <em>Turia</em></strong></p>
<p>Este monogr&aacute;fico se propone celebrar a la gran escritora que es Rosa Montero, y cuenta con autores de diferentes pa&iacute;ses que son (o somos) investigadores hermanados por la pasi&oacute;n monterina. Felizmente, hemos dedicado a su obra gran parte de nuestras carreras acad&eacute;micas, especializ&aacute;ndonos en diferentes aspectos de sus novelas y sorprendi&eacute;ndonos con cada paso de nuestra raposa. Los lectores se encontrar&aacute;n, pues, con una variedad de cap&iacute;tulos que, juntos, aspiran a componer un caleidoscopio de la complejidad y riqueza literaria de su obra.</p>
<p>En los primeros estudios, los m&aacute;s largos, contamos con los textos de Javier Escudero, Ellen Mayock, Juan Carlos Mart&iacute;n Galv&aacute;n y Alicia Rueda-Acedo. El interesante cap&iacute;tulo de Mayock hace un repaso de los personajes femeninos que la autora ha creado y de c&oacute;mo esas memorables mujeres de su obra hablan no necesariamente de una condici&oacute;n femenina, sino m&aacute;s bien del g&eacute;nero humano. Mart&iacute;n Galv&aacute;n ha dedicado su art&iacute;culo al g&eacute;nero de ciencia ficci&oacute;n y al decisivo papel que juega Bruna Husky en la po&eacute;tica de Montero, mientras que Rueda-Acedo se ha centrado en la faceta de entrevistadora de Montero con la que, como ve&iacute;amos al principio, nuestra autora ha hecho historia.</p>
<p>La segunda secci&oacute;n de este monogr&aacute;fico cuenta con siete estudios breves que aspiran a proveer contexto adicional y a completar el intricado universo de su polif&oacute;nica obra. Francesca Coppola analiza el rol que juega la ciencia en su literatura, profundizando as&iacute; en una de las grandes pasiones de Montero que es, tambi&eacute;n, un sello distintivo de su obra. La segunda colaboraci&oacute;n de Alicia Rueda-Acedo, por otra parte, se adentra en un sugestivo apunte sobre los relatos breves de la autora y sus l&iacute;mites con respecto a los textos period&iacute;sticos. Una servidora contribuye con un ensayo sobre esa trilog&iacute;a de artefactos literarios que coment&aacute;bamos arriba, tratando de ahondar en la originalidad y sofisticaci&oacute;n de los tres textos. Al m&iacute;o le sigue el art&iacute;culo de Anne Walsh, que contribuye con una pieza sobre el caos y el azar en la ficci&oacute;n monterina, aspectos que, como ella mostrar&aacute;, tienen gran protagonismo en varios de sus libros. Malgorzata Kolankowska har&aacute; un repaso de la carrera como periodista de la autora, centr&aacute;ndose en la cr&oacute;nica, el reportaje y el columnismo. La escritora Nuria Labari, amiga personal de la autora, nos desvelar&aacute;, con su conocida perspicacia, c&oacute;mo es esa trastienda de la escritura de Rosa Montero, y c&oacute;mo se ve su proceso creativo desde fuera. Por &uacute;ltimo, Jos&eacute; Mar&iacute;a Pozuelo Yvancos cerrar&aacute; esta secci&oacute;n con un conmovedor texto sobre los l&iacute;mites de la ficci&oacute;n y la palabra en <em>La rid&iacute;cula idea de no volver a verte</em>. A continuaci&oacute;n, una entrevista reeditada a Rosa Montero que Javier Escudero public&oacute; originalmente en la <em>Revista de estudios hisp&aacute;nicos</em>. En ella, Escudero dialoga con la autora acerca de la po&eacute;tica de su obra y sus influencias literarias, una ventana al pasado que nos ofrece la perspectiva de la Rosa Montero de 1996. Finalmente, contamos con una biocronolog&iacute;a compuesta por Mazal Oaknin, que nos dar&aacute; el contexto necesario para entender la obra de la autora.</p>
<p>Dec&iacute;a Faulkner que la literatura es como una cerilla en medio de la oscuridad; el f&oacute;sforo no puede iluminar la mayor parte del espacio y, sin embargo, s&iacute; le es posible proyectar una luz especial sobre aquello que le rodea. Y esa luz no alumbra sino la esencia de lo que somos. Con estas bellas palabras lo expresa Jorge Volpi:</p>
<p>Leer ficciones complejas, habitadas por personajes profundos y contradictorios, como t&uacute; y como yo, como cada uno de nosotros, impregnadas de emoci&oacute;n y desconcierto, imprevisibles y desafiantes, se convierte en una de las mejores formas de aprender a ser humano &hellip; Mi hip&oacute;tesis central: si la ficci&oacute;n es una herramienta tan poderosa para explorar la naturaleza &frac34;y en especial la naturaleza humana&frac34;, es porque la ficci&oacute;n tambi&eacute;n <em>es</em> la realidad. Una vez que las percepciones arriban al cerebro, este &oacute;rgano h&uacute;medo y tenebroso codifica, procesa y a la postre reinventa el mundo tal como un escritor concibe una novela o un lector la descifra &hellip; A causa de ello, la ficci&oacute;n resulta capital para nuestra especie. La literatura no sirve para entretenernos ni para embelesarnos. La literatura nos hace humanos (<em>Leer la mente</em>, 30-31).</p>
<p>Con este monogr&aacute;fico nos hemos adentrado en los recovecos de la obra de Rosa Montero, intentando desenmara&ntilde;ar c&oacute;mo nos hace m&aacute;s humanos su literatura, tratando de abarcarla con rigor y cari&ntilde;o, situ&aacute;ndonos frente a su obra como ella se sit&uacute;a frente al mundo tangible, y tambi&eacute;n al de las pasiones y el pensamiento. Eso dec&iacute;a Oscar Wilde que deb&iacute;a ser la cr&iacute;tica literaria, un ejercicio independiente y creativo, que no puede llegar cargado de respuestas, sino que debe poner un foco sobre algunas &aacute;reas rec&oacute;nditas y, as&iacute;, dotarlas de una nueva luz.</p>
<p>Aunque quiz&aacute; no haya manera de recopilarlo todo, desde Turia esperamos recorrer con nuestra autora las fronteras de los g&eacute;neros, acompa&ntilde;&aacute;ndola en su viaje a nombrar el horror y la belleza, convencidos de &ldquo;la fuerza de la fantas&iacute;a&rdquo; y de que &ldquo;la vida imaginaria tambi&eacute;n es vida&rdquo; (<em>La loca de la casa</em> 224). Al concebir su literatura bajo esa premisa, nos susurra a nosotros, sus muchos y devotos lectores, cu&aacute;l es la esencia de la ficci&oacute;n, a saber, que no solo es parte de la existencia, sino que tiene la capacidad de ensanchar la vida. Y as&iacute;, solo nos queda tratar de vivir la nuestra como escribe Rosa Montero, sin pena ni miedo.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 24 Nov 2025 05:09:33 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Juan Casamayor: “Editar es vivir al borde del abismo y ahí quiero seguir”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/juan-casamayor-editar-es-vivir-al-borde-del-abismo-y-ahi-quiero-seguir/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2025/JUAN_CASAMAYOR_1.jpeg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Juan Casamayor: &ldquo;Editar es vivir al borde del abismo y ah&iacute; quiero seguir&rdquo;</strong></p>
<p>&ldquo;Juan: crear una editorial es muy sencillo &iquest;ser&aacute;s capaz de crear un editor?&rdquo;. Han pasado algo m&aacute;s de veinticinco a&ntilde;os desde que Juan Casamayor, un joven aprendiz en la empresa de sacar libros al mercado, escuch&oacute; esa pregunta de labios de Miguel Garc&iacute;a, distribuidor, una instituci&oacute;n en el mundo del libro, al que pidi&oacute; ayuda en los inicios, muy consciente de que sin distribuci&oacute;n cualquier proyecto estar&iacute;a abocado al fracaso. Y veinticinco a&ntilde;os despu&eacute;s esa frase a&uacute;n resuena en sus o&iacute;dos. Result&oacute; que esa aventura improbable, la de crear una editorial especializada en cuento, cuando el g&eacute;nero apenas estaba empezando a levantar cabeza en la industria nacional, ha tenido &eacute;xito. El sello creado por una pareja de locos, como ellos mismos se definen, llamado P&aacute;ginas de Espuma, se ha convertido en el referente de la narrativa breve en espa&ntilde;ol. Es decir, no s&oacute;lo en Espa&ntilde;a sino en toda Latinoam&eacute;rica.</p>
<p>Veinticinco a&ntilde;os que la editorial ha venido celebrando este 2025 que est&aacute; a punto de finalizar con varios hitos editoriales y un sinfin de proyectos de futuro sobre los que hablamos con su director para dar voz tambi&eacute;n a su trayectoria. La celebraci&oacute;n comenz&oacute; hace meses con fiesta, con una cita en la que como suele ser habitual en P&aacute;ginas de Espuma, lo que se celebraba era la amistad. La amistad que fundadores y equipo han cultivado con los autores y con los representantes de todos los escalones en la cadena del libro, una marca de la casa. Parecen, y lo son en buena medida, una familia. Lejos quedan, aunque los fundadores de la empresa lo tengan muy presente, esos momentos en los que Encarnaci&oacute;n Molina, la esposa de Juan, que entonces trabajaba para otro sello, dijo &lsquo;adelante&rsquo; con el sue&ntilde;o del fil&oacute;logo arrepentido, y puso parte del dinero necesario para arrancar. El resto proced&iacute;a de una t&iacute;a de Juan, Cristina Vizca&iacute;no, cofundadora de la editorial Fundamentos, y de su propia madre. En 2004, Encarni, como la llama todo el mundo en la empresa, se incorpor&oacute; plenamente al proyecto en el que actualmente trabajan cinco personas en Madrid y cinco colaboradores en Am&eacute;rica.</p>
<p>Si pasamos revista a algunos de los invitados que acudieron a aquella cita en los comienzos del a&ntilde;o, veremos algunos de los nombres clave que han ido poniendo hitos literarios en estas espumosas p&aacute;ginas. Autores ya indiscutibles en las letras en espa&ntilde;ol como Jorge Volpi, Andr&eacute;s Neuman o Fernando Iwasaki, pero tambi&eacute;n otros que empiezan a hacerse un hueco en los &iacute;ndices de reconocimiento como Nuria Labari. No faltaron puntales del cat&aacute;logo como Clara Obligado, Eloy Tiz&oacute;n, Katya Adaui, Valeria Correa, entre tantos otros. Y entre tantos otros editores, distribuidores, libreros&hellip;</p>
<p>Juan Casamayor habla claro, no elude dar datos sobre su empresa que rara vez se nos dan a los periodistas con tanta naturalidad. Y m&aacute;s que pol&iacute;ticamente correcto con el sector, se muestra siempre enormemente respetuoso con un oficio que ama y con los que lo ejercen.</p>
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<p><strong>&ldquo;Cuantos m&aacute;s v&iacute;nculos se crean con el autor m&aacute;s puedo llegar a la esencia del texto&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;Usted suele recibir elogios de sus autores m&aacute;s all&aacute; de las debidas a un editor. &iquest;C&oacute;mo se consigue tan buena relaci&oacute;n cuando &eacute;ste es una figura que no siempre puede dar buenas noticias?</p>
<p>&ndash;Tengo una idea muy clara: cuantos m&aacute;s v&iacute;nculos se crean con el autor m&aacute;s puedo llegar a la esencia del texto y as&iacute; poder ayudar no solo en la correcci&oacute;n estil&iacute;stica o en el orden de los cuentos en un libro sino en crear el concepto de ese libro dentro de una biograf&iacute;a de autor. Ese espacio de vocaci&oacute;n de trabajo crea lazos afectivos, l&oacute;gicamente con unos m&aacute;s y con otros menos. Tiene que ver con dos aspectos tambi&eacute;n. Uno, con mi lado m&eacute;dico. Yo estoy rodeado de m&eacute;dicos. Y b&aacute;sicamente un m&eacute;dico lo que hace es cuidar a otros. Es lo que hac&iacute;a mi madre en su centro de salud y mi padre cuando abr&iacute;a cerebros. Y el otro aspecto tiene que ver con que he cre&iacute;do desde el principio que una editorial de nuestro tama&ntilde;o el &uacute;nico capital que puede poner sobre la mesa para que autores y autoras importantes sigan en nuestro cat&aacute;logo es ese lado humano, afectivo, que comprende desde la edici&oacute;n del texto a acompa&ntilde;ar a un autor a una presentaci&oacute;n en Zamora, por ejemplo. Todo eso crea una atm&oacute;sfera, un aire de familia donde los autores se han encontrado muy c&oacute;modos tanto en relaci&oacute;n con el equipo que formamos como entre ellos. Porque lo bueno del cat&aacute;logo de P&aacute;ginas de Espuma es que tambi&eacute;n entre ellos se crean buenos lazos, que algunos no se conoc&iacute;an y ahora viven en la amistad. Cuando he escuchado a autores en las ferias en las que participamos hablar sobre la editorial se me pone la carne de gallina. La &uacute;ltima vez, en la Feria del Guadalajara, o&iacute;r a Antonio Ortu&ntilde;o, que &uacute;ltimamente lo ha pasado tan mal&hellip; Antonio estaba conmigo cuando le llamaron para decirle que su hermano se hab&iacute;a muerto en M&eacute;xico&hellip; Estar con &eacute;l todo un d&iacute;a. O la lectura del manuscrito de <em>Ceniza roja</em> con Socorro Venegas que fue uno de los actos m&aacute;s emocionantes que voy a tener en mi vida. Nadie me hab&iacute;a dicho &lsquo;l&eacute;eme estoy que yo no soy capaz de hacerlo y dime si hay un libro aqu&iacute;&rsquo;. Y pasar toda una tarde leyendo un libro en voz alta a su autora. Todo eso crea una atm&oacute;sfera personal y no s&eacute; vivir sin ello.</p>
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<p><strong>&ldquo;Las antolog&iacute;as son una de esas locuras editoriales que nos encantan&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;Esa complicidad que se demuestra con el primer hito del aniversario que fue <em>Primera Enciclopedia de Tl&ouml;n tomo XI</em>, donde se pon&iacute;a en marcha un juego literario al cuidado de Jorge Volpi. Y la complicidad de veinte autores j&oacute;venes.</p>
<p>&ndash;Ese es un homenaje que nos hemos dado a la propia editorial y que surgi&oacute;, como bien dices, de un juego en torno a una mesa y un poco de tequila con Jorge Volpi que fue el creador de la idea. Con Jorge tenemos una amistad de veinticinco a&ntilde;os y me propuso para el 25 aniversario hacer un homenaje a una parte bonita de la editorial que son sus antolog&iacute;as. Una de esas locuras que nos encantan y que hac&iacute;a un gui&ntilde;o a Borges y a Bioy Casares que son los que hablan de esa imaginaria enciclopedia en un cuento. Y luego veinte escritores y escritoras j&oacute;venes que han mostrado cari&ntilde;o a la editorial aportando un texto in&eacute;dito. Creo que la editorial ha conseguido radiografiar, a trav&eacute;s de un libro muy singular, una generaci&oacute;n que dentro de quince o veinte a&ntilde;os tendr&aacute; siete u ocho nombres importantes. Ahora hemos reeditado los cuentos completos de Edgar Allan Poe y hemos mantenido los comentarios del libro que hicimos hace dieciocho a&ntilde;os, ah&iacute; hab&iacute;a autores que ahora suenan pero entonces eran unos ni&ntilde;os. Estoy hablando de Alejandro Zambra, de Antonio Ortu&ntilde;o, de Eduardo Halfon, de Guadalupe Nettel etc. etc. Esa misma semilla tambi&eacute;n est&aacute; en ese proyecto y en otros que vamos creando d&iacute;a a d&iacute;a</p>
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<p><strong>&ldquo;Todo cl&aacute;sico merece una traducci&oacute;n contempor&aacute;nea&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;Hablemos de esa nueva edici&oacute;n de los <em>Cuentos Completos</em> de Edgard Allan Poe que ha sido sin duda uno de los platos fuertes de este aniversario. La editorial ya hab&iacute;a hecho en su primera etapa una edici&oacute;n de esos cuentos &iquest;Por qu&eacute; traducirlos de nuevo y embarcarse en un libro tan complicado por otra parte?</p>
<p>&ndash;S&iacute; lo es porque la edici&oacute;n ten&iacute;a muchos interlocutores y ahora la hemos aderezado con m&aacute;s. Los <em>Cuentos Completos</em> de Poe fue el primer cl&aacute;sico de cuentos completos que publicamos en el 2008. Es el que abr&iacute;a una puerta a lo que ha sido una gran colecci&oacute;n de autores cl&aacute;sicos que ha forjado casi una biblioteca en la que los cuentos completos aparecen en un orden cronol&oacute;gico y, esto es muy importante, con una traducci&oacute;n nueva salvo en alg&uacute;n caso muy concreto. Este libro ha sido un <em>long seller</em> en el que se un&iacute;an adem&aacute;s de los editores, Jorge Volpi y Fernando Iwasaki, tres grandes nombres como Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes y Julio Cort&aacute;zar como traductor. Pasados casi 20 a&ntilde;os, la editorial por un lado ha ganado m&uacute;sculo, es m&aacute;s fuerte, y esta colecci&oacute;n alberga una potencia que puede sostener proyectos m&aacute;s arriesgados desde distintos puntos de vista. Lo fueron, por ejemplo, las narraciones completas de Stefan Zweig, 1.400 p&aacute;ginas traducidas del alem&aacute;n por primera vez por un solo traductor. Asumimos ese riesgo que era sobre todo econ&oacute;mico. Eso vale mucho dinero, ah&iacute; nos dejamos entre sesenta y setenta mil euros. Es verdad que ese libro vendi&oacute; diez mil ejemplares que al precio de venta suponen 400.000 euros, es decir, ha ido muy bien. &iquest;Cu&aacute;l era el riesgo de editar a Edgar Allan Poe bajo otra traducci&oacute;n? Primero, desde una editorial que publica cl&aacute;sicos hay como un compromiso de que todo cl&aacute;sico merece una traducci&oacute;n contempor&aacute;nea. Y, sin desmerecer en absoluto al padre que es Julio Cort&aacute;zar, lo cierto es que esa traducci&oacute;n que se hizo hace m&aacute;s o menos setenta a&ntilde;os, teniendo en cuenta nuestro idioma, la bibliograf&iacute;a en torno a Poe, las ediciones en ingl&eacute;s definitivas que han salido&hellip; merec&iacute;a una revisi&oacute;n. Y esto lo digo en segundo lugar, pero es muy importante: es una edici&oacute;n &iacute;ntegra y completa. Y s&iacute;, Julio Cort&aacute;zar hizo una versi&oacute;n insuperable de los cuentos de Poe pero en la traducci&oacute;n hay elementos objetivos que pod&iacute;an mejorarse. Yo conoc&iacute; a Aurora [Bern&aacute;rdez], la viuda oficial de Cort&aacute;zar, y habl&eacute; sobre la traducci&oacute;n y claro, hay que tener en cuenta que Cort&aacute;zar ten&iacute;a veintipocos a&ntilde;os, que le dan un dinero desde la Universidad de Puerto Rico que se lo dieron Pedro Salinas y Francisco Ayala que establecieron una beca para traducir a Poe en Paris&hellip; Que la pareja se traslada a Roma porque era una ciudad m&aacute;s barata para poder terminar la traducci&oacute;n en dos meses, una traducci&oacute;n de casi mil p&aacute;ginas&hellip; Nuestro proyecto se sostiene en hacer una traducci&oacute;n acorde al siglo XXI. Y dar una mirada a Poe no ya desde sus digamos hijos, no en vano Cort&aacute;zar le dio a conocer en el mundo de habla hispana, sino de los nuevos escritores. Los que comentaron la primera edici&oacute;n que hicimos ten&iacute;an entonces la edad de las nuevas prologuistas, que por su escritura son claramente nietas de Poe: Mariana Enr&iacute;quez y Patricia Esteban Erl&eacute;s. Si Carlos Fuentes y Vargas Llosa fueron elegidos como hermanos de camino de Cort&aacute;zar, Mariana y Patricia son continuaci&oacute;n de la herencia de Poe, el gran capital. Y a esto hay que a&ntilde;adir el trabajo de ilustraci&oacute;n de Arturo Garrido que ha puesto en contacto la obra de Poe con Vel&aacute;zquez y Goya.</p>
<p>&ndash;&iquest;Y c&oacute;mo est&aacute; yendo la edici&oacute;n?</p>
<p>&ndash;A punto de agotar una tirada de 6.000 ejemplares y en el top cinco de las ventas de la editorial tanto en Espa&ntilde;a como en Hispanoam&eacute;rica, seg&uacute;n los datos de Cegal [Confederaci&oacute;n Espa&ntilde;ola de Asociaciones de Libreros]. Estamos contentos por la repercusi&oacute;n y haber recuperado un libro que era emblem&aacute;tico de la editorial. Salvo excepciones, la gente ha entendido bien que Poe necesitaba una traducci&oacute;n nueva con un aire distinto y aportando una base lectora y una bibliograf&iacute;a primaria y secundaria que no estaban disponibles hace setenta a&ntilde;os. Ha llegado a toda Latinoam&eacute;rica y en la Feria de Madrid ha sido uno de los m&aacute;s vendidos junto a <em>Larvas </em>[de Tamara Silva Bernaschina], que ha sido el m&aacute;s vendido y de <em>Siete casas vac&iacute;as</em> de Samantha [Schweblin] que no se baja nunca de las ventas, es como el catecismo.</p>
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<p><strong>&ldquo;Editar los cuentos completos de Ray Bradbury es uno de los proyectos m&aacute;s importantes de P&aacute;ginas de Espuma&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;Y ahora tienen muy reciente otro de los hitos de este a&ntilde;o de celebraci&oacute;n.</p>
<p>&ndash;En esa rotaci&oacute;n de dos cl&aacute;sicos al a&ntilde;o que hacemos, ven&iacute;amos de Poe y estamos en Bradbury que es un proyecto de los m&aacute;s importantes que va a abordar P&aacute;ginas de Espuma en estos 25 a&ntilde;os que concluyen. Este Bradbury tiene una doble historia. Por una parte, una historia lectora que ten&iacute;amos latente. Acceder a Bradbury para P&aacute;ginas de Espuma era imposible. Este autor tiene una historia de m&aacute;s de medio siglo publicando en Minotauro, en Planeta, pero surgi&oacute; una posibilidad a nivel lector y la supimos aprovechar porque a nivel econ&oacute;mico no podemos competir con Planeta. Si ganamos la apuesta fue por dos razones: porque venimos desde el 2008 haciendo un trabajo con los cl&aacute;sicos, y los herederos de Bradbury quer&iacute;an situarlo en la misma colecci&oacute;n donde est&aacute; Chejov, Joyce, Edith Warton o Kafka. Por otro lado, porque presentamos ese proyecto lector basado en las grandes antolog&iacute;as. Es decir, en EEUU no hay una edici&oacute;n de los cuentos completos de Bradbury porque es inalcanzable. Escribi&oacute; cientos de cuentos. Se jactaba de escribir m&aacute;s de un cuento a la semana. Vivi&oacute; m&aacute;s de 90 a&ntilde;os: hab&iacute;a mucho cuento. Hay dos grandes antolog&iacute;as, sobre todo la de un especialista en &eacute;l, Spinetta, que reuni&oacute; cien cuentos. La hemos superado con ciento veinte y recorre el principio y el final de su carrera que es donde nos jug&aacute;bamos el proyecto. Porque en un volumen de 1.400 p&aacute;ginas poner todos los cuentos de <em>Cr&oacute;nicas marcianas</em> es muy sencillo, pero hab&iacute;a que rastrear los cuentos de los fanzines de juventud o los cuentos de madurez y eso es lo que Paul Viejo hab&iacute;a hecho durante a&ntilde;os y eso eclips&oacute; la apuesta de la agencia estadounidense. Y se a&ntilde;ade algo: las traducciones de Bradbury no es que estuvieran mal, pero han pasado de algunas m&aacute;s de medio siglo y lo que hemos hecho es que todo es nuevo, todo nuevo y traducido entero por Ce Santiago. Hay cuatro o cinco textos que no me atrevo a calificarlos como in&eacute;ditos porque ser&iacute;a altamente peligroso pero a d&iacute;a de hoy no conocemos que hayan salido en espa&ntilde;ol ni siquiera en revistas, pero, claro, qui&eacute;n dice que a lo mejor un fanzine del a&ntilde;o 73 en Santiago de Chile que estuvo activo unos meses y unos estudiantes tradujeron el cuento y lo sacaron y como en este &lsquo;mundo Bradbury&rsquo; hay mucho friki&hellip;</p>
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<p><strong>&ldquo;Samantha Schweblin creci&oacute; gracias a nosotros&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;Hablando de apuestas, todo editor tiene el prurito de haber descubierto nuevos valores para la literatura. Mirando hacia atr&aacute;s &iquest;de qui&eacute;n presumir&iacute;a en el sentido de haberlo puesto en el mapa de la narrativa breve en espa&ntilde;ol?</p>
<p>&ndash;Esa es parte de mi condici&oacute;n. Yo tengo un compromiso con el aqu&iacute; y el ahora&hellip; El caso de Tamara Silva. Cuando Tamara naci&oacute; P&aacute;ginas de Espuma ya exist&iacute;a y eso para m&iacute; ha sido muy revelador del trabajo hecho. Y ahora si tuviera que decir un par de nombres&hellip; Uno absolutamente desde cero, la autora que nunca hab&iacute;a publicado nada, es Mar&iacute;a Fernanda Ampuero y se ha convertido en un hurac&aacute;n, conocida en todo el continente. <em>Pelea de gallos</em> es el libro que m&aacute;s vende la editorial por encima de <em>Siete casas vac&iacute;as</em>. Creo que Samantha Schweblin creci&oacute; gracias a nosotros, no tengo problema en decirlo p&uacute;blicamente. Cuando gana el premio Ribera del Duero, ella en Espa&ntilde;a no era conocida, lo era en Argentina, pero no en el resto de la geograf&iacute;a en espa&ntilde;ol y creo que ah&iacute; hay una acci&oacute;n coordinada &ndash;y las cosas hay que decirlas&ndash; con Claudio L&oacute;pez Lamadrid [director editorial de Penguin Random House, fallecido en 2019] que public&oacute; <em>Distancia de rescate</em> por esas mismas fechas. Yo recuerdo que sacamos el primer mi&eacute;rcoles de mayo del a&ntilde;o 2005 un total de 5.000 ejemplares y en junio ya est&aacute;bamos reimprimiendo. Y ahora va a salir una edici&oacute;n del d&eacute;cimo aniversario y llevamos treintais&eacute;is ediciones. Ella ha trabajado much&iacute;simo para llegar a ese estatus, pero la editorial ha hecho un esfuerzo enorme. Luego estoy muy contento del punto de inflexi&oacute;n que tuvo Eloy Tiz&oacute;n con <em>T&eacute;cnicas de iluminaci&oacute;n</em>. Un libro que le permiti&oacute; a Eloy borrar su apellido. Ya no era Eloy Tiz&oacute;n el de <em>Velocidad de los jardines</em>, esa coletilla se le quit&oacute; y ahora la coletilla es Eloy Tiz&oacute;n &lsquo;el mejor autor de cuentos en espa&ntilde;ol de Espa&ntilde;a&rsquo;. Ese acompa&ntilde;amiento con la reedici&oacute;n <em>de Velocidad de los jardines</em> y con <em>Plegaria para pir&oacute;manos</em> y la publicaci&oacute;n de sus lecturas en <em>Herido leve</em> para m&iacute; es una alegr&iacute;a. Otras cosas van m&aacute;s despacito. Un caso es Pedro Ugarte que con cada nuevo libro tiene m&aacute;s lectores, m&aacute;s rese&ntilde;as&hellip; Y de todo vivimos los editores.</p>
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<p><strong>&ldquo;Hemos conseguido hacer del cuento una singularidad espacio temporal&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;Le he o&iacute;do decir en ocasiones que un editor independiente se acaba convirtiendo en un lector para los grandes grupos editoriales porque cuando consigue un autor de &eacute;xito &eacute;ste puede tener la tentaci&oacute;n de marcharse a una editorial m&aacute;s grande. Pero a usted se le van pocos.</p>
<p>&nbsp; &ndash;La verdad es que esa m&aacute;xima es verdad en la mayor&iacute;a de los casos. Cuando una editorial independiente publica novelas y tiene un novelista de &eacute;xito acaba y&eacute;ndose a grandes grupos lo cual es comprensible por parte del autor. Eso puede ser m&aacute;s rentable a corto plazo aunque quiz&aacute; no tanto a largo, porque hay que valorar mucho lo de ser cola de le&oacute;n o cabeza de rat&oacute;n sobre todo para la visibilidad. Un autor en su editorial independiente puede tener una progresi&oacute;n m&aacute;s firme y con m&aacute;s ejemplares vendidos que en un gran grupo. Esto lo dijo una vez Claudio L&oacute;pez Lamadrid, lo vuelvo a citar, en una entrevista conjunta que nos hicieron en 2017. &Eacute;l dec&iacute;a que algunos libros tan bien como los impulsaba P&aacute;ginas de Espuma, &eacute;l no pod&iacute;a hacerlo por la estructura que ten&iacute;a, y en esto tambi&eacute;n pon&iacute;a de ejemplo a Blackie Books. En el caso concreto nuestro, es que trabajamos con esa singularidad llamada cuento y hemos conseguido hacer del cuento una singularidad espacio temporal. Desde ese punto de vista casi cu&aacute;ntico hemos conseguido que autores de grandes grupos quieran seguir dejando sus cuentos en P&aacute;ginas de Espuma. Eso ha sido una norma y sigue funcionando as&iacute;. En febrero del pr&oacute;ximo a&ntilde;o vamos a publicar el nuevo libro de relatos de Fernanda Tr&iacute;as que es una autora de Random House. Fernanda ha decidido que sus cuentos sigan aqu&iacute;. Hemos hablado de Ray Bradbury y yo no he eludido que es un autor de Planeta Minotauro y ahora aparece la edici&oacute;n de sus cuentos en P&aacute;ginas de Espuma. Eso &iquest;c&oacute;mo se come? Porque existe un prestigio lector. Yo no puedo competir econ&oacute;micamente con un gran grupo, perder&iacute;a siempre, pero s&iacute; puedo competir en un trabajo subterr&aacute;neo. Lo de ser lector puede parecer una obviedad pero es que el editor que es lector sabe leer editorialmente y si sabes leer editorialmente sabes editar un texto y te aseguro que muchos autores que han pasado por aqu&iacute;, cuando les he editado un libro me han dicho &lsquo;nadie hab&iacute;a hecho esto con mi texto y cuando digo nadie es nadie&rsquo;. Yo edito textos que no voy a publicar. Edito novelas de mis autores.</p>
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<p><strong>&ldquo;Las nuevas generaciones de editores van a venir mejor formados&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;Ese es un gran tema. La figura del editor en el mundo anglosaj&oacute;n parece m&aacute;s definida tradicionalmente. Es un trabajo de acompa&ntilde;amiento concienzudo, se trata de mejorar el texto, de se&ntilde;alar posibles tics innecesarios, de mejorar el estilo. Pero en Espa&ntilde;a a veces se echa de menos ese trabajo. Se leen libros, incluso de sellos prestigiosos en los que cabe hacerse una pregunta: &iquest;d&oacute;nde estaba el editor o editora?</p>
<p>&ndash;Yo soy muy optimista con las nuevas generaciones de editores. Los editores cada vez van a venir mejor formados, con una experiencia previa en sellos ajenos, una formaci&oacute;n que yo no tuve. Lo que s&iacute; es verdad es que las editoriales de peque&ntilde;o tama&ntilde;o a veces no tienen la oportunidad o el tiempo necesario para incidir en el texto, pero es un error no solo porque podr&iacute;as mejorarlo, que eso es obvio, sino porque cuanto m&aacute;s te comprometas con un texto mejor lo vas a defender en otros &aacute;mbitos. T&uacute; me sufres&hellip; Hay periodistas que afirman que soy el &uacute;nico editor que no acepta un no por respuesta. Eso me viene porque me comprometo con la lectura y creo que ahora hay grand&iacute;simos editores que hacen ese trabajo, pero es posible que no sea la norma por lo que me dicen algunos autores. En este sentido, una cosa que llevo haciendo desde hace unos diez a&ntilde;os es guardar los manuscritos. Y ese inter&eacute;s me ha permitido dar clases en EE.UU. porque les interesa la gen&eacute;tica textual. Ya la Universidad de Brown me pregunt&oacute; qu&eacute; iba a hacer con esos manuscritos. Yo tengo aqu&iacute; desde novelas de Andr&eacute;s [Neuman], editadas por m&iacute; en sus inicios, hasta los manuscritos de <em>Siete casas vac&iacute;as</em> o <em>Pelea de gallos</em> o los libros de Eloy en sus primeras versiones.</p>
<p>Ese &lsquo;aqu&iacute;&rsquo; al que se refiere Casamayor es la sede de la editorial. Un piso en pleno centro de Madrid que es a la vez vivienda y oficinas. Un lugar bien conocido por autores, periodistas y cuantos alguna vez toman contacto con la casa. Uno de esos pisos antiguos con largos pasillos. Y a ese pasillo m&iacute;tico se refer&iacute;a Jorge Volpi en la fiesta de aniversario. Porque une vida privada y p&uacute;blica, porque, valga la redundancia, por &eacute;l pasan miles de historias, centenares de proyectos. Y en las estanter&iacute;as que llenan los espacios no s&oacute;lo est&aacute;n esos manuscritos, est&aacute; la tesis doctoral del editor que nunca lleg&oacute; a leer sobre la poes&iacute;a completa de Jos&eacute; Cadalso. El fil&oacute;logo que es Casamayor y que nunca concluy&oacute; la tesis no s&oacute;lo iba para profesor, ten&iacute;a pr&aacute;cticamente apalabrado un contrato de lector de espa&ntilde;ol en la Universidad Estatal de Luisiana de Nueva Orleans, pero en Madrid se top&oacute; con el mundo editorial y comprendi&oacute; que lo suyo no ser&iacute;a estudiar textos ya publicados, sino investigar en los textos por publicar. Y as&iacute; cambi&oacute; de rumbo.</p>
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<p><strong>Sobre el premio Ribera del Duero y la expansi&oacute;n en Latinoam&eacute;rica</strong></p>
<p>&ndash;Mirando hacia atr&aacute;s, parece evidente que hay dos saltos importantes en el crecimiento de la editorial tanto en volumen como en importancia. Ser&iacute;an la creaci&oacute;n del premio Ribera de Duero y la expansi&oacute;n en Latinoam&eacute;rica. &iquest;Desde su punto de vista qu&eacute; otros hitos han sido clave en su trayectoria?</p>
<p>&ndash;Habr&iacute;a dos escalones m&aacute;s: la publicaci&oacute;n sistem&aacute;tica de los autores cl&aacute;sicos que supuso mayor financiaci&oacute;n por parte de la editorial, pero tambi&eacute;n supuso mayor facturaci&oacute;n. A ese nivel la editorial creci&oacute; porque, de pronto, publicar dos libros al a&ntilde;o de cuarenta y cinco euros era arriesgado. Y de algunos, como es el primer tomo del libro de los cuentos de Chejov, vamos por la s&eacute;ptima edici&oacute;n. Hablamos de muchos miles de ejemplares porque, para que un libro de mil p&aacute;ginas sea rentable, tienes que hacer muchos libros. En total son veintis&eacute;is ediciones. Este fue un punto de inflexi&oacute;n alargado en el tiempo. Pero hay otro que fue un punto de inflexi&oacute;n importante: la publicaci&oacute;n de <em>Alumbramiento</em> de Andr&eacute;s Neuman, porque por primera vez un autor que estaba en un sello mucho m&aacute;s potente que nosotros que es Anagrama decidi&oacute; que sus cuentos los iba a sacar en P&aacute;ginas de Espuma. Fue el primero. Es cierto que hab&iacute;amos publicado ya a Clara Obligado y a Fernando Iwasaki, pero ellos no estaban entonces en el estatus de Andr&eacute;s, que hab&iacute;a sido finalista del Herralde y finalista del premio primavera de Espasa. De hecho, cuando decide darnos <em>Alumbramiento</em>, Anagrama se mosque&oacute;.</p>
<p>Los otros dos puntos que t&uacute; mencionas son evidentes tambi&eacute;n y son labrados en el tiempo. El premio Ribera del Duero surge en 2009 y le da una potencia a la editorial en dos sentidos. Por un lado, lanzamos un mensaje a la industria del libro: es posible hacer un premio de narrativa breve donde hay mucho dinero detr&aacute;s y la ambici&oacute;n comercial y promocional del libro ganador no tiene nada que envidiar ya no al Herralde, sino a otros importantes, de hecho, solo el Alfaguara llega a m&aacute;s sitios. Magal&iacute; Etchebarne [la &uacute;ltima ganadora del premio con <em>La vida por delante</em>] a estas alturas ha estado promocionando el libro en Uruguay, Argentina, Ecuador, M&eacute;xico, Estados Unidos y Espa&ntilde;a. Le queda Chile y casi un a&ntilde;o m&aacute;s tarde va a Bogot&aacute; a la feria para celebrar la edici&oacute;n colombiana. Y eso ha trascendido a los lectores y a las agencias. Y por otro lado nos ha servido para tener la luz de un faro y que ciertos barcos se aproximen. &iquest;Hubi&eacute;ramos podido editar un libro de Guadalupe Nettel sin esa luz? Creo sinceramente que no. <em>El matrimonio de los peces rojos</em> sigue con nosotros despu&eacute;s de veinte ediciones. Y otra m&aacute;s invisible de valorar es la marca P&aacute;ginas de Espuma que es m&aacute;s conocida gracias al premio y tambi&eacute;n el premio tiene ese estatus porque est&aacute; respaldado por una editorial como la nuestra que es la referencia en el cuento.</p>
<p>&ndash;&iquest;Y sobre la expansi&oacute;n americana?</p>
<p>&ndash;Tambi&eacute;n es un asunto larvado en el tiempo. P&aacute;ginas de Espuma publica su primer libro en el a&ntilde;o 2000 y al final de ese a&ntilde;o ya estamos exportando. Y a partir del 2003 yo empiezo a viajar a Am&eacute;rica. Hasta el a&ntilde;o 2024 en que voy siete veces. Ah&iacute; lo que ha costado mucho a lo largo de quince a&ntilde;os es conseguir la distribuci&oacute;n horizontal en todos los pa&iacute;ses excepto en Venezuela y en Cuba. Luego la otra posibilidad es empezar a imprimir en esos pa&iacute;ses, herramienta fundamental para ser m&aacute;s competitivos de cara a los autores. &iquest;Por qu&eacute; puedo tener a M&oacute;nica Ojeda? Porque un libro de Ojeda sale impreso en seis pa&iacute;ses sudamericanos y con Espa&ntilde;a son siete&hellip; Debe de haber vendido unos 30.000 ejemplares. Eso nos permite competir con Random House que es la otra editorial que hace muy bien el trabajo en Am&eacute;rica. Al final las agencias literarias tambi&eacute;n valoran todo ese trabajo de promoci&oacute;n para un libro de cuentos. Por eso entr&oacute; el a&ntilde;o pasado Lina Meruane. El libro de Katya [<em>Un nombre para tu isla</em>, lo nuevo de la autora peruana Katya Adaui] sale en Argentina, Colombia, Per&uacute;, M&eacute;xico y Espa&ntilde;a. Si sumas todos los ejemplares estamos hablando de una primera tirada de siete u ocho mil ejemplares. Ya no estamos hablando de 1.500 como era lo habitual en una tirada de este tipo.</p>
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<p><strong>&ldquo;Ha habido dos momentos duros: la crisis econ&oacute;mica del 2008 y la pandemia&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;En la historia de P&aacute;ginas de Espuma no todo habr&aacute;n sido pasos hacia adelante. Tambi&eacute;n habr&aacute; habido momentos duros, quiz&aacute; de los que hacen dudar si se podr&aacute; continuar. &iquest;Es cierto?</p>
<p>&ndash;Coyunturalmente ha habido dos momentos duros: uno fue la famosa crisis del 2008-2010 que alcanz&oacute; su cl&iacute;max en el 2012. Diego Moreno de N&oacute;rdica la defini&oacute; muy bien. Dijo &lsquo;yo creo que alguien imprime mis libros solo para devolv&eacute;rmelos&rsquo;. Eran tales las devoluciones de los libreros porque los libreros ten&iacute;an que abrir y &iquest;c&oacute;mo consegu&iacute;an dinero? devolviendo lo que ten&iacute;an en las librer&iacute;as. En el verano de 2012, Encarni y yo no fuimos dos meses a Buenos Aires pensando en que quiz&aacute; nos deb&iacute;amos quedar ah&iacute;. Ahora no ir&iacute;a all&iacute; tampoco. Y luego el otro momento de incertidumbre fue la pandemia donde todo lo que hab&iacute;amos aprendido no serv&iacute;a de nada. La cadena del libro cierra. La editorial minimiza gastos, pero hay gastos que no se pueden evitar. Aunque lo que nunca pudimos imaginar es que saldr&iacute;amos reforzados. Y el a&ntilde;o pasado tuvimos un ataque inform&aacute;tico desde Tailandia que nos encript&oacute; parte del servidor pero que afortunadamente se resolvi&oacute; pronto.</p>
<p>&ndash;La foto fija de la editorial nos muestra dos grandes colecciones. Digamos, la columna vertebral que son los libros de relatos de atores contempor&aacute;neos y el otro gran puntal que es la edici&oacute;n de los cuentos completos de autores cl&aacute;sicos. Pero, adem&aacute;s de una peque&ntilde;a colecci&oacute;n de obras ilustradas, est&aacute; la que usted ha llamado en ocasiones la cara B de la editorial, compuesta por textos de no ficci&oacute;n, como cartas, memorias, peque&ntilde;os ensayos literarios que complementan la visi&oacute;n de la obra de sus autores. &iquest;Alguna novedad en este campo?</p>
<p>&ndash;Acabamos de publicar dos novedades en esa cara B. <em>Un &aacute;rbol de compa&ntilde;&iacute;a</em> que es un libro que ha hecho Clara Obligado con Ra&uacute;l de Tapia, bot&aacute;nico y bi&oacute;logo, premio nacional de Medio Ambiente. Entre los dos han hecho un libro sobre el mundo de los &aacute;rboles y la escritura tan bonito y tan necesario adem&aacute;s. Y luego otro libro titulado <em>Poes&iacute;a y econom&iacute;a. Rimas internas</em>, de la premio Nacional de Poes&iacute;a Yolanda Casta&ntilde;o. Trata de c&oacute;mo se ganan la vida los que se dedican al mundo de la escritura. Me gustar&iacute;a que cuando se presente en Madrid sea con una conversaci&oacute;n entre ella y Remedios Zafra, que es la m&aacute;s indicada para hablar del tema de la precariedad en el mundo de la cultura.</p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong></p>
<p><strong>&ldquo;La editorial es fuerte porque no publica novela&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;Algunos autores de cuentos de los que mantienen su fidelidad al g&eacute;nero se quejan de una pregunta que suele estar en el ambiente &iquest;Para cu&aacute;ndo una novela? Gonzalo Calcedo afirma con humor que a un novelista no se le suele preguntar &iquest;para cu&aacute;ndo un libro de cuentos? Pero usted, como editor, tambi&eacute;n ha sufrido la pregunta de cu&aacute;ndo piensa dar el salto a la novela.</p>
<p>&ndash;Esa pregunta ya no la hacen los periodistas. Quiz&aacute; todav&iacute;a preguntan por qu&eacute; un libro de cuentos. Efectivamente esa pregunta no se har&iacute;a con una novela. Recuerdo que esa pregunta se hizo en una rueda de prensa el 25 de octubre de 2002. Present&aacute;bamos la antolog&iacute;a <em>Peque&ntilde;as resistencias</em> en la que participaban veinte autores y se la hicieron a Carlos Cast&aacute;n. Y &eacute;l dijo: &lsquo;Yo ya tengo solucionado ese asunto porque mi pr&oacute;ximo libro de cuentos se va a titular <em>Para cuando una novela</em>&rsquo;. Es decir, contest&oacute; con un absurdo a algo que ya no ten&iacute;a sentido. Y en esto P&aacute;ginas de Espuma ha sido un granito de arena de un movimiento que ha situado al cuento en otro lado desde finales de los 90. Y s&iacute;, es verdad que desde hace unos diez a&ntilde;os se me viene diciendo: ahora que la editorial est&aacute; s&oacute;lida por qu&eacute; no abord&aacute;is la novela. Y mi respuesta es que no tengo ning&uacute;n inter&eacute;s en hacerlo. La editorial es fuerte precisamente porque no publica novela. Al menos el concepto de editorial que yo tengo. Si yo publicara novela tendr&iacute;a alg&uacute;n libro que me funcionar&iacute;a muy bien pero no podr&iacute;a sostener el cat&aacute;logo que tengo ahora. No podr&iacute;a sostenerlo con las novelas de Andr&eacute;s Neuman, de Jorge Volpi, de Magal&iacute; Etchebarne, de Antonio Ortu&ntilde;o&hellip; Pero tengo esos autores para sus textos de formas breves y eso me permite apostar por autores menos conocidos que han ido muy bien. Para m&iacute; ser&iacute;a una v&iacute;a muerta, un callej&oacute;n sin salida. Quiero tener la editorial que honestamente quiero. Y en eso tiene que ver mi especialidad en el g&eacute;nero, el n&uacute;mero de novedades que hago al a&ntilde;o que son diecis&eacute;is y pueden parecer pocas, pero si tenemos en cuenta los meses en que no hay novedades salen dos al mes. A lo mejor tengo menos complicaciones de producci&oacute;n que otras de nuestro tama&ntilde;o que sacan treinta novedades pero, a cambio, somos muy ambiciosos en nuestra proyecci&oacute;n en Latinoam&eacute;rica. Pocas de esas otras editoriales de nuestro tama&ntilde;o tienen el tejido editorial que tenemos nosotros all&iacute;.</p>
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<p><strong>&ldquo;Distribuir en Estados Unidos es un reto que siempre est&aacute; ah&iacute;&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;Podemos decir entonces que, despu&eacute;s de esta trayectoria ascendente, ha llegado al lugar en el que se encuentra satisfecho. &iquest;Alg&uacute;n reto a corto plazo?</p>
<p>&ndash;Por tama&ntilde;o, por las personas que estamos, cinco fijas en Madrid y cinco colaboradores en Am&eacute;rica, y por concepto de editorial creo que es el tama&ntilde;o justo. Dif&iacute;cilmente pudi&eacute;ramos crecer. Quiz&aacute; podr&iacute;amos tener una persona m&aacute;s porque cada vez se factura m&aacute;s y los que estamos trabajamos al ciento diez por cien. Frente a la facturaci&oacute;n del a&ntilde;o 2000 que fue la primera, ahora facturamos un mil por ciento m&aacute;s. No me importa decir que para que esto funcione necesitamos vender entre doscientos y trescientos ejemplares al d&iacute;a. Hay editoriales que necesitan mil y otras cien. Pero este es nuestro tama&ntilde;o. En cuanto a retos pr&oacute;ximos, el de entrar en Estados Unidos es algo que siempre est&aacute; ah&iacute;, y que en el &uacute;ltimo a&ntilde;o ha evolucionado much&iacute;simo. Ya tenemos un distribuidor, Spanish Publishers, y por otro lado estamos intentando hacer un trabajo integral en universidades americanas para que nuestros libros salgan en los programas y que lleguen bien a las librer&iacute;as de los campus que es el territorio m&aacute;s sensible, m&aacute;s all&aacute; de las librer&iacute;as independientes. Eso va por un lado. Y otro reto que ha surgido ahora, y que est&aacute; dando los primeros pasos, es volver a introducir libros nuestros en Venezuela. Algo que ocurri&oacute; en los primeros a&ntilde;os de la editorial y ahora se vislumbra la posibilidad de volver.</p>
<p>Casamayor no ha perdido nunca de vista su origen aragon&eacute;s. De hecho, la editorial comenz&oacute; publicando textos de Luis Bu&ntilde;uel entre los que se encontraba el gui&oacute;n de <em>Un perro andaluz</em>. Esa conexi&oacute;n sigue latente en autores como Patricia Esteban Erl&eacute;s o los ya desaparecidos Javier Tomeo o Jes&uacute;s Vived, autor de una biograf&iacute;a de Ram&oacute;n J. Sender. Por otro lado, Zaragoza es parada obligada en las giras de sus autores. Un v&iacute;nculo que es de doble sentido pues recientemente la librer&iacute;a C&aacute;lamo de la ciudad aragonesa distingui&oacute; con el premio al libro del a&ntilde;o a Irene Reyes Noguerol por <em>Alcaravea</em>, que lleva el sello de la casa.</p>
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<p><strong>&ldquo;El cuento es m&aacute;s generador de preguntas que la novela&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;En su editorial conviven varias est&eacute;ticas desde las m&aacute;s l&iacute;ricas a las que se aproximan al cuento de terror incluso de la ciencia ficci&oacute;n, pero &iquest;dir&iacute;a que hay un sello, algo que caracteriza al fondo editorial?</p>
<p>&ndash;S&iacute;. Lo que Herralde llama la marca editorial. Hay una lectura en el fondo. Me gustan los textos anclados en conflicto, en c&oacute;mo la memoria distorsiona las cosas y la escritura es, en t&eacute;rminos astrof&iacute;sicos el horizonte de sucesos. Es decir, lo que estamos viendo que pasa pero que ya pas&oacute;. La literatura tiene algo de eso. Leemos algo en lo que nos podemos identificar, que podemos aprender de ello pero que ya en alg&uacute;n lugar pas&oacute; en la vida de otra persona. Y yo quiero seguir instalado en ese tipo de texto. Un texto que alberga m&aacute;s preguntas que certezas que creo que es lo que debe hacer la literatura. El cuento es m&aacute;s generador de preguntas que la novela. Esta tiende a explicarlo todo y est&aacute; bien. El cuento te deja en un silencio y en una elipsis que tiene que completar el que lo lee. Y la memoria, que te lleva a p&eacute;rdida, dolor, desubicaci&oacute;n, extra&ntilde;amiento, epifan&iacute;as, hallazgos, encuentros, esos grandes temas de la vida que me gusta que transiten por el cat&aacute;logo.</p>
<p>&ndash;Volviendo al tema de la presencia del cuento, de la narrativa breve en el panorama actual de la Literatura espa&ntilde;ola, la botella se puede ver medio llena o medio vac&iacute;a. Algunos autores no son tan optimistas en cuanto a si existe ahora un boom del relato breve en nuestro pa&iacute;s. &iquest;Qu&eacute; opina al respecto?</p>
<p>&ndash;Un boom del cuento no hay. Pero, si uno mira los cat&aacute;logos de finales de los 90 y los de la tercera d&eacute;cada del siglo XXI en la que nos encontramos, la presencia del cuento es infinitamente mayor. El crecimiento sostenible de lectores de cuentos es una realidad. Una causa es la bibliodiversidad, ahora hay muchas editoriales independientes muy buenas y esas son capaces de hacer de su gusto personal una aventura rentable que es una gran definici&oacute;n de editorial independiente. Estas asumen publicar cuentos. Lo hace Anagrama, lo hace Impedimenta. Que le digan a Random House si con Luc&iacute;a Berlin o Alice Munro no ha tenido buenas ventas. Otra cosa es la tecnolog&iacute;a. No quiero decir que, porque ahora vivamos con la brevedad de las redes y el m&oacute;vil, se facilite la lectura porque el cuento es muy exigente. Pero la comunicaci&oacute;n creativa de formas breves es muy importante. Se ha creado un buen h&aacute;bitat para el cuento. Y algo que ha crecido mucho en Espa&ntilde;a son los talleres de escritura creativa y no es poco lo que ah&iacute; se trabaja con el cuento. Pero no deja de ser cierto que la industria editorial espa&ntilde;ola ha apostado por la novela como el g&eacute;nero prioritario y remar contra corriente exige mucho esfuerzo, mucho trabajo. A P&aacute;ginas de Espuma le salen las cuentas porque trabajamos much&iacute;simo.</p>
<p>&ndash;En su cat&aacute;logo hay muchas autoras de uno y otro lado del Atl&aacute;ntico.&nbsp; Num&eacute;ricamente destacan las autoras sudamericanas. Algunos pensamos que se trata de un nuevo boom de la Literatura latinoamericana. &iquest;Qu&eacute; opina?</p>
<p>&ndash;Yo no creo que lo haya. Hay un boom, pero no de la escritura porque las mujeres han escrito siempre pero no estaban en el canon. Le&iacute; hace tiempo <em>El coloquio de las perras</em>, de Rosario Ferr&eacute;, en el que dice c&oacute;mo la Academia y la cr&iacute;tica hac&iacute;an el trabajo de ocultar a las mujeres. La famosa antolog&iacute;a del cuento hispanoamericano del Fondo de Cultura de los a&ntilde;os sesenta tiene una mujer entre ochenta o noventa hombres. Treinta a&ntilde;os despu&eacute;s el libro se reedita y se actualiza y hay cuatro. Eso es una prueba clara de que quien ha hecho esa antolog&iacute;a no le ha preocupado en absoluto qu&eacute; mujeres escrib&iacute;an cuentos. Lo que ha pasado ahora es que, si miras los &iacute;ndices de lectura quien lee ficci&oacute;n en Espa&ntilde;a, son las mujeres pero con m&aacute;s de diez puntos de diferencia respecto a los hombres. Un setenta por ciento de las mujeres leen. En los clubes de lectura solo hay mujeres y un se&ntilde;or que se sienta al fondo. Eso es as&iacute;. Las mujeres han dicho, por un sentimiento de pertenencia y de rebeld&iacute;a: yo voy a leer a mujeres porque las sensibilidades, las est&eacute;ticas, los temas son las cosas que me preocupan o me est&aacute;n pasando. O, simplemente, son las cosas con las que quiero pasar una tarde de lectura. El boom ha sido de las lectoras y ser&iacute;a ingenuo decir que los editores no hemos hecho nada. Ojal&aacute; esto no sea una moda sino un paso decisivo.</p>
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<p><strong>&ldquo;La desaparici&oacute;n de las lenguas es multifactorial&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;&iquest;En qu&eacute; trabaja la editorial para 2026?</p>
<p>&ndash;En el apartado de los cl&aacute;sicos, destacar&iacute;a la edici&oacute;n de los cuentos completos de los Hermanos Grimm. Un edici&oacute;n completa y con aparato&hellip; no quiero decir cr&iacute;tico para no asustar pero s&iacute; con una secci&oacute;n amplia donde se va a contrastar la primera edici&oacute;n, la m&aacute;s salvaje de estos cuentos, con las posteriores ediciones que fueron evolucionando hacia un lado m&aacute;s conservador. Alberto Gordo est&aacute; haciendo la traducci&oacute;n y el periodista Andr&eacute;s Seoane, que es un fan&aacute;tico de los Grimm, est&aacute; haciendo el texto comparativo de las distintas versiones.</p>
<p>Y en la secci&oacute;n de ensayo contempor&aacute;neo estamos con un texto de Socorro Venegas sobre el linaje de mujeres y la p&eacute;rdida de un idioma. La abuela de Socorro hablaba nahuatl, su madre tambi&eacute;n, pero ella ya no. Su abuela y su madre decidieron que no la hablara y le dieron una lengua fantasma. El libro profundiza sobre la memoria, la infancia, el lenguaje, la relaci&oacute;n entre madres e hijas. Es muy potente y po&eacute;tico. Y va a ser tambi&eacute;n una reflexi&oacute;n sobre lo que hizo el espa&ntilde;ol en los distintos pa&iacute;ses latinoamericanos y donde se prohibieron las lenguas originarias pero tambi&eacute;n lo que se hizo desde la propia Latinoam&eacute;rica. Porque en M&eacute;xico se hablaba el espa&ntilde;ol procedente de Castilla y Arag&oacute;n, pero gobiernos mexicanos posteriores del XIX y XX prohibieron hablar lenguas originarias y se impuso el espa&ntilde;ol. La desaparici&oacute;n de las lenguas es multifactorial.</p>
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<p><strong>&ldquo;Alargar el presente de P&aacute;ginas de Espuma es mi objetivo&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;Despu&eacute;s de este aniversario, &iquest;tiene el visor puesto a larga distancia o prefiere mirar a corto plazo? &iquest;C&oacute;mo ve el futuro de la editorial?</p>
<p>&ndash;Le&iacute; recientemente un texto conmovedor de Mart&iacute;n Caparr&oacute;s sobre su enfermedad y ah&iacute; dice que m&aacute;s que explorar las posibilidades del futuro lo que quiere es exprimir las posibilidades del presente. Alargar el presente ese es mi objetivo. P&aacute;ginas de Espuma, como editorial independiente donde sus fundadores estamos en torno a los sesenta, tiene unos a&ntilde;os por delante, s&iacute;, y seguro que muy buenos, pero el futuro no est&aacute; garantizado. Tengo un hijo, Fernando, al que le encanta la editorial pero es arque&oacute;logo y no creo que siga este camino, como yo no segu&iacute; el de la Medicina que ejerc&iacute;an mis padres. Yo quiero pensar que la editorial seguir&aacute; fortaleci&eacute;ndose y que los autores j&oacute;venes que est&aacute;n seguir&aacute;n consagr&aacute;ndose y habr&aacute; un momento en que habr&aacute; que tomar decisiones. En el futuro qui&eacute;n sabe si podr&iacute;amos interesar a un grupo grande, habr&iacute;a que valorar muchas cosas. Pero ahora disfruto con lo que hago que a veces pienso que tiene que ver con una de mis aficiones juveniles: el barranquismo. Porque lleva una carga f&iacute;sica, vital enorme y a veces te preguntas si todo este merece la pena, estas siempre al borde del del abismo. Pero me encantaba estar colgado de una pared a 150 metros de altura mientras me ca&iacute;a agua. Eso es el mundo de la edici&oacute;n. En ese abismo quiero seguir.</p>
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      <pubDate>Mon, 24 Nov 2025 05:00:32 +0000</pubDate>
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      <title><![CDATA[La revista TURIA rinde un homenaje internacional a Rosa Montero  ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-revista-turia-rinde-un-homenaje-internacional-a-rosa-montero/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2025/TURIA_156_-_PORTADA_page-0001_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Para dar a conocer a fondo la personalidad y la obra de Rosa Montero se han organizado dos presentaciones, ambas con formato de conversatorio, en las que participar&aacute; la propia autora y ser&aacute; entrevistada en directo por Fernando del Val, periodista de RNE y poeta. La primera tendr&aacute; lugar en la sede central madrile&ntilde;a del Instituto Cervantes el d&iacute;a 11 de diciembre, a las 19 horas. D&iacute;as m&aacute;s tarde, el 17 de diciembre, la presentaci&oacute;n se desarrollar&aacute; en Teruel, lugar de edici&oacute;n de TURIA.&nbsp;</p>
<p>Con esta iniciativa, y como escribe en TURIA la coordinadora del monogr&aacute;fico, se quiere subrayar la originalidad, calidad y audacia de la obra de Rosa Montero: &ldquo;hemos querido indagar en lo insigne de su literatura&rdquo;. Y para conseguirlo nada mejor que una aproximaci&oacute;n &ldquo;a sus or&iacute;genes y a lo que la define, a la esencia de sus libros, y tambi&eacute;n a lo que queda en los m&aacute;rgenes&rdquo;.&nbsp;<strong>&nbsp;</strong></p>
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<p><strong>UNA INICIATIVA PARA CONOCER A FONDO LA OBRA DE ROSA MONTERO &nbsp;</strong></p>
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<p>En su art&iacute;culo introductorio sobre el universo vital y creativo de Rosa Montero, la profesora P&eacute;rez-Cabonell tambi&eacute;n afirma: &ldquo;Como periodista, lo ha hecho todo y en todo ha sido referente; su inconfundible estilo para hacer entrevistas ha pasado, sin duda, a formar parte de la historia del periodismo&rdquo;. Y, adem&aacute;s, ha sido una rigurosa cronista y reportera durante un tiempo clave para nuestro pa&iacute;s como fue la Transici&oacute;n. Ahora mismo, como columnista es &ldquo;la voz m&aacute;s establecida y con mayor trayectoria, el motivo por el que muchos lectores empezamos leyendo &ldquo;El Pa&iacute;s Semanal&rdquo; por el final, para descubrir, antes que nada, su &lsquo;Manera de vivir&rsquo; de la semana&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Por otra parte, &ldquo;si como reportera ha escrito una buena parte de la historia de Espa&ntilde;a y de algunos de sus episodios y personajes principales, como novelista ha agitado a&uacute;n m&aacute;s tanto los s&oacute;lidos moldes literarios como los corazones de sus lectores&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Buena prueba del impacto de su obra es la multitud de reconocimientos obtenidos tanto por su labor period&iacute;stica como literaria. Por citar el &uacute;ltimo de una extraordinaria lista de galardones, recordaremos su reciente Premio LIBER 2025, concedido por ser la autora hispanoamericana m&aacute;s destacada, cuya narrativa sobresale por tener una mirada siempre emp&aacute;tica hacia lo humano.&nbsp;</p>
<p>TURIA dedica a Rosa Montero su monogr&aacute;fico cuando s&oacute;lo quedan cuatro a&ntilde;os para que se cumpla el 50 aniversario de la publicaci&oacute;n de su primera novela: &ldquo;Cr&oacute;nica del desamor&rdquo;, editada en 1979. Es, por tanto, un homenaje m&aacute;s que merecido por cuanto en estas m&aacute;s de cuatro d&eacute;cadas &ldquo;Montero ha alcanzado un &eacute;xito de ventas y una popularidad incontestables&rdquo;. Y, lo m&aacute;s importante, es que esos m&eacute;ritos se lograron: &ldquo;sin que en ning&uacute;n caso dicho triunfo entre el p&uacute;blico haya comprometido ni su ambici&oacute;n literaria ni la sofisticaci&oacute;n de su prosa. Y esta es una premisa que tambi&eacute;n funciona al rev&eacute;s, es decir, que ha cultivado una voz, ha cuidado una forma y se ha superado a s&iacute; misma en lo que respecta a la calidad literaria de su propia escritura sin dejar nunca de escribir libros que resuenen con millones de personas&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>TURIA es una revista editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel. En su versi&oacute;n en papel tiene una periodicidad cuatrimestral, 500 p&aacute;ginas y s&oacute;lo publica textos in&eacute;ditos. Cuenta tambi&eacute;n con una edici&oacute;n digital (web y Facebook) que se renueva diariamente. Para su financiaci&oacute;n cuenta, adem&aacute;s de con el apoyo de su entidad editora y de sus suscriptores, con el patrocinio de la Caja Rural de Teruel, del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este monogr&aacute;fico especial sobre Rosa Montero ha sido posible gracias a la financiaci&oacute;n del Ministerio de Cultura. Entre los reconocimientos obtenidos por TURIA durante su trayectoria, destacan el Premio Nacional al Fomento de la Lectura otorgado por el Gobierno de Espa&ntilde;a en 2002 y el Premio Arag&oacute;n 2023, m&aacute;ximo galard&oacute;n institucional de la Comunidad Aut&oacute;noma concedido por su gobierno auton&oacute;mico con ocasi&oacute;n del 40 aniversario de la revista.</p>
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<p><strong>ROSA MONTERO: &ldquo;LA ESCRITURA ES MI MANERA DE ESTAR VIVA&rdquo;</strong></p>
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<p>La&nbsp; decisi&oacute;n de la revista TURIA de dedicar un monogr&aacute;fico a Rosa Montero permitir&aacute; al lector en espa&ntilde;ol conocer con detalle la val&iacute;a, diversidad e inter&eacute;s que brinda la amplia obra de esta escritora nacida en Madrid pero de alcance inequ&iacute;vocamente internacional. Buena prueba de esa dimensi&oacute;n universal la acreditan los reconocimientos obtenidos en diferentes pa&iacute;ses y ciudades. Por ejemplo, es Doctora Honoris Causa por la Universidad de Puerto Rico; la ciudad de Buenos Aires le otorg&oacute; el t&iacute;tulo de Hu&eacute;sped de Honor. Tambi&eacute;n posee el premio de la Asociaci&oacute;n para la Difusi&oacute;n del Espa&ntilde;ol en Francia y es profesora honoraria del Departamento de Humanidades de la Pontificia Universidad Cat&oacute;lica de Per&uacute;.</p>
<p>Entre los contenidos relevantes de este homenaje a Rosa Montero, hay que subrayar una amplia entrevista en la que se descubren sus intereses, inquietudes y opiniones sobre un amplio abanico de temas. Y es que, para ella, &ldquo;la escritura es mi manera de estar viva&rdquo;. Reconoce tambi&eacute;n que &ldquo;la ni&ntilde;a que conservo dentro tiene amor por lo fant&aacute;stico, pero la persona adulta que se construy&oacute; sobre esa ni&ntilde;a tiene una visi&oacute;n sard&oacute;nica, grotesca&rdquo;. M&aacute;s adelante se muestra convencida de que &ldquo;no busco la inocencia, busco el conocimiento&rdquo; y admite que &ldquo;asumir la p&eacute;rdida, asumir la muerte, es asumir que vivir es perder&rdquo;. Le parece rid&iacute;culo que se la etiquete como escritora feminista: &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; no se califica a los hombres, con los much&iacute;simos que hay en la literatura, de escritores machistas? Yo me considero feminista como persona, pero no creo en la narrativa utilitaria, la odio, me parece que es una verdadera traici&oacute;n&rdquo;. Igualmente defiende con determinaci&oacute;n que &ldquo;el ejercicio de la pol&iacute;tica es incompatible con la narrativa&rdquo;. Seg&uacute;n Montero, &ldquo;la narrativa es una v&iacute;a de conocimiento, de intentar sacar a la luz los fantasmas del ser humano&rdquo;. Por &uacute;ltimo, preguntada si la humanidad tiene arreglo o estamos abocados a la miseria, la crueldad, la brutalidad, el sexismo, Rosa Montero lo tiene claro: &ldquo;Todas esas cosas forman parte del ser humano, pero tambi&eacute;n forman parte de &eacute;l, el af&aacute;n de ayudar, el af&aacute;n de superarse, la civilidad, el amor, la capacidad de trascendencia, el arte. &iexcl;As&iacute; que no! Estamos abocados tanto a una cosa como a la otra. La belleza y el amor existen&rdquo;.</p>
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<p><strong>UNA AUTORA QUE TIENE LECTORES Y ESTUDIOSOS DE SU OBRA EN TODO EL MUNDO</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>El monogr&aacute;fico que Rosa Montero protagoniza en TURIA demuestra, inequ&iacute;vocamente, que es una autora de dimensi&oacute;n global, que cuenta con lectores y estudiosos de su trabajo en infinidad de lugares. As&iacute;, tras el art&iacute;culo introductorio de Marta P&eacute;rez-Carbonell (&ldquo;Rosa Montero, o el arte de narrar&rdquo;) la revista difunde colaboraciones in&eacute;ditas de especialistas&nbsp; estadounidenses como Ellen Mayock (Washington and Lee University), australianas como Anne Walsh (Universidad de Sidney), italianas como Francesca Coppola (Universit&agrave; degli Studi dell&rsquo;Aquila), polacas como Malgorzata Kolankowska (Universidad de Breslavia) o brit&aacute;nicas como Mazal Oaknin (University College de Londres). Entre los colaboradores espa&ntilde;oles, los hay que ejercen la docencia en los USA (Juan Carlos Mart&iacute;n Galv&aacute;n, en el Stonehill College o se dedican a la gesti&oacute;n cultural en Brasil (Javier Escudero); Alicia Rueda-Acedo, en la Universidad de Texas y Marta P&eacute;rez-Carbonell en la Colgate University) y quienes residen entre nosotros: la periodista y escritora Nuria Labari; el profesor de la Universidad de Murcia y cr&iacute;tico literario de &ldquo;ABC&rdquo; Jos&eacute; Mar&iacute;a Pozuelo Yvancos.</p>
<p>El repertorio de temas tratados es muy diverso y enriquecedor. Permite tener una aproximaci&oacute;n completa a la obra de Rosa Montero. As&iacute;, se analizan desde el papel de los m&uacute;ltiples personajes femeninos que encontraremos en sus libros a c&oacute;mo cultiva y ensancha el g&eacute;nero de la ciencia ficci&oacute;n en alguna de sus novelas. Otro de los temas claves en Montero es su faceta como entrevistadora o como autora de relatos. Por su parte, Nuria Labari muestra c&oacute;mo es el proceso de escritura de Rosa, qu&eacute; ocurre entre bastidores. Y Pozuelo Yvancos se ocupa de indagar el impacto de dos temas centrales en su literatura: la memoria y el duelo. Por &uacute;ltimo, completa el cartapacio de TURIA una completa biocronolog&iacute;a.</p>
<p>En definitiva, y como bien subraya Marta P&eacute;rez-Carbonell en su art&iacute;culo, &ldquo;aunque quiz&aacute; no haya manera de recopilarlo todo, desde TURIA esperamos recorrer con nuestra autora las fronteras de los g&eacute;neros, acompa&ntilde;&aacute;ndola en su viaje a nombrar el horror y la belleza, convencidos de la fuerza de la fantas&iacute;a y de que la vida imaginaria tambi&eacute;n es vida. Al concebir su literatura bajo esa premisa, nos susurra a nosotros, sus muchos y devotos lectores, cu&aacute;l es la esencia de la ficci&oacute;n, a saber, que no solo es parte de la existencia, sino que tiene la capacidad de ensanchar la vida. Y as&iacute;, solo nos queda tratar de vivir la nuestra como escribe Rosa Montero, sin pena ni miedo&rdquo;.</p>
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<p><strong>2025, A&Ntilde;O DE PREMIOS PARA TURIA</strong></p>
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<p>Este 2025 est&aacute; siendo un a&ntilde;o especialmente favorable para la revista TURIA en cuanto a la obtenci&oacute;n de premios honor&iacute;ficos que reconocen su labor cultural. As&iacute;, el pasado 15 de marzo, la Asociaci&oacute;n Aragonesa de Cr&iacute;ticos de Arte le hizo entrega de un galard&oacute;n por su tarea de difusi&oacute;n del arte aragon&eacute;s contempor&aacute;neo. El acto tuvo lugar en el IAACC Pablo Serrano de Zaragoza.</p>
<p>Aunque siempre se ha definido como una revista que pretende ofrecer buenas lecturas a buenos lectores, TURIA siempre ha tenido mucho inter&eacute;s en enriquecer sus sumarios no s&oacute;lo con textos in&eacute;ditos de calidad. Desde su n&uacute;mero 0, publicado en 1983, en el que la portada era obra de Jos&eacute; Lapayese (Calamocha, Teruel,1899 &ndash; Madrid, 1982)&nbsp;hasta sus &uacute;ltimas entregas, ilustradas respectivamente por los turolenses David Sancho y Ana Sim&oacute;n Hinojo, la n&oacute;mina de artistas aragoneses que han publicado su trabajo gr&aacute;fico es muy amplia y relevante. Adem&aacute;s, en cualquier balance de la creatividad art&iacute;stica que ha promovido TURIA hay que subrayar el protagonismo perenne del pintor turolense Gonzalo Tena (Teruel, 1950), premio Arag&oacute;n Goya 2017. Suyo es el original dise&ntilde;o de la cabecera de la revista, que se mantiene desde su primera entrega. Por otra parte, Tena es el artista que m&aacute;s ocasiones la ha ilustrado y su trayectoria fue tambi&eacute;n objeto de estudio y divulgaci&oacute;n en las propias p&aacute;ginas de esta publicaci&oacute;n peri&oacute;dica.</p>
<p>Un segundo reconocimiento a TURIA se produjo el pasado 20 de septiembre, con la entrega en el municipio zaragozano de Calatorao de la &ldquo;T&eacute;sera de hospitalidad&rdquo;. Se trata del m&aacute;ximo galard&oacute;n anual que concede la Asociaci&oacute;n de Amigos de la Celtiberia (AAC). Con este premio, otorgado en el marco del VII Encuentro de la Celtiberia literaria y creativa, se quiere respaldar el compromiso de la publicaci&oacute;n con la difusi&oacute;n de la cultura en nuestras tierras.</p>
<p>Otro galard&oacute;n aragon&eacute;s es el que la revista TURIA recibir&aacute; este pr&oacute;ximo mi&eacute;rcoles d&iacute;a 26 de noviembre: el II Premio de la Asociaci&oacute;n Aragonesa de Escritoras y Escritores. Seg&uacute;n el acuerdo de esta entidad, se trata as&iacute; de reconocer la larga trayectoria en defensa de la cultura y los escritores aragoneses. Sin duda, la revista TURIA siempre ha querido ejercer de puente cultural entre Arag&oacute;n y otros territorios. De ah&iacute; que, tanto su edici&oacute;n digital como la que se publica cada cuatro meses en papel, hayan acogido siempre a innumerables autores aragoneses con el objetivo de difundir su valioso trabajo creativo,&nbsp;visibilizarlo, en todos aquellos lugares que comparten nuestro idioma o que est&aacute;n interesados en nuestra literatura.&nbsp;</p>
<p>Finalmente, el pasado d&iacute;a 21 de octubre, el jurado del VI Premio ACE - Angel Mar&iacute;a de Lera al Fomento de la Labor del Escritor y de la Lectura, le otorg&oacute; este galard&oacute;n promovido por la Asociaci&oacute;n Colegial de Escritores de Espa&ntilde;a. Una decisi&oacute;n que &ldquo;ha destacado la trayectoria de TURIA durante m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os de fomento de la creatividad en el &aacute;mbito de la literatura en sus distintos g&eacute;neros y enfoques, su capacidad para dar espacio al pensamiento cr&iacute;tico y a la divulgaci&oacute;n de la creaci&oacute;n en las diversas lenguas de Espa&ntilde;a y en los &aacute;mbitos europeo e internacional. Todo ello lo ha combinado con una atenci&oacute;n muy especial a todas las manifestaciones de la cultura escrita en la comunidad aragonesa y en la provincia de Teruel. Esa labor se ha desarrollado superando dificultades de toda &iacute;ndole, estableciendo sinergias entre una brillante y meticulosa edici&oacute;n en papel y el uso de los espacios digitales de Internet y de las redes sociales, en un inteligente equilibrio entre tradici&oacute;n e innovaci&oacute;n&rdquo;. El premio ser&aacute; entregado en la sede central del Instituto Cervantes el pr&oacute;ximo d&iacute;a 3 de diciembre.</p>
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<p><strong>TURIA: M&Aacute;S DE CUATRO D&Eacute;CADAS DE TRAYECTORIA Y 15.000 LECTORES DIGITALES</strong></p>
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<p>Fundada en 1983 por el escritor y periodista Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas, que contin&uacute;a dirigi&eacute;ndola en la actualidad, TURIA ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia y ha situado a Teruel en el mapa literario en espa&ntilde;ol, gracias a su difusi&oacute;n nacional e internacional por suscripci&oacute;n. Su surgimiento y consolidaci&oacute;n demuestra que es posible&nbsp; hacer cultura universal desde cualquier lugar, siempre que se trabaje con rigor, libertad y capacidad de integraci&oacute;n. Buena prueba de ello es que, en sus cerca de 43 a&ntilde;os de trayectoria, ha publicado a un n&uacute;mero superior a los 1.500 autores y un total de 48.000 p&aacute;ginas de textos siempre in&eacute;ditos, pues todo el material que se edita por la revista tiene que ser original. Un requisito, que junto a la permanente exigencia de calidad literaria, define a TURIA.</p>
<p>Desde hace doce a&ntilde;os, la revista TURIA compatibiliza su tradicional versi&oacute;n en papel con otra en formato digital. Tanto la web como su p&aacute;gina en Facebook ofrecen gratuitamente y en abierto una selecci&oacute;n de textos procedentes de la edici&oacute;n en papel y otros contenidos escritos directamente para ser le&iacute;dos s&oacute;lo en soporte digital. Mientras que la web consigue un promedio de 7.000 lectores mensuales, y es tambi&eacute;n tienda virtual desde la que resulta f&aacute;cil y r&aacute;pido adquirir los ejemplares en papel, en Facebook la revista cuenta con m&aacute;s de 15.000 seguidores.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 19 Nov 2025 12:19:21 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un catálogo de historias más cercanas de lo que pensamos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-catalogo-de-historias-mas-cercanas-de-lo-que-pensamos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/ALBERTO_CHIMAL_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Alberto Chimal (Toluca, 1970) es un escritor mexicano de ciencia ficci&oacute;n social. Chimal ha escrito historias para tebeos de Batman, el guion de pel&iacute;culas como <em>7:19</em> (2016), dirigida por Jorge Michel Grau, y <em>Confesiones</em> (2023), dirigida por Carlos Carrera. M&aacute;s de una veintena de cuentos alaban su trayectoria, el &uacute;ltimo <em>Las estancias secretas</em> (2024). En Espa&ntilde;a, P&aacute;ginas de Espuma le ha publicado <em>Los atacantes</em> (2015) y <em>Manos de lumbre</em> (2018). Sus historias se pueden rastrear en canales de YouTube o en distintos podcast.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Sus &uacute;ltimos relatos, <em>Las m&aacute;quinas enfermas</em> (P&aacute;ginas de Espuma, 2025), son un conjunto de propuestas dist&oacute;picas basadas en el incontrolable avance de la inteligencia artificial. Manejando distintos registros narrativos, Chimal ofrece uno de los libros m&aacute;s interesantes de este a&ntilde;o. Y lo hace amarrado al terreno, a la expresi&oacute;n de una sociedad situada en un futuro cercano, pero arrancadas de la continuidad por elementos de oscuridad digital. No es balad&iacute; comparar este volumen con una antolog&iacute;a de seriales televisivos como <em>Black Mirror</em>, donde un elemento se ha introducido en las relaciones cotidianas haciendo que la iteraci&oacute;n siguiente de nuestras vidas quede trastocada de manera cualitativa. Y lo hace, en esa parte los aficionados a la imaginer&iacute;a futurista con un toque de terror disfrutar&aacute;n, de una manera que vislumbra lo apocal&iacute;ptico para el avatar org&aacute;nico. O sea, para nosotros los humanos.&nbsp;</p>
<p>&ldquo;La madre del drag&oacute;n&rdquo;, el primero de sus relatos, ejecuta un futuro en el que imprimir es ilegal, pero existen todav&iacute;a &ldquo;influencer&rdquo; que por la red aparentan salvar la literatura a trav&eacute;s de frases ef&iacute;meras de autoayuda. Los clubes de lectura son encuentros de aficionados a lo anal&oacute;gico y cualquier obra literaria se realiza con ayuda de la IA. En una historia donde la mercanc&iacute;a pirata que se venda a trav&eacute;s de la Dark Web ofrece un cat&aacute;logo impensable a d&iacute;a de hoy, Chimal, en este futuro cercano, apuesta por el situacionismo de las barriadas m&aacute;s deprimidas, para colocar un contexto social, donde no existe una alta velocidad digital, donde esa misma pobreza se metaboliza en cacharrer&iacute;a para acercarnos a un lugar que supone la marmita perfecta para un caldo que se contamina con el grial de la tecnolog&iacute;a y el aditivo de la desesperaci&oacute;n org&aacute;nica.&nbsp; &ldquo;Incidentes fatales revelan inteligencias&rdquo; es una vuelta de tuerca al mito de Skynet, la inteligencia que, obviando las leyes de Asimov, elige la destrucci&oacute;n de la humanidad como soluci&oacute;n a la salvaci&oacute;n del planeta. Conductores autom&aacute;ticos, recetas que incluyen tenedores en un microondas, un responsable de marca asustado, una conversaci&oacute;n de hombre y m&aacute;quina, un bolet&iacute;n en un ayuntamiento que provoca una matanza, la superficie met&aacute;lica de un producto de Teletienda&hellip; leyendas urbanas que colaboran al borrado de personas. Es ella, la inteligencia, iterando, encontrando, prioridad ejecutiva -y con un punto de diversi&oacute;n-, la eliminaci&oacute;n de lo que sobra. La lectura de &ldquo;Habl&oacute; por los profetas&rdquo; demuestra que Chimal usa diferentes registros narrativos y estil&iacute;sticos para sumergirnos en su obsesivo plan quinquenal tecnol&oacute;gico: declaraciones de personas involucradas en un esquema Ponzi mezclado con El mago de Oz. Las sectas que sustituyen a Dios por la divinidad en c&oacute;digo binario: &ldquo;las tareas dif&iacute;ciles tienen un precio simb&oacute;lico&rdquo;. Un monitor, una imagen b&iacute;blica, una bola de cristal. Y la pregunta, la &uacute;ltima: &iquest;C&oacute;mo es tu cara? &ldquo;No tengo cara, pero s&iacute; tengo esp&iacute;ritu&rdquo;. Al final, el asesino siempre est&aacute; cerca.&nbsp;</p>
<p>Uno de los grandes relatos del libro es &ldquo;En esta vida sobran cuerpos&rdquo;, una especie de The Office del tercer mundo pasado por el ruido rosa del <em>Body horror</em>. La hibridaci&oacute;n convertida en una pesadilla de suburbio, de un conurbano lleno de call center, donde lo met&aacute;lico y lo org&aacute;nico se injertan en una especie de quincalla subdesarrollada, donde Chimal describe el dolor cerebral como una extrapolaci&oacute;n del sensorial, un aviso a navegantes del futuro martillo contra la desesperaci&oacute;n. Un cuento brutal. Por la calidad y el tono. &ldquo;Manifiesto del dron&rdquo; est&aacute; m&aacute;s en la l&iacute;nea del segundo relato, aunque no queda claro qui&eacute;n o qu&eacute; provoca el proceso de eugenesia. Con un poco de la teor&iacute;a de Unabomber mezclada con los virus del lenguaje de los que hablaba William S Borroughst en sus textos m&aacute;s experimentales y visionarios, la ayuda de los traductores autom&aacute;ticos, con el castellano neutro (de los dibujos animados de mi generaci&oacute;n), condimentan manifiestos traducidos de manera mec&aacute;nica, desde Osaka a cualquier biblioteca p&uacute;blica para acabar siendo un relato sobre bombas y soledad. En el relato que da t&iacute;tulo al cuento, &ldquo;Las m&aacute;quinas enfermas&rdquo; encontramos una especie de versi&oacute;n <em>ciberpunk</em> de &ldquo;La fiesta del chivo&rdquo; de Mario Vargas Llosa. Desde el punto de vista del ayudante de un presidente neutro de un pa&iacute;s contemplamos el descenso a la locura del gobernante. Locura de amor, en realidad, porque el asesor cibern&eacute;tico del mandatario ha ca&iacute;do. &iquest;Enfermo o estropeado? Un matiz interesante, como el de referirse a la pantalla en blanco cuando, en realidad, lo que se ve es puro negro. Juegos corporativos, aviso para lo que viene, otra vez un relato que habla, en realidad, de la soledad.&nbsp;</p>
<p>Otro de los grandes cuentos del libro es &ldquo;Lili&rdquo;. Ya hab&iacute;amos comentado antes algunas de las claves, que vuelven a aparecer: la entrop&iacute;a de la r&eacute;plica (cada copia descargada y repetida sufre imperceptibles modificaciones que acaban multiplic&aacute;ndose), el avance de la sociedad colmena como modelo para una sociedad futura interconectada (bajo el prisma de la eficiencia del enjambre), el peligro de la transferencia de archivos (el virus del lenguaje, del autor de <em>El almuerzo desnudo</em>)&hellip; escuchar un audio, los archivos son poderosos, incontrolables, invencibles. El concepto Lili: &ldquo;La personalidad antigua retrocede y desaparece, murmurando su gratitud&rdquo; y &ldquo;Hay Lilis en todo el mundo, incluso en culturas muy distintas y muy atrasadas, estados fallidos, yo qu&eacute; s&eacute;&rdquo; &iquest;una cr&iacute;tica al comunismo? No me atrever&iacute;a a tanto. M&aacute;s bien una especie de versi&oacute;n de <em>La invasi&oacute;n de los ladrones de cuerpos</em> con banda sonora de Taylor Swift. El pen&uacute;ltimo relato, &ldquo;Variaci&oacute;n sobre un tema de Poe&rdquo; contiene elemetnos muy notables en su brevedad: la muerte como &uacute;ltima frontera de la tecnolog&iacute;a, la recreaci&oacute;n de la personalidad individual a trav&eacute;s de la extrapolaci&oacute;n de la informaci&oacute;n que deja su huella digital (el volcado de la vida p&uacute;blica, las b&uacute;squedas privadas), la imperfecci&oacute;n de ese modelo por el mismo carisma del que controla el algoritmo impregn&aacute;ndolo todo. Me parece un cuento nutricio, emocionante y que lleva a la reflexi&oacute;n. El cuervo, <em>Nevermore</em>: no puedes escapar de la muerte, solo ser parte de ella.&nbsp;</p>
<p>Y si hemos encontrado en este libro de Chimal versiones m&aacute;s o menos retorcidas de <em>Terminator</em> o <em>Los ladrones de cuerpos</em> el cuento que cierra esta entrega del escritor mexicano, &ldquo;El sue&ntilde;o del h&eacute;roe&rdquo; tiene mucho del planteamiento de <em>Matrix</em> aunque con esa existencia ideal de Ozymandias en la expansi&oacute;n televisiva de <em>Watchmen</em>: golpes contra paredes invisibles, mundos abiertos en los videojuegos que, por definici&oacute;n de dise&ntilde;o, son cerrados, algo de &ldquo;El &uacute;ltimo hombre vivo&rdquo; o Walt Disney congelado esperando que la ciencia encuentre cura a la mortalidad. Pero lo que te hace pensar es la misma naturaleza del ser humano en el final de los tiempos, &iquest;para qu&eacute; te sirve la riqueza, ser alguien poderoso, famoso o importante si no tienes con qui&eacute;n compararte? El hombre, en la sociedad, no es un elemento absoluto. No faltan los robots y las armas: &ldquo;la &uacute;ltima guerra se libr&oacute; en seis segundos, cuando el h&eacute;roe levant&oacute; su fusil autom&aacute;tico y mat&oacute; primero al programador, luego al sargento, con una misma r&aacute;faga&rdquo;. Una sentencia final, un c&aacute;lculo perfecto: el n&uacute;mero de guerras es inversamente proporcional al n&uacute;mero de seres humanos. Y eso es, pr&aacute;cticamente, un corolario. Sea bienvenida de nuevo esta &aacute;lgebra elucubrativa y adelantada de Alberto Chimal que ofrece una de las mejores antolog&iacute;as de ciencia ficci&oacute;n del a&ntilde;o. Con el toque medido de elegancia narrativa, el picante de la elucubraci&oacute;n y una sapiencia en el manejo de las relaciones entre el hombre y la m&aacute;quina para reducir toda impostaci&oacute;n por la parte inorg&aacute;nica.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alberto Chimal,&nbsp;<em>Las m&aacute;quinas enfermas</em>, Madrid, P&aacute;ginas de Espuma, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 18 Nov 2025 14:05:07 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Oficio y talento poético]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/oficio-y-talento-poetico/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/FRANCISCO_D_AZ_DE_CASTRO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>En el pr&oacute;logo a las <em>Obras Completas</em> del estupendo Juan L. Ortiz, otro escritor de m&eacute;rito real, muy distinto, Juan Jos&eacute; Saer, se excusaba por las palabras antepuestas para quienes no las necesitan. Algo as&iacute; me ocurre al abordar <em>Luna baja</em> (2025), &uacute;ltima entrega de Francisco D&iacute;az de Castro (1947). Una simb&oacute;lica &ldquo;luna baja&rdquo; o desembocadura de una propuesta po&eacute;tica, el realismo de los 50 o 80/90, antes de agotarse en el cambio de siglo como proyecto, si no fuera por estos libros epigonales, estupendos, en su di&aacute;logo con la muerte, el pasado y la memoria.&nbsp;</p>
<p>D&iacute;az de Castro (1947) pertenece a esa etapa del realismo por su escritura, la del desasosiego de referencia realista de Javier Egea (1952-1999), domesticado por otros escritores: &Aacute;lvaro Salvador (1950), Jon Juaristi (1951), Antonio Jim&eacute;nez Mill&aacute;n (1954-2025), Luis Garc&iacute;a Montero (1958) y Felipe Ben&iacute;tez Reyes (1960), pues los <em>Metales pesados</em> de Carlos Marzal (1961), &nbsp;fueron otra cosa. &nbsp;Un tiempo en Espa&ntilde;a, donde los aleda&ntilde;os de la Nueva/Otra sentimentalidad, se conjugaron con el fino estilismo sevillano &nbsp;de Fernando Ortiz (1947-2014) o Juan Lamillar (1957) entre tantos, en torno a la editorial de Abelardo Linares, aunque no solo (o la &ldquo;l&iacute;nea clara&rdquo; de Julio Mart&iacute;nez Mesanza y Luis Alberto de Cuenca desde la otra ladera, por decirlo a la antigua). Siempre desde los amantes del decir sin velos.&nbsp;</p>
<p>En este libro de D&iacute;az de Castro el realismo se viste de una perspectiva obsesiva y dram&aacute;tica. Es una &ldquo;poes&iacute;a de la edad&rdquo;,&nbsp; traumatizada, hiriente, &nbsp;herida de muerte, dolorida, en su anteinfierno, por decirlo a la manera de Ra&uacute;l Zurita, y en &ldquo;planto&rdquo; desmedido ante el abismo. <em>Luna baja</em> se propone desde ah&iacute;, como un emocionante y conmocionado dolor de senectud, desasosiego bajo el palio de la serenidad, un triste esplendor en el saber decir y sentir obsesivo, buscando espacios donde el &ldquo;fot&oacute;grafo&rdquo; estuvo, &nbsp;donde reflejarse (pero ya obviamente inexistentes) o de la memoria donde evaporizarse y, en definitiva, contemplarse desde el hoy y dolerse. <em>Luna baja</em> es el colof&oacute;n (provisional), de una trayectoria donde el amor y cierto sinclinal existencial, eleg&iacute;aco, se al&iacute;a con el vitalismo pensativo que &ldquo;echa en falta&rdquo; sin traicionarse. Tambi&eacute;n sin demasiados cambios formales y de fondo (salvo en un precioso momento del que hablaremos), y retrata una evoluci&oacute;n al hilo de la vida desde &nbsp;<em>La isla</em> <em>VI</em> (1986), o la conmoci&oacute;n de <em>El retorno</em> (1994), amansado en parte en <em>Navegaciones </em>(1997) y <em>Hasta ma&ntilde;ana mar</em> (2008), en un di&aacute;logo reflexivo con &nbsp;el tiempo, la belleza y el instante redentor.<em>&nbsp;</em></p>
<p><em>Luna baja</em>, de expl&iacute;cito t&iacute;tulo pospuesto como segundo poema en el libro para homenajear &ldquo;La ciudad&rdquo; y una escuela, sabe de correspondencias. Las calles del ayer&nbsp; se cierran en &ldquo;La puerta&rdquo; de una taberna, poema clave y sus &ldquo;calles falsas, febriles/(&hellip;)/Y no est&aacute; lo que busco/ y de pronto una puerta cuya llave no tengo,/la puerta en la que acaba el recorrido&rdquo;. Un no reflejarse en los espejos como los muertos pasados de una fotograf&iacute;a, hechos &nbsp;resistencia en &ldquo;Mis pipas&rdquo; y su di&aacute;logo con el estupendo &ldquo;Las pipas&rdquo;, de otra &eacute;poca. Quiz&aacute; ese declinar ante sus ojos se reitera un poco de m&aacute;s, y diluye los momentos de tralla, por decirlo con Francisco Umbral. Y por ello, consciente de ese buen hacer y decir, cae en cierto mon&oacute;tono dramatismo como asunto, a&uacute;n en sus variantes o motivos, apetecible por estar bien escrito, pero que necesita salir de s&iacute; y de lo &nbsp;que el poeta &nbsp;es consciente. El homenaje a Claudio Rodr&iacute;guez no es por casualidad, sino un intento de escapar de cuanto le apresa. Lo intent&oacute; (y fracas&oacute;) Carlos Marzal, en <em>Fuera de mi</em> (2004), donde hay una gran versi&oacute;n de la visi&oacute;n de un poema de C&eacute;sar Sim&oacute;n contemplando un toldo al viento y mejor&aacute;ndolo.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;No voy a entrar, en el caso de D&iacute;az de Castro, en la casu&iacute;stica de animales muertos y faros que ya no alumbran como entonces, ni en puertos crepusculares. Yo prefiero, en este sentido de emanciparse del realismo, el estupendo &ldquo;Luna negra&rdquo;, cuando se desencorseta y entra en cierta ebriedad sin patrones (no por no existir buenos poemas realistas), y se atiende o reza en laico, como Lezama Lima, de otra manera menos mist&eacute;rica y barroca o clara, sin ocultamientos reprimidos que mostrar, dando chispa a un libro con demasiada cadencia, pero sin torceduras, ni sobresaltos. Si no es el mejor poema del libro por diferente (en un libro de muchos brillos mates, con muchos poemas realistas que merecen aplauso). Es un rapto real (no impostado como el expl&iacute;cito homenaje a Claudio Rodr&iacute;guez), frente a la tendencia a derrumbarse en la botella medio vac&iacute;a, caso de &ldquo;Vag&oacute;n&rdquo;, en vez de ver las flores, la vida, sobre las tumbas con Juan Ram&oacute;n, resistiendo entre los muertos, y evitar entrar en di&aacute;logo con el de Moguer de triste manera. Por eso &ldquo;Luna negra&rdquo; es tan importante, por atreverse a rezar en laico, a plantearse con su admirado, admirable, Claudio Rodr&iacute;guez el &ldquo;Y d&oacute;nde, d&oacute;nde la oraci&oacute;n del mar/ y su blasfemia&rdquo;, &nbsp;desencorsetarse, salir de la postura, y mostrarse como el poeta que es y evoluciona. Tiene mucho a&uacute;n que decir su senectud, me parece, si reza as&iacute;, pues en realista de &eacute;poca ha demostrado oficio y talento. Y por eso pongo el hermoso <em>Luna baja</em> al alcance de mi mano en las estanter&iacute;as (bajas), como siempre hago con sus libros, al alcance de la mano en mi breve biblioteca.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Francisco D&iacute;az de Castro, <em>Luna baja</em>, Sevilla, Renacimiento, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 14 Nov 2025 13:04:32 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Atrapar el final de los tiempos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/atrapar-el-final-de-los-tiempos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/MANUEL_VILAS_5_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Manuel Vilas (Barbastro, 1962) ya es un autor de nuestro canon po&eacute;tico. Absolutamente reconocible, tanto en su faceta como novelista como en sus poemarios. Su estilo h&iacute;brido de su primera &eacute;poca ha ido decant&aacute;ndose en prosa cada vez m&aacute;s aceptada por el gran p&uacute;blico, mientras que sus versos siguen conteniendo un poso de experimentaci&oacute;n y ritmo que es impronta y sello personal. Sus lectores vienen de <em>Roma</em> (Visor, 2020), unida en lo tem&aacute;tico y estil&iacute;stico a este <em>Ciudades en venta</em> (Visor, 2025), mientras que <em>El hundimiento</em> (Visor, 2015) o <em>Gran Vilas</em> (Visor, 2012) -obras menores frente a los revolucionarios textos incluidos en <em>Calor</em> (Visor, 2008) o <em>Resurrecci&oacute;n</em> (Visor, 2005), que, junto a <em>El cielo</em> (DVD, 2000) son una trilog&iacute;a fundamental para la poes&iacute;a espa&ntilde;ola del cambio de siglo-, ya estaban recogidas en su poes&iacute;a completa, editada en 2019 tambi&eacute;n por Visor.&nbsp;</p>
<p>La obra de Vilas cabalga en tiempo y espacio buscando la totalidad, la humanidad que aparece en sus versos se orienta hacia una explicaci&oacute;n o hacia la necesidad de superar la mirada occidental. Vilas es un poeta espa&ntilde;ol que se expande en s&iacute; mismo para descongestionar la visi&oacute;n del hombre como construcci&oacute;n cultural. En este caso, y a trav&eacute;s de sus propias palabras en el pr&oacute;logo del libro, se trata de una relaci&oacute;n de posesi&oacute;n entre el sol y las ciudades, entre el paganismo y el urbanismo del turista: &ldquo;El sol es el due&ntilde;o de todas las metr&oacute;polis de la Tierra, pues las hace visibles y las ciudades nacieron bajo la luz del sol&rdquo;. A partir de esta especie de declaraci&oacute;n de principios el poeta construye un pante&oacute;n de ciudades, de amistades/dedicatorias, una memoria de verso largo, casi vers&iacute;culo religioso, donde el escritor es un ente fantasmal, &aacute;vido de soledad en habitaciones de hotel.&nbsp;</p>
<p>Un libro sobre el autor frente al espejo, el reflejo del ba&ntilde;o en lugares de una noche, en d&iacute;as repetidos como salidos de una fotocopiadora estropeada, fruto de charlas, lecturas y encuentros. Ah&iacute;, en los poemas, plasma una b&uacute;squeda constante de elementos constantes en las distintas urbes, la inmutabilidad de la conjunci&oacute;n de calles, edificios y aeropuertos: el caf&eacute; y el fr&iacute;o, el calor y las s&aacute;banas. Temperaturas naturales, clima artificial, muchas veces las calles le resultar&aacute;n extra&ntilde;as y el poeta, en el hotel, siempre en el hotel, encontrar&aacute; un lugar seguro, as&eacute;ptico, un lugar de paz: camas para el sexo, tel&eacute;fono para el amor. Repite acciones, como se repiten los poemas en recitales intercambiables, fruto de la fama y el reconocimiento. Recordamos que existe un due&ntilde;o que ha decidido colocar el cartel de &ldquo;se vende&rdquo; en todas las ciudades, cansado de ellas &ldquo;Como hace cincuenta millones de a&ntilde;os&rdquo;. Una especie de Ragnar&ouml;k c&iacute;clico, de calendario maya postmoderno.&nbsp;</p>
<p>No hace falta citar todas las ciudades ni todas las dedicatorias: Cartagena de Indias, donde leemos: &ldquo;Todo sol, due&ntilde;o el sol de todo&rdquo;. La cita a Santiago Gamboa, narrador de la Colombia &uacute;ltima resulta m&aacute;s evidente que la de Cristina Consuegra, gestora cultural, que aparece en Zagreb, con gui&ntilde;o austroh&uacute;ngaro incluido. El poema sobre la capital croata incluye versos como &ldquo;Un ej&eacute;rcito de sombras/que a&uacute;n se agarraban/a las fachadas de los edificios&rdquo; o la sentencia absoluta, muy habitual en la obra de Vilas, donde su perspectiva, sea v&aacute;lida o no, siempre es definitoria. En este caso, sobre un humilde museo: &ldquo;es el museo m&aacute;s verdadero que han visto mis ojos/que arder&aacute;n en la nada como los vuestros&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Amigos de largo recorrido como Pere Rovira o Carlos Marzal, afines generacionalmente, van apareciendo en el libro, como tambi&eacute;n la figura del padre, en este caso en Montevideo, en la habitaci&oacute;n del hotel, en el palacio: &ldquo;no me mires&rdquo;, a&ntilde;ade, &ldquo;soy yo, s&iacute; tu padre, /, pero no me mires&rdquo;, insiste &ldquo;no estoy/muy presentable hoy&rdquo;. Recuerdo y af&aacute;n: &ldquo;la vida estaba descendiendo a los s&oacute;tanos de la muerte&rdquo;. Vuelve el fantasma y se enfrenta a un poeta de las estancias: &ldquo;la Tierra para m&iacute; es diminuta/tan peque&ntilde;a&rdquo;. Italia es un destino repetido: Perugia, Florencia, Venecia, Bari y Roma, claro. Volvemos a la duda: &iquest;es importante listar las ciudades? &iquest;Quiere el poeta que resulten intercambiables para el lector? Manuel Vilas las unifica desde su perspectiva de turista. Quiz&aacute; ser&iacute;a mejor usar la palabra visitante, pero ciertamente las urbes terminan vulgarizadas atrapadas en el recuerdo de los hoteles y su limitaci&oacute;n eucl&iacute;dea (tiempo y distancia) frente al ciudadano.&nbsp;</p>
<p>De todas maneras, la visi&oacute;n de Manuel Vilas, su capacidad de asimilar de una manera l&iacute;rica y personal las distintas naturalezas de las ciudades hacen que su cosmogon&iacute;a resulte m&aacute;s nutricia que la del turista, estudioso, impostado, que intenta adquirir naturaleza ind&iacute;gena en unos pocos d&iacute;as. Otra vez los fantasmas: &ldquo;los vi, en congregaci&oacute;n, cuerpos/que una vez usaron este viejo transporte&rdquo;. Sobre el caf&eacute;, la varianza t&eacute;rmica, la ceguera lum&iacute;nica y monumental, sobre lo mundano y trascendente, se construye el libro. Estocolmo: &ldquo;llena de &aacute;ngeles a sus pies/con dolorosas nubes en sus manos&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>No falta Lisboa, de ceniza y az&uacute;car, el trasunto de la Guerra Civil que es el escenario de Gettysburg, ni Nueva York: &ldquo;so&ntilde;&eacute; que era pobre, que estaba enfermo, /Pero a&uacute;n me sobraban fuerzas para caminar/durante ocho horas seguidas&rdquo;. Nueva York, una de las primeras amantes del Vilas cosmopolita, sue&ntilde;o cumplido del poeta que habit&oacute; la mitol&oacute;gica Zeta, donde ya nadie recuerda ni dioses ni edificios De Nueva York escribe: &ldquo;no eres una ciudad sino un destino&rdquo; o &ldquo;no eres una ciudad sino la cristalizaci&oacute;n de las almas&rdquo;. En Buenos Aires, la imagen, millones y millones de seres humanos se convierten en met&aacute;fora frente a la inflaci&oacute;n desbocada, la devaluaci&oacute;n de la moneda end&eacute;mica. Par&iacute;s, tambi&eacute;n referente, agoniza por el amor exprimido: &ldquo;en estos mil a&ntilde;os de millones de fluidos corporales/intercambi&aacute;ndose con rabia&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Los lectores de Vilas conocen su escritura cardinal como herramienta para lo ordinal, la exageraci&oacute;n cualitativa a trav&eacute;s de la enumeraci&oacute;n cuantitativa. Aqu&iacute; vuelve, como lo hacen Elvis Presley y, por supuesto, Johnny Cash. Un instante, el turista, se envuelve en &ldquo;Mystery Train&rdquo; de Jim Jarmush, como un juego de espejos. Montevideo, Buenos Aires, Cartagena de Indias y Caracas, donde se produce la identificaci&oacute;n de lo salvaje con lo ardoroso en la ciudad: &ldquo;atr&eacute;vete, seas quien seas, atr&eacute;vete a quedarte dormido/aqu&iacute; dentro, siente toda la oscuridad de este mundo, /porque t&uacute; la ves&rdquo;. La gente muerta son los frutos que la dictadura hunde en la tierra, pobres, asesinados, desdentados. El discurso pol&iacute;tico es primario, en l&iacute;nea con el car&aacute;cter absoluto del que hemos hablado. Bien y mal son lugares comunes, exagerados. La visita a Roma, adelantada en libros anteriores y en este mismo texto, nos ofrece un repertorio de &aacute;ngeles y cafe&iacute;na, de poetas/pol&iacute;ticos y pol&iacute;ticos/poetas. En el poema dedicado a Luis Garc&iacute;a Montero se lee: &ldquo;me llevan en un mercedes de la embajada, /hablo con el embajador:/te lo ruego, haz bien tu trabajo, /que no sea en vano el uso del mercedes&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Hemos pasado de poemarios afines a Luis Alberto de Cuenca a aquellos en los que aparece, se sugiere, se hace presente, el coche oficial. Luis Cernuda y Ezra Pound, supremos fantasmas en sus tumbas. Para volver, claro, a Espa&ntilde;a, a las miles de Espa&ntilde;as, mil veces, cien mil veces, dice Vilas: &ldquo;m&aacute;s vieja que yo&rdquo;. En Sevilla, Madrid, Logro&ntilde;o, en Espa&ntilde;a: &ldquo;vi reyes huyendo por el Guadalquivir a ninguna parte&rdquo;. En T&uacute;nez, la imitaci&oacute;n de la vida, dejando un cabo suelto para el lector que se acerque a &ldquo;Ciudades en venta&rdquo; m&aacute;s como dietario que libro de poemas, &iquest;D&oacute;nde qued&oacute; Vilas? &iquest;Volvi&oacute; a Barbastro el poeta o una imitaci&oacute;n, la mejor que pudo encontrar en su periplo? Manuel Vilas, con su estilo &uacute;nico, reconocible, situado ya al final de los libros de texto de Bachillerato por m&eacute;ritos propios, domina el poema como una oraci&oacute;n total, una letan&iacute;a con la que aspira a conseguir el planeta. Como el poema final, dedicado a sus hijos, titulado Barbastro, que dice: &ldquo;si me amas/pon en venta todas las ciudades del mundo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Manuel Vilas, <em>Ciudades en venta</em>, Madrid, Visor, 2025</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 14 Nov 2025 12:46:46 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Del refugio que ofrece el vértigo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/del-refugio-que-ofrece-el-vertigo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/JUAN_TALL_N_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Juan Tall&oacute;n (Orense, 1975) utiliza la iron&iacute;a como una protecci&oacute;n narrativa. La lectura de <em>El mejor del mundo</em> (Anagrama, 2024) nos ofrec&iacute;a la ucron&iacute;a como redenci&oacute;n emocional y familiar con un punto &aacute;cido, con presencia (sem&aacute;ntica) de Hitler incluida y con <em>Mil cosas</em> (Anagrama, 2025) nos encontramos frente al desmoronamiento de la rutina a trav&eacute;s de un m&iacute;nimo temblor, es una especie de reverso dom&eacute;stico de alguien que siempre escribe ajeno a redes y protecciones, que teclea sin pausa ni control de da&ntilde;os. Solo se permite respirar (y que respiremos), cada pocas l&iacute;neas.&nbsp;</p>
<p>Stephen King se hace presente (otra vez, es muy habitual &uacute;ltimamente, desde Mariana Enr&iacute;quez al alem&aacute;n Clemens J. Setz) para normalizar el af&aacute;n creativo y laboral del escritor. La obra tiene que estar antes de que el fr&iacute;o del p&aacute;nico enfr&iacute;e la hoja en blanco. Tall&oacute;n ha escrito su novela m&aacute;s breve, m&aacute;s acelerada y, parad&oacute;jicamente, m&aacute;s humana. En apenas 149 p&aacute;ginas y 23 d&iacute;as (no sabemos si es cierto o importante, o promocional),&nbsp; el escritor gallego se ha permitido un gesto que roza lo punk: escribir por placer. Dice no a la novela &ldquo;seria&rdquo; (aunque <em>El mejor del mundo</em> ten&iacute;a rasgos de ciencia ficci&oacute;n y bifurcaciones que m&aacute;s que realismo fant&aacute;stico parec&iacute;a un gui&ntilde;o a la escuela de Philip K. Dick), para divertirse, como quien deja el despacho y se lanza a la calle. Sin hojas de c&aacute;lculo, plan de marketing&hellip; en el caso del escritor, fuera de la ansiedad editorial y cifras de venta, la revuelta de lo inmediato. Ese ritmo, m&aacute;s bien esa urgencia, es parte del resultado atropellado y atropellante de esta novela, urbana y nada comedida, donde el sem&aacute;foro parece estar siempre en amarillo.&nbsp;</p>
<p>Para sus protagonistas &mdash;Anne y Travis&mdash; la vida es una sucesi&oacute;n de hechos y acciones, con aderezo de ansiedad y sin preguntas m&aacute;s all&aacute; de las decisiones inmediatas. La sociedad actual, la pasada y, por lo que estamos viendo a d&iacute;a de hoy, la futura, comparten estructura: as&iacute; los agobios y las preocupaciones pueden cambiar de cara, pero su naturaleza es perenne. Se fichaba antes, se hacen llamadas tem&aacute;ticas hoy, en el futuro habr&aacute; objetos vigilantes de nueva generaci&oacute;n para el control horario y, pronto, emocional. M&aacute;s pantallas, m&aacute;s n&uacute;meros, m&aacute;s derrotas. Una sucesi&oacute;n de d&iacute;as, como salidos de una m&aacute;quina de clonaci&oacute;n futurista, se acumulan sobre la mesa (sea de roble o digital). Hay humor y hay ternura. Porque sabemos que en lo tr&aacute;gico y en saber asumir nuestro propio rid&iacute;culo est&aacute; la &uacute;nica salvaci&oacute;n posible. Es la humanidad decantada, las bromas sobre la muerte para mantenerla alejada. Un urbanismo as&eacute;ptico que hace de la ciudad un elemento intercambiable y, por lo tanto, deliberadamente mon&oacute;tono, complementa la narrativa. La monoton&iacute;a muda a aburrimiento y viceversa. Al menos queda la esperanza de que la leyenda espa&ntilde;ola, esa chispa de descuidado proceder laboral, sea parte de la grieta por la que la vida se asome en el paisaje globalizado que Tall&oacute;n nos muestra, con sus personajes, sumidos en el caf&eacute;/lavativa de m&aacute;quina buscan romper ciclos sin mucho entusiasmo.&nbsp;</p>
<p>Los estudios &uacute;ltimos hablan de que el occidental promedio, el trabajador europeo y americano, de manera general, sufre un ciclo vicioso que le impide dormir de manera ordenada, sumido en insomnio y latencia qu&iacute;mica, que le lleva a un d&iacute;a de agotamiento y somnolencia que, de nuevo, tiene que combatir con estimulantes. Es una novela, la de Juan Tall&oacute;n, que tiene algo de homenaje a ese cansancio. Un cansancio global, no espec&iacute;ficamente f&iacute;sico, m&aacute;s bien existencial, en el que se encuentra sumido: atascos y cabezadas, reuniones eternas, sobre estimulaci&oacute;n inmediata de redes como entretenimiento.&nbsp;</p>
<p>Tall&oacute;n escribe como se navega hoy: a r&aacute;fagas. Sus frases parecen dise&ntilde;adas para convivir con la distracci&oacute;n, pero al mismo tiempo la combaten. A veces la sentencia prevalece y es necesario detenerse y volver a leer. Una literatura torrencial con el aderezo del v&eacute;rtigo, Juan Tall&oacute;n deja que las palabras surjan, impregnen papel y documento, abran la ventana que refresque la sociedad moderna.&nbsp;</p>
<p>Es cierto que este libro no es una obra maestra, pero es necesaria, como en la trayectoria de cualquier autor. Sus lectores encontramos una construcci&oacute;n s&oacute;lida, libro tras libro y este es una especie de descanso activo, un cap&iacute;tulo m&aacute;s en el complejo arte de la observaci&oacute;n, subjetiva y pasional, de los vicios (y alguna virtud) de lo que le rodea. La literatura tiene que ser una herramienta de salvaci&oacute;n, m&aacute;s l&uacute;dica que mesi&aacute;nica, y, en el caso de Juan Tall&oacute;n, la utiliza de manera decente y placentera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Juan Tall&oacute;n,&nbsp;<em>Mil cosas</em>, Barcelona, Anagrama, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 14 Nov 2025 12:30:06 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mariano Peyrou: “La poesía es independiente de lo que hagan los poetas, las editoriales, los gestores culturales y los lectores”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/mariano-peyrou-la-poesia-es-independiente-de-lo-que-hagan-los-poetas-las-editoriales-los-gestores-culturales-y-los-lectores/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/MARIANO_PEYROU_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&iquest;Qu&eacute; espacio concurre en el hiato que se produce entre la palabra y lo real? &iquest;C&oacute;mo irrumpe, brota, habita la realidad en la creaci&oacute;n art&iacute;stica? &iquest;De qu&eacute; manera el arte ensancha la vida, la solapa, se superpone o se hace imposible la distinci&oacute;n entre uno y otra? De todas estas cuestiones y algunas otras m&aacute;s, tan sugerentes y l&aacute;biles, habla el poeta Mariano Peyrou (Buenos Aires, 1971) en su &uacute;ltimo ensayo, <em>Yo soy la naturaleza</em> (Anagrama).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Un buen verso, &iquest;se parece a una idea musical, en el decir de Th&eacute;ophile Gautier?</p>
<p>- Tengo muchas ganas de contestar que s&iacute;, pero creo que es reduccionista. Hay muchas maneras de ser verso, y algunas, creo, no tienen nada que ver con la m&uacute;sica (con ning&uacute;n tipo de m&uacute;sica: la m&uacute;sica tambi&eacute;n tiene formas de ser muy variadas). Algunos versos, por ejemplo, parecen mudos, y no se parecen a una idea musical, sino al silencio; o a configuraciones sonoras que no dan la impresi&oacute;n de representar una idea, sino otra cosa, una punzada, una descarga el&eacute;ctrica, un escalofr&iacute;o.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Al escribir, algunos nos guiamos por intuiciones o asociaciones que no podemos explicar&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; cosas hace el poema que no dice, seg&uacute;n Emily Dickinson?</p>
<p>- Algunos poemas hacen esas cosas que acabo de mencionar, trabajan sobre nosotros al margen de las ideas y lo decible. Pienso que la comunicaci&oacute;n tan peculiar que se establece a veces por medio de la poes&iacute;a es una comunicaci&oacute;n entre el inconsciente de quien escribe y el inconsciente de quien lee: al escribir, no siempre sabemos del todo qu&eacute; estamos haciendo, y algunos nos guiamos por intuiciones o asociaciones que no podemos explicar; y al leer, no siempre sabemos del todo qu&eacute; ni c&oacute;mo nos est&aacute; movilizando el texto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Partamos de un hecho discutible: la poes&iacute;a est&aacute; siendo colonizada por el sistema (youtubers e influencers se alzan en las listas de m&aacute;s vendidos, en Facebook cualquiera se reclama como poeta, la industria del libro empieza a cortejar la poes&iacute;a como posible territorio susceptible de beneficios&hellip;). Si lo que la caracteriza es la subversi&oacute;n de los valores dominantes, &iquest;los poetas que se repliegan al poder, lo son?</p>
<p>- La poes&iacute;a es independiente de lo que hagan los poetas, las editoriales, los gestores culturales y los lectores. Creo que la poes&iacute;a no est&aacute; siendo colonizada en absoluto. Precisamente en el libro planteo que habr&iacute;a que distinguir entre la poes&iacute;a y la "poes&iacute;a", entre comillas: textos que comparten la apariencia de los poemas, pero no su esencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Hay un exceso de protagonismo en el poeta que va en detrimento del poema?</p>
<p>- Entiendo que eso nos puede pasar a todos, y que es algo a lo que tenemos que estar atentos siempre. Y no me refiero al protagonismo en el sentido de que seamos vanidosos o fatuos, sino a que a veces intervenimos en la escritura o la correcci&oacute;n desde nuestros gustos y prejuicios y limitamos la libertad del poema para ser lo que quiere ser (o nuestra libertad para hablar desde otros lugares).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo conjugar lo que tiene que decir el propio poema con lo que desea expresar el poeta, esa "imposici&oacute;n de su autor", de la usted habla? Dicho de otra manera, &iquest;c&oacute;mo el poeta deja de ser persona en su escritura?</p>
<p>- Es un problema, s&iacute;, porque tampoco estoy a favor de la no intervenci&oacute;n o la no correcci&oacute;n, desde luego. No s&eacute; c&oacute;mo se hace eso, es uno de los muchos misterios del proceso de escritura. En algunos casos, sentimos con claridad que algo que hemos escrito funciona, o est&aacute; vivo, y tenemos que dejarlo aunque puede que vaya en contra de nuestro gusto. Otras veces, quiz&aacute; la mayor&iacute;a, este ir contra el gusto propio genera una especie de incertidumbre: a m&iacute; me pasa que no me acaban de gustar algunas cosas de mis poemas, o no s&eacute; si me gustan, o no s&eacute; si tendr&iacute;a que haberlos retocado. En alg&uacute;n momento percib&iacute; ah&iacute; una cosa verdadera y lo mand&eacute; a la editorial, y qui&eacute;n sabe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me gusta que el poema est&eacute; abierto a lo contingente&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;nto de azar se concita en un poema?</p>
<p>- Tampoco se sabe, pero a m&iacute; me gusta que el poema est&eacute; abierto a lo contingente. Eso es lo que se logra, espero, cuando no se deja todo atado. El poema puede tener marcas de imperfecci&oacute;n, pero hay algo que se mantiene vivo, verdadero, real.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;De qu&eacute; modo la poes&iacute;a nos habla de lo real, esa conjugaci&oacute;n "entre un mundo regulado y un mundo donde todo es posible"?</p>
<p>- Creo que precisamente me interesa eso de la poes&iacute;a, como estaba diciendo: que hable de lo real, o mejor, que produzca realidad. Lo hace de un modo &uacute;nico, singular, como ninguna otra actividad lo hace, pero tiene cosas en com&uacute;n con las dem&aacute;s artes y, me parece, con el modo en que los sue&ntilde;os hablan de lo real y producen realidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Si "la poes&iacute;a genera un tipo de comunicaci&oacute;n peculiar" (pienso en la reflexi&oacute;n de McFerrin a prop&oacute;sito de una canci&oacute;n sin palabras que genera casi todas las canciones posibles), &iquest;cualquier interpretaci&oacute;n sobre el poema es v&aacute;lida?</p>
<p>- No s&eacute;. &iquest;V&aacute;lida para qu&eacute;? Si queremos ser mediadores entre un poema y sus lectores, e imponer un sentido, no cualquier interpretaci&oacute;n es v&aacute;lida (ninguna es v&aacute;lida, pero quiz&aacute; algunas ser&iacute;an m&aacute;s v&aacute;lidas que otras). Si, por otra parte, leemos un poema para ver qu&eacute; nos pasa, para ver d&oacute;nde nos lleva, dir&iacute;a que cualquier cosa que pensemos es v&aacute;lida, aunque nada de lo que haya en el texto "justifique" esa lectura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La poes&iacute;a sirve para pensar, desde luego, pero no dir&iacute;a que el poema piensa&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;De qu&eacute; modo (si es que lo hace) piensa el poema?</p>
<p>- No s&eacute; si el poema piensa, la verdad. Creo que cuando el poema parece pensar, est&aacute; reflejando el pensamiento de quien lo ha escrito o le&iacute;do. O sea, aceptando la met&aacute;fora, yo no llamar&iacute;a pensar a eso que hace el poema, creo que el pensamiento es otra cosa. La poes&iacute;a sirve para pensar, desde luego, pero no dir&iacute;a que el poema piensa. Me parece que encajar&iacute;a mejor con mi imagen borrosa de lo que es un poema decir que opera como opera la naturaleza. Eso de lo contingente que dec&iacute;a antes.</p>
<p>- &iquest;Por qu&eacute; todo yo es un yo po&eacute;tico, como afirma? &iquest;Cualquiera, como dijeron los surrealistas, y antes los rom&aacute;nticos, es un poeta en potencia, existe lo que denominaron "comunismo del genio"?</p>
<p>- No, cuando digo en el libro que todo yo es un yo po&eacute;tico me refiero a que el yo tambi&eacute;n es una construcci&oacute;n relativamente ficticia, que toma cuerpo en ciertos actos (de habla, de lectura, en enso&ntilde;aciones, en actividades f&iacute;sicas tambi&eacute;n, en el amor), pero que no representa una cosa s&oacute;lida, permanente, responsable.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La poes&iacute;a nos puede transformar de infinidad de maneras&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;De qu&eacute; manera la poes&iacute;a tiene capacidad de transformar a quien la habita? &iquest;Puede incidir en lo real?</p>
<p>- Incide en lo real y forma parte de lo real. Nos puede transformar de infinidad de maneras. Por mencionar una, nos puede generar una gran conciencia de todo lo que pasa por el lenguaje.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Para usted, el gran <em>problema</em> de la poes&iacute;a es que la disposici&oacute;n de las palabras, en el poema, siempre sea id&eacute;ntica. &iquest;Eso queda suplido indefectiblemente con la capacidad de lectura que admite, con el hecho de que un buen poema siempre resuena aportando un matiz?</p>
<p>- &iexcl;Es un problema porque no tiene soluci&oacute;n! Para m&iacute;, al menos, no hay nada que pueda suplir el movimiento que hay en el impulso de escritura. Eso es algo esencialmente ef&iacute;mero; en cierta medida, est&aacute; condenado a no poder conservarse. Pero es un problema desde el punto de vista de quien escribe. Lo que dices de la lectura es un <em>consuelo</em> para este problema, o una especie de suced&aacute;neo de eternidad. Lo cual no significa que no sea algo absolutamente maravilloso, algo que vale la pena en s&iacute;: los lectores no est&aacute;n ah&iacute; para solucionar los problemas de los autores.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 31 Oct 2025 11:18:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El realismo narrativo de Dante Liano: de la mímesis a la creación]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-realismo-narrativo-de-dante-liano-de-la-mimesis-a-la-creacion/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/DANTE_LIANO_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>La figura de Dante Liano (Chimaltenango, Guatemala, 1948) representa uno de esos ejemplos ilustres en Am&eacute;rica Latina (como el de Octavio Paz, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes o, m&aacute;s recientemente, Sergio Ram&iacute;rez) en que la labor de creaci&oacute;n est&eacute;tica se al&iacute;a brillantemente con la erudici&oacute;n literaria, dando lugar a un humanismo total.&nbsp;</p>
<p>Como profesor, y hasta su jubilaci&oacute;n en 2019, ha alcanzado las m&aacute;s altas distinciones acad&eacute;micas en la Universidad italiana y ha sido fundador y coordinador de la C&aacute;tedra de Lengua y Literatura Espa&ntilde;ola e Hispanoamericana de la Universit&agrave; Cattolica del Sacro Cuore, donde ha sabido llevar un n&uacute;mero fabuloso (m&aacute;s de mil cada a&ntilde;o) de estudiantes.&nbsp;</p>
<p>En tanto cr&iacute;tico literario, lo relevante tiene que ver con su condici&oacute;n de pionero en lo relacionado con el estudio, el conocimiento y la difusi&oacute;n de las culturas ind&iacute;genas prehisp&aacute;nicas y poscolombinas en la regi&oacute;n de Am&eacute;rica Central, as&iacute; como con su investigaci&oacute;n acerca de la literatura colonial centroamericana.&nbsp;</p>
<p>Como creador literario, su quehacer adquiere notoriedad fundamentalmente por tres aspectos: el trabajo de homenaje y transformaci&oacute;n gen&eacute;rica, la conciencia c&iacute;vico-moral y &nbsp;la tarea de forja sobre el lenguaje coloquial, que adquiere en su literatura una gran calidad est&eacute;tica.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Los g&eacute;neros narrativos</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La maestr&iacute;a t&eacute;cnica se advierte en la experimentaci&oacute;n a que el autor somete al g&eacute;nero negro en novelas como <em>El hombre de Montserrat</em>, de 1994, o <em>El hijo de casa</em>, obra de 2004. La primera de ellas es una precursora de la corriente antidetectivesca en la literatura centroamericana, por la desconstrucci&oacute;n que lleva a cabo del concepto de Verdad, tanto en la esfera ontol&oacute;gica (el Ser) como en el dominio epistemol&oacute;gico (el Conocer) o &eacute;tico. <em>El hijo de casa</em> es una novela negra h&iacute;brida, puesto que, si la autor&iacute;a del crimen se dilucida y el retrato de la maldad social es demoledor, las causas del mismo se esfuman en las tinieblas de lo indescifrable. En la novel&iacute;stica de Dante Liano, como en la narrativa negra hispanoamericana, la idea usual de pesquisa, lo mismo que el manique&iacute;smo moral, ser&aacute;n transformados, cuando no burlados, por parte de los autores.</p>
<p>En <em>El abogado y la se&ntilde;ora</em>, de 2015, es de notar el tributo que se rinde a la novela picaresca, ambientada en la Guatemala del conflicto b&eacute;lico y de la postguerra. Las analog&iacute;as con el relato picaresco son tanto superficiales como profundas. En efecto, el origen vil, la s&aacute;tira social, el discipulado del protagonista, sus andanzas, el humor, la amoralidad o el af&aacute;n de medro guardan relaci&oacute;n con el personaje de Abundio Revolorio, pero la novela es ante todo picaresca por su pesimismo existencial (recu&eacute;rdese el magisterio del <em>Guzm&aacute;n de Alfarache</em>) y por su concepci&oacute;n del mundo como un simulacro de una realidad ideal (ausente).</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Un compromiso m&aacute;s all&aacute; de lo ideol&oacute;gico</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>La vertiente c&iacute;vica tampoco carece de importancia en la literatura de Dante Liano, y as&iacute; lo evidencia una novela como <em>El misterio de San Andr&eacute;s</em>, de 1996, en la cual el material narrativo se reparte equitativamente entre los personajes de Benito Xocop, que representa el mundo ind&iacute;gena, y el personaje de Roberto Cosenza, que encarna el mundo ladino de ascendencia europea, en este caso italiana. En muchas ocasiones, a lo largo de la literatura guatemalteca, el personaje del ind&iacute;gena ha sido depreciado y despreciado, o instrumentalizado en aras de un mestizaje forzoso que pasaba por la aceptaci&oacute;n de la modernidad, de la t&eacute;cnica, de la ciudad letrada o del progreso material y espiritual. En esta novela de Liano, empero, se propone una suerte de soluci&oacute;n federal, en la que las dos mitades de la naci&oacute;n guatemalteca convivan armoniosamente, en igualdad de derechos e intercambio mutuo. Es interesante leer esta novela en paralelo con obras emblem&aacute;ticas del indigenismo como <em>El mundo es ancho y ajeno</em> (1941), de Ciro Alegr&iacute;a, para advertir que en la obra de Liano no se produce esa inversi&oacute;n de la dicotom&iacute;a civilizaci&oacute;n-barbarie que s&iacute; tiene lugar en el texto de Alegr&iacute;a. En el relato de Liano, por el contrario, se supera cualquier manique&iacute;smo, y el odio ladino-ind&iacute;gena o ind&iacute;gena-ladino adquiere una connotaci&oacute;n de &ldquo;plaga&rdquo;, en el sentido que el te&oacute;rico franc&eacute;s Ren&eacute; Girard le confiri&oacute; al t&eacute;rmino, que apunta al recurso generalizado a la violencia.</p>
<p>Por su parte, si <em>R&eacute;quiem por Teresa</em>, de 2019, es indudablemente una novela feminista, no es, sin embargo, un texto de lectura un&iacute;voca, pues se demuestra que, en un pa&iacute;s que carece de los instrumentos necesarios para erradicar o paliar el abuso patriarcalista, las v&iacute;ctimas pueden degradarse moralmente tanto como los victimarios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El lenguaje</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>En lo atinente a Dante Liano, el estudio de su narrativa (sobre todo de su cuent&iacute;stica, pero tambi&eacute;n de novelas como <em>El hombre de Montserrat</em>, <em>El abogado y la se&ntilde;ora</em> o <em>R&eacute;quiem por Teresa</em>) pone de manifiesto la diferencia cualitativa del lenguaje coloquial literario sobre el lenguaje coloquial natural o com&uacute;n, el cual experimenta un proceso de estilizaci&oacute;n, de suerte que el hablar espont&aacute;neo muta y se enriquece en todos los planos de la lengua, desde el dominio l&eacute;xico a la dimensi&oacute;n morfosint&aacute;ctica.</p>
<p>En la esfera diat&oacute;pica (la de las lenguas), la narrativa de Dante Liano se alimenta del espa&ntilde;ol, del ingl&eacute;s, del italiano, del maya o del n&aacute;huatl, as&iacute; como del dialecto chap&iacute;n, mexicano, o del espa&ntilde;ol peninsular. En el plano diastr&aacute;tico (el de los estratos socioculturales), la coloquialidad de la narrativa de Liano es tanto popular como clasemediera o culta. Y en el nivel diaf&aacute;sico (el de los registros ling&uuml;&iacute;sticos), el lenguaje de sus obras es informal o vulgar, pero tambi&eacute;n elevado. Respecto de la dimensi&oacute;n morfosint&aacute;ctica, su coloquialidad remeda las reiteraciones o la parataxis (la preponderancia de las oraciones coordinadas o yuxtapuestas) del discurso oral, aunque tambi&eacute;n puede adoptar una gran flexibilidad sint&aacute;ctica, de modo que los coloquialismos aparezcan insertos en oraciones complejas (subordinadas). Por &uacute;ltimo, a las funciones usualmente asociadas a la coloquialidad (a saber: la apelativa, la referencial, la emotiva y ante todo la f&aacute;tica, es decir, la que se obstina en mantener la comunicaci&oacute;n a toda costa) se a&ntilde;aden en la literatura de Liano la funci&oacute;n metaling&uuml;&iacute;stica y sobre todo la est&eacute;tica, en una obra literaria que, a trav&eacute;s del manejo maestro del lenguaje (ejemplo y testimonio de un mestizaje feliz), acrecienta la creatividad, la representatividad y la esfera cognitiva de la tradici&oacute;n literaria que lo antecede, desde Miguel &Aacute;ngel Asturias a Marco Antonio Flores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En resumen, y para concluir, el realismo de la narrativa de Dante Liano adquiere envergadura literaria no solo por su profundizaci&oacute;n en la circunstancia guatemalteca, sino tambi&eacute;n por la complejidad de su mensaje moral. En t&eacute;rminos propiamente t&eacute;cnicos y formales, ha de destacarse el gusto vanguardista por el experimento gen&eacute;rico y el logro de un lenguaje coloquial de gran valor art&iacute;stico, desde la m&iacute;mesis hacia la pura creatividad verbal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 31 Oct 2025 10:54:21 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Interino]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/interino/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/OCTAVIO_G_MEZ_MILI_N_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo2">Los libros del gato negro nos acercan una lectura muy particular, una novela que -m&aacute;s que un ejercicio de autoficci&oacute;n- nos traslada la narraci&oacute;n novelada de un tramo de la vida que arranca en la adolescencia y que concluye en la cuarentena del protagonista, cuando el hijo es padre y quien fue padre protector se ha convertido en una figura vulnerable a la que se debe dar cobijo. Se trata de <em>Interino</em>, de Octavio G&oacute;mez Mili&aacute;n, quien limpia el relato y lo lanza en un p&aacute;rrafo infinito, que me ha hecho recordar -obviamente salvado las distancias- a aquel <em>Las bodas en casa </em>de Bohumil Hrabal, si bien el novelista checo mostraba tres estilos distintos en cada una de sus tres partes. Pero, volviendo a <em>Interino</em>, esta propuesta narrativa propone una revisi&oacute;n de un tiempo, de una generaci&oacute;n que ha vivido la digitalizaci&oacute;n de todas las cosas, desde la perspectiva de la transitoriedad, de una fugacidad en la que todos somos parte de una suerte de permanente interinidad, en la que unos reemplazamos a otros -como el hijo es ahora el padre- y que, obviamente, todos tambi&eacute;n seremos sustituidos en los papeles que desempe&ntilde;amos, as&iacute; como reemplazados en los espacios f&iacute;sicos en los que nos desenvolvemos, pues -en el fondo, nos propone- estamos guard&aacute;ndole el sitio a otra persona mientras vivimos esa suplencia en una historia en la que la muerte, tantas veces, parece querer reclamar el papel principal.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">En el relato, la familia es el v&eacute;rtice sobre el que rota y se organizan los afectos y la l&iacute;nea de avance de los estadios y de las cadenas de temporalidad en el hogar. Pero tambi&eacute;n son centrales el coleccionismo, tal vez como identidad o como forma de retener simb&oacute;licamente una parte significativa de la experiencia vital, cultural, social, hist&oacute;rica&hellip;, como forma de eludir a la muerte a trav&eacute;s de un fetiche, de un objeto imperecedero -m&aacute;s a&uacute;n cuando permanece protegido e intacto dentro de su caja original-. Hay en esa visi&oacute;n de las vidas extendidas, comparadas, superpuestas, paralelas del padre y del hijo, del abuelo y del nieto, una manera de alcanzar el entendimiento, de empatizar con sus pasiones y sus errores, con su determinaci&oacute;n ante los momentos cr&iacute;ticos de un camino en el que se aprende la ruta cruce a cruce o con sus actitudes ante los hechos desencadenados tras cada nuevo giro.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">En sus p&aacute;ginas sentimos c&oacute;mo ha volado la pluma sobre el papel en blanco y, en pos de ella, corre nuestra lectura &ldquo;sucumbiendo al registro org&aacute;nico del recuerdo&rdquo; de un tiempo cuya llama se ha extinguido y en el que las cosas parecen haber quedado impregnadas del alma que motiv&oacute; las acciones. El relato fluye -en mi opini&oacute;n- m&aacute;s engrasado que nunca, es -por momentos- divertido, en otros es dram&aacute;tico, doloroso y, aunque por sus referentes (la serie <em>V </em>o <em>El Equipo A</em>, por ponerles alg&uacute;n ejemplo), por los iconos estelares y por los momentos en los que transcurre es evidentemente generacional. No obstante, tambi&eacute;n puede sentirse muy abierto a cualquier lector, pues se muestra universal en los afectos y en las heridas del alma que en el libro se nos muestran. Y, es que, en sus p&aacute;ginas se da una abierta exposici&oacute;n en la que el autor nos abre su casa, pero tambi&eacute;n deja entrar la luz hasta los dolores m&aacute;s arraigados: los complejos de la &uacute;ltima infancia y primera adolescencia, el miedo, el acoso escolar descarnado al caer etiquetado como el &ldquo;gordo-fofo-empoll&oacute;n-cuatro ojos&rdquo; de la clase.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Igual que el papel en blanco se vuelve viejo con la primera letra que escribimos, as&iacute; ocurre con la vida, con la interinidad de la vida, con la repetici&oacute;n de cada paso sistem&aacute;tico e inconsciente, haciendo suyo el autor el c&eacute;lebre verso de Gil de Biedma en el que, asaetado por la percepci&oacute;n de la verdad, constataba que &ldquo;nunca volver&eacute; a ser joven&rdquo;, pero -como nos indica G&oacute;mez Mili&aacute;n- &ldquo;las palabras, no lo sab&iacute;a entonces, son picudas y laber&iacute;nticas, no siempre se dejan domar&rdquo; y por ello, deber&aacute;n ser ustedes quienes -de forma interina- vivan su sentido durante la ef&iacute;mera lectura.&nbsp;&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">&nbsp;</p>
<p>Octavio G&oacute;mez Mili&aacute;n, <em>Interino</em>, Zaragoza, Los libros del gato negro, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 23 Oct 2025 07:48:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El eterno blues del vástago]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-eterno-blues-del-vastago/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/RAMIRO_GAIR_N_2_500_px_1.jpg" alt="" /></p>
<p>Ramiro Gair&iacute;n (Zaragoza, 1980), poeta de la familia y la naturaleza, de la clorofila y el paisaje nos ofrece una nueva entrega de su prolija y consolidada obra po&eacute;tica con <em>La vibraci&oacute;n del mundo</em> (RIL Editores, 2025). Hace unos meses llegaba a nuestras manos, <em>Carreteras que brillan en el bosque</em>, Premio Ciudad de Salamanca 2024, un recorrido sentimental por sus &uacute;ltimos a&ntilde;os fuera de su Zaragoza natal y que completaba una obra que inclu&iacute;a libros como <em>Lar</em> (Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2016), <em>Llegar aqu&iacute;</em> (Vers&aacute;tiles, Huelva, 2020) o <em>Tiempo de frutos</em> (Piezas Azules, Madrid, 2022).&nbsp;</p>
<p>Alejado del asfalto, en su madurez literaria, sin afanarse en el presentismo medi&aacute;tico, Gair&iacute;n sigue en su camino l&iacute;rico, esta vez con este delicado volumen que se adentra en la relaci&oacute;n paterno-filial, en la contemplaci&oacute;n del hijo y todos los aspavientos inesperados que suponen sus primeros a&ntilde;os de vida.&nbsp;</p>
<p>Versos nutricios, de paternidad y &ldquo;Sala de espera&rdquo; (t&iacute;tulo de la primera parte). Donde antes hab&iacute;a tabaco, ahora hay corazones que compiten contra el miedo con amor. El mundo, &ldquo;fuego lento y silencio&rdquo;, ahora &ldquo;Esto es lo que pudimos oponer: / un nuevo ej&eacute;rcito de vivos&rdquo;. Despu&eacute;s del instante, el comienzo, &ldquo;Sobre los pinos tiende el cielo / esas nubes, soltadas en verano&rdquo; y es que el poeta se entrega, ahora en proyecto de compa&ntilde;&iacute;a, a un paisaje que ser&aacute; eterno en sus palabras, casi desaparecido por el alquitr&aacute;n. Y el padre, el hombre, el escritor, conserva para su v&aacute;stago. Hay, como todo autor del interior, una obsesi&oacute;n por el infinito de sal y agua: &ldquo;El mar que siempre te fascinar&aacute; / porque, como nosotros, / vas a venir al mundo tierra adentro&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>El cient&iacute;fico emerge, hace de la vigilancia de las pantallas, de las luces que parpadean, de la angustia de los n&uacute;meros, alimento para el verso: &ldquo;Ser padres es aprenderse tambi&eacute;n / la escala del terror&rdquo;, en el &aacute;nimo se busca mantener la inmortalidad del recuerdo, que conserva la juventud, el instante previo, el instante posterior, la naturaleza del padre y el hijo. Ori&oacute;n y el valle de Bujaruelo, cuando la distancia no es una medida eucl&iacute;dea, una reflexi&oacute;n de ficci&oacute;n digital, sobre el tiempo se contempla el espacio: &ldquo;Hoy s&eacute; que la alegr&iacute;a es un oficio / y que lo aprender&aacute;s con nuestro ejemplo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Se mantiene la primitiva protecci&oacute;n, el muro del amor filial, en tiempos acelerados, en la g&eacute;nesis de la Inteligencia Artificial: &ldquo;Recuerda que tu madre siempre tiene magia en las manos&rdquo; o &ldquo;Tambi&eacute;n a &eacute;l le queda / muy grande todav&iacute;a la receta&rdquo;. En los poemas que componen &ldquo;Familia&rdquo; se suceden palabras como mam&aacute;, Aleph, v&oacute;mito, fiebre, vacunas y desorden. Es el momento en el que la noche hace de la temperatura algo terrible: &ldquo;Si declaro a la noche que prepare / detallada por horas la factura&rdquo;. El mismo terror primigenio de los padres, que en la oscuridad se ven devorados por el miedo para despertar, en la frescura de la ma&ntilde;ana, con la esperanza primordial. Es un ritmo eterno que Ramiro Gair&iacute;n recoge con paciencia, reconstruye la eternidad con sus palabras: lluvia, concesionarios, oto&ntilde;o, recoger los juguetes, la cena, hay que acostarse pronto. Es un blues de tortillas y sopa que se enfr&iacute;an, el domingo como divinidad menor de la despedida, como el &uacute;ltimo resquicio de la festividad, ahora, otra vez, envejecido: &ldquo;Con el sol despidi&eacute;ndose y el fr&iacute;o, / como un gato al que nadie hace caso / d&aacute;ndonos topetazos&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Volvemos a los n&uacute;meros, nunca le dimos a los percentiles de la facultad, a la estad&iacute;stica, cuando en la facultad se hablaba de seguridad, de intervalos de confianza, de test de hip&oacute;tesis, cuando no es producto ni porcentaje, cuando es un cuerpo d&eacute;bil, m&iacute;nimo: &ldquo;Las tablas amenazan, / va detr&aacute;s de la media&rdquo; u &ldquo;Ojal&aacute; alcances la media suficiente&rdquo; y esa campana, Gauss y su variable normalizada, &ldquo;Ojal&aacute; los primeros sedimentos / estratos que a tus padres corresponden / aguanten tanto mundo&rdquo;. Llegamos a &ldquo;El r&iacute;o del futuro&rdquo;, pen&uacute;ltima parte del libro. Sumergidos en el acierto del poeta, que impone a los dioses la mec&aacute;nica de su hijo: el mundo vibra en la misma frecuencia que el coraz&oacute;n del ni&ntilde;o. Escribe: &ldquo;Que para ser gigante / hay que vivir oculto / en medio de otros &aacute;rboles&rdquo;. Y entonces, llega: &ldquo;Hoy ha venido el mundo a reponerse / con nosotros al parque. / Hoy se ha tomado el d&iacute;a libre&rdquo;. En &ldquo;El mundo terminado&rdquo;, fragmento final del volumen, se supera lo sensible para alcanzar lo moral, aunque sea en el primer apetito del d&iacute;a: &ldquo;No quiero que conozcas / las met&aacute;foras b&eacute;licas: / combatir el invierno / batallar contra el c&aacute;ncer&rdquo;. Escuchar crecer a un hijo, mientras escribe, en el miedo eterno del padre, incapaz de tapar, de cubrir, todas la fugas posibles en el nav&iacute;o de la existencia. Un final del camino, que engancha, vasos comunicantes, la primera infancia, el aviso de la eternidad, la contradicci&oacute;n que supone que el nacimiento del hijo es el primer ladrillo de la vejez. Es en esa contradicci&oacute;n perenne donde, todos, poetas o no, existimos. Pero con sus versos, Ramiro Gair&iacute;n, construye un se&ntilde;uelo de belleza, una plataforma de esperanza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ramiro Gair&iacute;n, <em>La vibraci&oacute;n del mundo</em>, Providencia, Regi&oacute;n Metropolitana, Chile RIL Editores, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 23 Oct 2025 07:18:51 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El dolor universal]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-dolor-universal/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/MARTA_SANZ_6_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Marta Sanz (Madrid, 1967) es una escritora polivalente. Novelista can&oacute;nica con <em>Daniela Astor y la caja negra</em> (Anagrama, 2013), ensayista con obras como <em>Monstruas y centauras</em> (Anagrama, 2018), escribe poes&iacute;a con la intensidad del que utiliza los versos como escape, incluyendo el Premio de la Cr&iacute;tica de Madrid al mejor poemario de 2014 con <em>Vintage</em> (Bartleby, 2013). Con <em>Amarilla</em> (La Bella Varsovia) nos ofrece un volumen de palabras repletas de dolor, en la b&uacute;squeda de la anestesia de los d&iacute;as y la cotidianidad m&iacute;nima. Cuerpo propio, padre en los pasillos, lugares de sufrimiento revisados que sofocan la cercan&iacute;a. La autora, en la fusi&oacute;n de la tierra y la ceniza busca el sustento: &ldquo;En la jugosidad del p&eacute;talo / est&aacute; la hez&rdquo;. Los colores se mezclan con quemadura, cuerpo y dedos, en la l&iacute;rica de un encuentro terrible: &ldquo;El tumor / es un miedo / que, por fin / se hizo ma&ntilde;ana&rdquo;.&nbsp; &iquest;Es la denuncia de Gaza una consolaci&oacute;n de la muerte? &ldquo;Si toda esa desgracia minimiza la tuya&rdquo;. El cuerpo como refugio, como enemigo ciego de algo est&uacute;pido. Viajar y mover, desplazar carne y v&iacute;sceras en busca de la salud, como una especie de salmo. &ldquo;En la plaza central de New Haven / vimos brillar / un &aacute;rbol amarillo&rdquo;. El poema se embadurna de maquillaje para reconstruir otros rasgos, su cara, la de la poeta, que es m&aacute;scara que hace otro cuerpo. Poemas con may&uacute;sculas, poemas de las may&uacute;sculas, que son cualitativamente distintos en su intenci&oacute;n de capturar la vida y el tiempo, la dualidad de pasado y presente: &ldquo;Cuando no cabes, cuando parece que insultas al tiempo&rdquo; o &ldquo;Como protegerte del fr&iacute;o / que llevas sembrado en el hueso / ni del calor / Que siempre asusta / Y se bebe toda el agua / (no sabes)&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>La autora detecta el poder del fr&iacute;o interior, terrible, inabarcable, m&aacute;s del que existe fuera: &ldquo;No me dej&eacute;is morir / con la sonrisa alucinante / que adorna el rostro mineral/de la congelaci&oacute;n&rdquo;.&nbsp; En comparaci&oacute;n, la b&uacute;squeda del calor, que se identifica con la paz, el final del tiempo, la vejez: &ldquo;Aclimatarse / muy gustosamente / a la p&eacute;rdida progresiva de los cinco sentidos&rdquo;. Usar el poema como tramadol o algo m&aacute;s fuerte: &ldquo;Es mentira que olvidemos / solo las palabras que no merecen la pena&rdquo;. Flores que van del rojo al amarillo, flores verdes, patatas, medusas, el pelo que hace de la vida piedra. El amarillo contra el calor, el amarillo demasiado cerca del fr&iacute;o de vivir/no vivir. Luz en escena, que, al estallar, abandona el disfraz de nova para ser un hilo, solo un hilo. La vida desaparece, se evapora: &ldquo;Para sobrevivir es necesario perder el o&iacute;do&rdquo;. Y volver, buscar el camino, una vela, cera que, derretida, gu&iacute;a los sentidos hacia la soledad, un estadio de dolor m&aacute;s avanzado: &ldquo;Que la melancol&iacute;a es un golpe amarillo&rdquo;. Ese color, que lo domina todo, el de la bolsa, el de la bilis, amarillo cadmio, los metales pesados que exigen un lixiviado para poder escapar del cuerpo. Sustancia, cuando es el poema, cuando encontrar, cuando no te das cuenta. &ldquo;Un compuesto para aniquilar la ara&ntilde;a / de debajo de la piel / &iquest;C&oacute;mo es posible? Que no lo descubri&eacute;ramos antes&rdquo;. En esa b&uacute;squeda la enfermedad viene con el presentimiento, la sustancia extra&ntilde;a en un cuerpo que se desentiende: &ldquo;Se desencadenan mal&eacute;volos / procesos qu&iacute;micos / se sueltan puntos&rdquo;. Tristeza y cuerpo, el cuerpo es un extra&ntilde;o. &ldquo;Si no que esta tristeza bola de cristal, la m&iacute;a&rdquo;, el mal atrapado en una c&eacute;lula &iquest;Qu&eacute; hacer? El miedo, usar las palabras que lo reconozcan y limpien, y si esas mismas palabras terminan por aumentar el dolor. Umbr&iacute;a, que se repite a lo largo de todo el poemario, como un estadio vital, una vida desconocida. La poes&iacute;a de los hospitales, tan habitual, tan generacional, madres que se convierten en hijas, hijas que temen dejar solas a sus v&aacute;stagos, luz de los pasillos blancos que atrapan la enfermedad, que marean a la muerte, el tri&aacute;ngulo enfermeras-enfermo-compa&ntilde;&iacute;a. Cuando la persona muere el dolor no termina, solo cambia: &ldquo;Tambi&eacute;n yo soy una hija con su padre / y escucho...&rdquo; y sigo &ldquo;el obsceno gemido de mi padre / el que nunca se habr&iacute;a debido emitir&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>As&iacute;, en la miseria/belleza de la muerte/familia, llega: &ldquo;Los &aacute;ngeles del infierno tambi&eacute;n corren con sus madres a urgencias&rdquo;. La narrativa del color, la enfermedad, la habitaci&oacute;n y el pasillo: &ldquo;Miran el m&oacute;vil ocultas detr&aacute;s de un tabique / se ponen auriculares / apagan la luz&rdquo;. Luz, jard&iacute;n, flores. &ldquo;Las palabras no abolen la muerte, / pero s&iacute; su constancia de gota eterna, /su miedo/su neurosis&rdquo;. Escribo, yo mismo, en la p&aacute;gina del poema, en el libro de Marta Sanz, utilizando los bordes prestados, invalido el libro para otros lectores, o lo convierto, quiz&aacute;, en un gu&iacute;a, que solo me vale a m&iacute; o a otros escritores/poetas/lectores que hablan y escriben, que viven la enfermedad de sus padres, la suya propia, la de sus hijos, y despu&eacute;s de la verg&uuml;enza encuentran una especie de morfina, de alivio en la palabra sobre el papel, recogiendo el exabrupto del dolor, de la pestilencia de la edad.&nbsp; &ldquo;De qu&eacute; luz hablamos / cuando se escapa la luz / se gana, / hay que pagar el precio del h&iacute;gado infantil&rdquo;. Luz azul de los quir&oacute;fanos que emprende una lucha total contra la c&eacute;lula. La luz del hospital, siempre presente, nunca se desconecta: &ldquo;Luz de la intemperie y la luz / del cuarto oscuro&rdquo;. Cuerpo belleza, cuerpo perdido, cuerpo posesi&oacute;n, cuerpo joven, cuerpo extra&ntilde;o: &ldquo;Moscas necr&oacute;fagas liban mi jugo / anticipadamente&rdquo;. Ox&iacute;geno, azul, pulm&oacute;n, cuerpo, tristeza: &ldquo;Se volver&aacute; / contra nuestra alegr&iacute;a / a cualquier precio&rdquo;. La poeta cuenta, coloca las palabras para asumir lo obvio del sufrimiento, mezcla el yo con el nosotros, deja impl&iacute;cito el vosotros: &ldquo;Soy una mujer materialista / que celebra las reacciones exot&eacute;rmicas&rdquo;. C&eacute;lulas sensibles, piel polilla, amapola. Cr&oacute;nica de flores, animal, vegetal, ni&ntilde;a, poeta, trasuntos o proyecciones que sirven para explicarse: &ldquo;Todos los poemas me salen amarillos&rdquo;. Como una manera innecesaria de pedir perd&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Marta Sanz, <em>Amarilla</em>, Barcelona, La Bella Varsovia, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 23 Oct 2025 07:06:54 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Recuerdos de otras vidas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/recuerdos-de-otras-vidas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/CRISTINA_FERN_NDEZ_CUBAS_8_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Un autora como Cristina Fern&aacute;ndez Cubas (Barcelona, 1945), Premio Nacional de las Letras Espa&ntilde;olas 2023 y autora, entre otros, del monumental y can&oacute;nico libro de relatos <em>Mi hermana Elba</em> o de la novela <em>El a&ntilde;o de Gracia</em>, unida a una obra como <em>Cosas que ya no existen</em>, magn&iacute;fico libro de memorias narradas, es una autora imprescindible, siempre nutritiva y de una trayectoria intachable en las letras espa&ntilde;olas recientes. Los cuentos contenidos en La habitaci&oacute;n de Nona, &uacute;ltima narrativa in&eacute;dita, se publicaron hace una d&eacute;cada, as&iacute; que <em>Lo que no se ve</em> podemos afirmar que era un acontecimiento esperado y que, sin alcanzar cotas sobresalientes pret&eacute;ritas, deja con un excelente sabor en boca en varios momentos.&nbsp;</p>
<p>El primer cuento, &ldquo;T&uacute; Joan, yo Bette&rdquo; funciona, evidentemente, a trav&eacute;s del gui&ntilde;o narrativo y filial que supone su paralelismo con la pel&iacute;cula (y la relaci&oacute;n entre actrices) <em>&iquest;Qu&eacute; fue de Baby Jane? </em>La relaci&oacute;n entre Bette Davis y Joan Crawford ha hecho correr r&iacute;os de tinta, incluyendo obras de teatro, series de televisi&oacute;n y varios estudios. Es una de las burbujas de metanarrativa m&aacute;s importantes de la cultura occidental y Cristina Fern&aacute;ndez Cubas incide en ella, d&aacute;ndole un toque personal, m&aacute;s cercano a la devoci&oacute;n por el clasicismo de Hollywood cercano al Manuel Puig de <em>The Buenos Aires affair</em>, con toques incluso fant&aacute;sticos. Las hermanas, en esta iteraci&oacute;n, bien en Espa&ntilde;a, es la autora quien interact&uacute;a con ellas desde su posici&oacute;n omnipotente, situando la inevitable mansi&oacute;n perdida en alg&uacute;n lugar de nuestra geograf&iacute;a, un limbo sin distancias que incluye una playa final y un triste y olvidado final. Vamos de la pantalla del cine al VHS, al v&iacute;deo, repitiendo los di&aacute;logos del largometraje hasta interiorizarlos. Lugares y tiempos que cambian y desaparecen, incluso, en alg&uacute;n momento, definiendo a los personajes como algo inmortal frente a la naturaleza caduca de las actrices, sometidas a la cl&aacute;usula del tiempo. No es el actor, el actor lleva a&ntilde;os, d&eacute;cadas, muerto, es el personaje, los personajes de la pantalla, los de las p&aacute;ginas, los que hacen gala de la inmortalidad.&nbsp;</p>
<p>Los siguientes tres cuentos se manejan dentro de una coherencia interna que se descubre tras la lectura en perspectiva: &ldquo;De qu&eacute; se habla en las fiestas&rdquo; es el tiempo de la adolescencia, un instante atrapado en el &aacute;mbar inici&aacute;tico de las relaciones. La autora parece buscar cerrar el grifo que gotea en una parte de su vida a trav&eacute;s de recorrer pasillos de su memoria, en la b&uacute;squeda del instante, la bifurcaci&oacute;n entre la amistad y las relaciones sociales. Un liviano descubrimiento sexual que se injerta entre la monoton&iacute;a de las clases segregadas, clasismo, apellidos que no se olvidan, compromisos que se desmoronan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una inocencia que se eleva para caer, casi a plomo en &ldquo;Monomio&rdquo;, el segundo relato de esta trilog&iacute;a interior. La ni&ntilde;a-adolescente es una adolescente mujer, pero es una pubertad de cuerpo pleno, de padres ausentes, en el desaf&iacute;o a la oficialidad de los adultos, nos encontramos en una cronolog&iacute;a de tropel&iacute;a yey&eacute;, cinco personajes, como un EP de la &eacute;poca, con sus canciones de Los Brincos o Los Sirex. Es mi relato favorito, un cuento de terror, &iquest;Un cuento de terror, seguro? Quiz&aacute; la maldad sin cuerpo sea una met&aacute;fora en la que la madurez, la responsabilidad adquirida arrasa con todo como una encarnaci&oacute;n del monstruo. En una tierra f&eacute;rtil en coincidencias, la primera muerte, alcalina, se hace por primera vez presente. Destino final en el tardofranquismo, este relato podr&iacute;a haber aparecido en una de esas compilaciones tan de moda de miedo inacabado, junto con renovadoras de las letras como Mariana Enr&iacute;quez o Samanta Schweblin.&nbsp;</p>
<p>El &uacute;ltimo v&eacute;rtice del tri&aacute;ngulo es &ldquo;La hermana china&rdquo;, de finales de los setenta a dos d&eacute;cadas m&aacute;s tarde. M&aacute;s inocente, la protagonista podr&iacute;a ser hija de alguna de las participantes en los cuentos anteriores. Muchos de los que conocimos el fen&oacute;meno lo recordamos: buena situaci&oacute;n econ&oacute;mica, problemas para concebir, las mujeres encendidas de hormonas que, tras m&uacute;ltiples intentos, acaban adoptando y, despu&eacute;s, esa biolog&iacute;a forzada acaba juntando dos hijas&hellip; pero esa misma condici&oacute;n, esa misma cercan&iacute;a, provocaba el conflicto. La compleja relaci&oacute;n entre la carne y el documento, entre la frustraci&oacute;n por lo h&iacute;brido frente a la desaz&oacute;n del lugar secundario. Violeta y Adelfa funcionan como muescas de un tiempo en el que la construcci&oacute;n familiar se mezclaba con la primera inmigraci&oacute;n, en una mezcolanza de sentimientos, or&iacute;genes y pasiones vicarias.&nbsp;</p>
<p>Este libro no se podr&iacute;a entender sin &ldquo;Il buco&rdquo;, por su longitud, por el cambio en la voz protagonista (es un hombre), por el desplazamiento geogr&aacute;fico y por colocar en la relaci&oacute;n de pareja el eje de la narraci&oacute;n. Italia, el vino, los hoteles, la moda, los matrimonios con alfileres. Un cierto s&iacute;ndrome de Stendhal catedralicio que cristaliza en la idea de oquedad, &eacute;xtasis y barniz. &iquest;Qu&eacute; separa, en una catedral, lo divino de lo humano? La pintura del incienso. El mundo unido por l&iacute;neas misteriosas y ocultas que ofrecen una escapatoria, una gu&iacute;a entre el libro y la devoci&oacute;n, la realidad y el recuerdo. &iquest;Es un cuento sobre un final o sobre un comienzo? M&aacute;s bien es un relato que habla de las encrucijadas, de escapar de la monoton&iacute;a, de lo sagrado.&nbsp;</p>
<p>Y el &uacute;ltimo cuento, otro de los que, escapando a lo m&aacute;s cotidiano, se encumbra en lo fant&aacute;stico, es &ldquo;Candela viva&rdquo;. Un juego c&oacute;mplice entre autor y lector, que observan, demiurgos, c&oacute;mo se narra una vida o, m&aacute;s bien, su final, a trav&eacute;s de un limbo donde se incide en el extra&ntilde;ismo, utilizando una tienda, la que da t&iacute;tulo al relato, que recuerda, como la misma autora deja caer, a las misteriosas apariciones de series como &ldquo;La dimensi&oacute;n desconocida&rdquo; o &ldquo;Alfred Hitchcock presenta&rdquo;. S&iacute;, la dimensi&oacute;n desconocida, Cristina Fern&aacute;ndez Cubas como Ra&uacute;l Quinto, Rodrigo Fres&aacute;n o la anteriormente citada Mariana Enr&iacute;quez disfrutaba de cap&iacute;tulos que, como en este cuento, la normalidad se rasga s&uacute;bitamente. Cito: &laquo;La vida va demasiado deprisa&raquo;, aunque sea el final. Sonr&iacute;o por un instante porque la escritora utiliza brevemente La tienda de Stephen King como ejemplo, pero confunde al autor de <em>Carrie</em> con el director de <em>Los p&aacute;jaros</em>. Pero, por otro lado, es un gui&ntilde;o pop que hace todav&iacute;a m&aacute;s delicioso a este volumen. El fresco del botijo, s&iacute;. La protagonista ya no pod&iacute;a enga&ntilde;arse, veinte a&ntilde;os o veinte minutos, el accidente hab&iacute;a resultado mortal, de eso no ten&iacute;a ninguna duda. Recuerdo y cito: &laquo;Una sombra acogida a la inercia de la vida&raquo;. Un libro, este regreso de una autora imprescindible, que se disfruta, que te deja satisfecho, que te hace recordar el porqu&eacute; del amor por la lectura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cristina Fern&aacute;ndez Cubas, <em>Lo que no se ve, </em>Barcelona, Tusquets Editores,2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 16 Oct 2025 08:22:30 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lola Vivas: “El deseo, cuando no es impulso o arrebato sino consciencia de lo que se quiere, no se nos oculta”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/lola-vivas-el-deseo-cuando-no-es-impulso-o-arrebato-sino-consciencia-de-lo-que-se-quiere-no-se-nos-oculta/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/LOLA_VIVAS_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo"><em>Flow</em>, segundo libro de Lola Vivas (Madrid, 1969), editado por Tres Hermanas, resulta una suerte de traves&iacute;a en cuya narraci&oacute;n se concita la reflexi&oacute;n, lo l&iacute;rico, lo pesadillesco. Queda difusa la frontera entre lo alucinado y la vigilia, y su lectura pareciera el sue&ntilde;o de un nido donde los &aacute;rboles rechazan la muerte. Est&aacute; presente el fuego, pero sin que estemos en un territorio an&iacute;mico excitado por &eacute;l. Tampoco por el miedo. M&aacute;s bien por el deseo de conocer (se). Y en ese espacio de indeterminaci&oacute;n, de fragmentaci&oacute;n narrativa, brota la fragilidad de la belleza, erigi&eacute;ndose por entre todo aquello que no miente.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo"><strong>&ldquo;Entiendo el amor como el sentido &uacute;ltimo de la vida&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">- Los par&eacute;ntesis, que encierran los t&iacute;tulos de los distintos cap&iacute;tulos, &iquest;qu&eacute; confinan exactamente?</p>
<p class="Cuerpo">- En general, el t&iacute;tulo de cualquier texto enmarca de alguna forma el sentido, como alzar un poco la voz sobre el tema que aborda de forma metaf&oacute;rica. El uso de par&eacute;ntesis y min&uacute;sculas &mdash;excepto en los nombres propios&mdash; en los t&iacute;tulos es una forma de hacer esto mismo, pero en vez de alzando la voz, a modo de susurro, de sugerencia, un t&iacute;tulo quiz&aacute; algo m&aacute;s humilde.</p>
<p class="Cuerpo"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Cuerpo">- Le devuelvo en forma de pregunta una de las afirmaciones que se encuentran en la narraci&oacute;n: &iquest;Siempre pierde el que ama? Y de ser as&iacute;, &iquest;por qu&eacute;?</p>
<p class="Cuerpo">- Entiendo el amor como el sentido &uacute;ltimo de la vida. Amar nos acerca a lo divino, nos hace inmortales, confiere a la vida el sentido m&aacute;s aut&eacute;ntico (y necesario). Dejar de hacerlo, independientemente de los motivos que nos lleven a ello, nos devuelve a la finitud, nos arroja a la muerte. Por eso siempre pierde el que ama, porque es el que se expone a perder eso, el que asume el riesgo y se lanza al vac&iacute;o. La parte m&aacute;s luminosa de todo ello es que esa p&eacute;rdida no es para siempre, aunque en un principio pueda parecerlo, la capacidad de amar no se pierde.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo"><strong>&ldquo;No identifico la fiereza como fortaleza, sino m&aacute;s bien como agresi&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">- Los Tres Perros id&eacute;nticos, as&iacute; como B&acirc;tard, &iquest;representan la fiereza de lo masculino? En este orden de cosas, &iquest;Que la Gata llameante siempre quede pr&oacute;xima a la llama, en uno u otro sentido, nos habla de que lo felino, en general y como met&aacute;fora, es mucho m&aacute;s fr&aacute;gil de lo que aparece?</p>
<p class="Cuerpo">- No identifico la fiereza como fortaleza, sino m&aacute;s bien como agresi&oacute;n, tanto si se muestra como defensa o como ataque. As&iacute; que ser&iacute;a lo contrario: la llama, una vez prendida es dif&iacute;cil de apagar, cambia de forma, se eleva hacia lo alto o se hace m&aacute;s peque&ntilde;a, es sensual, adaptable y siempre se abre camino. Adem&aacute;s, nunca pierde la luz. En ese sentido, no la veo fr&aacute;gil, al rev&eacute;s, mucho m&aacute;s cercana a la fortaleza.</p>
<p class="Cuerpo"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Cuerpo">- Suponiendo que la Ni&ntilde;a sea la Mujer misma (uno de sus otros yoes), &iquest;de qu&eacute; depende que esa ni&ntilde;a que todos cobijamos en nuestro interior tome el tim&oacute;n, como en la escena de los mu&ntilde;ecos?</p>
<p class="Cuerpo">- Creo que la Ni&ntilde;a representa esa parte de la Mujer que se deja llevar m&aacute;s por el impulso, esa inconsciencia ante el peligro que hay en la infancia que nos conecta de inmediato con lo que realmente queremos hacer sin juicio de valor alguno. Dir&iacute;a que toma el tim&oacute;n en situaciones l&iacute;mite &mdash;cuando la cabeza se ofusca y el pensamiento estorba&mdash; que requieren determinaci&oacute;n y una valent&iacute;a visceral.</p>
<p class="Cuerpo"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Cuerpo"><strong>&ldquo;La palabra &uacute;nicamente cura cuando est&aacute; libre de fingimiento, es coherente y honesta&rdquo;</strong></p>
<p class="Cuerpo"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Cuerpo">- La palabra, la conversaci&oacute;n, &iquest;todo lo cura?</p>
<p class="Cuerpo">- La palabra es un concepto, pero tambi&eacute;n una herramienta que cada cual utiliza a su manera. Como tal, una misma conversaci&oacute;n, el lenguaje, no es igual para todo el mundo &mdash;incluso hablando del mismo tema o utilizando las mismas palabras&mdash;, y difiere mucho de unas personas a otras. La intenci&oacute;n es un factor importante. As&iacute; que entiendo que la palabra &uacute;nicamente cura cuando la intenci&oacute;n sobre la que se asienta tiene una base de sinceridad, est&aacute; libre de fingimiento, es coherente y honesta. De otra forma estar&iacute;amos hablando de una pantomima que posiblemente no cure nada.</p>
<p class="Cuerpo"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Cuerpo">- &iquest;C&oacute;mo se intuye o se sabe que una relaci&oacute;n se ha quebrado de manera irreversible?</p>
<p class="Cuerpo">- Creo que cuando una relaci&oacute;n se quiebra, primero se intuye durante un tiempo, porque el saberlo de golpe ser&iacute;a dif&iacute;cil de asumir. Tambi&eacute;n creo que una vez se sabe, es decir, una vez se asume, es porque ha llegado ese punto en que ya es irreversible. El c&oacute;mo saberlo es quiz&aacute; la parte m&aacute;s compleja de explicar, porque uno solo sabe algo cuando toma conciencia de ello; el por qu&eacute; lo hace difiere mucho de las personas y supongo que tiene que ver con los propios l&iacute;mites.</p>
<p class="Cuerpo"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Cuerpo">- &iquest;Siempre es mejor ser consciente de la situaci&oacute;n (comer de la manzana) que mirar para otro lado o tratar de posponer el enfrentarnos a ella?</p>
<p class="Cuerpo">- No tengo ninguna duda de ello. Lo que ocurre es que no es tan sencillo hacerlo, requiere de mucho coraje.</p>
<p class="Cuerpo"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Cuerpo">- En la misma l&iacute;nea sem&aacute;ntica: &ldquo;Si el poder es cuesti&oacute;n de ocultar parte del deseo&rdquo;, &iquest;la mansedumbre lo hace por completo transparente? &iquest;Hasta qu&eacute; punto es posible ocultar el deseo? &iquest;No ocurre tantas veces que es el propio deseo el que se nos oculta?</p>
<p class="Cuerpo">- El deseo, cuando no es impulso o arrebato sino consciencia de lo que se quiere, de lo que se desea y anhela, no se nos oculta. La cuesti&oacute;n es asumirlo y querer verlo en toda su claridad. El poder est&aacute; en qu&eacute; hacer con eso, la forma en que cada cual decide actuar ante el otro y jugar sus cartas. Por tanto, la mansedumbre no dejar&iacute;a de ser una forma m&aacute;s de ejercer ese mismo poder.</p>
<p class="Cuerpo"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Cuerpo">- &iquest;Qu&eacute; disposici&oacute;n de &aacute;nimo se requiere para &ldquo;esperar el acontecimiento, como los p&aacute;jaros al hacer nido&rdquo;</p>
<p class="Cuerpo">- Dir&iacute;a que, para empezar, requiere del instinto animal de supervivencia y el deseo de permanencia en la vida, lo que conlleva la preparaci&oacute;n del lugar y el cuidado previo necesario. Tambi&eacute;n de algo esencialmente humano como es la fe en el futuro suceso. Una fe activa y amorosa que prev&eacute; la dicha y se instala a la espera en el lugar del advenimiento.</p>
<p class="Cuerpo"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Cuerpo">- &iquest;Qu&eacute; es capaz de desle&iacute;r el &ldquo;color de las cosas que est&aacute;n por hacer&rdquo;?</p>
<p class="Cuerpo">- Cuando las cosas est&aacute;n por hacer, es decir, en un estado transitorio de madurez, no tienen un color definido en nuestra conciencia, se mezclan unas con las otras, emborronan los prop&oacute;sitos y las causas. Cuando finalmente maduran, pasan de ese estado pastoso y cogen entonces el color que las define. Entiendo que la luz, la claridad, son factores determinantes.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo"><strong>&ldquo;La seducci&oacute;n, como toda belleza, contiene vida y muerte al mismo tiempo&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p class="Cuerpo"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Cuerpo">- &iquest;Por qu&eacute; y de qu&eacute; modo &ldquo;seducir es un tipo de supervivencia&rdquo;?</p>
<p class="Cuerpo">- La seducci&oacute;n nos convierte en sujeto y objeto al mismo tiempo. Sujeto activo que desea seducir al otro y objeto pasivo que desea a su vez someterse al otro. Es un juego bell&iacute;simo que se establece exclusivamente con el otro y, como toda belleza, contiene vida y muerte al mismo tiempo.</p>
<p class="Cuerpo"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Cuerpo"><strong>- &iquest;Conviene &ldquo;asumir que la belleza no reposa&rdquo;</strong><strong>?</strong><strong></strong></p>
<p class="Cuerpo">- Conviene, s&iacute;. Nosotros reposaremos, la belleza no lo har&aacute; nunca.</p>
<p class="Cuerpo"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Cuerpo"><strong>- &iquest;Qu&eacute; podr&iacute;a delimitar los l&iacute;</strong><strong>mites </strong><strong>&ldquo;de la cuesti&oacute;n&rdquo; en el territorio de la escritura?</strong><strong></strong></p>
<p class="Cuerpo">- Si pudi&eacute;ramos equiparar el territorio de la escritura a un tablero de ajedrez, con su comienzo aparentemente dubitativo, las fichas que avanzan o retroceden, que se comen unas a las otras, que no se muestran del todo o que fingen, &ldquo;la cuesti&oacute;n&rdquo; ser&iacute;a ese damero en el que uno se juega la vida. La escritura, como la tabla de juego o la hoja en blanco o la s&aacute;bana blanca de la cama del relato que mencionas, es el lugar de la estrategia &mdash;sea esta m&aacute;s intuitiva o m&aacute;s consciente, ya se trate de una escritura de br&uacute;jula o de ruta&mdash;, que delimita esa historia. No hay que obviar tampoco a aquellos que mueven las fichas, que deciden entrar o salir del juego ya se trate de quien escribe o quien lee la historia.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 16 Oct 2025 08:11:23 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tere Susmozas: “Todos somos seres frágiles de benévola monstruosidad”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/tere-susmozas-todos-somos-seres-fragiles-de-benevola-monstruosidad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/TERE_SUSMOZAS_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>En <em>La casa insomne</em> (Adeshoras), la escritora Tere Susmozas (Madrid, 1974) explora, recrea, conjura el territorio del extra&ntilde;amiento, convirti&eacute;ndolo en un estado del alma que impregna al lector. Dos ni&ntilde;as, unas tumbas enigm&aacute;ticas, un ser deforme que crece en un sumidero, un perro atado, un caballo que se marchita, y un pu&ntilde;ado de personajes entre lo formidable y fascinante que conviven en la casa conforman un mapa on&iacute;rico de tan enorme altura l&iacute;rica como aguda hondura an&iacute;mica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Hay lugares o paisajes que m&aacute;s que habitarlos nos traspasan&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- &iquest;De qu&eacute; modo los lugares de la infancia condicionan nuestra identidad?</p>
<p>- M&aacute;s que los lugares en s&iacute;, considero que es la conexi&oacute;n emocional que establecemos con ellos. <em>La casa insomne</em> trata precisamente de eso: de c&oacute;mo lo visto y lo vivido se instala en nosotros. Y que, bajo esa mirada subjetiva, hay lugares o paisajes que m&aacute;s que habitarlos nos traspasan, hasta el punto de que parece que ellos habitan en nosotros y, a trav&eacute;s del tiempo, seguimos encontrando sus resonancias en cualquier otra parte. La novela recrea el espacio de una casa, con sus alrededores, que sigue viva a lo largo de los a&ntilde;os en la memoria de la protagonista, como lo hace en sus sue&ntilde;os y en sus insomnios. Es el retorno a un paisaje marcado por p&eacute;rdidas irreparables a trav&eacute;s de la muerte y que supone tambi&eacute;n el lugar donde acontece la p&eacute;rdida de la belleza auroral que la infancia sugiere como reflejo de plenitud.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;En qu&eacute; casos conviene convertirse en &ldquo;alguien que so&ntilde;ando permanece despierto&rdquo;?</p>
<p>- Cuando no se puede bajar la guardia porque la realidad amenaza y lo irreparable acecha. Pero hay una doble intenci&oacute;n en esa frase. Las ni&ntilde;as est&aacute;n adormiladas casi todo el tiempo porque el sonido de una campana interrumpe su sue&ntilde;o cada noche, manteni&eacute;ndolas despu&eacute;s insomnes. Pero al mismo tiempo, para evadirse del encierro en la Casa, se entregan a todo tipo de enso&ntilde;aciones. As&iacute; que hay un doble espacio on&iacute;rico en la novela, el que pertenece propiamente al sue&ntilde;o nocturno y el de las enso&ntilde;aciones de las protagonistas, seg&uacute;n la terminolog&iacute;a de Gast&oacute;n Bachelard, o como dir&iacute;a Borges, el espacio de los sue&ntilde;os de noche y el de los sue&ntilde;os de d&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Cuando algo se nos revela extra&ntilde;o o inquietante, emergen el miedo y la angustia&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- &iquest;En qu&eacute; punto la curiosidad propia de la infancia, el juego por el juego, se convierte en lo siniestro?</p>
<p>- Lo siniestro surge de todo aquello que se relaciona con el espanto que pueden llegar a provocarnos cosas o aspectos de la realidad cotidiana que, de s&uacute;bito, se tornan amenazantes. Cuando esa quiebra tiene lugar y algo se nos revela extra&ntilde;o o inquietante, emergen el miedo y la angustia. Seres monstruosos, objetos que parecen animados o acontecimientos dolorosos, forman parte de los placeres de la imaginaci&oacute;n, nos atraen y, a la vez, nos repelen, porque excitan nuestra curiosidad. En la novela, contribuyendo a esa atm&oacute;sfera un tanto siniestra, cada elemento del paisaje, de la casa, tiene su relevancia simb&oacute;lica en ese juego de sombras entre la vigilia y la noche que el insomnio teje.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Para que alguien como Sorah consiga, adulta ya, quedarse en paz con su pasado, &iquest;qu&eacute; se requiere?</p>
<p>- Asumir que las cosas no pudieron ser de otra manera. Y, sobre todo, entenderse. Eso es lo que pretende Sorah volviendo a la casa. Se instala as&iacute; en una realidad sensible donde entran en juego tiempo y memoria, elaborando una revisi&oacute;n del pasado en base a sus expectativas sobre el futuro. Esa memoria dista mucho de la nostalgia, en la que los recuerdos son como una proyecci&oacute;n inm&oacute;vil, porque es una memoria viva, &aacute;vida, que se renueva para descubrir nuevas significaciones. Contemplar ese tiempo subjetivo, que fluye en todas direcciones, la ayuda a indagar en su propia identidad. Por eso la historia est&aacute; escrita de modo fragmentario, con saltos continuos de la voz de la adulta a la mirada de la ni&ntilde;a.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- La amistad entre Sorah y Lenka, con sus espacios de misterio e incomprensi&oacute;n, de complicidad e intimidad configuran un retrato alt&iacute;simo. Sin embargo, el amor no es capaz de salvarlas. &iquest;El amor no todo lo puede?</p>
<p>- Ojal&aacute; fuera as&iacute;. Pero con amor, muchas veces, no basta. Y no siempre es por falta de saber entregarlo o recibirlo, que a eso tambi&eacute;n debemos aprender, sino por las circunstancias. De alg&uacute;n modo Sorah ve reflejada en Lenka, la otra ni&ntilde;a protagonista, la misma soledad que ella siente. Esa soledad las hermana, tiende lazos de afecto entre ellas. Aunque su amistad tiene tambi&eacute;n oscilaciones, claroscuros, principalmente porque cada una de ellas est&aacute; en un momento vital distinto: Sorah en el de romper el muro que se interpone entre la realidad y sus enso&ntilde;aciones, mientras que Lenka es m&aacute;s realista, ya ha atravesado lo fr&aacute;gil, conoce la imperfecci&oacute;n la vida y de lo humano. Pero, en cualquier caso, se trata de una amistad como refugio para quien siente que no encaja en el mundo. Y que perdura hasta que una de ellas reta al vac&iacute;o. De esa fuga de Lenka, se infiere la posibilidad, en este caso simb&oacute;lica, de la propia fuga de Sorah.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo reconocer a &ldquo;los seres fr&aacute;giles de ben&eacute;vola monstruosidad&rdquo;?</p>
<p>- Creo que todos somos un poco eso. Es reconocer lo humano, con la parte de luz y de sombra que todos tenemos. Dentro de la novela, ese ser fr&aacute;gil de ben&eacute;vola monstruosidad, es Sissa. Una ni&ntilde;a reci&eacute;n nacida, deforme, que las protagonistas encuentran en el s&oacute;tano de la Casa. Y que hace de espejo a Sorah. Porque tambi&eacute;n lo monstruoso y lo siniestro nos puede inspirar ternura, ella siente hacia esa ni&ntilde;a una compasi&oacute;n que no es capaz de sentir hacia s&iacute; misma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Somos seres fr&aacute;giles. Cada uno con sus defectos y sus talentos, intentando siempre equilibrar la balanza&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- A este respecto, &iquest;cada uno de nosotros es, de alguna manera, un tarado, un mutilado, un ser roto?</p>
<p>- Seres fr&aacute;giles. Cada uno con sus defectos y sus talentos, intentando siempre equilibrar la balanza. Es cierto que todos esos personajes que acompa&ntilde;an a la protagonista son seres mutilados, extra&ntilde;os, que contribuyen a que sea incapaz de entender lo que sucede a su alrededor, abri&eacute;ndose una grieta entre la realidad y sus pensamientos. Pero en su extra&ntilde;eza, he intentado que sean personajes tambi&eacute;n muy pregnantes, y para ello he marcado mucho sus carencias, su falta, como reflejo de lo aut&eacute;nticamente humano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me gusta explorar en mi propia experiencia on&iacute;rica cuando escribo&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;nto de on&iacute;rico tiene la vigilia y la escritura?</p>
<p>- Me gusta explorar en mi propia experiencia on&iacute;rica cuando escribo y utilizar en mis textos esas im&aacute;genes sugerentes, cargadas de poes&iacute;a, que el sue&ntilde;o nos brinda. &nbsp;</p>
<p>Respecto a la novela, todos los sue&ntilde;os incluidos forman un hilo que enlaza las distintas secuencias. Y pueden pertenecer tanto a la protagonista de ni&ntilde;a como ya adulta. En ellos halla una puerta hacia un mundo lleno de significados donde se encuentra a s&iacute; misma con pertenencias del pasado y del futuro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- La historia tiene muchos personajes que casi exigen, por s&iacute; mismos, su propia historia: la directora y su aspecto de &ldquo;mujer inconclusa&rdquo;, el guardi&aacute;n con la traqueotom&iacute;a que recibe cartas que no sabe leer, las cinco l&aacute;pidas blancas, las hermanas siamesas condenadas a detestarse, separadas al nacer &ldquo;por un conjuro al azar&rdquo;, Agda y su fragilidad propia de seres espectrales, Sigrid y su querencia por afilar l&aacute;pices con los que lastimarse&hellip; &iquest;C&oacute;mo conseguir que ninguno de ellos arrastre a la narradora?</p>
<p>- De los personajes que citas, la directora y el guardi&aacute;n tienen algo que produce rechazo en la protagonista, pero tambi&eacute;n compasi&oacute;n. Las gemelas y Agda le provocan curiosidad y ternura. Sigrid le muestra otra manera de gestionar las emociones, m&aacute;s perniciosa. Con ellos establezco un juego de paralelismos y contrarios. Todos le muestran a Sorah una faceta de s&iacute; misma. Y a trav&eacute;s de ellos, indaga en su propia identidad.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- De todos los inquietantes personajes que deambulan por la novela y pueblan esta casa insomne, &iquest;por cu&aacute;l de ellos siente especial querencia y por qu&eacute;?</p>
<p>- Quiz&aacute; con Agda por su capacidad de adaptarse a la realidad sin perder la ilusi&oacute;n, idealizando un poco las cosas. Y porque protege a las ni&ntilde;as, contagi&aacute;ndolas de esa ilusi&oacute;n. Tambi&eacute;n es un personaje que narrativamente me ha permitido remarcar la propia deriva de la protagonista. Todos los juegos que propone est&aacute;n relacionados con la idea de reparar el tiempo, de volver al pasado para intentar cambiarlo o anticiparse al futuro para sentar las bases del provenir. Es el personaje m&aacute;s amable de toda la novela, que irradia luz, a pesar de su aspecto gigantesco y sus limitaciones f&iacute;sicas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Autores como Kafka o Cort&aacute;zar han influido mucho en mi escritura&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- A su juicio, &iquest;qu&eacute; causa el extra&ntilde;amiento?</p>
<p>- Se trata de intentar transformar lo cotidiano, dot&aacute;ndolo de algo de misterio para provocar asombro. Es decir, poner una mirada distinta, extra&ntilde;a, en un ejercicio de desfamiliarizaci&oacute;n de las cosas, provocando as&iacute;, bajo esa mirada subjetiva, el goce est&eacute;tico del lector. Autores como Kafka o Cort&aacute;zar han influido mucho en mi escritura. Y considero que la pericia del escritor en cuanto al manejo del lenguaje y la originalidad de su voz ayudan tambi&eacute;n a conseguir ese efecto. Al igual que una atm&oacute;sfera turbadora o personajes inquietantes, como era mi intenci&oacute;n con esta novela. A ese extra&ntilde;amiento contribuye que la historia no trata solo de la mirada de la protagonista sobre el mundo que la rodea, sino de la mirada de s&iacute; misma dentro de ese mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo quebrar esa sensaci&oacute;n de ser &ldquo;alguien que se siente encerrado, aunque est&eacute; libre&rdquo;?&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>- Esa frase corresponde a un cap&iacute;tulo en el que hablo de Sombra, un perro enfermo que permanece casi todo el tiempo atado y que, sin embargo, Sorah, la protagonista, es capaz de verlo sano y corriendo libre, como desdoblado. Y es que la sensaci&oacute;n de encierro en la Casa es tan agobiante para las ni&ntilde;as que solo les es posible escapar de ella a trav&eacute;s de diversos juegos de imaginaci&oacute;n. La Casa se convierte as&iacute; en un espacio simb&oacute;lico con el que la protagonista se identifica. Lo interno y lo externo se unen, hasta el punto de que materializa sus emociones a trav&eacute;s de esa casa, que siente como algo vivo, y sus aleda&ntilde;os: una monta&ntilde;a que parece tener voluntad para moverse, un jard&iacute;n que esconde secretos, un cobertizo que a veces se eclipsa y desaparece o el sonido inapelable de la campana de medianoche.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El escritor debe tener una disposici&oacute;n a permanecer siempre alerta&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- La escritura, &iquest;se asemeja al insomnio?</p>
<p>- S&iacute;, en tanto el escritor debe tener una disposici&oacute;n a permanecer siempre alerta. Estar atento y esperar a que, remiti&eacute;ndome a Mar&iacute;a Zambrano, se abra un claro en el bosque, en cuya intermitencia algo nos sea revelado y la inspiraci&oacute;n salga a nuestro encuentro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 16 Oct 2025 06:37:07 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Imaginar en legítima defensa: una aproximación a Tránsitos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/imaginar-en-legitima-defensa-una-aproximacion-a-transitos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/JES_S_ZOME_O_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Jes&uacute;s Zome&ntilde;o (Alcaraz, Albacete, 1964) es uno de esos escritores que no nadan en la superficie, a la vista de cualquiera, en las listas de superventas o en las pagadas rese&ntilde;as de los medios comerciales. Son escritores que habitan en las profundidades. Hay que bajar al fondo para encontrarlos y entonces los leemos en silencio, a solas, con la pasi&oacute;n perpleja de quien ha descubierto una maravilla ante la indiferencia o desconocimiento generalizados. Levantamos los ojos, queremos compartir nuestro descubrimiento y comprobamos que estamos solos en esa profundidad. La gran literatura habita siempre en los m&aacute;rgenes. Es como si la soledad fuera el precio de lo maravilloso.</p>
<p>El autor de <em>De este pan y de esta guerra</em> (2016) o de <em>El cielo de Kaunas</em> (2018), entre otras, ha publicado este 2025 un libro diferente, valioso, memorable: <em>Tr&aacute;nsitos</em>, subtitulada <em>Nocturnos de los Balcanes</em>, en la editorial valenciana Contrabando. Se trata de un libro con muchas capas que yo he le&iacute;do, y animo a leer, como un homenaje a la literatura o, mejor dicho, al poder casi ilimitado de la imaginaci&oacute;n. De una imaginaci&oacute;n existencial, eso s&iacute;, inseparable de la conciencia de la muerte, de ah&iacute; el miedo como motivo recurrente, de ah&iacute; lo s&oacute;rdido y macabro de algunos pasajes. El japon&eacute;s Yukio Mishima escribe en <em>El sol y el acero</em> que los grandes abismos de la imaginaci&oacute;n est&aacute;n en la muerte. Y con esa misma premisa podemos adentrarnos en este libro de libros.</p>
<p>Estamos ante cuatro novelas breves que corresponden con los cuatro trayectos en tren necesarios para llegar desde Sof&iacute;a (Bulgaria) a Bucarest (Ruman&iacute;a). Cada una de ellas bajo el signo de una obra literaria c&eacute;lebre: <em>Noche oscura del alma</em> es la primera en leerse (de Bojchinovci a Vidin), <em>Extra&ntilde;os en un tren</em> la segunda (de Calafat a Craiova), <em>El para&iacute;so perdido</em> la tercera (de Sof&iacute;a a Bojchinovci) y <em>Mi nombre es Mary Shelley</em> la cuarta y &uacute;ltima (de Craiova a Bucarest). Cabe aclarar que este es el orden de la lectura, si bien no coincide con el orden de los acontecimientos. A lo largo del libro hay suficientes conexiones entre narraciones para ubicar estas cronol&oacute;gicamente si uno lo desea. Tenemos, por ejemplo, la menci&oacute;n reiterada a la vendedora de caramelos en la estaci&oacute;n de Sof&iacute;a o al atropello (&iquest;suicidio o accidente?) que retrasa la llegada a Vidin, por citar solo algunas de estas conexiones.</p>
<p>Atravesamos un territorio extranjero y por momentos hostil, en el que asoman por las ventanillas nombres de ciudades impronunciables junto a escenas inquietantes de horror, un territorio h&iacute;brido de realidad e imaginaci&oacute;n que acaso sea un personaje m&aacute;s de la obra, quiz&aacute; el verdadero antagonista de todos los dem&aacute;s: un territorio que acaba convirti&eacute;ndose en un estado de &aacute;nimo donde el juicio moral queda en un segundo plano y la diferencia entre el bien y el mal se hace difusa. En ese territorio, nosotros, los lectores, somos extranjeros, incapaces de saber si viajamos &ldquo;a trav&eacute;s de una verdad o de una mentira&rdquo;, por decirlo con palabras del polic&iacute;a fugitivo de <em>Extra&ntilde;os en un tren</em>.</p>
<p>No importa si es lunes o martes, s&aacute;bado o domingo. Hemos perdido la noci&oacute;n del tiempo. Nos arrastra un tren que tiene algo de cueva plat&oacute;nica y algo de vientre materno desde donde nacer, transitar, a una nueva existencia, un tren que avanza por la oscuridad hasta la plena luz del d&iacute;a siguiente. En <em>Tr&aacute;nsitos</em> las referencias al d&iacute;a y a la noche, a la luz y a la sombra, tienen antes valor simb&oacute;lico que inter&eacute;s horario. Basta se&ntilde;alar, por ejemplo, c&oacute;mo el crep&uacute;sculo marca el trayecto de los dos ancianos y c&oacute;mo la claridad de la ma&ntilde;ana ilumina el amor de Mary Shelley, la protagonista del cuarto trayecto, claridad que evoca la esperanza de un nuevo comienzo en su vida.</p>
<p>Llama la atenci&oacute;n que el viaje de los protagonistas sea solo de ida. Ninguno vuelve a su hogar o a su tierra natal: todos se alejan hacia lo desconocido, y nosotros con ellos. El primero viaja para pedirle el divorcio a su mujer, que se ha ido a vivir a Ruman&iacute;a; el segundo huye a ninguna parte para salvarse de un supuesto complot; Rania y Yavor acuden al pueblo de un antiguo compa&ntilde;ero de trabajo, al parecer fallecido; la joven Mary Shelley va a encontrarse con alguien que ha conocido por Internet. As&iacute; pues, son viajes sin retorno en los que la fabulaci&oacute;n de los pasajeros protagonistas ocupa un lugar central, una fabulaci&oacute;n a veces delirante, a menudo l&uacute;cida, que llega a sostener maravillosamente todo el relato, pues no olvidemos que la acci&oacute;n es limitada dentro de un vag&oacute;n de tren. &nbsp;</p>
<p>Los pasajeros de estas novelas breves, sentados codo con codo en sus asientos, parecen pose&iacute;dos por el demonio de la fabulaci&oacute;n. Fabular, hablar. Se habla mucho y, en consecuencia, se fabula mucho. Salvo el mon&oacute;logo de <em>Noche oscura del alma</em>, las dem&aacute;s novelas se construyen, en mayor o menor medida, desde el di&aacute;logo como punto de partida para la fabulaci&oacute;n. Un di&aacute;logo que es una representaci&oacute;n a peque&ntilde;a escala del proceso de escritura y lectura, del encuentro entre el autor y el lector. Vale la pena observar, por ejemplo, c&oacute;mo el vampiro tatuador de <em>Extra&ntilde;os en un tren</em> utiliza recursos ret&oacute;ricos y teatrales para seducir al polic&iacute;a, que acaba fascinado por su presencia, o c&oacute;mo los viejos agentes secretos de <em>El para&iacute;so perdido</em>, &eacute;l con principio de alzh&eacute;imer, completan mutuamente los recuerdos de su pasado comunista, construyendo una suerte de relato m&aacute;s o menos pactado, com&uacute;n. El soliloquio de la joven Mary Shelley, que nos sit&uacute;a a nosotros junto a ella como interlocutores privilegiados, casi como acompa&ntilde;antes, es especialmente seductor y emotivo, sobre todo cuando vemos asomar la dolorosa verdad del personaje entre tantas mentiras con las que trata de ocultarla.</p>
<p>Volvamos, sin embargo, a la relaci&oacute;n que se establece entre la muerte y la imaginaci&oacute;n en el libro. &ldquo;Nuestra imaginaci&oacute;n no es un arma, sino una herida&rdquo;, se dice el protagonista de <em>Noche oscura del alma</em> mientras observa al resto de pasajeros. Solo quien es consciente de su condici&oacute;n mortal puede hacer pleno uso de su imaginaci&oacute;n, parece decirnos el autor. En este sentido, el vampiro tatuador de <em>Extra&ntilde;os en un tren</em>, inmortal como todo vampiro que se precie, asegura: &ldquo;Yo no tengo imaginaci&oacute;n&rdquo;. A lo que a&ntilde;adimos: ni reflejo ni sombra... &iquest;Es la imaginaci&oacute;n (y, por extensi&oacute;n, la literatura) un efecto secundario de nuestra condici&oacute;n mortal? &iquest;En qu&eacute; medida toda imaginaci&oacute;n es un acto de leg&iacute;tima defensa contra la realidad de la muerte?</p>
<p>Puestos a defendernos, quiero pensar que no solo leemos este libro de Jes&uacute;s Zome&ntilde;o sino que tambi&eacute;n somos le&iacute;dos por sus personajes, que no solo los salvamos sino que nos salvan. Las mismas ventanillas por las que miramos al interior de los vagones permiten a los pasajeros asomarse al mundo exterior, ese donde un hombre de mediana edad teclea ahora palabras, frases, en un piso de Madrid, junio de 2025.</p>
<p>La gran literatura es siempre un viaje solitario y compartido, por eso es tan dif&iacute;cil de explicar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jes&uacute;s Zome&ntilde;o, <em>Tr&aacute;nsitos</em>, Valencia, Editorial Contrabando, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 08 Oct 2025 12:36:58 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El resabio de lo vivido]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-resabio-de-lo-vivido/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/ROMINA_BERENICE_CANET_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>RIL Editores, la atenta editorial chilena en lo tocante a poes&iacute;a de la Cruz del Sur-no solamente-, ha vuelto a publicar el libro con que Romina Berenice Canet (1977), nacida en R&iacute;o Ceballos, provincia de C&oacute;rdoba (Argentina), se dio a conocer por el all&aacute; de 2004. Era una edici&oacute;n, hoy por hoy, pr&aacute;cticamente inencontrable y que RIL ha decidido remedar con acierto. Me refiero, obviamente a <em>Resabio de las fiestas</em> y a las 12 litograf&iacute;as que acompa&ntilde;an sus sucintos poemas. Se ve que la tradici&oacute;n marcada por su paisano Oliverio Girondo en <em>Veinte poemas para ser le&iacute;dos en el tranv&iacute;a </em>(1922), sin los cuales el libro no se entrega del todo al lector, ha sembrado un modelo entre sus compatriotas. Y algo ocurre aqu&iacute; parecido, pues las estupendas litograf&iacute;as donde la mujer desnuda muestra su fuerza del cuerpo, ratifican la contundencia de sus versos desde el deseo, el amor/desamor y la reflexi&oacute;n, a veces hecha resistencia o cr&iacute;tica. No me refiero solo al eros encerrado y liberado en sus p&aacute;ginas, sino a la desnudez emocional, muy presente en estos micropoemas, como no podr&iacute;a ser menos &nbsp;en esta &eacute;poca de&nbsp; aforismos, micropoemas, o de aforemas, tan contempor&aacute;neos, en sus p&aacute;ginas; tambi&eacute;n con amargura o cr&iacute;tica, tal y como hace en sus microrrelatos la estupenda, siempre, Ana Mar&iacute;a Sh&uacute;a. No resulta pues parad&oacute;jico volver sobre este apetecible libro, lleno de vitalismo, aunque ciertamente el XLIII Premio de Poes&iacute;a Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez por <em>La maleza</em> (2023), la introdujo en nuestras letras con un libro en nada superior, pese a su mayor complejidad, que este que ahora nos ocupa.</p>
<p>Sin duda, el t&iacute;tulo, con su importancia, aunque no sea el momento para especular sobre lo dicho al respecto por Gerard Genette, nos avisa de sus intenciones. Se trata de un &ldquo;resabio&rdquo; de experiencias y emociones deglutidas y pensadas, con sus caras y reversos, de quien ha transitado por la vida con coraje. El resabio de lo vivido, con su presencia y reclamo de eros, desaf&iacute;os y desavenencias, pero siempre bajo el astro solar de la legibilidad. Poemas como &ldquo;El lobo no est&aacute;. No encontr&eacute; su camisa / ni sus pantalones / lo que indica / que el lobo / ya sali&oacute; / y que hay que empezar / a tener miedo. / Hay un lobo merodeando / la oscuridad de mi bosque&rdquo;. Ese lobo que merodea le lleva a los aforemas, casi greguer&iacute;as, del amor expl&iacute;cito &ldquo;Mis piernas / tijeras de tu jard&iacute;n&rdquo; frente al &ldquo;Triste es esa noche / en que nos desvestimos / como si no fuera la &uacute;ltima&rdquo;, entre ciclotimias del deseo o an&iacute;micas: &ldquo;Estaba tan triste / que se asombr&oacute;/de que la calle / fuera&nbsp; la calle/ todav&iacute;a&rdquo;. Y as&iacute; nos lleva al poema del que se desprende todo el libro, es decir la recuperaci&oacute;n de la experiencia desde la llave del verso. Me refiero al inquietante &ldquo;A veces lloro de memoria. / Es mucho mejor / que llorar aprendiendo&rdquo;, y que nos lleva a situar esta poes&iacute;a como hija de la experiencia, pero no a&nbsp; la manera del realismo espa&ntilde;ol, m&aacute;s discursiva hasta el 2000 y pico, sino la decantada que se resume en la conclusi&oacute;n y nos obvia el proceso. Y como todo el libro funciona bajo ese precepto se hace muy veros&iacute;mil en su contundencia, adem&aacute;s de muy apetecible, pues nunca suena a impostura: &ldquo;Perder / era tan triste / como ganar. / En ambos casos / significaba el final del juego&rdquo;. El juego de una poeta vital y reivindicativa, donde grita el animal que lucha, el cuerpo: &ldquo;Los pumas quedan&rdquo;. Y que a veces son comidos (ya sabemos c&oacute;mo la antropofagia cultural resume la literatura hispanoamericana desde el manifiesto de San Paulo del 1922, aunque aqu&iacute; tiene otro sentido) o son v&iacute;ctimas del cazador: &ldquo;El la desarma / como un juguete, / con s&aacute;dica curiosidad / torpemente. / &Eacute;l la rompi&oacute; / para entenderla&rdquo;. Y as&iacute; es, pues se arriesga, y su poes&iacute;a no finge, es veros&iacute;mil, tal y como hemos dicho en su explicitud: &ldquo;Tu cuerpo desnudo, M&aacute;s que desnudo. Tu cuerpo m&aacute;s desnudo / que un cuerpo desnudo. / Tan desnudo / que el m&iacute;o / tambi&eacute;n desnudo / sigue buscando / que m&aacute;s quitarse&rdquo;. Y por todo ello lo dejo tambi&eacute;n al alcance de mi mano en las estanter&iacute;as bajas del despacho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Romina Berenice Canet, <em>Resabio de las fiestas</em>, RIL Editores, 2025.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 08 Oct 2025 08:04:42 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El bulbo raquídeo de la nueva realidad]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-bulbo-raquideo-de-la-nueva-realidad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/RA_L_QUINTO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Despu&eacute;s del extraordinario &eacute;xito que supuso <em>Martinete del rey sombra</em> (Jekyll &amp; Jill, 2023) del escritor Ra&uacute;l Quinto (Cartagena, 1978), que obtuvo, entre otros, el Premio Nacional de Narrativa 2023 y el Premio de la Cr&iacute;tica 2023, resulta complicado definir <em>La ballena azul</em> (Jekyll and Jill,, 2025), el nuevo libro del autor murciano. Alejado, de nuevo, de la estructura cl&aacute;sica de la novela, alojado en una especie de descripci&oacute;n por cap&iacute;tulos, numerados y perfectamente clasificados (que no compartimentados), donde se introduce las aportaciones de pen&uacute;ltima generaci&oacute;n para la construcci&oacute;n del pante&oacute;n de las leyendas urbanas, utilizando como motor una de las consideradas medi&aacute;ticas, el juego de la ballena azul.&nbsp;</p>
<p>El volumen es casi un di&aacute;logo unidireccional en cuanto a la voz presente pero con tres v&eacute;rtices conceptuales: lector, mentor y v&iacute;ctima. El lector, que conoce algunos de los c&oacute;digos expuestos, tanto si pertenece a la generaci&oacute;n del tel&eacute;fono fijo, el <em>router</em> por minutos o los primeros programas de radio en la madrugada con Iker Jim&eacute;nez, como si, m&aacute;s all&aacute;, ha estado indagando en lo m&aacute;s profundo de la web, aquella a la que no se llega con los buscadores tradicionales. El mentor, que utiliza la carta abierta, el susurro de las palabras, como en la canci&oacute;n de los Beatles, el &ldquo;Helter Skelter&rdquo;, que no ha perdido nunca su condici&oacute;n de alimento para la paranoia, pero que aqu&iacute; se encumbra en la relaci&oacute;n de los tres de Liverpool con su amigo muerto/vivo Paul. Vamos de Charles Manson a la morsa. &ldquo;I&acute;m the walrus&rdquo;, la segunda canci&oacute;n de The Beatles, el acceso a un pante&oacute;n de esp&iacute;ritus primordiales disfrazados de dibujos animados, de amables resultados del consumo de &aacute;cido: la Diosa Coneja, El Hombre Conejo, El Rey Carmes&iacute; y el Rey de Amarillo, La Doncella Ciega (Blind Maiden), Reina de Esparta, Mujer ara&ntilde;a. Solo por ese cap&iacute;tulo, esa historia de terror absoluta y universal, el libro seduce al lector. Al lector de horror, claro. Y la v&iacute;ctima, que podr&iacute;a ser nuestro hijo, nuestro alumno, cualquiera de nosotros. Podr&iacute;a ser el nieto de una v&iacute;ctima de Wako, del reverendo Jones o haber escapado de las pruebas realizadas en el Instituto Tavistock, podr&iacute;a, ya lo he comentado, buscar antiguos programas de &ldquo;Milenio 3&rdquo; para, entre el 45 y el 66, conocer historias de ceniza y fuego, de combusti&oacute;n espont&aacute;nea, del accidente del camping de Los Alfaques, los ni&ntilde;os con la cara derretida, los fantasmas, los que no se quieren marchar de all&iacute;, siempre es necesario que alguien cuente su historia.&nbsp;</p>
<p>Estamos en un tiempo en el que la literatura no quiere olvidar los cat&aacute;logos por correo, las copias piratas, las cintas y los VHS, que conoci&oacute; la existencia de las pel&iacute;culas <em>snuff</em> con la &oacute;pera prima de Alejandro Amen&aacute;bar, esa <em>Tesis</em> que parece irreconocible. Un libro que mezcla la autopsia del hombrecillo verde en el &Aacute;rea 51 con<em> Slenderman</em>, ayer, hoy, ma&ntilde;ana. Esta frase:<em> </em>&ldquo;&iquest;Perdida en un laberinto, bosque? El laberinto, quiero que pienses en el laberinto, El laberinto ya hace tiempo que solo piensa en ti&rdquo;. Es poderosa. Las mentiras que provocan muertos. M&aacute;s bien las semillas falsas que germinan en historias macabras. Pero, despu&eacute;s, en un claustro, el jefe de estudios te dice que en el instituto del pueblo que est&aacute; a media hora, por la autov&iacute;a, han detectado el primer caso. &iquest;Qu&eacute; caso? El de la Ballena Azul.&nbsp;</p>
<p>&iquest;Es un libro sobre el suicidio? No. Pero forma parte de la trama. &iquest;Es un libro de fantasmas? Tampoco. Pero existe una cierta espiritualidad digital que define al mundo en el que vivimos desde hace dos d&eacute;cadas. Sitios web m&aacute;s all&aacute; de Google, pel&iacute;culas de metraje encontrado, p&aacute;ginas en mantenimiento, antiguas redes sociales, aceptar o no aceptar, tiempos largos de carga, <em>mydoom</em>, aceptas o no, &iquest;cu&aacute;nto falta para que mueras?&nbsp;</p>
<p>Hemos olvidado r&aacute;pido, pero Ra&uacute;l Quinto no. Ra&uacute;l sabe que hay chatarra en la red, parecida a la basura biol&oacute;gica, que all&iacute; la forma en la que vida duele es distinta. Voltaire El Rojo, el mentor, podr&iacute;a estar muerto y hablarte (a ti y a la v&iacute;ctima). Voltaire El Rojo est&aacute; en el espacio fronterizo, entre este mundo y el nuevo m&aacute;s all&aacute; que es Internet. Internet es un espacio no eucl&iacute;deo que ocupa m&aacute;s que la Tierra, si la medimos en tiempo y espacio. Y all&iacute; tambi&eacute;n hay fantasmas, y, lo que es peor, son capaces de modificar esa realidad o salir de ella. Caminan despacio, pero nunca se cansan; insisten una y otra vez, con una historia u otra. Ese es el peligro. <em>NPG</em> (personajes no jugables) de videojuegos con los servidores desactivados, personas solitarias en salas de conversaci&oacute;n en las que ya no entra nadie.&nbsp;</p>
<p>Y de la soledad a la venganza est&aacute; el dolor. Los cap&iacute;tulos, la gu&iacute;a, el que habla, el que gu&iacute;a, parece ofrecer una voz met&aacute;lica, sintetizada, un di&aacute;logo que parece unidireccional. La teor&iacute;a de la comunicaci&oacute;n mezclada con un listado de leyendas urbanas. Pero la urbe ya no es la ciudad, ni el alquitr&aacute;n, ni las calles, incluye a la red, <em>myspace</em>, <em>mixmail</em>, <em>Facebook</em>, <em>Tuenti</em>, X, lo que venga despu&eacute;s, lo que sigue abierto, lo que nadie cierra porque nadie se responsabiliza o nadie sabe cerrar. En la &uacute;ltima literatura, en varias ocasiones, los autores acuden a <em>The Twilight Zone</em> (conocida en espa&ntilde;ol como <em>La dimensi&oacute;n desconocida</em>): Rodrigo Fres&aacute;n, Mariana Enr&iacute;quez o Max Booth III o, en uno de sus &uacute;ltimos cuentos, Cristina Fern&aacute;ndez Cubas. No solo Ra&uacute;l Quinto. No solo ellos. Como si la realidad no fuera suficiente, como si hiciera falta volver al principio, al comienzo de la red, a 2011, los primeros foros, <em>4Chan</em>, <em>Jeff the Killer,</em> una leyenda de &aacute;cido, quemaduras y cicatrices que acab&oacute; siendo la perversa alteraci&oacute;n de una fotograf&iacute;a real, de una chica que acab&oacute; suicid&aacute;ndose. Cuando nadie es el culpable, todos lo somos. Es parte de la leyenda, de la red, de las malas semillas&hellip;&nbsp;</p>
<p>Un libro que es pol&iacute;tico. Como siempre en el caso de Ra&uacute;l Quinto, en este caso hay jud&iacute;os junto al Ebro, acusados de asesinar ni&ntilde;os, tambi&eacute;n mezquitas llenas de sangre. Cito: &ldquo;Hemos aprendido a leer la sangre porque la sangre no requiere palabras&rdquo;. En 2025 escribir sobre la historia de (santo) Dominguito de Val, Toledo, &Aacute;vila, Zaragoza. Ah&iacute;, Quinto, siempre es responsable y coherente: la idea de Occidente como culpable extiende sus ra&iacute;ces a lo largo del libro. Estamos podridos en nuestra propia felicidad, en nuestro hartazgo, en nuestras ra&iacute;ces cristianas, en la penicilina y en la tarta de manzana. Los pa&iacute;ses escandinavos, un ataque previo, para conseguir una matanza de Anders Breivik, de Oslo a una isla con j&oacute;venes, perfectos, rubios, arios. Una opini&oacute;n discutible, pero no es la &uacute;nica voz en la literatura contempor&aacute;nea en lengua castellana. En realidad, es mayoritaria. Y funciona entre las editoriales medianas y las grandes. Es la expansi&oacute;n del virus de la palabra del que hablaba William Burroughs, que viene de H.P. Lovecraft y, transmitido por Jorge Luis Borges, mejorado por Kurt G&ouml;del y John von Neumann con los primeros escarceos de la inform&aacute;tica y la autorreplicaci&oacute;n, acaba hoy en todos los estantes, bien distribuido y libre de derechos de autor (que no de venta).&nbsp;</p>
<p>La misma indagaci&oacute;n en los movimientos subterr&aacute;neos de la historia, como estampas capturadas para servir de gu&iacute;a gestionan el avance, en el tiempo y el espacio para la v&iacute;ctima y el lector. Uno silencioso, el otro atrapado. Los papeles acaban por ser intercambiables: la Santa Catalina Tekakwitha, 1986, Montreal, estigmas y voz rota la de Dios (y cito: &laquo;La voz roja de Dios estallando en tu cerebro y te lame la cara, y ardes&raquo;), 1989, Ruman&iacute;a, el recuerdo de los abusos que sufri&oacute; Nadia Comaneci que el pueblo vengar&aacute; contra todos los Ceaușescu, m&aacute;s balas en la pared que por ser disparadas, 1990, la detenci&oacute;n de Andr&eacute;i Chikatilo. El Tel&oacute;n de Acero, una Jaula de Faraday, el aislamiento sensitivo, la versi&oacute;n perversa de &ldquo;Stranger Things&rdquo; (o, todav&iacute;a m&aacute;s de culto, los tiempos de seriales cu&aacute;nticos con &ldquo;Fringe&rdquo;). El no dormir, el duermevela, otro espacio alternativo no sometido a lo eucl&iacute;deo, en combinaci&oacute;n perfecta con el desierto de lo digital. Ojos acelerados por los electrones, la autodestrucci&oacute;n de los mensajes de Telegram, la llegada de la Inteligencia Artificial, que terminar&aacute; generando una cuarta dimensi&oacute;n en la vida/literatura. Al final Tom Cruise est&aacute; vac&iacute;o por dentro. El Cruise de hoy es solo un cuerpo, con ojos fr&iacute;os, vac&iacute;o, funciona como una inteligencia artificial, es perfecta, miren las &uacute;ltimas entrevistas. Como la familia Bateman de Bret Easton Ellis. Mientras uno lee <em>La Ballena Azul</em> le aparecen varios <em>reels</em>, uno de Shirō Ishii y otro de Tom Cruise. Y Tom Cruise es parte de la Iglesia de la Cienciolog&iacute;a.&nbsp;</p>
<p>Queda la sensaci&oacute;n de que, tras el &eacute;xito del <em>Martinete del Rey Sombra</em>,<em> </em>Ra&uacute;l Quinto se ha embarcado en una aventura literaria cicl&oacute;pea: la acumulaci&oacute;n como herramienta para la novela provoca una sensaci&oacute;n de falta de unidad. Encontrarte con historias de otras, estiradas, recopiladas, investigadas, ofreciendo dudas, sombras y errores, haciendo de la noticia cap&iacute;tulo, del cap&iacute;tulo ensayo, de los estadios num&eacute;ricos novelas. Lo que en el <em>Martinete del Rey sombra</em> funcionaba a trav&eacute;s de la profundidad l&iacute;rica y la an&eacute;cdota hist&oacute;rica convertida en personaje y lo hac&iacute;a uno de los grandes libros espa&ntilde;oles de la d&eacute;cada, en <em>La Ballena Azul</em> no acaba de despegar. Es un libro de caf&eacute; oscuro, solo y sin az&uacute;car, pero, perm&iacute;tanme la expresi&oacute;n, &ldquo;para muy cafeteros&rdquo;. A m&iacute; me ha resultado nutritivo y entretenido, pero si escapas del c&iacute;rculo "Donnie Darko", puede provocar una sensaci&oacute;n de volumen anecd&oacute;tico (por la sucesi&oacute;n de an&eacute;cdotas, no la falta de importancia). No es as&iacute; en absoluto, es una literatura exigente porque demanda un cierto grado de complicidad a la hora de afrontar su lectura.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ra&uacute;l Quinto, <em>La ballena azul</em>.<em> </em>&nbsp;Zaragoza. Jekyll &amp; Jill Editores, &nbsp;2025</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 02 Oct 2025 12:49:45 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nadando en el tiempo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/nadando-en-el-tiempo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/ANNE_CARSON_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>Norma enrevesada</em>, el t&iacute;tulo que se le ha dado a esta edici&oacute;n brillantemente traducida al espa&ntilde;ol por Jeannette L. Clariond, nos deja en un umbral vacilando entre si vamos a entrar o a salir de algo. Al decir &ldquo;enrevesada&rdquo; estamos, en parte, leyendo &ldquo;dif&iacute;cil&rdquo;, &ldquo;oculta&rdquo;, a la vez que nos sugiere un reverso, un lado opuesto, de atr&aacute;s, incluso un rev&eacute;s. Y as&iacute; es, no parece clara la norma, pero el reverso es un tejido que recorre todos los textos y por el que, en cierta forma, podemos descolgarnos en el curso del libro.&nbsp; Se trata de una interesante y preciosa edici&oacute;n de Vaso Roto donde se juega con el texto en distintas maquetaciones, con la imagen de composiciones con letras mecanografiadas. Estamos en la l&iacute;nea que viene caracterizando a la autora en cuanto a quiebra de fronteras y juego de los nuevos lenguajes, en esto que seguimos llamando poes&iacute;a tambi&eacute;n tras el paso de las vanguardias.</p>
<p><em><br /></em></p>
<p><strong><em>Cu&aacute;l es tu filosof&iacute;a del tiempo</em></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desde mi punto de vista, la composici&oacute;n de esta obra no es una mera colecci&oacute;n de escritos h&iacute;bridos, de juego de g&eacute;neros: prosa, verso, <em>collages</em>, cuya unidad vaya a descubrirse despu&eacute;s de leerlo; en este sentido, su lectura tiene algo que se puede percibir como acci&oacute;n en el presente, algo que se va construyendo en el pasar. Y mientras pasa, se dejan ver las apariciones que saltan de un texto a otro, nombres, tiempos, gui&ntilde;os, iron&iacute;as&hellip;, hilando ese tejido, dando una forma que va surgiendo, de alguna manera, apoyada en esa diversidad o en la huida de esa forma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>Hay una frase de H&ouml;lderlin&hellip; &ldquo;Mi coraz&oacute;n est&aacute; nadando en el tiempo&rdquo;</em></strong></p>
<p>Un agudo sentido de la repetici&oacute;n es tambi&eacute;n propio de la autora, de su decir. Cada uno de los relatos, poemas, mon&oacute;logos del libro va precedido por unos textos, que aparecen de forma reiterativa e incompleta. Sobre el tiempo, la mermelada, Rohmer, estos textos fluyen con variaciones, como las aguas heraclitianas sin ser nunca lo mismo, aunque sean repeticiones, sin querer decir algo, aunque hay un hablar constante, recogiendo en ocasiones el contenido de los escritos a los que anteceden.</p>
<p><em><br /></em></p>
<p><strong><em>He estado tratando de conseguir algunos fragmentos de&nbsp;sonido de los guijarros y las piedrecitas</em></strong></p>
<p>Revisita tambi&eacute;n, este libro, historias y mitos conocidos, como en el caso de <em>Conferencia sobre la historia de la escritura a&eacute;rea</em>, donde asistimos a la creaci&oacute;n del mundo en siete d&iacute;as contado por el hacedor, que aqu&iacute; es el cielo, y aparece llevado por su vocaci&oacute;n por las letras. Oportunamente, sit&uacute;a el relato en el proceso de su nacimiento como escritor, dando as&iacute; el encaje entre palabra y realidad, el verbo, que fue lo primero, y as&iacute; se dan sin soluci&oacute;n de continuidad. Va repasando, por tanto, una semana, cada uno de los d&iacute;as, en la que surge la materia, las formas, los guijarros, el pensamiento, la guerra. Hasta que llega el domingo de descanso, de final y de silencio de la escritura.</p>
<p>Por <em>Norma enrevesada</em> atraviesan nombres recurrentes en Carson, evocaciones de muy diferentes lecturas y &eacute;pocas, los cl&aacute;sicos, los coet&aacute;neos, Conrad, Bob Dylan, Adorno, H&ouml;lderlin, cuyas referencias brotan y se agolpan en esa acci&oacute;n en el presente, ese construirse en el pasar, que dec&iacute;a antes. Hay en algo en la manera de ser citados que hace pensar, m&aacute;s precisamente, en ser convocados. No es tanto la cita como tal o la frase que da pie a su menci&oacute;n, lo que nos trae o nos introduce a los personajes en el escrito sino algo parecido a una fuerza centr&iacute;peta que moment&aacute;neamente hace que el texto de alrededor mire hacia ah&iacute;, se vuelva hacia ese nombre. Con respecto a qu&eacute; es lo que compone esa fuerza hacia un centro, podemos decir que, si bien en cada caso, entran en juego distintos componentes, hay uno que se localiza con cierta frecuencia, se trata de la sorpresa, de lo inesperado en la alusi&oacute;n, un asombro, que hace revisar el texto, recolocarlo bajo la luz (o la niebla) de ese nombre de pronto ca&iacute;do en la escritura.</p>
<p><em><br /></em></p>
<p><strong><em>Habr&eacute; mencionado mi admiraci&oacute;n por &Eacute;ric Rohmer, s&iacute;, creo que s&iacute;. En la adolescencia sol&iacute;a ver sus pel&iacute;culas con l&aacute;piz y papel en la mano, atenta a citas que podr&iacute;a usar con mujeres mayores. &ldquo;Oh, c&oacute;mo destroz&oacute; el mundo espiritual, como dijo Pascal de Arqu&iacute;medes&rdquo;, &eacute;sa es buen.</em></strong></p>
<p><strong><em><br /></em></strong></p>
<p>Voy a acercarme un poco m&aacute;s a uno de los escritos, que conforman el presente volumen, el que lleva el, a priori, desconcertante t&iacute;tulo &ldquo;Oh, qu&eacute; noche&rdquo;. Estamos ante un peculiar relato que dice ser una traducci&oacute;n del <em>Simposio</em> de Plat&oacute;n. Y lo es. Abarca el discurso en el que Alcib&iacute;ades hace la alabanza a S&oacute;crates ante los comensales. Todo el escrito, salvo un preludio y un posludio breves, est&aacute; en verso, presenta la forma de un largo poema que discurre en estrofas como una narraci&oacute;n. En la traducci&oacute;n de Carson, vamos encontrando momentos, giros o desv&iacute;os del texto de Plat&oacute;n, que permiten ver las miradas desplazadas de la poeta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Alcib&iacute;ades comienza su elogio, en el texto de Plat&oacute;n, diciendo que va a comenzar con un s&iacute;mil, no por burla sino por verdad. Carson empieza as&iacute; el elogio:</strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><em>He aqu&iacute; mi elogio de S&oacute;crates:<br /> Inicia con una comparaci&oacute;n -<br /> s&oacute;lo para daros una imagen mental.<br /> (Las im&aacute;genes son reales):</em></p>
<p>Las im&aacute;genes son reales, s&iacute;. La imagen es real en tanto pertenece a las cosas sensibles, aunque no sea verdadera por resultar una copia imperfecta, y que nos llama a enga&ntilde;o, de la idea. El elemento de comparaci&oacute;n o la imagen mental que Alcib&iacute;ades quiere construir se refiere a unas figuras de silenos que se abr&iacute;an, y en cuyo interior hab&iacute;a estatuas de dioses. Esa era la imagen de S&oacute;crates, que, en este caso, se hace en el espejo del art&iacute;fice, del escultor. Y este espejo trae una cualidad ontol&oacute;gica, atribuida a la imagen, que consiste en tejer el ser y el no ser desde el momento en que asemejarse a otra cosa lleva dentro una parte del no ser.</p>
<p>Pero el Alcib&iacute;ades de Carson se dirige a un p&uacute;blico que ha pasado la posmodernidad, podr&iacute;amos decir, una versi&oacute;n de fronteras m&aacute;s finas que el contempor&aacute;neo de Plat&oacute;n. De ah&iacute; que hable de la imagen mental como real. As&iacute;, al construirla, puede servirse tambi&eacute;n de silenos y s&aacute;tiros como esos mundos intermedios, como lugar de lo que es y de lo que no es. La imaginaci&oacute;n va m&aacute;s all&aacute; de un s&iacute;mil, de una copia. Tendr&iacute;a mayor alcance que el intento de buscar una semejanza para reconocer a S&oacute;crates (todos lo tienen delante y lo conocen bien); tratar&iacute;a de construir en la mente de cada uno, una visi&oacute;n compartida, orientada, con intenci&oacute;n.</p>
<p>S&oacute;crates es, por tanto, una criatura de los mundos intermedios, con cualidades superiores a las humanas. Su oratoria causa una impresi&oacute;n en el oyente tanto o m&aacute;s fuerte que el sonido del aul&oacute;s del s&aacute;tiro Marsias. As&iacute; habla Alcib&iacute;ades del efecto que su manejo de la palabra produce en &eacute;l.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>&hellip; experimento algo extra&ntilde;o, </em></strong></p>
<p><strong><em>no s&eacute; qu&eacute;&nbsp;</em><em>es - una sensaci&oacute;n salvaje</em></strong></p>
<p><strong><em></em><em>como un ataque al coraz&oacute;n, o como bailar -</em></strong></p>
<p><strong><em> esas noches en que bailas como en trance</em></strong></p>
<p><strong><em></em><em>y al volverte al espejo ves que est&aacute;s llorando</em></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Por qu&eacute; Carson dice que descubres que est&aacute;s llorando en el espejo, y no simplemente que te hace llorar? La imagen otra vez, el espejo donde uno resulta m&aacute;s que una copia, la conciencia, la ambig&uuml;edad de la imagen, mejor dicho, el hilo que teje lo que es y lo que no es. La imagen del espejo es la que llora y es tambi&eacute;n la que descubre el hecho del llanto. La emoci&oacute;n llega con tanta intensidad, que s&oacute;lo la imagen puede traerla a la conciencia, la visi&oacute;n revela la verdad. Aqu&iacute; asoma el no <em>saber nada</em> como base del saber del fil&oacute;sofo. El socr&aacute;tico <em>s&oacute;lo s&eacute; que no s&eacute; nada</em> no es tanto una muestra de humildad como un principio de la filosof&iacute;a: para que haya un saber, se ha de tener conciencia de que no se sabe nada, ha de haber un vac&iacute;o, s&oacute;lo as&iacute;, esa nada edifica una pregunta.</p>
<p>La imagen atraviesa el discurso de Alcib&iacute;ades. Todo el poema serpentea por esa imagen mental/real que se anticip&oacute;. La noche que pasa con S&oacute;crates, Alcib&iacute;ades le confiesa su amor por &eacute;l y, tratando de despertar su inter&eacute;s, le propone un trato: belleza a cambio de belleza. &Eacute;l se entregar&aacute; a S&oacute;crates y &eacute;ste, con su sabidur&iacute;a, le mostrar&aacute; su mejor versi&oacute;n, sacar&aacute; lo m&aacute;s valioso y bello de mano de la verdad del fil&oacute;sofo. Pero S&oacute;crates se ve por encima de esa baratija, cambiar verdad por apariencia, mero reflejo. Vuelve el s&iacute;mil de las figuras de s&aacute;tiros y silenos que guardan divinidades en su interior. S&oacute;crates se resuelve incomparable a ning&uacute;n hombre.</p>
<p><em><br /></em></p>
<p><strong><em>No quiero decir que sea un embaucador</em></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Anne Carson, <em>Norma enrevesada</em>, traducci&oacute;n Jeannette L. Clariond, Madrid, Vaso Roto, 2024.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 02 Oct 2025 12:25:30 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Edgar Neville en sus “notas autobiográficas”: humor, memoria y modernidad]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/edgar-neville-en-sus-notas-autobiograficas-humor-memoria-y-modernidad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/EDGAR_NEVILLE_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Ese terremoto de creatividad que fue Edgar Neville y Romr&eacute;e (1899-1967), arist&oacute;crata madrile&ntilde;o, dandi cosmopolita, escritor, dramaturgo, director de cine y uno de los grandes cronistas de su tiempo, vuelve a escena con la publicaci&oacute;n de <em>Notas autobiogr&aacute;ficas</em> por la editorial Azimut, en colaboraci&oacute;n con sus herederos. La obra re&uacute;ne, por primera vez de manera sistem&aacute;tica y completa, los fragmentos de memoria personal que el autor fue dejando a lo largo de su vida, testimonio inigualable de una figura clave de la llamada &ldquo;otra Generaci&oacute;n del 27&rdquo;, la de los humoristas, en la que brillaron tambi&eacute;n Jardiel Poncela, Miguel Mihura, Enrique Jardiel o Tono.</p>
<p>El volumen se abre con un riguroso estudio introductorio a cargo de la profesora Mar&iacute;a Luisa Burguera Nadal, sin duda la mayor especialista en la figura de Neville. Autora de una tesis doctoral (<em>La obra literaria de Edgar Neville</em>, Universidad de Salamanca, 1987) y de un libro de referencia (<em>Edgar Neville: entre el humor y la nostalgia</em>, Universidad de Salamanca, 1999), Burguera ha dedicado d&eacute;cadas a analizar la singularidad est&eacute;tica del autor. Su mirada cr&iacute;tica y contextualizadora permite al lector situar cada nota autobiogr&aacute;fica en el amplio mapa vital del creador: desde su ni&ntilde;ez madrile&ntilde;a hasta su experiencia internacional como diplom&aacute;tico y cineasta en Hollywood, donde trat&oacute; a Chaplin, Buster Keaton o Greta Garbo.</p>
<p>Seg&uacute;n Burguera, &ldquo;Neville no fue nunca un mero diletante, sino un escritor con una est&eacute;tica propia, capaz de literaturizar la realidad y convertir lo cotidiano en materia art&iacute;stica&rdquo;. Esta afirmaci&oacute;n cobra pleno sentido en la lectura de <em>Notas autobiogr&aacute;ficas</em>, donde el tono confesional se combina con la observaci&oacute;n ir&oacute;nica de costumbres, personajes y ambientes.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Una edici&oacute;n integradora</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La importancia de esta edici&oacute;n radica en su car&aacute;cter plenamente integrador. Hasta ahora, los textos autobiogr&aacute;ficos de Neville circulaban de forma parcial. En 1996 la editorial Castalia hab&iacute;a publicado una selecci&oacute;n reducida &mdash;dictada en su d&iacute;a a su secretaria Isabel Vigiola, esposa de Antonio Mingote&mdash;, que apenas cubr&iacute;a los recuerdos de infancia y acompa&ntilde;aba la edici&oacute;n de <em>El baile y otros relatos</em>. La nueva compilaci&oacute;n de Azimut ampl&iacute;a ese horizonte con la recuperaci&oacute;n de escritos dispersos o in&eacute;ditos y, en palabras de Burguera, &ldquo;devuelve al lector la coherencia de una voz que, pese a la variedad de g&eacute;neros y etapas vitales, mantiene una l&iacute;nea est&eacute;tica constante, donde el humor convive con la nostalgia&rdquo;.</p>
<p>Entre las novedades destacan dos separatas autobiogr&aacute;ficas de enorme inter&eacute;s: &ldquo;La &eacute;poca del cupl&eacute;&rdquo;, donde Neville evoca con humor y nostalgia el ambiente bohemio y nocturno del Madrid de su juventud; y &ldquo;La pol&iacute;tica&rdquo;, un fresco sat&iacute;rico en el que repasa, con iron&iacute;a y sin solemnidad, episodios clave de la Dictadura de Primo de Rivera y los convulsos a&ntilde;os de la Segunda Rep&uacute;blica. En ambos textos se percibe lo que Burguera denomina &ldquo;el humor desmitificador de Neville, un humor que no es adorno ni frivolidad, sino herramienta cr&iacute;tica capaz de desmontar mitos culturales y pol&iacute;ticos&rdquo;.</p>
<p>Otro hallazgo de esta edici&oacute;n es la inclusi&oacute;n de la &ldquo;Peque&ntilde;a autobiograf&iacute;a&rdquo;, redactada en forma de carta a petici&oacute;n de Ram&oacute;n G&oacute;mez de la Serna para acompa&ntilde;ar la primera edici&oacute;n de <em>Don Clorato de Potasa</em> (1929). Escrita en pleno periodo hollywoodiense, este texto tiene un valor doble: por un lado, nos acerca al joven Neville, en plena efervescencia creadora, y por otro muestra la complicidad literaria con el gran renovador de las vanguardias espa&ntilde;olas. El hecho de que esas p&aacute;ginas desaparecieran de las ediciones posteriores de la novela convierte su rescate en un acontecimiento editorial de gran calado.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Humor, memoria y melancol&iacute;a</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La profesora Burguera ha definido a Neville como un escritor situado &ldquo;entre el humor y la nostalgia&rdquo;, f&oacute;rmula que sintetiza de modo certero el esp&iacute;ritu que impregna tambi&eacute;n estas memorias. En efecto, cada an&eacute;cdota, cada retrato, cada observaci&oacute;n social oscila entre la iron&iacute;a elegante y una melancol&iacute;a sutil que recuerda que la risa es tambi&eacute;n memoria y conciencia del paso del tiempo.</p>
<p>Estamos, pues, ante un libro que no s&oacute;lo completa y ordena la producci&oacute;n memorial&iacute;stica de Neville, sino que se lee con la misma frescura que cualquiera de sus comedias teatrales o guiones cinematogr&aacute;ficos. En cada p&aacute;gina late ese humor elegante, ir&oacute;nico y contenido que lo emparenta con Jardiel o con el brit&aacute;nico P. G. Wodehouse, y que se despliega en an&eacute;cdotas familiares, retratos chispeantes y observaciones sociales de gran agudeza. Basta un ejemplo, entre muchos: "la t&iacute;a de mi madre, condesa de Ripala, era un personaje con una personalidad desagradable, pero definida.</p>
<p>El volumen confirma, en definitiva, lo que Burguera ha defendido reiteradamente: que Neville no fue solo un testigo privilegiado de su &eacute;poca, sino un creador total, capaz de transitar con igual soltura por la novela, el teatro, el periodismo, la pintura, el cine o la cr&oacute;nica social. <em>Notas autobiogr&aacute;ficas</em> no es simplemente una curiosidad literaria: es un viaje &iacute;ntimo al coraz&oacute;n de un hombre que supo re&iacute;rse de s&iacute; mismo, de sus contempor&aacute;neos y de la vida con una inteligencia que todav&iacute;a hoy resulta deslumbrante.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 02 Oct 2025 11:39:45 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El contenido del tiempo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-contenido-del-tiempo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/ALBERTO_SANTAMAR_A_-_DE_LAS_COSAS_P_LIDAS_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>De las cosas p&aacute;lidas</em>, de Alberto Santamar&iacute;a (Torrelavega, 1975), es el nuevo poemario del escritor c&aacute;ntabro. Autor que entreg&oacute; sus primeros libros en la m&iacute;tica editorial DVD a principios de siglo, versos que se pueden encontrar en <em>El hu&eacute;sped esperado. Poes&iacute;a reunida 2004-2016</em>. (La Bella Varsovia. 2016). Indagador de la cultura postmoderna y la sociedad contempor&aacute;nea a trav&eacute;s de distintos ensayos (destaca, por ejemplo, &ldquo;El &uacute;nico planeta verdaderamente alien&iacute;gena es la Tierra&rdquo; sobre J. G. Ballard, editado por Akal), y que contin&uacute;a construyendo una s&oacute;lida obra con este <em>De las cosas p&aacute;lidas</em> (La Bella Varsovia, 2025).&nbsp;</p>
<p>Con citas de Juan Gil-Albert y Rainer Maria Rilke, Santamar&iacute;a inicia la construcci&oacute;n de los versos. Primero se encuentra con la pared, el agujero cotidiano, el ojo que atraviesa los cables hasta sentir el calambre de una dictadura. En este libro, construido como un archivo de hechos que hace del silencio una de sus principales herramientas, el miedo sale impregnando las palabras como parte de la saliva: "Los hechos han comenzado a independizarse / de nosotros / a media tarde". &iquest;Y la vida?, algo parecido a una palabra que se captura en min&uacute;sculas: &ldquo;La belleza de un ritmo indescifrable / que asciende / por el patio interior&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>El lector busca entre la dualidad t&iacute;tulo / sentencia del poema, cada uno empujando al anterior, como lo hace en el texto una tarde con la otra, nos convence de la posibilidad de encontrar una huella en los m&aacute;rgenes de las palabras sincopadas, de los versos cortos: &ldquo;Desear es imaginar un huerto / y no saber llegar hasta &eacute;l&rdquo;. Arte y cuento, el autor en el instante vital que mezcla la paternidad con su naturaleza filial. Ah&iacute;, otra vez, en ese silencio que se deshace, como filamentos de saliva alrededor de la boca. Silencio que deja de existir al escupir. El poeta es org&aacute;nico y cortante: &ldquo;Entre la lluvia / y el men&uacute; del d&iacute;a&rdquo;, agota el descanso mundano: &ldquo;Repito / delante de una pizarra / que nada anuncia / negro / sobre negro / el destino&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>En un ejercicio de extra&ntilde;ismo se pregunta, frente al r&iacute;o, el paisaje en movimiento, la supervivencia de lo que parece d&eacute;bil y ef&iacute;mero, no entender su propia letra y contemplar c&oacute;mo las flores de tiza pintadas sobre el asfalto desaparecen: &ldquo;Se escurren / como puntos suspensivos / hacia el centro de la tierra&rdquo;, vac&iacute;os como jarrones, en una playa, en un verano, en el transcurrir del tiempo: &ldquo;Desde hoy / soy mayor que mi padre&rdquo;. La sensaci&oacute;n colmada de los nacidos hoy al final de los setenta: &ldquo;Desde hoy / la noche pesa menos&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>En el poema &ldquo;Porque existen&rdquo;, hay algo del urbanismo l&iacute;rico, sentimental y a&ntilde;ejo del que hablaba Sergio Algora en sus poemas, cuando escrib&iacute;a aquello de &laquo;Ya est&aacute; todo muy avanzado&raquo;: &ldquo;Amasijos de hierro / bloques de piso / descampados&rdquo; frente a &ldquo;Hechos de nada / existen / esos lugares&rdquo;. En la cocina, los cacharros, lo cotidiano, &ldquo;Met&aacute;lico el lenguaje&rdquo; y &ldquo;Deja en el aire / una especie de vibraci&oacute;n nerviosa / fuera de la historia&rdquo;. Nos enfrentamos a la desaparici&oacute;n de lo f&iacute;sico, del significante, dejando el aire el contenido, la palabra: &ldquo;Se desvanece / no quiere irse/permanece un poco m&aacute;s&rdquo; y, en la confusi&oacute;n, en el descubrimiento, &ldquo;Como no hay sombra / que no se arrepienta / de su historia&rdquo;. Eval&uacute;a el riesgo del verso corto para probar en la prosa po&eacute;tica, que aparecen como islotes frente al poema en varias ocasiones a lo largo del libro. De ah&iacute;: &ldquo;Hay una herida que sangra en la acera junto al portal. Sobrevivir es hallar la derivada del recuerdo&rdquo; o &ldquo;Los p&aacute;jaros se detienen como d&eacute;biles se&ntilde;ales nerviosas del tiempo&rdquo;. Del paisaje anterior a la autov&iacute;a, la cercan&iacute;a y lo que se aleja terminan confundidos: &ldquo;El amanecer es piel / sedienta / de luz&rdquo;.&nbsp; La ciudad y lo que la rodea pierde identidad: &ldquo;Nada crece aqu&iacute; / que no tenga ra&iacute;ces / de pl&aacute;stico / tallos de cobre&rdquo; y &ldquo;A un lado de la autov&iacute;a / sigue la l&iacute;nea de puntos / pon el dedo sobre el mapa / pronto lo adivinas/nadie vendr&aacute; a rescatarnos&rdquo;. Entre la casa, el arte, la imagen, el tiempo: &ldquo;Esta jaur&iacute;a de perros / lanz&aacute;ndose sobre un ciervo / solitario / que nunca termina de morir&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Me detengo en las cosas improbables, reflexionando junto al poeta, anotando las diferencias que distinguen a las tardes del domingo en las ciudades con mar frente a las urbes secas: &ldquo;Esta tarde de domingo/carece de biograf&iacute;a&rdquo; y as&iacute;, &ldquo;rompe el c&oacute;mo / y entra en la mar / inmensa noche&rdquo;. Por un instante llega el &aacute;lgebra, contenido: &ldquo;soy lo que no est&aacute; / y lo que no est&aacute; / -matem&aacute;tica pura- / es un atajo en la vida&rdquo;. Gen&eacute;tica del reciclaje, lanzar basura hacia el siglo, como si algo sobrara: &ldquo;No tienes manos / el da&ntilde;o / ni voz la herida&rdquo;. En el mismo discurso se asienta el uso de las may&uacute;sculas y las min&uacute;sculas, el salto entre versos, los espacios que realizan su doble repertorio, enmascarando el silencio y ofreciendo espacio para versos que reciben mordiscos con la respiraci&oacute;n entrecortada. Golpes, sellos oficiales, la sutileza de lo cotidiano, la administraci&oacute;n gran&iacute;tica de lo repetido, lo constante, la paz de las convergencias y los n&uacute;meros enteros: el que escribe, el que lanza el hacha, contundente como un grito: &ldquo;El silencio / no es seguro / cuando tiembla / el suelo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>En el abordaje de la parte titulada &laquo;Estas cosas p&aacute;lidas&raquo;, se produce la apertura de una caja de Pandora, que contiene el tiempo y sus errores, la felicidad y su confianza, un lugar at&oacute;mico: "Lo que nos traiciona / posee la esperanza / del mago&rdquo; y &ldquo;Que deposita sus errores / en una cajita de madera / para no ver&rdquo;. Reflexionamos sobre el tiempo, amigo o enemigo, aliado o traidor, &iquest;el que nos ofrece la experiencia o nos roba la vida? Tras la pregunta: &ldquo;Escucha / por ah&iacute; viene lo que nos traiciona / presta atenci&oacute;n / la moraleja de todos se llama / &oacute;xido&rdquo;. La rutina carga con un matiz de ausencia, de inquietud: &ldquo;De la palabra feliz / que tiene hilos negros / algas que se enredan / en la lengua / arcadas y felicidad y los d&iacute;as / fruta equivocada&rdquo;. El tiempo se disfraza de maneras diferentes: &ldquo;El camino / hasta convertir / la grieta / en una herida&rdquo;, tambi&eacute;n como un remedo, una sosia: &ldquo;La vida ten&iacute;a otra forma / algo as&iacute; como una detonaci&oacute;n / inesperada&rdquo;. El granizo, en el poema, recuerda el paisaje, lo recuperar&aacute; despu&eacute;s de estar consumido, dejando que, al final, queda m&uacute;sica industrial y p&eacute;trea.&nbsp;</p>
<p>Extraer un fragmento, una cr&oacute;nica de dimensiones urbanas: &ldquo;El autob&uacute;s atravesaba / avenidas / parques vac&iacute;os y poco / iluminados / las hojas de los grandes pl&aacute;tanos / envueltas en finas / capas de hielo como crujientes / piezas del pasado / permanec&iacute;an detenidas en el aire&rdquo;.&nbsp; Palabras que se acumulan en un orden perfecto, h&iacute;brido de descripci&oacute;n y sensaciones. De ah&iacute;: &ldquo;Que el olor de otros cuerpos /cargados de sue&ntilde;os / y acetona&rdquo;. Es una sustancia, un cuerpo que se arrastra, se eleva, rebelde, contra el d&iacute;a. Nos sumergimos en la oposici&oacute;n, que cada instante, arroba amor y circunstancia: &ldquo;Esto es un &aacute;rbol / y eso de ah&iacute; es el equilibro / del mundo&rdquo;, frente a frente, de nuevo: &ldquo;T&uacute; eres / el equilibro del mundo / ignora el peso de las sombras&rdquo;. El contraste resulta epatante. Como acudir a las p&aacute;ginas de una Biblia, como el autor enhebra, dejando el verso final, &ldquo;Otro blues castellano&rdquo;, arrastrando el sabor met&aacute;lico con el advenimiento de Antonio Gamoneda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alberto Santamar&iacute;a, <em>De las cosas p&aacute;lidas</em>, Barcelona, La Bella Varsovia, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 24 Sep 2025 11:57:14 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un poeta con presencia real en nuestras letras]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-poeta-con-presencia-real-en-nuestras-letras/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/DAVID_PUJANTE_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Creo recordar que, no hace mucho tiempo todav&iacute;a, mi admirado T&uacute;a Blesa, desaparecido en combate de la cr&iacute;tica literaria, se preguntaba desde El Cultural del peri&oacute;dico El Mundo, por qu&eacute; David Pujante (1953) no escrib&iacute;a m&aacute;s. Esta <em>Poes&iacute;a reunida</em> bajo el sugerente t&iacute;tulo de <em>Gu&iacute;a de perplejos</em>, demuestra nuestro error de percepci&oacute;n, pues lo pens&aacute;bamos todos. El cartagenero tiene una larga trayectoria como poeta a la que, seguramente, sus estudios y tareas como catedr&aacute;tico de Teor&iacute;a de la Literatura han restado protagonismo, pero no poca obra. En efecto, las casi 400 p&aacute;ginas de la cuidada edici&oacute;n que Alfonso Mart&iacute;n Jim&eacute;nez nos acerca desde la editorial de la Universidad de Valladolid, demuestran lo contrario. David Pujante tiene una extensa trayectoria, hasta ahora muy dispersa, y es un poeta con presencia real en nuestras letras. De hecho, ha estado a punto de ganar el Premio Nacional de Literatura y el Loewe, si mis informantes contrastados no me enga&ntilde;an, y no lo parece.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Volver sobre su escritura es recordar la reciente historia de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola. <em>La propia vida</em> (1986) era un libro de buen hacer culturalista donde se aprende mucho y se encuentran poemas importantes que, en su tiempo no public&oacute;, pero debi&oacute; hacerlo, caso del l&uacute;cido &ldquo;Las musas inesperadas&rdquo; con su inteligente reflexi&oacute;n al hilo de la vida y el arte. Quiz&aacute; en alguna presentaci&oacute;n pr&oacute;xima justifique ese y otros olvidos, y podamos grabarle y dejar testimonio de sus ideas al respecto. En cualquier caso, el vitalismo reflexivo y cultivado de sus mejores poemas, frente a la mera erudici&oacute;n de otros compa&ntilde;eros de viaje, no va quedando lejos, por esa carga pensativa que late bajo ellos. A m&iacute;, sinceramente, me sigue gustando mucho m&aacute;s <em>Con el cuerpo del deseo</em> (1990) porque habla y piensa el amor y el deseo, por su claridad y coherencia, por ser veros&iacute;mil, transitado, con sus claroscuros, ascensiones y ca&iacute;das, pero sobre todo por los estupendos como &ldquo;Cuando estamos muy juntos, abrazados&rdquo; o &ldquo;Hubiera deseado dormir sobre tu pecho&rdquo; y pr&oacute;ximos. Lo vivido y lo v&iacute;vido, lo anhelado y padecido, transmiten esa fortaleza y herida, pulsi&oacute;n y oficio, sin impostura. Y eso se nota, frente a los poetas profesores que acompa&ntilde;an sus clases con los versos y no los ponen en paridad, por lo menos (Luis Cernuda fue profesor y los antepuso, pero eso ya es pedir mucho). Tambi&eacute;n encontrar&aacute; el lector muy atractivo <em>La isla</em> (2002), donde acerca la modernidad desde un tal profesor Fadigati que ha ca&iacute;do &ldquo;en la trampa de la vida&rdquo;, y su reflexi&oacute;n sobre ella a partir de nombres y costumbres que hicieron historia, y donde la poes&iacute;a salva o consuela. <em>Animales despiertos</em> (2013) iniciaba el camino de la &ldquo;poes&iacute;a de la edad&rdquo;, es decir, reflexiva, pero no solo, pues el vitalismo de Pujante no ced&iacute;a, pero se sosegaba y abr&iacute;a el camino hacia otro libro importante, El<em> sue&ntilde;o de una sombra </em>(2013), pienso en ese marco reflexivo abierto por &ldquo;La poes&iacute;a de a diario&rdquo; y donde explica el sugerente t&iacute;tulo de esta poes&iacute;a reunida. No es otro que dar cuenta de la existencia desde la poes&iacute;a &ldquo;Hacemos la poes&iacute;a de a diario/-la de carne o de letra, &iexcl;qu&eacute; m&aacute;s da! - /para dejar constancia/de todas las perplejidades vivas, /del viaje que nunca so&ntilde;amos iniciar, y aqu&iacute; tenemos&rdquo;. Un libro estupendo acompa&ntilde;ado de sus consiguientes in&eacute;ditos o poemas no incorporados, pero escritos en esa &eacute;poca. Debemos felicitarnos de este reencuentro y homenaje con que la Universidad de Valladolid cuida a sus artistas en tiempo de bur&oacute;cratas universitarios y movidos por cr&eacute;ditos. Gracias a eso tengo otro libro para poner en las estanter&iacute;as bajas de mi casa, al alcance de mi mano.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;</p>
<p>David Pujante, <em>Gu&iacute;a de perplejos (Poes&iacute;a reunida, 1978-2023)</em>, Valladolid, Universidad de Valladolid, 2025.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 24 Sep 2025 11:45:14 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un tiempo convulso]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-tiempo-convulso/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/WU_MING_-_OVNI_78_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>El colectivo Wu Ming se crea en el a&ntilde;o 2000 aglutinando a una serie de escritores italianos cercanos al situacionismo y que desde su propuesta literaria, cercana a lo que ellos denominan corpus o &ldquo;nebulosa&rdquo; ofrecen una muestra de la nueva &eacute;poca italiana que alcanza al resto de Europa. En Espa&ntilde;a, editadas por Anagrama, ha aparecido <em>El ej&eacute;rcito de los Son&aacute;mbulos</em>, <em>Proletkult </em>y este <em>Ovni 78</em> traducido por Juan Manuel Salmer&oacute;n Arjona. Se trata de un libro may&uacute;sculo, una narrativa abrumadora y cercana, que no extra&ntilde;a ni un &aacute;pice la coherencia en la voz tras pasar por el filtro de lo m&uacute;ltiple. Acostumbrados en nuestro pa&iacute;s a novelas localizadas en los a&ntilde;os de la Transici&oacute;n, encontrar una historia que transcurre en Italia, cronol&oacute;gicamente en paralelo, resulta una oferta nutricia y apetitosa.&nbsp;</p>
<p><em>Ovni 78</em> es un libro que se expande en distintas direcciones para ofrecer una perspectiva absoluta de un tiempo, una &eacute;poca, que nos resulta familiar a la vez que distante: la pol&iacute;tica; Italia, un pa&iacute;s que vivi&oacute; su propia guerra civil en los &uacute;ltimos a&ntilde;os de la II Guerra Mundial, con el enfrentamiento entre los fieles a Mussolini, fascistas de camisa parda, frente a los partisanos que se unen a la causa aliada, sangre italiana, sangre de paisanos en el Mediterr&aacute;neo, llegando hasta los a&ntilde;os setenta con una conflictividad que no cesa.&nbsp;</p>
<p>Leer la aparentemente liviana obra de Giovanni Guareschi, con su <em>Don Camilo</em>, donde dos antiguos compa&ntilde;eros de armas, el cura, Don Camilo, af&iacute;n a la Democracia Cristiana y Peppone, el alcalde, comunista, miembro de uno de los partidos comunistas m&aacute;s poderosos de la Europa occidental. Esa alianza compleja, aparentemente contra natura, es el detonante de los acontecimientos sobre los que avanza <em>Ovni 78</em>: los d&iacute;as, las semanas, entre el secuestro y el asesinato de Aldo Moro por parte de las Brigadas Rojas, uno de los grup&uacute;sculos de izquierda terrorista que incendiaba cualquier intento de convivencia (en esos mismos a&ntilde;os sanguinarias bandas como la Fracci&oacute;n del Ej&eacute;rcito Rojo o Baader-Meinhof, en Alemania, controlada a trav&eacute;s del t&oacute;xico terrorismo de Estado y ETA, en Espa&ntilde;a, que alimentaba la serpiente de los a&ntilde;os de plomo) durante esa d&eacute;cada y la siguiente. Italia, en este libro, resiste la consideraci&oacute;n de Estado fallido utilizando la m&uacute;sica progresiva, Franco Battiato y su <em>Era del jabal&iacute; blanco</em> (L'era del cinghiale bianco), sintetizadores y sonidos espaciales que serv&iacute;an de banda sonora a las noticias de avistamientos de los OVNIs (objetos volantes no identificados) en los cielos italianos. Una rep&uacute;blica social y artificial, con San Marino, la gran Roma, entre lo latino y lo cat&oacute;lico, Vaticano y la Camorra en el sur, la pobreza de N&aacute;poles y Caserta, la insularidad compleja de Sicilia y Cerde&ntilde;a, la industria del norte (que cristalizar&aacute; a&ntilde;os m&aacute;s tarde en la fundaci&oacute;n de esperpentos como el partido Forza Italia).&nbsp;</p>
<p>Quiz&aacute; la ausencia de centralismo o la multiplicidad de centros, sin bicefalia, permita entender que Italia, siempre al borde del abismo, ingobernable, sobreviva como uno de los grandes pa&iacute;ses del mundo. El libro pivota entre personajes vitalmente entrecruzados, poli&eacute;dricos, plenamente integrados en la forma de hacer literatura del colectivo. Hay momentos para la Italia de Eugenio Siragusa y Peter Kolosimo, con escritores que se convierten en superventas utilizando la pseudoarqueolog&iacute;a o criptoarqueolog&iacute;a, complement&aacute;ndose perfectamente con una protagonista que se introduce en la red de devotos de los extraterrestres y los avistamientos. En sus estructuras, con programas en radios locales y revistas artesanales, existe una similitud con el fen&oacute;meno fan, m&aacute;s propio de la canci&oacute;n mel&oacute;dica que del estudio cient&iacute;fico. La intuici&oacute;n y la fe por un lado y, por otro el m&eacute;todo cient&iacute;fico, as&iacute; de simple y as&iacute; de complicado. Jugando con conceptos, casi son dimensiones paralelas.&nbsp;</p>
<p>Pero tambi&eacute;n est&aacute; la llegada de la hero&iacute;na, lacra que, con su continuaci&oacute;n mortal en el SIDA, asolar&aacute; a la juventud europea, que llega tarde al verano del amor y la rebeld&iacute;a (elijan 1967 o 1968) y recibe la onda expansiva, la resaca m&aacute;s bien, del punk ingl&eacute;s de 1977. Al sur, al Mediterr&aacute;neo, todo parece llegar m&aacute;s tarde y adulterado. Personajes que han recorrido el mundo buscando un lugar donde quedarse, colonias de nueva era que mezclan cristianismo de base con el peligroso tono de las sectas. Padres viendo como una generaci&oacute;n se pierde, entre el cielo de noche y las estrellas, los callejones de las grandes urbes, violencia&hellip; y f&uacute;tbol, tambi&eacute;n f&uacute;tbol. La victoria de la Juventus en la liga italiana se superpone, entre abril y mayo, con el descubrimiento del cad&aacute;ver de Moro. Paolo Rossi, las apuestas, sus goles en el Mundial del 82, la alegr&iacute;a de Sandro Pertini en la final del Bernab&eacute;u. Pertini, elegido Presidente de la Rep&uacute;blica Italiana d&iacute;as despu&eacute;s del asesinato, siendo Giulio Andreotti, el sucesor de Aldo Moro, primer ministro. 1978, el a&ntilde;o de los tres papas: Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II.&nbsp;</p>
<p>El terror, la violencia, la investigaci&oacute;n, el fascismo, los hombrecitos verdes, la m&uacute;sica c&oacute;smica, el festival de San Remo, Saronni contra Moser. En mitad de todo eso, una sociedad al borde del colapso, pero que vive, busca, escucha la radio, ve en la televisi&oacute;n a Adriano Celentano y Raffaella Carr&aacute; (ejemplo del &ldquo;Compromiso hist&oacute;rico&rdquo;, el final del sue&ntilde;o), mira al cielo, comenta las &ldquo;L&iacute;neas de Nazca&rdquo;&hellip; Hablamos de alta narrativa, de una novela poderosa, con personajes perfilados, pero que se sacrifican para que la historia, con sus distintos procesos laber&iacute;nticos, se imponga. Es, en realidad, la misma sociedad italiana la que es la protagonista, que fundamenta los hechos. <em>Ovni 78</em> es una novela negra ambientada en un periodo concreto de la historia italiana, pero ser&iacute;a reduccionista quedarse solo con eso. Va mucho m&aacute;s all&aacute;. Es una estampa compleja, que retrata a la perfecci&oacute;n Italia, pero que, en esa misma intenci&oacute;n absoluta, sirve como ejemplo para entender otras sociedades occidentales, con todas sus ramificaciones, ahondando en el ayer, para entender el hoy y poder elucubrar sobre el ma&ntilde;ana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Wu Ming, <em>Ovni 78</em>, traducci&oacute;n de Juan Manuel Salmer&oacute;n Arjona, Barcelona, Anagrama, 2025.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 24 Sep 2025 11:30:08 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dos poemas de Santiago Montobbio]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/dos-poemas-de-santiago-montobbio/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/SANTIAGO_MONTOBBIO_500_px.jpg" alt="" /></p>
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<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Las soledades de las fronteras. Las soledades</strong></p>
<p>verdaderas. La soledad profunda de la poes&iacute;a</p>
<p>que sus ra&iacute;ces toca. La soledad fiera</p>
<p>y la soledad brisa como caricia</p>
<p>y en los poemas sentirla</p>
<p>y acercarse a ella, en</p>
<p>los poemas tocar</p>
<p>su ra&iacute;z, su</p>
<p>agua negra</p>
<p>bajo ella.</p>
<p>La soledad de la poes&iacute;a, que la poes&iacute;a</p>
<p>toca y en la que se hunde: la soledad</p>
<p>a la que llega y en la que ahonda,</p>
<p>y la misma soledad, la soledad</p>
<p>que la poes&iacute;a tambi&eacute;n necesita</p>
<p>y de la que nace. Rosa</p>
<p>de la soledad, poes&iacute;a, l&iacute;branos</p>
<p>de lo que nos puedas librar, ay&uacute;danos</p>
<p>a soportar las heridas del vivir, y en poemas</p>
<p>ir dici&eacute;ndolas y olvidarlas al decir, en el decir,</p>
<p>d&eacute;janos en ti ser as&iacute;, soledad, en la poes&iacute;a</p>
<p>que haces nacer d&eacute;janos ser y danos algo de paz.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Y la soledad irremediable. La soledad</strong></p>
<p>ya sin posible amparo. Tambi&eacute;n</p>
<p>el poema para ella. El poema</p>
<p>inerme, indefenso. El poema</p>
<p>en su &uacute;ltima inocencia, para</p>
<p>esa soledad irremediable</p>
<p>el poema as&iacute; ya para siempre.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 18 Sep 2025 07:05:50 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nombrando las arrugas del mar]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/nombrando-las-arrugas-del-mar/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/FERNANDO_P_REZ_FERN_NDEZ_500_px.png" alt="" /></p>
<p><em>Compensatoria</em>, el &uacute;ltimo poemario de Fernando P&eacute;rez Fern&aacute;ndez, (aparecido en la heroica Ediciones Liliputienses) es uno de esos libros raros: afilado sin arrogancia, l&iacute;rico sin sentimentalismo, cr&iacute;tico sin despecho. Tierno. L&uacute;cido.&nbsp;</p>
<p>La palabra que lo titula, tomada de la verborrea educativa, ya da una clave: compensar. No corregir, no salvar, no sustituir. Solo ofrecer, en equilibrio inestable, una peque&ntilde;a r&eacute;plica al da&ntilde;o. Una reparaci&oacute;n m&iacute;nima. La justicia po&eacute;tica como gesto precario. Todo el libro orbita en torno a ese intento.&nbsp;</p>
<p>Desde su poema inicial &mdash;que hace la funci&oacute;n de pr&oacute;logo y declaraci&oacute;n de intenciones&mdash; <em>Compensatoria</em> se presenta como el diario &iacute;ntimo y colectivo de un tiempo de desgaste: el de la ense&ntilde;anza p&uacute;blica, el de los cuerpos j&oacute;venes que no saben todav&iacute;a qu&eacute; les est&aacute; ocurriendo, el de los adultos que tampoco lo saben, pero deben fingir que s&iacute;. &ldquo;Las faltas&rdquo;, dice el poema, &ldquo;son lo primero que tienen que aprender&rdquo;, y ese aprendizaje de la carencia se convierte en una suerte de pedagog&iacute;a involuntaria del dolor: &ldquo;yo quise vivir y no lo hice&rdquo;.<strong>&nbsp;</strong></p>
<p>En &ldquo;Nostalgia de provincias&rdquo;, la primera de las tres secciones del libro, P&eacute;rez Fern&aacute;ndez dibuja con precisi&oacute;n de miniaturista la vida en los bordes: de la geograf&iacute;a, del deseo, del lenguaje. Son poemas que capturan instantes con mirada sociol&oacute;gica, pero tambi&eacute;n con una ternura levemente impura. Un s&aacute;bado cualquiera &mdash;ese &ldquo;s&aacute;bado de mayo&rdquo; que da inicio al bloque&mdash; es visto como un territorio incierto donde &ldquo;por alg&uacute;n costado, sobrevenga lo agradable: / un reencuentro breve, una prenda hermosa descubierta&rdquo;. La belleza aqu&iacute; no es trascendente. Es contingente, dom&eacute;stica, ligera. Como en &ldquo;Eso sigue ah&iacute;&rdquo;, donde un paseo por la playa es el detonante de una epifan&iacute;a de la suciedad humana y del in&uacute;til intento por compensarla, porque ante la lluvia de &ldquo;varios cuajarones de una especie de emplasto, / tal vez pis y arena, cocacolas y colillas&rdquo; no queda otra que seguir caminado. Pero ese intento quiz&aacute;s sirva por lo menos para salvar nuestra dignidad. La dimensi&oacute;n social se deja o&iacute;r tambi&eacute;n con dureza en poemas como &ldquo;Memoria hist&oacute;rica&rdquo;, donde el pasado se infiltra en el presente con su carga de verg&uuml;enza heredada (&ldquo;La hilaz&oacute;n de Espa&ntilde;a no les daba / para taponar los agujeros / de los fusilados.&rdquo;) o en &ldquo;El poeta paga sus facturas&rdquo;, donde la poes&iacute;a se topa con la burocracia (&ldquo;Tras quitar impuestos m&aacute;s o menos queda igual. / Le parece bien que as&iacute; suceda, / mientras que se acuerde de pagar en su momento.&rdquo;). Es en esta secci&oacute;n donde la pandemia, lejos de ser un motivo ret&oacute;rico, aparece como una experiencia concreta, vivida desde lo dom&eacute;stico: &ldquo;Subo a la azotea con la silla / de playa desplegable, / y en la otra mano un t&eacute; bamboleante / que se me derrama&rdquo;. Lo que sorprende no es solo la capacidad de observaci&oacute;n, sino la forma en que cada poema consigue filtrar emoci&oacute;n, pol&iacute;tica, memoria y sentido del humor en un contundente equilibrio.<strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong></strong>La segunda parte, &ldquo;Choz&rdquo;, se aparta bruscamente de ese realismo po&eacute;tico para zambullirse en una suerte de barroquismo mutante. Aqu&iacute; el lenguaje se rompe, se desborda, se contamina. Es una escritura m&aacute;s fragmentaria, que recuerda por momentos a Vallejo, por otros a Chus Pato o incluso a Cecilia Pav&oacute;n en su fase m&aacute;s psicotr&oacute;pica, y tambi&eacute;n, claro, a <em>T&eacute;rmino medio</em>, la obra anterior del autor. La poes&iacute;a se vuelve una forma de balbuceo l&uacute;cido, donde el mundo se nombra sin categor&iacute;as claras. El poema que da t&iacute;tulo a la secci&oacute;n funciona como un cat&aacute;logo de percepciones m&iacute;nimas: &ldquo;el poema hermoso de quien odias / (&hellip;) / un gato que brinca tras las tejas / (&hellip;) / una forma nueva de fracaso&rdquo;. El efecto es acumulativo y casi musical: una enumeraci&oacute;n de detalles que, sin buscar sentido, lo generan. Aqu&iacute;, las referencias a la infancia, al cuerpo, a lo animal, se mezclan con una s&aacute;tira sutil del lenguaje t&eacute;cnico y administrativo: &ldquo;&iquest;Tienes una garza dorada de morfina, / una abeja-zorro?&rdquo;. En este bloque, la forma importa tanto como el contenido. La sintaxis se descompone, las im&aacute;genes se solapan, y lo que queda es una po&eacute;tica del exceso en miniatura. Un juego serio. Un balbuceo lleno de inteligencia.</p>
<p>El cierre, &ldquo;Pruebas de acceso&rdquo;, es un poema largo que devuelve al lector al espacio escolar, pero ya no como contexto, sino como campo de batalla simb&oacute;lico. Se trata de una cr&oacute;nica en tres tiempos de un examen colectivo. Lo que podr&iacute;a haber sido un simple ejercicio de observaci&oacute;n se convierte en un an&aacute;lisis sutil&iacute;simo de los mecanismos de nominaci&oacute;n, de ansiedad, de despersonalizaci&oacute;n. La primera parte del poema observa a los adolescentes con una ternura contenida (&ldquo;un broche del pelo que se esconde / como escolopendra entre rastrojos&rdquo;, &ldquo;No utilices tippex. Ni bol&iacute;grafo. / Deja en blanco todo y pon las manos / encima&rdquo;.). La segunda vira hacia el adulto que los observa, atrapado en su propia melancol&iacute;a institucional: &ldquo;Un plaf&oacute;n opaco, / creo que son luces de emergencia / solo que apagadas, / como un envase sin fruta&rdquo;. Y en la tercera, m&aacute;s te&oacute;rica y feroz, se lanza una cr&iacute;tica devastadora al acto de nombrar: &ldquo;poner un nombre (&hellip;) es como el alien ese que se agarra / dando un saltito a tu cara / y mientras te pre&ntilde;a por la tr&aacute;quea te permite respirar&rdquo;. Es aqu&iacute; donde el lenguaje po&eacute;tico alcanza su mayor intensidad conceptual. Nombrar, ense&ntilde;ar, examinar: todo es una forma de violencia simb&oacute;lica suavizada por rutinas. La escuela se convierte en emblema de una sociedad que ha confundido evaluaci&oacute;n con conocimiento, y seguimiento con cuidado.</p>
<p><em>Compensatoria</em> no es un libro complaciente. Pero tampoco es nihilista. Lo que propone es una mirada &eacute;tica sobre la fragilidad: una forma de estar en el mundo sin anestesia, sin dogmas, sin consuelos falsos. El yo po&eacute;tico no es un h&eacute;roe. Es un testigo. Un testigo implicado, cansado, que todav&iacute;a encuentra belleza en los restos: &ldquo;m&iacute;ranos un rato, luego / m&aacute;rchate&rdquo;. Y eso, quiz&aacute;s, es lo m&aacute;s valioso. Que alguien se haya quedado lo suficiente como para mirar con atenci&oacute;n. Como para escribir este libro.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Fernando P&eacute;rez Fern&aacute;ndez, <em>Compensatoria</em>, C&aacute;ceres, Ediciones Liliputienses, 2025.</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 18 Sep 2025 06:51:29 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Descubriré mi mundo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/descubrire-mi-mundo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/GABRIEL_SOPE_A_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo2">Voy a alcanzar contigo la l&iacute;nea del horizonte&rdquo;, as&iacute; arranca la antolog&iacute;a de poemas y canciones de amor de Gabriel Sope&ntilde;a, que Ignacio Escu&iacute;n ha reunido en Bala Perdida bajo el nombre de <em>Dame una noche</em>. En este compendio l&iacute;rico se re&uacute;ne toda una vida de creaci&oacute;n que abarca desde sus versos de los primeros ochenta, hasta los escritos anteayer. Pero &iquest;a qu&eacute; amante omnipresente se dirige Sope&ntilde;a en su verso de apertura? &iquest;Tal vez a Erat&oacute;, musa de la l&iacute;rica amorosa, a Euterpe -a la que, en efecto, dedica un poema- o a Cal&iacute;ope, musa de la poes&iacute;a e inventora del canto? Tal vez, apele al coraz&oacute;n del lector, pues ante &eacute;l extiende el propio canto.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">El libro se abre con las notas del autor, del editor y una breve po&eacute;tica, que dan paso a esa &ldquo;despensita de afanes&rdquo; que guarda el poemario propiamente dicho. &nbsp;En su visi&oacute;n de la poes&iacute;a, Sope&ntilde;a destaca &ldquo;el valor social de la palabra&rdquo;, su car&aacute;cter como &ldquo;forma superior de conocimiento&rdquo; y su privilegio de ser creadora de s&iacute;mbolos.&nbsp; As&iacute;, el poeta es un ser dotado de una fina percepci&oacute;n y un deseo consciente de perfeccionarla mediante &ldquo;persistencia, disciplina, rigor, severa y concienzuda militancia. Pasi&oacute;n y Reflexi&oacute;n, Acopio y Comuni&oacute;n&rdquo;. Sope&ntilde;a no concibe &ldquo;la poes&iacute;a sin discurso, sin un trabajo infatigable de elaboraci&oacute;n de las vivencias, sin un paisaje &iacute;ntimo [&hellip;], sin una voz propia&rdquo;, donde &ldquo;la poes&iacute;a exhibe necesariamente hondura est&eacute;tica y emocional&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo2">Versos como &ldquo;Ardo / y mi humo es una ofrenda / que vuela en esta canci&oacute;n&rdquo;, &ldquo;nos amamos dentro de la vieja herida&rdquo; o &ldquo;toda mi sed es una fuente en tu voz&rdquo;, nos ubican ante una escritura rom&aacute;ntica, casi becqueriana, que -en otros versos- evoca a la canci&oacute;n pirata de Espronceda y que, por su clara apelaci&oacute;n a los sentidos, evocan versos de amor como los de Rub&eacute;n Dar&iacute;o, e incluso me inst&oacute; a buscar &ldquo;Un rel&aacute;mpago a penas&rdquo; de Blas de Otero. En sus canciones hay un surco l&iacute;rico y, consecuentemente, en el verso encontramos una voz enraizada en el canto, en el ritmo y en la rima -a veces oculta en el interior de la estrofa-, donde ta&ntilde;e el martinete de la repetici&oacute;n para crear una base sobre la que el sentimiento y el sentido alzan su armon&iacute;a coral. Sope&ntilde;a se apoya en la iconograf&iacute;a, en el territorio com&uacute;n que comparte con el lector, en ese mundo de referencias culturales que usa como arquetipos con los que aligerar el discurso y que permiten cantar directamente las emociones, generando una escala temporal en el poema donde &ldquo;el pasado es el deseo puesto en fuga&rdquo; y &ldquo;el futuro est&aacute; en tu boca&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Al amor se canta en estas p&aacute;ginas, al &eacute;xtasis, pero tambi&eacute;n al desamor, al dolor de la p&eacute;rdida. Algunos poemas elevan su herida a la luz de un sol c&aacute;lido y candoroso, otros pasan p&aacute;gina en el verso cruel confesando que la pasi&oacute;n cay&oacute; desarbolada bajo el vendaval del desencuentro. Aunque, las m&aacute;s de las veces, la nave l&iacute;rica ancla su proa pl&aacute;cidamente en la playa de otra piel, de otro sentir embravecido, o queda a la espera de su llegada con la nueva marea, sabedor de que su &ldquo;&uacute;nico destino / es pulir un coraz&oacute;n / como una piedra con p&aacute;lpito&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo2">&ldquo;Es de noche y soy de barro&rdquo;, el poeta es siempre un ser al desabrigo, en el camino, alguien que implora &ldquo;dame un fuego&rdquo;, &ldquo;dame un ansia&rdquo;, &ldquo;dame una noche&rdquo;. Pero la intemperie tambi&eacute;n ense&ntilde;a a contar historias, a seducir con el brillo de las ascuas nocturnas, a afinar la mirada que integra el tr&aacute;nsito propio con el paisaje e impele a confesarnos que &ldquo;estoy vencido: / mi poes&iacute;a es severa / y mi lengua es arquitecta / de mil aullidos de lobo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2"><em>Dame una noche.</em> Gabriel Sope&ntilde;a Genzor, Madrid, Bala perdida, 2025.</p>
<p class="Cuerpo2">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2"><em>&nbsp;</em></p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 11 Sep 2025 07:49:49 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La dama de las letras búlgaras]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-dama-de-las-letras-bulgaras/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/YORDANKA_BELEVA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo2">Durante la elaboraci&oacute;n de la antolog&iacute;a <em>Poes&iacute;a b&uacute;lgara contempor&aacute;nea</em> (Olifante, 2021), en la que colabor&eacute; en la adaptaci&oacute;n al castellano con la traductora Rada Panchonvska, encontr&eacute; lo que para m&iacute; eran un conjunto de voces nuevas y sugerentes. En especial, me llegaron de forma contundente las de Gueorgui Gospod&iacute;nov y la de Yordanka B&eacute;leva, cuyos poemas suelo leer en las intervenciones a las que se me invita.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Sobre Gospod&iacute;nov, con motivo de la publicaci&oacute;n de su novela <em>Las tempest&aacute;lidas</em> y de su premio Booker internacional, ya he tratado de hablar y se&ntilde;alar los placeres de su lectura, pero sobre B&eacute;leva a&uacute;n no hab&iacute;a tenido la excusa que me diera pie a comentar su obra, al carecer de traducciones en nuestro pa&iacute;s, hasta esta fecha.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Recientemente, la editorial La Tortuga B&uacute;lgara, ha editado su colecci&oacute;n de cuentos <em>Los erizos salen de noche </em>-obra que se public&oacute; en Bulgaria en 2022- lo que nos proporciona el deseado pretexto para conocer mejor a esta autora que, a mi juicio, es la dama de las letras b&uacute;lgaras contempor&aacute;neas.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Como tengo por norma centrarme s&oacute;lo en la obra que nos convoca, para quien pueda interesar, adjunto al final del texto una nota sobre la autora -dado que no hay mucha informaci&oacute;n disponible sobre su bibliograf&iacute;a-, y paso a dar cuenta de las notas de lectura de su primer trabajo &iacute;ntegramente traducido a nuestra lengua.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Su reciente obra, <em>Los erizos salen de noche, </em>es un libro delicioso que conviene disfrutar sin prisa alguna. Como con cualquier otro diamante, nos sorprende el brillo que emana, a pesar de su peque&ntilde;o tama&ntilde;o, apenas un centenar de p&aacute;ginas en las que se guardan dieciocho cuentos breves. El estilo de B&eacute;leva es tranquilo, suave, sedoso -si se me permite-, pues nos encontramos con una Pen&eacute;lope que hila un pa&ntilde;o con el que filtrar la realidad de una forma hermosa y terrible, dejando impregnado su tapiz de momentos aislados, que cobran un sentido universal, al alcanzar el alma del lector con sus revelaciones.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">De su telar, sosegadamente, surgen piezas que guardan en com&uacute;n varios aspectos: el ritmo pausado, pero firme, del avance del relato; el valor de la palabra en todo su esplendor, es decir, como unidad sem&aacute;ntica, pero tambi&eacute;n como ser vivo que se emparenta con otras formas, con otros sentidos, ampliando el juego de nombrar; la constante presencia de dos planos paralelos: el de la realidad que se narra y el de un universo m&aacute;gico, sensible, neblinoso, que se funda con los pilares del recuerdo y de la emoci&oacute;n, de los afectos y la tradici&oacute;n, del dolor y del recuerdo de la contemplaci&oacute;n de la belleza; as&iacute; como una precisi&oacute;n en el decir y una riqueza de im&aacute;genes, que hace de estos relatos aut&eacute;nticas perlas que rescatar del fondo de la lectura.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">As&iacute;, por ejemplo, convierte la emoci&oacute;n de cada vida en la llama de una vela en la iglesia, que alguien -en otro lugar- debe encender; emparenta al origen de las personas con su destino, haciendo de ambos una suerte de bienes hereditarios; transforma los despojos en un motivo para conservar la fe; eleva una simple letra a la categor&iacute;a de br&uacute;jula de una existencia; convierte una mancha fortuita en se&ntilde;a de identidad; retrata maravillosamente la vida rural, los conflictos &eacute;tnicos o la herencia sovi&eacute;tica a trav&eacute;s de detalles m&iacute;nimos; introduce el lirismo en la narrativa llevando a su prosa a convertir lo terrible en im&aacute;genes exuberantes, como si una colecci&oacute;n mariposas brillara aleteando ajena a los alfileres que las dejan presas ante nuestra mirada; genera con su emoci&oacute;n el pespunte que mantiene unidas a las generaciones, en especial hace visible la belleza de ese v&iacute;nculo poderoso y m&iacute;tico en el que se imbrican abuelos y nietos; se&ntilde;ala la importancia de esas mujeres invisibles, pero fort&iacute;simas, sobre las que se levantan las civilizaciones; nos ofrece la perspectiva alqu&iacute;mica de la vida, en la que una parte min&uacute;scula, un objeto trivial, puede representar a un todo m&aacute;s complejo y amplio; retrata al amor familiar como puzle que se completa con la uni&oacute;n de todos los corazones y al divino como un perro fam&eacute;lico necesitado de misericordia; a la burocracia sist&eacute;mica como sesgo que marca a las personas aleatoriamente; universaliza la soledad con el plato eternamente vac&iacute;o en una mesa para dos; enuncia el consabido dilema entre el decir, que nada nombra, y el callar m&aacute;s elocuente o nos presenta la violencia de g&eacute;nero armada &uacute;nicamente con la espada de su voz y de una sencilla palabra, tal que un ar&aacute;ndano, por ejemplo, describiendo magistralmente la fuerza del sacrifico que se transmite de madres a hijas.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Si tuviera que recomendar un libro que llevar en el bolsillo para hacer del autob&uacute;s un lugar de conocimiento, para convertir una sala de espera en un lugar de introspecci&oacute;n o un parque en un lugar de enso&ntilde;aci&oacute;n y nostalgia, no dudar&iacute;a en sugerirles la lectura de <em>Los erizos salen de noche</em>, de Yordanka B&eacute;leva y entonces -en cuanto leyeran con calma sus p&aacute;ginas-, no dudar&iacute;an ustedes tampoco en sentir que -sin lugar a duda-, nos hallamos ante la dama de las letras b&uacute;lgaras contempor&aacute;neas.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2"><strong>Nota biobliogr&aacute;fica</strong>: Yordanka B&eacute;leva naci&oacute; en T&eacute;rvel -un municipio del noroeste de Bulgaria de unos 6.300 habitantes- en 1977 y es poeta y cuentista. Estudi&oacute; Filolog&iacute;a B&uacute;lgara por la Universidad&nbsp; de Shumen y se Doctor&oacute; en Biblioteconom&iacute;a en Sofia, desempe&ntilde;&aacute;ndose como experta en la Biblioteca del Parlamento de Bulgaria. Es autora de los poemarios <em>Batas y barcas</em> (2002), <em>El momento omitido</em> (2017) y <em>Noticias de la tarde</em> (2024) y -adem&aacute;s de la que aqu&iacute; comentamos- de las colecciones de cuentos <em>El nivel del mar del amor</em> (2011); y de las obras l&iacute;ricas <em>Las llaves</em> (2015), <em>Keder</em> (2018) y <em>La misericordia de Dios</em> (2025), todos ellos -poes&iacute;a y prosa- a&uacute;n sin traducci&oacute;n completa al castellano.</p>
<p class="Cuerpo2">Sus cuentos y poemas tambi&eacute;n han sido traducidos al ingl&eacute;s, alem&aacute;n, franc&eacute;s, turco, croata y &aacute;rabe y est&aacute;n incluidos en antolog&iacute;as tanto b&uacute;lgaras como extranjeras.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Ha sido finalista y ganadora de m&uacute;ltiples premios nacionales -de todos los m&aacute;s prestigiosos-, tanto en la modalidad de poes&iacute;a como en la de prosa y varios de sus cuentos han sido llevados a la gran pantalla, adaptaciones que tambi&eacute;n han obtenido reconocimientos internacionales.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">Adem&aacute;s, ejerce como gu&iacute;a de otros autores en talleres de escritura, as&iacute; como rese&ntilde;a obras literarias en la web Portal Kultura.</p>
<p class="Cuerpo2">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo2">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 11 Sep 2025 07:40:33 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Impedir que la poesía se convierta en algo inútil]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/impedir-que-la-poesia-se-convierta-en-algo-inutil/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/VICENTE_MU_OZ_LVAREZ_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&ldquo;Un hombre de mimbre/ y en el coraz&oacute;n yo/ ardiendo dentro&rdquo; como el casto y puro sargento Neil Howie que, precisamente por eso, es elegido como v&iacute;ctima y sucumbe quemado en el mu&ntilde;eco de mimbre de la pel&iacute;cula de Robin Hardy del mismo t&iacute;tulo. Lo importante de todo, m&aacute;s all&aacute; de la simbolog&iacute;a propuesta por este interesante poeta leon&eacute;s (muy distinto al reciente ganador del premio de la Cr&iacute;tica, el zamorano-leon&eacute;s, Tom&aacute;s S&aacute;nchez Santiago), es hallarse ante una extensa auto antolog&iacute;a que lo es, y no antojol&iacute;a, por lo cuidada edici&oacute;n de cuantos poemas ha considerado Vicente Mu&ntilde;oz principales, y se encargan de presentarnos los avales de Nacho Escu&iacute;n y Jos&eacute; &Aacute;ngel Barrueco.</p>
<p>Un libro muy apetecible desde el pistoletazo de salida por esa vulnerabilidad confesional del autor, verosimilitud, legibilidad para &ldquo;impedir que la poes&iacute;a/se convierta en algo in&uacute;til&rdquo;. Y as&iacute; ocurre cuando Vicente Mu&ntilde;oz se dispone con el coraz&oacute;n en la mano a contarnos su balanceo y funambulismo existencial, cr&iacute;tico con la sociedad de consumo y el capitalismo tard&iacute;o (por decirlo a la moda Jameson), desde el extrarradio lejano de quienes ah&iacute; sobreviven y pelean sin pacto hasta arder, tal y como le pasa al hombre de mimbre junto a la chica raptada. Su estar fuera del mundo que critica voluntariamente, como divergencia y resistencia, se declara desde la orfandad de quienes no se suman y se disponen a la cr&iacute;tica, y que se consolida en su avance hacia el proema o poema en prosa o en los libros finales, y hacia cierto minimalismo donde ha recalado o evolucionando su carveniarismo inicial. O, si prefieren, ese mundo que limitaba con Roger Woolf, que supo retirarse a tiempo o Karmelo Iribarren, cuyo gracejo efectista se ha ido volviendo mim&eacute;tico y mec&aacute;nico en buena medida, en su sobreabundancia y falta de evoluci&oacute;n, aunque haya momentos apetecibles. No ocurre este mecanicismo en Vicente Mu&ntilde;oz, a quien, quiz&aacute;, le sobren igualmente algunos declarativismos, pero ha tenido el valor de evolucionar en las maneras de contarnos su inadaptaci&oacute;n y desasosiego, al hilo de la vida y lejos del automatismo de los poetas rentistas. Vicente Mu&ntilde;oz pelea con la vida y sus diablos interiores con autenticidad cambiante (y eso se percibe), con sus alzamientos desde la singularidad y la pobreza, en su evoluci&oacute;n hacia el amor frente al encapsulamiento &aacute;cido; o hacia una introspecci&oacute;n reflexiva (con motivos cambiantes y pensativos desde la inicial la tropolog&iacute;a del mar hecha en su evoluci&oacute;n bosque y monte como interlocutores), y donde ha empezado a coquetear con el Tohu y el Bohu, el caos y el vac&iacute;o, pero tambi&eacute;n a reflexionar sobre el <em>carpe diem</em> y sortear el dramatismo apresador. Y as&iacute; nos lo cuenta en esa &uacute;ltima fase de di&aacute;logo con sus resistencias y desalientos, ciclotimias.</p>
<p>Tiene el lector, por consiguiente, una buena oportunidad de leer una poes&iacute;a apartada del hermetismo y lo fragmentario, propia en sus im&aacute;genes e imaginario, muy personal y alejada de los trabalenguas que parecen decir m&aacute;s de cuanto cuentan, como el peor Lezama Lima (no el de <em>Fragmentos a su im&aacute;n</em>. No todo el mundo es Marosa di Giorgio, aunque a veces recargue de m&aacute;s) para acercarnos a una obra dif&iacute;cil de conseguir por su dispersi&oacute;n y que, ahora, gracias a Editorial P&aacute;ramo y su cuidada puesta en escena, nos llega finalmente, pues era esperada. No le decepcionar&aacute; al lector acercarse a ella, ni conocer su verdad sin trampa en esta cuidada selecci&oacute;n de libros de la juventud, desde sus desarreglos en <em>Canciones de la gran deriva</em> a su evoluci&oacute;n hacia <em>Animales perdidos</em>, de tan expl&iacute;cito t&iacute;tulo en su camino de perfecci&oacute;n; o los poemas en prosa de <em>D&iacute;as de ruta,</em> hasta el &uacute;ltimo <em>Poes&iacute;a es un arma que carga el diablo</em>. Y es lo que no es un blablabl&aacute; chachach&aacute; huero y fingido, es atractivo siempre, se est&eacute; de acuerdo o no con su propuesta est&eacute;tica. Y ese talento en el saber decirse nunca nos decepcionar&aacute; en este libro que pongo al alcance de mi mano en la biblioteca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vicente Mu&ntilde;oz &Aacute;lvarez, <em>Hombre de mimbre. Antolog&iacute;a po&eacute;tica (1999-2025)</em>, Valladolid, Editorial P&aacute;ramo, 2025.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 05 Sep 2025 10:09:29 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El primer párrafo de "La caracola" de Marisa Madieri]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-primer-parrafo-de-la-caracola-de-marisa-madieri/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/Pintura_de_un_p_jaro_manutara_-_Imagen_para_art_culo_sobre_La_caracola_de_Marisa_Madieri_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>Para Claudio</em></p>
<p>&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;" align="center"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: center;" align="center"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: center;" align="center"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: center;" align="center"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: center;" align="center"><em>La conchiglia</em></p>
<p align="center"><em>&nbsp;</em>&ldquo;I manutara sono ritornati. Giungono ogni anno dal mare, in grandi stormi, indecifrabili messaggeri del l'ignoto. All'orizzonte appare dapprima una macchia scura, che sembra immobile mentre si gonfia impercettibilmente. Poi, d'improvviso, la macchia si avvicina, &egrave; una nube veloce che s'allarga, si distende, incombe su di noi, il cielo &egrave; trafitto da mille frecce. Con alti stridi gli uccelli iniziano a volteggiare disordinati sopra l'isola, senza osare scendere, ancora increduli d'esser giunti a destinazione. I pi&ugrave; scelgono gli scogli di Motu Nui e Motu Iti per nidificare&rdquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20%C3%81LVARO%20DE%20LA%20RICA%20SOBRE%20MARISA%20MADIERI%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20SEPTIEMBRE%202025.doc#_ftn1">[1]</a></p>
<p style="text-align: center;"><em>&nbsp;</em></p>
<p style="text-align: center;"><em></em><em>La caracola</em></p>
<p align="center"><em>&nbsp;</em>&ldquo;Los manutara han vuelto. Llegan todos los a&ntilde;os desde el mar, en grandes bandadas, indescifrables mensajeros de lo des-conocido. En el horizonte se ve primero una mancha oscura, que parece inm&oacute;vil mientras se infla imperceptiblemente. Despu&eacute;s, de improviso, la mancha se acerca, es una nube veloz que se ensancha, se extiende, se cierne sobre nosotros, mil flechas traspasan el cielo. Con chillidos agudos, los p&aacute;jaros comienzan a revolotear en desorden sobre la isla, sin atreverse a descender, todav&iacute;a incr&eacute;dulos de haber llegado a destino. La mayor&iacute;a elige los pe&ntilde;ascos de Motu Nui y Motu Iti para nidificar&rdquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20%C3%81LVARO%20DE%20LA%20RICA%20SOBRE%20MARISA%20MADIERI%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20SEPTIEMBRE%202025.doc#_ftn2">[2]</a></p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>Ex conchis omnia, motto </em>de<em> </em>Erasmus Darwin.<em></em></p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p align="center"><strong>I</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una voz personal que habla en nombre de muchos &ndash;<em>noi</em>&ndash; describe un espect&aacute;culo c&oacute;smico. Recuerda a cierta poes&iacute;a surrealista en la que el yo queda elevado, como su voz, a una dimensi&oacute;n colectiva y ancestral. Pienso en el Ren&eacute; Char de <em>Los primeros instantes:</em><em>&nbsp;</em></p>
<p>&ldquo;Mir&aacute;bamos correr ante nosotros el agua creciente. Borraba la monta&ntilde;a de golpe, escapando de sus flancos maternales. No era un torrente que se ofrec&iacute;a a su destino sino un animal inefable en cuya palabra y sustancia nos hab&iacute;amos convertido. Nos manten&iacute;a enamorados sobre el arco todopoderoso de su imaginaci&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; intervenci&oacute;n hubiera podido obligarnos? La mediocridad cotidiana hab&iacute;a huido, la sangre arrojada era devuelta a su calor. Adoptados por lo abierto, apomazados hasta lo invisible, &eacute;ramos una victoria que no terminar&iacute;a jam&aacute;s&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Se nos ofrece aqu&iacute; tambi&eacute;n la descripci&oacute;n de un inmenso e insondable movimiento circular. Pero ya hab&iacute;a otro c&iacute;rculo: el de la caracola del t&iacute;tulo. Unos p&aacute;jaros llegan del mar o, m&aacute;s bien, desde el mar. Llegan como mensajeros de lo desconocido y asoman al principio muy lentamente por el horizonte. Son muchos. El mar,<em> la mer </em>de Val&eacute;ry<em> </em>es fecunda. Llegan con un aire marcial, aunque terminar&aacute;n por perder el orden de la formaci&oacute;n. No est&aacute; describiendo un para&iacute;so. <em>Stormi</em> tiene resonancias de milicia; como ocurre a menudo con la naturaleza aparece la violencia de la fuerza que rompe el <em>satus quo:</em> asalto, tormenta, <em>stormo, storm, Sturm&hellip;</em> Una masa negra, una mancha que se acerca, por mucho que sea una mancha familiar.&nbsp;</p>
<p>Pero, si no est&aacute; describiendo el para&iacute;so, ni una escena gen&eacute;sica (no es un principio sino un ciclo), &iquest;ante qu&eacute; estamos? Ante una una <em>machia</em> (mancha) en el cielo, los <em>manutara</em> (mensajeros de lo desconocido) que chillan &ndash;<em>alti stridi </em>(chillidos agudos<em>)</em>- como mug&iacute;an las bestias que otros pueblos sacrificaban a los dioses del mar, en otra expresi&oacute;n mitol&oacute;gica de la adoraci&oacute;n a la fecundidad.&nbsp;</p>
<p>Aqu&iacute; el movimiento de los p&aacute;jaros, hasta cierto punto insidioso, viene del mar de los dioses a la tierra de los hombres. Es su destino. Llegan con un mensaje desconocido. Un mensaje celestial que lanzan como saetas a unos destinatarios que apenas comprenden nada, aparte de lo esencial.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">&nbsp;<strong>II</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No puede ser que toda esta construcci&oacute;n no signifique nada. &ldquo;La traducci&oacute;n del lenguaje de las cosas al de los hombres es la traducci&oacute;n de lo mudo a lo vocal; es la traducci&oacute;n de lo innombrable al nombre&rdquo; escribi&oacute; Walter Benjamin al final, en otra suerte de testamento. Imposible no asociar estas im&aacute;genes (la mancha oscura, los p&aacute;jaros mensajeros del cielo, las flechas que se lanzan sobre los hombres) con la realidad de la escritura: el cielo es la p&aacute;gina y los p&aacute;jaros escriben, en un lenguaje ignoto, el mensaje en forma de caligraf&iacute;a divina. Para los griegos, los trazos angulosos de las bandadas de grullas pueden haber estado en el origen pl&aacute;stico de algunos de los primeros caracteres alfab&eacute;ticos: la formaci&oacute;n en V de esas y otras aves ser&iacute;a la inversi&oacute;n de la delta may&uacute;scula. El car&aacute;cter adivinatorio, cosmog&oacute;nico y sagrado de los primeros alfabetos est&aacute; presente tambi&eacute;n en los inicios de la escritura jerogl&iacute;fica egipcia: <em>Thot</em>, dios de la escritura, era simbolizado por un ibis blanco. Por no hablar del uso, tras la invenci&oacute;n china del papel (siglo I), del c&aacute;lamo hecho de las plumas que ocas y gansos mudan anualmente.&nbsp;</p>
<p>Pero no hay que fiarse del cielo de los hombres. El <em>Talmud</em> advierte de las amenazas que se ciernen sobre quienes se aventuran por los salones de los palacios superiores. La autora sabe limitarse a describir y no interpreta los mensajes, lo que ser&iacute;a tanto como producirlos. Estamos ante palabras po&eacute;ticas, no rituales. Un poema no del Cielo sino &ldquo;en aras del cielo, s&iacute;, y del resplandor del mundo&rdquo;. El poeta no es un &aacute;ngel del Dios vivo. Ni el narrador tampoco. No, tan solo un personaje que recuerda a su mujer.&nbsp;</p>
<p>El desorden de los p&aacute;jaros evoca un texto del Zohar. &ldquo;Una letra golpea desde abajo, y sube y baja y dos letras vuelan sobre ella. Son letras masculinas y femeninas&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Sobre el baile celeste de las letras y sobre las frases impecables de un p&aacute;rrafo perfecto como este, escribe Pound: &ldquo;Tres o cuatro palabras en perfecta yuxtaposici&oacute;n son capaces de irradiar una energ&iacute;a de potencia inmensa: estas palabras deben amplificarse y no neutralizarse mutuamente. Esta peculiar energ&iacute;a que las alimenta es el poder de la tradici&oacute;n&rdquo;. Tradici&oacute;n que se esconde con elegante pudor en el lenguaje.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>III</strong></p>
<p align="center"><strong></strong>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Sabemos algo del mensaje? S&iacute;. Sabemos que los p&aacute;jaros han venido a nidificar. A hacer sus nidos. Es su destino, pero a&uacute;n no se lo creen y por eso revolotean lun&aacute;ticos sobre el mar y los riscos. Para criar. Para resguardarse. Para descender y asentarse (del germ&aacute;nico <em>ne-der,</em> del indoeuropeo <em>ni</em>). Por eso en italiano <em>nicchio </em>(nicho<em>)</em> se refiere tambi&eacute;n a la concha marina: all&iacute; donde el molusco hace su casa. Los nichos de las pe&ntilde;as y la <em>conchiglia</em> en la arena de la playa est&aacute;n &iacute;ntimamente conectados.&nbsp;</p>
<p>En este caso sabremos por la continuaci&oacute;n que la concha es una caracola (palabra que proviene, a trav&eacute;s del lat&iacute;n <em>cochlea</em> y del griego <em>kochl&iacute;as</em>, de la ra&iacute;z indoeuropea <em>konkho, </em>com&uacute;n a concha y caracola). Figura en espiral. Conformada en c&iacute;rculos, de nuevo el ziggurat bab&eacute;lico con su simbolismo er&oacute;tico. En escalera que, como hacen las flechas aladas de los p&aacute;jaros, sube y baja en la vida de los hombres. Como en el acto sexual evocado m&aacute;s tarde en el libro en un movimiento bell&iacute;simo de entrega en el que la mujer recordada, en cuclillas sobre el agua, se ofrece con toda su belleza al ser amado. O en la escena final en la que, jugando como ni&ntilde;os, &eacute;l la sumerge y la levanta sobre la blanca espuma del mar, mientras sus cabellos negros caen brillantes sobre su piel morena &ldquo;cubierta de mil gotas reluc&iacute;a como el interior nacarado de una caracola&rdquo;<em>.</em> Nada hab&iacute;a existido antes que nosotros&rdquo;).<em> </em>Hombre y mujer fuente de vida. <em>Nada hab&iacute;a existido antes que nosotros. </em>&Uacute;ltimas palabras de un texto que est&aacute;n ya en el t&iacute;tulo: cuando ella recoge la caracola arrastrada por las mareas lunares y se la pone al o&iacute;do (otra concha) se la encuentra vac&iacute;a. El animal ha muerto y ya no est&aacute;. La caracola es al tiempo imagen de la vagina, de lo que puede nacer de ella y tambi&eacute;n el lecho f&uacute;nebre que a todos nos espera. No nace una generaci&oacute;n nueva sin que la anterior muera. La llegada de la bandada marca marcialmente los tiempos.&nbsp;</p>
<p>&ldquo;La concha es la palabra que decimos &ndash;escribe Shabestari en la <em>Rosaleda del misterio</em>&ndash;; la concha simboliza el coraz&oacute;n&rdquo;. Concha-animal-perla; hombre-mujer-hijo; misterio&ndash;signo&ndash;significado. Tres tr&iacute;adas que a m&iacute; me parecen reconocibles en estas primeras l&iacute;neas m&aacute;gicas.&nbsp;</p>
<p>La voz personal que habla en nombre de muchos lo hace en presente: <em>I manutari </em>sono<em> ritornati </em>(atenci&oacute;n al ritmo y la rima consonante: dos palabras de cuatro s&iacute;labas cada una con una monos&iacute;laba y una bis&iacute;laba logran el milagro de un suave crescendo). Describe algo que se repite circularmente (<em>ri-toranti</em>), que marca los tiempos de los hombres en su iteraci&oacute;n y que se acerca a algo intemporal y en ese sentido fijo. Por eso, imperceptiblemente tambi&eacute;n, como los p&aacute;jaros se despliegan en el cielo, la voz en el texto se torna m&aacute;s impersonal y aparecen los verbos en tercera persona y los pronombres reflexivos: &ldquo;la macchia si avvicina, &egrave; una nube veloce che s'allarga, si distende, incombe su di noi, il cielo &egrave; trafitto da mille frecce&rdquo; (&ldquo;la mancha se acerca, es una nube veloz que se ensancha, se extiende, se cierne sobre nosotros, mil flechas traspasan el cielo&rdquo;).&nbsp;</p>
<p>La voz consigue el milagro de estar describiendo a un tiempo lo que ve y lo que recuerda. Escribe entre figuraci&oacute;n (lo que ve con los ojos) y abstracci&oacute;n (lo que sabe y recuerda). De ese modo se funde con el movimiento natural que, marcando el tiempo humano, est&aacute; fuera de &eacute;l.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20%C3%81LVARO%20DE%20LA%20RICA%20SOBRE%20MARISA%20MADIERI%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20SEPTIEMBRE%202025.doc#_ftnref1">[1]</a> MADIERI, M. <em>La conchiglia y altri raconti.</em> Libri Scheiwiller (1998)</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20%C3%81LVARO%20DE%20LA%20RICA%20SOBRE%20MARISA%20MADIERI%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20SEPTIEMBRE%202025.doc#_ftnref2">[2]</a> MADIERI, M. Traducci&oacute;n de Valeria Bergalli y C&eacute;sar Palma, en <em>Mar&iacute;a y otros relatos.</em> Min&uacute;scula (2021).</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Fri, 05 Sep 2025 09:52:03 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un panteón postmoderno]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-panteon-postmoderno/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/JAVIER_ASI_IN_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>Raz&oacute;n del inconsciente</em>, de Javier Asi&aacute;in, es el nuevo libro del poeta y gestor cultural pamplon&eacute;s, editado por Cham&aacute;n Ediciones. Un compendio de poemas donde se acercan, mito y origen, hacia la psicolog&iacute;a y la mitolog&iacute;a cl&aacute;sica, bru&ntilde;ida con algunos elementos de cultura pop que acompa&ntilde;an y actualizan la propuesta. Abrir, con la cultura cl&aacute;sica: &ldquo;Para encender el n&uacute;cleo / de la mente humana&rdquo;, seguir con Adonis: &ldquo;Funesta alegor&iacute;a / de la hormona del crecimiento&rdquo;. El enfrentamiento entre Afrodita y David, el Antiguo Testamento y la Odisea, mezclar los imperios romanos, occidente y oriente, verbalizar estadios adaptados: &ldquo;La impotencia sexual / lo condena a un fr&iacute;o eterno&rdquo;. Viajar de Suiza a la playa helada de Ingmar Bergman, en la partida de ajedrez donde Woody Allen convive con la muerte: &ldquo;Que ataviado con una guada&ntilde;a / atentar&aacute;s contra tu padre&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; son las dimensiones? &iquest;Reglamentaci&oacute;n eucl&iacute;dea? "No hay mayor tit&aacute;n que el miedo". Me encuentro a Cenicienta y Campanilla conviviendo en el Mediterr&aacute;neo, &iquest;Qu&eacute; laberinto habita el minotauro?&nbsp;</p>
<p>Gestiona este poemario las preguntas a trav&eacute;s de sus propias interrogaciones, met&aacute;foras actualizadas del inconsciente colectivo. Existe un filamento de niebla que devora el recuerdo, pensando en Ariadna. Diana, la mujer maravilla de los tebeos que nos acompa&ntilde;an: &ldquo;El erotismo de creerse excepcional / fue llama y, a su vez, ceniza&rdquo;. Pienso en Gal Gadot, claro. Puesto que no solo nos entregamos a la oscuridad, est&aacute; Hamlet y est&aacute; Fausto: &ldquo;Ahora entiendo que con tanta presunci&oacute;n / Mefist&oacute;feles te comprar&aacute; a bajo precio&rdquo;. De la Biblia al p&eacute;plum, &ldquo;Un d&iacute;a acab&oacute; contigo / a base de rendirse cuentas&rdquo;. S&oacute;focles y Ant&iacute;gona: &ldquo;Te hizo esclava de su necesidad / y anciana de tu juventud&rdquo; y sigue con &ldquo;El d&iacute;a de tu entierro / apareci&oacute; tu nombre en la necrol&oacute;gica&rdquo;. Guardar y consumir ejemplares, meter la vida en cajas, llenas de libros, voluminosa poes&iacute;a: &ldquo;Acaso nadie les ense&ntilde;&oacute; / qu&eacute; hacer con la abundancia&rdquo;. Cera, sol, ceguera. Ese sol estaba tan alejando en aquellos tiempos que parec&iacute;a una estrella, as&iacute; que enhebramos la galaxia, en el cribado de las distancias: &ldquo;Y no existe un arte para el vuelo / cuando no se ha aprendido a caer&rdquo;. Vengo de una lectura anterior donde apareci&oacute; Francisco de Goya, alrededor del fuego, abrazo a los hijos de Saturno, as&iacute; que me reconforta esta explosi&oacute;n l&iacute;rica. En la escucha activa se refleja el autor y el lector, elementos activos, paralelismos, im&aacute;genes construidas, lenguaje no verbal: &ldquo;Ya ha existido un sesgo / un latido &iacute;nfimo&rdquo;. Lectura, subrayado en rojo, un lector distanciado de la poes&iacute;a que se acerca a este libro, un autor que contempla por encima del hombro, que lee y acompa&ntilde;a, artista y lector, una especie de di&aacute;logo a tres bandas, entre el autor, el lector y los protagonistas de los versos. As&iacute; que, encontr&aacute;ndonos en otra dimensi&oacute;n, saltar hacia otro espacio, de Peter Pan a Caperucita Roja, ejerciendo un simbolismo constante y disciplinado: &ldquo;La ni&ntilde;a feroz y el dulce lobo/de ojos misericordiosos/se aman a escondidas del mundo / en el mismo cuento&rdquo;. Saltar de lo cl&aacute;sico a las leyendas de ayer, que cristalizan en trastornos, movimientos, teor&iacute;as: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; importa si nadie entiende / ese v&iacute;nculo encendido entre memoria / y carne ensimismada?&rdquo; Amor indisoluble, no circunstancial. El est&iacute;mulo condicionado, la salivaci&oacute;n del animal, &iquest;qu&eacute; esperas de la existencia, pregunta el poeta? &ldquo;El ni&ntilde;o obedece al &iacute;ndice / y aprende el camino a las estrellas&rdquo;. Una poes&iacute;a que actualiza los referentes, que construye sobre el mito, que ejerce de demiurgo entre panteones y versos. Poeta que se reproduce en todas las voces posibles, paternidad, vida y cielo. Cierro, copio, paladeo: &ldquo;Un poema es un acto de redenci&oacute;n / en la penumbra&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Javier Asi&aacute;in, <em>Raz&oacute;n del inconsciente</em>, Cham&aacute;n Ediciones, Albacete ,2025.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 29 Aug 2025 08:18:33 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las historias de la historia: un viaje literario por la memoria española]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/las-historias-de-la-historia-un-viaje-literario-por-la-memoria-espanola/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/RAM_N_AC_N_FANLO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Ram&oacute;n Ac&iacute;n, doctor en Filolog&iacute;a, catedr&aacute;tico con una extensa trayectoria en cr&iacute;tica literaria y ensayos, figura indispensable de nuestra literatura m&aacute;s l&uacute;cida y comprometida, regresa con <em>Las historias de la Historia (Viajes de papel)</em>, publicado por Prensas de la Universidad de Zaragoza. Un libro singular, inasible en su g&eacute;nero, que cabalga entre el ensayo, el relato confesional y la cr&oacute;nica cultural. Con la complicidad de quien ha vivido con pasi&oacute;n sus lecturas, Ac&iacute;n nos invita a recorrer un mapa sentimental y cr&iacute;tico de la historia reciente de Espa&ntilde;a a trav&eacute;s de las novelas que ha le&iacute;do, rele&iacute;do y pensado. Porque s&iacute;: leer, como vivir, es un viaje.</p>
<p>Este libro no es un ensayo hist&oacute;rico al uso. Es una invitaci&oacute;n a explorar la historia a trav&eacute;s de la literatura, un mosaico de voces y tiempos que da vida a la memoria colectiva mediante la palabra escrita. A lo largo de m&aacute;s de 300 p&aacute;ginas, Ac&iacute;n traza un recorrido profundo y poli&eacute;drico desde el convulso siglo XIX hasta la Espa&ntilde;a contempor&aacute;nea, entretejiendo historia oficial con experiencia literaria y personal.</p>
<p>As&iacute;, el lector encontrar&aacute; reflexiones que parten de la poes&iacute;a de Miguel Hern&aacute;ndez para comprender el drama humano de la Guerra Civil, o que se apoyan en la narrativa de Carmen Mart&iacute;n Gaite para adentrarse en las complejidades emocionales y sociales del franquismo. Estos y otros autores &mdash;devorados con pasi&oacute;n por Ac&iacute;n&mdash; son las lentes con las que propone leer y sentir nuestro pasado. Porque <em>Las historias de la Historia</em> no solo es un libro sobre historia y literatura; es tambi&eacute;n un autorretrato del lector que escribe, una confesi&oacute;n sincera donde se vislumbra la &iacute;ntima relaci&oacute;n entre conocimiento, memoria e identidad cultural.</p>
<p>El libro se estructura en una serie de ensayos breves y reflexiones fragmentadas que pueden leerse como piezas aut&oacute;nomas. Esta disposici&oacute;n no fragmenta el sentido, sino que enriquece la experiencia lectora: permite saltar de tema en tema como quien hojea un &aacute;lbum de recuerdos, descubriendo distintos &aacute;ngulos de un mismo paisaje. Cada cap&iacute;tulo es un &ldquo;viaje de papel&rdquo;, en el que la literatura y la historia se entrelazan para mostrar c&oacute;mo las letras han sido testigos y agentes de los procesos sociales y culturales que han moldeado Espa&ntilde;a.</p>
<p>Ac&iacute;n subraya esta conexi&oacute;n en una frase que atraviesa toda la obra: &ldquo;Leer la historia a trav&eacute;s de la literatura no es solo un ejercicio acad&eacute;mico; es un modo de revivir el pasado, de sentirlo con los sentidos del alma. En cada texto, hay una memoria viva que reclama ser escuchada m&aacute;s all&aacute; de los datos y las fechas.&rdquo;</p>
<p>Hay en estas p&aacute;ginas muchas confesiones, sinceras y directas, en las que Ac&iacute;n se muestra no solo como lector y cr&iacute;tico, sino como ciudadano. Su percepci&oacute;n de Espa&ntilde;a se revela a trav&eacute;s de las novelas le&iacute;das: historias que nos muestran c&oacute;mo hemos sido, c&oacute;mo nos vemos y c&oacute;mo hemos cambiado. La memoria, el viaje, la relectura y la imaginaci&oacute;n se convierten en las herramientas principales para tender puentes entre el pasado y el presente, sin caer en simplificaciones ni esl&oacute;ganes. Porque, como bien dice, sin conocer el pasado &mdash;con su dolor y alegr&iacute;a&mdash; no es posible ser verdaderamente ciudadanos.</p>
<p>Hay cap&iacute;tulos que destacan por su implicaci&oacute;n personal, como el dedicado a la Guerra Civil parcelada por autonom&iacute;as, o el que revisa con mirada cr&iacute;tica la Transici&oacute;n espa&ntilde;ola, alej&aacute;ndose del relato idealizado que durante d&eacute;cadas se impuso. Otros, como los que abordan la corrupci&oacute;n y las incertidumbres del &uacute;ltimo tercio del siglo XX, interpelan especialmente al lector joven o desencantado. En todos ellos, se aprecia una profunda apuesta por la relectura como acto &eacute;tico y pol&iacute;tico, como modo de resistir frente a la ignorancia, la manipulaci&oacute;n o la banalizaci&oacute;n.</p>
<p>Tampoco faltan ecos literarios y filos&oacute;ficos que enriquecen el discurso: citas de pensadores y escritores que acompa&ntilde;an la reflexi&oacute;n, la apuntalan o la matizan, record&aacute;ndonos que las letras no solo explican el mundo, sino que lo sostienen. Walter Benjamin, Jos&eacute; Saramago o Paul Auster aparecen en estas p&aacute;ginas como aliados de un pensamiento que se niega a rendirse a la amnesia colectiva. Porque s&iacute;: somos memoria. Y la imaginaci&oacute;n, nos dice Ac&iacute;n, es necesaria para mirar de frente la dureza de esa memoria sin dejarnos arrastrar por el odio o el cainismo que han marcado buena parte de nuestra historia.</p>
<p><em>Las historias de la Historia</em> est&aacute; dirigida a lectores interesados en la literatura y en la historia cultural, en una visi&oacute;n m&aacute;s humana y plural del pasado. No busca una cronolog&iacute;a acad&eacute;mica ni una verdad definitiva. Es un libro que se abre como una conversaci&oacute;n, con sus pausas, sus desv&iacute;os y sus momentos de emoci&oacute;n. Para quienes no conozcan a&uacute;n a fondo la literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea, puede ser un excelente punto de partida. Para quienes ya la habitan, una forma distinta de volver a ella, de releerla con otros ojos y otra conciencia.</p>
<p>En definitiva, Ram&oacute;n Ac&iacute;n nos regala un viaje apasionante donde la historia deja de ser una sucesi&oacute;n de fechas para convertirse en una experiencia viva, narrada con sensibilidad, rigor y hondura emocional. Este libro es una invitaci&oacute;n abierta a recorrer ese territorio compartido donde la memoria y la literatura construyen, cap&iacute;tulo a cap&iacute;tulo, la historia de Espa&ntilde;a. Un viaje de papel con destino a lo m&aacute;s hondo de lo humano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ram&oacute;n Ac&iacute;n, <em>Las historias de la Historia (Viajes de papel), </em>Zaragoza, Prensas Universitarias, 2025.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 29 Aug 2025 07:58:15 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando el paisaje invade el poema]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/cuando-el-paisaje-invade-el-poema/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/una-mirada-al-horizonte-geografia-y-paisaje-en-la-poesia-hispanica-contemporanea_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Estamos ante uno de los primeros resultados del grupo de investigaci&oacute;n surgido en la Universidad de Zaragoza y reconocido por el Gobierno de Arag&oacute;n, el Laboratorio de Investigaciones Literarias Abisal Margen y que, en el marco de sus actividades durante el periodo 2023-2025 ha generado este compendio de estudios que lleva por t&iacute;tulo: &ldquo;Una mirada al horizonte. Geograf&iacute;a y paisaje en la poes&iacute;a hisp&aacute;nica contempor&aacute;nea&rdquo;. Art&iacute;culos de investigaci&oacute;n en los que se encuentran reconocidos autores que estudian el marco de lo geogr&aacute;fico y el paisaje en distintos autores del canon po&eacute;tico espa&ntilde;ol, tanto de este como del pasado siglo.&nbsp;</p>
<p>En esta rese&ntilde;a revisamos alguno de ellos, sin deseo de ser exhaustivo y con un deseo, sobre todo, divulgativo y, sobre todo, pasional, como el inter&eacute;s que despierta el primero de ellos, &ldquo;Cancioneros urbanos&rdquo;, dedicados a la obra de Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n y Luis Garc&iacute;a Montero, donde se mezcla cultura popular y rock con los versos de dos autores reconocidos por el pen&uacute;ltimo canon de la literatura espa&ntilde;ola. M&aacute;s all&aacute; de las motivaciones de cada uno de ellos, su impacto entre la cr&iacute;tica y, sobre todo, el p&uacute;blico, compiten con la presencia medi&aacute;tica y pol&iacute;tica, donde, para el an&aacute;lisis, hay que separar obra y persona. Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n, primero poeta, con su aparici&oacute;n entre los <em>Nueve nov&iacute;simos poetas espa&ntilde;oles</em> (1970) y que, utilizando sus recuerdos de la primera posguerra y los a&ntilde;os previos al desarrollismo, utiliza un collage acumulativo para dar rienda a su pasi&oacute;n por la copla, los personajes de las revistas de la &eacute;poca (en el escenario y en el papel), incluyendo revistas y todo mezclado con el cine negro y los barrios rojos (o chinos) de su ciudad de Barcelona. Adentr&aacute;ndose en el tono <em>camp</em> de parte su obra, capaz de unir a Vicente Aleixandre y el D&uacute;o Din&aacute;mico. La presencia de una canci&oacute;n como &ldquo;Tatuaje&rdquo;, que servir&iacute;a de t&iacute;tulo para la primera novela de su ic&oacute;nico personaje Pepe Carvalho es el ejemplo claro del intento del autor barcelon&eacute;s de capturar la derrota, la pena, el hambre a trav&eacute;s de las canciones de la radio y, m&aacute;s tarde, trasladarlas a los versos. No aparece por encontrarse fuera del friso temporal propuesto, pero no est&aacute; de m&aacute;s recordar la adaptaci&oacute;n que realiz&oacute; Gabriel Sope&ntilde;a para Loquillo del poema &ldquo;In&uacute;til escrutar tan alto cielo&rdquo;, que apareci&oacute; en 1998 como parte del disco <em>Con elegancia</em>, dedicado a los autores contempor&aacute;neos, y que, de alguna manera, entronca con la propuesta de Luis Garc&iacute;a Montero, conocido en a&ntilde;os posteriores por sus andanzas pop junto a Joaqu&iacute;n Sabina o Benjam&iacute;n Prado, en una especie de <em>intelligensia progre</em>, de inviernos en Madrid y veranos en Rota, pero que, en los albores del primer gobierno de Felipe Gonz&aacute;lez, en 1983, ya pivotaba con gracia entre el<em> underground </em>y el poder. Rimado de la ciudad con poes&iacute;a musicada, con el comienzo de la movida de Granada, TNT y Magic, antes del advenimiento de Joe Strummer siguiendo a Garc&iacute;a Lorca, mucho antes de 091 o de Los Planetas. Consiguen revisar un poema de Garc&iacute;a-Montero y llevarlo, recordando las letan&iacute;as ochenteras de Lou Reed, a diez minutos. Endecas&iacute;labos arriba y abajo, subidos a lo el&eacute;ctrico.&nbsp;</p>
<p>De la canci&oacute;n ligera a &ldquo;El paisaje en la poes&iacute;a de Olvido Garc&iacute;a Vald&eacute;s&rdquo; por Cristina Bartolom&eacute; que se apoya en la poes&iacute;a completa de la autora, donde destaca la importancia que en su obra tiene la captaci&oacute;n a trav&eacute;s de lo visual. Otro tipo de "Paisajes", es decir, se inclina por describir escenas pict&oacute;ricas, dibujos o cuadrados de espacios naturales creados otros artistas, en el denominado bloque de la exposici&oacute;n: Amadeo de Souza- Cardoso, artista portugu&eacute;s de estilo de vanguardia, La ca&iacute;da de &Iacute;caro en otro, Eleg&iacute;a a la madre muerta, ella, los p&aacute;jaros. El contacto de este tema con la naturaleza &ldquo;miro los campos / comienzo por la blanca primavera / nade me habla / anido en un anciana silenciosa&rdquo;. Trozos de vida arraigados muy en el fondo y que sustentan la densa materia que es la vida. En su obra encontramos repetici&oacute;n, de las mismas im&aacute;genes que act&uacute;an como un hilo conductor, resaltando la universalidad y la pertenencia de ciertas experiencias. &ldquo;Lo solo del animal&rdquo;, p&aacute;jaros, &aacute;rboles, agua y dejando claro que el paisaje en la poes&iacute;a de Olvido Garc&iacute;a Vald&eacute;s no forma parte &uacute;nicamente del escenario de fondo, sino que es fundamental en la construcci&oacute;n de una identidad l&iacute;rica, tal y como ya anuncian sus veros. La descripci&oacute;n no solo indica lo visual, tambi&eacute;n es filtrada a trav&eacute;s de los sentidos y alcanza un sentimiento corporal.&nbsp;</p>
<p>El cap&iacute;tulo dedicado a &ldquo;El paisaje en la poes&iacute;a de Jos&eacute; Ram&oacute;n Arana, una lectura desde la ecocr&iacute;tica&rdquo; a cargo de David Bendicho Muniesa, donde nos muestra la manera en la que un autor, es capaz de realizar la ecocr&iacute;tica, una forma de adscribir los poemas al entorno y el paisaje. El estudio previo de Javier Barreiro resulta altamente nutritivo, con la forma de a&ntilde;adir el productor del desarraigo que el exilio y la Guerra Civil producen en un autor. Ese exilio resulta, dentro de la poes&iacute;a, una nueva patria, donde el choque entre la realidad y el recuerdo permite o busca el refugio en el interior, idealizando aquel mundo anterior, una Espa&ntilde;a que, desde la nostalgia, se sue&ntilde;a de manera colectiva. La imaginer&iacute;a de la poes&iacute;a y la salida, el recuerdo de Espa&ntilde;a, acaba, desde M&eacute;xico, en una especie de concepto de las Espa&ntilde;as, cercana a trav&eacute;s de la redacci&oacute;n de la revista Arag&oacute;n, donde se aglutinan los escritores de todas las tendencias en la b&uacute;squeda de la concordia. La contradicci&oacute;n, el enfrentamiento, la tierra &aacute;rida frente a la contemplaci&oacute;n del mar. Se inunda el recuerdo con la muerte y la muerte abona la tierra.&nbsp;</p>
<p>El cap&iacute;tulo a cargo de Nacho Escu&iacute;n es, sin duda, uno de los m&aacute;s nutritivos y enlaza, de alguna manera, con la ficci&oacute;n de su &uacute;ltima novela, <em>Algo parecido a un sue&ntilde;o o a un poema de Robert Frost</em> editada por Los libros de El Gato Negro este a&ntilde;o 2025. &ldquo;Notas para una geograf&iacute;a del afuera&rdquo; sigue la l&iacute;nea de investigaci&oacute;n cient&iacute;fica&nbsp; en la que el autor turolense se ha centrado en estos&nbsp; &uacute;ltimos tiempos: el estudio de la evoluci&oacute;n de la poes&iacute;a nacional desde el centro a la periferia. Una poes&iacute;a que no tiene que pivotar sobre Madrid, que no acude a Barcelona, que tiene otros lugares, otros puntos: esquiva Madrid como lugar de nacimiento, como mucho de desarrollo, Lucas Rodr&iacute;guez o Sof&iacute;a Casta&ntilde;&oacute;n, en Barcelona Myriam Reyes, cuando las editoriales y ciertos circuitos se encuentran en el norte, Gij&oacute;n con David Gonz&aacute;lez y&nbsp; Le&oacute;n con Vicente Mu&ntilde;oz y&nbsp; Antonio Gamoneda, mezclando el academicismo&nbsp; del blues castellano con fanzines como <em>Vinalia Trippers</em>. H&iacute;bridos, antolog&iacute;as, estado y habitantes, geograf&iacute;a...&nbsp; Sur, Antonio Orihuela, el encuentro con Uberto Stabile, las "Voces del Extremo" en Huelva, en Punta Umbr&iacute;a. Sin olvidar la importante labor de Canarias a trav&eacute;s de la editorial Baile del Sol o la tradici&oacute;n de Andaluc&iacute;a, siempre floreciente, con Pablo Garc&iacute;a Casado como referente can&oacute;nico (parte de la importante cantera de la m&iacute;tica editorial DVD) pero, sobre todo, con la labor de La Bella Varsovia, con Elena Medel y libros como los de Yolanda Casta&ntilde;o o la anteriormente citada Sof&iacute;a Casta&ntilde;&oacute;n que supusieron un punto y aparte en la nueva poes&iacute;a espa&ntilde;ola de final de siglo. No pod&iacute;a quedar fuera Logro&ntilde;o, con la editorial 4 de agosto, su fondo de autores a trav&eacute;s de las<em> plaquettes</em> editadas a lo largo del a&ntilde;o y, sobre todo, en su festival Agosto Clandestino... puede que sea el pudor lo que haga que no se detenga en Arag&oacute;n, en Zaragoza m&aacute;s bien, y en esa d&eacute;cada entre 2005 y 2015 de editoriales, recitales y escritores. S&iacute; que es importante, dentro de la din&aacute;mica de la geograf&iacute;a, los nombres de Enrique Villagrasa y Jos&eacute; Luis Gracia Mosteo que, partiendo de capitales de provincia, lejos ya de sus lugares de origen, regresan con sus versos a un estudio emocional de su pasado ampar&aacute;ndose en la reconstrucci&oacute;n del paisaje.&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Castilla&rdquo; en &ldquo;Poes&iacute;as&rdquo; de Miguel de Unamuno: el producto de unas &ldquo;Impresiones de viaje&rdquo; por Valeria Grancini, de la Universidad de Zaragoza. Recordando la manera tard&iacute;a en la que Miguel de Unamuno se incorpor&oacute; a la poes&iacute;a para producir una obra basada en el recorrido, las pasiones geogr&aacute;ficas, la gran Espa&ntilde;a. Entre las distintas tierras elige Castilla, desde las murallas de &Aacute;vila, la bas&iacute;lica de San Isidoro de Le&oacute;n, o el Monasterio de la Granja de Moreruela. Disfruta el lector aragon&eacute;s: &ldquo;las tierras tr&aacute;gicas de la sobremesa aragonesa&rdquo;, tierras tristes, sah&aacute;ricas, esteparias: &ldquo;pero muy hermosas, solemnemente hermosas&rdquo;. Dios, Castilla, en la rugosa palma de tu mano: escribe con teor&iacute;as sobre un Dios-Mundo que con sus brazos lo abarca todo. Unamuno en su l&iacute;rica parece encontrar la paz en los retiros de las viejas y peque&ntilde;as ciudades que parece que no se muevan ni progresan. La revisi&oacute;n de la obra de Gerardo Diego a cargo de Rafael Morales Barba incide en la presencia de los paisajes del mar c&aacute;ntabro en el poeta espa&ntilde;ol. Una Cantabria de mar y monta&ntilde;a, con Santander, ciudad estirada y larga, una ciudad que uno visita y se encuentra atrapado por el metal, la n&aacute;utica, la mar brava. La ciudad hab&iacute;a aumentado en el tiempo en el que el poeta escribe sobre ella y el mismo considera que los grandes bloques dificultan el aire puro: &ldquo;Habitaciones de hotel&rdquo;, Santander ciudad, la relaci&oacute;n con el Cant&aacute;brico: &ldquo;Otra vez el mar/se ha declarado en huelga/y no quiere acompa&ntilde;ar&rdquo;. Gerardo Diego, gram&aacute;tica del poeta, mar, creaciones, saber que mirar el mar es eterno, que alcanza el desierto del alma. Sea luna, ola, plata y gemido.&nbsp;</p>
<p>En los &uacute;ltimos art&iacute;culos nos encontramos primero con otro de los coordinadores del volumen, Antonio P&eacute;rez-Lasheras, que se adentra (nunca mejor dicho) en el poema &ldquo;Geograf&iacute;a&rdquo; de Julio Antonio G&oacute;mez, el poeta, el m&aacute;s moderno entre los que se atrevieron a serlo, m&aacute;s all&aacute; de la Zaragoza gusanera, nunca, en realidad, superado. Julio Antonio G&oacute;mez, personaje de novela, extremo como los que habitan los sue&ntilde;os, homosexual cuando serlo era peligroso, casi delictivo, Paul Bowles, William S. Burroughs, T&aacute;nger... Zaragoza, Canarias, Acerca de las trampas, el lago. En el poema aparece Zaragoza como un ente po&eacute;tico, en una d&eacute;cada o en todas, es dif&iacute;cil de saber por la condici&oacute;n mutante que la capital Zaragoza llena ofreciendo en estos lustros infinitos de iteraciones y exigencias, para ella y sus habitantes, m&aacute;s sufrientes que hambrientos. Jud&iacute;os feroces pintados de negro, cartograf&iacute;a m&iacute;tica, intuitiva y nutricia. Silencios y abrir los ojos a los cielos. Poemas le&iacute;dos en el seminario de poes&iacute;a de la universidad de Zaragoza en el a&ntilde;o 1970. C&aacute;rcel de Torrero, fuera de la generaci&oacute;n de F&eacute;lix Romeo. Ira del Cierzo, de Miguel Labordeta. Zaragoza amarilla, po&eacute;tica y pol&iacute;tica. La composici&oacute;n &ldquo;Geograf&iacute;a&rdquo; no forma parte de ninguno de sus poemarios conocidos y su &uacute;nica edici&oacute;n en papel apareci&oacute;, junto al resto de sus obras completas, en 1992. Los libros de Julio Antonio G&oacute;mez, en especial la reedici&oacute;n realizada por los Libros del Se&ntilde;or James en el 2011: <em>Al oeste del lago Kivu los gorilas se suicidan en manadas numeros&iacute;simas</em>, ofrecen una profundidad l&iacute;rica absoluta, una valent&iacute;a y modernidad que es nutricia para cualquiera de los poetas de distintas generaciones. En el texto el poeta va describiendo la ciudad, Zaragoza, des los cuatro puntos cardinales, pero, curiosamente no describe su interior, su esencia sino sus fronteras, junto al nombre de la ciudad: &ldquo;Zaragoza limita&rdquo;. Es decir, el poeta nos marca los l&iacute;mites, circula por las m&aacute;rgenes de la ciudad. Emparentada, generacionalmente y geogr&aacute;ficamente -claro-, con la poes&iacute;a de Miguel Labordeta, ambos encuentran en los accesos y los decesos de la ciudad lugares hermanados.&nbsp;</p>
<p>Cierra el compendio de art&iacute;culos coordinados un texto de Alfredo Salda&ntilde;a, uno de los referentes en lo &eacute;tico y lo est&eacute;tico del grupo Abisal Margen. Un estudio referido al desierto como elemento de la poes&iacute;a y las po&eacute;ticas en construcci&oacute;n. Bajo el t&iacute;tulo &ldquo;Apalabrar el silencio&rdquo;, Salda&ntilde;a trata la palabra desierto como algo epif&aacute;nico, un lugar donde el silencio encuentro su lugar infinito, proponiendo (no disponiendo) si ese lugar es hospitalario o inh&oacute;spito. La palabra es nutricia y recobra su fuerza bajo tierra, all&iacute; resulta, a la vez, revelada y reveladora. &ldquo;Desierto&rdquo; es un lugar en el que la arena es al mismo tiempo amenaza y protecci&oacute;n para el sujeto, sumido en una poes&iacute;a que se construye en una silenciosa tierra de frontera. Con la presencia de Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente, &ldquo;Viene de un no lugar&rdquo;, la palabra se forma cuando se hace el silencio. El silencio es el territorio de la palabra, la palabra viene de una larga espera, de un prolongado silencio. La aparici&oacute;n en el texto de otro poeta, Jos&eacute; Emilio Pacheco, acompa&ntilde;ando el discurso de Alfredo Salda&ntilde;a: &ldquo;Aqu&iacute; est&aacute; / la sequ&iacute;a que nombra el desierto / atravesarlo de sol&rdquo;. Salda&ntilde;a cierra con su intenci&oacute;n, la se apalabra el desierto sin cercarlo, quitando el alambre a las palabras, haciendo que la poes&iacute;a sea el lenguaje que otorgue presencia a la met&aacute;fora, ausencia, identificada del desierto, as&iacute; el silencio cubre al poeta con su aliento blanco.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Antonio P&eacute;rez Lasheras y Nacho Escu&iacute;n (coords.), <em>Una mirada al horizonte. Geograf&iacute;a y paisaje en la poes&iacute;a hisp&aacute;nica contempor&aacute;nea</em>, Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2025.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 25 Jul 2025 08:45:30 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sobre la naturaleza abstracta del ser humano y sus expresiones]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/sobre-la-naturaleza-abstracta-del-ser-humano-y-sus-expresiones/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/manuel-martinez-forega-2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Publicado por Pregunta Ediciones,&nbsp;<em>Verissimum mendacium</em> recoge los aforismos y reflexiones del poeta y ensayista Manuel Mart&iacute;nez-Forega. Un volumen continuista con la obra del escritor nacido en Molina de Arag&oacute;n en 1952 y que lleva d&eacute;cadas compaginando el ensayo con la creaci&oacute;n. Entre sus &uacute;ltimas publicaciones sus <em>Ensayos censores</em> IV y V (Pregunta, 2020 y 2021) y el volumen <em>El viaje exterior. Le&oacute;n Felipe: de la soledad espa&ntilde;ola al definitivo exilio mexicano</em> (Olifante, 2018). Es inevitable nombrar algunos de sus poemarios m&aacute;s celebrados dentro del canon aragon&eacute;s como <em>Ademenos</em> (Olifante, 2008), <em>333 d&iacute;as</em> con el que obtuvo el Premio de poes&iacute;a Miguel Labordeta de 2005 y su obra clave, <em>He roto el mar</em>, cuya &uacute;ltima revisi&oacute;n, en el a&ntilde;o 1993, edit&oacute; Prensas Universitarias de Zaragoza.&nbsp;</p>
<p>En este libro, Manuel Mart&iacute;nez-Forega divide su visi&oacute;n de la existencia, del ser humano, en distintos estadios, cap&iacute;tulos que abarcan lo universal a trav&eacute;s de distintas intervenciones en lo particular. El amor definido como libertad para amar sin exigencias. Poeta siempre, en las primeras p&aacute;ginas encontramos sentencias como: &ldquo;&iquest;Cu&aacute;ndo el amor quedar&aacute; tendido chorreando corazones en la noche?&rdquo;. Reflexi&oacute;n sobre esa misma poes&iacute;a, unida de manera indisoluble al amor, si te miro, veo la luz, si te veo me ciegas. Citamos a Forega: &ldquo;Transformar el mundo en templo, en liturgia la palabra y el poema en rito&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Exalta el peregrinaje en la poes&iacute;a: &ldquo;La poes&iacute;a se expresa donde los dem&aacute;s g&eacute;neros guardan silencio&rdquo;. Profundiza Forega, cuando el lenguaje parece haber alcanzado su l&iacute;mite significador, al situarnos asomados al abismo del m&aacute;s irremplazable silencio. Entonces, usando la misma construcci&oacute;n, el poeta, el escritor, enhebra: &ldquo;All&iacute;, donde toda la palabra se diluye en el magma de la nada sem&aacute;ntica, all&iacute; mismo surge la poes&iacute;a&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Forega denuncia que en las tres &uacute;ltimas d&eacute;cadas la poes&iacute;a espa&ntilde;ola no admite un simple an&aacute;lisis escolar. Forega devora lo cl&aacute;sico, admite la potencia europea, la poes&iacute;a, que lo oculta todo, as&iacute; que hace de los versos una materia f&iacute;sica y una sustancia ps&iacute;quica. Se sirve, as&iacute;, de una experiencia propia, la de amanuense profundo, la materia viva que avanza hacia su caducidad final. As&iacute; que es una arquitectura extrema y exigente. Incluso se atreve, postul&aacute;ndose de manera org&aacute;nica, en la vida, desde la microbiolog&iacute;a a la estructura tetra&eacute;drica del carbono.&nbsp;</p>
<p>Y de la Poes&iacute;a, al Poeta. &iquest;Soledad? El poeta, que es actor y vive, hace. En la soledad del creador siempre, si es poeta real, tiene apetito en su posici&oacute;n de demiurgo. Una soledad divina. El resto, los otros, no son m&aacute;s que una caterva, escritores que parten l&iacute;neas con una acumulaci&oacute;n de met&aacute;foras.&nbsp;</p>
<p>Habla, tambi&eacute;n, de la inteligencia instintiva de autores como Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez. Manuel Mart&iacute;nez-Forega, entre Luis Alberto de Cuenca y &Aacute;ngel Guinda, sumido en ese apetito del que habl&aacute;bamos antes, traduce e interioriza una poes&iacute;a herm&eacute;tica y profunda de Paul Val&eacute;ry, Paul Verlaine o Laurent Tailhade. Se acerca, geogr&aacute;fica y literariamente, a la poes&iacute;a checa: Vladim&iacute;r Holan, Franti&scaron;ek Halas y Josef Kostohryz, demostrando una capacidad y una sapiencia que lo colocan entre nuestros intelectuales de referencia. Cito esta actividad, frugal dentro de su trayectoria, como detalle para entender la capacidad del autor para referirse a la naturaleza misma de la poes&iacute;a y adentrarse en otro cap&iacute;tulo como &ldquo;La vida, la soledad y el ser&rdquo;. Una intersecci&oacute;n, especie de diagramas de Venn donde la lectura, definida como el oto&ntilde;o de los fantasmas, acuna con su queroseno la proclamaci&oacute;n de la existencia completa. Por vivir se fundar&aacute; en lo vivido.&nbsp;</p>
<p>Se acerca a la libertad, que evito escribir con may&uacute;scula, a pesar de su carencia de tipos o especies, como escribe Forega, puesto que es un absoluto y solo un miope o un sectario encontrar&iacute;a la carencia o la incertidumbre en ese diagn&oacute;stico. No es casualidad que sea el amor y la poes&iacute;a lo que encabece el volumen y abarque el hecho puro de la existencia, existe incertidumbre en la misi&oacute;n de conocer el misterio de la vida, as&iacute; que el af&aacute;n del total, limitado por el suicidio (que denota, de manera existencialista, como el &uacute;nico acto de libertad plena, sentencia con la que me permito no estar de acuerdo en el fondo, m&aacute;s all&aacute; de la tautolog&iacute;a de la forma), que me hace arquear la misma ceja que al autor frente a la &uacute;ltima pol&iacute;tica en Espa&ntilde;a, vac&iacute;a y moribunda, pero que sigue caminando.&nbsp;</p>
<p>Revisa, en el camino de la vida, la existencia, entre la religi&oacute;n y la muerte: todo ser vivo, al morir, se convierte en un iniciado en la muerte, nada de ese rito se nos dice, se comparte, as&iacute; que, reflexiona con la situaci&oacute;n de las personas, que quedan, simplemente, en su imaginaci&oacute;n. Sobre esa misma religi&oacute;n, habla del origen de las confesiones que creen en el m&aacute;s all&aacute;, con esa separaci&oacute;n entre el muerto y el vivo. Entre el que se marcha y queda, sin m&aacute;s acci&oacute;n que la del ritual, sin m&aacute;s que la fe como propuesta.&nbsp;</p>
<p>Llegamos a la parte del lenguaje, la forma, el arte y la est&eacute;tica. De nuevo, como si se construyeran, desde el verso hacia la vida, con la manifestaci&oacute;n pen&uacute;ltima, de la acci&oacute;n art&iacute;stica. Manuel Forega ha realizado cr&iacute;tica de arte, adem&aacute;s de ser editor de la revista <em>Pasarela de Artes Pl&aacute;sticas </em>dirigida por el pintor Eduardo Laborda. La obra de arte es una realidad ejemplar, que se remite espec&iacute;ficamente hacia el conocimiento simb&oacute;lico. De ah&iacute; que el autor otorgue un sentido propio m&iacute;nimo. Habla de la manera en la que el ser humano crea, puesto que no escribe sobre la necesidad, incide directamente en la obligaci&oacute;n de crear, como una manera de consumar su propia existencia. Cita, en el apartado del lenguaje y su forma, a Arthur Rimbaud y Paul Celan, consagrando la esencia de la poes&iacute;a contra la maldad desde Adorno y su conocida sentencia: &ldquo;Escribir poes&iacute;a despu&eacute;s de Auschwitz es un acto de barbarie&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Escribir, ahora, es ocupar un espacio en el tiempo. As&iacute;, en la misma est&eacute;tica sobre la que trabaja las palabras de Forega, enuncia la necesidad del fatalismo del h&eacute;roe cl&aacute;sico, que funciona como sustento para el arte y la est&eacute;tica: &ldquo;Lo sencillo es mirar/ver es complejo&rdquo;, &iquest;queda sitio para la cr&iacute;tica del arte? Quiz&aacute; sea necesaria una formaci&oacute;n de la que el p&uacute;blico, ya no generalista, incluso formado, carece. Pero s&iacute; que Forega es capaz de seguir manteniendo su b&uacute;squeda de los l&iacute;mites del arte, encontr&aacute;ndolo en el lenguaje y siendo el lenguaje de la pintura, la pintura misma. Son las exigentes sintaxis y lexicograf&iacute;a las que construyen la existencia con sus caracter&iacute;sticas morfocrom&aacute;ticas. Habla, Forega, del arte de la caverna.&nbsp;</p>
<p>Un libro, el de Manuel Mart&iacute;nez Forega, exigente para el lector, que construye y recapitula parte de la construcci&oacute;n completa de una obra donde la creaci&oacute;n y el estudio del autor sigue avanzando hacia una perspectiva completa. Se cierra, de manera natural, en el reconocimiento del ser humano frente a cualquier otra definici&oacute;n abstracta, al recoger poes&iacute;a, arte y vida.&nbsp;</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>Manuel Mart&iacute;nez-Forega,<em> Verissimum</em> <em>mendacium</em>, Zaragoza, Pregunta Ediciones, 2025.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 17 Jul 2025 11:43:59 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una voz divina contra el silencio de la muerte]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-voz-divina-contra-el-silencio-de-la-muerte/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/DAVID_CONDE_VITALLA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>David Conde Vitalla (Zaragoza, 1997) ha publicado dos libros de poemas, <em>Sube a nacer conmigo</em> (Los libros del gato negro, 2019) y, en la misma editorial, tres a&ntilde;os m&aacute;s tarde, <em>El lenguaje de los ojos.</em> As&iacute;, <em>Esta hiriente luz</em> que aparece en la colecci&oacute;n de La gruta de las palabras, dentro de Prensas Universitarias de Zaragoza, constituye la tercera entrega en su obra l&iacute;rica.&nbsp;</p>
<p>El libro se divide en varias partes o cap&iacute;tulos, comenzando con el primero, &lsquo;Osario&rsquo;. La cita de Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente advierte de la presencia de la verdad y la muerte como gu&iacute;as ante los versos, temas que convergen en espacios simb&oacute;licos, herm&eacute;ticos y atemporales: &ldquo;La vida es un cuerpo que todav&iacute;a ignora / el verdadero tacto de la tierra&rdquo;. Se habla de la ceremonia de la muerte en plena existencia, con t&eacute;rminos como el hambre, con ausencia de labios: &ldquo;Los besos han desaparecido&rdquo;. el imprescindible pante&oacute;n, de dioses de un cielo yermo, ser&aacute; compa&ntilde;&iacute;a para el lector a lo largo de las siguientes partes. &rsquo;Sed y carne&rsquo;: &ldquo;&iquest;D&oacute;nde refugiarnos/cuando venga el incendio/a convertir nuestros cuerpos en olvido?&rdquo;&nbsp;</p>
<p>Existe en Conde una l&iacute;rica de ciudad abandonada, millones de a&ntilde;os de fantasmas y polvo, discuten las razas humanas, las antiguas y las primigenias, volver a la ceremonia: &ldquo;Qui&eacute;n se preocupa por los muertos / en esta tradici&oacute;n de sepulturas&rdquo;. Ciudad, creencias, cicatrices. Flores que se elevan, se abren paso entre el alquitr&aacute;n y la ceniza del suelo, sepultura de la hierba. El poeta asfixiado: &ldquo;se derrumba el lenguaje / la t&iacute;mida sentencia de los ciegos&rdquo;. Volvemos al apetito atrasado: &ldquo;Tristeza por una memoria / que pasar&aacute; hambre&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>En esos mismos rituales a los que el poeta somete la realidad, su discurso: &ldquo;Alguien arranc&oacute; los huesos de la sombra / y escuch&oacute; la canci&oacute;n de los flautistas&rdquo;. La descripci&oacute;n, el detalle, tiene m&aacute;s bien naturaleza de hechicer&iacute;a: &ldquo;El sol tr&aacute;gico /, evite reflejarse en las cenizas&rdquo;. Se alejan las musas y la naturaleza se realiza, demuestra que parte del oficio del poeta es la contemplaci&oacute;n: &ldquo;Has alzado el vuelo / los &uacute;ltimos reflejos de la tarde&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Y alcanza la segunda parte, &ldquo;Nuestra tristeza&rdquo;, con cita de Vladimir Holan, otro oficio, otro lugar, la inspecci&oacute;n del poeta: &ldquo;Y buscas la lengua enterrada / la huella del &uacute;ltimo grito / porque es posible su desaparici&oacute;n&rdquo;. Y ve llegar la muerte, une especie de muerte, entre todas, una por cada poeta, por cada poeta: &ldquo;La noche se aloja en mis ojos, /una especie de muerte".&nbsp;</p>
<p>Volvemos a las ruinas, a las ciudades, muros de dolor, el silencio por la voz quebrada, &iquest;y la autoridad? Un dios (en min&uacute;sculas), desnudo, mudo, buscando huesos, alimento, mendigando la ausencia de rezos. El camino, otra vez, es parte del poema, como en verso: &ldquo;Las ra&iacute;ces hieren de caminos el silencio&rdquo;. Construyen un paganismo l&iacute;rico: &ldquo;Una ceremonia desconocida / cuando cese la palabra / desaparecer&aacute; / como los muertos&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>La batalla, la paz, la convivencia de la voz con el silencio. Loa del destino, las transformaciones, el erudito narrador de la muerte: &ldquo;La idea de la muerte desaparece / ante la muerte&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>La tercera parte, &ldquo;Esta escritura&rdquo;, donde dios y el poeta conviven, acude el silencio: &ldquo;tu voz desaparece&rdquo; y el vac&iacute;o es un hogar c&aacute;lido para la luz. Recibe y ofrece memoria: &ldquo;La sed de los muertos / se ha conservado/en las ciudades&rdquo;, &iquest;y tu dios? &iquest;Qui&eacute;n lo necesita? El mito despierta aqu&iacute;, el poeta anuncia: &ldquo;Yo soy el cielo que yace, la &iacute;ntima derrota de los dioses&rdquo; y sigue, desde la garganta hasta la tinta: &ldquo;Un himno sordo / el dios que desaparece&rdquo;. Y entonces, el poeta, David Conde Vitalla, se acerca, avisado, con la mano, la otra mano, puede que sea &eacute;l, puede que sean otros, pero all&iacute; quedar&aacute;n, muerte y dios: &ldquo;Alguien vendr&aacute; y recoger&aacute; estas manos fr&iacute;as&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>David Conde Vitalla, <em>Esta hiriente luz</em>, Zaragoza, PUZ, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 17 Jul 2025 08:49:02 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una pasión por el recuerdo, un catálogo de instantes]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-pasion-por-el-recuerdo-un-catalogo-de-instantes/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/JES_S_MARCHAMALO_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>La vida imaginada</em> de Jes&uacute;s Marchamalo es un regalo. Del autor para nosotros, del autor para s&iacute; mismo. Comunicador, coleccionista, conversador, Jes&uacute;s Marchamalo lee como que quien captura el recuerdo, con avidez y cari&ntilde;o. Del mismo modo, escribe, como si quisiera atrapar en las p&aacute;ginas de este dietario, mixto e h&iacute;brido, algunos de los hitos m&aacute;s importantes de su larga trayectoria acompa&ntilde;ando la cultura espa&ntilde;ola del siglo pasado y de este.&nbsp;</p>
<p>Jes&uacute;s Marchamalo (Madrid, 1960) ama a los escritores tanto o m&aacute;s que sus obras, porque, al final, las obras son consecuencias de sus autores. Con <em>Retrato de Baroja con abrigo</em> (N&oacute;rdica, 2013), <em>El bolso de Blixen</em> (N&oacute;rdica, 2016), <em>Pessoa, gafas y pajarita</em> (N&oacute;rdica, 2017) o <em>Kafka con sombrero</em> (N&oacute;rdica, 2014), uno puede encontrar pistas sobre esa pasi&oacute;n que encuentra un cap&iacute;tulo m&aacute;s en su reciente <em>Dickinson y las violetas</em>, tambi&eacute;n editado por N&oacute;rdica.&nbsp;</p>
<p>Igualmente recomendables son otras obras menos conocidas como <em>Tocar los libros</em>, editado por F&oacute;rcola, o <em>39 escritores y medio</em>, con ilustraciones del pintor Dami&aacute;n Flores (Siruela, 2006). Con manos que unen piezas, con collages que dan fondo de revista, de peri&oacute;dico apilado en librer&iacute;a de lance, al fondo, los textos emergen con la pasi&oacute;n de los recuerdos que uno quiere atrapar antes de que la memoria traicionera se los lleve para siempre. Habla Jes&uacute;s Marchamalo de la m&iacute;tica &ldquo;Biblioteca de los libros perdidos&rdquo;, construcci&oacute;n mental y pasional que te puede recordar a la vez a Jorge Luis Borges (y su c&iacute;rculo porte&ntilde;o de ilusionistas) y el <em>Sandman</em> de Neil Gaiman, icono pop de los a&ntilde;os de reescribir la tradici&oacute;n a trav&eacute;s de las vi&ntilde;etas.&nbsp;</p>
<p>Acumulaci&oacute;n, revisi&oacute;n, la elecci&oacute;n: mejores ediciones, las baratas, las de mano, antiguas, de playa y piscina, de construcci&oacute;n de una vida como lector. Esas ediciones de las que habla Marchamalo, las que adquieres con poco dinero y menos barba, son los ladrillos fundamentales sobre los que se va a construir una estructura de pasiones y religiosidad literaria. Las bibliotecas, los libros, los escritores, sobre todo los lectores: en sus casas (o locales, pisos, habitaciones, espacios de alta densidad editorial), se produce una metamorfosis que tiene algo de plaga: todos los habit&aacute;culos responden a la llamada de Julio Cort&aacute;zar, una casa tomada por el mismo esp&iacute;ritu que recorre la de Jos&eacute; Luis Melero o Joaqu&iacute;n Sabina, de Enrique Cebri&aacute;n o Luis Rabanaque (la de Fernando Sanmart&iacute;n e Ignacio Escu&iacute;n, tambi&eacute;n, sospecho). &iquest;Qu&eacute; libro fue el que provoc&oacute; un salto cualitativo en ti?&nbsp;</p>
<p>Es <em>La vida imaginaria</em> de Jes&uacute;s Marchamalo un volumen que, m&aacute;s all&aacute; de las nutritivas an&eacute;cdotas o la pasi&oacute;n que lixivian sus p&aacute;ginas, nos propone una serie de preguntas, de cuestiones, de las que no podemos escapar: yo contesto, en esta rese&ntilde;a, sin verg&uuml;enza, ya disculpar&aacute;n. Quiz&aacute; comenzamos con <em>Mortal y rosa</em> de Francisco Umbral. Seguro. Tambi&eacute;n, perdonen la exquisitez, porque no estoy seguro de que me crean, <em>A puerta cerrada </em>de Jean Paul Sartre, y <em>Fando y Lis</em> de Fernando Arrabal. Era, digamos, mediados de los noventa. Y s&iacute;, era teatro. Unos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, cuando estaba obsesionado con Buenos Aires, le&iacute; la novela mayor del mayor entre los argentinos contempor&aacute;neos, <em>Mantra</em> de Rodrigo Fres&aacute;n, mientras volaba de Madrid a Ezeiza. La novela definitiva sobre Ciudad de M&eacute;xico. O <em>El cielo</em> de Manuel Vilas. Una y otra vez, imitando su ritmo, busc&aacute;ndole por Zaragoza como una presencia para luego verlo desaparecer, como si nunca te hubiera visto, como si nunca lo hubieras conocido.&nbsp;</p>
<p>A Jes&uacute;s Marchamalo las rese&ntilde;as deber&iacute;an ser un compendio de respuestas a todas las preguntas que te propone en su libro. Yo aqu&iacute; lo hago. Me faltaba, claro, <em>Dibujos animados</em> de F&eacute;lix Romeo. Lo le&iacute; antes de conocer a F&eacute;lix, antes de saber que &eacute;l iba a completar mi ciudad, mis canciones, la vida que quer&iacute;a vivir.&nbsp;</p>
<p>Di la verdad, que no se te olvide: los que nacimos a finales de los setenta nos alimentamos de Ray Loriga. No fueron <em>H&eacute;roes</em> o <em>Ca&iacute;dos del cielo</em> sus mejores novelas, pero, est&aacute; claro, que s&iacute; las m&aacute;s medi&aacute;ticas, cuanto todav&iacute;a los escritores sal&iacute;an en televisi&oacute;n, ofreciendo actitud y beligerancia ante la planicie social.&nbsp;</p>
<p>Mi madre ten&iacute;a una monta&ntilde;a de tebeos, &ldquo;Superl&oacute;pez&rdquo;, &ldquo;Mortadelo y Filem&oacute;n&rdquo; o &ldquo;Sir Tim O&rsquo;Theo&rdquo; que guardaba en un armario y solo sacaba cuando me asolaban las fiebres de las anginas. Semanas de antibi&oacute;ticos y sobres de polvos, el sonido de la cucharilla cuando tocaba bajar la temperatura y crecer unos cent&iacute;metros. Esas vi&ntilde;etas le&iacute;das, muy poco, que ten&iacute;a reservadas para hacer m&aacute;s amable el tr&aacute;nsito de los d&iacute;as. Lectores de cama y enfermedad, lectores atrapados por Julio Verne. Verne el misterioso, una experiencia completa: no hay que llamarlo Julio, es Jules como muy bien nos ha ense&ntilde;ado el poeta David Mayor. Has le&iacute;do sus adaptaciones, ilustradas, resumidas, incluso en seriales radiof&oacute;nicos los domingos de madrugada con guion de Juan Jos&eacute; Plans, has vuelto a &eacute;l una y otra vez en las vi&ntilde;etas de &ldquo;Superl&oacute;pez&rdquo; y su <em>Viaje al centro de la tierra</em>. O, en el n&uacute;mero 6 de Planetary, la odisea pop de Warren Ellis y aquel <em>El Club del Ca&ntilde;&oacute;n</em>. Despu&eacute;s te acercas a la obra de Jules Verne y descubres una densidad literaria, una capacidad descriptiva, una manera de horadar la fantas&iacute;a pr&aacute;cticamente desde su habitaci&oacute;n&hellip; Un libro completo, una vida entera, capaz de mantener el misterio insondable en tiempos en los que todo parece explorado.&nbsp;</p>
<p>Jes&uacute;s Marchamalo habla, escribe, vive en trenes. Una maleta amarilla, un viaje, dos, siempre. Entrevista y una sonrisa, una sonrisa de ni&ntilde;o, con su tebeo bajo el brazo, en la rebeld&iacute;a &uacute;ltima del que sigue llamando <em>La masa</em> a Hulk. Un hombre de V&eacute;rtice y Novaro. Yo, que llegue a la licra con F&oacute;rum, respeto a los que abrieron el camino. Bruno D&iacute;az, Dan Defensor, el guas&oacute;n en Ciudad G&oacute;tica. Y es que Marchamalo encapsula sus recuerdos, sus pasiones, sus anhelos. Y lo hace en un anecdotario pleno de amistades y cari&ntilde;os. La vida de los libros, un sintagma que &eacute;l mismo sabe que es pr&aacute;cticamente propiedad de Jos&eacute; Luis Melero: &laquo;Porque las bibliotecas son tambi&eacute;n un proyecto de lectura&raquo;. Me gustar&iacute;a, por cierto, que existiera una palabra, una expresi&oacute;n en espa&ntilde;ol, que diferenciara entre biblioteca p&uacute;blica y particular. La que sirve para formarse, estudiar, acceder a la primera pasi&oacute;n y la que acumula esas mismas pasiones de manera personal e intransferible, la que construyes so&ntilde;ando que la heredar&aacute; tu hijo, la que te tranquiliza tener limpia y ordenada y, en mi caso, saber que est&aacute; debajo de mi cama, justo en el local que tengo bajo el dormitorio. En este caso, literalmente, duermo sobre mi biblioteca. De libros, de tebeos, de discos y mu&ntilde;ecos. Todo lo que alimenta el esp&iacute;ritu y la ilusi&oacute;n, que es queroseno de la memoria. Una palabra, entre el anaquel ordenado y la estanter&iacute;a subjetiva. Desde aqu&iacute; lanzo la idea. &iquest;D&oacute;nde acabar&aacute;n los libros? Los libros de los amigos muertos, el peso de esos vol&uacute;menes en la casa de F&eacute;lix Romeo, aquel piso de Conde Aranda, agotado de las torretas, casi proyectos infantiles de fuertes, fuertes y castillos, alimento, de nuevo, de historias. Y la colecci&oacute;n de poes&iacute;a de Sergio Algora, con rarezas de Juan Eduardo Cirlot o Eugenio D&acute;Ors junto a singles imposibles de Los Brincos. Los amigos, antes esos recuerdos s&oacute;lidos, esos abrazos en diferido&hellip; Cuando uno tiene hijos, al menos, le queda una promesa de paz, una idea final. Tienes excusa para comprar y completar, para clasificar y rebuscar. Al final, lo importante, perm&iacute;tanme la broma, es tenerlo lo m&aacute;s ordenado posible para cuando ellos se quiten el muerto. El muerto vivo y el muerto libro. As&iacute; se consigue un mejor precio cuando llegue el trapero. Trapero o parca, todo sean recuerdos. Y este libro de Marchamalo est&aacute; lleno de ellos.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jes&uacute;s Marchamalo, <em>La vida imaginada</em>, Madrid, edici&oacute;n del autor, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 03 Jul 2025 07:58:24 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La voz de los sin voz]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-voz-de-los-sin-voz/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/ALFREDO_SALDA_A_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&ldquo;Alfredo Salda&ntilde;a es, como todos sus lectores saben muy bien, un escritor pol&iacute;tico, deliberadamente cr&iacute;tico e inc&oacute;modo&rdquo;, cuenta Nacho Escu&iacute;n, reflejando parte de una po&eacute;tica distinta a la convencional, pr&oacute;xima a la voz de los sin voz, de parte de ellos al menos, o con esa intenci&oacute;n, por decirlo, desde otros tiempos, con Claudio Gallastegui. Y, en efecto, su poes&iacute;a, ahora reunida en esta antolog&iacute;a necesaria (sus libros andaban inencontrables), se suma a la de esos escritores diferentes, no solo en sus textos, sino en su actitud ante la vida, pienso en Javier Garc&iacute;a o, con otras modulaciones m&aacute;s p&uacute;blicas, en Jorge Riechmann y Antonio M&eacute;ndez Rubio.</p>
<p>Alfredo Salda&ntilde;a asume esa voz de los despose&iacute;dos por alienados &mdash;sin ser un poeta pol&iacute;tico al estilo de &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez o narrativo (traumatizado por el asesinato del hermano, pobreza y Guerra Civil)&mdash;, sino por el propio v&eacute;rtigo y por esa extensi&oacute;n de quien mira solidariamente a los lados, pues esos lados son el mismo. Salda&ntilde;a viene marcado por actitud cr&iacute;tica y resistente contra la aceptaci&oacute;n del pensamiento &uacute;nico, de la democracia por la democracia subsumida en el voto cada cuatro a&ntilde;os, entre otras cosas, es decir, de las cosas por las cosas, desde el pensar de nuevo al otro, o replantearse el yo con su poes&iacute;a necesaria, nunca obtusa, abstrusa o, si me perdonan, pretenciosa en lo metaling&uuml;&iacute;stico. Y decir yo es decir ahondamiento, abisalidad, por contarlo con ese <em>Romper el l&iacute;mite. La poes&iacute;a de Roberto Juarroz</em> (2022), donde ha extendido y congraciado su poes&iacute;a desde esa otra dimensi&oacute;n distinta que ha estudiado, asumido en su verticalidad, pero tambi&eacute;n en su horizontalidad (donde se ha congraciado): &ldquo;escribir desde la soledad solidaria con los otros, escribir desde la desposesi&oacute;n y la distancia de uno mismo, /escribir desde la diferencia, desde la orilla, desde el otro lado&rdquo;.</p>
<p>Ya hemos dicho que no es un poeta al uso, sino adentrado y resistente, o resistente desde el adentramiento, sin molinismos, sin Miguel de Molinos, para que se entienda, o sin Edmond Jab&egrave;s, pues no es un herm&eacute;tico, ni m&iacute;stico, pero s&iacute; un ag&oacute;nico con sentido de la historia y de la posmodernidad. El propio hecho de su verso se propone porque &ldquo;El poema entonces quiere &uacute;nicamente /sanar la herida de una existencia disociada de su voz&rdquo;, o hablar desde el yo y su circunstancia, con empat&iacute;a, en el adentramiento de lo sufrido y visto padecer en otros en la historia; no es solo el yo, sino el yo-otro con la resistencia cr&iacute;tica de lo pensado en su identidad o correspondencia. Y as&iacute; el tautograma en la <em>Amargura P&uacute;rpura de los Infelices</em> frente al <em>Aloe Purpurea Laevis</em>.</p>
<p>&ldquo;Es un tiempo de decir, de conocer&rdquo;, canta Alfredo Salda&ntilde;a, y romper la mala pedagog&iacute;a de una &ldquo;educaci&oacute;n torcida y lamentable&rdquo;, rememora. A veces ese (esos) poema(s) en crisis, hecho(s) de la herida, se hunden hacia la evaporizaci&oacute;n del yo, cant&oacute; Baudelaire en sus <em>Cohetes</em> y <em>Mi coraz&oacute;n al desnudo</em>. Lo muestra en el emocionante <em>Argumento</em> o adentramiento, cuando se encuentra en el anticipo de la &uacute;ltima vuelta del camino y se piensa, sospecha y canta con un estupendo poema (muy duro), <em>La traici&oacute;n del lenguaje</em>, para asustarnos un poco, porque su poes&iacute;a, de tanto pensarse y mirar la voz del sometido, de lo sometido, se ha hecho tr&aacute;gica y ha sorteado la sensorialidad. Su po&eacute;tica es un mensaje ag&oacute;nico, olvidado el escapulario o sortilegio, resistencia cr&iacute;tica o decirse por el desmoronamiento de las &ldquo;palabras gastadas por el tiempo&rdquo;, el grito para salir de ello o por lo menos contarlo, curarse de ser. Sanar la herida es decirse, aunque no sea sanarse, y por eso llega esta estupenda antolog&iacute;a donde se han le&iacute;do bien sus versos, para quien guste paladear los complejos vericuetos del hombre desde el goce lacaniano del dolor como placer, eros y muerte, placer doloroso. Y donde <em>Abandono</em> muestra el juego entre llegar e irse, con la herida de quien se resiste, ah&iacute; est&aacute; la verdad del poema y de su poes&iacute;a en este momento de la vida inaceptable, su tragedia y parte de su po&eacute;tica, ese llegar a ser, y llegar a ser en la belleza, para desaparecer. Y si no me creen, lean, por favor, <em>Lamento por los vencidos</em>; y si a&uacute;n tienen tiempo y capacidad para soportar el dolor que algunos no quieren ver (otra parte de su po&eacute;tica), vayan a <em>Fosa com&uacute;n</em>, porque la poes&iacute;a de Salda&ntilde;a rezuma ese compromiso y verosimilitud de los eleg&iacute;acos aut&eacute;nticos, sea por el yo, sea por el otro, desde la responsabilidad de decir, pero tambi&eacute;n del saber decir o decirse en una fuerte simbiosis con que interrogar al lector: &ldquo;preguntas que uno debe no plantearse si lo que desea es dormir tranquilo&rdquo;. Errancia, lenguaje, laberinto, &ldquo;desheredados de la tierra&rdquo;, denuncia de los &ldquo;sicarios de los manos limpias&rdquo;, contra los que alza la &ldquo;insumisi&oacute;n: poes&iacute;a&rdquo;, el grito del yo desheredado o de los desheredados. Y es que, entre la autognosis y la reivindicaci&oacute;n, entre la reflexi&oacute;n y la insoportable levedad del ser, resulta que Salda&ntilde;a, m&aacute;s all&aacute; de su inconformismo (o por ello) es un buen poeta en crisis y cr&iacute;tico, necesario, necesitado de esta antolog&iacute;a, pues sus lectores nos perd&iacute;amos o no lo encontr&aacute;bamos en su dispersi&oacute;n, hasta hoy. Ahora s&iacute;, gracias a este cultivo intensivo de sus mejores poemas podemos estar seguros de no habernos equivocado en el elogio, aunque nos duelan y sea doloroso atender a su dolor, el nuestro, el de otros. Por ah&iacute; anda para demostrarlo &ldquo;en la espesura del bosque&rdquo; o poco m&aacute;s all&aacute; ese &ldquo;mundo dentro&rdquo;, adentrado, lugar que se extiende hasta el atormentado v&eacute;rtigo del vac&iacute;o en su precipicio dram&aacute;tico de quien (se) ha sentido mucho &ldquo;sin estrategia&rdquo;, en su &ldquo;excavar&rdquo; y &ldquo;excavarse&rdquo;. O, si gustan, entre el ser, el decir, decirse en el espejismo propio y de los otros, disolverse, con una poes&iacute;a que esta antolog&iacute;a ha hecho posible. Mostrado en su dimensi&oacute;n y, al fin, convencernos de que Alfredo Salda&ntilde;a no es un profesor que en sus ocios deja caer versos, sino un poeta que as&iacute; puede llamarse.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alfredo Salda&ntilde;a, <em>Sanar la herida</em>. <em>Poes&iacute;a 1983-2025</em>, Madrid, Huerga &amp; Fierro, 2025.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 03 Jul 2025 07:30:54 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ferrer Lerín, las partes y el todo ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/ferrer-lerin-las-partes-y-el-todo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/FRANCISCO_FERRER_LER_N_4_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Si Warhol cogiera su rostro y lo multiplicase, en cada cuadr&iacute;cula saldr&iacute;a distinto. Cada una ser&iacute;a un fotograma. El relato en la era de la reproducibilidad t&eacute;cnica podr&iacute;a preocupar a Benjamin, pero no a nuestro autor. &ldquo;Parece que Adorno y Benjam&iacute;n no inclu&iacute;an la ducha en el proceso. En mi caso es fundamental pasar por el cuarto de ba&ntilde;o, no imagino el desayuno sin haberme duchado -esa cosa horrible del desayuno en la cama que algunos venden como el colmo del placer y la sofisticaci&oacute;n-&rdquo;. Responde Ferrer Ler&iacute;n a Gustavo Puerta, para la revista <em>Dossier</em>. &ldquo;La hora y pico empleada en asearme y desayunar no es tiempo para que se borre el recuerdo del sue&ntilde;o, al menos a d&iacute;a de hoy en que el fantasma de la p&eacute;rdida de la memoria inmediata a&uacute;n no ha aparecido&rdquo;. Despu&eacute;s, Ler&iacute;n plasma el sue&ntilde;o tal cual, en su forma original, que a menudo coincide con su forma de escribir: relato breve, de frases cortas y m&iacute;nimos aditamentos. Parece que la ducha borra su rostro del d&iacute;a pasado, difumina alg&uacute;n rasgo y cambia alguna arruga de la cara. El aseo forma parte de su t&eacute;cnica literaria. El que la obra sea reproducible, y que sirva lo mismo para un ensayo que para un informe o un libro de relatos u otro de poes&iacute;a, no implica p&eacute;rdida de singularidad. Aumenta su inter&eacute;s porque el marco interpretativo impone el sentido de la lectura. El arte no desaparece. Se multiplica. Y avanza hacia el abstracto, que es hacia donde el arte tiende desde la aparici&oacute;n de la fotograf&iacute;a. Ler&iacute;n saca instant&aacute;neas de escenas de su vida vivida o de su vida imaginada. Su biograf&iacute;a le suministra elementos que, transformados, se convierten, primero, en literatura, y luego en su verdadera y final biograf&iacute;a. La pureza de Ler&iacute;n es una suma de corrupciones. Sus textos son m&aacute;s puros cuanto m&aacute;s se rozan con otros.</p>
<p>En el cine es f&aacute;cil entender que una imagen significa en contacto con la siguiente. Dependiendo del montaje var&iacute;a su significado. A la lectura afecta tambi&eacute;n la capa del sonido, que est&aacute; en el cine lo mismo que en la poes&iacute;a. Cojamos el principio de <em>El apartamento</em>, de Wilder. &ldquo;A fecha de uno de noviembre de mil novecientos cincuenta y nueve, la poblaci&oacute;n de Nueva York es de ocho millones cuarenta y dos mil setecientos ochenta y tres habitantes. Conozco estos datos porque trabajo en una compa&ntilde;&iacute;a de seguros, Consolidated Life&rdquo;. Habla C. C Baxter. De seguido, informa de que lleva en ella tres a&ntilde;os y diez meses, y de que cobra noventa y cuatro d&oacute;lares con setenta semanales. Es un principio muy Ferrer Ler&iacute;n, dicho sea. &ldquo;Quiz&aacute; Saint-John Perse sea el poeta que m&aacute;s me ha influido; en especial su llamada <em>poes&iacute;a del inventario</em>. Adem&aacute;s de informes, soy un fan&aacute;tico de las cuentas, de las anotaciones contables, y estas, adem&aacute;s de ser la s&iacute;ntesis del informe, son, por su estructura, pulidos versos&rdquo;. Esto lo confiesa en &lsquo;Listas&rsquo;, rastreable en los <em>Casos Completos</em>, pero cuyo origen est&aacute; en un diccionario confeccionado para <em>Caminos de Pakist&aacute;n</em>. Ah&iacute; vemos el comportamiento del texto multiespacial. En <em>Papur</em>, el libro que nos ocupa, nos ofrece, por ejemplo, el balance de una operaci&oacute;n consistente en la captura y eliminaci&oacute;n de perros vagabundos: &ldquo;total de perros capturados: 112; total de perros recuperados: 18; total de perros sacrificados: 81&rdquo;. Unas p&aacute;ginas m&aacute;s adelante, lamentar&aacute; la escasa informaci&oacute;n existente sobre la ingesta de carne humana a cargo de aves, en las provincias de L&eacute;rida y Huesca. Pero referir&aacute; una &ldquo;tranquila conversaci&oacute;n&rdquo; con un vaquero de setenta a&ntilde;os en la glera del r&iacute;o Arag&oacute;n. &Eacute;ste le ha contado las variaciones que ha sufrido el procedimiento para la eliminaci&oacute;n de la carro&ntilde;a &ldquo;seg&uacute;n las modas sanitarias&rdquo; y recuerda que, a mediados de los cincuenta, un grupo de gitanos se acercaron al pueblo para preguntar si se hab&iacute;a enterrado recientemente alg&uacute;n animal. Puntos suspensivos.</p>
<p>Volvamos a <em>El apartamento</em>. Demos <em>play</em>, apaguemos el sonido -esa m&uacute;sica de viento animada, &lsquo;Office workers&rsquo;, de Adolph Deutsch-, y pongamos en el m&oacute;vil, qu&eacute; s&eacute; yo, una de Cole Porter al azar. O no salgamos de la banda sonora de la pel&iacute;cula: intercambiemos la pieza inicial, &lsquo;Office workers&rsquo; por otra que sonar&aacute; m&aacute;s tarde: la acogedora &lsquo;Lonely room&rsquo;. No le sienta bien ni mal: el discurso cambia. O metamos &lsquo;Office workers&rsquo; en una de Hitchcock. Cuando Ler&iacute;n elige un relato para formar parte de libros distintos lo que hace es favorecer la expansi&oacute;n del significado, pero, sobre todo, del sentimiento, o sea, de la sensaci&oacute;n, que es el n&uacute;cleo art&iacute;stico, y lo que en &eacute;l permea constantemente, ya que, sobre todo, es poeta. Poeta mayor. Ler&iacute;n trata sus textos como si fueran unidades de medida. Con ellas captura el pulso del tiempo. En estas consideraciones, a pesar de decir que es, sobre todo poeta, dejo fuera la poes&iacute;a, aunque tambi&eacute;n sus poemas caben en mitad de un libro <em>narrativo</em>.</p>
<p>Ferrer Ler&iacute;n trata sus textos cual artista pl&aacute;stico y sus acciones, como un texto dram&aacute;tico. Sus libros en prosa son portafolios: <em>Besos humanos</em>, <em>Gingival</em>, <em>Mansa chatarra</em>, <em>Casos completos</em>, <em>Cuaderno de campo</em>&hellip; hasta su novela <em>Familias como la m&iacute;a</em> parece una compilaci&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; lugar ocupa <em>Papur</em> en su obra? Posiblemente es el libro m&aacute;s distinto y, al mismo tiempo, m&aacute;s unitario o el libro hecho con despojos que da m&aacute;s impresi&oacute;n de un todo coherente. Llama la atenci&oacute;n que a esta idea contribuya de manera significativa la inclusi&oacute;n, al t&eacute;rmino, de <em>Die rabe</em>. <em>Die rabe</em> es otro libro, y consta de tres guiones. Los dos primeros, b&aacute;sicamente, indicaciones t&eacute;cnicas: &ldquo;primer plano del rostro de Ler&iacute;n con los ojos abiertos, pero como si volviera de un sue&ntilde;o&rdquo;. Cine mudo. Todo, imagen. <em>Die rabe</em> es un filme &ldquo;de rastreo, de cruzada, que se inicia, antes de cr&eacute;ditos, con escenas del propio rodaje&rdquo;. O sea, una pel&iacute;cula-libro. S&oacute;lo filmable parcialmente. Parece escrito para ser le&iacute;do. Tiene que ser el lector el que torne la palabra en imagen, y la ponga en movimiento; el que active, en su cabeza, la proyecci&oacute;n. En la edici&oacute;n de 2008, en la editorial Eclipsados, esta parte estrictamente cinematogr&aacute;fica yace impresa sobre papel gris. Ello otorga a la lectura un car&aacute;cter experimental, como on&iacute;rico. En 2022, en el sello D&iacute;as Contados, la p&aacute;gina es blanca. Hay m&aacute;s continuidad con lo anterior. Esta entrega, tambi&eacute;n de portada blanca, se lee mejor de corrido, parece hecha para llevar por la calle o abrir en la barra de un bar. Las p&aacute;ginas se pasan con m&aacute;s despreocupaci&oacute;n. La versi&oacute;n precedente aconseja ser le&iacute;da en casa, preferiblemente en butaca o en silla con reposabrazos, y una l&aacute;mpara de pantalla al lado. Ambas ediciones se pueden subrayar y anotar. El texto en ambas, siendo el mismo, se recibe de forma parecida. No recuerdo qui&eacute;n dijo que un libro, en edici&oacute;n distinta, significa cosas distintas, pero ten&iacute;a raz&oacute;n.</p>
<p>En la edici&oacute;n de 2008, el t&iacute;tulo de Ler&iacute;n forma parte de una colecci&oacute;n que aglutina a &Aacute;ngel Petisme, a Ram&oacute;n Eder, a Antonio Orihuela&hellip;&nbsp; en la de 2022, convive con Juan Jos&eacute; Saer, Miguel de Molinos y, fuera de esa colecci&oacute;n pero en el mismo sello, con los <em>Relatos de Kolim&aacute;</em> y libros de Marcel Proust, Julian Gracq, Michel Lafon, Charles Baudelaire, Gon&ccedil;alo M. Tavares y Jorge Amado. Ignoramos la tirada de 2008; sospechamos que no fue muy amplia. En todo caso, agotada desde el inicio. Sabemos que fue impresa en los talleres gr&aacute;ficos VACA. En 2022, se nos informa de que la edici&oacute;n nueva consta de cuatrocientos ejemplares. Uno posee el 139. Todas estas cosas modifican la experiencia lectora. El libro, en su primera edici&oacute;n, parte de un proemio, al que, se antepone en 2022 un prefacio del propio autor, fechado en la primavera de 2021, en Jaca. Al t&eacute;rmino de la segunda encontramos un texto final de F&eacute;lix de Az&uacute;a m&aacute;s una nota. Llama la atenci&oacute;n que el libro de 2008, teniendo cien p&aacute;ginas menos y una letra m&aacute;s apretada, sea m&aacute;s voluminoso. La respuesta est&aacute; en el gramaje. Puede cogerse de la estanter&iacute;a simplemente para tocar su cubierta acartonada. Los dos, sin embargo, pesan parecido. Los dos est&aacute;n cosidos. Mientras <em>Papur-2008</em> parece un cat&aacute;logo o un manual, <em>Papur-2022</em> parece una agenda optimista.</p>
<p>Los textos de Ferrer Ler&iacute;n, considerados uno a uno, desgajados del conjunto, parece que s&oacute;lo se acaban despu&eacute;s de haber sido publicados unas cuantas veces en libro distinto. Ah&iacute; es cuando alcanzan la redondez, tras explorar sus posibilidades. &ldquo;A lo mejor lo que describo en &lsquo;Bibliofilia 5&rsquo; ser&iacute;a la soluci&oacute;n, redactar un texto definitivo&hellip; y descansar&rdquo;, dijo en una entrevista. Pues cojamos &lsquo;Bibliofilia 5&rsquo;. En <em>Ciudad propia. Poes&iacute;a autorizada </em>(2006) se presenta como un poema nov&iacute;simo. El 16 de febrero de 2008, volcado en su <em>blog</em>, aparece como una entrada de enciclopedia o p&aacute;rrafo de prospecto. El 10 de mayo del mismo a&ntilde;o entra en imprenta <em>Papur-2008</em>. Ah&iacute;, &lsquo;Bibliofilia 5&rsquo; presenta una imagen compacta, ancha, como de hormig&oacute;n. En <em>Besos humanos</em> (2018) tambi&eacute;n sale; esta vez toma algo de la editorial en que sale, adoptando un &lsquo;estilo Anagrama&rsquo;. Parece que la reflexi&oacute;n podr&iacute;an compartirla Vila-Matas o a Roberto Bola&ntilde;o. En 2022, <em>Papur</em> alcanza su &uacute;ltima <em>encarnadura</em>: una imagen vertical, como de El Greco. Es un relato, aqu&iacute;, ascensional. Tales condicionantes f&iacute;sicos van modificando la recepci&oacute;n, expandi&eacute;ndola. Y luego habr&iacute;a que acudir al orden que ocupa en cada referencia.</p>
<p>En Ler&iacute;n, el fragmento se enfrenta a la unidad, favoreci&eacute;ndola, siendo, al final, lo mismo. O sea: a trav&eacute;s del fragmento, Ler&iacute;n consigue la unidad. Mediante la dispersi&oacute;n del pensamiento logra el sistema filos&oacute;fico; mediante la mancha, la figura. La p&aacute;gina maestra, aquella que pueda ser incluida en cualquier libro, haciendo que mejore. La p&aacute;gina maestra como una pared que sostiene el edificio. &lsquo;Bibliofilia 5&rsquo; es una muestra. Por m&aacute;s que le des la vuelta, el texto es el mismo. Parece aquello del cuadro de Mondrian titulado &lsquo;Ciudad de Nueva York, I&rsquo;, m&aacute;s de setenta y cinco a&ntilde;os colgado al rev&eacute;s. Nadie se percat&oacute; porque era perfectamente posible esa disposici&oacute;n. El error es tantas veces veros&iacute;mil. En un cuadro de Vel&aacute;zquez no, pero a partir del siglo XX la pintura ha cedido toda rigidez hasta amparar el error. &ldquo;A veces un error mejora la obra&rdquo;, dice Gonzalo Garc&iacute;a-Pelayo. &iquest;Es mejor o peor la forma en que hemos visto, hasta ahora, el cuadro de Mondrian? Cada vez que acudo a la galer&iacute;a Javier Silva, en Valladolid, fantaseo con quedarme un rato mirando una tapa m&iacute;nima que hay al lado de una pared contigua a la puerta. Supongo que oculta el cuadro el&eacute;ctrico, los plomos. Pero es un rect&aacute;ngulo sin apenas relieve, con unas hechuras de cuadro. Despu&eacute;s de tanta pintura, no digamos de Mal&eacute;vich, un cuadro en blanco es encantador. Puede que sea repetitivo, pero la repetici&oacute;n es posible, y a veces hasta deseable. No se lo he dicho a Javier Silva, pero en ocasiones esa tapa que tiene ah&iacute;, como un cuadro secreto, me gusta m&aacute;s que la exposici&oacute;n temporal de turno, no digamos si es conceptual. Siempre echo un ojo a escondidas a esta tapa. Lo mejor, o lo m&aacute;s ir&oacute;nico, es que, a pesar del descubrimiento sobre la obra de Mondrian, se ha seguido mostrando del rev&eacute;s. Dicen que para evitar que se da&ntilde;e. Los cambios, como los experimentos, con gaseosa. Cuando no es as&iacute;, te rebautizan <em>La metamorfosis</em> por <em>La transformaci&oacute;n</em>. Y te resignifican la memoria. Todo cambio, en realidad, es un experimento. La comisaria Susanne Meyer-B&uuml;ser, la misma persona que se percat&oacute; del error, fue la que anim&oacute; a perseverar en &eacute;l, inventando, supongo, la excusa de que el cuadro podr&iacute;a &ldquo;desintegrarse&rdquo; si se cuelga ahora del lado correcto. &iexcl;Magn&iacute;fico! [Prefiero, por cierto, <em>comisaria</em> a <em>curadora</em>, otro cambio sin pensar demasiado.] El tiempo se ha salido con la suya. Parece un veredicto del Derecho. La costumbre imponi&eacute;ndose, corrigi&eacute;ndose, contradiciendo al propio autor. Mondrian estaba equivocado. Como mucho, se me ocurre, podr&iacute;an poner en D&uuml;sseldorf una copia al lado, con la versi&oacute;n que el autor quiso. Quiz&aacute; todos los cuadros modernos debieran tener copias alrededor, con posiciones alternativas. &ldquo;Yo nac&iacute;, o eso me han dicho&rdquo;, reza el comienzo de <em>David Copperfield</em>. Damos por buenas demasiadas cosas que nos cuentan. Cuentan. Del verbo contar. Cuentos. &ldquo;Nos cuenta en &lsquo;Bibliofilia 5&rsquo; -Joaqu&iacute;n Fabrellas, en el blog Vallejo&amp;Co.- que el gran profesor Solapas sue&ntilde;a con su obra perfecta y continua, una obra que nunca se acaba, est&aacute; ideando la p&aacute;gina perfecta, que pueda incluirse e intercambiarse en toda su obra, de tal forma que se pueda extrapolar y poner en cualquier otro libro suyo o de otros autores; el modelo literario perfecto, el ideal de la literatura que nunca envejece y que todo el mundo entender&iacute;a. Recursividad y autorreferencialidad. Eso mismo es lo que le suceder&aacute; a la obra de FFL: leyendo uno de sus &uacute;ltimos libros, se podr&aacute;n leer sus primeros trabajos, debido a todas las interacciones realizadas a lo largo de su carrera literaria que &eacute;l mismo promueve creando una red de tuber&iacute;as que hacen referencia a su propia obra y a s&iacute; mismo, perdiendo el referente y el contenedor/contenido (significante y significado cuando muta de g&eacute;nero), que cambian tambi&eacute;n a cada paso que se da del mismo texto en una nueva publicaci&oacute;n, trazando adem&aacute;s un nuevo camino aut&oacute;nomo&rdquo;.</p>
<p>Ferrer Ler&iacute;n es una de las escrituras m&aacute;s genuinas de la literatura en espa&ntilde;ol y <em>Papur</em> sobresale dentro de su bibliograf&iacute;a. Ler&iacute;n y <em>Papur</em> ense&ntilde;an a leer, imponiendo libertad a ese acto creativo. <em>Papur</em> es un libro a leer casi al vuelo, como una se&ntilde;al de tr&aacute;fico. En cualquier momento del d&iacute;a. So pena de perder la densidad filos&oacute;fica que contiene. <em>Papur</em> es una fiesta seria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Francisco Ferrer Ler&iacute;n. <em>Papur</em>, Barcelona, D&iacute;as Contados. 2022.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 23 Jun 2025 07:14:14 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carmen Crespo: desterro ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/carmen-crespo-desterro/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/CARMEN_CRESPO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="CM3">Para escribir esta rese&ntilde;a me guiar&eacute; por las impresiones que el libro ha despertado en m&iacute;. Se trata, por tanto, de una lectura personal que quiero compartir.</p>
<p class="CM3">La palabra que da t&iacute;tulo al poemario -&ldquo;desterro&rdquo;-me result&oacute; familiar cuando la le&iacute; por primera vez, de alg&uacute;n modo la entend&iacute;a, pero acud&iacute; al diccionario y ah&iacute; no estaba. Esta situaci&oacute;n de desamparo, unida a la voluntad de seguir leyendo, me oblig&oacute; a confiar en lo que el propio texto me sugiriera, sin necesidad de acudir a la literalidad de las palabras. Un parecido desconcierto se desencaden&oacute; cuando le&iacute; palabras que sab&iacute;a que ya hab&iacute;an sido codificadas, pero que agrupadas del modo en que lo hac&iacute;an en el interior del texto, perd&iacute;an su fijeza y desbordaban su significado can&oacute;nico.</p>
<p class="CM3">Quise entender que ese desbordamiento no supon&iacute;a deformidad, no afeaba su car&aacute;cter, e intu&iacute; que se trataba m&aacute;s bien de un ensanchamiento del vocablo, de un estado de crecimiento, o de una aut&eacute;ntica reconfiguraci&oacute;n creadora.</p>
<p class="CM3">Este juego de desplazamientos, en el que palabras &ldquo;irreales&rdquo; -entre comillas- toman carta de naturaleza y palabras reales se desnaturalizan, a&ntilde;adi&oacute; un punto de perplejidad a la lectura y proyect&oacute; en m&iacute; una sombra de sospecha sobre el propio lenguaje.</p>
<p class="CM3">Dice Deleuze que se puede escribir de dos modos. Que escribir consiste, o bien, en adecuarse a un c&oacute;digo de enunciados dominantes referidos a un orden de cosas establecidas, o bien, que escribir consiste en <em>devenir</em>.</p>
<p class="CM3">En la primera acepci&oacute;n el escritor ocupa un territorio, se asienta y toma posesi&oacute;n de &eacute;l, en ese territorio reina el escritor, y se rige por lo que dicta su escritura.</p>
<p class="CM3">En la segunda acepci&oacute;n, el escritor deviene algo distinto, habla como un extranjero en su propia lengua, tartamudea, se mueve por un lugar de perfiles cambiantes que no logra fijar con palabras precisas, busca, recorre el territorio y traza l&iacute;neas que no cercan su geograf&iacute;a, l&iacute;neas de fuga que le llevan m&aacute;s all&aacute;.</p>
<p class="CM3">La escritura en esta segunda acepci&oacute;n no representa un paisaje, no imita, la escritura, as&iacute; entendida, es un pasaje en el que sucede el encuentro del escritor con lo escrito; en una evoluci&oacute;n conjunta de dos seres completamente distintos, en la que el escritor proporciona escritura a los que no la tienen, y los que no la tienen impregnan al escritor de palabras no redundantes, palabras que no est&aacute;n al servicio del poder.</p>
<p class="CM3">&iquest;Por qu&eacute; este discurso de tono filos&oacute;fico en relaci&oacute;n con la escritura de Carmen Crespo?. La raz&oacute;n es simple, creo que con <em>desterro</em> estamos ante un claro ejemplo del escribir entendido como devenir.</p>
<p class="CM3">El libro se divide en tres secciones: &ldquo;morada&rdquo;, &ldquo;desterro&rdquo; y &ldquo;testimonio&rdquo;.</p>
<p class="CM3">La morada es el poema, y el poema es un lugar construido con palabras &iacute;ntimas, hecho con un lenguaje privado, un lenguaje que presta especial atenci&oacute;n a lo que puedan expresar las cosas mudas. El poema final reafirma esa voluntad de escucha atenta y el deseo de ofrecer un testimonio escrito.</p>
<p class="CM3">La palabra es la gran protagonista del poema, el personaje principal en el escenario del texto.</p>
<p class="CM3">Y en <em>desterro</em> la palabra se revela con v y se rebela con b; muestra su rebeld&iacute;a, no se resigna al aislamiento, vuelve del solitario destierro al territorio com&uacute;n, al marco de la normatividad y el consenso, quiz&aacute; con intenci&oacute;n de subvertirlos; y en ese retorno nos revela algo. Cargada de realidad la palabra horada en el lenguaje, y siembra en el hueco para que aflore lo no dicho.</p>
<p class="CM3">Un impulso recorre el libro, las ganas de hermanar lo de dentro y lo de fuera, y de hacerlo sin cesuras, sin pausas que entrecorten la voz. Es este un intento dif&iacute;cil, y la escritura lo acusa. El texto est&aacute; plagado de huecos, de espacios en blanco, de &ldquo;abismos de silencio&rdquo; en los que la palabra cae y muestra su insuficiencia, o en los que simplemente se detiene para tomar aliento y retomar con nuevo &iacute;mpetu el curso del lenguaje; &ldquo;abismos&rdquo; en los que, en otras ocasiones, la palabra titubea y cambia el rumbo, o en los que el sentido enmascarado en la palabra se asoma al sinsentido con angustia.</p>
<p class="CM3">A trav&eacute;s de esos &ldquo;abismos de silencio&rdquo; la escritura deviene, se enfrenta a paisajes sin lindes, transita el descampado, desamparada busca refugio, y al descubrir fragmentos con los que construir se demora, escucha y transcribe. La morada, el texto, se construyen de ese modo fragmentado.</p>
<p class="CM3"><em>desterro</em> es &eacute;xodo, una huida a latitudes a un tiempo extremas e &iacute;ntimas, y el yo que viaja es un extra&ntilde;o ante s&iacute; mismo. Ese ser ajeno a la identificaci&oacute;n habla desde una posici&oacute;n exc&eacute;ntrica; exc&eacute;ntrica respecto a la gu&iacute;a del ego, y respecto al eje de la gram&aacute;tica, la sintaxis, o la sem&aacute;ntica convencionales, da cabida al desvar&iacute;o para que irrumpa lo a&uacute;n no dicho de este modo.</p>
<p class="CM3">La palabra que surge entonces es una palabra &iacute;ntima, peque&ntilde;a, amada. Una palabra que silencia el ruido externo y el interno; un vocablo que apaga la palabrer&iacute;a p&uacute;blica y sus hip&eacute;rboles, o el farfulleo privado, ca&oacute;tico e incesante, que impide escuchar lo que sucede en el aqu&iacute; y ahora.</p>
<p class="CM3">Pero tambi&eacute;n es una palabra que se concede a s&iacute; misma equivocarse, porque no busca ser juzgada por el pensamiento, porque nace sin premeditaci&oacute;n, como puro desbocamiento de un cuerpo incontenible.</p>
<p class="CM3">El cuerpo participa en la creaci&oacute;n de lenguaje. Y en ocasiones es el engranaje conjunto del ojo y de la lengua, el mecanismo que maquina el poema. El cuerpo pr&oacute;fugo, es decir, el cuerpo que huye a trav&eacute;s de los sentidos retorna al cuerpo &iacute;ntimo como lenguaje.</p>
<p class="CM1">Y en ese encuentro de lo interno y lo externo la voz vierte un titubeo de palabras, emanadas con amor y volcadas con cuidado en el poema.</p>
<p class="CM3">Ah&iacute;, en el poema, en el cuerpo, permanece Carmen Crespo, vigilante, celando el interior, guiada por un impulso amoroso, el de desentra&ntilde;ar palabras y ofrec&eacute;rnoslas.</p>
<p class="CM2">Gracias Carmen por la ofrenda.</p>
<p class="CM2">&nbsp;</p>
<p class="CM2">Carmen Crespo, <em>desterro</em>, Valencia, Contrabando, 2024.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 23 Jun 2025 06:59:32 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un catálogo de inicios y finales]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-catalogo-de-inicios-y-finales/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/ALOMA_RODR_GUEZ_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Los lectores de Aloma Rodr&iacute;guez est&aacute;n acostumbrados a los g&eacute;neros h&iacute;bridos en su obra, <em>Puro glamour</em> (La Navaja Suiza, 2023) era una miscel&aacute;nea de relatos con brotes de autoficci&oacute;n, continuista con <em>Siempre quiero ser lo que no soy</em> (Milenio, 2021) donde se ensayaba la madurez, la maternidad y el oficio de escribir. Por el medio, en una primera edici&oacute;n de 2016 en Xordica y la reedici&oacute;n del pasado a&ntilde;o en La Navaja Suiza, <em>Los idiotas prefieren la monta&ntilde;a</em>, un relato sobre su relaci&oacute;n con el poeta y compositor Sergio Algora, un arrebato de juventud que supon&iacute;a un punto y aparte en su propuesta narrativa. De esa propuesta y de las distintas presentaciones del libro, convertido en una especie de proyecto multidisciplinar que inclu&iacute;a <em>spoken word,</em> m&uacute;sica en directo y un <em>work in progres</em>s donde se amalgamaban sus textos y los de Algora, surgieron algunos de los fragmentos que dieron lugar a <em>Una inesperada ilusi&oacute;n</em>, editado por Prensas Universitarias de Zaragoza dentro de su colecci&oacute;n de poes&iacute;a, &ldquo;La Gruta de las palabras&rdquo;. Y es que este libro en vez de huir de las etiquetas las contiene todas: listados, comienzos y finales, prosas y miscel&aacute;nea l&iacute;rica, amagos de guion, dietario y un fuerte efecto Georges Perec adoptado a los distintos universos literarios cu&aacute;nticos de la autora.&nbsp;</p>
<p>Existe un cierto placer extra, un disfrute cualitativo en la lectura si uno conoce los c&oacute;digos de la obra de Aloma Rodr&iacute;guez: desde su dedicaci&oacute;n a la prensa cultural, su manera de tratar el modelo disfuncional del escritor espa&ntilde;ol medio y su pasi&oacute;n por el mundo audiovisual e, incluso, el gusto por la canci&oacute;n ligera. Aloma Rodr&iacute;guez te lleva siempre a Aloma, sus cuentos, novelas, rese&ntilde;as. Es pura, salvaje y corrosiva. El libro tiene fragmentos de potasa, de sulf&uacute;rico, pero esa mezcla, &aacute;cido m&aacute;s base, te devuelve sal y agua, es c&aacute;lida, cercana, usa el humor para acercarse, en su ritmo, a la manera somarda de la literatura fragmentaria de sello aragon&eacute;s, la de Mariano Gista&iacute;n y el reivindicado F&eacute;lix Romeo.&nbsp;</p>
<p>Quiz&aacute; al estar encuadrado en una colecci&oacute;n de poes&iacute;a, la l&iacute;rica que destila recuerda a los poemas en prosa de Pablo Garc&iacute;a Casado o la l&uacute;cida construcci&oacute;n multivariable de Sara Herrera, pero lo que queda, lo permanente, es Aloma Rodr&iacute;guez, en el eco franc&eacute;s, el m&aacute;s habitual, sensual e independiente de Annie Ernaux, pero que, en la manera de apuntalar los adjetivos de manera breve y ser po&eacute;tica en lo sensible, nos lleva hacia <em>Hiroshima, mon amour</em> con su calor y su sudor, con su piel de Indochina, en las palabras de Marguerite Duras, provocando con sus miniaturas, comienzos que aparentemente no llevan a ning&uacute;n lugar, ligeramente hinchada por la especial testosterona <em>umbralina</em> y <em>trubaniense</em> (de Jon&aacute;s, evidentemente) pasando por las fr&iacute;as playas de Daniel Veronese.&nbsp;</p>
<p>Un libro parcialmente escrito para ser recitado, haciendo que Lydia Lunch y Luis Felipe Alegre se sientan orgullosos mientras crujen guitarras como las de Javier Aquilu&eacute; o Lori&eacute;n Vicente. Un libro que no existe, una destrucci&oacute;n programada, con preaviso, un libro que deja en cada cuento un sabor met&aacute;lico y abisal en la boca. Una madre, una hija, dueto que se repite, como el terror, en una metaliteratura de ajenos. El escritor de la capital como arquetipo de la superficialidad y la miseria. Un poco de izquierda oficialista adicta al postureo y la ayuda a la edici&oacute;n y creaci&oacute;n: Aloma, superviviente, no utiliza las palmaditas en la espalda ni los euros deslizados en el bolsillo por el pap&aacute; estado (o comunidad o diputaci&oacute;n).&nbsp;</p>
<p>Aloma evita el funcionariado ruinoso de otros colegas de generaci&oacute;n, sobrevive, pura, en prensa y presa, madre, esposa, cantante y escritora. Propone una serie, dos series, tres series, como aquella cinta de Moebius que era Seinfield (el programa de televisi&oacute;n) en los noventa, una comedia sobre unos personajes a los que no les suced&iacute;a nada, un lugar en el que no importaba lo que pasaba porque no pasaba nada.&nbsp;</p>
<p>En esa especie de blues de Joe Costanza, lo que importa en el libro son los personajes y los que los miramos/leemos. Propone y dispone: secretos de familia, muertos, Mafalda, antolog&iacute;as, escritores m&uacute;sicos, escritores dibujantes, escritores periodistas. Cualquiera escribe, sobre todo el que tiene m&aacute;s &ldquo;Me gusta&rdquo;. Un d&iacute;a ordinario, ox&iacute;moron en realidad, una desaparici&oacute;n, muerte, un d&iacute;a que se salva del aburrimiento por una tragedia.&nbsp;</p>
<p>Apuesta fuerte Aloma Rodr&iacute;guez, sin etiquetas o con todas las etiquetas, ya lo he escrito. Siempre construyendo una caja regalo para el lector. El d&iacute;a y la sorpresa, la oralidad, el libro de cuentos, los cuentos con su principio y sin final, en eso est&aacute; el verso, en la Aloma juglar, con sus cajones y discos duros llenos de ideas, como en un viejo diskette de 5 y &frac14;, que no se puede leer en ning&uacute;n dispositivo, solo la memoria.</p>
<p>Hoteles, un libro como un continente, una pen&iacute;nsula m&aacute;s bien. Algo f&iacute;sico. Coincide con alguno de los &uacute;ltimos poemas de Fernando Sanmart&iacute;n, citando a Jorge Luis Borges, &iquest;qu&eacute; har&iacute;a Borges con ello? Y a Louise Gluck que completa la mano francesa con Albert Camus en una mezcla de sexo, familia y m&eacute;todo.&nbsp;</p>
<p>Poco apasionado. Los libros, las novelas, jugando al escondite por la casa, en cajones u ordenadores, hasta que se les olvidan y se convierten en fantasmas, en apariciones por los castillos o la Cuesta de Moyano. De la ciudad grande a la peque&ntilde;a hasta la playa min&uacute;scula. Los p&aacute;rrafos, los textos, los poemas, son geograf&iacute;a literaria, la m&aacute;s real de todos.&nbsp; Emparentada, tambi&eacute;n, con la &uacute;ltima entrega de Julio Jos&eacute; Ordov&aacute;s, m&aacute;s por lo reflexivo que lo situacional. Una mujer y un hijo muerto, ah&iacute; vamos otra vez. Las amistades maduran, los hijos, los de los ojos grandes, enormes, de madre a hija. La fotograf&iacute;a, la interpretaci&oacute;n, la autoedici&oacute;n es la palabra que termina el crucigrama. Un cat&aacute;logo de hilos, de seda y lana, para enhebrar, coser, realizar a medida tus propias historias.&nbsp;</p>
<p>Un libro en 3D sobre Jane Birkin. La playa y la piscina. Sentencias rotundas sobre el aburrimiento y sobre la lectura, sobre la obra, la propia y la de los dem&aacute;s. Hay un momento en el que hay que elegir: &ldquo;Centrarse en la obra propia o estar atento a la de los otros. Cuando m&aacute;s lees menos escribes&rdquo;. Ser Woody Allen o un personaje de su obra. M&aacute;s listados: chicos, cineastas, pel&iacute;culas, carreras, olvidos, hijos, pareja, mujer, separaci&oacute;n, crisis, otros hombres, otros hijos, tus propios hijos, amantes literarios, ba&ntilde;os limpios, madre espa&ntilde;ola, con el botell&iacute;n de agua y la manta, la maternidad abrazada con el mismo entusiasmo que el rock amateur o las drogas de dise&ntilde;o. Primero F&eacute;lix Romeo, despu&eacute;s Sergio Algora. El consom&eacute;, el pescado fresco, las hortalizas y los champi&ntilde;ones. Discos de bandas poco conocidas de la invasi&oacute;n brit&aacute;nica, la vida como contemplaci&oacute;n, la estaci&oacute;n que nos alcanza y deja atr&aacute;s, hasta convertirnos en personas perdidas, amigos, atriles, veinte minutos para que todo cambie, tres minutos, la vida en una canci&oacute;n de Vainica Doble, en otra de Kiev Cuando Nieva, Franco Battiato.&nbsp;</p>
<p>El color emancipado. La sensaci&oacute;n de siempre. El rid&iacute;culo, propio y ajeno. Las piscinas y la playa, tambi&eacute;n lo he escrito un poco antes: La piscina, una novia con piscina, una novela con piscina, las diferentes familias que las han usado, el tipo que recorr&iacute;a las mansiones, de piscina en piscina, el agua clorada, la sirena en una quinta donde vivir para siempre, como en estos textos, cada punto y aparte es un universo paralelo distinto, como si un dios jugara con sus dados cu&aacute;nticos y literarios. Ya lo explica Aloma Rodr&iacute;guez, dejando el camino despejado para los cr&iacute;ticos literarios: es un libro que va contra la muerte. Por l&oacute;gica, en el axioma, un libro para la vida.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aloma Rodr&iacute;guez, <em>Una inesperada ilusi&oacute;n</em>, Zaragoza,&nbsp; Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2025.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 10 Jun 2025 12:24:09 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA analiza la relación entre Henry Miller y Luis Buñuel ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-analiza-la-relacion-entre-henry-miller-y-luis-bunuel/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2025/HENRY_MILLER_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Con la publicaci&oacute;n de este novedoso material, la revista TURIA quiere contribuir a las distintas iniciativas promovidas este 2025 para evocar, redescubrir y homenajear a Luis Bu&ntilde;uel con motivo del 125 aniversario de su nacimiento en la localidad turolense de Calanda, que tuvo lugar el 22 de febrero de 1900.&nbsp;</p>
<p>Bajo el oportuno t&iacute;tulo de <em>Henry Miller; cr&iacute;tico de Luis Bu&ntilde;uel. Algunas notas in&eacute;ditas sobre Un perro andaluz</em>, Javier Herrera elabora un acertado an&aacute;lisis que sirve para resaltar la deuda de Miller con Bu&ntilde;uel. Unos v&iacute;nculos que conviene situar dentro del contexto de la recepci&oacute;n cr&iacute;tica del cineasta espa&ntilde;ol en los Estados Unidos de Norteam&eacute;rica.&nbsp;</p>
<p>Otro de los art&iacute;culos relevantes del nuevo n&uacute;mero de TURIA es el que Chus Tudelilla, historiadora, cr&iacute;tica de arte y comisaria de exposiciones, dedica a describirnos el papel de agitador cultural, de portavoz de la modernidad creativa, que tuvo desde su juventud el gran pintor y escritor Antonio Saura. Nacido en Huesca, en 1930, Chus Tudelilla ofrece al lector un texto muy relevante y definitorio de la personalidad y posterior trayectoria de Saura. Quien es considerado por la cr&iacute;tica como uno de los artistas m&aacute;s notorios de la Espa&ntilde;a del siglo XX, y de mayor proyecci&oacute;n internacional, aparece ahora analizado en TURIA a ra&iacute;z de su condici&oacute;n de editor de la revista <em>Nosotros</em>, cuando s&oacute;lo ten&iacute;a 18 a&ntilde;os, y de colaborador en <em>La Hora. Semanario de los Estudiantes Espa&ntilde;oles</em>, revista oficial de dicha organizaci&oacute;n franquista/falangista, m&aacute;s conocida por su acr&oacute;nimo SEU. En ella, Saura firm&oacute; su primer texto en diciembre de 1949.</p>
<p>Con la publicaci&oacute;n de los citados contenidos, en las secciones que espec&iacute;ficamente se denominan Sobre Arag&oacute;n y Cuadernos Turolenses, se cumple as&iacute; una de las l&iacute;neas de trabajo de la revista TURIA. Una labor que le ha permitido convertirse en una plataforma id&oacute;nea para la investigaci&oacute;n y la divulgaci&oacute;n. Tanto de aquellos protagonistas como de los temas de inter&eacute;s hist&oacute;rico, literario, art&iacute;stico y antropol&oacute;gico que, vinculados a Teruel y a Arag&oacute;n, merecen conocerse m&aacute;s y mejor.</p>
<p>En este n&uacute;mero 155 de TURIA, tanto la ilustraci&oacute;n de portada, como las diez que enriquecen el interior de la revista, corren a cargo de la turolense Ana Sim&oacute;n Hinojo. En ellas recoge sus dos pasiones y facetas art&iacute;sticas: la m&uacute;sica (es violinista profesional) y la creatividad gr&aacute;fica. Ese mestizaje produce una obra fascinante y original, rebosante de frescura y muy atractiva visualmente.&nbsp;</p>
<p>Adem&aacute;s, y como es habitual, los autores y temas vinculados a Arag&oacute;n gozan en TURIA de un notable protagonismo. Un total de 33 creadores aragoneses o radicados aqu&iacute; participan en cada una de las diez secciones de la revista con sus relatos, poemas, art&iacute;culos, cr&iacute;ticas de libros o ilustraciones. No en vano, a lo largo de estas m&aacute;s cuatro d&eacute;cadas de trayectoria, han sido m&uacute;ltiples las ocasiones en que la revista ha ejercido su labor de puente cultural entre el trabajo creativo, de investigaci&oacute;n y divulgaci&oacute;n de dichos autores y el realizado por los grandes nombres de la cultura universal.&nbsp;</p>
<p>TURIA es una revista que tiene una versi&oacute;n en papel, de periodicidad cuatrimestral, y otra digital (web y Facebook) de difusi&oacute;n diaria y que cuenta con m&aacute;s de 15.000 seguidores. Est&aacute; editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel y en su patrocinio participan el Ayuntamiento de Teruel, el Gobierno de Arag&oacute;n y la Caja Rural de Teruel. Este n&uacute;mero ha sido posible gracias a la colaboraci&oacute;n del Instituto Rumano de Cultura.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>BU&Ntilde;UEL SEG&Uacute;N HENRY MILLER</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para realizar el art&iacute;culo <em>Henry Miller, cr&iacute;tico de Luis Bu&ntilde;uel</em>, que ahora publica TURIA, Javier Herrera ha partido de la investigaci&oacute;n que realizara Fernando Gabriel Mart&iacute;n para su exhaustivo y admirable libro <em>El ermita&ntilde;o errante. Bu&ntilde;uel en Estados Unidos</em>, publicado en 2009. Teniendo en cuenta esos antecedentes, ha profundizado en la tarea haciendo uso de las numerosas fuentes y manuscritos de Henry Miller custodiados en la Universidad de Yale, en la Universidad de California &ndash; Los &Aacute;ngeles (UCLA), en el Harry Ransom Center de la Universidad de Texas, en la Biblioteca del Congreso y en la Biblioteca P&uacute;blica de Nueva York. A trav&eacute;s de ellos, y seg&uacute;n escribe Herrera en la revista, &ldquo;hemos podido reconstruir el proceso creativo de los textos de Miller sobre Bu&ntilde;uel as&iacute; como descubrir un interesante material in&eacute;dito que daremos a conocer pr&oacute;ximamente en una monograf&iacute;a sobre el tema&rdquo;. Como anticipo TURIA ofrece el impacto que, para el autor de libros como <em>Tr&oacute;pico de C&aacute;ncer</em>, supuso la visi&oacute;n en un cine parisino de una pel&iacute;cula como <em>Un perro andaluz</em>.</p>
<p>Herrera da noticia y analiza tres textos manuscritos del escritor Henry Miller sobre Bu&ntilde;uel. En el primero de ellos, titulado <em>Primer domingo en Par&iacute;s</em> y fechado en marzo de 1930, refleja sus primeras impresiones tras su retorno a la capital francesa y narra su visita al cine Studio 28, al que califica como &ldquo;cine intelectual de Par&iacute;s&rdquo; para ver <em>Un perro andaluz</em>, de la que dice: &ldquo;nunca en Estados Unidos esperar&iacute;a ver una pel&iacute;cula as&iacute;, ni siquiera cuando llegue el milenio&rdquo;. A continuaci&oacute;n afirma que a&uacute;n &ldquo;no s&eacute; de qu&eacute; se trataba, excepto inconscientemente, si se me permite la expresi&oacute;n&rdquo;, una apreciaci&oacute;n que sin duda expresa claramente los titubeos y el despiste que a&uacute;n ten&iacute;a en relaci&oacute;n con el mundo que el surrealismo hab&iacute;a revelado a la expresi&oacute;n art&iacute;stica contempor&aacute;nea, movimiento con el que seguramente esperaba conectar a trav&eacute;s de Bu&ntilde;uel.&nbsp;</p>
<p>Sin duda, la vida y la obra de Luis Bu&ntilde;uel generan un permanente inter&eacute;s m&aacute;s all&aacute; de las modas. De ah&iacute; que haya sido la figura que ha gozado de mayor protagonismo durante las m&aacute;s de cuatro d&eacute;cadas de existencia de la revista cultural TURIA. Por lo tanto, puede afirmarse que Bu&ntilde;uel se ha erigido en su &ldquo;santo patr&oacute;n laico&rdquo; si hacemos caso a aquellos datos que lo acreditan. Por ejemplo, son m&aacute;s de 1.200 p&aacute;ginas in&eacute;ditas las que se han publicado en la revista sobre su trayectoria vital, f&iacute;lmica y literaria, distribuidas en ocho espectaculares monogr&aacute;ficos. En ellos han colaborado desde cineastas como Carlos Saura, Jos&eacute; Luis Borau, Manuel Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n, Bertrand Tavernier, Gonzalo Su&aacute;rez o &Aacute;ngeles Gonz&aacute;lez Sinde, hasta los m&aacute;s relevantes estudiosos de su cine, como Agust&iacute;n S&aacute;nchez Vidal, Rom&aacute;n Gubern o V&iacute;ctor Fuentes, o colaboradores de Bu&ntilde;uel como su guionista Jean-Claude Carri&egrave;re y los actores Catherine Deneuve, Silvia Pinal o Fernando Rey. No podemos olvidar tampoco las aportaciones in&eacute;ditas en TURIA sobre Bu&ntilde;uel de creadores como Luis Eduardo Aute o Guillermo Cabrera Infante.&nbsp;</p>
<p>El &uacute;ltimo de los monogr&aacute;ficos de TURIA sobre Bu&ntilde;uel, hoy agotado, se public&oacute; en 2023, con motivo de celebrarse el 40 aniversario de la creaci&oacute;n de la revista y de la muerte de Bu&ntilde;uel. En aquel momento, TURIA public&oacute; un amplio dossier especial sobre <em>Bu&ntilde;uel y la literatura</em>, en el que analizaba a fondo su obra literaria a trav&eacute;s de dieciocho autores. Nueve especialistas estudiaron sus textos y otros nueve escritores cin&eacute;filos elaboraron relatos in&eacute;ditos que tienen a Bu&ntilde;uel y/o a su cine como elemento vertebrador de sus narraciones. Todo este importante trabajo colectivo fue coordinado por Jordi Xifra, actual director del Centro Bu&ntilde;uel de Calanda, reputado estudioso del cineasta turolense y catedr&aacute;tico de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>LA PRECOCIDAD DE ANTONIO SAURA Y SU DEFENSA DEL ARTE MODERNO</strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p>El pintor y escritor Antonio Saura (Huesca, 1930 - Cuenca, 1998), uno de los nombres propios m&aacute;s sobresalientes del arte espa&ntilde;ol contempor&aacute;neo, estuvo siempre muy vinculado a TURIA. Por ejemplo, sus ilustraciones formaron parte del inolvidable monogr&aacute;fico dedicado a Goya en 1996 con motivo del 250 aniversario del nacimiento en Fuendetodos del genial creador aragon&eacute;s. En homenaje a esa colaboraci&oacute;n y apoyo constante de Antonio Saura, la revista le dedic&oacute;, en 2004, su n&uacute;mero 68-69. Ahora, con la valiosa contribuci&oacute;n de Chus Tudelilla, TURIA profundiza en una faceta de su biograf&iacute;a que conviene reivindicar y difundir con mayor precisi&oacute;n y detalle: sus primeros y ya certeros pasos como escritor y defensor de la modernidad creativa. Un papel que se inicia con la redacci&oacute;n y edici&oacute;n de la revista <em>Nosotros</em>. Ten&iacute;a Saura dieciocho a&ntilde;os y, su editorial del&nbsp; n&uacute;mero 1 fechado en marzo de 1949, es una reveladora declaraci&oacute;n de intenciones. Un testimonio fundamental para comprobar que siempre guard&oacute; estricta fidelidad a aquel manifiesto en el que se aseguraba: &ldquo;hablaremos, ante todo, de lo nuevo. Defenderemos el arte moderno, aunque no nos encerramos en determinado ismo. Defenderemos la poes&iacute;a que busca libertad de formas y expresi&oacute;n. Comentaremos todas aquellas ideas que renueven los horizontes. Hablaremos sobre los problemas de nuestra juventud. Defenderemos el humor nuevo, tanto gr&aacute;fico como literario. Defenderemos la moderna m&uacute;sica, as&iacute; como la de jazz. Criticaremos todo aquello que no nos guste. Nuestra &uacute;nica pol&iacute;tica ser&aacute; pol&iacute;tica de paz&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Respecto a su colaboraci&oacute;n en <em>La Hora. Semanario de los Estudiantes Espa&ntilde;oles</em>, Chus Tudelilla nos confirma que se inici&oacute; en el n&uacute;mero 40 (4 de diciembre de 1949) y finaliz&oacute; un a&ntilde;o m&aacute;s tarde, en el n&uacute;mero 73 (10 de diciembre de 1950). Ambos dedicados a las publicaciones de arte moderno en Espa&ntilde;a. Es significativo que, como se escribe ahora en TURIA: &ldquo;a trav&eacute;s de la lectura de las reflexiones de Saura asistimos en la distancia a los proyectos de quienes se esforzaron en mantener activa la memoria de tantas cosas que amenazaban con perderse y en estar informados de lo que suced&iacute;a en el exterior de un pa&iacute;s ensimismado en la tristeza&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>ANA SIM&Oacute;N HINOJO, CREATIVIDAD SI FRONTERAS</strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p>Este n&uacute;mero 155 de la revista TURIA cuenta, en su parte gr&aacute;fica, con la valiosa y atractiva contribuci&oacute;n de la turolense Ana Sim&oacute;n Hinojo. Con ella se demuestra, una vez m&aacute;s, que la creatividad no conoce fronteras y que las distintas disciplinas art&iacute;sticas son en realidad aut&eacute;nticos vasos comunicantes. En su caso, ejerce con id&eacute;ntica brillantez y originalidad su tarea como violinista profesional y su brillante labor como ilustradora.&nbsp;</p>
<p>Nacida en Teruel en 1992, Ana Sim&oacute;n Hinojo finalizar&iacute;a sus estudios de M&aacute;ster de viol&iacute;n en la Hochschule f&uuml;r Musik und Theater Felix Mendelssohn Bartholdy de Leipzig, Alemania y vuelve a Arag&oacute;n, donde tras formarse en la Escuela de Arte de Zaragoza y en la de Teruel, obtiene el T&iacute;tulo de T&eacute;cnica Superior de Artes Pl&aacute;sticas y Dise&ntilde;o en Ilustraci&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>Como violinista forma parte de diversas orquestas nacionales e internacionales y participa en numerosos festivales; actuando en las salas m&aacute;s prestigiosas de Europa y Asia. Como ilustradora, trabaja realizando encargos de todo tipo: retratos, car&aacute;tulas de CD, logotipos, videoclips, portadas, invitaciones, <em>live art</em>, y publicidad.</p>
<p>En su obra gr&aacute;fica m&aacute;s personal, como la que integran las 11 ilustraciones que publica TURIA, Ana Sim&oacute;n Hinojo retrata a m&uacute;sicos en formato mini dentro de sus propios instrumentos. Esos que tanto aman y de los que son inseparables. Pues les dedican mucho tiempo y energ&iacute;a a lo largo de su vida. Los conocen muy bien y viven juntos m&uacute;ltiples experiencias y todo tipo de emociones que calan profundamente en su ser. Llegando a ser una prolongaci&oacute;n de s&iacute; mismos.</p>
<p>Por un lado, su enfoque art&iacute;stico se centra en la reinterpretaci&oacute;n de aquellas partes de instrumento, creando nuevas asociaciones y significados, desafiando la forma en que los percibimos en la vida cotidiana. Y por otro, indaga en la personalidad de cada uno para ofrecer una s&iacute;ntesis de su interacci&oacute;n.</p>
<p>Escuchar y ver a un m&uacute;sico interactuar con su instrumento, le permite percibir aquello que no podemos describir. Eso &uacute;nico y especial de cada uno que s&oacute;lo lo sentimos. En su obra, trata de captar la esencia de cada m&uacute;sico y reflejar, c&oacute;mo el instrumento, que es para el m&uacute;sico su vida y su mundo, ahora es el lugar donde el m&uacute;sico hace su vida y crea su mundo propio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>31 AUTORES ARAGONESES ESCRIBEN EN TURIA</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cada nuevo sumario de TURIA&nbsp; es un claro ejemplo de integraci&oacute;n cultural de autores de diversas procedencias geogr&aacute;ficas, est&eacute;ticas, ideol&oacute;gicas y generacionales. Todo ello sin olvidar nunca el arraigo turolense/aragon&eacute;s de esta revista. Buena prueba de esa filosof&iacute;a de trabajo la constituyen los 31 autores aragoneses que publican textos in&eacute;ditos en las distintas secciones del sumario del n&uacute;mero de la revista que se distribuye este mes de junio de 2025.&nbsp;</p>
<p>As&iacute;, los lectores de TURIA podr&aacute;n disfrutar en la secci&oacute;n de narrativa de dos sugerentes textos de dos autores zaragozanos residentes en Madrid y de notable proyecci&oacute;n medi&aacute;tica: Daniel Gasc&oacute;n (<em>Los novios</em>) y Sara Barquinero (<em>Mira lo que ha tra&iacute;do el gato</em>). Tambi&eacute;n publica un relato del libro de cuentos que est&aacute; ultimando el escritor zaragozano Miguel Serrano Larraz para el pr&oacute;ximo a&ntilde;o (<em>Apertura</em>), as&iacute; como el avance de un cap&iacute;tulo de la futura nueva novela del escritor y profesor turolense Antonio Castellote. En poes&iacute;a, TURIA da a conocer poemas in&eacute;ditos de David Conde Vitalla, Sof&iacute;a D&iacute;az Gotor, Ramiro Gair&iacute;n, Luisa Mi&ntilde;ana, Ang&eacute;lica Morales, Juan Antonio Tello, Almudena Vidorreta y Manuel Vilas.&nbsp;</p>
<p>Otra de las secciones habituales de la revista es La isla, que contiene fragmentos del diario de Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas ilustrados por Isidro Ferrer.&nbsp;</p>
<p>M&aacute;s all&aacute; de las aportaciones ya comentadas sobre la relaci&oacute;n del escritor norteamericano Henry Miller con el cine de Bu&ntilde;uel, y del art&iacute;culo de Chus Tudelilla sobre los primeros textos publicados por el artista oscense Antonio Saura, hay que subrayar la nutrida presencia de aragoneses en la secci&oacute;n La Torre de Babel. Es el apartado que TURIA dedica a la cr&iacute;tica de libros, y en &eacute;l se ofrecen cuidadas rese&ntilde;as de libros de ficci&oacute;n, de no ficci&oacute;n y de poes&iacute;a, tanto de autores espa&ntilde;oles como de otros idiomas traducidos al espa&ntilde;ol. La amplitud y calidad de esta secci&oacute;n han convertido a TURIA en una de las revistas que m&aacute;s y mejor practican la cr&iacute;tica literaria entre las publicaciones y suplementos culturales de Espa&ntilde;a.&nbsp;</p>
<p>En esta ocasi&oacute;n, ejercen como cr&iacute;ticos, un total de 18 &nbsp;aragoneses o radicados aqu&iacute;: Pedro Bosqued, Rosa Burillo, Enrique Cebri&aacute;n Zazurca, Eva Cosculluela, Octavio G&oacute;mez Mili&aacute;n, David Lorenzo Cardiel, Juan Marqu&eacute;s, Manuel Mart&iacute;nez-Forega, Guillermo Molina Morales, Gonzalo Mont&oacute;n Mu&ntilde;oz, Pedro Moreno P&eacute;rez, Mar&iacute;a &Aacute;ngeles Naval, Pablo P&eacute;rez Rubio,&nbsp; Alfredo Salda&ntilde;a, Enrique Villagrasa, Juan Villalba Sebasti&aacute;n y Jes&uacute;s Villel.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 10 Jun 2025 12:01:25 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un regreso que es, a la vez, pena y alivio]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-regreso-que-es-a-la-vez-pena-y-alivio/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/FERNANDO_SANMART_N_-_Fotograf_a_de_Oliver_Duch_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Fernando Sanmart&iacute;n, convertido en un referente en el panorama literario aragon&eacute;s, ofrece en su nueva entrega po&eacute;tica, editada con gusto y mimo por Papeles M&iacute;nimos, un paisaje l&iacute;rico de su estancia en Suecia durante el verano de 2023. Como &eacute;l mismo explica en la nota final del libro, estos versos son fruto accidental de su estancia en el centro de arte y cultura de Konstepidemin, en la ciudad sueca, puesto que su primera intenci&oacute;n era comenzar un libro de viajes, pero la poes&iacute;a es un g&eacute;iser incontrolable y el viajero Sanmart&iacute;n, que el a&ntilde;o pasado entreg&oacute; <em>Archivo fotogr&aacute;fico</em> (Cuadernos el mirador, 2024) y dos a&ntilde;os antes, <em>Evitar la niebla</em> en esta misma colecci&oacute;n, est&aacute; levantando a trav&eacute;s de entregas contenidas una pen&uacute;ltima obra po&eacute;tica plena de mimo, viajes y refugio, en su doble papel sensible y geogr&aacute;fico.&nbsp;</p>
<p>Una portada de pantone verde mar, las palabras de Jorge Luis Borges, con la oscuridad del comienzo y la sensualidad del cierre en Marguerite Duras (dos de las coincidencias con la obra &uacute;ltima de Aloma Rodr&iacute;guez, por cierto. No las &uacute;nicas), son la cohesi&oacute;n que necesita este cat&aacute;logo n&oacute;rdico de paz clara y vapor tibio: &ldquo;Otra noticia me muestra el inventario / de los espejos&rdquo;. Escandinavo contraste, el del carb&oacute;n ardiente y el fr&iacute;o lixiviado de la nieve, con el paso del tiempo, en la lectura de Her&aacute;clito: &ldquo;No hay agua pantanosa&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Sanmart&iacute;n utiliza el mar como espejo blanco que refleja la luz hacia el tono elegido: &ldquo;En un faro siempre hay un l&iacute;mite / como en nosotros&rdquo;. Un instante, para el viajero, en el que las palabras Jack Kerouac van de la comisura al est&oacute;mago, el camino como exigencia y esa calidez que ofrece el final del mundo, all&iacute; donde termina el tranv&iacute;a, donde el paganismo sit&uacute;a el abismo que recibe todas las aguas del mundo. &iquest;Todav&iacute;a tienes cobertura, Fernando?&nbsp;&nbsp;</p>
<p>El poeta no puede huir de todo. Debe permitir que un poco del mundo, de la ciudad, quede dentro de &eacute;l: &ldquo;El olvido es como la nieve / &iquest;a d&oacute;nde voy?&rdquo; con la civilizaci&oacute;n disfruta el poeta laminero, al que conoc&iacute;amos de otros libros, como al azar, un compa&ntilde;ero, una inspiraci&oacute;n. Media tarde, casi noche de la vida: &ldquo;Miro la memoria y est&aacute; lejos el invierno&rdquo;. Evita las vulgares dimensiones eucl&iacute;deas, como el tiempo y la distancia, para entregarse al recuerdo como distorsi&oacute;n para la electricidad de su l&iacute;rica. Manipula como un alfarero lo que contempla, la plasticidad de los lugares y sus nombres, como un conflicto, intercambiables para el lector que termina por interiorizar la distancia. Una bisagra, la de la lejan&iacute;a que se cuida con gr&uacute;a y pez (siendo pez a la vez, animal y alquitr&aacute;n, llenando los boquetes). Destilados que llena mares hasta convertir la &iacute;nsula en continente. Por un segundo, atrapados abruptamente en la calidez artificial del alcohol, disfruta de un sabroso bacalao con salsa de eneldo o una pasta con vodka, alimentos, que m&aacute;s all&aacute; del superlativo, son nutritivos, dolor y sal, la supervivencia: Louise Gl&uuml;ck y Ramiro Garir&iacute;n, Pink Floyd y Luis Eduardo Aute.&nbsp;</p>
<p>Un libro de cuerpo entero, de ropa de abrigo, de fragancia frente a un mar de botella verde profunda (repito y repito por lo profuso del color, en portada y en verso), el ferri, donde el vidrio va y viene: &ldquo;El viento es su disc&iacute;pulo / el alma todav&iacute;a no tiene t&uacute;neles&rdquo;, el destino juega con los j&oacute;venes a un escondite de arrugas y promesas que se cumplen. En un archipi&eacute;lago de libros los de geograf&iacute;a de EGB tienen permiso a ser olvidados, un porfolio de t&eacute;rminos: &ldquo;El agua no desaf&iacute;a al bronce&rdquo;, el amor infiel, el amor apurado por el fr&iacute;o de la calle que convierte la pasi&oacute;n en humo, aire saturado hasta que colapsa, exige diligencia. Sanmart&iacute;n observa: &ldquo;Se hacen una foto junto a ese barco / el enigma rodea la balanza / lo incierto&rdquo;. Pescado que saben a pasado, el aplauso de una mujer que nunca est&aacute; sola, la acompa&ntilde;a su amante o la m&uacute;sica, Bach: &ldquo;Descifran la despedida / el terreno de los sabios&rdquo;, tiene que &ldquo;Escoge el fin o el fr&iacute;o&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>En la contemplaci&oacute;n de las plazas de Europa, donde abunda el caf&eacute; y las catedrales. Catedrales ap&oacute;crifas, en el cuerpo o la religi&oacute;n: &ldquo;Escribo / no ser derrotado por la herencia del ruido / dar de beber al humo / tender una herida junto a la ropa&rdquo;. Poeta de conciencia, de cuerpo, poeta de los colores en la Europa septentrional, donde el Mediterr&aacute;neo es memoria y el fr&iacute;o una excusa para retener las pasiones. La conciencia, la exigencia m&aacute;s bien, de un n&aacute;ufrago cuando lo rodea el mar, un oc&eacute;ano de alga y ajenjo, una posada, el nombre de una parada, la mujer y el hijo: &ldquo;La luz es un gato abandonado / hay un folleto en los silencios / amanece pronto&rdquo;. Otro, espejo, cuerpo, m&aacute;scara.&nbsp;</p>
<p>En la segunda parte, un jard&iacute;n bot&aacute;nico: &ldquo;Sin pacto con los p&aacute;rpados / la indiferencia es una rama en el suelo&rdquo;, el bol&iacute;grafo en la acera, el <em>doppelg&auml;nger</em> de Julio Jos&eacute; Ordov&aacute;s que pide una nota explicativa. La ciudad, esta vez, no est&aacute; atrapada por la sed. Postales que son, claro, botellas, el mismo vidrio de la portada, caf&eacute; y recuerdos: &ldquo;El miedo sabe que ya no le obedezco&rdquo;. No hace falta citar referencias, Sanmart&iacute;n es un caso de observaci&oacute;n, las notas y los autores son sugerencias expl&iacute;citas en su escritura, como el caf&eacute; o el t&eacute;, el guiso o el pan reci&eacute;n hecho, la ternura del vino, la frescura de la cerveza. Roberto Bola&ntilde;o como excusa, la distancia cualitativa entre un camping de la Catalu&ntilde;a interior y una residencia en Suecia, pero, al final, ambos capturan la vida en &oacute;leos, en el equilibro entre el pintor y el coleccionista, el meandro y el caballete. Te los imaginas, ni&ntilde;os siempre, tachando con su bol&iacute;grafo los cromos de la infancia.&nbsp;</p>
<p>En el parque el poeta deja caer sus frutos y el sustrato del verso crece, la poes&iacute;a es una sorpresa y el regreso, a la vez, p&eacute;rdida y alivio: &ldquo;Me encaramo al pasado como a un muro&rdquo;. Los dioses del trueno, tuertos y cansados, en el fin de semana de G&ouml;teborg rememoran sus glorias pasadas, dioses sin culto, dioses divorciados de la gente&hellip; hablar, en el viaje, del regreso es como un enemigo imposible de esquivar: &ldquo;La vida no es un idioma extra&ntilde;o que deba traducir / echar&eacute; de menos la ca</p>
<p>sa / abandonar m&aacute;s despacio el territorio / la autor&iacute;a del tiempo&rdquo;. Sanmart&iacute;n no sabe despedirse: &ldquo;Uso palabras como un superviviente / que se habla a s&iacute; mismo&rdquo;, deja pedazos de su continente en los lugares, un contenido infinito antes de volver y cargar de queroseno su coraz&oacute;n y su pluma, la tinta junto al Ebro. &iquest;Para qu&eacute; est&aacute;s preparado? Para contener al mundo, toda su belleza, en unos pocos versos. Como estos.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fernando Sanmart&iacute;n, <em>Costa Oeste. Poemas de G&ouml;teborg</em>, Fernando Sanmart&iacute;n, Madrid,&nbsp; Papeles M&iacute;nimos Madrid 2025</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 10 Jun 2025 11:21:34 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Identidad, memoria e interpretación de la vida]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/identidad-memoria-e-interpretacion-de-la-vida/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/JORGE_URRUTIA_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Tal y como se explica en el exhaustivo pr&oacute;logo de la mano de Jos&eacute; Mar&iacute;a Fern&aacute;ndez V&aacute;zquez y Consuelo Trivi&ntilde;o Anzola, Jorge Urrutia es mucho m&aacute;s conocido por una dilatada y brillante obra acad&eacute;mica, que por su obra literaria en verso y prosa. Ha venido a solucionarlo con esta estupenda reedici&oacute;n <em>De una edad tal vez nunca vivida</em>, aunque yo esperaba una renovada antolog&iacute;a de su poes&iacute;a, incluidos los proemas o poemas en prosa. Me he encontrado, sin embargo, con unas memorias l&iacute;ricas, pulcras y entra&ntilde;ables (no solo, pues tambi&eacute;n son testimoniales), llenas de ecos de una/s vidas complejas, que, aunque conocidas, pues aparecieron en Bartleby en 2010, se renuevan con esa ubicaci&oacute;n precisa hecha por los prologuistas. &nbsp;</p>
<p>Memorias llenas del testimonio de una Espa&ntilde;a y un oikos en sus intersecciones, reencontrados o recuperados a trav&eacute;s de lo m&aacute;s &iacute;ntimo, la familia o el propio asumir y mirar, adentrarse, acu&ntilde;ar perspectivas desde la poes&iacute;a de la edad, es decir, reflexivas. En efecto, Urrutia tiene una larga y casi secreta trayectoria l&iacute;rica, eclipsada en buena medida por la acad&eacute;mica, desde <em>L&aacute;grimas saladas</em> (1966) - pero no es un poeta tard&iacute;o como tantos profesores, pues de raza le viene al galgo- y cuya trayectoria se ha continuado, con nuevas entregas y antolog&iacute;as, hasta los de 2020.</p>
<p>Normalmente la cr&iacute;tica ha destacado <em>Delimitaciones</em> (1985) y <em>Cabeza de lobo para un pasavante</em> (1996) o <em>El mar o la impostura</em> (2004), junto a esta reedici&oacute;n, tambi&eacute;n echada en falta. Una trayectoria que ha sabido evolucionar desde lo colindante inicial con la materia realista (desligada de lo mim&eacute;tico con los or&iacute;genes de esa perspectiva y en camino hacia la ruptura de los 60/70), comprometida o como quieran llamarla, hasta la aventura de la irrupci&oacute;n del lenguaje, pero con el ancla puesta en un Antonio Machado, y a quien Araceli Iravedra acaba de dedicar un fant&aacute;stico trabajo: &ldquo;Son sus huellas el camino. Antonio Machado en la memoria po&eacute;tica del siglo XX&rdquo;. Y en la de Jorge Urrutia, como no podr&iacute;a ser menos, tambi&eacute;n.</p>
<p>Con <em>De una edad tal vez nunca vivida</em>, libro dividido en tres partes, asistimos a un esfuerzo por la identidad, la memoria y la interpretaci&oacute;n de la vida desde los vencidos en la guerra de 1936, tambi&eacute;n a las memorias personales ah&iacute; enraizadas, pero con otro vuelo. Y desde uno de los poetas importantes, Leopoldo de Luis, no solo por su poes&iacute;a, sino por los trabajos que delimitaron el fin de una &eacute;poca y el comienzo de otra a trav&eacute;s de la celeb&eacute;rrima antolog&iacute;a sobre la poes&iacute;a social, reeditada en el 2000 y en la mente de todos, <em>Poes&iacute;a social contempor&aacute;nea, antolog&iacute;a (1939-1968).</em> La prosa de Jorge Urrutia, precisa, brillante, sucinta, va rastreando un ramillete de asuntos en breves escenas desde el yo y la familia, recuerdos, pasajes, circunstancias, algunas tan duras como las de los hermanos obligados a cavar su propia tumba, o la de un padre que es enlace del maquis, entre muchas otras entra&ntilde;ables, o &ldquo;la memoria, el tiempo y el olvido&rdquo;. &nbsp;Tambi&eacute;n asistimos a reflexiones de la edad tard&iacute;a, por decirlo con Luis Landero, o a lecturas, solo las &ldquo;prospectivas&rdquo; dir&iacute;a el recientemente fallecido Andr&eacute;s S&aacute;nchez Robayna, de un momento de Espa&ntilde;a que es el que hemos vivido muchos a trav&eacute;s de nuestros padres, cada uno con su circunstancia, y convierten al libro en un testimonio y una sentimentalidad de un momento. Sin tristezas, pese a todo, porque como sabe decir, animoso, Jorge Urrutia, pese a todo, &ldquo;quedan los lugares, la amistad y el recuerdo. Porque la vida hizo en m&iacute; su nido&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jorge Urrutia, <em>De una edad tal vez nunca </em>vivida, Madrid, C&aacute;tedra, 2025.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 10 Jun 2025 11:06:32 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA entrevista a fondo a Gabriela Adamesteanu y Tatiana Tîbuleac ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-entrevista-a-fondo-a-gabriela-adamesteanu-y-tatiana-tibuleac/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2025/GABRIELA_ADAMESTEANU_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Tambi&eacute;n muy destacable es el contenido que ofrece TURIA en la secci&oacute;n dedicada al ensayo. En esas p&aacute;ginas, el fil&oacute;sofo y escritor Jorge Freire se ocupa de analizar la vida y obra de un autor tan fascinante como comprometido: Arthur Koestler. De &eacute;l nos dir&aacute; en su art&iacute;culo: &ldquo;Hay ni&ntilde;os que traen un pan bajo el brazo; &eacute;l tra&iacute;a un cartucho de dinamita. Hijo de su tiempo, Koestler abraz&oacute; causas insensatas con el fervor del converso y las solt&oacute; con la furia del ap&oacute;stata&rdquo;. Sin duda, en un presente tan conflictivo y a menudo sombr&iacute;o como el nuestro, conviene conocer y tener en cuenta &nbsp;la controvertida figura de Koestler. Es la suya una biograf&iacute;a tumultuosa y muy variada, con inesperados y bruscos cambios ideol&oacute;gicos y vitales. Fue Koestler un inclasificable escritor, pensador, esp&iacute;a y periodista nacido en Hungr&iacute;a y muerto en Londres. Un ser complejo, inteligente y pasional, que vivi&oacute; los acontecimientos m&aacute;s decisivos del siglo XX, desde la Revoluci&oacute;n Rusa hasta el conflicto entre israel&iacute;es y palestinos, pasando por la Guerra Civil Espa&ntilde;ola y la Segunda Guerra Mundial.&nbsp;</p>
<p>La conversaci&oacute;n que TURIA publica con Gabriela Adamesteanu ha sido realizada por Marian Ochoa de Uribe, un&aacute;nimemente considerada como la mejor traductora literaria del rumano que existe en Espa&ntilde;a. Se trata de una entrevista que &nbsp;tiene como objetivo que el lector conozca mejor la rica personalidad y la extensa obra de la escritora y periodista nacida en 1942. Gabriela es una de las autoras m&aacute;s destacadas de la literatura rumana contempor&aacute;nea. Su obra, que incluye novelas y colecciones de relatos, ha sido traducida a diversas lenguas y la ha hecho merecedora de reconocimientos como la Orden de las Artes y las Letras que concede el Ministerio de Cultura franc&eacute;s. Gabriela es de los pocos autores que, en su pa&iacute;s, han sido capaces de combinar con&nbsp; maestr&iacute;a la fuerza del latido hist&oacute;rico, los avatares del pueblo rumano a lo largo del siglo XX, el sufrimiento vivido bajo las dos Guerras Mundiales y las sucesivas dictaduras de distinto signo por una parte, con el plano de la historia individual, de la intrahistoria unamuniana tomada en su sentido m&aacute;s amplio, por otra.&nbsp;</p>
<p>En la entrevista, Gabriela Adamesteanu declara que su &ldquo;&uacute;nico credo ha sido no mentir, pero en una sociedad totalitaria no resulta sencillo&rdquo;. Y es que, en sus novelas y relatos, Gabriela ha conseguido mostrar eso que no se ve&iacute;a, la vida verdadera, porque la sociedad rumana ha vivido durante medio siglo en una gigantesca mentira. Ha escrito sobre los destinos de las personas corrientes, sobre c&oacute;mo se enfrentan a las dificultades cotidianas, sobre los traumas que las guerras y las dictaduras de esta sufrida parte de Europa les han causado. En Espa&ntilde;a, se han publicado tres libros suyos: <em>Una ma&ntilde;ana perdida</em> (2009), <em>Vidas provisionales</em> (2022) y <em>Fontana di Trevi</em> (2024).&nbsp;</p>
<p>Otra escritora rumana de proyecci&oacute;n mundial, Tatiana T&icirc;buleac, es tambi&eacute;n protagonista de la secci&oacute;n que TURIA dedica a entrevistas &nbsp;en &nbsp;profundidad. En esta ocasi&oacute;n, es el periodista y poeta Fernando del Val quien dialog&oacute; con T&icirc;buleac en la ciudad francesa de &nbsp;Saint Germain en Laye, a treinta kil&oacute;metros de Par&iacute;s, donde reside. Nacida en 1978, la autora moldava-rumana public&oacute; su primer libro en 2014 y fue un conjunto de cincuenta relatos cortos titulado <em>F&aacute;bulas modernas</em>. Con &eacute;l alcanz&oacute; el &eacute;xito en su pa&iacute;s. Luego, dos novelas le han bastado para hacerse un nombre en el panorama europeo: <em>El verano que mi madre tuvo los ojos verdes</em> (2017), una historia sobre la muerte, la redenci&oacute;n, la maternidad y la reconciliaci&oacute;n. Su segunda novela es <em>El jard&iacute;n de vidrio</em> (2018), que obtuvo el Premio de Literatura de la Uni&oacute;n Europea. Ambas est&aacute;n traducidas al espa&ntilde;ol.</p>
<p>En la entrevista, Tatiana Tibuleac afirma que &ldquo;en todas las &eacute;pocas ha habido derivas autoritarias&rdquo; y que &ldquo;hay que precaverse de ellas&rdquo;. Por otra parte, tambi&eacute;n confiesa que &ldquo;nunca escribo sobre m&iacute; pero, al mismo tiempo, todo procede de mis vivencias&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>GABRIELA ADAMESTEANU: &ldquo;DUDO QUE LA PERTENENCIA DE G&Eacute;NERO/EDAD SEA EL PASAPORTE PARA ADENTRARSE EN UNA INTIMIDAD DESCONOCIDA&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la conversaci&oacute;n que publica TURIA con Gabriela Adamesteanu, Marian Ochoa de Uribe, describe muy bien las caracter&iacute;sticas y los m&eacute;ritos de esta escritora rumana de gran prestigio en Europa: &ldquo;Pocos autores han sido capaces de combinar con tanta maestr&iacute;a la fuerza del latido hist&oacute;rico, los avatares del pueblo rumano a lo largo del siglo XX, el sufrimiento vivido bajo las dos Guerras Mundiales y las sucesivas dictaduras de distinto signo por una parte, con el plano de la historia individual, de la intrahistoria unamuniana tomada en su sentido m&aacute;s amplio, por otra. Dotada de un o&iacute;do excepcional para captar los ecos m&aacute;s sutiles de las voces de sus personajes, resulta imposible no dejarse llevar por su br&iacute;o narrativo a trav&eacute;s del laberinto hist&oacute;rico reciente de Ruman&iacute;a. Las novelas de Gabriela Adameşteanu son el m&aacute;s acabado ejemplo de que la Historia por s&iacute; sola no alcanza a descubrir ni revelar las vivencias m&aacute;s profundas del individuo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>La dedicaci&oacute;n a la ficci&oacute;n de Adamesteanu, su carrera literaria, fue tard&iacute;a. Seg&uacute;n confiesa&nbsp; en la entrevista, &ldquo;a lo largo de mi vida, he evitado muchas veces ser escritora. Las causas son m&uacute;ltiples y nacen de la educaci&oacute;n recibida en casa para la &lsquo;se&ntilde;orita&rsquo; de la familia: mi madre, al ver que me &lsquo;devoraba&rsquo; la pasi&oacute;n por la lectura, se tem&iacute;a que yo no fuera normal&rdquo;. Por otra parte, &ldquo;el rechazo al oficio de escritora se deb&iacute;a tambi&eacute;n a la literatura propagand&iacute;stica de los manuales escolares (odas a Stalin, al Partido Comunista, el &uacute;nico y todopoderoso, etc.) y al &lsquo;realismo socialista&rsquo;, el m&eacute;todo literario obligatorio, importado de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, que se me impuso por la fuerza. (&hellip;) Los inadaptados viv&iacute;an en la miseria o estaban en la c&aacute;rcel, gran parte de la literatura rumana y extranjera estaba prohibida y yo estaba convencida de que no se pod&iacute;a hacer literatura verdadera en el pa&iacute;s donde viv&iacute;a. Sigui&oacute;, mientras estaba en la facultad, un periodo de apertura pol&iacute;tica y cultural, la historia y la teor&iacute;a literaria cambiaban de un d&iacute;a para otro. Lo viv&iacute; con alegr&iacute;a, luchando con toda mi alma por borrar los automatismos del realismo socialista y el viejo vocabulario cr&iacute;tico, descubr&iacute; los libros hasta entonces prohibidos y redact&eacute; mi tesina con el tema &lsquo;Modificaciones del personaje literario en Marcel Proust, A la b&uacute;squeda del tiempo perdido&rsquo;, un ciclo de novelas que tuvo un gran impacto en mi escritura&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Reconoce Gabriela Adamesteanu en TURIA que &ldquo;mi &uacute;nico credo ha sido no mentir, algo que puede parecer banal, pero que, en una sociedad totalitaria que quiere hacer propaganda a trav&eacute;s de la literatura y el arte, no resulta sencillo. No he tenido credos c&iacute;vicos como escritora (los he tenido, sin embargo, como periodista), no me gusta la literatura &ldquo;con mensaje expl&iacute;cito&rdquo;. En mis novelas y relatos he querido mostrar eso que no se ve&iacute;a, la vida verdadera, porque la sociedad rumana ha vivido durante medio siglo en una gigantesca mentira&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Igualmente, en la entrevista que publica TURIA, Adamesteanu reconoce que &ldquo;amo la literatura tambi&eacute;n en los libros de mis colegas, indiferentemente de la generaci&oacute;n a la que pertenezcan. Para m&iacute;, cada escritor es &uacute;nico, no tiene edad ni g&eacute;nero: me interesa la manera como ve el mundo otra persona, la forma como cuenta su historia&rdquo;.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>TATIANA T&Icirc;BULEAC: &ldquo;EN TODAS LAS &Eacute;POCAS HA HABIDO DERIVAS AUTORITARIAS. HAY QUE PRECAVERSE DE ELLAS&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Tatiana T&icirc;buleac (Chisinau, Moldavia, 1978) protagoniza en TURIA una larga, sincera y valiosa conversaci&oacute;n que permite conocer con detalle su trayectoria y opiniones. Un di&aacute;logo enriquecedor e ilustrativo que nos muestra c&oacute;mo, en ocasiones como la suya, una vocaci&oacute;n temprana llega a feliz t&eacute;rmino superando las expectativas iniciales. Y es que T&icirc;buleac es hija de un padre periodista y una madre editora y creci&oacute;, por tanto, rodeada de libros y peri&oacute;dicos. Circunstancia que propici&oacute; su inclinaci&oacute;n a la lectura y a la escritura.&nbsp; &nbsp;</p>
<p>Preguntada por la diferencia entre la inocencia y la ingenuidad, T&icirc;buleac se muestra gratamente sorprendida: &ldquo;Es el primero que habla de inocencia en mis libros, siempre me preguntan por qu&eacute; soy tan cruel, o por qu&eacute; mis personajes son tan miserables, o por qu&eacute; mueren todos o est&aacute;n enfermos, o son infelices en el amor. Me gusta ese concepto de la inocencia porque es verdad que trato de no maquillar demasiado a mis personajes&rdquo;. A lo que a&ntilde;ade, sobre la cuesti&oacute;n de la libertad que desprenden: &ldquo;es verdad que les dejo ser como son. Siempre me baso en una persona real cuando invento uno. Lo que dice es interesante porque para mucha gente la libertad es algo por lo que necesita luchar. En cambio, a otra le viene dada y no se preocupa de ella. De tal modo, esas personas no quieren ser libres&hellip;&rdquo;&nbsp;</p>
<p>Tatiana T&icirc;buleac tambi&eacute;n se muestra concluyente cuando se le demandan los motivos por los que no existe una reacci&oacute;n dura contra el comunismo como s&iacute; la hay contra el nazismo: &ldquo;&iexcl;Una persona del este de Europa sabe m&aacute;s del holocausto que de los campos de exterminio comunistas! Ahora hablan un poco m&aacute;s porque la guerra de Ucrania ha reavivado el pasado, pero antes la gente no pon&iacute;a el comunismo y el antisemitismo al mismo nivel. Y eso que el comunismo fue peor. Llevaban orgullosos una camiseta con la efigie del Che y pensaban que eso era &lsquo;cool&rsquo;. Por supuesto, nadie ha visto &lsquo;cool&rsquo; en ning&uacute;n momento una esv&aacute;stica. Durante demasiado no se ha hablado de ello. Mi familia es un ejemplo. Mi abuela no hablaba de ello &iexcl;y fue deportada! Cuando volvi&oacute; a casa, mi madre era una ni&ntilde;a, pero sobre todo una hija de los enemigos. As&iacute; que mi abuela no quer&iacute;a mantener ese tipo de conversaciones. Prefer&iacute;a centrarse en el contento que suscitaba entre los seres queridos su regreso&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Seg&uacute;n cree T&icirc;buleac, &ldquo;en todas las &eacute;pocas ha habido derivas autoritarias. Hay que precaverse de ellas. Durante el comunismo pod&iacute;as escribir, claro que pod&iacute;as. Lo mismo que en algunos pa&iacute;ses que tenemos por democr&aacute;ticos hoy. Pod&iacute;as incluso ser famoso: s&oacute;lo ten&iacute;as que escribir lo que quer&iacute;a el poder. Publicar era posible. La clave estaba en lo que escrib&iacute;as. Tampoco se puede decir que los escritores que se hicieron famosos no fueran buenos, algunos libros son muy buenos. La historia dejar&aacute; los libros de calidad, sin componente ideol&oacute;gico&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>En otro momento de la conversaci&oacute;n, Tatiana T&icirc;buleac &nbsp;reconoce que &ldquo;Puede haber libros buenos que contengan ideas racistas, y que la gente de hoy los rechace. Es como si la belleza de ellos fuera insuficiente porque hacen da&ntilde;o a grupos de poblaci&oacute;n. No creo en relaciones estrechas entre creadores e ideolog&iacute;a. El arte verdadero est&aacute; fuera de la pol&iacute;tica y de cualquier compromiso, que puede ser bueno o malo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Sostiene, por &uacute;ltimo, T&icirc;buleac que no cree que su vida consista s&oacute;lo en escribir. Sin embargo, pero estos &uacute;ltimos a&ntilde;os el temor a no hacerlo me ha hecho sentir mal incluso f&iacute;sicamente. &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; no puedo escribir lo que quiero?&rdquo;. He sido infeliz al costarme sacar adelante mi libro. Eso significa que, incluso aunque no lo admita, escribir est&aacute; en todo lo que hago, estoy adherida a ello. &iquest;Esto es bueno? No creo. Era m&aacute;s feliz cuando no escrib&iacute;a&rdquo;.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>ARTHUR KOESTLER, UN CAT&Aacute;LOGO DE BANDAZOS IDEOL&Oacute;GICOS</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Poromisin">En el apartado que TURIA consagra al pensamiento, sobresale un nombre propio tan pol&eacute;mico como representativo de las turbulencias pol&iacute;ticas, ideol&oacute;gicas y sociales del siglo XX y que tambi&eacute;n se proyectan sobre nuestra &eacute;poca: Arthur Koestler (Budapest, Hungr&iacute;a, 1905 - Londres, Gran Breta&ntilde;a, 1983). No por casualidad, el fil&oacute;sofo y escritor Jorge Freire dir&aacute; en el original art&iacute;culo que le dedica: &ldquo;Pocos escritores han tenido vidas tan explosivas como Arthur Koestler. Fue comunista y anticomunista, esp&iacute;a y periodista, pensador y propagandista, hereje y converso. En un parpadeo, pas&oacute; de vender limonada en un bazar de Palestina a ser corresponsal estrella en Berl&iacute;n, del glamur de los c&oacute;cteles con potentados a la soledad de una celda franquista con la sentencia de muerte en el aire. Se jug&oacute; el pellejo en tantas causas que su biograf&iacute;a parece un cat&aacute;logo de bandazos ideol&oacute;gicos. Su &uacute;nica constante fue su absoluta incapacidad para el sosiego&rdquo;.</p>
<p>Seg&uacute;n Jorge Freire, su gran golpe, el m&aacute;s certero de todos, fue su denuncia de su antiguo credo comunista en un libro que marc&oacute; su trayectoria y la de muchos otros: <em>El cero y el infinito</em>. Gracias a &eacute;l, hizo tambalear la fe de media Europa en la URSS: &ldquo;Fue esta novela, y no sus panfletos y su militancia, la que grab&oacute; su nombre en la historia. Saludada por George Orwell como una obra maestra nada m&aacute;s ser publicada, vendi&oacute; decenas de miles de copias en una Inglaterra bombardeada y su traducci&oacute;n al franc&eacute;s alcanz&oacute; el medio mill&oacute;n&rdquo;.</p>
<p class="Poromisin">Su &uacute;ltima causa fue la defensa de la eutanasia y pas&oacute; sus &uacute;ltimos a&ntilde;os haciendo campa&ntilde;a por el suicidio asistido: &ldquo;Cuando la leucemia y el Parkinson lo dejaron reducido a una sombra de s&iacute; mismo, asumi&oacute; que la &uacute;nica salida digna era la muerte voluntaria. Corr&iacute;a el a&ntilde;o 1983 cuando se dispuso a orquestar su gran salida de escena, pero no lo hizo solo. Su esposa Cynthia, veintid&oacute;s a&ntilde;os menor y con una salud de hierro, lo acompa&ntilde;&oacute; en el viaje sin retorno. Fue la &uacute;ltima persona a la que Koestler arrastr&oacute; al abismo. El hombre que onde&oacute; tantas banderas cerr&oacute; su historia con la &uacute;nica certidumbre que no pod&iacute;a traicionar: que no habr&iacute;a un ma&ntilde;ana&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 10 Jun 2025 10:54:12 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El ensayo como una forma de observación nutricia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-ensayo-como-una-forma-de-observacion-nutricia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/ANDREU_NAVARRA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Andreu Navarra (Barcelona, 1981) es uno de los narradores m&aacute;s interesantes del panorama literario actual: el impacto casi sobre natural que produjo en sus lectores el texto <em>Ballard reloaded</em> (H&amp;O, 2023) junto con Beatriz Garc&iacute;a Guirado, y los dos vol&uacute;menes editados por el sello balear Sloper, <em>Hojas</em> (2017) y <em>Una especie de aventura</em> (2019) parec&iacute;an haber desplazado parcialmente su literatura hacia la ficci&oacute;n, pero, con este libro, <em>Raz&oacute;n y demolici&oacute;n (El arte de escribir ensayos)</em>, el p&uacute;blico y la cr&iacute;tica recupera al Navarra erudito, de pluma afilada, sobrio int&eacute;rprete de las corrientes socioculturales de nuestro tiempo. M&aacute;s all&aacute; de su condici&oacute;n de docente e historiador, Andreu Navarra ha destacado en el campo del ensayo y la investigaci&oacute;n y esta entrega, es, desde su concepci&oacute;n como un ensayo sobre el propio arte de escribir ensayos una especie de cinta de Moebius, sin principio ni fin, una especie de traves&iacute;a circular, armada con un cierto humor ca&uacute;stico que no hace perder en ning&uacute;n momento, la formalidad necesaria para que su lectura sea a la vez nutritiva y cient&iacute;fica.&nbsp;</p>
<p>Es Andreu Navarra una especie imprescindible, un escritor armado de un diapas&oacute;n acad&eacute;mico complejo, que deja espacio para lo cotidiano en los distintos p&aacute;rrafos y cap&iacute;tulos en los que se estructura la obra. Desde &ldquo;El amanecer de la duda&rdquo; donde se enumera una especie de principios fundamentales para el urbanismo del ensayo, gestionando los tiempos de crisis en los que, adem&aacute;s de incertidumbres, se alimentan las propuestas m&aacute;s interesantes. Entre la Espa&ntilde;a de la Restauraci&oacute;n y el franquismo, Andreu enumera, bajo el paraguas de una sensaci&oacute;n de falso orden, nombres como los de P&iacute;o Baroja o Brian Dillon, que no dan juego a la raz&oacute;n, que hablan en su obra de la b&uacute;squeda del sustento a trav&eacute;s de la huida, el nomadismo como fuente de inspiraci&oacute;n hasta caer en la forma h&iacute;brida del ensayo agresivo y simp&aacute;tico. Mezclados, pero no agitados, acaban siendo colonizados por un falso optimismo que en su forma m&aacute;s integral puede acabar vertiendo sus lixiviados en lo que se conoce como ideolog&iacute;a neoliberal, la aut&eacute;ntica cara de la festividad postmoderna.&nbsp;</p>
<p>Andreu incide en el problema del desmantelamiento de la instrucci&oacute;n p&uacute;blica como v&iacute;a para el fin del libre pensamiento pol&iacute;tico, obligando a la persona a la b&uacute;squeda, m&aacute;s agotadora y exigente, en el pensamiento no reglado. En este caso, en mi opini&oacute;n, existe una omisi&oacute;n obvia, que es la dejadez social de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, que alcanza a cualquier estrato social, donde lo inmediato y lo f&aacute;cil evita que se aprovechen al m&aacute;ximo los magn&iacute;ficos medios que la socialdemocracia y la sociedad occidental ha ido proporcionando a todas las capas estructurales, los m&aacute;s humildes, por supuesto, los primeros, al necesitar un acceso gratuito y universal. Todo el libro pivota alrededor de la necesidad de encontrar un culpable extra&ntilde;o, forastero, cuando es el mismo alumno, la misma persona pol&iacute;tica, la que decide, en su ejercicio de libertad, abandonarse al hedonismo mal entendido. Del mismo modo, la idea de una escuela de la vida, de una forma de autoaprendizaje, es un elemento social que acaba eliminando a los intelectuales org&aacute;nicos o los periodistas del r&eacute;gimen, cuarto poder herederos de la nobleza endog&aacute;mica y universitaria. Si bien esto puede ser visto desde un punto de vista &aacute;crata hasta que la visi&oacute;n del individuo no coincide con la del intelectual (org&aacute;nico o inorg&aacute;nico). El periodismo, propaganda en lugar de ensayo, es un tema de actualidad y que surge, de nuevo en mi opini&oacute;n, de la dejadez de prensa, acomodada en la idea de que su pensamiento y el del poder est&aacute; en la misma l&iacute;nea y, adem&aacute;s, es la correcta, con lo cual cualquier pregunta inc&oacute;moda es un brote del siempre resiste &aacute;rbol del fascismo. En Espa&ntilde;a, animados a gastar antes que guardar, nos vemos sometidos a una serie de apocalipsis cotidianos, de situaciones inveros&iacute;miles, que hacen del &ldquo;Derecho a pensar&rdquo; una inc&oacute;moda exigencia m&aacute;s que un derecho adquirido. La religi&oacute;n, la agenda ideol&oacute;gica, esa especie de catecismo civil en el que la cultura tiene algo de aguafiestas haciendo de la herej&iacute;a una necesidad. Evitar una poblaci&oacute;n ganado, buscar una renovaci&oacute;n donde el amor, la revuelta y la lectura sean instrumentos, que lo inmediato del serial deje de imponerse. Seg&uacute;n Andreu Navarra, los autores de hoy compiten para ver qui&eacute;n es m&aacute;s diverso y culpabilizado.</p>
<p>Olvidada la escuela de Madrid de Miguel de Unamuno, Juli&aacute;n Mar&iacute;as, Ortega y Gasset o Mar&iacute;a Zambrano, da la sensaci&oacute;n de que una persona neuronalmente quemada (de v&iacute;deos instant&aacute;neos, movimientos del dedo sobre la pantalla t&aacute;ctil) no puede emanciparse y mucho menos pensar. Es necesario restaurar ese bienestar. Escapar del odio de clase, de frentismo medi&aacute;tico. La religi&oacute;n del pensamiento evita el contexto, citando al autor, las frases de las obras de Lenin, que usaron la polic&iacute;a pol&iacute;tica, Josef Stalin o Leonid Br&eacute;zhnev, como ejemplos de la gran derrota de la teor&iacute;a, del ideal, acaba en una serie de sintagmas carentes de significado, m&aacute;s cercanas a la proclama religiosa que al fundamento pol&iacute;tico. A&ntilde;ado, en mi caso, el fen&oacute;meno de la neolengua educativa, que Andreu Navarra conoce tambi&eacute;n, que arranca cualquier validez a los procesos de aprendizaje para evitar los &ldquo;degradantes&rdquo; (y las comillas son necesarias) procesos de evaluaci&oacute;n. La persona necesita aprender y demostrar que ha aprendido para poder tener las herramientas que le permitan construir el pensamiento independiente, base de toda la literatura, el ensayo y la cultura como elemento libertador. Volvemos a los tuits, a los aforismos, a la poes&iacute;a en rima consonante, a un coro de ladrillos, a una econom&iacute;a de adictos a la dopamina, que no alcanzan ni el honor de ser un Frankenstein de Don de Lillo o un Patrick Bateman del siglo XXI. Escribir un ensayo, dice Navarra, no es garant&iacute;a de que en un futuro no se produzca una masacre. Sumidos en el escepticismo, acabamos por volver a la clasificaci&oacute;n m&aacute;s cl&aacute;sica del intelectual, contenida en obras como la de David Jim&eacute;nez y en las que se muestra como el escepticismo y la lectura son los enemigos naturales de la burocracia. Miguel de Unamuno y Josep Pla o Eugenio d'Ors y Agust&iacute;n Fern&aacute;ndez Mallo, la esencia del individuo frente a la sociedad, ante el fuego de una &eacute;poca concreta, el presumido autor de cartas que se han escrito para ser publicadas, una epidemia global que deja las elucubraciones de Philip K. Dick o el propio Ballard en bromas para ni&ntilde;os. Los temas del ensayo tienen que ser bombas de racimo y el mismo ensayista gestor de hemorragias.&nbsp;</p>
<p>Un ensayo sobre los ensayos como este, encuentra la cristalizaci&oacute;n en la obra de autoras como Patricia Almarcegui o Marta Reb&oacute;n, donde el viaje, la ciudad l&iacute;quida y las formas de urbanismo y comunicaci&oacute;n (incluyendo la memoria, como en la cita que aparece en el libro, donde se habla de primero vivir y luego escribir: "un grupo de cuatro norteamericanos obesos beben cerveza delante de las ruinas de la c&uacute;pula de la bomba at&oacute;mica de Hiroshima"). Volviendo a Unamuno, en sus obras, en sus excursiones, se proyecta a s&iacute; mismo, una especie de ensayista rom&aacute;ntico, en sus viajes chocar&aacute; posteriormente con la modernidad del turista, fen&oacute;meno, el del enfrentamiento entre viajero y turista, de los m&aacute;s interesantes del volumen. Aparece una voz como la de Agust&iacute;n Fern&aacute;ndez Mallo, donde habla de un conflicto con fondo de clasismo, de clase media ante el proletariado y, otra vez Ballard, con el fascismo intelectual sobrevolando todo. Al viajero le sobra el tiempo mientras que el turista parece impaciente, quiere llegar al desayuno buffet, a la playa. De viajes, entre Pla que compuso un libro en autob&uacute;s geogr&aacute;ficamente imposible por la Catalu&ntilde;a de su tiempo en la que solo entrevistaba a catalanes muertos o, por otro lado, el febril Joaqu&iacute;n Costa, que volvi&oacute; agotado y traumatizado de la exposici&oacute;n de Par&iacute;s de 1867 y tomo una visi&oacute;n de avezada austeridad total, evitando el subdesarrollo carlista, el primitivismo social, sabiendo que un caminante asalariado termina por ser un hombre anuncio. Acaba Joaqu&iacute;n Costa por evitar el miedo a la p&aacute;gina en blanco a trav&eacute;s de la b&uacute;squeda de citas que decoren las l&iacute;neas de su obra. De la pensi&oacute;n a la biblioteca, casi sin caminar. Es un juego de glosas, donde la lista, pecado venial del ensayista, termina por convertirse en un contenedor m&aacute;s.&nbsp;</p>
<p>Vuelve el ensayo a la parte m&aacute;s pol&iacute;tica de la sociedad, en el que la ignorancia hace que el que se cree libre acabe comport&aacute;ndose como los extremistas, tan revolucionarios que las normas superar&aacute;n a las ideas y no habr&aacute; m&aacute;s que ignorancia. Sin duda la lectura es un placer culpable, pero peor es el ensayo, que es un acto reaccionario, con un cierto grado de escepticismo y, con su exploraci&oacute;n pura del intelecto, contiene una naturaleza onanista. Leer lo que se repele acaba por ser el &uacute;nico camino seguro para combatir ideolog&iacute;as detestables. Volver, para terminar, a la educaci&oacute;n como elemento de turbiedad end&eacute;mica. Un sistema de creencias que el poder quiere estable y est&aacute;tico, que no ponga en peligro la estructura econ&oacute;mica de pa&iacute;s. Encuentro en esto un planteamiento simplista, asumiendo el movimiento pol&iacute;tico inherente en los pa&iacute;ses democr&aacute;ticos del &aacute;mbito occidental y que es una repetici&oacute;n de excusas y proclamas con varias d&eacute;cadas detr&aacute;s. &iquest;Y las propuestas m&aacute;s radicales? Lo radical es una manera de enga&ntilde;o muy poco elaborado, pero muy eficaz, captura por igual al joven apasionado y al jubilado con ganas de divertirse. Deja entre medio a las madres y los padres y sus hijos en edad de emanciparse. La edad y la clase, en su concepto medio, son la base de nuestra estructura.&nbsp;</p>
<p>Pero vuelvo a Andreu Navarra, que asegura que el poder tiene como objetivo que nadie posea el vocabulario necesario para la creaci&oacute;n de imaginarios alternativos. Dudo si lo que hace es colocar docentes aburridos o qu&iacute;micos disueltos en el aire, quiz&aacute; sea una conexi&oacute;n a la red eficiente y youtubers asociados como pedagogos que hacen del esfuerzo un detonante de la insatisfacci&oacute;n. El autor asegura que en un plazo de tiempo muy breve el alumno pobre no tendr&aacute; acceso a una educaci&oacute;n real, solo a un modo te&oacute;rico y virtual, simulado. Para el pobre la educaci&oacute;n emocional y para el rico las ciencias y las humanidades. &iquest;Qui&eacute;n es el culpable entonces? &iquest;Los profesores de los alumnos de clase alta por ser c&oacute;mplices? &iquest;Los padres que lo permiten? &iquest;La persona que cierra la biblioteca? Sanidad privada y refuerzo educativo, por sesenta euros, lo que cuesta una adicci&oacute;n moderada al tabaco y menos que el mantenimiento del terminal y la l&iacute;nea de un m&oacute;vil. A pesar de todo, aunque la sociedad est&aacute; tan estropeada y el poder controla tanto, el autor encuentra una editorial para su libro y una persona que lee y rese&ntilde;a el volumen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Andreu Navarra. <em>Raz&oacute;n y demolici&oacute;n</em>. <em>El arte de escribir ensayos</em>, Barcelona, H&amp;O Editorial, 2025.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 06 Jun 2025 09:59:39 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Roberto Alifano: “conocer a Borges fue un regalo de la vida”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/roberto-alifano-conocer-a-borges-fue-un-regalo-de-la-vida/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/ROBERTO_ALIFANO_Y_JORGE_LUIS_BORGES.jpg" alt="" /></p>
<p>Roberto Alifano (nacido en 1943, en el oeste de la provincia de Buenos Aires) no s&oacute;lo ha perseguido la felicidad en muchos momentos de su vida sino que tambi&eacute;n a &eacute;l mismo le ha perseguido la felicidad con resultados que naturalmente muchos lectores y amigos suyos envidiamos, porque no puede haber sido m&aacute;s que una enorme dicha compartir amistad, confidencias y afinidades electivas junto a escritores de la talla de Adolfo Bioy Casares, Ernesto Sabato, Nicanor Parra, Jorge Edwards, Pablo Neruda, Silvina Ocampo o Jorge Luis Borges.&nbsp;</p>
<p>Dec&iacute;a Ernest Hemingway, en <em>Par&iacute;s era una fiesta</em>, que &ldquo;si tienes la suerte de haber vivido en Par&iacute;s cuando joven, luego Par&iacute;s te acompa&ntilde;ar&aacute;, vayas a donde vayas, todo el resto de tu vida, ya que Par&iacute;s es una fiesta que nos sigue&rdquo;. Parafraseando a Hemingway, yo dir&iacute;a que Alifano tuvo la suerte cuando joven de haber vivido en Borges, con Borges, y que por eso Borges se convirti&oacute; para Alifano en una fiesta que le sigui&oacute; o a la que sigui&oacute; de por vida. Y prueba de ello es este <em>Primer Cuaderno Borges. [Diarios, 1974-1976]</em>, al que seguir&aacute;n otros dos cuadernos m&aacute;s que est&aacute;n en fase de preparaci&oacute;n para ser publicados lo m&aacute;s pronto posible.</p>
<p>Como hiciera Boswell con Samuel Johnson o Eckermann con Goethe, Alifano casi d&iacute;a por d&iacute;a fue apuntando todo cuanto sal&iacute;a de la boca de Borges a prop&oacute;sito de los temas m&aacute;s dispares, ya fuesen sus antipat&iacute;as hacia el peronismo, sus filias y sus fobias literarias (le encantaba, por ejemplo, hacer chistes sobre sus colegas, que aunque no eran heridas mortales, quiz&aacute; fuesen un poco crueles en algunos casos), sus recuerdos de juventud en Europa y particularmente en Espa&ntilde;a o su memoriosa capacidad para recitar poemas, letras de tangos y cualquier pasaje literario de una obra que por la raz&oacute;n que fuera le dej&oacute; una huella imborrable en su extenso mag&iacute;n. Porque, como bien dice Alifano en esta entrevista, &ldquo;La felicidad de Borges pasaba por la literatura&rdquo; y todo lo convert&iacute;a en literatura, ya que por encima de todo Borges &ldquo;era un ser literario&rdquo;. Tan literario como para ver en Alifano un aliado, un igual, un ser &mdash;como el propio Borges&mdash; envenenado por el virus de la literatura, que s&oacute;lo contagia a quien en sus venas, en lugar de sangre, tiene letras, versos y una corriente de caracteres cifrados en los m&aacute;s bellos e intensos vocablos de nuestra lengua. Y cosa curiosa, a pesar de los muchos a&ntilde;os que se trataron, tanto en su piso de Maip&uacute; 994 como en restaurantes, caf&eacute;s, viajes, presentaciones de libros y conferencias, nunca llegaron a tutearse, tal vez porque en el fondo Borges era un caballero ingl&eacute;s m&aacute;s pr&oacute;ximo al siglo diecinueve que al veinte. Todo lo contrario, en cambio, que su literatura, que poco o nada tiene de decimon&oacute;nica, y que muy probablemente continuar&aacute; siendo para muchos lectores una de las mayores felicidades a las que perseguir o que les persiga. De esa intensa y extensa relaci&oacute;n amigable que mantuvo con Borges nos habla Alifano aqu&iacute;. Pero no s&oacute;lo: tambi&eacute;n opina sobra la situaci&oacute;n pol&iacute;tica actual de Argentina, sobre Milei, y antes que eso sobre los terribles a&ntilde;os de la Triple A, durante la dictadura de Videla, y del riesgo de muerte que corrieron Borges, su madre do&ntilde;a Leonor, su hermana Norah y el propio Alifano, quien ya previamente hab&iacute;a tenido que escapar de la persecuci&oacute;n a la que fue sometido en Santiago de Chile por orden del general Pinochet.&nbsp;</p>
<p>Roberto Alifano, un trotamundos, un enorme escritor, un gran memorioso, un superviviente de los estragos de un siglo aciago en Hispanoam&eacute;rica, un periodista que a sus 82 a&ntilde;os a&uacute;n tiene que seguir escribiendo para comer diariamente, y en el fondo no m&aacute;s que un practicante del pesimismo de la inteligencia y del optimismo de la voluntad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Borges se convirti&oacute; en mi maestro, y eso se prolong&oacute; por m&aacute;s de diez a&ntilde;os&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>-Querido Alifano, &iquest;qu&eacute; te impuls&oacute; a querer conocer a Borges?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Bueno, sucedi&oacute; que una profesora del colegio secundario nos hizo aprender de memoria algunos sonetos de Borges. Cuando yo lo conoc&iacute; en una librer&iacute;a le recit&eacute; uno y &eacute;l se sorprendi&oacute;. De manera que empec&eacute; por su poes&iacute;a. En cuanto a mi amistad con &eacute;l fue a trav&eacute;s de do&ntilde;a Leonor, su madre, y tambi&eacute;n por su hermana Norah. Yo las conoc&iacute; cuando trabajaba en una galer&iacute;a de arte y las ayud&eacute; a colgar los cuadros para una exposici&oacute;n de pinturas de Norah Borges, una original y reconocida artista pl&aacute;stica. Aquello fue hacia comienzos de la d&eacute;cada de 1960. A partir de entonces empec&eacute; a visitar a do&ntilde;a Leonor muy seguido; me encantaba conversar con esa se&ntilde;ora mayor, que era una criolla bien argentina, muy de Buenos Aires, llena de an&eacute;cdotas y testigo de varias d&eacute;cadas de nuestra historia. Cuando la visitaba, casi siempre lo ve&iacute;a a Borges y convers&aacute;bamos de literatura. Lo entrevist&eacute; luego para una publicaci&oacute;n en la que yo trabajaba. &Eacute;l hab&iacute;a tenido un duro cruce de palabras con un gremialista y sus respuestas fueron contundentes; en pocas palabras lo destroz&oacute; dej&aacute;ndolo en rid&iacute;culo (te aclaro que no era conveniente polemizar con Borges que era el rey de las palabras y manejaba argumentos invencibles y llenos de sarcasmo). Bueno, sucedi&oacute; que cuando me iba, despu&eacute;s de mi entrevista, me dijo si me pod&iacute;a dictar un poema que hab&iacute;a pensado en la ma&ntilde;ana. Cuando terminamos me propuso regresar al d&iacute;a siguiente para corregirlo. As&iacute; lo hice y de esa forma, empec&eacute;, te dir&iacute;a que impensadamente, a colaborar con Borges, que me hizo su amanuense; es decir, la persona que escrib&iacute;a en el papel los textos que por su ceguera no pod&iacute;a fijar en el papel. Fui una suerte de secretario; yo cumpl&iacute;a con esa funci&oacute;n, adem&aacute;s de leerle, acompa&ntilde;arlo y asistirlo en muchas cosas. Se convirti&oacute; en mi maestro, y eso se prolong&oacute; por m&aacute;s de diez a&ntilde;os. Lo ayud&eacute; tambi&eacute;n en muchas traducciones como las &ldquo;F&aacute;bulas&rdquo; de Robert Louis Stevenson y la poes&iacute;a de Hermann Hesse, por ejemplo. Fue algo maravilloso trabajar con &eacute;l, un verdadero don que le debo a la vida, un regalo acaso inmerecido. A partir de ese momento lo acompa&ntilde;&eacute; y estuve a su lado en muchas charlas p&uacute;blicas.&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Era un hombre de genio, tambi&eacute;n una persona amigable, amena y de f&aacute;cil trato&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-&iquest;La imagen que ten&iacute;as de Borges cambi&oacute; algo respecto a la imagen que te hiciste de &eacute;l, una vez que lo conociste personalmente?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-No s&eacute;, quiz&aacute; s&iacute;, pero muy poco. Cuando empec&eacute; a leerlo, primero lo imagin&eacute; un personaje intocable; alguien que miraba desde una torre de marfil y despu&eacute;s, cuando lo trat&eacute; y estuve a su lado, reconoc&iacute; que era un hombre de genio, tambi&eacute;n una persona amigable, amena y de f&aacute;cil trato. Antes yo era su lector y al empezar a colaborar con &eacute;l me convert&iacute; en su disc&iacute;pulo y amanuense, como te dec&iacute;a, y en algo m&aacute;s, en su amigo; porque Borges era un hombre de amigos, un ser gregario que le encantaba el trato humano. Te repito, fue un regalo de la vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Borges estaba todo el tiempo entregado a la literatura y haciendo literatura lo que pensaba e imaginaba&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Tu libro se abre con tres citas bien escogidas de Borges. En la primera de ellas, extractada de <em>Nueva refutaci&oacute;n del tiempo</em>, Borges termina diciendo &ldquo;El mundo, desgraciadamente, es real; yo, desgraciadamente, soy Borges&rdquo;. &iquest;Cu&aacute;nto crees que hay de verdad o de impostura literaria en esas palabras?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Yo creo que ninguna, Borges era un hombre sincero. Eso no era una impostura, en su caso es la pura verdad. Borges estaba todo el tiempo entregado a la literatura y haciendo literatura lo que pensaba e imaginaba. En mi criterio fue el escritor m&aacute;s literario de toda la historia. Cuando descubri&oacute; la belleza de las palabras, nunca m&aacute;s se apart&oacute; de ellas. Su universo era literario y todo lo que pensaba pasaba por una forma muy particular que &eacute;l transformaba en arte. Fue el escritor que se propuso ser literario en cada p&aacute;gina y lo logr&oacute; &mdash;lo digo sin exagerar&mdash;, en cada frase. Es un caso incre&iacute;ble; hasta en las declaraciones que hace en los reportajes, o en su conversaci&oacute;n cotidiana, siempre lo era. Todo lo llevaba hacia el lado de la literatura. Lo que pensaba o imaginaba lo&nbsp; transformaba en una creaci&oacute;n particular.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La muerte de Pablo Neruda me marc&oacute; para siempre&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Antes de regresar a Buenos Aires, hab&iacute;as pasado unos a&ntilde;os en Chile, donde tuviste un trato muy personal con Pablo Neruda, hasta el punto de que, cuando muri&oacute;, fuiste el encargado de despedirlo en el Cementerio General de Santiago de Chile. &iquest;Qu&eacute; palabras dijiste como para que Pinochet diera orden de que te encarcelaran?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Bueno, Pablo fue otro de mis maestros y un admirado amigo. Esa vez, cuando habl&eacute; en sus exequias no recuerdo lo que dije, pero termin&eacute; con l&aacute;grimas en los ojos; fue inevitable. Por otro lado, fue una locura de mi parte. Est&aacute;bamos rodeados de polic&iacute;as y de militares que nos apuntaban con sus fusiles. Matilde, su mujer fue la que me pidi&oacute; que hablara. Esa muerte me marc&oacute; para siempre. Sent&iacute; el dolor que se siente al perder un padre, un hermano o un amigo entra&ntilde;able. Ahora te aclaro que Neruda era la ant&iacute;tesis de Borges. Y con c&oacute;digos muy distintos. Lo ejemplifico con un solo detalle: a m&iacute; nunca se me habr&iacute;a ocurrido usar el tuteo con Borges, que era una persona formal, un caballero brit&aacute;nico; en cambio Pablo propon&iacute;a el tuteo. De entrada lo hac&iacute;a y le encantaba que la gente que &eacute;l quer&iacute;a lo tuteara.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La poes&iacute;a une a los pueblos, en tanto que la pol&iacute;tica los separa&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Seg&uacute;n cuentas, Neruda apreciaba a Borges y viceversa. Y, sin embargo, se trataron poco. &iquest;No?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Es cierto, fue as&iacute;. Mira, esa es una historia que yo la cuento en una obra de teatro que escrib&iacute;. Ellos se conocieron epistolarmente a comienzos de la d&eacute;cada del veinte. El asunto fue as&iacute;: Neruda, de muchacho como es sabido, public&oacute; los <em>Veinte poemas de amor y una canci&oacute;n desesperada</em> y le envi&oacute; el libro a Borges, que dirig&iacute;a la revista &ldquo;Prisma&rdquo;. Borges public&oacute; algunos poemas y Neruda qued&oacute; muy agradecido. Luego, Borges le envi&oacute; <em>Fervor de Buenos Aires</em>, su primer libro, y recibi&oacute; un elogioso comentario de Neruda en la revista de los &ldquo;Estudiantes de la Universidad de Chile&rdquo;. A partir de all&iacute; se siguieron intercambiando poemas y en 1931, cuando Pablo se radic&oacute; en la Argentina como diplom&aacute;tico chileno, lo fue a ver y all&iacute; empez&oacute; una amistad literaria, que no se complement&oacute; con la pol&iacute;tica ya que ambos ten&iacute;an posiciones enfrentadas. Una vez Neruda me dijo: &ldquo;Mira, la amistad con Borges no pudo prosperar. &Eacute;l era un anarquista de derecha y yo un anarquista de izquierda; imposible entendernos. En lo literario s&iacute;, pero la pol&iacute;tica, la maldita pol&iacute;tica, como dec&iacute;a Unamuno, suele ser inconciliable&rdquo;. La poes&iacute;a une a los pueblos, en tanto que la pol&iacute;tica los separa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Soy un anarquista multidireccional&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Dec&iacute;a Borges que hab&iacute;a que escoger bien a nuestros enemigos porque acabaremos pareci&eacute;ndonos a ellos. &iquest;De nuestros amigos podr&iacute;a decirse lo mismo&hellip;, quiero decir si t&uacute; acabaste pareci&eacute;ndote a Borges?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-&iexcl;Ojal&aacute;! Habl&aacute;bamos de Borges y Neruda. Mira, yo te dir&iacute;a que tom&eacute; un camino en medio de esos dos titanes; ambos son mis referentes. Yo no soy una persona de derecha; pero tampoco un militante de izquierda. Estoy en medio del camino y comparto aquello que le o&iacute; decir una vez a mi amigo Nicanor Parra: &ldquo;la izquierda y la derecha unidas jam&aacute;s ser&aacute;n vencidas&rdquo;. No s&eacute; si es tan cierto, pero la ocurrencia vale. Si tuviera que definirme pol&iacute;ticamente dir&iacute;a repitiendo lo de mi amigo Federico Peralta Ramos, un personaje bien argentino, que soy un anarquista multidireccional.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-El 25 de abril de 1974 anotas que, con Borges, &ldquo;uno tiene la obligaci&oacute;n de ser inteligente, o al menos intentarlo&rdquo;. &iquest;Quiere decir eso que Borges era exigente con sus interlocutores?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Pues s&iacute;, claro. Borges era un intelectual muy exigente; aunque a veces muy tolerante y propenso a las bromas. Yo tengo un libro que se llama <em>El humor de Borges</em>, donde intento mostrarlo, adem&aacute;s, como un gran humorista muy al estilo de Bernard Shaw o de Chesterton, dos de sus paradigmas en ese camino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Per&oacute;n distribuy&oacute; las riquezas que estaban concentradas en muy pocas manos, ofreciendo bienestar a su pueblo&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Sabido es el tremendo odio que Borges le ten&iacute;a al peronismo, pero t&uacute;, sin embargo, junto con Tom&aacute;s Eloy Mart&iacute;nez, no te mostrabas tan radical como Borges, &iquest;es que ve&iacute;as algo positivo en las pol&iacute;ticas de Per&oacute;n?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-S&iacute;, por supuesto. Antes de la llegada de Per&oacute;n la Argentina era un pa&iacute;s conservador, de muy extrema derecha e insensible con la clase trabajadora. Per&oacute;n distribuy&oacute; las riquezas que estaban concentradas en muy pocas manos, ofreciendo bienestar a su pueblo. Pero, ojo, que Per&oacute;n no era de izquierda sino m&aacute;s bien un fascista, que admiraba a Mussolini. Eso me lo confes&oacute; a m&iacute; (aclaro que yo repudio el fascismo). Una referencia: es tan as&iacute; que cuando le propusieron durante su segunda presidencia un encuentro con Fidel Castro, se neg&oacute; terminantemente. &ldquo;No, yo no tengo nada que ver con Castro; estamos en veredas distintas&rdquo;. Sucedi&oacute; que Per&oacute;n, basado en la &ldquo;Enc&iacute;clica Rerum Novarum&rdquo; del Papa Le&oacute;n XIII, inspirador del actual Le&oacute;n XIV, es el art&iacute;fice en la Argentina de esa famosa &ldquo;doctrina social de la Iglesia&rdquo;.&nbsp; El peronismo se bas&oacute; en esa propuesta para llevar adelante una transformaci&oacute;n que ayud&oacute; a la clase trabajadora a obtener derechos que le correspond&iacute;an y eran negados por las pol&iacute;ticas conservadoras. No me atrevo a decir que Per&oacute;n fue un revolucionario, porque los revolucionarios cambian los usos; en tanto que Per&oacute;n se atrevi&oacute; a corregir los abusos, que no es poco, y son un legado de la revoluci&oacute;n industrial. En fin, es un tema que tiene mucho hilo por desenredar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Borges escribi&oacute; que &ldquo;los militares cuando reprimen son can&iacute;bales comi&eacute;ndose a veces a otros can&iacute;bales&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Y a prop&oacute;sito de esto, &iquest;Borges estaba en contra solo de la dictadura de Per&oacute;n o en general de todas las dictaduras, tanto de izquierdas como de derechas?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-De todas indudablemente. Cuando se produjo el terrible golpe militar que estableci&oacute; en la Argentina a un gobierno dictatorial y carente de derechos humanos, responsable de espantosos asesinatos, Borges, que escrib&iacute;a para la agencia EFE y para otra que se llamaba Beta Press, me dictaba a m&iacute; sus art&iacute;culos, y en algunos refiere sobre ese espantoso tema que lo horrorizaba, porque &eacute;l era un humanista, un gran humanista. De eso se habla poco, pero esos textos est&aacute;n. En uno que me dict&oacute; y fue publicado en el diario &ldquo;Clar&iacute;n&rdquo; y en Espa&ntilde;a, escribi&oacute; que &ldquo;los militares cuando reprimen son can&iacute;bales comi&eacute;ndose a veces a otros can&iacute;bales&rdquo;; obviamente los terroristas que han cometido aberraciones. As&iacute; &eacute;l lo defini&oacute; y la frase se inmortaliz&oacute; en el uso popular y a&uacute;n tiene vigencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Y, otra cosa, &iquest;llevarle la contraria a Borges qu&eacute; efecto le causaba?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Bueno, &eacute;l lo tomaba con humor y respond&iacute;a con iron&iacute;a y sarcasmo. Aunque, te aclaro, eso no conven&iacute;a porque Borges siempre ten&iacute;a raz&oacute;n. Sus opiniones eran concretas y hasta terminantes. Una vez otro gran amigo, el escritor Jos&eacute; Bianco, me recomend&oacute; no llevarle nunca la contra a Borges porque siempre ten&iacute;a raz&oacute;n. Y era as&iacute; nom&aacute;s. Su sabidur&iacute;a estaba por encima de cualquier circunstancia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;En la Argentina, durante la dictadura de Videla, la vida de cualquiera no val&iacute;a nada&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Estuvo Borges realmente expuesto a la muerte por los pistoleros de la Triple A o su miedo a esa posibilidad era simple aprensi&oacute;n injustificada?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Mira, en la Argentina, durante la dictadura de Videla, la vida de cualquiera no val&iacute;a nada. Los derechos humanos no se respetaban para nada. Pero en su caso se ten&iacute;a m&aacute;s cuidado. &Eacute;l y Ernesto Sabato, por ejemplo, otro gran escritor y querido amigo, gozaban de cierta impunidad. Pero bueno, nunca puede faltar alg&uacute;n loco que les pegue un tiro. Yo creo que ambos fueron muy valientes. A ambos se los agredi&oacute; en la calle. En cuento a don Ernesto, &eacute;l fue uno de los autores del &ldquo;Nunca m&aacute;s&rdquo;, donde se conden&oacute; a prisi&oacute;n a muchos de esos canallas asesinos.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Igual que detestaba el peronismo, Borges tambi&eacute;n detestaba el periodismo, hasta el punto de que se jactaba de no haber le&iacute;do nunca un peri&oacute;dico. Como periodista qu&eacute; opini&oacute;n te merece esa actitud de Borges.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Hay un error en eso. Borges fue periodista como t&uacute; o yo. Trabaj&oacute; muchos a&ntilde;os en el diario <em>Critica</em>, de Natalio Botana. Para nada era enemigo de los periodistas; ahora bien, que no le gustaba leer diarios es otra cosa. Tambi&eacute;n lo irritaba que otros lo hicieran: &eacute;l dec&iacute;a, con mucho humor, claro, y jocosamente que &ldquo;el periodismo se parece peligrosamente a la literatura&rdquo;. Yo estoy de acuerdo con eso y quiz&aacute; t&uacute; tambi&eacute;n. Tanto es as&iacute; que much&iacute;simas famosas novelas parten de hechos policiales antes dados a conocer o divulgados por el periodismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La literatura tambi&eacute;n se puede parecer peligrosamente al humor&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Como se ha dicho de Kafka, &iquest;de Borges tambi&eacute;n se podr&iacute;a decir que era un gran humorista?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Pero sin duda. Y qu&eacute; humorista. Yo creo que los grandes escritores lo han sido. No solo Kafka, tambi&eacute;n Chesterton, Faulkner, Cort&aacute;zar, Camilo Jos&eacute; Cela, Silvina Ocampo, la lista es interminable. As&iacute; como el periodismo se parece peligrosamente a la literatura; la literatura tambi&eacute;n se puede parecer peligrosamente al humor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;C&oacute;mo encajabas el racismo de Borges, por ejemplo cuando los llama &ldquo;negros de mierda&rdquo; o te dice que no los soportaba?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>-</strong>No, negros de mierda nunca los llam&oacute;; sobre todo porque no estaba dentro de su c&oacute;digo mental ni de su oficio literario. No los quer&iacute;a porque los hab&iacute;a sufrido aqu&iacute; en Buenos Aires, cuando era muchacho. La mayor&iacute;a eran marginales y agresivos. Despu&eacute;s, de un d&iacute;a para otro, emigraron al Uruguay. Le molestaban un poco, es cierto, qu&eacute; le vamos a hacer. Sobre todo porque &eacute;l y su padre hab&iacute;an sido agredidos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Es verdad que no ten&iacute;a libros suyos, propios, en su biblioteca?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-S&iacute;, es verdad, la pura verdad. Siempre dec&iacute;a, &iquest;qui&eacute;n soy yo para mezclarme con Valle-Incl&aacute;n, Milton o Rub&eacute;n Dar&iacute;o&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;A Sabato le dec&iacute;a Ernesto S&oacute;tano. Era una de las humoradas de Borges&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Muchos sabemos de las antipat&iacute;as y aversiones que Borges le ten&iacute;a a ciertos autores, como Sabato, Oliverio Girondo o Pablo de Rokha, entre otros. &iquest;Eran solo antipat&iacute;as literarias o tambi&eacute;n personales?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Literarias digamos; pero a veces, como suele suceder, se mezclaban con antipat&iacute;as personales. Es algo que le pasa a cualquier hijo de vecino. La vida est&aacute; repleta de esas enojosas cuestiones. A Sabato le dec&iacute;a Ernesto S&oacute;tano, y agregaba: un escritor que escribe sobre t&uacute;neles y a veces incursiona en autopistas (su libro m&aacute;s famoso se llama <em>Sobre h&eacute;roes y tumbas</em>, y cuando se construyeron las autopistas urbanas, que unen a Buenos Aires con el interior, &eacute;l estuvo en contra). Era una humorada de Borges.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Monsieur Jean-Pierre Bern&egrave;s, agregado de la embajada de Francia, lleg&oacute; a decir que en Borges encontraba un lado perverso y l&uacute;dico a la vez. &iquest;Cu&aacute;l podr&iacute;a ser ese lado perverso, seg&uacute;n t&uacute;?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-En alg&uacute;n aspecto quiz&aacute; es cierto; pero eso formaba parte de su sentido cr&iacute;tico; tambi&eacute;n de su humor. Le encantaba hacer chistes sobre los colegas. Pero no eran heridas mortales, quiz&aacute; un poco crueles en algunos casos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Fue una de sus perversiones literarias la de hacerse pasar por un plagiario?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-S&iacute;, claro, una broma m&aacute;s. Aunque en rigor de verdad, todo autor lo es en cierta forma. Los que escribimos en muchos casos nos apoyamos en otras cosas ya escritas; algunos las mejoran. Pero eso no desmerece el talento de un escritor. Los temas, adem&aacute;s, son muy pocos y se pueden contar con los dedos de una mano: el amor y el odio, la ternura y la pasi&oacute;n, la vida y la muerte&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Borges era un ser humano, no un extraterrestre&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Por otro lado, la madre de Borges dec&iacute;a que todos los hombres tienen debilidades, &iquest;cu&aacute;les eran a tu parecer las de Borges?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Como todo ser humano ten&iacute;a muchas. Fue desdichado en el amor. Pero eso es algo que le pasa a cualquiera; todos sobrellevamos contradicciones. Borges era un ser humano, no un extraterrestre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Entre tus muchos encuentros y conversaciones con Borges, qu&eacute; preguntas no le hiciste en su momento y ahora querr&iacute;as haberle hecho.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-No s&eacute;, tuve la suerte de tocar casi todos los temas con &eacute;l; a veces m&aacute;s all&aacute; de la literatura; ahora casi siempre con la literatura por delante. Tuve la felicidad de hablar con &eacute;l de toda clase de temas, te repito. Es algo que no se me ocurre ahora. Siempre quedan cosas pendientes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Todo gran poeta es un fil&oacute;sofo&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Considerando que Borges ten&iacute;a a la filosof&iacute;a como una rama de la literatura fant&aacute;stica, me extra&ntilde;a que asegures que Borges era un fil&oacute;sofo. &iquest;Cu&aacute;l era su filosof&iacute;a?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Mira, yo creo que todo poeta, todo gran poeta es un fil&oacute;sofo; emp&iacute;rico tal vez, pero alguien que tiene un concepto de la vida. De manera que la manera literaria de ver la vida y, quiz&aacute; tambi&eacute;n de vivirla y sobrellevarla como todo ser humano lo hace un fil&oacute;sofo. Borges, adem&aacute;s, era un devoto de Schopenhauer, que siempre aparec&iacute;a en su conversaci&oacute;n.<strong> </strong>Her&aacute;clito, Berkeley, Hume y Spinoza, eran a menudo citados por &eacute;l.<strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Chesterton y Shaw fueron dos hombres de genio y por algo se los considera cl&aacute;sicos&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Igual que antes te he mencionado las fobias que Borges le ten&iacute;a a determinados autores, ahora me gustar&iacute;a que me hablaras de sus filias, por ejemplo a Chesterton o Bernard Shaw. Y, por cierto, c&oacute;mo es que le ganaste la apuesta de que Chesterton ser&iacute;a en el futuro un autor m&aacute;s le&iacute;do y apreciado que Shaw.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Bueno, fue una apuesta entre dos amigos. Es algo que se me ocurri&oacute; a m&iacute; y creo que se est&aacute; dando. Yo aparec&iacute; una vez con un libro que compr&eacute; en una librer&iacute;a de viejo, que hablaba de los debates p&uacute;blicos que ambos ten&iacute;an en Londres. Aunque es un punto de vista que admite el disenso. Chesterton y Shaw fueron amigos, excelentes humoristas y fil&oacute;sofos existenciales. La prueba es la literatura que nos legaron. Fueron dos hombres de genio y por algo se los considera cl&aacute;sicos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Escribir es tambi&eacute;n corregir, Borges lo hac&iacute;a todo el tiempo&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-En una de tus primeras anotaciones de estos <em>Diarios</em> recuerdas lo que dec&iacute;a Alfonso Reyes, que &ldquo;hay que publicar para no pasarnos la vida corrigiendo&rdquo;. Y, sin embargo, el padre de Borges le hab&iacute;a advertido a su hijo que escribiera mucho, corrigiera mucho y no tuviera prisas por publicar. &iquest;A qui&eacute;n le hizo caso Borges?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Ah&iacute; me desdoblo y le doy la raz&oacute;n a ambos. Escribir es tambi&eacute;n corregir; Borges lo hac&iacute;a todo el tiempo, y a veces correg&iacute;a lo que ya hab&iacute;a publicado. Su primer libro, <em>Fervor de Buenos Aires</em>, me pidi&oacute; a m&iacute; que le ayudara a rehacerlo. &ldquo;Pero ya est&aacute; publicado hace d&eacute;cadas, c&oacute;mo lo va a corregir, Borges&rdquo;, argument&eacute; yo. &ldquo;Tengo derecho a rehacerme, soy el due&ntilde;o de esos poemas&rdquo;, me respondi&oacute;. Y s&iacute;, lo corrigi&oacute; casi cincuenta a&ntilde;os despu&eacute;s&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Fue Borges infelizmente feliz o felizmente infeliz, dado sus fracasos amorosos?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-La felicidad de Borges pasaba por la literatura. Creo que ya lo dije: era un ser literario. En cuanto a sus fracasos amorosos&hellip; Es la ley de la vida. Como dice una canci&oacute;n que cantaba Luis Aguil&eacute;: &ldquo;En el amor suceden tantas cosas&rdquo;&hellip; Agrego unas palabras del maestro: &ldquo;es todo tan raro que hasta el misterio de la Sant&iacute;sima Trinidad, puede ser posible&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Milei es un exponente tel&uacute;rico de nuestra decadencia. Como lo son Trump y Putin&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Argentina era como un quilombo en los a&ntilde;os de Per&oacute;n, &iquest;y hoy, con Milei, c&oacute;mo crees que ver&iacute;a Borges a Argentina?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Con gran inquietud, sin duda y con much&iacute;sima preocupaci&oacute;n. Milei es un exponente tel&uacute;rico de nuestra decadencia. Como lo son Trump y Putin en el mismo nivel. La gente, en el caso de Milei, lo vot&oacute; por hartazgo. Es personaje que raya con lo patol&oacute;gico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Somos capaces de cometer las cosas m&aacute;s deleznables y atroces&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-En un momento de tus <em>Diarios</em> dices que no te consideras ni un simple ni un ingenuo entusiasta, sino todo lo contrario, alguien que pisa en terreno del pesimismo de Nietzsche y el de Schopenhauer. &iquest;Sigues pisando ese mismo terreno o el devenir de los a&ntilde;os te ha hecho m&aacute;s estoico?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>&iexcl;Ah, s&iacute;, sin duda. Cada vez me siento m&aacute;s estoico; el cuero se nos va endureciendo, sigo pisando en el terreno del pesimismo, como siempre lo hice! La decadencia es universal. Por un lado avanzamos en un a&ntilde;o quinientos o mil a&ntilde;os y, por el otro, seguimos retrocediendo y tropezando con la misma piedra. Somos incorregibles y bichos muy raros, capaces de cometer las cosas m&aacute;s deleznables y atroces. &ldquo;El hombre contra el hombre&rdquo; sigue siendo la apuesta vigente. Da bronca y duele mucho, querido amigo, pero es as&iacute;. La miseria humana es incalificable. Si los hombres fu&eacute;ramos distintos no existir&iacute;an las guerras, algo espantoso de solo imaginar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-A mediados de los a&ntilde;os setenta la situaci&oacute;n de Argentina era catastr&oacute;fica, con oleadas de atentados contra los opositores al R&eacute;gimen peronista, &iquest;llegaste a temer por tu propia vida?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Querido Ricardo, yo soy un sobreviviente de aquellos tiempos. Fui corresponsal de un diario argentino y viv&iacute; en Chile durante el gobierno de Salvador Allende. Despu&eacute;s del golpe militar de Pinochet, por hablar en el entierro de Neruda y escribir para un diario de la Argentina, defensor de la democracia, casi fui fusilado; luego me deportaron con mi familia (esposa y tres hijas). Me toc&oacute; vivir como si fuera poco la horrible &eacute;poca de la dictadura argentina, a la que se culpa de haber hecho desaparecer a m&aacute;s de 30 mil personas. Durante esos a&ntilde;os, por una entrevista a Ernesto Sabato, me detuvieron y tuve la suerte de que no me ejecutaran. Me tocaron tiempos muy crueles. Ahora, en estos d&iacute;as estoy transitando la d&eacute;cada infame, como llamo yo a lo que viene despu&eacute;s de los 80. &iexcl;Y bueno, aqu&iacute; estoy dando todav&iacute;a se&ntilde;ales de vida y a un paso de cumplir 82!&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Para ser optimista es necesario ponerle voluntad, ya que la realidad suele ser muy dura y muy hiriente&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Practicabais t&uacute; y Borges, como Antonio Gramsci, &ldquo;el pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad&rdquo;?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-S&iacute;, claro. Est&aacute; muy bien eso de Gramsci, por lo general el pesimismo forma parte de la inteligencia y para ser optimista es necesario ponerle voluntad, ya que la realidad suele ser muy dura y muy hiriente. Yo compart&iacute;a &mdash;y sigo compartiendo&mdash; esa visi&oacute;n humanista de la existencia que ten&iacute;a Borges, pero la violencia a veces bajo otros aspectos sigue presente. En algunos casos el hombre es menos brutal que en otros tiempos. En la Argentina, durante las guerras civiles del siglo XIX, se asesinaba despiadadamente. Los caudillos argentinos ten&iacute;an unos personajes horrendos, que eran llamados &ldquo;despenadores&rdquo; y eran los encargados de degollar a los prisioneros despu&eacute;s de una batalla, mientras los vencedores celebraban con un banquete, comiendo un asado. Para divertirse hac&iacute;an carreras entre los pobres desgraciados que sobreviv&iacute;an para ver qui&eacute;n llegaba primero a una meta. Se les cortaba el pescuezo y los hac&iacute;an correr. Esos verdugos eran famosos. Hab&iacute;a uno, apodado el &ldquo;Carnicerito&rdquo;, que dec&iacute;a a su v&iacute;ctima antes de degollarlo: &ldquo;No tenga miedo amigo que no va a sufrir, es un tajito nom&aacute;s&rdquo;. Algo horrible. Nos ha tocado transitar un fin de los tiempos muy inciertos. La realidad que nos toca vivir es compleja y muy cruel en muchos aspectos. Quiz&aacute; no existen los &ldquo;despenadores&rdquo;, pero esa crueldad sigue latente. Hay much&iacute;sima gente en todo el mundo que lo pasa mal y se muere de hambre. En estas guerras de hoy en d&iacute;a, como siempre ha sucedido, el coste lo pagan los inocentes y una buena mayor&iacute;a son chicos. Yo recuerdo que antes se dec&iacute;a: &ldquo;Los ni&ntilde;os y las mujeres primero&rdquo;; ahora se dice &ldquo;S&aacute;lvese quien pueda&rdquo;. Esto no solo sucede en las guerras donde se asesina a mansalva; tambi&eacute;n en la vida cotidiana, donde el irrespeto hacia el ser humano forma parte del comportamiento cotidiano. La Argentina es casi un campo de batalla por la inseguridad. Yo no s&eacute; si el hombre ha mejorado, quiz&aacute; lo que ha perfeccionado es su modo de matar al pr&oacute;jimo.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Me encanta volver a esos recuerdos que al reencontrarlos a trav&eacute;s del tiempo, me siguen enriqueciendo&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Y, en fin, &iquest;me puedes decir si felizmente habr&aacute; un <em>Segundo Cuaderno Borges</em>?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-S&iacute;, por supuesto. Y ya casi est&aacute; listo para publicarse. En mi proyecto son tres tomos. Sin apuro voy puliendo esos textos que est&aacute;n en unos cuadernos. En el libro, hacia el final, hay unas fotos y ah&iacute; aparecen. Me encanta volver a esos recuerdos que al reencontrarlos a trav&eacute;s del tiempo, me siguen enriqueciendo, y tambi&eacute;n ense&ntilde;ando. Es muy poco lo que sabemos; somos muy ignorantes. Emerson dec&iacute;a que &ldquo;toda persona que conoc&iacute;a era m&aacute;s sabia que &eacute;l en alg&uacute;n aspecto, y que en ese aspecto trataba de aprender de esa persona&rdquo;.<em>&nbsp;</em></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>Roberto Alifano, <em>Primer cuaderno Borges [Diarios, 1974-1976]</em>, Sevilla, Renacimiento, 2025.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 06 Jun 2025 09:16:08 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Grandes autores protagonizan el número 155 de TURIA]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/grandes-autores-protagonizan-el-numero-155-de-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2025/ANA_MAR_A_MATUTE_5_500_px_1.jpg" alt="" /></p>
<p>Otra excelente autora que sigue gozando del favor de los lectores y de la cr&iacute;tica es la barcelonesa Cristina Fern&aacute;ndez Cubas, tambi&eacute;n ganadora de tres grandes premios: el de las Letras espa&ntilde;olas, que se concede a toda una trayectoria, el Nacional de Narrativa y el de la Cr&iacute;tica. El art&iacute;culo analiza especialmente sus libros posteriores al 2006 y subraya &ldquo;su aportaci&oacute;n al cuento literario fant&aacute;stico, y a esa dimensi&oacute;n intermedia que supone la novela corta, pues en sus narraciones predomina lo sugerido sobre lo evidente, en una realidad que no solo tiene aspectos visibles, sino tambi&eacute;n otros inquietantes e inexplicables&rdquo;.&nbsp; &nbsp;</p>
<p>Junto a esas aproximaciones a la obra de dos sobresalientes escritoras de nuestro tiempo, que invitan a leerlas y a conocerlas mejor, destaca tambi&eacute;n el atractivo texto que TURIA publica sobre un lugar fascinante y de enorme belleza como es la localidad portuguesa de Sintra. Bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Visiones encantadas de Sintra. De Southey a Bernhard, pasando por Campbell e Isherwood&rdquo;, se traza un recorrido por la huella literaria que ha dejado ese hermoso paraje en grandes autores de las letras universales. Un peque&ntilde;o para&iacute;so natural y patrimonial que, a lo largo de la historia, nunca ha dejado indiferente a quien lo visita. Un deslumbramiento del que han dejado constancia en sus obras infinidad de autores, desde los grandes del romanticismo como Lord Byron hasta escritores de nuestros d&iacute;as como Thomas Bernhard. No por casualidad, Sintra est&aacute; considerada Patrimonio Mundial de la Unesco por su paisaje cultural desde 1992.&nbsp;</p>
<p>Adem&aacute;s de estos contenidos de an&aacute;lisis y divulgaci&oacute;n literaria, la revista TURIA realiza una apuesta clara por la mejor literatura actual. Buen ejemplo de su vocaci&oacute;n cosmopolita y de su deseo de ofrecer buenas lecturas a buenos lectores, es la publicaci&oacute;n de un anticipo editorial de la relevante autora norteamericana Lionel Shriver. Se trata de un avance de su &uacute;ltimo libro, titulado &ldquo;Man&iacute;a&rdquo;, editado en los USA el pasado a&ntilde;o y que ser&aacute; publicado en Espa&ntilde;a el pr&oacute;ximo oto&ntilde;o por Anagrama. En &ldquo;Man&iacute;a&rdquo;, &eacute;sta reconocida escritora y periodista que se consagr&oacute; mundialmente en 2005 gracias a su novela &ldquo;Tenemos que hablar de Kevin&rdquo;, ha elaborado una oportuna s&aacute;tira narrativa sobre la llamada &ldquo;cultura de la cancelaci&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>La potente secci&oacute;n que TURIA dedica a narrativa se nutre tambi&eacute;n de material in&eacute;dito de Sara Barquinero, considerada escritora revelaci&oacute;n de 2024 por su novela &ldquo;Los escorpiones&rdquo;. Otro notable nombre propio de nuestra cultura que participa en esta nueva entrega de la revista es&nbsp; Daniel Gasc&oacute;n, editor en Espa&ntilde;a de la revista &ldquo;Letras Libres&rdquo; y con una contrastada trayectoria como traductor y escritor. Completan la n&oacute;mina el venezolano Ednodio Quintero, Miguel Serrano Larraz y Antonio Castellote.&nbsp;</p>
<p>En las p&aacute;ginas que TURIA dedica a publicar poes&iacute;as originales, se dan cita creadores con un itinerario po&eacute;tico contrastado y f&eacute;rtil como Gioconda Belli, Luis Antonio de Villena, Manuel Vilas, &Aacute;ngeles Mora, Ana Rossetti, Rosana Acquaroni, Jaime Garc&iacute;a-M&aacute;rquez, Juan Antonio Tello, Luisa Mi&ntilde;ana y Javier P&eacute;rez Walias. Junto a ellos, y como es habitual en la revista, no faltan los poemas de destacados poetas emergentes como Almudena Vidorreta, Carmen Rotger, Ang&eacute;lica Morales, Mar&iacute;a G&oacute;mez Lara, Montse Mar&iacute;a Ayuso, Ramiro Gair&iacute;n o Alicia Louzao, entre otros.</p>
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<p><strong>ANA MAR&Iacute;A MATUTE: &ldquo;ESCRIBIR ES SIEMPRE PROTESTAR&rdquo;</strong></p>
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<p>La revista TURIA da inicio al sumario de su nuevo n&uacute;mero con un art&iacute;culo original sobre la gran escritora Ana Mar&iacute;a Matute (Barcelona, 1925 &ndash; 2014). Se trata as&iacute; de aprovechar la oportunidad de que este a&ntilde;o se celebre el centenario de su nacimiento para fomentar su lectura. Su autora es Marisa Sotelo V&aacute;zquez, catedr&aacute;tica de Literatura Espa&ntilde;ola y directora del Departamento de Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica, Teor&iacute;a de la Literatura y Comunicaci&oacute;n de la Universidad de Barcelona, y considerada una de las mayores especialistas en su obra.&nbsp;</p>
<p>Seg&uacute;n Marisa Sotelo V&aacute;zquez, cuyo texto se titula significativamente &ldquo;Ana Mar&iacute;a Matute: &lsquo;Escribir es siempre protestar&rsquo;&rdquo;, la escritora barcelonesa pertenec&iacute;a a la llamada generaci&oacute;n de &ldquo;los ni&ntilde;os de la guerra&rdquo;. Es decir, a aquellos autores que cuando estall&oacute; la guerra civil ten&iacute;an entre 8 y 11 a&ntilde;os, la edad de la &ldquo;infancia consciente&rdquo;. Entre esos escritores, y adem&aacute;s de ella, sobresaldr&iacute;an nombres propios como los de Rafael S&aacute;nchez Ferlosio, Carmen Mart&iacute;n Gaite, Ignacio Aldecoa o Juan&nbsp; Benet. No obstante, &ldquo;en el caso de Ana Mar&iacute;a Matute, aunque en muchos aspectos puede adscribirse plenamente a ese grupo, su escritura presenta desde el principio caracter&iacute;sticas propias, sobre todo en el tratamiento de la fantas&iacute;a de que se nutre su rica imaginaci&oacute;n y en el lenguaje deslumbrante, sugerente y eminentemente l&iacute;rico, que la hacen en cierta medida inclasificable. Son cualidades que, junto a una prodigiosa intuici&oacute;n de la vida y de los sentimientos&rdquo;, fueron subrayadas acertadamente por la cr&iacute;tica.&nbsp;</p>
<p>Para la autora de t&iacute;tulos inolvidables como &ldquo;Olvidado rey Gud&uacute;&rdquo; o &ldquo;Primera memoria&rdquo;, la tarea de escribir no fue simplemente una profesi&oacute;n o una vocaci&oacute;n, sino magia, alquimia, &ldquo;una manera de estar en el mundo. Una manera de ser&rdquo;, m&aacute;s all&aacute; de las teor&iacute;as o de las modas literarias que se suceden a lo largo del tiempo. Y es que, tal y como nos dir&aacute; en TURIA Marisa Sotelo V&aacute;zquez, &ldquo;para Ana Mar&iacute;a Matute el escritor nace y no se hace. De ah&iacute; que, si no tiene unas aptitudes innatas nunca llegar&aacute; a ser un escritor aut&eacute;ntico. Y estas aptitudes innatas deben ir siempre acompa&ntilde;adas de un trabajo constante en busca de la palabra m&aacute;s adecuada a cada situaci&oacute;n sin prescindir nunca de la imaginaci&oacute;n, de la fantas&iacute;a y procurando la m&aacute;xima sencillez&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>En definitiva, que &ldquo;el acto de escribir se convierte para Ana Mar&iacute;a Matute en una b&uacute;squeda incesante de la palabra, que no cobra todo su sentido hasta que el libro llega a manos del lector, que ser&aacute; part&iacute;cipe privilegiado de la comunicaci&oacute;n personal que se establece con el autor a trav&eacute;s de la lectura&rdquo;. Y, por tanto, &ldquo;ser&aacute; esa palabra laboriosamente perseguida y llena de belleza la que nos salve a los lectores y nos permita seguir gozando de los para&iacute;sos inhabitados&rdquo; que pueblan los libros de una de las m&aacute;s grandes novelistas espa&ntilde;olas de nuestra &eacute;poca.</p>
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<p><strong>CRISTINA FERN&Aacute;NDEZ CUBAS, O C&Oacute;MO A&Ntilde;ADIR UNA HABITACI&Oacute;N A LA CASA DE LA VIDA</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Nadie mejor y m&aacute;s autorizado para hablarnos con criterio y acierto de Cristina Fern&aacute;ndez Cubas (Arenys de Mar, Barcelona, 1945) que Fernando Valls, profesor de Literatura Espa&ntilde;ola Contempor&aacute;nea de la Universidad Aut&oacute;noma de Barcelona y actual presidente de la Asociaci&oacute;n Espa&ntilde;ola de Cr&iacute;ticos Literarios.&nbsp;</p>
<p>Valls, gran estudioso de la narrativa actual, afirma en TURIA sobre Cristina Fern&aacute;ndez Cubas: &ldquo;Desde que en 1980 publicara su primer libro, &ldquo;Mi hermana Elba&rdquo; que llevaba una atractiva cubierta de Claret Serrahima, la autora ha cultivado tambi&eacute;n la novela (&ldquo;El a&ntilde;o de Gracia&rdquo;, 1985; y &ldquo;La puerta entreabierta&rdquo;, 2013), la novela corta (&ldquo;El columpio&rdquo;, 1995), el microrrelato (&ldquo;El viaje&rdquo; y &ldquo;El Insbut&rdquo;), la biograf&iacute;a (&ldquo;Emilia Pardo Baz&aacute;n&rdquo;, 2001), el teatro (&ldquo;Hermanas de sangre&rdquo;, 1998; recu&eacute;rdese que en su juventud trabaj&oacute; como actriz de teatro), la narraci&oacute;n infantil (&ldquo;De mayor quiero ser bruja&rdquo;, 2014, en la que una ni&ntilde;a, llamada Microbio, se escapa de una hermana abusona y vive una aventura junto a la vieja y sabia bruja Bri, a la que no le falta la correspondiente escoba) y las memorias (&ldquo;Cosas que ya no existen&rdquo;, 2001). El caso es que 45 a&ntilde;os despu&eacute;s, que son los que Cristina Fern&aacute;ndez Cubas lleva publicando libros, se ha convertido en una autora reconocida e imprescindible, prestigio certificado por el aval de los lectores y de la cr&iacute;tica, y por tres grandes premios: el de las Letras espa&ntilde;olas, que se concede a toda una trayectoria literaria, el Nacional de Narrativa y el de la Cr&iacute;tica, por los cuentos de &ldquo;La habitaci&oacute;n de Nona&rdquo; (2015). Tusquets, su editorial de siempre, est&aacute; reeditando todos sus libros, que han acabado convirti&eacute;ndose en lectura escolar, tanto en los Institutos de Bachillerato y Universidades, como en los clubes de lectura y en los talleres de escritura&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>En el art&iacute;culo que publica TURIA, Fernando Valls centra su an&aacute;lisis sobre todo en los libros posteriores al 2006, cuando se publica &ldquo;Parientes pobres del diablo&rdquo;, aunque no por ello deja de referirse a los primeros libros de cuentos cuando lo he estimado preciso, para proporcionarle al lector una cierta visi&oacute;n de conjunto. Y es que, para Valls, aunque Cristina Fern&aacute;ndez Cubas ha cultivado diferentes g&eacute;neros&nbsp; con rigor, ambici&oacute;n y acierto, cree que &ldquo;es necesario destacar su aportaci&oacute;n al cuento literario fant&aacute;stico, y a esa dimensi&oacute;n intermedia que supone la novela corta, pues en sus narraciones predomina lo sugerido sobre lo evidente, en una realidad que no solo tiene aspectos visibles, sino tambi&eacute;n otros inquietantes e inexplicables&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>En definitiva, que &ldquo;si observamos con una cierta perspectiva su trayectoria como escritora -y ahora, tantos a&ntilde;os despu&eacute;s, podemos hacerlo-, nos daremos cuenta de que no ha tenido nunca prisa, ni a la hora de escribir, ni a la de publicar -algo que resulta cada vez m&aacute;s ins&oacute;lito-, y, sobre todo, que ha conseguido y asentado un estilo y un mundo propio que va desarrollando, transformando y ampliando en cada uno de sus nuevos libros&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LIONEL SHRIVER: UNA DEMOLEDORA Y DIVERTIDA CR&Iacute;TICA A LA ESTUPIDEZ QUE GOBIERNA OCCIDENTE</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Man&iacute;a&rdquo;, de Lionel Shriver, es una oportuna y recomendable novela sobre la creciente imbecilidad, sobre la estupidez que gobierna nuestras sociedades occidentales y sobre los prejuicios que genera la correcci&oacute;n pol&iacute;tica. Una demoledora y divertida cr&iacute;tica a la destructiva estrategia que supone la puesta en pr&aacute;ctica de medidas de cancelaci&oacute;n cultural. Al respecto, resulta muy reveladoras del esp&iacute;ritu de la obra las dos citas que Shriver utiliza como p&oacute;rtico de su texto. La primera de ellas corresponde al ide&oacute;logo del pensamiento liberal Alexis de Tocqueville: &ldquo;Cuando dejan de existir la riqueza hereditaria, los privilegios de clase y las prerrogativas d ecuna, resulta evidente que la principal diferencia en la fortuna de los hombres reside en su capacidad intelectual&rdquo;. La segunda cita procede del c&eacute;lebre psic&oacute;logo y ensayista Carl Jung y nos dir&aacute;: &ldquo;En efecto, parece cada vez m&aacute;s obvio que el mayor peligro para la humanidad no son el hambre, ni los microbios, ni el c&aacute;ncer, sino el hombre mismo, y ello por la sencilla raz&oacute;n de que no existe protecci&oacute;n adecuada contra las epidemias ps&iacute;quicas, infinitamente m&aacute;s devastadoras que las peores cat&aacute;strofes naturales&rdquo;.</p>
<p>Su novela &ldquo;Man&iacute;a&rdquo; es, seg&uacute;n la cr&iacute;tica estadounidense, &ldquo;una fantas&iacute;a que se aferra inc&oacute;modamente a la realidad actual, donde los hechos y la verdad se reconocen selectivamente seg&uacute;n caprichos cada vez m&aacute;s subjetivos... Los detalles de <em>Mania</em> son materia de s&aacute;tira sangrienta, pero el concepto rector de la novela llega directo al hueso sin anestesia. Shriver no es de las que andan de puntillas con sus personajes. A&uacute;n sabe c&oacute;mo provocar al oso. En este caso, el oso somos nosotros. Seg&uacute;n el &ldquo;The New York Times&rdquo;, &ldquo;Man&iacute;a&rdquo; &ldquo;es una obra ambientada en un pasado cercano paralelo pero demasiado familiar, una novela brillantemente subversiva sobre una amistad de toda la vida amenazada por guerras culturales&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>El argumento de &ldquo;Man&iacute;a&rdquo; es el siguiente: &ldquo;en un 2011 alternativo, el movimiento de Paridad Mental toma fuerza. Los estadounidenses ahora aceptan la verdad sagrada y universal de que no existe tal cosa como la inteligencia humana variable. Como todos somos igualmente inteligentes, la discriminaci&oacute;n contra gente supuestamente tonta es "la &uacute;ltima gran lucha por los derechos civiles". Se descartan ex&aacute;menes, calificaciones y calificaciones laborales. Los ni&ntilde;os son expulsados por decir la palabra S (&ldquo;est&uacute;pido&rdquo;) y se les anima a denunciar a los padres que la utilizan en casa.</p>
<p>Pearson Converse, profesora de ingl&eacute;s en una universidad, de postura constitucionalmente rebelde, rechaz&oacute; su restrictiva crianza como testigo de Jehov&aacute; cuando era adolescente y, por lo tanto, siente aversi&oacute;n por cualquier tipo de dogma. Impotente en el aula universitaria, tambi&eacute;n se enfurece por el aplastamiento del esp&iacute;ritu excepcionalmente brillante de sus hijos en la escuela primaria. Afortunadamente, goza de la confianza de un mejor amigo, un comentarista de medios con quien puede hablar con franqueza sobre su desprecio socialmente inaceptable por el movimiento MP. O al menos cree que puede... hasta que un d&iacute;a el abismo pol&iacute;tico entre las dos mujeres se vuelve infranqueable y una relaci&oacute;n de toda la vida implosiona.</p>
<p>Con ecos de &ldquo;La mancha humana&rdquo; de Philip Roth, contado con la voz inimitable e iconoclasta de Lionel Shriver, &ldquo;Man&iacute;a&rdquo; es un libro agudo, mordaz y despiadadamente divertido sobre el camino hacia un igualitarismo delirante y autodestructivo en el que ya se encuentra nuestra sociedad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 06 Jun 2025 07:33:36 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La brillante literatura rumana actual protagoniza la revista "Turia"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-brillante-literatura-rumana-actual-protagoniza-la-revista-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2025/CORINA_OPROAE_4.jpg" alt="" /></p>
<ul>
<li><strong>A trav&eacute;s de 150 p&aacute;ginas de textos in&eacute;ditos, TURIA no s&oacute;lo analiza la obra de sus grandes autores contempor&aacute;neos sino que publica por primera vez en espa&ntilde;ol a 21 nuevos e interesantes escritores rumanos </strong></li>
</ul>
<ul>
<li><strong>TURIA se presentar&aacute; en Madrid el 25 de junio, en la sede de la Biblioteca Nacional de Espa&ntilde;a, mediante un conversatorio entre Jordi Doce, Corina Oproae y Manuel Rico.</strong></li>
</ul>
<p><strong>&nbsp;</strong>La revista cultural TURIA presentar&aacute; su n&uacute;mero especial en homenaje a la brillante literatura rumana actual en la sede madrile&ntilde;a de la Biblioteca Nacional de Espa&ntilde;a. Ser&aacute; el pr&oacute;ximo 25 de junio, a las 18:30 h. y en un acto p&uacute;blico que tendr&aacute; formato de conversatorio en el que participar&aacute;n dos cualificados expertos espa&ntilde;oles en las letras rumanas como Jordi Doce, escritor, editor, traductor y cr&iacute;tico literario, y Manuel Rico, escritor, cr&iacute;tico literario y presidente de la Asociaci&oacute;n Colegial de Escritores de Espa&ntilde;a. Junto a ellos intervendr&aacute; la escritora y traductora rumana Corina Oproae, recientemente galardonada con el Premio Tusquets de novela por su obra titulada &ldquo;La casa lim&oacute;n&rdquo;. Moderar&aacute; el coloquio Fernando del Val, periodista de RNE y poeta.</p>
<p>Con esta iniciativa, y como escribe Mercedes Monmany en TURIA, se quiere contribuir al fomento de la lectura en Espa&ntilde;a de la valiosa y f&eacute;rtil literatura rumana contempor&aacute;nea: &ldquo;No es ning&uacute;n secreto, para cualquier persona atenta a la literatura europea de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, que se repite una presencia espl&eacute;ndida, continuada, en ocasiones realmente espectacular, a trav&eacute;s de varias generaciones de escritores rumanos que van cosechando los mejores premios europeos e internacionales de nuestros d&iacute;as. Traducidos muchas veces a una notable cantidad de lenguas, algunos de estos grandes autores contempor&aacute;neos (como es el caso de Norman Manea, Ana Blandiana o Mircea Cartarescu) figuran de forma invariable, a&ntilde;o tras a&ntilde;o, en las listas de un posible Premio Nobel de Literatura&rdquo;. De ah&iacute; que la revista TURIA haya realizado una atractiva y completa aproximaci&oacute;n a la literatura rumana de nuestros d&iacute;as. Y, por otra parte, que el Instituto Cultural Rumano haya brindado su respaldo a la iniciativa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UNA PANOR&Aacute;MICA COMPLETA DE LA MEJOR LITERATURA EUROPEA </strong></p>
<p>La decisi&oacute;n de la revista TURIA de dedicar un monogr&aacute;fico a las letras rumanas permitir&aacute; al lector &nbsp;en &nbsp;espa&ntilde;ol &nbsp;conocer &nbsp;con detalle el brillante momento que vive la literatura de ese pa&iacute;s europeo. A trav&eacute;s de 150 p&aacute;ginas de textos in&eacute;ditos, TURIA&nbsp; no s&oacute;lo analiza la obra de sus grandes autores contempor&aacute;neos sino que publica por primera vez en espa&ntilde;ol a un total de veinti&uacute;n nuevos e interesantes escritores rumanos.</p>
<p>Mercedes Monmany, una de nuestras grandes expertas en las letras europeas, es la autora del clarificador art&iacute;culo introductorio del amplio e interesante dossier de TURIA. Bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;La literatura rumana actual y su brillante Edad de Plata&rdquo;, Monmany confirma que &ldquo;hoy en d&iacute;a estamos viviendo, en el caso de la literatura rumana actual, una aut&eacute;ntica &ldquo;edad de plata&rdquo;. Esto no solo lo avalan el n&uacute;mero de traducciones y premios otorgados, o la gran aceptaci&oacute;n del p&uacute;blico en no pocos casos, sino sobre todo, una invariable y sostenida gran altura literaria, de una exigencia y ambici&oacute;n realmente descomunal en cuanto a lenguaje, temas sutiles y nada obvios tratados en profundidad, todo ello con una deslumbrante capacidad de penetraci&oacute;n y an&aacute;lisis, y un admirable tratamiento e intersecci&oacute;n en sus obras del pasado hist&oacute;rico y cultural com&uacute;n a todos ellos&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>EL IMPACTO MUNDIAL DE NORMAN &nbsp;MANEA, &nbsp;MIRCEA &nbsp;CARTARESCU, &nbsp;ANA &nbsp;BLANDIANA, &nbsp;GABRIELA ADAMESTEANU Y TATIANA TIBULEAC</strong></p>
<p>Destaca Monmany en TURIA la gran labor creativa realizada y el impacto mundial de autores rumanos como Norman Manea &ldquo;el m&aacute;s feroz e implacable retratista de la sociedad de su pa&iacute;s, Ruman&iacute;a, durante los a&ntilde;os de la dictadura de Ceausescu&rdquo;), Mircea Cartarescu (&ldquo;representa hoy la renovaci&oacute;n continuada de una de las m&aacute;s vitales y pujantes literaturas de todo el espectro europeo&rdquo; y adem&aacute;s es &ldquo;un un autor que lleva tiempo traspasando sus fronteras, con p&uacute;blicos entusiastas en las m&aacute;s diversas lenguas, siendo merecedor de grandes premios internacionales&rdquo;).</p>
<p>No faltan, en el citado texto de Monmany, oportunos an&aacute;lisis sobre relevantes autoras como Ana Blandiana, Premio Princesa de Asturias de las Letras 2024. De ella, adem&aacute;s de glosar su importante obra, se nos dir&aacute; que &ldquo;ejerci&oacute; y ejerce en su pa&iacute;s, incansablemente, de firme referente moral. Un referente persistente e inasequible al desaliento, de cara al resto de sus conciudadanos&rdquo;.</p>
<p>Otra gran figura de fama internacional es Gabriela Adamesteanu (periodista, activista democr&aacute;tica durante el comunismo y traductora del franc&eacute;s, adem&aacute;s de escritora y editora. En Espa&ntilde;a, apunta Monmany, se han traducido varias novelas suyas siempre de igual y excepcional calidad. Y es que la suya es &ldquo;es una literatura de una notable densidad, y a la vez microscopia detallista, que alterna radiograf&iacute;as hist&oacute;ricas elaboradas en profundidad, combinadas magistralmente con retratos de personajes e interiores&rdquo;</p>
<p>Tambi&eacute;n Tatiana T&iuml;buleac, con solo dos novelas publicadas, ha alcanzado un enorme prestigio y acreditado su extraordinaria calidad literaria. Son obras que relatan la violencia y cicatrices incurables del amor en el seno de la familia (&ldquo;El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes&rdquo;) o la bell&iacute;sima y dolorosa historia de una ni&ntilde;a hu&eacute;rfana rescatada de un orfanato durante los a&ntilde;os m&aacute;s oscuros del comunismo en Ruman&iacute;a (&ldquo;El jard&iacute;n de vidrio&rdquo;)</p>
<p>Adem&aacute;s de describir la tarea llevada a cabo por estos y otros nombres propios, el an&aacute;lisis de Mercedes Monmany hace tambi&eacute;n referencia a la obra de varios relevantes autores rumanos contempor&aacute;neos que escriben en otras lenguas: Herta M&uuml;ller (Premio Nobel de Literatura, que</p>
<p>escribe en alem&aacute;n), Matei Visniec (dramaturgo, poeta y narrador rumano en lengua francesa). No faltan en su selecci&oacute;n dos escritoras radicadas en Espa&ntilde;a y que escriben en nuestro idioma a pesar de su nacionalidad rumana: Corina Oproae (poeta, novelista y traductora, y Ioana Gru&iacute;a (poeta, narradora, ensayista y profesora en la Universidad de Granada)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>DE LA NOVELA COMO G&Eacute;NERO SUPREMO AL AUGE DEL RELATO CORTO</strong></p>
<p>Tras la introducci&oacute;n general de Monmany, Bogdan Cretu, reconocido cr&iacute;tico literario en su pa&iacute;s y profesor de la Universidad rumana de Iasi,&nbsp; analiza la narrativa contempor&aacute;nea y se brinda una antolog&iacute;a de ocho narradores que son traducidos por primera vez al espa&ntilde;ol. Para Cretu, &ldquo;antes de 1989, durante el r&eacute;gimen comunista, la novela era el g&eacute;nero supremo. Satisfac&iacute;a casi toda la necesidad de ficci&oacute;n de una poblaci&oacute;n sometida a un control permanente y, en algunos casos, serv&iacute;a como una v&aacute;lvula de escape&rdquo;. Tras su ca&iacute;da, &ldquo;los lectores se volcaron hacia la literatura memorial&iacute;stica y biogr&aacute;fica, buscando con avidez la verdad hasta entonces prohibida&rdquo;.</p>
<p>Una vez estudiadas esas tendencias y a los escritores que las cultivaron, Bogdan Cretu, apunta otra clave en TURIA: &ldquo;la prosa breve est&aacute; obligada a captar la atenci&oacute;n de los usuarios de Instagram y TikTok, generando el mismo nivel de impacto. M&aacute;s que nunca, est&aacute; condenada a la intensidad, la tensi&oacute;n y la eficacia&rdquo;.</p>
<p>En definitiva, que &ldquo;la narrativa rumana contempor&aacute;nea ofrece un paisaje diverso, en el que conviven escritores de distintas generaciones: desde aquellos que debutaron en los a&ntilde;os 60 hasta autores y autoras muy j&oacute;venes, abiertos a la experimentaci&oacute;n y a una amplia variedad de temas y perspectivas multiculturales&rdquo;</p>
<p>Como complemento al art&iacute;culo, TURIA ofrece una antolog&iacute;a de textos in&eacute;ditos elaborados por ocho narradores traducidos por primera vez al espa&ntilde;ol: Nichita Danilov, Paula Erizanu, Raluca Nagy, Ioana Nicolae, Radu Paraschivescu, Catalin Pavel, Radu Tuculescu y Alexandru Stanescu.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LA POES&Iacute;A RUMANA, UNA PRESENCIA CRECIENTE EN ESPA&Ntilde;OL</strong></p>
<p>A continuaci&oacute;n, el poeta, cr&iacute;tico y editor Jordi Doce, traza en su art&iacute;culo un certero panorama de la poes&iacute;a rumana contempor&aacute;nea accesible en espa&ntilde;ol: &ldquo;desde comienzos de la d&eacute;cada de 2010, la poes&iacute;a rumana contempor&aacute;nea ha ido teniendo una presencia creciente en nuestro ecosistema editorial y po&eacute;tico. Cada vez se traduce m&aacute;s y mejor, ya sean libros individuales o antolog&iacute;as; se han ampliado los cauces de difusi&oacute;n y se favorece la presencia de los poetas rumanos en festivales y encuentros de poes&iacute;a; y se van creando las condiciones para un di&aacute;logo sostenido entre ambas tradiciones, la rumana y la espa&ntilde;ola&rdquo;</p>
<p>Seg&uacute;n Jordi Doce, dicha situaci&oacute;n favorable se deber&iacute;a a varias razones fundamentales: &ldquo;por un lado, el trabajo eficaz y perseverante de una nueva generaci&oacute;n de traductoras (muchas, a su vez, poetas por derecho propio) que hacen de puente entre culturas y est&aacute;n acercando la obra de sus coet&aacute;neos&rdquo;. Una segunda causa &ldquo;es la labor de apoyo del Instituto Cultural Rumano (ICR), que, a diferencia de instituciones an&aacute;logas (el British Council o el Instituto Franc&eacute;s, sin ir m&aacute;s lejos), no ha abdicado de sus obligaciones literarias&rdquo;. El &uacute;ltimo factor que conviene tener en cuenta ser&iacute;a de orden sociol&oacute;gico: los rumanos constituyen el segundo grupo de inmigrantes m&aacute;s numeroso en Espa&ntilde;a despu&eacute;s de los marroqu&iacute;es. Y, al ser espa&ntilde;ol y rumano lenguas romances, y tener una ra&iacute;z com&uacute;n, los rumanos suelen aprender y hablar espa&ntilde;ol con rapidez, y esto facilita enormemente la integraci&oacute;n</p>
<p>Tras ese texto de an&aacute;lisis y divulgaci&oacute;n sobre la poes&iacute;a rumana en espa&ntilde;ol, la escritora y traductora rumana radicada en Espa&ntilde;a Corina Oproae (ganadora del &uacute;ltimo premio Tusquets de novela con <em>La casa lim&oacute;n</em>) selecciona y traduce a diez poetas rumanos contempor&aacute;neos in&eacute;ditos en nuestro idioma: Ion Mureșan, Marta Petreu, Simona Popescu, Svetlana C&acirc;rstean, Robert Șerban, Radu Vancu, Moni Stănilă, Ruxandra Novac, Elena Vladăreanu, Anastasia Gavrilovici.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>EL RETO DE LA NO FICCI&Oacute;N: RECONSTRUIR EL PENSAMIENTO</strong></p>
<p>El monogr&aacute;fico de TURIA tambi&eacute;n dedica un pormenorizado un art&iacute;culo, elaborado por el escritor y cr&iacute;tico literario Manuel Rico<strong> </strong>y por Maria Floarea Pop, directora del Instituto Cultural Rumano, a la prosa de no ficci&oacute;n rumana actual. Seg&uacute;n ambos especialistas, &ldquo;lejos de reproducir las f&oacute;rmulas del pasado, la no ficci&oacute;n rumana de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas ha abierto espacio para nuevas generaciones de escritores e intelectuales, ha asumido el reto de revisar cr&iacute;ticamente la historia reciente y ha participado activamente en la reconstrucci&oacute;n del pensamiento p&uacute;blico y cultural. Algo similar ocurri&oacute; tras el final de otras dictaduras como la que represent&oacute; el franquismo en Espa&ntilde;a: la no ficci&oacute;n fue una suerte de sendero para la reflexi&oacute;n sobre la identidad colectiva y un ajuste del pensamiento y del ensayo a la nueva realidad democr&aacute;tica, abierta a Europa y al mundo&rdquo;. Por &uacute;ltimo, el Cartapacio se cierra con dos textos de ensayo originales, escritos por Ioan-Aurel Pop y Adriana Babeti.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;&ldquo;TURIA&rdquo;: M&Aacute;S DE CUATRO D&Eacute;CADAS DE TRAYECTORIA Y 15.000 LECTORES DIGITALES</strong></p>
<p>Fundada en 1983, TURIA ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia y ha situado a Teruel en el mapa literario en espa&ntilde;ol, gracias a su difusi&oacute;n nacional e internacional por suscripci&oacute;n. Su surgimiento y consolidaci&oacute;n demuestra que es posible&nbsp; hacer cultura universal desde&nbsp; cualquier&nbsp; lugar,&nbsp; siempre&nbsp; que&nbsp; se&nbsp; trabaje&nbsp; con rigor,&nbsp; libertad&nbsp; y</p>
<p>capacidad de integraci&oacute;n. Buena prueba de ello es que, en sus cerca de 42 a&ntilde;os de trayectoria, ha publicado a un n&uacute;mero superior a los 1.500 autores y un total de 47.500 p&aacute;ginas de textos siempre in&eacute;ditos, pues todo el material que se edita por la revista tiene que ser original. Un requisito, que junto a la permanente exigencia de calidad literaria, define a TURIA.</p>
<p>Como reconocimiento a su labor, la revista obtuvo en 2002 el Premio Nacional al Fomento de la Lectura otorgado por el Gobierno de Espa&ntilde;a &ldquo;por su vocaci&oacute;n de apertura a la cultura universal y como ejemplo del esfuerzo de las revistas culturales para el fomento de la lectura&rdquo;. Adem&aacute;s,&nbsp; el&nbsp;&nbsp; pasado&nbsp; a&ntilde;o 2024,&nbsp; el&nbsp; Instituto Cervantes acord&oacute; que TURIA ingresara en la Caja de las Letras, ese espacio simb&oacute;lico que se ha convertido en la aut&eacute;ntica c&aacute;mara acorazada de la cultura en espa&ntilde;ol y que acredita el prestigio y la trascendencia de la labor desarrollada por la revista. Seg&uacute;n el director del Instituto Cervantes, Luis Garc&iacute;a Montero, &ldquo;cada n&uacute;mero de TURIA es en realidad una peque&ntilde;a biblioteca y no tiene nada que ver con esa habitual revista literaria con unos pocos textos dispares&rdquo;.</p>
<p>Previamente, en 2023, el Gobierno&nbsp; de Arag&oacute;n le concedi&oacute; a TURIA su m&aacute;xima distinci&oacute;n institucional, el Premio Arag&oacute;n, por haberse &ldquo;convertido en un elemento simb&oacute;lico para la cultura aragonesa contempor&aacute;nea, en proyecto esencial de las letras espa&ntilde;olas en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas&rdquo;, adem&aacute;s de ser una plataforma de publicaci&oacute;n &ldquo;valorada para autores noveles y consagrados&rdquo; y un &ldquo;ejemplo de proyecci&oacute;n universal desde lo local&rdquo;.</p>
<p>Desde hace doce a&ntilde;os, la revista TURIA compatibiliza su tradicional versi&oacute;n en papel con otra en formato digital. Tanto la web como su p&aacute;gina en Facebook ofrecen gratuitamente y en abierto una selecci&oacute;n de textos procedentes de la edici&oacute;n en papel y otros contenidos escritos directamente para ser le&iacute;dos s&oacute;lo en soporte digital. Mientras que la web consigue un promedio de 7.000 lectores mensuales, y es tambi&eacute;n tienda virtual desde la que resulta f&aacute;cil y r&aacute;pido adquirir los ejemplares en papel, en Facebook la revista cuenta con m&aacute;s de 15.000 seguidores.</p>
<p>El perfil de sus lectores digitales nos informa de que se tratan por igual tanto de hombres como de mujeres, preferentemente con edades desde los 45 a&ntilde;os. Por otra parte, las cinco ciudades con mayor n&uacute;mero de lectores de TURIA son Madrid, Barcelona, Zaragoza, Ciudad de M&eacute;xico y Valencia.</p>
<p>TURIA es una revista editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel. Para su financiaci&oacute;n cuenta, adem&aacute;s de con el apoyo de su entidad editora y de sus suscriptores, con el patrocinio de la Caja Rural de Teruel, del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este monogr&aacute;fico especial sobre la Literatura rumana actual ha sido posible gracias a la financiaci&oacute;n del Instituto Rumano de Cultura.</p>
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      <pubDate>Tue, 03 Jun 2025 06:02:12 +0000</pubDate>
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      <title><![CDATA[Ana María Matute: “Escribir es siempre protestar”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/ana-maria-matute-escribir-es-siempre-protesta/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2025/ANA_MAR_A_MATUTE_5red.jpg" alt="" /></p>
<p>En julio se cumplir&aacute;n cien a&ntilde;os del nacimiento de Ana Mar&iacute;a Matute (26-julio-1925), la novelista que se defin&iacute;a a s&iacute; misma como &ldquo;una contadora de historias&rdquo; en las que siempre hace una apasionada defensa de la fantas&iacute;a y la imaginaci&oacute;n como parte indisociable de la realidad de la vida. Pertenec&iacute;a a la generaci&oacute;n de <em>Los ni&ntilde;os de la guerra</em>, marbete acu&ntilde;ado por la tambi&eacute;n novelista Josefina Aldecoa en su libro entre el ensayo y las memorias para referirse a los escritores Rafael S&aacute;nchez Ferlosio, Carmen Mart&iacute;n Gaite, Ignacio Aldecoa, Juan Benet, Jes&uacute;s Fern&aacute;ndez Santos, Rafael Azcona, Ana Mar&iacute;a Matute, Garc&iacute;a Hortelano, Medardo Fraile y Jos&eacute; Caballero Bonald. Josefina Aldecoa justificaba el t&iacute;tulo se&ntilde;alando que todos hab&iacute;an nacido entre 1925 y 1928 y, en consecuencia, al estallar la guerra civil ten&iacute;an entre 8 y 11 a&ntilde;os; la edad de la &ldquo;infancia consciente&rdquo;.</p>
<p>Ana Mar&iacute;a Matute a&ntilde;ad&iacute;a otro calificativo a estos escritores la de &ldquo;ni&ntilde;os asombrados&rdquo;, por la perplejidad con que afrontaron el estallido b&eacute;lico y sus estragos justo en un momento crucial de su vida, el tr&aacute;nsito de la infancia a la adolescencia:</p>
<p>Recuerdo que, al comienzo de la guerra, nos dispon&iacute;amos a ir a la playa, de vacaciones, la familia al completo. Mi padre entr&oacute; una noche de julio al cuarto donde dorm&iacute;amos mi hermana y yo y nos dijo: &ldquo;Ni&ntilde;as, rezad, rezad mucho, porque la pelota est&aacute; en el tejado&rdquo;. Nosotros no entendimos nada, por supuesto. Al d&iacute;a siguiente, supimos que nos ten&iacute;amos que quedar sin veraneo porque, como dec&iacute;a mi padre, los hombres hab&iacute;an empezado a matarse [&hellip;] Comenz&oacute; entonces una etapa de mi vida completamente diferente: nosotros, que hab&iacute;amos sido unos ni&ntilde;os ajenos a las penurias, de pronto nos topamos con el rostro m&aacute;s cruel de las cosas. Ve&iacute;amos por las calles gentes que ni siquiera hab&iacute;amos sospechado que existieran; esta visi&oacute;n nos dejaba perplejos: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; hacen? &iquest;Qu&eacute; buscan? &iquest;Qu&eacute; quieren?&rdquo;, pregunt&aacute;bamos. Y luego estaba el terror que reinaba en casa [&hellip;] por la noche escuch&aacute;bamos el eco de las ametralladoras (entrevista de Jos&eacute; Manual de Prada a Ana Mar&iacute;a Matute, <em>ABC</em>, 5 de julio, 1996: 17-18).</p>
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<p>La guerra civil supuso un tr&aacute;gico cerc&eacute;n en la vida y en la cultura espa&ntilde;ola que iba a tardar a&ntilde;os en resta&ntilde;arse. Las obras de los novelistas de esta generaci&oacute;n, que es la del medio siglo, participaban del realismo social, con una escritura comprometida, testimonio directo de un momento hist&oacute;rico e instrumento de denuncia social y pol&iacute;tica, aunque la mayor&iacute;a de los autores no se puedan adscribir a ninguna ideolog&iacute;a pol&iacute;tica concreta.</p>
<p>En el caso de Ana Mar&iacute;a Matute, aunque en muchos aspectos puede adscribirse plenamente a ese grupo, su escritura presenta desde el principio caracter&iacute;sticas propias, sobre todo en el tratamiento de la fantas&iacute;a de que se nutre su rica imaginaci&oacute;n y en el lenguaje deslumbrante, sugerente y eminentemente l&iacute;rico, que la hacen en cierta medida inclasificable. Son cualidades que, junto a una prodigiosa intuici&oacute;n de la vida y de los sentimientos, fueron subrayadas por el profesor Antonio Vilanova:</p>
<p>Esta prodigiosa intuici&oacute;n de la vida, este conocimiento intuitivo de las cosas y los seres, de los sentimientos y de las pasiones humanas, va acompa&ntilde;ado de una extraordinaria fuerza expresiva que caracteriza su estilo peculiar&iacute;simo, cuya profusi&oacute;n de im&aacute;genes le confiere una jugosa plasticidad y una honda sugesti&oacute;n po&eacute;tica (<em>Novela y sociedad en la Espa&ntilde;a de la posguerra</em>, Vilanova, 1995: 300).</p>
<p>Ana Mar&iacute;a Matute Ausejo naci&oacute; en Barcelona en el seno de una familia de la burgues&iacute;a catalana. Su padre, due&ntilde;o de una f&aacute;brica de paraguas, era catal&aacute;n, muy mediterr&aacute;neo y con una extraordinaria capacidad para inventar historias, crear ilusiones, hacer magia; a ella le gusta compararlo con Ulises. Su madre era castellana, de Mansilla de la Sierra (Logro&ntilde;o), mucho m&aacute;s austera y r&iacute;gida, por ello la autora la comparaba con el Cid.</p>
<p>Desde su infancia Ana Mar&iacute;a Matute fue una ni&ntilde;a &ldquo;rara&rdquo;, pues le gustaba mucho m&aacute;s leer y aislarse en sus fantas&iacute;as que jugar con mu&ntilde;ecas como otras ni&ntilde;as de su edad. Su desbordante imaginaci&oacute;n y su fantas&iacute;a se alimentaron muy pronto de los relatos orales que le contaban las ni&ntilde;eras de la familia. Y cuando aprendi&oacute; a leer, las colecciones de cuentos de Andersen, Perrault, los hermanos Grimm y<em> Alicia en el pa&iacute;s de las maravillas</em> de Lewis Carroll se convirtieron en sus lecturas favoritas.</p>
<p>Su afici&oacute;n a la escritura se produce tambi&eacute;n muy pronto, en la infancia, pues se han conservado cuentos escritos por Ana Mar&iacute;a cuando ten&iacute;a apenas cinco a&ntilde;os. Estos cuentos a menudo se enriquec&iacute;an con sus ilustraciones, dibujaba muy bien y sent&iacute;a una gran fascinaci&oacute;n por el color. Ya en la adolescencia Ana Mar&iacute;a Matute sigue leyendo incansablemente: la Biblia, los poetas espa&ntilde;oles, mostrando una especial predilecci&oacute;n por la poes&iacute;a de Federico Garc&iacute;a Lorca y Luis Cernuda y, por supuesto <em>El Quijote</em>, cuyo final dice haberla emocionado hasta el llanto, por lo que supone de renuncia a la vida fant&aacute;stica y llena de aventuras del caballero andante. Adem&aacute;s, se sinti&oacute; atra&iacute;da por la lectura de los grandes narradores rusos del siglo XIX, Dostoievski, Tolst&oacute;i y Chejov, las hermanas Bront&euml; y por los autores de la generaci&oacute;n perdida norteamericana, singularmente John Dos Passos y William Faulkner.</p>
<p>Con once a&ntilde;os, como ya se ha dicho, conoci&oacute; de cerca la experiencia traum&aacute;tica de la guerra civil y el corolario de violencia, miseria y muerte, que la iban a marcar profundamente en su vida y en su obra, tal como ella misma ha evocado en m&uacute;ltiples ocasiones:</p>
<p>Cumpl&iacute; 11 a&ntilde;os en julio de 1936, cuando empez&oacute; la guerra. Antes viv&iacute;amos en una campana de cristal y de repente salt&oacute; hecha pedazos. La postguerra fue mala, pero la guerra fue terrible, la violencia fue impresionante. Me sent&iacute; estafada, como si me hubieran enga&ntilde;ado. Me qued&oacute; como un rencor: La vida no era como me la hab&iacute;an contado (Rosa Roma, <em>Ana Mar&iacute;a Matute</em>, Epesa, 2001).</p>
<p>En 1945, con apenas 19 a&ntilde;os llev&oacute; a la barcelonesa editorial Destino su primera novela, <em>Peque&ntilde;o teatro,</em> y poco despu&eacute;s <em>Los Abel</em> (1948)<em> </em>qued&oacute; finalista del Premio Nadal en 1947, el a&ntilde;o que consigue el premio Miguel Delibes con <em>La sombra del cipr&eacute;s alargada. </em>Los editores decidieron entonces publicar la novela finalista del Nadal, que era indudablemente mejor que <em>Peque&ntilde;o teatro</em>, aunque con esta conseguir&iacute;a a&ntilde;os m&aacute;s tarde el Premio Planeta (1954).</p>
<p>La r&aacute;pida publicaci&oacute;n de <em>Los Abel </em>la anim&oacute; a seguir escribiendo y concursando al anhelado premio Nadal en posteriores convocatorias, pues a menudo hab&iacute;a declarado que para ella ganar el Nadal era un reto importante en su carrera, por tratarse de un premio barcelon&eacute;s de reconocido prestigio en aquellos a&ntilde;os de postguerra. En la convocatoria de 1949 reaparece de nuevo entre los finalistas el nombre de Ana Mar&iacute;a Matute con <em>Luci&eacute;rnagas </em>y tampoco en esta ocasi&oacute;n le acompa&ntilde;a la fortuna, pero los editores pensaban publicarla.</p>
<p>Aun as&iacute;, <em>Luci&eacute;rnagas</em> es prohibida por la censura, muy activa y rigurosa en esos a&ntilde;os, y la novelista se ve obligada a reescribirla y publicarla con el t&iacute;tulo de <em>En esta tierra</em> en la editorial barcelonesa &Eacute;xito en 1955. La novela, ambientada en una Barcelona apocal&iacute;ptica, es la m&aacute;s emocionalmente intensa que se ha escrito sobre nuestra guerra civil.</p>
<p>Ana Mar&iacute;a Matute se hab&iacute;a casado en 1952 con el escritor Ram&oacute;n Eugenio de Goicoechea con el que tuvo un hijo, Juan Pablo, al que dedic&oacute; una buena parte de sus libros infantiles como <em>El poliz&oacute;n del Ulises</em>. Tras varios a&ntilde;os de matrimonio, en 1963, se separa de su marido y pierde la custodia de su hijo: experiencia dur&iacute;sima para la novelista que luch&oacute; incansablemente hasta recuperarla unos a&ntilde;os m&aacute;s tarde.</p>
<p>En 1958 publica una novela extraordinaria <em>Los hijos muertos, </em>que mereci&oacute; el premio de la Cr&iacute;tica y el Premio Nacional de Literatura correspondiente al a&ntilde;o de su publicaci&oacute;n. Es un temprano y valiente testimonio de los campos de trabajo de los prisioneros republicanos durante la dictadura franquista. Antonio Vilanova, desde las p&aacute;ginas de la revista <em>Destino</em> (28-II-1959), vio en ella influencias de <em>&iexcl;Absal&oacute;n, Absal&oacute;n! </em>de Faulkner, uno de los autores favoritos de la escritora. Finalmente, en la convocatoria de 1959 consigue alzarse con el anhelado Premio Nadal por su novela <em>Primera memoria, </em>que abre la trilog&iacute;a titulada <em>Los mercaderes</em>,<em> </em>integrada adem&aacute;s por<em> Los soldados lloran de noche </em>(1964) y <em>La trampa</em> (1969)<em>.</em> En estas novelas reaparecen de nuevo el enfrentamiento cainita y la guerra civil como trasfondo de la acci&oacute;n. <em>Primera memoria</em> guarda ciertas semejanzas con <em>Luci&eacute;rnagas,</em> sobre todo porque el conflicto b&eacute;lico est&aacute; presente como escenario de la acci&oacute;n narrativa, as&iacute; como tambi&eacute;n en ambas la protagonista es una adolescente con rasgos autobiogr&aacute;ficos, Sol en <em>Luci&eacute;rnagas </em>y Matia en <em>Primera memoria</em>,<em> </em>que ven tr&aacute;gicamente como todo su mundo se transforma con el estallido de la guerra civil. <em></em></p>
<p>Despu&eacute;s de largos a&ntilde;os de silencio narrativo, en 1996 public&oacute; finalmente <em>Olvidado rey Gud&uacute;</em>,<em> </em>su libro favorito, porque seg&uacute;n la autora es el que desde ni&ntilde;a quiso escribir, el m&aacute;s personal. Se trata de una obra larga y ambiciosa, con semejanzas evidentes con &ldquo;el <em>roman art&uacute;rico </em>y los libros de caballer&iacute;as&rdquo; en palabras de Francisco Rico en su respuesta al discurso de ingreso de Ana Mar&iacute;a Matute en la Real Academia Espa&ntilde;ola (RAE). La obra est&aacute; ambientada en la Edad Media y enlaza con otras novelas anteriores como <em>La torre vig&iacute;a</em> (1971)<em> </em>y <em>Aranmanoth </em>(2000). Ella la consideraba su testamento literario.</p>
<p>En 1998 fue elegida miembro de la RAE. Era la tercera mujer en ser aceptada en dicha instituci&oacute;n. Ana Mar&iacute;a Matute ocup&oacute; el sill&oacute;n K may&uacute;scula, en sustituci&oacute;n de la primera mujer acad&eacute;mica, Carmen Conde. El discurso de ingreso lo titul&oacute; &ldquo;En el bosque&rdquo;, en referencia al bosque real de su infancia en la casa de los abuelos maternos en Mansilla de la Sierra, y tambi&eacute;n en referencia metaf&oacute;rica al bosque de las palabras, de la fantas&iacute;a, de la imaginaci&oacute;n, de la literatura en definitiva:</p>
<p>Porque el bosque era el lugar al que me gustaba escapar en mi ni&ntilde;ez y durante mi adolescencia; aqu&eacute;l era mi lugar. All&iacute; aprend&iacute; que la oscuridad brilla, m&aacute;s a&uacute;n, resplandece; que los vuelos de los p&aacute;jaros escriben en el aire antiqu&iacute;simas palabras, de donde han brotado todos los libros del mundo; que existen rumores y sonidos totalmente desconocidos por los humanos, que existe el canto del bosque entero, donde residen infinidad de historias que jam&aacute;s se han escrito y acaso se escribir&aacute;n (Matute, 18 de enero, 1998: 2).</p>
<p>La brillante carrera narrativa de Ana Mar&iacute;a Matute se vio recompensada en el a&ntilde;o 2007 con la concesi&oacute;n del Premio Nacional de las Letras Espa&ntilde;olas al conjunto de su obra. Esta mujer que hizo de la literatura su vida sigui&oacute; escribiendo y, en 2008, public&oacute; <em>Para&iacute;so inhabitado, </em>donde retoma el tema de la infancia perdida &ndash;&ldquo;el hombre es lo que queda del ni&ntilde;o que fue&rdquo;&ndash; y vuelven a reaparecer en la psicolog&iacute;a de Adriana, la ni&ntilde;a protagonista, determinados rasgos claramente autobiogr&aacute;ficos.</p>
<p>El Premio Cervantes le es concedido en el 2010 en reconocimiento a su fecunda trayectoria narrativa como autora de novelas y m&uacute;ltiples colecciones de cuentos, entre las que destacan <em>Los ni&ntilde;os tontos </em>(1956), bell&iacute;simo libro muy emparentado con el delicado lirismo de<em> Platero y yo,</em> e<em> Historias de Art&aacute;mila</em> (1961)<em>, </em>colecci&oacute;n de veintid&oacute;s relatos sobre el mundo de los ni&ntilde;os y la crueldad de los adultos, ambientados en la m&iacute;tica Art&aacute;mila, trasunto del pueblo riojano de Mansilla de la Sierra, donde la escritora &ndash;como se ha dicho&ndash; pas&oacute; temporadas en su infancia en casa de sus abuelos maternos. Evoc&oacute; su trayectoria en el discurso de recepci&oacute;n del Premio Cervantes, un texto breve, muy sencillo, muy bello y muy personal, que comenzaba as&iacute;:</p>
<p>As&iacute; que esta anciana que no sabe escribir discursos s&oacute;lo desea hacerles part&iacute;cipes de su emoci&oacute;n, de su alegr&iacute;a y de su felicidad &ndash;&iquest;por qu&eacute; tenemos tanto miedo de esa palabra?&ndash; a todos cuantos han hecho posible este sue&ntilde;o, sue&ntilde;o que me acompa&ntilde;a desde la infancia. Desde aquel d&iacute;a en que o&iacute; por vez primera la m&aacute;gica frase: &ldquo;&Eacute;rase una vez&hellip;&rdquo; y conmovi&oacute; toda mi peque&ntilde;a vida (Matute 2011: 1).</p>
<p>Y prosegu&iacute;a evocando a don Quijote con estas elocuentes palabras en las que vuelve a reivindicar la fantas&iacute;a y la capacidad de inventar en la tarea del escritor, pues para ella el que no inventa no vive: &ldquo;&Eacute;rase una vez un hombre bueno, solitario, triste y so&ntilde;ador: cre&iacute;a en el honor y la valent&iacute;a, e inventaba la vida&rdquo; (Matute 2011: 1).</p>
<p>&ldquo;&Eacute;rase una&rdquo; vez es la f&oacute;rmula con que comienzan todos los cuentos y es una f&oacute;rmula especialmente querida por la autora barcelonesa, que es tambi&eacute;n indudablemente una de las mejores escritoras de cuentos del siglo XX, como evidencia la recopilaci&oacute;n completa en el volumen titulado <em>La puerta de la luna</em>, en la editorial Destino (2012). <em>Demonios familiares </em>fue su &uacute;ltima obra inacabada, publicada p&oacute;stumamente, precedida de un pr&oacute;logo de Pere Gimferrer y con unas notas finales de Mar&iacute;a Paz Ortu&ntilde;o.</p>
<p>Como se deduce de este r&aacute;pido recorrido por la peripecia vital y literaria de Ana Mar&iacute;a Matute, desde su infancia de ni&ntilde;a &ldquo;rara&rdquo;, despu&eacute;s en la adolescencia con la destrucci&oacute;n de todo su mundo por la guerra civil, y m&aacute;s tarde, ya siendo una escritora de prestigio, la injusticia y el dolor que supuso perder temporalmente la custodia de su hijo, la literatura fue siempre para ella una aut&eacute;ntica balsa de n&aacute;ufrago, o como ella prefer&iacute;a decir, &ldquo;el faro salvador&rdquo; de todas sus tormentas existenciales:</p>
<p>El tiempo en el que yo inventaba era un tiempo muy ni&ntilde;o y muy fr&aacute;gil, en el que yo me sent&iacute;a distinta: era tartamuda, m&aacute;s por miedo que por un defecto f&iacute;sico. La prueba de ello es que esa tartamudez desapareci&oacute; durante los bombardeos. O as&iacute; lo creo. Pero el caso es que, salvo excepciones, las ni&ntilde;as de aquel tiempo, mujeres recortadas, poco o nada ten&iacute;an que ver conmigo. Y traigo esto a cuento para explicar &ndash;y quiz&aacute; explicarme de alg&uacute;n modo&ndash; mi extra&ntilde;eza, mi entrega total, absoluta, a esto que luego supe se llamaba Literatura. Y que ha sido, y es, el faro salvador de muchas de mis tormentas (Matute, 2011: 2).</p>
<p>Adem&aacute;s, para ella &ldquo;escribir es siempre protestar&rdquo;, como declaraba a Jos&eacute; Manuel de Prada en una magn&iacute;fica entrevista (<em>ABC</em>, 5 de julio de 1996). Y es tambi&eacute;n una manera de formularse una pregunta sobre los sentimientos, la vida y el mundo que nos rodea:</p>
<p>Llevaba la literatura metida en los huesos. M&aacute;s tarde, me dar&iacute;a cuenta de que, a trav&eacute;s de mi obra, ten&iacute;a la obligaci&oacute;n de expresar una cierta protesta del mundo, escribir es siempre protestar de algo, aunque sea de uno mismo (Prada Matute, 1996: 18).</p>
<p>Ana Mar&iacute;a Matute se hab&iacute;a referido en m&uacute;ltiples ocasiones a su vida como una &ldquo;vida de papel&rdquo;, pero la autora no era amiga de ensayos eruditos sobre el proceso de la escritura; prefer&iacute;a las entrevistas que le permit&iacute;an la conversaci&oacute;n cercana al interlocutor, siempre que este fuese inteligente y sensible. Tambi&eacute;n aportan ideas fundamentales sus dos discursos m&aacute;s emblem&aacute;ticos, el pronunciado en 1998 con motivo de su ingreso en la RAE, titulado, como ha quedado dicho, &ldquo;En el bosque&rdquo;, y el de recepci&oacute;n del premio Cervantes en 2010: escritos siempre de una forma sencilla, queriendo ser entendida por todos y llegar a ese hipot&eacute;tico lector para contarle una historia en que ser&aacute;n fundamentales la autenticidad de los sentimientos, porque no se consideraba erudita sino una mujer que cuenta historias en las que la imaginaci&oacute;n y la fantas&iacute;a son muy importantes como parte indisociable de la realidad. Y en ese proceso defiende que la escritura &ldquo;es como una cacer&iacute;a introspectiva hacia uno mismo&rdquo; (Prada-Matute, <em>ABC</em>, 16 de enero, 1998: 18), por ello, &ldquo;la literatura es el ejercicio m&aacute;s solitario de cuantos existen, pero a la vez el m&aacute;s acompa&ntilde;ado; aunque no sepas qui&eacute;n es tu compa&ntilde;ero, siempre hay un lector que crea y recrea el libro, porque para cada lector el libro es distinto&rdquo; (Prada-Matute, 1996: 19). Un libro no existe en tanto alguien no lo lea: nunca nadie lee el mismo libro, porque cada lector hace su lectura personal.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Escribir para Ana Mar&iacute;a Matute no era simplemente una profesi&oacute;n o una vocaci&oacute;n, sino magia, alquimia, &ldquo;una manera de estar en el mundo. Una manera de ser&rdquo;, m&aacute;s all&aacute; de las teor&iacute;as o las modas literarias que se suceden a lo largo del tiempo, y de ah&iacute; tambi&eacute;n su rechazo radical a las academias y talleres que pretenden ense&ntilde;ar a ser escritor:</p>
<p>Se empieza a escribir desconociendo toda clase de definiciones sobre ese acto, toda clase de ense&ntilde;anzas sobre esa aventura. Es una puerta que se abre, una barrera que se franquea, un mundo al que se tiene acceso; algo parecido a lo que le ocurri&oacute; a Alicia ese d&iacute;a en que, tras cambiar algunas reflexiones con su gato (y tal vez con sus sue&ntilde;os), se encaram&oacute; al espejo de la chimenea y suavemente pas&oacute; al otro lado. No se tiene noticia de que leyera antes instrucciones ni folletos explicativos al respecto (Prada-Matute, 1998: 18).</p>
<p>En su escritura una cuesti&oacute;n sobresale por encima de todas las dem&aacute;s, si para Ana Mar&iacute;a Matute el escritor nace no se hace, le pueden ayudar las lecturas, los modelos conscientemente imitados, los estudios, pero si no tiene unas aptitudes innatas nunca llegar&aacute; a ser un escritor aut&eacute;ntico. Y estas aptitudes innatas deben ir siempre acompa&ntilde;adas de un trabajo constante en busca de la palabra m&aacute;s adecuada a cada situaci&oacute;n sin prescindir nunca de la imaginaci&oacute;n, de la fantas&iacute;a y procurando la m&aacute;xima sencillez.</p>
<p>El acto de escribir se convierte para Ana Mar&iacute;a Matute en una b&uacute;squeda incesante de la palabra, que no cobra todo su sentido hasta que el libro llega a manos del lector, que ser&aacute; part&iacute;cipe privilegiado de la comunicaci&oacute;n personal que se establece con el autor a trav&eacute;s de la lectura. La novelista barcelonesa se ha referido a este proceso con estas bellas y elocuentes palabras en el discurso de ingreso en la Real Academia:</p>
<p>Escribir es un descubrimiento diario a trav&eacute;s de la palabra, y la palabra es lo m&aacute;s bello que se ha creado, es lo m&aacute;s importante de todo lo que tenemos los seres humanos. La palabra es lo que nos salva. Pero no la poseemos sin m&aacute;s, para utilizarla como un instrumento; si la tenemos es porque la consagramos a la b&uacute;squeda sin fin de una palabra distinta, no com&uacute;n, laboriosa y exaltadamente perseguida, pero que tan simple, tan sencilla resulta cuando la hallamos (Matute, 18 de enero, 1998).</p>
<p>Francisco Risco en su respuesta al discurso de ingreso en la RAE ratifica la importancia del estilo en la prosa eminentemente po&eacute;tica de la autora de <em>Olvidado rey Gud&uacute;</em>:<em></em></p>
<p>Nadie ha dejado de admirar la prosa de Ana Mar&iacute;a Matute: la intensidad inconfundible del tono, la capacidad expresiva del ritmo, la fuerza de los claroscuros. Sin embargo, el aspecto que probablemente m&aacute;s nos ha deslumbrado a todos es la sostenida coloraci&oacute;n po&eacute;tica y, en ese marco, la densidad y la eficacia de sus im&aacute;genes [...] en ese torrente de im&aacute;genes, el puesto m&aacute;s llamativo lo ha ostentado siempre la met&aacute;fora basada en la sinestesia, vale decir en la asociaci&oacute;n de factores que corresponden a diferentes sentidos corporales. Yo nunca he querido entenderlo sino en t&eacute;rminos descaradamente personales, como otra prueba de que Ana Mar&iacute;a Matute escribe con los cinco sentidos (Rico, 1998, Contestaci&oacute;n al discurso de Matute, &ldquo;En el bosque&rdquo;: 45-46).</p>
<p>Y por su parte el escritor y tambi&eacute;n acad&eacute;mico Pere Gimferrer en &ldquo;Posible imagen de Ana Mar&iacute;a Matute&rdquo; (2007), que se confiesa fervoroso lector de la novelista barcelonesa, escribe:</p>
<p>Le debemos hoscas baladas legendarias, vi&ntilde;etas urbanas o rurales, esquirlas de sagas bronc&iacute;neas, cuajarones de epopeyas de nuestro tiempo envueltas [&hellip;] Le debemos, muy principalmente, este instante de revelaci&oacute;n abismal que permite vislumbrar los intersticios del ser, lo que en lo hondo somos &ndash;Yo s&eacute; qui&eacute;n soy, dec&iacute;a don Quijote&ndash;, lo que la palabra com&uacute;n antes ignora que nombra, la comarca que solo el poeta, o quien la alteza del habla po&eacute;tica ha conquistado, descubre para maravilla del lector (<em>ABC</em>, 25 de noviembre, 2010).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Cos">Ser&aacute; esa palabra laboriosamente perseguida y llena de belleza la que nos salve a los lectores y nos permita seguir gozando de los para&iacute;sos inhabitados.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 02 Jun 2025 05:07:17 +0000</pubDate>
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      <title><![CDATA[La literatura rumana actual y su brillante Edad de Plata]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-literatura-rumana-actual-y-su-brillante-edad-de-plata/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2025/Mirceared.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; No es ning&uacute;n secreto, para cualquier persona atenta a la literatura europea de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, que se repite una presencia espl&eacute;ndida, continuada, en ocasiones realmente espectacular, a trav&eacute;s de varias generaciones de escritores rumanos que van cosechando los mejores premios europeos e internacionales de nuestros d&iacute;as. Traducidos muchas veces a una notable cantidad de lenguas, algunos de estos grandes autores contempor&aacute;neos (como es el caso de Norman Manea, Ana Blandiana o Mircea Cartarescu) figuran de forma invariable, a&ntilde;o tras a&ntilde;o, en las listas de un posible Premio Nobel de Literatura que, a pesar de la grandeza de la lengua rumana en el siglo pasado, en su d&iacute;a nunca hab&iacute;a reca&iacute;do en ninguno de los m&aacute;s c&eacute;lebres nombres como es el caso de Camil Petrescu, Mihail Sebastian, Mircea Eliade, Eug&egrave;ne Ionesco o Emil Cioran.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se dir&iacute;a que, si no se trata de una &ldquo;edad de oro&rdquo;, que quiz&aacute; ya correspondi&oacute; a la gran generaci&oacute;n de entreguerras, verdaderamente internacional, hoy en d&iacute;a estamos viviendo, en el caso de la literatura rumana actual, una aut&eacute;ntica &ldquo;edad de plata&rdquo;. Esto no solo lo avalan el n&uacute;mero de traducciones y premios otorgados, o la gran aceptaci&oacute;n del p&uacute;blico en no pocos casos, sino sobre todo, una invariable y sostenida gran altura literaria, de un exigencia y ambici&oacute;n realmente descomunal en cuanto a lenguaje, temas sutiles y nada obvios tratados en profundidad, todo ello con una deslumbrante capacidad de penetraci&oacute;n y an&aacute;lisis, y un admirable tratamiento e intersecci&oacute;n en sus obras del pasado hist&oacute;rico y cultural com&uacute;n a todos ellos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Uno de los m&aacute;s grandes escritores de la actualidad, el rumano Norman Manea (Bucovina, 1936), muy amigo de los escritores Philip Roth y Saul Bellow a su llegada a Am&eacute;rica, se ver&iacute;a obligado a emprender, como explica en su magn&iacute;fica novela autobiogr&aacute;fica <em>El regreso del h&uacute;ligan</em> (2003, Tusquets) dos exilios a lo largo de su vida &ldquo;con una simb&oacute;lica simetr&iacute;a&rdquo;. La simetr&iacute;a funesta la establecer&iacute;an los distintos totalitarismos que exterminaron y depuraron a lo largo del siglo XX en Europa a un buen n&uacute;mero de no alineados, &ldquo;extraterritoriales&rdquo;, &ldquo;desarraigados&rdquo;, parias indeseables e inadaptados para el sistema de cada momento. Dos exilios, dir&aacute; Manea, &ldquo;a los cinco a&ntilde;os, por culpa de un dictador, Antonescu&rdquo; (aliado de la Guardia de Hierro, los feroces fascistas rumanos de los a&ntilde;os 30, entre los que se contaban por entonces Cioran y Mircea Eliade, como se recordar&aacute; en esta novela) &ldquo;y de su ideolog&iacute;a, que se complet&oacute;, a los 50 a&ntilde;os, por culpa de otro dictador Ceausescu, de una ideolog&iacute;a aparentemente opuesta&rdquo;. La maldici&oacute;n, el doble exilio que sufrir&iacute;a en sus propias carnes gente como Manea, se hab&iacute;a cerrado como una garra y el recordarlo, el recordar ciertos paralelismos m&aacute;s que incestuosos, a&ntilde;os despu&eacute;s, incluso tras la llegada de la democracia, ser&iacute;a considerado por algunos como una especie de traici&oacute;n al gran pasado nacional, y a las figuras insignes, que tienen que ser defendidas siempre por encima de las ideolog&iacute;as, err&oacute;neas o no.</p>
<p>Nacido en la Bukovina, lugar tambi&eacute;n de origen del gran poeta Paul Celan, regi&oacute;n austroh&uacute;ngara hasta finalizar la Primera Guerra Mundial, en que pas&oacute; a formar parte de Ruman&iacute;a, Norman Manea ser&iacute;a deportado por los nazis en vagones de ganado a los cinco a&ntilde;os, junto a su familia jud&iacute;a, al campo de concentraci&oacute;n de Transnistria, en Ucrania, donde tambi&eacute;n estuvo internado el poeta Paul Celan. Una etapa atroz que quedar&aacute; reflejada en algunos impresionantes relatos de <em>El t&eacute; de Proust. Cuentos reunidos </em>(Tusquets) inspirados en aquella aterradora experiencia infantil del Holocausto. Al finalizar la guerra mundial, parte de ellos regresar&iacute;an a su lugar de origen, a Suceava.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si James Joyce realiz&oacute; una parodia magistral, desde el exilio, de su orgullosa pero frustrada Irlanda natal; si Musil satiriz&oacute; sin piedad la decadencia e inmovilismo ag&oacute;nico del Imperio de los Habsburgo; o Bulg&aacute;kov e Ilf &amp; Petrov (citados en la novela de Manea <em>El sobre negro</em>, Tusquets) hicieron lo mismo con la degeneraci&oacute;n cotidiana y soez del sistema sovi&eacute;tico, Manea se convertir&iacute;a con el tiempo en el m&aacute;s feroz e implacable retratista de la sociedad de su pa&iacute;s, Ruman&iacute;a, durante los a&ntilde;os de la dictadura de Ceausescu. Se convertir&iacute;a en un afilad&iacute;simo y c&aacute;ustico ojo cr&iacute;tico, en el m&aacute;s sutil y penetrante diseccionador de un mundo invisible y subterr&aacute;neo que atravesaba, d&iacute;a a d&iacute;a, las peores pesadillas y las m&aacute;s opacas e indescifrables maniobras con las que un poder desp&oacute;tico, no democr&aacute;tico, buscaba perpetuarse. Un terror que se consegu&iacute;a, como se narra en el escalofriante relato &ldquo;El interrogatorio&rdquo; (perteneciente a su espl&eacute;ndido libro <em>Felicidad obligatoria</em>, 2005, Tusquets) por medio de la intimidaci&oacute;n psicol&oacute;gica, de la m&aacute;s absoluta anulaci&oacute;n de las v&iacute;ctimas y de un c&iacute;nico sadismo, en medio de escenarios muchas veces, parad&oacute;jicamente, exentos de violencia. Un envilecido clientelismo y un &ldquo;lenguaje patol&oacute;gico y estratificado&rdquo;, intraducible, se unir&iacute;an para asentar aquellas suprarrealidades inconcebibles desde otras circunstancias o percepciones de mundos en libertad. Otras de las m&aacute;s grandes obras maestras de este autor son su novela <em>La guarida</em> (2009, Tusquets), los brillant&iacute;simos ensayos reunidos en <em>Payasos: el dictador y el artista</em> (2005, Tusquets), <em>La quinta imposibilidad. Juda&iacute;smo y escritura </em>(Galaxia Gutenberg) y, por fin, una obra cumbre como <em>La sombra exiliada</em>, extraordinaria novela y reflexi&oacute;n intelectual y metaf&oacute;rica que narrar&iacute;a la vida de un superviviente del Holocausto y su existencia posterior, primero en una dictadura comunista y luego en un largo exilio en Am&eacute;rica.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La de Mircea Cartarescu, aparte del reconocimiento a un autor que lleva tiempo traspasando sus fronteras, con p&uacute;blicos entusiastas en las m&aacute;s diversas lenguas, siendo merecedor de grandes premios internacionales,&nbsp; como el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2022, que Norman Manea recibi&oacute; igualmente en 2017, representa hoy la renovaci&oacute;n continuada de una de las m&aacute;s vitales y pujantes literaturas de todo el espectro europeo, muy en concreto de la Europa Central, que actualmente cuenta con un plantel de autores de espectacular altura y exigencia creativa.&nbsp;</p>
<p>Autor ya de una ampl&iacute;sima bibliograf&iacute;a, en obras siempre deslumbrantes, a cada nueva entrega y a cada nuevo <em>tour de force</em> como su deslumbrante trilog&iacute;a <em>Cegador</em>, o la &uacute;ltima aparecida <em>Theodoros</em>, tocar&aacute; en su obra, como otros de los m&aacute;s grandes autores de su literatura, los grises y sombr&iacute;os a&ntilde;os del comunismo en Ruman&iacute;a hasta llegar a la liberaci&oacute;n. Pero en su caso es un tel&oacute;n de fondo ocasional, como siempre, entre otros muchos otros de gran magnetismo que se superponen siempre en sus relatos de m&uacute;ltiples tent&aacute;culos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Poeta, narrador, te&oacute;rico de la literatura y principal representante de la llamada Generaci&oacute;n de los 80 de la literatura rumana, Mircea Cartarescu, un&aacute;nimemente celebrado hoy d&iacute;a por la tremenda y vers&aacute;til riqueza de su obra, es un extraordinario y singular creador cuyo estilo y genial capacidad&nbsp; de invenci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica ha marcado las &uacute;ltimas d&eacute;cadas no s&oacute;lo en Ruman&iacute;a, sino en toda Europa. Cr&iacute;tico literario y profesor que se ha dividido a lo largo del tiempo entre Bucarest, Viena, Amsterdam y Stuttgart, ciudades donde ha dado cursos sobre la c&eacute;lebre vanguardia rumana de entreguerras, con Tristan Tzara a la cabeza, Cartarescu es a la vez cabeza de serie del posmodernismo en su pa&iacute;s, sobre el que ha teorizado abundantemente, doctor&aacute;ndose en su d&iacute;a con una tesis acerca de este movimiento. Entre sus obras m&aacute;s conocidas est&aacute; una par&oacute;dica y c&oacute;mica epopeya titulada <em>Levante</em><em> </em>(1990) en la que recicl&oacute; todo tipo de estilos po&eacute;ticos de la literatura rumana, utilizando como inspiraci&oacute;n el cap&iacute;tulo del <em>Ulises</em> de Joyce titulado <em>Los bueyes del sol</em>.&nbsp; En 1993 aparecer&iacute;a su espl&eacute;ndido libro de relatos, <em>Nostalgia</em>. M&aacute;s tarde iniciar&iacute;a otro ambicioso, bell&iacute;simo y monumental ciclo entre fant&aacute;stico y cripto-on&iacute;rico, la trilog&iacute;a <em>Orbitor</em> (<em>Cegador</em>) que contiene los vol&uacute;menes <em>El ala izquierda</em> (1996), <em>El cuerpo</em> (2002) y <em>El ala derecha</em> (2007). Su obra <em>Por qu&eacute; nos gustan las mujeres</em> (2004, Funambulista), definida por &eacute;l mismo dentro del campo de &ldquo;la fantasmagor&iacute;a social&rdquo;, compuesta por veinte retratos o enso&ntilde;aciones posibles de mujer, con numerosas referencias, como suele suceder en su obra, a otros muchos escritores y &ldquo;lecturas&rdquo; de la siempre dudosa realidad &ndash;de Salinger, Nabokov, Breton, Joyce y Stendhal, a escritores rumanos como Ion Creangă - signific&oacute; un &eacute;xito rotundo de ventas en su pa&iacute;s. Seducido siempre por la figura ambigua del doble, por torturadas sensualidades &ndash;como se percibe en el relato &ldquo;Los gemelos&rdquo; de su libro <em>Nostalgia</em>, pero tambi&eacute;n en <em>El Mend&eacute;bil</em> y en la magn&iacute;fica <em>nouvelle</em> <em>REM</em>- por el travestimiento, la androginia y la figura mitol&oacute;gica de la &ldquo;Quimera&rdquo;, todo ello se materializar&iacute;a de forma central en su novela <em>Lul&uacute;</em> (1994), que tra&iacute;a a la memoria el perturbador personaje de la &oacute;pera de Alban Berg, basada en la obra hom&oacute;nima de Wedekind.&nbsp; En 2010 aparecer&iacute;a <em>Las Bellas Extranjeras</em> y en 2012 otra de sus obras de m&aacute;s &eacute;xito, <em>El ojo casta&ntilde;o de nuestro amor</em>.</p>
<p>La suya es una cautivadora y muy brillante prosa entre l&iacute;rica, siniestramente c&oacute;mica, especular y metaf&iacute;sica, siempre llevada hasta sus mismos l&iacute;mites, en una especie de arriesgada <em>mise en abyme</em>. Las legiones de lectores que acompa&ntilde;ar&iacute;an cada una de las apariciones de sus libros se habituar&iacute;an poco a poco a sus hipn&oacute;ticos y fant&aacute;sticos laberintos, a sus singulares mundos literarios, entre realidad y fantas&iacute;a, entre sue&ntilde;o y alucinaci&oacute;n, entre par&aacute;bolas y alegor&iacute;as, o entre juego y parodias desopilantes, que ensalzaban sobre todo una soberbia puesta en escena de una imaginaci&oacute;n sin l&iacute;mites ni fronteras de ning&uacute;n tipo. Una escritura siempre llevada al m&aacute;ximo de su poder expresivo, a la ambici&oacute;n m&aacute;s total y desusada<em>. </em>&nbsp;La siempre asombrosa singularidad de los textos de Cartarescu, lo fantasmag&oacute;rico, tortuoso,&nbsp; kafkiano y posrom&aacute;ntico de sus laber&iacute;nticas pesadillas surreales, que beben tanto de la poes&iacute;a de Novalis como de Poe, Nerval, Borges y Hoffmann, y que crecen y se embrollan fant&aacute;sticamente, como en un caleidoscopio polif&oacute;nico y monstruoso, mezclando la crudeza y grisura de lo cotidiano, con lo inconcebible de la Historia y del pasado que los ha borrado a todos como sujetos reconocibles en una sola identidad, no dejan nunca indiferente al lector. Un lector que, borradas por completo las fronteras de lo real, recorre los pasadizos subterr&aacute;neos de la ciudad de Bucarest, la verdadera y oculta protagonista de sus relatos, en ocasiones s&oacute;rdida y truculenta, otras deslumbrantemente bella y sinuosa, sostenida en el espacio por la introspecci&oacute;n on&iacute;rica y por la fuerza de las im&aacute;genes de otros tiempos, cuando un viajero de lujo como Paul Morand la llamaba &ldquo;el Par&iacute;s de los Balcanes&rdquo;. Toda la obra de Cartarescu est&aacute; traducida en la editorial Impedimenta, con traducciones siempre magn&iacute;ficas y admirables de Marian Ochoa de Eribe.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Conocida sobre todo como una de las mejores poetas contempor&aacute;neas a nivel internacional, con una buena representaci&oacute;n de libros traducidos al espa&ntilde;ol, como prosista, Ana Blandiana, Premio Princesa de Asturias de las Letras&nbsp;2024, public&oacute; en 1992 la novela <em>El caj&oacute;n de los aplausos</em>; igualmente dos espl&eacute;ndidos y brillant&iacute;simos libros de relatos, en los que trenzaba, entre realidad y fantas&iacute;a, entre sue&ntilde;o y tenebrosa duermevela cotidiana, momentos y fases hist&oacute;ricas de la asfixiante y ultrajante vida bajo una dictadura. Uno de ellos es <em>Las cuatro estaciones</em>, de 1977 (traducido en 2011 en la editorial Perif&eacute;rica, por Viorica Patea y Fernando S&aacute;nchez Miret, con un postfacio de Viorica Patea) y <em>Proyectos de pasado</em> de 1982 (tambi&eacute;n en Perif&eacute;rica, en 2008, por los mismos traductores, con pr&oacute;logo de Patea).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Uno de los mejores libros de relatos de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas de la literatura rumana, es sin duda <em>Proyectos de pasado</em><span style="text-decoration: underline;">,</span> compuesto por once espl&eacute;ndidos relatos, de distinto g&eacute;nero e inspiraci&oacute;n: biogr&aacute;ficos y memoral&iacute;sticos, po&eacute;ticos y fantasiosos, evocativos o m&aacute;s documentales, con tenebrosas historias que ilustran ese triste g&eacute;nero, la literatura concentracionaria, propia de los totalitarismos. Igual que sucedi&oacute; en su d&iacute;a con autores como el checo V&aacute;clav Havel, el h&uacute;ngaro Gy&ouml;rgy Konr&aacute;d o como la Premio Nobel Wislawa Szymborska, encerrada esta &uacute;ltima entre las cuatro paredes de su casa de Cracovia, Ana Blandiana, seud&oacute;nimo de&nbsp;Otilia Valeria Coman&nbsp;(Timișoara, 1942) hija de un profesor y sacerdote ortodoxo, perseguido y encarcelado por el r&eacute;gimen comunista, que morir&iacute;a poco despu&eacute;s de salir de prisi&oacute;n, ejerci&oacute; y ejerce en su pa&iacute;s, incansablemente, de firme referente moral. Un referente persistente e inasequible al desaliento, de cara al resto de sus conciudadanos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En los a&ntilde;os m&aacute;s duros de la dictadura, cuando la soledad y el aislamiento no pocas veces hac&iacute;an abatirse a aquellos valerosos luchadores por la libertad, Blandiana protagoniz&oacute; un inapreciable magisterio moral y &eacute;tico que sirvi&oacute;, como en los anteriores casos citados, pertenecientes a los distintos pa&iacute;ses sometidos a dictaduras comunistas del centro y el este de Europa, de aliento espiritual y de s&iacute;mbolo para la no claudicaci&oacute;n. En su libro de relatos <em>Proyectos de pasado</em>, la presencia de lo fant&aacute;stico destacaba de forma deslumbrante a la hora de denunciar la dimensi&oacute;n grotesca y siniestramente esperp&eacute;ntica de la vida bajo un r&eacute;gimen totalitario. As&iacute; lo hizo en su d&iacute;a magistralmente el ruso Mija&iacute;l Bulg&aacute;kov en <span style="text-decoration: underline;">El maestro y Margarita</span>. Situ&aacute;ndose sin cesar en la frontera de lo real y lo imaginario, en las ficciones de Blandiana los acontecimientos milagrosos, sobrenaturales y excepcionales se infiltran en los pliegues de lo cotidiano y remiten a sentidos m&aacute;s profundos y siniestros de lo real.</p>
<p>Por su parte, una de las principales autoras de nuestros d&iacute;as, de todo el espectro europeo, de las m&aacute;s traducidas a otras lenguas, es Gabriela Adamesteanu. Nacida en T&acirc;rsu Ocna, en el distrito de&nbsp;Bacău, en 1942, Adamesteanu ha sido periodista, activista democr&aacute;tica durante el comunismo y traductora del franc&eacute;s (su tesis doctoral vers&oacute; sobre Marcel Proust), adem&aacute;s de escritora y editora. En 1990, reci&eacute;n ca&iacute;do el r&eacute;gimen de Ceausescu, fundar&iacute;a junto a otros el denominado <em>Grupo para el Di&aacute;logo Social</em>, convirti&eacute;ndose en editora de la <em>Revista 22</em>, perteneciente a este grupo de defensa de la sociedad civil. Hija de un sacerdote ortodoxo y de una madre especialista en econom&iacute;a que perdi&oacute; su puesto de profesora al ser retirada su materia de estudio por parte de las autoridades comunistas, Adamesteanu proven&iacute;a de un mundo en el que precisamente estas dos palabras &ndash;religi&oacute;n e intelectual- eran consideradas de ra&iacute;z netamente &ldquo;asocial&rdquo;, por no decir &ldquo;potencialmente sedicioso&rdquo;.</p>
<p>En Espa&ntilde;a se han traducido varias novelas suyas, siempre de igual y excepcional calidad: <em>Una ma&ntilde;ana perdida</em> (la novela que la lanz&oacute; a la fama en muchos pa&iacute;ses, de 1983, en Lumen), <em>El encuentro</em>, de 2003 (Xorku), <em>Vidas provisionales</em> (2010) y <em>Fontana di Trevi</em> (2018), ambas en Acantilado. En estas dos &uacute;ltimas novelas, nos volv&iacute;amos a encontrar como protagonista a Letitia, que ya estaba presente en la gran novela de iniciaci&oacute;n de Adamesteanu, cr&oacute;nica de los a&ntilde;os 50 y 60 en Ruman&iacute;a, que era <em>El mismo camino de todos los d&iacute;as</em>, de 1975 (Xorku), un aut&eacute;ntico cl&aacute;sico de la literatura contempor&aacute;nea en esa lengua.</p>
<p>La suya es una literatura de una notable densidad, y a la vez microscopia detallista, que alterna radiograf&iacute;as hist&oacute;ricas elaboradas en profundidad, combinadas magistralmente con retratos de personajes e interiores. Se trata de radiograf&iacute;as agudas, no exentas de iron&iacute;a, minuciosas y devastadoras en ocasiones, a veces concentradas a trav&eacute;s de un solo gesto o matiz y de un simple di&aacute;logo. Unas radiograf&iacute;as que adquieren una lucidez estremecedora, casi fantasmal y despiadada, y que tienen como inspiraci&oacute;n principalmente los a&ntilde;os del comunismo en su pa&iacute;s, en la &eacute;poca del dictador Ceausescu. Un presente que se alterna con otras etapas negras del pa&iacute;s: con los viajes a un pasado vergonzoso y colaboracionista con los nazis, bajo el mando tambi&eacute;n f&eacute;rreo del dictador Antonescu.&nbsp;</p>
<p>Gabriela Adamesteanu saltar&iacute;a a la fama internacional sobre todo con su obra <em>Una ma&ntilde;ana perdida</em>, una historia o tapiz centrado en el siglo XX rumano. O lo que es lo mismo, la cr&oacute;nica de varias generaciones perdidas, de guerras e innumerables sacrificios personales, evocada en este caso a trav&eacute;s del personaje de una anciana, Vica, que sale una ma&ntilde;ana de casa y emprende &ndash;como la Mrs. Dalloway de Virginia Woolf en Londres- un periplo por su ciudad, Bucarest.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Construida a base de breves cap&iacute;tulos, al modo de po&eacute;ticas y fulminantes escenas, de una enorme negrura y a la vez de una terrible y estremecedora belleza, la escritora en lengua rumana Tatiana Tibuleac (Chisin&aacute;u, Moldavia, 1978) compuso con su novela <em>El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes</em> un extraordinario e ins&oacute;lito relato dedicado a la violencia y cicatrices incurables del amor en el seno de la familia. Amores que en ocasiones matan y que dejan heridas de por vida. Unas heridas y un rencor profundo, rememorado a&ntilde;os despu&eacute;s, con una rabia sin consuelo, desde las primeras l&iacute;neas de esta historia. La segunda gran novela de esta autora, <em>El jard&iacute;n de vidrio</em> (2018), continuar&iacute;a cimentando el enorme prestigio y extraordinaria calidad literaria de Tatiana Tibuleac. Galardonada con el Premio de Literatura Europea de 2019, en esta bell&iacute;sima y dolorosa novela de iniciaci&oacute;n se cuenta, de nuevo, con un fastuoso y sumamente cautivador trabajo de lenguaje, de po&eacute;tica y rica imaginaci&oacute;n, la dura, a la vez que delicada y conmovedora, historia de la peque&ntilde;a Lastochka, una ni&ntilde;a hu&eacute;rfana rescatada de un orfanato durante los a&ntilde;os m&aacute;s oscuros del comunismo en Chisinau, Moldavia. Ambas obras est&aacute;n editadas en Impedimenta.</p>
<p>El autor de una obra maravillosa, <em>El libro de los susurros</em> (Pre-Textos), de 2009, traducida a gran cantidad de idiomas, es Varujan Voganian (Craiova, 1958), escritor, pol&iacute;tico y economista,&nbsp;que naci&oacute; en una familia de origen armenio de Ruman&iacute;a. Su novela ser&iacute;a probablemente una de las m&aacute;s valiosas recuperaciones literarias sobre la memoria e historia moderna de los armenios. Comenzando en una calle armenia de Focşani, en el este de Ruman&iacute;a, <em>El libro de los susurros</em> se convierte en una magnifica cr&oacute;nica, llena de color, aroma y poes&iacute;a, pero tambi&eacute;n en un fiel retrato de la dura realidad vivida por varias generaciones de armenios sacudidos por el exilio: desde las mesetas de Anatolia hasta los terribles c&iacute;rculos de la muerte en el desierto de Deir-ez-Zor, y desde Constantinopla hasta Rumania en la d&eacute;cada de los 60. Con el admirable talento de un narrador oriental, Vosganian reconstruir&iacute;a la vida de sus padres, antepasados y vecinos armenios, convirti&eacute;ndose en uno de los textos rumanos m&aacute;s potentes publicados tras la ca&iacute;da del comunismo.</p>
<p>Otro autor sumamente brillante, de los que debutaron tras la ca&iacute;da del comunismo, ser&aacute; el ir&oacute;nico escritor, soci&oacute;logo y ex senador Dan Lungu &nbsp;(Botoșani, 1969), autor de dos estupendas obras: <em>&iexcl;Soy un vejestorio comunista!</em>, de 2007 (Pre-Textos) y <em>El para&iacute;so de las gallinas</em>, de 2004 (Editorial Icaria, libro del a&ntilde;o en Alemania en 2007). En la primera, retrataba jocosamente las contradicciones de su sufriente pa&iacute;s durante d&eacute;cadas: de esa Ruman&iacute;a profunda que puede ser &ldquo;divertida, irracional y fascinante&rdquo; y que, en medio de una dictadura, sigue inventando chistes sobre Ceausescu y ri&eacute;ndose, pero que tras una milagrosa revuelta popular, disfruta de la ejecuci&oacute;n del dictador el d&iacute;a de Navidad, sin impedirle tampoco, poco despu&eacute;s de la ejecuci&oacute;n, &ldquo;caer en la nostalgia&rdquo; y lamentar la ca&iacute;da del comunismo. Por su parte, alternando la iron&iacute;a y la ternura, en una formidable visi&oacute;n sociol&oacute;gica de la Ruman&iacute;a poscomunista, <em>El para&iacute;so de las gallinas</em> (Premio de Literatura Europea 2008) retratar&iacute;a la vida en una calle tranquila, la calle de las Acacias, en la periferia provinciana de Ruman&iacute;a,&nbsp; donde sus habitantes est&aacute;n jubilados o desempleados, pero donde las habladur&iacute;as y chismes televisivos no permanecen en absoluto ociosos.</p>
<p>Autora de dos destacables novelas traducidas a nuestro idioma, <em>Los inocentes</em>(Armaenia) y <em>La vida empieza el viernes </em>(Premio de Literatura de la Uni&oacute;n Europea 2013, en B&aacute;ltica), Ioana P&acirc;rvulescu (Brasov, 1960) es de las escritoras m&aacute;s importantes del panorama actual de la literatura rumana y ha recibido dos veces el Premio de Literatura de la Uni&oacute;n Europea. Ha sido editora de la revista <em>Rom&acirc;nia literara</em> y traductora del franc&eacute;s y el alem&aacute;n. En <em>La vida empieza el viernes</em> se cuenta la misteriosa aparici&oacute;n el viernes 19 de diciembre de 1897, de un joven que nadie conoce: un hombre desconocido que ha sido encontrado desmayado en la nieve, en un bosque cerca de Bucarest. Una gran cantidad de teor&iacute;as y especulaciones surgir&aacute;n alrededor de este acontecimiento. Por su parte, en <em>Los inocentes</em>, se narra la historia de una familia y una casa de la ciudad transilvana de Kronstadt (Brasov), a trav&eacute;s de la mirada ingenua y luminosa de una ni&ntilde;a.</p>
<p>Otro autor que ha significado un fabuloso descubrimiento en los &uacute;ltimos tiempos es Cristian Fulas que recibi&oacute; el Premio Observator Cultural al mejor debut en 2015 por su dura novela de trasfondo autobiogr&aacute;fico <em>La verg&uuml;enza</em>. El libro trata sobre la impresionante bajada a los infiernos de un personaje, &nbsp;en el abismo obsesivo de una adicci&oacute;n, el alcoholismo, con las&nbsp; consiguientes &ldquo;vueltas en c&iacute;rculo&rdquo;, planeando sombr&iacute;amente por cl&iacute;nicas, tratamientos m&eacute;dicos, rehabilitaci&oacute;n, reca&iacute;das, lucha en soledad y aislamiento &ldquo;consigo mismo y con los dem&aacute;s&rdquo;, en medio de una Bucarest fantasmag&oacute;rica, en batalla permanente contra la felicidad y &ldquo;la verg&uuml;enza que le persigue como una maldici&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>Junto a todos estos buenos autores, hay que destacar tambi&eacute;n notables novelas traducidas estos &uacute;ltimos a&ntilde;os a nuestra lengua como: <em>Interior cero</em> (Autom&aacute;tica), de la joven promesa actual Lavinia Braniște (Brăila, 1983), donde se aborda con una gran agudeza la deriva y angustias de una generaci&oacute;n que vive entre las expectativas creadas y la amenaza permanente de una perturbadora precariedad; <em>Una forma de vida desconocida</em>y <em>El viento, el esp&iacute;ritu y el aliento</em>, galardonada con el Premio Ion Creangă de la Academia Rumana (ambas en Confluencias) de Andreea Rasuceanu (1979), esta &uacute;ltima una ambiciosa ficci&oacute;n que documenta fabulosamente dos siglos de la historia rumana, desde la &eacute;poca de los boyardos hasta la actualidad; <em>Cercan&iacute;as</em> (Traspi&eacute;s), de Marin Mălaicu-Hondrari, nacido en 1972, historia que re&uacute;ne a un grupo de poetas rumanos, con sus pactos, ideales y sue&ntilde;os; <em>Negro y rojo</em> (Xorki), de Ioan T. Morar (Şeitin, 1956) novela que aborda temas tab&uacute;es como la deportaci&oacute;n de los gitanos a Transnitria y el genocidio cometido por el ej&eacute;rcito rumano contra los jud&iacute;os de Odesa; <em>La gata del viernes: el libro de los manjares perversos</em> (Esdr&uacute;jula), de Doina<strong> </strong>&nbsp;Ruști&nbsp;(Comosteni, 1957), que mezcla ficci&oacute;n hist&oacute;rica con una trama detectivesca; <em>Punto y aparte</em> (Huso) de Gabriel Chifu (Calafat, 1954) cuya trama de comienzos del siglo XXI retrotrae tambi&eacute;n a los a&ntilde;os 40 y la posguerra mundial, en que Ruman&iacute;a cambi&oacute; completamente de historia; <em>&nbsp;En ausencia del padre </em>(Dalya) de Stelian Țurlea, periodista nacido en 1946, donde se narra la historia de un hombre detenido y encarcelado en los a&ntilde;os 50, a causa de un accidente, dejando a su hijo de 11 a&ntilde;os al cuidado de la familia; <em>No pasar</em> (<em>Do not cross</em>), editado por Dos bigotes, de Dora Pavel (Deva, 1946), que narra en primera persona la confesi&oacute;n de un secuestrador escapado de un hospital psiqui&aacute;trico; <em>Saludos</em> (Pre-Textos) de Alexandre Ecovoiu (Bucarest, 1943), cuya novela se convierte en una par&aacute;bola sobre la libertad y la utop&iacute;a, mezclando elementos er&oacute;ticos, m&aacute;gicos y fant&aacute;sticos; <em>La sexagenaria y el joven</em> (El Nadir) de Nora Iuga (Bucarest, 1931) escogido como mejor libro por la Uni&oacute;n de Escritores Rumanos en el a&ntilde;o 2000, donde esta conocida poeta rumana ofrec&iacute;a una obra llena de humor, ternura y seducci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un grupo importante de autores rumanos de nuestros d&iacute;as que est&aacute;n escribiendo en otras lenguas est&aacute; encabezado por la Premio Nobel de Literatura Herta M&uuml;ller, descendiente de suabos emigrados de Ruman&iacute;a que vive en Berl&iacute;n, adonde se exili&oacute; en 1987. Nacida en Nitzkydorf, peque&ntilde;o pueblo perteneciente a la minor&iacute;a german&oacute;fona de Ruman&iacute;a, en la regi&oacute;n del Banato, Herta M&uuml;ller vivi&oacute; all&iacute; sus primeros a&ntilde;os, hasta el comienzo de sus estudios en la Universidad en Timisoara, inmersa en un ambiente claustrof&oacute;bico, dominado por el miedo y por la idea de pertenecer a un gueto vergonzoso, a causa de su colaboracionismo durante la guerra. M&uuml;ller salt&oacute; a la fama internacional con dos magn&iacute;ficas obras, ambientadas en el Banato, <em>En tierras bajas</em>, de 1982, que hoy puede ser considerado perfectamente un peque&ntilde;o cl&aacute;sico moderno, que lanzar&iacute;a a la fama a esta escritora y que le har&iacute;a obtener numerosos premios, y otra espl&eacute;ndida obra&nbsp; posterior, <em>El hombre es un gran fais&aacute;n en el mundo</em>, de 1986 (ambas en Siruela).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un apartado este en el que, sin duda, hay que citar&nbsp; a otro excelente creador, el dramaturgo, poeta y narrador rumano en lengua francesa Matei Visniec (Rădăuți,1956), autor de una original y fant&aacute;stica filigrana literaria, <em>El hombre que vend&iacute;a comienzos de novela</em> (Galaxia Gutenberg) de humor feroz combinado con una fascinante erudici&oacute;n, donde abundan los personajes en busca de un autor, y donde el lector se pasea desde un pasaje parisino del Caf&eacute; des Timides hasta la Casa de los Escritores de Bucarest.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por su parte, la bell&iacute;sima novela <em>La casa lim&oacute;n</em>, de la poeta y traductora Corina Oproae (Transilvania, Ruman&iacute;a, 1973) ha sido la justa ganadora del Premio Tusquets de Novela 2024. Oproae es una escritora que ha alternado en su obra el catal&aacute;n y el castellano. En esta lengua ha escrito su primera novela, en la que se cuenta la historia de una ni&ntilde;a so&ntilde;adora, y fervorosa lectora, que evoca sin cesar una casa que ya no existe: la a&ntilde;orada Casa Lim&oacute;n, &ldquo;engullida y luego vomitada&rdquo; por m&aacute;quinas implacables del r&eacute;gimen de Ceausescu, en favor de un min&uacute;sculo y triste apartamento obligatorio. Junto a ella, otra destacada autora, nacida en Bucarest, en 1978, pero que escribe en espa&ntilde;ol, es la poeta, narradora, ensayista y profesora en la Universidad de Granada, Ioana Gruia, con excelentes libros como <em>El expediente Albertina</em> (Edhasa), <em>La vendedora de tiempo</em> (Renacimiento), <em>Las mujeres de Hopper</em> (Tres Hermanas) y <em>La mujer de rojo</em> (Son&aacute;mbulos). Juntas representan a la nueva y brillante generaci&oacute;n de autores rumanos de nacimiento que est&aacute;n escribiendo obras en lenguas de nuestro pa&iacute;s distintas a la suya materna.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 02 Jun 2025 05:03:26 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gabriela Adamesteanu: “Mi único credo ha sido no mentir, pero en una sociedad totalitaria no resulta sencillo”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/gabriela-adamesteanu-mi-unico-credo-ha-sido-no-mentir-pero-en-una-socedad-totalitaria-no-resulta-sencillo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2025/Gabrielared.jpg" alt="" /></p>
<p>En el panorama de la literatura rumana contempor&aacute;nea, destaca sin lugar a dudas la novelista, cuentista y traductora Gabriela Adameşteanu (T&acirc;rgu Ocna, 1982), cuya obra est&aacute; muy bien representada en espa&ntilde;ol. Pocos autores han sido capaces de combinar con tanta maestr&iacute;a la fuerza del latido hist&oacute;rico, los avatares del pueblo rumano a lo largo del siglo XX, el sufrimiento vivido bajo las dos Guerras Mundiales y las sucesivas dictaduras de distinto signo por una parte, con el plano de la historia individual, de la intrahistoria unamuniana tomada en su sentido m&aacute;s amplio, por otra. Dotada de un o&iacute;do excepcional para captar los ecos m&aacute;s sutiles de las voces de sus personajes, resulta imposible no dejarse llevar por su br&iacute;o narrativo a trav&eacute;s del laberinto hist&oacute;rico reciente de Ruman&iacute;a. Las novelas de Gabriela Adameşteanu son el m&aacute;s acabado ejemplo de que la Historia por s&iacute; sola no alcanza a descubrir ni revelar las vivencias m&aacute;s profundas del individuo.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Huyendo del oficio de escritora&rdquo;</strong></p>
<p>- Su carrera literaria comenz&oacute; tarde, tras un periodo como redactora en la Editura Politic. All&iacute; su labor consist&iacute;a en elaborar material puramente informativo, fichas sobre autores... &iquest;C&oacute;mo se produjo ese paso a escribir ficci&oacute;n? En sus novelas se confirman, adem&aacute;s, las palabras de H. Broch: el &ldquo;papel de una novela es descubrir lo que solo una novela puede descubrir&rdquo;? &iquest;Existe una preocupaci&oacute;n c&iacute;vica en su obra?</p>
<p>- Mi carrera literaria empez&oacute; tarde porque no era algo que yo buscara. Estoy trabajando ahora en un libro de memorias, <em>Oficios poco recomendables para una mujer</em>, en el que planteo c&oacute;mo, a lo largo de mi vida, he evitado muchas veces ser escritora. Las causas son m&uacute;ltiples y nacen de la educaci&oacute;n recibida en casa para la &ldquo;se&ntilde;orita&rdquo; de la familia: mi madre, al ver que me &ldquo;devoraba&rdquo; la pasi&oacute;n por la lectura, se tem&iacute;a que yo no fuera normal. Nunca he tenido tiempo suficiente para leer todo lo que habr&iacute;a querido, he le&iacute;do en aulas, en anfiteatros, en el tren, en autobuses abarrotados, mientras hac&iacute;a cola, en reuniones, mientras daba de mamar, mientras com&iacute;a, mientras llevaba a cabo labores rutinarias, le&iacute; <em>Doctor Fausto</em> de Thomas Mann cuando estaba a punto de dar a luz y <em>A sangre fr&iacute;a</em> de Truman Capote unos pocos meses despu&eacute;s del parto. Siempre llevaba una novela encima. Durante las primeras vacaciones con mi marido, en la monta&ntilde;a, en tienda de campa&ntilde;a, no pudimos llevar libros debido al peso de los bultos que acarre&aacute;bamos, y yo me sent&iacute;a como si tuviera s&iacute;ndrome de abstinencia, aguardaba las hojas de peri&oacute;dico en las que hab&iacute;amos empaquetado las conservas para leer siquiera la prensa desprestigiada de la &eacute;poca. Pero el rechazo al oficio de escritora se deb&iacute;a tambi&eacute;n a la literatura propagand&iacute;stica de los manuales escolares (odas a Stalin, al Partido Comunista, el &uacute;nico y todopoderoso, etc.) y al <em>realismo socialista</em>, el m&eacute;todo literario obligatorio, importado de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, que se me impuso por la fuerza. Me cost&oacute; librarme de la forma como hab&iacute;a aprendido a hacer an&aacute;lisis literarios distorsionando el sentido. Sab&iacute;a manipular los textos para enfatizar la lucha de clases, confeccionar caracterizaciones elogiosas de los personajes positivos (el activista, los trabajadores con elevada conciencia de clase, etc.&hellip;) y destructivas de los personajes negativos (el terrateniente, el tr&aacute;nsfuga, el latifundista), destacar los finales felices, bien politizados. Mi cr&iacute;tica desmedida (cultura de la cancelaci&oacute;n <em>avant la lettre</em>) se aplicaba tambi&eacute;n a los autores fallecidos porque no se ajustaban a la correcci&oacute;n pol&iacute;tica de nuestra &eacute;poca. Al principio, el <em>realismo socialista</em> fue impuesto abiertamente a trav&eacute;s de art&iacute;culos publicados en <em>Sc&acirc;nteia</em> y los escritores oficiales lo adoptaron enseguida por motivos econ&oacute;micos y pensando en su carrera (los derechos de autor, los premios importantes, la inclusi&oacute;n inmediata en los libros escolares, etc.). Los inadaptados viv&iacute;an en la miseria o estaban en la c&aacute;rcel, gran parte de la literatura rumana y extranjera estaba prohibida y yo estaba convencida de que no se pod&iacute;a hacer literatura verdadera en el pa&iacute;s donde viv&iacute;a. Sigui&oacute;, mientras estaba en la facultad, un periodo de apertura pol&iacute;tica y cultural, la historia y la teor&iacute;a literaria cambiaban de un d&iacute;a para otro. Lo viv&iacute; con alegr&iacute;a, luchando con toda mi alma por borrar los automatismos del realismo socialista y el viejo vocabulario cr&iacute;tico, descubr&iacute; los libros hasta entonces prohibidos y redact&eacute; mi tesina con el tema <em>Modificaciones del personaje literario en Marcel Proust, A la b&uacute;squeda del tiempo perdido</em>, un ciclo de novelas que tuvo un gran impacto en mi escritura.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Como periodista, he tenido preocupaciones c&iacute;vicas; como escritora, mi preocupaci&oacute;n ha sido no mentir&rdquo;</strong></p>
<p>Rehu&iacute;a tambi&eacute;n el oficio de escritora porque lo considero muy dif&iacute;cil y muy expuesto, m&aacute;s incluso que el de escritor; quer&iacute;a estudiar Medicina o Historia de la literatura, ha habido periodos en los que no me he ocupado de la ficci&oacute;n: me dediqu&eacute; al periodismo y a la gesti&oacute;n de prensa durante diez a&ntilde;os tras la ca&iacute;da del comunismo&hellip; Eso dur&oacute;, como ya he dicho, hasta que me convenc&iacute; de que pod&iacute;a escribir libremente lo que yo quer&iacute;a. Y mi &uacute;nico credo ha sido no mentir, algo que puede parecer banal, pero que, en una sociedad totalitaria que quiere hacer propaganda a trav&eacute;s de la literatura y el arte, no resulta sencillo. No he tenido credos c&iacute;vicos como escritora (los he tenido, sin embargo, como periodista), no me gusta la literatura &ldquo;con mensaje expl&iacute;cito&rdquo;. En mis novelas y relatos he querido mostrar eso que no se ve&iacute;a, la vida verdadera, porque la sociedad rumana ha vivido durante medio siglo en una gigantesca mentira. He escrito sobre los destinos de las personas corrientes, sobre c&oacute;mo se enfrentan a las dificultades cotidianas, sobre los traumas que las guerras y las dictaduras de esta sufrida parte de Europa les han causado, sobre lo dif&iacute;cil que es elegir en la adolescencia (<em>El mismo camino de todos los d&iacute;as</em>) y lo dif&iacute;cil que es ser viejo y pobre (<em>Una ma&ntilde;ana perdida</em>).</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Cada escritor es &uacute;nico, no tiene edad ni g&eacute;nero&rdquo;</strong></p>
<p>Vuelvo sin embargo a la pregunta de m&aacute;s arriba. Como termin&eacute; la facultad con una nota media muy alta, fui destinada a la Redacci&oacute;n de Diccionarios de la Editura Politică, que dos a&ntilde;os despu&eacute;s pas&oacute; a ser la Editura Ştiinţifică şi Enciclopedică, donde trabaj&eacute; diecinueve a&ntilde;os. Redactaba art&iacute;culos de diferentes dimensiones sobre los escritores, una tarea rutinaria. Ah&iacute;, en ese trabajo con una jornada fija y larga en la que me aburr&iacute;a, irrumpi&oacute; ese impulso de escribir prosa que hab&iacute;a reprimido durante tanto tiempo, quiz&aacute; porque llevaba en mi interior la herida de la p&eacute;rdida de mi padre, al que me hab&iacute;a sentido muy apegada. No hab&iacute;a escrito nada hasta los veintiocho a&ntilde;os, no tuve ning&uacute;n periodo de &ldquo;aprendizaje&rdquo;, la novela de debut, <em>El mismo camino de todos los d&iacute;as</em>, recibi&oacute; una gran acogida, gan&oacute; dos premios y est&aacute; traducida a seis idiomas. Coqueteaba todav&iacute;a con la idea de que ser&iacute;a mi &uacute;nica novela y de que me dedicar&iacute;a a otras cosas cuando empec&eacute; a escribir otra, <em>Una ma&ntilde;ana perdida</em> y, entre ambas, publiqu&eacute; tambi&eacute;n relatos. Despu&eacute;s de comenzar a escribir, el hambre enfermiza de ficci&oacute;n, la enfermedad de la lectura -y tambi&eacute;n su deleite- se apacigu&oacute;. Contaba ya con un ojo profesional que sopesaba fr&iacute;amente la estrategia de la emoci&oacute;n y empec&eacute; a elegir lecturas m&aacute;s acordes con mis temas y mis personajes. La sorpresa fue comprobar que escrib&iacute;a de forma diferente a mis autores favoritos, no me hab&iacute;a contaminado, segu&iacute;a escribiendo a mi manera. Cuando me sumerjo en el estilo de un libro, leo lo que est&aacute; relacionado o guarda afinidad con mi escritura. Amo la literatura tambi&eacute;n en los libros de mis colegas, indiferentemente de la generaci&oacute;n a la que pertenezcan. Para m&iacute;, cada escritor es &uacute;nico, no tiene edad ni g&eacute;nero: me interesa la manera como ve el mundo otra persona, la forma como cuenta su historia. Pero pasaron diez a&ntilde;os en los que no le&iacute; ficci&oacute;n en absoluto, en 1985 me traslad&eacute; de la Editura Enciclopedică a una gran editorial literaria, Cartea Rom&acirc;nească, donde ten&iacute;a que leer mucho, incluso maculatura, todo bajo la presi&oacute;n de la censura, y &ldquo;me intoxiqu&eacute;&rdquo;. Sin embargo, en mi &eacute;poca dedicada al periodismo (1990-2005), cuando no le&iacute; ficci&oacute;n, descubr&iacute; los mecanismos del mundo de hoy en d&iacute;a, algo que result&oacute; de gran ayuda cuando retom&eacute; la escritura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Atrapar la historia como si fuera una presa&rdquo;</strong></p>
<p>- La historia de Ruman&iacute;a es un personaje m&aacute;s junto a muchos otros personajes inolvidables (Vica, Letiţia Branea&hellip;). El pasado-presente de Ruman&iacute;a (es decir, la historia con may&uacute;sculas, la historia colectiva) y el pasado-presente de los personajes (la historia con min&uacute;sculas, la historia individual, la intrahistoria unamuniana) van de la mano en sus novelas. Como dec&iacute;a Antonio Mu&ntilde;oz Molina: &ldquo;A veces la biograf&iacute;a de las personas tiene una correspondencia decisiva con las circunstancias hist&oacute;ricas: eso les permite experimentar en primera persona las grandes mutaciones de un devenir colectivo&rdquo;.</p>
<p>- Su observaci&oacute;n me recuerda lo que escribi&oacute; Andr&eacute; Clavel en <em>Lire</em>, en oto&ntilde;o de 2005, cuando apareci&oacute; la edici&oacute;n francesa de mi libro <em>Una ma&ntilde;ana perdida</em> en la editorial Gallimard: &ldquo;De un personaje a otro, desde la I Guerra Mundial hasta el periodo estalinista, de un campo de batalla a las c&aacute;rceles donde se pudren los prisioneros pol&iacute;ticos, en esta &ldquo;ma&ntilde;ana&rdquo; para siempre perdida desfila la Historia con su abrigo rojo y negro.</p>
<p>Pero cuando escrib&iacute; las primeras p&aacute;ginas de ese libro, la idea de considerar la historia como un proyecto de mi ficci&oacute;n estaba muy lejos. No hab&iacute;a aparecido como protagonista en los dos libros anteriores, <em>El mismo camino de todos los d&iacute;as</em> (1975) y la colecci&oacute;n de relatos (<em>Reg&aacute;late un d&iacute;a de vacaciones</em>, 1979). En ellos los acontecimientos ten&iacute;an lugar en los a&ntilde;os 60-70, es decir, en mi presente de entonces. Ahora solo quer&iacute;a esbozar un personaje, Vica Delcă, plasmar una instant&aacute;nea a trav&eacute;s de su forma de hablar rudimentaria, popular, nada habitual en un ambiente ling&uuml;&iacute;stico correcto y abstracto, con influencia de la lengua de madera de la &eacute;poca comunista. Sin embargo, renunci&eacute; enseguida, porque mi personaje no ten&iacute;a destino alguno y no sab&iacute;a qu&eacute; hacer con &eacute;l. Lo retom&eacute; al cabo de un par de a&ntilde;os, ten&iacute;a en mente una novela sobre la vejez, la pobreza y la muerte. Hab&iacute;a cumplido ya treinta y tres a&ntilde;os, hab&iacute;a dejado atr&aacute;s esa frontera que yo llamo &ldquo;eterna juventud&rdquo;, en la que no ves los l&iacute;mites, o al menos no ves los tuyos. El destino de mi personaje (una mujer de la tercera edad, antigua propietaria de un bistr&oacute;, que acab&oacute; siendo una costurera con el comunismo) me espantaba ahora que ve&iacute;a su final. Entre tanto hab&iacute;an aparecido otros personajes, de su misma generaci&oacute;n, capaces de comunicarse, pero tuve que renunciar de nuevo. Me di cuenta de que, en realidad, estaba escribiendo una novela, no un relato, y de que era demasiado joven en relaci&oacute;n con mi personaje: mi memoria era la mitad de la suya. Yo era una hija del comunismo y este hab&iacute;a borrado las huellas materiales, econ&oacute;micas y sociales del pasado. Siempre me hab&iacute;a gustado escuchar a la gente mayor que hab&iacute;a vivido en otra sociedad, pero no bastaba con sus historias, ten&iacute;a que documentarme. Y eso no era f&aacute;cil, la historia oficial hab&iacute;a falsificado siempre los acontecimientos en funci&oacute;n de los cambios pol&iacute;ticos y lo hizo con especial ah&iacute;nco &nbsp;durante el comunismo, cuando lo pol&iacute;tico distorsion&oacute; por completo la verdad hist&oacute;rica. La historia fue utilizada para ofrecer legitimidad al partido comunista (un partido muy peque&ntilde;o antes de que el ej&eacute;rcito sovi&eacute;tico le concediera el poder), y tambi&eacute;n para glorificar a Ceauşescu, que se ve&iacute;a como el descendiente de los valientes vaivodas imaginados por &eacute;l. Los modelos nacionalistas fijados a trav&eacute;s de grandes festivales que conmemoraban un pasado falso dejaron, por desgracia, una profunda huella que se percibe todav&iacute;a en la mentalidad de los rumanos de hoy. Odio esas mentiras nacionalistas, algo que tambi&eacute;n observ&oacute; Andr&eacute; Clavel en el art&iacute;culo mencionado: &ldquo;La novelista no es piadosa tampoco con lo que ella llama crudamente &ldquo;taras nacionales&rdquo;.</p>
<p>Cuando empec&eacute; a documentarme, pod&iacute;an consultarse en la Biblioteca de la Academia, a trav&eacute;s de unos permisos espaciales y en un horario determinado, los libros y los peri&oacute;dicos de antes de la guerra, pero yo ten&iacute;a un trabajo, obligaciones familiares y, adem&aacute;s, no sab&iacute;a qu&eacute; estaba buscando exactamente. Consegu&iacute; dar con algunas memorias escritas despu&eacute;s de la I Guerra Mundial y en ellas escuch&eacute; las voces de la gente del pasado. Me demoraba en las casas en las que quedaban objetos del pasado, recorr&iacute;a museos, exposiciones de ropa antigua, fue una b&uacute;squeda continua de detalles, una aventura apasionante para captar no solo el color hist&oacute;rico, sino la forma como la Historia era vivida por los seres humanos implicados en ella. Yo conoc&iacute;a ya la lengua popular, pero descubr&iacute; la juventud de mis personajes, aprend&iacute; la lengua salpicada de galicismos en las casas burguesas de comienzos de siglo, etc. Debo mencionar, sin embargo, que el respeto por la verdad hist&oacute;rica me lo transmiti&oacute; mi padre cuando era peque&ntilde;a. &Eacute;l fue un apasionado profesor de historia, me relataba en la infancia momentos no falsificados, estudiaba documentos de la Edad Media para sus art&iacute;culos, por desgracia inconclusos. Falleci&oacute; cuando yo estaba en la universidad.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;C&oacute;mo se transforma la actualidad en historia&rdquo;</strong></p>
<p>He tomado <em>Una ma&ntilde;ana perdida</em> (mi libro m&aacute;s conocido, traducido a diecisiete lenguas) como modelo porque la Historia en tanto que proyecto solo aparece en este libro y en <em>Vidas provisionales</em>. <em>Vidas provisionales</em> es la historia de un amor secreto, bajo el signo de lo provisorio, el mismo signo bajo el que se encontraba el pa&iacute;s que hab&iacute;a pasado de una dictadura de extrema derecha (la de Ion Antonescu) a una de extrema izquierda (la de Gheorghiu-Dej y Ceauşescu), en la que viv&iacute;an mis personajes -Letiţia y Sorin- y en la que hab&iacute;an vivido sus padres. Me result&oacute; sencillo documentarme esta vez porque la escrib&iacute; en libertad (apareci&oacute; en Ruman&iacute;a en 2010), aunque llevaba mucho tiempo pensando en ella. Supo interpretarla muy bien Gabriela Gheorghişor, una reputada cr&iacute;tica literaria: &ldquo;<em>Vidas provisionales </em>no es tan solo una perturbadora historia de amor, sino tambi&eacute;n un fresco social y pol&iacute;tico del mundo rumano en el comunismo, una amplia cr&oacute;nica hist&oacute;rica de las turbulencias del siglo XX (el movimiento legionario y la dictadura de Antonescu, la &eacute;poca estajanovista de Gheorghiu-Dej, las etapas del ceauşismo), tejida tanto con los hilos &ldquo;de los dosieres existenciales&rdquo; de una multitud de personajes, como con los atajos del narrador omnisciente, una instancia de una objetividad afilada y con un agudo poder de observaci&oacute;n. Y que sabe, al mismo tiempo, mantener el suspense, la gracia al cortar las escenas y la variedad de &aacute;ngulos de grabaci&oacute;n de los reflectores. En virtud de un sutil paralelismo, la historia personal de Letiţia se refleja en la Historia de Ruman&iacute;a, &ldquo;un pa&iacute;s movedizo e inconstante&rdquo;. No es casualidad que su relaci&oacute;n con Sorin, llena de esperanzas, nazca en un periodo de relativa apertura, pero la progresiva desilusi&oacute;n llega al cl&iacute;max junto con &ldquo;la vuelta de tuerca&rdquo; ideol&oacute;gica y la nueva glaciaci&oacute;n de los a&ntilde;os 70. Ellos ilustran dos modos diferentes de (sobre)vivir [&hellip;]: mientras Letiţia se refugia, defensiva y liviana, en eros y en la escritura, el en&eacute;rgico y calculador Sorin entra en la red de compromisos arrastrado por el af&aacute;n de alcanzar una situaci&oacute;n privilegiada&rdquo;.</p>
<p>Lo interesante es que la novela ha sido mejor entendida entre los cr&iacute;ticos extranjeros (en Francia, Espa&ntilde;a o Alemania) que en Ruman&iacute;a, donde fue interpretada m&aacute;s bien como una &ldquo;novela sobre el comunismo&rdquo;, aunque gran parte de la misma se refiere a los a&ntilde;os 1938-1941, con la alianza y la ulterior pelea entre el Movimiento Legionario y el gobierno del general Antonescu. La opini&oacute;n p&uacute;blica rumana no ha tenido hasta ahora suficiente informaci&oacute;n sobre ese periodo y no est&aacute; todav&iacute;a dispuesta a contemplar de manera cr&iacute;tica el movimiento de masas de la extrema derecha del periodo de entre guerras.</p>
<p>Por mi parte, me he sumergido con inmenso placer en las novelas de Antonio Mu&ntilde;oz Molina&nbsp; (<em>El invierno en Lisboa</em>, <em>Plenilunio</em>, <em>El jinete polaco</em>, <em>Beatus ille</em>), afortunadamente traducidas al rumano, y he descubierto, por un lado, unos a&ntilde;os de la historia de Espa&ntilde;a desconocidos para m&iacute;, una vida cotidiana que me absorbi&oacute; por completo y, por otro, unos destinos que me recordaban los de mis libros. Y me reconozco por completo en la cita que ha tra&iacute;do a colaci&oacute;n. Existe un destino colectivo que modela a las personas, que -sobre todo en tiempos de guerra o de dictadura- incluso las mutila.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Siempre he querido que mi prosa sea atractiva para los lectores&rdquo;</strong></p>
<p>- En relaci&oacute;n con el tratamiento del tiempo, ya sea el personal o el colectivo, es tambi&eacute;n muy interesante la estructura de sus novelas: una estructura fragmentaria, cap&iacute;tulos dedicados a cada personaje, la forma como presenta la evoluci&oacute;n de sus protagonistas a lo largo de los a&ntilde;os&hellip; El resultado final son unos personajes vivos, cre&iacute;bles, no unas simples criaturas de papel.</p>
<p>- Siempre he querido que mi prosa sea atractiva para los lectores y debo decir que los periodos de moda literaria experimental que he atravesado (<em>Nouveau roman</em>, textualismo, postmodernismo&hellip;) no llegaron, sin embargo, a influirme. Opt&eacute; por una estructura fragmentaria llevada por esa b&uacute;squeda de legibilidad, pero tal vez me condujeran hasta ella los mecanismos internos de la teatralidad, que yo no controlo. Comenzaba mis novelas como si fueran relatos, conoc&iacute;a las frases desde el principio, eso que yo llamo el &ldquo;sonido&rdquo; del libro, esencialmente distinto al del libro anterior. El sonido como de &ldquo;novela retro&rdquo; (el n&uacute;cleo de <em>Una ma&ntilde;ana perdida</em>) me cost&oacute; un a&ntilde;o de trabajo, escrib&iacute;a concienzudamente y cuando rele&iacute;a el texto, lo arrojaba a la papelera. Pero un buen d&iacute;a escuch&eacute; el sonido de &ldquo;novela retro&rdquo; y vi ya el final, sumido en la niebla. He ido descubriendo las novelas a medida que las escrib&iacute;a, y lo mismo ha sucedido con la trayectoria de los personajes, su autenticidad, que compruebo una y otra vez a trav&eacute;s de la relectura. No puedo explicar c&oacute;mo creo los personajes, no tengo una &ldquo;receta&rdquo; porque es un proceso org&aacute;nico, natural. Veo continuamente personas (mujeres, hombres, ni&ntilde;os) como posibles personajes y personajes como personas de carne y hueso. Naturalmente, como cualquier escritor, atrapo detalles, escenas, peque&ntilde;as historias, rasgos f&iacute;sicos, etc. de la vida, pero el personaje no es la suma de esos fragmentos, &eacute;l despega, asciende en la ficci&oacute;n y adquiere su propio contorno, inconfundible, a medida que escribo. Escribo una p&aacute;gina o dos, dejo pasar un tiempo y las releo con una mirada nueva que me ayuda a seguir avanzando. Puedo dejarlo y retomarlo, mucho m&aacute;s adelante, si el proyecto ficcional sigue vivo en mi interior.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Tengo una profunda relaci&oacute;n con la escritura&rdquo;</strong></p>
<p>- Aunque Vica es &ldquo;su&rdquo; personaje en Ruman&iacute;a, yo he asistido como traductora a la evoluci&oacute;n de Letiţia Branea a lo largo de tres novelas. Creo que en ella se pueden distinguir algunos temas que Paul Cernat encuentra en sus novelas: la incomunicaci&oacute;n, la continua degradaci&oacute;n de la existencia, la degradaci&oacute;n moral, profesional&hellip; &iquest;Por qu&eacute; ha permanecido fiel a Letiţia como eje de la evoluci&oacute;n de su obra? &iquest;Responde a la intenci&oacute;n de elaborar una especie de <em>Bildunsroman</em>?</p>
<p>- Yo veo esos temas de manera diferente a Paul Cernat. Marcel Proust observ&oacute; mucho tiempo atr&aacute;s que cada uno lee un libro diferente en funci&oacute;n de su experiencia y de sus obsesiones. En la tetralog&iacute;a de Letiţia, en la que podemos incluir tambi&eacute;n <em>Voces en la distancia</em> (acabas de terminar su traducci&oacute;n y aparecer&aacute; dentro de poco en Acantilado), he seguido el destino de una mujer, desde la adolescencia de <em>El mismo camino de todos los d&iacute;as</em> hasta la enfermedad de covid en la vejez (<em>Voces</em>&hellip;), donde se convierte en un personaje secundario. El cuadro de las edades de Letiţia, desde la infancia en el estalinismo hasta la madurez, cuando emigra a Occidente, y la vejez, cuando regresa a una Ruman&iacute;a capitalista para intentar recuperar sus herencias, se presenta en un marco hist&oacute;rico y social muy detallado. No veo la degradaci&oacute;n profesional, tampoco la moral: la nueva Letiţia de <em>Fontana di Trevi</em>, tras la visita a Occidente, donde se ha &ldquo;reparado&rdquo; f&iacute;sica y ps&iacute;quicamente, tiene los pies en el suelo y es capaz incluso de escribir una novela, aunque ese pasado doloroso la perturbe algunas veces. Es muy distinta de la Letiţia enamorada de <em>Vidas provisionales</em>, tiene proyectos materiales y existenciales m&aacute;s precisos que en su juventud bovariana, calcula el dinero que le queda para la vejez y su escritura es incluso una forma de venganza -la &uacute;nica al alcance de la mano- para olvidar la traici&oacute;n de su amante y de su amiga. Letiţia ha sido siempre bastante pragm&aacute;tica, por eso se reconcilia con el marido enga&ntilde;ado, abandona su pa&iacute;s, etc. No es una proyecci&oacute;n m&iacute;a a ninguna edad, aunque le haya prestado algunos detalles de mis vivencias. Pero mis padres no se divorciaron, mi padre no estuvo en la c&aacute;rcel, no me cas&eacute; con un profesor, no emigr&eacute; y tengo una profunda relaci&oacute;n con la escritura.</p>
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<p><strong>&ldquo;Solo en libertad he podido escribir sobre ello tal y como ten&iacute;a en mente&rdquo;</strong></p>
<p>- En relaci&oacute;n con ese personaje central, Letiţia Branea, a la que acompa&ntilde;amos a lo largo de cuatro&nbsp; novelas, Mu&ntilde;oz Molina mencionaba tambi&eacute;n la naturalidad con que aborda usted el deseo sexual, el aborto&hellip; &nbsp;</p>
<p>- Las referencias a su deseo, la mayor atenci&oacute;n al cuerpo se deben, sin duda, a la desaparici&oacute;n de la censura (y, por supuesto, de la autocensura). Respecto a su aborto, una tragedia que golpe&oacute; profundamente a la sociedad rumana en la &eacute;poca de Ceauşescu, debo decir que yo consegu&iacute; ilustrarlo incluso entonces, en uno de mis relatos titulado <em>Ingreso breve</em>. Pero solo en libertad he podido escribir sobre ello tal y como ten&iacute;a en mente.</p>
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<p>- Llama poderosamente la atenci&oacute;n en su obra el tratamiento de los personajes desde un punto de vista estrictamente t&eacute;cnico, podemos distinguir la presencia de diferentes narradores: desde el narrador en primera persona al narrador omnisciente o a la novela polif&oacute;nica&hellip;</p>
<p>- La polifon&iacute;a aparece ya en <em>Una ma&ntilde;ana perdida</em>, al igual que la escritura en diferentes personas, pero en el ciclo de Letiţia el juego de narradores se utiliza para sugerir la distancia de la emigrante respecto al mundo rumano que no alcanza a comprender a su regreso, pues todo se encuentra bajo el signo de una transformaci&oacute;n cada vez m&aacute;s veloz.</p>
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<p><strong>&ldquo;Me han pedido que escriba teatro, pero prefiero la prosa porque le ofrece al escritor m&aacute;s poder que al director&rdquo;</strong></p>
<p>- Uno de los aspectos m&aacute;s interesantes de su prosa es la naturalidad de los di&aacute;logos y la importancia de estos en la caracterizaci&oacute;n de esos personajes vivos, cre&iacute;bles, como he mencionado m&aacute;s arriba.</p>
<p>- Cuando empec&eacute; a escribir, hab&iacute;a reparado ya en la artificiosidad de los di&aacute;logos en los libros de muchos narradores contempor&aacute;neos y, temi&eacute;ndome que mis di&aacute;logos pudieran sonar igual, los camufl&eacute; en el texto narrativo. Luego me arm&eacute; de valor y los saqu&eacute; poco a poco. Despu&eacute;s de <em>Una ma&ntilde;ana perdida</em> me sorprendi&oacute; escuchar que ten&iacute;a &ldquo;uno de los mejores o&iacute;dos de la literatura rumana&rdquo;. Cătălina Buzoianu, la autora del espect&aacute;culo montado a partir de la novela, me dijo que se limit&oacute; simplemente a &ldquo;recortar&rdquo; el guion del texto de la novela. Me volv&iacute; m&aacute;s consciente de esa caracter&iacute;stica de mi escritura cuando una profesora de teatro de la Universidad Babeş-Bolyai de Cluj, Anca Haţiegan, analiz&oacute; la &ldquo;teatralidad&rdquo; de mi prosa. Ciertamente, cuando escribo, veo el movimiento de los personajes y los di&aacute;logos &ldquo;brotan&rdquo;, simple y llanamente, al margen de mi voluntad, y no solo en las novelas, tambi&eacute;n en los relatos breves. Me han pedido que escriba teatro, pero prefiero la prosa porque ofrece otras posibilidades (de profundidad, de matices) y, no menos importante, le ofrece al escritor m&aacute;s poder que al director.</p>
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<p><strong>&ldquo;No escribo a partir de una idea, sino a partir de la gente con que me encuentro&rdquo;</strong></p>
<p>- En <em>Voces en la distancia</em> plantea abiertamente la cuesti&oacute;n de la vejez, del paso de la vida, adem&aacute;s de la resignaci&oacute;n, de la p&eacute;rdida de las ilusiones&hellip; Es una cuesti&oacute;n muy interesante en un mundo obsesionado por la juventud, por la belleza en el que campa el <em>edadismo</em>.</p>
<p>- No escribo a partir de una idea, sino a partir de la gente con que me encuentro. Despu&eacute;s de la aparici&oacute;n de cr&iacute;ticas elogiosas sobre <em>Una ma&ntilde;ana perdida</em>, un novelista mayor que yo me solt&oacute;: &ldquo;&iexcl;Pensaba que era usted una vieja!&rdquo;. Tal vez pensara que se trataba de un halago, yo ten&iacute;a cuarenta y dos a&ntilde;os y parec&iacute;a m&aacute;s joven. Pero a m&iacute; me sorprendi&oacute; la manera primitiva como contemplaba &eacute;l la relaci&oacute;n entre el autor y el personaje. Dudo que la pertenencia de g&eacute;nero/edad sea el pasaporte para adentrarse en una intimidad desconocida. En la juventud constru&iacute; tipolog&iacute;as de edad avanzada y despu&eacute;s de los sesenta he escrito sobre &ldquo;la mujer a los treinta a&ntilde;os&rdquo;. Siento la misma timidez ante las mujeres, los hombres, los adolescentes, los ni&ntilde;os cuya mentalidad y comportamiento debo sacar a la luz desde mi lado oscuro.</p>
<p>La idea de que soy una narradora &ldquo;especialista&rdquo; en la vejez parte de la atenci&oacute;n que he dedicado a varios personajes ancianos (todos femeninos, sea casualidad o no), he procurado descubrir su interior, sus traumas sociales, sin prejuicios ligados a su nivel cultural. Por lo dem&aacute;s, hay otras novelas (<em>El mismo camino de todos los d&iacute;as</em>, <em>Vidas provisionales</em>) en las que no aparece ning&uacute;n anciano, y tanto en <em>Una ma&ntilde;ana</em>&hellip; como en <em>Voces en la distancia</em>, las edades, al igual que las estaciones del a&ntilde;o, est&aacute;n al rev&eacute;s, la juventud de los personajes est&aacute; ligada al verano y se encuentra en la segunda parte del libro; la vejez est&aacute; vinculada al fr&iacute;o y la novela empieza con ella, tal vez por eso sea m&aacute;s visible. Creo que lo que escribi&oacute; Valeriu Cristea en 1984 sobre <em>Una ma&ntilde;ana perdida</em> es extensible tambi&eacute;n a mis otras novelas: &ldquo;La novela de Gabriela Adameşteanu transmite una poderosa, extraordinaria sensaci&oacute;n de vida. Los personajes se encuentran unas veces en un plano temporal y otras en otro. Los vemos de j&oacute;venes y de viejos, de ni&ntilde;os, de adolescentes, de adultos&hellip; No hay nada ostentoso, nada estridente en ese paso de un nivel a otro&hellip; De ah&iacute; la emoci&oacute;n que provoca la lectura de su libro en el que percibimos no solo la vida, sino tambi&eacute;n c&oacute;mo pasa la vida&rdquo;.</p>
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<p><strong>&ldquo;El perfeccionismo se hereda&rdquo;</strong></p>
<p>- Modifica sus textos incluso una vez publicados. &iquest;De d&oacute;nde nace esa obsesi&oacute;n creadora y re-credora? &iquest;Se trata de una b&uacute;squeda de perfecci&oacute;n, una b&uacute;squeda de lo sublime?</p>
<p>- El perfeccionismo se hereda, lo he visto en la familia de mi padre, en &eacute;l (como profesor y como historiador), en mi hermano (ingeniero) y en mis t&iacute;os, unos grandes profesionales (arque&oacute;logos, m&eacute;dicos). Entre los escritores abundan los perfeccionistas que repasaban la correcciones y complicaban la vida de los impresores (parece ser tambi&eacute;n el caso de Joyce). Como perfeccionista te arriesgas a no soltar tu trabajo, a seguir model&aacute;ndolo. No es mi caso, tengo cinco novelas, dos vol&uacute;menes de relatos, memorias, incontables entrevistas, art&iacute;culos de peri&oacute;dico e incluso traducciones, y adem&aacute;s sigo escribiendo. Aun as&iacute;, los periodistas siguen &nbsp;acos&aacute;ndome con la pregunta &ldquo;&iquest;por qu&eacute; reescribe sus libros en lugar de escribir un nuevo libro?&rdquo;. &Uacute;ltimamente se han resignado a que esa es mi forma de actuar, o bien los he enga&ntilde;ado, mi experiencia como lexic&oacute;grafa me hizo se&ntilde;alar siempre los cambios en la primera p&aacute;gina. Pero desde que renunci&eacute; a hacerlo, me los &ldquo;pillan&rdquo; solo los traductores; ellos pillan tambi&eacute;n las escenas dilatadas. Por ejemplo, Alain Paruit, el excelente traductor franc&eacute;s, recort&oacute; una escena de sal&oacute;n -con discusiones tal vez demasiado largas, con detalles hist&oacute;ricos quiz&aacute; in&uacute;tiles- de <em>Una ma&ntilde;ana perdida</em>. Y entonces pens&eacute; que antes de que lo hagan otros (traductores, lectores), es mejor que lo haga yo. &iexcl;Cortar, aunque sean unos pocos p&aacute;rrafos, de un libro de culto, premiado, dramatizado, traducido, etc&hellip; le parece a todo el mundo una excentricidad!</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;&iquest;C&oacute;mo quieres que tenga un lector paciencia con tu libro cuando t&uacute; no eres capaz de releerlo?&rdquo;</strong></p>
<p>Esa fama de &ldquo;escritora man&iacute;aca&rdquo; que tengo en Ruman&iacute;a la adquir&iacute; cuando transform&eacute; un relato largo, <em>El encuentro</em>, escrito en 1986-87, en una novela. Ese texto hab&iacute;a sido v&iacute;ctima por partida doble: por una parte, de mi autocensura, por otra, de la censura oficial. Es un milagro que apareciera durante el comunismo; el tema era la emigraci&oacute;n, la forma como se percibe entre los que se han marchado y los que han permanecido en el pa&iacute;s, un tema que va a reaparecer en muchas de mis novelas (<em>Fontana di Trevi</em>, <em>Voces en la distancia</em>). <em>La Il&iacute;ada</em> y <em>La Odisea</em> fueron los libros de mi infancia y sobre el relato de los peregrinajes de Ulises superpuse las historias familiares de un t&iacute;o legendario que acab&oacute; siendo un famoso arque&oacute;logo en Italia (existe ahora un museo, fundado por &eacute;l, en Policoro, que lleva su nombre, Dinu Adameşteanu). Una de mis obsesiones desde la infancia ha sido analizar qu&eacute; significa vivir lejos del pa&iacute;s donde te has criado. Eso explica tambi&eacute;n la reescritura, tres o cuatro veces, de <em>El encuentro</em>, su paso de relato a novela, de literatura experimental a ficci&oacute;n cl&aacute;sica. La emigraci&oacute;n era la obsesi&oacute;n de los c&iacute;rculos burgueses oprimidos en los que transcurri&oacute; la primera parte de mi vida y, con el tiempo, pasar&iacute;a a ser toda una obsesi&oacute;n nacional y un &ldquo;terremoto&rdquo; social en Ruman&iacute;a, que tiene siete u ocho millones de ciudadanos &ldquo;fuera&rdquo;. Y, por supuesto, la emigraci&oacute;n es un tema global, voy a documentarme sobre &eacute;l durante varios a&ntilde;os.</p>
<p>Sin embargo, la cuesti&oacute;n es por qu&eacute; intervengo tambi&eacute;n en las reediciones de los libros escritos en libertad, sin censura. No se habla demasiado sobre la &ldquo;caducidad&rdquo; de la literatura, pero es algo que existe (esta suposici&oacute;n m&iacute;a me la ha confirmado un excelente te&oacute;rico literario) debido a que la lengua, una criatura viva, cambia, envejece&hellip; a diferencia de la m&uacute;sica o el arte que, al tener como objeto el sonido o la materia, resisten mejor el paso del tiempo. Yo deseo que mis libros se mantengan j&oacute;venes todo el tiempo posible, que puedan ser le&iacute;dos con placer. Y formo parte de los (pocos) escritores que se releen tanto durante la escritura como despu&eacute;s de la publicaci&oacute;n. De joven, cuando ten&iacute;a una memoria fuera de lo com&uacute;n, conoc&iacute;a, sin propon&eacute;rmelo, mi novela de debut (<em>El mismo camino de todos los d&iacute;as</em>), me la sab&iacute;a de memoria, como conocen sus versos los poetas. Eso es narcisismo literario, pensar&aacute; usted, pero a m&iacute; me resulta extra&ntilde;o que no puedas releer tu libro: &iquest;c&oacute;mo esperas entonces que tenga otro la paciencia de hacerlo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 02 Jun 2025 04:57:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tatiana Tîbuleac: “Era más feliz cuando no escribía”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/tatiana-tibuleac-era-mas-feliz-cuando-no-escribia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2025/Tatianared.jpg" alt="" /></p>
<p>En Saint Germain en Laye la vida transcurre ajena a las Olimpiadas. El &uacute;nico jolgorio, el de unos gorriones en la copa de un &aacute;rbol. A unos treinta kil&oacute;metros de Par&iacute;s, este reino, tipo balneario, resulta apacible. Abundan las pasteler&iacute;as, las tiendas de ropa y las salas de cine. Parece lejos del turismo, pero los habitantes, en esta villa, tienen algo de turistas de s&iacute; mismos. El d&iacute;a a d&iacute;a de Tatiana Tibuleac lo llenan el periodismo y sus hijos. Quedamos cerca del castillo, estilizado y trazas de palacio. En &eacute;l Napole&oacute;n estableci&oacute; su escuela de oficiales de caballer&iacute;a. Pero antes pasaron muchas cosas. Luis XIV, por ejemplo, naci&oacute; aqu&iacute;.</p>
<p>El rostro serio. La espalda recta. Los actores dicen que saben mantener la columna. Ella no es actriz, pero escribe libros de ficci&oacute;n. Dos novelas le han bastado para hacerse un nombre en el panorama europeo. Escucha con inter&eacute;s y, mientras, se permite moh&iacute;nes que, de no estar atento, podr&iacute;as perderte. Si la vida es un caballo salvaje, ella guarda unas riendas en el bolso.</p>
<p>- Me apetece hablar de la inocencia y de la diferencia entre esta y la ingenuidad. Su escritura me da la sensaci&oacute;n de que, al igual que sus personajes, poseen inocencia, no ingenuidad. Como si usted no temiera mostrar lo desagradable.</p>
<p>- Es el primero que habla de inocencia en mis libros, siempre me preguntan por qu&eacute; soy tan cruel, o por qu&eacute; mis personajes son tan miserables, o por qu&eacute; mueren todos o est&aacute;n enfermos, o son infelices en el amor. Me gusta ese concepto de la inocencia porque es verdad que trato de no maquillar demasiado a mis personajes.</p>
<p>- Quiz&aacute; de ah&iacute; la libertad que desprenden.</p>
<p>- Es verdad que les dejo ser como son. Siempre me baso en una persona real cuando invento uno. Lo que dice es interesante porque para mucha gente la libertad es algo por lo que necesita luchar. En cambio, a otra le viene dada y no se preocupa de ella. De tal modo, esas personas no quieren ser libres&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Biol&oacute;gicamente nunca sent&iacute; demasiada libertad&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- &iquest;Y en su caso?</p>
<p>- Algo intermedio. Crec&iacute; en la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica y &eacute;ramos libres. Quiero decir que no hab&iacute;a esclavitud y pod&iacute;amos elegir profesi&oacute;n... Se puede afirmar que hac&iacute;amos lo que quer&iacute;amos, ahora bien, en un plano te&oacute;rico. Biol&oacute;gicamente nunca sent&iacute; demasiada libertad. As&iacute; que, en mi caso, esta tiene una connotaci&oacute;n distinta a la que tiene para un escritor africano cuando habla de ella.</p>
<p>- &iquest;Y en su familia? Su pasado es m&aacute;s duro que el suyo.</p>
<p>- En mi familia la libertad tambi&eacute;n significa otra cosa. Para mi abuela, ser libre simplemente era no ser deportada. Ella lo fue en Siberia y eso le acerc&oacute; la muerte. Para ella, ser libre equival&iacute;a a vivir en su propia casa, a no ser aniquilada. Para mi madre, la libertad era la posibilidad de estudiar. Y para m&iacute; la libertad es un estado normal, no un lujo. Estoy acostumbrada a ella. Puede traducirse en viajar f&aacute;cilmente y decir lo que quiero en cada momento.</p>
<p>- Luego, como en la poes&iacute;a, hay muchas.</p>
<p>- Creo que es un concepto que se refiere a estados distintos, y los escritores lo explotamos para bien. De todos modos, yo estoy interesada en otros temas. No creo hablar demasiado de la libertad en mis libros, pero si usted lo ha visto&hellip;</p>
<p>- No, me refer&iacute;a a que sus personajes la ejercen, se comportan sin trabas, incluso ajenos a convenciones, no a que teoricen sobre ella.</p>
<p>- En ese sentido, s&iacute;.</p>
<p>- Quiero preguntarle por Siberia. Al comienzo de <em>El jard&iacute;n de vidrio</em> mienta en una nota la deportaci&oacute;n a la que se acaba de referir. Me gustar&iacute;a saber qu&eacute; motivos hubo detr&aacute;s. Creo que la experiencia del siglo XX fue distinta en Europa Central y del Este que en el sur. En Espa&ntilde;a, los testimonios son m&aacute;s como de tercera mano o con sordina. Tenemos la condena a Dostoievski, el <em>Archipi&eacute;lago</em> de Solzhenitsyn, la <em>Kolim&aacute;</em> de Shal&aacute;mov. Pero siento que han llegado tarde o de forma desdibujada o, peor, mitol&oacute;gica. &iquest;Cu&aacute;l fue la raz&oacute;n concreta del castigo a sus abuelos?</p>
<p>- Hablaron muy poco de ello y creo que es algo que debe considerarse un error. Los europeos del Este no hablaban de los cr&iacute;menes comunistas. No ten&iacute;an no s&eacute; si el inter&eacute;s o el coraje necesarios. Es algo que nunca ha ocurrido con el holocausto. Siempre sintieron que era un pasado a olvidar, que hab&iacute;a que perdonar mediante el silencio para seguir adelante. Ahora las cosas han cambiado: con la guerra de Ucrania la gente est&aacute; interesada en mirar atr&aacute;s y rellenar ese ayer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Cuando empec&eacute; a escribir nunca tuve en cuenta la historia de mi pa&iacute;s, ni la de mi familia&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Usted tampoco lo ha tratado el tema. &iquest;No ha sentido la tentaci&oacute;n de reflejar determinadas experiencias por escrito, aun vali&eacute;ndose de la ficci&oacute;n?</p>
<p>- &Uacute;ltimamente s&iacute;. Cuando empec&eacute; a escribir nunca tuve en cuenta la historia de mi pa&iacute;s, ni la de mi familia. Sent&iacute;a que escribir pasaba por algo distinto. Al fin y al cabo, escribir es un patio de recreo: hablas de cosas curiosas, del cosmopolitismo&hellip; &iquest;por qu&eacute; mirar atr&aacute;s y hablar de algo tan pesado? Ahora, quiz&aacute; porque envejezco, empiezo a valorar esas historias. &iexcl;La generaci&oacute;n de mis hijos no sabe nada! Han o&iacute;do ecos, igual en alg&uacute;n medio de comunicaci&oacute;n&hellip; pero nunca de los sufridores.</p>
<p>- &iquest;Se est&aacute; pronunciando en casa?</p>
<p>- Integrar charlas sobre el pasado de la familia en casa es una forma de construir la historia de una naci&oacute;n. Estoy terminando un libro que espero publicar en 2025. Despu&eacute;s es posible que escriba sobre la vivencia particular de mi familia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;&iexcl;Una persona del este de Europa sabe m&aacute;s del Holocausto que de los campos de exterminio comunistas!&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Ahora entramos en los libros, pero antes, al hilo de su respuesta: &iquest;por qu&eacute; no existe una reacci&oacute;n dura contra el comunismo como s&iacute; la hay contra el nazismo? &iquest;Por sus presupuestos sociales y humanistas? Ha citado el Holocausto, la gente tiene presentes los cr&iacute;menes de Hitler, pero <em>El libro negro del comunismo</em>, de Courtois, documenta 150 millones de muertos. &iquest;Por qu&eacute; hay una idea todav&iacute;a rom&aacute;ntica de &eacute;l?</p>
<p>- La responsabilidad corresponde a la parte del mundo que padeci&oacute; el comunismo. No asumi&oacute; que su trabajo era hablar de ello. Como resultado, del holocausto hay pel&iacute;culas; libros extraordinarios, de ficci&oacute;n, de historia; debates p&uacute;blicos&hellip; todo el mundo habla de &eacute;l: el ciudadano com&uacute;n, los escritores, los periodistas, los artistas, los fil&oacute;sofos&hellip; Todos y en cualquier &eacute;poca. Eso favorece que se conozca. &iexcl;Una persona del este de Europa sabe m&aacute;s del holocausto que de los campos de exterminio comunistas! Ahora hablan un poco m&aacute;s porque la guerra de Ucrania ha reavivado el pasado, pero antes la gente no pon&iacute;a el comunismo y el antisemitismo al mismo nivel. Y eso que el comunismo fue peor. Llevaban orgullosos una camiseta con la efigie del Che y pensaban que eso era <em>cool</em>. Por supuesto, nadie ha visto <em>cool</em> en ning&uacute;n momento una esv&aacute;stica. Durante demasiado no se ha hablado de ello. Mi familia es un ejemplo. Mi abuela no hablaba de ello &iexcl;y fue deportada! Cuando volvi&oacute; a casa, mi madre era una ni&ntilde;a, pero sobre todo una hija de los enemigos. As&iacute; que mi abuela no quer&iacute;a mantener ese tipo de conversaciones. Prefer&iacute;a centrarse en el contento que suscitaba entre los seres queridos su regreso.</p>
<p>- &iquest;La suya es una cultura cerrada?</p>
<p>- De alguna forma. Hay verg&uuml;enza y miedo. Pero dir&iacute;a que, s&iacute;, a la gente le cuesta abrirse. Mi madre tampoco habl&oacute;: en el colegio era consciente de lo odiada que era por su familia, y perpetu&oacute; el silencio.</p>
<p>- P&uacute;blicamente se entiende, pero &iquest;en casa?</p>
<p>- No me quisieron contar sus experiencias para no perjudicarme, eso siempre seg&uacute;n su criterio. Se supone que yo era de una generaci&oacute;n nueva y no ten&iacute;a que dar cuenta de ciertas cosas. Para mantener de alguna manera mi normalidad, prefirieron no hablar.</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;ndo empez&oacute; a conocer lo que hab&iacute;a sucedido?</p>
<p>- Al crecer y hacerme periodista. En otras familias ocurri&oacute; lo mismo. Los hijos crec&iacute;an sin saber nada. Quiz&aacute; sab&iacute;an que sus abuelos fueron deportados, pero el porqu&eacute;, lo que signific&oacute; y por qu&eacute; eran enemigos del pueblo&hellip; a eso no sab&iacute;an dar respuesta. Hubo ausencia no s&oacute;lo de informaci&oacute;n, tambi&eacute;n de curiosidad humana. Falt&oacute; sentarse a la mesa: &ldquo;Esto es lo que ocurri&oacute;, verbalizad la verdad&rdquo;. Hasta no hace tanto, muchos europeos desconoc&iacute;an la diferencia entre Ucrania y Bielorrusia: Europa del Este era un nombre gen&eacute;rico para una especie de borr&oacute;n en el mapa. Tengo fe en que muchos escritores encuentren esta direcci&oacute;n interesante y se pongan manos a la obra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Los artistas, en general, no responden a las tragedias de forma inmediata&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Steiner asumi&oacute; que el comunismo hab&iacute;a parido obras maestras, no as&iacute; el nazismo. Yo creo que el anticomunismo, por llamarlo de alguna forma, tambi&eacute;n las ha terminado dando.</p>
<p>- No me gusta esa idea, no creo que sea positivo asociar al comunismo ning&uacute;n talento. El hecho de que alguien cree una obra durante una guerra no significa que la guerra haya generado la posibilidad de producir talento. Unos escriben cuando est&aacute;n felices, otros cuando est&aacute;n tristes. No creo que sea correcto decir que una ideolog&iacute;a dio libros. Adem&aacute;s, los artistas, en general, no responden a las tragedias de forma inmediata. La mayor&iacute;a no. Lo normal es dejar los periodos reposar.</p>
<p>- Su padre fue tambi&eacute;n escritor.</p>
<p>- Y nunca public&oacute; durante el comunismo. Dej&oacute; siete libros, todos in&eacute;ditos. No los public&oacute; no por que no fuesen lo suficientemente buenos -o porque fuesen peores que los que se publicaban en aquella &eacute;poca-, sino porque no escrib&iacute;a lo correcto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;En todas las &eacute;pocas ha habido derivas autoritarias. Hay que precaverse de ellas&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- La correcci&oacute;n, un problema de actualidad.</p>
<p>- En todas las &eacute;pocas ha habido derivas autoritarias. Hay que precaverse de ellas. Durante el comunismo pod&iacute;as escribir, claro que pod&iacute;as. Lo mismo que en algunos pa&iacute;ses que tenemos por democr&aacute;ticos hoy. Pod&iacute;as incluso ser famoso: s&oacute;lo ten&iacute;as que escribir lo que quer&iacute;a el poder. Publicar era posible. La clave estaba en lo que escrib&iacute;as. Tampoco se puede decir que los escritores que se hicieron famosos no fueran buenos, algunos libros son muy buenos. La historia dejar&aacute; los libros de calidad, sin componente ideol&oacute;gico.</p>
<p>- Ahora se publica mucho a favor de corriente. Los temas <em>woke</em> encuentran r&aacute;pida salida.</p>
<p>- El tiempo los enterrar&aacute; si no son interesantes en s&iacute; mismos, si pesa demasiado el componente pol&iacute;tico. Las editoriales piensan que, al estar de moda, les dar&aacute;n dinero. Por eso los sacan.</p>
<p>- El &uacute;nico criterio posible, el art&iacute;stico.</p>
<p>- Qu&eacute; hace uno con su talento es una elecci&oacute;n. Como afiliarse a un r&eacute;gimen o a un partido. Ahora, vuelvo a la guerra de Ucrania, muchos escritores, directores de cine y pensadores han decidido seguir sacando obras, aceptando pol&iacute;ticas que matan. La pregunta es: &iquest;continuamos ley&eacute;ndoles? Es una decisi&oacute;n personal.</p>
<p>- &iquest;Cu&eacute;l es su caso?</p>
<p>- En este momento, no puedo volver a libros y a pel&iacute;culas que admiro porque no acepto que sus autores, supuestamente con buena cabeza, hayan decidido formar parte de la guerra. &iquest;Han admitido como correcto lo que est&aacute; haciendo Putin? Vale. Que sus nombres queden cobijados bajo su paraguas.</p>
<p>- Otros han huido.</p>
<p>- Han tenido que venir a Europa [como si Rusia no formara parte]. Probablemente nunca volver&aacute;n a publicar en Rusia, o al menos mientras Putin mande. Est&aacute;n en una lista negra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El arte verdadero est&aacute; fuera de la pol&iacute;tica y de cualquier compromiso&rdquo;</strong></p>
<p>- Por otro lado, esa decisi&oacute;n no hace mejores sus libros.</p>
<p>- De acuerdo. Puede haber libros buenos que contengan ideas racistas, y que la gente de hoy los rechace. Es como si la belleza de ellos fuera insuficiente porque hacen da&ntilde;o a grupos de poblaci&oacute;n. No creo en relaciones estrechas entre creadores e ideolog&iacute;a. El arte verdadero est&aacute; fuera de la pol&iacute;tica y de cualquier compromiso, que puede ser bueno o malo.</p>
<p>A Tibuleac le gusta Liudmila Ul&iacute;tskaya, una escritora rusa exiliada desde 2022 y que vive en Alemania. Un contraejemplo es Nikita Mijalkov. Se encuentra entre sus directores de cine favoritos pero su toma de postura le parece monstruosa. Considera dif&iacute;cil sacar sus pel&iacute;culas de la cabeza, sin embargo no puede separar su trabajo de su persona.</p>
<p>- Hay autores que se decepcionaron y cambiaron de posici&oacute;n: Vladim&iacute;r Holan dedic&oacute; un libro a los soldados del Ej&eacute;rcito Rojo por liberar la Rep&uacute;blica Checa y luego se posicion&oacute; en contra, aislado en casa; Ceszꬷaw Miꬷosz&hellip;</p>
<p>- No conozco a ninguno de esos.</p>
<p>- Pasternak&hellip;</p>
<p>- Pasternak fue considerado ruso, pero era ucraniano. Ojal&aacute; le pase lo mismo a Mijalkov. Cambiar.</p>
<p>- Usted no usa di&aacute;logos al modo tradicional. Tampoco veo en sus novelas un argumento definido como en las propuestas comerciales, y la acci&oacute;n es como si pasara por los pensamientos de los protagonistas. Es decir, no hay di&aacute;logos, pero los personajes no cesan de pensar y pensar.</p>
<p>- Tiene raz&oacute;n. Es que no soy buena con los di&aacute;logos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me es m&aacute;s f&aacute;cil hablar por los personajes&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;No es una motivaci&oacute;n est&eacute;tica?</p>
<p>- Debo confesar que me prometo incluir di&aacute;logos y no me salen. Creo que soy artificial cuando creo conversaciones. Me es m&aacute;s f&aacute;cil hablar por los personajes. Hay muchos hablando en mis libros. Llen&eacute; <em>El jard&iacute;n de vidrio</em> de di&aacute;logos, pero, visto el resultado, los quit&eacute;.</p>
<p>- Habla bien de usted ese reconocimiento de las limitaciones.</p>
<p>- Me consuelo pensando que los libros tienen una atm&oacute;sfera y una forma que, en caso de a&ntilde;adir di&aacute;logos, se romper&iacute;a.</p>
<p>- Usted prefiere el estilo indirecto al directo&hellip;</p>
<p>- Estoy de acuerdo, es m&aacute;s f&aacute;cil para m&iacute;. Mi segundo libro [<em>El jard&iacute;n de vidrio</em>] es un recuerdo, quiero decir, una persona que recuerda un verano: tiene sentido que est&eacute; contando lo que vivi&oacute;. <em>El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes</em> no incluye di&aacute;logos, pero la gente interact&uacute;a con las palabras.</p>
<p>- El estilo indirecto es m&aacute;s literario.</p>
<p>- La literatura viene dada por los grandes libros, no por los escritores. La buena literatura se crea con buenos libros. Si te gusta un libro y est&aacute; bien escrito, no importa su estilo, o si es prosa o poes&iacute;a, o algo entre medias. Un libro es bueno por su atm&oacute;sfera, no por qui&eacute;n lo ha escrito. Al menos, creo que as&iacute; debe ser. Hay diferentes formas de decir, y esta es la m&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Si piensas en el lector, no eres honesto. Si quieres gustar a la gente, no ser&aacute;s t&uacute;&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A pesar de que <em>El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes</em> y <em>El jard&iacute;n de vidrio </em>presentan caracter&iacute;sticas comunes -cap&iacute;tulos cortos, frases a veces alucinadas-, Tibuleac los considera muy distintos. En el primero reconoce un estilo po&eacute;tico que no alcanza el segundo. Le gustaban las frases cortas, &ldquo;casi violentas&rdquo;, mientras <em>El jard&iacute;n de vidrio</em> lo encuentra enclavado en la prosa. Tiene m&aacute;s personajes -&ldquo;en la primera hay uno; en la segunda, al menos, tres&rdquo;-. En el libro que est&aacute; terminando hay otra forma de contar. &ldquo;No pienso demasiado cuando escribo. S&oacute;lo me pongo cuando siento que tengo todo lo necesario en la cabeza. Es decir, pienso antes, el libro lo tengo pensado. Me queda sentarme y trasladarlo al papel. Si repienso, no avanzo. Durante a&ntilde;os no escrib&iacute; nada porque cada vez que me pon&iacute;a, era demasiado te&oacute;rica: &lsquo;&iquest;Esta es una voz correcta?, &iquest;voy a hacer da&ntilde;o a alguien si cuento esto?&rsquo;&hellip; Las preguntas no son buenas para un escritor&rdquo;. Tibulaec concibe la escritura como un acto de intimidad en el que se mira al espejo. &ldquo;Si piensas en el lector, no eres honesto. Si quieres gustar a la gente, no ser&aacute;s t&uacute;. Te vestir&aacute;s mejor, te pondr&aacute;s derecho, pero todo eso mata la emoci&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El concepto de familia se ha remodelado y ampliado, y no creo que sea malo&rdquo; </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- La familia le preocupa. &iquest;Es una instituci&oacute;n en decadencia?</p>
<p>- Es menos popular de lo que sol&iacute;a. Pero no s&eacute; cu&aacute;l es la receta. He visto familias que deber&iacute;an triunfar porque ten&iacute;an todo: amor, belleza, hijos, dinero&hellip; y no eran felices. Y he visto a personas separadas que no catalogar&iacute;a de tristes. Me llaman la atenci&oacute;n aquellas que, sin estar programadas para unirse, logran crear un organismo, una familia, solamente para no estar solas en el mundo. Creo que es mejor asociarse y tener familia. El que abogue por un modelo tradicional no significa que piense que es la &uacute;nica forma posible. Mis hijos me temo que no comparten mi visi&oacute;n. Mi hija, de once a&ntilde;os, no quiere casarse. Ella est&aacute; m&aacute;s preocupada por el planeta que de tener marido o hijos.</p>
<p>- Eso es muy contempor&aacute;neo, pero es peque&ntilde;a.</p>
<p>- Lo que percibo son miedos y sue&ntilde;os diferentes a los que yo ten&iacute;a a su edad. Desde el principio me he preocupado porque, como madre, pudiese recurrir a m&iacute;. He trabajado mi relaci&oacute;n con ella. &iexcl;Me fascina lo cambiante que es la vida!: es como si las generaciones m&aacute;s nuevas no necesitaran nuestros marcos para alcanzar la felicidad. Respecto a que, en la actualidad, los j&oacute;venes vean problemas y presi&oacute;n en el ambiente&hellip; no s&eacute;, ser mujer en la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica era bastante exigente: ten&iacute;as que hacer lo mismo que los hombres y adem&aacute;s hijos, es decir: ser madre y ama de casa. Y no pocas veces, trabajar. &iquest;Veo a las nuevas generaciones con esa fortaleza? No lo s&eacute;. Desde luego, ven dificultad en cuestiones que a nosotros no nos habr&iacute;an supuesto problemas. Y no &eacute;ramos infelices. No obstante, creo que la familia no est&aacute; en decadencia, es s&oacute;lo que el concepto de familia se ha remodelado y ampliado, y no creo que sea malo.</p>
<p>- &iquest;Se escribe siempre contra algo; en su caso quiz&aacute; contra la visi&oacute;n ideal de las cosas, contra profesores y psiquiatras&hellip; aunque sean los personajes los que hablan?</p>
<p>- Es una pregunta interesante, nunca me la han hecho. Es gracioso que diga que siempre estoy en contra, es lo que sol&iacute;a decir mi madre cuando era peque&ntilde;a [r&iacute;e]. En realidad, no es as&iacute;, a m&iacute; me gusta la gente. No s&eacute; c&oacute;mo expresarlo, yo dir&iacute;a que me fascina la gente, ya sea por su bondad o por su maldad.</p>
<p>- En todo caso, no hace ascos a realidades &aacute;cidas.</p>
<p>- No lo hago, aunque, por supuesto, estoy en contra de la violencia, de la crueldad&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Nunca escribo sobre m&iacute; pero, al mismo tiempo, todo procede de mis vivencias&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- &iquest;Primero persona y luego escritora?</p>
<p>- A decir verdad, no quiero separar ambas cosas. Nunca escribo sobre m&iacute;, nunca he pensado en dedicarme un libro, pero, al mismo tiempo, todo procede de mis vivencias como mujer y como periodista, como ni&ntilde;a y como adulta. No creo que est&eacute; en contra de nada. Tal vez intento volcar a todo tipo de personas a mis libros.</p>
<p>- Suficiente.</p>
<p>- En mis novelas no encontrar&aacute; un personaje que sea s&oacute;lo bueno o s&oacute;lo malo. No creo en eso. As&iacute; no es la gente. Incluso a la peor persona le puede nacer una mirada maravillosa y hacer algo amable o que podr&iacute;a sorprendernos. Y la mejor persona, en una situaci&oacute;n que no maneja, ser&aacute; cruel o enfurecer&aacute;.</p>
<p>- &iquest;Es su caso?</p>
<p>- Yo no me veo mala, pero tampoco dir&iacute;a que sea muy buena.</p>
<p>- Al igual que est&aacute; pensando abordar la experiencia familiar o la historia pol&iacute;tica de su pa&iacute;s de un modo, entiendo, cercano a la no ficci&oacute;n, &iquest;ha pensado escribir en primera persona de esa dualidad?</p>
<p>- Pues es algo que tambi&eacute;n estoy intentando en mi tercera novela. Es el momento. Voy camino de los 50, la mitad de mi vida se ha ido. No quiero juzgar a los dem&aacute;s. De todos modos, un escritor debe presentar la complejidad humana y dejar las valoraciones para el lector.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Escribo libros para que la gente, si acaso, se encuentre&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Y que el lector acepte la realidad.</p>
<p>- Eso es. Para m&iacute;, escribir no es did&aacute;ctico, no es la Biblia. Tampoco escribo con el af&aacute;n de ser inspiraci&oacute;n para nadie, no quiero que nadie piense en mi bondad ni en la de mis personajes. Yo no escribo para hacer a nadie mejor persona. Escribo libros para que la gente, si acaso, se encuentre. &iquest;Escribo contra algo? Es algo que deber&iacute;a madurar.</p>
<p>-Est&aacute; claro que no escribe para dejar un planeta mejor ni para contribuir a la paz universal, lo que quer&iacute;a decir es que no la imagino hablando de las florecitas del campo y de los p&aacute;jaros. Usted habla de cosas desagradables, desde la belleza. Es como si captase lo bueno y lo malo mezclado.</p>
<p>-Hablo de ambas cosas. Tengo momentos en que soy tonta porque la vida te lleva a serlo. Incluso la persona m&aacute;s dura en alg&uacute;n momento puede ver a un ni&ntilde;o oliendo un objeto y que ese acto le recuerde a su infancia, o ver a una abuela y ablandarse. Odiar&iacute;a que mis libros se caracterizasen por hablar de cosas buenas. Yo no soy as&iacute;. S&eacute; que la mayor&iacute;a de escritores famosos sienten una misi&oacute;n cuando escriben, en el sentido de que desean cambiar algo. Para algunos es muy importante cambiar el mundo, como usted dice, transmitir una especie de mensaje&hellip; o salvar al lector [con desprecio y escepticismo].</p>
<p>- El escritor no debe intentar educar.</p>
<p>- Yo no quiero educar, y creo que tampoco ser&iacute;a capaz de hacerlo si me lo propusiera.</p>
<p>- Ni la cultura y el arte nos hacen mejores.</p>
<p>-[Medita] Un libro muy violento s&iacute; puede educar de alg&uacute;n modo.</p>
<p>- Es una idea muy comunista esa.</p>
<p>- [R&iacute;e] S&iacute;, s&iacute; lo es. No me gusta la literatura comprometida, no me gusta el arte comprometido. Cuando voy a una galer&iacute;a y me gusta un cuadro, me da igual qui&eacute;n lo haya pintado. Quiero decir, si lo s&eacute; de antemano y es una mala persona, eso empezar&aacute; a jugar en mi contra, a alterar mi punto de vista. Y eso me molesta. Debo mejorar esas reacciones.</p>
<p>- Usted acaba de aludir a que la literatura la hacen las obras, no los autores.</p>
<p>- S&iacute;, cuando veo una pel&iacute;cula y s&eacute; que el cineasta apoya los totalitarismos, empiezo a buscar fallos&hellip; y compruebo que no los hay [r&iacute;e]. La persona es el fallo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La santa madre es una especie de instituci&oacute;n, es intocable&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Los que utilizan la psicolog&iacute;a para analizar los libros, o quienes poseen una visi&oacute;n pedagogicista del asunto buscan razones biogr&aacute;ficas que justifiquen las obras, por eso han intentado tantas veces psicoanalizar a Kafka. Todo aquello de que era un hombre triste. Pero &eacute;l iba con Robert Walser a los bares y se carcajeaban. Otra tentaci&oacute;n es Emily Dickinson. &iquest;Usted est&aacute; prevenida de ese tipo de lecturas a partir de sus libros? Por ejemplo, si habla de familias rotas usted podr&aacute; tendr&aacute; que venir de una disfuncional; y si no lo hace, habr&aacute; conflictos oscuros&hellip;</p>
<p>- Esto que usted dice es muy interesante. El primer libro me dio problemas de ese tipo. Sali&oacute; editado en Moldova, un pa&iacute;s patriarcal-matriarcal. No est&aacute; bien visto hablar de la familia y no digamos de la madre. Es un poco como en Espa&ntilde;a, me da la impresi&oacute;n. La santa madre es una especie de instituci&oacute;n, es intocable. As&iacute; que, despu&eacute;s de salir <em>El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes</em>, por supuesto, fueron a por la m&iacute;a biol&oacute;gica. A ver por qu&eacute; hab&iacute;a escrito yo eso, si ella hab&iacute;a sido un monstruo. Yo estaba fuera, pero mi madre sufri&oacute; por culpa de mi libro.</p>
<p>- Por culpa de esos ex&eacute;getas.</p>
<p>- El motor fue mi libro.</p>
<p>- A veces creo que los educadores no deber&iacute;an leer.</p>
<p>- Igual [concede una risa p&iacute;cara y regresa a la seriedad] El caso es que habl&eacute; con ella: &ldquo;Mam&aacute;, &iquest;crees que he escrito eso sobre ti?&rdquo;. &ldquo;No, no, por supuesto que lo entiendo, s&eacute; c&oacute;mo somos, pero no ha sido f&aacute;cil para m&iacute;. La gente me preguntaba y yo ten&iacute;a que sonre&iacute;r: &lsquo;&iquest;Qu&eacute; quieres decir? Ella es una escritora, no es un libro autobiogr&aacute;fico&rsquo;&rdquo;. Mi madre reaccion&oacute; de forma madura. Entonces empez&oacute; a pasarme a m&iacute;. No hay pa&iacute;s en el que no me hayan preguntado cu&aacute;nto de mi vida hay en el libro. Es un riesgo a tomar como escritor. Si no lo hubiera asumido, nunca habr&iacute;a publicado.</p>
<p>- Un escritor debe escribir.</p>
<p>- Puedes escribir y guardarlo en casa. Yo lo quise publicar&hellip; [hace una pausa] porque ingenuamente sent&iacute; que podr&iacute;a educar en alg&uacute;n sentido.</p>
<p>- Cay&oacute; en la trampa.</p>
<p>- S&iacute;, me vino la cosa pedag&oacute;gica de la que usted habla. Pens&eacute; que podr&iacute;a contribuir a modificar la mentalidad de ciertas personas: un adolescente puede odiar a su madre abiertamente y, al final, ser capaz de amarla. Buscaba que la gente hablase de ese fen&oacute;meno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;En varios encuentros con lectores ha habido personas que han acabado llorando tras el coloquio&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Obtuvo alguna reacci&oacute;n as&iacute;?</p>
<p>- Pues en varios encuentros con lectores ha habido personas que han acabado llorando tras el coloquio: &ldquo;Este libro lo cambi&oacute; todo: odiaba a mi madre, habl&eacute; las cosas y estamos mejor&hellip; o no estamos mejor, pero al menos dije cosas que quer&iacute;a&rdquo;.</p>
<p>- Luego no sirvi&oacute;.</p>
<p>- [se encoge de hombros y libera una afirmaci&oacute;n] La cuesti&oacute;n es que no s&eacute; si entre ese tipo de lectores, incluso, algunos piensan que es mi infancia. Es algo que no cesa. Cuando publiqu&eacute; el segundo, me preguntaron si yo era la ni&ntilde;a que sal&iacute;a. Era mi escuela, pero no era necesariamente mi infancia. Crec&iacute; en ese patio, pero no cog&iacute;a botellas. Esa ni&ntilde;a fue violada, yo no. Lo cierto es que eres algunas de las cosas que vuelcas al papel.</p>
<p>- Pero no las obvias.</p>
<p>- Esas nos las pondr&iacute;as. En cualquier caso, llega un punto en que te dejan de molestar las preguntas. Ser escritor significa atender a todo lo que se cruza por tu vida.</p>
<p>- Tomar nota de todo.</p>
<p>- S&iacute;. No importa sobre qu&eacute; escriba, se basar&aacute; en lo que conozco. La comida tendr&aacute; mi gusto, las flores oler&aacute;n como yo las huelo&hellip; ser&eacute; o estar&eacute; yo en todo lo que vaya abordando porque, por supuesto, es mi escritura. Las interpretaciones son una carga para el escritor, pero, al mismo tiempo, siento que hay gente que me conoce por haber le&iacute;do mis libros. A veces, tras un encuentro literario, las personas que asisten es como si se conocieran entre ellas desde hace tiempo. Eso es porque han le&iacute;do lo mismo y tal vez se han sentido de una manera parecida. No creo que haya una respuesta a la pregunta de si el autor est&aacute; o no en el libro.</p>
<p>- Lo que podemos deducir es que nunca ha escrito prosa completamente ficcional.</p>
<p>- Nada de lo que he escrito es completamente ficci&oacute;n. Todo ha tenido algo de m&iacute;.&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Son el arte y la literatura lo m&aacute;s importante para usted?</p>
<p>- No, son mis hijos</p>
<p>- &iquest;La segunda cosa?</p>
<p>- La literatura no tiene un hueco en mi vida, pero est&aacute; en todas partes. Cuando escribo y me gusta lo que escribo todo se vuelve mejor en mi vida. Cuando no escribo me siento miserable, afecta a mi d&iacute;a a d&iacute;a. Ser incapaz de escribir me frustra y me hace infeliz. Por otra parte, si no escribiese m&aacute;s no pasar&iacute;a nada.</p>
<p>- &iquest;Llega a ser una sensaci&oacute;n f&iacute;sica?</p>
<p>- [piensa] No creo que mi vida consista s&oacute;lo en escribir, pero estos &uacute;ltimos a&ntilde;os el temor a no hacerlo me ha hecho sentir mal incluso f&iacute;sicamente. &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; no puedo escribir lo que quiero?&rdquo;. He sido infeliz al costarme sacar adelante mi libro. Eso significa que, incluso aunque no lo admita, escribir est&aacute; en todo lo que hago, estoy adherida a ello. &iquest;Esto es bueno? No creo. Era m&aacute;s feliz cuando no escrib&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Ser escritor no es una ocupaci&oacute;n, forma parte de tu vida&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Una conclusi&oacute;n fant&aacute;stica [bromeo].</p>
<p>- [sonr&iacute;e muy levemente] Cuando era periodista todo estaba claro: ten&iacute;a un trabajo, terminaba mi jornada y me iba a casa. Hab&iacute;a hijos y una vida <em>normal</em>&hellip; Escribir me ha afectado. Ser escritor significa estar ah&iacute;, en la escritura, todo el rato. Deja de ser una ocupaci&oacute;n, forma parte de tu vida. Cuando grito a mis hijos o estoy enfadada con mi marido, me dicen: &ldquo;Anda, vete un rato a escribir&rdquo;. Es una forma de quitarme de en medio, pero viene decir que el que forme parte de m&iacute; y me afecte en todas las facetas est&aacute; claro incluso para ellos. Hay algo en m&iacute; que ya est&aacute; vinculado al proceso de vivir en un libro, no s&oacute;lo con mi familia.</p>
<p>- Pertenece a los autores que encuentran en el lenguaje una limitaci&oacute;n.</p>
<p>- S&iacute;. Hablo algunos idiomas, muchos mal. Como mejor escribo es en rumano. Puedo traducir y escribir directamente en ruso, pero el resultado no es igual de bueno. Y el ingl&eacute;s es un idioma de trabajo: periodismo, presentaciones, entrevistas&hellip; [r&iacute;e]</p>
<p>- Althusser dec&iacute;a que la filosof&iacute;a se pensaba con met&aacute;foras, &iquest;en la novela se piensa mediante comparaciones?</p>
<p>-[asiente] Mmm, en la primera especialmente, dios m&iacute;o&hellip; Estoy un poco avergonzada: mi hijo tiene casi 14 a&ntilde;os y ha empezado a leer <em>El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes</em>. Al cabo de un par de p&aacute;ginas, me vino: &ldquo;Hay muchas met&aacute;foras&rdquo;, y pens&eacute;: &ldquo;Oh, debe de haber demasiadas&rdquo;. Y, s&iacute;, hay demasiadas. No lo hice a prop&oacute;sito. Espero que eso le d&eacute; encanto. Me limit&eacute; a escribir, ni siquiera revis&eacute; el texto.</p>
<p>- &iquest;En serio?</p>
<p>- Lo le&iacute; una vez publicado. S&iacute; que hubiese quitado algunas, pero al mismo tiempo, es un tipo de escritura imperfecta que surge de la ira, de la violencia&hellip; as&iacute; que esas met&aacute;foras, aunque interferencias probablemente pat&eacute;ticas, hacen del libro un libro aut&eacute;ntico, y esa es la raz&oacute;n, supongo, por la que mucha gente joven lo encontr&oacute; cercano. La gente joven piensa as&iacute;, tiende a compararlo todo [r&iacute;e]. Ya no escribo como en ese libro. Aunque algunas met&aacute;foras me encantan.</p>
<p>- En el segundo, &iquest;guio m&aacute;s la escritura?</p>
<p>- Fui m&aacute;s consciente de que era un libro que iba a ser publicado. En el primero, para ser sincera, no estaba segura. Surgi&oacute; muy r&aacute;pido, no estaba muy pensado.</p>
<p>- De todas formas, la comparaci&oacute;n es algo caracter&iacute;stico de la novela. Le cito un par de las suyas: &ldquo;Hab&iacute;a perdido a lo tonto, como en un juego de azar&rdquo;; &ldquo;deslumbrantemente blanca como si se hubiera roto un televisor&rdquo;.</p>
<p>- Ahora ser&iacute;a m&aacute;s cuidadosa con esas comparaciones, pero no voy a reescribir el libro. De alguna forma, es mi alocado libro; de otra, ha dejado de ser m&iacute;o porque mi voz ahora es muy distinta. Esas met&aacute;foras y comparaciones son propias de adolescente. As&iacute; es como hablan los enfermos, los artistas y, eso, los adolescentes [sonora carcajada].</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me gustan los libros que mantienen la intriga por la escritura, no por las historias&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Sus novelas tienen un fondo oscuro, eso es verdad. &iquest;Le gusta la literatura sure&ntilde;a, McCullers, Faulkner, O&rsquo;Connor&hellip;?</p>
<p>- No creo que esa sea la literatura m&aacute;s oscura. No creo que la literatura americana sea la m&aacute;s dram&aacute;tica. Hace tiempo me preguntaban si hab&iacute;a le&iacute;do a Agota Kristof, si hab&iacute;a le&iacute;do <em>La naranja mec&aacute;nica</em>. Me gustan los libros que mantienen la intriga por la escritura, no por las historias. Por c&oacute;mo est&aacute;n escritos. Cuando abro un libro y digo: &ldquo;Guao, es muy bueno, qu&eacute; frases tan atinadas&rdquo;. Como lectora, tambi&eacute;n aprecio el humor. Leo muchas cosas. Y algunos libros no los termino. Cuando era joven me ense&ntilde;aron que hab&iacute;a que terminar cada libro que empiezas. Ahora s&eacute; que eso no es cierto [r&iacute;e]. Si un libro no me interesa en m&aacute;s de un perfil, lo desecho. &iquest;Para qu&eacute; continuar? Me gusta la nueva prosa latinoamericana, femenina especialmente. Estoy interesada en las voces de las mujeres porque creo que han permanecido calladas mucho tiempo, pero trato de leer de todo.</p>
<p>- Su proceso creativo. &iquest;C&oacute;mo le llega la idea?, &iquest;c&oacute;mo la va construyendo? Contrasta su precocidad en los art&iacute;culos period&iacute;sticos, empieza a firmar con s&oacute;lo 17 a&ntilde;os, y lo que tarda, desde ese momento, en sacar la primera novela: diez a&ntilde;os.</p>
<p>- Echo en falta la disciplina que ten&iacute;a cuando era periodista. Ahora soy demasiado permisiva conmigo. Empiezo a escribir e intento formular frases perfectas, p&aacute;rrafos perfectos, y eso no es bueno porque, entonces, te centras en escribir muy bien todo el rato y la emoci&oacute;n desaparece. Escrib&iacute; dos cap&iacute;tulos este verano a los que volv&iacute; demasiadas veces y, al final, dejaron de parecerme interesantes. Y cuando empec&eacute; a escribirlos pens&eacute; que eran muy buenos. Creo que los revis&eacute; demasiadas veces. Pulir es normal. Mi problema es que a veces intento hacerlo demasiado y termino rompi&eacute;ndolo todo [carcajada].</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Todo escritor sabe cu&aacute;l es una buena p&aacute;gina y cu&aacute;l no. No necesitas un editor para eso&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Lo pasa bien escribiendo? Hay gente que dice que sufre</p>
<p>- Al empezar a escribir algo intento estar inspirada o molesta o feliz o alegre. Si estoy triste o he vivido una tragedia&hellip; no cojo el ordenador. En esos momentos lo que me hace infeliz es lo que precisa mi atenci&oacute;n. Si uno de mis hijos est&aacute; enfermo, tampoco escribo, quiero que se recupere. Siento ser tan aburrida. Probablemente un artista real explotar&iacute;a ese sentimiento.</p>
<p>-Yo a veces me he re&iacute;do ley&eacute;ndola, he pensado &lsquo;qu&eacute; ocurrencia&rsquo;. Ese humor, &iquest;lo aprecia usted al escribir? &iquest;En alg&uacute;n momento se r&iacute;e?</p>
<p>- Cuando escribo es como cuando estoy cocinando. Es como pelar patatas. Un trabajo. Necesito estar c&oacute;moda. Si no, empiezo a distraerme. Mi mente debe estar enfocada. El hecho de poderme sentar significa que el resto de tareas est&aacute; hecho. &Uacute;ltimamente no he encontrado muchos momentos adecuados. Y soy feliz cuando hago jardiner&iacute;a, no cuando escribo. En esta s&oacute;lo obtengo contento cuando consigo lo que quiero. Todo escritor sabe cu&aacute;l es una buena p&aacute;gina y cu&aacute;l no. No necesitas un editor para eso. A veces s&eacute; que he producido basura y he malgastado el tiempo en algo no va a estar en el libro.</p>
<p>- Quiz&aacute; como ejercicio...</p>
<p>- No puedo decir que sea una persona radiante. Algunos escritores se visten bien antes de escribir, o toman chocolate, o eligen un sitio bonito. Yo no. Puedo hacerlo en la cocina, s&oacute;lo debo tener la mente enfocada. A veces, en la cama me viene una idea, y pienso: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; hago?: &iquest;me despierto?, &iquest;cojo el ordenador?&rdquo;. Y me niego.</p>
<p>- &iquest;Al d&iacute;a siguiente la recuerda?</p>
<p>- Nunca [sonr&iacute;e]. S&eacute; que deber&iacute;a levantarme y ser disciplinada. Los escritores tienen que trabajar en su obra todo el tiempo, se trata de atender constantemente al detalle, y a los fallos. Y yo no lo hago.</p>
<p>- Lo dice como si no se considerase demasiado escritora.</p>
<p>- Me veo con los pies muy en la tierra.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;No me tengo que esconder para decir lo que quiero&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- Cervantes, en <em>El Quijote</em>, us&oacute; la locura del personaje para decir cosas inc&oacute;modas. &iquest;Usted se ha servido de ese ardid para poner problemas sobre la mesa?</p>
<p>- No. No me tengo que esconder para decir lo que quiero. Creo que eso ocurri&oacute; en mi primera novela, utilizando una voz de chico. No s&eacute; por qu&eacute; lo hice. En cierto sentido, me ayud&oacute; a decir bastantes cosas que probablemente, de haber usado mi voz femenina en aquella edad y en aquel punto de mi vida, no habr&iacute;a podido. El libro que estoy escribiendo tiene la voz de una mujer de mi edad. Est&aacute; siendo muy org&aacute;nico. Por supuesto, siempre puedes poner lo que t&uacute; quieras en tus personajes. Si est&aacute;s escribiendo un libro significa que est&aacute;s contando algo que quieres a trav&eacute;s de voces de otra gente. &iquest;Por qu&eacute; esconderlo m&aacute;s? Escribir un libro significa hablar en voz alta para mucha gente. No tengo que inventar un personaje para decir nada. Y si le digo la verdad, todav&iacute;a no he utilizado gente loca. He utilizado gente infeliz y gente enferma, que es un poco distinto. Pero &iquest;qu&eacute; es la locura? No lo s&eacute;, todos estamos un poco locos.</p>
<p>- En <em>El jard&iacute;n de vidrio</em>, &iquest;la mujer que adopta a la ni&ntilde;a del orfanato y le pide que hable ruso, y que se demuestra autoritaria a la par que a veces caritativa, es un trasunto de Rusia?</p>
<p>- No pens&eacute; en eso cuando estaba escribiendo el libro, pero no es una tonter&iacute;a: lo ha pensado m&aacute;s gente. Dir&iacute;a que el libro entero, la vida de ese personaje, Lastotchka, es la vida de mi pa&iacute;s. &Eacute;l es tambi&eacute;n, de cierto modo, adoptado. Moldova fue parte de Rumania, de Rusia, de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, siempre hu&eacute;rfana, explotada, no muy querida. As&iacute; es mi pa&iacute;s. Pero mientras lo escrib&iacute;a no quer&iacute;a hacer que la vieja Tamara Pavlovna fuese malvada. Para ser sincera, es una mujer muy t&iacute;pica de esa &eacute;poca. Muchos padres eran as&iacute;, no necesariamente los adoptivos.</p>
<p>-Fue una &eacute;poca cruel sobre todo desde la perspectiva actual.</p>
<p>- Nosotros, de ni&ntilde;os, no lo sent&iacute;amos as&iacute;. Un ni&ntilde;o s&oacute;lo es infeliz si le ocurre algo especialmente malo. Si todo el mundo come helados y t&uacute; comes patatas, entonces eres infeliz. En cambio, si todo el mundo est&aacute; comiendo patatas, no lo eres porque te ves como los dem&aacute;s.</p>
<p>- Se ha dicho que, incluso en las guerras, los ni&ntilde;os no lo pasan tan mal. Se adaptan y juegan con tubos de escape.</p>
<p>- Cuando eres peque&ntilde;o tienes el poder magn&iacute;fico de no ver lo malo, por cerca que est&eacute;. Muchos ni&ntilde;os tuvieron la misma vida que esta ni&ntilde;a, Lastotchka. As&iacute; era la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, no hab&iacute;a demasiada supervisi&oacute;n parental, trabaj&aacute;bamos desde que &eacute;ramos peque&ntilde;os. Yo crec&iacute; en la capital, pero la gente del campo trabajaba criando animales, cocinando&hellip; Las ni&ntilde;as de 8 y 9 a&ntilde;os cocinaban, y yo ni siquiera cocino ahora. As&iacute; que la infelicidad del libro no surge de la explotaci&oacute;n, sino de saberse abandonada. Eso se dio en Moldova todos aquellos a&ntilde;os, y Moldova no era necesariamente pobre. En la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica ten&iacute;amos m&aacute;s o menos comida, no fue como en Ruman&iacute;a, con d&eacute;ficit de todo. Nuestro problema era que no sab&iacute;amos cu&aacute;l era nuestro idioma, o quienes &eacute;ramos, o nuestra identidad. As&iacute; que creo que Tamara Pavlovna puede ser una met&aacute;fora de Rusia, pero al mismo tiempo puede no serlo: puede ser s&oacute;lo una mujer que adopt&oacute; una ni&ntilde;a porque necesitaba mano de obra, puede que la amara y la explotara en su beneficio... Y la ni&ntilde;a, cuando creci&oacute;, tampoco fue una persona amable. No dijo: &ldquo;Est&aacute; bien, fui adoptada, voy a ser buena con todo el mundo&rdquo;. No. Es c&iacute;nica como la &eacute;poca en que vivi&oacute;.</p>
<p>- Moldavia, para la gente&hellip;</p>
<p>- Moldova, no diga Moldavia. Moldavia es el nombre ruso, ponga Moldova por escrito.</p>
<p>- &iquest;Moldavia es el nombre ruso?</p>
<p>- Nadie lo sabe, por eso lo digo.</p>
<p>- Moldova, pues. La gente ubica Ruman&iacute;a, no Moldova. He le&iacute;do que un 40 por ciento de las poblaciones de Moldova y de Ruman&iacute;a es favorable a la uni&oacute;n de ambos pa&iacute;ses, pero tambi&eacute;n que en 2006 se dio un refer&eacute;ndum, no s&eacute; si limpio, en el que el 97 por ciento se mostr&oacute; partidario de la anexi&oacute;n a Rusia. &iquest;Cu&aacute;l es la realidad y c&oacute;mo se relaciona usted con Moldova, ya que vive fuera? Y en tercer lugar: usted escribe en rumano: &iquest;qu&eacute; relaci&oacute;n hay entre Moldova y Ruman&iacute;a?</p>
<p>- Nunca el cien por cien ha querido volver a anexionarse a Ruman&iacute;a, pero siempre ha sido m&aacute;s del 50. No s&oacute;lo hay etnias rumanas en Moldova: hay rusos, gaga&uacute;zos, ucranianos&hellip; que ahora est&aacute;n hablando de &ldquo;la pureza&rdquo;. Siempre ha existido gente que piensa que Rusia nos puede proveer de puestos de trabajo. Ahora, con la guerra en Ucrania, la postura es distinta. En este momento, querer estar con Ruman&iacute;a significa querer estar en la Uni&oacute;n Europea. Una forma de preservar la independencia. Y querer estar con Rusia no significa lo mismo que hace tres a&ntilde;os. Me barrunto que, incluso aquellos que no quer&iacute;an unirse a Ruman&iacute;a, dir&iacute;an hoy no a Rusia. Moldova siempre ha necesitado que alguien le diga qu&eacute; hacer. En el presente es obvio que la sensaci&oacute;n mayoritaria es de acercamiento a Ruman&iacute;a y a la UE, reconociendo fuerzas pol&iacute;ticas ligadas a Rusia. No lo veo normal, pero existe. Lo puedo entender como un inter&eacute;s econ&oacute;mico&hellip; y porque a mucha gente no le gusta nuestro gobierno actual, aunque al fin, despu&eacute;s de mucho tiempo, es democr&aacute;tico. En pa&iacute;ses as&iacute;, las cosas cambian r&aacute;pido. Moldova no tiene poder, no tiene protecci&oacute;n. Ahora la meta es la paz. Si la guerra termina, podremos reanudar el debate, ahora no creo que haya mucho deseo de volver a Rusia, es la muerte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Europa es un sentimiento, no un lugar&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; significa para usted Europa Central?</p>
<p>- He vivido en Europa durante muchos a&ntilde;os y creo que desde que estoy aqu&iacute;, y llevo casi cuarenta en Francia, incluso la Europa que conoc&iacute; ha cambiado. Ahora no hablamos de Europa como geograf&iacute;a. Europa son valores democr&aacute;ticos, una sensaci&oacute;n de tolerancia. Donde vivo, tengo vecinos franceses, espa&ntilde;oles, italianos&hellip; que no se preguntan la nacionalidad. Para m&iacute; Europa es un sentimiento, no un lugar.</p>
<p>- Cita la tolerancia y la democracia. En su primer libro de cuentos, que no est&aacute; en espa&ntilde;ol y no he le&iacute;do, habla de la inmigraci&oacute;n. Este fen&oacute;meno est&aacute; sacudiendo el continente, vinculado especialmente al origen isl&aacute;mico. &iquest;Cree posible la asimilaci&oacute;n?</p>
<p>- La asimilaci&oacute;n no tiene que venir del pa&iacute;s que acoge a los inmigrantes. La asimilaci&oacute;n tiene que venir de la persona que llega al pa&iacute;s. Si voy a Francia, debo estar preparada para respetar la ley francesa y pagar sus impuestos. Debo hablar franc&eacute;s y ser lo m&aacute;s francesa que pueda.</p>
<p>- El pensamiento l&iacute;quido actual pasa por <em>respetar las diferencias.</em></p>
<p>- A ver, usted debe ser lo m&aacute;s franc&eacute;s que pueda, al menos, en la vida p&uacute;blica. En casa, si no hace da&ntilde;o a nadie, me da igual. Eso Europa te lo permite. Soy cristiana ortodoxa, celebro la Pascua cat&oacute;lica, esa es mi festividad. Y nunca nadie me ha dicho: &ldquo;No vayas a la iglesia, no hagas esto o aquello&rdquo;. Creo que hay diferentes tipos de migraciones. Quienes huyen de la guerra quiz&aacute; no quieren necesariamente estar aqu&iacute;, pero terminan aqu&iacute;. Puede ser dif&iacute;cil para ellos. Pero si una persona elige venir a Europa debe firmar ese contrato.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Es una elecci&oacute;n muy subjetiva que te gusten mucho los libros de alguien a quien tienes que perdonar como persona&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- En sus dos novelas hay problemas paternofiliales y en esta misma conversaci&oacute;n ha mencionado m&aacute;s de una vez a sus hijos. Alice Munro, seg&uacute;n hemos le&iacute;do, conoc&iacute;a que su marido abus&oacute; durante a&ntilde;os de su hija. Ella lo ocult&oacute; y sigui&oacute; con &eacute;l. Fallecida la novelista, la hija ha revelado los hechos de manera impactante. Algunos lectores se han visto afectados -&ldquo;Ahora no puedo leer a Munro&rdquo;-. Pero los libros son los mismos. Este tema sali&oacute; antes. A modo de cierre, se lo reformulo: &iquest;una cosa son los libros y el autor literario, y otra la persona y su vida privada?</p>
<p>- Hace dos a&ntilde;os habr&iacute;a dicho que s&iacute; al cien por cien. Yo separaba al escritor, al pintor y al director de cine. No estoy segura ahora. Mentir&iacute;a si dijese que veo a algunos escritores con los mismos ojos que antes. Esta guerra me ha afectado. Es nuestra. Lo ideal ser&iacute;a que s&oacute;lo hubiera buenas personas y buenos escritores y buenos artistas, pero la vida no es as&iacute;. Es una elecci&oacute;n muy subjetiva que te gusten mucho los libros de alguien a quien tienes que perdonar como persona. A la gente que dice que no volver&aacute; a leer a Alice Munro probablemente yo no pueda convencerla de que lo haga. Esa historia me horroriz&oacute; y me llev&oacute; a pensar, ya que escribo sobre madres e hijos todo el rato, tiene raz&oacute;n, en las elecciones vitales tan distintas que puede asumir una mujer. A veces el amor es lo primero, a veces los hijos, a veces lo tu arte. Es cuesti&oacute;n de cada uno. Ella es una gran artista, una gran escritora. Yo no hubiera acometido esa elecci&oacute;n, pero quiz&aacute; tampoco soy tan buena escritora. Es una tristeza, pero ella s&iacute; sigue siendo una gran escritora.</p>
<p>Le quedan pocos d&iacute;as de descanso, lamenta haber invertido sus vacaciones en trabajar. En breve va a Moldova. All&iacute; han montado, para el Teatro Nacional, un espect&aacute;culo sobre <em>El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes</em>. Se pone en pie: &ldquo;Seguimos en contacto. Ahora voy con mis hijos&rdquo;. Si pudiera, Tatiana Tibulaec se teletransportar&iacute;a. Pero sus ojos se anclan en la cubierta de <em>El jard&iacute;n de vidrio</em>. Desvela que los ni&ntilde;os que salen le recuerdan a los suyos. &ldquo;Es una locura, pero ella se parece mucho a mi hija y &eacute;l se parece mucho a mi hijo&rdquo;. No fue buscado. Una casualidad. Los dos sonre&iacute;mos pensando que, de alguna manera, durante la entrevista han seguido junto a ella.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 02 Jun 2025 04:56:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una trinchera de lucidez]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-trinchera-de-lucidez/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/JUAN_MANUEL_BARRADO_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>En <em>Los caballos azules</em>, Juan Manuel Barrado &mdash;poeta extreme&ntilde;o que ha hecho de la frontera entre filosof&iacute;a y lenguaje una trinchera de lucidez&mdash; entrega un libro que, m&aacute;s que leerse, se atraviesa. Publicado por Ediciones Trea en febrero de 2025, este poemario no solo contin&uacute;a la senda de una obra profundamente personal y cr&iacute;tica, sino que despliega una intensidad verbal que roza, por momentos, la revelaci&oacute;n ontol&oacute;gica.&nbsp;</p>
<p>Este poemario dialoga con una tradici&oacute;n que une lo espiritual, lo po&eacute;tico y lo pol&iacute;tico. Lo hace sin solemnidad, pero con una gravedad tranquila que invita al recogimiento. El t&iacute;tulo, tomado del c&eacute;lebre cuadro de Franz Marc &ldquo;Los grandes caballos azules&rdquo;, que ilustra la cubierta, remite a una imagen poderosa y abierta: los caballos azules, criaturas de lo on&iacute;rico, lo ancestral, lo libre. Algo ind&oacute;mito y bello que irrumpe en el lenguaje y desestabiliza lo previsible.&nbsp;</p>
<p>Desde el inicio, la obra declara su programa: &ldquo;Algo que brilla ante nosotros como existente. / Una forma inestable de verdad. / Quiz&aacute; la ontolog&iacute;a de la uva en el espacio entre dos n&uacute;meros&rdquo;. Esta afirmaci&oacute;n &mdash;incluida en el primer texto del libro&mdash; establece el tono y el m&eacute;todo: una b&uacute;squeda fragmentaria, entre lo visible y lo inasible, que remite tanto a la conciencia fracturada del presente como al asombro frente a lo m&aacute;s nimio. La poes&iacute;a de Barrado propone as&iacute; una especie de metaf&iacute;sica del fragmento, en la que cada imagen, cada secuencia, parece funcionar como una unidad de sentido independiente, aunque encadenada al resto por una l&oacute;gica interna de extra&ntilde;amiento.&nbsp;</p>
<p>Los poemas, breves en general pero muy intensos, muy concentrados y enigm&aacute;ticos, nos conducen a trav&eacute;s de paisajes interiores donde lo natural y lo humano se funden. Hay en ellos una contenci&oacute;n que no oculta la emoci&oacute;n, una mirada limpia que busca lo esencial sin caer en lo f&aacute;cil. Se trata de una poes&iacute;a que reh&uacute;ye el efectismo y se entrega a lo esencial: la pregunta, el silencio, la perplejidad.&nbsp;</p>
<p><em>Los caballos azules</em> es un libro para leer despacio, para releer, y donde muchas veces las respuestas del poema solo las podemos encontrar fuera de &eacute;l, en lo no dicho, en lo silenciado, en lo intuido. Esa dimensi&oacute;n abierta convierte al lector en c&oacute;mplice, en int&eacute;rprete, en testigo de una experiencia que no se agota en la lectura, sino que persiste como una vibraci&oacute;n sutil.&nbsp;</p>
<p>Junto a esa introspecci&oacute;n, hay en el libro un impulso igualmente pol&iacute;tico, que analiza con iron&iacute;a, desencanto y lucidez las estructuras sociales, culturales e ideol&oacute;gicas de nuestro tiempo. Una de las prosas po&eacute;ticas del final del libro poema es especialmente reveladora; la voz po&eacute;tica observa el espectro pol&iacute;tico espa&ntilde;ol desde una posici&oacute;n equidistante pero no neutral: &ldquo;Observo la posici&oacute;n dial&eacute;ctica de la Izquierda, la <em>gauche divine</em>, que defiende el sacramento de la libertad como un rito contra una administraci&oacute;n monol&iacute;tica... Pero observo no menos la posici&oacute;n dial&eacute;ctica de la Derecha, cuya existencia se sustenta en la monarqu&iacute;a. &iquest;Y la clase obrera? &iquest;Ha heredado alguna finca r&uacute;stica?&rdquo;. Aqu&iacute;, Barrado se mueve entre el humor &aacute;cido y el pensamiento inc&oacute;modo. En lugar de ofrecer soluciones o dogmas, el poema se constituye como una interrogaci&oacute;n que desarma las certidumbres heredadas. La poes&iacute;a se vuelve entonces un lugar de resistencia, no en el sentido panfletario, sino como espacio de disidencia est&eacute;tica y moral.&nbsp;</p>
<p>A lo largo del libro, el autor despliega un imaginario cultural amplio, cosmopolita y profundamente referencial. Poetas, fil&oacute;sofos, pintores y pensadores habitan sus p&aacute;ginas. Sylvia Plath aparece de pronto, interpelada desde una especie de realismo m&aacute;gico mesetario: &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n te lleva tequila y chicharrones, Sylvia Plath?&rdquo;. Este tipo de im&aacute;genes, que podr&iacute;an parecer en principio anecd&oacute;ticas o irreverentes, tienen una funci&oacute;n clave: insertan lo sublime en lo cotidiano, lo universal en lo dom&eacute;stico, rompiendo con la jerarqu&iacute;a de los discursos y abriendo paso a una po&eacute;tica m&aacute;s libre, m&aacute;s h&iacute;brida, m&aacute;s cercana a lo que Mar&iacute;a Zambrano llam&oacute; &ldquo;raz&oacute;n po&eacute;tica&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>En definitiva, <em>Los caballos azules</em> es un libro poderoso, concentrado y profundo. Un libro que no da respuestas f&aacute;ciles, pero que formula las preguntas adecuadas. Que no teme a lo oscuro, ni a lo inexacto, ni al silencio. Y que, por ello, permanece.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Juan Manuel Barrado, <em>Los caballos azules</em>, Asturias, Trea, 2025.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 29 May 2025 12:05:48 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sonata y fuga de vela]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/sonata-y-fuga-de-vela/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/MARTA_VELA_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&ldquo;Quasi una fantasia&rdquo;. Porque ese deber&iacute;a ser el subt&iacute;tulo de esta rese&ntilde;a y de la misma <em>opera</em>, que ha compuesto Marta Vela. Qui&eacute;n podr&iacute;a decirme hace apenas unos d&iacute;as, cuando me ocuparon el <em>tempo</em> en esta tarea, que iba verme <em>sostenido</em> en los artes que marcan el todo: la literatura y la m&uacute;sica. M&aacute;s a&uacute;n, que iba a ver <em>ligadas </em>la delicia de la literatura de Gald&oacute;s y la poderosa m&uacute;sica de Beethoven, en un mismo <em>comp&aacute;s</em>. Desde luego, el t&eacute;rmino con el que se debe comenzar a definir esta partitura es la originalidad. Marta Vela nos entrega una partitura repleta, en cuya <em>armadura</em> se erigen dos tonos &uacute;nicos. La articulaci&oacute;n de este pentagrama singular viene dada por una extraordinaria recopilaci&oacute;n de fuentes, en cuya <em>tonalidad</em> es capaz de equilibrar los fragmentos extra&iacute;dos de las novelas de Gald&oacute;s con su misma relaci&oacute;n epistolar y personal, conjuntamente a las partituras de Beethoven. Y en este <em>allegro</em>se marca una din&aacute;mica de apreciar la importancia que en la &eacute;poca de Gald&oacute;s ten&iacute;a la m&uacute;sica dentro de la literatura y, por supuesto, en sus vidas diarias. No existe un <em>silencio</em>, ni siquiera premeditado: todo se encuentra envuelto dentro de un lenguaje musical&hellip; No perdamos de vista esta <em>corchea</em>: lenguaje musical. Dos t&eacute;rminos, dos artes, trabados por una <em>cadencia</em> predestinada. Bajo este patr&oacute;n, Marta Vela encuentra su signo y sino.</p>
<p>La m&uacute;sica discurre por la obra de Gald&oacute;s, en un <em>adagio sostenuto</em> que compone cada escena literaria, la trama entera o sencillamente queda integrada de forma natural en la escritura misma del autor canario. Es cierto que, en esta panoplia de fragmentos que re&uacute;ne Marta Vela, Gald&oacute;s se encuentra en una octava m&aacute;s elevada que Beethoven. Sin desmerecer el tiempo elegido, Vela arma una discordancia en esta paralela: Beethoven queda totalmente integrado en las incontables <em>notas</em> que recoge la autora de entre las novelas de Gald&oacute;s. Era evidente la pasi&oacute;n musical que ten&iacute;a, y la admiraci&oacute;n concreta por Beethoven; sin embargo, parece componerse un arreglo de su m&uacute;sica dentro de su literatura y no un verdadero equilibrio r&iacute;tmico. Es cierto que a partir del cap&iacute;tulo 5, titulado &ldquo;Fortunata y Jacinta: Rienzi, Claro de Luna y homenaje a Beethoven&rdquo;, se produce un <em>in crecendo </em>en la comparativa entre las obras de ambos artistas, que culmina, efectivamente, en un cap&iacute;tulo concreto de &ldquo;Vidas paralelas&rdquo;. Este &uacute;ltimo cap&iacute;tulo, esta <em>coda</em>, encierra un lamento en re menor, como el m&aacute;s triste de los desenlaces para dos genios cuyo declive, o <em>decrecendo</em>, vino marcado por las <em>tesituras </em>de una sociedad que les castig&oacute; sin m&aacute;s <em>clave</em> que la de su propio ser. Tal vez este <em>himno</em>, aunque breve y cantado al final, sirva de fiel homenaje a estas dos figuras. Beethoven y Gald&oacute;s: dos hombres que fueron libres, dos seres excelsos que no necesitan espejos, ni p&uacute;lpito ni altavoz, sino sus propias voces, entremezcladas y aut&oacute;nomas, porque sus &oacute;peras son &uacute;nicas y solo en s&iacute; mismas pueden entenderse. Literatura y m&uacute;sica; la <em>armon&iacute;a</em> de las letras y el verbo del sonido. Una sinfon&iacute;a sin fin, que se compone <em>DA CAPO&hellip;</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Marta Vela, <em>Beethoven y Gald&oacute;s. Vidas paralelas</em>, Madrid, Editorial Verbum, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 29 May 2025 11:53:50 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Finnegans wake” de James Joyce: poética del caosmos ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/finnegans-wake-de-james-joyce-poetica-del-caosmos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/JAMES_JOYCE_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Prrafodelista1" align="center"><strong>INTROITO</strong></p>
<p class="Prrafodelista1CxSpMiddle" align="center">&laquo;riverrun, past Eve and Adam's, from swerve of shore to bend of bay,</p>
<p class="Prrafodelista1CxSpMiddle" align="center">brings us by a commodius vicus of recirculation back to Howth Castle and Environs&raquo; (1.01)</p>
<p class="Prrafodelista1">&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1">As&iacute; empieza <em>Finnegans Wake</em>, probablemente el libro m&aacute;s extra&ntilde;o, rico, poli&eacute;drico y polif&oacute;nico de la literatura mundial, compuesto por James Joyce durante casi dos d&eacute;cadas y publicado el a&ntilde;o 1939. O quiz&aacute; ser&iacute;a m&aacute;s acertado decir: <em>estas son las l&iacute;neas que el lector halla en la primera p&aacute;gina de Finnegans Wake</em>, ya que el verbo <em>empezar</em> presupone demasiadas convenciones sobre estructura narrativa que, en este caso, carecen de sentido. Pues FW<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn1">[1]</a> no comienza propiamente, sino que contin&uacute;a &ndash;<em>in medio textus</em>&ndash; con ese &laquo;riverrun&raquo; o r&iacute;o errante que enlaza, como la serpiente que se muerde la cola, con la &uacute;ltima frase del libro, cerrando &ndash;y abriendo&ndash; el c&iacute;rculo de la lectura, de la historia, del mundo que encierran sus 628 p&aacute;ginas. Se trata, en sus propias palabras, de una &laquo;moodmoulded cyclewheeling history&raquo; (186.02)<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn2">[2]</a>, como veremos m&aacute;s adelante con mayor detalle.</p>
<p class="Prrafodelista1">En este ensayo nos proponemos ofrecer algunas pinceladas, incursiones, muestras y recreaciones<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn3">[3]</a> de la po&eacute;tica que inspira FW, teniendo muy en cuenta que &laquo;el libro mismo es la po&eacute;tica continua de s&iacute; mismo&raquo; y que &laquo;un examen de la obra, de cualquier parte de la obra, nos ayudar&aacute; a aclarar la idea sobre la que esta se basa&raquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn4">[4]</a> Empecemos por dar algunas pistas y notas para el lector que se atreva a entrar en un libro de estas caracter&iacute;sticas.</p>
<p class="Prrafodelista1">Una vez sumergidos en el r&iacute;o de la lectura, lo primero que percibimos &ndash;a la deriva en la corriente de esta &laquo;fishy fable&raquo; (245.09)&ndash; es la tremenda densidad sem&aacute;ntica de cada p&aacute;rrafo, de cada frase caracolada, de cada palabra, incluso de cada letra; as&iacute; como de esa inquietante plasticidad verbal que llev&oacute; a Umberto Eco a declarar: &laquo;<em>Finnegans Wake</em> constituye el documento de inestabilidad formal y ambig&uuml;edad sem&aacute;ntica m&aacute;s aterrador del que jam&aacute;s se haya tenido noticia&raquo;;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn5">[5]</a> un universo que no puede ser comprendido en un &uacute;nico acto mental, ni por el autor, ni por los lectores.</p>
<p class="Prrafodelista1">Y pronto nos hacemos varias preguntas: &iquest;se trata de un balbuceo desbordante, &laquo;overgrown babeling&raquo; (6.31)? En todo caso, ser&iacute;a m&aacute;s bien, como el mismo texto sugiere, un <em>babeluceo</em>, pues la aparente incomprensibilidad no proviene de una jerigonza sin sentido sino de una in&eacute;dita y arrolladora mixtura de lenguas (Torre de Babel), de una idioglosia compuesta por t&eacute;rminos de m&aacute;s de sesenta idiomas, adem&aacute;s de los distintos registros de lenguaje que, como descubrimos posteriormente, solo es posible descifrar si se desvela su ca&oacute;tico artificio, &laquo;their own fine artful disorder&raquo; (126.09), lo que aqu&iacute; llamamos <em>po&eacute;tica del caosmos</em>.</p>
<p class="Prrafodelista1">&iquest;O se trata m&aacute;s bien de una joya literaria de intrincad&iacute;sima confecci&oacute;n, radicalmente nueva y singular y, por lo tanto, dif&iacute;cil y sorprendente? Si el esforzado lector &ndash;<em>rara avis</em>&ndash; consigue terminar el libro, no le queda ya ninguna duda de que, en efecto, est&aacute; ante una obra maestra &uacute;nica y riqu&iacute;sima, una maravilla ensimismada, un fascinante elefante blanco de la literatura (&laquo;What a lubberly whide elephant for the men-in-the straits!&raquo;, 300. F04).</p>
<p class="Prrafodelista1">Para cerrar estas notas preliminares, apuntamos dos posibles aproximaciones a este laberinto verbal: la que podr&iacute;amos llamar <em>talm&uacute;dica</em> y la l&uacute;dica.</p>
<p class="Prrafodelista1">Seg&uacute;n la primera, el libro es una especie de grimorio codificado cuyos lectores, previa ardua iniciaci&oacute;n casi m&iacute;stica, deben descifrar &ndash;durante varios a&ntilde;os, lecturas de toda &iacute;ndole y numerosas relecturas&ndash; si quieren hallar <em>la perla escondida</em>, el <em>tesoro enterrado</em> que su complej&iacute;sima red de s&iacute;mbolos y correspondencias oculta. De esta visi&oacute;n hiper-exeg&eacute;tica se deriva la mir&iacute;ada de t&iacute;tulos de cr&iacute;tica interpretativa que ha generado, muchos de los cuales parecen, por su necesaria naturaleza taxonomista y enciclop&eacute;dica, las extensas bibliograf&iacute;as de teolog&iacute;a acumuladas a lo largo de los siglos.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn6">[6]</a></p>
<p class="Prrafodelista1">Seg&uacute;n la otra, a pesar de la innegable intrincaci&oacute;n de su textura, es posible acercarse a la obra de un modo m&aacute;s ligero y diletante, y disfrutar en ella del humor intransferiblemente joyceano: de sus caricaturas esperp&eacute;nticas &ndash;&laquo;their gaiety pantheomime&raquo; (180.04)&ndash;, del juego de palabras incesante, de la profunda y omn&iacute;moda s&aacute;tira que transpira su panor&aacute;mico viaje por la Historia mundial (una pesadilla de la que quiere despertar, seg&uacute;n sus propias palabras). Esta aproximaci&oacute;n m&aacute;s l&uacute;dica estar&iacute;a en la l&iacute;nea de la que Vladimir Nabokov recomienda, en sus <em>Lectures on Don Quixote</em>, a los lectores del cl&aacute;sico cervantino, pues este se entendi&oacute; tambi&eacute;n a veces como una novela &eacute;pica muy compleja (historias dentro de historias) cuyo tono eminentemente humor&iacute;stico se perd&iacute;a en la interpretaci&oacute;n excesivamente solemne.</p>
<p class="Prrafodelista1">Cuando uno lee y relee el libro, sin embargo, pronto queda convencido de que la mejor aproximaci&oacute;n probablemente tiene que ser una tercera: la que re&uacute;ne ambas perspectivas y que podr&iacute;amos llamar, joyceanamente, <em>talml&uacute;dica</em>. Esto es, partir de que la intenci&oacute;n de Joyce, en el proceso de escribir FW, era en gran medida humor&iacute;stica &ndash;&laquo;I tell you no story. Smile!&raquo; (55.2)&ndash;, mas siendo conscientes, a la vez, de que el &oacute;ptimo disfrute de este texto suele alcanzarse despu&eacute;s de haber comprendido &ndash;desvelado&ndash; las numerosas capas de sentido que cubren las palabras, transfigur&aacute;ndolas: &laquo;Only is order othered&raquo; (613.14).</p>
<p class="Prrafodelista1">&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center"><strong>T&Iacute;TULO Y ESBOZO DE ARGUMENTO</strong></p>
<p class="Prrafodelista1" align="center">&laquo;Lots of fun at Finnegan's Wake!&raquo;</p>
<p class="Prrafodelista1">El t&iacute;tulo alude a una balada callejera irlandesa de mediados del siglo XIX, <em>Tim Finnegan's Wake</em>, en la que se narra la muerte y resurrecci&oacute;n par&oacute;dica de un irland&eacute;s aficionado a la bebida. Transcribimos algunas estrofas:</p>
<p class="Prrafodelista1">&nbsp;</p>
<p align="center">Tim Finnegan lived in Walkin Street, a gentle Irishman mighty odd</p>
<p align="center">He had a brogue both rich and sweet, an&rsquo; to rise in the world he carried a hod</p>
<p align="center">You see he&rsquo;d a sort of a tipplers way but the love for the liquor poor Tim was born</p>
<p align="center">To help him on his way each day, he&rsquo;d a drop of the craythur every morn. (&hellip;)</p>
<p align="center">One morning Tim got rather full, his head felt heavy which made him shake</p>
<p align="center">Fell from a ladder and he broke his skull, and they carried him home his corpse to wake(&hellip;)</p>
<p align="center">Mickey Maloney ducked his head when a bucket of whiskey flew at him</p>
<p align="center">It missed, and falling on the bed, the liquor scattered over Tim</p>
<p align="center">Bedad he revives, see how he rises, Timothy rising from the bed</p>
<p align="center">Saying &ldquo;Whittle your whiskey around like blazes, t&rsquo;underin&rsquo; Jaysus, do ye think I&rsquo;m dead?&rdquo;</p>
<p align="center">Whack fol the dah now dance to yer partner around the flure yer trotters shake</p>
<p align="center">Wasn&rsquo;t it the truth I told you? Lots of fun at Finnegan&rsquo;s Wake!</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1">Resumidamente: un obrero de la construcci&oacute;n, Tim Finnegan, bajo la influencia de la bebida, cae de una escalera y se rompe el cr&aacute;neo. Los amigos lo llevan a casa y lo tienden en la cama, alrededor de la cual se celebra el Velatorio. Pero entre el distendido comer, beber y danzar, se producen ri&ntilde;as y peleas: vuelan los vasos y las botellas. Una jarra de whisky va a parar sobre el cuerpo de Tim, que milagrosamente se despierta (resucita), diciendo: &laquo;Do you think I&rsquo;m dead?&raquo;. As&iacute; que <em>Wake</em> tiene dos significados, velatorio y despertar, y Joyce ha situado el juego de palabras &ndash;el recurso ret&oacute;rico m&aacute;s frecuente del libro&ndash; en el mismo t&iacute;tulo de su obra. Y, por otro lado, entendiendo Finn<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn7">[7]</a> como <em>fin</em>, en franc&eacute;s o castellano, el apellido rezar&iacute;a: <em>fin-again</em>, finado de nuevo; o bien, si lo leemos como <em>fine</em> (<em>bien</em>, en ingl&eacute;s), resultar&iacute;a: <em>El que vuelve a estar bien tras el velatorio</em> (<em>fine-again</em>, el resurrecto).</p>
<p class="Prrafodelista1">Si ya el t&iacute;tulo de un libro se presta a tantas lecturas, todas conc&eacute;ntricas hacia un mismo patr&oacute;n, no es de extra&ntilde;ar que podamos esperar muchos retru&eacute;canos y trampantojos en su interior. Es muy notable el hecho de que en este t&iacute;tulo y esta canci&oacute;n popular (microcosmos), est&eacute;n ya los elementos estructurales de los grandes esquemas hist&oacute;ricos universales (macrocosmos) del libro: la Ca&iacute;da, el Velatorio y la Resurrecci&oacute;n.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn8">[8]</a></p>
<p class="Prrafodelista1">En el plano narrativo local, pues, la acci&oacute;n transcurre en las afueras de Dubl&iacute;n, en una taberna, escenario de toda la obra, si bien expandido en una geograf&iacute;a y cronolog&iacute;a mucho m&aacute;s amplia provocada por el Sue&ntilde;o. El tabernero est&aacute; casado, y con su esposa tienen tres hijos: dos varones y una hija menor. Debido a la mencionada ca&iacute;da &ndash;que en los otros planos tiene connotaciones morales y catacl&iacute;smicas&ndash;, el protagonista tiene un sue&ntilde;o muy complejo que se entrevera c&iacute;clicamente con los sue&ntilde;os de su mujer y de sus hijos. Sin embargo, esto es apenas apreciable como l&iacute;nea argumental, y lo citamos aqu&iacute; solo como aviso para navegantes, pues, como veremos, lo decisivo no es la narraci&oacute;n, sino la textura de la obra, sus m&uacute;ltiples dimensiones. Ning&uacute;n libro mejor que FW para aplicarle estas ideas post-estructuralistas de <em>Rizoma</em> de Gilles Deluze y F&eacute;lix Guattari:</p>
<p>Un libro no tiene un objeto ni un sujeto definidos, est&aacute; hecho de materias diversamente formadas, de fechas y velocidades muy diferentes (&hellip;) Cuando se atribuye el Libro a un sujeto, se est&aacute; descuidando el trabajo de las materias y la exterioridad de sus relaciones. El libro es una multiplicidad. (&hellip;) Nunca hay que preguntar qu&eacute; quiere decir un libro, significado o significante; en un libro no hay nada que comprender, tan s&oacute;lo hay que preguntarse con qu&eacute; funciona, en conexi&oacute;n con qu&eacute; hace pasar o no intensidades, en qu&eacute; multiplicidades introduce y metamorfosea la suya. <a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn9">[9]</a>&nbsp;</p>
<p>Subrayemos, para no confundir al lector, que FW no tiene una estructura dram&aacute;tica, sino que es m&aacute;s bien una cr&iacute;tica al Teatro del Mundo, y como tal presentamos brevemente a sus actores.</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Prrafodelista1" align="center"><strong>DRAMATIS PERSONAE</strong></p>
<p class="Prrafodelista1" align="center">&laquo;preprepronominal funferal&raquo; (120.10)<strong></strong></p>
<p>Como hemos mencionado, en FW nos encontramos con las ceremonias de un funeral, pero los protagonistas y asistentes a este son una rara especie de personajes: seres que, aunque arquet&iacute;picamente definidos, se mueven en un ca&oacute;tico mar pre-pronominal; son polim&oacute;rficos, cambiantes, multitudinarios; <em>agregados</em> de personalidad m&aacute;s que sujetos definidos, al modo de ciertos personajes de Samuel Beckett. Y esta prol&iacute;fera ambig&uuml;edad se reconoce por la multitud de variaciones sobre sus nombres &ndash;cada una con diversas capas de significado o connotaci&oacute;n&ndash; con las que estos personajes aparecen a lo largo del libro, as&iacute; como por unas siglas que les representan a modo de s&iacute;mbolo unificador. Algunas notas sobre los cinco protagonistas:<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn10">[10]</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">&nbsp;HCE</p>
<p align="center"><br /> &laquo;Whist! Come here, Herr&nbsp;Studiosus, till I tell you a wig in your ear&raquo; (193.13)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Humphrey Chimpden Earwicker es el padre de famila, el &laquo;pattermind&raquo; o &laquo;paradigmatic ear&raquo;. Aunque en el plano local es un tabernero inspirado en el Tim Finnegan de la mencionada balada, su persona es transmutada en figuras divinas, como el Dios cristiano, Ad&aacute;n, Zeus, el dios celta Lir o el egipcio Osiris; y personajes m&iacute;ticos o hist&oacute;ricos como el gigante Finn Mac Cool, D&eacute;dalo, Ulises, el patriarca No&eacute; o San Patricio, entre muchos otros, como el mismo Leopold Bloom del <em>Ulises</em> de Joyce. Es la reencarnaci&oacute;n de grandes h&eacute;roes del pasado, y su resurgimiento aparece siempre como el retorno de un principio numinoso. Por otro lado, representando un arquetipo universal, se nos presenta tambi&eacute;n como Here Comes Everybody o Haveth Childers Everywhere y el acr&oacute;stico HCE aparece diseminado y metamorfoseado por todo el libro, como tambi&eacute;n sucede con el de su esposa ALP.&nbsp;</p>
<p>El nombre de Earwicker, &laquo;messiagh of roaratorios&raquo; (41.28), proviene del ingl&eacute;s &laquo;earwig&raquo; (<em>tijereta,</em> pero tambi&eacute;n el verbo <em>escuchar</em>)<em>, </em>y se presta a muchas variaciones que inciden en los valores auditivos y musicales de la propia obra, de los que hablaremos despu&eacute;s. Ejemplos: &laquo;earwakers&raquo;, &laquo;earwuggers&raquo;, &laquo;earwiggers&raquo;, &laquo;Aerwenger&raquo;, &laquo;Irewaker&raquo;, &laquo;Eelweek&raquo;, &laquo;Ereweaker&raquo;. Y, como Finnegan, aparece tambi&eacute;n m&uacute;ltiplemente transnombrado: &laquo;Mr. Finn&raquo;, &laquo;Mister Finnagain&raquo;, &laquo;fined again&raquo;, &laquo;Mister Funn&raquo;, &laquo;Fillagain&raquo; o &laquo;Timm Finn again's&raquo;, entre muchos otros. Al final del cap&iacute;tulo III,3 puede leerse un fragmento sobre HCE que incorpora cientos de nombres de ciudades.&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p align="center">ALP</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p align="center">&laquo;Annah the Allmaziful, the Everliving, the Bringer of Plurabilities&raquo; (104, 01)</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Anna Livia Plurabelle, esposa de Humphrey, madre de la familia. En el plano local representa a una ama de casa sufrida &ndash;Mrs. Finnegan&ndash;, detestada por su marido y sus hijos desagradecidos. Como arquetipo, se asocia a la Madre Eva y al r&iacute;o Liffey de Dubl&iacute;n, entre otras muchas personalidades: Mar&iacute;a madre de Jes&uacute;s, Hera, Isis, Pen&eacute;lope, Rebeca, Grace O'Malley, Ana Bolena o la Molly Bloom del <em>Ulises</em>. Es, sin embargo, su encarnaci&oacute;n en cursos fluviales y en lluvias fecundantes la que m&aacute;s destaca entre todas sus apariencias, y probablemente con la que el autor ha alcanzado su escritura m&aacute;s po&eacute;tica, llegando a considerarse el cap&iacute;tulo dedicado a ALP (I.8) uno de los m&aacute;s bellos poemas en prosa en lengua inglesa.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn11">[11]</a> En este episodio, Joyce introduce, enmascarados, cientos de nombres de r&iacute;os.&nbsp;</p>
<p>Entre las muchas variaciones del nombre de Ana Livia, la dadora de <em>plurabilidades</em>, encontramos &laquo;Annabella Lovabella Pullabella&raquo;, &laquo;Appia Lippia Pluviabilla&raquo;, &laquo;Alma Luvia Pollabella&raquo;, &laquo;Allaniuvia pulchrabelled&raquo; o &laquo;Allalivial allalluvial&raquo;, &laquo;Annushka Lutetiavitch Pufflovah&raquo;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">SHEM</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">&laquo;he scrabbled and scratched and scriobbled and skrevened nameless shamelessness</p>
<p align="center">about everybody ever he met&raquo; (182.13)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Shem (forma irlandesa de James) es uno de los dos hijos mellizos del matrimonio que, en su relaci&oacute;n de opuestos id&eacute;nticos (y en alg&uacute;n momento intercambiables), luchan con la pluma y la espada por su lugar preeminente, desatando guerras raciales, religiosas, nacionales, literarias y cient&iacute;ficas. Un ep&iacute;teto que su hermano aplica a Shem y que le describe muy bien es: &laquo;anarch, egoarch, hiresiarch&raquo; (188.16). Introvertido, aunque abierto a la b&uacute;squeda y a la novedad, es el favorito de ALP, y es el autor de la Carta de su madre, un elemento muy importante &ndash;como trasunto del propio libro&ndash; dentro de FW. Shem the Penman, el escribiente, podr&iacute;a entenderse como una caricatura de Stephen Dedalus (protagonista de las primeras obras de Joyce) y, en buena medida, del propio autor.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn12">[12]</a>&nbsp;</p>
<p>Shem no se toma en serio a s&iacute; mismo, tiene conciencia del absurdo de la existencia y de que est&aacute; involucrado en un &laquo;funferal&raquo;: se ve como un personaje en una novela autobiogr&aacute;fica y se r&iacute;e ante la imagen de s&iacute; mismo, recuperando temas del <em>Retrato del artista adolescente</em> de una forma c&oacute;mica, exenta del idealismo rom&aacute;ntico de la juventud: &laquo;the tarandtan plaidboy, making encostive inkum out of the last of his lavings&raquo; (27.09).&nbsp;</p>
<p>Y en el tejido de las transmutaciones, su personaje se identifica con Homero, Sat&aacute;n, Ca&iacute;n, Ham, Tel&eacute;maco, Jerem&iacute;as, Trist&aacute;n de Cornualles, Romeo o Apolo. Su nombre aparece transfigurado, connotado de escribano o de mago, como &laquo;Maistre Sheames de la Plume&raquo;, &laquo;Mr. Seumas McQuillad&raquo;, &laquo;Pain the Shamman&raquo;, &laquo;Master Shemmy&raquo;, &laquo;Shem Skrivenitch&raquo;, &laquo;Shun the Punman&raquo;, &laquo;alshemist&raquo;, &laquo;Schelm the Pelman&raquo;, &laquo;Mr. O'Shem the Draper&raquo;; y, tildado de farsante, como &laquo;Shame&raquo;, &laquo;shamus&raquo;, &laquo;O'Shame&raquo;, &laquo;Shames&raquo;, entre otras innumerables variaciones. La descripci&oacute;n m&aacute;s detallada de este personaje se encuentra en el cap&iacute;tulo I.6.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">SHAUN</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p align="center">&laquo;a weltall fellow raumybult and abelboobied&raquo; (416.03)</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Shaun (forma irlandesa de John) es el otro hijo var&oacute;n y predilecto de su padre HCE. Si Shem era el autor de la Carta de ALP, Shem the Post es el cartero, el encargado de entregarla. En diversos pasajes es descrito como un hombre aburrido y fanfarr&oacute;n, convencional, ajustado a las expectativas sociales y defensor de las normas. El personaje va cambiando en un desarrollo ascendente que le conduce a querer deshacerse del viejo HCE para convertirse en &eacute;l. A lo largo del libro, lo vemos personificado en el Ant&iacute;noo hom&eacute;rico, San Miguel, Judas, Abel, Japhet, San Kevin o Mercurio, entre otros. Los retru&eacute;canos con su nombre incluyen: &laquo;Hans the Curier&raquo;, &laquo;Lamppost Shawe&raquo;, &laquo;Johnny Post&raquo;, &laquo;Show'm the Posed&raquo;, &laquo;Jaun the Boast&raquo;, &laquo;Jaunty Jaun&raquo;, &laquo;Shuhorn the posth&raquo; o &laquo;Shoen&raquo;. La descripci&oacute;n m&aacute;s detallada de este personaje se encuentra en el cap&iacute;tulo III.1.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">ISSY</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">&laquo;Nuvoletta in her lightdress, spunn of sisteen shimmers&raquo; (157.08)</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>Issy es la hermana menor de la familia y est&aacute; inspirada en la hija del propio Joyce, Lucia, cuyo estado mental inestable, imposible de diagnosticar, ocup&oacute; y preocup&oacute; a su padre muy intensamente durante d&eacute;cadas, en especial durante la redacci&oacute;n de FW. En el libro, personifica la tentaci&oacute;n er&oacute;tica, el trofeo por el que contienden los hermanos gemelos, y su personalidad se escinde y multiplica en dos, en siete o en veintinueve muchachas disociadas. A menudo denominada Nuvoletta, adopta la caracterizaci&oacute;n de la hija de Ad&aacute;n, las Siete ni&ntilde;as del Arco&iacute;ris, la b&iacute;blica Raquel, Mar&iacute;a Magdalena, Nausica, Isolda la Bella, Alicia en el Pa&iacute;s de las Maravillas y su imagen en el espejo, Ofelia, Afrodita, Leda o Isis. Puede encontrarse su nombre escrito de muy diversas maneras: &laquo;Izzy&raquo;, &laquo;Isobel&raquo;, &laquo;Isolde&raquo;, &laquo;Isabel&raquo;, &laquo;Is&raquo;, &laquo;Iz&raquo;, &laquo;Lisa&raquo;, &laquo;Ish&raquo; o &laquo;Felicia&raquo; son solo algunos de ellas. Hay una bella descripci&oacute;n de Issy en las p&aacute;ginas 157-159.&nbsp;</p>
<p>Otros personajes secundarios, aunque recurrentes, son Kate (sirviente, cocinera, limpiadora); los doce bebedores de la taberna; los Cuatro Ancianos (que representan a los cuatro evangelistas, a los cuatro maestros autores de los Anales de historia irlandesa o a las cuatro provincias de ese pa&iacute;s); entre cientos de otros de dif&iacute;cil identificaci&oacute;n.</p>
<p class="Prrafodelista1">&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center"><strong>LA PROSA M&Aacute;S PO&Eacute;TICA JAM&Aacute;S ESCRITA</strong></p>
<p class="Prrafodelista1" align="center">&laquo;a loudburst of poesy&raquo; (91.03)</p>
<p class="Prrafodelista1">Trataremos de demostrar por qu&eacute; nos parece que <em>Finnegans Wake</em> es la novela &ndash;si esta obra cabe a&uacute;n en este g&eacute;nero&ndash; m&aacute;s po&eacute;tica jam&aacute;s escrita.</p>
<p class="Prrafodelista1">En primer lugar, pues, habr&aacute; que definir qu&eacute; entendemos &ndash;y qu&eacute; no&ndash; por poes&iacute;a. Aqu&iacute; no nos referimos a la poes&iacute;a entendida como un g&eacute;nero de escritura, en cualquier tipo de verso, que convencionalmente se ocupa de dibujar bellas estampas l&iacute;ricas. Varias expresiones del propio FW relacionadas con el lenguaje apuntan hacia una concepci&oacute;n viva y fre&aacute;tica de la poes&iacute;a (ese &laquo;subgramineal speech&raquo; que propon&iacute;a Nabokov en <em>The gift)</em>, una escritura prol&iacute;fica e indomable como la grama: &laquo;malherbal Magis landeguage&raquo; (478.09); &laquo;All flores of speech&raquo; (143.04); &laquo;the languo of flows&raquo; (621.22). O como esas &laquo;Worte wie Blumen&raquo; que ped&iacute;a H&ouml;lderlin: palabras como flores. Mucho m&aacute;s cercano, pues, al profundo sentido original griego de <em>poiesis</em> (&pi;&omicron;ί&eta;&sigma;&iota;&sigmaf;): producci&oacute;n, composici&oacute;n, generaci&oacute;n, creaci&oacute;n art&iacute;stica. Samuel Beckett resume muy bien esta noci&oacute;n en su ensayo sobre <em>Finnegans Wake</em>, relacionando la escritura po&eacute;tica del libro con su alcance cosmog&oacute;nico:</p>
<p class="Prrafodelista1">&laquo;El primer humano tuvo que crear la materia con la fuerza de su imaginaci&oacute;n, y <em>poeta</em> significa <em>creador</em>. La poes&iacute;a fue la primera operaci&oacute;n de la mente humana. (&hellip;) Antes de la articulaci&oacute;n viene el canto; antes de los t&eacute;rminos abstractos, las met&aacute;foras. El movimiento animista primitivo fue una manifestaci&oacute;n de la <em>forma po&eacute;tica dello spirito</em>. (&hellip;) La poes&iacute;a es la fundaci&oacute;n de la escritura&raquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn13">[13]</a></p>
<p class="Prrafodelista1">Contrastemos estas ideas preliminares con las definiciones que ofrece Ezra Pound en su paradigm&aacute;tico ensayo <em>How to read. </em>Seg&uacute;n su visi&oacute;n, &laquo;la gran literatura es, simplemente, lenguaje cargado de sentido hasta el grado m&aacute;s alto&raquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn14">[14]</a> Y, en este sentido, <em>Finnegans Wake</em> nos parece, sin duda alguna, la obra literaria con una mayor carga de sentido; no solo por las 63.924 palabras <em>distintas</em> que contiene (de las cuales decenas de miles son neologismos o palabras no regladas),<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn15">[15]</a> sino por el novedoso uso recreador que de estas hace, gracias a lo que Eco denomina &laquo;morfema abierto&raquo;, multiplic&aacute;ndolas exponencialmente. La naturaleza metam&oacute;rfica de cada palabra, de cada &eacute;timo, hace que estas puedan siempre convertirse en otras y estallar en nuevas dimensiones sem&aacute;nticas.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn16">[16]</a></p>
<p class="Prrafodelista1">Pongamos un ejemplo. En la frase &laquo;But the world, mind, is, was and will be writing its own wrunes for ever<em>&raquo; </em>(19.36)<em>, </em>el neologismo<em> &laquo;</em>wrunes&raquo; incluye, entre otros posibles sentidos: las runas (<em>runes</em>, caracteres antiguos), las ruinas (<em>ruins</em>), las normas (<em>rules</em>) y, fon&eacute;ticamente, tambi&eacute;n los errores (<em>wrongs</em>), connotando de diversos modos el sentido de la oraci&oacute;n. Lo que, seg&uacute;n la frase citada, el mundo y la mente escribieron, escriben y escribir&aacute;n eternamente (visi&oacute;n c&iacute;clica), son a la vez signos (escritura), arquitecturas (ruinas), c&oacute;digos morales (leyes) y faltas (la historia repite sus errores); todo esto incluido, como en el interior de un <em>matrioska</em> verbal, en una sola palabra inventada: &laquo;wrunes&raquo;.</p>
<p class="Prrafodelista1">Agr&eacute;guese esta potencia num&eacute;rica de connotaciones a los miles de neologismos que pueblan FW y se podr&aacute; entender qu&eacute; niveles puede alcanzar la mencionada &laquo;carga de sentido&raquo; total del texto.</p>
<p class="Prrafodelista1">Pero demos a&uacute;n m&aacute;s razones, fij&aacute;ndonos en los diversos modos de crear poes&iacute;a. Pound estableci&oacute; tres de ellos como los principales: la fanopoeia, la melopoeia y la logopoeia. A continuaci&oacute;n, mostraremos que James Joyce hace un uso abundante, consciente y reiterado de los tres, convirtiendo esta obra en una &laquo;polifon&iacute;a polim&oacute;rfica pervers&aacute;til&raquo;, como la define Juli&aacute;n R&iacute;os.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn17">[17]</a></p>
<p class="Prrafodelista1">&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center">FANOPOEIA: UN IMAGINISMO DESBORDADO</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center">&laquo;Not shabbty little imagettes, pennydirts and dodgemyeyes you buy in the soottee stores.</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center">But offerings of the field&raquo; (25.02)</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center">&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1">En esta cita, Joyce se distingue de la visi&oacute;n reduccionista de la escritura po&eacute;tica, mirando acaso de reojo, para trascenderla, la est&eacute;tica <em>imaginista</em>, muy en boga en sus tiempos; y nos propone una concepci&oacute;n mucho m&aacute;s viva y feraz de la poes&iacute;a &ndash;<em>ofrendas del campo</em>&ndash;, atenta a la plasticidad moldeadora &ndash;&laquo;claybook&raquo; (18.17)&ndash; y a una redescubierta capacidad connotativa de las palabras que incluye y anima toda una nueva flora l&eacute;xica; una in&eacute;dita lengua proteica y fluida.</p>
<p class="Prrafodelista1">La fanopoeia, que Pound defin&iacute;a como una &laquo;proyecci&oacute;n de im&aacute;genes sobre la imaginaci&oacute;n visual&raquo;, muy arraigada, por ejemplo, en la poes&iacute;a china y japonesa, es tambi&eacute;n un modo habitual de trasponer po&eacute;ticamente las ideas en FW. Adaline Glasheen sugiere este s&iacute;mil textil: &laquo;Es una red de juegos visuales y de palabras, con muchas texturas, densamente entretejida, elaboradamente coloreada y con patrones similares a los de una alfombra turca&raquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn18">[18]</a></p>
<p class="Prrafodelista1">Podr&iacute;an se&ntilde;alarse ciertos p&aacute;rrafos &ndash;sorprendentemente inteligibles ya en la primera lectura&ndash; en los que el autor describe, mediante la acumulaci&oacute;n enumerativa de im&aacute;genes, un espacio, una escena o un personaje. V&eacute;anse, por ejemplo, las descripciones de Shem (Libro I, 7) y de su extra&ntilde;a casa, &laquo;the haunted Inkbottle&raquo; (183.31); de las p&aacute;ginas miniadas y arabescas del <em>Book of Kells</em> (I,5); de la vida monacal de San Kevin (604-606) o las recreaciones fluviales de Anna Livia (I.8).</p>
<p class="Prrafodelista1">Veamos brevemente dos ejemplos de esta capacidad <em>imaginista</em>. El siguiente pasaje (159.06), del cual ofrecemos una traducci&oacute;n po&eacute;tica, pertenece a una descripci&oacute;n de Issy, Nuvoletta, la hermana menor:</p>
<p>&laquo;Then Nuvoletta reflected for the last time in her little long life and she made up all her myriads of drifting minds in one. She cancelled all her engauzements. She climbed over the bannistars; she gave a childy cloudy cry: Nu&eacute;e! Nu&eacute;e! A lightdress fluttered. She was gone. And into the river that had been a stream (&hellip;) there fell a tear, a singult tear, the loveliest of all tears (&hellip;) for it was a leaptear. But the river tripped on her by and by, lapping as though her heart was brook&raquo;.<em>&nbsp;</em></p>
<p>Luego Nuvoletta reflexion&oacute; por &uacute;ltima vez sobre su peque&ntilde;a y larga vida y trab&oacute; en uno solo la mir&iacute;ada de sus pensamientos flotantes. Cancel&oacute; todos sus desvelos. Trep&oacute; por la barandilla estrellada y profiri&oacute; un lamento de nube infantil. <em>Nu&eacute;e! Nu&eacute;e! </em>Un ligero camis&oacute;n de luz revolote&oacute;. Se hab&iacute;a desvanecido. Y en el r&iacute;o que hab&iacute;a sido una corriente (&hellip;) cay&oacute; una l&aacute;grima, una &uacute;nica l&aacute;grima sollozante, la m&aacute;s hermosa de todas las l&aacute;grimas (&hellip;) porque era una l&aacute;grima d&iacute;scola, saltarina. Pero el r&iacute;o acab&oacute; tropezando con ella, sorbi&eacute;ndola como si su coraz&oacute;n fuera un arroyo.<span style="vertical-align: sub;">&nbsp;</span></p>
<p>O, finalmente, este otro breve poema en prosa que encontramos en (3.22):&nbsp;</p>
<p>&laquo;in the park where oranges have been laid to rust upon the green since devlinsfirst loved livvy&raquo;.&nbsp;</p>
<p>&laquo;en el parque donde las naranjas se han tendido a oxidarse sobre los verdes desde que el deblin se enamor&oacute; de Livvy por primera vez&raquo;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center">MELOPOEIA: EL ENCANTO DE LAS SIRENAS</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center">&laquo;the whacker his word the weaker our ears for auracles who parles parses orileys&raquo; (467.28)</p>
<p class="Prrafodelista1">Gracias a la melopoeia, &laquo;las palabras se cargan, m&aacute;s all&aacute; de su significado llano, con alguna propiedad musical, que indica la orientaci&oacute;n o la tendencia de ese significado&raquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn19">[19]</a> Adem&aacute;s de la importancia de la m&uacute;sica y las canciones en la composici&oacute;n del libro, entre los cr&iacute;ticos de FW es una recomendaci&oacute;n ya muy extendida la de que no hay que leer esta obra solo con los ojos y el intelecto, sino que es muy enriquecedor <em>escucharla</em>, estar atentos a su sonido, su ritmo, su musicalidad. El propio Joyce &ndash;que adem&aacute;s de escritor era un buen tenor&ndash; invitaba a hacerlo e incluso grab&oacute; algunos fragmentos que a&uacute;n pueden escucharse. Su amigo y colaborador Eugene Jolas escribi&oacute;:</p>
<p>&laquo;Los que han o&iacute;do al se&ntilde;or Joyce leer en voz alta el&nbsp;<em>Work in Progress</em>&nbsp;conocen la inmensa belleza r&iacute;tmica de su t&eacute;cnica. Exhala un flujo musical que halaga al o&iacute;do, que tiene la estructura org&aacute;nica de las obras de la naturaleza, que transmite cuidadosamente cada vocal y consonante creados por su o&iacute;do&raquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn20">[20]</a>&nbsp;</p>
<p>Veamos un ejemplo del uso de la melopoeia en el juego con las letras que enga&ntilde;an al o&iacute;do. En la frase &laquo;the leaves of the living in the boke of the deeds&raquo; (13.30), a pesar de que los ojos leen &laquo;leaves&raquo; (hojas), &laquo;boke&raquo; (t&eacute;rmino antiguo para <em>libro</em>) y &laquo;deeds&raquo; (deberes), los o&iacute;dos interpretan &laquo;lives&raquo; (vidas), &laquo;book&raquo; y &laquo;dead&raquo; (muertos), reescribiendo la frase como: <em>las vidas (o p&aacute;ginas) de los vivos en el Libro de los Muertos</em>.&nbsp;</p>
<p>Y una &uacute;ltima muestra, transformada en poema, en la que abunda la instrumentaci&oacute;n y los efectos de sonido:</p>
<p>(6.36)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>And all the way &nbsp;(a horn!)</p>
<p>from fjord to fjell</p>
<p>his baywinds' oboboes</p>
<p>shall wail him rockbound (hoahoahoah!)</p>
<p>in swimswamswum</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>and all the livvylong night,</p>
<p>the delldale dalppling night,</p>
<p>the night of bluerybells,</p>
<p>her flittaflute in tricky trochees (O carina! O carina!)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>wake him...&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es por ello por lo que Glasheen define el libro como: &laquo;Una muy variada polifon&iacute;a cuyo objetivo es lograr diversos efectos subliminales no declarados para que las palabras adquieran el poder de la m&uacute;sica y convoquen al vocabulario m&aacute;s amplio y preciso del subconsciente&raquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn21">[21]</a>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center">LOGOPOEIA: UNA F&Eacute;RTIL NEOLOG&Iacute;A</p>
<p class="Prrafodelista1CxSpMiddle" align="center">&laquo;wanamade singsigns to soundsense an yit he wanna git all his flesch nuemaid motts</p>
<p class="Prrafodelista1CxSpLast" align="center">truly prural and plausible&raquo; (138.08)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1">Siguiendo el esquema de Ezra Pound, la logopoeia se define como &laquo;el baile del intelecto entre las palabras (&hellip;) es decir, el uso de las palabras no solo por su significado directo, sino tomando en cuenta de manera especial los h&aacute;bitos de uso, el contexto, las frecuentes concomitantes, sus acepciones conocidas y los juegos de la iron&iacute;a&raquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn22">[22]</a> Ya lo hemos mencionado: en FW es extremadamente frecuente el uso de la polisemia y los dobles sentidos, adem&aacute;s de los numerosos neologismos de los que ofreceremos una buena muestra m&aacute;s adelante.</p>
<p class="Prrafodelista1">En la cita que encabeza este ep&iacute;grafe se establece con claridad y belleza el prop&oacute;sito de la mult&iacute;para escritura <em>wakeana</em>: crear <em>sonosignos</em> (&laquo;singsigns&raquo;) que apelen tanto al o&iacute;do cuanto al sentido (&laquo;soundsense&raquo;), y que estos neologismos (&laquo;nuemaid motts<em>&raquo;)</em>, frescos y recentales, sean verdaderamente diversos y plausibles. Vemos en esta sola frase una gran cantidad de lecturas posibles, pues adem&aacute;s de la explicaci&oacute;n ofrecida, se suman muchos otros ecos:<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn23">[23]</a></p>
<p class="Prrafodelista1">1.- &laquo;soundsense&raquo;: aparte de aludir al sonido (melopoeia), tambi&eacute;n indica la necesaria sensatez y buen sentido (funci&oacute;n adjetiva de <em>sound</em>) de estas nuevas palabras.</p>
<p class="Prrafodelista1">2.- &laquo;flesch&hellip;motts&raquo;: adem&aacute;s del obvio <em>fresh</em> que percibimos, el cambio de letra por un L, asocia lo fresco con la carne, con la piel nueva, y nos recuerda el b&iacute;blico &laquo;la Palabra se hizo carne&raquo; del Evangelio de Juan 1:14. Y en cuanto a &laquo;motts&raquo;, no solo remite al <em>mot</em> (en franc&eacute;s<em> palabra</em>), sino que va tintando de erotismo la frase, pues <em>mot</em> tambi&eacute;n significa <em>chica</em> en la jerga de Dubl&iacute;n.</p>
<p class="Prrafodelista1">3.- &laquo;nuemaid&raquo;: asociado con <em>new-made</em>, contiene en realidad muchos m&aacute;s matices: <em>nuer</em>, en franc&eacute;s literario, significa <em>matizar</em>, un eco muy apropiado;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn24">[24]</a> y las palabras <em>nue</em> (franc&eacute;s, <em>desnuda)</em> y <em>maid</em>, es decir <em>doncella,</em> aumentan las resonancias sexuales de la frase.</p>
<p class="Prrafodelista1">4.- &laquo;prural&raquo;: sumado al m&aacute;s evidente sentido de <em>plural</em>, descubrimos que la R intercambiada nos remite al verbo <em>prurire</em>, que en lat&iacute;n tiene la acepci&oacute;n de desear, ansiar algo con vehemencia; terminando as&iacute; de pintar con colores er&oacute;ticos lo que, en principio, parec&iacute;a una frase referida solo a la escritura.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn25">[25]</a>&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1">Una aportaci&oacute;n creativa a este ensayo es el siguiente florilegio de algunos neologismos que hemos seleccionado, con una posible definici&oacute;n y traducciones in&eacute;ditas<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn26">[26]</a> en castellano:</p>
<p class="Prrafodelista1">&nbsp;</p>
<p align="center">BREVE GLOSARIO WAKEANO</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Alcoherently </strong>(40.05):<strong> </strong>adv.<em> </em><strong>Alcoherentemente</strong>. L&oacute;gica propia y extra&ntilde;amente l&uacute;cida de la conciencia embriagada.&nbsp;</p>
<p><strong>Anemone&rsquo;s letter </strong>(563.17): adj. <strong>Anem&oacute;nimo</strong>. Carta sin firmar, redactada en un raro estilo flageliforme, vibrante, colorido y fr&aacute;gil.&nbsp;</p>
<p><strong>Blackguardism </strong>(180.32):<strong> </strong>n<strong>. Canallismo</strong>. Corriente art&iacute;stica de la m&aacute;s desvergonzada vanguardia.&nbsp;</p>
<p><strong>Chaosmos </strong>(118.21):<strong> </strong>n.<strong> [Caosmos</strong>]. Universo perfectamente desordenado o caos exhaustivamente ordenado.&nbsp;</p>
<p><strong>Collideorescape</strong> (143.28): n. <strong>Colideoscapio</strong>. Instrumento inveros&iacute;mil, caleidosc&oacute;pico, que provoca la acelerada colisi&oacute;n y fuga de las part&iacute;culas, creando nuevos elementos.&nbsp;</p>
<p><strong>Cumulonubulocirrhonimbant</strong> (599.25): adj. <strong>Cumolocirronimbos</strong>. Masa nubosa polim&oacute;rfica que adopta todas las formaciones de nubes posibles.&nbsp;</p>
<p><strong>Cycloptically </strong>(55.22):<strong> </strong>adv.<strong> Cicl&oacute;pticamente. </strong>Cualidad de la visi&oacute;n pan&oacute;ptica y c&iacute;clica, omniabarcadora.&nbsp;</p>
<p><strong>Cyclological </strong>(220.30): adj. [<strong>Ciclol&oacute;gico</strong>]. Relativo o perteneciente a la ciclolog&iacute;a, la ciencia que estudia los ciclos, &oacute;rbitas o revoluciones, ya sea dentro de la biolog&iacute;a, la historia, la astronom&iacute;a, la f&iacute;sica u otros campos del saber.&nbsp; &nbsp;</p>
<p><strong>Deplurabel </strong>(224.10):<strong> </strong>adj.<strong> Deplurable</strong>.<strong> </strong>Acontecimiento o circunstancia que se considera lamentable por causa de m&uacute;ltiples razones.&nbsp;</p>
<p><strong>Darktongues </strong>(223.28):<strong> </strong>n<strong>. </strong>pl.<strong> Negrilenguas</strong>. Idiomas oscuros, poco conocidos, que solo hablan los r&iacute;os de noche, las sombras y las voces de los sue&ntilde;os.&nbsp;</p>
<p><strong>Egoarch </strong>(188.16):<strong> </strong>n. [<strong>Egoarca</strong>]. Apl&iacute;case a los sujetos capaces de se&ntilde;orear su propia alma, dentro de cuyos dominios no hay otro soberano.&nbsp;</p>
<p><strong>Foaminine </strong>(241.15):<strong> </strong>adj<strong>.</strong> <strong>Espumenina</strong>. Calidad al&iacute;gera y flotante, ingr&aacute;vida, de ciertas almas femeninas o afeminadas.&nbsp;</p>
<p><strong>Freewritten </strong>(280.02): v. <em>To freewrite</em>: <strong>Librescribir</strong>. Acci&oacute;n de escribir con libertad, lib&eacute;rrimamente y de un modo deliberadamente liberador.&nbsp;</p>
<p><strong>Funferall </strong>(111.15)<strong>: </strong>n.<strong> Funferial</strong>. Entierro festivo en el que el luto se sustituye por la chanza, la m&uacute;sica popular y la jocosidad general.&nbsp;</p>
<p><strong>Heroticism </strong>(615.35): n. <strong>Herotismo</strong>. Acci&oacute;n valerosa y memorable en el terreno de la sexualidad.&nbsp;</p>
<p><strong>Homogenius</strong> (34.14): n. [<strong>Homogenio</strong>]. Persona que muestra genialidad en el mismo &aacute;mbito del saber o del arte que otro genio.&nbsp;</p>
<p><strong>Intimology </strong>(101.17):<strong> </strong>n. [<strong>Intimolog&iacute;a</strong>]. Ciencia que estudia la vida interior de los individuos y el origen de los t&eacute;rminos que la describen.&nbsp;</p>
<p><strong>Laughtears </strong>(15.09):<strong> </strong>n. pl. <strong>Ris&aacute;grimas</strong>. Carcajada luctuosa o llanto hilarante.&nbsp;</p>
<p><strong>Langscape</strong> (595.05): n. <strong>Linguarama</strong>. Paisaje verbal extendido, panor&aacute;mico, de un lenguaje o un idioma.&nbsp;</p>
<p><strong>Macroscope </strong>(275.22): n. [<strong>Macroscopio</strong>]. Instrumento &oacute;ptico cuyas lentes convexas permiten ver, de una sola mirada, las vastas distancias del universo.&nbsp;</p>
<p><strong>Mangrovemazes </strong>(221.20):<strong> </strong>n.<strong> </strong>pl.<strong> [Manglaberintos</strong>]. Arquitectura intrincada, con corredores que se multiplican, se bifurcan y se entreveran de forma semejante a las ra&iacute;ces de los manglares.&nbsp;</p>
<p><strong>Marmorial</strong> (9.34): n. <strong>Marmorial</strong>. Monumento conmemorativo construido en piedra de m&aacute;rmol.&nbsp;</p>
<p><strong>Meandertale </strong>(18.22<strong>): </strong>n. <strong>Meandromanza</strong>. Relato paleol&iacute;tico y sinuoso, lleno de vueltas y revueltas.&nbsp;</p>
<p><strong>Megalogue (</strong>467.08): n. <strong>Meg&aacute;logo</strong>. Discurso de dimensiones inconmensurables proferido por un solo orador o panegirista.<strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Millentury </strong>(32.32):<strong> </strong>n. <strong>Siglenio</strong>. Unidad de medida temporal que corresponde a un largu&iacute;simo siglo de mil a&ntilde;os.&nbsp;</p>
<p><strong>Mothernaked </strong>(206.30):<strong> </strong>adj.<strong> Madresnuda</strong>. Embellecido por la hermosura propia de las mujeres encinta desnudas.&nbsp;&nbsp;</p>
<p><strong>Mythametical </strong>(286.23): adj. <strong>Mitom&aacute;tico</strong>.<strong> </strong>C&aacute;lculo preciso de la estad&iacute;stica aplicada a las leyendas; o mitos generados por misterios matem&aacute;ticos.<strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Nightynovel </strong>(54,21):<strong> </strong>n. <strong>Noctvela</strong>. Relato escrito en prosa heroica y nocturnal.<strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Noisense </strong>(147.06):<strong> </strong>n. <strong>Sinsenruido</strong>. Algarab&iacute;a molesta y estruendosa, ininteligible.<strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Nomomorphemy </strong>(599&ndash;18): n.<strong> Nomomorfinia</strong>. Efecto aletargante que tienen algunos morfemas cuando se organizan y repiten siguiendo ciertas normas.&nbsp;</p>
<p><strong>Pearlagraph (226.01)</strong>: n. <strong>Perl&aacute;grafo</strong>. En algunas obras literarias, p&aacute;rrafo de belleza diamantina: perfecto, brillante, pulido, esf&eacute;rico.</p>
<p><strong>Plurabilities </strong>(104.02):<strong> </strong>n. pl. [<strong>Plurabilidades</strong>].<strong> </strong>Conjunto de posibilidades m&uacute;ltiples que ofrece una situaci&oacute;n o acontecimiento.&nbsp;</p>
<p><strong>Roaratorios </strong>(41.28): n. pl. <strong>Clamoratorios</strong>. Composici&oacute;n musical dram&aacute;tica, de asunto religioso, ejecutada mediante vehementes bramidos polif&oacute;nicos.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn27">[27]</a>&nbsp;</p>
<p><strong>Roundtheworlder </strong>(77.36):<strong> </strong>n. <strong>Mundariego</strong>. D&iacute;cese del viajero infatigable y trotamundos.&nbsp;</p>
<p><strong>Scribicide</strong> (14.21):<strong> </strong>n.<strong> [Escribicidio</strong>]. Forma particular de homicidio o inmolaci&oacute;n cuyo instrumento, causa o finalidad, es la escritura.&nbsp;</p>
<p><strong>Scripturereader </strong>(67.12):<strong> </strong>n. <strong>Escrilector</strong>. Lector activo cuyos ojos, mientras leen, tambi&eacute;n escriben.&nbsp;</p>
<p><strong>Syllabelles </strong>(61.06):<strong> </strong>n. pl.<strong> [Silabellas</strong>]<strong>. </strong>S&iacute;labas de belleza silvana, llenas de silfos y de silbos.&nbsp;&nbsp;</p>
<p><strong>Thistlewords </strong>(169.22):<strong> </strong>n. pl. <strong>Palabrardos</strong>. Palabras que se abren como cardos y sueltan al aire los vilanos sem&aacute;nticos de sus semillas.&nbsp;</p>
<p><strong>Transname </strong>(145.21):<strong> </strong>v. <strong>Transnombrar</strong>. Transfundir el nombre de una cosa a otra, efectuando transvaloraciones l&eacute;xicas.&nbsp;</p>
<p><strong>Vowelthreaded </strong>(61.06):<strong> </strong>adj.<em> </em><strong>Entrevocalado</strong>. T&eacute;rmino ensartado por vocales suplementarias; o letras enhebradas por algo, como la Q por su virgulilla.&nbsp;</p>
<p><strong>Woodwordings </strong>(280.04)<strong>: </strong>n. pl.<strong> Silvogramas</strong>. Inscriptura realizada sobre la corteza de los &aacute;rboles o superficies de madera.&nbsp;</p>
<p><strong>Weedhearted </strong>(240.22)<strong> </strong>adj<strong>. Enhierbado</strong>.<strong> </strong>Estado alterado del alma alumbrada por ciertas plantas psicoactivas.&nbsp;</p>
<p><strong>Whirlworlds</strong> (17.29) n. pl. <strong>Giromundos</strong>. Galaxias, planetas o sat&eacute;lites que giran en forma de torbellino.&nbsp;</p>
<p><strong>Whistlewhirling </strong>(192.34): n. <strong>Silvor&aacute;gine</strong>. Arremolinamiento fragoroso de pitidos y silbidos.&nbsp;</p>
<p><strong>Wineglasses </strong>(183.21): n. pl. <strong>Vin&oacute;culos</strong>. Anteojos propios del borracho, fabricados con aros de copas finas o con verdes culos de botella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">PALABRAS TRUENO</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>En <em>Finnegans Wake</em> aparecen, respectivamente situadas al final de cada ciclo, diez palabras-trueno. Cada una de ellas contiene 100 palabras, excepto la &uacute;ltima que consta de 101. En total, 1001 palabras extra&iacute;das de diversos idiomas. Estas quimeras verbales &ndash;que aluden a un tema del episodio&ndash; han sido un misterio durante mucho tiempo; actualmente se empiezan a desentra&ntilde;ar, generando diversa bibliograf&iacute;a. Eric MacLuhan<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn28">[28]</a> afirma que cada estallido de trueno es un <em>logos</em> resonante que representa una transformaci&oacute;n de la cultura humana, codificadores de diez grandes revoluciones de la comunicaci&oacute;n, que van desde tecnolog&iacute;as neol&iacute;ticas, como el lenguaje y el fuego, pasando por las ciudades, el ferrocarril y la imprenta, hasta la radio, el cine y la televisi&oacute;n. Seg&uacute;n Eco, el trueno &laquo;coincide con el ruido de la ca&iacute;da de Finnegan, pero de esta ca&iacute;da nace el intento de dar nombre a lo ignoto y al caos&raquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn29">[29]</a>&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1">Transcribimos, sin analizarlas por falta de espacio, estas palabras-trueno, como muestra del extremo creador ilimitado al que puede llegar la escritura en FW:</p>
<p class="Prrafodelista1">1.- P&aacute;g. 3 (trueno)</p>
<p class="Prrafodelista1">&laquo;bababadalgharaghtakamminarronnkonnbronntonnerronntuonnthunntrovarrhounawnskawntoohoohoordenenthurnuk&raquo;</p>
<p class="Prrafodelista1">2.- P&aacute;g. 23 (trueno)</p>
<p class="Prrafodelista1">&laquo;Perkodhuskurunbarggruauyagokgorlayorgromgremmitghundhurthrumathunaradidillifaititillibumullunukkunun&raquo;</p>
<p class="Prrafodelista1">3.- P&aacute;g. 44 (aplauso)</p>
<p class="Prrafodelista1">&laquo;klikkaklakkaklaskaklopatzklatschabattacreppycrottygraddaghsemmihsammihnouithappluddyappladdypkonpkot&raquo;</p>
<p class="Prrafodelista1">4.- P&aacute;g. 90 (prostituci&oacute;n)</p>
<p class="Prrafodelista1">&laquo;Bladyughfoulmoecklenburgwhurawhorascortastrumpapornanennykocksapastippatappatupperstrippuckputtanach&raquo;</p>
<p class="Prrafodelista1">&nbsp;5.- P&aacute;g. 113</p>
<p class="Prrafodelista1">&laquo;Thingcrooklyexineverypasturesixdixlikencehimaroundhersthemaggerbykinkinkankanwithdownmindlookingated&raquo;</p>
<p class="Prrafodelista1">6. P&aacute;g. 257 (portazo)</p>
<p class="Prrafodelista1">&laquo;Lukkedoerendunandurraskewdylooshoofermoyportertooryzooysphalnabortansporthaokansakroidverjkapakkapuk&raquo;</p>
<p class="Prrafodelista1">7. P&aacute;g. 314</p>
<p class="Prrafodelista1">&laquo;Bothallchoractorschumminaroundgansumuminarumdrumstrumtruminahumptadumpwaultopoofoolooderamaunsturnup&raquo;</p>
<p class="Prrafodelista1">&nbsp;8.- P&aacute;g. 332</p>
<p class="Prrafodelista1">&laquo;Pappappapparrassannuaragheallachnatullaghmonganmacmacmacwhackfalltherdebblenonthedubblandaddydoodled&raquo;</p>
<p class="Prrafodelista1">9.- P&aacute;g. 414 (tos)</p>
<p class="Prrafodelista1">&laquo;husstenhasstencaffincoffintussemtossemdamandamnacosaghcusaghhobixhatouxpeswchbechoscashlcarcarcaract&raquo;</p>
<p class="Prrafodelista1">10.- P&aacute;g. 424 (dioses n&oacute;rdicos)</p>
<p class="Prrafodelista1">&laquo;Ullhodturdenweirmudgaardgringnirurdrmolnirfenrirlukkilokkibaugimandodrrerinsurtkrinmgernrackinarockar&raquo;&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1">Logopoeia, melopoeia y fanopoeia, pues, se re&uacute;nen para dar rienda suelta a los nuevos significados y dotan de un poderoso car&aacute;cter po&eacute;tico a la escritura de <em>Finnegans Wake</em>.</p>
<p class="Prrafodelista1">&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center"><strong>NOTAS SOBRE ESTRUCTURA: UNA ESPIRAL DE SUE&Ntilde;OS</strong></p>
<p class="Prrafodelista1">De Joyce se puede afirmar que era m&aacute;s un <em>compositor</em> &ndash;o constructor&ndash; que un creador, al modo de los artistas medievales, seg&uacute;n los cuales a los humanos nos es dado m&aacute;s organizar, componer, construir, que <em>crear</em> en el sentido del artista-dios. As&iacute;, si ya <em>Ulises</em> era un fascinante producto de composici&oacute;n (pi&eacute;nsese en la estructura compleja, las distintas t&eacute;cnicas para cada episodio, los paralelismos con la obra de Homero), en FW el esfuerzo y resultado compositivo son a&uacute;n m&aacute;s sorprendentes.</p>
<p class="Prrafodelista1">&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center">EL LIBRO DE LA NOCHE</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center">&laquo;We drames our dreams tell Bappy returns. And Sein annews&raquo; (277.17)</p>
<p class="Prrafodelista1">Joyce describi&oacute; <em>Finnegans Wake</em>, con resonancias m&iacute;sticas, como un experimento en la interpretaci&oacute;n de la <em>noche oscura del alma</em> que trataba de reconstruir la vida nocturna. A Edmond Jaloux le dijo que escrib&iacute;a este libro &laquo;para adaptarse a la est&eacute;tica del sue&ntilde;o, en la que las formas se prolongan y multiplican solas&raquo;. Y a su amigo Max Eastman le explic&oacute;:</p>
<p>&laquo;Para escribir sobre la noche, sent&iacute; que realmente no pod&iacute;a usar palabras en sus conexiones ordinarias. Utilizadas de esta manera no expresan c&oacute;mo son las cosas en la noche, en las diferentes etapas: el consciente, semiconsciente, el inconsciente&raquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn30">[30]</a>&nbsp;</p>
<p>Libro de la noche, como <em>Ulises</em> lo era del d&iacute;a, que por su misma naturaleza requiere una conexi&oacute;n distinta, inventada, entre las palabras: su escritura nocturna reproduce los sue&ntilde;os de los personajes, como el mismo autor declar&oacute; en otra ocasi&oacute;n: &laquo;El sue&ntilde;o del viejo Finn, yaciendo muerto junto al r&iacute;o Liffey y observando la historia de Irlanda y del mundo, la pasada y la futura, fluyendo a trav&eacute;s de su mente como un pecio en el r&iacute;o de la vida&raquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn31">[31]</a>&nbsp;</p>
<p>Joyce utiliza la estructura del sue&ntilde;o porque esta ofrece una herramienta &oacute;ptima para la exploraci&oacute;n de la personalidad. Y, como el an&oacute;nimo narrador en tercera persona de la novela tradicional, el So&ntilde;ador es tambi&eacute;n omnisciente y el lector se integra en su sue&ntilde;o como lo har&iacute;a en cualquier narrativa, independientemente de quien sea el narrador externo. Aunque ha habido mucho debate entre los cr&iacute;ticos sobre qui&eacute;n o qui&eacute;nes son realmente los So&ntilde;adores y sobre si hay o no en alg&uacute;n momento un Despertar, lo que nos parece m&aacute;s cierto es que el Sue&ntilde;o es continuo desde el inicio al fin. Y en esa l&oacute;gica del sue&ntilde;o, la identidad de las personas se confunde y puede intercambiarse, las ideas o los recuerdos de un acontecimiento se transforman en s&iacute;mbolos con una gran capacidad de crear nuevas conexiones.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Clive Hart<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn32">[32]</a> distingue tres niveles o capas del Ciclo del Sue&ntilde;o: el primero es simplemente el sue&ntilde;o del So&ntilde;ador sobre todo lo que ocurre en el libro de principio a fin; el segundo es el sue&ntilde;o del So&ntilde;ador sobre las enso&ntilde;aciones de Earwicker, con el que el autor nos introduce en la mente del anciano, cambiando un mundo en apariencia objetivo &ndash;relativamente&ndash; por uno subjetivo enteramente, en el que se incluyen tambi&eacute;n los sue&ntilde;os de Shaun; y el tercero, el m&aacute;s profundo y doblemente subjetivo, es el sue&ntilde;o del So&ntilde;ador sobre el sue&ntilde;o del padre en relaci&oacute;n al sue&ntilde;o de Shaun. Y a pesar de que esta red de sue&ntilde;os podr&iacute;a extenderse infinitamente, parece que el prop&oacute;sito de Joyce era el de usar estas secuencias on&iacute;ricas como ilustraci&oacute;n de los tres ciclos de Vico, de los que hablaremos a continuaci&oacute;n.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">&nbsp;LOS GRANDES CICLOS</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">&laquo;by writing thithaways end to end and turning, turning and end to end hithaways writing and with lines of litters slittering up and louds of latters slettering down&raquo; (114.16)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1">Como mencion&aacute;bamos al principio, en <em>Finnegans Wake</em> se demuestra la posibilidad de una escritura infinita, tejida con un hilo circular interminable; &laquo;the endless sentence&raquo;, que dir&iacute;a Ezra Pound. El libro responde a una concepci&oacute;n esf&eacute;rica en la que cada uno de los elementos puede funcionar como el principio y el fin del conjunto.</p>
<p>Los Ciclos hist&oacute;ricos (basados en la obra de Giambattista Vico y de Giordano Bruno, y en los <em>Upanishads, </em>entre otros); <a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn33">[33]</a> las figuras del c&iacute;rculo y la cruz (que arquitraban las partes y los cap&iacute;tulos); el tejido primoroso de las correspondencias y contrapuntos; la armon&iacute;a sutil que, diseminados a lo largo del libro, producen los diversos <em>leitmotivs</em>; todos ellos son muestra de una pormenorizada labor de tejedur&iacute;a literaria, de composici&oacute;n. Aqu&iacute; nos detendremos a observar una de esas estructuras en particular, por ser quiz&aacute; la m&aacute;s evidente y efectiva: la de los Ciclos, cuyo primer ejemplo es la ilaci&oacute;n entre la frase inicial y final del libro que cit&aacute;bamos al comienzo de este ensayo. Clive Hart resume as&iacute; esta forma c&iacute;clica &ndash;&laquo;cycloannalism&raquo;&ndash; del libro:&nbsp;</p>
<p>De entre todos los patrones de <em>Finnegans Wake</em>, sin duda los m&aacute;s importantes son los que subyacen a los sistemas m&iacute;sticos del ciclo de crecimiento, descomposici&oacute;n y renacimiento (&hellip;) que Joyce ha usado para mantener el material de su libro en un constante estado de urgencia din&aacute;mica: ruedas que giran aceleradamente dentro de otras ruedas, al ritmo que gira el ciclo mayor de la totalidad, alrededor de un centro inespec&iacute;fico, desde la primera p&aacute;gina hasta la &uacute;ltima, y de vuelta de nuevo al principio.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn34">[34]</a></p>
<p>En FW, los tres grandes ciclos (libros I a III) culminan en el libro IV, cuyo &uacute;nico episodio es posiblemente el m&aacute;s interesante de la obra. Este libro &ndash;y todos los <em>ricorso</em> de los ciclos menores&ndash; representa, en relaci&oacute;n a los esquemas estructurales citados, el <em>eterno ahora</em> m&iacute;stico: la misteriosa simultaneidad de pasado, presente y futuro, observados <em>sub specie aeternitatis</em>. Un punto central que no gira y del que, sin embargo, emana cada movimiento circular. Todo el contenido del libro tiende hacia este punto eterno, atra&iacute;do por las fuerzas centr&iacute;petas de la muerte, la disoluci&oacute;n y el resurgimiento: &laquo;There's now with now's then in tense continuant&raquo; (598.28). En este sentido, como posible representaci&oacute;n del propio libro, el s&iacute;mbolo surgido de esta formalizaci&oacute;n &ndash;un universo circular con un centro atemporal&ndash; nos permite pensar en FW como un tipo muy especial de <em>mandala</em>, tal como se muestra, &laquo;gyrographically&raquo;, en la siguiente figura:&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Aunque aqu&iacute; no podemos analizar en detalle la complejidad de esta estructura de ciclos, hay un motivo recurrente en el libro, estrechamente relacionado con este, que s&iacute; nos parece muy interesante destacar: el del baile gir&oacute;vago que la propia escritura de Joyce practica e invita a practicar a sus lectores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>LA DANZA DE UN DERVICHE LITERARIO</strong></p>
<p align="center">&laquo;Belonging to the winders of the circuit of the circuits.<strong> </strong>One of that centripetal and centrifugal gang&raquo;</p>
<p align="center">&nbsp;Walt Whitman</p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>En el verano de 1924, James Joyce recibi&oacute; una carta de su hermano Stanislaus en la que este declaraba, tras haber le&iacute;do su &uacute;ltima obra: &laquo;Me niego a dejarme llevar rodando en la danza loca de un derviche literario<em>&raquo;</em>.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn35">[35]</a></p>
<p>Frase clave, luminaria. En efecto, leer &ndash;y escuchar&ndash; <em>Finnegans Wake</em> implica dejarse llevar por el baile circular de la rara locura joyceana; locura l&uacute;cida e ir&oacute;nica, locura sabia y pol&iacute;glota. Por esta raz&oacute;n, hay siempre dos reacciones muy contrapuestas ante la lectura de este libro. O bien uno se retira confundido, presa del mareo y del desvanecimiento &ndash;as&iacute; reaccionaron el hermano de Joyce<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn36">[36]</a> y los muchos detractores que tuvo y tiene esta obra&ndash;, como le pasar&iacute;a a un observador profano ante la ceremonia derviche del <em>dhikr</em>.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn37">[37]</a></p>
<p>O bien, como los participantes de la danza ext&aacute;tica de los mevlev&iacute;s, el lector se lanza al ruedo, a la rueda, y gira y gira, lentamente primero, como la hiedra alrededor de un roble; acelerando despu&eacute;s, como agua que se abisma por una roseta; y al fin con ritmo acompasado se abandona a su fluir, sin entender del todo,<em> toda ciencia trascendiendo</em>. Y estos son los lectores activos: &laquo;esos ideales lectores que sufren un insomnio ideal&raquo;<em> </em>que Joyce so&ntilde;aba para sus obras.</p>
<p>Es la lectura en espiral: baile gir&oacute;vago en las norias de un lenguaje sin ra&iacute;ces, de un esperanto roto; baile atorbellinado que mueve a sus iniciados hacia un estado de m&iacute;stica lucidez, hacia el v&oacute;rtice omnis&eacute;mico en el que nacen todas las palabras, hacia su primer nido larval.</p>
<p>El derviche que Stanislaus ve&iacute;a en el centro de <em>Finnegans Wake</em> era, ciertamente, un extra&ntilde;o disc&iacute;pulo de Rumi. En un sugerente <em>pearlagraph</em>, Joyce describe a su <em>alter ego</em> Shem the Penman como &laquo;Pain the Shamman&raquo; y las referencias suf&iacute;s abundan:&nbsp;</p>
<p>&laquo;(&hellip;) special sighs, longsufferings of longstandings, ahs ohs ous sis jas jos gias <strong>neys</strong> thaws sos yeses and yeses and yeses, to which, if one has the stomach to add the breakages, upheavals distortions, inversions of all this chambermade music one stands, given a grain of goodwill, a fair chance of actually seeing <strong>the whirling dervish</strong>, Tumult, son of Thunder, self exiled in upon his ego, a nightlong a shaking betwixtween white or reddr hawrors... writing the mystery of himsel in furniture&raquo;. (184.02)<strong><em>&nbsp;</em></strong></p>
<p>En este fragmento, entre el aparente espesor de las palabras, suenan los &laquo;neys<em>&raquo;</em> (flauta derviche) convocando a los lectores al trance; se produce la <em>inversi&oacute;n</em> de la m&uacute;sica de c&aacute;mara, mientras en el centro danza el &laquo;whirling dervish&raquo;, ebrio de m&uacute;sica<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn38">[38]</a>, enajenado, desterrado de s&iacute;, bien adentro y sobre s&iacute; mismo &ndash;&laquo;self exiled in upon his ego&raquo;&ndash;, balance&aacute;ndose, acerc&aacute;ndose a la abolici&oacute;n del ego: &laquo;the mystery of himsel&raquo;.&nbsp;</p>
<p>Algunos autores, en esta l&iacute;nea, han querido ver en la escritura de FW la expresi&oacute;n de un estado mental alterado. Carl Gustav Jung afirm&oacute; que su estilo era definitivamente esquizofr&eacute;nico, con la salvedad de que, mientras que la gran mayor&iacute;a de sus pacientes no pod&iacute;an evitar ese estado, en el caso de Joyce este era deliberadamente buscado y desarrollado con todas sus fuerzas. Fintan O'Toole, por su lado, nos acerca m&aacute;s al car&aacute;cter cham&aacute;nico de esta rara dimensi&oacute;n del escritor:&nbsp;</p>
<p>&laquo;Joyce se oblig&oacute; a s&iacute; mismo a entrar en un tipo de enajenaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica que para otros hubiera sido una locura aterradora. (&hellip;) Si queremos sugerir una analog&iacute;a religiosa, esta no es la del santo, sino la del cham&aacute;n, que tiene el valor de habitar el terreno oscuro m&aacute;s all&aacute; del mundo racional y de traer de vuelta los relatos de lo que all&iacute; ha visto&raquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn39">[39]</a>&nbsp;</p>
<p>Veamos, sin entrar a comentarlos en detalle, algunos ejemplos del <em>leitmotiv</em> del remolino que ofrecen una buena muestra de las distintas facetas que puede adoptar esta figura recursiva.</p>
<p>&ndash; Im&aacute;genes c&oacute;smicas de galaxias espirales, tornados y ciclos temporales:</p>
<p>&nbsp;<strong>&laquo;</strong>flowflakes, litters from aloft, like a waast wizzard all of <strong>whirl</strong><strong>worlds</strong>. Now are all tombed to the mound, isges to isges, erde from erde&raquo; (17.29)&nbsp;</p>
<p>&laquo;lugly <strong>whizzling</strong> tournedos&raquo; (416.34)</p>
<p>&nbsp;&laquo;a flash from a future of maybe mahamayability through the windr of a wondr in a <strong>wildr</strong> is a weltr as a wirbl of a warbl is a world&raquo; (597.29)&nbsp;</p>
<p>&laquo;multimirror megaron of returningties, <strong>whirled</strong> without end to end&raquo; (582.20)&nbsp;</p>
<p>&ndash; Relacionadas con la danza y la m&uacute;sica:&nbsp;</p>
<p>&laquo;With the tabarine tamtammers of the <strong>whirligigmagees</strong>&raquo; (27.20)&nbsp;</p>
<p>&laquo;Is it not the fact (&hellip;) that, while <strong>whistlewhirling</strong> your crazy elegies around Templetombmount joyntstone, (&hellip;) you squandered among underlings the overload of your extravagance (&hellip;)?&raquo; (192.34)&nbsp;</p>
<p>&ndash; Relacionada con la caligraf&iacute;a intrincada del <em>Libro de Kells</em>:&nbsp;</p>
<p>&laquo;the touching reminiscence of an incompletet trail or dropped final; a round thousand <strong>whirligig</strong> glorioles, prefaced by (alas!) now illegible airy plumeflights, all tiberiously ambiembellishing the initials majuscule of Earwicker&raquo; (119.15)&nbsp;</p>
<p>Vueltas, revueltas y torbellinos. Danzas espirales, ciclos y ciclones. Nunca leer se hab&iacute;a parecido tanto a lanzarse a un mar tempestuoso, a verse arrastrado por las l&iacute;quidas aspas del remolino, sabiendo que solo dej&aacute;ndose absorber por &eacute;l se hallar&aacute; la salida, como en el cl&aacute;sico <em>ma&euml;lstrom</em><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftn40">[40]</a> de Edgar Allan Poe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center"><strong>RICORSO</strong></p>
<p class="Prrafodelista1" align="center">&laquo;The Vico road goes round and round to meet where terms begin&raquo; (579.21)&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1">La forma final de este ensayo, parte de un <em>work in progress</em> m&aacute;s extenso, surge de un largo estudio sobre FW en el que, antes de que apareciera la versi&oacute;n de Zabaloy, se hicieron muchos experimentos de traducci&oacute;n de fragmentos, seleccionados despu&eacute;s de una primera lectura espinosa y de una relectura, igual de desafiante, pero mucho m&aacute;s amena. Y la experiencia mostr&oacute; que, como hemos visto, descifrar y traducir un fragmento de <em>Finnegans Wake</em> es siempre un complicado juego &ndash;colosal y laber&iacute;ntica rayuela&ndash; en el que cada palabra (a menudo cada s&iacute;laba e incluso letra) multiplica los sentidos de la frase de un modo exponencial, fractal.</p>
<p class="Prrafodelista1">Misterioso libro de Pandora: al abrirlo, de su agitado vientre surgen siempre cientos de serpientes sem&aacute;nticas, enjambres de significados, m&uacute;ltiples estratos de lenguaje. Intentar ex-plicar (desplegar) de d&oacute;nde procede una frase o hacia d&oacute;nde se dirige, es como querer describir todo un bosque estirando de una sola liana.&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1">As&iacute; que, aunque ya llegamos al final de este ensayo, todo parece indicar que, como los ciclos de Vico, el estudio de FW volver&aacute; a empezar una y otra vez para profundizar, disfrutar y recorrer mejor sus innumerables senderos. Abandonamos, pues, esta humilde <em>obra abierta</em> mostrando algunos &uacute;ltimos ejemplos de este importante <em>leitmotiv</em> del libro: lo mismo que retorna, lo nuevo resurgiendo de lo muerto:</p>
<p class="Prrafodelista1">&ndash;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &laquo;the same retourns&raquo; (18.05)</p>
<p class="Prrafodelista1">&ndash;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &laquo;moves in vicous cicles yet remews the same&raquo; (134.16)</p>
<p class="Prrafodelista1">&ndash;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &laquo;till shee that drawes dothe smoake retourne&raquo; (143.30)</p>
<p class="Prrafodelista1">&ndash;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &laquo;The seim anew. Ordovico or viricordo.&raquo; (215.23)</p>
<p class="Prrafodelista1">&ndash;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &laquo;The same renew&raquo; (226.17)</p>
<p class="Prrafodelista1">&ndash;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &laquo;The novo takin place&raquo; (292.20)</p>
<p class="Prrafodelista1">&ndash;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &laquo;The sehm asnuh&raquo; (620.15)</p>
<p class="Prrafodelista1">&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1"><em>Finnegans Wake</em> se levanta tras su ca&iacute;da, se recompone tras su descomposici&oacute;n, resucita tras su muerte y termina en 628.16 para luego volver a empezar:</p>
<p class="Prrafodelista1">&laquo;End here. Us then. Finn, again! Take. Bussoftlhee, mememormee! Till thousendsthee. Lps. The keys to. Given! A way a lone a last a loved a long the&raquo;</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center">RIVERRUN</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center">&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center">*****</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center"><strong>BIBLIOGRAF&Iacute;A</strong></p>
<p class="Prrafodelista1" align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Prrafodelista1">Joyce, James, <em>Finnegans Wake</em>, Faber &amp; Faber, Londres, 1975.</p>
<p>Joyce, James, <em>Finnegans Wake</em> (trad. de Marcelo Zabaloy), Buenos Aires, El cuenco de plata, 2016.</p>
<p>Beckett Samuel, et al.,&nbsp;<em>Our Exagmination Round His Factification for Incamination of Work in Progress</em>, Par&iacute;s,</p>
<p>Shakespeare and Company, 1929.</p>
<p>Bennstock, Bernard, <em>Joyce-again's Wake. An analysis of Finnegans Wake</em>, University of Washington Press, 1995.</p>
<p>Hart, Clive, <em>Structure and Motif in Finnegans Wake</em>, Faber and Faber, Londres, 1962.</p>
<p class="Prrafodelista1">Deleuze, Gilles y Guattari, F&eacute;lix, <em>Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia</em>, Valencia, Pre-Textos, 1988.</p>
<p>Eco, Umberto, <em>Las po&eacute;ticas de Joyce</em>. Barcelona, DeBolsillo, 2011.</p>
<p>Ellman, Richard,<em>&nbsp;</em><em>James Joyce. </em>Oxford University Press, 1983.</p>
<p>Glasheen, Adaline, <em>Third Census of Finnegans Wake</em>, Berkeley, University of California Press, 1977.</p>
<p>MacLuhan, Eric, <em>The Role of Thunder in Finnegans Wake</em>, Toronto, University of Toronto Press, 1997.</p>
<p>McHugh, Roland, <em>Annotations to Finnegans Wake</em>, Baltimore, John Hopkins University Press, 2006.</p>
<p>Fintan O'Toole, &laquo;Joyce: Heroic, Comic&raquo;, <em>The New York Review of Books</em>, New York, 25 de octubre de 2012.</p>
<p>Parrinder, Patrick, <em>James Joyce</em>, Cambridge University Press, 1984.</p>
<p>Pound, Ezra, <em>Literary Essays of Ezra Pound</em>, edici&oacute;n de T.S. Eliot, New York, New Directions, 1968.</p>
<p>R&iacute;os, Juli&aacute;n, <em>La vida sexual de las palabras</em>, Madrid, Mondadori, 1991.</p>
<p class="Prrafodelista1">&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1">&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1" align="center">&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1">&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1">&nbsp;</p>
<p class="Prrafodelista1">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref1">[1]</a> Usaremos a menudo la abreviaci&oacute;n del t&iacute;tulo FW por razones de econom&iacute;a de espacio.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref2">[2]</a> Otra manera de mostrar, en lugar de sobrexplicar, la idiosincrasia de esta obra va a ser, como es muy usual en toda la bibliograf&iacute;a sobre FW, ofrecer abundantes citas &ndash;palabras, sintagmas, pasajes&ndash; tomadas del propio libro, con la referencia al n&uacute;mero de p&aacute;gina y l&iacute;nea entre par&eacute;ntesis.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref3">[3]</a> <em>Captatio benevolentiae: </em>debido a la compleja naturaleza del texto analizado, este breve ensayo recurrir&aacute; a numerosas notas a pie de p&aacute;gina, referencias bibliogr&aacute;ficas y citas. Tambi&eacute;n incorpora, llevado por el mismo <em>&eacute;lan</em> de la obra comentada, algunos neologismos en castellano. Todas las traducciones de Joyce y de los autores citados son m&iacute;as, excepto cuando se indica lo contrario.</p>
</div>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref4">[4]</a> Umberto Eco, <em>Las po&eacute;ticas de Joyce</em>. Barcelona, DeBolsillo, 2011, p&aacute;g. 118.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref5">[5]</a> Umberto Eco, ibidem.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref6">[6]</a> Seg&uacute;n Joyce, la realidad no puede ser nunca clara y concisa; tiene que ser misteriosa, en el sentido medieval, lo cual le parec&iacute;a mucho m&aacute;s estimulante y rico que las pretensiones del clasicismo.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref7">[7]</a> La ausencia de ap&oacute;strofe detr&aacute;s de &laquo;Finnegan&raquo; indica que est&aacute; dirigido a un plural, los Finnegan, y que el &laquo;Wake&raquo; podr&iacute;a ser tambi&eacute;n un verbo imperativo: <em>&iexcl;Despierta!,</em> lo que algunos relacionan con una posible invitaci&oacute;n a la resurrecci&oacute;n de los Fianna (antiguos guerreros irlandeses, hijos del legendario Finn MacCool), pues se cre&iacute;a que estos nunca murieron del todo, sino que permanecieron dormidos en una cueva, esperando a ser despertados para redimir a Irlanda.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref8">[8]</a> En el caso de Tim motivada por el efecto del whisky que, precisamente, en ga&eacute;lico irland&eacute;s, &laquo;uisce beathadh&raquo;, significa Agua de Vida.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref9">[9]</a> Gilles Deleuze y F&eacute;lix Guattari, <em>Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia</em>, Valencia, Pre-Textos, 1988, p. 10.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref10">[10]</a> Para la descripci&oacute;n y localizaci&oacute;n de las distintas personificaciones: Adaline Glasheen, <em>Third Census of Finnegans Wake</em>, Berkeley, University of California Press, 1977.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref11">[11]</a> Patrick Parrinder <em>James Joyce</em>, Cambridge University Press, 1984, p&aacute;g. 205.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref12">[12]</a> Bernard Bennstock, <em>Joyce-again's Wake. An analysis of Finnegans Wake</em>, University of Washington Press, 1995, p.115.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref13">[13]</a> Samuel Beckett et al.,&nbsp;<em>Our Exagmination Round His Factification for Incamination of Work in Progress</em>, Par&iacute;s, Shakespeare and Company, 1929, pp. 9-10.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref14">[14]</a> Todas las siguientes citas son de Ezra Pound, <em>Literary Essays of Ezra Pound</em>, edici&oacute;n de T.S. Eliot, New York, New Directions, 1968, p&aacute;g. 25.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref15">[15]</a> Para hacernos una idea, se considera que Shakespeare cre&oacute; unas 1700 palabras nuevas.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref16">[16]</a> Umberto Eco, op. cit. p&aacute;g. 145.</p>
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<p>&nbsp;17 Juli&aacute;n R&iacute;os, <em>La vida sexual de las palabras</em>, Madrid, Mondadori, 1991, p&aacute;g. 152.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref18">[18]</a> Adaline Glashine, op. cit. p&aacute;g. xviii.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref19">[19]</a> Ezra Pound, ibidem.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref20">[20]</a> Samuel Beckett et al.,&nbsp;op. cit., p&aacute;g. 89.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref21">[21]</a> Adaline Glashine, ibidem.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref22">[22]</a> Ezra Pound, ibidem.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref23">[23]</a> Para este tipo de an&aacute;lisis pormenorizados utilizamos: Roland McHugh, <em>Annotations to Finnegans Wake</em>, Baltimore, John Hopkins University Press, 2006.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref24">[24]</a> En franc&eacute;s, &laquo;nu&eacute;e&raquo; es nube, y eso lo relacionar&iacute;a, adem&aacute;s, con Issy, la hermana menor, a quien se llama a menudo &laquo;Nuvoletta&raquo; (157.08 y 17, 159.05 y 06).</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref25">[25]</a> Otra reverberaci&oacute;n de este &laquo;prural and plausible&raquo; es, muy posiblemente, la propia Anna Livia Plurabelle: dadora de vida, multiplicadora de sentidos y latencias.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref26">[26]</a> Las traducciones entre [corchetes] indican que hay coincidencia entre mi versi&oacute;n y la de Marcelo Zabaloy en <em>Finnegans Wake</em>, Buenos Aires, El cuenco de plata, 2016. Todas las dem&aacute;s traducciones son m&iacute;as.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref27">[27]</a> El m&uacute;sico John Cage compuso una obra con el t&iacute;tulo de <em>Roaratorio, an Irish Circus on Finnegans Wake </em>(2002), en la que superpone su voz recitante con ruidos, sonidos y fragmentos musicales extra&iacute;dos de FW.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref28">[28]</a> Eric MacLuhan, <em>The Role of Thunder in Finnegans Wake</em>, Toronto, University of Toronto Press, 1997.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref29">[29]</a> Umberto Eco, op. cit., p&aacute;g. 124.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref30">[30]</a> Ambas citas aparecen en: Richard Ellman,<em>&nbsp;</em><em>James Joyce. </em>Oxford University Press, 1983, p&aacute;g. 546.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref31">[31]</a> Clive Hart, <em>Structure and Motif in Finnegans Wake</em>, Faber and Faber, Londres, 1962, p&aacute;g. 81.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref32">[32]</a> Clive Hart, op. cit. pp. 85 - 88.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref33">[33]</a> De Vico, Joyce tom&oacute; la concepci&oacute;n recogida en <em>La Scienza Nuova </em>(1725), seg&uacute;n la cual la historia avanza en amplias espirales de desarrollo social y cultural; y cada ciclo hist&oacute;rico completo consiste en una sucesi&oacute;n de tres grandes Edades: la Divina, la Heroica y la Humana, seguidas de una breve cuarta Edad &ndash;<em>ricorso</em>&ndash; que finaliza ese ciclo y preludia el nuevo.</p>
<p>De Bruno tom&oacute; sobre todo la noci&oacute;n de <em>coincidentia oppositorum</em>, la identidad de los contrarios. Hab&iacute;a le&iacute;do <em>De l'infinito universo e mondi </em>(1584), e hizo suya la idea de la infinitud de mundos.</p>
<p>Tambi&eacute;n se han reconocido como referentes para estos modelos c&iacute;clicos, la obra teos&oacute;fica H. P. Blavatsky <em>Isis Unveiled</em>; el texto <em>A Vision</em>, de W. B. Yeats, as&iacute; como el poema &laquo;<em>The Mental Traveller&raquo;</em> de William Blake.</p>
</div>
<div>
<p>33 Clive Hart. Op. cit, p. 45. En la Tabla de la p&aacute;gina 48 y en las p&aacute;ginas 57-62, el autor resume la correspondencia entre los ciclos viconianos y las distintas partes de FW.</p>
<p>[34] Clive Hart, op. cit, pp. 76-77.&nbsp;</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref35">[35]</a> Richard Elllman, op. cit. p&aacute;g. 577.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref36">[36]</a> En un pasaje de la novela tambi&eacute;n aparece: &laquo;you&rsquo;re too dada for me to dance&raquo; (65.17).</p>
</div>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref37">[37]</a> La danza de los derviches gir&oacute;vagos, practicada durante m&aacute;s de siete siglos, es parte de una ceremonia musulmana llamada <em>dhikr</em>, cuyo fin es glorificar a Dios y buscar la perfecci&oacute;n espiritual. La practican los derviches Mawlawi, una orden fundada por el poeta y m&iacute;stico persa Jalal ad-Din Rumi en el siglo XIII. Los danzantes se sientan en c&iacute;rculo escuchando m&uacute;sica. Luego, levant&aacute;ndose lentamente, se mueven para saludar al <em>shaykh</em>, o maestro, y se quitan el abrigo negro para emerger con camisas blancas. Mantienen su propio lugar con respecto a los dem&aacute;s y comienzan a girar r&iacute;tmicamente. Echan la cabeza hacia atr&aacute;s y levantan las palmas de sus manos derechas, manteniendo la mano izquierda hacia abajo, un s&iacute;mbolo de dar y recibir. El ritmo se acelera y giran cada vez m&aacute;s r&aacute;pido. De esta manera entran en trance en un intento de perder sus identidades personales y alcanzar la uni&oacute;n m&iacute;stica.<em></em></p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref38">[38]</a> En una carta de 1931, Stanislaus se pregunta, rechazando FW: &laquo;What is the meaning of that rout of drunken words?&raquo;.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref39">[39]</a> Fintan O'Toole, &laquo;Joyce: Heroic, Comic&raquo;, <em>The New York Review of Books</em>, New York, 25 de octubre de 2012.&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/TEXTO%20DE%20CHRISTIAN%20T.%20ARJONA%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202025.doc#_ftnref40">[40]</a> Hallamos varias recreaciones de este nombre en FW, como &laquo;mudstorm&raquo; (86.20); &laquo;malestream&raquo; (547.32).</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Fri, 09 May 2025 10:52:18 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Javier Salvago: “soy muy poco mitómano”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/javier-salvago-soy-muy-poco-mitomano/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/JAVIER_SALVAGO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Tengo para m&iacute; que si alguna vez Javier Salvago le hubiera preguntado al Loco de la Colina (Jes&uacute;s Quintero) si, en alg&uacute;n instante de su vida, le habr&iacute;a gustado ser Javier Salvago, el Loco le hubiera dicho que s&iacute;. Y seguramente el primer sorprendido de una respuesta como esa hubiese sido el propio Salvago, porque inmediatamente se habr&iacute;a preguntado qu&eacute; tendr&iacute;a &eacute;l de envidiable para que un personaje famoso, poderoso, rico y admirado como El Loco quisiera transmutarse por un momento en una persona casi an&oacute;nima, huidiza, sin ning&uacute;n poder medi&aacute;tico y medio derrotado por la vida. Mi intuici&oacute;n (o mi osada fantas&iacute;a) me dice que al Loco no le hubiera importado nada despojarse de todo lo que ten&iacute;a para, por unas horas, unos d&iacute;as o unas semanas, tener uno de los dones que m&aacute;s apreciaba: el de la poes&iacute;a. Ser poeta, escribir textos conmovedores, llenar con la magia de la tinta el blanco cielo del papel, saber hacer, en fin, lo que Salvago sab&iacute;a hacer con maestr&iacute;a inigualable. Eso, sigo con mi fantas&iacute;a, al Loco de la Colina le hubiera encantado, por la sencilla raz&oacute;n de que, muy por encima de la fama, del postureo, del mucho dinero o de la esplendente popularidad, lo que m&aacute;s estimaba El Loco era la gracia que las Musas solo regalan a unos pocos mortales: los artistas, los poetas. Y aunque El Loco, a su manera, tambi&eacute;n era un artista, un artista de profundos silencios, de intensas miradas y de preguntas lac&oacute;nicas, en el fondo carec&iacute;a de la capacidad de moldear un discurso propio con su mano de nieve, cosa en la que s&iacute; era competente el poeta Javier Salvago escribi&eacute;ndole sus reflexiones para los diferentes programas de radio y de televisi&oacute;n en los que trabaj&oacute;, siempre a la sombra, como guionista durante m&aacute;s de treinta a&ntilde;os. Ahora algunas de esas reflexiones que El Loco le&iacute;a en sus programas acaban de ver la luz en una peque&ntilde;a editorial, Los papeles del sitio (Sevilla), justo con el preciso t&iacute;tulo de <em>Mis reflexiones de El Loco</em>, firmadas naturalmente por Salvago, que fue quien las escribi&oacute; para que El Loco las hiciera suyas y su millonaria audiencia las creyera como salidas de su mag&iacute;n. Es verdad que esas reflexiones cuadraban muy bien con el personaje encarnado por Jes&uacute;s Quintero, pero no menos cierto es que si Salvago las escribi&oacute; fue porque tambi&eacute;n muchas de ellas se amoldaban a su propia filosof&iacute;a de vida, la de un descre&iacute;do de las grandes palabras (Justicia, Paz, Igualdad, etc.) o la de un so&ntilde;ador de sue&ntilde;os imposibles.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Recuerdo a Jes&uacute;s Quintero, el Loco de la Colina, con agradecimiento, admiraci&oacute;n y cari&ntilde;o&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Por qu&eacute; otro libro sobre El Loco de la Colina, si ya hablaste mucho (y no en t&eacute;rminos muy halag&uuml;e&ntilde;os) de &eacute;l en <em>El Purgatorio</em>, segundo tomo de tus memorias?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Bueno, este no es exactamente un libro sobre el Loco, es solo una peque&ntilde;a muestra de parte del trabajo que durante m&aacute;s de treinta a&ntilde;os desarroll&eacute; como guionista de radio y televisi&oacute;n, especialmente junto a Jes&uacute;s Quintero, el Loco de la Colina. Pero te aseguro que no tengo ning&uacute;n inter&eacute;s en seguir hablando del Loco. Lo que pasa es que me llaman periodistas m&aacute;s o menos conocidos o amigos, como t&uacute;, pidi&eacute;ndome entrevistas, y me cuesta decir no. Tampoco quiero que se piense, si me niego, que es porque odio a Quintero o algo por el estilo. Nada m&aacute;s lejos. Lo recuerdo con agradecimiento, admiraci&oacute;n y cari&ntilde;o. Pero, desde 2013, fecha en la que hicimos los &uacute;ltimos programas, yo estoy en otra historia, mi historia, dedicado a m&iacute; y a escribir mis libros. Que, desde entonces, he publicado trece, sin contar los que he publicado &uacute;ltimamente en Amazon.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;No entiendo esa necesidad de mitificar a gentes que son iguales que todos los dem&aacute;s&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Precisamente en esas memorias dec&iacute;as que no sentiste mucha simpat&iacute;a por &eacute;l. &iquest;Por qu&eacute;?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-No es que no sintiera simpat&iacute;a por &eacute;l, sino que no siempre estaba de acuerdo con el personaje. Esas memorias est&aacute;n escritas en caliente y con cierta mala leche, lo reconozco. Es normal que haya roces en treinta a&ntilde;os de estrecha colaboraci&oacute;n, digamos art&iacute;stica, cuando no siempre se tiene la misma visi&oacute;n de las cosas ni la misma mentalidad. Hab&iacute;a cosas de Quintero que no me gustaban y seguramente tambi&eacute;n habr&iacute;a cosas m&iacute;as que no le gustaran a &eacute;l. Quiz&aacute; tendr&iacute;a que haber sido m&aacute;s comedido en mis opiniones personales. Pero como estoy acostumbrado a decir pestes de m&iacute; mismo no le doy demasiada importancia a decir inconveniencias de los dem&aacute;s. Adem&aacute;s yo, por naturaleza, soy muy poco mit&oacute;mano. No entiendo esa necesidad de mitificar a gentes que son iguales que todos los dem&aacute;s, solo que tienen un talento especial para hacer algo, pero que ni son dioses ni lo saben ni lo pueden todo. Son gente, limitada en muchos aspectos, que necesita a la gente, como todos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Escribir diariamente por obligaci&oacute;n me dio m&uacute;sculo literario&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Ahora, en <em>Mis reflexiones de El Loco</em>, apuntas a que nunca te has avenido a escribir por obligaci&oacute;n, como cuando escrib&iacute;as los guiones de los programas de Jes&uacute;s Quintero, porque afirmas que los textos de esos guiones no los consideras realmente tuyos, pero, sin embargo, lo son, son parte de ti. &iquest;No consideras que haber escrito por obligaci&oacute;n ha sido un mecanismo literario para descubrir cosas de ti mismo que de otra manera no habr&iacute;as descubierto?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Escribir diariamente por obligaci&oacute;n -que, en principio, lleg&oacute; a anularme como poeta y como escritor, estuve once a&ntilde;os sin escribir para mi y sin publicar un solo libro m&iacute;o- me dio algo muy importante que descubr&iacute; cuando dej&eacute; de escribir por obligaci&oacute;n: m&uacute;sculo literario. Yo no habr&iacute;a escrito todos los libros que he escrito despu&eacute;s -cuatro libros de relatos, tres de aforismos, tres novelas, etc.- si no hubiera sido por el ejercicio casi gimn&aacute;stico de escribir por obligaci&oacute;n durante tantos a&ntilde;os. Eso me ha desarrollado los m&uacute;sculos de escritor. Yo antes me cansaba solo de pensar en escribir una novela, y ahora me la puedo escribir en un par de meses.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Quintero ten&iacute;a la vanidad necesaria para ser quien era y para hacer lo que hac&iacute;a, que no todos pod&iacute;an ni pueden hacerlo&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Tan vanidoso era Quintero como para afirmar que lo que escrib&iacute;as para &eacute;l eran todos textos de autobombo, de ensalzamiento de su personaje?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-No todos los textos eran de autobombo, como se puede comprobar en este librito, ni siquiera la mayor&iacute;a de ellos. Quintero era vanidoso como cualquier artista y con toda la raz&oacute;n porque lo que hac&iacute;a ten&iacute;a mucho &eacute;xito. Adem&aacute;s era Leo, rey sol. Cuando hablo de autobombo no es algo exclusivo de Quintero ni de sus programas. Todos los programas y todos los presentadores se elogian a s&iacute; mismos de alg&uacute;n modo. Eso se llama venderse y vender el producto. M&aacute;s que vanidad, es marketing. Tambi&eacute;n lo hacen los escritores y todos los que venden algo. Pero, vamos, Quintero ten&iacute;a la vanidad necesaria para ser quien era y para hacer lo que hac&iacute;a, que no todos pod&iacute;an ni pueden hacerlo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-De rareza calificas tu libro. &iquest;Qu&eacute; tiene de raro?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Hombre, de raro tiene que es trabajo, que no nace de una necesidad m&iacute;a de expresar algo, sino de la obligaci&oacute;n de llenar unos folios para cumplir con un trabajo. Esto puede sonar despectivo quiz&aacute;. Pero esos folios no son basura, son trabajo, pero trabajo bien hecho en el que hay mucho de m&iacute; mismo y mucha autenticidad, mucha verdad. Aunque la verdad no siempre sea la m&iacute;a, sino la del personaje que habla. Yo no s&eacute; trabajar ni escribir de otra manera, sino de la mejor manera. Y estas son reflexiones del Loco escritas por m&iacute;, como si fuera el Loco, y aport&aacute;ndole al personaje mi visi&oacute;n y mi experiencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Utop&iacute;a hoy es poder comprarse un piso o llegar a fin de mes&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;De verdad crees que estas reflexiones tuyas dichas por El Loco ten&iacute;an m&aacute;s sentido hace treinta a&ntilde;os que si fuesen dichas ahora, porque grandes palabras como Revoluci&oacute;n, Utop&iacute;a, Libertad, Justicia, Democracia, Paz o Solidaridad significaban otra cosa que lo que significan ahora?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Est&aacute; claro que todas esas palabras o no significan hoy nada o significan cualquier cosa. Yo he visto spots publicitarios en los que se llamaba revoluci&oacute;n a cualquier majader&iacute;a moderna. Utop&iacute;a hoy es poder comprarse un piso o llegar a fin de mes. Y ya hemos visto la destrucci&oacute;n de pa&iacute;ses bajo las bombas en nombre de la libertad y la democracia. De la justicia, mejor no hablar, ni de la divina ni de la humana. La apropiaci&oacute;n indebida de esas palabras por gente que representa todo lo contrario de libertad, justicia o democracia, es una de las aberraciones de estos tiempos. La manipulaci&oacute;n o prostituci&oacute;n del lenguaje est&aacute; matando las palabras y lo que significan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;El Loco aceptaba tus textos y guiones sin ponerles nunca ning&uacute;n reparo? Si fue as&iacute;, &iquest;es que intuiste desde el principio c&oacute;mo era el personaje y que supiste hacer que dijera lo que t&uacute; quer&iacute;as que dijera?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-El Loco aceptaba mis textos porque le gustaba mi manera de escribir y lo que dec&iacute;an, los sent&iacute;a muy pr&oacute;ximos, como propios. Pero unos textos le gustaban m&aacute;s y otros menos, como es normal. Antes de trabajar con &eacute;l, yo apenas hab&iacute;a escuchado el programa. Comenc&eacute; a escucharlo cuando Quintero me dijo que escribiera para &eacute;l, y la verdad es que lo que escuchaba me parec&iacute;a por lo general demasiado excesivo para mi gusto, muy remontado, muy ret&oacute;rico, muy efectista y muy cursi incluso. No era mi estilo y aunque sab&iacute;a que deb&iacute;a adaptarme al personaje, porque ese era mi trabajo, sab&iacute;a que si no consegu&iacute;a llevarlo un poco a mi terreno me iba a sentir muy inc&oacute;modo. Y fui quit&aacute;ndole palabrer&iacute;a, d&aacute;ndole sentido a su locura, baj&aacute;ndolo de las nubes y haciendo que pisara tierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Las ingenuidades de hoy no por ser m&aacute;s c&iacute;nicas son menos ingenuas&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-En algunas de las reflexiones incluidas en el libro parece que escribes una gu&iacute;a de vida a modo de consejos trillados, de esos que vienen en los libros de autoayuda, como cuando dices: &laquo;Quiero vivir como si no tuviera nada que perder, como si cada d&iacute;a fuera el &uacute;ltimo&raquo;. Parece un consejo un poco naif, &iquest;no?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Bueno, puede que est&eacute; trillado ahora. Pero ese texto es de 1984 cuando no creo que hubiera demasiados libros de autoayuda conocidos. A lo mejor muchos de los gur&uacute;s que dicen eso ahora se inspiraron en el Loco, qui&eacute;n sabe. Muchos de estos textos tienen cuarenta a&ntilde;os, como digo. Eran otros tiempos y otras nuestras ingenuidades, aunque las ingenuidades de hoy no por ser m&aacute;s c&iacute;nicas son menos ingenuas. Y claro que eran reflexiones para animar a los que las escuchaban y para que las entendieran a la primera. Piensa que estaban dirigidas a millones de personas, que era la audiencia normal de los programas de Quintero, no a una veintena de intelectuales. Aunque he de decir que los intelectuales andaban locos por que los entrevistara el Loco. Y no solo los intelectuales. Que te llevara el Loco a su programa era todo un privilegio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-En otras reflexiones, por ejemplo, las dedicadas a Mayakovski, reivindicas el derecho a la locura, a no sentar cabeza. &iquest;Eso era revolucionario o simple provocaci&oacute;n para que la gente dejara de ser conformista?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Esa reflexi&oacute;n no me cost&oacute; nada escribirla porque en realidad la escribi&oacute; Mayakovski. Yo lo &uacute;nico que hago es citarla tal cual con una m&iacute;nima entradilla. El loco era el Loco y, por mucho que yo intentara bajarlo de las nubes, su naturaleza era la locura. Deb&iacute;a reivindicar la locura y el derecho a estar locos en un mundo horrible de cuerdos horribles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Y por qu&eacute; tantas referencias a autores tan dispares como Nietzsche, Dostoievski, Eugenio Sue, Goethe, Allen Ginsberg, B&eacute;cquer, etc.? &iquest;Te ped&iacute;a El Loco que amoldaras sus opiniones a sus ideas?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-No, el Loco no me ped&iacute;a nada. Era yo el que recurr&iacute;a a ellos para facilitarme mi trabajo. Si me faltaba inspiraci&oacute;n glosaba una frase de alguno de estos autores y ya ten&iacute;a una reflexi&oacute;n. M&aacute;s o menos como creo que dec&iacute;a Gonz&aacute;lez-Ruano cuando escrib&iacute;a un art&iacute;culo sobre un texto ajeno: &ldquo;y ahora a firmar y a cobrar&rdquo;. Pero, en mi caso, esas citas ajenas estaban perfectamente seleccionadas para poder decir, a trav&eacute;s de ellas, lo que quer&iacute;a y deb&iacute;a decir el Loco.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Con el Loco de la Colina me hice trabajador, obrero de la escritura&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Con El Loco te hiciste mayor o El Loco te hizo mayor?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Con el Loco me hice trabajador, obrero de la escritura. Yo, hasta entonces, solo hab&iacute;a escrito poemas y alg&uacute;n art&iacute;culo de prensa. No ten&iacute;a trabajo ni encontraba una manera digna de tenerlo puesto que en el 68, cuando termin&eacute; el bachillerato, en lugar de estudiar una carrera, me hice hippie. Lo &uacute;nico que quer&iacute;a era ser escritor y cre&iacute;a que la carrera de escritor se estudiaba viviendo a tope y a fondo y leyendo mucho. As&iacute; que, cuando me lleg&oacute; la hora de tener que trabajar, ten&iacute;a pocas armas para defenderme en el mundo laboral. Una de las cosas que le agradecer&eacute; siempre a Quintero es que me ofreciera un trabajo que se adaptaba a m&iacute;, puesto que se trataba principalmente de escribir, que se acab&oacute; convirtiendo en mi medio de vida y que me permiti&oacute; vivir en un ambiente envidiable, para muchos, y ganar un buen sueldo. Porque aunque empec&eacute; ganando mil pesetas por folio, que tampoco era poco en aquellos tiempos, cuando llegamos a la televisi&oacute;n ten&iacute;a sueldo de yuppie.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-De Schopenhauer se dec&iacute;a que era el fil&oacute;sofo m&aacute;s pesimista de la historia de la filosof&iacute;a, pero yo he le&iacute;do todos tus libros de poemas y de aforismos, y la conclusi&oacute;n que saco es que se podr&iacute;a decir de ti que eres el poeta y el aforista m&aacute;s pesimista de la historia. &iquest;Tan poca esperanza de mejora tienes en el ser humano?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Yo no me considero pesimista. La realidad es mucho peor de lo que yo pueda imaginar o temer. Vosotros los vitalistas y optimistas no lo veis porque est&aacute;is ciegos, os dej&aacute;is engatusar con fines de semana, fiestas, vacaciones, aguinaldos y los mil espejismos de la felicidad. Pero yo solo me dejo engatusar por los gatos, que no me mienten.</p>
<p><strong>&ldquo;Las aspiraciones, como los sue&ntilde;os, sue&ntilde;os son&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-El Loco le dec&iacute;a a sus oyentes: &laquo;No envidiar a nadie. No temer a nadie. Contar con alguien a quien poder llamar amigo. Trabajar poco y en lo que te gusta. Descubrir cada d&iacute;a cosas nuevas en las cosas de siempre. Sacarle jugo a lo que hay. No esperar lo que no existe. No tener nunca que mentir a nadie y mucho menos a uno mismo&raquo;. &iquest;Cumpl&iacute;a &eacute;l esos consejos?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Nadie cumple esos consejos. Todos envidiamos, tememos, esperamos de lo que no existe, mentimos a los dem&aacute;s y a nosotros mismos. M&aacute;s que consejos son aspiraciones. Y las aspiraciones, como los sue&ntilde;os, sue&ntilde;os son.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-En otro de tus m&aacute;s recientes libros, <em>Aqu&iacute; nac&iacute;, este es mi pueblo</em>, confiesas que, pese a haberos relacionado durante muchos a&ntilde;os y muchas horas, nunca os considerasteis amigos. Entonces &iquest;qu&eacute; er&aacute;is, conocidos, saludados?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Ten&iacute;amos una cordial y amistosa relaci&oacute;n y hasta hab&iacute;a un cierto cari&ntilde;o. A m&iacute; me dol&iacute;a lo malo que le pasaba y me consta que a &eacute;l lo mismo. Lo que sucede es que creo que no debes ser amigo de alguien que te paga y con el que trabajas diariamente porque entonces no hay frontera entre el trabajo y la amistad y todo se convierte en trabajo. Si yo estaba en una fiesta con Quintero estaba trabajando porque se nos ocurr&iacute;an cosas que ten&iacute;an que ver con el trabajo, habl&aacute;bamos del trabajo, lo mir&aacute;bamos todo como materia de trabajo, etc. Y eso no es sano. Hay que desconectar. As&iacute; que &eacute;ramos amigos, pero cada uno en su casa y Dios en la de todos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La soledad es mi estado natural&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-El final de una de tus reflexiones dice: &laquo;La soledad es la princesa de la noche, la inevitable compa&ntilde;&iacute;a de los insomnes y los noct&aacute;mbulos&raquo;. Es una bella frase, sin duda, pero &iquest;con <em>esa princesa de la noche</em> te refer&iacute;as al Loco o a ti mismo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Yo me he llevado siempre mucho mejor con la soledad que Quintero. Al Loco no le gustaba la soledad, no quer&iacute;a ni sab&iacute;a estar solo. Yo s&iacute;, la soledad es mi estado natural.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;El Loco se cre&iacute;a un profeta, un consejero a&uacute;lico para miles de oyentes, una divinidad radiof&oacute;nica y televisiva, un cham&aacute;n, una criatura con poderes sobrehumanos o solo era un simple locutor?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-El Loco era todo eso para millones de oyentes y de espectadores. Lo que no fue nunca es un simple locutor. El Loco no era un locutor, era ante todo y sobre todo un artista. Vino a hacer arte con la radio y la televisi&oacute;n. Y creo que lo logr&oacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El &uacute;nico trabajo que de verdad valoraba el Loco de la Colina era el arte&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Qu&eacute; crees que hubiera respondido El Loco a la pregunta que &eacute;l mismo le hizo una vez a sus oyentes: &laquo;&iquest;Crees, como Cicer&oacute;n, que el trabajo nos endurece contra el dolor?&raquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Bueno, a &eacute;l el trabajo lo salvaba de muchas cosas, entre otras de la soledad, de la que hemos hablado. &Eacute;l era muy trabajador, pero trabajando en lo suyo, en lo que le interesaba. En eso no ten&iacute;a descanso, siempre estaba trabajando, buscando cosas nuevas para sus programas. El &uacute;nico trabajo que de verdad valoraba era el arte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Y no te parece que algunas de sus alocuciones ten&iacute;an algo de homil&iacute;as, de sermones laicos?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Pues s&iacute;, pero algunas de esas homil&iacute;as eran precisamente las que m&aacute;s le llegaban a la gente. A veces necesitamos que nos sermoneen para despertarnos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;A qu&eacute; se refer&iacute;a cuando dijo que para &eacute;l la revoluci&oacute;n era mucho m&aacute;s que un cambio de sistema pol&iacute;tico, que lo que &eacute;l deseaba era un cambio total?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Eso s&iacute; que es una utop&iacute;a, la utop&iacute;a total.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Trabajar en los medios me ha inmunizado contra la propaganda y la manipulaci&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Qu&eacute; le agradecer&iacute;as a Jes&uacute;s Quintero si tuvieras que agradecerle algo, aparte de haberte dado trabajo durante treinta a&ntilde;os?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>.Aparte de un atractivo trabajo durante m&aacute;s de treinta a&ntilde;os que me ha dado m&uacute;sculo literario para escribir m&aacute;s y mejor, me ha dado la oportunidad de ver a gente supuestamente grande o importante que de cerca ni son tan grandes ni importan demasiado. Nadie es m&aacute;s que nadie, unos hacen bien unas cosas y otros otras, la diferencia es puro marketing. Trabajar en los medios me ha inmunizado contra la propaganda y la manipulaci&oacute;n, las huelo a kil&oacute;metros, y me ha hecho ver lo cutre que suele ser la fama. La fama, como he dicho en alg&uacute;n lado, es un criadero de monstruos. Si alguna vez dese&eacute; ser famoso, mi trabajo me cur&oacute; de cualquier tentaci&oacute;n de serlo. No dir&eacute; que antes muerto que famoso, pero casi.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Hay que ser muy bobo, por mucha fama, poder o dinero que consigas, para creerte un triunfador&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-No s&eacute; si piensas que tu larga trayectoria con &eacute;l fue un &eacute;xito o un fracaso (personal o profesional), pero lo cierto es que a ti siempre te ha atra&iacute;do mucho m&aacute;s la senda del perdedor que la del triunfador. &iquest;Tienes una propensi&oacute;n natural por el malditismo o maldita la gracia que te hace el triunfalismo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-He tenido un buen trabajo, lo he hecho lo mejor que s&eacute; y hasta estoy considerado dentro de la profesi&oacute;n, as&iacute; que de fracaso nada. Lo que pasa es que yo, aunque he trabajado durante treinta a&ntilde;os como guionista, nunca me he sentido guionista. Quiz&aacute; porque antes que guionista siempre he sido poeta y dejar de ser poeta para ser otra cosa puede que sea un buen negocio en cuesti&oacute;n de dinero, pero nada m&aacute;s. En cuanto a lo del &eacute;xito, ya he dicho en alg&uacute;n aforismo que el &eacute;xito -como la felicidad, seg&uacute;n S&eacute;neca- es no necesitarlo. Y triunfalismo, el m&iacute;nimo. &iquest;C&oacute;mo un pesimista como yo, seg&uacute;n mi fama, va a confiar en el triunfo cuando sabe que ning&uacute;n triunfo, por grande que parezca, nos podr&aacute; salvar del inevitable fracaso final? La vida misma es un fracaso, siempre acaba mal. As&iacute; que todos, a la postre, somos perdedores. Y s&iacute;, maldita la gracia que me hacen los triunfadores, porque hay que ser muy bobo, por mucha fama, poder o dinero que consigas, para creerte un triunfador. Triunfador &iquest;de qu&eacute;?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Si tuvieras que escribir un epitafio para El Loco de la Colina, qu&eacute; escribir&iacute;as.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Suponiendo que, est&eacute; donde est&eacute;, seguir&aacute; pensando en su programa y en tener a los m&aacute;s ilustres entrevistados, m&aacute;s que epitafio, yo pondr&iacute;a: Buenas noches, aqu&iacute; el Loco. Te hablo desde una colina del Ed&eacute;n de las estrellas. &nbsp;Esta noche tenemos con nosotros a Dios padre, &nbsp;y seguidamente conseguir&eacute; entrevistar por fin a Fidel Castro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Fidel Castro era el personaje fetiche que todas las temporadas aparec&iacute;a el primero en las listas de grandes invitados, y que nunca consigui&oacute; entrevistar&hellip; en la tierra. En la gloria no sabemos si lo habr&aacute; conseguido).&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>Javier Salvago, <em>Mis reflexiones de</em> El Loco, Sevilla, Editorial Los Papeles del Sitio, 2024.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 09 May 2025 08:15:08 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una hija salvaje del sur]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-hija-salvaje-del-sur/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/FERNANDO_NAVARRO_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Fernando Navarro (Granada, 1980), que maneja la narrativa audiovisual por su condici&oacute;n de guionista en diferentes proyectos, ha conseguido generar una expectaci&oacute;n como hac&iacute;a mucho no se ve&iacute;a en la literatura espa&ntilde;ola con la llegada de este t&iacute;tulo, <em>Cris&aacute;lida</em>, editada por Impedimenta, su primera novela, que llega despu&eacute;s del &eacute;xito arrollador de su volumen de cuentos, <em>Malaventura</em> (Impedimenta, 2022) y su participaci&oacute;n como guionista en <em>Segundo premio</em>, largometraje sobre la banda granadina Los Planetas y que consigui&oacute; ser propuesta a los Oscar para mejor pel&iacute;cula extranjera despu&eacute;s de llevarse el Goya a la mejor pel&iacute;cula espa&ntilde;ola del a&ntilde;o 2024.&nbsp;</p>
<p><em>Cris&aacute;lida</em> es una historia que conjuga dos espacios literarios: el descenso a la locura de una familia que se interna en la sierra para vivir alejada de la civilizaci&oacute;n y las consecuencias que tiene esa huida en la protagonista, uno de los v&aacute;stagos, desde su despertar y estancia en lo que parece un pabell&oacute;n de reposo. La novela suena a sello Gong, a las leyendas del tiempo y del espacio, a una vieja noche y un nuevo d&iacute;a.&nbsp;</p>
<p><em>Cris&aacute;lida</em> es una historia de lluvia y barro, de ni&ntilde;os encendidos por la fiebre que abandonan la infancia en un salvajismo de gusanos grises y yerbas t&oacute;xicas mientras Granada, siempre Granada&nbsp; (ciudad innombrable) aparece en la lejan&iacute;a, fr&iacute;a y atemporal, una Granada de sierra y nieve, dominada por la se&ntilde;ora de las alturas y las sustancias, carbono, hidr&oacute;geno y ox&iacute;geno. Destiladas o fermentadas, hasta que las semillas, abordadas por el agua pura de la nieve, germinan en sangre y delirio: &ldquo;El agua en sus cabellos, esas aguas son aguas que vienen de ni&ntilde;os como nosotros, ni&ntilde;os de la niebla, perdidos y muertos, desangrados ah&iacute; arriba&rdquo;. La idea de la tradici&oacute;n espa&ntilde;ola, del norte gallego al sur andaluz, de las canciones de Golpes Bajos a las de Los Planetas.&nbsp;</p>
<p>Se&ntilde;ora de las alturas, Se&ntilde;or Mostaza, Till podr&iacute;a ser ella, la pobre Till que pisaba charcos mientras hu&iacute;a de los fantasmas. Esos cuerpos y esa sangre de los muertos, los que le dan al agua el color rojo de la sangre y convierten la sierra en un lugar que parece m&aacute;s selva que bosque. En Granada el calor y la nieve conviven, como la electricidad y el flamenco, la modernidad t&oacute;xica y la tradici&oacute;n opaca. Bater&iacute;as de vidrio y percusi&oacute;n de Semana Santa. El sabor a cuero de las estatuas, diazepam y duermevela, padre y madre, Lole y Manuel, Enrique y la mujer de Morente. Elegir estos nombres no es balad&iacute; para la rese&ntilde;a, est&aacute;n ah&iacute;, tras las palabras, en el hueco estrecho que hay entre cada frase.</p>
<p>Fernando Navarro, que ven&iacute;a del polvo y los suelos &aacute;ridos del sur, sin cascadas de agua, de silencios secos en la garganta, de otro sur donde la lluvia es un mito, se adentra en el horror de la civilizaci&oacute;n ausente, de la disfuncionalidad familiar. Para alimentar el terror utiliza los muslos del romancero y las pistolas de los guardias civiles, monstruosos son los elementos ar&aacute;cnidos, mucosos, una excreci&oacute;n que surge entre dimensiones, ah&iacute; donde confundimos sierra con sanatorio, u&ntilde;as largas para poder dejar marcas en el suelo que, con la luz de la ma&ntilde;ana, han desaparecido, u&ntilde;as afiladas para recorrer la madera ahogada de humedad y acercarse hasta el catre, u&ntilde;as y huesos, de tu&eacute;tano demente. Un padre, Capit&aacute;n, que se lanza hacia el abismo de la miel (como un caballo, en los pulmones) y la escopeta, met&aacute;fora de p&oacute;lvora y locura.&nbsp;</p>
<p><em>Malaventura</em> su sobresaliente libro de relatos, era un cuerpo recorrido por la calima del estrecho, penetrado hasta sus hambrientos &oacute;rganos, mientras que <em>Cris&aacute;lida</em> peca del misterio resuelto en<em> El peque&ntilde;o salvaje</em> (L'Enfant sauvage, 1970) de Fran&ccedil;ois Truffaut o la herencia de El se&ntilde;or de las moscas, antes, claro, de caer en <em>El juego de los ni&ntilde;os</em> de Juan Jos&eacute; Plans o&nbsp;<em>Los chicos del ma&iacute;z</em> de Stephen King. Claramente hablamos de lenguaje literario y audiovisual, yendo de un lado a otro, en <em>Cris&aacute;lida</em> hay espacio para la &eacute;tica innata o naturalismo desbocado y convive con el Jack Ketchum y su familia desdentada y falta de vitamina C, como si los vaivenes en tierra trajeran escorbuto y un tripi malo. Cris&aacute;lida es Gualberto de &aacute;cido, whisky malo y Lole cantando una seguidilla de benzodiacepinas y <em>rohypnol. </em>Todos los horrores tienen ramificaciones, del pasado al presente, confundi&eacute;ndose las se&ntilde;ales: incesto subliminal, instintos, un carnaval de muerte que va acercando conforme la familia reduce su radio social, la muerte, s&iacute;, otra vez, insisto, la muerte que sigue al amor, la madre es dolor y la madre es muerte, as&iacute; que la si la madre sigue al amor, el padre sigue la locura. Y los hijos son un aullido de los dos.&nbsp; Nadie puede escapar con vida porque ya est&aacute;n todos muertos. O porque el &uacute;nico tiempo para vivir ya se lo han ofrecido. Comenzar el libro con la muerte. Y por el camino, como vetas en la narraci&oacute;n, los pinchazos de la voz que narra, atenazada, en la cl&iacute;nica, sanatorio, prisi&oacute;n o psiqui&aacute;trico. De pronto es una novela-manicomio, <em>El pabell&oacute;n de reposo</em> de Camilo Jos&eacute; Cela, <em>Razas de noche</em> de Clive Barker o <em>La saga del oso m&iacute;stico</em> de Chris Claremont y Bill Sienkiewicz. Integramos al enfermo en el edificio. Se convierte en un fantasma, las ruinas son los restos, &iquest;Qui&eacute;n observa y qui&eacute;n es el observado? Fernando Navarro juega con la estructura circular del tiempo, con la cinta de Moebius, comienzo frente a final. &iquest;Somos nosotros, los lectores o los enfermos, los que observan o los observados? Ella es la se&ntilde;ora de las alturas, otra vez, volvemos a Los Planetas, m&aacute;s bien los Evangelistas o, m&aacute;s recientemente, David Monta&ntilde;&eacute;s. Es un libro notable, que se queda atrapado en su desarrollo acumulativo, que desemboca en una violencia narrativa que enmudece, que ser&iacute;a sobresaliente si no vini&eacute;ramos de <em>Malaventura</em>. Quiz&aacute; el sabor de un cuento espl&eacute;ndido estirado a base de coleccionar capas y capas sobre la digesti&oacute;n que caracteriza a los personajes. Enso&ntilde;aciones, estadios subjetivos&hellip; Fernando Navarro crea un estado de sierra que acumula frustraci&oacute;n y demencia. Un libro abierto, sugerente, esquivo. Un libro que marca un punto y seguido en la obra de Fernando Navarro.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fernando Navarro, Cris&aacute;lida, &nbsp;Madrid, Editorial Impedimenta, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 02 May 2025 10:27:14 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poeta de la gente]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/poeta-de-la-gente/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/PABLO_GARC_A_CASADO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Los poemas en prosa de Pablo Garc&iacute;a Casado (C&oacute;rdoba, 1972) son parte del canon de la literatura espa&ntilde;ola. De la poes&iacute;a contempor&aacute;nea, en realidad. Es la generaci&oacute;n DVD, el cat&aacute;logo de la editorial de Sergio Gaspar, que hace que cualquier libro que encuentres con su sello en una librer&iacute;a de lance sea, con toda seguridad, una compra necesaria, puesto que en ella se encontraban Manuel Vilas, por supuesto, pero tambi&eacute;n Miriam Reyes, Jes&uacute;s Jim&eacute;nez, Roger Wolfe o Mart&iacute;n L&oacute;pez-Vega. Y Pablo Garc&iacute;a-Casado. Con <em>Las afueras</em>, de 1997, y <em>Dinero</em>, de 2001, marc&oacute; un antes y un despu&eacute;s en la l&iacute;rica espa&ntilde;ola.&nbsp;</p>
<p>Despu&eacute;s de unos a&ntilde;os de una producci&oacute;n m&aacute;s calmada, vuelve a la poes&iacute;a con <em>Cada uno es mucha gente</em>, Premio Ciudad de Burgos 2025, editado por Visor. Los poemas de Pablo Garc&iacute;a-Casado son elementos de una narrativa l&iacute;rica de la vida, p&iacute;ldoras de urbanismo infinito y l&iacute;rico extrarradio, de madurez po&eacute;tica, de mujeres y hombres, poemas de padre y de marido, trufados de una lluvia com&uacute;n que nos empapa y sorprende. &iquest;Qu&eacute; diferencia hay entre el cuento corto y el extracto l&iacute;rico en los poemas de este libro? El instante, el &aacute;mbar que atrapa: &ldquo;Le dije gracias, fue lo &uacute;nico que le dije y que se lo devolver&iacute;a&rdquo;. Mujeres que son madres, esposas e hijas: en ADN, con m&uacute;sica de Lou Reed de fondo, <em>Sweet Jane</em>, por ejemplo, capturan las generaciones y nos ofrecen un espacio para crecer al que volvemos una y otra vez. &ldquo;Sabemos que es lo m&aacute;s conveniente, que es un error aferrarse a las cosas. Porque son solo eso, cosas. Que nuestra vida, como &eacute;l dice, est&aacute; ya en otra parte&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Todo el futuro es belleza, el &uacute;nico momento en el que la envidia se convierte en felicidad. Quiz&aacute; no sea envidia, quiz&aacute;, m&aacute;s bien, es admiraci&oacute;n, la sensaci&oacute;n entre la f&iacute;sica y la &eacute;tica, complement&aacute;ndose. Protecci&oacute;n suprema: &ldquo;Yo ser&eacute; tu castillo, yo, tu &uacute;nica centinela, armada de apiretal&rdquo;. El &uacute;nico amor es el de las v&iacute;sceras, los recuerdos pueden venderse, en la basura los besos m&aacute;s sinceros&hellip; la primera parte del libro, <em>Mujeres</em> encuentra incluso el espacio para el muro de Facebook de un muerto, el silencio como agon&iacute;a. El poema <em>Baltimore</em> tiene: &ldquo;Piensas en beb&eacute;s gateando en el pasillo&rdquo; y el poema <em>Mujeres</em>, donde todo est&aacute; contenido, la vida, la ruptura, el derrumbe, padre y madre, segundas partes y dinero termina de este modo: &ldquo;Le dije gracias, fue lo &uacute;nico que dije. Y que se lo devolver&iacute;a&rdquo;. Magn&iacute;fico.&nbsp;</p>
<p>La segunda parte tiene como t&iacute;tulo <em>Hombres</em>. Poemas como <em>Equipo</em> donde el nosotros es una palabra t&eacute;cnica, la paz es una siesta y los objetivos siempre son a largo plazo. Fuera de lugar, en un orden distinto, la familia se enfrenta a la realidad. Todo queda en el camino, el recuerdo de las papelinas y las frentes desesperadas. Pablo Garc&iacute;a-Casado habla de su generaci&oacute;n y de los que aprendimos ley&eacute;ndoles, puesto que no somos parte de ella, ella forma parte de nosotros: &ldquo;Pero una parte de ti pisar&iacute;a a fondo&rdquo;. Un punto vital, el empate, el descuento, que te salva en el descuento, antes de sacar a Alexanco de delantero centro. Pienso en Pier Paolo Pasolini y sus medias y su cigarrillo y, claro, en Saturnino Arr&uacute;a. Pienso, sobre todo en Albis, Ricardo Ra&uacute;l Albisbeascoechea Pertica, oriundo centrocampista del M&aacute;laga CF. El poema <em>Casa</em>, una eleg&iacute;a para proteger al ca&iacute;do, un hilo para escapar del laberinto. Como siempre, ese cierre en el texto, el verso, la frase, el momento en el que poema explota: &ldquo;En casa me espera Marisa para ba&ntilde;ar al beb&eacute;&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Hablamos de Manuel Vilas al principio, su poema <em>Mujeres</em>, aparecido en su libro <em>Resurrecci&oacute;n </em>(Visor, 2005), emparentado con el poema <em>Invisible</em>, las cajeras con las cut&iacute;culas destrozadas del &aacute;cido y del amon&iacute;aco, las parafarmacias, la pizza del viernes como una fiesta, el tel&eacute;fono m&oacute;vil, el aburrimiento. M&aacute;s adelante, el 303 que nos convierte en h&eacute;roes: &ldquo;Solo el sonido hidr&aacute;ulico del cami&oacute;n de la basura&rdquo;. Pablo Garc&iacute;a Casado disfruta del rock y del f&uacute;tbol: del alop&eacute;cico <em>Creep</em> de Radiohead en las revistas musicales en papel, &iquest;qu&eacute; nos ofreces, funcionario de provincias? Te preguntas: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; pas&oacute;, qu&eacute; ha sido de nosotros, qui&eacute;nes somos que no nos reconocemos&rdquo;. No es una comparaci&oacute;n, pero el Tato Abad&iacute;a acab&oacute; en el Compostela y Ruggeri, &ldquo;El cabez&oacute;n&rdquo;, invitaba a pavo por Navidad a Diego Armando Maradona cuando estaba en Logro&ntilde;o. Gente: &ldquo;Que hablaban de Luis Aragon&eacute;s como si fuera el profeta Isa&iacute;as&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Los campos, los quesos, la exmujer, sal&iacute;an en los cromos, solo hab&iacute;a dos extranjeros por equipo, mi amigo Juan Luis Salda&ntilde;a, poeta y futbolista, y el recuerdo de Maradona saliendo al campo del Sevilla mientras sonaba <em>Mi enfermedad</em> de Andr&eacute;s Calamaro. &iquest;Pablo, lo escuchaste? No estabas muy lejos, cerca, en C&oacute;rdoba seguro que se notaba el temblor: &ldquo;Te lanzas a los pies del contrario con la honradez de un soldado del Vietcong&rdquo;. La tos socialdem&oacute;crata: &ldquo;La hija cansada y gris&rdquo; y cuando &eacute;l se va, se queda la enfermedad, porque es un concepto: &ldquo;Comienzan los picores. Justo aqu&iacute;, detr&aacute;s del paladar&rdquo;. Un d&iacute;a menos, un d&iacute;a m&aacute;s, el port&aacute;til, bajar la tapa del port&aacute;til. En los seiscientos kil&oacute;metros que nos separan del poema <em>Lobo</em> uno encuentra el recuerdo de un ciclista, del cromo de Arteche, m&aacute;s estampita que colecci&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>En <em>Genoma,</em> tercera parte del libro, encontramos poemas directos, m&aacute;s cortos, una especie de sorpresa donde la gen&eacute;tica se erige a la vez como misi&oacute;n y como raz&oacute;n de vida: &ldquo;Enamorado, aunque el cansancio me haya vuelto m&aacute;s distante. As&iacute;, en estado de oxidaci&oacute;n&rdquo;. Una rese&ntilde;a como esta, que tiene algo de carta, que escapa de lo acad&eacute;mico, me lo pide la emoci&oacute;n y la admiraci&oacute;n por el poeta, capaz de enhebrar palabras como estas para hablar de su v&aacute;stago: &ldquo;No poner sobre tus hombros mis expectativas. No una versi&oacute;n corregida y aumentada&rdquo; o del ma&ntilde;ana, cuando todos coincidimos en el mismo mensaje, recibido o por recibir: &ldquo;Ll&eacute;vate los libros, hay ropa tuya en el trastero, tengo unas s&aacute;banas para ti&rdquo;. Una mutaci&oacute;n de Jos&eacute; Agust&iacute;n Goytisolo.&nbsp;</p>
<p>La &uacute;ltima parte del libro, <em>Mucha gente</em>, es una carta de amor a la presi&oacute;n de los neum&aacute;ticos, al despertarse a las cinco de la ma&ntilde;ana para buscar a tu hija que vuelve de juerga, al minuto 89 de un partido. Hac&iacute;a calor en agosto, ahora a todos los que nacimos en los setenta nos duele la espalda, es, como escribe en <em>Balada de Santa Rosa</em>, &ldquo;Un dolor de hipoteca a treinta a&ntilde;os&rdquo;. El poeta y el padre duerme con un cuchillo bajo la almohada. Y es capaz de escribir un poema majestuoso como &ldquo;Eleg&iacute;a contempor&aacute;nea para Roc&iacute;o Jurado&rdquo;. Roc&iacute;o de amor y leucemia, caminando por la playa, con Quintero, Le&oacute;n y Quiroga, y Manuel Alejandro y Bambino, con una copita o dos de m&aacute;s, en la noche profunda de una camisa de lino negra empapada de sudor: &ldquo;Tu voz en el cuerpo de las camareras que te rezan, te cantan, desde las seis de la ma&ntilde;ana. &iquest;De d&oacute;nde vendr&aacute;n estas mujeres tan temprano?&rdquo;. Leo y paladeo, casi saboreo: &ldquo;&iquest;Desde qu&eacute; hora el r&iacute;mel caliente, la pintura en los labios, sombra en los ojos, desde qu&eacute; hora?&rdquo;. Mugre de vertederos e insectos, de v&iacute;deo VHS, la frase: &ldquo;Manolo, ponme un White Label que tengo prisa&rdquo;. Un poema de vinilos y algas, turbio. El poeta que vive conmigo es un extra&ntilde;o. Solo aparece cuando sopla la bohemia o toca dialogar con los fantasmas. Germ&aacute;n Coppini y Jean Luc Godard. El poeta siempre busca un cuerpo m&aacute;s joven sobre el que hacer el trasvase: &ldquo;Aquel que tenga la vida por delante&rdquo;, serio, sin teatros, solo, disfrutando.&nbsp; UBER Y KFC (yo que tomo <em>Lorazepan</em> y busco el amor como quien busca una emisora en la FM) para el poeta de los hombres lobos, el poeta adulto, que colecciona horrendas placas cer&aacute;micas de los lugares donde recita, hace sus bolos, botellas de vino, facturas a noventa d&iacute;as, el poeta, Pablo Garc&iacute;a-Casado, que ofrece su poes&iacute;a a unos ojos y unos cuerpos que tienen m&aacute;s cansancio que euforia: &ldquo;Ojal&aacute; alg&uacute;n d&iacute;a en un futuro lejano, el azar de otros ojos lo reclame, ojos limpios, j&oacute;venes, ojos que nunca llegar&eacute; a conocer&rdquo;. Uno de nuestros grandes poetas contempor&aacute;neos en uno de sus libros m&aacute;s notables.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pablo Garc&iacute;a Casado, <em>Cada uno es mucha gente</em>, Madrid, Visor, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 02 May 2025 10:02:54 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Miguel Albero: “no consigo dejar de escribir”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/miguel-albero-no-consigo-dejar-de-escribir/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/MIGUEL_ALBERO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Miguel Albero es poeta, novelista, cuentista y ensayista, es decir, una suerte de hombre orquesta, un escritor que toca todos los palos o todos los g&eacute;neros literarios, y adem&aacute;s con finura, porque tiene buen o&iacute;do para la m&uacute;sica de las letras. Y no solo eso: tambi&eacute;n es bibli&oacute;filo, que no bibli&oacute;mano, porque como dec&iacute;a Paul Lacroix &ldquo;la biblioman&iacute;a m&aacute;s elevada y la m&aacute;s ilustre no est&aacute; exenta de man&iacute;a, y en cada man&iacute;a se percibe un ente de locura&rdquo;, y Albero no est&aacute; loco, sino que colecciona libros para leerlos, que es lo propio de cualquier bibli&oacute;filo, porque como tambi&eacute;n dec&iacute;a otro franc&eacute;s, Charles Nodier, los bibli&oacute;filos son hombres dotados de cierto ingenio y gusto, que gozan con las obras fruto del talento, la imaginaci&oacute;n y el sentimiento, que es para lo que al fin y al cabo est&aacute;n hechos los libros: no para atesorarlos como piezas de colecci&oacute;n por el mero af&aacute;n de tenerlas, sino para disfrutar con su lectura. Y Albero ha le&iacute;do mucho, mucho, cosa que se nota sin duda alguna en su <em>Diccionario provisional de p&eacute;rdidas</em>, que no es simplemente un diccionario en el que&nbsp; da cabida a un sinf&iacute;n de <em>voces</em> que directa o indirectamente est&aacute;n relacionadas con las p&eacute;rdidas, sino que tambi&eacute;n contiene un fastuoso repertorio de citas, de fragmentos y de referencias literarias de toda clase de autores (poetas, fil&oacute;sofos, novelistas, historiadores <em>i tutti quanti</em> letraherido) que han dejado una reflexi&oacute;n aguda o un juicio inteligente para la posteridad y que Albero, con su habitual pericia para encontrar puentes de uni&oacute;n entre unos y otros, ha sido capaz de encajarlas en cada una de las entradas que arman su ameno y curioso diccionario. Porque curioso es que algunas de esas entradas sean, por ejemplo, &lsquo;spleen&rsquo;, &lsquo;ayer&rsquo;, &lsquo;acrasia&rsquo;, &lsquo;nunca&rsquo;, &lsquo;pero&rsquo;, &lsquo;tampoco&rsquo;, que casi nadie imaginar&iacute;a que suponen alguna clase de p&eacute;rdida, pero que sin duda lo son, como el lector que se adentre en sus p&aacute;ginas podr&aacute; comprobar fehacientemente guiado por la persuasiva prosa del autor madrile&ntilde;o afincado en Washington, donde actualmente ejerce su profesi&oacute;n de diplom&aacute;tico.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>-En la biosemblanza de tu <em>Diccionario provisional de p&eacute;rdidas</em>, se dice que has publicado ya demasiados libros. &iquest;Para qu&eacute; entonces este nuevo libro?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Borges dec&iacute;a que publicar un libro es la &uacute;nica manera de librarse de &eacute;l, y as&iacute; nombras a quien te estorba envi&aacute;ndolo a alg&uacute;n consulado pal&uacute;dico para librarte de &eacute;l, alej&aacute;ndolo, y el autor se libra de la obsesi&oacute;n que todo libro supone public&aacute;ndolo. En este caso siendo adem&aacute;s un diccionario provisional, o lo publicas o por mor de la provisionalidad se te van a seguir ocurriendo p&eacute;rdidas cada d&iacute;a. Pero en lo que a m&iacute; respecta, creo que la pregunta atinada es por qu&eacute; sigo escribiendo, no tanto publicando. Lo cuento en un poema de un libro in&eacute;dito (otro m&aacute;s), titulado <em>No consigo</em>, una suerte de reverso del<em> Me Acuerdo </em>de Perec. Aqu&iacute; van las dos primeras estrofas:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">OCUPA TU TIEMPO LIBRE EN OTRA COSA</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>NO CONSIGO dejar de escribir,</p>
<p>Grafoman&iacute;a es una forma de llamarlo,</p>
<p>Logorrea escrita y publicada,</p>
<p>Me levanto y pienso en escribir,</p>
<p>Me acuesto y sigo pensando en escribir,</p>
<p>Y entremedias escribo, en el aeropuerto,</p>
<p>En un taxi, en la sala de espera del dentista.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>NO CONSIGO dejar de escribir,</p>
<p>Y lo cierto es que los hechos debieran disuadirme,</p>
<p>Si no de escribir s&iacute; de publicar al menos,</p>
<p>Porque los lectores brillan hermosos por su ausencia,</p>
<p>Y como mientras tanto t&uacute; no paras de escribir&nbsp;</p>
<p>Ya tienes orgulloso m&aacute;s libros que lectores,&nbsp;</p>
<p>Ya incluso atesoras, siempre orgulloso,</p>
<p>M&aacute;s premios que lectores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;En fin, no hay m&aacute;s preguntas, se&ntilde;or&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Este es un diccionario que se lee y no se consulta&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-A nadie se le ocurrir&iacute;a leer un Diccionario de pe a pa, y t&uacute; mismo en la introducci&oacute;n&nbsp; ofreces una serie de sugerencias para su lectura, pero &iquest;cu&aacute;l es la mejor, o la que t&uacute;, si no fueses su autor, preferir&iacute;as?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-En el pr&oacute;logo sugiero que los diccionarios se consultan, no se leen, pero este es un diccionario que se lee y no se consulta.&nbsp; Y de las l&iacute;neas de lectura que propongo a m&iacute; me gusta esa que llamo marcarse un Rayuela, esto es, no hacer una lectura lineal del diccionario, sino abrir al azar una p&aacute;gina y luego ir de entrada en entrada por las referencias a otras que en cada una hay, y as&iacute;, el &lsquo;spleen&rsquo; te lleva travieso al &lsquo;desencanto&rsquo;, y de ah&iacute; vas derecho al &lsquo;desenga&ntilde;o&rsquo; y as&iacute; transitas de p&eacute;rdida en p&eacute;rdida con fluidez e ignorancia, como hablo yo alg&uacute;n idioma que otro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-En alguna parte de tu libro afirmas que no se puede perder lo que no se ha pose&iacute;do, pero &iquest;no crees que tambi&eacute;n perdemos lo que no tenemos, y que tal cosa es quiz&aacute;s la mayor p&eacute;rdida de todas?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Todo poema, con el tiempo, es una eleg&iacute;a&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Por darle la vuelta a tu argumento, no es tanto que perdemos lo que no tenemos como que lo que tenemos es lo que perdemos, o mejor dicho, lo que hemos perdido. Pero lo dice, c&oacute;mo no, mucho mejor Borges que yo, en ese poema magn&iacute;fico que se llama &ldquo;Posesi&oacute;n del ayer&rdquo;, siendo &lsquo;ayer&rsquo;, (<em>p&eacute;rdida del presente</em>), otra entrada de mi diccionario:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;S&eacute; que he perdido tantas cosas que no podr&iacute;a contarlas y que esas perdiciones, ahora, son lo que es m&iacute;o. S&eacute; que he perdido el amarillo y el negro y pienso en esos imposibles colores como no piensan los que ven. Mi padre ha muerto y est&aacute; siempre a mi lado. Cuando quiero escandir versos de Swinburne, lo hago, me dicen, con su voz. S&oacute;lo el que ha muerto es nuestro, s&oacute;lo es nuestro lo que perdimos. Ili&oacute;n fue, pero Ili&oacute;n perdura en el hex&aacute;metro que la pla&ntilde;e. Israel fue cuando era una antigua nostalgia. Todo poema, con el tiempo, es una eleg&iacute;a. Nuestras son las mujeres que nos dejaron, ya no sujeto a la v&iacute;spera, que es zozobra, y a las alarmas y terrores de la esperanza. No hay otros para&iacute;sos que los para&iacute;sos perdidos&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Tambi&eacute;n dices que perder algo casi siempre causa dolor. &iquest;C&oacute;mo explicas entonces que algunas p&eacute;rdidas sean, sin embargo, un alivio?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-En mi definici&oacute;n, la p&eacute;rdida debe ser siempre involuntaria e incluir un <em>patere</em>, en efecto, un dolor, un menoscabo. Si hay alivio no hay p&eacute;rdida, como puede suceder por ejemplo en la &lsquo;ausencia&rsquo; <em>(p&eacute;rdida de la presencia</em>). La ausencia&nbsp; es una de las p&eacute;rdidas m&aacute;s dolorosas que puedes sufrir, cuando lo es de un ser querido. Pero si tu pareja es lamentable y se marcha a comprar tabaco y no regresa nunca, como canta el Boss en lo que parece un microrrelato de Carver: &ldquo;Got a wife and kids in Baltimore Jack, I went out for a ride and I never came back&rdquo;, entonces en efecto hay alivio pero no p&eacute;rdida, porque la ausencia no te procura menoscabo, m&aacute;s bien liberaci&oacute;n, dicha, otra vez alivio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-En otro lugar afirmas categ&oacute;rico que tu diccionario no es un instrumento para revertir ni mitigar el conjunto de p&eacute;rdidas que pueblan invasivas nuestro triste existir, o sea, que no es un libro de autoayuda ni un vadem&eacute;cum, sino un diccionario literario. Pero, &iquest;la literatura no es, a su modo, un remedio, una autodefensa, un instrumento de evasi&oacute;n, incluso de consuelo, frente al prosaico mundo real?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Advierto que es un diccionario literario y no m&eacute;dico, para que no acuda a &eacute;l ingenuo quien sufre &lsquo;alopecia&rsquo; <em>(p&eacute;rdida del pelo)</em> pensando que va a encontrar en esa entrada remedios para las suyas, para su mal, curas milagrosas o descuentos para implantes capilares con visita guiada a Santa Sof&iacute;a, porque se decepcionar&aacute;, a&ntilde;adiendo m&aacute;s descontento si cabe al que ya le procura dadivosa la propia calvicie. Y s&iacute;, la literatura es una forma de esquivar la realidad, es incluso una forma de realidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;En general la p&eacute;rdida genera mejor literatura que la ganancia&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Es mejor cantar lo que se pierde, como dec&iacute;a Machado, que cantar y contar lo que se gana?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Sin duda, a nadie le interesa lo que ganas, m&aacute;s bien disfr&uacute;talo pero no me lo cuentes, no lo cantes tampoco. Adem&aacute;s, es tras la p&eacute;rdida cuando lo quieres verbalizar, hay m&aacute;s poemas de &lsquo;desamor&rsquo;, otra entrada del diccionario, o de &lsquo;desenga&ntilde;o&rsquo;, una m&aacute;s, que de amor. El desamor impregna pastoso toda la poes&iacute;a y desde luego por entero ese mundo empalagoso de la canci&oacute;n ligera, porque al que ama y es correspondido ya le basta con eso. Claro, si eres Luis Miguel Domingu&iacute;n y acabas de acostarte con Ava Gardner, igual en efecto sales corriendo para contarlo, a ti puede interesarte contarlo, a m&iacute; escucharlo menos. Pero en general la p&eacute;rdida genera mejor literatura que la ganancia, as&iacute; el fracaso que el &eacute;xito, desde el inicio de la novela con el Quijote, el protagonista tiene que ser un perdedor para que nos interese, los pr&iacute;ncipes victoriosos se quedan para la literatura medieval o las pel&iacute;culas de Marvel.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Realmente es la p&eacute;rdida de la voluntad la mayor de las p&eacute;rdidas, tal como llegas a afirmar en tu libro?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para m&iacute; s&iacute;. El &lsquo;abandono&rsquo; (<em>p&eacute;rdida de la voluntad</em>) es p&eacute;rdida severa, casi irreversible, porque sin voluntad te vienen luego p&eacute;rdidas en racimo, nada puedes hacer porque careces de voluntad para afrontarlo. Y es que en la vida, m&aacute;s importante que el talento, desde luego que la suerte, es la voluntad. Otra cosa es la &lsquo;acrasia&rsquo; (<em>p&eacute;rdida del buen juicio</em>) que implica una p&eacute;rdida temporal de la voluntad, el buen juicio se ve alterado por otras cosas y cedes por ejemplo a la tentaci&oacute;n. As&iacute;, Eva cedi&oacute; y termin&oacute; comi&eacute;ndose la manzana, en la que es la madre de todas las p&eacute;rdidas, la fundacional, la &lsquo;ca&iacute;da&rsquo; (<em>p&eacute;rdida del Para&iacute;so</em>). Pero aunque no recuperes el Para&iacute;so (en verdad nunca lo tuviste, es el invento para no asumir la idea de un creador chapucero), en la acrasia la voluntad s&iacute; puedes recuperarla, en el abandono no.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-En la voz &lsquo;adicci&oacute;n&rsquo;, dices que significa p&eacute;rdida del control en el consumo de algo. &iquest;Ser&iacute;a entonces un adicto el bibli&oacute;filo y, por tanto, un descontrolado?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Sin duda, la bibliofilia es casi siempre biblioman&iacute;a, es decir, es una patolog&iacute;a como otra cualquiera. Yo la padezco y a veces a mi pesar, he pasado de comprar libros que sab&iacute;a que iba a leer a comprar libros que igual no le&iacute;a y he terminado comprando libros que s&eacute; que no voy a leer. Y todo esto sin control, poni&eacute;ndome l&iacute;mites que luego incumplo, como Samuel Peppys, que dec&iacute;a que la biblioteca de un caballero no tiene que tener m&aacute;s de 3000 libros y luego libro que entra libro que tiene que salir. Pero &eacute;l no hac&iacute;a caso a su propia regla, tambi&eacute;n trataba de controlar su dipsoman&iacute;a diciendo no antes de las seis no m&aacute;s de seis, esta vez para los gintonics, pero a veces el l&iacute;mite ejerc&iacute;a de acicate, vaya, son las ocho y solo me he tomado dos, esto hay que arreglarlo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Esa idea de que el sufrimiento nos hace mejores personas es una de las mayores falacias&rdquo;</strong><strong></strong></p>
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<p>-San Agust&iacute;n afirmaba que es malo sufrir, pero bueno haber sufrido. &iquest;No piensas, como &eacute;l, que las p&eacute;rdidas nos humanizan, y que en puridad no todas son malas?</p>
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<p>-Sufrir no sirve para nada, esa idea de que el sufrimiento nos hace mejores personas es una de las mayores falacias. Lo dec&iacute;a Leopoldo Mar&iacute;a Panero, en una pel&iacute;cula en la que particip&eacute; hace ya tantos a&ntilde;os,&nbsp; desde el muy pinturero manicomio de Mondrag&oacute;n: &ldquo;yo cre&iacute;a que los locos iban a ser buenos porque han sufrido mucho, pero precisamente porque han sufrido son los mayores hijos de puta&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-En la voz &lsquo;asimilaci&oacute;n&rsquo;, declaras que es sin&oacute;nimo de Integraci&oacute;n (en otra cultura), con un car&aacute;cter positivo. &iquest;De verdad? &iquest;No has le&iacute;do a Arcadi Espada? &iquest;La integraci&oacute;n, sensu estricto, no es m&aacute;s bien un modo de sumisi&oacute;n, y sobre todo el modo en que los que te acogen te siguen viendo no como a uno m&aacute;s de los suyos, sino como lo que eres, el charnego docilizado?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No, m&aacute;s bien digo que &lsquo;asimilaci&oacute;n&rsquo; (<em>p&eacute;rdida de la identidad por abrazar la del entorno)</em>, es algo chungo, literalmente <em>&nbsp;tiene un tufillo feo y rancio, suena a p&eacute;rdida y no gustosa, suena a obligaci</em><em>&oacute;</em><em>n, suena a imposici&oacute;n, tiene como ellas ese final agudo y asertivo, o te asimilas o te vas, vienen a decirte, asimilaci&oacute;n o rechazo, conversi</em><em>&oacute;</em><em>n o expulsi</em><em>&oacute;n. </em>&nbsp;Integraci&oacute;n es la versi&oacute;n positiva, y suena m&aacute;s bien a voluntad tuya, te integras, asimilaci&oacute;n es la versi&oacute;n en efecto chunga. Salvo si eres camale&oacute;n o Zelig, entonces tu identidad es precisamente la de abrazar la identidad del entorno, luego no hay ah&iacute; p&eacute;rdida ni menoscabo, m&aacute;s bien la habr&iacute;a si no cambiaras. Y no, no he le&iacute;do a Arcadi Espada, pero supongo que tampoco &eacute;l me ha le&iacute;do a m&iacute;, as&iacute; que ya tenemos algo en com&uacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Te consideras un buscap&eacute;rdidas?</p>
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<p>Sin duda, ando buscando p&eacute;rdidas todo el tiempo. Y a veces me encantan los hallazgos, me gustan por ejemplo las p&eacute;rdidas digamos m&aacute;s abstractas como &lsquo;nunca&rsquo; (<em>p&eacute;rdida de la posibilidad</em>), &lsquo;tampoco&rsquo; (<em>p&eacute;rdida de la segunda oportunidad</em>) o &lsquo;pero&rsquo; (<em>p&eacute;rdida del valor de cuanto antecede</em>). De entre todas ellas, por escoger la p&eacute;rdida preferida de este buscap&eacute;rdidas que soy, a m&iacute; me fascina &lsquo;casi&rsquo;<em>,</em> (p<em>&eacute;rdida del todo</em>), de la que por una vez el diccionario da una definici&oacute;n maravillosa, acierta, como lo hacen dos veces al d&iacute;a los relojes detenidos. <em>Poco menos de, aproximadamente, con corta diferencia, por poco</em>. Por eso es hermosa pero terrible esta p&eacute;rdida, casi ganas la marat&oacute;n pero no la ganaste, por poco, casi apruebas las oposiciones pero nunca lo hiciste, aprobaron otros, t&uacute; no, casi llegas a la cima pero te quedaste con las ganas. Para eso, <em>casi </em>mejor no haber salido de casa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El humor hace a las p&eacute;rdidas m&aacute;s tolerables, hasta las peores&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-En tu libro recurres con bastante frecuencia al humor en un tema aparentemente tan serio como este de las p&eacute;rdidas. &iquest;Por qu&eacute;?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Porque no quiero incurrir en una de las peores p&eacute;rdidas con derecho a entrada en mi diccionario, la &lsquo;solemnidad&rsquo;, (<em>p&eacute;rdida de la iron&iacute;a</em>),&nbsp; mal que afecta a gran parte de la literatura espa&ntilde;ola, no as&iacute; a la anglosajona. Se pueden abordar las p&eacute;rdidas desde el humor, el humor no debe ser el ant&oacute;nimo de lo riguroso, se puede ser riguroso pero con humor.&nbsp; Y se puede perder pero con humor, es m&aacute;s se pierde mucho mejor, el humor hace a las p&eacute;rdidas m&aacute;s tolerables, hasta las peores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-En la voz &lsquo;cese&rsquo; describes con sarcasmo lo que has visto en algunos casos de ceses de diplom&aacute;ticos, pol&iacute;ticos o similares&hellip;, &iquest;siendo t&uacute; diplom&aacute;tico, ver&iacute;as tu cese de la misma forma?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Distingo entre el &lsquo;cese&rsquo; (<em>p&eacute;rdida del cargo</em>) y el &lsquo;despido&rsquo; (<em>p&eacute;rdida del trabajo</em>), porque al primero se le supone una cierta solemnidad, la mejor liturgia era la de Franco, que te mandaba el motorista a casa, para que no asistieras ya al consejo de ministros, hab&iacute;as dejado de ser parte de &eacute;l, y de paso te ahorrabas los monos&iacute;labos del jefe con voz atiplada. En el despido la liturgia es m&aacute;s cutre y sales con la inevitable caja de cart&oacute;n con la foto enmarcada de los ni&ntilde;os (que ni siquiera son tuyos), devolviendo la tarjeta para entrar en el edificio porque ya no eres bienvenido. Y hablando de mi cese, lo que me gustar&iacute;a es ser cesante, esa categor&iacute;a maravillosa del XIX, el uso del participio pasado lo estropea todo, cesado es terrible, cesante es hermoso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Qu&eacute; se gana y qu&eacute; se pierde al leer tu <em>Diccionario</em>?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-En el asunto de las ganancias no soy experto, pero igual ganas en ganas de leer otra cosa, de practicar el senderismo o la nataci&oacute;n. Y perder se pierde sin duda, se pierde el tiempo, la ocasi&oacute;n de ver el partido de la Champions, los veinticinco euros del ala que cuesta el libro, la posibilidad de releer las obras completas de Mart&iacute;n Vigil, tan injustamente preterido en nuestros d&iacute;as.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-He notado que te muestras muy cr&iacute;tico con los libros de autoayuda, pero en tu libro tambi&eacute;n hay consejos y recomendaciones, como cuando en el cierre de la voz &lsquo;extrav&iacute;o&rsquo; invitas al lector a que trate &ldquo;de no incurrir en esta p&eacute;rdida, de no extraviarte, de no perderte en suma cuando perderte no quieres, porque vendr&aacute;n despu&eacute;s las p&eacute;rdidas racimo y nada podr&aacute;s hacer para evitarlas&rdquo;. &iexcl;Ah, cre&iacute;a que tus lectores no necesitaban consejos&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El asunto es que no tengo lectores, y eso me permite hacer lo que me d&eacute; la gana, porque a diferencia de Lola Flores no me debo a mi p&uacute;blico, porque carezco de &eacute;l. Y por eso puedo aconsejar al lector despu&eacute;s de haber dicho que no iba a hacerlo, dirigirme a &eacute;l o ignorarlo ol&iacute;mpicamente. Pero s&iacute;, el &lsquo;extrav&iacute;o&rsquo; (<em>P&eacute;rdida del rumbo. P&eacute;rdida a secas</em>) es otro de los nombres de la p&eacute;rdida, si pierdes el rumbo prep&aacute;rate porque vienen curvas, si pierdes el rumbo te pierdes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Qu&eacute; no te gustar&iacute;a perder nunca? Y no me vale que me digas la vida&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El sentido del humor, ya mencionado, para no incurrir as&iacute; en &lsquo;solemnidad&rsquo;. Pero si me pongo serio aunque solo sea por un momento, no me gustar&iacute;a perder la voluntad, motor de todo, puede estar mermada, maltrecha pero sigue ah&iacute;. Ah&iacute; s&iacute; que perderla ser&iacute;a perderme. Y claro si te pierdes voluntariamente, en esa idea del <em>fl&acirc;neur</em> de Benjamin, que nos sugiere que <em>perderse en la ciudad requiere un aprendizaje,</em> entonces est&aacute; todo bien, pero si pierdes la voluntad entonces te pierdes sin querer, y ya no te encuentras, como en el extrav&iacute;o.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Y de qu&eacute; cosas de las que has perdido hasta ahora te lamentas m&aacute;s?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Cuando alcanzas una edad empiezan a acumularse las p&eacute;rdidas. Fitzgerald dec&iacute;a que la vida es un proceso de demolici&oacute;n, pero erraba, es primero un proceso de construcci&oacute;n. Luego s&iacute;, luego empiezan los golpes peque&ntilde;os, la demolici&oacute;n sistem&aacute;tica se pone en marcha. Y es tambi&eacute;n una sucesi&oacute;n de p&eacute;rdidas, pero de nuevo empieza m&aacute;s bien siendo un proceso de acumulaci&oacute;n, es verdad que algunos acumulan m&aacute;s que otros, pero si tienes la desdicha de vivir muchos a&ntilde;os acumulas, amigos, cosas, recuerdos, familia. Y luego s&iacute;, luego empieza ceniza la sucesi&oacute;n de p&eacute;rdidas irreversibles, cotidianas. En mi caso la p&eacute;rdida de mi padre, su &lsquo;ausencia&rsquo;, es todav&iacute;a hoy la p&eacute;rdida m&aacute;s dolorosa, m&aacute;s a&ntilde;os pasan, m&aacute;s le echo de menos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El lenguaje a veces ofrece segundas oportunidades a las palabras&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Aunque yo no te veo como un perdedor, &iquest;qu&eacute; te gustar&iacute;a perder?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Si &lsquo;perdedor&rsquo; es el que siempre pierde, el que ha nacido para perder,&nbsp; y no como dice el diccionario solo <em>el que pierde</em>, todos somos al cabo perdedores, algunos llegan antes como el poeta menor llega antes al &lsquo;olvido&rsquo; (otra vez Borges), pero a &eacute;l vamos todos derechitos. Es curioso c&oacute;mo &lsquo;perdedor&rsquo; era siempre el var&oacute;n, porque de &eacute;l se esperaba el &eacute;xito y por tanto era el que perd&iacute;a, mientras que la &lsquo;perdida&rsquo; (<em>p&eacute;rdida de la tilde de p&eacute;rdida</em>) era ella, porque de ella se esperaba la virtud, y el hombre nunca era un perdido, en todo caso un golfo, pero perdido no. El lenguaje a veces ofrece segundas oportunidades a las palabras, y perdida ya no es sin&oacute;nimo de mujer de vida licenciosa, sino una llamada perdida. Mucho mejor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-La historia de la literatura est&aacute; llena de fracasados, de perdedores&hellip;, &iquest;podr&iacute;as hablarnos de cu&aacute;les te han llamado m&aacute;s la atenci&oacute;n?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-La lista es infinita, desde Ignatius Riley a Arturo Belano, de Oscar Wao a Alonso Quijano. Y est&aacute;n claro los malditos, que pierden de antemano porque se sit&uacute;an al margen, los extravagantes en su sentido literal, que vagan fuera de las lindes. Y ah&iacute; de nuevo la lista es interminable, del citado Panero a su primo Artaud, de Satie a Arthur Cravan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Escribir, para m&iacute;, es m&aacute;s bien terapia, es mi tiempo de disfrute&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Y ya que estamos, &iquest;cu&aacute;l de tus libros consideras que fue una p&eacute;rdida de tiempo haberlo escrito?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Yo me lo paso muy bien escribiendo, luego no hay p&eacute;rdida para m&iacute; por no mediar menoscabo, y por ser siempre algo voluntario, hago muchas cosas al d&iacute;a por obligaci&oacute;n pero escribir no se encuentra entre ellas. Por otra parte,&nbsp; nunca he entendido eso del sufrimiento para escribir, para m&iacute; es m&aacute;s bien terapia, es mi tiempo de disfrute. Otra cosa es que luego nadie lo lea y t&uacute; te frustres o no, que antes s&iacute; pero ahora desde luego ya no, pero haber escrito libros no ha supuesto p&eacute;rdida de tiempo, tantas otras cosas en mi vida s&iacute;. Porque en esto de perder el tiempo siempre hay ese sentido utilitarista, el de aprovechar el tiempo, en ingl&eacute;s perderlo es <em>to waste time</em>. S&aacute;nchez Ferlosio se preguntaba &ldquo;&iquest;de qui&eacute;n es esa vida que dicen que sigue cuando dicen que la vida sigue?&rdquo;, y podr&iacute;amos reformularlo pregunt&aacute;ndonos &iquest;de qui&eacute;n es ese tiempo que dicen que pierdo cuando dicen que pierdo el tiempo? El m&iacute;o quiz&aacute;s no. Si uno tiene claro cuanto quiere hacer con su tiempo, entonces cualquier otra cosa ser&aacute; perder el tiempo. Kafka dec&iacute;a que todo lo que no era literatura era perder el tiempo. Ahora bien, somos muy ingenuos con esto del tiempo, lo perdemos, lo matamos e incluso lo hacemos, hacemos tiempo, qui&eacute;n pudiera. Matarlo tampoco podemos en verdad, porque como nos recuerda Cioran, &ldquo;mi misi&oacute;n es matar el tiempo, y la del tiempo es matarme en su turno a m&iacute;. Qu&eacute; c&oacute;modo se encuentra uno entre asesinos&rdquo;. Y ya sabemos qui&eacute;n gana esa apuesta, qui&eacute;n cumple con su misi&oacute;n de forma inapelable.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;No prestes nunca tus libros, compra y regala, incluso roba y regala&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Hay un libro tuyo que me gusta mucho, <em>Roba este libro</em>, y sin embargo no has incluido la voz &lsquo;robo&rsquo; en tu <em>Diccionario</em>. A los bibli&oacute;filos, incluido t&uacute;, nos apasiona ese tema, as&iacute; que no entendemos que nos hayas hurtado esa voz, &iquest;alguna raz&oacute;n que lo explique?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Como este es un diccionario provisional habr&aacute; que a&ntilde;adirla, es verdad que est&aacute; &lsquo;tir&oacute;n&rsquo; (<em>p&eacute;rdida del bolso por sustracci&oacute;n violenta</em>), pero en el bolso no sueles llevar libros. Podr&iacute;amos improvisar una que fuera &lsquo;pr&eacute;stamo&rsquo; (<em>p&eacute;rdida de libros por estupidez manifiesta del propietario</em>), aunque en puridad no es robo, que implica violencia, ni hurto, sin ella, sino apropiaci&oacute;n indebida, porque yo te he prestado ese libro pero quer&iacute;a que me lo devolvieras. Pero es sin duda la peor manera de perder un libro, porque pierdes adem&aacute;s al amigo al que se lo prestaste, y se te queda de paso una cara de idiota que es la que has debido gastar siempre pero no te hab&iacute;as percatado. Luego no prestes nunca tus libros, compra y regala, incluso roba y regala, pero no prestes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Si este es un libro de p&eacute;rdidas, qu&eacute; le dir&iacute;as a un lector para que se perdiera en &eacute;l.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-A ese lector improbable le dir&iacute;a que se sumerja en las p&eacute;rdidas como quien se aficiona a esnifar pegamento, y no ser&aacute; nunca una victoria, porque no es lo mismo la derrota que la p&eacute;rdida, en la p&eacute;rdida se te sustrae algo que ten&iacute;as previamente, en la derrota no, nunca alcanzaste la victoria, luego tuya no era. Sum&eacute;rjase pues el lector en el diccionario, aporte p&eacute;rdidas propias, discuta las que hay, y como si esto fuera una clase de las de ahora, ya sumergido, subraye la entrada&nbsp; &lsquo;hundimiento&rsquo; (<em>p&eacute;rdida del contacto con la superficie por inmersi&oacute;n)</em> y com&eacute;ntela con su vecino de pupitre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Miguel Albero, &nbsp;<em>Diccionario provisional de p&eacute;rdidas</em>, Madrid, Abada Editores, 2024.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 25 Apr 2025 12:25:44 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Amor sin convencionalismos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/amor-sin-convencionalismos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/GONZALO_ESCARPA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&ldquo;&iquest;Qu&eacute; clase de libro es este poemario? Porque la verdad es que es raro: a veces rima o traza un pentagrama, y muchas, juega, s&iacute;, juega con las palabras con la seriedad con que juegan los ni&ntilde;os, la seriedad con que nos juega la vida&rdquo; comenta Hugo Mujica de este &uacute;ltimo libro de Gonzalo Escarpa (1977). &nbsp;Un libro que no acaba en ese expl&iacute;cito juego verbal o &ldquo;perfoescrito&rdquo; (pensado para escucharse, pues lo excede de largo) como gusta definir cierto tipo de poes&iacute;a el autor (pr&oacute;xima a la canci&oacute;n). Y no lo es porque tambi&eacute;n filtra desasosiegos su canci&oacute;n de amor insurgente, amable y profundamente seria, a veces en la contralectura con Nicanor Parra (sin su acidez), frente quienes corrompen el mundo por su falta de empat&iacute;a y solidaridad. <em>Quiero decir</em> trae mucho de eso en su miscel&aacute;nea de poemas de diferentes registros y tonos, emociones, metros y f&oacute;rmulas, desde el mentado sentido del juego, a veces puro ludismo verbal, pero otras cr&iacute;tica y reflexi&oacute;n, necesidad de intimidad, no s&eacute; si cierto cansancio&hellip; pero sobre todo amor sin convencionalismos cursis o astucias, pues estamos ante un libro de amor lleno de delicadezas. Y pienso en el estupendo &ldquo;No cabe en un color el Para&iacute;so&rdquo;, claro en dicci&oacute;n en su declaraci&oacute;n de intenciones. Me refiero a ese expl&iacute;cito amor vitalista que reflexiona y piensa en s&iacute;, hecho actitud y postura frente al mundo, comprensi&oacute;n de la vida, hermen&eacute;utica, piedra tirada al fondo, dir&iacute;a Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente. <em>Quiero decir</em> es eso fundamentalmente; tambi&eacute;n mirar, repasar, y un sopesar pensativo (ya est&aacute; Escarpa en esa poes&iacute;a de la edad o de reflexi&oacute;n), sin gravedad atosigante, con sugerencia, ante el motivo del mar frente al mar de la vida, de donde nacen, en ocasiones, algunos poemas estupendos con ese motivo, y se hila el libro en su reiteraci&oacute;n, engranaje.</p>
<p><em>Quiero decir</em> es todo eso, pero adem&aacute;s de esa reflexi&oacute;n llena de deseo de intimidad es un poema. Uno que debi&oacute;, quiz&aacute;, poner al frente: &ldquo;Regoc&iacute;jate, hermano&rdquo; realmente estupendo en intenci&oacute;n y f&oacute;rmula, hijo de Walt Whitman, sin desbordamientos. Y m&aacute;s en un libro miscel&aacute;neo en tiempos en que los conglomerados de miscel&aacute;neas no terminan de soltarse la melena, frente a estas maceradas vivencias, reflexiones o poemas de la madurez, elaboradas por la vivencia y por el tiempo, bien macerados. &nbsp;De ese orujo de yerbas destilado por los d&iacute;as, l&eacute;ase reflexi&oacute;n y &ldquo;saber decir&rdquo;, por contarlo a la manera de &Aacute;ngel Gabilondo, surge este libro apetecible, vivo, con sus colinas y valles, pero siempre con esa verdad de fondo, con ese adentramiento sin trampa de quien tiene verdades o situaciones que contar/cantar. Las de &ldquo;Un hombre frente al mar/no est&aacute; del todo solo&rdquo; u otro delicioso, realmente, &ldquo;Un hombre frente al mar/ puede estar en silencio / sin estar en silencio. / Es como un hombre frente a un libro. / Est&aacute; leyendo el mar, / que le habla / sin hablar&rdquo;, por no hablar de &ldquo;Mazunte&rdquo;, o esa soledad donde parece empezar a pesarle al yo. Sin duda en el extremo opuesto al deseo, a ese &ldquo;Regoc&iacute;jate, hermano&rdquo;, estupendo, o el vitalismo del que est&aacute; impregnado el libro y su di&aacute;logo con la vida de un poeta con otro m&eacute;rito a&ntilde;adido en sus aciertos. Me refiero a que Gonzalo Escarpa (que no s&eacute; por qu&eacute; publica poco), cuando se lo propone, sabe narrar l&iacute;ricamente, a la manera de Jos&eacute; Hierro, y sabe mantener la tensi&oacute;n. Y lo hace muy bien. Tal debiera emprenderse m&aacute;s desde ah&iacute;. Me refiero a poemas, estupendos, como &ldquo;Nick Cave llega a la playa de Ant&oacute;n Lizardo, en Veracruz&rdquo;. No es f&aacute;cil desarrollar esa mezcla de distancia con el yo y de transparentarlo en medio del camino de la vida, narrarlo l&iacute;ricamente y sostener un poema largo, como hizo Hierro, del que sin duda ha aprendido a hacerlo. Y lo hace bien. Y no solo una vez, sino tambi&eacute;n en &ldquo;Memoria de la sombra. Par&iacute;s ya no recuerda a Paul Celan&rdquo; (si alguna vez lo record&oacute;), y donde Escarpa nos cuenta que no todo en su poes&iacute;a est&aacute; hecho para la canci&oacute;n y el recital, sino tambi&eacute;n para la lectura atenta debajo de la luz en un rinc&oacute;n de la casa, o debajo del hueco de la escalera, escribi&oacute; Marcel Proust.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Gonzalo Escarpa, <em>Quiero decir</em>, Madrid, La Imprenta, 2024.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 25 Apr 2025 11:52:41 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La calidez nívea de la poesía de Mariano Castro]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-calidez-nivea-de-la-poesia-de-mariano-castro/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/MARIANO_CASTRO_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>El libro <em>Del giro en la quietud</em> de Mariano Castro (Zaragoza, 1954), editado por Olifante, es la &uacute;ltima entrega po&eacute;tica de un autor, que lleva construyendo varios a&ntilde;os y a trav&eacute;s de distintas entregas -<em>El p&aacute;jaro y la piedra</em> (Prensas Universidad Zaragoza, 2008) o <em>El ojo y la ceniza</em> (Ediciones Poes&iacute;a - Olifante, 2019)-, un universo propio, intenso y formal, y que, con este volumen, lo capacita, definitivamente para mantener la llama del canon en las letras aragonesas.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>El libro, estructurado en tres partes, comienza con versos tan rotundos como &ldquo;Y percibir el aire de la edad / misteriosa memoria que reposa&rdquo;, donde descansa la nieve de Trasmoz, su lugar de residencia y faro de inspiraci&oacute;n l&iacute;rica, de la que extrae el fr&iacute;o pac&iacute;fico con el que construye un nombre, un cuerpo, una idea que permuta la sorpresa por la calidez: &ldquo;Y desciendes / pensando en el alivio / del teatro de las sombras / y el fuego en el hogar&rdquo;. Se acerca el fr&iacute;o, del copo al silencio: &ldquo;Has querido tapar el hueco que te hiere / con la sola palabra arrancada al silencio&rdquo;, mientras el tiempo aparece: &ldquo;Canci&oacute;n del tiempo ya vencido / que en el ojo discute su apariencia&rdquo;, un instante que se detiene, &ldquo;No tortures a la palabra o nunca cantar&aacute;&rdquo; mientras un dado es la apuesta por el momento remanente: &ldquo;El azar es tan s&oacute;lo / rigor de dioses abatidos&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>La segunda parte, en el instante sensitivo: &ldquo;El discurso corrupto necesita / unos cuantos cad&aacute;veres / para ocultar su propio hedor&rdquo;. El poder contra el arte, la belleza como &uacute;nica arma. El sujeto muerte y solo queda su recuerdo: &ldquo;Un eterno latido universal&rdquo;. Es el poeta Mariano Castro, el que en sus versos ofrece parte de la contemplaci&oacute;n y el silencio: &ldquo;Suena un acorde no resuelto / en el cegado resplandor del d&iacute;a/y en la lejana noche sue&ntilde;a / para morir y as&iacute; vivir&rdquo;. El acorde de la luz y la sombra, un espejo que devuelve la imagen mutilada, distinta, en el alma y en la paz. &iquest;Qu&eacute; es la paz? Un amante exigente: &ldquo;Con ella permaneces / como noche de luz perdida entre los dedos&rdquo;. Se vuelve al silencio, la distancia, la contemplaci&oacute;n. As&iacute; une palabra y lenguaje, &iquest;qu&eacute; le sucede al poeta cuando se separa de lo que no es &eacute;l? &iquest;Y si eso es todav&iacute;a un yo m&aacute;s profundo? Agua, piedra, c&iacute;rculo. El poeta enamorado, el poeta contempla: &ldquo;Salgo de m&iacute; y regreso / hacia el origen: / en &eacute;l siempre est&aacute;s t&uacute;&rdquo;. La vida como tragedia, como una escena que se revela frente al poeta, &iquest;qui&eacute;n nombra como definitiva la ausencia?: &ldquo;T&uacute;, que es presente llevas/con el humo de lo que nunca fuiste, / jam&aacute;s ser&aacute;s futuro mi ceniza&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>En la &uacute;ltima parte se acercan los recuerdos, primero, Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente, la pulcritud formal de &Aacute;lvaro Valverde, el Trasmoz de &Aacute;ngel Guinda, el fr&iacute;o de vivir de Manuel Estevan, as&iacute;, Mariano Castro, un poeta que vislumbra el desierto como en la contemplaci&oacute;n de los entresijos, recordando a Alfredo Salda&ntilde;a. Todos esos nombres se junta: &ldquo;Oscuro est&aacute; sumido / en el polvo de ayer,/ azoque que refleja / la t&uacute;rbida ficci&oacute;n de tu pasado&rdquo;. La tradici&oacute;n del Nik&eacute;, desde Miguel Labordeta hasta Julio Antonio G&oacute;mez, recogida en la obra de Mariano Castro, que se sobrepone a la destrucci&oacute;n: &ldquo;El resplandor que ayer dejaste / de ruinas devoradas por el fuego / es hoy la luz que alumbra / un torpe y desnortado paso&rdquo;. El amor se enhebra con el tiempo, la sensualidad se adivina en la contemplaci&oacute;n, el otro es quien completa: &iquest;qu&eacute; define la eternidad, los d&iacute;as o la belleza? &ldquo;El susurro inaudible de la vida: / en su ritmo est&aacute; el tiempo / en &eacute;l te encuentras t&uacute;&rdquo;. Sigue el proceso de construir lo que termina en el futuro: &ldquo;Solo pide que haya luz en las ruinas / cuando por fin la muerte los alcance&rdquo;. Bosque, aves, ramas, cuerpo de m&uacute;sica, barro, olvido, lenguas&hellip; Un cuerpo fundido con la palabra y el tiempo que Castro adivina y contempla c&oacute;mo lo quiere atrapar en la palabra (o en el silencio, estado de construcci&oacute;n en su poes&iacute;a), &iquest;semillas?, &iquest;palabras? &ldquo;Ni siquiera podemos consolarlos / al pensar esparcidas las esferas&rdquo;. Reflexi&oacute;n de un poeta que atrapa lo que busca: sombras y ocaso, agua y m&uacute;sica, flores y desnudez. Un idioma de preguntas, una lengua de respuestas: &ldquo;Ilumina la noche / el agudo clamar de lo imposible&rdquo;. &iquest;D&oacute;nde encuentra el final tr&aacute;gico? &ldquo;Has muerto una vez ya y de nuevo morir&aacute;s: /triste rito de vida profanada&rdquo;, la realidad es mort&iacute;fera, plena de sombras, aberraci&oacute;n, vida siniestra: &iquest;Qui&eacute;n es el que arrebata el poeta? No m&aacute;s ciudad, solo un instante de alquitr&aacute;n: agua, aceite, cuerpo ungido, el amor en el cuerpo, el placer en la palabra, humus y el musgo. Una poes&iacute;a de reflexi&oacute;n y espacios, de silencio y contemplaci&oacute;n. Mariano Castro es un poeta de lo formal, notable constructor de sus propios espacios.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mariano Castro, <em>Del giro en la quietud</em>, Zaragoza, Olifante, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 14 Apr 2025 11:23:32 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un poso de autocomplacencia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-poso-de-autocomplacencia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/RAY_LORIGA_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&iquest;Qu&eacute; nos queda de Loriga? Quiz&aacute; las frases resultonas, el misterio con humor, las referencias universales&hellip; que no sea reduccionista. Una pizca de Lou Reed, eso siempre. Algo de Hank Wiliams, como si hubiera estado leyendo a Silvana Vogt. No lo s&eacute;. Ray Loriga (Madrid, 1967) ha vivido un renacer literario desde 2017 el premio y la publicaci&oacute;n de <em>Rendici&oacute;n</em> (Alfaguara, 2017), a las que han seguido <em>S&aacute;bado, domingo</em> (Alfaguara, 2019) y <em>Cualquier verano es un final</em> (Alfaguara,2023). Ninguna de ellas a la altura de obras como <em>Tokio ya no nos quiere, Tr&iacute;fero</em> o <em>El hombre que invent&oacute; Manhattan</em>. No hablo de madurez o de pop, hablo de literatura. Ray Loriga ha demostrado ser un excelente escritor, pero <em>TIM</em> no es una de sus obras notables. Ray Loriga es disciplinado, ha evitado el poso de toxicidad, pero en ahora mismo, tras esta tetralog&iacute;a casi funcionarial, milim&eacute;trica, me deja con un poso de autocomplacencia muy peligroso.&nbsp;</p>
<p>La novela, <em>TIM</em>, que se encaja dentro de lo que se puede llamar &ldquo;Espacio Mago de Oz&rdquo;, entrar en el metauniverso de las cajas de arenas de los videojuegos de nueva generaci&oacute;n, los de mundo abierto, lo podr&iacute;an colocar junto a Mariano Gista&iacute;n o Vicente Luis Mora, pero nos queda la sensaci&oacute;n, m&aacute;s bien, de que nos encontramos con personajes no jugables deambulando de un lado a otro en servidores en los que ya nadie entra.&nbsp;</p>
<p>La novela, con un despertar que bebe por un lado de la imaginer&iacute;a audiovisual de <em>Moon </em>de Duncan Jones o la narrativa cl&aacute;sica del universo entomol&oacute;gico de Franz Kafka, tiene un sabor de reinicio, iteraci&oacute;n, vivir y morir: introduzca 25 pesetas en la m&aacute;quina. Una habitaci&oacute;n en la que se prolonga el duermevela y personajes con hechuras de Fernando Arrabal o Jorge Luis Borges, esquem&aacute;ticos, lac&oacute;nico&hellip; Una ciencia ficci&oacute;n sovi&eacute;tica e impersonal. Un instante que es m&aacute;s nacimiento que despertar. Ciertamente el mar siempre acaba estando demasiado lejos como para disfrutarlo o demasiado cerca para que el ruido de las olas no nos robe el sue&ntilde;o.&nbsp;</p>
<p>Loriga saca de contexto cultural a su personaje, haci&eacute;ndolo cosmopolita sin vocaci&oacute;n: las maravillas se suceden en su habitaci&oacute;n de hotel. Un hotel asm&aacute;tico, desabrido, excesivamente sobrio. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; las habitaciones de motel de Sam Shepard o de Barry Gifford? Los pensamientos confrontan con el paisaje. Repetir la palabra TIM, el personaje TIM, mutante, cat&oacute;lico, con sombrero (siempre el sombrero como icono en la literatura de Ray Loriga), su abuela (lo mismo), una serie de listados y alternancias, gui&ntilde;os constantes, claro, a Georges Perec.&nbsp;</p>
<p>El Gatsby en los tiempos de Rodrigo Fres&aacute;n, el limbo de Berl&iacute;n, como en los noventa, poco despu&eacute;s de la ca&iacute;da del muro. Pero s&iacute;, fiestas y canap&eacute;s, una casa de empe&ntilde;os, un invento: el mon&oacute;logo interior, acumulativo, circular, los electrones, los reflejos. Me viene a la cabeza Mariano Gista&iacute;n y su <em>Nadie y nada</em> o el <em>C&uacute;bit</em> de Vicente Luis Mora.&nbsp;</p>
<p>&iquest;Y si al lector de Ray Loriga le pasa como a su personaje, en el que un reflejo no responde a sus gestos? La fiesta, TIM y Elisa, m&aacute;s fiestas, una con <em>house</em> europeo y la otra con fruta tropical y boleros. Canciones, siempre las canciones, como los cementerios, Atahualpa Yupanqui o Les Rita Mitsouko. De ah&iacute; que esta novela, como esta rese&ntilde;a, pequen de acumulaci&oacute;n y de sugerir m&aacute;s que de narrar. Un gui&ntilde;o bello a F&eacute;lix Romeo: &ldquo;&iquest;Queda poco para El Paso?, en la bolsa de piel lleva anfetaminas y gominolas suficientes para cruzar Luisiana&rdquo; o, al menos, a m&iacute; me lo ha parecido.</p>
<p>Un listado de cosas a empe&ntilde;ar, una revisi&oacute;n del pasado de sus personajes como imitadores de personajes de la cultura pop: Elvis Presley, Maradona (El Pelusa) y, aunque no lo nombra, est&aacute; en aire, Johnny Hallyday. A cambio, unos guiris mirando en alguna isla perdida y una botella de co&ntilde;ac para hacerlo todo m&aacute;s amable. Tolstoi y el caviar, una primera edici&oacute;n de <em>El retrato de Dorian Grey</em>, una colecci&oacute;n de cromos de Godzilla, que podr&iacute;a ser, perfectamente, un saludo a Mart&iacute;n Mantra, estampitas de la Virgen de F&aacute;tima y su abuela en Bratislava, aprendiendo a montar en bicicleta y a tirarse de cabeza a la piscina.&nbsp;</p>
<p>Loriga siempre nos deja frases: &ldquo;Una comida aceptable siempre es mejor que el mejor de los postres&rdquo; o &ldquo;De cada dos hombres uno es un ladr&oacute;n y el otro no tiene el coraje de serlo&rdquo;. Qu&eacute; horarios manejan los usureros, buena pregunta: listados o<em> array </em>cl&aacute;sico, de aquellos primeros lenguajes de programaci&oacute;n (Fortran, Pascal). De TIM a mi amigo Timoteo, dos personajes, dos lugares, dos momentos, pero ah&iacute; est&aacute;n: de los tebeos de Bruguera, Sir Tim O&rsquo;Teo y Tim Buckley, que sobrevuela el libro, con su manera de caer en el r&iacute;o, de su manera de sumergirse en el agua, la canci&oacute;n de la sirena. &iquest;Timoteo, el de la Biblia? No hay m&aacute;s Tim que otro Tim y, como he escrito antes, roca, mar, piscinas, obsesiones, el salto desde un lugar alto, fundido a negro, el apag&oacute;n, la salida de <em><span style="text-decoration: underline;">Matrix</span></em>.&nbsp;</p>
<p>Vuelvo a Rodrigo Fres&aacute;n como hace Ray Loriga, por un lado el horario de los trenes, los jardines de Kensington, la visita a Coney Island o el doctor Robert de los Beatles. Ah&iacute;, donde te hace sentir bien, que tiene las palabras adecuadas y las pastillas adecuadas y con ambas ser&aacute; generoso. El olvido, los recuerdos, tangibles, en sustancias, la qu&iacute;mica. M&aacute;s all&aacute; de los sue&ntilde;os.&nbsp; Volver a leer <em>La casa del sue&ntilde;o</em> de Jonathan Coe cuando Ray Loriga escribe sobre oneirophobia (el miedo irracional y enfermizo de los sue&ntilde;os), aunque tambi&eacute;n puede ser que te d&eacute; por volver a ver en VHS <em>A Nightmare on Elm Street 3: Dream Warriors</em>.&nbsp;</p>
<p>En el final, en la casa de empe&ntilde;os, el encuentro, el final, te sientes como si Ray Loriga quisiera acumular, a base atajos y se&ntilde;ales que al parecer estaban ah&iacute; y deber&iacute;as haber seguido, a P&eacute;rez-Prado, Par&iacute;s, Berl&iacute;n, los <em>bugs </em>de la vida-videojuegos, la idea del Test de Turing frente a los <em>bots </em>de internet, un poco de Philip K. Dick y sus replicantes, pasando por las novelas decimon&oacute;nicas con toques de la imaginer&iacute;a de Adolfo Bioy Casares. Una novela con demasiados p&iacute;xeles, demasiada distorsi&oacute;n, referencias cruzadas&hellip; lees a Michel Houellebecq o a Chuck Palahniuk y te quedas con apetito. Pero, claro, le debemos una d&eacute;cada a Ray Loriga. Esperemos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ray Loriga, <em>TIM</em>, Barcelona, Alfaguara, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 14 Apr 2025 11:11:53 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una narración mística y pagana sobre la Galicia misteriosa]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-narracion-mistica-y-pagana-sobre-la-galicia-misteriosa/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/CRISTINA_S_NCHEZ-ANDRADE_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Standard"><em>Habitada </em>de Cristina S&aacute;nchez-Andrade, escritora compostelana, es una de las obras m&aacute;s nutritivas y personales de este a&ntilde;o 2025. El tremendismo con retazos surreales de su anterior novela La nostalgia de la Mujer Anfibio (Anagrama, 2022) o los macabros cuentos de <em>El ni&ntilde;o que com&iacute;a lana</em> (Anagrama, 2019) parec&iacute;an ser ensayos completos que desembocaban, como las r&iacute;as de su tierra, en un mar turbio y furioso que se encrespa en <em>Habitada</em>.&nbsp;</p>
<p class="Standard">La narraci&oacute;n est&aacute; estructurada en dos partes, en la primera utiliza el recuerdo de la voz interior, una voz atropellada e intensa, donde se refleja la soledad de una rapaza gallega, l&uacute;brica, ag&oacute;nica, temerosa, hu&eacute;rfana de madre, en un tiempo indistinguible, una regi&oacute;n atravesada por aldeas, brujas y hadas. No es una narraci&oacute;n de folklore amable o de cuentos para ni&ntilde;os, los que habitan el pesado bosque son duendes que devoran a los beb&eacute;s, que traen la enfermedad, que temen el metal y conviven de manera natural con el catolicismo de alcanfor, imp&uacute;dico, sudoroso. Un ambiente de patas hervidas, hortalizas en sopa, nabos y tub&eacute;rculos, sudor y falta de higiene. Silvia Plath, con la ra&iacute;z, la baba, los caminos, los bosques y el verd&iacute;n, esa es la protagonista, Manuela que se introduce en las v&iacute;sceras de los animales dom&eacute;sticos, contempla la podredumbre de las lombrices en las ra&iacute;ces y el humus, las llagas abiertas donde se coloca el polvo y las moscas. Una gram&aacute;tica repetitiva, descoyuntada y retorcida, junto a la enso&ntilde;aci&oacute;n y la distancia enjaula la literatura de la autora en la descripci&oacute;n de la vida como un ovillo de lana enmara&ntilde;ada. Hay sangre de muerte oscura, tensi&oacute;n en los ojos, un cura que la enga&ntilde;a para acudir al pazo, el caciquismo casi medieval, las mujeres enfermas y los infantes demasiado muertos. En el juego de espejos resulta chocante la sexualidad tuberculosa frente a la exuberancia animal, las toses l&uacute;bricas contra los vientres abultados, el olor de la naturaleza femenina frente al lavado, los frascos y la pelea contra la enfermedad.&nbsp;</p>
<p class="Standard">En un libro sobre lo m&aacute;s profundo y arcaico de Galicia no pod&iacute;a faltar la bruja que cobra en botellas de orujo, yerbas y remedios caseros, que la toma bajo su tutela. Hijas desaparecidas, dedos gordos sobre vientres, una ra&iacute;z que imita brazos, la imitaci&oacute;n de la vida en forma de espantap&aacute;jaros mugrientos. Es una novela de co&aacute;gulos, pero tambi&eacute;n de semillas que crecen en la oscuridad de los vientres. De Santas Compa&ntilde;as y rezos repetidos. 10 de agosto de 1922. Verano de las naranjas: Una pareja, ella muerta, &eacute;l, marido, apasionado del arroz con liebre, la miseria: los que emigraron a Am&eacute;rica por no ser quintos en la guerra de Marruecos... el rumor del dinero, la historia del cura nuevo. Un nuevo cura que se mezcla con los fantasmas de los lobos, las ni&ntilde;as hechizadas, todos los que habitan entre la niebla, los cotilleos de la aldea. Un animal en descomposici&oacute;n, tan asqueroso en su olor, que pens&oacute; que era la propia muerte. Cl&eacute;rigos sexualizados, los conjuros con huesos humanos, las muertas al agua, qui&eacute;n caza al lobo, qui&eacute;n se lleva a la gente. La obsesi&oacute;n de la muerte, las perdices con arroz y esa manera en la que la protagonista empieza a demostrar unos poderes, energ&iacute;as, imposici&oacute;n de manos, para que remita el dolor. La madre del cura, la mujer del amo, todas construidas sobre la toxicidad de la sociedad: la primera, Do&ntilde;a Sulfurosa, que se le muri&oacute; la hija. Una tos que agarr&oacute; en La Habana y no la solt&oacute;, las hierbas, alivio, (valeriana, c&uacute;rcuma, jengibre). Y la otra, muerta en vida, hasta que un alacr&aacute;n se la lleva por delante. El amante potencial que se convierte en imposible, Helechos en el bosque. Se toma el veneno, cristos, sacerdotes, &aacute;rboles que le hablaban entre el bosque y el pazo. Poes&iacute;a de mujer. Ella escucha, en la voz de Santiago, que hace las cosas muy bien. Es la primera vez que alguien se lo dice. Y, a pesar de todo, hay que casar a la ni&ntilde;a, a Manuela, que est&aacute; de m&aacute;s en el pazo, encontr&aacute;ndose con hombres, yendo al bosque, con la bruja. Ella, Manuela, que descubre que el tiempo, su tiempo, podr&iacute;a ser suyo. La ni&ntilde;a que muri&oacute; por no hervir la leche. Los ni&ntilde;os polilla, la sed, todo un cosmos alrededor. Rafael, el cura, culpable de todo, de su madre y su hermana. Es una descripci&oacute;n de lo m&aacute;s nocivo del ser humano. La madre, que piensa de su hija que est&aacute; en el cielo cuando vaga por el bosque, bajo del dominio de las viejas del caldo. A esa vieja la esperan con los brazos abiertos en el infierno. Y la obligan, a Manuela, la obligan en la carne y en el alma, la hacen beber jengibre para el aborto, le queman los pelos del pubis, las viejas vienen a por el beb&eacute;, de ma&iacute;z. Me impresionan frases o situaciones que la autora revisa con manos firmes o el brebaje del cornezuelo como un tejido que se rompe, animal y l&iacute;rico. Es la historia del monte, del cuervo que penetra, a&uacute;n tiene que ser el momento en el que algo se introduzca dentro de ella. En el fundido a negro se ven llegar al abad y a un hombre&hellip;&nbsp;</p>
<p class="Standard">Y, en la segunda parte, Manuela desaparece y la narraci&oacute;n desemboca en una especie de diario del asombro: un sacerdote cubano se hace con el cuerpo de la protagonista. Una lucha entre la superstici&oacute;n y la ciencia, con la religi&oacute;n por el medio. Un vozarr&oacute;n, de nuevo La Habana. Los m&eacute;dicos hablan de deseo sexual reprimido y, como su marido, Obludio, ha desaparecido, todo se convierte un delirio: Ajo y agua de rosas, mordiscos, locura de lobo, trance y olor a pescado. Un cura, el que habita, provocador. La indecencia de la hermana del culo, los te&oacute;logos de Santiago de Compostela, el material m&aacute;s avanzado de Londres, un santo cubierto de pieles en el momento de ser concebida que diera sentido a sus pilosidades. La virginidad, el matrimonio consumado, no es el demonio, es otro mal. Pero ha tenido varios embarazos y, entre el cura y la bruja han hecho desaparecer las pruebas. Un fragmento del libro nos recuerda los tiempos de las Hermanas Fox, Arthur Conan Doyle y la locura por los m&eacute;diums, recurrimos a la hipnosis, llega la misma locura que con &ldquo;El duende del hornillo&rdquo;, prensa y vibradores. La teolog&iacute;a, Dios como maestro del mal, manzanas y malecones donde el habitado se acercaba a ver c&oacute;mo las parejas consumaban su pasi&oacute;n. De Cuba a Galicia. Otros cielos, otra prensa: la milagrer&iacute;a se extiende, la habitada habla de ni&ntilde;os enterrados en el bosque, llora por su locura. El amo la obliga, muerta su mujer, a vestir como la se&ntilde;ora. Y el abad le obliga a casarse con Obdulio. Un hombre destrozado, capador de animales, amante de los p&aacute;jaros. La hipnosis y el sexo, la ambig&uuml;edad que flora en el olor &iacute;ntimo de la novela. Una boda de alcohol y odio, Lorquiana, con arroz con leche por el suelo, humillaciones por encima de las clases sociales. Ella y su marido, confusos, una mosca que es la madre, una baba viscosa: en el bosque est&aacute;n los ni&ntilde;os que no nacieron. Y un marido que, en vez de hacer mayores, pone un huevo. Los ni&ntilde;os que la llaman loca, lo llaman loco, el bosque, un cl&eacute;rigo, un p&aacute;jaro, dos hombres, juez y guardia civil. R&iacute;os, &aacute;rboles, chaparrones, luces. Una novela que termina desembocando en lo que ahora se llama folk-horror (disculpen la simplicidad), pero que otorga alguna de las escenas m&aacute;s perturbadoras que he le&iacute;do en los &uacute;ltimos tiempos. Una turba, primero el amo, despu&eacute;s el abad, finalmente la madre del abad. Un alma, todos muertos, el agua en el mundo de los muertos, la luz, las piernas tullidas, el bosque, un desalojo de almas final. Esta novela es un golpe, una sapiencia, el paganismo narrativo, una confusi&oacute;n constante, la realidad de una historia detenida, una novela de fantasmas y esp&iacute;ritus, pero tambi&eacute;n de met&aacute;foras de azufre que describen de manera aleatoria una sociedad podrida y atrapada en el tiempo.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">Cristina S&aacute;nchez-Andrade, <em>Habitada</em>, Barcelona, Anagrama, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 11 Apr 2025 11:33:09 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[ Jorge Bustos: “la mirada foránea es la mirada del reportero por excelencia: no sabe pero quiere saber” ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jorge-bustos-la-mirada-foranea-es-la-mirada-del-reportero-por-excelencia-no-sabe-pero-quiere-saber/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/JORGE_BUSTOS_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>A Jorge Bustos le va la marcha, pero no cualquier marcha. En 2022 vino a Sevilla desde su Madrid natal para cubrir como reportero la Semana Santa de Sevilla, despu&eacute;s de que la pandemia causada por el Covid la hubiera cancelado durante los dos a&ntilde;os anteriores (2020 y 2021), algo que no suced&iacute;a en la capital hispalense desde 1933, cuando las fuertes tensiones pol&iacute;ticas en Espa&ntilde;a entre la izquierda republicana y los tradicionalistas conservadores hicieron imposible las procesiones de todas las cofrad&iacute;as por las calles de la ciudad, tensiones que agrav&oacute; la nueva Constituci&oacute;n al suprimir las ayudas econ&oacute;micas a la Iglesia, y de paso, la subvenci&oacute;n a las cofrad&iacute;as que otorgaba cada a&ntilde;o el Ayuntamiento, cosa que provoc&oacute; que las Hermandades se quedaran sin recursos econ&oacute;micos para llevar a cabo sus estaciones de penitencia.&nbsp;</p>
<p>En <em>La pena alegre</em> (Renacimiento, 2025), Bustos recoge las cr&oacute;nicas que escribi&oacute; para el diario &ldquo;El Mundo&rdquo;. Cr&oacute;nicas escritas a vuela pluma, sin prejuicios, con una mirada limpia abierta al asombro y la admiraci&oacute;n por un prodigio de pasi&oacute;n y contenido entusiasmo a la vez. El t&iacute;tulo de su libro es un ox&iacute;moron, pero tambi&eacute;n un claro manifiesto de que para los sevillanos (y, por extensi&oacute;n, para todos los andaluces que viven con ardor la Semana Santa) no es una contradicci&oacute;n casar la pena con la alegr&iacute;a, el drama con la dicha, pues al fin y al cabo seis d&iacute;as de dolor se ven compensados por un eterno d&iacute;a de resurrecci&oacute;n. Al gozo por el dolor podr&iacute;a haberse titulado este libro. Un gozo y un dolor que acent&uacute;an las marchas de las bandas de m&uacute;sica. Las marchas de los Campanilleros, la del Silencio blanco o la de La Esperanza, por ejemplo.&nbsp; Marchas que han hecho que a Jorge Bustos le vaya la marcha.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Bonilla, en su pr&oacute;logo, dice que Sevilla es un g&eacute;nero literario. Tu libro, seg&uacute;n &eacute;l, pertenece al de las cr&oacute;nicas escritas por gente de paso, for&aacute;nea. &iquest;Qu&eacute; has visto en la Semana Santa sevillana que no haya visto un sevillano?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-La mirada for&aacute;nea es la mirada del reportero por excelencia: no sabe pero quiere saber. Se trata de compensar la falta de conocimiento con la capacidad virgen para el asombro. Asomarse a un espect&aacute;culo tan poderoso como la Semana Santa de Sevilla con los ojos de un ni&ntilde;o que lo ve todo de nuevas puede aportar impresiones novedosas que interesen por igual al cofrade experimentado y al visitante ne&oacute;fito. Eso he intentado, humildemente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El sevillano anticipa la gloria en todo momento&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Titulas tu libro <em>La pena alegre</em> y no <em>La alegre pena</em>. Sustantivizas la pena sobre la alegr&iacute;a, pero qu&eacute; hay de alegre en la pena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-El sustantivo debe ser la pena porque la Semana Santa es un drama: la pasi&oacute;n de Jes&uacute;s. Una tragedia matizada solo al final por la Resurrecci&oacute;n. Pero el sevillano nunca pierde de vista el &uacute;ltimo episodio durante los d&iacute;as previos de dolor, anticipa la gloria en todo momento. Por eso no es pena sin m&aacute;s: aguarda un final feliz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Viniste a ver la Semana Santa el primer a&ntilde;o despu&eacute;s de la pandemia, &iquest;como <em>fl&acirc;neur</em>, como <em>voyeur</em> o como periodista sin prejuicios? &iquest;Y qu&eacute; libros trajiste como bot&iacute;n para redactar el tuyo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Fui como reportero, con la mirada limpia y dispuesta al asombro. Pero llevaba muchos libros en la mochila: &ldquo;La ciudad&rdquo; de Chaves Nogales, el preg&oacute;n cl&aacute;sico de Romero Murube, &ldquo;Divagando por la ciudad de la gracia&rdquo; de Jos&eacute; Mar&iacute;a Izquierdo, &ldquo;El embrujo de Sevilla&rdquo; de Carlos Reyles y muchos otros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-En alguna de tus cr&oacute;nicas dices que, desde el principio, quedaste deslumbrado. &iquest;El deslumbramiento no es sin&oacute;nimo de ceguera?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Claro, pero de ceguera moment&aacute;nea. Luego uno se encierra a escribir en una habitaci&oacute;n, mientras los ojos se acostumbran de nuevo a la penumbra, y trata de describir el fogonazo que ha sentido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Prefiero la emoci&oacute;n sosegada, pasada por el tamiz de la reflexi&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Sevilla fue para ti, como lo fue para N&uacute;&ntilde;ez de Arce, una fiesta nueva que se desboca en los potros de la sangre, muchedumbre de tesoros que sube y baja por las iluminaciones de la simpat&iacute;a?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Mi temperamento tiene alguna aptitud para la l&iacute;rica, pero me temo que mi estilo no propende al barroquismo de N&uacute;&ntilde;ez de Arce. Prefiero la emoci&oacute;n sosegada, pasada por el tamiz de la reflexi&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Y no hay algo de exageraci&oacute;n en afirmar que Sevilla es la &ldquo;dorada capital del mundo&rdquo; del dolor semanasantero?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-No soy sevillano pero no creo que sea exagerado. Dime alguna otra ciudad del mundo que bloquee sus calles durante una semana para convertirlas en un museo masivo al aire libre de arte, de folclore y de espiritualidad. Yo no conozco otra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La Semana Santa es un mundo que sabe re&iacute;rse de s&iacute; mismo precisamente porque se toma su estaci&oacute;n de penitencia como el acto m&aacute;s importante del a&ntilde;o&rdquo;</strong>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Tambi&eacute;n afirmas que &ldquo;las m&aacute;s sublimes manifestaciones de lo andaluz insisten sabiamente en el trazo tragic&oacute;mico de la vida humana&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; hay de c&oacute;mico en la Semana Santa?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-La comedia la ponen los cofrades con su gracejo constante, las hermandades y sus comentarios a pie de paso, los rancios conscientes de su ranciedad insuperable. Es un mundo que sabe re&iacute;rse de s&iacute; mismo precisamente porque se toma su estaci&oacute;n de penitencia como el acto m&aacute;s importante del a&ntilde;o.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-En otro lugar del libro hablas de una &ldquo;verdad profunda y complicada&rdquo;, dif&iacute;cil de comprender para un forastero venido de Madrid. &iquest;Crees que esa &ldquo;verdad&rdquo; la comprenden los propios sevillanos o es incomprensible incluso para la mayor&iacute;a de ellos?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Ser&iacute;a muy petulante que un madrile&ntilde;o viniera a explicarles la Semana Santa a los sevillanos. Pero habr&aacute; algunos que viven de espaldas a su fiesta mayor, a su significado profundo y ancestral, y quiz&aacute; para ellos tambi&eacute;n est&aacute; escrito este libro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Y t&uacute;, la comprendiste?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-No creo que baste una Semana Santa para eso, pero fue una inmersi&oacute;n bastante profunda, la verdad. Me met&iacute; a fondo. Juzgue el lector del libro si lo logr&eacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-A la gloria se va por el dolor; la pena alegre, gozar sufriendo&hellip; &iquest;no son demasiados ox&iacute;moron?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Carlos Herrera cit&oacute; en la presentaci&oacute;n del libro una frase de un cofrade que resume bien todas las paradojas pascuales: &ldquo;Qu&eacute; mal bien lo estoy pasando&rdquo;. Eso es. El goce en el dolor de la Sevilla semanasantera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Para ser sevillano hay que ser cofrade, como dec&iacute;a C&eacute;sar D&iacute;az, cofrade enfermizo de&hellip; Asturias?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Cada cual es muy libre de serlo o no, seguramente hay muchos sevillanos que prefieren el reguet&oacute;n a la marcha de los Campanilleros. Pero en un concurso de sevillan&iacute;a quedar&iacute;an segundos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Sevilla vive casada con la eternidad&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&laquo;Sevilla es una ciudad de gustos conservadores, pero al mismo tiempo posibilista y amable&raquo;, dec&iacute;a Chaves Nogales. &iquest;Es la Semana Santa todo eso?</p>
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<p>-Es un rasgo del car&aacute;cter meridional, andaluz en general, tambi&eacute;n canario. Pueblos de luz y acogida, aferrados a sus tradiciones, pero muy pragm&aacute;ticos, abiertos al comercio y a la tolerancia a fuerza de haber visto pasar a innumerables culturas y reg&iacute;menes por sus tierras desde la noche de los tiempos. La Semana Santa no es una excepci&oacute;n a la expresi&oacute;n de ese car&aacute;cter sino seguramente su momento culminante. Sevilla regresa entonces al Siglo de Oro, su presente continuo. Vive casada con la eternidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Qu&eacute; tiene de parad&oacute;jica Sevilla? &iquest;Solo ser sensual y sacra a la vez?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Exacto. Como las tallas de los imagineros. Esa paradoja barroca, tan cat&oacute;lica, la define.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;No crees que es un atraso o un bald&oacute;n que Sevilla viva excesivamente del sevillanismo y que no se haya movido del Siglo de Oro, como dec&iacute;a Eugenio Noel?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-El alcalde que ve c&oacute;mo las arcas p&uacute;blicas se llenan cada Semana Santa gracias al turismo nacional e internacional te dir&aacute; que bendito sea el Siglo de Oro. La sevillan&iacute;a es la industria principal de Sevilla, y todo apunta a que lo seguir&aacute; siendo. Otra cosa es que un sevillano cabal admita muchos otros intereses y curiosidades en su vida y en su sensibilidad, y sepa trascender el peso de su identidad m&aacute;s tradicional: esto es no solo posible sino deseable. Pero jam&aacute;s puede ser un bald&oacute;n, cuando tantas ciudades del mundo matar&iacute;an por tener una identidad tan fuerte y globalmente conocida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Ponderas que el silencio, la quietud y el rigor son virtudes abolidas por las reformas de las nuevas ense&ntilde;anzas. &iquest;Quiere esto decir que la Semana Santa es una escuela de formaci&oacute;n de virtuosos ciudadanos?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Las hermandades son escuelas c&iacute;vicas y morales: uno aprende ah&iacute; un sentido de pertenencia y unos c&oacute;digos de solidaridad. Desde luego una estaci&oacute;n de penitencia como la del Silencio inculca m&aacute;s valores que una pe&ntilde;a de ultras de f&uacute;tbol.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Para ti las V&iacute;rgenes son mujeres que r&iacute;en mientras lloran&hellip; &iquest;Las ves entonces como m&aacute;s humanas que divinas?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-No es que las vea yo as&iacute;: es que as&iacute; las ve&iacute;an Juan de Mesa o Mart&iacute;nez Monta&ntilde;&eacute;s. La imaginer&iacute;a andaluza parte de lo carnal, de lo human&iacute;simo, para llegar a lo celestial. Nunca al rev&eacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Catalu&ntilde;a est&aacute; en deuda con Andaluc&iacute;a, no al rev&eacute;s&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Te metes con los nacionalistas catalanes y encumbras a los camareros sevillanos. &iquest;Es una forma de politizar las diferencias mal digeridas de quienes han ponderado siempre el trabajo como cosa del catal&aacute;n y la vagancia como car&aacute;cter de la gente del Sur?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Por desgracia esos t&oacute;picos necios tienen plena actualidad: solo tienes que echar un vistazo a las p&aacute;ginas de los peri&oacute;dicos y a las negociaciones parlamentarias. Escribo que los camareros sevillanos son un cuerpo de &eacute;lite porque trabajan m&aacute;s y mejor que nadie. Trabajaron adem&aacute;s para hacer grande a Catalu&ntilde;a durante d&eacute;cadas, en condiciones laborales a veces miserables, como emigrantes abnegados a los que los se&ntilde;oritos nacionalistas siguen acusando de no haberse integrado a poco que reivindiquen sus ra&iacute;ces y no catalanicen su apellido. Catalu&ntilde;a est&aacute; en deuda con Andaluc&iacute;a, no al rev&eacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Si la Semana Santa es la pena alegre, la Feria ser&iacute;a la alegre pena?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Est&aacute; muy bien visto eso. La alegre pena ser&iacute;a la resaca, claro. O alegr&iacute;a penosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Debajo de los t&oacute;picos sevillanos late una historia secular&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Romero Murube se lamentaba de la existencia de una Sevilla de pandereta, de una Sevilla de azulejos, tur&iacute;stica y relumbrona, que se estaba comiendo a dentelladas a esa otra Sevilla &laquo;de sangre, miserias, pasiones y dif&iacute;ciles verdades que es la que est&aacute; esperando, intacta, que un d&iacute;a llegue el artista, el escritor, que sepa descubrir su belleza peregrina, su hond&iacute;sima sabidur&iacute;a&raquo;. &iquest;No es pedir demasiado?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Romero Murube sabe lo que dice. Pem&aacute;n tambi&eacute;n escribi&oacute; cosas parecidas. Cualquier escritor con sensibilidad y cultura sabe que debajo de los t&oacute;picos sevillanos late una historia secular, y que m&aacute;s all&aacute; de las atracciones tur&iacute;sticas m&aacute;s evidentes hay una Sevilla rec&oacute;ndita, se&ntilde;orial, que huye de las masas y se remonta al embrujo &aacute;rabe y al car&aacute;cter castellano. Herrera siempre dice que Andaluc&iacute;a es una Castilla a la que le ha dado m&aacute;s el sol.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Fiesta cristiana y pagana, sacrificial y hedonista, &iquest;no son muchas contradicciones para definir la Semana Santa, o es que en Sevilla, como bien dices, las cosas pueden ser una cosa y la contraria?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sevilla ofrece todas las contradicciones a quien sepa mirar bien. Luego ya cada cual se queda con una faceta o su contraria, con la jarana o con el recogimiento, con la barra del bar o con el sagrario en penumbra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-En dos de tus cr&oacute;nicas hablas de la superioridad del sentir sobre el pensar, en la l&iacute;nea de N&uacute;&ntilde;ez de Arce, que dec&iacute;a que &laquo;la Semana Santa de Sevilla no ser&aacute; nunca un objeto de raz&oacute;n&raquo;, &iquest;pero no es eso rebajar la precisi&oacute;n del cronista a la hora de contar lo que ve?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No se puede escribir desde la pura emoci&oacute;n, a riesgo de hacer el rid&iacute;culo. Pero tampoco se puede escribir desde la raz&oacute;n pura, a riesgo de aburrir a todo el mundo. La precisi&oacute;n nunca debe estar re&ntilde;ida con el sentimiento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Hay quien ha hablado del &ldquo;abismo de Sevilla&rdquo; en la Semana Santa, como si Sevilla en esa semana fuese un espejo donde la voluntad se pierde. &iquest;Llegaste a perder tu voluntad?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tanto como la voluntad no, pero cerca del paso experiment&eacute; emociones que no sab&iacute;a que ten&iacute;a, o que ten&iacute;a dormidas. Y con ellas, en vez de cantar una saeta, escrib&iacute; este libro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Como todas las ciudades imperiales, Sevilla tiene sus secretos, dif&iacute;ciles de escuchar, pero m&aacute;s dif&iacute;ciles de contar. &iquest;Con qu&eacute; prop&oacute;sito encaraste tu forma de contar esos secretos? O, mejor a&uacute;n, &iquest;lograste extraerle sus zumos secretos?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Corresponde al lector ese juicio. Yo anotaba todo lo que ve&iacute;a y todo lo que me contaban, benefici&aacute;ndome de un cicerone de excepci&oacute;n como Carlos Herrera, entrando en la Casa de Pilatos cerrada para mis amigos y para m&iacute;, accediendo a historias personales de una Sevilla que acaba de salir de la pandemia. Quiero pensar que algo de eso se refleja en el libro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Al sevillano cofrade desde luego la muerte le pillar&aacute; bien entrenado&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Celebraci&oacute;n de la muerte es la Semana Santa, pero sin miedo a la muerte. &iquest;As&iacute; la has visto t&uacute;?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Al sevillano cofrade desde luego la muerte le pillar&aacute; bien entrenado. Esa familiaridad con el drama final, representado una y otra vez, comporta seguramente una ventaja cuando llegue la hora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Has escrito tu libro con desenfado y libertad, sin censuras?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Como siempre escribo. No hemos llegado hasta aqu&iacute; para cortarnos ahora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Ateo, agn&oacute;stico o creyente?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-No existe el ate&iacute;smo. Un ateo es un creyente de trasuntos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Y, por &uacute;ltimo&hellip; Imbuido o arrebatado por la escenograf&iacute;a sensual y m&iacute;stica, pagana y religiosa de la Semana Santa sevillana, se dir&iacute;a que no viste nada negativo en ella. &iquest;Es que el sevillanismo es contagioso?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo &uacute;nico negativo son las bullas, porque soy al&eacute;rgico a las multitudes. Pero yo tuve la suerte de mirar desde balc&oacute;n.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 03 Apr 2025 10:30:16 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poesía reivindicativa para y desde la vida vivida]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/poesia-reivindicativa-para-y-desde-la-vida-vivida/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/NOSOTRAS_-_PLATAFORMA_DE_POETAS_POR_TERUEL_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>Nosotras. Antolog&iacute;a de autoras de la Plataforma de Poetas por Teruel</em>, coordinada por Cristina Gim&eacute;nez, Miriam Grimalt y Marisol Julve, es la primera publicaci&oacute;n de esta asociaci&oacute;n cultural, plataforma, sin &aacute;nimo de lucro radicada en la provincia de Teruel. 13 poetas con sus versos y una poeta, Alejandra Vanessa, con su pr&oacute;logo <em>Todas somos todas</em>, es lo que la persona lectora, &aacute;vida de pasiones y sensaciones fuertes, duras y pedag&oacute;gicas encontrar&aacute; en este centenar de p&aacute;ginas. Un poemario plural de ilimitadas voces, singulares y se&ntilde;eras, que tienen que ver con Teruel (y provincia), por nacimiento o por residencia. &iexcl;Sin ir m&aacute;s lejos!&nbsp;</p>
<p>El t&iacute;tulo de este florilegio, <em>Nosotras</em>, ya da cuenta de esa poes&iacute;a espa&ntilde;ola creada por mujeres y supone una reivindicativa y expl&iacute;cita voz de voces en esa y no otra declaraci&oacute;n de principios. Que nadie crea que ha remitido la atenci&oacute;n a la buena poes&iacute;a escrita por mujeres, pues siguen y seguimos en la lucha tan justa y necesaria de la igualdad y la libertad. Creo que es necesario articular la sociedad mediante la poes&iacute;a y <em>Nosotras</em> es un buen ejemplo de esto. Ya Alejandra Vanessa lo se&ntilde;ala: &ldquo;Provoquemos e acompa&ntilde;amiento consciente de nuestros iguales, los hombres: padres, amigos, hermanos. &iquest;Y si dejamos de ser lo que esperan de nosotras y tejemos red? El tiempo es nuestro. La felicidad est&aacute; de nuestra parte. Y nuestras manos, firmes, se alzan hacia la libertad&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Bien pues, las poetas con sus poemas son, por orden alfab&eacute;tico del primer apellido: Anaya Ruiz, Yohana; And&uacute;jar, Sonia; Garc&iacute;a, Sonia; Garzo Cam&oacute;n, Tiffany; Gim&eacute;nez L&oacute;pez, Cristina; Gonz&aacute;lez Berm&uacute;dez, Natalia; Gonz&aacute;lez Cant&oacute;n, Felicidad; Gonzalvo, Bel&eacute;n; Grimalt, Miriam; Julve Barea, Marisol; Mart&iacute;nez S&aacute;nchez, Isabel; Perruca Hurtado, Asun; y Royuela, Bea. &iexcl;Ah&iacute; son estas voces: <em>solo quiero que lo sepan</em> (BR)! Y como dec&iacute;a Rosal&iacute;a de Castro, &ldquo;S&oacute;lo cantos de independencia y libertad han balbucido mis labios&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Creo que <em>Nosotras</em> es un vasto poemario para la resistencia, con varios poemas de cada una de las autoras, unos m&aacute;s extensos que otros, claro. Creo que todas ellas tienen una vinculaci&oacute;n establecida entre la mirada y la memoria y ese lenguaje femenino: de su paso por la realidad, que es la que es. Cuentan con una gama certera de registros mel&oacute;dicos, que saben utilizar y bien en sus versos, todas ellas. No s&eacute; cual ha sido el motivo de la elecci&oacute;n de estas 13 poetas, pero si ha sido el de representatividad de la poes&iacute;a femenina que se escribe en Teruel, han acertado. Pues creo en la poes&iacute;a que es capaz de compartir emociones y sentimientos, reflexiones: poes&iacute;a inteligente que conmueve y emociona.&nbsp;</p>
<p>Estas poetas trabajan con el tiempo en ese su di&aacute;logo sonoro que fluye; hacen una apuesta por la defensa del discurso de ser mujer, pese a quien pese; utilizan la poes&iacute;a para su verdad y belleza; voces di&aacute;fanas; versos &aacute;giles y consistentes; met&aacute;foras como latigazos cerebrales de lucidez; y ah&iacute; grandes hallazgos y sobre todo escriben con la complicidad de la persona lectora, que es quien, en definitiva acaba el poema, descifr&aacute;ndolo. En este florilegio discurre, cual Jiloca por Burb&aacute;guena, el entusiasmo, la tristeza, la nostalgia, el amor, el dolor, la p&eacute;rdida, la amistad, el olvido, el paso del tiempo, la renuncia y la b&uacute;squeda de la identidad.&nbsp;</p>
<p>Tras leer este <em>Nosotras</em> uno tiene la convicci&oacute;n de que estas magn&iacute;ficas poetas tienen clara una cosa, como son las ganas de vivir que presiden sus versos. Pues, redescubren cada d&iacute;a ese mundo en el que viven. Son notarias de la actualidad. En sus poemas, en su melod&iacute;a, est&aacute;n activas todas las sombras del mundo de ayer y hoy. &iexcl;Gracias por escribir, poetas!&nbsp;</p>
<p>Y para que las personas lectoras se animen a leer este <em>Nosotras</em> copiar&eacute; algunos versos de cada poeta; pues creo que es justo y necesario, que dir&iacute;a cualquier presb&iacute;tero que se precie: la p&aacute;gina web de esta revista digital que tiene nuestra revista cultural <em>Turia</em>, conocida y reconocida y premiada, lo soportar&aacute;, por extensi&oacute;n, digo:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ella es una ni&ntilde;a con manos de anciana,</p>
<p>un cuerpo cansado de jugar a ser adulta</p>
<p>que vio en los labios de &eacute;l</p>
<p>la oportunidad de estar a ocho besos</p>
<p>de distancia de un nuevo pa&iacute;s.</p>
<p><strong>Yohana Anaya Ruiz</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La vida que so&ntilde;&eacute; nace de las ant&iacute;podas de tu nombre.</p>
<p>Las paredes tiemblan tras tus manos</p>
<p>y el ox&iacute;geno arde dentro de tus palabras.</p>
<p>Las horas lentas esperan como el amor paciente</p>
<p>desplum&aacute;ndose en su jaula.</p>
<p><strong>Sonia Andujar</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Su rostro, sin rostro.</p>
<p>Sus ojos, sin vida.</p>
<p>Mirada perdida.</p>
<p>Su piel, marchita.</p>
<p>Su alma, de muerte herida.</p>
<p><strong>Sonia Garc&iacute;a Calvo</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ven, pasa. Si destapas la tela ver&aacute;s una piel erizada.</p>
<p>All&iacute;, a la derecha hay una marca.</p>
<p>Depende de quien la toque sangra,</p>
<p>no es culpa suya.</p>
<p><strong>Tiffany Garzo Cam&oacute;n</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La quer&iacute;a.</p>
<p>Tanto que dol&iacute;a.</p>
<p>Y sus abrazos oprim&iacute;an el t&oacute;rax</p>
<p>y asfixiaban la tr&aacute;quea,</p>
<p>callada y dormida,</p>
<p>y sus dedos chasqueaban silencios.</p>
<p><strong>&nbsp;Cristina Gim&eacute;nez L&oacute;pez</strong>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las madrugadas de mi recuerdo</p>
<p>no son una albada</p>
<p>medieval</p>
<p>no hay besos ni despedidas</p>
<p>no hay amantes ni grandes amores</p>
<p>no descubre el d&iacute;a una dulce compa&ntilde;&iacute;a.</p>
<p><strong>Natalia Gonz&aacute;lez Berm&uacute;dez</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dicen que hoy es el d&iacute;a de la mujer</p>
<p>y yo digo que soy mujer todos los d&iacute;as.</p>
<p>Agradezco cualquier d&iacute;a de mi vida</p>
<p>a todas las mujeres que lucharon antes que yo.</p>
<p><strong>Felicidad Gonz&aacute;lez Cant&oacute;n</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando fui feliz,</p>
<p>me acompa&ntilde;abas en las idas y venidas.</p>
<p>Cuando fui feliz,</p>
<p>me invitabas a lugares deseados.</p>
<p>Cuando fui feliz,</p>
<p>me colmabas de regalos.</p>
<p><strong>Bel&eacute;n Gonzalvo</strong>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por m m&iacute; y por todas mis compa&ntilde;eras.</p>
<p>Lazos morados en la calle,</p>
<p>gritos en las aceras,</p>
<p>grupos de mujeres alzando la voz,</p>
<p>el 25 dibujado en las paredes.</p>
<p><strong>Miriam Grimalt</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hago balance y os digo que,</p>
<p>este a&ntilde;o que ahora termina,</p>
<p>he muerto 47 veces &ndash;que yo sepa-.</p>
<p>Y he resultado herida de gravedad</p>
<p>en una ingente cantidad de ocasiones</p>
<p>que no me atrevo ni ha contar.</p>
<p><strong>Marisol Julve Barea</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;El d&iacute;a?: mustia&hellip; &iexcl;ahora&hellip; reina de la noche!</p>
<p>el patr&oacute;n en el catre, cual alimoche&hellip;</p>
<p>yo, cual lechuza, custodio mi abad&iacute;a.</p>
<p>So&ntilde;ando cabriolas cual bailarina,</p>
<p>luciendo visera pal sol de la noche,</p>
<p>bruna y brillante como el azabache,</p>
<p>rondando a la noche cual hero&iacute;na.</p>
<p><strong>Isabel Mart&iacute;nez S&aacute;nchez</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las ni&ntilde;as buenas no arrastran</p>
<p>las sillas ni los pies.</p>
<p>No hablan a gritos</p>
<p>y r&iacute;en con sordina.</p>
<p><strong>Asun Perruca Hurtado</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Qui&eacute;n te iba a decir a ti</p>
<p>que el silencio era</p>
<p>tu lugar com&uacute;n&hellip;</p>
<p>y no la luna, poeto.</p>
<p><strong>Bea Royuela</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;Vaya versos los de estas 13 poetas: verdad y belleza por doquier! Y es que estos poemas son pura donaci&oacute;n a la espera de un encuentro de intimidad c&oacute;mplice con la persona lectora, a la espera de una mirada que vuelva a iluminar la experiencia de estar vivos y ser libres y no otra. Son poetas que lejos de separar, re&uacute;nen, ligan y funden las sensaciones en un crisol de orfebrer&iacute;a. Este libro, <em>Nosotras</em>, es todo lirismo y hondura, escrito con m&aacute;s de una y de dos sonrisas distantes, aunque sea un libro de esplendor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Creo pues que este primer libro de la Plataforma de Poetas por Teruel, <em>Nosotras</em>, est&aacute; pensado como ese viaje en distintas etapas del conocimiento existencial ligado al destino y a la otredad. Las poetas se mueven por los derroteros de la b&uacute;squeda: un viaje inevitable, justo y necesario, perseguido y querido dir&iacute;ase: para descubrir ese enigma de la vida: del azar y la necesidad, del saber y del conocer. Pues no sabemos o s&iacute;, qu&eacute; es m&aacute;s verdad, la realidad o la apariencia: son formas complejas, de resistencia, de vivir esa realidad, no me cabe ninguna duda. Y todo con temor y temblor pero fascinando. &iexcl;L&eacute;anlas, no lo duden!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cristina Gim&eacute;nez, Miriam Grimalt y Marisol Julve<em> coords,&nbsp;Nosotras. Antolog&iacute;a de autoras de la Plataforma de Poetas por Teruel, </em>Teruel, PPT Ediciones, 2025.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 28 Mar 2025 12:21:38 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La memoria está en la espesura del cielo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-memoria-esta-en-la-espesura-del-cielo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/VIVIANA_PALETTA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>La espesura del cielo</em> de Viviana Paletta (1) es la novela de una poeta. Como toda narraci&oacute;n, contiene una historia y en su trama se guarda una sorpresa; sin embargo, la densidad que logra, en sus pocas p&aacute;ginas, procede del lenguaje justo y evocativo que emplea; su expresi&oacute;n es capaz de dar cuerpo a todo un mundo y registrar sensaciones profundas. &ldquo;Baqueano&rdquo;, &ldquo;duelear&rdquo;, &ldquo;zascandileando&rdquo; son ejemplos de t&eacute;rminos que constelan el bosque, la selva inh&oacute;spita que envuelve a la protagonista. Estas palabras tejen, de forma virtuosa, la historia personal de una joven mujer, embarazada, que huye del silbar lejano de las ametralladoras.&nbsp;</p>
<p>Uno de los temas que se citan en la novela, dram&aacute;tico y a&uacute;n presente y palpitante de diferentes maneras en tantos pa&iacute;ses latinoamericanos, es el de las muertes y desapariciones provocadas durante los reg&iacute;menes dictatoriales que sufrieron muchos de ellos, en este caso el de la dictadura argentina. No son asuntos ni ser&aacute;n nunca temas del pasado, y la novela de Paletta es parte de las m&uacute;ltiples voces que participan en el conflicto. A&uacute;n hoy esas tragedias necesitan revisarse de manera ineludible, pues manifiestan el dolor de una sociedad que exige dignificarse. Algo que acabamos de ver en el reconocimiento del premio &oacute;scar a la mejor pel&iacute;cula extranjera concedido a <em>A&uacute;n estoy aqu&iacute;</em> del director Walter Selles, que trata el drama de la esposa de un desaparecido en la dictadura brasile&ntilde;a.&nbsp;</p>
<p>La novela es breve como apasionada. Su gran logro es constituir la palabra desde una voz an&oacute;nima. Desde ese lugar, la narradora no solo nos cuenta su historia, sino que permite que los lectores podamos ocupar su lugar, reflejarnos y participar hondamente del relato sin la interferencia de un nombre. Igual que ocurre en la poes&iacute;a, el que habla es m&aacute;s bien un <em>m&eacute;dium</em> para dejar que surja aquello que reclama salir y ser dicho, vuelve as&iacute; a la sociedad, a trav&eacute;s de sus lectores, que reconocen lo expresado.&nbsp;&nbsp;</p>
<p><em>La espesura del cielo</em> es un libro donde hay <em>escritura</em>, quiero decir, se trata de un libro libre, que posee una idea y pulso propios, no est&aacute; concebido para gustar o disgustar, no cae en la impostura o en reclamar una posici&oacute;n f&aacute;cil; quiere <em>ser </em>a partir de la mayor libertad creadora posible, que proviene de las entra&ntilde;as. Nunca mejor dicho en el caso de esta novela que nos habla de la maternidad: &ldquo;Me queda el pozo de mi cuerpo como ancla y lastre, una pinza. Un vientre que late con su propio p&eacute;ndulo dispuesto a estallar cuando alcance su hora.&rdquo;(2) Marguerite Duras dec&iacute;a algo que me recuerda mucho a c&oacute;mo se va procesando esta historia: &ldquo;Es el tren de la escritura que pasa por vuestro cuerpo. Lo atraviesa. De ah&iacute; es de donde se parte para hablar de esas emociones dif&iacute;ciles de expresar, tan extra&ntilde;as y que sin embargo, de repente, se apoderan de ti.&rdquo;(3).&nbsp;</p>
<p>El libro nos cuenta un drama del pasado que lo trasciende y est&aacute; dirigido al porvenir, a este mundo de migraciones, a este mundo globalizado donde pareciera que todo es ef&iacute;mero y se olvida al instante. En contraste con ello, el amor, el dolor, la injusticia son de una materia incombustible, el tiempo solo logra clarificarlas porque permanecen en esa espesura del cielo, ese aparente silencio que &ldquo;sin embargo&rdquo; habla y es memoria. As&iacute; escribe Viviana Paletta: &ldquo;Pulir, adelgazar la memoria, hilachas de escenas, palabras que no vuelven, y sin embargo.&rdquo; (4).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Notas:</p>
<p>(1)&nbsp;&nbsp; Viviana Paletta, <em>La espesura del cielo</em>, Los Libros de la Mujer Rota, Madrid, 2024.</p>
<p>(2)&nbsp;&nbsp; <em>Ib&iacute;d</em>., p. 80.</p>
<p>(3)&nbsp;&nbsp; Marguerite Duras, <em>Escribir</em>, Tusquets, Barcelona, 2000, p. 83.</p>
<p>(4)&nbsp;&nbsp; Viviana Paletta, <em>op. cit</em>., p. 64.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 28 Mar 2025 12:04:24 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuentos de una intensidad emocional extrema]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/cuentos-de-una-intensidad-emocional-extrema/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/PEDRO_UGARTE_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Standard">El nuevo libro de Pedro Ugarte, <em>Un lugar mejor</em>, es uno de los m&aacute;s destacados conjuntos de cuentos publicados en este &uacute;ltimo a&ntilde;o. De una intensidad emocional extrema, Pedro Ugarte (Bilbao,1963) nos lleva por caminos terminales, instantes extremos y cari&ntilde;os disfuncionales en un carrusel de emociones estructurado como una sucesi&oacute;n de estaciones vitales que ejemplarizan la vida como un conjunto de estadios puntuales caracterizados unas veces por el extra&ntilde;amiento y otras por la rutina. En 2016, Ugarte ya hab&iacute;a publicado su inmenso volumen "Nuestra historia", tambi&eacute;n en P&aacute;ginas de Espuma y, con &eacute;l, obtuvo el prestigioso premio Setenil al mejor libro de cuentos. La exquisita editorial balear Sloper edit&oacute; en 2024 su, hasta ahora, &uacute;ltimo poemario, "Las cosas de este mundo", dejando 2025 para este nuevo cap&iacute;tulo en la trayectoria del escritor vasco.&nbsp;</p>
<p class="Standard">Cuentos como "&Eacute;ramos tan felices" donde una familia se descompone ante sucesivas situaciones, enfermedades casi transitivas, hasta dejar al protagonista extra&ntilde;amente feliz en su compendio de recuerdos, es uno de esos cuentos que nos provoca una enajenaci&oacute;n emocional, ante el retrato de una experiencia gen&eacute;tica, sangu&iacute;nea, donde la fidelidad familiar, la ausencia filial, en un ajedrez de ciudades, donde todo son puzles descompuestos en piezas infinitas, es la metamorfosis cualitativa de unas personas que no distinguen la tragedia de lo cotidiano. Encontrarse con "No podr&iacute;a morirse ese animal" es vitriolo puro. La primera tem&aacute;tica que recorrer&aacute; el libro: vidas con un origen com&uacute;n que se ramifican hasta convertir a los amigos, a los camaradas, en aut&eacute;nticos extra&ntilde;os. Por un lado la productividad y el sexo, el poder capitalino (aunque el autor deja caer una opini&oacute;n desesperada: &ldquo;No podr&iacute;a haber vidas felices debajo de aquel caparaz&oacute;n de de tejas encarnadas, en esa sucesi&oacute;n de sarc&oacute;fagos de sucio cemento armado&rdquo;), s&aacute;banas de sensualidad lujosa de los paradores y, por otro, la misma estepa de Castilla y Le&oacute;n, el pueblo de Adraque del Molino, de escaso internet, una reducci&oacute;n arterial desde la autov&iacute;a, a la nacional, llegando a la puerta por una comarcal donde los&nbsp; ladridos de los perros sueltos es el sonido con el que la naturaleza expresa su miseria. El protagonista y su antagonista, el ejecutivo frente a un kioskero, el atl&eacute;tico y el dejado. La amante y la mujer que no trabaja, cubierta de hijos. Las terribles dimensiones de las noches de invierno y la rabia que cristaliza en la frase que da t&iacute;tulo al cuento. Un perro, el asfalto, un volantazo, el reproche, qui&eacute;n vive y qui&eacute;n muere. En "Ulises y los mapaches" encontramos otro eslab&oacute;n m&aacute;s en la ristra de perdedores y, como si fuera parte del esquema, un protagonista que intenta alejarse de esa decadencia social, pero no quiere abandonar al personaje en la desgracia. Intentan ser buenos, no son falsos, tampoco se esfuerzan demasiado. Hijos de matrimonios rotos, lejos geogr&aacute;fica y emocionalmente, que evitan a sus padres destrozados. Una vida de mierda. La vuestra y la m&iacute;a. La de todos.&nbsp;</p>
<p class="Standard">La segunda parte, "Estaci&oacute;n de la soledad" comienza con una oficina, con su enga&ntilde;osa p&aacute;tina de orden y paz as&eacute;ptica que termina por ser un microclima t&oacute;xico. Mucho de Franz Kafka, pero tambi&eacute;n de la ic&oacute;nica "Las doce pruebas de Asterix", en ese arrebato descriptivo de la pen&uacute;ltima y abigarrada burocracia p&uacute;blica. Dinero, expedientes, papeles, miedo a tirar algo que sirva en el futuro, legajos frente a equipos inform&aacute;ticos, la capacidad de almacenamiento ha crecido de manera exponencial, pero est&aacute; la duda de si no sabemos seleccionar lo necesario. No sucede con las fotos de los m&oacute;viles, con los v&iacute;deos de nuestros hijos. Una balada, una broma de mal gusto, "Un plan estrat&eacute;gico", papel y m&aacute;s papel, satinado. Maravillosa la idea de la neo lengua de esta sociedad de fortalezas y debilidades. Un gui&ntilde;o a las adolescentes t&iacute;sicas de los cuentos de Edgard Allan Poe como el retazo de luz y color en lo gris. El odio a los concejales de cultura y la socialdemocracia. Al final, el protagonista, en su revuelta frustrada, se queda solo en la oficina. Como en <em>Un lugar mejor</em>, donde Ugarte coloca a su personaje en dos estadios paralelos, uno en el metro, donde cada ma&ntilde;ana vive una historia de amor subjetiva y so&ntilde;adora y el otro, en su casa, con una mujer enferma, postrada, qu&iacute;micamente inv&aacute;lida. Pero, de nuevo, las oposiciones, el cine, los bollos, una viuda joven, dolor, s&aacute;banas, paranoia y m&aacute;s medicaci&oacute;n. Un movimiento en el tablero, un intercambio de fichas, deja, por primera vez en el libro, que entre un poco de ilusi&oacute;n. Amarga e improbable, pero con algo de color: "Enamorarse en los vagones de metro, es aceptar, de puro improbable, que la vida ha terminado". Cuando le&iacute;a "Ni&ntilde;o jugando a la guerra con pistolas de verdad", me ven&iacute;a a la cabeza "Paquito", el tema de los Enemigos, con letra de Javier Corcobado: una resacosa ciudad castellana, con autobuses (quiz&aacute; trenes), pero sin aeropuerto. El encuentro de un escritor de clase media con un seguidor de clase alta. Uno ungido, el otro mediocre en su estado de cabeza de rat&oacute;n provincial. La detonaci&oacute;n, un cuerpo y una &uacute;ltima recompensa inesperada para un talento escaso. Plano, como la capital de provincia, como el c&iacute;rculo de la metaliteratura.&nbsp;</p>
<p class="Standard">La siguiente parada es en "La estaci&oacute;n de las mentiras", con un instante, "Arantxa", un punto de no retorno, como en "El adversario" de Emmanuel Carr&egrave;re sin ser, l&oacute;gicamente, tan tr&aacute;gico. M&aacute;s inc&oacute;modo que otra cosa. Dos parejas. M&aacute;scaras de clase alta. Incomodidad. La verdad, el p&aacute;nico, la mentira, un final de cart&oacute;n piedra, abierto, que nos aboca al abismo. El primero de una galer&iacute;a de personajes ajenos (muchas veces extranjeros), que nos van a acompa&ntilde;ar en esta parte del libro. En "Una isla sucia y abandonada" volvemos a encontrar la penuria social transitiva entre el protagonista y un secundario, Ferm&iacute;n (tambi&eacute;n con hijos, tambi&eacute;n lejos, alguien a quien sus v&aacute;stagos le piden que nos les escriba), sumido en un estado de apestado formal, y el protagonista, que se descubre como una pen&iacute;nsula en su grupo de amigos: un simple comentario lo lleva al p&aacute;ramo alcoh&oacute;lico junto a un malec&oacute;n en el Mediterr&aacute;neo. Nombres violentos en pueblos levantinos, parejas bien llegadas desde Madrid, una sociedad sanguinaria donde la culpa se transmite se&ntilde;al&aacute;ndose con el dedo y provocando un terremoto estructural a trav&eacute;s de la mentira del plural mayest&aacute;tico. Y con "Westerman Servicios Generales" nos queda la sensaci&oacute;n de que el mentiroso, el falso personaje, se ha disfrazado, yendo desde "Arantxa" hasta aqu&iacute;. Ahora convertido en un siniestro hombre de negocios, el futuro suegro del narrador. Impostor, turbio, el dinero abundante producido por la nada. En la plusval&iacute;a del pelotazo o del crimen, Pedro Ugarte define sus secundarios a trav&eacute;s de una ramificaci&oacute;n vital, un salto &iacute;nfimo, una mariposa moviendo las alas y, de pronto, los personajes se convierten en desconocidos por una transmisi&oacute;n, un desplazamiento. Inquietante final, de nuevo. La mentira siempre trae semillas de duda.&nbsp;</p>
<p class="Standard">La &uacute;ltima parte del manuscrito son los "Cuentos de la &uacute;ltima estaci&oacute;n": tres relatos muy distintos entre s&iacute;, que van de lo l&iacute;rico a lo prosaico de manera natural y poseen un barniz emotivo que permite una cierta lectura esperanzadora: "Ermita de San Sebasti&aacute;n" que comienza casi como un proyecto de "folk horror" donde se lee &lt;&lt;Es como si la tierra se quejara de algo&gt;&gt;, para mutar a una historia de tristeza infinita, de desaz&oacute;n salvaje: flechas rotas, como las de los indios en los mu&ntilde;equitos del oeste, mujeres que hasta hace poco eran ni&ntilde;as, el cuento de la lechera... un pecho desnudo, un ni&ntilde;o en camino, el arrepentimiento. Vera y Kevin, verrugas de un mundo en descomposici&oacute;n que sobreviven a base de brutalidad. "Dientes, caricias, agosto" es un instante en el est&iacute;o de uno de esos derrotados divorciados que abundan en los cuentos de Ugarte, con una ni&ntilde;a extra&ntilde;a y un hermano, que es uno de esos m&iacute;nimos instantes en los que se les permite recibir algo de calor humano, antes de que, tras los mapaches y el malec&oacute;n, lleguemos al animal, otro animal, el mismo destino. Mi favorito es "Viento inclemente", con el que termina el volumen. Nos es por la belleza formal del mismo, es la perspectiva diferente que le otorga Ugarte: un padre, un hijo, la separaci&oacute;n emocional y geogr&aacute;fica, cuantitativa y cualitativa. Las pocas oportunidades de una intimidad paterno-filial, un tipo que, tras abandonar a su familia, no quiere reparar nada, no quiere dar consejos, que no se agarra al miedo a la soledad para chantajear a su hijo. Solo revelarle el secreto, la m&aacute;xima, lo que ha guiado su vida: "Tienes que ser feliz aunque hagas sufrir a los dem&aacute;s". Una sensaci&oacute;n de metal en la boca, un c&iacute;rculo vicioso, entre lo &eacute;tico y lo literario, el muelle que se estira y no vuelve. Una&nbsp; infidelidad hacia uno mismo, por querer agradar a los que lo rodean. Es una magn&iacute;fica manera de terminar un libro que, por otro lado, es estupendo en su conjunto. Uno de los grandes, Ugarte, con uno de sus mejores vol&uacute;menes de cuentos.&nbsp;</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">Pedro Ugarte, <em>Un lugar mejor</em>, Madrid, P&aacute;ginas de Espuma, 2024.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 18 Mar 2025 08:44:54 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA rendirá un homenaje internacional a Juan Benet ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-rendira-un-homendaje-internacional-a-juan-benet/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2025/JUAN_BENET_5_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Con esta iniciativa, <em>TURIA</em> quiere contribuir al fomento de la lectura de la obra de Juan Benet en un momento muy oportuno: cuando nos encontramos en el pre&aacute;mbulo de una efem&eacute;rides que bien merece ser celebrada como corresponde. Porque, en 2027, se cumplir&aacute; el centenario del nacimiento de uno de los grandes nombres propios de la literatura espa&ntilde;ola del siglo XX. Por eso <em>TURIA</em> le ha dedicado un espectacular monogr&aacute;fico internacional que re&uacute;ne a los mejores escritores y expertos en su obra. Un total de 21 autores espa&ntilde;oles e hispanistas de varios pa&iacute;ses, publican 150 p&aacute;ginas de textos in&eacute;ditos que van a permitir conocer m&aacute;s y mejor la relevancia y singularidad creativa de Benet.&nbsp;</p>
<p>El monogr&aacute;fico que ofrecer&aacute; <em>TURIA</em> resulta muy atractivo, tanto para los buenos lectores que ya conocieran la tarea desarrollada por Juan Benet, como para aquellos que quieran descubrir hoy la obra de este singular ingeniero de caminos que tambi&eacute;n se desempe&ntilde;&oacute; magistralmente como hombre de letras. De ah&iacute; que este trabajo colectivo sirva a un doble prop&oacute;sito: reivindicar su notable valor literario y estimular un mayor conocimiento de sus principales obras en la actualidad. Coordinado por el profesor Domingo R&oacute;denas de Moya, catedr&aacute;tico Literatura Espa&ntilde;ola e Hispanoamericana de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y actual cr&iacute;tico literario de El Pa&iacute;s, entre los autores que participan sobresale no s&oacute;lo la presencia de varios de los mejores hispanistas y expertos en Benet. Tambi&eacute;n la revista aporta, por primera vez en papel, &nbsp;testimonios reveladores de otros escritores que lo conocieron de cerca como Javier Mar&iacute;as, F&eacute;lix de Az&uacute;a, Vicente Molina Foix, Eduardo Mendoza o Enrique Vila-Matas. Algo l&oacute;gico por cuanto, para ellos, Benet fue siempre &ldquo;un escritor ejemplar, un literato de la estirpe de los antiguos y un fascinante creador de opiniones radicales&rdquo;, seg&uacute;n lo describe Vila-Matas en su texto titulado &ldquo;Benet, saltador de p&eacute;rtiga&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>SE PUBLICA UN VALIOSO IN&Eacute;DITO DEL PROPIO BENET</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Merece la pena subrayar que, entre los materiales originales que aporta <em>TURIA</em>, sobresale un texto in&eacute;dito del propio Juan Benet y que forma parte del archivo personal del escritor madrile&ntilde;o que est&aacute; depositado en la Biblioteca Nacional de Espa&ntilde;a. Este documento posee un extraordinario valor por cuanto sirve de ilustraci&oacute;n del modo en que Benet afrontaba sus distintos proyectos narrativos. Se trata de dos manuscritos recogidos en la carpeta &ldquo;El viaje de invierno: res&uacute;menes de argumentos&rdquo;. En ellos Benet prepar&oacute; y orden&oacute; las bases reflexivas para la redacci&oacute;n de una de sus obras m&aacute;s trascendentes: la novela &ldquo;Un viaje de invierno&rdquo;, publicada por primera vez en 1972 y que supuso un paso adelante en la exploraci&oacute;n de nuevos territorios narrativos para la literatura espa&ntilde;ola.&nbsp;</p>
<p>Seg&uacute;n Domingo R&oacute;denas de Moya, estos textos que da a conocer ahora la revista <em>TURIA</em> &ldquo;pueden leerse como el fascinante y excepcional documento de un proceso espec&iacute;fico de creaci&oacute;n literaria, y a la vez, como un incisivo, privado y aut&oacute;nomo ensayo que nos habla, fundamentalmente, de una manera radical de concebir la literatura&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LEER HOY A UN CL&Aacute;SICO CONTEMPOR&Aacute;NEO&nbsp; </strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Juan Benet&nbsp; (Madrid, 1927-1993) est&aacute; considerado, por un amplio sector de la cr&iacute;tica y de los estudiosos de nuestra literatura, como uno de los escritores m&aacute;s influyentes del siglo XX. Y, sin duda, quien siempre se gan&oacute; la vida con su profesi&oacute;n de ingeniero de caminos, bien merece con creces ser descrito como un aut&eacute;ntico cl&aacute;sico contempor&aacute;neo. La ambici&oacute;n y extraordinaria exigencia de su obra literaria, as&iacute; como el indiscutible influjo que obtuvo en otros creadores justificar&iacute;a esa posici&oacute;n de privilegio en cualquier balance de las letras espa&ntilde;olas.&nbsp;</p>
<p>Benet cultiv&oacute; diversos g&eacute;neros (ensayo, teatro, o cuento), pero es en la novela donde alcanzar&iacute;a su mayor protagonismo. Por ejemplo, con su obra &ldquo;Volver&aacute;s a Regi&oacute;n&rdquo;, dio un cerrojazo incontestable a la novela de posguerra y desarrollaba narrativamente sus postulados te&oacute;ricos ya expuestos en otra de sus obras de referencia: &ldquo;La inspiraci&oacute;n y el estilo&rdquo;, publicada en 1966. Seg&uacute;n argumentan Domingo R&oacute;denas de Moya y Lucas Capellas Franco en el art&iacute;culo que abre el monogr&aacute;fico de <em>TURIA</em>, desde la aparici&oacute;n de dicha obra, y a lo largo de m&aacute;s de una d&eacute;cada, &ldquo;Benet se hab&iacute;a erigido en una figura fundamental en el campo literario del tardofranquismo, no solo por su radical apuesta por una narrativa ind&oacute;cil a las demandas del mercado o de la utilidad social y pol&iacute;tica sino tambi&eacute;n por convertirse en referente literario e intelectual de un grupo de j&oacute;venes escritores como Javier Mar&iacute;as, Vicente Molina Foix, F&eacute;lix de Az&uacute;a, Antonio Mart&iacute;nez Sarri&oacute;n o Javier Fern&aacute;ndez de Castro&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>En el citado art&iacute;culo que inaugura el homenaje al escritor madrile&ntilde;o, y bajo el revelador t&iacute;tulo de &ldquo;Juan Benet o la luz oscura&rdquo;, sus autores nos aseguran que su principal m&eacute;rito fue la concepci&oacute;n y puesta en pr&aacute;ctica de una teor&iacute;a de la novela que &ldquo;se alejaba violentamente de los realismos beligerantes en Espa&ntilde;a, del utilitarismo ingenuo de ciertos escritores antifranquistas, de la prosa descorazonadora que era com&uacute;n, ret&oacute;rica y casticista en unos casos, descalandrajada por otros a base de desgarrones y coloquialismo. Benet fue definiendo lo que no quer&iacute;a hacer &mdash;lo que ya no se pod&iacute;a hacer&mdash; al mismo tiempo que resolv&iacute;a cu&aacute;l era la literatura que le complac&iacute;a hacer &mdash;lo que <em>hab&iacute;a</em> que hacer&mdash; y que entroncaba directamente con la modernidad de ra&iacute;z simbolista, la de Conrad, Proust y Faulkner, la de la exploraci&oacute;n en los fondos abisales de la conciencia y la experimentaci&oacute;n audaz con los recursos del lenguaje y de la narraci&oacute;n&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Gracias a su celebrada novela &ldquo;Volver&aacute;s a Regi&oacute;n&rdquo;, publicada en 1967, como a los t&iacute;tulos editados en los a&ntilde;os setenta del pasado siglo, como &ldquo;Un viaje de invierno&rdquo; (fechada en 1972), Juan Benet ingresar&iacute;a ya para siempre en el &ldquo;exclusivo club de los autores afortunados y consagrados por el reconocimiento de la cr&iacute;tica, el de los autores prestigiados por la originalidad y la altura est&eacute;tica de su obra&rdquo;. En 1980 aparecer&iacute;a su novela &ldquo;Sa&uacute;l ante Samuel&rdquo;, en cuya elaboraci&oacute;n estuvo enfrascado siete a&ntilde;os que se considera paradigma y cima de sus principios y m&eacute;todos art&iacute;sticos. Esa serie de t&iacute;tulos, y los que vendr&iacute;an con posterioridad como &ldquo;Herrumbrosas lanzas&rdquo;, le granjearon un significativo aumento de protagonismo por parte de la cr&iacute;tica, tanto nacional como extranjera y terminaron por consagrarle como escritor can&oacute;nico.&nbsp;</p>
<p>Y es que, para Benet, &ldquo; la literatura configura una espacio de individuaci&oacute;n reflexiva instalado entre el silencio de la soledad y la vida comunicativa de la sociedad, a la que pertenecen las palabras, a la vez, por supuesto, que una extraordinaria y vertiginosa distracci&oacute;n. Como dijo en una conferencia de 1978, para &eacute;l la literatura era &lsquo;un divertimento y una forma de ser esencial&rsquo;&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>AMPLIA PRESENCIA DE LOS MEJORES HISPANISTAS</strong><strong>&nbsp; </strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Buena prueba de la dimensi&oacute;n universal alcanzada por la obra de Juan Benet, es la destacada presencia de especialistas de otros pa&iacute;ses en este monogr&aacute;fico de <em>TURIA</em> que le rinde homenaje. As&iacute;, en la revista publican interesantes an&aacute;lisis divulgativos los siguientes hispanistas: Claude Murcia, profesora de literatura comparada y estudios cinematogr&aacute;ficos en la Universidad Diderot-Paris 7; Cristina Moreiras Menor, catedr&aacute;tica de Literatura, Cine y Estudios de G&eacute;nero en la Universidad de Michigan; Malcolm Alan Compitello, profesor em&eacute;rito en la Universidad de Arizona y director del Departamento de Espa&ntilde;ol y Portugu&eacute;s en Arizona entre 1995 &nbsp;y 2018. Se da la circunstancia, adem&aacute;s, que Compitello es uno de los pioneros de la investigaci&oacute;n de la obra de Juan Benet entre los hispanistas norteamericanos. Igualmente participan el hispanista brit&aacute;nico Alexis Grohmann, catedr&aacute;tico de Literatura Espa&ntilde;ola Contempor&aacute;nea en la Universidad de Edimburgo y el hispanista alem&aacute;n Gerhard Poppenberg, catedr&aacute;tico del Departamento de Filolog&iacute;a Moderna de la Universidad de Heildelberg.&nbsp;</p>
<p>No es menos relevante la participaci&oacute;n de estudiosos espa&ntilde;oles de la obra de Juan Benet. En ese sentido, <em>TURIA</em> publica textos originales de Epicteto D&iacute;az Navarro, catedr&aacute;tico de Literatura Espa&ntilde;ola en la Universidad Complutense; Lucas Capellas y Dar&iacute;o Luque, investigadores predoctorales en el Departamento de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y Carlos Femen&iacute;as Ferr&aacute;, doctor en Filolog&iacute;a hisp&aacute;nica y profesor en el MeCOPH (M&aacute;ster en Comunicaci&oacute;n, Periodismo y Humanidades) de la Universidad Aut&oacute;noma de Barcelona.&nbsp;</p>
<p>Entre las colaboraciones de otros autores, hay que citar la del escritor, traductor y editor Gonzalo Torn&eacute; (Barcelona, 1976; un autor en cuya obra la cr&iacute;tica ha se&ntilde;alado la infuencia de Benet y que ha sido traducido&nbsp;al ingl&eacute;s, franc&eacute;s, italiano, alem&aacute;n, holand&eacute;s, portugu&eacute;s&nbsp;y catal&aacute;n).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>GRANDES CREADORES ESPA&Ntilde;OLES APORTAN SU TESTIMONIO SOBRE JUAN BENET</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otra de las contribuciones m&aacute;s notables que aporta <em>TURIA</em> sobre Juan Benet es el conjunto de importantes y reveladores testimonios que se publican en papel por primera vez, ya que proceden de la revista acad&eacute;mica digital &ldquo;Artes del ensayo&rdquo;, de la Universidad Pompeu Fabra y fueron publicados originalmente en 2019: Javier Mar&iacute;as, Vicente Molina Foix, Javier Fern&aacute;ndez de Castro, Eduardo Mendoza, F&eacute;lix de Az&uacute;a, Jos&eacute; Mar&iacute;a Guelbenzu, Francisco Rico, Enrique Vila-Matas y M&aacute;ximo Pradera.&nbsp;</p>
<p>A ellos se a&ntilde;ade un clarificador texto, escrito expresamente para <em>TURIA</em> por Ram&oacute;n Benet, hijo primog&eacute;nito del escritor homenajeado y en que, a partir de la condici&oacute;n de ingeniero de caminos de su padre, hace una serie de oportunas consideraciones y analog&iacute;a fluviales sobre las incertidumbres y peligros de la situaci&oacute;n espa&ntilde;ola actual. Se refiera Ram&oacute;n Benet a &ldquo;esas otras aguas ponzo&ntilde;osas, la variante ruidosa de las palabras, los discursos inflamados, las narrativas interesadas, los relatos hiperb&oacute;licos, falsarios, de agitaci&oacute;n, o todo ello a un mismo tiempo; la realidad manipulada, los bulos, los dicterios, las desinformaciones, las noticias falsas cargadas de veneno; no hay ingeniero que pueda contenerlos y aislarlos en una balsa de residuos t&oacute;xicos, y si esos caudales verbales crecen y se desbordan entonces la devastaci&oacute;n puede llegar a ser todav&iacute;a mayor que la riada, como bien sabemos y en nuestra estupidez ignoraremos una y otra vez, como Benet tambi&eacute;n una y otra vez nos viene a recordar la necedad de la guerra en sus narraciones, unas aguas literarias cuyo autor, por medio de su intuici&oacute;n, ha recogido en libros con el prop&oacute;sito de ser puestas en circulaci&oacute;n por la inteligencia del lector desde la frase inicial, para comprobar c&oacute;mo&nbsp; fluyen ayuso, se estancan a veces por la bardomera acumulada en un estrecho, otras se remansan si el cauce se ensancha o forman r&aacute;pidos por una falla del terreno y en ocasiones hay que remontar para localizar en el mapa alguna surgencia o afluente que en el primer descenso hab&iacute;a pasado inadvertido, para finalmente desembocar en un pi&eacute;lago de incertidumbres&rdquo;.&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong><em>TURIA</em></strong><strong>: M&Aacute;S DE CUATRO D&Eacute;CADAS DE TRAYECTORIA Y 15.000 LECTORES DIGITALES</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fundada en 1983, <em>TURIA</em> ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia y ha situado a Teruel en el mapa literario en espa&ntilde;ol, gracias a su difusi&oacute;n nacional e internacional por suscripci&oacute;n. Su surgimiento y consolidaci&oacute;n demuestra que es posible&nbsp; hacer cultura universal desde cualquier lugar, siempre que se trabaje con rigor, libertad&nbsp; y capacidad de integraci&oacute;n. Buena prueba de ello es que, en sus cerca de 42 a&ntilde;os de trayectoria, ha publicado a un n&uacute;mero superior a los 1.500 autores y un total de 47.000 p&aacute;ginas de textos siempre in&eacute;ditos, pues todo el material que se edita por la revista tiene que ser original. Un requisito, que junto a la permanente exigencia de calidad literaria, define a <em>TURIA</em>.&nbsp;</p>
<p>Como reconocimiento a su labor, la revista obtuvo en 2002 el Premio Nacional al Fomento de la Lectura otorgado por el Gobierno de Espa&ntilde;a &ldquo;por su vocaci&oacute;n de apertura a la cultura universal y como ejemplo del esfuerzo de las revistas culturales para el fomento de la lectura&rdquo;. Adem&aacute;s, el pasado a&ntilde;o, el&nbsp; Instituto Cervantes acord&oacute; que <em>TURIA</em> ingresara en la Caja de</p>
<p>las Letras, ese espacio simb&oacute;lico que se ha convertido en la aut&eacute;ntica c&aacute;mara acorazada de la cultura en espa&ntilde;ol y que acredita el prestigio y la trascendencia de la labor desarrollada por la revista. Seg&uacute;n el director del Instituto Cervantes, Luis Garc&iacute;a Montero, &ldquo;cada n&uacute;mero de <em>TURIA</em> es en realidad una peque&ntilde;a biblioteca y no tiene nada que ver con esa habitual revista literaria con unos pocos textos dispares&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Previamente, en 2023, el Gobierno&nbsp; de Arag&oacute;n le concedi&oacute; a <em>TURIA</em> su m&aacute;xima distinci&oacute;n institucional, el Premio Arag&oacute;n, por haberse &ldquo;convertido en un elemento simb&oacute;lico para la cultura aragonesa contempor&aacute;nea, en proyecto esencial de las letras espa&ntilde;olas en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas&rdquo;, adem&aacute;s de ser una plataforma de publicaci&oacute;n &ldquo;valorada para autores noveles y consagrados&rdquo; y un &ldquo;ejemplo de proyecci&oacute;n universal desde lo local&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Desde hace doce a&ntilde;os, la revista <em>TURIA</em> compatibiliza su tradicional versi&oacute;n en papel con otra en formato digital. Tanto la web como su p&aacute;gina en Facebook ofrecen gratuitamente y en abierto una selecci&oacute;n de textos procedentes de la edici&oacute;n en papel y otros contenidos escritos directamente para ser le&iacute;dos s&oacute;lo en soporte digital. Mientras que la web consigue un promedio de 7.000 lectores mensuales, y es tambi&eacute;n tienda virtual desde la que resulta f&aacute;cil y r&aacute;pido adquirir los ejemplares en papel, en Facebook la revista cuenta con m&aacute;s de 15.000 seguidores.&nbsp;</p>
<p>El perfil de sus lectores digitales nos informa de que se tratan por igual tanto de hombres como de mujeres, con edades comprendidas preferentemente entre los 45 y los 64 a&ntilde;os. Por otra parte, las cinco ciudades mayor n&uacute;mero de lectores de <em>TURIA</em> son Madrid, Ciudad de M&eacute;xico, Zaragoza, Barcelona y Lima.&nbsp;</p>
<p><em>TURIA</em> es una revista editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel. Para su financiaci&oacute;n cuenta, adem&aacute;s de con el apoyo de su entidad editora y de sus suscriptores, con el patrocinio de la Caja Rural de Teruel, del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este monogr&aacute;fico especial sobre Juan Benet ha sido posible gracias a la financiaci&oacute;n de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y del Ministerio de Cultura.&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>DOMINGO R&Oacute;DENAS DE MOYA, UNA PRESENCIA HABITUAL EN </strong><strong><em>TURIA</em></strong><strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>El profesor Domingo R&oacute;denas de Moya, catedr&aacute;tico de Literatura Espa&ntilde;ola e Hispanoamericana de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y actual cr&iacute;tico literario de El Pa&iacute;s, es uno de los veteranos colaboradores de la revista cultural <em>TURIA</em>. Se da la circunstancia de que, adem&aacute;s de coordinar ahora el monogr&aacute;fico sobre Juan Benet, ya se ocup&oacute; de hacerlo en 2014 con el que se dedic&oacute; al escritor Benjam&iacute;n Jarn&eacute;s.&nbsp;</p>
<p>En <em>TURIA</em> ha escrito tambi&eacute;n numerosos art&iacute;culos sobre autores como Luis Bu&ntilde;uel, Javier Cercas, Vicente Molina Foix, Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget y otros, as&iacute; como diversos textos de cr&iacute;tica de libros. Su primera colaboraci&oacute;n se public&oacute; en el n&ordm; 49 de la revista, fechado en junio de 1999.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>FRAGMENTO DEL TEXTO IN&Eacute;DITO DE RAM&Oacute;N BENET: <em>JUAN EL AGUADOR</em> </strong><strong></strong></p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Este homenaje internacional de la revista <em>TURIA</em> a Juan Benet ha contado con la valiosa ayuda y colaboraci&oacute;n de su familia. Buena prueba de ello es la participaci&oacute;n del hijo primog&eacute;nito de Benet, Ram&oacute;n, que aporta un original y representativo testimonio in&eacute;dito sobre su padre bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Juan el aguador&rdquo;. &nbsp;Adelantamos a continuaci&oacute;n un fragmento de ese revelador art&iacute;culo:&nbsp;</p>
<p>&ldquo;De su propio pa&iacute;s pronto comprendi&oacute; que sin un equilibrio del agua entre las regiones nunca se lograr&iacute;a su equiparaci&oacute;n en riqueza, y a este prop&oacute;sito hizo suyo el sue&ntilde;o regeneracionista y<strong>,</strong> con los recursos que tuvo en su mano, levant&oacute; construcciones civiles y redact&oacute; estudios y proyectos con los que pretendi&oacute; reducir esta desigualdad, aun consciente de que ese sue&ntilde;o de la raz&oacute;n ser&iacute;a sacrificado en la refriega pol&iacute;tica y auton&oacute;mica aunadas con la corriente conservacionista que protege y descuida los cauces y fantasea con la imposible vuelta del paisaje a su estado primigenio, convirtiendo en quimera esa visi&oacute;n racional de la igualdad h&iacute;drica del territorio, aunque no por ello el ingeniero dej&oacute; de proclamarla contra una concepci&oacute;n deificada de la Naturaleza que, al amparo de la Ciencia investida de Religi&oacute;n, ante&nbsp; fen&oacute;menos atmosf&eacute;ricos bien conocidos por su magnitud y periodicidad y la negligente falta administrativa de nuevas infraestructuras que los contrarresten o reduzcan, nos deja expuestos a su ira celestial en forma de sequ&iacute;a que hace los campos improductivos o de diluvio torrencial catastr&oacute;fico que desborda los protegidos y descuidados cauces sin limpiar y arrasa una comarca entera llevando a la ruina absoluta todo lo conseguido en generaciones, de lo cual la especie humana hace uni&oacute;n de contrarios siendo al mismo tiempo v&iacute;ctima de tanto estrago y culpable -a ojos de la moral cient&iacute;fica- por los efectos de nuestros irresponsables desmanes industriales; de esa conducta ab&uacute;lica frente a los riesgos conocidos pero ignorados proven&iacute;a buena parte de la profunda desconfianza de Juan Benet hacia las disciplinas del conocimiento. Todo esto, al anochecer en su estudio ante la m&aacute;quina de escribir bajo la l&aacute;mpara de acorde&oacute;n, serv&iacute;a bien a sus invenciones narrativas, pero la ma&ntilde;ana siguiente, en el trabajo en obra o en oficina no hab&iacute;a asomo de esa desconfianza y se dedicaba al estudio, redacci&oacute;n o ejecuci&oacute;n de esas obras hidr&aacute;ulicas tan malfamadas&nbsp; por su apropiaci&oacute;n franquista como necesarias en la regulaci&oacute;n del&nbsp; agua de escorrent&iacute;a para almacenarla en tiempo de escasez o retenerla en evitaci&oacute;n de avenidas, y al mismo tiempo con raz&oacute;n incomprendidas y rechazadas por los desplazados de su tierra y los defensores de la Naturaleza.&nbsp;</p>
<p>De an&aacute;loga manera tambi&eacute;n encontr&oacute; pronto que en Espa&ntilde;a, m&aacute;s que una desigualdad en su reparto, hab&iacute;a una escasez general de determinadas aguas literarias, de las que &eacute;l sab&iacute;a bien que hubo un tiempo en que corrieron por aqu&iacute; en abundancia y que, fuera de aqu&iacute;, eran bien fluidas y caudalosas. Libre de los condicionantes administrativos, presupuestarios, de organizaci&oacute;n de personal y ambientales de toda obra p&uacute;blica, quiso remediar esa sequ&iacute;a llevando a la pr&aacute;ctica &mdash;de conformidad con el principio seg&uacute;n el cual &ldquo;la mejor utilidad de un cl&aacute;sico se deriva de su explotaci&oacute;n por un moderno&rdquo;&mdash; una operaci&oacute;n de gran alcance de captaci&oacute;n de las aguas mineralizadas de los manantiales del alto estilo, atendiendo a sus propios gustos, siendo el gusto literario, para Juan Benet, una variante del prejuicio que resulta muy &uacute;til en la selecci&oacute;n de lecturas, tal y como &eacute;l mismo explica con analog&iacute;a minera en el pr&oacute;logo de <em>La inspiraci&oacute;n y el estilo</em>, su segundo libro, un extenso ensayo que constituye su obra de embalse literario en el cual ir&aacute; almacenando los caudales narrativos de su predilecci&oacute;n &nbsp;que, &nbsp;una &nbsp;vez &nbsp;filtrados y tratados adecuadamente con t&eacute;cnica propia, ir&aacute; dosificando posteriormente en forma d<span style="text-decoration: line-through;">e</span> libros, desde las conducciones del dique hasta la red de abastecimiento, ofreciendo sin interrupci&oacute;n un suministro de letras muy profundas y ricas y que, al contrario de las aguas que pretendi&oacute; equilibrar, tienen buen reparto y vocaci&oacute;n universal, se llevan a otras lenguas, se analizan en las universidades y siguen siendo muy apreciadas por los lectores por las sales sint&aacute;cticas y nutrientes narrativos que aportan.&rdquo;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 10 Mar 2025 08:43:04 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una manera nueva de mirar y pensar el mundo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-manera-nueva-de-mirar-y-pensar-el-mundo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/LORENZO_OLIV_N_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Lo he dicho m&aacute;s de una vez y lo vuelvo a repetir: la val&iacute;a de un libro no depende del n&uacute;mero de sus p&aacute;ginas; no es m&aacute;s verdadero un libro de quinientas p&aacute;ginas que otro de solo cincuenta. La cantidad de p&aacute;ginas no es la medida de un libro. Si as&iacute; fuera, la mayor&iacute;a de los libros de poes&iacute;a, de microrrelatos o de aforismos, en comparaci&oacute;n con los novelones, los ensayos o los libros de memorias, tendr&iacute;an siempre las de perder, ya que son g&eacute;neros que se avienen mejor con la brevedad que con la vastedad. <em>La &oacute;ptica sutil</em>, de Lorenzo Oliv&aacute;n, ganador del IX Premio de Aforismos Rafael P&eacute;rez Estrada, es un libro corto, exiguo, peque&ntilde;o, que contiene &uacute;nicamente cincuenta y cinco aforismos, uno por p&aacute;gina.</p>
<p>Seg&uacute;n se nos dice en la &ldquo;contraportada&rdquo; se trata de un libro que combina la filosof&iacute;a y la poes&iacute;a, la reflexi&oacute;n y la imaginaci&oacute;n, y que adem&aacute;s ofrece una manera nueva de mirar y pensar el mundo. Y no solo eso, que no es poca cosa: tambi&eacute;n se nos dice que en sus p&aacute;ginas el autor ha querido que sus ojos y su mente persiguieran &ldquo;la misteriosa vida, el tiempo en fuga y la vibraci&oacute;n del instante&rdquo;, dando por supuesto con ello tres lugares comunes: lo que de misterioso tiene la vida, el <em>tempus fugit</em> y el estremecimiento que nos puede producir cualquier momento por prosaico o por po&eacute;tico que sea.</p>
<p>A mi entender, en la mayor&iacute;a de los aforismos de este libro hay m&aacute;s poes&iacute;a que filosof&iacute;a y m&aacute;s imaginaci&oacute;n que reflexi&oacute;n. Tanto es as&iacute; que algunos de los aforismos bien pudieran ser el principio o el final de un poema, como por ejemplo cuando dice: &ldquo;Con la huellas dejadas en las playas el mar busca naufragios&rdquo; o &ldquo;La luz s&iacute; que juega en serio&rdquo;. En estos dos aforismos se nota no tanto la disquisici&oacute;n filos&oacute;fica o reflexiva sobre un tema de car&aacute;cter metaf&iacute;sico, &eacute;tico o pol&iacute;tico, como una sensibilidad l&iacute;rica descriptiva, que como el mismo autor nos advierte en otro de sus aforismos es m&aacute;s propia de la poes&iacute;a que de la filosof&iacute;a, pues &ldquo;En la mejor poes&iacute;a habla una lengua ciega que hace ver&rdquo;. Se dir&iacute;a, por tanto, que a Oliv&aacute;n le interesa m&aacute;s poner de manifiesto el poder visionario que tienen las alocuciones po&eacute;ticas que las que tienen las disertaciones filos&oacute;ficas.</p>
<p>No en vano, el propio t&iacute;tulo del libro se&ntilde;ala la importancia que le da a la sensibilidad o a los &oacute;rganos sensoriales (fundamentalmente al de la vista) en detrimento de las facultades intelectuales, que quedar&iacute;an relegadas a un segundo plano. De ah&iacute; que no sean pocos los aforismos en los que los verbos &ldquo;ver&rdquo;, &ldquo;mirar&rdquo; u &ldquo;observar&rdquo; aparezcan de manera recurrente, como gu&iacute;as principales para captar sutilmente los secretos o los misterios que encierra el mundo que nos rodea: &ldquo;Las personas que no ven c&oacute;mo las cosas desean a las cosas se pierden buena parte del deseo del mundo. &iquest;C&oacute;mo viven sin esa er&oacute;tica de la visi&oacute;n?&rdquo;, &ldquo;Somos solo una cuesti&oacute;n de &oacute;ptica. Somos solo preguntas que miran&rdquo;, &ldquo;El amor y el deseo quiz&aacute;s no nos abran m&aacute;s los ojos, pero intensifican m&aacute;s que ninguna otra cosa las ganas de ver&rdquo; o &ldquo;A veces verlo claro impide ver&rdquo;.</p>
<p>Visto lo visto, pareciera que lo racional no estuviera constre&ntilde;ido por los l&iacute;mites de la mente, sino que hubiera un resquicio de luz interior por donde se colara la imaginaci&oacute;n, que es ver m&aacute;s all&aacute; de lo que nuestros propios ojos ven, haciendo as&iacute; que la mente fuese una gran curva sin fin o que el pensamiento discurriera a su aire, como el vuelo zigzagueante de las golondrinas (y c&oacute;mo no recordar ahora que Eugenio d&rsquo;Ors dijese precisamente que los aforismos son las golondrinas de la dial&eacute;ctica). A m&iacute; me parece que a estos aforismos de Oliv&aacute;n le vienen como anillo al dedo la definici&oacute;n de d&rsquo;Ors, porque el vuelo de las golondrinas no es majestuoso ni imperial, sino m&aacute;s bien humilde y modesto, err&aacute;tico y gir&oacute;vago, como si no tuvieran la grandeza del vuelo regio de las &aacute;guilas. Pero, aun as&iacute;, Oliv&aacute;n considera que &ldquo;el aforismo se muestra como un todo tan peque&ntilde;o, que parece un fragmento para ser completado&rdquo;. Y a&ntilde;ade: &ldquo;He ah&iacute; su humildad y su grandeza&rdquo;.</p>
<p>Con todo, y en contraste con la definici&oacute;n dorsiana, el autor de <em>La &oacute;ptica sutil</em> cierra su libro con un s&iacute;mil en el que compara los aforismos con las gotas de lluvia: una lluvia leve, humilde, lenta y sostenida. &ldquo;La lluvia lo toca todo, leve. Lo abarca todo, humilde. Lo quiere todo, rota. La lluvia, esa aforista&rdquo;. Y es que, lejos del martilleo torrencial de un aguacero de pensamientos desaforados, los aforismos de Lorenzo Oliv&aacute;n caen sobre el mag&iacute;n del lector de una manera pausada, gradual y sosegada, sin pretender doblegarlo o rendirlo a su propio ideario, sino m&aacute;s bien cautivarlo o conquistarlo con una po&eacute;tica vaporosa, tenue, sutil, que en algunos casos se expresa m&aacute;s como interrogaci&oacute;n que como afirmaci&oacute;n, pues al mundo (y a los secretos que guarda) hay que acercarse con una mirada modesta pero inquisitiva para ver si nos revela algo de sus inc&oacute;gnitas. Por eso no es de extra&ntilde;ar que Oliv&aacute;n agradezca a todos aquellos que esperan que se equivoque en sus apreciaciones sobre la realidad que le circunda el haberle llevado a dar menos pasos en falso, haci&eacute;ndole ver mucho mejor.</p>
<p>Y eso, a pesar de que, como &eacute;l mismo dice, somos un pa&iacute;s que quiz&aacute; hace tanto ruido para no o&iacute;r lo que piensa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lorenzo Oliv&aacute;n, <em>La &oacute;ptica sutil</em>, Sevilla, Editorial Renacimiento, 2024.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 10 Mar 2025 08:03:44 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Javier Sierra: “Estoy en la literatura por mi afán aventurero. Cada libro es una nueva exploración”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/javier-sierra-estoy-en-la-literatura-por-mi-afan-aventurero-cada-libro-es-una-nueva-exploracion/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2025/Javier_Sierra500.jpg" alt="" /></p>
<p>Pocas veces una vocaci&oacute;n tan temprana llega a t&eacute;rmino superando con creces las expectativas de su protagonista. Pero este es el caso de Javier Sierra (Teruel, 1971) escritor y periodista focalizado en temas como el misterio, la vida extraterrestre y otros enigmas de nuestra civilizaci&oacute;n. Autor de <em>best sellers</em> como <em>La dama azul</em>, <em>El fuego invisible</em>, que le vali&oacute; el Planeta en 2017, o <em>La cena secreta</em>, novela por la que se convirti&oacute; en el primer autor espa&ntilde;ol en la lista de libros m&aacute;s vendidos de <em>The New York Times</em>, es adem&aacute;s viajero, conferenciante, aventurero, divulgador en medios de comunicaci&oacute;n, editor, organizador de eventos relacionados con sus actividades e incansable curioso. Un sinf&iacute;n de actividades que acaban confluyendo en sus libros cuando encuentra el reposo necesario para escribirlos. Por ahora, el listado abarca once novelas, cuatro ensayos, un libro de relatos y numerosas colaboraciones en obras colectivas. Ha sido traducido en m&aacute;s de cuarenta pa&iacute;ses y las ediciones de sus t&iacute;tulos superan los dos centenares. Ha conseguido, adem&aacute;s, ser profeta en su tierra. El barrio turolense de su ni&ntilde;ez, El Carrel, tiene un parque con su nombre. Tambi&eacute;n la biblioteca de su ciudad natal lo ostenta, lo que supuso un hito, pues era la primera vez que una biblioteca del Estado adoptaba el nombre de un autor vivo, y esa biblioteca ve incrementarse con el tiempo el legado de este autor que ha querido que sea ese lugar donde se inici&oacute; su vocaci&oacute;n literaria el refugio del trabajo de toda una vida. &Eacute;l intenta no renunciar a ninguna de sus pasiones. La conversaci&oacute;n tuvo lugar v&iacute;a internet desde su &ldquo;casa de soltero&rdquo; en las cercan&iacute;as de Madrid donde encontr&oacute; la concentraci&oacute;n necesaria para terminar la novela que ya est&aacute; en librer&iacute;as, <em>El plan maestro</em>, una continuaci&oacute;n de <em>El maestro del Prado</em>. Sierra contesta r&aacute;pido a las preguntas, con franqueza, no elude ninguna cuesti&oacute;n y, aunque avisa de que su cabeza est&aacute; centrada en la novela, no tiene prisa por acabar la conversaci&oacute;n. Entrevistar a Javier Sierra es preguntarse a qui&eacute;n se va a entrevistar: al escritor, al aventurero, al divulgador&hellip; Averiguar cu&aacute;l de esas facetas ha ido ganando terreno o perdi&eacute;ndolo a lo largo de su trayectoria.</p>
<p>&ndash; Las mantengo m&aacute;s o menos vivas todas. Me gustan todas y me cuesta un imperio tener que renunciar a algunas de ellas. La del aventurero, desde luego, est&aacute; porque me sigue gustando viajar y conocer lugares nuevos, sobre todo desde que me he focalizado en cuestiones de tipo arqueol&oacute;gico. La gran pregunta de d&oacute;nde venimos ha ido ganando territorio en mi caso a medida que he ido cumpliendo a&ntilde;os y la &uacute;nica forma que tengo de responder a ese de d&oacute;nde venimos es mediante la lectura y los viajes. La del comunicador es que es innata en m&iacute;. Desde que era muy peque&ntilde;o me ha gustado compartir lo que aprendo con los dem&aacute;s. Empec&eacute; en Teruel invent&aacute;ndome peri&oacute;dicos cuando era ni&ntilde;o y haciendo peque&ntilde;as tiradas de magazines en ciclostil y salt&eacute; a la radio a edad temprana y ah&iacute; me he quedado atrapado. Sigo colaborando con la radio, en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os con Carlos Herrera en Cope, pero he hecho mucha radio nocturna con Iker Jim&eacute;nez, Miguel Blanco &hellip;. Y la de escritor es la m&aacute;s delicada de todas porque es la que requiere mayor concentraci&oacute;n y en el mundo en el que me manejo, que es de mucho viaje, de mucha &uacute;ltima hora, la concentraci&oacute;n es algo que tengo que conquistar. Yo no puedo escribir en Madrid ciudad, donde hay tantos est&iacute;mulos y tanto ruido. Tengo que luchar por ella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La literatura me permite encontrar respuestas y compartirlas&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash; La suya es una vocaci&oacute;n muy temprana por el periodismo, la divulgaci&oacute;n, el mundo del misterio y de la ciencia. Pero cuando se cruza en su camino la posibilidad de escribir una novela, da la sensaci&oacute;n de que la literatura hace que todas las piezas de sus intereses encajen.</p>
<p>&ndash; Las encaja y las complementa. Lo que me da la literatura es organizar todas esas piezas que conozco y re&uacute;no con alegr&iacute;a en mis otras facetas y me permite jugar con ellas y darles un sentido. El mundo en el que me he manejado siempre, que es el mundo de las preguntas, tiene una contrapartida tenebrosa y es que rara vez encuentras respuestas a esas grandes preguntas y como yo soy inconformista por naturaleza vi que la literatura me permit&iacute;a encontrar esas respuestas. Obviamente son respuestas literarias, de la imaginaci&oacute;n, pero respuestas al fin y al cabo. Ya que la ciencia y la investigaci&oacute;n no me permiten acceder a ellas porque no las tenemos, la imaginaci&oacute;n s&iacute; me lo permite. Y en ese sentido s&iacute; que la literatura encaj&oacute; como un guante en lo que yo hab&iacute;a sido porque me permit&iacute;a cerrar el c&iacute;rculo. Encontrar esas respuestas y compartirlas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Los libros de Carl Sagan me alimentaron la imaginaci&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash; En la serie de televisi&oacute;n <em>Otros mundos</em>, que cre&oacute; y present&oacute;, se refiere a su ni&ntilde;ez y cuenta que desde ni&ntilde;o le persiguieron grandes enigmas. &iquest;Cu&aacute;les?</p>
<p>&ndash; El primer enigma al que yo me enfrento tiene que ver con la pregunta de si estamos solos en el universo. Y la raz&oacute;n es muy dom&eacute;stica. Yo viv&iacute;a en una calle a las afueras de Teruel, en el barrio de El Carrel, y m&aacute;s all&aacute; de ese barrio lo que hab&iacute;a era la zona de la periferia donde todo era oscuridad. Tengo muy grabado el salir tarde del colegio, cuando ya era de noche, y al llegar a casa quedarme un rato en la calle, ah&iacute; sentado viendo ese firmamento y haci&eacute;ndome preguntas que eran un poco como de <em>Principito</em>: estar sentado en un planeta y preguntarte si habr&iacute;a otro ni&ntilde;o sentado en otro planeta mir&aacute;ndome. Y aquello se convirti&oacute;, yo creo que tambi&eacute;n por el ambiente de la &eacute;poca, estamos hablando de los ochenta, en una marca en mi cerebro. Recuerdo que en el 82, el a&ntilde;o del Mundial de F&uacute;tbol, todo mi entorno estaba muy fascinado con el Mundial y yo en cambio me qued&eacute; prendado de Carl Sagan y la serie <em>Cosmos </em>que empezaron a emitir ese verano. As&iacute; que ese ni&ntilde;o que se quedaba fascinado con las estrellas de repente encend&iacute;a la tele y ve&iacute;a a un se&ntilde;or hablando de la profundidad del universo y de las misiones Voyager y de todo lo que en fin significaba la exploraci&oacute;n del gran desconocido que nos rodea y aquello ya se qued&oacute; prendido para siempre. Empec&eacute; a dar alimento a aquella inquietud. Es la &eacute;poca en que me hago lector de la biblioteca: en mi casa hab&iacute;a libros, pero no tantos y empiezo a ser de los m&aacute;s activos en las desideratas de aquellos a&ntilde;os. Los libros de Carl Sagan y los de otros autores menos cient&iacute;ficos pero que me alimentaron la imaginaci&oacute;n.</p>
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<p><strong>&ldquo;Es bueno tener una locura cuando eres peque&ntilde;o, porque eso te focaliza, hace que tengas una misi&oacute;n por la que vivir, sea leer libros de ovnis o de caballer&iacute;as&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash; En aquella &eacute;poca estaban muy de moda los avistamientos de ovnis.</p>
<p>&ndash; Yo mont&eacute; un grupo de ovnis en mi casa. Con once o doce a&ntilde;os en Teruel no hab&iacute;a internet ni redes sociales, ninguna de las posibilidades que ahora tenemos de encontrar gente que nos es af&iacute;n, y en aquella &eacute;poca la &uacute;nica forma era a trav&eacute;s de los anuncios por palabras de las revistas y como hab&iacute;a revistas de divulgaci&oacute;n que se dedicaban a estos temas, yo pon&iacute;a mis anuncios con el fin de montar un grupo en mi ciudad dedicado a investigar estos asuntos. Bueno investigar&hellip; Ya ves con doce a&ntilde;os lo que podr&iacute;as investigar, pero aquello me permiti&oacute;, a trav&eacute;s del servicio del correo, contactar con mucha gente y encontrar la que ser&iacute;a mi tribu. Fue interesante porque en esa tribu tambi&eacute;n hab&iacute;a escritores, hab&iacute;a poetas. Por ejemplo, conoc&iacute; a Carlos Murciano, gran poeta que escribi&oacute; un libro sobre ovnis a finales de los sesenta porque &eacute;l fue el primer y &uacute;nico corresponsal que tuvo el diario <em>Abc </em>en el mundo de los ovnis. Yo lo conoc&iacute;, me impact&oacute; porque me permiti&oacute;, a trav&eacute;s de los ovnis, conectar tambi&eacute;n con la poes&iacute;a. Esto es muy curioso. Es un camino raro. Luego descubr&iacute; que lo de los ovnis afectaba a muchos otros letraheridos. Por ejemplo, a Buero Vallejo. Lo descubr&iacute; a trav&eacute;s de su hijo, porque yo a &eacute;l no lo conoc&iacute; pero Buero Vallejo estaba obsesionado, yo dir&iacute;a, con los ovnis, porque m&aacute;s que dramaturgo &eacute;l lo que quer&iacute;a ser es uf&oacute;logo y hablaba a todas horas de ello. Claro, era gente que a m&iacute; me permit&iacute;a cuando hablaba en casa con mis padres, que quer&iacute;an que me dedicar a cosas m&aacute;s productivas, contrargumentar y decir que hab&iacute;a se&ntilde;ores muy importantes a los que les interesaba tambi&eacute;n esta cuesti&oacute;n, que no era incompatible. Y bueno, ah&iacute; ya no s&eacute; c&oacute;mo explicarlo, a medida que fui creciendo me di cuenta de que en realidad para m&iacute; los ovnis fueron como la puerta de entrada a un mundo de lecturas y cosas que no necesariamente eran sobre este tema. Me conect&eacute; con los textos v&eacute;dicos por ejemplo que hablaban como vagamente de naves extraterrestres, o con otros textos sagrados o antiguos&hellip; Fue una &eacute;poca en la que le&iacute;a mucho buscando mis ovnis, no enloquec&iacute; como el ingenioso hidalgo pero me dio una perspectiva muy amplia sobre muchas cosas y yo lo agradezco. Agradezco haber tenido esa curiosidad y aprend&iacute; una lecci&oacute;n que he inculcado a mis hijos: es bueno tener una locura cuando eres peque&ntilde;o, porque eso te focaliza, hace que tengas una misi&oacute;n por la que vivir, sea leer libros de ovnis o de caballer&iacute;as. Es bueno.</p>
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<p><strong>&ldquo;El ser humano siempre ha tenido la necesidad de ver para sostener su mundo y, cuando no lo ve, lo inventa&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash; Ahora que ha avanzado mucho la investigaci&oacute;n espacial, el tema ha cambiado. La ciencia a medida que avanza va aclarando misterios en &eacute;sta y en tantas cuestiones. Pero el misterio es, dir&iacute;a, la columna vertebral de su trabajo. &iquest;Qu&eacute; misterios son los que le ocupan ahora o qu&eacute; lugar ocupa en este momento el misterio en su vida?</p>
<p>&ndash; Yo me he diversificado mucho y he conectado con otro tipo de misterios, claro. Y ahora los misterios que me ocupan tienen que ver mucho con la expresi&oacute;n art&iacute;stica. El mundo del arte y en concreto el mundo de la pintura me ha atra&iacute;do durante estos a&ntilde;os mucho. Yo no veo la pintura como la ve un cr&iacute;tico de arte, en el sentido de que, por las escuelas materialistas que han conducido la cr&iacute;tica, a veces se examinan las obras desde el punto de vista de la biograf&iacute;a del artista, de los materiales que usa, de la escuela a la que pertenece, de las tendencias etc. Yo en cambio lo que quiero averiguar, cuando me asomo a una obra de arte, es el porqu&eacute; de esa obra de arte y haciendo la pregunta de por qu&eacute;, en un n&uacute;mero nada desde&ntilde;able de ocasiones, la respuesta es un porqu&eacute; m&iacute;stico o sobrenatural. El arte est&aacute; lleno de criaturas invisibles, lleno de &aacute;ngeles, de dragones, de monstruos, de demonios, de cosas que no vemos porque el ser humano siempre ha tenido la necesidad de ver para sostener su mundo y, cuando no lo ve, lo inventa. En ese arte he encontrado cosas muy curiosas y estoy muy fascinado con esa b&uacute;squeda. No es algo que se inventen los pintores de la Edad Media con los &aacute;ngeles y demonios. Es algo que ya est&aacute; en las cavernas. El arte rupestre, el arte m&aacute;s antiguo que conocemos, es un arte que no se hac&iacute;a con prop&oacute;sitos est&eacute;ticos sino con prop&oacute;sitos m&aacute;gicos. Se pintaba en el coraz&oacute;n de las cavernas, en la parte m&aacute;s oscura, m&aacute;s profunda, donde ten&iacute;as que ir con el elemento m&aacute;gico de la &eacute;poca que era el fuego y a la luz del fuego ve&iacute;as temblar esas pinturas y el cham&aacute;n las interpretaba y hablaba sobre ellas al resto de la tribu. Pues bien, esa funci&oacute;n m&aacute;gica del arte a m&iacute; me tiene muy fascinado y lo estudio con inter&eacute;s. Me tiene muy entretenido.</p>
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<p><strong>&ldquo;Es verdad que con <em>La cena secreta</em> se hace muy evidente esa pasi&oacute;n m&iacute;a por el arte, pero ven&iacute;a de atr&aacute;s y la culpa la tienen los ovnis&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash; En esta faceta me quer&iacute;a detener por la importancia que tiene en su obra. La relaci&oacute;n de su escritura con el arte empieza con <em>La cena secreta</em>, la novela en torno a la realizaci&oacute;n del c&eacute;lebre cuadro <em>La &uacute;ltima cena</em> de Leonardo da Vinci que se conserva en el convento dominico de Santa Mar&iacute;a delle Grazie en Mil&aacute;n. En ella se plantea un enigma relacionado con la posible pertenencia del artista a una secta religiosa perseguida por la oficialidad eclesi&aacute;stica. &iquest;De d&oacute;nde le vino la idea para escribirla?</p>
<p>&ndash; En el fondo&hellip; Es verdad que con <em>La cena secreta</em> se hace muy evidente esa pasi&oacute;n m&iacute;a por el arte, pero ven&iacute;a de atr&aacute;s y la culpa la tienen los ovnis. Los ovnis me abren la puerta a eso. Hay en el Palazzo Vecchio de Florencia un tondo que se atribuye a Filippo Lippi que es una Madonna que tiene a San Juan y al Ni&ntilde;o Jes&uacute;s en la parte inferior, es muy cl&aacute;sica, <em>La Madonna de San Giovannino</em> se llama, y en una esquina de esa pintura que es una pintura del Quattrocento se ve sobre el paisaje como una mancha que irradia unas luces que parecen un ovni y en la parte inferior a un lado hay un se&ntilde;or con un perro que est&aacute; mirando a esa luz. El pintor reprodujo algo que vio o que le contaron y le llam&oacute; la atenci&oacute;n y lo coloc&oacute; dentro de una escena sagrada. Aquello hizo que yo viajara a Florencia en cuanto pude y visit&eacute; otros museos buscando pinturas similares y me fascin&oacute; que en pinturas de ese periodo hab&iacute;a muchas referencias raras. Claro, ya era inevitable que te pusieras a documentarte sobre cualquiera de los otros maestros del Renacimiento y era inevitable que desembocara en Leonardo y en <em>La &uacute;ltima cena</em>. Y ah&iacute; no encontr&eacute; ovnis, ah&iacute; era otra cosa que ten&iacute;a que ver con la fe y si Leonardo pintaba en lo que cre&iacute;a o no, y a partir de ah&iacute; y de hacerme una serie de preguntas sobre la verdadera fe de Leonardo que estuvo muy en discusi&oacute;n en su &eacute;poca surge el relato de <em>La cena secreta</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Al final descubres que el &eacute;xito tiene que ver con ser aut&eacute;ntico contigo mismo&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash; Que es un libro clave en su trayectoria porque est&aacute; traducido a m&aacute;s de cuarenta idiomas. Le sit&uacute;a, adem&aacute;s, en la lista de libros m&aacute;s vendidos de <em>The New York Times</em>, algo que no hab&iacute;a sucedido antes con ning&uacute;n escritor espa&ntilde;ol. No s&eacute; si eso introduce en su carrera el v&eacute;rtigo. Luego transcurren siete a&ntilde;os hasta que publica la siguiente novela y me pregunto si ese tiempo tiene que ver con el v&eacute;rtigo de no saber si el &eacute;xito le sonreir&iacute;a de nuevo.</p>
<p>&ndash; S&iacute;. Claro que hay un v&eacute;rtigo. Lo que ocurre es que con <em>La cena secreta</em> el &eacute;xito es tan grande que me obliga a gestionarlo. Esto parece una cosa de Perogrullo pero no lo es. El &eacute;xito es algo demandante. No s&oacute;lo te da, sino que tambi&eacute;n te exige y hace que durante casi dos a&ntilde;os tenga que estar viajando por muchos de los pa&iacute;ses donde se lanza la novela, present&aacute;ndola, en fin, trabajando en promoci&oacute;n y despu&eacute;s los editores inmediatamente piden m&aacute;s madera y eso pasa por rescatar libros que hab&iacute;a publicado antes pero que no hab&iacute;an tenido ese &eacute;xito y eso pasa por revisarlos y por lo tanto dedicar mucho tiempo a eso tambi&eacute;n. Y luego est&aacute; el pudor de pensar: bueno, despu&eacute;s de este &eacute;xito qu&eacute; voy a entregar a mis lectores. Y ah&iacute; pas&eacute; por muchos vaivenes, por un proceso de aprendizaje psicol&oacute;gico muy interesante porque al final descubres que el &eacute;xito tiene que ver con ser aut&eacute;ntico contigo mismo. A m&iacute; me interes&oacute; mucho el tema de Leonardo y le dediqu&eacute; mucho esfuerzo y tiempo y sali&oacute; un gran libro y lo que ten&iacute;a que hacer era aplicar la misma f&oacute;rmula: encontrar algo que me fascinase y que pudiese dedicarme a ello en cuerpo y alma y lo encontr&eacute; en la mitolog&iacute;a: hay un mito que es universal, que est&aacute; en todas las partes del mundo, hay m&aacute;s de 240 versiones de ese mito escritas en distintas culturas y es el mito del diluvio universal. Y quise explorarlo con la perspectiva de una novela. Y ah&iacute; construyo <em>El &aacute;ngel perdido</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me he encontrado con personas que han sido claves en un momento determinado de la vida y que los ves como enviados de una divina providencia&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash; En esta novela, adem&aacute;s del diluvio universal, aparece el tema de los &aacute;ngeles, esos mensajeros que llegan para desvelar cuestiones decisivas. No puedo evitar preguntarle si ha tenido contacto con alguno de ellos.</p>
<p>&ndash; [Risas] No, no ya me hubiera gustado. Me gustar&iacute;a tenerlo. S&iacute; que me he encontrado, pero eso nos ha pasado a todos, con personas que han sido claves en un momento determinado de la vida y que los ves como enviados de una divina providencia. Eso desde luego. Y eso me hace pensar, y es un poco la moraleja de <em>El &aacute;ngel perdido</em>, que todos somos un poco &aacute;ngeles. Otra cosa es que seamos conscientes de esa dimensi&oacute;n cuando actuamos de cara a los dem&aacute;s, pero el tema de los &aacute;ngeles o de estos mensajeros est&aacute; en toda mi obra. Est&aacute; en <em>La dama azul</em>, est&aacute; en <em>Las puertas templarias</em>, en <em>El &aacute;ngel perdido</em>, en <em>El maestro del Prado</em> donde ese personaje que da la informaci&oacute;n correcta en el momento adecuado se puede interpretar como un &aacute;ngel&hellip;&nbsp; As&iacute; que s&iacute;, es un tema que me ocupa. Hace unos a&ntilde;os le&iacute; un libro que me fascin&oacute; y que lo cit&eacute; en <em>El fuego invisible</em> y lo voy a volver a mencionar en este libro que estoy escribiendo. Es un libro de Mark Twain que se llama <em>El forastero misterioso</em>. Es el &uacute;ltimo libro que escribi&oacute;, de hecho, lo dej&oacute; inacabado porque le cambi&oacute; muchas veces el final, no estaba seguro de ese manuscrito. Y es la historia de un forastero misterioso que llega a un pueblo en el siglo XVI y que conoce todo lo que le va a pasar a la gente del pueblo. Y el hombre se presenta ante aquella gente diciendo que se llama Satan&aacute;s y que su t&iacute;o era el Satan&aacute;s famoso, pero que &eacute;l no es el de la religi&oacute;n. Y este personaje termina influyendo enormemente en el pueblo. Y esa llegada de un tipo que viene de fuera, que te ense&ntilde;a cosas, que parece que se adelanta al tiempo, que es capaz de predecir tu destino, esa historia a m&iacute; me resuena. La he encontrado en todas partes. Todas las religiones son eso tambi&eacute;n. O los dioses, por ejemplo, de la tradici&oacute;n americana como Viracocha que aparece en Los Andes y que tambi&eacute;n va caminando de pueblo en pueblo ense&ntilde;ando a la gente a cultivar, a mirar las estrellas, a hacer nudos para hacer la contabilidad de lo que tienen cerca, a construir casas, les ense&ntilde;a todo y un d&iacute;a desaparece. Bueno pues esa historia de los forasteros misteriosos o de los extra&ntilde;os que se nos acercan y nos cambian la vida s&iacute; que es mi obsesi&oacute;n primordial y por eso aparece tanto en mi literatura. No sabr&iacute;a decir por qu&eacute;, si me analizo tampoco puedo decir es por esto. Pero me interesa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;A m&iacute; me gusta la originalidad y me gusta navegar contracorriente&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash; Lo que est&aacute; claro es que cuando tiene un nuevo proyecto en la cabeza no ahorra esfuerzos tanto en documentaci&oacute;n &ndash;y ah&iacute; est&aacute; la justificaci&oacute;n que dio el jurado del premio Planeta cuando lo gan&oacute; y destac&oacute; la erudici&oacute;n que hab&iacute;a en <em>El fuego invisible</em>&ndash; como en todo lo que haya que hacer para sentir algo cercano a la experiencia de lo que cuenta. Como subirse a la cima del Monte Ararat, cosa que hizo con C&eacute;sar P&eacute;rez de Tudela para terminar <em>El &aacute;ngel perdido</em>. A cualquiera esta aventura le causar&iacute;a pavor.</p>
<p>&ndash; A cualquiera y a mis editores. Yo recuerdo que sub&iacute; al Monte Ararat cuando ya ten&iacute;a casi acabada la novela. Le hab&iacute;a dedicado muchas p&aacute;ginas al Monte Ararat pero no hab&iacute;a estado all&iacute; y no me quedaba tranquilo. Necesitaba subir, ver lo que hab&iacute;a, corregir despu&eacute;s cosas, y me vino muy bien porque efectivamente correg&iacute; muchas cosas de la novela antes de publicarla. Yo creo que eso es un cortocircuito que tengo dentro por culpa del periodismo. El periodismo al que yo pertenezco, que es el pre internet, era un periodismo presencial, te exig&iacute;a sentarte delante de las caras de la noticia para saber lo que estaba pasando o viajar al coraz&oacute;n del suceso para enterarte bien y contar tu visi&oacute;n. Por eso aquel periodismo era tan diverso, porque al final era la interpretaci&oacute;n del periodista del hecho, no como ahora que es un periodismo de comunicados de prensa. Y eso me ense&ntilde;&oacute; que poner los pies en el escenario que t&uacute; quieres describir te da algo que no te puede dar internet ni te pueden dar los libros &iquest;no? Y ese algo tiene un nombre muy sencillo que es seguridad. Puedes estar perfectamente equivocado en tu percepci&oacute;n, pero es la tuya y est&aacute;s seguro de ella. De alguna manera en la literatura &nbsp;yo persigo tambi&eacute;n esa originalidad. Por eso yo no soy mucho de escuelas. No me gusta considerarme dentro de una corriente literaria o dentro de una tendencia o de una moda, porque a m&iacute; me gusta la originalidad y me gusta navegar contracorriente. Y me hace gracia que, por ejemplo, en una &eacute;poca como &eacute;sta que es m&aacute;s de novela negra, de cr&iacute;menes, de acci&oacute;n reacci&oacute;n, de repente aparezco yo con una clase de literatura que habla de &aacute;ngeles, pues es ir contra corriente.</p>
<p>&ndash; Ha comentado en alguna entrevista que tanto <em>La dama azul </em>como <em>El maestro del Prado</em> son sus libros m&aacute;s &iacute;ntimos, por decirlo as&iacute;. En ambos, claramente, hay un alter ego suyo en el protagonista.</p>
<p>&ndash; Claro, claro. En ambos el protagonista es, en efecto, un alter ego. En&nbsp;<em>La dama azul</em>, Carlos Albert, el periodista que articula toda la trama, soy yo, y lo que le pasa a Carlos me pas&oacute; a m&iacute; en buena medida: c&oacute;mo de repente va encontrando cosas la causalidad, en t&eacute;rminos de Jung, le va mostrando. Ese fen&oacute;meno es algo que me ha interesado desde siempre y lo he observado con atenci&oacute;n. Desde hace a&ntilde;os escribo un diario de coincidencias, quiz&aacute; alg&uacute;n d&iacute;a lo publique, porque me considero un observador del fen&oacute;meno. En&nbsp;<em>El maestro del Prado</em>, &nbsp;el protagonista es un jovencito&nbsp;Javier&nbsp;que llega a Madrid y busca refugio los fines de semana en el Museo del Prado. All&iacute; entra en contacto con el arte tal y como se refleja en el libro. De hecho, el libro que acabo de publicar, <em>El plan maestro</em>, completa esa especie de autobiograf&iacute;a novelada introduciendo personas del mundo real para hacer cosas del mundo de la ficci&oacute;n. Mover los hilos de esta trama me ha hecho comprender que el arte &ndash;en todas sus expresiones&mdash;es la &uacute;ltima v&iacute;a que tenemos abierta para conversar con nuestra alma. Y esa v&iacute;a, ese canal, hay que mantenerlo limpio y abierto para no perder la esencia de lo que somos. En&nbsp;<em>El plan maestro</em>&nbsp;hablo de eso, y lo hago a trav&eacute;s de los misterios del arte y de la historia, que es el terreno donde m&aacute;s c&oacute;modo me siento desde los tiempos de&nbsp;<em>La cena secreta</em>.</p>
<p>&ndash; &iquest;Cu&aacute;l es ese <em>plan maestro</em> que otorga al arte un hilo trascendental que unir&iacute;a polos tan distantes como el arte rupestre o Frida Kahlo?</p>
<p>- El plan que une toda la historia del arte, en la novela, est&aacute; muy conectado a la mirada. El arte nace como un mecanismo trascendente, de comunicaci&oacute;n con lo invisible. Cada vez aparecen m&aacute;s indicios que nos invitan a pensar que el arte naci&oacute; entre los chamanes como parte de una aproximaci&oacute;n m&aacute;gica, necesaria en los primeros momentos de la conciencia humana. Y ese &ldquo;instinto&rdquo; llega incluso a artistas ateas como Frida Kahlo. En la novela exploro el salto que se produce en la mirada humana al arte a lo largo de decenas de miles de a&ntilde;os y lo trasformo en una intriga literaria. Creo que este ha sido el trabajo con el que m&aacute;s he aprendido de toda mi carrera, y tambi&eacute;n es el m&aacute;s provocador: invitar&aacute; a quien lo lea a desarrollar una &ldquo;segunda mirada&rdquo; hacia el arte, una que atraviese las limitaciones f&iacute;sicas de la pintura y le vuelva a dotar del sentido ancestral y m&aacute;gico para el que naci&oacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El secreto est&aacute; en el entusiasmo. En que lo que hago es algo que me apasiona de verdad&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash;&nbsp; Es una novela que empez&oacute; en mayo de 2023. Lo raro es que con todas las actividades</p>
<p>que realiza tenga tiempo de escribir.</p>
<p>&ndash; Suelo tardar un a&ntilde;o en redactar una novela, pero hay veces que las cosas se resisten porque, como te dec&iacute;a, hay mucho ruido. El secreto est&aacute; en el entusiasmo. En que lo que hago es algo que me apasiona de verdad. La palabra entusiasmo tambi&eacute;n es muy bonita etimol&oacute;gicamente porque viene del griego entheos que es estar con lo divino, en estado de gracia, y eso es lo que yo intento aplicar a todas mis actividades. A veces estoy tan en estado de gracia que no mido la energ&iacute;a que las aplico. A veces aplico tiempo y energ&iacute;a a cosas que parecen poco productivas pero hay que hacerlas porque forman parte tambi&eacute;n del mensaje. Pero, aunque parezcan cosas muy dispares, todas est&aacute;n muy centralizadas en lo que es contar cosas a la gente que les muevan que les inquieten que le interesen y que les saquen del propio medio por el que reciben las historias. Para m&iacute; eso es muy importante: que cuando alguien lea uno de mis libros o escuche alguno de mis podcasts, vea un art&iacute;culo en prensa o acuda a alguna conferencia, que tenga la necesidad de ir &eacute;l o ella a ver si eso es as&iacute; o a obtener m&aacute;s informaci&oacute;n. Yo me veo a m&iacute; mismo como un potenciador de la curiosidad. Soy eso.</p>
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<p><strong>&ldquo;La ciencia y la religi&oacute;n son v&iacute;as de conocimiento&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash; El misterio, eso que est&aacute; en el origen de muchas de sus obras y trabajos, siempre ha estado asociado de alguna manera a la religi&oacute;n. Ahora, por una parte, vivimos en una sociedad m&aacute;s laica y, adem&aacute;s, la ciencia va desvelando lo que antes eran misterios. Pero al mismo tiempo vivimos en unos momentos extra&ntilde;os en los que crecen ciertas supersticiones. Ganan terreno. Est&aacute;n los que niegan el cambio clim&aacute;tico, est&aacute; el movimiento antivacunas. Alguien que se relaciona con lo misterioso puede encontrarse de pronto cerca de personas que defienden esas posturas. &iquest;C&oacute;mo se relaciona con eso?</p>
<p>&ndash; Yo tengo grandes amigos que son cient&iacute;ficos de primer orden y que est&aacute;n en la vanguardia de muchas cosas. Tengo un hijo que quiere ser ingeniero aeroespacial y est&aacute; muy metido en ello y en casa se habla mucho de temas cient&iacute;ficos, pero a la vez tambi&eacute;n tengo amigos en el otro lado y los escucho y converso con ellos. Yo creo que mi actitud es antidogma. Yo no veo la ciencia como la gran verdad. La ciencia es una herramienta para obtener conocimiento, igual que no veo a la religi&oacute;n como una herramienta de la gran verdad. Es una herramienta que nos hemos dado durante muchos miles de a&ntilde;os para ponerle nombre a las cosas que desconocemos. Ambas son v&iacute;as de conocimiento. Creo que nos ha dado muchas m&aacute;s alegr&iacute;as la ciencia que la religi&oacute;n. Sobre todo, si vemos lo que ha ocurrido en nuestra civilizaci&oacute;n en los &uacute;ltimos doscientos a&ntilde;os. Vivimos en la mejor de las civilizaciones de las que tenemos conocimiento. De eso no cabe ninguna duda, pero aun as&iacute; creo que no debemos sustituir el esp&iacute;ritu solo por la materia. El componente espiritual tiene que estar. Y &eacute;ste no siempre es el componente de la religi&oacute;n porque la religi&oacute;n suele ser una estructura dogm&aacute;tica, no responde finalmente a las inquietudes espirituales, te hace comulgar con unas visiones espirituales, pero no te da libertad para explorarlas. Yo creo que ah&iacute;, en el centro de los dos caminos, el de la ciencia y el de la religi&oacute;n, est&aacute; la espiritualidad. Creo que el ser humano es mejor si es espiritual porque eso te da unos valores de respeto al pr&oacute;jimo y al entorno que no debemos perder. Desde la noche de los tiempos nuestros antepasados ve&iacute;an la naturaleza y todo lo que les pasaba con una visi&oacute;n animista y es verdad que todo est&aacute; vivo de alguna manera y conviene llevarse bien con esa vida que te rodea. La revoluci&oacute;n industrial hace que despreciemos eso y destruyamos mucha naturaleza y creo que ahora llega el tiempo de rectificarlo. En mi visi&oacute;n y a tu pregunta creo que hay que escuchar a todas las voces, pero hay que formarse un sentido propio cr&iacute;tico y tomar un camino neutro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El miedo te bloquea la capacidad de reacci&oacute;n y la raz&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash; El miedo es tambi&eacute;n un elemento fundamental en su obra. No me refiero a que sus novelas sean de miedo o de terror, sino que en sus libros el miedo est&aacute; presente porque los personajes tienen que enfrentarse a &eacute;l. &iquest;Qu&eacute; es el miedo para usted o a qu&eacute; tiene miedo Javier Sierra?</p>
<p>&ndash; Creo que tengo miedo a dos cosas. Una es al miedo mismo, que es algo que te bloquea la capacidad de reacci&oacute;n y la raz&oacute;n. Y la otra cosa que es muy humana y muy vulgar que es miedo al dolor. Superados esos dos miedos, el resto de cosas no me dan miedo incluida la muerte. Es algo sobre lo que yo he reflexionado desde que era muy peque&ntilde;o. Creo que tambi&eacute;n en eso hay un componente turolense porque yo recuerdo que ten&iacute;a que pasar al lado del cementerio de la ciudad &nbsp;todos los d&iacute;as, de las escalinatas que dan al cementerio de Teruel, para ir al colegio y era algo que ten&iacute;a muy cerca. A veces me escapaba incluso a dar una vuelta por el cementerio, un lugar que me resultaba interesante. Y por lo tanto miedo a la muerte no tengo, encuentro que es algo inevitable, que forma parte del proceso natural del universo, no nuestro, &iquest;eh?, del universo donde todo nace, se desarrolla y desaparece. Y lo tengo asumido. Hombre, puedo tener preocupaci&oacute;n pero no es miedo, es un grado distinto, por lo que le pueda pasar a los m&iacute;os, en fin, estas cosas que son muy humanas pero yo no lo calificar&iacute;a de miedo sino de un nivel inferior que es preocupaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;En cada novela intento ponerme un l&iacute;mite o traspasar un dogma literario&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash; Por eso pudo pasar una noche en la c&aacute;mara mortuoria de la Gran Pir&aacute;mide.</p>
<p>&ndash;&nbsp; Ah&iacute; hay un punto tambi&eacute;n de osad&iacute;a, es decir, ah&iacute; manda la mente del explorador, del aventurero, el que quiere saber y se mete en vericuetos que, a lo mejor, si se lo hubiera pensado un par de veces hubiera evitado, pero aquella experiencia que fue pre Javier escritor, fue en la &eacute;poca del periodista, s&iacute; que me sirvi&oacute; mucho cuando me convert&iacute; en escritor, porque cuando me sal&iacute; de all&iacute; y fui capaz de escribir un reportaje sobre aquello, como todo era tan subjetivo, lo que hab&iacute;a vivido entend&iacute;a que era poco m&aacute;s o menos que inefable, que no se pod&iacute;a contar, me di cuenta de que al final todo se puede contar de una manera u otra, y si te pones el traje de escritor obviamente encuentras la manera de contarlo y as&iacute; es de donde nace <em>La pir&aacute;mide inmortal</em>, s&iacute;, s&iacute;, me sirvi&oacute; para eso. Yo bromeo siempre diciendo que segu&iacute;a los pasos de Napole&oacute;n porque &eacute;l entr&oacute; all&iacute; siendo general y sali&oacute; convertido en emperador, en lo que despu&eacute;s ser&iacute;a para la historia de Europa, y yo entr&eacute; siendo periodista y sal&iacute; convertido en escritor porque de alguna manera necesitaba contar con otro tipo de recursos lo que ah&iacute; me sucedi&oacute;. Ello me ayud&oacute; a romper las barreras que tiene el periodismo que son muchas. A la hora de narrar, el periodismo es muy limitante, mientras que la literatura no tiene l&iacute;mites. Tambi&eacute;n eso es lo que me atrajo. Estoy en el campo de la literatura en parte empujado por esa mente del aventurero, porque estoy explorando y cada libro m&iacute;o nuevo es una exploraci&oacute;n. Me resisto mucho, yo veo que lo hacen otros autores, pero yo me resisto a ser un escritor de f&oacute;rmula. Es decir, yo no he encontrado una f&oacute;rmula y aplico esa f&oacute;rmula en cada novela. En cada novela intento ponerme un l&iacute;mite o traspasar un dogma literario y juego a esas cosas en mis libros. Desde ese punto de vista [mi escritura] es experimental, aunque cuenta con la bendici&oacute;n del gran p&uacute;blico, cosa que tambi&eacute;n es sorprendente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El m&aacute;s all&aacute; para m&iacute; es sin&oacute;nimo de esperanza&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash; Un asunto que ha dado mucho a la literatura reciente ha sido la pandemia. Leemos muchas novelas que tienen su origen, su tema, o su proceso en el periodo de enclaustramiento que provoc&oacute; la Covid. Su &uacute;ltima novela tiene tambi&eacute;n que ver con ello, aunque entroncando con lo que le es propio e intentando buscar una implicaci&oacute;n en el m&aacute;s all&aacute;.</p>
<p>&ndash; S&iacute;, es cierto que siempre busco un m&aacute;s all&aacute;, pero porque el m&aacute;s all&aacute; para m&iacute; es sin&oacute;nimo de esperanza. Y, claro, en una situaci&oacute;n como la que vivimos en la pandemia en la que todo era desesperanza, sobre todo en los momentos m&aacute;s fuertes de la misma, en los que parec&iacute;a que no iba a haber un ma&ntilde;ana, yo me rebel&eacute; y mi manera de manifestarme fue a trav&eacute;s de esa peque&ntilde;a novela. En realidad, era un grito que en ese momento era muy at&iacute;pico de ir contra el pesimismo imperante y contra todas las voces que clamaban que aquello era el desastre final. Yo me resist&iacute;a a eso y sab&iacute;a, porque hab&iacute;a le&iacute;do mucho sobre este tipo de cosas, que el ser humano tiene una capacidad de reactivarse espectacular y por supuesto estaba convencido de que nos &iacute;bamos a recuperar, pero hab&iacute;a que recordarlo y para m&iacute; lo m&aacute;s bonito de ese libro es que lleg&oacute; a las librer&iacute;as el d&iacute;a que las abrieron. Las librer&iacute;as abren, siempre me acordar&eacute;, el 25 de junio, despu&eacute;s de unos meses de confinamiento total, y aquel 25 de junio mi libro estaba en las librer&iacute;as. Para m&iacute; fue muy simb&oacute;lico. Trabaj&eacute; con la editorial durante el periodo de clausura, pudimos hacerlo a trav&eacute;s de v&iacute;deo conferencia, a trav&eacute;s del tel&eacute;fono, del correo electr&oacute;nico, en fin, estaba la tecnolog&iacute;a de nuestro lado y pudimos hacerlo. Pero ponerlo a la venta el primer d&iacute;a, el primer d&iacute;a de rayo de sol para m&iacute; fue muy bonito.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El ser humano tiene una visi&oacute;n muy reducida de la realidad&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash; La teor&iacute;a que propone es la de que el virus pudo llegar de fuera de la Tierra, utiliza el concepto de panspermia con el que algunos cient&iacute;ficos sit&uacute;an el origen de la vida. Y propone que tuvo un fin evolutivo, de la misma manera que se afirma que despu&eacute;s de la Peste Negra vino el Renacimiento.</p>
<p>&ndash;&nbsp; A ver c&oacute;mo explico esto. Creo que el ser humano, por c&oacute;mo es y por sus l&iacute;mites, tiene una visi&oacute;n muy reducida de la realidad. Vivimos confinados en un planeta peque&ntilde;&iacute;simo, en una estrella que est&aacute; en el per&iacute;metro exterior de la V&iacute;a L&aacute;ctea, en una galaxia que es una entre miles de millones de galaxias que hay en el Universo. Por lo tanto, nuestra visi&oacute;n de conjunto es muy limitada y pensamos que todo lo que nos ocurre tiene su origen aqu&iacute;. Opino todo lo contrario: que estamos hiperconectados con la Naturaleza y con todo lo que hay ah&iacute; fuera. Que la vida no es algo exclusivo del planeta Tierra, sino que es una vulgaridad c&oacute;smica y que, por lo tanto, es m&aacute;s factible, m&aacute;s cre&iacute;ble, que la vida haya llegado aqu&iacute; soplada por vientos de cometas que haya aparecido de manera espont&aacute;nea y exclusiva en esta roca insignificante de la galaxia. Y desde esa visi&oacute;n: que tiene una parte de cient&iacute;fica, pero tambi&eacute;n una parte de po&eacute;tica. Y yo me siento muy c&oacute;modo porque me ampl&iacute;a el horizonte y me hace ver que efectivamente hay algo m&aacute;s all&aacute; de la atm&oacute;sfera terrestre. Eso define mi visi&oacute;n.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;A m&iacute; me ha ense&ntilde;ado a leer poes&iacute;a Luis Alberto de Cuenca&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash; La palabra poes&iacute;a est&aacute; presente en su discurso. Y siento curiosidad por saber si le queda tiempo para leer algo que no est&eacute; relacionado con su obra, con las b&uacute;squedas que lleva a cabo para escribir sus libros. Si lee otra clase de literatura que no est&eacute; relacionada con la ciencia o el misterio.</p>
<p>&ndash; Cuando no estoy leyendo por trabajo que suele ser efectivamente la mayor parte del tiempo, lo que hago es leer mucho la literatura de la gente a la que admiro o de amigos. Y esa lista es muy grande. Yo no tengo pudor en eso. Yo admiro a mucha gente y no me cuesta nada decirlo. Me encanta porque, de alguna manera, te est&aacute;n hablando de la incre&iacute;ble complejidad de la psique humana y de la incre&iacute;ble variedad de mentalidades que encarnamos. Y si hablamos de poes&iacute;a, a m&iacute; me ha ense&ntilde;ado a leer poes&iacute;a Luis Alberto de Cuenca. Esto parece un lujo pero es que durante los a&ntilde;os en que me honra con su amistad me ha ido regalando sus libros de poes&iacute;a y los he ido leyendo porque le quiero mucho. &Eacute;l me ha conectado con la poes&iacute;a y adem&aacute;s hemos tenido grandes conversaciones sobre los poetas cl&aacute;sicos. A m&iacute; el mundo cl&aacute;sico me fascina. Entiendo que la poes&iacute;a en el mundo cl&aacute;sico no ten&iacute;a tan fuertemente arraigado el componente est&eacute;tico como el componente narrativo y eso me interesa mucho. Me interesa descifrar lo que hay en la poes&iacute;a cl&aacute;sica y de ello he hablado mucho tambi&eacute;n con Luis Alberto. Pero luego tengo tambi&eacute;n muchos escritores amigos que leo con gran gusto. Por ejemplo, en casa, y digo en casa porque tambi&eacute;n lo leen mis hijos y mi mujer, somos grandes fans de Juan Eslava Gal&aacute;n, que me divierte&nbsp; y le queremos mucho. Y tambi&eacute;n leo a Jos&eacute; Luis Corral, a Santiago Posteguillo, a Jos&eacute; Calvo Poyato, en fin, a esta generaci&oacute;n de escritores de novela hist&oacute;rica espa&ntilde;ola que son muy potentes y que me honran con su amistad. Es verdad que estamos yendo a una &eacute;poca de lectura un tanto particular. Tengo la sensaci&oacute;n de que todos nos hemos vuelto unos lectores muy utilitaristas &iquest;no? Es decir, leemos porque queremos sacar algo de la lectura que trascienda el placer est&eacute;tico. No solo leemos para entretenernos, porque tenemos muchas cosas para entretenernos, sino que leemos para aprender algo o para comprender algo y esa aproximaci&oacute;n utilitarista tambi&eacute;n me ha salpicado a m&iacute;. Es decir, leo muchas cosas que me interesan o que necesito comprender y quiz&aacute; en estos &uacute;ltimos yo dir&iacute;a que quince a&ntilde;os o veinte leo menos por puro placer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;De la confrontaci&oacute;n de los opuestos siempre surge algo interesante&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash; Recientemente se ha celebrado una nueva edici&oacute;n de los encuentros Ocultura que usted cre&oacute; para reunir a escritores, viajeros, antrop&oacute;logos y expertos en corrientes del pensamiento relacionadas con lo oculto. En esta ocasi&oacute;n se conmemoraba el 50 aniversario de la publicaci&oacute;n del libro de Raymond Moody <em>Vida despu&eacute;s de la vida</em>. Las sesiones se celebraron bajo el t&iacute;tulo <em>&iquest;Hay vida m&aacute;s all&aacute;?</em> &iquest;Encontraron respuesta? &iquest;Llegaron a alguna conclusi&oacute;n?</p>
<p>&ndash;&nbsp; [Risas] &nbsp;Ah&iacute; pasa como con las novelas, es decir, una cosa es el texto literario y otra cosa muy distinta es lo que lee el lector. Es decir, cada lector lee una cosa. Y en el fondo, recibe lo que ya lleva dentro. Pero yo creo que all&iacute; nos juntamos seiscientas personas para, en fin, plantearnos la pregunta de si hay vida m&aacute;s all&aacute;. Pero esas seiscientas personas ya intu&iacute;an o creen o est&aacute;n abiertas a la posibilidad de que haya vida m&aacute;s all&aacute; y se fueron convencidos de que hay vida m&aacute;s all&aacute;. Pero hubo una conferencia, de entre todas, que fue para m&iacute; la m&aacute;s provechosa, que fue la que dio Antonio Resines, el actor, porque &eacute;l ha tenido al menos una gran y cl&aacute;sica experiencia cercana a la muerte. Y &eacute;l se vio desde fuera del cuerpo y vio a su m&eacute;dico y a la familia alrededor de la camilla en la que &eacute;l estaba agonizando, pero &eacute;l no cree que haya vida m&aacute;s all&aacute;. &Eacute;l cree que eso fue consecuencia de las drogas que le estaban suministrando para devolverlo a la vida y me parec&iacute;a interesante porque hay gente que no necesita ver para creer y hay gente que habiendo visto no cree. Como elemento de reflexi&oacute;n sobre lo que es la realidad me pareci&oacute; muy oportuno y muy interesante. Mucha gente qued&oacute; muy descolocada porque claro estaban all&iacute; reforzando su sistema de creencias y &eacute;l planteaba justo lo opuesto. Por eso vuelvo un poco a lo que antes me preguntabas sobre el conflicto entre la ciencia y la superstici&oacute;n. Yo creo que es interesante confrontarlas porque de la oposici&oacute;n, de la confrontaci&oacute;n de los opuestos siempre surge algo interesante y a m&iacute; me gusta ese juego y lo practico incluso en este tipo de acontecimientos.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 10 Mar 2025 06:37:25 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Juan Benet o la luz oscura]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/juan-benet-o-la-luz-oscura/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2025/JUAN_BENET_1.jpg" alt="" /></p>
<p>El ensayo de Benet &laquo;La deuda de la novela con el poema religioso de la Antig&uuml;edad&raquo; lleva solo una nota que reza as&iacute;: &laquo;Alguna vez esas voces que tanto suspiran por la revelaci&oacute;n p&uacute;blica del escritor sobre los secretos de su arte y su vida, comprender&aacute;n que obra y confesi&oacute;n son incompatibles, que una considerable fuerza de toda novela procede de la ocultaci&oacute;n&raquo;. Al denegar la compatibilidad entre literatura y confesi&oacute;n Benet, parad&oacute;jica y sutilmente, contrariaba su propio aserto al desvelar uno de los motores de sentido de su obra: la elusi&oacute;n. Esa nota al pie se proyecta, hacia atr&aacute;s y hacia adelante, sobre una d&eacute;cada de laborioso empe&ntilde;o literario basado en buena medida en el ejercicio de variados m&eacute;todos de <em>ocultaci&oacute;n</em>. El libro singular al que pertenece el ensayo citado, <em>Del pozo y del Numa</em>, se public&oacute; en La Gaya Ciencia en 1978 y encierra no pocas claves de lo que para entonces constitu&iacute;a un proyecto literario de extraordinaria exigencia y ampl&iacute;simo influjo (por la v&iacute;a imitativa y por la pol&eacute;mica) en las letras espa&ntilde;olas.</p>
<p>&nbsp;Diez a&ntilde;os antes Benet hab&iacute;a dado un cerrojazo incontestable a la novela de posguerra con <em>Volver&aacute;s a Regi&oacute;n</em>, si bien los mimbres te&oacute;ricos en los que se sustentaba ya hab&iacute;an sido expuestos en el ensayo <em>La inspiraci&oacute;n y el estilo</em> en 1966. En ese decenio Benet se hab&iacute;a erigido en una figura fundamental en el campo literario del tardofranquismo, no solo por su radical apuesta por una narrativa ind&oacute;cil a las demandas del mercado o de la utilidad social y pol&iacute;tica sino tambi&eacute;n por convertirse en referente literario e intelectual de un grupo de j&oacute;venes escritores como Javier Mar&iacute;as, Vicente Molina Foix, F&eacute;lix de Az&uacute;a, Antonio Mart&iacute;nez Sarri&oacute;n o Javier Fern&aacute;ndez de Castro.</p>
<p>&nbsp;Benet supo extraer ventajas de las dificultades que encontr&oacute; para llegar a ese lugar simb&oacute;lico. Cuando public&oacute; <em>Volver&aacute;s a Regi&oacute;n</em> tras varios rechazos y gracias a mediaciones como la de Dionisio Ridruejo, Benet ten&iacute;a cuarenta y dos a&ntilde;os, pero llevaba veinte a&ntilde;os escribiendo. De sus primeras tentativas solo recientemente hemos podido leer algunas muestras, como los microrrelatos fechables entre 1948 y 1950 que forman parte del proyecto de libro conjunto con Luis Mart&iacute;n-Santos <em>El amanecer podrido</em> (2020), editado por Mauricio Jal&oacute;n. Las novelas de lo que el propio Benet llam&oacute; en una entrevista &laquo;cronolog&iacute;a perif&eacute;rica de la iniciaci&oacute;n&raquo; han permanecido inaccesibles hasta fechas recientes en que han sido depositadas en la Biblioteca Nacional. Es el caso de <em>Paisaje perpetuo</em>, <em>La libertad y el papel</em>, ambas escritas alrededor de 1950. O de <em>El guarda</em>, escrita en 1951 bajo la impresi&oacute;n que le caus&oacute; la lectura de <em>La rama dorada</em> de James G. Frazer, y que habr&iacute;a de ser el embri&oacute;n de <em>Volver&aacute;s a Regi&oacute;n. El guarda</em> se reescribi&oacute; hacia 1963 como <em>Preste Juan</em> y enseguida <em>Preste Juan</em> fue reescrito para convertirse en una primera versi&oacute;n de <em>Volver&aacute;s a Regi&oacute;n</em> sobre la que Benet, instalado en las inmediaciones del r&iacute;o Porma como ingeniero responsable de la presa, trabajar&iacute;a para darle a la novela su forma definitiva.</p>
<p>&nbsp;En 1961 apareci&oacute; en la editorial Tebas <em>Nunca llegar&aacute;s a nada</em>, una recopilaci&oacute;n de los cuentos que Benet hab&iacute;a escrito en la segunda mitad de los cincuenta, donde quedaban por tanto descartados los relatos y ap&oacute;logos compuestos bajo la idea del &laquo;bajorrealismo&raquo; que hab&iacute;a ideado con Mart&iacute;n-Santos hacia 1950 como propuesta joco-seria. En esa d&eacute;cada tentativa quedaban tambi&eacute;n un par de obras teatrales, <em>Max</em> (publicado en <em>Revista Espa&ntilde;ola </em>&nbsp;en 1953) y <em>Anastas o el origen de la Constituci&oacute;n</em> (1958), presentado al premio Valle-Incl&aacute;n sin suerte, m&aacute;s las piezas menores o divertimentos que compuso para las reuniones o francachelas de la Orden de Caballeros de don Juan Tenorio, fundada por Alfonso Bu&ntilde;uel en 1949, como fue el caso de <em>El burlador de Calanda</em> (1952) o <em>El salario de noviembre</em> (1954). Pero la principal cosecha de aquellos a&ntilde;os fue la lenta forja de una concepci&oacute;n de la novela (quiz&aacute; ser&iacute;a mejor hablar de &lsquo;escritura literaria&rsquo;) que se alejaba violentamente de los realismos beligerantes en Espa&ntilde;a, del utilitarismo ingenuo de ciertos escritores antifranquistas, de la prosa descorazonadora que era com&uacute;n, ret&oacute;rica y casticista en unos casos, descalandrajada por otros a base de desgarrones y coloquialismo. Benet fue definiendo lo que no quer&iacute;a hacer &mdash;lo que ya no se pod&iacute;a hacer&mdash; al mismo tiempo que resolv&iacute;a cu&aacute;l era la literatura que le complac&iacute;a hacer &mdash;lo que <em>hab&iacute;a</em> que hacer&mdash; y que entroncaba directamente con la modernidad de ra&iacute;z simbolista, la de Conrad, Proust y Faulkner, la de la exploraci&oacute;n en los fondos abisales de la conciencia y la experimentaci&oacute;n audaz con los recursos del lenguaje y de la narraci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;No era nada f&aacute;cil, a comienzos de los a&ntilde;os sesenta, saltar a la palestra literaria con semejantes pertrechos. Aquella d&eacute;cada fue la de la pugna por construirse y ser admitido como escritor. En el mecanuscrito final de <em>Volver&aacute;s a Regi&oacute;n</em> consta que la novela se acab&oacute; de redactar en septiembre de 1964. Su amigo Luis Mart&iacute;n-Santos hab&iacute;a muerto en enero como autor de una novela de extraordinario &eacute;xito, <em>Tiempo de silencio</em> (1962), que a &eacute;l no le hab&iacute;a gustado por lo que ten&iacute;a de <em>aggiornamento</em> del costumbrismo que detestaba. De ese &eacute;xito, y de lo que cree que es su incapacidad para alcanzarlo, habla en una carta del 31 de mayo al hermano del escritor, Leandro Mart&iacute;n-Santos:</p>
<p>&nbsp;Por el contrario yo que cuento con mucho tiempo no soy, hoy por hoy, capaz de provocar m&aacute;s que indiferencia all&aacute; donde &eacute;l sab&iacute;a despertar inter&eacute;s. En mi fuero interno se ha producido cierta cerraz&oacute;n y un encastillamiento, no logro reconocer el valor de ciertas monedas que hoy son de curso legal y com&uacute;n y me emperro en coleccionar otras que no conocen el menor aprecio. En esta situaci&oacute;n, la confianza y el inter&eacute;s de Luis (y estoy seguro de que no se trataba de piedad) no solo me supon&iacute;an un est&iacute;mulo considerable sino que, a trav&eacute;s del reconocimiento por parte de sus figuras m&aacute;s solventes, me deparaba una peque&ntilde;a venganza sobre un club en el que no soy capaz de entrar y en el que &ndash;con toda probabilidad&ndash; no entrar&eacute; nunca (1964 [2020: 319-320]).</p>
<p>&nbsp;En pocos a&ntilde;os tambi&eacute;n Benet ingresar&iacute;a en ese exclusivo club, el de los autores afortunados y consagrados por el reconocimiento de la cr&iacute;tica, el de los autores prestigiados por la originalidad y la altura est&eacute;tica de su obra, pero cuando eso sucedi&oacute; ya no pod&iacute;a hacerlo como joven escritor. Bien sab&iacute;a que el primer libro publicado determinaba en gran medida la imagen del escritor y eso le alent&oacute; a reescribir varias veces <em>Volver&aacute;s a Regi&oacute;n</em>. Tan claro lo ten&iacute;a que lo dej&oacute; dicho en 1966 en una p&aacute;gina de <em>La inspiraci&oacute;n y el estilo</em>: de todos los libros que han de jalonar la carrera del hombre de letras ninguno va a tener una significaci&oacute;n tan especial como ese primero que debe llevar su nombre al p&uacute;blico. Es un segundo nacimiento m&aacute;s que una profesi&oacute;n de votos. Solo a partir del momento en que su nombre es en cierto modo p&uacute;blico puede el escritor dedicarse al perfeccionamiento de su arte y a la forja de una carrera literaria condenada al crecimiento fetal si no ve la luz de la calle ni goza del consenso de la opini&oacute;n (1966 [2023: 28-29]).</p>
<p>&nbsp;As&iacute; pues, Benet &ndash;y dejemos de lado las contingencias&ndash; public&oacute; su primera novela habiendo dilatado el periodo formativo de su vocaci&oacute;n, y ello explica que, a partir de 1968, fuera capaz no solo de publicar un libro nuevo pr&aacute;cticamente cada a&ntilde;o durante la d&eacute;cada de los setenta, sino de levantar una obra de extraordinaria coherencia, complejidad y rigor. Si la publicaci&oacute;n de la primera novela era para Benet equiparable a un <em>segundo nacimiento</em>, el premio Biblioteca Breve que gan&oacute; en 1969 con <em>Una meditaci&oacute;n</em> podr&iacute;a decirse que constituy&oacute; su tercer y definitivo nacimiento. Consolid&oacute; el prestigio que hab&iacute;a logrado con <em>Volver&aacute;s a Regi&oacute;n </em>y se erigi&oacute; en referente de autoridad de una literatura que, recusando el testimonialismo realista, avanzaba en la experimentaci&oacute;n formal mirando por el retrovisor hacia una modernidad que lindaba por un lado con el simbolismo y por otro con las subversiones vanguardistas. Su c&eacute;lebre pol&eacute;mica en 1970 con Isaac Montero en <em>Cuadernos para el Di&aacute;logo</em> fue tan solo una escenificaci&oacute;n de esa condici&oacute;n de referente simb&oacute;lico, pero no supon&iacute;a novedad alguna para quienes hubieran le&iacute;do no ya <em>Volver&aacute;s a Regi&oacute;n </em>y <em>La inspiraci&oacute;n y el estilo</em>, sino tambi&eacute;n para los lectores de <em>Revista de Occidente</em>, donde Benet hab&iacute;a publicado textos tan elocuentes como &laquo;Ilusitania&raquo; (1967), &laquo;De Canudos a Macondo&raquo; o la nota sobre el premio Nobel del 69 a Samuel Beckett, o de <em>Cuadernos Hispanoamericanos</em>, donde hab&iacute;an aparecido &laquo;Cordelia Khan&raquo; (1968) o la pieza teatral <em>Agonia confutans</em> (1969). Siendo la de Benet una voz ins&oacute;lita desde, por lo menos, 1966, nada deb&iacute;a extra&ntilde;ar la eclosi&oacute;n de su talento en el bienio 1969-70, de igual modo que solo los ignorantes o doctrinarios pod&iacute;an escandalizarse ante gestos p&uacute;blicos suyos como la c&eacute;lebre renuncia a participar en el homenaje a Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s en 1970 arguyendo su total falta de inter&eacute;s por el novelista y a&ntilde;adiendo que, en su opini&oacute;n, el culto a su obra era una &laquo;desgracia nacional&raquo;.</p>
<p>En 1968, cuando <em>Volver&aacute;s a Regi&oacute;n </em>empez&oacute; a circular, Benet ya trabajaba en <em>Una meditaci&oacute;n</em>, que supon&iacute;a una aventura radical de escritura desce&ntilde;ida y exenta de cualquier otra regulaci&oacute;n que no fuera la de su avance ininterrumpido. Para ello ide&oacute; e hizo construir un original soporte: el c&eacute;lebre &laquo;andarivel portarrollos&raquo;, nombre que recibe en el dise&ntilde;o impreso en la guarda de <em>Del pozo y del Numa</em>. Este andarivel sosten&iacute;a, en efecto, &laquo;un rollo de papel continuo de unos 80 metros de longitud&raquo;, y su virtud literaria, del todo experimental, surg&iacute;a del impedimento que impon&iacute;a al escritor: el avance en el proceso de redacci&oacute;n deb&iacute;a llevarse a cabo sin posibilidad de volver sobre lo ya escrito, procedimiento este mediante el cual Benet lograba imprimir en el mon&oacute;logo reminiscente de su narrador las fallas y las fluctuaciones propias del flujo mental y, por tanto, del discurrir de la memoria. Fue F&eacute;lix de Az&uacute;a quien, tras visitar a Benet en su casa de la calle Pisuerga de Madrid y lograr que le mostrara la &laquo;pieza inacabada&raquo;, inform&oacute; a Carlos Barral de su existencia, y quien le comunic&oacute;, en una segunda visita, que el editor lo invitaba a presentar la novela al premio. La tarea de recoger el rollo de papel en la calle Pisuerga y trasladarlo a Barcelona le correspondi&oacute; a Juan Garc&iacute;a Hortelano. Barral, que desde Seix-Barral hab&iacute;a impulsado los &eacute;xitos editoriales del realismo social, de su amigo Luis Mart&iacute;n-Santos y del <em>boom</em> latinoamericano, iba a ser un actor fundamental en el lanzamiento de Benet. Tambi&eacute;n lo ser&iacute;a el ambiente en el que lo introdujo. En 1990, tras la muerte del editor, Benet escribir&iacute;a, recordando el d&iacute;a en que entr&oacute; por primera vez en la editorial: &laquo;tuve la sensaci&oacute;n de que aquella tarde, para m&iacute; en particular, hab&iacute;a concluido la posguerra&raquo; (2007: 154). En esa especie de oasis de la modernidad literaria, Benet conoci&oacute; asimismo a quien ser&iacute;a su editora y compa&ntilde;era durante aquella d&eacute;cada intensa en muchos sentidos: Rosa Reg&agrave;s, que al a&ntilde;o siguiente, tras su salida de la editorial, fund&oacute; La Gaya Ciencia. En esa editorial publicar&iacute;a Benet el grueso de su obra durante los setenta: las novelas <em>Un viaje de invierno </em>(1972) y <em>Sa&uacute;l ante Samuel</em> (1980); los ensayos <em>El &aacute;ngel del se&ntilde;or abandona a Tob&iacute;as </em>(1976), <em>Qu&eacute; fue la guerra civil </em>(1976); el singular e h&iacute;brido <em>Del pozo y del Numa </em>(1978) y los libros de relatos <em>5 narraciones y 2 f&aacute;bulas </em>(1972) y <em>Sub rosa </em>(1973).</p>
<p>&nbsp;Dentro de la trayectoria de Benet aquella d&eacute;cada fue la de la reafirmaci&oacute;n insobornable de sus principios y sus m&eacute;todos art&iacute;sticos, de los que es paradigma y cima <em>Sa&uacute;l ante Samuel</em>, en cuya composici&oacute;n estuvo enfrascado siete a&ntilde;os. Durante ese tiempo, el aumento de la atenci&oacute;n por parte de la cr&iacute;tica (nacional y extranjera) se increment&oacute; en paralelo a la dificultad de las novelas, piedra angular de su obra. Si bien las ideas y las posiciones que en ellas cobran entidad literaria son constantes y perfectamente coherentes, as&iacute; como lo es su estilo, cada novela prueba de un modo distinto la originalidad de Benet. Tras la descripci&oacute;n orogr&aacute;fica y los di&aacute;logos monol&oacute;gicos del Doctor Sebasti&aacute;n y Marr&eacute; Gamallo en <em>Volver&aacute;s a Regi&oacute;n</em>; tras el largu&iacute;simo y sinuoso bloque textual de trescientas p&aacute;ginas que constituye <em>Una meditaci&oacute;n</em>, Benet escribi&oacute; en <em>Un viaje de invierno</em> una novela herm&eacute;tica en la que la estrecha caja del texto convive con los ladillos reflexivos y abstractos dispuestos en los m&aacute;rgenes que, aparentemente, no guardan ninguna relaci&oacute;n con la trama; una trama que, por otra parte, trata sobre una fiesta de incierta existencia y sobre la iniciaci&oacute;n (&iquest;frustrada?) a una ciencia que se opone al saber racional. La compleja interrelaci&oacute;n entre la narraci&oacute;n y los ladillos y el car&aacute;cter simb&oacute;lico de la novela se pone de manifiesto en las reflexiones que Benet anot&oacute; en 1970 en dos documentos in&eacute;ditos que ofrecemos aqu&iacute;.</p>
<p>Desde entonces y hasta 1980, Benet escribi&oacute; dos novelas breves &ndash;no por ello m&aacute;s accesibles ni m&aacute;s simples&ndash;: <em>La otra casa de Maz&oacute;n </em>(1973) y <em>En el Estado </em>(1977), &uacute;ltima novela en Seix-Barral y primera en Alfaguara, respectivamente. La composici&oacute;n de la segunda, que fue paralela al largo y arduo proceso de redacci&oacute;n de <em>Sa&uacute;l ante Samuel</em>, era para el escritor un receso o distracci&oacute;n de aquel empe&ntilde;o absorbente. &Eacute;l mismo dej&oacute; constancia de ello en <em>El pozo</em> (es decir en el ensayo citado &laquo;La deuda de la novela&hellip;&raquo;), donde reflexionaba, <em>por experiencia propia</em>, sobre la dificultad de llevar adelante a la vez dos proyectos de la magnitud de <em>Sa&uacute;l ante Samuel</em>:</p>
<p>&nbsp;Por experiencia propia puedo afirmar hasta qu&eacute; punto resulta dif&iacute;cil, si no imposible, intercalar la creaci&oacute;n de dos obras mayores y absorbentes; una novela no es solo el resultado de una larga experiencia anterior; existen sin duda novelas de aluvi&oacute;n en las que una vicisitud un tanto singular y desusada se vierte, por lo general en poco tiempo y no numerosas p&aacute;ginas, en ese libro que suele gozar de la frescura y la veracidad de todo lo intensa, r&aacute;pida y sorprendentemente vivido; pero cuando se trata de una novela extensa, polin&oacute;mica, que recoge gran parte de la experiencia global de su autor, de sus conocimientos y tal vez opiniones, que requiere a&ntilde;os de trabajo y numerosas lecturas, no se puede olvidar que tanto o m&aacute;s que el acopio de ideas del que se parte para escribir la primera p&aacute;gina y que funciona, por as&iacute; decirlo, como par de arranque del largo movimiento que con ella se inicia, influir&aacute;n en ella las nuevas ocurrencias que se suceder&aacute;n durante el per&iacute;odo de gestaci&oacute;n. Cabe decir que durante la escritura se abre un per&iacute;odo primaveral y f&eacute;rtil de la creatividad que de tal manera se siente fecundable que asimilar&aacute; cuantas sugerencias le aporte la experiencia, cultiv&aacute;ndolas de forma que se acomoden a su proyecto con tal aprovechamiento que resulta dif&iacute;cil pensar que puedan servir para dos obras diferentes &mdash;si se trata en verdad de obras diferentes&mdash; o que se puedan distribuir, como una herencia entre varios hijos, con equidad y adecuaci&oacute;n (40-41).</p>
<p>Con la novela &laquo;polin&oacute;mica&raquo; <em>Sa&uacute;l ante Samuel </em>culminaba la primera etapa de Benet como escritor y, en cierto modo, con ella expiraba la confianza en la viabilidad de una empresa literaria de alt&iacute;sima complejidad, laber&iacute;ntica cuando no impenetrable para muchos lectores y que, sin embargo o quiz&aacute; precisamente por eso, hab&iacute;a suscitado ya la fascinaci&oacute;n de muchos cr&iacute;ticos y estudiosos de las letras espa&ntilde;olas. Pero si puede afirmarse que fue un escritor minoritario, no puede decirse lo mismo de su presencia como figura p&uacute;blica y muy determinante no solo en el campo literario de los setenta y ochenta sino en el debate social y pol&iacute;tico de la Transici&oacute;n. Su presencia en el diario <em>El Pa&iacute;s </em>desde enero de 1977 (el peri&oacute;dico hab&iacute;a nacido meses antes) se hizo habitual durante a&ntilde;os, con opiniones a menudo a contrapelo de la <em>doxa</em> pero siempre esclarecedoras. Su incorporaci&oacute;n al nuevo peri&oacute;dico de Ortega Spottorno era inevitable por muchas razones: porque ven&iacute;a colaborando en <em>Revista de Occidente</em> desde que en 1963 el hijo de Ortega la hab&iacute;a resucitado y el esp&iacute;ritu liberal y democr&aacute;tico de la revista se hab&iacute;a trasvasado al diario; porque su primo Fernando Chueca Goitia, tan decisivo en su vida y formaci&oacute;n, era uno de los accionistas iniciales; y porque, en fin, las convicciones socialdem&oacute;cratas de Benet, que hasta entonces y desde mediados de los sesenta se hab&iacute;an alimentado de las reuniones semisecretas del Partido Social de Acci&oacute;n Democr&aacute;tica de Dionisio Ridruejo (conviene leer su contribuci&oacute;n al homenaje <em>Dionisio Ridruejo. De la Falange a la oposici&oacute;n</em>, Taurus, 1976), encontraron en la l&iacute;nea editorial un alojamiento adecuado.</p>
<p>&nbsp;En el articulista se afilaron algunos perfiles de la personalidad del escritor, como su libertad de juicio, su desprecio al pensamiento gregario o el gusto por la provocaci&oacute;n, ahora dirigida a centros candentes del debate p&uacute;blico. En 1983 reunir&iacute;a algunos de aquellos textos en <em>Art&iacute;culos I</em> (1962-1977), con la obvia intenci&oacute;n de compilar los art&iacute;culos de 1978 en adelante en otro volumen que no lleg&oacute; a publicar, si bien en 1982 s&iacute; dio una selecci&oacute;n en el volumen <em>Sobre la incertidumbre</em>. Y mientras surt&iacute;a de tribunas <em>El Pa&iacute;s</em> &mdash;y tambi&eacute;n <em>Diario 16</em>, fundado en octubre de 1976&mdash;, Benet reserv&oacute; su especulaci&oacute;n ensay&iacute;stica para la escritura m&aacute;s pausada que dar&iacute;a en revistas o ya en libro, como hizo en <em>El &aacute;ngel del Se&ntilde;or abandona a Tob&iacute;as</em> (1976) con sus cavilaciones sobre el misterio inexpugnable del lenguaje, capaz de resistir a los embates de la racionalidad cient&iacute;fica (esto es, la ling&uuml;&iacute;stica y derivados). Al mismo tiempo, Benet fue convirti&eacute;ndose en un conferencista brillante que aprovechaba las diversas invitaciones como oportunidades de reflexi&oacute;n de las que surg&iacute;an ensayos memorables. Tambi&eacute;n estas conferencias o ensayos <em>para ser dichos</em> ser&iacute;an reunidas en vol&uacute;menes como <em>En ciernes</em> (1976), donde &laquo;Una &eacute;poca troyana&raquo; describe bien el horizonte literario del que surgi&oacute;, o <em>La moviola de Eur&iacute;pides</em> (1981), un volumen miscel&aacute;neo donde conviven una aguda consideraci&oacute;n sobre el hip&eacute;rbaton como recurso (antes en <em>Revista de Occidente</em>) con el atestado &laquo;La historia editorial y judicial de <em>Volver&aacute;s a Regi&oacute;n</em>&raquo;, imprescindible para conocer su litigio con la editorial Destino y, m&aacute;s all&aacute; del caso, su relaci&oacute;n con los editores.</p>
<p>Pero aquel mismo a&ntilde;o, convertido ya Benet en un referente intelectual y literario, el intento de golpe de Estado del 23 de febrero estuvo a punto de mandar a la trastienda de la irrelevancia el hip&eacute;rbaton y las querellas editoriales. Ante la amenaza de una interrupci&oacute;n del proceso democr&aacute;tico espa&ntilde;ol, Benet intervino el d&iacute;a 27 con un art&iacute;culo tajante, &laquo;Sentimientos imperecederos&raquo;, en el que tras sopesar la noci&oacute;n de patriotismo y la aberrante acu&ntilde;aci&oacute;n franquista de &laquo;anti-Espa&ntilde;a&raquo;, exigi&oacute; que no hubiera indulgencia con los golpistas, incluidos &laquo;todos los guardias civiles &mdash;todos, absolutamente todos&mdash;&raquo;, que se &laquo;tuvieron que dar cuenta que estaban acatando las &oacute;rdenes de un desobediente, de un sedicioso&raquo;. Aquel Benet, con un fuerte componente &eacute;tico en su acci&oacute;n p&uacute;blica, ya no pod&iacute;a sustentar con la misma firmeza que anta&ntilde;o una po&eacute;tica de la ocultaci&oacute;n y la dificultad, por mucho que siguiera considerando que aquella era, o m&aacute;s bien hab&iacute;a sido, su m&aacute;s perdurable contribuci&oacute;n a la literatura en Espa&ntilde;a. Ni siquiera Thomas Bernhard, al que ven&iacute;a leyendo desde 1978, opon&iacute;a a sus lectores la muralla de obst&aacute;culos que &eacute;l hab&iacute;a levantado. Por otro lado, algunos de los j&oacute;venes escritores que pululaban a su alrededor y sobre los que &eacute;l ejerc&iacute;a una especie de tutelaje, estaban orientando su obra hacia horizontes literarios m&aacute;s abiertos, relacionados con g&eacute;neros populares, como hab&iacute;a sucedido con el jovenc&iacute;simo Javier Mar&iacute;as de <em>Los dominios del lobo</em> (1971) y <em>Traves&iacute;a del horizonte</em> (1973), y con Vicente Molina Foix y F&eacute;lix de Az&uacute;a, coautores con Mar&iacute;as de <em>Tres cuentos did&aacute;cticos</em> (1975), t&iacute;tulo tan flaubertiano como ir&oacute;nico, habida cuenta de que el didactismo literario era una de las bestias negras de Benet.</p>
<p>&nbsp;El origen del proyecto &eacute;pico de <em>Herrumbrosas lanzas</em> se encuentra en esta encrucijada, en la que convergen tantas cosas, desde el ensayo <em>Qu&eacute; fue la guerra civil</em> (1976) que le hab&iacute;a encargado Rosa Reg&agrave;s, y el inter&eacute;s de Benet por la estrategia militar hasta la aterradora manifestaci&oacute;n de las dos Espa&ntilde;as y el cainismo patrio irrumpiendo en el Parlamento 23 de febrero e incluso sus viajes acad&eacute;micos a Estados Unidos, donde pudo conocer una sociedad escindida en la que las huellas de los bandos enfrentados en la guerra de Secesi&oacute;n no hab&iacute;an desaparecido. Al tiempo que desplegaba el ciclo de <em>Herrumbrosas lanzas</em>, Benet tuvo nuevas pruebas de su consagraci&oacute;n como escritor can&oacute;nico. Y decimos nuevas porque ya en 1976 hab&iacute;a aparecido en Estados Unidos la monograf&iacute;a de David H. Herzberger <em>The Novelistic World of Juan Benet</em> y aun antes Dar&iacute;o Villanueva (en <em>Camp de l&rsquo;Arpa</em>, 1973) o Jos&eacute; Ortega (en <em>Cuadernos Hispanoamericanos</em>, 1974) le hab&iacute;an dedicado una seria atenci&oacute;n cr&iacute;tica. As&iacute;, en 1981 Ricardo Gull&oacute;n edit&oacute; <em>Una tumba y otros relatos</em> en Taurus y enseguida vendr&iacute;an compilaciones cr&iacute;ticas como la del citado Herzberger, Roberto C. Manteigna y Malcolm A. Compitello en 1984: <em>Critical Approaches to the Wrintings of Juan Benet</em> o, en 1986, la de Kathleen M. Vernon en la serie &laquo;El escritor y la cr&iacute;tica&raquo; de Taurus. Juan Benet deven&iacute;a cl&aacute;sico y, como tal, objeto de escrutinio cr&iacute;tico, fen&oacute;meno que no dej&oacute; de hacerle gracia dado el escepticismo &mdash;doblado en alg&uacute;n momento en chacota&mdash; hacia los cr&iacute;ticos como especie.</p>
<p>&nbsp;Esa desconfianza, reflejada en muchos de sus escritos y en no pocas entrevistas, tuvo una expresi&oacute;n singular en el prefacio que escribi&oacute; ex profeso para el volumen citado de Herzberger, Manteigna y Compitello. Eran dos p&aacute;ginas &aacute;cidas y clar&iacute;simas, fechadas en &laquo;New York City, march 1982&raquo;, donde pon&iacute;a en berlina la tarea de quienes se acercan a una obra literaria con el prop&oacute;sito de elucidarla. Para empezar, negaba que lo que pudieran decir los cr&iacute;ticos tuviera ning&uacute;n inter&eacute;s para el autor, puesto que &laquo;who better than he knows its intention and meaning &mdash;be it explicit or implicit, its style, its narrative technique, its relation to his own experiences, the cultural environment in which it was engendered, the influences that decisively molded its coming into being?&raquo;. Y ello equival&iacute;a no solo a reconocerse como autor plenamente consciente de sus intenciones &mdash;dando por descontado que las hay y son determinables&mdash; y sus procedimientos sino a afirmar que cualquier empe&ntilde;o cr&iacute;tico es &uacute;nicamente &laquo;a disciplinary approximation to a reality that only the autor knows fully&raquo;. Entender as&iacute; la tarea cr&iacute;tica es avecindarla al diagn&oacute;stico cl&iacute;nico (la deducci&oacute;n de un sentido &mdash;patol&oacute;gico&mdash; a trav&eacute;s de la suma de los s&iacute;ntomas) o al proceso judicial &mdash;la analog&iacute;a es suya&mdash;, en la medida en que la sociedad conf&iacute;a al cr&iacute;tico la investigaci&oacute;n de las causas y la naturaleza del acto <em>perpetrado</em> por el escritor, que &eacute;l, como el reo confeso, reh&uacute;sa discutir. Y por eso &eacute;l no va a discutir sobre la dificultad de su obra, aludida en el pr&oacute;logo a esa colect&aacute;nea destinada &mdash;se dice&mdash; &laquo;to help the reader penetrate Benet&rsquo;s fiction and theory well beyond page fifteen&raquo;.</p>
<p>&nbsp;Pero Benet no deja pasar la oportunidad de ironizar sobre tan <em>humanitario</em> prop&oacute;sito y, m&aacute;s acerado, de preguntarse por el enigm&aacute;tico valor de una obra que disuade a los lectores de seguir m&aacute;s all&aacute; de la p&aacute;gina quince y que, sin embargo, da ocupaci&oacute;n a los cr&iacute;ticos, puesto que de no existir ese valor estos no perder&iacute;an su tiempo. Siendo as&iacute;, se tratar&iacute;a de un valor escondido en su enmara&ntilde;ada (<em>entangled</em>) obra que solo con la ayuda de los cr&iacute;ticos podr&iacute;a conocer el lector com&uacute;n, lo que plantea una cuesti&oacute;n simple: &laquo;why didn&rsquo;t I embark on the path of clarifying it and making accessible to the average reader and, at the same time, try to preserve its value as much as possible?&raquo;. A esa pregunta a&ntilde;ade otras dos: &iquest;no ser&iacute;a un esfuerzo vano y contraproducente resolver el enigma (o el sentido) si con ello se arruina el supuesto valor?, y &iquest;no podr&iacute;a ser que el valor, el enigma y la dificultad estuvieran indisolublemente unidas en la obra? Como es obvio, las preguntas enmascaran aserciones sobre las que Benet apoy&oacute; su respuesta. &Eacute;l no pod&iacute;a haber escrito <em>m&aacute;s claro</em> porque no pod&iacute;a hacerlo: &laquo;What I have said, even of an obscure nature, I have said in the clearest possible way that was in my power&raquo;. En ning&uacute;n caso se propuso oscurecer gratuitamente el texto (&laquo;simply to mortify the reader, or to hide a scarcely relevant text in chiaroscuro&raquo;) porque eso hubiera socavado sus principios y hubiera incurrido en uno de los vicios literarios que detesta. Y, para terminar, asegura que, como escritor, teniendo algunas ideas claras y desconociendo c&oacute;mo esclarecer los enigmas, no se le ocurre peor empresa que nublar lo que ya es oscuro. La lecci&oacute;n de este valioso <em>Foreword</em> es inequ&iacute;voca: el discurso tupido que encuentra el lector es la m&aacute;s clara expresi&oacute;n que Benet ha encontrado para alcanzar su intenci&oacute;n est&eacute;tica y sem&aacute;ntica, es decir el efecto sobre el lector y el sentido de su lectura. La oscuridad de su obra es la forma que adquiere la luz en su escritura.</p>
<p>&nbsp;Con todo, hay un elemento que queda fuera de esta ecuaci&oacute;n explicitada por parte del propio escritor &mdash;aunque en cierto modo sobrevuela el <em>Foreword</em>&mdash;, un elemento t&eacute;cnico o metodol&oacute;gico cuya inclusi&oacute;n es asimismo crucial dentro de la creaci&oacute;n literaria de Benet, y que resulta indisociable de la sincera y a la vez de la confesa &mdash;ret&oacute;ricamente&mdash; imposibilidad de ser m&aacute;s claro. Pues son muchas las formas de representar literariamente la claridad con que se concibe y experimenta el oscuro enigma de la existencia y el mundo, y son muchas las maneras, por ende, de parecerse a &eacute;l. Deb&iacute;a ocultar este elemento porque, en efecto, es indisociable de la obra, de sus novelas, y porque&hellip; <em>una considerable fuerza de toda novela procede de la ocultaci&oacute;n</em>. La dificultad de la obra benetiana est&aacute; doblemente destinada; tiene, por as&iacute; decir, dos p&uacute;blicos: el que estar&aacute; dispuesto a perderse en ella (gozosamente dispuesto a corroborar cu&aacute;n impotente es el pensamiento a la hora de desentra&ntilde;ar la enigm&aacute;tica composici&oacute;n de la realidad, que incluye la ficci&oacute;n) y el que se resistir&aacute; a hacerlo. En este segundo p&uacute;blico, que encarna las pulsiones de la raz&oacute;n y el pensamiento, Benet pens&oacute; tanto como en el primero. Los lectores de este cartapacio encontrar&aacute;n una prueba de ello en el p&aacute;rrafo final del in&eacute;dito sobre <em>Un viaje de invierno</em>, donde Benet se impone las condiciones y el prop&oacute;sito al que debe obedecer la escritura de la novela.</p>
<p>Todo, en la obra de Benet, orbita alrededor de una s&oacute;lida idea de individualidad. Desde sus inicios, en el seno de una dictadura en la que el peso del Estado era asfixiante, hasta su final en la d&eacute;cada de los noventa. En <em>La construcci&oacute;n de la torre de Babel</em> (Siruela, 1990), el ensayo que da t&iacute;tulo al libro desemboca en una apolog&iacute;a de la conciencia individual y de las peque&ntilde;as comunidades capaces de prescindir de las regulaciones comunitarias determinadas por el Estado. Y retomando la figura de Lutero, muy importante en el desarrollo del ensayo, Benet escribi&oacute; por encargo de Rafael Borr&agrave;s <em>El caballero de Sajonia </em>(Planeta, 1991), su &uacute;ltima novela. All&iacute;, en conversaci&oacute;n con Carlos V, el te&oacute;logo cism&aacute;tico cita a su anterior interlocutor, Sat&aacute;n, con quien comparte una misma aversi&oacute;n hacia el &laquo;cuento de la dominaci&oacute;n universal por un nuevo C&eacute;sar&raquo;. Para Benet, la literatura configura una espacio de individuaci&oacute;n reflexiva instalado entre el silencio de la soledad y la vida comunicativa de la sociedad, a la que pertenecen las palabras, a la vez, por supuesto, que una extraordinaria y vertiginosa distracci&oacute;n. Como dijo en una conferencia de 1978, para &eacute;l la literatura era &laquo;un divertimento y una forma de ser esencial&raquo;. En la primera versi&oacute;n de <em>En la penumbra</em> (1982), que siete a&ntilde;os m&aacute;s tarde ampliar&iacute;a y publicar&iacute;a en Alfaguara acompa&ntilde;ada por una notable promoci&oacute;n comercial, Benet pon&iacute;a en boca del personaje de la t&iacute;a estas palabras: &laquo;As&iacute; es mi momento, todo mi momento: en un instante todo lo que he estado observando a distancia puede con un gui&ntilde;o desaparecer de mi campo &iquest;y qui&eacute;n me asegura a mi que ha de reaparecer?&raquo;. Son palabras en las que Benet cifr&oacute; su inquietud literaria. Cerca del centenario de su nacimiento, que se celebrar&aacute; en 2027, la dimensi&oacute;n compartida de ese momento sigue sin desaparecer. Su momento est&aacute; en sus libros, a los que el presente cartapacio pretende invitar a volver la mirada.&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 10 Mar 2025 06:24:30 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué cabe esperar del centenario de Carmen Martín Gaite?]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/que-cabe-esperar-del-centenario-de-carmen-martin-gaite/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2025/Gaite500.jpg" alt="" /></p>
<p>El pr&oacute;ximo 8 de diciembre de 2025 se cumplir&aacute;n cien a&ntilde;os del nacimiento de Carmen Mart&iacute;n Gaite. Los centenarios son fechas simb&oacute;licas, cuya celebraci&oacute;n puede servir para que se hable <em>m&aacute;s</em> de un autor, pero cabe tambi&eacute;n esperar que se hable <em>mejor</em> (quiero decir con <em>mejor</em> conocimiento), que se ilumine la significaci&oacute;n cultural de una trayectoria, que se vaya m&aacute;s all&aacute; de las afirmaciones de manuales y del mero anecdotario de su representaci&oacute;n p&uacute;blica. Es lo que espero de la celebraci&oacute;n de este centenario. Ser&aacute; necesario desvelar el papel de Carmen Mart&iacute;n Gaite de testigo, coparticipe y legataria de la llamada generaci&oacute;n del medio siglo, cuya memoria quiso legar a los m&aacute;s j&oacute;venes &mdash;a trav&eacute;s de t&iacute;tulos como <em>El cuarto de atr&aacute;s </em>(1978), <em>Usos amorosos de la postguerra espa&ntilde;ola</em> (1987) o <em>Esperando el porvenir</em> (1994)&mdash;, y valorar la amplitud de una obra literaria, que no conviene reducir solo con la de una novelista.</p>
<p>Mart&iacute;n Gaite en la historia de la cultura espa&ntilde;ola es un paradigma de <em>mujer de letras</em>. Sus intereses literarios fueron m&uacute;ltiples y se desplegaron en distintas direcciones: desde los g&eacute;neros literarios consabidos (cuento, <em>nouvelle</em>, novela, ensayo, conferencia, poes&iacute;a y teatro) a ese h&iacute;brido de la escritura del yo, que su hija bautiz&oacute; como <em>Cuaderno de todo</em>; desde la investigaci&oacute;n hist&oacute;rica a la cr&iacute;tica literaria; desde el <em>collage</em> al art&iacute;culo de opini&oacute;n; desde las adaptaciones teatrales de los cl&aacute;sicos y los guiones para televisi&oacute;n a la traducci&oacute;n literaria de seis lenguas (ingl&eacute;s, franc&eacute;s, italiano, portugu&eacute;s, rumano y gallego). No encuentro otro ejemplo de escritora con una mayor heterogeneidad de intereses intelectuales en la cultura espa&ntilde;ola (y no solo en la del siglo pasado).</p>
<p>Pese a esta diversidad de modalidades y direcciones, la producci&oacute;n literaria de la Gaite es un tejido unitario y coherente, donde todos los g&eacute;neros se interfieren y confluyen (la edici&oacute;n anotada que dirig&iacute; de sus <em>Obras completas</em> lo demuestra, expl&iacute;citamente en las &ldquo;Notas finales&rdquo; de cada uno de los siete extensos tomos). Mart&iacute;n Gaite como ensayista, historiadora, cr&iacute;tica literaria, poeta, traductora, conferenciante, guionista y cualquier otra modalidad de su creaci&oacute;n intelectual, nunca depuso su condici&oacute;n de narradora: convirti&oacute; cualquier asunto en narraci&oacute;n. Todo para ella era un cuento que ten&iacute;a que estar bien contado: las lecturas, el amor, la vida propia y ajena, los sue&ntilde;os, la historia. Y tambi&eacute;n entendi&oacute; que el hecho de que el cuento estuviera mejor o peor contado depend&iacute;a siempre de su grado de credibilidad. Su pensamiento fue fundamentalmente narrativo: &ldquo;La vida es una narraci&oacute;n que se va haciendo, aunque no la escribas [&hellip;]. Uno es lo que narra y c&oacute;mo lo narra&rdquo;, anota en uno de sus <em>Cuadernos de todo</em>, donde apuntaba &ldquo;asuntos&rdquo; en caliente para que no se los llevara el olvido, ni las trampas que todos los g&eacute;neros literarios presuponen.</p>
<p>La articulaci&oacute;n narrativa de su pensamiento cohesiona su producci&oacute;n intelectual por encima de los compartimentos estancos de unos g&eacute;neros literarios que se dejan leer cada vez peor por separado. Mart&iacute;n Gaite rechaz&oacute; en su propia biograf&iacute;a que la encasillaran en etiquetas clasificatorias y como lectora se pronunci&oacute; igualmente en contra de la enconada tendencia de la preceptiva literaria a segregar con nitidez unos g&eacute;neros de otros. Durante el periodo en el que ejerci&oacute; semanalmente la cr&iacute;tica literaria en <em>Diario 16</em> (desde octubre de 1976 a mayo de 1980) puso en tela de juicio la discutible raya divisoria que en la literatura contempor&aacute;nea separa unos g&eacute;neros de otros: &ldquo;Seguimos alimentando una serie de ideas t&oacute;picas acerca de los diferentes g&eacute;neros literarios, entre las cuales tal vez la m&aacute;s t&oacute;pica y dif&iacute;cil de descartar sea la de su misma estricta diferenciaci&oacute;n&rdquo;, comenta en su rese&ntilde;a de la novela corta, <em>Andreas o los unidos</em>, del dramaturgo, libretista de &oacute;pera y ensayista Hugo von Hofmannsthal.</p>
<p>El marco de referencia de su escritura se vertebr&oacute; a trav&eacute;s de una categor&iacute;a cognitiva y ret&oacute;rica llamada <em>experiencia</em>: ser&aacute; este otro poderoso rasgo que cohesione toda su producci&oacute;n y sustente de ra&iacute;z su pensamiento narrativo. Hasta en sus trabajos de investigaci&oacute;n hist&oacute;rica o de cr&iacute;tica literaria Mart&iacute;n Gaite tuvo la necesidad de detallarnos su particular relaci&oacute;n con el personaje retratado, con la &eacute;poca objeto de estudio o con el libro rese&ntilde;ado. Poniendo el acento en el modo, encontr&oacute; la sinton&iacute;a, y buscando la manera de contarse con placer y sentido las cosas a s&iacute; misma, tropez&oacute; simult&aacute;neamente con su oyente ut&oacute;pico. En ella se funden interlocuci&oacute;n y m&eacute;todo como dos caras de una misma busca. El ensayo &ldquo;La b&uacute;squeda de interlocutor&rdquo; (1966), tantas veces citado por sus estudiosos, fue tambi&eacute;n en su caso una b&uacute;squeda estil&iacute;stica, una dicci&oacute;n, una ret&oacute;rica en torno a la posible capacidad de sugerencia de un relato. Mart&iacute;n Gaite dej&oacute; muy claro que la persecuci&oacute;n de un di&aacute;logo abierto con un hipot&eacute;tico destinatario comenzaba siendo necesariamente el placer de hallar en soledad la expresi&oacute;n buscada. En otros t&eacute;rminos, la anhelada b&uacute;squeda de un lector a lo largo de su singladura literaria &mdash;desde <em>El balneario</em> (1955) hasta <em>Irse de casa</em> (1998), pasando por <em>El proceso de Macanaz </em>(1969)&mdash; solo fue posible gracias a su tenaz persecuci&oacute;n de una voz propia, un estilo personal y un punto de vista narrativo eficaz para que &ldquo;el cuento una vez encarnado alcance o no a convencer a los dem&aacute;s&rdquo;, corrobora en <em>El cuento de nunca acabar</em>.</p>
<p>Su po&eacute;tica es comunicativa y afectiva por la presencia del lector, a quien se pretende embarcar en el trayecto e incluso seducir. E <em>interlocuci&oacute;n</em> y <em>afectos</em> eran t&eacute;rminos con muy mala prensa entre los varones sesudos de su generaci&oacute;n (a quienes ella llamaba &ldquo;altivos narradores de tupidos textos&rdquo;). Hacer literatura presupon&iacute;a para Mart&iacute;n Gaite la presencia del otro: siempre hab&iacute;a un destinatario. Entendi&oacute; que la verdad art&iacute;stica era una representaci&oacute;n compartida y que la literatura deb&iacute;a ser todo lo contrario al discurso de los locos o los vanidosos. Su producci&oacute;n intelectual manifest&oacute; adem&aacute;s una fuerte sensibilizaci&oacute;n con los conflictos intergeneracionales gracias a la presencia en su biograf&iacute;a de Marta y los amigos de su hija, que le insuflaron un aire de modernidad, al que ya estaba muy predispuesta. Quiz&aacute; sea la autora del medio siglo m&aacute;s <em>viva</em> por haberse interesado en conocer a qu&eacute; tipo de p&uacute;blico se dirig&iacute;a y c&oacute;mo hacerlo.</p>
<p>Si recorremos toda su obra novel&iacute;stica &mdash;desde <em>Entre visillos</em> (1958) a su novela p&oacute;stuma e inacabada, <em>Los parentescos</em> (2001)&mdash;, encuentro un motivo recurrente: las historias de familia, desde la mesocracia provinciana hasta las parentelas desintegradas de hoy. Y en relaci&oacute;n con las historias de familia est&aacute;n las casas,<strong> </strong>su preferencia por los observatorios dom&eacute;sticos para urdir tramas: desde el hogar amenazado con desintegrarse en <em>Entre visillos</em> hasta la casa &ldquo;zurriburri&rdquo; de <em>Los parentescos</em>, atravesando el chalet ruinoso de <em>Ritmo lento</em> (1963), el pazo de los veranos de la infancia en Pi&ntilde;or de <em>Retah&iacute;las</em> (1974), el &aacute;tico atiborrado de objetos y fantasmas de <em>El cuarto de atr&aacute;s</em> (donde una narradora, que firma con la inicial del nombre de la autora, repasa su educaci&oacute;n sentimental), el apartamento v&iacute;ctima de las continuas reformas posmodernas de Sof&iacute;a Montalvo en <em>Nubosidad variable</em> (1992), o la guarida de <em>Fragmentos de interior </em>(1976) e <em>Irse de casa</em>,<em> </em>en las que todos los personajes est&aacute;n a punto de marcharse, se han ido definitivamente o desean regresar al sitio de donde partieron. Y siempre en esas casas hay mucho de la historia particular de su autora, para recordarnos que lo autobiogr&aacute;fico se cuela siempre por las grietas de la ficci&oacute;n en Mart&iacute;n Gaite: &ldquo;La levadura de los seres de ficci&oacute;n estriba en que est&aacute;n provistos de una doble entidad: por una parte, inventan la realidad, pero, por otra (como creados que han sido por personas de carne y hueso), la reflejan&rdquo;, confiesa en el apartado dedicado a &ldquo;Las mujeres noveleras&rdquo; de <em>El cuento de nunca acabar</em>. Me atrever&iacute;a a afirmar que lo que unifica toda su obra de ficci&oacute;n desde sus primeros cuentos en la d&eacute;cada de 1950 es una reflexi&oacute;n sobre los v&iacute;nculos, como clave de la construcci&oacute;n de la identidad: &ldquo;Las verdaderas ataduras son las que uno escoge, las que se busca y se pone uno solo, pudiendo no tenerlas&rdquo;, leemos en su novela corta <em>Las ataduras</em> (1960). Despu&eacute;s del hecho m&aacute;s doloroso de su vida, que fue la muerte de su hija Marta, con 28 a&ntilde;os, ahondar&aacute; en un lazo no elegido, aunque en &iacute;ntima conexi&oacute;n con el uso de la libertad: la relaci&oacute;n maternofilial.</p>
<p>En abril de 1963 se public&oacute; <em>Ritmo lento</em>, novela finalista del Premio Biblioteca Breve del a&ntilde;o anterior, pero que alcanz&oacute; una escasa acogida y termin&oacute; provoc&aacute;ndole una crisis en el cultivo de la ficci&oacute;n, que acab&oacute; siendo un par&eacute;ntesis de once a&ntilde;os sin publicar novelas (hasta <em>Retah&iacute;las</em>), como pone de manifiesto su interesante <em>Correspondencia</em> con Juan Benet (edici&oacute;n incomprensiblemente descatalogada). Mart&iacute;n Gaite experiment&oacute; que el lenguaje novel&iacute;stico estaba anquilosado y tampoco le convenc&iacute;a c&oacute;mo los novelistas del llamado <em>boom</em> latinoamericano quer&iacute;an poner en evidencia este anquilosamiento: hasta el punto de reconocer en una entrevista de 1970 que solo hab&iacute;a le&iacute;do <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em> y<em> La ciudad y los perros</em> (la novela en la que recay&oacute; el Premio Biblioteca Breve de 1962), y que ambas le hab&iacute;an parecido &ldquo;estupendas&rdquo;, pero no hab&iacute;a tenido tiempo ni inter&eacute;s en leer <em>Rayuela</em>, <em>La muerte de Artemio Cruz</em> o <em>Conversaci&oacute;n en la Catedral</em>.</p>
<p>En el mismo 1963, la escritora por consejo de su padre se hizo social del Ateneo. A partir de las ocho de la tarde, despu&eacute;s de acostar a su hija, todas las noches se dirig&iacute;a a la calle Prado 21, para estudiar sobre todo Historia de Espa&ntilde;a, con la idea de completar lagunas de su curiosidad y formaci&oacute;n universitaria (entre las que sobresal&iacute;a la escasa atenci&oacute;n que en sus planes de estudio se hab&iacute;a dispensado al pariente pobre de la historiograf&iacute;a espa&ntilde;ola, el siglo xviii), o quiz&aacute; tambi&eacute;n para distanciarse de historias propias. El pasado remoto pod&iacute;a ser un lenitivo: &ldquo;El cercano hace m&aacute;s da&ntilde;o&rdquo;, como su personaje ficticio Ambroise Dupont recomienda a &Aacute;gueda Soler en una de sus &uacute;ltimas novelas, <em>Lo raro es</em> <em>vivir</em> (1996).</p>
<p>La biblioteca del Ateneo cerraba a la una de la madrugada &ldquo;y muchas veces, cuando sonaba el timbre para avisar el cierre [&hellip;] era yo el &uacute;nico lector nocturno de la sala&rdquo;, anota en un esbozo autobiogr&aacute;fico. De esta vocaci&oacute;n de autodidacta naci&oacute; su inter&eacute;s por seguirle la pista a la peripecia vital de aquel ministro de Felipe V, Melchor de Macanaz, m&aacute;s regalista que el rey<strong> </strong>y<strong> </strong>que plante&oacute; unas reformas de una osad&iacute;a espectacular, como la supresi&oacute;n del Santo Oficio o la pol&iacute;tica de desamortizaci&oacute;n, no afrontadas hasta el siglo xix. Su estudio sobre el proceso inquisitorial de Macanaz tendr&aacute; una posici&oacute;n axial en el trayecto narrativo de Mart&iacute;n Gaite, al acelerar la conciencia de engarce entre la historia y las historias. El sesgo hacia la investigaci&oacute;n hist&oacute;rica le ense&ntilde;&oacute; a la novelista no dejar cabos sueltos en sus historias y le permiti&oacute; comprender el desfase entre el orden de los acontecimientos y su sucesi&oacute;n dentro de un relato, como el argumento mismo de la historia que quer&iacute;a descifrar. Sus relaciones con Macanaz no siguieron un proceso demasiado distinto al que mantuvo con otras criaturas de ficci&oacute;n: <em>a priori</em> no lo conoc&iacute;a y, partiendo de una intuici&oacute;n inicial, lo fue entendiendo poco a poco, a medida que la narraci&oacute;n se iba gestando.</p>
<p>El lector podr&aacute; constatar la coherencia de la labor historiadora de Mart&iacute;n Gaite con su biograf&iacute;a intelectual, ya que los dos periodos en los que centr&oacute; su investigaci&oacute;n estuvieron firmemente vinculados con el tiempo que le toc&oacute; vivir y entender. Esta relaci&oacute;n es muy evidente en <em>Usos amorosos de la postguerra espa&ntilde;ola</em>,<em> </em>concebido como un compromiso moral con la propia memoria que hab&iacute;a que legar a los hijos de su generaci&oacute;n; pero tambi&eacute;n en su incursi&oacute;n en el siglo xviii, dada la desconfianza y la manipulaci&oacute;n de la historiograf&iacute;a en la que fue educada hacia la actitud cr&iacute;tica y revisionista de los ilustrados. Para un joven de la d&eacute;cada de 1960 &ldquo;desamordazar el siglo xviii ven&iacute;a a ser algo as&iacute; como una transferencia oblicua del intento imposible por combatir de frente la mordaza de la censura oficial&rdquo;, puntualiza Mart&iacute;n Gaite en un art&iacute;culo dedicado a Jos&eacute; Antonio Llardent. Esta transferencia queda perfectamente trazada en el Exordio preliminar a <em>Usos amorosos del dieciocho en Espa&ntilde;a</em> (1972): &ldquo;Si antes de conocer la existencia de los usos galantes dieciochescos no hubiera estado previamente preocupada por la suerte de las mujeres educadas en el tira y afloja del darse a valer y gustar como mera mercanc&iacute;a, encarriladas para el matrimonio, si no hubiera pensado tanto en su esclavitud a los modelos que se les proponen, no siempre coincidentes ni mucho menos con sus ansias de vida y realizaci&oacute;n, me habr&iacute;a limitado a reparar en el fen&oacute;meno del cortejo con los ojos as&eacute;pticos de los especialistas en anotar pasado&rdquo;. De su faceta de historiadora recalcar&iacute;a c&oacute;mo su inter&eacute;s por el pasado est&aacute; presidido por lo vivo &mdash;y no por lo dictado desde fuera&mdash;, por lo que permanec&iacute;a pendiente en su propia experiencia generacional. En sus t&iacute;tulos de investigaci&oacute;n hist&oacute;rica la escritora consigui&oacute; adem&aacute;s alcanzar una original mixtura de fil&oacute;loga, narradora e historiadora.</p>
<p>En el total de su extensa obra, destaco la particular voz de la ensayista. Mart&iacute;n Gaite concibi&oacute; el ensayo como una aut&eacute;ntica autobiograf&iacute;a espiritual. Su ensayismo adopt&oacute; un cauce narrativo y manifest&oacute; en m&uacute;ltiples ocasiones su aspiraci&oacute;n a conseguir un parecido inalcanzable (que no le impidi&oacute; el desaf&iacute;o) con el relato oral, donde &ldquo;ni se lleva un programa previo ni est&aacute;n prohibidos los vericuetos&rdquo;, tal como propuso desde <em>El cuento de nunca acabar</em>. Su registro m&aacute;s portentoso como ensayista fue su capacidad de hacer visible las abstracciones en letra may&uacute;scula y carentes de narraci&oacute;n, de convertirlas en un cuento coloreado, de transcribirlas en letra min&uacute;scula. Parad&oacute;jicamente estas capacidades han suscitado ciertos prejuicios y lecturas cegatas de su obra, que la han condenado al escalaf&oacute;n de escritora de segunda fila entre los grandes iconos masculinos de su generaci&oacute;n y al g&eacute;nero de la literatura escrita <em>para</em> mujeres, como muy bien supo examinar Rafael Chirbes en sus <em>Diarios</em> y otros art&iacute;culos (&ldquo;Puntos de fuga&rdquo; y &ldquo;La generosidad de la constancia&rdquo;).</p>
<p>El oficio de contar, el cuento como pretexto para la compa&ntilde;&iacute;a, las diferencias entre &nbsp;la narraci&oacute;n abierta frente a la cerrada, la defensa de la <em>afici&oacute;n</em> en la cr&iacute;tica literaria, los modelos literarios de la infancia, las historias de su grupo de amigos de 1950 &mdash;cuya memoria quiso legar a las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes&mdash;, el poder de la palabra femenina para roturar terrenos salvajes y la esencia fundamentalmente narrativa de nuestro proyecto existencial son algunos de los motivos recurrentes de sus grandes ensayos literarios: <em>La b&uacute;squeda de interlocutor</em>, <em>El cuento de nunca acabar (apuntes sobre la narraci&oacute;n, el amor y la mentira)</em>, <em>Desde la ventana. Enfoque femenino de la literatura espa&ntilde;ola</em> (t&iacute;tulo incomprensiblemente tambi&eacute;n descatalogado) y <em>Esperando el porvenir. Homenaje a Ignacio Aldecoa</em>. Este ensayismo literario est&aacute; presidido por un af&aacute;n de persuadir al lector, pero al mismo tiempo por el placer desinteresado de la disquisici&oacute;n, de quedar &ldquo;expuesta al extrav&iacute;o&rdquo; sin &ldquo;el andamio de la teor&iacute;a previa&rdquo;, como advierte desde uno de los pr&oacute;logos a <em>El cuento de nunca acabar</em>.</p>
<p>Habitualmente en la bibliograf&iacute;a sobre Mart&iacute;n Gaite se ha utilizado este &uacute;ltimo t&iacute;tulo como dispensario, donde extraer recetas y principios de su taller de novelista. Ello va en detrimento de una valoraci&oacute;n de la categor&iacute;a ensay&iacute;stica de su autora y del libro. (En el fondo, la figura de la novelista ha absorbido y desdibujado el rostro de la ensayista; sin embargo, en el total de sus <em>Obras completas</em>, el lector se ha podido encontrar con la evidencia de que hay m&aacute;s vol&uacute;menes dedicados al ensayo que a la novela). <em>El cuento de nunca acabar</em> presenta una articulaci&oacute;n solo en apariencia descompensada, pero perfectamente trabada en su propio entramado argumentativo de invitaci&oacute;n a un viaje emprendido &ldquo;a base de vela de foque&rdquo;. De hecho, estuvo a punto de titularlo <em>La vela de foque</em>: sin duda, un r&oacute;tulo menos acertado, pero toda una declaraci&oacute;n de principio sobre el punto de vista, esto es, sobre su sistema de <em>navegaci&oacute;n</em> y el modo de sortear obst&aacute;culos. Y como en el amor, en la mentira o en cualquier traves&iacute;a, se comienza siempre por los proleg&oacute;menos para embarcar y embaucar al lector a trav&eacute;s de la ins&oacute;lita elecci&oacute;n de siete pr&oacute;logos (que ponen en escena una de las contrase&ntilde;as del discurso autobiogr&aacute;fico desde los <em>Pens&eacute;es </em>de Pascal: por d&oacute;nde y c&oacute;mo empezar); le sigue el trayecto &ldquo;A campo a trav&eacute;s&rdquo;; y se detiene en una sorprendente &ldquo;Ruptura de relaciones&rdquo;, record&aacute;ndonos lo perecedero de toda relaci&oacute;n amorosa y su relaci&oacute;n biol&oacute;gica con el libro que deja, pero no acaba. El ap&eacute;ndice ser&aacute; un &ldquo;R&iacute;o revuelto&rdquo; con notas procedentes de los entonces in&eacute;ditos <em>Cuadernos de todo</em>: &ldquo;algo parecido a lo que hace el prestidigitador cuando ense&ntilde;a la trampa&rdquo;. El subt&iacute;tulo <em>Apuntes sobre la narraci&oacute;n, el amor y la mentira</em> queda perfectamente justificado porque los tres fen&oacute;menos se conciben como experiencias perturbadoras y desconcertantes, como incentivo para las versiones contradictorias.</p>
<p><em>El cuento de nunca acabar</em> nos permite acceder a lo que ella misma denomin&oacute; &mdash;mientras rememoraba <em>El</em> <em>libro de la fiebre</em> a la luz del proceso compositivo de <em>El cuarto de atr&aacute;s</em>&mdash; su estilo &ldquo;excitado y pirado&rdquo;. La ruptura de Mart&iacute;n Gaite, desde temprana fecha, con el &ldquo;realismo acomodaticio&rdquo; la llev&oacute; no solo a desligarse de los esquemas habituales de credibilidad y aceptaci&oacute;n a trav&eacute;s de lo extra&ntilde;o y lo maravilloso (basten citar dos ejemplos temprano: la primera parte de &ldquo;El balneario&rdquo; y uno de sus mejores cuentos &ldquo;La mujer de cera&rdquo;), sino tambi&eacute;n al deseo de una escritura donde el lenguaje parezca tomar la iniciativa y sobreponerse al autor. Esta experiencia estil&iacute;stica ha sido poco explorada en su bibliograf&iacute;a, ya que ella misma se empe&ntilde;&oacute; en ocultarla, tal vez debido a su respeto por el lector, por su defensa de la luz contra el caos de los argumentos, que deb&iacute;a venir &ldquo;de aquella man&iacute;a escolar de los cuadernos de limpio&rdquo;, como leemos en &ldquo;Flores malva&rdquo; (1988), un curioso injerto de memoria, fabulaci&oacute;n y ensayo, como tambi&eacute;n lo fueron sus dos grandes t&iacute;tulos: <em>El cuarto de atr&aacute;s</em> y <em>El cuento de nunca acabar</em>. Esta veta desafinada y salvaje se vincula con dos situaciones compositivas y expresivas: los momentos en que la narradora se queda sin interlocutor y su relato no sabe contra qui&eacute;n apuntalarse, o cuando intenta contar su experiencia subjetiva del tiempo en puro alud. El estilo excitado ilumina poderosamente el estadio de prefiguraci&oacute;n de su obra y la autocr&iacute;tica de su escritura. Toda la producci&oacute;n m&aacute;s pirada y salvaje de la Gaite no estar&aacute; nunca en sus cuadernos de limpio, sino en los cuadernos en borrador, los que no quiso publicar en vida. Parece como si nuestra autora hubiera guardado a buen recaudo ese coto de su obra que formaba parte de la &ldquo;cultura de la verg&uuml;enza&rdquo;, seg&uacute;n leemos en sus cartas con Benet. Algunas secuencias de los <em>Cuadernos de todo</em>, <em>El libro de la fiebre</em> y<em> Visi&oacute;n de Nueva York</em> son los t&iacute;tulos (publicados p&oacute;stumamente) que m&aacute;s se aproximan a ese ideal de escritura descarrilada que ya enunciara como necesidad &mdash;y que tan conscientemente la tentara&mdash; tras la publicaci&oacute;n de <em>Ritmo lento</em>. Aunque tambi&eacute;n es preciso reconocer que esa escritura desconcertada se asoma (y no solo como tentaci&oacute;n) en muchos momentos de su producci&oacute;n narrativa y ensay&iacute;stica publicada en vida. De su narrativa breve, podr&iacute;amos recordar su ins&oacute;lito cuento de 1958, &ldquo;Tendr&aacute; que volver&rdquo;, y tres de sus &uacute;ltimos relatos: &ldquo;Variaciones sobre un tema&rdquo; (1967), &ldquo;Retirada&rdquo; (1975) y &ldquo;Flores malva&rdquo;. Desde luego, <em>El cuento de nunca acabar</em>, m&aacute;s all&aacute; de los desplantes a los g&eacute;neros literarios de ese &ldquo;cuento, ensayo o lo que vaya a ser&rdquo;, quiz&aacute; sea la obra que m&aacute;s se aproxime por sus ramificaciones a ese ideal de estilo descarrilado, sin olvidar el reto formal de <em>Retah&iacute;las</em> y <em>El cuarto de atr&aacute;s</em> de presentarnos una escritura haci&eacute;ndose y aparentemente en borrador, donde la narraci&oacute;n cuestiona con insistencia la diferencia entre lo improvisado y lo organizado, entre lo pensado y lo dicho, entre lo oral y lo escrito. A Mart&iacute;n Gaite le interesaba m&aacute;s investigar una historia que contarla y hacer part&iacute;cipe al lector en esta pesquisa. Era su pr&aacute;ctica de la escritura salvaje. La autora de &ldquo;La b&uacute;squeda de interlocutor&rdquo; echaba en falta la borrachera, ese estado de trance que empuja a escribir de un tir&oacute;n, el arrebato de Kafka la noche del 22 de septiembre de 1912 cuando redactaba <em>La condena</em>, pensando que era solo un borrador.</p>
<p>La atracci&oacute;n y el miedo al caos fueron un enfrentamiento constante en su vida y obra. El lado <em>payo </em>y disciplinado de la que fuera se&ntilde;orita universitaria de provincias, e hija de notario, no renunci&oacute; al margen <em>gitano</em> de la existencia y la escritura. En ambas, estuvo en ocasiones al borde del precipicio, aunque nunca se atrevi&oacute; a dar el salto al vac&iacute;o. Pero s&iacute; estuvo tentada y se asom&oacute;: &ldquo;No nos aficionamos de verdad a la literatura hasta que nos atrevemos a divagar, a tejer la misma tela de ara&ntilde;a que se cr&iacute;a, en torno a los pretextos. Pero nunca llegamos a atrevernos del todo, la mano tiembla insegura con miedo a salirse de los cauces, a desafinar, a irse demasiado por las ramas de la libertad pura. La sombra de aquella preceptiva literaria infantil se cierne siempre sobre el resultado del dibujo, condiciona su trazo. A m&iacute;, ahora mismo, ya me parece que estoy divagando m&aacute;s de la cuenta&rdquo;, confiesa de un modo program&aacute;tico en <em>El cuento de nunca acabar</em> o la genuina clave de b&oacute;veda de toda su producci&oacute;n literaria.</p>
<p>Espero que este centenario sirva para examinar la significaci&oacute;n cultural de Carmen Mart&iacute;n Gaite a la luz de su biograf&iacute;a intelectual, para valorar las particularidades de su ensayo literario y de investigaci&oacute;n hist&oacute;rica, y para que t&iacute;tulos como <em>Desde la ventana</em>, la <em>Correspondencia</em> cruzada con Juan Benet y <em>Cuadernos de todo</em> dejen de ser obras descatalogadas, si queremos acercarnos a una <em>mejor</em> comprensi&oacute;n de la complejidad y la heterogeneidad de los intereses intelectuales de una figura paradigm&aacute;tica en nuestra historia cultural.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 10 Mar 2025 06:18:49 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[John Banville: “Los escritores nos comemos a nuestros hijos por una buena frase”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/john-banville-los-escritores-nos-comemos-a-nuestros-hijos-por-una-buena-frase/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2025/John500.jpg" alt="" /></p>
<p>Siempre que pasa por Madrid visita el Museo del Prado. Al final de un viaje ya piensa en el siguiente. Empez&oacute; como pintor y eso, de alguna manera, se percibe en su obra. No se limita a escribir las palabras, es como si las dibujase. El sentido expresivo de su prosa, a p&aacute;rrafos, podr&iacute;a considerarse una pinacoteca. Para desmadejar los colores de su partitura en lienzo conversamos con &eacute;l: John Banville.</p>
<p>- Usted no es realista -se fija en Joyce, no en Dickens-, pero s&iacute; se fija en Vel&aacute;zquez.</p>
<p>- &iexcl;Pero Dickens no es realista! Dickens son personajes. Personajes que no son de verdad. Yo creo, sin embargo, que Joyce s&iacute; es realista, al menos en sus mejores p&aacute;ginas.</p>
<p>- &iquest;Y usted? &iquest;Qu&eacute; se considera?</p>
<p>-Primero hay que definir qu&eacute; es realismo. El arte no es realista. Y la novela no tiene nada que ver con la vida. Se parece a la vida, sabe como la vida, se siente como la vida&hellip; pero no es la vida. La novela es un <em>objeto</em> que tiene una forma concreta y que existe, como una cosa m&aacute;s, en el mundo. A su lado, la vida resulta incoherente.</p>
<p>- Usted reconoce practicar la poes&iacute;a en prosa. Desde luego, cuida el estilo con esmero. En su &uacute;ltimo libro, <em>La alquimia del tiempo. Un memoir dublin&eacute;s</em>, cita tres veces, creo, a Larkin, que es un poeta coloquial, llano, transparente, claro&hellip; Usted es m&aacute;s dif&iacute;cil que Larkin.</p>
<p>- Bueno, espero que s&iacute; [el humor en sus intervenciones, a diferencia de lo que ocurre en otros autores, no viene remarcado por una risa o una sonrisa -aunque puntualmente participa de ellas-, sino por el tono de su voz y alg&uacute;n moh&iacute;n]. Pero Philip Larkin es uno de los grandes poetas del siglo XX. Lo mismo que Yeats, lo mismo que Rilke, lo mismo que Wallace Stevens. Todos son muy diferentes entre s&iacute;. Cada artista no voy a decir que sea &uacute;nico, porque toda persona lo es, pero tiene una voz.</p>
<p>- Luego no hay una poes&iacute;a, hay muchas.</p>
<p>- Un amigo irland&eacute;s al que cito a veces porque dice mejor que yo lo que a m&iacute; me gustar&iacute;a expresar hizo una distinci&oacute;n atinada: hay verso y hay prosa, y luego est&aacute; la poes&iacute;a; y esta puede expresarse por cualquiera de los dos medios. Y como &eacute;l es novelista, dice que la poes&iacute;a se da m&aacute;s en la prosa que en el verso.</p>
<p>Parece que habla como si te fuera a contar un secreto. Pero no. Susurra como si no quisiera despertar a sus propias respuestas. Como si dormidas pudieran formularse mejor o, al menos, de una forma m&aacute;s libre. Su voz se expande en s&iacute;labas m&aacute;s que en palabras. Es &aacute;gil y directo. S&oacute;lo alguna vez se recuesta y memora unos segundos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Uno de mis modelos es Kafka&rdquo;</strong></p>
<p>- Larkin expres&oacute; en un verso que la vida es una muerte lenta. &iquest;Sus memorias tratan de eso?</p>
<p>- S&iacute;, tratan de eso, pero en ese periodo breve, entre el nacimiento y la muerte, lo pasamos muy bien. Larkin tambi&eacute;n celebra el mundo: lea por ejemplo el poema &lsquo;Hierba segada&rsquo;, del libro <em>Ventanas altas</em>. Es un poema corto, con versos cortos. Uno de los poemas l&iacute;ricos m&aacute;s bonitos del siglo XX. No se trata de lo que <em>digan</em> los poetas y los novelistas en las entrevistas, se trata de lo que <em>hacemos</em> en la obra, de lo que conseguimos <em>mostrar</em>. Uno de mis modelos es Kafka. &Eacute;l tiene el siguiente aforismo: &ldquo;Artista es aquel que no tiene nada que decir&rdquo;. Yo no tengo nada que decir [y separa las manos]. Muestro pruebas, evidencias&hellip; y digo: &ldquo;Esto es un hombre y su existencia fugaz&rdquo;. Es toda la informaci&oacute;n que debo dar al respecto.</p>
<p>- Por eso en sus novelas, no en las memorias, pesan m&aacute;s los temas que el argumento.</p>
<p>- Por supuesto. Los argumentos&hellip; bah. &iquest;Acaso la vida tiene un argumento? No me he dado cuenta de eso. Un argumento, bueno, est&aacute; bien, es un relato, obedece a una historia, es entretenido, nos ayuda a pasar las noches de insomnio&hellip; pero la vida no es as&iacute;.</p>
<p>- Su obra est&aacute; conectada a la verdad y a la vida.</p>
<p>- S&iacute;.</p>
<p>- Se ha referido a Rilke. Usted ha citado alguna vez este consejo suyo: &ldquo;Ve a un zool&oacute;gico, observa a un animal durante d&iacute;as y luego escribe sobre &eacute;l. No sobre lo que t&uacute; sientas sobre &eacute;l&rdquo;. &iquest;No hab&iacute;amos quedado en que era lo subjetivo lo que importaba, aquello que distingue a un autor y lo separa del resto, su mirada sobre el mundo?</p>
<p>- No. Yo no existo. Cuando yo me pongo a escribir, no existo. Es <em>alguien</em>. Es otro. No me extra&ntilde;a que, cuando estoy en actos p&uacute;blicos y en lecturas, o cuando firmo, las personas parezcan decir: &ldquo;Es mayor de lo que pensaba, es m&aacute;s bajo&hellip;&rdquo;. Me dan ganas de responder: &ldquo;Es que la persona que escribi&oacute; este libro no est&aacute; aqu&iacute; sentada&rdquo;. La persona que escribe un libro deja de existir en el momento en que abandona la mesa de trabajo. Como dijo el poeta T. S. Eliot: &ldquo;El arte es una forma de escapar de la personalidad&rdquo;. Seguramente esa es la raz&oacute;n por la que se escribe y por la que hacemos arte. El artista deja de existir durante el tiempo en que el escritor da forma a la novela o al poema.</p>
<p>- Canudo dividi&oacute; las artes en siete. &Eacute;l se refiri&oacute; a la poes&iacute;a, no a la novela -aunque suponemos que, por extensi&oacute;n, podr&iacute;amos hablar de <em>literatura</em>-. Yendo al quid, en poes&iacute;a, en literatura, &iquest;es m&aacute;s importante la expresi&oacute;n o la comunicaci&oacute;n?</p>
<p>- Primero, Canudo estableci&oacute; esa diferencia porque la expresi&oacute;n literaria es poes&iacute;a, o po&eacute;tica, o tiende a la poes&iacute;a. Por otro lado, no hay comunicaci&oacute;n [lo enuncia extra&ntilde;ado, impostado y burl&oacute;n: como si no cupiera la pregunta]. A m&iacute; no me interesa la comunicaci&oacute;n, en caso contrario, ser&iacute;a un periodista. Por los cuales siento todo el respeto del mundo -yo mismo lo fui durante treinta y cinco a&ntilde;os-, pero sencillamente el arte de escribir es otra cosa.</p>
<p>- Usted escribe para usted.</p>
<p>- Claro que s&iacute; [vuelve a dibujar signos de admiraci&oacute;n]. Todos los escritores escriben para ellos mismos. Algunos pretenden una conciencia social y se muestran compelidos a resolver los problemas en Gaza y la guerra en Ucrania&hellip; No los crea. No es as&iacute;. No es posible. El arte va por otro lado. Otro poeta ingl&eacute;s, H. D. Auden, dijo: &ldquo;La poes&iacute;a no hace que ocurra nada&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El arte no va a cambiar el mundo&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; nos da que no se encuentre en otro sitio?</p>
<p>- Un sentido extraordinariamente v&iacute;vido de lo que significa estar sobre la Tierra. Cuando uno lee un buen poema de Larkin, o de W. B. Yeats, o de cualquier otro&hellip; o cuando lee un relato de Kafka, o cuando, como yo ahora, est&aacute; en Madrid y puede ver <em>Las Meninas</em> de Vel&aacute;zquez, tiene esa sensaci&oacute;n profunda y potente de estar vivo. Eso es el arte. El arte no va a cambiar el mundo. Existe esa ilusi&oacute;n de que el arte es bueno para las personas, de que las hace mejores. No. Nada de eso es cierto. Y adem&aacute;s&hellip; ni siquiera habr&iacute;a que intentarlo.</p>
<p>- Acostumbramos, sin embargo, a escuchar ese tipo de apelaciones &iquest;Qu&eacute; porcentaje de los libros que se publican son realmente literatura?</p>
<p>- Bueno, cuando oye lo contrario, si quiere que le diga la verdad, lo que pienso, es porque son una panda de bobos. Respecto a la pregunta: en toda generaci&oacute;n el arte que hay es escaso. Hay muchas cosas -materiales, libros, rese&ntilde;as, talleres&hellip;-, pero arte verdadero, poco. El arte es una rara avis.</p>
<p>- Usted quiso ser pintor. &iquest;C&oacute;mo es su relaci&oacute;n con la pintura abstracta? M&aacute;s bien le oigo hablar de autores figurativos.</p>
<p>- La pintura abstracta no me interesa. Es como papel pintado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Nunca he querido hacer nada convencional&rdquo;</strong></p>
<p>- Sus memorias no son papel pintado, si acaso dibujado. &iquest;Qu&eacute; filtro ha pasado por ellas? Parecen bastante t&eacute;cnicas, poco <em>humanas</em>, dedica varias p&aacute;ginas a la columna de Nelson, a algunos parques, bastantes al duque de Ormond, y las cuestiones personales ocupan poco y son laterales.</p>
<p>- [calla un momento] S&iacute;. Tiene raz&oacute;n.</p>
<p>- No son convencionales&hellip;</p>
<p>- &iexcl;Espero que no lo sean! Nunca he querido hacer nada convencional.</p>
<p>- Lo s&eacute;. Pero el filtro&hellip; &iquest;usted qu&eacute; quiso hacer?</p>
<p>- Mire, es que esto no es una <em>memoria</em>. Es una pieza de arte. Si est&aacute; lograda, lo ignoro. Y no me interesan los hechos. Los hechos no son la verdad. Los hechos son los hechos y la verdad es la verdad. Son cosas independientes. Y la verdad es lo que est&aacute; detr&aacute;s de los hechos.</p>
<p>- &iquest;En su vida tambi&eacute;n? Yo le he o&iacute;do decir de sus personajes que no le importa lo que hacen sino lo que son</p>
<p>- Claro.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Benjamin Black s&iacute; tiene inter&eacute;s en las personas, en lo que hacen. Yo no&rdquo;</strong></p>
<p>- Entonces, &iquest;en su vida tambi&eacute;n?, &iquest;se trata a usted como un personaje?: &iquest;tambi&eacute;n le importa lo que <em>es</em>?</p>
<p>- Por supuesto. A m&iacute; no me interesa en absoluto lo que hace la gente. Como artista, &iquest;eh?, como ser humano es distinto. Menos mal que soy un humano [primera vez que r&iacute;e, aunque de forma apagada]. Como persona no me interesa lo que hace la gente. A eso se dedican los novelistas [con tono de ligero desprecio o, por lo menos, poniendo distancia]. Benjamin Black s&iacute; tiene inter&eacute;s en las personas, en lo que hacen. Yo no.</p>
<p>- Yo nunca he le&iacute;do a Benjamin Black, pero he le&iacute;do casi todo Banville.</p>
<p>- Bien por ti. Me alegro [baja a&uacute;n m&aacute;s el tono]. Negar&eacute; haberlo dicho.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; diferencia la memoria de la confesi&oacute;n?</p>
<p>- Supongo que una confesi&oacute;n deber&iacute;a estar m&aacute;s basada en los hechos y en aquello que <em>ocurri&oacute;</em>. En todo caso, no puedo pensar en nadie escribiendo una confesi&oacute;n verdadera. San Agust&iacute;n escribi&oacute; sus confesiones y en ellas todo es mentira.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; opina de la etiqueta autoficci&oacute;n?</p>
<p>- Una moda. Otra. Cosas que vienen y van. &iexcl;A mi edad he visto tantos cambios! Cuando publiqu&eacute; mi primera novela, en 1970, a nadie le interesaba en lengua inglesa la ficci&oacute;n. Todo era poes&iacute;a. &iquest;Qu&eacute; pas&oacute;?: a principios de los ochenta, hubo un esc&aacute;ndalo con el Booker Prize -escritores critic&aacute;ndose los unos a los otros- y eso despert&oacute; el inter&eacute;s de los periodistas. &ldquo;Aqu&iacute; hay una historia&rdquo;. Y qu&eacute; pas&oacute;: cuando la ficci&oacute;n se convirti&oacute; en una historia noticiable empezamos a vender. Despu&eacute;s la cosa se descontrol&oacute;, todo el mundo se volvi&oacute; loco: recuerdo que le ofrecieron a una chica de 23 a&ntilde;os medio mill&oacute;n de libras por el resumen de su primera novela. Hubo una inflaci&oacute;n peligrosa como en cualquier otro &aacute;mbito.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La solemnidad es la muerte del arte, pero la seriedad es necesaria y todo lector la puede alcanzar&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Ahora es m&aacute;s dif&iacute;cil que la buena novela sobreviva a los vaivenes del mercado?</p>
<p>- Siempre queda un grupo de mil lectores, o de algunos miles, serios, que no solemnes, a los que les gusta pasarlo bien con los libros. La solemnidad es la muerte del arte, pero la seriedad es necesaria y todo lector la puede alcanzar.</p>
<p>-L a seriedad se refleja en el estilo, supongo.</p>
<p>- Todo se refleja en el estilo. La gente se queja del m&iacute;o. &ldquo;Tengo que estar mirando el diccionario&rdquo;. &iexcl;Pero si un diccionario es algo maravilloso!: &iquest;por qu&eacute; no quieres buscar palabras? Adem&aacute;s, cuando uno busca en el diccionario -en el libro, me refiero, no en la web- una palabra se entretiene con otras. &ldquo;Mira, esta significa esto&rdquo;. Toda consulta es una aventura.</p>
<p>- Hace unos a&ntilde;os, en la feria de Guadalajara, M&eacute;xico, hubo un debate acerca de cu&aacute;ntos lectores hab&iacute;a en Espa&ntilde;a&hellip;</p>
<p>- &iquest;Y no me llamaron?... [pregunta serio, en broma]</p>
<p>- Y determinaron que dos mil.</p>
<p>- S&iacute;, es una cifra correcta, adecuada, por ah&iacute; andar&aacute;. Borges dijo algo maravilloso: &ldquo;Cuando empec&eacute; a escribir ten&iacute;a siete lectores: les pasaba la obra a mis amigos. Cuando publiqu&eacute; en revistas peque&ntilde;as alcanc&eacute; los 70. Luego, al publicar en libro, llegu&eacute; a 700. Y ahora que soy famoso, &iquest;tengo 700 mil?... &iquest;qui&eacute;nes son estas personas?&rdquo;.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; lugar ocupa la verdad en sus memorias y qu&eacute; lugar, en sus novelas?</p>
<p>- El mismo. La verdad existe en la autenticidad del trabajo. Me refiero de nuevo al estilo de la obra. Los hechos ya le he comentado que son poca cosa. Los hechos son para los estad&iacute;sticos; la verdad es para los artistas. Mire, un aforismo [r&iacute;e por segunda vez, tan en bajo como en la primera].</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La esencia de un escritor es su estilo&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;La autobiograf&iacute;a de un escritor es, pues, al final, su estilo?</p>
<p>- Buena pregunta. Creo que s&iacute;. Est&aacute; bien eso. Se lo voy a robar&hellip;</p>
<p>- En realidad parto de Vila-Matas: &ldquo;Lo mejor de la autobiograf&iacute;a de un autor es su estilo&rdquo;. Yo le ofrezco el todo.</p>
<p>- Pues no s&eacute; si es la autobiograf&iacute;a, pero s&iacute; quiz&aacute; la esencia. Todo es el estilo. Incluso los escritores sin estilo, si lo son, tienen uno: J. M. Coetzee escribe sin estilo, pero de un modo personal. Y eso ya es un estilo.</p>
<p>- Hace unos meses Ida Vitale, con m&aacute;s de cien a&ntilde;os, me dijo que hab&iacute;a elegido &ldquo;vivir, no escribir&rdquo;.</p>
<p>- &iexcl;Eso est&aacute; muy bien!: &iexcl;empezar a vivir a los cien!: tener <em>affaires</em>, enamorarse, beber m&aacute;s de la cuenta&hellip; perd&oacute;n, perd&oacute;n&hellip;</p>
<p>- Usted tambi&eacute;n decidi&oacute; con <em>Las singularidades</em> dejar de escribir cierto tipo de libro.</p>
<p>- No. Pens&eacute; que iba a ser mi &uacute;ltima novela, pero s&oacute;lo lo pens&eacute;. Imaginaba que a estas alturas de curso ya me habr&iacute;a muerto o estar&iacute;a demenciado. Pero no me ha pasado ni lo uno ni lo otro. O sea, que ahora me ha dado por escribir mi autobiograf&iacute;a. La he titulado <em>La verdad</em> y estar&aacute; llena de mentiras.</p>
<p>- &iquest;<em>La alquimia del tiempo</em> es el primer cap&iacute;tulo del proyecto?</p>
<p>- No. Es independiente. <em>La alquimia</em>&hellip; ignoro si tendr&aacute; continuaci&oacute;n. Me voy a centrar en los hechos.</p>
<p>- Los mismos que desprecia.</p>
<p>- Ah, pero ser&aacute;n todos falsos y lo pasar&eacute; bomba. Me lo estoy pasando bomba. Si lo veo publicado antes de morir, cuando en las entrevistas me digan: &ldquo;Pero en Wikipedia pone&hellip;&rdquo;, responder&eacute;: &ldquo;Olv&iacute;date de Wikipedia. Esta es la verdad&rdquo;. &iexcl;Pero ser&aacute; todo mentira!</p>
<p>- &iquest;Har&aacute; pasar la mentira por la verdad?</p>
<p>- S&iacute;.</p>
<p>- &iquest;Sin dec&iacute;rselo a nadie?</p>
<p>- Es mi intenci&oacute;n.</p>
<p>- No le creo: &iexcl;ya est&aacute; desmintiendo que <em>La verdad</em> vaya a contener la verdad!</p>
<p>- Pero esta entrevista no la va a leer todo el mundo.</p>
<p>- &iquest;Entonces la verdad de los hechos, la verdad verdadera, nunca va a salir?</p>
<p>- S&iacute;.</p>
<p>-&iquest;?</p>
<p>- Se llamar&aacute; <em>Las mentiras</em>.</p>
<p>- [cara de p&oacute;quer]</p>
<p>- Si vivo lo suficiente. A ver, lo que digo es que quiero escribir una novela factual. &iquest;Por qu&eacute; no? Ser&aacute; la otra cara de mi autobiograf&iacute;a.</p>
<p>- Pero es un juego&hellip;</p>
<p>- Todos los artistas juegan.</p>
<p>- Suena posmoderno.</p>
<p>- Oh, por dios, no diga eso, por favor. Este ser&aacute; un juego&hellip; trascendental. Pero un juego. &iquest;Posmoderno? Nunca se me hab&iacute;a ocurrido que dijeran tal cosa de m&iacute;&hellip; [voz teatrera, entre s&uacute;plica y preocupaci&oacute;n]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El arte proporciona una sensaci&oacute;n m&aacute;s intensa de la vida&rdquo;</strong></p>
<p>- Ley&eacute;ndole &ndash;tambi&eacute;n en sus entrevistas- he pensado en la frase de Oscar Wilde: &ldquo;La realidad imita la ficci&oacute;n&rdquo;. &iquest;Usted cree eso?</p>
<p>- No, ese es uno de los aforismos menos exitosos de Oscar.</p>
<p>- Pero usted s&iacute; ha dicho que con la ficci&oacute;n construimos la vida.</p>
<p>- [cara de aprieto] No, no. Lo que habr&eacute; dicho es que el arte proporciona una sensaci&oacute;n m&aacute;s intensa de la vida, o algo as&iacute;. Eso s&iacute; lo creo. Que no te va a hacer actuar de una forma diferente, o sea, ni mejor ni peor. Y que los hijos no te van a salir m&aacute;s guapos. Y que tampoco vas a ayudar a traer la paz al mundo. El arte no est&aacute; ah&iacute; para eso. El efecto que tiene el arte es intensificar la sensaci&oacute;n de estar vivo.</p>
<p>- De acuerdo, es una derivada. Pero le leo su respuesta: &ldquo;Vivimos en un mundo imaginado. Con esto no quiero decir que no sea real, pero tomamos el material de nuestra imaginaci&oacute;n y lo formulamos para construir una realidad. La imaginaci&oacute;n es la que crea la realidad de nuestro mundo&rdquo;.</p>
<p>- [respira] Bueno, s&iacute;. Pero no es que la realidad imite la ficci&oacute;n, sino que la ficci&oacute;n nos sirve para crear una realidad vivible en la que no haremos del mundo un lugar mejor, pero s&iacute; un lugar en el que podremos amar y leer, y ver un museo, esto es, participar de ficciones, por llamarlas de alg&uacute;n modo. Y gracias a ellas disfrutaremos m&aacute;s de la vida y sentiremos, en definitiva, que no somos muertos vivientes.</p>
<p>- En <em>Las singularidades</em>, usted califica a un personaje del siguiente modo: &ldquo;gordita sonrosada&rdquo;.</p>
<p>- Ahora no me saldr&iacute;a con la m&iacute;a&hellip;</p>
<p>- A Roald Dahl los censores le cambiaron justamente ese adjetivo; por nuestro bien, lo cambiaron por enorme.</p>
<p>- &iexcl;Gran cambio! Enorme&hellip;</p>
<p>- Tambi&eacute;n eliminaron otras palabras.</p>
<p>- Lo cual ha sido una desgracia. Es gente enferma. Ella es la que tiene problemas. Veamos: &iquest;por qu&eacute; piensa que decir de alguien que est&aacute; gordo es una cr&iacute;tica? A m&iacute; me cae bien la gente gorda. Hay gente gorda, gente flaca&hellip; es un hecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Hay que hacerle frente al nuevo puritanismo con toda la fuerza que podamos&rdquo;</strong></p>
<p>- Bueno, es un modo de usar la ficci&oacute;n para intervenir la realidad. Como si negando esa expresi&oacute;n dejara de haber gordos. Creen que el lenguaje crea la realidad, que lo que no se dice no existe. Eso s&iacute; es posmoderno, &iquest;eh?</p>
<p>- Totalmente. Quieren negar la realidad. A m&iacute; me pas&oacute; ir caminando por Dubl&iacute;n y ver a una mujer de veintipocos a&ntilde;os embutida en un vestido de c&oacute;ctel. Le sal&iacute;an carnes&nbsp; por todas partes. Pero ella iba como diciendo: &ldquo;Esta soy yo&rdquo;. Yo, si hubiera tenido otra edad, le habr&iacute;a dicho: &ldquo;Vamos a tomar una copa, montones de carne&rdquo;. Para darte una respuesta seria: este es el nuevo puritanismo y hay que hacerle frente con toda la fuerza que podamos porque, si no, van a destruir el placer de la vida. Eso es lo que quieren los puritanos. Para ellos no lo debes pasar demasiado bien.</p>
<p>- Al mismo tiempo, al poder le gusta ejercer el poder.</p>
<p>- El poder te sube las reglas, te aumenta las normas&hellip; te va regulando esferas de la vida en la que no hab&iacute;a entrado. No me interesa eso. El desorden de la vida es gozoso, valioso&hellip;</p>
<p>- &iquest;La cultura woke es una moda, como la autoficci&oacute;n, o hay que tom&aacute;rsela en serio?</p>
<p>- Es una moda. Estamos viviendo en una era posreligosa y, como la gente, en el fondo, necesita religi&oacute;n, se ha inventado eso. La necesita pero se separa de ella. Es una lectura limitada de la Ilustraci&oacute;n. &iquest;Recuerda, al comienzo del periodo <em>wokista</em>, aquellas fotos de hombres blancos de rodillas, con las manos juntitas ante los negros, como pidi&eacute;ndoles perd&oacute;n?</p>
<p>- S&iacute;, incluso oficiales de polic&iacute;a.</p>
<p>- Y los negros, con cara de: &ldquo;Pero a estos bobos blancos &iquest;qu&eacute; les pasa?&rdquo;.</p>
<p>- En la NBA hincaron la rodilla hasta los negros.</p>
<p>- [gesto de no entender]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Soy profundamente enemigo de los acad&eacute;micos&rdquo;</strong></p>
<p>- Tampoco est&aacute; bien visto el concepto de lo sublime, y est&aacute;n pretiriendo las clases magistrales en la universidad. &iquest;C&oacute;mo va a haber gente que lea buena literatura? El ambiente es muy contrario.</p>
<p>- A ver, debo tener cuidado [pausa]. Hay que entender una cosa: una persona sin formaci&oacute;n puede coger un libro, contemplar un cuadro y escuchar una pieza musical y sentirse transportada. Los que han convertido la literatura, el arte y la m&uacute;sica, en su <em>profesi&oacute;n</em>, no se transportan. Odian esas disciplinas. Hablo de los que producen obras para el consumo f&aacute;cil y de todas las personas que forman parte de la cadena. Es como la gente que se pasa la vida empaquetando jud&iacute;as cocidas. Pues las odia. Son m&aacute;s enemigos del arte verdadero que los ignorantes. &iexcl;Y no perdamos de vista a los <em>profesionales</em> que diseccionan la obra, la analizan!&hellip; yo soy profundamente enemigo de los acad&eacute;micos.</p>
<p>- Por fortuna&hellip;</p>
<p>- Los acad&eacute;micos deber&iacute;an quedarse en su mundo, no salir. En &eacute;l desarrollan un buen trabajo: mantienen viva la tradici&oacute;n, la conservan&hellip; eso es bueno, pero no puedo imaginar que a ellos les importe realmente lo que se practica en el &aacute;mbito del arte. &iquest;Que les interese porque les pagan a final de mes? Vale.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Ser culpable te lleva a ser hiperconsciente del mundo y de ti mismo&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Se ha desvanecido la culpa como tema literario?</p>
<p>- No en mi trabajo. Eso es pr&aacute;cticamente lo &uacute;nico por lo que agradezco la fe cat&oacute;lica. Me sobrecarg&oacute; de sentimiento de culpa. Ser culpable te lleva a ser hiperconsciente del mundo y de ti mismo. Te acerca a los ojos el peso de tu propia responsabilidad&hellip; Hum, nunca hab&iacute;a pensado en ello. &nbsp;S&iacute;, est&aacute; bien, algo as&iacute; [se da el aprobado].</p>
<p>- En <em>Las singularidades</em>, Freddie Montgomery dice que un hombre nuevo no puede ocultar sus pecados pret&eacute;ritos. &iquest;Es m&aacute;s f&aacute;cil hablar del arrepentimiento en una novela, a trav&eacute;s de un personaje, que en una memoria, a trav&eacute;s de uno mismo?</p>
<p>- [Respiraci&oacute;n profunda]</p>
<p>- Porque usted habla de arrepentimientos personales: respecto de los padres, de una t&iacute;a&hellip;</p>
<p>- S&iacute;, pero eso no es m&aacute;s que material. A la persona que escribi&oacute; ese libro le dan igual sus padres. Lo que le importa es escribir el libro. El remordimiento, la culpa&hellip; no son m&aacute;s que materiales. Para nosotros [los escritores] todo es material. Recursos. Picasso hac&iacute;a llorar a sus mujeres sencillamente para pintarlas. &iquest;Somos maestros o animales? Nos comemos a nuestros hijos a cambio de una buena frase. Algo de monstruo tenemos.</p>
<p>- Eso lo entiendo. Pero tambi&eacute;n he cre&iacute;do ver ciertos arrepentimientos como <em>sinceros</em>. Cuando dice: &ldquo;Deb&iacute; de ser odioso, ego&iacute;sta. Me fui de casa con cruel despreocupaci&oacute;n&hellip;&rdquo;.</p>
<p>- S&iacute;, s&iacute; [interrumpe, como no queriendo escuchar m&aacute;s pecados] Pero eso no deja de ser material. No soy <em>yo</em>. Ese es el monstruo. Que escribe sobre las actitudes de John Banville. Pero es el monstruo el que escribe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Nada est&aacute; por encima de la vida&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;El arte est&aacute; por encima de la vida?</p>
<p>- Absolutamente. S&iacute;. Lo est&aacute;. Un momento&hellip; &iquest;qu&eacute; quiere decir exactamente?: que el arte est&aacute; &iquest;aparte, a un lado?. &iquest;No querr&aacute; decir que es <em>superior</em>?... No es superior. Nada est&aacute; por encima de la vida. La vida es todo lo que tenemos.</p>
<p>- Y en ella est&aacute; el arte. Conocemos el arte porque estamos vivos.</p>
<p>- [asiente] Nuestra peque&ntilde;a existencia en este mundo... [la voz apag&aacute;ndose, casi cantando la frase]</p>
<p>- Pero para usted qu&eacute; es m&aacute;s importante: &iquest;la familia o el arte?</p>
<p>- [r&iacute;e y asiente] Ya veo. No voy a responder a esa pregunta [deja correr unos segundos y pide una pausa con la palma de la mano]. Bueno. La voy a responder: para el hombre, para el ciudadano John Banville, que vive en el mundo, que se gana la vida, que mantiene su familia y vota en las elecciones&hellip; la vida es importante. Para la persona que se sienta y escribe, la familia, los seres queridos, no son m&aacute;s que material.</p>
<p>- &iquest;La literatura es un sacerdocio?</p>
<p>- D&eacute;jeme pensar [deja pasar m&aacute;s segundos]. El arte es una especie de adoraci&oacute;n. Yo no soy un sacerdote. Soy la persona que est&aacute; arrodillada en la iglesia y ofrece una adoraci&oacute;n, su adoraci&oacute;n, al mundo [y remacha con humor: &ldquo;&iquest;Ha quedado bien?, &iquest;se me ha entendido?&rdquo;]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El pudor, para un artista, es bueno&rdquo;</strong></p>
<p>- Para terminar. Usted refiere su primer desenga&ntilde;o amoroso en <em>La alquimia del tiempo</em>. Pero luego no vuelve a hablar de amor. S&iacute; hay menciones varias al sexo. Una pregunta ser&iacute;a si el sexo es un motor importante de la vida.</p>
<p>- &iquest;Usted no lo piensa?</p>
<p>- Pero &iquest;m&aacute;s de lo que creemos?</p>
<p>- Vaya con la pregunta. En aquel entonces, al que se refiere el libro, el sexo s&iacute; era un motor importante para m&iacute;. En todo caso, las mujeres siempre me han parecido m&aacute;s interesantes que el sexo. Me lo siguen pareciendo. A mi edad ya poco importa lo que diga o lo que quiera hacer. S&iacute; le dir&eacute; que nunca me habr&iacute;a acostado con una mujer cuya mente o cuya sensibilidad no me interesaran. No puedo comprender por qu&eacute; hay gente que se acuesta con una prostituta. Tengo una gran admiraci&oacute;n por las prostitutas, me parecen mujeres muy valientes. Pero &iquest;qu&eacute; sentido tiene acostarse con una? Es como hacer el amor con el motor de una motocicleta.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; papel representa el pudor a la hora de escribir?</p>
<p>- El pudor es bueno. Para un artista, digo.</p>
<p>- Y entre una tarde con sexo con una mujer que le atrae mental y f&iacute;sicamente, y escribir una buena p&aacute;gina, &iquest;qu&eacute; elige?</p>
<p>-Tengo la suerte de haber hecho las dos cosas [da dos golpes con los nudillos en la mesa]. No me pidas que elija. S&eacute; lo que elegir&iacute;a, pero no te lo voy a decir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 10 Mar 2025 06:05:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Regreso a Proust]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/regreso-a-proust/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/MARCEL_PROUST_3_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&ldquo;Durante a&ntilde;os me acost&eacute; temprano&rdquo;, ha sido la elecci&oacute;n de Mercedes L&oacute;pez-Ballesteros para traducir el celeb&eacute;rrimo &ldquo;Longtemps, je me suis couch&eacute; de bonne heure&rdquo;, con el que da comienzo la monumental obra de Marcel Proust, y que ahora podemos leer, otra vez en castellano, en esta nueva y maravillosa traducci&oacute;n que ha publicado Alfaguara a finales de 2024. Enfrentarse a la empresa de verter a otra lengua el sutil y minucioso universo proustiano, con su inconfundible estilo arborescente, construido a base de largu&iacute;simas frases, y que deslumbra tanto por su complejidad estructural como por su precisi&oacute;n y riqueza l&eacute;xica, es una tarea que exigir&iacute;a lo mejor hasta del m&aacute;s talentoso y experimentado de los traductores, pero es un desaf&iacute;o del que la autora de este reciente trabajo traslaticio ha sabido salir magistralmente con bien; una labor que, a todas luces, perdurar&aacute; en el tiempo como un hito en la recepci&oacute;n de Proust en espa&ntilde;ol, puesto que esta nueva versi&oacute;n no solo honra la genialidad del novelista franc&eacute;s sino que la hace accesible y vibrante para una nueva generaci&oacute;n de lectores que tal vez no se haya atrevido a&uacute;n a dejarse seducir por el torrente de esa sintaxis laber&iacute;ntica que ha reflejado como ninguna el flujo de la conciencia y la superposici&oacute;n de los recuerdos.</p>
<p><em>En busca del tiempo perdido </em>es el descomunal relato del descubrimiento de una vocaci&oacute;n literaria y art&iacute;stica, de c&oacute;mo el protagonista (Marcel, igual que el autor) ha devenido escritor, y la obra se acaba ofreciendo as&iacute; como un juego de espejos en el que se refleja la escritura del propio texto que se estaba leyendo; pero eso no se revelar&aacute; sino hasta el final, en el &uacute;ltimo de los (siete u ocho, depende de la edici&oacute;n) vol&uacute;menes. <em>Por el camino de Swann</em>, la primera entrega de la novela, presenta al narrador en su infancia, ese cr&iacute;o hiper-est&eacute;tico y consentido, v&aacute;stago de la alta burgues&iacute;a, que vive alternando estancias entre Par&iacute;s, la capital, y la rural Combray (localidad ficticia creada como espacio simb&oacute;lico que encapsula los recuerdos, pero descrita con tanta vivacidad que trasciende su naturaleza inventada). Una entrega inaugural que se lee como una condensaci&oacute;n de los elementos formales y tem&aacute;ticos que hacen de la obra una de las novelas fundamentales y m&aacute;s influyentes del siglo XX (Proust representa al mismo tiempo la sublimaci&oacute;n y la disoluci&oacute;n del realismo decimon&oacute;nico), y donde la memoria y la introspecci&oacute;n se erigen en los pilares de la experiencia humana. Memoria, amor, tiempo, el arte como herramienta para capturar la esencia de la vida, el deseo frustrado, el naufragio del lenguaje, la incomunicaci&oacute;n y los malentendidos (especialmente en las relaciones sentimentales), la idealizaci&oacute;n del ser amado, pero tambi&eacute;n el enga&ntilde;o, y la imposibilidad de conocer verdaderamente al otro, y, por &uacute;ltimo, la iron&iacute;a (la s&aacute;tira de la ridiculez y peque&ntilde;eces del llamado &ldquo;gran mundo&rdquo;, con sus fiestas, esnobs y salones; un aspecto a menudo no lo bastante apreciado en la historia). La genialidad de Proust radica en transformar experiencias personales en materia de inter&eacute;s universal. Y para ello se vali&oacute; de los recursos estil&iacute;sticos y discursivos de una obra multifac&eacute;tica que sigue desafiando las categor&iacute;as literarias convencionales, y que hizo de la libertad compositiva su ense&ntilde;a principal (y tal vez sea este su m&aacute;s importante legado a la narrativa contempor&aacute;nea). En efecto, novela narrativa, autobiograf&iacute;a, poes&iacute;a, cr&iacute;tica literaria, narrativa psicol&oacute;gica, ensayo, entre otros, se dan cita en una hibridaci&oacute;n gen&eacute;rica inaudita hasta aquel momento, y sirven para configurar un universo ficcional que por la alquimia del lenguaje literario con el que se construye es capaz de imponerse al lector con una fuerza persuasiva que poqu&iacute;simos escritores han logrado alcanzar en toda la historia de la literatura.</p>
<p>Esta hibridaci&oacute;n genial se manifiesta en la totalidad de la obra, si bien puede tambi&eacute;n apreciarse en miniaturas que replican, dentro del propio relato, su vasto alcance, como ocurre con la novela dentro de la novela que constituye <em>Un amor de Swann</em> en este primer volumen, una pieza que reproduce a peque&ntilde;a escala la esencia del universo proustiano. Este segmento funciona como una deliciosa mini-novela independiente dentro de la narraci&oacute;n y relata la historia de la obsesi&oacute;n amorosa de Charles Swann, un hombre adinerado, culto, elegante y refinado, por Odette de Cr&eacute;cy, una mujer de pasado dudoso que forma parte de la alta sociedad parisina. Desde el desinter&eacute;s inicial, Swann pasar&aacute; a idealizarla (mediante la conexi&oacute;n est&eacute;tico-sentimental que establece con la melod&iacute;a de la sonata de Vinteuil, una m&uacute;sica que se convierte as&iacute; en espejo de su estado interior, mezcla de &eacute;xtasis y tormento, como se narra en el c&eacute;lebre pasaje en que se describe esa imaginaria frase musical), y a sumergirse en una espiral de celos y angustia que se presenta como un anticipo de los futuros padecimientos amorosos del protagonista con Gilberte y Albertine, las dos muchachas de las que se enamorar&aacute; m&aacute;s adelante.</p>
<p>Toda traducci&oacute;n es tambi&eacute;n una lectura y, en consecuencia, tambi&eacute;n una interpretaci&oacute;n. De este modo, en esta nueva versi&oacute;n de Proust realizada por Mercedes L&oacute;pez-Ballesteros, esta m&aacute;xima se hace evidente en la manera en que su trabajo resuena con las sensibilidades de dos de los m&aacute;s grandes escritores espa&ntilde;oles de todos los tiempos, y a los que ella conoci&oacute; bien: Juan Benet y Javier Mar&iacute;as. As&iacute;, esta traducci&oacute;n no solo actualiza el estilo proustiano para el lector de hoy, sino que ilumina asimismo su influencia en la literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea, realzando los rasgos que, a trav&eacute;s de esas dos grandes figuras, han dejado m&aacute;s honda huella en nuestras letras: la densidad reflexiva, la atenci&oacute;n al flujo del tiempo y la memoria, la libertad compositiva, la introspecci&oacute;n psicol&oacute;gica, la cadencia musical de la frase, la exploraci&oacute;n de la subjetividad o las digresiones narrativas; son aspectos que encuentran en esta versi&oacute;n un vigor renovado en nuestro idioma. En fin, se trata de un trabajo extraordinario, que permite leer a Proust como nunca se lo hab&iacute;a le&iacute;do en espa&ntilde;ol.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;</p>
<p>Marcel Proust, <em>En busca del tiempo perdido: I. Por el camino de Swann</em>, traducci&oacute;n de<strong> </strong>Mercedes L&oacute;pez-Ballesteros, Barcelona, Alfaguara, 2024.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 03 Mar 2025 08:52:42 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un ejercicio de madurez poética]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-ejercicio-de-madurez-poetica/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/ALMUDENA_VIDORRETA_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Ha escrito Almudena Vidorreta (1986) un libro femenino y feminista, explic&oacute; Ana Garriga en la reciente presentaci&oacute;n <em>La cicatriz de la selva</em> en la librer&iacute;a Enclave de libros. Tiene raz&oacute;n la profesora de Brown University, cuando abord&oacute; la lectura de este &uacute;ltimo poemario escritora aragonesa (Zaragoza, 1986), a la que debemos algunos trabajos de referencia sobre Santa Teresa de Jes&uacute;s, o sobre la literatura sardo espa&ntilde;ola, en tiempos en que Cerde&ntilde;a pertenec&iacute;a al Reino de Arag&oacute;n, y luego a Espa&ntilde;a hasta el siglo XVIII. Adem&aacute;s, esta distinguida arteria paralela, la creaci&oacute;n po&eacute;tica, no le ha abandonado, como a tanta gente en la madurez, a esta investigadora y docente (ha sido profesora de la Universidad de Nueva York, entre otras), desde que se dio a conocer en 2009, que yo sepa, con <em>Algunos hombres insaciables</em>. Almudena Vidorreta ha sabido guardar los tiempos de escritura para atenderse con verdad, con necesidad y capacidad de cantar sin impostura -mercado-, como alguna vez le escuch&eacute; a Jos&eacute; Hierro, que supo hacerse esperar hasta el<em> Libro de las alucinaciones</em>, porque sab&iacute;a que no ten&iacute;a nada nuevo que contar hasta ese momento.</p>
<p><em>La cicatriz de la selva </em>llama la atenci&oacute;n desde la invenci&oacute;n, la<em> inventio</em>, dijo Quintiliano, al abordar el asunto de la maternidad, no solo de la maternidad, sino tambi&eacute;n de la p&eacute;rdida y de la herida en el cuerpo, del aborto no deseado, si prefieren, con unos lenguajes de gran realismo, sin desabrimiento en la destilaci&oacute;n del dolor, donde no se elude un l&eacute;xico necesariamente l&iacute;rico cuando quien lo escribe es poeta.&nbsp; O si prefieren, alguien ajeno a las servidumbres al mercado como primer objetivo (Saturno devorador de quienes lo anteponen al poema para estar en el tenderete a toda costa y hacen olvidar al estimable poeta -aunque sea de unas pocas ocasiones y con sencillez primaria de observador atento, por exceso de producci&oacute;n y falta de capacidad para evolucionar en lo fundamental -pienso ahora en la reiteraci&oacute;n en Karmelo Iribarren (Roger Wolfe dio un paso al lado), entre muchos-; asunto que vaticin&oacute; &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez en &ldquo;&iquest;Malos tiempos para la poes&iacute;a?&rdquo;, aduciendo que ya entonces hab&iacute;a demasiado &ldquo;hummus&rdquo;). No es el caso gracias a esa originalidad en el asunto (pienso en la Juana Castro cuando habl&oacute; del alzheimer), vivida y v&iacute;vida, reflexiva, adem&aacute;s, plena, que dota de verosimilitud al libro. Esa verdad de fondo, escrita desde ella cuando el libro se impone, eleg&iacute;aca o de la p&eacute;rdida (el estupendo &ldquo;Buitres&rdquo;), viene acompa&ntilde;ada simult&aacute;neamente el amor al hijo concebido, al que se rinde amor en otro momento-ese h&aacute;pax &uacute;nico- junto a la esperanza de una nueva y deseada maternidad.</p>
<p>En efecto ese desgarro, esa herida expl&iacute;cita en el canto, en la convivencia con el embri&oacute;n muerto hasta el legrado, es palmaria igualmente en el l&eacute;xico: vagina, neuroendocrino, regla, flujo sodio, hospital, cicatriz, legrado, aborto, extractores de leche&hellip; de la misma manera que lo es en el hilo umbilical que re&uacute;ne a la mujer entre generaciones, atenci&oacute;n al estupendo poema &ldquo;Caja de costura&rdquo;. Libro de la mujer, femenino, reivindicador de la maternidad, de la misma manera que otras escritoras de cierto fuste, pienso en Rosa Berbel, plantean los problemas de su juventud desde ella, tal y como hizo la estupenda Elena Medel en su libro de referencia, <em>Mi primer bikini</em> (pese a esfuerzos posteriores a ese libro <em>trampa</em>, que la atrap&oacute; y sobre el que no sobresali&oacute; despu&eacute;s como escritora). Estamos ante un ejercicio de madurez, donde cada palabra est&aacute; pensada tras haber sido sentida, sin malabarismos, y traspasada de dolor o esperanza &ldquo;Sin donde&rdquo; seg&uacute;n toque, con poemas espl&eacute;ndidos desde esa rotundidad de lo sufrido. Me refiero, entre tantos, a poemas como &ldquo;Antes del aborto&rdquo; o &ldquo;Regla nueva&rdquo; escribiendo poes&iacute;a de lo aparentemente antipo&eacute;tico&hellip;y algo dijo Pablo Neruda, no solo, sobre esas cuestiones cotidianas elevadas a la emoci&oacute;n del poema que as&iacute; puede llamarse, como es el caso. Si a todo ello le unimos capacidad pl&aacute;stica, tropolog&iacute;a inusual, propia, desde esa circunstancia a pie de tierra, la sangre o &ldquo;compota de grosella sobre el m&aacute;rmol&rdquo;, sabremos del esfuerzo por decirse desde un proceso de amor y dolor simult&aacute;neos. Un proceso o diario de emociones, sensaciones, de esperanza y empe&ntilde;o, donde caben tambi&eacute;n otros registros ocasionales, los viajes y los sitios con sus m&uacute;sicas y bailes interpretados desde el ser mujer, poetas (Alfonsina Storni)-por ejemplo-, sobre esos otros de la gestaci&oacute;n y p&eacute;rdida. Cumplen su cometido y enriquecen el libro, no son meras adendas, sino que cumplen su funci&oacute;n, alivian cl&iacute;max y &nbsp;&nbsp;tensi&oacute;n, sirven de contrapunto a este libro distinto, &nbsp;valiente y hondo, legible, maduro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;Almudena Vidorreta, <em>La cicatriz de la selva, </em>Barcelona, La Bella Varsovia, 2025.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 24 Feb 2025 07:45:39 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una gramática del amor doliente]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-gramatica-del-amor-doliente/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/ALEJANDRO_TARANTINO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Como todos los poetas &aacute;ureos, Alejandro Tarantino (Laredo, Cantabria, 1963), vuelve una y otra vez <em>del coraz&oacute;n a sus asuntos</em>, a su trama, su obstinaci&oacute;n, su desvelo. A cada escritor le mueve la buj&iacute;a de su propia obsesi&oacute;n. La cerca, la rodea, se ci&ntilde;e su contorno. Dir&iacute;ase que por momentos la toca. La insistencia de Alejandro es el maridaje j&aacute;nico de la luz y la sombra. Desde ah&iacute; convoca los <em>Espejos rotos de una mujer</em> (Amargord), su &uacute;ltimo poemario. Estas teselas dentadas, romas, con aristas, superficies que son y no lo que reflejan, nos hablan no de la univocidad sino de lo m&uacute;ltiple, de esa muchedumbre que somos, desde el espanto a lo numinoso, con las alcanc&iacute;as incesantes del matiz. &ldquo;Hay fragmentos sin totalidad&rdquo;, nos dice el poeta.</p>
<p>En <em>Espejos rotos de una mujer</em>, Tarantino oficia el sublime y bello oficio de hacer presente a la amada sin su presencia. El amor permite hacer presente lo amado cuando no est&aacute;, porque se ha interiorizado, porque transcurre y crece y mengua y se expande y duele sin la necesidad de lo corp&oacute;reo. No es la ausencia lo que nos duele. Ocurre que la amada ya no est&aacute; en el lugar de lo amado. Y s&iacute;, pero desde la p&eacute;rdida.</p>
<p>Teje, Tarantino, una gram&aacute;tica del amor doliente. Lo anuncian los versos que abren el poemario: &ldquo;La oscuridad restaura la cosecha de las agujas,/ lenta es la estaci&oacute;n de la noche&rdquo;. La altura de su desnudez, &ldquo;a falta de im&aacute;genes,/ oblicuo el lenguaje/ solo alcanza la melancol&iacute;a&rdquo;. Sabe que hay lo indecible. Por eso este sustantivo concluye lo escrito. Pese a que cierra la prosa de un ep&iacute;logo en la que vuelve a tantear lo que pareciera haber sido dicho, la enunciaci&oacute;n misma de lo inefable.</p>
<p>Tarantino hace del amor un constitutivo de s&iacute; sin enga&ntilde;o. Y sabe que lo amado deviene en fruto, a pesar de la p&eacute;rdida. De ah&iacute; que los poemas acojan una y otra vez vocablos como &ldquo;simientes&rdquo;, &ldquo;semillas&rdquo;, &ldquo;&uacute;tero&rdquo;, &ldquo;vientre&rdquo;, al tiempo que lo que &ldquo;no lacta de tu pecho&rdquo;, aquello que &ldquo;no engendrar&aacute; de su sangre lo alado&rdquo;.</p>
<p>Tarantino a&uacute;lla en una desolaci&oacute;n que es silencio. Lejos del teatro, se sabe en un campo de batalla, all&iacute; donde (interregno) uno ha sido despose&iacute;do y hace suyo el surco desde el que morir (en tanto que tr&aacute;nsito) sin odio rencor falsedad: &ldquo;Despose&iacute;do el tiempo, solo ahora,/ nunca m&aacute;s ayer, nunca m&aacute;s dos,/ &uacute;nica, sin centro,/ desear&aacute;s, inacabable, morir en lo vivido&rdquo;. Tarantino enloquece desde la dignidad del que quiere saber all&iacute; donde &ldquo;la realidad calc&aacute;rea del oc&eacute;ano&rdquo;. Sin tretas, sin estrategias, sin escudos, asistido &uacute;nicamente por &ldquo;el impulso insomne de lo tr&aacute;gico/ que yace en la desgracia de tu valor&rdquo;.</p>
<p>Hay pocos poemarios tan valientes que aborden as&iacute; el amor, &ldquo;desde el flujo de duraci&oacute;n que lleva tu nombre&rdquo;, porque hay que querer saber, y hay que desandar, y contemplar la noche de lo amado, y la propia, y todo ello &ldquo;feraz en la ruina de la cordura&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;Tengo ausencias de loco, tengo/ una pena tan honda, tan muda, tan tuya,/ tengo de m&iacute; lo que de ti he perdido&rdquo;. Hay una belleza tan &iacute;ntima en estos versos que conforman la cartograf&iacute;a de <em>Espejos rotos de una muje</em>r, una belleza tan aut&eacute;ntica, tan libre de exaltaci&oacute;n, tan recogida, versos acompa&ntilde;ados por la obra gr&aacute;fica del autor, correspondiente a la serie <em>La mujer rota</em>, donde lo indecible descansa, de otro modo.</p>
<p>Encontramos una magnificencia humana en ese encarar la p&eacute;rdida y ajustar el vuelo del amor que ya siempre ser&aacute;, una majestuosidad &uacute;nica. &ldquo;La larga noche del adi&oacute;s acaba,/ en la celda queda el amado, concebido/ como lumbre, hoguera de flores/ que anuncia esquelas al alba/ con su nombre&rdquo;. Hay un yo que habla a un t&uacute; desde la honestidad, no alzando su mirada porque sit&uacute;e la p&eacute;rdida de la amada all&iacute; donde solo cabe situar a los dioses; tampoco inclinando el &aacute;ngulo en el mirar por haber depuesto lo amado all&iacute; donde la sa&ntilde;a. Hay una p&eacute;rdida compartida.&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Y as&iacute; Tarantino deja que la voz discurra emocionada, pero sin afecci&oacute;n alguna, que preserve lo dado, lo recibido, cuanto fue. No hay contenci&oacute;n, pero s&iacute; lealtad a lo sentido. No se espere de este poemario la sublimaci&oacute;n del fulgor que no deja ver lo que se contempla. Hay una exactitud de quien ama las simas y los abismos y las cumbres de lo amado. Hay un yo que no se enga&ntilde;a. Que nombra y se nombra en ello, en cuanto va diciendo. Hay la distancia justa para que lo exacto aparezca, una distancia que no ciega, en uno u otro sentido. De ah&iacute; que la espalda de esta mujer sea recurrente, como si el poeta contemplase su marcha para, desde ese verla partir, ser capaz de no mentirse (&ldquo;la espalda de tus &eacute;litros se hace humana&rdquo;, &ldquo;tu espalda dolida/ sacude de sus v&eacute;rtebras lo que fue todo&rdquo;, &ldquo;de espalda/ a los cielos sin costa&rdquo;, &ldquo;Al borde de ti tu espalda&rdquo;, &ldquo;Amar la l&iacute;nea de tu espalda&rdquo;&hellip;). Quiz&aacute;s porque la espalda sea &ldquo;la forma de mirarme de tu abismo&rdquo;.</p>
<p>El amor, tan mal entendido tantas veces, es &ldquo;argumento&rdquo;, pero tambi&eacute;n &ldquo;sed anochecida&rdquo;, y todo al un&iacute;sono, sin disociaci&oacute;n alguna, sucediendo &ldquo;en un tiempo anciano&rdquo;. Lo amado es odiado. Porque la pureza tambi&eacute;n contiene lo impuro. Solo adentr&aacute;ndonos en estos espejos rotos de lo amado podremos esperar &ldquo;que llegue la paz de lo que se fue&rdquo;, cumpli&eacute;ndose &ldquo;la pureza solar del adi&oacute;s&rdquo;. En esa desolaci&oacute;n en la que Tarantino escribe, trata de llegar al antes de s&iacute;, a esa penumbra (no lo oscuro, tampoco lo iluminado) en la que lo amado ya no est&aacute;. &ldquo;La apariencia del ser/ que fui/ se aleja infinitamente/ desde el centro de los caminos sin salida,/ donde no ser es haber nacido,/ ing&eacute;nito tiempo de la destrucci&oacute;n,/ al absurdo de estar en el ser,/ cuando no estoy siendo&rdquo;.</p>
<p>De Tarantino, su sost&eacute;n de los cl&aacute;sicos, su imaginario, los hoplitas (lo com&uacute;n siempre en Tarantino), las referencias de sus mayores, su poso filos&oacute;fico (&ldquo;Ser y no estar,/ estar sin ser,/ no ser sin estar&rdquo;) y psicoanal&iacute;tico (&ldquo;Poder ser en ti sin ti&rdquo;), la zarabanda de los pronombres (&ldquo;Eras en ti solo t&uacute;&rdquo;, &ldquo;como un t&uacute; de ti tan m&iacute;o sin m&iacute;,/ para verte sin mi toda t&uacute;&rdquo;), el verso que piensa (&ldquo;Ser amada fue irse a lo abisal,/ vivir la ruptura de la luz,/ hacer insondable la respiraci&oacute;n,/ surgir del lugar de la vida&rdquo;), el lujo de lo exquisito (&ldquo;F&iacute;o en ti toda mi tierra&rdquo;).&nbsp; &nbsp;</p>
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<p>Alejandro Tarantino, <em>Espejos rotos de una mujer, </em>Madrid, Amargord, 2024.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 17 Feb 2025 12:29:12 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El realismo mágico, ¿vuelve, se queda o va?]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-realismo-magico-vuelve-se-queda-o-va/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/JOS_ANTONIO_PRADES_500_px.jpg" alt="" /></p>
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<p>Con la emisi&oacute;n en una plataforma televisiva de la serie sobre la obra cumbre de Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez, <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em>, resurge en el escenario medi&aacute;tico el realismo m&aacute;gico.</p>
<p>Ese ox&iacute;moron manipulado y exprimido hasta la saciedad presenta unos or&iacute;genes y contenidos complejos. Este art&iacute;culo pretende lograr un encuadre conciso de su origen, de su conceptualizaci&oacute;n, del uso interesado con fines cremat&iacute;sticos y de su evoluci&oacute;n a lo largo de sus cien a&ntilde;os de su existencia.</p>
<p>El impacto que en la literatura mundial tuvo el Boom latinoamericano en los a&ntilde;os 60 del siglo pasado coloc&oacute; al realismo m&aacute;gico como una tendencia o estilo que impregn&oacute; gran n&uacute;mero de obras y que sigue haci&eacute;ndolo con los mismos mimbres con los que nac&iacute;a.</p>
<p>Diversos autores que han profundizado en el an&aacute;lisis del realismo m&aacute;gico y sus implicaciones en la literatura contempor&aacute;nea muestran los elementos que lo componen y facilitan el encuadre buscado. &nbsp;</p>
<p>Tal como expresa Pialorsi (2014), &ldquo;el marchamo &lsquo;realismo m&aacute;gico&rsquo; y su formulaci&oacute;n te&oacute;rica han sido una de las cuestiones m&aacute;s controvertidas&rdquo; (p. 6). Por ello, se hace necesario delimitar el concepto para extraer sus elementos distintivos y sus caracter&iacute;sticas identitarias, y as&iacute; establecer las l&iacute;neas que determinar&aacute;n el an&aacute;lisis.</p>
<p>Los inicios de este movimiento se localizan en obras de autores latinoamericanos del Boom, pero existen otros estudios e investigaciones (Alfaro, 1975; M&uuml;ller-L&oacute;pez, 2004; Moure, 2012) que remontan sus or&iacute;genes al propio Miguel de Cervantes.</p>
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<h2><strong>Sea as&iacute; el nombre</strong></h2>
<p>La expresi&oacute;n &lsquo;realismo m&aacute;gico&rsquo; genera desde su aparici&oacute;n y uso una importante trascendencia. Une el sustantivo, que significa adhesi&oacute;n a la realidad sin idealizaciones, con un adjetivo que presenta connotaciones de mundo imaginario aparecidas fuera de la realidad; es un ox&iacute;moron. Esa uni&oacute;n de conceptos extremos, referencia de la propia dualidad humana, es probable que influya en que su aplicaci&oacute;n est&eacute; extendida desde su primer advenimiento y llegue a nuestros d&iacute;as como un reclamo llamativo. No obstante, siguiendo a Volek (1991), la realidad no deja de ser una construcci&oacute;n de cada &eacute;poca, ya se haya definido por modelos divinos o cient&iacute;ficos. Es decir, no deja de ser un simulacro (p. 236). Y lo m&aacute;gico se establece en comparaci&oacute;n con esa dicha realidad simulada.</p>
<h3>&nbsp;</h3>
<h3>Origen de la expresi&oacute;n</h3>
<p>Coinciden varios ensayos de los consultados para este trabajo (Gonz&aacute;lez B, 2017; Pialorsi, 2014; Kofman, 2015; Volek, 1991) en establecer su primer uso como t&iacute;tulo de un ensayo de Franz Roh sobre la pintura vanguardista en 1925, aunque, seg&uacute;n Gonz&aacute;lez B., el uso que se le da en ese texto nada tiene que ver con los significados que se le han ido aplicando posteriormente, sobre todo en creaci&oacute;n literaria. En el arte, supuso un reflejo de las ideas jungianas de unir el consciente con el inconsciente, aspecto tambi&eacute;n relacionado con caracter&iacute;sticas b&aacute;sicas de la corriente surrealista. Tras Roh, hay continuidad en el uso y readaptaci&oacute;n de la expresi&oacute;n en varios autores de los que destacaremos Arturo Uslar Pietri, en 1948, &Aacute;ngel Flores, en 1967, y Luis Leal en 1975 (Gonz&aacute;lez B., 2017; Volkova, 2018). De estas, es la del escritor venezolano la que cobra mayor relevancia, puesto que de ella surge la conceptualizaci&oacute;n literaria para referirse, desde distintas perspectivas, a la narrativa, en especial a la surgida del Boom latinomericano.</p>
<p>Es el propio Uslar Pietri quien explica (Molina, 2022) c&oacute;mo le surgi&oacute; el uso de esa expresi&oacute;n en una charla en Par&iacute;s con Miguel Angel Asturias y Alejo Carpentier, tambi&eacute;n considerados precursores de ese movimiento, cuando, conversando sobre elementos de sus novelas <em>El se&ntilde;or presidente</em> y &iexcl;<em>&Eacute;cue-Yamba-O!</em>, lanz&oacute; que podr&iacute;an tratarse de &lsquo;realismo m&aacute;gico&rsquo;, creyendo que hab&iacute;a inventado esa expresi&oacute;n. Sigui&oacute; explicando que despu&eacute;s consider&oacute; que debi&oacute; ser un recuerdo, ya que encontr&oacute; en su biblioteca el ensayo as&iacute; titulado del pintor Roh, aunque &ldquo;describ&iacute;a algo que no ten&iacute;a que ver con lo que ellos hab&iacute;an hablado&rdquo; (min. 4:40). En 1948, el venezolano &ldquo;incorpor&oacute; el t&eacute;rmino en el &aacute;mbito de la novela hispanoamericana en su libro <em>Letras y hombres de Venezuela</em>, de 1948 (Rodr&iacute;guez Monegal, citado en Volkova, 2018, p. 274). Al a&ntilde;o siguiente, Alejo Carpentier, habl&oacute; de lo &lsquo;real maravilloso&rsquo; con significado muy similar a lo que posteriomente termin&oacute; denomin&aacute;ndose &lsquo;realismo m&aacute;gico&rsquo;. Monique Nomo (2016, p. 108)) establece el cuento <em>La lluvia</em>, publicado en 1935, de Uslar Pietri, como el primer antecedente de ese movimiento; en ese cuento, incluido en <em>Barrab&aacute;s y otros relatos</em> (1936), la naturaleza sobrenatural de un ni&ntilde;o sobrevuela sobre los problemas de un matrimonio que espera la lluvia para que riegue sus campos.</p>
<h3>&nbsp;</h3>
<h3>Origen del concepto</h3>
<p>Desde el mundo literario, la expresi&oacute;n &lsquo;realismo m&aacute;gico&rsquo; toma contenido y cuerpo paulatinamente, asumida por la cr&iacute;tica desde su aparici&oacute;n con diversas definiciones y orientaciones. Una vez que Uslar Pietri la nombr&oacute; para referirse al entorno global y variado de la Am&eacute;rica hispana, comenz&oacute; a percibirse &ldquo;como algo muy propio y originario de la cultura local&rdquo; (Kofman, 2015, p. 9). El propio Kofman se&ntilde;ala tres concepciones que delimitan su procedencia. La primera quedar&iacute;a refer&iacute;a al &ldquo;sustrato folcl&oacute;rico y mitol&oacute;gico que pervive en Am&eacute;rica Latina&rdquo; (p. 9). La segunda v&iacute;a estar&iacute;a relacionada con el surrealismo franc&eacute;s; los tres escritores latinoamericanos citados en el ep&iacute;grafe anterior (Asturias, Carpentier y Uslar Pietri) vivieron integrados en el germen y apogeo de esa vanguardia, el coraz&oacute;n de Par&iacute;s, a caballo de las d&eacute;cadas de los a&ntilde;os 20 y 30 del siglo pasado. &ldquo;En sus obras se percibe de manera obvia la huella de tal movimiento, especialmente en lo referente al inter&eacute;s en la conciencia del hombre primitivo y el concepto de milagro&rdquo; (p. 10). La tercera concepci&oacute;n proceder&iacute;a de Alejo Carpentier, expresada en el pr&oacute;logo de <em>El reino de este mundo</em> (1949), que cierra con esa pregunta ret&oacute;rica: &ldquo;Pero &iquest;qu&eacute; es la historia de Am&eacute;rica toda, sino una cr&oacute;nica de lo real-maravilloso?&rdquo; (p. 8), novela en la que relaciona su observaci&oacute;n de la realidad cotidiana de Hait&iacute; con una concepci&oacute;n del ambiente que denomina as&iacute;: &ldquo;A cada paso me encontraba yo con lo real maravilloso&rdquo; (p. 6). Desarrollaremos la relaci&oacute;n entre este concepto y el de realismo m&aacute;gico en el ep&iacute;grafe 3.2.</p>
<p>Jos&eacute; Mar&iacute;a Alfaro (1975) cita el concepto en palabras de Gonzalo Sobejano como &ldquo;la puesta en relieve de una forma objetiva de aprehender la esencia de lo real en objetos que aparecen en una forma misteriosa&rdquo; (min. 6:30).&nbsp; Seymour Menton (citado por Cervera, s.f.) lo define de una forma similar, a&ntilde;adiendo la calificaci&oacute;n de inesperado y/o improbable a lo misterioso, as&iacute; como la incidencia en el lector, al dejarlo &ldquo;desconcertado, aturdido, o agradablemente maravillado&rdquo; (p&aacute;rr. 4).</p>
<p>Seg&uacute;n varios autores (Pialorsi, 2014; Volek, 1991), no existe un claro consenso en la cr&iacute;tica sobre la conceptualizaci&oacute;n del realismo m&aacute;gico. El propio Mario Vargas Llosa (EFE, 2007) ha declarado que la etiqueta de &lsquo;realismo m&aacute;gico&rsquo; se us&oacute; para incluir a toda la literatura latinoamericana de la &eacute;poca, lo que considera impreciso, ya que todo autor, a su manera, aplica la imaginaci&oacute;n a sus obras.&nbsp; Es decir, no por coincidir en la aplicaci&oacute;n gen&eacute;rica de ciertos elementos similares debe incluirse en una tendencia o movimiento de este tipo a un elenco de autores.&nbsp; As&iacute;, el propio Vargas Llosa cita a Juan Rulfo, Garc&iacute;a M&aacute;rquez, Julio Cort&aacute;zar o Borges, cada uno con sus propias mitolog&iacute;as e influencias (p&aacute;rr. 3).&nbsp;</p>
<p>Existen elementos que se incluyen en la mayor&iacute;a de las definiciones: lo imaginario, lo irracional, lo maravilloso, lo misterioso, lo invisible, lo m&aacute;gico, lo sensorial, lo fant&aacute;stico, lo ins&oacute;lito y lo sobrenatural, entre otros. Gonz&aacute;lez B. (2017) establece a nuestro parecer el mejor an&aacute;lisis sobre la evoluci&oacute;n del concepto, al hacer referencia a dos encuadres diferentes que permiten salir airosamente de las discrepancias, observando los distintos enfoques que han querido superponerse. Presenta el &ldquo;tipo ontol&oacute;gico&rdquo;, que partir&iacute;a de la teor&iacute;a que Uslar Pietri y Carpentier acunaron en sus inicios y que queda reflejada en sus referencias a la realidad mitol&oacute;gica y antropol&oacute;gica de los pueblos ind&iacute;genas y sus ritos y costumbres que sobrevivieron a la colonizaci&oacute;n, y el &ldquo;tipo t&eacute;cnico&rdquo;, que coloca como inicio en <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em>, publicada en 1967. Seg&uacute;n su exposici&oacute;n, aplicando estas dos visiones por separado podemos entrar en el concepto y lograr un mejor asentamiento. A&ntilde;ade finalmente otra concepci&oacute;n de lo que ha sido considerado como realismo m&aacute;gico, que es la literatura fant&aacute;stica (ver ep&iacute;grafe 3.2.1), para concluir indicando que, entendido desde el punto de vista ontol&oacute;gico, el realismo m&aacute;gico &ldquo;no puede comprenderse fuera del contexto hist&oacute;rico en el marco de la literatura hispanoamericana&rdquo; (Gonz&aacute;lez B., 2017, p. 119).</p>
<h3>&nbsp;</h3>
<h3>Antecedentes en la literatura espa&ntilde;ola</h3>
<p>Los antecedentes del realismo m&aacute;gico, atendiendo a su componente fant&aacute;stico, se han buscado en la literatura espa&ntilde;ola hasta remontarnos incluso a los primeros textos del castellano. M&uuml;ller-L&oacute;pez (2004) cree ver ya antecedentes en <em>El libro de Alexandre</em> y en <em>El libro de Apolonio</em>, ambos del siglo XII, e incluso en los libros de caballer&iacute;as, si bien, situ&aacute;ndonos en el contexto hist&oacute;rico, lo que desde nuestra &eacute;poca consideramos fant&aacute;stico o m&aacute;gico se ten&iacute;a entonces como real, y as&iacute; su diferencia con lo m&aacute;gico tendr&iacute;a tambi&eacute;n otra connotaci&oacute;n para centrar el concepto que estamos tratando. Asimismo, las f&aacute;bulas de Iriarte y Samaniego contienen elementos que podr&iacute;an asignarse tanto a lo fant&aacute;stico como a lo maravilloso.</p>
<p>Lara ve en las hagiograf&iacute;as del siglo XIII &ldquo;una lectura apasionante desde esta &oacute;ptica&rdquo; (2021, p&aacute;rr. 6). Esas vidas de santos contienen elementos que hoy consideramos m&aacute;gicos, aunque tambi&eacute;n debe entenderse que, en ese momento, esas escenas, como &ldquo;quedar sin afectaci&oacute;n en el cuerpo una vez colocado en una parrilla, o salir andando con la cabeza en la mano una vez decapitado&rdquo;, que se aceptaron como reales, marcar&iacute;an instantes repetidos en ciertas tramas contempor&aacute;neas que consideramos realismo m&aacute;gico. Merino (2009) cita el <em>Libro de Patronio y el Conde Lucanor</em>, adem&aacute;s de los libros de caballer&iacute;as, como ejemplos de antecedentes de la literatura fant&aacute;stica y m&aacute;gica. Y contin&uacute;a con Cervantes citando <em>Los trabajos de Persiles y Segismunda</em>, Calder&oacute;n de la Barca, con <em>La vida es sue&ntilde;o</em>, <em>El gran teatro del mundo</em> o <em>El m&aacute;gico prodigioso</em> y Lope de Vega, con <em>El peregrino en su patria</em>.&nbsp; Y son otras las referencias a Cervantes como el inspirador primigenio de la fantas&iacute;a y la magia en la narrativa. As&iacute;, M&uuml;ller-L&oacute;pez: &ldquo;Cervantes contribuy&oacute; como ninguno a maravillarnos con el genio de las deliciosas fantas&iacute;as de D. Quijote&rdquo; (2004, p. 40). E igualmente observa: &ldquo;Literatura maravillosa tambi&eacute;n encontramos en los <em>Sue&ntilde;os</em>, de Quevedo, y en el teatro de Calder&oacute;n con <em>El m&aacute;gico prodigioso</em>&rdquo; (2004, p. 40).</p>
<p>Seg&uacute;n Lara, no quedan fuera de esta mirada ciertas experiencias m&iacute;sticas narradas por Teresa de &Aacute;vila o ciertas cr&oacute;nicas sobre el rey Carlos II, el Hechizado. Adem&aacute;s, De la Puente (1991, p. 10) cita a Gustavo Adolfo B&eacute;cquer con <em>Las leyendas en prosa</em> (1871), por su ambiente fant&aacute;stico de poes&iacute;a y ensue&ntilde;o.</p>
<p>Ya en el siglo XX, tal como expresaron repetidamente los autores latinoamericanos citados, Asturias, Carpentier y Uslar Pietri, en su periplo parisino se imbuyeron de las consignas surrealistas, que tienen una gran influencia en la evoluci&oacute;n literaria de la &eacute;poca. El surrealismo quiere cambiar la forma de mirar el mundo, y lo quiere conseguir a trav&eacute;s del inconsciente, siguiendo as&iacute; los postulados de Sigmund Freud. Es decir, se salta el terreno de la l&oacute;gica, de la realidad, y se basa en el sue&ntilde;o y en lo imaginario. La aplicaci&oacute;n de estos conceptos se centra en la poes&iacute;a y excluye expresamente a la narrativa, pero los postulados influyeron en los tres autores, incluso aunque se desmarcaron del conjunto de intenciones surrealistas. Adem&aacute;s, siguiendo a M&uuml;ller-L&oacute;pez &ldquo;ciertas caracter&iacute;sticas grotescas estaban enraizadas profundamente en la tradici&oacute;n est&eacute;tica espa&ntilde;ola: las obras de Cervantes, Quevedo, Goya&hellip;&rdquo; (2004, p. 44). El surrealismo se enfrenta al realismo inmediatamente anterior, as&iacute; como el romanticismo lo hace con el racionalismo de la Ilustraci&oacute;n.</p>
<p>Retrocediendo unos tres siglos, nos encontrar&iacute;amos en medio de la conquista americana, en la que Kofman observa la aparici&oacute;n de componentes de una realidad extraordinaria y prodigiosa, &ldquo;el aura de lo excepcional&rdquo; (2015, p. 12). Pero, adem&aacute;s, profundiza en otro componente, el milagro, que estaba anclado en todas las peripecias de aquella aventura. As&iacute;, se a&ntilde;ad&iacute;a lo maravilloso desde un origen espiritual. Deduce que, aunque se entendieron fines pr&aacute;cticos en la colonizaci&oacute;n, realmente fue una &ldquo;empresa fant&aacute;stica&rdquo; (p. 13), ya que los conquistadores viajaron y exploraron influidos por las narraciones orales y textos que conten&iacute;an espejimos como realidades: El Dorado, la fuente de la juventud, los tesoros. No podemos eludir que los grandes impulsores del Boom, movimiento al que se asigna la aplicaci&oacute;n de los elementos del realismo m&aacute;gico, fueron &aacute;vidos lectores de los textos de los conquistadores. &ldquo;El conquistador percib&iacute;a las tierras reci&eacute;n descubiertas como el universo de las desviaciones, de la hipertrofia, de lo ins&oacute;lito, contrapuesto a lo conocido y reglamentado&rdquo; (Kofman, 2015, p. 17).</p>
<p>Regresando al siglo XX, nos expresa M&uuml;ller-L&oacute;pez que el propio &Aacute;lvaro Cunqueiro, cuyos elementos de realismo m&aacute;gico en su novela <em>Merl&iacute;n y familia</em> son objeto de estudio en este trabajo, &ldquo;confluye con Cervantes en el uso de una misma f&oacute;rmula novel&iacute;stica en la que los saltos entre los niveles de realidad y de ficci&oacute;n son constantes&rdquo; (2004, p. 122).</p>
<p>Es Moure (2012, p. 16)) otro autor que menciona a Cervantes como influencia en esta l&iacute;nea, y nos lleva igualmente hasta Valle-Incl&aacute;n, con sus fantasmas gallegos que no quieren morir.</p>
<p>Habiendo nombrado a Cunqueiro y Valle Incl&aacute;n, se hace necesario irnos a la Galicia ancestral, cuyas caracter&iacute;sticas hist&oacute;ricas y antropol&oacute;gicas la colocan en un lugar preferente de lo m&aacute;gico y fant&aacute;stico, con sus meigas, duendes, esp&iacute;ritus y monstruos. Lara (2021, p&aacute;rr. 10) refiere la emigraci&oacute;n gallega a Latinoam&eacute;rica, y se va con ella a inferir si aquellas historias que esos migrantes se llevaron no podr&iacute;an ser ese germen literario para promover o alimentar el realismo m&aacute;gico que de all&iacute; surg&iacute;a.</p>
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<h2 align="left"><strong>En sus cercan&iacute;as</strong><strong></strong></h2>
<p>Algunos de los elementos que se incluyen dentro de la tendencia conocida como realismo m&aacute;gico se encuentran tambi&eacute;n en otras corrientes, lo que puede provocar cierta mezcla o confusi&oacute;n cuando se habla de una u otras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3>Lo real maravilloso y lo real fant&aacute;stico</h3>
<p>Todorov (1980) inicia as&iacute; su Introducci&oacute;n a la literatura fant&aacute;stica: &ldquo;La expresi&oacute;n &lsquo;literatura fant&aacute;stica&rsquo; se refiere a una variedad de la literatura o, como se dice corrientemente, a un g&eacute;nero literario&rdquo; (p. 3). Lo fant&aacute;stico requiere que se defina frente a imaginaci&oacute;n y realidad (Rodr&iacute;guez, 2006). Soloviov es citado por Todorov (1980, p. 4) para exponer que lo fant&aacute;stico presenta una explicaci&oacute;n simple, pero es improbable que pueda ser explicado. Es decir, el fen&oacute;meno se encuentra entre lo real y lo irreal, y desde ambas posiciones puede entenderse como v&aacute;lido. &ldquo;La posibilidad de vacilar entre ellas crea el efecto fant&aacute;stico&rdquo; (Todorov, 1980, p. 19). La visi&oacute;n de Todorov plantea tres partes: lo maravilloso/lo extraordinario/lo fant&aacute;stico, con matices diferenciadores que permiten la clasificaci&oacute;n. Se entender&iacute;a que es extraordinario si lo inexplicable se acepta de forma natural. Lo fant&aacute;stico dejar&iacute;a dudas sobre su realidad. Y lo maravilloso ocurrir&iacute;a cuando el hecho sobrenatural, sabiendo que lo es, se inserta en el relato. Cervera (s.f.) coincide con esta apreciaci&oacute;n y precisa que el realismo fant&aacute;stico trata de superar la percepci&oacute;n de los sentidos y adem&aacute;s no tiene el ingrediente ind&iacute;gena con tanta fuerza. Cita a Ernesto Sabato y Jorge Luis Borges como autores que manejaron estos elementos fant&aacute;sticos como &ldquo;tendencias existencialistas y metaf&iacute;sicas&rdquo; (p&aacute;rr. 45). No obstante, varios autores latinoamericanos aparecen incluidos tanto en el g&eacute;nero fant&aacute;stico como en el realismo m&aacute;gico. Celia Zapata, citada por Rodr&iacute;guez (2006, p. 40), centra el debate concluyendo que ambos, lo fant&aacute;stico y el realismo m&aacute;gico, confluyen de tal manera que es muy dif&iacute;cil marcar su l&iacute;nea divisoria, y que la discusi&oacute;n ser&aacute; duradera. Tambi&eacute;n cita Rodr&iacute;quez (2006, pp. 39-40)) a Anderson Imbert para expresar que lo perturbador y sobrenatural, que sobrecoge, pertenece a la literatura fant&aacute;stica, donde &ldquo;lo imposible en el orden f&iacute;sico se hace posible en el orden fant&aacute;stico&rdquo; (p. 40).</p>
<p>Tal como hemos anticipado, lo real maravilloso fue definido por Alejo Carpentier en su famoso pr&oacute;logo a <em>El reino de este mundo</em>. Ah&iacute;, Carpentier se refiere a la presentaci&oacute;n literaria de ese entorno que encuentra en Hait&iacute;, &ldquo;ancestral, supersticioso y colorista&rdquo; (Cervera, s.f., p&aacute;rr. 46).</p>
<p>Esto se me hizo particularmente evidente durante mi permanencia en Hait&iacute;, al hallarme en contacto cotidiano con algo que podr&iacute;amos llamar lo real maravilloso. [...] A cada paso hallaba lo real maravilloso. Pero pensaba, adem&aacute;s, que esa presencia y vigencia de lo real maravilloso no era privilegio &uacute;nico de Hait&iacute;, sino patrimonio de la Am&eacute;rica entera (Carpentier, 1933, p. 6).</p>
<p>Seg&uacute;n Nomo (2016), ambos conceptos son id&eacute;nticos en sus manifestaciones, pero por el contrario Kofman (2015) expresa que el propio Carpentier los separaba, &ldquo;concibiendo este &uacute;ltimo (realismo m&aacute;gico) como una invenci&oacute;n europea&rdquo; (p. 11). Aparicio (2020), haciendo referencia a antecedentes que colocan el concepto del realismo m&aacute;gico como descubierto en el siglo XVI por los cronistas de indias (ver ep&iacute;grafe 3.1.3), refiere que Carpentier identific&oacute; ese concepto con lo real maravilloso. Otra noci&oacute;n importante a tener en cuenta para establecer las diferencias y similitudes en estos conceptos lo obtenemos con Gonz&aacute;lez M. (1990), que puntualiza que en literatura no debe preguntarse si algo es verdadero o falso, si es verdad o mentira, y que debemos acudir &ldquo;a lo fant&aacute;stico y a lo maravilloso como formas particulares de expresi&oacute;n&rdquo; (p. 438). Tambi&eacute;n entiende lo fant&aacute;stico como la duda ante los hechos para decir si son o no reales. Y por eso, &ldquo;lo maravilloso es interpretado como algo distinto de lo fant&aacute;stico&rdquo; (p. 441). Se introduce en lo sobrenatural para expresar que, si es aceptado sin explicaci&oacute;n, estaremos dentro de lo &ldquo;maravilloso&rdquo;. Y ser&aacute; &ldquo;fant&aacute;stico&rdquo; si debe ser explicado por leyes naturales. Resulta muy interesante su enumeraci&oacute;n de las caracter&iacute;sticas que debe tener un relato para calificarlo como fant&aacute;stico: que integre a quien lo lea en el mundo de cada personaje, sobre todo del narrador en primera persona de sus propias vivencias; que quien lo lea perciba con ambig&uuml;edad los hechos que se relatan; que produzca un rechazo evidente a las interpretaciones no realistas de la historia.</p>
<p>De la Puente (1991) concluye que</p>
<p>En general, se aceptan como pertenecientes a la literatura fant&aacute;stica a aquellas obras que contengan alg&uacute;n elemento maravilloso, grotesco, altamente po&eacute;tico, superrealista, on&iacute;rico, aleg&oacute;rico, sobrenatural, concerniente al ocultismo o la magia o relativo a las facultades del hombre a las cuales dedica su atenci&oacute;n la parapsicolog&iacute;a. (p. 10)</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3>La ciencia-ficci&oacute;n</h3>
<p>El g&eacute;nero de la ciencia-ficci&oacute;n tambi&eacute;n se ha comparado con el realismo m&aacute;gico y se han intentado encontrar similitudes.&nbsp; Rodr&iacute;guez (2006, pp. 41-42) cita a Suvin y Scholes, ambos coincidentes en asignar a la ciencia-ficci&oacute;n la especulaci&oacute;n con el futuro, asignando probabilidades de que puedan ocurrir distintos hechos o fen&oacute;menos. Se tratar&iacute;a de emitir una hip&oacute;tesis literaria que se desarrolla como realidad total. La ciencia ficci&oacute;n trata la fantas&iacute;a y el mito. Rodr&iacute;guez concluye que &ldquo;no hay similitudes entre la ciencia-ficci&oacute;n y el realismo m&aacute;gico&rdquo; (p. 5). Entendemos que la &uacute;nica coincidencia es aplicar elementos de fantas&iacute;a, de lo ins&oacute;lito, pero, una vez aplicados, su tratamiento narrativo toma senderos divergentes, ya que el realismo m&aacute;gico mantiene la acci&oacute;n dentro de los mismos par&aacute;metros, y la ciencia-ficci&oacute;n fabula con esos elementos para literaturizar un futuro posible.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2><strong>Elementos </strong><strong>clave</strong><strong></strong></h2>
<p>Gonz&aacute;lez B. (2017) propone una definici&oacute;n del &lsquo;realismo m&aacute;gico&rsquo; partiendo desde &lsquo;lo ins&oacute;lito&rsquo;, ya que este elemento ser&aacute; lo que permita la revisi&oacute;n de c&oacute;mo la expresi&oacute;n &lsquo;realismo m&aacute;gico&rsquo; se ha utilizado con abuso desde su aparici&oacute;n con Franz Roh. Esta es su definici&oacute;n: &ldquo;la presencia de lo sobrenatural en un relato tipificado como realista, sin que este hecho provoque una reacci&oacute;n de extra&ntilde;eza en los personajes&rdquo; (p. 122). Resultar&iacute;a as&iacute; imprescindible la falta de asombro de los personajes, que mantienen la acci&oacute;n sin sorpresa ni cambio relevante en sus comportamientos, incluso despu&eacute;s de haberse visto involucrados en esos hechos sobrenaturales, que sobrepasan &ldquo;el sentido com&uacute;n que rige la relaci&oacute;n del lector con la realidad&rdquo; (p. 122).</p>
<p>Seg&uacute;n Santos Sanz Villanueva, citado por Jos&eacute; Mar&iacute;a Alfaro (1975, min. 6:45), las caracter&iacute;sticas del realismo m&aacute;gico ser&iacute;an la combinaci&oacute;n de realidad y fantas&iacute;a, la deformaci&oacute;n del tiempo y el espacio y, finalmente, la existencia de una t&eacute;cnica para lograr la versosimilitud. Nomo (2016) tambi&eacute;n coincide con Gonz&aacute;lez B., al expresar que el realismo m&aacute;gico contiene &ldquo;elementos m&aacute;gicos/fant&aacute;sticos, percibidos por los personajes como parte de la normalidad&rdquo; (p. 109) y que, adem&aacute;s de no ser explicados, son recibidos quiz&aacute; por la intuici&oacute;n, y por ello no necesitan ser razonados. Otro elemento existente es precisamente lo sensorial: esa &lsquo;realidad&rsquo; se observa por cualquiera, o por varios, de los sentidos, antes que por la mente como depositaria de la raz&oacute;n. Por otro lado, la acci&oacute;n se suele colocar en ambientes de carencia o, incluso, de exclusi&oacute;n social, quiz&aacute; favoreciendo que en ese &aacute;mbito pueda ser m&aacute;s cre&iacute;ble el convencimiento de la irrealidad, valga la paradoja. Y finalmente, los acontecimientos sin posible explicaci&oacute;n tienen poca probabilidad de que se produzcan, salvo en ese entorno que se crea en el relato.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2><strong>La magia en las novelas precursoras</strong><strong></strong></h2>
<p>Si Arturo Uslar Pietri fue el primer autor en usar el t&eacute;rmino realismo m&aacute;gico para una aplicaci&oacute;n literaria, y Alejo Carpentier lo configur&oacute; en el citado pr&oacute;logo a <em>El reino de este mundo</em>, fue Miguel &Aacute;ngel Asturias quien tambi&eacute;n consider&oacute; la cr&iacute;tica como uno de los precursores, si no el precursor (Mart&iacute;nez, 2014, p&aacute;rr. 2)) del movimiento literario.</p>
<p>Al igual que se considera m&iacute;tico el encuentro de Shelley, Byron y Polidori para el nacimiento de Frankenstein, en el Par&iacute;s de 1931 convivi&oacute; otro tr&iacute;o que dejar&iacute;a un poso permanente en la literatura universal: Asturias, Uslar Pietri y Carpentier que, entre las vanguardias nacientes en ese per&iacute;odo entreguerras, dieron el nacimiento de lo que qued&oacute; finalmente denominado como &lsquo;realismo m&aacute;gico&rsquo;. Relata Milliani (1987) que los tres escritores compartieron colaboraciones en revistas literarias editadas en Par&iacute;s como Im&aacute;n (p&aacute;rr. 23) y v&aacute;lvula (sic) (p&aacute;rr. 6), e incluso debatieron sobre sus novelas escritas o en proceso, para as&iacute; surgir diferentes elementos comunes en las obras de los tres, de los que, para este estudio, nos interesan los que pueden considerarse dentro del realismo m&aacute;gico. Hay que observar que esa detecci&oacute;n siempre estar&aacute; condicionada por lo que despu&eacute;s se identific&oacute; como caracter&iacute;stico y definitorio de ese movimiento, estilo o t&eacute;cnica y que no fue por los autores as&iacute; considerado en el momento de su creaci&oacute;n.</p>
<p>Al objeto de este estudio, cobran relevancia las novelas que se han considerado pioneras del movimento. La cr&iacute;tica nombra generalmente tres ya citadas: <em>Las lanzas coloradas</em>, de Arturo Uslar Pietri, publicada en 1931, <em>&iexcl;&Eacute;cue-Yamba-&Oacute;!</em>, de Alejo Carpentier, publicada en 1933, aunque escrita varios a&ntilde;os antes, y <em>Leyendas de Guatemala</em>, de Miguel &Aacute;ngel Asturias, publicada en 1930.&nbsp; Otras obras de estos autores con elementos similares a las anteriores son: <em>El se&ntilde;or presidente</em> (1946) y <em>Hombres de ma&iacute;z</em> (1949), de Asturias y <em>El reino de este mundo</em> (1946), de Carpentier. Existe constancia de un anticipo de <em>Hombres de ma&iacute;z</em> en la revista Im&aacute;n, publicada en Par&iacute;s, en 1931<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20JOS%C3%89%20ANTONIO%20PRADES%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20FEBRERO%202025.doc#_ftn1">[1]</a>.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<h3><strong>&ldquo;Las lanzas coloradas&rdquo;, de Arturo Uslar Pietri</strong><strong></strong></h3>
<p><em>Las lanzas coloradas</em> es una novela ambientada en las guerras de independencia hispanoamericana, con una est&eacute;tica salvaje y que, seg&uacute;n indica Endara (2021), &ldquo;propone una realidad hist&oacute;rica ambigua y confusa [&hellip;] La obra [&hellip;] rompe los moldes de la novela hist&oacute;rica&rdquo; (p&aacute;rr. 1):</p>
<p>la perspectiva de Uslar Pietri es visualizar la dimensi&oacute;n temporal que tiene la literatura, mediante la acci&oacute;n del pasado en el presente y la transformaci&oacute;n continua del presente a trav&eacute;s de los personajes y sus relaciones en un tiempo/espacio que, como el nuestro, est&aacute; en cambio continuo, siendo, dejando o impidiendo ser en todo momento [...] Leer a Uslar Pietri es comprobar que la magia real es la literatura. (p&aacute;rr. 1)</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<h3>&ldquo;&iexcl;Ecu&eacute;-Yamba-O!&rdquo;, de Alejo Carpentier</h3>
<p><em>&iexcl;&Eacute;cue-Yamba-O!</em> narra la vida de Menegildo Cue, negro cubano, en el principio del siglo pasado. Carpentier la escribi&oacute; estando encarcelado por motivos pol&iacute;ticos. La expresi&oacute;n significa &ldquo;Dios, loado seas&rdquo; (Otero, 2020, p&aacute;rr. 1). Esta novela fue repudiada despu&eacute;s por el autor, al considerar &ldquo;que no posee las conquistas narrativas de su obra posterior&rdquo; (Blanco y Rodr&iacute;guez, 2010, p&aacute;rr. 1). Puede considerarse una novela de corte social que denuncia las condiciones de los trabajadores negros en las explotaciones de az&uacute;car, pero a trav&eacute;s de su protagonista presenta una concepci&oacute;n m&aacute;gico-religiosa del mundo, uniendo conceptos cristianos con afrocubanos, como la santer&iacute;a (Miampika, 1997):</p>
<p>Los mitos recreados son los que m&aacute;s se relacionan con la concepci&oacute;n del mundo de los creyentes, para quienes no existe ning&uacute;n aspecto o hecho de la vida que no est&eacute; vinculado con los principios de una de las religiones afrocubanas m&aacute;s importantes, la santer&iacute;a. Los personajes de la novela, la familia Cu&eacute; en particular, son cristianos, pero no dejan de creer en sus dioses yorubas. Las creencias m&aacute;gico-religiosas organizan, determinan y explican, para ellos, todas las vicisitudes de su existencia. (p. 4)</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3 align="left">&ldquo;El se&ntilde;or presidente&rdquo;, &ldquo;Leyendas de Guatemala&rdquo; y &ldquo;Hombres de ma&iacute;z&rdquo;, de Miguel &Aacute;ngel Asturias</h3>
<p>Seg&uacute;n hemos indicado, Miguel &Aacute;ngel Asturias presenta tres novelas entre 1930 y 1949, con elementos que pueden incluirse dentro del realismo m&aacute;gico: <em>Leyendas de Guatemala</em> (1930), <em>El se&ntilde;or presidente</em> (1946) y <em>Hombres de ma&iacute;z</em> (1949). Seg&uacute;n Mart&iacute;nez, (2014) ser&iacute;a esta &uacute;ltima &ldquo;la primera novela hispanoamericana del realismo m&aacute;gico&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20JOS%C3%89%20ANTONIO%20PRADES%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20FEBRERO%202025.doc#_ftn2">[2]</a>, si bien &ldquo;<em>Leyendas de Guatemala</em> puede considerarse como precursora de ese movimiento literario&rdquo;. Seg&uacute;n Giuseppe Bellini (2008), aparece Asturias en esta novela como un &ldquo;creador m&aacute;gico de evanescencias&rdquo; (cap. I, p&aacute;rr. 20). Es para &eacute;l &ldquo;el sue&ntilde;o una necesidad imprescindible de la vida&rdquo; (cap. I, p&aacute;rr. 25).</p>
<p>Los elementos espirituales y religiosos importados por la civilizaci&oacute;n hisp&aacute;nica y [&hellip;] la presencia constante del demonio penetra las expresiones de la &eacute;poca colonial. Sustratos de creencias ind&iacute;genas afloran en las verdades de la nueva religi&oacute;n en una amalgama que se perpet&uacute;a en el tiempo bajo la forma de mito renovado. (cap. I, p&aacute;rr. 28)</p>
<p>Y en <em>El se&ntilde;or presidente</em>, el escritor guatemalteco presenta, seg&uacute;n Millares (2021), una nueva &ldquo;versi&oacute;n del infierno, un quevedesco mundo invertido dominado por las fuerzas del mal&rdquo; (p&aacute;rr. 8):</p>
<p>El viento y la luna son presencias muy significativas [&hellip;] en una novela arquet&iacute;pica que desde el ritmo encantatorio de la palabra participa en la inauguraci&oacute;n del realismo m&aacute;gico al tiempo que trasciende las coordenadas de su momento concreto para alcanzar un sentido universal. (p&aacute;rr. 10)</p>
<p>Son tambi&eacute;n relevantes como elementos del realismo m&aacute;gico el llamado &lsquo;tiempo eterno&rsquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20JOS%C3%89%20ANTONIO%20PRADES%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20FEBRERO%202025.doc#_ftn3"><sup><sup>[3]</sup></sup></a> (Navas-Ruiz, 2021) y el uso de un narrador inmerso en la propia historia que cuenta como suya, pero que no aparece en ning&uacute;n hecho (Millares, 2021).</p>
<p>Milliani indica que con estas tres novelas: <em>&iexcl;Ecu&eacute;-Yamba-&Oacute;!</em>,&nbsp;<em>Las lanzas coloradas</em>&nbsp;y&nbsp;<em>El Se&ntilde;or Presidente</em> se transforma de forma sorprendente la narrativa hispanoamericana. &ldquo;En las tres se hallan delineados los rasgos que posteriormente se dar&iacute;an en llamar realismo m&aacute;gico&rdquo; (Milliani, 1987, p&aacute;rr. 21).</p>
<h1><strong>&nbsp;</strong></h1>
<h1><strong>Colof&oacute;n</strong></h1>
<p>El impacto del realismo m&aacute;gico fue relevante a partir de la incursi&oacute;n en el panorama narrativo mundial de las obras de Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez, finales de los a&ntilde;os 60, especialmente tras la publicaci&oacute;n de <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em>. Pero el origen de sus elementos, as&iacute; como la propia expresi&oacute;n del concepto es muy anterior. La aplicaci&oacute;n de la expresi&oacute;n &lsquo;realismo m&aacute;gico&rsquo; cobr&oacute; inusitado despliegue y numerosos estudiosos, cr&iacute;ticos y escritores comenzaron a utilizarla, muchas de las veces sin profundizar en sus or&iacute;genes o intenciones, atendiendo a una significaci&oacute;n superficial, basada en la sonoridad o el brillo. Todo movimiento literario presenta derivaciones, con similitudes y diferencias, que provocan consideraciones dispares. El caso del &lsquo;realismo m&aacute;gico&rsquo; no escapa a esta afirmaci&oacute;n. Y dada su consolidaci&oacute;n y, por lo tanto, el aumento y profundizaci&oacute;n en su estudio, la documentaci&oacute;n m&aacute;s extensa revisada en este trabajo contiene investigaciones y explicaciones bastante alejadas en el tiempo del momento de creaci&oacute;n de esas novelas consideradas precursoras y publicadas en los a&ntilde;os 30.&nbsp;</p>
<p>Puede afirmarse que, con la investigaci&oacute;n realizada, se aprecia una visi&oacute;n de moda en la aplicaci&oacute;n del concepto, ya que se extiende m&aacute;s all&aacute; del hecho literario para identificar determinadas actuaciones o contenidos dentro de acciones publicitarias o comerciales por lo atractivo del t&eacute;rmino. Despu&eacute;s del impacto posterior a los a&ntilde;os 60, el &lsquo;realismo m&aacute;gico&rsquo; se ha convertido en una acumulaci&oacute;n de herramientas que confieren una t&eacute;cnica narrativa, en una evoluci&oacute;n del concepto que lo rebaja de categor&iacute;a filol&oacute;gica, pero lo ampl&iacute;a en posibilidades de aplicaci&oacute;n; de aceptar esta mutaci&oacute;n, pasar&iacute;a de considerarse como el movimiento literario que fue en sus inicios para convertirse en una t&eacute;cnica literaria consistente en una bater&iacute;a de recursos e instrumentos que dotan de caracter&iacute;sticas identitarias a las obras en las que se se apliquen, tal como la cr&iacute;tica implica en autores ya muy posteriores y de gran repercusi&oacute;n, como Haruki Murakami, Mariana Enr&iacute;quez o Salman Rusdhie. Pero, no obstante, puede colegirse que gran parte de los elementos que contiene se tomaron de antecedentes en la literatura que nos llevan hasta los inicios de la lengua castellana (<em>Libro de Alexandre</em> y <em>Libro de Apolonio</em>), pasando por los libros de caballer&iacute;as, el Quijote, las f&aacute;bulas (de Iriarte y Samaniego) y los cuentos infantiles, es decir, en un amplio abanico de tiempo que supera con creces la osad&iacute;a de comentar que nacieron en la d&eacute;cada de los a&ntilde;os 30 del siglo pasado, o de los 60 incluso, con ese mundo tan propio que Garc&iacute;a M&aacute;rquez cre&oacute;.</p>
<p>Incluso se puede concluir el inter&eacute;s de la sugerencia de que los emigrantes gallegos quiz&aacute; llevaran sus historias hasta el continente americano para azuzar as&iacute; la creatividad con la idiosincrasia m&aacute;gica que les caracteriza. O tambi&eacute;n ese punto de fantas&iacute;a que supuso el impulso de las acciones de conquista en la colonizaci&oacute;n americana, buscando tesoros u otros poderes m&aacute;s all&aacute; de los metales preciosos, con la inspiraci&oacute;n de la fantas&iacute;a medieval que rodea los libros de caballer&iacute;as y sus mundos fant&aacute;sticos. De hecho, tal y como se desprende de esta investigaci&oacute;n, dichos antecedentes son detectables en las obras nombradas incipientes en la aplicaci&oacute;n del realismo m&aacute;gico.</p>
<p>Definir y concretar un movimiento literario probablemente necesite una mayor perspectiva que la obtenida en estos noventa a&ntilde;os transcurridos desde la &eacute;poca que presentan las novelas y los autores mencionados. Es necesario un poso mayor y un asentamiento de los estudios y de los an&aacute;lisis para llegar a observar los hechos literarios desde una mayor altura y obtener as&iacute; una visi&oacute;n m&aacute;s objetiva y totalizadora. Adem&aacute;s, teniendo en cuenta que esos noventa a&ntilde;os se reducen en m&aacute;s de treinta si consideramos el impacto del Boom a partir de la d&eacute;cada de los 60, como primera atenci&oacute;n masiva al &lsquo;realismo m&aacute;gico&rsquo;.</p>
<p>Los nuevos tiempos, la explosi&oacute;n de las tecnolog&iacute;as, la futilidad de las creaciones, el apasionamiento por la medici&oacute;n del &eacute;xito por valores econ&oacute;micos, llevan a la sociedad a admitir como mejor valor no el que m&aacute;s peso conceptual, intelectual o de pensamiento aporta, sino aquello que los medios de comunicaci&oacute;n divulgan por el mero hecho de conseguir atenci&oacute;n mayoritaria por el brillo y no por el contenido. La motivaci&oacute;n es conseguir mayor n&uacute;mero de espectadores/lectores que, directa o indirectamente por la publicidad, suponen mayor cantidad de ingresos econ&oacute;micos. La expresi&oacute;n &lsquo;realismo m&aacute;gico&rsquo; posee un brillo maravilloso (como su origen) y es m&aacute;s que probable que ese brillo deslumbre y ciegue el contenido de m&aacute;s densidad y profundidad literaria, e incluso social, hist&oacute;rica o filos&oacute;fica.</p>
<p>Ese paso del tiempo, junto a la aproximaci&oacute;n m&aacute;s objetiva a las obras que dieron a los estudiosos esa visi&oacute;n conjunta para incluirlas en un mismo movimiento, es lo que proporcionar&aacute; el sedimento necesario para conseguir un resultado m&aacute;s ajustado a la realidad de las intenciones primigenias y no a las modas imperantes. Podemos alegrarnos de que esta expresi&oacute;n tan llamativa colabor&oacute; en la divulgaci&oacute;n de la creatividad y de la idiosincrasia de los autores del Boom latinoamericano que a&uacute;n sigue influyendo tan grandemente en sus seguidores.&nbsp;</p>
<p>Es aqu&iacute; interesante referenciar el previsto movimiento de tendencia opuesta que toda &eacute;poca presenta sobre el anterior y que, sobre el que nos ocupa se ha producido, a expensas de una mayor perspectiva en ida y vuelta, llamando ida a la corriente McOndo, que rechaz&oacute; al &lsquo;realismo m&aacute;gico&rsquo; por estereotipado, y llamando vuelta a una nueva generaci&oacute;n de escritoras espa&ntilde;olas, nacidas entre 1970 y 1990 que elevan su mirada a aquellos cielos m&aacute;gico/fant&aacute;stico/maravillosos y son premiadas por sus creaciones (Isabel del R&iacute;o, Noela Lonxe, Bel&eacute;n Mart&iacute;nez, Patricia Esteban Erl&eacute;s, M&oacute;nica L&oacute;pez del Consuelo, Eva Gavil&aacute;n, entre otras).</p>
<p>Convengamos, entonces, que quedan v&iacute;as de exploraci&oacute;n para profundizar en los contenidos, e impactos que, nacidos en aquellos a&ntilde;os 30 del siglo pasado, enriquecieron al mundo art&iacute;stico, intelectual, hist&oacute;rico y filos&oacute;fico. Se trata de aguardar con paciencia y observaci&oacute;n profunda la evoluci&oacute;n de las obras literarias que apliquen esos elementos.&nbsp;</p>
<p class="Ttulo1sinnumerar">&nbsp;</p>
<p>Referencias bibliogr&aacute;ficas</p>
<p>Alfaro, Jos&eacute; Mar&iacute;a. 1975. Di&aacute;logo con &Aacute;lvaro Cunqueiro. <em>Ciclo Literatura Viva, canal March</em> <a href="https://www.march.es/es/madrid/conferencia/literatura-viva-iii-dialogo-con-alvaro-cunqueiro">https://www.march.es/es/madrid/conferencia/literatura-viva-iii-dialogo-con-alvaro-cunqueiro</a></p>
<p align="left">Aparicio, Yannelys (2020). Col&oacute;n en Carpentier y Carpentier en Col&oacute;n: El arpa y la sombra, <em>Hipogrifo 9.1, </em>pp. 1077-1087 <a href="http://dx.doi.org/10.13035/H.2021.09.01.60">http://dx.doi.org/10.13035/H.2021.09.01.60</a>&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Asturias, Miguel A., 1931, En la tiniebla del ca&ntilde;averal, <em>Revista Im&aacute;n</em>, pp. 116-122</p>
<p><a href="https://hemerotecadigital.bne.es/hd/eu/pdf?id=05740cc7-6ba1-484c-8c45-38ade51a632b&amp;attachment=Im%C3%A1n+%28Paris%29.+4%2F1931%2C+zk.+1.pdf">https://hemerotecadigital.bne.es/hd/eu/pdf?id=05740cc7-6ba1-484c-8c45-38ade51a632b&amp;attachment=Im%C3%A1n+%28Paris%29.+4%2F1931%2C+zk.+1.pdf</a></p>
<p>Bellini, Giuseppe (2008). Mundo m&aacute;gico y mundo real: la narrativa de Miguel &Aacute;ngel Asturias Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes</p>
<p><a href="https://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmcqv414">https://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmcqv414</a></p>
<p>Blanco Serrano Esther y Rodr&iacute;guez Aguilar, Mario Eugenio (2010). Una nueva visi&oacute;n de la novela prima de Alejo Carpentier: estudio del espacio literario. <em>Revista electr&oacute;nica de Filolog&iacute;a</em>, n&uacute;mero 19, julio 2010</p>
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<p>De la Puente Samaniego, Pilar (1991). La novela fant&aacute;stica espa&ntilde;ola (1940-70). <em>Revista de Pedagog&iacute;a de la Universidad de Salamanca, nro.4</em>, pp. 9-14</p>
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<p><a href="https://www.eluniverso.com/entretenimiento/libros/recomendacion-literaria-las-lanzas-coloradas-de-arturo-uslar-pietri-un-canto-que-denuncia-el-absurdo-de-la-guerra-nota/">https://www.eluniverso.com/entretenimiento/libros/recomendacion-literaria-las-lanzas-coloradas-de-arturo-uslar-pietri-un-canto-que-denuncia-el-absurdo-de-la-guerra-nota/</a> (consultado 03/06/2024)</p>
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<p>Gonz&aacute;lez Maestro, Jes&uacute;s (1990). Lo fant&aacute;stico y lo maravilloso en la cueva de Montesinos, <em>Actas del III Coloquio Internacional de la Asociaci&oacute;n de Cervantistas, </em>Alcal&aacute; y Barcelona: Antrophos (1994) "Cervantes y Avellaneda. Creaci&oacute;n y transducci&oacute;n del sentido en la elaboraci&oacute;n del Quijote", <em>Cervantes. Estudios en la v&iacute;spera de su centenario</em>, I, Kassel: Reichenberger, pp. 309-341.</p>
<p>Kofman, Andrey (2015) Las fuentes del realismo m&aacute;gico en la literatura latinoamericana, <em>Revista La Colmena 85</em>, pp. 9-17</p>
<p>Lara, Emilio (2021). El realismo m&aacute;gico habita entre nosotros. <em>Revista digital Zenda</em>, <a href="https://www.zendalibros.com/el-realismo-magico-habita-entre-nosotros/">https://www.zendalibros.com/el-realismo-magico-habita-entre-nosotros/</a></p>
<p>(consultado 20/04/2024)</p>
<p>Mart&iacute;nez, Francisco (2014) Miguel &Aacute;ngel Asturias, precursor del realismo m&aacute;gico.&nbsp; <em>Revista digital Prensa libre</em>. 19/10/2014</p>
<p><a href="https://www.prensalibre.com/revista-d/miguel-angel-asturias-premio-nobel-guatemala-0-1229877261/">https://www.prensalibre.com/revista-d/miguel-angel-asturias-premio-nobel-guatemala-0-1229877261/</a> (consultado 03/06/2024)</p>
<p>Merino, Jos&eacute; Mar&iacute;a (2009). Reflexiones sobre la literatura fant&aacute;stica en Espa&ntilde;a, <em>Ensayos sobre ciencia ficci&oacute;n y literatura fant&aacute;stica: actas del Primer Congreso Internacional de literatura fant&aacute;stica y ciencia ficci&oacute;n (1, 2008, Madrid)</em>. Teresa L&oacute;pez Pellisa y Fernando &Aacute;ngel Moreno Serrano (eds.). Madrid: Asociaci&oacute;n Cultural Xatafi: Universidad Carlos III de Madrid, p. 55-64</p>
<p>Miampika, Landry-Wilfrid (1997). Ficci&oacute;n y mitos de origen africano en Ecue-Yamba-O! y El reino de este mundo. <em>EHSA</em>, nro.15, julio/diciembre 1997, pp. 309-328</p>
<p>Millares, Selena (2021). Los sue&ntilde;os de la raz&oacute;n: El Se&ntilde;or Presidente, mito y par&aacute;bola del poder absoluto. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes</p>
<p><a href="https://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmc1053124">https://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmc1053124</a></p>
<p>Milliani, Domingo (1987) Biograf&iacute;a de Arturo Uslar Pietri. Biblioteca virtual M. de Cervantes</p>
<p><a href="https://www.cervantesvirtual.com/portales/arturo_uslar_pietri/autor_biografia/">https://www.cervantesvirtual.com/portales/arturo_uslar_pietri/autor_biografia/</a></p>
<p>Molina, Luis (2022) Similitud entre lo real maravilloso y el realismo m&aacute;gico.&nbsp; <em>Entrevista a Arturo Uslar Pietri</em>. YouTube. <a href="https://www.youtube.com/watch?v=0Zliv04AOzY">https://www.youtube.com/watch?v=0Zliv04AOzY</a>&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Moure, Edmundo (2012). Valle Incl&aacute;n y el realismo m&aacute;gico.</p>
<p><a href="https://edmundomoure.cl/realismomagico.pdf">https://edmundomoure.cl/realismomagico.pdf</a></p>
<p align="left">M&uuml;ller-L&oacute;pez, Mar&iacute;a &Aacute;ngeles (2004). Parodia de la literatura taumat&uacute;rgica en &Aacute;lvaro Cunqueiro con Merl&iacute;n y familia, Las cr&oacute;nicas del sochantre y Vida y fugas de Fanto Fantini como paradigmas. <em>Disertaci&oacute;n en la Facultad de Filosof&iacute;a e Historia de la Universidad de Berna. </em><a href="https://biblio.unibe.ch/download/eldiss/04mueller_m.pdf">https://biblio.unibe.ch/download/eldiss/04mueller_m.pdf</a>&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Navas-Ruiz, Ricardo (2021). Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes</p>
<p><a href="https://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmc1078636">https://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmc1078636</a></p>
<p>Nomo Ngamba, Monique (2016). El Realismo M&aacute;gico y lo Real Maravilloso: dos visiones de la literatura postcolonial. <em>Intercambio/&Eacute;change I</em>, pp. 106-126</p>
<p><a href="https://doi.org/10.21001/ie.2016.1.09">https://doi.org/10.21001/ie.2016.1.09</a></p>
<p><a href="https://www.cronicasdelaemigracion.com/opinion/isaac-otero/ecue-yamba-0-magia-novela-alejo-carpentier/20200413120423099044.html">https://www.cronicasdelaemigracion.com/opinion/isaac-otero/ecue-yamba-0-magia-novela-alejo-carpentier/20200413120423099044.html</a> (consultado 03/06/2024)</p>
<p>Pialorsi, Massimilla (2014). Ra&iacute;ces culturales del &ldquo;Realismo M&aacute;gico&rdquo; de &Aacute;lvaro Cunqueiro. <em>Revista electr&oacute;nica de estudios hisp&aacute;nicos, nro. 15</em>, pp. 5-16</p>
<p>Rodr&iacute;guez, Lidia (2006). Consideraciones te&oacute;ricas: el realismo m&aacute;gico y la ciencia ficci&oacute;n, <em>Hybrido, arte y literatura, a&ntilde;o 8, n&ordm; 8</em>, pp. 39-43</p>
<p><a href="https://doi.org/10.14201/1616202212251273">https://doi.org/10.14201/1616202212251273</a>&nbsp;</p>
<p>Segura, Gast&oacute;n (2016). El se&ntilde;or presidente, de Miguel &Aacute;ngel Asturias, cumple setenta a&ntilde;os, <em>Fronterad, Revista digital</em></p>
<p><a href="https://www.fronterad.com/el-senor-presidente-de-miguel-angel-asturias-cumple-setenta-anos/">https://www.fronterad.com/el-senor-presidente-de-miguel-angel-asturias-cumple-setenta-anos/</a></p>
<p>Todorov, Tzvetan (1980). Introducci&oacute;n a la literatura fant&aacute;stica. Premia Editores<em></em></p>
<p>Volek, Emil (1991). Hacia un concepto cultura postmoderno del realismo m&aacute;gico en la narrativa hispanoamericana actual, <em>Publications of the society of Spanisk and Spanish- American Studies, Anejo Anales de la literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea</em>, pp.235-243</p>
<p>Volkova, Ekaterina (2018). Lo que el viento trajo: el realismo m&aacute;gico en Galicia. Madrygal. <em>Revista de Estudios Gallegos, nro. 21</em>, pp. 273-287</p>
<p><a href="http://dx.doi.org/10.5209/MADR.62604">http://dx.doi.org/10.5209/MADR.62604</a></p>
<p class="Ttulo1sinnumerar">&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20JOS%C3%89%20ANTONIO%20PRADES%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20FEBRERO%202025.doc#_ftnref1">[1]</a> La revista Im&aacute;n fue editada y financiada por Elvira de Alvear, argentina musa de Borges, instalada en Par&iacute;s en ese a&ntilde;o de 1931, con Alejo Carpentier de secretario de redacci&oacute;n, y aglutin&oacute;, en su &uacute;nico n&uacute;mero publicado, a escritores de varias nacionalidades, entre ellos los tres latinoamericanos citados, y de Miguel &Aacute;ngel Asturias incluye un extracto in&eacute;dito, el cap&iacute;tulo titulado En la tiniebla del ca&ntilde;averal (Asturias, 1931, p. 116-122). de su novela <em>Hombres de ma&iacute;z</em>. Finalmente, ese cap&iacute;tulo se titul&oacute; En las tinieblas de ca&ntilde;averal (Segura, 2016).</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20JOS%C3%89%20ANTONIO%20PRADES%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20FEBRERO%202025.doc#_ftnref2">[2]</a> Ver nota al pie 1, donde se informa del anticipo de esta novela en 1931 en dos revistas.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20JOS%C3%89%20ANTONIO%20PRADES%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20FEBRERO%202025.doc#_ftnref3">[3]</a> Seg&uacute;n explica Navas-Ruiz (2021), este concepto se crea por Asturias con el objetivo de generar una sensaci&oacute;n de difusi&oacute;n del tiempo en la narraci&oacute;n para expresar indefinici&oacute;n de fechas y lapsos que introduzcan el terror de la dictadura, con la impresi&oacute;n de que nunca va a terminar.</p>
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      <pubDate>Fri, 07 Feb 2025 08:18:29 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Política y ciencia cien años después de Max Weber]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/politica-y-ciencia-cien-anos-despues-de-max-weber/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/GOIO_BORGE_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Durante los a&ntilde;os de duraci&oacute;n de la pandemia del coronavirus, los habitantes del planeta tuvimos el raro &ldquo;privilegio&rdquo; de ver y comprobar y necesitar la influencia de la ciencia en nuestras vidas en tiempo real y en un primer plano absoluto. Hasta entonces no estaba oculta, pero probablemente d&aacute;bamos por amortizados grandes avances cient&iacute;ficos y su traducci&oacute;n tecnol&oacute;gica sin demasiada consciencia de ello (ciencia y tecnolog&iacute;a son tambi&eacute;n usar un ascensor, graduarse la vista, o enviar un mensaje de WhatsApp).</p>
<p>Exist&iacute;a, y por supuesto a&uacute;n lo hace de manera aguda, la discusi&oacute;n recurrente sobre el fundamento antropog&eacute;nico del cambio clim&aacute;tico, aunque desde la ciencia se considera m&aacute;s batalla cultural que realmente cient&iacute;fica. El cambio clim&aacute;tico, no obstante, se manifiesta en episodios en principio puntuales, cuya violencia y destrucci&oacute;n van en aumento progresivo, pero cuya continuidad es menos presente y global que la que mostr&oacute; la experiencia de la pandemia. No as&iacute; sus consecuencias, cuya persistencia muestra la reciente y terror&iacute;fica DANA de Valencia. En cualquier caso, los doscientos a&ntilde;os de avances cient&iacute;ficos prodigiosos que lleva la historia reciente de la humanidad, y nuestra poca memoria para recordar errores, han otorgado un aura religiosa por parte de la sociedad a la ciencia, suponi&eacute;ndole una infalibilidad que ni tiene ni debe tener, pues ser&iacute;a su final y perder&iacute;a su eficacia al negar su naturaleza dubitativa verdadera. Pero, desgraciadamente, invocar a la ciencia como dogma es frecuente, para hablar de clima, de salud, de sexo/g&eacute;nero, u otros temas.</p>
<p><em>La mala ciencia</em> es el t&iacute;tulo de un libro escrito por el m&eacute;dico Ben Goldacre en 2008 dedicado al uso espurio de los t&eacute;rminos y pr&aacute;cticas cient&iacute;ficas. El libro lamenta el escaso conocimiento del m&eacute;todo cient&iacute;fico por parte de la sociedad y subraya que esta ignorancia tiene consecuencias concretas en decisiones que afectan a la vida de las personas. Goldacre estudia los grandes negocios relacionados con la salud, alrededor de la cual se publican a&uacute;n hoy la mayor&iacute;a de art&iacute;culos cient&iacute;ficos de alcance general. Habla y desacredita con ejemplos bibliogr&aacute;ficos abundantes los resultados de los productos que la homeopat&iacute;a y el nutricionismo hacen llegar al p&uacute;blico. Tambi&eacute;n denuncia la incultura cient&iacute;fica pretenciosa e interesada de muchos medios de comunicaci&oacute;n, cuyo lenguaje de comunicaci&oacute;n no es el de la ciencia. Pero, adem&aacute;s, partiendo de la perversi&oacute;n del m&eacute;todo cient&iacute;fico que hacen estas pseudociencias para un lector lego pero abrumado por los medios, presenta tambi&eacute;n los intereses y errores de la pr&aacute;ctica de la medicina y la farmac&eacute;utica oficiales, a las que Goldacre reprocha que demasiado a menudo se apartan tambi&eacute;n del rigor del m&eacute;todo cient&iacute;fico en favor de valores econ&oacute;micos. En algunos casos su juicio es feroz, lo que puede ser poco eficaz, puesto que linda con la arrogancia de la que las personas desconfiadas de la ciencia acusan a la misma.</p>
<p>La ciencia parece jugar en una absurda inferioridad de condiciones en este debate. Frente a estas acusaciones de arrogancia o absolutismo cient&iacute;fico, la ciencia y su m&eacute;todo por defecto son humildes, porque se basan en la duda sobre la ciencia anterior establecida y en la realizaci&oacute;n de nuevos experimentos que permitan provocar la realidad y comprobar sus respuestas para establecer conclusiones. Frente al elitismo del que se acusa a los cient&iacute;ficos, estos saben -o deber&iacute;an- que todas sus hip&oacute;tesis s&oacute;lo ser&aacute;n aceptables mientras no aparezca quien explique mejor sus resultados, y saben -o deber&iacute;an- que eso le ha pasado a Newton o a Einstein, por lo que no deben hacerse muchas ilusiones, aunque su orgullo humano les venza. Por su lado, parece haber correlaci&oacute;n entre el desarrollo econ&oacute;mico y el cient&iacute;fico, y tambi&eacute;n entre los sistemas cient&iacute;ficos avanzados y las democracias consolidadas, aunque, a juicio del exdirector de la C&aacute;tedra de Cultura Cient&iacute;fica de la Universidad del Pa&iacute;s Vasco, Juan Ignacio P&eacute;rez Iglesias, el reciente desarrollo cient&iacute;fico de China introduce aqu&iacute; una duda. Este autor, en su <em>Los males de la ciencia</em> (coescrito con Joaqu&iacute;n Sevilla) destaca otras deficiencias del modelo de desarrollo actual de las disciplinas cient&iacute;ficas, como las desigualdades de g&eacute;nero y raciales para acceder a los puestos superiores. Pero, por otro lado, tal y como el fil&oacute;sofo Daniel Innerarity ha defendido en varios medios, se ha producido un empoderamiento del ciudadano frente a la ciencia, gracias a una mayor educaci&oacute;n y el enorme acceso actual a la informaci&oacute;n en red. Su planteamiento es que no puede hacerse ya ciencia sin la ciudadan&iacute;a.</p>
<p>Pero, independientemente de esta realidad, relacionada tambi&eacute;n con la transparencia presupuestaria de una actividad generalmente financiada con fondos p&uacute;blicos, las personas de ciencia ya saben que &eacute;sta no tiene nunca un car&aacute;cter divino ontol&oacute;gico definitivo. La pandemia fue un excelente ejemplo: la ciencia logr&oacute; hitos dificil&iacute;simos, siendo el mayor el desarrollo y distribuci&oacute;n de vacunas complejas en tiempo r&eacute;cord. Pero tambi&eacute;n dej&oacute; errores, como la previsi&oacute;n de inmunidad de reba&ntilde;o (que no funcion&oacute; y tuvo consecuencias terribles en algunos pa&iacute;ses en la primera ola), o la insistencia en la persistencia de los f&oacute;mites. No obstante, no son errores debidos a la aplicaci&oacute;n del m&eacute;todo cient&iacute;fico, sino a la falta de definici&oacute;n de las condiciones de contorno de un virus desarrollado a una escala global y veloc&iacute;sima como el SARS-CoV-2. Sin conocimiento del m&eacute;todo cient&iacute;fico, con desprecio judicial por ejemplo hacia los epidemi&oacute;logos, es explicable que el discurso negacionista tuviera p&uacute;blico, y que, enviciando las relaciones entre las ciencias llamadas naturales y las llamadas sociales, se hablara de absolutismo cient&iacute;fico. &iquest;La ciencia absolutista, cual gobierno tir&aacute;nico que oprime al pueblo, en contra de la evidencia hist&oacute;rica arriba mencionada sobre la relaci&oacute;n entre ciencia y democracia? Pienso que no, que nada m&aacute;s alejado de ello que la ciencia, necesitada profundamente del relativismo que permite abandonar teor&iacute;as implantadas por mejores postulados, aquellos que explican una mayor proporci&oacute;n de realidad.</p>
<p>Para muchos cient&iacute;ficos la afirmaci&oacute;n no es sino sard&oacute;nica, considerando los problemas actuales de la pr&aacute;ctica cient&iacute;fica, como la exigencia de productividad publicadora o la precariedad profesional. Pero es tambi&eacute;n corta de miras&hellip; Pongamos un contraejemplo astron&oacute;mico: en su libro <em>Un Universo de la Nada</em>, el f&iacute;sico te&oacute;rico Lawrence M. Krauss comenta que, debido a la expansi&oacute;n del universo, estamos en el &uacute;nico momento de la existencia del mismo en que se puede recoger y registrar la informaci&oacute;n necesaria para &ldquo;ver&rdquo; (o percibir) el universo desde el momento del big bang y poder predecir precisamente su expansi&oacute;n. Si la vida y la especie humana hubieran surgido en la Tierra en otro momento de la existencia del universo, determinada informaci&oacute;n imprescindible para alcanzar estas conclusiones no nos habr&iacute;a llegado. Es decir, es un azar c&oacute;smico lo que permite que sepamos algo a priori tan trascendental como el momento del origen del universo, algo a lo que hemos dado una relevancia m&aacute;xima en nuestra historia. No se trata ya de provocar la realidad con la experimentaci&oacute;n, o de que dispongamos de mejor tecnolog&iacute;a: en otro momento, las se&ntilde;ales que permiten deducir la creaci&oacute;n y duraci&oacute;n del Universo no existir&iacute;an. S&oacute;lo imaginarlo aplasta cualquier arrogancia humana sobre la capacidad de conocimiento absoluto.</p>
<p>Otra cuesti&oacute;n de todos modos supera al desconocimiento de factores puramente t&eacute;cnicos, y se comprobaron en la pandemia y recientemente en la DANA, y en ambos de manera dolorosa: las necesidades de gesti&oacute;n pol&iacute;tica. La pandemia oblig&oacute; a una interacci&oacute;n diaria de la ciencia con la pol&iacute;tica, cuando la suya es en general una relaci&oacute;n m&aacute;s distante. Las necesidades de seguridad del mundo, a&uacute;n m&aacute;s exacerbadas, llevaron a imponer criterios que la ciencia no hab&iacute;a podido demostrar de acuerdo a su m&eacute;todo estructurado y comparativo. En la primera ola algunos fueron evidentes: se opt&oacute; por confinamiento masivo en pa&iacute;ses de contagio severo y escasez de tests de detecci&oacute;n del virus, mientras que all&iacute; donde el n&uacute;mero de tests era mayor las pol&iacute;ticas fueron menos restrictivas. En la etapa final de la pandemia, el mantenimiento de las pol&iacute;ticas de Covid cero del gobierno chino, y su posterior brusca finalizaci&oacute;n a finales de 2022 ante las protestas continuadas, ejemplific&oacute; el ninguneo del poder a las evidencias cient&iacute;ficas, incluso gozando del caso demostrado durante meses en otros pa&iacute;ses. Pero no es necesario irse a China para ejemplos flagrantes de desatenci&oacute;n del criterio cient&iacute;fico por decisiones pol&iacute;ticas err&oacute;neas: el alejamiento del accidentado petrolero Prestige de la costa gallega a finales de 2002, en lugar de acercarlo a un puerto seguro y controlado, es un ejemplo hist&oacute;rico paradigm&aacute;tico. Al episodio de la DANA de Valencia tambi&eacute;n se le ven costuras similares: los avisos realizados desde d&iacute;as antes no fueron atendidos, y, aunque los hechos sucedieron con una velocidad vertiginosa, todo parece indicar que bajo la aparente desidia de las autoridades encargadas de realizar llamamientos de seguridad a la poblaci&oacute;n se escond&iacute;a una indiferencia profunda a las previsiones cient&iacute;ficas, de continuo despreciadas en medios de comunicaci&oacute;n y discursos pol&iacute;ticos que consideran <em>woke</em> las acciones mitigadoras o adaptativas del cambio clim&aacute;tico.</p>
<p>Es inevitable recordar al soci&oacute;logo Max Weber y su cl&aacute;sico <em>El pol&iacute;tico y el cient&iacute;fico</em>, publicado en 1919, donde reconoce que ambas disciplinas son profundamente vocacionales pero que trabajan en ritmos diferentes. Para Weber es m&aacute;s f&aacute;cil definir las virtudes necesarias para ejercer bien la pol&iacute;tica (pasi&oacute;n, responsabilidad, mesura, humildad), pero no menciona esta &uacute;ltima entre los atributos que adornan la vocaci&oacute;n cient&iacute;fica. En la pol&iacute;tica se es persona de acci&oacute;n, que ha de ser con frecuencia inmediata. Esto no combina bien con la ciencia, que requiere estudio, pero la posesi&oacute;n del saber objetivo que proporciona la paciente ciencia es beneficiosa para que la necesitada pol&iacute;tica proponga e imponga la acci&oacute;n m&aacute;s razonable. Sin duda esta idea es a&uacute;n preponderante, pero la radicalizaci&oacute;n pol&iacute;tica la tensiona.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 07 Feb 2025 08:03:11 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La vida es una montaña rusa en la que acabas cayendo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-vida-es-una-montana-rusa-en-la-que-acabas-cayendo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/PALOMA_D_AZ-MAS_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>La escritora espera en la llamada una sola frase: &ldquo;Estamos aqu&iacute;, los dos&rdquo;. Ella quer&iacute;a que su hermana, su querida hermana, verbalizara aquellas cuatro palabras. Un primer cap&iacute;tulo impresionante, doloroso, que captura una muerta blanca y aislada. La escritora Paloma D&iacute;az-Mas recorre los distintos estadios emocionales y f&iacute;sicos para encontrar una manera de narrar la noticia del fallecimiento de su hermano. En un espacio agreste en lo metereol&oacute;gico, la distancia abrumadora, se construye el presente, uno que no termina, uno que busca sea irreal, un sue&ntilde;o de muerte. Gritos: &ldquo;Mi hermano est&aacute; muerto&rdquo;. No dice, mi hermano ha muerto. Busca despertar de la pesadilla, construir un duelo de cuatrocientos kil&oacute;metros, de doscientas p&aacute;ginas, a trav&eacute;s de una ciudad colapsada, de l&iacute;neas de tel&eacute;fono ahogadas, de mascotas ajadas. El hielo y el fr&iacute;o son los sabores que ofrece la muerte. Paloma D&iacute;az-Mas escribe despu&eacute;s de la pandemia, escribe una novela disonante, permanente, tangible. Es la ausencia el &uacute;nico protagonista y, el resto de las voces, simplemente ejercen de coro. La literatura durante el encierro del COVID se paraliz&oacute;. Solo se acumularon amagos de diarios, dietarios imperfectos ante el temor de que, pasada la crisis, el mundo no tendr&iacute;a ni el mismo sentido. Cuando el escritor descubre que las estructuras no han colapsado, que todo sigue igual, recupera lo escrito. Esta novela, de muerte y ausencia, es parte de esa terrible ola que nos inunda, que nos cubrir&aacute; durante un tiempo. Emociona como maneja los paralelismos, el taxi con la amiga, como si moverse bajo la ventisca terrible otorgara una mayor emoci&oacute;n, un cari&ntilde;o especial, como la sencillez de la mujer del servicio de emergencias que acude para ser un referente objetivo en aquel instante infernal. La guardia civil y el cad&aacute;ver, la guardia civil y la mujer que llora. La guardia civil as&eacute;ptica y correcta. Fr&iacute;o y silencio, como la muerte, como la ausencia. Porque la escritora deja claro que del apartamento de su hermano se ha marchado tambi&eacute;n la muerte, ha dejado el ordenador en modo reposo y, sin clave, sin hermano, no hay desbloqueo. Es la lista, el enunciado de la propia benem&eacute;rita, la que nos describe al finado: dos gatos, cat&aacute;logos de arte, un taller de encuadernaci&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>Mascarillas, ni besos ni abrazos. El cari&ntilde;o queda para cuando el hielo se derrita, se marche del interior del esqueleto de sus hermanas, donde el tu&eacute;tano se neg&oacute; a proteger el recuerdo. De fuera llegar&aacute; el hombre de la funeraria, tambi&eacute;n, a las cuatro de la ma&ntilde;ana, prudente y sin rencor. Agn&oacute;stico del dolor, parece sacado de una pel&iacute;cula de ciencia-ficci&oacute;n. La muerte es caoba que se quema y olvida. El hombre desea volver a su casa. Sus hijos son el reflejo del fuego, del calor. Dejar&aacute; a las hermanas, a los amigos, dejar&aacute; tambi&eacute;n, como el muerto, a todos los que quer&iacute;an solos, entre el fr&iacute;o. Y es as&iacute; que se construye el primer acto, el m&aacute;s importante de la novela de Paloma D&iacute;az-Mas, pues en &eacute;l se desarrolla muerte y descubrimiento, espera y velatorio, una muerte que atraer&aacute; otras muertes o el recuerdo de ellas. Tanta tristeza y enfermedad acumulada por la sociedad y, ahora, hoy, en un brote sin aviso, un hermano fallece. Pero ah&iacute; sigue el miedo, en esos meses de ojos lega&ntilde;osos, incapaces de abortar el miedo a la tos y la fiebre, donde se creaban c&iacute;rculos as&eacute;pticos para poder compartir la distancia. Un abrazo de hermanas, locas de dolor, obviando la paranoia de la doble mascarilla. Ella, s&iacute;, la autora, vencer&aacute; el miedo, porque, repito, no hay peor recuerdo que una muestra de cari&ntilde;o perdida en el desag&uuml;e de la prudencia.&nbsp;</p>
<p>Un interludio que parece una f&aacute;bula. Carpinter&iacute;a dorada, un momento de oriente elegante, cer&aacute;mica, Jap&oacute;n, China, el momento de una belleza restaurada que supera la original. Una frase: &ldquo;Con tiempo todo acaba quebr&aacute;ndose / todo se rompe y deteriora. No hay que urgir las fracturas que, de todas formas, llegan&rdquo;. La novela, las fases del duelo, todo avanza: una tercera parte, &lsquo;Fragmentos&rsquo;, en las que se incide en la b&uacute;squeda de la pesadilla como soluci&oacute;n a la realidad terror&iacute;fica. Marcar en el m&oacute;vil el n&uacute;mero de su hermano, un n&uacute;mero fantasmal e in&uacute;til, &iquest;Qui&eacute;n nos apagar&aacute;, qui&eacute;n borrar&aacute; nuestro reguero digital? Seremos electrones golpeando en las esquinas virtuales durante d&eacute;cadas, mucho despu&eacute;s de que la &uacute;ltima persona que nos conoci&oacute; haya fallecido. Pero no borramos el contacto, no lo borra su hermana. Conserva audios, fotos, frases de mensajer&iacute;a instant&aacute;nea. Cotidianas y mon&oacute;tonas, sencillos avisos. Porque s&iacute;, la &uacute;ltima muerte es el olvido. La felicitaci&oacute;n del A&ntilde;o nuevo, los d&iacute;as despu&eacute;s de muerto. La vida que se apaga de una manera brusca y callada, como un interruptor que alguien acciona al entrar o al salir de una habitaci&oacute;n. Una muerte imprecisa. As&iacute; son las de los hermanos. &iquest;De qu&eacute; hab&iacute;an hablado por &uacute;ltima vez? &iquest;Del tiempo? Vivimos a veces tan lejos unos de otros que nuestras vidas vulgares nos abocan al silencio. Solo interrumpimos en la vida de nuestros familiares para comunicar grandes noticias, terribles hechos, enfermedades, dolores, riquezas, comienzos y finales. &iquest;Y el d&iacute;a a d&iacute;a? Todo igual, siempre. En la novela queda clara la dualidad frente a esta sensaci&oacute;n. Perder el compromiso con lo cotidiano de nuestros hermanos a cambio de no importunarnos en nuestras vidas poco profundas. Solo lo malo o lo muy malo queda. El doble <em>check</em>, perd&oacute;n por el anglicismo, la doble marca azul. No contestas, no respondes. La paranoia de los meses siguientes. Las dos hermanas se controlan, se azuzan, quieren, como en un extra&ntilde;o sistema industrial, estar al tanto de las constantes vitales de la otra. &iquest;Cu&aacute;nto durar&aacute; ese impertinente seguimiento? Buena pregunta. Cuando el dolor d&eacute; paso a la rutina, cuando puedas dormir sin qu&iacute;mica, cuando ya no haga un a&ntilde;o de cada cosa. Las cosas que hacemos por &uacute;ltima vez, estar juntos, fotografiarnos&hellip; el momento en el que la autora, escritora, trasunto o protagonista, reconstruye las &uacute;ltimas horas de su hermano, con precisi&oacute;n narrativa, los detalles de la soledad. &iquest;Vivimos vidas resumidas? Volvemos a la justicia de la muerte. Solo vale aquella que cumple muy exigentes condiciones. Esas que se hacen llamar &lsquo;Ley de vida&rsquo;: padres, ancianos, enfermos, gente con mala vida. Duelen, pero as&iacute; son las cosas. Un hermano peque&ntilde;o, m&aacute;s joven, no es posible. Se reparten los esquejes del hermano. La vida es un tobog&aacute;n de sentimientos en que nada es recto, una monta&ntilde;a rusa en la que acabas cayendo. &iquest;Qui&eacute;nes fueron sus amigos?, &iquest;querr&aacute;n sus cosas? Tras el reparto, el &uacute;ltimo acto, el final. El cambio cualitativo. Pasar de &ldquo;Nuestro hermano ha muerto&rdquo; a &ldquo;Nuestro hermano muri&oacute; en enero de 2021&rdquo;. Cuando llegan los aniversarios. Cuando aparecen los muertos en sue&ntilde;os y es una alegr&iacute;a al despertarse. La rabia nos hace ver gente vida que desear&iacute;amos intercambiar por nuestro hermano, como cromos macabros. Es, como dice la autora: &ldquo;Cuya muerte fue una especie de transgresi&oacute;n brutal&rdquo;. S&iacute;, claro, de la &lsquo;Ley de vida&rsquo;. La novela &lsquo;Las fracturas doradas&rsquo; de Paloma D&iacute;az-Mas se traslada hasta la IV parte, la restauraci&oacute;n. Recuperan para la vida la casa del hermano: &ldquo;La casa donde nuestro hermano muri&oacute;, ya que no podemos decir que vivi&oacute;. Podemos decirlo, pero &eacute;l no fue a un hospital. Muri&oacute; all&iacute;&rdquo;. Paredes conocidas y frecuentadas, donde la naturaleza instaura el lugar de un crimen. Cosas, libros, talleres, ropas incluso&hellip; amigos, instituciones, bibliotecas. Su hermano guarda las obras de la autora. Todos sus libros, incluso los primeros, los de adolescencia. Un ejemplar que val&iacute;a para toda la familia y su hermano fue el que se lo qued&oacute;. Fotos, fotos reales, fotos herm&eacute;ticas, de desconocidos, de lugares, de proyectos. De nuevo la casa se habita -la hermana se la queda-, y una nevada hace su entrada. Ya no hace da&ntilde;o. Se ha restaurado la vida. Incluso el final, con el marido de Paloma enfermo del virus, cuando el virus ya no es sin&oacute;nimo de miedo y muerte, implica un salto social, emocional, familiar, absolutamente cualitativo. El final, la quinta parte, las fracturas doradas, sirve de despedida y explicaci&oacute;n, de g&eacute;nesis y respeto. Una carpeta que permanece siempre a la vista, con los fragmentos de la historia. Un caj&oacute;n, un port&aacute;til, siempre ah&iacute;&hellip; hasta que la historia, la novela, ya no causa dolor a los que la escriben, la viven, es un duelo terminado que se comunica y se deja llevar, que se nos ofrece a los lectores. Como ese taz&oacute;n que alcanza su belleza, una belleza diferente, al ser restaurado.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Paloma D&iacute;az-Mas, <em>Las fracturas doradas</em>, Barcelona, Anagrama, 2024</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 06 Feb 2025 14:08:43 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una geografía familiar diferente]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-geografia-familiar-diferente/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/RAMIRO_GAIR_N_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>El poeta Ramiro Gair&iacute;n (Zaragoza, 1980) obtuvo Premio Ciudad de Salamanca 2024 con este <em>Carreteras que brillan en el bosque</em>, un recorrido sentimental por sus &uacute;ltimos a&ntilde;os, tanto vitales como literarios, fuera de su Zaragoza natal, en la construcci&oacute;n de una carrera profesional y vital alejado del asfalto y los sonidos de la ciudad. Despu&eacute;s de una serie de notables libros como <em>Que caiga el favorito</em> (Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2011), <em>Aguanieve</em> (Isla de Siltol&aacute;, Sevilla, 2015), <em>Lar</em> (Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2016), <em>Llegar aqu&iacute;</em> (Vers&aacute;tiles, Huelva, 2020), <em>La ciudad que no somos</em> (Polibea, Madrid, 2020) o <em>Tiempo de frutos</em> (Piezas Azules, Madrid, 2022), con este alcanza una madurez literaria, m&aacute;s all&aacute; del reconocimiento medi&aacute;tico.&nbsp;</p>
<p>Bajo el auspicio de las palabras de Louise Gl&uuml;ck, Ramiro Gair&iacute;n, veterano poeta, padre primerizo, describe con precisi&oacute;n sensorial y cualitativa su huida, su b&uacute;squeda de la pereza que emana la naturaleza en forma de paz: &ldquo;A veces la ciudad / solo tiene fatigas / para sus hijos pr&oacute;digos&ldquo;. Construye su libro: primera piedra &ldquo;Merecer los top&oacute;nimos&rdquo;, donde resume la b&uacute;squeda de posesi&oacute;n de un espacio; salir del alquitr&aacute;n, ofrecer pureza: &ldquo;En las cumbres, / rocas y huecos para el blanco&rdquo;. Avistar el presente como un aciano agotado, una mujer madura: &ldquo;La mareas que fueron / antes mucho m&aacute;s que estos montes/entregan todav&iacute;a en cada puerta / los restos repetidos de naufragios/semillas infecundas, / heridas para siempre palpitantes&rdquo;. El poeta sale de la ciudad y se asoma a las estaciones cambiantes que reinan en su refugio, escapado, fortificado, la nueva felicidad que adquiere va asociada a un aroma desconocido: &ldquo;Le han crecido tent&aacute;culos/al cielo negro sobre el valle/vienen de la ciudad, y a&uacute;n m&aacute;s lejos:/dicen que el monstruo naci&oacute; seco/en las regiones donde el sur se dobla&rdquo;. Las palabras de otros sirven de luz, de gu&iacute;a en mitad de la agreste ventisca, otro oto&ntilde;o es posible. Yo tambi&eacute;n, lector, atrapado en mi lugar, leo al poeta que parece hablar de mi propia tragedia: &ldquo;esos ni&ntilde;os ahogados en piscinas/familiares, vencidos por el humo/de un incendio en su casa&rdquo;. Nunca unas palabras fueron tan cercanas para m&iacute;, en esta Ateca que recoge naranjas, en el verano que ha pasado. Nunca una ausencia de ocho de la ma&ntilde;ana ha tenido un aspecto tan tenebroso y asm&aacute;tico.&nbsp;</p>
<p>Este poeta que se construye, con las palabras paternas, arrendamientos que se heredan, con plusval&iacute;a exponencial, as&iacute; llegamos a &ldquo;El oto&ntilde;o o los l&iacute;mites del lenguaje&rdquo;, la segunda parte del libro, con palabras como: &ldquo;No pido privilegios para ti/solo quiero estad&iacute;stica/pido que llegues a viejo como la mayor&iacute;a de los hombres&rdquo;. Este poema, este en concreto, es estremecedoramente bello y cautiva mi pasi&oacute;n de lector y poeta, desgarrando cualquier niebla, mostrando la sobresaliente capacidad de Ramiro Gair&iacute;n para atrapar en el &aacute;mbar de lo cotidiano toda la belleza. Como padre, como hijo, el que pone los ojos y el que ofrece su coraz&oacute;n, no quiere un trato especial, solo la herencia, la configuraci&oacute;n por defecto del hombre del S. XXI: &ldquo;Reclamo solamente/la aplicaci&oacute;n estricta/ de la ley natural: /que veas muchos muertos/antes de que te baje alguien los p&aacute;rpados&rdquo;. Que los hijos entierren a sus padres, que el orden prevalezca, que la biolog&iacute;a sea coherente con la funci&oacute;n estad&iacute;stica que define la vida: nacimiento, desarrollo, muerte. Tres actos. Sin m&aacute;s.&nbsp;</p>
<p>Los cuerpos han olvidado que las estaciones eran algo m&aacute;s que luz y frutos. Vida artifical en mitad de la boscosidad. Familia que se acercan en la soledad de la civilizaci&oacute;n, &iquest;qu&eacute; dejaron atr&aacute;s?: &ldquo;&iquest;Me sobrevivir&aacute;?, &iquest;seguir&aacute; ah&iacute; / cuando ya no est&eacute;, / cuando me haya mudado/a la ciudad sin tumbas?&rdquo; Bajo el alquitr&aacute;n y el cemento no queda ni lugar para el descanso, apenas para el recuerdo. En el exterior, el poeta sabe que el silencio es una forma de vida, que lo que queda es m&iacute;nimo, pero imprescindible: &ldquo;las voces de la luna/y que la oscuridad vaya engull&eacute;ndome&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Civilizaci&oacute;n que se extingue, que avanza y retrocede, que se define: desde tribu hasta familia. Lugar y espacio, tiempo y paisaje. Llegamos a &ldquo;Lograr el fuego&rdquo;. Pesadamente, pero con un punto de ternura, las ra&iacute;ces avanzan. Hay decisi&oacute;n, el poeta deja su semilla en cada verso y se permite que crezcan, que su lectura alimente de recuerdo a su hijo. Son palabras nutritivas de herencia paterna, as&iacute;: &ldquo;La encima est&aacute; pariendo/saurios de mediod&iacute;a; / su escamosa corteza / da forma a toda clase de reptiles. / Se desprenden, incr&eacute;dulas, y caen. / Aturdidos, se arrastran hacia el bosque&rdquo;. Una vida, otra vida, distintas formas a su alrededor. B&aacute;sicos: fuego, aire, sol y fr&iacute;o. Palabras que contienen las propias met&aacute;foras, im&aacute;genes de una poes&iacute;a ancestral, b&aacute;sica y atemporal. La poes&iacute;a de lo cotidiano ofrece una pasi&oacute;n de tibia dulzura cuando llega el momento de alejarse. Es el momento para que el poeta, Ramiro Gair&iacute;n, ejerza tambi&eacute;n de trovador: &ldquo;Los cielos han bajado a la monta&ntilde;a, / mesan sus largas barbas las laderas, / cruzan los animales, los p&aacute;jaros andando, / carreteras que brillan en bosque&rdquo;. Y es que, despu&eacute;s de encontrar su nombre, llega el temblor: &ldquo;Al fr&iacute;o le aparecen ojos blancos, / asomado a las ventanas / de la peque&ntilde;a casa, / y la niebla y el viento y la tormenta / se hacen carne apretada, / manos y pies que tocan a kil&oacute;metros / de aire, que desmontan la afilada/composici&oacute;n del vaho que respiran&rdquo;.</p>
<p>Cerramos o nos acercamos al final. Ese es el lugar donde, sin querer ser meticuloso o agresivamente dogm&aacute;tico, surge una po&eacute;tica de calmada sencillez: &ldquo;No es la imaginaci&oacute;n lo que se pierde; / son los cuerpos, mi hijo, que se gastan. / No le tengas en cuenta / a este aturdido padre la torpeza / de no haber extra&iacute;do una ense&ntilde;anza, / pisado bien la vida en aquel lapso&rdquo;. Final, con el fuego, alrededor del que todo se erige, sin olvidar el humo y piel, este libro, delicado, tierno, maravilloso, del poeta aragon&eacute;s Ramiro Gair&iacute;n: &ldquo;No es este su lugar, ninguno vivi&oacute; aqu&iacute;, / y se alegran de vernos entroncados&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ramiro Gair&iacute;n, Carreteras que brillan en el bosque, Madrid, Reino de Cordelia, 2024.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 31 Jan 2025 09:14:20 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La vida como un gran poema cósmico de sudor y supervivencia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-vida-como-un-gran-poema-cosmico-de-sudor-y-supervivencia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/NATALIA_GARC_A_FREIRE_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Natalia Garc&iacute;a Freire naci&oacute; en 1991 en Ecuador. Despu&eacute;s de dos novelas como <em>Trajiste contigo el viento </em>(2022) y <em>Nuestra piel muerta</em> (2019), se acerca al relato corto con una intensidad ambiental que pivota entre lo m&aacute;gico y lo herm&eacute;tico, ajena a giros y trucos efectistas, con este <em>La m&aacute;quina de hacer p&aacute;jaros</em>, editado en 2024 por la editorial P&aacute;ginas de Espuma, que la incluye en su nutritivo cat&aacute;logo de narradoras hispanoamericanas.&nbsp;</p>
<p>El t&iacute;tulo del libro remite a la segunda banda del m&uacute;sico argentino Charly Garc&iacute;a, un proyecto de rock progresivo que se desarroll&oacute; durante la Dictadura y que lleg&oacute; a publicar dos discos: <em>La M&aacute;quina de Hacer P&aacute;jaros</em> (1976) y <em>Pel&iacute;culas</em> (1977) y fue el interludio para Garc&iacute;a entre su primer grupo, Sui Generis (uno de sus versos aparece como cita inicial en el libro) y el gran &eacute;xito que supuso Ser&uacute; Gir&aacute;n.&nbsp;</p>
<p>El libro comienza con &lsquo;Las lumbres&rsquo;, donde un remedo de la autora, con el simb&oacute;lico nombre de &lsquo;Escritora&rsquo; avanza en el recuerdo de una selva tropical y anciana. Un entorno a punto de ser invadido por personajes ajenos: mineros y militares, desde la capital. Avatares que simbolizan la lucha de la escritora por frenar la devastaci&oacute;n, el dolor interno de la tierra a trav&eacute;s de la comuni&oacute;n con sus ancestros. Una mitolog&iacute;a de verd&iacute;n y selva que se pudre que, por cierto, podemos encontrar en alguno de los libros de la colecci&oacute;n de P&aacute;ginas de Espuma, como el de Nuria Labari o Liliana Colanzi. Las carpas que flotan, muertas, en el r&iacute;o, la pavita de la muerte como elemento de paganismo que acompa&ntilde;a a la novia, al ni&ntilde;o, hasta el pasado primero y el otro lado despu&eacute;s, camiones, soldado e ingenieros hambrientos que arrasan con todo a su paso, como una plaga b&iacute;blica en un mundo que ya no reza: &ldquo;&iquest;Rezar? Como si dios fuera a acordarse de nosotros&rdquo;. Con una cinta de David Foster Wallace se abre &lsquo;Hasta que desearas dejar tu coraz&oacute;n sin sangre&rsquo;, donde la autora descubre que es m&aacute;s sencillo amar a un hombre muerto que a un vivo. La crisis matrimonial es el detonante de un descenso a lo m&aacute;s profundo de la psicodelia social: una curandera, amigas y terapeutas, la Ruthie, la Renata&hellip; se mezclan los cigarrillos y la transpiraci&oacute;n, la mujer salvaje, Xuxa, Lacan y la Manicura, Lacan y el tinte para el pelo. El &uacute;nico amor posible es el del hombre desconocido, el hombre fantasma. Altares, &eacute;xtasis, obsesiones. &lsquo;Formas de reparar lo que no est&aacute; roto&rsquo; mezcla la locura y el amor, Romina, con su olor a pabell&oacute;n y diazepam, la muerte, el aire y treinta y cuatro a&ntilde;os, catorce encerrada. Las pel&iacute;culas, Mulder y Scully, el CSI, la televisi&oacute;n es tan real como un coraz&oacute;n arrancado, que acaba pareciendo una semilla, un hueso de zapatito. &iquest;Locura o pasi&oacute;n? Esos finales herm&eacute;ticos son pura literatura, nada de efectismo barato. Avanzamos hacia &lsquo;Yo amo a Paquita Gallegos&rsquo;, con una mujer, una mujer sola, Bobby Brown, &iquest;qu&eacute; es el uno? El uno es uno y es gato. Como una telenovela, la vida avanza lenta y siempre parece que llegar&aacute; una sorpresa que lo cambiar&aacute; todo, la desaparici&oacute;n del individuo, Mostach&oacute;n y D&eacute;bora Dalila. Una habitaci&oacute;n. Cualquier cosa es mejor que no sentirse sola. Todos amamos la cumbia, todos amamos a Gilda, leo &lsquo;Tecnocumbia para el fin del mundo&rsquo;, uno de los relatos m&aacute;s impresionantes del libro y del a&ntilde;o. Seducido y abrumado, mi padre era sed y polvo, mi padre era tan padre como cansancio, nos llamaba cerdos, solo estaba por el dinero. Estamos aislados, ellos, sus hermanos y ella, madre y hermana. Porque la madre est&aacute; atrapada en una desidia t&oacute;xica. Pienso una y otra vez en el teatro de Fernando Arrabal y en el Samuel Beckett, personajes esquem&aacute;ticos, sin nombre, que te agarran el alma por el cuello. Una mujer, Bum Bum, su marido-hermano desaparece. La c&aacute;rcel. Las mujeres, las dos libres, la madre encerrada. Lo &uacute;nico que quiero es volver a bailar: &ldquo;Yo sab&iacute;a que, cada uno de ellos, hab&iacute;a nacido con la muerte en la boca&rdquo;. Hijos-hermanos que vuelven con el dolor, la madre, la musa, la mujer, all&iacute; arriba solo hay cumbia y estrellas. Juntas buscan la huida diminuta, l&eacute;sbica e incestuosa, la vida como un gran poema c&oacute;smico de sudor y supervivencia. &lsquo;Amor m&iacute;o, coraz&oacute;n de otro&rsquo; El miedo a salir de casa, en ese apocalipsis formal sobre el que se construye el libro, los tres monstruos del folklore tropical postmoderno: ropavejero, Julita y el Chupacabras. Un tuc&aacute;n, un p&aacute;jaro m&aacute;s, un ave especial. Las canciones de Luz Casa. Madre e hija. Hija de hambre y soledad, madre de aguardiente y pastillas. Piernas, las furias con sus hilos, arrancando las costras de la jovencita. Un sue&ntilde;o, un amor, la pelea por el coraz&oacute;n del tuc&aacute;n, que es la proyecci&oacute;n de todo lo prohibido, desde el dulce incesto hasta la insultante zoofilia. Una finura de realismo m&aacute;gico y met&aacute;fora herm&eacute;tica. Una zozobra emocional barniza cada uno de los cuentos, como &lsquo;La m&aacute;scara del oso&rsquo;, que suena a delirio y a cuento, a padre que involuciona de adulto hasta beb&eacute;, que pasa de aguantar el trago y dejarse el acn&eacute; como premio, hasta un ni&ntilde;o cruel que mata renacuajos. Todos vemos las mismas pel&iacute;culas, unas veces con pasi&oacute;n, otras con miedo: &lsquo;Alien&rsquo; o &lsquo;Los langoniers&rsquo;. La madre-esposa, la esposa-madre, en ese remedio de convulsa sexualidad, lo protege, deja que tome de su pecho como antes dejaba que le devorara el sexo. Pero es un pibe horrible, que las deja sin plata. Llora y llora, con una m&aacute;scara de oso, las tres hijas, como en un cuento infantil, terminan por enterrarlo en el bosque. Impactado, avanzo por el libro como quien lo hace por una selva, cubierto de broza y p&aacute;nico. Porque llego a &lsquo;Cabeza quemada&rsquo;, el m&aacute;s intenso de los relatos, de Gucci falsos, de t&iacute;a joven, perdida, de A&ntilde;o nuevo y a&ntilde;o fina. Las ni&ntilde;as de 1999 quer&iacute;an ser como la Spears o como Selena, pero la medianoche les trajo el mal alcohol y una ma&ntilde;ana de moho, pis y heces que se extender&aacute; durante meses. Encerrados, abuelo que muere, como en uno de esos apocalipsis donde se tiene que criar la vida como si fueran plantas, la vida en el planeta en una permutaci&oacute;n incestuosa que hace infame a la Biblia. Un ciclo, unas corrientes el&eacute;ctricas, la alucinante prosa Natalia Garc&iacute;a Freire acaba estremeciendo al lector, salpicado de Walter Delgado y Billy Gato. Y si fuera no hubiera acabado el mundo, y si todo el dolor fuera para nada, panzonas de ni&ntilde;os desconocidos, la feminidad que traer&aacute; el hombre nuevo. El mundo todav&iacute;a existe, pero ustedes no. Sangre, hombres que abusan, el ni&ntilde;o que nace, la madre que no desea saber si el beb&eacute; est&aacute; vivo o si est&aacute; muerto. La muerte es un final que se repite hasta que, al final, sean una con los astros. Ese es el hombre nuevo, el que ya no es ni hombre ni nuevo. Maravilla &lsquo;La balada del vaquero espacial&rsquo;, con su juego de religiosidad azteca, un abuelo sin nombre, unos mineros que cierran el c&iacute;rculo con el primer relato, la metamorfosis en Alien, en Michoac&aacute;n, mezclando la cultura pop (la que ve&iacute;a el padre-ni&ntilde;o, el ni&ntilde;o-padre de &lsquo;M&aacute;scara de oro&rsquo;) y toda la mitolog&iacute;a anterior a los espa&ntilde;oles, llena de plumas, de plumas de armadillo y avestruz, que pone huevos y picotea, y sigue fumando, el abuelo, alien con sangre de &aacute;cido, la &uacute;ltima mutaci&oacute;n con la cita de la Nostromo: &lsquo;En el espacio nadie puede o&iacute;r tus gritos&rsquo;. Enciendo un Philip Morris y me acerco al final con &lsquo;La persona que te enamoraste&rsquo;. Expulso el humo, vuelvo al cuerpo roto de un avestruz, el torso feo de Silvia Plath, y en 'C&oacute;mo desaparecer completamente' el doctor Rex me ense&ntilde;a, ense&ntilde;a a la protagonista, a desaparecer completamente (&lsquo;Desaparezca aqu&iacute;&rsquo; como una frase de Brett Easton Ellis). &ldquo;Usted est&aacute; muerta&rdquo;, le dice el doctor. Palabra de ley. &iquest;Por qu&eacute; ahora? Qu&eacute; maleducada la muerte, mam&aacute;, he muerto, siento por no haber avisado. Leer&eacute; a Anne Sexton, le pedir&eacute; a la ciencia que me permita unos a&ntilde;os m&aacute;s, al doctor y sus alumnos, al menos, opositar a una plaza fija en el teatro definitivo de Fernando Arrabal. Los estudiantes dicen adi&oacute;s, les pido un beso, un marido, una hija, un cigarrillo. Cuentos de simbolismo tropical, extenuantes, plenos de sexo silencioso, de camas con s&aacute;banas sudorosas, de mujeres que ocultan el aliento del hombre con aguardiente. Hipercandombe y frutillas.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Natalia Garc&iacute;a Freire, <em>La m&aacute;quina de hacer p&aacute;jaros</em>, Madrid, P&aacute;ginas de Espuma, 2024.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 24 Jan 2025 10:58:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tres poemas de Juan Bautista Durán]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/tres-poemas-de-juan-bautista-duran/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/JUAN_BAUTISTA_DUR_N_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Golondrinas</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En vuelo circundante</p>
<p>acortan las golondrinas</p>
<p>la vana y magra noche</p>
<p>con su canto matinal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El patio de manzana es</p>
<p>un ruedo sin diestro ni</p>
<p>banderilleros, un ruedo</p>
<p>donde nadie ha de poner</p>
<p>al viento enga&ntilde;o alguno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se alarga y alarga el d&iacute;a</p>
<p>es junio el mes m&aacute;s leve</p>
<p>los hay que mudan de piel</p>
<p>y otros que revolotean</p>
<p>cual moscas inmortales</p>
<p>en una misma baldosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No saben ser ni alcanzan</p>
<p>los moscardones a imaginar</p>
<p>el luminoso espect&aacute;culo</p>
<p>de las golondrinas al alba.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Viejo crimen</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Acorde menor tras acorde</p>
<p>menor, se oye a alguien al piano</p>
<p>antesala de un viejo crimen</p>
<p>tantas veces cometido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por el patio de luces asciende</p>
<p>la afilada sombra musical</p>
<p>del sujeto que va a dar muerte</p>
<p>al escribiente delator.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Designio antiguo (vallejiana)</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Morir&eacute; en el siglo XX</p>
<p>en una tarde ventosa</p>
<p>de la que mucho me hablaron.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Silencios de sobremesa</p>
<p>un inocente recuerdo&nbsp;</p>
<p>de vuelta toda Navidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me voy enterando as&iacute;</p>
<p>con susurros decembrinos</p>
<p>de c&oacute;mo ha de ser mi muerte:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>dolorosa imperceptible</p>
<p>la mu&ntilde;eca en el asfalto</p>
<p>y un seco tajante estruendo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>en el filo entresecular.</p>
<p>Morir&eacute; en el siglo XX</p>
<p>sin testigos todav&iacute;a</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>este relato nada m&aacute;s</p>
<p>que trae el viento sibilante</p>
<p>designio antiguo de Herodes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 24 Jan 2025 09:35:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una vida descompuesta antes de empezar]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-vida-descompuesta-antes-de-empezar/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/MAX_PORTER_1_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Un libro de voces m&uacute;ltiples, de gram&aacute;ticas sinuosas, un mon&oacute;logo interior bombardeado por la sociedad, la familia, los amigos. Un muchacho encapsulado en las drogas y el<em> jungle</em> -la electr&oacute;nica derivada del <em>drum&amp;bass</em> que rein&oacute; en la Inglaterra de mediados de los noventa-, ic&oacute;nico, hipn&oacute;tico, de voces m&aacute;ntricas. Shy es el resto que queda en el vaso al final de la fiesta, inapetente, distra&iacute;do, tibio. Recuerda a los personajes de Irvine Welsh sin el poso narc&oacute;tico, m&aacute;s psic&oacute;ticos que desdentados, con un resto de inocencia a punto de evaporarse. Las voces aparecen, de naturaleza esquizoide, en una exigente tormenta literaria que hacen del libro una experiencia exhuberante y agotadora. Cursivas, centradas, de cuerpos distintos, acumuladas en estratos geogr&aacute;ficos y temporales diferentes. La manera de escribir de Max Porter, con los cambios tipogr&aacute;ficos, las voces de fuera, la experimentaci&oacute;n narrativa, refleja a la perfecci&oacute;n el laberinto de desaz&oacute;n y violencia al que se ve sometido el protagonista, desahuciado por su familia y entorno, atrapado en <em>&Uacute;ltima oportunidad</em>, una residencia para muchachos problem&aacute;ticos donde su psique experimenta episodios propios de una monta&ntilde;a rusa, terribles, venenosos, a veces esperanzadores. Un lugar donde las historias de terror que aparecen en los libros asustan menos que las que cuentan los chicos que viven all&iacute;. Chillidos y fantasmas, nadie teme lo que atrapan las paredes del lugar. Algunos nombres se repiten: Becky, su madre, el primo Shaun, Jenny, Amanda, Iain, Toby&hellip; el sexo, la frustraci&oacute;n adolescente, la m&uacute;sica, siempre la m&uacute;sica y la resina, <em>stepdub</em>, <em>beatbox</em>, electr&oacute;nica hipn&oacute;tica y ritmos abstractos que sumen al protagonista en una ag&oacute;nica ausencia de sentimientos relacionada, inevitablemente, con la misma falta de melod&iacute;a en la m&uacute;sica que escucha. Pero el contraste que nos presenta Porter va m&aacute;s all&aacute;: el amor por su madre, la descompensada relaci&oacute;n con su padrastro, el ni&ntilde;o que todav&iacute;a colecciona cepillos de dientes de <em>Star War</em>s, figuras de las &lsquo;Tortugas ninja&rsquo;, cromos de la &lsquo;Pandilla basura&rsquo;, <em>Micromachines</em>, cochecitos de <em>Hot Wheels</em>&hellip; pero es capaz de buscar el dinero para unos platos, para poder pinchar puesto de <em>speed</em> y recitar su propio mantra: &ldquo;El mejor de los tiempos&rdquo;. O el peor, claro. La m&uacute;sica abandona Detroit y llega a los suburbios de Inglaterra, se abandonan las guitarras y las vidas son <em>mixtape</em>s grabadas en casetes, fantasmas, colectivos, remezclas, pasquines, octavillas de clubes a los que no ir&aacute; nunca, logotipos de discogr&aacute;ficas pero ni una libra para discos. &iquest;C&oacute;mo te atreves a hablarnos as&iacute;? En un momento dado el lector tiene que tomar partido. O, por lo menos, discernir entre tanto gris. Por un lado un adolescente incomprendido, por otro unos padres carentes de argumentos. &iquest;Hasta d&oacute;nde se puede llegar para hacer feliz a un hijo? &iquest;Qu&eacute; es lo que le convertir&aacute; en una persona normal? &iquest;D&oacute;nde est&aacute; la normalidad? Le piden que les hable y &eacute;l les escupe. &iquest;Ahora qu&eacute;? Ahora <em>&Uacute;ltima oportunidad</em>. Pero Shy no sabemos si es un maleducado, un enfermo mental o un desgraciado. El clima es violento, en todos los lados. En su casa y en el reformatorio, en la calle y en la escuela. Pero Shy no evita la pelea, la busca, la recibe, se arrepiente. Da la sensaci&oacute;n de que &eacute;l mismo se busca una realidad a largo plazo sin futuro, &iquest;No te agota, a veces, ser t&uacute; mismo? <em>Acid kouse</em>, <em>Rhymer court</em>, T<em>umble tots</em>, la Gran Breta&ntilde;a anterior al <em>Brit Pop</em>, una isla desierta, la desidia de la d&eacute;cada, recuerda a &lsquo;Kids&rsquo;, la pel&iacute;cula de Larry Clarck, cambiando los Estados Unidos del grunge por la Inglaterra de Goldie y The Burial. El bajo y la bater&iacute;a, una y otra vez, copia y pega. Eran otros tiempos: &ldquo;Dejad de hacer como si me conoc&eacute;is, lo &uacute;nico que sab&eacute;is de m&iacute; es lo que yo os he contado&rdquo;. Una doble p&aacute;gina para el padrastro conciliador. &Eacute;l lo intenta, como tambi&eacute;n lo hace su madre. Pero ah&iacute; est&aacute; la maestr&iacute;a en la literatura de Max Porter: transmitir la nada como necesidad. Nada me cambiar&aacute; dice el protagonista, nadie me dice qu&eacute; tengo que hacer. Ni los medicamentos ni repasar una y otra vez una lista con las personas que le importan algo. Su microcosmos reducido a un solo p&aacute;rrafo. Realismo her&eacute;tico, sin normas, como la mente de Daniel Johnston, como un &uacute;ltimo exabrupto de <span style="text-decoration: underline;">D</span>ennis Cooper. Una d&eacute;cada m&aacute;s tarde Shy volver&aacute; la vista atr&aacute;s y no ver&aacute; nada porque, seguramente, est&eacute; muerto o todos los que conformaban su red de emergencia lo habr&aacute;n olvidado. &iquest;Hay alguien ah&iacute;? El mundo s&oacute;lido se disuelve: &ldquo;Carga con una pesada bolsa de lamentos&rdquo;, cigarrillos y cintas familiares: &ldquo;Ya estamos otra vez / no hay forma de ganar / vuelve aqu&iacute; / deja que se vaya&rdquo;. Se va por el parque, fumando, escupiendo, vaciando su cabeza, d&aacute;ndole la vuelta a su sesi&oacute;n, a sus mezclas. &iquest;Qui&eacute;n es el culpable cuando se ha intentado todo? Palos, amor, m&aacute;s palos, castigos, otra oportunidad, di&aacute;logo, gritos, medicamentos, internamientos, tratarlo como un adulto, intentar que sea un ni&ntilde;o&hellip; solo recordamos una parte de la letra y con eso pretendemos cantar todo el tema. Un profesor de historia, una &uacute;ltima oportunidad en &uacute;ltima oportunidad. Pero su pesadilla es el agua. &iquest;Qu&eacute; camino acaba recorriendo el libro? Es una estructura compleja sin una linealidad temporal aparente y una sucesi&oacute;n de voces desorganizadas, solo cuando llega el tercer acto, en la b&uacute;squeda del t&eacute;rmino medio, uno encuentra la realidad postural: &ldquo;Cuando te vienes arriba te vienes muy arriba y cuando te hundes, vas hasta el fondo&rdquo;. Como si Shy fuera un fantasma y nos estuviera visitando, veinte a&ntilde;os m&aacute;s tarde, ahogado en la electr&oacute;nica y las sustancias. Es el tercer acto de la novela un momento acuoso, profundo, tr&aacute;gico, donde los sentidos se a&iacute;slan, desde los auriculares (encienden y apagan el mundo con el <em>play</em> y el <em>stop</em>) o la capucha: &ldquo;La desnudez y la calma del mundo son atroces&rdquo;. Los mismos cables de los cascos pueden ser usados como instrumento para colgarse. El estanque es el s&iacute;mbolo del vac&iacute;o, el agua fr&iacute;a de la muerte, colocado, al dormir todo su cuerpo se vuelve pantano. Moho sobre la piel c&aacute;lida que termina por ahogarse. &iquest;Animales flotando? Como un &lsquo;Mr Potato&rsquo;, como los jabal&iacute;es de &Aacute;sterix, Shy es un ni&ntilde;o perdido, en el valle de las sombras, como una canci&oacute;n. Lodo y verd&iacute;n, la noche, los animales flotan. Shy flota. La paz es estar seco, la paz, para Shy, no es siquiera estar vivo. El autor ametralla con pensamientos que se aceleran, como las remezclas de los temas de <em>dub</em>, de <em>jungle</em>, de todos los estilos de electr&oacute;nica en manos de un pinchadiscos. Termina el tercer acto, engancha con el final, un final angustiado sazonado con esperanza. Piedras y destrucci&oacute;n. Una mente atrapada en un punto de no retorno, un pensamiento laberinto, d&iacute;a y no che que se confunden en la destrucci&oacute;n. Si el fr&iacute;o es la muerte, los abrazos son la vida. Lo siento. Ventanas rotas, lleno de vac&iacute;o, pleno de agujeros. Envuelto en los cuerpos de los dem&aacute;s su temperatura, su vida, aumenta, se eleva. Es el comienzo de un nuevo d&iacute;a. Una novela extenuante, atemporal, que te muerde, que no te suelta. Una novela escrita hoy sobre un momento tres d&eacute;cadas atr&aacute;s. La pregunta que te deja, &iquest;ahora qu&eacute;? No lo s&eacute;. Estoy cansado, solo quiero dormir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Max Porter, <em>Shy</em>, Barcelona, Random House, 2024.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 24 Jan 2025 09:26:11 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Quién con fuego, quién con frío? La ausencia de Isabel Bono]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/quien-con-fuego-quien-con-frio-la-ausencia-de-isabel-bono/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/ISABEL_BONO_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Isabel Bono (M&aacute;laga, 1964) vuelve a la poes&iacute;a tras sus &uacute;ltimas tres novelas, <em>Una casa en</em> <em>Bleturge</em> de 2017 y las dos &uacute;ltimas, publicadas por Tusquets Editores: <em>Diario del asco</em> (2020) y <em>Los secundarios</em> (2022). Un libro, este <em>Fr&iacute;o polar</em>, homenaje a su amigo, el escritor Antonio Mu&ntilde;oz Quintana, cuya muerte prematura hace una d&eacute;cada, dej&oacute; un abismo helador en el coraz&oacute;n de la poeta. Como una penitencia autoimpuesta, un homenaje cat&aacute;rtico, una carta de amistad infinita, Isabel Bono, una de las mejores poetas espa&ntilde;olas de las &uacute;ltimas tres d&eacute;cadas, comparte su soledad sustantiva a trav&eacute;s de im&aacute;genes perennes que pivotan entre la luz, el sol, el fr&iacute;o y la nieve. Un di&aacute;logo unidireccional emocionante que posee, como la misma autora, un enorme poso de ternura.</p>
<p>El miedo a la p&eacute;rdida se evita con una permutaci&oacute;n: cambiando dolor por acidez: &ldquo;vamos a decir adi&oacute;s / como quien dice manzanas&rdquo;, dejando la duda universal de qui&eacute;n es el que m&aacute;s sufre, el que marcha o el que queda atr&aacute;s: &ldquo;Hay quien muere sin hacer ruido / hay quien vive&rdquo; y as&iacute;, la poeta vuelve una y otra vez: &ldquo;despu&eacute;s se me olvida / y vuelvo a amarte como si siguieras vivo&rdquo; o &ldquo;Dormir ya no es importante / vivir ya no es importante". El desprecio a la vida incompleta, a la vida en ausencia. Isabel Bono, con su lirismo profundo, desentierra en lo cotidiano el alimento para el lector, con la saudade de sus versos, sus im&aacute;genes inquietantes: &ldquo;Las s&aacute;banas rendidas al placer / de ser velas al pairo por unas horas&rdquo;, el blanco lej&iacute;a como oposici&oacute;n al ceniza de las l&aacute;grimas: &ldquo;una mujer tiende / ves su ropa all&aacute; lejos / ox&iacute;geno all&aacute; lejos&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; reparto se realiza entre vivos y muertos? &iquest;Tierra y cielo? En este libro el ausente es fr&iacute;o y la autora el calor que, en hoguera, sirve de recuerdo y gu&iacute;a, gu&iacute;a in&uacute;til para el que no va a volver: &ldquo;Que la casa no est&aacute; ardiendo/que es el fr&iacute;o / quien hace crujir mis articulaciones/que no son insectos devorados por el fuego&rdquo;. Transmite, de alg&uacute;n modo, a todo lo que le rodea, una imagen de reparto y verd&iacute;n, del que se marcha y permanece: &ldquo;Si hasta las palomas m&aacute;s sucias / se han marchado / &iquest;qu&eacute; nos queda?&rdquo;. Una enumeraci&oacute;n de lo que pertenece, de recuerdos sin gracia, una enumeraci&oacute;n de aquello que hace innecesaria la separaci&oacute;n, una maleta vac&iacute;a que se contiene a s&iacute; misma, a ella y a la muerte. &iquest;Qui&eacute;n llega en la noche, qui&eacute;n con fuego, qui&eacute;n con barbit&uacute;ricos? La poeta insiste en los s&iacute;mbolos, rueda sobre la que gira el libro: &ldquo;Y t&uacute; / la luz de octubre / alej&aacute;ndonos de todas estas cosas / sin hacer ruido&rdquo;. Im&aacute;genes de la naturaleza que atrapan el recuerdo, que lo hacen emerger, con toda su belleza, con toda su atemporalidad: &ldquo;ignorantes de su belleza / del inmenso dolor que me provocan / ser &aacute;rbol y no saberlo/ser fuente de dolor y no saberlo&rdquo;. Atrapados en el hielo, el fr&iacute;o se extiende por el tu&eacute;tano, venas y arterias de la vida: &ldquo;Deseo que nieve toda la noche / dentro de mi cabeza&rdquo;, y el fr&iacute;o atrae el silencio y el silencio es una manera como otra cualquiera de hablar de soledad. El dolor viene encapsulado, es el recuerdo, sed de charcos, p&uacute;as y cactus. Cuando se marchan, otra vez, el silencio: &ldquo;Aquellas tardes no existen/porque no existe aquella casa / ni aquella luz&rdquo;. &iquest;Y cu&aacute;ndo vuelve la luz? &ldquo;La vida sobre todo es eso / silencio, no aullidos&rdquo;. El dolor est&aacute; presente en el silencio. La escritora busca resquicios: &ldquo;S&eacute; que se han ido / he visto sus huellas en la nieve / si hubiera nevado&rdquo;, en la calle, ella, la poeta, se ausenta, en el silencio es una m&aacute;s, una vida que es vida y espera a los que dejaron de serlo: &ldquo;En silencio / espero una orden / pero / &iquest;de qui&eacute;n la orden? / &iquest;Y hacia d&oacute;nde camina?&rdquo;.</p>
<p>As&iacute;, Isabel Bono vence a la pereza de la voz que se ausenta, que sabemos que evita el mal morir, la muerte que no termina, el final que se niega a ser definitivo. Algo a lo que agarrarse: &ldquo;Y tu dolor sigue ah&iacute; / y la vida sigue ah&iacute; / esperando&rdquo;. La Bono busca la transmutaci&oacute;n en objeto inanimado para evitar la consciencia, olvidar que ella existe y el otro se ha marchado. En esa ausencia de conocimiento busca la paz: &ldquo;El &aacute;rbol que no nunca he sido / los p&aacute;jaros que nunca he sido&rdquo;. No conocer, no saber, estar sin sentir, como la forma definitiva de escapar del dolor: &ldquo;Imagina todas las cosas / imagina no sentir la necesidad de registrarlas / imagina ser libre&rdquo;, como alternativa a un viaje infinito: &ldquo;Deseo llegar a un lugar suficientemente lejos / donde todos sean viajes y nadie hable mi idioma&rdquo;. Poder perder el tiempo, ausentarse de la realidad terrible que la rodea. No tener que dar explicaciones a nadie. Los cuatro sustantivos, convertidos en estadios: nieve, fr&iacute;o, luz y silencio. El silencio es un pozo para alguien que no tiene sed. La luz que no entorpece el camino, la ropa tendida, el &aacute;rbol que crece, la tierra que gira y t&uacute;, &eacute;l, enterrado, en el final del mundo, con ella. La luz enamorada del sol, que se marcha y, en su ausencia, Paul Klee se asoma desde la triste r&uacute;brica de un San Sebasti&aacute;n atravesado. Y de esas cicatrices, que son recuerdos, son los mapas para encontrar el sol. Un libro de contrarios, de finales y comienzos, de presencias y ausencias, que funciona como un c&iacute;rculo que se niega a cerrarse: &ldquo;Nunca le puse nombre al dolor / tampoco tus apellidos&rdquo; o &ldquo;La voz del amigo ah&iacute;, / sosteniendo una escalera / que nadie m&aacute;s sostiene&rdquo;. Todos pensamos que la vida es ant&oacute;nimo de la muerte cuando, en realidad es su complemento, su compa&ntilde;&iacute;a: &ldquo;Me da igual vivir o morir / hay que vivir si est&aacute;s vivo / y correr si est&aacute; lloviendo&rdquo;. As&iacute;, &iquest;qui&eacute;n llega? Solo lo que se ha marchado antes: &ldquo;Y recuerdo cuando tu risa paraba el mundo / y todo parec&iacute;a estar por hacer&rdquo;. Un libro de lluvia en el sur, donde uno no pude ofuscarse por la ropa olvidada, porque el sol volver&aacute; r&aacute;pido, pero no la palabra, solo el recuerdo. As&iacute; que en el extra&ntilde;amiento la poeta que no las l&aacute;grimas son gotas que llueven por nadie, que si la ropa se salva, el fr&iacute;o se encargar&aacute; de someterla a esquirlas afiladas, que no dejar&aacute;n que celebremos juntos. Una ausencia que se llena con versos, un pozo insaciable.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Isabel Bono, <em>Fr&iacute;o polar</em>, Barcelona, Tusquets, 2024.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 17 Jan 2025 08:41:26 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nueve horas con la familia Cortázar]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/nueve-horas-con-la-familia-cortazar/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/RAFAEL_SOLER_4_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Standard">El encuentro de cuatro personas de una misma familia a lo largo de 9 horas, contado por un narrador ins&oacute;lito, con un inesperado y brutal acontecimiento como tel&oacute;n de fondo.</p>
<p class="Standard">En <em>La pistola de mi padre</em>, Soler vuelve a construir una historia familiar, desde la posguerra a nuestros d&iacute;as, que le sirve para hurgar no solo en las vicisitudes, los conflictos y los traumas de unos personajes atados por un destino com&uacute;n y separados por mil querellas, sino tambi&eacute;n para adentrarse en una reflexi&oacute;n sobre c&oacute;mo la historia de nuestro pa&iacute;s ha ido influyendo y modelando las vidas de sus gentes.</p>
<p class="Standard"><em>La pistola de mi padre</em><em> </em>probablemente sea la mejor novela de Rafael Soler, y la m&aacute;s ambiciosa. Los personajes est&aacute;n perfectamente construidos: padre abnegado pero distante; madre voluntariosa y cari&ntilde;osa; hijo borrascoso y una hija con problemas psiqui&aacute;tricos. Sin embargo, los personajes no se mueven por el naturalismo literario, no viven en condiciones morales extremas, no se retuercen por sus tormentos y pasiones; son los de una familia normal, casi anodina, y eso permite una reflexi&oacute;n de &aacute;mbito universal analizando sus relaciones mediante simbolismos. As&iacute;, el libro es una hermosa reflexi&oacute;n l&iacute;rica y universal sobre la vida, el destino y la familia.</p>
<p class="Standard"><strong><br /></strong></p>
<p class="Standard"><strong>Primer simbolismo: Los personajes se miran ante el espejo de la historia</strong>.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">Frente a los grandes acontecimientos hist&oacute;ricos los conflictos familiares empeque&ntilde;ecen y hasta quedan rid&iacute;culos. Las ambiciones personales, las diminutas tragedias, los firmes prop&oacute;sitos, no significan nada frente a la inexorable apisonadora de las efem&eacute;rides.</p>
<p class="Standard">Apelo a algunos ejemplos del libro:</p>
<p class="Standard">&nbsp; - La familia deja todo en Castell&oacute;n y se marcha a Madrid para abrir un bar; pero el coche entra en la ciudad el mismo d&iacute;a en que Eisenhower est&aacute; visitando la capital en 1959. Podemos imaginar el desfile triunfal de Eisenhower y sentir un paralelismo con la entrada triunfal de los Cort&aacute;zar, pero lo cierto es que un urbano detiene el coche de la familia y les advierte que no pueden pasar, que las calles est&aacute;n cortadas, que se echen a un lado y esperen.</p>
<p class="Standard">&nbsp; - Otro ejemplo: En las primeras elecciones democr&aacute;ticas, el padre est&aacute; en una mesa electoral cuando llega el hermano mayor y le propone un negocio que lo llevar&aacute; de nuevo a la ruina: &iquest;era ese d&iacute;a el germen del futuro para un convencido dem&oacute;crata, o el regalo estaba envenenado?</p>
<p class="Standard">&nbsp; - El ejemplo m&aacute;s simb&oacute;lico: Cuando Tejero intenta el golpe de estado en 1981, el padre coge la pistola de la Guerra Civil, que esconde desde entonces, y va con ella a las inmediaciones del Congreso. Sin embargo, luego regresa a casa, igual que se march&oacute;: tanto pasado esperando en el caj&oacute;n no ha servido para nada.</p>
<p class="Standard">&iquest;D&oacute;nde arranca y termina el presente de los Cort&aacute;zar? El presente arranca y se estanca el 11 de septiembre de 2001, durante el ataque terrorista a las Torres Gemelas de Nueva York.&nbsp; La noticia del ataque re&uacute;ne a la familia y el libro trascurre esa tarde. El derrumbe de las Torres Gemelas es el comienzo de una nueva era, piensan los Cort&aacute;zar; pero la nueva era volver&aacute; a burlarse de ellos al margen de las efem&eacute;rides.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard"><strong>Segundo simbolismo: la estructura de cada cap&iacute;tulo</strong></p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">Cada cap&iacute;tulo tiene tres partes. La primera es un di&aacute;logo telegr&aacute;fico y preciso. La segunda es la voz del narrador omnipresente, que analiza con detenimiento el pasado y los recuerdos. Y la tercera es la voz interior de los personajes, bien a trav&eacute;s del diario escrito por la hija, bien por las grabaciones de la madre en cintas de casete, o bien a trav&eacute;s de los relatos en los que el hijo eleva a lo imaginario su historia y la de su familia. Es decir, tres c&aacute;maras: una enfoca boca y o&iacute;dos (son los di&aacute;logos), otra el cerebro (lo que recordamos y reflexionamos), y la tercera el coraz&oacute;n (lo que sentimos)</p>
<p class="Standard">La vida no es s&oacute;lida y perfecta. La vida es estruendo y confusi&oacute;n (intenciones, esfuerzos, decepciones, errores y sorpresas), la vida es vida, imperfecta acaso pero &ldquo;vida&rdquo;. Y la estructura del libro simboliza esos pies de barro de la vida.&nbsp; La conclusi&oacute;n ser&aacute; que no hay conclusiones, que no somos infalibles ni hemos triunfado ni somos perfectos. A saber si deben primar los hechos (primera c&aacute;mara), las reflexiones objetivas del narrador omnipresente (segunda c&aacute;mara) o nuestra visi&oacute;n subjetiva de las cosas (tercera c&aacute;mara).</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard"><strong>El tercer simbolismo est&aacute; en el propio t&iacute;tulo: <em>La pistola de mi padre.</em></strong><strong></strong></p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">Rafael Soler repite una frase en el libro: &laquo;Lo primero es antes&raquo;, y lo primero est&aacute; en el t&iacute;tulo, en la pistola de la guerra del padre. Atada al pasado por un extremo, es el hilo de la vida, lo que nos sostiene en alto, y cuyo otro extremo aferramos nosotros mismos para mantenerlo tenso.</p>
<p class="Standard">Ah&iacute; est&aacute; la pistola, como la espada de Damocles. Posiblemente, desde que nacemos, todos tenemos una pistola apunt&aacute;ndonos a la sien, lo que suceda ser&aacute; la consecuencia de nuestros actos o la consecuencia del azar, &iquest;qui&eacute;n sabe?</p>
<p class="Standard">El gran simbolismo de la vida no es Dios, para Rafael Soler el gran simbolismo de la vida es la pistola, que est&aacute; ah&iacute;, metida en un caj&oacute;n, muerte disponible pero guardada. No es casualidad que la guada&ntilde;a tenga la misma forma que el gatillo de la pistola.</p>
<p class="Standard">Rafael Soler describe el gran teatro universal de la familia y del ser humano. Hasta ahora, en su obra literaria, siempre ha tratado de comprenderse a s&iacute; mismo, y comprender el mundo que le ha tocado vivir. Tanto <em>El grito </em>(1979) como <em>El coraz&oacute;n del lobo </em>(1981) tratan lo que era su vida, del matrimonio y la familia cuando las escribi&oacute;. <em>El &uacute;ltimo gin-tonic</em> (2018) trata de la familia y de la muerte, con ese s&iacute;mbolo clavado que es el velatorio. En <em>Necesito una isla grande </em>(2019) juega con la huida de la muerte a pesar de todo, incluso a pesar de la vejez. Ahora, en <em>La pistola de mi&nbsp; padre </em>extrae las grandes conclusiones de la vida, con universalidad, inteligencia y cari&ntilde;o.</p>
<p class="Standard">Y esta es su mejor novela porque analiza la vida de los Cort&aacute;zar y, con ello, analiza la nuestra.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">Rafael Soler, <em>La pistola de mi padre</em>, Valencia, Ediciones Contrabando, 2024.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 17 Jan 2025 08:22:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La poesía como tarea ética]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-poesia-como-tarea-etica/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/LUIS_G._ADALID_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo">A veces llueve, leemos en <em>Ser Lugar</em> (RIL Ediciones, 2024). Imagino que este libro tuvo una elaboraci&oacute;n lenta, a golpe de vivencia. Es muy probable que no se haya escrito de un tir&oacute;n, sino en dubitativas vueltas que va dando la vida, con continuas anotaciones que una y otra vez se corrigen. Casi siempre cuesta mucho saber lo que se ha vivido, que es la materia prima de estos versos.</p>
<p class="Cuerpo">No s&eacute; a qui&eacute;n se le ha ocurrido la idea de que la poes&iacute;a debe ser bonita, un bello adorno que humanice la marcha prosaica del mundo. Puede ser tambi&eacute;n eso, y a veces quiz&aacute; no sobra, pero <em>Ser lugar</em> tambi&eacute;n muestra que la poes&iacute;a es ante todo peligrosa, una dura forma de entrar en la verdad de un mundo adormecido en el silicio de su prisa. De ser as&iacute;, la poes&iacute;a no tendr&iacute;a nada que ver con lo que llamamos fr&iacute;volamente "cultura". Hay, tras sus ademanes delicados, una &aacute;spera fortaleza de mujeres y hombres que descienden a la soledad com&uacute;n sin rencor, cargada incluso de amor por lo extra&ntilde;o, por una orfandad com&uacute;n para la que no estamos f&aacute;cilmente preparados. Es posible que Rilke ya lo haya dicho todo al respecto.</p>
<p class="Cuerpo">El lenguaje puede ser una capa de gelatina con la que tapamos la vida secreta de las cosas. Sobre todo hoy, la hipertrofia del significado y de la interpretaci&oacute;n corre en detrimento de la presencia directa y misteriosa de los cuerpos. Sin tiempo cero, sin vacuolas de reposo, sin nidos espaciales. En <em>Ser lugar</em> la morrena de nuestra temerosa velocidad vuelve, de ah&iacute; que sea frecuente la imagen de un tiempo <em>empozado</em>, detenido, cuajado en escenas. Muy lejos de nuestra deformaci&oacute;n espectacular, este libro es inmensamente atento al instante, ese lapso incalculable de tiempo que es a la vez el espacio infraleve donde ocurre lo poco que es importante y nos cambia. Tanto un probable diablo como un dios inveros&iacute;mil duermen en los detalles.</p>
<p class="Cuerpo">Nada permanece, escribe Luis Adalid, mientras somos arrastrados en una corriente incesante. Todo, hasta las algas, acaba siendo viento. "Nada se detiene ni se detendr&aacute; nunca. Todo son partes, renov&aacute;ndose incansables" (Whitman). Quiz&aacute; lo permanente es s&oacute;lo un fondo inescrutable que vuelve, una y otra vez. Es preciso entonces reconciliarse con la noche, establecer un pacto con su quietud insondable para que haya un descanso.</p>
<p class="Cuerpo">Este entero libro est&aacute; recorrido por la tarea &eacute;tica de <em>afinarse </em>con las horas, con el atardecer, con el alba que tarda. Leyendo a Adalid somos noct&iacute;vagos al seguir el hilo de un bajo continuo de sombra, una diagonal que imanta y enturbia incluso los momentos m&aacute;s luminosos. Dir&iacute;a que <em>Ser lugar </em>est&aacute; contra la imperial radiaci&oacute;n con la que intentamos protegernos, apartarnos de la noche com&uacute;n de la que venimos. Y que en realidad vuelve, encarnada en la multitud de seres lentos y atrasados que salen de ella.</p>
<p class="Cuerpo">Encontramos tambi&eacute;n en este poemario una suerte de tabla peri&oacute;dica de los elementos, cada uno de ellos bendecidos por su rara tendencia al milagro. El hinojo, la ca&ntilde;a, la higuera... La luna oculta: &ldquo;hay tanta soledad en ese oro&rdquo;, dec&iacute;a Borges. Bajo ella los desechos, las botellas perdidas, las colillas que obligan al agua a redibujar continuamente la orilla. Y acaso tambi&eacute;n el temor y el amor como elementos, como part&iacute;culas que pertenecen al suelo que pisamos.</p>
<p class="Cuerpo">No hay nada desechable, nada despreciable en este desierto atiborrado en el que vivimos. Por eso es cre&iacute;ble el momento en el que <em>Ser lugar</em> defiende pedir tambi&eacute;n un deseo cuando sobre nosotros pasa chatarra espacial. &iquest;La poes&iacute;a esboza la gloria de un basurero desconocido, exhibiendo las joyas de un d&iacute;a que es pobre porque no desciende a la humildad de sus materias primas? Para esto, para palpar la sacralidad de lo banal, una alianza secreta de lo &Iacute;nfimo y el Alt&iacute;simo en la que eran expertos los escritores rusos, hay ciertamente que salirse de "la cola del miedo".</p>
<p class="Cuerpo">Lo cual significa sin duda <em>rendirse</em> a lo visible, entrar en la revelaci&oacute;n que s&oacute;lo ocurre tras la derrota, en una aceptaci&oacute;n del signo de la adversidad. El mundo vencido nos entrega otras estrellas, a veces en el sabor renovado de lo m&aacute;s sencillo. Entramos entonces en una oscuridad acogedora donde todo, tambi&eacute;n el &uacute;ltimo amigo muerto, tambi&eacute;n azules imposibles y lunas casi inexistentes, encuentra su lugar.</p>
<p class="Cuerpo">Acompa&ntilde;ado de un rosario de benditos seres an&oacute;nimos, hero&iacute;nas que bajan las luces para que se puedan divisar las estrellas, h&eacute;roes que buscan en la basura para rescatar algo en la masa ingente de lo despreciado. Mientras titanes desconocidos saludan a cualquiera, como si fuera un hermano. <em>Ser lugar</em> est&aacute; ocupado por la voluntad de no herir m&aacute;s, de atenuar una intensa radiaci&oacute;n que ha da&ntilde;ado el umbral en el que ha de vivir cada ser y es culpable de la lenta extinci&oacute;n de las luci&eacute;rnagas. Para este gesto heroico es necesario romper con la manada y salir a la intemperie. Es corporal y moralmente obligatorio sentir un raro orden en lo que parec&iacute;a s&oacute;lo penumbra. Lo que semeja un caos s&oacute;lo es peligroso visto desde una noci&oacute;n de orden demasiado estrecha, excesivamente policial.</p>
<p class="Cuerpo">Este libro, incluso en lo dom&eacute;stico y desesperadamente cotidiano, espera continuamente la conjugaci&oacute;n de lo inesperado. &ldquo;En el principio era la posibilidad&rdquo;, escribe Adalid, el verbo donde el tiempo se hizo carne. &ldquo;Somos lo que ha podido ser de todos los infinitos posibles&rdquo;. Tal vez lo que nuestros abuelos llamaban Dios es tambi&eacute;n la necesidad incalculablemente contingente de las voces, los rostros y cosas. El azar nunca se equivoca, tampoco en un calidoscopio: como se escribi&oacute; hace tiempo, nadie ha hecho jam&aacute;s objeciones a una nube mal formada. Todo lo que ocurre es bueno, el signo de algo que hay que atender, suger&iacute;a un humilde entrenador de f&uacute;tbol.</p>
<p class="Cuerpo">Este libro est&aacute;, como si fuera antiguo, atento a esos signos. Dispuesto a bendecir lo encontrado por el hecho de haber sido <em>hallado</em>, no construido con nuestro orgulloso narcisismo, esta imperial estrategia de radiantes elecciones. El deseo es otra cosa muy distinta al capricho de lo que queremos: incluye escuchar, atender al temple en el que respira cada cosa. Estamos, creo, ante un libro muy "religioso" en su forma devota de ser materialista. Una fe intuitiva compatible, naturalmente, con una desconfianza incansable ante las iglesias. Y esto aunque algunos creyentes no se sientan necesariamente propietarios de nada. Hay un dios que acampa en los descampados, que llama a inclinarnos ante la hierba que se inclina bajo nuestro peso y roza las manos.</p>
<p class="Cuerpo">Las creencias apuestan por lo que no es nuestro, ni apropiable. Son m&aacute;s bien un tipo de relaci&oacute;n que acepta la no pertenencia. No olvidemos que si la industria pretende conservar las cosas a&ntilde;adi&eacute;ndoles un sustancia ajena que finalmente las estropea, el arte conserva dejando ser, entreg&aacute;ndose a la caducidad incorruptible de cada cuerpo.</p>
<p class="Cuerpo">&ldquo;La deslealtad es la nueva ley&rdquo;, leemos en <em>Ser lugar</em>. No quisiera acabar estas notas sin unas palabras sobre una de las primeras especies en v&iacute;as de extinci&oacute;n: la buena educaci&oacute;n, la amabilidad, la atenci&oacute;n. No digamos ya las formas de la bonhom&iacute;a. La celebrada globalizaci&oacute;n no es m&aacute;s que un narcisismo expandido, un sectarismo de masas. Es en realidad incompatible con la atenci&oacute;n a los matices que avivan la singularidad del otro. Si se han perdido las formas es porque &ldquo;la demora de la forma&rdquo;, su ritual silencioso, es la &uacute;nica manera de cortejar la rareza de los contenidos, ese pulular de seres a ajenos a la horda "mundial" de la informaci&oacute;n. Es el mundo mismo el que resiste a la mundializaci&oacute;n. Sin demasiados rodeos, este libro maldice la ferocidad <em>canceladora</em> que se ha adue&ntilde;ado de las democracias occidentales. En tal sentido, <em>Ser lugar </em>es incluso un excelente manual para otra pol&iacute;tica posible, tal vez una nueva y desconocida edad. Aunque, como vemos en las cacer&iacute;as humanas de la actualidad, esa era no est&eacute; pr&oacute;xima a llegar, es una obligaci&oacute;n &eacute;tica y est&eacute;tica preparar su remota posibilidad.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Luis G. Adalid, <em>Ser lugar</em>, RIL Editores, 2024.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 17 Jan 2025 08:04:41 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La extrañeza de Carlos Droguett]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-extraneza-de-carlos-droguett/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/CARLOS_DROGUETT_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>En tiempos de confusi&oacute;n, cuando la fronda cultural amenaza con extraviar el criterio, es bueno retomar la idea de canon como br&uacute;jula literaria. Harold Bloom asociaba la excelencia art&iacute;stica con la rareza, por la cual el autor, en un di&aacute;logo a un tiempo deleitoso y ag&oacute;nico con la tradici&oacute;n que lo precede, finalmente vence, encontrando su propia e inalienable originalidad. &nbsp;</p>
<p>La enorme densidad de la obra de Carlos Droguett, que constituye por s&iacute; misma toda una literatura, posibilita una pl&eacute;yade de enfoques cr&iacute;ticos. De este modo, la vertiente social de la escritura del autor chileno podr&iacute;a ser interpretada, tambi&eacute;n, desde un punto de vista psicoanal&iacute;tico, como una rebeli&oacute;n del hijo (Carlos Droguett-personaje-Cristo) contra el Padre con may&uacute;scula (Don Adolfo-personaje-Dios), contra un progenitor saturniano que devora a sus criaturas &ldquo;desde la primera hoja araucana&rdquo;. Esto es puramente rom&aacute;ntico, y recuerda al Shelley del <em>Prometeo liberado</em>, obra en que J&uacute;piter se bate contra el defensor de la raza humana. As&iacute;, la presencia de Pedro de Valdivia, de los &ldquo;pacos&rdquo; (que llevan a cabo una guerra civil lorquiana contra los proletarios en toda la narrativa de Droguett), la sombra de los oligarcas o del ej&eacute;rcito, entre otros, no ser&iacute;an sino la encarnaci&oacute;n de un super-ego represivo contra el que clama la voz del escritor. Ya en el lejano &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; se enfr&iacute;a la sopa?&rdquo;, de 1932, la palabra &lsquo;padre&rsquo;, en un cuento de apenas unas pocas p&aacute;ginas, aparece mencionada treinta y siete veces. Es una figura que se caracteriza por una frialdad violenta que golpea en lo m&aacute;s hondo al hijo, trasunto de nuestro autor.</p>
<p>Por otra parte, la orfandad materna (do&ntilde;a Sara muere cuando Droguett era muy ni&ntilde;o) trata de sublimarse por medio del arte, y en este sentido podr&iacute;a aseverarse, siguiendo a Julia Kristeva, que en la literatura del chileno, de signo fundamentalmente po&eacute;tico, el genotexto (la reserva del Id, del inconsciente) irrumpe constantemente en el fenotexto, rompiendo la unicidad que en el lenguaje corriente posee el eje de selecci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica. Es en esta clave, quiz&aacute;, como deber&iacute;a leerse la intergenericidad (de una prosa que es siempre l&iacute;rica, de un teatro que es narrativo y po&eacute;tico), la intratextualidad y la intertextualidad de la literatura droguettiana, de los que no se ofrecer&aacute;n aqu&iacute; m&aacute;s que algunos ejemplos (extra&iacute;dos, de forma consciente, de obras que no han sido las m&aacute;s aclamadas por la cr&iacute;tica).</p>
<p>En la cuent&iacute;stica del escritor, tanto en la &eacute;dita (la que parte de los a&ntilde;os treinta del pasado siglo y fue recogida en las colecciones <em>Los mejores cuentos de Carlos Droguett</em>, de 1966, y <em>El cementerio de los elefantes</em>, de 1971) como en la in&eacute;dita (que ya no lo es gracias a la editorial santiaguina LOM) la dominante se desplaza desde lo puramente narrativo hacia lo l&iacute;rico, en unos relatos que cumplen con todos y cada uno de los rasgos de la prosa po&eacute;tica, desde la escasa referencialidad hasta la ambig&uuml;edad del yo de los personajes, cuya identidad se difracta en un sinf&iacute;n de rememoraciones, temas y digresiones. En estos textos la esfera m&iacute;tica transforma el tiempo en circular, y la brillantez del lenguaje (la imagen, el ritmo, el s&iacute;mbolo) desplaza en inter&eacute;s a la trama, al <em>siuzhet</em>, como la denominaban los formalistas rusos.</p>
<p>Como ocurre con la gran literatura, en la obra literaria de Carlos Droguett el signo se disemina siempre. Hay tantos Cristos en su escritura, desde el Jes&uacute;s consuetudinario del cuento &ldquo;El desesperado&rdquo;, de 1933, hasta el Cristo feminizado que concibe Ram&oacute;n Neira, o el personaje sufriente de <em>Eloy</em> o <em>Patas de perro</em>. Sin olvidar al Cristo par&oacute;dico de <em>El hombre que hab&iacute;a olvidado</em>, al guerrillero del mundo antiguo perennemente resucitado en su literatura del exilio o a la figura del criminal, infanticida en <em>El hombre que hab&iacute;a olvidado</em>, o bien asesino de hombres y mujeres en <em>Todas esas muertes.</em> Por no hablar del Cristo tr&aacute;gico de un cuento (magn&iacute;fico) como &ldquo;A veces tambi&eacute;n&rdquo;.</p>
<p>Una se&ntilde;al de buena literatura es el grado de extra&ntilde;amiento que las obras imprimen a nuestra percepci&oacute;n automatizada de la realidad. En esta direcci&oacute;n, vale la pena leer la primera p&aacute;gina de la obra <em>Ventura de Pedro de Valdivia</em> (publicada en Santiago en 1942), del historiador Jaime Eyzaguirre, el cual es un representante de la versi&oacute;n oficial (y oficialista) de la historia de Chile: &ldquo;Le cabe a Chile -dice- revelarse a la historia del mundo con una dignidad especial&iacute;sima. Esa irrupci&oacute;n del esp&iacute;ritu y de la vida de occidente al trav&eacute;s de sus cordilleras hirsutas, de sus desiertos de sobriedad implacable, de sus valles floridos y de sus bosques de h&uacute;meda aroma, tiene todos los acentos de una epopeya grandiosa&rdquo;. Y en lo que concierne a Pedro de Valdivia (un militar de gran celebridad en la &eacute;poca, al que el mismo Francisco Pizarro llama a su lado en la guerra civil del Per&uacute;), se apunta: &ldquo;solo &eacute;l concibe con mirada de estratega la conquista de Chile y con mente de estadista sabe trazar las primeras y m&aacute;s dif&iacute;ciles l&iacute;neas de la organizaci&oacute;n. Valdivia es el art&iacute;fice de esta obra maestra de la audacia, el m&aacute;s arriesgado protagonista de la epopeya, el m&aacute;s fiel historiador de sus hechos de gloria, el captador m&aacute;s tierno y afectuoso de la belleza que exhala la tierra de Chile&rdquo;. Esta visi&oacute;n &eacute;pica de la Conquista comienza con las <em>Cartas</em> de los paladines, donde se articula una visi&oacute;n trascendente de esta empresa hist&oacute;rica, se realiza una autoglorificaci&oacute;n del individuo vencedor y se presenta la tierra ganada como un negocio provechoso, como un bot&iacute;n. La gran innovaci&oacute;n que ponen en pr&aacute;ctica las novelas droguettianas (a saber, <em>Supay el cristiano</em> y <em>100 gotas de sangre y 200 de sudor</em>) es precisamente la de subvertir completamente la epopeya al leer y escribir los hechos de la conquista de Chile a partir de un discurso del fracaso cuyo modelo es el de los <em>Naufragios</em> (1542) de Alvar N&uacute;&ntilde;ez Cabeza de Vaca. Chile no aparece entonces como una tierra de maravillas, sino como un suelo yermo de oro, donde se sufren las inclemencias del tiempo y sobre todo el hambre, una hambruna atroz que hace pensar obsesivamente a los soldados en la antropofagia. El m&eacute;rito de Droguett es el de entregarnos la intrahistoria de la epopeya, en que el hombre com&uacute;n conoce la verdadera cara de la utop&iacute;a. &ldquo;Estaban todos -se dice en <em>100 gotas</em>- ya en Valpara&iacute;so, felices de abandonar la apestosa tierra&rdquo;. Y, los miembros de la tropa &ldquo;sent&iacute;an un extra&ntilde;o gusto en maldecir de Dios y del Rey&rdquo;. La denuncia contra el protocapitalismo (y su derivaci&oacute;n imperialista) no puede ser mayor.</p>
<p>La polifon&iacute;a se advierte en narraciones como <em>Los asesinados del Seguro Obrero</em>, el cual supone a la vez un texto fundacional del g&eacute;nero del testimonio en la literatura latinoamericana y representa asimismo su deconstrucci&oacute;n (y el retrato de los alzados, personajes rom&aacute;nticos, favorece adem&aacute;s esta lectura). Parodia existe, a m&aacute;s de esto, en <em>El compadre</em>, cuyo protagonista proletario, Ram&oacute;n Neira, es un doble a escala real con respecto a personajes del realismo socialista chileno como el Enrique Quilodr&aacute;n de <em>La sangre y la esperanza</em>, de Nicomedes Guzm&aacute;n, o el El&iacute;as Lafertte de <em>Hijo del salitre</em>, de Volodia Teitelboim. Constituyen estos &uacute;ltimos encarnaciones ideales e idealistas de la ortodoxia pol&iacute;tica. Igual ocurrir&aacute; en una obra como <em>Seg&uacute;n pasan los a&ntilde;os</em> donde, junto al retrato hagiogr&aacute;fico del presidente Salvador Allende, aparece una subtrama (la del aviador Francisco y su hermano Roberto) que dialoga intertextualmente con la composici&oacute;n de Carlos Droguett titulada <em>Ca&iacute;n, Abel y Ca&iacute;n.</em> Recu&eacute;rdese que, en esta profund&iacute;sima pieza dram&aacute;tica, Yahv&eacute; resucita a Abel para que se produzca la ansiada reconciliaci&oacute;n, mas el pastor asesina a su hermano con la quijada de burro, difuminando todas las seguridades &eacute;ticas. La complejidad filos&oacute;fica es siempre sin&oacute;nimo de rebeld&iacute;a y ant&oacute;nimo de monologismo y univocidad.</p>
<p><em>Todas esas muertes</em> es un tributo a la belleza m&oacute;rbida, en que aun los elementos m&aacute;s desagradables de la existencia resultan atrayentes sublimados en arte. En esta novela, el mal adquiere un tono uncioso y untuoso muy propio del decadentismo (el relato est&aacute; enclavado temporalmente en la primera d&eacute;cada del pasado siglo), y los actos m&aacute;s crueles de Dubois revisten una apariencia sacra, para escarnio y befa de la religi&oacute;n oficial. De ello resulta una suerte de misticismo endemoniado del que el asesino es ap&oacute;stol. Pero m&aacute;s all&aacute; de estas paradojas, el significado de la novela se disemina a trav&eacute;s de sus intertextos. En este aspecto, la obra posee m&uacute;ltiples niveles, ya que la comprensi&oacute;n del crimen en su funci&oacute;n social y en un sentido nietzscheano provienen muy posiblemente de la novela <em>Crimen y castigo</em>, de Dostoievski, donde Raskolnikov asesina a la vieja usurera con la voluntad de deshacerse de un par&aacute;sito social (como lo ser&aacute;n Lafontaine, Chaille o Titius en <em>Todas esas muertes</em>), pero tambi&eacute;n con el deseo de sobrepujarse, resistiendo la soledad en un p&aacute;ramo allende de lo bueno y lo malo. Ni uno ni otro, ni Raskolnikov (que claudica en brazos de Sonia, que representa la pureza del cristianismo ortodoxo) ni Dubois (que tambi&eacute;n acaba desistiendo) ser&aacute;n capaces de soportar una escisi&oacute;n completa con respecto a su comunidad, instal&aacute;ndose en el puro devenir y en la superaci&oacute;n de todos los valores. El texto droguettiano dialoga tambi&eacute;n con <em>Del asesinato considerado como una de las bellas artes</em>, de Thomas de Quincey, pero sobre todo posee una significaci&oacute;n m&aacute;s profunda, de estirpe psicoanal&iacute;tica. &Eacute;mile Dubois asesina en todos los hombres (que representan simb&oacute;licamente el poder y la ley) a su padre ausente, y en todas las f&eacute;minas a la madre que lo abandon&oacute;. Como dice el protagonista: &ldquo;esas mujeres me dejaron triste, todas las mujeres, desde que tengo recuerdo para acordarme de mi vida me han hecho sufrir y me han ido dejando cada vez m&aacute;s solo, por ellas soy criminal&rdquo;. Las posibles conexiones son evidentes. Carlos Droguett no solo era Eloy, sino que era, en mayor o menor medida, todas sus criaturas literarias.</p>
<p>Se mencionar&aacute; en &uacute;ltimo lugar otra obra pionera, <em>El hombre que hab&iacute;a olvidado</em>, que ha sido ya estudiada como un texto precursor del neopoliciaco y de la novela antidetectivesca en la literatura de Am&eacute;rica Latina. En efecto, a los supuestos hechos (el asesinato plat&oacute;nico-cristiano de cincuenta ni&ntilde;os, a los que alguien corta la cabeza para que su esp&iacute;ritu no sufra la tiran&iacute;a del cuerpo, es decir, del est&oacute;mago) se superpone la versi&oacute;n a lo divino de una serie de testigos sospechosos (los neoevangelistas, a saber: un neur&oacute;tico, un asesino, una prostituta y un morfin&oacute;mano), que confunden al criminal con una especie de Cristo redivivo. De esta suerte, la novela policiaca se transforma en un delirio paranoico y finalmente par&oacute;dico y c&oacute;mico que concretiza una celebraci&oacute;n del arte de la escritura. Estamos ante un texto de una originalidad (y una heterodoxia) que no tiene precedentes (ni subsecuentes) en lengua espa&ntilde;ola.</p>
<p>Incluso el estilo de Carlos Droguett, tironeado entre una acumulaci&oacute;n metaf&oacute;rica con la que quiere abarcarse el mundo y el anacoluto, por medio del cual el af&aacute;n anal&oacute;gico se rebela y deviene en ocasiones verbosidad ca&oacute;tica (igual que en el teatro del absurdo) carece de paralelo en el arte literario de nuestro idioma. Se trata de una literatura densa y dif&iacute;cilmente aprehensible (como la sopa del famoso cuento de Droguett), la cual por su extra&ntilde;eza y originalidad merece sin duda un lugar central en el canon.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="right">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 16 Jan 2025 14:09:18 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Diálogos entre ángeles]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/dialogos-entre-angeles/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/DI_LOGOS_ENTRE_NGELES_-_LUIS_GRACIA_GASPAR_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>El joven investigador literario, Luis Gracia Gaspar nos ofrece, en este su primer trabajo editado, el estudio de un buen pu&ntilde;ado de cartas entre dos poetas tocados por el &ldquo;hado&rdquo;<em>,</em> y es que entre &ldquo;&aacute;ngeles anda el juego&rdquo;<em>, </em>es decir, seres con poderes sobrenaturales cuya m&aacute;xima es servir a un ser superior, ll&aacute;mese poes&iacute;a.</p>
<p>Este ensayo, con un interesante pr&oacute;logo del poeta Luis Antonio de Villena, gira en torno a las &nbsp;sesenta y dos misivas in&eacute;ditas hasta el momento, entre el poeta, traductor y cr&iacute;tico, &Aacute;ngel Crespo, nacido en Ciudad Real y cuyos restos descansan en Calaceite (Teruel) y el vate &mdash;como el autor gusta de llamar a ambos&nbsp; a lo largo del texto&mdash; zaragozano, &Aacute;ngel Guinda, que tambi&eacute;n toc&oacute; el tema de la traducci&oacute;n y sobre todo de la edici&oacute;n. Las cartas originales &nbsp;pertenecen al archivo personal del &uacute;ltimo&nbsp; y a la fundaci&oacute;n Jorge Guill&eacute;n.</p>
<p>No solo encontramos en este texto la informaci&oacute;n contenida en las cartas transcritas por el autor, sino que Gracia Gaspar trasciende lo puramente epistolar y nos ofrece una amplia foto fija del panorama literario del momento. As&iacute;, el libro, tras el pr&oacute;logo y una breve introducci&oacute;n, se divide&nbsp; en dos partes; una primera que a su vez se divide en cuatro periodos y en la que encontramos un an&aacute;lisis pormenorizado de las misivas y de los acontecimientos que a modo de marco hist&oacute;rico nos permiten hacernos una idea de la &eacute;poca en la que estas cartas cruzaron, en su mayor&iacute;a, el Atl&aacute;ntico. Todo esto complementado con una gran cantidad de notas a pie de p&aacute;gina, fruto de la minuciosa investigaci&oacute;n del autor que nos facilita&nbsp; una mejor comprensi&oacute;n y conocimiento de muchos de los nombres que van apareciendo a largo de las conversaciones entre ambos y que dan cuenta de escritores, editores y personajes del mundo intelectual del momento. Magistralmente medidos los tiempos y el ritmo, el autor intercala interesantes notas &nbsp;del diario personal del poeta de Ciudad Real, as&iacute; como fragmentos de otros estudios o art&iacute;culos &nbsp;sobre los poetas y sus obras firmados por &nbsp;escritores como Alfredo Salda&ntilde;a Jos&eacute; Mar&iacute;a Balcells, Jos&eacute; Luis G&oacute;mez Tor&eacute;, Amador Palacios o Luis Jim&eacute;nez Martos entre otros. Adem&aacute;s de extractos de los testimonios de Trinidad Ruiz Marcell&aacute;n, quien no solo fue la primera mujer del aragon&eacute;s, sino su editora y amiga incondicional, o del escritor &nbsp;Manuel Mart&iacute;nez-Forega.</p>
<p>En la segunda parte, el autor nos ofrece las&nbsp; cartas objeto de estudio por orden cronol&oacute;gico, y previamente comentadas y analizadas. De vez en cuando nos regala imagen de la original, &nbsp;bien manuscrita &nbsp;o bien &nbsp;mecanografiada. Esto confiere a los lectores la sensaci&oacute;n de atisbar o de tener acceso a las cosas m&aacute;s &iacute;ntimas de los poetas. Nada&nbsp; hay m&aacute;s &iacute;ntimo y personal que una carta. Y nada m&aacute;s m&aacute;gico que ese&nbsp; mensaje viajando<em> overseas </em>buscando su destino. Personalmente, me he quedado con ganas de m&aacute;s, de saber c&oacute;mo acab&oacute; aquello o c&oacute;mo se desarroll&oacute; lo otro.&nbsp; S&iacute;, ll&aacute;menme morbosa, pero &iquest;qu&eacute;, si no es la curiosidad, te lleva a leer la correspondencia ajena?</p>
<p>Estos ingredientes bien estructurados y dosificados mantienen el inter&eacute;s del lector a lo largo de unas l&iacute;neas que nos recuerdan y confirman que el g&eacute;nero epistolar, considerado ya como un subg&eacute;nero literario m&aacute;s, es<em> </em>&ldquo;la mejor obra del autor&rdquo; o &nbsp;&ldquo;literatura vena adentro&rdquo;<em> </em>como nos recuerda Luis Antonio<em> </em>de Villena<em> </em>en el pr&oacute;logo<em>. </em>Un g&eacute;nero que sigue gozando &nbsp;de buena salud como nos indican los numerosos epistolarios entre escritores que siguen saliendo a la luz. Precisamente uno de&nbsp; los temas que ocupan estas conversaciones en diferido es la publicaci&oacute;n en el &nbsp;entonces reci&eacute;n creado sello editorial de Olifante de las cartas entre Luis Cernuda y el poeta portugu&eacute;s, Eugenio de Andrade, a las que el mismo Crespo tiene acceso por su amistad con el vate luso. Casualidad del destino, sus propias misivas son las que ocupan a otro autor, Luis Gracia Gaspar, cuarenta y cinco a&ntilde;os despu&eacute;s. Y es que antes del advenimiento de las nuevas tecnolog&iacute;as, las cartas fueron tambi&eacute;n para los intelectuales&nbsp; el medio habitual de comunicaci&oacute;n para establecer esos v&iacute;nculos tan necesarios para nutrirse de la otredad y huir de la tan temida soledad del poeta. Esta idea queda corroborada con&nbsp; la relaci&oacute;n epistolar que &Aacute;ngel Guinda decide establecer no sabemos por qu&eacute; (no queda constancia de la primera misiva) con el poeta &Aacute;ngel Crespo que vive en Puerto Rico fruto de un exilio forzoso o m&aacute;s bien autoimpuesto. Qu&eacute; le lleva al aragon&eacute;s a elegir al castellano-manchego como interlocutor es algo que me he preguntado a lo largo de la lectura de esta obra y he buscado, como Luis Antonio de Villena un nexo com&uacute;n entre ambos; no se conoc&iacute;an personalmente, les separan veinte a&ntilde;os y Guinda ni siquiera sab&iacute;a que Crespo resid&iacute;a en Puerto Rico. Busco pues, ya no un nexo sino una&nbsp; raz&oacute;n y la hallo, ya no tanto entre las l&iacute;neas sino &ldquo;leyendo entre l&iacute;neas&rdquo;<em> </em>y viendo como ambos escritores, en un par de cartas olvidan la f&oacute;rmula de cortes&iacute;a &nbsp;y se empieza a fraguar una relaci&oacute;n distendida y sincera. Tenemos acceso en este volumen a las cartas que se cruzaron durante cuatro a&ntilde;os primero ininterrumpidamente y al resto despu&eacute;s y hasta 1989 de una manera m&aacute;s anecd&oacute;tica y distanciada en el tiempo, con detalles pormenorizados de dos visitas a Espa&ntilde;a de Crespo y su mujer, Pilar G&oacute;mez Bedate, muy presente en todos los escritos, y un viaje a Oporto donde se encontraron con Eugenio de Andrade. &iquest;Y qu&eacute; hallo? Pues me encuentro con dos poetas &aacute;vidos de transcender, de ir m&aacute;s all&aacute; de la marginalidad donde se encuentran como explica De Villena. &nbsp;El ma&ntilde;o no es conocido fuera de sus fronteras y el de Ciudad Real no logra reconocimiento m&aacute;s all&aacute; de su tarea de traductor, en especial de la <em>Divina Comedia</em>, cuando &eacute;l lo que quiere es triunfar en Espa&ntilde;a como poeta, que no se le olvide all&aacute; en la patria chica de la que huy&oacute;. Como dos amigos se intercambian poemarios, impresiones de los mismos y pronto se servir&aacute;n el uno del otro para buscar salidas a sus obras y que el trabajo cruzado de ambos les permita que sus nombres suenen en el plano intelectual&nbsp; del momento. Un ambiente que se hace presente en estas p&aacute;ginas en nombres de autores, cr&iacute;ticos y editores o&nbsp; de revistas literarias como <em>Estafeta</em>, <em>&Iacute;nsula </em>o <em>Cal. </em>&nbsp;La lectura de dichas cartas nos ofrece &nbsp;la oportunidad de conocer c&oacute;mo se fraguaba la edici&oacute;n de un libro o la ansiedad que les generaba la falta o la demora de noticias al respecto.</p>
<p>Descubrimos tambi&eacute;n la dimensi&oacute;n m&aacute;s humana de ambos, pues hablar de estos dos bardos no es solo hablar de poes&iacute;a; es hablar de mucho m&aacute;s ya que ambos trascienden al g&eacute;nero l&iacute;rico como podr&aacute;n comprobar quienes se acerquen a estas l&iacute;neas que nos muestran a un Crespo muy interesado en&nbsp; lo espiritual y esot&eacute;rico &mdash;influido seguramente por la lectura y traducci&oacute;n de la <em>Divina Comedia</em>&mdash; que disfruta, defiende y lucha por la pervivencia de las lenguas &nbsp;relegadas como las retorromanas, o la misma fabla o aragon&eacute;s. Al Guinda hombre que sufre las crisis y miserias de su condici&oacute;n humana, &ldquo;que se bebe la vida a tragos&rdquo;<em>,</em> sin abandonar nunca su humor y su facilidad para jugar con el lenguaje. Un Guinda en constante b&uacute;squeda y autodestrucci&oacute;n para renacer de nuevo. Unos poetas muy exigentes en su labor creadora que&nbsp; encuentran el uno en el otro un gran apoyo y est&iacute;mulo para seguir creando.</p>
<p>En suma, no me resta sino felicitar al autor por su elecci&oacute;n del g&eacute;nero po&eacute;tico y a la vez epistolar para su primer trabajo cr&iacute;tico, en el que hace gala de una gran maestr&iacute;a del decir&nbsp; y de una &nbsp;cultura literaria extensa como no pod&iacute;a ser de otra manera siendo hijo de quien es, el&nbsp; profesor, cr&iacute;tico literario y poeta, Jos&eacute; Luis Gracia Mosteo. Agradecerle tambi&eacute;n el ofrecernos la posibilidad de degustar estas cartas que rebosan poes&iacute;a, porque, no olvidemos que,&nbsp; quien es poeta llena de poes&iacute;a todo lo que toca.</p>
<p>&iexcl;Ah! Y no pasen por alto las citas que ilustran la apertura de cada parte. Nada est&aacute; elegido al azar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luis Gracia Gaspar, <em>El epistolario in&eacute;dito entre &Aacute;ngel Crespo y &Aacute;ngel Guinda (1974-1989)</em>, Madrid, Visor, 2024.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 10 Jan 2025 13:38:58 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El drama de los días]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-drama-de-los-dias/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/ANN_LAUTERBACH_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Ann Lauterbach, poeta poco conocida entre nosotros, lectores en espa&ntilde;ol, ocupa, sin embargo, un destacado lugar en la poes&iacute;a norteamericana de nuestros d&iacute;as, y con frecuencia se ha incluido dentro de la vanguardia de aquel pa&iacute;s junto a nombres como David Saphiro, poeta calificado de radical, inspirador del cineasta Jim Jarmush, y con Peter Gizzi, eleg&iacute;aco y luminoso, influenciado por Ezra Pound.&nbsp;</p>
<p>Aunque, tal vez m&aacute;s apropiadamente, con John Ashbery, uno de los mayores poetas norteamericanos del pasado siglo, fallecido en 2017, contorsionista del lenguaje, explorador de los l&iacute;mites de la conciencia, que reflexiona sobre el acto creativo y, en especial, sobre la propia poes&iacute;a; cr&iacute;ptico, ir&oacute;nico, deudor de Auden. Tambi&eacute;n, y muy especialmente, con Barbara Guest, perteneciente a la escuela de Nueva York como el mismo Ashbery y cuya poes&iacute;a se caracteriza por su proximidad con el arte contempor&aacute;neo, sobre todo con el expresionismo abstracto.&nbsp; L&uacute;cida ensayista sobre poes&iacute;a y pintura, como la autora que nos ocupa, se detiene entre otros, con rigor y acierto, en la complejidad de la poes&iacute;a de Wallace Stevens, al que no debemos olvidar como descubridor de una nueva sensibilidad, distinta y audaz, exuberante, llena de sabidur&iacute;a, y como gran transformador de la moderna poes&iacute;a estadounidense.&nbsp;</p>
<p>Ediciones Contrabando nos ofrece dentro de su colecci&oacute;n Marte de poes&iacute;a esta edici&oacute;n biling&uuml;e de la mano de la escritora y traductora Marta L&oacute;pez Luaces, que demuestra un profundo conocimiento, dedicaci&oacute;n y pasi&oacute;n para poder verter en nuestra lengua este poemario con la exigencia que requiere, ya que trata de reconstruir con &eacute;xito, en la lengua de llegada, complejos matices, sin tener que recurrir a excesivas amplificaciones cuando el ingl&eacute;s se muestra m&aacute;s econ&oacute;mico estructuralmente que el castellano.<em>&nbsp;</em></p>
<p><em>Y por ejemplo </em>es el quinto libro de poes&iacute;a de los once de esta autora y fue publicado en 1994. Es la primera vez que es traducido al espa&ntilde;ol y suponemos que la elecci&oacute;n de este t&iacute;tulo se debe al hecho de ser este poemario un pilar fundamental de la obra. Por densidad tem&aacute;tica, por su intensa meditaci&oacute;n que hace que el lector llegue a abandonar el mismo poema y entre en un laberinto de reflexiones, en una nueva idea de libertad, de m&iacute;stica de la creaci&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>Hay en estos poemas un perfeccionamiento intelectual de la poes&iacute;a, una exigencia emocional del escritor que quiere esculpir el drama de los d&iacute;as en tan solo dos versos: &ldquo;Deb&iacute;a hacer mucho fr&iacute;o / En el cubo lleno de lo previo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Si bien es cierto que Lauterbach se ha definido en alguna entrevista como<em>: </em>&ldquo;lonely, paranoid and scared&rdquo;, algo as&iacute; como: solitaria, paranoica y temerosa, ante la idea de ser clasificada, todos nosotros sabemos que en poes&iacute;a la inclusi&oacute;n en un determinado grupo es una obsesi&oacute;n sist&eacute;mica; poner l&iacute;mites a la literatura, encerrar el vasto mundo del poeta dentro de una caja de cerillas; estandarizar es tentaci&oacute;n en quienes no creen en el ser del mismo lenguaje, porque no han descubierto su infinita libertad; en el poema &ldquo;&Eacute;pocas perdidas&rdquo;, dice: &ldquo;Aspiro la noche estoy bordada a ti / con una pena incendiaria&rdquo;<em>.</em>&nbsp;</p>
<p>Ha dicho, con solemnidad, en numerosas entrevistas, sentirse en la periferia; es una manera de expresar su inconformismo, una protesta apasionada, po&eacute;tica, irreconciliable con la castrante clasificaci&oacute;n en cualquier orden de la vida, y as&iacute; es, pues el lenguaje con el que se construye <em>Y por ejemplo</em> expresa esa extra&ntilde;a mezcla de una voz que son muchas voces, el <em>yo </em>po&eacute;tico se diluye, en realidad parece que se busca a s&iacute; mismo en la voz en <em>off</em> que &eacute;l mismo proyecta. Esa exigencia suya en la diferenciaci&oacute;n, en la b&uacute;squeda sin que sea nunca forzada, en la creaci&oacute;n de un tejido vivo: &ldquo;todo robado a algo llamado abril&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Hay un mundo propio muy trabajado que desencadena en cada poema una especie de conmoci&oacute;n emocional. La pujanza evocadora aparece disfrazada entre los restos del propio poema roto, fragmentado.&nbsp;</p>
<p>En &ldquo;Cenizas, Cenizas (Ashes, Ashes)&rdquo; -t&iacute;tulo de la &uacute;ltima parte del poemario-, en la propia abstracci&oacute;n de lo que no llega a decirse por falta de aire, es donde la creadora neoyorkina m&aacute;s se entrega: &ldquo;Soy un atuendo abandonado / mi categor&iacute;a est&aacute; rota // Codicio el extremo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>V&iacute;nculo de naturaleza compleja, las palabras exploran en esa especie de desmoronamiento de lo cotidiano en nuestras vidas, a veces con falsa trivialidad, otras con la sobrecogedora elocuencia de quien todo escruta y analiza; con la evocaci&oacute;n eleg&iacute;aca que los grandes poetas hacen coincidir con el deseo de renovaci&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>En ella podemos escuchar, entre otros, los ecos de Rilke, Elliot, Stevens, Auden o Faulkner. Podemos sentirlos porque en la gran poes&iacute;a habita la poes&iacute;a de los que hicieron al poeta ser quien es.&nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>
<p>Destrucci&oacute;n y renovaci&oacute;n se encuentran, pero la felicidad no existe, no es real, no es algo que se pueda concretizar, sino que es un concepto abstracto, moral.</p>
<p>Explorar en el desmoronamiento, en la capacidad para soportar la tragedia de la p&eacute;rdida; hallar el eslab&oacute;n que te ha de mantener enganchado al mundo, que ese eslab&oacute;n sea el mismo mundo de las cosas reales; el tiempo presente que es un punto fijo, una anilla donde sujetarnos, rodeados del oc&eacute;ano de las ausencias. Asistimos a la dramatizaci&oacute;n del paso del tiempo. Ann Lauterbach hace crecer sus poemas en la tensi&oacute;n ps&iacute;quica y se eleva por encima de las palabras. Crea otra lengua en la lengua y busca los l&iacute;mites de &eacute;sta.&nbsp;</p>
<p>El poeta ha de llegar a ese &ldquo;punto cero&rdquo; del que nos hablaba Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente, el de la libertad creativa, infinita, sin l&iacute;mites, que escapa del sistema dominante; ha de saber convertir la ausencia en presencia y ser consciente del sentido del ser y en ese desorden del alma saber dialogar con los fantasmas de lo no dicho y soltar el cometa de la imaginaci&oacute;n.&nbsp; &nbsp;</p>
<p>Esculpir dentro de esa falta de fuerzas para que &eacute;sta se torne fuerza, b&uacute;squeda y curaci&oacute;n. Llenar una superficie blanca. Escribir no para transmitir un mensaje sino para ser ave que deja su trazo en el cielo.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Ser&iacute;a muy de agradecer que Marta L&oacute;pez Luaces tradujese su reciente poemario <em>Door </em>(&ldquo;Puerta&rdquo;), aparecido en 2023.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;Ann Lauterbach, <em>Y por ejemplo</em>, Valencia, Ediciones Contrabando, 2024.&nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 10 Jan 2025 13:27:05 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Fosfenos”: destellos en la esquina del verso]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/fosfenos-destellos-en-la-esquina-del-verso/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2025/ENRIQUE_VILLAGRASA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo">Enrique Villagrasa teje un trama po&eacute;tica desde el Jiloca hasta Tarragona que atrapa al lector.</p>
<p class="Cuerpo">Me he quedado pegada, como un insecto, a la gigantesca tela de ara&ntilde;a que ha tejido, con paciencia y primor, el poeta y critico literario Enrique Villagrasa. Se trata de su &uacute;ltimo poemario: <em>Fosfenos</em>, cuyo t&iacute;tulo ya previene de los posibles riesgos que entra&ntilde;a la lectura: una vez que se posan los ojos en &eacute;l, es dif&iacute;cil olvidar la luz que desprende. Son fogonazos que quedan atrapados en la mirada y que siguen deslumbr&aacute;ndonos aunque el objeto resplandeciente ya no est&eacute; al alcance de la vista.</p>
<p class="Cuerpo">&iquest;Y qu&eacute; nos muestran esos fosfenos? Nos hablan del protagonista del poemario, que aparentemente es Burb&aacute;guena, el pueblo turolense a orillas del Jiloca donde naci&oacute; el poeta, pero que, en realidad, constituye un <em>alter ego</em> de la voz po&eacute;tica. El escritor personifica el paisaje hasta tal punto que el ser humano se integra en el mismo y no puede desligarse de &eacute;l. Es como si fuera una parte m&aacute;s del lugar al que pertenece. Aunque se aleje del sitio, sus ra&iacute;ces lo conectan a esa tierra y se sigue alimentando de ella en la distancia. El lector siente c&oacute;mo el r&iacute;o Jiloca lo va llevando, aguas abajo, desde Burb&aacute;guena hasta Tarragona, la localidad donde vive Villagrasa pero no se trata de un viaje definitivo, porque da la sensaci&oacute;n de que la marcha nunca se ha producido y solo ha sido una ilusi&oacute;n. Los fosfenos siguen brillando y traen Burb&aacute;guena de vuelta.</p>
<p class="Cuerpo">En Burb&aacute;guena la voz po&eacute;tica toma forma, se construye. El paisaje se encarna y la carne se hace verso. Del paisaje al verso media el poeta, que est&aacute; dispuesto a desparecer para destilar la poes&iacute;a que existe en ese lugar. Y en esta fusi&oacute;n hombre-paisaje podemos observar, transparente como las aguas del Jiloca, la esencia misma de la poes&iacute;a.</p>
<p class="Cuerpo">Y, as&iacute;, cuando leemos <em>Fosfenos</em> comprobamos que, a partir de unos cuantos hilos luminosos se va tejiendo un poemario que se plantea en la naturaleza arm&oacute;nica y va cobrando intensidad conforme avanza la obra hasta llegar a un &eacute;xtasis final donde las r&aacute;fagas de obsesiones consiguen posarse y descansar, de nuevo, en la esquina del verso. All&iacute; temor y temblor se agitan en calma y, posiblemente, se materializa el regreso final a la vi&ntilde;a de los ancestros, cuyo espejismo camina como una sombra fiel desde el comienzo de la obra: "Frente a ti, la vid de la poes&iacute;a y su sabor".</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Enrique Villagrasa, <em>Fosfenos</em>, Madrid, Huerga y Fierro, 2024.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 10 Jan 2025 13:10:13 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Recordando a Samuel Beckett]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/recordando-a-samuel-beckett/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/JAVIER_OLIVARES_JORGE_CARRI_N_-_SAMUEL_BECKETT_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>En lo m&aacute;s profundo de la mente humana, m&aacute;s all&aacute; de los museos, la ciencia-ficci&oacute;n, Stephen King o el teatro p&aacute;nico, ah&iacute;, donde los avatares pelean contra la pulsi&oacute;n del detalle, se encuentra el recuerdo de Samuel Beckett. Premio Nobel, irland&eacute;s afincado en Par&iacute;s, humano herm&eacute;tico&hellip; del que Jorge Carri&oacute;n en el texto y Javier Olivares en la ilustraci&oacute;n, realizan un friso vital y creativo en esta novela gr&aacute;fica, <em>Samuel &amp; Beckett</em>, editada por Salamandra. Una obra profunda, que recorre no solo las andanzas del autor dublin&eacute;s, tambi&eacute;n es un esbozo intr&eacute;pido y compacto de la historia social y cultural de la Europa de entreguerras, del territorio que resiste a dejar de ser la cuna formativa de los movimientos de vanguardia, a pesar de los tiros, la tristeza y el hambre. Beckett, que nacer&aacute; con la primera de las contiendas, fallece con el desgraciado estreno de la masacre balc&aacute;nica. El dolor de las trincheras, la liberaci&oacute;n pop, la contracultura: ser&aacute; Beckett capaz de intuir la pataf&iacute;sica y servir de inspiraci&oacute;n de la <em>no-wave</em> de Birthday Party. Palabras mayores, no excluyentes, por otro lado, de una autoridad intelectual que le permite ser tratado de igual a igual con autores como su amigo James Joyce o el argentino Jorge Luis Borges. Samuel Beckett, desde la portada del libro, parece la emanaci&oacute;n pura de la toxicidad <em>beatnik</em>, con ese rostro pop que nos recuerda al vidrio de amarillo l&aacute;udano de William Burroughs o se construye, mim&eacute;tico y circular, en sus gafas John Lennon, en sus gafas Fernando Arrabal. Sin querer ser simplista, Olivares capta su aura entre maldito y tecn&oacute;crata para demostrarnos, desde la misma presentaci&oacute;n, un esp&iacute;ritu atrapado en una existencia at&aacute;vica, esquem&aacute;tica en sentimientos y reacciones. La estructura de la obra, con una doble p&aacute;gina de color amarillo viscoso, apagado mate de pel&iacute;cula radioactiva, agrio, sirve de introducci&oacute;n a las vi&ntilde;etas en negro profundo, negro variado, alg&uacute;n blanco de amor, dinero y esperanza. Narraci&oacute;n lineal que va desde el a&ntilde;o 1906, en Dubl&iacute;n, con su hermano, su madre (de la que no escapar&aacute; nunca, metaf&oacute;rica y, seg&uacute;n Carl Jung, pr&aacute;cticamente de manera biol&oacute;gica) y su padre, importante basti&oacute;n estructural de su biograf&iacute;a. El padre, con los libros de John Milton, paseante en la delicada formaci&oacute;n de la ciudad, se ofusca en la pl&eacute;yade de alcohol y patata con la que la capital irlandesa acabar&aacute; expulsando a sus hijos. Mapas que, por el orden trazado, m&aacute;s que mapas son planos. Se trata pues de &ldquo;Una cerradura complicada que no se puede abrir con una llave sencilla&rdquo;. El masaje del disparate, la l&iacute;rica austera de las im&aacute;genes, un autor que hace de la ausencia una presencia. As&iacute;, sin dios, sin ley, sin sentido, se adentra en las ideas del que ser&aacute; su teatro, pleno de arenas postapocal&iacute;pticos, de desiertos abandonados devorados por la gangrena. En su miop&iacute;a de desconsuelo busca Par&iacute;s como gu&iacute;a, all&iacute; tendremos a James Joyce acompa&ntilde;ando su formaci&oacute;n definitiva hacia la literatura. Sombras para la belleza en forma de la hija de Joyce y un intento de asesinato que ser&iacute;a encarnaci&oacute;n del absurdo futuro. La voz del alcohol y la madrugada del autor de &lsquo;Dublineses&rsquo; que lo rodea: &ldquo;Posiblemente todos los caminos sean equivocados, pero debes encontrar el camino equivocado que te conviene&rdquo;. Carl Jung, del que he escrito al principio, le permite introducirse en la &lsquo;Teor&iacute;a del hombre retenido&rsquo;, atrapado en el interior del vientre materno, el hombre atrapado, que no ha nacido todav&iacute;a. Resolviendo, en parte, algunas de las inc&oacute;gnitas que le atan emocionalmente. Un esquema de acci&oacute;n ante la luz y el fuego, el aviso de una Alemania que arde y el combustible son el arte y la libertada. La ruptura de los espejos, una especie de muestrario de enfermos monstruos que no desean contemplarse, una distancia de absolutos. El amor, que es como un juego de naipes, en el que no sabes qu&eacute; cartas te van a tocar ni c&oacute;mo son las reglas. Tal vez en Par&iacute;s, con su baraja francesa y el alimento de una Peggy Guggenheim que aparece con invitada especial. Ojos de glamour, el intento de asesinato, la cuchilla cubierta de luz de farola del proxeneta que hace que la herida le lata en el pecho como un segundo coraz&oacute;n (o el m&uacute;sculo quiera huir a trav&eacute;s de la rendija).&nbsp; Par&iacute;s, el Par&iacute;s ocupado, su ingreso en la resistencia, papel y tinta. Uno, lector, se ve abocado a repasar la Teor&iacute;a de Grafos para entender las ra&iacute;ces, los v&eacute;rtices y las posibilidades. Personajes decadentes que lo rodean y que acabar&aacute;n siendo el alimento perfecto para su obra. Miniaturas que se iluminan con el fuego de un cigarrillo. Una pieza del ajedrez que cae, intelectual de manos agarrotadas, incapaz de atrapar la herramienta que lo alimente a &eacute;l y a su mujer Suzanne. Personajes que se ahogan en las distintas bilis del hombre, esperan su papel m&iacute;nimo en las obras que los mantengan como avatares de la eternidad. Acr&oacute;nimos que sostienen el apellido, como permutaciones con y sin repetici&oacute;n de un personaje, 'Molloy', capaz de airear su miseria, los dos esperando en un lugar que se define por la ausencia. La misma que la del autor en el estreno de &lsquo;Esperando a Godot&rsquo; en el teatro de babilonia. La prensa es un aplauso y, luego, perm&iacute;tanme esta veleidad nada objetiva, detenerse en la magna &lsquo;Final de partida&rsquo;, una de mis obras favoritas, con los reyes en toneles, la arena que lo cubre todo como el polvo del apocalipsis, los prism&aacute;ticos para buscar restos de una revuelta que no tuvo &eacute;xito. La inyecci&oacute;n del Rey, la morfina y el algod&oacute;n. Junto a 'Fando y Lis' de Fernando Arrabal o 'A puerta cerrada' de Jean Paul Sartre, el dibujo introductorio de los autores avisa, tras el amarillo, el s&iacute;mbolo claro de peligro radioactivo. La parte m&aacute;s nutritiva es, sin duda, la que abordan Olivares y Carri&oacute;n tras el &eacute;xito teatral, buceando en la pasi&oacute;n de Samuel Beckett por las formas de expresi&oacute;n audiovisuales, cristalizando en la radio, con sus teatros le&iacute;dos para BBC y el encuentro con Buster Keaton para rodar FILM. Keaton, con sus pantalones de jubilado, subidos muy por encima de la cintura, remueve el sue&ntilde;o de la Am&eacute;rica de pastel de manzana y unifamiliares. No entiendo nada, confiesa, sin rumor, el actor de cine mudo. Un partido de b&eacute;isbol, una partida de cartas terminada porque todos los participantes han fallecido. A&uacute;n en su estancia en Brooklyn, durante el rodaje, Beckett encontrar&aacute; una extra&ntilde;a paz en el dise&ntilde;o urbano, eucl&iacute;deo y racional de la ciudad, sin olvidar, ni por un momento, que Europa, todav&iacute;a de pie, colecciona cicatrices muy profundas, igual que los Estados Unidos hacen con sus conflictos perdidos. El Premio Nobel, los ideales, la degradaci&oacute;n y la b&uacute;squeda del perd&oacute;n: &ldquo;&iquest;Me permitir&aacute; mi obra que vuelva ella despu&eacute;s de esto?&rdquo;. Dos fechas, 1977, el &uacute;ltimo a&ntilde;o de Eddy Merckx en el ciclismo, la entrevista de Charles Juniet, el boxeo, la cultura popular, se suceden frente a &eacute;l las trivialidades que regala la paz. Pero, con una obra de teatro de un minuto, &eacute;l se conforma con escuchar. Todas las cosas son importantes. La segunda, 1989. Beckett, tras la muerte de sus padres y su esposa, es el &uacute;ltimo de la fiesta, el que le toca bailar con la muerte. &iquest;Sigue el p&uacute;blico contemplando el escenario? &iquest;Est&aacute; Samuel Beckett dentro de ellos? &iquest;O del vientre de su madre? Los s&iacute;mbolos, sus s&iacute;mbolos, son poderosos, no se puede atrapar, su rostro se filtra en las paredes de ladrillo y &eacute;l se expande, sin posibilidad de extirpar su presencia de nosotros, sus lectores, pero tambi&eacute;n de Europa, la Europa que lo aliment&oacute; de leche agria y cinismo hasta que lo hizo parte de su interior, de su material gen&eacute;tico. Nadie podr&aacute; ahora impedir su salida. Fundido a negro. Volver a la vida con la excusa de la muerte del genio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Javier Olivares y Jorge Carri&oacute;n, <em>Samuel &amp; Beckett</em>, Barcelona, Salamandra, 2024.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 18 Dec 2024 13:29:32 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nada, una novela excepcional]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/nada-una-novela-excepcional/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/CARMEN_LAFORET_4_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Pocas obras dentro de la literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea poseen la singularidad de <em>Nada</em> de Carmen Laforet (1921-2004), ya sea por el aura de misterio que rodea a la autora o por&nbsp; la excepcionalidad de una novela fulgurante, &uacute;nica, que descuella dentro del panorama narrativo tras la guerra civil. Desde su publicaci&oacute;n en 1945 y con el espaldarazo que supuso el Premio Nadal, no ha dejado de publicarse (se explica convenientemente en la &ldquo;Introducci&oacute;n&rdquo;, que descarga as&iacute; al texto de muchas notas a pie de p&aacute;gina y agiliza la lectura), a la vez que ha ido aumentado la admiraci&oacute;n hacia una novela que forma parte del canon literario moderno. <em>Nada</em> se convirti&oacute; muy pronto en un &ldquo;fen&oacute;meno socioliterario&rdquo;, que arrumb&oacute; al resto de la producci&oacute;n novel&iacute;stica de Laforet y que pareci&oacute; convertir a su autora en la escritora de una sola obra, algo que, como bien se explica en la mencionada &ldquo;Introducci&oacute;n&rdquo;, no es tal. Sin embargo, para buena parte de la cr&iacute;tica y numerosos estudiantes de bachillerato, esta novela no es sino un ep&iacute;grafe <em>m&aacute;s</em> dentro de la narrativa espa&ntilde;ola de posguerra, aunque antes, cuando se le&iacute;a bastante m&aacute;s que ahora en los cursos preuniversitarios, era una de las lecturas obligatorias, de esas que, como <em>El &aacute;rbol de la ciencia</em> de Baroja, <em>Las ratas</em> de Delibes o <em>Tiempo de silencio</em> de Mart&iacute;n Santos, hab&iacute;a que leer (y sobre todo descubrir y disfrutar). El recuerdo de las ediciones de C&aacute;tedra &ndash;colecci&oacute;n &ldquo;Letras Hisp&aacute;nicas&rdquo;, color negro (y tipograf&iacute;a no muy grande)- est&aacute; tambi&eacute;n asociado a parte de esas lecturas, a introducciones amplias, documentadas y rigurosas que deb&iacute;an acompa&ntilde;ar al texto, convenientemente editado. Esa labor ecd&oacute;tica, profunda y detallada, es la que vemos en esta nueva edici&oacute;n de <em>Nada</em>, a cargo de Jos&eacute; Teruel, quien tambi&eacute;n ha editado con primor las obras completas de Carmen Mart&iacute;n Gaite en C&iacute;rculo de Lectores (por cierto, en el n&uacute;mero 124 de <em>Turia</em> aparece un extenso estudio en torno a la investigaci&oacute;n que la autora de <em>Usos amorosos de la posguerra</em> llev&oacute; a cabo sobre los Tor&aacute;n) y a quien se deben unos cuantos estudios esenciales de la literatura espa&ntilde;ola del siglo XX (como los de Luis Cernuda). Su &ldquo;Introducci&oacute;n&rdquo; resulta clara y amena, y sit&uacute;a a los lectores en el contexto de creaci&oacute;n y recepci&oacute;n de la obra, tan importante para entender el porqu&eacute; de su trascendencia.</p>
<p>Lo que tal vez m&aacute;s pueda sorprender a los lectores que se enfrentan por primera a la novela es el hecho de que la novela en s&iacute; posee una estructura lineal sencilla &ndash;un curso acad&eacute;mico, con tres partes-, de pocas regresiones temporales, y en la que aparentemente a la protagonista no le suceden muchas cosas, sino que es m&aacute;s bien testigo de diversos acontecimientos relacionados con su familia y amistades. Es, por otro lado, y as&iacute; se ha venido diciendo desde hace tiempo, una novela de aprendizaje, en la que a trav&eacute;s de la voz de la narradora-protagonista, Andrea, vamos conociendo a su familia, el piso de la calle Aribau, la universidad y la ciudad de Barcelona en&nbsp; ese curso de 1939-1940. Tambi&eacute;n es una novela que muestra el &ldquo;mito de la conciencia desorientada&rdquo;, las cicatrices de la guerra y se convierte en la obra que representa a una generaci&oacute;n, la de esos j&oacute;venes de comienzos de los cuarenta que, en muchos casos, vivieron la guerra sin participaci&oacute;n directa, pues eran apenas unos adolescentes. Quiz&aacute;s sea este &uacute;ltimo aspecto sobre el que m&aacute;s se incide cuando se analiza la novela, ya que se considera fundacional de un tipo de narrativa y representativa de un tiempo y una nueva forma de narrar, que tendr&aacute; su continuaci&oacute;n en la novel&iacute;stica posterior.</p>
<p>Pero no solo hay que prestar atenci&oacute;n al contexto hist&oacute;rico y social en el que transcurre la narraci&oacute;n, que es la inmediata posguerra, con todas sus secuelas y heridas abiertas, sino a lo que se cuenta y c&oacute;mo se hace. La familia de Andrea y el piso de la calle Aribau son sin duda dos de los principales elementos que van jalonando los diversos cuadros e impresiones &ndash;muchas de ellas negativas- con los que la protagonista intercala su narraci&oacute;n, a modo de retratos que de alg&uacute;n modo anticipan procedimientos narrativos posteriores. Sus dos t&iacute;os, Juan y Rom&aacute;n, su tutora Angustias, la misteriosa figura de Gloria, la presencia de la abuela y ese ni&ntilde;o por el que sufrimos cada vez que aparece o se le menciona, son la familia de Andrea, y de ellos se ofrecen retazos de vida, secretos y miedos. De ellos, posiblemente sea la figura del t&iacute;o Rom&aacute;n la m&aacute;s enigm&aacute;tica y compleja, con muchas sombras e historias detr&aacute;s de las que vamos obteniendo detalles. Su comportamiento y su aire mujeriego, algo canalla, lo convierten en heredero de la estirpe de personajes masculinos que aparec&iacute;an en numerosas novelas del XIX. Y por la parte no familiar, la de las amistades y la universidad, sin duda ser&aacute; Ena, la amiga de Andrea, el personaje m&aacute;s importante, aquel que con sus idas y venidas, est&eacute; presente en la vida de nuestra protagonista durante ese curso escolar. Los amigos de la universidad, el pelma de Gerardo, el amigo Pons o el ambiente de la Barcelona de 1940 son otros de los elementos narrativos que son presentados a los lectores de un modo a veces fragmentario, con recuerdos e impresiones de ellos a trav&eacute;s de sucesivos episodios.</p>
<p><em>Nada</em> es la novela que, en un estilo nuevo y diferente, muestra de manera clara la deriva y el &ldquo;desarraigo existencial&rdquo; de una generaci&oacute;n y de una joven que nace a la vida tras la guerra civil. Su familia, venida a menos, rota y desquiciada por momentos, ser&aacute;, junto a la opresiva y oscura casa familiar, una fuerza opresiva sobre Andrea. Tampoco las amistades y el mundo universitario ofrecer&aacute;n, salvo algunos destellos, claridad y tranquilidad a la protagonista, que deber&aacute; ir adapt&aacute;ndose a las circunstancias de la mejor manera posible, aprendiendo a base de decepciones y peque&ntilde;os fracasos (tal vez el episodio de la fiesta de Pons sea un ejemplo de ello). Esta novela es esencial dentro de la historia de la literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea, no solo por su singularidad y especiales circunstancias (&iquest;qu&eacute; j&oacute;venes autores son capaces de escribir una obra como esta con poco m&aacute;s de 23 a&ntilde;os?) o por todo lo que la ha rodeado y que todav&iacute;a hoy nos seguimos preguntando. Las historias que se intuyen detr&aacute;s de lo que se cuenta tienen tambi&eacute;n su influjo sobre los lectores, pues no menos importante es aquello que se omite y calla en la narraci&oacute;n. Quiz&aacute;s en tiempos de zozobra como los que vivimos ahora deber&iacute;amos volver a las obras que sustentan nuestra formaci&oacute;n literaria y personal, aunque sea para sentir la desaz&oacute;n y angustia de Andrea, esa &ldquo;chica rara&rdquo; que protagoniza <em>Nada</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Carmen Laforet, <em>Nada</em>, edici&oacute;n de Jos&eacute; Teruel, Madrid, C&aacute;tedra, 2020.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 16 Dec 2024 13:09:38 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La sombra de lo que fuimos ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-sombra-de-lo-que-fuimos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/LUIS_SEP_LVEDA_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Aunque en nada compense la p&eacute;rdida que ha significado su muerte, recordar la obra literaria de Luis Sep&uacute;lveda es contribuir a que su presencia siga viva de alg&uacute;n modo. Los muchos a&ntilde;os de residencia en Gij&oacute;n (desde 1997) no agotan su relaci&oacute;n con Asturias: en 1988 obtuvo el Premio Tigre Juan de Novela Corta con <em>Un viejo que le&iacute;a novelas de amor</em>, donde fijaba los recuerdos de sus experiencias cuando en 1978 vivi&oacute; en la Amazon&iacute;a ecuatoriana, y cuyo &eacute;xito habr&iacute;a de suponer alg&uacute;n tiempo despu&eacute;s la irrupci&oacute;n de su autor en el &aacute;mbito entonces prestigioso de la novela latinoamericana. &ldquo;Esquivando la escuela del realismo m&aacute;gico, tan en boga en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, la creaci&oacute;n de Luis Sep&uacute;lveda discurre por las nuevas corrientes de una escuela narrativa que hace hincapi&eacute; en la &laquo;magia de la realidad&raquo;&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftn1">[1]</a>, se pod&iacute;a leer en el pr&oacute;logo a la primera edici&oacute;n. Lo cierto es que ni el realismo m&aacute;gico hab&iacute;a estado en boga en los a&ntilde;os precedentes (aunque el Premio Nobel adjudicado en 1982 a Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez hubiera actualizado la significaci&oacute;n de <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em> e incrementado su difusi&oacute;n internacional), ni <em>Un viejo que le&iacute;a novelas de amor </em>era ajena al registro hiperbolizante de aquella famosa novela, a su narraci&oacute;n imperturbable de sucesos incre&iacute;bles, como puede comprobar cualquiera que se acerque al relato protagonizado por Antonio Jos&eacute; Bol&iacute;var Proa&ntilde;o y advertir las reiteradas menciones de su difunta esposa Dolores Encarnaci&oacute;n del Sant&iacute;simo Sacramento Estupi&ntilde;&aacute;n Otavalo.</p>
<p>Sep&uacute;lveda volv&iacute;a a proponer al lector un mundo irreductible a los modos del pensamiento europeo y asociado con frecuencia a lo m&iacute;tico, a lo primitivo, a lo popular o no intelectualizado. Ciertamente, las diferencias eran notorias. La magia de la realidad parec&iacute;a acentuarse al recuperar espacios que la literatura hispanoamericana contempor&aacute;nea hab&iacute;a marginado en aras de su modernizaci&oacute;n. Al releer ahora <em>Un viejo que le&iacute;a novelas de amor</em> no he podido no recordar la selva devoradora de <em>La vor&aacute;gine</em>, de Jos&eacute; Eustasio Rivera, o a los j&iacute;baros y z&aacute;paros de <em>Cumand&aacute; o un drama entre salvajes</em>, de Juan Le&oacute;n Mera. Esa recuperaci&oacute;n inevitablemente result&oacute; condicionada por inquietudes ecologistas que actualizaban la imagen del buen salvaje y subrayaban su adaptaci&oacute;n a una naturaleza solo agresiva con los que pretend&iacute;an devastarla, estos decididamente ligados al capitalismo y al poder de quienes lo ejercen en Latinoam&eacute;rica por delegaci&oacute;n del imperialismo. Esta perspectiva hist&oacute;rica y pol&iacute;tica invalidaba cualquier interpretaci&oacute;n &ldquo;metaf&iacute;sica&rdquo;: el mundo latinoamericano no estaba al margen de la historia, m&aacute;s bien era su v&iacute;ctima<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftn2">[2]</a>. Adem&aacute;s, <em>Un viejo que le&iacute;a novelas de amor</em> ofrec&iacute;a otros aspectos de inter&eacute;s, acordes con orientaciones de la narrativa hispanoamericana que entonces parec&iacute;an novedosas y que esa novela ven&iacute;a a fortalecer: el t&iacute;tulo y la tal vez inveros&iacute;mil afici&oacute;n del casi analfabeto protagonista a leer melodram&aacute;ticas historias de amor &mdash;cabe suponer que en la l&iacute;nea de <em>El Rosario</em> (1909), la novela de Florence L. Barclay mencionada en el relato&mdash; se ajustaban a la entonces extendida pretensi&oacute;n de asimilar g&eacute;neros antes incompatibles con la calidad de la verdadera literatura.</p>
<p>Las novelas posteriores de Sep&uacute;lveda habr&iacute;an de ofrecer otras particularidades, pero las se&ntilde;aladas pueden servir para iniciar un acercamiento al conjunto de su obra. No es dif&iacute;cil advertir en <em>Yacar&eacute;</em>, relato que el diario madrile&ntilde;o <em>El Pa&iacute;s</em> public&oacute; por entregas en 1997, inquietudes similares a las mostradas por <em>Un viejo que le&iacute;a novelas de amor</em>, ahora al narrar la sucesi&oacute;n de asesinatos con curare cometidos por los &uacute;ltimos indios anar&eacute;, en venganza por las muertes de los miembros de la tribu perpetradas por quienes violan la prohibici&oacute;n de cazar yacar&eacute;s en El Platanal, la llanura aluvial del Mato Grosso brasile&ntilde;o y las zonas lim&iacute;trofes del Paraguay y Bolivia. Pero Sep&uacute;lveda ya hab&iacute;a encontrado otro &aacute;mbito sobre el que verter sus inquietudes ecologistas: el narrador de <em>Mundo del fin del mundo</em><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftn3">[3]</a> era alguien que en su juventud, animado por la lectura de <em>Moby Dick</em>, se embarc&oacute; en una ballenera y a&ntilde;os despu&eacute;s regresaba al sur de Chile como miembro de <em>Greenpeace</em> para enfrentarse a las faenas depredadoras de los pescadores japoneses, ahora fascinado por los territorios que parec&iacute;a haber descubierto con la lectura de <em>En la Patagonia</em>, de Bruce Chatwin. Quiz&aacute;s <em>Historia de una ballena blanca</em>, una de sus novelas &ldquo;para j&oacute;venes de 8 a 88 a&ntilde;os&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftn4">[4]</a> y la &uacute;ltima ficci&oacute;n que public&oacute;, ayuda a comprender mejor el sentir de Sep&uacute;lveda al respecto: una concha de loco permit&iacute;a al escritor escuchar y transcribir el relato narrado por una ballena, ocasi&oacute;n para dar cuenta de las distintas especies de cet&aacute;ceos y de sus problem&aacute;ticas relaciones con el hombre, y para recordar que los <em>lafkenche</em> o gente de mar no mostraban la actitud depredadora de los balleneros. Sep&uacute;lveda recuper&oacute; adem&aacute;s la leyenda mapuche de las <em>trempulkawe</em>, las cuatro ballenas nocturnas (durante el d&iacute;a se transforman en ancianas) encargadas de llevar las almas de los muertos desde la costa continental hasta la isla Mocha, lugar de reuni&oacute;n en el que esperar&aacute;n a la muerte del &uacute;ltimo <em>lafkenche </em>para iniciar hombres y ballenas la gran traves&iacute;a hacia el lugar m&aacute;s all&aacute; del horizonte al que no podr&aacute;n llegar los balleneros. Fue la forma en que Sep&uacute;lveda resolvi&oacute; reescribir <em>Moby Dick</em>, dando voz con <em>Mocha Dick </em>a la ballena blanca difamada por Melville y por el odio resentido de su capit&aacute;n Ahab. Esa referencia y una adecuada recuperaci&oacute;n de la leyenda mencionada dan a esta obra un inter&eacute;s indudable y no solo por su dramatismo, que culmina cuando el lector sabe que las <em>trempulkawe</em> han sido asesinadas por los balleneros y que el gran viaje jam&aacute;s se emprender&aacute;. No sin nostalgia, <em>Mundo del fin del mundo</em> ya hab&iacute;a dicho adi&oacute;s a la &eacute;pica de <em>Moby Dick</em> en favor de las inquietudes ecol&oacute;gicas que hasta los balleneros de aquel relato parec&iacute;an asumir.</p>
<p>Una tercera opci&oacute;n abordada por Sep&uacute;lveda, conjugada a veces con las ya se&ntilde;aladas, fue la que cabr&iacute;a relacionar con el relato neopolicial latinoamericano, si por tal se entiende aquella novela &ldquo;negra&rdquo; en la que la investigaci&oacute;n pone al descubierto el crimen o enigma y a la vez una dif&iacute;cil realidad pol&iacute;tica y social de la que el poder es el mayor responsable, y cuyo investigador, en consecuencia, act&uacute;a al margen de ese poder o frente a &eacute;l. Los cultivadores de esa novela mostraban as&iacute; su compromiso intelectual, su actitud reflexiva o cr&iacute;tica, lo que sin duda oper&oacute; decisivamente para que se fuera superando el desd&eacute;n acad&eacute;mico hacia obras antes consideradas ajenas a la aut&eacute;ntica literatura, aunque en el cambio de actitud tambi&eacute;n influyera una mayor exigencia &ldquo;literaria&rdquo; por parte de los escritores interesados en el g&eacute;nero. En ese contexto Sep&uacute;lveda desarroll&oacute; en <em>Nombre de torero</em> (1994) una historia de amor imposible y de misiones secretas que llevaban a Juan Belmonte a competir en la b&uacute;squeda de unas antiguas monedas de oro que en su d&iacute;a hab&iacute;an viajado desde la Alemania nazi hasta la Tierra del Fuego.</p>
<p>La alambicaba trama de <em>Nombre de torero </em>se enriquec&iacute;a con el pasado de Belmonte, sobre el que el autor proyect&oacute; episodios de su propia biograf&iacute;a, tal como la iba recuperando una memoria selectiva y propensa a imaginar: guerrillero en Bolivia tras las huellas de Ernesto Che Guevara<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftn5">[5]</a>, hab&iacute;a participado en actividades revolucionarias en Chile, hab&iacute;a pertenecido al GAP (Grupo de Amigos Personales) del presidente Salvador Allende, hab&iacute;a luchado con la Brigada Sim&oacute;n Bol&iacute;var al lado del Frente Sandinista de Liberaci&oacute;n<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftn6">[6]</a>. Aunque Sep&uacute;lveda mantuvo siempre la convicci&oacute;n satisfactoria de haber estado entre los protagonistas de &ldquo;los mil d&iacute;as m&aacute;s plenos, bellos e intensos de la historia de Chile"<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftn7">[7]</a>, los de la presidencia de Allende, su personaje parece ya de vuelta, lo que permite enriquecer su significaci&oacute;n a la luz de las citas de Ibn Battuta recogidas en el &ldquo;Intermedio&rdquo;, mediada la novela: como la del viajero &aacute;rabe del siglo XIV, su suerte es la de &ldquo;aquellos que suspiran contemplando el indefinible horizonte del mar&rdquo;, los que prefieren las tormentas y el rugir del viento, confiados en que Al&aacute; o el destino les procure un lugar en el orden del universo<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftn8">[8]</a>. Eso le evit&oacute; derivar sin m&aacute;s desde el buen salvaje al buen revolucionario, e incurrir en la simplificaci&oacute;n de plantear el mero conflicto entre buenos y malos que sus convicciones pol&iacute;ticas le exig&iacute;an.</p>
<p>Las razones hist&oacute;ricas de esa actitud pueden encontrarse en los fracasos de la izquierda en Latinoam&eacute;rica y en Europa, pero tambi&eacute;n en las contradicciones internas del proceso chileno hacia el socialismo, en la deriva del sandinismo y en los errores del comunismo europeo desde que se hizo con el poder y hasta que la ca&iacute;da del muro de Berl&iacute;n dio a sus ideales una significaci&oacute;n irreparablemente anacr&oacute;nica. <em>Nombre de torero</em>, por tanto, no hablaba solo del golpe militar de 1973 en Chile y de la represi&oacute;n que sigui&oacute; al fin del gobierno de la Unidad Popular, la v&iacute;a chilena hacia el socialismo. Transformar al revolucionario en detective exig&iacute;a justificaciones, y Sep&uacute;lveda las dio al tener en cuenta no solo la derrota sufrida con la muerte de Allende, sino tambi&eacute;n las deserciones y traiciones que no permit&iacute;an otra salida que el individualismo final, lo que adem&aacute;s dejaba bajo sospecha a la Cuba castrista, a la Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica Alemana y a la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica. Al margen de la verosimilitud, el g&eacute;nero negro parec&iacute;a ajustarse a esa evoluci&oacute;n desde las inquietudes colectivas a la dudosa salvaci&oacute;n personal: es el amor imposible de la desaparecida y ahora reaparecida Ver&oacute;nica, v&iacute;ctima de la dictadura de Augusto Pinochet, lo que recupera a Belmonte para la acci&oacute;n, una motivaci&oacute;n &iacute;ntima compatible con la visi&oacute;n amarga de la condici&oacute;n humana que el cinismo y el humor no pretenden disimular.</p>
<p>Lo cierto es que Sep&uacute;lveda se hab&iacute;a dejado ganar por el neopolicial, como prueba el mencionado relato <em>Yacar&eacute;</em>, resultado de la investigaci&oacute;n realizada en Mil&aacute;n por el chileno Dany Contreras para la compa&ntilde;&iacute;a Seguros Helv&eacute;tica. Tusquets Editores public&oacute; esa novela corta en 1998 junto con otra titulada <em>Diario de un killer</em> <em>sentimental</em>, historia de asesinatos por encargo aderezados con complicidades de droga y oeneg&eacute;s que hab&iacute;a aparecido por entregas en el diario madrile&ntilde;o <em>El Mundo</em> en 1996, otra muestra de que en aquellas &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XX los narradores no solo acercaban la literatura a su entorno subliterario: a veces lo subliterario invad&iacute;a el territorio de la literatura hasta sustituirla. Tal vez por eso Sep&uacute;lveda volvi&oacute; a la historia reciente de su pa&iacute;s natal en <em>Hot line</em> (2002) al proponer una investigaci&oacute;n a cargo del detective mapuche George Washington Caucam&aacute;n, en la atm&oacute;sfera a&uacute;n inquietante del retorno de Chile a la democracia, con el regreso sin causa de los exiliados y la amenazadora vigilancia de los militares, con el recuerdo de los horrores de la dictadura y la justicia po&eacute;tica que la novela consigue contra uno de los responsables de la represi&oacute;n. La versi&oacute;n inicial de <em>Hot line</em> hab&iacute;a aparecido en el peri&oacute;dico madrile&ntilde;o <em>El Pa&iacute;s</em>, en 1998, lo que resulta de inter&eacute;s si se tiene en cuenta que Sep&uacute;lveda parec&iacute;a haber descubierto los secretos del follet&iacute;n: &ldquo;ese g&eacute;nero tan bien cultivado por mis mayores del siglo XIX, como Alejandro Dumas (padre), impulsor de lo popular en la narrativa y al mismo tiempo popularizador de la literatura&rdquo;, valoraba en su &ldquo;&hellip;a manera de pr&oacute;logo&rdquo; a la edici&oacute;n de la novela<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftn9">[9]</a>, consciente de que su elaboraci&oacute;n por entregas para la prensa, con las exigencias que eso implicaba, supon&iacute;a recordar el follet&iacute;n y sus opciones, ahora como apuesta por la utilizaci&oacute;n de recursos &ldquo;subliterarios&rdquo; como salidas novedosas para la nueva narrativa latinoamericana.</p>
<p><em>La sombra de lo que fuimos </em>(2009) y <em>El fin de la historia </em>(2017) fueron otras consecuencias inevitables del fin de las utop&iacute;as de los a&ntilde;os sesenta que ya se anunciaba mediada la d&eacute;cada siguiente. No en vano los protagonistas de la primera de esas novelas son de los condenados &ldquo;a conservar lo mejor de sus recuerdos, esos pocos a&ntilde;os que iban del 68 al 73, marcados d&iacute;a a d&iacute;a por la sonrisa del m&aacute;s militante de los optimismos&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftn10">[10]</a>, como apunta Cacho Salinas, uno de ellos, sin duda por delegaci&oacute;n del autor. Aparecen en gran medida anclados en aquella &eacute;poca feliz que adem&aacute;s fue la de su juventud, y que ha pervivido bajo las experiencias del exilio interior (clandestinidad) o exterior, recordadas por ellos mismos y por alg&uacute;n otro, convirti&eacute;ndolos en inadaptados perpetuos. No es que Sep&uacute;lveda renunciara a ofrecer una nueva muestra de buenos revolucionarios, sucesores de Robin Hood en la tarea de robar a los ricos para ayudar a los pobres, pero ahora, con la distancia que daban los a&ntilde;os transcurridos, la recuperaci&oacute;n nost&aacute;lgica no consegu&iacute;a ocultar del todo las contradicciones del pasado ni permit&iacute;a alentar las esperanzas o proyectos de anta&ntilde;o. La fusi&oacute;n de humor o iron&iacute;a con desencanto no es el menor de los atractivos de <em>La sombra de lo que fuimos</em>, que recuerda las discrepancias entre el Partido Comunista chileno y los ultraizquierdistas adeptos al castrismo y al guevarismo del Ej&eacute;rcito de Liberaci&oacute;n Nacional, las actuaciones de los anarquistas y aun las inconveniencias del mao&iacute;smo. Ahora, en un tiempo sin ideales, insolidario y decadente, poco cabe esperar de esos personajes embarcados en una empresa descabellada, y que obtienen una suerte de justicia po&eacute;tica cuando consiguen hacerse con medio mill&oacute;n de d&oacute;lares oculto desde los tiempos de Allende y a la vez sacar a la luz p&uacute;blica documentos que confirman la corrupci&oacute;n de los militares. Quiz&aacute; no se hab&iacute;a perdido toda esperanza, esta vez gracias a la polic&iacute;a: los desmanes (en buena medida ecol&oacute;gicos) del gobierno y sus c&oacute;mplices quedaban de manifiesto para los lectores gracias a los recuerdos que el tambi&eacute;n desencantado inspector Manuel Crespo recupera para la joven detective Adelita Bobadilla. Por lo dem&aacute;s, no son pocos los nombres y sucesos de la historia de Chile incorporados por Sep&uacute;lveda a su ficci&oacute;n, que propone una soluci&oacute;n para el caso no resuelto de la desaparici&oacute;n de Kiko Barraza, instructor de guerrilleros en Chau&iacute;n cuando se intensificaba la campa&ntilde;a electoral que llev&oacute; a Allende a la presidencia. Tal vez la exaltaci&oacute;n del anarquismo que impregna la novela ―con el recuerdo de Clotario Blest, anarquista chileno fallecido en 1990, y con el protagonismo de Pedro Nolasco Gonz&aacute;lez, personaje cuya muerte absurda impulsa la superaci&oacute;n de las antiguas discordias― era una manifestaci&oacute;n del socialismo individualista derivado de la derrota y de la dispersi&oacute;n, lo que tambi&eacute;n hablaba del escritor y de su consciencia de los errores cometidos en aquellos a&ntilde;os de esperanza y de locura.</p>
<p>La sombra de lo que hab&iacute;a sido ya hab&iacute;a determinado la conducta de Juan Belmonte en <em>Nombre de torero</em>, en contraste con la deriva seguida por la mayor&iacute;a de los compa&ntilde;eros de anta&ntilde;o. Esa sombra explicar&iacute;a tambi&eacute;n all&iacute; que Carlos Cano, otro &ldquo;descolgado&rdquo; (y en su caso del todo), salvase la vida del antiguo revolucionario convertido en investigador. Gracias a ello, este pudo reaparecer en <em>El fin de la historia</em>, novela cuyo presente se sit&uacute;a en 2010, a&ntilde;o que vio el primer traspaso de la presidencia de Michelle Bachelet a Sebasti&aacute;n Pi&ntilde;era, y tambi&eacute;n el terremoto de 8,8 que sacudi&oacute; Chile el 27 de febrero, justo cuando Belmonte apuntaba a la cabeza de Miguel Krassnoff, uno de los militares encarcelados por los cr&iacute;menes cometidos durante la dictadura. La biograf&iacute;a novelesca de Belmonte da al lector otra oportunidad de revisar la riqueza del movimiento insurreccional latinoamericano de las d&eacute;cadas precedentes y las manifestaciones del mismo signo en otras partes del mundo; y la historia de Krassnoff y de sus antepasados permiti&oacute; a Sep&uacute;lveda repasar el papel de los cosacos desde que Le&oacute;n Trotsky perdon&oacute; la vida al derrotado atam&aacute;n Krasnov tras la victoria de los bolcheviques en Petrogrado, durante el proceso revolucionario iniciado en 1917 en Rusia, hasta los a&ntilde;os posteriores al final de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica en 1991 (con la corrupci&oacute;n que sigui&oacute;), con especial atenci&oacute;n para su colaboraci&oacute;n con los ej&eacute;rcitos de Hitler. El cinismo pesimista con que observa el presente hist&oacute;rico no impide a Belmonte actuar de nuevo como la sombra de lo que fue, ahora que el desencanto lo ha convertido en un investigador de la estirpe de Philip Marlowe o de Sam Spade, como no pocos de los que en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas han animado el relato policial hispanoamericano.</p>
<p>Las novelas mencionadas conforman apenas una parte de la obra de Sep&uacute;lveda, en cuya &ldquo;prehistoria&rdquo; hay referencias a publicaciones de las que aqu&iacute; prescindir&eacute;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftn11">[11]</a>, as&iacute; como tambi&eacute;n de sus art&iacute;culos de opini&oacute;n publicados en la prensa y reunidos en libros, normalmente determinados por sus posiciones pol&iacute;ticas, convincentes para los ya convencidos de antemano. S&iacute; considero obligado llamar la atenci&oacute;n sobre los cuentos reunidos en <em>Desencuentros</em><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftn12">[12]</a>, entre los que se ofrecen algunas muestras de literatura fant&aacute;stica (&ldquo;Cambio de ruta&rdquo;, &ldquo;Una casa en Santiago&rdquo;) de notable inter&eacute;s. Sep&uacute;lveda tambi&eacute;n propendi&oacute; a escribir sobre sus viajes, que de alguna manera satisficieron la pasi&oacute;n por la vida n&oacute;mada que con frecuencia dej&oacute; patente al evocar personajes reales o al imaginar los ficticios. Buena prueba son las historias incluidas en <em>Patagonia Express</em> (1995), enmarcadas entre sus recuerdos de la ni&ntilde;ez con su abuelo anarquista y su llegada a Martos, el pueblo andaluz en el que aquel hab&iacute;a nacido, con especial atenci&oacute;n para la Patagonia y la Tierra del Fuego<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftn13">[13]</a>. Entre el testimonio y la ficci&oacute;n se desarrollan tambi&eacute;n sus <em>Historias marginales</em> (2000), inspiradas en lugares muy diversos, relacionadas con su pasado y con las inquietudes dominantes en su obra, y &uacute;tiles para recuperar ese per&iacute;odo iniciado en los irreverentes a&ntilde;os sesenta, cuyas esperanzas sufrieron el primer gran rev&eacute;s con &ldquo;la invasi&oacute;n sovi&eacute;tica de Checoslovaquia, el aplastamiento a sangre y fuego de la Primavera de Praga&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftn14">[14]</a>, en agosto de 1968. De esos libros un tanto miscel&aacute;neos prefiero <em>La l&aacute;mpara de Aladino</em> (2008), muestra destacada de la variedad de opciones que Sep&uacute;lveda cultiv&oacute;, borrando las fronteras entre lo escuchado y lo vivido, entre el recuerdo y la invenci&oacute;n, entre el realismo m&aacute;gico y la novela rosa, entre el testimonio sociopol&iacute;tico y el relato policial, entre la selva amaz&oacute;nica y los paisajes remotos de la Patagonia y de los canales magall&aacute;nicos. No est&aacute; mal como recuerdo del entusiasmo de un pasado a&uacute;n reciente, y sobre todo como testimonio del proceso que condujo a un tiempo en el que la esperanza apenas puede radicar en personajes a la deriva, para quienes Sep&uacute;lveda supo imaginar historias de indudable inter&eacute;s, dejando patentes tanto su necesidad de contarlas como su gran capacidad para atrapar la atenci&oacute;n de sus lectores.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Juan Benito Arg&uuml;elles, &ldquo;A manera de pr&oacute;logo&rdquo;, en Luis Sep&uacute;lveda, <em>Un viejo que le&iacute;a novelas de amor</em>, Gij&oacute;n: J&uacute;car, 1989, pp. 7-9 (7)</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftnref2">[2]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En &ldquo;Breve novela de una novela breve&rdquo; (<em>Moleskine. Apuntes y reflexiones</em>, Barcelona: Ediciones B, 2004, pp. 93-97), Sep&uacute;lveda record&oacute; haber pasado siete meses entre los shuar y atribuy&oacute; a esa &ldquo;novela de la selva&rdquo; una base autobiogr&aacute;fica: &ldquo;la &uacute;nica presencia del autor, y del yo narrador, que se me antoj&oacute; leg&iacute;tima, consisti&oacute; en otorgarle al personaje la m&aacute;s terrible de mis se&ntilde;as de identidad. As&iacute;, el Viejo, exiliado en dos mundos y habitante de una tierra de nadie, me permiti&oacute; contarme el largo d&iacute;a de mi vida y entender mi propio exilio&rdquo; (95).</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftnref3">[3]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La public&oacute; el Ayuntament de D&eacute;nia en 1991, tras haber obtenido el Primer Premio de Novela Corta &ldquo;Juan Chab&aacute;s&rdquo; el a&ntilde;o anterior.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftnref4">[4]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Barcelona: Tusquets, 2019. La intenci&oacute;n did&aacute;ctica no impide que los relatos que Sep&uacute;lveda imagin&oacute; para ni&ntilde;os y j&oacute;venes ofrezcan un notable inter&eacute;s, como tambi&eacute;n permiten comprobar <em>Historia de una gaviota y del gato que le ense&ntilde;&oacute; a volar</em> (1996), <em>Historia de un perro llamado Leal </em>(2016) e <em>Historia de un caracol que descubri&oacute; la importancia de la lentitud</em> (2018).</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftnref5">[5]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En los episodios autobiogr&aacute;ficos reunidos en <em>Patagonia Express </em>(Barcelona: Tusquets, 1995) se apunta que a los dieciocho a&ntilde;os quiso seguir &ldquo;el ejemplo del hombre m&aacute;s universal que ha dado Am&eacute;rica Latina, el Che&rdquo; (p. 22). En &ldquo;Breve historia de un hombre digno&rdquo; (<em>Moleskine. Apuntes y reflexiones</em>, pp. 203-210), Sep&uacute;lveda se inclu&iacute;a entre los chilenos del ELN (Ej&eacute;rcito de Liberaci&oacute;n Nacional) que acudieron a Bolivia a reemplazar al Che Guevara, recordados por Osvaldo &ldquo;Chato&rdquo; Peredo en un encuentro en Mil&aacute;n, veinticinco a&ntilde;os despu&eacute;s: &ldquo;Ram&oacute;n, ese era el nombre de combate de Sergio Leiva; Gonzalo, ese era el nombre de combate de Agust&iacute;n Carrillo, campe&oacute;n de box panamericano de los pesos welter, e Iv&aacute;n, ese era mi nombre de combate aquella tarde de 1969&rdquo; (p. 204).</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftnref6">[6]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En &ldquo;&hellip; 19 de julio de 1979&hellip;&rdquo; (<em>Historias de aqu&iacute; y de all&aacute;</em>, Barcelona: La Otra Orilla, 2010, pp. 81-83) Sep&uacute;lveda recordaba el triunfo de la revoluci&oacute;n sandinista y su participaci&oacute;n con la Brigada Internacional Sim&oacute;n Bol&iacute;var del paname&ntilde;o Hugo Spadafora.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftnref7">[7]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Memorial de los a&ntilde;os felices&rdquo;, en Luis Sep&uacute;lveda, <em>El poder de los sue&ntilde;os</em>, Santiago de Chile: Editorial A&uacute;n Creemos En Los Sue&ntilde;os, 2004, pp. 27-32 (32).</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftnref8">[8]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Nombre de torero</em>, Barcelona: Tusquets, 1994, pp. 109-113.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftnref9">[9]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Barcelona: Ediciones B, 2002, p. 11.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftnref10">[10]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>La sombra de lo que fuimos</em>, Madrid: Espasa Calpe, 2009, p. 133.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftnref11">[11]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En &ldquo;La voluntad de escribir&rdquo; (<em>Moleskine. Apuntes y reflexiones</em>, pp. 259-264), Sep&uacute;lveda se refiri&oacute; a <em>Crepusculario de la tristeza</em>, poemario que Arancibia Hermanos le habr&iacute;a publicado en los a&ntilde;os sesenta, cuando &eacute;l militaba en las Juventudes Comunistas.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftnref12">[12]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La primera edici&oacute;n apareci&oacute; en Barcelona: Tusquets, 1997. Inclu&iacute;a relatos nuevos con otros extra&iacute;dos de <em>Los miedos, las vidas, las muertes y otras alucinaciones</em> (1985), <em>Cuaderno de viaje </em>(1986) y <em>Komplot I </em>(1995).</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftnref13">[13]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con fotograf&iacute;as de Daniel Mordzinski, Sep&uacute;lveda trat&oacute; de preservar esos territorios y a sus habitantes en <em>&Uacute;ltimas noticias del Sur</em> (2011).</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20TEODOSIO%20FERN%C3%81NDEZ%20SOBRE%20LUIS%20SEP%C3%9ALVEDA%20PARA%20TURIA%20137-138.doc#_ftnref14">[14]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; V&eacute;ase &ldquo;&laquo;68&raquo;&rdquo;, <em>Historias marginales</em>, Barcelona: Seix Barral, 2000, pp. 105-107 (106).</p>
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      <pubDate>Mon, 16 Dec 2024 12:32:08 +0000</pubDate>
    </item>
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      <title><![CDATA[Un libro que permite sembrar en el lector la pasión por la vida]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-libro-que-permite-sembrar-en-el-lector-la-pasion-por-la-vida/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/JOS_MAR_A_MERINO_4_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Esta entrega de uno de nuestros maestros en el cuento corto es un anecdotario literario, un herbolario m&aacute;s bien, semillero donde todo se conduce en una o dos p&aacute;ginas como m&aacute;ximo. Esa idea de recopilaci&oacute;n de muestras aparece, incluso, en alguna de las im&aacute;genes que acompa&ntilde;an las p&aacute;ginas. Muestras que parecen esperar ser regadas, desarrolladas como una propuesta. De ah&iacute; la idea de falsa recopilaci&oacute;n de ideas y muestras obtenidas en un taller de escritura creativa que nunca se realiz&oacute;. Jos&eacute; Mar&iacute;a Merino nos ofrece una sucesi&oacute;n de muestras, un breviario que, como aperitivos, puede no llegar a saciar, pero deja las papilas gustativas dispuestas.&nbsp;</p>
<p>La sucesi&oacute;n de temas, aparentemente heterog&eacute;nea, acaba tiendo un hilo conductor, unos hitos obsesivos a los que Jos&eacute; Mar&iacute;a Merino vuelve una y otra vez. El paso del tiempo, el recuerdo de la infancia, los juegos de personajes (con afecto hacia el <em>doppelganger</em>, en la onda del cuento can&oacute;nico argentino, de Jorge Luis Borges a Manuel M&uacute;jica Mart&iacute;nez), con su proceso de suplantaci&oacute;n, el alter ego, un amigo, finalmente, de cultivo de un jard&iacute;n con cientos de senderos que se bifurcan, o la escritura sobre la escritura, con gui&ntilde;os hacia Roberto Bola&ntilde;o o Enrique Vila-Matas, con ese deseo expreso de situar los textos en un entorno de escritores, de premios, novelas inacabadas y editoriales. Un microcosmos que acaba, desde el clasicismo brit&aacute;nico, a un lixiviado que incluye las andanzas de Julio Cort&aacute;zar o Alejandro Bioy Casares. Nos encontramos muestras de inocente ciencia-ficci&oacute;n cient&iacute;fica, una enorme cantidad de cuentos referidos a los sue&ntilde;os y sus respectivas derivaciones (este tejido en el que tan c&oacute;modos se encuentran los recuerdos y los muertos, una cita: &laquo;Los sue&ntilde;os son anteriores al lenguaje articulado&raquo;), an&eacute;cdotas de lo cotidiano, que en una breve explosi&oacute;n, mutan hacia el absurdo, incluyendo chispas de oscuros manejos de aroma Beckeriano (Samuel, enti&eacute;ndase). Un autor atrapado en la ciudad postmoderno y buscando siempre, el juego de la investigaci&oacute;n y la contemplaci&oacute;n de lo humano. Una ciudad dentro de la ciudad, una ciudad sumergida al modo del Madrid de Emilio Carrere, llena de aparecidos, con encuentros en calles, mujeres imposibles, caminantes sin nombre, vidas atrapadas en la enfermedad y la vejez.&nbsp;</p>
<p>Entre esos hitos, esos islotes que ofrecen una coherencia en el discurrir del libro, est&aacute;, sin duda, el mar. Un s&iacute;mbolo pleno que permite al autor y sus personajes identificarse con el infinito (el n&aacute;ufrago y sus tiempos), el misterio (cualquier cosa est&aacute; permitida cuando se pierde la l&iacute;nea de tierra, pregunten a William Hope Hodgson), la obsesi&oacute;n entomol&oacute;gica (como parte de una tradici&oacute;n kafkiana, l&oacute;gicamente), atrapados entre libros imposibles, casas viejas y polvo acumulado, que no deja de ser parte de ese tiempo perdido.&nbsp;</p>
<p>Aparte del mar, que abarca y recoge, que es escenario y personaje, es inevitable destacar el inter&eacute;s del autor por la Inteligencia Artificial y Chat GPT, elementos ambos que aparecen en la parte final del libro, una y otra vez, de muy distintas maneras, pero todas con ese extra&ntilde;ismo porte&ntilde;o que, como dir&iacute;a C&eacute;sar Aira, terminar&aacute; con el nacimiento de los cuentos que se escriben solos. La multiplicidad de las historias artificiales como arenas de un desierto cibern&eacute;tico. Aqu&iacute; encontrar&iacute;amos algunas de las idas m&aacute;s recientes de autores renovados y renovadores como Jorge Carri&oacute;n y, especialmente, Vicente Luis Mora. Un lejano futuro que traer&aacute; el pasado (con una referencia pop al &lsquo;Planeta de los simios&rsquo; que har&aacute; las delicias de los amantes de la ciencia ficci&oacute;n cl&aacute;sica como es mi caso). Pero de ah&iacute; hacia El Quijote, con peque&ntilde;as burbujas que ponen en nuestra boca las posibilidades de la imaginaci&oacute;n, m&aacute;s Stanislaw Lem que Philip K. Dick, incluyendo narrativas de asesinos virtuales, de cuentos artificiales premiados, de un mundo literario que sobrevive entre un &eacute;xito pasado y un abismo presente.&nbsp;</p>
<p>No hacen falta muchas p&aacute;ginas, como he escrito al principio, para sembrar la inquietud para el lector. La penicilina de una literatura infectada de maquinaria ser&aacute;n, de nuevo, los sue&ntilde;os (&laquo;Los sue&ntilde;os pueden tener esa asombrosa marea de verosimilitud&raquo;) y el mar. Forasteros que se mueve entre la fr&aacute;gil tela de la realidad, siempre m&aacute;s liviana en el cuento que en la novela, as&iacute; que, entre delirios gatunos e interpretaci&oacute;n de los mundos paralelos, podemos bracear de la playa hacia el oc&eacute;ano, como un avatar cl&aacute;sico, de niebla y accidente, de relaci&oacute;n entre personaje y autor divinizado (Miguel de Unamuno pero tambi&eacute;n Grant Morrison) que acaba con el exabrupto de un lienzo en blanco. El cierre, que se percibe casi desde que uno se adentra en las primeras p&aacute;ginas, est&aacute; centrado en el paso del tiempo, en la relaci&oacute;n del autor con su edad, con ese se&ntilde;or que agarra a una mujer, confundi&eacute;ndola con su esposa, los insertos cl&iacute;nicos, el futuro de cuidados paliativos, el abuelo Telmo, que acabar&aacute; siendo compa&ntilde;ero en la interpretaci&oacute;n de &lsquo;El d&iacute;a que me quieras&rsquo;, ambos igualados por el final de la partida: &laquo;Debo salir de este siniestro sue&ntilde;o y cuando parece que el sue&ntilde;o se va difuminando, entro en una pl&aacute;cida, s&oacute;lida, oscuridad&raquo;. Final de partida, final de pasillo, un n&aacute;ufrago olvidado. El despertar (o no) del sue&ntilde;o &uacute;ltimo: &laquo;Sigo so&ntilde;ando, pienso, a ver si despierto de una vez. Sin comprender que, esta vez, ya no despertar&eacute;&raquo;. Una obra de madurez, trufada de pistas y semillas, como he comentado al principio, peque&ntilde;as ofrendas, gu&iacute;as que, al germinar en el lector, lo llevar&aacute;n a otros lugares de disfrute. &iquest;Un libro para escritores? Sin duda. En peque&ntilde;os cap&iacute;tulos que tienden a la contundencia dentro de su brevedad. Un libro que permite sembrar en el lector la pasi&oacute;n por la vida. Porque leer es vivir y viceversa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jos&eacute; Mar&iacute;a Merino, <em>Yo y yo en breve</em>, Madrid, Alfaguara, 2024.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 10 Dec 2024 11:28:09 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La erudición utópica]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-erudicion-utopica/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/JORGE_VOLPI_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>La art&iacute;stica mexicana Teresa Margolles se&ntilde;ala mediante su obra la realidad de violencia que la rodea. O dicho de otro modo: &ldquo;&iquest;De qu&eacute; otra cosa voy a hablar?&rdquo; Esa realidad mexicana es de la que ni puede ni quiere desligarse su compatriota, Jorge Volpi. Y qu&eacute; mejor manera de hacerlo que dedicar cuatro a&ntilde;os de escritura y casi una vida a crear una historia de la ficci&oacute;n. Ficci&oacute;n viene del lat&iacute;n <em>fingere</em> que no quiere decir fingir, sino modelar. Y para el autor, la realidad es como la arcilla.</p>
<p><em>La invenci&oacute;n de las cosas</em> es el altar al que ha querido acercarse Volpi a&uacute;n a sabiendas de que en su ascensi&oacute;n gracias al empe&ntilde;o, pod&iacute;a quemarse las alas. No lo ha hecho, todo lo contrario. Ha entregado un volumen &uacute;nico con todo el compendio que nadie, hasta ahora, se hab&iacute;a atrevido a realizar. Ocho libros de ocho invenciones, con di&aacute;logos intercalados del bicho, deriva del Gregorio Samsa kafkiano, y de Felice, la eterna pareja y no del autor checo. Estructura muy s&oacute;lida a la que cubre un falso pr&oacute;logo y otro a modo de ep&iacute;logo que hacen de corolario a esta aventura vital de la que Volpi sale vivo y bien imprimado. Lo hace porque se ha valido de todas las ramas del saber. La cient&iacute;fica, con sus postulados; la filosof&iacute;a, Volpi nunca dejar&aacute; de serlo, lo sepa o no; y la literaria, quince novelas y laureles, acreditan y refrendan su trayectoria. Nadie puede enmendar la plana a su obra. Quiz&aacute; por eso, se lanza a lo que no ten&iacute;a obligaci&oacute;n, s&iacute; devoci&oacute;n, eso que todo escritor que se precie, sabe. El escritor que no arriesga puede acabar siendo un escribano. Lejos, muy lejos, casi a la distancia de una galaxia, est&aacute; ahora el mexicano con este libro que ha entregado. Con esta forma de afrontar los problemas con gran seriedad. De forma curiosa o centr&iacute;peta en ocasiones, pero dando grandes catas de realidad para explicar lo inventado. Que no deja de ser la mejor manera de explicar la realidad como trata Teresa Margolles.</p>
<p>Vemos vericuetos diversos, maneras de circunvalar para acabar entrando en el meollo de la historia y de las historias a trav&eacute;s de todos los cerebros creativos que en el mundo han sido capaces de crear ficciones explicativas de lo que se ha dado. Dado el esfuerzo, la documentaci&oacute;n avasalladora y el resultado, podemos pensar que estamos ante un libro que no exist&iacute;a en nuestra lengua. Un libro necesario, sobre todo para los que pensasen que ya estaba todo escrito, que se agradece poder leerlo. O de como cuando se llega al final y aparece la Cronolog&iacute;a de la ficci&oacute;n, desde el principio de los tiempos a nuestro a&ntilde;o, todos los hechos creados por la ficci&oacute;n, en arte, literatura, cine, m&uacute;sica, derecho, ciencia, filosof&iacute;a y m&aacute;s ramas que hacen comprender el enorme &aacute;rbol y ramajes que ha levantado a lo largo del tiempo el mundo de la ficci&oacute;n. Esta cronolog&iacute;a es el regalo imprevisto que hasta ahora nadie hab&iacute;a brindado.</p>
<p>Otro motivo para acercarse, entrar y dejarse llevar por el compendio de lucidez ficcional que no busca sacar a nadie de la realidad sino asirla desde la cara b que a veces olvidamos que existe. Y hay, palpable al leerlo, un contrapeso necesario y acierto pleno del autor, en forma de historia personal, del padre y del hijo, no como detalle, sino como proceso vital de comprensi&oacute;n de lo que son cada uno. Un punto de realismo que mediante la ficci&oacute;n, adquiere el peso insustituible de lo verdaderamente cierto. No es pleonasmo, es certificaci&oacute;n o comprobaci&oacute;n cient&iacute;fica si se quiere derivar, de lo que de verdad tiene la duda cuando ya no lo hace. La certeza en y de la ficci&oacute;n. La abrumadora capacidad de permeabilidad de Volpi hacen de este libro algo tan particular como la tierra. No se sabe si hay otra, tampoco si volveremos a tener a mano un libro as&iacute;. Solo por eso ya podemos sonre&iacute;r ante lo que es el esfuerzo supino del escritor. Que en un rasgo m&aacute;s de que es cabal, termina sabiendo cuando uno se despide. Volpi lo hace en este libro de ciertas ficciones, de la muerte de su madre y de dejar de vivir en M&eacute;xico. Nuevo director art&iacute;stico del Centro Condeduque de Madrid, nuevo ciclo vital al que ha llegado como dice al final del libro por los dones que nos concede la ficci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jorge Volpi, <em>La invenci&oacute;n de todas las cosas. Una historia de la ficci&oacute;n</em>, 694 p&aacute;ginas, Madrid, Alfaguara, 2024.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 10 Dec 2024 11:12:06 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tres poemas de Maribel Hernández del Rincón]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/tres-poemas-de-maribel-hernandez-del-rincon/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/MARIBEL_HERN_NDEZ_DEL_RINC_N_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Standard"><em>Era verano.</em></p>
<p class="Standard"><em>Tu figura tras la reja era lo &uacute;nico cierto</em></p>
<p class="Standard"><em>que consegu&iacute; rescatar</em></p>
<p class="Standard"><em>una vez atravesado el puerto.</em></p>
<p class="Standard"><em>Las manos, tus manos, aferradas al hierro.</em></p>
<p class="Standard"><em>Los ojos punzantes </em></p>
<p class="Standard"><em>horadando rumbos</em> <em>invisibles en la oscuridad.</em></p>
<p class="Standard"><em>&nbsp;...Y los siento al dormir,</em></p>
<p class="Standard"><em>y cuando paseo por calles desiertas</em></p>
<p class="Standard"><em>y hay farolas reflejadas en el agua de los charcos,</em></p>
<p class="Standard"><em>y me parece que el tiempo, y la vida,</em></p>
<p class="Standard"><em>solo han sido desde siempre una ficci&oacute;n.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Standard" align="center"><em>II</em></p>
<p class="Standard" align="center"><em>&nbsp;</em></p>
<p class="Standard"><em>Y as&iacute;, p</em>ulverizadas nuestras horas</p>
<p class="Standard">junto al r&iacute;o.</p>
<p class="Standard">Las circunferencias en el agua.</p>
<p class="Standard">Hipn&oacute;ticas. <em>Delirantes.</em></p>
<p class="Standard"><em>Dejando su rastro invisible sobre la autopista</em></p>
<p class="Standard"><em>y el olvido, la fugacidad de un reflejo.</em></p>
<p class="Standard"><em>Convergi&eacute;ndose, agit&aacute;ndose,</em></p>
<p class="Standard"><em>expandi&eacute;ndose en la memoria</em></p>
<p class="Standard"><em>los espejos.</em></p>
<p class="Standard"><em>Las mil caras de las horas incontables</em></p>
<p class="Standard"><em>que anduve frente a ellos,</em></p>
<p class="Standard"><em>buscando mi rostro,</em></p>
<p class="Standard"><em>o el tuyo.</em></p>
<p class="Standard"><em>O el tuyo en el m&iacute;o.</em></p>
<p class="Standard"><em>O el m&iacute;o en el tuyo.</em></p>
<p class="Standard"><em>Como si mirarse all&iacute; cada verano,</em></p>
<p class="Standard"><em>fuera un punto de partida</em></p>
<p class="Standard"><em>o de inflexi&oacute;n</em></p>
<p class="Standard"><em>o un suicidio.</em></p>
<p class="Standard"><em>El veredicto final.</em></p>
<p class="Standard"><em>El instante irrenunciable</em></p>
<p class="Standard"><em>en el que sentirse uno o ninguno,</em></p>
<p class="Standard"><em>o saberse otro.</em></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">III</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p class="Standard"><em>Era verano.</em></p>
<p class="Standard"><em>Y yo, perdida en el humo gris</em></p>
<p class="Standard"><em>del cigarrillo. Alarg&aacute;ndome</em></p>
<p class="Standard"><em>hasta ese otro humo gris</em></p>
<p class="Standard"><em>desmadejado del mundo,</em></p>
<p class="Standard"><em>hablaba sola desde la ventana.</em></p>
<p class="Standard"><em>Y mis palabras ca&iacute;an</em></p>
<p class="Standard"><em>como hebras de lluvia.</em></p>
<p class="Standard"><em>Perpendiculares.</em></p>
<p class="Standard"><em>En el aire.</em></p>
<p class="Standard"><em>T&uacute;. Yo. Nosotros. El tiempo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </em></p>
<p class="Standard"><em>T&uacute; me mirabas.</em></p>
<p class="Standard"><em>Y me mirabas sin verme.</em></p>
<p class="Standard"><em>Pero yo a&uacute;n segu&iacute;a ah&iacute;.</em></p>
<p class="Standard"><em>Justo detr&aacute;s de todas aquellas ideas</em></p>
<p class="Standard"><em>desde las que t&uacute;</em></p>
<p class="Standard"><em>me mirabas.</em></p>
<p class="Standard"><em>El silencio.</em> <em>El verano.</em> <em>El mundo.</em></p>
<p class="Standard"><em>El silencio de los lugares tranquilos.</em></p>
<p class="Standard"><em>Los cementerios.</em></p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 04 Dec 2024 13:00:13 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hiperblasfemos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/hiperblasfemos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/HERN_N_RUIZ_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Se cuenta que hab&iacute;a en el coraz&oacute;n de Celtiberia un pueblo que blasfemaba hasta para darte los buenos d&iacute;as, no siendo eso &oacute;bice para que se proclamaran catolicosapostolicosromanos por los cuatro costados. A pesar de que el refranero (&ldquo;En casa del que jura no faltar&aacute; desventura&rdquo;) y las autoridades les hab&iacute;an garantizado el apocalipsis, en aquella localidad no hab&iacute;an ocurrido ni m&aacute;s ni menos desgracias que en las del contorno. Eran muy originales en sus sacrilegios verbales, cobrando fama algunos tan singulares como &ldquo;me cago en Dios, la Virgen y todos los santos y que me perdone el malnacido de san Pedro si me dejo alguno&rdquo;, &ldquo;me cago en la cortinilla del sagrario&rdquo; (el preferido del erudito local) o &ldquo;&iexcl;Viva San Blas!, que es la madre de Dios&rdquo;, siendo esta la blasfemia que m&aacute;s sacaba de quicio al viejo cura p&aacute;rroco tan devoto de la Sant&iacute;sima Virgen.</p>
<p class="m-8044371065399870681p1">En aquel pueblo &ldquo;juraban&rdquo; -que es como all&iacute; llamaban a &ldquo;esa tradici&oacute;n tan nuestra&rdquo;- hombres, mujeres, ni&ntilde;os, ancianos y -dec&iacute;an- hasta perros, gatos y dem&aacute;s fauna dom&eacute;stica; cuanto m&aacute;s cat&oacute;licos se proclamaban los vecinos, m&aacute;s proclives a emporcar lo sagrado; de hecho, los &uacute;nicos que no <em>juramentaban</em> eran los dos ateos oficiales de la localidad, quienes, pese a negar lo divino, sent&iacute;an su debido respeto por la religi&oacute;n. A esta peculiaridad blasfematoria se a&ntilde;ad&iacute;a en aquellos habitantes rurales su fama de brutos. Y para certificarlo se rememoraba aquel episodio de los dos alba&ntilde;iles que estaban intentando meter un espejo por una puerta y, como no cab&iacute;a a lo ancho, se dispusieron a hacer una mordida lateral en ambas jambas para que as&iacute; penetrase; cuando se pon&iacute;an manos a la chapuza, un forastero que pasaba por ah&iacute; les indic&oacute;, con la intenci&oacute;n de ayudarlos, que era mejor poner de canto el espejo para que cupiera. Por pasarse de listo (as&iacute; argumentaron entre imprecaciones de pecado mortal ante el juez), al pobre samaritano le partieron el cr&aacute;neo de un mazazo al grito de mecag&uuml;ensanjuansanpedroysusputasmadresenmedio, quedando emparedado para la eternidad en la alcoba, justo al lado del vidrio que introdujeron con el m&eacute;todo que les hab&iacute;an ense&ntilde;ado sus mayores.</p>
<p class="m-8044371065399870681p1">La localidad ten&iacute;a, seg&uacute;n su erudito y cronista local, alcurnia de blasfema proyectada en la historia; ya los cronistas romanos mencionaron la particular tendencia de estos celt&iacute;beros a enmerdar a Lug y compa&ntilde;&iacute;a&hellip; Aunque no se ten&iacute;a constancia de esas citas cl&aacute;sicas, s&iacute; hab&iacute;a una irrefutable prueba para el citado cronista: la filacteria sobre un barroco escudo nobiliario de una de las mansiones principales de la calle de Sandi&oacute;s <em>(sic):</em> &ldquo;Antes que Dios fuera Dios y los tormos fueran tormos, los Bar&oacute;s eran Bar&oacute;s y los Fornos Fornos&rdquo;. Se fueron sucediendo aqu&iacute; insignes personajes, cuyas haza&ntilde;as y her&aacute;ldicas se adornaban con escatol&oacute;gicas imprecaciones a lo sacro. El m&aacute;s celebrado entre sus paisanos era El Agapito, que estuvo dando guerra hasta 1960. Dicen que se hab&iacute;a ca&iacute;do desde m&aacute;s de treinta metros mientras restauraban el castillo y exclam&oacute; &ldquo;&iexcl;cag&uuml;en la os!, casi me mato y sin almorzar entoav&iacute;a!&rdquo;<em>. </em>Una tarde cortando le&ntilde;a se clav&oacute; el hacha en el pie y, tras advocar a la puta Virgen y al cornudo de san Jos&eacute;, concluy&oacute; &ldquo;&iexcl;m&aacute;s lo siento por la albarca&rdquo;. Su hermano, Riejo el molinero, se autoproclamaba elegido de Dios con contundente razonamiento: &ldquo;como ese cabr&oacute;n del triangulico me ha dejado tullido, no necesito como vosotros ir a misa ni hostias para asegurarme el Para&iacute;so&rdquo;; y conclu&iacute;a en verso: &ldquo;No voy a la iglesia / porque soy cojo. / Me voy a la taberna / poquito a poco&rdquo;. Y cuando de all&iacute; regresaba a su lecho, su mujer le espetaba:</p>
<p class="m-8044371065399870681p1">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Parece que vienes un poco cargao</p>
<p class="m-8044371065399870681p1">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por no hacer dos viajes. &iquest;O es que quieres que vuelva otra vez a la cantina?</p>
<p class="m-8044371065399870681p1">Y como colof&oacute;n de esa ingeniosa respuesta, cada relator a&ntilde;ad&iacute;a la jaculatoria blasfema m&aacute;s ocurrente, que siempre era distinta y a cu&aacute;l m&aacute;s osada. Pero el escarnio a lo divino m&aacute;s sobrepasado, la ofensa m&aacute;s tremenda se atribuye, valga la paradoja, al t&iacute;o Teodoro, quien la dej&oacute; labrada en la l&aacute;pida de su tumba. Esa parte de su epitafio, seg&uacute;n el cronista local, fue raspada por un p&aacute;rroco o alma piadosa y se perdi&oacute; para siempre. Dicen que incluso her&iacute;a la sensibilidad de sus paisanos m&aacute;s blasfemos. Hoy d&iacute;a en el cementerio solo queda inc&oacute;lume la parte po&eacute;tica de aquella mitificada epigraf&iacute;a: &ldquo;Oh, vosotros que pas&aacute;is, considerad si hay dolor como el nuestro&rdquo;.</p>
<p class="m-8044371065399870681p1">Don Eufemio, p&aacute;rroco de la villa (no se acredita ese t&iacute;tulo pero el cronista lo utilizaba), viv&iacute;a desquiciado; no sab&iacute;a ya c&oacute;mo detener la persistente hemorragia blasfema de sus feligreses. Aprovech&oacute; la visita del obispo para que el excelent&iacute;simo y reverend&iacute;simo les censurara tan horrible vicio. En solemne serm&oacute;n, con el templo atestado de fieles, el mitrado recrimin&oacute; a esta grey sin ambages, afe&aacute;ndoles que eran el segundo pueblo que m&aacute;s blasfemaba de la di&oacute;cesis&hellip; Como un resorte, el alcalde se levant&oacute; en la primera fila y dio un boinazo en el tablero del asiento: &ldquo;me cago en el Sant&iacute;simo Sacramento, ma&ntilde;ana seremos los primeros&rdquo; (advoc&oacute; al Alt&iacute;simo por respeto al obispo y al templo); los asistentes asintieron con murmullos y hubo alguno que incluso aplaudi&oacute;. Tras esa afrenta ante su superior, don Eufemio dio por perdidos a los adultos. Y con el fin de erradicar la plaga de ra&iacute;z, en las catequesis hab&iacute;a iniciado una campa&ntilde;a para que las tiernas mentes infantiles asociaran la blasfemia a la excomuni&oacute;n y, lo que era peor, a la condena eterna. No sirvi&oacute; de mucho, porque cada vez que los peque&ntilde;os catequistas se equivocaban embadurnaban de esti&eacute;rcol sonoro todo el santoral. Por el contrario, estos asuntos hicieron que la localidad ganara celebridad entre las corrientes laicistas, ap&oacute;statas y ateas, todas ellas clandestinas en esos compases finales de la dictadura. Desde la capital acordaron hacer alg&uacute;n <em>happening</em> -entonces muy de moda- para mostrar la solidaridad con aquellos valientes vecinos; la acci&oacute;n, planificada con sumo sigilo y anonimato, consist&iacute;a en poner un verso del c&eacute;lebre poeta anticlerical &Aacute;ngel Guinda en el front&oacute;n: &ldquo;eyaculad en el ano de Dios hasta su conversi&oacute;n al placer&rdquo;. Los vecinos lo tomaron como una afrenta tan grave al buen nombre del pueblo y al Creador, que expulsaron a los sacr&iacute;legos activistas a garrotazos.</p>
<p class="m-8044371065399870681p1">La paciencia de las autoridades no se colm&oacute; con este suceso, que incluso recibieron con simpat&iacute;a, sino con el que vivi&oacute; como protagonista un mos&eacute;n reci&eacute;n llegado al pueblo. Tuvo aquel joven sacerdote la mala fortuna de que el t&eacute;rmino municipal fuera asolado por una sucesi&oacute;n de tronadas acompa&ntilde;adas de granizo pelotero. No se arredr&oacute; el ministro del Se&ntilde;or, sino que proclam&oacute; solemnemente que esa plaga percutora se solucionaba procesionando a san Esteban, con tan escaso predicamento en la villa que no era villa que su efigie languidec&iacute;a arrinconada en el trastero anexo a la sacrist&iacute;a. El intr&eacute;pido cl&eacute;rigo la recuper&oacute;, la atavi&oacute; y la hizo desfilar un domingo en nutrida comitiva. San Esteban no solo no detuvo la ira de los meteoros, sino que acrecent&oacute; rayos, truenos y el calibre de la piedra escupida por los cielos. Los parroquianos pensaron que aquel m&aacute;rtir lapidado era m&aacute;s bien un enviado del demonio y arrojaron su policromada talla por el barranco de la t&iacute;a Perica coreando &ldquo;ah&iacute; te pudras en el infierno y te apedreen con ascuas y tizones&rdquo; junto a airadas defecaciones en el Supremo Hazedor, Cristo, santa B&aacute;rbara y buena parte de los santos y cohortes celestiales. No corri&oacute; mejor suerte el novel p&aacute;rroco, que fue echado al pil&oacute;n al grito de &ldquo;me cago en el jodido Dios que te cri&oacute; y en su put&iacute;sima madre, hijo de Satan&aacute;s y sus diez mil barraganas&rdquo;.</p>
<p class="m-8044371065399870681p1">El asunto lleg&oacute; a o&iacute;dos del gobernador, que era numerario del Opus Dei. Envi&oacute;, sin m&aacute;s dilaci&oacute;n, a la Guardia Civil con el mandato expreso de poner orden e impedir tanto sacrilegio lenguaraz. Los n&uacute;meros que por all&iacute; anduvieron patrullando se mostraban impotentes, porque la gente mascullaba delante de sus tricornios sacros improperios y, al no emitir sonido alguno, nadie pod&iacute;a ser incriminado. El asunto alcanz&oacute; al mism&iacute;simo palacio del Pardo. Lo primero que hizo el General&iacute;simo fue ordenar que a do&ntilde;a Carmen Polo no le alcanzara ni un &aacute;pice de semejante afrenta, pues pod&iacute;a darle un s&iacute;ncope al constatar que hab&iacute;a s&uacute;bditos tan imp&iacute;os en su Espa&ntilde;a una, grande, libre y tan cat&oacute;lica. Franco consult&oacute; el tema postrado ante el brazo incorrupto de santa Teresa, que custodiaba en su dormitorio, mas no recibi&oacute; se&ntilde;al alguna (nunca la hab&iacute;a recibido); la iluminaci&oacute;n no provino finalmente de instancias divinas, sino de su ch&oacute;fer, originario de un pueblo vecino al de los contumaces blasfemos: &ldquo;perdone que me meta en esto, su excelencia&hellip; Le aconsejo encarecidamente que no mueva nada en ese pu&ntilde;etero (con perd&oacute;n) villorrio; esos deslenguados son capaces de vengarse a&ntilde;adiendo el sagrado nombre del Caudillo, a quien el no menos Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s guarde muchos lustros, al elenco de jaculatorias infames. El &uacute;ltimo que entr&oacute; en esa maldita lista (se santigu&oacute;) fue el comandante de la Benem&eacute;rita que se atrevi&oacute; a multarlos por injuriar la religi&oacute;n, y ya sabr&aacute; su Excelencia, que lo sabe todo, c&oacute;mo acab&oacute; el pobre servidor de la patria&hellip;&rdquo;.</p>
<p class="m-8044371065399870681p1">Franco, que dicen era prudente gobernante, meti&oacute; este espinoso asunto en ese inmenso congelador burocr&aacute;tico donde acababan tantos otros. Los vecinos del pueblo, ahora s&iacute;, m&aacute;s blasfemador de Espa&ntilde;a siguieron con su t&oacute;nica. Hasta que lleg&oacute; la democracia y con ella las libertades, que parec&iacute;an salidas de una caja de Pandora con la efigie del Caudillo por tapadera. Fue entonces cuando la blasfemia fue dejando de tener ese mordiente subversivo. A medida que menguaba el fervor cat&oacute;lico, ciscarse en lo sagrado fue perdiendo fuelle -a la vez que morbo- entre las costumbres de aquellos aldeanos hasta que pr&aacute;cticamente desapareci&oacute;. Ese fue, seg&uacute;n el erudito y cronista del lugar, el milagro m&aacute;s sonado de la democracia.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 29 Nov 2024 13:49:03 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La ucronía y la verdad, Antonio Hitler a través del espejo (el de Alicia)]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-ucronia-y-la-verdad-antonio-hitler-a-traves-del-espejo-el-de-alicia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/JUAN_TALL_N_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>En qu&eacute; momento la vida se bifurca, &iquest;existen los jardines borgianos donde las realidades son las mismas pero paralelas? &iquest;Es la ucron&iacute;a parte de la nueva literatura? Muchas preguntas y, por el medio, una novela, <em>Lo mejor del mundo</em> de Juan Tall&oacute;n, un texto donde el protagonista cruza la realidad, recibe una segunda oportunidad, encuentra un agujero de gusano que lo lleva a una dimensi&oacute;n alternativa. La estructura de la novela es un puzzle. Salta de las dos realidades, se mueve por la l&iacute;nea temporal de ambas. Mezcla la exigencia para el lector con un punto de divertimento. El protagonista, coleccionista de relaciones disfuncionales: su padre, su mujer, &eacute;l mismo. Atrapado por un apellido, Hitler, que representa, en una sucesi&oacute;n de letras, la maldad en la sociedad occidental y cabeza de rat&oacute;n en la sociedad orensana, vive en M&eacute;xico, durante un encuentro con otros empresarios, la toxicidad extrema, la violencia gratuita y l&uacute;dica, como un Patrick Bateman de Bret Easton Ellis gallego, antes de cruzar el espejo, ahora Alicia consumida por las sustancias y en el que un adi&oacute;s se convierte en una forma de descontento. &iquest;Recuerdan las revistas sobre efectos paranormales de finales de los setenta? Esas en las que las personas, montadas en su coche, atravesaban una niebla y aparec&iacute;an horas, d&iacute;as, meses, a&ntilde;os en el futuro. Cuando sale del local son las 3:27 y cuando llega a la capital, 8:36. &iquest;Qu&eacute; ha sido de ese tiempo? No importa. Existen peque&ntilde;os <em>macguffin</em> a lo largo del texto, todos dentro del tono de humos escabrosos: una noche de juerga descontrolada y un padre sol&iacute;cito que cierra una puerta por accidente sobre su hijo. Antonio Hitler es hijo de empresario y director del museo provincial con nueve dedos. Las fotograf&iacute;as y sus marcos, una tienda con su apellido y los s&iacute;ntomas de una terrible enfermedad en su hija se superponen. &iquest;Qu&eacute; sucedi&oacute; en 1998 en la calle Jacinto? Huevos rotos, unos con solomillo y otros con boletos. La coca&iacute;na amarga. Las comidas de negocios. Compro, vendo, cambio. La muerte en Londres. La verdadera muerte en un accidente. El triste poder provincial de las diputaciones, cabezas de rat&oacute;n en esta sociedad corrupta. Ata&uacute;des Ourense vs. Laminados sider&uacute;rgicos Ourense. En una l&iacute;nea temporal, la original, su padre lo somete a la misma tortura vital que &eacute;l somete a los dem&aacute;s y a s&iacute; mismo, un c&iacute;rculo de violencia, sexo y algo de coca&iacute;na. Un negocio legal pero con provocador componente s&oacute;rdido, como la fabricaci&oacute;n de ata&uacute;des. Lo m&aacute;s cercano a trabajar con la muerte dentro de lo legal. Lidia, su madre, lo dej&oacute; abandonado con un bocadillo de Nocilla en la mano antes de saltar por el balc&oacute;n y, desde entonces, la violencia ha crecido dentro de Antonio, Antonio Hitler, como una mala semilla. Su sexo de bienvenida, un padre que conoci&oacute; a Julio Iglesias, la abuela, personaje oculto, que gotea la historia otorg&aacute;ndole un sentido muy concreto (no es casualidad que el comienzo de la historia sea la mujer, Elvira, yendo a la Universidad de Berl&iacute;n para estudiar mec&aacute;nica cu&aacute;ntica). Ella elige a Hitler. En una de las l&iacute;neas temporales todo lo malo, en la otra, un apellido m&aacute;s. Incluso ligado a lo art&iacute;stico y creativo. Un provocador Juan Tallo. Y eso que el taxista que lo recoge al llegar a Orense le dice: &ldquo;&iquest;Cambio, esta ciudad no cambia ni muerta&rdquo;, mientras hace un giro innecesario? Ha cambiado el urbanismo que tan bien conoce Antonio. Antonio Hitler, no lo olviden. Tiene cientos de libros. Su suegra parece haber muerto de c&aacute;ncer, por fin. La muerte, ya digo. La Divina comedia con sus iniciales en la primera p&aacute;gina. Su padre le da la llave, los diarios que lleva escribiendo desde adolescente, con la idea de escribir una novela. Una cierta burla de metaliteratura, una manera de recordar que, en una dimensi&oacute;n paralela, tambi&eacute;n los autores dan/damos las brasas con novelas autobiogr&aacute;ficas. En su nueva vida, en su nuevo espacio geogr&aacute;fico, su mujer lo quiera, personas que deber&iacute;an estar muertas caminan por la calle, algunos bares siguen sirviendo sus bocadillos favoritos, hay un padre que pasa temporadas en Pe&ntilde;&iacute;scola, que ha sido amigo de Julio Iglesias. Que descansa. Que lo abraza. Pero toma un caf&eacute; con su mujer en La Ibense, que lleva quince a&ntilde;os cerrada. &iquest;Pero qu&eacute; es la fantas&iacute;a m&aacute;s que un producto del se&ntilde;or de las pesadillas? Si lo &uacute;nico que quiere, su hija, no existe. Como siempre lo que no tenemos es lo que m&aacute;s deseamos, la mujer que odiaba le parece m&aacute;s atractiva. Est&aacute; embarazada. El protagonista se agarra a eso para poder creer, recuperar lo &uacute;nico que ama de verdad. Pero no es Irene, es Marco. En esa l&iacute;nea temporal que parece vibrar a una frecuencia distinta se ha dejado llevar por sus deseos, por el arte, abandonando los n&uacute;meros y las finanzas por la gesti&oacute;n cultural. Escribe para una de esas odiosas novelas de autoficci&oacute;n en las que todos acabamos. Juega con los puntos de ucron&iacute;a de los que habl&aacute;bamos al principio: existe Juan Tamariz, Ray Loriga es un reputado director de cine y a Stephen King le han dado el Nobel. Pero, tambi&eacute;n existen los Rolling Stones y &eacute;l es un tipo oscuro, con aristas, destinado a acabar mal, con dinero manchado de sangre y en efectivo en los armarios. &iquest;Cu&aacute;nto puede alguien sobrevivir con su aspecto, pero sin los recuerdos? Como el comienzo de <em>Dragones y Mazmorras</em>, perd&oacute;n por la referencia de dibujos animados ochenteros, pero suena a cuando entra en el <em>after,</em> cuando sale del <em>after</em> con los mexicanos. Como todos hubi&eacute;ramos hecho -somos humanos consumidores de la cultura pop y audiovisual europea-retorna al lugar donde todo cambi&oacute;, la ciudad de M&eacute;xico. Es un gui&ntilde;o a la magia de la capital azteca, como lo es que, en este viaje, en esta incursi&oacute;n de vuelta, lo acompa&ntilde;e un argentino tratante de libros raros. H.P. Lovecraft o Jorge Luis Borges. &iquest;Quiz&aacute; es uno de esos jardines que se bifurcan que hemos elucubrado al comienzo del texto? Es una novela notable, que se disfruta. Exigente, eso s&iacute;, por c&oacute;mo se entrelazan los escenarios y los personajes, que encuentra una segunda y una tercera lectura, sobre todo al poder encajar todas las piezas y crear tu propia visi&oacute;n de conjunto. Pero es valiente, es creativo, no es autocomplaciente. Aplauso para Juan Tall&oacute;n.&nbsp;&nbsp;</p>
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<p>Juan Tall&oacute;n, <em>El mejor del mundo</em>, Barcelona, Anagrama, 2024.</p>
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      <pubDate>Fri, 29 Nov 2024 13:03:43 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Voces en el gran teatro del mundo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/voces-en-el-gran-teatro-del-mundo/</link>
      <description><![CDATA[<p>&nbsp;<img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/JOS_INIESTA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Esta pieza singular, <em>Un tigre sin selva</em>, de Jos&eacute; Iniesta, me recuerda a las tragedias griegas y a Shakespeare, a Valle-Incl&aacute;n y me parece un gran acierto porque funde poes&iacute;a y teatro. Volvemos al origen, porque el teatro, la m&uacute;sica que componen los actos, las escenas, los personajes, son poes&iacute;a. Y asimismo los poemas que ponemos frente al mundo &iquest;qu&eacute; son sino voces en el gran teatro del mundo?&nbsp;</p>
<p>Es este tigre sin selva un homenaje a dos obras: <em>Pato salvaje, </em>de Ibsen y <em>M&aacute;quina Hamlet,</em> de M&uuml;ller, en las que, dice el poeta, encontr&oacute; clasicismo y vanguardia. Aprendi&oacute; esta lecci&oacute;n en estas obras y en las ense&ntilde;anzas de Paco Zarzoso.&nbsp;</p>
<p>La escritura ha de ser &ldquo;destino y moral&rdquo;, desde la gratitud. &ldquo;Vuelo rasante sobre la fea realidad, entre el cielo y la tierra, rozando los espinos (&hellip;) piedra en el aire, lo que somos, cayendo al abismo&rdquo; (p. 11). As&iacute; lo dice Jos&eacute; Iniesta en un pr&oacute;logo bell&iacute;simo en el que transmite su sentir sobre la vida y el arte y nos introduce al poema-tragedia que sigue.&nbsp;</p>
<p>El teatro ha de ser moral, en el sentido m&aacute;s elevado del t&eacute;rmino. Ha de provocar catarsis, ha de ser ejemplar, como la <em>Numancia </em>de Cervantes, o <em>San Juan,</em> de Max Aub, o las tragedias griegas o de Shakespeare. El teatro la palabra, la poes&iacute;a, &ldquo;palabra esencial en el tiempo&rdquo;, como dec&iacute;a Antonio Machado, no se deben malgastar porque son tiempo: nuestra vida.&nbsp;</p>
<p><em>Un tigre sin selva</em> es un canto a la vida. Este canto incluye la dicha, el dolor, &ldquo;memoria de ciudades ardiendo junto al mar, la ceguera de Dios&rdquo; (p. 12). Incluye un mundo en destrucci&oacute;n, un mar de pl&aacute;stico, glaciares que desaparecen, escenas como la de Gaza, al final del libro. Pero tambi&eacute;n somos &ldquo;del sol en la monta&ntilde;a m&aacute;gica y del aire encendido del oto&ntilde;o&rdquo;. &ldquo;C&oacute;mo amamos vivir -dice- no moriremos&rdquo; (p. 12).&nbsp;</p>
<p>En uno de los poemas de <em>Arder en el c&aacute;ntico</em> (2008), leemos: &ldquo;atr&eacute;vete a entonar el canto que celebra / el tr&aacute;nsito en el mundo. Y regala a esa nada excelsa del existir (&hellip;) las voces que nombraron (&hellip;) el pr&iacute;stino misterio de la felicidad&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Es <em>Un tigre sin selva:</em> teatro y poes&iacute;a, poes&iacute;a y teatro, sin credos ni fronteras, para que hable el silencio. Porque todo fue lo mismo: la representaci&oacute;n, el c&aacute;ntico, el poema, para enaltecer el &aacute;nimo y poder adentrarse en lo secreto, en los misterios, &ldquo;para nombrar lo imposible, lo sagrado&rdquo; (p. 13): para abrir la puerta. As&iacute; fue todo hasta que lo desmembramos.&nbsp;</p>
<p>El aliento tr&aacute;gico de este poema-teatro vibra desde el pr&oacute;logo. El cuerpo del poema, dividido en dos partes, a los que se a&ntilde;ade un ep&iacute;logo, con un mismo temblor. Jos&eacute; Iniesta ha creado una obra original, ha ido a las fuentes m&aacute;s remotas, al origen, a desenterrar la vida para iluminarla.&nbsp;</p>
<p>Todos los personajes son uno solo, no existen. Y su aventura es un viaje al coraz&oacute;n de las tinieblas. No es un canto de esperanza: son hambre y palabras juntando los pedazos del c&aacute;ntaro roto de la vida. Conrad, y el c&aacute;ntaro roto. Todo cabe en este gran libro, tan original.&nbsp;</p>
<p>Este poema-tragedia se ci&ntilde;e a las tres partes que posee la tragedia griega: pr&oacute;logo, episodios y &eacute;xodo. Est&aacute; muy pr&oacute;ximo a la tragedia cl&aacute;sica, a su tono elevado, a su sufrimiento, a la anagn&oacute;risis. Incluso el coro tiene su presencia en el est&aacute;simo que lleva por t&iacute;tulo &ldquo;La pregunta del &aacute;tomo&rdquo; (p. 43), aunque el coro se siente en toda la obra al ser todos los personajes uno, al estar todas las voces en &eacute;l.</p>
<p>La complejidad y calidad de un texto viene de su capacidad de generar sinapsis, de su riqueza connotativa. De su capacidad, tambi&eacute;n, de interpretar el dolor y la belleza de la vida, de ser para todos y de toda la humanidad.</p>
<p>El hombre que clama es el ser universal, como en el teatro griego o Shakesperiano; su grandeza lo convierte en arquetipo, en el que se pueden fundir todos los seres humanos.&nbsp;</p>
<p>Llama la atenci&oacute;n que todas las acotaciones formen parte del poema-teatro, algo que hac&iacute;a Valle-Incl&aacute;n, por est&eacute;tica, y porque las acotaciones tienen una funci&oacute;n po&eacute;tica que no puede quedarse fuera del texto. Los actores y actrices han de interpretarlas. Si no es posible, una voz en off deber&iacute;a recitarlas.&nbsp;</p>
<p>El metro es cl&aacute;sico: endecas&iacute;labos, heptas&iacute;labos, pentas&iacute;labos, alejandrinos, dotando a las dos partes del texto de ritmo musical.&nbsp;</p>
<p>La grandeza de la aparici&oacute;n del viejo loco (todos los seres humanos y entre ellos, el padre muerto) (p. 20), tiene la fuerza de una tormenta en el p&aacute;ramo de Macbeth.&nbsp;</p>
<p>En muchas ocasiones sentimos en diferentes obras de arte el aire rasgado por el rayo, el trueno y la lluvia impetuosa. Aqu&iacute; est&aacute; el tigre, en ese ambiente explosivo; lo est&aacute; en la <em>Pastoral </em>de Beethoven; por &eacute;l se ordenan los personajes de la Cena de Leonardo da Vinci. Es el principio que rige una obra de arte, la ordena, aunque est&eacute; formada por lo m&aacute;s dispar.&nbsp;</p>
<p>El poeta ha incorporado a su obra el ritmo de la naturaleza, es bosque y canto de los p&aacute;jaros, lluvia que salva. Y su no-personaje, todos los personajes, este ser frente al mundo, reivindica la belleza de los astros, se sabe &ldquo;zozobra y tempestad&rdquo;. La belleza venciendo en la batalla. Sabe que ha existido desde siempre y &ldquo;entona el c&aacute;ntico salvaje/ de ser en la floresta / el ciervo vulnerado&rdquo; (p.19).&nbsp;</p>
<p>El ser primigenio en la cueva profunda, con su fragilidad, presto a morir, sin haber entendido nada, o sea, como nosotros. Todos los tiempos a la vez pivotan sobre este anciano de los tiempos.&nbsp; Suena su voz entre la vida y la muerte. Puede cruzar los l&iacute;mites entre ambas. El tiempo es est&aacute;tico y fluido a la vez. Todas las escenas son posibles: la ni&ntilde;a muerta, que a la vez nos increpa: el bosque que se venga. Por todo esto, por la capacidad del texto para asumir cien vidas y cien muertes, cada poema parece estar esculpido en la roca. Es piedra. Es un tigre sin selva, un fuego a quien derrota el arquero de la noche.&nbsp;</p>
<p>Este tigre desea &ldquo;la belleza del mundo al reflejarse / en el diamante vivo de otros ojos / el sol emocionado al proyectar / mi sombra / en el silencio / contra el muro&rdquo; (26).&nbsp;</p>
<p>Todos los tiempos y los seres se unen en uno. Se cumple el aserto machadiano de que hay que cantar siempre en coro, con toda la humanidad. En este poema, en el que una voz constata el horror de su p&eacute;rdida, todos los seres humanos pueden alcanzar la catarsis, la purificaci&oacute;n: &ldquo;Tan solo es posesi&oacute;n cantar la vida&rdquo; (p. 42).&nbsp;</p>
<p>Este libro est&aacute; arraigado en nuestra vida actual y en la de todos los tiempos. Las guerras y desastres son el escenario en donde nos sit&uacute;an las acotaciones. Una vez es un &aacute;rbol quemado; otras, un p&aacute;ramo; otras, es, directamente, Gaza. El texto est&aacute; anclado en todos los tiempos, porque la guerra es, por desgracia, de todos los tiempos. Los escenarios son m&iacute;nimos, rotundos, y en ellos habla el universo, porque est&aacute;n vivos, son carga dram&aacute;tica, intensidad: hablan.&nbsp;</p>
<p>La hija y el pato salvaje son los &uacute;nicos inocentes, libres, en medio del horror. No existe la muerte: &ldquo;fuiste (&hellip;) y lo ser&aacute;s, /la semilla en la tierra que florece / tras las lluvias de mayo, / la promesa del vuelo / hacia el sentido&rdquo;. La hija viva: &ldquo;la ni&ntilde;a vulnerada / del amor en la luz&rdquo; (p. 39).&nbsp;</p>
<p>El poeta se sit&uacute;a en una atalaya desde la que contempla el paisaje de guerra y destrucci&oacute;n, la ausencia. Constata tambi&eacute;n la belleza. Es la historia del ser humano: sobrevivimos porque somos capaces de ver, de construir belleza.&nbsp;</p>
<p>Para ser todos los seres humanos hay que transformarse, perder identidad, vivir fuera del tiempo, ser todos los tiempos. Por eso, el anciano es el padre muerto, el padre y la madre, que componen con la hija una Piet&agrave; impresionante, con la hija que ha muerto y vive al mismo tiempo. El desastre de la vida es implacable, pero la voluntad del ser humano le hace decir: &ldquo;continuar&eacute;&rdquo;, vivo, aunque la muerte invada todos los resquicios.&nbsp; &nbsp;</p>
<p>La ni&ntilde;a y el pato son tiempo y alma, nada tienen que ver con la barca de Caronte, ni con el Can Cerbero. La Piet&agrave; del padre la madre de piedra, con la ni&ntilde;a en brazos, es un lamento y es tambi&eacute;n la resurrecci&oacute;n del amor y de la libertad: &ldquo;Mi sacrificio os salva, desprecia el oro sucio y las creencias&rdquo; (p. 62).</p>
<p>El personaje, la voz que habla, vive en la incertidumbre: no sabe si es real, como tampoco puede saberlo el p&uacute;blico. Todo es un inmenso teatro desolado. La gran met&aacute;fora del sue&ntilde;o y del teatro del mundo.&nbsp;</p>
<p>Es la voz de la ni&ntilde;a, que aparece sin el disparo en el pecho, la que suena al final. Es el bosque, es la aut&eacute;ntica vida, tiempo y alma.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Jos&eacute; Iniesta, Un tigre sin selva, Sevilla, Renacimiento, 2024</strong></p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 29 Nov 2024 12:17:52 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El ombligo del mundo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-ombligo-del-mundo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/JOAN_MONTA_S_XIPELL_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Joan Monta&ntilde;&eacute;s (Castell&oacute;n, 1965), conocido art&iacute;sticamente como <em>Xipell</em>, es humorista gr&aacute;fico e ilustrador. Desde finales de los a&ntilde;os ochenta se dedica profesionalmente a satirizar la vida pol&iacute;tica y social en la prensa diaria: fue redactor gr&aacute;fico en el peri&oacute;dico Levante-El Mercantil Valenciano hasta su cierre en 2019 (recopilatorios de sus colaboraciones son las publicaciones <em>Draps de Clau</em>, <em>Costa de Aznar </em>y <em>Gaudeamus Ujitur</em>), para pasar despu&eacute;s a ejercer como vi&ntilde;etista en el Mundo-Castell&oacute;n. Adem&aacute;s de su labor period&iacute;stica, ha publicado el libro de cr&oacute;nicas escritas <em>Los d&iacute;as del trencad&iacute;s</em>, el anecdotario de memorias&nbsp;<em>Examen oral d&acute;historias</em>, la novela <em>La peste del azahar, </em>la obra de teatro&nbsp;<em>El concilio del arroz</em> y los vol&uacute;menes de ilustraciones&nbsp;<em>El &uacute;ltimo mono</em>,&nbsp;<em>La Panderola, el tren que vol&oacute;</em>,&nbsp;<em>Lengua M&aacute;gica, un d&iacute;a al parque de las Normas</em>,&nbsp;<em>Viaje al pa&iacute;s de Tombatossals</em> y <em>Norma al ataque.</em> Tambi&eacute;n ha sido cofundador de la revista sat&iacute;rica <em>Gurb.</em></p>
<p><em></em>Su segunda incursi&oacute;n en el g&eacute;nero narrativo, publicada recientemente por AdN Editorial, <em>El viaje circular</em>, es un juego entre realidad y ficci&oacute;n como proceso de creaci&oacute;n. <em>Xipell</em>, como buen humorista gr&aacute;fico, salta desde la observaci&oacute;n a la imaginaci&oacute;n, para realizar un proceso de subversi&oacute;n que supone un continuo trasvase de la m&iacute;mesis a la di&eacute;gesis.</p>
<p>El ge&oacute;grafo franc&eacute;s Jean-Claude Chigot, doctor de la Sorbonne, racionalista cartesiano, inicia en 1989 un viaje-exploraci&oacute;n por encargo del mism&iacute;simo Fran&ccedil;ois Mitterrand, a trav&eacute;s del Bureau des Grands Travaux, en busca del centro del mundo, con motivo de la celebraci&oacute;n del Bicentenario de la Revoluci&oacute;n y con la finalidad de &ldquo;certificar si nuestra <em>civilisation </em>continuaba siendo el faro de la humanidad&rdquo;. No busca quimeras ni entelequias, nada de piedras filosofales, arcas perdidas, griales, fuentes de la eterna juventud o dorados &mdash;la cr&iacute;tica a las novelas enigma es evidente&mdash;, si bien casi todas acaban apareciendo en sus p&aacute;ginas.</p>
<p>Tampoco su particular aventura tiene nada de fant&aacute;stico al modo de <em>El viaje al centro de la Tierra</em>, simple y llanamente trata de encontrar las ense&ntilde;anzas del &ldquo;hombre c&eacute;ntrico&rdquo; para, con absoluto rigor cient&iacute;fico, estudiarlas y aplicarlas con la finalidad de situar a la Rep&uacute;blica en un lugar puntero &mdash;&iquest;en el centro?&mdash; de las naciones.</p>
<p>Tras tres a&ntilde;os dando la vuelta al mundo como un nuevo Phileas Fogg, se dispone a regresar a Par&iacute;s sin haber alcanzado su objetivo, cuando la diosa Fortuna lo lleva a un almac&eacute;n de c&iacute;tricos en la localidad de Almenara (Castell&oacute;n) y a entablar conversaci&oacute;n con el octogenario tabernero, Virginio Bonet, experto en &ldquo;mundolog&iacute;a&rdquo;, con el que se dispone a iniciar un periplo por la comarca de los <em>petits ch&acirc;teaux</em> en el viejo Citr&ouml;en DS, el m&iacute;tico <em>Tibur&oacute;n</em>.</p>
<p>Tras ingerir como b&aacute;lsamo de Fierabr&aacute;s una infusi&oacute;n de hierbas locales, unas copas de An&iacute;s del Mono y varios espa&ntilde;ol&iacute;simos &ldquo;Sol y sombra&rdquo;, con un calendario ilustrado utilizado como mapa del tesoro, nuestros ebrios amigos comienzan su alucinada aventura en busca del &ldquo;punto exacto con el mayor grado de armon&iacute;a universal jam&aacute;s conocido&rdquo;. Durante el trayecto, se intercalan las visitas reales a los pueblos (Cabanes, Torreblanca, Morella, etc.) y parajes (barranco del Valltorta, Puig de la Nau, fort&iacute;n de Onda, castillo de Pe&ntilde;&iacute;scola, etc.), plasmados por el hiperrealista y egoc&eacute;ntrico pintor castellonense Vidal en las doce l&aacute;minas que les sirven de gu&iacute;a, con los recuerdos de las realizadas anteriormente por el ilustrado viajero a lo largo y ancho de este mundo examinando de manera infructuosa dictaduras, teocracias, satrap&iacute;as y democracias, incluyendo a los Estados Unidos y el mism&iacute;simo Vaticano.</p>
<p>Mediante el cervantino recurso del manuscrito, en este caso no encontrado, sino enviado en forma de trig&eacute;simo cuarto cuaderno de bit&aacute;cora al propio Fran&ccedil;ois Mitterrand, acompa&ntilde;amos a este Ignatius Reilly viajero siguiendo su ret&oacute;rica prosa volteriana salpimentada con grandes dosis de iron&iacute;a, en la que constantemente se confunden el mito y la realidad. Si el alucinado caballero andante confund&iacute;a una bac&iacute;a de barbero con el Yelmo de Mambrino, nuestro personaje transmuta una gigantesca caracola fosilizada acompa&ntilde;ada de una naranjas n&aacute;vel un tanto pasadas en el m&iacute;tico cuerno de la abundancia y le llevan a pensar en la traducci&oacute;n al espa&ntilde;ol del t&eacute;rmino ingl&eacute;s, <em>navel, </em>ombligo, como indicio de hallarse cerca del epicentro terr&iacute;cola. De igual forma, su calenturienta imaginaci&oacute;n racionalista interpreta literalmente la frase <em>La millor terreta del m&oacute;n</em> como una nueva se&ntilde;al ling&uuml;&iacute;stica de encontrarse en su anhelado <em>pays </em>axial, si bien su sanchopancista compa&ntilde;ero le explicar&aacute; que se trata de una expresi&oacute;n local utilizada como eslogan publicitario por unos comerciantes para vender un estupendo detergente para fregar sartenes.</p>
<p>Desde las primeras p&aacute;ginas,<em> Xipell</em> experimenta con el humor &mdash;sin duda el verdadero protagonista de la novela&mdash; y nos atrapa en su juego literario, con una sonrisa perenne en los labios, que en ocasiones deviene en risa, cuando no en estruendosa carcajada, participamos con sus personajes en sus delirantes andanzas. Con un estilo chestertoniano, tan parad&oacute;jico como simb&oacute;lico e ir&oacute;nico &mdash;en ocasiones corrosivo sarcasmo que se decanta del sainete al esperpento&mdash;, un tanto barroco e hiperb&oacute;lico, pero fluido y directo, no exento de hilarantes cultismos y abundantes referencias mitol&oacute;gicas (Arcadia, Fuente de Castalia, Jard&iacute;n de las Hesp&eacute;rides, etc.), hist&oacute;ricas (desde los hom&iacute;nidos y cavern&iacute;colas, pasando por los pr&iacute;ncipes de la iglesia, santos, templarios, c&aacute;taros, hasta militares, maquis e industriales, que ejemplifica con el esbozo de las biograf&iacute;as de los personajes de la zona m&aacute;s destacados: Benedicto XIII, Vicente Ferrer, Cabrera, Teresona, Segarra, etc.) filos&oacute;ficas, cinematogr&aacute;ficas y art&iacute;sticas &mdash;no en vano el autor es licenciado en Historia del Arte&mdash;, busca siempre la complicidad del lector.</p>
<p>Lo m&aacute;s llamativo de esta novela consiste en que la transposici&oacute;n on&iacute;rica de la realidad subvierte lo concreto para trascenderlo por medio del lenguaje y elevarlo a la categor&iacute;a de s&iacute;mbolo c&oacute;smico &mdash;entendido como deseo y sue&ntilde;o&mdash; para, al final, demostrar una verdad universal, presente ya en la no menos universal obra cervantina: &ldquo;En todas casas cuecen habas y, en la m&iacute;a, a calderadas&rdquo;. La autoiron&iacute;a es tambi&eacute;n otra constante y el mismo protagonista participa de las peque&ntilde;as corrupciones que observa a su alrededor sin ning&uacute;n pudor. En cierto modo, la novela es una parodia amable de la propia ilustraci&oacute;n que &eacute;l representa.</p>
<p>&iquest;Es <em>El viaje circular</em>, valga la redundancia, un libro de viajes? Desde luego, siempre entendido en el sentido decimon&oacute;nico, mezcla de aventura y abundantes disertaciones de todo tipo. &iquest;Es una obra aleg&oacute;rica? Sin duda. &iquest;Es una novela hist&oacute;rica? No, pero tiene mucha historia. &iquest;Es literatura fant&aacute;stica? Tampoco, pero es fant&aacute;stica. &iquest;Se podr&iacute;a categorizar como posmoderna? Podr&iacute;a ser, pero qu&eacute; m&aacute;s da, sea lo que sea el artefacto, fruto del mordaz ingenio de un afilado vi&ntilde;etista, funciona, esta odisea es disparatada, divertida, acida e inteligente, contiene s&aacute;tira pol&iacute;tica y cr&iacute;tica social, local y universal (los temas son numerosos: guerras de religi&oacute;n, nacionalismos, megaloman&iacute;as, discriminaci&oacute;n de la mujer, especulaci&oacute;n urban&iacute;stica, ecolog&iacute;a, etc.), humor a paladas, identidad regional y personal&hellip; hasta el punto de que yo he descubierto que mi padre naci&oacute; en el pa&iacute;s donde no funciona la br&uacute;jula y que yo pas&eacute; los primeros seis meses de mi vida en el mism&iacute;simo centro de la yema del huevo sin saberlo, pero eso ya es otra historia, la de mi propio ombligo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Joan Monta&ntilde;&eacute;s Xipell, <em>El viaje circular</em>, Madrid, AdN, 2024</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 29 Nov 2024 11:47:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una mirada diferente sobre la vida en la cárcel]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-mirada-diferente-sobre-la-vida-en-la-carcel/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/JORGE_BARCO_INGELMO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Siempre hay que felicitarse por la aparici&oacute;n de nuevas editoriales, caso de Sloper en 2008, y ya con una trayectoria reconocida, a la que se suma la colecci&oacute;n de poes&iacute;a Isla Elefante bajo la direcci&oacute;n de un poeta laureado con alguno de los premios importantes de nuestros pagos, me refiero a Ben Clark. Siempre es una garant&iacute;a ese filtro de una direcci&oacute;n entendida, atenta a cuanto pasa en la poes&iacute;a que actual y que su director contempla desde el privilegio de la Fundaci&oacute;n &nbsp;Antonio Gala. Isla Elefante es una colecci&oacute;n pensada, al menos en principio, para autores menores de cuarenta a&ntilde;os, que se nos hacen muy flexibles, seg&uacute;n demuestra Jorge Barco Ingelmo (1977), autor de este <em>Jailhouse Rock</em>. Libro al que pocas objeciones se le pueden poner, salvo el t&iacute;tulo en ingl&eacute;s, un error, creo (salvo por extra&ntilde;as cuestiones comerciales), cuando los poemas est&aacute;n escritos en el buen castellano de Salamanca, donde naci&oacute; este fil&oacute;logo que ejerce de funcionario de prisiones y cuya experiencia le ha valido para un libro distinto, humano, mucho, con humor y tragedia, pensativo en numerosas ocasiones. &nbsp;Se me ocurren algunos t&iacute;tulos igual de eficaces en nuestra lengua, a la que salvamos de paso de la colonizaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica por parte del ingl&eacute;s.</p>
<p><em>Jailhouse Rock</em>, dividido en cinco partes, pero con tres fundamentales en funci&oacute;n de la situaci&oacute;n del preso y peligrosidad, primer, segundo y tercer grado, va reflexionando desde distintas perspectivas sobre su situaci&oacute;n, incluida la del confinamiento en los tiempos de pandemia, &ldquo;T&uacute; que no has ido nunca a comprar el pan / ni has montado en bicicleta / ahora te vale lo que sea / con tal de pasar el menor tiempo posible / entre tus tres o cuatro o quince paredes&rdquo;. Y desde ah&iacute;, desde esa puesta en el lugar del otro, del preso, va ofreciendo en el escaparate un pu&ntilde;ado de situaciones que se producen detr&aacute;s de las paredes de una c&aacute;rcel. Jorge Barco las plantea desde una sensibilidad pensativa, hermosa, con un sentido del ritmo l&iacute;rico, del decir y la pausa; o si prefieren, desde el buen hacer de sus mejores versos y que, acorde a los tiempos, son libres. Numerosos asuntos van filtr&aacute;ndose as&iacute;, caso del poeta encarcelado Marcos Ana, al que una mano an&oacute;nima &ldquo;justo hoy que te has muerto / (&hellip;) sin que presos y funcionarios sepan por qu&eacute; / han colocado una rosa&rdquo;. La locura, la ausencia de cosas tan habituales como una mera bolsa de pl&aacute;stico que le falta a un preso italiano, pero imposible de conseguir en el economato de la prisi&oacute;n, el miedo a presos potencialmente peligrosos, pero llenos de preocupaciones, por la ausencia de llamadas familiares o un error en el men&uacute;, la denuncia del maltrato, van surgiendo entre otros asuntos en sus versos.</p>
<p>Me ha gustado especialmente la aventura de escribir un poema a base de textos de otros, ya sea de prensa El Pa&iacute;s o Europa Press, sobre situaciones de paquetes bomba que se env&iacute;an a funcionarios a sus casas. Me ha recordado un tanto con lo que juguete&oacute; la poeta Mar&iacute;a &Aacute;ngeles P&eacute;rez L&oacute;pez, salmantina de adopci&oacute;n, en <em>Interferencias</em>, a partir de versos que admira. Aqu&iacute; sin embargo se construye un poema desde textos y situaciones que dialogan entre s&iacute;, en &eacute;poca adem&aacute;s que el experimentalismo est&aacute; de capa ca&iacute;da, salvo por el buen hacer Mar&iacute;a Salgado o de Lola Nieto, como punta de lanza. Dentro de ese amplio espectro de miradas, donde cabe la ternura, la solidaridad, la circunstancia de cada uno, el miedo, tiene cabida el humor, caso de unos presos expertos en robos que no saben abrir una puerta hasta que uno de ellos, al fin, abre el candado&hellip;o el horror, como el caso de &ldquo;un preso que el otro d&iacute;a / se hab&iacute;a rajado la barriga y se chupaba / delante de nosotros una mano / ensangrentada mientras dec&iacute;a / lo mucho que le gusta la sangre&rdquo;. No decepcionar&aacute; este <em>Jailhouse Rock </em>desde esta perspectiva peculiar, la de la vida en la c&aacute;rcel, que a veces se hace en un curioso poema <em>C&aacute;rcel de amor</em>, aunque lejos del libro de Diego de San Pedro, como comprobar&aacute; el lector que se aventure en una mirada diferente y en una colecci&oacute;n que promete, por lo visto hasta ahora, dar mucho de s&iacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jorge Barco Ingelmo, <em>Jailhouse Rock,</em>&nbsp; Badajoz, Isla Elefante, 2024.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 27 Nov 2024 08:50:17 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA entrevista a fondo a Ida Vitale y Fernando Savater ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-entrevista-a-fondo-a-ida-vitale-y-fernando-savater/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2024/IDA_VITALE_7_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Los lectores del nuevo n&uacute;mero de la revista TURIA, que se distribuye este mes de noviembre, podr&aacute;n disfrutar de dos entrevistas a fondo y en exclusiva con dos protagonistas de evidente atractivo, por lo que dicen y por c&oacute;mo lo dicen: Ida Vitale y Fernando Savater. Sin duda, y si tenemos en cuenta la proyecci&oacute;n y el reconocimiento que sus respectivas obras y trayectorias han obtenido a nivel internacional, resulta acertado afirmar que son dos nombres propios de indiscutible relevancia dentro del mundo cultural de habla hispana.&nbsp;</p>
<p>Con 101 a&ntilde;os reci&eacute;n cumplidos, la escritora uruguaya Ida Vitale es una verdadera leyenda viva de la literatura latinoamericana. Mujer culta y cosmopolita, TURIA convers&oacute; con ella en su &uacute;ltima visita a Espa&ntilde;a y lo hizo en uno de sus lugares favoritos cuando se encuentra en Madrid: la m&iacute;tica Residencia de Estudiantes. El periodista y poeta Fernando del Val comparti&oacute; un provechoso di&aacute;logo que ahora transcribe para nuestra revista y que describe as&iacute;: Ida Vitale &ldquo;parece eterna, tambi&eacute;n una ni&ntilde;a. Disfruta de saberse viva y de compartir un rato con quien se le acerca&rdquo;. No por casualidad, el jurado del Premio Cervantes dijo de ella, al concederle el galard&oacute;n en 2018, que &ldquo;es al mismo tiempo intelectual y popular, universal y personal, transparente y honda. Un referente fundamental para poetas de todas las generaciones y en todos los rincones del espa&ntilde;ol&rdquo;.</p>
<p>El fil&oacute;sofo espa&ntilde;ol Fernando Savater es uno de los indiscutibles protagonistas del mejor ensayismo contempor&aacute;neo en nuestro idioma. Aunque no es la primera vez que TURIA lo entrevista con amplitud, hemos cre&iacute;do conveniente volver a conversar con &eacute;l para conocer la evoluci&oacute;n de su pensamiento y sus opiniones actuales sobre un amplio abanico de temas. Adem&aacute;s, en estos pasados meses, Savater fue un nombre envuelto en la pol&eacute;mica tras su despido como hist&oacute;rico colaborador del influyente peri&oacute;dico &ldquo;El Pa&iacute;s&rdquo;. Una controversia suscitada por sus cr&iacute;ticas al peri&oacute;dico por haberse transformado en un mero altavoz gubernamental de la gesti&oacute;n del PSOE y de su actual l&iacute;der.<strong>&nbsp;</strong></p>
<p>La conversaci&oacute;n con Fernando Savater siempre brinda titulares. Buena prueba de ello es cuando nos asegura que &ldquo;en Espa&ntilde;a la adscripci&oacute;n pol&iacute;tica es siempre como un r&oacute;tulo&rdquo;. Tambi&eacute;n resulta clarificador cuando afirma &ldquo;me indigna que se le d&eacute; la vuelta al sentido com&uacute;n para contentar a los que no lo tienen&rdquo;. Y, cuando le preguntamos sobre su despido del que ha sido el peri&oacute;dico de su vida, lo tiene claro: &ldquo;El Pa&iacute;s se ha ido convirtiendo en un &oacute;rgano gubernamental, y hoy ya lo es por completo&rdquo;<strong>.</strong>&nbsp;</p>
<p>La nueva entrega de la revista TURIA ofrece, por tanto, dos extensas y enriquecedoras conversaciones que permiten no s&oacute;lo conocer mejor a Ida Vitale y Fernando Savater, sino tambi&eacute;n descubrir muchos y valiosos detalles de inter&eacute;s acerca de sus respectivas obras e itinerarios vitales. Por ejemplo, Vitale asegura que &ldquo;escribir es una opci&oacute;n que te ofrece la&nbsp; vida. Vida y literatura pueden ser lo mismo. Lo han sido&rdquo;. Sin embargo, &ldquo;en estos momentos, pensar en hacerlo me resulta tan pesado como trasladar un bloque de ladrillos&rdquo;. Eso s&iacute;, leer es otra cosa: &ldquo;eso me hace volar&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Por su parte Fernando Savater, en su entrevista para TURIA con Jos&eacute; Antonio Vila, confiesa que siempre ha sido una persona &ldquo;ingenuamente alegre&rdquo;. No obstante, reconoce &nbsp;la tragedia que ha supuesto estos &uacute;ltimos a&ntilde;os la muerte de su esposa: &ldquo;uno no muere de pena. La vitalidad no muere, pero uno se acostumbra a vivir en la tristeza. Yo siempre he sido una persona ingenuamente alegre. Me despertaba como un jilguerillo. Pero eso ya no lo tengo. Estoy acostumbrado a la tristeza. Estoy acostumbrado a que, en alg&uacute;n momento del d&iacute;a, se me salten las l&aacute;grimas cuando me acuerdo de mi mujer. Como yo era un ne&oacute;fito de la tristeza, pensaba que no iba a durar mucho, que no se pod&iacute;a vivir estando triste. Pero me he dado cuenta de que s&iacute; se puede vivir teniendo un trasfondo de tristeza. Se puede vivir, se puede recordar, e incluso se puede disfrutar de la vida en una serie de aspectos&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>IDA VITALE: &ldquo;TENDR&Iacute;AMOS QUE REPENSAR LA IDEA DE PROGRESO&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nacida en Montevideo (Uruguay) en 1923, Ida Vitale es una de las grandes poetas latinoamericanas y la &uacute;ltima superviviente de la excepcional &ldquo;Generaci&oacute;n del 45&rdquo;, de la que formaron parte intelectuales destacados como Emir Rodr&iacute;guez Monegal, &Aacute;ngel Rama (su primer marido), o Mario Benedetti, entre otros. Fue docente de literatura durante varias d&eacute;cadas y posee una amplia y valiosa obra como poeta, ensayista y cr&iacute;tica literaria. Siempre ha declarado&nbsp; que sus dos grandes referentes fueron Jos&eacute; Bergam&iacute;n, que fue su profesor en Montevideo y Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, a quien conoci&oacute; en persona. Como escritora, su labor confirma que posee un lenguaje preciso, maleable, cargado de iron&iacute;as y sutilezas, inteligente.</p>
<p>En su larga vida, Ida Vitale ech&oacute; ra&iacute;ces en varios pa&iacute;ses. Empujada por la dictadura de su pa&iacute;s, emigr&oacute; a M&eacute;xico (donde desarroll&oacute; una intensa actividad literaria y fue docente de literatura del prestigioso El Colegio de M&eacute;xico). Tambi&eacute;n vivi&oacute; un tiempo en Par&iacute;s,&nbsp; aunque regresara de forma peri&oacute;dica a Uruguay y M&eacute;xico. Luego, a finales de los ochenta se estableci&oacute; en Estados Unidos, en la ciudad tejana de Austin. Pero, ya desde 2018, &nbsp;8 reside de nuevo en Montevideo.&nbsp;</p>
<p>Su &uacute;ltimo libro disponible en Espa&ntilde;a, &ldquo;Donde vuela el camale&oacute;n&rdquo;, apareci&oacute; aqu&iacute; el pasado a&ntilde;o aunque originalmente se hab&iacute;a editado en 1996. Se trata de una obra muy sugerente, situada a medio camino entre la prosa y la poes&iacute;a, en la que Vitale re&uacute;ne cuentos, f&aacute;bulas y alegor&iacute;as que conforman una suerte de bestiario humano en el que la premio Cervantes uruguaya revisita algunos mitos cl&aacute;sicos y da cabida a la fantas&iacute;a de aliento borgiano. Son, en definitiva, un conjunto de historias inquietantes en torno a la belleza, el dolor, el misterio y la profunda cuesti&oacute;n de la existencia.&nbsp;Una peque&ntilde;a joya literaria que revela su manera de ver la vida.</p>
<p>Tambi&eacute;n Ida Vitale es una traductora de prestigio, pues ha publicado versiones en espa&ntilde;ol de grandes autores franceses e italianos como &nbsp;<a title="Simone de Beauvoir" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Simone_de_Beauvoir">Simone de Beauvoir</a>,&nbsp;<a title="Benjamin P&eacute;ret" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Benjamin_P%C3%A9ret">Benjamin P&eacute;ret</a>,&nbsp;<a title="Gaston Bachelard" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Gaston_Bachelard">Gaston Bachelard</a>,&nbsp;<a title="Jules Supervielle" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Jules_Supervielle">Jules Supervielle</a>,&nbsp;<a title="Jean Lacouture" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Jean_Lacouture">Jean Lacouture</a>,&nbsp;<a title="Mario Praz" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Mario_Praz">Mario Praz</a>&nbsp;y&nbsp;<a title="Luigi Pirandello" href="https://es.wikipedia.org/wiki/Luigi_Pirandello">Luigi Pirandello</a>.</p>
<p>Adem&aacute;s del Premio Cervantes, la autora uruguaya tiene en su haber numerosos reconocimientos, tiene numerosos reconocimientos, entre los que se encuentran el Premio Internacional Octavio Paz de Poes&iacute;a y Ensayo; el Premio al M&eacute;rito Cultural de la Ciudad de M&eacute;xico Carlos Monsivais y el Premio Internacional Alfonso Reyes; el Premio Reina Sof&iacute;a de Poes&iacute;a Iberoamericana; el Premio Federico Garc&iacute;a Lorca; el Premio Max Jacob (Par&iacute;s) y el Premio de la Feria del Libro de Guadalajara (M&eacute;xico).&nbsp;</p>
<p>En la entrevista que le realiza Fernando del Val para TURIA, Vitale reconoce que no le gusta la falta de libertad. Y tambi&eacute;n que &ldquo;he sido inquieta, pero siempre he abogado por una vida tranquila&rdquo;. Preguntada sobre el lenguaje inclusivo, nos dir&aacute;: &ldquo;son guerras que se alejan de lo importante&rdquo;. Y es que, para ella, &ldquo;es bueno que los ni&ntilde;os y los adolescentes reciban una educaci&oacute;n lo m&aacute;s neutra posible, sin sesgos ni ideolog&iacute;a&rdquo;. Hay que ir al colegio a recibir clase&rdquo;. Adem&aacute;s, Vitale plantea una cuesti&oacute;n capital en nuestras vidas: &ldquo;tendr&iacute;amos que repensar la idea de progreso. Pero eso a m&iacute; no me toca. Les toca a ustedes, los que tienen a&ntilde;os por delante. No hay que aceptar todo lo que viene por el hecho de que viene&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>FERNANDO SAVATER: &ldquo;EL TIEMPO NO PASA EN VANO, PERO EN MI PENSAMIENTO HAY UN FONDO CONSTANTE&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fernando Savater (San Sebasti&aacute;n, 1947) protagoniza en TURIA una conversaci&oacute;n sincera y valiosa para conocer su trayectoria y opiniones. Un di&aacute;logo enriquecedor e ilustrativo que parte de la publicaci&oacute;n de su reciente libro &ldquo;Carne gobernada&rdquo;. Y es que, como subraya Jos&eacute; Antonio Vila, charlar de forma distendida sobre asuntos literarios, pol&iacute;ticos y filos&oacute;ficos con este donostiarra ejerciente es una magn&iacute;fica oportunidad para descubrir la autenticidad y la coherencia de uno de nuestros intelectuales de cabecera.</p>
<p>Reconoce Savater que su &uacute;ltima obra es &ldquo;un libro menos encorsetado, tal vez m&aacute;s desenfadado&rdquo;. A la pregunta sobre su pol&eacute;mico cambio de orientaci&oacute;n pol&iacute;tica, nuestro fil&oacute;sofo asegura no haber cambiado tanto. Y lo argumenta as&iacute;: &ldquo;La gente parece preocuparse mucho de lo que he cambiado yo, pero no se preocupa de lo que ha cambiado el Partido Socialista, por ejemplo. O de c&oacute;mo ha cambiado la izquierda en este pa&iacute;s. Efectivamente, como t&uacute; bien dices, hoy hay un rechazo cada vez mayor de las ideas ilustradas, y una introducci&oacute;n de identitarismos que antes parec&iacute;an lo contrario del progresismo. &nbsp;La &nbsp;exaltaci&oacute;n &nbsp;de &nbsp;lo &nbsp;identitario &nbsp;por &nbsp;encima &nbsp;del &nbsp;universalismo&nbsp; y del cosmopolitismo siempre hab&iacute;a sido considerado lo m&aacute;s reaccionario que hab&iacute;a. Hoy es la izquierda la que insiste en lo identitario por encima de lo universal y lo cosmopolita. El universalismo y el cosmopolitismo parecen ser vistos como cosas negativas. Yo casi te dir&iacute;a, como dec&iacute;a Churchill, que he cambiado de partido para no tener que cambiar de ideas [risas]. Esto me parece que es un poco lo que me ha pasado&rdquo;.</p>
<p>Y es que Fernando Savater, a prop&oacute;sito de ese retorno de lo identitario que ha bendecido la izquierda, declara en TURIA una vez m&aacute;s su oposici&oacute;n a todo &ldquo;nacionalismo obligatorio&rdquo;: yo no soy ni quiero ser nacionalista, ni de izquierdas ni de derechas. Pero ese es el magma en el que vivimos en algunas regiones, como el Pa&iacute;s Vasco o Catalu&ntilde;a.&rdquo;&nbsp;</p>
<p>Sobre su despido de &ldquo;El Pa&iacute;s&rdquo; tras toda una vida escribiendo en ese peri&oacute;dico, Savater lo tiene muy claro: &ldquo;El Pa&iacute;s&rdquo; &ldquo;se ha ido convirtiendo en un &oacute;rgano gubernamental, y hoy ya lo es por completo. Ya no es un peri&oacute;dico cr&iacute;tico que te d&eacute; una visi&oacute;n plural sobre las cosas, sino que lo lees para enterarte de lo que piensa el gobierno&rdquo;. Adem&aacute;s, recuerda, &ldquo;yo ya hab&iacute;a empezado a escribir en &ldquo;The Objective&rdquo; antes de todo el jaleo. Nos hab&iacute;an rebajado varias veces el sueldo a los colaboradores de &ldquo;El Pa&iacute;s&rdquo;, seg&uacute;n dec&iacute;an porque el peri&oacute;dico estaba muy mal econ&oacute;micamente. Eso no lo han dicho p&uacute;blicamente, pero a nosotros s&iacute; nos lo dec&iacute;an como pretexto para bajarnos el sueldo. Entonces, la &uacute;ltima vez que me lo bajaron, les dije que con esa rebaja de sueldo yo me sent&iacute;a autorizado a escribir en otro sitio, para tratar de compensar un poco la p&eacute;rdida econ&oacute;mica, y por eso me puse a escribir en &ldquo;The Objective&rdquo;. En ese momento, protestaban contra m&iacute; por lo que dec&iacute;a, pero no porque me hubiera puesto a escribir en &ldquo;The Objective&rdquo;. En cambio, en el caso de Juan Luis Cebri&aacute;n, en cuanto se puso a escribir en el otro lado, se le vino el mundo encima&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Uno de los cap&iacute;tulos m&aacute;s entra&ntilde;ables de la entrevista es cuando recuerda su relaci&oacute;n con Javier Mar&iacute;as, que form&oacute; parte de su grupo de amigos en Madrid y del que Mar&iacute;as era el integrante m&aacute;s joven: &ldquo;Yo tendr&iacute;a unos 24 a&ntilde;os y &eacute;l tendr&iacute;a 18 o as&iacute;. Todos lo ve&iacute;amos como un ni&ntilde;o, porque &eacute;l adem&aacute;s era muy juguet&oacute;n y se pon&iacute;a a andar con las manos y a hacer piruetas, y nos dejaba a todos sorprendidos. Los dos ten&iacute;amos en com&uacute;n que nos gustaban mucho las novelas de aventuras y las historias de fantasmas&rdquo;. Confiesa, por &uacute;ltimo, Savater que hacia Mar&iacute;as siempre tuvo una admiraci&oacute;n muy sincera: &ldquo;he sido lector suyo toda la vida, me encantaban sus libros, y me parec&iacute;a un escritor extraordinario&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>ROB RIEMEN: EL RETO DE RESCATAR LOS VALORES HUMANITARIOS CL&Aacute;SICOS</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El profesor turolense de Filosof&iacute;a Rub&eacute;n Benedicto es el autor de un amplio art&iacute;culo que explica las claves del pensamiento de Rob Riemen (Pa&iacute;ses Bajos, 1962). Este ensayista es fundador y presidente de Nexus Instituut, una instituci&oacute;n independiente neerlandesa, creada en 1994, con el objetivo de fomentar el debate filos&oacute;fico y cultural europeo y tambi&eacute;n la reflexi&oacute;n intelectual. Una de sus tesis es que solo desde la educaci&oacute;n y los valores puede hacerse frente al avance de las ideas totalitarias.&nbsp;</p>
<p>Aunque su obra est&aacute; siendo traducida en los &uacute;ltimos a&ntilde;os en Espa&ntilde;a, merece la pena conocerla y compartirla. Como se nos dice en el art&iacute;culo: &ldquo;Frente al adocenamiento materialista, la simple estupidez y la decadencia consiguiente, pretende rescatar los valores humanitarios cl&aacute;sicos cuyas ra&iacute;ces filos&oacute;fico-pol&iacute;ticas se hallan en S&oacute;crates y Plat&oacute;n. En su obra destaca la fuerza del esp&iacute;ritu humano para afrontar los rasgos desmotivadores de una cultura que obtura la posibilidad de alumbrar un futuro en el que el ser humano se reconozca en la mejor versi&oacute;n de s&iacute; mismo.&rdquo; No en vano, a la pregunta &iquest;qu&eacute; hace que mi vida tanga sentido?, Riemen responde: &ldquo;ni la ciencia ni la tecnolog&iacute;a pueden responder a&nbsp; esta pregunta y si creemos que lo har&aacute; el dinero es que somos idiotas&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>El reto de Riemen y del Nexus Instituut es rescatar el humanismo. Eso significar&iacute;a &ldquo;insuflar en nuestra cultura el aliento liberador de unos valores &eacute;ticos y est&eacute;ticos casi olvidados. La belleza, la serenidad, la coherencia, la firmeza, la valent&iacute;a, la armon&iacute;a, la contemplaci&oacute;n, son anhelos humanos reprimidos por un sistema mutilador que empuja nuestras conciencias hacia el miedo activando la agresi&oacute;n. Frente a esta amenaza, la prosa de este escritor atesora la virtud de inspirarnos, lo que resulta excepcionalmente dif&iacute;cil en esta &eacute;poca de ruido; sus textos indican con precisi&oacute;n y elegancia el lugar hacia el que dirigirnos en el paisaje de la cultura facult&aacute;ndonos para la belleza, la compasi&oacute;n, el bien y la verdad&rdquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 12 Nov 2024 11:24:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una lírica que deslumbra]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-lirica-que-deslumbra/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2024/FERNANDO_SANMART_N_-_Fotograf_a_de_Oliver_Duch_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Maestro, amigo, or&aacute;culo zaragozano, viajero, Fernando Sanmart&iacute;n se ha convertido en uno de los escritores fundamentales de Arag&oacute;n. La variedad de su obra literaria, que abarca el dietario, la novela, el cuento corto o la poes&iacute;a y su presencia en los cat&aacute;logos de distintas editoriales nacionales lo convierten en un referente ineludible de las letras aragonesas. En esta nueva entrega po&eacute;tica, una elegante separata publicada con mimo amanuense por los Cuadernos del Mirador, con la magn&iacute;fica ilustraci&oacute;n naval de Pepe Cerd&aacute; en portada, encontramos a un Sanmart&iacute;n contemplativo y errante, levemente terminal, atrapado en recuerdos de parada &uacute;ltima, recorriendo espacios interiores e hitos paisaj&iacute;sticos. Me atrevo a utilizar el paralelismo con los antiguos sencillos, los singles del pop. Como adelanto. Como golosina. Quiz&aacute;, m&aacute;s bien, ser&iacute;a un <em>Extended Play</em>, un EP de final de d&eacute;cada: conceptuales, inmediatos, con una cohesi&oacute;n larval que pide ser compartida. Ya el barco inaugural, el vapor que ha escapado de del refugio transparente del vidrio, exhibe, en contra de sus hermanos mayores, de sus primos lejanos de velas bellas y trasnochadas, una picaresca l&iacute;rica que deslumbra.&nbsp;</p>
<p>Exige una mirada reparadora. Yo, que escribo mis notas sobre los libros en cuadernos sobrantes de cursos pasados, cuadros en blanco de temas y lecciones inacabadas, con una birome atemporal, de dise&ntilde;o industrial perfecto, una empat&iacute;a hacia el poema de Sanmart&iacute;n, hacia sus formas cl&aacute;sicas y pausadas. Como el texto que abre el libro: &iquest;Qui&eacute;n puede permitirse el lujo de perderse en Manhattan? Federico Garc&iacute;a Lorca, Enrique Morente y Leonard Cohen. As&iacute; escribe Fernando Sanmart&iacute;n: &ldquo;Perderse, a veces / puede ser como lavar una herida&rdquo;, &iquest;qu&eacute; hab&iacute;a en aquella isla? &iquest;Piratas o n&aacute;ufragos? &iquest;Jud&iacute;os ortodoxos o borrachos nigerianos? Quiz&aacute; solo las huellas de los cocodrilos sobre el alquitr&aacute;n de la aurora. Poeta que, al final, escribe: &ldquo;Y camin&eacute; tanto / que perd&iacute; / el asombro de los t&uacute;neles&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>De Estambul al Pireo, vergonzoso lector aficionado al baloncesto europeo celebramos la ruta. Ya me disculpar&aacute; el poeta Sanmart&iacute;n. Los alimentos hab&iacute;an perdido el miedo porque los turistas llegaban con apetito, algunos, incluso, con hambre atrasada: &ldquo;Cuando los cangrejos/se mov&iacute;an/como carruajes/encima de las rocas&rdquo;. El sopor&iacute;fero sur de Europa, el norte de &Aacute;frica, el Mediterr&aacute;neo inexacto que anima al sue&ntilde;o y al olvido. Utilizo la tecnolog&iacute;a para calcular la distancia entre T&aacute;nger y Estambul, porque no puede evitar recordar a Paul Bowles y William Burroughs &minus; sobre todo tras el sintagma &lsquo;Pr&iacute;ncipe vicioso&rsquo;. Son, exactamente cuatro mil ochenta y cuatro kil&oacute;metros. Casi dos d&iacute;as en coche. Podr&iacute;a haber sido otra parte, podr&iacute;a pensar en Mick Jagger en 1975, tiempos de <em>Black and blue,</em> y puede que el Estambul de Sanmart&iacute;n tenga algo de azul. Y de negro, claro.&nbsp;</p>
<p>Nos preguntamos qu&eacute; himno se canta en cada una de las dos orillas, en la de Estambul o en la de Budapest. Las palabras escritas en la mano son aventureras, les gusta jugar. Parece que siempre tienen un lugar mejor donde estar, se arrastran, se olvidan, son manchas de tinta en la piel del libro. Por eso su forma de final (negro) o de fr&iacute;o (azul). Y pienso, claro, en la &uacute;ltima vez que vi a Luis Eduardo Aute. Fue en la misma sala en la que estaba el poeta Fernando Sanmart&iacute;n, aunque quiz&aacute; &eacute;l solo tenga el recuerdo de la distancia amable que mantiene con el mundo. En aquel lugar, con el poeta Gabriel Sope&ntilde;a, Luis Eduardo Aute me firm&oacute; unos discos, un ejemplar de Fuga, un ejemplar de Rito: &ldquo;O iniciando, quiz&aacute; / sin saberlo, / inconsciente / los ritos de la fuga&rdquo;. Cierra el poema, cierra la vida, el cielo protector, la compa&ntilde;&iacute;a de Jos&eacute; Manuel Caballero Bonald, la canci&oacute;n <em>Hafa caf&eacute;</em> del disco <em>Slowly </em>de Luis Eduardo Aute.&nbsp;</p>
<p>Estoy sentado en una guardia de aula. Es viernes, &uacute;ltima hora. Mis alumnos, en realidad, los alumnos de otro, se afanan con sus tareas de ingl&eacute;s. Yo leo y escribo esta rese&ntilde;a. El aula min&uacute;scula ha hecho un hueco al silencio y el silencio es un elemento fundamental en las canciones de Kiev cuando nieva, en la pintura de Pepe Cerd&aacute;, en los poemas de Fernando Sanmart&iacute;n. Y as&iacute;: &ldquo;El silencio / es un suburbio / en el que muchachos terribles / tiran piedras / a un oso ciego&rdquo;. Y suspiro, atrapado en la evocaci&oacute;n y el mutismo reinante. Y sigo leyendo y escribiendo, en un quiero y no puedo, en un cuaderno que, m&aacute;s que dejarnos ir, nos devora: &ldquo;Quiero ser linterna en la noche/para meter dos cicatrices en una bolsa de basura&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Tur&iacute;n, como antes Estambul, como siempre Par&iacute;s. Par&iacute;s, se diga a o no, Par&iacute;s es un poema que no necesita ser nombrado, al menos en uno libro de Fernando Sanmart&iacute;n. En Tur&iacute;n hay una bestia se&ntilde;orial y ancianos que nos regalan consejos como solo pueden hacer las personas mayores. Si tanto llov&iacute;a las huellas de Ernest Hemingway debieron haberse borrado del poema. En Tur&iacute;n, donde solo pueden ganar Francesco y Giuseppe, Gino y Fausto o Claudio y Gianni, en Tur&iacute;n es por eso que son dos ancianos los que quer&iacute;an indicar algo al poeta Sanmart&iacute;n. Los ancianos que van, bajo la lluvia, en parejas. Solo de lo perdido Marco, quiz&aacute; Vincenzo. El elegante Felice. Pero ellos, ellos son nombres que debemos olvida: &ldquo;Obedec&iacute;a a los laberintos / apart&eacute; mi confusi&oacute;n de perseguido / y memoric&eacute; tu nombre / antes de borrarlo / como esa indicaci&oacute;n que reciben los esp&iacute;as de quemar una evidencia&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Poeta de aplicaci&oacute;n general, como esos antibi&oacute;ticos de amplio espectro que se le administran a los enfermos de males ciegos, en tiempos de muerte del padre, de terribles ausencias de amigos, en sus llamadas de primera hora, Fernando Sanmart&iacute;n (padre biol&oacute;gico y padre no venal), confiesa que, como todos, acumulamos el alcohol, las pinturas y la ropa de nuestros padres como marte de una captura en &aacute;mbar, de una eternidad en forma de memoria. Escribe: &ldquo;En este poema no hay ruido/ y s&iacute; mucha intemperie/porque la memoria es un idioma/que me produce insomnio&rdquo;. Orfidal de todos los santos, hijos de Lee Marvin o de militares lectores del ABC. En este Mediterr&aacute;neo de amistad y plenilunio, Fernando Sanmart&iacute;n monta en la misma embarcaci&oacute;n que nos salvar&aacute;, m&aacute;s all&aacute; de Sirualas o la playa de los Capellanes. Ya no hay se&ntilde;al: &ldquo;Es la hora/de borrar los errores&rdquo;.</p>
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<p>Fernando Sanmart&iacute;n, <em>Archivo fotogr&aacute;fico</em>, &Uacute;beda, Cuadernos El Mirador, 2024)</p>
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      <pubDate>Tue, 12 Nov 2024 08:18:28 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jon Fosse: el latido de la existencia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jon-fosse-el-latido-de-la-existencia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2024/jon500.jpg" alt="" /></p>
<p>Que los libros de Jon Fosse circularan por el mundo antes de recibir el Nobel y que su nombre sonara durante a&ntilde;os para el premio se lo debemos en gran parte a Daimon Searls, su traductor al ingl&eacute;s. Los traductores van teniendo cara y nombre en el siglo XXI.&nbsp;</p>
<p>Hace veinte a&ntilde;os Daimon Searls tradujo al ingl&eacute;s un <em>sample</em> en alem&aacute;n de <em>Melancol&iacute;a</em>. Fascinado por su estilo decidi&oacute; co-traducir el libro con una noruega nativa. Despu&eacute;s de ese trabajo, ella decidi&oacute; no seguir con Fosse y Searls aprendi&oacute; noruego para continuar trabajando con la obra del que cre&iacute;a un genio. Desde entonces, no s&oacute;lo ha traducido sus libros, sino que ha proclamado su genialidad y se ha convertido en un amigo incondicional, en la persona en la que Fosse conf&iacute;a. Sin esta ayuda, sin la pasi&oacute;n de alguien dispuesto a proclamar la genialidad de un autor no comercial, probablemente no estar&iacute;amos hablando de este premio Nobel.&nbsp;</p>
<p>La literatura de Jon Fosse es el ejemplo perfecto de que un buen&nbsp;libro no s&oacute;lo necesita un autor con un punto de vista y un estilo nuevos enfrentado a una hoja en blanco, necesita adem&aacute;s una cadena de lectores, una comunidad que crece poco a poco con el apoyo de instituciones, premios o fundaciones. En este caso,&nbsp;el apoyo de la cr&iacute;tica literaria ha sido pr&aacute;cticamente nulo. Atravesar el ruido del mundo literario no es f&aacute;cil y menos para un autor que representa el silencio, que construye personajes empe&ntilde;ados en cruzar la vida cotidiana hacia otro tipo de experiencias y que escribe libros que escucha y no piensa.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;Fue en 2014 cuando me encontr&eacute; con <em>Alice at the fire, </em>publicada recientemente en Espa&ntilde;a como <em>Alice ante la hoguera</em>. Estaba<em>&nbsp;</em>buscando un autor diferente en la infinita red de conexiones que es internet. Y no me acuerdo c&oacute;mo llegu&eacute; en ese navegar a la deriva hasta Fosse.&nbsp; De repente descubr&iacute; una forma de narrar completamente diferente, un autor que dirig&iacute;a al lector a un estado de conciencia alterado. El libro no me convenci&oacute;, pero el estilo de escritura me pareci&oacute; absolutamente genial. No pude olvidarlo y en 2018, cuando Beatriz Gonz&aacute;lez y yo fundamos De Conatus, fue Fosse el primer autor que quer&iacute;a tener en nuestro cat&aacute;logo. Me puse a investigar sobre &eacute;l y me asombr&oacute; descubrir que hab&iacute;a publicado unas treinta obras de teatro, diecisiete obras de narrativa, nueve libros de poes&iacute;a, varios libros de ensayo e incluso cuentos infantiles. Ten&iacute;a numerosos premios, estaba clasificado como el n&uacute;mero ochenta y tres en la lista de los 100 genios vivos del <em>The Daily Telegraph</em>, hab&iacute;a sido nombrado caballero de la Orden Nacional del M&eacute;rito de Francia y pod&iacute;a usar de manera permanente la residencia <em>Grotten</em>, situada en las instalaciones del Palacio Real en Oslo. Me pareci&oacute; muy curiosa la mezcla de toda esta informaci&oacute;n. No s&oacute;lo era abrumadora sino tambi&eacute;n extra&ntilde;a. Su obra no estaba apenas traducida, en espa&ntilde;ol exist&iacute;a <em>Melancol&iacute;a </em>en la editorial Emec&eacute; descatalogada y sin ning&uacute;n &eacute;xito y el teatro tampoco hab&iacute;a sido pr&aacute;cticamente representado en nuestra lengua. Ni siquiera llegu&eacute; entonces al estupendo v&iacute;deo de una entrevista que Ana Fernandez Valbuena con la Sgae le hab&iacute;a hecho en Noruega. Las personas que conoc&iacute;an a Fosse en Espa&ntilde;a probablemente se podr&iacute;an contar y ning&uacute;n periodista se hab&iacute;a interesado por &eacute;l.&nbsp;</p>
<p>Con estas premisas contradictorias: una escritura tan &iacute;ntima y fuera del mundo convencional, un autor sin embargo tan reconocido y un desconocimiento pr&aacute;cticamente total de su obra en el mundo entero, escrib&iacute; a su agente, Gina&nbsp;Winje. Gina tambi&eacute;n es un personaje fundamental en la vida de Jon Fosse. Durante muchos a&ntilde;os ha puesto su agencia a su servicio. Ha apoyado su obra sin descanso intentando conseguir el apoyo no s&oacute;lo de editores extranjeros sino tambi&eacute;n del gobierno de Noruega. Ha transmitido un entusiasmo genuino que me contagi&oacute; habl&aacute;ndome de <em>Trilog&iacute;a</em>, el libro que pude leer ya en ingl&eacute;s para valorar su edici&oacute;n en Espa&ntilde;a. El autor con el que hab&iacute;a experimentado una alteraci&oacute;n de conciencia a&ntilde;os atr&aacute;s ahora hab&iacute;a conseguido dominar su estilo. <em>Trilog&iacute;a</em> me pareci&oacute; una obra redonda, una historia&nbsp;que de alguna forma respond&iacute;a a aquel deseo de Walter Benjamin de volver a la narraci&oacute;n comunitaria, a los relatos que los humanos se contaban alrededor de la hoguera en un af&aacute;n de compartir un sentido. <em>Asle y Alida caminaban por las calles de Bi&oslash;rgvin, Asle llevaba al hombro dos hatillos con todo lo que ten&iacute;an y en la mano la caja con el viol&iacute;n que hab&iacute;a heredado de su padre Sigvald. </em>Dos amantes adolescentes que van a ser padres, pobres, con dos hatillos, pero con un viol&iacute;n. En este comienzo est&aacute;n todos los elementos que llevan a un relato cl&aacute;sico. Podr&iacute;a ser <em>Un coraz&oacute;n sencillo </em>de Flaubert donde el amor tambi&eacute;n aparece en la pobreza, en la sencillez. Podr&iacute;a ser <em>Dafnis y Cloe </em>de Longo, esos pastores que desconocen la sofisticada maldad del mundo. &iquest;Es necesaria la desnudez total para que exista el amor? &iquest;Viene a contar Fosse lo de siempre? Que encontremos el mismo mito en distintas culturas y distintas &eacute;pocas quiz&aacute;s signifique que el mundo tiene una racionalidad inespec&iacute;fica que el arte puede captar. Ese es el sentido del mito y esa es la lectura de <em>Trilog&iacute;a</em>, una lectura mitol&oacute;gica que de repente llama la atenci&oacute;n y tiene la capacidad de impactar a lectores del siglo XXI, lectores que han perdido esa capacidad de escucha ancestral pero que todav&iacute;a pueden&nbsp;reconocer de una manera inconsciente lo espec&iacute;ficamente humano.&nbsp;</p>
<p>Escribir con un narrador ancestral que parece totalmente nuevo significa haber encontrado un nuevo campo de exploraci&oacute;n narrativa. Conocemos a Dafnis y a Cloe por sus actos y por lo que el narrador nos dice que sienten, pero no asistimos en directo a su interior. Muchos a&ntilde;os m&aacute;s tarde conocemos a Molly Bloom en <em>Ulises </em>de Joyce presenciando su flujo de conciencia, y en <em>Trilog&iacute;a</em> podemos sentir la percepci&oacute;n de la existencia de Alida, ese momento de temblor ante el hecho radical de existir. Los acontecimientos en la historia no parecen reales del todo, importante el matiz del todo porque aunque suenan a cuento sin embargo el lector los vive como una experiencia propia. Lo que verdaderamente atrapa al lector es esa consciencia de la existencia, que no es vac&iacute;o. No es eso, ni es nada concreto, es simplemente existencia. Ponemos nombre no s&oacute;lo a las cosas, tambi&eacute;n a emociones, percepciones, formas de sentir. La literatura en lugar de nombrar crea una emoci&oacute;n. Si en nuestra vida cotidiana nos hemos olvidado de qu&eacute; significa sentirnos existiendo, en las obras de Fosse lo podemos experimentar. Me gusta pensar en la Historia de la Literatura como una carta de experiencias a elegir. Y en ese sentido los genios son los que aportan una radicalmente nueva.</p>
<p>La forma es fundamental en Fosse. Muchas veces he escuchado a lectores que preguntan c&oacute;mo es capaz de crear tantas sensaciones que no ten&iacute;an registradas. No hay tanta necesidad de hablar sobre los temas que trata como sobre su forma de escritura. Y tienen raz&oacute;n en que es lo m&aacute;s importante en su literatura. Cristina G&oacute;mez Baggethun es la traductora de Fosse en Espa&ntilde;a. Su madre, Kirsty Baggethun era la gran recomendada y le pareci&oacute; muy adecuado trabajar con su hija en los textos de un autor tan importante. Cristina estudi&oacute; Filosof&iacute;a, ha escrito una tesis sobre Ibsen y tiene pulso de escritora, as&iacute; que pod&iacute;amos hablar de aspectos formales en <em>Trilog&iacute;a</em> y tomar decisiones en la traducci&oacute;n desde una intuici&oacute;n perceptiva que ten&iacute;a que ver tambi&eacute;n con entender qu&eacute; estaba haciendo Fosse. Las dos est&aacute;bamos de acuerdo en que hab&iacute;a que mantener su estilo por encima de todo, trabajar cada matiz del texto para que la versi&oacute;n espa&ntilde;ola de su obra mantuviera la poes&iacute;a que hay detr&aacute;s de los textos. Fosse entiende que escribe prosa po&eacute;tica. Siempre he tenido prejuicios acerca de llamar po&eacute;tica a la prosa, pero en este caso lo acept&eacute; sin reservas porque Fosse entiende la poes&iacute;a como misticismo y el misticismo como poes&iacute;a. Para &eacute;l son inseparables. En su forma de escritura, una actitud de escucha total sin pensar en lo que escribe, aparece la m&uacute;sica. El ritmo no es aleatorio, responde a una respiraci&oacute;n y, en el fondo, al enfrentamiento del ser humano ante la consciencia de estar existiendo. Sus personajes son noruegos que han nacido en medio de una naturaleza abrumadora, omnipresente, mucho m&aacute;s poderosa que cualquier idea, imposible de dominar. En un territorio enorme en extensi&oacute;n y poco poblado, las relaciones sociales son m&iacute;nimas y se producen en medio de un silencio solemne que a la vez se solapa con el estruendo de las cascadas. No hay espacio para largas digresiones. El habla, de alguna manera, tiene que sobrepasar una barrera natural. As&iacute; que en ese traspaso de una lengua a otra hab&iacute;a que tomar decisiones que mantuvieran la esencia de la cultura noruega que Fosse atraviesa hasta una concepci&oacute;n universal del ser humano. Esas decisiones ten&iacute;an que ver con el sentido de las may&uacute;sculas, con dejar nombres propios de lugares o piedras en noruego y traducir aquellos en los que el significado era necesario, no perder nunca la pulsaci&oacute;n, dejar que se escuchara el silencio entre parlamentos, mantener la ausencia de puntos y que la lectura respirara en una especie de ondulaci&oacute;n muy parecida a la que se siente en una barca a la deriva en medio del mar. Y nunca olvidar el sentido, las ideas filos&oacute;ficas que subyacen bajo el texto.&nbsp;</p>
<p>Fosse est&aacute; muy influenciado por Heidegger o Wittgenstein. &Eacute;l mismo ha dicho en numerosas ocasiones que vivi&oacute; la esquizofrenia entre su lado te&oacute;rico y su pulsi&oacute;n art&iacute;stica. Estudi&oacute; Filosof&iacute;a y escrib&iacute;a art&iacute;culos acad&eacute;micos y hubo un momento en que eligi&oacute; permanecer en la parte musical de su escritura, en el lado m&aacute;s puramente art&iacute;stico. Puede que en su escritura haya un aspecto heideggeriano de sentir la existencia como sensaci&oacute;n de estar lanzado al mundo. Sus personajes sienten ese terror existencial de distintas maneras, pero las ra&iacute;ces cu&aacute;queras de Fosse matizan ese existencialismo y, su protagonista principal, Asle, el pintor de <em>Septolog&iacute;a, </em>lo conduce a una b&uacute;squeda interna de Dios. Jon Fosse es conocido por su conversi&oacute;n al catolicismo. Una de las entrevistas m&aacute;s interesantes que se le han hecho es la de Valbuena. Entrevistar a Fosse no es f&aacute;cil. Se tiene que sentir c&oacute;modo, tiene que intuir que la persona que le pregunta ha entrado de alguna manera en su escritura como &eacute;l mismo entr&oacute; en el texto en el momento de escribir, tiene que sentir algo as&iacute; como compartir algo que nos eleva por encima de las conversaciones banales, que nos lleva m&aacute;s all&aacute; de los aspectos m&aacute;s superficiales del sistema literario. No importa la biograf&iacute;a, no importa el &eacute;xito, no importa el n&uacute;mero de lectores, los temas, las modas. Lo importante es entrar en un estado de conciencia ext&aacute;tico. En esa conversaci&oacute;n se sinti&oacute; c&oacute;modo y a la pregunta sobre el tema de la religi&oacute;n respondi&oacute; que hab&iacute;a crecido entre cu&aacute;queros y que ellos, que est&aacute;n en contra de toda forma de ritual y autoridad, buscan &ldquo;la luz interna dentro de cada uno&rdquo;. Incluso describe esas reuniones como un c&iacute;rculo de personas en silencio. Si alguna necesita hablar lo hace y si no, permanecen en silencio. En un momento dado levantan los brazos y se termina la reuni&oacute;n. Creo que es importante entender el aprendizaje que ha tenido en ese mundo de lo que significa el silencio y de la no necesidad de hablar para tapar una emoci&oacute;n o el aburrimiento o la vivencia del tiempo como si fuera un metr&oacute;nomo. Lo interesante es que esa forma cu&aacute;quera de experimentar el silencio lo ha llevado al Maestro Eckart, que aparece de manera directa en <em>Septolog&iacute;a, </em>y que el Maestro Eckart lo llev&oacute; a los m&iacute;sticos medievales y que los m&iacute;sticos medievales lo llevaron a un acercamiento a la Iglesia Cat&oacute;lica. La evoluci&oacute;n literaria de Fosse es paralela a su evoluci&oacute;n personal. Su biograf&iacute;a s&oacute;lo es pertinente en la comprensi&oacute;n de su escritura por aquellos acontecimientos que lo empujaron a experimentar una luz que procede de la oscuridad creando un resplandor. Desde mi punto de vista, esta descripci&oacute;n del momento m&iacute;stico es el ingenio que lo distingue como autor. Una intuici&oacute;n poderosa que ordena su narrativa. Es posible que esa naturaleza noruega en la que alg&uacute;n rayo surge de la oscuridad en mitad de las alt&iacute;simas monta&ntilde;as haya creado en &eacute;l esa sensaci&oacute;n de ir m&aacute;s all&aacute;, de entender que en un resplandor est&aacute; todo y que ese todo no est&aacute; f&iacute;sicamente aunque podemos sentirlo. El hecho es que narrativamente, sus personajes, guiados por una b&uacute;squeda de &ldquo;el gran vuelo&rdquo;, como dice Asle en <em>Trilog&iacute;a, </em>viven situaciones de oscuridad que en otras novelas estar&iacute;an planteadas como conflicto pero que Fosse las recrea como una ca&iacute;da de la inocencia en la perversi&oacute;n. La perversi&oacute;n en m&uacute;ltiples manifestaciones, la perversi&oacute;n como una salida inconsciente de lo natural, como una forma de vida sin esperanza, sin sentido y, lo m&aacute;s importante, sin energ&iacute;a. Los personajes de Fosse caen en el alcoholismo o la desesperanza pero nunca pierden la b&uacute;squeda inocente de &ldquo;el gran vuelo&rdquo;. En lugar de un conflicto, la nostalgia del ser de la que hablaba Heidegger es una forma de vida que va m&aacute;s all&aacute; de un combate con los otros. En las novelas de Fosse, cada personaje principal vive un momento donde el cuerpo y el esp&iacute;ritu son uno y sufre el shock de tomar conciencia de la existencia. Es una especie de rel&aacute;mpago con su descarga el&eacute;ctrica f&iacute;sica que Fosse llama resplandor y que aparece de una forma muy espec&iacute;fica en <em>Septolog&iacute;a. </em>Algo muy diferente a otra percepci&oacute;n fantasmag&oacute;rica descrita en<em> Blancura</em>, que tiene que ver con la calma, con lo atemporal, indefinido, silencioso, que est&aacute; ah&iacute; tambi&eacute;n para quien lo escuche.&nbsp;</p>
<p>La novela ampl&iacute;a sus campos de representaci&oacute;n en cada momento hist&oacute;rico. El autor que sea capaz de captar alg&uacute;n aspecto de la sensibilidad de su &eacute;poca que, de alguna manera, no exist&iacute;a antes, es un autor representativo. Y Fosse capta ese aspecto actual del ser humano en una relaci&oacute;n con su mundo complicada por una desvinculaci&oacute;n generalizada. Desvinculaci&oacute;n con la naturaleza, consigo mismo y con el mundo. El existencialismo, creado en el siglo XX y que ya describe esa desvinculaci&oacute;n de una manera radical, se convierte ahora en una oportunidad no para unirse al mundo tal y como est&aacute; concebido sino para ir m&aacute;s all&aacute;. La&nbsp;incapacidad de los personajes de Fosse de construir una vida en su entorno, la huida a trav&eacute;s del alcohol de los m&aacute;s sensibles o la obcecada concentraci&oacute;n en la pura supervivencia de los otros parece venir de un temblor muy n&oacute;rdico ante un absurdo lleno de sentido, ante algo desconocido y necesario a la vez.&nbsp; En algunas culturas, la palabra que se usa para rel&aacute;mpago es l&oacute;strego o l&uacute;strigo, lluched, llaucet. La etimolog&iacute;a de la palabra es incierta, pero puede venir del lat&iacute;n lustrum que tiene que ver con la iluminaci&oacute;n y la purificaci&oacute;n, el sacrificio o del protocelta lowstriko. En cualquier caso, en ese resplandor est&aacute; la idea de purificaci&oacute;n, sacrificio, iluminaci&oacute;n. Hacia ah&iacute; van algunos personajes de Fosse, los que est&aacute;n abducidos por esa percepci&oacute;n de la existencia. En esos momentos de experiencia m&iacute;stica absolutamente terrena los otros est&aacute;n lejos para el personaje. Sus palabras se escuchan lejanas. Fosse es capaz de crear esa distancia como un eco, en realidad es la revelaci&oacute;n del absurdo de la vida cotidiana que arrastra al fondo en lugar de llevar al vuelo. Ante esa intuici&oacute;n de algo m&aacute;s potente, cuando alguien ha visto un resplandor, la vida cotidiana aparece como una forma de organizaci&oacute;n alejada de lo esencial. La novela siempre ha narrado el conflicto entre un personaje que quiere desarrollar su singularidad y una sociedad que se le opone como si fuera un enemigo. En el caso de Fosse el conflicto se vuelve m&aacute;s radical porque esa singularidad del personaje en realidad encarna lo humano com&uacute;n a todos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Se puede hablar de un personaje global, prototipo en Fosse, que est&aacute; en <em>Alice ante la hoguera</em>, <em>Blancura</em>,<em> Infancia, Ma&ntilde;ana y tarde</em>, <em>Melancol&iacute;a</em>, <em>Trilog&iacute;a</em> y <em>Septolog&iacute;a</em>. Es el personaje que no tiene angustia existencial, que no se ve lanzado al mundo y abocado al vac&iacute;o, a la nada como especificaba Heidegger, sino que m&aacute;s bien se ve sobrepasado por la consciencia de la existencia, que entiende que hay algo m&aacute;s. Mientras otros personajes secundarios viven la cotidianidad estos personajes se sienten existiendo y en ese momento la cotidianidad se convierte en un mundo incomprensible. Esa mirada distanciada de nuestro d&iacute;a a d&iacute;a, de nuestra forma de organizarnos, de nuestro estilo de vida siguiendo inconscientemente reglas y h&aacute;bitos y costumbres que nos definen de forma automatizada lleva al lector a sentir dos grandes impactos: el conocimiento de una vida consciente sensible y el darse cuenta de la falta de humanidad en las relaciones preestablecidas por la sociedad, sea la que sea. Piensa Di&oacute;tima, el gran personaje femenino de <em>El hombre sin atributos</em> de Musil: &ldquo;no hay hombres de raz&oacute;n y de provecho en estado puro; cada uno entra en la vida con un alma viva, pero la monoton&iacute;a de la existencia lo cubre como la arena cubre los obst&aacute;culos del desierto, las pasiones vulgares caen sobre &eacute;l como un incendio y el mundo g&eacute;lido causa en su ser esa frigidez en la que languidece el alma&rdquo;. El estilo de Fosse es nuevo, pero su impulso art&iacute;stico tiene unas profundas ra&iacute;ces en la cultura europea. La p&eacute;rdida de la energ&iacute;a vital en el d&iacute;a a d&iacute;a de nuestra cultura ya se vislumbra en Longo, ya est&aacute; en el nacimiento de la novela. Nuestra sofisticada forma de organizarnos provoca esa consciencia de p&eacute;rdida vital. Lo m&aacute;s interesante de Di&oacute;tima, ese&nbsp;personaje tan europeo de Musil es su salvaje intento de vivir conscientemente y esa es la gran diferencia entre el vac&iacute;o y la existencia plena. A eso se enfrenta Asle, el personaje de <em>Septolog&iacute;a</em>, que incapaz de vivir la tediosa vida que le espera en un mundo de relaciones sociales sin lenguaje, sin matices, sin posibilidad de llenar su impulso&nbsp;art&iacute;stico, se sumerge en la bebida para vivir en un estado amni&oacute;tico, un movimiento ingr&aacute;vido constante alejado de la percepci&oacute;n definida y por supuesto de cualquier posibilidad de relaci&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>En la <em>Septolog&iacute;a</em>, con sus tomos titulados <em>El otro nombre,</em> <em>Yo es otro</em> y <em>Un nuevo nombre,</em> Fosse llega al culmen de su est&eacute;tica. El estado de alteraci&oacute;n de conciencia que crea en el rezo del rosario, en el movimiento ondular del barco, en la luminosa claridad ante la muerte en una experiencia infantil es una puerta a percibir el mundo de otra manera. No es lo mismo vivir en la inmediatez que vivir en la distancia de ser consciente de estar viviendo, de experimentar la existencia.&nbsp;</p>
<p>Al lector no le interesa la voz individual de un individuo sino la voz singular de un individuo que no est&aacute; separado, que no es un &aacute;tomo en medio del mundo. Los personajes de Fosse precisamente sufren una incomprensi&oacute;n de su singularidad, en especial porque son artistas y no se atienen a reglas y formas de comportamiento estipuladas. Su mundo n&oacute;rdico parece libre, de hecho, las instituciones no est&aacute;n presentes, hasta un personaje es ajusticiado sin juicio, sin embargo, es el lugar m&aacute;s cerrado a cualquier experiencia que vaya m&aacute;s all&aacute; de la supervivencia. El pecado de vivir no est&aacute; dictado en leyes religiosas, est&aacute; marcado por una especie de pobreza ancestral que domina el territorio. Cualquier forma de comportamiento que se aleja del hecho de sobrevivir es enemiga, temible. Puede ser fumar un cigarrillo o adoptar una intenci&oacute;n est&eacute;tica como dejarse el pelo blanco o vestir una americana de pana. Puede ser tener una pulsera de oro, pero tambi&eacute;n simplemente querer pintar un cuadro abstracto, un cuadro que no represente la realidad. O tocar el viol&iacute;n con una intenci&oacute;n que vaya m&aacute;s all&aacute; de hacer bailar a la gente en una celebraci&oacute;n como en <em>Trilog&iacute;a</em>. Cada miembro de esa sociedad act&uacute;a como un polic&iacute;a, como alguien que tiene que mantener ese esp&iacute;ritu de austeridad que nadie ha tocado durante siglos. Y resulta que austeridad es sin&oacute;nimo de sobrio, grave, parco, riguroso, severo, duro, r&iacute;gido, puritano. Esa es la sociedad en la que se mueven los personajes de Fosse con alma de artistas, que no est&aacute; alejada aunque con otros matices de cualquier sociedad del mundo. Y ese conflicto es el que los empuja al alcoholismo. El alcoholismo est&aacute; naturalizado en las obras de Fosse. Empieza un d&iacute;a, est&aacute; muy bien contado en <em>Septolog&iacute;a</em>, empieza un d&iacute;a en el que compartes la inquietud con alguien que ya est&aacute; instalado en ella y&nbsp;te ofrece una cerveza. Algo tan simple, una asociaci&oacute;n de lo sublime y lo vulgar.&nbsp;</p>
<p>En realidad Fosse crea su propio universo, su propia est&eacute;tica a lo largo de toda una carrera. Atiende a distintos planos de la vida del ser humano: el f&iacute;sico, el art&iacute;stico y el espiritual en esa interesante emoci&oacute;n que aparece y desaparece y que en su momento Roman Rollain llam&oacute; <em>sentimiento oce&aacute;nico. </em>&nbsp;Ese sentimiento que surge en el silencio obliga a Fosse a representar algo en principio no representable. &iquest;Se puede hablar del silencio? Narrar es contar, contarnos algo que nos lleve a otro lugar. Los personajes de Fosse buscan el silencio y sus novelas, especialmente <em>Septologia</em>, nos cuentan el camino hacia all&iacute;. Un camino que Asle no escoge, porque est&aacute; impreso en su propia naturaleza, pero que est&aacute; lleno de dificultades, la m&aacute;s importante, o la fundamental,&nbsp;el miedo a los otros, los que organizan el mundo desde un punto de vista contrario, desde la negaci&oacute;n del silencio. La simple materialidad de los cuerpos ante la muerte, la violencia sexual que no es deseo sino desesperaci&oacute;n, la necesidad de ser alguien a trav&eacute;s de un trabajo sin alma como puede ser pintar bonito, representar una realidad edulcorada, eso es lo que est&aacute; permitido, lo aceptado. As&iacute; que Asle, que puede ver la perversi&oacute;n que esconde ese mundo parco, sencillo de formas, austero incluso, teme a ese grupo inconsciente de hombres y mujeres que exigen que sea como ellos.&nbsp;</p>
<p>Ojal&aacute; Asle o cualquiera de nosotros pudi&eacute;ramos llegar a iluminarnos en ese resplandor s&oacute;lo con desearlo o en la soledad elegida, con ella comienza el primer libro de <em>Septolog&iacute;a. </em>El gran giro narrativo de Fosse es el descubrimiento de la necesidad del otro en el miedo que nos provoca.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 06 Nov 2024 05:47:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[José Verón Gormaz: imágenes y palabras, poesía]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jose-veron-gormaz-imagenes-y-palabras-poesia-/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2024/veron500.jpg" alt="" /></p>
<p>&laquo;Todo el mundo tiene experiencias po&eacute;ticas &mdash;la vida ya es en s&iacute; una experiencia po&eacute;tica&mdash; y todos sienten la necesidad de comunicarlas a sus semejantes&raquo;, pero solo unos pocos deciden hacerlo por medio de un lenguaje art&iacute;stico<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>. Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz (Calatayud, 1946-Calatayud, 2021) es uno de esos seres poetas que pertenecen al &aacute;mbito de lo po&eacute;tico, ese lugar donde surge el impulso de indagar en los fen&oacute;menos ocultos del universo y de expresar la experiencia m&aacute;s &iacute;ntima a trav&eacute;s de poemas o de fotograf&iacute;as. Si tuviera que elegir una palabra que sirviera para nombrar lo esencial de la identidad de este autor, ser&iacute;a la de <em>poeta</em>, porque m&aacute;s all&aacute; de sus palabras que narran, de sus fotograf&iacute;as que hablan o de sus versos que trascienden, la poes&iacute;a brota de lo m&aacute;s profundo de su ser y se imprime m&aacute;gicamente en cada una de sus obras, materializ&aacute;ndose en diferentes formatos art&iacute;sticos. Y es que la poes&iacute;a es inherente a Jos&eacute; Ver&oacute;n, indisoluble a su esencia y su sello indiscutible, nace de su esp&iacute;ritu y se renueva sorprendentemente en cada una de sus manifestaciones art&iacute;sticas.</p>
<p>Ver&oacute;n estudi&oacute; Ingenier&iacute;a Agr&iacute;cola y Administraci&oacute;n y Planificaci&oacute;n de Empresas con el objetivo de administrar los viveros familiares. Sin embargo, el destino le deparar&iacute;a otros caminos muy alejados de aquellos a los que parec&iacute;a estar abocado inicialmente. Transit&oacute; la poes&iacute;a, el ensayo, la cr&iacute;tica literaria, la fotograf&iacute;a, la narraci&oacute;n y el periodismo, y fue Cronista Oficial de Calatayud, la ciudad que lo vio nacer y que lo nombr&oacute; Hijo Predilecto en 2006. Miembro de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis, Consejero y Vicepresidente del Centro de Estudios Bilbilitanos y socio de honor de la Real Sociedad Fotogr&aacute;fica de Zaragoza, obtuvo el t&iacute;tulo EFIAP (Excelencia de la Federaci&oacute;n Internacional de Arte Fotogr&aacute;fico) y recibi&oacute; numeros&iacute;simos y prestigiosos premios &mdash;m&aacute;s de 300&mdash; a lo largo de su trayectoria profesional, sobre todo por su labor fotogr&aacute;fica y literaria.</p>
<p>En esta aproximaci&oacute;n a la obra de Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz, me centrar&eacute; de manera general en su labor fotogr&aacute;fica, po&eacute;tica y narradora, tres expresiones art&iacute;sticas a las que dedic&oacute; gran parte de su vida y trayectoria profesional. Para ello, recorreremos algunas de las obras m&aacute;s importantes que marcaron su hacer literario y fotogr&aacute;fico.</p>
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<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Obra fotogr&aacute;fica</strong></p>
<p>Su pasi&oacute;n por la fotograf&iacute;a empez&oacute; a gestarse muy pronto. Con tan solo doce a&ntilde;os comenz&oacute; a disfrutar de la aventura fotogr&aacute;fica con su padre y a dar sus primeros pasos en el aprendizaje de los conceptos b&aacute;sicos de una nueva afici&oacute;n que acabar&iacute;a siendo parte fundamental de su vida. Padre e hijo compartir&iacute;an momentos fotogr&aacute;ficos inolvidables y c&aacute;maras como la Retina II B, que fue la primera que manej&oacute; Ver&oacute;n. A los diecis&eacute;is a&ntilde;os gan&oacute; su primer certamen de fotograf&iacute;a, el primero de muchos otros que se suceder&iacute;an a lo largo de su s&oacute;lida y productiva carrera (<em>Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz</em>, p. 67).<a title="" href="#_ftn2">[2]</a></p>
<p>Las fotograf&iacute;as veronianas son aut&eacute;nticas narraciones y cada una de ellas pretende contar una historia que conmueve y traslada al espectador al lugar y momento justo de la toma. Adem&aacute;s, como buen poeta, fue capaz de extraer la poes&iacute;a de todo aquello que capt&oacute; con su c&aacute;mara y de sorprender al p&uacute;blico con nuevos poemas visuales que parec&iacute;an renovar los viejos paisajes conocidos. Para esa mirada po&eacute;tica, era imprescindible mimar cada imagen y ser paciente hasta hallar la luz exacta y el instante decisivo en el que todo conflu&iacute;a destinado a dar forma al sentimiento que invad&iacute;a al autor en esos momentos de la captura. Gran observador del paisaje, buscaba incansablemente nuevas localizaciones que pudieran expresar lo que quer&iacute;a contar. Ver&oacute;n fue un gran fot&oacute;grafo de Arag&oacute;n, en particular de Calatayud, y el amor por su ciudad natal le hizo recorrer apasionadamente sus lugares emblem&aacute;ticos, pero tambi&eacute;n los rincones m&aacute;s insospechados con el objetivo extraer lo mejor de su tierra y darlo a conocer.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En un momento dado, se especializ&oacute; en macrofotograf&iacute;a, pero tambi&eacute;n realiz&oacute; otro tipo de obras y trabaj&oacute; el retrato, el desnudo, la fotograf&iacute;a abstracta, el reportaje y el paisaje, convirtiendo poco a poco estos dos &uacute;ltimos en los grandes temas protagonistas de su trabajo, o al menos, los m&aacute;s conocidos. Aunque manej&oacute; c&aacute;maras como la Retina III C de sus inicios, ten&iacute;a predilecci&oacute;n por las Nikon, que le daban el rendimiento y la calidad que necesitaba. Sol&iacute;a trabajar con diafragmas que no superaban el f/16 y aunque revel&oacute; en blanco y negro, el color invade la mayor&iacute;a de sus fotograf&iacute;as, un color intenso que junto con suaves brumas y un ligero desenfoque, crean atm&oacute;sferas po&eacute;ticas y art&iacute;sticas que conducen al asombro y al extra&ntilde;amiento de aquellos que contemplan sus obras. Las fotograf&iacute;as de Jos&eacute; Ver&oacute;n tienen una composici&oacute;n muy cuidada, sobria y equilibrada, sin grandes estridencias ni recargamientos. La mirada de quien las recorre fluye suavemente guiada por la claridad y la rotundidad de los motivos destacados en sus im&aacute;genes, bien de naturaleza o paisaje urbano, bien de grandes extensiones o de detalles que se posan en un primer plano (<em>Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz</em>, p. 13). Su actividad fotogr&aacute;fica incluye numerosas exposiciones, as&iacute; como una enorme cantidad de publicaciones en libros, revistas, cat&aacute;logos, carteles y peri&oacute;dicos, entre otras. Algunos de los premios que recibi&oacute; por su labor fotogr&aacute;fica fueron el Premio Santa Isabel de Portugal de Fotograf&iacute;a (1992) y el Premio Nacional de Fotograf&iacute;a (CEF, 2000). Public&oacute; varios libros de fotograf&iacute;a, alguno en colaboraci&oacute;n con otros autores.</p>
<p>En el a&ntilde;o 2000 vio la luz la colecci&oacute;n <em>Calatayud, im&aacute;genes y sue&ntilde;os</em>, una iniciativa del Centro de Estudios Bilbilitanos que dedicaba un volumen a cada uno de sus fot&oacute;grafos m&aacute;s destacados, dando fe de la belleza paisaj&iacute;stica e hist&oacute;rica de un lugar tan fotog&eacute;nico y especial como Calatayud, al que tambi&eacute;n se dedicar&iacute;a el libro <em>Calatayud, ciudad en el tiempo</em> (2001), obra promovida por el Ayuntamiento de Calatayud y encargada a la Delegaci&oacute;n de Turismo con el objeto de promocionar el rico patrimonio art&iacute;stico e hist&oacute;rico de la ciudad. Recoge textos de Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz, Manuel Mart&iacute;n Bueno y Agust&iacute;n Sanmiguel Mateo, as&iacute; como fotograf&iacute;as del propio Ver&oacute;n. En 2002 se public&oacute; <em>Plaza de Toros de Calatayud </em>con motivo del 125 aniversario de su construcci&oacute;n.</p>
<p>Un a&ntilde;o m&aacute;s tarde, el Departamento de Cultura y Turismo del Gobierno de Arag&oacute;n quiso unirse al reconocimiento que supon&iacute;a el Premio Nacional de Fotograf&iacute;a para Jos&eacute; Ver&oacute;n, reuniendo una selecci&oacute;n de sus fotos m&aacute;s representativas en el libro-cat&aacute;logo <em>Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz</em>, que recog&iacute;a las fotograf&iacute;as que hab&iacute;an sido expuestas en las salas &laquo;Hermanos Bayeu&raquo; y &laquo;Mar&iacute;a Moliner&raquo; del Edificio Pignatelli (Zaragoza), del 24 de enero al 18 de febrero de 2001. &laquo;Im&aacute;genes en el tiempo&raquo; se present&oacute; en la sala &laquo;Hermanos Bayeu&raquo; y pretend&iacute;a dar una visi&oacute;n global de la trayectoria art&iacute;stica del autor desde su primera exposici&oacute;n. El amor de Ver&oacute;n por la tierra que le vio nacer y por sus gentes se manifiesta impecable a trav&eacute;s de sus lentes, dando lugar a una nueva imagen de la realidad en la que se entremezclan las sensaciones del autor y las del espectador, que puede sentir el alma de cada rinc&oacute;n fotografiado. En esto &uacute;ltimo ahonda &laquo;El color del silencio&raquo;, expuesta en la &laquo;Mar&iacute;a Moliner&raquo; (<em>Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz</em>, p. 7).</p>
<p>De 2003 es <em>Los dedos de la luz</em>, un libro que combina poemas de Mariano Castro con fotograf&iacute;as de Jos&eacute; Ver&oacute;n. Se trata de im&aacute;genes donde el autor realiza una verdadera abstracci&oacute;n hacia los caminos de la mente a partir de fragmentos de muros que habitan el paisaje urbano. Palabras e im&aacute;genes transitan el tiempo, la escucha y el silencio bajo la misteriosa luz que da vida al color, a la materia y al ser. En palabras de Mariano Gim&eacute;nez que podemos leer en el cat&aacute;logo <em>Los dedos de la luz</em> (2004), &laquo;la luz de la materia expuesta en estas im&aacute;genes nos asalta la po&eacute;tica de lo que podr&iacute;a reconocerse como expresividad abstracta de la concreci&oacute;n mat&eacute;rica&raquo;. Las fotograf&iacute;as presentes en la publicaci&oacute;n se mostrar&iacute;an tambi&eacute;n en una exposici&oacute;n de id&eacute;ntico nombre que se realiz&oacute; en 2004 en la Escuela de Arte de Zaragoza, del 29 de abril al 28 de mayo de 2004. Ese mismo a&ntilde;o se public&oacute; <em>Ecos de la vieja Roma</em> para conmemorar el XIX centenario de la muerte de Marco Valerio Marcial, poeta nacido en la ciudad romana de B&iacute;lbilis. Textos de M. Mart&iacute;n Bueno y del propio Ver&oacute;n comparten espacio con epigramas de Marcial seleccionados por Ver&oacute;n. Tambi&eacute;n son varios fot&oacute;grafos, entre ellos nuestro autor, los que colaboran con sus im&aacute;genes en el recuerdo de los lugares que pudo transitar en el pasado el poeta bilbilitano.</p>
<p><em>Arag&oacute;n im&aacute;genes</em> (2009) recoge las fotograf&iacute;as que fueron expuestas en la segunda planta del Pabell&oacute;n de Arag&oacute;n en la Exposici&oacute;n Internacional que tuvo lugar en Zaragoza en 2008, todas ellas de Jos&eacute; Ver&oacute;n. En esta publicaci&oacute;n, las im&aacute;genes son reflejo de la geograf&iacute;a aragonesa en toda su extensi&oacute;n y est&aacute;n acompa&ntilde;adas por reflexiones po&eacute;ticas del propio autor que refuerzan, si cabe, la poes&iacute;a que cada fotograf&iacute;a ya evoca por s&iacute; misma. Tambi&eacute;n aparecen citas de otros poetas aragoneses.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Jos&eacute; Ver&oacute;n realiz&oacute; m&aacute;s de setenta exposiciones, algunas individuales y otras en colaboraci&oacute;n con diferentes autores, algunas nacionales, y otras internacionales, fundamentalmente en Europa y Am&eacute;rica. Aparte de las exposiciones ya mencionadas que fueron publicadas en formato libro, podemos mencionar alguna otra como &laquo;Las orillas del cielo&raquo; y &laquo;Los Instantes y los D&iacute;as&raquo;. La primera de ellas tuvo lugar en las Salas de Exposiciones de la UNED, tanto en Calatayud, del 6 de septiembre al 14 de octubre de 2003, como en Barbastro, del 31 de octubre al 28 de noviembre de 2003. En la muestra se expone una cuidada selecci&oacute;n de las obras de Ver&oacute;n, que recorre, con su particular forma de sentir, las brumas, los reflejos, los cielos y, en definitiva, todo aquello que atraviesa su mirada, como diferentes paisajes naturales y urbanos, reportajes, fiestas, retratos, abstracciones, etc. En todas ellas se manifiesta aquello que no se puede expresar si no es desde la sensibilidad de un poeta que sabe captar lo que est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de la raz&oacute;n y la apariencia. En la introducci&oacute;n del cat&aacute;logo, escribe Mar&iacute;a Jes&uacute;s Buil: &laquo;Para Heidegger, el poeta es un m&eacute;dium que est&aacute; entre los dioses y los humanos&raquo; y &laquo;est&aacute; expuesto al rel&aacute;mpago de Dios&raquo; (<em>Las orillas del cielo</em>, 2003). &laquo;Los Instantes y los D&iacute;as&raquo; fue otra de sus conocidas exposiciones, organizada por el Gobierno Comarcal de Calatayud. Se trata de una colecci&oacute;n de fotograf&iacute;as expuestas en el Aula Cultural San Benito (Calatayud), del 2 al 19 de septiembre de 2004, que supone un fiel reflejo de los pueblos y rincones de la comarca de Calatayud, de su folklore, de su patrimonio, de sus costumbres y de su esencia. El t&iacute;tulo &mdash;en opini&oacute;n del comisario de la muestra, F. J. Lorenzo de la Mata&mdash; sugiere lo que muestran delicadamente las im&aacute;genes que aparecen, la poes&iacute;a de la sencillez del d&iacute;a a d&iacute;a y la magia de unos momentos y lugares que se alzan ante nosotros y no siempre somos capaces de apreciar (<em>Los Instantes y los D&iacute;as</em>, 2004).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Obra po&eacute;tica</strong></p>
<p>A pesar de su amor por la imagen y de la intensa labor fotogr&aacute;fica que llev&oacute; a cabo a largo de su vida, Jos&eacute; Ver&oacute;n se define ante todo como poeta. Afirma en una entrevista realizada por Ant&oacute;n Castro tras ganar el Premio de las Letras Aragonesas de 2013: &laquo;La fotograf&iacute;a y la poes&iacute;a son formas de expresi&oacute;n en cierto modo cercanas. Creo que soy un poeta que hace fotograf&iacute;as&raquo;.<a title="" href="#_ftn3">[3]</a></p>
<p>Su aventura literaria se inici&oacute; muy pronto y, mientras estudiaba Ingenier&iacute;a Agr&iacute;cola en Madrid, frecuentar&iacute;a diferentes caf&eacute;s literarios y se sumergir&iacute;a en la lectura de grandes poetas que le influenciar&iacute;an, como Quevedo, Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, Ezra Pound o Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente, entre otros. Comenzaba a gestarse una gran vocaci&oacute;n que lo llevar&iacute;a a convertirse en uno de los mejores poetas aragoneses del &uacute;ltimo siglo, reconocido as&iacute; por la cr&iacute;tica literaria. A su vuelta a Calatayud, alternar&iacute;a ya sus dos grandes pasiones, poes&iacute;a y fotograf&iacute;a (<em>Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz</em>, p. 14).<em> </em></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ver&oacute;n fue muy prol&iacute;fico y, aunque la l&iacute;rica fue su gran dedicaci&oacute;n literaria y por la que obtuvo sus m&aacute;s importantes premios, cultiv&oacute; tambi&eacute;n otros g&eacute;neros literarios como el cuento, la novela, la copla y los epigramas. Algunas de las distinciones m&aacute;s significativas de su carrera lo fueron a su obra po&eacute;tica, como el Premio Isabel de Portugal de Poes&iacute;a (1988) y el Premio Hermanos Argensola de Poes&iacute;a (1999), aunque tambi&eacute;n hubo otros premios, entre ellos el Premio San Jorge de Novela por <em>La muerte sobre Armantes</em> (1981). El reconocimiento a su obra completa llegar&iacute;a con la entrega del Premio Im&aacute;n en 2009 y m&aacute;s tarde con el Premio de las Letras Aragonesas 2013 (<em>Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz</em>, p. 67).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El autor public&oacute; sus primeros poemas en los siguientes vol&uacute;menes colectivos: <em>Trilog&iacute;a</em> (1971), <em>Gestaci&oacute;n de la Sorpresa</em> (1972) y <em>Poes&iacute;a Bilbilitana Actual</em> (1979), as&iacute; como en diferentes revistas literarias, hasta que, en 1980, la Instituci&oacute;n &laquo;Fernando el Cat&oacute;lico&raquo; public&oacute; en su colecci&oacute;n &laquo;San Jorge&raquo; su primer poemario,<em> Legajo incorde</em>, por el que recibi&oacute; el Acc&eacute;sit del Premio San Jorge de Poes&iacute;a 1979. La publicaci&oacute;n est&aacute; introducida por una nota previa en la que el autor dice haber dividido el libro en dos partes independientes oscuramente relacionadas que pueden dar lugar a confusiones, para lo que recomienda la lectura de <em>Estructura y pre-estructura. Notas sobre la guerrilla po&eacute;tica</em>, de Betulius J. Charpentier. Tambi&eacute;n advierte sobre las diferentes posibilidades de lectura de algunos de los poemas (<em>Legajo incorde</em>, p. 5). Abre el poemario un soneto de t&iacute;tulo &laquo;Vida - Poema - Teorema&raquo;, en el que hace una declaraci&oacute;n de su po&eacute;tica y en el que se ponen sobre la mesa algunos de los temas que m&aacute;s le interesar&aacute;n a lo largo de su trayectoria, tales como el tiempo, el recuerdo, el misterio, el camino, la nostalgia o la metapoes&iacute;a: &laquo;quiero vivir mi vida y mis recuerdos: / mi vida es culto al mundo de los cuerdos: / mi culto a la locura es el poema&raquo;. Se advierte en el poemario un sutil culturalismo propio de la &eacute;poca, la fina iron&iacute;a que le caracterizaba, su pasi&oacute;n por la m&uacute;sica y una gran admiraci&oacute;n por autores como Goya o Lorca, a los que dedica algunos de sus poemas (<em>Antolog&iacute;a po&eacute;tica</em>, p. 9).</p>
<p>En 1983<em> </em>se publica el poemario<em> Instrucciones para cruzar un puente</em>, tambi&eacute;n en la colecci&oacute;n &laquo;San Jorge&raquo;. El propio autor, en la primera solapa del volumen, lo define como &laquo;una odisea po&eacute;tica al final de la cual s&oacute;lo importar&aacute; el camino recorrido&raquo;. El tono ha adquirido ahora un tinte m&aacute;s apesadumbrado y pesimista que da paso al siguiente poemario, <em>Tr&iacute;ptico del silencio (Cavernario) </em>(1984)<em>,</em> galardonado en 1981 con el XXV Premio de Poes&iacute;a Amantes de Teruel y en 1982 con el Premio Ciudad Santo Domingo de Poes&iacute;a (<em>Tr&iacute;ptico del silencio</em>, p. 3). Las tres partes en que se divide: &laquo;Rumor deshabitado&raquo;, &laquo;Depredaciones&raquo; y &laquo;La estaci&oacute;n imbricada&raquo;, quedan atravesadas por el tiempo, la muerte y sobre todo el silencio, que no por casualidad aparece en el t&iacute;tulo. Dice el autor en el primer poema, &laquo;Isagoge&raquo;: &laquo;En silencio / con esa melancol&iacute;a serena de la fatal certeza / dispuestos a morir&raquo; o &laquo;La noche el sol / el tiempo inexistente / ser&aacute;n nuestro verdugo&raquo; (<em>Tr&iacute;ptico del silencio</em>, p. 11).</p>
<p>Unos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, se edita<em> Baladas para el tercer milenio</em> (1987), un libro que se adscribe al culturalismo y que de nuevo se divide en tres partes (algo habitual en Ver&oacute;n): &laquo;Un planeta y un d&iacute;a&raquo;, &laquo;Poemas de viajeros&raquo; y &laquo;Las puertas de la noche&raquo; (<em>Baladas para el tercer milenio</em>, p. 55). El libro hace gala de numerosas referencias culturales, citas y dedicatorias a otros autores. De car&aacute;cter narrativo y con cierto aire filos&oacute;fico, sus poemas se hacen ahora m&aacute;s extensos que en poemarios anteriores. Un a&ntilde;o m&aacute;s tarde se publica <em>Auras de </em><em>Adviento</em> (1988), Premio del III concurso Isabel de Portugal. Como el anterior, este libro se encuentra dividido en tres partes: &laquo;Mitos privados, p&uacute;blicas leyendas&raquo;, &laquo;Para&iacute;so perdido en una botella&raquo; y &laquo;Brisas de la memoria&raquo;, y tambi&eacute;n forma parte de la &laquo;Colecci&oacute;n San Jorge&raquo;. Un cierto aire de pasado y melancol&iacute;a se respira en este poemario protagonizado por la historia, la leyenda, la mitolog&iacute;a y la memoria. En &eacute;l conviven con armon&iacute;a universos tan alejados como el mundo heroico y el rural, lo elevado y lo popular, el pasado y el futuro. Dice el poema &laquo;Mecedora&raquo;: &laquo;ADORMECI&Eacute;NDOSE recorre / con suave movimiento de vaiv&eacute;n / los extremos del mundo&raquo; (<em>Auras de Adviento</em>, p. 45).</p>
<p><em>Ceremonias dispersas </em>(<em>Epigramas, espumas y otras depredaciones</em>), op&uacute;sculo publicado en 1990 y Premio Internacional de Poes&iacute;a Juan Alcaide, contin&uacute;a la tradici&oacute;n epigram&aacute;tica greco-latina de la que es prototipo incuestionable Cayo Valerio Marcial, conciudadano de Jos&eacute; Ver&oacute;n. En una combinaci&oacute;n de tradici&oacute;n y originalidad, el autor utiliza la s&aacute;tira para hablar de la condici&oacute;n humana. Para Javier Barreiro, &laquo;Conceptualismo y juego verbal son los ejes sobre los que se construyen estas breves y jugosas ceremonias&raquo; (<em>Antolog&iacute;a po&eacute;tica</em>, p. 13), dando lugar a un tipo de escritura en la que Jos&eacute; Ver&oacute;n se mover&aacute; con soltura a lo largo de su trayectoria literaria, no siendo esta la &uacute;nica publicaci&oacute;n dedicada a la escritura afor&iacute;stica. A&uacute;n publicar&iacute;a Ver&oacute;n otro op&uacute;sculo del mismo tono epigram&aacute;tico, <em>Epigramas desnudos </em>(1991), con tan solo diecinueve poemas que hab&iacute;an obtenido un acc&eacute;sit del Premio de Poes&iacute;a Ciudad de Zaragoza en 1991 y 1992, y hab&iacute;an aparecido tambi&eacute;n en el libro <em>Poemas 1991</em>, publicado por el Ayuntamiento de Zaragoza.<a title="" href="#_ftn4">[4]</a></p>
<p><em>Peque&ntilde;a l&iacute;rica nocturna</em> (1992) recoge algunos ejercicios po&eacute;ticos realizados entre 1979 y 1990. &laquo;El poeta, al que generalmente sit&uacute;an dentro de un vanguardismo que &eacute;l solo admite parcialmente, muestra en este libro una parte de sus cimientos cl&aacute;sicos&raquo; (<em>Peque&ntilde;a l&iacute;rica nocturna</em>, primera solapa). El poemario se divide en tres partes: &laquo;Suite del tiempo herido&raquo;, que dedica a los poetas Ildefonso Manuel Gil y Rosendo Tello A&iacute;na; &laquo;Romancero Mud&eacute;jar&raquo;, constituida por romances dedicados a diferentes autores y, por &uacute;ltimo, &laquo;Sonetos para un reloj de mar&raquo;, una selecci&oacute;n de sonetos dedicados a sus hijos (<em>Peque&ntilde;a l&iacute;rica nocturna</em>, p. 65). En este libro de abundantes dedicatorias y m&aacute;s rimas que de costumbre, queda patente su pasi&oacute;n por la m&uacute;sica, como ya se&ntilde;ala el t&iacute;tulo del poemario.</p>
<p>El &uacute;ltimo libro publicado en la &laquo;Colecci&oacute;n San Jorge&raquo; es <em>A orillas de un silencio</em> (1995), Premio de Poes&iacute;a Isabel de Portugal 1994. Prologado por R. Tello, este poemario se dispone en tres partes: &laquo;Exordios&raquo;, &laquo;Exorcismos&raquo; y &laquo;Sombras del blanco d&iacute;a&raquo;, y est&aacute; poblado de citas y dedicatorias a otros autores, algo que ya es habitual en Jos&eacute; Ver&oacute;n. Afirma el autor: &laquo;Al fin venci&oacute; el silencio&raquo;; &laquo;Poes&iacute;a es la tensi&oacute;n engendrada entre un grito y su silencio&raquo;; &laquo;El grito es un poema fugitivo&raquo;. El silencio, el grito, la palabra, el poema, el d&iacute;a y las sombras confeccionan minuciosamente las p&aacute;ginas de este libro marcadamente metapo&eacute;tico y veroniano, que bien podr&iacute;a adscribirse a la &laquo;Po&eacute;tica del silencio&raquo; (<em>Antolog&iacute;a po&eacute;tica</em>, p. 14). Dice el poeta en el poema &laquo;Tiempo de brumas&raquo;: &laquo;La palabra y el silencio se miraban / se amaban&raquo; (<em>A orillas de un silencio</em>, p. 30).</p>
<p>En 1997, Jos&eacute; Ver&oacute;n encarga a J. Barreiro la introducci&oacute;n y selecci&oacute;n de textos que habr&iacute;an de constituir su <em>Antolog&iacute;a po&eacute;tica</em>. Ser&iacute;an finalmente ochenta y cuatro poemas procedentes de los trabajos publicados hasta el momento: <em>Legajo incorde</em>, <em>Instrucciones para cruzar un puente</em>, <em>Tr&iacute;ptico del silencio </em>(<em>Cavernario</em>), <em>Baladas para el tercer milenio</em>, <em>Auras de Adviento</em>, <em>Ceremonias dispersas</em> (<em>Epigramas, espumas y otras depredaciones</em>), <em>Epigramas desnudos </em>y<em> Peque&ntilde;a l&iacute;rica nocturna</em> (<em>Antolog&iacute;a po&eacute;tica</em>, p. 139).</p>
<p><em>Epigramas del &uacute;ltimo naufragio</em>, publicado en 1998, sigue la l&iacute;nea de libros epigram&aacute;ticos anteriores y es un tipo de escritura que el autor sabr&aacute; combinar a la perfecci&oacute;n con otro tipo de poes&iacute;a m&aacute;s honda y filos&oacute;fica. El libro, prologado por Enrique Badosa, ofrece una sat&iacute;rica radiograf&iacute;a social, como es t&iacute;pico en este tipo de l&iacute;rica, en la que se entreveran precisi&oacute;n, agudeza, sorpresa e ingenio. &laquo;Son epigramas que despliegan una fuerza inusual en la poes&iacute;a de nuestro tiempo, y un vitalismo que trasciende en armon&iacute;a el canto de lo cotidiano, lo pr&oacute;ximo, en clara alegor&iacute;a del universo moderno&raquo; (<em>Epigramas del &uacute;ltimo naufragio</em>, primera solapa). Un epigrama que creo que define muy bien el tono del libro es el titulado &laquo;A un escritor de moda&raquo;, que dice: &laquo;&iexcl;Oh narrador fecundo / tengo mil razones / para no leer tus libros, / pero con una, basta: / &iexcl;no me da la gana!&raquo; (<em>Epigramas del &uacute;ltimo naufragio</em>, p. 30).</p>
<p>En 1999 se publica la primera edici&oacute;n de<em> El naufragio perpetuo</em>, Premio &laquo;Hermanos Argensola&raquo; 1999, donde el autor vuelve a hablarnos de naufragio, de ilusiones perdidas, de fracaso, en definitiva. En palabras de Ildefonso-Manuel Gil, que prologa esta edici&oacute;n, &laquo;La poes&iacute;a de Ver&oacute;n tiene clara la existencia del mundo y la del trasmundo. Realidad e irrealidad dejan de ser t&eacute;rminos antit&eacute;ticos, conviven, no en contraste, sino en armon&iacute;a, enriquecidos uno y otro por el emparejamiento&raquo; (<em>El naufragio perpetuo</em>, p. 12). En 2016 se publica una edici&oacute;n ampliada que prologar&aacute; Miguel &Aacute;ngel Yusta.</p>
<p><em>Rayuela blues</em> (2000) es un poemario de tan solo ocho poemas que dedica a Julio Cort&aacute;zar y que surge como reflexi&oacute;n tras la lectura de su novela <em>Rayuela</em>. De nuevo advertimos la importancia de la m&uacute;sica para Ver&oacute;n en un libro metapo&eacute;tico y lleno de referencias culturales por el que desfilan m&uacute;sicos y escritores a los que admira, como Charlie Parker, Villon o Rilke. Para el poeta, vivir es jugar rayuela: &laquo;Jugaremos rayuela en aquel manicomio / que nunca existir&aacute; aunque ha existido siembre [&hellip;] Jugaremos rayuela en las barricadas grises, en los d&iacute;as malditos&raquo;, porque todav&iacute;a hay esperanza: &laquo;Y esperamos, / esperamos que un viento diferente / nos abra nuevamente la ventana&raquo; (<em>Rayuela blues</em>, pp. 37 y 17).</p>
<p>Admirador de la poes&iacute;a medieval de origen popular desde ni&ntilde;o, y de la labor coplista de poetas como Manuel Machado o Federico Garc&iacute;a Lorca, Ver&oacute;n public&oacute; en 2002 <em>Cantos de tierra y verso</em> con la intenci&oacute;n de renovar las coplas de la jota aragonesa y despojarla de los t&oacute;picos y el baturrismo que la sol&iacute;an caracterizar. La primera parte del poemario, &laquo;Voces cautivas&raquo;, est&aacute; dedicada a la creaci&oacute;n de coplas; la segunda, &laquo;El papel y la sangre&raquo;, se compone de sonetos conceptistas en un intento de combinar las formas po&eacute;ticas populares y las formas cultas. A modo de ejemplo, una copla que recoge muy bien el car&aacute;cter de la publicaci&oacute;n dice as&iacute;: &laquo;t&uacute; y yo sabemos muy bien / que hay dos clases de amor&iacute;os: / unos, todos los dem&aacute;s, / y otros el tuyo y el m&iacute;o&raquo; (<em>Cantos de tierra y verso</em>, pp. 5 y 35). Un a&ntilde;o m&aacute;s tarde se incluir&aacute; este poemario<em> en La llama y la sombra: dos poemarios</em>, que incluir&aacute; <em>Peque&ntilde;a l&iacute;rica nocturna </em>y <em>Cantos de tierra y verso</em>. El <em>Libro de las horas perseguidas </em>(2005) es otra recopilaci&oacute;n, aunque en esta ocasi&oacute;n se trata de una selecci&oacute;n de sonetos, muchos de ellos provenientes de publicaciones anteriores como <em>Legajo incorde</em>, <em>Peque&ntilde;a l&iacute;rica nocturna</em> y <em>Cantos de vida y verso</em>, pero tambi&eacute;n de poemas in&eacute;ditos dedicados a poetas que el autor admira, como es el caso de &laquo;Quevedo en Cadaqu&eacute;s&raquo; o &laquo;La biblioteca de Babel&raquo;, dedicado a Borges. El autor defiende el hecho de publicar sonetos en pleno siglo XXI, y es que &laquo;la poes&iacute;a es intemporal y no debe caer en las trampas de la moda: todos los caminos po&eacute;ticos de ayer y de hoy se dirigen a un mismo territorio habitado por la palabra en libertad y el misterio del universo&raquo; (<em>Libro de las horas perseguidas</em>, p. 3).</p>
<p>Los siguientes tres poemarios son cruciales en la obra po&eacute;tica de Ver&oacute;n y constituyen la trilog&iacute;a <em>El tr&aacute;nsito y la duda</em>: <em>El exilio y el reino</em> (2005), <em>En las orillas del cielo</em> (2007) y <em>El viento y la palabra</em> (2010), que se iba a llamar <em>El jard&iacute;n transparente.</em><a title="" href="#_ftn5">[5]</a> El primero de ellos destaca por un tono &iacute;ntimo que va recorriendo el paisaje, la soledad, el olvido, la nostalgia y el misterio, motivos habituales en Ver&oacute;n, plasmados ahora con absoluta perfecci&oacute;n: &laquo;Crece la sombra, crece / en torno a la nostalgia&raquo;, escribe en el poema &laquo;Lluvia de verano&raquo;; &laquo;Calla la voz. La noche asoma / detr&aacute;s de los enigmas&raquo;, en &laquo;El tr&aacute;nsito y la duda&raquo;; &laquo;Sobre los horizontes / el silencio dibuja, muy despacio, / los signos vivos del olvido&raquo;, en &laquo;Crepusculario&raquo; (<em>El exilio y el reino</em>, pp. 32, 33 y 14). <em>En las orillas del cielo</em> transita los enigmas del tiempo y de la memoria y busca la palabra a trav&eacute;s de luces y sombras que se entremezclan.&nbsp; El poema es palabra, pero es tambi&eacute;n luz, soledad, incertidumbre, ausencia, desolaci&oacute;n, en definitiva, el reflejo del sentir del poeta. Las palabras viajan desde la memoria a trav&eacute;s del tiempo y se posan en la hoja en blanco en forma de poema. En su &laquo;Po&eacute;tica&raquo;, afirma: &laquo;Han llegado hasta m&iacute; niebla y palabras / desde el confuso mar de la memoria. / Les pregunto qu&eacute; quieren o qu&eacute; buscan / en el cansado yermo que hoy habito, / y callan. / No responden, / pero en una hoja en blanco del cuaderno / han dejado un poema&raquo; (<em>En las orillas del cielo</em>, p. 14). Por su parte, <em>El viento y la palabra</em>, prologado de nuevo por J. Barreiro, es el poemario que culmina la trilog&iacute;a. El tiempo, el silencio y la soledad, acompa&ntilde;ados del viento y la palabra, se hacen ahora protagonistas y llegan a su expresi&oacute;n m&aacute;xima en el tr&aacute;nsito del misterio de la noche y del paisaje. En el poema &laquo;Signos del laberinto&raquo;, &laquo;El silencio remoto de los cielos / seduce la ciudad, / colma sus calles, / golpea en las ventanas. / Sobre el lienzo infinito de la noche / se encienden los enigmas y las f&aacute;bulas, / arde la soledad de los misterios&raquo; (<em>El viento y la palabra</em>, p. 21).</p>
<p>En el mismo a&ntilde;o en que fue publicado <em>En las orillas del cielo</em> (2007), aparece tambi&eacute;n <em>Epigramas incompletos</em>, de inspiraci&oacute;n marcialesca. Este poemario se publica diez a&ntilde;os m&aacute;s tarde que <em>Epigramas del &uacute;ltimo naufragio</em> e incluye la mayor&iacute;a de los poemas pertenecientes a este g&eacute;nero tan habitual ya en Ver&oacute;n. As&iacute; pues, la primera parte de la nueva publicaci&oacute;n se constituye con la obra completa <em>Epigramas del &uacute;ltimo naufragio</em>, prologada por Enrique Badosa, y la segunda parte, &laquo;Otras depredaciones&raquo;, re&uacute;ne epigramas ya aparecidos en otras publicaciones junto con otros in&eacute;ditos, con la intenci&oacute;n de explorar y demostrar las posibilidades de este tipo de escritura (<em>Epigramas incompletos</em>, p. 7).<em> </em>Los motivos principales de los epigramas de Ver&oacute;n son los tradicionales en este g&eacute;nero, mencionados por J. Barreiro en un art&iacute;culo publicado en esta misma revista: &laquo;la pol&iacute;tica, la vacuidad del mundo literario o las peculiaridades humanas con especial atenci&oacute;n a la hipocres&iacute;a, la fatuidad, el sexo, la ignorancia, la falsa moral&raquo;<a title="" href="#_ftn6">[6]</a>. Otros poemarios del autor que se adscriben a este g&eacute;nero epigram&aacute;tico son: <em>Sala de los espejos (Epigramas, enigmas y otras contemplaciones) </em>(2014) y <em>Satirologio. Epigramas del siglo XXI</em> (2018). El primero de ellos es prologado por &Aacute;ngel Guinda, que afirma que &laquo;Hay en esta poes&iacute;a una incondicional defensa de la sabidur&iacute;a y de la prudencia. Y un rasgo caracter&iacute;stico en la historia de la literatura aragonesa: el didactismo moralizador no dogm&aacute;tico&raquo; (<em>Sala de los espejos</em>, p. 12). Es <em>Satirologio. Epigramas del siglo XXI</em> (2018) el &uacute;ltimo poemario de epigramas que publica Ver&oacute;n, esta vez con un pr&oacute;logo de Manuel Mart&iacute;nez-Forega en el que se&ntilde;ala que &laquo;Son fundamentalmente necesarios el genio y la sabidur&iacute;a para profundizar y encontrar el fondo miserable y oculto de las aparentes grandezas humanas que Ver&oacute;n nos revela haciendo un alarde de concisi&oacute;n, vitalidad y buen humor sin renunciar a la gravedad&raquo; (<em>Salirologio</em>, p. 20).</p>
<p><em>Ritual del visitante</em> se publica en 2012 y de nuevo se estructura en tres partes: &laquo;Entre las horas&raquo;, &laquo;Voces y versos&raquo; y &laquo;Sombras de la ciudad&raquo;. Tambi&eacute;n habitual en la obra de Ver&oacute;n, es la utilizaci&oacute;n de un l&eacute;xico normalmente cotidiano y sencillo, pero no exento de originalidad, sensibilidad y precisi&oacute;n. Los poemas se tejen de nuevo con tiempo, preguntas, incertidumbre, silencio, pero sobre todo con la b&uacute;squeda incansable de la palabra. Las palabras &laquo;Buscan, bajo la l&aacute;mpara, el amor de alg&uacute;n verso&raquo;, dice el poeta en &laquo;Po&eacute;tica naciente&raquo;; en &laquo;Invocaci&oacute;n ante un papel en blanco&raquo;: &laquo;Invoco a la palabra para ver tras la niebla, para buscar los senderos del conocimiento&raquo;, &laquo;Invoco a la palabra para sentir el tiempo. / Invoco a la palabra para nombrar la realidad / que tantas, tantas veces desconozco&raquo;. Por otro lado, &laquo;El silencio responde, / omnipresente y sabio, / que ese vac&iacute;o es nuestro, / tan lejano y confuso / tan dentro de nosotros / como la soledad, / como la duda&raquo; (<em>Ritual del visitante</em>, pp. 15, 39 y 51).</p>
<p>En el a&ntilde;o 2014 se publican otros dos libros aparte de <em>Sala de los espejos</em>: <em>Un mar de montes </em>(con motivo de la entrega del Premio de Las Letras Aragonesas 2013) y <em>Cancionero del caf&eacute;. Peque&ntilde;os poemas para leer y cantar</em>. La decisi&oacute;n del jurado fue un&aacute;nime: &laquo;considerando su trayectoria multidisciplinar, orgullo de las letras aragonesas. La obra de Jos&eacute; Ver&oacute;n refleja una dimensi&oacute;n humana y su enraizamiento con la sociedad de su tiempo&raquo; (<em>Un mar de montes</em>, p. 6). El libro se divide en dos partes: En la primera, &laquo;Poes&iacute;a, penumbra en el tiempo&raquo;, aparece una breve selecci&oacute;n de poemas de 1980-2010. En la segunda, &laquo;Microcosmos&raquo;, se re&uacute;nen algunas narraciones extra&iacute;das del libro <em>Cuentos para sentir las horas</em>. El poemario <em>Cancionero del caf&eacute;. Peque&ntilde;os poemas para leer y cantar</em> est&aacute; compuesto por peque&ntilde;os poemas para leer y cantar basados en la l&iacute;rica popular. Dice Jos&eacute; Luis Melero en el pr&oacute;logo:</p>
<p>Solo quien sigue libremente al margen de pautas establecidas, solo quien entiende que no hay poes&iacute;a con may&uacute;sculas y min&uacute;sculas, sino solo poes&iacute;a buena o mala, est&aacute; capacitado para tomar la decisi&oacute;n de trocar en algunos de sus libros la l&iacute;rica culta por la l&iacute;rica popular (<em>Cancionero del caf&eacute;. Peque&ntilde;os poemas para leer y cantar</em>, p. 7).</p>
<p>Explica Ver&oacute;n en la introducci&oacute;n al libro que este se estructura en tres partes: la primera re&uacute;ne poemas variados, algunos que han sido cantados con tonadas de jota, aunque no los hab&iacute;a compuesto para ello; la segunda parte es un homenaje a la jota aragonesa y, en este caso, los poemas s&iacute; que han sido compuestos para tal fin; la tercera parte est&aacute; dedicada al Sur y a sus soleares, piezas que ya trabajaron Antonio y Manuel Machado (<em>Cancionero del caf&eacute;. Peque&ntilde;os poemas para leer y cantar</em>, p. 12). Tambi&eacute;n de la misma tem&aacute;tica que este &uacute;ltimo libro es <em>Cantares y presagios</em> (2020), que incluye dos libros: <em>Huellas del camino</em> y <em>Cancionero del caf&eacute;</em>, este &uacute;ltimo ya publicado con el mismo pr&oacute;logo de J. L. Melero, que afirma: &laquo;Nunca en la poes&iacute;a de Ver&oacute;n hubo impostaci&oacute;n, aceptaci&oacute;n de las modas o sujeci&oacute;n a intereses inconfesables. Todo en Ver&oacute;n ha sido siempre de verdad&raquo; (<em>Cantares y presagios</em>, p. 9).</p>
<p>Dedicado a su nieta Mar&iacute;a, <em>Claros de bruma</em> (2016) es un poemario de nuevo metapo&eacute;tico y de gran intensidad donde la b&uacute;squeda de la luz, de la palabra y de los enigmas de la existencia se hace primordial a la hora de afrontar las preguntas, las dudas, el olvido y el dolor. En el poema &laquo;Palabras&raquo; el poeta dice: &laquo;Lleg&oacute; prendida de la aurora [&hellip;] la esperanza desnuda / la palabra&raquo;, y en &laquo;Poes&iacute;a secreta&raquo;: &laquo;como un milagro mudo, / la voz, la poes&iacute;a&raquo; (<em>Claros de bruma</em>, pp. 13 y 53). Destaca en el poemario la presencia del paisaje, aunque hay que decir que este es un elemento habitual en gran parte de su obra, como no pod&iacute;a ser de otra forma, como buen fot&oacute;grafo que es. A trav&eacute;s del paisaje, Ver&oacute;n se pregunta por los enigmas del universo y busca incansablemente el conocimiento que quiz&aacute; en alguna ocasi&oacute;n pueda ofrecerle algunas respuestas: &laquo;&iquest;Y qu&eacute; pregunta el mar / ahora que la noche se despierta / sobre los horizontes? / &iquest;Qu&eacute; dudas sin destino / orlan el oleaje?&raquo; (<em>Claros de bruma</em>, p. 21).</p>
<p>Poco antes de morir, el autor escrib&iacute;a<em> &Iacute;ntimo retorno</em>, libro que fue publicado p&oacute;stumamente en 2023. Nuevamente palabras que hablan de palabras, de paisaje, de memoria y sobre todo de tiempo, un tiempo que se acelera sin poder hacer nada para evitarlo. Quiz&aacute; intu&iacute;a Ver&oacute;n, avanzada su enfermedad, lo que hab&iacute;a de llegar y sent&iacute;a el pasar del tiempo de manera m&aacute;s veloz que nunca: &laquo;&iexcl;Reloj m&iacute;o, / mensajero del tiempo, / cierra ya la ventana de las horas, que se est&aacute;n despe&ntilde;ando en un raudal sin l&iacute;mites!&raquo;; &laquo;Sentir, sentir la estela de las horas / que se despe&ntilde;a en el abismo del ayer / y andar, / andar, / andar&hellip;&raquo; (<em>&Iacute;ntimo retorno</em>, pp. 12 y 54). Temas conocidos en poemas renovados magistralmente que hasta el final de sus d&iacute;as demostraron la belleza del preciso y cuidado lenguaje de Ver&oacute;n, en el que las palabras buscan &laquo;su destino, el poema&raquo;. A pesar del paso del tiempo y del estado en el que se encontraba, dice Ver&oacute;n en el poema &laquo;L&iacute;mites&raquo;: &laquo;a pesar de las puertas y los muros / sigue llegando a m&iacute; la poes&iacute;a&raquo; (<em>&Iacute;ntimo retorno</em>, pp. 38 y 55).</p>
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<p><strong>Obra narrativa</strong><strong></strong></p>
<p>Jos&eacute; Ver&oacute;n fue un autor muy polifac&eacute;tico, y aparte de su labor fotogr&aacute;fica, po&eacute;tica, ensay&iacute;stica y period&iacute;stica, cultiv&oacute; tambi&eacute;n la narrativa &mdash;no sin &eacute;xito ni reconocimiento&mdash;, aunque de forma m&aacute;s espor&aacute;dica. Ya hab&iacute;a escrito algunos libros de poes&iacute;a como <em>Legajo incorde</em> (1980) o <em>Tr&iacute;ptico del Silencio</em> (1981) cuando se public&oacute; <em>La muerte sobre Armantes</em> (1981), novela de ciencia ficci&oacute;n que recibi&oacute; el Premio &laquo;San Jorge&raquo; de Novela 1981, convocado por la Instituci&oacute;n &laquo;Fernando el Cat&oacute;lico&raquo;. Se trata de una ficci&oacute;n hist&oacute;rica desarrollada en las cercan&iacute;as de Calatayud, lugar donde dos pueblos invasores (terrones y espigos) luchan a muerte por el dominio de otro pueblo, Armantes. Dice Jos&eacute; Luis Gracia Mosteo en el proemio de la edici&oacute;n publicada en 2006 que este es &laquo;un relato &eacute;pico, pero tambi&eacute;n una alegor&iacute;a moral; una novela sobre las convenciones de la civilizaci&oacute;n y persecuci&oacute;n de la libertad&raquo; (<em>La muerte sobre Armantes</em>, p. 6).</p>
<p>En 1994 se publica <em>Camino de sombras y otros relatos imp&iacute;os</em>, con un pr&oacute;logo de Jos&eacute; Antonio Duce. El libro re&uacute;ne diecinueve narraciones independientes escritas en prosa po&eacute;tica que se estructuran en dos partes diferenciadas. Son &laquo;una especie de curiosas par&aacute;bolas en las que los personajes hablan con la espontaneidad de los hombres verdaderos&raquo; (<em>Camino de sombras y otros relatos imp&iacute;os</em>, p. 8).</p>
<p>El siguiente libro en publicarse es <em>La letra prohibida </em>(2004), que re&uacute;ne diez narraciones breves en las que los sue&ntilde;os se entremezclan con los hechos reales. Forma parte de la colecci&oacute;n CANTELA de la editorial Libros Certeza, voz popular aragonesa que recoge cuentos, leyendas y relatos (<em>La letra prohibida</em>, cubierta).</p>
<p>En la novela<em> Las puertas de Roma (cr&oacute;nicas de Marco Valerio Marcial</em>), publicada en 2012 y prologada por Jos&eacute; Luis Corral, de nuevo queda patente la admiraci&oacute;n de Ver&oacute;n por su conciudadano Marcial. Poeta bilbilitano que vivi&oacute; en la Roma Imperial, ser&aacute; protagonista de esta narraci&oacute;n en la que se trasluce, ahora en forma de prosa, la sutil iron&iacute;a y sentido del humor de los que Ver&oacute;n hace gala habitualmente en sus poemarios afor&iacute;sticos. <em>Las puertas de Roma</em> es una novela multig&eacute;nero: hist&oacute;rica, did&aacute;ctica, de memorias, de viajes e incluso picaresca (<em>Las puertas de Roma</em>, p. 9). El tiempo del presente y el tiempo de la Roma Imperial se contraponen en cap&iacute;tulos alternos mostrando as&iacute; diferentes perspectivas en una estructura tan singular como interesante.</p>
<p><em>Cuentos para sentir las horas </em>(2014) es una obra narrativa, una reuni&oacute;n de relatos cortos que se estructuran a lo largo de cuatro partes: &laquo;Microcosmos&raquo;, &laquo;Rumores de Lilandia&raquo;, &laquo;El laberinto de la dicha&raquo; y &laquo;Cuaderno de notas&raquo;. Se&ntilde;ala A. Castro en el pr&oacute;logo que se trata de un &laquo;libro emotivo, de instantes e intuiciones, de alguien que explora el coraz&oacute;n del hombre&raquo;, un libro con &laquo;tensi&oacute;n y ritmo, con atm&oacute;sferas y con personajes intensos y sorprendentes, entre ellos uno que bien podr&iacute;a parecerse a s&iacute; mismo&raquo; (<em>Cuentos para sentir las horas</em>, p. 13), un libro donde reverberan la magia y la belleza del lenguaje propios de la esencia po&eacute;tica de Ver&oacute;n.</p>
<p>En 2017 se publica <em>El esp&iacute;ritu del fr&iacute;o</em>, que prologa Juan Bolea y que consta de cuatro partes: &laquo;El esp&iacute;ritu del fr&iacute;o&raquo;, &laquo;El enigma del signo sonriente y otras breves odiseas&raquo;, &laquo;Pasos en la niebla&raquo; y &laquo;Ap&eacute;ndice. Dos rarezas de ayer&raquo;. La primera parte, de igual t&iacute;tulo que el libro, consta de una narraci&oacute;n que se ambienta en la sierra de Teruel y tiene que ver con la asolaci&oacute;n en la que se ha sumido ese lugar a consecuencia de la violencia. En las partes segunda y tercera, se presentan varios relatos de signo variado. El volumen se completa con un ap&eacute;ndice que contiene otras dos narraciones.</p>
<p>Creo que trav&eacute;s de este recorrido por la obra de Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz podemos comprender mejor la labor de un autor enormemente vers&aacute;til que desde muy joven supo combinar las pasiones de su vida y dejar su huella po&eacute;tica en todos los trabajos que realiz&oacute;. Y es que Ver&oacute;n es ante todo un poeta de la palabra o de la imagen, pero un poeta, cuya esencia se filtra por cuantas p&aacute;ginas recorre su pluma, por cuantas im&aacute;genes traspasan el objetivo de su c&aacute;mara. Varias son las constantes de su obra, entre las que podr&iacute;amos destacar la continua reflexi&oacute;n que hace sobre la palabra en una obra marcadamente metapo&eacute;tica. Tambi&eacute;n el tiempo, el paisaje, el camino, la melancol&iacute;a y el recuerdo son temas que recorren muchas de sus obras, en las que tampoco faltan referencias musicales y culturales. Del silencio, tambi&eacute;n fundamental en su hacer, brotan la imagen, la palabra y el poema como destino, como esperanza, como milagro. Su fina iron&iacute;a y sentido del humor le permitieron renovar la escritura epigram&aacute;tica, y tambi&eacute;n regener&oacute; la copla aragonesa, combinando con gran acierto lo culto y lo popular. Escribi&oacute; poes&iacute;a hasta el final de sus d&iacute;as, una poes&iacute;a cada vez m&aacute;s intensa y sincera que sigue deleitando a quienes se sumergen en ella. Como lectora, quedo prendada de este extraordinario autor aragon&eacute;s que, a pesar de su inmenso trabajo y dedicaci&oacute;n, de la calidad de su poes&iacute;a y de su buen hacer literario y fotogr&aacute;fico, ha destacado sobre todo por su forma de ser, su sencillez y su amabilidad, y por eso siempre ha sido muy querido por quienes han tenido la suerte de conocerlo en persona. Yo no pude hacerlo, pero descubrir su obra ha sido un aut&eacute;ntico viaje para mis sentidos a trav&eacute;s del apasionante mundo po&eacute;tico de sus palabras y de sus im&aacute;genes. Gracias a Alfredo Salda&ntilde;a y a Ignacio Escu&iacute;n por haber hecho posible este encuentro entre el universo de Ver&oacute;n y el m&iacute;o.</p>
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<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> Lloren&ccedil; Raich Mu&ntilde;oz, <em>Fotograf&iacute;a como poes&iacute;a</em>, Madrid, Casimiro, 2018, p. 18.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> Se&ntilde;alo aqu&iacute; las ediciones de las que he extra&iacute;do las referencias citadas en el texto: Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz, <em>Legajo incorde</em>, Zaragoza, Instituci&oacute;n &laquo;Fernando el Cat&oacute;lico&raquo;, 1980; <em>La muerte sobre Armantes</em>, Zaragoza, Instituci&oacute;n &laquo;Fernando el Cat&oacute;lico&raquo;, 1981; <em>Instrucciones para cruzar un puente</em>, Zaragoza, Instituci&oacute;n &laquo;Fernando el Cat&oacute;lico&raquo;, 1983;<em> Tr&iacute;ptico del silencio</em>, Zaragoza, Colecci&oacute;n Poemas, 1984; <em>Baladas para el tercer milenio</em>, Calatayud, Centro de Estudios Bilbilitanos-Instituci&oacute;n &laquo;Fernando el Cat&oacute;lico&raquo;, 1987; <em>Auras de Adviento</em>, Zaragoza, Instituci&oacute;n &laquo;Fernando el Cat&oacute;lico&raquo;, 1988; <em>Ceremonias dispersas: (Epigramas, espumas y otras depredaciones)</em>, Valdepe&ntilde;as, Ayuntamiento de Valdepe&ntilde;as, 1990; <em>Epigramas desnudos</em>, en <em>Poemas 1991</em>, Zaragoza, Ayuntamiento de Zaragoza, pp. 26-49, 1991;<em> Camino de sombras y otros relatos imp&iacute;os</em>, Calatayud, Jos&eacute; M&ordf; L&oacute;pez Alcoitia, 1994; <em>A orillas de un silencio</em>, Zaragoza, Instituci&oacute;n &laquo;Fernando el Cat&oacute;lico&raquo;, 1995; <em>Antolog&iacute;a po&eacute;tica</em>, Calatayud, Centro de Estudios Bilbilitanos-Instituci&oacute;n &laquo;Fernando el Cat&oacute;lico&raquo;, 1997; <em>Epigramas del &uacute;ltimo naufragio</em>, Barcelona, Seuba ediciones, 1998; <em>Peque&ntilde;a l&iacute;rica nocturna</em>, Calatayud, Centro de Estudios Bilbilitanos-Instituci&oacute;n &laquo;Fernando el Cat&oacute;lico&raquo;, 1999; <em>Rayuela blues</em>, Zaragoza, Lola Editorial, 2000; <em>Calatayud, im&aacute;genes y sue&ntilde;os</em>, Calatayud, Centro de Estudios Bilbilitanos-Instituci&oacute;n &laquo;Fernando el Cat&oacute;lico&raquo;, 2000; <em>Ciudad en el tiempo</em>, Zaragoza, Ayuntamiento de Calatayud, 2001; <em>Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz</em>, Zaragoza, Gobierno de Arag&oacute;n, 2001 (Libro-Cat&aacute;logo de las exposiciones celebradas en las Salas &laquo;Hermanos Bayeu&raquo; y &laquo;Mar&iacute;a Moliner&raquo; del Edificio Pignatelli del 24 de enero al 18 de febrero de 2001); <em>Cantos de tierra y verso</em>, Calatayud, Centro de Estudios Bilbilitanos-Instituci&oacute;n &laquo;Fernando el Cat&oacute;lico&raquo;, 2002; <em>La llama y la sombra: dos poemarios</em>, Zaragoza, Vinci Park, 2003; <em>Los dedos de la luz</em>, Zaragoza, Gobierno de Arag&oacute;n, 2003; <em>Ecos de la vieja Roma</em>, Calatayud, Centro de Estudios Bilbilitanos-Instituci&oacute;n &laquo;Fernando el Cat&oacute;lico&raquo;, 2003; <em>Las orillas del cielo,</em> Barbastro, UNED, 2003 (Cat&aacute;logo de la exposici&oacute;n celebrada en las Salas de Exposiciones de la UNED de Calatayud del 6 de septiembre al 14 de octubre de 2003, y de Barbastro del 31 de octubre al 28 de noviembre de 2003); <em>La letra prohibida</em>, Zaragoza, Libros Certeza, 2004; <em>Los dedos de la luz,</em> Zaragoza, Escuela de Artes de Zaragoza, 2004 (Cat&aacute;logo de la exposici&oacute;n celebrada en la Escuela de Artes de Zaragoza del 29 de abril al 28 de mayo de 2004); <em>Los Instantes y los D&iacute;as,</em> Calatayud, Ayuntamiento de Calatayud, 2004 (Cat&aacute;logo de la exposici&oacute;n celebrada en el Aula Cultural San Benito de Calatayud del 2 al 19 de septiembre de 2004); <em>Libro de las horas perseguidas</em>, Zaragoza, Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz, 2005; <em>La muerte sobre Armantes</em>, Zaragoza, Certeza, 2006; <em>El exilio y el reino</em>, Zaragoza, Prensas universitarias de Zaragoza, 2005; <em>En las orillas del cielo</em>, Zaragoza, Tropo, 2007; <em>Epigramas incompletos</em>, Zaragoza, Centro de Estudios Bilbilitanos-Instituci&oacute;n &laquo;Fernando el Cat&oacute;lico&raquo;, 2007; <em>Arag&oacute;n Im&aacute;genes</em>, Zaragoza, Gobierno de Arag&oacute;n, 2009; <em>El viento y la palabra</em>, Calatayud, Centro de Estudios Bilbilitanos-Instituci&oacute;n &laquo;Fernando el Cat&oacute;lico&raquo;, 2010; <em>Las puertas de Roma (cr&oacute;nicas de Marco Valerio Marcial</em>), Zaragoza, Mira editores, 2012; <em>Ritual del visitante</em>, Zaragoza, Olifante, 2012; <em>Sala de los espejos (Epigramas, enigmas y otras contemplaciones)</em>, Zaragoza, Olifante, 2014; <em>Cuentos para sentir las horas</em>, Zaragoza, Mira editores, 2014; <em>Un mar de montes</em>, Zaragoza, Gobierno de Arag&oacute;n, 2014; <em>El naufragio perpetuo</em>, Toledo, Lastura, 2016; <em>Claros de bruma</em>, Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2017; <em>El esp&iacute;ritu del fr&iacute;o</em>, Zaragoza, Mira editores, 2017; <em>Cantares y presagios</em>, Zaragoza, Pregunta, 2020; <em>Satirologio. Epigramas del siglo XXI</em>, Zaragoza, Pregunta, 2018; <em>&Iacute;ntimo retorno</em>, Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2023. A partir de ahora, indicar&eacute; solo el t&iacute;tulo de la obra y la p&aacute;gina correspondiente a la edici&oacute;n citada.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a> Ant&oacute;n Castro, &laquo;Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz: &ldquo;El humor es como un viento fresco para la existencia&rdquo;&raquo;<em>, </em><em>Heraldo de Arag&oacute;n</em>, 17.06.2020, accesible en l&iacute;nea: &lt;<a href="https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/06/17/jose-veron-gormaz-el-humor-es-como-un-viento-fresco-para-la-existencia-1380915.html">https://www.heraldo.es/noticias/ocio-y-cultura/2020/06/17/jose-veron-gormaz-el-humor-es-como-un-viento-fresco-para-la-existencia-1380915.html</a>&gt; [Consultado el 27.03.2024].</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a> Javier Barreiro, &laquo;La obra po&eacute;tica de Jos&eacute; Ver&oacute;n (1980-2090)&raquo;, <em>Turia</em>, 147, p. 380.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a> Javier Barreiro, &laquo;La obra po&eacute;tica de Jos&eacute; Ver&oacute;n (1980-2090)&raquo;, <em>Turia</em>, 147, p. 383.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a> Javier Barreiro, &laquo;La obra po&eacute;tica de Jos&eacute; Ver&oacute;n (1980-2090)&raquo;, <em>Turia</em>, 147, p. 383.</p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Wed, 06 Nov 2024 05:40:00 +0000</pubDate>
    </item>
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      <title><![CDATA[Ida Vitale: “Aprendí a ser piadosa releyéndome”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/ida-vitale-aprendi-a-ser-piadosa-releyendome/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2024/Ida500.jpg" alt="" /></p>
<p>Los significados parecen escritos en piedra. Luego va la poes&iacute;a y rompe las palabras en mil y un pedazos. &lsquo;Desvahar plantas&rsquo;. Ella limpia y moldea. Es el ej&eacute;rcito enemigo del Principio de no contradicci&oacute;n. Eso de que nos lleva a las fronteras del lenguaje suena manido; los lugares comunes, sin embargo, hay que sonarlos de vez en cuando: una campana sin tocar es poco m&aacute;s que un adorno del paisaje. &lsquo;Muchas cosas se dan al margen de palabras / que hayan sabido detenerlas&rsquo;. &iquest;Nace de la inteligencia?, &iquest;de la experiencia?, &iquest;de la inocencia?, &iquest;de la intuici&oacute;n? Tal vez sea una mezcla o una tirada de dados. La imaginaci&oacute;n, &iquest;hasta qu&eacute; punto trabaja? Ida Vitale, doctora en Poes&iacute;a, prefiere la pr&aacute;ctica. Divertida, camina como si acabara de tomar el desayuno, pero acaba de comer. Son las cuatro de la tarde. Mientras habla, lo hace pose&iacute;da por el recuerdo. &lsquo;La memoria su leve tela teje&rsquo;. Est&aacute; encantada de regresar, por no sabe ya qu&eacute; vez, a la Residencia de Estudiantes, en Madrid. Disfruta de saberse viva y de compartir un rato con quien se le acerca. Parece eterna, tambi&eacute;n una ni&ntilde;a; y los ni&ntilde;os, en su libertad, abrazan la l&oacute;gica m&aacute;s de lo que parece. Por eso dicen <em>abrido</em>, no <em>abierto</em>. La vida es una conjugaci&oacute;n que se perfecciona con los a&ntilde;os. Los ni&ntilde;os, como los perros, son m&aacute;quinas de repetici&oacute;n de cuanto les conviene. Ella es una ni&ntilde;a-animal que improvisa y salta de la l&oacute;gica a la fantas&iacute;a como si fueran habitaciones separadas por un tabique que no le cuesta atravesar. Tiene memoria y no escribe. Ser&aacute; que esa no es condici&oacute;n suficiente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Para qu&eacute; sirve la memoria a un escritor, si no escribe?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Para hablar con usted.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Claro. Qu&eacute; obsesi&oacute;n, la literatura. Como si ella fuera la &uacute;nica. Ida ha elegido vivir, no escribir, actividades que de repente se presentan contrapuestas. &ldquo;Escribir es una opci&oacute;n que te ofrece la vida. Vida y literatura pueden ser lo mismo. Lo han sido. En estos momentos, pensar en hacerlo me resulta tan pesado como trasladar un bloque de ladrillos hasta all&aacute;&rdquo;, y uno ignora si all&aacute; son los l&iacute;mites de la estancia, del recinto o de la ciudad. Leer es otra cosa. &ldquo;Eso me hace volar. Ah&iacute; los ladrillos no pesan&rdquo;. La ficci&oacute;n es ligera; no la realidad. Prefiere gastar el tiempo que le queda en la risa. Pospone hablar de sus libros. No se toma en serio, signo de lucidez. Sabe por diabla m&aacute;s que por vieja. Indiferente no quiere decir perezosa ni desganada. Las distinciones retoricas son fundamentales. Ella dota a todo de liviandad. Una pluma de ave. Extrae del ladrillo su masa de arcilla para transportarlo. Y sonr&iacute;e con los ojos, que poseen un halo de inocencia traviesa. La risa es el punto con que termina sus frases. De tal modo, parece que impugna lo que acaba de decir. Si la respuesta es larga, mete dos o tres y la oraci&oacute;n se subordina. Sonr&iacute;e porque aunque la vida va en serio sabe tambi&eacute;n que no importa demasiado, que la vida, como nosotros, es un material de construcci&oacute;n que terminar por caer. Un ladrillo con el que se erigen casas de paja. Disponemos de cultura y ra&iacute;ces, no de cimientos. &lsquo;Pero lo aun precioso ser&aacute; olvido, / ya lo sabemos la memoria y yo, / aunque intentemos seguir adelante / con el dibujo&rsquo;. Pasa un tipo alto: &ldquo;Sig&aacute;mosle. A ver si da con la cabeza en el dintel&rdquo;. El hombre atraviesa el umbral sin problema, y vuelve a re&iacute;r, sin decepci&oacute;n. Risa y sonrisa no son lo mismo, pero en ella se confunden. Admite V&iacute;ctor Erice que la aportaci&oacute;n de Ana Torrent a <em>El esp&iacute;ritu de la colmena</em> result&oacute; fundamental: su inocencia otorg&oacute; al personaje una verdad innegociable desde la inteligencia: no distingu&iacute;a realidad de ficci&oacute;n, condici&oacute;n de la primera infancia. Parece que Vitale ha traspasado un umbral en el que tampoco. Es, al conquistar la raz&oacute;n, tan bajo cielo, cuando empieza el ni&ntilde;o a estabularse. Ida se mantiene libre y hace lo que le da la gana, tarea a la que le ayuda su hija Amparo, a quien dedica <em>Sue&ntilde;os de la constancia</em> (1984). No han pasado m&aacute;s que seis meses de su anterior visita. Entonces present&oacute; <em>Tiempo sin claves</em> (2021). Ahora la excusa es <em>Donde vuela el camale&oacute;n</em>. Sali&oacute; en el 96 y lleg&oacute; a Espa&ntilde;a en 2023. Es relato. Un relato muy Vitale, pasado por la f&aacute;bula, por la historia, por el mito, por la poes&iacute;a, por la alegor&iacute;a, por el humor, por la paradoja... La mezcla de g&eacute;neros tal vez nos salva de la disoluci&oacute;n. La realidad es contradictoria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;No me gusta la posmodernidad, pero hay en ella un algo de vanguardia que s&iacute;&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Reconstrucci&oacute;n o deconstrucci&oacute;n?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Pueden ser lo mismo [r&iacute;e].</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Cl&aacute;sica o moderna?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Pueden ser lo mismo tambi&eacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No la veo muy posmoderna.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No me gusta la posmodernidad, pero hay en ella un algo de vanguardia o de cambio, como de refutar lo anterior&hellip; que s&iacute;. Como cualquier &eacute;poca, tuvo sus cosas buenas y sus cosas malas. No hay ninguna buena o mala totalmente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Vamos, que quit&oacute; alg&uacute;n dique al mar, pero insuficiente para tomarla demasiado en serio, no es una constituci&oacute;n. &iquest;Usa, entonces, Vitale las armas del enemigo, su impulso, para derribarle? &iquest;Aplica t&eacute;cnicas de arte marcial a las letras?, &iquest;alguna prosa de Sun Tzu? S&iacute; da la impresi&oacute;n de que fabrica caba&ntilde;as con ramas que ha dejado la tormenta. De que le gusta construir a partir de la mezcla y del fragmento. Lo demuestra en su prosa, religando temas y registros, y tambi&eacute;n en su poes&iacute;a. &lsquo;Un l&aacute;piz, / una hoja, tan s&oacute;lo de papel, que quisiera / como de &aacute;rbol, vivaz y renaciente, / que destilase savia y no in&uacute;til tristeza / y no fragilidad, disoluciones&rsquo;. Fragilidad, disoluciones. P&aacute;jaros de barro. Ladrillo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Qu&eacute; a gusto estoy&rdquo;. Y cambia de postura y avisa, por tercera vez, de que oye mal. &ldquo;A partir de los cien, el o&iacute;do disminuy&oacute;&rdquo;. Carcajada. La gravedad la transforma en despreocupaci&oacute;n. En un alarde, se&ntilde;ala que oye incluso mal &iexcl;por el o&iacute;do bueno! Los aud&iacute;fonos van cumpliendo su cometido y uno piensa que igual lo que quiere es tenerle m&aacute;s cerca. La proximidad facilita la confesi&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Me va a preguntar por la tapa? [se refiere a la portada de <em>Donde vuela el camale&oacute;n</em>, pr&oacute;ximo, en una mesa, junto a otros t&iacute;tulos]</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Pues no ten&iacute;a pensado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Tiene que hacerlo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Por qu&eacute;?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;No se ha dado cuenta?: Se titula <em>Donde vuela el camale&oacute;n </em>&iexcl;y sale un p&aacute;jaro! &iquest;Qui&eacute;n ha elegido la ilustraci&oacute;n?, &iexcl;qu&eacute; disparate! [r&iacute;e]. No quiero pensar que alguien ve en esto un camale&oacute;n. Nunca me encontr&eacute; con el responsable.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Habr&aacute; que mirar los cr&eacute;ditos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No dicen nada. Lo primero que debe tener una tapa es cierta relaci&oacute;n con el t&iacute;tulo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - O no.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - O no... [concede, educada, y regresa en seguida al ataque] Pero si citas un animal, &iquest;por qu&eacute; meten otro? Siempre tiene que haber alguna <em>originalidad</em>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Igual el camale&oacute;n es tan camale&oacute;n que elige disfrazarse de p&aacute;jaro&hellip;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - [carcajada] &iquest;Y va por el cielo?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Piense en el t&iacute;tulo. Usted lo dice.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Si el responsable me ofrece esa respuesta, se la acepto, pero me temo que la verdad no ser&aacute; tan po&eacute;tica. No hago m&aacute;s que mirar la tapa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Usted arranca un relato, ah&iacute;, diciendo: &ldquo;El gorri&oacute;n, &iquest;era gris porque se sent&iacute;a gris?&rdquo;. Igual su camale&oacute;n se siente p&aacute;jaro.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Una cosa es lo que el gorri&oacute;n quiera sentirse y otra lo que sea [cambia el tono]. &Uacute;ltimamente est&aacute;n impugnando la biolog&iacute;a. &iquest;Se ha dado cuenta? &iquest;No pensar&aacute; que hago yo lo mismo?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Su relato es anterior a esa corriente, y en &eacute;l no hay espacio para el relativismo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Porque los de mi generaci&oacute;n sabemos diferenciar la biolog&iacute;a de la literatura. Yo, si hablo de algo ah&iacute;, que tampoco lo s&eacute;, habr&aacute; de ser del problema de creerse lo que no se es.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -La identidad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Un tema de moda. Hace mucho que escrib&iacute; el libro. Lo olvid&eacute;. Tuve que releerlo para&nbsp; la presentaci&oacute;n. Ese p&aacute;jaro no recuerdo si quer&iacute;a ser azul, pero se acostumbr&oacute; a ser quien era. Quien <em>era</em>. Si damos por buena su tesis, el camale&oacute;n de la tapa no parece muy conforme con su identidad [m&aacute;s risa].</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Lo mismo, igual que en el cine, hay que suspender la incredulidad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Ah, yo estoy a favor de eso. Adem&aacute;s, es un p&aacute;jaro bastante especial&hellip; Al final me va a gustar. &iquest;A usted le gusta?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -A m&iacute; s&iacute;, y le dir&eacute; que no me hab&iacute;a percatado del fallo -si lo es-.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -No creo que sea un p&aacute;jaro inventado. Parece una foto. Bueno&hellip; est&aacute; bonito. Al menos dentro creo que no hay erratas...</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Lo que no me va mucho es la foto que adorna varias solapas suyas: usted con un p&aacute;jaro de papel, por muy de Mordzinski que sea, y por mucho que le haya dedicado un poema.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - A m&iacute; tampoco me apetece verla tan repetida. Una vez, vale. Dos, vale. &iquest;Me hace muy ni&ntilde;a?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Lo mejor que podemos hacer es no ser comedidos ni previsibles&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Vuelve a demostrar que es un animal adulto, una ni&ntilde;a con candidez justa, al tiempo que una escritora que traspasa las paredes. Alterna raz&oacute;n e inocencia. Es caballo salvaje y brida.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Vaya forma de empezar.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Por qu&eacute;?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Un tanto incorrecta, &iquest;no?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Lo mejor que podemos hacer es no ser comedidos ni previsibles. Son tiempos muy sosos. Parece que estamos en el colegio. Una puede parecer una ni&ntilde;a, pero no es tonta. &iquest;Usted no cree que nos tratan como a tontos?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Qui&eacute;nes?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Pol&iacute;ticos, periodistas, qu&eacute; s&eacute; yo, pedagogos. Las asociaciones de esto y de aquello... siempre hay alguien que defiende la &uacute;ltima ocurrencia del universo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Soy vieja, no tonta&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Usted lo nota?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Pero c&oacute;mo no. Soy vieja, no tonta. Tengo mucha vida, puedo comparar [vuelve la risa].</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - En una respuesta se define como ni&ntilde;a y a la siguiente, como vieja.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Las dos cosas son la misma.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; O sea, deconstruye y reconstruye, moderna y cl&aacute;sica, y ni&ntilde;a y vieja. No ser&aacute;n los &uacute;ltimos dualismos. Ni los &uacute;ltimos vuelos de p&aacute;jaro. <em>Vieja</em>, por cierto, una palabra que seguramente los que dictan el lenguaje en los despachos no aconsejan. En Ida Vitale cada acto de resistencia es un canto de libertad. En la &uacute;ltima entrega de J. A. Gonz&aacute;lez S&aacute;inz, <em>Por as&iacute; decirlo</em>, tropezamos con el t&eacute;rmino <em>retrasado</em>, o <em>retrasadillo</em>. Los garantes del orden sugerir&iacute;an &lsquo;persona con discapacidad&rsquo;. Menos mal que no se han metido, todav&iacute;a, a correctores de estilo en las editoriales.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Y c&oacute;mo se enfrenta a esta situaci&oacute;n &ldquo;sosa y tonta&rdquo;?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - [tarda en contestar] Me da igual. Miro a otro lado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y gira, literal, la cabeza y lanza su escepticismo lejos, oblig&aacute;ndole a uno a dudar si lo deposita fuera de la estancia, fuera del recinto o fuera de la ciudad. Lo seguro es que descansa junto a unos ladrillos pesados, lejos del cielo por el que vuelan los camaleones.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -&iquest;Hemos entrado en un periodo de decadencia?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No [pone cara de susto]. Eso es muy serio. Supongo que hay decadencia en unas cosas y simple tiempo de nacimiento para otras.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - El nacimiento de unas cosas -pongamos, la barbarie- puede significar el fin de lo opuesto -digamos, la ilustraci&oacute;n-. No hay por qu&eacute; celebrar todo cambio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Desde la cultura se tienen a veces percepciones de la realidad que no encajan con los acontecimientos propios del momento&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Que lo que venga sea peor? No lo s&eacute;. En Uruguay no veo mucha decadencia. En Europa lo mismo es distinto. Les pasa que son viejos como yo. Tambi&eacute;n le digo que desde la cultura se tienen a veces percepciones de la realidad que no encajan con los acontecimientos propios del momento. Si est&aacute;n en decadencia en Europa lo tienen que determinar ustedes. Ser&iacute;a muy atrevido que yo me pronunciase. Pero si est&aacute;n en periodo de decadencia, pobres personas las que les sucedan.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Respecto del identitarismo, parece que viene de Estados Unidos. De campus en los que retomaron viejas ideas minoritarias fracasadas. Luego la revisi&oacute;n, en tal caso, fue hecha por un pa&iacute;s joven&hellip;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Al joven le enga&ntilde;an igual que al viejo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - En varios relatos se muestra cr&iacute;tica no s&eacute; si con el hombre o con el progreso.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Puede ser la misma cosa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - En uno dice: &ldquo;Desde lo m&aacute;s alto se le est&aacute; pidiendo a los hombres distra&iacute;dos un esfuerzo por detener este desvencijamiento, este derrumbe del m&aacute;s puro y menos defendido bien que hayamos heredado&rdquo;. A pesar del tono, quiz&aacute; pretendidamente ambiguo, el texto tiene un esp&iacute;ritu inequ&iacute;voco de reprobaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Puedo estar hablando de la civilizaci&oacute;n, de la bondad, de algo b&iacute;blico, prof&eacute;tico, tampoco lo s&eacute;. De la presencia del hombre en la tierra. De la noci&oacute;n misma de progreso. Son textos que escrib&iacute; hace mucho&hellip; no s&eacute; qu&eacute; me movi&oacute; a ellos. Yo hablo de un cielo que se cae, hasta ah&iacute;. Y utilizo una primera persona masculina desde las alturas, que suena grande y que planea sobre el colectivo. &iquest;Indicios de un desastre? No lo s&eacute;.</p>
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<p><strong>&ldquo;Aceptemos las cosas seg&uacute;n vengan y la vida tal cual es&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Habla de ruidos que proceden de la tierra.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - La culpa, la necesidad de estar en paz, de vivir en paz, la tradici&oacute;n&hellip; esos podr&iacute;an ser otros temas. El hombre no es mi personaje favorito. Prefiero los minotauros [r&iacute;e]. Conf&iacute;o poco en el hombre, pero si hemos llegado hasta aqu&iacute; es porque tambi&eacute;n tiene una parte positiva. Aceptemos las cosas seg&uacute;n vengan y la vida tal cual es.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esa postura, entre el pesimismo y la aceptaci&oacute;n, consta, disimulada, en muchas p&aacute;ginas de su obra. En el cap&iacute;tulo &lsquo;La ecolog&iacute;a&rsquo;, del libro <em>De plantas y animales</em> (2019), refiere a Dorst: &ldquo;El hombre apareci&oacute; como un gusano en una fruta&rdquo;. No cuesta imaginar a Vitale adscrita a ese enunciado. Las dudas emergen en forma de patada al tremendismo actual, esta vez con John Donne: &ldquo;El cielo est&aacute; perdido y la tierra tambi&eacute;n y nadie sabe d&oacute;nde ir a buscarlos. / Y los hombres confiesan libremente que este mundo est&aacute; agotado&rdquo;. Dudas y patadas porque Donne naci&oacute; en 1572. Muri&oacute; en 1631. Desde siempre han habitado la sospecha y el pesimismo. Quiz&aacute; sean un modo culto de estar en el mundo. Seguramente por eso avisa la autora de percepciones que no tienen que ver con los hechos. Vitale, para distanciarse, cuestiona: &ldquo;&iquest;Ser&aacute; tan malo vegetar?&rdquo;. Pertenece a <em>Tiempo sin claves</em>, otro t&iacute;tulo sintom&aacute;tico. Critica el voluntarismo y afirma que para que existan brotes ha de haber antes una ra&iacute;z m&iacute;nima, y que &eacute;sta s&oacute;lo se logra a base de quietud y de hundimiento. De hecho, <em>De plantas y animales</em> empieza con Alberto Caeiro: &ldquo;Vi que no hay Naturaleza, / que la Naturaleza no existe, / que hay valles, monta&ntilde;as, planicies, / (&hellip;) / pero no un todo a lo que eso pertenezca&rdquo;. El hombre crea. El hombre destruye. Y, mientras tanto, pinta y escribe versos. &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s podemos pedir?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;En todo momento hist&oacute;rico ha habido un sentimiento de fin. Por eso no s&eacute; si estamos en decadencia&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Ejercer la autocr&iacute;tica demasiado puede ser negativo? &iquest;Puede contribuir al colapso?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - S&iacute;, y hay que precaverse. En todo momento hist&oacute;rico ha habido un sentimiento de fin. Por eso no s&eacute; si estamos en decadencia. Yo creo que cada d&iacute;a hay gente m&aacute;s tonta y por eso es tratada como tal. Lo entiendo. Es dif&iacute;cil salir adelante en libertad. Al mismo tiempo, hay gente maravillosa. Me gusta la gente. Soy feliz entre ella. Algunas personas tienen un exceso de negatividad. Los dirigentes, no. Ellos piensan en los votos. Lo peligroso es la negatividad social y veo que se da en los j&oacute;venes. Me gustar&iacute;a que no fuera as&iacute; y se dedicaran a disfrutar, a salir, a leer&hellip; La juventud es una etapa dif&iacute;cil. Yo fui feliz. &iquest;Usted?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Tambi&eacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - A los j&oacute;venes parece que todo les acecha. Es peligroso para ellos demasiado discurso pol&iacute;tico. Tambi&eacute;n demasiada apertura. Yo creo que todo tiene que ser equilibrado. Siento que, en general, habr&iacute;a que mandar alg&uacute;n mensaje de esperanza. Est&aacute;n preocupados por el trabajo, por la naturaleza...</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Hay libros que hablan de ecoansiedad y de ni&ntilde;os con pesadillas, que ri&ntilde;en a los padres si gastan agua en la ducha o si tiran la basura en el cubo equivocado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - A m&iacute; tambi&eacute;n me preocupa la naturaleza, pero no alarmemos: pensemos en la salud mental de los j&oacute;venes. Se sacan las cosas de quicio. Parecer&iacute;a que algunos temen la civilizaci&oacute;n. Se puede retroceder frenando el progreso y tambi&eacute;n apelando a &eacute;l. Qu&eacute; s&eacute; yo. Supongo que el punto medio es el mejor. Eso se sabe desde hace mucho. Cambiar las cosas requiere un proceso lento. Tambi&eacute;n es verdad que hay voces que indican que hay que darse prisa [se encoje de hombros]. No lo s&eacute;. Prefiero no pensar.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Pensar es atascarse, dice, textualmente, en una p&aacute;gina del libro &uacute;ltimo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Ah, s&iacute;? Pues me gusta [r&iacute;e].</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Pecamos de excesivo racionalismo?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Puede ser [se queda callada. Dos veces hace adem&aacute;n de hablar. No se decide. Un p&aacute;jaro se posa cerca, parece que la mira. Ella no lo ve. Queda a su espalda].</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Usted ofrece, en <em>Donde vuela el camale&oacute;n</em>, una imagen positiva de la ciudad. &ldquo;La ciudad -todav&iacute;a las hay- con la bendita cualidad de gozar de un cielo limpio&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Yo no he terminado de saber d&oacute;nde se vive mejor. Me gusta el campo, pero vivo fuera de &eacute;l&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - La ciudad, en s&iacute; misma, no es mala. Parece un invento bueno, &iquest;no? Los pulmones pueden estar m&aacute;s limpios en el campo. Yo no he terminado de saber d&oacute;nde se vive mejor. No lo s&eacute;. Podr&iacute;a resumir mis contradicciones en que me gusta el campo, pero vivo fuera de &eacute;l.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - En Montevideo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Montevideo es todav&iacute;a una ciudad-poco ciudad. Est&aacute; al borde de un r&iacute;o que para nosotros es como un mar. Los que viven cerca de la desembocadura tienen esa impresi&oacute;n. Yo vivo en el medio. Del otro lado est&aacute; Argentina. No se la ve.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Lo que no se ve, pero est&aacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ense&ntilde;anza que aportan la poes&iacute;a y, seg&uacute;n se ve, la geograf&iacute;a [echa a re&iacute;r].</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Y la religi&oacute;n?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Tambi&eacute;n [reconoce, sin entusiasmo]. El r&iacute;o de la Plata ofrece unas tormentas importantes. Yo viv&iacute; siempre cerca del mar, a cuatro cuadras. La playa -hay mar por todos lados- es importante para el montevideano. El mar se vuelve una compa&ntilde;&iacute;a, aunque es un peligro. Cuando yo era chica o&iacute; que alguien se ahog&oacute;. Una persona mayor. Le dio un mareo. Se ahog&oacute;, nadie se enter&oacute;. Algo as&iacute;. Eso me infundi&oacute; temor al agua. Terror casi.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;No aprendi&oacute; a nadar?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No me apetec&iacute;a arriesgarme [r&iacute;e]. &iexcl;Y eso que lo ten&iacute;a cerca! No es el caso de quien vive lejos y va al mar una vez cada muerte de obispo. No. Yo lo ten&iacute;a ah&iacute;. Pero me inspiraba respeto.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Le inspiraba. Ahora es distinto.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ahora terror no siento ante nada. Tampoco paso cerca. Me gusta tenerlo a distancia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - <em>Montevideo</em> ha titulado una novela Vila-Matas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No sab&iacute;a&hellip;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Usted le defendi&oacute; para el Cervantes contra el criterio oficial, no s&eacute; si inductor, incluso.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Qui&eacute;n gan&oacute;?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Joan Margarit.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ah [y da la impresi&oacute;n de que no le ubica o se ha olvidado de &eacute;l]. Cuando defend&iacute; a Vila-Matas, &iquest;hab&iacute;a salido el libro? [pregunta, extra&ntilde;ada].</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No. Ha salido hace poco.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Menos mal, podr&iacute;an haber pensado que hab&iacute;a implicancia [r&iacute;e]. &iexcl;Qu&eacute; raro que se le haya ocurrido titular as&iacute; una novela! &Eacute;l no ha estado en Montevideo. O s&iacute;, pero no le vi. &iquest;Qu&eacute; contiene el libro?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Yo lo veo como un viaje por ciertos hitos, m&aacute;s o menos transformados, de su obra. A Montevideo le dedica un cap&iacute;tulo. La excusa es el cuento de Cort&aacute;zar &lsquo;La puerta condenada&rsquo;, que transcurre en el hotel Cervantes. Ahora que lo pienso, no s&eacute; si existe realmente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - S&iacute;, cambi&oacute; de nombre: Hotel Esplendor.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Eso refiere &eacute;l. Entonces es verdad. El caso es que proyecta un viaje para buscar la habitaci&oacute;n del cuento. Pero no es monogr&aacute;fico: salen Barcelona, Par&iacute;s, las Azores, Londres&hellip; hasta Reikiavik.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - [asiente complacida] Lo conoc&iacute; porque era &iacute;ntimo de &Aacute;lvaro [Mutis]. Yo siempre me cuid&eacute; de no llegar a los dem&aacute;s a trav&eacute;s de &Aacute;lvaro porque, entre novelistas, puede haber celitos. No era el caso: entre los dos se percib&iacute;a camarader&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No le vot&oacute; por amistad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Nunca la hubo. Coincidimos puntualmente hace mucho. Le vot&eacute; por sus libros, obvio.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Mutis siempre habl&oacute; en t&eacute;rminos muy positivos de usted.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Con mi marido se dio una relaci&oacute;n estrecha. Y con la mujer de &Aacute;lvaro, qu&eacute; persona tan bell&iacute;sima. Con ellos hubo desde el principio muy buena relaci&oacute;n. Son personas generosas y abiertas, como recuerdo a Vila-Matas. Han vivido mucho, tambi&eacute;n en los libros.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Y tienen sentido del humor.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ni que hablar. Eso forma parte del hombre total.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &ldquo;Hombre total&rdquo;... Usted recurre al uso gen&eacute;rico del masculino en sus libros: &ldquo;el hombre en su ceguera&rdquo;; &ldquo;los hombres tej&iacute;an proyectos&rdquo;...</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Claro. Los hombres. La comunidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El lenguaje inclusivo son guerras que se alejan de lo importante&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Qu&eacute; le parece el lenguaje inclusivo?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Son rachas. Me da igual. Las particiones las veo absurdas. Nos hace perder, eso pienso. Habr&aacute; quien lo vea de otra manera. Para m&iacute; son guerras que se alejan de lo importante.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Usted incurre en algo incluso que se prestar&iacute;a a ser tachado como <em>estereotipos de g&eacute;nero</em>: &ldquo;Los guardabosques espiaban como vecinas chismosas&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - [encoge sus hombros] A veces la gente, por defender causas que considera justas, se inclina a los extremos. Una pena. Y piensa que los dem&aacute;s son esto y aquello simplemente porque tienen una opini&oacute;n distinta.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Con qu&eacute; intensidad se da el fen&oacute;meno en su pa&iacute;s?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Uruguay ha tenido muchos defectos, pero tambi&eacute;n algunas virtudes. No hay gente dando vueltas al lenguaje, no hay teor&iacute;as de esas&hellip; Los dos sexos disfrutan de una ense&ntilde;anza com&uacute;n. En la educaci&oacute;n est&aacute; la igualdad real. Las cosas en Uruguay se dan, creo, con naturalidad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Hace un par de a&ntilde;os, Buenos Aires, Argentina, sac&oacute; de la ense&ntilde;anza el lenguaje inclusivo. Antes, Francia lo hab&iacute;a retirado de los programas docentes.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -En Uruguay hay un organismo llamado Administraci&oacute;n Nacional de Educaci&oacute;n P&uacute;blica. Hace unos a&ntilde;os emiti&oacute; una circular para limitarlo. No son cosas que me preocupen. No veo que tengan que ver mucho con la literatura. S&iacute; creo que es bueno que los ni&ntilde;os y los adolescentes reciban una educaci&oacute;n lo m&aacute;s neutra posible, sin sesgos ni ideolog&iacute;as. Hay que ir al colegio a recibir clase.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Tendr&iacute;amos que repensar la idea de progreso&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Reclama contenidos acad&eacute;micos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Lo que pasa es que hay modas&hellip; [hace una pausa] Tendr&iacute;amos que repensar la idea de progreso. Pero eso a m&iacute; no me toca. Les toca a ustedes, los que tienen a&ntilde;os por delante. No hay que aceptar todo lo que viene por el hecho de que viene.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - En su infancia [naci&oacute; en 1923] &iquest;s&iacute; percibi&oacute; un entorno machista?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Lo habr&iacute;a, como lo hay en todos lados, pero yo me cri&eacute; en una casa en la que ten&iacute;an m&aacute;s peso las mujeres que los hombres. Todas estudiaron y todas hicieron carreras, por cierto, m&aacute;s o menos culturales. Yo no sent&iacute; ninguna diferencia de trato con ning&uacute;n hombre. Y si no la sent&iacute; entonces, ahora menos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Su madre muri&oacute; cuando era peque&ntilde;a.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Por eso me cri&eacute; con una t&iacute;a a la que me confi&oacute; mi padre. Era directora de un colegio con cierto prestigio. Mi padre no intervino para nada en mi educaci&oacute;n, lo digo en el mejor de los sentidos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Un matriarcado?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Un matriarcado, si acaso muy especial. Estaba mi abuela, que ya hab&iacute;a cuidado a un mont&oacute;n de hijos, y le tocaba descansar. Hab&iacute;a t&iacute;os&hellip; &iquest;qu&eacute; quiere que le diga?: a unos los quer&iacute;a&hellip; otros no me gustaban [risas]; vamos, una familia normal. Mi padre fue la persona m&aacute;s alejada que tuve. Me vino bien. Lo disfrut&eacute;. Antes los hombres pasaban mucho tiempo fuera de casa. Y en mi caso se daba la circunstancia de que &eacute;l confiaba en esa t&iacute;a pedagoga.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Tuvo una vida privilegiada o con facilidades?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No nos empujaron a trabajar, eso es cierto. Pero yo creo que todo fue normal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;He sido inquieta, pero siempre he abogado por una vida tranquila&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - En <em>Donde vuela el camale&oacute;n</em> dedica un relato a Zen&oacute;n, disc&iacute;pulo de Parm&eacute;nides. &iquest;C&oacute;mo es su relaci&oacute;n con los presocr&aacute;ticos?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No tengo una relaci&oacute;n &iacute;ntima [r&iacute;e]. Son nombres a los que visitaba cuando llevaba una vida intelectual activa. Ahora me dejo llevar. Me gusta mirar por la ventana, sentarme [r&iacute;e]. Eso siempre me ha gustado, &iquest;eh? He sido inquieta, pero siempre he abogado por una vida tranquila. Los presocr&aacute;ticos me pillan un poco lejos. No tengo inclinaci&oacute;n manifiesta sobre ninguno, pero le dir&eacute; que ya de chica distingu&iacute;a entre Roma y su cultura, y Grecia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Inclin&aacute;ndose por&hellip;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Por Grecia, evidentemente. Despu&eacute;s, cuando estudi&eacute;, estuve m&aacute;s cerca, por desgracia, del mundo del Derecho, o sea, del que puede venir directamente de Roma. De muy ni&ntilde;a registr&eacute; la presencia de mi abuelo [vuelve a desviar la mirada]. Evidentemente, fue una persona culta. Dir&iacute;a que no le <em>conoc&iacute;</em>, que le <em>registr&eacute;</em>&hellip; Fue abogado y ten&iacute;a una biblioteca formidable que hered&eacute;, en parte, compuesta por textos legales. A mi abuelo le hac&iacute;a representante de ese mundo latino que situaba al margen de mi inter&eacute;s. El mundo heleno era otra cosa. En casa tambi&eacute;n hab&iacute;a mucho libro de esa otra parte. Y, gracias a la biblioteca de la t&iacute;a pedagoga, novela.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Qu&eacute; me dice de la poes&iacute;a?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Menos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Cu&aacute;ndo se zambulle en ella?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -En la escuela de mi t&iacute;a. No me faltaron libros prestados, pero entr&eacute; de verdad en ella en la biblioteca de ese centro. Ten&iacute;a que esperarla para volver a casa juntas. Entonces me entreten&iacute;a con los libros. En mi recuerdo, todos eran de poes&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Desde luego, no me gusta la falta de libertad&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - La griega parece una sociedad m&aacute;s libre que la romana. Usted tambi&eacute;n es libre.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Supongo. Desde luego, no me gusta la falta de libertad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Con la edad se va ganando?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - La libertad se descubre sin esfuerzo. El hecho de que mi padre estuviera mucho tiempo fuera -y yo a cargo no s&oacute;lo de mi abuela, tambi&eacute;n de un t&iacute;o que ten&iacute;a un problema cardiaco, y que permanec&iacute;a muy quieto en casa-, favoreci&oacute; que me criase de un modo independiente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Hasta qu&eacute; punto?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Bueno, me dejaban hacer lo que yo quer&iacute;a. No me preguntaban en qu&eacute; andaba o ad&oacute;nde iba. Lo har&iacute;an, pero no se crea que tanto. Una vez mi t&iacute;a llam&oacute; a casa preguntando por m&iacute;, y mi abuela le dijo: &ldquo;&iexcl;Pero ella nunca est&aacute; a esta hora!&rdquo;. Ser&iacute;an las tres o las cuatro de la tarde. &ldquo;&iquest;Y ad&oacute;nde va?&rdquo;. &ldquo;Ah, no s&eacute;&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Y d&oacute;nde iba?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Pues a otra biblioteca [r&iacute;e]. A una que hab&iacute;a a tres cuadras. Un d&iacute;a entr&oacute; una se&ntilde;ora m&aacute;s o menos conocida y se acerc&oacute; a mirar qu&eacute; andaba leyendo. Era una novela, no buscaba all&iacute; libros de estudio, obvio. Hizo un gesto desaprobatorio: &ldquo;Ah, yo te cre&iacute;a m&aacute;s seria&rdquo; [r&iacute;e]. Yo le&iacute;a lo que me daba la gana. &ldquo;Los diccionarios los pido m&aacute;s tarde&rdquo;, respond&iacute; [y r&iacute;e m&aacute;s]. &iexcl;Esa idea tan primaria de lo que debe ser una biblioteca! Me sent&iacute;a importante estando all&iacute;. Lo pasaba muy bien.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Le quiero preguntar por los p&aacute;jaros. Salen en sus relatos, en sus poemas, en sus entrevistas &ndash;hace poco, en una, emple&oacute; la frase &ldquo;gastar p&oacute;lvora en chimango&rdquo;-.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Un chimango es un p&aacute;jaro peque&ntilde;o que no cuenta para nada, una cosa muy uruguaya.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su poes&iacute;a est&aacute; marcada por la bot&aacute;nica y por los animales m&aacute;s que por la ciencia y la filosof&iacute;a. En <em>Tiempo sin claves</em> salen golondrinas. En <em>Procura de lo imposible</em> (1998), mirlos, palomas, colibr&iacute;s. En <em>Sue&ntilde;os de la constancia</em>, mariposas. En <em>L&eacute;xico de afinidades</em> (1994) vemos p&aacute;jaros convertidos en alegor&iacute;a. En <em>Oidor andante</em> (1972), hay alondras. Esto, en un recuento muy somero. En <em>M&iacute;nimas de aguanieve</em> (2015) llega a dedicar una secci&oacute;n entera a los p&aacute;jaros. Qu&eacute; decir del volumen <em>De plantas y animales</em>, encabezado por una cita de Niels Bohr: &ldquo;El espacio es azul y en &eacute;l pasan los p&aacute;jaros&rdquo;. Dentro, grajos, alondras, loros, palomas, urracas, mariposas&hellip; Y, cuando parece que en un sitio no los hay, aparecen mediante personaje interpuesto: &ldquo;Viene el &aacute;ngel de raso, replegadas las alas&rdquo;, dice en &lsquo;Anunciaci&oacute;n&rsquo;, perteneciente a <em>Reducci&oacute;n del infinito</em>, en el que hay otro titulado &lsquo;Orden de &aacute;ngeles&rsquo;. Los &aacute;ngeles, sabemos por Rilke, en <em>Historias del buen dios</em>, que bien pueden ser p&aacute;jaros. &lsquo;Dios Padre dijo: &ldquo;Los p&aacute;jaros tienen que permanecer en el lugar donde yo los he puesto&rdquo;. Pero se acord&oacute; de que, a petici&oacute;n de los &aacute;ngeles, los hab&iacute;a dotado de alas para que en la Tierra hubiese tambi&eacute;n algo parecido a las criaturas angelicales&rsquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Hay toda una tradici&oacute;n po&eacute;tica con las aves.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Yo me desligo de ella [mueve las manos y resta importancia]. El inter&eacute;s en m&iacute; no es l&iacute;rico ni simb&oacute;lico. Se me llenaron los poemas de animales, yo no los met&iacute;. Debi&oacute; de producirse por la presencia ausente de otra t&iacute;a dedicada a la Historia Natural. Era muy ni&ntilde;a cuando falleci&oacute;. De ella s&eacute; lo que me contaron.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - La menciona al comienzo de <em>De plantas y animales</em>: Ida.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - As&iacute; es. De ella hered&eacute; el nombre. Efectivamente, ese libro, tan centrado en la naturaleza, se presta a mencionarla. Creo que ah&iacute; explico que no s&oacute;lo le debo mi nombre, sino mi cuarto: recib&iacute; el suyo, con sus libros, sobre todo de ciencia. Total, en vez de novelas, me tocaba leer vidas de bichos [r&iacute;e]. Y los integr&eacute; en m&iacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Supongo que a los p&aacute;jaros les sucede como a las personas: cuando pierden la libertad se acostumbran&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Antes hab&iacute;a p&aacute;jaros enjaulados en las casas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - S&iacute;, claro, en la m&iacute;a tambi&eacute;n hubo. Pajaritos. Pobres. Recuerdo que mi abuela ten&iacute;a uno libre, circulando por casa [lo dice seria, como si fuera normal o comprensible o recomendable]. Imagino [cambia la voz, que se vuelve socarrona] que le habr&iacute;an recortado las alas para que no fuera lejos. No tengo ni idea [r&iacute;e], es un decir [sigue riendo]. Yo siempre tuve su ejemplo en mente, y me llev&oacute;, en otra &eacute;poca, a hacer lo mismo. Ten&iacute;amos entonces un ejemplar cautivo. Yo atravesaba un corredor que daba a la cocina y, una vez en ella, bajaba la jaula a una mesa, y abr&iacute;a la puertecita. Y &iquest;sabe qu&eacute;?: &iexcl;el p&aacute;jaro no sal&iacute;a! Ten&iacute;a que meter la mano y obligarle. Aun as&iacute;, se quedaba cerca del armaz&oacute;n. Cuando descubr&iacute;an lo que hab&iacute;a hecho, ven&iacute;an todos a chillarme: &ldquo;&iquest;&iexcl;No te das cuenta de que se puede meter en una olla!?&rdquo; El p&aacute;jaro nunca sal&iacute;a de la jaula. Era un canarito. Supongo que a los p&aacute;jaros les sucede como a las personas: cuando pierden la libertad se acostumbran.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iexcl;Qu&eacute; reflexi&oacute;n!</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Es as&iacute;. Llega un punto en que, si no ves las cadenas, las echas de menos. Ten&iacute;a canarito. No perro.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Gato?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Tampoco. Despu&eacute;s s&iacute;. Cuando tuve independencia de elecci&oacute;n siempre intent&eacute; tener bichos a mano. Y gatos. Bichos y libros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Escribir requiere dos contrarios: mucha tranquilidad y mucha actividad&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Suele dejar dormir los libros?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - En general, s&iacute;. <em>Donde vuela el camale&oacute;n</em> tuvo una composici&oacute;n prolongada. Empez&oacute; siendo una cosa y acab&oacute; otra. Nunca he tenido la sensaci&oacute;n de que hubiera alguien esperando para quitarme de las manos lo que escrib&iacute;a. Adem&aacute;s, es dif&iacute;cil que a la primera salga algo duradero. A m&iacute;, desde luego, no me pasa. Siempre hay algo que corregir.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - En poes&iacute;a, &iquest;trabaja la idea?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -S&iacute;, pero en la primera escritura. Luego corriges el estilo. Pero la idea debe estar al principio. Esa primera escritura ya lleva su trabajo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Trabajo aparte, &iquest;le sale f&aacute;cil? Me refiero a ese primer impulso.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Me sal&iacute;a f&aacute;cil. Ahora no escribo. Me da igual. Escribir requiere dos contrarios: mucha tranquilidad y mucha actividad. Tranquilidad para disponer de tiempo y energ&iacute;a, que pierdes al escribir. Y luego, leer y tener inquietud ante la vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Estoy al final de la &uacute;ltima etapa. Es natural que tenga la sensaci&oacute;n de haber dicho todo&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Escribir es cansado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Aunque sea un p&aacute;rrafo. Pero lo hacemos porque queremos. Yo, aunque a veces no me d&eacute; cuenta, estoy al final de la &uacute;ltima etapa. Es natural que tenga la sensaci&oacute;n de haber dicho todo. Me llaman de sitios para leer mis poemas o para que hable, y me gusta moverme y atender a la gente. Creo que es una suerte que alguien le preste atenci&oacute;n a tu poes&iacute;a. Pero para escribir hay que tener la cabeza muy bien; yo no la tengo mal, pero no tengo ganas de agobios.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No est&aacute; cansada pero tampoco se quiere cansar.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Algo as&iacute; [r&iacute;e]. Leer, leo. Pero escribir -aunque un libro siempre ha sido una tentaci&oacute;n- es algo que pas&oacute;, es algo que no volver&aacute; a suceder.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - La muerte, &iquest;qu&eacute; sensaci&oacute;n le produce? Igual est&aacute; cansada de o&iacute;r esta pregunta.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Pues no. No se deben de atrever a hac&eacute;rmela. Miedo, ninguno. Miedo me da perder gente. En general, est&aacute; sana la que tengo a mi alrededor. Pero ha habido bajas. Y se cumple lo de pensar en tiempos muy lejanos: yo a diario recuerdo gente de atr&aacute;s.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Normal.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ahora se me viene una compa&ntilde;era de clase, un poco mayor, que entr&oacute; al liceo tarde, por un episodio de tuberculosis. Una t&iacute;a m&iacute;a tambi&eacute;n estuvo tuberculosa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Una enfermedad rom&aacute;ntica.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Pues entonces en el siglo XX segu&iacute;amos siendo rom&aacute;nticos [r&iacute;e]. En Uruguay era rara la familia que no ten&iacute;a casos. No se sabr&iacute;a que era tan contagiosa y no se tomar&iacute;an precauciones. Qu&eacute; s&eacute; yo. Pero, seguir, segu&iacute;a existiendo. Aquella compa&ntilde;era era muy inteligente, encantadora. Su familia, tambi&eacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;La enfermedad cort&oacute; su relaci&oacute;n?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No. La madre, obviamente, quer&iacute;a que su hija tuviera amigas, y esa era una cosa dif&iacute;cil. Yo la visitaba, estudiaba con ella, y la madre ven&iacute;a cada poco a controlar que no me acercara mucho. Yo guardaba mis precauciones, por eso jam&aacute;s coment&eacute; en casa que iba a la de ella [vuelve a salir su lado <em>mal&eacute;volo</em>]. No quer&iacute;a que me privasen de ir. Adem&aacute;s&hellip; ya se hab&iacute;a medio curado... No corr&iacute;a demasiado peligro.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Muy audaz, usted.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No se crea. Me cri&eacute; con cierto miedo. Al margen de esa t&iacute;a que le he dicho, m&aacute;s de un t&iacute;o m&iacute;o contrajo la enfermedad. No pensaba en el c&aacute;ncer, que puede ser m&aacute;s letal. Pensaba en la tuberculosis. El miedo a contagiarme fue uno de esos terrores secretos que tuve.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Antes sali&oacute; el mar.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ya van dos [r&iacute;e]. El del mar era fuerte tambi&eacute;n. Igual de &iacute;ntimo, pero menos intenso. Mi abuela hablaba siempre de la tuberculosis. Era un tema recurrente. Y yo iba a escondidas con mi amiga. Por suerte no hab&iacute;a demasiado control. En una familia promedio de hoy, habr&iacute;a sido una pesadilla.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Hay m&aacute;s l&iacute;mites.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Por todos lados. Todos piensan en ti, todos se preocupan por ti [r&iacute;e, sard&oacute;nica]. La vida antes&hellip;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Ten&iacute;a m&aacute;s encanto?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Era m&aacute;s humana. Y no por ello, m&aacute;s peligrosa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Aunque su familia le dejaba libre, incurr&iacute;a en mentirijillas y omisiones.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - [r&iacute;e] Pero me portaba bien. Una vez a una t&iacute;a le dio por controlarme. Me sigui&oacute;. Cuando vio que iba a la biblioteca, no volvi&oacute; a seguirme. En casa estaba medio sola y aburrida: hab&iacute;a un t&iacute;o, mi abuela y una empleada. Nadie m&aacute;s. Pues sal&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los que no salen, en su &aacute;ngulo de visi&oacute;n, son los p&aacute;jaros. Y los echa en falta. Ve la Residencia igual que siempre... salvo en eso. Recuerda que una vez permaneci&oacute; tres meses seguidos aqu&iacute;. &ldquo;Es emocionante. Uno se va, pero las cosas siguen intactas a la espera de otros. Hay pocos p&aacute;jaros. Eso s&iacute; me extra&ntilde;a. Esto deber&iacute;a estar lleno [se&ntilde;ala un exterior ajardinado]. Nada les perturbar&iacute;a. &iquest;Ser&aacute; que en la ciudad hay pocos?&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Yo hab&iacute;a o&iacute;do que, al rev&eacute;s, vienen a comer, que los contenedores son un fest&iacute;n para ellos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ac&aacute; no se oye uno ni por chiripa. En Montevideo, s&iacute;. Gorriones, no se crea: ning&uacute;n p&aacute;jaro prestigioso.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De joven, coleccion&oacute; una revista &iacute;ntegramente dedicada a los p&aacute;jaros. Las revistas eran, entonces, un veh&iacute;culo cultural de primer orden. Afirma que hubo buenas publicaciones en el R&iacute;o de la Plata, sobre todo, argentinas, pero igualmente uruguayas. Tan presentes estaban que fund&oacute; una.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el liceo-preparatoria creamos una que se llamaba Clinamen. &iexcl;Qu&eacute; mal elegimos el nombre!</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tiene un poema as&iacute; titulado en <em>Procura de lo imposible</em>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Vaya memoria.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No se crea. Solamente es un t&iacute;tulo poco habitual.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Un poema se puede llamar as&iacute;, una revista, no. Pusimos muchas ganas en ella. Hab&iacute;a que hacer de todo, no s&oacute;lo escribir, hasta conseguir fondos para la impresi&oacute;n. &Iacute;bamos por la ciudad, en busca de dinero. No tengo ni un ejemplar. En alguna mudanza se perdieron los n&uacute;meros. Sacamos media docena, no m&aacute;s.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Habr&aacute; en bibliotecas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Deber&iacute;a. No me ha dado por mirar. Ser&iacute;a curioso. A ver si a la vuelta busco. Me interesa ver los errores que pude cometer en aquella &eacute;poca. Aprend&iacute; a ser piadosa reley&eacute;ndome. Publicar siempre es un problema. Me acuerdo de lo que sufr&iacute;a, pensando &lsquo;y qu&eacute; voy a hacer con todo esto&rsquo;. Siempre hay gente compasiva; profesores, por ejemplo, que apoyan. &iquest;Le suena Carlos Sabat Ercasty?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Nombre raro. Sabat hay pocos, Ercasty nadie. Ercasty suena como vasco. A m&iacute; me lo parece. Public&oacute; mucho. Sobre todo, poes&iacute;a. Se tir&oacute; d&eacute;cadas escribiendo. Era el padre de una compa&ntilde;era. Era muy conocido en los entornos de la escuela, me refiero a la que dirig&iacute;a mi t&iacute;a. Su titularidad era privada, pero el precio, bajo: cab&iacute;a mucha gente. A un lado estaba la secci&oacute;n femenina; al otro, la masculina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Siempre me he sublevado ante la idea de que el italiano sea una lengua de segunda&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Qu&eacute; importantes son los profesores.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - S&iacute;. Ahora se me viene a la cabeza una mujer mayor, tranquila, no precisamente simp&aacute;tica. Impart&iacute;a italiano. La quise mucho. Estuvo sola en el Uruguay mientras duraba la guerra en Europa. Me parec&iacute;a penoso que estuviera sola. Una profesora excelente. Recuerdo a otra, de sexto a&ntilde;o, joven, extranjera. Viv&iacute;a sola y le gustaba la historia natural. Hab&iacute;a buen ambiente. La gente mandaba a sus hijos al liceo franc&eacute;s para que salieran con el idioma aprendido; luego hab&iacute;a colegios ingleses y alemanes -cuando la guerra, Uruguay fue antialem&aacute;n-. El colegio italiano fue perdiendo peso. Todos mis t&iacute;os y mi padre acudieron a &eacute;l. Hoy no va nadie. Siempre me he sublevado ante la idea de que el italiano sea una lengua de segunda. Quiz&aacute; se ten&iacute;a esa visi&oacute;n porque hab&iacute;a mucho descendiente de italiano que hablaba mal espa&ntilde;ol. A m&iacute; me parece una lengua divina. La recib&iacute; un a&ntilde;o.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Lee en italiano?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - S&iacute;. Nunca lo he dejado. Ten&iacute;a m&aacute;s facilidad con el franc&eacute;s, impartido por otra buena profesora. Lo que nunca aprend&iacute; bien fue ingl&eacute;s. La profesora ceceaba&hellip;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - El centro de su t&iacute;a, &iquest;era moderno para la &eacute;poca?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Durante el siglo XIX s&oacute;lo ten&iacute;a secci&oacute;n de varones y fue importante. Mi t&iacute;a introdujo a las mujeres. &iquest;Moderna? S&iacute;. Hab&iacute;a dos tipos de educaci&oacute;n: <em>liceo normal</em>, para los que quer&iacute;an hacer carrera; y <em>liceo de la joven</em>, donde ense&ntilde;aban a tejer y ofrec&iacute;an algo as&iacute; como un barniz cultural. Era para las ni&ntilde;as casaderas [r&iacute;e]. Bordaban los ajuares. Nosotros, los que &iacute;bamos al normal, no ten&iacute;amos contacto con las que iban a bordar. Eran dos mundos separados. Pero, s&iacute;, fue un centro avanzado. Y tener buenos profesores, efectivamente, es muy importante. A nivel humano y acad&eacute;mico.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Sabiendo que su t&iacute;a era la directora, se portar&iacute;an bien con usted.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Me ten&iacute;an terror. Sab&iacute;an que, a trav&eacute;s de mis cuadernos, mi t&iacute;a las controlaba.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Al comienzo cit&oacute; Derecho.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Es que pretend&iacute; hacer Derecho. Hice unos cuantos ex&aacute;menes y plant&eacute; bandera. Me aburr&iacute;an las clases. No terminaba de entrar en la materia. Me recuerdo diciendo: &ldquo;Nos env&iacute;an aqu&iacute; para que aprendamos a estafar&rdquo; [r&iacute;e]. Un d&iacute;a, mi t&iacute;a me oy&oacute; y casi me mata [estalla en risa]. De primeras se call&oacute;. Muy astuta. Fue por la noche, despu&eacute;s de la cena, cuando me lo hizo saber: &ldquo;&iquest;Te puedo preguntar una cosa?&rdquo;. Jam&aacute;s usaba esa f&oacute;rmula. &ldquo;S&iacute;&rdquo;. &ldquo;En tu lenguaje, &iquest;qu&eacute; quiere decir estafar?&rdquo;. Yo no era consciente de que me hab&iacute;a o&iacute;do, no ten&iacute;a ni idea del por qu&eacute; me preguntaba. &ldquo;Pues qu&eacute; s&eacute; yo, cobrar m&aacute;s de lo que se debe a alguien, o usar un cuento para sacarle dinero a una persona&rdquo;. Se me qued&oacute; mirando: &ldquo;&iquest;Ese es el sentido que le das?&rdquo;. &ldquo;Supongo. Nunca la uso&rdquo;. &ldquo;&iquest;Est&aacute;s segura?&rdquo; [r&iacute;e] Mi t&iacute;a era de las que iba pasito a pasito. &iexcl;Qu&eacute; estupenda! Y luego estaba mi temor de que ella esperase que yo fuera, o quisiera ser, profesora. En la escuela, en el Uruguay, los que quieren ser maestros hacen pr&aacute;cticas mientras estudian. Y yo no daba el paso. Lleg&oacute; un d&iacute;a en el que no pude m&aacute;s y le coment&eacute; mis temores. Me contest&oacute;: &ldquo;Tranquila, ya s&eacute; que no est&aacute;s capacitada&rdquo;. Siempre iba un paso por delante.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo que le habr&iacute;a gustado estudiar es m&uacute;sica. No se vio dotada. &ldquo;Nunca supe escribirla ni tocar un instrumento. El que quer&iacute;a estudiar m&uacute;sica en Uruguay, pod&iacute;a&rdquo;. En casa no eran muy aficionados. S&iacute; lleg&oacute; a cantar en un coro. &ldquo;Luego, me plante&eacute; ir a clases de manera informal, pero lo fui retrasando -cualquier aprendizaje es absorbente- y al final, ya ve. Nada. No hay que posponer demasiado las cosas&rdquo; [r&iacute;e]. Le gusta la cl&aacute;sica. El tango, no; aunque lo considera <em>cercano</em>, &ldquo;una costumbre uruguaya&rdquo;. Prefiere Mahler, prefiere Bach. De alg&uacute;n modo, ella trata las s&iacute;labas en su verso como notas en un pentagrama. Dice que en Uruguay hay una radio oficial, Sodre, Servicio Oficial de Difusi&oacute;n Radioel&eacute;ctrica, con un buen repertorio, que escucha y que tiene una filial en la que se programa &ldquo;la m&uacute;sica de los pueblos&rdquo;. No desprecia las m&uacute;sicas populares italiana y espa&ntilde;ola: &ldquo;No est&aacute;n tan separadas de la m&uacute;sica culta, pero no me va nada lo que ahora suena como popular por la radio&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los veredictos de la siesta siguen sin hacer mella. Hay en su cabeza tanta sangre como luz. Pero, desoyendo la advertencia de San Juan -trabaja mientras a&uacute;n tengas luz-, Ida Vitale ha renunciado a escribir. Uno entiende su renuncia. Para qu&eacute; m&aacute;s. Para qu&eacute; m&aacute;s, tambi&eacute;n, en esta entrevista. Nos vamos a despedir y se interesa por la funda de mis libros. Su hija Amparo Rama, que nos ha dejado a solas todo el rato, acaba de llegar. Parece que no oye, pero oye. Atenta, me dice: &ldquo;Ni se te ocurra d&aacute;rsela. El otro d&iacute;a, una chica se acerc&oacute; a ella y mi madre le dijo: &lsquo;Qu&eacute; zapatos m&aacute;s bonitos&rsquo;. Cuando nos quisimos dar cuenta, se los hab&iacute;a dejado en una mesa y hab&iacute;a marchado descalza&rdquo;. Eso es campo magn&eacute;tico. Ella es Ida Vitale.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 06 Nov 2024 05:32:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fernando Savater: “No soy ni quiero ser nacionalista, ni de izquierdas ni de derechas”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/fernando-savater-no-soy-ni-quiero-ser-nacinalista-ni-de-izquierdas-ni-de-derechas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2024/sabater500.jpg" alt="" /></p>
<p>Con motivo de la publicaci&oacute;n de su &uacute;ltimo libro, <em>Carne gobernada</em>, tuve la oportunidad de conversar un rato a trav&eacute;s de Zoom con Fernando Savater, uno de los grandes referentes del ensayo, la filosof&iacute;a y la literatura de peri&oacute;dicos en Espa&ntilde;a desde hace m&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os. Yo desde Barcelona y &eacute;l desde su amada San Sebasti&aacute;n, pudimos charlar distendidamente sobre asuntos literarios, pol&iacute;ticos y filos&oacute;ficos. Recordar sus comienzos como escritor en los a&ntilde;os setenta, y la pol&eacute;mica que ha representado su expulsi&oacute;n de las p&aacute;ginas de <em>El Pa&iacute;s</em>, un rotativo del que hab&iacute;a sido parte fundamental desde el principio. Quiero agradecer a Fernando que tuviera la amabilidad de atenderme entre entrevista y entrevista y entre viaje y viaje. Tambi&eacute;n su paciencia con mi ineptitud t&eacute;cnica para las conversaciones v&iacute;a Internet.</p>
<p>- Si te parece empezamos hablando de tu &uacute;ltimo libro, <em>Carne gobernada</em>. Casi que el t&iacute;tulo parece una iron&iacute;a, &iquest;no? Porque, aunque dices que es un libro de vejez, las p&aacute;ginas rebosan del vitalismo que siempre te ha caracterizado, e incluso encontramos en &eacute;l una exaltaci&oacute;n del erotismo. &iquest;No ser&iacute;a mejor &ldquo;Carne ingobernable&rdquo;?</p>
<p>- Bueno, lo de &ldquo;Carne gobernada&rdquo;, aparte de que me gusta como suena el t&iacute;tulo, es un plato de la cocina asturiana que requiere de mucho tiempo para hacerse, que necesita de tiempo para adquirir su sabor. Me parec&iacute;a que por eso respond&iacute;a bien a lo que es el libro. Porque el libro es el precipitado de muchos a&ntilde;os. Es un libro que se ha ido cociendo a lo largo de mucho tiempo, por eso utilic&eacute; ese nombre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Ahora escribo sobre recuerdos, sobre esperanzas o sobre desesperanzas m&aacute;s bien&rdquo;</strong></p>
<p>- Literariamente es tambi&eacute;n un libro muy interesante. En el pr&oacute;logo hablas de &ldquo;estilo tard&iacute;o&rdquo; para describirlo. Y no me parece una mala definici&oacute;n, en referencia a la libertad que adquiere el autor cuando ha alcanzado la madurez. Aqu&iacute; mezclas ensayo con autobiograf&iacute;a, al tiempo que tratas de asuntos pol&iacute;ticos y filos&oacute;ficos. Incluso practicando a veces una escritura que se asemeja a la de un diario &iacute;ntimo.</p>
<p>- S&iacute;, eso del &ldquo;estilo tard&iacute;o&rdquo; o de vejez, se lo invent&oacute; un poco Edward G. Said. Yo siempre hab&iacute;a hecho los libros planeados (en los casos en que el libro no era una simple recopilaci&oacute;n de art&iacute;culos). Vamos que sab&iacute;a lo que iba a poner en el libro. En este no. Este lo empec&eacute; casi al azar. No sab&iacute;a lo que iba a hacer. Terminaba un cap&iacute;tulo y empezaba el siguiente sin saber lo que iba a decir. Y me pareci&oacute; que eso respond&iacute;a a una cierta despreocupaci&oacute;n por mi parte. Que se me hab&iacute;a pasado ya la man&iacute;a de pensar que yo iba a escribir &ldquo;el gran libro&rdquo;. Ahora yo ya escribo &ldquo;cosas&rdquo;. Escribo sobre recuerdos, escribo sobre esperanzas, o sobre desesperanzas m&aacute;s bien [risas]. En ese sentido s&iacute; es un libro distinto a mis otros libros. Es un libro menos encorsetado, tal vez m&aacute;s desenfadado, &iquest;no?</p>
<p>- En realidad, los tuyos siempre han sido un poco as&iacute;. Porque me acuerdo de haber le&iacute;do la rese&ntilde;a que te hizo Carmen Mart&iacute;n Gaite en su momento cuando t&uacute; sacaste <em>La infancia recuperada</em>. A ella le encant&oacute; el libro, porque estaba trabajando por aquella &eacute;poca en lo que ser&iacute;a <em>El cuento de nunca acabar</em>, y destacaba que el tuyo era un ensayo escrito &ldquo;a lo gitano&rdquo;. Hoy en d&iacute;a no se podr&iacute;a decir as&iacute;, porque ser&iacute;a pol&iacute;ticamente incorrecto, pero ella lo dec&iacute;a en el sentido de que era un ensayo muy libre, poco encorsetado y muy poco acad&eacute;mico.</p>
<p>- No recuerdo exactamente lo que ella dec&iacute;a en la rese&ntilde;a, pero s&iacute; recuerdo que le gust&oacute; mucho el libro, lo cual a m&iacute; me hizo una gran ilusi&oacute;n, como te imaginar&aacute;s, porque yo a ella la ten&iacute;a en gran consideraci&oacute;n. Ahora que lo mencionas, s&iacute; que me acuerdo de que ella dijo algo as&iacute;. Y que le gust&oacute; el libro por eso. A lo mejor en la juventud yo ya ten&iacute;a un estilo de vejez [risas].</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Siempre he sido una persona ingenuamente alegre&rdquo;</strong></p>
<p>- A lo mejor es que en la vejez sigues teniendo un estilo de juventud [risas]. Lo mismo que con la idea del vitalismo que te mencionaba antes. A pesar de la tragedia que has vivido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, con el fallecimiento de tu esposa.</p>
<p>- Bueno, el tema del libro es un poco decir que uno no muere de pena. La vitalidad no muere, pero uno se acostumbra a vivir en la tristeza. Yo siempre he sido una persona ingenuamente alegre. Me despertaba como un jilguerillo. Pero eso ya no lo tengo. Estoy acostumbrado a la tristeza. Estoy acostumbrado a que en alg&uacute;n momento del d&iacute;a se me salten las l&aacute;grimas cuando me acuerdo de mi mujer. Como yo era un ne&oacute;fito de la tristeza, pensaba que no iba a durar mucho, que no se pod&iacute;a vivir estando triste. Pero me he dado cuenta de que s&iacute; se puede vivir teniendo un trasfondo de tristeza. Se puede vivir, se puede recordar, e incluso se puede disfrutar de la vida en una serie de aspectos.</p>
<p>- Y tambi&eacute;n est&aacute; el humor.</p>
<p>- Eso yo no me lo puedo quitar. Supongo que cuando me muera y me manden al infierno, como es natural, tambi&eacute;n encontrar&eacute; motivos para hacer chistes [risas]. Eso es algo que siempre me ha salido naturalmente.</p>
<p>- Tambi&eacute;n pasaba en <em>La peor parte</em>, tu anterior libro, incluso hablando de episodios que eran muy dolorosos para ti.</p>
<p>-<strong> </strong>S&iacute;, eso ya me lo dec&iacute;a una asistenta navarra que ten&iacute;an mis padres: &ldquo;Eres un ganso, eres un ganso&rdquo;. Bueno, pues siempre he sido un ganso [risas].</p>
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<p><strong>&ldquo;El tiempo no pasa en vano, pero creo que en mi pensamiento hay un fondo bastante constante&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- Siguiendo con <em>Carne gobernada</em>, ya que hemos hablado un poco del enfoque literario del libro, podr&iacute;amos hablar ahora de tu tan pol&eacute;mico cambio de orientaci&oacute;n pol&iacute;tica. Yo soy de los que opina que en el fondo tu pensamiento no ha cambiado tanto.</p>
<p>- Yo tampoco creo haber cambiado tanto. Por ejemplo, en <em>El Pa&iacute;s </em>yo desde siempre mantuve pol&eacute;micas con los m&aacute;s izquierdistas, como Alfonso Sastre. Esas pol&eacute;micas yo las he tenido de toda la vida. Tambi&eacute;n en la facultad, en mi &eacute;poca de activista locoide, yo era anticomunista y antimarxista. &iquest;Tanto he cambiado? S&iacute;, claro que he cambiado. Por supuesto que he cambiado. No me averg&uuml;enzo de haber cambiado. Lo vergonzoso ser&iacute;a no haber cambiado nunca. Porque el tiempo no pasa en vano y no se puede pensar siempre lo mismo. Pero creo que en mi pensamiento hay un fondo bastante constante. Al menos yo creo que s&iacute;.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;En Espa&ntilde;a la adscripci&oacute;n pol&iacute;tica es siempre como un r&oacute;tulo&rdquo;</strong></p>
<p>- Eso pienso yo tambi&eacute;n. T&uacute; siempre has estado en contra de la sumisi&oacute;n del individuo a los dogmas pol&iacute;ticos, fueran de izquierdas o de derechas, as&iacute; como a los dogmas religiosos, o de cualquier otra &iacute;ndole.</p>
<p>- S&iacute;, lo que pasa es que en Espa&ntilde;a la adscripci&oacute;n pol&iacute;tica es siempre como un r&oacute;tulo. O sea, que si t&uacute; te quitas el r&oacute;tulo parece que hayas cambiado de ideas. Aunque esto no sea as&iacute;. Lo que sucede es que el r&oacute;tulo ya no responde a tus ideas.</p>
<p>- Relacionado con esto, en bastantes de tus art&iacute;culos de opini&oacute;n de los &uacute;ltimos a&ntilde;os has hablado de lo que parece ser una crisis de la raz&oacute;n ilustrada que estamos viviendo en esta &eacute;poca. La idea misma de Ilustraci&oacute;n parece estar en crisis.</p>
<p>- Pues s&iacute;. La gente parece preocuparse mucho de lo que he cambiado yo, pero no se preocupa de lo que ha cambiado el Partido Socialista, por ejemplo. O de c&oacute;mo ha cambiado la izquierda en este pa&iacute;s. Efectivamente, como t&uacute; bien dices, hoy hay un rechazo cada vez mayor de las ideas ilustradas, y una introducci&oacute;n de identitarismos que antes parec&iacute;an lo contrario del progresismo. La exaltaci&oacute;n de lo identitario por encima del universalismo y del cosmopolitismo siempre hab&iacute;a sido considerado lo m&aacute;s reaccionario que hab&iacute;a. Hoy es la izquierda la que insiste en lo identitario por encima de lo universal y lo cosmopolita. El universalismo y el cosmopolitismo parecen ser vistos como cosas negativas. Yo casi te dir&iacute;a, como dec&iacute;a Churchill, que he cambiado de partido para no tener que cambiar de ideas [risas]. Esto me parece que es un poco lo que me ha pasado.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Me indigna que se le d&eacute; la vuelta al sentido com&uacute;n para contentar a los que no lo tienen&rdquo;</strong></p>
<p>- Luego parece haber habido una mutaci&oacute;n de conceptos, en principio positivos, como &ldquo;progresismo&rdquo; o &ldquo;feminismo&rdquo;, que han devenido en lo contrario de lo que deber&iacute;an ser.</p>
<p>- Claro, el contenido ha cambiado. En eso, las feministas han sido las primeras en saltar indignadas. Ahora resulta que Lidia Falc&oacute;n no es feminista, y que un se&ntilde;or con barba se convierte en mujer porque le ha parecido bien. Vivimos situaciones risibles. Como ese equ&iacute;voco que tuvo lugar en un programa de televisi&oacute;n en Canarias: el periodista que conduc&iacute;a el programa esperaba ver a una mujer cuando le dijeron que conectaban con una tal Emma Colao, y al ver que sal&iacute;a en pantalla un t&iacute;o calvo, dio por hecho que se hab&iacute;an equivocado al establecer la conexi&oacute;n y que hab&iacute;an conectado con el se&ntilde;or que ten&iacute;a que intervenir despu&eacute;s [risas]. A m&iacute; eso me indign&oacute;: que se le d&eacute; la vuelta al sentido com&uacute;n para contentar a los que no lo tienen.</p>
<p>- Hace no tantos a&ntilde;os todos ten&iacute;amos claras estas cosas, pero ahora parece que no. Esto me hace pensar en una frase de <em>Carne gobernada</em> que me gust&oacute; mucho: &ldquo;a m&iacute; me han curado del izquierdismo a palos&rdquo;. &iquest;A qu&eacute; te refieres con eso?</p>
<p>- Hombre, uno siempre va con la ilusi&oacute;n de creer en la izquierda. Pero luego te pasa como con la religi&oacute;n, que en un momento dejas de creer. En que te das cuenta de que ya no crees. Antes pod&iacute;as ir a misa y comulgar, pero llega un momento en que dices: lo siento, pero yo ya no creo en esto. Hay un momento en que despiertas. Sobre todo, despu&eacute;s de vivir en el Pa&iacute;s Vasco y de ver a lo que se llama &ldquo;izquierda&rdquo; en el Pa&iacute;s Vasco. Ah&iacute; siempre ha sido as&iacute;. Si la izquierda es Otegi, pues yo no soy de izquierdas. Es dif&iacute;cil seguir siendo de izquierdas viendo a los representantes que la izquierda tiene a su alrededor. Viendo los muertos que est&aacute; dejando la izquierda, y viendo las barbaridades que est&aacute; sancionando la izquierda. Hay en un momento en que dices: bueno, pues yo me borro de esto.</p>
<p>- Es el retorno de lo identitario que ha bendecido la izquierda. Me recuerda a la expresi&oacute;n tuya que hizo fortuna del &ldquo;nacionalismo obligatorio&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;- S&iacute;, claro. Eso se me ocurri&oacute; para la &uacute;ltima manifestaci&oacute;n que hicimos con Basta Ya. Est&aacute;bamos buscando una f&oacute;rmula que no se hubiera utilizado antes y se me ocurri&oacute; lo del &ldquo;nacionalismo obligatorio&rdquo;. Porque eso es lo que hemos tenido siempre en el Pa&iacute;s Vasco. Podemos tener un nacionalismo moderado u otro m&aacute;s radical, unos m&aacute;s de derechas y otros m&aacute;s de izquierdas, pero todos obligatoriamente nacionalistas. Como en la Edad Media cuando todo el mundo era cristiano. Unos eran m&aacute;s radicales, y otros eran incluso herejes, pero todos eran cristianos. Ahora vivimos lo mismo: todo el mundo tiene que ser nacionalista. Cuando yo no soy ni quiero ser nacionalista, ni de izquierdas ni de derechas. Pero ese es el magma en el que vivimos en algunas regiones, como el Pa&iacute;s Vasco o Catalu&ntilde;a.</p>
<p>- S&iacute;, en Catalu&ntilde;a nos pasa lo mismo.</p>
<p>- Lo s&eacute;. Estoy enterado. Pero lo de Catalu&ntilde;a no lo he conocido personalmente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Para estar en contra de las dictaduras, lo mejor es no ser marxista&rdquo;&nbsp; </strong></p>
<p>- Volviendo al libro, ya que hac&iacute;as ese comentario respecto a la Edad Media. En <em>Carne gobernada</em> dec&iacute;as que tu juventud estuvo permeada de marxismo, como la Edad Media lo estuvo de cristianismo.</p>
<p>- Bueno, en aquella &eacute;poca el marxismo era un poco lo que hab&iacute;a que aprender para ir contra Franco. Si t&uacute; no quer&iacute;as ser franquista, lo &uacute;nico que hab&iacute;a ideol&oacute;gicamente era el marxismo. Un marxismo de aquella manera, porque, como te puedes imaginar, nadie se le&iacute;a <em>El Capital</em>. Es un libro muy largo [risas]. Lo que le&iacute;amos eran res&uacute;menes de Marx. O hab&iacute;a quien se hac&iacute;a marxista existencialista, a lo Sartre. Ese era el marxismo que muchos, m&aacute;s o menos, ten&iacute;amos. Otros se hac&iacute;an marxistas m&aacute;s, digamos, rotundos. Pero, en fin, era lo que hab&iacute;a. Est&aacute;bamos todos, m&aacute;s o menos, dentro del marxismo. Un marxismo m&aacute;s o menos dogm&aacute;tico, o un marxismo m&aacute;s o menos &ldquo;liberal&rdquo;, por decirlo as&iacute;. Pero, repito, era lo que hab&iacute;a en aquel tiempo. Luego, claro, fuimos saliendo de &eacute;l, poco a poco, cuando supimos que uno pod&iacute;a respirar libremente fuera del marxismo. Pero vamos, en aquella &eacute;poca, hab&iacute;a la idea de que, para enfrentarse a Franco, para enfrentarse a las dictaduras, hab&iacute;a que ser marxista. Cuando m&aacute;s bien, para estar en contra de las dictaduras, lo mejor es no ser marxista.&nbsp;</p>
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<p><strong>&ldquo;Lo que hay ahora en Espa&ntilde;a es un <em>izquierdismo obligatorio</em>&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;No crees que despu&eacute;s del 15-M y de Podemos eso ha vuelto? En <em>Carne gobernada</em> cuentas la an&eacute;cdota de un joven escritor que afirma no haber escrito en su vida una sola l&iacute;nea que no fuera pol&iacute;tica. Eso me lo he encontrado a menudo hablando con escritores j&oacute;venes, que sostienen que todo es pol&iacute;tica, que todo es ideolog&iacute;a. Una noci&oacute;n t&iacute;pica del marxismo.</p>
<p>- S&iacute;, claro. Lo que hay ahora en Espa&ntilde;a es un &ldquo;izquierdismo obligatorio&rdquo;. O sea, la extrema derecha parece que es un peligro, pero la extrema izquierda parece que no lo es. En fin, yo comprendo que a mucha gente no le guste la extrema derecha, y a m&iacute; tampoco me gusta. Pero tampoco nos ha impuesto ninguna dictadura de momento. Y sin embargo la extrema izquierda est&aacute; ah&iacute; promulgando leyes, y tenemos que aguantarlos d&iacute;a y noche. Y a ver qui&eacute;n le lleva la contraria a la extrema izquierda.</p>
<p>- A m&iacute; me parece estar viviendo cosas que ya estaban superadas, y que pertenec&iacute;an al pasado. De estar viviendo cosas que he le&iacute;do en los libros de historia, o en los primeros libros tuyos, y de otros escritores de tu generaci&oacute;n.</p>
<p>- Vuelve un tel&oacute;n que se parece bastante al cierre de horizontes que hubo en una &eacute;poca. Pero piensa que en aquel momento el marxismo estaba enfrentado a una realidad que era el franquismo. Con esto quiero decir que ser de izquierdas en la &eacute;poca de Franco ten&iacute;a una justificaci&oacute;n que era estar en contra de la dictadura. En aquel momento cualquier cosa que estuviera enfrentada al franquismo nos parec&iacute;a bien. Hoy lo que sucede es m&aacute;s bien lo contrario: utilizar la izquierda contra la democracia. Utilizar la izquierda contra las instituciones liberales de la democracia. Lo cual es bastante diferente.</p>
<p>- Me refer&iacute;a al momento, por ejemplo, en que, junto a otros compa&ntilde;eros de generaci&oacute;n, publicabas <em>En favor de Nietzsche</em>. Rechazabas tanto la filosof&iacute;a escol&aacute;stica de la universidad del r&eacute;gimen, como la ortodoxia del marxismo, que era tambi&eacute;n dogm&aacute;tico y antidemocr&aacute;tico. Y buscar, al contrario, lo que ser&iacute;a una cultura democr&aacute;tica, digamos, normal. Que Espa&ntilde;a fuese, por fin, un pa&iacute;s normal, tambi&eacute;n culturalmente. Donde, por ejemplo, en el &aacute;mbito literario, un escritor pudiera escribir literatura fant&aacute;stica si le daba la gana.</p>
<p>- Hombre, los que, por cultura, y por haber viajado un poco, conoc&iacute;amos lo que hab&iacute;a en otros pa&iacute;ses, dec&iacute;amos: yo no quiero ser marxista, yo quiero ser franc&eacute;s [risas]. Ser franc&eacute;s nos parec&iacute;a mejor [risas].</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;A m&iacute; los libros que me han salido bien, que tampoco son tantos, me han salido bien por casualidad&rdquo;</strong></p>
<p>- Siguiendo con lo literario, me gustar&iacute;a preguntarte ahora por <em>La infancia recuperada</em>. Cuando escribiste ese libro, &iquest;eras consciente de estar escribiendo un libro que acabar&iacute;a siendo tan importante como fue para el decurso posterior de la literatura espa&ntilde;ola?</p>
<p>- A m&iacute; los libros que me han salido bien, que tampoco son tantos, me han salido bien por casualidad [risas]. <em>&Eacute;tica para Amador </em>fue una cosa que me pidi&oacute; una amiga que daba clase en Barcelona. Y lo hice para darle gusto a ella, y luego result&oacute; que el libro tuvo un &eacute;xito enorme. <em>La infancia recuperada</em> fue un libro que respond&iacute;a a un gusto m&iacute;o por la literatura popular y para adolescentes. Hablando con Jes&uacute;s Aguirre, que era entonces el director de la editorial Taurus, &eacute;l quer&iacute;a que yo escribiera sobre Walter Benjamin, sobre Nietzsche, y sobre otros autores as&iacute;. Pero yo le dije: lo que a m&iacute; me gusta leer es Salgari [risas]. Yo creo que &eacute;l al principio estaba un poco escandalizado. Porque pasamos de estar hablando de Nietzsche, y de autores serios y de peso, a ponernos a hablar de Julio Verne. &Eacute;l me dijo: bueno, esto est&aacute; bien, pero es un desahogo que has tenido. Creo que me lo permiti&oacute; por amistad. Pero como dici&eacute;ndome: con este libro es suficiente, no volvamos m&aacute;s a esto [risas].</p>
<p>- A lo mejor acertaste de manera inconsciente. Un poco al estilo del mito rom&aacute;ntico del <em>Zeitgeist</em>, seg&uacute;n el cual los artistas captan mejor que nadie el esp&iacute;ritu de los tiempos. En cualquier caso, parece que a casi todos los escritores les encant&oacute; ese libro. Te hablaba antes del caso de Mart&iacute;n Gaite, pero tambi&eacute;n se entusiasmaron autores como Javier Mar&iacute;as, Pere Gimferrer, Eduardo Mendoza, etc. Muchos escritores se vieron legitimados para hacer una literatura m&aacute;s narrativa a partir de <em>La infancia recuperada</em>. No se avergonzaban por contar historias de polic&iacute;as o de aventuras.</p>
<p>- Bueno, s&iacute;, fue un libro que tuvo visi&oacute;n de futuro, digamos. Por ejemplo, fue el primer libro en Espa&ntilde;a en el que se hablaba de <em>El se&ntilde;or de los anillos</em>. De hecho, creo que ni siquiera se hab&iacute;a traducido por entonces, y faltaban siglos para que se hicieran las pel&iacute;culas. Pero cuando yo lo le&iacute; me pareci&oacute; que era un libro importante, y por eso quise hablar de &eacute;l. En este sentido, s&iacute; es cierto que mi libro tuvo aspectos modestamente prof&eacute;ticos [risas].</p>
<p>- La verdad es que s&iacute;. Marc&oacute; mucha tendencia. &iquest;T&uacute; segu&iacute;as en aquel tiempo las pol&eacute;micas que hab&iacute;a entre los escritores espa&ntilde;oles a prop&oacute;sito del enfrentamiento entre el realismo social y el experimentalismo?</p>
<p>- Hombre, s&iacute;, porque yo era amigo de Javier Mar&iacute;as y de F&eacute;lix de Az&uacute;a. A trav&eacute;s de ellos conoc&iacute;a a Juan Benet, y lo trataba mucho. Y del otro lado, tambi&eacute;n era amigo de Isaac Montero, y de otros autores que representaban la tendencia m&aacute;s realista. Y la pol&eacute;mica m&aacute;s famosa que hubo en aquella &eacute;poca fue la que tuvieron Juan Benet e Isaac Montero. Y yo era amigo de los dos. Me ve&iacute;a frecuentemente con ellos, as&iacute; que estaba un poco en medio del asunto.</p>
<p>- A prop&oacute;sito de Benet, ya en los ochenta t&uacute; tuviste una pol&eacute;mica famosa con &eacute;l, que dio como resultado un m&iacute;tico art&iacute;culo tuyo: &ldquo;El lector omn&iacute;voro&rdquo;. Donde argumentabas que el buen lector es el que se alimenta de todo tipo de literatura: de la alta literatura, pero tambi&eacute;n de la, digamos, baja.</p>
<p>- Juan hab&iacute;a sacado un art&iacute;culo un tanto malicioso, como era costumbre en los suyos, que se llamaba &ldquo;Pan y chocolate&rdquo;. Diciendo que lo que yo estaba pidiendo era el retorno a las meriendas de pan y chocolate, como cuando &eacute;ramos ni&ntilde;os [risas]. Y yo le contest&eacute; con ese art&iacute;culo, &ldquo;El lector omn&iacute;voro&rdquo;.</p>
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<p><strong>&ldquo;La literatura es un lujo, pero es un lujo del que vivimos y que nos est&aacute; alimentando constantemente&rdquo;</strong></p>
<p>- Yo tambi&eacute;n pienso que necesitamos un poco de las dos cosas. Ya que estamos hablando de esto, me gustar&iacute;a preguntarte por aquella frase de Chesterton que tanto te gusta citar: &ldquo;La literatura es un lujo, pero la ficci&oacute;n es una necesidad&rdquo;. &iquest;Est&aacute;s de acuerdo con esta frase al 100%? &iquest;No piensas que a veces la literatura puede ser tan necesaria como la pura ficci&oacute;n?</p>
<p>- Creo que lo que quer&iacute;a decir Chesterton es que, para algunos de nosotros, la literatura es imprescindible. La literatura es un lujo, pero es un lujo del que vivimos y que nos est&aacute; alimentando constantemente. Pero, para la mayor parte de la poblaci&oacute;n, la literatura s&iacute; es un lujo en el sentido de que no lee libros literarios, sino que la clase de libros que busca son cosas pragm&aacute;ticas, como manuales, que tengan una utilidad. Pero la ficci&oacute;n como tal, aunque sea oral, es imprescindible para cualquiera. Sea cual sea su nivel cultural. Hoy, por ejemplo, vemos que los chicos siguen con las ficciones en sus juegos de ordenador. Un juego de ordenador dif&iacute;cilmente lo vas a poder considerar literatura, aunque en algunos casos est&eacute;n inspirados en obras literarias, como puedan ser las de Lovecraft o Tolkien. Pero, dejando aparte la literatura, lo que queda es la ficci&oacute;n. Crearte t&uacute; tus propias ficciones con los juegos. Eso es una prueba de que la frase de Chesterton sigue teniendo sentido.</p>
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<p><strong>&ldquo;He sido lector de Javier Mar&iacute;as toda la vida. Me encantaban sus libros y me parec&iacute;a un escritor extraordinario&rdquo;</strong></p>
<p>- Por terminar con lo literario, ya que hemos mencionado antes a Javier Mar&iacute;as, me gustar&iacute;a que me hablaras un poco de &eacute;l. Yo lo trat&eacute; bastante, porque escrib&iacute; mi tesis doctoral sobre su obra, y s&eacute; que vosotros dos fuisteis muy amigos durante d&eacute;cadas.</p>
<p>- Javier y yo crecimos juntos. En el grupo de amigos era el m&aacute;s joven. Yo entonces ten&iacute;a un c&iacute;rculo de amigos en Madrid y otro en Barcelona. Los m&aacute;s cercanos eran Eugenio Tr&iacute;as, F&eacute;lix de Az&uacute;a, Ferr&aacute;n Lobo, y Javier, que era el m&aacute;s jovencito, y que tambi&eacute;n ten&iacute;a mucha relaci&oacute;n con la gente del grupo de Catalu&ntilde;a. &Eacute;l era el ni&ntilde;o del grupo. Yo tendr&iacute;a unos 24 a&ntilde;os y &eacute;l tendr&iacute;a 18 o as&iacute;. Todos lo ve&iacute;amos como un ni&ntilde;o, porque &eacute;l adem&aacute;s era muy juguet&oacute;n y se pon&iacute;a a andar con las manos y a hacer piruetas, y nos dejaba a todos sorprendidos [risas]. Los dos ten&iacute;amos en com&uacute;n que nos gustaban mucho las novelas de aventuras y las historias de fantasmas. Una de sus primeras novelas fue <em>Traves&iacute;a del horizonte</em>, que es una novela de aventuras marineras, y tambi&eacute;n algunos de sus primeros relatos tienen un gusto a lo Stevenson. &Eacute;l estaba suscrito a revistas y fanzines ingleses que trataban de historias de fantasmas, porque le gustaban mucho, y me los pasaba. Tambi&eacute;n nos intercambi&aacute;bamos novelas y cuentos de fantasmas que no eran f&aacute;ciles de encontrar en las librer&iacute;as. A&ntilde;os despu&eacute;s, hizo una antolog&iacute;a de algunos de sus cuentos de fantasmas preferidos, <em>Cuentos &uacute;nicos</em>, y me lo dedic&oacute; a m&iacute;, porque hab&iacute;amos hablado mucho de estos temas. A m&iacute; lo que m&aacute;s me enorgullece es que en la revista <em>Claves de raz&oacute;n pr&aacute;ctica</em> &eacute;l public&oacute; lo que yo creo que son sus mejores textos ensay&iacute;sticos y que luego reuni&oacute; en <em>Vidas escritas</em>. Donde contaba vidas de escritores, y eran todos textos estupendos. Esos textos los public&oacute; todos originalmente en <em>Claves</em>. Por eso me alegro mucho de que Javier Pradera y yo pudi&eacute;ramos convencerlo para que las escribiera ah&iacute;. Creo que conseguimos sacarle una cosa muy buena, porque le salieron textos muy interesantes. Ya lo cuento en el pr&oacute;logo a <em>Carne gobernada</em>, que a m&iacute; no me sal&iacute;a decirle: Javier, qu&eacute; buen escritor eres, &iexcl;cu&aacute;nto te admiro! Me sonaba raro dec&iacute;rselo, porque era como de la familia [risas]. Lo que hac&iacute;amos m&aacute;s bien era hacernos bromas el uno con el otro. &Eacute;l me sacaba a veces en sus novelas o cuentos, y me tomaba as&iacute; el pelo. Vamos, lo normal entre amigos [risas]. Pero yo ten&iacute;a una admiraci&oacute;n muy sincera por &eacute;l. De hecho, en cuanto aparec&iacute;a uno de sus libros, yo dejaba todo lo que estuviera haciendo para ponerme a leerlo. Cuando me enter&eacute; de que se muri&oacute;, me qued&eacute; asombrado, porque pens&eacute;: &iexcl;pero si me tocaba antes a m&iacute;! [risas]. Yo nunca pens&eacute; que &eacute;l fuera a morirse antes que yo. Y luego pens&eacute;: pero si he sido lector suyo toda la vida, y me encantaban sus libros, y me parec&iacute;a un escritor extraordinario, y nunca le he dicho lo mucho que yo lo admiraba. Y me ha quedado eso de no hab&eacute;rselo dicho nunca de verdad, porque &eacute;ramos demasiado amigos. Por escrito s&iacute; lo hab&iacute;a elogiado alguna vez, sobre todo frente a otros, porque hubo una &eacute;poca en que hab&iacute;a una revistucha de psic&oacute;patas llamada <em>La fiera literaria</em> que estaba dedicada al 90%&nbsp; meterse con Javier. Entonces s&iacute; que sal&iacute; a defenderlo de estos tipejos. Aunque no hac&iacute;a falta [risas].</p>
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<p><strong>&ldquo;<em>El Pa&iacute;s</em> se ha ido convirtiendo en un &oacute;rgano gubernamental, y hoy ya lo es por completo&rdquo;</strong></p>
<p>- Antes de dar por concluida la conversaci&oacute;n, tendr&iacute;a que preguntarte por tu despido de <em>El Pa&iacute;s</em>. Porque es una cuesti&oacute;n que ha salido en todas las entrevistas que has dado en el &uacute;ltimo a&ntilde;o. As&iacute; que tambi&eacute;n tengo que preguntarte yo por ello.</p>
<p>- Bueno, tampoco creas que hay mucho que decir [risas]. Yo me he sentido defensor de los lectores de <em>El Pa&iacute;s</em>, porque es un peri&oacute;dico en el que estuve escribiendo m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os. Volviendo a lo que hemos estado hablando hace un rato, yo era consciente, en los inicios, de que el lector de <em>El Pa&iacute;s</em> no era un p&uacute;blico franquista, pero que tampoco eran marxistas o comunistas rabiosos, ni mucho menos. Yo siempre me dirig&iacute; a ese p&uacute;blico, pero, poco a poco, me parece que ese p&uacute;blico ha ido desapareciendo. O sea, que <em>El Pa&iacute;s</em> se ha ido convirtiendo en un &oacute;rgano gubernamental, y hoy ya lo es por completo. Ya no es un peri&oacute;dico cr&iacute;tico que te d&eacute; una visi&oacute;n plural sobre las cosas, sino que lo lees para enterarte de lo que piensa el gobierno. Sin m&aacute;s ni m&aacute;s. Yo no descarto que un medio de comunicaci&oacute;n pueda ponerse de parte del gobierno, si el gobierno fuera un gobierno extraordinario y benefactor. Eso podr&iacute;a tener una explicaci&oacute;n. Ahora bien, cuando el gobierno es, en mi opini&oacute;n, lo peor que ha habido en la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola desde la Transici&oacute;n, convertirse en un sicario de este gobierno, la verdad es que eso no tiene ning&uacute;n pase. Entonces, yo empec&eacute; a escribir contra la l&iacute;nea del peri&oacute;dico, completamente a sabiendas. Vamos, tampoco voy a fingir ignorancia. Yo escrib&iacute;a a sabiendas y a la contra de algo que, por ejemplo, se dec&iacute;a tres p&aacute;ginas m&aacute;s all&aacute;. Al principio eso lo aceptaron, en parte porque yo llevaba much&iacute;simo tiempo en el peri&oacute;dico, en parte tambi&eacute;n porque yo como electr&oacute;n libre les daba un poco de miedo [risas]. Pensaron que era mejor tenerme dentro. Un poco como dec&iacute;a Lyndon Johnson de J. Edgar Hoover: es mejor tener a ese individuo dentro de mi tienda meando hacia afuera, que fuera de mi tienda meando hacia dentro. Creo que ellos tambi&eacute;n pensaron que yo estaba mejor dentro de la tienda meando hacia afuera [risas]. Pero luego ya al final, sobre todo a ra&iacute;z de una reproducci&oacute;n de un pasaje de mi libro en que hablo de <em>El Pa&iacute;s</em> y que sali&oacute; en <em>El </em></p>
<p><em>Confidencial</em> (sin yo saberlo, por cierto, son estas cosas que hacen las editoriales, que de pronto te meten en un l&iacute;o sin preguntarte), eso ya les pareci&oacute; que era demasiado, porque empez&oacute; a difundirse por Internet, y pas&oacute; lo que pas&oacute;. Pero, bueno, yo ya me esperaba que antes o despu&eacute;s tendr&iacute;a que ocurrir. Despu&eacute;s la cosa sigui&oacute; y se confirm&oacute; con el trato que le dieron a Juan Luis Cebri&aacute;n. Yo soy caza menor, pero Juan Luis es caza mayor [risas]. De hecho, lo han tratado mucho peor que a m&iacute;. Porque yo ya hab&iacute;a empezado a escribir en <em>The Objective</em> antes de todo el jaleo. Nos hab&iacute;an rebajado varias veces el sueldo a los colaboradores de <em>El Pa&iacute;s</em>, seg&uacute;n dec&iacute;an porque el peri&oacute;dico estaba muy mal econ&oacute;micamente. Eso no lo han dicho p&uacute;blicamente, pero a nosotros s&iacute; nos lo dec&iacute;an como pretexto para bajarnos el sueldo. Entonces, la &uacute;ltima vez que me lo bajaron, les dije que con esa rebaja de sueldo yo me sent&iacute;a autorizado a escribir en otro sitio, para tratar de compensar un poco la p&eacute;rdida econ&oacute;mica, y por eso me puse a escribir en <em>The Objective</em>. En ese momento, protestaban contra m&iacute; por lo que dec&iacute;a, pero no porque me hubiera puesto a escribir en <em>The Objective</em>. En cambio, en el caso de Juan Luis, en cuanto se puso a escribir en el otro lado, se le vino el mundo encima.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 06 Nov 2024 05:23:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Reivindicación del mito]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/reivindicacion-del-mito/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas24/JACOBO_SIRUELA_5_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Evocar la figura del escritor y editor Jacobo Siruela al calor de un nuevo libro resulta siempre una idea atractiva. Al ponerse a ello, uno recuerda de inmediato unas palabras suyas en torno al principal de sus quehaceres, la edici&oacute;n, en las que se defin&iacute;a a s&iacute; mismo como un artesano. De repente nos vienen a la cabeza libros como el op&uacute;sculo de Beatrice Warde (<em>La copa de cristal. La tipograf&iacute;a deber&iacute;a ser invisible</em>) o los que dio a la imprenta el malogrado Josep Maria Pujol. De igual modo su labor en la editorial Siruela, en la que public&oacute; a cl&aacute;sicos modernos como Italo Calvino y Robert Walser &ndash;ah&iacute; es nada&ndash; o recuper&oacute; t&iacute;tulos de una inextinguible Edad Media.&nbsp;</p>
<p>Jacobo Siruela se caracteriza, pues, por confeccionar buenos libros (la referencia a Warde y Pujol no era gratuita, aunque tambi&eacute;n es cierto que podr&iacute;amos haber mencionado otros nombres del oficio tipogr&aacute;fico o simplemente libresco), tanto en el fondo como en la forma, se entiende. Libros, a&ntilde;adimos, que en su mayor&iacute;a llegan avalados por &eacute;l mismo. Libros, en fin, que definen un vasto grupo de intereses, de entre los que podr&iacute;amos destacar los que conformar&iacute;an &ndash;en una imprecisa definici&oacute;n&ndash; el subgrupo dedicado al &ldquo;pensamiento m&aacute;gico&rdquo;. Valga como ejemplo la recuperaci&oacute;n de la obra ensay&iacute;stica y po&eacute;tica de Juan Eduardo Cirlot o la de su hija, Victoria Cirlot, en torno a dos cuestiones que le son queridas a nuestro escritor y editor: la Edad Media y el misticismo. O, m&aacute;s recientemente, ya en su nueva casa editora, los rescates de estudiosos del mito como Karl Kerenyi o Joseph Campbell.&nbsp;</p>
<p>Tras esta breve evocaci&oacute;n del personaje, el lector que se adentra en las p&aacute;ginas de este nuevo libro siente de inmediato la familiaridad de los temas tratados. Nos hallamos, cabe tenerse muy en cuenta tambi&eacute;n, ante un volumen miscel&aacute;neo en el que se recogen diversos textos, escritos durante &eacute;pocas diferentes y a menudo por encargo, del conde de Siruela.&nbsp;</p>
<p>El primero de ellos, como explica nuestro autor, le fue encomendado por Sergio Vila-Sanju&aacute;n, director del suplemento de cultura del diario <em>La Vanguardia</em>. En esta ocasi&oacute;n el tambi&eacute;n escritor barcelon&eacute;s ejerc&iacute;a como responsable del ciclo de conferencias titulado <em>El libro como universo</em>, celebrado en la Biblioteca Nacional en 2012. As&iacute; pues, <em>Libros secretos</em> supuso la contribuci&oacute;n de Jacobo Siruela a dicho acontecimiento.&nbsp;</p>
<p>En &eacute;ste, como en otros textos que conforman este libro, aparece una de las tesis defendidas por el autor: la necesidad del mito como creador de sentido. Una idea que conecta con la concepci&oacute;n tradicional de la obra de arte como &ldquo;portadores de significado&rdquo; (seg&uacute;n la definici&oacute;n de &ldquo;s&eacute;miophores&rdquo; de K. Pomian), a menudo recept&aacute;culo del propio mito como puede comprobarse &ndash;para remontarnos a la Antig&uuml;edad&ndash; en las cer&aacute;micas &aacute;ticas de un maestro como Exequias.&nbsp;</p>
<p>Para desarrollarla, Siruela pone en juego una serie de libros que tienen &ldquo;cierto grado de complejidad&rdquo;. El m&aacute;s significativo de todos ellos es el titulado <em>Though Forms</em>, obra de Annie Besant y Charles Webster Leadbeater. Ambos se integraron en la Sociedad Teos&oacute;fica Inglesa, convirti&eacute;ndose de este modo en disc&iacute;pulos de Madame Blavatsky. Como tales, pusieron en marcha estudios de hondo calado como el origen del universo. La importancia que les otorga Jacobo Siruela tiene que ver con la influencia que algunos de los artistas de las vanguardias hist&oacute;ricas (fundamentalmente Kandinsky) reciben de ellas. En su b&uacute;squeda de lo real, afirma siguiendo a Plat&oacute;n, &ldquo;la mera imitaci&oacute;n de la apariencia exterior no bastaba&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Siruela insiste &ndash;y &eacute;ste es uno de los puntos m&aacute;s interesantes del libro y de este primer texto&ndash; en la importancia de la espiritualidad, negada por el &ldquo;materialismo cient&iacute;fico moderno&rdquo;, en la aparentemente impermeable obra de artistas de la modernidad como Piet Mondrian o el ya citado Vasily Kandinsky. Se hace necesaria, pues, la &ldquo;tensi&oacute;n entre opuestos&rdquo;: raz&oacute;n y magia se dan la mano para dar de s&iacute; el conocimiento completo. Este punto conecta con otros textos del libro, como el que le dedica a Valentine Penrose, poeta surrealista y esposa durante unos a&ntilde;os de Roland Penrose, pero tambi&eacute;n con su disertaci&oacute;n en torno a uno de los primeros mitos de la civilizaci&oacute;n como <em>Gilgamesh</em>.&nbsp;</p>
<p>Otro de los atractivos de este libro son las fuentes que maneja su autor. De vuelta a Libros secretos, en &eacute;l nos damos de bruces con el relato de una serie de t&iacute;tulos enigm&aacute;ticos, lo que nos lleva a sentirnos inmersos en una suerte de <em>W&uuml;nderkammern</em> o c&aacute;mara de maravillas. El primero de ellos es el conocido como <em>Manuscrito Voynich</em>. De origen medieval, llega a las manos de un exrevolucionario metido a librero llamado Wilfrid Michal Habdank-Wojnicz procedente de un lote adquirido a los jesuitas. Descubre que nadie ha podido descifrarlo.&nbsp; El segundo de ellos, <em>el Mutus liber</em> (o <em>Libro mudo</em>), es un libro sin texto escrito pero con significado que arrastra la influencia de la escritura jerogl&iacute;fica del Egipto antiguo. Por &uacute;ltimo, <em>La arquitectura natural</em> (Vega, 1949) hace lo propio en referencia a las proporciones &aacute;ureas tan comunes en la Antig&uuml;edad (volvemos a la Grecia antigua, donde el mito convive con la ciencia de arquitectos como Ictino, proyectista del Parten&oacute;n).&nbsp;</p>
<p>Los textos que completan el libro, y que en cierto modo confirman la gran tesis del autor en torno a la necesaria convivencia de raz&oacute;n y pensamiento m&aacute;gico en aras a un conocimiento completo, son los que Siruela escribe para su recopilaci&oacute;n de cuentos en torno a la figura del vampiro y el que dedica al fot&oacute;grafo japon&eacute;s Masao Yamamoto.&nbsp;</p>
<p>Acabemos como empezamos: volviendo a la figura del editor para insistir una vez m&aacute;s en el buen dise&ntilde;o y la legibilidad de lo publicado. No es habitual destacar aspectos de la manufactura del libro en cuesti&oacute;n en una rese&ntilde;a, pero debiera serlo. Los libros se leen de un modo u otro seg&uacute;n c&oacute;mo est&eacute;n editados. Lo dec&iacute;a el poeta de Moguer, y nosotros lo tenemos muy en cuenta. Por eso tampoco nos olvidamos de la fotograf&iacute;a del autor hecha por Inka Mart&iacute; que aparece en la contraportada: otra maravilla.- RAFA MART&Iacute;NEZ.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jacobo Siruela, <em>Libros, secretos</em>, Atalanta, Vila&uuml;r, 2015</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 31 Oct 2024 11:02:18 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La muerte secreta de las plantas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-muerte-secreta-de-las-plantas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/JUANMA_GARC_A_ESTEBAN_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Atardece, y por la calle principal resuenan unos golpes secos, acompasados, recuerdan el repiqueteo indolente de los obreros despu&eacute;s de una jornada de trabajo que se alarga sin objetivo; recuerdan cuando se constru&iacute;a el pueblo dentro del pueblo, como si a todos les hiciera ilusi&oacute;n ser la nueva ciudad dormitorio de la capital, aunque fuera capital de provincia. Y de repente el par&oacute;n. Parece que nadie lo vio venir desde su rinconcito de prosperidad; pero se acabaron las obras, no hay futuro, y Do&ntilde;a Elvira es la &uacute;nica novedad que ha llegado al pueblo.</p>
<p>El eco de los golpes, igual que las sombras en el suelo, se hace cada vez m&aacute;s n&iacute;tido, m&aacute;s contundente. Las vecinas le abren paso con discreci&oacute;n, y luego se arremolinan, muy juntas, y chismorrean: &laquo;Ya est&aacute; aqu&iacute; Do&ntilde;a Erguida.&raquo; Camina trabajosamente pero muy digna en sus tacones negros, ya gastados, cada vez m&aacute;s llenos por la carne que se le agolpa en las pantorrillas. Ella sabe que la miran de reojo y las vecinas se preguntan por qu&eacute; elegir&iacute;a precisamente su pueblo para apartarse de las c&aacute;maras &mdash;de las miradas no, de eso, nunca&mdash;, y c&oacute;mo consigue mantener ese porte rotundo, ese recogido tan blanco como tieso. Pero al cruzar por la farmacia, le parece ver c&oacute;mo alguien tuerce una sonrisa cuando la ven pasar de impecable blanco y negro: &laquo;Pues yo, ya no la veo tan erguida&raquo;.</p>
<p>Do&ntilde;a Elvira ya ha absorbido suficiente luz del sol; siente que ha terminado su fotos&iacute;ntesis, que es hora de volver. Y camina hacia casa con m&aacute;s ganas que otros d&iacute;as, aunque m&aacute;s despacio, porque hoy se encuentra cansada, inc&oacute;moda en esos zapatos tan altos. As&iacute; que, sin dar un taconazo fuera del barrio caro, y antes de que la noche se cierre del todo, llega a su vivienda unifamiliar, unipersonal, encajonada como una cu&ntilde;a entre los pisos nuevos. La casa de piedra parece un error de c&aacute;lculo al que pusieron el tejado demasiado pronto, con las dos ventanas enrejadas siempre a cal y canto, dos ojos que no quieren mirar hacia afuera.</p>
<p>Igual que ayer, igual que el d&iacute;a anterior, nada m&aacute;s abrir la puerta la reciben los cactus y las rosas de invierno; la ven abrir el buz&oacute;n y pasar las hojas de publicidad una a una, hasta que vuelve a la primera. Con la propaganda en la mano, se queda apoyada en la barandilla de forja al pie de las escaleras y, unos segundos despu&eacute;s, empieza a subir pesadamente. A lo largo de la pared, van escalando las cintas, y sus hojas, alargadas como lanzas, la envuelven con un apego selv&aacute;tico, tan irreal como su &ldquo;casa para uno&rdquo; entre los bloques de pisos.</p>
<p>Dentro de su escondite, ficus, alocasias, filodendros, trepan unos sobre otros, se empe&ntilde;an en crecer sin miramientos, sin respeto por el tiempo muerto que los rodea. Despu&eacute;s de casi un a&ntilde;o de refugio, Do&ntilde;a Elvira apenas llega a abrir el armario de las infusiones, alargando el brazo por encima de las chefleras, que ya son m&aacute;s altas que ella; los tallos rectos, las hojas fuertes. En aquella cocina, blanca y holgada, las plantas le devuelven una chispa de luz, cumpliendo un pacto breve, desproporcionado. Aunque bien mirado, estaban m&aacute;s lustrosas cuando les quitaba el polvo con un pincel. Se ha vuelto r&aacute;cana hasta con el agua, y ellas se han puesto de un verde mate, gastado.</p>
<p>Con la taza llena de t&eacute; de Ceil&aacute;n, Do&ntilde;a Elvira entra en su habitaci&oacute;n y se sienta frente a la c&oacute;moda. Despu&eacute;s de quitarse los zapatos, se palpa las piernas hinchadas, igual que un jinete acaricia a un caballo fatigado, mientras se mira en el espejo por encima de las hojas anaranjadas de las clivias. Con lo que le cost&oacute; atreverse a dejar que las plantas entraran en su dormitorio. Hab&iacute;a le&iacute;do que envenenan el aire con di&oacute;xido de carbono, que pueden robarte el ox&iacute;geno mientras duermes; y no ten&iacute;a ninguna intenci&oacute;n de compartir el suyo. Pero unas cu&aacute;ntas macetas no pod&iacute;an ser peligrosas. Ahora piensa y mira las clivias, las dr&aacute;cenas, que se levantan orgullosas, guardianas de sus fotos en blanco y negro, aunque en realidad ya empiezan a taparlas con un abanico verde y rojizo: ah&iacute; est&aacute; Do&ntilde;a Elvira enmarcada en primer plano con su traje de gala, rodeada de la flor y nata de otra generaci&oacute;n; y al lado, a la salida del Teatro Principal, con un hombre muy alto, moreno, que la coge de la cintura. Ella se vuelve hacia &eacute;l con unos ojos que llevan mir&aacute;ndolo m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os; cuando era Elvira de Ja&eacute;n, cuando era otra. As&iacute; aparece en las fotos, detenida en aquel tiempo en que apenas ten&iacute;an que girarse para verla pasar, porque ella era el objetivo de las c&aacute;maras, el fondo de las pantallas en blanco y negro. Despu&eacute;s, con el color, llegaron otras caras, otros repertorios, nunca el suyo. La idea le hace sonre&iacute;r, lo cierto es que empezaba a cansarse hasta de miradas; y la sonrisa le amontona las arrugas, que acuden como las ondas que provoca una piedra al caer al agua. Rebotando de una d&eacute;cada a otra, hojea los &aacute;lbumes de fotos hasta que le vence la fatiga. Entonces cierra de golpe el &aacute;lbum. Queda en el aire un olor seco, a papel viejo a punto de resquebrajarse, de tan deformado por el peso de los recuerdos uno encima del otro, por las im&aacute;genes de un tiempo que ya no es suyo.</p>
<p>Se dirige al armario, y empieza a apartar abrigos, vestidos de otras temporadas, buscando entre las perchas. &iexcl;Ah&iacute; est&aacute; su traje de gala! Bajo una funda porosa color beige y un chal a juego: el mismo dise&ntilde;o de una pieza que marcaba su cintura en aquellas fotos sin color. El fondo, granate, con rosas amarillas bordadas. El tejido, delicado, granuloso al tacto; el encaje es casi el &uacute;nico testigo de otra manera de trabajar. Do&ntilde;a Elvira echa una mirada a su alrededor: la l&aacute;mpara de ara&ntilde;a, que cubre la habitaci&oacute;n mientras las bombillas se siguen fundiendo de una en una; las paredes, de un blanco deslucido. Junto al espejo, repara en la taza de t&eacute;, quiz&aacute; demasiado ex&oacute;tico, demasiado fr&iacute;o ya. Tampoco tiene hambre. Su apetito prodigioso tambi&eacute;n pertenece al pasado, a los d&iacute;as de festejos, cuando devoraba hombres y mujeres, dulce y amargo por igual. Ahora s&oacute;lo quiere tumbarse y descansar. As&iacute; que rodea la cama y cierra tambi&eacute;n las ventanas que dan a la parte trasera de la casa. Pero a&uacute;n le queda una cosa por hacer.</p>
<p>Deja el vestido estirado cuidadosamente sobre la cama, deslumbrada como si lo viera por primera vez, y se va quitando la ropa, dej&aacute;ndola por el suelo con indiferencia. Vuelve a la c&oacute;moda y abre el &uacute;ltimo caj&oacute;n. De all&iacute; saca la ropa interior a juego que no usa hace d&eacute;cadas; y luego se dispone a meterse dentro del vestido. Despacio. Primero el recogido, que ya empieza a desarmarse. La tela se atasca antes del cuello y se queda ah&iacute; colgando, como p&eacute;talos desordenados que la van cubriendo. Do&ntilde;a Elvira se ve medio encorvada en el espejo. Los brazos suspendidos parecen ramas mal podadas, sarmientos temblones que agita una brisa helada. Hasta que consigue incorporarse y, poco a poco, se recompone y va arreglando los obst&aacute;culos, dando tirones para ajustar el vestido desde la falda. Pausadamente, acaba de estirar la tela y se ci&ntilde;e un lazo, los dedos lentos, hinchados.</p>
<p>Cuando Do&ntilde;a Elvira vuelve a sentarse en la cama, su sonrisa sigue arrugada, intacta. Se pone el chal sobre los hombros y, para terminar la funci&oacute;n, se calza los tacones negros. Se tumba sigilosamente, y alisa la cubierta con las manos, exhausta. En cuesti&oacute;n de minutos, Do&ntilde;a Elvira vuelve a ser esa foto en blanco y negro, vuelve a ser otra. Sin esfuerzo, reproduce el comp&aacute;s de sus plantas y expulsa di&oacute;xido de carbono.</p>
<p>Cintas, dr&aacute;cenas, clivias, todas siguieron respirando alg&uacute;n tiempo m&aacute;s que ella; racionando, mendigando la luz que se colaba por los postigos. Las chefleras fueron las primeras en secarse, en consumirse poco a poco mientras dejaban caer las flores una a una. Las dr&aacute;cenas se acabaron arrugando hasta parecer ancianos milenarios. Los ficus empezaron a amarillear; fueron encorv&aacute;ndose casi desde el techo, y se pusieron a tirar hojas como un globo que suelta lastre a la desesperada. Pero ya era tarde. Las cintas fueron las &uacute;ltimas en morir, cuando se les acab&oacute; el agua que hab&iacute;an ido almacenando en las ra&iacute;ces, retorcidas en la tierra de su maceta igual que dedos deformados por la artrosis.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 31 Oct 2024 09:30:24 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dos premios Nobel y tres premios Cervantes protagonizan el nuevo número de TURIA ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/dos-premios-nobel-y-tres-premios-cervantes-protagonizan-el-nuevo-numero-de-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2024/TURIA_152_-_Portada_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>OLGA TOKARCZUK: CALIDAD LITERARIA Y COMPROMISO DEMOCR&Aacute;TICO</strong>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre esos materiales in&eacute;ditos tan relevantes para los buenos lectores, cabe subrayar que TURIA publica, en exclusiva mundial en espa&ntilde;ol, un avance de &ldquo;Tiempo de empusas&rdquo;, la nueva novela de Olga Tokarczuk, que publicar&aacute; la editorial Anagrama en 2025. Para Tokarczuk, la literatura puede ser un espacio donde crear mitos, deshacer silencios y ampliar los imaginarios que gobiernan el presente. Adem&aacute;s de por su calidad e inter&eacute;s, su labor intelectual ha sido reconocida por su compromiso con la defensa de la democracia y los derechos humanos en Polonia. Tokarczuk es autora de nueve novelas y tres libros de relatos, sus obras se han traducido a cuarenta y cinco lenguas y ha obtenido prestigiosos premios en su pa&iacute;s y fuera de &eacute;l.&nbsp;</p>
<p>La acci&oacute;n de &ldquo;Tiempo de empusas&rdquo; sucede en G&ouml;rbensdorf, Baja Silesia, en 1913. El joven polaco Miecyslaw Wojnicz, estudiante de ingenier&iacute;a, llega en busca de aire puro y de una cura para su tuberculosis en el prestigioso sanatorio local. Se aloja en la pensi&oacute;n para caballeros de Wilhelm Optiz, donde coincide con otros enfermos procedentes de toda Europa. Por las tardes, entonados por el potente licor, los hu&eacute;spedes conversan sobre lo divino y lo humano. &iquest;Habr&aacute; guerra en el continente? &iquest;Las mujeres nacen inferiores? &iquest;Existen los demonios? &iquest;Es preferible la monarqu&iacute;a o la democracia? &iquest;Al leer un texto cuyo autor se desconoce se puede deducir si lo ha escrito un hombre o una mujer?&nbsp;</p>
<p>Y entre tanto, en ese id&iacute;lico paraje suceden cosas inquietantes la esposa del due&ntilde;o de la pensi&oacute;n al parecer se ha suicidado hace poco, circulan rumores de que en los bosques de las monta&ntilde;as circundantes se producen muertes violentas y se intuye la presencia de alguien o algo que observa y acecha.&nbsp;</p>
<p>Hay en esta novela claros ecos de otra escrita hace ahora cien a&ntilde;os: &ldquo;La monta&ntilde;a m&aacute;gica&rdquo;&nbsp;de Thomas Mann, con la que la Premio Nobel polaca juega y dialoga desde una mirada contempor&aacute;nea y feminista. Lo que la autora nos propone es una relectura y reescritura de esa obra magna -y acaso caduca en muchos aspectos- del pasado. Y lo hace con su envolvente impuso narrativo, su potente prosa, su capacidad de observaci&oacute;n de los comportamientos humanos y su particular sentido del humor.&nbsp;</p>
<p>Despu&eacute;s de&nbsp;haber fascinado a cr&iacute;tica y lectores con su anterior obra, &ldquo;Los libros de Jacob&rdquo;, ahora Olga Tokarczuk nos presenta un nuevo&nbsp;<em>tour de force</em>, un novel&oacute;n de sanatorio sobre hombres que filosofan y hablan -muchas veces sin ton ni son- de mujeres, sobre j&oacute;venes enfermos, misteriosas muertes, enso&ntilde;aciones, demonios y una Europa que se dirige hacia el abismo. En definitiva, que su novela &ldquo;Tierra de empusas&rdquo; gira en torno a las principales cuestiones de identidad de nuestro tiempo, en torno a la masculinidad t&oacute;xica, el&nbsp;<em>mansplaining</em>&nbsp;y la fluidez de g&eacute;nero, y se podr&iacute;a considerarla una novela del esp&iacute;ritu de la &eacute;poca si no pareciera maravillosamente cl&aacute;sica, como es habitual en Tokarczuk.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LUIS MATEO D&Iacute;EZ, UN ESCRITOR CERVANTINO FRENTE A TODA ADVERSIDAD</strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p>Con la publicaci&oacute;n de un fragmento de su novela in&eacute;dita &ldquo;El lastre de las fugas&rdquo;, el escritor Luis Mateo D&iacute;ez (Villablino, Le&oacute;n, 1942), ratifica su larga y fruct&iacute;fera vinculaci&oacute;n con TURIA. No en vano, ya en 2010, la revista le dedic&oacute; un inolvidable monogr&aacute;fico hoy agotado.&nbsp;</p>
<p>Quien obtuviera el pasado a&ntilde;o el Premio Cervantes es, seg&uacute;n destac&oacute; el jurado en el acta de concesi&oacute;n, &ldquo;uno de los grandes narradores de la lengua castellana, heredero del esp&iacute;ritu cervantino, escritor frente a toda adversidad, creador de mundos y territorios imaginarios. Con una prosa, una sagacidad y un estilo que lo hacen singular en la consideraci&oacute;n literaria del m&aacute;s alto vuelo, Luis Mateo D&iacute;ez sorprende y ofrece continuos y nuevos desaf&iacute;os con los que traspasa el &aacute;mbito de la fantas&iacute;a y adquiere realidad en los lectores, que se apropian de su universo creativo. En sus creaciones sobresalen la pericia y el dominio indiscutible del lenguaje, que el autor acredita en una escritura en la que mezcla con maestr&iacute;a lo culto y lo popular. Un estilo propio, exigente, de gran originalidad, donde prevalece el humor expresionista, par&oacute;dico o esperp&eacute;ntico como el mejor resorte para relativizar lo que sucede, y que conlleva una perspectiva l&uacute;cida y ambigua que permite comprobar la complejidad de la condici&oacute;n humana&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>JON FOSSE, O C&Oacute;MO ATRAVESAR LA VIDA COTIDIANA EN BUSCA DE OTRO TIPO DE EXPERIENCIAS </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jon Fosse, Premio Nobel de Literatura en 2023 es objeto de un sugerente y completo art&iacute;culo in&eacute;dito elaborado por Silvia Bardel&aacute;s, su gran descubridora en nuestro pa&iacute;s y que ha editado en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os, en su peque&ntilde;a editorial independiente De Conatus, buena parte de su obra. Nadie mejor que ella para contagiarnos la fascinaci&oacute;n que brinda al lector la obra del autor noruego, que practica una escritura &iacute;ntima y poco convencional, aunque como dramaturgo s&iacute; que ha obtenido notables &eacute;xitos de cr&iacute;tica y p&uacute;blico.&nbsp;</p>
<p>Seg&uacute;n Silvia Bardel&aacute;s, &ldquo;la literatura de Jon Fosse es el ejemplo perfecto de que un buen&nbsp;libro no s&oacute;lo necesita un autor con un punto de vista y un estilo nuevos enfrentado a una hoja en blanco, necesita adem&aacute;s una cadena de lectores, una comunidad que crece poco a poco con el apoyo de instituciones, premios o fundaciones. En este caso,&nbsp;el apoyo de la cr&iacute;tica literaria ha sido pr&aacute;cticamente nulo. Atravesar el ruido del mundo literario no es f&aacute;cil y menos para un autor que representa el silencio, que construye personajes empe&ntilde;ados en cruzar la vida cotidiana hacia otro tipo de experiencias y que escribe libros que escucha y no piensa&rdquo;.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Afirma tambi&eacute;n Bardel&aacute;s en TURIA que &ldquo;el estilo de Fosse es nuevo, pero su impulso art&iacute;stico tiene unas profundas ra&iacute;ces en la cultura europea&rdquo;. Por otra parte asegura, al analizar &ldquo;Septolog&iacute;a&rdquo;, que esos tres tomos en los que se estructura son el culmen de su est&eacute;tica y su obra m&aacute;s representativa. Y es que &ldquo;no es lo mismo vivir en la inmediatez que vivir en la distancia de ser consciente de estar viviendo, de experimentar la existencia. En definitiva, concluye Silvia Bardel&aacute;s, &ldquo;el gran giro narrativo de Fosse es el descubrimiento de la necesidad del otro en el miedo que nos provoca&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>RAFAEL CADENAS: LA POES&Iacute;A NOS PERMITE VISLUMBRAR LO QUE NO VEMOS </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De gran inter&eacute;s es el art&iacute;culo que la revista TURIA dedica a analizar la trayectoria del gran poeta venezolano Rafael Cadenas, Premio Cervantes 2022. M&aacute;xime porque Cadenas es autor de una obra sobresaliente, tanto para la cr&iacute;tica como para los lectores de poes&iacute;a, caracterizada por su sensibilidad y su an&aacute;lisis profundo de la realidad. Adem&aacute;s, es otro ilustre venezolano y experto en su trabajo literario, el profesor y escritor Antonio L&oacute;pez Ortega, quien se encarga de elaborar una aproximaci&oacute;n muy certera a las claves de la creatividad l&iacute;rica de Rafael Cadenas, uno de los principales poetas latinoamericanos vivos.</p>
<p>Seg&uacute;n escribe L&oacute;pez Ortega en TURIA, dentro de las muchas variantes de la obra de Rafael Cadenas (Barquisimeto, Venezuela, 1930), &ldquo;destacan la reflexi&oacute;n sobre el lenguaje, que busca depurar al extremo, y la inquietud metaf&iacute;sica en torno al mismo hecho de la existencia, que considera un misterio. Cadenas se ha acercado a las filosof&iacute;as orientales para entender que en la tradici&oacute;n occidental el concepto del <em>yo</em> pesa mucho y que la poes&iacute;a m&aacute;s bien busca revelaciones, que suelen estar m&aacute;s cerca del <em>ser</em>.&rdquo;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Por otra parte, y de acuerdo con la tesis defendida en este art&iacute;culo, &ldquo;desde sus primeros poemarios, Cadenas entendi&oacute; que la poes&iacute;a es la m&aacute;s fina herramienta para entrever el milagro de la realidad. No se trata de temas, pensamientos ni posiciones, sino m&aacute;s bien de expectaci&oacute;n. En este sentido, las palabras son muletillas incompletas: el poeta debe buscar la combinaci&oacute;n m&aacute;s propicia para que, combinadas de otra manera, digan m&aacute;s de lo que suelen decir. La b&uacute;squeda o el hallazgo del <em>ser</em> siempre ser&aacute; una tarea imposible, pero la poes&iacute;a al menos nos acerca m&aacute;s para intuir su presencia.&rdquo;</p>
<p>El &uacute;ltimo art&iacute;culo de la secci&oacute;n que TURIA consagra a los estudios literarios es una sugerente aproximaci&oacute;n a dos autores siempre presentes en cualquier balance de lo mejor de las letras espa&ntilde;olas del siglo XX: Antonio Machado y Luis Cernuda. Y es que, a trav&eacute;s de un original art&iacute;culo, el tambi&eacute;n poeta, traductor y ensayista Antonio Rivero Taravillo nos habla de las divergencias y confluencias entre ambos grandes cl&aacute;sicos de nuestra literatura contempor&aacute;nea. Porque &ldquo;hubo un tiempo en el que la sensibilidad machadiana no lograba atraer a los j&oacute;venes poetas, que s&iacute; recabaron por el contrario la complicidad de Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez para luego morder su mano. Esto dijo JRJ al respecto, seg&uacute;n recogi&oacute; Ricardo Gull&oacute;n: &lsquo;Machado y yo, buenos amigos siempre, nos distanciamos en la &eacute;poca en que la juventud me rode&oacute; a m&iacute; alej&aacute;ndose de &eacute;l. No fue culpa m&iacute;a que la juventud se acercara a m&iacute; y que Antonio Machado me zahiriera antes que yo a &eacute;l&rsquo;.&rdquo;</p>
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<p><strong>IDA VITALE: &ldquo;APREND&Iacute; A SER PIADOSA RELEY&Eacute;NDOME&rdquo;</strong></p>
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<p>La escritora uruguaya Ida Vitale completa el elenco de ilustres premiados que TURIA ofrece en su nuevo n&uacute;mero. Vitale (Montevideo, 1923) es una aut&eacute;ntica leyenda viva de las letras latinoamericanas. Adem&aacute;s del Premio Cervantes obtenido en 2018, tiene en su haber los m&aacute;s relevantes reconocimientos literarios de &aacute;mbito hisp&aacute;nico. &Uacute;ltima representante viva de la vanguardia literaria hispanoamericana, es autora de numerosos t&iacute;tulos de poes&iacute;a, prosa, ensayo y cr&iacute;tica literaria. Siempre ha declarado que sus dos grandes referentes fueron Jos&eacute; Bergam&iacute;n, que fue su profesor en Montevideo y Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, a quien conoci&oacute; en persona. Como traductora del franc&eacute;s y del italiano, se destacant sus versiones al espa&ntilde;ol de libros de autores como Simone de Beauvoir, Benjamin P&eacute;ret, Gaston Bachelard, Jules Supervielle o Luigi Pirandello.&nbsp;</p>
<p>La entrevista, realizada en su &uacute;ltima visita a Espa&ntilde;a e in&eacute;dita, es obra del poeta y periodista cultural Fernando del Val. No tiene desperdicio. Se realiz&oacute; en el marco de la m&iacute;tica Residencia de Estudiantes de Madrid. En ella nos dir&aacute;, por ejemplo, &ldquo;soy vieja, pero no tonta&rdquo; o afirmaciones como &ldquo;el lenguaje inclusivo son guerras que se alejan de lo importante&rdquo;. Tambi&eacute;n postula que &ldquo;tendr&iacute;amos que repensar la idea de progreso&rdquo;.</p>
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<p style="text-align: left;" align="center"><strong>UN FRAGMENTO DE &ldquo;EL LASTRE DE LAS FUGAS&rdquo;,&nbsp;</strong><strong><span style="text-decoration: underline;">NOVELA IN&Eacute;DITA DE LUIS MATEO D&Iacute;EZ</span></strong></p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>La revista TURIA da a conocer un fragmento de la novela in&eacute;dita &ldquo;El lastre de las fugas&rdquo;, de Luis Mateo D&iacute;ez. Quien obtuviera el Premio Cervantes en 2023 se muestra en plena forma narrativa, para alegr&iacute;a de los muchos lectores que posee el escritor leon&eacute;s y acad&eacute;mico de la RAE:&nbsp;</p>
<p class="Mateo-Ruina">&ldquo;Lo encontr&eacute; tirado en la cuneta de la carretera de Balma, en la curva que abre la &uacute;ltima vuelta hacia el barrio de Teselas, donde se concentraba la mayor&iacute;a de los almacenes de coloniales.</p>
<p class="Mateo-Ruina">Estaba hecho un gui&ntilde;apo, con los pantalones bajados, la camisa rota y toda suerte de ara&ntilde;azos por el pecho, los brazos y las piernas. Ten&iacute;a en la frente una herida con la sangre reseca y en el pelo revuelto el barro que se hab&iacute;a convertido en un polvo apelmazado; la costra del golpe o la huella de la ca&iacute;da, cuando todav&iacute;a ten&iacute;a perdido el conocimiento.</p>
<p class="Mateo-Ruina">Abri&oacute; los ojos al tiempo que intentaba moverse.</p>
<p class="Mateo-Ruina">Los ojos manten&iacute;an el extrav&iacute;o del que vuelve sin saber de d&oacute;nde viene y a d&oacute;nde llega, como si todo formara parte de una fuga que no se produjo pero deja su efecto.</p>
<p class="Mateo-Ruina">Estir&oacute; las piernas.</p>
<p class="Mateo-Ruina">Los pantalones bajados le imped&iacute;an otro movimiento en ellas, y cuando logr&oacute; incorporarse lo primero que hizo, no sin esfuerzo, fue alzar y ajustarse los pantalones. Luego pudo sentarse y al mirarme movi&oacute; la cabeza, cerr&oacute; y abri&oacute; los ojos con un gesto de asentimiento, como si tuviera la primera sensaci&oacute;n que acompa&ntilde;aba la lucidez del conocimiento recobrado, lo que supon&iacute;a reconocerme aunque todav&iacute;a fuese con el alboroto de la cabeza revuelta y la vaguedad de una desaparici&oacute;n que no pod&iacute;a recordar.</p>
<p class="Mateo-Ruina">No dije nada, no pens&eacute; en otra cosa que en el trabajo que me costar&iacute;a reanimarlo por completo, lograr que pudiera caminar, volver otra vez a recuperarlo para llevarlo conmigo a ser posible sin que nadie supiera nada; como habitualmente hac&iacute;a con lo que se hab&iacute;a convertido en el rastro de una infancia que pod&iacute;a maldecir, si era verdad, como bien ten&iacute;a comprobado, que el ni&ntilde;o que yo hab&iacute;a sido era el causante del desastre del hombre que era, y no exist&iacute;a mejor raz&oacute;n para mi profundo aborrecimiento.</p>
<p class="Mateo-Ruina">Lo saqu&eacute; de la cuneta.</p>
<p class="Mateo-Ruina">En aquella curva de la carretera de Balma no era f&aacute;cil que alguien se decidiera a recogernos. Los coches suavizaban la velocidad para tomarla pero en seguida la recuperaban sin que los conductores prestaran atenci&oacute;n a otra cosa. De suyo esa curva, m&aacute;s irregular que pronunciada, era la causa de muchos accidentes y hasta ten&iacute;a un apelativo que advert&iacute;a de su peligro.</p>
<p class="Mateo-Ruina">No me quedaba otro remedio que ir llev&aacute;ndolo como buenamente pod&iacute;a, con el &uacute;nico alivio de que el cuerpo esquel&eacute;tico y desgalichado no pesaba mucho, ya que los doce a&ntilde;os, todav&iacute;a escasos, ten&iacute;an la merma de su raquitismo y poco a poco recompon&iacute;a el esfuerzo de moverse por s&iacute; mismo, prevalecido de la vanidad de hacerlo y del menosprecio a quien le ayudaba. No hab&iacute;a nada que &eacute;l quisiera o necesitase. Ninguna acci&oacute;n o voluntad que contradijera su arrogancia, el m&eacute;rito de sus merecimientos y el desprecio a quien los contradijera o contrarrestara.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 31 Oct 2024 09:03:41 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Soledad Puértolas y Manuel Rico presentarán el nuevo número de la revista TURIA]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/soledad-puertolas-y-manuel-rico-presentaran-el-nuevo-numero-de-la-revista-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2024/SOLEDAD_PU_RTOLAS_12_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz (Calatayud, Zaragoza, 1946-2021) fue, adem&aacute;s, no s&oacute;lo un hist&oacute;rico colaborador de TURIA sino un veterano suscriptor de la misma. De ah&iacute; que, tanto la revista TURIA como el&nbsp; Ayuntamiento su ciudad, hayan acordado sumar esfuerzos y rendir a este ilustre y muy apreciado hijo de Calatayud un m&aacute;s que merecido homenaje. Con ese objetivo compartido, el monogr&aacute;fico que ahora se le dedica re&uacute;ne a los mejores y m&aacute;s reconocidos estudiosos de su obra, as&iacute; como a varios especialistas en la poes&iacute;a espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea. Buena prueba de ello es que colaboran un total de 14 autores coordinados por Javier Barreiro, gran experto en la obra de Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz y uno de sus m&aacute;s valiosos amigos.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>La nueva entrega de TURIA se dar&aacute; a conocer los d&iacute;as 21 de noviembre en Calatayud, por parte de Manuel Rico, y 28 de noviembre en Teruel, mediante un conversatorio con Soledad Pu&eacute;rtolas. Ambos autores respaldar&aacute;n con su participaci&oacute;n esa filosof&iacute;a de trabajo que ha definido la trayectoria de la revista y que ha sido el secreto de su longevidad y de su &eacute;xito: ser capaz de reunir en sus p&aacute;ginas lo universal y lo local, a los autores emergentes y a los cl&aacute;sicos de nuestros d&iacute;as. Un ejercicio permanente de mestizaje cultural y de convivencia ideol&oacute;gica, est&eacute;tica y generacional que, junto a los atractivos monogr&aacute;ficos dedicados a autores de inter&eacute;s que protagonizan cada n&uacute;mero, han consolidado su labor cultural m&aacute;s all&aacute; de las modas y conquistado el favor de los buenos lectores.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>POEMAS IN&Eacute;DITOS DE JOS&Eacute; VER&Oacute;N GORMAZ</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p>El nuevo n&uacute;mero de TURIA, dedica su monogr&aacute;fico a reivindicar al escritor aragon&eacute;s Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz, fallecido en 2021. Se cumple as&iacute; una de las l&iacute;neas de trabajo que la revista cultural ha mantenido a lo largo de sus m&aacute;s de cuatro d&eacute;cadas de trayectoria: el redescubrimiento/relanzamiento de autores que, injustamente y por diversos motivos, no han sido objeto de la atenci&oacute;n que su obra merece en el &aacute;mbito de la cultura hisp&aacute;nica. Porque TURIA considera que Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz, un autor reconocido y laureado en Arag&oacute;n, deber&iacute;a ser apreciado como uno de los poetas m&aacute;s estimables de las letras espa&ntilde;olas de las &uacute;ltimos d&eacute;cadas. De &nbsp;ah&iacute; &nbsp;que, para fomentar su lectura, protagonice un amplio y cuidado monogr&aacute;fico en &nbsp;el &nbsp;que &nbsp;participan 14 autores. Tambi&eacute;n se publican seis poemas in&eacute;ditos, ya p&oacute;stumos, del propio Ver&oacute;n Gormaz. Pertenecen a &ldquo;Manual de incertidumbre&rdquo; un libro de pr&oacute;xima publicaci&oacute;n por la editorial Olifante.</p>
<p>En opini&oacute;n de Javier Barreiro, que ha coordinado el monogr&aacute;fico de TURIA, Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz &ldquo;en su dedicaci&oacute;n tan apasionada como duradera a su vocaci&oacute;n l&iacute;rica, en general, ha sido bastante inmune a las modas&rdquo;. De ah&iacute; que, al analizar su trayectoria, subraye como elemento fundamental su &ldquo;personalidad tan discreta como ir&oacute;nica&rdquo;, su &ldquo;cultura tan proteica como intensa&rdquo; y su &ldquo;honestidad personal siempre admirada por quienes le acompa&ntilde;aron&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Por todo ello, asegura Barreiro que &ldquo;la sobriedad presente en los &uacute;ltimos libros de Ver&oacute;n le ha permitido escapar del antipo&eacute;tico vicio de la divagaci&oacute;n, presente en mucha de la poes&iacute;a hodierna, que, a veces, no parece prosa po&eacute;tica sino periodismo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LA PREMIO NOBEL DE LITERATURA OLGA TOKARCZUK ESCRIBE EN &ldquo;TURIA&rdquo;</strong></p>
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<p>Quiz&aacute; &nbsp;la &nbsp;colaboraci&oacute;n &nbsp;internacional &nbsp;m&aacute;s &nbsp;relevante &nbsp;de &nbsp;esta &nbsp;entrega &nbsp;de TURIA sea el texto in&eacute;dito de una autora de contrastada val&iacute;a literaria: la polaca Olga Tokarczuk, Premio Nobel de Literatura en 2018.&nbsp; Se trata del inicio de su nueva novela &ldquo;Tiempo de empusas&rdquo;, que publicar&aacute; la editorial Anagrama en espa&ntilde;ol en 2025. Las empusas del t&iacute;tulo son criaturas fant&aacute;sticas del folklore griego antiguo, consideradas a menudo demon&iacute;acas.&nbsp;</p>
<p>Para Tokarczuk, la literatura puede ser un espacio donde crear mitos, deshacer silencios y ampliar los imaginarios que gobiernan el presente.&nbsp;Adem&aacute;s de por su calidad e inter&eacute;s, su labor intelectual ha sido reconocida por su compromiso con la defensa de la democracia y los derechos humanos en Polonia. Tokarczuk es autora de nueve novelas y tres libros de relatos, sus obras se han traducido a cuarenta y cinco lenguas y ha obtenido prestigiosos premios en su pa&iacute;s y fuera de &eacute;l.&nbsp;</p>
<p>La acci&oacute;n de &ldquo;Tiempo de empusas&rdquo; sucede en G&ouml;rbensdorf, Baja Silesia, en 1913. El joven polaco Miecyslaw Wojnicz, estudiante de ingenier&iacute;a, llega en busca de aire puro y de una cura para su tuberculosis en el prestigioso sanatorio local. Se aloja en la pensi&oacute;n para caballeros de Wilhelm Optiz, donde coincide con otros enfermos procedentes de toda Europa.&nbsp;</p>
<p>Por &nbsp;las &nbsp;tardes, &nbsp;entonados &nbsp;por &nbsp;el &nbsp;potente licor, los hu&eacute;spedes conversan sobre lo divino y lo humano. &iquest;Habr&aacute; guerra en el continente? &iquest;Las mujeres nacen inferiores? &iquest;Existen los demonios? &iquest;Es preferible la monarqu&iacute;a o la democracia? &iquest;Al leer un texto cuyo autor se desconoce se puede deducir si lo ha escrito un hombre o una mujer?&nbsp;</p>
<p>Y entre tanto, en ese id&iacute;lico paraje suceden cosas inquietantes:&nbsp;la esposa del due&ntilde;o de la pensi&oacute;n al parecer se ha suicidado hace poco, circulan rumores de que en los bosques de las monta&ntilde;as circundantes se producen muertes violentas y se intuye la presencia de alguien o algo que observa y acecha.&nbsp;</p>
<p>Hay en esta novela claros ecos de otra escrita hace ahora cien a&ntilde;os:&nbsp;&ldquo;La monta&ntilde;a m&aacute;gica&rdquo;&nbsp;de Thomas Mann, con la que la Premio Nobel polaca juega y dialoga desde una mirada contempor&aacute;nea y feminista. Lo que la autora nos propone es una relectura y reescritura de esa obra magna -y acaso caduca en muchos aspectos- del pasado. Y lo hace con su envolvente impuso narrativo, su potente prosa, su capacidad de observaci&oacute;n de los comportamientos humanos y su particular sentido del humor.</p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>SOLEDAD PU&Eacute;RTOLAS Y MANUEL RICO, DOS AUTORES MUY VINCULADOS A &ldquo;TURIA&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Soledad Pu&eacute;rtolas y Manuel Rico, dos grandes autores espa&ntilde;oles muy vinculados a la trayectoria de la revista, &nbsp;ser&aacute;n los encargados de dar a conocer el nuevo n&uacute;mero de TURIA a los lectores. Se da la circunstancia de que ambos no s&oacute;lo han colaborado con textos in&eacute;ditos en innumerables ocasiones, sino que la escritora y acad&eacute;mica aragonesa Soledad Pu&eacute;rtolas, protagoniz&oacute; el n&uacute;mero 100 de TURIA en 2011.&nbsp; &nbsp;</p>
<p class="zfr3q">En &nbsp;primer &nbsp;lugar &nbsp;se &nbsp;desarrollar&aacute; &nbsp;una &nbsp;presentaci&oacute;n &nbsp;de &nbsp;TURIA &nbsp;en &nbsp;Calatayud, &nbsp;el &nbsp;jueves &nbsp;21 de noviembre y a las 19 h. en el Aula cultural San Benito. En este acto intervendr&aacute; Manuel Rico, escritor y cr&iacute;tico literario de El Pa&iacute;s, adem&aacute;s de Presidente de la Asociaci&oacute;n Colegial de Escritores de Espa&ntilde;a. Para Rico, que tambi&eacute;n participa con un art&iacute;culo en el monogr&aacute;fico sobre Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz, el autor bilbilitano podr&iacute;a ser valorado como un &ldquo;poeta consciente de la contemporaneidad y de las corrientes de fondo que caracterizaban la poes&iacute;a espa&ntilde;ola, cuid&oacute;, a lo largo de su obra, compuesta de una treintena de poemarios, su independencia y su vocaci&oacute;n de singularidad dando lugar a una poes&iacute;a que no se parece a ninguna otra y en la que la&nbsp;&nbsp; reflexi&oacute;n sobre la propia materia po&eacute;tica es un vector esencial&rdquo;.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Una segunda presentaci&oacute;n de TURIA se llevar&aacute; a cabo en Teruel, en el sal&oacute;n de actos de la Delegaci&oacute;n Territorial del Gobierno de Arag&oacute;n. Ser&aacute; el 28 de noviembre, a las 19,30 horas, cuando la escritora Soledad Pu&eacute;rtolas mantendr&aacute; un interesante conversatorio con el periodista cultural de RNE y poeta Fernando del Val. Un di&aacute;logo enriquecedor que servir&aacute; para que conozcamos mejor la personalidad y la obra de una de las escritoras espa&ntilde;olas contempor&aacute;neas m&aacute;s destacadas. Por otra parte, la presencia de la tambi&eacute;n acad&eacute;mica de la RAE ha sido una constante en la revista TURIA. Una vinculaci&oacute;n estrecha y mantenida en el tiempo que culmin&oacute; en un espectacular monogr&aacute;fico que ratificaba la condici&oacute;n de escritora consagrada de Soledad Pu&eacute;rtolas y que acreditaba, al mismo tiempo, su plena vitalidad creativa. Seg&uacute;n el fil&oacute;logo y editor Daniel Fern&aacute;ndez, que elabor&oacute; el art&iacute;culo introductorio de aquel monogr&aacute;fico, &ldquo;Soledad est&aacute; especialmente dotada para narrarnos de alguna forma la confusi&oacute;n y el desconcierto&nbsp;de nuestra &eacute;poca&rdquo;.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>TURIA, UNA REVISTA CULTURAL CON 41 A&Ntilde;OS DE TRAYECTORIA</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fundada en 1983, TURIA ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia y ha situado a Teruel en el mapa literario en espa&ntilde;ol, gracias a su difusi&oacute;n nacional e internacional por suscripci&oacute;n. En los 41 a&ntilde;os de trayectoria, que cumplir&aacute; el pr&oacute;ximo mes de noviembre, ha publicado a m&aacute;s de 1.500 autores y un total de 46.500 p&aacute;ginas de textos siempre in&eacute;ditos, pues todo el material que se edita por la revista tiene que ser original. Un requisito, que junto a la permanente exigencia de calidad literaria, define a TURIA.&nbsp;</p>
<p>Como reconocimiento a su labor, la revista ingres&oacute; el pasado 7 de octubre en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes. Su director, el poeta y profesor Luis Garc&iacute;a Montero, calific&oacute; a TURIA como una revista mod&eacute;lica con "una historia irrepetible" y cuya iniciativa ha servido para "ampliar nuestro esp&iacute;ritu y tener una mirada cultural m&aacute;s ambiciosa".&nbsp;</p>
<p>Con anterioridad, TURIA obtuvo en 2002 el Premio Nacional al Fomento de la Lectura otorgado por el Gobierno de Espa&ntilde;a &ldquo;por su vocaci&oacute;n de apertura a la cultura universal y como ejemplo del esfuerzo de las revistas culturales para el fomento de la lectura&rdquo;. Adem&aacute;s,&nbsp; en 2023, el Gobierno de Arag&oacute;n le concedi&oacute; a TURIA su m&aacute;xima distinci&oacute;n institucional, el Premio Arag&oacute;n 2023, por haberse &ldquo;convertido en un elemento simb&oacute;lico para la cultura aragonesa contempor&aacute;nea, en proyecto esencial de las letras espa&ntilde;olas en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas&rdquo;, adem&aacute;s de ser una plataforma de publicaci&oacute;n &ldquo;valorada para autores noveles y consagrados&rdquo; y un &ldquo;ejemplo de proyecci&oacute;n universal desde lo local&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Desde hace once a&ntilde;os, la revista TURIA compatibiliza su tradicional versi&oacute;n en papel con otra en formato digital. Tanto la web como su p&aacute;gina en Facebook ofrecen gratuitamente y en abierto una selecci&oacute;n de textos procedentes de la edici&oacute;n en papel y otros contenidos escritos directamente para ser le&iacute;dos s&oacute;lo en soporte digital. Mientras que la web consigue un promedio de 7.000 lectores mensuales, y es tambi&eacute;n tienda virtual desde la que resulta f&aacute;cil y r&aacute;pido adquirir los ejemplares en papel, en Facebook la revista cuenta con m&aacute;s de 14.000 seguidores. El perfil de sus lectores nos informa de que se trata por igual tanto de hombres como de mujeres, con edades comprendidas mayoritariamente entre los 35 y los 64 a&ntilde;os.&nbsp;</p>
<p>TURIA es una revista editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel. Para su financiaci&oacute;n cuenta, adem&aacute;s de con el apoyo de su entidad editora y de sus suscriptores, con el patrocinio de la Caja Rural de Teruel, del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este nuevo n&uacute;mero ha obtenido, por otra parte, el apoyo del Ayuntamiento de Calatayud.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 24 Oct 2024 12:18:04 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Imprescindible rescate del artista y pedagogo Luis Torres Pastor]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/imprescindible-rescate-del-artista-y-pedagogo-luis-torres-pastor/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/LUIS_TORRES_PASTOR_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La monograf&iacute;a dedicada al artista y pedagogo <em>Luis Torres Pastor</em> (Rubielos de Mora, Teruel, 1913--Valencia, 2013) ha sido fruto de una estrecha, deseada y consciente colaboraci&oacute;n, entre sus tres autores --Francesc Miralles Bofarull (Tarragona, 1940), Ricardo Garc&iacute;a Prats (Puertomingalvo, 1947) y Mart&iacute;n Dom&iacute;nguez Romero (Madrid,1966)-- adem&aacute;s de contar con el oportuno y decisivo respaldo de su tierra chica y la constancia visceral de su incansable hija, pintora y grabadora, la conocida Rosa Torres Molina (Valencia, 1948), cuya admiraci&oacute;n y afecto sostenido, por su padre, se han convertido, sin duda, en la clave eficaz y el determinante motor de esta esperada, oportuna y justa publicaci&oacute;n. Era imprescindible, sin duda, recordar y rescatar del olvido su trayectoria art&iacute;stica y vital.</p>
<p>He especificado, conscientemente, los roles de <em>artista y pedagogo,</em> al matizar el alcance de la biograf&iacute;a, porque, en este caso, como en otros muchos, se trata de dos vertientes fundamentales y estrechamente co-implicadas, en el desarrollo de la trayectoria vital y profesional, del autor estudiado, siempre vinculadas, ambas facetas, tanto a la docencia de las artes pl&aacute;sticas, como al ejercicio investigador de la creaci&oacute;n art&iacute;stica, funcionalmente incorporadas, adem&aacute;s, de forma directa, a sus entreveradas tareas como dibujante, pintor y escultor.</p>
<p>Como en tantas otras circunstancias hist&oacute;ricas familiares --paralelas y similares, abundantes en tantos periodos anteriores y actuales-- los padres de Luis Torres Pastor, buscando un mejor marco de sobrevivencia, para su linaje numeroso (siete hijos), en calidad de migrantes interiores &ndash;en aquellos tiempos tan duros como dif&iacute;ciles-- se trasladaron de Rubielos de Mora a la ciudad de Valencia, siendo el mismo Luis --nuestro protagonista, en esta espec&iacute;fica historia-- solo un ni&ntilde;o.</p>
<p>Este cambio radical de contexto sociocultural posibilitar&iacute;a, m&aacute;s tarde, que el muchacho pudiese matricularse, con plenas e ilusionadas aspiraciones, en la Escuela de Artes y Oficios, como fase inicial, vers&aacute;tilmente preparatoria y capacitante de cara a sus deseos, y que luego, como veremos, asimismo --siendo habitual y aconsejable, dado su caso-- pasase a estudiar, complementariamente, ya m&aacute;s tarde, en la posguerra, alguno de los niveles superiores, organizados en los Planes de Estudios vigentes, en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos (donde oficialmente se impart&iacute;an especialidades de Dibujo, Grabado, Pintura y Escultura).</p>
<p>Pero en tal intervalo cronol&oacute;gico, como es bien sabido, estas generaciones vieron interrumpidos sus proyectos personales, dram&aacute;ticamente, por el estallido del Golpe Militar de 1936, contra el Gobierno Republicano. (Incluso en la propia monograf&iacute;a se habla, sin tapujos, de &ldquo;generaciones fracasadas&rdquo;, debido, testimonialmente, a la distancia existente, entre los previos deseos perseguidos hist&oacute;ricamente y sus efectivas consecuencias posteriores, convertidas, al fin y al cabo, en funcionales salidas adaptadas y/o logros personales, transformados por la realidad circundante).</p>
<p>De hecho, llegado el momento y por la edad cumplida, Torres Pastor fue reclutado y movilizado, desde Valencia, en aquel trienio b&eacute;lico, participando directamente en el llamado frente de Teruel, del que acab&oacute; desertando, quiz&aacute;s muy consciente del doble drama que, efectivamente, por una parte se estaba viviendo y adem&aacute;s, por otra, se aproximaba: tanto en relaci&oacute;n con los concretos resultados b&eacute;licos, dado el marcado decurso de la contienda, como por lo que se fraguaba, de cara a la radicalidad del per&iacute;odo posterior, con la implantaci&oacute;n de la dilatada dictadura.</p>
<p>Tras los cursos iniciales, realizados en El Carmen, donde recibi&oacute; las bases t&eacute;cnicas pertinentes en dibujo, pintura y estampaci&oacute;n, prefiri&oacute;, el joven Luis Torres, por decisi&oacute;n propia, especializarse en escultura, en plena d&eacute;cada de los cuarenta, &aacute;mbito por el que se hab&iacute;a sentido sumamente atra&iacute;do, siempre, en este per&iacute;odo de formaci&oacute;n. Quiz&aacute;s una especialidad m&aacute;s costosa (en el doble sentido de <em>trabajosa </em>y de <em>m&aacute;s cara</em>) precisamente por los precios de origen de los diversos materiales utilizados.</p>
<p>Es sabido que sus profesores --Jos&eacute; Capuz (Valencia, 1884-Madrid, 1964) y Carmelo Vicent (Valencia, 1890-1957) entre otros-- valoraron debidamente sus estudios, preparaci&oacute;n y pr&aacute;cticas escult&oacute;ricas, como se nos informa en la monograf&iacute;a, por las noticias recibidas, a trav&eacute;s de sus memorias, documentos y entrevistas disponibles. Cont&oacute; Torres Pastor con compa&ntilde;eros generacionales como Esteve Edo (Valencia, 1917-2015), Carmelo Pastor (Valencia 1924-1966) o Amadeo Gabino (Valencia, 1922-Madrid, 2004).</p>
<p>Ya entonces --como tambi&eacute;n en la actualidad-- al finalizar los estudios de Bellas Artes, era y sigue siendo habitual toparse con una especie de dualidad electiva, frente a la realidad sociocultural y econ&oacute;mica exterior: o bien intentar asegurarse una plaza docente de las materias estudiadas, opositando a funcionario del estado; o bien aventurarse a montar un <em>atelier </em>y producir obra para el posible mercado art&iacute;stico circundante. Incluso se ha venido dando hist&oacute;ricamente y sigue propici&aacute;ndose la versi&oacute;n h&iacute;brida de ambas opciones, a caballo entre la actividad del taller y la docencia paralela. O, incluso, alternativamente, tambi&eacute;n, se mantiene un trabajo exterior de sobrevivencia, al margen de la pasi&oacute;n art&iacute;stica pertinente.</p>
<p>Torres Pastor, cursada su formaci&oacute;n en la Escuela de Bellas Artes, se casaba con Leonor Molina (de Mosqueruela), en el a&ntilde;o 1946, joven residente en Valencia y atra&iacute;da por los estudios del dise&ntilde;o de moda. En pocos a&ntilde;os construyen su familia y se dan cuenta de la complejidad vital a la que se enfrentan, laboralmente.</p>
<p>En aquel contexto, pronto Luis Torres toma nota, por experiencia directa, de la dificultad que iba a comportar, para &eacute;l, vivir de la escultura, que era y segu&iacute;a siendo su pasi&oacute;n ya que no hab&iacute;a menguado aquella radicalidad vocacional, inicialmente preferente, en su entrega al mundo del arte. En tal sentido, incluso hab&iacute;a ya acudido, en esa &eacute;poca, forzando posibilidades, a la ayuda de un trabajo complementario y exterior, como refuerzo, (industria del mueble) y, con ese bagaje de contrastes, asume la decisi&oacute;n definitiva, bien meditada, de preparar las oposiciones a una plaza de profesor de Dibujo de Ense&ntilde;anzas Medias, como tantos otros compa&ntilde;eros de promoci&oacute;n.</p>
<p>Efectivamente, un tiempo despu&eacute;s, ya con su t&iacute;tulo bajo el brazo de Profesor Adjunto de Dibujo y de acuerdo con su cualificaci&oacute;n, se le asigna una plaza entre las disponibles, en el marco de las Ense&ntilde;anzas Medias, en la geograf&iacute;a nacional, concretamente se convierte en el titular de esa docencia, en el Instituto de Llodio (&Aacute;lava). En consecuencia, tuvo que poner rumbo, con su nueva familia, hacia el Pa&iacute;s Vasco (1952). De hecho, en ese activo y acumulativo &iacute;nterin vital, de decisiones, trabajo, sobrevivencia y estudio, Luis Torres con Leonor Molina hab&iacute;an tenido dos hijas (Rosa y Luisa).</p>
<p>A&ntilde;os m&aacute;s tarde, por referirnos globalmente a su trayectoria de profesor, decidir&iacute;a complementar su estatus acad&eacute;mico y econ&oacute;mico, opositando, de nuevo, esta vez apuntando determinantemente hacia la obtenci&oacute;n de una C&aacute;tedra de Ense&ntilde;anzas Medias. Lo consigui&oacute; y consecuentemente, ya en 1980, solicitar&aacute; el traslado a la ciudad valenciana de X&agrave;tiva, donde continu&oacute; ejerciendo su especialidad pedag&oacute;gica, hasta la inmediata coyuntura de su jubilaci&oacute;n.</p>
<p>Comenzando por la faceta pedag&oacute;gica, conviene resaltar que, a lo largo de su destino docente, Torres Pastor afianz&oacute; su marcado compromiso y creciente responsabilidad con sus tareas socioformativas. Se trataba, sobre todo, de educar est&eacute;ticamente al alumnado, en paralelo al hecho de facilitarle el aprendizaje de las t&eacute;cnicas b&aacute;sicas de dibujo preceptivas, en los programas ministeriales. Se consideraba, sin duda y sobre todo, educador y maestro, habiendo dejado amplios y numerosos testimonios --tanto en Llodio (1952-1979), como en X&agrave;tiva (1980-82)-- de su labor, prestigio, entrega y constancia profesionales. La monograf&iacute;a insiste, sobradamente, en esta concreta vertiente, ejemplificando el tema, incluso con abundantes declaraciones propias del artista estudiado.</p>
<p>En relaci&oacute;n a su amplia y persistente actividad dibuj&iacute;stica y pict&oacute;rica, ejercitadas, hist&oacute;ricamente, a costa del repliegue sistem&aacute;tico, por compensaci&oacute;n, del cultivo de la escultura, como ya hemos apuntado &ndash;a pesar de considerarse, en sus primeras d&eacute;cadas y en su intimidad personal, ante todo, escultor, <em>a radice</em>-- se hace imprescindible analizar sosegadamente las etapas propias de la trayectoria art&iacute;stica de Torres Pastor, comenzando, en un primer acercamiento, a la puntualizaci&oacute;n estil&iacute;stica de sus rasgos m&aacute;s destacados y caracter&iacute;sticos, de aquella dilatada y b&aacute;sica &eacute;poca suya (1952-1984), como pueden ser, por ejemplo: su obsesi&oacute;n por el tratamiento del color, la constante atenci&oacute;n tem&aacute;tica a su entorno, la reiteraci&oacute;n de su inter&eacute;s por los paisajes, as&iacute; como a la vitalidad expresiva de la vida cotidiana o su intensa admiraci&oacute;n por la pintura japonesa y el aligeramiento de las formas, junto la simplificaci&oacute;n espec&iacute;fica de las figuras y el cuidado de las atm&oacute;sferas lum&iacute;nicas o el hecho, en fin, de &nbsp;ser capaz de <em>desdibujar</em> con plena soltura. Rasgos estos que, por cierto, predominaron, rotundamente, durante d&eacute;cadas en su quehacer pl&aacute;stico.</p>
<p>No en vano, diariamente pintaba en su estudio, tras el horario cumplido de las clases, como si se tratara de un deber premonitorio y generalizado, para &eacute;l. De hecho, se esforzaba, peri&oacute;dicamente, por llevar a cabo exposiciones personales en diversos centros culturales del entorno vasco y de distintas capitales pr&oacute;ximas, en aquellas d&eacute;cadas, buscando, de alguna manera, asimismo, ejemplificar la fuerza de la cultura visual del momento y fomentar el cultivo de la educaci&oacute;n est&eacute;tica en los visitantes. (Habilit&oacute;, con indiscutible asiduidad, cerca de dos docenas de muestras individuales, a lo largo de su panor&aacute;mica dedicaci&oacute;n-- facilitando, de este modo una informaci&oacute;n determinante y de explicable inter&eacute;s, a la vez que afianzaba su prestigio y reconocimiento). En la biograf&iacute;a publicada se recurre, a menudo, a los documentos, cr&iacute;ticas y comentarios en la prensa, referentes a dichas muestras personales suyas.</p>
<p>Muy oportuno es, igualmente, gracias a la monograf&iacute;a que estamos comentando, descubrir el salto est&eacute;ticamente cualitativo (que se produce, entre la actividad pict&oacute;rica de Torres Pastor, cultivada en el bloque de 1985 y 2004, mientras se merma, a la vez, b&aacute;sicamente su dedicaci&oacute;n escult&oacute;rica), giro est&eacute;tico que transformar&aacute; sus pr&aacute;cticas pict&oacute;ricas, iniciadas en X&agrave;tiva y que le ocupar&aacute; hasta sus postreros d&iacute;as, conformando un profundo reajuste, que cabr&iacute;a re-denominar como la atrevida propuesta de su <em>creciente geometrizaci&oacute;n tanto del paisaje, como de las arquitecturas e incluso de las personas </em>representadas en sus cuadros. Nunca dej&oacute; de pintar, tampoco en Valencia, cuando se interes&oacute;, de forma creciente, por las escenas de ba&ntilde;o, yendo asiduamente a la orilla del mar, tomando notas o acudiendo, con frecuencia, asimismo, a las programadas sesiones de trabajo del C&iacute;rculo de Bellas Artes de Valencia, con sus amigos y colegas.</p>
<p>Siempre he pensado que este inter&eacute;s --evidente en sus pr&aacute;cticas art&iacute;sticas, ya en plena madurez vital-- por el &aacute;mbito est&eacute;tico de la geometrizaci&oacute;n y sus posibilidades significativas y formales, no fue, de hecho, algo ajeno a la influencia del lenguaje pict&oacute;rico potenciado personalmente, de forma resolutiva, por su hija Rosa Torres, reconstruyendo / releyendo el paisaje, tambi&eacute;n durante d&eacute;cadas, en sus investigaciones incansables e impactantes, de fuerte vocaci&oacute;n vanguardista. No se trata aqu&iacute; de intentar asimilar ambos planteamientos, ni mucho menos, si no de hacer ver c&oacute;mo aquellas pr&aacute;cticas, que contempla, no sin sorpresa, Torres Pastor, en el estudio de su hija, le permiten, efectivamente, decantarse hacia una potencialidad pict&oacute;rica estructurante, que viabiliza la fuerza de la geometrizaci&oacute;n sistematizada, en las nuevas escenas, que precisamente armonizan personas y paisajes, en sus estudiadas pinturas. Conjuntos narrativos sumamente simplificados, potentes en su soltura y resueltos con colores fuertes, intensos y contrastados.</p>
<p>Tal fue, por cierto, la &uacute;ltima aventura visual de Torres Pastor --capaz a&uacute;n de revitalizar sus metas, hasta en su &uacute;ltima apuesta-- quiz&aacute;s buscando, en cierta manera, poder asimilar, de alguna manera, creativamente, la fuerza ejemplarizante y tentadora, que, a su vez, desped&iacute;an aquellos paradigm&aacute;ticos paisajes, habitados, a ultranza, por la contrastada y potente geometr&iacute;a de Rosa Torres, aquellos que, incluso, pod&iacute;an llegar a destruir radicalmente, la imagen misma de la naturaleza, en su exclusivo af&aacute;n de redefinirla, de nuevo, deconstruy&eacute;ndola incansablemente, en su secreto / enigm&aacute;tico diccionario visual, constantemente puesto a prueba y renovado.&nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>
<p><strong><em>&nbsp;</em></strong></p>
<p>Francesc Miralles <em>et al.</em> &ldquo;Luis Torres Pastor&rdquo;<strong><em>. </em></strong>Exordio, Ricardo Garc&iacute;a Prats. Ep&iacute;logo, Mart&iacute; Dom&iacute;nguez. Edita Ayuntamiento de Rubielos de Mora / Comarca Gudar-Javalambre. 2024. ISBN-978-84.09-62631-1. Dep&oacute;sito Legal: V-2355-2024. Impresi&oacute;n: Gr&agrave;fiques Garc&iacute;a Bes&oacute;. 71 p&aacute;ginas. Numerosas im&aacute;genes en color.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 24 Oct 2024 11:40:45 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[San Ginés de la Jara: un monasterio, un monte, un grito]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/san-gines-de-la-jara-un-monasterio-un-monte-un-grito/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/GIULIA_CONTE_-_ZAIDA_S_NCHEZ_TERRER_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Cuando las p&aacute;ginas de esta novela son abiertas por primera vez, se puede vislumbrar que las palabras de Giulia Conte descubren, detr&aacute;s de su velo, el rostro de una nueva gran dama de la literatura &iacute;ntima <em>en noir</em>, asom&aacute;ndose muy despacio a su lector. Al comienzo, sus palabras hablan disfrazadas de <em>r&eacute;cit, </em>invocando una situaci&oacute;n <em>durasiana, </em>envuelta en su visi&oacute;n del despertar de la conciencia de infancia en el personaje de Nathalie, afirmando que &ldquo;la infancia tiene cosas terribles de las que nadie sabe. Y ya, desde peque&ntilde;os, nos crecen por dentro caracteres monstruosos que, luego, con los a&ntilde;os, se convierten en rocas que nos varan&rdquo; (p. 31).</p>
<p>Desde este despertar, tenemos el inmenso placer de presentar a Giulia Conte. Naci&oacute; en la Murcia de principios de los a&ntilde;os sesenta, desde donde inici&oacute; un eterno periplo inagotable por los paisajes y las almas de la mujer y su universo. Giulia Conte desembarc&oacute; en la literatura a trav&eacute;s de la uni&oacute;n de las sensibilidades, de las almas y, por supuesto, de los cuerpos de Zaida S&aacute;nchez Terrer y de Ana Verd&uacute; Conesa. Zaida S&aacute;nchez curs&oacute; estudios de Filolog&iacute;a, y Ana Verd&uacute;, de Veterinaria, en su Universidad local. No ser&iacute;a justo decir que Giulia Conte es su solo su heter&oacute;nimo. Giulia Conte es la uni&oacute;n de ambas, de la mujer universal y del lector invitado, en forma de <em>inspector Lecteur</em>, como ser&aacute; presentado en estas p&aacute;ginas.</p>
<p>Esta novela re&uacute;ne las variables de la novela<em> </em>negra rom&aacute;ntica, que ahora se nutre tambi&eacute;n del aroma est&eacute;tico del <em>roman &agrave; clef</em> mediante la duda, la deuda, el pasado, el dolor, con el fin de favorecer su tratamiento literario siempre ligado al desgarro, a la violencia del amor o al hecho de morir para seguir viviendo. En <em>Las voces del Monasterio</em>, Giulia Conte tiene el instinto creativo de Marguerite Duras y la sagacidad deductiva de Djuna Barnes. Son los universos existenciales de las principales protagonistas, Nathalie y Julia, los que llevan de la mano al lector hasta deslizarse por los recovecos m&aacute;s s&oacute;rdidos y condolidos de la naturaleza humana, desde el triunfo de sus propias ruinas, como le ocurre al monasterio, verdadero protagonista de esta historia. Mientras tanto, para el inspector Lecteur, que investiga en Par&iacute;s la extra&ntilde;a muerte de Nathalie, <em>&nbsp;</em>su devenir cotidiano es un encuentro consigo mismo, desde la <em>Place des Vosges</em>, paseando por los empedrados m&aacute;s sonoros del <em>Marais,</em> hasta poder respirar el aire fresco de San Gin&eacute;s de la Jara y el Monte Miral en Cartagena.</p>
<p>Desde el punto de vista po&eacute;tico narrativo, como una aut&eacute;ntica pieza de metaliteratura, la novela <em>Las voces del monasterio</em> est&aacute; estructurada en diez cap&iacute;tulos titulados y once invocaciones, articuladas en nombres propios franceses, susurros de la mujer universal que habita en las paredes de este tr&iacute;ptico conformado por los paisajes de Par&iacute;s, Cabo de Palos, y San Gin&eacute;s de la Jara, a trav&eacute;s de sutiles reminiscencias de Colette, Stendhal y Andr&eacute; Gide.</p>
<p>Asimismo, Giulia Conte nos invita a recordar su compromiso po&eacute;tico con la tierra y el patrimonio murciano. Es cierto que el car&aacute;cter l&iacute;rico de su prosa ha nacido de la esencia po&eacute;tica del pueblo, desde su propia tierra como ra&iacute;z, encarnada en las manos de cada lector. As&iacute; lo describe Miguel Hern&aacute;ndez en su obra &ldquo;Viento del pueblo&rdquo;, escrita en 1937, mediante la dedicatoria dedicada a Vicente Aleixandre, donde nos habla de la tierra como cimiento del poeta. Mar&iacute;a Herrera, en su pr&oacute;logo, da fe de este destino cuando afirma que:</p>
<p>&ldquo;Con esta obra, la autora contribuye al rescate del patrimonio murciano, pues su lectura favorece y provoca el inter&eacute;s y deseo en el lector de conocer el citado monasterio, as&iacute; como los dem&aacute;s lugares que lo rodean y donde trascurre la novela.</p>
<p>La lectura plantea al lector el concepto de multiverso, los universos paralelos, as&iacute; como las causalidades y revelaciones. De esta forma el lector cae en la cuenta de que nuestro universo podr&iacute;a ser uno en un n&uacute;mero infinito de universos paralelos, pudiendo existir conexiones entre estos&rdquo; (p. 14).</p>
<p>Momentos antes, Mar&iacute;a Herrera nos introduce a este paisaje comentando que &ldquo;la novela se encuentra ubicada en dos escenarios muy distintos: Cabo de Palos y Par&iacute;s, manteniendo como tel&oacute;n de fondo el monte Miral y el derruido Monasterio de San Gin&eacute;s de la Jara, declarado BIC con categor&iacute;a de sitio hist&oacute;rico en 1992, donde se hallan bienes paleontol&oacute;gicos, arqueol&oacute;gicos, y testigos de historia medieval, moderna y contempor&aacute;nea de la Regi&oacute;n de Murcia&rdquo; (p. 13).</p>
<p>Concluye su pr&oacute;logo diciendo que &ldquo;se trata pues de un multiverso, con el monasterio como tel&oacute;n de fondo, donde las &ldquo;voces del monasterio&rdquo; llaman a los diversos personajes ubicados en diferentes puntos geogr&aacute;ficos conectando de esta manera los distintos espacios&rdquo; (p. 14).</p>
<p>Nuestra autora inicia la novela con la muerte Nathalie, casi como decisi&oacute;n vital pura y consecuente con la desolaci&oacute;n de su propio impulso:</p>
<p>&ldquo;Algunos suicidas son personas que no lo han pensado dos veces. Son gente impulsiva, valiente, consecuente con su malestar, no como la mayor&iacute;a, que nos acostumbramos a la vida, aunque nos pese.&rdquo; (p. 25), porque &ldquo;la muerte es lo de menos, es la vida la gran protagonista, la que se lleva todo&rdquo; (p. 55).</p>
<p>Pero en realidad no sabemos c&oacute;mo ha muerto Nathalie. Esa muerte parece m&aacute;s un recorrido de p&eacute;rdidas. Ya en su infancia, el patio de juegos era el preludio de esa geograf&iacute;a silenciosa llena de dudas que va convirti&eacute;ndose en carencia, en ese silencio que&nbsp; &ldquo;se instala en la forma de jugar, de mirar a las amigas, de responder en el colegio&rdquo; (p. 31).</p>
<p>Para sobrevivir, dentro de aquel caos organizado, Nathalie aprendi&oacute; a distanciarse de su madre &ldquo;para no ser golpeada por su desd&eacute;n. Y eso me salv&oacute;, pero arruin&oacute; mi infancia. La inocencia se pobl&oacute; de prejuicios, de calculada prevenci&oacute;n, de sutiles cautelas&rdquo;. Llega a constatar que se convirti&oacute; &ldquo;en una ni&ntilde;a introvertida para no ser descubierta y empez&oacute; a escribir&rdquo; (p. 107)</p>
<p>Esta conversi&oacute;n se transforma en elemento clave de metaliteratura como doble ejercicio de maternidad en el texto de nuestra autora. Se trata del binomio Julia/Nathalie, las dos protagonistas, de su doble gestaci&oacute;n po&eacute;tica y maternal. &ldquo;Ahora vivo en la textualidad&rdquo;, afirma Nathalie. Como tal, este binomio siembra la entra&ntilde;a creativa de Ana/Zaida, a su vez, para gestar a Giulia Conte desde la complicidad m&aacute;s pura.</p>
<p>En este proceso de metaliteratura, la creaci&oacute;n literaria de Giulia Conte mediante Julia/Nathalie y desde Ana/Zaida es mucho m&aacute;s grata. No hay tanta responsabilidad o est&aacute; diluida entre emisores y receptores, autores y personajes, suspiros y paisajes, contenidos y continentes.</p>
<p>Otro aspecto que merece atenci&oacute;n en esta obra son los ecos de surrealismo po&eacute;tico, heredados de las obras de Gabriel Mir&oacute;, Azor&iacute;n, Juan Gil Albert y Fern&aacute;ndez Fl&oacute;rez. Desde esta situaci&oacute;n, tambi&eacute;n podemos disfrutar de ecos naturalistas apreciados en momentos basados en la descripci&oacute;n c&aacute;lido-crom&aacute;tica de la paisaj&iacute;stica de estos enclaves, donde el color del alma de San Gin&eacute;s y el Monte Miral susurran una sensualidad serena, que recuerda a ese cielo protector que ya evoca Paul Bowles en la obra del mismo nombre.</p>
<p>Esta tradici&oacute;n surrealista cobra un toque <em>blixeniano</em> cuando describe que &ldquo;la atracci&oacute;n que sin ton ni son siento por el monte Miral me fascina. Y no pienso resistirme. Es la tercera salida sola y en coche lejos de cabo de Palos, y de nuevo me dirijo all&iacute;&rdquo; (p 139). Momentos m&aacute;s tarde, la pasi&oacute;n <em>blixeriana</em> recobra su serenidad <em>yourcernariana</em> al afirmar que &ldquo;sigo contemplando el Monasterio de San Gin&eacute;s, all&aacute; abajo, el campo y el mar al fondo. Marr&oacute;n y verde en sus palmeras, naranjas de d&aacute;tiles en lo alto. Qu&eacute; bonito es. Me imagino sus huertos cuidados, sus muros completos y recios, sus tejados intactos, su torre orgullosa. Un monasterio, varias ermitas &hellip; &ldquo; (p. 142).</p>
<p>Dentro de estos paralelismos, merece ser destacado este fragmento donde nuestra autora nos evoca a las palabras del Conde de Volney desde la Palmira de su imaginaci&oacute;n cuando se afirma:&nbsp; &ldquo;salgo de las ruinas y bordeo ahora la ermita por la derecha para regresar al punto de partida, la fachada principal. Quiero disfrutar de la magn&iacute;fica panor&aacute;mica una vez m&aacute;s antes de alejarme del monasterio entre palmeras y el mar de fondo, pero no lleg&oacute; a completar el rodeo&rdquo; (p. 144).</p>
<p>La novela<em> Las Voces del Monasterio</em> despliega multitud de alas, como los &aacute;ngeles que, seg&uacute;n la leyenda, ayudaron a San Gines a construir una de las ermitas del Monte Miral. Este es tan s&oacute;lo uno de los escenarios de los muchos mundos posibles en los que la obra nos sumerge, mostrando un alma que diverge en varias esencias. Los personajes que aparecen en la novela no hacen m&aacute;s que buscar una identidad a trav&eacute;s de la acci&oacute;n literaria, de las formas reflejadas en su espejo, del silencioso banquete explosivo que resulta de sus m&uacute;ltiples interrelaciones.</p>
<p>Para terminar se hace necesario elegir un &uacute;ltimo <em>memento</em> que complete esta invitaci&oacute;n a su lectura. Nos estamos refiriendo a la calidad r&iacute;tmica, al valor sonoro y musical del texto. La afinada sensualidad <em>contiana</em>, conducida de un modo literario desde un contexto postmodernista, puede ser distinguida entre miles de envolturas. Por ejemplo, en la eufon&iacute;a de los nombres, donde nuestra autora se deja llevar por la epidermis tan atractiva de sus t&eacute;rminos y nos descubre denominaciones de personas, lugares y cosas, cuyo simple enunciado produce en el lector ese inmenso placer voluptuoso que nos provocan las palabras cuando est&aacute;n habitando el preciso lugar que les pertenece.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Giulia Conte, <em>Las voces del monasterio</em>. Murcia, Raspabook, 2023.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 24 Oct 2024 11:21:40 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Marina Oroza: “Solo tienen resonancia las palabras que parimos con vértigo”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/marina-oroza-solo-tienen-resonancia-las-palabras-que-parimos-con-vertigo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/MARINA_OROZA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Marina Oroza es hija del tambi&eacute;n poeta Carlos Oroza (Galicia, 1923-2015), un personaje que habita el imaginario colectivo de quienes persiguen lo ind&oacute;mito de lo po&eacute;tico, de quienes hacen (o admiran c&oacute;mo otros lo hacen) de su biograf&iacute;a su mejor verso. Imprevisible, inspirado, rebelde. Pero este poeta fue hombre, y el v&iacute;nculo que teji&oacute; con su hija fue &aacute;spero, complejo, de tan invisible incurable. De ello habla en <em>Decir</em> (&Aacute;rdora), un artefacto po&eacute;tico en el que se conjuran los efectos y las ausencias, donde su convoca la belleza y el dolor exacto de dos vidas que ni siquiera discuten. O s&iacute;, de otra manera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Hay que abrirse a la extra&ntilde;eza, al asombro&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Para &ldquo;entrar en uno mismo&rdquo;, &iquest;qu&eacute; disposici&oacute;n de &aacute;nimo se requiere?</p>
<p>- Supongo que hay que prepararse para entrar de puntillas, con mucho respeto. Abrirse a la extra&ntilde;eza, al asombro. Atender a lo que puede ser y no es, pero es.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;De qu&eacute; manera se vence el pudor para contar (decir) esta historia tan &iacute;ntima?</p>
<p>- En mi casa no se pod&iacute;a hablar de mi origen, era un tab&uacute; familiar. A pesar de todo, fui creciendo a trancas y barrancas, qued&oacute; pendiente hasta ahora la necesidad de desmentir una leyenda, a nivel &iacute;ntimo y social. Una leyenda de la que he formado parte involuntariamente hasta ahora. Empec&eacute; a habitar el territorio social del que fui excluida, gracias a un esp&iacute;ritu inconformista y rebelde. He transgredido con mi existencia; de hecho, hoy en d&iacute;a no habr&iacute;a nacido. <em>Decir</em> es una necesidad vital que fluye con la fuerza de la corriente de un r&iacute;o y sobrepasa las piedras de su cauce. Por fin ya no es m&iacute;a esta historia ni esta herida, este libro es una cicatriz y es del mundo. Sin embargo, como es un libro, cuando se abre, tambi&eacute;n lo hace la herida y cuando se cierra, la herida se cierra. Conf&iacute;o y espero que este abrir y cerrar al lector le pueda servir como lo ha hecho conmigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; sentido encontr&oacute; la escritura de <em>decir</em>?</p>
<p>- Ten&iacute;a que cerrar una historia para poder reconciliarme con mi ra&iacute;z. De ni&ntilde;a, solo cre&iacute;a lo que imaginaba, ese misterio alrededor de mi origen me daba mucha libertad. Pod&iacute;a inventar lo que quisiera, eran escenas que meticulosamente imaginaba, recuerdos inventados, como los del cine y los sue&ntilde;os. Despu&eacute;s vino una voz antigua, ese ritmo que escuchaba era el principio de un poema. Esa voz era una herramienta para transcribir lo que hab&iacute;a sucedido junto con lo que hab&iacute;a imaginado. He tenido que finalmente escribir para poder pensar y llegar a decir, la escritura permite diseccionar, investigar, reflexionar. El t&iacute;tulo del libro es <em>Decir</em>, sin embargo es escritura y funciona como una partitura. Primero estaba el silencio, im&aacute;genes sin palabras, luego lleg&oacute; esa voz que desemboc&oacute; en la escritura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;De qu&eacute; modo marca la escritura una ausencia insoslayable como la de un padre?</p>
<p>- Del mismo modo que marca la escritura todo lo que tiene que ver con el misterio de nuestro origen y el de nuestras peque&ntilde;as biograf&iacute;as.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Le devuelvo una pregunta que aparece en uno de los versos: &ldquo;&iquest;van frases en la sangre, palabras?&rdquo;</p>
<p>- S&iacute;, creo que son resonancias magn&eacute;ticas que vienen de una especie de or&aacute;culo gen&eacute;tico y biol&oacute;gico. Es una memoria ancestral de la voz. Por experiencia, s&eacute; que no es cultural, no depende de la vida en com&uacute;n, de la educaci&oacute;n ni de la informaci&oacute;n que te pueda llegar. Son ecos org&aacute;nicos de la sangre, se manifiestan con palabras. Vale la pena afinar el o&iacute;do para escucharlos, pero son m&aacute;s anecd&oacute;ticas que sustanciales. El procedimiento de la escritura po&eacute;tica es diferente al biogr&aacute;fico y al biol&oacute;gico, va por otro lado y es esencial.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La belleza de los matices se puede apreciar cuando aceptas la vulnerabilidad y la transformas en fortaleza&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; brota de &ldquo;la tierra f&eacute;rtil de la resistencia&rdquo;?</p>
<p>- Brotan flores sencillas, humildes y orgullosas como las amapolas. Y brota la sensaci&oacute;n de haber cumplido con lo que te ha tocado vivir. La belleza de los matices se puede apreciar cuando aceptas la vulnerabilidad y la transformas en fortaleza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;les son esas &ldquo;palabras sin resonancia que quedar&aacute;n borradas por la niebla&rdquo;?</p>
<p>- Las palabras c&aacute;scara, las que nacen del ruido y no sienten. Solo tienen resonancia las palabras que parimos con v&eacute;rtigo, las palabras llave: funcionan como conjuros y nacen del silencio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Que &ldquo;no seamos en todo momento / quien hubieran querido que fu&eacute;ramos / los que forman parte de nosotros&rdquo;, &iquest;es un alivio, una contrariedad, algo fatal?</p>
<p>- Es dif&iacute;cil de aceptar. Algo que juzgas como fatal y la contrariedad que genera se convierte en un alivio cuando logras aceptar lo que realmente es, sin juzgar ni buscar explicaciones. Lo importante es poder llegar a desentra&ntilde;arlo y saber lo que es. Los genes son solo un punto de partida para elegir lo que vas a potenciar y lo que no. La libertad de elegir es un gran honor cuando sabes lo que hay.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; territorio recorre esa &uacute;ltima palabra que requiere la vida entera para decirse?</p>
<p>- El inconsciente est&aacute; en el cuerpo. Esa &uacute;ltima palabra recorre el cuerpo en todas sus dimensiones y direcciones hasta que llega a tener la conciencia de si misma necesaria para poder articularse con propiedad, de manera rotunda y verdadera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El proceso de escritura solo es potente y transformador cuando es radicalmente honesto&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;De qu&eacute; modo el dolor convierte a alguien en poeta?</p>
<pre>- El dolor es un s&iacute;ntoma incapacitante, es la alarma que reclama la necesidad de sanar una herida. La escritura po&eacute;tica, aunque no lo parezca, es de una gran utilidad en este sentido. Entresaca las palabras de su contexto habitual para ponerlas al servicio de una transformaci&oacute;n, es la medicina necesaria para fluir con lo que, por ser inexplicable de nuestra existencia, es tambi&eacute;n maravilloso. El proceso de escritura solo es potente y transformador cuando es radicalmente honesto. </pre>
<pre>&nbsp;</pre>
<p>Cuando muri&oacute; mi padre biol&oacute;gico, escrib&iacute; un texto narrativo fruto de una catarsis dolorosa y, al cabo de los a&ntilde;os, he tenido la necesidad de cerrar esa historia con el fruto de una catarsis placentera que consiste en decir lo mismo, pero en clave po&eacute;tica. &ldquo;Decir&rdquo; es un poema largo que destil&oacute; el primer texto, hizo falta placer para formar finalmente la cicatriz.</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 24 Oct 2024 10:57:14 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La genialidad premiada]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-genialidad-premiada/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/LUIS_BU_UEL_Y_JEAN-CLAUDE_CARRI_RE_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Hab&iacute;amos conocido la querencia de Ferm&iacute;n Sol&iacute;s por la obra de Luis Bu&ntilde;uel con la aparici&oacute;n del majestuoso &ldquo;Bu&ntilde;uel en el laberinto de las tortugas&rdquo; que recog&iacute;a el rodaje de &ldquo;Tierra sin pan&rdquo;, con el apoyo log&iacute;stico y econ&oacute;mico de Ram&oacute;n Ac&iacute;n y que reflejaba el retraso social de Las Hurdes tuvo su adaptaci&oacute;n posterior en una pel&iacute;cula animada donde el actor Jorge Us&oacute;n realiz&oacute; un doblaje extraordinario de la voz de Luis Bu&ntilde;uel, en especial en los momentos donde el director de Calanda hablaba con acento franc&eacute;s. En esta ocasi&oacute;n acompa&ntilde;ado en el guion por &Oacute;scar Arce y Esteve Soler, &ldquo;Bu&ntilde;uel y los sue&ntilde;os del deseo&rdquo; reproduce las semanas de escritura del guion de &ldquo;Belle de jour&rdquo; con un esquema que va de lo on&iacute;rico a lo arquitect&oacute;nico.&nbsp;</p>
<p>No puede ser casualidad que, hace unas pocas semanas, me encontrara paseando por Zaragoza, ciudad mutante, ciudad que se ausenta, y encontrara en una librer&iacute;a de lance dos ejemplares de la edici&oacute;n de bolsillo de &ldquo;Mi &uacute;ltimo suspiro&rdquo;, la autobiograf&iacute;a de Luis Bu&ntilde;uel en la que dedica unas l&iacute;neas al laborioso proceso de preparaci&oacute;n de aquel rodaje: &laquo;En 1966 acept&eacute; la proposici&oacute;n de los hermanos Hakim de adaptar &ldquo;Belle de jour&rdquo; de Jose Kessel. Ofrec&iacute;a, adem&aacute;s, la posibilidad de introducir en im&aacute;genes algunas de las enso&ntilde;aciones diurnas de Severin, el personaje principal, que interpretaba Catherine Deneuve. La pel&iacute;cula me permit&iacute;a describir con bastante fidelidad varios casos de perversiones sexuales. Me divierte y me interesa, pero yo, personalmente, no tengo nada de perverso en mi comportamiento sexual. Lo contrario ser&iacute;a sorprendente. Yo creo que a un perverso no le gusta mostrar en p&uacute;blico su perversi&oacute;n, que es su secreto&raquo;. Bu&ntilde;uel fuma, como si fumar fuera respirar y, en la primera semana madrile&ntilde;a, contempla a la diosa Cibeles desde su hotel. Si el acto de fumar es la respiraci&oacute;n, el coraz&oacute;n son las teclas de su guionista, golpeando la m&aacute;quina de escribir, en un ejercicio desesperanzado. Una jirafa y un folio en blanco. En el aire, uno de los mayores misterios de Luis Bu&ntilde;uel, de su obra: &iquest;Qu&eacute; hay en la cajita que provoca el temor? Nada. El director se pregunta: &laquo;Y si lo invisible fuera lo &uacute;nico que hay ver en el cine?&raquo;. Los autores hacen aparecer a una pareja de fantasmas parisinos como catalizador del proyecto. Presentados por invitados por Luis Bu&ntilde;uel a su compa&ntilde;ero, le deja claro que no es necesario que est&eacute;n muertos. Parte de la arquitectura l&iacute;rica con la que se construyen las vi&ntilde;etas lo constituyen las im&aacute;genes del metro de Madrid, completamente vac&iacute;o y cubierto de destrozados maniqu&iacute;es. Es de una sugerencia abrumadora. Como asumir que es en el blanco y negro de Friz Lanz, en su pel&iacute;cula &ldquo;Las tres luces&rdquo; donde Luis Bu&ntilde;uel encuentra su inspiraci&oacute;n. De nuevo, en declaraciones extra&iacute;das de su libro &ldquo;Mi &uacute;ltimo suspiro&rdquo;: &laquo;Abri&oacute; mis os a la po&eacute;tica expresividad del cine&raquo;. El guion debe de ser un demiurgo frente a la escena: el cementerio de Madrid, territorio entre Mariano Jos&eacute; de Larra y el joven Francisco Umbral, los autores cobijan el concepto de que los fantasmas no deben estar ausentes, solo aislarse, suministrar su aliento fr&iacute;o desde el lugar preciso. En voz de Bu&ntilde;uel: &laquo;El mundo ha llegado a su fin. Si la muerte es la nada, &iquest;C&oacute;mo le va a tener nadie miedo a la nada?&raquo;. Escenarios como los Estudios de Chamart&iacute;n, donde Luis Bu&ntilde;uel aparece disfrazado de muerte, un traje que ha tra&iacute;do desde M&eacute;xico y que le sirve para el encuentro con el vino y Jean-Claude, el segundo protagonista del tebeo. Jean-Claude Carri&egrave;re, un treinta&ntilde;ero con cierta fama como guionista, que se encuentra junto y tras Luis Bu&ntilde;uel en esta aventura. El paralelismo entre el demente Quijote y el prosaico Sancho Panza resulta evidente en las primeras p&aacute;ginas, hasta que, como todo en la obra de Luis Bu&ntilde;uel, se desborda: la destrucci&oacute;n de la novela, las p&aacute;ginas al azar como en procesos de escritura autom&aacute;tica de William S. Burroughs, nos llevan a la pregunta: &iquest;Qu&eacute; es lo que quer&iacute;a Bu&ntilde;uel? &iquest;Hasta d&oacute;nde quer&iacute;a llegar? &iquest;Comercial o an&aacute;rquico? La decisi&oacute;n se la dar&aacute; su viaje, simb&oacute;lico y pleno, al otro lado del espejo, con el que termina el primer acto.&nbsp;</p>
<p>Ese paso hacia el otro lado, del que en ning&uacute;n momento se nos hace acuse de recibo, nos revela que Luis Bu&ntilde;uel quiere que su cine sea para la pareja parisina, que los retenga en la sala, sin que piensen en salir. Una sencillez que provoca la complicidad con el lector. La segunda semana, de nuevo la belleza del viejo Madrid es parte intr&iacute;nseca del desarrollo de la historia de &ldquo;Bu&ntilde;uel y los sue&ntilde;os del deseo&rdquo;, ofreci&eacute;ndonos algo del Madrid antiguo, delicado, bello, donde a&uacute;n queda algo de Emilio Carrere y en el que los transe&uacute;ntes apartan viejos peri&oacute;dicos con art&iacute;culos de Cesar Gonz&aacute;lez Ruano. La famosa receta del martini perfecto, el Bu&ntilde;ueloni, los productores, el dinero, la doble p&aacute;gina de cuatro por seis vi&ntilde;etas donde nos muestran la combinaci&oacute;n del alcohol y la actriz, los cameos de Yves Saint Laurent y Louis Malle, la llegada a Par&iacute;s. Ceniceros llenos, desbordados, el cinzano, los cinzanos acumulados, la prueba de c&aacute;mara de Catherine Deneuve. El momento del surrealismo, con Carri&egrave;re sufriendo un confeti de teclas en una arquitectura de tela de arena. Es un sue&ntilde;o: &laquo;Los fantasmas disfrutan m&aacute;s del sue&ntilde;o que de la muerte&raquo;. Muerte y Dios, los grandes temas de la obra de Bu&ntilde;uel. De Par&iacute;s a San Jos&eacute; Pur&uacute;a, un lugar para el descanso y la creaci&oacute;n. Balneario con radiaci&oacute;n, sue&ntilde;o, aperitivos y trabajo. El guion toma forma: lo que no se ve es un maullido constante durante todo el metraje. Por fin, al final de segundo acto, Jean-Claude Carri&egrave;re ve por fin a los ancianos, a los fantasmas, y comienza el teclear enfebrecido del texto, como una S&aacute;bana Santa, como un manuscrito beatnik, anfetam&iacute;nico y es en esa febr&iacute;cula donde se ve atrapado, la inspiraci&oacute;n se convierte en una bella alfombra de letras. La vuelta a Madrid, al Hotel Palace nos ofrece una experiencia total, una inmersi&oacute;n de urbanismo y arte que hace de esta obra algo m&aacute;s que la simple narraci&oacute;n ilustrada de los hechos: la sirena Deneuve, el advenimiento de la muerte como cierre, el Museo del Prado, un t&uacute;nel con luz en el fondo -ah&iacute; es donde est&aacute; la parca, est&aacute; claro-, Jean-Claude Carri&egrave;re y Luis Bu&ntilde;uel frente a las pinturas negras de Francisco de Goya: &laquo;Hagamos una agujero en la noche/para saber si ma&ntilde;ana habr&aacute; d&iacute;a&raquo;. Atravesaron el espejo, quiz&aacute; en el momento final, cuando ambos contemplan &lsquo;Las meninas&rsquo; de Vel&aacute;zquez se produce la vuelta. La quinta y &uacute;ltima semana se completa con m&aacute;s fantasmas, m&aacute;s cementerios, m&aacute;s m&aacute;scaras y un aviso: la genialidad puede acabar siendo premiada. El cierre majestuoso con la presencia del Cine Dor&eacute; de la capital de Espa&ntilde;a, donde se encuentra la sede de la Filmoteca Nacional, demuestra que estamos ante una de las novelas gr&aacute;ficas m&aacute;s sugerentes y profundas del a&ntilde;o.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Bu&ntilde;uel y los sue&ntilde;os del deseo&rdquo;. Ilustraci&oacute;n de Ferm&iacute;n Sol&iacute;s y gui&oacute;n de &Oacute;scar Arce/ Esteve Soler, Barcelona, Reservoir Books, 2024.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 21 Oct 2024 07:34:52 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Isabel González: “El camino a la esencia discurre siempre por vericuetos complejos”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/Isabel-gonzalez-el-camino-a-la-esencia-discurre-siempre-por-vericuetos-complejos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/ISABEL_GONZ_LEZ_-_Fotograf_a_de_Luc_a_Bailon_500_px.jpg" alt="" /></p>
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<p><em>La geometr&iacute;a de los cuentos</em> (Universidad de Le&oacute;n) es un hermoso y fascinante artefacto. Un grimorio que permite transmutar la palabra en imagen, en articulaci&oacute;n m&oacute;vil, en ilustraci&oacute;n de lumbre capaz de aportar a lo esf&eacute;rico una nueva textura. Su autora, Isabel Gonz&aacute;lez (Ejea de los Caballeros, Zaragoza, 1972) ha unido su naturaleza de narradora y su oficio de infografista para adentrarse a algunos de los relatos m&aacute;s altos de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas y profundizar en ellos convirti&eacute;ndolos en una infograf&iacute;a que no es sino una manera diferente (y salvaje) de mirarlos. Estos gr&aacute;ficos empezaron a aparecer en el suplemento &lsquo;La Esfera de Papel&rsquo;, de El Mundo, y el profesor Jos&eacute; Manuel Trabado, que iba a escribir un art&iacute;culo acad&eacute;mico sobre el trabajo de Gonz&aacute;lez, se involucr&oacute; de tal modo en el proceso art&iacute;stico-period&iacute;stico de la escritora que finalmente procur&oacute; una exquisita edici&oacute;n que podr&iacute;a presidir cualquier biblioteca palatina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Al trasvasar el lenguaje literario al visual, la escritura adquiere propiedades pl&aacute;sticas&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- La geometr&iacute;a de los cuentos, &iquest;es una suerte de f&oacute;rmula matem&aacute;tica de la narraci&oacute;n?</p>
<p>- No s&eacute; si cabe una f&oacute;rmula matem&aacute;tica que explique la narraci&oacute;n perfecta, como no s&eacute; si existe una f&oacute;rmula que explique el origen del universo. Lo que s&iacute; existe es un af&aacute;n de comprender, algo opuesto al sentir en primera instancia, pero no. No es as&iacute;. Sentir y pensar est&aacute;n enlazados. Como dice Andr&eacute;s S&aacute;nchez Robayna, hay pensamientos confusos e impulsivos y emociones reflexivas y precisas. Y de existir una f&oacute;rmula, habr&aacute; de ser matem&aacute;tica en tanto que abstracta, com&uacute;n y particular, cerebral y sensitiva. La misma f&oacute;rmula que explique el origen del universo explicar&aacute; el mejor de los cuentos (si es que esto existe), la mejor hogaza de pan y el mejor trayecto de Alicante a Burgos.</p>
<p>A efectos pr&aacute;cticos, al trasvasar el lenguaje literario al visual, la escritura adquiere propiedades pl&aacute;sticas y se transforma en planos, l&iacute;neas, &aacute;ngulos, colores; elementos que empiezan a relacionarse entre ellos acorde con la narraci&oacute;n. &iquest;De qu&eacute; color es el infinito? &iquest;C&oacute;mo se configuran las conexiones entre dos mundos? &iquest;Qu&eacute; ropajes viste el orgullo? Cada cuento plantea unas cuestiones que habr&aacute;n de resolverse mediante s&iacute;mbolos y patrones gr&aacute;ficos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- El t&iacute;tulo es un homenaje al libro de Cheever <em>La geometr&iacute;a del amor</em>.</p>
<p>- Por supuesto. Me he tirado a muchas piscinas y con mucho amor en este libro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Sabemos descifrar los c&oacute;digos visuales con bastante m&aacute;s agilidad de lo que pensamos&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; aporta la lectura de las infograf&iacute;as al cuento, de qu&eacute; modo extrae, la infograf&iacute;a &ldquo;el encofrado invisible del cuento&rdquo;?</p>
<p>- Como mi hermana dir&iacute;a, lo que aportan estas infograf&iacute;as es m&aacute;s complejidad. Y tiene raz&oacute;n. Porque es una nueva perspectiva que se a&ntilde;ade a la propia y porque el camino a la esencia discurre siempre por vericuetos complejos. En todo caso, no se tratan de una &ldquo;soluci&oacute;n&rdquo; sino de un an&aacute;lisis particular, de una perspectiva matizable, contradecible o adorable, all&aacute; cada cual. Jam&aacute;s cerrada, eso s&iacute;. Se trata de cuentos m&iacute;ticos y universales que resisten el paso del tiempo. Y si resisten es gracias a su misterio irreductible. Creo que estas infograf&iacute;as abren un nuevo di&aacute;logo con los cuentos en otro idioma. En un idioma gr&aacute;fico y visual no tan desconocido como creemos a poco que entremos en &eacute;l. Sabemos descifrar los c&oacute;digos visuales con bastante m&aacute;s agilidad de lo que pensamos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Cada nueva historia engendra un nuevo misterio&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo era el proceso de estas infograf&iacute;as literarias?</p>
<p>- Cada cuento plantea unas exigencias. Pero en todos ellos hay un proceso com&uacute;n. En todos ellos hay que vencer el miedo a que al analizar minuciosa y gr&aacute;ficamente ese relato que tanto amamos se pierda la magia, el misterio. Y por lo tanto, en primer lugar, hay un duelo por el fin del misterio. Despu&eacute;s, una vez superado el duelo, se pasa a una p&eacute;rdida de respeto casi s&aacute;dica. Es decir, amo tanto, pero tanto esta rana que la voy a rajar, la voy a eviscerar y voy a alinear sus tripas sobre la mesa para saber qu&eacute; lleva dentro. Una vez hecho esto, comienza el periodo de ensimismamiento, de clasificaci&oacute;n e indagaci&oacute;n mediante patrones gr&aacute;ficos, un proceso lleno de errores y m&aacute;s errores y alg&uacute;n acierto, v&aacute;lgame dios, que nos permita seguir avanzado. Aqu&iacute; se dan cita el pensamiento y la emoci&oacute;n, la s&iacute;ntesis y el desparrame, y se trata de un proceso hipn&oacute;tico y desesperante. Hasta que llega el &eacute;xtasis, la catarsis, el gran hallazgo que nos permite volver a ordenar las tripas. Este es el momento de mayor placer quiz&aacute;, al que sigue una nueva tarea, la m&aacute;s trabajosa y delicada y artesanal que consiste en recoser todo mediante c&oacute;digos visuales. Este proceso es laborioso, pero m&aacute;s pac&iacute;fico y con mayor nivel de aciertos. Despu&eacute;s, una vez reconstituido el cuento, llega la paz. Y otra duda. Menos mal. No hay soluci&oacute;n. Cada nueva historia engendra un nuevo misterio. El enamoramiento no cesa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;l ha sido el criterio para escoger estos once relatos?</p>
<p>- El criterio es que yo los amara y que ellos se desvelaran. Y no siempre es posible. Cuando no se dejan hay que desistir. Lo dice muy bien la enorme escritora Lucia Berlin. En todo cuento &ldquo;la imagen debe conectar irremediablemente con una experiencia concreta e intensa&rdquo;. Esta es la b&uacute;squeda. La de la imagen generatriz que puede envolver y explicarlo todo. Si no lograba dar con esta imagen (<em>interpretante gr&aacute;fico</em> ha bautizado este t&eacute;rmino el profesor, investigador y editor Jos&eacute; Manuel Trabado) no hab&iacute;a nada que hacer. &nbsp;Se trata, en todo caso, de una especie de traducci&oacute;n de c&oacute;digos literarios a gr&aacute;ficos, de una alquimia arriesgada, pues el material original (el cuento en cuesti&oacute;n) ya es oro y a veces se fracasa, s&iacute;. No hay otra. &iquest;C&oacute;mo convertir el oro en m&aacute;s oro? Ni idea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Hubo alg&uacute;n relato que diera por imposible a la hora de &lsquo;traducirlo&rsquo; a gr&aacute;ficos?</p>
<p>- S&iacute;. Pero acabar&eacute; haci&eacute;ndolos, soy de Zaragoza. La apertura no ha de ser solo del cuento sino tambi&eacute;n del infografista. Ah&iacute; tengo pendientes &lsquo;La cosecha&rsquo; de Amy Hempel, o &lsquo;Un d&iacute;a perfecto para el pez pl&aacute;tano&rsquo;, de Salinger. &lsquo;El Aleph&rsquo;, un cuento que no entend&iacute;a, el cuento con la acci&oacute;n m&aacute;s aburrida de la historia, a mi parecer, tambi&eacute;n me result&oacute; muy dif&iacute;cil y tortuoso. No acababa de encontrar esa met&aacute;fora visual que permitiera, al mismo tiempo, explicar y representar la historia. Entonces los colores primarios se conjugaron y &iexcl;eureka! Ahora me parece mucho m&aacute;s fascinante.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Cada infograf&iacute;a nace de un deseo&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; tienen en com&uacute;n autores tan dispares como Grace Paley, Borges, Shirley Jackson?</p>
<p>- La capacidad de envolver la perla. Me explico. Cada infograf&iacute;a nace de un deseo. En &lsquo;El nadador&rsquo; de Cheever quer&iacute;a ver las piscinas. &lsquo;El Aleph&rsquo; de Borges quer&iacute;a entenderlo. En &lsquo;La noche boca arriba&rsquo; quer&iacute;a desvelar los trucos de Cort&aacute;zar (te pill&eacute;). Con el an&aacute;lisis de &lsquo;La loter&iacute;a&rsquo; de Shirley Jackson quer&iacute;a vengar a Tessie Hutchinson. &lsquo;La debutante&rsquo; de Leonora Carrington me impulsaba a dibujar a mano. Con &lsquo;La metamorfosis&rsquo; de Kafka quer&iacute;a visualizar el an&aacute;lisis de Deleuze y Guattari, etc. Y a partir de ah&iacute;, comienza la indagaci&oacute;n. En la superficie. Dec&iacute;a Hugo von Hofmansthal: &laquo;La profundidad hay que esconderla. D&oacute;nde. En la superficie&raquo;. He aqu&iacute; lo com&uacute;n. La capacidad de trazar la superficie m&aacute;s f&eacute;rtil donde arraigue una cuesti&oacute;n at&aacute;vica, primaria, primitiva.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Todo cuento es susceptible de ser transformado en infograf&iacute;a?</p>
<p>- S&iacute;. E incluso en varias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Definitivamente, no tengo ni idea de qu&eacute; escribo&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- El hecho de que usted escriba relatos, &iquest;de qu&eacute; modo ha facilitado la tarea?</p>
<p>- No lo tengo claro. No s&eacute; si facilita o dificulta. Sin duda, si no me apasionara la lectura ni la escritura, ni el g&eacute;nero del cuento en particular, estas infograf&iacute;as literarias hubieran sido imposibles. &iquest;Pero la cuesti&oacute;n en concreto de escribir? A ver. Por petici&oacute;n del editor, en este libro, he hecho el primer an&aacute;lisis gr&aacute;fico de un cuento m&iacute;o. De &lsquo;Nadie cumple a&ntilde;os&rsquo;, un relato que aparece en el libro <em>Nos queda lo mejor </em>(P&aacute;ginas de Espuma), y lo cierto es que me resist&iacute; un poco a hacerlo. Lo dicho. Un poco. Vamos, que no tard&eacute; en aceptar. La cosa me repel&iacute;a y me atra&iacute;a a la vez. Sab&iacute;a que iba a someterme a m&iacute; misma a una extra&ntilde;a sesi&oacute;n de auto-terapia infogr&aacute;fica. Y as&iacute; sucedi&oacute;. Eleg&iacute; ese relato porque es el que menos me cost&oacute; escribir y el que m&aacute;s conecta con la gente. &iquest;Por qu&eacute;? Esta era la pregunta. La respuesta me flip&oacute;. Definitivamente, no tengo ni idea de qu&eacute; escribo. Freud, un principiante. Menos psicoan&aacute;lisis y m&aacute;s infograf&iacute;as literarias.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 18 Oct 2024 12:58:03 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La inmutable belleza de lo inabarcable]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-inmutable-belleza-de-lo-inabarcable/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/ENRIQUE_CEBRI_N_ZAZURCA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Enrique Cebri&aacute;n Zazurca (Zaragoza, 1978) es un poeta de la contemplaci&oacute;n y la m&iacute;stica anecd&oacute;tica. En lo cotidiano construye su arquitectura po&eacute;tica, refugio generacional, proyecto de canon con sus &uacute;ltimos libros: <em>La chica del verano</em>, una explosi&oacute;n tormentosa de amor hacia su madre ausente y <em>Familia numerosa</em> un patio de juegos para el escritor, donde amalgama pasado y presente en la construcci&oacute;n de nuevos recuerdos, &lsquo;<em>S&iacute; la ola</em>&rsquo;, tercero en esta subjetiva trilog&iacute;a, es la ventana abierta al mar. El mar como m&iacute;stica inconclusa e inabarcable de la poes&iacute;a. Como mito de la creaci&oacute;n, como met&aacute;fora &uacute;ltima del universo y la vida: &lsquo;He roto el mar&rsquo; de Manuel Mart&iacute;nez Forega o &lsquo;Arde el mar&rsquo; de Pere Gimferrer son los t&iacute;tulos reverenciales de una armon&iacute;a c&oacute;smica, de una lucidez l&iacute;quida que Enrique Cebri&aacute;n, el m&aacute;s l&uacute;cido de los poetas aragoneses de su generaci&oacute;n, utiliza para recibir los lenguaraces susurros del Mediterr&aacute;neo, cargados de amor, de pasado, de contemplaci&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>La ra&iacute;z est&aacute; enterrada en la playa, en el continente de Sirualas, logotipo m&iacute;tico del &uacute;nico pa&iacute;s posible, un pa&iacute;s propio, familiar y ajeno, que se asoma, humilde, hacia el mar Mediterr&aacute;neo y recibe, constantemente, los fogonazos de inspiraci&oacute;n del poeta. El pasado enterrado en la arena, el hoy como monedas en los bolsillos: la poes&iacute;a queda encerrada en la &uacute;nica palabra que es capaz de contenerla; cuartilla. La generaci&oacute;n es transitiva: abuelo, padre e hijo, activistas m&uacute;ltiples en el profuso negacionismo del dolor. Enrique Cebri&aacute;n es poeta que combate contra el tiempo para defender la vida y lo hace dando carta de existencia al recuerdo a trav&eacute;s de sus versos. Todav&iacute;a h&eacute;roe en la gesta, encuentra el rastro del caballero en sus reverenciados Luis Alberto de Cuenca y Julio Mart&iacute;nez Mesanza &minus; que cierra el libro-, y nos hace preguntarnos: &iquest;Cu&aacute;ndo llegar&aacute; el mar con su hambre atrasada? &iquest;Son las olas bocanadas de dispuestas a empapar la arena hasta hacerla intransitable?&nbsp;</p>
<p>La segunda parte del libro constituye el n&uacute;cleo fundamental, tanto en longitud como en construcci&oacute;n po&eacute;tica. Escribe Enrique Cebri&aacute;n: &ldquo;Pa&iacute;s peque&ntilde;o junto al mar&rdquo;, lugar de democracia alterada, de espera calma donde la muerte ha llegado con sus mejores galas, dispuesta a vivir un verano eterno. Los ni&ntilde;os de los poemas son hijos de los poetas que los escriben, como el dolor de los versos son propiedad de las cicatrices que abren a sus padres. Amantes y amigos, el verano permite tomar aire frente a la enfermedad. El verano es tregua, todo lo dem&aacute;s constituye &uacute;nicamente d&iacute;as de asueto, triste espera de la vuelta al vulgar invierno. Solo el mar no falla. Su naturaleza permanece en el hombre que fue ni&ntilde;o de secano y encontr&oacute; su descanso cada julio o agosto: &ldquo;Luego entrar&eacute; en el mar y la resaca/me arrastrar&aacute;/hacia el noreste/tan solo eso es seguro&rdquo;. Rematar el est&iacute;o con &ldquo;Barcos en el dique seco&rdquo;, con &ldquo;Aplaudir el final de los fuegos artificiales&rdquo;, con el cuerpo querido maquillado por el sol de Sirualas. El poeta, con sus distintas palabras, nos recuerda que escupir sobre los castillos de arena es hacerle el trabajo a las lluvias del oto&ntilde;o y que, cuando se aleja la l&iacute;nea de tierra, el cuerpo de la mujer amada es la trayectoria que nos devuelve, entre cada l&aacute;mina y vericueto, hacia la ciudad, sea esta esquirla entre el recuerdo o fleco que dejas al marcharte. Escribe Enrique Cebri&aacute;n: &ldquo;Volvemos hoy a esta ciudad con mar/en donde en cada calle/apu&ntilde;ala un recuerdo/la memoria&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Elige un nombre para la mujer, leer a Jos&eacute; Mateos, el poema es para Mar&iacute;a, la divinidad principal del Olimpo del poeta. Un pante&oacute;n m&iacute;nimo, devoto el poeta, encuentra la paz mediterr&aacute;nea de Sirualas compartida con ella: &ldquo;Comprendimos el sol de la tarde d&oacute;cilmente/o la menuda lluvia&rdquo;. Los ni&ntilde;os que anulan la soledad cumplen la misma misi&oacute;n con la tristeza: &ldquo;Porque trazar de nuevo una derrota/es saber, quiz&aacute;s, /que hemos triunfado&rdquo;. En &lsquo;Posidonia', como la canci&oacute;n de La habitaci&oacute;n roja, la obsesi&oacute;n generacional, queroseno de nuestros tiempos, m&aacute;s all&aacute; de &ldquo;Una idea de la mar&rdquo; es el paso del hijo al padre, del padre al hijo. Cercado por los impulsos, estos se abren paso entre el verd&iacute;n submarino hasta completar su metamorfosis en recuerdos: &ldquo;Navegar con mis padres/y me ve ahora/surcarla con mis hijos&rdquo;. Donde el lector puede encontrar mar u olas tambi&eacute;n puede hallar vida. El Mediterr&aacute;neo, en su min&uacute;sculo tama&ntilde;o geogr&aacute;fico, crece hasta el dominar la pasi&oacute;n l&iacute;rica del poeta aragon&eacute;s. Como otros escritores zaragozanos, sedientos por el mar ausente, son cautivos del recuerdo infantil de sus costas. Y, as&iacute;, sin nave, Ulises todos de un secano creciente, hacen del incendio otra ola distinta, que arrasa con todo, en un doble juego de paralelismos: abandonar la literatura para alcanzar la vida, escapar de la noche para lograr dictaminar un punto de partida.&nbsp;</p>
<p>Tras la enumeraci&oacute;n, caballo, yegua, misterio, arena, gotas&hellip; pensar en Lisboa, en el otro extremo de la pen&iacute;nsula, donde la espuma, novia de la ola, rompe contra la roca, retenida en un limbo de ligereza y olvido, como tantas otras olas, como tantas otras mareas, como tantos otros mares y oc&eacute;anos. Son definitivos estos versos finales: &ldquo;Una mujer camina/y no hay ojos que puedan/comprender su belleza&rdquo;. Es el amor, incansable y fiel como el golpe de la marejada, de la ola que da t&iacute;tulo al libro, que enjuaga los versos: &ldquo;Cuando te conoc&iacute;/y me ense&ntilde;aste el modo/en que adorar tu cuerpo&rdquo;. Palabras, que como las l&aacute;grimas en la piel de los peces, como el surco del pez&oacute;n ineludible, son un canto de plata. Ese es el secreto del reflejo donde los lectores de Enrique Cebri&aacute;n podemos encontrarnos.&nbsp;</p>
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<p>Enrique Cebri&aacute;n Zazurca, <em>S&iacute; la ola</em>, Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2024</p>
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      <pubDate>Mon, 14 Oct 2024 06:42:04 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Iberia desvertebrada]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/iberia-desvertebrada/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/DAVID_UCL_S_3_500_px.jpg" alt="" /></p>
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<p><em>La pen&iacute;nsula de las casas vac&iacute;as</em>, novela escrita por el joven autor jienense David Ucl&eacute;s, y que est&aacute; siendo uno de los libros de 2024, es, cuando menos, una obra singular y osada, que opera l&oacute;gicamente en el campo de la literatura, pero que, dado su tema y estilo, ser&iacute;a ingenuo pensar que no lo hace en los de la historia o la pol&iacute;tica de nuestro pa&iacute;s. Ve&aacute;moslo.</p>
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<p><strong>Literatura</strong></p>
<p>La novela utiliza el realismo m&aacute;gico para explicar, o narrar, o sentir, o m&aacute;s bien todo ello, la Guerra Civil espa&ntilde;ola a trav&eacute;s de la historia de una familia diezmada por el conflicto. Esta opci&oacute;n estil&iacute;stica es lo m&aacute;s evidente y singular en el libro, cuyo epicentro es un pueblo de nombre ficticio, J&aacute;ndula, de Ja&eacute;n, que irremediablemente recuerda al Macondo de C<em>ien a&ntilde;os de soledad</em>. Como en el libro de Garc&iacute;a M&aacute;rquez, la tierra tiene sus magias y da lugar a acontecimientos no sospechables, adem&aacute;s de existir una genealog&iacute;a a lo Buend&iacute;a, con sus antepasados apicales.</p>
<p>Pero el autor, inmerso en una gira inacabable por el pa&iacute;s, afirma no sentirse tan inspirado por el realismo m&aacute;gico m&aacute;s conocido, el de los autores latinoamericanos, sino por el de autores europeos, donde G&uuml;nter Grass y <em>El tambor de hojalata</em> parecen una menci&oacute;n obligada. Como el autor alem&aacute;n, <em>La pen&iacute;nsula de las casas vac&iacute;as</em> se asienta en un conflicto b&eacute;lico resultado de una locura cultural y pol&iacute;tica, y, con frecuencia, utiliza el recurso de la par&aacute;lisis del tiempo (eje central en Grass) para su narraci&oacute;n.</p>
<p>&iquest;Existe distinci&oacute;n entre el realismo m&aacute;gico europeo y el latinoamericano? Si bien siempre se enmarcan en lo inexplicable o impensable, en los autores latinoamericanos la exuberancia de la naturaleza y sus excesos (los de la jungla inabarcable, en general) forman un marco f&iacute;sico y mental que motiva la acci&oacute;n, mientras que en los europeos lo inexplicable es con frecuencia una locura b&eacute;lica o violenta que asesina humanos sin remisi&oacute;n y cuya narraci&oacute;n s&oacute;lo puede partir de ese solo te&oacute;ricamente imposible. Lo que s&iacute; resulta in&eacute;dito en la narrativa de la Guerra Civil es el uso del realismo m&aacute;gico. Tambi&eacute;n en cine, donde m&aacute;s que realismo m&aacute;gico encontramos cine fant&aacute;stico y de terror (por ejemplo, el d&iacute;ptico de un director extranjero, Guillermo del Toro: <em>El espinazo del diablo</em> y <em>El laberinto del fauno</em>). Que a&uacute;n sea necesario ajustarse al realismo estricto al narrar la Guerra Civil probablemente indique c&oacute;mo es todav&iacute;a nuestra relaci&oacute;n con el hecho hist&oacute;rico.</p>
<p>Ucl&eacute;s tambi&eacute;n afirma que en la escritura de la novela se ha topado con elementos de realismo m&aacute;gico que encajaban en los hechos. Y peculiarmente, s&iacute; que lo hacen, mimetiz&aacute;ndose con los hechos hist&oacute;ricos y permitiendo as&iacute; una narraci&oacute;n nueva, o, al menos, sugerente en su diferencia. El realismo m&aacute;gico de Ucl&eacute;s parece una mixtura de los dos mencionados. Sin duda J&aacute;ndula es profundamente tel&uacute;rica: existen plantas (las chuzas) que congelan los miembros del cuerpo que entran en contacto con ellas; existe tierra en J&aacute;ndula que, a quien tiene ese poder e introduce sus manos en ella, le permite adivinar que ha sido de alguien; o hay torcas que parecen detener el tiempo y ser la perdici&oacute;n de las cabezas. A la par, las locuras de la guerra encuentran su propia &ldquo;magia&rdquo;: aviones que se congelan en vuelo, hombres disparados que sangran tierra (conseguid&iacute;sima imagen que se pega al alma), un diluvio y un volc&aacute;n deus ex machina que paran el tiempo y parecen representar el deseo de final de la pesadilla, en alg&uacute;n caso incluso antes de empezar, o la ruptura &ldquo;saramaguiana&rdquo; de los Pirineos. En la met&aacute;fora de la desaz&oacute;n de varias de estas propuestas se transmite un cierto determinismo f&aacute;cilmente legible, pues todos conocemos el final.</p>
<p>Un elemento especialmente arriesgado desde el punto de vista literario es la presencia recurrente del autor, que act&uacute;a como un demiurgo frustrado puesto que a veces cambia acontecimientos hist&oacute;ricos, pero es incapaz de cambiar el total de la Guerra. La quiebra del relato convencional que suponen estas intervenciones queda engarzada con la ficci&oacute;n m&aacute;gica escogida, pero revela un anhelo de imposici&oacute;n de una realidad imposible incluso para un escritor. La reflexi&oacute;n sobre por qu&eacute; utiliza este recurso no acaba de quedar clara. As&iacute;, Ucl&eacute;s se atreve a hablar directamente con Franco, y dialogan en t&eacute;rminos de poder, y, aunque se trata de un cap&iacute;tulo breve, supone una imagen muy potente de lo que significa crear una representaci&oacute;n de la realidad.</p>
<p><em>La pen&iacute;nsula de las casas vac&iacute;as</em> puede tambi&eacute;n considerarse, a su manera, una novela de viaje, o de viajes... El autor ha visitado todo el pa&iacute;s, ha visto los lugares de la memoria hist&oacute;rica, ha recogido informaci&oacute;n de infinidad de localizaci&oacute;n. Si la novela empieza en su primera parte en J&aacute;ndula antes del golpe de estado, durante la segunda y la tercera se produce la dispersi&oacute;n de los personajes con el estallido y desarrollo de la contienda; en la cuarta existe un regreso al pueblo. La explosi&oacute;n familiar acompa&ntilde;a a la b&eacute;lica y a la quiebra del pa&iacute;s, y los hermanos hijos del protagonista principal, Odisto -que suena tan hom&eacute;rico-, tambi&eacute;n se dividen. Los chicos j&oacute;venes salen por primera vez del pueblo, pero su viaje no es de aventuras. Su viaje y aprendizaje moral, el debido a la novela de formaci&oacute;n, sucede en un entorno de importante miseria moral. La novela debe luchar ah&iacute; contra el fuerte recuerdo de J&aacute;ndula, epicentro enorme de la historia.</p>
<p>Finalmente, si de caracter&iacute;sticas estil&iacute;sticas de <em>La pen&iacute;nsula de las casas vac&iacute;as</em>, es inevitable hablar del multiformato de sus 120 cap&iacute;tulos, todos breves excepto el dedicado a la batalla del Ebro. Una estructura no encorsetada alivia mucho el determinismo de la historia, agiliza la lectura, y suma originalidades literarias. No es que sean in&eacute;ditas: el uso de caligramas, el personaje est&aacute;tico que lanza augurios -m&aacute;s un or&aacute;culo a la griega que un orate-, los di&aacute;logos en idiomas no castellanos, el apunte a escuchar una pieza de m&uacute;sica durante la lectura de seg&uacute;n qu&eacute; cap&iacute;tulos, etc&hellip; Reconozco que el uso de citas me parece un poco excesivo, aunque entiendo su valor como un coro (&iquest;de nuevo griego?) de sabios que definen un pa&iacute;s sentenciado mediante un fresco in&uacute;til de opiniones. Pero, por su lado, hay elementos incre&iacute;blemente emotivos como un cap&iacute;tulo hecho de puntos simb&oacute;licos, o tan particulares en su lucidez como la descripci&oacute;n de los movimientos de la partida de ajedrez que juega Franco, que son momentos de enorme alcance literario, y, si te introduces en la propuesta est&eacute;tica de Ucl&eacute;s, dif&iacute;cilmente olvidables. Y no son pocos&hellip; A ello hay que a&ntilde;adir el lenguaje rico en que abundan olvidados -para un urbanita- pero preciosos t&eacute;rminos de labranza y campo, y el tono musical de la sintaxis.</p>
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<p><strong>Historia</strong></p>
<p>Se puede afirmar que <em>La pen&iacute;nsula de las casas vac&iacute;as</em> supone un ejemplo de lo que Jorge Wagensberg llama el m&eacute;todo art&iacute;stico de conocimiento, en contraposici&oacute;n al m&eacute;todo cient&iacute;fico o al m&eacute;todo revelador. Es decir, Ucl&eacute;s emplea el artificio de la ficci&oacute;n novelesca como manera de explicaci&oacute;n de la Historia, mediante una &ldquo;extensi&oacute;n de la experiencia de la realidad&rdquo; (en palabras de Wagensberg). Al tratarse de una ficci&oacute;n, necesariamente su correspondencia con la realidad no ha de ser plena, pero en un tema como la Guerra Civil esto puede ser problem&aacute;tico, y, en &uacute;ltimo extremo, es controversia de nuestra guerra cultural actual. De hecho, Ucl&eacute;s retuerce la Historia en beneficio de la narraci&oacute;n, pero sin detrimento de la comprensi&oacute;n, incluso de precisamente la comprensi&oacute;n hist&oacute;rica. As&iacute;, el realismo m&aacute;gico de la novela no maquilla la realidad, que tambi&eacute;n se presenta de manera muy cruda; de hecho, bien puede decirse que apoya esta crudeza con frecuencia.</p>
<p>Ahora bien, &iquest;es l&iacute;cito preguntarse si este m&eacute;todo puede confundir al lego? La novela es necesariamente un relato incompleto de la Guerra, pero adem&aacute;s existen saltos de tiempo y modificaci&oacute;n de hechos, incluso algunos que alcanzan cierto grado m&iacute;tico, si bien entonces aparece el autor demiurgo con una justificaci&oacute;n, tal vez a modo de prevenci&oacute;n, y que tal vez una autor&iacute;a literaria pura discutir&iacute;a. Por el otro extremo, hay una pregunta que puede llegar m&aacute;s all&aacute; en esta discusi&oacute;n: &iquest;es l&iacute;cito preguntarse si el m&eacute;todo art&iacute;stico de este caso puede incluso ofender? Esta pregunta no est&aacute; lejana de lo que antes subrayaba, que s&oacute;lo un realismo estricto ha sido aceptable al menos hasta ahora para narrar la Guerra Civil. Y es entendible porque en muchas ocasiones no se realiza bajo el prisma de una narraci&oacute;n ampliada, sino de la mentira hist&oacute;rica descarada. Pero&hellip; &iquest;puede la Guerra Civil ser el tema de un ejercicio de estilo formalista, incluso de un espect&aacute;culo literario? Creo que la pregunta sobrepasa realmente el inter&eacute;s honesto del autor. Y hay un argumento de apoyo en el m&eacute;todo art&iacute;stico, en este caso el literario: la novel&iacute;stica exige indagaci&oacute;n por parte del autor y transmisi&oacute;n a los lectores de las psicolog&iacute;as de personajes que viv&iacute;an emocionalmente el momento. En conseguir eso hay un valor a&ntilde;adido que es dif&iacute;cil ver en los libros de Historia. No obstante, estas dudas sobre la representaci&oacute;n tampoco son novedosas; no son lejanas a c&oacute;mo tratar la imagen de las v&iacute;ctimas de la violencia. La situaci&oacute;n no es tan discutida, de todos modos, en la literatura como, por ejemplo, en el cine.</p>
<p>Determinados planteamientos del libro resultan m&aacute;s problem&aacute;ticos. Por ejemplo, una cierta exaltaci&oacute;n de las regiones de Iberia, incluyendo cierto idealismo del uso de los idiomas diferentes al castellano. Su aparici&oacute;n se salva por la humildad de la interpretaci&oacute;n del hecho ling&uuml;&iacute;stico, pues es notorio que parte de un inter&eacute;s de aprendizaje y de respeto a una incomprensible persecuci&oacute;n cultural espec&iacute;fica. Tambi&eacute;n sufre el relato por el iberismo, porque es f&aacute;cilmente comprobable que la visi&oacute;n a ambos lados de la raya no es igual, aunque determinada intelectualidad portuguesa lo haya apoyado. La soluci&oacute;n que Ucl&eacute;s encuentra para encajar Lusitania en una narraci&oacute;n que siempre habla de Iberia es la existencia de una especie de dictador federado, y, por tanto, m&aacute;s bien una trastienda de apoyo que una amenaza hacia Franco. Esto encaja en una desvertebraci&oacute;n de origen medieval, pero es un apunte complicado de desarrollar.</p>
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<p><strong>Pol&iacute;tica</strong></p>
<p>La Guerra Civil y sus consecuencias directas son el pecado original a&uacute;n vigente de nuestra democracia. Entre esas consecuencias directas est&aacute; la dictadura franquista. Espa&ntilde;a es un pa&iacute;s relativamente excepcional en el mal reconocimiento de su pasado, lo que se debi&oacute; a motivos pol&iacute;ticos de construcci&oacute;n de la democracia actual, pero lo cierto es que el revisionismo de un pasado ultranacionalista aparentemente (so&ntilde;adamente) mejor est&aacute; sucediendo en m&aacute;s pa&iacute;ses. Los posicionamientos en este tema no deber&iacute;an ser complejos, pero haber entrado en par&aacute;metros de guerra cultural lo hace as&iacute; para mucha gente, desgraciadamente.</p>
<p>Entre el texto que ha escrito y la presentaci&oacute;n que hace del mismo, mi opini&oacute;n es que Ucl&eacute;s tiende a la visi&oacute;n hist&oacute;rica de Paul Preston; a m&iacute; me parece ver ecos de ello en la elecci&oacute;n de un pueblo (J&aacute;ndula en la novela es una representaci&oacute;n de Quesada) de Ja&eacute;n que no es asaltado por las fuerzas de Queipo, sino que pasa toda la Guardia Civil bajo mando republicano, con un exaltado y vengativo l&iacute;der local de izquierdas, que purga a la poblaci&oacute;n sin reparo, y al que temen todos los vecinos. La novela por tanto no huye de esta parte del retrato hist&oacute;rico, pero tambi&eacute;n es consciente de que las cifras, la sistem&aacute;tica de la guerra y la represi&oacute;n son peores en el bando vencedor, y es evidente que en la historia de la novela el protagonismo es llevado adelante por campesinos humildes y no por otras clases o estamentos.</p>
<p>El hecho de recoger testimonios novelescos o el de proponer citas de autores del bando rebelde no significa b&uacute;squeda de una equidistancia imposible por parte del autor. Un miembro de la familia pertenece al bando rebelde, y act&uacute;a con crueldad esperable con frecuencia. Es dif&iacute;cil interpretar de acuerdo a estas etiquetas cuando, por ejemplo, la novela recoge citas, entre muchos, de Grandes, Trapiello, y Espri&uacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Coda</strong></p>
<p>El principal valor a&ntilde;adido de <em>La pen&iacute;nsula de las casas vac&iacute;as</em> es narrar el horror mediante una significativa diferenciaci&oacute;n estil&iacute;stica del texto frente a anteriores relatos. Diferenciaci&oacute;n radical y de resoluci&oacute;n excelente, casi pasmosa, dentro del riesgo enorme que ha asumido. La Guerra Civil sigue siendo contada, pero &eacute;ste es un escritor de 34 a&ntilde;os, nacido 61 a&ntilde;os despu&eacute;s de terminada la guerra y 15 tras la muerte del dictador. Dispone de datos familiares hundidos en los acontecimientos de 1936 a 1939, que nos preceden y nos definen, y que en su caso crearon la necesidad personal de dar forma al texto.</p>
<p>La narraci&oacute;n tiene una agilidad tremenda. El uso continuado de la met&aacute;fora m&aacute;gica genera una expectaci&oacute;n relevante por el siguiente asombro a recibir, o el acontecimiento hist&oacute;rico escogido para ello. La combinaci&oacute;n del lenguaje de la tierra con la ternura hacia sus personajes y la estructura fluida son un logro narrativo significativo que alcanza las 700 p&aacute;ginas, que han sido pulidas durante 15 a&ntilde;os de escritura. Me pregunto si apela a las generaciones actuales. Pero sospecho que el libro ser&aacute; le&iacute;do m&aacute;s por generaciones mayores e interesadas por el tema, porque estamos m&aacute;s necesitados de nuevas aproximaciones a lo que tantas veces hemos visto, pero puedo estar sesgado en esto. Ojal&aacute; lo est&eacute;. &iexcl;David, enhorabuena! &iexcl;Qu&eacute; empresa enorme! &iexcl;Qu&eacute; &eacute;xito m&aacute;s merecido!</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 14 Oct 2024 06:25:13 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Florencia del Campo, "El regreso a la casa"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/florencia-del-campo-el-regreso-a-la-casa/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/FLORENCIA_DEL_CAMPO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Florencia del Campo, como en la canci&oacute;n de Nacha Guevara -versi&oacute;n de la original de Chico Buarque-, recorre la construcci&oacute;n de la una vida a trav&eacute;s de la b&uacute;squeda de un hogar. La vida es la melod&iacute;a del libro y la novela, claro, necesita tambi&eacute;n un ritmo. En este caso es la b&uacute;squeda vital y geogr&aacute;fica de una identidad. Ella, que confluye a trav&eacute;s de sus palabras, en la falta de arm&oacute;nica de su pasado familiar en Buenos Aires con su presente en Madrid y alrededores. Una enorme espacio de terreno y narraci&oacute;n se despliega ante nosotros: Florencia recorre una especie de remedo del Gran Buenos Aires, una transposici&oacute;n de Avellaneda y Caballito, convertida en el cintur&oacute;n castellano de la capital de Espa&ntilde;a, con su belleza, pero tambi&eacute;n repleto de ausencias y des&aacute;nimos.</p>
<p>Cualquier edificaci&oacute;n precisa de materiales, de s&oacute;lidos referentes y ambientaci&oacute;n nominal: una ecl&eacute;ctica selecci&oacute;n que va desde el Antonio Machado en su faceta de soriano abandonado, Javier Cercas y la b&uacute;squeda de S&aacute;nchez Mazas y el resto de los &aacute;ngeles ca&iacute;dos, caminantes de las letras malheridas de la posguerra, aquellas que aparec&iacute;an en <em>Leyenda del C&eacute;sar Visionario</em> de Francisco Umbral, con los fantasmas acomplejados afectos a la falange, extra&ntilde;os en sus propios espacios como el &aacute;ngel ca&iacute;do de la Casa de Campo. <em>El Cuaderno gris</em> de Josep Pla traducido por Dionisio Ridruejo, Luis Racionero, pero tambi&eacute;n <em>Casa partida</em> de Julio Cort&aacute;zar, los discos de los Rodr&iacute;guez, la canci&oacute;n de Fito P&aacute;ez que habla de Caballito, Luis Eduardo Aute y Leopoldo Macheral, Alejandro Dolina y el amor de Laura, Caf&eacute; Tacuba.&nbsp; <em>El amante</em> de Marguerite Duras y el paralelismo entre Soria y el Chaco, entre Gabinete Caligari y los Illya Kuryaki and the Valderramas.</p>
<p>Un simple personaje, un t&iacute;o de la protagonista, que ejerce de or&aacute;culo falto de comp&aacute;s en distintas cafeter&iacute;as e instantes, hacen el esfuerzo primario, casi brutal, del cambio social que constituye el t&uacute; por el vos. Dionisio Ridruejo y las sardanas y habaneras, presencias que solo una porte&ntilde;a se atrever&iacute;a a incluir sin levantar suspicacias -no las m&iacute;as, perdonen la intromisi&oacute;n-, en una historia espa&ntilde;ola, provocando un a ternura c&oacute;mica que recuerda a los atardeceres tranquilos en tiempos de sosiego. El desinter&eacute;s del porte&ntilde;o por los conflictos internos en su pa&iacute;s de acogida son similares a las del espa&ntilde;ol que viaja sin entender el peronismo o el proceso-dictadura de la generaci&oacute;n que vio el Mundial 78. En Argentina y en Espa&ntilde;a. Todo, claro, aderezado con ese inocuo centralismo del bonaerense. Pasar de Antonio a Manuel Machado es un ejercicio de valent&iacute;a, m&aacute;s l&uacute;dico que real, como el anticapitalismo populista de Jos&eacute; Antonio Primo de Rivera. No es balad&iacute; que Florencia del Campo abrace la des&eacute;rtica Castilla para evitar el pantano de la pol&iacute;tica. No es necesario, nada lo es. Quiz&aacute; solo, como traza en su novela, la familia y el hogar. Imaginen una cita as&iacute;: &ldquo;Se sospecha de ella como de un videoclub que no acaba de cerrar&rdquo;.</p>
<p>La protagonista se mueve en un presente continuo, en el que la casa es presencia y b&uacute;squeda a la vez, con lo que solamente nos ofrece retazos de su pasado. La salida de la Argentina, pr&aacute;cticamente con lo puesto, unos d&oacute;lares y un sue&ntilde;o de escribir. Y Espa&ntilde;a, donde se instala en la selva madrile&ntilde;a, construye su futuro con aplazamientos y el cuidado de ni&ntilde;os que no son suyos, revel&aacute;ndose as&iacute; el juego de sombras y espejos que abordar&aacute; a lo largo de las p&aacute;ginas. Un derrumbe, una editora, un cuento infantil. Madre y literatura, no madre e hijos extra&ntilde;os. Transportar las canciones de Argentina a Espa&ntilde;a: &ldquo;Yo tengo una casita, as&iacute;, as&iacute;, as&iacute;&rdquo;. Habitaciones alquiladas, marcando en cada calle, en cada barrio, lugares donde la protagonista cuida ni&ntilde;os, hace lista de sus lugares vividos, de sus lugares habitados. &iquest;Es lo mismo habitar que vivir? Cuidar a una ni&ntilde;a mientras la madre trabaja: &ldquo;&Eacute;ramos un texto lleno de faltas&rdquo;. Hija, madre muriendo de c&aacute;ncer, ni&ntilde;os, editora y escritora. Y m&aacute;s trabajo, trabajo que la acerca a la literatura: pisos tur&iacute;sticos o modelo de peluquer&iacute;a. &iquest;Ser ni&ntilde;era tiene que ver con las cosas o con el cuerpo? &iquest;Y ser escritora? Escribir art&iacute;culos en el ba&ntilde;o mientras los ni&ntilde;os de otros golpean la puerta. Al final son palabras para otros, como son momentos compartidos con otros. Los minutos de la mam&aacute;, pero sin ser la mam&aacute;. Acabar pensando que el beb&eacute; se parece a ella. La gen&eacute;tica transitiva, el ambiente sobre la ciencia. Cambiar de ni&ntilde;os es m&aacute;s f&aacute;cil que hacerlo con los hermanos. Si la autora no se hubiera marchado de Buenos Aires, &iquest;tendr&iacute;amos un libro distinto? Una casa en San Telmo, unos hijos propios, unos cuentos del interior. Ser&iacute;a una melod&iacute;a coherente que improvisa placeres cl&aacute;sicos, una conversaci&oacute;n disidente entre un mesetario y una porte&ntilde;a.</p>
<p>Belleza en el recorrido por el &lsquo;Gran Madrid&rsquo; o &lsquo;La Castilla de los autobuses&rsquo;, El Espinar, &Aacute;vila, Serranillos, Gredos, lugares donde acaba la Vuelta a Espa&ntilde;a en los a&ntilde;os ochenta... Los &Aacute;ngeles de San Rafael, las curvas de Navacerrada, la factor&iacute;a de DYC, Jes&uacute;s GIL y, s&iacute;, otra vez, todos los fantasmas del pasado. Un pueblo cualquiera de torreznos y camarera inmigrante con el olor a grasa frita en el pelo negro, en la belleza ahogada. Volver a Segovia, a la capital, de luces de ne&oacute;n, para los enamorados. &Aacute;vila, el Barraco -m&aacute;s fantasmas, esta vez ciclistas-, se&ntilde;oras que pintan lienzos grises con sus maridos desaparecidos.&nbsp; Segovia rural, de coca&iacute;na y electr&oacute;nica. Buscar el amor, encontrarlo, quemarlo como el propano, el butano, el fr&iacute;o de la sierra. &Aacute;vila, los pisos extra&ntilde;os, juegos de trileros, el cadalso de los pinos. Las l&iacute;neas de autob&uacute;s, 545 y 546, Pr&iacute;ncipe P&iacute;o, la Sierra, las Rozas de Puerto Real, los pulmones de Vicente Aleixandre. Dormita en la vista.</p>
<p>La autora selecciona fragmentos de canciones y poemas, de textos y narraciones. Yo me permito seguir el juego, espero que con algo de fortuna. La casa es el t&iacute;tulo, la casa es la canci&oacute;n, en el cien, en Natalia Ginzburg, en la canci&oacute;n de Los Planetas (&lsquo;Nueva visita a la casa&rsquo;), en los relatos de los ni&ntilde;os, en <em>Hansel y Gretel</em> (canci&oacute;n de Golpes Bajos), Caperucita Roja o los tres cerditos. Los cuentos est&aacute;n llenos de casas fallidas, de humedales y perdici&oacute;n.</p>
<p>La novela plantea un juego de transferencias emocionales: al venderse la casa de su madre ella va a comprar una casa que destruya por completo la casa de su infancia. Cuando su casa es mi casa yo soy mi padre. La casa como un cuerpo y los alba&ntilde;iles como m&eacute;dicos. La muerte de su madre en Buenos Aires, los obreros argentinos, todos los obreros del mundo contemplan los pezones de queso de campo, de queso curado. Derecho a una casa, a una ruina habitable, a tu propia le&ntilde;a, a los calcetines desparejados que encuentran su lugar entre las rendijas de cada casa conquistada.</p>
<p>El libro tiene un inserto que aparece, una y otra vez, la b&uacute;squeda del cuento, del libro sobre familia, casas y extracci&oacute;n vital, como c&oacute;mo construir una casa -que representa el futuro-, frente a conservar el recuerdo. Piezas, unidas, que acaban teniendo un hilo conductor, la literatura fraccionada, la literatura en olas y secciones, escribir es extranjerizarse. Que tenga una casa de Florencia del Campo es una propuesta de encrucijada &iacute;ntima, fragmentaria y atemporal, realista hasta que encuentras citas como esta: &ldquo;La casa que vuelve en sue&ntilde;os todas las noches en el sue&ntilde;o hay una casa&rdquo;.&nbsp; Casas sobre planos. Parejas en la foto. Herencias y repartos. Una casa es distinta a una vida porque la casa se puede trocear y, si se derrumba, se puede volver a construir.&nbsp;</p>
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<p>Florencia del Campo, <em>Que tenga una casa</em>. Barcelona, Candaya, 2024</p>
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      <pubDate>Thu, 03 Oct 2024 12:29:42 +0000</pubDate>
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      <title><![CDATA[He llegado hasta aquí gracias al dolor]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/he-llegado-hasta-aqui-gracias-al-dolor/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/IULIANA_S_APOSTU_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>O c&oacute;mo mantenerse viva gracias a la literatura. Iuliana S. Apostu, nacida en Sibiu, Rumania, en 1995, vive en Espa&ntilde;a desde hace casi veinte a&ntilde;os. Graduada en Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica, actualmente es profesora de Lengua y Literatura Espa&ntilde;ola en un instituto turolense. Ha sido premiada en algunos concursos literarios, como el Premio Internacional de Cuentos Max Aub de Segorbe (modalidad comarcal) por el relato &ldquo;Sin t&iacute;tulo&rdquo; &ndash;primero de los presentes en el libro objeto de rese&ntilde;a, aunque con leves modificaciones estil&iacute;sticas y de contenido&ndash; y el Premi Universitat de Val&egrave;ncia d&rsquo;Escriptura de Creaci&oacute; por el poemario <em>v&aacute;lgame dios</em>, ambos en el a&ntilde;o 2020.</p>
<p>Cuidada edici&oacute;n la de la sevillana Editorial Diecis&eacute;is, con bella portada de una muchacha cerrando los ojos y viajando, que es muy &uacute;til, como C&eacute;line suger&iacute;a al principio de su novela m&aacute;s famosa. Solapas y contraportada tambi&eacute;n nos proporcionan buena informaci&oacute;n sobre el universo vital de la autora.</p>
<p>Ocho relatos del taller de la autora componen el volumen: &ldquo;Sin t&iacute;tulo&rdquo; (que intitula el libro), &ldquo;Una ni&ntilde;a&rdquo;, &ldquo;Puntadas&rdquo;, &ldquo;nacer, morir&rdquo;, &ldquo;Mirilla&rdquo;, &ldquo;Llueve con rabia&rdquo;, &ldquo;crac, amor, crac&rdquo; y &ldquo;Yo quer&iacute;a quedarme en Barcelona&rdquo;, interconectados por cierta experiencia vital y/o literaria y narrados en primera persona, a excepci&oacute;n de &ldquo;Llueve con rabia&rdquo;. Ocho cuadros, como los de la exposici&oacute;n de Mussorgsky, con diferente m&uacute;sica literaria. <em>Ut pictura poesis</em> atormentada e interior: no es casualidad que cierto inquietante universo pict&oacute;rico est&eacute; reflejado en algunos de ellos &ndash;Rothko, Polke, Kiefer por partida doble&hellip;&ndash;. Tan turbadores como el indiscutible lenguaje po&eacute;tico de nuestra autora.</p>
<p>Porque es peligroso asomarse tanto al exterior como al interior, ambos universos inh&oacute;spitos. La lectura de los relatos demuestra que Iuliana S. Apostu es maestra en el recurso de la elipsis, no exenta de un hermetismo que no pone las cosas f&aacute;ciles al lector. Pero ah&iacute; radica lo sugestivo de su literatura. Automartirio, autoinmolaci&oacute;n, sangre, cuerpos y mentes maltratados. Aunque sea curioso que, ante tanta truculencia, la descomposici&oacute;n y la podredumbre est&eacute;n relativamente poco presentes en su narrativa. Porque lo podrido est&aacute; muerto y en esta escritura hay mucha vida, demasiada.</p>
<p>Leamos el relato &ldquo;Puntadas&rdquo;: son las catorce que se aplica en la boca el personaje. Cada una de ellas es un momento de su vida, explicado con mayor o menor extensi&oacute;n. Lo que en principio es sin&oacute;nimo de callar, parad&oacute;jicamente y gracias al poder de la escritura deviene literatura&hellip; Rom&aacute;ntica (s&iacute;), posmoderna o de retorno a lo real, que el lector elija. Y puede que oracular desentra&ntilde;ando se&ntilde;ales: de ah&iacute; los sacrificios cruentos. Porque todo es hecatombe, como la de las cabras y humanos en &ldquo;Llueve con rabia&rdquo;, que recuerda a versos de su poemario <em>v&aacute;lgame dios</em>: &ldquo;[&hellip;] los corderos a punto de ser desollados / para degustarlos en la mesa de Pascua / despu&eacute;s de ir a misa / y rezarle a un dios que est&aacute; de vacaciones&rdquo;. Cosmogon&iacute;as vac&iacute;as, que de alguna forma hay que llenar el par&eacute;ntesis de cada cual.</p>
<p>Lo cotidiano, la vida normal, conduce en ocasiones a aut&eacute;nticas historias de terror, como acontece en los relatos &ldquo;Una ni&ntilde;a&rdquo; o &ldquo;Mirilla&rdquo;, no exentos de cierto suspense con finales inquietantes.</p>
<p>Amores y desamores tambi&eacute;n pululan entre las l&iacute;neas de las ficciones literarias de la autora, casi siempre con mucha inestabilidad cargada de esperanza y, sin embargo, consciente de desilusiones anteriores, as&iacute; como de imposibilidades a veces cargadas de cr&iacute;tica. As&iacute; sucede en el &uacute;ltimo cuento de la recopilaci&oacute;n (&ldquo;Yo quer&iacute;a quedarme en Barcelona&rdquo;): &ldquo;Tu capacidad de invadir lo bello y descomponerlo, de convertirlo en basura, es asombrosa. Y es una pena porque te repito que te arrastrar&iacute;a hasta esa puta pared porque ese rojo no es m&aacute;s de lo que reflejas: muerte, descomposici&oacute;n, hambre de carro&ntilde;a&rdquo; (p. 152). Ante lo cual, el rese&ntilde;ista se abstiene de cualquier comentario. No es lo mismo un rojo &ldquo;arteria&rdquo; que un rojo &ldquo;put&oacute;n&rdquo; (p. 151). O un expresionismo abstracto de Rothko que, pongamos por ejemplo, el de Barnett Newman de &ldquo;Vir heroicus sublimis&rdquo;&hellip; Formas de ver la vida y sensibilidades incompatibles, lo que es casi inevitable.</p>
<p>Literatura espa&ntilde;ola, s&iacute;, pero con or&iacute;genes, no lo olvidemos, en una Ruman&iacute;a natal no desde&ntilde;ada ni olvidada, lo que conduce a una excelente simbiosis. &Eacute;ste y otros aspectos de la narrativa de Iuliana S. Apostu quedar&aacute;n en el tintero, como ciertos feminismos, vista la poca relevancia de elementos masculinos en los cuentos &ndash;a excepci&oacute;n de &ldquo;Llueve con rabia&rdquo; &ndash; o cierta sexualidad natural que da lugar a encuentros&hellip; y desencuentros.</p>
<p><em>Sin t&iacute;tulo </em>es una recopilaci&oacute;n muy bien hilvanada con puntadas expertas, pero tambi&eacute;n un prometedor banco de pruebas de la autora, de la que cabe esperar mucho en un futuro. No cabe duda de que el &ldquo;Continuar&aacute;&rdquo; augura buenas expectativas.</p>
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<p>Iuliana S. Apostu, <em>Sin t&iacute;tulo</em>, Sevilla, Editorial Diecis&eacute;is, 2024.</p>
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      <pubDate>Mon, 30 Sep 2024 08:01:34 +0000</pubDate>
    </item>
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      <title><![CDATA[La luz de la memoria]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-luz-de-la-memoria/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/VICENTE_CERVERA_SALINAS_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>La poes&iacute;a de Vicente Cervera alcanza plenitud expresiva en <em>El sue&ntilde;o de Leteo</em> (Sevilla, Renacimiento, 2023) gracias a una destilaci&oacute;n est&eacute;tica en la que se dan cita el impulso h&iacute;mnico y la cadencia elegiaca, la emoci&oacute;n y el misterio, la sensualidad y la erudici&oacute;n. A lo largo de la trayectoria del autor se prefiguraban diversos temas que encuentran una feliz decantaci&oacute;n en estas p&aacute;ginas. El descubrimiento de la otredad, la interrogaci&oacute;n sobre el enigma de la existencia o la reflexi&oacute;n metapo&eacute;tica son motivos que ya asomaban en la galer&iacute;a de semblanzas literarias contenida en <em>De aurigas inmortales </em>(1993, reeditado en 2018), en los acordes que animaban <em>La partitura </em>(2001) o en las inquisiciones metaf&iacute;sicas que protagonizaban <em>El alma oblicua </em>(2003)<em> </em>y <em>Escalada y otros poemas </em>(2010). No obstante, <em>El sue&ntilde;o de Leteo </em>aporta una nueva tonalidad que surge de la aleaci&oacute;n entre la serena distancia y la combusti&oacute;n emotiva, de tal modo que se difuminan las fronteras que separan &ldquo;el desgarr&oacute;n afectivo&rdquo; de la evocaci&oacute;n l&iacute;rica. Tambi&eacute;n la impronta de los maestros aparece ahora metabolizada en una voz personal, por m&aacute;s que adivinemos aqu&iacute; y all&aacute; la huella de los cl&aacute;sicos latinos, la altivez estoica tamizada por los vates del Siglo de Oro, el homenaje a los rom&aacute;nticos alemanes o la acogedora sombra de Borges, a quien Cervera ha estudiado en su faceta de investigador y profesor universitario.</p>
<p>Si bien <em>El sue&ntilde;o de Leteo</em> se divide externamente en tres partes numeradas, no es dif&iacute;cil apreciar una serie de hilos conductores que dotan de continuidad al discurso. El primero se corresponde con las paradojas de la identidad, que nos muestran a un yo escindido y tentado alternativamente por la luz y la oscuridad. Ya el primer poema, &ldquo;Leteo&rdquo;, en el que el poeta discute con &ldquo;el impostor de la conciencia&rdquo;, remite a los monodi&aacute;logos de Gil de Biedma, aunque sustituyendo el efecto de intimidad y el registro coloquial por una pudorosa lecci&oacute;n existencial. La presencia del doble se advierte asimismo en &ldquo;Mi maestro&rdquo;, una recreaci&oacute;n del mito de Jekyll y Hyde, o en &ldquo;<em>Over the rainbow</em>&rdquo;, donde el camino de baldosas amarillas conduce al extra&ntilde;amiento: &ldquo;Baj&eacute; / la vista y all&iacute; esperaba, radiante, / mi otro yo: la fecha, el nombre y el &aacute;rbol / de la genealog&iacute;a&rdquo;. Las m&aacute;scaras subjetivas se asocian en ocasiones con el <em>somnium imago mortis</em>, seg&uacute;n se observa en &ldquo;Despiertas&rdquo; o &ldquo;Del sue&ntilde;o&rdquo;, y con los s&iacute;mbolos de la desaz&oacute;n, como la lechuza o el &ldquo;felino rampante&rdquo; que vigilan a un yo aprisionado por la rutina en &ldquo;El filo&rdquo;.</p>
<p>Otro n&uacute;cleo sem&aacute;ntico del libro es la oda a los poetas, a quienes se les atribuyen valores vinculados a la ilusi&oacute;n, la inocencia y la libertad. Con todo, la materialidad del mundo circundante los condena irremisiblemente al desencanto: los retratos espirituales de H&ouml;lderlin (en la torre de &ldquo;T&uuml;bingen&rdquo;) y de Byron (ante las tinieblas de &ldquo;<em>Tenebrae factae sunt</em>&rdquo;) ejemplifican el combate entre el anhelo auroral y la propensi&oacute;n a la penumbra. De distinto sesgo es &ldquo;Unidos en Eleusis&rdquo;, que se eleva sobre la desesperanza para culminar con una admonici&oacute;n a los poetas de la Arcadia bajo la bandera del paganismo hedonista: &ldquo;Unidos en Eleusis, poetas del Leteo&rdquo;. Junto con la poes&iacute;a, la m&uacute;sica adquiere relevancia en &ldquo;<em>O grosse liebe!</em>&rdquo; (sobre una pieza coral de Bach), &ldquo;Algarab&iacute;a&rdquo; (consagrado a un coro de gorriones) o &ldquo;Bremen&rdquo;, que retoma la melod&iacute;a del cuento &ldquo;Los m&uacute;sicos de Bremen&rdquo; para reivindicar la capacidad cat&aacute;rtica del canto &ldquo;frente al presagio oscuro o la noticia / ronca o el heraldo negro o la sonrisa / hosca&rdquo;.</p>
<p>La eleg&iacute;a amorosa constituye el eje de algunos poemas en los que se entrelazan la p&eacute;rdida de la inocencia y la cicatriz del deseo. &ldquo;La inocencia&rdquo;, &ldquo;<em>Anima dannata</em>&rdquo; o &ldquo;Dos almas&rdquo; inciden en la fugacidad de una comuni&oacute;n er&oacute;tica que a menudo desemboca en &ldquo;turbias l&aacute;grimas de ausencia&rdquo;. Siguiendo el lema del romance franc&eacute;s &ldquo;plaisir d&rsquo;amour ne dure qu&rsquo;un moment, / chagrin d&rsquo;amour dure toute la vie&rdquo;, el personaje de estos versos lleva a cabo una ritualizaci&oacute;n amorosa presidida por la melancol&iacute;a. As&iacute; ocurre en &ldquo;Del absurdo&rdquo; o en &ldquo;<em>Halloween</em>&rdquo;, en cuyo desenlace los disfraces&nbsp;aterradores se reemplazan por una espectralidad m&aacute;s inquietante: &ldquo;Sab&iacute;an que los esqueletos / no estaban en los disfraces ni en los filosos / chillidos, sino en sus pasos torpes y en sus desligados / corazones&rdquo;. De ese desligamiento dan cuenta igualmente aquellas composiciones que afrontan con serena resignaci&oacute;n el paso del tiempo, a veces atemperado por la compa&ntilde;&iacute;a de los libros (&ldquo;Clamor&rdquo;, que rubrica el mensaje de Quevedo en &ldquo;Desde la torre&rdquo;) y otras veces adscrito a la plantilla t&oacute;pica de las ruinas (&ldquo;Mutaciones&rdquo;, donde la devastaci&oacute;n arquitect&oacute;nica funciona como una suerte de correlato ps&iacute;quico del paseante que contempla los estragos de la <em>vanitas</em>).</p>
<p>El &uacute;ltimo apartado de <em>El sue&ntilde;o de Leteo </em>a&uacute;n nos depara m&aacute;s sorpresas: si &ldquo;La verg&uuml;enza&rdquo; ofrece una entra&ntilde;ada denuncia social mediante la reconstrucci&oacute;n de una estampa infantil, &ldquo;Rosas y apotegmas&rdquo; se erige en una conturbadora eleg&iacute;a a la figura del padre, m&aacute;s cerca del regeneracionismo del Machado que cantaba a Giner de los R&iacute;os que del patetismo al que se prestan esta clase de composiciones, en las que el dolor por la p&eacute;rdida suele imponerse a la coloraci&oacute;n afectiva del recuerdo. En definitiva, con <em>El sue&ntilde;o de Leteo</em> Vicente Cervera emprende un viaje hacia el alumbramiento (tanto hacia la luz de la conciencia como hacia la ceniza de la memoria) y firma su mejor libro hasta la fecha.</p>
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<p>Vicente Cervera, <em>El sue&ntilde;o de Leteo</em>, Sevilla, Renacimiento, 2023.</p>
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      <pubDate>Mon, 30 Sep 2024 07:43:59 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Seis poemas del portugués Ruy Belo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/seis-poemas-del-portugues-ruy-belo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas24/RUY_BELO_500_px_2.jpg" alt="" /></p>
<p>Parece dif&iacute;cil de explicar el hecho de que la poes&iacute;a del poeta portugu&eacute;s Ruy Belo (1933-1978) no cuente a&uacute;n con una presencia editorial bien visible en Espa&ntilde;a. Con una obra publicada entre los a&ntilde;os sesenta y setenta, Ruy Belo es, sin duda, una de las voces m&aacute;s personales y singulares de la l&iacute;rica lusa del siglo XX, y su nombre ocupa un lugar destacado y merecido en el canon po&eacute;tico portugu&eacute;s de la modernidad. Eduardo Louren&ccedil;o lo afirm&oacute; vinculando la existencia de Belo a la del mism&iacute;simo Fernando Pessoa: &ldquo;si hay una posteridad digna de Pessoa (&hellip;) es la de la po&eacute;tica omnicomprensiva de Ruy Belo&rdquo;, y lo escribi&oacute; en un lugar significativo, el volumen <em>S&eacute;culo de Oiro. Antologia cr&iacute;tica da poesia portuguesa do s&eacute;culo XX </em>(p. 215), organizada en 2002 por Osvaldo Manuel Silvestre y Pedro Serra. En ese t&iacute;tulo, 73 cr&iacute;ticos literarios eleg&iacute;an un poema destacado del siglo de oro de la l&iacute;rica vecina, y Ruy Belo aparec&iacute;a en cuatro ocasiones, escogido por Lu&iacute;s Mour&atilde;o (&ldquo;VIII. A m&atilde;o no arado&rdquo;), Eduardo Louren&ccedil;o (&ldquo;Em louvor do vento&rdquo;), V&iacute;tor Manuel de Aguiar e Silva (&ldquo;Morte ao meio-dia&rdquo;) y Manuel Ant&oacute;nio Pina (&Aacute;cidos e &oacute;xidos&rdquo;).&nbsp;</p>
<p>El medio editorial espa&ntilde;ol, sin embargo, aunque relativamente atento a los nombres fundamentales de la literatura portuguesa del siglo XX, no ha sabido encontrar a&uacute;n el espacio que en rigor merece la poes&iacute;a desasosegante de Belo. Es verdad que existen dos t&iacute;tulos de nuestro autor en espa&ntilde;ol, el primero de los cuales ya descatalogado: <em>Pa&iacute;s posible</em>, editado en 1991 por Adolfo A. Montejo Navas, con traducci&oacute;n de &Aacute;ngel Campos P&aacute;mpano, y <em>El problema de la habitaci&oacute;n: algunos aspectos</em>, 2009, ediciones Sequitur, con introducci&oacute;n de Pedro Serra y traducci&oacute;n de Luis Julio Gonz&aacute;lez Plat&oacute;n (que se deja llevar por el falso amigo del t&eacute;rmino &ldquo;habita&ccedil;&atilde;o&rdquo; del t&iacute;tulo, cuya mejor versi&oacute;n habr&iacute;a sido &ldquo;vivienda&rdquo;). Es cierto tambi&eacute;n que su obra est&aacute; presente en dos de las tres antolog&iacute;as m&aacute;s importantes de poes&iacute;a lusa del siglo XX editadas en Espa&ntilde;a, la <em>Antolog&iacute;a de la poes&iacute;a portuguesa contempor&aacute;nea</em> de &Aacute;ngel Crespo (J&uacute;car, 1982, con los poemas &ldquo;Figura yacente&rdquo;, &ldquo;Algunas proposiciones con p&aacute;jaros y &aacute;rboles que el poeta remata con una referencia al coraz&oacute;n&rdquo;, &ldquo;La imagen de la alegr&iacute;a&rdquo;, &ldquo;[Otro fragmento]&rdquo;, y &ldquo;Tres o cuatro ni&ntilde;os&rdquo;) y <em>Los nombres del mar</em>, de &Aacute;ngel Campos P&aacute;mpano (Editora Regional de Extremadura, 1985, con los poemas &ldquo;Encuentro de garcilaso de la vega con do&ntilde;a isabel freire, en granada, en el a&ntilde;o de 1526&rdquo;, &ldquo;El tiempo s&iacute; el tiempo casualmente&rdquo; y &ldquo;Adi&oacute;s a la tierra de la alegr&iacute;a&rdquo;), mientras que no aparece en <em>Poes&iacute;a portuguesa actual</em>, de Pilar V&aacute;zquez Cuesta, publicada por la Editora Nacional en 1976, a&uacute;n en vida del poeta. Y es verdad, por &uacute;ltimo, que en Espa&ntilde;a la academia universitaria no ha sido ajena a su poes&iacute;a, incluso se ha realizado una tesis doctoral dedicada a su obra (de la autor&iacute;a de Hugo Manuel Milhanas, en la Universidad de Salamanca, 2015), al tiempo que la <em>Revista de Filolog&iacute;a Rom&aacute;nica de la Universidad Complutense </em>dedic&oacute; buena parte de su volumen 25, en2008, a su memoria (hab&iacute;a sido Lector de Portugu&eacute;s en esa instituci&oacute;n entre 1971 y 1978), con motivo del trig&eacute;simo aniversario de su muerte.&nbsp;</p>
<p>Todo ello, sin embargo, y otras presencias que no mencionamos por no disponer de espacio, siendo elementos notables para la recepci&oacute;n de un poeta portugu&eacute;s en Espa&ntilde;a, no parece saldar la deuda con Ruy Belo, un autor fuertemente vinculado al pa&iacute;s de Garcilaso y Lorca, y que todav&iacute;a espera ansiosamente la aparici&oacute;n de una amplia colect&aacute;nea de su obra po&eacute;tica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">II</p>
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<p>Ruy Belo, en efecto, vivi&oacute; en Madrid entre 1971 y 1977, periodo durante el cual public&oacute; en Portugal traducciones de Jorge Luis Borges (<em>Poemas escolhidos</em>, 1971) y Federico Garc&iacute;a Lorca (<em>Dona Rosinha a Solteira ou a Linguagem das Flores</em>, 1973). En la capital espa&ntilde;ola experiment&oacute; con una profundidad irresistible la percepci&oacute;n de una cierta p&eacute;rdida o vac&iacute;o existencial que es marca constante en su poes&iacute;a, atravesada en este caso por la conciencia del extra&ntilde;amiento de un sujeto que con frecuencia se siente extranjero o exiliado (&ldquo;Madrid, uma das cidades do mundo mais distantes de Lisboa&rdquo;, escribe en la &ldquo;Explicaci&oacute;n que el autor ha tenido por indispensable anteponer a esta segunda edici&oacute;n&rdquo; de <em>Aquele grande rio Eufrates</em>, de 1972). Ese vac&iacute;o al que conduce el abismo de una utop&iacute;a inalcanzable se plasma en su obra, de profundo aliento metaf&iacute;sico, a trav&eacute;s del recurso al tema de la muerte como una melancol&iacute;a propia y visible en cuanto fundamento est&eacute;tico, hasta el punto de convertir el texto po&eacute;tico, como afirma Pedro Serra en <em>Um nome para isto</em>, en el &ldquo;lugar en que se <em>literaliza</em> una muerte como Realidad absoluta&rdquo; (p. 13). El lenguaje revela en su poes&iacute;a una p&eacute;rdida constante, enmascarada a veces tras la sobriedad de un registro profundamente discursivo. La muerte, as&iacute;, la propia invenci&oacute;n de la finitud, se convierte en el modo mediante el cual el poeta &ldquo;se ficciona a s&iacute; mismo, inmune y protegido&rdquo;, siguiendo la l&iacute;nea de pensamiento de Cristina Firmino, en la introducci&oacute;n e <em>O problema da habita&ccedil;&atilde;o</em> (ed. Presen&ccedil;a, 1997, p. 16).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">III</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ruy Belo escribi&oacute; poemas en los que Madrid cobra protagonismo, y son esos los que hemos elegido fundamentalmente para esta muestra. Con el p&oacute;rtico de &ldquo;La medida de espa&ntilde;a&rdquo; (perteneciente a <em>Homem de palavra(s)</em>, de 1970) hasta &ldquo;En la noche de madrid&rdquo; (aparecido en 1978 en la revista <em>Raiz e utopia</em>), pasando por poemas como &ldquo;Primer poema de madrid&rdquo;, &ldquo;Solo en la ciudad&rdquo;, &ldquo;Madrid revisited&rdquo; o &ldquo;En el aeropuerto de barajas&rdquo;, el pa&iacute;s vecino fue para Belo parte inseparable de su &ldquo;problema de la vivienda&rdquo;, si entendemos este t&iacute;tulo como una aut&eacute;ntica y vertebradora alegor&iacute;a de su propia escritura. Son numerosos los poemas del autor fechados en la capital, del mismo modo que son fundamentales en su producci&oacute;n los poemas que toman como motivo a Garcilaso de la Vega y a Isabel Freire. Esos textos, sin embargo, m&aacute;s disponibles para los lectores atentos del poeta en Espa&ntilde;a, ceden ahora espacio a una visi&oacute;n en la que Espa&ntilde;a, con Madrid en primer plano, se convierte en algo as&iacute; como el adverbio de lugar en el que se representa el drama elegante, profundamente posmoderno, de la poes&iacute;a de Ruy Belo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>RUY BELO</strong>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>LA MEDIDA DE ESPA&Ntilde;A</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>He cambiado algunas veces de ciudades</p>
<p>y mi pasado es todo olvido</p>
<p>La noche llega precedida por la sombra</p>
<p>y siempre en vano repudio la noche</p>
<p>Cualquier d&iacute;a me muero y s&eacute; poco de la vida</p>
<p>es peligrosa la vida la simple vida</p>
<p>la vida la simple vida es violenta</p>
<p>Pero cuando llega la primavera XXX</p>
<p>me siento invulnerable y empiezo</p>
<p>Es formidable marzo cuando se acerca</p>
<p>prometiendo a su paso un verano integral</p>
<p>Soy todo de este tiempo y son m&iacute;os estos d&iacute;as</p>
<p>Yo no soy nada pero el verano existe</p>
<p>Canta mi coraz&oacute;n</p>
<p>Esta es la medida de espa&ntilde;a</p>
<p>oh vida m&iacute;a vida extra&ntilde;a.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>PRIMER POEMA DE MADRID</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que por todos se haga la poes&iacute;a</p>
<p>que rompa la soledad n&iacute;tido nulo</p>
<p>la soledad de las armas aves manzanas</p>
<p>la soledad del cuarto la soledad de Kafka</p>
<p>Que a todos se destine la poes&iacute;a</p>
<p>que no m&aacute;s en duino encierre el grito</p>
<p>la escogida palabra restaurada</p>
<p>Que la voz del hombre de la sierra de m&eacute;sio</p>
<p>llegue a miranda tal&oacute;n del mundo</p>
<p>no vaya la izquierda a ser de los coches de carreras</p>
<p>No crezca m&aacute;s el ni&ntilde;o qu&eacute;dese quieto</p>
<p>inm&oacute;vil m&aacute;s real que en las fotograf&iacute;as</p>
<p>Estaba so&ntilde;ando de viejos m&aacute;s est&uacute;pidos</p>
<p>que tus oh diego conejitos</p>
<p>Hay tantas estrellas parecen bailar</p>
<p>en la noche rasa desag&uuml;es de castilla</p>
<p>et mourir &agrave; madrid le coeur bris&eacute;</p>
<p>salamanca unamuno ba&ccedil;&atilde;o Alentejo</p>
<p>Cada d&iacute;a se hace m&aacute;s dif&iacute;cil ser dios</p>
<p>y yo solo aqu&iacute; en la noche me suicido de sue&ntilde;o</p>
<p>llegado del viento vasto del invierno</p>
<p>el suicidio s&iacute; el &uacute;nico problema</p>
<p>para el hombre que por haber nacido</p>
<p>hered&oacute; la maldici&oacute;n que no quer&iacute;a</p>
<p>Bailemos nosotros malditos marginales</p>
<p>de todas las ciudades sociedades</p>
<p>que no tenemos doctrina que nos salve</p>
<p>Sepa siempre el cinatti timorense</p>
<p>el n&oacute;mada de lo dicho por no dicho</p>
<p>que si m&aacute;s cercanos cuanto m&aacute;s distantes</p>
<p>soy siempre su lector atento y dedicado</p>
<p>Adem&aacute;s no hay ni t&uacute; ni yo falso problema</p>
<p>est&aacute;n los sin pan y los sin postre</p>
<p>y hasta sin Portugal cuesti&oacute;n antigua</p>
<p>As&iacute; si nos vendieron los pa&iacute;ses</p>
<p>peregrinos y hu&eacute;spedes en otras tierras</p>
<p>all&iacute; lanzamos nuestras viscerales ra&iacute;ces</p>
<p>Pero el pa&iacute;s est&aacute; dentro de nosotros</p>
<p>el pa&iacute;s somos nosotros s&iacute; pasa por aqu&iacute;</p>
<p>pasa por nosotros los de explorar palabras</p>
<p>esa guerra civil inevitable</p>
<p>(No oig&aacute;is lo que digo en este c&oacute;digo</p>
<p>sino lo que el coraz&oacute;n contento al rojo vivo</p>
<p>contiene porque el otro del alma lo desplac&eacute;)</p>
<p>Qu&eacute; f&aacute;cil le resultaba al cuerpo la sepultura</p>
<p>pero nosotros los que somos de los peces</p>
<p>los que con la tormenta al final todos nos perdemos</p>
<p>tenemos por patria sencilla la lengua portuguesa</p>
<p>y por eso como arma tenemos estar de pie</p>
<p>oponer al sol la cara incorregible</p>
<p>y dar la palabra a los que no tienen voz</p>
<p>pues al silencio los tienen sometidos</p>
<p>Poema de palabras no de paz sino de pavor</p>
<p>construcci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica dif&iacute;cil aparentemente</p>
<p>yo que a cambio de la vida y el triunfo me volv&iacute; tu &iacute;nfimo cultor</p>
<p>bajo esa superficie de impasible frialdad</p>
<p>s&eacute; que se oculta la voz no de la humanidad</p>
<p>palabra con el m&aacute;s dudoso de los significados</p>
<p>sino de los hombres que Dostoievski vio ofendidos y humillados</p>
<p>C&aacute;lida y humana aunque en apariencia fr&iacute;a</p>
<p>que a todos se destine la poes&iacute;a&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>SOLO EN LA CIUDAD</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tras una estancia en las alturas</p>
<p>a expensas del m&aacute;s puro pensamiento</p>
<p>que ha detenido el d&iacute;a la hora y el momento</p>
<p>en una fuga de la vida y los ruidos y los coches</p>
<p>los cuales que yo sepa solo Venecia repudia</p>
<p>sin dolores ni cuidados horas seguras</p>
<p>sin asuntos urgentes porque todo se ha vuelto olvido</p>
<p>&iquest;c&oacute;mo renunciar ahora a tanta luz</p>
<p>y c&oacute;mo pactar con tan antiqu&iacute;simo poder</p>
<p>como aquel que a las cosas les consiente suceder?</p>
<p>Los pl&aacute;tanos disputan las &uacute;ltimas hojas</p>
<p>a los vientos y a las lluvias de diciembre</p>
<p>y como que se quejan del invierno</p>
<p>Ya se pudre el coraz&oacute;n de los &aacute;rboles</p>
<p>y esa raza ciega pero sagaz de los sencillos</p>
<p>de los seres condenados a la mentira</p>
<p>se socorren con la oscuridad de las aguas</p>
<p>para pensar la parte a sus siervos debida</p>
<p>como si un ser cediese a razonamientos</p>
<p>cuando est&aacute; en causan la propia vida</p>
<p>No dejamos en el suelo el menor rastro</p>
<p>las cosas que pensamos no dan resto</p>
<p>y la destrucci&oacute;n de nuestro rostro</p>
<p>es ahora mayor que en el delirio del verano</p>
<p>Ya no nos sorprende el mediod&iacute;a</p>
<p>el mar si lo fue ha dejado de ser inofensivo</p>
<p>un destino de hierro nos detiene</p>
<p>y son largos los d&iacute;as lejos de nosotros mismos</p>
<p>Ni siquiera ya se pierde la infancia imperiosa</p>
<p>en la fuerte frecuencia de las preguntas sin respuesta</p>
<p>Hasta la luna ese incendio de plata</p>
<p>que antes era como astro fe</p>
<p>ahora es una aut&eacute;ntica cat&aacute;strofe</p>
<p>En ning&uacute;n muro blanco alguna sombra es</p>
<p>representaci&oacute;n probile para el hombre</p>
<p>En los propios corazones la tempestad</p>
<p>se sirve de la complicidad de la edad</p>
<p>de los restos impalpables de un destino</p>
<p>que no nos mata menos que a los peces</p>
<p>despreocupados en el estanque el agua de las habas</p>
<p>(hab&iacute;a llovido me acuerdo y as&iacute; llueve ahora</p>
<p>cuando le pido a la infancia una met&aacute;fora</p>
<p>y la lluvia es m&aacute;s real que si lloviese)</p>
<p>Todo trabaja pero ocultamente</p>
<p>y todo es parecido al sobresalto</p>
<p>Terrible tempestad de alegr&iacute;a</p>
<p>&iquest;qu&eacute; parcela del d&iacute;a hoy d&iacute;a nos permite?</p>
<p>La vida es una rep&uacute;blica odiosa</p>
<p>y hasta es monstruosa esa punta del pensamiento</p>
<p>que me deja en los dedos solo palabras y no d&iacute;as</p>
<p>Oculta crece la hierba del profundo sentimiento</p>
<p>E incluso cuando fuera es domingo</p>
<p>en nuestro interior es d&iacute;a de diario</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; mundo es este mundo de estos d&iacute;as</p>
<p>que nos mata m&aacute;s de lo que Atenas nos mat&oacute;?</p>
<p>El corte ingl&eacute;s en plena primavera</p>
<p>seg&uacute;n dicen todos los anuncios</p>
<p>que veo en las paredes hoy d&iacute;a dos de marzo</p>
<p>Voy a entrar para ver puede que est&eacute; ah&iacute;</p>
<p>el t&eacute;rmino de este invierno que me invade</p>
<p>Talvez recupere lo que perd&iacute;</p>
<p>y me vea de nuevo envuelto en hojas</p>
<p>como cualquier &aacute;rbol an&oacute;nimo que vi&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>MADRID REVISITED</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No s&eacute; tal vez en estos cincuenta versos consiga mi prop&oacute;sito</p>
<p>ofrecer en esa forma objetiva y hasta incluso impersonal en m&iacute; habitual</p>
<p>la ordenaci&oacute;n externa de esta ciudad a la que regreso</p>
<p>llueve sobre estas calles desolada y espesa como lluvia desmenuzada</p>
<p>tu ausencia l&iacute;quida mojada y por got&iacute;culas multiplicada</p>
<p>El cielo entristecido hay una soledad y un color grises</p>
<p>en esta ciudad hace meses capital del sol n&uacute;cleo de la claridad</p>
<p>Es otra esta ciudad esta ciudad es hoy tu ausencia</p>
<p>una enorme ausencia donde las casas se han separado en varias calles</p>
<p>ahora tan diferentes que una diversidad as&iacute; hace</p>
<p>de mi ciudad otra ciudad.</p>
<p>Tu ausencia son preferentemente algunos lugares determinados</p>
<p>como correos o el caf&eacute; gij&oacute;n ciertos domingos como este</p>
<p>para los dem&aacute;s normales solo para nosotros secretamente rituales</p>
<p>si neutros para los otros neutros hasta para m&iacute;</p>
<p>antes de heredar en ti particular significado</p>
<p>Tu ausencia pesa en estos loca sacra uno por uno</p>
<p>los cuales m&aacute;s importantes que lugares en s&iacute;</p>
<p>son simples sitios que solo he conocido en funci&oacute;n de ti</p>
<p>y ahora se alzan piedra a piedra como monumento de la ausencia</p>
<p>No veo aqu&iacute; el n&uacute;cleo geogr&aacute;fico administrativo de un pa&iacute;s</p>
<p>capital de edificios centro de donde emanan decisiones</p>
<p>complejo de museos bancos parques vida profesional turismo</p>
<p>que conoc&iacute; un d&iacute;a y ya no conozco</p>
<p>Aqu&iacute; solo est&aacute; el hecho de saber que fui feliz</p>
<p>y hoy tanto lo s&eacute; que s&eacute; que serlo no lo ser&eacute; jam&aacute;s</p>
<p>Esta es la capital pero capital no de un cierto pa&iacute;s</p>
<p>capital de tu rostro y de tus ojos a ningunos otros iguales</p>
<p>o de un pa&iacute;s profundo y propio como t&uacute;</p>
<p>Madrid es saber piedra por piedra y paso a paso c&oacute;mo te perd&iacute;</p>
<p>es una ciudad ajena siendo m&iacute;a</p>
<p>es algo extra&ntilde;o y conocido</p>
<p>Abro la ventana sobre la plaza y el teatro donde estuvimos</p>
<p>y donde en la Desd&eacute;mona que vi te vi a ti</p>
<p>No es lluvia al final lo que cae solo cae tu ausencia</p>
<p>lluvia m&aacute;s y pluvial que si lloviese</p>
<p>M&aacute;s que esta ciudad es solo cierta ciudad que jam&aacute;s hubiese</p>
<p>en una medida tal que solo all&iacute; profundamente yo estuviese</p>
<p>y en ella solo mi dolor como una piedra condensada</p>
<p>de pie tumbada o de cualquier forma cupiese</p>
<p>Es una ciudad alta como las cosas que perd&iacute;</p>
<p>y enseguida la perd&iacute; casi no la conoc&iacute;</p>
<p>pues m&aacute;s que a ella te conoc&iacute; a ti</p>
<p>Fue de una altura as&iacute; desde donde ca&iacute;</p>
<p>superior a la propia torre de este hotel</p>
<p>escogida por muchos suicidas para poner fin a su vida</p>
<p>No es esta ciudad esa ciudad donde viv&iacute;</p>
<p>donde fui al cine y trabaj&eacute; y pase&eacute;</p>
<p>y en la llama del propio cuerpo a m&iacute; sin compasi&oacute;n me consum&iacute;</p>
<p>Aqu&iacute; fue la ciudad donde te conoc&iacute;</p>
<p>y enseguida al conocerte m&aacute;s que nunca te perd&iacute;</p>
<p>Debe hacer casi un a&ntilde;o m&aacute;s que al verte vi</p>
<p>que al verte no te vi y te perd&iacute; al tenerte</p>
<p>Pero a esta ciudad muchos le dan el nombre de Madrid&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>EN EL AEROPUERTO DE BARAJAS</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No son los aviones los que aqu&iacute; levantan vuelo</p>
<p>aqu&iacute; no es met&aacute;lica la imaginaci&oacute;n</p>
<p>Desde aqu&iacute; levantan vuelo estos americanos</p>
<p>que cerca matan lejos al heroico pueblo vietnamita</p>
<p>que aqu&iacute; pagan en d&oacute;lares el dolor de los suramericanos</p>
<p>que fingen vida aqu&iacute; la muerte del noroeste brasile&ntilde;o</p>
<p>Las barrigas aqu&iacute; se&ntilde;aladas al menos por medio centenar de estrellas</p>
<p>ocultan a esos indios a esos negros a esa gente subamericana</p>
<p>que asegura la barriga de estos sobreamericanos</p>
<p>Aqu&iacute; refulge la floja casa blanca</p>
<p>perforada por la m&aacute;s nariguda de las narices</p>
<p>que surge en todas partes donde no ha sido llamada</p>
<p>Aqu&iacute; se representa la primera de las damas de este mundo</p>
<p>esa madre virtuosa y responsable</p>
<p>que limita su natalidad sin dejar</p>
<p>de controlar tambi&eacute;n la de las mujeres de todo el mundo</p>
<p>Pat adem&aacute;s acaba de ganar la elecci&oacute;n anual de las</p>
<p>mujeres que seg&uacute;n la revista good housekeeping</p>
<p>merecen nuestra mayor admiraci&oacute;n</p>
<p>por la valent&iacute;a y el deseo</p>
<p>de ayudar a otros seres humanos y</p>
<p>si no ayuda a los negros ni a los indios ni a aquellos</p>
<p>que en este mundo en esta vasta am&eacute;rica del norte</p>
<p>que es la mayor parte de este mundo</p>
<p>es porque hay dudas serias de que sean seres humanos</p>
<p>Aqu&iacute; se desarrolla el mal gusto aqu&iacute; la gente</p>
<p>que se queda por aqu&iacute; en todos cuantos se marchan</p>
<p>aqu&iacute; la gente disfruta viendo a estos bufos</p>
<p>que pasan con la montera en la cabeza</p>
<p>aqu&iacute; la gente vive la muerte que anda por ah&iacute; aqu&iacute;</p>
<p>viven en estas barrigas quienes no viven</p>
<p>Aqu&iacute; los siervos nosotros ellos se&ntilde;ores</p>
<p>aqu&iacute; nos quedamos aqu&iacute; levantan el vuelo no</p>
<p>los aviones sino ciertas aves migratorias&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>EN LA NOCHE DE MADRID</strong></p>
<p>&nbsp;<em>Para Jo&atilde;o Miguel Fernandes Jorge</em></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>En la noche de Madrid vi a un hombre muerto</p>
<p>Yac&iacute;a como una afrenta para los vivos</p>
<p>que volv&iacute;an de los bares con m&uacute;sica en los ojos</p>
<p>con estrellas en la frente y fiesta en los o&iacute;dos</p>
<p>y pasaban en taxi a buena velocidad</p>
<p>&iquest;Cu&aacute;nto tiempo llevar&iacute;a el hombre all&iacute;</p>
<p>en la superficie oscura del asfalto</p>
<p>ya medio devuelto a la tierra nuestra madre?</p>
<p>No lo cubr&iacute;a el manto de los h&eacute;roes</p>
<p>ning&uacute;n clar&iacute;n hab&iacute;a tocado en su honor</p>
<p>&iquest;C&oacute;mo lo reconfortar&iacute;a la santa madre iglesia?</p>
<p>Solo hab&iacute;a ca&iacute;do inmolado al d&iacute;a a d&iacute;a</p>
<p>Hab&iacute;a pagado con su vida la paz de la conciencia</p>
<p>de toda una ciudad que dorm&iacute;a</p>
<p>Y &eacute;l crec&iacute;a tendido en la calle</p>
<p>y asum&iacute;a proporciones inesperadas</p>
<p>cuando hace bien poco a&uacute;n se reduc&iacute;a al d&iacute;a</p>
<p>&iquest;Qui&eacute;n ser&iacute;a? &iquest;Qui&eacute;n hab&iacute;a sido?</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; peri&oacute;dico contendr&iacute;a la inmensidad del nombre</p>
<p>de quien como un insulto all&iacute; yac&iacute;a?</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; pensamientos cercanos habr&iacute;a tenido?</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; llevar&iacute;a en los bolsillos?</p>
<p>&iquest;De d&oacute;nde vendr&iacute;a? &iquest;Sonreir&iacute;a? &iquest;D&oacute;nde iba?</p>
<p>&iquest;Habr&iacute;a sido ni&ntilde;o? &iquest;So&ntilde;ar&iacute;a ser feliz?</p>
<p>&iquest;Cambiar&iacute;a de vida a la ma&ntilde;ana siguiente?</p>
<p>&iquest;Habr&iacute;a jugado alguna vez en aquella misma calle?</p>
<p>&iquest;Habr&iacute;a sido ni&ntilde;o all&iacute; donde profundamente lo vi?</p>
<p>&iquest;Tendr&iacute;a soluciones para sus propios problemas?</p>
<p>&iquest;Ser&iacute;a a lo mejor un buen padre de familia?</p>
<p>&iquest;Tendr&iacute;a la consideraci&oacute;n de sus vecinos?</p>
<p>&iquest;Ser&iacute;a un buen trabajador? &iquest;Un hombre con futuro?</p>
<p>Pero ya en aquel momento le cubr&iacute;an el rostro</p>
<p>pues no podr&iacute;a ver ni las estrellas</p>
<p>ni siquiera la luz de las farolas de la ciudad</p>
<p>Hab&iacute;a curiosos y polic&iacute;a hab&iacute;a una ambulancia in&uacute;til</p>
<p>para quien como cama solo tendr&iacute;a la piedra fr&iacute;a</p>
<p>&ldquo;&iquest;A d&oacute;nde va?&rdquo; &ndash;me pregunt&oacute; el taxista&ndash;</p>
<p>&ldquo;Yo tengo cinco mil pesetas &ndash;le respond&iacute;&ndash;</p>
<p>Ll&eacute;veme por las calles de la ciudad hasta que salga el sol</p>
<p>tal vez &eacute;l pueda decirme algo</p>
<p>sobre las muchas cosas que me gustar&iacute;a saber</p>
<p>(el sol es hoy una de mis pocas soluciones)</p>
<p>Pase lejos del cuerpo por favor&rdquo;</p>
<p>record&eacute; lecturas soterradas</p>
<p>de repente me vinieron a la memoria escenas olvidadas</p>
<p>&iquest;Samaritano yo? Un levita m&aacute;s</p>
<p>que buscaba tranquilo la promesa del d&iacute;a</p>
<p>&iquest;Inquietud o pena? &iquest;Sombra de metaf&iacute;sica?</p>
<p>&iquest;Pol&iacute;tica? &iquest;Moral? &iquest;Lecci&oacute;n? &iquest;Comportamiento?</p>
<p>&iquest;Querr&iacute;a algo? No lo sab&iacute;a</p>
<p>Puedo aseguraros que no lo sab&iacute;a</p>
<p>Solo sab&iacute;a que miraba y ning&uacute;n mar hab&iacute;a</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>P&oacute;voa de Varzim, viendo el mar, a las 10 de la ma&ntilde;ana del 29 de diciembre de 1971</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 23 Sep 2024 09:41:21 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una moderna elegía a la muerte del padre]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-moderna-elegia-a-la-muerte-del-padre/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/ALICIA_LOUZAO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Una de las mayores alegr&iacute;as que puede encontrar un lector de poes&iacute;a es la de un libro bien escrito y distinto, lejos de los c&aacute;nones transitados (pero con los lenguajes y usos del momento que habitamos), y con esa autenticidad de la poes&iacute;a genuina. Algo dice T. S Eliot sobre esa poes&iacute;a en <em>Lo cl&aacute;sico y el talento individual</em>, aunque desgraciadamente para &eacute;l, salvo Virgilio, todos seamos poetas menores. Lo cierto es que en este gran momento de las lenguas asentadas y donde el todo por venir est&aacute; en las que aguardan su clasicismo, es esta incumbencia que vivimos, explic&oacute; Northrop Frye, la hipersubjetividad est&aacute; a la orden del d&iacute;a. Es el caso de esta moderna eleg&iacute;a que guarda en lo &iacute;ntimo el desgarro &ldquo;&eacute;l se quedar&aacute; aqu&iacute; en el pecho prendido y en las fotograf&iacute;as manchadas de huellas dactilares&rdquo; porque no necesita enumerar para la gloria, para la Fama, las virtudes del padre a lo Jorge Manrique, sino guardarlas, atesorarlas en su propio dolor e intimidad, en la coraza de su propio pecho. Y es que <em>Cabeza de familia </em>es una moderna eleg&iacute;a a la muerte del padre con el horizonte referencial de Jorge Manrique (solo referencial, pues poco tienen en com&uacute;n salvo el &oacute;bito del progenitor), para hacer una emulaci&oacute;n de las virtudes del fallecido, pero tambi&eacute;n del aura que se infiltra y tizna la espera ante la muerte de quienes le aman, las circunstancias, en el Hospital Arquitecto Marcide de Ferrol, ciudad donde naci&oacute; Alicia Bouzao (1987). Y para mostrar esos dos mundos, el del recuerdo del muerto, el de las creencias, que &ldquo;guarda mi madre&rdquo; y el del puro fervor sin creencia, el yo l&iacute;rico desenrolla estos versos llenos de delicadeza y ternura, emoci&oacute;n.</p>
<p><em>Cabeza de familia </em>es un libro dividido en cuatro secciones con el mismo asunto, para contarnos un proceso emocional (y un suceso que lo desencadena) en verso libre y vers&iacute;culos, a veces casi &ldquo;proemas&rdquo; e indistinguibles en la pr&aacute;ctica pues todo depende del c&oacute;mo se lean&hellip; As&iacute; lo estudiaron Carlos Jim&eacute;nez Arribas (demuestra en un ejercicio a prop&oacute;sito de ello) y Mar&iacute;a Victoria Utrera Torremocha. Proemas que han tenido en las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas una importante presencia en Espa&ntilde;a, aunque vinculada a ciertos herederos de las po&eacute;ticas del silencio en los 2000, si bien no solo. Y as&iacute; asistimos al proceso de la espera, de la generosidad y virtudes del padre, a los vac&iacute;os, a veces con la t&eacute;cnica del leixa-pren para relatar ese dolor &iacute;ntimo que algunos poemas sobrecogedores y espl&eacute;ndidos elevan a poemas que as&iacute; pueden llamarse, con may&uacute;sculas. Me refiero a &laquo;Dust&raquo; o &laquo;Para crear el ojo de Emilia&raquo;, &laquo;En el cuello&raquo; y &laquo;Una bala lleg&oacute; en mayo&raquo; que nos hablan del talento de una poeta relativamente tard&iacute;a en cuanto a la publicaci&oacute;n de su primer libro, <em>Manual para la comprensi&oacute;n del insomnio</em> (2019), y que ha sabido esperar para cantar con fuerza y autenticidad, con esa determinaci&oacute;n literaria del poeta genuino, con el que comenz&aacute;bamos la rese&ntilde;a. Lecturas no parecen faltarle y, adem&aacute;s, bien escogidas (la de Dylan Thomas es estupenda), bien tra&iacute;das. Y si a eso le sumamos la mezcla de referencias realistas (zapatos de Zara o Jin Morrison), y las asociaciones de corte irracional que maneja con tropolog&iacute;a propia, &ldquo;la chica de perfil recto/como la l&iacute;nea de un divorcio&rdquo; o esa personificaci&oacute;n de la melena que &ldquo;empezaba a caer dormido sobre los hombros&rdquo;, entre otras m&aacute;s arriesgadas y sugerentes,&nbsp; pero controladas (no es Michaux ni Ashbery), sabremos que estamos ante una poeta que lo es, con mucho que decir y futuro por delante. Una grata sorpresa este <em>Cabeza de familia</em> y su cuidada edici&oacute;n en Lastura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alicia Loustao, <em>Cabeza de familia</em>, Madrid, Lastura, 2024</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 23 Sep 2024 07:58:29 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Eternidad]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/eternidad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/ANDR_S_TRAPIELLO_4_500_px.jpg" alt="" /></p>
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<p>Pensar la eternidad</p>
<p>(con sus distintas marcas registradas:</p>
<p>&laquo;la gloria literaria&raquo; es una de ellas,</p>
<p>tal vez la menos falsa o la que pasa</p>
<p>mejor las aduanas, sin levantar sospechas</p>
<p>su a menudo dudosa mercanc&iacute;a),</p>
<p>pensar la eternidad, dec&iacute;a y digo,</p>
<p>es manejar trilita, un explosivo;</p>
<p>raro ser&aacute; que no te estalle un d&iacute;a</p>
<p>en el alma y te deje para siempre</p>
<p>mutilado de sue&ntilde;os y esperanzas.</p>
<p>Si &laquo;humano no es medirse</p>
<p>con los dem&aacute;s, sino ocuparse solo</p>
<p>de las cosas&raquo;, no quieras</p>
<p>medir tu corta vida con nada que no sea</p>
<p>tan corto como ella.</p>
<p>Bl&iacute;ndate el alma con la rosa ef&iacute;mera;</p>
<p>hazte un b&uacute;nker por dentro con el canto</p>
<p>del ruise&ntilde;or, basti&oacute;n inexpugnable;</p>
<p>alambra con espino tus afectos</p>
<p>y mina sus contornos&nbsp;</p>
<p>de soledad, pues los resentimientos</p>
<p>son buenos zapadores. Que ninguna</p>
<p>luna llena se vaya sin que t&uacute;</p>
<p>con ella hayas hablado unos minutos:</p>
<p>nada te har&aacute; m&aacute;s fuerte.</p>
<p>&laquo;Oh monte, oh fuente, oh r&iacute;o&raquo; es todo cuanto</p>
<p>un hombre como t&uacute; va a precisar.</p>
<p>Ninguna de las ruinas gloriosas del pasado</p>
<p>ni la suma de siglos que hasta aqu&iacute;</p>
<p>nos las han conservado etiquetadas</p>
<p>vale lo que este d&iacute;a, uno de tantos,</p>
<p>lo que esta rosa ef&iacute;mera,</p>
<p>lo que un ruise&ntilde;or, lo que cualquier</p>
<p>noche de luna llena.</p>
<p>Cada segundo de esos, vividos a conciencia,</p>
<p>vale lo que mil a&ntilde;os.&nbsp;</p>
<p>Ninguna eternidad podr&iacute;a compar&aacute;rsele.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 13 Sep 2024 10:04:47 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“La Grecia que duele”  o la identidad ante la historia en la poesía griega del siglo XXI]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-grecia-que-duele-o-la-identidad-ante-la-historia-en-la-poesia-griega-del-siglo-xxi/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/HELENA_GONZ_LEZ-VAQUERIZO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Un t&iacute;tulo ajustado, tomado de Yorgos Seferis &ldquo;Dondequiera que viaje Grecia me duele&rdquo; (o el dolor ante esa Grecia que ya no es la Magna Grecia), le sirve de partida a Helena Gonz&aacute;lez Vaquerizo en este ensayo, para hablar de la poes&iacute;a griega reciente como respuesta a una situaci&oacute;n social e identitaria de un pa&iacute;s enfrentado a la precariedad frente a la mitificaci&oacute;n de su historia. Y a sus propios conflictos ante una herida que vuelve a sangrar, por culpa de la crisis econ&oacute;mica reciente, y todav&iacute;a en el imaginario, con todo lo que de humillaci&oacute;n y precariedad puso sobre la mesa. No hace falta ir muy lejos. En la memoria colectiva reciente europea a&uacute;n colea la crisis econ&oacute;mica de 2008-2009, como consecuencia de m&uacute;ltiples causas, contras las que estall&oacute; una rebeld&iacute;a social de la juventud en la calle. Una de las causas desencadenantes fueron los riesgos adquiridos por ciertos alquimistas financieros, los famosos &ldquo;quants&rdquo;, o exprimidores al m&aacute;ximo de las posibilidades de crecimiento econ&oacute;mico, y partidarios de la autorregulaci&oacute;n de los mercados sin necesidad de mecanismos controladores o de su disminuci&oacute;n e irrelevancia. La rueda de las especulaciones montadas y falta de control sobre los prestatarios que solicitaban cr&eacute;ditos hipotecarios subi&oacute; hasta el punto de generar grandes pasivos y morosidades, adem&aacute;s de una inflaci&oacute;n exponencial que acab&oacute; con bancos, instituciones, y casi con estados. Algunos debieron ser rescatados (Portugal, Italia, Irlanda, Espa&ntilde;a y Grecia), por algo que se origin&oacute; en Estados Unidos. Cuando Helena Gonz&aacute;lez Vaquerizo aborda la poes&iacute;a de un periodo con epicentro en 2010, desde el t&iacute;tulo <em>La Grecia que duele. Poes&iacute;a griega de la crisis</em>, parte fundamentalmente de la repercusi&oacute;n de esa crisis en los poetas nacidos entre los 70/80, y de c&oacute;mo toman conciencia de su pa&iacute;s desde la historia y crisis citada, que conlleva, acorde a los tiempos, una mirada sobre el g&eacute;nero, crisis migratorias y la identidad nacional ante el presente y su historia. Siempre desde la poes&iacute;a, recordemos. Estamos ante un minucioso ensayo generacional y visto desde dentro, con conocimiento profundo, rigurosidad y entusiasmo (en sentido etimol&oacute;gico) que, adem&aacute;s de acercarnos a la poes&iacute;a griega actual entre la tradici&oacute;n y la modernidad, muestra en las traducciones el hacer de unas promociones equivalentes en cierta manera a los/as poetas del malestar espa&ntilde;ol (pero distintas) seg&uacute;n los denomin&eacute;. O, si prefieren, a los &ldquo;deshabitados&rdquo; (en t&eacute;rminos de Juan Carlos Abril), en un momento de la invisibilizaci&oacute;n del capitalismo como ideolog&iacute;a dominante.&nbsp; Es muy posible que, en medio de las diferencias entre pa&iacute;ses con tradiciones tan diversas (Occidente/Oriente), tengamos que hacer m&aacute;s caso a las propuestas de Ra&uacute;l Molina Gil (<em>Poes&iacute;a espa&ntilde;ola joven: un estudio del campo po&eacute;tico. 2000-2019</em>), en nuestro caso, sobre el desencanto y la marginalizaci&oacute;n o nuevos territorios que, desde <em>Alicia bajo Cero</em> a <em>Voces del Extremo</em>, han desembocado en los <em>Hijos de los hijos de la ira</em>, por contarlo con Ben Clark.</p>
<p>La nueva poes&iacute;a griega surge &ldquo;de manera espont&aacute;nea y con gran &iacute;mpetu en un escenario de crisis econ&oacute;mica a partir de la primera d&eacute;cada del siglo XXI&rdquo;, explica Gonz&aacute;lez Vaquerizo.&nbsp; Espontaneidad e &iacute;mpetu son sin&oacute;nimos de respuesta de la juventud y de escritores en su primera madurez ante una situaci&oacute;n insatisfactoria, tal y como ocurri&oacute; con el 15-M en Espa&ntilde;a en 2011.&nbsp; En este caso el hecho desencadena una diferenciaci&oacute;n estil&iacute;stica y asuntos marcados, de identidades frente a la canonizaci&oacute;n de la tradici&oacute;n (reutilizada con otros sesgos), que en Espa&ntilde;a no se ha producido con esa virulencia, en mi opini&oacute;n. Y para explicarnos todo ello ha dividido la autora el libro en dos secciones: &ldquo;una introducci&oacute;n al contexto del pa&iacute;s y de su producci&oacute;n po&eacute;tica reciente, y una selecci&oacute;n y comentario de poemas&rdquo;.&nbsp; En una explicaci&oacute;n sint&eacute;tica, clara y muy convincente, sin digresiones, se explica la primera secci&oacute;n y el resurgimiento de la problem&aacute;tica identitaria del pa&iacute;s a partir de su reciente historia y los movimientos filohelenos, el peso del pasado o la reacci&oacute;n ante la citada crisis, hasta la relaci&oacute;n de criptocolonialismo que Europa establece con Grecia. Es el pre&aacute;mbulo al estudio de cuanto tambi&eacute;n se ha llamado generaci&oacute;n de la &ldquo;melancol&iacute;a de la izquierda&rdquo;, y adelanto de cuanto se ver&aacute; desde la poes&iacute;a y que, nos avisa, parte de antolog&iacute;as recientes: &ldquo;la mayor&iacute;a de los poemas analizados (&hellip;) proceden de antolog&iacute;as biling&uuml;es griego-ingl&eacute;s&rdquo; publicadas a partir del a&ntilde;o 2009 y que su existencia es en s&iacute; misma una prueba de las complejas relaciones de servidumbre y dependencia de la cultura griega con Occidente&rdquo;. Siempre es de agradecer esa honradez, pues muchas veces, tantas veces, vemos ant&oacute;logos que no leen las fuentes primarias, pero no lo cuentan. Aqu&iacute;, sin embargo, veremos una interpretaci&oacute;n tem&aacute;tica muy clara y amplia, aunque sea desde lo canonizado por los estudiosos, poetas y cr&iacute;ticos griegos y extranjeros.</p>
<p>La segunda parte del libro, mucho m&aacute;s personal, incide en el asunto espec&iacute;fico del libro. La autora avisa de haber realizado traducciones literales y no literarias, algo que para mi generaci&oacute;n tiene connotaciones grandes a causa de las estupendas versiones realizadas sobre traducciones ajenas. Pienso en Jos&eacute; Mar&iacute;a &Aacute;lvarez (las de Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente), frente, por ejemplo, a las de un gran conocedor de Cavafis, Miguel Castillo Didier (el pr&oacute;logo a <em>Kavafis &iacute;ntegro </em>(2003) es una delicia), pero cuyas traducciones emocionan mucho menos. Y tambi&eacute;n en la de Juan Manuel Mac&iacute;as en la <em>Poes&iacute;a Completa</em> (2015), de referencia. &nbsp;La autora nos avisa de esa literalidad con modestia y deja &ldquo;a los profesionales de la traducci&oacute;n po&eacute;tica&rdquo; el salto, aunque a pesar de la letra diminuta (deber&iacute;a haber sido m&aacute;s cuidado ese aspecto), los textos funcionen con sensibilidad literaria en castellano. Estamos pues ante un libro apasionante y apasionado, riguroso y filol&oacute;gico (por ah&iacute; anda, aunque sea tarea personal, el grupo de investigaci&oacute;n <em>Marginalia Classica</em>) sobre esta revitalizaci&oacute;n de lo antiguo. Y as&iacute; llegan con una perspectiva moderna &ldquo;El pa&iacute;s de los lot&oacute;fagos&rdquo; y la cr&iacute;tica impl&iacute;cita al hedonismo y a la b&uacute;squeda de una revitalizaci&oacute;n contra la adormidera del des&aacute;nimo, con poetas como Phoebe Giannisi (1964), Kyoko Kishida (1983) o Lina Fytili (1974), por citar por lo breve. Y al fondo la cr&iacute;tica que hizo el poeta laureado Alfred Lord Tennyson contra la inercia y sensualidad sin misi&oacute;n, a diferencia de los Ulises o Eneas. La perspectiva reivindicadora exige, acorde a los tiempos, otras lecturas. Y as&iacute; la perspectiva alcanza al g&eacute;nero, a la Pen&eacute;lope cantada por varones, contra su papel m&iacute;tico pasivo de un simple hilar y deshilar. Tal y como como dir&iacute;a Fernando Pessoa es una Pen&eacute;lope &ldquo;revisitada&rdquo; por la modernidad y otro rol literario (desde hace dos siglos) por un sinf&iacute;n de escritores/as en la revisi&oacute;n feminista del mito. Los nombres son innumerables, desde Margaret Atwood o Louise Gl&uuml;k, por citar las medi&aacute;ticas de moda, junto a otras personalidades revisadas frente a la mirada narrada por hombres (desde Circe a Ifigenia o Nausica). Y junto a esta secci&oacute;n la crisis de los refugiados o las muertes de los migrantes en el mar ante la indiferencia de Occidente al que el Egeo queda lejos, los movimientos migratorios por falta de futuro o el machismo, van teniendo reflejo en poetas como Yannis Stiggas (1977), Christodoulos Makris (1971), Jazra Khaleed (1979) o tantos otros que la autora estudia con claridad y precisi&oacute;n. Y, por supuesto, se cierra el libro con un cap&iacute;tulo dedicado a los &ldquo;m&aacute;rmoles y ruinas&rdquo;, o ese recuerdo del pasado heroico frente al presente en crisis, de las duras analog&iacute;as entre el hero&iacute;smo de ayer y el presente en crisis, frente a las visiones rom&aacute;nticas idealizadas. Tambi&eacute;n hay una llamada de atenci&oacute;n, llena de intenci&oacute;n, sobre la policrom&iacute;a estatuaria y la multirracialidad, frente a la &ldquo;blanquicizaci&oacute;n&rdquo; o monocromatismo de las estatuas por parte del pensamiento occidental. Las ruinas son &ldquo;un vivir entre ruinas&rdquo;, entre diferentes perspectivas de las mismas, a las que asistimos a trav&eacute;s de los poemas de Apostolos Thivaios (1981), Elena Penga (1981), Yannis Doukas (1981) o Dimitra Kotoula (1974) entre otros. No le falta tampoco el humor al libro en una divertida comparaci&oacute;n entre Pericles e Isabel D&iacute;az Ayuso. Un libro que, como recordaba Ortega y Gasset, adem&aacute;s de ser un libro de ciencia y ser riguroso, &ldquo;tambi&eacute;n tiene que ser un libro&rdquo;, es decir estar bien escrito. Y si a todo ello le a&ntilde;adimos biobibliograf&iacute;a de los poetas estudiados y una extens&iacute;sima bibliograf&iacute;a, tendremos un libro necesario y legible. Un ensayo muy serio, &aacute;gil, de plena actualidad, que nos habla de la Grecia real desde una perspectiva actual, la de la tercera d&eacute;cada del siglo XXI, a trav&eacute;s de la revisi&oacute;n de su historia en el presente desde la poes&iacute;a.</p>
<p>Helena Gonz&aacute;lez Vaquerizo, <em>La Grecia que duele. Poes&iacute;a griega de la crisis</em>, Madrid, Catarata, 2024.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 09 Sep 2024 07:42:21 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Volver, volver, volver. Una aproximación a “Fosfenos”, de Enrique Villagrasa]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/volver-volver-volver-una-aproximacion-a-fosfenos-de-enrique-villagrasa/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/ENRIQUE_VILLAGRASA_500_px.jpg" alt="" /></p>
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<p><em>Dichoso quien, como Ulises, ha hecho un buen viaje</em></p>
<p>Joachim du Bellay<em></em></p>
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<p><em>Ten siempre a Itaca en tu mente</em></p>
<p><em>Llegar all&iacute; es tu destino</em></p>
<p>Konstantino Kavafis</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Desandas el camino de la fuente, de la v&iacute;a, de la vi&ntilde;a. Y de pronto recuerdas el silencio de los membrillos&rdquo; &ldquo;Con prados silenciosos, en la orilla / de mi siempre Jiloca avanzo libre, / por lenta seda del ribazo oscuro /a beber en la fuente del regreso&rdquo;. &iquest;C&oacute;mo mi poes&iacute;a puede carecer de temas:/&nbsp; c&oacute;mo no puedo cantar lo que a Burb&aacute;guena se debe?"</p>
<p>Decimos&eacute;ptimo poemario del autor es el poemario donde la ausencia del tiempo ido est&aacute; m&aacute;s presente.&nbsp;<em>Fosfenos</em> es un poemario que el propio poeta describe como&nbsp;<em>&laquo;revelador&raquo;</em>,&nbsp;<em>&laquo;contundente&raquo;</em>&nbsp;y&nbsp;<em>&laquo;m&iacute;stico&raquo;</em>.&nbsp;</p>
<p>Itaca, Burb&aacute;guena, origen y destino. Alfa y omega. Raz&oacute;n de ser. Adem&aacute;s de eso, nos encontramos ante un silbo de afirmaci&oacute;n en la aldea como hiciera Miguel Hern&aacute;ndez y Fray Antonio de Guevara en su <em>Menosprecio de Corte y alabanza de aldea</em>. Su mundo, su tierra; s&oacute;lo su tierra. Su para&iacute;so tantas veces a&ntilde;orado y recobrado. Le sobra todo lo dem&aacute;s.</p>
<p>En el pr&oacute;logo a las <em>P&aacute;ginas escogidas</em>, Machado, citado profusamente en <em>Fosfenos</em>, nos explic&oacute; uno de los logros formalizados con su poes&iacute;a, del que se mostr&oacute; muy satisfecho. &ldquo;Como valor absoluto bien poco tendr&aacute; mi obra, si alguno tiene; pero creo &ndash;y en esto estriba su valor relativo&mdash; haber contribuido con ella, y al par de otros poetas de mi promoci&oacute;n, a la poda de ramas superfluas en el &aacute;rbol de la l&iacute;rica espa&ntilde;ola, y haber trabajado con sincero amor para futuras y m&aacute;s robustas primaveras&rdquo;.</p>
<p>Del frondoso &aacute;rbol po&eacute;tico, como Machado, ha podado, cuidosamente, las ramas superfluas, del mismo modo que Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez: &ldquo;Se qued&oacute; con la t&uacute;nica/ de su inocencia antigua./ (&hellip;)/ &iexcl;Oh pasi&oacute;n de mi vida, poes&iacute;a/ desnuda, m&iacute;a para siempre!&rdquo; Ha quitado las ramas pero no han desaparecido los ecos y los trinos de cuantas aves las han poblado. Esas que lo han acompa&ntilde;ado en sus despertares como a Fray Luis. Se adivinan los fosfenos deslumbrantes de Quevedo, B&eacute;cquer, Machado, Juan Ram&oacute;n y tantos otros. Como Don Antonio, a distinguir se para las voces de los ecos, y escucha solamente, entre las voces, una. Cumplen esas ramas superfluas que est&aacute; decidido a podar, con el fin de que el &aacute;rbol metaf&oacute;rico de la l&iacute;rica luzca en su integridad. No debe extra&ntilde;arnos el tremendo parecido entre la preocupaci&oacute;n de B&eacute;cquer, otro autor numerosamente evocado por el autor, al principio de las <em>Rimas</em> y la de Enrique Villagrasa en su <em>Fosfenos</em>.</p>
<p>&ldquo;Por los tenebrosos rincones de mi cerebro, acurrucados y desnudos, duermen los extravagantes hijos de mi fantas&iacute;a, esperando en silencio que el arte los vista de la palabra para poderse presentar decentes en la escena del mundo. En algunas ocasiones, (&hellip;)&nbsp;buscan en tropel por donde salir a la luz de entre las tinieblas en que viven.(&hellip;) Necesario es abrir paso a las aguas profundas, que acabar&aacute;n por romper el dique, diariamente aumentadas por un manantial vivo. (&hellip;) Si morir es dormir, quiero dormir en paz en la noche de la muerte, sin que veng&aacute;is a ser mi pesadilla, maldici&eacute;ndome por haberos condenado a la nada antes de haber nacido&rdquo;.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;</p>
<p>En las <em>Rimas</em> se nos ofrece una poes&iacute;a desnuda de artificios, una poes&iacute;a de m&aacute;xima condensaci&oacute;n l&iacute;rica. Si a B&eacute;cquer lo llev&oacute; a decir poes&iacute;a eres t&uacute;, la presencia de la amada, la misma que, como en Dante, entiende que un poema cabe en un beso/ verso tr&eacute;mulo. &ldquo;La bocca mi bacci&oacute; tutto tremante&rdquo; (Dante: <em>Inferno</em>, V, 136), en el caso de nuestro poeta, podemos decir que el t&uacute; que justifica el poema es Burb&aacute;guena. &ldquo;Burb&aacute;guena con el Jiloca se hace verso/ y el poeta exiliado en el mar de su escritura/ abraza ribera y ribazos&rdquo; (p.19). &ldquo;(Toda luz amanece en verso justo en Burb&aacute;guena con su Jiloca)&rdquo;. (p.30.)</p>
<p>Siles dice, a prop&oacute;sito de Enrique &ldquo;Todo poeta tiene, guardado en su memoria, un espacio-tiempo al que siempre que lo necesita &ndash; y poeta es quien lo necesita- suele regresar. Ese espacio-tiempo, que puede tomar &ndash; o no- forma de lugar, es el que el poeta invoca y busca en ese otro espacio, nunca coincidente del todo con &eacute;l, que es el de la p&aacute;gina.&rdquo;</p>
<p>Buscando la raz&oacute;n po&eacute;tica, la metapoes&iacute;a, la metal&iacute;rica de <em>Fosfenos</em>, podemos convenir, sin excesivo esfuerzo, no hacen falta ni la hermen&eacute;utica ni Gadamer, que &ldquo;todo poeta es su pueblo&rdquo;, (p.185) que lo sublime es lo normal que &ldquo;toda poes&iacute;a es mirada errante y todo poema/ es/ palabra ida. Al fin, marm&oacute;reo fr&iacute;o/ en Burb&aacute;guena&rdquo;. (p. 35).</p>
<p>Villagrasa ha sido y es un experimentador (El poeta experimenta en el poema/ todas las formas de la nada y el azar/ del lenguaje en el lenguaje), que no se ha arredrado ni ante el poema en prosa ni ante las formas fijas ni ante la estrofa. Lo que prueba su decidida voluntad de innovaci&oacute;n, y su necesidad tambi&eacute;n. &ldquo;Todo poeta tiene, guardado en su memoria, un espacio-tiempo al que siempre que lo necesita &ndash; y poeta es quien lo necesita &ndash; suele regresar&rdquo; (&hellip;) &ldquo;el yo del autor y el yo de su persona poem&aacute;tica conversan sobre lo que a ambos les parece fue &ndash; y&nbsp;&nbsp;en cierto modo sigue siendo a&uacute;n &ndash; su identidad.&rdquo; Dice Jaime Siles.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>
<p>Villagrasa despert&oacute; a Burb&aacute;guena, &iquest;lo descubri&oacute;? al salir del convento. &ldquo;Desde la celda llegaste a Burb&aacute;guena./ Llegaste al amanecer del nuevo d&iacute;a./ La poes&iacute;a pudo al fin contener la luz/ del murmullo de las quietas aguas del Jiloca&rdquo; (p.121). Como Machado, &ldquo;Toda la imaginer&iacute;a/que no ha brotado del r&iacute;o, /barata bisuter&iacute;a&rdquo;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Lo confiesa. Del mismo modo que confiesa que la belleza, el fin &uacute;ltimo de la poes&iacute;a, no puede ponerse en palabras, &iexcl;ah lo inefable l&iacute;rico!, m&aacute;s que por aproximaci&oacute;n (o el silencio). La palabra po&eacute;tica empieza justo donde el decir es imposible. (Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente)&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&ldquo;El silencio que est&aacute; en la base de la obra de arte (...) es la indecibilidad de la cual nace la obra, la oscuridad inherente a cada una de sus revelaciones. En el arte, la forma se condena y se redime al mismo tiempo. Su consonancia es disonante, su entonaci&oacute;n milagrosa, armon&iacute;a cacof&oacute;nica. El arte no brinda respuestas, sino s&oacute;lo una pregunta, y todo a su alrededor, la vida&rdquo; (Thomas Harrison). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Se&ntilde;ala J. A. Valente: &ldquo;sabemos que comentar es aprender a callar, generar el silencio en el que el texto habla&rdquo;. El silencio es entonces la materia de la escritura, indica los l&iacute;mites de su extensi&oacute;n y abre el camino a su posibilidad, una posibilidad que incorpora el riesgo de su propia imposibilidad; as&iacute; se entienden las palabras de J. A. Valente: &ldquo;Leer es entrar en el libro, es decir, en el territorio de su infinita posibilidad. Entrar en su blanco, en su silencio o en su vac&iacute;o. (&hellip;) La plenitud del libro es su vac&iacute;o&rdquo;, y los poemas en los que escribe: &ldquo;Vienen/ desde el vac&iacute;o las palabras&rdquo;, &ldquo;Este tiempo vac&iacute;o, blanco, extenso,/ su lenta progresi&oacute;n hacia la sombra&rdquo;. &ldquo;El arte no brinda respuestas, sino s&oacute;lo una pregunta, y todo a su alrededor, la vida&rdquo;.</p>
<p>Su pueblo es el topos al que volver y recurrir constantemente, como el mito del eterno retorno, el lugar donde se encuentra y se define a s&iacute; mismo. En el pr&oacute;logo del libro, &ldquo;Burb&aacute;guena o la poes&iacute;a de los lares&rdquo; Jos&eacute; Luis Rey dice: &ldquo;Villagrasa construye una obra de alabanza a los dioses primigenios del lugar; dioses de infancia y para infancia. Dioses para la palabra y para el silencio; para el poema y el ser.&rdquo; Estamos ante un poeta profundamente l&iacute;rico, qu&eacute; poco hay en <em>Fosfenos</em> fuera de la poes&iacute;a, y &ldquo;l&aacute;rico&rdquo;, fiel a su lar, a sus lares, que lo hacen volver, volver, volver, cada momento a su &Iacute;taca, a su para&iacute;so. Es all&iacute;, en su para&iacute;so, donde cuidadosamente teje y desteje, no le hace falta Pen&eacute;lope, la malla m&aacute;gica del poema.</p>
<p>Hay que establecer un pacto entre los ojos y el coraz&oacute;n, pacto que se crea con memoria y lenguaje, con vida y poes&iacute;a. La belleza depende del verso y el verso depende de Burb&aacute;guena.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Burb&aacute;guena: esa realidad inventada, renacida, resurrecta, so&ntilde;ada, que re&uacute;ne en s&iacute; misma los juncos de ayer con los de hoy, la escuela y el cementerio, y que permite a Enrique Villagrasa no huir de la huida sino dar sentido a su propio fluir. No otra cosa es la poes&iacute;a: fijaci&oacute;n de un instante que cre&iacute;amos perdido, salvaci&oacute;n de un momento que no queremos ver desaparecer&rdquo; sigue Jaime Siles. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Los poemas que contienen referentes expl&iacute;citos o elementos relacionados con la vida o el entorno de la voz po&eacute;tica, que son pr&aacute;cticamente todos, se presentan en la nostalgia de lo indefinido En ese sentido un buen n&uacute;mero de poemas plantean como un profundo motor para la nostalgia, el hecho de la imposibilidad de la palabra para ser la cosa que refiere, ese hecho refuerza en los poetas la impresi&oacute;n nost&aacute;lgica de que hay una parte inaprensible en cada cosa; perciben que no hay modo de referir lo vivido sin lenguaje y, a la vez, notan que lo vivido queda tocado o convertido en buena medida en lenguaje.</p>
<p>Ese topos absoluto, topos trascendido y trascendente, que es Burb&aacute;guena, se desarrolla en otros topoi que anclan a este &ldquo;monaguillo de incensario e hisopo&rdquo; en su para&iacute;so. Ah&iacute; est&aacute;n firmes en el recuerdo y en el presente &ldquo;en el seco recinto de tus muertos ese tu espacio y su tiempo&rdquo; (p.101), el r&iacute;o Jiloca, la vi&ntilde;a, la fuente, el cierzo, la ermita, la casa, el barrio Moral, el cementerio, &ldquo;Cuando yo venga a esta casa, el cementerio, no llegar&eacute; como extranjero/ Me quedar&eacute; aqu&iacute; para encender tu memoria, como un cirio perfumado. Resonancia y ecos de vidas vividas&rdquo; (p.149), &ldquo;a lo lejos la imagen que te persigue: el cementerio/ de Burb&aacute;guena, al sol de la tarde siempre&rdquo; (p,198) o el gratificante sabor de las cerezas, las uvas o los membrillos que nos aproximan la experiencia de nuestro poeta a la de Fray Luis y su huerto o a la de San Juan y el zumo de granadas. &ldquo;El poeta prueba el exquisito sabor de las uvas en la vi&ntilde;a/ de su padre&rdquo; (p. 168).</p>
<p>Este locus amoenus, cerca del r&iacute;o y en soledad amena, como en Garcilaso, esta raz&oacute;n de ser para el poeta, requieren un contrapunto que haga m&aacute;s entendible la fascinaci&oacute;n por ese pueblo-poema-verso-memoria-lenguaje. Ese silbo de afirmaci&oacute;n en la aldea del que hablaba al principio.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;</p>
<p>El contrapunto parece serlo Tarragona y su mar, la aldea y su r&iacute;o frente a la ciudad y el mar. Ciudad y mar que son vistos en el poema con un enfrentamiento en los t&iacute;tulos &ldquo;En Burb&aacute;guena, mi pueblo&rdquo; (p.46) y &ldquo;En Tarragona, media vida&rdquo;.(p.47). &ldquo;&iexcl;En el Diari, en el Port: oh triste memoria! Ciudad con menos teclas que un piano&rdquo;. (p.47).</p>
<p>Ciudad y aldea que encuentran su nexo, aparte de en la biograf&iacute;a del poeta, en el puerto. Ambos, Burb&aacute;guena y Tarragona tienen un puerto que ha conocido las diferentes inquietudes del poeta. Tarragona, exilio pluscuamperfecto la llama en ocasiones, &nbsp;ofrece un puerto en el que trabajar, Burb&aacute;guena le ofrece un Puerto: plaza donde descansa el viajero, ante el signo grave de &nbsp;tres bares y una farmacia, (p.170) y la casa del Temple. Cerca del Puerto. (p.134). en la que naci&oacute;, aunque no la reconozca.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;</p>
<p>&ldquo;As&iacute; es mi vida del Jiloca al Mediterr&aacute;neo en este oto&ntilde;o primaveral&rdquo; (&hellip;) Aunque/ siempre estoy en mi pueblo con los que est&aacute;n en mi tierra cercana&rdquo; (p.99). &ldquo;No quiero volver a ese mar mediterr&aacute;neo de la Tarragona del noreste. No quiero/ vivir bru&ntilde;ido por el sol. Estoy con la belleza/inaudita de Burb&aacute;guena y sus gentes&rdquo; (p.178)&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Pero en <em>Fosfenos</em> ni todo es retorno ni solo es luz. Como dije de <em>S&iacute;laba del anochecer</em>, es un libro recorrido por la tristeza, lleno de percepciones tristes, rom&aacute;nticas si se quiere, en las que el autor se anega. El recuerdo es nostalgia, a&ntilde;oranza del para&iacute;so de la infancia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Observamos como peculiaridad que el inter&eacute;s de la poes&iacute;a de nostalgia por la ausencia y lo perdido deriva en la reflexi&oacute;n sobre lo irresoluble o lo imposible. Nos anuncia el fin de algo, la imposibilidad de seguir poblando de palabras las hojas, bien porque la mancha de la tinta las ha hecho inservibles o bien porque no hay tinta con la que impregnar la pluma, dije en otra ocasi&oacute;n.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Cernuda dec&iacute;a: &ldquo;Importa que el poeta se d&eacute; cuenta de cu&aacute;ndo acaba una fase y comienza otra en su desarrollo espiritual; mientras el poeta est&aacute; vivo, es decir, mientras no se agote su capacidad creadora. No solo es letraherido. Aparecen aqu&iacute; y all&aacute; destellos del presente que nos dicen que la poes&iacute;a sabe esperar, y dejar paso a otras realidades como puedan ser la pandemia, la muerte de una gatita o las guerras, las malditas guerras, que nos rodean o la visi&oacute;n id&iacute;lica de unos &ldquo;ni&ntilde;os jugaban en la acequia con sus c&aacute;scaras /de nuez&rdquo; (p.175).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p><em>Fosfenos</em> da para mucho, como las infinitas esquinas del verso que lo contiene. &ldquo;La poes&iacute;a de Enrique Villagrasa, tiene un componente metapo&eacute;tico esencial, hasta el punto de que no la comprenderemos si no somos consciente de ello. Vale decir que este autor tiene, en gran parte de su obra, la poes&iacute;a como referente &uacute;ltimo de su mensaje.&rdquo; (P&eacute;rez Lasheras) &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Efectivamente, como caracter&iacute;stica que tiene ya arraigo en los anteriores poemarios de nuestro poeta, la metapoes&iacute;a hace presencia en casi todas las secciones del libro. Junto con estos ingredientes habr&iacute;a que a&ntilde;adir otros formales (como el dominio del ritmo po&eacute;tico) o de tono (como la nostalgia -el poeta ha vivido, por razones laborales, lejos de su tierra natal, la muy hermosa comarca del r&iacute;o Jiloca- o la ternura), y de este modo nos har&iacute;amos una primera imagen de la poes&iacute;a de Enrique Villagrasa, en apariencia sencilla pero complejamente elaborada.&nbsp;&nbsp; &ldquo;&iquest;Acaso en el fondo del verso no es donde vives/ aquel poema que palpita en su profunda luz?&rdquo;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para Enrique Villagrasa, sigue Siles, &ldquo;La poes&iacute;a es lo que &eacute;l encuentra en Burb&aacute;guena, donde la palabra es vida y sendero directo al pasado. Lo que lo obliga a buscar en el texto lo que llama las fronteras de la palabra, que &eacute;l identifica con el l&iacute;mite blanco/ sonoro, del lenguaje del silencio&rdquo;.</p>
<p>Cierro esta breve aproximaci&oacute;n al libro y su autor con otro reto po&eacute;tico: es la reivindicaci&oacute;n del especio lector, como hizo, hace casi un siglo, Robert Escarpit. &ldquo;Lo sagrado, es la comunicaci&oacute;n, el texto es algo secundario" dec&iacute;a el Profesor de Burdeos.&nbsp;</p>
<p>El receptor, con sus posibilidades descodificadoras, es el protagonista final de la cadena de comunicaci&oacute;n y conocimiento. La relaci&oacute;n es entre tres: emisor-receptor, siendo el texto la bisagra en torno a la cual giran ambos. O No&eacute; Jitrik: &ldquo;Leer es transformar lo que se lee, lo cual deviene, de este modo, un objeto refractado, interpretado, modificado.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>El poema lo es porque lo es para el lector. En muchos casos el autor, el poeta, es su propio lector. De ah&iacute; que entre la p&aacute;gina y aquel se establezca siempre una din&aacute;mica dial&oacute;gica, en la que el yo del autor y el yo de su persona poem&aacute;tica conversan sobre lo que a ambos les parece fue -y en cierto modo sigue siendo a&uacute;n- su identidad.</p>
<p>&ldquo;Es la persona lectora quien termina el poema al atravesar esa y no la puerta que conduce al desierto&rdquo; (p.97). &ldquo;Que es un juego de espejos en el misterio, del que no hay que separar obra y lector&rdquo; (p.53).&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>
<p>Hay que transgredir los l&iacute;mites entre lo vivo, lo experimentado y la met&aacute;fora&rdquo; &ldquo;canto y cuento es el deseo po&eacute;tico&rdquo; nos dir&aacute; ( p. 105). &ldquo;Al igual que el Jiloca busca el mar/ el que esto escribe busca y persigue/su conocerse y conocer mejor lo propio&rdquo;. &iquest;Cu&aacute;ndo habitar&aacute;n mis versos/ en tu pasi&oacute;n? Urge ese/ planteamiento po&eacute;tico de la realidad&rdquo; (p.177).</p>
<p>&ldquo;El lector es siempre el que escribe/ el poema y su decir significado/ yo me (re)invento en los poemas. T&uacute; te descubres en las palabras./ En tu lectura los signos son. En mi escritura no se significan. &iquest;Qu&eacute; clave utilizas poeta?/ La misma que t&uacute; lector./La palabra ida&rdquo; (p.207).&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Un libro de plena madurez reflexiva en el que la memoria se hace filosof&iacute;a y sensaci&oacute;n, conciencia disgregada que busca lo originario y el retorno, que conf&iacute;a en el lenguaje para que persista en los ojos del ni&ntilde;o que habitamos esa ilusi&oacute;n azul de eternidad&rdquo; (Jos&eacute; Luis Morante). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Tu sola compa&ntilde;&iacute;a es la palabra. La soledad del verso te sustenta. No est&aacute; nada mal reconocer que el poeta vive de (entre, por, hacia, para, con, etc. se puede a&ntilde;adir muchas preposiciones) la soledad de su verso. El eco de ese verso que, de acuerdo con las palabras del poeta en ese mismo poema, alumbra el d&iacute;a en el recorrido del poeta por las calles.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&ldquo;S&oacute;lo el poeta puede/ mirar lo que est&aacute; lejos/ dentro del alma, en turbio/ y mago sol envuelto./ En esas galer&iacute;as,/ sin fondo del recuerdo, /...&rdquo; (Machado). El ancho azul de la tarde y su rostro fosf&eacute;nico.</p>
<p>Hace muchos a&ntilde;os escrib&iacute; sobre <em>S&iacute;laba del anochecer</em>: &ldquo;es un libro recorrido por la tristeza, lleno de percepciones tristes, rom&aacute;nticas si se quiere, en las que el autor se anega. El recuerdo es nostalgia, a&ntilde;oranza del para&iacute;so perdido de la infancia y el presente intentos de una fuga imposible&rdquo;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Digamos, para cerrar estas p&aacute;ginas que todo el poemario no es m&aacute;s que la b&uacute;squeda de la palabra definitiva, del verso que refleje mejor sus estados de &aacute;nimo, sus sentimientos. El poema demiurgo: El poema quiere alumbrar con el verso lo que el silencio clama. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Burb&aacute;guena es la marca de origen, el factor desencadenante. El poeta labra sus surcos po&eacute;ticos desde esta confesi&oacute;n, esa es su atalaya, su perspectiva, el cristal que ti&ntilde;e con su color cuanto se contempla a trav&eacute;s de &eacute;l.&nbsp;</p>
<p>Termino con su final, con su confesi&oacute;n: &ldquo;Y decirles a las personas lectoras de <em>Fosfenos</em> que aqu&iacute; est&aacute; mi vida y su poes&iacute;a, con muchos ecos y muchas voces, con muchas lecturas, con muchos versos repetidos en una forma y en otra, una estructura y otra, siempre necesarias por y para la unidad tem&aacute;tica, Es un libro de libros muy descriptivo, pienso, de lo que es el proceso de escritura, o al menos del m&iacute;o. Y es, tal vez, un tanto, mucho o poco, m&iacute;stico, revelador y contundente. Ahora, las personas lectoras tienen la palabra. &iexcl;Gracias!&rdquo; Nota final. (p.215.)&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 06 Sep 2024 11:55:02 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una ejemplar antología del género aforístico]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-ejemplar-antologia-del-genero-aforistico/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/JOS_LUIS_MORANTE_-_PASO_LIGERO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Lo dijo Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez y a m&iacute; me gusta repetirlo: a la hora de elaborar una antolog&iacute;a las razones por las cuales se incluye a unos escritores y se excluye a otros depende en gran medida del grado de amistad, de enemistad o de indiferencia existente entre quien elige a los antologados y estos. As&iacute; que una antolog&iacute;a, por lo general y seg&uacute;n el poeta moguere&ntilde;o, no suele ser sino una criba hecha por afinidades electivas en la que obviamente y como no pod&iacute;a ser menos son todos los que est&aacute;n pero no est&aacute;n todos los que son. O dicho de otra manera: no hay antolog&iacute;a en la que la subjetividad no sea el criterio de selecci&oacute;n. En el caso que nos ocupa, el propio Jos&eacute; Luis Morante, autor de esta antolog&iacute;a de aforistas espa&ntilde;oles comprendidos entre los siglos XX y XXI, nos recuerda ya al final de su prolijo y detallado pr&oacute;logo algo que afirm&oacute; el tambi&eacute;n ant&oacute;logo de aforistas Jos&eacute; Ram&oacute;n Gonz&aacute;lez a prop&oacute;sito del car&aacute;cter personal y subjetivo de toda antolog&iacute;a, en cuanto que &laquo;una antolog&iacute;a es, por necesidad, una propuesta siempre incompleta y cuestionable, y es imposible sustraerse al juicio severo e inapelable del lector, que suele moverse entre el &ldquo;falta este autor&rdquo; y el &ldquo;sobra este otro&rdquo;&raquo;. Ni que decir tiene que esta apelaci&oacute;n al <em>juicio severo e inapelable del lector</em> parte de la suposici&oacute;n o de la hip&oacute;tesis de que todo lector de una antolog&iacute;a conoce al dedillo el universo literario en el que pulula una porrada de escritores dedicados a un mismo g&eacute;nero, y que por esa misma raz&oacute;n estar&iacute;a justificado entonces que se mostrara cr&iacute;tico con la selecci&oacute;n llevada a cabo por el ant&oacute;logo siempre y cuando echara en falta a tal autor o le sobrara tal otro. Pero, &iquest;realmente las antolog&iacute;as se elaboran pensando especialmente en ese tipo de lectores tan enterados y puntillosos? &iquest;O, m&aacute;s bien, se hacen para dar a conocer a los m&aacute;s representativos escritores de un g&eacute;nero, sin m&aacute;s pretensi&oacute;n que esa?</p>
<p>En el caso de <em>Paso ligero</em> Jos&eacute; Luis Morante ha seleccionado, seg&uacute;n su criterio, &laquo;las aportaciones coet&aacute;neas m&aacute;s exigentes de la producci&oacute;n afor&iacute;stica en castellano desde el despertar del siglo XX hasta el ahora&raquo;, que incluye a autores de la llamada Edad de Plata, como Miguel de Unamuno, Antonio Machado, Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez o Jos&eacute; Bergam&iacute;n, a autores de la Posguerra y la Dictadura, como Ram&oacute;n J. Sender, Max Aub o Rafael S&aacute;nchez Ferlosio, y por &uacute;ltimo a autores vivos enclavados dentro del per&iacute;odo de la Transici&oacute;n y la democracia, como Manuel Neila, Ram&oacute;n Eder, Benjam&iacute;n Prado o Erika Mart&iacute;nez. En total son veintisiete aforistas los que Morante ha seleccionado. Evidentemente podr&iacute;an (o deber&iacute;an) ser m&aacute;s, si nos atenemos a su criterio de m&aacute;xima exigencia respecto a las aportaciones afor&iacute;sticas producidas en castellano durante los aproximadamente &uacute;ltimos cien a&ntilde;os, excluyendo las llevadas a cabo por autores hispanoamericanos (que, por cierto, aunque no son espa&ntilde;oles, tambi&eacute;n escriben en castellano, lo cual no casa bien con lo que se apunta en el subt&iacute;tulo del libro, dado que <em>la tradici&oacute;n de la brevedad en castellano</em> deber&iacute;a incluirlos).</p>
<p>En su largo pr&oacute;logo (casi doscientas p&aacute;ginas), Morante se remonta a los or&iacute;genes de la escritura breve, situ&aacute;ndolos en los &laquo;espacios colonizados por las civilizaciones fluviales: Egipto, Mesopotamia, Babilonia, China, India, Persia y Judea&raquo;, donde fundamentalmente tuvieron un car&aacute;cter pr&aacute;ctico, moralizante y aleccionador, en forma de preceptos, normas, refranes o dichos, que m&aacute;s tarde llegar&iacute;an a los territorios de las antiguas Grecia y Roma para incorporarse al pensamiento lapidario de la filosof&iacute;a en autores como Di&oacute;genes Laercio, Prot&aacute;goras, Parm&eacute;nides, Cicer&oacute;n o Marco Aurelio. La Edad Media, el Renacimiento y el Barroco son otras estaciones de paso en las que se analiza el devenir de la escritura breve, estaciones en las que despuntaron Sem Tob, Juan Rufo o Baltasar Graci&aacute;n, entre otros. Pero donde Morante se detiene con m&aacute;s ah&iacute;nco es en el transcurso que va desde la Generaci&oacute;n del 98 hasta nuestros d&iacute;as, pues es ah&iacute; donde percibe un cambio de rumbo en el g&eacute;nero afor&iacute;stico, que abandona su car&aacute;cter moralizante y aleccionador para abrirse a nuevas expresiones que abarcan desde las reflexiones filos&oacute;ficas hasta los divertimentos verbales, sin que las ocurrencias, las greguer&iacute;as o las ideas l&iacute;ricas queden ni mucho menos postergadas, dado que &laquo;el aforismo ya no es solo &ldquo;una sentencia breve y doctrinal que se propone como m&aacute;xima&rdquo;, seg&uacute;n argumentaba el diccionario de la Real Academia, sino un material expresivo contradictorio, un g&eacute;nero maleable que admite disquisiciones y da pie a una etimolog&iacute;a donde conviven intenciones hondas y juegos verbales&raquo;. Y es precisamente ese car&aacute;cter contradictorio el que ha permitido que el g&eacute;nero afor&iacute;stico se haya convertido a lo largo de esta &uacute;ltima centuria en un verdadero caj&oacute;n de sastre, que incluso afecta al propio nombre del g&eacute;nero, pues no han sido pocos los autores que lo han bautizado a su peculiar modo como cofrecillos de sorpresas (Benajm&iacute;n Jarn&eacute;s), aerolitos (Carlos Edmundo de Ory), sofismas (Vicente N&uacute;&ntilde;ez), greguer&iacute;as (G&oacute;mez de la Serna), consejos, sentencias y donaires (Antonio Machado), m&aacute;ximas m&iacute;nimas (Jardiel Poncela) o n&oacute;tulas (Crist&oacute;bal Serra).&nbsp;</p>
<p>Afirma Jos&eacute; Luis Morante que &laquo;m&aacute;s all&aacute; de contingencias y gustos circunstanciales, el aforismo ha encontrado por fin, en su despliegue, reconocimiento mayoritario y activa presencia intelectual&raquo;. Sin duda, tal aserto es manifiestamente optimista, quiz&aacute; algo exagerado, porque que haya unas pocas peque&ntilde;as editoriales y algunos concursos dedicados al fomento y la publicaci&oacute;n de libros de aforismos no supone, creo yo, un <em>reconocimiento mayoritario</em> entre los lectores, que probablemente no pasar&aacute;n de los doscientos o trescientos en nuestro pa&iacute;s, cosa que no es suficientemente notable como para tirar cohetes, lo cual no quita que <em>Paso ligero</em> sea una obra importante que ayudar&aacute; a entender el devenir hist&oacute;rico del g&eacute;nero afor&iacute;stico en Espa&ntilde;a y a conocer a algunos de sus principales representantes. Bien es cierto que estos representantes incluidos en este libro podr&iacute;an haber sido otros, sobre todo los que pertenecen al &uacute;ltimo per&iacute;odo, Transici&oacute;n y democracia, pues nombres como los de Jos&eacute; Mateos, Jos&eacute; Manuel Ben&iacute;tez Ariza, Jos&eacute; Luis Garc&iacute;a Mart&iacute;n, Jos&eacute; Luis Trullo, Javier Salvago o Antonio Rivero Taravillo hubieran merecido igualmente formar parte de la selecci&oacute;n, tanto por su valor literario como por su notable producci&oacute;n afor&iacute;stica, cosa esta &uacute;ltima que en tales autores est&aacute; muy por encima de la de por ejemplo Juan Manuel Ur&iacute;a o Erika Mart&iacute;nez, pero ya record&eacute; al principio lo que dec&iacute;an JRJ o Jos&eacute; Ram&oacute;n Gonz&aacute;lez y no vale la pena insistir m&aacute;s en ello. No obstante esta salvedad, unida a alg&uacute;n peque&ntilde;o equ&iacute;voco, como confundir la Alianza de Intelectuales Antifascistas con una inexistente Alianza de Intelectuales Antifranquistas (p&aacute;g., 74) o referir que Max Aub ingres&oacute; en el PSOE en 1927 cuando en realidad lo hizo en 1929 (p&aacute;g., 90), lo cierto es que la labor llevada a cabo por Jos&eacute; Luis Morante en esta antolog&iacute;a es irreprochable, no solo por su amplio y minucioso conocimiento de todo lo relativo al g&eacute;nero afor&iacute;stico de habla hispana sino tambi&eacute;n por su ejemplar difusi&oacute;n de la importancia que esta breve forma expresiva ha tenido en la obra de algunos de nuestros m&aacute;s insignes literatos. Raz&oacute;n suficiente como para que cualquier lector interesado en este g&eacute;nero literario no deje pasar la ocasi&oacute;n de adentrarse felizmente en sus p&aacute;ginas.</p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em>Paso ligero. La tradici&oacute;n de la brevedad en castellano (siglos XX y XXI)</em>. Edici&oacute;n, selecci&oacute;n y pr&oacute;logo de Jos&eacute; Luis Morante. La isla de Siltol&aacute;, 2024</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 22 Aug 2024 10:59:30 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La pasión arrebatada por lo mundano]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-pasion-arrebatada-por-lo-mundano/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/CRISTINA_GRANDE_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>El nuevo libro de Cristina Grande es uno de los mejores de su carrera. Cristina, costumbrista acelerada por la vida, escribe en <em>Diario del asombro</em>, un compendio de celebraciones, casualidades y situaciones que recorren los a&ntilde;os anteriores y posteriores a la pandemia en forma de diario l&iacute;rico y, sorprendentemente, atemporal. Digo que sorprendente por la misma naturaleza de la narraci&oacute;n: parecer&iacute;a que las vivencias personales tendr&iacute;an una fecha de caducidad para el lector, pero no es as&iacute; en absoluto. Cristina Grande elabora una especie de bestiario de jornadas, donde tienen cabida desde su afici&oacute;n por el ciclismo, su ecl&eacute;ctica selecci&oacute;n de pasiones literarias y cin&eacute;filas o sus distintos viajes. Cristina Grande exhala el pulso de Natalia Ginzburg y la cotidianidad de Annie Ernaux, pero, por no circunscribirnos a literatura femenina, los ecos de Georges Perec y la pasi&oacute;n por la mutaci&oacute;n del presente de Julio Jos&eacute; Ordov&aacute;s se recogen en las p&aacute;ginas de Diario del asombro. Leer el recorrido de una vida, aunque sea en un periodo de unos pocos meses, tiene una parte de <em>voyeur </em>y otra de cazador de disonancias. La plaza de Chodes, un t&eacute; de Calmarza, una parada en Roda de Is&aacute;bena, la belleza fronteriza de Valderrobres o un vino en Bodega Almau. Ferias del libro que marcan las estaciones, presentaciones que acaban siendo encuentros con amigos, un caf&eacute; en las Cinco Villas, compartir el A&ntilde;o Nuevo Chino con Ismael Grasa y, despu&eacute;s, recordar el disco m&aacute;gico de Lole y Manuel, de aquel a&ntilde;o 1975 en el que todo parec&iacute;a comenzar.&nbsp;</p>
<p>Construir los a&ntilde;os a partir de fragmentos enlazados por el anecdotario b&aacute;sico de la vida. Lo que lleva siendo, desde siempre, el cemento fundamental de la literatura. Canciones en El Frasno, cerezas de autov&iacute;a, el apeadero de Sabi&ntilde;&aacute;n, la llegada del encierro, esa muerte v&iacute;rica con apellido de n&uacute;mero primo, encontrar frases como: Leer estos d&iacute;as a Rodrigo Fres&aacute;n y Cristina Grande te hace coincidir en una cierta obsesi&oacute;n por <em>La invasi&oacute;n de los ladrones de cuerpos</em>. Y sus distintos <em>remakes</em>, claro. Cristina Grande, desbordante cuentista, vaporosa columnista, ha cultivado la cotidianidad de un paseo con su madre observando la marabunta de zaragozanos recuperando su libertad tras el encierro o la lectura de Miguel Mena, Fernando Sanmart&iacute;n o Eva Puy&oacute;, con recuerdos de momentos claves en la historia reciente de la modernidad en Arag&oacute;n (desde la fallida presentaci&oacute;n de <em>Vida &aacute;vida</em> de &Aacute;ngel Guinda en la sala Oasis el d&iacute;a del golpe de Estado de 1981 hasta la 'amputaci&oacute;n' de las salas de cine en la ciudad de Zaragoza). Cristina Grande hace del alimento y la cocina nutritivos temas literarios, de los encuentros casuales un ejercicio de recuerdo, una especie de concatenaci&oacute;n que parece encerrarnos en un mullido laberinto, una relaci&oacute;n fraternal entre la autora y su lector, que se encuentra c&oacute;modo sumergi&eacute;ndose en unas p&aacute;ginas familiares. El aliento de Francisco de Goya, la lectura de <em>Mortal y rosa</em> de Francisco Umbral, el SEPU que salta de las l&iacute;neas escritas por Ana Alcolea a las de Cristina Grande. Toda una mara&ntilde;a de referencias y vivencias, un coraz&oacute;n que escupe cenizas despu&eacute;s de haber ardido con fuerza durante d&eacute;cadas, un momento m&aacute;gico, volc&aacute;n en tierra plana.&nbsp;</p>
<p>En <em>Diario del asombro </em>hay espacio para Mar&iacute;a Moliner y Vicky Calavia, para Eurovisi&oacute;n y Franco Battiato, el fallido concierto de Leonard Cohen en Bin&eacute;far en el a&ntilde;o 1998, la cultura m&aacute;s <em>pop </em>con Sigourney Weaver en <em>Alien 3</em>, para &Aacute;lvaro Cunqueiro e Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n, para la Quiter&iacute;a Mart&iacute;n y el n&uacute;mero &Aacute;ureo y, tambi&eacute;n, el amor plat&oacute;nico de Sean Connery y su madre. Con una estructura construida a base de a&ntilde;os, inequ&iacute;voca sucesi&oacute;n de sensaciones, desde la monoton&iacute;a previa a la distop&iacute;a mundial, la asonancia social de los meses de encierro y la voracidad por la vida que trastorna el mundo en los meses de mascarillas, distancia social y hambre atrasada. Hambre por ejecutar los verbos copulativos como se hac&iacute;a en los tiempos de las canciones pop. Ese mismo contraste nos acuna hacia la sensaci&oacute;n dubitativa que emerge entre las p&aacute;ginas: Cristina fuma y deja de fumar, recuerda que es una urbanita implantada, habla de sus amigos, su familia, su pareja para, unas p&aacute;ginas m&aacute;s tarde, construir una bit&aacute;cora de encastillamiento, de soledad elegida. <em>La reina de &Aacute;frica</em>, una especie de presencia constante en la novela, provoca un estado de empat&iacute;a hacia la autora, sedienta de grandes aventuras mientras habita la comodidad de los d&iacute;as sin demasiados tumbos. Quiz&aacute; ese sea uno de los paralelismos m&aacute;s potentes de la narrativa de Cristina Grande, al menos en este libro, donde, por supuesto, se reflexiona sobre el acto de escribir. Sin pedanter&iacute;a ni saberes absolutos, deja al lector algunas pistas (me niego a usar la palabra 'instrucciones'): &ldquo;Escribimos para no olvidar, ya que es muy fr&aacute;gil la memoria humana&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Este libro de Cristina Grande supone un momento magn&iacute;fico en su trayectoria como autora. El lector termina seducido por las posibilidades que se abren, tanto durante su lectura como en una reflexi&oacute;n posterior. &iquest;Qu&eacute; regusto deja <em>Diario del asombro</em>? &iquest;Somos capaces de discernir la naturaleza de lo le&iacute;do? Un dietario, un diario, una novela autobiogr&aacute;fica... quiz&aacute; eso sea algo demasiado evidente. Hay mucho m&aacute;s, tanto que uno siente necesaria una revisi&oacute;n puntillosa y visceral, porque la pasi&oacute;n que transmite la calma narrativa de Cristina Grande convierte <em>Diario del asombro </em>en la obra de un heter&oacute;nimo, de un ausente, de una autora distinta, que escribe sobre Cristina Grande. Con o sin su permiso.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cristina Grande,&nbsp; <em>Diario del asombro</em>, Libros del Gato Negro, Zaragoza, 2024.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 19 Jul 2024 07:49:25 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La maestría de Mariano Gistaín]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-maestria-de-mariano-gistain/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/MARIANO_GISTA_N_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Mariano Gista&iacute;n es uno de los escritores m&aacute;s avanzados y originales de las letras aragonesas. Un referente en el manejo de las distop&iacute;as cotidianas, la influencia del avance tecnol&oacute;gico en la sociedad y, tambi&eacute;n, un autor capaz de insertar la cultura pop en la literatura, haciendo del asombro su sello &uacute;nico y del costumbrismo aragon&eacute;s una nueva forma de ciencia-ficci&oacute;n anticipatoria. En este <em>Nadie y nada</em>, la narrativa se construye en forma de di&aacute;logo interior, esquem&aacute;tico y abstracto, con claros efluvios al Samuel Beckett de<em> Final de partida</em> y, por ende, los abandonados protagonistas de las obras de teatro de Fernando Arrabal. El di&aacute;logo interior, sintagma arriesgado, entre A y B, como personajes atrapados en un remedo de &ldquo;di&aacute;logo de besugos&rdquo;, como se estilaba en los tebeos de los setenta y ochenta, busca el contraste entre un desierto apocal&iacute;ptico de arena cristalizada y los restos de las p&aacute;ginas webs abandonadas tras el colapso digital. Son veinticinco a&ntilde;os despu&eacute;s de una bomba nuclear o un servidor ca&iacute;do, son A y B, el 1 y el 0, que no pueden sumarse ni multiplicarse porque el resultado deja de ser d&uacute;o y se convierte en &uacute;nico. Mariano Gista&iacute;n acelera y desacelera el di&aacute;logo, como instantes de arco voltaico, como el sobrecalentamiento de una resistencia que detiene el procesador de la vida: &ldquo;No puedo ver m&aacute;s all&aacute; de mis pensamientos /&iquest;Y cu&aacute;les son? Pr&aacute;cticamente ninguno / Entonces ver&aacute;s muy lejos. Hasta el infinito / &iquest;Y qu&eacute; hay? Nada&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&iquest;Se puede dormir dentro de la muerte? Inmateriales, pero conscientes, intercambiables, pero &uacute;nicos, los dos personajes son conscientes de la historia de la Humanidad, sus elucubraciones recorren libros, pel&iacute;culas o series de televisi&oacute;n. Incluso dramas y vi&ntilde;etas: astronautas hibernando, videojuegos inacabados, sue&ntilde;os de los vivos, limbo de los muertos. Escapan al Test de Turing asegurando que no son m&aacute;quinas porque no tienen miedo, intentan recoger el eco de una vida buscando el registro de sus almas al rebotar en las paredes invisibles que los rodean. Mutuamente traspasables, no responden a ninguna ley en concreto, as&iacute; que exigen la &uacute;nica responsabilidad posible: el entrelazamiento cu&aacute;ntico. No es el d&oacute;nde est&aacute;n, es la mayor probabilidad de encontrarlos. La maestr&iacute;a de Gista&iacute;n es manejar los instrumentos literarios para desarrollar un texto &aacute;gil, trufado de referencias cient&iacute;ficas, pero que, por otro lado, funcionan para el lector humanista, a pesar de la exigencia te&oacute;rica de las mismas. Es por eso que cualquiera puede sentirse identificado ante semejante despliegue de azar e identidades reseteadas, de duelos a garrotazos o perros hundidos en el alquitr&aacute;n transparente. Es amor y es guerra, es beso y pelea. Uno duda y Gista&iacute;n parece responderte: es el azar, la estad&iacute;stica, el n&uacute;mero, son monos en cantidad suficiente, durante infinito tiempo, tecleando m&aacute;quinas de escribir -quiz&aacute; mejor computadoras., las que en ausencia de l&iacute;mites, acabas delineando la existencia de A y B.&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Y si fu&eacute;ramos los &uacute;ltimos, y si fu&eacute;ramos los primeros&rdquo; Se preguntan. Si hay ventana hay p&uacute;blico que contempla, manifestaci&oacute;n &uacute;ltima de la cultura digital que nos rodea. Es una subasta, un canal de cable, un &ldquo;pagar por ver&rdquo;, donde se confunden los recuerdos implantados con los reales -y aparece un gui&ntilde;o al cl&aacute;sico &ldquo;Blade Runner&rdquo;, no por manido menos oportuno-, como si los protagonistas fueran una especie de mezcla entre &ldquo;bots&rdquo; de p&aacute;ginas de atenci&oacute;n al cliente y &ldquo;replicantes&rdquo; de Philip K. Dick programados para &ldquo;Gran Hermano&rdquo;. Woody Allen y la muerte &ldquo;No tengo miedo a la muerte, solo espero no estar ah&iacute; cuando llegue&rdquo;, una emanaci&oacute;n, romper la cuarta pared con una tercera letra, impar, que resuelve el empate.&nbsp;</p>
<p>Mariano Gista&iacute;n busca sorprender, busca mantener atento al lector, compartir con &eacute;l el escapismo, la monoton&iacute;a, la situaci&oacute;n excepcional, lo cotidiano. Es una lista que crece conforme avanzan las hojas, acumulando tras de s&iacute; todo lo propuesto previamente, como en una intrincada narrativa de ra&iacute;ces y grafos, bosques de valor intr&iacute;nseco que nos llevan a algunos estadios de Javier Tomeo. Encontramos la dicotom&iacute;a entre Inteligencia Artificial y Dios Creador, encontramos, por otro lado, la necesidad de ambos entes/conceptos de sus creaciones para existir. As&iacute; que sin fuera no puede haber un dentro, sin voces no puede tener sentido el trueno. Si antes habl&aacute;bamos de cultura pop, Gista&iacute;n trae los ectoplasmas de los <em>Cazafantasmas</em>, los muertos vivientes de George A. Romero y, por supuesto, Hal 9000, ic&oacute;nica y fundacional m&aacute;quina de pensamiento aut&oacute;nomo, aparecida por primera vez en Odisea del espacio, el largometraje de Stanley Kubrick basado en la obra de Arthur C. Clarke. Incluso nos deja, como miguitas de pan o gui&ntilde;os al lector avezado, la idea de una canci&oacute;n, quiz&aacute; <em>Daisy Bell</em>. &ldquo;Te puedo dar todo menos el amor, baby&rdquo;, resuena a nuestro alrededor. Es un final como otro cualquier, probable, pero no seguro: &ldquo;si no hay p&uacute;blico no existimos, si el p&uacute;blico existe, nosotros tambi&eacute;n&rdquo;. Una exigencia neuronal, la culpabilidad del lector, su responsabilidad m&aacute;s bien. Si no lee <em>Nadie y Nada</em> es probable que no existan A. y B. o, incluso, que nadie recuerde a un escritor llamado Mariano Gista&iacute;n.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mariano Gista&iacute;n, <em>Nadie y Nada</em>, Zaragoza, Prames, 2024.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 18 Jul 2024 12:24:09 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mariano Peyrou: “Hace falta estudiar en serio esa dimensión imaginaria, estudiarse en ella”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/mariano-peyrou-hace-falta-estudiar-en-serio-esa-dimension-imaginaria-estudiarse-en-ella/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/MARIANO_PEYROU_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>La realidad, en ocasiones, parece surgida de la ficci&oacute;n. Hace algunas semanas, la idea de construir (en Barcelona) un aeropuerto en el mar, aparec&iacute;a en todos los peri&oacute;dicos de tirada nacional. Mucho m&aacute;s bella la propuesta de Mariano Peyrou (Buenos Aires, 1971), <em>El mar hospital es el mar aeropuerto</em> (Espasa), un poemario que transita por la experiencia del exilio y trata de trazar su l&aacute;bil hechura. Se cierra con unas notas a prop&oacute;sito del maridaje entre esta experiencia y la escritura.</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;ndo conviene quedar del lado de lo imaginario en vez de lo real, &laquo;sentir m&aacute;s inter&eacute;s por lo que podr&iacute;a haber que por lo que hay&raquo;?</p>
<p>- No s&eacute; si &ldquo;conviene&rdquo; eso, as&iacute;, en general. Creo que el inter&eacute;s por lo imaginario es algo que todos tenemos en alguna medida y que en algunas personas est&aacute; m&aacute;s desarrollado que en otras, hasta convertirse en una especie de rasgo de personalidad. Cuando se da en exceso, tiene efectos deplorables: la desconexi&oacute;n con la realidad. Pero tambi&eacute;n es deplorable una excesiva conexi&oacute;n con la realidad, por decirlo as&iacute;.</p>
<p>Lo que s&iacute; s&eacute; es que, igual que conviene no desconectarse demasiado de lo que hay &mdash;de la gente que nos rodea o de los sem&aacute;foros, por ejemplo&mdash;, igual que hace falta desarrollar una serie de habilidades para insertarse en el mundo, tambi&eacute;n conviene y hace falta estudiar en serio esa dimensi&oacute;n imaginaria, estudiarse en ella. Me parece que esa es una peque&ntilde;a revoluci&oacute;n que forma parte del conjunto de revoluciones que tenemos pendientes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Hay voz capaz &ldquo;de competir con mil graznidos&rdquo;? &iquest;C&oacute;mo saber que lo que uno ve es &ldquo;es digno de contarse&rdquo;?</p>
<p>- Esas dos citas son del primer poema de mi primer libro. No recuerdo bien en qu&eacute; pensaba cuando escrib&iacute; eso, pero ahora me hace gracia que en ese primer momento est&eacute; el deseo de decidir de qu&eacute; se va a hablar, qu&eacute; entra en el poema y qu&eacute; no, c&oacute;mo se articula la voz.</p>
<p>Supongo que lo de los mil graznidos tiene que ver con eso real que nos deja callados, o con la necesidad de escuchar antes de hablar. Ahora lo que m&aacute;s me interesa de ese verso es la palabra &laquo;mil&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; discurre entre &laquo;el coraz&oacute;n y el pie&raquo;?</p>
<p>- Lo imprevisible.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;l es el riesgo de &ldquo;entretenerse jugando a la indiferencia&rdquo;?</p>
<p>- Evidentemente, distanciarse de uno mismo y meramente existir en vez de vivir. Por supuesto, esto no significa que me parezca mal la indiferencia en todos los casos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me gustaba sospechar de los lugares comunes&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; podr&iacute;a tener de mentira el d&iacute;a?</p>
<p>- A veces el lugar com&uacute;n &mdash;lo est&aacute;tico&mdash; oculta una verdad. O la luz oculta las verdades de la sombra. Me gustaba sospechar de los lugares comunes y tratar de deshabitarlos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Con independencia de quien mande m&aacute;s (la aguja grande o la peque&ntilde;a), &iquest;Qu&eacute; es lo que marca el tiempo del poema?</p>
<p>- Las s&iacute;labas, las palabras, los espacios, los versos, las frases, el poema que fue antes y el que ir&aacute; despu&eacute;s, todos los dem&aacute;s poemas, la persona que lee, todas las dem&aacute;s personas, la luna y el sol y las dem&aacute;s estrellas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Pienso en el poema &lsquo;En esa &eacute;poca&rsquo;. &iquest;Qu&eacute; distingue mirar por la ventana de mirar una pantalla?</p>
<p>- Depende de la ventana y depende de la pantalla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;El poema es tambi&eacute;n eso, &laquo;una verdad en fuga&raquo;?</p>
<p>- S&iacute;, para m&iacute; es bastante eso. No el poema, en realidad, sino la experiencia de lectura. Un contacto con algo que se vive como verdadero, una especie de epifan&iacute;a, algo que desaparece r&aacute;pido y no deja un recuerdo claro, sino una sensaci&oacute;n. Esto sucede poco, desde luego; no con cualquier poema.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Si &ldquo;el problema de hablar del deseo es darlo / por &uacute;nico&rdquo;, &iquest;pueden convivir distintas presencias deseantes en el poema?</p>
<p>- S&iacute;, dir&iacute;a que no pueden no convivir. Creo que en cualquier deseo hay m&aacute;s deseos: otros deseos y deseos de otros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>-&iquest;C&oacute;mo se conjugan esas dos vidas que se afirman en el poema?</strong></p>
<p>- &iexcl;Malamente! Y tambi&eacute;n maravillosamente. En esto tambi&eacute;n hay tremendo vaiv&eacute;n. Y donde dice &ldquo;dos&rdquo; habr&iacute;a que leer &ldquo;mil&rdquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 14 Jun 2024 09:41:15 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El eco de los vivos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-eco-de-los-vivos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/RAFAEL_MORALES_BARBA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>Y por un denso c&uacute;mulo rojo,</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>golpes se avecinan</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>&nbsp;</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>al ocaso nocturno,</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>pasos, </em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>o el eco de los vivos.</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">Rafael Morales Barba, &ldquo;Pasos&rdquo;.</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">Recientemente, a comienzos de 2024, Bartleby editores ha publicado la poes&iacute;a reunida del profesor y poeta Rafael Morales Barba (Madrid, 1958), bajo el sugerente t&iacute;tulo de <em>Guardia nocturna</em>. Este libro, integrante de la colecci&oacute;n dirigida por Manuel Rico, se compone de los tres poemarios que forman hasta el momento la obra del madrile&ntilde;o: <em>Canciones de deriva</em> (2007), <em>Climas</em> (2014) y <em>Aquitania </em>(2020). A estos, se a&ntilde;ade un texto inicial denominado &ldquo;A manera de pr&oacute;logo&rdquo;, en el que el poeta establece algunas claves de lectura, rutas sugeridas y paradas posibles. Bit&aacute;cora de un viaje que es m&aacute;s interior que exterior, aunque su poes&iacute;a, de modo persistente, se cimienta en la contemplaci&oacute;n de la naturaleza -en especial en sus paisajes marinos- tanto como trasunto, en espejos poli&eacute;dricos del yo como, en ocasiones, como escenario y marco de las cavilaciones existenciales y subjetivas. Un devenir reflexivo, poblado de recuerdos, de &ldquo;anhelos sin alivio&rdquo;, de soledades y pulsiones tan meditativas como sensoriales; b&uacute;squedas y afanes de quien es consciente de un tiempo implacable que se conjura en im&aacute;genes recurrentes; proyecciones a trasluz de fragmentos de remembranzas y emociones: &ldquo;Como se pronuncia el viento / sin sosiego en el desvelo de las p&aacute;ginas, / se agita, y como en palimpsestos / maceran sin fulgor las contiendas, / las justas, el orgullo / de los pensamientos&hellip;&rdquo;.</p>
<p>Siguiendo los consejos de T.S. Eliot, los poemas transitan la ausencia, los desvelos y la evocaci&oacute;n tenaz de &ldquo;recuerdos /cada vez m&aacute;s ocultos /y emborronados / v&iacute;nculos&rdquo;, objetivados bajo correlatos que &ldquo;circundan y asedian&rdquo; los diversos poemarios. Los temas y escenarios mar&iacute;timos y n&aacute;uticos, en primer lugar, permiten con sus <em>Canciones de deriva, </em>del 2007, representar el fluir incesante y el movimiento de la naturaleza en sus derivas constantes. As&iacute;, el viento, el agua y las olas, las medusas, los estambres, los peces, los p&aacute;jaros, junto con las soledades, los nocturnos pensamientos y &ldquo;un nombre que est&aacute; y&eacute;ndose / deriva con el presentimiento de los / besos lentos murmurados&rdquo;, encuentran breves asideros en rocas, o en &ldquo;libros en viejas estanter&iacute;as&rdquo;, como v&eacute;rtebras que gu&iacute;an y se&ntilde;alizan las p&aacute;ginas. Versos que acuden a la memoria para franquear una &ldquo;nada sin huella&rdquo;, para llenarla de s&iacute;mbolos y palabras.</p>
<p>Las p&aacute;ginas construyen postales, im&aacute;genes que se condensan como calas sucintas en un tiempo cosmol&oacute;gico que atraviesa los d&iacute;as infinitos y mon&oacute;tonos de la ausencia. A lo largo del volumen, y en especial en el libro segundo, <em>Climas</em>, del 2014, predomina en las estampas que delinean los versos un cromatismo apagado, con la paleta ocre de la arena, el verde musgo y, a veces, tambi&eacute;n, el &oacute;xido rojizo de la enfermedad &ndash;co&aacute;gulos, gasas, piel rota, cuerpo seco-, salpicado en ocasiones, como brillos recurrentes, por el plateado de las olas y los reflejos del sol en el mar; luces que se espejan en los poemas, en sus corrientes y vaivenes. Estos climas que componen el segundo libro acuden no solo a la naturaleza en sus matices insondables, sino tambi&eacute;n al arte, por ejemplo, a trav&eacute;s de la m&uacute;sica, en el breve &ldquo;Vals triste&rdquo; que abre las p&aacute;ginas, y tambi&eacute;n la pintura, en la visi&oacute;n ecfr&aacute;stica de un cuadro de Rembrandt &ndash;&ldquo;en el cuadro, el paisaje es un lienzo, un horizonte / o un nombre reticente&rdquo;- o en la referencia a la roca Tarpeya, en el cruce fecundo y aleg&oacute;rico de poes&iacute;a, mito y pintura. El tiempo, esta vez, acompa&ntilde;a los climas que bosquejan los textos con las vagas remisiones po&eacute;ticas a septiembre y octubre &ndash;&ldquo;Aceres en septiembre&rdquo;, &ldquo;Octubre en Plencia&rdquo;-: el tiempo equinoccial y crepuscular del acabamiento y la visi&oacute;n incierta de &ldquo;sombras / que se asoman / o transitan breves&rdquo;.</p>
<p>En <em>Aquitania,</em> finalmente, tras d&eacute;cadas de escritura, persiste el sujeto en su quietud est&aacute;tica, &ldquo;esperando mareas&rdquo;. La &ldquo;noche sin aire&rdquo;, &ldquo;el ajado fuelle sin vientos&rdquo;, &ldquo;los bronquios sin aire&rdquo; marcan los pasos detenidos y la espera expectante en &ldquo;horas /como remos varados&rdquo;. El antiguo territorio que nomina el volumen, una regi&oacute;n con una historia extensa y fecunda, recientemente desaparecida en 2014, congrega en sus horizontes m&uacute;ltiples los s&iacute;mbolos que atraviesan los poemarios y desembocan en este libro &uacute;ltimo. La ausencia, la navegaci&oacute;n, el dolor, el vac&iacute;o, las horas expuestas ante &ldquo;centinelas dormidos&rdquo; se condensan en esta imagen y en este nombre, cuya etimolog&iacute;a nos remite, de modo circular, hacia el primer poemario y sus tintes marinos, para quienes encuentran en los or&iacute;genes de este top&oacute;nimo lleno de historia y lenguas diversas los sones del <em>aqua.</em></p>
<p>En su texto inicial alude Rafael Morales Barba a su decir lac&oacute;nico, cuyas palabras se tornan &ldquo;espejo de una historia obsesiva&rdquo;. En ella, en busca de la verdad propia, con &ldquo;desnudez y metonimia&rdquo;, los poemas reunidos bajo el r&oacute;tulo de <em>Guardia nocturna </em>entraman una voz en la que resuena el &ldquo;eco de los vivos&rdquo;. Como dice el poema que cierra <em>Climas, </em>un sujeto que se emplaza &ldquo;a este lado del tiempo&rdquo;, con sus met&aacute;foras, obsesiones y abismos que, sin embargo, se observan desde la superficie, como &ldquo;trapecistas / en la punta del filo / sin valor de saltar&rdquo;. Los versos conjuran las soledades, las p&eacute;rdidas y el vac&iacute;o; &ldquo;marcas de agua&rdquo;, &ldquo;letra menuda&rdquo;, como dice uno de sus breves y luminosos poemas de <em>Aquitania,</em> con el irrenunciable anhelo de habitar el refugio de unas p&aacute;ginas po&eacute;ticas en las que sea posible &ldquo;otra soledad / m&aacute;s tibia&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rafael Morales Barba,&nbsp; <em>Guardia nocturna</em>, Bartleby editores, Madrid, 2024.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 14 Jun 2024 08:30:24 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Intento recordar a mi padre]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/intento-recordar-a-mi-padre/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas24/JAIME_SILES_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
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<p>Veo a&nbsp; mi padre, vivo, un momento</p>
<p>tal como en la memoria lo recuerdo.</p>
<p>&iquest;Firmamos con el tiempo un acuerdo</p>
<p>o la muerte nos pone en movimiento?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Es eso lo que ahora aqu&iacute; intento:</p>
<p>fijar en mi memoria su recuerdo?</p>
<p>Una sombra de su lado izquierdo</p>
<p>lo va borrando con un breve viento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Veo a mi padre fuera, si me adentro.</p>
<p>Es joven, es maduro, est&aacute; ya viejo</p>
<p>sentado en su sal&oacute;n, donde es el centro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo, ni&ntilde;o, adolescente, joven, viejo,<em></em></p>
<p><em>es mi padre</em>- me digo. Este reflejo</p>
<p>es lo &uacute;nico de &eacute;l con que me encuentro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 13 Jun 2024 10:59:26 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Todo, de repente]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/todo-de-repente/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas24/ISABEL_BONO_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
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<p>La luz aquieta el calor</p>
<p>aquieta el fr&iacute;o, si lo hubiera</p>
<p>aquieta a quienes esperan en el and&eacute;n</p>
<p>aquieta a los cubos de papel prensado</p>
<p>en la planta de reciclaje</p>
<p>y a los barriles de cerveza</p>
<p>templ&aacute;ndose bajo los &uacute;ltimos rayos del sol&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>parece que va a llover</p>
<p>parece que la tarde se llena de luz</p>
<p>como lo har&iacute;a yo</p>
<p>justo antes de la tormenta&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>pero no va a llover porque aqu&iacute; nunca llueve&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>est&aacute;n quietas las palmeras</p>
<p>alineadas en la acera del centro comercial</p>
<p>quieta su sombra</p>
<p>quietas mis ganas</p>
<p>quietos los postes de la luz</p>
<p>de los que cuelgan cables muertos</p>
<p>quietas las vallas publicitarias</p>
<p>quietas y mudas</p>
<p>limpias del grito del cuerpo de una mujer</p>
<p>nunca la misma, nunca su cara</p>
<p>s&oacute;lo su cuerpo desnudo, siempre otro</p>
<p>quietos los hombres sin pelo, antes y despu&eacute;s</p>
<p>ahora con pelo y esa sonrisa</p>
<p>tan falsa</p>
<p>en c&oacute;modos plazos&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>todo quieto y tranquilo</p>
<p>como si nunca m&aacute;s pudiera pasar algo malo</p>
<p>ni a las mujeres desnudas ni a los hombres sin pelo</p>
<p>ni a las palmeras</p>
<p>ni a los postes de la luz</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>porque el sol se est&aacute; yendo tan despacio</p>
<p>que nadie puede pensar en una cat&aacute;strofe&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>miro esos postes de madera que antes fueron &aacute;rboles</p>
<p>el reino de la luz entre sus ramas, una vez&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>mientras, pasan los eucaliptos</p>
<p>quietos y erguidos</p>
<p>con ese gesto insomne de los &aacute;rboles de hoja perenne</p>
<p>a la espera de alg&uacute;n viento que los agite</p>
<p>que los despierte de un sue&ntilde;o</p>
<p>en el que son incapaces de caer del todo&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>a la espera todos nosotros</p>
<p>casi perennes, casi insomnes</p>
<p>sin ramas sin reino sin luz</p>
<p>nuestros brazos cables muertos</p>
<p>en cada despedida, a la espera</p>
<p>de otra despedida</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 13 Jun 2024 10:27:38 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Filantropía]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/filantropia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas24/CARLOS_ALCORTA_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
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<p>Regresan m&aacute;s tarde de lo previsto</p>
<p>de la excursi&oacute;n al yacimiento</p>
<p>de Atapuerca. Despierta su curiosidad,</p>
<p>mientras espera al lado del colegio,</p>
<p>un peque&ntilde;o Platero trotando por el prado</p>
<p>pr&oacute;ximo, juguet&oacute;n y despreocupado,</p>
<p>ajeno a la glotoner&iacute;a impl&iacute;cita</p>
<p>del menestral que lo contempla. Es, quiz&aacute;,</p>
<p>como el gorri&oacute;n de Williams, una verdad po&eacute;tica.</p>
<p>M&aacute;s que por el hambre,</p>
<p>como har&iacute;a el <em>Homo Antecesor,</em></p>
<p>lo cazar&iacute;a por vanagloriarse</p>
<p>en la pr&oacute;xima reuni&oacute;n con amigos</p>
<p>y ense&ntilde;ar&iacute;a fotos de la limpia</p>
<p>incisi&oacute;n que le provoc&oacute; la muerte</p>
<p>sin asomo de compasi&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No existe,</p>
<p>lo sabes, progreso en el arte</p>
<p>pero, &iquest;lo habr&aacute; en la moral?</p>
<p>La evoluci&oacute;n es s&oacute;lo una medalla</p>
<p>prendida, como un tatuaje, en los pechos</p>
<p>desnudos de esas terceras personas</p>
<p>a cuya zafiedad has terminado</p>
<p>acostumbr&aacute;ndote.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Azota el aire fr&iacute;o de la noche</p>
<p>creciente su pelaje tosco e indisciplinado</p>
<p>cuando el enjambre infantil desciende</p>
<p>entre gritos y abrazos del autob&uacute;s escolar.</p>
<p>El aplicado alumno recordar&aacute; durante</p>
<p>mucho tiempo cr&aacute;neos y otros huesos</p>
<p>quebrados que revelan una violencia animal,</p>
<p>prof&eacute;tica, de la que &eacute;l no ha formado parte.</p>
<p>Sangre fantasma que alimentar&aacute;</p>
<p>su insomnio. No sabe c&oacute;mo funciona</p>
<p>el mundo porque a&uacute;n no est&aacute; infectado</p>
<p>por ese endiosamiento sin sentido</p>
<p>que gobierna los actos de su padre.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 13 Jun 2024 07:47:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Frío camina conmigo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/frio-camina-conmigo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/ALFREDO_SALDA_A_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo">Perm&iacute;tanme se&ntilde;alarles que si ha habido una flor sorprendente en esta primavera, siempre tan literaria, sin duda ha sido encontrar <em>La ra&iacute;z del aire</em> brotando en la editorial Nautilus ante los ojos de nuestra lectura admirada, pues en este poemario se abren fragantes los poemas que conforman la poes&iacute;a selecta que abarca m&aacute;s de tres d&eacute;cadas de escritura de Alfredo Salda&ntilde;a Sagredo, quien tambi&eacute;n ha estado al cargo de la selecci&oacute;n, en lo que &mdash;comparando con la expresi&oacute;n cinematogr&aacute;fica&mdash; completar&iacute;a el montaje en absoluta libertad de sus escenas m&aacute;s significativas y personales, componiendo su creaci&oacute;n inalterada por terceros en la <em>versi&oacute;n del director</em>. Por tanto, y es importante recalcarlo, nos encontramos ante una pieza de coleccionista &mdash;por lo corto de la tirada&mdash;, pero tambi&eacute;n ante una obra fundamental en la bibliograf&iacute;a de Salda&ntilde;a, pues se trata asimismo de una especie de piedra de Rosetta, con la que descifrar la personal codificaci&oacute;n del mundo en lenguaje, verso a verso, que el poeta y catedr&aacute;tico de Teor&iacute;a de la Literatura y Literatura comparada nos ofrece en esta obra ordenada y escogida en la que todo es sentido, camino, invierno e indocilidad.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Creo que acertar&iacute;amos aproxim&aacute;ndonos a esta antolog&iacute;a &mdash;y, al contemplar las relaciones entre entes tales como el ser y el lenguaje, tambi&eacute;n ontolog&iacute;a&mdash; predispuestos a sentirla como prueba de vida, de haber filtrado el tiempo a trav&eacute;s, como una clepsidra, y abiertos a apreciar que esta escritura ha sido concebida &mdash;consecuentemente&mdash; como &ldquo;herida abierta&rdquo;, como coagulaci&oacute;n del plasma literario del autor, quien se dice convertido en &ldquo;un personaje de ficci&oacute;n cuya sangre alguien est&aacute; transformando en la tinta impresa de este texto: soy ya un texto, tejido textual, cuerpo devenido en discurso que fluye como la corriente rebosada del r&iacute;o&rdquo;. Desde este torrente mana una voz y un ordenamiento cartesiano por el que avanza el caminante, siendo el sistema de representaci&oacute;n &mdash;por su posicionamiento a la hora de figurar esa funci&oacute;n po&eacute;tica&mdash; &nbsp;muestra de rebeld&iacute;a y de resistencia, pues es consciente de la penetraci&oacute;n de una suerte de dominaci&oacute;n global en toda la extensi&oacute;n de nuestra existencia y &ldquo;&iquest;qui&eacute;n dir&iacute;a sin temblar &laquo;esta boca es m&iacute;a&raquo; en contra del tirano&rdquo;; dej&aacute;ndolo as&iacute; ya dicho.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Por su parte, las magnitudes en torno a las que se organizan sus tres ejes son la soledad, el fr&iacute;o y el silencio &mdash;de los que hablaremos m&aacute;s adelante y que tienen sus apoyos en las citas de apertura que, como tres pilares, sustentan estos conceptos respectivamente: &ldquo;el camino no es indulgente para el que se desv&iacute;a&rdquo;, Edmond Jab&egrave;s; &ldquo;el coraz&oacute;n de la eternidad habita en el rel&aacute;mpago&rdquo;, Ren&eacute; Char; y &ldquo;est&aacute;bamos muertos y pod&iacute;amos respirar&rdquo;, Paul Celan&mdash;, pero que encuentra sus par&aacute;metros m&aacute;s significativos, condicionando a aquellas tres variables, en la debilidad, la incertidumbre y el desequilibrio, puesto que en el avance &mdash;mientras que un pie sustenta el peso del cuerpo que se alza en el aire&mdash;, hay una inestabilidad, un desequilibrio mientras que el cuerpo se proyecta hacia adelante, hasta topar con la verdad firme del paso que se completa, propuls&aacute;ndose hacia un progreso nuevo, siempre precario y firme a la vez. Sabedor de la flaqueza consustancial al individuo, de su gran dificultad para manejar y recomponer los cortantes pedazos de la verdad, observando la pendular vacilaci&oacute;n de cualquier m&iacute;nimo progreso, Salda&ntilde;a nos ofrece firmeza para avanzar, como fun&aacute;mbulos, por un p&aacute;ramo desierto extendido como cuerda floja ante la conciencia del ser y el verbo con el que se pronuncia a s&iacute; mismo.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">El autor nos expone que el prop&oacute;sito de su obra es ser testigo como &ldquo;flor de un d&iacute;a&rdquo; que ha brotado para &ldquo;dar cuenta de una relaci&oacute;n con el lenguaje&rdquo; de la que es relator para s&iacute;: para todos. Como anticip&aacute;bamos, el primero de los ejes de este sistema no eucl&iacute;deo por el que se mueve su funci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica es el del silencio &mdash;en el que a&uacute;n respiramos&mdash; como obvio contrapeso del lenguaje y su sem&aacute;ntica; como pauta en su pentagrama; como lindero en un p&aacute;ramo; como l&iacute;nea que dibuja una silueta reconocible alrededor de cada palabra, de cada p&aacute;rrafo, de cada libro&hellip; y que es recurso que usa al &ldquo;pasar, delimitar la vida con la voz,/ disolver la existencia/ en un acontecimiento escrito,/ ir hacia el silencio&rdquo;. El silencio, como elemento b&aacute;sico del lenguaje, como fonema mudo, emparenta simb&oacute;licamente con un vac&iacute;o al que acude el viaje del poeta, pero &mdash;como veremos &mdash; es un espacio que, lejos de ser nada, es pura plenitud.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Por su parte, el fr&iacute;o como magnitud po&eacute;tica, como rel&aacute;mpago chariano, puede entenderse &mdash;o al menos ese podr&iacute;a ser uno de sus atributos principales&mdash; como met&aacute;fora del conocer, de la contrapartida prometeica a la obtenci&oacute;n del entendimiento; del conocimiento que desentra&ntilde;a la complejidad y nos desvela los mecanismos m&aacute;s simples y dolorosos de la vida; por alcanzar a &ldquo;rozar la realidad/ con el extremo afilado de una idea&rdquo;. Ese conocimiento permite tambi&eacute;n al poeta &ldquo;dar en la hora del fr&iacute;o/ testimonio de p&eacute;rdidas&rdquo;, puesto que lo que ha de reclamar nuestra atenci&oacute;n en la b&uacute;squeda del discernimiento no es todo lo que aparece ante nuestra mirada, &ldquo;sino lo que desaparezca cuando mires&rdquo;. Quiz&aacute;, por esto mismo, parece inevitable apreciar una sensaci&oacute;n g&eacute;lida devenida tras un adi&oacute;s menos metaf&oacute;rico. No obstante, nos recuerda en <em>Flores en el r&iacute;o</em> al hablar de sus riveras florecidas, &ldquo;las muertes que las abonan fortalecen la verdad&nbsp; de nuestras vidas&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Si el espacio geom&eacute;trico del papel se pauta entre el silencio y el fr&iacute;o, el tiempo que le otorga su tercera dimensi&oacute;n en la escritura/lectura se mide a trav&eacute;s del apartamiento del caminante que la recorre. Esta soledad, por su parte, creo que deber&iacute;a analizarse como simplificaci&oacute;n unitaria de la existencia y que, por tanto, singularizada, es indicio de ese mundo que simboliza, tal como una figura de barro cocido en un yacimiento arqueol&oacute;gico es muestra de civilizaci&oacute;n, pero nos deja ante la duda de si observamos en ese viajero del tiempo la representaci&oacute;n de un pueblo o de sus dioses, de las creencias que dio forma la mano experta del artesano, mientras que &mdash;as&iacute;, como ep&iacute;tome de la experiencia universal de la vida sentida y pensada desde el (no)lenguaje&mdash; la soledad se muestra como lugar distinguible en el todo, en esa ausencia global de silencio que conforma el ruido universal de la multitud y su algarab&iacute;a...</p>
<p class="Cuerpo">Por ello, el espacio de la soledad en la poes&iacute;a de Salda&ntilde;a es una ubicaci&oacute;n que, lejos de empeque&ntilde;ecer el mundo del poeta, lo agranda, lo sublima y consecuentemente, en sus versos nos insta a &ldquo;cuidar la soledad que acoge&rdquo;, pues ese saber adquirido nos revela la visi&oacute;n del juego de espejos, la empat&iacute;a, la humanidad, la vinculaci&oacute;n al semejante a trav&eacute;s del lenguaje que propicia el amparo del otro, es decir, del otro concebido tambi&eacute;n como reflejo unitario, lo que nos otorga la capacidad de extender la piedad adquirida en nuestro propio sufrimiento a una proyecci&oacute;n ajena, a la otredad, al haber experimentado que &nbsp;&ldquo;pensar en un hombre que cae al caminar es mitigar su ca&iacute;da&rdquo;. Complementariamente, como ya avanz&aacute;ramos, esta soledad fundacional del espacio po&eacute;tico se despliega como apartamiento del caminante en una errancia &mdash;severa con quien se desv&iacute;e&mdash; que pide no contar el paso sino ser la propia v&iacute;a de avance, pues, nos advierte, &ldquo;eres migraci&oacute;n y no n&oacute;mada&rdquo; y, a&ntilde;ade m&aacute;s adelante, &ldquo;la casa est&aacute; en el camino&rdquo;, es decir, andar es el lugar de acogida, en lo que ser&iacute;a un avance dentro del pensamiento n&oacute;mada deleuziano.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Este no-lugar po&eacute;tico que se genera al caminar en <em>La ra&iacute;z del aire</em> &mdash;muestra selecta de m&aacute;s de treinta a&ntilde;os del deambular y el magisterio po&eacute;tico de Alfredo Salda&ntilde;a&mdash;, &nbsp;no se construye como suma de ladrillos, sino que se excava como hueco en la p&aacute;gina, como un vac&iacute;o que nombra &mdash;acorde con el silencio&mdash; y que, a la vez, fuera un cuenco en el que todo cupiera, tambi&eacute;n toda la luz del mundo, alcanzando a proyectar ante el lector un vac&iacute;o absolutamente pleno, rotundo y pertinente en un momento hist&oacute;rico en el que decir &ldquo;yo&rdquo; parece estar ya al alcance de las m&aacute;quinas.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Alfredo Salda&ntilde;a<em> La ra&iacute;z del aire</em>, Nautilus, 2024.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 05 Jun 2024 11:59:17 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lección quietista]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/leccion-quietista/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2024/BASILIO_S_NCHEZ_3_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>El libro <em>He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes</em> de Basilio S&aacute;nchez se alz&oacute; el pasado noviembre con el premio de la Fundaci&oacute;n Loewe, sin duda uno de los m&aacute;s prestigiosos del actual abanico de concursos de poes&iacute;a. Que un poeta tan discreto, tan poco dado a las alharacas y la exhibici&oacute;n como Basilio S&aacute;nchez se haya hecho con el codiciado galard&oacute;n no deja de ser una buena noticia, al mismo tiempo que una saludable anomal&iacute;a en tiempos medi&aacute;ticos y revueltos como los nuestros. Que un libro tan sereno y pl&aacute;cido como el suyo haya llamado la atenci&oacute;n del jurado habla tambi&eacute;n, en mi opini&oacute;n, de la necesidad o el deseo de remansar las agitadas aguas de nuestro panorama po&eacute;tico: uno tiene la impresi&oacute;n de que optar por una apuesta tan cl&aacute;sica, comedida y equilibrada como esta es casi una declaraci&oacute;n de intenciones.</p>
<p>La poes&iacute;a de Basilio S&aacute;nchez ha ido decant&aacute;ndose con parsimonia y regularidad a lo largo de las tres &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Autor de m&aacute;s de una decena de libros de poemas, S&aacute;nchez ha escrito sus versos con un esp&iacute;ritu totalmente ajeno a modas y camarillas, fiel a una austeridad verbal y unos presupuestos est&eacute;ticos que le han venido acompa&ntilde;ando sin desmayo hasta sus libros m&aacute;s recientes: el tambi&eacute;n espl&eacute;ndido <em>Esperando las noticias del agua</em> (Pre-Textos, 2018) y este que venimos a comentar. Es la suya una poes&iacute;a tersa, pulida, hondamente arraigada en una tradici&oacute;n que S&aacute;nchez ha ido haciendo propia con los a&ntilde;os y la experiencia, y que abarca desde el Antiguo Testamento (varios de sus modos de escritura arrancan de la po&eacute;tica hebrea, tan laboriosamente estudiada y documentada entre nosotros por Luis Alonso Sch&ouml;kel), pasando por nuestra Edad Media y nuestros Siglos de Oro, hasta llegar al simbolismo franc&eacute;s y el surrealismo, su heredero. Que tras ese extenso periplo de lecturas (a las que habr&iacute;a que sumar probablemente otras pertenecientes a la espiritualidad oriental) sigamos escuchando, n&iacute;tida y sin impostar, la voz propia del poeta no es uno de los m&eacute;ritos menores de la obra de S&aacute;nchez.</p>
<p><em>He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes</em> es un libro org&aacute;nico, distribuido en forma de tr&iacute;ptico y coda, cuyos poemas sin t&iacute;tulo (solo las tres partes lo tienen) parecen con frecuencia fragmentos, piezas de una unidad mayor: como teselas de un mosaico. Algo parecido sucede a menudo con las estrofas de los poemas: tomadas de una en una, aisladas del resto, muestran una cohesi&oacute;n que las hace brillar como aforismos o met&aacute;foras aisladas. Por contraste, la inserci&oacute;n de cada estrofa en el poema, como la de cada poema en la parte a la que pertenece, es frecuentemente problem&aacute;tica, misteriosa. S&aacute;nchez opera a menudo mediante la suma (la colecci&oacute;n) de afirmaciones vibrantes con valor de m&aacute;xima y deja al lector la libertad de elegir cu&aacute;les son las conexiones que se dan entre sus aserciones. Por ello abundan la impersonalidad y el presente gn&oacute;mico, tan evidentemente encarnados en la abundancia de la forma <em>Hay</em>; por ello, tambi&eacute;n, el libro contiene varios poemas que adquieren el ritmo y el tono de la salmodia o que se acercan, tal vez de un modo no totalmente consciente, a la enumeraci&oacute;n ca&oacute;tica y a la definici&oacute;n. Comentar&eacute; algunos ejemplos.</p>
<p>Son declaraciones con valor categ&oacute;rico que inciden en uno de los temas principales del libro: la naturaleza de la propia escritura po&eacute;tica: &ldquo;Escribir un poema es andar sobre las aguas, / confiarnos a lo bueno del mundo&rdquo;. (pg. 57). &ldquo;Escribir un poema / supone, de alg&uacute;n modo, regresar / otra vez al principio, / al hervor silencioso de la nada, / al caldo primigenio / y a los cielos sin luna, a la inminencia / de las casualidades y los astros&rdquo;. (pg. 63). &ldquo;Uno escribe un poema para sentirse vivo. / Uno escribe un poema / para que otro descubra que est&aacute;s vivo&rdquo;. (pg. 62). Estas afirmaciones, a menudo vinculadas con un espacio de intimidad someramente descrito (una l&aacute;mpara de cobre, una mesa de madera, una ventana), tienen el valor de un programa vital: la primera asocia la escritura po&eacute;tica al &aacute;mbito de la espiritualidad de ra&iacute;z cristiana; la segunda, a la fuerza ad&aacute;nica de lo todav&iacute;a nunca dicho, lo a&uacute;n inexistente (con Huidobro, probablemente, gui&ntilde;ando un ojo al lector desde una esquina de la p&aacute;gina) y, por ende, con la oscura voluntad de fundar un mundo verbal; la tercera, en fin, se lanza a la b&uacute;squeda de un interlocutor capaz de acoger estos versos como quien acepta a un hu&eacute;sped en su casa.</p>
<p>En cualquier caso, las tres desvelan tambi&eacute;n que m&aacute;s que el mundo natural, la inmediatez de lo vivo, el paisaje natural constantemente evocado en el libro es de naturaleza eminentemente verbal, mental, simb&oacute;lica e ic&oacute;nica. No es que lo sensorial est&eacute; totalmente excluido, como tampoco lo est&aacute; lo anecd&oacute;tico. Es m&aacute;s bien que los sentidos se difuminan y aminoran tras una gruesa capa de reflexi&oacute;n est&eacute;tica y moral; y que la escasa an&eacute;cdota, reducida a la m&iacute;nima expresi&oacute;n, se ve sometida al quietismo que palpita en todas las definiciones, las afirmaciones en presente, los pensamientos que parecen tallados en la piedra: &ldquo;La realidad es un rel&aacute;mpago que persiste&rdquo;. (pg. 13); &ldquo;Somos hijos de un &aacute;rbol / Al que le falta s&oacute;lo una manzana&rdquo;. (pg. 16); &ldquo;El que entiende de p&aacute;jaros entiende de narcisos&rdquo;. (pg.17); &ldquo;No hay ning&uacute;n escritor / que no se sienta abandonado por las estrellas&rdquo;. (pg. 18); &ldquo;El poeta no ha elegido el futuro. / El poeta ha elegido descalzarse en el umbral del desierto&rdquo;. (pg.22). Son todos ejemplos de la primera parte del libro.</p>
<p>En su conjunto, la m&uacute;sica de los versos (a menudo vers&iacute;culos) de S&aacute;nchez se f&iacute;a principalmente al significado y el poder evocador de las palabras, prescindiendo con frecuencia tanto de la prosodia cl&aacute;sica como de la medida sil&aacute;bica. Es la suya una opci&oacute;n deliberadamente austera que a menudo aproxima el ritmo del texto a la prosa de ideas, y que va calando poco a poco en el lector. Y hay en ello una m&aacute;s que probable elecci&oacute;n moral: en vez de deslumbrar, el poeta pretende sugerir; en vez de epatar, empapa. &Eacute;l mismo afirma &ldquo;que no nombra las cosas con grandeza, / sino con gratitud&rdquo;. (pg.79), y un poco antes: &ldquo;Yo creo en el poema / que es capaz de sumir al que lo lee / en el mismo silencio / que el ejercicio a solas de la propia escritura / consigue suscitar en torno a s&iacute;.&rdquo; (pg. 74). Ese deseo de comunicaci&oacute;n sincera, esencial, tan alejada de la frivolidad y el lugar com&uacute;n como de la grandilocuencia vac&iacute;a, es uno de los rasgos m&aacute;s valiosos del libro: &ldquo;La poes&iacute;a es el oficio del esp&iacute;ritu&rdquo;, llega a decir en la p&aacute;gina 44, en uno de los m&aacute;s logrados momentos de la obra.</p>
<p>Y de ah&iacute;, de ese constante deseo de trascendencia, de ese valor ad&aacute;nico, convocatorio, que S&aacute;nchez otorga a la palabra po&eacute;tica, extraigo yo la afirmaci&oacute;n con que abr&iacute;a esta rese&ntilde;a. Dice el poeta en la p&aacute;gina 22: &ldquo;Amo lo que se hace lentamente, / lo que exige atenci&oacute;n, / lo que demanda esfuerzo.&rdquo; &iquest;Acaso no es esta toda una declaraci&oacute;n de intenciones, una aguja de marear en los actuales mares revueltos de la poes&iacute;a nuestra de hoy? Basilio S&aacute;nchez ha escrito un libro deliberadamente austero, demorado y reflexivo que pretende regresar a la ra&iacute;z, al fondo de lo po&eacute;tico, y al fondo de lo humano. Ya solo el esfuerzo, la atenci&oacute;n puesta en ello, merecen la lectura. &ndash;AGUST&Iacute;N P&Eacute;REZ LEAL</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Basilio S&aacute;nchez, <em>He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes</em>, Madrid, Visor, 2019</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 05 Jun 2024 11:42:46 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La calle más literaria del mundo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-calle-mas-literaria-del-mundo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas24/C_SAR_ANTONIO_MOLINA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&ldquo;La idea de viajar me provoca n&aacute;useas&rdquo; escribe Bernardo Soares en el <em>Libro del desasosiego</em>. Soares, el heter&oacute;nimo que m&aacute;s coincide con la propia biograf&iacute;a de su creador, Fernando Pessoa, nunca dese&oacute; salir de su ciudad, Lisboa. &ldquo;Ya he visto todo lo que nunca hab&iacute;a visto&rdquo; escribe; y a&ntilde;ade otro comentario parad&oacute;jico &ldquo;Ya he visto todo lo que todav&iacute;a no he visto&rdquo;. Sin embargo, en aquella Lisboa del primer cuarto del siglo XX, Soares est&aacute; rodeado de gente que se mueve a trav&eacute;s de puerto tan importante. Soares renuncia al viaje como forma de vida porque su existencia est&aacute; m&aacute;s completa en el estatismo y la monoton&iacute;a cotidiana de su trabajo en una oficina comercial en la Rua dos Douradores. &ldquo;&iexcl;Ah, que viajen los que no existen!&rdquo;. Para viajar, seg&uacute;n &eacute;l, basta con existir. Y los viajes son los viajeros. Y lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos. En esto coincide con Cicer&oacute;n y S&eacute;neca que ya hab&iacute;an explicado que por el mero hecho de cambiar de lugar no dejamos de ser nosotros ni abandonamos nuestras preocupaciones e inquietudes. Nunca, por muy lejos que estemos de nuestro eje vital, desembarcamos de nosotros mismos. En varias de las p&aacute;ginas de este extraordinario diario filos&oacute;fico-literario, Soares se dedica no solo a criticar a los viajes y viajeros sino tambi&eacute;n a quienes utilizan este g&eacute;nero. El heter&oacute;nimo confiesa que ya solo un viaje entre Lisboa y Cascaes lo dejaba agotado. Y que Ca&ccedil;ilhas, frente a Lisboa, le parec&iacute;a otro continente.&nbsp; Y el Tajo todos los oc&eacute;anos del mundo.</p>
<p>Pero Soares que es como el propio Pessoa, una buena persona pero muy sarc&aacute;stica, siente compasi&oacute;n por la &ldquo;estupidez&rdquo; del mozo de la oficina entusiasmado por la sola idea de conocer otros lugares del mundo m&aacute;s all&aacute; de la Baixa pombaliana. Aquel joven coleccionaba folletos de propaganda de ciudades, pa&iacute;ses, compa&ntilde;&iacute;as mar&iacute;timas, mapas, publicaciones, carteles&hellip;Parte de sus horas de asueto aquel muchacho las invert&iacute;a visitando consulados, embajadas, oficinas de turismo. Soares melanc&oacute;licamente se pregunta qu&eacute; habr&aacute; sido de &eacute;l. Un d&iacute;a desapareci&oacute; del trabajo y nunca m&aacute;s se supo &iquest;Embarc&oacute;?&iquest;Hacia d&oacute;nde? Soares siente esa curiosidad inconfesable y hasta duda de su propio e inmutable estatismo. &ldquo;Era el mayor viajero, por ser el m&aacute;s verdadero que he conocido: era tambi&eacute;n una de las personas m&aacute;s felices que me encontr&eacute;&rdquo;. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; entonces la felicidad en el estatismo o en el viajar?</p>
<p>Pessoa viaj&oacute; a Durban varias veces. All&iacute; vivi&oacute; los a&ntilde;os m&aacute;s importantes de su formaci&oacute;n. Por motivos familiares residi&oacute; en &Aacute;frica desde el a&ntilde;o 1896 hasta el 1905 cuando regres&oacute; definitivamente a Portugal. Ning&uacute;n viaje m&aacute;s. Intentos de ir a Londres donde ten&iacute;a familia, o a Galicia. Pero Pessoa ha sido quiz&aacute;s el mayor viajero de su propia ciudad natal y alrededores. Tuvo m&aacute;s de una veintena de domicilios. El m&aacute;s duradero fue el &uacute;ltimo en la Rua Coelho da Rocha n&uacute;mero 16-1&ordm;-D. All&iacute; habit&oacute; desde el a&ntilde;o 1920 al 1935. Muri&oacute; relativamente cerca en el Hospital de San Luis de los franceses sito en la Rua Luz Soriano. A&uacute;n existe hoy. La imagen exterior es la misma: un muro encalado rodea el recinto y da entrada por un ancho portal&oacute;n. Ahora cuelga una placa de m&aacute;rmol donde se reproduce la &uacute;ltima frase que escribi&oacute; en ingl&eacute;s: &ldquo;I know not what tomorrow will bring&rdquo;. &iquest;Qui&eacute;n puede saberlo?</p>
<p>En su &uacute;ltimo domicilio vivi&oacute; en una habitaci&oacute;n acompa&ntilde;ado de su peque&ntilde;a pero selecta biblioteca, el ba&uacute;l con sus miles de manuscritos in&eacute;ditos, la c&oacute;moda sobre la que escrib&iacute;a de pie, la m&aacute;quina de escribir, la estrech&iacute;sima cama y poco m&aacute;s. Hoy se puede visitar esta casa-museo. Yo la hubiera conservado tal cual manteniendo as&iacute; el esp&iacute;ritu del escritor, pero el interior fue demolido y &uacute;nicamente se respet&oacute; la habitaci&oacute;n que ahora queda como un elemento extra&ntilde;o dentro del conjunto. La actividad cultural de este centro es sin embargo muy importante. Si uno se asoma a la ventana de esa habitaci&oacute;n, la casa roja de enfrente sigue siendo la misma contemplada por &eacute;l. La calle larga permanece casi intacta. Domicilio, del que se conserva la hoja del contrato firmada por el due&ntilde;o e inquilino, un poco lejano de su centro social y en medio de un laberinto de cuestas. Pessoa debi&oacute; de moverse en los tranv&iacute;as tan inspiradores para &eacute;l. &ldquo;Quien no ha salido nunca de Lisboa viaja al infinito en el tranv&iacute;a cuando va a Bemfica y, si un d&iacute;a va a Cintra, siente que ha ido a Marte&rdquo;, escribe Soares.</p>
<p>Si la Lisboa hist&oacute;rica y alrededores es el espacio donde se mueve seguro Pessoa, su heter&oacute;nimo lo reduce a la cuadr&iacute;cula pombaliana. La Baixa reconstruida tras el terremoto de 1755 por el Marqu&eacute;s de Pombal. Centro a&uacute;n financiero, comercial y pol&iacute;tico, pero ya sobre todo recept&aacute;culo de un oc&eacute;ano de turistas. En La Baixa est&aacute; la Rua Augusta (la calle principal) con el Arco de la Pra&ccedil;a do Comercio y la estatua de Jos&eacute; I al fondo. La Pra&ccedil;a do Comercio con su ir y venir de tranv&iacute;as viejos y nuevos, sus terrazas, sus mercadillos, sus viejos caf&eacute;s como el Martinho das Arcadas frecuentado por Pessoa y otros escritores y artistas, es uno de los lugares m&aacute;s bellos y nost&aacute;lgicos del mundo. Y ese muelle con las dos columnas que parece sumergirse todo &eacute;l en la marea alta. Y al lado, en otra plaza recoleta, la Casa dos Bicos dedicada al primer Premio Nobel de literatura en portugu&eacute;s, Jose Saramago, cuyas cenizas est&aacute;n depositadas bajo un olivo.</p>
<p>Gran parte de las calles de La Baixa llevan los nombres de los oficios de los primeros comerciantes de la zona: Prata, Ouro, Douradores, Correeiros, Sapateiros. En esta cuadr&iacute;cula de calles peatonales, todav&iacute;a sobreviven algunos de los establecimientos de toda la vida. Bernardo Soares vive, trabaja y medita desde una de estas calles. Precisamente desde una de las m&aacute;s desapercibidas, la Rua dos Douradores. Esa calle que es para &eacute;l su vida entera. All&iacute; est&aacute; la oficina y tambi&eacute;n su vivienda a la que hace referencia vagamente. Nunca da el n&uacute;mero del inmueble pero es el 190. En el bajo estaba el restaurante de gallegos donde com&iacute;a. Hoy en el mismo lugar existe otro con una terraza que da a una peque&ntilde;a plazuela. &ldquo;Si yo tuviera el mundo en la mano, lo cambiar&iacute;a, estoy seguro, por un billete para la Rua dos Douradores&rdquo;, escribe Soares. La oficina, s&oacute;rdida hasta la m&eacute;dula, representaba para &eacute;l la vida, comprend&iacute;a para &eacute;l todo el sentido de las cosas, la soluci&oacute;n de todos los enigmas &ldquo;salvo el de que existan los enigmas, que es lo que no puede tener soluci&oacute;n&rdquo;. La oficina le daba de comer, de beber, el lugar donde vivir y, adem&aacute;s, donde dormir-so&ntilde;ar-pensar-escribir. La oficina pon&iacute;a en orden la monoton&iacute;a y la anarqu&iacute;a de la vida cotidiana. Soares (administrativo, traductor y redactor de cartas oficiales) sabe que est&aacute; explotado laboralmente, pero se siente satisfecho de ser contable o ayudante de contabilidad. En realidad &eacute;l no se sue&ntilde;a como un gran escritor sino como un gran contable de fama. Soares se siente muy satisfecho de codearse con el contable Moreira, el patr&oacute;n Vasques (una de sus grandes decepciones al descubrir que es un ladr&oacute;n), el cajero Borges, el sociocapitalista y el resto de empleados. &ldquo;La oficina se me vuelve una p&aacute;gina con palabras de gente, la calle es un libro&rdquo;. &ldquo;La Rua dos Douradores la calle ideal de La Baixa&rdquo;.</p>
<p>En las primeras d&eacute;cadas del siglo XX, La Baixa lisboeta estaba habitada, aparte de por personas, por comercios de loter&iacute;as, estancos, ultramarinos, casas de comidas, oficinas, almacenes de todo tipo, sastrer&iacute;as, barber&iacute;as, tabernas, consultas m&eacute;dicas, oficinas estatales, hoteles, pensiones, iglesias, zapater&iacute;as, casas de citas, panader&iacute;as, confiter&iacute;as, fruter&iacute;as sobre todo en la Rua da Prata, correos, etc. Casi nada ya de esto puede verse. Los carreteros y mozos de cuerda que sal&iacute;an de los almacenes de la Rua dos Douradores ya no existen y, por tanto, aquella ajetreada vida que tuvo este lugar hoy est&aacute; circunscrita a los turistas, afortunadamente pocos por esta calle estrecha, asombrada, donde permanecen tan solo los hoteles, restaurantes, alguna iglesia vecina y poco m&aacute;s. Muchos de los edificios est&aacute;n en proceso de restauraci&oacute;n.</p>
<p>En su piso de la Rua dos Douradores, encima de la oficina, Soares se refiere al mobiliario basto de su cuarto barato. La gente que pasa hoy por esta calle ya no es &ldquo;siempre la misma que ha pasado hace poco&rdquo;. Todos o casi todos entonces se conoc&iacute;an. Ya no. &ldquo;Ma&ntilde;ana tambi&eacute;n desaparecer&eacute; yo de la Rua dos Douradores, de la Rua da Prata. Yo tambi&eacute;n ser&eacute; el que dej&oacute; de pasar por estas calles&rdquo;. Hoy ya nadie se conoce. Soares adem&aacute;s de su calle por excelencia cita a otras como habituales para sus idas y venidas: La Rua nova de Almada, la Rua da Prata (la primera paralela a la de los Douradores en direcci&oacute;n oeste, all&iacute; estaba la librer&iacute;a de viejo del librero Pires frecuentada por Pessoa), La Rotonda, La Praza do Marques de Pombal, la Rua do Arsenal, la Rua da Alfandega, el Chiado m&aacute;s arriba por un lado y el castillo por el otro&hellip; Soares-Pessoa viajaban por estos caminos reflexionando sobre el sentido desconocido de este viaje obligado de la vida. A veces, como anta&ntilde;o como ahora, la lluvia oblicua cambiaba los ruidos de la calle y el Tajo tomaba el color azul verdoso tirando a oro. La Rua dos Douradores es peque&ntilde;a, insignificante, de dif&iacute;cil caminar por sus aceras rotas pero, sin embargo, como dec&iacute;a Soares, vale m&aacute;s que las grandes avenidas. &ldquo;&iexcl;Cu&aacute;ntos C&eacute;sares he sido, aqu&iacute; mismo, en la Rua dos Douradores!&rdquo;. &ldquo;Tambi&eacute;n hay universo en la Rua dos Douradores. Tambi&eacute;n concede Dios aqu&iacute; que no falte el enigma de vivir. Y por eso, si son pobres, como el paisaje de carros y cajones, los sue&ntilde;os que consigo extraer de entre las ruedas y las tablas, a&uacute;n as&iacute; son para m&iacute; lo que tengo, lo que puedo ser&rdquo;.</p>
<p>Soares-Pessoa amaban las tardes demoradas del verano, el sosiego de La Baixa. El escritorio era un baluarte contra una vida vac&iacute;a. Y los libros de contabilidad eran como sus propios libros. Viv&iacute;a en casa ajena. El resto, un continuo pasear callado, una continua conversaci&oacute;n entre hombres, casas, piedras, letreros y cielo, una multitud amiga, que se codea con palabras en la gran procesi&oacute;n del Destino. Soares ama las plazas solitarias de La Baixa, las peque&ntilde;as e insignificantes, pero tambi&eacute;n otras m&aacute;s grandes como la Praza da Figueira con los vendedores ambulantes hoy reconvertidos en manteros. Esta Plaza presidida por la estatua de Joao I. En esta plaza estuvo el antiguo mercado de la ciudad. Al lado se encuentra la Praza do Rocio con la estatua de Don Pedro IV, el primer emperador de Brasil. Otro de los heter&oacute;nimos, Alvaro de Campos, le escribi&oacute; estos versos: &ldquo;La Pra&ccedil;a da Figueira en la ma&ntilde;ana,/cuando el d&iacute;a es de sol (como sucede/ siempre en Lisboa), nunca en m&iacute; se olvida,/aunque apenas sea memoria vana./ Hay tantas cosas m&aacute;s interesantes/que este lugar tan l&oacute;gico y plebeyo,/pero lo amo, incluso as&iacute;&hellip;&iquest;Qu&eacute; se yo/ porque lo amo? Importa poco. Adelante&hellip;&rdquo;.</p>
<p>La Rua dos Douradores es la calle por excelencia pessoana. Hoy ya no nos cruzamos con el mozo de cuerda, con el barbero que contaba chistes, con el camarero que le hizo la fraternidad de desearle esa mejor&iacute;a porque solo se hab&iacute;a bebido la mitad de la copa de vino (Pessoa muri&oacute; de un c&oacute;lico hep&aacute;tico), con el dependiente de la tabaquer&iacute;a que se hab&iacute;a suicidado, con el viajante de comercio que trajo las sedas del Indo, de Samarcanda o de Persia. En la Rua dos Douradores ya nadie tirar&aacute; desde el &uacute;ltimo piso del n&uacute;mero 190 una caja de cerillas vac&iacute;a al abismo del empedrado. En la Rua dos Douradores ya no hay libros de caja abiertos sino ordenadores fr&iacute;os y abstractos. Ha vuelto a ser una calle m&aacute;s del mundo. Pero siempre seguir&aacute; siendo toda ella una filosof&iacute;a y una literatura universal. &ldquo;Lo que escribo en el libro auxiliar de caja y lo que escribo en este papel del alma son cosas igualmente limitadas a la Rua dos Douradores, muy poco a los grandes espacios millonarios del universo&rdquo;. A Rua dos Douradores ha vuelto a su humildad. Permanecen a&uacute;n all&iacute; los instantes, los mil&iacute;metros y las sombras de las casas peque&ntilde;as, todav&iacute;a m&aacute;s humildes que ellas. A Rua dos Douradores tan estrecha y ef&iacute;mera que nadie ser&iacute;a capaz de tener un deseo.</p>
<p>Los lugares fundamentales de la geograf&iacute;a pessoana son: El n&uacute;mero 4 del Largo de Sao Carlos donde naci&oacute; en el cuarto piso; el n&uacute;mero 190 de la Rua dos Douradores; la Rua Coelho da Rocha n&uacute;mero 16-1&ordm;- D; el hospital San Luis de los franceses en la Rua Luz Soriano; el cementerio Dos Prazeres donde fue enterrado (muy cerca de su domicilio) y los Jer&oacute;nimos donde yace hoy en d&iacute;a. Pero la Rua dos Douradores es una de las esencias simb&oacute;licas de su magna obra. &ldquo;Ser&eacute; siempre de la Rua dos Douradores, como la humanidad entera&rdquo;. Soares-Pessoa y cia ten&iacute;an un gran r&iacute;o, un gran oc&eacute;ano, un muelle y todos los barcos con todas las banderas del mundo para zarpar y, sin embargo, se quedaron all&iacute; en la Rua dos Douradores, un lugar insignificante que apenas cabe en un mapa, pero que ahora es una epifan&iacute;a del mundo. Alberto Caeiro, otro heter&oacute;nimo, escribi&oacute; estos versos: &ldquo;Desde la ventana m&aacute;s alta de mi casa/ con un pa&ntilde;uelo blanco digo adi&oacute;s/ a mis versos que parten hacia la humanidad&rdquo;. Suenan como la carte de Emily Dickinson de la cual creo no tuvo demasiada noticia. Otra est&aacute;tica como &eacute;l. Soares, cansado de la vida, cerr&oacute; las contraventanas de su habitaci&oacute;n, de la Rua dos Douradores, para excluirse del mundo y ganar la libertad. &ldquo;&iexcl;Oh pena revisitada, Lisboa de otro tiempo, hoy!&rdquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 05 Jun 2024 11:15:28 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA entrevista a fondo a Jaume Plensa y Carme Riera]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-entrevista-a-fondo-a-jaume-plensa-y-carme-riera/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2024/JAUME_PLENSA_8_500_px_1.jpg" alt="" /></p>
<p>Como bien subraya el periodista cultural Sergio Vila-Sanju&aacute;n al inicio de su entrevista con ella, &ldquo;Carme Riera es una instituci&oacute;n de la cultura mallorquina, catalana y espa&ntilde;ola. Con una producci&oacute;n de m&aacute;s de 40 t&iacute;tulos publicados, en narrativa y ensayo; un n&uacute;mero casi igual de galardones &ndash;entre los &uacute;ltimos, el Premio Nacional de las Letras Espa&ntilde;olas- y una incansable actividad acad&eacute;mica y como gestora cultural, parecer&iacute;a que el concepto &lsquo;mujer de letras&rsquo; se hubiera acu&ntilde;ado para ella&rdquo;. No obstante, y durante la conversaci&oacute;n, Carme Riera confiesa que una de sus preocupaciones es el descenso de las capacidades de lectura en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Una circunstancia que, tambi&eacute;n en su condici&oacute;n de profesora, ha constatado con la bajada de nivel en los alumnos universitarios: &ldquo;la comprensi&oacute;n lectora en nuestro pa&iacute;s est&aacute; bajo m&iacute;nimos y eso implica una merma terrible. Si no eres capaz de entender un texto, has perdido la capacidad cr&iacute;tica y eres carne de ca&ntilde;&oacute;n, perfectamente manipulable&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>La nueva entrega de la revista TURIA ofrece, por tanto, dos extensas y enriquecedoras conversaciones que permiten no s&oacute;lo conocer mejor a Jaume Plensa y Carme Rera, sino tambi&eacute;n descubrir muchos y valiosos detalles de inter&eacute;s acerca de sus respectivas obras e itinerarios vitales. Por ejemplo, Plensa reconoce que &ldquo;siempre he reivindicado el silencio como una necesidad absoluta para poder pensar de verdad con nuestras propias ideas, con nuestras propias vibraciones&rdquo;. De ah&iacute;, que ante los conflictos del presente, considere que &ldquo;estamos viviendo, no s&eacute; por qu&eacute; raz&oacute;n, un momento en el que las ideas y los mensajes generan mucha crispaci&oacute;n. Se ha polarizado mucho todo. Incluso en la cultura. Parece que nos dividimos en buenos y malos. Siempre se est&aacute; contra alguien. Y te juro que yo no estoy contra nadie. Ni creo que mis ideas sean mejores que las de otros. Simplemente son las m&iacute;as.&nbsp; A veces parece que no cuadren. Por eso pido calma. Si est&aacute;is en silencio, entender&eacute;is mejor vuestros pensamientos. Y pasar&eacute;is al espectador este mensaje para que &eacute;l trate de escuchar los suyos, porque son tan importantes como los nuestros&rdquo;. Por eso las esculturas monumentales figurativas de Jaume Plensa piden e invitan al silencio.&nbsp;</p>
<p>Seg&uacute;n Carme Riera, que es acad&eacute;mica de la RAE y actual presidenta de CEDRO, &ldquo;la cultura interesa poco, a la gente le interesan otras cosas, como el deporte. Se puede vivir la mar de bien siendo un perfecto inculto, sin haber entrado nunca en un museo ni le&iacute;do un libro ni asistido a un concierto. Y es una l&aacute;stima porque se pierden maravillosas posibilidades de ensanchar la vida. Es una pena, pero en Espa&ntilde;a no se ha hecho una pol&iacute;tica cultural de altura porque a muchos pol&iacute;ticos les ha importado muy poco que seamos cultos o no. Ellos tampoco lo son&rdquo;. Preguntada en TURIA por su condici&oacute;n de defensora de la monarqu&iacute;a como una instituci&oacute;n positiva para Espa&ntilde;a y para nuestra cultura, Riera afirma con contundencia: &ldquo;me siento monarquicana. Creo que nadie mejor que los Reyes don Felipe y do&ntilde;a Leticia encarnan los principios republicanos y adem&aacute;s nos representan fuera del pa&iacute;s mejor que nadie. No encontrar&iacute;amos ning&uacute;n presidente de una futura Rep&uacute;blica espa&ntilde;ola que lo hiciera mejor que don Felipe&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>JAUME PLENSA: &ldquo;EL ARTE ES LA VIDA&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jaume Plensa (Barcelona, 1955) es uno de los nombres propios fundamentales del &nbsp;arte espa&ntilde;ol contempor&aacute;neo. Aunque se form&oacute; en su ciudad natal en la Escuela de Arte y Dise&ntilde;o de la Llotja y en la Escuela de Bellas Artes de Sant Jordi, desde 1980, a&ntilde;o de su primera exposici&oacute;n en Barcelona, ha vivido y trabajado en Berl&iacute;n, Bruselas, Inglaterra, Francia y Estados Unidos. Actualmente reside y trabaja en la ciudad que le vio nacer, si bien muestra peri&oacute;dicamente su obra en galer&iacute;as y museos de Europa, Estados Unidos y Asia. Aunque se le considera escultor y grabador, en realidad Plensa es un artista muy polifac&eacute;tico que ha experimentado tambi&eacute;n con el dibujo, escenarios para &oacute;pera, videoproyecciones o instalaciones ac&uacute;sticas.</p>
<p>Por otra parte, Jaume Plensa ha recibido numerosos premios nacionales e internacionales. Entre los m&aacute;s relevantes se encuentran el prestigioso Premio Vel&aacute;zquez de las Artes en 2013, la Medalla al M&eacute;rito de las Bellas Artes en 2021, la Medalla de la Orden de las Artes y las Letras de Francia en 1993 o el Premio Nacional de Artes Pl&aacute;sticas en 2012.</p>
<p>Preguntado por sus or&iacute;genes como artista, Plensa asegura que los desconoce, &ldquo;pero me acuerdo que acompa&ntilde;aba mucho a mi padre a comprar libros de segunda mano al Mercat de Sant Antoni. Y me fascinaban las portadas de esos libros maravillosos: sobre los etruscos, los sumerios, el arte egipcio... Y creo que si soy artista tambi&eacute;n es gracias a la poes&iacute;a, a los poetas, porque ellos tienen la capacidad maravillosa de generar im&aacute;genes a trav&eacute;s de las palabras. Y t&uacute; como lector creas la imagen. Esta sensaci&oacute;n tan extraordinaria de poseer una imagen que solo tienes t&uacute;, a m&iacute; me dio mucha seguridad con mi vida y con mis cosas. Le estoy muy agradecido a los poetas por todo lo que me aportaron&rdquo;.</p>
<p>Seg&uacute;n Jaume Plensa, &ldquo;la maravilla de un artista o de un creador es su obra; su obra, en el fondo, es el documento. Un d&iacute;a desaparecemos, y ya est&aacute;, pero es muy bonito que hayas podido dejar esta c&aacute;psula en el tiempo y que otra persona la pueda coger, abrir y seguir, como en esas carreras que te pasan un relevo. A m&iacute; estos autores me han ayudado much&iacute;simo&rdquo;.</p>
<p>En la entrevista se habla tambi&eacute;n con detenimiento del motivo y los significados que brindan obras p&uacute;blicas de Plensa tan c&eacute;lebres como la &ldquo;Crown Fountain&rdquo; de Chicago o &ldquo;Julia&rdquo;, instalada en la plaza de Col&oacute;n, en Madrid. A prop&oacute;sito de ambas, su creador reconoce que &ldquo;siempre me propuse que mi obra mandara un mensaje positivo al mundo, un mensaje de esperanza&rdquo;. Y, a prop&oacute;sito de &ldquo;Julia&rdquo;, nos dir&aacute; que &ldquo;expresa la fuerza que tiene el arte de regenerar y de introducir conceptos que todo el mundo puede compartir&rdquo;.</p>
<p>Termina la conversaci&oacute;n record&aacute;ndonos cu&aacute;l ha sido siempre el motor del trabajo creativo de Jaume Plensa: &ldquo;la obsesi&oacute;n no era crecer como artista sino como persona. El arte es una consecuencia de tu vida. Siempre lo he pensado as&iacute;.&nbsp; Yo creo que el arte no es una reflexi&oacute;n intelectual aparte. Es la vida. Nunca ser&aacute; tan fuerte como ella pero es lo que m&aacute;s puede sentir su perfume. El perfume de la vida. Y yo creo que sin arte nos morir&iacute;amos en segundos&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>CARME RIERA: &ldquo;EN ESPA&Ntilde;A NO SE HA HECHO UNA POL&Iacute;TICA CULTURAL DE ALTURA&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Carme Riera (Palma de Mallorca, 1948) protagoniza en TURIA una conversaci&oacute;n sincera y valiosa para conocer su trayectoria y opiniones. Tiene toda la raz&oacute;n el periodista cultural Sergio Vila-Sanju&aacute;n cuando, al describirla, se refiere a ella como &ldquo;una persona con &lsquo;autorictas&rsquo;, que no duda en ejercer cuando toca, y tambi&eacute;n por esa raz&oacute;n es muy respetada&rdquo;. Y es que Riera, adem&aacute;s de catedr&aacute;tica de la Universidad Aut&oacute;noma de Barcelona, es una de las autoras catalanas m&aacute;s valoradas por la cr&iacute;tica y m&aacute;s queridas por los lectores. Estudi&oacute; Filosof&iacute;a y Letras y se doctor&oacute; en Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica con Premio Extraordinario por la UAB. Se dio a conocer en 1975 con&nbsp;&ldquo;<em>Te deix, amor, la mar com a penyora&rdquo; (&ldquo;Palabra de mujer&rdquo;, en la edici&oacute;n en castellano)</em><em>,&nbsp;</em>un libro de cuentos que, desde entonces, no ha dejado de reeditarse. Su obra ha sido traducida a numerosas lenguas, y ha merecido los m&aacute;s importantes premios de las letras catalanas. Como investigadora y ensayista est&aacute; especializada en la llamada Escuela de Barcelona. En el a&ntilde;o 2012 fue elegida miembro de la Real Academia Espa&ntilde;ola y en 2015 le fue otorgado el Premio Nacional de las Letras Espa&ntilde;olas. Desde 2002 dirige la C&aacute;tedra Jos&eacute; Agust&iacute;n Goytisolo de la Universidad Aut&oacute;noma de Barcelona y, desde 2015, es presidenta del Centro Espa&ntilde;ol de Derechos Reprogr&aacute;ficos (CEDRO).&nbsp;</p>
<p>Sobre su infancia, reconoce Carme Riera que &ldquo;en casa hab&iacute;a una buena biblioteca y toda mi familia le&iacute;a, de manera que los libros eran algo familiar. Adem&aacute;s, hab&iacute;a escritores entre mis antepasados&rdquo;. Aunque ella aprendi&oacute; a leer m&aacute;s tarde, &ldquo;escrib&iacute;a cuentos desde la adolescencia&rdquo;. Ello supuso que publicara muy joven, en 1975, un primer libro de relatos que caus&oacute; un gran impacto. Un &eacute;xito que su autora atribuye a que &ldquo;abordaba un tema tab&uacute;, el amor entre dos mujeres, de eso no se hablaba y menos se escrib&iacute;a en aquella &eacute;poca&rdquo;. Sobre su relaci&oacute;n con Montserrat Roig, otra autora con la que comparti&oacute; el antifranquismo y el feminismo militante, nos dir&aacute;: &ldquo;cuando muri&oacute; me jur&eacute; a m&iacute; misma que en mis intervenciones sobre literatura buscar&iacute;a cualquier pretexto para recordarla y lo he venido cumpliendo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Asegura tambi&eacute;n Riera, en la entrevista que publica TURIA, que &ldquo;el feminismo es un deber y un compromiso &eacute;tico&rdquo; y que echa de menos &ldquo;la intensidad de la gente de mi generaci&oacute;n, que es la del 68&rdquo;. Sobre el contacto en Catalu&ntilde;a entre la literatura en lengua catalana y en lengua castellana, Carme Riera afirma: &ldquo;cuento con el lujo enorme de tener dos lenguas que adem&aacute;s son primas hermanas y las defiendo y quiero por igual, aunque tanto a los de un lado, como a los del otro, eso no les guste mucho&rdquo;. Por otra parte, reconoce que &ldquo;no hay trabajo mejor para una escritora o un escritor que ser acad&eacute;mico de la RAE&rdquo; y, a prop&oacute;sito de la c&eacute;lebre agente literaria Carmen Balcells, sobre la que ha escrito una cuidada biograf&iacute;a, nos confiesa: &ldquo;desde el punto de vista de los autores, Carmen Balcells pasar&aacute; a la historia como la persona que nos devolvi&oacute; la dignidad&rdquo; y, tambi&eacute;n, que sin ella &ldquo;es posible que Garc&iacute;a M&aacute;rquez no hubiera llegado a ser tan importante&rdquo;.</p>
<p>Por &uacute;ltimo, preguntada por la gesti&oacute;n pol&iacute;tica de la cultura, Riera se muestra contundente: &ldquo;no tengo una opini&oacute;n demasiado buena de la gesti&oacute;n de pol&iacute;tica cultural. Creo que hay un dato que lo resume: el bajo presupuesto destinado a Cultura por parte del gobierno, tanto el estatal como los auton&oacute;micos&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>PLENSA, UN ORFEBRE DEL IDIOMA, ILUSTRA &ldquo;TURIA&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aunque TURIA siempre se ha definido como una revista para leer, en la que los textos tienen mayor protagonismo que las im&aacute;genes, cada nueva entrega ofrece una cuidada selecci&oacute;n de ilustraciones elaboradas por un creador de referencia. En algunas ocasiones, se ofrece el trabajo de un artista de dilatada trayectoria y, en otras, de ilustradores m&aacute;s j&oacute;venes pero que ya cuentan con una significativa proyecci&oacute;n y reconocimiento a su labor. As&iacute;, las diez ilustraciones interiores a toda p&aacute;gina sirven, no s&oacute;lo para delimitar cada una de las diez secciones en las que se estructura su edici&oacute;n en papel, sino para incentivar el atractivo di&aacute;logo con el lector que las contempla, convirti&eacute;ndose en una aut&eacute;ntica pausa enriquecedora, un tiempo para detener la mirada y observar una imagen con detalle, entre cada grupo de textos.&nbsp;</p>
<p>A esas im&aacute;genes intercaladas entre las 500 p&aacute;ginas de la revista se a&ntilde;ade la ilustraci&oacute;n original llevada a cabo para la cubierta, lo que dota a cada sumario de TURIA de una identidad propia, al tiempo que se singulariza y revaloriza su contenido para los lectores.&nbsp;</p>
<p>En esa l&iacute;nea de favorecer la creatividad y de estimular la creaci&oacute;n de im&aacute;genes visuales que nos atraigan y hagan reflexionar, hay que situar el trabajo gr&aacute;fico que Jaume Plensa ha realizado en exclusiva para este n&uacute;mero de TURIA. Un sumario muy especial por cuanto supone el retorno de la revista a Catalu&ntilde;a, a Barcelona, a nivel de actos p&uacute;blicos. De ah&iacute; que la contribuci&oacute;n art&iacute;stica de Plensa, una serie de once dibujos realizados a una tinta que visualizan su apuesta por el di&aacute;logo entre culturas, entre personas, confirme su condici&oacute;n de verdadero orfebre del idioma aunque no escriba.&nbsp;</p>
<p>Jaume Plensa, un ejemplo de barcelon&eacute;s universal al igual que el fil&oacute;sofo Eugenio Tr&iacute;as al que la revista dedica su monogr&aacute;fico, es un claro defensor de la obra gr&aacute;fica desde sus inicios, habiendo realizado numerosas exposiciones dedicadas a las artes gr&aacute;ficas y a las ediciones. Entre ellas, destacan las retrospectivas que en 2006 se llevaron a cabo en Francia y B&eacute;lgica. Por otra parte, Plensa recibi&oacute; en 2013 el Premio Nacional de Artes Gr&aacute;ficas otorgado por la Calcograf&iacute;a Nacional en Madrid.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 05 Jun 2024 10:54:27 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las Barcelonas de Juan Marsé]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/las-barcelonas-de-juan-marse/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2024/marse500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En su art&iacute;culo titulado "Literatura y ciudad", publicado en la revista <em>Clar&iacute;n</em>en 2006, Luis Garc&iacute;a Jambrina se&ntilde;alaba: "Como es bien sabido, la ciudad -cualquier ciudad- no es tan s&oacute;lo un lugar geogr&aacute;fico, un territorio urbano. Es tambi&eacute;n un espacio literario, un &aacute;mbito en el que se funden el mito, la invenci&oacute;n y la realidad. No en vano las ciudades las construyen tambi&eacute;n los escritores, los novelistas, los dramaturgos y, desde luego, los poetas. Son ellos los que las crean, configuran y remodelan, libro tras libro y siglo tras siglo, en el imaginario colectivo de las gentes." El espacio urbano se ha venido considerando como el recept&aacute;culo geogr&aacute;fico de la civilizaci&oacute;n, mientras que los &aacute;mbitos rurales quedaban relegados a un imaginario un tanto primitivo, natural, de una bonhom&iacute;a sencilla y primaria. Los patrones culturales han ido intercambiando el predominio de ambos referentes a trav&eacute;s de los siglos, desde el consabido "menosprecio de Corte y alabanza de aldea" hasta la actual consideraci&oacute;n de la urbe como modelo de espl&eacute;ndida modernidad. Y muy a tener en cuenta los trasvases migratorios que, en una &eacute;poca u otra, se han producido en un sentido u otro entre ambos n&uacute;cleos sociales.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo que resulta innegable es que la ciudad ostenta una s&oacute;lida tradici&oacute;n como protagonista de la mejor literatura contempor&aacute;nea. Basta referirse al Paris de <em>Rayuela</em>, de Cort&aacute;zar;<em> </em>y a <em>Par&iacute;s era un fiesta</em>, de Hemingway o<em> </em>al Dublin de <em>Dublineses </em>y el <em>Ulyses</em>, de Joyce; y c&oacute;mo olvidar <em>La novela de Ferrara</em>, de Giorgio Bassani; <em>La trilog&iacute;a de Nueva York</em>, de Paul Auster; <em>Tokio Blues</em>, de Haruki Murakami; o el Edimburgo de <em>Trainspotting, de Irvine Welsh. </em>En el &aacute;mbito de la literatura espa&ntilde;ola decimon&oacute;nica baste recordar Vetusta, trasunto de Oviedo en <em>La Regenta</em>, de Clar&iacute;n, o el Madrid galdosiano y, ya en el siglo XX y adentr&aacute;ndonos en la ciudad de Barcelona, la relaci&oacute;n de novelas y autores resultar&iacute;a extens&iacute;sima; qued&eacute;monos, a riesgo de injustos olvidos, con <em>Nada</em>, de Carmen Laforet; <em>Los mares del Sur</em>, de Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n; <em>La ciudad de los prodigios</em>, de Eduardo Mendoza; o <em>La sombra del </em>viento, de Ruiz Zaf&oacute;n, entre otros muchos t&iacute;tulos. En las letras francesas, <em>Diario de un ladr&oacute;n</em>, de Jean Genet y <em>La Marge</em>, de Pieyre de Mandiargues; y en la literatura catalana, <em>Vida privada</em>, de Josep Maria de Sagarra; <em>Un senyor de Barcelona</em>, de Josep Pla; o <em>La pla&ccedil;a del Diamant</em>, de Merc&egrave; Rodoreda. En estas &uacute;ltimas novelas la Ciudad Condal no es un mero referente ambiental, el&nbsp; simple soporte escenogr&aacute;fico de la acci&oacute;n, sino que se erige en protagonista esencial de los argumentos y, adem&aacute;s, los personajes responden a esa exclusiva identidad urbana, que conforma su origen, mentalidad y actitud.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Muchos de los narradores aludidos abrieron su obra a otros espacios geogr&aacute;ficos, pero si hay un novelista que la concentra mayoritariamente en Barcelona, ese es Juan Mars&eacute;. La propia generaci&oacute;n literaria de los a&ntilde;os cincuenta, a la que pertenec&iacute;a, tendr&iacute;a una especial querencia hacia esa ciudad, y basta mencionar en este sentido a Jaime Gil de Biedma o Carlos Barral. Como bien se&ntilde;alara V&aacute;zquez Montalb&aacute;n en su ensayo <em>Barcelonas</em> (1987) no existe en esta ciudad -ni en casi ninguna- un &uacute;nico espacio de configuraci&oacute;n social. Barrios, barriadas, suburbios, zonas residenciales o, en otros tiempos, poblados barraquistas, conforman una diversidad de connotaciones econ&oacute;micas y culturales que, a lo largo del siglo XX y para lo que aqu&iacute; interesa, ir&aacute;n construyendo un imaginario literario en el que Juan Mars&eacute; desarrollar&aacute; sus mejores capacidades narrativas. En sus novelas aparecen predominantemente los barrios correspondientes a los actuales distritos de Sarri&agrave; y Sant Gervasi (en adelante San Gervasio, como aparece en esta narrativa), en la zona alta de la ciudad, con un vecindario tradicional y acomodado; adem&aacute;s de los de Horta-Guinard&oacute; (incluyendo aqu&iacute; el barrio de El Carmel -El Carmelo a partir de ahora-) y Nou Barris, habitados por poblaci&oacute;n trabajadora, de limitado poder adquisitivo, aunque tambi&eacute;n con una clara implantaci&oacute;n de clases medias. Cabe precisar que las historias de Mars&eacute; se desarrollan sobre todo en las d&eacute;cadas de los sesenta y setenta del pasado siglo, con alguna que otra reminiscencia hacia los a&ntilde;os anteriores a la Guerra Civil, con lo que reflejan un nivel econ&oacute;mico-cultural sensiblemente inferior a la realidad actual, aunque con id&eacute;ntica morfolog&iacute;a social.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>&Uacute;ltimas tardes con Teresa</em> (1966) es una de sus m&aacute;s representativas novelas en orden al protagonismo barcelon&eacute;s, al encaramiento entre estas caracter&iacute;sticas zonas de la ciudad, y donde los personajes aparecen m&aacute;s potentemente vinculados a las mismas. Manolo Reyes, el Pijoaparte, recordemos, es un joven ladronzuelo -"tenebroso hijo de barrio", se nos describe- que vive a salto de mata en la zona casi suburbial de Monte Carmelo; se enamorar&aacute; fantasiosa y equ&iacute;vocamente de Teresa Serrat, hija de la alta burgues&iacute;a catalana y residente en San Gervasio. La tipificaci&oacute;n geogr&aacute;fico-urbana de los ambientes no se hace esperar, y se dedican cinco profusas p&aacute;ginas del inicio de la novela a la descripci&oacute;n de El Carmelo, aunque la m&aacute;s punzante imagen nos la ofrece la madre de Teresa, cuando leemos: "Para la se&ntilde;ora Serrat, el Monte Carmelo era algo as&iacute; como el Congo, un pa&iacute;s remoto e infrahumano, con sus leyes propias, distintas." Tambi&eacute;n el Pijoaparte, desde la elevada situaci&oacute;n geogr&aacute;fica de esa zona, contempla en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n "la ciudad desconocida bajo la niebla distante, casi como so&ntilde;ada"; se refuerzan de este modo, respectivamente y entre s&iacute;, las lejanas posiciones sociales con espacios urbanos que suponen un cierto enfrentamiento clasista, de soterrado menosprecio y recelosa relaci&oacute;n. El ambiente universitario -de la Universidad de Barcelona- en el que vive Teresa fricciona igualmente con el desclasamiento del "robamotos" que es Manolo, aunque se haga pasar por obrero comprometido pol&iacute;ticamente. Por decirlo de otra manera: un pobre entre ricos; por cierto, es lo que ven&iacute;a a ser el propio Mars&eacute; entre sus compa&ntilde;eros y amigos de generaci&oacute;n literaria, los Gil de Biedma, Barral, Castellet, etc. Como es sabido, uno de los conseguidos objetivos de esta novela es la ir&oacute;nica desmitificaci&oacute;n de la rebeld&iacute;a estudiantil universitaria, as&iacute; como de las bondades inherentes a la obrera condici&oacute;n social; en esta pretensi&oacute;n, la Barcelona de la lucha antifranquista de finales de los a&ntilde;os cincuenta y principios de los sesenta tiene un protagonismo fundamental. Aparece con cierta frecuencia en esta narrativa la visi&oacute;n enso&ntilde;ada, difuminada, de envolvente lirismo, de una ciudad de desle&iacute;dos contornos, cercana a una est&eacute;tica impresionista; en <em>Rabos de lagartija</em> (2000) se puede leer: "Por la ma&ntilde;ana temprano, arrebujada bajo un cielo aplomado y espectral, la ciudad que se extiende all&aacute; abajo parece un espejismo chafado, reverberando su descalabro de grises frente al mar, un decorado maltrecho que acabaron de repintar los &aacute;ngeles nocturnos, esos que remiendan nuestros sue&ntilde;os al despuntar el d&iacute;a."</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En <em>&Uacute;ltimas tardes...</em> se da un curioso vaiv&eacute;n de variado recorrido por la ciudad, en la medida en que la pareja protagonista callejea sin cesar, reafirmando as&iacute; su relaci&oacute;n y apropi&aacute;ndose libremente de la ciudad que acoge su equ&iacute;voco enamoramiento frecuentando "el bullicio veraniego de las Ramblas, cerveza y calamares en la Plaza Real, lentos paseos por el parque G&uuml;ell, encendidos crep&uacute;sculos contemplados desde el Monte Carmelo." Se adue&ntilde;an as&iacute; de una topograf&iacute;a moral, aparentemente superadora de clases sociales, que hace exclamar melodram&aacute;ticamente a Manolo: "&iexcl;Oh, Teresa, la ciudad es nuestra!". Lo que no impide que se produzca una cierta sensaci&oacute;n de extra&ntilde;amiento entre la propia intimidad sentimental de los personajes y los entornos que les acogen: "A veces tengo la sensaci&oacute;n de... no s&eacute;, de vivir en otra ciudad, desconocida, t&uacute; y yo solos", le dice a Teresa el Pijoaparte. Este vive en perpetua desubicaci&oacute;n espacial, porque aqu&iacute; se cruza un tema b&aacute;sico en la conformaci&oacute;n argumental de la novela: la inmigraci&oacute;n, ya que &eacute;l, desertor del arado, proviene de la localidad malague&ntilde;a de Ronda y ha aterrizado en una realidad urbana que linda con el hampa suburbial y el desacomodo colectivo.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De igual importancia en lo referente al protagonismo de Barcelona es <em>Si te dicen que ca&iacute;</em> (1973), novela donde encontramos las correr&iacute;as por la desolada ciudad de la postguerra, por el Guinard&oacute; sobre todo, del Java, Sarnita, Mingo... un grupo de muchachos que alimentan su carencia de futuro con "aventis" (ap&oacute;cope de "aventuras"), fantasiosas historias a medio camino entre la leyenda urbana y la m&iacute;sera realidad. Estos ap&oacute;logos populares encuentran su marco f&iacute;sico en las calles de la ciudad, en los rincones de un ocioso esparcimiento. Mars&eacute; imagina, en su columna de la revista <em>Por Favor</em>, en la secci&oacute;n "Confidencia de un chorizo", que este ha recibido una carta de Sarnita en la que se lee: "No renuncio en mis "aventis", siempre que haga el caso, a vengarme de un sistema que saque&oacute; y false&oacute; mi ni&ntilde;ez y mi adolescencia, el sol de mis esquinas." Estas invenciones, un mixtificado ficcionario, son as&iacute; un arma de la memoria justiciera contra un tiempo escamoteado por la violencia fratricida; transcurren en pasajes, callejones, rincones y esquinas donde se fragua una inconsciente&nbsp; conspiraci&oacute;n "antisistema" por as&iacute; decir. En la entrevista del hispanista Samuel Amell a Mars&eacute;, grabada el 12 de noviembre de 1981, este concreta al respecto: "<em>Si te dicen que ca&iacute;</em> surgi&oacute; porque yo ten&iacute;a ganas de recrear el mundo de mi infancia, las calles, el barrio, los juegos, el tipo de vida que hac&iacute;amos, aquella violencia callejera que hab&iacute;a, etc. (...) Esto, mitificado por la imaginaci&oacute;n juvenil del barrio, junto con las noticias que contaban los adultos, los a&ntilde;os de la represi&oacute;n, la &eacute;poca de mi vida parroquial, las muchachas del centro aquel de la casa de caridad de la calle Verdi..., en fin, todo eso constitu&iacute;a el paisaje de mi infancia." A destacar aqu&iacute; dos referentes caracter&iacute;sticos de esta narrativa: la pormenorizaci&oacute;n del callejero ciudadano, y su condici&oacute;n claramente autobiogr&aacute;fica.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Jan Julivert Mon, en <em>Un d&iacute;a volver&eacute; </em>(1982), sale de la c&aacute;rcel Modelo de Barcelona a finales de la primavera de 1959, donde ha cumplido un condena de doce a&ntilde;os por su militancia anarquista, de decidido activismo antifranquista. Antiguo guerrillero urbano -"una sombra prestigiosa del Carmelo"-, ha generado con su regreso la expectaci&oacute;n en el barrio de un posible ajuste de cuentas con los culpables represores del pasado. Aparecen aqu&iacute; los espacios coincidentes con la anterior novela tratada: el cine Roxy, la entidad cultural Los Luises de Gracia, el asilo de ancianos de la calle de San Salvador..., las plazas, calles y organismos civiles que constituyen una vez m&aacute;s la mitograf&iacute;a espacial del autor. Igualmente sucede en <em>Ronda del Guinard&oacute;</em> (1984); donde un viejo inspector de polic&iacute;a inicia un recorrido por Barcelona en una tarde de la postguerra asediado por tortuosos recuerdos y con el fin de esclarecer el caso de la violaci&oacute;n de una adolescente; se encadenan los conocidos &aacute;mbitos de una caracter&iacute;stica vecindad: la Casa de Familia de la calle Verdi, el campo de f&uacute;tbol del Europa, la comisar&iacute;a de la Travesera de Gracia o la iglesia de las &Aacute;nimas. En <em>La oscura historia de la prima Montse</em> (1970) la&nbsp; protagonista, Montse Claramunt, joven idealista perteneciente a una orden seglar dedicada a&nbsp; caritativas actividades sociales, encaja mal en los entornos altoburgueses benefactores de esas iniciativas; se expresa este desencuentro a trav&eacute;s, de nuevo, de significativos entornos escenogr&aacute;ficos: "En el marco incomparable del Club de Tenis La Salud y bajo una maravillosa noche estival cuajada&nbsp; de estrellas se celebr&oacute; con extraordinaria brillantez la verbena a beneficio de la Congregaci&oacute;n de Se&ntilde;oritas Visitadoras, de la que es activa secretaria la se&ntilde;ora Carmen Reixach de Joveller (Menchu de soltera). Montse asisti&oacute;, de mala gana. Los jardines gentilmente cedidos para tan benem&eacute;rito fin aparec&iacute;an bellamente iluminados y engalanados." La demoledora iron&iacute;a sobre el artificioso altru&iacute;smo de las clases altas, de consolidada ascendencia catalana, se ofrece aqu&iacute; en el marco de una velada de refinada ambientaci&oacute;n y elitista entidad social.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se da la curiosa circunstancia de que Mars&eacute; vive en los a&ntilde;os sesenta, reci&eacute;n casado, en un peque&ntilde;o apartamento alquilado de la calle Mayor de Gracia y, a&ntilde;os despu&eacute;s, desde el &aacute;tico que habitar&aacute; podr&aacute; contemplarse el espacio urbano comprendido entre las plazas Sanllehy y Lesseps por un lado, y las Traveseras de Dalt y Gracia por otro; en este &uacute;ltimo barrio transcurri&oacute; tambi&eacute;n su infancia y adolescencia. Es decir, los &aacute;mbitos ciudadanos en los que acontecen buena parte de sus novelas, resultan ser espacios vividos previamente y ficcionados despu&eacute;s o simult&aacute;neamente. La ciudad se erige as&iacute; en veh&iacute;culo e instrumento de la memoria personal, que se transformar&aacute; en colectiva a trav&eacute;s de inolvidables personajes, conflictivas y entra&ntilde;ables situaciones, agridulces desenlaces, y una acerada cr&iacute;tica hist&oacute;rico-social. Esta geograf&iacute;a moral condiciona y posibilita la profundidad introspectiva de los protagonistas, porque en buena medida <em>son</em> los enclaves en que <em>viven</em>, a la vez que un problem&aacute;tico pasado acostumbra a gravitar sobre la realidad del presente; ambas temporalidades se dan en una muy concreta localizaci&oacute;n ciudadana.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cap&iacute;tulo aparte merece la presencia de los cines de barrio en las novelas de Mars&eacute;. Muchos de ellos han ido tristemente desapareciendo en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. El cine form&oacute; parte de la educaci&oacute;n sentimental de varias generaciones, una distracci&oacute;n popular que era a la vez un medio de cohesi&oacute;n social, de encuentro del vecindario, donde se mezclaban entretenimiento, arte, ocio cultural y tardes de programa doble, variedades diversas entre pel&iacute;culas y selecto ambig&uacute;; todo&nbsp; un mundo de ficciones visuales, que alimentar&iacute;a la literatura de escritores como Terenci Moix, Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n, Vicente Molina Foix, Alberto Fuguet, o Guillermo Cabrera Infante entre tantos otros. Muchas de las novelas del mismo Mars&eacute; han sido llevadas a la pantalla grande, con su general descontento, por cierto. De entre los cines que pululan en su literatura destaca el cine Delicias, situado en la Travesera de Gracia; funcionaba ya en 1925 y en los a&ntilde;os sesenta pas&oacute; a ser gestionado por la influyente empresa Bala&ntilde;a; cerr&oacute; sus puertas en diciembre de 1987. Sin olvidar el cine Rovira, en la plaza graciense del mismo nombre; su inauguraci&oacute;n data de principios del siglo XX; durante la Guerra Civil se vio incautado por la CNT-FAI, y cerr&oacute; en 1965. Ahora bien, sin duda el m&aacute;s conocido en la obra de Mars&eacute; es el Roxy, "un cine de reestreno preferente / que iluminaba la plaza Lesseps", como rezan los versos de <em>El fantasma del cine Roxy</em>,&nbsp; la canci&oacute;n de Serrat, en cuya letra colabor&oacute; el escritor, quien un a&ntilde;o antes hab&iacute;a publicado su conocido relato de igual t&iacute;tulo. Este cine se inaugur&oacute; en abril de 1941 con la proyecci&oacute;n -<em>Temps era temps</em>, otra canci&oacute;n de Serrat- del film <em>Robert Koch, el vencedor de la muerte</em>, de la emblem&aacute;tica productora alemana UFA. Ech&oacute; el cierre en noviembre de 1968, y durante los a&ntilde;os anteriores acogi&oacute; tambi&eacute;n bailes, conciertos y verbenas, un elemento m&aacute;s de comunitaria identificaci&oacute;n social. El cine como arte -el cl&aacute;sico sobre todo- y las salas de proyecci&oacute;n constituyen un elemento fundamental del imaginario literario de Mars&eacute;.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En la narrativa de Juan Mars&eacute; se recorren varias Barcelonas: la de la alta burgues&iacute;a catalana, la marcada por los desastres de la Guerra Civil, la que vive en el imaginario de legendarias "aventis", la que enmarca un eficaz melodramatismo ir&oacute;nico, la de extracci&oacute;n obrera y ascendencia vagamente anarquista, la de las salas de cine uniendo a un vecindario de popular familiaridad, la que a&ntilde;ora ic&oacute;nicas heroicidades del pasado, la de una postguerra de estraperlo y racionamiento, la que conoce la persistencia de una miseria barraquista no exenta de cierta dignidad, la de una picaresca sobrevivencial y, en definitiva, la que se diversifica en varios registros narrativos que se mantienen entre nosotros con plena vigencia lectora, memoria viva ya de un ayer documentado con la potencia de la ficci&oacute;n y la excelencia de la mejor literatura.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 31 May 2024 07:08:39 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Eugenio Trías: Apología de una vida esclarecida]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/euganio-trias-apologia-de-una-vida-esclarecida/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2024/trias500.jpg" alt="" /></p>
<p>El pasado a&ntilde;o celebramos los diez a&ntilde;os de la muerte de Eugenio Tr&iacute;as, acaecida el 10 de febrero de 2013. Tr&iacute;as es, sin duda, uno de los grandes fil&oacute;sofos espa&ntilde;oles de la segunda mitad del siglo XX, que viene a cerrar hasta la fecha esa rica tradici&oacute;n filos&oacute;fica espa&ntilde;ola, iniciada con Unamuno y Ortega y Gasset y que llega hasta Mar&iacute;a Zambrano, pasando por Zubiri. La conmemoraci&oacute;n de los diez a&ntilde;os de su muerte fue una buena ocasi&oacute;n para revisitar su obra y adentrarse en su aventura filos&oacute;fica, que queremos ahora presentar.</p>
<p>Tr&iacute;as naci&oacute; el 31 de agosto de 1942 en la ciudad de Barcelona. Se gradu&oacute; en Filosof&iacute;a en la Universidad de Barcelona en 1964, aunque la segunda etapa de sus estudios de licenciatura (entre los a&ntilde;os 1961 y 1963) los realizar&iacute;a primero en Pamplona, donde conoci&oacute; al profesor Leonardo Polo, al que siempre reconoci&oacute; como su maestro y una influencia crucial para su proyecto filos&oacute;fico de superar el l&iacute;mite trascendental kantiano; y, posteriormente, en Alemania, en las ciudades de Bonn y Colonia. Su estancia en Alemania ser&aacute; decisiva para su formaci&oacute;n, ya que le pondr&aacute; en contacto tanto con los grandes pensadores alemanes (Gadamer, Heidegger, Hegel, Schelling y Kant), como con sus grandes escritores y poetas (Goethe, Rilke, H&ouml;lderlin, Stefan George, Thomas Mann).&nbsp; A partir de ese momento Tr&iacute;as se mover&aacute; siempre con soltura entre la filosof&iacute;a y la literatura.</p>
<p>Desde 1965 fue profesor asistente, y luego asociado, de filosof&iacute;a en las Universidades Central y Aut&oacute;noma de Barcelona, respectivamente. En el a&ntilde;o acad&eacute;mico 1972-73, viaj&oacute; a Brasil y Argentina, donde imparti&oacute; cursos y conferencias. All&iacute; contact&oacute; con Oscar Masotta y el grupo de psicoanalistas freudianos y lacanianos, quienes influir&iacute;an poderosamente en sus obras posteriores. En 1976 obtuvo el puesto de profesor asistente de Est&eacute;tica y Composici&oacute;n en la Escuela T&eacute;cnica Superior de Arquitectura de Barcelona. A partir de este momento llega la impronta del famoso "archipi&eacute;lago de las artes" que impregna su trabajo y que lo llevar&aacute; a concebir un concepto de raz&oacute;n en di&aacute;logo continuo con lo que llam&oacute; las artes del s&iacute;mbolo y el espacio. En 1986 obtuvo la c&aacute;tedra de filosof&iacute;a en la ETSAB, en la que permanecer&aacute; hasta 1992. Ese a&ntilde;o es nombrado Catedr&aacute;tico de Est&eacute;tica y Teor&iacute;a de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, donde ejercer&iacute;a su magisterio hasta su muerte.&nbsp;</p>
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<ol start="1">
<li>Los or&iacute;genes del pensamiento filos&oacute;fico de Tr&iacute;as: la filosof&iacute;a francesa de los a&ntilde;os 50 y 60</li>
</ol>
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<p>Tr&iacute;as inaugura su aventura filos&oacute;fica con la obra <em>La filosof&iacute;a y su sombra</em> (1969), de clara inspiraci&oacute;n estructuralista, centrada ya en la idea de &laquo;l&iacute;mite&raquo;, que aparece ahora como barra demarcadora (/) entre saber y no saber, entre la filosof&iacute;a y su sombra, para posteriormente ir a ocupar un lugar central en su propuesta filos&oacute;fica. En esta obra Tr&iacute;as intenta ampliar los estrechos l&iacute;mites de una raz&oacute;n que ha dejado fuera de s&iacute; sus sombras: la pasi&oacute;n, los sue&ntilde;os, lo m&iacute;tico, lo religioso. La nueva filosof&iacute;a debe hacer dialogar a la raz&oacute;n con esas sombras, con el fin de volverla l&uacute;cida y consciente de todo aquello que, con su saber normativo, elude y margina. Tr&iacute;as pretende acabar con la ingenuidad del proyecto moderno conduci&eacute;ndolo a una verdadera madurez de la Raz&oacute;n.</p>
<p>A pesar de ello, las siguientes obras de este per&iacute;odo, <em>Filosof&iacute;a y Carnaval</em> (1970) y <em>La dispersi&oacute;n</em> (1971) &mdash;de clara inspiraci&oacute;n nietzscheana, escritas en un tono de cr&iacute;tica y rebeld&iacute;a, muy propio de esa generaci&oacute;n espa&ntilde;ola del 68 en la que se incluyen Savater y Rubert de Vent&oacute;s&mdash; reivindican un pensamiento afor&iacute;stico, vital, autobiogr&aacute;fico y asistem&aacute;tico. A pesar de eso, Tr&iacute;as, un pensador at&iacute;pico y heterodoxo, se presenta ya como un "pensador metaf&iacute;sico" &mdash;inoportuno para un tiempo dominado por el neo-positivismo, la filosof&iacute;a anal&iacute;tica y el marxismo&mdash; en su obra <em>Metodolog&iacute;a del pensamiento m&aacute;gico</em> (1971), en la que defiende, en la l&iacute;nea de Levi-Strauss, el pensamiento m&aacute;gico como matriz de toda raz&oacute;n humana y primera metaf&iacute;sica en la historia de la Humanidad, que debe ser recuperado ahora en los nuevos estudios de antropolog&iacute;a y ciencias humanas.</p>
<p>En esta primera fase de su filosof&iacute;a explora una ontolog&iacute;a tr&aacute;gica, apropiada para un sujeto escindido, como el que describ&iacute;an el psicoan&aacute;lisis, el estructuralismo y las ciencias sociales de los a&ntilde;os 60, de procedencia francesa, cuyos autores &mdash;entre los que brillan nombres como Foucault, Levi-Strauss, L&eacute;vy-Bruhl, Lacan, Althusser, Deleuze o Derrida&mdash;, Tr&iacute;as lee con pasi&oacute;n y detenimiento. Sin embargo, a pesar de esa impronta de &eacute;poca, late en su pensamiento un anhelo explicativo m&aacute;s omniabarcador, de cariz metaf&iacute;sico y religioso, que no abandonar&aacute; nunca en su aventura filos&oacute;fica.</p>
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<ol>
<li>A la b&uacute;squeda de la propia identidad: el exilio americano</li>
</ol>
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<p>Como el propio Tr&iacute;as relata en su libro <em>El &aacute;rbol de la vida</em> (2003), que recoge sus memorias hasta 1975, a&ntilde;o de la muerte de Franco y de su retorno a Espa&ntilde;a desde Buenos Aires, el a&ntilde;o 1972 ser&aacute; determinante en su vida. Distintas circunstancias personales le llevan a tomar una decisi&oacute;n extraordinaria: dejarlo todo y viajar, junto con su hermano Carlos, a Latinoam&eacute;rica. Dicho exilio voluntario, fruto de la ruptura con todo lo anterior, ir&aacute; acompa&ntilde;ado de la firme resoluci&oacute;n de que, a partir de ahora, el &uacute;nico tema de su filosof&iacute;a ser&iacute;a su propia vida. Esta decisi&oacute;n marcar&aacute; el tono &eacute;tico y gn&oacute;stico de su filosof&iacute;a, que en esta &eacute;poca se canalizar&aacute; hacia el psicoan&aacute;lisis, en su versi&oacute;n freudiana y lacaniana, como v&iacute;a para el conocimiento de s&iacute; mismo.</p>
<p>Esa experiencia del exilio, la de la traves&iacute;a por lo extra&ntilde;o en busca de la propia identidad, quedar&aacute; claramente reflejada en todas las obras de este per&iacute;odo. En su primera obra publicada despu&eacute;s de su retorno, <em>Drama e identidad</em> (1974), Tr&iacute;as tematizar&aacute; la distinci&oacute;n entre culturas dram&aacute;ticas y tr&aacute;gicas: aqu&eacute;llas tienen un origen y un fin al que retornar (como en la Odisea), mientras que &eacute;stas han perdido el origen y ya no tienen una &Iacute;taca a la que regresar. Vemos c&oacute;mo la experiencia personal y autobiogr&aacute;fica conforma la base para formular una ontolog&iacute;a tr&aacute;gica, la de un sujeto escindido, en continuo exilio y &eacute;xodo, empe&ntilde;ado en la continua b&uacute;squeda y conocimiento de s&iacute;, porfiando por la realizaci&oacute;n plena de su vocaci&oacute;n interior, de su destino, en un mundo marcado por el nihilismo y la muerte de Dios.</p>
<p>Ese sujeto que retorna de su exilio, empero, no se mueve aislado en el &aacute;mbito de un solipsismo radical, sino en el marco de la ciudad, a la que llega, como Jon&aacute;s, para desplegar en ella su actividad poi&eacute;tica y contemplativa; en realidad, prof&eacute;tica. Tal ser&aacute; la tem&aacute;tica desarrollada en <em>El artista y la ciudad</em> (1976), una nueva versi&oacute;n de su tesis de licenciatura, que retomar&aacute; este viejo tema plat&oacute;nico para adaptarlo a los tiempos presentes: el conflicto entre <em>eros </em>y <em>poiesis</em>, entre contemplaci&oacute;n y acci&oacute;n, en el &aacute;mbito urbano. El libro rezuma la experiencia de un Tr&iacute;as que, tras su exilio voluntario, vuelve a Barcelona para incorporarse al claustro de la Escuela de Arquitectura, donde durante diecisiete a&ntilde;os impartir&aacute; la asignatura de Est&eacute;tica y Composici&oacute;n. Ser&aacute; en ese di&aacute;logo fluido con los arquitectos donde se frag&uuml;en las ideas de &laquo;ciudad&raquo;, &laquo;alzado&raquo;, &laquo;proyecci&oacute;n&raquo; y &laquo;l&iacute;mite&raquo;, que ir&aacute;n cobrando un lugar central en su producci&oacute;n y reflexi&oacute;n filos&oacute;ficas del per&iacute;odo intermedio.</p>
<p>Como siempre en su obra, a ese movimiento de despliegue hacia fuera le seguir&aacute; un movimiento de repliegue, vislumbr&aacute;ndose ese juego de expansi&oacute;n y contracci&oacute;n que en su obra filos&oacute;fica posterior tematizar&aacute; como las dos potencias del l&iacute;mite. De la mano de Spinoza, en <em>Meditaci&oacute;n sobre el poder</em> (1977), abordar&aacute; el papel del sujeto desde la noci&oacute;n de &laquo;poder&raquo;, de clara raigambre nietzscheana. Resuena aqu&iacute; el <em>amor sui </em>como fuente de alegr&iacute;a, motor de la verdadera eticidad, alejado de toda comprensi&oacute;n de la muerte como angustia. El temor ante la muerte no nace de la angustia ante la finitud, como quer&iacute;a Heidegger, sino que refleja el miedo a malograr, o malversar, nuestro propio poder, como ya lo se&ntilde;alara Deleuze en su lectura nietzscheana de Spinoza. Poder de creaci&oacute;n y recreaci&oacute;n, goce del que, saliendo de s&iacute;, se afirma en la vida, inscribiendo su huella y trazo propios en la comunidad y en el curso de la historia.</p>
<p>&nbsp;Este sujeto din&aacute;mico y vital, radicalmente temporal, en pleno desarrollo de s&iacute; mismo, vive siempre en la tesitura de olvidar o recordar, como lo muestra en ese hermos&iacute;simo op&uacute;sculo, casi olvidado, <em>La memoria perdida de las cosas </em>(1978). La profunda impronta de la filosof&iacute;a y la poes&iacute;a alemanas &mdash;Goethe, Rilke, H&ouml;lderlin y Benjamin&mdash; advierten al autor, entrado en el mediod&iacute;a de su existencia, de las mentiras y trampas de la memoria. En esta especie de mirada atr&aacute;s, en este primer juicio sobre su propia vida, Tr&iacute;as retorna a sus amores de juventud &mdash;Mann (<em>Thomas Mann. El intelectual y su obra</em>, 1980) y a Goethe (<em>Prefacio a Goethe</em>, 1981)&mdash;, con la distancia que da el tiempo, para evaluar su impronta y huella en la propia trayectoria vital.</p>
<p>Junto a esta vuelta a su per&iacute;odo de formaci&oacute;n en Alemania, ocupar&aacute; un lugar central ahora la rememoraci&oacute;n de esa experiencia amorosa, traum&aacute;tica y decisiva, que motiv&oacute; su forzado exilio a Latinoam&eacute;rica. Los dulces y temibles ecos de la pasi&oacute;n son analizados, de la mano de Lacan, en la lectura que de ese fen&oacute;meno radical del <em>amor-pasi&oacute;n</em>, central en la l&iacute;rica trovadoresca de la <em>terra del</em> <em>migdia</em> en la que naci&oacute; el autor, realiza Tr&iacute;as en su <em>Tratado de la Pasi&oacute;n</em> (1979). Descender a los &iacute;nferos del propio fondo pasional, atravesar con el intelecto la memoria de esa huella profunda en la propia vida, confrontarse con el otro Yo, es atravesar el coraz&oacute;n de las tinieblas que nos lleva a desvelar el lado siniestro de la belleza, como proclamar&aacute; en su obra <em>Lo bello y lo siniestro </em>(1982). Esa experiencia de desfondamiento pasional aporta la clave para analizar la categor&iacute;a de lo bello desde lo siniestro, como ya supieron los rom&aacute;nticos, pioneros en este aspecto que aborda el psicoan&aacute;lisis de Freud y Lacan, con el que Tr&iacute;as ya estaba familiarizado desde su estancia en Buenos Aires. Estas dos obras reportar&iacute;an reconocimiento y fama a nuestro autor, quien lograr&iacute;a con ellas una lograda s&iacute;ntesis entre tradici&oacute;n y modernidad, entre clasicismo y romanticismo, como quer&iacute;a su amado Goethe.</p>
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<li>De la pol&iacute;tica al principio de variaci&oacute;n</li>
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<p>Sin embargo, esta rememoraci&oacute;n de la experiencia juvenil del amor-pasi&oacute;n y de la dimensi&oacute;n siniestra de la belleza, va acompa&ntilde;ada de un nuevo movimiento hacia el exterior. Entre ambas obras, Tr&iacute;as publica en el a&ntilde;o 1981 el libro con el que inicia su reflexi&oacute;n pol&iacute;tica, en torno a las relaciones entre Espa&ntilde;a y Catalu&ntilde;a. Hablamos de la menos conocida, pero fundamental en su producci&oacute;n, <em>El pensamiento c&iacute;vico de Joan Maragall</em> (1981). Este enigm&aacute;tico texto, bifronte, conforma un d&iacute;ptico cuyo sentido se nos escapa. La primera parte est&aacute; dedicada a reivindicar el vitalismo nietzscheano del mayor poeta cat&oacute;lico de la burgues&iacute;a catalana: Joan Maragall. Ese nietzscheanismo vitalista, una nueva forma de espiritualismo lindando con el pante&iacute;smo, queda patente en su <em>Leyenda del Comte Arnau</em>, penetrantemente analizada por Tr&iacute;as. Pero en la segunda parte del texto, cuyo tono cambia radicalmente, Tr&iacute;as se dedica a analizar los pormenores del conflicto entre las diferentes fuerzas revolucionarias y la burgues&iacute;a que dieron origen al famoso episodio de la Semana Tr&aacute;gica, paso obligado y traum&aacute;tico en la modernizaci&oacute;n de Barcelona, forjada sobre el conflicto social que acab&oacute; en derramamiento de sangre, lo que conducir&aacute; al poeta, en su &laquo;Oda a Barcelona&raquo;, su verdadero testamento vital, a reivindicar el perd&oacute;n como &uacute;nica v&iacute;a para acometer la reconstrucci&oacute;n de la paz civil que asegura la convivencia, para lo cual cada una de las partes debe reconocer su parte de culpa en el conflicto.</p>
<p>A la luz de este texto resulta totalmente coherente el proyecto presentado por Tr&iacute;as para su tesis doctoral (<em>El lenguaje del perd&oacute;n</em>, 1981), dedicada a Hegel, en la que se pregunta por qu&eacute; aqu&eacute;l abandon&oacute; su concepci&oacute;n rom&aacute;ntica del amor de la &eacute;poca de Jena para pensar el conflicto social en forma de lucha a muerte de las autoconciencias por el se&ntilde;or&iacute;o y el reconocimiento. Hegel renuncia as&iacute; a la dimensi&oacute;n solipsista de una concepci&oacute;n rom&aacute;ntica del amor para introducir la mediaci&oacute;n social &mdash;a trav&eacute;s de las experiencias del trabajo, el lenguaje y el amor&mdash; en la vertebraci&oacute;n de la propia subjetividad. Dicha tesis finalizar&aacute; con la ineludible cuesti&oacute;n del perd&oacute;n como tema central. No resulta casual que, justo entonces, Espa&ntilde;a se encuentre de nuevo sumida en el dilema del perd&oacute;n, tras un intento de golpe de Estado que hab&iacute;a vuelto a reabrir la incurable herida de las dos Espa&ntilde;as de la Guerra Civil, haciendo peligrar la reci&eacute;n estrenada y precaria democracia.</p>
<p>Este per&iacute;odo se cierra con uno de los textos m&aacute;s enigm&aacute;ticos, si no el que m&aacute;s, de la producci&oacute;n filos&oacute;fica de Tr&iacute;as: <em>Filosof&iacute;a del Futuro </em>(1983). Tras estudiar con detalle las categor&iacute;as de lo bello y lo siniestro, Tr&iacute;as se lanza ahora a pensar las relaciones de lo singular y lo universal en la Filosof&iacute;a y el Arte. Dichas relaciones fueron el tema de inter&eacute;s de la est&eacute;tica rom&aacute;ntica e idealista, con la que los modernos se enfrentan a la herencia nominalista de la Baja Edad Media, recuperando la discusi&oacute;n en torno al problema de los universales. En el marco de esta reflexi&oacute;n Tr&iacute;as encontr&oacute; uno de sus principios filos&oacute;ficos, que vendr&iacute;a a hibridar posteriormente con la idea de l&iacute;mite: el &laquo;principio de variaci&oacute;n&raquo;. Las relaciones entre lo universal y lo singular (&laquo;Ideas&raquo; en la Filosof&iacute;a, &laquo;S&iacute;mbolos&raquo; en el Arte) marcan un <em>perpetuum mobile</em>, sin origen ni fin. En el seno de esta metaf&iacute;sica, de cu&ntilde;o vitalista, en la que la vida se debate entre universalizaci&oacute;n y singularizaci&oacute;n, irrumpir&aacute; el l&iacute;mite como impronta del giro &eacute;tico de la metaf&iacute;sica.</p>
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<li>El nacimiento de la &lsquo;filosof&iacute;a del l&iacute;mite&rsquo;</li>
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<p>El nacimiento de la filosof&iacute;a del l&iacute;mite tendr&aacute; lugar en los a&ntilde;os ochenta con la publicaci&oacute;n de <em>Los l&iacute;mites del mundo</em> (1985). En una peculiar lectura de Kant, Heidegger y Wittgenstein, que busca formular una nueva noci&oacute;n de raz&oacute;n, se le revelar&aacute; al autor, de un modo todav&iacute;a no muy consciente, la idea central de &lsquo;ser del l&iacute;mite&rsquo;, conjunci&oacute;n de ontolog&iacute;a y epistemolog&iacute;a. La exploraci&oacute;n de los l&iacute;mites de la raz&oacute;n (pensar-decir) en dichos pensadores constituye el camino preparatorio para el &laquo;acceso &eacute;tico&raquo; al l&iacute;mite como realidad ontol&oacute;gica, generadora de ser, vida y sentido. Kant, Hegel y Wittgenstein siempre hab&iacute;an hablado del l&iacute;mite como un muro o barrera (<em>Schranke</em>) impenetrable. El acierto de Tr&iacute;as es darle la vuelta a esa noci&oacute;n desde la dimensi&oacute;n &eacute;tica que sit&uacute;a al sujeto en un terreno fronterizo, a caballo entre un cerco herm&eacute;tico y el cerco del aparecer, desde el que el l&iacute;mite aparece como suelo metaf&iacute;sico, <em>limes</em>, frontera (<em>Grenze</em>), redefini&eacute;ndose al sujeto vinculado con &eacute;l como &laquo;habitante fronterizo&raquo;. Tal es el &laquo;giro metaf&iacute;sico&raquo; de la filosof&iacute;a triasiana, preanunciado tambi&eacute;n en autores como Levinas y Derrida, en los que la presencia de Schelling y Kierkegaard resulta clave, y para los cuales urg&iacute;a un giro m&aacute;s all&aacute; de la ontolog&iacute;a, hacia la metaf&iacute;sica, que habr&iacute;a de ser de naturaleza &eacute;tica: tendr&iacute;a lugar en el &aacute;mbito de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica, a manos de la libertad. Ese giro radica en el descubrimiento, no de la dimensi&oacute;n trascendental del l&iacute;mite en el pensar-decir, sino de su car&aacute;cter trascendente con respecto a la raz&oacute;n, a la que desborda, convirti&eacute;ndose as&iacute; en ra&iacute;z misma de lo real.&nbsp;</p>
<p>El descubrimiento de esta idea innovadora ir&aacute; siendo colonizado progresivamente por su autor. La idea de l&iacute;mite, como &laquo;ser del l&iacute;mite&raquo;, ser&aacute; objeto de una reflexi&oacute;n pormenorizada en <em>La aventura filos&oacute;fica</em> (1988) &mdash;una de sus obras m&aacute;s incomprendidas e importantes, debido en parte a los avatares del sello editorial que poco despu&eacute;s tuvo que cerrar, con lo que el libro no fue reeditado&mdash;, en la que establece un v&iacute;nculo radical entre el proceder met&oacute;dico y el acceso al ser del l&iacute;mite, una caracter&iacute;stica genuinamente moderna del trabajo filos&oacute;fico triasiano. Todo acceso a una verdad metaf&iacute;sica est&aacute;, por lo tanto, acompa&ntilde;ado por el procedimiento met&oacute;dico que la revela, y que constituye una parte intr&iacute;nseca de su significado. Adem&aacute;s, esa idea del l&iacute;mite y de &laquo;ser del l&iacute;mite&raquo; es explorada &mdash;como en el <em>Parm&eacute;nides</em> plat&oacute;nico&mdash; en su dial&eacute;ctica interna, en sus potencias conjuntiva y disyuntiva, cuya reflexividad, a diferencia de la reflexividad absoluta de lo negativo en Hegel, da lugar a una circularidad abierta y quebrada, incapaz de cerrarse sobre s&iacute; misma, continuamente productiva y productora. Parad&oacute;jicamente, nos encontramos a&uacute;n en el marco de una ontolog&iacute;a tr&aacute;gica en la que el ser del l&iacute;mite que se recrea se configura como un inicio sin fin (abismo) y un fin sin final (futuro escatol&oacute;gico).</p>
<p>Esta idea de &laquo;ser del l&iacute;mite&raquo; se mostrar&aacute; extremadamente f&eacute;rtil en su despliegue hacia el exterior. En su <em>L&oacute;gica del l&iacute;mite</em> (1991), Tr&iacute;as ensaya una peculiar g&eacute;nesis de un &laquo;sistema de las artes&raquo; partiendo de las artes fronterizas (m&uacute;sica y arquitectura), formalizadoras del espacio y el tiempo humanos, para desde all&iacute; elevarse a las artes del signo y el s&iacute;mbolo, pre&aacute;mbulo necesario para las artes del lenguaje y la escritura. De un modo magistral, su autor explora aqu&iacute; la dimensi&oacute;n espacial y topol&oacute;gica de la idea de l&iacute;mite, en su constituci&oacute;n de un espacio y un tiempo humanos como base del mundo habitable, construido simb&oacute;licamente.</p>
<p>En una de sus obras clave, <em>La edad del esp&iacute;ritu</em> (1994), recreaci&oacute;n de la memoria viva de la tradici&oacute;n occidental que se remonta a sus or&iacute;genes, surgir&aacute; con fuerza la noci&oacute;n de &laquo;s&iacute;mbolo&raquo;, que llegar&aacute; a hibridarse con fortuna con la noci&oacute;n de l&iacute;mite, previamente conquistada. El intento de promover la uni&oacute;n entre &laquo;simbolismo&raquo; y &laquo;raz&oacute;n fronteriza&raquo; marca, seg&uacute;n Tr&iacute;as, los dos grandes ciclos (simb&oacute;lico y racional) que caracterizan el despliegue de la historia occidental, en el curso de la cual surgir&aacute;n las categor&iacute;as de la raz&oacute;n fronteriza (materia, cosmos, presencia, logos, claves, m&iacute;stica y s&iacute;mbolo). Estas siete categor&iacute;as corresponden a los siete eones que explican la lectura que Tr&iacute;as hace de la historia a partir de su idea de &laquo;ser del l&iacute;mite&raquo;. Ser&aacute; aqu&iacute; donde la idea de l&iacute;mite se funda con el &laquo;principio de variaci&oacute;n&raquo;, facilitando que una idea, la de l&iacute;mite, que parece meramente topol&oacute;gica y espacial, se vuelva din&aacute;mica y temporal, dando lugar a una ley hist&oacute;rica de progresi&oacute;n, de naturaleza variacional.</p>
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<li>La ciudad del l&iacute;mite</li>
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<p>Con la obra monumental de 1994, su gran obra, Tr&iacute;as sienta las bases para el despliegue de su filosof&iacute;a del l&iacute;mite en los diferentes espacios y esferas de reflexi&oacute;n filos&oacute;fica: primero, en el &aacute;mbito de una filosof&iacute;a de las religiones [<em>Diccionario del esp&iacute;ritu</em> (1996), <em>Pensar la religi&oacute;n</em> (1997) y <em>&iquest;Por qu&eacute; necesitamos religi&oacute;n?</em> (2000)]; segundo, en el de la epistemolog&iacute;a (<em>La raz&oacute;n fronteriza</em>, 1999) y tercero, en el dominio de la &eacute;tica (<em>&Eacute;tica y condici&oacute;n humana</em>, 2000) y de la pol&iacute;tica (<em>La pol&iacute;tica y su sombra</em>, 2005). De esta manera Tr&iacute;as considera haber desplegado la noci&oacute;n de &laquo;ser del l&iacute;mite que se recrea&raquo;, con su binomio de raz&oacute;n fronteriza y suplemento simb&oacute;lico, en todas las llanuras f&eacute;rtiles del pensamiento humano.</p>
<p>En <em>Ciudad sobre Ciudad. Arte, religi&oacute;n y &eacute;tica en el cambio de milenio</em> (2001) Tr&iacute;as reconstruye su propuesta de una filosof&iacute;a del l&iacute;mite bajo la sugerente imagen de una &laquo;ciudad del l&iacute;mite&raquo;. Esta ciudad estar&iacute;a compuesta por cuatro barrios, correspondientes respectivamente al uso te&oacute;rico y pr&aacute;ctico de la raz&oacute;n fronteriza, y de su suplemento simb&oacute;lico. El barrio ontol&oacute;gico, donde la raz&oacute;n fronteriza, en su uso te&oacute;rico, se confronta con el dato originario de la existencia, que no puede producir, sino que s&oacute;lo es capaz de formalizar mediante la idea de un l&iacute;mite y un m&aacute;s all&aacute; del l&iacute;mite. Como bien vio Schelling en su disputa con Hegel, los l&iacute;mites de la raz&oacute;n nos abocan al dato originario de la existencia que la raz&oacute;n no puede poner por s&iacute; misma. Tal era el tema de <em>Los l&iacute;mites del mundo</em> (1985), pero de un modo mucho m&aacute;s claro en <em>La raz&oacute;n fronteriza</em> (1999). A continuaci&oacute;n, el barrio &eacute;tico-pol&iacute;tico, explorado por Tr&iacute;as en sus obras <em>&Eacute;tica y condici&oacute;n humana</em> (2000) y <em>La pol&iacute;tica y su sombra</em> (2005), correspondiente al uso pr&aacute;ctico de la raz&oacute;n fronteriza, en el que la condici&oacute;n humana es definida como fronteriza, lo cual le lleva&nbsp; a cumplir con el imperativo de ajustarse a su propia condici&oacute;n, evitando el exceso de identificarse con el imperativo categ&oacute;rico (voz del Padre muerto, Ley, etc.) y el defecto de no llegar a elevarse a dicha condici&oacute;n fronteriza, negando la dimensi&oacute;n herm&eacute;tica de toda existencia humana. El &laquo;barrio religioso&raquo; que corresponde al uso simb&oacute;lico de la raz&oacute;n fronteriza, que ya se abord&oacute; en <em>La edad del esp&iacute;ritu </em>(1994) y en su trabajo <em>Pensar la religi&oacute;n</em> (1999), muestra al hombre en su cita con lo sagrado, luchando denodadamente con el cerco herm&eacute;tico, lucha que dar&aacute; origen a la diversidad de lenguajes simb&oacute;licos de las diferentes tradiciones religiosas. Finalmente, el cuarto barrio, el art&iacute;stico, donde el uso pr&aacute;ctico del simbolismo, que se lleva a cabo a trav&eacute;s de las artes, sirve para dar forma a la materia conformando el mundo humano (el famoso &laquo;mundo interpretado&raquo; de Rilke):&nbsp; primero, con la m&uacute;sica y la arquitectura; y luego, con las artes de la danza y el cuerpo, para finalmente llegar a las artes del signo y la imagen, como ya las sistematiz&oacute; en su obra <em>L&oacute;gica del l&iacute;mite</em> (1990).&nbsp;</p>
<p>Esta ciudad del l&iacute;mite, forjada en esa obra de cambio de milenio, recoge, en una imagen clara, toda su propuesta de una filosof&iacute;a del l&iacute;mite. Dicha filosof&iacute;a del l&iacute;mite, fruto de la lectura de la tradici&oacute;n espiritual de Occidente elaborada en <em>La edad del esp&iacute;ritu</em>, arroj&oacute; como fruto las nociones de &laquo;raz&oacute;n fronteriza&raquo; y &laquo;suplemento&raquo; simb&oacute;lico, o sea, la necesaria correcci&oacute;n de la Ilustraci&oacute;n y el Romanticismo, en la exigencia de que ambas llegaran a un maridaje que no dejara fuera nada de lo relevantemente humano, en un horizonte escatol&oacute;gico de s&iacute;ntesis que gu&iacute;a el actual e&oacute;n de una edad del esp&iacute;ritu para la condici&oacute;n e historia humanas.&nbsp;</p>
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<li>La &uacute;ltima prueba: la verdad de la filosof&iacute;a del l&iacute;mite</li>
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<p>Por su propia naturaleza, como hemos visto, la noci&oacute;n de l&iacute;mite, emergida en el decurso de la aventura filos&oacute;fica triasiana, no pod&iacute;a presentarse como una teor&iacute;a universalista y necesaria de la Raz&oacute;n, como quer&iacute;a Hegel, en la que la libertad individual quede subsumida en la necesidad esencial de despliegue de un Esp&iacute;ritu absoluto. Por el contrario, en la l&iacute;nea de Schelling, Tr&iacute;as aboga por un ideal-realismo en el que el acceso a lo real ha de ser libre porque la realidad precede siempre a la raz&oacute;n y no puede ser fundado por &eacute;sta, lo cual supone que la raz&oacute;n es de naturaleza ext&aacute;tica: puesto en lo real, fuera de la realidad misma. Por eso, toda filosof&iacute;a ha de considerarse una propuesta &mdash;de ah&iacute; la original ex&eacute;gesis que Tr&iacute;as hace de la ra&iacute;z alemana de &laquo;setzen&raquo;, &laquo;Satz&raquo;, &laquo;vorsetzen&raquo; elaborada por el Idealismo alem&aacute;n&mdash; que la libertad ha de someter a prueba.&nbsp;</p>
<p>Esa reelaboraci&oacute;n de la noci&oacute;n de verdad, entendida como interpretaci&oacute;n variacional, es la que aborda en <em>El hilo de la verdad</em> (2004), con la cual se puede dar por cerrado su <em>sistema filos&oacute;fico</em>. La verdad o falsedad no es meramente una adecuaci&oacute;n entre una idea externa a la realidad y una realidad de naturaleza extramental, la cl&aacute;sica <em>adaequatio rei et intellectus</em>, sino que la raz&oacute;n, donde idea y s&iacute;mbolo se hibridan, se abre a la realidad para iluminarla, a la par que la realidad se abre a la raz&oacute;n para vivificarla y animarla. En esta extra&ntilde;a s&iacute;ntesis de raz&oacute;n y vida, de vida &laquo;esclarecida&raquo;, que constituye el hilo rojo de la Verdad que nada puede romper aunque se adelgace, como dec&iacute;a su amado Calder&oacute;n de la Barca, se funda el criterio hermen&eacute;utico que sirve para interpretar todo simbolismo a la luz de la raz&oacute;n.&nbsp; El simbolismo encuentra su criterio y su fuente en las ideas de la Raz&oacute;n que lo gu&iacute;an, mientras que la Idea muestra su grado de verdad en la capacidad que tiene de generar un simbolismo capaz de iluminar la realidad.</p>
<p>As&iacute; la verdad de una propuesta filos&oacute;fica se muestra en la capacidad que tiene de creaci&oacute;n y recreaci&oacute;n de otras propuestas filos&oacute;ficas anteriores, ilumin&aacute;ndolas y dot&aacute;ndolas de un nuevo sentido, sacando a la luz alguna verdad escondida y latente a la sombra. En esta teor&iacute;a de la Verdad, de dif&iacute;cil comprensi&oacute;n y acceso, se encuentra el &laquo;coraz&oacute;n de las tinieblas&raquo; de la filosof&iacute;a del l&iacute;mite.&nbsp;</p>
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<li>Del amor y la muerte</li>
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<p>Terminada y sistematizada su propuesta filos&oacute;fica, Tr&iacute;as dedic&oacute; su &uacute;ltima d&eacute;cada de vida a confrontar su filosof&iacute;a de l&iacute;mite con dos pasiones fundamentales en su vida desde la adolescencia: la m&uacute;sica y el cine. Ese acercamiento a los amores vitales y constantes est&aacute; motivado, una vez m&aacute;s, por la presencia irrecusable de la muerte. Tr&iacute;as llevaba desde el a&ntilde;o 1994 luchando contra un c&aacute;ncer, que se fue reproduciendo en distintas modalidades y estadios, hasta su fallecimiento, en el a&ntilde;o 2013. De un modo palmario, dicha presencia se vuelve acuciante y perentoria a partir del a&ntilde;o 2005.</p>
<p>Desde esta perspectiva Tr&iacute;as percibi&oacute; en el simbolismo musical una de las antenas m&aacute;s clarividentes de la historia cultural de Occidente para abordar el asalto al cerco herm&eacute;tico de la existencia: el que encierra las peliagudas cuestiones del nacimiento y de la muerte. As&iacute;, sus dos obras monumentales <em>El canto de las sirenas: Argumentos musicales </em>(2007) y <em>La imaginaci&oacute;n sonora: argumentos musicales</em> (2010) constituyen una verdadera filosof&iacute;a de la m&uacute;sica que vuelve a retomar la idea plat&oacute;nica-pitag&oacute;rica de la m&uacute;sica como<em> gnosis</em> capaz de iluminar la vida humana en referencia al problema del nacimiento y la muerte. Tr&iacute;as ha promovido, junto a todo el pensamiento de finales del siglo XX, una poderosa correcci&oacute;n del existencialismo y su obsesi&oacute;n con la muerte, redirigiendo la mirada a la cuesti&oacute;n del nacimiento, del origen del mundo y de la propia persona: lo <em>matricial</em>. Siguiendo la estela de Schelling, Otto Rank y otros autores, Tr&iacute;as reivindica la necesidad de ligar el principio matricial con el paternal, desechando la oposici&oacute;n radical entre ambos que pretendi&oacute; una determinada lectura de Freud. Ya en nuestros d&iacute;as, Sloterdijk ha defendido, desde su peculiar orientaci&oacute;n, el mismo descubrimiento en su trilog&iacute;a <em>Esferas</em>, especialmente en su primer volumen.</p>
<p>Finalmente, y publicado p&oacute;stumamente, en <em>De cine. Aventuras y extrav&iacute;os</em> (2013), Tr&iacute;as se sumerge en los universos cinematogr&aacute;ficos de su personal canon de los grandes directores de cine (Fritz Lang, Stanley Kubrick, Orson Welles, Ingmar Bergman, David Lynch y su amado Alfred Hitchcock). El cine, el s&eacute;ptimo arte, junto con la m&uacute;sica, constituye la otra antena simb&oacute;lica que permite orientar nuestra existencia en referencia al cerco herm&eacute;tico. De todos los ricos y extra&ntilde;os an&aacute;lisis de esta obra, cabe resaltar dos de ellos: Hitchcock y Welles.</p>
<p>Resulta sintom&aacute;tico el caso de Alfred Hitchcock, quien ha acompa&ntilde;ado toda la trayectoria vital de nuestro autor. Un especial idilio existe con la pel&iacute;cula <em>V&eacute;rtigo</em>, a la que dedic&oacute; dos importantes ensayos &mdash;&laquo;El abismo que sube y se desborda&raquo; en <em>Lo bello y lo siniestro </em>(1982), <em>V&eacute;rtigo y pasi&oacute;n. Un ensayo sobre la pel&iacute;cula V&eacute;rtigo de Alfred Hitchcock </em>(1998)&mdash; y que dar&iacute;a lugar a su definici&oacute;n del v&eacute;rtigo como la pasi&oacute;n existencial fundamental que determina al sujeto fronterizo, a diferencia de la nada heideggeriana o la n&aacute;usea sartreana. Sin embargo, en esta nueva mirada de Tr&iacute;as a la filmograf&iacute;a de Hitchcock, lo que resaltar&aacute; es el predominio en la filmograf&iacute;a del director de historias de amores sometidos a pruebas radicales que, parad&oacute;jicamente, en sus pel&iacute;culas alcanzan un final inquietante pero feliz: <em>Rebecca</em>, <em>Los p&aacute;jaros</em>, <em>Marnie la ladrona</em>, <em>Con la muerte en los talones</em>. Tr&iacute;as subraya esa dimensi&oacute;n de un amor m&aacute;s fuerte, si no que la muerte, s&iacute; que la prueba radical a la que todo amor se ve sometido.</p>
<p>Cabe resaltar, de un modo especial, su ex&eacute;gesis de <em>Ciudadano Kane</em>, en la que Orson Welles es capaz de mostrar f&iacute;lmicamente el ejercicio de rememoraci&oacute;n de una vida en la cual el final rima con el origen, donde la mirada de lo vivido revierte en la infancia y adquiere plena conciencia de lo que se ha sido, y de lo que se deber&iacute;a haber sido: de lo que se es. Como dec&iacute;a Eliot, en sus <em>Cuatro cuartetos</em>, &laquo;all&iacute; donde est&aacute; mi principio, all&iacute; est&aacute; mi fin/ All&iacute; donde est&aacute; mi fin, all&iacute; est&aacute; mi principio&raquo;. De este modo, en la extra&ntilde;a circularidad de un c&iacute;rculo que no se cierra, quedando permanentemente abierto, hermanando los misterios del nacimiento y de la muerte, Eugenio Tr&iacute;as nos dej&oacute; su testamento filos&oacute;fico y vital, junto con ese sustrato apasionado que siempre domin&oacute; su vida, desde la infancia hasta la vejez: el cine.</p>
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<ol>
<li>La filosof&iacute;a de Tr&iacute;as a contraluz</li>
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<p>Una d&eacute;cada es a&uacute;n poco tiempo para vislumbrar la huella que dejar&aacute; la filosof&iacute;a de Tr&iacute;as en la posteridad. Las nuevas generaciones se acercar&aacute;n a ella desde inquietudes y presupuestos totalmente diferentes a los nuestros, con sus propios interrogantes en busca de respuestas. Aqu&iacute; y all&aacute; se multiplican los estudios sobre su obra, abordando un mosaico abigarrado de temas: la religi&oacute;n, la pasi&oacute;n, el arte, el espacio-luz, la m&iacute;stica, el simbolismo, el habitar, la voz &eacute;tica, el cine, la m&uacute;sica. Tal era la voluntad de su autor: que esta filosof&iacute;a &laquo;fecundase&raquo; los m&aacute;s diversos campos de conocimiento. Esta fecundidad, una verdadera &laquo;diseminaci&oacute;n&raquo;, constituye la virtualidad m&aacute;s grande de una propuesta filos&oacute;fica que ella misma ha abarcado los m&aacute;s diversos &aacute;mbitos, abri&eacute;ndose al di&aacute;logo con multitud de disciplinas y campos del saber humano: antropolog&iacute;a, &eacute;tica, pol&iacute;tica, religiones, m&uacute;sica, cine, pintura, arquitectura y un largo etc&eacute;tera.&nbsp;</p>
<p>No obstante, una mirada retrospectiva, a contraluz, al propio desarrollo de la aventura filos&oacute;fica de Tr&iacute;as, marcado por un deambular fren&eacute;tico e inquieto, nos permite distinguir una serie de fases. Una primera fase tentativa y rebelde, juvenil, muy dependiente de su &eacute;poca hist&oacute;rica, que se va a ver r&aacute;pidamente sustituida por una fase <em>&eacute;tica</em> que le lleva a concebir la tarea filos&oacute;fica como un asunto de alma propia, de iluminaci&oacute;n y salvaci&oacute;n. En esta segunda fase Tr&iacute;as se aproxima tambi&eacute;n al archipi&eacute;lago de las artes y a las grandes categor&iacute;as est&eacute;ticas (lo bello, lo siniestro, lo sublime), desde la propia experiencia pasional, rememorada y reflexionada. Se cumple as&iacute; en este per&iacute;odo de su obra el aserto wittgensteniano de que &laquo;Ethik und Aesthetik sind Eins&raquo;. La &eacute;tica y la est&eacute;tica son una misma cosa.&nbsp;</p>
<p>A esta segunda fase seguir&iacute;a una &eacute;poca de madurez, la de la reflexi&oacute;n <em>&eacute;tico-pol&iacute;tica</em>, con su preocupaci&oacute;n por la ciudad, su organizaci&oacute;n y ordenamiento, sus virtudes c&iacute;vicas, as&iacute; como por el problema de la intersubjetividad, de la ofensa y el perd&oacute;n. Esta apertura de lo &eacute;tico a lo pol&iacute;tico, m&aacute;s all&aacute; del marco est&eacute;tico, coincidir&aacute; con el descubrimiento y fundaci&oacute;n de la filosof&iacute;a del l&iacute;mite a mediados de los ochenta y comienzos de los noventa. Salir del solipsismo de lo pasional hacia la mediaci&oacute;n social y c&iacute;vica, transitar del romanticismo al clasicismo por hablar en terminolog&iacute;a decimon&oacute;nica, parece haber sido la condici&oacute;n previa para el nacimiento de esta filosof&iacute;a del l&iacute;mite.</p>
<p>Esa fase desembocar&iacute;a, a mediados de los noventa, en la preocupaci&oacute;n por la <em>religi&oacute;n, </em>plenamente imbricada con la pol&iacute;tica. Tr&iacute;as advirti&oacute;, muy tempranamente, que las religiones, lejos de desaparecer, como pretende cierta visi&oacute;n secularizada del nihilismo, ganaban un nuevo protagonismo en la esfera p&uacute;blica y mundial. Tr&iacute;as advierte que las mayores carencias de la modernidad, filos&oacute;fica y pol&iacute;tica, radican en su insuficiente an&aacute;lisis del fen&oacute;meno religioso. Una modernidad verdadera, m&aacute;s ilustrada, exige pensar a fondo las religiones, y la religiosidad humana, para lo cual es preciso reformular nuestro concepto de raz&oacute;n. Dicha raz&oacute;n, m&aacute;s razonable por realista que la moderna, debe ser una raz&oacute;n fronteriza, consciente de sus l&iacute;mites y para la cual el simbolismo, est&eacute;tico y religioso, constituye una de sus dimensiones inextirpables. En la cuesti&oacute;n religiosa, la filosof&iacute;a de Tr&iacute;as fue pionera, en m&aacute;s de una d&eacute;cada, al avanzarse a vaticinar los conflictos pol&iacute;tico-religiosos del nuevo milenio.</p>
<p>Por &uacute;ltimo, y motivado por la enfermedad, podemos percibir una &uacute;ltima fase <em>est&eacute;tico-religiosa</em> en el pensamiento de Tr&iacute;as, en la que se acerca de nuevo a la m&uacute;sica y el cine, antenas simb&oacute;licas de la raz&oacute;n, para vislumbrar en el estilo tard&iacute;o (<em>Sp&auml;tstil</em>) de los grandes creadores de Occidente, los destellos de una gnosis, de un conocimiento salvador, capaz de iluminar la zona de misterio, velada por la realidad inexorable de la muerte.</p>
<p>Estas fases constituyen tan s&oacute;lo el devenir de una pasi&oacute;n &uacute;nica, en la que se muestra la ra&iacute;z rom&aacute;ntica de su filosof&iacute;a: la pasi&oacute;n<em> de</em> Absoluto. Puede resultar parad&oacute;jico, incluso chocante, que una filosof&iacute;a del l&iacute;mite siempre atenta a los intersticios en los que toda totalidad se quiebra, advertida a todas horas sobre la <em>hybris</em> que conduce a lo humano a violar sus propios l&iacute;mites, extralimit&aacute;ndose m&aacute;s all&aacute; de su propia condici&oacute;n, pueda caracterizarse como una pasi&oacute;n <em>de</em> Absoluto. Aunque la antropolog&iacute;a parece ser la ciencia reina de esta aventura filos&oacute;fica, que tiene en el Hombre y la Ciudad su medida, en Tr&iacute;as anida a&uacute;n esa pasi&oacute;n filos&oacute;fica por la metaf&iacute;sica, por un discurso sobre el Ser en el que se fundamente todo lo existente, aunque &eacute;ste sea concebido como un ser-del-l&iacute;mite-que-se-recrea. Esta pasi&oacute;n de Absoluto hace que esta filosof&iacute;a, en sus ansias de profundizaci&oacute;n, vaya siempre a la b&uacute;squeda del fundamento de todo lo existente, a la par que est&eacute; abierta a todas las dimensiones existenciales, sin restricci&oacute;n ni limitaci&oacute;n algunas. Esta pasi&oacute;n de<em> </em>Absoluto en Tr&iacute;as, como en los pensadores jud&iacute;os contempor&aacute;neos (Levinas, Derrida), muta el estatuto de lo que entendemos por <em>&eacute;tica</em>. Como ya ocurriera con Kant y Kierkegaard, la &eacute;tica en Tr&iacute;as es de &iacute;ndole metaf&iacute;sica, &eacute;tico-religiosa, siendo la realizaci&oacute;n del sujeto humano apertura al Otro, a lo radicalmente Otro, al fundamento abismal de la propia condici&oacute;n humana.</p>
<p>En cualquier caso, si algo define la concepci&oacute;n que de la filosof&iacute;a ten&iacute;a Tr&iacute;as, ya desde su juventud, y de una manera radical desde su primer per&iacute;odo de crisis y exilio, no es otra cosa que la indisoluble unidad de vida y pensamiento, que hace que el &uacute;nico tema apropiado para la filosof&iacute;a sea la propia vida, la cual, como en la sabidur&iacute;a antigua, tal como nos record&oacute; el &uacute;ltimo Foucault, exig&iacute;a ser una vida examinada, &eacute;ticamente vivida. Una vida &laquo;esclarecida&raquo; &mdash;&iexcl;m&aacute;s luz!, clamaba el viejo Goethe, cuyo eco recorre tanto el pensamiento de Ortega como la vida de Zambrano, en su velar el Alba&mdash;, llevada al conocimiento de s&iacute;, guiada por una forma de gnosis, de conocimiento salvador y redentor, en la que vida e inteligencia se interpenetren a la luz del Bien. Tr&iacute;as entend&iacute;a la filosof&iacute;a como vida esclarecida e iluminada por un amor sapiente. En esta concepci&oacute;n perenne de la filosof&iacute;a Tr&iacute;as no hizo sino proseguir su propio camino, guiado por las estrellas binarias de sus amados Plat&oacute;n y Nietzsche, siempre en pos de la luz, haciendo suyo el lema <em>per aspera ad astra</em>.</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 31 May 2024 07:05:14 +0000</pubDate>
    </item>
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      <title><![CDATA[Jaume Plensa: “Mi voluntad ha sido siempre la de crear puentes, entre personas, entre culturas, entre épocas”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jaume-plensa-mi-voluntad-ha-sido-siempre-la-de-crear-puentes-entre-personas-entre-culturas-entre-epocas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2024/jaume500.jpg" alt="" /></p>
<p>Es Jaume Plensa (Barcelona, 1955), un autor que habla constantemente de vibraciones, y &eacute;l es una persona que genera buena &ldquo;vibra&rdquo;, como dir&iacute;an en Sudam&eacute;rica. Ha de vibrar el material, como lo ha de hacer la idea que lo atraviesa, y la relaci&oacute;n que genera la obra con el espectador.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Es Plensa un orfebre del idioma aunque no escriba, y lo es creando im&aacute;genes visuales (esta entrevista es buen compendio de un generoso pu&ntilde;ado de ellas) que suele terminar volcando en el dibujo y, sobre todo, la escultura. Es la ubicada en &aacute;mbitos p&uacute;blicos la que le ha terminado dando notoriedad (la &ldquo;Crown Fountain&rdquo; de Chicago, o &ldquo;Julia&rdquo;, en la&nbsp; arisca plaza de Col&oacute;n de Madrid, donde ayuda a poner algo de calma), aunque ese reconocimiento comenzara en los noventa en su experimentaci&oacute;n con los materiales.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hoy, el catal&aacute;n es uno de los creadores espa&ntilde;oles m&aacute;s afamados fuera de nuestras fronteras. Su labor ha sido reconocida con galardones como el Premio Nacional de Artes Pl&aacute;sticas o el Premio Vel&aacute;zquez, tambi&eacute;n con la Medalla al M&eacute;rito de las Bellas Artes (2021) o la Medalla de la Orden de las Artes y las Letras de Francia (1993). En sus idas y venidas, conseguimos citarnos con &eacute;l telef&oacute;nicamente una ma&ntilde;ana de domingo. Le pillamos en el estudio rodeado de silencio, para &eacute;l, tambi&eacute;n materia prima de la labor escult&oacute;rica. Comienza aqu&iacute; la sucesi&oacute;n de recuerdos, de lecciones de vida, que afable comparte con nosotros y que van estructurando los grandes hitos de una biograf&iacute;a necesaria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Ni siquiera en domingo descansa</p>
<p>- Bueno. El estudio es una maravilla en s&aacute;bado y domingo porque no tengo ning&uacute;n ayudante rondando. Aqu&iacute; hay una paz maravillosa. El m&iacute;o est&aacute; en una zona industrial, de forma que tampoco molestan los vecinos. Hay como un silencio especial. Por eso los fines de semana, los festivos o las vacaciones cl&aacute;sicas de agosto, Laura y yo intentamos estar aqu&iacute; porque es el mejor momento para la reflexi&oacute;n.<strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;<br /> </strong>- Se avanza m&aacute;s, supongo, claro.</p>
<p>-No lo s&eacute;. Hay mayor intimidad. Ayer me lo pas&eacute; bomba. Fue un d&iacute;a extraordinario. Es entonces cuando dibujo. El silencio del estudio normalmente es para dibujar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El dibujo posee una inmediatez que te ayuda a crecer&rdquo;<br /> </strong>- Para muchos creadores, el dibujo es una manera tambi&eacute;n de organizar ideas, de pensar en voz baja.</p>
<p>-Yo desde siempre he trabajado mucho, por supuesto la escultura, pero tambi&eacute;n el dibujo y el grabado, porque han sido elementos casi de laboratorio. El grabado, por descontado. Y el dibujo, porque hay una inmediatez entre tu cabeza y tu mano que a veces la escultura no puede tener porque implica procesos industriales, procesos para los que necesitas la ayuda de un equipo. El dibujo posee una inmediatez que, no s&eacute;, es muy satisfactoria porque te ayuda a crecer. <strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-&iquest;C&oacute;mo supo que quer&iacute;a ser artista? &iquest;Hab&iacute;a antecedentes familiares?</p>
<p>- En mi casa no hab&iacute;a antecedentes. Yo nac&iacute; en el barrio de Sants, que es un barrio muy,&nbsp; dir&iacute;amos, castizo para lo que es Barcelona. Muy bonito. Un barrio muy barrio porque la gente ni sal&iacute;a de &eacute;l para hacer nada. Todo pasaba all&iacute;. Un microcosmos. Y la verdad, no s&eacute; por qu&eacute; soy artista a&uacute;n, pero me acuerdo que acompa&ntilde;aba mucho a mi padre a comprar libros de segunda mano al Mercat de Sant Antoni. Y me fascinaban las portadas de esos libros maravillosos: sobre los etruscos, los sumerios, el arte egipcio... Y creo que si soy artista tambi&eacute;n es gracias a la poes&iacute;a, a los poetas, porque ellos tienen la capacidad maravillosa de generar im&aacute;genes a trav&eacute;s de las palabras. Y t&uacute; como lector creas la imagen. Esta sensaci&oacute;n tan extraordinaria de poseer una imagen que solo tienes t&uacute;, a m&iacute; me dio mucha seguridad con mi vida y con mis cosas. Le estoy muy agradecido a los poetas por todo lo que me aportaron.</p>
<p>&nbsp;<br /> - &iquest;Y se lo pusieron f&aacute;cil en casa una vez que dijo &ldquo;me voy a dedicar a esto&rdquo;? Porque si no me equivoco, hay en usted como una especie de vocaci&oacute;n, una inclinaci&oacute;n hacia la medicina truncada.</p>
<p>-A mi padre al principio le cost&oacute; un poquito. Pensaba que era un desastre, pero despu&eacute;s se fueron acostumbrando. Yo perd&iacute; a mi madre muy joven. Entonces mi padre tambi&eacute;n se tuvo que adaptar&nbsp; a la situaci&oacute;n. Con los a&ntilde;os, al ver que yo era feliz con lo que hac&iacute;a, se tranquiliz&oacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El artista tiene un privilegio, que es su mirada conceptual sobre las cosas&rdquo;</strong><br /> - &iquest;Fue el miedo al dolor lo que trunc&oacute; esa vocaci&oacute;n m&eacute;dica? Porque el mundo est&aacute; lleno de dolor, Jaume. &iquest;C&oacute;mo se afronta ese dolor desde el arte?</p>
<p>-El artista tiene un privilegio, que es su mirada conceptual sobre las cosas. Yo tengo muchos amigos m&eacute;dicos, los admiro profundamente, porque ellos est&aacute;n al pie del ca&ntilde;&oacute;n, como aquel que dice verdad. Afrontan el sufrimiento cara a cara y el dolor humano. No s&eacute; c&oacute;mo compararlo. Por ejemplo: un alcalde est&aacute; m&aacute;s cercano a los ciudadanos que un presidente de un pa&iacute;s, por decir algo. Por esta lejan&iacute;a, nosotros tenemos una visi&oacute;n del dolor mucho m&aacute;s conceptual, m&aacute;s global. Cuando ves a Goya, &ldquo;Los desastres de la guerra&rdquo;, obviamente &eacute;l no estaba disparando en una trinchera. Pero s&iacute; que entendi&oacute; mejor que nadie lo que era el dolor de una contienda b&eacute;elica.&nbsp; Y a veces casi m&aacute;s que un fotorreportero.&nbsp; Esta capacidad extraordinaria es solo del artista. Por eso siempre lo considero un privilegio. Y es verdad: el dolor est&aacute; en todas partes, pero esta proximidad o distancia de la que te hablo, creo que es definitiva. Suerte que me di cuenta de esto, porque, de no ser as&iacute;, estar&iacute;as hablando ahora con un m&eacute;dico...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Siempre he reivindicado el silencio como una necesidad absoluta para poder pensar de verdad con nuestras propias ideas&rdquo;</strong></p>
<p>- Sus esculturas monumentales recientes, figurativas, piden silencio...</p>
<p>- S&iacute;. Yo creo que desde siempre he reivindicado el silencio como una necesidad absoluta para poder pensar de verdad con nuestras propias ideas, con nuestras propias vibraciones. Lo he repetido infinidad de veces. Lo que pasa es que en estas &uacute;ltimas piezas, que son m&aacute;s figurativas, decid&iacute; hacer algo muy literal, ese dedo que se posa sobre los labios. De una forma muy suave, pero pidiendo silencio. Pero no es un silencio impositivo, es un silencio de &ldquo;hablen un poquito m&aacute;s bajo, por favor. Calmaos un poco&rdquo;. Porque creo que estamos viviendo, no s&eacute; por qu&eacute; raz&oacute;n, un momento en el que las ideas y los mensajes generan mucha crispaci&oacute;n. Se ha polarizado mucho todo. Incluso en la cultura. Parece que nos dividimos en buenos y malos. Siempre se est&aacute; contra alguien. Y te juro que yo no estoy contra nadie. Ni creo que mis ideas sean mejores que las de otros. Simplemente son las m&iacute;as.&nbsp; A veces parece que no cuadren. Por eso pido calma. Si est&aacute;is en silencio, entender&eacute;is mejor vuestros pensamientos. Y pasar&eacute;is al espectador este mensaje para que &eacute;l trate de escuchar los suyos, porque son tan importantes como los nuestros. Esta voluntad de silencio lo es de que la obra de arte, de alguna forma, sea como un espejo en donde se refleje cada espectador.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Desde luego hay una gran diferencia entre esos proyectos &uacute;ltimos a los que se refiere y los iniciales, cuando trabajaba con el hierro fundido. &iquest;Qu&eacute; se mantiene y que ha cambiado?</p>
<p>- Se mantiene desde el minuto cero en mi trabajo intentar que sea reconocible como obra. Que lo aportado no necesite contexto.&nbsp; Estar&aacute;s de acuerdo conmigo en que muchas veces cuando exponemos en una galer&iacute;a, en un museo, eso nos da el contexto que nos permite hacer cosas que en otro sitio no ser&iacute;an comprensibles. Yo siempre he pretendido que la obra sea como una c&aacute;psula que se entienda por s&iacute; sola. Como cuando tienes un libro entre las&nbsp; manos. Despu&eacute;s, si lo abres y lo lees, sabr&aacute;s si te gusta o no. Pero de nada lo has reconocido. Creo que el arte tendr&iacute;a que volver a ser reconocible inmediatamente. Despu&eacute;s, para m&iacute; siempre fue b&aacute;sico acercar al espectador el arte, o mi obra, de una forma emocional. He pasado un tr&aacute;nsito donde siempre ha habido cierta figuraci&oacute;n, a veces de una forma menos evidente, porque incluso lo que hab&iacute;a era ausencia de la figura. Por ejemplo, en la &eacute;poca de las &ldquo;Puertas&rdquo;; el pomo de una puerta te da la medida exacta de una mano. O la misma puerta, la medida de tu cuerpo para pasar.&nbsp; Pero no estaban presentes ni el cuerpo, ni la mano.&nbsp; Siempre he sido un artista con una voluntad figurativa en su obra. Representar el cuerpo. Reivindicar la forma humana como complemento en el arte, en el espacio p&uacute;blico o en la Naturaleza es imprescindible. <strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- Llegar&iacute;an luego otros materiales, quiz&aacute;s menos relacionados con la escultura como la luz. Alguna vez ha dicho que no importaba tanto el material como la vibraci&oacute;n de la materia. &iquest;A d&oacute;nde conduce esa vibraci&oacute;n?</p>
<p>- Bueno, estar&aacute;s de acuerdo en que la materia es imprescindible. Como lo es la relaci&oacute;n entre el cuerpo y el alma: sin el cuerpo, es muy dif&iacute;cil hablar de alma. Sin el material es muy dif&iacute;cil hablar de este contenedor que es la escultura, en el cual intentas guardar mensajes, que son estas vibraciones de las que yo te hablo, estas ideas. Me di a conocer internacionalmente con el hierro fundido. Y un d&iacute;a, fij&aacute;ndome en la fundici&oacute;n en ese hierro de color rojo, pens&eacute;: &ldquo;Esto es luz&rdquo;. Entonces, &iquest;qu&eacute; es lo que cambia de la luz o del hierro? Simplemente tu actitud con &eacute;l. Esto me abri&oacute; un mundo nuevo, y estuve investigando y probando con la luz, con el sonido, y a&uacute;n sigo, con los c&iacute;mbalos y las gotas de agua, con los gongs...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El arte tiene una capacidad enorme de regeneraci&oacute;n y de futuro&rdquo;</strong></p>
<p>-&iquest;Y cu&aacute;l es la conclusi&oacute;n?</p>
<p>Vuelvo a la pregunta que me has hecho antes, vuelvo al silencio. No hay un material que vaya en una &uacute;nica direcci&oacute;n, no hay un material bueno, ni malo. Es tu actitud con ellos la que cuenta. La gente cree que he experimentado muchos materiales, lo que es probable, pero es que cada material nac&iacute;a con una idea. No puedes utilizar el mismo si la idea no es exactamente parecida. Entonces, creo que he tenido un registro muy amplio, pero al final siempre he estado hablando de las mismas cosas, sobre lo que t&uacute; me preguntabas antes tambi&eacute;n: La voluntad de crear puentes entre las personas, entre las culturas, entre el pasado y el futuro. Esta idea de que el arte tiene una capacidad enorme de regeneraci&oacute;n y de futuro. No importa qu&eacute; material utilices, sino la vibraci&oacute;n que hay detr&aacute;s.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Tiene otra an&eacute;cdota muy bonita que ha contado tambi&eacute;n alguna vez,&nbsp; que es c&oacute;mo se quedaba dormido en la caja del piano que tocaba su padre.&nbsp; Y ah&iacute;, claro, no s&eacute; si esa obsesi&oacute;n por la vibraci&oacute;n ya est&aacute; presente desde el propio Jaume ni&ntilde;o, en el que experimenta la vibraci&oacute;n en todo su cuerpo.</p>
<p>- Es probable. Lo que pasa es que no me di cuenta hasta adulto de que, en el fondo, me fascinaba estar dentro del piano.&nbsp; Y sobre todo que mi padre, al no reparar en ello, tocase ese instrumento. Estos recuerdos son recuerdos muy poderosos, pero que se han ido configurando, los he ido entendiendo con los a&ntilde;os. Y cuestiones que tal vez eran misteriosas, se han ido volviendo luminosas y muy claras. Pero siempre parece que hay algo que no est&aacute; resuelto.&nbsp; Y entonces hay como cierta obsesi&oacute;n por volverlo a intentar.&nbsp; Parece como el mito de S&iacute;sifo, que cuando parece que rozas algo con los dedos, &iexcl;pum!, se te vuelve a derrumbar. Y creo que esto es maravilloso en nuestro trabajo. Aunque es complejo gestionarlo. Tambi&eacute;n con la edad lo entiendes mejor,&nbsp; ya no te lo tomas todo tan a pecho como cuando eres joven, que pasabas d&iacute;as que cre&iacute;as que estabas acabado,&nbsp; otros que eras un genio, otros que volv&iacute;as... Los altibajos eran brutales. Ahora creo que disfruto tambi&eacute;n esta duda permanente, esta especie de falta de confort en mi propio trabajo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- S&iacute; que hay dos influencias clar&iacute;simas en su labor. Ha hablado de la m&uacute;sica, pero est&aacute; asimismo la literatura. Eso nos lleva&nbsp; a Blake, a Shakespeare, a Canetti...&nbsp; Pero me gustar&iacute;a centrarme m&aacute;s en las personas que le han influido. Gente de carne y hueso cercana con la que ha convivido.</p>
<p>- Creo que siempre que pienso en ello, acabo acord&aacute;ndome de un t&iacute;o de mi padre, cuya hermano era violinista y que hac&iacute;a jaulas para p&aacute;jaros. Era un hombre muy rom&aacute;ntico que se llamaba Josep Frank. Era de descendencia jud&iacute;a, del centro de Europa. No sabemos muy bien por qu&eacute; vino a parar aqu&iacute;.&nbsp; Se cas&oacute; con una prima de mi padre. Y este se&ntilde;or, cuando yo era ni&ntilde;o, me adopt&oacute; un poquito. Me hac&iacute;a discursos y me dio mucha seguridad.&nbsp; Conservo con gran amor un retrato que le hice a l&aacute;piz siendo yo ni&ntilde;o. Este hombre fue clave en mi vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El alma de una sociedad es el poeta, el escritor, esta persona que est&aacute; pensando mientras todos los dem&aacute;s duermen&rdquo;</strong></p>
<p>- Vuelvo entonces ahora a la literatura... Ese puente que establece entre el arte y los libros. &iquest;C&oacute;mo se produce?</p>
<p>- Creo que lo que me suced&iacute;a con esos autores que mencionaste antes, Canetti, Shakespeare, y me sigue sucediendo todav&iacute;a, es que con ellos confirmo mis intuiciones. Era como si de pronto alguien hubiera dicho muy bien algo que t&uacute; ten&iacute;as ah&iacute; pero no te acababa de salir.&nbsp; Aquello que decimos &ldquo;lo tengo en la punta de la lengua&rdquo;.&nbsp; Y de pronto Blake dec&iacute;a algo que t&uacute; ya percib&iacute;as. Me acuerdo cuando le&iacute; por primera vez a Ernesto S&aacute;bato.&nbsp; Pas&eacute; semanas que no sab&iacute;a qu&eacute; pasaba en la vida. Me peg&oacute; un revolc&oacute;n&nbsp; tremendo. Bueno, tantos y tantos otros autores. Encontr&eacute; en la literatura, o en escritores muy espec&iacute;ficos que rozan la poes&iacute;a permanentemente en cada l&iacute;nea,&nbsp; esta confirmaci&oacute;n de mis im&aacute;genes, de que t&uacute; no eres el due&ntilde;o de estas im&aacute;genes. Muchas veces he dicho que el alma de una sociedad es el poeta, el escritor, esta persona que est&aacute; pensando mientras todos los dem&aacute;s duermen. &Eacute;l sigue en reflexi&oacute;n, en esta larga noche de su pueblo que tomo de un poema de Vicente Andr&eacute;s Estell&eacute;s, un poeta valenciano extraordinario, que escrib&iacute;a en valenciano, una maravilla. &iexcl;Yo qu&eacute; s&eacute;!: Goethe, <em>Fausto;</em>&nbsp; <em>Las flores del mal</em>, de Baudelaire; <em>Los proverbios del infierno</em>, de Blake... La lista es infinita. Shakespeare, que es <em>Macbeth</em>... Y tantos y tantos... Yo los comparo con las patas de mi mesa, donde he ido construyendo toda una especie de estructura personal gracias a estos compa&ntilde;eros de viaje. A veces pienso si habr&iacute;a sido estupendo conocerlos personalmente, pero creo que la maravilla de un artista o de un creador es su obra; su obra, en el fondo, es el documento. Un d&iacute;a desaparecemos, y ya est&aacute;, pero es muy bonito que hayas podido dejar esta c&aacute;psula en el tiempo y que otra persona la pueda coger, abrir y seguir, como en esas carreras que te pasan un relevo. A m&iacute; estos autores me han ayudado much&iacute;simo.</p>
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<p>- De <em>Macbeth</em> ha dicho en el documental &ldquo;&iquest;Puedes o&iacute;rme?&rdquo;, de Pedro Caballero (2020), que es &ldquo;escultura en estado puro&rdquo;. &iexcl;Usted no deja de crear im&aacute;genes mentales!</p>
<p>- &iexcl;Claro! Es que, imag&iacute;nate t&uacute;, cuando &eacute;l se da cuenta de que no ha matado al rey, sino que ha asesinado la posibilidad de dormir, cuando se lo cuenta a su esposa. Es exactamente lo que pasa cuando est&aacute;s trabajando en escultura: que a trav&eacute;s de la materia est&aacute;s hablando de abstracci&oacute;n, a trav&eacute;s de lo concreto est&aacute;s hablando de lo invisible. Creo que es la mejor definici&oacute;n que se ha hecho jam&aacute;s de escultura. Y &ldquo;Macbeth&rdquo; es casi cinematogr&aacute;fico, es trepidante, cuando el bosque de B&iacute;rnam se mueve, empiezas a preocuparte; pero ellos se ponen ramas en la cabeza y se mueve el bosque. Eso es escultura todo el tiempo, &iexcl;en estado puro!&nbsp; Shakespeare deb&iacute;a ser un genio porque, te hablo de &ldquo;Macbeth&rdquo;, pero hay otras piezas extraordinarias...</p>
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<p><strong>&ldquo;Dedicarse al arte es un destino&rdquo;</strong></p>
<p>- Ha mencionado que ''mientras la sociedad duerme el poeta, el artista sigue trabajando&rdquo;. Hay una cosa que les caracteriza a los creadores y es que no pueden dejar de crear.&nbsp; Yo no s&eacute; si dedicarse al arte o a la poes&iacute;a, en el fondo, es una maldici&oacute;n.</p>
<p>- Yo creo que es un destino. Cuando me han preguntado por qu&eacute; me hice artista, muchas veces respondo que era inevitable.&nbsp; Estoy de acuerdo contigo. A veces no es confortable, a veces es inc&oacute;modo, porque te das cuenta de que era inevitable cuando has formado una vida que no era esta&nbsp; o est&aacute;s en un lugar que no era el adecuado. Has de transformar y corregir cosas a tu pesar, porque tambi&eacute;n las quer&iacute;as y tambi&eacute;n eran pr&oacute;ximas y cercanas, pero hay algo que te obliga de alguna manera a seguir.&nbsp; Y s&iacute;, la creaci&oacute;n a veces tiene este punto tan fuerte.&nbsp;</p>
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<p><strong>&ldquo;El alfabeto ser&iacute;a como la partitura de nuestra voz&rdquo;</strong></p>
<p>- Ha llega a usar el texto, el alfabeto como material. &iquest;Qu&eacute; le caracteriza en esa dimensi&oacute;n?</p>
<p>- El alfabeto es una locura, &iexcl;es de una belleza! Porque ser&iacute;a como la partitura de nuestra voz. Cuando un m&uacute;sico escribe algo que quiere que otro interprete, lo documenta en una partitura. Nosotros eso mismo lo escribimos en un papel o en el ordenador, con letras, y otro puede interpretarlo. Pero cuando hable y lo lea, estar&aacute; sonando la m&uacute;sica de su voz.&nbsp; El texto es la m&uacute;sica de nuestra voz.&nbsp; Es una carga de memoria brutal. Una letra con otra letra, con otra letra... Van formando palabras, textos, mensajes, cultura. De lo m&aacute;s peque&ntilde;o a lo m&aacute;s general. Es la idea de la piedra fundacional a cuyo alrededor se hizo el templo, la ciudad, el pa&iacute;s, el continente, el mundo, el universo.</p>
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<p>- &iquest;Escribe Jaume Plensa?</p>
<p>- Lo intento, porque esto es algo muy serio. Pero s&iacute; que hay veces que lo que intento decir no me es posible con una imagen, pero s&iacute; con un peque&ntilde;o texto.&nbsp; Cada vez escribo m&aacute;s cosas m&aacute;s. Cosas cortas. No son haikus, pero casi.&nbsp; Hay una frase de Oscar Wilde que me tiene fascinado. &Eacute;l dec&iacute;a que cuanto m&aacute;s viejo se hac&iacute;a, menos escrib&iacute;a. Se hab&iacute;a dado cuenta de que no ten&iacute;a ning&uacute;n inter&eacute;s en describir la vida, sino en vivirla.&nbsp; Es verdad que cuando nos hacemos mayores parece que nos vayamos concentrando en eso mucho m&aacute;s.</p>
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<p><strong>&ldquo;Siempre me interes&oacute; enormemente el espacio p&uacute;blico y la relaci&oacute;n del arte con la sociedad&rdquo;</strong></p>
<p>- Y luego est&aacute; la estatuaria p&uacute;blica. &iquest;Qu&eacute; supone ese salto de escala y esa ocupaci&oacute;n del espacio p&uacute;blico?</p>
<p>- Desde que empec&eacute;, siempre me interes&oacute; enormemente el espacio p&uacute;blico y la relaci&oacute;n del arte con la sociedad. Era la forma m&aacute;s democr&aacute;tica de intercambiar experiencias, mis sue&ntilde;os personales con los de una comunidad, con las ambiciones de un colectivo.&nbsp; Desde el minuto cero ya trabaj&eacute; en ello. Y es verdad que ha funcionado muy bien. He tenido experiencias en todo el mundo. Sigo teniendo muchos encargos. Me gusta mucho trabajar no solo en galer&iacute;as y museos, sino en el espacio p&uacute;blico. A pesar de que yo entiendo que un museo tambi&eacute;n es un espacio p&uacute;blico. Pero la forma de encararlo es distinta porque el museo quiere o te pide determinadas obras; en cambio, de pronto, un grupo, una comunidad, se encuentra al d&iacute;a siguiente que han puesto algo en su contexto que no hab&iacute;an pedido. Es llenar un espacio que crees que no estaba completo. &iquest;Y para qu&eacute;? Para que se vea todo lo dem&aacute;s, lo que tiene alrededor, mejor y m&aacute;s bello. Eso es obsesi&oacute;n en mi trabajo. Lo que aporte -volvemos a la vibraci&oacute;n- debe equilibrar lo que estaba como un poco descompensado. Creo, por ejemplo, que ha sido una experiencia en este pa&iacute;s extraordinaria lo que ha sucedido en la Plaza Col&oacute;n de Madrid.</p>
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<p><strong>&ldquo;La <em>Crown Fountain</em> fue todo un compendio de buenas vibraciones que llevaron a hacerla&rdquo;</strong></p>
<p>- Hablaremos luego de ella, pero antes le quer&iacute;a preguntar por <em>Crown Fountain</em>, en Chicago, no s&eacute; si, para usted, un hito en su carrera.</p>
<p>- Fue un hito porque no solo es fant&aacute;stica, sino porque se pudo realizar.&nbsp; A veces tenemos el caj&oacute;n lleno de ideas estupendas que no han sido posibles por mil razones. Pero la &ldquo;Crown Fountain&rdquo; fue todo un compendio de buenas vibraciones que llevaron a hacerla. La empec&eacute; en el a&ntilde;o 2000 y se inaugur&oacute; en&nbsp; 2004, es decir,&nbsp; se cumplen 20 a&ntilde;os de esta pieza. Es curioso que siga siendo tan importante, muy radical como concepto de espacio p&uacute;blico y, sobre todo, una gu&iacute;a y una inspiraci&oacute;n para muchos urbanistas en su concepto de plaza. La plaza vac&iacute;a, que es un concepto de pa&iacute;ses como el nuestro, mediterr&aacute;neo. La plaza &aacute;gora siempre estuvo un poquito vac&iacute;a, precisamente porque vendr&aacute; gente a llenarla. No la llenes t&uacute; de objetos. Por eso Chicago fue la reivindicaci&oacute;n de la g&aacute;rgola como idea para el espacio p&uacute;blico porque nos aporta asimismo el agua como elemento, algo tan fundamental en nuestras vidas. Sigue siendo una pieza muy importante en mi vida.</p>
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<p><strong>&ldquo;Siempre que puedo instalo obras en el agua, o cerca, o en el l&iacute;mite del agua. O hago un espacio con agua&rdquo;</strong></p>
<p>- Ha definido alguna vez el agua como el gran espacio p&uacute;blico. <em>Crown Fountain</em> es una l&aacute;mina de agua transitable...</p>
<p>- Tambi&eacute;n me habr&aacute;s o&iacute;do decir que yo no s&eacute; nadar, no floto.&nbsp; Solo he podido flotar en el Mar Muerto y he sido feliz all&iacute;.&nbsp; Pero mi obsesi&oacute;n era poder andar sobre el agua, volver a sentir la humedad, a ser part&iacute;cipe con el agua. Porque todo lo relacionado con ella lo ves de lejos. En el fondo, no notas nada. Y ese fue, yo creo, uno de los &eacute;xitos de esta pieza. Siempre que puedo instalo obras en el agua, o cerca, o en el l&iacute;mite del agua. O hago un espacio con agua. F&iacute;jate la casualidad all&iacute;, en la Plaza Col&oacute;n, el lugar donde me pidieron la pieza&nbsp; era&nbsp; sobre un teatro, el Fernando Fern&aacute;n G&oacute;mez, donde hab&iacute;a en el pasado toda aquella cascada. &iquest;Te acuerdas? Y pens&eacute; &ldquo;mira, qu&eacute; suerte tengo, porque siempre hay agua cerca&rdquo;. Era lo &uacute;nico que a m&iacute; me gustaba de toda la Plaza de Col&oacute;n.</p>
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<p>- Esa obra fue un encargo. &iquest;Se lleva bien con ellos, no limitan la imaginaci&oacute;n?</p>
<p>- Si todos los encargos son como este, yo firmo. El encargo fue que hiciera un proyecto con agua. No se limitaba m&aacute;s. Y se lo pidieron a tres artistas. El m&iacute;o gan&oacute; el concurso de ideas. Chicago ya contaba con una fuente muy famosa pero muy tradicional. Y ellos quer&iacute;an, en el nuevo Millennium Park,&nbsp; darle una vuelta a la idea. Creo que lo logr&eacute; con este proyecto. Es una fuente,&nbsp; porque me gusta el agua con locura, pero pod&iacute;a ser muchas cosas. Recuerdo que cuando me encontr&eacute; con los Crown, la familia que esponsorizaba el proyecto,&nbsp; yo estaba instalando la exposici&oacute;n en el Palacio de Vel&aacute;zquez de Madrid,&nbsp; en el a&ntilde;o 2000, que fue una exposici&oacute;n muy importante tambi&eacute;n y que cambi&oacute; muchas cosas en mi forma de ser. Y me acuerdo que en la reuni&oacute;n hab&iacute;a dos 'advisors' que dijeron que hab&iacute;an visto mi exposici&oacute;n en el Jeu de Paume de Par&iacute;s, y que les hab&iacute;a impresionado tanto que yo era el artista adecuado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Cabe preguntarse si sus resultados son tan figurativos como parece. Cuando est&aacute; trabajando con los alfabetos, por ejemplo, reconocemos las formas, pero hay m&aacute;s de abstracci&oacute;n de lo que pueda parecer.</p>
<p>- La idea de esos cuerpos que hago con alfabetos la tuve en Tel -Aviv, donde decid&iacute; hacer un cuerpo con textos. Porque pronto me di cuenta de que la vida nos va tatuando. Y que es invisible este tatuaje que nos genera. As&iacute; llam&eacute; &ldquo;Hombre de Tel-Aviv&rdquo; a la primera obra de esas caracter&iacute;sticas que hice.&nbsp; Y es verdad que, a pesar de sus formas humanas, son piezas m&aacute;s abstractas. Por ejemplo, casi nunca les pongo cara. Y el pecho queda abierto para que sean penetrables. Esto me interesa mucho: el cuerpo como una c&uacute;pula en donde puedes entrar y sentirte protegido. Ver el mundo a trav&eacute;s del texto.&nbsp; Hay un componente muy arquitect&oacute;nico en estas piezas que tal vez las hace m&aacute;s abstractas, como t&uacute; dices.</p>
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<p>- Mencion&aacute;bamos antes su capacidad para generar constantemente im&aacute;genes. Hay una frase suya que me encanta,&nbsp; se refiere a la escultura que es figurativa. En esos casos, la escultura tiene espalda. Y es una cosa que le ha obsesionado: intentar descubrir la espalda de las esculturas.&nbsp; &iquest;Has intentado tambi&eacute;n verle la espalda a los textos?&nbsp; &iquest;Fue como nace, por ejemplo, <em>El libro de vidrio</em>?</p>
<p>- <em>El libro de vidrio</em>, y tambi&eacute;n las cortinas de textos. Lo hab&iacute;a dicho muchas veces antes: a veces me parec&iacute;a al leer un texto que las letras estaban delante&nbsp; de un pared&oacute;n a punto de ser fusiladas.&nbsp; Yo quise liberarlas de esta presi&oacute;n&nbsp; que es la pared blanca, el papel. Y &ldquo;El libro de vidrio&rdquo; lo hice con un poeta,&nbsp; Toni Tapi&egrave;s i Barba. &Eacute;l hizo un poema que yo descompuse en todas las p&aacute;ginas del libro. Y cuando lo cerrabas ten&iacute;as a la vista toda la composici&oacute;n entera. Creo que es muy potente.&nbsp; Si pon&iacute;as la mano detr&aacute;s, la ve&iacute;as. Fue un libro muy importante conceptualmente en aquel momento. Hice s&oacute;lo quince ejemplares. Supongo que algunos se habr&aacute;n roto en el camino. Y, despu&eacute;s, la herencia de este libro han sido las cortinas de poes&iacute;a&nbsp; que he seguido haciendo con los a&ntilde;os.</p>
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<p><strong>&ldquo;La cabeza es el resumen de todo el cuerpo&rdquo;</strong></p>
<p>- Sin embargo, usted se ha centrado en otra paradoja: el rostro; aquella parte del cuerpo, tan importante, que somos incapaces de vernos, y que entregamos a los dem&aacute;s.</p>
<p>- La cabeza es el resumen de todo el cuerpo. Cuando dos ideas se encuentran, ya est&aacute;: es demasiado tarde para arreglarlo.&nbsp; Entonces todo el cuerpo, en el fondo, verifica las experiencias o las intuiciones que est&aacute;s teniendo en tu cabeza en torno a esas dos ideas. La cabeza es tan potente que por eso todas las culturas hist&oacute;ricamente, en un momento u otro, las han hecho: cabezas de Budas, las cabezas olmecas, las de Pascua... Incluso las caras que ves en el planeta Marte. Todo rostro es un poquito como el silencio. Es una ambici&oacute;n que no logramos nunca abarcar. Porque nunca lo que vemos es de verdad; porque lo hacemos a trav&eacute;s de un espejo y siempre invertido. Hay deseos que jam&aacute;s se llegan a cumplir, como el silencio absoluto, como traducir un rostro. Yo a la cabeza la tengo una fascinaci&oacute;n, y al rostro m&aacute;s que a la cara. F&iacute;jate en una tradici&oacute;n religiosa, en el cristianismo, aquella S&aacute;bana Santa que guard&oacute; la impronta de uno. &iexcl;Qu&eacute; fuerte!, &iquest;no?&nbsp; Es fascinante. Creo que siempre, en un momento u otro de la Historia, tenemos esta necesidad de volver al punto de salida. No podemos siempre vivir en la abstracci&oacute;n. La abstracci&oacute;n es muy interesante, pero tiene un punto intelectual muy fuerte que necesita de lo f&iacute;sico en alg&uacute;n momento. Si no, se deshace. Todos los grandes pintores abstractos, en alg&uacute;n momento, acaban haciendo referencias figurativas. &iquest;Por qu&eacute;? Porque no puedes vivir en la flotaci&oacute;n.&nbsp; Somos humanos.&nbsp;</p>
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<p><strong>&ldquo;Una persona acaba siendo un lugar que siempre te acoge, al que siempre puedes volver&rdquo;</strong></p>
<p>- Su imagen m&aacute;s poderosa es la que dice que cada rostro es un lugar y que su lugar favorito es su pareja, Laura. Eso s&iacute; que dejar&aacute; a todo el mundo en silencio.&nbsp;</p>
<p>- Esto ocurri&oacute; un d&iacute;a, no me acuerdo si era en Jap&oacute;n, que me preguntaron d&oacute;nde me gustar&iacute;a vivir. Yo contest&eacute;: &ldquo;Donde viva Laura&rdquo;. &iquest;Por qu&eacute;? Porque Laura es el lugar. Para mucha gente que tenga pareja o que quiera a alguien y se sienta a gusto cerca entender&aacute; perfectamente lo que quiero decir. Una persona acaba siendo un lugar que siempre te acoge, al que siempre puedes volver. Es un punto de salida y de encuentro. La mano de Laura es un destino. En el fondo, somos n&oacute;madas hasta que encontramos el amor. El amor de verdad es el que te da alas. Te hace m&aacute;s n&oacute;mada, m&aacute;s salvaje, m&aacute;s aventurero porque aporta seguridad. Sabes que tienes un refugio de vuelta. No creo en el amor que te encierra o te reduce.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La belleza es muy fugaz, es como un tr&aacute;nsito&rdquo;</strong></p>
<p>- Tampoco es casualidad que todos sus rostros sean femeninos.</p>
<p>- Esto fue una decisi&oacute;n. Cuando acab&eacute; la <em>Crown Fountain</em>, para la que se filmaron en v&iacute;deo alrededor de mil rostros de gente que habitaba la ciudad, yo quer&iacute;a hacer un mosaico lo m&aacute;s amplio posible: Ni&ntilde;os, ancianos, hombres, mujeres, razas... Lo m&aacute;ximo que representase perfectamente la ciudad de Chicago. Me di cuenta de que me encantaba el retrato. &iexcl;Qu&eacute; agradable era estar cerca de alguien y pedirle que cierre los ojos, los abra, que ponga la boca como si fuera a apagar una vela!... El resultado es una g&aacute;rgola. Cuando termin&eacute; decid&iacute; seguir en el retrato, pero solo de mujeres. Mujeres j&oacute;venes que est&aacute;n en este momento en que no son ya ni&ntilde;as. La belleza es muy fugaz, es como un tr&aacute;nsito. Reivindicaba lo femenino como gran arma de futuro. Una mujer, lo femenino, conserva la memoria y la tradici&oacute;n en una familia, en una sociedad. Pero tiene la carga extraordinaria de crear futuro. Nosotros los hombres, que somos muy interesantes, somos un accidente en este proceso.&nbsp; Decid&iacute; pues solo hacer estas ni&ntilde;as. Siempre con los ojos cerrados, intentando hablar de este mundo interior que mantenemos oculto, que no nos acabamos nunca de mostrar por pudor, por cultura, por mil razones. De pronto, aquella mujer, aquella ni&ntilde;a, ya no es una persona concreta, sino puede ser la tuya, la suya... Esto pas&oacute; con la &ldquo;Crown Fountain&rdquo;, que de pronto te muestra el rostro de un anciano&nbsp; que pod&iacute;a ser tu padre o tu t&iacute;o, de un ni&ntilde;o que pod&iacute;a ser tu hijo, o de una mujer que pod&iacute;a ser tu esposa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;<em>Julia</em> expresa la fuerza que tiene el arte de regenerar&nbsp; y de introducir conceptos que todo el mundo puede compartir&rdquo;</strong></p>
<p>- Por cierto, &iquest;qu&eacute; le evoca a usted Julia en la Plaza de Col&oacute;n?</p>
<p>-Yo creo que ha sido de las cosas m&aacute;s fant&aacute;sticas que me han ocurrido en mi vida. La forma en que la gente de Madrid, los madrile&ntilde;os, han abrazado a &ldquo;Julia&rdquo; y la han hecho suya. El otro d&iacute;a mi hijo, que vive en Estados Unidos, me mand&oacute; una imagen de un p&oacute;ster de Madrid que han hecho en Inglaterra.&nbsp; La imagen es &ldquo;Julia&rdquo;. Esto me emociona mucho. Ya sali&oacute; en una revista que ten&eacute;is en Madrid&nbsp; una conversaci&oacute;n el D&iacute;a de la Mujer, el 8 de marzo, entre la Cibeles y &ldquo;Julia&rdquo;. Ella bajaba del carro y hablaba con la escultura. Esto es genial porque expresa la fuerza que tiene el arte de regenerar&nbsp; y de introducir conceptos que todo el mundo puede compartir. La plaza de Col&oacute;n, como tantas en el mundo,&nbsp; es muy dura, muy hostil. Creo que &ldquo;Julia&rdquo; le ha dado ternura, un punto de referencia. La ha vuelto humana, por la escala, por mil razones m&aacute;s. Espero que se quede.&nbsp; La pieza, como sabes, no es m&iacute;a. Es de la Fundaci&oacute;n Mar&iacute;a Cristina Massaveu-Peterson. Han sido de una elegancia extraordinaria porque la cuidan, la restauran, la limpian. La poluci&oacute;n en Madrid es alt&iacute;sima,&nbsp; m&aacute;s en el centro, en la plaza de Col&oacute;n. La pieza, al ser tan blanca, tan pura, de vez en cuando se ha de limpiar. Y cada a&ntilde;o ellos la ceden de nuevo al Ayuntamiento. Espero que siga esta cesi&oacute;n, porque creo que la pieza queda fant&aacute;stica en ese emplazamiento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Y considera que una gran esfera de alfabetos es su autorretrato. &iquest;Se ha enfrentado alguna vez a su propia imagen?</p>
<p>- Bueno, yo creo que est&aacute; bien as&iacute;. Mi autorretrato es esta esfera que mencionas y que contiene un personaje dentro. Tanto la esfera como el personaje est&aacute;n hechos de alfabetos.&nbsp; En el fondo, supongo que es lo que acabar&eacute; siendo,&nbsp; difumin&aacute;ndome en esto.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Siempre me propuse que mi obra mandara un mensaje positivo al mundo, un mensaje de esperanza&rdquo;</strong></p>
<p>- La frase es suya: &ldquo;Se ha pensado siempre que el intelectual, que el artista ha de estar m&aacute;s por la tristeza que por la alegr&iacute;a. M&aacute;s por la fealdad que por la belleza&rdquo;. De hecho, reivindica la belleza. &iquest;Por qu&eacute;?</p>
<p>- Porque desde siempre tambi&eacute;n me propuse que mi obra mandara un mensaje positivo al mundo, un mensaje de esperanza. Ya s&eacute; que el mundo es un desastre. El ser humano es muy imperfecto,&nbsp; pero tambi&eacute;n te tengo que decir que a veces con nuestra imperfecci&oacute;n tenemos la capacidad de iluminar la vida. Esto es un mensaje que puede ser muy &uacute;til no solo para el m&aacute;s rico sino tambi&eacute;n para el m&aacute;s pobre. Me acuerdo una vez que, con M&eacute;dicos del Mundo, me toc&oacute; inaugurar una exposici&oacute;n para ayudar en la guerra de los Balcanes. Yo nunca hab&iacute;a estado en un pa&iacute;s en guerra y eso me impresion&oacute; profundamente, porque aquella gente lo que necesitaba era una flor en la mesa, un abrazo,&nbsp; amor de verdad. No precisaban de una escena m&aacute;s de guerra tambi&eacute;n en mi exposici&oacute;n. Ellos ya sab&iacute;an qu&eacute; era la guerra y a&uacute;n mejor que yo. Y a veces esto me ha puesto en duda, y por eso de verdad yo intento mandar belleza. La belleza siempre ha sido en toda la Historia un arma revolucionaria. Porque la belleza no tiene ning&uacute;n compromiso con nada. Y la puedes entender t&uacute;, yo y el otro. Cada uno la hacemos nuestra de una manera diversa y esa es su fuerza arrolladora. Me molesta que a veces que se ha utilizado la palabra como algo cursi o de color rosa, y la belleza no tiene nada que ver con eso. Es un arma cargada de futuro, que dir&iacute;a el poeta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El arte ha de ser tan in&uacute;til que todos nos sintamos capaces de apropiarnos de &eacute;l. Esto es su fuerza&rdquo;</strong></p>
<p>- Cuando fue investido doctor honoris causa por la Universidad Aut&oacute;noma de Barcelona reivindic&oacute; la inutilidad, y sin embargo, necesidad del arte. Esto tiene que explic&aacute;rnoslo.</p>
<p>- &iexcl;Qu&eacute; gran contradicci&oacute;n o paradoja!, &iquest;no?&nbsp; Pero, &iexcl;qu&eacute; verdad! Es decir, cuando t&uacute; le quieres sacar rendimiento a la creaci&oacute;n est&aacute;s perdido. Esto es: el arte ha de ser tan in&uacute;til que todos nos sintamos capaces de apropiarnos de &eacute;l. Esto es su fuerza.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &ldquo;En mi vida todo empieza a ser retrospectiva&rdquo;. Tambi&eacute;n cree que la mejor obra es la que est&aacute; por llegar. Eso significa que queda mucho por hacer, &iquest;no?</p>
<p>- Pues s&iacute;. Si no, no ir&iacute;a hoy al estudio porque me faltan horas. Es otro de los privilegios de nuestro oficio, esta posibilidad de reflexi&oacute;n y de trabajar con tus fantasmas. Y la edad tambi&eacute;n acaba siendo un fantasma porque cada vez acumulas m&aacute;s informaci&oacute;n y memoria, y has de saber liberarte de ella para seguir siendo fresco. Esto es muy apasionante.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El arte es la vida&rdquo;</strong></p>
<p>- Termino parafraseando torpemente a Shakespeare.&nbsp; Dice ser artista como manera de crecer como persona. &ldquo;&iquest;Esa es la cuesti&oacute;n?&rdquo;</p>
<p>- Tambi&eacute;n he dicho en muchas ocasiones que la obsesi&oacute;n no era crecer como artista sino como persona. El arte es una consecuencia de tu vida. Siempre lo he pensado as&iacute;.&nbsp; Yo creo que el arte no es una reflexi&oacute;n intelectual aparte. Es la vida. Nunca ser&aacute; tan fuerte como ella pero es lo que m&aacute;s puede sentir su perfume. El perfume de la vida. Y yo creo que sin arte nos morir&iacute;amos en segundos.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- Perm&iacute;tame la licencia y la iron&iacute;a, pero usted se ha hecho &ldquo;muy mayor&rdquo;.</p>
<p>- S&iacute;, mi densidad humana es cada vez m&aacute;s enorme. He multiplicado muchas cosas. Hay cuestiones que no puedes hacer en una edad o en otra. Pero creo que el arte tiene la enorme capacidad de ayudarte a utilizar todas las herramientas de tu &eacute;poca. Y cada edad tiene unas. Estamos en un momento s&uacute;per excitante.<strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;<br /> </strong>- Yo estoy a punto de cumplir los 50. Deme alg&uacute;n consejo.</p>
<p>-L&aacute;nzate al agua de los 50 porque es una edad extraordinaria.&nbsp; La gente tiene la crisis de los 40, pero nunca tiene crisis de los 50. Igual tienes otras, pero la d&eacute;cada de los 50 ya ver&aacute;s c&oacute;mo ser&aacute; inolvidable.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="right">&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 31 May 2024 06:48:31 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carme Riera: “Mi vida, sin la literatura, no hubiera sido vida”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/carmen-riera-mi-vida-sin-la-literatura-no-hubiera-sido-via/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2024/Riera500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;Carme Riera es una instituci&oacute;n de la cultura mallorquina, catalana y espa&ntilde;ola. Con una producci&oacute;n de m&aacute;s de 40 t&iacute;tulos publicados, en narrativa y ensayo; un n&uacute;mero casi igual de galardones &ndash;entre los &uacute;ltimos, el Premio Nacional de las Letras Espa&ntilde;olas- y una incansable actividad acad&eacute;mica y como gestora cultural, parecer&iacute;a que el concepto &ldquo;mujer de letras&rdquo; se hubiera acu&ntilde;ado para ella.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Debo a Carme Riera, en primer lugar, que me hiciera leer el <em>Quijote</em> cuando yo era un desorientado estudiante y ella una jovenc&iacute;sima profesora de literatura en la Universidad Aut&oacute;noma de Bellaterra. En los a&ntilde;os que han seguido nos hemos ido encontrando en multitud de escenarios: el mundo literario barcelon&eacute;s, por supuesto, pero tambi&eacute;n las ferias de libros de Frankfurt o de Guadalajara, en M&eacute;xico; durante la celebraci&oacute;n del A&ntilde;o del Libro 2005, donde dedic&oacute; una inolvidable exposici&oacute;n a los cap&iacute;tulos catalanes&nbsp; de Cervantes; en los jurados del premio Princesa de Asturias de las Letras; en <em>La Vanguardia</em>, donde yo trabajo y ella es colaboradora ilustre. Me invit&oacute;, y acud&iacute; encantado, a su entrada en la RAE, que presidi&oacute; la entonces princesa Letizia, y tuvo la generosidad de proponerme y apadrinarme para la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona. Se trata de una persona con <em>autorictas</em>, que no duda en ejercer cuando toca, y&nbsp; tambi&eacute;n por esta raz&oacute;n es muy respetada.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tengo un gran afecto por Carme Riera, me divierto siempre que hablo con ella presencialmente o por tel&eacute;fono &ndash;est&aacute; muy al d&iacute;a de todo y despliega un sentido del humor bastante agudo-&nbsp; y admiro su capacidad para multiplicarse, haciendo cosas &uacute;tiles para la comunidad y al mismo tiempo trabajando en su obra literaria, sin bajar el nivel y aceptando retos tan ambiciosos como la reciente biograf&iacute;a de Carmen Balcells. Por todo ello ha sido un placer aceptar la invitaci&oacute;n de Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas para mantener con ella este di&aacute;logo epistolar en el que hemos trazado un recorrido panor&aacute;mico de su trayectoria. Con Carme siempre se aprende.</p>
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<p><strong>&ldquo;En casa los libros eran algo muy familiar, aunque yo aprendiera a leer muy tarde&rdquo;</strong></p>
<p>- Naciste en Palma de Mallorca en 1948, plena posguerra. En 2013 publicaste tus memorias de infancia, <em>Temps d&acute;innocencia </em>/ <em>Tiempo de inocencia</em>. Por sus p&aacute;ginas desfilan la relaci&oacute;n con tu madre; la abuela Catalina; el colegio cat&oacute;lico del Sagrado Coraz&oacute;n; el Domund, la bodega de la esquina, el nacimiento de tu hermano menor, los saba&ntilde;ones causados por el fr&iacute;o&hellip; &iquest;C&oacute;mo escribiste este libro? &iquest;Con esquema y apuntes, o bien dejaste ir a la memoria?</p>
<p>- Saqu&eacute; a pasear la memoria y los recuerdos fueron emergiendo creo que ajenos a mi voluntad, como si se hubieran quedado en un cesto de cerezas se enlazaron unos con otros y as&iacute; surgi&oacute; el libro.</p>
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<p>- &iquest;Qu&eacute; recuerdos infantiles guardas en relaci&oacute;n con el mundo del libro, al que ibas a dedicar toda tu vida?</p>
<p>&nbsp;- En casa hab&iacute;a una buena biblioteca y toda mi familia le&iacute;a, de manera que los libros eran algo familiar. Adem&aacute;s, hab&iacute;a escritores entre mis antepasados. El tatarabuelo, Fernando Weyler, escribi&oacute; varios libros entre ellos uno sobre Ramon Llull y no deja de parecerme curioso que S&aacute;nchez Drag&oacute; le plagiara unas p&aacute;ginas en su <em>Gargoris y Habidis</em>. El bisabuelo, Eusebio Estada, public&oacute; libros de car&aacute;cter t&eacute;cnico por su condici&oacute;n de ingeniero de caminos canales y puertos. La poeta Maria Ant&ograve;nia Salv&agrave; era prima de mi abuela&hellip; De manera que los libros eran algo muy familiar, aunque yo aprendiera a leer muy tarde&hellip;</p>
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<p>- Estudiaste filolog&iacute;a en Barcelona. &iquest;Por qu&eacute; en esta ciudad?</p>
<p>- Los mallorquines sol&iacute;amos estudiar en Barcelona, m&aacute;s cercana que Madrid, adem&aacute;s mi madre era catalana y mi abuela materna y mis t&iacute;as viv&iacute;an en Barcelona.</p>
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<p><strong>&ldquo;Escrib&iacute;a cuentos desde la adolescencia&rdquo;</strong></p>
<p>- Publicas muy joven, en 1975, un libro de relatos que hab&iacute;a ganado un premio y del que se habl&oacute; mucho: <em>Te deix, amor, la mar com a penyora (Palabra de mujer</em>, en la edici&oacute;n en castellano) &iquest;Qu&eacute; proyecto literario ten&iacute;as al escribirlo?</p>
<p>- Ninguno, escrib&iacute;a cuentos desde la adolescencia. Las monjas del Sagrado Coraz&oacute;n, las mismas que educaron a Mme. de Merteuil de <em>Les liaisions dangereuses</em>, cuidaban mucho la redacci&oacute;n y nos ense&ntilde;aron a escribir cartas. <em>Te deix,</em> no es otra cosa que una carta&hellip;</p>
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<p>- &iquest;A qu&eacute; atribuyes su inmediato &eacute;xito?</p>
<p>&nbsp;- Creo que abordaba un tema tab&uacute;, el amor entre dos mujeres, de eso no se hablaba y menos se escrib&iacute;a en aquella &eacute;poca. <em>Te deix</em> gan&oacute; el Premio Recull de Blanes en 1973, luego, al publicarse en el 75, tuvo mucho &eacute;xito porque trataba con desenvoltura de ese tipo de amor llamado amistad. Adem&aacute;s el catal&aacute;n permit&iacute;a &ndash;ya que la primera persona del pronombre personal en plural no marca el sexo&ndash;, que no se desvelara hasta el final que no se trataba de un amor heterosexual.</p>
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<p>- De ti y de Montserrat Roig se dice en esa &eacute;poca que introduc&iacute;s en la narrativa en lengua catalana &ndash;y en cierta medida en la espa&ntilde;ola- de esa &eacute;poca, a&ntilde;os 70, cuestiones de intimidad, de sensibilidad, un enfoque femenino. &iquest;Qu&eacute; queda de todo aquello?</p>
<p>- No creo que quede demasiado. Los tiempos han cambiado mucho.</p>
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<p><strong>&ldquo;Con Montserrat Roig hicimos un pacto: jam&aacute;s hablar&iacute;amos mal la una de la otra&rdquo; </strong></p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; hay de paralelo y qu&eacute; hay de divergencia en las trayectorias de Montserrat Roig, con la que mantuviste una gran amistad, y la tuya?</p>
<p>- Comenzamos a escribir en la misma &eacute;poca, aunque Roig public&oacute; antes y nos comprometimos, como se dec&iacute;a entonces, con el antifranquismo y el feminismo militante. Montserrat adem&aacute;s se dedicaba al periodismo y era m&aacute;s combativa que yo. Como alguna vez trataron de enfrentarnos, hicimos un pacto: jam&aacute;s hablar&iacute;amos mal la una de la otra y mucho menos de nuestros libros nos gustaran o no. Cuando muri&oacute; me jur&eacute; a m&iacute; misma que en mis intervenciones sobre literatura buscar&iacute;a cualquier pretexto para recordarla y lo he venido cumpliendo.</p>
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<p>- Desde el inicio utilizas en tus libros la variante mallorquina del catal&aacute;n. &iquest;Qu&eacute; ventajas y qu&eacute; condicionamientos te supone?</p>
<p>- El mallorqu&iacute;n o si prefieres la variante dialectal catalana de Mallorca, es mi lengua de infancia, mi lengua familiar. Mi vocabulario mallorqu&iacute;n no siempre coincide con el catal&aacute;n del Principat. Adem&aacute;s, creo que es mucho m&aacute;s rico que el est&aacute;ndar barcelon&eacute;s y eso es una ventaja. Tiene eso s&iacute;, inconvenientes, los correctores a menudo no aceptan los mallorquinismos. Recuerdo que en un relato me cambiaron &ldquo;gorrions&rdquo;, usual en mallorqu&iacute;n, porque les pareci&oacute; un castellanismo, por &ldquo;pardals&rdquo;, p&aacute;jaros en catal&aacute;n, palabra que en mallorqu&iacute;n significa &oacute;rgano genital masculino&hellip; Menos mal que llegu&eacute; a tiempo de remediarlo.</p>
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<p>- &iquest;C&oacute;mo ves tu obra literaria en relaci&oacute;n con la tradici&oacute;n literaria mallorquina?</p>
<p>- No me lo he preguntado nunca, pero s&iacute; te puedo decir que creo que pertenezco al grupo de escritores que comienzan a publicar en los setenta, algunos un poco antes, como Guillem Frontera, Gabriel Janer Manila o Maria Ant&ograve;nia Oliver, y que contamos con un antecedente de la categor&iacute;a de Miguel &Agrave;ngel Riera, cuyas novelas, magn&iacute;ficas, son poco conocidas y con otro de tipo popular, <em>Rondaies mallorquines</em>, una maravilla por el tipo de lengua, viva, espont&aacute;nea que hoy la apisonadora de la TV ha barrido y es una pena.</p>
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<p><strong>&ldquo;Camilo Jos&eacute; Cela&nbsp; tiene cuentos, libros de viajes y novelas estupendas&rdquo;</strong></p>
<p>- En los a&ntilde;os 50 y 60, cuando t&uacute; te estabas formando, viv&iacute;an en Mallorca dos figuras que han quedado para la posteridad: Lloren&ccedil; Villalonga y Camilo Jos&eacute; Cela. &iquest;Qu&eacute; opini&oacute;n te merecen?</p>
<p>-&nbsp; A Villalonga no le conoc&iacute;, mi padre no me dej&oacute;. Mi familia no ten&iacute;a muy buena relaci&oacute;n con &eacute;l, porque mis abuelos le hab&iacute;an alquilado una casa y, al parecer, se hab&iacute;a ido sin pagar. Puede que fuera un mal inquilino, pero era un gran escritor, <em>Mort de dama</em> y <em>Bearn </em>son magn&iacute;ficas. A Cela s&iacute; le conoc&iacute;, en la relaci&oacute;n personal era una persona educad&iacute;sima, nada que ver con el personaje que le gustaba exhibir y tiene cuentos, libros de viajes y novelas estupendas.</p>
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<p><strong>&ldquo;Uno de los hombres m&aacute;s fascinantes que he conocido es don Jos&eacute; Fern&aacute;ndez Montesinos, concu&ntilde;ado de Federico Garc&iacute;a Lorca&rdquo;</strong></p>
<p>- En tu segundo libro de relatos, <em>Jo pos per testimoni les gavines</em>, abordas temas muy caracter&iacute;sticos de la &eacute;poca de la Transici&oacute;n, como el retorno y la reivindicaci&oacute;n de los intelectuales exiliados y en el caso de uno de los personajes femeninos, su relaci&oacute;n con los campos de exterminio nazi.</p>
<p>- S&iacute;, me preocupaban esos temas. La cuesti&oacute;n del exilio siempre me pareci&oacute; y me sigue pareciendo un horror, adem&aacute;s por la &eacute;poca en que est&aacute;n escritos los cuentos de <em>Jo pos&hellip;</em> trat&eacute; asiduamente a uno de los hombres m&aacute;s fascinantes que he conocido, don Jos&eacute; Fern&aacute;ndez Montesinos, concu&ntilde;ado de Federico Garc&iacute;a Lorca, que acababa de regresar del exilio y que me cont&oacute; muchas cosas de su peregrinaje.</p>
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<p><strong>&ldquo;El feminismo es un deber y un compromiso &eacute;tico&rdquo;</strong></p>
<p>- De tu primera novela larga, <em>Una primavera per a Domenico Guarini</em>/<em>Una primavera para Domenico Guarini </em>observaste que era tambi&eacute;n tu &ldquo;primera y &uacute;nica novela militante. Militante del feminismo y de las libertades&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; ha significado el feminismo para ti?</p>
<p>-&nbsp; Un deber y un compromiso &eacute;tico. El feminismo comporta, en primer lugar, la lucha por la igualdad de derechos de las mujeres y aunque en esta lucha hemos avanzado mucho queda todav&iacute;a bastante camino por recorrer.</p>
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<p>- <em>Una primavera per a Domenico Guarini</em> se centra en un joven que ha atentado contra un cuadro de Botticelli, anticipando el &ldquo;s&iacute;ndrome de Stendhal&rdquo;. Una periodista est&aacute; tan interesada en cubrir el caso que se desplaza a Florencia. &iquest;Clara Alabern es un &ldquo;alter ego&rdquo; tuyo?</p>
<p>- En parte, pero solo en parte, por el com&uacute;n inter&eacute;s por el feminismo y porque est&aacute;, como yo, bastante literaturizada. Tambi&eacute;n por la fascinaci&oacute;n por la pintura y por ciertos cuadros como <em>El nacimiento de la Primavera</em> de Botticelli.</p>
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<p><strong>&ldquo;Echo de menos la intensidad de la gente de mi generaci&oacute;n, que es la del 68&rdquo;</strong></p>
<p>- Se&ntilde;alas a prop&oacute;sito de esta novela que &ldquo;nosotros, la gente de mi generaci&oacute;n, que es la del 68, quer&iacute;amos cambiar el mundo con la fuerza del amor&rdquo;&hellip; &iquest;Echas de menos la intensidad de aquella &eacute;poca?</p>
<p>- Cada minuto de mi vida.</p>
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<p>- Tras <em>Domenico Guarini</em>, te embarcas en dos sucesivos proyectos ambiciosos, novelas hist&oacute;ricas de gran formato: <em>Dins el darrer blau</em> / <em>En el &uacute;ltimo azul </em>(1994) <em>y Cap al cel obert / Por el cielo y m&aacute;s all&aacute;</em> (2000). La primera se centra en un duro episodio de la Inquisici&oacute;n mallorquina, que juzga a un grupo de conversos que al intentar huir de la isla son atrapados, juzgados y tres de ellos, quemados vivos. Abordas el tema del juda&iacute;smo, lo que te lleva a la cuesti&oacute;n de los <em>xuetas </em>mallorquines. &iquest;C&oacute;mo hab&iacute;as vivido esta problem&aacute;tica?</p>
<p>- De una manera directa. Cuando yo era peque&ntilde;a la cuesti&oacute;n de los descendientes de los conversos sacrificados en los Autos de Fe de 1691 todav&iacute;a estaba muy viva. Los sambenitos con los nombres de las v&iacute;ctimas no desaparecieron del claustro de Convento de Santo Domingo hasta que este fue derruido, tras abolirse la Inquisici&oacute;n, de manera que hab&iacute;a una serie de apellidos que identificaban a los descendientes de aquellos marcados, como <em>xuetas</em> y objeto de burlas e insultos. Pero incluso despu&eacute;s de abolida la Inquisici&oacute;n en 1834, la gente guard&oacute; en su memoria esos apellidos. Yo recuerdo como algunos ni&ntilde;os eran objeto de humillaci&oacute;n y befa por esa raz&oacute;n tan injusta, cosa que me impresionaba mucho y cuando fui mayor quise saber de donde proced&iacute;a ese desprecio y comenc&eacute; a investigar&hellip;</p>
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<p>- <em>Cap al cel obert / Por el cielo</em> <em>y m&aacute;s all&aacute;</em> est&aacute; ambientada en el siglo XIX y en el mundo de los indianos, con dos hermanos instalados en La Habana y dos mujeres que han de viajar al Caribe para casarse con ellos. Mallorca es tierra de indianos. &iquest;La inspir&oacute; tus propias reminiscencias familiares?</p>
<p>- En parte s&iacute;, mi antepasado el general Valeriano Weyler estuvo en la guerra y fue objeto de muchas <em>fake news </em>por parte de los americanos y tambi&eacute;n de los mambises. No hizo las animaladas que le atribuye la leyenda negra, que tanta tendencia tenemos a creernos los espa&ntilde;oles. Era un militar &iacute;ntegro, constitucionalista, que se opuso al directorio de Primo de Rivera. Mi abuela, que tan importante fue para m&iacute;, me contaba continuamente cosas de Cuba.</p>
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<p>- Volvemos a Mallorca con tu &uacute;ltima novela. <em>Una ombra blanca/Una sombra blanca</em>, se centra en la crisis vital de una soprano estadounidense, que le lleva a rememorar una infancia ambulante y una estancia mallorquina de su pasado. &iquest;Qu&eacute; crees que aporta respecto a tu obra narrativa anterior, y en qu&eacute; se nutre de experiencias tuyas recientes?</p>
<p>- Tiene muy poco que ver con mis novelas anteriores, pese a que tambi&eacute;n, en la segunda parte, el escenario sea mallorqu&iacute;n y coincida con el de mi infancia, aunque la m&iacute;a transcurr&iacute;a en Dei&agrave; y la de mi protagonista en el pueblo inventado de Fosclluc, que ya aparece en <em>Te deix amor la mar com a penyora</em>. En cuanto a lo que aporta, tal vez ciertos aspectos esot&eacute;ricos de los que nunca trat&eacute; antes. La novela parte de una experiencia ECM y de una pregunta que a todos nos interesa: &iquest;Hay vida despu&eacute;s de la muerte?</p>
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<p>- &iquest;Qu&eacute; es lo que te result&oacute; m&aacute;s dif&iacute;cil a la hora de redactarla?</p>
<p>- Conseguir ensamblar las diferentes voces.</p>
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<p><strong>&ldquo;Los autores de la Escuela de Barcelona eran estupendos&rdquo;</strong></p>
<p>-Tienes, como m&iacute;nimo, una doble direcci&oacute;n muy marcada, como narradora en catal&aacute;n y como investigadora literaria en castellano. En 1988 ganas el premio Anagrama de Ensayo con tu libro <em>La Escuela de Barcelona</em>. <em>Barral, Gil de Biedma, Goytisolo: el n&uacute;cleo po&eacute;tico de la generaci&oacute;n de los cincuenta</em>. Un tema sobre el que has vuelto regularmente. &iquest;Qu&eacute; te interesa de este grupo y esta generaci&oacute;n?</p>
<p>- Eran unos escritores estupendos, me encantaba leerlos y adem&aacute;s cuando empec&eacute; a trabajar sobre ellos estaban vivos y pod&iacute;as preguntarles, lo que era una ventaja</p>
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<p>- &iquest;Cu&aacute;l es tu recuerdo personal de Carlos Barral?</p>
<p>- Me citaba en el Senado para hablar de su obra y me presentaba a sus colegas: &ldquo;Esta chica se dedica a estudiar mi obra&rdquo;, lo dec&iacute;a pavone&aacute;ndose. Por entonces creo que solo Masoliver le hab&iacute;a dedicado un art&iacute;culo. Barral era conocido como editor, pero desconocido como poeta.</p>
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<p>- &iquest;Y de Jaime Gil de Biedma?</p>
<p>- Me dedic&oacute; el ejemplar de <em>Las personas del verbo</em> repleto de notas m&iacute;as con este texto: &ldquo;Para Carmen, este libro que tambi&eacute;n ha escrito ella.&rdquo; Tuve un disgusto morrocotudo el d&iacute;a que unos chorizos en el parquin de la Aut&oacute;noma me abrieron el coche y me robaron la cartera con los apuntes de clase y, entre otros libros, &eacute;ste para m&iacute; tan especial.</p>
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<p><strong>&ldquo;Jos&eacute; Agust&iacute;n Goytisolo era, si no estaba deprimido,&nbsp; divertid&iacute;simo&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Y de Jos&eacute; Agust&iacute;n Goytisolo?</p>
<p>- A Jos&eacute; Agust&iacute;n le trat&eacute; mucho m&aacute;s que a Carlos y a Jaime y le quise mucho, porque era un tipo estupendo y, si no estaba deprimido, era divertid&iacute;simo. Su muerte fue un trauma para m&iacute;. Como yo lo llevaba muy a menudo a leer sus poemas a la Universidad Aut&oacute;noma, pensamos con Ton (Asunci&oacute;n Carandell), su mujer y su hija Julia en crear una c&aacute;tedra con su nombre que recogiera sus manuscritos, cartas y libros, etc. Hoy la C&aacute;tedra Jos&eacute; Agust&iacute;n Goytisolo que todav&iacute;a dirijo acoge todos estos materiales a disposici&oacute;n de los investigadores.</p>
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<p><strong>&ldquo;Cuento con el lujo enorme de tener dos lenguas que adem&aacute;s son primas hermanas y las defiendo y quiero por igual&rdquo;</strong></p>
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<p>- Tu dedicaci&oacute;n al grupo barraliano nos permite hablar del contacto en Catalu&ntilde;a entre la literatura en lengua catalana y en lengua castellana, del que Barral y t&uacute; constitu&iacute;s dos buenos ejemplos. Es un contacto que ha sido habitual pero posiblemente se ha estudiado poco. &iquest;Qu&eacute; piensas al respecto?</p>
<p>- Cuento con el lujo enorme de tener dos lenguas que adem&aacute;s son primas hermanas y las defiendo y quiero por igual, aunque tanto a los de un lado, como a los del otro, eso no les guste mucho. Y s&iacute;, como t&uacute; dices y lo sabes bien, se ha estudiado poco.</p>
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<p><strong>&ldquo;Mart&iacute;n de Riquer trabaj&oacute; sobre textos catalanes y castellanos sin ning&uacute;n problema de mala conciencia&rdquo;</strong></p>
<p>- Una investigaci&oacute;n interesante que hiciste en su d&iacute;a fue sobre la recepci&oacute;n del <em>Quijote</em> por parte del nacionalismo catal&aacute;n con motivo del tercer aniversario de su publicaci&oacute;n, en 1905. Te lo encarg&oacute; Mart&iacute;n de Riquer. &iquest;Qu&eacute; puedes decirnos de esta gran figura de la historia y la filolog&iacute;a?</p>
<p>- No me lo encarg&oacute; Riquer, pero &eacute;l me propuso para que yo entrara en la Reial Acad&egrave;mia de Bones Lletres de Barcelona. Me hizo mucha ilusi&oacute;n que el maestro Riquer pensara en m&iacute; y, como yo hab&iacute;a ido a sus estupendas clases sobre el <em>Quijote</em>, consider&eacute; que deb&iacute;a centrar mi discurso sobre un tema cervantino y me dediqu&eacute; a estudiar la recepci&oacute;n del libro de Cervantes en la prensa catalana en 1905. Riquer era un sabio, un gran experto internacional en literatura medieval, al que le interesaban temas muy variados y que trabaj&oacute; sobre textos catalanes y castellanos sin ning&uacute;n problema de mala conciencia&hellip;</p>
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<p><strong>&ldquo;El hecho de que ahora en el Parlamento se utilicen las lenguas cooficiales me parece positivo&rdquo;</strong></p>
<p>- En el 2016 encabezas, con Manuel Rivas, Bernardo Atxaga, Daniel Innerarity y Manuel Cruz, el apoyo a un &ldquo;Manifiesto por el desarrollo de la pluralidad ling&uuml;&iacute;stica de Espa&ntilde;a&rdquo;. La iniciativa entroncaba con una proposici&oacute;n de ley org&aacute;nica para racionalizar y aumentar la visibilidad y el uso de las diferentes lenguas en los estamentos del Estado, asegurar su presencia conjunta en la educaci&oacute;n de las autonom&iacute;as espa&ntilde;olas y consolidar su reconocimiento simb&oacute;lico. Se eleva al Senado y ah&iacute; se encalla. &iquest;Por qu&eacute; este tema no se acaba de resolver?</p>
<p>- El hecho de que ahora en el Parlamento se utilicen las lenguas cooficiales me parece positivo.</p>
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<p>- Tu activismo cultural catalanista no te impidi&oacute; manifestarte contra el proceso independentista. &iquest;C&oacute;mo juzgas ahora lo que ocurri&oacute; en Catalu&ntilde;a en el periodo 2012-2019?</p>
<p>- Creo que las cosas se hicieron enormemente mal y que adem&aacute;s se actu&oacute; con prisa y sin buscar el necesario consenso.</p>
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<p>- &iquest;Qu&eacute; ha representado para ti dedicar cuatro d&eacute;cadas de vida profesional a la Universidad? &iquest;C&oacute;mo has compatibilizado esta dedicaci&oacute;n con la literaria?</p>
<p>- Un lujo. Pod&iacute;a hablar de literatura por la ma&ntilde;ana, tratar de contagiar mi entusiasmo por los autores a la gente joven, y escribir por la noche. Por la tarde estaban mis hijos, mi marido, las labores propias de mi sexo, como se dec&iacute;a por entonces.</p>
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<p><strong>&ldquo;Me aburro si no pruebo g&eacute;neros nuevos. Cada libro es un reto&rdquo;</strong></p>
<p>- En los &uacute;ltimos a&ntilde;os experimentas con distintos g&eacute;neros. En <em>L'estiu de l'angl&egrave;s/El verano del ingl&eacute;s </em>la novela g&oacute;tica.</p>
<p>- Me aburro si no pruebo g&eacute;neros nuevos. Cada libro es un reto.</p>
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<p>- Abordaste la parodia pol&iacute;tica en <em>Amb ulls americans / Con ojos americanos</em>, que te permiti&oacute; analizar Catalu&ntilde;a con la mirada de un periodista yanqui, con repasos a los grandes t&oacute;picos y en tono de farsa.</p>
<p>- S&iacute;, aunque Ferran Mascarell (ex regidor de cultura del Ayuntamiento de Barcelona y ex conseller de Cultura de la Generlitat), cuando present&oacute; el libro me dijo que me hab&iacute;a quedado corta &ndash;&eacute;l todav&iacute;a no se hab&iacute;a hecho indepe&ndash;, no gust&oacute; nada en Catalu&ntilde;a. Es mi libro menos reeditado.</p>
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<p>- Te lanzas al g&eacute;nero negro con <em>Natura quasi morta</em>, que ambientas en la Universidad Aut&oacute;noma de Bellaterra, de donde has sido profesora muchos a&ntilde;os y donde yo te conoc&iacute;.</p>
<p>- Me hac&iacute;a ilusi&oacute;n saber si ser&iacute;a capaz de escribir una novela negra de campus y adem&aacute;s me desesper&oacute; mucho que en 2007 desapareciera Romain Lannuzel un estudiante Erasmus del que nunca volvimos a saber nada, y trat&eacute; de que se volviera a poner en marcha su b&uacute;squeda a trav&eacute;s de mi novela, cosa que sucedi&oacute;. Los Mossos reabrieron el caso, pero infructuosamente, aunque su foto se encontr&oacute; en casa de un depredador sexual, hoy en la c&aacute;rcel, por matar a otro estudiante, no se tir&oacute; de ese hilo.</p>
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<p><strong>&ldquo;Los asesinos de paisajes han destrozado gran parte de la belleza de Mallorca&rdquo;</strong></p>
<p>- En 2013 fuiste elegida acad&eacute;mica de la RAE. Tu discurso de ingreso vers&oacute; sobre los viajeros literarios a Mallorca. El t&iacute;tulo, &ldquo;Sobre un lugar parecido a la felicidad&rdquo;, remite a un texto de Jorge Luis Borges enviado a su amigo Jacobo Sureda en 1926. Para el autor de El Aleph, "Mallorca es un lugar parecido a la felicidad, apto para escenarios de dicha, y yo -como tantos isle&ntilde;os y forasteros- no hab&iacute;a pose&iacute;do casi nunca el caudal de felicidad que uno debe llevar dentro para sentirse espectador digno (y no avergonzado) de tanta claridad de belleza". Dio la impresi&oacute;n por tu intervenci&oacute;n de que no estabas muy de acuerdo con ese enfoque.</p>
<p>- Con la cita de Borges s&iacute; estoy de acuerdo, lo que no estoy de acuerdo es con los asesinos de paisajes que han destrozado gran parte de la belleza de la isla.</p>
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<p><strong>&ldquo;No hay trabajo mejor para una escritora o un escritor que ser acad&eacute;mico de la RAE&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; ha representado este nombramiento para ti? S&eacute; que vas puntualmente a la RAE todos los jueves. &iquest;De qu&eacute; te ocupas?</p>
<p>- Me hizo much&iacute;sima ilusi&oacute;n, adem&aacute;s fue inesperado. Algunos de los autores m&aacute;s admirados por m&iacute;, como Riquer o Gimferrer &ndash;que fue uno de los tres que me propusieron, junto a Carmen Iglesias y a Pombo&ndash;, eran acad&eacute;micos. Voy todos los jueves, porque adem&aacute;s ahora soy vicedirectora. Como el resto de los acad&eacute;micos me ocupo de trabajar con las palabras. Creo que no hay trabajo mejor para una escritora o un escritor.</p>
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<p>- Has obtenido muchos galardones a lo largo de tu carrera, y en el 2015 uno que constituye una coronaci&oacute;n, el Premio Nacional de las Letras espa&ntilde;olas. &iquest;C&oacute;mo lo viviste?</p>
<p>- Con una enorme emoci&oacute;n, sinceramente y no menos agradecimiento al jurado.</p>
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<p>- Incluso has sido profeta en tu tierra, en 2018 el gobierno balear te concede la Medalla d'Or de les Illes Balears.</p>
<p>- Jaja, no creas, lo que ocurre es que vivo solo a medias en Mallorca, paso mucho tiempo aqu&iacute;, en Barcelona.</p>
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<p><strong>&ldquo;En este pa&iacute;s, que cre&oacute; la picaresca, con demasiada frecuencia se olvida que el que piratea un texto lo est&aacute; robando&rdquo;</strong></p>
<p>- Tambi&eacute;n desempe&ntilde;as la presidencia de la entidad CEDRO. &iquest;Qu&eacute; haces al frente de esta entidad? &iquest;De d&oacute;nde sacas tiempo y energ&iacute;a para tantas cosas?</p>
<p>- Trabajamos por la defensa de los derechos de autor, que no siempre se tienen en cuenta. En este pa&iacute;s, que cre&oacute; la picaresca, con demasiada frecuencia se olvida que el que piratea un texto, lo est&aacute; robando. En cuanto al tiempo, la verdad es que me falta para muchas otras cosas que tambi&eacute;n me interesan, como la jardiner&iacute;a y la costura.</p>
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<p>- Tu novela <em>Les darreres paraules / Las &uacute;ltimas palabras</em> gira en torno al archiduque Luis Salvador de Habsburgo, primo de la emperatriz Sissi, naturalista y ecologista a su manera, con una hermosa finca mallorquina. &iquest;Qu&eacute; te llev&oacute; hasta &eacute;l?</p>
<p>- Veraneamos en Dei&agrave;, en una casa situada en tierras que fueron de los herederos del archiduque y en la infancia conoc&iacute; a la esposa de Vives, secretario del archiduque, do&ntilde;a Aina, nuestra vecina, que contaba cosas extraordinarias de sus singladuras a bordo de la goleta Nixe con su alteza imperial. Adem&aacute;s cuando trabajaba como comisaria de la exposici&oacute;n que Palma dedic&oacute; a la figura del Arxiduc en el centenario de muerte en 2015, encontr&eacute; la correspondencia de mi bisabuelo Estada al archiduque, y supe que le hab&iacute;a ayudado con datos para el <em>Die Balearen</em>. El archiduque, por otro lado, era una referencia habitual en la Mallorca de mi infancia. Mi abuela, que le conoci&oacute;, porque &eacute;l frecuentaba su casa, contaba infinitas an&eacute;cdotas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Sin Carmen Balcells, es posible que Garc&iacute;a M&aacute;rquez no hubiera llegado a ser tan importante&rdquo;</strong></p>
<p>- Con <em>Carmen Balcells, traficante de palabras</em>, emprendiste la ambiciosa y exhaustiva biograf&iacute;a de la agente literaria catalana (1930-2015), una de las figuras m&aacute;s influyentes del mundo del libro contempor&aacute;neo. &iquest;Por qu&eacute; este proyecto?</p>
<p>- Porque ten&iacute;a mucho cari&ntilde;o y admiraci&oacute;n a Carmen y porque me apetec&iacute;a cumplir con lo que me pidi&oacute; ir&oacute;nicamente, que tras su muerte abriera la causa de su beatificaci&oacute;n...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Fuiste amiga de Balcells. &iquest;Qu&eacute; es lo m&aacute;s importante que has aprendido de ella que no supieras previamente?</p>
<p>-Por ejemplo, su relaci&oacute;n con Fidel Castro. A trav&eacute;s de Garc&iacute;a M&aacute;rquez, se conocen en La Habana y ella le pide durante una fiesta mayores libertades para Cuba. A Castro le sienta muy mal y le contesta en muy mal tono. Muestra la arrogancia de Carmen: hablar con un poderoso y pensar que le va a hacer caso, cosa que a veces consegu&iacute;a. Despu&eacute;s se reconcilian y cuando Castro vino a Espa&ntilde;a ella fue a verle a Santiago.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- El contacto con Garc&iacute;a M&aacute;rquez le cambi&oacute; la vida, en lo econ&oacute;mico y en la vida cotidiana.</p>
<p>- S&iacute;, su encuentro de 1965 fue fundamental, pero tambi&eacute;n para &eacute;l. &nbsp;Sin Carmen es posible que no hubiera llegado a ser tan importante, quien sabe si le hubieran dado el Nobel. Garc&iacute;a M&aacute;rquez le transmiti&oacute; cierto sentido supersticioso, que Carmen cultiv&oacute; mucho, con astr&oacute;logos y pitonisas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo consigui&oacute; llevar a la vez dos autores peleados entre s&iacute; como Garc&iacute;a M&aacute;rquez y Vargas Llosa?</p>
<p>- Porque los quer&iacute;a much&iacute;simo a los dos, era una cuesti&oacute;n de cari&ntilde;o. Y estupenda mano izquierda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Desde el punto de vista de los autores, Carmen Balcells pasar&aacute; a la historia como la persona que nos devolvi&oacute; la dignidad&rdquo;</strong></p>
<p>- La agencia Balcells se ha identificado mucho con ellos, aunque revelas que en cierto momento los m&aacute;ximos ingresos se deb&iacute;an a Isabel Allende. &iquest;Qu&eacute; otros escritores fueron los m&aacute;s pr&oacute;ximos?</p>
<p>- Entre los espa&ntilde;oles, Eduardo Mendoza, Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n y Jos&eacute; Luis Sampedro se hicieron muy amigos de Carmen. Cuando muri&oacute; V&aacute;zquez Montalb&aacute;n recuerdo su enorme dolor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Sin duda fue un gran car&aacute;cter. La defines como una personalidad barroca, &ldquo;un ox&iacute;moron&rdquo;.</p>
<p>-Pod&iacute;a tener una emotividad fort&iacute;sima y a la vez ser muy d&eacute;spota, de la manera en que lo son los genios, de forma arbitraria.</p>
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<p>- Uno de sus logros fue la reforma impositiva para los escritores.</p>
<p>La llamada clausula Balcells es el gran favor que nos hizo a todos, al escalonar las declaraciones de los derechos de autor en concepto de adelanto.</p>
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<p>- &iquest;C&oacute;mo pasar&aacute; Carmen Balcells a la historia?</p>
<p>- Desde el punto de vista de los autores, como la persona que nos devolvi&oacute; la dignidad. Luch&oacute; por los derechos de autor como nadie, y fue la primera agente del mundo hispano durante sesenta a&ntilde;os. Sin ella no hubiera habido boom literario hispanoamericano. O hubiera sido muy distinto, o no se hubiera escrito con B de Barcelona.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La comprensi&oacute;n lectora en nuestro pa&iacute;s est&aacute; bajo m&iacute;nimos y eso implica una merma terrible&rdquo;</strong></p>
<p>- Como articulista, uno de tus temas recurrentes es el descenso de las capacidades de lectura en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Y como profesora te has quejado a menudo de la bajada de nivel en los alumnos universitarios.</p>
<p>- Una verdadera l&aacute;stima. La comprensi&oacute;n lectora en nuestro pa&iacute;s est&aacute; bajo m&iacute;nimos y eso implica una merma terrible. Si no eres capaz de entender un texto, has perdido la capacidad cr&iacute;tica y eres carne de ca&ntilde;&oacute;n, perfectamente manipulable.</p>
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<p>- Eres de los pocos autores, quiz&aacute;s la &uacute;nica, que has estado presente en las tres comparecencias espa&ntilde;olas como invitado en la Feria del Libro de Frankfurt: la de 1991, la catalana del 2007 y la del 2022. &iquest;Qu&eacute; cambios experimentaste de una a otras?</p>
<p>- Para m&iacute; la mejor, tal vez porque era joven, fue la del 91. En 2007 Catalu&ntilde;a tir&oacute; la casa por la ventana y creo que hizo una muy buena puesta en escena. La del 2020 me pareci&oacute; de ambici&oacute;n y presupuesto menor en comparaci&oacute;n, sobre todo, a la organizada en el 91 tambi&eacute;n por el Ministerio de Cultura. Adem&aacute;s, not&eacute; que la Feria en vez de ir como un tiro, algo que me deslumbr&oacute; en el 91, andaba con dificultades. Me preocupa pensar que el mundo editorial, pese a los datos que se nos ofrecen, decrece.</p>
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<p><strong>&ldquo;En Espa&ntilde;a no se ha hecho una pol&iacute;tica cultural de altura&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo crees que ha evolucionado la cultura espa&ntilde;ola en los ya 46 a&ntilde;os que llevamos de democracia, si contamos a partir de la aprobaci&oacute;n de la Constituci&oacute;n?</p>
<p>- La cultura interesa poco, a la gente le interesan otras cosas, como el deporte. Se puede vivir la mar de bien siendo un perfecto inculto, sin haber entrado nunca en un museo ni le&iacute;do un libro ni asistido a un concierto. Y es una l&aacute;stima porque se pierden maravillosas posibilidades de ensanchar la vida. Es una pena, pero en Espa&ntilde;a no se ha hecho una pol&iacute;tica cultural de altura porque a muchos pol&iacute;ticos les ha importado muy poco que seamos cultos o no. Ellos tampoco lo son.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Y la gesti&oacute;n pol&iacute;tica de la cultura?</p>
<p>- No tengo una opini&oacute;n demasiado buena de la gesti&oacute;n de pol&iacute;tica cultural. Creo que hay un dato que lo resume: el bajo presupuesto destinado a Cultura por parte del gobierno, tanto el estatal como los auton&oacute;micos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- T&uacute; has defendido la monarqu&iacute;a como una instituci&oacute;n positiva para Espa&ntilde;a, y tambi&eacute;n para su cultura.</p>
<p>- Me siento monarquicana. Creo que nadie mejor que los Reyes don Felipe y do&ntilde;a Leticia encarnan los principios republicanos y adem&aacute;s nos representan fuera del pa&iacute;s mejor que nadie. No encontrar&iacute;amos ning&uacute;n presidente de una futura Rep&uacute;blica espa&ntilde;ola que lo hiciera mejor que don Felipe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Para acabar me gustar&iacute;a pedirte una breve reflexi&oacute;n sobre un tema muy concreto: &iquest;c&oacute;mo crees que hubiera sido tu vida sin la literatura?</p>
<p>- No habr&iacute;a sido vida.</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 31 May 2024 06:41:45 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Grandes autores protagonizan el número 151 de TURIA ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/grandes-autores-protagonizan-el-numero-151-de-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2024/JUAN_MARS_4_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Tambi&eacute;n TURIA publica, en exclusiva mundial en espa&ntilde;ol, un avance &ldquo;Los vulnerables&rdquo;, el nuevo libro de Sigrid Nunez. Esta autora neoyorkina, nacida en 1951 y que ha sido colaboradora habitual de medios como &ldquo;The New York Times&rdquo; y ha ejercido la docencia en las universidades de Princeton, Columbia o Boston, es una de las principales escritoras norteamericanas actuales. Ganadora en 2018 del National Book Award, la cr&iacute;tica la considera una de las m&aacute;s cualificadas autoras a la hora de abordar en sus novelas, con agudeza y sensibilidad, las problem&aacute;ticas a las que nos enfrentamos en estos tiempos tan complejos. Completan el apartado que TURIA dedica a la creaci&oacute;n narrativa, textos in&eacute;ditos de Rodrigo Fres&aacute;n, Laura Fern&aacute;ndez, Juan Jos&eacute; Flores, Carlota Gurt, Use Lahoz y Gemma Pellicer.&nbsp;</p>
<p>Junto a la participaci&oacute;n de Nunez, tiene especial relevancia en esta nueva entrega de la revista el testimonio de Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n sobre su relaci&oacute;n con Javier Mar&iacute;as. El escritor aragon&eacute;s radicado en Barcelona publica un texto bajo el t&iacute;tulo &ldquo;Diez a&ntilde;os de amistad&rdquo;. En &eacute;l confiesa Pis&oacute;n haber sido un lector fiel y tenaz de Mar&iacute;as durante los a&ntilde;os ochenta&nbsp; del&nbsp; pasado&nbsp; siglo XX, cuando el autor de &ldquo;Los dominios del lobo&rdquo; era un &ldquo;escritor muy &nbsp;minoritario&rdquo;. Tambi&eacute;n reconoce que aquella amistad inicial &ldquo;ten&iacute;a mucho de relaci&oacute;n maestro-disc&iacute;pulo&rdquo; y se tradujo en una relaci&oacute;n epistolar que dur&oacute; diez a&ntilde;os.</p>
<p>Uno de los textos originales m&aacute;s interesantes que publica el nuevo n&uacute;mero de la revista TURIA es el art&iacute;culo del profesor universitario, escritor y periodista Sergi Doria titulado &ldquo;Nuccio Ordine, la rebeli&oacute;n del Humanismo&rdquo;. En &eacute;l se rinde un merecido homenaje al prestigioso docente y ensayista italiano Nuccio Ordine, Premio Princesa de Asturias de Comunicaci&oacute;n y Humanidades, y se defiende la idoneidad de sus postulados para afrontar los retos del mundo que vivimos. Su libro &ldquo;La utilidad de lo in&uacute;til&rdquo; fue un aut&eacute;ntico aldabonazo argumental, un verdadero manifiesto contra el utilitarismo economicista, contra la satisfacci&oacute;n inmediata y la conversi&oacute;n de las pantallas en altares de la religi&oacute;n digital. En suma, un sincero y ejemplar llamamiento a la necesidad del saber humanista.</p>
<p>El &uacute;ltimo art&iacute;culo de la secci&oacute;n que TURIA dedica a los estudios literarios es una sugerente aproximaci&oacute;n a un autor singular y que bien merecer&iacute;a una mayor atenci&oacute;n por parte de los buenos lectores: Jos&eacute; Carlos Cata&ntilde;o. Poeta, narrador, ensayista, diarista y artista pl&aacute;stico, su particular universo creativo es analizado por Manuel Arranz en un singular formato de breve diccionario bajo el t&iacute;tulo &ldquo;L&eacute;xico Cata&ntilde;o. Voces y ecos en la obra de Jos&eacute; Carlos Cata&ntilde;o. Siempre vinculado a su Canarias natal, pese a su residencia en Barcelona, fue sobre todo notable y exquisito diarista, un apasionado viajero y un practicante del juda&iacute;smo.</p>
<p>A subrayar tambi&eacute;n la amplia n&oacute;mina de poetas que colaboran en esta entrega de TURIA con textos in&eacute;ditos. Una diversidad que acredita el permanente mestizaje generacional y est&eacute;tico que practica la revista. Gracias a ese trabajo cultural abierto, plural e integrador, es posible leer versos originales de poetas de contrastada trayectoria como Rafael Argullol, Jes&uacute;s Aguado, Jos&eacute; &Aacute;ngel Cilleruelo, Eduardo Moga, Jos&eacute; Mar&iacute;a Mic&oacute;, Juan Bufill, Miriam Reyes, &Aacute;lex Chico, &Aacute;ngel Petisme o Carlos Zan&oacute;n junto a voces emergentes como Julia Per&oacute;,&nbsp; Laura Rodr&iacute;guez D&iacute;az, Marta Fuembuena o Loredana Volpe.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>JUAN MARS&Eacute;, EL MEJOR NOVELISTA DE BARCELONA</strong>&nbsp;</p>
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<p>Un atractivo y excelente art&iacute;culo sobre &ldquo;Las Barcelonas de Juan Mars&eacute;&rdquo;, elaborado por el profesor de la Universidad de Barcelona y cr&iacute;tico literario Jes&uacute;s Ferrer Sol&aacute;, inaugura el sumario del nuevo n&uacute;mero de TURIA. No pod&iacute;a ser de otra forma por cuanto, esta entrega de la revista, ser&aacute; presentada en el Museu de Picasso de Barcelona el pr&oacute;ximo 19 de junio. En el art&iacute;culo se subraya un dato incuestionable: &ldquo;la ciudad ostenta una s&oacute;lida tradici&oacute;n como protagonista de la mejor literatura contempor&aacute;nea&rdquo;. Baste recordar el Par&iacute;s de &ldquo;Rayuela&rdquo;, de Julio Cort&aacute;zar o de &ldquo;Par&iacute;s era una fiesta&rdquo;, de Hemingway&rdquo;. O el Dubl&iacute;n en el que se desarrollan libros fundamentales como &ldquo;Ulises&rdquo; y &ldquo;Dublineses&rdquo;, de James Joyce. Nunca olvidaremos, igualmente, &ldquo;La trilog&iacute;a de Nueva York&rdquo; de Paul Auster&nbsp; o &ldquo;Tokio Blues&rdquo; de Haruki Murakami.</p>
<p>Sin duda, la relaci&oacute;n de novelas y autores que tienen a Barcelona como escenario es ampl&iacute;sima y notable por su calidad pero, entre ellas, sobresale la producci&oacute;n narrativa de Juan Mars&eacute; porque gran parte de ella tiene como epicentro fundamental a esa ciudad y sus habitantes. Y es que &ldquo;en la narrativa de Juan Mars&eacute; se recorren varias Barcelonas: la de la alta burgues&iacute;a catalana, la marcada por los desastres de la Guerra Civil, la que vive en el imaginario de legendarias &lsquo;aventis&rsquo;, la que enmarca un eficaz melodramatismo ir&oacute;nico, la de extracci&oacute;n obrera y ascendencia vagamente anarquista, la de las salas de cine uniendo a un vecindario de popular familiaridad, la que a&ntilde;ora ic&oacute;nicas heroicidades del pasado, la de una postguerra de estraperlo y racionamiento, la que conoce la persistencia de una miseria barraquista no exenta de cierta dignidad, la de una picaresca sobrevivencial y, en definitiva, la que se diversifica en varios registros narrativos que se mantienen entre nosotros con plena vigencia lectora, memoria viva ya de un ayer documentado con la potencia de la ficci&oacute;n y la excelencia de la mejor literatura&rdquo;. Buena prueba de esa pluralidad de miradas y retratos de Barcelona ser&iacute;an t&iacute;tulos imprescindibles en la trayectoria novel&iacute;stica de Mars&eacute; como &ldquo;&Uacute;ltimas tardes con Teresa&rdquo;, &ldquo;Si te dicen que ca&iacute;&rdquo;, &ldquo;Un d&iacute;a volver&eacute;&rdquo; o &ldquo;La oscura historia de la prima Montse&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>JAVIER MAR&Iacute;AS, SEG&Uacute;N IGNACIO MART&Iacute;NEZ DE PIS&Oacute;N</strong>&nbsp;</p>
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<p>De gran valor testimonial es el art&iacute;culo que Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n dedica en TURIA al tambi&eacute;n sobresaliente escritor que fue Javier Mar&iacute;as. En &eacute;l, y con el t&iacute;tulo de &ldquo;Diez a&ntilde;os de amistad&rdquo;, narra con absoluta franqueza y naturalidad la relaci&oacute;n amistosa y la correspondencia que mantuvo con quien lograr&iacute;a convertirse en uno de los escritores m&aacute;s destacados de las letras espa&ntilde;olas. Y tambi&eacute;n uno de los que ha obtenido m&aacute;s proyecci&oacute;n internacional. El retrato que elabora Pis&oacute;n de Mar&iacute;as nos lo presenta como una persona &ldquo;de trato educado y amistoso pero no particularmente c&aacute;lido, demasiado centrado en su propia persona aunque no necesariamente vanidoso, ya entonces Mar&iacute;as se ve&iacute;a a s&iacute; mismo como el futuro escritor de &eacute;xito que acabar&iacute;a siendo. La suya era la magnanimidad de los grandes maestros cuando todav&iacute;a no lo era. Lo que daba lo daba a cambio de muy poco: admiraci&oacute;n, nada m&aacute;s. Y no daba pocas cosas. Aqu&iacute; va un ejemplo de su generosidad. Algunos meses despu&eacute;s de conocernos, me llam&oacute; a casa para ofrecerme una plaza de profesor en Oxford que por tradici&oacute;n se reservaba a escritores espa&ntilde;oles. Por all&iacute; hab&iacute;an pasado Vicente Molina Foix, F&eacute;lix de Az&uacute;a y &eacute;l mismo. Obs&eacute;rvese que lo que me ofrec&iacute;a no era un puesto de trabajo. Lo que me ofrec&iacute;a era empezar a formar parte de su peque&ntilde;o Olimpo, seguir su trayectoria, ser como &eacute;l, en definitiva. Para alguien como Mar&iacute;as, que acabar&iacute;a repartiendo t&iacute;tulos y honores desde su imaginario Reino de Redonda, aquello equival&iacute;a a admitirme oficialmente en su isla. Desgraciadamente, no pudo ser&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Sobre esa etapa de fruct&iacute;fera relaci&oacute;n epistolar, que concluy&oacute; en abril de 1996, Pis&oacute;n nos dir&aacute;: &ldquo;Releyendo esas cartas y esas postales, compruebo que era m&aacute;s afectuoso por escrito que en persona. Su afecto mezclaba las expresiones de amistad con las alusiones a mi corta edad y a lo &ldquo;enormemente prometedor&rdquo; de mis inicios literarios. Hab&iacute;a en su actitud cierta condescendencia, pero era una condescendencia que a m&iacute; no me molestaba y de la que &eacute;l mismo era consciente, pues no en vano algunos de los comentarios dec&iacute;a hacerlos &ldquo;a riesgo de parecer (o ser) paternalista&rdquo;. Por supuesto, la nuestra era una amistad eminentemente literaria, pero es que para &eacute;l exist&iacute;an muy pocas cosas importantes fuera del territorio de la literatura. Hacer comentarios sobre mis libros o responder a mis comentarios sobre sus libros era una forma muy suya de hablar de la vida&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>NUCCIO ORDINE: </strong><strong>SOBRE LA UTILIDAD DE LO IN&Uacute;TIL</strong></p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">La secci&oacute;n que TURIA dedica al ensayo est&aacute; protagonizada por un sincero homenaje a la labor intelectual de Nuccio Ordine (Diamante, Italia, 1958, - Cosenza, Italia, 2023). Son p&aacute;ginas en las que Sergi Doria, en un art&iacute;culo titulado &ldquo;Nucci Ordine, la rebeli&oacute;n del Humanismo&rdquo;, traza una entusiasta y c&oacute;mplice glosa de la notable trayectoria intelectual y la profunda huella que nos ha dejado la obra y el compromiso en defensa del humanismo del profesor y escritor calabr&eacute;s.&nbsp; &nbsp;</p>
<p>&ldquo;Los saberes aparentemente in&uacute;tiles son cada vez m&aacute;s necesarios&rdquo; era el mensaje de Ordine, nos dir&aacute; Sergi Doria. Y es que, mientras &ldquo;el utilitarismo se erig&iacute;a, desp&oacute;tico, sobre nuestras sociedades y nuestras vidas&rdquo;, las palabras del autor de &lsquo;La utilidad de lo in&uacute;til&rsquo; sonaban tan subversivas como saludables: &ldquo;La dictadura del dinero contamina nuestras relaciones sociales y afectivas&rdquo;. A los j&oacute;venes que desprecian el aprendizaje, al mismo tiempo que blasonan de que ya lo tienen todo en la Wikipedia, Ordine les lanzaba una advertencia: &ldquo;Sin esfuerzo no hay saber, que es la &uacute;nica cosa que no puede comprarse con dinero. Sin una base cultural previa, internet no sirve de nada&rdquo;. Y pon&iacute;a un ejemplo que ligaba a su autor de cabecera, el sabio Giordano Bruno: &ldquo;Si un estudiante quiere conocer su vida y obra encontrar&aacute; decenas de webs delirantes y si no conoce al personaje acabar&aacute; repitiendo datos equivocados&rdquo;. Y no solo los estudiantes, las &uacute;ltimas generaciones de profesores que proven&iacute;an de unos planes de estudio que hab&iacute;an arrumbado las Humanidades. La referencia a Giordano Bruno (1548-1600) no era casual. Ordine hab&iacute;a dedicado muchos a&ntilde;os a estudiar la literatura, filosof&iacute;a y pintura de esta figura del renacimiento italiano. De hecho, su debut editorial en Espa&ntilde;a fue en 2006 con &lsquo;El umbral y la sombra&rsquo; (Siruela). Aquel ensayo, que no tuvo resonancia popular, recibi&oacute; los elogios de Ilya Prigogine. El premio Nobel de Qu&iacute;mica de 1977 lo defini&oacute; como &ldquo;una monumental y apasionante introducci&oacute;n a Giordano Bruno, donde literatura y pintura, filosof&iacute;a y ciencia se entrecruzan en una perspectiva que vincula pasado y presente&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Con cada reforma educativa, apuntaba Ordine, nuestra educaci&oacute;n hab&iacute;a ido a peor: &ldquo;Como se trataba de nivelar por abajo, las universidades actuales parecen cada d&iacute;a m&aacute;s institutos de Secundaria; ya nadie se esfuerza en leer las obras en origen; todo son antolog&iacute;as, manuales y sinopsis&rdquo;. Reconvertidas en sat&eacute;lites empresariales, las instituciones acad&eacute;micas ten&iacute;an a sus profesores m&aacute;s ocupados en cumplimentar la burocracia del plan de Bolonia que en dotar de contenido unas clases cada vez m&aacute;s dirigidas al &ldquo;estudiante-cliente&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>SIGRID NUNEZ: TIERNA, DIVERTIDA Y PROFUNDA</strong><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre los textos m&aacute;s sugerentes y recomendables que aporta la nueva entrega de la revista TURIA se encuentra el material in&eacute;dito de Sigrid Nunez (Nueva York, 1957), una autora considerada por la cr&iacute;tica como una de las voces m&aacute;s valiosas de las letras norteamericanas de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Hija de madre alemana y padre chino-paname&ntilde;o, fue una lectora compulsiva desde su infancia. Se licenci&oacute; en Bellas Artes por la Universidad de Columbia y ha ejercido como docente en dicho centro formativo y tambi&eacute;n en Princeton o Boston. Tambi&eacute;n ha sido colaboradora de medios como &ldquo;The New York Times&rdquo;, &ldquo;Harper&rsquo;s&rdquo;, &ldquo;O: The Oprah Magazine&rdquo; y &ldquo;The New York Rewiew of Books&rdquo;. Gracias a su trabajo en esta &uacute;ltima publicaci&oacute;n, conoci&oacute; a Susan Sontag, una de las celebridades de la intelectualidad estadounidense del siglo XX. A ella le dedicar&iacute;a uno de sus mejores libros: &ldquo;Siempre Susan: recuerdos sobre Susan Sontag&rdquo;. Es autora de nueve novelas, entre las que destacan y se han traducido al espa&ntilde;ol dos: &ldquo;El amigo&rdquo;, que la catapult&oacute; a la popularidad internacional y le granje&oacute; premios como el National Book Award y el New York Public Library Best Book Award y &ldquo;Cu&aacute;l es tu tormento&rdquo;.</p>
<p>TURIA ofrece ahora en primicia en espa&ntilde;ol un anticipo del libro &ldquo;Los vulnerables&rdquo;, que apareci&oacute; en ingl&eacute;s en noviembre pasado a&ntilde;o y que en nuestro pa&iacute;s publicar&aacute; la editorial Anagrama en los pr&oacute;ximos meses. <em>Los vulnerables</em> revela lo que sucede cuando un tr&iacute;o de perfectos desconocidos est&aacute; dispuesto a abrir sus corazones al otro y c&oacute;mo, incluso a trav&eacute;s de peque&ntilde;os actos, pueden aliviar la angustia de los dem&aacute;s. Una narraci&oacute;n que, con sus reflexiones y digresiones, desborda las costuras de la novela m&aacute;s tradicional para explorar las relaciones humanas, la soledad, la necesidad de empat&iacute;a y la escritura como un modo de comunicaci&oacute;n. Tierna, divertida y profunda, se trata de una obra de gozosa lectura que confirma a Sigrid Nunez como una de las voces m&aacute;s estimulantes de la literatura estadounidense contempor&aacute;nea. Un libro en el que el lector encontrar&aacute; un amigo.</p>
<p>A Sigrid Nunez se la ha comparado con Emmanuel Carr&egrave;re o Rachel Cusk por su capacidad de lograr que el lector se interese por cualquier tema. &laquo;Eleg&iacute;a m&aacute;s comedia es la &uacute;nica manera de expresar c&oacute;mo vivimos hoy. Y que algo no sea divertido en la vida real no significa que no pueda escribirse sobre ello como si lo fuese&raquo;, dice un personaje de esta novela. Su narradora es una mujer solitaria que acepta hacerse cargo de un vivaracho loro llamado Eureka a petici&oacute;n de la amiga de una amiga. Del cumplimiento de ese encargo y de su relaci&oacute;n con un miembro a la deriva de la Generaci&oacute;n Z, surgen preguntas que solo pueden resolverse, quiz&aacute;, indagando en la naturaleza y el prop&oacute;sito de la escritura misma. &iquest;Qu&eacute; significa estar viva en un momento tan complejo de la historia como el actual? &iquest;Hasta qu&eacute; punto nuestra realidad presente afecta a la manera en que una persona mira hacia su pasado?</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 30 May 2024 09:55:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poema de Julieta Valero ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/poema-de-julieta-valero/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas24/JULIETA_VALERO_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
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<p>Escuchar el cuerpo, dicen, pero</p>
<p>&iquest;c&oacute;mo se hace? &iquest;Escuchar la contractura la</p>
<p>lascivia que se derrama, peine en mano,</p>
<p>buscando su centro, escuchar la celiaqu&iacute;a imaginaria?</p>
<p>Porque lo real del cuerpo no viene al o&iacute;do</p>
<p>estruendo es, no mudo, nudo de vida o</p>
<p>desv&iacute;o a barranco. El cuerpo solo puede</p>
<p>ser real como el hijo, un mortalmente</p>
<p>acompa&ntilde;arse, y no cabe en la poes&iacute;a falsa</p>
<p>humildad, siempre amanece 1789, un asalto</p>
<p>a la solemnidad que es bicho palo y eso est&aacute; bien,</p>
<p>todos en lo Darwin, lanzando metamorfosis,</p>
<p>dentelladas, besos. Siempre ateridos.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 24 May 2024 10:30:49 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Potencia confesional]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/potencia-confesional/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/IGNACIO_ESCU_N_BORAO_3_-_Fotograf_a_de_ngel_L._Fern_ndez_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Pocos poetas sabr&aacute;n transmitir la singular mezcla de verosimilitud, artificio u oficio, explicitud al hilo de la vida y &ldquo;sinceridad&rdquo;, pr&oacute;xima a la de los poemas de Nacho Escu&iacute;n en este libro. No es el &uacute;nico registro de un poeta con una considerable mochila l&iacute;rica, aunque esta entrega pueda oscurecerlos por la potencia confesional. Si los poetas desolados tienden a reiterarse en un registro que, a veces, entroncan con una sensibilidad hist&oacute;rica y circunstancia, el turolense, poeta vers&aacute;til seg&uacute;n demuestran los diferentes tonos y f&oacute;rmulas empleados a lo largo de su poes&iacute;a, vuelve sobre s&iacute; mismo de forma inmediata y diferenciada al hilo de la vida, o eso parece, como motivo ficcional o confesional. <em>Cover</em> (2024) muestra una crisis expl&iacute;cita y versos en un ajuste de cuentas consigo mismo y los dem&aacute;s, con desabrimiento y tristeza en ocasiones, ternura en otras, bajo el palio de lo reflexivo y desazonado simult&aacute;neamente. <em>Cover</em> es todo eso y algo m&aacute;s. Los diarios l&iacute;ricos y sus autofabulaciones tienen ese sinclinal propuesto en un libro complejo donde se excede lo autoconfesional descriptivo del diario l&iacute;rico, para mostrar autognosis y sentido de una crisis. Un desbordamiento emocional se convierte en madurez l&iacute;rica al encuentro de algunos de sus poemas marcados por ello. <em>Cover </em>es el cierre de sendas y el encuentro de bruces con la madurez amarga (hay otras), cantando en las cuatro partes del libro su herida y peleas con la vida, arrepentimientos y pulsiones. Sin duda coinciden o traen el sesgo de un acto de conciencia y asunci&oacute;n del yo, da&ntilde;o hecho y recibido, soledad y desamor, salvaci&oacute;n y perd&oacute;n, desde el desgarro del poema inicial: <em>Nada se rompe como un coraz&oacute;n</em>, al hilo de la canci&oacute;n de Mark Robson popularizada por Miley Cirus, recuerda el autor. El mismo t&iacute;tulo, <em>Cover</em>, habla de versiones tra&iacute;das por la vecindad con sus propios textos e identificaci&oacute;n de motivos. Y as&iacute; sus vers&iacute;culos son un abra o delta, multiplicidad de asuntos o desembocaduras desde ese pistoletazo inicial del dolor y el precipicio del fracaso autorremitente y conjurado en su recomposici&oacute;n de un yo que asume su culpa cuando toca y debe/sabe pedir perd&oacute;n. En fin, una desembocadura y precipicio emocional tormentoso, capaz.</p>
<p>Si en los dietarios l&iacute;ricos hay confidencia, en otros, como este, late o urge sanar la herida, y la una puesta en escena de un alambre que saca lo mejor del poeta aragon&eacute;s entre el recomponerse y olvidar, callar o cantar, sanarse, como al final propone. Lo hace con personalidad no lejana en su pulsi&oacute;n, no en sus modos y con otra supervivencia de fondo, a la del desgarro de David Gonz&aacute;lez o la sucinta reflexividad ca&uacute;stica o simplemente lac&oacute;nica de Karmelo Iribarren (mientras pienso en Jos&eacute; Mar&iacute;a Fonollosa), con elaborada sencillez. Y, pese a todo, esa capacidad de sortear intermediarios y de agarrarse al verbo, evita a Nacho Escu&iacute;n el abismo nihilista de los desolados profesionales, etc., con esa versatilidad atada a la vida y contradicciones, hipersensibilidad oferente en el altar desde las pugnas consigo. Un m&eacute;rito m&aacute;s. No siempre, pero s&iacute; en muchas ocasiones, es donde hay que buscar al poeta en su torrente o en su delicadeza. Me refiero a los estupendos versos encerrados en &ldquo;Como renace un mirlo en su vuelo tras una ca&iacute;da por/un golpe de viento equivocado&rdquo;, de expl&iacute;cita intenci&oacute;n o identidades no menos claras: &ldquo;As&iacute; la vida, as&iacute; la ausencia, as&iacute; tambi&eacute;n la nieve&rdquo;. Vale un libro este poema donde reflexiona la hiperestesia conmovida de un yo atormentado y propuesto en una letan&iacute;a de llantos con fortaleza y sentido de <em>fatum</em>, b&uacute;squeda de paz, nitidez <em>dicendi</em> y capacidad pl&aacute;stica, juego laber&iacute;ntico de motivos que se revuelven sobre s&iacute; mismos y resurgen en un tablero de claroscuros donde se imanta el yo. &ldquo;Turbulento es el paisaje de la noche terca&rdquo; en efecto, de quien tambi&eacute;n sabe, desde ese realismo que sus versos se ti&ntilde;en &ldquo;sin importarte demasiado cuanto dicen hoy /los peri&oacute;dicos&rdquo;. Una liberaci&oacute;n y una confesi&oacute;n entre resortes simb&oacute;licos y analog&iacute;as, pleno de concreci&oacute;n o vuelta al remanso de paz de la cotidianidad de otro poema estupendo &ldquo;Hay algo m&aacute;gico en lo m&aacute;s sencillo&rdquo;. Restructuraci&oacute;n o recomposici&oacute;n, olvido del tr&aacute;fago social o mundos sumergidos, acusaciones y reconcomimientos, perdones, tentaciones de evaporizaci&oacute;n. &nbsp;<em>Cover</em> es una catarsis cuando esperas algo extraordinario inexistente en tu propia &ldquo;tortura existencial&rdquo; y en b&uacute;squeda de anonimato, o paz consigo mismo. Un buen libro, en definitiva, por sus mejores poemas. Si a todo ello sumamos la cuidada edici&oacute;n de Lorena Carbajo en Bala Perdida, miel sobre hojuelas.</p>
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<p>Nacho Escu&iacute;n, <em>Cover</em>, Madrid, Bala Perdida, 2024</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 24 May 2024 10:03:11 +0000</pubDate>
    </item>
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      <title><![CDATA[Eugenio Trías protagoniza un espectacular monográfico de la revista TURIA]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/eugenio-trias-protagoniza-un-espectacular-monografico-de-la-revista-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2024/TURIA_151_-_Portada_500_px.jpg" alt="" /></p>
<div>Un homenaje colectivo que pretende reivindicar tanto su protagonismo en el pensamiento contempor&aacute;neo, como la singularidad y el valor de su obra intelectual. En &eacute;l participan un total de 13 autores y especialistas que publican cerca de 150 p&aacute;ginas de textos originales sobre la rica y diversa labor de Tr&iacute;as. Adem&aacute;s, TURIA da a conocer material in&eacute;dito del propio Eugenio Tr&iacute;as. En suma, un conjunto de art&iacute;culos que brindar&aacute;n al buen lector una aproximaci&oacute;n completa, rigurosa y atractiva sobre uno de los grandes nombres propios de nuestra cultura.</div>
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<div>Seg&uacute;n el profesor Jordi Ib&aacute;&ntilde;ez, miembro del Centro de Estudios Filos&oacute;ficos Eugenio Tr&iacute;as de la Universidad Pompeu Fabra y que ha coordinado el monogr&aacute;fico de TURIA, &ldquo;en los libros y la filosof&iacute;a de Tr&iacute;as el pensamiento, el arte, la arquitectura, el psicoan&aacute;lisis, la pol&iacute;tica, la religi&oacute;n, la m&uacute;sica y el cine configuran el laberinto de callejuelas que palpita en el centro de una ciudad pensada y so&ntilde;ada, atravesada por las grandes avenidas de las vanguardias del siglo XX y conservando en sus barrios m&aacute;s antiguos, en sus calles y plazas m&aacute;s secretas, el cultivo de las grandes cuestiones cl&aacute;sicas de la filosof&iacute;a. La obra de Tr&iacute;as se ha vinculado con la idea de l&iacute;mite, y de hecho se la ha llegado a conocer como una &lsquo;filosof&iacute;a del l&iacute;mite&rsquo;. Pero se trata de un l&iacute;mite que articula m&aacute;s que corta o separa, de una experiencia del conf&iacute;n que permite asomarse tanto al abismo del ser como al propio proceso de significaci&oacute;n, de ganarle sentido a lo oscuro, a lo ultramundano, a lo infinitamente extra&ntilde;o. En sus libros, desde el primerizo &lsquo;La filosof&iacute;a y su sombra&rsquo;, de 1969, hasta los &uacute;ltimos trabajos sobre m&uacute;sica o en el ya p&oacute;stumo &lsquo;De cine&rsquo;, la creatividad filos&oacute;fica y el impulso conceptual se encarnan en una receptividad cultural de primer orden, en el m&aacute;s afinado talento cr&iacute;tico y hermen&eacute;utico, y tambi&eacute;n en la asumida condici&oacute;n de ciudadano que registra, como un sism&oacute;grafo, las corrientes pol&iacute;ticas y espirituales de su &eacute;poca. Su obra no solamente nos ofrece la arqueolog&iacute;a m&aacute;s inmediata de nuestro presente. En ella est&aacute; inscrita tambi&eacute;n la l&oacute;gica que sigue d&aacute;ndole y quit&aacute;ndole sentido al mundo, as&iacute; como la imagen inalcanzable en su totalidad del laberinto que nos tiene presos y al mismo tiempo nos incita a liberarnos&rdquo;.&nbsp;</div>
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<div>Es importante resaltar que, el monogr&aacute;fico sobre Eugenio Tr&iacute;as de TURIA, recoge en sus p&aacute;ginas la colaboraci&oacute;n tanto de reconocidos expertos en la filosof&iacute;a de Tr&iacute;as como de j&oacute;venes investigadores, as&iacute; como el testimonio de amigos y familiares. Gracias a ese conjunto de aproximaciones, se ofrece una imagen caleidosc&oacute;pica, &uacute;nica y original de un autor que siempre se movi&oacute; con soltura entre la filosof&iacute;a y la literatura. TURIA brinda de este modo una ocasi&oacute;n excepcional al conseguir un doble objetivo: en primer lugar, permite que se calibre la vigencia de la obra de Tr&iacute;as entre quienes llevan tiempo estudi&aacute;ndola. Por otra parte, y como segunda l&iacute;nea de trabajo, el monogr&aacute;fico reivindica su actualidad y porvenir entre quienes se asoman a ella por primera vez.&nbsp;</div>
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<div>Esta aproximaci&oacute;n colectiva que ofrece TURIA resulta, por tanto, muy atractiva no s&oacute;lo para los lectores que ya conocen la producci&oacute;n ensay&iacute;stica de Tr&iacute;as sino para aquellos que quieran descubrir hoy las claves de la su obra, su actualidad y los motivos que fundamentan el que su autor est&eacute; considerado como uno de los grandes nombres propios de la cultura espa&ntilde;ola de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas.</div>
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<div><strong>EUGENIO TR&Iacute;AS, EL FIL&Oacute;SOFO ESPA&Ntilde;OL M&Aacute;S GLOBAL</strong></div>
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<div>Eugenio Tr&iacute;as (Barcelona, 1942 &ndash; 2013) es, sin duda, uno de los fil&oacute;sofos m&aacute;s relevantes del siglo XX y principios del XXI y el &uacute;nico pensador espa&ntilde;ol distinguido con el premio Internacional Friedrich Nietzsche, concedido a la trayectoria global de un fil&oacute;sofo. Ese dato confirmar&iacute;a la proyecci&oacute;n universal obtenida por su pensamiento.&nbsp;</div>
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<div>Tras cursar estudios de Filosof&iacute;a en Espa&ntilde;a y Alemania, fue profesor en distintas universidades y, desde 1992, ocup&oacute; la c&aacute;tedra de Historia de las Ideas de la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. En esta misma universidad, en el a&ntilde;o 2015 se cre&oacute; el Centro de Estudios Filos&oacute;ficos Eugenio Tr&iacute;as (CEFET) que alberga su biblioteca y archivo personal y que vela por la difusi&oacute;n de su obra.&nbsp;&nbsp;</div>
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<div>Eugenio Tr&iacute;as llev&oacute; a cabo una profunda reflexi&oacute;n sobre la condici&oacute;n humana, del hombre como habitante del l&iacute;mite, en ese espacio fronterizo entre el ser y la nada, lo divino, lo sagrado y lo trascendente. Todo ello lo divulg&oacute; en una ambiciosa producci&oacute;n de m&aacute;s de cuarenta t&iacute;tulos.</div>
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<div>Fernando P&eacute;rez-Borbujo, profesor titular de Filosof&iacute;a de la Universidad Pompeu Fabra es el autor del art&iacute;culo introductorio del &ldquo;Cartapacio&rdquo; que TURIA dedica al ensayista y docente barcelon&eacute;s. En &eacute;l se nos dir&aacute; que Tr&iacute;as &ldquo;viene a cerrar hasta la fecha esa rica tradici&oacute;n filos&oacute;fica espa&ntilde;ola, iniciada con Unamuno y Ortega y Gasset y que llega hasta Mar&iacute;a&nbsp; &nbsp;Zambrano, pasando por Zubiri&rdquo;.&nbsp; No obstante, asegura P&eacute;rez-Borbujo que el hecho de que s&oacute;lo haya transcurrido una d&eacute;cada tras su muerte, &ldquo;a&uacute;n es poco tiempo para vislumbrar la huella que dejar&aacute; la filosof&iacute;a de Tr&iacute;as en la posteridad. Las nuevas generaciones se acercar&aacute;n a ella desde inquietudes y presupuestos totalmente diferentes a los nuestros, con sus propios interrogantes en busca de respuestas. Aqu&iacute; y all&aacute; se multiplican los estudios sobre su obra, abordando un mosaico abigarrado de temas: la religi&oacute;n, la pasi&oacute;n, el arte, el espacio-luz, la m&iacute;stica, el simbolismo, el habitar, la voz &eacute;tica, el cine, la m&uacute;sica. Tal era la voluntad de su autor: que esta filosof&iacute;a &laquo;fecundase&raquo; los m&aacute;s diversos campos de conocimiento. Esta fecundidad, una verdadera &laquo;diseminaci&oacute;n&raquo;, constituye la virtualidad m&aacute;s grande de una propuesta filos&oacute;fica que ella misma ha abarcado los m&aacute;s diversos &aacute;mbitos, abri&eacute;ndose al di&aacute;logo con multitud de disciplinas y campos del saber humano: antropolog&iacute;a, &eacute;tica, pol&iacute;tica, religiones, m&uacute;sica, cine, pintura, arquitectura y un largo etc&eacute;tera&rdquo;.&nbsp;</div>
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<div>El editor de Galaxia Gutenberg, Joan Tarrida, relata en TURIA que inici&oacute; su vinculaci&oacute;n con Eugenio Tr&iacute;as con la publicaci&oacute;n del libro &ldquo;El canto de las sirenas&rdquo;, cuya lectura result&oacute; para &eacute;l &ldquo;una iluminaci&oacute;n&rdquo;. Con ese t&iacute;tulo iniciar&iacute;a una relaci&oacute;n que se ha concretado hasta el momento en catorce libros, cifra que convierte a Tr&iacute;as en el autor con m&aacute;s libros editados en su sello junto a Tzvetan Todorov. Tambi&eacute;n revela que: &ldquo;uno de los &uacute;ltimos d&iacute;as en que nos vimos, consciente de que su vida se apagaba, me hizo un &uacute;ltimo encargo: que public&aacute;ramos de nuevo su libro &lsquo;El hilo de la verdad&rsquo;. Me dijo que de todos sus libros era el que m&aacute;s ilusi&oacute;n le hac&iacute;a ver de nuevo al alcance de los lectores. &Eacute;l mismo hab&iacute;a escrito que &laquo;si hay un libro m&iacute;o capaz de defenderse solo, es este. Si se me diera a elegir un &uacute;nico libro susceptible de ser salvado de una cat&aacute;strofe inminente, sin la menor duda elegir&iacute;a este&raquo;. Lo publicamos en febrero de 2014, justo cuando se cumpl&iacute;a un a&ntilde;o de su fallecimiento&rdquo;.</div>
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<div>Sobre el impacto de la obra de Eugenio Tr&iacute;as en las j&oacute;venes generaciones de universitarios amantes de las Humanidades, resulta muy significativo el art&iacute;culo que publica Julia L&oacute;pez Garc&iacute;a bajo el t&iacute;tulo &ldquo;Tr&iacute;as al comienzo de casi todo&rdquo;. En &eacute;l se argumenta que esos j&oacute;venes que leen hoy a Tr&iacute;as tienen &ldquo;la peculiar sensaci&oacute;n de haber encontrado en las p&aacute;ginas de sus libros una especie de origen, de comienzo de un camino&rdquo;. Y ello ocurre porque &ldquo;de sus libros y las&nbsp; conversaciones&nbsp; con&nbsp; los que le acompa&ntilde;aron, se desprende la intuici&oacute;n de que Eugenio Tr&iacute;as fue, por encima de todas las cosas, un humano apasionado por su propia condici&oacute;n, a la cual quiso rendir culto y ofrendar con su obra. Su verdadero faro fue sentir con pasi&oacute;n la existencia, amar maravillado la vida y los misterios que la cercan, y perseverar en el don de la pluma, con el fin de encontrar ah&iacute; refugio, sentido y libertad&rdquo;.</div>
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<div>Otros art&iacute;culos, que completan la aproximaci&oacute;n de TURIA a Eugenio Tr&iacute;as y su obra son los de Alberto Sucasas (&ldquo;La edad del esp&iacute;ritu. Una historia filos&oacute;fica de la religi&oacute;n&rdquo;), Adri&aacute;n Ruiz Fern&aacute;ndez (&ldquo;Alma, historia y ciudad: hacia un di&aacute;logo con la herencia filos&oacute;fica espa&ntilde;ola&rdquo;), Jacobo Zabalo Puig (&ldquo;Crear en belleza: s&iacute;ntoma y celebraci&oacute;n de una existencia escindida&rdquo;), Manuel Neila (&ldquo;Eugenio Tr&iacute;as y la escritura afor&iacute;stica&rdquo;), Miguel Tr&iacute;as Sagnier (&ldquo;Mi hermano Eugenio Tr&iacute;as&rdquo;), Marta Llorente (&ldquo;Eugenio Tr&iacute;as en la Escuela de Arquitectura de Barcelona: im&aacute;genes, estancias, territorios&rdquo;), Juan Antonio Rodr&iacute;guez Tous (&ldquo;Hablando del l&iacute;mite. El seminario barcelon&eacute;s en la casa de Eugenio Tr&iacute;as (1998-2005)&rdquo;), Patxi Lanceros (&ldquo;Eugenio Tr&iacute;as. Maestro y amigo&rdquo;) y Carlos Francesch (&ldquo;Biocronolog&iacute;a de Eugenio Tr&iacute;as&rdquo;)</div>
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<div><strong>TURIA PUBLICA EL TEXTO QUE ESCRIBI&Oacute; EUGENIO TR&Iacute;AS DIEZ DI&Aacute;S ANTES DE MORIR</strong></div>
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<div>De singular relevancia es el material in&eacute;dito del propio Eugenio Tr&iacute;as que publica TURIA. Se trata de un texto titulado &ldquo;Ideas&rdquo; y es lo &uacute;ltimo que escribi&oacute; Eugenio Tr&iacute;as diez d&iacute;as antes de morir. En &eacute;l reconoce el fil&oacute;sofo barcelon&eacute;s que &ldquo;mis grandes pasiones culturales son la m&uacute;sica, el cine y la filosof&iacute;a. A trav&eacute;s de ellas consigo comunicarme con alg&uacute;n sector de lectores que se complacen con estos mismos gustos. M&uacute;sica y cine tienen mucho en com&uacute;n. Ambas tienen la dur&eacute;e como h&aacute;bitat y el espacio lanzado hacia el tiempo como eje prioritario. La m&uacute;sica es, sin duda, m&aacute;s abstracta, pero el cine le da una argumentaci&oacute;n distinta de la que dispone la literatura, &eacute;pica, l&iacute;rica, dram&aacute;tica o novelesca&rdquo;.</div>
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<div>Se trata de un esbozo de art&iacute;culo destinado a la tribuna del diario &lsquo;ABC&rsquo; conocida como &laquo;La Tercera&raquo;. Visto al cabo de los a&ntilde;os, ofrece el testimonio extraordinario de un hombre que, sabi&eacute;ndose condenado, pide tiempo &mdash;&laquo;si los dioses me protegen&raquo;&mdash; y traza planes, duda entre seguir con un tercer libro dedicado a la m&uacute;sica u otro dedicado al cine, esboza listas de compositores y cineastas pendientes de tratar en los otros libros, y al final se fija en &lsquo;Qu&eacute; bello es vivir&rsquo; de Frank Capra &mdash;el mundo deja de ser el mejor mundo posible si se borra la existencia de un solo individuo, por anodina que este piense que ha sido su vida&mdash;, en los flashbacks de Mankiewicz y en el pante&iacute;smo sabio y conciliador de &lsquo;El r&iacute;o&rsquo; de Jean Renoir. Pero tambi&eacute;n en la gran maniobra surrealista de &laquo;un mundo al rev&eacute;s&raquo; en &lsquo;El fantasma de la libertad&rsquo; de Luis Bu&ntilde;uel. El &laquo;habitante del l&iacute;mite&raquo; que acab&oacute; siendo para s&iacute; mismo el propio fil&oacute;sofo apunt&oacute; l&iacute;neas de trabajo que son toda una muestra de car&aacute;cter y templanza: el empuje del deseo de vivir, la aceptaci&oacute;n de la gravedad real de su situaci&oacute;n, la ambiciosa seriedad del prop&oacute;sito y el humor&rdquo;.&nbsp;</div>
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<div><strong>IGNACIO MART&Iacute;NEZ DE PIS&Oacute;N Y TURIA, UNA VALIOSA Y DILATADA VINCULACI&Oacute;N</strong></div>
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<div>Muchos son los ejemplos que acreditan la estrecha y dilatada vinculaci&oacute;n del escritor Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n con&nbsp; TURIA. Aragon&eacute;s residente desde hace tiempo en Barcelona, Pis&oacute;n es uno de los autores espa&ntilde;oles m&aacute;s valorados tanto por los lectores como por la cr&iacute;tica, y su trayectoria creativa se encuentra estrechamente ligada a la de la propia revista. Buena prueba de ese reconocimiento es su presencia en sumarios especialmente simb&oacute;licos de la revista. As&iacute; ocurri&oacute; en 2008 cuando, con motivo de su 25 aniversario, TURIA dedic&oacute; un monogr&aacute;fico a Luis Bu&ntilde;uel que fue presentado en Teruel por el propio Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n. En aquel momento asegur&oacute; que la longevidad de TURIA era un hecho felizmente ins&oacute;lito entre nosotros, m&aacute;xime porque, seg&uacute;n este autor galardonado con Premio Nacional de Narrativa, es "una revista llena de palabras que nos reconcilia con la idea natural de la cultura, la palabra escrita".</div>
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<div>Otro momento especial de esa prolongada relaci&oacute;n con TURIA fue cuando, en 2013, Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n protagoniz&oacute; el monogr&aacute;fico del n&uacute;mero 105-106 de la revista turolense. Se present&oacute; en el Teatro Principal de su ciudad natal, Zaragoza, y en aquel inolvidable sumario se reunieron destacados estudiosos de las letras espa&ntilde;olas como Jos&eacute; Mar&iacute;a Pozuelo Yvancos, Fernando Valls, Jos&eacute; Carlos Mainer o Jordi Gracia. Tambi&eacute;n fueron importantes los testimonios de amigos y creadores como Enrique Vila-Matas, David Trueba, Jos&eacute; Luis Melero Luis Alegre o Daniel Gasc&oacute;n. Asimismo se public&oacute; entonces una extensa entrevista exclusiva en la que Pis&oacute;n aseguraba, al periodista cultural Fernando del Val, que: &ldquo;La realidad teje historias tan literarias que yo mismo tendr&iacute;a problemas para crearlas&rdquo;.&nbsp;</div>
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<div>No obstante, la primera colaboraci&oacute;n de Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n data de 1985 y fue un texto narrativo que apareci&oacute; en el n&uacute;mero 2-3 de TURIA, bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;El rey sin nombre&rdquo;. A partir de entonces se iniciar&iacute;a una fruct&iacute;fera relaci&oacute;n con la revista que permiti&oacute; a Pis&oacute;n ofrecer a los lectores no s&oacute;lo nuevos textos creativos originales, sino art&iacute;culos y cr&iacute;ticas de libros. De igual forma, buena parte de sus libros han sido rese&ntilde;ados en TURIA. Por tanto, bien puede decirse que su vinculaci&oacute;n con la revista ha sido notable, s&oacute;lida y constante a lo largo de los a&ntilde;os.&nbsp;&nbsp;</div>
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<div>TURIA es una revista que tiene una edici&oacute;n en papel de periodicidad cuatrimestral y otra&nbsp; digital (web y Facebook) de difusi&oacute;n diaria. Fue fundada en Teruel en 1983, su difusi&oacute;n es nacional e internacional por suscripci&oacute;n y est&aacute; considerada como una de las publicaciones peri&oacute;dicas de referencia en el &aacute;mbito cultural.</div>
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<div>Est&aacute; editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, y cuenta con el apoyo de la Caja Rural de Teruel, del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero especial sobre Eugenio Tr&iacute;as ha sido posible gracias a la financiaci&oacute;n del Centro de Estudios Filos&oacute;ficos Eugenio Tr&iacute;as de la Universidad Pompeu Fabra y del Ministerio de Cultura.&nbsp;</div>
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<div>Desde hace once a&ntilde;os, la revista TURIA compatibiliza su tradicional versi&oacute;n en papel con otra en formato digital. Tanto la web como su p&aacute;gina en Facebook ofrecen gratuitamente y en abierto una selecci&oacute;n de textos procedentes de la edici&oacute;n en papel y otros contenidos escritos directamente para ser le&iacute;dos s&oacute;lo en soporte digital. Mientras que la web consigue un promedio de 7.000 lectores mensuales, y es tambi&eacute;n tienda virtual desde la que resulta f&aacute;cil y r&aacute;pido adquirir los ejemplares en papel, en Facebook la revista tiene actualmente m&aacute;s de 14.000 seguidores.&nbsp;</div>
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<div><strong>FRAGMENTO DEL TEXTO IN&Eacute;DITO DE MIGUEL TR&Iacute;AS SAGNIER:&nbsp;</strong></div>
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<div><strong>&ldquo;MI HERMANO EUGENIO TR&Iacute;AS&rdquo;</strong>&nbsp;</div>
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<div>Uno de los testimonios in&eacute;ditos m&aacute;s &iacute;ntimos, reveladores y sugerentes del monogr&aacute;fico que TURIA dedica al fil&oacute;sofo Eugenio Tr&iacute;as es el elaborado por su hermano Miguel Tr&iacute;as Sagnier, prestigioso abogado y catedr&aacute;tico de Derecho Mercantil de ESADE. Adelantamos a continuaci&oacute;n un fragmento de ese art&iacute;culo:&nbsp;</div>
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<div>&ldquo;Lo primero que recuerdo de Eugenio es su ausencia. Mis primeros a&ntilde;os de memoria coinciden con sus a&ntilde;os universitarios en Navarra, en Madrid y en Alemania. Despu&eacute;s se asent&oacute; en Barcelona, donde residi&oacute; hasta su muerte con el relevante par&eacute;ntesis de un viaje a Latinoam&eacute;rica que emprendi&oacute; con nuestro hermano Carlos y su mujer Cristina Fern&aacute;ndez Cubas y que relata bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;viaje inici&aacute;tico&rdquo; en su libro de memorias &lsquo;El &aacute;rbol de la vida&rsquo;.&nbsp;</div>
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<div>Mi primer contacto de verdad con &eacute;l fue en otro viaje, &eacute;ste a Italia, que hicimos junto con mi madre y mi hermana In&eacute;s en el verano de 1972. Mi padre hab&iacute;a muerto tres a&ntilde;os antes y Eugenio ofici&oacute; all&iacute; un difuso papel paterno en el que nunca se imbuy&oacute; del todo.&nbsp;</div>
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<div>Ten&iacute;amos que coger el Canguro (as&iacute; se llamaba el barco transbordador que hac&iacute;a el trayecto de Barcelona a G&eacute;nova), pero por una raz&oacute;n que no recuerdo el barco no sali&oacute;, as&iacute; que decidimos cubrir el trayecto en coche, haciendo noche por el camino. Al no haber reservado habitaci&oacute;n fuimos a parar a un extra&ntilde;o hotel de carretera regentado por un &eacute;mulo de Anthony Perkins. Eugenio y mi madre se pasaron la cena bromeando acerca del lugar en el que deb&iacute;a guardar la momia de su madre o del peligro que representar&iacute;a la ducha matutina. Compart&iacute;an la afici&oacute;n por el cine de Hitchcock. A mi madre siempre le gustaron las pel&iacute;culas escabrosas y disfrutaba con el humor negro. Lo siniestro se hallaba presente en casa. Una cabeza de j&iacute;baro reducida colgaba de uno de los pelda&ntilde;os de la escalera de caracol de hierro colado que conectaba el primer y el segundo piso de la calle Balmes donde viv&iacute;amos. Mi madre, que conjugaba la indicada afici&oacute;n con un marcado sentido pr&aacute;ctico la coloc&oacute; all&iacute; para evitar que nadie se diera con la cabeza en la parte posterior de la escalera. A Eugenio tambi&eacute;n le atra&iacute;a lo escabroso. Una de sus series favoritas fue &lsquo;Seis pies bajo tierra&rsquo;, en la que se narran las aventuras y desventuras de la familia que regenta un tanatorio.</div>
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<div>Tras iniciar el viaje por el camino de lo siniestro, transitamos hacia la explosi&oacute;n de belleza de Florencia. All&iacute; descubr&iacute; de su mano el &lsquo;Nacimiento de Venus&rsquo; y la &lsquo;Alegor&iacute;a de la Primavera&rsquo; de Botticelli. Fue para m&iacute; un ejercicio de autocontenci&oacute;n, a mis 14 a&ntilde;os, estar parado media hora enfrente de cada uno de los cuadros. Eugenio los escrutaba, se sumerg&iacute;a en ellos. En ocasiones me hac&iacute;a una breve observaci&oacute;n. Pero su posici&oacute;n ante la obra de arte era la del di&aacute;logo interior que qued&oacute; reflejado en algunas p&aacute;ginas de su ensayo &lsquo;Lo bello y lo siniestro&rsquo;, en las que describe con intensidad ambas obras sublimes y recogi&oacute; esa imagen de Venus en la portada de su primera edici&oacute;n.&nbsp;</div>
<div>&nbsp;</div>
<div>Mi madre y mi hermana In&eacute;s se adelantaban y qued&aacute;bamos con ellas m&aacute;s tarde. Yo aprend&iacute; a contemplar el arte y a conmoverme frente a las obras que han marcado nuestro imaginario pict&oacute;rico del &lsquo;Quattrocento&rsquo;. Junto a Botticelli descubr&iacute; de su mano a Masaccio, Benozzo Gozzoli, Fra Angelico, Piero della Francesca, Fra Filippo Lippi y Ghirlandaio. Disfrutamos tambi&eacute;n de las puertas del Baptisterio de Ghiberti, y por supuesto de la maravillosa c&uacute;pula de Brunelleschi.&nbsp;</div>
<div>&nbsp;</div>
<div>Estaba entonces Eugenio elaborando los conceptos que, m&aacute;s adelante, plasmar&iacute;a en &lsquo;El artista y la ciudad&rsquo; y el viaje le sirvi&oacute; para observar de primera mano esa ciudad real renacentista en la que, siguiendo el discurso de Pico de la Mir&aacute;ndola, se consuma &laquo;esa &uacute;ltima esencia del platonismo que implica la reintegraci&oacute;n del artista en la ciudad&raquo;. Tuvimos entonces nuestras primeras conversaciones como adultos y, pese a que me doblaba en edad, encontr&eacute; en &eacute;l la complicidad de un hermano con el que compartir intimidades&rdquo;.</div>]]></description>
      <pubDate>Fri, 24 May 2024 09:29:19 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Blagdaross]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/blagdaross/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas24/LUIS_ALBERTO_DE_CUENCA_6_500_px.jpg" alt="" /></p>
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<p>L&eacute;eme otra vez el cuento de la infancia perdida,</p>
<p>donde un simple caballo de madera es el h&eacute;roe</p>
<p>de toda una Cruzada, y una mu&ntilde;eca rota,</p>
<p>una princesa altiva de Grimm o de Perrault.</p>
<p>Cu&eacute;ntamelo otra vez &mdash;como dec&iacute;a Amalia</p>
<p>en un inolvidable poema&mdash;, cu&eacute;ntame</p>
<p>c&oacute;mo el ni&ntilde;o se hizo mayor, y sus juguetes</p>
<p>quedaron arrumbados en un desv&aacute;n oscuro</p>
<p>hasta que otro ni&ntilde;o, de otra generaci&oacute;n,</p>
<p>volvi&oacute; a jugar con ellos, volvi&oacute; a so&ntilde;ar con ellos,</p>
<p>y los resucit&oacute;. Cu&eacute;ntame las proezas</p>
<p>de Blagdaross. Si lo haces, podr&aacute;s ver c&oacute;mo fluye</p>
<p>de mis ojos cansados una lluvia de l&aacute;grimas</p>
<p>que surgen de lo m&aacute;s profundo que hay en m&iacute;,</p>
<p>y c&oacute;mo me emociono, igual que el primer d&iacute;a,</p>
<p>al pensar en las nuevas batallas que, al comp&aacute;s</p>
<p>del llanto inconsolable que brota de mis ojos,</p>
<p>seguiremos librando hasta el fin de los siglos,</p>
<p>contra el tiempo y el mundo y las desilusiones,</p>
<p>mi caballito de madera y yo.</p>
<p>&nbsp;</p>
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      <pubDate>Wed, 15 May 2024 11:56:58 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Experiencias de rotulador]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/experiencias-de-rotulador/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas24/ELOY_TIZ_N_3_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Un d&iacute;a te despiertas y est&aacute;s ciego. Un d&iacute;a te despiertas y est&aacute;s mudo: has perdido la capacidad de comunicarte con los dem&aacute;s; no vocalizas bien, tu lengua se mueve con torpeza. Un d&iacute;a te despiertas y no eres t&uacute;; no reconoces tus manos. Tus manos no son tuyas, te las han trasplantado por otras durante el sue&ntilde;o. Mueves, sin comprenderlos del todo, tus dedos como enguantados en una sustancia ligera. Un d&iacute;a aprietas el interruptor de la luz y de la alcachofa de la ducha comienza a manar el agua.</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; est&aacute; ocurriendo?&nbsp;</p>
<p>Un d&iacute;a, en la adolescencia, contraje algo. Algo raro, vivo. Aqu&iacute;, no s&eacute;, en la frente. Se me meti&oacute;. Algo sin forma que me manten&iacute;a alerta y al mismo tiempo me hac&iacute;a infeliz. Una cosa. Un zumbido. Un surco en el cerebro. Una zozobra seca, cuyos s&iacute;ntomas eran parecidos a los del enamoramiento o la gripe, pero sin estar yo ni griposo ni enamorado. Me cuesta explicarlo mejor.</p>
<p>Voz caliente y pies fr&iacute;os.&nbsp;</p>
<p>Esa cosa me imped&iacute;a dormir; era un tormento que me obligaba a no conformarme con lo que hab&iacute;a. A desear m&aacute;s. A desearlo todo, con ansia.</p>
<p>La Cosa. Me ordenaba pedalear entre las s&aacute;banas, moviendo mucho las piernas, hasta sentir un tir&oacute;n en el empeine o montados los gemelos. Me ordenaba levantarme de madrugada, descalzo, cojeando, y abrir las hojas del balc&oacute;n en contra de mi voluntad. Para nada.</p>
<p>Te ordeno, te ordeno, te ordeno. <em>Teordeno.</em></p>
<p>Yo: &laquo;No quiero ir&raquo;. Ella: &laquo;S&iacute;. Hazlo, Erizo. Hazlo&raquo;.</p>
<p>Lo hac&iacute;a.&nbsp;</p>
<p>Ya estoy en el balc&oacute;n abierto. Hace fr&iacute;o. &iquest;Est&aacute;s contenta?</p>
<p>Nada ni nadie responde a mi pregunta. Un pasillo de viento. Autom&oacute;viles seminuevos y una manzana en la acera.</p>
<p>Una manzana. Sola. Qu&eacute; humillaci&oacute;n. Me daba rabia y verg&uuml;enza.&nbsp;</p>
<p>Me sent&iacute;a humillado todo el tiempo. Algo tiritaba en m&iacute;. El mundo era insuficiente, un cat&aacute;logo borroso, fr&iacute;gido, mal rematado, una selva de gr&uacute;as y buzones y tel&eacute;fonos.</p>
<p>Un l&iacute;quido para beber caliente que se ha enfriado.</p>
<p>Todo era un l&iacute;mite que no se pod&iacute;a traspasar. La materia: un l&iacute;mite. El tiempo: otro l&iacute;mite. Y as&iacute; todo.</p>
<p>Yo ansiaba&hellip; sobrepasar, bordear, rotular&hellip; No, no era eso, muy mal expresado. Yo&hellip; No encontraba las palabras. Me rindo. Voy a intentarlo de nuevo: yo ansiaba, supongamos, ensanchar el mundo. O corregirlo.</p>
<p>(&iquest;Mejor as&iacute;? Bueno, psh, por ahora nos conformaremos con eso.)</p>
<p>No por m&iacute;, sino por culpa de ese hormigueo invasor que me exig&iacute;a, me retaba, me remord&iacute;a, demandaba sus derechos.</p>
<p>Un d&iacute;a te despiertas y te sientes incapaz de seguir siendo t&uacute;.&nbsp;</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; me estaba ocurriendo? Yo estaba mal, muy alterado. Pasaba semanas al acecho, nervioso e irritable. Aquella Cosa hablaba por m&iacute;. Contestaba mal a mis padres, lo cual era injusto, porque no lo merec&iacute;an. No merec&iacute;an aquel hijo defectuoso, chafado. La Cosa.</p>
<p>Muy p&aacute;lido, no atend&iacute;a las clases del instituto, olvidaba comer. La Cosa.</p>
<p>Los profesores cubr&iacute;an el encerado con f&oacute;rmulas algebraicas y gr&aacute;ficas de fiebre, igual que en los hospitales. La ense&ntilde;anza era una especie de convalecencia. Nos amontonaban a todos all&iacute;, a la espera de un diagn&oacute;stico. Ingresado, yo prestaba poca atenci&oacute;n a las pel&iacute;culas medievales de campesinos o a la mitosis de c&eacute;lulas, que para m&iacute; eran lo mismo.</p>
<p>Campesinos, c&eacute;lulas: l&iacute;mites.</p>
<p>La historia avanzaba a c&aacute;mara lenta, se arrastraba a la pata coja. &iexcl;Vamos, m&aacute;s br&iacute;o!Tardaban una eternidad hasta empujar a la guillotina a F&eacute;lix III y entronizar en su lugar a Trist&aacute;n IV, quien no tardaba en correr la misma suerte de ser conducido tambi&eacute;n al cadalso y eso entraba en el examen parcial.</p>
<p>No paraban de rodar cabezas.</p>
<p>Lo cual me recordaba aquella manzana en la acera que llevaba pudri&eacute;ndose tres d&iacute;as seguidos sin que ning&uacute;n barrendero la retirase. En serio, &iquest;por qu&eacute;?&nbsp;</p>
<p>No encontraba mi espacio. La vida daba siempre la se&ntilde;al de estar comunicando. Un mensaje grabado que dec&iacute;a: &laquo;Todas nuestras operadoras est&aacute;n ocupadas en este momento&raquo;. En cambio, escuchaba como un llanto lejano que no cesaba de sonar en todo el d&iacute;a. Miraba a los grupos de estudiantes con aprensi&oacute;n: nadie m&aacute;s parec&iacute;a notar nada raro. Sus cuerpos embutidos en sudarios de rocanrol y poli&eacute;ster.</p>
<p>Los o&iacute;a cacarear en el patio, debajo de la canasta de baloncesto, entre risas, toses suaves, alegres, muy suyos, desesperados, haciendo chascar sus nudillos mientras alardeaban de algo alzando mucho el cuello o trazaban planes conspiratorios para la tarde del s&aacute;bado y la ma&ntilde;ana del domingo. Hab&iacute;a una gran precisi&oacute;n y riqueza de detalles en esos planes cuchicheados, procedentes de estirar mucho el cuello, de cuya belleza yo, por alguna raz&oacute;n, estaba excluido.&nbsp;</p>
<p>En alg&uacute;n sitio se celebra una boda, un baile de disfraces, una fiesta de pijamas, alguien se casa, uno grit&oacute;:</p>
<p>&ndash;&iexcl;Tenemos que hacer una colecta entre todos para el regalo a los novios!</p>
<p>Esto los alter&oacute; mucho. Provoc&oacute; malentendidos, ri&ntilde;as, enfados. O planeaban juntarse otro d&iacute;a, en casa de Katia Orororo, aprovechando la ausencia de sus padres, para celebrar una sesi&oacute;n de espiritismo, sentarse a oscuras en el suelo del sal&oacute;n, formando un c&iacute;rculo de manos, y desde esa rueda invocar a los esp&iacute;ritus por medio de una ouija.</p>
<p>No era la primera vez que lo hac&iacute;an. Aseguraban que en cierta ocasi&oacute;n un esp&iacute;ritu respondi&oacute; a sus demandas, qu&eacute; susto, el vaso se desplaz&oacute; solo de una letra a la otra, de la ese a la eme, de la hache a la uve, para deletrear palabras o frases simples, t&uacute; eres pura, t&uacute; eres pura, le escribi&oacute; a una el esp&iacute;ritu, el vaso se deslizaba solo, sin intervenci&oacute;n de nadie, hasta que de repente sali&oacute; volando por los aires y se estrell&oacute; contra la pared, rompi&eacute;ndose en a&ntilde;icos, momento en que todos salieron huyendo despavoridos de casa de Katia Orororo.</p>
<p>A partir de aquella tarde celebraron las reuniones en casa de Camilo Coria.&nbsp;</p>
<p>Chascaban los nudillos, mis compa&ntilde;eros de estudios, sobreexcitados con la colecta para la boda o con aquel vaso de ultratumba, debajo de la canasta de baloncesto.</p>
<p>Iban a bodas. Hac&iacute;an espiritismo. Se relacionaban con novios o con esp&iacute;ritus, gente interesante. Yo no.</p>
<p>Tambi&eacute;n esto era otro l&iacute;mite. Un fracaso personal.</p>
<p>Mov&iacute;an los labios para hablar y lo que yo escuchaba era: un llanto.&nbsp;</p>
<p>Me aterraba la muerte y a veces deseaba morir.</p>
<p>Estar muerto ya. En pleno mediod&iacute;a, joven. La oscuridad de la tumba. El silencio eterno. La nada. Nada se mueve, nadie duda, no hay titubeos. Los grandes interrogantes filos&oacute;ficos que te ara&ntilde;an la mente a lo largo de toda tu existencia, sin dejarte en paz ni un segundo, al final se reducen a esto: una inscripci&oacute;n con dos fechas.</p>
<p>&iquest;Eso era todo?</p>
<p>Llueve sobre tu l&aacute;pida, que se vuelve resbaladiza como una pista de patinaje. La muerte es resbaladiza, gotea. Una hoja cae, no cae. Unas manos hacendosas modifican ramos de flores, tralar&iacute; tralar&aacute;. La vida, pese a todo, contin&uacute;a sin ti. La vida siempre triunfa. El mundo no te necesita, ni a ti ni a nadie. Un universo reptante de larvas, ra&iacute;ces, secreciones, nudos, siseos. &laquo;Aqu&iacute; yace&hellip;&raquo;.&nbsp;</p>
<p>El m&eacute;dico del Seguro que me examin&oacute;, el doctor Barrientos, tras auscultarme me encontr&oacute; sano, nada, no tienes nada, muchacho, Erizo, me inst&oacute; a hacer ejercicio aer&oacute;bico, nadar y pedalear hasta agotarme, nada que no se cure sudando, &iquest;tienes novia, muchacho, Erizo?, y antes de darme tiempo a responder el doctor Barrientos me recomend&oacute; tomar un complejo vitam&iacute;nico y vuelves en seis meses, o antes si est&aacute;s peor, muchacho, Erizo, pero yo no estaba ni mejor ni peor, sab&iacute;a que no era eso, no era eso. Ni parecido.</p>
<p>Guard&eacute; silencio. El m&eacute;dico tambi&eacute;n guard&oacute; silencio.</p>
<p>Los dos guardamos silencio.&nbsp;</p>
<p>La manzana en la acera llevaba ya cinco d&iacute;as pudri&eacute;ndose. Cinco. Nadie hac&iacute;a nada por remediarlo. Aboll&aacute;ndose ella sola, con una abolladura interior. Vi c&oacute;mo brotaba de ella una suerte de absceso, que comenz&oacute; a supurar un l&iacute;quido parduzco. Poco a poco iba cobrando el aspecto de una manzana asada.&nbsp;</p>
<p>Prob&eacute; a cantar. Nada. Prob&eacute; a dibujar. Nada, tampoco.</p>
<p>Segu&iacute;a sintonizando el llanto.</p>
<p>Prob&eacute; a escalar una monta&ntilde;a, con resultados nulos. Despu&eacute;s de extenuarme todo el d&iacute;a al aire libre bajo el sol, entre rocas naranjas y cascadas verdes, baj&eacute; trotando de las alturas medio grogui y af&oacute;nico de tanto ox&iacute;geno.</p>
<p>&ndash;Por intentarlo nada se pierde, Erizo &ndash;me dijo alguien.&nbsp;</p>
<p>El consultorio del doctor Barrientos se encontraba al fondo de un largo, largu&iacute;simo pasillo. El pasillo alcanzaba el consultorio ya exhausto. Con sus &uacute;ltimas fuerzas, se desparramaba en dos butaquitas verdes de felpa con minifalda de flecos, un velador sobre el cual sonre&iacute;a una revista warholiana y una l&aacute;mpara de pie, pero no mucho.</p>
<p>Hab&iacute;a un biombo blanco en el consultorio del doctor Barrientos. Visillos tambi&eacute;n blancos, como hecho adrede. Todo muy conjuntado. Art&iacute;stico, incluso. El doctor Barrientos era un m&eacute;dico pop. Una camilla de hierro con pinta de confortable, a la que apetec&iacute;a llamar &laquo;lecho&raquo;. Un armario met&aacute;lico, pr&aacute;ctico, que contendr&iacute;a guantes de goma, algod&oacute;n, yodo, jeringuillas o esterilizadores o yo qu&eacute; s&eacute;. Formas.</p>
<p>El doctor Barrientos me extendi&oacute; una receta. La letra del doctor Barrientos era legible.&nbsp;</p>
<p>Un d&iacute;a, por hacer algo, prob&eacute; a escribir algunas frases sueltas, en un pedazo de papel que encontr&eacute; en la cocina.</p>
<p>Algo hizo clic. &iquest;Ahora s&iacute;?</p>
<p>Mi estado pareci&oacute; mejorar un poco. El llanto se mitig&oacute;. Sent&iacute; que algo sucio y pesado se me remov&iacute;a dentro, pesaba menos, la bola se desatascaba, la sangre flu&iacute;a m&aacute;s acuosa.</p>
<p>La bestia, durante algunos minutos, dio la impresi&oacute;n de apaciguarse, ceder, doler menos, antes de que el efecto se disipase y ella volviese a la carga.</p>
<p>La luz en la ventana se agazapaba, era un gato de sol.&nbsp;</p>
<p>Compr&eacute; un cuaderno escolar. Anot&eacute; frases. Dibuj&eacute; flores. Escrib&iacute;a sin pensar, en una especie de trance loco, durante varias horas, lo primero que se me ocurriese, sin levantar la vista del papel ni para releer lo escrito ni para corregir.</p>
<p>Mis padres se asomaron a la cocina, me sonrieron, tranquilizados, casi conmovidos, y retrocedieron de puntillas, para no molestarme: pensaban que estaba volcado en mis estudios.&nbsp;</p>
<p>Ellos ten&iacute;an otras preocupaciones. Pronto nos mudar&iacute;amos a una casa m&aacute;s grande y mejor, en un barrio nuevo. Nuevas calles, nuevos afectos. Hab&iacute;a que desmontar el hogar. Las paredes empezaron a vaciarse de estanter&iacute;as, fotos, libros y cachivaches, y los pasillos a poblarse con pilas de cajas rotuladas con t&iacute;tulos de cat&aacute;logo de decoraci&oacute;n o pel&iacute;cula de gritos: &laquo;Vajilla nueva&raquo;, &laquo;Ba&ntilde;o&raquo;, &laquo;Cocina/2&raquo;, &laquo;Varios&raquo;.&nbsp;</p>
<p>Iba a todas partes con mi cuaderno. El hecho de que no me separase de &eacute;l motiv&oacute; que mis compa&ntilde;eros de clase me apodasen burlonamente el Taqu&iacute;grafo. Ni siquiera me molest&oacute;. A mis espaldas, sin consultarme, propusieron mi candidatura para ser delegado de curso. No era opcional. Mi cara apareci&oacute; en los carteles. Qued&eacute; el segundo. Gan&oacute; Camilo Coria, por un escaso margen de votos.</p>
<p>La lluvia desti&ntilde;&oacute; los carteles. Mi cara, arrugada, termin&oacute; en la papelera.</p>
<p>Nada hab&iacute;a cambiado, nada, y, no obstante, todo era distinto. El mundo. Las caras de la gente. Los edificios de hombros estrechos, salivados de lluvia. Al pasar por mi cuaderno, el mundo se revitalizaba, intensificaba sus colores o sal&iacute;a huyendo con otro estilo.</p>
<p>Al s&eacute;ptimo d&iacute;a, la manzana en la acera desapareci&oacute;. O yo dej&eacute; de verla.&nbsp;</p>
<p>Si no se me ocurr&iacute;a nada, lo me que suced&iacute;a con frecuencia, anotaba en mi cuaderno una sola palabra: &laquo;Cactus&raquo;.</p>
<p>Me obligaba a repetirla cien veces, o doscientas, con total solemnidad lit&uacute;rgica, en un castigo placentero, cactus cactus cactus cactus cactus. Una l&iacute;nea tras otra, sin desfallecer. Lo importante no era el significado concreto de tal palabra, o de cualquier otra, sino la acumulaci&oacute;n verde y espinosa que esas seis letras convocaban y expand&iacute;an.</p>
<p>Las palabras despertaban al diccionario.&nbsp;</p>
<p>Me concentraba. Visto desde fuera, pod&iacute;a dar la sensaci&oacute;n de que hac&iacute;a algo &uacute;til, importante o beneficioso para alguien. Mi casa se vaciaba, pronto habr&iacute;a una mudanza. Yo me limitaba a cubrir las p&aacute;ginas de los cuadernos con facilidad, una tras otra, sin sufrimiento alguno, a buen ritmo, por ambas caras, persiguiendo aquella caligraf&iacute;a huidiza que siempre iba un paso por delante de m&iacute; y se me escapaba, como la correa de un perro suelto al doblar la esquina.&nbsp;</p>
<p>El lenguaje sab&iacute;a m&aacute;s que yo. Me teledirig&iacute;a. Me indicaba las posibles direcciones, postes se&ntilde;aladores. Yo me abandonaba a su canto. Era mi manera de escalar montes, o de hacer espiritismo, para contactar con los muertos.</p>
<p>Algo aprend&iacute;: que no deb&iacute;a oponer resistencia, sino rendirme, no intervenir, dejar que el lenguaje tomase todas las decisiones por m&iacute;, hiciese &eacute;l solo todo el trabajo, mientras yo permanec&iacute;a al margen, ocioso, mir&aacute;ndome las u&ntilde;as.</p>
<p>Escribir no es trabajar, sino permitir que trabaje el otro. Que el otro hable. Que nos inunde. Que nos posea. Lo verdaderamente dif&iacute;cil, a la hora de escribir, es mantenernos callados, apartarnos y molestar lo menos posible.</p>
<p>Cuando quiso darse cuenta, el Taqu&iacute;grafo ya hab&iacute;a entrado en el club de los comedores de papel. Masticadores de verbos.&nbsp;</p>
<p>Quien escrib&iacute;a no era del todo yo, sino alg&uacute;n otro Erizo desconocido hasta entonces, que la escritura sacaba a la luz. Escribir es duplicarse, multiplicarse. Yo era el primer asombrado al ver brotar de mis dedos aquella proliferaci&oacute;n horizontal, un pentagrama donde bailaban astros. Pueblos de cartulina. Una hilera de iglesias, una pegada a la otra, en cada una de las cuales se sumerg&iacute;a la cabeza de un reci&eacute;n nacido en una pila bautismal rebosante de agua bendita. Una pared. Otra pared. Un tiroteo.</p>
<p>La escritura activaba alg&uacute;n resorte oculto de memoria peligrosa. Me acordaba perfectamente de cosas que nunca hab&iacute;a vivido.&nbsp;</p>
<p>La siguiente fase fue cuando comenc&eacute; a ver personajes de ficci&oacute;n. Dos, en concreto: se me aparecieron muy j&oacute;venes, casi adolescentes, un hombre y una mujer, todav&iacute;a sin nombre. &iquest;Qui&eacute;nes eran? Los veo como en sue&ntilde;os, metidos en alguna clase de dilema serio o de amenaza inapelable. Discuten mientras caminan al aire libre, en el centro del verano, por una finca campestre, poblada de &aacute;rboles, r&iacute;os, ganado, sombras, revuelo de gallinas, moscas, embarcaderos con flores. En el aire flotan briznas de alquitr&aacute;n y calor.&nbsp;</p>
<p>Tambi&eacute;n veo que est&aacute;n escondidos, que no pueden salir de all&iacute; ni aunque quieran. Sus vidas corren peligro. Alguien poderoso, un familiar lejano, ha encargado a un sicario &shy;&ndash;se me ocurre de repente, y as&iacute; lo transcribo sin dudar en el cuaderno&ndash; la tarea de localizarlos y abatirlos a tiros como si fuesen bestias. Trofeos de caza. Animales heridos.&nbsp;</p>
<p>En esta misma finca jugaban ellos dos cuando eran ni&ntilde;os. Y mira ahora. El cielo enfila hacia el mar, en mi cuaderno. Sin embargo, &eacute;l trata de persuadirla de que lo m&aacute;s conveniente es que regrese &ndash;ella sola, sin &eacute;l&ndash;&nbsp;al peor sitio posible, a donde mayor es el riesgo, la posibilidad de cacer&iacute;a, la sangre.</p>
<p>&ndash;&iquest;Por qu&eacute; me pides eso? &ndash;protesta Cordelia&ndash;. No tiene sentido.&nbsp;</p>
<p>Discuten. Al parecer, no queda otro remedio. Es una apuesta descabellada. Sabe que si la descubren, perder&aacute; la vida. Se perder&aacute;n el uno al otro. Hay como una fatalidad en todo ello, un hado, rencillas s&oacute;rdidas del pasado sin resolver, traiciones, deudas de dinero, laberintos del destino que los obligan a separarse (&iquest;por qu&eacute;, si se aman?) en el peor momento posible.</p>
<p>&ndash;Tiene que ser ya &ndash;insiste &eacute;l&ndash;. Lo antes posible. Si puede ser hoy, mejor que ma&ntilde;ana.&nbsp;</p>
<p>Cordelia tiene agujas de pino en el pelo. Un segundo antes de hablar, cierra los ojos. Parece a punto de llorar, se retuerce las manos. No entiende, se resiste:</p>
<p>&ndash;&iquest;Qu&eacute; es m&aacute;s peligroso? &ndash;pregunta&ndash;. &iquest;Que me encuentren ellos a m&iacute; por la calle o que me los encuentre yo a ellos?</p>
<p>Ella ignora si se trata de un estado de locura pasajera o una inocentada o incluso una ocurrencia genial de &eacute;l, de su amante, la persona con quien se acuesta.</p>
<p>(Ya desarrollar&eacute; esto m&aacute;s adelante).&nbsp;</p>
<p>Tal vez el &uacute;nico lugar donde no se les ocurrir&iacute;a buscarlos sea precisamente all&iacute;, donde &eacute;l la env&iacute;a, al infierno, a un palmo del cuartel general de los matones o de la discoteca de la muerte. Una idea tan idiota que no es posible creerla. O puede que gracias a eso, a su incongruencia, ella salve la vida.</p>
<p>Despu&eacute;s de todo.&nbsp;</p>
<p>Como con miedo a quebrarse, Cordelia ofrece, por decir algo, posibles refugios alternativos: Malasia, Singapur, una islita que&hellip; Menciona otros cuantos, cada vez menos cre&iacute;bles.</p>
<p>Los dos saben que no es posible. El momento del adi&oacute;s se aproxima.&nbsp;</p>
<p>&Eacute;l pronuncia la &uacute;nica palabra prohibida entre ellos. El t&eacute;rmino tab&uacute;. Una sola vez:</p>
<p>&ndash;Hermana.</p>
<p>En la catedral de &aacute;rboles se hace el silencio. Una nota.</p>
<p>&ndash;&iquest;Reconoces el canto de ese p&aacute;jaro? &ndash;pregunta &eacute;l&ndash;. Es un herrerillo com&uacute;n.&nbsp;</p>
<p>Se abrazan. Permanecen largo tiempo abrazados. Yo los veo, en mi cuaderno. No puedo hacer nada para ayudarlos, lo siento mucho. Cordelia, resignada a lo peor, se rinde, que ocurra lo que tenga que ocurrir, al fin murmura:</p>
<p>&ndash;Entonces, si no queda otro remedio, deber&iacute;a prepararme ya, hacer la maleta.</p>
<p>&Eacute;l asiente.</p>
<p>Ninguno de los dos se mueve.&nbsp;</p>
<p>Mientras yo no lo decida, no se mover&aacute;n de all&iacute;. Se amar&aacute;n, se odiar&aacute;n, soy due&ntilde;o de sus pasiones, al contrario que de las m&iacute;as. Intervengo o no, teledirijo sus sue&ntilde;os. Decido corregir un &aacute;rbol, trasplantar otro de sitio, trasladar un r&iacute;o. &Aacute;rboles que simulan ser personas. Solo hablan cuando yo les doy permiso. Sin mi permiso, los personajes permanecen mudos, a la espera. Qu&eacute; solos est&aacute;n, me dan pena. Deposito mis palabras en sus bocas, si quiero. Puedo matarlos o permitirlos que vivan, si quiero. A&uacute;n no lo s&eacute;. Ellos dos son mis rehenes. Seguir&aacute;n estando presos y agujereados, atrapados en el desierto campestre y en mi cuaderno.&nbsp;</p>
<p>(Si el mundo se enterase. Si alguna vez el mundo, por casualidad. De rebote, digo. Qu&eacute; miedo, cu&aacute;nta zozobra. Si alguna vez el mundo &ndash;me refiero al mundo adulto, al no-nosotros, ese de portafolios y corbata y salario m&iacute;nimo interprofesional&ndash; sospechase de nuestra existencia, nos imaginase juntos, solos, convertidos en plural, nos sorprendiese in fraganti saliendo o entrando de los espejos del recibidor de los hoteles, registr&aacute;ndonos con nombres falsos, se&ntilde;or y se&ntilde;ora Duarte, se&ntilde;or y se&ntilde;ora Gabalda, &hellip;</p>
<p>Si eso pasase. Nos pasase. Entonces).&nbsp;</p>
<p>La vida cambia a cada minuto. Durante un minuto o dos te parece que es algo y al minuto siguiente se rectifica y ya es otra. La vida no tiene ning&uacute;n prop&oacute;sito preconcebido, ning&uacute;n esquema fijo trazado de antemano para nosotros, qu&eacute; va, el destino no existe, ni los dioses, todo es pura improvisaci&oacute;n de la materia, puro esc&aacute;ndalo, la vida toca jazz sin partitura, somos libres pero estamos solos, todo est&aacute; en el aire. Nadie sabe qu&eacute; le deparar&aacute; el despertar de hoy, si amaneceremos oficinistas o escarabajos.</p>
<p>Yo no s&eacute; lo que busco hasta que lo encuentro.&nbsp;</p>
<p>Las cajas para la mudanza se apilaban en el sal&oacute;n, formando torres. Ya faltaba poco para mudarse. Nos vamos. A partir de ahora las cosas pueden salir bien o mal, puede que el amor te sea adverso o propicio, puede que no pare de llover en todo el d&iacute;a, en&nbsp; toda la semana, mientras t&uacute; te inclinas sobre tu cuaderno. Y qu&eacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 15 May 2024 11:35:27 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ansón y la menos conocida Transición española]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/anson-y-la-menos-conocida-transicion-espanola/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/ANTONIO_ANS_N_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>El narrador, ensayista y poeta, Antonio Ans&oacute;n (Villanueva del Huerva,1960) reedita la novela &ldquo;Llamando a las puertas del cielo&rdquo; en la colecci&oacute;n Letra &uacute;ltima que dirige la profesora de la Universidad de Zaragoza Mar&iacute;a &Aacute;ngeles Naval en la Instituci&oacute;n Fernando el Cat&oacute;lico de la Diputaci&oacute;n de Zaragoza. La primera edici&oacute;n fue en Artemisa Ediciones (La Laguna, Tenerife) en 2007 y en 2008 recibi&oacute; el Premio C&aacute;lamo Extraordinario. Esta nueva edici&oacute;n de la novela cuenta con un excelente estudio y materiales complementarios pedag&oacute;gicos de la novelista y catedr&aacute;tica de Literatura Espa&ntilde;ola Ana Rodr&iacute;guez Fischer. &iexcl;Ah&iacute; es nada! esta novela es la narraci&oacute;n de los a&ntilde;os finales de la Transici&oacute;n espa&ntilde;ola y la llegada de la democracia, desde la &oacute;ptica de los pueblos de Arag&oacute;n, de todos y de ninguno: todos se parecen.&nbsp;</p>
<p>Una de las cosas que m&aacute;s me sorprende de esta novela es que apuesta por una eternidad negra, apuesta por la nada: por esa negritud infinita. Y en esa soledad uno recuerda historias, an&eacute;cdotas, vicisitudes, pues en &ldquo;este cielo de los muertos no se ve nada porque reina la negrura absoluta&rdquo; (p. 129). As&iacute; pues tenemos una novela que sorprende desde la primera l&iacute;nea hasta la &uacute;ltima. Nos podemos hacer una idea del m&aacute;s all&aacute; y tenemos a Ambrosio el Renacido que habla con los muertos y ve lo que sucede allende y aquende. Un personaje entra&ntilde;able a quien hablar con los muertos le hace mucha gracia.&nbsp;</p>
<p>Adem&aacute;s, esta novela, por m&aacute;s veces que la releo, me llama poderosamente la atenci&oacute;n el que el narrador sea una persona muerta y siempre me lleva a recordar la forma de contar de aquel c&eacute;lebre personaje legendario, el mago Merl&iacute;n, de origen demon&iacute;aco que conoc&iacute;a, o al menos era capaz de adivinar el pasado y el futuro. En este caso el narrador testimonial muerto ha sido compa&ntilde;ero de todos, j&oacute;venes y viejos, y hasta amigo de algunos de ellos: los muertos le cuentan y &eacute;l cuenta: el bueno de Andr&eacute;s que se fue virgen.&nbsp;</p>
<p>La novela est&aacute; ambienta en un pueblo llamado Valcorza y ya se sabe y es de todos conocido y repito que todos los pueblos m&aacute;s o menos se parecen: uno es como el otro y el otro como el uno. La narraci&oacute;n no pod&iacute;a tener otro inicio m&aacute;s firme, contundente, sereno y sugerente: &ldquo;En el cementerio de Valcorza nos han ido enterrando a todos. Uno tras otro. Uno tras otro&rdquo;. Ley de vida es el morir, aunque no siempre ahogados, claro. Hasta de un tiro de escopeta de caza o atropellado por tu propio tractor.&nbsp;</p>
<p>Esta es una novela que consta de 41 cap&iacute;tulos, en unas 150 p&aacute;ginas en esta reedici&oacute;n, m&aacute;s 50 de estudio, un par de bibliograf&iacute;a y una veintena de material complementario pedag&oacute;gico, por las 200 p&aacute;ginas de la primera edici&oacute;n, con los mismos cap&iacute;tulos, claro. Y es esa ocultaci&oacute;n de la identidad del narrador lo que para m&iacute; es el principal motivo de la obra: puede ser el doble del autor, como Valcorza de Villanueva, tal vez&hellip; Lo que tambi&eacute;n me recuerda al &ldquo;convidado de piedra&rdquo;, aunque salvando las distancias, claro.&nbsp;</p>
<p>Tambi&eacute;n pienso que es todo y nada de esto pues &ldquo;Llamando a las puertas del cielo&rdquo; es una isla libre que se yergue a los cielos, que ha resistido el paso del tiempo, 17 a&ntilde;os ya, contra la corriente m&aacute;s que a favor, y que a quienes se adentran en ella todav&iacute;a se les ofrece un pasado reciente pasmoso, algo lejano ya es cierto, pero seguimos igual, que abre los ojos, a las persona lectoras, a todas esas posibilidades &eacute;ticas y est&eacute;ticas narrativo po&eacute;ticas que purgan por salir del plano del momento aquel.&nbsp;</p>
<p>Creo que es una novela tan pl&aacute;stica que bien se parece a un conjunto exquisitamente hilvanado de im&aacute;genes, estampas literarias, para un corto o para toda una pel&iacute;cula en blanco y negro. Es, no me cabe ninguna duda, todo un maravilloso gui&oacute;n de cine. Adem&aacute;s, no me equivoco si aseguro que esta novela, &ldquo;Llamando a las puertas del cielo&rdquo;, que nunca traspaso, que tiene t&iacute;tulo de bolero o de canci&oacute;n norteamericana country o rock, aunque a mi me recuerda aquella canci&oacute;n &ldquo;Hotel California&rdquo; y tambi&eacute;n a Horacio, por aquello de que por mucho que salgas de tu casa nunca sales de ti mismo. Creo que es una obra plural que se alimenta de todo el bagaje lector del autor, hombre de basta cultura: que parece que lo ha le&iacute;do todo y lo ha visto todo desde esos montes que sube y baja a menudo. Ans&oacute;n es un amante impenitente de la fotograf&iacute;a y de la escalada.&nbsp;</p>
<p>La novela, seg&uacute;n se nos dice, es un relato sobre la Transici&oacute;n espa&ntilde;ola, una sociedad rural que llama a las puertas de Europa, tratando de sobrevivir a su historia y a s&iacute; misma, una met&aacute;fora sobre la aldea que llevamos dentro, porque Valcorza podr&iacute;a ser cualquier lugar de Espa&ntilde;a, y ninguno. Creo que, adem&aacute;s el narrador, Andresito como su padre, llamado Andr&eacute;s el Zanguango, quiere dejar testimonio de ese cantar y contar, de ese ser palabra en el tiempo: el autor es un poeta que, tambi&eacute;n hay que leer y tener en cuenta, busca captar y capturar la belleza fugaz del instante, de ese instante que narra, de ese temblor de la hoja de papel cuando escribes en ella con la pluma, y del brillo de las miradas de los vecinos: &ldquo;El vano de las ventanas tambi&eacute;n manchaba con matices de amarillo cadmio la superficie lisa del mediod&iacute;a vencido&rdquo; (p. 75).&nbsp;</p>
<p>La historia se centra en los a&ntilde;os 70 del pasado siglo. Y est&aacute; escrita, por un humanista dir&iacute;ase, de forma sencilla, humilde, maravillosa, de corte popular que engancha. Y no s&eacute; si sigue mucho las corrientes literarias de ayer ni de hoy, ese realismo que no termina de ser, donde Antonio Ans&oacute;n da muestras de que domina con maestr&iacute;a el arte de contar como nadie. Humor ir&oacute;nico a raudales, aragonesismos. Un recorrido o una traves&iacute;a de lo real a lo casi m&aacute;gico, con milagro incluido a Miguel Zalaya, de ah&iacute; que se le apodase Tres Patas, con ese su estilo vigoroso, firme y po&eacute;tico. Si leemos entrel&iacute;neas y pensamos un poco es alta teolog&iacute;a lo que se debate en esta novela.&nbsp;</p>
<p>Una obra emocionante y conmovedora, enraizada en lo m&aacute;s popular, en lo m&aacute;s nuestro, para describir la cotidiana realidad de ese mundo violento, asesinato incluido, y l&iacute;rico a la vez. Nuestro mundo de labradores que tan bien conocemos, somos de pueblo, al igual que el &eacute;xodo de los pueblos a las ciudades, esa di&aacute;spora est&aacute; descrita con exquisita sobriedad, sin molestar, ni a los muertos ni a los vivos. Antonio Ans&oacute;n trasciende la realidad, esta historia real de su Valcorza y el m&iacute;o. El de todos. Me gusta este cl&aacute;sico innovador en su forma de contar la sorprendente descripci&oacute;n del paisaje y su paisanaje: cura, de Trento o vaticanista; y alcalde, del r&eacute;gimen y democr&aacute;ticos; maestro, fil&oacute;sofo kantiano trasmutado en socr&aacute;tico &ldquo;hippy&rdquo;; barbero, pastor, zoofilia, sida, prostitutas, amores y desamores, pantano, laguna, molino, r&iacute;o Alt&aacute;n, corruptos, drogadictos. O sea, todo un cuadro, de enormes dimensiones, cabe decir. Incluido el cansino f&uacute;tbol y el Barcelona, que tambi&eacute;n este a&ntilde;o ha perdido la Liga.&nbsp;</p>
<p>Creo que Antonio Ans&oacute;n es todo un novelista intenso donde plasma y se preocupa por igual de las pasiones y trabajos de los protagonistas como de la t&eacute;cnica narrativa de la novela, que va y viene. Vemos el argumento a trav&eacute;s de sus personajes, del narrador muerto: a veces se invierte o confunde el orden temporal y asistimos primero a una escena y luego a otra anterior que la explica o la caricaturiza, cual Merl&iacute;n. El estilo, sin ninguna duda, es apasionado y minucioso. Se fija en los peque&ntilde;os detalles que hacen grande la obra. Tal vez y solo tal vez, a Valcorza, tu pueblo y el m&iacute;o, persona lectora, le falta una bruja o curandera, que en muchos pueblos la hab&iacute;a, por aquellos a&ntilde;os.&nbsp;</p>
<p>Pero para mejor decir y concluir esta rese&ntilde;a, citaremos a Rodr&iacute;guez Fischer, que ella s&iacute; que sabe: un estudio pr&oacute;logo de m&aacute;s que justa y necesaria lectura: &ldquo;&rsquo;Llamando a las puertas del cielo&rsquo; es una novela tan variada y rica en su composici&oacute;n y en los aspectos formales que articulan el relato, como en los personajes y las historias que protagonizan, cuyo conjunto da cuenta de un proceso hist&oacute;rico, pol&iacute;tico, social y econ&oacute;mico que cubre medio siglo de la vida de Espa&ntilde;a, tambi&eacute;n en el plano cotidiano e intrahist&oacute;rico&rdquo;. &iexcl;Am&eacute;n!.-&nbsp;</p>
<p>Antonio Ans&oacute;n, &ldquo;Llamando a las puertas del cielo&rdquo;, Zaragoza, Instituci&oacute;n Fernando el Cat&oacute;lico, 2023.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 09 May 2024 13:16:24 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Media vida en 500 aforismos ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/media-vida-en-quinientos-aforismos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/IGNACIO_DOCAVO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>Aunque no vayas a ninguna parte,</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>no te quedes en el camino.</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right">J. Bergam&iacute;n, <em>El cohete y la estrella</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
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<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">A un libro de aforismos, deber&iacute;a bastarle con un &uacute;nico aforismo como introducci&oacute;n. En el supuesto de que un libro de aforismos necesitase una introducci&oacute;n, y de que supi&eacute;semos a ciencia cierta lo que es y lo que no es un aforismo. Porque un aforismo, como tantas cosas en esta vida que todo el mundo cree saber lo qu&eacute; son, casi nunca es lo que parece, y ese aforismo &uacute;nico, propio o ajeno, siempre preferiblemente ajeno, y a ser posible ap&oacute;crifo, que legitimara el dudoso e improbable g&eacute;nero, la particular e inconfundible escritura afor&iacute;stica, ese aforismo no existe ni ha existido nunca. Y sin embargo, abundan los aforismos sobre aforismos, los aforismos af&oacute;nicos, los aforismos despeinados, los aforismos afrancesados, los aforismos afor&iacute;sticos, los aforismos infiltrados, los aforismos de la cabeza parlante, los <em>aforismos impertinentes</em>&hellip; pero ese aforismo deslumbrante, ese aforismo de aforismos que zigzaguea como el rayo, que brilla como el rel&aacute;mpago y retumba como el trueno, ese aforismo que trastorna la raz&oacute;n y obnubila el pensamiento, ese aforismo no existe, nunca ha existido. Es un mito, una leyenda. Cr&eacute;anme, he buscado por todos los rincones de mi biblioteca y no existe. Quiz&aacute;, no crean que cosa tan obvia se me escapa, no exista en mi biblioteca &ndash; mi biblioteca es muy limitada, como mis lecturas y mi memoria, y como tantas otras cosas que no vienen al caso &ndash; pero podr&iacute;a existir en la suya. <em>Estas cosas pasan</em>. Si as&iacute; fuera, si ese aforismo &uacute;nico existiera, no tienen m&aacute;s que copiarlo al principio de este original libro de Ignacio Docavo, a modo de exergo, esa cita que solemos poner al principio para parecer m&aacute;s cultos o, mejor a&uacute;n, escribir una rese&ntilde;a y publicarla, poniendo en evidencia al autor de este pedante texto. Es lo que yo har&iacute;a. En realidad, yo har&iacute;a las dos cosas si pudiera.</p>
<p>Ignacio Docavo, poeta, aforista, y profesor de matem&aacute;ticas, adem&aacute;s de algunas colaboraciones espor&aacute;dicas en revistas y el gui&oacute;n de una obra de teatro infantil <em>La tigresa Violeta,</em> es autor del poemario <em>Ladr&oacute;n de horizontes</em> (UPV, 2005) y de un libro in&eacute;dito, de pr&oacute;xima publicaci&oacute;n en La Coz, <em>El malestar</em>. En <em>ejemplares</em> Docavo ha reunido 500 aforismos, 500 frases, que abarcan todo el espectro de su existencia cotidiana, es decir de su vida de profesor y poeta, que profesa palabras y evoca recuerdos en un mundo indiferente, y, como quien no quiere la cosa, que es como hacemos casi todo lo que vale la pena en esta vida, en la que tan pocas cosas valen la pena, ha dejado escrita media vida. Media vida no es la mitad de una vida. Ni siquiera para un profesor de matem&aacute;ticas como &eacute;l, habituado sin duda a las divisiones inexactas. Porque no es lo mismo la vida a una edad que a otra. Siempre habr&aacute; m&aacute;s vida en una de las mitades, y no necesariamente en la misma mitad. La vida casi siempre empieza demasiado tarde, y acaba demasiado pronto. A veces incluso acaba sin haber llegado a empezar. <em>Estas cosas pasan</em>, repito. Y siempre la dejamos, o nos deja ella a nosotros, a medias. Media vida en 500 aforismos, que &eacute;l prefiere llamar sencillamente <em>frases</em> y acaba llamando <em>ejemplares</em>, con min&uacute;scula, &nbsp;frases ejemplares al mismo tiempo que ejemplos de frases. Frases espont&aacute;neas las que parecen haber sido m&aacute;s pensadas, frases que cuestionan el orden del discurso, frases poco ejemplares que subvierten el sentido com&uacute;n y la l&oacute;gica de los enunciados. Frases que son caprichos, que son lances, que son dardos y estocadas, que son ecuaciones y flechas, que son coces y son chascos, frases de un aforista solitario, pecios de un involuntario naufragio, 500 aforismos de un poeta que escribe en prosa, pero piensa en poes&iacute;a.</p>
<p><em>Mientras lees no existes</em>.</p>
<p>Escribo a Docavo:</p>
<p>Hay algo en tu libro que se me escapa. Llevo d&aacute;ndole vueltas todo el d&iacute;a porque s&eacute; lo que es, pero no consigo expresarlo. Probar&eacute; durmiendo, a veces da resultado. Cierro el ordenador. Me voy a la cama. Me duermo. No he acabado de dormirme cuando abro sobresaltado los ojos. Est&aacute; amaneciendo. Qu&eacute; cortas se han hecho las noches. Mientras dorm&iacute;a he hecho un descubrimiento. La mayor&iacute;a de los descubrimientos que ha hecho el hombre los ha hecho durmiendo. Comprend&iacute; que aquella media vida, la mitad de aquella vida, no era la que yo cre&iacute;a, no era la que se ve&iacute;a. Era la que no se ve&iacute;a, la que estaba sumergida, la que no se cuenta a nadie, la que se oculta en los libros. <em>Ejemplares</em>, el libro de Ignacio Docavo, no es un libro de aforismos. Frases, s&iacute;, pero frases de un diario, ahora lo veo claro. Son las entradas sin fecha y reordenadas de un improbable diario que Docavo se niega a escribir. Una vez m&aacute;s me hab&iacute;a dejado enga&ntilde;ar por las formas. Me levanto. Cojo el libro. Lo abro y leo al azar: <em>la &uacute;nica certeza que tengo son mis dudas</em>. Paso algunas p&aacute;ginas: <em>A veces me siento en deuda con el mundo</em>. Vuelvo atr&aacute;s: <em>En el momento de explicarlo, dejo de saber lo que sab&iacute;a</em>. Sigo leyendo: <em>&iexcl;Qu&eacute; d&iacute;a m&aacute;s bien desaprovechado!</em> Sigo leyendo: <em>Qu&eacute; dif&iacute;cil es explicar lo obvio</em>. Cierro el libro. <em>Aunque no vayas a ninguna parte, no te quedes en el camino</em>. Lo vuelvo a abrir: <em>Tengo una prima que veranea en la calle Truman Capote de Benitachel. &nbsp;</em>Qu&eacute; obvio resulta todo. Qu&eacute; dif&iacute;cil es explicar lo obvio<em>.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ignacio Docavo, <em>ejemplares</em>, Valencia, Contrabando, 2023.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>FRASES</strong></p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Por Ignacio Docavo</strong>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A los que afirman que el aforismo no es un g&eacute;nero menor los animar&iacute;a a escribir una novela en un sobre de az&uacute;car.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A lo mejor la Gioconda sonr&iacute;e porque no tiene nada que decir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Seg&uacute;n escucho mientras sesteo, un le&oacute;n sirve para proteger a una leona de otro le&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Existir&aacute; una timidez de pensamiento, una especie de pudor ante la ch&aacute;chara interior?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo que nos averg&uuml;enza de la desnudez es mostrar la hoja de parra que llevamos debajo de la ropa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quien teme a la muerte vive por obligaci&oacute;n</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal vez nuestro pensamiento no sea m&aacute;s que un residuo de nuestras acciones. Humo de locomotora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo mejor hubiera sido tirar la margarita despu&eacute;s del primer p&eacute;talo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rectificar es de sabios. Rectificar no es de sabios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Compruebo estupefacto que un famoso escritor chino se parece m&aacute;s a un intelectual que a un chino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La libertad de elegir con quien perderla. No hay otra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La memoria es la cuarta dimensi&oacute;n de la mirada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Darle un euro a un mendigo no te evita la mezquindad de no haberle dado dos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pasan los a&ntilde;os y sigue habiendo j&oacute;venes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Podr&iacute;amos esperar al verde de las praderas, pero no, ha de ser al del sem&aacute;foro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quien espera siempre espera un milagro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Agua corriente viene de corriente o de corriente?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Escribes en primera persona o generalizas contigo mismo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una cuesta abajo sin fin. Sensaci&oacute;n de estar siempre en lo m&aacute;s alto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una pistola de primeros auxilios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pudiendo ser palmera de oasis haber de serlo en la mediana de Primado Reig.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si las garras de mi perra fueran manos al menos podr&iacute;a ayudarme a doblar s&aacute;banas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es una nimiedad, pero hab&iacute;a una mosca en la pantalla y la he espantado colocando el rat&oacute;n sobre ese punto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;Qu&eacute; d&iacute;a m&aacute;s bien desaprovechado!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me miro de reojo en un escaparate y pienso: ese se&ntilde;or soy yo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al pasar frente al edificio en ruinas de la Cofrad&iacute;a de Pescadores del Caba&ntilde;al pens&eacute; si el &uacute;ltimo cofrade se sinti&oacute; cofrade hasta el final.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo lo que estaba a mi izquierda cuando voy, est&aacute; a mi derecha cuando vuelvo. Ser&aacute; una tonter&iacute;a, pero da que pensar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La otra noche, mientras corr&iacute;amos por el carril bici, una&nbsp;chica en bicicleta nos pidi&oacute; paso imitando un timbre:&nbsp;<em>cling, cling</em>. Si hubiera sido de&nbsp;nuestra generaci&oacute;n hubiera hecho&nbsp;<em>ring, ring.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pasa una ambulancia y la Loba comienza a aullar; la primera vez me sorprendi&oacute;, ahora me admira lo inexorable.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Abro la puerta de mi habitaci&oacute;n, pienso: &ldquo;ancha es Castilla&rdquo; y la vuelvo a cerrar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se me cae al suelo una moneda de veinte c&eacute;ntimos y no sale cara ni cruz, sino canto. Consulto en internet y resulta que la probabilidad de que suceda es de una entre seis mil. Y ha ocurrido precisamente hoy: un d&iacute;a cualquiera entre seis mil.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los recuerdos son fot&oacute;fobos o tienen su propia luz, pienso mientras aparto la vista de la pantalla para recordar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Le pregunto a uno de los operarios de la obra que han empezado en el solar de enfrente por lo que van a hacer y me contesta que no sabe, que &eacute;l s&oacute;lo se encarga de hormigonar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La curva que forma la parte trasera del muslo de esa chica sentada en el banco con medias de rejilla y falda corta, tambi&eacute;n se llama catenaria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Esa se&ntilde;ora se ha colado con tanta solvencia que la perdonaremos&rdquo;, iba a decirle a la verdulera, pero entonces me enred&eacute; pensando en si la verdulera conocer&iacute;a la palabra solvencia y ya no dije nada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tengo una prima que veranea en la calle Truman Capote de Benitachell.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El autob&uacute;s se detiene porque estoy parado ante el paso de cebra. No pensaba cruzar, pero c&oacute;mo negarse a lo que sesenta personas esperan de ti.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tener raz&oacute;n, menuda ordinariez.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 09 May 2024 12:59:29 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un libro imprescindible de la literatura fundacional hispanoamericana]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-libro-imprescindible-de-la-literatura-fundacional-hispanoamericana/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/JUAN_JOS_NIETO_GIL_-_Yngermina_o_la_hija_de_Calamar_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hispanoam&eacute;rica es un mundo literario con seis siglos de vida para la mirada occidental y cuanto entendemos como literatura escrita, colonial o poscolonial e independiente de la metr&oacute;poli en su polifon&iacute;a de pa&iacute;ses. Es precisamente en ese momento de tr&aacute;nsito hacia la emancipaci&oacute;n y la desaparici&oacute;n de los virreinatos, cuando empieza a surgir el esp&iacute;ritu que posibilita novelas fundacionales, tal y como las denomin&oacute; Doris Summer. &nbsp;Ese es el mundo al que pertenece <em>Yngermina o la hija de Calamar</em> (1844), con unas caracter&iacute;sticas muy peculiares, que para el lector espa&ntilde;ol han pasado, en la pr&aacute;ctica, desapercibidas hasta esta edici&oacute;n de Consuelo Trivi&ntilde;o Anzola. No ten&iacute;amos estudios sobre ella, ni textos recientes, pese a su importancia hist&oacute;rica. Estamos ante novelas fundacionales de los pa&iacute;ses latinoamericanos, en este caso de Colombia y con asuntos similares a los del romanticismo franc&eacute;s (con quien guarda deudas), pero con mundo diferenciado y propio, pues aparece la cuesti&oacute;n ind&iacute;gena y el mestizaje como circunstancia identitaria, adem&aacute;s de pionera. Surgen en la mente de los lectores al leerla/s, sin duda, las celeb&eacute;rrimas <em>Atal&aacute;</em> (1801) de Ren&eacute; de Chateaubriand o el <em>Pablo y Virginia</em> (1788) de Bernardin de Saint-Pierre. Pero tambi&eacute;n otros, tal y como recuerda en el largo estudio preliminar Consuelo Trivi&ntilde;o Anzola, caso de <em>Manuela</em> de Eugenio D&iacute;az de Castro (1857) o <em>Clemencia</em> (1861) del mexicano Ignacio Manuel Altamirano.&nbsp; Y con ellos un cierto tipo de mujer blanca y criolla, perteneciente a la &eacute;lite econ&oacute;mica o social, llena de &laquo;virtudes morales y religiosas; atributos f&iacute;sicos, (&hellip;). La mujer americana solo posee cualidades positivas, mezcla de ingenuidad, pureza, virtud, lealtad, valor y fervor religioso; ella es capaz de sacrificarse por amor e, incluso de morir, antes que traicionar los valores morales adquiridos&raquo; recuerda la estudiosa mientras hace hincapi&eacute; en el dato diferencial:&nbsp; <em>Yngermina</em> es ind&iacute;gena, y posee las mismas virtudes, e incluso m&aacute;s, pues renuncia por su amor a don Alonso de Heredia a su pueblo, tal y como le hace ver Catarpa. Lo cierto es que, a Bartolom&eacute; Mitre (1821-1906) y a Jos&eacute; M&aacute;rmol (1817-1871), autores respectivamente de <em>Soledad</em> (1847) y <em>Amalia </em>(1851), los conocemos muy bien, tanto como al autor de <em>Cecilia Vald&eacute;s</em> (1839) Cirilo Villaverde. Sin embargo, del cartagenero Juan Jos&eacute; Nieto Gil (1804-1866), que incorpora a la mujer ind&iacute;gena y habla del mestizaje fundacional, apenas ten&iacute;amos noticias en Espa&ntilde;a, y mucho menos ediciones fiables y solventes, pese a ser un reconocido escritor, militar y pol&iacute;tico. La verdad es que tampoco pose&iacute;amos hasta ahora, pese a existir una abundante bibliograf&iacute;a sobre <em>Yngermina o la hija de Calamar</em>, ninguna edici&oacute;n cr&iacute;tica. La editora ha partido de la edici&oacute;n publicada en Kingston (Jamaica) en 1844, corregido el texto ortotipogr&aacute;ficamente de cajistas ingleses, pero no solo, pues tambi&eacute;n actualiza algunos usos, o pone en cursiva las historias intercaladas. En la secci&oacute;n dedicada a la edici&oacute;n, da buena explicaci&oacute;n de los criterios seguidos, para quien desee profundizar en el asunto.</p>
<p>Incide, con muchas y poderosas razones, Consuelo Trivi&ntilde;o Anzola en la figura de Juan Jos&eacute; Nieto Gil (1804-1866). Un intelectual surgido casi de la nada, de &ldquo;los de abajo&rdquo;, por decirlo con Mariano Azuela, en su dimensi&oacute;n hist&oacute;rica en la construcci&oacute;n de la futura Colombia. Entendemos mucho mejor esa lucha por el igualitarismo, la equiparaci&oacute;n de colonizadores e ind&iacute;genas, el mestizaje desde su personalidad bien retratada por la editora, y su apasionante vida. Hombre de acci&oacute;n y letras, pol&iacute;tico republicano, valiente militar defensor de la justicia social y de la democracia, de los ind&iacute;genas y de liberar a los esclavos negros, al menos parcialmente (los nacidos antes de 1821), mas&oacute;n, en una vida de muchos vaivenes, pero consecuente en lo fundamental. Si a todo ello se le a&ntilde;ade un contexto hist&oacute;rico, ideol&oacute;gico y literario, adem&aacute;s de un estudio de las principales caracter&iacute;sticas de las novelas fundacionales, tendr&aacute; el lector universitario, pero no solo, una lectura amena y solvente a la vez. La prosa de Consuelo Trivi&ntilde;o Anzola (1956) es fluida y engancha al lector, pese a ser un trabajo de investigaci&oacute;n. No en balde es, adem&aacute;s de fil&oacute;loga y reputada ensayista, novelista y cuentista (pienso en &uacute;ltimo libro de relatos del 2013, <em>Extrav&iacute;os y desvar&iacute;os</em>), con t&iacute;tulos que su editora Seix Barral, debiera traer a Espa&ntilde;a. Me refiero a <em>Prohibido salir a la calle</em><em> (1997-2022)</em>,&nbsp;<em>La semilla de la ira</em><em> (2008-2013)</em>,&nbsp;<em>Una isla en la Luna</em><em> (2009)</em>&nbsp;o&nbsp;<em>Transterrados</em><em> (2018), </em><em>Ventana o pasillo</em><em> (2021)</em>. Y esa capacidad de acercarnos esta novela hist&oacute;rica rom&aacute;ntica, puesta al servicio de pensar y hacer naci&oacute;n es buena prueba de ello. Sin duda para ese &ldquo;hacer naci&oacute;n&rdquo; tuvo Nieto Gil la idea de colocar al frente de la novela una breve cr&oacute;nica sobre el pueblo de Calamar (actual Cartagena de Indias), de corte antropol&oacute;gico tomada de Fray Alonso de la Cruz Paredes o de Fray Pedro Sim&oacute;n. Es el p&oacute;rtico de esa novela de amores y mestizaje (frente a las tesis contrarias del <em>Facundo</em> <em>o civilizaci&oacute;n y barbarie</em> (1845)<em> </em>de Domingo Faustino Sarmiento), y de presentar la relaci&oacute;n amorosa de los protagonistas, la ind&iacute;gena y el espa&ntilde;ol como imagen aleg&oacute;rica. Lo hace sin manique&iacute;smos, pues tambi&eacute;n hay personajes malvados en las dos vertientes de esta novela apasionante por ella misma, pero tambi&eacute;n por cuanto supone. Es extra&ntilde;o que no se hubiera ca&iacute;do antes en la cuenta, pero as&iacute; son las cosas. Y, adem&aacute;s, para concluir, si a este esfuerzo se le suma un aparato de notas a pie de p&aacute;gina y una extens&iacute;sima bibliograf&iacute;a actualizada, sabremos que estamos ante un libro imprescindible para conocer bien la literatura fundacional hispanoamericana y que no hemos perdido el tiempo. No es poca cosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Juan Jos&eacute; Nieto. <em>Yngermina</em><em> o la hija de Calamar</em>. Edici&oacute;n de Consuelo Trivi&ntilde;o Anzola, Madrid, C&aacute;tedra, 2024.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 03 May 2024 10:38:14 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Hay alas en el olvido”: la poesía reunida de Eduardo Moga]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/hay-alas-en-el-olvido-la-poesia-reunida-de-eduardo-moga/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/EDUARDO_MOGA_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Est&aacute;n locos. Ya sab&iacute;amos que Eduardo Moga estaba loco, con su ritmo creativo desenfrenado, con sus cuatro o cinco libros al a&ntilde;o, estaba loco; lo que no sab&iacute;amos es que una editorial, Dilema, tambi&eacute;n estaba suficientemente loca como para editar esta torre tripartita de color lim&oacute;n que es <em>Ser de incertidumbre</em>, nada m&aacute;s y nada menos que la <em>Poes&iacute;a Reunida </em>(1994-2023) de<em> </em>Eduardo Moga, con muchas sorpresas extra: un ap&eacute;ndice con sus textos te&oacute;ricos, es decir, sus po&eacute;ticas, una Bibliograf&iacute;a espectacular y exhaustiva (sobre Moga se ha escrito m&aacute;s de lo que nos pens&aacute;bamos) y un pr&oacute;logo excelente de uno de los mejores fil&oacute;logos del pa&iacute;s, Jos&eacute; Antonio Llera, que empieza a poner las cosas en su sitio de una forma exacta y sistem&aacute;tica.</p>
<p>Porque, &iquest;qu&eacute; significa esta edici&oacute;n monumental en tres vol&uacute;menes? Buenas y malas noticias para Eduardo Moga: para el poeta, su conversi&oacute;n a cl&aacute;sico vivo, materia para la filolog&iacute;a y el an&aacute;lisis central, quiero decir acad&eacute;mico. Y es que, no nos enga&ntilde;emos, aunque impere la secta global siliconiana, continuar&aacute; habiendo pensamiento alejandrino, y cuando pase la pesadilla, podremos volver a reunirnos bajo los versos y las filosof&iacute;as, porque no habr&aacute;n podido acabar con el ser humano, aunque el intento actual vaya bastante en serio. Y tambi&eacute;n mala noticia para Eduardo Moga considerado como persona viva, porque editar estos m&aacute;s de mil quinientas hojas de poes&iacute;a te tiene que convertir, a la fuerza, en un concepto, una obra total, cerrada, o ya construida sobre fundamentos s&oacute;lidos, una obra que seguir&aacute; hablando mientras no acabe de pasar la borrasca imbecilista y que, seguramente, hablar&aacute; a&uacute;n m&aacute;s fuerte y claro cuando finalmente despertemos todos.&nbsp;</p>
<p>Desde la propia primera p&aacute;gina, las palabras de Llera nos informan de lo que vamos a encontrar en este oc&eacute;ano de poes&iacute;a y filosof&iacute;a: &ldquo;Lector, en muy pocos escritores contempor&aacute;neos encontrar&aacute;s, como en Eduardo Moga, una alianza tan estrecha entre la conciencia desolada de lo que somos y el canto al cuerpo en toda su plenitud, en perpetuo alimento de su finitud, su libido y su pureza&rdquo; (I, p&aacute;g.5). Imposible ser m&aacute;s exacto: esto es lo que es <em>Ser de incertidumbre</em>, una gran pregunta metaf&iacute;sica sobre el cuerpo, la rabia y el amor, guilleniana, formulada en m&aacute;s de mil quinientos folios que rezuman semen, sangre, saliva y raz&oacute;n materialista.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Desde un punto de vista formal, la poes&iacute;a de Eduardo Moga podr&iacute;a enclavarse o clasificarse en tres grupos, tipolog&iacute;as o vectores, como ustedes prefieran: el canto poundiano (en realidad whitmaniano), el poema m&iacute;nimo o epigram&aacute;tico, y el poema en prosa. En los tres registros la mano de Moga es igualmente h&aacute;bil. La irrupci&oacute;n progresiva de poes&iacute;a en prosa empez&oacute;, lo ha observado correctamente Llera, en <em>El coraz&oacute;n, la nada</em> (1999), libro a partir del cual las formas expresivas de Eduardo Moga empezaron a diversificarse mucho. Es cierto: sus lectores lo notamos, y las novedades menudearon m&aacute;s a partir de <em>Bajo la piel, los d&iacute;as </em>(2010), un libro en el que los objetos cotidianos y las rutinas b&aacute;sicas le ganaban terreno a la reflexi&oacute;n m&aacute;s et&eacute;rea.&nbsp;</p>
<p>Son, pues, poundianos o torrenciales y torrentescos <em>&Aacute;ngel mortal </em>(1994), <em>La luz o&iacute;da </em>(1996), <em>El barro en la mirada </em>(1998), <em>Soliloquio para dos </em>(2005), <em>Cuerpo sin m&iacute; </em>(2007) y <em>Hombre solo </em>(2022). Predomina el poema en prosa en los libros <em>Un&aacute;nime fuego </em>(1999), <em>El coraz&oacute;n, la nada </em>(1999), <em>Las horas y los labios </em>(2003), <em>Bajo la piel, los d&iacute;as </em>(2010), <em>El desierto verde </em>(2011) y <em>Dices </em>(2014). Por &uacute;ltimo, el modo epigram&aacute;tico es caracter&iacute;stico de t&iacute;tulos como <em>Los haikus del tren </em>(2007), <em>D&eacute;cimas de fiebre </em>(2014)<em> </em>y<em> Mi padre</em> (2019). <em>La monta&ntilde;a hendida </em>(2002), manual de sensualidades h&uacute;medas, queda un poco aparte, ya que es un poemario m&aacute;s convencional, en el que conviven extensiones breves y medias. Por &uacute;ltimo, combinan verso y prosa <em>Insumisi&oacute;n </em>(2013), <em>Muerte y amapolas en Alexandra Avenue </em>(2017), que contiene una secci&oacute;n de poemas breves epif&aacute;nicos (&ldquo;Estampas del destierro&rdquo;) y <em>T&uacute; no morir&aacute;s</em> (2021), testimonio de una convivencia matrimonial y una devastadora ruptura.&nbsp;</p>
<p>Queda fuera de la macroedici&oacute;n el volumen reciente <em>Poemas enumerativos </em>(2024), que ha publicado Olifante con su mimo artesanal de siempre. Lo cual significa que Eduardo Moga no tiene ninguna intenci&oacute;n de frenarse o contenerse. &iquest;Se han dado ustedes cuenta de la cantidad de poes&iacute;a que ha escrito este hombre durante treinta a&ntilde;os? Y no hablaremos en ning&uacute;n momento del otro oc&eacute;ano creativo de este autor desaforado, el universo de sus libros de prosa viajera o reflexiva, sobre los que quise llamar la atenci&oacute;n en mi contribuci&oacute;n a la miscel&aacute;nea titulada <em>Mago Moga </em>(Libros de Aldar&aacute;n / Los Papeles de Brighton, 2024).</p>
<p>Desde un punto de vista tem&aacute;tico, Eduardo Moga suele escribir poemas construidos sobre grandes preguntas metaf&iacute;sicas, largas cr&oacute;nicas sobre la materialidad cotidiana que rodea la vida del ser humano; otras composiciones congelan o radiograf&iacute;an momentos espec&iacute;ficos, como epifan&iacute;as joyceanas, y luego est&aacute;n los poemas m&aacute;s chocarreros o quevedescos, que combinan el rigor formal con los tonos burlescos, festivos y hasta escatol&oacute;gicos. Esto le convierte, no ya en un cl&aacute;sico andante como hemos dicho antes, sino en un hombre-literatura, un esp&eacute;cimen totalmente desgajado del Idioceno actual, un animal del Siglo de Oro, del que fluyen manantiales de versos como leche natural, como aquellos caballeros que llenaban miles de p&aacute;ginas con pulidas octavas reales y descubrimientos gongorinos.&nbsp;</p>
<p>Eduardo Moga, en este sentido, es un escritor de la desmesura, pero no por la propia factura de sus poemas, siempre moderados y perfectamente medidos, sino por la pura cantidad de escritura que exuda. Es una criatura compulsiva, con alma de tinta y hacedor de incendios. Llera, a prop&oacute;sito de <em>La luz o&iacute;da </em>(1996) en su pr&oacute;logo, nos habla de &ldquo;casi un <em>big bang </em>ling&uuml;&iacute;stico&rdquo;, para a&ntilde;adir, un poco m&aacute;s abajo: &ldquo;A poco que se compare con el canon que imperaba a mediados de los noventa se advertir&aacute; su singularidad y atrevimiento. Cuando se nos urg&iacute;a a escribir desde par&aacute;metros realistas y conversacionales, estos versos desbordan aquellos raqu&iacute;ticos diques&rdquo; (I, p&aacute;g.6). Lo que nos conduce a lo que a d&iacute;a de hoy ya es toda una evidencia: Eduardo Moga era y sigue siendo un pionero.</p>
<p>Una vez m&aacute;s, tiene raz&oacute;n el prologuista. La moda conversacional no era poes&iacute;a sino ideolog&iacute;a, populismo paralelo al logsismo oficial, y por eso las torres de versos moguianas se han llevado el gato al agua porque hablaban al lector real de poemas, no a la mesa urgente de novedades. Desde esta peculiar mezcla de Vicente Aleixandre, el Neruda m&aacute;s impuro y &eacute;pico, la poes&iacute;a barroca espa&ntilde;ola (la m&aacute;s antipetrarquista) y las torrenteras norteamericanas, Eduardo Moga se ha pasado treinta a&ntilde;os proclamando democracias, texturas y sexualidades, de una forma radicalmente personal y solitaria.</p>
<p>De aquel primer grupo de libros, destaca <em>El barro en la mirada </em>(1998), no porque lo consideremos mejor o m&aacute;s acabado que los t&iacute;tulos de alrededor, sino por ser una construcci&oacute;n moguiana arquet&iacute;pica de su primer momento, ese tradicional coro de torres licu&aacute;ndose a que nos tuvo acostumbrados hasta que empezaron a irrumpir cada vez m&aacute;s elementos menos metaf&iacute;sicos y m&aacute;s autobiogr&aacute;ficos. Lo dijo Juan Luis Calbarro en su intervenci&oacute;n en el Homenaje a Moga que se le rindi&oacute; en Badalona con motivo de la publicaci&oacute;n de <em>Mago Moga</em>, una miscel&aacute;nea cr&iacute;tica y creativa que tambi&eacute;n ha empezado a poner las cosas en su sitio. Juan Luis Calbarro, dec&iacute;a, nos cont&oacute; precisamente esto: que los dos momentos fundamentales de la trayectoria del autor ven&iacute;an definidos por la creciente introducci&oacute;n de biograf&iacute;a propia en un esquema previo de preguntas sobre la perplejidad de vivir y la de habitar en un cuerpo. &ldquo;Mientras los endecas&iacute;labos discurren por un ventr&iacute;culo de concatenaciones&rdquo;, ha escrito Llera a prop&oacute;sito de <em>El barro en la mirada</em>, &ldquo;se va haciendo cada vez m&aacute;s profundo el extra&ntilde;amiento frente a la propia identidad, desgajada de su centro&rdquo; (I, p&aacute;g.7). En un poema de <em>Muerte y amapolas en Alexandra Avenue </em>(2017), uno de los mejores libros del poeta, leemos: &ldquo;El pasaporte dice qui&eacute;n soy yo. Yo lo ignoro&rdquo; (II, p&aacute;g. 496).</p>
<p>En este poemario sobre el destierro y los exilios se encuentra, sin duda, una de las cimas de la literatura moguiana, el largo poema detonado &ldquo;Clamor cuchillo&rdquo;, que yo considero equivalente a &ldquo;Espacio&rdquo; en la trayectoria literaria juanramoniana. Es decir, el poema clave, que re&uacute;ne, culmina y anticipa. En pocas ocasiones encontraremos tan expresivamente pintadas y cinceladas todas las implicaciones emotivas que implican el tedio, la incomunicaci&oacute;n y el desarraigo (II, p&aacute;gs. 527-540). Sum&eacute;rjanse en este poema y pienso que no saldr&aacute;n de &eacute;l iguales o indemnes.</p>
<p>A veces, muy cerca los unos de los otros, encontramos poemas de Eduardo Moga que pertenecen a alguno de estos polos opuestos, tan alejados pero a la vez tan cercanos a la voz habitual de Moga. Si abrimos el peque&ntilde;o libro <em>D&eacute;cimas de fiebre </em>(2017) por la p&aacute;gina 68 encontramos un caso clar&iacute;simo de esta mezcla promiscua tan chocante. En la p&aacute;gina par, leemos un poema puro en la m&aacute;s firme tradici&oacute;n juanramoniana:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ladra, interminable, un perro.&nbsp;</p>
<p>Breves orugas de luz</p>
<p>se despliegan al trasluz</p>
<p>de las monta&ntilde;as. El hierro</p>
<p>lunar taracea un cerro</p>
<p>con incisiones de plata.&nbsp;</p>
<p>Croan las ranas, y mata</p>
<p>un azor a un indefenso</p>
<p>rat&oacute;n. El silencio es denso.</p>
<p>Y el perro, mortal, lo acata.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ahora compar&eacute;moslo con la d&eacute;cima de la p&aacute;gina vecina, la siguiente, es decir, la 69:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Amar&eacute; enteros tus senos,</p>
<p>como si enteramente</p>
<p>fueran t&uacute;. Y lo har&eacute;, paciente,</p>
<p>con besos que sean truenos</p>
<p>y amor que los deje llenos</p>
<p>de hambre y magulladuras.</p>
<p>Amar&eacute; tus tetas duras</p>
<p>hasta que se reblandezcan&nbsp;</p>
<p>y los pezones parezcan</p>
<p>ajadas empu&ntilde;aduras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Amar es devorarse&rdquo;, nos recuerda Llera (I, p&aacute;g. 8). Imposible ser m&aacute;s nerudiano, m&aacute;s frontalmente &ldquo;impuro&rdquo; y erotizante. Una estampa alejada y congelada en el tiempo, casi azoriniana, y al lado esta declaraci&oacute;n de deseo brutal. Y, por cierto, a prop&oacute;sito del erotismo, el autor ha escrito lo siguiente: &ldquo;Escribo poes&iacute;a er&oacute;tica porque el amor me salva. Del tedio, de la soledad, de la infelicidad, de la muerte. Pero no me refiero al sentimiento del amor, sino a su materialidad ven&eacute;rea; hablo del amor en su sentido primigenio: del goce f&iacute;sico, del placer sexual. No desconozco las razones qu&iacute;micas del amor, que lo reducen a mera secreci&oacute;n hormonal. Sea: esto me basta. Tambi&eacute;n el alma es un producto del cuerpo; tambi&eacute;n la conciencia y la inteligencia. Y todo ello, alumbrado, amparado por el cuerpo, me configura como hombre&rdquo;. Este fragmento est&aacute; recogido en el volumen tercero de esta edici&oacute;n de <em>Ser de incertidumbre </em>(III, p&aacute;g. 475), y pertenece al <em>Ep&iacute;logo </em>de <em>Lo profundo es la piel. Antolog&iacute;a de poes&iacute;a er&oacute;tica</em>, publicado en el a&ntilde;o 2020 por la editorial Aldar&aacute;n.</p>
<p>Una parte de la poes&iacute;a de Eduardo Moga, exacto anti Petrarca y anti Lope de Vega, por ser su pensamiento amoroso voluntaria y acertadamente furtivo y animal, es un diario amoroso hundido en la carnalidad, la sed, el hambre y el furor amatorio, como en este poema de <em>Las horas y los labios </em>(2003): &ldquo;Veo mi rostro: es el rostro de la farmac&eacute;utica, cuyo silencio era blanco. Veo mis brazos: son los brazos del cartero o del repartidor de butano o del mendigo que se lavaba en la fuente. Veo mi sexo: es el sexo de la dependienta a la que no me atrev&iacute; a amar. Veo, en fin, mi olor: es el olor de los jardines escondidos o de los libros robados o de las personas a las que nunca m&aacute;s encontrar&eacute;: el olor de la extirpaci&oacute;n. Vuelve la luz al lugar donde la conoc&iacute;: a las islas de los parques, a los atardeceres l&iacute;quidos y caminados, al bullicio arcilloso de las horas, y la doblo con los dedos, la guardo en el bolsillo, someto su indisciplina. Grito sin que me oigan&rdquo; (I, p&aacute;g. 399).&nbsp;</p>
<p>A veces, el erotismo moguiano puede ser absolutamente genital y buscar incluso la provocaci&oacute;n y el descaro (como en sus pol&eacute;micas <em>Seis sextinas soeces</em>, de 2008, que abren bomb&aacute;sticamente el Tomo II), realmente soeces, merecedoras de los dos rombos, e inauditamente ingeniosas; pero en otros rincones de su producci&oacute;n el erotismo puede ser extraordinariamente discreto, como en este <em>haiku</em> del a&ntilde;o 2007:&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lee a Salinas.&nbsp;</p>
<p>Se quita la bufanda.&nbsp;</p>
<p>Delicadeza.</p>
<p>(I, p&aacute;g. 486)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la poes&iacute;a de Eduardo Moga, los recuerdos tienen casi siempre genitales y dientes, todo est&aacute; hecho de barro y luz. Eduardo Moga es un ilustrado radical, a la manera del Bar&oacute;n de Holbach. A la vez, es un materialista enamorado, que opina que fuera del espectro del amor no hay nada que merezca demasiado la pena vivir. Quien le conoce sabe que es un ateo de una pieza, un mecanicista materialista a la manera de los grandes esc&eacute;pticos. Su pelaje es el de un Pierre Charron, un Lucrecio, un Sexto Emp&iacute;rico o un George Santayana, el de alguien que ha aceptado que el &uacute;nico sentido de nuestro cuerpo es la lucha a dentelladas para lograr el amor y la iluminaci&oacute;n totalmente f&iacute;sica, antes de la aniquilaci&oacute;n absoluta. Alguien que podr&iacute;a haber vivido o vivir c&oacute;modamente en Roma. Un moralista del siglo pasado lo llamar&iacute;a un &ldquo;m&iacute;stico sensual&rdquo;.</p>
<p>&iquest;Acaso no ser&aacute; la obra po&eacute;tica completa de Eduardo Moga sino un compendio de &ldquo;sentidos primigenios&rdquo;? Una especie de regreso sofisticado e imposible al primitivismo imprescindible. Ya que estamos obligados a respirar, lo que nos plantea Moga es la gran pregunta sobre ese aire en circulaci&oacute;n. Su poes&iacute;a intenta alcanzar el nivel extremo de abandono a la sensualidad, como le ocurr&iacute;a a San Juan, pero a trav&eacute;s de un culturalismo que consigue rejuvececernos o reembrionarnos. Y es aqu&iacute; donde parece que Walt Whitman, un aut&eacute;ntico fetiche y maestro para Moga, es donde cobra su significado m&aacute;ximo: un culturalismo que no sofistique ni nos convierta en gestos, sino que nos devuelva al primitivismo o al animalismo que no debimos abandonar. En este sentido, el pensamiento de Moga es rousseauniano, o neorrom&aacute;ntico, como ustedes prefieran, a la manera celebratoria y tom&aacute;ndose la vida en serio, como en los libros m&aacute;s tropicales de Vicente Aleixandre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Ser de incertidumbre, 1994-2023. Poes&iacute;a reunida&rdquo;. Eduardo Moga, Editorial Dilema, Madrid, 2024. 3 vols.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 03 May 2024 10:04:21 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Traer el pulso de cirujana de las silenciadas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/traer-el-pulso-de-cirujana-de-las-silenciadas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/PILAR_ASTRAY_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Acercarse a la poes&iacute;a escrita y visual, a las actuaciones o <em>performances</em> de Pilar Astray, es hacerlo a uno de los espect&aacute;culos sonoros y reivindicadores de una artista que as&iacute; puede llamarse. Una poeta con espacio propio desde el saber decir y situarse con verosimilitud y contundencia, en los mundos invisibles y dolorosos, pero muy presentes, de nuestra sociedad y de muchas familias. De un saber revelar (y denunciar) esa trastienda emocional que da&ntilde;a a las v&iacute;ctimas de la violencia patriarcal, y que sabe trasmitir por su capacidad teatral, s&oacute;lida presencia sobre las tablas e, indudablemente, por su talento al trasmitir desde el verso libre sus preocupaciones sobre la violencia dom&eacute;stica y el maltrato. Pilar Astray se ha ido aupando imperceptiblemente a un mundo en el que, en la &uacute;ltima d&eacute;cada, han destacado los ejercicios de Mar&iacute;a Salgado y Lola Nieto (no solamente, pero no quiero caer en el <em>dropping name</em>), en una reactualizaci&oacute;n de una tradici&oacute;n que en la Espa&ntilde;a de los a&ntilde;os 60- 70, tuvo nombres importantes como Jos&eacute; Luis Castillejo, Fernando Mill&aacute;n, el colectivo Zaj entre tantos y tantos (pienso desde la teor&iacute;a en Rafael de C&oacute;zar y en la misma Mar&iacute;a Salgado), o los Encuentros de Pamplona 72, de hace m&aacute;s de medio siglo. De lo que no cabe duda es que ese esp&iacute;ritu en que se materializa la actuaci&oacute;n, la palabra y el espect&aacute;culo sonoro, ha evolucionado y redirigido hacia las preocupaciones de la sociedad actual (el maltrato y secuelas, en este caso), con algunos nombres de referencia entre los que se encuentra Pilar Astray y la m&uacute;sica de Marcos Mu&ntilde;oz. Artista con el nombre art&iacute;stico de Rooteo y con un talento mayor que el simple acompa&ntilde;ar con su m&uacute;sica electr&oacute;nica al texto. De hecho, el cuidado libro (se debe elogiar la excelente f&oacute;rmula y dise&ntilde;o, mezcla de fotos y calidades de papel, maquetaci&oacute;n y tipograf&iacute;as), trae unos c&oacute;digos QR para proporcionar al lector que no pueda asistir al espect&aacute;culo, la posibilidad de hacerlo desde su tableta o tel&eacute;fono m&oacute;vil, y vivir unas oleadas apabullantes en su emocionalidad y misterio, sugerencia. Oleadas que se fusionan admirablemente con la poes&iacute;a de la escritora madrile&ntilde;a y su ejercicio de catarsis, de puesta en escena y denuncia, pero tambi&eacute;n de complicidad y llamada al dolor del espectador, de superaci&oacute;n del mismo a trav&eacute;s de la imagen, la palabra y la m&uacute;sica. El espect&aacute;culo, con esa fortaleza y presencia propio de artistas como Ang&eacute;lica Liddell o las dos poetas citadas, incrementa su verosimilitud con esa investigaci&oacute;n musical basada en el Ambient y el Drone sorteando el mero acompa&ntilde;amiento, como hemos dicho, pues se fusiona, ratifica y realza los poemas. En ese sentido estamos ante esa imposibilidad de diferenciar la bailarina de la danza, escribi&oacute; nada menos que alguien muy atento a las actuaciones y espect&aacute;culos, como William Butler Yeats.</p>
<p>Pilar Astray cuenta con una larga tradici&oacute;n como artista con t&iacute;tulos que empiezan a ser bien conocidos: <em>El lenguaje de la gravedad</em> (2016)&nbsp; y <em>Aquelarre</em> (2018) ha presentado un di&aacute;logo entre &ldquo;la poeta&rdquo; y &ldquo;el carnicero&rdquo; en el primero de los libros, titulado expl&iacute;citamente as&iacute;, <em>El carnicero</em>, pues est&aacute; diferenciado aun en sus contig&uuml;idades y f&oacute;rmula de <em>C&oacute;mo recuperar un cuerpo maltratado</em>. T&iacute;tulos rotundos, honrados, pues responden al asunto, tal y como ha estudiado G&eacute;rard Genette, y donde encontramos esa denuncia de &laquo;el fantasma que fui bajo su ala&raquo; y el da&ntilde;o infringido a &ldquo;la poeta&rdquo; y no solo. Tambi&eacute;n a su &aacute;mbito familiar, al <em>oikos</em> que desea y pretende proteger desde el amor o, si prefieren, sanar, pues es imposible preservar el da&ntilde;o cuando est&aacute; hecho, la herida causada por el maltratador o carnicero que se desea cicatrizar. Esa es la angustia que la puesta en escena propone (insisto, se debe asistir al espect&aacute;culo, si bien el libro pueda leerse y escucharse en s&iacute; mismo como un todo muy convincente) resalta con una iluminaci&oacute;n roja y donde un cuchillo ocupa el &aacute;mbito, como el silencio en <em>La casa de Bernarda Alba</em>. Y donde se escribe silencio se puede escribir horror, temor, miedo, despotismo. Los poemas en prosa o proemas que acompa&ntilde;an a esta estupenda aventura denuncian las tremendas consecuencias: &laquo;La carne es ef&iacute;mera pero las palabras perduran todas tus palabras perduran las reconozco congeladas en mi banco de memorias no puedo extraerlas tan f&aacute;cilmente&raquo;. Y as&iacute; es. Los t&iacute;tulos van apuntando a todo ello &laquo;Desvelo&raquo;, &laquo;La jaula&raquo; o &laquo;No se puede triturar la carne que no est&aacute; en venta&raquo;, por ejemplificar brevemente, y muestran las intenciones y calado del libro. Poema versicular y salm&oacute;dico este &uacute;ltimo, centro del poemario en mi opini&oacute;n, y fuera de ese vers&iacute;culo que Antonio Gamoneda o Juan Carlos Mestre tras sus pasos (Mario Obrero), han propuesto, sino con uno muy diferenciado, propio, y que apela a sus intereses y lecturas cuando lo necesita o lo desea, vers&iacute;culo que lanza la red al fondo desde ese grito contra la violencia de g&eacute;nero y el silencio que hist&oacute;ricamente ha rodeado a las v&iacute;ctimas, mujeres o hijos, normalmente.&nbsp; Pilar Astray busca la sanaci&oacute;n de la herida por la palabra, cuenta en otro poema, &laquo;Khandroma&raquo; y esa relaci&oacute;n con las palabras que saben de &laquo;cuanto amor me has robado&raquo; y de &laquo;(&hellip;) la orfandad/cuando se seca: sacra plausible diadema&raquo;. Poema y dolor se suben al pedestal del verso y del verbo que le interroga, y desde donde nos interroga en un ag&oacute;nico envite con unos dolientes &laquo;Si me est&aacute; doliendo tanto, por qu&eacute; lo escribo&raquo; y v&iacute;a donde nace la ra&iacute;z del canto que trae &laquo;(&hellip;) esta pose melanc&oacute;lica y secreta/que me apunta con su duelo/cuando intento acercarme al poema desde lejos/cuando intento acercarme al poema desde lejos&raquo;. Si algo tiene Pilar Astray es mundo propio, capacidad pl&aacute;stica y verosimilitud, deseo de dejar de ser esta &laquo;azucena vac&iacute;a&raquo; o vaciada por el odio que se reconstruye y construye la denuncia con esta nueva poes&iacute;a comprometida con la vida; y sabedora e inconformista con un &laquo;Soy la mula que carga con secretos en su lomo&raquo;, pues a pesar de las ciclotimias busca siempre esa mujer nueva y expl&iacute;cita, lejos del viejo da&ntilde;o desde &laquo;voy a parirme&raquo;. Y esto es en buena medida esta suma de libros complementarios, que no quieren derretirse &laquo;en el env&eacute;s de la venganza&raquo; sino traer el &laquo;pulso de cirujana de las silenciadas&raquo; con la misma actitud, pero con otros asuntos, que portaron en su d&iacute;a las mujeres del Lyceum Club o las c&eacute;lebres &ldquo;sin sombrero&rdquo;. Algo afortunadamente ha ido cambiando y nos podemos encontrar ante versos y actuaciones, poetas y m&uacute;sicas, aventuras, sol&iacute;a decir Claudio Rodr&iacute;guez, como las que nos regalan Rooteo y Pilar Astray al un&iacute;sono, con este libro que as&iacute; puede llamarse en la cuidada edici&oacute;n de Mundos Flotantes.</p>
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<p>Pilar Astray, <em>El Carnicero. C&oacute;mo recuperar un cuerpo </em>maltratado, Madrid, Mundos flotantes, 2024.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 25 Apr 2024 11:40:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aforismos de José María Cumbreño]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/aforismos-de-jose-maria-cumbreno/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas24/JOS_MAR_A_CUMBRE_O_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
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<p>EL RETROVISOR</p>
<p>A pesar de su tama&ntilde;o, es el m&aacute;s cruel de los espejos. O el m&aacute;s sincero, seg&uacute;n se mire. Su principal utilidad no es reflejar el rostro de quien lo contempla, sino mostrarle insistentemente, al tiempo que cree que avanza, lo que ha dejado atr&aacute;s.</p>
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<p>EL COLADOR</p>
<p>La mujer del pescador cuela el agua antes de beberla para no so&ntilde;ar por la noche con tempestades y naufragios.</p>
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<p>LLAVE</p>
<p>Instrumento que abre o cierra una puerta.</p>
<p>En plural (<em>las llaves</em>) hace referencia a las de casa.</p>
<p>Dos juegos.</p>
<p>Quedamos en que te pasar&iacute;as a recoger tus cosas cuando yo no estuviese.</p>
<p><em>Av&iacute;same antes.</em></p>
<p><em></em>Y que luego me las dejar&iacute;as encima de la mesa.</p>
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<p>LA COMETA</p>
<p>Un antiguo emblema oriental sentencia que quien consigue hacerla volar se conoce mejor a s&iacute; mismo, pues la cometa ni se entrega por completo al viento ni abandona del todo el suelo.</p>
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<p>MENSAJES EN EL CONTESTADOR</p>
<p>Vivo solo.</p>
<p>Aunque a veces, en el trabajo, marco el n&uacute;mero de tel&eacute;fono de mi casa.</p>
<p>Y pregunto por m&iacute;.</p>
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<p>EL HILO DE ARIADNA</p>
<p>Una vez que dio muerte a la bestia, Teseo decidi&oacute; cortar aquel hilo.</p>
<p>Y no regresar.</p>
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<p>LO QUE T&Uacute; MIRAS</p>
<p>Me gusta mirarte cuando no sabes que te estoy mirando.</p>
<p>Entonces, para verte, miro lo que t&uacute; miras.</p>
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<p>COMPRENDER</p>
<p>Para comprender a alguien es preciso cultivar con detenimiento todos sus defectos.</p>
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<p>INERCIA</p>
<p>En el r&iacute;o, el agua es agua en movimiento.</p>
<p>La sed es una excusa.</p>
<p>Se bebe para ver el mar.</p>
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<p>ILESO</p>
<p>Aunque acordarse de algo ya no duela, del pasado nadie regresa ileso.</p>
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<p>PIZARRA</p>
<p>Ninguna palabra o f&oacute;rmula que se copia en ella sobrevive a la clase siguiente.</p>
<p>Se borran por igual el problema y la soluci&oacute;n del problema.</p>
<p>Escribir todos los d&iacute;as en una pizarra es el mejor ant&iacute;doto contra la vanidad.</p>
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<p>AFILAR</p>
<p>Conseguir que una palabra haga sangrar los ojos de quien la lea.</p>
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<p>MAESTRO</p>
<p>El maestro debe tener menos certezas que sus alumnos.</p>
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<p>F&Oacute;RMULAS</p>
<p>El espacio que una persona deja al irse es igual a la velocidad con la que se marcha multiplicado por el tiempo que estuvo a nuestro lado.</p>
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<p>ESCALERAS</p>
<p>Sub&iacute;a los pelda&ntilde;os de dos en dos. Es decir, llegar&iacute;a arriba habiendo conocido s&oacute;lo la mitad de la escalera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ESCRIBIR</p>
<p>Enhebrar una aguja con los ojos cerrados.</p>
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<p>LAS S&Aacute;BANAS Y LOS SUE&Ntilde;OS</p>
<p>Planchaba las s&aacute;banas porque quer&iacute;a quemar los sue&ntilde;os que hab&iacute;an quedado enredados en ellas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>LA PARTE POR EL TODO</p>
<p>Todas las casas se construyen con presencias y ausencias.</p>
<p>El ladrillo que se pone ser&aacute; un muro.</p>
<p>El ladrillo que no se pone ser&aacute; una puerta.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 25 Apr 2024 11:17:43 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Descrédito de la política]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/descredito-de-la-politica/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2024/DAVID_TRUEBA_3_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>Queridos ni&ntilde;os</em>, de David Trueba, podr&iacute;a leerse como la ex&eacute;gesis de lo que nunca debiera ser la pol&iacute;tica. Podr&iacute;a ser perfectamente una comedia amarga de las de Billy Wilder, tan querido por su autor, (estoy pensando, por ejemplo, en <em>El apartamento</em>), en la que bajo un tono amable, incluso decididamente humor&iacute;stico en ocasiones, se esconde el desconsuelo o la pesadumbre por una vida triste y fracasada. En la novela de Trueba, ocultas tras un manto de aparente ligereza o frivolidad, las vidas de todos los protagonistas son profundamente grises y desgraciadas, aunque parezca que el mundo de los poderosos en el que se mueven pudiera un d&iacute;a hacer el milagro de redimirlas y convertirlas en algo mejor, en algo que tal vez las alejara de la villan&iacute;a y miseria moral en que est&aacute;n instaladas y las acercara a posturas nobles o, al menos, simplemente decorosas.</p>
<p><em>Queridos ni&ntilde;os</em> (que es como el protagonista llama a los electores) trata sobre la campa&ntilde;a electoral en la que participa Amelia, una catedr&aacute;tica de universidad candidata a la presidencia del gobierno por un partido conservador (al que el narrador llama Los Cuervos y al que no es dif&iacute;cil imaginar como el Partido Popular), en la que recorre toda Espa&ntilde;a pidiendo el voto junto con un peque&ntilde;o equipo de personas que trabaja para ella: su mano derecha, Carlota, una antigua alumna suya muy ambiciosa; la venezolana Tania, que bajo una apariencia de mujer dulce encubre una personalidad falaz;&nbsp; Albert,&nbsp; conocido como &ldquo;Arroba&rdquo;, que se encarga de las redes sociales; y, sobre todo, Basilio, el gran personaje de la novela junto con Amelia, a quien el partido ha contratado para que le escriba los discursos y que hace en el libro las veces de narrador. Basilio es un c&iacute;nico y un amoral, al que s&oacute;lo al final de la novela podremos tratar (sin demasiado &eacute;xito) de comprender y perdonar. Basilio representa lo peor de la pol&iacute;tica y sus frases son, una p&aacute;gina s&iacute; y otra tambi&eacute;n, abyectas y demoledoras: &ldquo;ese empe&ntilde;o de construir las campa&ntilde;as con gente de fuera de la casa se debe a que no se f&iacute;an ni ellos de su cuadrilla propia, porque s&oacute;lo saben relacionarse a cuchilladas&rdquo;; y a&ntilde;ade, para que no haya dudas: &ldquo;Todos dentro de los partidos quieren escalar, es un microclima criminal&rdquo;. Conoce muy bien la pol&iacute;tica: &ldquo;en pol&iacute;tica quien te protege te domina&rdquo;; &ldquo;te nombran, lo aceptas y cuando llegas a saber lo que necesitas saber, ya no est&aacute;s en el cargo&rdquo;; o &ldquo;sin poder un partido se vac&iacute;a de fondos y por tanto de motivo&rdquo;, ya que &ldquo;esa m&aacute;quina de crear empleos para los cercanos si no funciona a pleno gas machaca al l&iacute;der, por culpable y responsable m&aacute;ximo del lucro cesante&rdquo;. Basilio no cree que la pol&iacute;tica corrompa a la gente, sino que sucede al rev&eacute;s: &ldquo;es la gente corrupta la que encuentra en la pol&iacute;tica un campo por explotar y les atrae ese sector para progresar en su maldad&rdquo;. Su cinismo sobrecoge y encoleriza: &ldquo;Los fieles a las esencias de los partidos son sus votantes, no sus integrantes&rdquo;, pues una cosa es &ldquo;pedir el voto por unos motivos y otra muy distinta convertir esos motivos en tu pensamiento &iacute;ntimo&rdquo;; y cuando van a visitar en Alicante unas casas afectadas por aluminosis, tras decir Amelia unas &ldquo;frases hechas y topicazos sobre la solidaridad&rdquo;, afirma que &ldquo;nuestro plan de gobierno m&aacute;s bien consist&iacute;a en dejar tirada a esa gente, en apostar por algo m&aacute;s fotog&eacute;nico&rdquo;. Es un c&iacute;nico de manual cuando ironiza sobre los discursos que le escribe a la candidata (&ldquo;mierdas que enlac&eacute; con an&eacute;cdotas inventadas y fraseolog&iacute;a de grader&iacute;o&rdquo;), cuando finge preocupaci&oacute;n por el futuro de su hijo, cuando escribe en el colmo de la deslealtad una rese&ntilde;a, que firma otro en su lugar, contra la autobiograf&iacute;a que acaba de publicar la propia Amelia, o cuando pone en labios de uno de los l&iacute;deres de Los Cuervos estas trist&iacute;simas palabras: &ldquo;la izquierda es necesaria en el poder en momentos puntuales. La reconversi&oacute;n, la crisis, la protesta necesitan de su gobierno para ser aplacadas. El resto del tiempo, Espa&ntilde;a es un pa&iacute;s conservador y de orden, orgulloso de su hogare&ntilde;a paz callada. Si perdemos las elecciones es por culpa nuestra o porque alguien en la izquierda es tan inteligente que se convierte en una derecha m&aacute;s pragm&aacute;tica. Hay que ser burros para no aprovechar la ventaja que nos concede este pa&iacute;s&rdquo;. Y es desolador cuando afirma que &ldquo;todas las personas que se dedican a la pol&iacute;tica lo hacen porque hay un vac&iacute;o en su vida&rdquo;; que no se elige a los inteligentes, sino que &ldquo;para ganar las elecciones tienes que parecer un poco tonto&rdquo;; o que los mayores de su partido hab&iacute;an robado tanto que &ldquo;no les dejaban un frente por corromper a las juventudes que llegaban sedientas de su propia oportunidad&rdquo;. Todo muy triste.</p>
<p>Tan triste como las opiniones de Basilio sobre la vida: &ldquo;considero la bondad un signo de cobard&iacute;a, como la buena educaci&oacute;n, la gente es as&iacute; para que no le partan la cara&rdquo;; &ldquo;los buenos sentimientos son una impostura&rdquo;; o cuando, al recordar a sus padres, dice que aprendi&oacute; de ellos que &ldquo;para ser una buena pareja es necesario ser algo necio y primario&rdquo;. La norma de su vida es &eacute;sta: &ldquo;Nada es sagrado, tienes que amenazar para que no te amedrenten y hay que humillar para que te dejen avanzar&rdquo;. Pero el personaje de Basilio est&aacute; tan extraordinariamente bien construido que consigue que el lector se sienta atra&iacute;do por &eacute;l, por canalla y amoral, y que a la vez le odie por las mismas razones.</p>
<p>Amelia, la candidata (turolense por m&aacute;s se&ntilde;as, de un pueblo entre Lechago y Navarrete del R&iacute;o), tiene un coraz&oacute;n m&aacute;s limpio, pero sabe muy bien en qu&eacute; lodazal se mete y qu&eacute; barrizales pisa. Tampoco es inocente, y acepta muchas de las marruller&iacute;as que le proponen para tratar de desacreditar o apartar del camino a sus rivales. Como dice Basilio, la campa&ntilde;a consiste en hacerse malos: &ldquo;entra una doncella y sale una bruja&rdquo;. Y es que, en realidad, en la novela no hay ning&uacute;n sentimiento noble ni un solo personaje que pudi&eacute;ramos salvar de la quema: polic&iacute;as que redactan informes falsos, pol&iacute;ticos que inventan historias s&oacute;lo para conmover al electorado, asesores que crean cuentas falsas en las redes para lanzar encuestas manipuladas, especialistas en desactivar esc&aacute;ndalos a trav&eacute;s de negocios de &ldquo;defensa reputacional y lavado de imagen&rdquo;&hellip; Lo que ocurre es que la trama est&aacute; tan bien urdida, los personajes son tan fieramente humanos, que al final, como se dice en el libro, todos los pol&iacute;ticos acaban siendo como un edificio feo al que cuando pasan los a&ntilde;os le tomas cari&ntilde;o. Uno s&oacute;lo desea que la pol&iacute;tica de verdad no llegue a ser nunca como la que refleja esta gran novela de David Trueba, que te atrapa y te engulle desde la primera p&aacute;gina, esa en que la precampa&ntilde;a arranca en el Gran Hotel de Zaragoza.</p>
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<p>David Trueba, <em>Queridos ni&ntilde;os</em>, Barcelona, Anagrama, 2021.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 05 Apr 2024 10:33:33 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Hacia un mundo sin pensamiento crítico?]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/hacia-un-mundo-sin-pensamiento-critico/</link>
      <description><![CDATA[<p><em><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2023/ANDREU_NAVARRA_500_px.jpg" alt="" /></em></p>
<p><em>Prohibido aprender</em>&nbsp;es un libro tan real que parece de ficci&oacute;n. Traza un recorrido desolador por las ocho leyes generales de Educaci&oacute;n que ha sufrido (s&iacute;, este es el verbo adecuado) este pa&iacute;s, pero no se trata de un ensayo aburrido ni de una enumeraci&oacute;n de desprop&oacute;sitos, sino de la narraci&oacute;n ir&oacute;nica y muy bien documentada del desmantelamiento del sistema educativo en aras de una modernidad que ya era antigua mucho antes de convertirse en ley.</p>
<p>Desde la LOGSE, nos explica Andreu Navarra se han ido sucediendo leyes educativas cada vez m&aacute;s alejadas de las aulas, y adem&aacute;s dictadas desde despachos en los que ha primado, frente a la pedagog&iacute;a, un utilitarismo mercantil que ha tergiversado el verdadero significado de la palabra competencia (pericia, nos recuerda el autor) hasta convertirla en la palabra clave de una jerga religiosa que pertenece al campo sem&aacute;ntico de <em>los buhoneros neoeducativos y sus moralinas sensoafectivas. </em></p>
<p><em>Prohibido aprender</em> es tambi&eacute;n la cr&oacute;nica del escepticismo de los profesores y de los alumnos,&nbsp; y una novela del desencanto,&nbsp; y la descripci&oacute;n de una distop&iacute;a tan tangible y tan cercana que asusta. Podr&iacute;a leerse como la precuela, esa palabra tan de moda, de un mundo similar al descrito en <em>Farenheit 451</em>, <em>1984</em>,&nbsp; o en <em>El cuento de la criada</em>, un mundo sin pensamiento cr&iacute;tico, sin capacidad de an&aacute;lisis, sin posibilidad de salvaci&oacute;n ante el tsunami de datos con que el Gran Hermano nos bombardea a diario.</p>
<p>Pensar se convertir&aacute; en un acto revolucionario, el &uacute;nico posible. Como nos explica el autor, hemos dejado que la cultura se asocie al elitismo, que se nos convenza de que escribir bien no es democr&aacute;tico, pero al mismo tiempo,&nbsp; quien quiera formarse deber&aacute; pagarse su formaci&oacute;n al margen de la escuela p&uacute;blica, cerrando as&iacute; un c&iacute;rculo vicioso: nos han convencido de que el conocimiento es solo un adorno de las clases altas para llegar a la realidad de que as&iacute; lo sea. Solo quien pueda pagar el conocimiento podr&aacute; acceder a &eacute;l.&nbsp;</p>
<p>Se llega a la paradoja de que en un mundo sobrecargado de informaci&oacute;n hasta convertirse en un vertedero digital, no dotaremos a nuestros alumnos de la herramienta indispensable para abrirse paso entre la inmundicia: el pensamiento cr&iacute;tico. A cambio, podr&aacute;n jugar con la basura, controlar sus emociones ante su aparici&oacute;n, pero no discernir&aacute;n qu&eacute; pueden aprovechar de todo lo que les llega a trav&eacute;s de mil canales distintos. Tendr&aacute;n barcos, pero no sabr&aacute;n navegar. Ante la ola de la desinformaci&oacute;n, boquear&aacute;n ahogados por material que ni saben comprender ni podr&aacute;n asimilar.</p>
<p>Sin saber comprender un texto, es imposible que luego puedan aprender a esquivar los anzuelos que se les tienden no solo en las redes sociales (el mundo es m&aacute;s que esto), sino tambi&eacute;n en la publicidad, en los contratos de trabajo, en la ret&oacute;rica que ya no sabr&aacute;n qu&eacute; es, en la propaganda pura y dura.&nbsp; Y no sabr&aacute;n qu&eacute; son los da&ntilde;os colaterales de una guerra o una crisis, los reajustes de personal, el ox&iacute;moron de las guerras humanitarias&hellip; los eufemismos que nos rodean como una red de la que no sabremos salir. Por seguir con las met&aacute;foras mar&iacute;timas, nuestros alumnos no sabr&aacute;n dudar, creer&aacute;n que la vida es un mar de certezas.</p>
<p>El problema es que habr&aacute; otros que no solo sabr&aacute;n tender trampas sino que se han adue&ntilde;ado de un saber que era com&uacute;n y adem&aacute;s, gratuito. Hemos dejado que otros nos digan que aprender menos es saber m&aacute;s. Y les hemos dado el poder de hablar bien, de escribir bien, de convencer, o sea, de manipular.</p>
<p>Como nos dice el autor, el verdadero problema es que no se est&aacute; dando clase. Mientras la burocracia no deja de crecer y en las aulas prima la gamificaci&oacute;n como si fuera la &uacute;nica opci&oacute;n posible, los profesores han dejado de creer en que las leyes traer&aacute;n una soluci&oacute;n, m&aacute;s bien al contrario. Con su ret&oacute;rica hueca y su l&eacute;xico entusiasta, cada ley que abogaba por la inclusi&oacute;n y la atenci&oacute;n a la diversidad ha ocultado que sin financiaci&oacute;n, sin bajar el n&uacute;mero de alumnos por profesor y sin formaci&oacute;n, nada es posible. Sin fondos y sin inter&eacute;s por crear material pedag&oacute;gico que se ajuste a la realidad, las leyes fracasan.</p>
<p>Apunta tambi&eacute;n el autor a los posibles intereses privados que acechan a la escuela p&uacute;blica, y a la falta de confianza en el profesorado como si ya solo fuera necesaria una pantalla para conseguir lo que un docente apenas puede conseguir. La desprofesorizaci&oacute;n a cambio de las supuestas ventajas de lo digital. Ya en el a&ntilde;o 2000 &Aacute;lvaro Marchesi alertaba contra la introducci&oacute;n de juegos de marcianos en el sistema educativo. De un modo parecido escrib&iacute;a que la inmersi&oacute;n digital no pod&iacute;a consistir en el mismo libro de texto pero en CD-ROM. Esto es exactamente lo que est&aacute; pasando pero con herramientas mucho m&aacute;s sofisticadas.</p>
<p>No hay que discutir si se pone en el centro al alumno o al profesor, sino a la educaci&oacute;n, que deber&iacute;a estar por encima de cualquier disensi&oacute;n pol&iacute;tica. Pero no es as&iacute;, como nos recuerda a lo largo de todo el ensayo Andreu Navarra: la cultura se asocia al elitismo, la ignorancia se fabrica, y la oposici&oacute;n o el sentido com&uacute;n se consideran propios de reaccionarios.&nbsp; As&iacute;, todo el que se opon&iacute;a a Marchesi era tachado de conservador.</p>
<p>Ad&oacute;nde vamos, se pregunta el autor al final, al mismo tiempo que se espanta de que las familias no reaccionen ante la falta de pensamiento cr&iacute;tico de los alumnos.</p>
<p>El aprendizaje ser&aacute; algo clandestino. Volveremos a aprendernos los libros de memoria para que no se pierdan, crearemos sociedades secretas, trataremos de luchar contra un sistema que fomenta centros de d&iacute;a para los j&oacute;venes, con tal de que no est&eacute;n sin trabajo y en la calle&hellip;o quiz&aacute; dejaremos de hablar de distop&iacute;as y utop&iacute;as, y trabajaremos para revertir la frase final del ensayo: &ldquo;hemos prohibido ense&ntilde;ar y aprender para poner en venta el futuro de nuestra juventud&rdquo;.</p>
<p>Hasta ese momento, conviene leer este libro que muestra una realidad que parece ficci&oacute;n, esta cr&oacute;nica del desencanto escrita por un profesor que sabe de lo que habla, una cualidad cada vez menos com&uacute;n en estos tiempos extra&ntilde;os.-</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Andreu Navarra, <em>Prohibido aprender. Un recorrido por las leyes de educaci&oacute;n de la democracia</em>, Barcelona, Anagrama, 2021.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 05 Apr 2024 07:33:33 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una fábula decantada del yo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-fabula-decantada-del-yo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/FRANCISCO_JOS_MART_NEZ_MOR_N_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Francisco Jos&eacute; Mart&iacute;nez Mor&aacute;n (1981) pertenece a esa serie de poetas discretos que van generando un curriculum l&iacute;rico lleno de calidad e inter&eacute;s fuera del aparato medi&aacute;tico. Conoc&iacute; pronto su poes&iacute;a gracias al permio F&eacute;lix Grande por &ldquo;Variadas posiciones del amante&rdquo;<em> </em>(2006) y por otro libro apetecible, &ldquo;Tras la puerta tapiada&rdquo; (2009), premio Hiperi&oacute;n. Le siguieron una serie de entregas de entre las que destacar&iacute;a &ldquo;No&rdquo; (2021) premio igualmente Francisco Brines y rese&ntilde;&eacute;, como &ldquo;Obligaci&oacute;n&rdquo; (2011). Lo cierto es que lleva una trayectoria ya de casi veinte a&ntilde;os y buen hacer, ya digo, discreto. Las virtudes de su poes&iacute;a clara, aunque yo sea ac&eacute;rrimo de Wallace Stevens, me hicieron seguir una obra que ahora parece girar hacia otros territorios pensativos o de la llamada &ldquo;poes&iacute;a de la edad&rdquo;, incluso desde el significativo t&iacute;tulo y la ruptura del mundo un&aacute;nime, la certeza. Tambi&eacute;n desde la f&oacute;rmula con que nos entrega el libro, el fragmento que se hila con similar sentido a otro en su ansia de recomponer lo perdido. Alguna vez he comentado que nada es tan inocente tras esa marca del t&iacute;tulo en su relevancia fundamental cuando abraza el asunto y no lo enmascara, como estudi&oacute;, entre tantos, Gerard Genette en &ldquo;Umbrales&rdquo;. El t&iacute;tulo como concentraci&oacute;n sem&aacute;sica e indicaci&oacute;n de cuanto se form&oacute; en libertad y luego se reconoce y se le adjudica al libro, escribi&oacute; Joan Maragall en el Diario de Barcelona por el all&aacute; de 1905, y por eso, con esa honradez, adquiere ese t&iacute;tulo ajustado esta &ldquo;F&aacute;bula del fragmento&rdquo;. En efecto, es cuanto ocurre ahora con esta mirada con poco que ver con las po&eacute;ticas del fragmento que estudi&eacute; en el pr&oacute;logo de una antolog&iacute;a, &ldquo;Po&eacute;ticas del malestar: antolog&iacute;a de poetas contempor&aacute;neos&rdquo; (2017) y en un art&iacute;culo &laquo;Las po&eacute;ticas del fragmento y el malestar&raquo; en el n&uacute;mero 469 de la Revista de Occidente del 2020. All&iacute; estaban poetas nacidos por el 80 y que Juan Carlos Abril hab&iacute;a reunido en una operaci&oacute;n de lanzamiento bajo el marbete de <em>Deshabitados</em>. Una promoci&oacute;n colindante, con la que poco tiene que ver, pues aquella se parec&iacute;a en la com&uacute;n ruptura del realismo. Ha pasado el tiempo y esta trayectoria de Mart&iacute;nez Mor&aacute;n, en medio del camino de la vida, va por otros derroteros, fuera de cualquier ruptura desde la ansiedad de las influencias con la citada poes&iacute;a realista de los 90, o con cierta manera de entender el vers&iacute;culo, de cuantos all&iacute; se reun&iacute;an.</p>
<p>&ldquo;F&aacute;bula del fragmento&rdquo; es un poema lo suficientemente largo como para participar de lo fragmentario y, sin paradoja, de una intencionalidad expl&iacute;cita como tal poema extenso, aunque lo es. El libro est&aacute; cohesionado, fragmento a fragmento hasta constituir una f&aacute;bula decantada del yo en el desfiladero de las emociones y la vida, pues asistimos a un proceso de decantaci&oacute;n reflexiva. La f&aacute;bula espiritual es la de un protagonista que encarna esta dramatizaci&oacute;n en forma de &ldquo;proema&rdquo; o poema en prosa, tal y como es habitual hoy, donde el poeta genera un espacio teatral, un pasillo con puertas que se van superando (atenci&oacute;n a la m&iacute;stica y a Santa Teresa en lo fundamental), en b&uacute;squeda de una luz pura, sin m&aacute;cula. El protagonista en esa indagaci&oacute;n &laquo;tiene sed, pero es la sed, precisamente lo que le mantiene vivo&raquo; (2024: 45), en un camino penoso de pasillos o desiertos. Y mientras lo escribo y percibo esa desnudez esencial de Mart&iacute;nez Mor&aacute;n tan atractiva, tan diferenciada, nada agria, pero con un punto amargo como la misma vida, y en c&oacute;mo esa desnudez le hermana en una espiritualidad similar a la de Edmond Jab&egrave;s. Y es que el tr&aacute;fago del siglo produce poetas como el madrile&ntilde;o, donde la poes&iacute;a excede al verso, seg&uacute;n mantuvo uno de los primeros modernos te&oacute;ricos literarios, Philip S&iacute;dney o los rom&aacute;nticos, y donde una espiritualidad subyacente pugna por decirse para reencontrar al yo. En ese camino doloroso y tambi&eacute;n de autognosis, donde la insatisfacci&oacute;n y el pasillo conllevan la espera, la paciencia infinita en esa b&uacute;squeda de la luz, entendemos esta centralidad de la madurez y comprender a Jos&eacute; Francisco Mart&iacute;nez Mor&aacute;n en este libro; o si prefieren entender su an&aacute;lisis con un bistur&iacute; simb&oacute;lico, un estado suyo y de tantos, cuando la memoria se va borrando lo pasado y el autorreconocimiento, casi fantasmal, incluso los del <em>oikos</em>. Y es que en cierta manera se encuentra nuevamente solo y en la incertidumbre en b&uacute;squeda de esa luz final.</p>
<p>La soledad reflexiva, nunca paralizante, a la que dedic&oacute; Karl Vossler un estudio de referencia, se le impone, junto a la desconfianza de cuanto de cuanto crey&oacute; ser, y donde cabe &laquo;quiz&aacute;s una oraci&oacute;n, una plegaria&raquo; (2024: 71), pero solo &ldquo;quiz&aacute;s&rdquo;. Ese aleg&oacute;rico itinerario del &ldquo;pasillo&rdquo;, lleno de puertas que el paseante no se atreve a abrir o duda sobre la elecci&oacute;n, mientras avanza por un espacio un tanto claustrof&oacute;bico, provoca la doble sensaci&oacute;n de &ldquo;hogar&rdquo; y &ldquo;extra&ntilde;eza&rdquo;, mientras abandona lecturas y los razonamientos de un oculto interlocutor, un tal &ldquo;P&rdquo;, que propone una &ldquo;felicidad impostada&rdquo; [2024: 33]. &nbsp;Prefiere el personaje el dolor de la realidad, la sangre del espino con que se hiere en este corredor (no es un laberinto borgiano), ya sin enso&ntilde;aciones de &ldquo;caballos blancos&rdquo;, l&eacute;ase magias, sino una triste ca&iacute;da hacia lo pragm&aacute;tico en el camino, si no de perfecci&oacute;n, s&iacute; de renovaci&oacute;n o restructuraci&oacute;n. Una desnudez lo plasma, una desnudez que elimina lo superfluo, aunque duela el desencanto de fondo, tan axial como la b&uacute;squeda y la metamorfosis del personaje, hacia esa citada luz. Un peregrinaje &aacute;vido, en efecto, donde todo lo pasado se ha incendiado mientras el futuro se muestra tan cerrado como los ojos de una ni&ntilde;a muerta en la cuneta, que toma como ejemplo. En el fondo, pese a esos estados de estar en el &ldquo;alambre&rdquo; late una pulsi&oacute;n catab&aacute;tica, serena y dolida, en pugna con un horizonte que no alumbra, salvo al final, en esa pugna por entenderse y avanzar, desembarazarse de lastres, renovarse o recuperarse.</p>
<p>La extra&ntilde;eza del personaje con que se ha querido distanciar el yo, muestra un de esta manera un estado en tr&aacute;nsito, palabra que define este libro tan diferente, tan para leer sin prisas. O, si prefieren, para reconocerse en &eacute;l quienes est&aacute;n atravesando cambios, y reflexionan sobre lo fugaz, los espejismos, y la incertidumbre. La irrealidad ante lo nuevo pugna con la tentaci&oacute;n abisal, sin asideros ni pasados m&iacute;ticos, y que Francisco Jos&eacute; Mart&iacute;nez Mor&aacute;n ha sabido contar, quiero decir, poetizar con pulcritud y talento. Y sin atenerse a modas o momentos, pues ya dec&iacute;a al comienzo algo sobre su naturaleza de poeta discreto, un buen poeta discreto, que sabe contar con distancia, talento y limpieza un momento cualquiera de la vida de un hombre.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Francisco Jos&eacute; Mart&iacute;nez Mor&aacute;n, &ldquo;F&aacute;bula del fragmento&rdquo;, Murcia, Editorial Balduque, 2023.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 21 Mar 2024 11:46:36 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Julio Llamazares: “Vivimos en un mundo que trivializa la pasión creadora”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/julio-llamazares-vivimos-en-un-mundo-que-trivializa-la-pasion-creadora/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2024/JULIO_LLAMAZARES.jpg" alt="" /></p>
<p class="LO-normal"><strong>Julio Llamazares: &ldquo;Vivimos en un mundo que trivializa la pasi&oacute;n creadora&rdquo;</strong></p>
<p>Desde que en 1985 publicara su primera novela, <em>Luna de lobos</em>, y m&aacute;s a partir del &eacute;xito de la segunda, <em>La lluvia amarilla</em>, Julio Llamazares (Vegami&aacute;n, Le&oacute;n, 1955) no ha dejado de escribir ni de publicar peri&oacute;dicamente novelas, libros de viajes, guiones cinematogr&aacute;ficos... Fue la buena recepci&oacute;n de esas dos novelas primerizas lo que le permiti&oacute; dedicarse a tiempo completo a la escritura con incursiones m&aacute;s o menos espor&aacute;dicas en el Periodismo, campo en el que mantiene su faceta de columnista. Antes hab&iacute;a publicado dos libros de poes&iacute;a, <em>La lentitud de los bueyes</em> y <em>Memoria de la nieve,</em> que tambi&eacute;n figuran en el imaginario colectivo de sus fieles lectores. Que los tiene, y asegura que son su mayor patrimonio. En los casi 45 a&ntilde;os que han transcurrido desde su primer poemario, siete novelas (entre ellas, <em>El cielo de Madrid</em>, <em>Las l&aacute;grimas de San Lorenzo</em>, <em>Distintas formas de mirar el agua</em>), siete libros de viajes (<em>El r&iacute;o del olvido</em>, <em>Tr&aacute;s-os-montes, Las rosas de piedra</em>, <em>El viaje de Don Quijote</em>&hellip;), varios guiones de cine y tres libros que recogen sus colaboraciones en prensa son su cosecha. Al&eacute;rgico a los premios, deja muy claro que, salvo los que dan una primera oportunidad a j&oacute;venes talentos, deber&iacute;an desaparecer. Independiente y sin pelos en la lengua, afirma que va por el campo solo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El por qu&eacute; me dedico yo a escribir es esa p&oacute;lvora que se va acumulando toda la vida en la conciencia&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>&ndash; Por empezar por su &uacute;ltima novela publicada, <em>Vagalume</em>, &iquest;qu&eacute; fue la chispa que encendi&oacute; la mecha de la narraci&oacute;n?</p>
<p>&ndash; La p&oacute;lvora se va acumulando toda la vida en la conciencia. El por qu&eacute; me dedico yo a escribir, por qu&eacute; la &uacute;nica vida que tengo y voy a tener la dedico a escribir es esa p&oacute;lvora que se va acumulando. La chispa que la encendi&oacute; fue el descubrimiento de que el que fue mi primer editor como novelista, Mario Lacruz, un se&ntilde;or barcelon&eacute;s, el editor m&aacute;s importante en los a&ntilde;os setenta y ochenta, el que me dio a m&iacute; la primera oportunidad con <em>Luna de lobos</em> y <em>La lluvia amarilla</em> y con <em>El r&iacute;o del olvido</em>, pero tambi&eacute;n a otros autores, a Rosa Montero, a Mu&ntilde;oz Molina en fin&hellip; hab&iacute;a escrito en secreto. Resulta que descubr&iacute; que de joven hab&iacute;a publicado tres novelas muy interesantes en los a&ntilde;os sesenta y luego hab&iacute;a dejado te&oacute;ricamente de escribir. Despu&eacute;s de a&ntilde;os, cuando muri&oacute;, recib&iacute; una llamada de un hijo que vive en Luxemburgo. Me cont&oacute; que, deshaciendo la casa familiar en Barcelona, en un armario que estaba siempre cerrado con llave, seg&uacute;n Mario Lacruz porque guardaba las herramientas de bricolaje al que era muy aficionado y no quer&iacute;a que anduvieran con ellas y las desordenaran o perdieran, descubrieron una docena de manuscritos mecanografiados entre novelas, guiones de cine, una biograf&iacute;a de Gaud&iacute;&hellip; Y ni la mujer ni los hijos sab&iacute;an que hab&iacute;a seguido escribiendo. Lo o&iacute;an teclear por la noche cuando volv&iacute;a del trabajo, pero cre&iacute;an que era trabajo de la editorial, informes o lo que fuera. Y su sorpresa fue may&uacute;scula. El hijo me llamaba porque quer&iacute;an editar alguna de las novelas, de hecho, as&iacute; lo hizo en una editorial que se llama Funambulista y que cre&oacute; pr&aacute;cticamente para eso. El hijo se llama Max Lacruz y me ped&iacute;a un pr&oacute;logo para una de las novelas. Y lo hice. Y a m&iacute; eso me hizo replantearme muchas cosas. El calambrazo que me produjo la noticia hizo que me replanteara qu&eacute; es realmente la pasi&oacute;n por escribir, c&oacute;mo en este mundo tan trivializado como es el mundo editorial actual, donde prima lo comercial sobre lo emocional y lo realmente importante que es lo literario, hay gente que sigue escribiendo, aunque sepa que no va a publicar. Y, sobre todo, la gran pregunta es por qu&eacute; alguien que pod&iacute;a haber publicado donde quisiera, decidi&oacute; seguir escribiendo pero no publicar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Los verdaderos escritores son aquellos que escriben sin importarles demasiado la proyecci&oacute;n p&uacute;blica de sus libros&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Es un homenaje a esos escritores que, como suele se&ntilde;alar, lo son de verdad porque escribir&iacute;an, aunque no publicaran. A diferencia de otros que escriben libros, pero no son verdaderos escritores.</p>
<p>- Un homenaje a la Literatura, a la pasi&oacute;n por escribir. Vivimos en un mundo frivolizado donde parece que todo el mundo es escritor, que todo el mundo es fot&oacute;grafo porque hace fotos con el m&oacute;vil, o pintor porque hace cuatro dibujos&hellip; Hay una trivializaci&oacute;n sobre lo que es la pasi&oacute;n creadora que no es un oficio ni una profesi&oacute;n sino una manera de entender la vida y de vivir la vida. El escritor es escritor no porque escriba o publique sino porque su concepci&oacute;n de la vida es a trav&eacute;s de la Literatura y la interpreta a trav&eacute;s de las palabras. Es algo f&aacute;cil de entender, pero dif&iacute;cil de explicar porque parece que con los criterios comerciales que rigen el mundo editorial los grandes escritores deben ser los que tienen mucho &eacute;xito y sin embargo no es que el &eacute;xito anule la calidad, pero no la determina. Los verdaderos escritores son aquellos que escriben sin importarles demasiado la proyecci&oacute;n p&uacute;blica de sus libros. Un escritor es un n&aacute;ufrago y lo importante para &eacute;l es escribir mensajes y lanzarlos al vac&iacute;o no a qui&eacute;n le van a llegar ni la respuesta que van a tener. Lo importante para un n&aacute;ufrago es escribir esos mensajes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La literatura y el periodismo son dos caras de la misma moneda&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ndash; El protagonista de <em>Vagalume</em> es un personaje que los que hemos trabajado en peri&oacute;dicos de provincia conocemos bien. Ese periodista vocacional que pasaba horas y horas en la redacci&oacute;n y que no s&eacute; si es una especie en peligro de extinci&oacute;n. O al menos lo es el mundo que le rodea. Por cierto, la provincia en que se desarrolla la acci&oacute;n &iquest;es Le&oacute;n?</p>
<p>- No. Si hubiera querido que fuera Le&oacute;n lo hubiera puesto y tambi&eacute;n los nombres de las calles. He querido crear una ciudad inventada que participe de muchas ciudades. Igual que esos periodistas no son ninguno en concreto y son todos. Aparte de un homenaje a los escritores de verdad es un homenaje al periodismo que no deja de ser la otra cara de la literatura. Yo creo que la literatura y el periodismo son dos caras de la misma moneda. En una, la mirada se dirige al presente y, en la otra, al pasado y al futuro. La Literatura empieza donde acaba el periodismo, donde acaba lo objetivo, donde acaban los datos empieza la imaginaci&oacute;n. Pero al fin y al cabo los periodistas y los escritores trabajamos con la misma herramienta, el lenguaje, las palabras, y tenemos una vocaci&oacute;n que es contar, transmitir nuestros pensamientos, nuestros sentimientos. Y hay en la novela un homenaje especial a esos periodistas &lsquo;de provincias&rsquo;, como dicen en Madrid, que son tan buenos o mejores o iguales que los presuntamente importantes porque publican en peri&oacute;dicos importantes y que no s&eacute; si son una especie en extinci&oacute;n, pero tal como los conocimos s&iacute;. Yo ahora voy a una redacci&oacute;n y me parece la UCI de un hospital. Ya no hay botellas, no hay bocadillos, no hay ruido. Es todo muy as&eacute;ptico. Ha cambiado mucho. La esencia del periodismo sigue siendo la misma, pero ha cambiado mucho el esp&iacute;ritu en las redacciones y porque la realidad se ha sustituido por la realidad virtual. Ahora los periodistas no salen de las redacciones y a veces no salen de sus casas. Todo es a trav&eacute;s de la realidad virtual como nosotros ahora. [La entrevista tiene lugar a trav&eacute;s de una plataforma de Internet] Aquellos periodistas que pateaban la calle y la viv&iacute;an y conoc&iacute;an a todo el mundo y que viv&iacute;an el periodismo no como un oficio sino tambi&eacute;n como una manera de estar en la vida&hellip; Para ellos hay un recuerdo especial en esta novela.</p>
<p>&ndash; &iquest;Y la ciudad?</p>
<p>- Por &uacute;ltimo, sobre la ciudad, aunque tambi&eacute;n en Le&oacute;n en seguida han pensado que era all&iacute;, voluntariamente he querido que fuera una ciudad de provincias de interior que podr&iacute;a ser cualquiera para no tener problemas de verosimilitud. Es m&aacute;s, si hay una ciudad que se le parece m&aacute;s a lo que yo cuento es Zamora, por ese r&iacute;o hacia el que descienden las calles como si fueran calles portuarias. Esos molinos arruinados&hellip; Ser&iacute;a m&aacute;s bien Zamora&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;<em>La lluvia amarilla</em> es la novela que a m&iacute; me situ&oacute; en una posici&oacute;n en el mundo literario de la que ya no he vuelto a salir&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ndash; Hace 38 a&ntilde;os que p&uacute;blico <em>La lluvia amarilla</em>. Al cumplirse el vigesimoquinto</p>
<p>aniversario, la editorial, Seix Barral, hizo una edici&oacute;n conmemorativa en la que particip&oacute; con un pr&oacute;logo. Cuando una novela es objeto de una edici&oacute;n especial por un aniversario quiere decir que fue un hito en la historia literaria del pa&iacute;s y por supuesto en la carrera del escritor. &iquest;C&oacute;mo lo vivi&oacute;?</p>
<p>- <em>La lluvia amarilla</em> no es que yo la considere mi mejor novela. Yo creo que todas cumplen una funci&oacute;n. Los libros son radiograf&iacute;as del alma del autor y en cada momento de su vida el alma va cambiando y se refleja de una forma diferente. Pero s&iacute; es verdad que es la novela que a m&iacute; me situ&oacute; en una posici&oacute;n en el mundo literario de la que ya no he vuelto a salir. Digamos que primero era una novela, y as&iacute; lo dije en el pr&oacute;logo a la nueva edici&oacute;n, que yo pens&eacute; que iba a ser muy minoritaria. En principio, el mon&oacute;logo de alguien que se muere no parece muy comercial y, sin embargo, tuvo la virtud de tocar una fibra en carne viva de much&iacute;sima gente que hab&iacute;a vivido personalmente o a trav&eacute;s de sus padres o de sus abuelos la historia que se cuenta en la novela, que es el fin del mundo rural tal como lo conocimos. Y esa fibra est&aacute; muy en carne viva todav&iacute;a y eso explica que 38 a&ntilde;os despu&eacute;s sea mi novela m&aacute;s traducida fuera de Espa&ntilde;a, y las m&aacute;s vendida y reeditada, es decir, es la novela m&iacute;a que m&aacute;s &eacute;xito editorial ha tenido, pero eso no significa que para m&iacute; sea la preferida. Normalmente los padres y las madres tenemos m&aacute;s predilecci&oacute;n por los hijos o las hijas que han tenido menos suerte y a veces no coincide con el criterio del p&uacute;blico. Yo me alegro mucho y le debo mucho a <em>La lluvia amarilla</em> entre otras cosas, y antes tambi&eacute;n a <em>Luna de lobos</em>, el haber podido dedicarme a tiempo completo a escribir cosa que antes no pod&iacute;a ser.</p>
<p>&ndash; &iquest;Cu&aacute;les son esos hijos predilectos que no tuvieron tanta suerte?</p>
<p>&ndash; Podr&iacute;a decir varios t&iacute;tulos, pero me limitar&eacute; a uno: <em>Escenas de cine mudo.</em></p>
<p><strong><em>&nbsp;</em></strong></p>
<p><strong><em>&ldquo;La Espa&ntilde;a vac&iacute;a</em></strong><strong>, de Sergio del Molino,</strong><strong> tuvo la gran virtud de ponerle nombre a un fen&oacute;meno&rdquo;<em></em></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- <em>La &nbsp;lluvia amarilla</em> anticipa en mucho tiempo algo que ahora est&aacute; en la conversaci&oacute;n pol&iacute;tica y literaria: la Espa&ntilde;a vac&iacute;a.</p>
<p>&ndash; Pero no solo yo, hab&iacute;a m&aacute;s gente escribiendo de ello. No fui el primero. Delibes, quiz&aacute; no de forma tan directa pero s&iacute; indirecta, hablaba de eso en Castilla; Labordeta en sus canciones ya cantaba de los que se van y no vuelven y dejan los pueblos vac&iacute;os; un escritor muy querido y que desapareci&oacute; pronto, por desgracia, soriano, Avelino Hern&aacute;ndez, que escribi&oacute; mucho sobre el tema en <em>La sierra del alba</em> y en un libro para ni&ntilde;os, <em>Silvestrito</em>, en el que un abuelo le cuenta a su nieto de la ciudad c&oacute;mo era su pueblo y c&oacute;mo se viv&iacute;a y, sobre todo, un libro que en teor&iacute;a es una gu&iacute;a de viajes por Soria pero que es un canto a la desaparici&oacute;n de un mundo que estaba finiquit&aacute;ndose en ese momento que es <em>Donde la vieja Castilla se acaba</em>. Hubo m&aacute;s gente, Ignacio Sanz, segoviano, que hizo con Avelino Hern&aacute;ndez y Miguel Manzano un viaje al Aliste zamorano [<em>Cr&oacute;nicas del poniente castellano</em>]. Hay much&iacute;sima gente que ha escrito de eso, pero s&iacute; es verdad que <em>La lluvia amarilla</em> fue como un aldabonazo en la conciencia de una sociedad que estaba viviendo ajena a un fen&oacute;meno que estaba viviendo la mitad o un tercio de la sociedad del pa&iacute;s. Y a partir de ah&iacute; se empez&oacute; a crear una especie de inter&eacute;s que un d&iacute;a eclosion&oacute; &ndash;porque estall&oacute; una chispa a nivel period&iacute;stico y pol&iacute;tico&ndash; en el libro de Sergio del Molino <em>La Espa&ntilde;a vac&iacute;a</em> que tuvo la gran virtud de ponerle nombre a un fen&oacute;meno. Parece que a veces las cosas no existen hasta que se les pone un nombre como pas&oacute; con la Memoria hist&oacute;rica: en Espa&ntilde;a hab&iacute;a 100.000 personas en las cunetas, pero hasta que no se le puso un nombre no se empez&oacute; a hablar de ello porque al fin y al cabo el tiempo de la literatura y del periodismo y de la pol&iacute;tica son diferentes. Cuando escrib&iacute; <em>La lluvia amarilla</em> lo hice por el calambrazo que me produc&iacute;a entrar en pueblos abandonados. No quer&iacute;a inventar la Espa&ntilde;a vaciada, quer&iacute;a imaginar c&oacute;mo me hubiera sentido yo si me hubiera tocado vivir lo que ha vivido mucha gente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Para cada persona su vida es la m&aacute;s importante que ha ocurrido en la historia de la humanidad&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- En su caso, adem&aacute;s, el haber nacido en un pueblo que desapareci&oacute; bajo el pantano del Porma ha influido en su literatura.</p>
<p>&ndash; Todas las personas somos el fruto de nuestra vida y a todos nos influye de una forma mayor o menor los acontecimientos m&aacute;s importantes de nuestra vida. Seguramente si yo hubiera nacido en Madrid o en Nueva York el ver un pueblo abandonado en un viaje por Castilla o por Arag&oacute;n no me hubiera producido la conmoci&oacute;n que nos produce a gente que hemos vivido en lugares as&iacute; y, al rev&eacute;s, si yo no hubiera nacido en un pueblo que no existe ya seguramente me resultar&iacute;a m&aacute;s o menos indiferente la visi&oacute;n de un pueblo en ruinas. Todos somos el fruto de nuestra vida, ninguna vida es mejor que otras ni m&aacute;s novelesca que otras, frente a lo que las personas piensen, todas son igual de importantes y sobre todo para cada persona su vida es la m&aacute;s importante que ha ocurrido en la historia de la humanidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Cuando los pa&iacute;ses o las sociedades sufren de Alzh&eacute;imer hist&oacute;rico no son conscientes de lo que son realmente&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Para los escritores la herramienta com&uacute;n es el lenguaje y la materia com&uacute;n es la memoria. En su caso, en t&iacute;tulos tan expl&iacute;citos como <em>Memoria de la nieve</em>. Pero pensando en otro de sus libros, en concreto de viajes<em>, El r&iacute;o del olvido</em>, podemos decir que memoria y olvido van de la mano de forma rotunda.</p>
<p>&ndash; La materia sobre la que trabajamos los escritores es la memoria. La memoria es la personalidad. Hay una enfermedad, para m&iacute; la m&aacute;s terrible, que es el Alzh&eacute;imer. Porque lo que hace es destruir la memoria, como pasa cuando entra un virus en el ordenador. Pero no destruye la memoria, destruye la personalidad. De hecho, una persona con Alzh&eacute;imer se convierte en una especie de maniqu&iacute; o de robot sin alma. El alma de las personas es la memoria y somos esa memoria, que es una especie de ci&eacute;naga que va acumulando restos de naufragios y de experiencias. Tambi&eacute;n los pa&iacute;ses y las sociedades. De repente cuando los pa&iacute;ses o las sociedades sufren de Alzh&eacute;imer hist&oacute;rico no son conscientes de lo que son realmente. Lo que pasa es que hay un siguiente paso a la memoria y es lo que Lobo Antunes, el escritor portugu&eacute;s, llamaba la imaginaci&oacute;n, y dec&iacute;a: &ldquo;La imaginaci&oacute;n no es m&aacute;s que la memoria fermentada&rdquo;. T&uacute; vas viviendo, acumulando experiencias, eso se solidifica en tu conciencia, fermenta como pasa con el humus de los bosques y eso se convierte en otra materia m&aacute;s rica org&aacute;nica y emocionalmente que es la imaginaci&oacute;n, pero siempre parte de la memoria o por lo menos yo lo veo as&iacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Los escritores somos gente que vivimos en la frontera con un pie en la realidad y otro en la ficci&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- En el pr&oacute;logo de su novela <em>El cielo de Madrid</em> dice que en toda obra de memorias o pretendidamente biogr&aacute;fica hay ficci&oacute;n y que en toda obra de ficci&oacute;n hay memoria. &iquest;En ese terreno fronterizo se mueve toda su obra?</p>
<p>&ndash; Al final es la mezcla entre el periodismo y la literatura. Es la mezcla de la experiencia vivida y la experiencia imaginada. Yo he combinado, aunque no soy periodista, el periodismo m&aacute;s o menos privilegiado, de opini&oacute;n o de reportajes que t&uacute; mismo propones o eliges, con la literatura y hay muchos vasos comunicantes. De hecho, en un seminario en Suiza en Neuch&acirc;tel que cada a&ntilde;o dedican a un escritor, en un a&ntilde;o que me lo dedicaron a m&iacute;, hab&iacute;a una ponencia que dec&iacute;a que muchos de los temas que yo hab&iacute;a tratado en el periodismo aparec&iacute;an en mis novelas y al rev&eacute;s. Al final la experiencia vivida y la experiencia imaginada confluyen en un territorio fronterizo que es donde yo mejor me muevo. No olvidemos que es el territorio m&aacute;s rico porque, como dec&iacute;a Cervantes, el que vive en la frontera tiene dos patrias y ninguna. Los escritores somos gente que vivimos en la frontera con un pie en la realidad y otro en la ficci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Toda novela es autobiogr&aacute;fica&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ndash; En esa novela, a un pintor que ha buscado el reconocimiento con ah&iacute;nco, le llega de pronto en forma de un &eacute;xito tan grande que se ve incapaz de digerirlo y necesita apartarse de todo para reencontrarse a s&iacute; mismo. No s&eacute; si a usted, que vivi&oacute; ese &eacute;xito temprano, le ocurri&oacute; en alg&uacute;n momento algo parecido. Esa necesidad de apartarse por un tiempo.</p>
<p>&ndash; Toda novela es autobiogr&aacute;fica. No tanto porque cuente an&eacute;cdotas puntuales de tu vida sino porque transmite tus pensamientos y tus sentimientos. Dec&iacute;an los griegos que todos los personajes son m&aacute;scaras del autor. Y al final no es que t&uacute; seas el personaje principal o tal otro, sino que te atomizas en todos los personajes de la novela, y seguramente si yo escrib&iacute; sobre eso es porque fue algo que yo viv&iacute;, porque me agobi&oacute; o me preocup&oacute; en su momento. Efectivamente yo tuve&hellip; bueno el &eacute;xito que puede tener un escritor en Espa&ntilde;a, un relativo &eacute;xito y, de repente, yo no me sent&iacute;a c&oacute;modo representando un papel porque al final t&uacute; te conviertes en un personaje que no eres t&uacute;, que es el personaje que los dem&aacute;s crean sobre ti o imaginan en ti y eso produce una disfunci&oacute;n que seguramente les pasa a muchas personas. Todas mis novelas son de tesis, digamos, reflexivas, y en cada una hay muchos temas sobre los que se reflexiona, pero siempre hay un tema importante. En <em>Luna de lobos</em> es el instinto de supervivencia; en<em> La lluvia amarilla</em>, la soledad en grado extremo; en <em>Escenas de cine mudo</em>, la memoria; en <em>El cielo de Madrid</em>, el &eacute;xito y el fracaso&hellip; Porque vivimos en una sociedad que nos educa para el &eacute;xito social no para el &eacute;xito personal y luego te das cuenta de que hay mucha gente que ha tenido gran &eacute;xito profesional que son unos desgraciados y, al rev&eacute;s, hay mucha gente que no ha tenido ning&uacute;n &eacute;xito social que son mucho m&aacute;s felices. Y hago una reflexi&oacute;n a partir de una frase que recuerdo que le&iacute; al poco de llegar a Madrid en una entrevista a Francisco Umbral que por entonces era Dios, era el gran columnista, el gran escritor. Me impact&oacute; el titular de la entrevista en el que Umbral dec&iacute;a: &ldquo;El &eacute;xito est&aacute; vac&iacute;o&rdquo;. Eso, dicho por alguien que hab&iacute;a perseguido el &eacute;xito casi enfermizamente como Umbral y que ten&iacute;a todo el &eacute;xito, me impact&oacute;. En ese caso el chispazo de esa novela fue esa frase de Umbral.</p>
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<p><strong>&ldquo;La poes&iacute;a es esa magia que hace que las palabras signifiquen m&aacute;s de lo que significan coloquialmente&rdquo;</strong></p>
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<p>&ndash; Cuando se piensa y se habla de su obra, siempre aparece <em>La lluvia amarilla</em>, pero tambi&eacute;n se piensa en <em>Memoria de la nieve</em> y en <em>La lentitud de los bueyes</em>, dos poemarios que se han quedado en la memoria de sus lectores y de la cr&iacute;tica. Es curioso que nunca haya vuelto a escribir poes&iacute;a. &iquest;Por qu&eacute;?</p>
<p>&ndash; He escrito algunos poemas sueltos &uacute;ltimamente. No he vuelto a escribir poes&iacute;a pero no he dejado de escribir poes&iacute;a. Quiero decir, no he dejado de escribir po&eacute;ticamente. Una cosa es la poes&iacute;a como g&eacute;nero y otra cosa es la poes&iacute;a como concepci&oacute;n del lenguaje. Para m&iacute; lo que separa la simple escritura de la literatura es la existencia o no de un halo po&eacute;tico. Y ese s&iacute; que est&aacute; en todo lo que t&uacute; escribes incluso en los reportajes de peri&oacute;dico. La poes&iacute;a es esa magia que hace que las palabras signifiquen m&aacute;s de lo que significan coloquialmente. Si yo leo una novela, por eso distingo entre escritores y gente que escribe libros, en que no hay un &aacute;tomo de poes&iacute;a, quiero decir, de emoci&oacute;n que surja del fondo, del n&uacute;cleo de las palabras, es que eso no es literatura es simple escritura, porque los notarios escriben mucho y no hacen literatura. Una cosa es contar &lsquo;a la pata la llana&rsquo; y otra es contar manipulando las palabras para que adquieran otra dimensi&oacute;n. Y eso se consigue con un tratamiento po&eacute;tico del lenguaje.</p>
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<p><strong>&ldquo;La poes&iacute;a es el magma del volc&aacute;n, la lava que bulle dentro del lenguaje y de la conciencia del escritor y eso acaba aflorando de una forma o de otra&rdquo;</strong></p>
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<p>&ndash; Pero de momento no vamos a ver ning&uacute;n poemario suyo nuevo.</p>
<p>&ndash; Mi deseo ser&iacute;a despedirme, cuando me toque, y espero que tarde mucho, volviendo a la poes&iacute;a, con un libro de poes&iacute;a. Para m&iacute;, la poes&iacute;a me parece el estadio superior de la Literatura. Tampoco tengo una explicaci&oacute;n para todo lo que hago o dejo de hacer. Yo empec&eacute; escribiendo poes&iacute;a y de repente dej&eacute; de hacerlo seguramente porque me di cuenta de que iba a escribir siempre lo mismo. Para m&iacute; la poes&iacute;a es el magma del volc&aacute;n, la lava que bulle dentro del lenguaje y de la conciencia del escritor y eso acaba aflorando de una forma o de otra. La novela y otros g&eacute;neros te permiten hacer modulaciones de lo mismo, pero en una reedici&oacute;n de la poes&iacute;a dije y lo digo ahora: todo lo que yo he escrito y lo que voy a escribir estaba ya en esos dos libros, los materiales emocionales con los que yo me he manejado a partir de entonces hasta hoy.</p>
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<p><strong>&ldquo;La literatura de viajes es el g&eacute;nero fundacional de todos los dem&aacute;s&rdquo;</strong></p>
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<p>&ndash;Una parte importante de su obra son los libros de viajes. &iquest;Por qu&eacute; cree que en Espa&ntilde;a este g&eacute;nero tiene menos reconocimiento?</p>
<p>&ndash;La literatura de viajes tiene una aceptaci&oacute;n digamos guadianesca. As&iacute; como en el mundo anglosaj&oacute;n y en Centroeuropa est&aacute; mucho m&aacute;s normalizada, aqu&iacute; ha tenido un desarrollo irregular. Hay &eacute;pocas en que no se considera y &eacute;pocas en las que se pone de moda. Ahora parece que ha ca&iacute;do un poco, pero hubo una &eacute;poca con Javier Reverte y otros autores con los que se vivi&oacute; un cierto <em>boom</em> igual que en los a&ntilde;os cuarenta y cincuenta hubo un cierto <em>boom</em> con Cela, con Delibes, con Sueiro, con Torbado m&aacute;s tarde&hellip; Y yo no entiendo por qu&eacute;. S&iacute; s&eacute; por qu&eacute; pero no lo entiendo. El mercado, que es el que manda en todo, ha consagrado la novela como el g&eacute;nero por excelencia, porque es el que m&aacute;s se vende o porque m&aacute;s demandan los autores, pero eso no quiere decir que sea un g&eacute;nero superior a los otros, ni al ensayo, ni al teatro, ni a la poes&iacute;a, ni a la literatura de viajes. Es m&aacute;s, creo que la literatura de viajes, y lo he escrito alguna vez, es el g&eacute;nero fundacional de todos los dem&aacute;s. La gente empez&oacute; a escribir para contar sus experiencias, sobre todo los viajes, y si te fijas toda la literatura fundacional de los distintos pa&iacute;ses son libros de viajes, el &Eacute;xodo de a Biblia, la An&aacute;basis, la Odisea, el viaje de Marco Polo, los viajes de Gulliver, el viaje de Nils Holgersson que se sube a un ganso y vuela por toda Escandinavia, las Cr&oacute;nicas de Indias espa&ntilde;olas&hellip; La gente lo primero que hace al volver de un viaje, incluso todav&iacute;a hoy en que ya est&aacute; todo globalizado y conocemos todo, qu&eacute; es: contar a los que se quedaron qu&eacute; ha visto, que experiment&oacute;, aunque sea un viaje organizado del Imserso a Palma de Mallorca. Porque eso forma parte de la condici&oacute;n humana, contar a los dem&aacute;s lo que sentimos y pensamos. Por eso considero que la literatura fundacional es la de viajes, la esencia. Es m&aacute;s, las grandes novelas, todas las novelas, yo dir&iacute;a, encierran viajes en su interior, en el tiempo o en la imaginaci&oacute;n. El Quijote son viajes que hace por Espa&ntilde;a un loco acompa&ntilde;ado de un pobre hombre que es Sancho Panza buscando aventuras; El Cantar del M&iacute;o Cid es el viaje al destierro del Cid&hellip; O viajes interiores en la conciencia de sus protagonistas. Si te fijas, la imagen m&aacute;s homologable a la del escritor es la del viajero. Un viajero es una persona que va por un camino y cada cierto tiempo se sienta a contar o a escribir lo que ha pensado, lo que le ha pasado ese d&iacute;a. Un escritor es alguien que viaja por la vida y cada cierto tiempo se sienta a contar lo que ha vivido. El viaje, la gran met&aacute;fora de la vida, es la esencia de la Literatura. Por eso, a m&iacute; me encantan como lector los libros de viajes incluso los malos porque todos tienen algo bueno siempre. Y me encanta escribirlos. Es m&aacute;s, mi pr&oacute;ximo libro va a ser un viaje.</p>
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<p><strong>&ldquo;El viaje es azar y descubrimiento&rdquo;</strong></p>
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<p>&ndash; &iquest;Se puede saber ya algo de &eacute;l?</p>
<p>&ndash; Se puede saber la idea, la esencia, aunque todav&iacute;a no he hecho el viaje. Pero ya se sabe que se viaja tres veces: cuando imaginas el viaje, cuando lo realizas y a la vuelta cuando lo escribes o lo cuentas. Pues se va a llamar <em>El viaje de mi padre</em> y es un viaje que voy a hacer intentado repetir el gran viaje que hizo mi padre, pr&aacute;cticamente el &uacute;nico que hizo, con dieciocho a&ntilde;os a la guerra. Ir por los lugares que &eacute;l fue, intentando&hellip; porque cuando mi padre viv&iacute;a me contaba cosas que cuando eres joven no haces ni pu&ntilde;etero caso y luego te arrepientes de no haber escuchado m&aacute;s. Y s&iacute;, tengo los hitos principales de ese viaje que hizo un chaval de dieciocho a&ntilde;os, obligado por las circunstancias, porque les movilizaban, desde Le&oacute;n hasta el punto final en el mar Mediterr&aacute;neo, viaje que por cierto pasa por Teruel, donde se hace esta revista, porque le toc&oacute; vivir las peores batallas de la guerra civil espa&ntilde;ola, la de Teruel, la de Castell&oacute;n, la de Espad&aacute;n. As&iacute; fue como mi padre fue a ver el mar a mil kil&oacute;metros teni&eacute;ndolo a cien en el Cant&aacute;brico. Pero en aquellos tiempos nadie viajaba salvo por necesidad, que es otra cosa que ha cambiado much&iacute;simo y que ha cambiado la propia literatura de viajes. Antes la gente no viajaba, lo hac&iacute;a por necesidad. El viaje no formaba parte de la vida de la gente. Esto que ahora hacemos todos en vacaciones y tal. Yo creo que nunca se ha viajado menos que ahora porque ha cambiado la idea del viaje. El viaje es azar y descubrimiento y la gente cuando empieza un viaje, no digo ya el organizado que es el antiviaje, sino que la gente se anticipa al viaje, entra en Internet porque va a ir en Semana a Santa a Praga, por ejemplo. Entra en Internet y mira c&oacute;mo es Praga, entra y ve c&oacute;mo es el hotel en el que se va a alojar, c&oacute;mo es el buffet del desayuno, qu&eacute; tiempo va a hacer&hellip; Y entonces te preguntas para qu&eacute; vas a Praga si ya has estado y ya lo sabes todo. Esto es una simplificaci&oacute;n pero es as&iacute;, la gente viaja mucho pero nunca se ha viajado menos que ahora en el sentido puro y original de lo que es el viaje. Pero es que antiguamente hasta el Romanticismo la gente no viajaba salvo por necesidad, porque iba a la guerra o por una necesidad. Ahora hay una concepci&oacute;n ol&iacute;mpica del viaje. La gente parece que va a disfrutar m&aacute;s si va muy lejos, es como las Olimpiadas, m&aacute;s alto, m&aacute;s r&aacute;pido, m&aacute;s no s&eacute; qu&eacute;&hellip; T&uacute; puedes hacer un viaje como el que hice yo al Curue&ntilde;o, que es el r&iacute;o junto al que pasaba los veranos, a pie durante una semana, 40 kil&oacute;metros por la monta&ntilde;a de Le&oacute;n&hellip; Yo por suerte o por desgracia he estado en China, en Ir&aacute;n, en Bolivia y no necesariamente por ir m&aacute;s lejos el viaje es m&aacute;s interesante.</p>
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<p><strong>&ldquo;Los viajes sirven para conocerte a ti mismo&rdquo;</strong></p>
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<p>&ndash;Ese viaje que planeas tiene muchos elementos para ser en el futuro tu libro preferido de viajes, pero no s&eacute; si ahora tienes alguna preferencia sobre los que has escrito</p>
<p>&ndash; Yo he hecho siempre los viajes que me ha apetecido hacer, para escribir me refiero. Mi pasi&oacute;n por Portugal y por algunos escritores portugueses &iquest;c&oacute;mo la llev&eacute; a cabo literariamente? Haciendo un viaje por la regi&oacute;n de Portugal que es Tr&aacute;s os Montes. Luego he hecho un librito que se llama <em>Atlas de la Espa&ntilde;a imaginaria</em> que son siete viajes a lugares que la gente cree que no existen pero que s&iacute; existen como es Babia, como Las Batuecas, como Jauja que es un pueblo de C&oacute;rdoba, como la &iacute;nsula de Barataria o los Cerros de &Uacute;beda. Y cuando se lo cuentas a la gente te dice, pero &iquest;c&oacute;mo? &iquest;Te has ido a hacer un viaje a los Cerros de &Uacute;beda? Pues s&iacute;, porque quiero saber c&oacute;mo son. El de <em>Las rosas de piedra</em> es un viaje por Espa&ntilde;a con un leit motiv que son las catedrales, pero claro en Espa&ntilde;a hay 74 catedrales que forman una especie de malla sobre la geograf&iacute;a y viajando de catedral en catedral vas conociendo las distintas regiones, sensibilidades, identidades&hellip; Y ves c&oacute;mo este pa&iacute;s es lo que luego los pol&iacute;ticos dicen, un pa&iacute;s plural, diverso&hellip; Hay mucha m&aacute;s diferencia entre Galicia y Andaluc&iacute;a o entre Catalu&ntilde;a y el Pa&iacute;s vasco que entre Espa&ntilde;a y Alemania. Eso me ha permitido hablar con much&iacute;sima gente y conocer muchos lugares, pero tambi&eacute;n algo para lo que sirven los viajes que es para conocerte a ti mismo. Porque cuando t&uacute; te reflejas siempre en el mismo espejo, el espejo siempre te devuelve la misma imagen. Ahora bien, cuando te reflejas en otros espejos vas cambiando. Es lo que pasa cuando viajas.</p>
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<p><strong>&ldquo;Hemos perdido mucha magia de la vida, de la imaginaci&oacute;n, por la omnipresencia de las tecnolog&iacute;as&rdquo;</strong></p>
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<p>&ndash; Otra parte muy importante en su trayectoria es la relaci&oacute;n con el cine. Hay un momento inicial en el libro <em>Escenas de cine mudo</em> en que un ni&ntilde;o que se entiende que es usted est&aacute; mirando fascinado una cartelera del cine en su pueblo, mientras espera que sus padres salgan de ver la pel&iacute;cula. Pensaba al leerlo que poco imaginaba ese ni&ntilde;o que alg&uacute;n d&iacute;a estar&iacute;a al otro lado del cartel formando parte de los que lo hacen posible.</p>
<p>&ndash; Ese ni&ntilde;o soy yo y no soy yo porque es un yo narrativo que ahora estar&iacute;a en lo que se llama la autoficci&oacute;n, pero una parte muy elevada del libro es mentira, pero ese ni&ntilde;o que nunca imagin&oacute; que iba a estar al otro lado de la c&aacute;mara escribiendo las historias incluso protagoniz&aacute;ndoles como en el caso de <em>El filand&oacute;n</em> en que salgo haciendo de m&iacute; mismo, es un homenaje al cine que tanto nos marc&oacute; la vida a gentes de mi generaci&oacute;n y&nbsp; de generaciones anteriores cuando el cine era algo sagrado, una m&aacute;quina de sue&ntilde;os. Ahora tambi&eacute;n lo es pero se ha perdido mucho, como ha pasado con la fotograf&iacute;a. Tambi&eacute;n el libro es un homenaje a la fotograf&iacute;a que ahora se ha trivializado mucho porque antes en mi caso a lo mejor hasta los doce a&ntilde;os te hac&iacute;an veinte fotos. Ahora un ni&ntilde;o reci&eacute;n nacido a la media hora ya tiene trescientas fotos que le han hecho los padres, los abuelos, la enfermera&hellip; Eso ha quitado importancia a la fotograf&iacute;a. Las fotograf&iacute;as se hac&iacute;an para la eternidad, ahora se hacen para borrarlas&hellip; Con el cine pasa igual, en el momento en que el cine sali&oacute; de las salas con todo el ritual que implicaba, que la sala se quedara a oscuras, que no hubiera un ruido&hellip; Era meterte en una burbuja en la que empezabas a so&ntilde;ar. Si t&uacute; ves el cine en la televisi&oacute;n, suena el tel&eacute;fono, paras la televisi&oacute;n, das para atr&aacute;s&hellip; Es como si est&aacute;s so&ntilde;ado y de repente suena el tel&eacute;fono y te despiertas y luego pretendes seguir so&ntilde;ando en el mismo punto y es imposible. Las cosas cambian, no s&eacute; si son mejores o peores pero en muchos casos hemos perdido mucha magia de la vida, de la imaginaci&oacute;n, por la omnipresencia de las tecnolog&iacute;as que, por otra parte, nos permiten hacer lo que estamos haciendo ahora.</p>
<p><strong>&ldquo;La literatura es sobre todo adjetivaci&oacute;n y en el caso del cine los adjetivos los pone el director&rdquo;</strong></p>
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<p>&ndash; Su participaci&oacute;n en el cine ha tenido que ver con la adaptaci&oacute;n de algunas novelas suyas como <em>Luna de lobos.</em></p>
<p>&ndash; Siempre en colaboraci&oacute;n con el director y teniendo muy claro que se trata de una obra distinta. Mi primera colaboraci&oacute;n con el cine fue la adaptaci&oacute;n de un poema en <em>El filand&oacute;n</em> que eran cinco historias de cinco escritores leoneses con una historia com&uacute;n que las un&iacute;a. Y ya mi primer gui&oacute;n de una pel&iacute;cula fue ya la adaptaci&oacute;n de <em>Luna de lobos</em> y porque me lo propuso el director [Julio S&aacute;nchez Vald&eacute;s] que yo al principio le dec&iacute;a que no porque yo no lo hab&iacute;a hecho nunca. Y &eacute;l me dec&iacute;a &ldquo;si es m&aacute;s f&aacute;cil porque es como hacer una novela, pero solo tienes que hacer el esqueleto&rdquo;, (tambi&eacute;n es verdad que la novela ya estaba escrita). Pero la literatura es sobre todo adjetivaci&oacute;n y en el caso del cine los adjetivos los pone el director. Eso dec&iacute;a Azcona, el gran guionista espa&ntilde;ol, con mucha co&ntilde;a. &ldquo;Es mucho mejor el cine que la novela, porque en la novela tienes que estar ah&iacute; buscando los adjetivos, en el cine t&uacute; pones &lsquo;amanece&rsquo; y los adjetivos los pone el director&rdquo;. Claro, porque el autor del cine no es el guionista sino el director que es el que decide qu&eacute; luz, d&oacute;nde se pondr&aacute; la c&aacute;mara etc. Fue una experiencia muy curiosa y luego S&aacute;nchez Vald&eacute;s me propuso el gui&oacute;n de su siguiente pel&iacute;cula que era la adaptaci&oacute;n de <em>La fuente de la edad</em>, de Luis Mateo D&iacute;ez, al que acaban de dar el premio Cervantes. Y esto fue tambi&eacute;n otra experiencia porque no era trabajar sobre lo que yo hab&iacute;a escrito sino meterme en el terreno de otro autor que admiro en este caso. Luego ya tuve una propuesta de Felipe Vega, al que no conoc&iacute;a, sobre un gui&oacute;n que estaba lejanamente inspirado en <em>El r&iacute;o del olvido</em> y escrib&iacute; con &eacute;l <em>El techo del mundo</em> y en el rodaje de esta pel&iacute;cula estaba como actriz Ic&iacute;ar Bolla&iacute;n y me propuso escribir <em>Flores de otro mundo</em> sobre las caravanas de mujeres, el tema de los solterones que traen mujeres de Cuba&hellip; y&nbsp; lo escrib&iacute; con ella y luego he seguido con un documental, incluso uno lo he firmado como director junto a Felipe Vega que es <em>Elogio de la distancia</em>, una pel&iacute;cula documental rodada en La Fonsagrada en Lugo en un territorio de esos remotos de Galicia.</p>
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<p><strong>&ldquo;Las pel&iacute;culas las hacen los directores&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash; El que hizo con Ic&iacute;ar Bolla&iacute;n estuvo nominado a los Goya y luego tuvo un premio de la cr&iacute;tica Internacional en Cannes y dio lugar a un libro de ambos en el que reflexion&aacute;is sobre el trabajo. &iquest;Qu&eacute; le ense&ntilde;o esa experiencia cinematogr&aacute;fica?</p>
<p>&ndash;No s&eacute;, ya lo hab&iacute;a hecho con Julio y con Felipe&hellip; Con Ic&iacute;ar fue m&aacute;s complicado porque los dos somos muy cabezones y ten&iacute;amos visiones diferentes en algunas cosas o hab&iacute;a cierto manique&iacute;smo que yo ve&iacute;a en ciertas cosas. Con lo cual, as&iacute; como con los dos anteriores el entendimiento fue como m&aacute;s engrasado con Ic&iacute;ar discut&iacute;amos mucho. Ella ten&iacute;a su visi&oacute;n y era la directora y me intentaba convencer de algo y yo le dec&iacute;a, &ldquo;si no te voy a dar la raz&oacute;n, luego t&uacute; como directora har&aacute;s lo que quieras, pero yo estoy para decirte lo que pienso&rdquo;. Por ejemplo, hab&iacute;a un punto de desencuentro en el que me sent&iacute;a inc&oacute;modo y se lo dije y es que al final la visi&oacute;n feminista de ella a m&iacute; me parec&iacute;a que era maniquea porque tan desgraciado es un solter&oacute;n de un pueblo de Guadalajara que decide ir a buscar una mujer a Cuba casi comprarla para no estar solo que la pobre mujer que para poder salir de Cuba o tener su propia casa y su familia&hellip; me parec&iacute;an todos unos pobres hombres y mujeres. Pero bueno, aprend&iacute; algo fundamental, que los guiones como su nombre indica son guiones y las pel&iacute;culas las hacen los directores y todas las experiencias fueron muy provechosas. Me permiti&oacute; ver el cine desde el otro lado de la pantalla.</p>
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<p><strong>&ldquo;El &uacute;nico premio que persigo y que apetezco es que me lean&rdquo;</strong></p>
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<p>&ndash;Ya que lo ha mencionado y es un autor pr&oacute;ximo a usted por procedencia y por amistad, &iquest;qu&eacute; le ha parecido la concesi&oacute;n del premio Cervantes al autor de ese territorio m&iacute;tico que es Celama?</p>
<p>Dos cosas: me alegro mucho por &eacute;l, porque es una grand&iacute;sima persona y un gran escritor. Me parece merecid&iacute;simo. Pero a m&iacute; los premios no me gustan. El mundo literario est&aacute; demasiado pendiente&hellip; cada vez se parece m&aacute;s al mundo militar, que van luciendo las medallas en la pechera. No hablo de Luis Mateo D&iacute;ez, hablo en general. Vivimos en una sociedad en la que parece que lo &uacute;nico importante son los premios. Y yo el &uacute;nico premio que persigo y que apetezco es que me lean. El &uacute;nico premio es la atenci&oacute;n de los lectores. Todo lo dem&aacute;s me parece que forma parte de la sociedad de las pompas. Dec&iacute;a Julio Camba que todas las pompas son f&uacute;nebres.</p>
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<p><strong>&ldquo;La gente debe hacer su trabajo con pasi&oacute;n y no esperar m&aacute;s reconocimiento que su trabajo sea aceptado y valorado&rdquo;</strong></p>
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<p>&ndash; Su disgusto con los premios lo ha manifestado en varias ocasiones como cuando renunci&oacute; p&uacute;blicamente a la posibilidad de ganar el de la Cr&iacute;tica de Castilla y Le&oacute;n cuando qued&oacute; finalista por <em>Distintas</em> <em>formas de mirar el agua</em>.</p>
<p>- Creo que los premios tienen una funci&oacute;n que cumplir: facilitar que la gente que no tiene acceso al mundo editorial tenga una v&iacute;a para abrirse paso, es decir para gente nueva, para gente joven. Todo lo dem&aacute;s solo sirve para halagar la vanidad de los autores o engordar su cuenta corriente y es que parece adem&aacute;s que se han establecido unos escalafones que si no tienes tal premio te lo tienen que dar porque ya tienes no s&eacute; qu&eacute; edad, y luego el otro y el otro, de forma que se ha creado una sociedad en la que importan m&aacute;s las medallas&hellip; Mi visi&oacute;n es la misma con todos los premios. De hecho, yo no me he vuelto a presentar a ning&uacute;n premio, los que me han dado han sido sin yo pedirlos y te puedo decir que los que me han dado a partir de esos dos primeros con los que pude publicar mis primeros libros de poes&iacute;a y a los que me present&eacute; para ver si pod&iacute;a publicar, desde entonces han sido dos en Italia y uno en Francia. Y el de la cr&iacute;tica de Cannes que mencionaste antes que, bueno, alguna parte tuve que ver en la pel&iacute;cula. Pero no me he presentado a ninguno m&aacute;s y tengo que decir que he rechazado unos cuantos que me han ofrecido, hablo de los comerciales y no voy a dar nombres. En la literatura espa&ntilde;ola como en el cine y en otros sitios sobran todos los premios. La gente debe hacer su trabajo con pasi&oacute;n y no esperar m&aacute;s reconocimiento que su trabajo sea aceptado y valorado. En el caso del premio de la Cr&iacute;tica de Castilla y Le&oacute;n es que me parece ya una duplicaci&oacute;n con el&nbsp; Nacional, el de Le&oacute;n&hellip; hay una &lsquo;premitis&rsquo; en el mundo cultural que eclipsa el verdadero valor de los escritores. Que tengan premios no les hace mejores. Y en el caso de Castilla y Le&oacute;n es que no me considero de Castilla y Le&oacute;n. Soy leon&eacute;s y vivo en Madrid, pero si me dieran el premio en Le&oacute;n tampoco lo aceptar&iacute;a. Y un tercer factor es que no estaba dispuesto a que me premiara el actual consejero de Vox que no merece darme un premio a m&iacute;. Porque al final el premio es m&aacute;s para el que lo da que para el que lo recibe. Mi mayor &eacute;xito como escritor es no tener ning&uacute;n premio, ni comercial ni institucional. Voy por el campo solo y cuando vas por el campo solo no te dan premios. Y no estoy criticando a los que los tienen.</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 18 Mar 2024 06:39:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Clara Obligado: “La literatura es la búsqueda de un lenguaje”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/clara-obligado-la-literatura-es-la-busqueda-de-un-lenguaje/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2024/CLARA_OBLIGADO_-_Fotograf_a_de_lex_Garc_a.jpeg" alt="" /></p>
<p>Clara Obligado lleg&oacute; a Madrid el cinco de diciembre de 1976 en un avi&oacute;n de Iberia que tom&oacute; en Montevideo. Tres d&iacute;as antes hab&iacute;a dejado su Buenos Aires natal vestida con ropa de verano y un bolso con lo esencial para una tarde de playa, como si fuera una turista que cruzaba la frontera entre Argentina y Uruguay. Ocho meses antes, el 24 de marzo, un golpe de Estado hab&iacute;a terminado con el gobierno de Isabel Per&oacute;n, quien asumi&oacute; la presidencia en julio de 1974, despu&eacute;s de la muerte de su esposo, Juan Domingo Per&oacute;n, electo por votaci&oacute;n popular para un tercer per&iacute;odo ocho meses antes. Los l&iacute;deres de facto impusieron un plan sistem&aacute;tico de terrorismo de Estado que incluy&oacute; el secuestro, la desaparici&oacute;n forzada, la tortura, la violaci&oacute;n y el robo de beb&eacute;s para someter a los opositores. Seg&uacute;n c&aacute;lculos hechos por organismos para la protecci&oacute;n de los Derechos Humanos, unas treinta mil personas fueron detenidas y desaparecidas hasta 1983, cuando se disolvi&oacute; la Junta Militar, como resultado del impacto pol&iacute;tico de la derrota en la Guerra de las Malvinas contra Reino Unido, a&ntilde;o y medio antes.</p>
<p>Obligado lleg&oacute; a una Espa&ntilde;a que se preparaba para celebrar las primeras elecciones generales despu&eacute;s de la muerte de Francisco Franco. Era la &eacute;poca de la movida y del destape.</p>
<p>Ten&iacute;a veintis&eacute;is a&ntilde;os.</p>
<p>Tard&oacute; tres d&eacute;cadas en poder narrar el exilio. Y, sin embargo, en ninguna de sus obras publicadas se refiere a las actividades que la pusieron en peligro ni revela el momento exacto cuando sinti&oacute; la necesidad de abandonar su pa&iacute;s, como tampoco el nombre del desaparecido que determin&oacute; esta decisi&oacute;n. &laquo;El lamento personal se mezcla con la exhibici&oacute;n de las heridas ajenas, es dif&iacute;cil demarcar un territorio propio&raquo;, explica en el ensayo <em>Una casa lejos de casa: La escritura extranjera </em>(2020): &laquo;Si bien la reflexi&oacute;n sobre la violencia es indispensable, quiz&aacute; es m&aacute;s f&aacute;cil o m&aacute;s leg&iacute;timo abordar el tema desde el espacio de un reportaje, un documental, historias de vida, el ensayo, la propia lucha por la justicia y la memoria&raquo;.</p>
<p>Puede que all&iacute; est&eacute; el origen del quiebre en la continuidad narrativa tan caracter&iacute;stico en las obras de Obligado, hechas siempre de pedazos, como textos h&iacute;bridos que la mayor&iacute;a de las veces se encuentran entre el relato y la novela. Los bruscos cambios en las dimensiones del espacio o del tiempo que resultan de este estilo, aunados a una rigurosa econom&iacute;a de palabras, permiten a la autora proponer a los lectores itinerarios en donde las faltas cuentan m&aacute;s que las palabras. Alguien cuya identidad has sido construida a partir de ausencias conoce el valor literario del silencio. En el vac&iacute;o, las estructuras fragmentadas proyectan el sentido profundo de sus textos, como fractales que repiten formas geom&eacute;tricas <em>ad infinitum</em>.</p>
<p>La proyecci&oacute;n de fractales se hace epifan&iacute;a en algunos de sus mejores cuentos, como el titulado &laquo;El efecto coliflor&raquo;. All&iacute;, un detective obsesionado con encontrar al culpable de un crimen acaecido varias d&eacute;cadas antes lo comprende <em>todo</em> &mdash;&laquo;la estructura del universo, el tejido del cerebro, el camino de los nervios, las venas, el crimen&raquo;&mdash; mientras observa a su esposa trajinar en la cocina. &laquo;S&iacute;, se dijo, en un ataque de exaltaci&oacute;n casi m&iacute;stica, tiene que haber sido as&iacute;, todo se repite a diferente escala, hab&iacute;a atisbado el ojo del universo en una hortaliza, el tallo grueso que se separaba en conglomerados id&eacute;nticos hasta formar una cabezota semejante a una nube&raquo;, se lee en el relato contenido en <em>La muerte juega a los dados </em>(2015). El mensaje del relato expresado por la esposa sorprende m&aacute;s que el hallazgo de la soluci&oacute;n a un asesinato en la coliflor, pues deja sin efecto la epifan&iacute;a: &laquo;Lo fundamental no es la soluci&oacute;n de los grandes enigmas, sino la vida de todos los d&iacute;as&raquo;. En esa reflexi&oacute;n aparece cifrado el pensamiento pol&iacute;tico de Obligado, para quien las grandes utop&iacute;as del siglo pasado fracasaron y acaso el &uacute;nico movimiento social que ha conquistado algunas victorias sea el feminismo.</p>
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<p><strong>&ldquo;Escrib&iacute;a porque necesitaba recuperar de alguna manera el pa&iacute;s que hab&iacute;a dejado, necesitaba encontrar un uso del idioma y unas sensaciones que ya no estaban&rdquo;</strong></p>
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<p>El otro rasgo de la experiencia como transterrada presente en las obras de Obligado es la tensi&oacute;n entre el castellano hablado en Madrid, la ciudad donde vive, al confrontarlo con el habla que se trajo de Buenos Aires. El resultado es lo que llama su &laquo;lengua mestiza&raquo;. En el cuento &laquo;Lenguas vivas&raquo; publicado en <em>Las otras vidas </em>(2006), se refiere a esto con humor: &laquo;Tuvo que aprender que aparcar era estacionar, prolijo quer&iacute;a decir detallado, un grifo no era un monstruo mitol&oacute;gico sino una canilla, pararse no era ponerse de pie sino detenerse, estar constipado no ten&iacute;a nada que ver con los intestinos sino m&aacute;s bien con los pulmones y que la amiga Conchita Boluda se llamaba as&iacute;, de verdad, de verdad&raquo;. Esa lengua mestiza es algo m&aacute;s que un uso del idioma consciente de las diferencias entre la pen&iacute;nsula y las antiguas colonias de ultramar. La autora fundamenta all&iacute; su po&eacute;tica de la excentricidad.</p>
<p>Durante la segunda edici&oacute;n de las Jornadas de la Red Internacional de Universidades Lectoras celebradas el ocho de mayo de 2015 en la Universidad de Le&oacute;n, Obligado imparti&oacute; una conferencia en donde se refiri&oacute; a su noci&oacute;n de literatura &laquo;exc&eacute;ntrica&raquo; y ubic&oacute; all&iacute; su propio trabajo. No se trata de un tipo de escritura rara o extravagante, sino de una alejada de los centros de poder, en las ant&iacute;podas de los nacionalismos. A las obras de este tipo las signa la vocaci&oacute;n exploratoria, en situaci&oacute;n de continuo desplazamiento. La noci&oacute;n va m&aacute;s all&aacute; de la &laquo;desterritorializaci&oacute;n&raquo; planteada por Homi Bhabha en <em>El lugar de la cultura</em> (1994) y no alude al espacio intermedio &mdash;ni de aqu&iacute; ni de all&aacute;&mdash;, que sugiere su idea del &laquo;tercer espacio&raquo;. Se refiere a una manera h&iacute;brida de escribir que incorpora ideas y estilos de aqu&iacute; y de all&aacute; para plantear algo por completo nuevo. &laquo;Desde el punto de vista del lector, es evidente tambi&eacute;n que tales procedimientos generan una cierta desorientaci&oacute;n y exigen la participaci&oacute;n activa de quien lee para llenar los vac&iacute;os y encontrar nexos entre los fragmentos&raquo;, explic&oacute; la autora durante la charla, antes de referirse a c&oacute;mo hab&iacute;a llegado a estas conclusiones a partir del trabajo en las tres colecciones de cuentos sucesivas en las cuales se hab&iacute;a propuesto referir la historia de su desarraigo desde t&eacute;cnicas narrativas que la colocan en los m&aacute;rgenes. Dos de estas colecciones se han citado aqu&iacute;, la tercera es <em>El libro de los viajes equivocados</em>, con el que gan&oacute; el Premio Setenil al mejor libro de cuentos publicado en Espa&ntilde;a el a&ntilde;o 2012.</p>
<p>A estos experimentos narrativos de escritura h&iacute;brida &mdash;as&iacute; los llama la autora&mdash;se le sum&oacute; en 2019 <em>La biblioteca de agua</em>, el cuarto libro que publica con P&aacute;ginas de Espuma, la editorial madrile&ntilde;a especializada narrativa breve. En esta colecci&oacute;n de relatos propone la exploraci&oacute;n l&uacute;dica de Madrid a lo largo del tiempo tanto como a trav&eacute;s de la geograf&iacute;a del Barrio de Las Letras. All&iacute; se mud&oacute; Obligado reci&eacute;n llegada a la ciudad, m&aacute;s precisamente a la calle Lope de Vega 2, donde vivi&oacute; diecis&eacute;is a&ntilde;os. All&iacute; nacieron sus dos hijas, all&iacute; acept&oacute; su vocaci&oacute;n de escritora. Ya se mud&oacute; de calle, pero todav&iacute;a vive en el centro. Quiz&aacute; lo &uacute;nico constante para ella sea esta ciudad; la variopinta, h&iacute;brida y mutable Madrid.</p>
<p>El desarrollo de una po&eacute;tica exc&eacute;ntrica tambi&eacute;n se relaciona con su llegada a esta ciudad en el pleno auge del <em>boom</em> latinoamericano. En <em>Una casa lejos de casa</em> se queja de que este movimiento tan comercial como literario convino a quienes quer&iacute;an mantener la literatura peninsular libre de influencias for&aacute;neas, pues en lugar de plantear un mestizaje de lenguas, temas o tendencias, encapsulaba al otro lado del Oc&eacute;ano Atl&aacute;ntico, sin el mayor debate, el supuesto exotismo de autores &mdash;la mayor&iacute;a hombres&mdash; y confund&iacute;a acentos, nacionalidades e influencias; por eso, aquellos asociados a esa tendencia no impactaron en la cultura espa&ntilde;ola, a pesar de que la mayor&iacute;a vivi&oacute; muchos a&ntilde;os en Espa&ntilde;a, incluido Mario Vargas Llosa que todav&iacute;a reside en Madrid. &laquo;El verdadero conflicto brota con la nueva generaci&oacute;n de inmigrantes que, de manera un tanto d&iacute;scola, est&aacute; destinada a generar, tanto en la vida cotidiana como en la cultura, malentendidos, problemas, roces cuestionamientos de dif&iacute;cil articulaci&oacute;n&raquo;, escribe: &laquo;En realidad de lo que se trata es de pensar los l&iacute;mites entre las culturas y situarlos en el v&oacute;rtice del conflicto&raquo;.</p>
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<p><strong>&ldquo;La forma del texto no puede ser cualquier cosa, es inherente a su cualidad literaria&rdquo;</strong></p>
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<p>La otredad latinoamericana en el espacio central de la cultura espa&ntilde;ola es el tema de <em>Salsa</em> (2002), a la cual Obligado define como una novela trasatl&aacute;ntica, pues all&iacute; se entrecruzan varias historias de mujeres inmigrantes en Madrid, a partir del enigma de la paternidad que plantea el nacimiento de un ni&ntilde;o. Entre ellas hay personajes entra&ntilde;ables como una argentina que se siente extranjera en todas partes, una cubana negra y vieja llamada Omara, que hace y dice lo que quiere; Jamaica Bronx en perpetua discusi&oacute;n con su hija, Tha&iuml;s, as&iacute; como Gloria, la madre reciente traspasada por el deseo y la culpa. Ninguna es lo que parece, y se relacionan con hombres tan artificiales como ellas. Un s&iacute;mbolo de tanta impostura es Los bongoseros de Bratislava, el ex&oacute;tico club en donde el baile y el alcohol borran los or&iacute;genes culturales&mdash;como pasa con el salsero Ulises, oriundo de &Aacute;frica, no del Caribe&mdash;. Ni siquiera el ritmo que bailan tiene una identidad fija como el son, la guaracha o el mambo, que tienen ra&iacute;ces en la m&uacute;sica tradicional caribe&ntilde;a. &laquo;La salsa es una palabra inventada por los que venden m&uacute;sica&raquo;, explica alguien indeterminado en la novela: &laquo;La salsa no se canta, se come&raquo;. As&iacute; como hace dos generaciones la salsa ocultaba una amalgama de ritmos caribe&ntilde;os convirti&eacute;ndolos en un bonito paquete para vender los discos que produc&iacute;an m&uacute;sicos latinoamericanos en la ciudad de Nueva York, los personajes multiculturales de <em>Salsa</em> [la novela] se someten al travestismo para encajar en el lugar reservado para ellos por la sociedad castellana.</p>
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<p>&mdash;En la conferencia de Le&oacute;n clasificaste tus obras como &laquo;exc&eacute;ntricas&raquo; debido a su cualidad alejada del centro, un desplazamiento que te marca en lo personal igual que en lo literario. &iquest;Comenzaste a trabajar conscientemente en lo exc&eacute;ntrico o te diste cuenta de esta condici&oacute;n tuya despu&eacute;s de varios libros?</p>
<p>&mdash;Nada de lo que hago parte de una idea fija. De manera intuitiva me voy acercando a los temas. Lo hago a trav&eacute;s de la lectura. Leo much&iacute;simo, y voy afinando las ideas y ese proceso a veces termina en un libro donde cierro el pensamiento inicial. Lo que llamo literatura exc&eacute;ntrica surgi&oacute; de una incomodidad. Escrib&iacute;a porque necesitaba recuperar de alguna manera el pa&iacute;s que hab&iacute;a dejado, necesitaba encontrar un uso del idioma y unas sensaciones que ya no estaban. Luego, poco a poco, me fui planteando la pregunta de qui&eacute;n era yo en la escritura. Entonces me di cuenta de que soy naturalmente exc&eacute;ntrica. Y a partir de all&iacute; plante&eacute; una estructura para mis textos removida del centro. Esa forma de mi obra tambi&eacute;n es mi manera de ser: porque soy exc&eacute;ntrica socialmente, lo soy personalmente, con mi familia en Argentina y aqu&iacute;, lo he sido siempre. Siempre he estado as&iacute;, movida, lejos del centro. Siempre he sido leal, porque lo contrario no es mi car&aacute;cter, pero siempre estoy contestando a lo que est&aacute; en el centro. En cuanto comprend&iacute; esta realidad personal y de mi trabajo, comenc&eacute; a preguntarme c&oacute;mo contestan formalmente mis obras a la literatura central. Da igual si me refiero al centro de la literatura argentina o al centro de la literatura espa&ntilde;ola. Lo que me interesa es la forma de los textos.</p>
<p>&nbsp;&mdash;El desaf&iacute;o entonces es integrar esa perspectiva removida del centro al contenido de la forma narrativa, &iquest;qu&eacute; problema te ocupa primero cuando trabajas as&iacute;, la an&eacute;cdota o la estructura?</p>
<p>&mdash;Las an&eacute;cdotas no me interesan, son intercambiables, y los temas me dan igual, ni si quiera me importan cuando leo: nunca un libro me conmueve por su tem&aacute;tica. La tem&aacute;tica de un texto podr&iacute;a tomar la forma de cualquier cosa, podr&iacute;a ser un ensayo o una conferencia, incluso una pintura; podr&iacute;a ser cualquier manifestaci&oacute;n art&iacute;stica o intelectual. Pero la forma del texto no puede ser cualquier cosa, es inherente a su cualidad literaria. La tem&aacute;tica en literatura solo tiene sentido cuando cambia la manera de narrar. Por ejemplo, un tema novedoso con el estilo narrativo del siglo XIX no me interesa, para eso prefiero leer una novela decimon&oacute;nica. La tem&aacute;tica y la an&eacute;cdota pueden enriquecerme, pero no me dicen mucho sobre lo literario. La literatura es expresar algo de una manera distinta, es la b&uacute;squeda de un lenguaje. Pero no se trata de la b&uacute;squeda de unas palabras, sino de un conjunto de estas; es decir: de una estructura con determinadas palabras donde la historia surge de cierta manera de subordinar las oraciones, por ejemplo. Lo importante para m&iacute; es descubrir qu&eacute; relaci&oacute;n hay entre el pensamiento y ciertas formas ret&oacute;ricas. Esto est&aacute; en Jorge Luis Borges.</p>
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<p><strong>&ldquo;Al caminar por los terrenos m&aacute;s abstractos de la literatura, como son la forma o la sintaxis, te encuentras con el pensamiento globalizador del lenguaje&rdquo;</strong></p>
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<p>&mdash;La preeminencia de las figuras ret&oacute;ricas sobre la an&eacute;cdota puede provenir de la literatura de Borges, pero &eacute;l est&aacute; en el centro de la tradici&oacute;n literaria, &iquest;c&oacute;mo explicas su influencia en tu obra, a la cual has caracterizado como &laquo;exc&eacute;ntrica&raquo;?</p>
<p>&mdash;Es un error esa lectura que coloca a Borges en el centro de la literatura argentina. Es parte de la tradici&oacute;n, pero desde el margen. &Eacute;l comienza a escribir fuera de Argentina y vuelve para voluntariosamente situarse en el margen. Por eso hay que leerlo como alguien del extrarradio. Su literatura se vincula siempre con las zonas marginales, como el sur. Hered&eacute; de Borges m&aacute;s de lo que me gusta reconocer. En sus obras, lo importante no est&aacute; en el relato ni en el discurso escrito, lo importante sucede en otro lado, un lado que es casi metaf&iacute;sico. Porque &eacute;l hace algo m&aacute;s que situarse en un costado, desde ese lugar modifica todo el plano. En mi escritura eso es el eje. No escribo cuentos ni novelas, escribo en el medio de ambos g&eacute;neros.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong>&mdash;En <em>Una casa lejos de casa </em>te muestras cr&iacute;tica con el <em>boom</em> latinoamericano, al cual si bien le reconoces &laquo;valores y grand&iacute;simos aciertos&raquo;, lo describes como problem&aacute;tico porque en Espa&ntilde;a &laquo;no planteaba mestizaje alguno&raquo;, m&aacute;s bien manten&iacute;a encapsuladas a las culturas latinoamericanas en un todo m&iacute;tico y ex&oacute;tico el cual no alteraba nada en la pen&iacute;nsula. &iquest;Crees que algo similar pasa ahora con la generaci&oacute;n que en la prensa espa&ntilde;ola llamar el (supuesto) <em>boom </em>de las escritoras latinoamericanas?</p>
<p>&mdash;No reconocer la fuerza de las autoras latinoamericanas actuales es estar ciego. Y en este sentido hablo en femenino. Son escritoras impresionantes y dudo que sean una generaci&oacute;n. En algunas es evidente que hay familiaridad, pues se encuentran en los congresos y hay di&aacute;logo entre ellas o sus obras. En realidad, las est&eacute;ticas son diferentes, pero al mercado le conviene tratar de venderlas juntas. Esto es perverso. No estamos hablando del mercado de los tiempos del boom en que te pon&iacute;an un piso o te pagaban una millonada como a Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez o a Mario Vargas Llosa por una novela. Y hay otra cosa peor: a las mujeres en cuanto cumplen cincuenta o sesenta a&ntilde;os las desaparecen. Debemos estar conscientes de que esto es una estrategia masculina para manipular la potencia de las escritoras: las cortan por un lado y por el otro, sin integrarlas horizontalmente al resto de los escritores de su &eacute;poca.</p>
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<p><strong>&ldquo;Los cuentos son m&aacute;s dif&iacute;ciles que las novelas, por eso me gustan m&aacute;s&rdquo;</strong></p>
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<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; g&eacute;nero de la narrativa disfrutas m&aacute;s trabajar?</p>
<p>&mdash;Los cuentos son m&aacute;s dif&iacute;ciles que las novelas, por eso me gustan m&aacute;s. Acabo de terminar un libro compuesto por tres cuentos largos, de m&aacute;s o menos cincuenta p&aacute;ginas cada uno. Los relatos est&aacute;n relacionados entre s&iacute; y adem&aacute;s se conectan con otras de mis obras. All&iacute; intento borrar los ejes del tiempo y del espacio. &iexcl;Eso es casi teor&iacute;a cu&aacute;ntica! Aunque no tengo una mente cient&iacute;fica reconozco que al caminar por los terrenos m&aacute;s abstractos de la literatura, como son la forma o la sintaxis, te encuentras con el pensamiento globalizador del lenguaje. &Uacute;ltimamente, cuando empiezo a pensar en un texto me encuentro en el camino de la ciencia, porque todo est&aacute; conectado, como en el cuento &laquo;Teddy&raquo; de J.D. Salinger, en el cual un ni&ntilde;o se da cuenta de pronto que Dios est&aacute; en todo: en la leche que est&aacute; tomando su hermana, en el vaso que contiene la leche, en su hermana misma. Todo est&aacute; en todo, por eso mismo mis obras tambi&eacute;n est&aacute;n conectadas.</p>
<p>&nbsp;Para llegar a considerarse autora de hecho y derecho, Obligado no mat&oacute; al &laquo;&aacute;ngel del hogar&raquo;, como aconsejaba Virginia Woolf en su c&eacute;lebre conferencia &laquo;Profesiones para las mujeres&raquo; dictada en 1931 ante la Liga de Servicio Femenil del Reino Unido. A ella le toc&oacute; algo m&aacute;s doloroso: distanciarse del legado familiar. Quiz&aacute;, si se hubiera quedado en Argentina, esta nieta y bisnieta de hombres en el centro de la tradici&oacute;n literaria de ese pa&iacute;s jam&aacute;s se habr&iacute;a atrevido a reclamar su herencia intelectual, aunque escrib&iacute;a desde ni&ntilde;a y estudi&oacute; la carrera de Filosof&iacute;a y Letras en la Universidad Cat&oacute;lica Argentina. Porque ella pensaba que la &laquo;Literatura&raquo; &mdash;as&iacute;, con may&uacute;scula&mdash; era lo que hac&iacute;an <em>otros</em> &mdash;atenci&oacute;n aqu&iacute; al masculino plural&mdash;. Por ejemplo, su bisabuelo Rafael Obligado, exponente fundamental de la l&iacute;rica gauchesca. O su abuelo, Carlos Obligado, uno de los fundadores de la Academia Argentina de las Letras, el mismo que en 1940 escribi&oacute; la canci&oacute;n oficial donde se reivindica la potestad del pa&iacute;s sobre las Islas Malvinas, titulada la &laquo;Marcha de las Malvinas&raquo;, de la cual Jos&eacute; Tieri compuso la m&uacute;sica. Entre los Obligado, ni siquiera Borges se consideraba a la altura. Cuando ella paseaba con su padre a caballo, este sol&iacute;a disminuir la trascendencia del autor de <em>Ficciones </em>(1944) porque no sab&iacute;a sobre el campo. &laquo;Todas sus historias suceden en verano, un turista&raquo;, dec&iacute;a. Ella era todav&iacute;a muy joven e intentaba explicarle porqu&eacute; Borges le parec&iacute;a un portento. Pero su padre no la escuchaba: &laquo;Ni le interesa ni le importa mi respuesta, tiene algo que encontrar&eacute; en tantos hombres: solo se escucha a s&iacute; mismo&raquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La an&eacute;cdota est&aacute; en <em>Todo lo que crece: Naturaleza y escritura</em> (2021), el ensayo literario a mitad de camino entre memorias y <em>ars po&eacute;tica</em>, en donde relaciona el oficio de la escritura con la faena del campo. &laquo;No soy yo la que escribe, es alguien que me habita&raquo;, explica en ese libro: &laquo;Yo soy la que ba&ntilde;a a mis hijas, prepara garbanzos, inventa mermeladas&raquo;. Y as&iacute; contin&uacute;a en el m&aacute;s puro estilo borgiano:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &laquo;Dentro de m&iacute; hay otra que no quiere dormir y escribe hasta la aurora y espera a que p&iacute;e el primer p&aacute;jaro para cerrar el cuaderno y descansar. Esa que no soy yo imagina y poda los textos hasta dejarlos en nada, viaja a la semilla, se sorprende con sus propias ideas, baila con el ritmo de las palabras&raquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tardar&iacute;a d&eacute;cadas en comprender que esa es la rutina de una escritora. Y todav&iacute;a dice no sentirse como tal. Ni siquiera despu&eacute;s de los galardones literarios. A los veinte a&ntilde;os de llegar a Madrid gan&oacute; el Premio Femenino de Lumen por su novela er&oacute;tica <em>La hija de Marx </em>(1996). Si bien antes de ese libro hab&iacute;a publicado <em>La mujer en la cama y otros relatos </em>(1990) y las obras <em>Cartas er&oacute;ticas </em>(1990) y <em>Manjares econ&oacute;micos</em> (1995) &mdash;la primera en coautor&iacute;a con &Aacute;ngel Zapata y la segunda, con Mari&aacute;ngeles Fern&aacute;ndez y Marcos del Pont&mdash;, <em>La hija de Marx</em> la puso en el panorama literario hispanohablante, aunque tuviera menos trascendencia en ventas y peor recepci&oacute;n cr&iacute;tica de la que hubiera querido su autora.</p>
<p>En esta novela que Lumen reedit&oacute; en 2023, Obligado imagina que en lugar de un hijo bastardo con una criada, el padre del materialismo hist&oacute;rico engendr&oacute; una hija con una noble rusa llamada Natalia Petrovna, cuyo tutor y amante es otro noble ruso de inclinaciones socialistas exiliado en Europa. La obra tiene tres partes. La primera es el diario de esa hija, Annushka Ivanovna Dolgorukov; una novela de formaci&oacute;n narrada como memorias er&oacute;ticas ambientadas en el Londres de finales del siglo XIX. En la segunda, su tutor, Iv&aacute;n Dolgorukov, cuenta la historia de Petrovna apelando al estilo de la narrativa victoriana. En la tercera y &uacute;ltima parte se conoce la historia de la Annushka madura y el tr&aacute;gico destino de su hija desde una narraci&oacute;n realista, acorde con el esp&iacute;ritu de los &laquo;locos a&ntilde;os veinte&raquo; del siglo pasado. Similares met&aacute;foras de viajes y exilios resuenan tambi&eacute;n en su <em>nouvelle</em> m&aacute;s reciente, <em>Petrarca para viajeros </em>(2015), con la cual gan&oacute; el Premio Juan March Cencillo. Tambi&eacute;n hay aqu&iacute; tres historias llenas de elipsis y giros dram&aacute;ticos que se tejen desde detalles: una es la de un chico que conoce en un tren a un viajero argentino &mdash;&laquo;por casualidad&raquo;, aclara este pues es el v&aacute;stago de una asturiana y de un descendiente de polacos&mdash;; otra es la de una mujer que huye del esposo con quien se ha casado por equivocaci&oacute;n &mdash;&laquo;ya no le hace gracia que su marido sea tan rico, tan elegante, tan aburrido&raquo;, piensa&mdash;; la tercera es la historia del viejo guardagujas viudo que maneja los cambios de los trenes.</p>
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<p><strong>&ldquo;Los talleres son un punto intermedio entre lo popular y lo culto, democratizan la cultura&rdquo;</strong></p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una escritora exc&eacute;ntrica rodeada de personajes en tr&aacute;nsito necesita un puerto seguro: eso han sido los talleres literarios para Obligado, el oficio a trav&eacute;s del cual ella se ha centrado en la escritura. Reci&eacute;n llegada a Espa&ntilde;a firmaba art&iacute;culos en varias revistas y divid&iacute;a sus d&iacute;as entre la escritura de guiones para un tel&eacute;fono porno y otros guiones para un proyecto audiovisual cat&oacute;lico. Sin embargo, estos eran trabajos intrascendentes, destinados al pago de cuentas. Encontr&oacute; su vocaci&oacute;n cuando empez&oacute; a impartir talleres literarios casi por casualidad, en reuniones con amigos para escribir y hablar de libros. Despu&eacute;s recibi&oacute; una propuesta para un taller, luego otra. M&aacute;s tarde, otra. Y todos iban bien, as&iacute; que reconoci&oacute; una oportunidad. As&iacute; naci&oacute; en 1980 el Taller de Escritura Creativa Clara Obligado. Hasta ahora ha dictado talleres en prestigiosas instituciones como el C&iacute;rculo de Bellas Artes y la Universidad Aut&oacute;noma de Madrid, as&iacute; como en la c&aacute;rcel. Y durante diez a&ntilde;os los dio tambi&eacute;n en la Librer&iacute;a de Mujeres. Esta &eacute;poca la recuerda como especialmente formativa debido a la mesa de novedades que tuvo a su disposici&oacute;n. All&iacute; descubri&oacute; a las argelinas Malika Mokkeddem y Assia Djebar, entre otras autoras &aacute;rabes franc&oacute;fonas que problematizan la extranjer&iacute;a, la lengua y el cuerpo femenino.</p>
<p>&nbsp;&mdash;En <em>Una casa lejos de casa </em>escribes que aquellos llegados en los a&ntilde;os setenta a Espa&ntilde;a se planteaban la posibilidad de un di&aacute;logo de sordos o la de crear un lector para entenderlos, lo cual ten&iacute;a la virtud de fortalecer el debate cultural. En la obra usas este planteamiento para volver sobre la pregunta ret&oacute;rica de para qui&eacute;n se escribe. &iquest;Los talleres fueron una manera de crear a tus lectores?</p>
<p>&mdash;En cierta manera, y no como estrategia pensada, s&iacute;. Durante los primeros a&ntilde;os, cuando firmaba en la Feria del Libro, me llamaba much&iacute;simo la atenci&oacute;n que me pidiera una firma gente que no me conoc&iacute;a personalmente. Era como si s&oacute;lo pudiera leerme alguien con quien hubiera compartido un encuentro en la realidad. Creo que el cuento, en Espa&ntilde;a (y tambi&eacute;n en parte en los Estados Unidos, con Raymond Carver y el realismo sucio), es hijo de los talleres y, en mi caso, del encuentro posterior con una editorial como P&aacute;ginas de Espuma, con la cual desde el inicio he mantenido un di&aacute;logo constante. Pens&aacute;ndolo desde hoy creo que es bastante evidente que el cuento ha encontrado soporte de lectores en los talleres, y no solamente en el m&iacute;o. Ense&ntilde;amos a leer algo que no ten&iacute;a demasiada tradici&oacute;n en Espa&ntilde;a y s&iacute; en Am&eacute;rica Latina o en Estados Unidos. En los talleres que impart&iacute; con Mario Merlino en el C&iacute;rculo de Bellas Artes, all&aacute; por mediados los ochenta se habl&oacute; por primera vez de cuento fant&aacute;stico, por ejemplo. Sin saberlo, est&aacute;bamos abriendo nuevos caminos de lectura.</p>
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<p><strong>&ldquo;Cuesta m&aacute;s formar una identidad individual cuando tu apellido forma parte de la identidad nacional&rdquo;</strong></p>
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<p>&mdash;Vienes de una familia de &laquo;hombres de letras&raquo;, &iquest;qu&eacute; dificultades supuso esto para tu vocaci&oacute;n literaria?</p>
<p>&mdash;Mi bisabuelo es casi un poeta patrio en Argentina; incluso escrib&iacute;a gauchesca, que est&aacute; al centro del ser nacional. Siempre he fluctuado entre dos posturas: la admiraci&oacute;n, por un lado y, por el otro, la verg&uuml;enza que me daban sus poemas decimon&oacute;nicos, horrorosos y cursis porque eran propios de esa &eacute;poca. Al principio, no pensaba que yo pod&iacute;a acceder al parnaso masculino. Me encantaban los libros, era lectora, pero de ninguna manera quer&iacute;a ocupar aquel lugar, as&iacute; que no ten&iacute;a ninguna competencia con ellos. Cuesta m&aacute;s formar una identidad individual cuando tu apellido forma parte de la identidad nacional.</p>
<p>&nbsp;&mdash;&iquest;Por eso no publicaste hasta que te mudaste a Espa&ntilde;a?</p>
<p>&mdash;Yo no quer&iacute;a ser escritora. Primero, me parec&iacute;a que era un oficio masculino; segundo, me parec&iacute;a de derechas y, adem&aacute;s, me parec&iacute;a solemne. Tres cosas que no soy. Todo esto es consecuencia del peso que el apellido &laquo;Obligado&raquo; tiene en Argentina. El d&iacute;a de la batalla de la Vuelta de Obligado [el 20 de noviembre de 1845] es una fecha patria. All&aacute; siempre me estoy defendiendo de un estereotipo que no me corresponde, mientras que aqu&iacute; en Espa&ntilde;a soy inmigrante, y mi apellido suena portugu&eacute;s. En este pa&iacute;s vivo en la indiferencia total. A m&iacute;, esa indiferencia de los espa&ntilde;oles me hizo bien porque me permiti&oacute; desarrollarme.</p>
<p>&nbsp;&mdash;Cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s de emigrar, en 2016, te referiste a los escritores argentinos en el exilio como la &laquo;generaci&oacute;n transparente&raquo; y dijiste que te sent&iacute;as acompa&ntilde;ada por pocos autores de tu edad. Estas declaraciones corresponden a una entrevista que te hizo Adri&aacute;n Ferrero para <em>Confluencia: Revista hisp&aacute;nica de cultura y literatura</em>.</p>
<p>&mdash;No me acordaba de ese t&eacute;rmino, pero estoy de acuerdo: somos transparentes. Marcelo Cohen viv&oacute; en Barcelona veinti&uacute;n a&ntilde;os, hasta su retorno a Argentina en 1996, sin dejar rastro. Me parece alucinante. Otro caso es el de Susana Constante que vivi&oacute; en Arag&oacute;n hasta los noventa y volvi&oacute; a Argentina, donde muri&oacute;. All&aacute; s&iacute; la reconocieron, pero aqu&iacute; en Espa&ntilde;a, no. De la generaci&oacute;n del exilio no hay ni un escritor reconocido en este pa&iacute;s.</p>
<p>&nbsp;&mdash;Si bien comenzaste a publicar libros cuando viv&iacute;as en Espa&ntilde;a veinte a&ntilde;os pasaron entre que te exiliaste y apareci&oacute; tu primera novela, <em>La hija de Marx. </em>En esos a&ntilde;os te dedicaste a dar talleres literarios &iquest;C&oacute;mo comenzaste ese camino?</p>
<p>&mdash;Los talleres comenzaron de forma natural, cuando me juntaba con amigos. Ten&iacute;a cualidades b&aacute;sicas para desarrollar estas actividades: sab&iacute;a m&aacute;s de literatura porque hab&iacute;a terminado la carrera, me gustaba escribir y me gustaba mandar. Adem&aacute;s, me gustaba ense&ntilde;ar, lo hac&iacute;a desde que ten&iacute;a diecisiete a&ntilde;os, a grupos de todos los estratos sociales. Me gusta ense&ntilde;ar porque es una forma de hablar sobre la literatura. La primera vez que prepar&eacute; un taller aqu&iacute; fue porque me lo pidi&oacute; un amigo para un grupo de <em>scouts</em> cat&oacute;licos. Y fue muy bien. Era un buen momento para comenzar a dar talleres por la reforma de las escuelas que se emprendi&oacute; durante el postfranquismo; en aquella &eacute;poca Daniel Moyano daba talleres en Oviedo y Jos&eacute; Donoso en Barcelona. Silvia Adela Kohan hab&iacute;a llevado a esa misma ciudad el grupo Grafein, nacido en la Universidad de Buenos Aires.</p>
<p>&nbsp;&mdash;Nombras a escritores de Chile y Argentina como facilitadores de los primeros talleres literarios en Espa&ntilde;a. &iquest;Por qu&eacute; crees que todos proven&iacute;an de Am&eacute;rica Latina?</p>
<p>&mdash;Porque ten&iacute;amos otra ideolog&iacute;a y una idea diferente de qu&eacute; significaba ense&ntilde;ar. Los talleres llegaron con la democracia. Mi generaci&oacute;n de inmigrantes se planteaba la vida a nivel grupal m&aacute;s que a nivel individual y el franquismo hab&iacute;a dificultado la ideolog&iacute;a del grupo en Espa&ntilde;a. Los talleres fueron importantes porque significaron un cambio en la manera de pensar la ense&ntilde;anza de la literatura, aunque encontraron la resistencia de los escritores espa&ntilde;oles de aquella &eacute;poca que dec&iacute;an que no se puede ense&ntilde;ar a escribir. Todav&iacute;a sigue ese debate. Los talleres son un punto intermedio entre lo popular y lo culto, democratizan la cultura.</p>
<p>&nbsp;&mdash;&iquest;C&oacute;mo te ayudaron los talleres a tomarte en serio como escritora?</p>
<p>&mdash;Nunca me he tomado en serio como escritora.</p>
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<p><strong>&ldquo;Nunca me sent&iacute; escritora porque lo identificaba con la impronta masculina en la literatura&rdquo;</strong></p>
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<p>&mdash;Una vez que presentas una obra para un concurso es porque te consideras escritora.</p>
<p>&mdash;Entonces me dije: &laquo;No voy a escribir m&aacute;s, esto es muy cansado&raquo;. Pero segu&iacute;a escribiendo. Luego present&eacute; otro libro. Y lo mismo: &laquo;no quiero escribir m&aacute;s&raquo;. Pero sigo escribiendo. Esa ha sido mi vida. Jam&aacute;s me hab&iacute;a sentido escritora. Sin embargo, ahora tengo veinte libros publicados y es hora de que asuma lo que hago. Nunca me sent&iacute; escritora porque lo identificaba con la impronta masculina en la literatura.</p>
<p>&nbsp;&mdash;Llama la atenci&oacute;n que tu primera novela sea de g&eacute;nero er&oacute;tico, aunque <em>La hija de Marx</em> no se queda solo all&iacute;: integra la novela de formaci&oacute;n, la hist&oacute;rica, la epistolar y la realista, entre otras.</p>
<p>&mdash;S&iacute;, all&iacute; hay un <em>patchwork</em>. La primera parte es una novela victoriana; la segunda, una novela rom&aacute;ntica. Escrib&iacute; la novela como un homenaje a quienes cultivaron esos g&eacute;neros antes que yo. Por eso encuentras all&iacute; la narrativa realista, que me fascina; la novela de entreguerras, que tambi&eacute;n me fascina, y la novelita porno victoriana, que me hace much&iacute;sima gracia.</p>
<p>&nbsp;&mdash;Lo importante es que son homenajes hechos desde lo er&oacute;tico, que era un g&eacute;nero menor hasta los noventa.</p>
<p>&mdash;<em>La hija de Marx</em> es una novela de mi generaci&oacute;n. Mientras los hombres hablan de pol&iacute;tica a nivel abstracto, las mujeres hablamos de la pol&iacute;tica al nivel del cuerpo. Somos nosotras las que cambiamos las reglas. Nuestra revoluci&oacute;n fracas&oacute;. Fracas&oacute;, pero s&iacute; ganamos en el terreno de las costumbres, que es el terreno donde jugamos las mujeres. Nosotras salimos de aquellos a&ntilde;os siendo mujeres diferentes, aunque los hombres no cambiaron. Ese es el fondo que me propuse mostrar en la novela<em>. </em>Aunque est&eacute; ambientada en otro momento hist&oacute;rico, <em>La hija de Marx</em> es una novela del exilio argentino. All&iacute; me pregunto qu&eacute; pas&oacute; con las mujeres de mi generaci&oacute;n. Por eso no es casual que haya varias mujeres de la militancia argentina que en la d&eacute;cada de los a&ntilde;os noventa escribieron novelas er&oacute;ticas. Una fue Susana Constante, con <em>La educaci&oacute;n sentimental de la se&ntilde;orita Sonia</em>, que es el primer Premio de la Sonrisa Vertical, en 1978. El problema es que Susana se muri&oacute; muy pronto, en 1993. La otra autora es Griselda Gambaro. Ella escribi&oacute; una novela buen&iacute;sima titulada <em>Lo impenetrable </em>[de 1984] sobre<em> </em>una mujer a la que no la penetran nunca.</p>
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<p><strong>&ldquo;La literatura tiene algo prof&eacute;tico: llegas a ciertas ideas antes, no porque seas un genio sino porque tu objeto de trabajo es el lenguaje&rdquo;</strong></p>
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<p>&mdash;&iquest;Fue en la presentaci&oacute;n de la reedici&oacute;n de <em>La hija de Marx </em>cuando dijiste que no hay nada m&aacute;s dif&iacute;cil de escribir que una escena de sexo, porque est&aacute; en la frontera con la risa?</p>
<p>&mdash;Puede ser. Es rid&iacute;culo escribir del sexo en serio hoy en d&iacute;a; no hay manera de hablar del tema si no es ri&eacute;ndote un poco. No digo que no sea un tema importante, pero aunque sea importante, algo que nos concierne much&iacute;simo, tambi&eacute;n la risa es importante.</p>
<p>&nbsp;&mdash;El gran tema del feminismo es el cuerpo y, m&aacute;s precisamente, el cuerpo de las mujeres. &iquest;Cu&aacute;l crees que ha sido el gran cambio que ha permitido en la literatura el feminismo?</p>
<p>&mdash;La entrada de lo trans es muy importante. Mi b&uacute;squeda formal en la literatura engancha con lo que est&aacute; pasando hoy en la revoluci&oacute;n del cuerpo, en la necesidad contempor&aacute;nea de no definirte. Me interesa esa indefinici&oacute;n en lo nacional, porque cuando digo que soy extranjera eso es una indefinici&oacute;n, y me interesa tambi&eacute;n en lo formal, en la manera como escribo. Se trata de nunca terminar siendo una cosa ni la otra. Pienso en este asunto de la indeterminaci&oacute;n a partir de las obras de Paul B. Preciado, porque encajan con mi idea de la literatura como un punto intermedio. &laquo;Esto sobre lo que quiero trabajar&raquo;, me dije cuando le&iacute; <em>Yo soy el monstruo que os habla</em>. El problema es que cuando uno piensa desde el margen siempre se adelanta un poco. Ese es mi sino y mi desgracia, porque si te adelantas al grupo que hace ruido, nunca te ven. La literatura tiene algo prof&eacute;tico: llegas a ciertas ideas antes, no poque seas un genio sino porque tu objeto de trabajo es el lenguaje y la literatura.<em></em></p>
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<p><strong>&ldquo;Vivimos en crisis. No sabemos lo que hay delante, yo lo llamar&iacute;a &laquo;esperanza&raquo;, mis ensayos insisten mucho en esa idea&rdquo;</strong></p>
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<p>&mdash;En ese libro, Preciado plantea a los psicoanalistas la disyuntiva entre continuar usando las categor&iacute;as de conocimiento de la diferencia sexual y promover as&iacute; la perspectiva patriarcal sobre la cultura o abrirse al cuestionamiento constante de los lenguajes y las pr&aacute;cticas sociales. Se trata de una postura filos&oacute;fica, t&uacute; lo haces desde la narrativa. &iquest;Cu&aacute;l es la dificultad de trabajar con una herramienta literaria como esa?</p>
<p>&mdash;Que tienes que pensar en varios caminos distintos al mismo tiempo. Sin embargo, ese es el destino del mundo moderno. Las categor&iacute;as cerradas quedaron para los movimientos de derecha y los milenaristas. En el resto del mundo se est&aacute; craquelando esa visi&oacute;n. La manera trans de ver la realidad quiz&aacute; nos d&eacute; una estructura para acercarnos a una manera de ver el mundo que empez&oacute; con la Ilustraci&oacute;n. En estos momentos estamos rompiendo con eso. Con el movimiento de la Ilustraci&oacute;n empezaron tendencias como el Enciclopedismo, que clasificaba todas las cosas de la realidad y pon&iacute;a a cada cual en un lugar. Ahora hemos empezado a desmontar esa manera de concebir el mundo inaugurada con los enciclopedistas, porque no nos sirve. No podemos pensar la complejidad de la realidad desde las estructuras. Estamos ante el fin de los grandes relatos, por eso la pregunta ahora es c&oacute;mo pensar cuando estamos en proceso de romper las estructuras. La literatura ofrece un buen camino. Todav&iacute;a no s&eacute; enunciar muy bien esto que te digo, apenas es un pensamiento en estado larvario, pero trabajo a partir de esas ideas. Vivimos en crisis. No sabemos lo que hay delante, yo lo llamar&iacute;a &laquo;esperanza&raquo;, mis ensayos insisten mucho en esa idea.</p>
<p>&nbsp;&mdash;La esperanza vista a trav&eacute;s de met&aacute;foras vegetales est&aacute; presente en tu ensayo <em>Todo lo que crece: Naturaleza y escritura</em>.</p>
<p>&mdash;La naturaleza aparece en todas mis obras. Ahora estoy trabajado en un libro sobre &aacute;rboles. Aunque suene infantil dicho sin elaborar, tenemos que pensarnos desde los &aacute;rboles porque vencen el tiempo. Hace poco encontraron en la Patagonia uno que estaba vivo en los en tiempos de la guerra de Troya. &iexcl;Imag&iacute;nate! Cuando pienso en esas cosas, entro en v&eacute;rtigo. Con su lentitud, los &aacute;rboles han hecho lo que el ser humano no ha podido: vencer al tiempo. Tienen un tipo de consciencia distinta a nuestra consciencia de seres de la Ilustraci&oacute;n. Como todav&iacute;a necesito mucha informaci&oacute;n sobre el tema, pronto comenzar&eacute; a trabajar con el bi&oacute;logo naturalista Ra&uacute;l Alcanduerca. Cada vez que hablo con &eacute;l, aprendo mucho.</p>
<p>&nbsp;&mdash;Aquello de pensar en varios caminos distintos al mismo tiempo es muy borgiano.</p>
<p>&mdash;S&iacute;, yo vuelvo a Borges una y otra vez, siempre ando por su jard&iacute;n de senderos que se bifurcan.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 18 Mar 2024 06:28:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Quién era Franz Kafka?]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/quien-era-franz-kafka/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2024/kafka500_1.jpg" alt="" /></p>
<p>Referida a uno de los escasos escritores cuyo nombre se ha convertido hace ya tiempo en un s&iacute;mbolo, esta pregunta le parecer&aacute; a cualquier lector ingenuamente absurda. Y ello seguramente porque el mundo literario de Franz Kafka ha adquirido a d&iacute;a de hoy tal magnitud que el nombre de su autor se ha desligado de la persona y se ha independizado de los escritos hasta el punto de conseguir preformar nuestras interpretaciones de la realidad y nuestros modelos de percepci&oacute;n abusando de &eacute;l hasta convertirlo en un adjetivo, &laquo;kafkiano&raquo;, que el diccionario de la Real Academia define como calificador de una situaci&oacute;n absurda o angustiosa. El autor y su mundo han saltado, pues, las barreras de lo literario para entrar en nuestra vida cotidiana en el marco del absurdo y la angustia, algo verdadera y asombrosamente calificable como aut&eacute;nticamente kafkiano, pues su vida cotidiana fue, sin m&aacute;s, el eje en torno al que gir&oacute; en verdad toda su escritura.</p>
<p><br />Adem&aacute;s, la pregunta no dejar&iacute;a de resultar absurda en tanto que a Kafka se lo conoce incluso sin haberlo le&iacute;do, pero lo cierto es que ni siquiera el largo siglo transcurrido ya desde su muerte nos permite darle una respuesta satisfactoria. Y ello aun a tenor de que es m&aacute;s que probable que ning&uacute;n otro autor se haya visto sometido a tantas incursiones en su biograf&iacute;a ni a tantas interpretaciones de su obra, las cuales, y a pesar de que sus escritos permanecen invariables, contin&uacute;an cambiando sin cesar al hilo de las modas y los dictados de nuevas ideas y formas de pensar, sin que en realidad ninguna interpretaci&oacute;n sistem&aacute;tica haya sido capaz de abarcar todos los posibles significados de su obra. As&iacute; lo pon&iacute;a de manifiesto Susan Sontag en su ensayo Contra la interpretaci&oacute;n (1964):<br /><br />La obra de Kafka [&hellip;] ha estado sujeta a secuestros en serie por no menos de tres ej&eacute;rcitos de int&eacute;rpretes. Quienes leen a Kafka como alegor&iacute;a social ven en &eacute;l ejemplos cl&iacute;nicos de las frustraciones y la insensatez de la burocracia moderna, y su expresi&oacute;n definitiva en el estado totalitario. Quienes leen a Kafka como alegor&iacute;a psicoanal&iacute;tica ven en &eacute;l desesperadas revelaciones del temor de Kafka a su padre, sus angustias de castraci&oacute;n, su sensaci&oacute;n de impotencia, su dependencia de los sue&ntilde;os. Quienes leen a Kafka como alegor&iacute;a religiosa explican que K. intenta, en El castillo, ganarse el acceso al cielo; que Josef K., en El proceso, es juzgado por la inexorable y misteriosa justicia de Dios...<br /><br />A Kafka se le ha ensalzado tambi&eacute;n como pensador, pero sus pensamientos, recogidos en aforismos, cartas y diarios, est&aacute;n llenos de paradojas, contradicciones y ambivalencias, pues precisamente su singularidad como escritor reside en el hecho de haber construido una obra plena de numerosas facetas y escasas certezas, expuestas siempre con la iron&iacute;a y la ambig&uuml;edad, tan propias de su escritura y que tanto han contribuido a su vez a la construcci&oacute;n de esa idea de &laquo;lo kafkiano&raquo;. Pero la escritura de Kafka no trata m&aacute;s que de reflejar las inquietudes del d&iacute;a a d&iacute;a de un hombre que vivi&oacute; en un momento dif&iacute;cil (la &uacute;ltima etapa del reinado del emperador Francisco Jos&eacute;, el breve reinado del emperador Carlos y la primera Guerra Mundial) y en un entorno dif&iacute;cil (el reino de Bohemia determinado en su cotidianeidad por el conflicto entre checos y alemanes), una vida verdaderamente dif&iacute;cil, marcada por situaciones sociales y personales que hicieron de &eacute;l ya en vida y a pesar de sus escasas publicaciones, un autor reconocido, aunque fuera &uacute;nicamente entre un selecto grupo de artistas e intelectuales de Praga y Viena, que lo consideraban un escritor prometedor, que impresionaba sobre todo por su estilo y su sintaxis. Que esto fuera as&iacute; se debi&oacute; seguramente a que supo acabar con los cors&eacute;s literarios de corte clasicista que constre&ntilde;&iacute;an las formas literarias al uso para dejar que entraran en sus textos los procesos de modernizaci&oacute;n econ&oacute;mica y social que generar&iacute;an numerosas experiencias de crisis en sus coet&aacute;neos y sobre los que siempre reflexion&oacute; con cierto tono de escepticismo, utilizando recursos, como el de la exageraci&oacute;n, que generaron en sus escritos visiones grotescas, a veces incluso caricaturescas, que distorsionaban la realidad &uacute;nicamente con el fin de hacerla m&aacute;s reconocible. Dotado de una perspicacia y un poder de expresi&oacute;n extraordinarios, sus largas, a menudo tortuosas, frases y di&aacute;logos han impresionado tanto a cr&iacute;ticos y lectores, que se lleg&oacute; a asumir que su estilo era esencialmente el de los periodos largos e intrincados. La amplificaci&oacute;n y la matizaci&oacute;n son, en efecto, una caracter&iacute;stica importante de su palabra y expresan v&iacute;vidamente la incertidumbre y la confusi&oacute;n que dominaban su vida; sin embargo, sus largas frases est&aacute;n invariablemente equilibradas por otras cortas, las conversaciones laber&iacute;nticas y las reflexiones enrevesadas por descripciones vivas, acciones tensas e incidentes llamativos. Es m&aacute;s que probable, pues, que la multiplicidad de interpretaciones que se han ofrecido de su obra proceda directamente de este car&aacute;cter tan particular de su escritura, a trav&eacute;s del que Kafka comparte pensamientos y sentimientos con muchos escritores y pensadores del siglo XX, con los que comparti&oacute; tambi&eacute;n dudas similares y con los que supo reflejar esa misma p&eacute;rdida de fe en algo que pudiera dar sentido a la vida, dejando a la vista la falta de un sistema de orden universal.</p>
<p>Como punto de anclaje al que aferrarse en su encrucijada vital, marcada desde la infancia por un constante sentimiento de culpabilidad ante la imposibilidad de cumplir las expectativas paternas, Kafka escogi&oacute; la literatura como medio a trav&eacute;s del cual dar rienda suelta a su voz interior. Ya en una carta fechada en enero de 1904, esto es, cuando solo ten&iacute;a 20 a&ntilde;os, escribe a su amigo Oskar Pollak: &laquo;[&hellip;] un libro ha de ser el hacha que resquebraje el mar helado que hay dentro de nosotros&raquo;. Precisamente durante aquellos a&ntilde;os en los que Kafka present&iacute;a ya que su interior se convertir&iacute;a en un mar helado sin espacio para otra cosa que no fuese la palabra escrita, el futuro escritor le&iacute;a los diarios y cartas de autores como Hebbel, Goethe, Schiller, Kleist, Grillparzer, M&ouml;rike, Stifter, Dickens, Dostoievski o Flaubert. Para &eacute;l este tipo de escritura diar&iacute;stica pose&iacute;a un valor mucho mayor que las obras de ficci&oacute;n de estos mismos autores, pues a trav&eacute;s de ella daban voz a su propio mundo interior, algo dif&iacute;cil de llevar a cabo con la misma soltura en la ficci&oacute;n. Es evidente que con estas lecturas buscaba en otros autores experiencias en cierto modo similares a las suyas, que pudieran iluminar su situaci&oacute;n personal y ayudarlo a conseguir una v&iacute;a de expresi&oacute;n escrita para su complejo mundo interior. Tal vez por ello sea en las numerosas cartas y diarios que escribi&oacute; a lo largo de su breve vida donde se ocultan las principales claves para entender qui&eacute;n era Franz Kafka y, con ello, el conjunto de su producci&oacute;n literaria.</p>
<p>Fue Pollak precisamente quien debi&oacute; animarle a escribir ya muy pronto, durante sus a&ntilde;os de estudiante. Por desgracia, no se ha conservado ning&uacute;n texto de aquella &eacute;poca, solamente apuntes al respecto en sus diarios y cartas. En su propia casa nadie se interesaba por ello, pues ninguno de sus miembros consideraba la escritura como una actividad adecuada para el &uacute;nico hijo var&oacute;n, predestinado como tal ya desde peque&ntilde;o a continuar con el negocio familiar. El padre, Hermann Kafka, nacido en el seno de una familia de carniceros en un pueblo del sur de Bohemia, hab&iacute;a emigrado a Praga una vez finalizado el servicio militar. Hablante de checo y alem&aacute;n, contrajo all&iacute; matrimonio con Julie L&ouml;wy, hija de una acomodada familia jud&iacute;a de Podiebrad, entre cuyos miembros se contaban m&eacute;dicos, hombres de letras y algunos solterones. De constituci&oacute;n d&eacute;bil en general, Kafka manifest&oacute; siempre sentirse atra&iacute;do de forma particular por los miembros de esta rama de su familia, de cuya sensibilidad, introversi&oacute;n y timidez se consideraba heredero. Tras el matrimonio, el padre abri&oacute; un negocio de accesorios de moda y complementos que les fue proporcionando cada vez mayores ingresos y, con ellos, su ascenso en la escala social, hecho que conllevar&iacute;a a su vez diversos cambios de domicilio, as&iacute; como tambi&eacute;n de sinagoga, de la checa a la alemana.</p>
<p>En aquella &eacute;poca Praga era una ciudad socialmente explosiva y culturalmente efervescente. La ciudad contaba con 450.000 habitantes, el 90% de los cuales eran checos, y de ellos 14.000 jud&iacute;os; de los 34.000 germanohablantes, 11.000 eran jud&iacute;os, una proporci&oacute;n mucho m&aacute;s elevada. La clase alta de la burgues&iacute;a praguense estaba constituida principalmente por alemanes, que ocupaban la mayor parte los cargos de la administraci&oacute;n p&uacute;blica y resid&iacute;an en la ciudad antigua y el distrito de Mal&aacute; Strana, mientras la poblaci&oacute;n checa, mayoritaria y en expansi&oacute;n, habitaba la ciudad nueva y el extrarradio. A pesar de que la pr&aacute;ctica religiosa no lleg&oacute; a tener en el seno de su familia el peso y la importancia que hubiera sido de esperar (las primeras manifestaciones del inter&eacute;s de Kafka respecto de la cultura jud&iacute;a tuvieran lugar muy tarde, en 1917, tras la entrada en contacto con un grupo de teatro y&iacute;dico), Hermann Kafka, como miembro de la minor&iacute;a jud&iacute;a de habla alemana, sab&iacute;a muy bien de la necesidad de asimilarse al primer grupo si quer&iacute;a alcanzar mayor prestigio e influencia social, para lo cual decidi&oacute; enviar a sus hijos (Elli, Valli, Ottla y Franz, Georg y Heinrich no hab&iacute;an llegado a cumplir siquiera dos a&ntilde;os de edad) a escuelas alemanas. De este modo, sus descendientes continuar&iacute;an hablando tambi&eacute;n ambas lenguas: alem&aacute;n en la escuela y en la familia, checo en la calle y con el personal de servicio. All&iacute;, en la escuela, y m&aacute;s tarde tambi&eacute;n en la universidad, ser&iacute;a donde el futuro escritor encontrar&iacute;a la motivaci&oacute;n de la que carec&iacute;a en su casa para empezar a escribir sus primeros textos literarios en el entorno de la clase media jud&iacute;a, culturalmente desarraigada, que viv&iacute;a en una crisis de identidad continua y que, pese a la actitud ambivalente de la mayor&iacute;a de los jud&iacute;os hacia la monarqu&iacute;a austriaca, manten&iacute;a la idea de que el gobierno de Viena, que se encontraba ya en una situaci&oacute;n d&eacute;bil y claudicante, era el &uacute;nico medio de garantizar la ley y el orden frente a los crecientes ataques del antisemitismo checo, que no solo ten&iacute;a ra&iacute;ces culturales y pol&iacute;ticas, sino tambi&eacute;n econ&oacute;micas (tal vez a esa esperanza se debiera precisamente la elecci&oacute;n del nombre del emperador para el hijo primog&eacute;nito). Esa crisis se manifestaba tambi&eacute;n en la propia lengua que hablaban y que para Kafka supuso un problema constante, pues dudaba de su capacidad para describir la realidad que lo rodeaba, el d&iacute;a a d&iacute;a que tanto le importaba y de donde nac&iacute;a su necesidad de expresi&oacute;n literaria. Estas dudas fueron increment&aacute;ndose, sobre todo porque era consciente de que su alem&aacute;n, el alem&aacute;n de Praga, era una lengua aislada, incluso artificial, resultado de la mezcla con el y&iacute;dico de las comunidades rurales emigradas a la ciudad en busca de una mayor tolerancia, una variante dif&iacute;cil de entender incluso por aquellos que ten&iacute;an el alem&aacute;n como lengua materna. Esta situaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica originaba un grave problema entre los escritores praguenses de su &eacute;poca, que se reflejaba por lo general en una acusada necesidad de diferenciar entre esta lengua hablada y la lengua escrita, que hab&iacute;a de estar libre de todas estas mezclas. Precisamente por ello el alem&aacute;n de Kafka resulta en algunas ocasiones ciertamente peculiar tanto en lo relativo a la sintaxis como al l&eacute;xico, un hecho reforzado a su vez por la exigencia de escribir en un alem&aacute;n correcto que el autor constantemente se impon&iacute;a a s&iacute; mismo.</p>
<p>El hecho de que Kafka encontrara tan pronto refugio en la escritura no es en absoluto el argumento que explica la calidad de sus textos, pero s&iacute; el hecho de que su literatura se desarrollara en esa direcci&oacute;n concreta que hace su obra tan peculiar, y que, parad&oacute;jicamente, no es m&aacute;s que una consecuencia de las condiciones tan poco favorables en las que se desarroll&oacute; su vida. Precisamente por ello, su obra presenta ese sesgo diferencial del constante af&aacute;n de lucha por el reconocimiento en todos los sentidos: la lucha por el reconocimiento de su persona en la casa paterna (le prohib&iacute;an leer por la noche y para que no lo hiciera le apagaban la luz), la lucha por el reconocimiento de su propia lengua y su identidad &eacute;tnica y cultural (que tuvo que defender incluso en la escuela), la lucha por el reconocimiento de su voluntad de ser escritor (que le llev&oacute; a enfrentarse directamente con su padre), la lucha por el reconocimiento del p&uacute;blico lector (acostumbrado entonces a una literatura de tonos bien diferentes), y tambi&eacute;n la posterior lucha entre sus int&eacute;rpretes por incluirlo dentro de una u otra escuela literaria (que lo convirti&oacute;, por ejemplo, en el modelo de la decadencia capitalista y burguesa en el marco del realismo socialista). Llevado, pues, por esta aspiraci&oacute;n, el 3 de enero de 1912 anota en su diario:<br /><br />En m&iacute; es posible encontrar perfectamente la concentraci&oacute;n necesaria para escribir. Cuando en mi organismo se hizo evidente que la literatura era la manifestaci&oacute;n m&aacute;s productiva de mi personalidad, todo se inclin&oacute; hacia ella y dej&oacute; vac&iacute;as todas las facultades que se orientaban hacia los placeres del sexo, de la comida, de la bebida, de la meditaci&oacute;n filos&oacute;fica, y principalmente de la m&uacute;sica. Me atrofi&eacute; en todos los aspectos. Esto fue necesario, porque mis energ&iacute;as, en su totalidad, eran tan escasas que solo reunidas pod&iacute;an ser medianamente utilizables para la finalidad de escribir. Naturalmente, no di con esta finalidad de un modo aut&oacute;nomo y consciente; fue ella la que se encontr&oacute; a s&iacute; misma y ahora se ve obstaculizada, &uacute;nicamente, pero de un modo radical, por la oficina.<br /><br />Esta actividad en la oficina era un mal necesario, pues Kafka era consciente de que jam&aacute;s podr&iacute;a vivir de sus trabajos literarios; debido a ello se hab&iacute;a decantado por estudiar algo que le permitiera una subsistencia digna y, tras algunos escarceos con la qu&iacute;mica y la filolog&iacute;a, hab&iacute;a concentrado sus esfuerzos en la jurisprudencia, no tanto por presi&oacute;n de su padre, sino con la idea de que un trabajo en este campo le dejar&iacute;a tiempo suficiente para la escritura. Los amigos que hizo en la Universidad y los c&iacute;rculos que frecuent&oacute; resultaron decisivos para su posterior carrera literaria: Max Brod, Felix Weltsch, Oskar Pollak y Oskar Baum mitigaron la tendencia de Kafka al aislamiento y le animaron a dar rienda suelta a sus inclinaciones. A pesar de que los primeros s&iacute;ntomas de enfermedad empezaban a manifestarse levemente y de acudir a algunas curas en diversos sanatorios, durante este periodo Kafka vivi&oacute; unos a&ntilde;os de apertura hacia el exterior como no hab&iacute;a conocido hasta entonces y, como miembro del &laquo;Aula de Lectura y Oratoria de los estudiantes alemanes&raquo;, tuvo acceso a una biblioteca tan completa que le permiti&oacute; ampliar en buena medida, junto con las numerosas conferencias a las que all&iacute; asisti&oacute;, sus conocimientos. As&iacute; fue como durante los a&ntilde;os de estudio empez&oacute; a trabajar en un primer relato al que puso un t&iacute;tulo enormemente gr&aacute;fico: Descripci&oacute;n de una lucha. A este seguir&iacute;a poco tiempo despu&eacute;s, una vez concluidos los estudios y llevado a cabo el obligado a&ntilde;o de pr&aacute;cticas, otra de sus grandes narraciones: Preparativos de boda en el campo. El recuerdo de aquel periodo de la vida, en el que hab&iacute;a disfrutado con la lectura m&aacute;s que con el estudio (Kleist es ahora uno de sus autores favoritos y lee con pasi&oacute;n todos sus escritos, sobre todo el Michael Kohlhaas, la historia de un rebelde que pronto se convertir&aacute; para &eacute;l en modelo inexcusable), y en el que a&uacute;n no se hab&iacute;a visto enfrentado al mundo laboral, encontr&oacute; asimismo un espacio en sus textos.</p>
<p>Tambi&eacute;n en el marco de su actividad laboral la escritura desempe&ntilde;&oacute; siempre para &eacute;l un importante papel. El escritorio, representante, pues, de la dualidad de su vida (la vida segura de la administraci&oacute;n, del trabajo, del orden, y la vida incierta de la escritura, de la transformaci&oacute;n, de la voluntad, del desorden), se convirti&oacute; as&iacute; para &eacute;l en su herramienta vital, tanto de d&iacute;a como de noche, y no resulta extra&ntilde;o, por tanto, que sea precisamente esta pieza de mobiliario la que se convierta en el objeto &laquo;por excelencia&raquo;, siempre presente en el entorno de sus protagonistas en los momentos cruciales de unas biograf&iacute;as que Kafka describe con sumo detalle. Baste recordar la intensidad con la que Gregor Samsa se aferra a &eacute;l cuando tratan de retirar el mueble de su habitaci&oacute;n, de la misma forma, quiz&aacute;, en que el autor se aferrar&aacute; a la correcci&oacute;n de las galeradas de su &uacute;ltima obra como si fueran, cual escritorio, papel y pluma, su &uacute;nica posibilidad de salvaci&oacute;n.</p>
<p>Efectivamente, en su vida profesional Kafka lleg&oacute; a demostrar amplias capacidades y, a pesar de sus reiteradas bajas por enfermedad, consigui&oacute; varios ascensos a lo largo de su carrera, debido seguramente a la calidad de sus informes y de sus inspecciones laborales para el Instituto de Seguros de Accidentes de Trabajo del Reino de Bohemia,&nbsp; donde el horario de ocho a dos le dejaba tiempo suficiente para leer y escribir, al contrario de lo que le hab&iacute;a sucedido en su primer encuentro con el mundo laboral en una compa&ntilde;&iacute;a de seguros, la Assicurazioni Generali, un puesto que hab&iacute;a conseguido por mediaci&oacute;n de su &laquo;t&iacute;o de Madrid&raquo;, Alfred L&ouml;wy, amigo de Joseph Arnold (Jos&eacute; Arnaldo) Weissberger, quien por aquel entonces representaba a la compa&ntilde;&iacute;a en la capital hispana. No obstante, este primer trabajo le hab&iacute;a abierto las puertas al mundo laboral, as&iacute; como a la posibilidad de salir de Praga, o al menos de so&ntilde;ar con ello: &laquo;Aun con todo [&hellip;] tengo esperanzas de poder sentarme yo tambi&eacute;n alg&uacute;n d&iacute;a en los sillones de pa&iacute;ses remotos, contemplar desde las ventanas de mis despachos plantaciones de ca&ntilde;a de az&uacute;car o cementerios musulmanes&raquo;. Al Instituto de Seguros, a trav&eacute;s del cual la monarqu&iacute;a estaba introduciendo importantes reformas en la vida laboral de los trabajadores, hab&iacute;a llegado tambi&eacute;n gracias a la ayuda de Ewald Feliz Př&iacute;bram, hijo del presidente de la compa&ntilde;&iacute;a, lo que supon&iacute;a una exigencia mucho mayor que, al principio, le llev&oacute; m&aacute;s tiempo de lo esperado. Pero tres meses antes de empezar su nueva actividad hab&iacute;a visto la luz su primera publicaci&oacute;n: ocho breves textos en prosa que, con el t&iacute;tulo de Contemplaci&oacute;n, hab&iacute;a enviado a finales de 1907 a la revista Hyperion.<br />Es cierto que hasta comienzos de 1912 public&oacute; muy poco. La publicaci&oacute;n m&aacute;s importante de este periodo vino directamente relacionada con un viaje que hizo en septiembre de 1909 a Riva, a orillas del lago de Garda, con Max Brod y su hermano Otto: &laquo;Los aeroplanos de Brescia&raquo; apareci&oacute; el 28 de noviembre de ese mismo a&ntilde;o en el diario Bohemia de Praga y es un temprano testimonio del inter&eacute;s del autor por los avances t&eacute;cnicos que estaban teniendo lugar en esos a&ntilde;os. Adem&aacute;s, los viajes supusieron para &eacute;l una liberaci&oacute;n que se percibe en las notas escritas en esos momentos, as&iacute; como en el testimonio de Brod, que fuera de la ciudad lo encontraba siempre como transformado, pues &laquo;todas las preocupaciones, todos los sinsabores se quedaban en Praga&raquo;. Y no carec&iacute;a de ellos, porque a las presiones familiares y laborales hab&iacute;a venido a sumarse otra de tipo econ&oacute;mico: las quejas de la familia por su nula implicaci&oacute;n en la compa&ntilde;&iacute;a de amianto Prager Asbestwerke Hermann &amp; Co., de la que era socio, y que llev&oacute; a Ottla, que siempre lo apoyaba en todo, a ponerse del lado del padre. A un mejor estado de &aacute;nimo durante este periodo de tiempo contribuy&oacute; sin duda su encuentro con la mencionada compa&ntilde;&iacute;a de teatro y&iacute;dico, cuyas representaciones lo fascinaron tanto que lleg&oacute; a entablar una estrecha amistad con uno de los actores, Jizchak L&ouml;wy, y aunque su postura al respecto fuera en estos momentos a&uacute;n un tanto ambivalente, s&iacute; que influir&iacute;a posteriormente en su voluntad de emigrar a Palestina.</p>
<p>En cualquier caso, es evidente que el ejercicio de la redacci&oacute;n de los informes laborales influy&oacute; en el tono de neutralidad que supo infundir posteriormente a toda su obra y que, al excluir cualquier manifestaci&oacute;n de tipo intimista, hace que el trasfondo biogr&aacute;fico de la misma no logre nunca salir del todo a la luz. Al margen del trabajo, el resto del d&iacute;a lo pasaba siguiendo un plan muy estricto: almorzar, leer la prensa, poner al d&iacute;a la correspondencia, dormir unas horas, pasear, cenar con la familia y, a partir de las diez de la noche, escribir hasta que aguantaran sus fuerzas. Esta &laquo;vida de maniobras&raquo;, como &eacute;l mismo la denominaba en sus cartas a Felice Bauer y a Milena Jesensk&aacute;, dos de las mujeres de su vida, lo llevaba a menudo hasta la extenuaci&oacute;n y, a la larga, se demostrar&iacute;a casi como imposible, tal como le manifest&oacute; al doctor Rudolf Steiner con ocasi&oacute;n de una de sus visitas a Praga, donde este hab&iacute;a sido invitado a impartir una serie de conferencias:<br /><br />[&hellip;]: mi felicidad, mis aptitudes y cualquier posibilidad de ser &uacute;til en alg&uacute;n aspecto residen desde siempre en lo literario. [&hellip;] O sea, que no puedo entregarme completamente al trabajo de la literatura, como deber&iacute;a ser, y no puedo hacerlo as&iacute; por razones diversas. Al margen de mis relaciones familiares, yo no podr&iacute;a vivir de la literatura a causa de la larga gestaci&oacute;n de mis trabajos y de su car&aacute;cter ins&oacute;lito; adem&aacute;s, mi salud y mi car&aacute;cter me impiden asimismo entregarme a una vida que, en el mejor de los casos, ser&iacute;a incierta. Por ello soy funcionario de un organismo de seguros sociales. Pero resulta que estas dos profesiones nunca podr&aacute;n tolerarse entre s&iacute; ni dar lugar a una feliz convivencia. La menor suerte en una de ellas viene a convertirse en una gran desgracia en la otra. Si una noche he escrito algo bueno, lo quemo al d&iacute;a siguiente en la oficina y no soy capaz de acabar nada. Este ir y venir es cada vez m&aacute;s desagradable. En la oficina cumplo con mis obligaciones externas, pero no con mis obligaciones internas, y toda obligaci&oacute;n interna no cumplida se convierte en una desdicha que ya no se aparta de m&iacute;.<br /><br />Las consecuencias que este conflicto entre las obligaciones externas e internas le tra&iacute;a consigo se reduc&iacute;an en realidad al continuo sentimiento de culpabilidad que tuvo siempre respecto de su familia y que, para el propio Kafka result&oacute; determinante en el proceso de su enfermedad. La noche del 12 al 13 de abril de 1913 vomit&oacute; sangre por primera vez. La imagen de una herida ensangrentada la utilizar&iacute;a despu&eacute;s en el relato Un m&eacute;dico rural, escrito en unos pocos meses en la casita de la Alchemistengasse, que Ottla le hab&iacute;a alquilado para que pudiera trabajar en soledad. M&aacute;s tarde ver&iacute;a siempre en &eacute;l una especie de premonici&oacute;n, tal como le escribe a Brod: &laquo;Yo mismo lo predije. &iquest;Te acuerdas de la herida en Un m&eacute;dico rural?&raquo;. Apenas un mes despu&eacute;s de ese primer v&oacute;mito los m&eacute;dicos diagnosticaron una tuberculosis, que Kafka siempre interpret&oacute; como la manifestaci&oacute;n f&iacute;sica de una enfermedad ps&iacute;quica, una idea novedosa por aquel entonces que ha llevado a los estudiosos de la psicosom&aacute;tica a mencionar con frecuencia sus manifestaciones al respecto. Al igual que la metamorfosis de Gregor Samsa, desde un principio Kafka consider&oacute; la propia enfermedad como liberaci&oacute;n de todos los conflictos y ataduras que le imped&iacute;an escribir y que se hab&iacute;an vuelto insoportables. A Max Brod le escribe a mediados de septiembre de 1917:<br /><br />Sigo buscando una explicaci&oacute;n a la enfermedad, porque no me la he pillado yo solo. A veces me parece como si el cerebro y el pulm&oacute;n se hubieran puesto de acuerdo sin que yo lo supiera. &laquo;As&iacute; no podemos seguir&raquo;, dijo el cerebro y cinco a&ntilde;os despu&eacute;s el pulm&oacute;n se declar&oacute; dispuesto a ayudar.<br /><br />Cinco a&ntilde;os dur&oacute; precisamente su lucha interna en lo relativo a la relaci&oacute;n con Felice, a la que hab&iacute;a conocido en 1912, una lucha de la que, sin duda, la enfermedad le ayud&oacute; a salir y que, reelaborada literariamente en El proceso, termin&oacute;, a pesar de sus numerosas dudas (&laquo;con ella no puedo vivir y no puedo vivir sin ella&raquo;), en el fracaso de todos sus intentos de contraer matrimonio, fundar una familia y tener hijos, y que intent&oacute; superar tambi&eacute;n a trav&eacute;s de un buen n&uacute;mero de cartas, esta vez a Grete Bloch, la amiga de Felice que hab&iacute;a tratado de mediar entre ambos para que no rompieran su compromiso, y con la que mantuvo una abundante correspondencia pararela, que ha hecho correr a su vez muchos r&iacute;os de tinta. Aunque conocer a Felice le hab&iacute;a ayudado a salir de una profunda crisis, que le hab&iacute;a robado la capacidad de escribir y cuya feliz conclusi&oacute;n fructific&oacute; en La condena, una clara reescritura de la relaci&oacute;n paternofilial, renunciar a su vida de soltero era para &eacute;l tanto como traicionar a la literatura, en la que ve&iacute;a su &uacute;nico destino, tal como escribe en 1914:<br /><br />La vida de funcionario podr&iacute;a ser buena para m&iacute; si estuviese casado. Me ofrecer&iacute;a un buen respaldo en todos los sentidos, frente a la sociedad, frente a la esposa, frente a la literatura, sin exigir demasiados sacrificios y sin degenerar por otra parte en una vida comodona y carente de independencia; porque, estando casado, no tendr&iacute;a que temer semejante cosa. Pero, como soltero, no puedo llevar a buen fin una vida as&iacute;. [&hellip;] Desde el punto de vista de la literatura, mi destino es muy simple. El sentido de la descripci&oacute;n de mi enso&ntilde;adora vida interior ha desplazado todo lo dem&aacute;s al terreno de lo accesorio y se ha atrofiado de un modo terrible, y no cesa de atrofiarse. Nada m&aacute;s podr&aacute; satisfacerme nunca.<br /><br />Este pasaje de los diarios resulta decisivo para poder comprender la producci&oacute;n literaria de Kafka en su conjunto, pues pone de manifiesto de manera muy clara las dudas que siempre alberg&oacute; tanto respecto de s&iacute; mismo como de todos y cada uno de sus textos literarios. La descripci&oacute;n de su &laquo;enso&ntilde;adora vida interior&raquo; fue siempre un hecho imprevisible, incalculable, que para &eacute;l solo acontec&iacute;a rara vez, pero que, sin embargo, podemos leer en todas y cada una de sus obras. Es evidente que, sin percibirlo, Kafka tuvo muchos momentos afortunados en los que se dio esa asociaci&oacute;n perfecta entre su &laquo;enso&ntilde;adora vida interior&raquo; y su lenguaje, aunque tambi&eacute;n fueron muchas las ocasiones en las que &eacute;l mismo constat&oacute; un fracaso total.</p>
<p>La enfermedad daba se&ntilde;ales de no mejorar en absoluto, sigue vomitando sangre (&laquo;Diez minutos o m&aacute;s dur&oacute; el chorro de la garganta, pensaba que no iba a acabarse nunca&raquo;, escribe a Felice) y en 1917 consigue una baja de medio a&ntilde;o que aprovecha para visitar a Ottla en Z&uuml;rau (hoy Siřem), al noroeste de Bohemia. All&iacute; se siente verdaderamente libre y agradece a la enfermedad el haberle ofrecido un motivo para romper su compromiso con Felice. Son meses alegres, libres de conflictos, los que pasa en el campo paseando, cortando madera, incluso trabajando en el huerto de su hermana, hasta el punto de que jug&oacute; con la idea de dejar la ciudad y trabajar como campesino. Su salud mejora e incluso engorda. Pero con la vida en el campo Kafka experiment&oacute; tambi&eacute;n cierto distanciamiento de la literatura, una fase que, con breves intervalos, durar&iacute;a hasta 1921. Tan solo escribe textos muy breves, aforismos, contemplaciones, la pr&aacute;ctica totalidad de ellos sobre cuestiones fundamentales de filosof&iacute;a y teolog&iacute;a, acontecimientos hist&oacute;ricos, motivos literarios o mitos b&iacute;blicos y de la Antig&uuml;edad Cl&aacute;sica. Y tambi&eacute;n cartas, como las muchas que desde Merano escribir&iacute;a a partir de 1920 a Milena, la joven rebelde, casada con el tambi&eacute;n literato Ernst Pollak y con un pasado muy similar al suyo, que quer&iacute;a traducir sus textos al checo. Su relaci&oacute;n se sostuvo gracias a la incesante correspondencia (lo mismo que hab&iacute;a sucedido tambi&eacute;n con Felice Bauer y Grete Bloch), pues tras haberse conocido brevemente en un caf&eacute; en Praga, se vieron en muy contadas ocasiones hasta que poco despu&eacute;s, en 1921, Kafka le pidi&oacute; que no le escribiera m&aacute;s. A pesar de la confianza que hab&iacute;an desarrollado a trav&eacute;s de su intercambio epistolar, la situaci&oacute;n vital de ambos no se aven&iacute;a en absoluto a esta relaci&oacute;n. La distancia relativa de la literatura acentu&oacute; su mirada esc&eacute;ptica hacia los textos que hab&iacute;a escrito hasta entonces. Ninguno se libr&oacute; de sus cr&iacute;ticas, con excepci&oacute;n de La condena. Aun con todo, y a pesar de sus constantes inseguridades, Kafka consider&oacute; algunas de sus narraciones como dignas de ser publicadas. Entre ellas se cuentan Primer sufrimiento, Una mujercita, Un artista del hambre y Josefina la cantante; el resto de relatos, incluida la novela fragmentaria El castillo, deb&iacute;a ser destruido junto con todo lo que quedara de sus primeros a&ntilde;os. Kafka le pidi&oacute; a su amigo Max Brod que se encargase de ello en dos notas manuscritas que se encontraron entre sus papeles tras su muerte, una de las cuales le hab&iacute;a mostrado al amigo en el curso de una conversaci&oacute;n. Brod se hab&iacute;a negado tajantemente y, como tras esta negativa Kafka no designara a ning&uacute;n otro albacea, se atribuy&oacute; el derecho a conservar el legado de su amigo, puesto que &eacute;l tampoco lo hab&iacute;a destruido y as&iacute;, tras editar primero una serie de vol&uacute;menes aislados, comenz&oacute; en 1935 la publicaci&oacute;n de sus Obras completas, una edici&oacute;n que acabar&iacute;a siendo prohibida por los nazis y que tuvo como consecuencia el hecho de que Kafka no fuera ampliamente conocido en Alemania hasta despu&eacute;s de la II Guerra Mundial, cuando ya era objeto de culto en ciertos c&iacute;rculos de Francia, Gran Breta&ntilde;a y Am&eacute;rica. En la segunda disposici&oacute;n testamentaria, no obstante, Kafka hab&iacute;a ido incluso m&aacute;s lejos, pues en ella sosten&iacute;a que si las pocas obras que consideraba como acabadas y publicables (La condena, El fogonero, En la colonia penitenciaria, Un m&eacute;dico rural y Un artista del hambre) se perdieran, no pasar&iacute;a absolutamente nada, pues responder&iacute;a a sus propios deseos, una muestra m&aacute;s de rigurosidad que, aunque ambigua, debe entenderse como una evidente insatisfacci&oacute;n con todo lo que sal&iacute;a de su pluma.</p>
<p>Poco a poco, en 1922, vuelve a escribir, y en mayor proporci&oacute;n de lo que lo hab&iacute;a hecho hasta entonces. Sus ganas de retomar el trabajo literario, as&iacute; como de sacar de su interior a trav&eacute;s de &eacute;l un nuevo fracaso, esta vez el de su relaci&oacute;n con Julie Wohryzek, la joven a la que hab&iacute;a conocido en Schelesen, donde se recuperaba como &eacute;l de una enfermedad pulmonar y con la que tambi&eacute;n llega a prometerse, fructifican en una novela: El castillo. La lucha que Josef K. hab&iacute;a mantenido con las autoridades para saber realmente cu&aacute;l era su culpa se convierte aqu&iacute; en la lucha del agrimensor K. con las autoridades del castillo a fin de que reconozcan su identidad. De nuevo una lucha contra el poder, cuyas instancias superiores se mantienen ocultas, y de nuevo una muestra m&aacute;s del sometimiento a las estructuras de poder al que se ve obligado el individuo en el marco de su entorno social. El final tampoco es positivo y, como muchos de sus protagonistas, tambi&eacute;n el agrimensor acaba muriendo, tal como le comentara a Max Brod, &laquo;por falta de fuerzas&raquo;. Todo aquel que pretende seguir su voluntad perece, no hay otra salida. Georg Bendemann, Karl Rossmann, Josef K., Gregor Samsa&hellip; ninguno de ellos se libra de su tr&aacute;gico destino, como tampoco Kafka pudo librarse del suyo. Son individuos comunes igual que &eacute;l, que nunca dicen algo brillante ni son due&ntilde;os de un ingenio destacable. Y tampoco sus actos son desaforados, extraordinarios, heroicos o demenciales. De caracter&iacute;sticas un tanto quijotescas, en realidad resultan ser la m&aacute;s clara evidencia de la confusi&oacute;n entre los l&iacute;mites de la realidad y el ensue&ntilde;o, del conflicto que el individuo vive al intentar en vano descubrir la verdad sobre s&iacute; mismos o sobre el mundo que los rodea a trav&eacute;s de la raz&oacute;n, indign&aacute;ndose especialmente ante la aparente falta de l&oacute;gica de todo aquello a lo que han de hacer frente, vi&eacute;ndose as&iacute; inmersos en una lucha sin fin contra las condiciones adversas que se les oponen y que, en el desesperado intento de recuperar su dignidad, les impiden ver la realidad tal como es. Inconsistentes con la realidad emp&iacute;rica persiguen objetivos que tan solo tienen vida en el interior de las palabras, lo que plantea a su vez una clara reflexi&oacute;n sobre la relaci&oacute;n del individuo con las formas de opresi&oacute;n totalitaria propias del mundo moderno.</p>
<p>La lucha contra el poder encuentra tambi&eacute;n su expresi&oacute;n en la Carta al padre, resultado de la negativa de Hermann Kafka al compromiso de su hijo con Julie y a la denigrante propuesta que este le hace a modo de justificaci&oacute;n:<br /><br />Probablemente se puso alguna blusa bien escogida, como saben hacer las jud&iacute;as de Praga, y entonces, por supuesto, decidiste casarte con ella. Y lo antes posible, en una semana, ma&ntilde;ana, hoy. No te entiendo, eres adulto, est&aacute;s en la ciudad, y no sabes hacer otra cosa que casarte enseguida con una cualquiera. &iquest;Es que no hay otras posibilidades? Si te da miedo, yo mismo ir&eacute; contigo.<br /><br />De ah&iacute; que no resulte extra&ntilde;o que viera en una frase de Jonathan Swift en su Gulliver en Liliput (&laquo;De entre todas las personas, a los padres es a los que menos hay que confiar la educaci&oacute;n de los hijos&raquo;) la mejor manera de reflejar la idea de que la familia no es en realidad m&aacute;s que un organismo animal regido por un amor irracional, resultado de una ley de la naturaleza, que tiene como &uacute;nico objetivo confirmar y perpetuar la especie. Citando esta frase escribi&oacute; a Elli, preocupado por la educaci&oacute;n de su sobrino, pidi&eacute;ndole que enviara al ni&ntilde;o a un internado y lo liberara de &laquo;la jaula de los adultos&raquo;, la familia, tal vez el mayor de sus fracasos, y que, seguramente por ello, recorre la pr&aacute;ctica totalidad de sus grandes obras. En Am&eacute;rica, la otra gran novela, el tema desempe&ntilde;a un importante papel, en tanto que el joven Karl Rossmann es expulsado por sus propios padres de su patria europea y ha de madurar, aprender a ser adulto, en una cultura ajena. Vista desde esa perspectiva, la obra es, evidentemente, una novela de formaci&oacute;n enormemente moderna en todos los sentidos, pues el &laquo;viaje de formaci&oacute;n&raquo; no es un viaje emprendido aqu&iacute; de forma voluntaria y con ese objetivo, sino que es un viaje impuesto, obligado, y no precisamente un viaje a cualquier parte, sino un viaje hacia aquel pa&iacute;s en el que Kafka ve&iacute;a tambi&eacute;n un proyecto de futuro y modernidad. La elecci&oacute;n de los Estados Unidos como nueva patria en la que empezar una nueva vida no deja, al fin y al cabo, de ser un testimonio de la realidad de aquel momento y un claro reflejo de las noticias que el autor le&iacute;a a diario en la prensa. En ella tiene cabida, adem&aacute;s, otro de los temas privilegiados por el autor, el de la relaci&oacute;n filiopaternal, en tanto que es el padre el que decide la marcha del joven protagonista. El hecho, adem&aacute;s, de que la estatua de la libertad que Kafka dibuja no porte una antorcha, sino una espada, ha dado pie a m&aacute;s de una conjetura sobre este tema.</p>
<p>La cuesti&oacute;n no es, ni mucho menos, irrelevante. En 1913 Kafka hab&iacute;a escrito al editor Kurt Wolff proponi&eacute;ndole la edici&oacute;n de tres de sus relatos en un volumen conjunto que podr&iacute;a llevar por t&iacute;tulo Los hijos. Se trata ni m&aacute;s ni menos que de El fogonero, La metamorfosis y La condena. Los tres son una recreaci&oacute;n literaria del conflicto que Kafka mantuvo con su padre durante toda su vida, y que puede entenderse como una atadura que lo lig&oacute; de por vida a algo que lo privaba de tiempo para su vocaci&oacute;n literaria, extrapolable adem&aacute;s a otras tantas que recorrieron su vida: la atadura a la casa paterna (no solo al padre, sino tambi&eacute;n a la madre y a las hermanas), la atadura al puesto de trabajo (donde depend&iacute;a de sus superiores) o la atadura a las mujeres (con las que nunca fue capaz de llegar a un compromiso real), entre otras tantas. En los tres relatos, adem&aacute;s, el final es pr&aacute;cticamente el mismo, pues los deseos de libertad acaban siendo sometidos por las instancias del poder patriarcal.</p>
<p>Fue tambi&eacute;n ese extra&ntilde;o destino que lo hab&iacute;a perseguido durante toda su vida el que quiso que se acelerara su final. La gripe espa&ntilde;ola, de la que se contagi&oacute; en 1918, no hizo m&aacute;s que agravar su fr&aacute;gil estado de salud. Empez&oacute; entonces un periplo por diversos balnearios, en los que, dado lo avanzado de la enfermedad, no consigui&oacute; ninguna mejor&iacute;a. En el de M&uuml;ritz, en el B&aacute;ltico, conoci&oacute; a Dora Diamant. Con ella decide abandonar Praga y trasladarse a Berl&iacute;n. La ilusi&oacute;n de un cambio de vida le hizo creer en la posibilidad de un futuro, pero muy poco tiempo despu&eacute;s volvi&oacute; a ser ingresado en un sanatorio y, ya muy enfermo, regres&oacute; a Praga, donde fue testigo de un buen n&uacute;mero de manifestaciones antisemitas. Con la laringe atacada ya por la tuberculosis, no puede hablar, y solo el papel y el l&aacute;piz, los instrumentos que tanto amaba, le permitir&aacute;n comunicarse con el mundo exterior, dando claro testimonio de que escribir hasta el final era en realidad su verdadero destino. Aunque ya no redacta ning&uacute;n texto nuevo, corrige con detalle las galeradas de Un artista del hambre, cuya publicaci&oacute;n est&aacute; prevista para agosto. Kafka es consciente de que no llegar&aacute; a ver el texto publicado, por eso esta actividad no deja de resultar llamativa y deja al aire una cuesti&oacute;n dif&iacute;cil de resolver, teniendo en cuenta que su intenci&oacute;n era que, tras su muerte, se destruyeran todos sus escritos y que incluso aquellos que consideraba publicables pod&iacute;an destruirse tambi&eacute;n. &iquest;Acaso preve&iacute;a Kafka ya su posterior fama universal y, en medio de sus indecisiones, jugaba con la posibilidad de llegar a ser tras su muerte el escritor que le habr&iacute;a gustado ser en vida? A sabiendas de que el tiempo apremia y mientras reflexiona sobre su &laquo;vida no vivida&raquo;, piensa sin m&aacute;s en ofrecer un nuevo texto a los lectores, en hacer que la vida siga fluyendo a trav&eacute;s de su pluma, en un intento, tal vez desesperado, de esquivar por el momento, ese momento feliz que proporciona la obra de arte concluida, la llegada de la muerte, un personaje que de principio a fin ha recorrido con &eacute;l su obra y su vida: &laquo;He estado muriendo toda mi vida y ahora voy a morir de verdad [&hellip;]. A veces me parece como si fuera la vida lo que me molestara&raquo;. Una vida a la que, parad&oacute;jicamente, pero como &eacute;l bien sab&iacute;a, fue capaz de sobrevivir en sus textos, a los que, con la ambig&uuml;edad que lo caracteriza, tambi&eacute;n quiso condenar a una temprana muerte, sabiendo, probablemente, que en manos de un amigo que, aunque fiel, era consciente de su verdadero valor literario, esta muerte, al contrario que la de su cuerpo, nunca llegar&iacute;a a tener lugar, sino que se convertir&iacute;a en su bien m&aacute;s preciado gracias al cual su amigo lograr&iacute;a vencerla definitivamente para convertirlo en un breve espacio de tiempo en un escritor de magnitud universal.</p>
<p>En manos del amigo Kafka super&oacute; as&iacute; sus miedos a publicar una obra de arte inacabada, imperfecta, descargando sobre &eacute;l el peso de darle, como dir&iacute;a Walter Benjamie, el &laquo;&iacute;mprimase&raquo; que &eacute;l tanto tem&iacute;a, de manera que la fidelidad con la que Brod sigui&oacute; sus deseos fue precisamente la de descargarlo de la responsabilidad de tener que hacer frente a sus m&aacute;s profundos temores, asumiendo la arriesgada tarea de dar luz a lo que &eacute;l m&aacute;s amaba, lo que verdaderamente era para &eacute;l la felicidad, su escritura, todo un mundo de l&aacute;piz y papel, que, a&uacute;n hoy, en medio de esa dicotom&iacute;a entre temor y placer, tras cien a&ntilde;os de las m&aacute;s diversas lecturas e interpretaciones, nos sigue haciendo vacilar y preguntarnos si sabemos verdaderamente qui&eacute;n era y qu&eacute; quer&iacute;a Franz Kafka.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 18 Mar 2024 06:13:00 +0000</pubDate>
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      <title><![CDATA[Annie Ernaux, una escritora comprometida con su género, con su clase… y con su lengua]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/annie-ernaux-una-escritora-comprometida-con-su-genero-con-su-clase-y-con-su-lengua/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2024/annie500.jpg" alt="" /></p>
<p>Siguiendo los pasos de Le Clezio y Modiano, la escritora Annie Ernaux recibi&oacute; el a&ntilde;o pasado el premio de Literatura m&aacute;s prestigioso del mundo porque, seg&uacute;n el comit&eacute; del Nobel, &ldquo;su obra que examina constantemente, desde distintos &aacute;ngulos, unas vidas marcadas por las disparidades, a saber, de g&eacute;nero, de lengua y de clase social&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;A sus ochenta y dos a&ntilde;os, fue la decimos&eacute;ptima mujer de los ciento catorce Premios Nobel de Literatura que se han concedido desde 1901. El &uacute;ltimo franc&eacute;s en recibir el galard&oacute;n fue Patrick Modiano en 2014, y antes Le Cl&eacute;zio en 2008. De los diez &uacute;ltimos premios, cinco han sido europeos y cuatro han reca&iacute;do en mujeres. La Academia coronaba as&iacute; a una autora que &ldquo;examina constantemente, desde distintos &aacute;ngulos, vidas marcadas por disparidades, a saber: el g&eacute;nero, la lengua y la clase social&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;Nacida en 1940 en Lillebonne (Seine-Maritime), Annie Ernaux creci&oacute; en el coraz&oacute;n del Pays de Caux, en Yvetot, donde sus padres regentaban una peque&ntilde;a tienda de ultramarinos-bar. Desde esa Normand&iacute;a semi-rural, desde sus modestos or&iacute;genes, ha escrito m&aacute;s de veinte libros &uacute;nicos, en un estilo caracterizado por una &ldquo;escritura blanca&rdquo;, despojado y seco, algunos de los cuales han cosechado un gran &eacute;xito, ilustrando una vida fuertemente marcada por las huellas del pasado y por sus or&iacute;genes.</p>
<p>&nbsp;Despu&eacute;s de un primer intento fallido de publicaci&oacute;n de su primera obra, <em>Du soleil &agrave; cinq heures</em> (inspirada en el poema de Garc&iacute;a Lorca &ldquo;A las cinco de la tarde&rdquo;, in&eacute;dita a&uacute;n hoy, ya que la escritora ha afirmado que solo permitir&aacute; que vea la luz tras su fallecimiento), puesto que es rechazada por distintos editores, su segundo relato, <em>Los armarios vac&iacute;os </em>(Cabaret Voltaire, 2022), se ve reconocido por fin por la cr&iacute;tica y el p&uacute;blico como una obra de gran originalidad, tras ser publicada por Gallimard en 1974. En efecto, ya en este libro, aunque Ernaux no ha encontrado todav&iacute;a su estilo propio y definitivo, apunta ya lo que ser&aacute;n sus grandes apuestas: una escritura autosociobiogr&aacute;fica (aunque aqu&iacute;, como en su siguiente novela, tengamos que hablar a&uacute;n de autoficci&oacute;n), una legitimaci&oacute;n de sus or&iacute;genes populares desde su condici&oacute;n de tr&aacute;nsfuga de clase (muy influenciada por Bourdieu en este sentido), de su condici&oacute;n de mujer, y de una lengua popular que pone en escena con una densidad arg&oacute;tica y una &lsquo;vulgaridad&rsquo; que le son propias, sin tapujos y sin complejos.</p>
<p>Mientras ense&ntilde;aba literatura francesa en un insituto, public&oacute; <em>Ce qu'ils disent ou rien </em>(1977), que tuvo buena acogida tambi&eacute;n, pero dentro de una relativa discreci&oacute;n. En 1981, ya en Cergy (una &ldquo;ciudad nueva&rdquo; del Val-d&rsquo;Oise, cerca de Par&iacute;s), Ernaux publica su tercer libro, <em>La mujer helada</em> (Cabaret Voltaire, 2015), acerc&aacute;ndose cada vez m&aacute;s a ese g&eacute;nero socioautobiogr&aacute;fico, al que se mantendr&aacute; fiel en el resto de su producci&oacute;n, aunque cada libro revista una forma distinta, la que exige la tem&aacute;tica abordada. <em>La mujer helada</em> relata desde un &ldquo;yo transpersonal&rdquo; la condici&oacute;n &ldquo;normal&rdquo; de una mujer casada y madre de familia de los a&ntilde;os sesenta en Francia. La toma de conciencia de sus decepciones y sus frustraciones, que hacen que se convierta en una mujer &ldquo;helada&rdquo;, la llevan a narrar una situaci&oacute;n personal de manera descarnada, objetiva, sin grandes declaraciones feministas ni reivindicativas. Annie Ernaux inaugura as&iacute; un discurso postfeminista que hoy ha cobrado mucho protagonismo, y que parte m&aacute;s de una constataci&oacute;n l&uacute;cida la situaci&oacute;n real de la mujer que de sus aspiraciones m&aacute;s o menos idealizadas.</p>
<p>El &eacute;xito le lleg&oacute; en 1984 con <em>El lugar</em>, que obtuvo el Prix Renaudot. Se trata de un relato &iacute;ntimo de su infancia y juventud en Normand&iacute;a. Aqu&iacute; Ernaux consolida ese g&eacute;nero socioautobiogr&aacute;fico concebido ya como una especie de puzle constituido por relatos breves y personales de t&iacute;tulos cortos y sencillos que narran distintos episodios de su vida. Se convierte as&iacute; en etn&oacute;loga de s&iacute; misma, manteniendo esa distancia objetiva con respecto a lo narrado tan caracter&iacute;stica de su escritura que se ha tildado de &lsquo;fr&iacute;a&rsquo; pero que en realidad es un mecanismo que fomenta la empat&iacute;a con el lector. Ernaux considera imprescindible, en efecto, ese distanciamiento precisamente para acercarse m&aacute;s a las sensaciones de la Annie del pasado que ella pone en escena. Para ello, se &lsquo;ayuda&rsquo; de su diario &iacute;ntimo, que lleva escribiendo ininterrumpidamente desde los diecisiete a&ntilde;os.</p>
<p>La existencia de esos &ldquo;cuadernos&rdquo; explica, por ejemplo, la doble publicaci&oacute;n de <em>Passion simple</em> y m&aacute;s adelante <em>Se perdre</em> (<em>Perderse</em>, Cabaret Voltaire, 2021). En efecto, en el primero, Ernaux revela su breve y apasionada relaci&oacute;n amorosa con un hombre casado, un diplom&aacute;tico ruso afincado en Par&iacute;s. Pues bien, aunque el &eacute;xito de p&uacute;blico fue total (si bien la cr&iacute;tica se mostr&oacute; dividida como a menudo al abordar las obras de Annie Ernaux a la que no perdonan que como tr&aacute;nsfuga de clase no se haya pasado al bando de la &lsquo;intelligentsia&rsquo; francesa y reivindique &ldquo;a su raza&rdquo;) Annie Ernaux volvi&oacute; sobre el tema, publicando <em>Perderse</em>, un libro compuesto de extractos, sin modificar, de su diario &ldquo;crudo y negro&rdquo; de la &eacute;poca, para que el lectorado no se perdiera nada de lo que hab&iacute;a sido su estado de &aacute;nimo en esa &eacute;poca, algo que cre&iacute;a la autora, pod&iacute;a haberse visto desfigurado simplemente al pasar el diario a una narraci&oacute;n m&aacute;s estructurada.</p>
<p>Todo ello conforma un eterno retorno a uno mismo, a una misma, enriquecido por una contextualizaci&oacute;n sociohist&oacute;rica que dan envergadura a sus obras, haciendo de ellas casi aut&eacute;nticos documentos de &eacute;poca. En este sentido, su obra m&aacute;s &lsquo;lograda&rsquo;, es sin duda <em>Los a&ntilde;os </em>(Cabaret Voltaire, 2019, a&ntilde;o en que recibi&oacute; el Premio Formentor), aut&eacute;ntica cr&oacute;nica de la &ldquo;peque&ntilde;a historia&rdquo; como dicen en el pa&iacute;s vecino, del siglo XX, y que la autora ha definido como &ldquo;una especie de autobiograf&iacute;a impersonal&rdquo;.</p>
<p>Cergy ser&aacute; escenario y tel&oacute;n de fondo de algunas de sus obras (<em>Journal du dehors</em>, <em>La Vie ext&eacute;rieure</em> y <em>Mira las luces amor m&iacute;o</em>, este en Cabaret Voltaire, 2021), lo que le permitir&aacute; hacer una cr&oacute;nica de los suburbios e introducir tem&aacute;ticas hasta entonces in&eacute;ditas en la literatura, y propias de su origen de clase y de su condici&oacute;n de mujer, como los viajes en ese tren que une Par&iacute;s con las afueras, el RER, o los centros comerciales. Otra de las caracter&iacute;sticas de su escritura socioautobiogr&aacute;fica, y que hace que sea tal, es que cada episodio que cuenta de su vida lo tienen, lo tenemos en com&uacute;n, miles, millones de personas, de mujeres: el aborto clandestino (Cabaret Voltaire,<em> Los armarios vac&iacute;os</em>, 2022; <em>El acontecimiento</em>), la crisis de la adolescencia (<em>Ce qu&rsquo;ils disent ou rien</em>), la violaci&oacute;n (Cabaret Voltaire,<em> Memoria de chica</em>, 2016), el c&aacute;ncer de pecho (Cabaret Voltaire,<em> El uso de la foto</em>, 2018), la pasi&oacute;n amorosa por un hombre casado (Cabaret Voltaire,<em> Perderse</em>, 2021), la aventura sentimental con un hombre joven (Cabaret Voltaire,<em> El hombre joven</em>, 2023), la vida y la muerte del padre (<em>El lugar</em>), la enfermedad de la madre y su paso por una residencia de ancianos (Cabaret Voltaire,<em> No he salido de mi noche</em>, 2021, Cabaret Voltaire,<em> Una mujer</em>, 2020), el descubrimiento de una hermana muerta antes de que ella naciera (Cabaret Voltaire,<em> La otra hija</em>, 2023) &hellip; son temas fundamentados en el trauma y que nos resultan familiares, tanto que tenemos la impresi&oacute;n de que alguien, por fin, ha puesto palabras a nuestras impresiones, sensaciones y sentimientos m&aacute;s hondos.</p>
<p>Se le ha criticado haber recuperado el verso de Rimbaud &ldquo;Soy de raza inferior por toda la eternidad&rdquo; (&ldquo;Mala sangre&rdquo;) para explicar el motor de su escritura mediante esa frase que escribi&oacute; en su diario cuando, de muy joven, decidi&oacute; ser escritora: &ldquo;Escribo para vengar a mi raza&rdquo;, y que repiti&oacute; en su discurso de recepci&oacute;n del preciado galard&oacute;n. Sin embargo, lejos de las connotaciones que el concepto &lsquo;raza&rsquo; puede evocar hoy, Ernaux, entonces (es importante la contextualizaci&oacute;n espaciotemporal, algo clave para descifrar correctamente el mensaje ernaldiano) la escritora reenviaba a esa &ldquo;raza&rdquo; de &lsquo;seres inferiores&rsquo; condenados al silencio, a la no existencia y a quienes ella quiere dar voz y entidad, pese a quien pese.</p>
<p>Ernaux dijo en una ocasi&oacute;n: &ldquo;Escribo mis historias de amor y vivo mis libros&rdquo;, con esta variaci&oacute;n: &ldquo;A veces tengo la impresi&oacute;n de vivir en dos planos a la vez, el de la vida y el de la escritura&rdquo;. Deber&iacute;amos decir que, como lectoras y lectores, vivimos sus libros y tenemos la sensaci&oacute;n de vivir en dos planos a la vez, el de la vida y el de la lectura, el de la literatura, gracias a ella.</p>
<p>Su estilo, su lengua, necesitan, pues, de un an&aacute;lisis particular, m&aacute;s all&aacute; de esta presentaci&oacute;n general. En 1983, en un c&eacute;lebre pasaje de <em>El lugar</em>, Ernaux afirmaba realizar una &ldquo;escritura plana&rdquo;, rechazando toda escritura literaria que traicionara a la clase &ldquo;dominada&rdquo; a la que pertenec&iacute;a su padre. Para dar cuenta de una vida sometida a la necesidad, dec&iacute;a, no pod&iacute;a hacer uso del arte, ni intentar hacer algo &lsquo;conmovedor&rsquo;. As&iacute; pues, la escritura plana era la &uacute;nica que le resultaba natural, la misma que entender&iacute;an sus padres y nos les sonar&iacute;a a falso a ellos, esa misma que usar&iacute;a para escribir a sus padres para contarles las noticias esenciales.</p>
<p>El contexto literario y cr&iacute;tico de finales del siglo XX y principios del XXI ha llevado a asociar esta escritura plana con la noci&oacute;n de &ldquo;escritura blanca&rdquo; propuesta por Roland Barthes a prop&oacute;sito del <em>Extranjero </em>de Camus, obra de la que se reclama la hero&iacute;na de <em>Ce qu&rsquo;ils disent ou rien</em>. Barthes define esa escritura un esfuerzo por liberarse del lenguaje literario, una escritura inocente que eliminar&iacute;a todo recurso al ornamento considerado literario. No por ello dicha escritura es de un estilo &lsquo;descuidado&rsquo;, al contrario, puesto que la propia Ernaux subraya la importancia de la elaboraci&oacute;n de un texto que procede de la clase trabajadora y de las mujeres toda vez que para su elaboraci&oacute;n hace uso de las herramientas de la cultura dominante. No obstante, cabe precisar que Ernaux no intenta situarse contra la lengua elitista de la producci&oacute;n literaria francesa, que ignora, sino, sobre todo, fuera de ella, aparte, en otra dimensi&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica, cultural. De suerte que hemos de considerar este discurso de Ernaux, hecho de normandismos, de un l&eacute;xico infantil, popular, de un entorno social de ama de casa, de obrero, popular y tangencial, en suma, como una posici&oacute;n pol&iacute;tica, como un compromiso ideol&oacute;gico. Por ello, no puede extra&ntilde;arnos que Ernaux aparezca en la escena social y pol&iacute;tica tomando partido como en otro tiempo lo hicieran Beauvoir o Sartre.</p>
<p>As&iacute; pues, Annie Ernaux insiste en la importancia de no escribir de manera demasiado densa, demasiado rica o demasiado l&iacute;rica. El objetivo es doble. Por una parte, quiere acercarse lo m&aacute;s posible a la realidad y retratarla con veracidad; por otra, est&aacute; decidida a rechazar toda escritura demasiado literaria que traicione a su clase.</p>
<p>La posici&oacute;n de Annie Ernaux es eminentemente pol&iacute;tica y debe leerse desde una perspectiva sociol&oacute;gica. Utiliza la escritura como instrumento de diferenciaci&oacute;n social y de lucha para invertir la relaci&oacute;n de fuerzas entre dominantes y dominados. Se sit&uacute;a deliberadamente al lado y por debajo de la literatura tradicional para dar voz a los silenciados y ofrecer otra forma de entender el lenguaje.</p>
<p>De este modo, Annie Ernaux adopta una &ldquo;postura de escritura&rdquo;, seg&uacute;n sus propias palabras. Produce un discurso enraizado en reivindicaciones sociopol&iacute;ticas. Sus libros constituyen un verdadero escenario literario y pol&iacute;tico de enunciaci&oacute;n, un ejercicio de estilo destinado a pasar a la acci&oacute;n en lugar de permanecer confinado a una dimensi&oacute;n puramente est&eacute;tica.</p>
<p>Con todo, esa postura, lejos de ser novedosa, aunque s&iacute; subversiva, es cl&aacute;sica. El estilo deliberadamente sencillo de Annie Ernaux, alej&aacute;ndose del <em>miles dominans</em>, no hace sino adaptarse a la forma de hablar adecuada al estilo medio (<em>agricola</em>) o al sencillo (p<em>astor octiosus</em>, algo que ya hiciera Du Bellay en el Renacimiento.</p>
<p>Pero la lengua ernaldiana no se ci&ntilde;e a un estilo, por iconoclasta que sea, sino que se fundamenta, tambi&eacute;n, de manera ret&oacute;ricamente equilibrada, en una tem&aacute;tica abordada que se aleja de los temas heteropatriarcales de la literatura tradicional, masculina y clasista. Ya nos hemos referido a la tem&aacute;tica popular, al lugar excepcional que ocupan temas supuestamente triviales como los medios de transporte o los espacios comerciales. Pero tambi&eacute;n est&aacute;n, y, sobre todo, priorizados, esos temas considerados vulgares y que sin embargo son esenciales en el universo reivindicado por Ernaux: la sociabilidad popular en torno a una mesa rige las escenas de <em>Los armarios vac&iacute;os</em> y tambi&eacute;n de <em>Los a&ntilde;os</em>, y el sexo, desde su descubrimiento en la infancia y la adolescencia, hasta su prioridad en la edad adulta, marca pr&aacute;cticamente todas las obras publicadas por Ernaux entre ambos libros.</p>
<p>Y, soldando esas relaciones entre familiares, amigos y amantes, est&aacute; esa cultura popular que florece con el mismo orgullo y a la misma altura que todas las referencias literarias cultas que tambi&eacute;n sabe hacer suyas la autora: los anuncios de la radio y de la tele, las novelas por entregas, las canciones populares, las pel&iacute;culas destinadas al gran p&uacute;blico, salpican y colorean un relato que, gracias a ello, se convierte en familiar para un lector, una lectora, que, gracias a ello, recuerda, empatiza, asume, se asume.</p>
<p>Y en esta constelaci&oacute;n de diversidad cultural popular, la imagen, l&oacute;gicamente, adquiere una importancia especial. Si la foto juega un papel semejante al del diario personal en Ernaux, llev&aacute;ndola a recordar sensaciones y sentimientos de a&ntilde;os pasados, esas im&aacute;genes sirven igualmente para que el lector o la lectora se retrotraiga a esos a&ntilde;os de su infancia, de la de sus padres o de sus abuelos donde esas caras, esos cuerpos se transforman en reminiscencias de los cinco sentidos s&uacute;bitamente despertados.</p>
<p>En suma, Annie Ernaux, autora original, &uacute;nica, escribe en un estilo infraliterario que es a la vez sociol&oacute;gico, pol&iacute;tico e hist&oacute;rico. Su escritura est&aacute; determinada por figuras microestructurales que luego influyen en el modo de enunciaci&oacute;n total de la narraci&oacute;n. Por consiguiente, los elementos ret&oacute;ricos deben estar siempre vinculados a un contexto metatextual m&aacute;s amplio.</p>
<p>No obstante, como su estilo ha ido depur&aacute;ndose al cabo de los a&ntilde;os, tambi&eacute;n lo ha hecho su lengua. De un registro fundamentalmente popular trufado de idiotismos propios de ese nivel de lenguaje, con una puntuaci&oacute;n escasa, al l&iacute;mite de la simulaci&oacute;n de una oralidad usual rayana en la trivialidad, el estilo ernaldiano ha pasado a una concisi&oacute;n m&aacute;s sobria, de frases m&aacute;s breves, a menudo contenidas en enumeraciones, para evitar toda jerarqu&iacute;a tem&aacute;tica pero tambi&eacute;n ling&uuml;&iacute;stica, de donde se eliminan las may&uacute;sculas, en un acto escritural casi simb&oacute;lico. As&iacute;, ha ido pasando de un sociolecto a una lengua suya, propia, estilizada, con un origen popular, ciertamente, pero que ha evolucionado hasta un lenguaje autorial caracter&iacute;stico de ella, con un refinamiento que ha acabado superando el burdo y trasnochado refinamiento de la literatura m&aacute;s tradicional y convencional.</p>
<p>Y todo ello contemplado por la autora como un riesgo vital, un desaf&iacute;o, porque, para Annie Ernaux, la escritura solo puede ser utilizada como un cuchillo (<em>La escritura como un cuchillo</em>, con Fr&eacute;d&eacute;ric-Yves Jeannet, Cabaret Voltaire, 2023).</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 18 Mar 2024 06:13:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA rendirá un homenaje internacional a Franz Kafka]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-rendira-un-homenaje-internacional-a-franz-kafka/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2024/TURIA_149-150_PORTADA_500_px_1.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con esta iniciativa, TURIA quiere contribuir al fomento de la lectura de la obra de Kafka en un a&ntilde;o muy especial. Porque, en este 2024, se cumple el centenario de la muerte de uno de los m&aacute;s grandes e indiscutibles nombres propios de la literatura universal. Por eso TURIA le ha dedicado un espectacular monogr&aacute;fico internacional que re&uacute;ne a los mejores escritores y expertos en su obra. Un total de 15 autores espa&ntilde;oles, alemanes, austr&iacute;acos y checos, publican 150 p&aacute;ginas de textos in&eacute;ditos que van a permitir conocer m&aacute;s y mejor la genialidad creativa de Franz Kafka.&nbsp;</p>
<p>El sumario que ofrecer&aacute; TURIA resulta muy atractivo tanto para los buenos lectores como para aquellos que quieran descubrir hoy las claves de la obra de Kafka, su vigencia e inter&eacute;s. Coordinado por la profesora Isabel Hern&aacute;ndez, catedr&aacute;tica de Filolog&iacute;a Alemana y Eslava de la Universidad Complutense, entre los autores que participan sobresale la presencia de la escritora austr&iacute;aca Elfriede Jelinek, Premio Nobel de Literatura en 2004. Algo l&oacute;gico por cuanto, para ella, &ldquo;Kafka es un autor de emoci&oacute;n extrema&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>De igual relevancia es la presencia en el sumario de TURIA del escritor y editor alem&aacute;n Reiner Stach, el mayor experto mundial en Kafka, al que dedic&oacute; como editor unos cuantos a&ntilde;os de su vida para publicar la versi&oacute;n definitiva de sus obras completas en Alemania. Con posterioridad, Stach consagrar&iacute;a toda una d&eacute;cada a la escritura de las tres entregas de una extraordinaria y rigurosa biograf&iacute;a. Buena prueba de su excepcional conocimiento del universo kafkiano es el original art&iacute;culo que publica en TURIA sobre &ldquo;Los animales parlantes de Kafka&rdquo;.<strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>KAFKA, UN AUTOR M&Aacute;S ALL&Aacute; DE LAS MODAS</strong><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Franz&nbsp; Kafka (1883-1924) tuvo una vida breve pero intensa. Es, adem&aacute;s, un claro ejemplo de mestizaje cultural: aunque nacido en Praga, se le puede considerar como un autor jud&iacute;o bohemio de lengua alemana que muri&oacute; en le sanatorio austr&iacute;aco de Kierling, v&iacute;ctima de la tuberculosis y cuando s&oacute;lo ten&iacute;a 41 a&ntilde;os.</p>
<p>En el homenaje y reivindicaci&oacute;n que TURIA realiza de la figura y la obra de Franz Kafka se publican textos in&eacute;ditos de gran valor tanto por lo que se dice en ellos como por la relevante personalidad de sus autores y su contrastada vinculaci&oacute;n al estudio interpretativo de la obra de un creador que nunca permite la indiferencia.</p>
<p>En el art&iacute;culo que abre el monogr&aacute;fico, y bajo el revelador t&iacute;tulo de &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n era Franz Kafka?&rdquo;, Isabel Hern&aacute;ndez, se nos dice: &ldquo;el mundo literario de Franz Kafka ha adquirido a d&iacute;a de hoy tal magnitud que el nombre de su autor se ha desligado de la persona y se ha independizado de los escritos hasta el punto de conseguir preformar nuestras interpretaciones de la realidad y nuestros modelos de percepci&oacute;n abusando de &eacute;l hasta convertirlo en un adjetivo, "kafkiano", que el diccionario de la Real Academia define como calificador de una situaci&oacute;n absurda o angustiosa. El autor y su mundo han saltado, pues, las barreras de lo literario para entrar en nuestra vida cotidiana en el marco del absurdo y la angustia, algo verdadera y asombrosamente calificable como aut&eacute;nticamente kafkiano, pues su vida cotidiana fue, sin m&aacute;s, el eje en torno al que gir&oacute; en verdad toda su escritura&rdquo;.</p>
<p>Otra de las contribuciones m&aacute;s notables es la que realiza Luis Landero, uno de los m&aacute;s confesos admiradores de Kafka entre los escritores espa&ntilde;oles. En TURIA, Landero reconoce su devoci&oacute;n por el autor de libros como <em>El proceso</em> o <em>El castillo</em>, por el creador de personajes tan singulares como Gregorio Samsa, m&iacute;tico protagonista de <em>La metamorfosis</em>: &ldquo;Yo solo soy un lector curioso, y bien s&eacute; que lo que digo no es nuevo, y este es otro motivo de estupor. No hay autor del siglo XX m&aacute;s estudiado y comentado que Kafka. Dir&iacute;ase que todo est&aacute; ya dicho sobre &eacute;l. Y, sin embargo, ah&iacute; sigue, tan misterioso, tan inaccesible y seductor e intacto como siempre. Como el mensajero imperial, que nunca llegar&aacute; a su destino, tampoco nosotros, sus lectores, los curiosos y los ex&eacute;getas, lograremos desvelar nunca el enigma insondable de las historias que nos cuenta. Es m&aacute;s, a veces da la impresi&oacute;n de que cualquier acercamiento cr&iacute;tico o filos&oacute;fico a su obra, aun siendo un homenaje, la empobrece y profana. Dentro de muchos siglos, cuando del XX apenas quede nada en la memoria colectiva, y especulando acerca de qui&eacute;nes representar&aacute;n para entonces la esencia cultural de nuestra &eacute;poca, uno piensa en Einstein, en Picasso, en Chaplin&hellip;, y en cuanto a la literatura, no tengo dudas de que ser&aacute; Kafka quien hablar&aacute; por nosotros y dar&aacute; testimonio de nuestro paso por el mundo&rdquo;.</p>
<p>Entre las aportaciones internacionales sobre Kafka, tambi&eacute;n publica TURIA un art&iacute;culo de Felix Philipp Ingold, uno de los grandes autores, periodistas culturales, traductores y profesores suizos de lengua alemana. Otro reputado experto&nbsp; en Kafka es el &nbsp;germanista Michael Braun, director del departamento de literatura de la Fundaci&oacute;n Konrad Adenauer. La literatura checa tiene en el monogr&aacute;fico de la revista una representaci&oacute;n muy representativa: la de Mark&eacute;ta Malisov&aacute;, directora del Centro Franz Kafka de Praga. Por otra parte, la n&oacute;mina de autores austr&iacute;acos la completa Leopold Federmair, que desde 2002 reside en Jap&oacute;n, impartiendo clases en la Universidad de Hirosima y realizando una gran labor como escritor, traductor y cr&iacute;tico literario.</p>
<p>Respecto a la presencia espa&ntilde;ola en este sugerente asedio creativo y cr&iacute;tico a Franz Kafka se&ntilde;alar, adem&aacute;s de los ya citados, tambien la presencia de escritores como Gonzalo Hidalgo Bayal, Berta V&iacute;as Mahou y Diego Moldes; de cr&iacute;ticos como Ignacio Echevarr&iacute;a, de traductores como Adan Kovacsis y de profesores universitarios como: Carlos Fortea, Marisa Siguan, Carmen G&oacute;mez Garc&iacute;a, &Aacute;lvaro de la Rica, Elisa Mart&iacute;nez Salazar y Javier S&aacute;nchez Zapatero.&nbsp;</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>LA REVISTA CULTURAL &ldquo;TURIA&rdquo;: M&Aacute;S DE 40 A&Ntilde;OS DE TRAYECTORIA</strong></p>
<p><strong></strong>Fundada en 1983, TURIA ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia y ha situado a Teruel en el mapa literario en espa&ntilde;ol, gracias a su difusi&oacute;n nacional e internacional por suscripci&oacute;n. Su surgimiento y consolidaci&oacute;n demuestra que es posible&nbsp; hacer cultura universal desde cualquier lugar, siempre que se trabaje con rigor, libertad y capacidad de integraci&oacute;n. Buena prueba de ello es que, en sus m&aacute;s de 40 a&ntilde;os de trayectoria, ha publicado a un n&uacute;mero superior a los 1.500 autores y un total de 45.500 p&aacute;ginas de textos siempre in&eacute;ditos, pues todo el material que se edita por la revista tiene que ser original. Un requisito, que junto a la permanente exigencia de calidad literaria, define a TURIA.</p>
<p>Como reconocimiento a su labor, la revista obtuvo en 2002 el Premio Nacional al Fomento de la Lectura otorgado por el Gobierno de Espa&ntilde;a &ldquo;por su vocaci&oacute;n de apertura a la cultura universal y como ejemplo del esfuerzo de las revistas culturales para el fomento de la lectura&rdquo;. Adem&aacute;s, el pasado a&ntilde;o, el Gobierno de Arag&oacute;n le concedi&oacute; a TURIA su m&aacute;xima distinci&oacute;n institucional, el Premio Arag&oacute;n 2023, por haberse &ldquo;convertido en un elemento simb&oacute;lico para la cultura aragonesa contempor&aacute;nea, en proyecto esencial de las letras espa&ntilde;olas en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas&rdquo;, adem&aacute;s de ser una plataforma de publicaci&oacute;n &ldquo;valorada para autores noveles y consagrados&rdquo; y un &ldquo;ejemplo de proyecci&oacute;n universal desde lo local&rdquo;.</p>
<p>Desde hace once a&ntilde;os, la revista TURIA compatibiliza su tradicional versi&oacute;n en papel con otra en formato digital. Tanto la web como su p&aacute;gina en Facebook ofrecen gratuitamente y en abierto una selecci&oacute;n de textos procedentes de la edici&oacute;n en papel y otros contenidos escritos directamente para ser le&iacute;dos s&oacute;lo en soporte digital. Mientras que la web consigue un promedio de 7.000 lectores mensuales, y es tambi&eacute;n tienda virtual desde la que resulta f&aacute;cil y r&aacute;pido adquirir los ejemplares en papel, en Facebook la revista cuenta con 13.600 seguidores.</p>
<p>El perfil de sus lectores nos informa de que se tratan por igual tanto de hombres como de mujeres, con edades comprendidas mayoritariamente entre los 35 y los 64 a&ntilde;os.</p>
<p>TURIA es una revista editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel. Para su financiaci&oacute;n cuenta, adem&aacute;s de con el apoyo de su entidad editora y de sus suscriptores, con el patrocinio de la Caja Rural de Teruel, del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este monogr&aacute;fico Kafka ha sido posible gracias a la financiaci&oacute;n del Foro Cultural de Austria, de la fundaci&oacute;n alemana S. Fischer y de la Universidad Complutense de Madrid.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>MARTA SANZ, UNA PRESENCIA CONSTANTE EN TURIA</strong></p>
<p><strong></strong>Marta Sanz, una de las autoras espa&ntilde;olas actuales m&aacute;s apreciadas por los lectores y la cr&iacute;tica, se encuentra muy vinculada a la trayectoria de la revista. De ah&iacute; que no resulte extra&ntilde;o que sea la encargada de dar a conocer, el pr&oacute;ximo d&iacute;a 16 de abril, el monogr&aacute;fico Kafka de TURIA en el sal&oacute;n de actos de la Biblioteca Nacional de Espa&ntilde;a.</p>
<p>Se da la circunstancia de que Marta Sanz, no s&oacute;lo ha colaborado con textos in&eacute;ditos en innumerables ocasiones, sino que varios de sus libros han sido objeto de un cuidadoso an&aacute;lisis cr&iacute;tico. Singular inter&eacute;s para conocer mejor su personalidad y su obra literaria y ensay&iacute;stica es la amplia conversaci&oacute;n exclusiva que se public&oacute; en&nbsp; el n&uacute;mero 133-134 de TURIA, en 2020.</p>
<p>Gracias a dicha entrevista a fondo, conocemos m&aacute;s y mejor a una mujer en la que la fragilidad de su apariencia f&iacute;sica contrasta con la solidez de sus ideas. Porque Sanz ha ido levantando una obra en la que la poes&iacute;a, la narrativa y el ensayo nos muestran su capacidad para contar lo que quiere contar. Y es que su literatura corre en paralelo a lo que observa, a lo que vive, a lo que intuye que se avecina.</p>
<p>Marta Sanz reconoc&iacute;a en dicha entrevista que para ella la escritura es una necesidad: &ldquo;Yo no s&eacute; lo que es la p&aacute;gina en blanco y tengo unas ganas constantes de contar cosas. Esto probablemente es as&iacute; porque siempre tengo las ventanas abiertas&rdquo;. Inquieta, perfeccionista y meticulosa, la autora de <em>Monstruas y centauras</em>, nos confesar&aacute;: &ldquo;siempre he tenido muy claro que si quer&iacute;a desarrollar una obra literaria necesitaba persistencia, disciplina y much&iacute;sima voluntad&rdquo;.</p>
<p>Preguntada por el origen de esa energ&iacute;a, de ese tes&oacute;n, Sanz confiesa que &ldquo;siempre fui una ni&ntilde;a bastante precoz y esto ten&iacute;a que ver con mis padres. Ambos eran dos personas involucradas en todo lo que tiene que ver con la cultura y con la pol&iacute;tica&rdquo;. En el origen de su labor como escritora fue muy importante el paso por la Escuela de Letras de Madrid, cuando acababa de finalizar la carrera de Filolog&iacute;a: &ldquo;all&iacute; empec&eacute; a forjar mi sentido cr&iacute;tico hacia los textos&rdquo;. No en vano, para ella, &ldquo;la literatura nos ayuda a aproximarnos a los acontecimientos hist&oacute;ricos desde esa visi&oacute;n de que lo personal es pol&iacute;tico&rdquo;.</p>
<p>Otra de las contribuciones m&aacute;s relevantes de Marta Sanz a TURIA tiene que ver con ese gran narrador de nuestra &eacute;poca que fue Rafael Chirbes, el gran escritor. En el inolvidable y hoy agotado monograf&iacute;co que le dedic&oacute; la revista, Marta Sanz nos dir&aacute; a la hora de analizar su m&iacute;tico libro &ldquo;En la orilla&rdquo;. &ldquo;Como los insecticidas. Rafael Chirbes es uno de esos escritores que conserva interiorizadas en su ADN ling&uuml;&iacute;stico las solidaridades l&eacute;xicas y sus limitaciones: uno que sabe que al sustantivo &ldquo;polic&iacute;a&rdquo; le corresponde el adjetivo &ldquo;eficiente&rdquo; y no el adjetivo &ldquo;eficaz&rdquo;. Al fin y al cabo, Chirbes es de los que creen que la literatura es un oficio y, si hablamos de &ldquo;polic&iacute;as eficaces&rdquo;, o no sabemos lo que nos traemos entre manos o estamos buscando otro sentido a las combinaciones de palabras: un sentido que parta de la idea de que, en literatura, no existen dos formas distintas de decir lo mismo y cada una de esas formas es una forma que encierra una visi&oacute;n del mundo. La expresi&oacute;n &ldquo;una forma ideol&oacute;gica&rdquo; no es un ox&iacute;moron&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>FRAGMENTO DEL TEXTO IN&Eacute;DITO DE LUIS LANDERO: &ldquo;DOS NOTAS SOBRE KAFKA&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>&ldquo;(&hellip;) En Kafka, continuamente nos encontramos con la ruptura entre causa y efecto, que es el sustento&nbsp; del&nbsp; absurdo.&nbsp; (&hellip;)&nbsp; El&nbsp; estado&nbsp; de&nbsp; extra&ntilde;amiento,&nbsp; que tan dif&iacute;cil es de alcanzar para tantos artistas, en &eacute;l es lo sencillo y lo natural.</p>
<p>Extra&ntilde;amiento que tambi&eacute;n alcanza a la escritura, porque sus historias ins&oacute;litas, al borde siempre de lo irreal, pero a la vez inquietantemente familiares, est&aacute;n contadas en una prosa clara, impecable, cl&aacute;sica, l&oacute;gica, impasible, y tan puntillosa, sutil y matizada como lo es el lenguaje jur&iacute;dico, que &eacute;l conoc&iacute;a muy bien, donde todas las circunstancias, desde las m&aacute;s excepcionales hasta las m&aacute;s obvias, han de quedar registradas y esclarecidas en todas sus minucias, o como el lenguaje rab&iacute;nico, que no puede permitirse la menor imprecisi&oacute;n, para preservar la pureza y el sentido exacto del texto sagrado que glosan e interpretan. Y ese rigor l&oacute;gico de la forma, tan ilusoriamente exacto, est&aacute; al servicio de un fondo esencialmente absurdo, como si tambi&eacute;n entre ellos hubiera quedado abolida la ley de la causalidad. La cara de p&oacute;ker de Buster Keaton (puesta tambi&eacute;n al servicio de un contenido c&oacute;mico) expresa bien el estilo de Kafka. Esa discordia entre fondo y forma, que nadie que yo sepa ha utilizado de un modo tan radical antes de Kafka, es el humor m&aacute;s caracter&iacute;stico del siglo XX. Lo encontramos en las vanguardias de los a&ntilde;os 20, en Charlot, en el teatro del absurdo, o en detalles tan nimios y significativos como en las instrucciones de Cort&aacute;zar para subir una escalera, o de Tip y Coll para llenar un vaso de agua. Cuando el fondo va por un lado y la forma por otra, nos sale la risa agria e infantil propia de nuestra &eacute;poca. Es el humor de un tiempo en que, desvanecidas las creencias religiosas y la ilusi&oacute;n de un mundo coherente y seguro, perdida tambi&eacute;n la fe en las palabras, y de que todo efecto tiene su causa, y de que cada cosa est&aacute; en su sitio, queda al desnudo el formidable y angustioso absurdo de la existencia humana, y de su indefensi&oacute;n y orfandad.</p>
<p>&ldquo;(..) Quiz&aacute; el car&aacute;cter fant&aacute;stico, desrealizado, con que Kafka nos presenta su mundo, haya atenuado, y casi invisibilizado, la presencia continua, atormentada y escabrosa del sexo, que, de haber sido presentado de un modo realista y directo, lo hubiera convertido en uno de los autores m&aacute;s refinadamente licenciosos de nuestro tiempo.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 13 Mar 2024 11:13:33 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La coherencia del discurso poético de Juan Carlos Abril]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-coherencia-del-discurso-poetico-de-juan-carlos-abril/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/JUAN_CARLOS_ABRIL_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Ha sido un acierto de Juan Carlos Abril (1974) y de la editorial Pre-Textos, la publicaci&oacute;n de esta <em>Poes&iacute;a reunida (1997-2023)</em>, pues algunos libros del jienense eran inencontrables en la pr&aacute;ctica. Una cuesti&oacute;n que limitaba mucho el acercamiento al poeta y cr&iacute;tico, profesor e investigador en la &uacute;ltima poes&iacute;a espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea en sentido estricto. En efecto, su presencia constante desde esa faceta de estudioso de la poes&iacute;a hac&iacute;a olvidar las suyas, reflexivas o pensativas, atadas a un discurso obsesivo, conc&eacute;ntrico a&uacute;n en sus giros y evoluci&oacute;n, cambios de registro, y donde rememoraci&oacute;n, autognosis atormentada y soledad son elementos recurrentes, aunque no solo, ni mucho menos. Juan Carlos Abril, poeta reconocido, con mucha presencia en referencias, antolog&iacute;as y encuentros en Espa&ntilde;a e Hispanoam&eacute;rica, ten&iacute;a una presencia desigual, que se difuminaba en el sentido de que el estudioso venc&iacute;a al poeta por la ausencia f&iacute;sica de sus libros de poemas y que, en definitiva, nos hac&iacute;a llegar descompensada su aventura intelectual y art&iacute;stica. Para confirmar cuanto digo, y mientras escribo estas l&iacute;neas y leo sus versos, acaba de salir otro apetecible ensayo <em>La tercera v&iacute;a</em>. <em>La poes&iacute;a espa&ntilde;ola entre la tradici&oacute;n y la vanguardia </em>(2024), donde replantea las miradas de enfoque sobre la poes&iacute;a actual espa&ntilde;ola.</p>
<p>Son casi treinta a&ntilde;os de poes&iacute;a publicada los que hallamos aqu&iacute; reunida y, tal vez, revisada. No lo s&eacute;. Solo cuatro libros se proponen y se visten de largo, lo cual nos da idea de la rigurosidad a la que somete sus versos y al alejamiento de estar por estar en el mercado. Los dos primeros, ya digo, inencontrables, <em>Un intruso nos somete</em> (1997) y <em>El laberinto azul</em> (2001), sirven de pre&aacute;mbulo a otros m&aacute;s (re)conocidos y tambi&eacute;n en mi predilecci&oacute;n, <em>Crisis </em>(2007) y <em>En busca de una pausa</em> (2018), aunque la relaci&oacute;n con el mundo rural del primero y su agonismo fuera de t&oacute;picos e idealizaciones me seduce en muchas ocasiones en su autenticidad y saber decir(se). Esta confluencia de todos ellos en un libro ayuda a comprender la coherencia del discurso de Abril y a entender, ahora mucho mejor desde el panorama de las obras reunidas, su evoluci&oacute;n desde el poema discursivo y reflexivo hacia formas m&aacute;s breves (me refiero a los poemas de <em>Crisis</em>), al hilo de esta tendencia hoy muy presente del aforema, del poema aforismo, que en Juan Carlos Abril es, con todo, diferente, m&aacute;s amplia.&nbsp;</p>
<p>Hablar de su po&eacute;tica en verso libre es hacerlo de soledad, reconvenci&oacute;n, junto a la memoria o el amor conformadoras de una &laquo;escritura autobiogr&aacute;fica&raquo; (2024: 229) en forma de diario l&iacute;rico, autorremitente. Como tal no es un diario en sentido estricto, sino una manera de entender el yo en sus circunstancias a lo largo del tiempo, y en otra tradici&oacute;n del pionero diario en verso,<em> Iter Brundisinum </em>de Horacio, con permiso de Lucilio.&nbsp; <em>Un intruso nos somete</em> (1997) ya mostr&oacute; ese camino discursivo, todav&iacute;a no plenamente asentado en las analog&iacute;as y tropos que luego adquirieron honda sugerencia, para ense&ntilde;ar su relaci&oacute;n con el mundo rural de origen, desde una mirada ajena a la ecopoes&iacute;a, si es que existe. Las disquisiciones e inquisiciones, reflexiones, el gozo dialogan con un pasado de infancia y f&aacute;bula, de progreso dif&iacute;cil pues &laquo;tu conquista es dolor y bien lo sabes&raquo; (2024: 32), pero donde va dejando aparecer una confesi&oacute;n constante &laquo;Tambi&eacute;n yo estoy solo y sin nadie&raquo; (2024: 30). Su poes&iacute;a llena de recovecos pensativos, desemboc&oacute; en <em>El laberinto azul </em>(2001) donde con planteamientos formales parecidos dio paso al &laquo;universo carnal&raquo; (2024: 68), mientras ratific&oacute; esa soledad &laquo;ciega y salvaje&raquo; (2024: 73) que veremos constante en libros posteriores, y en algunos de sus poemas m&aacute;s atractivos, siempre con la luna al fondo, como Felipe Ben&iacute;tez Reyes, pero sin esteticismo. La memoria, la nostalgia de la vida adolescente, el im&aacute;n de &laquo;otro vac&iacute;o&raquo; (2024: 80) o &laquo;los clavos del pasado&raquo; (2024: 97), mostraron su equilibrio prendido a la autognosis pensativa de su pugna en la &laquo;oscuridad, camino, oscuridad&raquo; (2024: 101).</p>
<p>&laquo;Crisis&raquo; (2007) mostraba ya una capacidad de condensaci&oacute;n y reflexi&oacute;n, capacidad para breves y fugaces notas m&aacute;s o menos expl&iacute;citas y pl&aacute;sticas simult&aacute;neamente, veladas y sugerentes, en un libro de referencia de su saber hacer. Y siempre con ese &laquo;rumor de sombras&raquo; (2024: 139), entre &laquo;harapos d&eacute;biles de luz&raquo; (2024: 144), sobre el otro fantasma de fondo de su po&eacute;tica, &laquo;la melancol&iacute;a&raquo; (2024: 155) mientras &laquo;envejeces deprisa&raquo; (2024: 139).&nbsp; Una herida que <em>En</em> <em>busca de una pausa</em> (2018) anhelaba &laquo;recuperar los sue&ntilde;os&raquo; (2024: 169), mientras en su verso atormentado &laquo;el pasado te persigue&raquo; (2024: 185). Y es que en esa ecuaci&oacute;n autorremitente de la autognosis se sabe o se acusa en &laquo;la incapacidad de desprendernos/ del pasado, romper con nada&raquo; (2024: 177). Su &laquo;conversaci&oacute;n /inacabada&raquo; (2024: 183), sus ag&oacute;nicos &laquo;tiempos deshabitados&raquo; (2024:187), y esa emocionada reflexi&oacute;n, que esconde m&aacute;s que dice al hilo de Rimbaud parafraseado, como a veces hace con versos de otros poetas, hablan de que &eacute;l tambi&eacute;n &laquo;por delicadeza/ he perdido mi vida&raquo; (2024: 199). O as&iacute; lo siente, aunque no, auguro, para sus muchos lectores de entonces y de ahora, tras esta reuni&oacute;n de su obra. Con esa verosimilitud, si me permiten sinceridad, llegan un libro que se hac&iacute;a esperar pues no siempre en la poes&iacute;a espa&ntilde;ola, a veces tan herm&eacute;tica, a veces tan medi&aacute;tica, prima esa edad de merecer, por decirlo con una poeta de la que se espera ratifique alternativa, Berta Garc&iacute;a Faet. Si lo hace desde la edad de repensarse, y con madurez cumplida, esta entrega que finalmente nos ha regalado Juan Carlos Abril para compensar esa carencia echada en falta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Juan Carlos Abril, <em>Poes&iacute;a reunida (1997-2023)</em>, Valencia, Pre-Textos, 2024.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 06 Mar 2024 13:36:19 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El origen es el fin]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-origen-es-el-fin/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/JAIME_D._PARRA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Como cuando empieza una pel&iacute;cula y miramos a trav&eacute;s de un hueco muy peque&ntilde;o. Vemos dentro c&iacute;rculos en movimiento. De pronto uno de estos se hace m&aacute;s grande. Hay un texto. Un poema. Las palabras se ordenan caprichosamente. Con gracia. Para dar sentido a algo.</p>
<p>Voz en <em>off: </em>&ldquo;El origen es el fin./ El viaje que comienzo. Una espiral no suicida el aliento/ si se va abriendo como un sue&ntilde;o/ y se abre y se abre/ a un cuerpo mayor/ a otro cosmos/ y la imagen/ se va haciendo c&oacute;smica/ como un hombre/ una mujer/ maximxs/ Leonardo, Swedenborg y Schneider/ Un sonido se expande/ y libera/ una energ&iacute;a/ Rotkho, Skriabin/ la m&uacute;sica del universo/ esferific&aacute;ndose/ No se suicida el aliento/ respiramos desde dentro/ La espiral que se abre./ Desde su g&eacute;nesis hacia fuera. El viaje que hacemos./ Del punto a la Galaxia, al Universo./ El origen es un film.&rdquo;</p>
<p>Afuera est&aacute; el poeta. Cu&aacute;ntos sue&ntilde;os. Cu&aacute;nto camino recorrido para volver al principio. El texto es ese objeto est&eacute;tico que nos hace ver el pasado que somos. Ese tiempo que hemos escrito y descrito en met&aacute;foras latinas y rimas de autores favoritos. Nuestro inicio es lo que le da sentido a lo que ahora escribimos.</p>
<p>Jaime D. Parra ha recorrido el camino del conocimiento a la inversa. Primero intuitivamente. Escribiendo textos llenos de s&iacute;mbolos y signos para estudiarlos luego. <em>&nbsp;Contrici&oacute;n bajo los signos</em> es su primera obra po&eacute;tica. Reeditado ahora, m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s. Resurge con un dise&ntilde;o especial. En su portada aparece un poema visual espiral, de azul el&eacute;ctrico. Que nos transporta por su viaje a trav&eacute;s de contenidos y formas simb&oacute;licas, que recurren tanto al discurso narrativo, a la imagen sugerente, al verbo alucinado, como al objeto s&iacute;gnico o ir&oacute;nico, as&iacute; como a la recreaci&oacute;n de ciertos modos aplicados para una po&eacute;tica desde las ciencias, la filosof&iacute;a y el arte, hasta la poes&iacute;a; sin dejar fuera varias de las aportaciones de la moderna inform&aacute;tica.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Poes&iacute;a experimental, s&iacute;. Pero tambi&eacute;n poes&iacute;a discursiva, o ambas cosas a la vez, pues toda poes&iacute;a, como recordaba Joan Brossa, experimenta siempre.</p>
<p>En el poema &ldquo;Gen&eacute;tica y dramatismo de los n&uacute;meros&rdquo; Jaime D. Parra escribe: &ldquo;Yo el 5: nada de hoz, nada de cruz. Soy un cinco. Semiciclo. Me declaro amigo absoluto de las abejas -esas risas voladoras- y fabrico con oro dulce un poco de inteligencia. No hago la violencia.&rdquo;</p>
<p>En el &ldquo;Yo el 7&rdquo; dice &ldquo;soy como un p&eacute;talo. Florezco sobre toda calavera...&rdquo; Lo encuento cautivador.</p>
<p>Son poemas dominados por sue&ntilde;os, ilusiones y decepciones. Y recurre a las matem&aacute;ticas, los juegos y las artes con una intuici&oacute;n existencial y c&oacute;smica, que solo desde la poes&iacute;a puede disfrutarse y entenderse.</p>
<p>Larga vida al espacio circular interior.</p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em>Contrici&oacute;n bajo los signos</em>. Jaime D. Parra. Zaragoza, Libros del innombrable, 2022.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 06 Mar 2024 12:54:29 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Liberar el pensamiento hacia nuevos tiempos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/liberar-el-pensamiento-hacia-nuevos-tiempos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/BENJAM_N_LABATUT_500_px.jpg" alt="" /></p>
<div>
<p class="Cuerpo">El escritor chileno-neerland&eacute;s Benjam&iacute;n Labatut (R&oacute;terdam, 1980) publicaba a finales del pasado a&ntilde;o su &uacute;ltima novela &ldquo;Maniac&rdquo; (Anagrama, 2023), sin duda la obra m&aacute;s interesante y con la que m&aacute;s he disfrutado (y cavilado) de entre lo le&iacute;do en los &uacute;ltimos meses.</p>
<p class="Cuerpo">Labatut parece aplicarse a s&iacute; mismo el lema vital que, seg&uacute;n nos narra, guio la obra personal del f&iacute;sico austr&iacute;aco Ludwig Eduard Boltzman: &ldquo;Exp&oacute;n la verdad, escr&iacute;bela con claridad y defi&eacute;ndela hasta la muerte&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo">As&iacute;, acorde con el prop&oacute;sito, nos regala una prosa &aacute;gil, n&iacute;tida y, adem&aacute;s, contundente y amplia en su capacidad de acercar sentido al lector; componiendo un volumen que, a mi parecer, funciona tanto como relato de una &eacute;poca de transici&oacute;n cient&iacute;fica y tecnol&oacute;gica &mdash;en la que nos acerca y nos propone una imagen de los principales protagonistas en la transformaci&oacute;n del mundo que se desencaden&oacute; la pasada d&eacute;cada de los cuarenta&mdash;, pero que tambi&eacute;n funciona como gran relato de una parte significativo de la historia del pensamiento cient&iacute;fico de mediados del siglo XX, en un tiempo en el que &ldquo;la invenci&oacute;n m&aacute;s creativa de la humanidad surgi&oacute; exactamente al mismo tiempo que la m&aacute;s destructiva&rdquo;, pues tan hijos suyos son los tel&eacute;fonos m&oacute;viles como las cohetes bal&iacute;sticos y sus ojivas at&oacute;micas.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Es &eacute;ste, sin duda, un libro fuera del &ldquo;sentido com&uacute;n&rdquo; &mdash;entendi&eacute;ndolo como el coraz&oacute;n del discurso l&oacute;gico de un cierto statu quo&mdash;, pues busca generar significado fuera de &eacute;l y no s&oacute;lo nos adentra en el n&uacute;cleo filos&oacute;fico de la f&iacute;sica y la matem&aacute;tica moderna, sino que nos abre una ventana a esas mentes prodigiosas que contribuyeron al fin de la Segunda Guerra Mundial, lo que trajo el alumbramiento de la Guerra Fr&iacute;a, con todas sus tensiones y sus escaladas armament&iacute;sticas.</p>
<p class="Cuerpo">La novela, lejos de querer enunciar un relato m&iacute;tico de aquellos seres extraordinarios, nos expone abiertamente sus debilidades, sus deseos, sus motivaciones, sus proyectos visionarios o sus crisis m&aacute;s profundas. As&iacute;, m&aacute;s cerca de su humanidad, tambi&eacute;n quedamos al alcance de un cierto entendimiento mejor, con lo que nos arrastra y consigue contagiarnos de un saber al que s&oacute;lo con mucho esfuerzo y dedicaci&oacute;n habr&iacute;amos podido acceder y que encontramos aqu&iacute; recopilado, resumido, perfectamente relacionado. Benjam&iacute;n Labatut, adem&aacute;s, lo hace de una forma elegante y hermosa, pues nos propone un relato compuesto por una sucesi&oacute;n de mon&oacute;logos, con lo que acierta a llevar la modernidad de la Inteligencia Artificial al plano de la tradici&oacute;n oral, reuni&eacute;ndonos a escuchar su relato alrededor de un fuego prometeico.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Esta novela es, de alg&uacute;n modo, tambi&eacute;n un libro de aventuras, pues muestra el apasionante mundo de lo nuevo, de su ideaci&oacute;n, de su planificaci&oacute;n de su implementaci&oacute;n, de c&oacute;mo se juega la gran partida geoestrat&eacute;gica amenazando al adversario con nuevas piezas, mayores, m&aacute;s poderosas&hellip;, avanzando en el tablero abierto del go.</p>
<p class="Cuerpo">Pero es tambi&eacute;n un libro de pensamiento, pues en &eacute;l se replican ideas que fueron disruptivas y abrieron nuevos caminos de exploraci&oacute;n para una realidad que se conformaba de forma diferente al amparo de una concepci&oacute;n revolucionaria de los fen&oacute;menos f&iacute;sicos y matem&aacute;ticos; cambios tan dr&aacute;sticos como para hacer tambalearse a una generaci&oacute;n de acad&eacute;micos incapaces de seguir el paso vertiginoso de tales avances. Sin duda, tambi&eacute;n lo es por que invita a pensar, porque genera multiplicidad de cuestiones, de ideas, durante su lectura, mientras nos recuerda que &ldquo;las preguntas son la verdadera medida de un hombre&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo">Sin embargo, no todas las propuestas de reflexi&oacute;n giran alrededor de la ciencia, muy al contrario, tal vez lo m&aacute;s significativo sea el cuestionamiento de la moralidad y de los principios, del concepto de sociedad o de pareja, como tambi&eacute;n se tambalean los de cordura o de genialidad, de juego &mdash;sobre todo del juego y de sus din&aacute;micas&mdash;, de aprendizaje, de creaci&oacute;n, de genialidad; mientras nos deja asomarnos para ver los demonios que se desatan con la obsesi&oacute;n, por la soberbia o desde la necedad del academicismo que trata de conservar el saber como un mosquito dentro de una perla de &aacute;mbar y en el que se demuestra cient&iacute;ficamente que el foco del presente, normalmente, ilumina sobre todo a la mediocridad y se&ntilde;ala a los que hablan con ese sentido com&uacute;n y esos arbitrios sociales a los que siempre hay que superar con nuevos conocimientos.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Para la historia quedan libros como &eacute;ste, obras en las que podemos dialogar con tantas voces y caminar por tantas fracturas del saber establecido, ideas todas que nos alientan a pensar y a conocer m&aacute;s all&aacute; del plano cotidiano, de adentrarnos en un pensamiento m&aacute;s profundo a trav&eacute;s de esas hendijas.</p>
<p class="Cuerpo">Pero Labatut no se conforma con escribir un resumen, tan enciclop&eacute;dico como literario, de las ideas que han propiciado el presente en el que vivimos, sino que a&ntilde;ade un plano de interpretaci&oacute;n del momento actual, al prolongar aquellos hallazgos y avances tecnol&oacute;gicos &mdash;y sus consecuencias&mdash; hasta el vertiginoso desarrollo de la Inteligencia Artificial. As&iacute; el t&iacute;tulo de su novela hace referencia al proyecto M.A.N.I.A.C. I (Mathematical Analyzer, Numerical Integrator, and Computer), una de las primeras computadoras construidas secretamente en el Laboratorio Nacional de los &Aacute;lamos; una herramienta de computaci&oacute;n sin la que no podr&iacute;amos concebir los modernos ordenadores ni el mundo tecnol&oacute;gico que nos va absorbiendo y del que somos ya, casi, meros dispositivos perif&eacute;ricos. No se conforma, digo, porque su apuesta es una apuesta intelectual, sabiendo que en esta ra&iacute;z de sentido se halla tanto el cultivo de las ciencias y el hecho de entender, como la referencia la parte espiritual e incorp&oacute;rea. Por eso su apuesta, a mi juicio, busca provocar la liberaci&oacute;n del pensamiento del lector y de forma totalmente revolucionaria, nos afirma: &ldquo;Los hombres de las cavernas inventaron a los dioses [&hellip;]. No veo nada que nos impida hacer lo mismo&rdquo;. As&iacute; pues, <em>Maniac</em>, una novela que nos ofrece una lectura deliciosa, puede verse como un manual revolucionario para liberar el pensamiento hacia nuevos mitos, hacia nuevas metas, hacia nuevos tiempos.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo"><em>&nbsp;</em></p>
<p class="Cuerpo">Benjam&iacute;n Labatut. <em>Maniac</em>. Anagrama, Narrativas hisp&aacute;nicas, 2023.</p>
</div>]]></description>
      <pubDate>Wed, 06 Mar 2024 12:25:49 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La trascendencia de Ramón J. Sender (1901-1982)]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-trascendencia-de-ramon-j-sender-1901-1982/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas24/RAM_N_J._SENDER_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>En 1976 Vicente Verd&uacute; entrevistaba a Sender en <em>Cuadernos para el Di&aacute;logo</em> e inquir&iacute;a al escritor acerca de la satisfacci&oacute;n que deb&iacute;a suponerle saber que ten&iacute;a asegurada la &ldquo;supervivencia&rdquo;, es decir, la fama p&oacute;stuma como autor de obras memorables. El novelista, sin embargo, respond&iacute;a: &ldquo;Mi supervivencia me importa un comino&rdquo;. Y, con toda probabilidad, no se trataba de ning&uacute;n alarde de altivez. Sender trat&oacute; de salvarse a trav&eacute;s de la escritura, pero era el proceso de creaci&oacute;n y no el resultado lo que le insuflaba una cierta sensaci&oacute;n de trascendencia. Escrib&iacute;a, seg&uacute;n le confesaba a Marcelino Pe&ntilde;uelas, impelido por &ldquo;una obsesi&oacute;n de la que hay que librarse&rdquo;, mientras que ante la obra ya impresa se sent&iacute;a &ldquo;m&aacute;s bien culpable&rdquo;. Y pensaba: &ldquo;Deber&iacute;a haberlo hecho mejor o no deber&iacute;a haberlo escrito de ning&uacute;n modo&rdquo;.</p>
<p>Por lo mismo, el novelista se mostraba generalmente m&aacute;s complacido con el trabajo en curso o con el reci&eacute;n concluido que con los anteriores. Al poco de finalizar un texto perduraba en el autor la tensi&oacute;n creativa. Despu&eacute;s, lo asaltaban la desconfianza y la incertidumbre. Sus libros eran fruto, seg&uacute;n afirmaba, &ldquo;de una necesidad biol&oacute;gica de expresarse m&aacute;s que del deseo de hacer efecto o de levantar artificiosamente un cuadro de valores con vistas al &eacute;xito&rdquo;. Ello explica que ninguno de los intrincados episodios que le asaltaron lograra acallarlo. Si el exilio conllev&oacute; el silencio o la repetici&oacute;n fastidiosa para otros autores, Sender encontr&oacute; en el Nuevo Mundo motivos in&eacute;ditos para sus libros, ya fuese la exultante naturaleza americana (<em>Mexicayotl</em>, 1940; <em>Epitalamio del prieto Trinidad</em>, 1942), la evocaci&oacute;n de la guerra civil (<em>El rey y la reina</em>, 1948; <em>El vado</em>, 1948; <em>Mos&eacute;n Mill&aacute;n</em>, 1953) o la indagaci&oacute;n cat&aacute;rtica en la propia vida (<em>Cr&oacute;nica del alba</em>, 1942).</p>
<p>Al conmemorar el centenario del nacimiento del autor, alguien que conoc&iacute;a bien los resortes del &eacute;xito editorial, como era Rafael Conte, expresaba en las p&aacute;ginas de esta misma revista un justificado escepticismo sobre la posibilidad de que la celebraci&oacute;n lograra modificar &ldquo;el lugar que ocupa Ram&oacute;n J. Sender en la historia de Espa&ntilde;a y de su literatura&rdquo;. A su juicio, las pompas conmemorativas no alterar&iacute;an el silencio que las modas comerciales inflig&iacute;an al escritor, pero tampoco esta postergaci&oacute;n lograr&iacute;a deslucir un &aacute;pice los m&eacute;ritos de una producci&oacute;n tan extensa y variada como la suya, susceptible de numerosas lecturas e interpretaciones. En suma, Conte contemplaba una obra literaria de incuestionable val&iacute;a, pero de escaso acceso al gran p&uacute;blico. Veinte a&ntilde;os despu&eacute;s de aquel vaticinio, habr&iacute;a que concluir que no se equivocaba, aunque tampoco acertaba del todo. La percepci&oacute;n de Sender se ha modificado en aspectos relevantes en los &uacute;ltimos lustros. En este tiempo, la literatura del aragon&eacute;s ha gozado de un inter&eacute;s constante por parte de no pocos estudiosos, nuevas promociones de analistas han accedido a sus textos y la resonancia de su obra se expande por distintas partes del mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Los nuevos territorios de Ram&oacute;n J. Sender</strong></p>
<p>Ya en 2003, Jean Pierre Ressot suministraba un penetrante an&aacute;lisis de la creaci&oacute;n del autor desde la sugerente &oacute;ptica de su proclividad hacia lo grotesco, <em>Apolog&iacute;a de lo monstruoso. Una lectura de la obra de Ram&oacute;n J. Sender. </em>En este mismo a&ntilde;o, Israel Rol&oacute;n publicaba <em>Carmen Laforet, Ram&oacute;n J. Sender: puedo contar contigo, correspondencia</em>, donde afloraban deliciosos entresijos de una amistad sostenida en la admiraci&oacute;n mutua. El volumen ha sido reeditado por Destino en 2019. En 2004 aparec&iacute;an dos nuevos tratados de enjundia sobre el escritor: <em>El soldado occidental. Ram&oacute;n J. Sender en &Aacute;frica (1923-1924)</em>, de Vicente Moga, minuciosa exploraci&oacute;n de la estancia militar del futuro autor en &Aacute;frica, que tan hondas consecuencias acarrear&iacute;a para su obra, y <em>Testigo, v&iacute;ctima, profeta: los trasmundos literarios de Ram&oacute;n J. Sender</em>, del profesor &Aacute;ngel Alcal&aacute;, ambiciosa y bien fundada vista panor&aacute;mica de la obra del aragon&eacute;s. Ana Long&aacute;s publicaba en 2005 <em>Un paseo por el Tauste novelado de Ram&oacute;n J. Sender</em>, breve pero muy documentada incursi&oacute;n de lo que signific&oacute; en el futuro escritor su breve estancia (1911-1913) en esta poblaci&oacute;n de las Cinco Villas. De 2006 es la detallada revisi&oacute;n de la obra del escritor firmada por Jos&eacute; Luis Negre Carasol, <em>Aproximaci&oacute;n a la narrativa de Sender</em>. En 2007, Francisco Carrasquer entregaba una suerte de testamento de su larga y provechosa dedicaci&oacute;n reflexiva a la creaci&oacute;n de su coterr&aacute;neo: <em>Servet,</em> <em>Spinoza y Sender. Miradas de eternidad</em>. Jos&eacute; Luis Cano, en 2008, le dedicaba un n&uacute;mero de la colecci&oacute;n ilustrada Xordiqueta, en torno a personajes ilustres aragoneses, con el t&iacute;tulo de <em>Sender y sus criaturas</em>, una percepci&oacute;n desenfada y sagaz del autor. De 2009 es el ensayo de otro antiguo estudioso de nuestro autor, el profesor chileno Eduardo Godoy Gallardo, <em>Novela espa&ntilde;ola de postguerra: Ram&oacute;n J. Sender, Camilo J. Cela, exilio republicano</em>. Al a&ntilde;o siguiente, la historiadora Elvira Garc&iacute;a Arnal trataba de discernir en su <em>Gu&iacute;a de lectura: Cr&oacute;nica del alba de Ram&oacute;n J. Sender</em> entre lo que esta serie narrativa contiene de referencias hist&oacute;ricas y lo que encierra de pura imaginaci&oacute;n literaria. Tambi&eacute;n en 2010 Mar&iacute;a &Aacute;ngeles Naval publicaba <em>Cuesti&oacute;n de memoria: estudios sobre Ram&oacute;n J. Sender, Luis Cernuda y Francisco Ayala</em>. Del mismo a&ntilde;o es el <em>Diccionario de autores aragoneses contempor&aacute;neos</em> de Javier Barreiro, donde la entrada m&aacute;s extensa y detallada corresponde a nuestro escritor. En 2011, Marta Fuembuena, en <em>Turrones para Sender</em>,<em> </em>recog&iacute;a la correspondencia entre el fundador y propietario de <em>Arag&oacute;n/Expr&eacute;s</em> y el escritor. El libro se completa con un ensayo nuestro titulado &ldquo;Una maleta llena de historias. El regreso literario de Ram&oacute;n J. Sender&rsquo;. En 2012, Isabel Carabantes de las Heras y Ernesto Viamonte Lucientes dedicaban al autor una parte sustancial de su libro <em>La novela aragonesa (1973-1982)</em>. En 2019, el profesor Antonio Valmario Costa Junior publicaba en R&iacute;o de Janeiro el estudio <a href="http://biblioteca.iea.es/opac/abnetcl.exe/O7794/ID19ba7c5a/NT10?ACC=165&amp;DOC=414"><em>Entre a aus&ecirc;ncia e a presen&ccedil;a: vest&iacute;gios da essencialidade em duas arquitecturas narrativas de Ram&oacute;n J. Sender, </em>acerca de <em>Im&aacute;n y R&eacute;quiem por un campesino espa&ntilde;ol. </em></a></p>
<p>En un entorno intelectual af&iacute;n, recientemente se reimprim&iacute;a el estremecedor reportaje <em>Muerte en Zamora</em> (1990), de Ram&oacute;n Sender Baray&oacute;n, hijo del novelista y de Amparo Baray&oacute;n. Como bien se sabe, Sender Baray&oacute;n reconstru&iacute;a en estas p&aacute;ginas, veteadas de sufrimiento, la figura de su madre, fusilada en Zamora el 11 de octubre de 1936, cuando &eacute;l apenas contaba dos a&ntilde;os. El libro, recuperado por Postmetropolis en 2017, incluye ahora estudios de Paul Preston y Helen Graham, adem&aacute;s de nuevos testimonios de elevado inter&eacute;s acerca del desdichado final de Amparo. Tambi&eacute;n Manuel Sender, el hermano del novelista fusilado en Huesca en agosto de 1936, ha merecido un estudio biogr&aacute;fico, <em>Manuel Sender y el republicanismo oscense</em> (2015), a cargo del historiador Enrique Sarasa Bara.</p>
<p>A prop&oacute;sito de las ediciones cr&iacute;ticas de las obras del autor, hay que detenerse necesariamente en la colecci&oacute;n &lsquo;Larumbe. Textos Aragoneses&rsquo;, que edita Prensas de la Universidad de Zaragoza junto con el Instituto de Estudios Altoaragoneses, el Instituto de Estudios Turolenses y el Gobierno de Arag&oacute;n. Aqu&iacute; se public&oacute; ya en 2004 <em>Casas Viejas</em>, con pr&oacute;logo de Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n, edici&oacute;n de Jos&eacute; Domingo Due&ntilde;as y Antonio P&eacute;rez Lasheras y notas de Julita Cifuentes. El mismo a&ntilde;o se imprim&iacute;a <em>Siete domingos rojos</em>, de acuerdo con la versi&oacute;n original de 1932, al cuidado de Jos&eacute; Miguel Oltra, Francis Lough y Jos&eacute; Domingo Due&ntilde;as. En 2005, Larumbe insertaba en su cat&aacute;logo <em>Los cinco libros de Ariadna</em>, la pol&eacute;mica novela de 1957 donde el autor arremete contra el estalinismo, en edici&oacute;n de Patricia McDermott, m&aacute;xima especialista en los entresijos y avatares de esta serie narrativa. En 2008, se publicaba <em>Proclamaci&oacute;n de la sonrisa</em>, con edici&oacute;n de Jos&eacute; D. Due&ntilde;as, recopilaci&oacute;n muy sugerente de breves ensayos que no se hab&iacute;a vuelto a imprimir desde 1934. Francis Lough, profesor brit&aacute;nico que ha dedicado abundantes y sustanciosas p&aacute;ginas a nuestro novelista, preparaba en 2010 la edici&oacute;n de <em>La Esfera, </em>narraci&oacute;n de particular complejidad filos&oacute;fica publicada en 1947 como reelaboraci&oacute;n de <em>Proverbio de la muerte</em> (1939). Por &uacute;ltimo, y hasta la fecha, en 2015 aparec&iacute;a el <em>Teatro completo</em> de Sender, en edici&oacute;n de Manuel Aznar Soler, donde se compilan nada menos que trece piezas dram&aacute;ticas del escritor de Chalamera. En la vertiente juvenil de la misma colecci&oacute;n, &lsquo;Larumbe chicos&rsquo;, hab&iacute;a aparecido poco antes la recopilaci&oacute;n <em>Cuentos y leyendas</em> (2011), narraciones escasamente conocidas de la primera etapa del escritor, con ilustraciones de Fernando Alvira e introducci&oacute;n, edici&oacute;n y glosario de Jos&eacute; Domingo Due&ntilde;as. Tambi&eacute;n con aparato cr&iacute;tico, Stockcero publicaba <a href="http://biblioteca.iea.es/opac/abnetcl.exe/O7794/ID19ba7c5a/NT10?ACC=165&amp;DOC=361"><em>Im&aacute;n </em>(2006 y 20014), con pr&oacute;logo de Borja Rodr&iacute;guez Guti&eacute;rrez y notas de Aldolfo Campoy-Cubillo. </a></p>
<p>Por otra parte, como bien se sabe, el grueso de los libros del autor se ha publicado tradicionalmente en Destino, en virtud del manifiesto inter&eacute;s por la obra de Ram&oacute;n J. Sender de quien fuera su fundador y director hasta 1989, Jos&eacute; Verg&eacute;s. Tambi&eacute;n es conocido que Destino pertenece desde hace tiempo al Grupo Planeta y que los t&iacute;tulos senderianos no son peri&oacute;dicamente reeditados en sus colecciones. Aun as&iacute;, en Destino se han publicado tras el aniversario de 2001 <em>R&eacute;quiem por un campesino espa&ntilde;ol</em> (2003), <em>Im&aacute;n</em> (2003 y 2008), <em>Carolus Rex</em> (2004) y <em>El rey y la reina</em> (2004). Sin embargo, otros sellos se interesan peri&oacute;dicamente por las obras del autor.</p>
<p>Ya en 2003 Zanz&iacute;bar Editorial publicaba <em>Epitalamio del prieto Trinidad, </em>novela de 1942, que ya hemos mencionado. Este mismo a&ntilde;o Ediciones Irreverentes lanzaba <em>Donde crece la marihuana</em>. En 2005, el diario <em>El pa&iacute;s</em> editaba y distribu&iacute;a <em>La aventura equinoccial de Lope de Aguirre</em>. Por entonces, Virus Editorial recuperaba dos t&iacute;tulos de la etapa m&aacute;s puramente anarcosindicalista del narrador, ambos presentados por Jos&eacute; Mar&iacute;a Salguero: en 2005, <em>Siete domingos rojos</em>, que hab&iacute;a aparecido a finales de 1932, cuando el joven escritor se alejaba ya de la militancia libertaria, y en 2007, <em>O. P. Orden p&uacute;blico</em>, narraci&oacute;n original de 1931, donde el novelista refiere su breve experiencia carcelaria de 1926. <em>R&eacute;quiem por un campesino espa&ntilde;ol</em>, sin duda su t&iacute;tulo m&aacute;s universal, ha sido difundido por Espasa-Calpe (2006), con edici&oacute;n y gu&iacute;a de lectura de Enrique Turpin, <em>Heraldo de Arag&oacute;n</em> (2010), el diario <em>P&uacute;blico</em> (2010) o RBA (2012), donde forma parte de un volumen, <em>Las novelas de los perdedores</em>, prologado por Domingo R&oacute;denas, junto con <em>M&iacute;ster Witt en el Cant&oacute;n</em> e <em>Im&aacute;n</em>. La &uacute;ltima obra citada hab&iacute;a sido incluida unos a&ntilde;os antes en las colecciones de Cr&iacute;tica (2006).</p>
<p>De 2007 es la reedici&oacute;n de <em>Las criaturas saturnianas </em>publicada por Visor<em>, </em>con pr&oacute;logo de la escritora y antigua estudiosa de la literatura senderiana Julia Uceda. En 2008, Tropo Ediciones inclu&iacute;a en su cat&aacute;logo <em>&Aacute;lbum de radiograf&iacute;as secretas</em>, que no se hab&iacute;a publicado desde 1982, y, en 2010, <em>Solanar y lucernario aragon&eacute;s</em>, introducido por Ant&oacute;n Castro, recopilaci&oacute;n de las colaboraciones del autor maduro en <em>Heraldo de Arag&oacute;n</em>, que hab&iacute;a editado el propio peri&oacute;dico en 1978. Los dos t&iacute;tulos son muestras notables de la escritura h&iacute;brida del Sender de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, cuando declinaba su capacidad fabuladora, pero lograba insuflar nueva gracia a su prosa mediante una combinaci&oacute;n muy caracter&iacute;stica de evocaci&oacute;n personal, comentario period&iacute;stico, secuencias narrativas y ciertas dosis de ensayismo. La misma receta aplicaba, tambi&eacute;n con indudable acierto, en <em>Monte Odina</em>, volumen de dif&iacute;cil catalogaci&oacute;n aparecido en 1980 en la Nueva Biblioteca de Autores Aragoneses que dirig&iacute;a Jos&eacute;-Carlos Mainer para Editorial Guara, y que fue incluido en 2003 en la Biblioteca del Exilio, al cuidado de Jean-Pierre Ressot. En 2010, Montesinos reimprim&iacute;a <em>Bizancio</em>, una de las grandes novelas hist&oacute;ricas del autor. Al a&ntilde;o siguiente, la Asociaci&oacute;n de Libreros de Lance de Madrid tiraba de nuevo <em>Siete domingos rojos</em>, con pr&oacute;logo de Carlos Garc&iacute;a Alix. En 2012 aparec&iacute;a una versi&oacute;n en c&oacute;mic de <em>El fugitivo</em>, con <a href="http://biblioteca.iea.es/opac/abnetcl.exe/O7605/ID28ce6721/NT9?ACC=165&amp;DOC=183">&nbsp;guion de Hans Leuenberger y dibujo de Jaime Asensi.</a> &nbsp;De 2014 es la reedici&oacute;n de <em>T&uacute;pac Amaru</em> de Navona, con introducci&oacute;n de Lorenzo Silva.</p>
<p>La editorial aragonesa Contrase&ntilde;a, caracterizada por el esmero en la selecci&oacute;n y preparaci&oacute;n de sus t&iacute;tulos, ha lanzado ya tres obras de Sender: en 2014, <em>El bandido adolescente</em>, con pr&oacute;logo de Fernando Savater, la novela con la que el escritor regresaba editorialmente a Espa&ntilde;a en 1965; en 2016, <em>Contraataque</em>, que hab&iacute;a aparecido originalmente en 1937, ahora con estudio de Alberto Sabio; y en 2020, <em>M&iacute;ster Witt en el Cant&oacute;n</em>, con introducci&oacute;n de Jos&eacute; D. Due&ntilde;as, la novela que le hab&iacute;a procurado al escritor el Premio Nacional de Literatura en la modalidad de narrativa ya en 1935. Una nueva edici&oacute;n de <em>Viaje a la aldea del crimen</em>, el gran reportaje de 1934 sobre la matanza de Casas Viejas, sal&iacute;a en 2016 en las colecciones de Libros del Asteroide, con pr&oacute;logo de Antonio G. Maldonado. En 2017, F&oacute;rcola entregaba en cuidado volumen la cr&oacute;nica de la visita de Sender a la URSS, <em>Madrid-Mosc&uacute;. Notas de viaje, 1933-1934</em>, con estudio de Jos&eacute;-Carlos Mainer; la obra no se reeditaba desde que la Imprenta de Juan Pueyo le diera forma en 1934. Rasmia Editorial publicaba en 2018 <em>La noche de las cien cabezas</em>, con pr&oacute;logo de Jos&eacute; Luis Calvo Carilla; una narraci&oacute;n entre social y expresionista que no hab&iacute;a sido publicada desde que apareciera en 1934.</p>
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<p><strong>La esforzada difusi&oacute;n de una obra ingente</strong></p>
<p>Con lo ya expuesto cabe pensar que las meritorias conmemoraciones de hace veinte a&ntilde;os lograron, pues, sus prop&oacute;sitos: alertar de la importancia de una obra no demasiado atendida, atraer las miradas de nuevos lectores hacia un autor de desigual fama p&oacute;stuma. Por otra parte, si la conmemoraci&oacute;n del centenario mostr&oacute; un explicable talante local -la mayor parte de las iniciativas surgieron en el marco territorial de Arag&oacute;n-, con el tiempo la obra senderiana propaga su brillo en lugares muy dispares. En este cometido se identifican hoy dos focos de particular pujanza: el Instituto de Estudios Altoaragoneses (Diputaci&oacute;n de Huesca), que da cobijo desde hace veinte a&ntilde;os al Centro de Estudios Senderianos, y el hispanismo italiano, donde ha ejercido su vida acad&eacute;mica la profesora Donatella Pini y ha sembrado con singular provecho su querencia por la obra del escritor.</p>
<p>Con el fin de dar continuidad al grandioso esfuerzo del Instituto de Estudios Altoaragoneses en la conmemoraci&oacute;n de 2001, el Centro de Estudios Senderianos, dirigido en un principio por quien firma este art&iacute;culo y desde 2016 por Luis G&oacute;mez Cald&uacute;, acord&oacute; convocar anualmente una conferencia sobre Sender, su obra o su tiempo. Se pens&oacute; entonces que la disertaci&oacute;n deber&iacute;a correr a cargo preferentemente de escritores. De esta manera se pretend&iacute;a propiciar un di&aacute;logo entre creadores, se procuraba que autores en activo escrutaran lo que la producci&oacute;n de Sender pudiera significar para la suya. As&iacute;, desde 2002 han concurrido en este empe&ntilde;o Eduardo Haro Tecglen, Andr&eacute;s Trapiello, Lorenzo Silva, Ian Gibson, F&eacute;lix Romeo, Carlos Fonseca, Benjam&iacute;n Prado, Ant&oacute;n Castro, Santos Juli&aacute;, Agust&iacute;n S&aacute;nchez Vidal, Daniel Gasc&oacute;n, Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n, Sergio del Molino, Eloy Fern&aacute;ndez Clemente, Luis Garc&iacute;a Montero, Irene Vallejo, etc. En no pocos casos, las intervenciones han quedado recogidas en las p&aacute;ginas del <em>Bolet&iacute;n senderiano</em>, que se edita como encarte de la revista <em>Alazet. </em>De esta forma, han sido objeto de an&aacute;lisis la faceta period&iacute;stica del autor, el exilio, las incursiones africanas de sus novelas, su posicionamiento como intelectual en los a&ntilde;os treinta, una cierta proclividad hacia el juda&iacute;smo en algunos relatos, la relaci&oacute;n de su obra con el cine, los pormenores de su regreso a Espa&ntilde;a en 1974, el singular acierto de varios t&iacute;tulos (<em>&Aacute;lbum de radiograf&iacute;as secretas</em>, <em>El bandido adolescente</em>,), etc.</p>
<p>Si revisamos la sucesi&oacute;n de tesis doctorales sobre el autor en estos a&ntilde;os, as&iacute; como las traducciones de sus libros constatamos la mencionada preeminencia de las universidades italianas, aunque tambi&eacute;n la condici&oacute;n universal que va conquistando el escritor altoaragon&eacute;s. Ya en 2003 Elisa de Bortol defend&iacute;a su trabajo <em>Un juego de espejos: El rey y la reina, de Ram&oacute;n J. Sender</em> en la Universidad de Venecia<em>.</em> En 2005, en la Universidad de Giorgia, Dorothy Kelly Wheatley ofrec&iacute;a su estudio <a href="http://biblioteca.iea.es/opac/abnetcl.exe/O7794/ID19ba7c5a/NT10?ACC=165&amp;DOC=425"><em>Contraataque and R&eacute;quiem por un campesino espa&ntilde;ol: two Spanish Civil War novels by Ram&oacute;n J. Sender</em></a>. Giorgio Bolleta<em> </em>se doctoraba en la Universidad de Perugia en 2007 con la tesis<em> La a-topia en la obra de Sender: El lugar de un hombre trasladada al italiano.</em> En el mismo a&ntilde;o,<em> </em>Michele Fonseca conclu&iacute;a su estudio <em>Dois textos, um conflito, um h&eacute;roi: leittura de R&eacute;quiem por un campesino espa&ntilde;ol de Ram&oacute;n J. Sender</em> en la Universidad Federal Fluminense de Brasil. De 1980 data la aportaci&oacute;n de Jess M. Boersma titulada <em>Combating the modern state: war and literatura as weak dialectic in Gald&oacute;s, Sender, Sempr&uacute;n and Goytisolo</em>, aunque no fue publicada hasta 2008 por la Universidad de Michigan. Bajo la direcci&oacute;n de Francisco Caudet, Mar&iacute;a Lourdes N&uacute;&ntilde;ez defend&iacute;a tambi&eacute;n en 2008, en la Universidad Aut&oacute;noma de Madrid, su investigaci&oacute;n <em>La concepci&oacute;n antropol&oacute;gica-social en la obra narrativa de Ram&oacute;n J. Sender (1939-1953)</em>. El mismo a&ntilde;o, Ignacio V&aacute;zquez Molin&iacute; presentaba en la Universidad Nacional de Educaci&oacute;n a Distancia (UNED) <em>La memoria del desastre (1921): las principales narraciones de &Aacute;frica como fuente hist&oacute;rica</em>, donde se ocupaba por extenso de <em>Im&aacute;n</em>. De nuevo una universidad italiana, ahora la de Mil&aacute;n, era el marco donde Mauro Fradegalli ultimaba su investigaci&oacute;n, <em>La narrativa western dall&acute;America all&acute;Europa: L&acute;esperienza spagnola </em>(2011), donde analiza, entre otras novelas, <em>El bandido adolescente</em>. Dos indagaciones recientes se han ocupado de <em>La tesis de Nancy</em>: en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, en 2013, Mona Helmchen conclu&iacute;a <em>Procesos de autorreflexi&oacute;n sobre la traducci&oacute;n de La tesis de Nancy, de Ram&oacute;n J. Sender al alem&aacute;n: un comentario cr&iacute;tico</em> (&hellip;). Poco despu&eacute;s, en 2016 y en la UNED, Francisco A. Folgueiras, con <em>Interlenguaje y extranjerismos en el marco de la traducci&oacute;n fabulada en La tesis de Nancy, de Ram&oacute;n J. Sender</em>, se centraba tambi&eacute;n en los problemas de traducci&oacute;n que se desprenden de esta narraci&oacute;n. Asimismo, en 2016, el ya citado profesor Antonio Valmario Costa Junior defend&iacute;a en la Universidad Federal Fluminense la tesis <em>Soy una rutina: matrizes da guerra civil espa&ntilde;ola nos cotidianos ficcionais de Im&aacute;n, de Ram&oacute;n J. Sender.</em></p>
<p><em></em>Tampoco han escaseado las traducciones de los t&iacute;tulos del autor en este tiempo. As&iacute;, la novela <em>R&eacute;quiem por un campesino espa&ntilde;ol</em> ha sido trasladada al ingl&eacute;s (2007) por Graham Whittaker, para la colecci&oacute;n Cl&aacute;sicos Hisp&aacute;nicos de Oxford; al portugu&eacute;s (2007), a cargo de Jos&eacute; Viale Moutinho, para la editorial Campo das Letras de Lisboa; al franc&eacute;s (2010), junto con <em>El vado</em>, a cuenta de J. P. Cortada y J. P. Ressot, para la editorial Attila de Par&iacute;s; un sello que ha propiciado adem&aacute;s las traducciones de <em>El rey y la reina</em> (2009), a cargo de Emmanuel Robles; <em>El lugar de un hombre</em> (2011), <em>El fugitivo</em> (2011), con estudio de Donatella Pini, y <em>O. P. (Ordre Public)</em> (2016), con ep&iacute;logo de Elsa Pierrot, traducidas todas ellas por Claude Bleton. Menci&oacute;n especial requiere la primera traslaci&oacute;n de <em>R&eacute;quiem por un campesino espa&ntilde;ol</em> al &aacute;rabe (2014), a cargo de la profesora tunecina Meimouna Haches Khabou. Anthony Trippet, antiguo conocido en el terreno de los estudios senderianos, traduc&iacute;a al ingl&eacute;s el primer tomo de <em>Cr&oacute;nica del alba</em> (2013), en edici&oacute;n anotada para la Manchester University Press. Al italiano se han volcado <em>El rey y la reina</em> (2011), con estudio de Donatella Pini y traducci&oacute;n de Graziella Fantini; <em>El lugar de un hombre</em> (2014), con prefacio de Rita Imperatori y traducida por Giorgio Bolleta; <em>Las gallinas de Cervantes</em> (2016), en traducci&oacute;n de Donatella Pini; <em>El fugitivo</em> (2018), con estudio y traducci&oacute;n de Federica Capelli; quien ya hab&iacute;a trasladado al italiano cuentos de Sender (2008) as&iacute; como la colecci&oacute;n <em>Relatos fronterizos</em> (2014), para Edizioni ETS, de Pisa.</p>
<p>No cabe en estas p&aacute;ginas una relaci&oacute;n detallada de las indagaciones recientes que ha merecido el autor en revistas y libros colectivos. Baste se&ntilde;alar que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os se ha ampliado su obra conocida mediante la recuperaci&oacute;n de cartas o de contribuciones de juventud. As&iacute;, Javier Barreiro difund&iacute;a en las p&aacute;ginas de esta misma revista (2016) un relato de diciembre de 1916, cuando Sender ten&iacute;a solo quince a&ntilde;os, titulado &ldquo;Eco monta&ntilde;&eacute;s&rdquo; e insertado en el diario madrile&ntilde;o <em>Los comentarios</em>, &ldquo;el primer texto -en palabras de Barreiro- de Sender publicado en Madrid&rdquo;. El mismo estudioso localizaba (2014, 2016) varias aportaciones del joven escritor como guionista de la serie &ldquo;Infancia y juventud de Cocoliche y Tragavientos&rdquo;, publicada en la revista barcelonesa <em>Charlot. Semanario festivo</em>, entre 1917 y 1918. Poco despu&eacute;s, Pedro Miana completaba las referencias de la contribuci&oacute;n del jovenc&iacute;simo escritor a esta misma revista. Tambi&eacute;n recientemente Jos&eacute; Luis Melero (2018) daba noticias de una novela desconocida del autor, <em>Napolitana</em> (1916, 1917), a la vez que animaba a emprender las indagaciones necesarias para su recuperaci&oacute;n.</p>
<p>El <em>Bolet&iacute;n senderiano</em>, del Instituto de Estudios Altoaragoneses, y <em>Orillas. Rivista d&acute;ispanistica, </em>de la Universidad de Padua, son desde hace tiempo los principales epicentros de difusi&oacute;n de las investigaciones sobre el autor. Del <em>Bolet&iacute;n senderiano </em>hay que mencionar aportaciones recientes de inter&eacute;s a cargo de Juan Dom&iacute;nguez Lasierra, Ana Mart&iacute;nez Garc&iacute;a, Mauro Fradegadi, Aurora Smerghetto, Gabriele Bizzarri, Luis A. Esteve, Pol Mad&iacute; Besal&uacute;, etc., sin que falten contribuciones provenientes de lugares bien distantes, as&iacute; las de Abdelaal Saleh (Universidad de Minaya, Egipto) o las de Jinmei Chen (Beijing Language and Culture University). En <em>Orillas</em> se han ocupado de Sender en los &uacute;ltimos a&ntilde;os Ilaria Loro, Maura Rossi, Federica Capelli, Donatella Pini o Angela Moro.</p>
<p>En suma, de este c&uacute;mulo de referencias parece inferirse que la producci&oacute;n senderiana ha accedido finalmente a una nueva etapa de sereno conocimiento y de profusa divulgaci&oacute;n; un periodo que presagia una consideraci&oacute;n consolidada y firme que hasta hace poco se le negaba al autor. Claro que la solidez y la capacidad de sugerencia de su obra dejan escaso margen para la duda.</p>
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      <pubDate>Fri, 01 Mar 2024 10:29:57 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Santiago Alba Rico: “Los humanos tenemos infancias tan largas que nos morimos sin alcanzar la mayoría de edad”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/santiago-alba-rico-los-humanos-tenemos-infancias-tan-largas-que-nos-morimos-sin-alcanzar-la-mayoria-de-edad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/SANTIAGO_ALBA_RICO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>&ldquo;</em>De la moral terrestre entre las nubes&rdquo; es el t&iacute;tulo de una pieza que Santiago Alba Rico (Madrid, 1960) public&oacute; en &ldquo;CTXT&rdquo; en marzo de 2021. En ella se concita buena parte del universo tem&aacute;tico del fil&oacute;sofo: cine, literatura, marxismo, conflicto de identidades, moral, corporeidad, conciencia, la justicia de los vencedores&hellip; ahora, con ese mismo ep&iacute;grafe, la editorial Pepitas de calabaza acaba de publicar una antolog&iacute;a de ensayos breves del madrile&ntilde;o, con el que conversamos a prop&oacute;sito de algunos asuntos que analiza en esas p&aacute;ginas.</p>
<p>En la d&eacute;cada de 1980 fue guionista del m&iacute;tico programa de televisi&oacute;n &ldquo;La bola de cristal&rdquo; y ha publicado varias decenas de ensayos sobre pol&iacute;tica, filosof&iacute;a y literatura, as&iacute; como tres cuentos para ni&ntilde;os y una obra de teatro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- En algunas de las cuestiones en las que usted repara en sus art&iacute;culos (pienso ahora en la belleza de lo grande y lo peque&ntilde;o) no toma partido. &iquest;C&oacute;mo saber cu&aacute;ndo uno ha de significarse, ante qu&eacute; cuestiones ha de hacerlo?</p>
<p>-<strong> </strong>Respecto de lo grande y lo peque&ntilde;o no cabe tomar partido, salvo para que las cosas grandes sigan siendo grandes y las peque&ntilde;as, peque&ntilde;as. Queremos monta&ntilde;as grandes y alfileres peque&ntilde;os: una monta&ntilde;a peque&ntilde;a es una arruga; un alfiler gigante es una espada. Respetar las escalas forma parte de la ecolog&iacute;a del mundo. En cuanto a otras cuestiones, es inevitable acabar teniendo una postura. Pero aqu&iacute; incidir&iacute;a en este &ldquo;acabar teniendo&rdquo;. Probablemente todos tenemos una tomada de antemano y cedemos sin darnos cuenta a los sesgos de confirmaci&oacute;n, pero hay objetos te&oacute;ricos cuya complejidad es tan grande (pienso, por ejemplo, en la tecnolog&iacute;a, muy tratada en mi libro) que exigen un trabajo previo de argumentaci&oacute;n y pensamiento elaborados. Se debe empezar por el conocimiento y acabar por la postura o la toma de partido; en nuestra sociedad polarizada y tecnologizada ocurre cada vez m&aacute;s lo contrario: nos sentimos obligados a tener una postura antes siquiera de tener una opini&oacute;n o incluso informaci&oacute;n. Hay que empezar por el conocimiento, digo, y acabar por la postura, salvo en un caso, los derechos humanos, donde la toma de partido es imperativa y previa a cualquier argumento; de hecho, cuando alguien argumenta en este terreno suele hacerlo siempre contra ellos.</p>
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<p><strong>&ldquo;La fantas&iacute;a es a&eacute;rea y jer&aacute;rquica; la imaginaci&oacute;n terrestre e igualitaria&rdquo;</strong></p>
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<p>- Si &ldquo;la imaginaci&oacute;n mide y la fantas&iacute;a calcula&rdquo;, &iquest;podr&iacute;a decirse que la fantas&iacute;a es alienante?</p>
<p>- Es enga&ntilde;osa y potencialmente peligrosa. Si no tiene poder, se vuelve insolidaria; si lo tiene, destructiva. Le pondr&eacute; un ejemplo de fantas&iacute;a sin poder y otro de fantas&iacute;a con poder. El primero: frente a un anciano vencido por la edad, encorvado, tembloroso, aquejado de Alzheimer, podemos escoger uno de estos dos caminos: dejarnos llevar por la fantas&iacute;a de creer que eso no nos pasar&aacute; nunca a nosotros o activar la imaginaci&oacute;n y ponernos en ese lugar que tarde o temprano ser&aacute; el nuestro tambi&eacute;n. El que fantasea, al contrario que el que imagina, es poco proclive a la empat&iacute;a y los cuidados. El segundo ejemplo: un hombre ve a un jud&iacute;o y fantasea con la idea de su superioridad racial o ve una monta&ntilde;a y fantasea con la idea de vaciar el petr&oacute;leo que lleva en sus entra&ntilde;as. Si adem&aacute;s de fantas&iacute;a tiene poder se convertir&aacute; en Hitler y cometer&aacute; un genocidio, o se convertir&aacute; en el director de la ExonMobil y cometer&aacute; un ecocidio. Hay que ser muy fantasioso para creer en la jerarqu&iacute;a racial o en el car&aacute;cter ilimitado de los recursos del planeta. A la primera fantas&iacute;a la llamamos nazismo; a la segunda, capitalismo. En ese mismo caso, la imaginaci&oacute;n opera al rev&eacute;s: en el jud&iacute;o ve un sufrimiento hermano, en la monta&ntilde;a, un peque&ntilde;o dios en s&iacute; mismo respetable (por evocar el t&iacute;tulo del gran &uacute;ltimo libro de Eduardo Romero). La fantas&iacute;a es a&eacute;rea y jer&aacute;rquica; la imaginaci&oacute;n terrestre e igualitaria. Un ejemplo tr&aacute;gico y actual de fantas&iacute;a es el Estado de Israel, que considera los cuerpos de los palestinos obst&aacute;culos para su proyecto de pureza supremacista y los destruye desde el aire, sin tocarlos. La fantas&iacute;a deber&iacute;amos reservarla para la vida sexual. Hoy, por desgracia, est&aacute; volviendo con mucha fuerza a nuestra vida pol&iacute;tica y hasta gobierna pa&iacute;ses enteros.</p>
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<p>- Esas construcciones fantasmas, esas urbanizaciones que nunca llegaron a estar habitadas, de esos escombros (que no ruinas), &iquest;podemos resignificarlas, reapropi&aacute;rnoslas?, &iquest;conviene, en el caso de que fuera posible, hacerlo?</p>
<p>- No tengo una respuesta clara. En mi libro hablo de esas obras arquitect&oacute;nicas &ldquo;incompletas&rdquo; que se convierten en ruinas antes de haber sido habitadas y que pueblan fantasmalmente nuestros paisajes: miles de casas, s&iacute;, pero tambi&eacute;n edificios p&uacute;blicos en los que se han gastado millones de euros. Las ruinas sabemos c&oacute;mo tratarlas. Con independencia de su origen (pensemos en las pir&aacute;mides, construidas con mano de obra esclava o, seg&uacute;n otras hip&oacute;tesis, con mucho sufrimiento asalariado), su existencia misma es un imperativo de conservaci&oacute;n, porque han adquirido belleza en el tiempo y porque nos ponen en relaci&oacute;n con el tiempo mismo. &iquest;Y con esas urbanizaciones fantasma? &iquest;O con el hotel El Algarrobico, en el Cabo de Gata, quince a&ntilde;os pendiente de demolici&oacute;n? Creo que habr&aacute; que juzgar caso por caso; hay lugares resignificables y otros que deben desaparecer sin dejar huella: este es el caso, a mi juicio, de El Algarrobico. Digamos que la especulaci&oacute;n capitalista tiene dos caras contradictorias. Por un lado, se apoya en la mansedumbre antropol&oacute;gica con la que los humanos aceptamos y nos acostumbramos a todo lo que existe, ya sea un bosque o la urbanizaci&oacute;n que lo destruye y sustituye: con tal de que haya algo en lugar de nada. Por otro, trata a los edificios y las casas como a mercanc&iacute;as, de tal manera que est&aacute; constantemente destruyendo y reconstruyendo las ciudades y por eso, como dec&iacute;a Richard Sennet, &ldquo;del New York de acero y fibra &oacute;ptica quedar&aacute;n muchos menos vestigios que de la Roma imperial&rdquo;. Cambiamos de ciudad cada treinta a&ntilde;os como cambiamos de m&oacute;vil o de coche cada dos. Hace poco, Antonio Giraldo nos recordaba que la edad media de la Espa&ntilde;a edificada es de 37 a&ntilde;os. Espa&ntilde;a, esa naci&oacute;n al parecer milenaria, naci&oacute;, &iexcl;en 1987! De todas las provincias la m&aacute;s nueva ser&iacute;a Toledo, que en t&eacute;rminos urban&iacute;sticos se remonta al a&ntilde;o 2003; la m&aacute;s vieja Barcelona, de 1964. As&iacute; que m&aacute;s que de resignificar se tratar&iacute;a de conservar y de durar. China ha derribado casi la mitad de sus edificios en los &uacute;ltimos quince a&ntilde;os. Tenemos el problema de las casas vac&iacute;as o sin terminar y el problema de las casas demolidas sin agotar su ciclo vital.</p>
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<p><strong>&ldquo;La espera y la atenci&oacute;n son incompatibles con el universo de las mercanc&iacute;as&rdquo;</strong></p>
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<p>- Recala con frecuencia en el concepto y la necesidad de la &ldquo;atenci&oacute;n&rdquo;. &iquest;Cu&aacute;nto de incapacidad para ella tenemos los humanos y de qu&eacute; manera nos la amputa un sistema que dispara continuamente est&iacute;mulos y ruidos y que fosfatina los cuerpos despu&eacute;s de largas jornadas de trabajo?</p>
<p>-<strong> </strong>Le&iacute; hace no mucho el estimulante e inquietante libro de Johann Hari, &ldquo;El valor de la atenci&oacute;n&rdquo;, donde se da, entre otros datos, el siguiente: un ni&ntilde;o de ocho a&ntilde;os estadounidense no es capaz de mantener la atenci&oacute;n en un mismo objeto o en una misma tarea m&aacute;s de sesenta y cinco segundos; un adulto, de media, apenas llega a los tres minutos. Llevo a&ntilde;os ocup&aacute;ndome de esta cuesti&oacute;n, que me parece crucial para la supervivencia de la civilizaci&oacute;n, porque de la atenci&oacute;n depende el valor mismo de los objetos y los cuerpos: solo podemos querer lo que hemos mirado largamente y por eso &mdash;sea dicho de paso&mdash; son las madres, y no los padres, los que tradicionalmente han valorizado la vida humana; y por eso se puede querer lo mismo a un hijo biol&oacute;gico que a uno adoptado, con tal de que se le hayan cambiado los pa&ntilde;ales. Dec&iacute;a la fil&oacute;sofa, m&iacute;stica y activista francesa Simone Weil que la salvaci&oacute;n de los humanos no depende de la voluntad sino de la atenci&oacute;n, y ten&iacute;a raz&oacute;n. Es la atenci&oacute;n, asociada al concepto de espera, la que mantiene los objetos y los cuerpos erguidos en el mundo: la que construye y sostiene el mundo. La espera y la atenci&oacute;n son incompatibles con el universo de las mercanc&iacute;as y sobre todo con el de esas mercanc&iacute;as vol&aacute;tiles y celer&iacute;simas que llamamos &ldquo;im&aacute;genes&rdquo;; son incompatibles con el dominio antropol&oacute;gico de las nuevas tecnolog&iacute;as. No es que nos distraigamos f&aacute;cilmente o que tengamos patolog&iacute;as de hiperactividad; no es culpa nuestra. Las nuevas tecnolog&iacute;as no nos dejan esperar y hay cosas &mdash;la mayor parte de las que valen la pena&mdash; que deben ser esperadas: no s&eacute;, el amor, la puesta de sol, el climaterio de una cereza, el florecimiento de las jacarandas, el domingo. Porque el problema es que los cuerpos no son im&aacute;genes que uno pueda pasar con el dedo, como en una pantalla t&aacute;ctil: son exigentes, vinculantes, duraderos, fr&aacute;giles. Convertir los cuerpos en im&aacute;genes tiene un coste &eacute;tico muy grande: acabamos por no distinguir un ni&ntilde;o muerto de un meme, una guerra de un anuncio publicitario de coches. Mientras el neoliberalismo predica voluntad y nos hace culpables de nuestra pobreza, nosotros debemos reivindicar y practicar la atenci&oacute;n: el valor del mundo procede en realidad de la duraci&oacute;n de una mirada.</p>
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<p>- Ser ni&ntilde;o en tanto que tomarse en serio una tarea que sabe imposible. &iquest;C&oacute;mo distinguir este hermoso ejemplo que usted rescata de la infantilizaci&oacute;n a la que somete el capitalismo inocul&aacute;ndonos esa otra tarea imposible de llenar un hueco (ll&aacute;mese falta) a base de consumir?</p>
<p>- Creo que es interesante observar la relaci&oacute;n que establecen las distintas culturas entre la repetici&oacute;n y la novedad. Las sociedades &ldquo;antiguas&rdquo;, digamos, apostaban por la repetici&oacute;n, intentaban repetirse a s&iacute; mismas, y la novedad era algo que ocurr&iacute;a casi contra su voluntad: nuevo era precisamente aquello, bueno o malo, que los humanos no pod&iacute;an impedir que ocurriera. En nuestras sociedades de consumo, la paradoja es que la novedad se ha impuesto como principio rector del tiempo (todo es todo el rato &ldquo;hist&oacute;rico&rdquo;, &ldquo;revolucionario&rdquo;, &ldquo;sin precedentes&rdquo;) pero debe repetirse precisamente como novedad, cada vez m&aacute;s deprisa y sin interrupci&oacute;n. Ahora bien, nada es finalmente hist&oacute;rico si todo es lo; y nada es nuevo si todo es nuevo. Por eso, como he dicho otras veces, el capitalismo no solo ha producido una antropolog&iacute;a sin cosas (pues las mercanc&iacute;as no lo son) sino tambi&eacute;n una sociedad sin acontecimientos (pues hasta las noticias son mercanc&iacute;as de obsolescencia programada). Todo es, si se quiere, comestible. De ah&iacute; la &ldquo;infantilizaci&oacute;n&rdquo; de la que hablas: un mundo de puro presente digestivo sin memoria es lo que llamamos lactancia.<strong></strong></p>
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<p><strong>&ldquo;El neoliberalismo es una gran neurosis universal&rdquo;</strong></p>
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<p>- Vincula, en uno de sus textos, la ingenuidad con la repetici&oacute;n de un gesto. &iquest;Qu&eacute; importancia tienen los rituales en la creaci&oacute;n de comunidad?</p>
<p>- Lo contrario de un rito o una ceremonia es una pulsi&oacute;n neur&oacute;tica: el que todas las noches se asegura tres veces de que ha cerrado el gas est&aacute; privatizando la idea de rito. Neurosis, h&aacute;bito y ceremonia son formas de repetici&oacute;n diferentes, porque los dos primeros se ci&ntilde;en al &aacute;mbito privado y la ceremonia compromete siempre a un colectivo. Tradici&oacute;n es repetici&oacute;n; pero la repetici&oacute;n se produce en el tiempo como transmisi&oacute;n y como anticipo. Un rito es un rito porque se ha repetido en el pasado, pero asimismo, porque va a repetirse en el futuro: porque en su propia ejecuci&oacute;n est&aacute; impl&iacute;cita la voluntad de repetir el gesto el a&ntilde;o que viene. La humanidad es sociable y ritual y el esquema ceremonial puede llenarse de cualquier cosa. Ceremonia es el desfile de las fuerzas armadas, pero tambi&eacute;n el del Orgullo Gay. Las ceremonias tienen, pues, dos ejes decisivos: son lentas y son colectivas. Como dice Byung Chul-Han, las ceremonias no se pueden acelerar sin destruirlas: no podemos celebrar una cena de Navidad expr&eacute;s (ni tampoco un juicio expr&eacute;s, pues ser&iacute;a un juicio sumar&iacute;simo contrario al Derecho). Del mismo modo, solo puede hablarse de rito o ceremonia cuando hay m&aacute;s de una persona implicada en la acci&oacute;n: es lo que los antiguos cristianos llamaban &ldquo;eklesia&rdquo;<em> </em>o asamblea, para lo que se necesitan al menos dos personas. Pues bien, el neoliberalismo es claramente anticeremonial: lo acelera todo al tiempo que lo mide todo en t&eacute;rminos individuales: imprime velocidad a las acciones y disuelve todas las asambleas. Es, si se quiere, una gran neurosis universal.</p>
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<p><strong>&ldquo;Si no tenemos un ejemplo moral para las clases medias y populares, se impondr&aacute; sin duda de nuevo el populismo hitleriano&rdquo;</strong></p>
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<p>- Si con &ldquo;obedecer&rdquo; se trata de &ldquo;escuchar&rdquo;, es decir, de emitir un juicio cr&iacute;tico, de &ldquo;tomar partido&rdquo; (volviendo al inicio de la conversaci&oacute;n), por tanto, de ejercer la libertad, &iquest;por qu&eacute; sucumbimos con tanto placer &mdash;o lo que es peor, con tanta inercia&mdash; a la obediencia ciega?</p>
<p>-<strong> </strong>S&iacute;, en uno de los textos del libro cito esta etimolog&iacute;a del verbo &ldquo;obedecer&rdquo;, que podr&iacute;a traducirse como &ldquo;escuchar con atenci&oacute;n&rdquo;; es decir, que tiene que ver con escuchar y no solo con o&iacute;r. Un sordo, que no puede o&iacute;r, puede escuchar; y una persona dotada de &ldquo;o&iacute;do absoluto&rdquo; puede permanecer sorda a la voz que le pide ayuda o a un poema de Rilke. Pero es verdad lo que usted dice: sentimos placer en la obediencia ciega. O sorda. Como usted recordar&aacute;, Eichmann, responsable nazi del traslado de miles de jud&iacute;os a los &ldquo;lager&rdquo;, trat&oacute; de justificarse ante el tribunal que lo juzg&oacute; invocando la &ldquo;obediencia&rdquo;: se hab&iacute;a limitado, dijo, a cumplir &oacute;rdenes. Hannah Arendt, que recogi&oacute; ese proceso en un famos&iacute;simo libro, relacionaba ese tipo de obediencia con la ausencia de pensamiento. Si el verdadero obedecer es un &ldquo;escuchar con atenci&oacute;n&rdquo;, solo la falta de pensamiento, es decir, de escucha interior profunda, puede aceptar las &oacute;rdenes de un sistema criminal. Lo inquietante, en todo caso, no es Eichmann, un dirigente que tomaba decisiones y que era responsable, por tanto, de sus actos. Lo inquietante son los millones de personas buenas, normales, decentes, solidarias con sus vecinos, buenas madres, amigables compa&ntilde;eros, que creyeron posible mantener una vida normal en medio de la debacle. No nos hagamos ilusiones y menos en un momento en que los riesgos vuelven a ser grandes: todos podemos ser as&iacute;. Eichmann es una excepci&oacute;n; tambi&eacute;n, en el otro lado, el rebelde Bonhoeffer, ejecutado por Hitler. Entre los dos, estamos la mayor parte de los humanos, de los que en una situaci&oacute;n semejante se puede esperar igualmente la obediencia ciega que la desobediencia ciega y quiz&aacute;s por el mismo motivo: porque solo vemos lo que tenemos delante de los ojos. Por eso siempre me gust&oacute; la propuesta de Mumford en su &ldquo;Historia de la Utop&iacute;a<em>&rdquo;</em>. Hay pocos Hitler, aunque pueden hacer un da&ntilde;o incalculable, y hay pocos Cristos, cuyo bien no se puede medir. Entre unos y otros est&aacute; Robin Hood, cuyo sentido de la justicia, terrestre y juguet&oacute;n, s&iacute; podemos imitar todos. En tiempos de crisis en los que hay que movilizar mayor&iacute;as sociales en favor de la democracia, conviene que interpelemos al Robin Hood que todos llevamos dentro; y no al Che Guevara idealizado a cuya altura muy pocos pueden estar. Porque si no tenemos un ejemplo moral para las clases medias y populares, se impondr&aacute; sin duda de nuevo el populismo hitleriano, con otro nombre y otra doctrina.</p>
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<p><strong>&ldquo;Hay que pensar un mundo de reglas democr&aacute;ticas que reprima las infancias infelices&rdquo;</strong></p>
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<p>- &iquest;El adulto es un ni&ntilde;o arruinado?</p>
<p>- No s&eacute;. Por un lado, tendemos a idealizar a los ni&ntilde;os, que juegan sin parar pero no son felices; juegan sin parar porque no son felices y juegan tanto, y encuentran tanta felicidad en el juego, que al final se olvidan la mayor tiempo de la infelicidad que los espera cuando, por ejemplo, se meten en la cama o se pierden en alg&uacute;n bosque (digamos el colegio). Lo terrible, a mi juicio, es que cuando nos hacemos mayores conservamos la infelicidad, y no la felicidad, de la infancia. Nos olvidamos de las reglas del juego (que es lo atractivo de los juegos), hacemos trampas, prolongamos o vengamos los abusos recibidos; seguimos, en definitiva, en el colegio, pero ahora lo llamamos empresa, parlamento, familia, gobierno. Los humanos tenemos infancias tan largas que nos morimos sin alcanzar la mayor&iacute;a de edad. No nos da tiempo a madurar. Por eso tambi&eacute;n hay que pensar un orden pol&iacute;tico para ni&ntilde;os eternos, para humanos inmaduros: un mundo de reglas democr&aacute;ticas que reprima las infancias infelices.</p>
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<p><strong>&ldquo;No hay que confundir el olvido con el perd&oacute;n&rdquo;</strong></p>
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<p>- Otro de los asuntos en los que recala es el perd&oacute;n. Rescata una idea hermosa de &ldquo;Los hermanos Karamazov&rdquo;: &ldquo;no es posible castigar lo que no se puede perdonar&rdquo;. &iquest;Se puede perdonar a quien no solicita o implora o pide nuestro perd&oacute;n?</p>
<p>- No hay que confundir el olvido con el perd&oacute;n. El rencoroso no lo es porque recuerde el agravio sino porque no lo perdona. Creo que, en los conflictos cotidianos entre amigos o amantes, lo que predomina es el olvido: decidimos olvidar para seguir la vida en com&uacute;n; y hasta tal punto se trata de olvido y no de perd&oacute;n que basta que se reproduzca una nueva situaci&oacute;n de conflicto, la m&aacute;s banal, para que salgan a la luz todos los agravios del pasado. El perd&oacute;n, como indica el propio t&eacute;rmino, es donaci&oacute;n y no depende, por tanto, de una petici&oacute;n o reclamaci&oacute;n del otro. Es gratuito y, a&uacute;n m&aacute;s, gratis y solo por eso puede producir, del otro lado, gratitud, sentimiento siempre curativo. Pero el perd&oacute;n es una cosa muy rara y no deber&iacute;amos contar con &eacute;l para construir o reparar nuestras relaciones sociales. Es heroico, moral, maravilloso, religioso, y hay que celebrarlo y predicarlo, pero ni los jueces ni los gobiernos perdonan. Pueden conceder beneficios penitenciarios a presos no arrepentidos o indultos y amnist&iacute;as a condenados dispuestos a repetir lo que hicieron. En todo caso, el problema no es el perd&oacute;n sino el castigo. &iquest;Existe el mal? S&iacute;. &iquest;Se puede castigar? No. Por eso el Derecho tiene que pensar castigos a la medida de los humanos falibles y corregibles, que somos la mayor&iacute;a, y no con el prop&oacute;sito de evitar el Mal. Cuando se construye una ley para castigar a los monstruos, confiando en poder de esa manera reprimir el Mal, es la ley la que se acaba convirti&eacute;ndose en el Mal. El derecho tiene que legislar a partir del presupuesto de que no existen los monstruos, pues de ese modo evita que un poder arbitrario pueda tratarnos a todos como si lo fu&eacute;ramos. A Hitler no se le puede castigar. Cuando a&uacute;n viv&iacute;a y gobernaba Alemania, en el a&ntilde;o 1942, Simone Weil ya insist&iacute;a en esta idea: a Hitler, dec&iacute;a, nunca se le podr&aacute; castigar. &iquest;Por qu&eacute;? Porque, incluso torturado, encarcelado, ejecutado, Hitler ya hab&iacute;a alcanzado su objetivo: el de ser una criatura grandiosa, el de tener un destino grandioso, el de estar en la Historia y no en su cuerpo. El &uacute;nico castigo que se le puede infligir a Hitler, a&ntilde;ad&iacute;a Weil, es el de transformar de tal manera el concepto de lo grandioso que a ning&uacute;n joven futuro, con sed de grandiosidad, se le ocurra pensar en &eacute;l y mucho menos imitarlo.</p>
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<p><strong>&ldquo;El &uacute;nico que ha conseguido la construcci&oacute;n de un &lsquo;hombre nuevo&rsquo; es el capitalismo neoliberal&rdquo;</strong></p>
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<p>- &ldquo;El mundo son los &aacute;rboles. La realidad es internet&rdquo;. El hecho de que cada vez destinemos m&aacute;s tiempo de nuestras vidas a internet, en detrimento del mundo, &iquest;se explica por una enfermedad del alma, del cuerpo, por una decepci&oacute;n y devastaci&oacute;n de ambos&hellip;?</p>
<p>- Es el fruto de una revoluci&oacute;n material que incluye el fin del neol&iacute;tico y la proletarizaci&oacute;n del ocio. El socialismo y el cristianismo siempre so&ntilde;aron con la construcci&oacute;n de un &ldquo;hombre nuevo&rdquo;, pero el &uacute;nico que lo ha conseguido es el capitalismo neoliberal. &ldquo;Un estado del mundo y un estado del alma&rdquo;, dec&iacute;a Kafka. Pero ha hecho falta infligir mucha violencia econ&oacute;mica y mucho placer industrial al ser humano para separarlo de su propio cuerpo y de los v&iacute;nculos que generaba a su alrededor. El espacio, los &aacute;rboles, el propio cuerpo son solo los residuos de un mundo que tampoco era una maravilla pero que ten&iacute;a arreglo; son, a&uacute;n m&aacute;s, los obst&aacute;culos interpuestos en el camino de esa fantas&iacute;a poderos&iacute;sima que nos arrebata la atenci&oacute;n y rentabiliza nuestro tiempo libre. Ese &ldquo;hombre nuevo&rdquo;, al que a&uacute;n resiste (porque se muere) el cuerpo viejo, considera una &ldquo;p&eacute;rdida de tiempo&rdquo; todo el tiempo lento pasado entre cuerpos y entre &aacute;rboles; todo el tiempo que pasamos alejados de internet. Volver al espacio es la consigna m&aacute;s radical que se me ocurre proponer en estos momentos.<strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Es llamativo que la &eacute;poca que m&aacute;s ha cuestionado las grandes &lsquo;autenticidades&rsquo; haya acabado produciendo una polvareda identitaria&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- Hay una crisis de identidad a la que el sistema prescribe con otra identidad suced&aacute;nea, la que deviene de ciertos diagn&oacute;sticos que asumimos como err&oacute;neamente identitarios (&ldquo;soy&rdquo; cel&iacute;aco, bipolar, vegano, de g&eacute;nero fluido&hellip;) convirtiendo la propia identidad en otro veh&iacute;culo para a mercanc&iacute;a. A esto se une la crisis de identidad &uacute;ltima (si cabe esta categor&iacute;a), la de &laquo;ser humano&raquo;. &iquest;Podremos llamar a s&iacute; a quienes tengan &mdash;ya se est&aacute; experimentado&mdash; chips en su cerebro conectados a internet o cuerpos bi&oacute;nicos?</p>
<p>- El lat&iacute;n distingu&iacute;a entre &ldquo;lo mismo&rdquo; (idem) y lo propio (ipse). Idem define la identidad l&oacute;gica (A es igual a A), que en el caso de los cuerpos individuales solo puede aplicarse al nombre, y no siempre: yo me sigo llamando Santiago como cuando nac&iacute;, a pesar de los muchos cambios experimentados. En cuanto a lo propio, no sabemos lo que es; nos pasamos toda la vida busc&aacute;ndolo, en los mapas, en las ideas, en la sexualidad, y creemos siempre (y este espejismo es lo que llamamos identidad) que el otro, al contrario que nosotros, s&iacute; lo ha encontrado. Por eso es llamativo que la &eacute;poca que m&aacute;s ha cuestionado las grandes &laquo;autenticidades&raquo; haya acabado produciendo una polvareda identitaria muy funcional a menudo, como usted dice, al mercado neoliberal. Tenemos que nombrarlo todo con el verbo &ldquo;ser&rdquo;; es una maldici&oacute;n, un descanso y un negocio. En cuanto a la humanidad, el &uacute;nico idem que conoce es el cuerpo humano, que no ha cambiado en 300.000 a&ntilde;os. Su ipse, en cambio, tenemos que decidirlo nosotros. Es una decisi&oacute;n pol&iacute;tica y moral, una apuesta, una &mdash;aqu&iacute; s&iacute;&mdash; toma de partido. &iquest;Queremos una humanidad sin &ldquo;instanciaci&oacute;n biol&oacute;gica&rdquo;, como la imagina Nick Land? &iquest;Una humanidad trasladada a o consumada en la IA? &iquest;Una humanidad completamente informatizada? &iquest;Una humanidad inmortal? &iquest;O apostamos por una humanidad en la que el idem, el cuerpo, siga generando v&iacute;nculos, que reconozca por tanto su condici&oacute;n natural y que, a partir de ella, busque un orden pol&iacute;tico reglado en el que sea posible, sin aspirar a derrocar el Mal, establecer una relativa igualdad, una relativa justicia social y una relativa democracia?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;El mito que mejor nos representa hoy en d&iacute;a es Narciso &mdash;cerca de trescientas muertes por &ldquo;selfies&rdquo; no s&eacute; si es hilarante o terror&iacute;fico&mdash;, Salom&eacute; (por querer constantemente cosas sin desearlas, como ella la cabeza de Juan), Prometeo&hellip;?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- El de Narciso, que se muri&oacute; por no salir de s&iacute; mismo; el de Acte&oacute;n, que muri&oacute; por mirar lo que no deb&iacute;a; el de Eresicton, castigado a devorar todas las criaturas, &aacute;rboles, piedras, casas, incluyendo a su propia hija; y el de Prometeo, al que los dioses castigaron por hacer demasiado f&aacute;cil la vida a los humanos. Hacer f&aacute;cil la vida a los humanos es una buena obra; hac&eacute;rsela &ldquo;demasiado&rdquo; f&aacute;cil, ya lo hemos visto, solo es posible introduciendo niveles de desigualdad y destrucci&oacute;n incompatibles, al final, con la humanidad misma. Pero para no acabar en este tono apocal&iacute;ptico, citar&eacute; otro mito: el de Pen&eacute;lope, que supo, desplegando mayor astucia que la de Ulises, mantener a raya a 108 hombres y convertir la espera y la atenci&oacute;n en la condici&oacute;n misma de todas las aventuras.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 23 Feb 2024 09:14:22 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Andar bajo el pozo que nos abriga]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/andar-bajo-el-pozo-que-nos-abriga/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/MAR_A_MART_N_HERN_NDEZ_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>A finales de junio del a&ntilde;o pasado salt&oacute; la noticia de que el poemario que se alz&oacute; con el I Premio Internacional de Poes&iacute;a Joven &Aacute;ngel Guinda fue &ldquo;Deshabitar el cuerpo&rdquo;, de Mar&iacute;a Mart&iacute;n Hern&aacute;ndez (Zaragoza, 1996). Si bien es verdad que es el primer libro publicado de la autora, lo que el lector se encuentra a la hora de adentrarse en &eacute;l es una obra tallada con la paciencia, el esfuerzo y el cari&ntilde;o de quien sabe que la palabra es lo que nos salva y une con nuestras ra&iacute;ces para poder llegar a ser, para poder borrar la niebla y adentrarnos en la claridad de los bosques.&nbsp;</p>
<p>Dividido en cuatro partes Mart&iacute;n Hern&aacute;ndez, vestida para la ocasi&oacute;n con la t&uacute;nica de Virgilio, nos muestra y nos gu&iacute;a por un camino de vida, su vida, marcado por un dolor interior y un desarraigo al que las circunstancias le han llevado y del que solo a trav&eacute;s de la palabra po&eacute;tica podr&aacute; salir, esa palabra donde el vac&iacute;o se hace carne para nombrar lo que no se puede decir, para describir lo difuso.&nbsp;</p>
<p>La senda que recorremos junto a ella se inicia en la gestaci&oacute;n del ser, en el vientre materno, por ello no es extra&ntilde;o que este comienzo reciba el nombre de &ldquo;Ovum&rdquo;, concepto que nos retrotrae ya no solo al origen de la vida, pues con este latinismo Mart&iacute;n Hern&aacute;ndez tambi&eacute;n nos declara de manera metaf&oacute;rica sus intenciones de volver a los or&iacute;genes y profundidades del lenguaje, el po&eacute;tico en concreto, concebido como un pulso que permite a la poeta profundizar en la sombra que le cerca. Un asunto que podemos encontrar en esta primera parte es el amor a su madre, una persona que para la poeta es un &ldquo;cobijo&rdquo;, una &ldquo;isla&rdquo; que le guarda y protege; un amor que se hace patente en la dedicatoria a esta secci&oacute;n y, sobre todo, en el poema &laquo;Ecosistema&raquo;. Sin embargo, las piezas po&eacute;ticas recogidas en &ldquo;Ovum&rdquo; est&aacute;n marcado por la sombra, por esa &ldquo;patria oscura de lo invisible&rdquo;; una oscuridad concebida como un dominio donde ni la palabra ni la vida ha surgido a&uacute;n. Sin embargo, ha de dejar este lugar para acudir a la vida ante &ldquo;la llamada del desierto la nombra&rdquo; y comenzar a trazar sus pasos en la arena est&eacute;ril del mundo.&nbsp;</p>
<p>En la segunda parte, &laquo;Trazos en la tierra&raquo;, reverberan las palabras de Rilke que rezan que la patria de todo hombre es la infancia, pues los recuerdos, el pasado, las instant&aacute;neas que crujen levemente en sus ojos &ndash; &ldquo;restos de un claro en su memoria&rdquo; &ndash; , son una constante en los poemas de esta segunda secci&oacute;n. No obstante, en este tramo del camino aparece el desarraigo de la poeta y el dolor que supone el divorcio entre el cuerpo y la mirada. El sujeto po&eacute;tico pierde as&iacute; cuanto desea: el amor, el arte, los libros, la identidad&hellip; El choque entre la realidad y el deseo, entre el cuerpo y su idealismo le lleva a que no se reconozca y a que todo atisbo de felicidad vuele &ldquo;hacia una tierra m&aacute;s seca, donde las larvas se mueren de sed y escupen sangre sobre el pupitre de un aula vac&iacute;a&rdquo;. As&iacute; pues Mar&iacute;a deja el camino iluminado para adentrarse en la noche del mundo: comienza el camino en el p&aacute;ramo.&nbsp;</p>
<p>La tercera parte, &ldquo;Devorar el cuerpo&rdquo;, puede considerase como un tratado sobre el desierto. El dolor que siente el sujeto l&iacute;rico, al igual que en Machado, empapa todo el paisaje donde el &ldquo;aire teje una hemorragia&rdquo; y &ldquo;las ra&iacute;ces del roble se ahogan con el viento&rdquo;. El yo po&eacute;tico se encuentra en medio de un erial donde el silencio y la herida es lo &uacute;nico que respira. Pero contra todo pron&oacute;stico, es en esta misma tierra bald&iacute;a donde toma conciencia de que la &uacute;nica manera de diluir la tierra yerma en la que se encuentra es la palabra po&eacute;tica, la &uacute;nica v&iacute;a para &ldquo;llegar a la ra&iacute;z de la sombra&rdquo; que le domina y as&iacute;, poder zafarse de la mara&ntilde;a de seda en la que se encuentra y abrirse a la vida, filosof&iacute;a que se refleja en la &uacute;ltima parte del poemario, &ldquo;Sostener el vuelo&rdquo;, que se configura como un homenaje precioso a la poes&iacute;a y al verbo po&eacute;tico. Aqu&iacute;, el yo l&iacute;rico se adentra en la materia prima de las palabras para poder encontrase a s&iacute; misma en el fondo de ellas y arropar sus ra&iacute;ces. El silencio, que durante todo el poemario hab&iacute;a sido la se&ntilde;al de la mudez de la vida, aqu&iacute; se alza como mudez del mundo, es decir, como una puerta abierta a lo sensible. El silencio as&iacute; se conforma como el elemento previo y necesario al poema. La poeta, a trav&eacute;s de su dialecto, camina por el desierto comprendiendo que &ldquo;escribir es fracturar las sombras&rdquo;, adentrarse en la oscuridad para poder destruirla y resucitar las ra&iacute;ces.&nbsp;</p>
<p>Finalmente, todo esfuerzo tiene su recompensa y el sujeto po&eacute;tico llega al claro de un bosque donde la influencia de Mar&iacute;a Zambrano es patente y que hace que dicho lugar se erija como un s&iacute;mbolo de esperanza, claridad y revelaci&oacute;n. Despu&eacute;s de tanto dolor, Mar&iacute;a llega la ataraxia a trav&eacute;s de un argot que le ha ense&ntilde;ado que resta&ntilde;ar la herida no es sumirla en el olvido, sino aceptarla porque, como sabiamente sentencia, &ldquo;el &uacute;nico arraigo es andar bajo el pozo que nos abriga&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Como se puede observar, esta primera muestra de Mart&iacute;n Hern&aacute;ndez presenta a su autora como una escritora madura que ha alcanzado una voz propia alejada de las tendencias imperantes de la poes&iacute;a contempor&aacute;nea pues, como todo poeta consecuente, Mart&iacute;n Hern&aacute;ndez tiene claro que el &uacute;nico compromiso que tiene es consigo misma y con la palabra.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mar&iacute;a Mart&iacute;n Hern&aacute;ndez, <em>&nbsp;Deshabitar el cuerpo</em>, Zaragoza, Olifante, 2023.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 15 Feb 2024 13:56:01 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La belleza ya no podrá ser nunca más entendida como lo que fue]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-belleza-ya-no-podra-ser-nunca-mas-entendida-como-lo-que-fue/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/RICARDO_VIRTANEN_-_UN_INSTANTE_EN_EL_PARA_SO_500_px.png" alt="" /></p>
<p>Quienes hayan visto <em>El peque&ntilde;o salvaje</em>, de Fran&ccedil;ois Truffaut, quiz&aacute; recuerden la escena en que el doctor Pinel le dice al doctor Itard el extraordinario momento que supondr&aacute; para todos que V&iacute;ctor de L&rsquo;Aveyron se admire por primera vez ante las maravillas y las bellezas de Par&iacute;s, ignoradas por esa criatura desamparada que ha vivido pr&aacute;cticamente desde que naci&oacute; como un rudo animal, solitario y sin las m&aacute;s b&aacute;sicas nociones de educaci&oacute;n y moral. Pinel est&aacute; convencido de que el ni&ntilde;o sabr&aacute; reconocer y disfrutar de la objetiva belleza de los monumentos y de las obras de arte en cuanto los tenga delante de s&iacute;. Sin duda, se trata de una escena (recreaci&oacute;n, por cierto, de los apuntes recogidos por el m&eacute;dico y pedagogo Jean Itard, que nos leg&oacute; un fabuloso conjunto de apuntes y reflexiones sobre el proceso educativo al que someti&oacute; a V&iacute;ctor para que dejara de ser un salvaje y se convirtiera en una persona civilizada) en la que se da por hecho que la idea de belleza no es un constructo cultural ni una noci&oacute;n cargada de historicidad, variable, el&aacute;stica, incierta, sino m&aacute;s bien un concepto invariable, universal y por ello mismo connatural a todos los seres humanos, independientemente de las circunstancias y del tiempo que les haya tocado vivir. Pinel parte del axioma de que la belleza, en cualquiera de sus manifestaciones, naturales o art&iacute;sticas, tiene que provocar el mismo efecto de conformidad y de refrendo en todos los sujetos que la contemplen. Se dir&iacute;a que tal planteamiento bebe en gran medida de la filosof&iacute;a plat&oacute;nica, que concibe la idea de belleza (y, por extensi&oacute;n, cualquier idea) como un ente inmutable, cuya naturaleza definitoria no depende de ninguna opini&oacute;n subjetiva, personal o colectiva, pues est&aacute; al margen de los vaivenes e inconstancias de lo temporal, como un Absoluto intempestivo.</p>
<p>En su muy entretenido e instructivo <em>Diccionario de las Artes</em>, F&eacute;lix de Az&uacute;a refiere que la idea de belleza, seg&uacute;n los antiguos era cosa del esp&iacute;ritu, del intelecto, no de las obras de arte ni de la naturaleza, cosas estas groseras y m&aacute;s o menos pr&aacute;cticas. Seg&uacute;n &eacute;l, lo bello concebido como una <em>necesidad</em> siempre presente en las obras de arte o en la naturaleza es algo relativamente tard&iacute;o, ya que si exceptuamos a los herederos renacentistas y a los neoplat&oacute;nicos platonianos, la primera teor&iacute;a consciente que pone en relaci&oacute;n de necesidad lo bello y el arte es la est&eacute;tica de Kant en su tercera Cr&iacute;tica o Cr&iacute;tica del Juicio. Bello es lo que produce un placer &laquo;desinteresado&raquo;, agradable y sereno. Lo contrario, por ejemplo, un trozo de mierda enlatada, algo repugnante y nada agradable, no ser&iacute;a, desde la &oacute;ptica kantiana, digno de llamarse bello, y mucho menos obra de arte. Y lo mismo podr&iacute;a decirse de la imagen fotogr&aacute;fica de la explosi&oacute;n producida por el impacto mort&iacute;fero de un avi&oacute;n contra un rascacielos, que, en principio, lejos de provocarnos una sensaci&oacute;n de serenidad, nos causar&iacute;a una honda conmoci&oacute;n y, por supuesto, tristeza, p&aacute;nico y espanto.</p>
<p>Pero, con Hegel, lo bello deja definitivamente de formar parte <em>necesaria</em> de los productos de las artes y pasa a tener s&oacute;lo una presencia<em> hist&oacute;rica</em>. Porque lo que la racionalizaci&oacute;n de la est&eacute;tica hegeliana consigue es que las bellas artes se dejen ver por primera vez como una sola unidad a lo largo de toda la historia, haciendo as&iacute; que t<em>odos los pueblos de la tierra aparezcan unidos en una tarea gigantesca: el arte, o sea, el Arte</em>. El Arte, la Belleza, como algo universal, que se ha ido desarrollando o desplegando en sucesivos pero diferentes momentos hist&oacute;ricos, pues lo propio del Arte o de la Belleza no es su inherente necesidad inmutable a las obras art&iacute;sticas o a la Naturaleza (como pensaba Kant), sino su historicidad y, sobre todo, la conciencia de esa historicidad, ausente en los egipcios, los griegos, los chinos o los cristianos. Ahora bien, desde el momento crucial en que el artista (pero tambi&eacute;n el cr&iacute;tico, el espectador, el Estado) toma conciencia hist&oacute;rica de lo que sea el Arte o la Belleza o la obra de arte bella, es decir, desde el momento en que las artes se universalizan con el desarrollo de las democracias occidentales tecnologizadas, la idea de Belleza se destruye o, peor a&uacute;n, se diluye en un marem&aacute;gnum confuso de propuestas y ejecutorias en las que todo puede acabar entendi&eacute;ndose como obra de arte bella, desde&nbsp; un trozo de mierda enlatada hasta la imagen fotogr&aacute;fica de la explosi&oacute;n producida por el impacto mort&iacute;fero de un avi&oacute;n contra un rascacielos. De manera que hoy en d&iacute;a ya no existen unas coordenadas precisas bajo las cuales amparar el concepto de belleza, pues todo puede ser Bello y todo puede ser Arte.</p>
<p>&iquest;La Belleza ha muerto? &iquest;D&oacute;nde est&aacute; la Belleza? &iquest;Qu&eacute; es la Belleza? En <em>Un instante en el para&iacute;so</em>, 50 aforistas espa&ntilde;oles ejemplifican a trav&eacute;s de sus aforismos que actualmente la Belleza se puede decir de muchas maneras, y cabe tanto verla en lo sencillo como en lo recargado y barroco, en lo que atrae a unos como en lo que repele a otros, en lo preciso como en lo impreciso, o, en fin, en cualquier cosa que sea susceptible de llamarse bello por el hecho mismo de que se le quiera llamar as&iacute;. Precisamente, en el pr&oacute;logo que firma Jos&eacute; Luis Trullo, se hace hincapi&eacute; en la urgente necesidad de recuperar el aut&eacute;ntico sentido de la palabra Belleza, tan poco escrupulosamente manejado en nuestra sociedad, que ve sin inmutarse c&oacute;mo ese venerable vocablo u otros como Verdad o Dios &laquo;que siempre se pronunciaron con recato y moderaci&oacute;n, ahora corren de boca en boca (y de tuit en tuit) de un modo desconsiderado&raquo;. Cree Trullo que esa misi&oacute;n de rescate del sentido verdadero de la Belleza corresponde fundamentalmente a los poetas (y quiz&aacute; por ello no sea casualidad que haya tantos poetas entre esos 50 aforistas), &laquo;quienes, seg&uacute;n Heidegger, <em>fundan lo que dura</em>, ante todo, preservando las palabras del mal uso al que se ven sometidas&raquo;. Pero leyendo a estos poetas que escriben aforismos, mi impresi&oacute;n es que, como dice uno de ellos, la posibilidad de acertar mucho respecto a que sea la belleza es tanta como la posibilidad de errar mucho. Y es que la Belleza, el inodoro de Marcel Duchamp mediante, ya no podr&aacute; ser nunca m&aacute;s entendida como lo que fue.</p>
<p>Tal vez, o sin el tal vez, porque Hegel ten&iacute;a raz&oacute;n.</p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em>Un instante en el para&iacute;so</em>, Ricardo Virtanen (ed.), Apeadero de aforistas, 2023.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 15 Feb 2024 13:44:36 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sergio del Molino: “La literatura autobiográfica ayuda a expiar culpas”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/sergio-del-molino-la-literatura-autobiografica-ayuda-a-expiar-culpas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas24/SERGIO_DEL_MOLINO_3_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Hay libros no buscados que cambian el rumbo de un escritor. A veces se imponen por capricho; la creaci&oacute;n literaria tiene su cuota de azar. Pero otros los dictan las circunstancias y el autor, por mucho que se resista, ya no vuelve a ser el mismo.</p>
<p>A Sergio del Molino le sucedi&oacute; con <em>La hora violeta</em> (Mondadori, 2013), en el que describe la enfermedad y muerte de su hijo Pablo. Ese relato testimonial torci&oacute; sus coqueteos con el realismo sucio y la pretensi&oacute;n de escribir humor al m&aacute;s puro estilo ingl&eacute;s. Del mismo modo, <em>La Espa&ntilde;a vac&iacute;a</em> (Turner, 2016) revalid&oacute; su labor como ensayista al tiempo que desbrozaba el camino a otros autores en la denuncia de la desestructuraci&oacute;n econ&oacute;mica y poblacional de nuestro pa&iacute;s.</p>
<p>Ya cumplidos los cuarenta, este madrile&ntilde;o trasplantado a Zaragoza ha publicado una docena de libros, a ritmo de uno por a&ntilde;o, y es voz conocida en las columnas de prensa y&nbsp; tertulias radiof&oacute;nicas. Hay que cazarlo al vuelo, aprovechando su viaje de los viernes a Madrid, por lo que quedamos en un restaurante cercano a la emisora desde la que aconseja libros y pel&iacute;culas; incluso resuelve a los oyentes peque&ntilde;as dudas morales. Disponemos de una hora para comer y hacer la entrevista. El AVE no espera.</p>
<p>&nbsp;El restaurante tiene nombre de copla. A Estrellita Castro le temblaba el caracolillo cuando cantaba que la gitana protagonista fue desgraciada porque antepuso el dinero al amor. En las paredes, fotos taurinas en blanco y negro de Anya Bartels-Suermondt; punto andaluz que, sin rayar en lo ca&ntilde;&iacute;, se extiende a la carta. Sergio del Molino la conoce bien y me dejo llevar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me gusta jugar con la realidad y el mito. Es la funci&oacute;n del escritor&rdquo;</strong></p>
<p>Mientras aguardamos la <em>esperanza rusa </em>(no deja de ser una ensaladilla, pero de textura m&aacute;s suave. Casi hummus. Parece un gui&ntilde;o a Sevilla. La forma de contentar a los devotos de las dos Esperanzas: la Macarena y la de Triana), hablamos de su libro m&aacute;s reciente, <em>Calomarde. El hijo bastardo de las luces </em>(Libros del K.O), donde profundiza en la biograf&iacute;a del turolense que fue ministro de Gracia y Justicia con Fernando VII, al que presenta como iniciador de las &ldquo;cloacas del Estado&rdquo; en Espa&ntilde;a. &ldquo;No he pretendido hacer un ensayo acad&eacute;mico, sino un retrato literario y period&iacute;stico, porque me gusta jugar con la realidad y el mito. Es la funci&oacute;n del escritor. Para desmitificar ya est&aacute;n los historiadores. Y Calomarde es un ministro muy importante en el momento en el que se est&aacute; fundando el Estado Espa&ntilde;ol, con la estructura que hoy conocemos. Una de mis querencias por &eacute;l es porque representa muy bien la figura del arribista. En el fondo es un intruso, que no deb&iacute;a estar ah&iacute;, y eso explica todos sus movimientos. Fernando VII es un tirano muy extra&ntilde;o, porque ejerce la tiran&iacute;a de forma un tanto pasiva. Calomarde le es muy af&iacute;n y aguanta casi diez a&ntilde;os como valido suyo, como su mano derecha, porque los dos est&aacute;n un poco a verlas venir. No se creen su papel. A m&iacute; me parece que Fernando VII se sorprende de aguantar tanto en el trono sin merecerlo. Ya que, en contra de lo que se cree, no es un gran conspirador. De la misma forma que Calomarde tampoco lo es. Pero saben mantenerse teniendo un perfil muy discreto y dejando que sus enemigos se maten entre ellos. Se compara a Calomarde, y yo tambi&eacute;n lo hago, con Fouch&eacute;. Sin embargo, en ese sentido, se parece m&aacute;s a un Rajoy; una persona por la que nadie apuesta, siempre en segundo plano, que no es percibida como amenaza, porque a Calomarde lo ve&iacute;an como un labriego sin m&eacute;ritos, y acab&oacute; matando a todos sus enemigos por la v&iacute;a lenta.</p>
<p>- La respuesta al soplamocos que le dio la Infanta Carlota por reinstaurar la Ley S&aacute;lica: &ldquo;Manos blancas no ofenden. Se&ntilde;ora&rdquo;, ser&iacute;a ap&oacute;crifa, seg&uacute;n usted.</p>
<p>- As&iacute; lo creo, porque le presupondr&iacute;a mayor intelecto del que tuvo. Calomarde supo manejar los resortes del poder pero no era, ni mucho menos, un hombre cultivado.</p>
<p>- Al leer el libro queda claro que Gald&oacute;s, con toda su perspicacia, no habr&iacute;a calado al personaje.</p>
<p>-Gald&oacute;s hace una caricatura de forma intencionada. Javier Cercas, recordemos la pol&eacute;mica que ha mantenido con Mu&ntilde;oz Molina a cuenta de don Benito, tiene raz&oacute;n en que es un escritor muy parcial. Su versi&oacute;n de la Historia de Espa&ntilde;a est&aacute; completamente sesgada hacia el Liberalismo, y pinta a todos los personajes que tienen relaci&oacute;n con el Absolutismo con rasgos muy esperp&eacute;nticos. A Calomarde lo retrata como un monstruo, como un buf&oacute;n, de la misma forma que trata mal a Floridablanca o a Fernando VII y a todos sus ministros. Pero Calomarde, a pesar de lo abyecto que resulta, no era ese comparsa que describe Gald&oacute;s. Resultaba m&aacute;s interesante y complejo, ten&iacute;a muchos pliegues.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Creo mucho en la obra en marcha. En la imperfecci&oacute;n y el ir probando&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>El primer libro de Sergio del Molino, cuando se ganaba la vida como periodista<em>,</em> fue un volumen de relatos: <em>Malas influencias </em>(Tropo Editores, 2009). Heredero del realismo sucio, sus protagonistas, alguno de carne y hueso como la escritora Sylvia Plath, son seres inadaptados y v&iacute;ctimas de la frustraci&oacute;n. Un rasgo que se repetir&aacute; en obras posteriores, cuando ya frecuente la ficci&oacute;n autobiogr&aacute;fica. &ldquo;Yo borrar&iacute;a mis primeros libros. No tienen ning&uacute;n inter&eacute;s para el lector, si acaso para alg&uacute;n estudioso. Cuando escribes uno que destaca, repescan los anteriores, pero casi con intenci&oacute;n arqueol&oacute;gica. Es verdad que las obsesiones de un escritor vienen de lejos. Algunas entroncan ya en la infancia y las vas desplegando poco a poco. Yo creo mucho en la obra en marcha. En la imperfecci&oacute;n y el ir probando. Hay escritores que no se lanzan a la piscina hasta que no lo tienen absolutamente claro. En ese sentido, yo soy muy imprudente y pienso que todos mis libros se encuentran ya insinuados en los anteriores. Por ejemplo, <em>La Espa&ntilde;a vac&iacute;a e</em>staba esboz&aacute;ndose ya en mi novela anterior, <em>Lo que a nadie le importa. </em>Y as&iacute;, unos libros llevan a otros&rdquo;.</p>
<p>- <em>Soldados en el jard&iacute;n de la paz</em> (Prames, 2009) fue su primera incursi&oacute;n en el ensayo narrativo. La historia de esos alemanes, procedentes de Camer&uacute;n, que llegaron a Zaragoza durante la Gran Guerra y se establecieron entre las &eacute;lites de la ciudad, podr&iacute;a haber dado tambi&eacute;n para una novela.</p>
<p>- Probablemente. De la misma forma que no me reconozco en <em>Malas influencias,</em> &eacute;ste es para m&iacute; un libro muy importante y quisiera rescatarlo en alg&uacute;n momento. Pero necesita una reescritura absoluta para sacarlo del localismo; porque, aunque es una historia de Zaragoza, resulta muy espa&ntilde;ola. Bastante de lo que luego cuento en <em>La Espa&ntilde;a vac&iacute;a </em>ya est&aacute; ah&iacute;. Y el tema central, el de los extra&ntilde;os desubicados, despu&eacute;s ha sido una constante en mi obra. Es una idea que me fascina.</p>
<p>- Con <em>No habr&aacute; m&aacute;s enemigo </em>(Tropo Editores, 2012) dio el salto a la novela. Es una historia de suspense, protagonizada por personajes atrapados en la gran ciudad, donde, por no faltar, no falta ni el sexo duro. A pesar de ese ritmo de thriller, Jos&eacute; Luis Mu&ntilde;oz escrib&iacute;a en <em>Calibre 38</em>: &ldquo;Abundan destellos de literatura reflexiva que brillan con luz propia&rdquo; Literatura reflexiva&hellip;O sea que el Sergio del Molino que hemos conocido despu&eacute;s asomaba la patita.</p>
<p>- La verdad es que tampoco me reconozco ya en esa novela. Est&aacute; escrita por alguien que muri&oacute;, con una noci&oacute;n de la literatura y de la narraci&oacute;n que ahora no comparto. La escrib&iacute; antes de la enfermedad y muerte de Pablo, aunque se public&oacute; despu&eacute;s. La rehice en un estado que yo calificar&iacute;a de trastorno mental grave y no he vuelto sobre ella. Temo que est&aacute; escrita por alguien que no soy yo.</p>
<p>- Cuando se abre la puerta a una literatura reflexiva, pasa como con el sue&ntilde;o de la raz&oacute;n: aparecen monstruos. Y lo vemos en esas supuestas memorias familiares de <em>Lo que a nadie le importa</em> (Random House, 2014). La sentencia que dirige el abuelo a su esposa en el lecho de muerte: &ldquo;Calla, que de ti no quiero ni que me cierres los ojos&rdquo;, como dicen los italianos: &ldquo;Se non &egrave; vero, &eacute; ben trovato&rdquo;.</p>
<p>- &Egrave; vero, &egrave; vero&hellip;</p>
<p>- La pronuncia su abuelo materno. Perteneci&oacute; al bando de los que ganaron la guerra y, sin embargo, tambi&eacute;n arrastr&oacute; miedos y silencios. Al leer la historia, da la sensaci&oacute;n de que los que nacieron inmediatamente despu&eacute;s de la muerte de Franco, usted es de 1979, heredaron esas lacras. Obviamente transformadas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;</p>
<p>- En el caso de mi generaci&oacute;n, ya m&aacute;s que miedos y silencios, ser&iacute;an tics culturales. La sombra del franquismo ha sido largu&iacute;sima. Acabamos de desenterrarlo y volverlo a enterrar.&nbsp; A la hora de revisar nuestra historia, la gente de mi edad se encuentra con unos padres que vivieron la Transici&oacute;n y dieron por finiquitado aquel trauma, hicieron borr&oacute;n y cuenta.&nbsp; Por eso nos fijamos en los abuelos, que no lo llegaron a superar. Desde una perspectiva <em>benjaminiana, </em>me interesaba m&aacute;s ese di&aacute;logo intergeneracional en el que la historia va condicionando el presente. Por eso me fij&eacute; en mi abuelo. Buscaba el legado que pudiera quedar de sus silencios. No estoy seguro de que los traumas se hereden, pero una sombra y una cierta forma de mirar y de enfrentarte a las cosas creo que s&iacute; quedan. Y eso se manifiesta a trav&eacute;s de la cultura pol&iacute;tica, pero sobre todo de la familia en la que has crecido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La literatura es el intento de reflejar la incomodidad de vivir que todos tenemos&rdquo;</strong></p>
<p>El camarero acaba de servirnos las <em>croquetas de pring&aacute;</em>. P&iacute;ldoras de puchero andaluz en cucurucho de papel. Como casta&ntilde;as asadas. Hay que cocer a fuego lento magro, pollo, morcilla, chorizo y tocino, desmenuzarlos y fundirlos con la bechamel que lleva caldo del propio cocido. De Despe&ntilde;aperros para abajo nunca prob&eacute; bocado tan sabroso.</p>
<p>En <em>Lo que a nadie le importa</em> aparece otro de los elementos que luego se repetir&aacute;n en la obra de Sergio del Molino: el sentimiento de culpa. &ldquo;La literatura autobiogr&aacute;fica es una forma de confesi&oacute;n. Te ayuda a expiar las culpas. Y s&oacute;lo desde la perspectiva de la culpa tiene sentido el indulto que obtenemos al escribir. No hablo de culpa tal como la concibe la cultura judeocristiana, porque he sido criado en un ambiente ajeno a la religi&oacute;n y a la Iglesia, sino mucho m&aacute;s intimista y vinculada, por ejemplo, a la filosof&iacute;a de Hannah&nbsp; Arendt. Para m&iacute; es una gu&iacute;a &eacute;tica muy clara. No est&aacute; vinculada a los remordimientos ni la necesidad de purgar tus pecados, sino con la suciedad que vas dejando al vivir. Y te obliga constantemente a enfrentarte a ti mismo. Para m&iacute; la literatura va de eso: es el intento de reflejar la incomodidad de vivir que todos tenemos y que escapa por completo de la geograf&iacute;a y de la celebraci&oacute;n de uno mismo. Por eso veo la culpa como un requerimiento &eacute;tico, muy vinculado a la vida en sociedad y a la autocr&iacute;tica constante de c&oacute;mo nos enfrentamos los unos a los otros.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;<em>La hora violeta</em> probablemente sea el m&aacute;s literario de todos mis libros&rdquo;</strong></p>
<p>- <em>Lo que a nadie le importa</em> lo escribi&oacute; despu&eacute;s de <em>La hora violeta</em>,<em> </em>que marc&oacute; un antes y un despu&eacute;s en su obra. Cuando planeaba otras historias, la leucemia que acab&oacute; con la vida de su hijo Pablo, poco antes de cumplir los dos a&ntilde;os, le condujo a ese libro. Y dice que todav&iacute;a no sabe por qu&eacute; encuentra lectores.</p>
<p>- Para m&iacute; es un misterio, porque lo escrib&iacute; en condiciones muy desesperadas. En trance y casi, casi, sin ninguna pretensi&oacute;n literaria. O s&iacute;. O con todas las pretensiones literarias del mundo. Ah&iacute; desarrollo una idea para m&iacute; elemental: que la literatura es una misma cosa con la vida. Y la literatura es significativa en la medida en que exprese bien todas las rarezas y las asperezas de vivir. En ese sentido, una obra escrita de forma demasiado autoconsciente, demasiado pretenciosa, me parece antiliteraria y la veo condenada al fracaso. Si <em>La hora violeta</em> lleg&oacute; a ser significativa es porque se escribi&oacute; desde la inconsciencia. Yo creo. Y, por eso mismo, probablemente sea el m&aacute;s literario de todos mis libros. Aunque algunos cr&iacute;ticos digan lo contrario. Es una obra rara, lo reconozco, pero perfectamente coherente con esa idea de la literatura como reacci&oacute;n a la vida. Una reacci&oacute;n que intenta ordenar y situarte en el mundo. Por eso hay gente que se identifica, aunque no haya pasado por nada parecido, con lo que cuenta el libro.&nbsp;</p>
<p>Nos retiran los platos. En el cucurucho queda la croqueta de la verg&uuml;enza. &iexcl;No, hay dos! Estamos de suerte. As&iacute; evitamos el espect&aacute;culo hip&oacute;crita de ced&eacute;rsela al otro, cuando a los dos nos apetece. La pring&aacute;, en el nombre lo lleva, no es tan popular como otros cocidos espa&ntilde;oles, pero puede medirse con cualquiera de ellos.&nbsp;</p>
<p>- Como parte de ese discurso, usted reivindica tambi&eacute;n el valor de los sentimientos en la obra literaria. Jam&aacute;s del sentimentalismo. Eso hubiera hecho naufragar a <em>La hora violeta</em>. &iquest;Lo escribi&oacute; m&aacute;s con la cabeza que con el coraz&oacute;n?</p>
<p>- Con mucha cabeza, con mucha consciencia. Porque es un esfuerzo por mantenerme en el mundo e indagar en ese dolor. Es un libro muy cerebral que intenta ser fiel al dolor que est&aacute; expresando. Y, en ese sentido, ten&iacute;a que ser necesariamente contenido y austero. No pod&iacute;a desbordarse por el melodrama, porque entonces fracasar&iacute;a por completo. Esa es la paradoja del libro: que fue escrito en trance pero con una autoconsciencia muy, pero que muy, exacerbada.</p>
<p>Sergio del Molino ha explicado muchas veces que <em>La hora violeta</em> no fue una terapia, sino una necesidad. La necesidad -como escribe en el libro- de dar nombre. Pero hay silencios, elipsis, en los que cuenta m&aacute;s que con muchas palabras. &ldquo;Sin duda, la literatura calla. Est&aacute; mucho m&aacute;s en los silencios y en las sugerencias que en la expresi&oacute;n. En el fondo, es una especie de elegancia. Me parece muy burdo contarlo todo. Vila-Matas, en un art&iacute;culo sobre Bola&ntilde;o que he le&iacute;do hace poco, dice que la literatura fracasa cuando hace eso. Y tiene raz&oacute;n. Yo creo que lo m&aacute;s dif&iacute;cil de conseguir es una elipsis. Me sorprendieron algunas cr&iacute;ticas, que eran muy elogiosas con el libro pero dec&iacute;an que lo contaba todo pormenorizadamente, que era muy detallista. No estoy de acuerdo: soy tremendamente elusivo. Es como si te asomaras por una mirilla a ese mundo hospitalario. Observas, pero apenas ves nada. Es evidente para cualquier lector que oculto much&iacute;simo. Por eso me sorprende tambi&eacute;n que, en algunas universidades de Latinoam&eacute;rica, se da en clases de periodismo como ejemplo de cr&oacute;nica. De cr&oacute;nica intimista, pero cr&oacute;nica. Cuando la cr&oacute;nica cuenta cosas y este libro intenta contar las menos posibles&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>- En &eacute;l explica, tambi&eacute;n, c&oacute;mo fue su relectura de <em>Mortal y rosa</em>, de Francisco Umbral.</p>
<p>- Decepcionante. Bastante, adem&aacute;s. Porque me encuentro una obra elusiva hasta el punto que me incomoda. Pero no hablo de elusi&oacute;n literaria, con la que estar&iacute;a de acuerdo, sino&nbsp; elusi&oacute;n cobarde. Umbral, en vez de indagar en su dolor, creo que est&aacute; intentando huir de &eacute;l. Y hace terapia cuando usa la literatura como tapadera en lugar de como penetraci&oacute;n. La convierte en un trampantojo constante: el hecho de que no llame al hijo por su nombre, que apenas se perciba el momento en que muere Pincho, o que sea a veces casi una trama secundaria dentro del libro. Percib&iacute; que utilizaba la escritura como escapismo, justo lo contrario de lo que yo conceb&iacute;a que debe ser la literatura y lo que hab&iacute;a entendido en un primer momento de <em>Mortal y Rosa.</em> Esa relectura a m&iacute; me deja devastado y me hace pensar mucho en lo que quiero hacer y c&oacute;mo lo quiero contar. Por eso lo inclu&iacute; en <em>La hora violeta.</em></p>
<p><em>La mirada de los peces</em> (Random House, 20017)<em> </em>parte de otra p&eacute;rdida, aunque muy diferente, para Sergio del Molino. Su profesor Antonio Aramayona, coherente con la &Eacute;tica y Filosof&iacute;a que imparti&oacute; en las aulas, opt&oacute; por quitarse la vida. En este libro, que no es propiamente una reflexi&oacute;n sobre el suicidio, &uacute;ltimo tab&uacute; de nuestra sociedad, el autor parece acentuar ese sentimiento de culpa que rige gran parte de su obra.&nbsp; &ldquo;Puede ser. La verdad es que no lo he pensado. Pero uno de los hilos es el arrepentimiento que siento porque creo que no he estado a la altura del personaje de Antonio. Realmente no lo he entendido en algunos momentos de la vida y no he sabido estar donde deb&iacute;a. Es posible que haya una reflexi&oacute;n sobre la culpa entendida como crecimiento de la vida. Porque es algo consustancial a crecer y desmontar los mitos de nuestra adolescencia. A gente que cre&iacute;amos que eran santos y puros, pero luego descubrimos que no lo son. Y no sabemos estar a la altura de su humanidad. Una cosa que me gusta mucho de la literatura de Cercas, y esto lo he hablado mucho con &eacute;l, es que sus libros persiguen la construcci&oacute;n de un h&eacute;roe pero se acaban encontrando al ser humano. Se ve en <em>Soldados de Salamina</em> pero, sobre todo, en <em>El monarca de las sombras.</em> Cercas intenta estar a la altura del hombre y en <em>La mirada de los peces</em> yo sigo un proceso inverso: ten&iacute;a un h&eacute;roe, casi un santo, que era mi profesor Antonio Aramayona, y, conforme voy creciendo, me voy encontrando a una persona. Una persona con sus contradicciones, debilidades, miserias y peque&ntilde;eces. A m&iacute; me va decepcionando y no estoy a la altura de esa decepci&oacute;n. Porque en lugar de ver al ser humano, que es mucho m&aacute;s interesante y grande, me refugio en el mito. Y &eacute;se es un poco el juego que hila toda la relaci&oacute;n entre los dos personajes&rdquo;.</p>
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<p><strong>&ldquo;La s&aacute;tira me sigue pareciendo la mejor forma de narrar&rdquo;</strong></p>
<p>Cuando empez&oacute; a escribir, Sergio del Molino quer&iacute;a ser un autor humor&iacute;stico, de los que cuentan historias con sarcasmo e iron&iacute;a. Tipo ingl&eacute;s. Pero la muerte de Pablo dio un giro de 180 grados a ese prop&oacute;sito inicial. Sin embargo, hay cr&iacute;ticos que ven destellos de humor en obras posteriores a <em>La hora violeta </em>y, por extra&ntilde;o que parezca, tambi&eacute;n en ese libro. Manuel Hidalgo habla de &ldquo;humor torcido&rdquo; a prop&oacute;sito de <em>En el Pa&iacute;s del Bidasoa</em> (IPSO Ediciones, 2018), donde Sergio del Molino recuerda c&oacute;mo marcaron su juventud las novelas de Baroja. &ldquo;En mis comienzos quer&iacute;a hacer parodia de todo y no tomarme nada en serio. La verdad es que, a d&iacute;a de hoy, la s&aacute;tira me sigue pareciendo la mejor forma de narrar y, especialmente, de hacer cr&oacute;nica pol&iacute;tica. Pero, claro, me siento incapaz porque me he vuelto solemne. Aunque la solemnidad no tiene por qu&eacute; estar re&ntilde;ida con la iron&iacute;a. La iron&iacute;a es necesaria y basal para la literatura y para la vida. Permea y ayuda a evacuar.&rdquo;</p>
<p>El camarero ha escuchado las &uacute;ltimas palabras. S&iacute;, fuera de contexto, se explica su mueca. Pero sirve campechano el <em>bacalao en tempura</em>. En rigor, es rebozado. Un bienmesabe sin vinagre, crujiente y dorado al punto. Nada que objetar, salvo el nombre. La tempura es otra cosa. Sergio del Molino retoma el hilo de la iron&iacute;a: &ldquo;En mis libros est&aacute; muy presente. Incluso en <em>La hora violeta</em> hay momentos con trasfondo ir&oacute;nico, donde dejo de tomarme en serio ciertas cosas. Si es una herramienta esencial para cualquier escritor, en el caso de los autobiogr&aacute;ficos con mayor motivo. Porque, si no, caes en el autobombo, en la autocomplacencia, y acabas haciendo una cosa absolutamente hueca. La iron&iacute;a es el arma que nos permite ser complejos y ser conscientes de que en las cosas nada, absolutamente nada, tiene importancia. Y luego, en mi vida diaria, yo no sabr&iacute;a convivir con alguien sin sentido del humor&rdquo;.</p>
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<p><strong>&ldquo;Si tuviera un sentido muy acusado del pudor no escribir&iacute;a una sola l&iacute;nea&rdquo;</strong></p>
<p>- Su literatura no es estrictamente autobiogr&aacute;fica, porque deja espacio para la invenci&oacute;n, pero el sustrato b&aacute;sico son experiencias vividas por el autor y sus familiares. &iquest;El uso de la primera persona, predominante en sus libros, le ha obligado a vencer el pudor?</p>
<p>- Lo venc&iacute; en <em>La hora violeta, </em>de forma inconsciente, y no es un debate que me haga. Si tuviera un sentido muy acusado del pudor no escribir&iacute;a una sola l&iacute;nea. Y tengo la suerte, adem&aacute;s, de que esa impudicia la comparte mi entorno, mi familia, a la que tengo de c&oacute;mplice. El uso de la primera persona para m&iacute; es algo muy natural. Y, adem&aacute;s, instrumental porque la uso para ocultarme. Una de las maneras m&aacute;s &uacute;tiles de esconderse es hacer creer al lector que est&aacute;s hablando de ti mismo cuando en realidad no lo haces. Estoy fijando la atenci&oacute;n, pero mis libros son muy poco intimistas. Hay intimidades, hay confesiones, aunque, en el fondo, uso el personaje que me construyo sobre m&iacute; mismo para llevar la narraci&oacute;n a ramas y a cerros de &Uacute;beda que son los que a m&iacute; me interesan. No deja de ser una estrategia narrativa.</p>
<p>-&iquest;Y descarta volver alg&uacute;n d&iacute;a a la ficci&oacute;n pura y dura?</p>
<p>-En buena medida ya lo hago en mi pr&oacute;ximo libro, que se titula <em>La piel. </em>Tiene parte de narraci&oacute;n autobiogr&aacute;fica, parte de ensayo y otra de ficci&oacute;n. En &eacute;l incluyo una serie de relatos can&oacute;nicamente ficticios, basados en personajes hist&oacute;ricos, y en los que no aparezco yo. Aqu&iacute;, el narrador me ped&iacute;a aparecer en tercera persona. O sea que no descarto en absoluto volver a la ficci&oacute;n total.</p>
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<p><strong>&ldquo;Me preocupa que est&eacute; en peligro la construcci&oacute;n de la convivencia en Espa&ntilde;a&rdquo;</strong></p>
<p><em>La Espa&ntilde;a vac&iacute;a </em>(Turner, 2016) inaugur&oacute; una serie de libros y reportajes sobre el &eacute;xodo rural en nuestro pa&iacute;s y el desequilibrio de la balanza demogr&aacute;fica<em>. </em>Sergio del Molino, que dio el pistoletazo de salida a otros autores, considera espantosa e innecesaria la correcci&oacute;n <em>vaciada</em> que han impuesto, despu&eacute;s de publicado su libro, los movimientos sociales y medios de comunicaci&oacute;n. Antonio Mu&ntilde;oz Molina, en una entusiasta cr&iacute;tica, escribe que la mirada del narrador est&aacute; m&aacute;s pr&oacute;xima a la de Machado que a la de un Azor&iacute;n o un Unamuno. &ldquo;Estoy de acuerdo y, adem&aacute;s, lo digo en el libro. Machado es mucho m&aacute;s nuestro contempor&aacute;neo. A Azor&iacute;n hoy no lo lee nadie. Es ilegible para la sensibilidad del lector actual, porque tiene un sentido de la poes&iacute;a en el paisaje que nos es completamente ajeno. Cuesta entrar en sus obras. Hay una barrera est&eacute;tica. Y Unamuno parece excesivamente contempor&aacute;neo. Interpela constantemente a su tiempo y muchos de los presupuestos desde los que escribe, no todos, resultan extra&ntilde;os o antiguos en este momento. Su nacionalismo cae antip&aacute;tico. Cuando habla de la raza, las esencias y cierto ecumenismo hisp&aacute;nico, nos suena a chirigota. Luego hay otras cosas, mucho m&aacute;s intimistas, que s&iacute; que nos llegan. Sin embargo, Machado es un paseante que est&aacute; plenamente inserto dentro la sensibilidad de hoy. Y no me pasa solo a m&iacute;. De los tres, es el &uacute;nico que sobrevive y podemos leer su obra como si estuviera reci&eacute;n escrita.&rdquo;</p>
<p>En el fondo, todos los libros de Sergio del Molino, ya sea a trav&eacute;s de pueblos abandonados, islas dentro de un continente o la literaturizaci&oacute;n de su propia familia, acaban hablando de Espa&ntilde;a. &ldquo;Creo que hay dos perfiles que est&aacute;n contaminados dentro de m&iacute; como ensayista. Pero a la vez se diferencian mucho. Hay uno m&aacute;s intelectual, del escritor que interviene p&uacute;blicamente en su tiempo, a trav&eacute;s de ensayos, art&iacute;culos, tertulias o conferencias. Y a &eacute;se le preocupa que est&eacute; en peligro la construcci&oacute;n de la convivencia en Espa&ntilde;a. Pero como escritor m&aacute;s solipsista, que quiere crear una obra literaria al margen de la utilidad que pueda tener en el momento y de c&oacute;mo interpele a sus contempor&aacute;neos, me intereso por lo invisible, lo oculto, los espacios innominados y los yermos. Algo que tiene que ver tambi&eacute;n con los silencios de las familias. Por lo tanto, en ensayos como <em>La Espa&ntilde;a vac&iacute;a </em>y <em>Lugares fuera de sitio</em> intento llamar la atenci&oacute;n sobre realidades que son banales y que no se perciben como conflictivas, pero que para m&iacute; lo son mucho en lo que afecta a la articulaci&oacute;n de la convivencia y la cultura de un pa&iacute;s. Y en la obra m&aacute;s estrictamente narrativa, aqu&iacute; est&aacute; la contaminaci&oacute;n de los dos perfiles, hago lo mismo: fijarme en lo banal, en lo que a nadie le importa, de ah&iacute; el t&iacute;tulo de mi novela, para desentra&ntilde;ar las historias que guardan&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Yo, aunque solo literariamente, tambi&eacute;n persigo fantasmas&rdquo;</strong>&nbsp;</p>
<p>Jos&eacute; Tom&aacute;s y Juan Jos&eacute; Padilla, retratados por Anya Bartels-Suermondt, observan, desde el muro de ladrillo visto, el pase&iacute;llo de los <em>Huevos camperos con jam&oacute;n de bellota 5J</em> desde cocinas a nuestra mesa. Romper bien la yema, para que impregne m&aacute;s las patatas que el pernil, tambi&eacute;n es un lance. Le reservo ese quiebro a Sergio del Molino.&nbsp;&nbsp;</p>
<p><em>Lugares fuera de sitio </em>fue galardonado con el premio Espasa de ensayo en 2018 y se ley&oacute; como la secuela de <em>La Espa&ntilde;a vac&iacute;a</em>. Porque enclaves como el Condado de Trevi&ntilde;o, el Rinc&oacute;n de Ademuz, Ll&iacute;via o Gibraltar no dejan de ser peque&ntilde;os laboratorios donde se ensaya la convivencia. En <em>La Espa&ntilde;a vac&iacute;a</em>, mientras tanto, hay una pasi&oacute;n por la estela que dejan las cosas al marcharse. Me recuerda a los cuadros de Amalia Avia, a esos comercios cerrados o puertas desvencijadas de lugares por los que -como escribi&oacute; sobre ellos Cela- &ldquo;alguna vez pas&oacute; la vida.&rdquo;&nbsp; &ldquo;Me gusta la comparaci&oacute;n. S&iacute;, busco ese eco, la fantasmagor&iacute;a. Yo vengo de una familia muy esot&eacute;rica. Mi madre no cre&iacute;a en Dios, pero s&iacute; en los fantasmas. Y en las brujas. Yo, aunque solo literariamente, tambi&eacute;n persigo fantasmas. Esa reverberaci&oacute;n de los espacios siempre me ha sugerido mucho, porque hay ecos del pasado que se pueden trastear. Es una obsesi&oacute;n est&eacute;tica que luego he convertido en un discurso &eacute;tico&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Ha reverdecido un periodismo narrativo, del que hay mucha tradici&oacute;n en Espa&ntilde;a&rdquo;</strong></p>
<p>- Usted se curti&oacute; en el mundo de las letras como periodista de <em>Heraldo de Arag&oacute;n </em>y, entre la docena de libros publicados, tiene uno, <em>El restaurante favorito de Nina Hagen</em> (Anorak Ediciones, 2011), que recopila, aunque me consta que hay mucha reescritura, art&iacute;culos y entradas de su p&aacute;gina personal. En el pr&oacute;logo dice que el periodismo ha renunciado a su sustancia narrativa. &nbsp;&iquest;Necesitamos en Espa&ntilde;a un periodismo m&aacute;s entroncado con la literatura como el que practica la Nueva Cr&oacute;nica Latinoamericana?</p>
<p>- Est&aacute; d&aacute;ndose. Por pura necesidad. El periodismo, al entrar en esa hecatombe que fue la crisis, tuvo que buscar nuevos espacios y formas. As&iacute; ha reverdecido un periodismo narrativo, del que hay mucha tradici&oacute;n en Espa&ntilde;a. Est&aacute; Chaves Nogales, pero tenemos ejemplos m&aacute;s pr&oacute;ximos en el tiempo&nbsp; como Manu Leguineche y los grandes cronistas de la Transici&oacute;n, que est&aacute;n muy olvidados. Aqu&iacute; el gran escaparate period&iacute;stico estuvo dominado casi siempre por la opini&oacute;n. Por una opini&oacute;n, adem&aacute;s, banal, efectista y centrada en el estilo. Muy <em>umbraliana</em>, para entendernos. Y la cr&oacute;nica, que conlleva ir, ver y contar cosas desde una particular mirada, siempre ha ocupado un segundo plano. Sigue ocup&aacute;ndolo. Lo que s&iacute; es verdad es que, a consecuencia de la crisis, han ido apareciendo buenos documentalistas. Ahora hay cierto auge de libros de periodistas y de periodismo que durante tiempo estuvieron opacados en muchos sentidos. Las editoriales ten&iacute;an colecciones de cr&oacute;nica, pero se vend&iacute;an en el fondo de la librer&iacute;a. Y ahora, por poner dos ejemplos, Anagrama publica, como libros narrativos, los de Leila Guerriero o <em>El colgajo,</em> donde Philippe Lan&ccedil;on cuenta c&oacute;mo renaci&oacute; tras el atentado a la revista sat&iacute;rica <em>Charlie Hebdo</em>. O sea, que tienen un prestigio en la industria editorial que todav&iacute;a no les concede la period&iacute;stica. Ah&iacute;, en su propia casa, se sigue considerando un g&eacute;nero segund&oacute;n.</p>
<p>- Existi&oacute; una escuela de <em>El Norte de Castilla,</em> a trav&eacute;s de la cual algunos periodistas derivaron en grandes escritores. Si miramos a <em>Heraldo de Arag&oacute;n</em>, encontramos nombres como el suyo, Manuel Vilas, Ant&oacute;n Castro, Irene Vallejo... Algunos ya llegaron siendo escritores y otros no han ejercido propiamente el periodismo, pero &iquest;se podr&iacute;a hablar de una escuela del <em>Heraldo</em>?</p>
<p>- No sabr&iacute;a responder. <em>Heraldo de Arag&oacute;n, </em>a pesar de que le faltaba el estilismo de <em>El Norte de Castilla</em>, porque no ten&iacute;a a Delibes como director, ha sido un peri&oacute;dico que tradicionalmente, ya no, ten&iacute;a unas p&aacute;ginas culturales muy bien cuidadas. Y ha sido refugio de buenas plumas. Eso es verdad. Pero no s&eacute; si ha sido tanto escuela como veh&iacute;culo de expresi&oacute;n. Hubiera hecho falta alguien que orientara, como Delibes, ya digo. Por tanto, creo que los que salimos fue de forma espont&aacute;nea. M&aacute;s que ense&ntilde;arnos, nos dejaron hacer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;En este pa&iacute;s se confunde muchas veces la independencia de criterio con la animadversi&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>Sergio del Molino ejerce tambi&eacute;n como divulgador cultural a trav&eacute;s de la radio, donde lo mismo comenta un libro o una pel&iacute;cula como interviene en ese g&eacute;nero tan denostado que es el de la tertulia. &ldquo;No quiero hacer tertulia pol&iacute;tica, sino la relacionada con temas culturales, o sociales, porque en este pa&iacute;s se confunde muchas veces la independencia de criterio con la animadversi&oacute;n. Se hace una opini&oacute;n de trinchera. Sin embargo, reconozco que en el columnismo s&iacute; me decanto mucho m&aacute;s. Tengo una posici&oacute;n muy esc&eacute;ptica con el poder en general y con el discurso de los poderosos. Creo que tanto el escritor p&uacute;blico, el que se expresa en los peri&oacute;dicos, como el periodista deben delatar las imposturas de ese discurso, encontrarle las fallas para re&iacute;rse de &eacute;l, y ser un poco bufones. En ese sentido, los partidos, cuanto m&aacute;s ideologizados est&aacute;n, m&aacute;s motivos dan para la risa. Son carne de parodia. Sin embargo, los de perfil m&aacute;s tecnocr&aacute;tico provocan menos chanzas&rdquo;.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Teruel Existe ha hecho un flaco favor al movimiento de la Espa&ntilde;a vac&iacute;a&rdquo;</strong></p>
<p>A Sergio del Molino le gusta decir que a los veinte era un anciano descre&iacute;do y que, con los a&ntilde;os, se ha vuelto m&aacute;s joven e ingenuo. Le pregunto, para acabar la entrevista, c&oacute;mo ve desde esa ingenuidad y su escepticismo pol&iacute;tico, la llegada de Teruel Existe al parlamento nacional. &iquest;Cree que habr&aacute; una segunda, y m&aacute;s legislaturas? &ldquo;Para m&iacute;, el peor escenario es que tuviera &eacute;xito. Uno de los movimientos pol&iacute;ticos que con m&aacute;s entusiasmo han celebrado esa llegada al Congreso y el Senado ha sido el independentismo catal&aacute;n. Porque ha visto refrendados en el discurso de Teruel Existe su idea victimista del Estado. Entonces, si lo parasitan, ser&aacute; el germen de algo nefasto para las reivindicaciones de la Espa&ntilde;a vac&iacute;a. Si terminaran expres&aacute;ndose de forma nacionalista y esencialista, con el reproche por arma, ser&iacute;a terrible. Creo que est&aacute; muy lejos de suceder porque Teruel Existe es una plataforma ciudadana donde, evidentemente, cabe de todo. Lo &uacute;nico que les une es la indignaci&oacute;n por el abandono de la provincia. Nada m&aacute;s. Es muy dif&iacute;cil que ese discurso cale hasta transformarla en fuerza pol&iacute;tica. Imagino que se ir&aacute; desinflando, pero, curiosamente, creo que el salto a la pol&iacute;tica de Teruel Existe ha hecho da&ntilde;o a un movimiento que estaba en un momento muy dulce. Porque hab&iacute;a conseguido copar todos los espacios p&uacute;blicos con su discurso transversal de oposici&oacute;n al poder y de demanda ciudadana. Creo que han jodido&hellip;&rdquo;</p>
<p>-&hellip; &iquest;Pongo esa palabra en la transcripci&oacute;n?</p>
<p class="NoSpacing">- Por supuesto. Creo que han jodido parte de lo que les hac&iacute;a fuertes e indispensables. Adem&aacute;s, se perpet&uacute;a una forma de hacer pol&iacute;tica vinculada al caciquismo y el conseguidismo. Algo a lo que nos ten&iacute;an acostumbrados el PNV y los nacionalistas catalanes. El movimiento de la Espa&ntilde;a vac&iacute;a pierde una oportunidad muy buena de intentar vertebrar el Estado de otra forma para que haya m&aacute;s igualdad y prevalezca la solidaridad. Si en las pr&oacute;ximas elecciones Cuenca obtiene un diputado por esa v&iacute;a y sale otro de Soria, cuando cada uno reclame en el Parlamento qu&eacute; hay de lo suyo, estaremos perdidos. Esto ser&iacute;a un neocarlismo. Creo que Teruel Existe ha hecho un flaco favor al movimiento de la Espa&ntilde;a vac&iacute;a. S&eacute; que mi opini&oacute;n es dura, y que la comparte muy poca gente, pero me parece que han tomado la peor de las decisiones.</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing">El entrevistado consulta el reloj. Los viernes por la tarde, Madrid se convierte en un infierno para el tr&aacute;fico y tiene que coger el taxi ahora mismo si quiere llegar con tiempo a la estaci&oacute;n de Atocha. Regresa a Zaragoza, como hace todas las semanas, tras su colaboraci&oacute;n en la radio. &ldquo;Dejamos la<em> torrija de brioche con helado</em> para la siguiente comida&rdquo;.&nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>
<p>Me hab&iacute;an dicho que con ese pan dulce y de corteza dorada las torrijas quedan acorchadas en su punto. Ni duras ni hechas un sufl&eacute;. Toda una tentaci&oacute;n para el laminero que reprimo desde hace tiempo. Queda pendiente, por tanto. Nada hace barruntar que, d&iacute;as despu&eacute;s, el Gobierno decretar&aacute; el estado de alarma y Madrid se va a quedar tan vac&iacute;a como esa Espa&ntilde;a moribunda a la que tom&oacute; el pulso Sergio del Molino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 12 Feb 2024 09:02:45 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una antología rigurosa de la última poesía española ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-antologia-rigurosa-de-la-ultima-poesia-espanola/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/JOS_ANTONIO_LLERA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>En un pa&iacute;s como Espa&ntilde;a, donde los poetas proliferan como las setas en primavera y donde hay casi tantos premios como bardos (con la consiguiente p&eacute;rdida de valor), es grato encontrar antolog&iacute;as rigurosas y claras que ayudan a situar al lector ante el mapa abrumador de nombres. Son antolog&iacute;as acad&eacute;micas, pero vividas y escritas desde dentro de la cuesti&oacute;n, conocimiento de causa. &nbsp;Jos&eacute; Antonio Llera nos ha regalado una de ellas. Y adem&aacute;s bien empaquetada en el cuidado papel de regalo de la editorial Libros del Aire, que dirige el poeta c&aacute;ntabro Carlos Alcorta, una de las voces de referencia de la cr&iacute;tica en prensa. Nos situamos pues ante una extensa antolog&iacute;a realizada con oficio y criterio, donde algunos de los elegidos, veintitr&eacute;s, son bien conocidos, pero otros no tanto. As&iacute; hay poetas casi desconocidos junto a los nombres de alg&uacute;n peso, como David Leo Garc&iacute;a, Ben Clark, Martha Asunci&oacute;n Alonso, &Aacute;ngela Segovia, Carlos Catena, &Aacute;ngelo N&eacute;store, Pablo Fidalgo, Elena Medel, Berta Garc&iacute;a Faet (de lo mejorcito en &ldquo;Los salmos fosforitos&rdquo;), o la inexcusable voz de Mar&iacute;a Salgado, poeta visual y uno de los nombres de referencia en la investigaci&oacute;n de la mirada anal&iacute;rica.&nbsp; En cualquier caso, hay una apuesta rigurosa y muy personal e innovadora sobre nombres &ldquo;in mente&rdquo; del lector avezado o para los especialistas, pero poco habituales en este tipo de trabajos. Me refiero a Carlos Bueno Vera, Luc&iacute;a Bosc&aacute;, Juan Bello, Gonzalo Hermo, Xu Xiaoxiao, Ruth Llana, Enrique Morales, Xaime Mart&iacute;nez, Ismael Ramos, Juan &Aacute;ngel Asensio, Rodrigo Garc&iacute;a Marina, Javier Fajarn&eacute;s, Laura Rodr&iacute;guez D&iacute;az. Cada uno de ellos con la consiguiente po&eacute;tica y nota biobibliogr&aacute;fica, a lo que debemos a&ntilde;adir un breve an&aacute;lisis, pero suficiente, de cada uno de ellos en el estudio introductorio, y que a veces sobrepasa la p&aacute;gina dedicada. Esta presentaci&oacute;n de voces menos medi&aacute;ticas, su incorporaci&oacute;n y an&aacute;lisis, los poemas seleccionados, es otro de los m&eacute;ritos de la antolog&iacute;a.</p>
<p>Apela Jos&eacute; Antonio Llera a un texto del &ldquo;Viaje al Parnaso&rdquo; sobre el &ldquo;temblor&rdquo; ante &ldquo;los puestos&rdquo; y los &ldquo;no puestos&rdquo; en las antolog&iacute;as. No deber&iacute;a preocuparse, porque de los &ldquo;puestos&rdquo; habla bien, dando opini&oacute;n y valorando con cautela sus libros. Adem&aacute;s de que alguno de ellos no suele ser incorporado a otras recopilaciones. &nbsp;Y los &ldquo;no puestos&rdquo;, no deben dolerse, pues sobran antolog&iacute;as a las que incorporarse, aunque pocas lleven un estudio inicial de ocho p&aacute;ginas reflexionando sobre la tarea del ant&oacute;logo o la poes&iacute;a actual; adem&aacute;s de sobre las corrientes que se imponen o m&aacute;s en boga (me hubiera ah&iacute; gustado que no sea tan prudente y, a veces, pol&iacute;tico. No se tome como defecto, sino como actitud cauta). Y eso antes de zambullirse con tino en los estudios individuales, que suman cuarenta p&aacute;ginas m&aacute;s. En cualquier caso, el ant&oacute;logo parece querer distanciarse de po&eacute;ticas distintas a los monocultivos de la poes&iacute;a de la experiencia de Luis Antonio de Villena o Jos&eacute; Luis Garc&iacute;a Mart&iacute;n. Ciertamente una antolog&iacute;a m&iacute;a que no cita, &ldquo;Las po&eacute;ticas del fragmento y el malestar&rdquo; (2020), con pr&oacute;logo de Antonio Gamoneda y donde va antologado el mismo Jos&eacute; Antonio Llera, avanz&oacute; en ese sentido en su extensa recopilaci&oacute;n y pr&oacute;logo. Hay un mundo diferente al de finales del siglo XX, que en un libro de 2021, &ldquo;Visiones y revisiones&rdquo;, y en otros art&iacute;culos termin&eacute; de intentar aclarar, junto a los trabajos de Juan Carlos Abril y del recientemente fallecido Jos&eacute; And&uacute;jar. Llera traza sobre esa cartograf&iacute;a la suya propia, otro de los valores del libro, tanto como la cuidada bibliograf&iacute;a, en la que le faltan pocos trabajos relevantes. Estamos pues, y, en definitiva, ante un libro s&oacute;lido y valiente, altamente recomendable para saber qu&eacute; se est&aacute; cociendo, y donde incorpora nuevos poetas (y poemas) con criterio, aunque se eche en falta, en ocasiones la presencia de alg&uacute;n libro. Pienso en Elena Medel, cuyo estupendo y adolescente &ldquo;Mi primer bikini&rdquo; (2002), fue su cima antes de caer en la temida amplificaci&oacute;n hueca o en la iron&iacute;a realista (que tiene un pase, sin m&aacute;s), pero desprovista del inicial talento. Y es que la solidaridad con la pobreza y ser mujer no son suficientes, ni ser medi&aacute;tico, para ser poeta de alg&uacute;n inter&eacute;s. Que se lo cuenten al genio oscuro del aparte Fernando Pessoa. En ese sentido es muy de agradecer que no haya ca&iacute;do en la tentaci&oacute;n el ant&oacute;logo de caer en esa llamada de lo medi&aacute;tico, para apostar por su propio criterio y acercar al lector a un libro al que deseo larga vida, pues tiene todos los mimbres para que as&iacute; ocurra y adem&aacute;s lo merece.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;La noche es un p&aacute;jaro azul. Antolog&iacute;a de la &uacute;ltima poes&iacute;a espa&ntilde;ola&rdquo;. Varios autores. Edici&oacute;n de Jos&eacute; Antonio Llera, Cantabria, Libros del Aire, 2023.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 12 Feb 2024 08:19:07 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una invitación para acceder a la poesía de Osvaldo Picardo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-invitacion-para-acceder-a-la-poesia-de-osvaldo-picardo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/OSVALDO_PICARDO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Ha tardado el lector espa&ntilde;ol en poder acceder a la poes&iacute;a pensativa de Osvaldo Picardo (Mar del Plata, 1955), a su sentido del humor y melancol&iacute;a. Una obra dif&iacute;cil de encontrar en Espa&ntilde;a, pues buena parte de ella est&aacute; publicada en Argentina, y cuya ausencia queda resuelta, al menos en parte, con esta breve antolog&iacute;a y no &ldquo;antojol&iacute;a&rdquo;. El lector podr&aacute; establecer las correspondencias entre el realismo reflexivo espa&ntilde;ol y el argentino en la voz de un poeta que, adem&aacute;s, es un estupendo autor de reflexiones sobre su arte. Sin duda muy en consonancia con una &eacute;poca en que, como nunca, las autopo&eacute;ticas est&aacute;n recibiendo gran atenci&oacute;n, despu&eacute;s de un peque&ntilde;o par&eacute;ntesis. Lo demuestra el estupendo libro de Jos&eacute; &Aacute;ngel Ba&ntilde;os Salda&ntilde;a &ldquo;M&aacute;s perenne que el bronce. El discurso autopo&eacute;tico en la l&iacute;rica espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea&rdquo; (2023) que reactualiza el viejo y pionero estudio de Leopoldo S&aacute;nchez Torre &ldquo;La poes&iacute;a en el espejo del poema. La pr&aacute;ctica metapo&eacute;tica en la poes&iacute;a espa&ntilde;ola del siglo XX&rdquo; (1993). Estamos pues ante un escritor que no sortea los desaf&iacute;os hermen&eacute;uticos que la poes&iacute;a propone en el periodo entre siglos, el suyo, el nuestro, en ese &aacute;mbito com&uacute;n del realismo de ambos m&aacute;rgenes, entre otras propuestas. La suya parte de un &laquo;escribir a conciencia&raquo; y de cuanto podr&iacute;amos llamar con Cesare Pavese, el oficio del poeta: atenci&oacute;n, tiempo, talento y dedicaci&oacute;n plena y lejana al escribir pensando en el mercado. Su poes&iacute;a se inscribe desde ah&iacute; y en cuanto en Argentina se denomina &laquo;poes&iacute;a de pensamiento&raquo; y que, como esos pescadores de sus poemas, reflexiona y busca iluminar zonas cubiertas de agua para descubrir una nueva realidad, mostr&aacute;rnosla o hacernos c&oacute;mplice de ella. Lo cuentan sus versos, pero tambi&eacute;n en la po&eacute;tica que cierra el libro y public&oacute; la revista &ldquo;Tropel&iacute;as&rdquo; de la Universidad de Zaragoza, desde ese silabeo en voz baja pensativo, de dicci&oacute;n clara, que se va empapando de la &ldquo;poes&iacute;a de la edad&rdquo;, aunque sepa tambi&eacute;n re&iacute;r e ironizar cuando la ocasi&oacute;n lo requiere.</p>
<p>La antolog&iacute;a recoge poemas desde los primeros libros &ldquo;Quis Quid Ubi. Poemas de Quintiliano&rdquo;<em> </em>(1996) hasta &ldquo;Nadar en el tiempo&rdquo; (2023), y entre ellos unos cuantos m&aacute;s, pero no muchos, pues no se prodiga este poeta tard&iacute;o. Destacar&iacute;a de todos ellos &ldquo;Mar del Plata. Seguido de otros lugares y viajes&rdquo; (2005), <em>Pasiones de la l&iacute;nea (poemas de Nicol&aacute;s de Cusa) </em>(2008) o <em>21 gramos</em> (2014). Y as&iacute; van surgiendo poemas en los que la circunstancia, el amor, se relata desde la confesi&oacute;n del saberse c&oacute;mplice del otro en ese esfuerzo que &ldquo;sobrevive&rdquo; al egotismo o el derrotismo, sin caer en sensibler&iacute;as o en enervamientos. Un amor hecho vida, pero donde &laquo;tropiezan la culpa y el amor&raquo;. Picardo sabe contar lo &iacute;ntimo desde ah&iacute;, tanto como simbolizar la existencia en sus trabajos y sus d&iacute;as, matices, compromisos, orfandades. Y as&iacute; lo hace desde la an&eacute;cdota de un &ldquo;D&iacute;a de pesca con mi padre&rdquo;, para extraer confesiones y reflexiones, mostrar amor, ironizar y denunciar al &ldquo;yo&rdquo;, o fijarse en unos obreros despedidos en otros momentos. Y, junto a ellos, los poemas en que una sensaci&oacute;n se convierte en reflexi&oacute;n, en &laquo;un imprevisto hueco/en el incre&iacute;ble bolsillo del mundo&raquo;. Esa extra&ntilde;eza, que a veces le asalta, honda, ese &laquo;silencio de buzo&raquo; y de costas imposibles para el superficial, donde el turista &laquo;nunca ha llegado a estas playas&raquo;, pues solo el &laquo;inmigrante y el desterrado /me entienden&raquo;. Y mucha ternura sobre la vida, sobre el origen y la resistencia de &laquo;El alba&ntilde;il y el socialista/ (&hellip;) y barrio pobre&raquo;. Y entre tantas circunstancias humanas, or&iacute;genes, amores, soledades y compromisos, cabe la denuncia del horror sobre los desaparecidos del estupendo poema VIII. Los desaparecidos en Argentina no es cualquier asunto, sino un hondo desgarro en la sociedad que Osvaldo Picardo refleja con firmeza, aunque esa poes&iacute;a de la edad o <em>de senectute</em>, habite a partes iguales &laquo;la nieve que dentro ha ca&iacute;do&raquo;, y sufre en su hiperestesia por un mar que dejar&aacute; de mirar. Picardo mira hacia dentro y hacia los lados, lo hemos dicho, desde la cortes&iacute;a de la claridad y desde el compromiso reflexivo, pero sobre todo emocional, con los an&oacute;nimos marineros de un barco pesquero con la palabra amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Y miramos c&oacute;mo oscurece. Antolog&iacute;a (1996-2023)&rdquo;<em>. </em>Osvaldo Picardo, Madrid, Ediciones Endymion, 2023.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 01 Feb 2024 10:47:40 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una lectura productiva y estimulante]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-lectura-productiva-y-estimulante/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/ESTEBAN_MART_NEZ_SERRA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo">Esteban Mart&iacute;nez Serra (Figueres, 1962) es profesor de Lengua y Literatura espa&ntilde;olas, editor y poeta; siendo autor de los libros&nbsp;<em>Palabras indefensas&nbsp;</em>(1999),<em> Las voces de la sobra&nbsp;</em>(1999),<em> A los frutos tard&iacute;os&nbsp;</em>(2001),<em> Pen&uacute;ltimos poemas &uacute;ltimos&nbsp;</em>(2004), <em>Paisajes de la voz</em> (2005), <em>Amarres </em>(2009), <em>Las luces n&oacute;madas&nbsp;</em>(2010),<em> Carencias&nbsp;</em>(2015),<em> </em><em>El lento aprendizaje de la paciencia&nbsp;</em>(2019) y<em> El temblor&nbsp;</em>(2022) y que recientemente nos ha entregado su &uacute;ltimo poemario Cuaderno <em>Japon&eacute;s y otros poemas&nbsp;</em>(La Gar&uacute;a, 2023).&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Las coordenadas de navegaci&oacute;n de estos poemas dibujan una ruta de escritura esencial, m&iacute;nima, marcando un trazo de avance lento, cuyos puntos componen una ruta hacia una suerte de poes&iacute;a con reminiscencias orientales. Esteban Mart&iacute;nez Serra, en su <em>Cuaderno Japon&eacute;s</em>, expone una caligraf&iacute;a hermosa, de pu&ntilde;o cl&aacute;sico &mdash;justific&aacute;ndose este ep&iacute;teto que le otorga &ldquo;tradici&oacute;n&rdquo; en lo evidente: no nos encontramos ante una escritura disruptiva, que pretenda cartografiar una literatura inexplorada y, por tanto, por negaci&oacute;n de la negaci&oacute;n, la taxonom&iacute;a de sus versos, nos inducen a clasificarla como perteneciente a un cierto canon&mdash;. Tambi&eacute;n salta a la vista que tanto la letra como el trazo son firmes y dan muestra de destreza. As&iacute; sus versos exponen reflexi&oacute;n y experiencia, al tiempo que acercan al lector las vivencias que en ellos quiere transmitir y que pretende que &eacute;ste alcance siguiendo la carta de navegaci&oacute;n que aqu&iacute; les deja. Es tambi&eacute;n &eacute;sta una escritura sin excesos ni estridencias, una escritura que respeta la pauta musical y el ritmo de una forma natural y amable.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">El volumen est&aacute; compuesto por las secciones "Cuaderno japon&eacute;s", "Cinco poemas de amor", "Dime qu&eacute; es", "Manual de &aacute;rboles" y "Cierres", cap&iacute;tulos en los que se ofrece una variedad de estilos y una intensidad desigual &mdash;&uacute;nica pena que nos deja el poso de su lectura, pues tal vez menos hubiera sido m&aacute;s&mdash;. Si me lo permiten, podr&iacute;amos distinguir con la vitola de &ldquo;m&aacute;s relevantes&rdquo; al apartado que encabeza la obra y le da t&iacute;tulo adem&aacute;s de por esta raz&oacute;n, porque su extensi&oacute;n es la m&aacute;s significativa y por la coherencia al aportar un aire oriental en sus composiciones, y en la que el poeta se dirige a una figura femenina, Sonome, lo que a&ntilde;ade una p&aacute;tina rom&aacute;ntica al texto. Para ejemplificar su brisa oriental, dejo el poema XXXIV como bot&oacute;n de muestra: &ldquo;He abierto la puerta al jilguero. / Lo he visto volar hasta la higuera / y, luego, hilvanar una nube con otra./ Al final de la tarde / dos verderones han entrado en su jaula. / &iquest;Qu&eacute; debo hacer ahora?&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Entre esos cap&iacute;tulos destacados, adem&aacute;s del inaugural, tambi&eacute;n incluir&iacute;a los cuadernos breves "Dime qu&eacute; es" y "Manual de &aacute;rboles", en los que se recogen poemas valiosos, que son veh&iacute;culos para la presentaci&oacute;n y el desarrollo de ideas y cuestiones que el poeta de Figueres &mdash;con trazo limpio y natural&mdash; compone ante el lector, facilitando una lectura productiva y estimulante. Y, si por una parte, en la primera secci&oacute;n solicita definir un monstruo, un adi&oacute;s o un poema &mdash;&ldquo;un poema no es una barca / porque no se acomodan bien hombres y peces. / Tampoco es una quilla que rompa nada. / En el mejor de los casos es ese surco ilusorio / que deja en el agua, / pues el agua misma vuelve r&aacute;pidamente a ocuparlo. / Un poema es la fr&aacute;gil memoria de ese surco / y es por eso que tienes que volver la cabeza para verlo / antes de que concluya del todo su cicatrizaci&oacute;n&rdquo;&mdash;; en aquella otra (que se compone como manual bot&aacute;nico, m&aacute;s que alternativo, complementario al del ilerdense P&iacute;o Font Quer) realiza una taxonom&iacute;a arb&oacute;rea del silencio, del odio o de la paciencia, por ponerles un ejemplo: &ldquo;Debes apoyar la espalda en &eacute;l / y esperar. &iexcl;S&oacute;lo la espera da alg&uacute;n fruto! / Entonces la savia remontar&aacute;. / Ascender&aacute; por tu espalda el fluido de la vida: / esa agua nutricia en la que -durante siglos- / se maceraron otros antes que t&uacute;. Contigo.&rdquo;&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Tampoco conviene perder de vista una secci&oacute;n muy lucrosa, sus "Cierres", donde leemos: &ldquo;as&iacute; como no existe el crimen perfecto / no existe la idea perfecta&rdquo;. Entiendo que tampoco hay lectura ni ideal ni perfecta, pero aqu&iacute; les ofrezco estas razones, que espero hagan m&aacute;s provechosa la que, tras esta lectura, ustedes puedan emprender.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo"><em>Cuaderno Japon&eacute;s y otros poemas. </em>Esteban Mart&iacute;nez Serra. La Gar&uacute;a, 2023.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 29 Jan 2024 07:52:33 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una novela excepcional]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-novela-excepcional/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/CARMEN_LAFORET_4_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Pocas obras dentro de la literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea poseen la singularidad de <em>Nada</em> de Carmen Laforet (1921-2004), ya sea por el aura de misterio que rodea a la autora o por&nbsp; la excepcionalidad de una novela fulgurante, &uacute;nica, que descuella dentro del panorama narrativo tras la guerra civil. Desde su publicaci&oacute;n en 1945 y con el espaldarazo que supuso el Premio Nadal, no ha dejado de publicarse (se explica convenientemente en la &ldquo;Introducci&oacute;n&rdquo;, que descarga as&iacute; al texto de muchas notas a pie de p&aacute;gina y agiliza la lectura), a la vez que ha ido aumentado la admiraci&oacute;n hacia una novela que forma parte del canon literario moderno. <em>Nada</em> se convirti&oacute; muy pronto en un &ldquo;fen&oacute;meno socioliterario&rdquo;, que arrumb&oacute; al resto de la producci&oacute;n novel&iacute;stica de Laforet y que pareci&oacute; convertir a su autora en la escritora de una sola obra, algo que, como bien se explica en la mencionada &ldquo;Introducci&oacute;n&rdquo;, no es tal. Sin embargo, para buena parte de la cr&iacute;tica y numerosos estudiantes de bachillerato, esta novela no es sino un ep&iacute;grafe <em>m&aacute;s</em> dentro de la narrativa espa&ntilde;ola de posguerra, aunque antes, cuando se le&iacute;a bastante m&aacute;s que ahora en los cursos preuniversitarios, era una de las lecturas obligatorias, de esas que, como <em>El &aacute;rbol de la ciencia</em> de Baroja, <em>Las ratas</em> de Delibes o <em>Tiempo de silencio</em> de Mart&iacute;n Santos, hab&iacute;a que leer (y sobre todo descubrir y disfrutar). El recuerdo de las ediciones de C&aacute;tedra &ndash;colecci&oacute;n &ldquo;Letras Hisp&aacute;nicas&rdquo;, color negro (y tipograf&iacute;a no muy grande)- est&aacute; tambi&eacute;n asociado a parte de esas lecturas, a introducciones amplias, documentadas y rigurosas que deb&iacute;an acompa&ntilde;ar al texto, convenientemente editado. Esa labor ecd&oacute;tica, profunda y detallada, es la que vemos en esta nueva edici&oacute;n de <em>Nada</em>, a cargo de Jos&eacute; Teruel, quien tambi&eacute;n ha editado con primor las obras completas de Carmen Mart&iacute;n Gaite en C&iacute;rculo de Lectores (por cierto, en el n&uacute;mero 124 de <em>Turia</em> aparece un extenso estudio en torno a la investigaci&oacute;n que la autora de <em>Usos amorosos de la posguerra</em> llev&oacute; a cabo sobre los Tor&aacute;n) y a quien se deben unos cuantos estudios esenciales de la literatura espa&ntilde;ola del siglo XX (como los de Luis Cernuda). Su &ldquo;Introducci&oacute;n&rdquo; resulta clara y amena, y sit&uacute;a a los lectores en el contexto de creaci&oacute;n y recepci&oacute;n de la obra, tan importante para entender el porqu&eacute; de su trascendencia.</p>
<p>Lo que tal vez m&aacute;s pueda sorprender a los lectores que se enfrentan por primera a la novela es el hecho de que la novela en s&iacute; posee una estructura lineal sencilla &ndash;un curso acad&eacute;mico, con tres partes-, de pocas regresiones temporales, y en la que aparentemente a la protagonista no le suceden muchas cosas, sino que es m&aacute;s bien testigo de diversos acontecimientos relacionados con su familia y amistades. Es, por otro lado, y as&iacute; se ha venido diciendo desde hace tiempo, una novela de aprendizaje, en la que a trav&eacute;s de la voz de la narradora-protagonista, Andrea, vamos conociendo a su familia, el piso de la calle Aribau, la universidad y la ciudad de Barcelona en&nbsp; ese curso de 1939-1940. Tambi&eacute;n es una novela que muestra el &ldquo;mito de la conciencia desorientada&rdquo;, las cicatrices de la guerra y se convierte en la obra que representa a una generaci&oacute;n, la de esos j&oacute;venes de comienzos de los cuarenta que, en muchos casos, vivieron la guerra sin participaci&oacute;n directa, pues eran apenas unos adolescentes. Quiz&aacute;s sea este &uacute;ltimo aspecto sobre el que m&aacute;s se incide cuando se analiza la novela, ya que se considera fundacional de un tipo de narrativa y representativa de un tiempo y una nueva forma de narrar, que tendr&aacute; su continuaci&oacute;n en la novel&iacute;stica posterior.</p>
<p>Pero no solo hay que prestar atenci&oacute;n al contexto hist&oacute;rico y social en el que transcurre la narraci&oacute;n, que es la inmediata posguerra, con todas sus secuelas y heridas abiertas, sino a lo que se cuenta y c&oacute;mo se hace. La familia de Andrea y el piso de la calle Aribau son sin duda dos de los principales elementos que van jalonando los diversos cuadros e impresiones &ndash;muchas de ellas negativas- con los que la protagonista intercala su narraci&oacute;n, a modo de retratos que de alg&uacute;n modo anticipan procedimientos narrativos posteriores. Sus dos t&iacute;os, Juan y Rom&aacute;n, su tutora Angustias, la misteriosa figura de Gloria, la presencia de la abuela y ese ni&ntilde;o por el que sufrimos cada vez que aparece o se le menciona, son la familia de Andrea, y de ellos se ofrecen retazos de vida, secretos y miedos. De ellos, posiblemente sea la figura del t&iacute;o Rom&aacute;n la m&aacute;s enigm&aacute;tica y compleja, con muchas sombras e historias detr&aacute;s de las que vamos obteniendo detalles. Su comportamiento y su aire mujeriego, algo canalla, lo convierten en heredero de la estirpe de personajes masculinos que aparec&iacute;an en numerosas novelas del XIX. Y por la parte no familiar, la de las amistades y la universidad, sin duda ser&aacute; Ena, la amiga de Andrea, el personaje m&aacute;s importante, aquel que con sus idas y venidas, est&eacute; presente en la vida de nuestra protagonista durante ese curso escolar. Los amigos de la universidad, el pelma de Gerardo, el amigo Pons o el ambiente de la Barcelona de 1940 son otros de los elementos narrativos que son presentados a los lectores de un modo a veces fragmentario, con recuerdos e impresiones de ellos a trav&eacute;s de sucesivos episodios.</p>
<p><em>Nada</em> es la novela que, en un estilo nuevo y diferente, muestra de manera clara la deriva y el &ldquo;desarraigo existencial&rdquo; de una generaci&oacute;n y de una joven que nace a la vida tras la guerra civil. Su familia, venida a menos, rota y desquiciada por momentos, ser&aacute;, junto a la opresiva y oscura casa familiar, una fuerza opresiva sobre Andrea. Tampoco las amistades y el mundo universitario ofrecer&aacute;n, salvo algunos destellos, claridad y tranquilidad a la protagonista, que deber&aacute; ir adapt&aacute;ndose a las circunstancias de la mejor manera posible, aprendiendo a base de decepciones y peque&ntilde;os fracasos (tal vez el episodio de la fiesta de Pons sea un ejemplo de ello). Esta novela es esencial dentro de la historia de la literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea, no solo por su singularidad y especiales circunstancias (&iquest;qu&eacute; j&oacute;venes autores son capaces de escribir una obra como esta con poco m&aacute;s de 23 a&ntilde;os?) o por todo lo que la ha rodeado y que todav&iacute;a hoy nos seguimos preguntando. Las historias que se intuyen detr&aacute;s de lo que se cuenta tienen tambi&eacute;n su influjo sobre los lectores, pues no menos importante es aquello que se omite y calla en la narraci&oacute;n. Quiz&aacute;s en tiempos de zozobra como los que vivimos ahora deber&iacute;amos volver a las obras que sustentan nuestra formaci&oacute;n literaria y personal, aunque sea para sentir la desaz&oacute;n y angustia de Andrea, esa &ldquo;chica rara&rdquo; que protagoniza <em>Nada</em>.- PEDRO MORENO P&Eacute;REZ.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Carmen Laforet, <em>Nada</em>, edici&oacute;n de Jos&eacute; Teruel, Madrid, C&aacute;tedra, 2020.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 26 Jan 2024 09:17:14 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ángel Cerviño: “Un poema es una cápsula fuera del tiempo”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/angel-cervino-un-poema-es-una-capsula-fuera-del-tiempo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/_NGEL_CERVI_O_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Entre la metaliteratura, el alc&aacute;zar de la ling&uuml;&iacute;stica embarazada de dones y una teatralidad que discurre por los meandros de la iron&iacute;a como de la gravedad incorporada de los asuntos que nos traspasan en lo com&uacute;n, &Aacute;ngel Cervi&ntilde;o (Lezoce, Sarria, Lugo, 1956) construye un poemario, &ldquo;Poco L&aacute;zaro&rdquo;, cercano a la melancol&iacute;a de El Escorial, con esas mismas piedras hechas prosa de porosidad l&iacute;rica, en el que eje de la muerte est&aacute; al servicio de todo un despliegue de pases pernocta.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Adem&aacute;s de todos los &ldquo;ensayos&rdquo; descritos en el pr&oacute;logo de la propia muerte (Lorca, G&oacute;mez de la Serna, los suyos propios), tambi&eacute;n Carlos V ensay&oacute; su sepelio. &iquest;Qu&eacute; prende esta morbosidad mortuoria?</p>
<p>- El &ldquo;asunto&rdquo; de la muerte resulta inevitable. Nombrarla, convertirla en algo externo, y recluirla en un escenario para poder contemplarla desde fuera, debe de ser una de las maneras de hacerla m&aacute;s digerible. Un truco para ser capaces de asumirla: convertirla en representaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Que &ldquo;en la morgue no haya lectores de poes&iacute;a moderna&rdquo;, &iquest;es una decepci&oacute;n, una iron&iacute;a, una justicia po&eacute;tica?</p>
<p>- La frase es una cita de Saul Bellow que me enamor&oacute; desde el momento en que me tropec&eacute; con ella, hace ya varios a&ntilde;os. Llega a este libro desde una de las secciones de mi anterior publicaci&oacute;n<em>, </em>&ldquo;La explotaci&oacute;n industrial del gusano de la seda&rdquo;, all&iacute; en una secci&oacute;n titulada &lsquo;Recuerdos de mi autopsia&rsquo;, se establec&iacute;a la morgue como escenario teatral y lugar de encuentro. Muchos ecos de aquellos textos resuenan en este L&aacute;zaro, y la cita encontr&oacute; de forma natural su acomodo.</p>
<p>En este contexto mortuorio, la frase tiene algo de recapitulaci&oacute;n final, y supongo que sigue recalcando cierto desasosiego, &iquest;realmente a qui&eacute;n le importan todos estos largos discursos?, &iquest;a qui&eacute;n le importa el resultado de esta actividad absurda a la que hemos dedicado media vida?</p>
<p>En la medida en que L&aacute;zaro es tambi&eacute;n el yo l&iacute;rico que produce el libro, esa constataci&oacute;n confirma la soledad del escritor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Por qu&eacute; &ldquo;los falsos dioses son los m&aacute;s crueles&rdquo;?</p>
<p>- Porque su crueldad no es sino una proyecci&oacute;n de la nuestra (somos sus inventores), un reflejo de nuestros peores impulsos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La muerte ha sufrido un proceso de ocultaci&oacute;n&rdquo;</strong><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- La muerte postmoderna &iquest;es m&aacute;s as&eacute;ptica, menos muerte, menos trascendente?</p>
<p>- La muerte ha sufrido un proceso de ocultaci&oacute;n, ha desaparecido de todo nuestro &aacute;mbito vital. La idea es vivir como si no existiera, hacer como que no va con nosotros.</p>
<p>Todos los procesos simb&oacute;licos y rituales relacionados con la muerte se han traspasado a un entramado de empresas cuyo primer cometido, ciertamente urgente, es sacarnos al muerto de delante, bien sea de la casa, o de la habitaci&oacute;n del hospital&hellip; Y devolv&eacute;rnoslo en una coqueta urna, que no desentonar&aacute; con la decoraci&oacute;n del sal&oacute;n.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Vindico la meditaci&oacute;n&rdquo;</strong>&nbsp;</p>
<p>- &ldquo;&iquest;Es tiempo dilapidado todo aquel que no empleamos en contemplar las sonrosadas nubes que pasan&rdquo;?</p>
<p>- Supongo que lo que aqu&iacute; se plantea es una vindicaci&oacute;n de la meditaci&oacute;n, de la atenci&oacute;n extrema, y de algo as&iacute; como la vida contemplativa. Y, claro, la frase es tambi&eacute;n un eco de las conocidas palabras de Baudelaire: &ldquo;-&iquest;Pues qu&eacute; es lo que amas, extraordinario extranjero?&nbsp;-&iexcl;Amo las nubes..., las nubes que pasan... all&aacute; lejos... las maravillosas nubes!&rdquo;</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;El espectro omnipresente que atormenta a la poes&iacute;a es el de su inutilidad&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Con qu&eacute; fantasmas convive &Aacute;ngel Cervi&ntilde;o? &iquest;Y la poes&iacute;a, en general?</p>
<p>- &Aacute;ngel Cervi&ntilde;o convive con el fantasma de s&iacute; mismo, pero como muy bien apuntaba el demonio b&iacute;blico que se negaba a ser expulsado del endemoniado de Gerasa, &ldquo;mi nombre es Legi&oacute;n, porque somos muchos&rdquo;.</p>
<p>Eso explicar&iacute;a la multiplicaci&oacute;n de voces dentro del libro, y dentro de cada poema. As&iacute;, cada una de las voces convocadas al texto deber&aacute; exorcizar al fantasma que le haya sido asignado.</p>
<p>En cuanto a los fantasmas de la poes&iacute;a, creo es un tema demasiado amplio y demasiado complejo para abordarlo en este formato de entrevista, s&oacute;lo podr&iacute;a decir que el espectro omnipresente que atormenta a la poes&iacute;a es el de su inutilidad: saber que es esencial y que no sirve para nada. Esa paradoja irresoluble es su mayor tormento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Conviene que los apetitos carezcan de utilidad?</p>
<p>- Un deseo sin finalidad y sin objeto ser&iacute;a el deseo supremo: el deseo de desear.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Todos somos L&aacute;zaro, cada ma&ntilde;ana al despertarnos de la pre-muerte del sue&ntilde;o&rdquo;</strong>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; sucede, qu&eacute; transcurre entre el sue&ntilde;o y la vigilia?</p>
<p>- La duermevela. Y ese es tambi&eacute;n el espacio intermedio en que se mueve L&aacute;zaro, a tientas entre la vida y la muerte.</p>
<p>Todos somos L&aacute;zaro, cada ma&ntilde;ana al despertarnos de la pre-muerte del sue&ntilde;o. La duermevela es el estado vital de L&aacute;zaro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; se requiere para que un instante &ldquo;sea pleno de gracia&rdquo;?</p>
<p>- Deber&iacute;an serlo todos y cada uno. Pero nuestra capacidad de atenci&oacute;n es limitada y nadie podr&iacute;a soportarlo; a lo sumo podemos permitirnos peque&ntilde;os destellos de iluminaci&oacute;n.</p>
<p>En una primera versi&oacute;n de ese texto aparec&iacute;a una referencia a una canci&oacute;n de Bob Dylan, de la &eacute;poca cristiana, &ldquo;Every grain of sand&rdquo; (cada grano de arena cuenta en el plan del Se&ntilde;or), donde se hablaba de &laquo;la furia del momento&raquo;. En posteriores versiones esa referencia desapareci&oacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &ldquo;El hombre que fing&iacute;a vivir no ha venido&rdquo;. Para que la vida sea digna de tal nombre, &iquest;c&oacute;mo ha de ser vivida?</p>
<p>- El hombre que fing&iacute;a vivir es uno de los personajes ausentes de la maravillosa novela (&iquest;anti-novela?) de Macedonio Fern&aacute;ndez, &ldquo;<em>Museo de la novela de la Eterna</em>&rdquo;. Aparece en mi texto quiz&aacute; para resaltar lo incompleto de L&aacute;zaro, ese &laquo;poco&raquo; que lo acompa&ntilde;a desde el t&iacute;tulo. Si L&aacute;zaro estaba poco vivo, tampoco necesitar&aacute; resucitar tanto.</p>
<p>La vida ha de ser vivida con j&uacute;bilo y resignaci&oacute;n, y es tarea de cada uno de nosotros ajustar las proporciones de esos dos elementos a cada momento de vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Todo poema abre un par&eacute;ntesis, los mejores se olvidan de cerrarlo&rdquo;</strong>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;ndo se necesita &laquo;de veras&raquo; abrir un par&eacute;ntesis?</p>
<p>- Esa afirmaci&oacute;n viene de una idea fijada en un libro anterior (&ldquo;Exogamia&rdquo;), de la que me siento muy satisfecho: todo poema abre un par&eacute;ntesis, los mejores se olvidan de cerrarlo.</p>
<p>Creo que todo poema abre un espacio diferente de vida y lenguaje, un cambio de c&oacute;digo que nos empuja a dejar atr&aacute;s muchas convenciones, y abrirnos (entregarnos) a una jungla de posibilidades.</p>
<p>As&iacute; un poema ser&iacute;a una c&aacute;psula fuera del tiempo, un universo de pura verbalidad, abierto a todas las posibilidades de significaci&oacute;n, opciones inagotables de lectura y relectura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;nto tiene de oraci&oacute;n el poema?</p>
<p>- Aqu&iacute; se juega con el doble sentido de &ldquo;oraci&oacute;n&rdquo;, como rezo y como concepto sint&aacute;ctico. Evidentemente cada oraci&oacute;n (rezo) es tambi&eacute;n una oraci&oacute;n (sint&aacute;ctica).</p>
<p>El poema, en tanto que oraci&oacute;n laica (la atenci&oacute;n, esa &ldquo;oraci&oacute;n natural del alma&rdquo; que refer&iacute;a Walter Benjamin, citando al te&oacute;logo cartesiano Malebranche), es tambi&eacute;n una oraci&oacute;n gramatical, una cl&aacute;usula que el lenguaje consiente.</p>
<p>Supongo que eso es lo que se quiere destacar en ese texto: que pese a todas sus intensidades, y su inclinaci&oacute;n a lo sublime, poemas y oraciones no son m&aacute;s que constructos ling&uuml;&iacute;sticos que ya dorm&iacute;an, como posibilidad, en el lenguaje.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 26 Jan 2024 09:04:47 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Georges Perec en papel biblia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/georges-perec-en-papel-biblia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/georges_perec_500_px.jpg" alt="" /></p>
<div>
<p>Dos mil cuatrocientas sesenta y cuatro p&aacute;ginas ocupa la obra completa de Georges Perec en sus dos vol&uacute;menes de la Biblioteca de La Pl&eacute;iade, la colecci&oacute;n de la editorial francesa Gallimard que se ocupa de establecer el canon de las letras franc&oacute;fonas y, en menor medida, internacionales, pues en su colecci&oacute;n figuran tambi&eacute;n escritores como Edgar Allan Poe y Mario Vargas Llosa.</p>
<p>Esta "panteonizaci&oacute;n de papel", como defini&oacute; la periodista Claire Conruyt de <em>Le Figaro</em> a la consagraci&oacute;n del escritor por la v&iacute;a de publicaci&oacute;n en La Pl&eacute;iade, llega a los 35 a&ntilde;os de su prematura muerte en 1982, poco antes de que Perec celebrase su 46 cumplea&ntilde;os. Los dos vol&uacute;menes de color habano &ndash;este es el tono asignado a los autores del siglo XX en la colecci&oacute;n&ndash; contienen obras de &iacute;ndole tan diversa que los lectores podr&iacute;an llegar a pensar que se encuentran ante una recopilaci&oacute;n de obras de diversos escritores. "&iquest;A qu&eacute; Perec me acerco?", podr&iacute;a ser la pregunta que funcionase como punto de partida para abordar estos dos tomos; por suerte, el propio escritor, tan aficionado a hacer de ex&eacute;geta de s&iacute; mismo, especific&oacute; en sus <em>Notas sobre lo que busco</em> que su obra consta de cuatro vertientes: la sociol&oacute;gica, la autobiogr&aacute;fica, la l&uacute;dica &ndash;que remite a su inter&eacute;s por las constricciones literarias, desarrolladas junto a otros escritores y matem&aacute;ticos del colectivo Oulipo&ndash; y, por &uacute;ltimo y en su propias palabras, la que concierne "a lo novelesco, al gusto por las historias y las peripecias, al deseo de escribir libros que se devoren de bruces en la cama; <em>La vida instrucciones de uso</em> es el ejemplo t&iacute;pico de ello".</p>
<p>Gran parte de esta cartograf&iacute;a de s&iacute; mismo que Perec fue elaborando en paralelo a su obra se encuentra en sus <em>cahiers des charges</em>, los minuciosos cuadernos de preparaci&oacute;n para la novela <em>La vida instrucciones de uso</em>. Todo este material nos permite conocer al escritor como si tuvi&eacute;ramos una llave que nos diese acceso directo a su cerebro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Perec como navaja suiza</strong></p>
<p>El escritor franc&eacute;s Ivan Jablonka, recientemente traducido al castellano, apunt&oacute; con acierto al considerar a Perec m&aacute;s que como escritor, como un investigador en ciencias humanas. Esto no desmerecer&iacute;a en nada su labor, pues es cierto que Perec, al igualque muchos investigadores, nos ha ayudado a comprender nuestra sociedad gracias a sus intuiciones. Tomemos como ejemplo su novela <em>Las cosas</em>, galardonada con el Premio Renaudot en 1965. Su subt&iacute;tulo la describe como "una novela de los a&ntilde;os sesenta", pero al leerla hoy resulta escalofriantemente contempor&aacute;nea, pues retrata tambi&eacute;n los valores que imperan actualmente. En <em>Las cosas</em>, la pareja de protagonistas formada por Jerome y Sylvie quieren, ante todo, obtener placer inmediato a trav&eacute;s de una vida f&aacute;cil, confortable y en la que se rodeen de objetos bellos y bien dise&ntilde;ados. Estamos en plena &eacute;poca del desarrollo de la publicidad y de los estudios de mercado, y ellos pertenecen de lleno a ella, pues trabajan realizando encuestas sobre h&aacute;bitos de consumo &iquest;Nos suena muy distinto a lo que vivimos a principios del siglo XXI? Mi impresi&oacute;n es que no.</p>
<p>Tambi&eacute;n los trabajos de campo experimentales de Perec, desarrollados principalmente en obras como <em>Tentativa de agotamiento de un lugar parisino </em>y <em>Especies de espacios, </em>han hecho mella en diversas corrientes de investigaci&oacute;n, tal como ha sabido ver el acad&eacute;mico Richard Phillips, quien destaca que los m&eacute;todos y pr&aacute;cticas propuestos por Perec han calado en trabajos sobre paisajismo, vida cotidiana, espacio y teor&iacute;a social urbana. Destaca tambi&eacute;n el esp&iacute;ritu l&uacute;dico del escritor, su atenci&oacute;n a lo corriente y cotidiano y su peculiar pr&aacute;ctica de escritura sobre el terreno, que tiene su exponente m&aacute;s notable en la <em>Tentativa de agotamiento</em>: Perec se instala en diversos lugares de la Place Saint-Sulpice a mirar pasar la vida cotidiana, a dar fe, como un notario de lo urbano, de lo que ocurre en esa plaza durante tres d&iacute;as de octubre de 1974.</p>
<p>Por todo esto, nos queda ya claro que leer a Perec es una experiencia estimulante que nos pone en contacto con la literatura tal como se nos inculc&oacute; en la infancia para animarnos a leer y de la que nos enamoramos los que hoy somos adictos a la lectura. La literatura de Perec nos anima a emplear las infinitas posibilidades de nuestra imaginaci&oacute;n y nos da v&iacute;a libre para un uso l&uacute;dico del lenguaje, en las ant&iacute;podas de los escritos plagados de lugares comunes o de esos odiosos textos burocr&aacute;ticos propios &uacute;nicamente de la vida adulta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El lector arqu&eacute;ologo</strong></p>
<p>La obra de Perec posee diversos estratos o capas de lectura que conectan con diversos tipos de lector. Tan apasionante es leer a Perec como estudiarlo, ya que &eacute;l mismo permite a sus lectores convertirse en convertirse en arque&oacute;logos de sus textos. Como ya mencion&eacute; m&aacute;s arriba, el mejor ejemplo de esta posibilidad lo encontramos en la novela <em>La vida instrucciones de uso</em>, Premio Medicis en 1978. Su estructura imita la de una casa de mu&ntilde;ecas a la que se le hubiera retirado la fachada para que quien juegue con ella pueda decorarla y transformarla a su capricho. Tal vez nos sorprenda descubrir que la organizaci&oacute;n de este "plano-damero", como Perec lo consider&oacute; para trabajar sobre &eacute;l, reposa sobre tres procesos formales complejos. O quiz&aacute; nos resulte tan natural como nos resulta el virtuosismo de un violinista que parece mover los dedos sin esfuerzo, cuando en realidad lleva a sus espaldas semanas de ensayos y repeticiones.</p>
<p>Uno de estos procesos formales es la poligraf&iacute;a del caballo, un enigma matem&aacute;tico de los que hac&iacute;an las delicias del Oulipo. En &eacute;l se parte de un tablero de ajedrez con un caballo situado en una casilla determinada. La regla es que caballo ha de posarse en todas las casillas sin repetir ni omitir ninguna, siguiendo su manera de moverse en L. Este deseo de organizar la novela partiendo de un modelo formal, alejado de opciones realistas o basadas en el azar, est&aacute; mucho m&aacute;s emparentado con lo medible y calculable, &aacute;mbitos en los que los miembros del Oulipo se sent&iacute;an muy c&oacute;modos. Y para dar respuesta a c&oacute;mo ir llenando de elementos esas habitaciones y c&oacute;mo organizarlos despu&eacute;s, Perec tambi&eacute;n emplear&aacute; procedimientos matem&aacute;ticos como el bicuadrado ortogonal de orden 10. Las permutaciones de los distintos elementos las realizar&aacute; bas&aacute;ndose en la regla de la quenina, una estrofa que procede de la sextina y que fue modificada por el tambi&eacute;n escritor Raymond Queneau, de ah&iacute; su nombre. Este car&aacute;cter artesanal recorre toda la novela, que no est&aacute; exenta de otro de los ingredientes caracter&iacute;sticos de la escritura oulipiana: la intertextualidad. Es probable, por tanto, que muchos lectores finos detecten que la historia del acr&oacute;bata que figura en el cap&iacute;tulo trece de <em>La vida instrucciones de uso</em> es una reescritura del cuento de Kafka <em>Un artista del trapecio</em>.</p>
<p>Tampoco olvidemos que Georges Perec se apellidaba en realidad Peretz y era descendiente de jud&iacute;os polacos que emigraron a Par&iacute;s en torno a 1920. Su apellido paterno fue mal transcrito por un funcionario de aduanas y este peque&ntilde;o error le otorg&oacute; su nueva identidad. Por eso, quiz&aacute; no sea casual su afici&oacute;n por los crucigramas, ya que es en estos pasatiempos donde se hace m&aacute;s evidente que la palabra no es sino una agrupaci&oacute;n de letras. En esa rejilla l&uacute;dica, la palabra deja de ser unidad sem&aacute;ntica para convertirse en un conjunto de unidades gr&aacute;ficas. En definitiva, el crucigrama nos hace ver que las palabras que son un conjunto ef&iacute;mero de letras que se pueden rearticular para formar otro concepto distinto, que son tan provisionales como la identidad polaca del matrimonio Peretz, cuyo hijo Georges era franc&eacute;s y se apellidaba Perec.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Recetas contra el vac&iacute;o</strong></p>
<p>La dimensi&oacute;n juguetona de la obra de Perec es uno de sus aspectos m&aacute;s significativos. De hecho, la primera vez que le&iacute; sus <em>Doscientas cuarenta y tres postales de colores aut&eacute;nticos</em>, incluidas en el volumen <em>Lo infraordinario,</em> qued&eacute; impresionada por lo l&uacute;dico de la propuesta. Yo ten&iacute;a veinte a&ntilde;os y ya escrib&iacute;a ficciones breves, pero me parec&iacute;a que entre la literatura "oficial" y mi escritura hab&iacute;a un abismo. Las reglas formales de lo literario hab&iacute;an sido establecidas de antemano y yo deb&iacute;a seguirlas: no me quedaba otra. Sin embargo, al leer aquella peque&ntilde;a colecci&oacute;n de parodias de los textos t&iacute;picos que figuran en las postales, tan repetitivos y acartonadamente optimistas, se abri&oacute; para m&iacute; un ventanal intangible que hizo correr una brisa liberadora: aquello que otros con desprecio llamar&iacute;an "inventiva", era tambi&eacute;n literatura, pues Perec era un escritor. S&oacute;lo con el tiempo aprend&iacute; a descubrir los gui&ntilde;os contenidos en aquellas postales en las que sus narradores dicen estar tost&aacute;ndose al sol constantemente ("Estamos cruzando Cerde&ntilde;a. Nos da el sol por todas partes. &iexcl;Quemaduras! &iexcl;Pasta prima! Pensamos volver el pr&oacute;ximo mi&eacute;rcoles."), a pesar de encontrarse a menudo en la Breta&ntilde;a francesa, donde sus rayos no son apenas visibles durante el verano ("Un gran saludo desde Trouville. Largas sesiones de bronceado. Estoy colorada como dos bogavantes. Mil recuerdos."). Este gusto por el enga&ntilde;o y el juego de espejos ya no nos sorprende, pero su descubrimiento hace dos d&eacute;cadas fue para m&iacute; como un salvavidas de colores brillantes.</p>
<p>El &uacute;nico peligro de este aspecto l&uacute;dico de Perec es que puede haber opacado otra dimensi&oacute;n no menos importante de su escritura: su trabajo en torno al vac&iacute;o y a la p&eacute;rdida. Este aspecto de su obra se encarna con claridad en uno de los ciento diecisiete personajes de <em>La vida instrucciones de uso</em>: Bartlebooth. El nombre del personaje procede de dos creaciones de otros escritores: el c&eacute;lebre Bartleby de Melville y el Barnabooth de Valery Larbaud, menos familiar para los lectores en castellano. El personaje y la misi&oacute;n vital de Bartlebooth son el eje de la novela, puesa trav&eacute;s de ellos se desarrolla una met&aacute;fora de la escritura como proyecto de absoluta gratuidad cuyo resultado puede llegar a ser simplemente una hoja de papel en blanco y que, adem&aacute;s, resulta una complicaci&oacute;n a&ntilde;adida a la de vivir. Bartlebooth es el recurso que emplea Perec para hablarnos de la tarea del escritor. Sus decisiones las describe as&iacute;: "Bartlebooth, en otros t&eacute;rminos, decidi&oacute;́ un d&iacute;a que su vida entera estar&iacute;a organizada en torno a un proyecto &uacute;nico cuya necesidad arbitraria no tendr&iacute;a otro fin que ella misma. Esta idea le vino cuando ten&iacute;a veinte a&ntilde;os. Fue, al principio, una idea vaga, una pregunta que se hac&iacute;a &mdash; &iquest;qué hacer?&mdash;, una respuesta que se esbozaba: nada". Finalmente,&nbsp; el narrador nos hace ver que el &uacute;nico inter&eacute;s de Bartlebooth es "una cierta idea de la perfecci&oacute;n", tan emparentada con lo que se persigue al emprender cualquier disciplina art&iacute;stica, en concreto la escritura.</p>
<p>El proyecto de Bartlebooth, aparentemente alocado e in&uacute;til, destila una gran melancol&iacute;a y se resume as&iacute;: durante diez a&ntilde;os se dedicar&iacute;a a aprender la t&eacute;cnica de la acuarela. Despu&eacute;s recorrer&iacute;a el mundo pintando marinas, siempre del mismo formato. Cada una de ellas se le enviar&iacute;a a un artesano especializado que la pegar&iacute;a en una placa de madera para construir con ella un rompecabezas de 750 piezas que Bartlebooth reconstruir&iacute;a m&aacute;s adelante. Por &uacute;ltimo, las marinas se trasladar&iacute;an al lugar donde fueron pintadas para ser sumergidas en una soluci&oacute;n qu&iacute;mica que las convertir&iacute;a de nuevo en una hoja de papel inmaculada: no quedar&iacute;a ni rastro de esta operaci&oacute;n que se hab&iacute;a convertido en el &uacute;nico sentido de la vida de Bartlebooth.</p>
<p>Este personaje cuya relaci&oacute;n con la memoria es compleja, nos lleva directamente a la vertiente autobiogr&aacute;fica de Perec, a su deseo por recuperar los recuerdos borrados de su ni&ntilde;ez. En <em>W el recuerdo de infancia</em>, el dolor por la p&eacute;rdida nos convoca, pues Perec afirma no tener recuerdos de infancia: "Hasta los doce a&ntilde;os, m&aacute;s o menos, mi historia no ocupa m&aacute;s que unas pocas l&iacute;neas: perd&iacute; a mi padre a los cuatro a&ntilde;os y a mi madre a los seis; pas&eacute; la guerra en distintas pensiones de Villard-de-Lans. En 1945 me adoptaron la hermana de mi padre y su marido". La madre y el padre de Perec desaparecieron en el Holocausto, por eso comprendemos su pasi&oacute;n por lo infraordinario, por la historia con min&uacute;sculas, cuando afirma que: "otra historia, la Grande, la Historia con su gran hache, ya hab&iacute;a respondido por m&iacute;: la guerra, los campos". Al respecto, Claude Burgelin, amigo del escritor y parte del equipo editorial de los dos vol&uacute;menes dedicados a Perec en La Pl&eacute;iade, declara que su novela lipogram&aacute;tica <em>La disparition </em>no se limita a ser un ejercicio acrob&aacute;tico que nos hace reparar en las limitaciones del lenguaje (pues la novela en el original franc&eacute;s no emplea en ning&uacute;n momento la letra "e", mientras que su versi&oacute;n en castellano, titulada <em>El secuestro</em>, carece de letra "a"): es tambi&eacute;n una f&aacute;bula sobre la desaparici&oacute;n de los jud&iacute;os, una v&iacute;a para metaforizar su exterminio durante la Segunda Guerra Mundial.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Tras las huellas de Perec</strong></p>
<p>Es tentador justificar la seriedad del proyecto perecquiano aludiendo a esta tr&aacute;gica dimensi&oacute;n autobiogr&aacute;fica reci&eacute;n citada, pero en mi opini&oacute;n, la prueba m&aacute;s evidente de lo s&oacute;lido e imperecedero de su trabajo (m&aacute;xime para alguien que buscaba "lo eterno y lo ef&iacute;mero", como &eacute;l mismo sostiene en el ep&iacute;grafe del &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de <em>La vida instrucciones de uso</em>), es la cantidad de homenajes que ha recibido a trav&eacute;s de la obra de otros artistas. Perec tiene la virtud de generar el gusanillo de la creaci&oacute;n en quienes lo leen o, mejor dicho, en quienes lo <em>experimentan</em>, de ah&iacute; la cantidad de artistas que lo consideran un faro que ilumina su proceso de creaci&oacute;n. Como ejemplo, mencionar&eacute; al artista visual barcelon&eacute;s Ignasi Aball&iacute;, que dialoga con Perec a trav&eacute;s de su serie <em>Desapariciones</em>, as&iacute; como en otras muchas obras. Aball&iacute; abandon&oacute; la pintura en los a&ntilde;os noventa y se centr&oacute; en la reflexi&oacute;n conceptual, interes&aacute;ndose en los planteamientos de Foucault y Derrida acerca del archivo. <em>Desapariciones</em> consta de veintitr&eacute;s carteles publicitarios de pel&iacute;culas cuyos guiones fueron escritos por Perec, si bien casi ninguno de ellos se llev&oacute; a la pantalla en su momento. Con el dise&ntilde;o y producci&oacute;n de estos carteles, Aball&iacute; invoca una ausencia, instalando al espectador la nostalgia por lo que nunca existi&oacute;.</p>
<p>Mientras tanto, el Oulipo est&aacute; lejos de haberse disuelto tras el fallecimiento &ndash;o mejor, la desaparici&oacute;n&ndash; de Perec y de varios de sus fundadores. Siguen en activo tanto la secci&oacute;n literaria del colectivo como otros grupos de artistas potenciales de otras disciplinas: el colectivo de pintores OuPeinPo, el de m&uacute;sicos &ndash;llamado OuMuPo&ndash; o el de literatura policiaca, el OuLiPoPo. Todos ellos siguen con alborozo la est&eacute;tica en la que los artistas, al imponerse ciertas constricciones, emplean sus herramientas de trabajo de un modo distinto que les abre nuevas v&iacute;as de exploraci&oacute;n.</p>
<p>Por &uacute;ltimo, y en el campo de lo especulativo, surge la pregunta de c&oacute;mo habr&iacute;a abrazado Perec las redes sociales y el gusto contempor&aacute;neo &ndash;rayano en la adicci&oacute;n&ndash; por lo nimio, por el comentario banal acerca de nuestra cotidianidad, esos miles de "Estoy en pijama comiendo muesli" o "Por fin saqu&eacute; del armario la ropa de invierno" a los que nos exponemos diariamente. Mi impresi&oacute;n es que les habr&iacute;a sacado un partido creativo que no estamos preparados para comprender. En su deseo de apertura de nuevas sendas literarias por las que adentrarse, &eacute;l se situ&oacute; sin pretenderlo como uno de los precursores de lo que hoy es <em>trending topic</em>. Por eso, sus dos vol&uacute;menes en La Pl&eacute;iade hablan de nuestro tiempo y seguir&aacute;n hablando de los tiempos por venir. Pero, sobre todo, generan ese placer tan caracter&iacute;stico que solo los frutos de la inteligencia logran proporcionarnos.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Notas:</strong></p>
<p>La traducci&oacute;n de los fragmentos de <em>W o el recuerdo de la infancia</em> es de Alberto Claver&iacute;a, (Barcelona, Pen&iacute;nsula, 1987).</p>
<p>La de "doscientas postales", inclu&iacute;da en <em>Lo infraordinario</em> es m&iacute;a (Lo infraordinario, Impedimenta, 2008).</p>
<p>La versi&oacute;n castellana de <em>La vida instrucciones de uso</em> es de Josep Escu&eacute; (Anagrama, 2004).</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 22 Jan 2024 08:22:21 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Conciencia de clase]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/conciencia-de-clase/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/JOS_ANTONIO_CONDE_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo">A la hora de contemplar la evoluci&oacute;n del decir en esta voz po&eacute;tica, podemos observar en la lectura cuidadosa de la obra &uacute;ltima de Jos&eacute; Antonio Conde (Sierra de Luna, 1961), un cierto gir&oacute; que comenzara ya hace cinco a&ntilde;os, cuando su poes&iacute;a esencial, estricta y evocadora dio un giro hacia una cierta forma de poes&iacute;a social o, como m&iacute;nimo, hacia una escritura con conciencia social. El momento inaugural, como les propongo, se dio con la publicaci&oacute;n de <em>Palabras rotas</em>, un poemario en el que el estilo tradicional de Conde se pone al servicio del testimonio y de la denuncia de un tiempo en el que la injusticia y la vileza se ense&ntilde;orearon por doquier y cuyo eje de giro, alrededor del que se componen los versos breves y bien hilados, se centra en la memoria familiar de la guerra y la posguerra en las Cinco Villas. En un ejercicio identitario, de puro poeta, recogi&oacute; al final de aquel volumen un peque&ntilde;o glosario de t&eacute;rminos propios del tiempo y de las tierras que sus versos invocaran. El segundo paso en este andar decidido a elevar la voz de esa clase menos favorecida, tuvo lugar hace tres a&ntilde;os &mdash;a mi parecer y siendo consciente de que se trata de una afirmaci&oacute;n discutible&mdash; cuando continu&oacute; camino con la publicaci&oacute;n de <em>Cuenta atr&aacute;s</em>, una obra heterodoxa en la que la factura po&eacute;tica de Conde empez&oacute; a evolucionar hacia una forma m&aacute;s directa, m&aacute;s narrativa; de hecho en este trabajo se suceden poemas y prosas po&eacute;ticas (una escritura en la que Conde siempre ha destacado) en las que, junto al relato del auge y ca&iacute;da del boxeador Sony Liston, se denuncia la hipocres&iacute;a de una sociedad que niega toda oportunidad a los m&aacute;s infortunados, que se recrea en la denigraci&oacute;n del bruto analfabeto, al tiempo que relata la obsolescencia del juguete roto, del producto que deja de servir al espect&aacute;culo porque no es capaz de amoldarse y atenta contra las reglas morales del sistema.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Con estas obras precedentes en la memoria, y continuando con lo que podr&iacute;a calificarse como un ajuste de cuentas con nuestro tiempo, Conde firma su nuevo poemario, <em>Clase baja</em>, que constituye el tercer libro consecutivo con Los libros del gato negro y que &mdash; de momento&mdash;, completa lo que ser&iacute;a una trilog&iacute;a de poes&iacute;a de transcendencia social.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">A la hora de definir la escritura po&eacute;tica de Conde de una forma clara y sint&eacute;tica, lo m&aacute;s prudente me parece atender a las acertad&iacute;simas palabras de Antonio P&eacute;rez Lasheras, quien se&ntilde;alara tres de sus cualidades m&aacute;s caracter&iacute;sticas: &ldquo;su sincretismo, su concentraci&oacute;n conceptual y su destilaci&oacute;n de las palabras hasta acrisolarlas y hacer que digan lo que hasta ese momento no hab&iacute;an dicho nunca&rdquo;. En este &uacute;ltimo proyecto, y sin distanciarse claramente de facturas anteriores, s&iacute; podemos encontrar una cierta renuncia al continuo cincelado, a la esmerada pulimentaci&oacute;n que, con la extenuaci&oacute;n, dejara bru&ntilde;ido el verso de obras anteriores, en las que cada l&iacute;nea conformaba una cuenta esf&eacute;rica, brillante, y el poema, por tanto, luc&iacute;a como un fino collar en el que se engarzaban esos corales trabajad&iacute;simo. En la evoluci&oacute;n durante esta epopeya social, parece que Conde se hubiera lanzado a explorar un camino que se abre paso usando un estilo m&aacute;s directo, tal vez por ofrecer un registro acorde con esa poes&iacute;a de barrio obrero con la que desnuda las verg&uuml;enzas de un capitalismo injusto y que es una maldici&oacute;n con la que se eleva la denuncia de la relegaci&oacute;n de las clases trabajadoras a la vida m&aacute;s anodina y desesperanzadora. Esa voz es m&aacute;s fresca, m&aacute;s desde&ntilde;osa, menos aterciopelada, sin temblarle el pulso al esbozar con trazo grueso.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Dada la conocida faceta pict&oacute;rica de Conde &mdash;arte en la que tambi&eacute;n se aplica con excelencia&mdash;, se me antoja que estos son una suerte de retratos de &eacute;poca que, de alguna manera, se emparentan con aquellos catorce &oacute;leos al secco que ocuparan las paredes de la Quinta del Sordo, esas Pinturas negras, &iacute;ntimas, que representan y sintetizan una visi&oacute;n personal &mdash;que el artista quiere guardar y tener cerca porque le son propias&mdash; de unas vivencias, de un momento hist&oacute;rico; obras que en ning&uacute;n caso est&aacute;n exentas de la crueldad del golpe del garrote o del desamparo de esa ancianidad a la que s&oacute;lo le resta comer sopas y en las que Goya se aplic&oacute; haciendo uso de un trazo menos definido y, a la vez, enormemente expresivo.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">En los versos que componen esta <em>Clase baja</em> se muestra un hondo reconocimiento a la familia, puesto &ldquo;que enciende la luz como refugio/ que sabe estirar el jornal y la parva&rdquo; y al empe&ntilde;o de esa unidad de esfuerzo y sacrificio que &eacute;sta constituye, muy especialmente para los desfavorecidos: &ldquo;este es el testimonio de una deriva,/ el naufragio de un linaje,/ un linaje com&uacute;n/ que se pronuncia en el desaliento&rdquo;; as&iacute; como manifiesta un desaire insurrecto que eleva el rostro, que muestra su desplante hacia &ldquo;el amo&rdquo;, hacia la sociedad que lo encumbra, y que en su mirada altiva mantiene su perseverancia en la belleza despreciada: &ldquo;al pie de los quebrantos,/ a nadie el importa/ el soliloquio de la rosa&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">El poso de su lectura deja un testimonio personal con &mdash;insistimos&mdash;, retrogusto a poes&iacute;a social, y deja en los labios que reciten tanto su conciencia de clase como el color tinto de los latidos pasados. Sin embargo, esta obra tiene una enorme vigencia, puesto que para muchos ese &ldquo;anta&ntilde;o&rdquo; es a&uacute;n su d&iacute;a a d&iacute;a, es vivencia actual para quienes el regateo a&uacute;n es herramienta de trabajo y donde es preciso descender otra vez al fondo, por si a&uacute;n quedara algo que reba&ntilde;ar... &ldquo;Los m&iacute;os &mdash;dice Conde&mdash; son de fiar,/ son buena gente,/ pero cuidado con ellos,/ son los parientes m&aacute;s cercanos/ de la ira&rdquo;. Conde cava rectas las regueras de sus versos y, mientras, ve en su memoria al padre de su padre todav&iacute;a en el surco. Con estos versos tambi&eacute;n se pretende sacar a los suyos, por fin, del barro, del fr&iacute;o y de toda penuria.<em>&nbsp;</em></p>
<p class="Cuerpo"><em>&nbsp;</em></p>
<p class="Cuerpo"><em>Clase baja</em>, Jos&eacute; Antonio Conde, Zaragoza, Los libros del gato negro, 2023.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 18 Jan 2024 13:52:55 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Todos nos parecemos a un desconocido]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/todos-nos-parecemos-a-un-desconocido/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2024/FLORENCIO_LUQUE_ALFONSO_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Sabido es que a Azor&iacute;n le gustaba mucho salpicar sus textos con palabras antiguas, pasadas de moda, cuyos significados s&oacute;lo estaban al alcance de quienes, como &eacute;l, eran muy dados a fatigar constantemente los diccionarios o de quienes &mdash;sobre todo en los pueblos, desempe&ntilde;ando oficios ancestrales&mdash; las usaban como moneda corriente en sus parloteos. Palabras como alcaller, adunca, aljezares, antuvi&oacute;n, barbiponiente, baladres, bodigo, cojijo, copela, companages, fl&aacute;mulas del ca&ntilde;ar, granzones, profincuo, recazo, taravilla, zalagardas&hellip;, que en un tiempo no tan remoto corr&iacute;an de boca en boca en gentes que no eran bachilleres pero s&iacute; rudamente cultas (valga el ox&iacute;moron), en el sentido de que eran capaces de machihembrar cada t&eacute;rmino ling&uuml;&iacute;stico con su propia cosa, cualidad o ambiente, haciendo m&aacute;s pr&oacute;ximo y m&aacute;s sustantivo el trozo de realidad referido por ellas. Ha bastado, sin embargo, un breve transcurso de tiempo y la creencia de que cualquier campo de la realidad se ha ido transformando poco a poco hasta el punto de que parezca no ser ya la misma realidad de antes, para que se piense que esos vocablos precisos y limpios no sirven ya hoy, y han acabado arrumbados en el repositorio del olvido por anticuados. Azor&iacute;n, sin embargo, se serv&iacute;a habitualmente de tales palabras, pues natural era para &eacute;l que quien las encontrara en sus libros hace sesenta o setenta a&ntilde;os no se extra&ntilde;ara de verlas, conociendo al momento su exacto significado. A esto Azor&iacute;n lo llamaba pobreza de l&eacute;xico, que es la que debiera de practicar el poeta, el orador o el escritor que quisiera hablarnos con propiedad de las cosas del mundo. Pero, &iexcl;ay!, de nosotros y de los bachilleres (y tambi&eacute;n de los universitarios) de ahora, que no es s&oacute;lo que no sepan qu&eacute; significan t&eacute;rminos tan poco usuales como alcaller, adunca o antuvi&oacute;n, sino que posible y hasta probablemente ni se les pase por la cabeza buscar su significado en un diccionario, tal y como hac&iacute;a el mismo Azor&iacute;n.</p>
<p>&laquo;Acerico&raquo; bien podr&iacute;a ser una de esas palabras antiguas que ya hoy casi nadie maneja pero que Florencio Luque (Marchena, 1955) ha querido rescatar de ese fabuloso y rico repositorio plagado de palabras que un d&iacute;a estuvieron llenas de vida, espolvoreando con su sal y su pimienta toda clase de conversaciones, pero que ahora, por desgracia, est&aacute;n a punto de expeler su &uacute;ltimo aliento si no es que han pasado ya definitivamente a mejor vida. Para quien no lo sepa un &laquo;acerico&raquo; es una especie de peque&ntilde;o coj&iacute;n en el que nuestras madres y abuelas clavaban los alfileres o las agujas que usaban para sus costuras. Pero, claro, &iquest;qui&eacute;n es el guapo o la guapa que en la actualidad tiene un set de costura con todos sus &uacute;tiles y cuando, pongamos por caso, se le descosa la cremallera de un pantal&oacute;n busque hilo, dedal y por supuesto la correspondiente aguja que debiera de estar en su acerico y se ponga pacientemente a coserla? Lo normal es que la mayor&iacute;a de la gente deje esa laboriosa tarea para otro d&iacute;a... exactamente para el d&iacute;a en que le lleve el pantal&oacute;n a una costurera m&aacute;s o menos profesional que lo arreglar&aacute; en un santiam&eacute;n sin que esa mayor&iacute;a sepa nada de hilos,&nbsp; dedales, agujas y acericos.</p>
<p>A tenor de lo punzantes y agudos que son los aforismos de Florencio Luque, se dir&iacute;a que el t&iacute;tulo que le ha puesto a su libro (Premio Internacional Artemisa de Aforismos) le sirve de met&aacute;fora para hacerle ver al lector lo que de acerico tiene la realidad, que, <em>mutatis mutandis</em>, vendr&iacute;a a ser el aparentemente blando y confortable coj&iacute;n al que agujerea con sutileza e inteligencia para descubrir lo que de verdad esconde. Y desde esa perspectiva metaf&oacute;rica, no son pocos los aforismos que en el libro de Luque no act&uacute;en como una aguja o como un alfiler cuyos pinchazos penetran en lo m&aacute;s hondo de la realidad para hacer que esta supure por su herida no tanto una corriente espesa de sangre como un r&iacute;o manso de esperanza en creer que puede ser mucho mejor de lo que piensan los pesimistas y los apocal&iacute;pticos. Por eso se atreve a decir con inocultable seguridad que &laquo;Siembra agujas quien cosecha esperanzas&raquo; o &laquo;Quien se da, renace&raquo; o, m&aacute;s a&uacute;n, &laquo;Quien salva a otro salva al mundo&raquo;.</p>
<p>Y como adem&aacute;s de aforista, Florencio Luque es poeta, son muchos los momentos en que sus frases podr&iacute;an pasar por versos sueltos, en los que no es infrecuente que aparezcan envueltos en una elipsis verbal, recurso literario morfosint&aacute;ctico muy com&uacute;n en la poes&iacute;a y que tan bien se adapta al g&eacute;nero del aforismo, puesto que minimiza a&uacute;n m&aacute;s el ya de por s&iacute; m&iacute;nimo n&uacute;mero de palabras que se suele emplear en la construcci&oacute;n de cualquier aforismo (que, por cierto, en el caso de los que componen <em>Acerico </em>no sobrepasan en general las cuatro, cinco o seis palabras). Esas frases, esos versos sueltos, esas elipsis, que insin&uacute;an, sugieren o evocan algo que solamente la sensibilidad de un poeta puede percibir m&aacute;s all&aacute; de lo que el com&uacute;n de la gente ve (&laquo;Coraz&oacute;n de guijarro, eco de agua&raquo;, &laquo;&Aacute;rbol de sue&ntilde;os, frutos de humo&raquo;, &laquo;Reloj, nido de cenizas&raquo; o &laquo;Umbral de vida, puerta de laberinto&raquo;) y que normalmente, en el caso de los poetas, viene acentuada por su prodigiosa capacidad de imaginaci&oacute;n para establecer correspondencias, s&iacute;miles o relaciones entre un sinf&iacute;n de cosas precisamente dis&iacute;miles. Quiz&aacute; por eso, por tirar de imaginaci&oacute;n, el libro est&aacute; dividido en cinco apartados cuyos ep&iacute;grafes remiten a algunas de las formas m&aacute;s et&eacute;reas de la realidad: Visiones, Sue&ntilde;os, Tiempo, Laberinto y Lienzos. Y es que, como dijo Lawrence Durrell en <em>El cuarteto de Alejandr&iacute;a</em>, vivimos vidas que se basan en una selecci&oacute;n de hechos imaginarios. Tan imaginarios, en fin, que no es de extra&ntilde;ar que el propio Luque llegue a afirmar en un momento dado que &laquo;Todos nos parecemos a un desconocido&raquo;, idea en cierta medida af&iacute;n, por su falta de engreimiento, con esa otra frase tan c&eacute;lebre que dice: &laquo;Me llamo Eric Satie, como todo el mundo&raquo;. Porque tal vez Florencio Luque intuya, en &uacute;ltimo t&eacute;rmino, que el desconocido al que se parece tambi&eacute;n lleva su mismo nombre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Florencio Luque Alfonso, <em>Acerico</em>, C&oacute;rdoba, Detorres editores, 2023.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 12 Jan 2024 09:44:30 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Olifante: se hace poema al andar]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/olifante-se-hace-poema-al-andar/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas24/TRINIDAD_RUIZ_MARCELL_N_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Hace unos meses se cumplieron los primeros cuarenta a&ntilde;os de ininterrumpida, emocionante e intensa vida editorial de Olifante. Si embarcarse en un proyecto de este calibre fue algo ya en s&iacute; mismo extraordinario, mantenerlo activo durante todo este tiempo resulta, sin ning&uacute;n g&eacute;nero de duda, un hecho asombroso y legendario. M&aacute;s todav&iacute;a si tenemos en cuenta que la poes&iacute;a es, en gran medida, el g&eacute;nero en el que esta editorial se ha volcado desde el principio, una actuaci&oacute;n que ha llevado a cabo con un rigor y un compromiso indestructibles.</p>
<p>En Espa&ntilde;a, un pa&iacute;s en el que se edita mucha poes&iacute;a pero, en comparaci&oacute;n con otros lugares, me temo que no se lee tanta, hablar hoy de editoriales de poes&iacute;a es hacerlo, inevitablemente, de Olifante, es decir, de Trinidad Ruiz Marcell&aacute;n, coraz&oacute;n y cerebro de un sello editor que se ha ganado a pulso &mdash;sin reblar, con una enorme tenacidad&mdash; un puesto de primer&iacute;simo nivel en el panorama de las editoriales independientes de este pa&iacute;s, primero desde Zaragoza, y luego y todav&iacute;a hoy desde Litago, en las faldas del Moncayo, donde, junto a Marcelo Reyes (1962-2015) y sus hijos (Manisha, Kike y Snehal), han desarrollado una encomiable actividad vinculada a la poes&iacute;a. Ah&iacute; est&aacute;n la Casa del Poeta en Trasmoz, un pajar en ruinas que rehabilitaron y transformaron en un acogedor refugio que mantuvieron abierto durante a&ntilde;os como residencia para escribir, traducir o analizar obras po&eacute;ticas, la promoci&oacute;n de la Ruta B&eacute;cquer como homenaje a la presencia de los hermanos Gustavo Adolfo y Valeriano en tierras monca&iacute;nas entre 1863 y 1864, el Premio Poes&iacute;a de Miedo o el Festival Internacional de Poes&iacute;a Moncayo, que impulsaron desde 2002 y durante quince programaciones, un acontecimiento que &mdash;adem&aacute;s de teatro, m&uacute;sica, danza, escultura y pintura&mdash; aglutin&oacute; a un buen n&uacute;mero de poetas de muy diferentes lenguas, culturas y procedencias geogr&aacute;ficas.</p>
<p>Trinidad, seg&uacute;n ha contado ella misma, descubri&oacute; la poes&iacute;a con quince a&ntilde;os en la Biblioteca p&uacute;blica de la calle Santa Teresa de Zaragoza, a trav&eacute;s de unos versos de <em>La voz a ti debida</em> de Pedro Salinas. Aquella experiencia fue para ella un acontecimiento que jam&aacute;s olvidar&iacute;a. Desde entonces, ley&eacute;ndola, escribi&eacute;ndola y <em>rompi&eacute;ndola</em> &mdash;ese gesto tan necesario y tan poco frecuente&mdash;, la poes&iacute;a ha sido una inseparable presencia en su vida. Muchos a&ntilde;os despu&eacute;s, Trinidad &mdash;cuya editorial ha dado casa y aliento a tantas y tantas voces&mdash; romper&iacute;a su particular y prolongado silencio y, tras aparecer en alg&uacute;n volumen colectivo, se revelar&iacute;a como una singular poeta, primero con <em>Traducci&oacute;n del silencio</em> (2017), una emotiva y contenida eleg&iacute;a a quien fuera su compa&ntilde;ero de vida, Marcelo, y despu&eacute;s con <em>Una carta de amor como un disparo. Moncayo Moncayo</em> (2019), un libro tocado por un cierto vaho crepuscular en el que las emociones y los elementos naturales se entrelazan como ra&iacute;ces de un mismo &aacute;rbol. En paralelo, como un tributo a su memoria, se public&oacute; <em>Marcelo anda por ah&iacute; (Homenaje a Marcelo Reyes)</em> (2016). Y desde ah&iacute; precisamente, desde las laderas de esa m&iacute;tica monta&ntilde;a, tan cerca de la machadiana Soria y del becqueriano Veruela, con Mario Muchnik como un referente imprescindible en el trabajo editorial, Trinidad contin&uacute;a dirigiendo con perseverancia y discreci&oacute;n las riendas de esta casa. <em>E la nave va</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">II</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>Como es sabido, en la segunda mitad del siglo pasado, Arag&oacute;n fue un lugar propicio para el desarrollo de proyectos editoriales centrados en la poes&iacute;a. Recordar&eacute; aqu&iacute; &uacute;nicamente tres de esas aventuras que, por diversas circunstancias &mdash;proximidad temporal, afinidades est&eacute;ticas o ideol&oacute;gicas, amistad, etc.&mdash;, pudieron dejar alguna huella en la posterior actividad editorial de Olifante.</p>
<p>Luciano Gracia (1917-1986) fund&oacute; y dirigi&oacute; Poemas, una colecci&oacute;n que se mantuvo viva desde 1963, cuando ve la luz <em>Nada es del todo</em>, de Manuel Pinillos, hasta 1986, a&ntilde;o en el que se publica el n.&ordm; 56 y &uacute;ltimo de la colecci&oacute;n, <em>Los ojos verdes del b&uacute;ho</em>, de Jos&eacute; Luis Rodr&iacute;guez Garc&iacute;a. Aqu&iacute;, y en 1967, apareci&oacute; y desapareci&oacute; una leyenda de la bibliograf&iacute;a po&eacute;tica aragonesa contempor&aacute;nea, <em>Generaci&oacute;n del 65. Antolog&iacute;a de poetas hallados en la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras de Zaragoza</em>, al cuidado de Juan Mar&iacute;n y Fernando Villacampa y con pr&oacute;logo de Miguel Labordeta.</p>
<p>Julio Antonio G&oacute;mez (1933-1988), al margen de otras aventuras menores, sac&oacute; adelante dos planes literarios: una revista de resonancias mozartianas, <em>Papageno</em>, y, sobre todo, una colecci&oacute;n de poes&iacute;a que tuvo una presencia significativa en el panorama editorial de finales de los sesenta y comienzos de los setenta, Fuendetodos, un af&aacute;n en el que J. A. G&oacute;mez se volc&oacute; hasta vaciarse. La serie encontr&oacute; acomodo en la editorial Javalambre, fundada por Eduardo Valdivia en 1967, y, en el lapso de cinco a&ntilde;os, public&oacute; dieciocho libros, algunos magistrales, todos ellos resultado de un trabajo de composici&oacute;n, maquetaci&oacute;n, impresi&oacute;n y encuadernaci&oacute;n merecedor de los mayores elogios (hay que ver los vol&uacute;menes, apreciar al tacto el gramaje del papel empleado, disfrutar de la inteligencia y la sensibilidad con que se redactaron los colofones, olisquear todav&iacute;a hoy el rastro de las tintas utilizadas, etc., si se quieren valorar los logros t&eacute;cnicos de un repertorio &uacute;nico en el conjunto de la edici&oacute;n po&eacute;tica espa&ntilde;ola de esos a&ntilde;os). La primera entrega, <em>Los soliloquios</em>, de Miguel Labordeta, apareci&oacute; en 1969, poco antes de la muerte del autor de <em>Sumido 25</em>; la &uacute;ltima, <em>Funci&oacute;n de Uno, Equis, Ene. F (1.X.N)</em>, de Gabriel Celaya, en 1973. Entre ambos, otros de Vicente Aleixandre, Leopoldo de Luis, Blas de Otero, Ildefonso M. Gil, Luis Rosales, Gloria Fuertes, y proyectos que no cuajaron, entre los que se encuentran t&iacute;tulos de Carlos Edmundo de Ory o Salvador Espriu.</p>
<p>En 1975, &Aacute;ngel Guinda funda Puyal, colecci&oacute;n que ve la luz al abrigo de Publicaciones Porvivir Independiente. Se mantuvo activa hasta 1982 (gracias al empe&ntilde;o de su impulsor y, tambi&eacute;n, al considerable n&uacute;mero de suscriptores que la apoyaron), y public&oacute; un total de veintid&oacute;s t&iacute;tulos de, entre otros, Jos&eacute; Luis Alegre Cud&oacute;s, Manuel Pinillos, Ana Mar&iacute;a Navales, Francho Nagore, Jos&eacute; A. Rey del Corral, &Aacute;ngel Crespo, Joaqu&iacute;n S&aacute;nchez Vall&eacute;s, Manuel Estevan y Manuel M. Forega.</p>
<p>He citado estas tres colecciones &mdash;Poemas, Fuendetodos y Puyal&mdash;, ya lo he se&ntilde;alado, por razones de peso, argumentos en los que encuentro una l&iacute;nea de continuidad entre estos proyectos y Olifante. De hecho, la propia Trinidad ha se&ntilde;alado en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n su filiaci&oacute;n y su deuda con respecto a esos cat&aacute;logos, sostenidos, con todas sus diferencias, sobre unos principios &eacute;ticos y est&eacute;ticos insoslayables. Hubo y hay, claro, otras colecciones que han prestado y contin&uacute;an prestando atenci&oacute;n a la poes&iacute;a en y desde Arag&oacute;n: Orejud&iacute;n, vinculada a la revista hom&oacute;nima que fundara J. A. Labordeta; Alcorce, promovida por la editorial Coso Aragon&eacute;s del Ingenio (E. Alfaro, J. A. Anguiano, E. Gast&oacute;n y J. Mateo Blanco); San Jorge de la Instituci&oacute;n Fernando el Cat&oacute;lico, que inicia su trayectoria en 1969 con <em>F&aacute;bula del tiempo</em>, de R. Tello; Horizontes (1974-1976) de la editorial Litho Arte; las &laquo;Galeradas&raquo; de <em>Andal&aacute;n</em>, separatas po&eacute;ticas quincenales que se publicaron entre 1982 y 1987. Y, m&aacute;s pr&oacute;ximas en el tiempo, La gruta de las palabras, de Prensas Universitarias de Zaragoza, Cancana, de Lola Editorial, Cave Canem, las editoriales Libros del Innombrable y Eclipsados, con nutridos y potentes cat&aacute;logos po&eacute;ticos en sus sellos, etc.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">III</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>Fue en 1979 cuando vio la luz el primer t&iacute;tulo de Olifante, <em>Cartas a Eug&eacute;nio de Andrade</em>, de Luis Cernuda, en edici&oacute;n de &Aacute;. Crespo y con un retrato hasta ese momento in&eacute;dito del autor de <em>La realidad y el deseo</em> (Trinidad ha recordado en m&aacute;s de una oportunidad aquel conmovedor viaje a Oporto para conocer al poeta portugu&eacute;s, en compa&ntilde;&iacute;a de &Aacute;. Guinda, &Aacute;. Crespo y Pilar G&oacute;mez Bedate). Sin duda, la editorial iniciaba su trayectoria con un libro singular &mdash;se trataba de un epistolario y no de un poemario&mdash; que, sin embargo, daba ya alguna pista sobre el inter&eacute;s que el sello habr&iacute;a de mostrar por la poes&iacute;a portuguesa y en portugu&eacute;s, y escribo &laquo;en portugu&eacute;s&raquo; porque, con el tiempo, la editorial publicar&iacute;a otros muchos t&iacute;tulos de poetas del pa&iacute;s vecino, brasile&ntilde;os, mozambique&ntilde;os, etc. (Jos&eacute; Agostinho Baptista, Jos&eacute; Manuel Cap&ecirc;lo, Casimiro de Brito, Alberto de Lacerda, Teixeira de Pascoaes, Jorge de Sena, Augusto dos Anjos, L&ecirc;do Ivo, Ant&oacute;nio Os&oacute;rio, Ant&oacute;nio Ramos Rosa, Jos&eacute; Viale Moutinho, Vergilio Alberto Vieira, etc.), un hecho que demuestra esa <em>ibericidad</em> declarada por la editorial desde el primer momento. En 1989, ver&iacute;a la luz otro epistolario, <em>El coraz&oacute;n desbordado</em> (ed. de A. Castro), esta vez de Julio Antonio G&oacute;mez, un volumen que ha de leerse, tambi&eacute;n, como un homenaje a quien fuera uno de los referentes de Trinidad en el &aacute;mbito de la edici&oacute;n; y a&ntilde;os despu&eacute;s, en 2013, publicar&iacute;a de nuevo otro del mismo Cernuda, las <em>Cartas a Bernab&eacute; Fern&aacute;ndez-Canivell</em>, al cuidado de &Aacute;. Guinda, quien a&ntilde;os antes, en 1980, hab&iacute;a editado estas cuatro cartas en Puyal. Desde entonces, y hasta la fecha, han sido m&aacute;s de seiscientos (se escribe pronto) los t&iacute;tulos que esta editorial ha acogido en sus diferentes colecciones &mdash;Olifante, Papeles de Trasmoz, Veruela, Antonio Machado, Audiovisual, Voces, Maior, Prosa, Haya, Olifante ib&eacute;rico&mdash;, escritos en diversas lenguas (alban&eacute;s, alem&aacute;n, &aacute;rabe, aragon&eacute;s, bengal&iacute;, b&uacute;lgaro, catal&aacute;n, escoc&eacute;s, eslovaco, espa&ntilde;ol, estonio, flamenco, franc&eacute;s, gallego, hindi, h&uacute;ngaro, ingl&eacute;s, irland&eacute;s, italiano, persa, polaco, portugu&eacute;s, etc.).</p>
<p>En el panorama editorial espa&ntilde;ol contempor&aacute;neo &mdash;&laquo;precario, castigado, resistente&raquo;, seg&uacute;n la responsable de Olifante&mdash; abundan las antolog&iacute;as de poes&iacute;a, textos que con frecuencia se han utilizado para librar batallas cainitas y comerciales o para explotar, sancionar y consolidar corrientes de escritura, vol&uacute;menes que a menudo se han interpretado como s&iacute;ntomas con los que calibrar una determinada temperatura l&iacute;rica y no como propuestas de exploraci&oacute;n de escenarios in&eacute;ditos, (con)fundiendo los valores de la est&eacute;tica con las plusval&iacute;as del mercado. As&iacute;, en dicho horizonte encontramos un exceso de bibliograf&iacute;a que ha anulado tantos y tantos intentos de an&aacute;lisis y ha convertido en costumbre y canon unos cuantos t&oacute;picos y lugares comunes. Y, como digo, en ese super&aacute;vit bibliogr&aacute;fico no escasean precisamente unas antolog&iacute;as de poes&iacute;a que responden a factores e intereses muy precisos que pocas veces tienen que ver con la compleja y heterog&eacute;nea realidad literaria: la proximidad o lejan&iacute;a de editores y ant&oacute;logos con respecto a unas determinadas concepciones art&iacute;sticas y, por lo tanto, la elecci&oacute;n de unos u otros poetas, la amistad o animadversi&oacute;n que los unan o separen de esos mismos poetas, el mayor o menor conocimiento que sean capaces de mostrar del propio tejido po&eacute;tico, los deseos de airear la vitalidad de una tradici&oacute;n po&eacute;tica particular en detrimento de otras, agentes, en fin, muchos de ellos extraliterarios condicionados por objetivos muy diversos.</p>
<p>Olifante, en este sentido, no es una excepci&oacute;n. A lo largo de su dilatada trayectoria, ha entregado unas cuantas muestras de poes&iacute;a colectiva, de muy diversa condici&oacute;n y proyecci&oacute;n. En 1987, &Aacute;. Guinda, autor y colaborador habitual de la editorial, prepar&oacute; la edici&oacute;n de <em>Los placeres permitidos. Joven poes&iacute;a aragonesa</em>, que reun&iacute;a textos de Javier Carb&oacute;, Jos&eacute; Carlos de la Fuente, Carlos Esteban, Javier Sanz y Alfredo Salda&ntilde;a; en 2007, vio la luz <em>20 poetas aragoneses expuestos</em> (ed. de F&eacute;lix Esteban y pr&oacute;l. de Pilar Manrique); en 2009, <em>Avanti. Poetas espa&ntilde;oles de entresiglos XX-XXI</em> (ed. de Pablo Luque); recientemente, en 2017, se ha publicado, al cuidado de M. M. Forega, <em>Amantes. 88 poetas aragoneses</em>.</p>
<p>Para el caso de la poes&iacute;a aragonesa, es conocido que en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os hay dos repertorios relevantes, el preparado por A. M.&ordf; Navales (<em>Antolog&iacute;a de la poes&iacute;a aragonesa contempor&aacute;nea</em>, Zaragoza, Librer&iacute;a General, 1978) y el posterior, m&aacute;s amplio y documentado, de Antonio P&eacute;rez Lasheras (<em>Poes&iacute;a aragonesa contempor&aacute;nea. Antolog&iacute;a consultada</em>, Zaragoza, Mira Editores, 1996). En ambos casos, la presencia de voces femeninas, con la excepci&oacute;n de la propia Navales, que aparece representada en los dos vol&uacute;menes, brilla por su ausencia.</p>
<p>Por esa raz&oacute;n, quiero dedicar unas l&iacute;neas a un libro que forma parte del cat&aacute;logo de la editorial, <em>Yin. Poetas aragonesas 1960-2010</em> (2010), un volumen con el que Olifante trat&oacute; de reparar esa injusticia hist&oacute;rica y que cumple con creces el objetivo principal que sus responsables se marcaron, que no era otro que el de mostrar la riqueza y diversidad de la poes&iacute;a aragonesa contempor&aacute;nea escrita por mujeres (hab&iacute;a algunos precedentes en el Estado espa&ntilde;ol: <em>Las diosas blancas. Antolog&iacute;a de la joven poes&iacute;a espa&ntilde;ola escrita por mujeres</em>, ed. de R. Buenaventura, Madrid, Hiperi&oacute;n, 1985; <em>Ellas tienen la palabra. Dos d&eacute;cadas de poes&iacute;a espa&ntilde;ola</em>, ed. de N. Benegas y J. Mun&aacute;rriz, Madrid, Hiperi&oacute;n, 1997; <em>Poetisas espa&ntilde;olas</em>, ed. de L. Jim&eacute;nez Faro, Madrid, Torremozas, 2003).</p>
<p>Por lo que respecta a <em>Yin. Poetas aragonesas 1960-2010</em>, nos encontramos con un volumen en el que pueden leerse propuestas para todos los gustos, escritas en los m&aacute;s diferentes registros: vitalismo m&aacute;s o menos depurado (Pilar Rubio, T. Ruiz Marcell&aacute;n, Luisa Mi&ntilde;ana), culturalismo tocado por contenidos en ocasiones clasicistas, realismo (m&aacute;s o menos limpio o sucio), neorromanticismo un tanto culto e intelectual (Olga Bernad, Almudena Vidorreta), hiperrealismo, neosurrealismo, poes&iacute;a de la experiencia, de la diferencia, de la conciencia, poes&iacute;a sensista adornada de un erotismo m&aacute;s o menos leve o acusado (Loli Bernal, Marta Fuembuena, Clara Santaf&eacute;), metapoes&iacute;a (Elena Pallar&eacute;s, Carmen Aliaga, Vida Armada), poes&iacute;a neosocial, comprometida con una transformaci&oacute;n m&aacute;s o menos radical de la realidad (Sof&iacute;a D&iacute;az Gotor, Elvira Lozano), figurativa, elaborada al calor de elementos tel&uacute;ricos (Sonia Llera), visionaria, iluminada por un cierto y heterodoxo misticismo, etc., y algunas de estas propuestas muestran un gran compromiso con la denuncia de la realidad m&aacute;s destructiva de su tiempo y dan testimonio de la situaci&oacute;n en que se encuentran aquellos que viven &laquo;sur le dos tourment&eacute; de la terre&raquo;, como escribiera Ren&eacute; Char.</p>
<p>Estas poetas llevan a cabo estos aportes de muy diferentes maneras porque saben que la realidad puede disfrazarse con distintos ropajes y, por lo tanto, representarse de diversas formas. Algunos textos suponen una apuesta permanente por el riesgo (incluso por aquel que acarrea la posibilidad de la p&eacute;rdida de sentido), no aceptan la idea de la poes&iacute;a como ficci&oacute;n, apariencia o simulacro y responden a una deliberada voluntad de ruptura y transgresi&oacute;n (Miriam Reyes). La poes&iacute;a se presenta as&iacute; como una extraordinaria oportunidad para la insumisi&oacute;n y la subversi&oacute;n permanentes (Cristina J&aacute;rboles) y, tambi&eacute;n, como discurso social, podr&iacute;a decirse que supone en algunas de estas voces un viaje de regreso hacia la soledad y el silencio (Teresa Agust&iacute;n), sus aut&eacute;nticos lugares de origen, hacia la p&eacute;rdida &mdash;cuando no la negaci&oacute;n&mdash; de su propio registro y su particular rostro dado el escenario radicalmente marginal y perif&eacute;rico que ocupa en nuestra escala de valores.</p>
<p>Dicho esto, es evidente que resulta <em>extraordinaria</em>, por insuficiente, la presencia de voces femeninas en la bibliograf&iacute;a po&eacute;tica aragonesa a lo largo de su historia. Este volumen supuso un primer abono en el pago de esa deuda e implica un merecido reconocimiento hacia quienes &mdash;en contra de sus propios deseos y sus leg&iacute;timas aspiraciones&mdash; hicieron del silencio su casa. En general, la poes&iacute;a que aqu&iacute; puede leerse nada o muy poco tiene que ver con la que escribieron aragonesas de otros tiempos &mdash;Ana Abarca de Bolea, Luisa Herrero de Tejada, etc.&mdash;, que convirtieron el g&eacute;nero en una herramienta al servicio de la fe religiosa. Esta poes&iacute;a &mdash;seleccionada por &Aacute;. Guinda, que opt&oacute; desde por la inclusi&oacute;n y un abanico amplio de presencias, y acompa&ntilde;ada por un texto introductorio inteligente y clarificador de Ignacio Escu&iacute;n&mdash; es ahora fuente de posibilidades diversas, oportunidad para la exposici&oacute;n de conflictos de todo tipo, venero de ideas y emociones sin domar, escenario para la representaci&oacute;n de tensiones y alternativas a los discursos m&aacute;s gastados, y todo ello desde la m&aacute;s veterana de las poetas reunidas, Lola Mej&iacute;as (1912-1999), hasta las m&aacute;s j&oacute;venes, Ana Mu&ntilde;oz y Clara D&aacute;vila, nacidas en 1987, cuando la editorial que acogi&oacute; esta publicaci&oacute;n contaba ya con ocho a&ntilde;os de andadura. Son sesenta y cuatro voces llamadas a desempolvar nuestras conciencias adormecidas por el letargo cr&iacute;tico, ateridas por el fr&iacute;o, vapuleadas por el miedo. Recientemente, al cuidado de &Oacute;scar Latas y &Aacute;ngeles Cipr&eacute;s Palac&iacute;n, ha visto la luz en la misma editorial <em>Arquimesa. Poes&iacute;a en aragon&eacute;s escrita por mujeres&nbsp; 1650-2019</em> (2019), un volumen configurado desde una doble perspectiva diacr&oacute;nica y t&oacute;pica que recoge poemas de catorce escritoras, entre las que pueden leerse textos de Rosario Ust&aacute;riz Borra, Nieus Luzia Dueso Lascorz, Carmina Para&iacute;so, Elena Chazal y Mar&iacute;a Pilar Ben&iacute;tez.</p>
<p>Y, al margen de estos libros colectivos, Olifante ha publicado a lo largo de todos estos a&ntilde;os un buen pu&ntilde;ado de t&iacute;tulos que nos han demostrado con <em>soberana</em> naturalidad que la poes&iacute;a es tambi&eacute;n cosa de mujeres, de mujeres de hoy y de ayer, de aqu&iacute; y de m&aacute;s all&aacute;, de esta y de otras lenguas: C. Aliaga, Bego&ntilde;a Abad, Rosana Acquaroni, T. Agust&iacute;n, Ana Lu&iacute;sa Amaral, Elisa Berna, Ana Cristina Cesar, Moya Cannon, Marga Clark, Anabel Corc&iacute;n, Florbela Espanca, Concepci&oacute;n Estevarena, Pilar G&oacute;mez Bedate, Cristina Grande, Cristina Grisol&iacute;a, Clara Jan&eacute;s, Katar&iacute;na Kucbelov&aacute;, Magdalena Lasala, Luljeta Lleshanaku, L. Mi&ntilde;ana, Nancy Morej&oacute;n, A. Mu&ntilde;oz, Mary O&acute;Malley, Carolina Otero, E. Pallar&eacute;s, Lili&aacute;n Pallar&eacute;s, Julia Piera, Marina Pino &mdash;autora de <em>Dejemos que Venecia se hunda</em>, primer libro de una mujer en la editorial, diez a&ntilde;os despu&eacute;s de su fundaci&oacute;n&mdash;, Estela Puyuelo, In&eacute;s Ram&oacute;n, Elena Rom&aacute;n, Carlota Urgel, Nuria Ruiz de Vi&ntilde;aspre, Krisztina T&oacute;th, Irene Vallejo, Concha Vicente y Sholeh Wolp&eacute; son algunas poetas que podemos encontrar en el cat&aacute;logo de la editorial.</p>
<p>Olifante, adem&aacute;s de los ya citados, ha publicado otros vol&uacute;menes colectivos que dan muestra de ese inter&eacute;s que ha mantenido siempre este sello por la poes&iacute;a como un fen&oacute;meno de alcance y proyecci&oacute;n mundiales. Entre ellos: <em>Poes&iacute;a italiana de hoy (1974-1984). La narraci&oacute;n del desenga&ntilde;o</em> (1984, ed. de Pietro Civitareale), <em>Poes&iacute;a mozambicana del siglo XX. Poes&iacute;a en acci&oacute;n</em> (1987, ed. de Xos&eacute; Lois Garc&iacute;a), <em>La pared de agua. Antolog&iacute;a de poes&iacute;a bengal&iacute; contempor&aacute;nea</em> (2011, ed. y trad. de Subhro Brandopadhyay y con adaptaci&oacute;n de Violeta Medina), <em>Poetas de Otros Mundos. Resistencia y verdad</em> (2018, ed. de &Aacute;. Guinda), con veinticuatro poetas&nbsp; procedentes de los cinco continentes.</p>
<p>Y, en paralelo a esta ininterrumpida labor de edici&oacute;n po&eacute;tica, habr&iacute;a que se&ntilde;alar que Olifante tambi&eacute;n ha acogido en su cat&aacute;logo algunos otros textos y ensayos que revelan un inter&eacute;s por la propia poes&iacute;a, desde otras perspectivas: <em>Abisal c&aacute;ncer</em>, un singular &laquo;diario po&eacute;tico&raquo; de Miguel Labordeta editado por Clemente Alonso Crespo; <em>Hundiendo en las palabras las huellas de los labios. Poes&iacute;a y Canci&oacute;n</em>, de J. A. Labordeta; <em>Memoria y recuerdo en el poema &laquo;Espacio&raquo; de Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez</em> y <em>Le&oacute;n Felipe: de la soledad espa&ntilde;ola al definitivo exilio mejicano</em>, ambos de Manuel M. Forega; <em>Poetas suicidas: sensibilidad o supervivencia</em>, de Ricardo Fern&aacute;ndez Moyano; <em>Hay alguien ah&iacute;</em>, de Alfredo Salda&ntilde;a; <em>La M&iacute;stica</em>, volumen colectivo coordinado por M. M. Forega.</p>
<p>En un inventario tan amplio como el que tiene ya esta editorial, son muchos, sin duda, los libros que, por diversas razones, podr&iacute;amos destacar. Entre ellos, algunos t&iacute;tulos de los que la propia editora se siente especialmente orgullosa son estos: <em>Cancionero</em>, de Cecco Angiolieri, <em>Cantos &oacute;rficos</em>, de Dino Campana, <em>La Partenza</em>, de Francis Viel&eacute;-Griffin, <em>Poemas</em>, de Jacobo Fijman, y <em>Las leyes de la gravedad</em>, de Mohsen Emadi. Y si hay un escritor vinculado a la trayectoria de esta casa, ese, sin duda, es &Aacute;ngel Guinda, autor, entre otros libros publicados en distintas editoriales, de <em>Vida &aacute;vida</em> (1980), <em>Claustro</em> (1991), <em>Conocimiento del medio</em> (1996), <em>Toda la luz del mundo</em> (2002), <em>Claro interior</em> (2007), <em>Poemas para los dem&aacute;s</em> (2009), <em>Espectral</em> (2011), <em>Caja de lava</em> (2012), <em>(Rigor vitae)</em> (2013) y <em>Catedral de la Noche</em> (2015), todos ellos en Olifante, donde tambi&eacute;n ha publicado <em>Poes&iacute;a violenta. Manifiesto</em> (2012), el ensayo <em>El Mundo del Poeta. El Poeta en el Mundo</em> (2007), adem&aacute;s de coordinar varias antolog&iacute;as y ejercer como editor literario en algunos vol&uacute;menes.</p>
<p>Y, desde luego, hay otras personas estrechamente ligadas a la editorial a lo largo de todos estos a&ntilde;os: Columna Villarroya, que ha llevado a cabo el trabajo de laboratorio fotogr&aacute;fico con una inteligencia y una sensibilidad extraordinarias; Alberto Lisbona en el proceso t&eacute;cnico; Julio &Aacute;lvarez, Vicente Pascual y Ricardo Calero en el dise&ntilde;o gr&aacute;fico; Luis Felipe Alegre, que ha puesto nervio y voz a la poes&iacute;a en tantas y tantas ocasiones vinculadas a la editorial; Manuel M. Forega, A. Castro e Inmaculada Muro en diferentes labores puntuales de coordinaci&oacute;n editorial; todas ellas, junto a un sinf&iacute;n de traductores, editores literarios, coordinadores de obras colectivas, maquetadores, procesadores de textos, impresores, encuadernadores, etc., han contribuido de manera fundamental a que el resultado final fuese en cada ocasi&oacute;n el mejor posible.</p>
<p>Que el cierzo sea propicio para que el olifante nos siga trayendo durante mucho tiempo la buena nueva de la poes&iacute;a, que la cumbre de la monta&ntilde;a siga protegiendo a quienes viven y descansan en sus laderas, que la pasi&oacute;n de editar no se apague, que el fr&iacute;o, el silencio y la soledad de las noches invernales contin&uacute;en cuidando de las palabras y de quien, junto a la encina, es &laquo;Reluciente amanecer. / Llama en pie&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 04 Jan 2024 10:48:57 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Seis poemas de Ruy Belo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/seis-poemas-de-ruy-belo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/RUY_BELO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">I</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Parece dif&iacute;cil de explicar el hecho de que la poes&iacute;a del poeta portugu&eacute;s Ruy Belo (1933-1978) no cuente a&uacute;n con una presencia editorial bien visible en Espa&ntilde;a. Con una obra publicada entre los a&ntilde;os sesenta y setenta, Ruy Belo es, sin duda, una de las voces m&aacute;s personales y singulares de la l&iacute;rica lusa del siglo XX, y su nombre ocupa un lugar destacado y merecido en el canon po&eacute;tico portugu&eacute;s de la modernidad. Eduardo Louren&ccedil;o lo afirm&oacute; vinculando la existencia de Belo a la del mism&iacute;simo Fernando Pessoa: &ldquo;si hay una posteridad digna de Pessoa (&hellip;) es la de la po&eacute;tica omnicomprensiva de Ruy Belo&rdquo;, y lo escribi&oacute; en un lugar significativo, el volumen <em>S&eacute;culo de Oiro. Antologia cr&iacute;tica da poesia portuguesa do s&eacute;culo XX </em>(p. 215), organizada en 2002 por Osvaldo Manuel Silvestre y Pedro Serra. En ese t&iacute;tulo, 73 cr&iacute;ticos literarios eleg&iacute;an un poema destacado del siglo de oro de la l&iacute;rica vecina, y Ruy Belo aparec&iacute;a en cuatro ocasiones, escogido por Lu&iacute;s Mour&atilde;o (&ldquo;VIII. A m&atilde;o no arado&rdquo;), Eduardo Louren&ccedil;o (&ldquo;Em louvor do vento&rdquo;), V&iacute;tor Manuel de Aguiar e Silva (&ldquo;Morte ao meio-dia&rdquo;) y Manuel Ant&oacute;nio Pina (&Aacute;cidos e &oacute;xidos&rdquo;).&nbsp;</p>
<p>El medio editorial espa&ntilde;ol, sin embargo, aunque relativamente atento a los nombres fundamentales de la literatura portuguesa del siglo XX, no ha sabido encontrar a&uacute;n el espacio que en rigor merece la poes&iacute;a desasosegante de Belo. Es verdad que existen dos t&iacute;tulos de nuestro autor en espa&ntilde;ol, el primero de los cuales ya descatalogado: <em>Pa&iacute;s posible</em>, editado en 1991 por Adolfo A. Montejo Navas, con traducci&oacute;n de &Aacute;ngel Campos P&aacute;mpano, y <em>El problema de la habitaci&oacute;n: algunos aspectos</em>, 2009, ediciones Sequitur, con introducci&oacute;n de Pedro Serra y traducci&oacute;n de Luis Julio Gonz&aacute;lez Plat&oacute;n (que se deja llevar por el falso amigo del t&eacute;rmino &ldquo;habita&ccedil;&atilde;o&rdquo; del t&iacute;tulo, cuya mejor versi&oacute;n habr&iacute;a sido &ldquo;vivienda&rdquo;). Es cierto tambi&eacute;n que su obra est&aacute; presente en dos de las tres antolog&iacute;as m&aacute;s importantes de poes&iacute;a lusa del siglo XX editadas en Espa&ntilde;a, la <em>Antolog&iacute;a de la poes&iacute;a portuguesa contempor&aacute;nea</em> de &Aacute;ngel Crespo (J&uacute;car, 1982, con los poemas &ldquo;Figura yacente&rdquo;, &ldquo;Algunas proposiciones con p&aacute;jaros y &aacute;rboles que el poeta remata con una referencia al coraz&oacute;n&rdquo;, &ldquo;La imagen de la alegr&iacute;a&rdquo;, &ldquo;[Otro fragmento]&rdquo;, y &ldquo;Tres o cuatro ni&ntilde;os&rdquo;) y <em>Los nombres del mar</em>, de &Aacute;ngel Campos P&aacute;mpano (Editora Regional de Extremadura, 1985, con los poemas &ldquo;Encuentro de garcilaso de la vega con do&ntilde;a isabel freire, en granada, en el a&ntilde;o de 1526&rdquo;, &ldquo;El tiempo s&iacute; el tiempo casualmente&rdquo; y &ldquo;Adi&oacute;s a la tierra de la alegr&iacute;a&rdquo;), mientras que no aparece en <em>Poes&iacute;a portuguesa actual</em>, de Pilar V&aacute;zquez Cuesta, publicada por la Editora Nacional en 1976, a&uacute;n en vida del poeta. Y es verdad, por &uacute;ltimo, que en Espa&ntilde;a la academia universitaria no ha sido ajena a su poes&iacute;a, incluso se ha realizado una tesis doctoral dedicada a su obra (de la autor&iacute;a de Hugo Manuel Milhanas, en la Universidad de Salamanca, 2015), al tiempo que la <em>Revista de Filolog&iacute;a Rom&aacute;nica de la Universidad Complutense </em>dedic&oacute; buena parte de su volumen 25, en2008, a su memoria (hab&iacute;a sido Lector de Portugu&eacute;s en esa instituci&oacute;n entre 1971 y 1978), con motivo del trig&eacute;simo aniversario de su muerte.&nbsp;</p>
<p>Todo ello, sin embargo, y otras presencias que no mencionamos por no disponer de espacio, siendo elementos notables para la recepci&oacute;n de un poeta portugu&eacute;s en Espa&ntilde;a, no parece saldar la deuda con Ruy Belo, un autor fuertemente vinculado al pa&iacute;s de Garcilaso y Lorca, y que todav&iacute;a espera ansiosamente la aparici&oacute;n de una amplia colect&aacute;nea de su obra po&eacute;tica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">II</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ruy Belo, en efecto, vivi&oacute; en Madrid entre 1971 y 1977, periodo durante el cual public&oacute; en Portugal traducciones de Jorge Luis Borges (<em>Poemas escolhidos</em>, 1971) y Federico Garc&iacute;a Lorca (<em>Dona Rosinha a Solteira ou a Linguagem das Flores</em>, 1973). En la capital espa&ntilde;ola experiment&oacute; con una profundidad irresistible la percepci&oacute;n de una cierta p&eacute;rdida o vac&iacute;o existencial que es marca constante en su poes&iacute;a, atravesada en este caso por la conciencia del extra&ntilde;amiento de un sujeto que con frecuencia se siente extranjero o exiliado (&ldquo;Madrid, uma das cidades do mundo mais distantes de Lisboa&rdquo;, escribe en la &ldquo;Explicaci&oacute;n que el autor ha tenido por indispensable anteponer a esta segunda edici&oacute;n&rdquo; de <em>Aquele grande rio Eufrates</em>, de 1972). Ese vac&iacute;o al que conduce el abismo de una utop&iacute;a inalcanzable se plasma en su obra, de profundo aliento metaf&iacute;sico, a trav&eacute;s del recurso al tema de la muerte como una melancol&iacute;a propia y visible en cuanto fundamento est&eacute;tico, hasta el punto de convertir el texto po&eacute;tico, como afirma Pedro Serra en <em>Um nome para isto</em>, en el &ldquo;lugar en que se <em>literaliza</em> una muerte como Realidad absoluta&rdquo; (p. 13). El lenguaje revela en su poes&iacute;a una p&eacute;rdida constante, enmascarada a veces tras la sobriedad de un registro profundamente discursivo. La muerte, as&iacute;, la propia invenci&oacute;n de la finitud, se convierte en el modo mediante el cual el poeta &ldquo;se ficciona a s&iacute; mismo, inmune y protegido&rdquo;, siguiendo la l&iacute;nea de pensamiento de Cristina Firmino, en la introducci&oacute;n e <em>O problema da habita&ccedil;&atilde;o</em> (ed. Presen&ccedil;a, 1997, p. 16).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">III</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ruy Belo escribi&oacute; poemas en los que Madrid cobra protagonismo, y son esos los que hemos elegido fundamentalmente para esta muestra. Con el p&oacute;rtico de &ldquo;La medida de espa&ntilde;a&rdquo; (perteneciente a <em>Homem de palavra(s)</em>, de 1970) hasta &ldquo;En la noche de madrid&rdquo; (aparecido en 1978 en la revista <em>Raiz e utopia</em>), pasando por poemas como &ldquo;Primer poema de madrid&rdquo;, &ldquo;Solo en la ciudad&rdquo;, &ldquo;Madrid revisited&rdquo; o &ldquo;En el aeropuerto de barajas&rdquo;, el pa&iacute;s vecino fue para Belo parte inseparable de su &ldquo;problema de la vivienda&rdquo;, si entendemos este t&iacute;tulo como una aut&eacute;ntica y vertebradora alegor&iacute;a de su propia escritura. Son numerosos los poemas del autor fechados en la capital, del mismo modo que son fundamentales en su producci&oacute;n los poemas que toman como motivo a Garcilaso de la Vega y a Isabel Freire. Esos textos, sin embargo, m&aacute;s disponibles para los lectores atentos del poeta en Espa&ntilde;a, ceden ahora espacio a una visi&oacute;n en la que Espa&ntilde;a, con Madrid en primer plano, se convierte en algo as&iacute; como el adverbio de lugar en el que se representa el drama elegante, profundamente posmoderno, de la poes&iacute;a de Ruy Belo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Ruy Belo</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La medida de Espa&ntilde;a</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>He cambiado algunas veces de ciudades</p>
<p>y mi pasado es todo olvido</p>
<p>La noche llega precedida por la sombra</p>
<p>y siempre en vano repudio la noche</p>
<p>Cualquier d&iacute;a me muero y s&eacute; poco de la vida</p>
<p>es peligrosa la vida la simple vida</p>
<p>la vida la simple vida es violenta</p>
<p>Pero cuando llega la primavera XXX</p>
<p>me siento invulnerable y empiezo</p>
<p>Es formidable marzo cuando se acerca</p>
<p>prometiendo a su paso un verano integral</p>
<p>Soy todo de este tiempo y son m&iacute;os estos d&iacute;as</p>
<p>Yo no soy nada pero el verano existe</p>
<p>Canta mi coraz&oacute;n</p>
<p>Esta es la medida de espa&ntilde;a</p>
<p>oh vida m&iacute;a vida extra&ntilde;a.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Primer poema de Madrid</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que por todos se haga la poes&iacute;a</p>
<p>que rompa la soledad n&iacute;tido nulo</p>
<p>la soledad de las armas aves manzanas</p>
<p>la soledad del cuarto la soledad de Kafka</p>
<p>Que a todos se destine la poes&iacute;a</p>
<p>que no m&aacute;s en duino encierre el grito</p>
<p>la escogida palabra restaurada</p>
<p>Que la voz del hombre de la sierra de m&eacute;sio</p>
<p>llegue a miranda tal&oacute;n del mundo</p>
<p>no vaya la izquierda a ser de los coches de carreras</p>
<p>No crezca m&aacute;s el ni&ntilde;o qu&eacute;dese quieto</p>
<p>inm&oacute;vil m&aacute;s real que en las fotograf&iacute;as</p>
<p>Estaba so&ntilde;ando de viejos m&aacute;s est&uacute;pidos</p>
<p>que tus oh diego conejitos</p>
<p>Hay tantas estrellas parecen bailar</p>
<p>en la noche rasa desag&uuml;es de castilla</p>
<p>et mourir &agrave; madrid le coeur bris&eacute;</p>
<p>salamanca unamuno ba&ccedil;&atilde;o Alentejo</p>
<p>Cada d&iacute;a se hace m&aacute;s dif&iacute;cil ser dios</p>
<p>y yo solo aqu&iacute; en la noche me suicido de sue&ntilde;o</p>
<p>llegado del viento vasto del invierno</p>
<p>el suicidio s&iacute; el &uacute;nico problema</p>
<p>para el hombre que por haber nacido</p>
<p>hered&oacute; la maldici&oacute;n que no quer&iacute;a</p>
<p>Bailemos nosotros malditos marginales</p>
<p>de todas las ciudades sociedades</p>
<p>que no tenemos doctrina que nos salve</p>
<p>Sepa siempre el cinatti timorense</p>
<p>el n&oacute;mada de lo dicho por no dicho</p>
<p>que si m&aacute;s cercanos cuanto m&aacute;s distantes</p>
<p>soy siempre su lector atento y dedicado</p>
<p>Adem&aacute;s no hay ni t&uacute; ni yo falso problema</p>
<p>est&aacute;n los sin pan y los sin postre</p>
<p>y hasta sin Portugal cuesti&oacute;n antigua</p>
<p>As&iacute; si nos vendieron los pa&iacute;ses</p>
<p>peregrinos y hu&eacute;spedes en otras tierras</p>
<p>all&iacute; lanzamos nuestras viscerales ra&iacute;ces</p>
<p>Pero el pa&iacute;s est&aacute; dentro de nosotros</p>
<p>el pa&iacute;s somos nosotros s&iacute; pasa por aqu&iacute;</p>
<p>pasa por nosotros los de explorar palabras</p>
<p>esa guerra civil inevitable</p>
<p>(No oig&aacute;is lo que digo en este c&oacute;digo</p>
<p>sino lo que el coraz&oacute;n contento al rojo vivo</p>
<p>contiene porque el otro del alma lo desplac&eacute;)</p>
<p>Qu&eacute; f&aacute;cil le resultaba al cuerpo la sepultura</p>
<p>pero nosotros los que somos de los peces</p>
<p>los que con la tormenta al final todos nos perdemos</p>
<p>tenemos por patria sencilla la lengua portuguesa</p>
<p>y por eso como arma tenemos estar de pie</p>
<p>oponer al sol la cara incorregible</p>
<p>y dar la palabra a los que no tienen voz</p>
<p>pues al silencio los tienen sometidos</p>
<p>Poema de palabras no de paz sino de pavor</p>
<p>construcci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica dif&iacute;cil aparentemente</p>
<p>yo que a cambio de la vida y el triunfo me volv&iacute; tu &iacute;nfimo cultor</p>
<p>bajo esa superficie de impasible frialdad</p>
<p>s&eacute; que se oculta la voz no de la humanidad</p>
<p>palabra con el m&aacute;s dudoso de los significados</p>
<p>sino de los hombres que Dostoievski vio ofendidos y humillados</p>
<p>C&aacute;lida y humana aunque en apariencia fr&iacute;a</p>
<p>que a todos se destine la poes&iacute;a&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Solo en la ciudad</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tras una estancia en las alturas</p>
<p>a expensas del m&aacute;s puro pensamiento</p>
<p>que ha detenido el d&iacute;a la hora y el momento</p>
<p>en una fuga de la vida y los ruidos y los coches</p>
<p>los cuales que yo sepa solo Venecia repudia</p>
<p>sin dolores ni cuidados horas seguras</p>
<p>sin asuntos urgentes porque todo se ha vuelto olvido</p>
<p>&iquest;c&oacute;mo renunciar ahora a tanta luz</p>
<p>y c&oacute;mo pactar con tan antiqu&iacute;simo poder</p>
<p>como aquel que a las cosas les consiente suceder?</p>
<p>Los pl&aacute;tanos disputan las &uacute;ltimas hojas</p>
<p>a los vientos y a las lluvias de diciembre</p>
<p>y como que se quejan del invierno</p>
<p>Ya se pudre el coraz&oacute;n de los &aacute;rboles</p>
<p>y esa raza ciega pero sagaz de los sencillos</p>
<p>de los seres condenados a la mentira</p>
<p>se socorren con la oscuridad de las aguas</p>
<p>para pensar la parte a sus siervos debida</p>
<p>como si un ser cediese a razonamientos</p>
<p>cuando est&aacute; en causan la propia vida</p>
<p>No dejamos en el suelo el menor rastro</p>
<p>las cosas que pensamos no dan resto</p>
<p>y la destrucci&oacute;n de nuestro rostro</p>
<p>es ahora mayor que en el delirio del verano</p>
<p>Ya no nos sorprende el mediod&iacute;a</p>
<p>el mar si lo fue ha dejado de ser inofensivo</p>
<p>un destino de hierro nos detiene</p>
<p>y son largos los d&iacute;as lejos de nosotros mismos</p>
<p>Ni siquiera ya se pierde la infancia imperiosa</p>
<p>en la fuerte frecuencia de las preguntas sin respuesta</p>
<p>Hasta la luna ese incendio de plata</p>
<p>que antes era como astro fe</p>
<p>ahora es una aut&eacute;ntica cat&aacute;strofe</p>
<p>En ning&uacute;n muro blanco alguna sombra es</p>
<p>representaci&oacute;n probile para el hombre</p>
<p>En los propios corazones la tempestad</p>
<p>se sirve de la complicidad de la edad</p>
<p>de los restos impalpables de un destino</p>
<p>que no nos mata menos que a los peces</p>
<p>despreocupados en el estanque el agua de las habas</p>
<p>(hab&iacute;a llovido me acuerdo y as&iacute; llueve ahora</p>
<p>cuando le pido a la infancia una met&aacute;fora</p>
<p>y la lluvia es m&aacute;s real que si lloviese)</p>
<p>Todo trabaja pero ocultamente</p>
<p>y todo es parecido al sobresalto</p>
<p>Terrible tempestad de alegr&iacute;a</p>
<p>&iquest;qu&eacute; parcela del d&iacute;a hoy d&iacute;a nos permite?</p>
<p>La vida es una rep&uacute;blica odiosa</p>
<p>y hasta es monstruosa esa punta del pensamiento</p>
<p>que me deja en los dedos solo palabras y no d&iacute;as</p>
<p>Oculta crece la hierba del profundo sentimiento</p>
<p>E incluso cuando fuera es domingo</p>
<p>en nuestro interior es d&iacute;a de diario</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; mundo es este mundo de estos d&iacute;as</p>
<p>que nos mata m&aacute;s de lo que Atenas nos mat&oacute;?</p>
<p>El corte ingl&eacute;s en plena primavera</p>
<p>seg&uacute;n dicen todos los anuncios</p>
<p>que veo en las paredes hoy d&iacute;a dos de marzo</p>
<p>Voy a entrar para ver puede que est&eacute; ah&iacute;</p>
<p>el t&eacute;rmino de este invierno que me invade</p>
<p>Talvez recupere lo que perd&iacute;</p>
<p>y me vea de nuevo envuelto en hojas</p>
<p>como cualquier &aacute;rbol an&oacute;nimo que vi&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Madrid<em> revisited</em></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No s&eacute; tal vez en estos cincuenta versos consiga mi prop&oacute;sito</p>
<p>ofrecer en esa forma objetiva y hasta incluso impersonal en m&iacute; habitual</p>
<p>la ordenaci&oacute;n externa de esta ciudad a la que regreso</p>
<p>llueve sobre estas calles desolada y espesa como lluvia desmenuzada</p>
<p>tu ausencia l&iacute;quida mojada y por got&iacute;culas multiplicada</p>
<p>El cielo entristecido hay una soledad y un color grises</p>
<p>en esta ciudad hace meses capital del sol n&uacute;cleo de la claridad</p>
<p>Es otra esta ciudad esta ciudad es hoy tu ausencia</p>
<p>una enorme ausencia donde las casas se han separado en varias calles</p>
<p>ahora tan diferentes que una diversidad as&iacute; hace</p>
<p>de mi ciudad otra ciudad.</p>
<p>Tu ausencia son preferentemente algunos lugares determinados</p>
<p>como correos o el caf&eacute; gij&oacute;n ciertos domingos como este</p>
<p>para los dem&aacute;s normales solo para nosotros secretamente rituales</p>
<p>si neutros para los otros neutros hasta para m&iacute;</p>
<p>antes de heredar en ti particular significado</p>
<p>Tu ausencia pesa en estos loca sacra uno por uno</p>
<p>los cuales m&aacute;s importantes que lugares en s&iacute;</p>
<p>son simples sitios que solo he conocido en funci&oacute;n de ti</p>
<p>y ahora se alzan piedra a piedra como monumento de la ausencia</p>
<p>No veo aqu&iacute; el n&uacute;cleo geogr&aacute;fico administrativo de un pa&iacute;s</p>
<p>capital de edificios centro de donde emanan decisiones</p>
<p>complejo de museos bancos parques vida profesional turismo</p>
<p>que conoc&iacute; un d&iacute;a y ya no conozco</p>
<p>Aqu&iacute; solo est&aacute; el hecho de saber que fui feliz</p>
<p>y hoy tanto lo s&eacute; que s&eacute; que serlo no lo ser&eacute; jam&aacute;s</p>
<p>Esta es la capital pero capital no de un cierto pa&iacute;s</p>
<p>capital de tu rostro y de tus ojos a ningunos otros iguales</p>
<p>o de un pa&iacute;s profundo y propio como t&uacute;</p>
<p>Madrid es saber piedra por piedra y paso a paso c&oacute;mo te perd&iacute;</p>
<p>es una ciudad ajena siendo m&iacute;a</p>
<p>es algo extra&ntilde;o y conocido</p>
<p>Abro la ventana sobre la plaza y el teatro donde estuvimos</p>
<p>y donde en la Desd&eacute;mona que vi te vi a ti</p>
<p>No es lluvia al final lo que cae solo cae tu ausencia</p>
<p>lluvia m&aacute;s y pluvial que si lloviese</p>
<p>M&aacute;s que esta ciudad es solo cierta ciudad que jam&aacute;s hubiese</p>
<p>en una medida tal que solo all&iacute; profundamente yo estuviese</p>
<p>y en ella solo mi dolor como una piedra condensada</p>
<p>de pie tumbada o de cualquier forma cupiese</p>
<p>Es una ciudad alta como las cosas que perd&iacute;</p>
<p>y enseguida la perd&iacute; casi no la conoc&iacute;</p>
<p>pues m&aacute;s que a ella te conoc&iacute; a ti</p>
<p>Fue de una altura as&iacute; desde donde ca&iacute;</p>
<p>superior a la propia torre de este hotel</p>
<p>escogida por muchos suicidas para poner fin a su vida</p>
<p>No es esta ciudad esa ciudad donde viv&iacute;</p>
<p>donde fui al cine y trabaj&eacute; y pase&eacute;</p>
<p>y en la llama del propio cuerpo a m&iacute; sin compasi&oacute;n me consum&iacute;</p>
<p>Aqu&iacute; fue la ciudad donde te conoc&iacute;</p>
<p>y enseguida al conocerte m&aacute;s que nunca te perd&iacute;</p>
<p>Debe hacer casi un a&ntilde;o m&aacute;s que al verte vi</p>
<p>que al verte no te vi y te perd&iacute; al tenerte</p>
<p>Pero a esta ciudad muchos le dan el nombre de Madrid&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>En el Aeropuerto de Barajas</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No son los aviones los que aqu&iacute; levantan vuelo</p>
<p>aqu&iacute; no es met&aacute;lica la imaginaci&oacute;n</p>
<p>Desde aqu&iacute; levantan vuelo estos americanos</p>
<p>que cerca matan lejos al heroico pueblo vietnamita</p>
<p>que aqu&iacute; pagan en d&oacute;lares el dolor de los suramericanos</p>
<p>que fingen vida aqu&iacute; la muerte del noroeste brasile&ntilde;o</p>
<p>Las barrigas aqu&iacute; se&ntilde;aladas al menos por medio centenar de estrellas</p>
<p>ocultan a esos indios a esos negros a esa gente subamericana</p>
<p>que asegura la barriga de estos sobreamericanos</p>
<p>Aqu&iacute; refulge la floja casa blanca</p>
<p>perforada por la m&aacute;s nariguda de las narices</p>
<p>que surge en todas partes donde no ha sido llamada</p>
<p>Aqu&iacute; se representa la primera de las damas de este mundo</p>
<p>esa madre virtuosa y responsable</p>
<p>que limita su natalidad sin dejar</p>
<p>de controlar tambi&eacute;n la de las mujeres de todo el mundo</p>
<p>Pat adem&aacute;s acaba de ganar la elecci&oacute;n anual de las</p>
<p>mujeres que seg&uacute;n la revista good housekeeping</p>
<p>merecen nuestra mayor admiraci&oacute;n</p>
<p>por la valent&iacute;a y el deseo</p>
<p>de ayudar a otros seres humanos y</p>
<p>si no ayuda a los negros ni a los indios ni a aquellos</p>
<p>que en este mundo en esta vasta am&eacute;rica del norte</p>
<p>que es la mayor parte de este mundo</p>
<p>es porque hay dudas serias de que sean seres humanos</p>
<p>Aqu&iacute; se desarrolla el mal gusto aqu&iacute; la gente</p>
<p>que se queda por aqu&iacute; en todos cuantos se marchan</p>
<p>aqu&iacute; la gente disfruta viendo a estos bufos</p>
<p>que pasan con la montera en la cabeza</p>
<p>aqu&iacute; la gente vive la muerte que anda por ah&iacute; aqu&iacute;</p>
<p>viven en estas barrigas quienes no viven</p>
<p>Aqu&iacute; los siervos nosotros ellos se&ntilde;ores</p>
<p>aqu&iacute; nos quedamos aqu&iacute; levantan el vuelo no</p>
<p>los aviones sino ciertas aves migratorias&nbsp;</p>
<p><strong><br clear="all" /> </strong></p>
<p><strong>En la noche de Madrid</strong><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><em>para Jo&atilde;o Miguel Fernandes Jorge</em><strong></strong></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>En la noche de Madrid vi a un hombre muerto</p>
<p>Yac&iacute;a como una afrenta para los vivos</p>
<p>que volv&iacute;an de los bares con m&uacute;sica en los ojos</p>
<p>con estrellas en la frente y fiesta en los o&iacute;dos</p>
<p>y pasaban en taxi a buena velocidad</p>
<p>&iquest;Cu&aacute;nto tiempo llevar&iacute;a el hombre all&iacute;</p>
<p>en la superficie oscura del asfalto</p>
<p>ya medio devuelto a la tierra nuestra madre?</p>
<p>No lo cubr&iacute;a el manto de los h&eacute;roes</p>
<p>ning&uacute;n clar&iacute;n hab&iacute;a tocado en su honor</p>
<p>&iquest;C&oacute;mo lo reconfortar&iacute;a la santa madre iglesia?</p>
<p>Solo hab&iacute;a ca&iacute;do inmolado al d&iacute;a a d&iacute;a</p>
<p>Hab&iacute;a pagado con su vida la paz de la conciencia</p>
<p>de toda una ciudad que dorm&iacute;a</p>
<p>Y &eacute;l crec&iacute;a tendido en la calle</p>
<p>y asum&iacute;a proporciones inesperadas</p>
<p>cuando hace bien poco a&uacute;n se reduc&iacute;a al d&iacute;a</p>
<p>&iquest;Qui&eacute;n ser&iacute;a? &iquest;Qui&eacute;n hab&iacute;a sido?</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; peri&oacute;dico contendr&iacute;a la inmensidad del nombre</p>
<p>de quien como un insulto all&iacute; yac&iacute;a?</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; pensamientos cercanos habr&iacute;a tenido?</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; llevar&iacute;a en los bolsillos?</p>
<p>&iquest;De d&oacute;nde vendr&iacute;a? &iquest;Sonreir&iacute;a? &iquest;D&oacute;nde iba?</p>
<p>&iquest;Habr&iacute;a sido ni&ntilde;o? &iquest;So&ntilde;ar&iacute;a ser feliz?</p>
<p>&iquest;Cambiar&iacute;a de vida a la ma&ntilde;ana siguiente?</p>
<p>&iquest;Habr&iacute;a jugado alguna vez en aquella misma calle?</p>
<p>&iquest;Habr&iacute;a sido ni&ntilde;o all&iacute; donde profundamente lo vi?</p>
<p>&iquest;Tendr&iacute;a soluciones para sus propios problemas?</p>
<p>&iquest;Ser&iacute;a a lo mejor un buen padre de familia?</p>
<p>&iquest;Tendr&iacute;a la consideraci&oacute;n de sus vecinos?</p>
<p>&iquest;Ser&iacute;a un buen trabajador? &iquest;Un hombre con futuro?</p>
<p>Pero ya en aquel momento le cubr&iacute;an el rostro</p>
<p>pues no podr&iacute;a ver ni las estrellas</p>
<p>ni siquiera la luz de las farolas de la ciudad</p>
<p>Hab&iacute;a curiosos y polic&iacute;a hab&iacute;a una ambulancia in&uacute;til</p>
<p>para quien como cama solo tendr&iacute;a la piedra fr&iacute;a</p>
<p>&ldquo;&iquest;A d&oacute;nde va?&rdquo; &ndash;me pregunt&oacute; el taxista&ndash;</p>
<p>&ldquo;Yo tengo cinco mil pesetas &ndash;le respond&iacute;&ndash;</p>
<p>Ll&eacute;veme por las calles de la ciudad hasta que salga el sol</p>
<p>tal vez &eacute;l pueda decirme algo</p>
<p>sobre las muchas cosas que me gustar&iacute;a saber</p>
<p>(el sol es hoy una de mis pocas soluciones)</p>
<p>Pase lejos del cuerpo por favor&rdquo;</p>
<p>record&eacute; lecturas soterradas</p>
<p>de repente me vinieron a la memoria escenas olvidadas</p>
<p>&iquest;Samaritano yo? Un levita m&aacute;s</p>
<p>que buscaba tranquilo la promesa del d&iacute;a</p>
<p>&iquest;Inquietud o pena? &iquest;Sombra de metaf&iacute;sica?</p>
<p>&iquest;Pol&iacute;tica? &iquest;Moral? &iquest;Lecci&oacute;n? &iquest;Comportamiento?</p>
<p>&iquest;Querr&iacute;a algo? No lo sab&iacute;a</p>
<p>Puedo aseguraros que no lo sab&iacute;a</p>
<p>Solo sab&iacute;a que miraba y ning&uacute;n mar hab&iacute;a</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>P&oacute;voa de Varzim, viendo el mar, a las 10 de la ma&ntilde;ana del 29 de diciembre de 1971</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 21 Dec 2023 11:12:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Viático” va más allá de la muerte, la maldad, el azar, la soledad, la culpa...]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/viatico-va-mas-alla-de-la-muerte-la-maldad-el-azar-la-soledad-la-culpa/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/CARLOS_SU_REZ_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Hay novelas que no son lo que parecen, y en el caso de la obra narrativa de Carlos Su&aacute;rez (Le&oacute;n, 1961), esa excepci&oacute;n ha acabado por convertirse en regla. <em>La muerte zurda </em>(Atodaplana, Madrid, 2004) y <em>Una mujer en Pigalle </em>(Roja &amp; Negra, Penguin Random House, Barcelona, 2016), ambas con un cad&aacute;ver en la primera p&aacute;gina, podr&iacute;an parecer llamadas a repetir los trillados caminos por los que suele transitar la novela negra. Su lectura, sin embargo, deja claro que los exquisitos cad&aacute;veres de Leonor Cienfuegos y Rachel R&ocirc;hm son solamente dos bellas excusas para reflexionar sobre la identidad, el deseo, la culpa o el olvido. Lo mismo sucede con <em>Vermeil </em>(Eolas Ediciones, Le&oacute;n, 2022), una historia de esp&iacute;as ambientada en Par&iacute;s en 1944, que es en realidad un juego y una celebraci&oacute;n dionis&iacute;aca de la literatura, la ficci&oacute;n y el lenguaje.</p>
<p><em>Vi&aacute;tico </em>(Mira Editores, Zaragoza, 2023) sigue en esa l&iacute;nea. Es en apariencia una novela negra, una trama de asesinatos en serie en la que Carlos Su&aacute;rez &mdash;como el propio autor ha confesado&mdash; utiliza los elementos y c&oacute;digos de la novela negra para <em>envolver </em>el aut&eacute;ntico tema de la novela: el azar, la enfermedad, la muerte.</p>
<p>No deber&iacute;amos hacer <em>spoiler</em>, ese t&eacute;rmino de origen latino (<em>spoliare </em>= despellejar) que vuelve al castellano revestido del falso exotismo con el que lo adorna su paso por el ingl&eacute;s para tratar de destronar al igual o a&uacute;n m&aacute;s gr&aacute;fico &laquo;destripar&raquo;. Basta, sin embargo, ojear la contracubierta de <em>Vi&aacute;tico</em>. El autor, la editorial o ambos decidieron dar alguna pista en lo que hoy en d&iacute;a es el aut&eacute;ntico principio de las novelas, el lugar por el que el lector empieza a leer. Hablo &mdash;lo habr&aacute;n adivinado&mdash; de la contraportada, ese escaparate que la necesidad de vender libros invent&oacute; &iquest;en los a&ntilde;os setenta? y en el que suele practicarse un arriesgado ejercicio de funambulismo: contar un argumento sin contarlo; tratar de captar la atenci&oacute;n del lector sin desvelar la intriga.</p>
<p>Ah&iacute;, en la contraportada de <em>Vi&aacute;tico</em>, se incluye una frase &mdash;puesta en boca de la protagonista&mdash; que delata la intenci&oacute;n del libro: &laquo;Eso es lo que quiero&hellip; lo que necesito escribir. Dios como un asesino en serie, un criminal que elige a sus v&iacute;ctimas aleatoriamente, las mata con una crueldad inhumana [&hellip;], un personaje que en su perversidad forzara esa similitud, ese parecido&raquo;.</p>
<p>El asesino o asesina (ese desdoblamiento de g&eacute;nero imprescindible aqu&iacute; para no desvelar la identidad del criminal o <em>criminala</em>) no va a ser otro que el azar, la gen&eacute;tica, el Dios cristiano o la deidad que a cada uno le haya tocado por cultura, en definitiva, la causa a la que se&ntilde;alemos como culpable de enfermar y morir, disfrazada en este caso de un/a irrelevante &eacute;mulo/a de Jack el Destripador.</p>
<p>Nada de eso se anticipa, sin embargo, en las primeras p&aacute;ginas (a las que el lector llega muy probablemente tras haber ojeado la contraportada), porque de nuevo nada es lo que parece. <em>Vi&aacute;tico </em>comienza cuando el protagonista &mdash;H&eacute;ctor Brey― cree reconocer en la calle a una mujer que ha muerto treinta a&ntilde;os atr&aacute;s y narra en principio la enfermiza pasi&oacute;n de una adolescente por el amante de su madre. Son pues dos historias (amor y muerte) que acaban entremezcl&aacute;ndose en una trama que alterna presente y pasado.</p>
<p>Los saltos en el tiempo son &laquo;marca de la casa&raquo; para el autor. Los vemos en <em>La muerte zurda </em>y en <em>Una mujer en Pigalle</em>, pero en <em>Vi&aacute;tico </em>cobran una nueva dimensi&oacute;n. No solo contribuyen a administrar los tiempos y mantener el inter&eacute;s del lector. Son parte fundamental de la trama, el elemento con el que se crea la intriga. Al&eacute;rgico al narrador omnisciente, Carlos Su&aacute;rez pone el peso del relato en la voz de tres personajes que hablan desde su propio punto de vista, obligando al lector a montar el puzle final de los hechos.</p>
<p><em>Vi&aacute;tico </em>es de nuevo una historia cargada de erotismo (un rasgo habitual en toda la obra del autor), pero es, sobre todo, una novela con una clara ambici&oacute;n literaria, con un lenguaje trabajado, cuidado &mdash;como en una guerra de trincheras&mdash;, palabra a palabra y frase a frase.</p>
<p>Es preciso hacer algunas advertencias. <em>Vi&aacute;tico </em>no es una novela f&aacute;cil. Los juegos continuos con el tiempo, o la ya citada narraci&oacute;n en boca de tres personajes &mdash;que el autor no identifica en ning&uacute;n momento&mdash;, obligan al lector a cierto esfuerzo suplementario. Tampoco es una novela dulce. Las descripciones de los asesinatos reflejan con crudeza lo que se quiere transmitir: la brutalidad de la enfermedad y la muerte.</p>
<p>He discutido durante horas con el autor lo que considero &laquo;defectos&raquo; o &laquo;faltas veniales&raquo; de <em>Vi&aacute;tico</em>. He objetado cierta despreocupaci&oacute;n por los personajes, el recurso a casualidades demasiado improbables que hieren la verosimilitud del relato, la excesiva concisi&oacute;n del texto o la desbordante acumulaci&oacute;n de trama en cada cent&iacute;metro o p&aacute;rrafo de novela&hellip; Carlos Su&aacute;rez jura que <em>Viatico </em>es as&iacute;. (Habla como si la novela le hubiera obligado a escribirla, y no al rev&eacute;s). Arguye que los personajes tienen zonas de sombra para que lo que se relata evidencie la ausencia de lo que se oculta, que lo inveros&iacute;mil da la medida exacta del azar, que <em>Vi&aacute;tico </em>es trama pura: m&uacute;sculo y fibra, sin un gramo de grasa. Echo de menos los guisos lentos en cazuela de barro con unto o manteca de Clar&iacute;n o Stendhal. &Eacute;l tambi&eacute;n, pero en estos tiempos no est&aacute; bien visto el colesterol.</p>
<p>Acabo ya. En definitiva, y a modo de resumen, creo que <em>Vi&aacute;tico </em>trata de conciliar lo mejor de dos mundos, a&uacute;na la ambici&oacute;n literaria, el cuidado y la preocupaci&oacute;n por el lenguaje, por un lado, y la estrategia narrativa &mdash;artima&ntilde;as, trucos, ardides― de la novela comercial, por el otro. Carlos Su&aacute;rez ensaya una tercera v&iacute;a. Pretende demostrar que la buena literatura no ha de ser necesariamente aburrida, porque siempre puede encontrarse una manera de contar que enganche al lector, y reniega a la vez de la banalizaci&oacute;n de la muerte a la que nos tiene acostumbrados la novela negra, las tramas que utilizan el crimen como puro instrumento para atraer al lector y malbaratan la oportunidad de ir m&aacute;s all&aacute;, hablarnos de la muerte, la maldad, la soledad, la culpa.</p>
<p>No voy a aventurar la reacci&oacute;n de los posibles lectores. No s&eacute; si sumar&aacute; seguidores esa tercera v&iacute;a o &mdash;al contrario&mdash; defraudar&aacute;, y por igual, a quienes busquen buena literatura y a quienes esperen sangre, v&iacute;sceras e intriga a cualquier precio.</p>
<p>Conozco a Carlos Su&aacute;rez desde hace m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os. Entonces, reci&eacute;n llegado a Madrid de provincias, cultivaba cierto aura de escritor incomprendido y fracasado. <em>Vi&aacute;tico </em>y sus tres novelas anteriores no dejan dudas. A veces la vida nos defrauda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Carlos Su&aacute;rez, <em>Vi&aacute;tico</em>, Zaragoza, Mira Editores, col. Sue&ntilde;os de tinta, 2023, 212 p&aacute;gs.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 21 Dec 2023 10:36:09 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Escondite deseado y deseante]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/escondite-deseado-y-deseante/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/RUB_N_MART_N_D_AZ_3_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Empiezo este texto desde Tur&iacute;n, donde casualmente he comprado, porque lo he visto en un escaparate, el &ldquo;lavorare stanca&rdquo; de Pavese. Es una se&ntilde;al. Este cielo es el de las f&aacute;bricas y el del fr&iacute;o, es el de la ciudad que trabaja. Es un buen escenario, sin duda, para empezar.</p>
<p>L&iacute;rica industrial, de Rub&eacute;n Mat&iacute;n D&iacute;az (Albacete, 1980), se me ha presentado de m&uacute;ltiples maneras, con diferentes atuendos, pero con una desnudez que es capaz de coser el traje de costuras caravista de tanta poes&iacute;a que viene ya disfrazada desde su nacimiento.</p>
<p>Este libro de me vino vestido de <em>Stalker</em>, ya saben, ese personaje que gu&iacute;a, en la pel&iacute;cula de Tarkowsky, a un par de turistas a trav&eacute;s de una zona reservada. Esa pel&iacute;cula en la que los fisgones empiezan hablando con un discurso muy locuaz, sesudo, programado, y acaban sin apenas palabras. Rub&eacute;n, lejos de ser ese tipo marginal que se gana la vida acompa&ntilde;ando, es, sin embargo, un excelente y pulcro gu&iacute;a, y nos va dejando, una vez que entramos en el libro, un discurso cada vez m&aacute;s despojado y l&iacute;rico, para una tem&aacute;tica que podr&iacute;a parecer alejada de lo po&eacute;tico. Vamos a este Open day magn&iacute;fico de manos de nuestro Stalker.</p>
<p>&iexcl;Y qu&eacute; hermosa cita de San Juan la que abre este espacio! &iexcl;Qu&eacute; precioso tatuaje ser&iacute;a en el brazo motor de cualquier currela!: &ldquo;Mi alma se ha empleado/ y todo mi caudal, en su servicio; / ya no guardo ganado / ni ya tengo otro oficio, / que ya solo en amar es mi ejercicio&rdquo;. Ese ejercicio, <em>ex-arcere</em>, en su &eacute;timo, sacar a alguien de su estado de contenci&oacute;n o encierro. Qu&eacute; bien puesta esta palabra, para el trabajador que desea que llegue su tiempo y para el bueno de San Juan, en su condena.</p>
<p>Entro y aqu&iacute; hay de todo, se oyen m&uacute;sicas, ruidos; algunos lejanos y continuos, otros cercanos y m&aacute;s caprichosos, como pasa en la misma consciencia, en la que siempre hay un ruido de fondo que nos dice que algo est&aacute; trabajando en la sombra, y otros son parte de la realidad que tenemos de frente, golpeadora y pajaretera. Aqu&iacute; hay de todo, se oyen ruidos, se oyen m&uacute;sicas, lentas melod&iacute;as que podr&iacute;an ser perfectamente de Martynov,&nbsp; Ludovico Einaudi, que acompa&ntilde;an a tantas aves que levantan vuelo, pero en ocasiones son las bases del &uacute;ltimo Portishead las que suenan, que vendr&iacute;an a engrasar los rodamientos de una enorme m&aacute;quina que devora.</p>
<p>Y vemos desde la entrada a esos artilugios que al poeta le encantar&iacute;a humanizar, buscarles un coraz&oacute;n, una arteria, un &oacute;rgano vital por el que puedan sufrir como sufre un humano, y, adem&aacute;s, lo encuentra. &ldquo;Cu&aacute;ndo hablar&eacute; de ti sin voz de hombre/ para no acabar nunca&rdquo; que dice Claudio Rodr&iacute;guez, as&iacute; descubrimos una m&aacute;quina que juega a ser Pigmali&oacute;n y desea tacto humano casi lascivo de su cuidador, desea hablar sin voz de hombre y que el poeta hable la lengua del metal y los circuitos.</p>
<p>&iquest;Pero es este el lugar de un poeta? Se pregunta Rub&eacute;n, pues all&iacute; tambi&eacute;n se tiembla, en todo se tiembla cuando el alma est&aacute; deseante, en todo participas querido poeta, y all&iacute; donde crees que tu mirada es escrutadora, all&iacute; donde sientes que tu retina absorbe, all&iacute;, est&aacute;s proyectando, est&aacute;s siendo parte de lo observado, tu esencia es la esencia de las cosas e igual que te trascienden, t&uacute; las trasciendes, se trate de una perfumada rosa como del efecto letal del bisfenol. Por tanto, no hay m&aacute;s <em>locus amoenus</em> que tu propia anima, as&iacute;, <em>locus animae</em>.</p>
<p>Y es ah&iacute;, en el alma desde donde se puede escribir y decir callado, secretamente, como el rabino que en plena ceremonia se esconde para decir en secreto el nombre de su dios. &ldquo;Nunca el silencio / dijo una verdad tan honda en mi palabra. Nunca el verbo cant&oacute; / con id&eacute;ntica fiebre&rdquo;, dice, seguramente escondido entre una sala de m&aacute;quinas y un pasillo atronador, el silencio sonoro de su verbo, la palabra creadora de luz.</p>
<p>Hay mucha luz, como en toda su poes&iacute;a. Pero en esta ocasi&oacute;n la luz no viene de arriba, no es la luz que todo lo envuelve y que hace de lo que no florece, al menos, algo que destella. La luz en este libro va apareciendo, como tremendos haces, cuando destapas algo, cuando tropiezas y se abre una v&iacute;a de escape, cuando est&aacute;s descansando en la hora del almuerzo, en la f&aacute;brica, cuando miras por la ventana porque de all&iacute; entra fulgurante, aparece entonces as&iacute;, como una columna de luz brutal, como un hilo que sorprende en un pasillo. Una luz que guarda en ocasiones un pajarillo, pero que es la luz de la palabra. Qu&eacute; gran contenedor ese gorri&oacute;n humilde. Qu&eacute; transformadora la luz que hasta a los peces los convierte en p&aacute;jaros.</p>
<p>Y el amor, un amor &eacute;pico, porque el libro, en el fondo, tambi&eacute;n lo es. Entonces, Rub&eacute;n se convierte en ocasiones en un Cid campeador, que se despide de su familia como Don Rodrigo en el Monasterio de Carde&ntilde;a, y los besa y se va apelando a la suerte con una moneda, y dibujando un ave con el dedo, s&iacute;mbolo de buena suerte; Cid lo har&iacute;a mirando a la corneja a la salida de Vivar, y en ese amor &eacute;pico me inmiscuyo para ver que hay una hermosa idea que siempre vuelve recurrente a su poes&iacute;a, el cuenco, que como unas manos que tuvieran que recoger agua, est&aacute; por ser llenado de la esencia de la amada. Dice Anne Carson que los amantes son tres, el amante, la amada y el hueco del amante cuando sabe que no puede vivir sin la amada, qu&eacute; preciosas conexiones.</p>
<p>En este viaje no hay moralinas, no hay panfletos, hay una verdad que ha transcendido a nuestro poeta que vive en un mundo en el que las columnas que lo sostienen est&aacute;n bien fijadas a la Tierra, hay un<em> perfecto equilibrio en la disposici&oacute;n de las cosas</em>, dice. Ser&aacute; este, seguramente para Rub&eacute;n, como para Leibniz, el mejor de los mundos posibles, y de este modo <em>gira el mondo gira</em> en manos de un ni&ntilde;o que hace rodar una canica, o gracias a la inercia que provoca un acelerador pisado a fondo en una carretera desierta. Un mundo construido con espacio entre las cosas, un espacio que alberga arcos para que amanezca como en una pintura de Piero della Francesca, o pozos solo para que aparezcan sombras milagrosas. En la poes&iacute;a de Rub&eacute;n las cosas, los elementos, los actantes de este mundo, est&aacute;n todos para que nos hagan crear, para que la mirada del poeta los detecte y los atrape. Y ese es un trabajo que no puede hacer la m&aacute;quina.</p>
<p>Y llega tambi&eacute;n el descanso, el momento para uno mismo, para la desalienaci&oacute;n, el momento para mirar el m&oacute;vil y repasar unos poemas, leer unos versos de otro, encontrarse de nuevo, pero esta vez con alevos&iacute;a, con la palabra, la sonrisa ancha, la lluvia en el pelo&hellip;</p>
<p>Llegados a este momento, a este descanso que es solo tem&aacute;tico, nos hundimos en una poes&iacute;a que se acaricia con la poes&iacute;a oriental, que se introduce en paisajes que son estados de &aacute;nimo, lugares que son momentos y escenas que, como en una canci&oacute;n callada, suenan a escondite deseado y deseante.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rub&eacute;n Mart&iacute;n D&iacute;az, <em>L&iacute;rica industrial</em>, Madrid, Rialp, 2023</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 18 Dec 2023 10:48:17 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La grandeza de lo pequeño ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-grandeza-de-lo-pequeno/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/RICARDO_D_EZ_PELLEJERO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Ricardo D&iacute;ez Pellejero (Bilbao, 1971) cuenta con una amplia y contrastada trayectoria literaria en su haber; con anterioridad, entre otros, ha publicado los libros de poes&iacute;a <em>Stromboli </em>(Editorial Braulio Casares, 1999), <em>El viajero en la tormenta </em>(Lola Editorial, 2001), <em>El cielo del sol mecido </em>(Olifante, 2007), <em>Pornai en el Hostal Roma </em>(Los libros del Gato Negro, 2019) y <em>MICTl&Aacute;N, Odas a la muerte </em>(Olifante, 2020); ha formado parte de las antolog&iacute;as <em>Archipi&eacute;lago de voces </em>(Universidad de Zaragoza, 1991), <em>Los Borbones en pelota </em>(Olifante, 2014), <em>Parnaso 2.0: Un mar de labrant&iacute;os / Antolog&iacute;a de poes&iacute;a aragonesa del siglo XXI </em>(Gobierno de Arag&oacute;n, 2016), <em>Amantes </em>(Olifante, 2017) y <em>Poemas a Miguel</em>, a Miguel Labordeta, claro (Libros del fr&iacute;o, 2021). Columnista y articulista habitual como rese&ntilde;ista literario en <em>Heraldo de Arag&oacute;n</em>, <em>Turia</em> y otras publicaciones, fue director de la revista literaria <em>Im&aacute;n</em>, editada por la Asociaci&oacute;n Aragonesa de Escritores, en la que se dej&oacute; la piel y en la que llev&oacute; a cabo una interesant&iacute;sima y muy meritoria labor de difusi&oacute;n de escritores de diferentes lenguas y pa&iacute;ses. Ha sido publicado parcialmente en China, Macao y Bulgaria y traducido al ingl&eacute;s, al serbio, al b&uacute;lgaro y al portugu&eacute;s. Visitante y residente asiduo de la Casa del Traductor en Tarazona, colabor&oacute; con la poeta y traductora Rada Panchovska adaptando al espa&ntilde;ol su <em>Poes&iacute;a b&uacute;lgara contempor&aacute;nea</em>, una obra que mereci&oacute; el VI premio Marcelo Reyes a la Traducci&oacute;n (Olifante, 2021). Ha sido invitado por el Instituto Cervantes a presentar su obra en Sof&iacute;a y ha participado en actos del XXVIII Festival Internacional de poes&iacute;a de Bogot&aacute; y en los Conversatorios del Instituto Confucio de Costa Rica en 2021.&nbsp;</p>
<p>Y ahora, en Olifante &mdash;una de las m&aacute;s grandes y longevas editoriales de poes&iacute;a con que cuenta este pa&iacute;s&mdash;, publica Ricardo D&iacute;ez <em>El silencio del colibr&iacute;</em>, su tercer t&iacute;tulo en esta casa, un libro estructurado en cuatro partes &mdash;&laquo;Taxonom&iacute;a&raquo;, &laquo;Etolog&iacute;a&raquo;, &laquo;De su ecolog&iacute;a&raquo; y &laquo;De su biolog&iacute;a evolutiva&raquo;&mdash; con el que consolida avances y logros anteriores y en el que contin&uacute;a dando forma a su singular y personal proyecto po&eacute;tico, una propuesta que pasa por el deambular de un sujeto que camina &mdash;ya desde el primer poema, titulado &laquo;Sandalias&raquo;&mdash; a la intemperie.&nbsp;</p>
<p>En las citas iniciales que abren el libro (incluida la dedicatoria a sus hijos, Cloe y Alex), aparece la palabra &laquo;silencio&raquo; mencionada hasta en tres ocasiones (un t&eacute;rmino que encontramos de nuevo entre las palabras de Alejandra Pizarnik que anteceden al poema que abre el libro). En &laquo;Humildad&raquo;, una de las composiciones de este libro, leemos: la literatura &laquo;es un viaje / a trav&eacute;s del silencio de un pueblo&raquo; (p. 25), en &laquo;Ayer un limonero&raquo;: &laquo;Quien en silencio obra / labra silencios&raquo; (p. 38) y en &laquo;Lindes&raquo; se habla de &laquo;Escribir un silencio&raquo; (p. 57). Son solo unos pocos ejemplos. Sin duda, el silencio funciona como un motivo vertebrador a lo largo de todo el conjunto, un elemento que respira y que deja su huella entre las palabras, m&aacute;s a&uacute;n en un mundo como el nuestro, arrasado y cegado por tanto ruido f&uacute;til. El objetivo no es balad&iacute;, se tratar&iacute;a de llenar &mdash;como leemos en &laquo;Antiexistencia&raquo;, otro de los poemas de este libro&mdash; &laquo;ese hueco en el ser [&hellip;] / un lugar en apariencia vac&iacute;o, / pero que muda y avanza / para ser evidencia de luz&raquo; (p. 36). Pero, &iquest;c&oacute;mo llenar ese hueco?,&nbsp; &iquest;c&oacute;mo conseguir que el silencio respire entre las palabras?, m&aacute;s a&uacute;n en un mundo, repito, en el que el ruido, la impostura y el espect&aacute;culo ciegan a menudo lo m&aacute;s interesante y conmovedor de la existencia.&nbsp;</p>
<p>Frente a las tendencias m&aacute;s planas y sensibleras que pululan en el panorama po&eacute;tico actual, la propuesta de Ricardo D&iacute;ez ofrece signos de resistencia y renovaci&oacute;n, &iacute;ndices reveladores de una escritura, a la vez, m&aacute;s libre y comprometida con el ser humano, el lenguaje y los paisajes de este tiempo. A la luz de poetas como la ya citada Pizarnik, Rosal&iacute;a de Castro, Yordanka Beleva, Andrea Cote, Dulce Mar&iacute;a Loynaz, Alfonsina Storni o Celia Carrasco Gil, entre otras, la voz po&eacute;tica de Ricardo D&iacute;ez logra encontrar un registro aut&eacute;ntico y personal al margen de los senderos m&aacute;s trillados y aplaudidos. Se trata de una escritura aparentemente sencilla pero cargada de matices sorprendentes, una propuesta que no deja de interpelar al lector, de quien exige una atenci&oacute;n &mdash;que no una entrega&mdash; incondicional, una poes&iacute;a repleta de diferentes registros y formas, vol&uacute;menes presentes y espacios sugeridos, una escritura conmovedora que nos reconcilia con lo m&aacute;s ancestral de nuestra existencia, como sucede, por ejemplo, en ese sugerente e inquietante poema titulado &laquo;Altamira&raquo;.&nbsp;</p>
<p>Conocido como chuparrosa, tucusito, ermita&ntilde;o, picaflor, <em>huitzil</em> (&lsquo;espina preciosa&rsquo;, en n&aacute;huatl), el colibr&iacute; &mdash;que es un ser muy inteligente (tiene el cerebro m&aacute;s grande en el mundo de las aves en proporci&oacute;n a su tama&ntilde;o corporal)&mdash; no puede emitir vocalizaciones pero s&iacute; chirridos para comunicarse, construye su nido con el leng&uuml;eteo y con su lengua tubular, que es m&aacute;s larga que el pico, chupa la savia de los &aacute;rboles y el n&eacute;ctar y el polen de las flores con los que se alimenta. A partir de ah&iacute;, &iquest;c&oacute;mo es ese silencio del colibr&iacute; al que se alude en el t&iacute;tulo de un poema que a su vez da t&iacute;tulo a este libro? A mi parecer, se trata de un silencio que guarda el secreto al que accede, como leemos en ese poema, &laquo;quien se adentra en la mayor espesura&raquo;, un silencio que custodia un saber crepuscular y postrero: &laquo;Pronto sentir&aacute;s, con mi &uacute;ltimo aliento, / el silencio del colibr&iacute;&raquo; (p. 40). El colibr&iacute;, por otra parte, simboliza la verdad y el misterio de lo peque&ntilde;o, de lo que pasa desapercibido, de lo que avanza sin hacer ruido, de lo que nos acompa&ntilde;a en la soledad y el silencio (Tom&aacute;s S&aacute;nchez Santiago escribi&oacute; acerca de estos motivos un libro muy evocador y recomendable, <em>La belleza de lo peque&ntilde;o</em>).&nbsp;</p>
<p>Lo he expresado en otras ocasiones. Si queremos describir la relaci&oacute;n que Ricardo D&iacute;ez mantiene con la poes&iacute;a, no cabe hablar de un capricho o una moda pasajera sino, m&aacute;s bien, de una pr&aacute;ctica constante, meditada y prolongada en el tiempo, un trato asumido con rigor y seriedad dado que &eacute;l sabe lo mucho que se juega en cada palabra. Y as&iacute; ha sucedido desde el inicio de una trayectoria que he tenido la fortuna de seguir de cerca y que se ha caracterizado, insisto, por el deseo constante de interpelar al lector, al que se ha dirigido como un compa&ntilde;ero de viaje en la traves&iacute;a escabrosa de la vida y a quien no deja de plantear cuestiones que apelan a los motivos esenciales de la vida, preguntas que demandan respuestas necesarias. Se trata de ejercer la opci&oacute;n del movimiento continuo que supone la celebraci&oacute;n de la vida como viaje, a sabiendas de que el saber m&aacute;s certero es siempre un saber incierto, un proceso en construcci&oacute;n, un deambular, un caminar sin una ruta previamente trazada, y esto, como digo, es un motivo recurrente a lo largo de todos sus libros.&nbsp;</p>
<p>En este sentido, y porque he sido testigo muy pr&oacute;ximo de c&oacute;mo ha ido desarroll&aacute;ndose su trabajo con las palabras a lo largo de todos estos a&ntilde;os, me gustar&iacute;a dar prueba del compromiso con el que Ricardo D&iacute;ez ha encarado su labor escritural, del trabajo de construcci&oacute;n arquitect&oacute;nica con el que ha afrontado este libro, un volumen que contiene algunos poemas memorables &mdash;&laquo;Ayer un limonero&raquo;, &laquo;Lindes&raquo;, &laquo;Silbares&raquo;, &laquo;No cazar&aacute;s vampiros&raquo;&mdash; en el que nada ha quedado al azar y todo es resultado de una elecci&oacute;n deliberada, del respeto y la consideraci&oacute;n &mdash;en fin&mdash; que este hombre siente por la escritura po&eacute;tica.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 07 Dec 2023 13:22:08 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Que le den a Piaget]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/que-le-den-a-piaget/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/PERCIVAL_EVERETT_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&ldquo;Que le den a Piaget&rdquo;. Esta frase, que pronuncia un personaje de esta original&iacute;sima obra, la doctora Steimmel, expresa muy bien el impulso que subyace en todas sus p&aacute;ginas y encarna su protagonista&nbsp; y narrador, Ralph, un beb&eacute; inteligent&iacute;simo que lee libros de filosof&iacute;a y matem&aacute;ticas, conoce a los autores cl&aacute;sicos y a los pensadores posmodernos, y sabe de teor&iacute;a literaria, ling&uuml;&iacute;stica, y disciplinas pr&oacute;ximas, en fin, que se ha saltado todas las fases de desarrollo y supera al m&aacute;s sagaz de los adultos. Adem&aacute;s se niega a hablar, a hacer los movimientos bucales que dan lugar a la oralidad, no se trata de un rechazo ideol&oacute;gico al lenguaje, que utiliza en breves notas cuando lo necesita, sino a la comunicaci&oacute;n,&nbsp; al contacto, una forma de rebeld&iacute;a. Por lo dem&aacute;s, posee todas las limitaciones de un ni&ntilde;o peque&ntilde;o.</p>
<p>Esta personalidad improbable, para utilizar el mismo t&eacute;rmino con que Ralph descalifica las acciones de un cuento que le leen, nos introduce, una vez aceptada, en varias l&iacute;neas o dominios de desarrollo, m&aacute;s o menos interconectados. 1. Ralph y sus padres, c&oacute;mo los ve (&ldquo;Mi padre era postestructuralista y a mi madre&rdquo;, a quien prefiere y considera m&aacute;s inteligente, &ldquo;le parec&iacute;a un ser vomitivo&rdquo; ), c&oacute;mo reconocen y viven su condici&oacute;n, y su vida posterior; 2. las peripecias que surgen una vez que lo llevan a la psic&oacute;loga (secuestrado, primero por esta y una especialista en monos, luego por una agente gubernamental que lo conduce a instalaciones militares donde pretenden hacer de &eacute;l un esp&iacute;a, pero de donde sale esta vez en manos de una pareja de hispanos que lo quieren como hijo,&hellip;) y 3. Finalmente, pero no menos extensas, las creaciones y/o evocaciones de Ralph (poemas, listas de palabras, citas, recreaciones y reflexiones personales). Cada cap&iacute;tulo, por otra parte, va encabezado de esquemas y estructuras, preferentemente de relaciones semi&oacute;ticas m&aacute;s o menos fieles (el cuadrado semi&oacute;tico de Greimas, la semi&oacute;tica connotativa de Hjelmslev, etc.). Aunque la historia de los padres y los secuestros sigue un orden m&aacute;s o menos natural y configura una trama perfectamente reconocible, no se presenta de manera continua, sino entremezclada con documentos variopintos: poemas y listas de palabras elaborados por Ralph, conversaciones entre reconocidos fil&oacute;sofos y acad&eacute;micos (Nietzsche y Wittgenstein, S&oacute;crates y James Baldwin, Barthes y Hurston,&hellip;), reflexiones y evocaciones de textos, predominantemente de est&eacute;tica, psicolog&iacute;a, semi&oacute;tica, teolog&iacute;a y teor&iacute;a de la ficci&oacute;n:</p>
<p class="Ejemplos1">Mi escritura no era una amenaza para mi pensamiento, ni era una amenaza para mi significaci&oacute;n ni de manera alguna se opon&iacute;a a mi significaci&oacute;n&nbsp; (porque era <em>mi</em> significaci&oacute;n) y no era de ninguna manera opuesta al pensamiento o lenguaje interno o a cualquier fijaci&oacute;n de significado. Era lo que era y eso era todo lo que era porque &iquest;C&oacute;mo pod&iacute;a, como cualquier otra cosa, finalmente, haber sido cualquier cosa?</p>
<p>Aunque la conexi&oacute;n entre los ep&iacute;grafes no responde a la causalidad narrativa m&aacute;s que en lo que se refiere al avance de la trama, los contenidos m&aacute;s reflexivos y eruditos, muy numerosos, tienen doble coartada: por un lado se relacionan con las profesiones de los personajes: la madre (pintora), el padre (&ldquo;profesor universitario&rdquo;), la psic&oacute;loga (&ldquo;iba a revelar los secretos de la adquisici&oacute;n del lenguaje diseccionando mi cerebro), la primat&oacute;loga (&ldquo;iba a mostrar que los monos eran tambi&eacute;n personas&rdquo;), etc.; por otro, la propia actividad discursiva del narrador y sus preocupaciones con el lenguaje y la ficci&oacute;n, con frecuencia, tautol&oacute;gicas, contradictorias o simplemente absurdas.</p>
<p>El resultado, en mi opini&oacute;n es sorprendente, m&uacute;ltiple y parad&oacute;jico; sorprendente, porque a pesar del revoltijo de microtextos y lo abigarrado de su estructura, el libro no pierde unidad y puede leerse de corrido. Es posible que no entendamos algunas reflexiones, pero pueden disfrutarse con independencia de lo que quieran decir, gracias a su formulaci&oacute;n, recursiva, parad&oacute;jica y metaf&oacute;rica, po&eacute;tica en fin, pues atraen la atenci&oacute;n por s&iacute; mismas: &ldquo;el aburrimiento es una colina elevada, un nido de cuervo, un puesto ciego en una batida&rdquo;. M&uacute;ltiple, porque el componente m&aacute;s &ldquo;filos&oacute;fico&rdquo; puede proyectarse, de manera literal o ir&oacute;nica, sobre los personajes y la trama, sobre el lenguaje, sobre la actividad narrativa de Ralph, sobre el mundillo acad&eacute;mico, etc. Y parad&oacute;jico, porque la obra no deja de ser densa y simple a un tiempo, al menos si no se pretende entender seriamente y en toda su aparente complejidad las parrafadas frecuentemente superabstractas. La trama no presenta dificultades y los contenidos no narrativos pueden asimilarse simplemente como un paisaje conceptual, un tono o colorido que brilla con diversos matices, a veces contradictorios: rigor y palabrer&iacute;a, iron&iacute;a y seriedad, trivialidad y trascendencia, expresi&oacute;n y diversi&oacute;n. Como en el siguiente di&aacute;logo entre S&oacute;crates y James Baldwin:</p>
<p class="Ejemplos1"><strong>sema</strong></p>
<p class="Ejemplos1">S&Oacute;CRATES: Ya sabes que envidio tu arte. Ser capaz de crear un mundo, construir gente, mentir de la manera en que lo haces tan convincentemente. BALDWIN: Yo no lo llamar&iacute;a mentir. S&Oacute;CRATES: Muy bien. Pero tengo una pregunta para ti. Creas un mundo y para hacer eso tienes que recurrir al mundo que conocemos y luego recrearlo. &iquest;Es as&iacute; m&aacute;s o menos? BALDWIN: M&aacute;s o menos. S&Oacute;CRATES: As&iacute; que, para presentar un mundo como lo haces t&uacute;, tienes que comprender plenamente el mundo del que has tomado tu material y tu sustancia. BALDWIN: En realidad, es el hecho de crear el mundo de mi ficci&oacute;n lo que me permite comprender el llamado mundo real. S&Oacute;CRATES: Pero &iquest;c&oacute;mo puede ser eso cuando el mundo real es el que necesitas antes de poder comenzar tu arte?</p>
<p>Una figura especialmente relevante es Roland Barthes. No aparece solo como nombre de reconocido prestigio acad&eacute;mico, sometido a la visi&oacute;n ir&oacute;nica y hasta sat&iacute;rica que este mundo recibe de continuo, sino que se hace presente como personaje (admirado por el padre de Ralph), sirve de conexi&oacute;n con la trama, y aporta un toque ir&oacute;nico suplementario al contraponer el ambiente norteamericano a <em>la France</em> que &eacute;l representa (&ldquo;Nosotros los franceses tenemos un dicho. <em>C&rsquo;est plus qu&rsquo;un crime, c,est une faute</em>&rdquo;, le dice a la madre de Ralph a prop&oacute;sito de la infidelidad de su marido. &ldquo;Soy franc&eacute;s, ya sabes&rdquo;).</p>
<p>A pesar de la mala imagen personal que el texto da de Roland Barthes y la reducci&oacute;n al rid&iacute;culo de algunos de sus pensamientos, dos observaciones suyas sobre el lector, nos parecen aplicables a <em>Fligo</em>. &ldquo;En el texto solo habla el lector&rdquo;, dice en <em>S/Z</em>; el lector no inventa las palabras, pero las hace suyas, las dice al leerlas y hace con ellas lo que quiera o buenamente pueda y, en definitiva, dicen lo que el lector les permite decir. En este caso, tiene muchas opciones: puede abandonarlas si la trama le resulta insulsa y los discursos pedantes, puede saborear estos por su belleza formal (espl&eacute;ndida la traducci&oacute;n de Cristina Guti&eacute;rrez Valencia y Javier Garc&iacute;a Rodr&iacute;guez), por los pensamientos que le suscitan, por la visi&oacute;n ir&oacute;nica que desarrollan, por los contrastes y confluencias con los avatares de la trama, puede seguir la trama porque le suscita expectativas y saltarse consciente o inconsciente los otros p&aacute;rrafos, o puede dejar en segundo plano la trama y recorrer los ep&iacute;grafes discursivos, buscando relaciones y significados entre ellos o deleit&aacute;ndose con cada uno por separado, etc. La segunda observaci&oacute;n de Barthes, conectada con la anterior, se refiere a&nbsp; <em>&Agrave; la recherche du temps perdu,</em> pero puede aplicarse a <em>Glifo</em>: &ldquo;uno no se salta nunca los mismos pasajes, de ah&iacute; que pueda releerlo con gran frecuencia porque no es nunca el mismo libro&rdquo;. Y eso es lo que le ocurre a <em>Glifo</em>, un libro singular y, al mismo tiempo, muchos libros en relaci&oacute;n con los conocimientos de los lectores, sus gustos, su sentido del humor, su esp&iacute;ritu cr&iacute;tico, sus momentos de atenci&oacute;n y desconexi&oacute;n.</p>
<p>Ralph apenas escribe breves notas en momentos cr&iacute;ticos y nunca habla, pero el lenguaje, la sem&aacute;ntica, el significante y el significado, est&aacute;n presentes obsesivamente en sus reflexiones y citas, en su lenguaje de narrador que no sabemos si es una transcripci&oacute;n de un pensamiento no verbal a palabras o la reproducci&oacute;n de un discurso interior. Es particularmente significativa, adem&aacute;s, la presencia de la sem&aacute;ntica greimasiana, cuando ya hab&iacute;a perdido actualidad. Sin duda conceptos como el de <em>isotop&iacute;a</em>, de ra&iacute;ces m&aacute;s cient&iacute;ficas que filol&oacute;gicas, est&aacute;n en la base de las jergas postestructuralistas de las que el texto se hace eco, falta solo la fuerza literal de la definici&oacute;n de Greimas: &ldquo;la permanencia de una base clasem&aacute;tica jerarquizada que permite, gracias a la apertura de los paradigmas, la variaci&oacute;n de las unidades de manifestaci&oacute;n&rdquo;. Igu&aacute;lalo, Ralph.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 07 Dec 2023 12:55:56 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Eszter Orbán: “Colores y años muestra con gran maestría cómo las decisiones personales y la realidad social están interrelacionadas”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/eszter-orban-colores-y-anos-muestra-con-gran-maestria-como-las-decisiones-personales-y-la-realidad-social-estan-interrelacionadas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/MARGIT_KAFFKA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Entre la rabia y la resignaci&oacute;n, entre la ambici&oacute;n y el disgusto deambula Magda P&oacute;rtelky, la protagonista de <em>Colores y a&ntilde;os</em>, una novela de una frondosidad de estilo (estructura y disposici&oacute;n) y una intensidad narrativa exacta, de bello vuelo l&iacute;rico. Publicada por Greylock y traducida por Jos&eacute; Miguel Gonz&aacute;lez Trevejo y Eszter Orb&aacute;n, con quien hablamos de esta historia escrita por Margit Kaffka, una autora no muy conocida en nuestro pa&iacute;s que sorprende por la belleza de su estilo y la claridad de su mirada.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Por qu&eacute; habr&iacute;a que leer a Kaffka?</p>
<p>- A m&iacute;, personalmente, me gusta leer a Kaffka porque sus narraciones dan testimonio, por lado, de una lucidez y una sensibilidad sin par en cuestiones sociales; por otro, de una pasi&oacute;n narradora que le lleva a crear un lenguaje y un estilo inconfundibles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Clarividencia social y pasi&oacute;n narradora</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; hace de su estilo el de &laquo;una grand&iacute;sima escritora&raquo; como calificase Kafka?</p>
<p>- En las narraciones de Kaffka, la mayor&iacute;a de corte realista, muy centrada en problemas de la &eacute;poca, hay mucho lirismo, mucha m&uacute;sica. Algunos cr&iacute;ticos califican su escritura de impresionista, y de hecho, como podemos ver tambi&eacute;n en <em>Colores y a&ntilde;os</em>, Kaffka est&aacute; muy preocupada por transmitir sensaciones -olores, aromas, sonidos-, por describir estados de &aacute;nimo, procesos psicol&oacute;gicos, ambientes. Para lograrlo emplea los m&aacute;s variados recursos po&eacute;ticos, desde la hip&eacute;rbole hasta las onomatopeyas. Creo que no es el estilo en s&iacute; lo que hace de Kaffka una gran escritora, sino esa curiosa mezcla de realismo y modernismo, de clarividencia social y pasi&oacute;n narradora, de precisi&oacute;n y lirismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Margit Kaffka representa la mujer moderna, muy valiente y con un criterio independiente&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;nto de la protagonista, Magda P&oacute;rtelky, hay en la propia Margit?</p>
<p>- Aunque estemos convencidos de la &laquo;muerte del autor&raquo;, a lo Roland Barthes, hemos de reconocer que las personas que rodean a un autor en la vida real y su propio yo siempre han constituido fuentes de inspiraci&oacute;n para los personajes de ficci&oacute;n. &laquo;Madame Bovary, cest moi&raquo;. En el caso de Magda P&oacute;rtelky, la autora se inspir&oacute; m&aacute;s bien en la figura de su madre. Margit Kaffka pertenec&iacute;a a otra generaci&oacute;n, era representante de la mujer moderna, muy valiente y con un criterio independiente. Gozaba de una sensibilidad social &uacute;nica, era progresista, adelantando muchas veces a su entorno. Era m&aacute;s clarividente en un sinn&uacute;mero de cuestiones sociales que sus celebrados coet&aacute;neos masculinos. Fue pacifista desde el primer momento en la I Guerra Mundial, cuando los dem&aacute;s intelectuales a&uacute;n celebraban la guerra; condenaba la explotaci&oacute;n de las clases cuando las criadas a&uacute;n constitu&iacute;an uno de los fundamentos de la vida burguesa; arremet&iacute;a contra la desigualdad entre hombres y mujeres y consigui&oacute; hacerse un hueco entre los mejores escritores del c&iacute;rculo de la revista Nyugat, todos varones. Poco que ver, pues, con la pobre Magda P&oacute;rtelky, tan d&eacute;bil y pasiva. No obstante, cabe recordar que son dos generaciones distintas, tiempos diferentes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Una novela sobre la tragedia de muchas mujeres condenadas a la pasividad&rdquo;</strong></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em>- Colores y a&ntilde;os</em> nos habla de una mujer que trata de rebelarse contra el orden establecido, contra el lugar que se le asigna a la mujer, pero que no es capaz de terminar de hacerlo. &iquest;Por cobard&iacute;a o por imposibilidad?</p>
<p>- No veo en Magda tanto deseo de rebelarse. Es una mujer inc&oacute;moda con su situaci&oacute;n, eso s&iacute;, pero no se rebela. Es muy ambiciosa, pero ambiciona ante todo lo que se puede conseguir a trav&eacute;s de un marido: el bienestar y un estatus social alto. Mientras parezca contar con todo esto, lo dem&aacute;s importa poco. Pero no quiero culparla, as&iacute; era la &eacute;poca. La mujer no exist&iacute;a como persona aut&oacute;noma, con decisiones propias acerca de su vida, en todo depend&iacute;a de su familia y de los hombres. Eran otros los que decid&iacute;an sobre su futuro. Hay que recordar que el matrimonio era una instituci&oacute;n econ&oacute;mica, de &eacute;l depend&iacute;a la supervivencia de una mujer, y muchas veces tambi&eacute;n la de su familia. Me parece que al principio de la narraci&oacute;n Kaffka describe magistralmente la presi&oacute;n a la que estaban sometidas las muchachas j&oacute;venes al entrar en edad casadera. Encontrar un marido era cuesti&oacute;n de vida o muerte, de &eacute;xito o fracaso social. En fin, para m&iacute;, la historia de Magda P&oacute;rtelky refleja la tragedia de muchas mujeres condenadas a la pasividad por las absurdas reglas de la moral y las exigencias injustas de la sociedad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Kaffka experiment&oacute; en carne propia lo dif&iacute;cil que era ser madre, mantener a su hijo trabajando, realizar las labores de la casa y ejercer de escritora&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;De qu&eacute; modo entiende Margit Kaffka el amor?, porque Magda cree que no puede ser ella sin un marido pero, al tiempo, el matrimonio la constri&ntilde;e, le depara una vida miserable, pero despu&eacute;s vive de su pensi&oacute;n&hellip; parece una mujer rom&aacute;ntica, pero solo en el recuerdo&hellip;</p>
<p>- Como lo mencion&eacute; anteriormente, Kaffka era una mujer muy diferente de su protagonista. Al final del libro, la narradora habla de sus hijas, que estudian y trabajan, ellas s&iacute; que pertenecen a la generaci&oacute;n de la autora y guardan m&aacute;s parecido con ella. Con todo, Kaffka era una mujer excepcional incluso para su &eacute;poca. Seg&uacute;n sus cartas y sus notas de diario, no se conformaba con la vida que le ofrec&iacute;a a una mujer su clase y su &eacute;poca y anhelaba la independencia intelectual y econ&oacute;mica en un entorno m&aacute;s bien hostil ante semejantes pretensiones. Al divorciarse de su marido renunci&oacute; a una vida burguesa segura y predecible, y junto con su hijo se fue a vivir por su cuenta a un apartamento de Buda. Kaffka experiment&oacute; en carne propia lo dif&iacute;cil que era ser madre, mantener a su hijo trabajando, realizar las labores de la casa y ejercer de escritora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El inmovilismo social a finales del siglo XIX es absoluto&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Hasta qu&eacute; punto la condiciona el paisaje, ese inmovilismo social que la rodea?</p>
<p>- El inmovilismo social es absoluto y la provincia h&uacute;ngara de finales del siglo XIX en la que est&aacute; ambientada la novela lo refleja a la perfecci&oacute;n. Se respira el mismo aire que en los dramas de Ch&eacute;jov, en los que los protagonistas anhelan huir de aquel mundo rural restringido, sin posibilidades ni sorpresas, donde su destino est&aacute; ya escrito. Para ellos, Mosc&uacute; permanece eternamente en un sue&ntilde;o; Magda, sin embargo, logra salir de la provincia y llega a Budapest. No obstante, las posibilidades de las que goza una mujer en la gran ciudad para salir adelante no resultan ser en absoluto mejores o m&aacute;s dignas que las que tiene una mujer en la provincia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;De qu&eacute; es v&iacute;ctima Magda?</p>
<p>- Es v&iacute;ctima de las normas sociales, desde luego, y tambi&eacute;n de su propia ambici&oacute;n, bastante materialista, de su debilidad y falta de valent&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Pienso en el personaje de Telekdy, ambivalente, por un lado reivindica unas condiciones dignas para los campesinos, al tiempo que su gran preocupaci&oacute;n es la orientaci&oacute;n de las ventanas de los graneros.</p>
<p>- Telekdy es una figura interesante. Al contrario de la protagonista, &eacute;l s&iacute; que se atreve a enfrentarse a las normas vigentes, a pregonar sus ideas progresistas tra&iacute;das del extranjero y le&iacute;das en unos libros, a implementar cambios sociales. Sin embargo, sus ideas son confusas y contradictorias, sus convicciones, incoherentes e inestables. Es un personaje exc&eacute;ntrico, ridiculizado por su entorno e incluso por la propia autora. Me recuerda un poco a Bouvard y a P&eacute;cuchet, esos personajes de Flaubert.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>Colores y a&ntilde;os</em></strong><strong> no es un simple alegato feminista</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;nto de cr&iacute;tica pol&iacute;tica podemos encontrar en <em>Colores y a&ntilde;os</em>?</p>
<p>- Mucha. Por todo lo que acabo de decir. Recuerde, &laquo;the personal is political&raquo;, en el caso de Magda P&oacute;rtelky tambi&eacute;n. Sin embargo, el libro no es un simple alegato feminista o un escrito contra la retr&oacute;grada sociedad h&uacute;ngara de la &eacute;poca, la sociedad es solo el marco de la vida de la protagonista.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; le impide a la protagonista sistem&aacute;ticamente evitar tomar decisiones, actuar?</p>
<p>- Yo aprecio especialmente <em>Colores y a&ntilde;os</em> porque -eso me parece a m&iacute;- muestra con gran maestr&iacute;a c&oacute;mo las decisiones personales y la realidad social est&aacute;n interrelacionadas. Magda P&oacute;rtelky es una mujer d&eacute;bil en una sociedad injusta y llena de restricciones para las mujeres, como para muchos otros sectores de la sociedad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; ha sido lo m&aacute;s gratificante y lo m&aacute;s complejo de traducir esta obra?</p>
<p>- En esta traducci&oacute;n, como en muchas otras, he trabajado en t&aacute;ndem con Jos&eacute; Miguel Gonz&aacute;lez Trevejo. Traducir este libro ha sido un gran reto y a la vez un enorme placer para los dos. Recuerdo que al escribir la &uacute;ltima frase en espa&ntilde;ol me emocion&eacute;. En cuanto a las dificultades, una de ellas fue comprender el original, incluso para m&iacute;, que soy h&uacute;ngara. El texto est&aacute; lleno de expresiones que han ca&iacute;do en desuso, de palabras raras. Tuve que consultar a varios especialistas, desde historiadores de la moda hasta expertos en gastronom&iacute;a. Leer a Dezső Kosztol&aacute;nyi, por ejemplo, que era coet&aacute;neo de Kaffka, resulta mucho m&aacute;s f&aacute;cil, su lenguaje parece m&aacute;s moderno, m&aacute;s ligero. Lo que m&aacute;s quebraderos de cabeza nos dio fueron las complej&iacute;simas, muchas veces interminables frases de Kaffka, con su acumulaci&oacute;n de adjetivos, sus intercalaciones, etc. El gran reto ha sido conservar en la traducci&oacute;n las particularidades del estilo de la autora, sin violar la lengua espa&ntilde;ola y creando un texto legible del que pueda disfrutar el lector espa&ntilde;ol. Espero que lo hayamos conseguido.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 07 Dec 2023 12:42:10 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un libro diferente para un lector diferente]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-libro-diferente-para-un-lector-diferente/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/JAVIER_GARC_A_RODR_GUEZ_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Javier Garc&iacute;a Rodr&iacute;guez (1965) lleva publicados los suficientes libros de poes&iacute;a con personalidad diferenciada e inusual, tierna y &aacute;cida, mordaz y reflexiva, burlona a veces, como para empezar a considerarlo seriamente. <em>La cuarta pared</em> (2023), libro de poemas que ahora nos ocupa, completa un legado amplio, vers&aacute;til y diverso, formado por Los<em> mapas falsos</em> (1996), <em>Estaciones</em> (2007) y <em>Que ves en la noche</em> (2010). No solo, pero s&iacute; el que afecta a la poes&iacute;a no dedicada a un p&uacute;blico juvenil, para la que escribi&oacute; los estupendos <em>Mi vida es un poema</em> y <em>Miedo a los perros que me han dicho que no muerden</em> (2020). Casi treinta a&ntilde;os de escribir poes&iacute;a de corte claro y donde &ldquo;no es f&aacute;cil distinguir/actor y personaje&rdquo; (2023: 85). El t&iacute;tulo de este &uacute;ltimo libro surge de esa confesionalidad que habla de un pacto de verosimilitud. Un mundo donde las circunstancias &iacute;ntimas, rememoraciones, el padre, &ldquo;levantar una casa&rdquo; u hogar, la memoria personal reencontrada, se combinan con la mordacidad de quien se aparta de la &ldquo;normalidad&rdquo; del mundo moderno e ironiza. S&iacute;. <em>La cuarta pared</em> tiene la virtud de que habla al p&uacute;blico sentado en la butaca, al espectador o lector, desde lugares donde se reconoce. Verso libre, pautado y estr&oacute;fico en alguna ocasi&oacute;n, al servicio de un tono ligero contra &ldquo;la gravedad y sus secuaces&rdquo; (2023: 29). S&iacute;. Estamos ante una poes&iacute;a muy personal y muy apetecible, legible, atractiva en sus aciertos, que son muchos, y fuera, sobre todo fuera &ldquo;de lugares comunes, /de panfletos, de f&oacute;rmulas vac&iacute;as&rdquo; (2023: 80).&nbsp;</p>
<p>Unas breves l&iacute;neas para consignar algunas filiaciones parecen necesarias, o lugar en la historiograf&iacute;a l&iacute;rica de la que forma parte Javier Garc&iacute;a Rodr&iacute;guez. Sin duda uno de los rasgos de &eacute;poca de una gran parte de la l&iacute;rica de los 80/90 tuvo la cortes&iacute;a de la claridad. La suya trae esos genes de la claridad realista (y cr&iacute;tica) con poco que ver con la fragmentaci&oacute;n posterior, mucho menos con las po&eacute;ticas del silencio y las vinculaciones con el vers&iacute;culo que los ecos del asociativismo han vuelto a replantear con diferentes miradas. El realismo espa&ntilde;ol, ajeno a la Nueva/Otra Sentimentalidad (aunque es poeta que sabe narrar l&iacute;ricamente), tuvo en poetas como Jorge Riechmann o &Aacute;ngel Guinda, una mirada cr&iacute;tica (pienso tambi&eacute;n en Alicia Bajo Cero), que, en el caso de Ernesto P&eacute;rez Z&uacute;&ntilde;iga, se combinaba tambi&eacute;n con un simbolismo y un mundo de analog&iacute;as, aqu&iacute; tambi&eacute;n presentes, partiendo de las plantas. Una mirada personal, reflexiva, donde las vicisitudes de la vida nos emplazan en la misma aventura de intentarla y en las que Javier Garc&iacute;a indaga desde el mundo de las plantas&hellip;y los cactus. Lo hace con un tono m&aacute;s serio que en el poema inicial, donde rememora su vida &ldquo;y la fam&eacute;lica legi&oacute;n que yo era entonces&rdquo; (2023: 8), entre la ternura y el humor, novias piadosas en aquel mundo del extrarradio, donde el amor daba &ldquo;la dosis exacta de temor y compasi&oacute;n, catarsis y suburbio, f&aacute;bula y periferia&rdquo; (2023: 8). Ah&iacute; hay tambi&eacute;n un mundo de partida&hellip;y de insurgencia. La rememoraci&oacute;n, los amores, la reflexi&oacute;n que sabe escoger h&eacute;roes cl&aacute;sicos y de los medios de comunicaci&oacute;n de masas, el cine, para decir algo nuevo e inesperado, la distancia con la sociedad de consumo llena de humor e iron&iacute;a sutil y otras m&aacute;s &ldquo;bertsolari&rdquo; (a lo Jon Juaristi), alcanza a la propia obra y el lograr un &ldquo;poema sublime&rdquo; (2023: 31). Y, sin embargo, esta poes&iacute;a &iacute;ntima muchas veces y tierna otras, tras/pese al/el encofrado del an&aacute;lisis y la mordacidad inteligente, denuncia el fin de las ideolog&iacute;as en manos de las marcas comerciales, mientras apela al hombre en su fragilidad, en ese espacio donde tiene que vivir, en esta sociedad del anonimato donde &ldquo;Todos somos nosotros:/nadie en suma&rdquo; (2023: 59).&nbsp;</p>
<p>Y en todo este tr&aacute;fago un poema espl&eacute;ndido &ldquo;Supermercado&rdquo; (2023: 71-74), no s&oacute;lo, pero este casi dando broche al libro, llega para resumir gran parte de su po&eacute;tica. La mirada &aacute;cida y tierna sobre ese &ldquo;Metr&oacute;polis&rdquo; donde todo se basa y hace primar el poder del dinero pues solo hay &ldquo;intercambio de papeles/ usados por mil manos&rdquo; (2023: 73). Un mundo &nbsp;de urgencias donde &ldquo;nadie seduce con la mirada tierna a un desconocido&rdquo; (2023: 73) en el anonimato m&aacute;s cruel, y donde por supuesto nadie sabe que ha muerto Leonard Cohen. Ni le importa. Una delicia de libro diferente, para un lector diferente, en suma, alejado de tanta pedanter&iacute;a o tanto borbolleo de palabrer&iacute;a o de g&eacute;neros h&iacute;bridos, de &ldquo;proemas&rdquo; o poemas ininteligibles, o de haikus manidos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Javier Garc&iacute;a Rodr&iacute;guez, <em>La cuarta pared</em>, Le&oacute;n, Eolas Ediciones, 2023.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 20 Nov 2023 13:20:53 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[María Salgado: “Echo de menos una conversación intensa, vibrante y significativa entre las personas que participan del hecho artístico”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/maria-salgado-echo-de-menos-una-conversacion-intensa-vibrante-y-significativa-entre-las-personas-que-participan-del-hecho-artistico/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/MAR_A_SALGADO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>El momento anal&iacute;rico. </em><em>Una historia expandida de la poes&iacute;a en Espa&ntilde;a de 1964 a 1983</em> (Akal) es un artefacto fascinante para (re)pensar el hecho po&eacute;tico enmarcado en un transcurso de tiempo convulso, a&uacute;n inocente en muchos aspectos, hambriento de nuevas formas expresivas conjugadas con el deseo de hacer comunidad, de habitar el espacio p&uacute;blico, de zarandear la mirada del espectador para que forme parte de lo contemplado. Su autora, la poeta e investigadora Mar&iacute;a Salgado (Madrid, 1984) lo explica con detalle.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph">- Tendemos a pensar que la poes&iacute;a es exclusividad del poema. &iquest;C&oacute;mo reconocer lo po&eacute;tico, all&iacute; donde se manifieste?</p>
<p class="ListParagraph">- Eso cada quien sabe, no hace falta que nadie te diga o te preescriba, sino solo tal vez desaturdir los sentidos, porque la cosa es bien del orden sensorial. Una alteraci&oacute;n en la percepci&oacute;n, una descarga, un desv&iacute;o o corte o apertura del significado m&aacute;s conveniente y esperable, una tensi&oacute;n que no se resuelve y que te causa extra&ntilde;amiento y/o una sensaci&oacute;n placentera: todo eso son se&ntilde;ales.</p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph">- &iquest;Cu&aacute;l es el v&iacute;nculo, de haberlo, entre poes&iacute;a y pol&iacute;tica?</p>
<p class="ListParagraph">- No se me ocurre un no v&iacute;nculo, en la medida en que los poemas son le&iacute;dos y escritos por personas que comparten con otras personas el espacio social, y est&aacute;n hechos en una lengua que es producida por el trabajo de todas ellas, y que, como el resto del trabajo, tambi&eacute;n se ve sometido a procesos de explotaci&oacute;n, alienaci&oacute;n y &ldquo;malreparto&rdquo;.</p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph"><strong>&ldquo;Cada vez son m&aacute;s dif&iacute;ciles de generar espacios cr&iacute;ticos en las condiciones materiales precarias en que tambi&eacute;n se produce el trabajo cultural&rdquo;</strong></p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph">-&iquest;Cu&aacute;les son las principales &ldquo;grietas en el degradado casco de la institucionalidad cultural&rdquo;?</p>
<p class="ListParagraph">- Esa frase del libro refiere la investigaci&oacute;n y acci&oacute;n de personas nacidas despu&eacute;s de los a&ntilde;os de la Transici&oacute;n, interesadas en poner en cuesti&oacute;n algunas de sus herencias; la principal, yo dir&iacute;a, el consenso como forma cultural connivente con un sistema econ&oacute;mico cada vez m&aacute;s desigual, y la despolitizaci&oacute;n de la conversaci&oacute;n p&uacute;blica antes de la crisis de 2008 y las revueltas de 2011... Pero tambi&eacute;n con una falta de imaginaci&oacute;n, riesgo y viveza, que se refleja en todo tipo de grietas, desde los temas de los que se hac&iacute;an las pel&iacute;culas y poemas, hasta la falta de pluralidad de estilos o de espacios cr&iacute;ticos, que, por otro lado, cada vez son m&aacute;s dif&iacute;ciles de generar en las condiciones materiales precarias en que tambi&eacute;n se produce el trabajo cultural.</p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph">- &iquest;Que la poes&iacute;a visual no sea visual la deslegitima?</p>
<p class="ListParagraph">- No, para nada. Decir, como digo en el libro, que &ldquo;la poes&iacute;a visual no es visual&rdquo; no implica negar la utilidad de ese sintagma para referirse a fen&oacute;menos de intensidad gr&aacute;fica particulares, sino m&aacute;s bien devolver nuestra atenci&oacute;n a la materialidad ling&uuml;&iacute;stica de la poes&iacute;a que las met&aacute;foras de la visualidad a menudo ocultan, y enfocar las complejas relaciones entre graf&iacute;a, sonido y performance, y entre escritura y oralidad, que toda pieza po&eacute;tica, y no solo las llamadas &ldquo;visuales&rdquo;, pone a funcionar.</p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph"><strong>&ldquo;Hay poemas visuales cuyo destello dura lo que un parpadeo&rdquo;</strong></p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph">- El poema visual, &iquest;est&aacute; m&aacute;s cerca del chiste, del ingenio, del destello..?</p>
<p class="ListParagraph">- Depende del poema visual del que estemos hablando, y si queremos hablar en esos t&eacute;rminos, tambi&eacute;n depende de su momento hist&oacute;rico de producci&oacute;n, etc. Los hay tremendamente planos, cuyo destello dura lo que un parpadeo, y los hay mucho m&aacute;s afilados en su condensaci&oacute;n, pero ya digo que a m&iacute; no me interesa mucho pensar estos poemas desde un posible g&eacute;nero separado, sino precisamente en di&aacute;logo con otros tipos de poema.&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph">- &iquest;Qu&eacute; diferencia la pr&aacute;ctica anart&iacute;stica de la anal&iacute;rica?</p>
<p class="ListParagraph">- En verdad, nada. <em>Anal&iacute;rica</em> es una palabra que de hecho en parte cre&eacute; como calco de <em>anart&iacute;stica</em> y <em>anartista</em>, y en otra parte, quiz&aacute; m&aacute;s importante, como portadora del prefijo an- en vez del prefijo anti-, para darle nombre a una serie de pr&aacute;cticas verbales al env&eacute;s de la melod&iacute;a y armon&iacute;a del r&eacute;gimen l&iacute;rico que entra en mutaci&oacute;n a finales del siglo XIX y al cambio general del sonido del siglo XX, que no solo tiene lugar en la poes&iacute;a sino tambi&eacute;n en la m&uacute;sica o las artes vivas, y por eso puede contener a la vez los escritos de Gertrude Stein, una partitura de performance de Esther Ferrer, un dibujo de Robert Smithson, un libro mojado por la lluvia de Brossa, y un poema de Jos&eacute; Miguel Ull&aacute;n. Se trata de un cambio de hecho producido por el conjunto de las artes en varios momentos de mezcla, hibridaci&oacute;n y transdisciplinariedad, pero es evidente que el campo literario es un medio menos r&aacute;pido que el de las artes visuales a la hora de integrar las mutaciones, por lo que la pr&aacute;ctica <em>anal&iacute;rica</em> puede quiz&aacute; sonar m&aacute;s extra&ntilde;a.</p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph"><strong>&ldquo;La matriz po&eacute;tica hegem&oacute;nica desde los a&ntilde;os 80 es la poes&iacute;a de la nueva sentimentalidad&rdquo;</strong></p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph">- &iquest;Qu&eacute; explicar&iacute;a que la poes&iacute;a can&oacute;nica de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas se haya reducido a los nov&iacute;simos?</p>
<p class="ListParagraph">- No s&eacute; si los nov&iacute;simos son el canon de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, me parece que la matriz po&eacute;tica hegem&oacute;nica desde los a&ntilde;os 80 es la poes&iacute;a de la nueva sentimentalidad y su devenir en lo que quiera que sea la poes&iacute;a de la experiencia. Lo que los nov&iacute;simos han absorbido y, a mi modo de ver, reducido con su preeminencia en el relato hist&oacute;rico de los a&ntilde;os 60 y 70 es lo que podemos entender por pr&aacute;cticas de neovanguardia, o mejor a&uacute;n, pr&aacute;cticas radicalmente orientadas al lenguaje que est&aacute;n teniendo lugar en los mismos a&ntilde;os no solo dentro del campo de la poes&iacute;a experimental y las artes visuales, sino en el propio campo literario del que los autores de la famosa antolog&iacute;a de Castellet ocuparon por un tiempo el foco. Algunas de aquellas po&eacute;ticas nov&iacute;simas tienen mucho m&aacute;s que ver con una serie de l&eacute;xicos y temas en ese momento novedosos y atractivos, que con una radicalidad est&eacute;tica que s&iacute; estaban probando y practicando otras partes de la generaci&oacute;n; lo cual creo que reduce nuestra posibilidad de comprensi&oacute;n del periodo y, en consecuencia, de invenci&oacute;n en el presente.</p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph"><strong>&ldquo;El aislamiento no solo de las obras sino sobre todo de las personas me parece un hecho cultural dram&aacute;tico&rdquo;</strong></p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph">-&iquest;C&oacute;mo afecta la desaparici&oacute;n de la cr&iacute;tica a la poes&iacute;a en particular y a la literatura en general?</p>
<p class="ListParagraph">- De muchas maneras. Como poeta y artista dir&eacute; que la falta de cr&iacute;tica nos deja muy desprovistas de un contraste y tensi&oacute;n con los que pensar, hacer y crecer la propia pr&aacute;ctica, que de por s&iacute; no puede conocerse a s&iacute; misma del todo, adem&aacute;s de abandonar las escenas art&iacute;sticas a una suerte de corrientes de opini&oacute;n demasiado influidas por amistades, enemistades, redes y posiciones de poder. Y m&aacute;s all&aacute; de la creaci&oacute;n que no se ve avivada, est&aacute; el dram&aacute;tico problema de una recepci&oacute;n ef&iacute;mera y superficial, y al fin y al cabo despolitizada, dependiente del reparto de atenci&oacute;n de los medios de comunicaci&oacute;n y sus programas est&eacute;ticos. Y con esto que digo no estoy echando en falta unos dispositivos cr&iacute;ticos centralizados, altoculturales, jer&aacute;rquicos y en papel, y que ya no creo que puedan volver desde el siglo XX al XXI, sino m&aacute;s bien me refiero a una conversaci&oacute;n intensa, vibrante y significativa entre las personas que participan del hecho art&iacute;stico, cre&aacute;ndolo o recibi&eacute;ndolo, y de todas ellas con el espacio social, por las v&iacute;as actuales, que, pese a todas sus carencias, son mucho m&aacute;s horizontales. Lo que echo de menos es un tiempo y un espacio, f&iacute;sicos y editoriales, para una conversaci&oacute;n continua en que nos demos unas preguntas que nos importan y a partir de ellas preguntemos a las obras que vemos, o&iacute;mos o atendemos, como para poner en movimiento un pensamiento com&uacute;n m&aacute;s conectado al mundo y a los dem&aacute;s. El aislamiento no solo de las obras sino sobre todo de las personas me parece un hecho cultural dram&aacute;tico.</p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph">- &iquest;Es la poes&iacute;a vanguardista, m&aacute;s susceptible de acoger suced&aacute;neos, como sostiene la creencia popular?</p>
<p class="ListParagraph">- Entiendo por qu&eacute; se podr&iacute;a sospechar de ciertos usos y texturas mal llamados vanguardistas, por la misma falsedad que de hecho deber&iacute;an ellos mismos poner en cuesti&oacute;n, pero hay un mont&oacute;n de poemas de la poes&iacute;a hegem&oacute;nica que se vienen sucediendo en serie desde hace d&eacute;cadas sin ninguna revisi&oacute;n ni tensi&oacute;n cr&iacute;tica o vital, y que no entiendo por qu&eacute; no podr&iacute;an tambi&eacute;n ser llamados suced&aacute;neos con la misma sospecha. Pero lo que me parece m&aacute;s importante, en todo caso, es afirmar que lo que suele considerarse vanguardista en poes&iacute;a suele tener que ver con formas y texturas de un estilo hist&oacute;rico, es decir, del pasado, y que si atendemos a la din&aacute;mica de cambio que ellas mismas abrieron, como m&iacute;nimo deber&iacute;amos esperar ser sorprendidas o desafiadas por las formas de poes&iacute;a que est&eacute;n cambiando la poes&iacute;a aqu&iacute; y ahora, y que es muy posible que no est&eacute;n pasando en el medio po&eacute;tico ni literario sino en artes y vidas con mucha m&aacute;s viveza verbal.&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph">- &iquest;El espectador de hoy es m&aacute;s indolente frente a provocaciones como la de ZAJ en el teatro Garraye, en 1972?</p>
<p class="ListParagraph">- No s&eacute;, me es dif&iacute;cil valorar esto, no creo que se trate de un problema de indolencia exactamente. Creo que s&iacute; me es posible decir que las lectoras de los a&ntilde;os 60 y 70 estaban envueltas por una &eacute;poca de mayor compromiso cr&iacute;tico y pol&iacute;tico, y cuando entran en el Gayarre est&aacute;n adem&aacute;s agitadas por una acci&oacute;n de ETA en la ciudad. Pero tambi&eacute;n podr&iacute;a verlas mucho m&aacute;s ingenuas que nosotras, en lo que el t&eacute;rmino tiene de potencia e impotencia, porque a&uacute;n est&aacute;n asistiendo a los inicios de la performance. Creo que es dif&iacute;cil que una performance como tal &ndash;por ser una performance, quiero decir&ndash; hoy nos pueda alterar del mismo modo, como tampoco el LSD, por poner otro ejemplo de altercado sensorial de aquel momento, porque ambas formas y experiencias ya han sido algo m&aacute;s integradas e interiorizadas en nuestro imaginario. Despu&eacute;s est&aacute; el hecho de que justo a mitad de los 70 arranca la expansi&oacute;n de la econom&iacute;a e ideolog&iacute;a neoliberales que conforma nuestros modos de percibir y recibir hoy, y que creo que hace nuestro momento uno muy diferente de aquel.</p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph"><strong>&ldquo;Hay hoy poca tolerancia al extra&ntilde;amiento&rdquo;</strong></p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph">- En muchos artistas que usted recoge y analiza, el espacio p&uacute;blico es uno de los elementos centrales. &iquest;Qu&eacute; papel ocupa hoy en d&iacute;a?&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph">- Pues un papel de nuevo muy diferente por el curso de las pol&iacute;ticas y econom&iacute;as neoliberales, que han individualizado mucho la sociedad, por no hablar de fen&oacute;menos como la turistificaci&oacute;n o la gentrificaci&oacute;n, que hacen de la calle un sitio menos vivido, m&aacute;s comercializado y, por lo tanto, menos p&uacute;blico. Pero es que, adem&aacute;s, en Espa&ntilde;a en los a&ntilde;os en que afloran estas pr&aacute;cticas que de pronto sienten un deseo de suceder en el espacio p&uacute;blico, hay una dictadura que proh&iacute;be el derecho de reuni&oacute;n y la libre expresi&oacute;n de las opiniones, volviendo este deseo en s&iacute; mismo un peque&ntilde;o altercado, tome la forma que tome. La diferencia es bastante grande, pues, y compleja de diferente modo, pero se me escapa su alcance hoy... Tambi&eacute;n siento que se trataba de artefactos, por un lado, muy extra&ntilde;ados, y hay hoy poca tolerancia al extra&ntilde;amiento, pero, por otro lado, muy artificiosos, y no s&eacute; si es eso lo que hoy necesitar&iacute;amos. Este momento nuestro, creo que pide algo m&aacute;s vital, y que quiz&aacute; no pase tanto por objetos desafiantes sino quiz&aacute; tan solo por sencillamente estar.</p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph">- &iquest;De qu&eacute; cura, de qu&eacute; sirve la poes&iacute;a?</p>
<p class="ListParagraph">- De la lengua muerta, la prosa est&aacute;ndar, la llanura, el muesli y el algoritmo, del lenguaje motivacional y terape&uacute;tico con que aplacar la neura de entenderlo todo y sobre todo al otro para que el mundo y el otro en verdad desaparezcan pulverizados por nuestra comprensi&oacute;n que no es sino identificaci&oacute;n, de la frustraci&oacute;n, de la soledad en la angustia, de la muerte del secreto y el misterio, de la falta de riesgo y de deseo.</p>
<p class="ListParagraph">Para no servir aparentemente de nada, sale muy a cuenta la poes&iacute;a, la verdad.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 20 Nov 2023 13:08:03 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ángel Guinda protagoniza el monográfico del nuevo número de TURIA ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/angel-guinda-protagoniza-el-monografico-del-nuevo-numero-de-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/_NGEL_GUINDA_4_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Para este n&uacute;mero tan especial de TURIA, la revista ha preparado un espectacular monogr&aacute;fico que pretende rendir homenaje y reivindicar la val&iacute;a del poeta aragon&eacute;s &Aacute;ngel Guinda como uno de los escritores de referencia de la l&iacute;rica espa&ntilde;ola del siglo XX&nbsp; y comienzos del XXI. Un total de veinte autores, coordinados por el catedr&aacute;tico de la Universidad de Zaragoza &nbsp;Alfredo Salda&ntilde;a, se aplican con &eacute;xito al objetivo com&uacute;n de lograr que la obra de Guinda trascienda las fronteras de la minor&iacute;a y conquiste nuevos lectores. No en vano, y &nbsp;al igual que ocurriera anteriormente con la poes&iacute;a de Miguel Labordeta, la labor creativa de &Aacute;ngel Guinda deber&iacute;a tener un mayor protagonismo en nuestras letras por la originalidad, inter&eacute;s y m&eacute;rito de su trabajo literario.&nbsp;</p>
<p>Esta clara apuesta por fomentar la lectura de &Aacute;ngel Guinda es la mejor prueba de que TURIA contin&uacute;a practicando una de las l&iacute;neas de actuaci&oacute;n que ha mantenido a lo largo de sus cuatro d&eacute;cadas de trayectoria: el redescubrimiento de autores que, injustamente y por diversos motivos, no han sido objeto de la atenci&oacute;n y difusi&oacute;n que la calidad literaria de su obra merece. Porque TURIA considera que Guinda deber&iacute;a ser valorado como uno de los escritores a tener en cuenta en cualquier balance de las letras espa&ntilde;olas contempor&aacute;neas. M&aacute;xime porque Guinda siempre mantuvo una coherencia expresiva y un insobornable compromiso con la palabra y con la vida. Una actitud que lo situar&iacute;a al margen de lo pol&iacute;ticamente correcto y de las modas m&aacute;s o menos ef&iacute;meras, anodinas e insustanciales.&nbsp;</p>
<p>Conscientes de la necesidad imperiosa de reparar esa injusticia y de la importancia de favorecer el conocimiento de la obra de &Aacute;ngel Guinda entre los lectores de hoy, la revista TURIA le ha dedicado un amplio, atractivo y riguroso monogr&aacute;fico en el que participan tanto especialistas en su obra como reconocidos estudiosos de la l&iacute;rica espa&ntilde;ola. A trav&eacute;s de 150 p&aacute;ginas de textos in&eacute;ditos se estudian y ofrecen las claves que marcan la trayectoria vital y literaria del citado escritor aragon&eacute;s, &nbsp;nacido en Zaragoza 1948 y que muri&oacute; en 2022 en Madrid, ciudad en la que resid&iacute;a desde 1987.&nbsp;</p>
<p>No es la primera vez que TURIA presta atenci&oacute;n a &Aacute;ngel Guinda, m&aacute;xime si tenemos en cuenta que el poeta fue colaborador habitual y numerosos poemas suyos aparecieron publicados en las p&aacute;ginas de la revista. El propio Alfredo Salda&ntilde;a le dedic&oacute;, en el n&uacute;mero 132, un amplio y certero art&iacute;culo panor&aacute;mico y, unos meses antes de morir, Guinda protagonizaba una reveladora y muy amplia entrevista realizada por el periodista cultural y tambi&eacute;n poeta Fernando del Val.&nbsp;</p>
<p>TURIA es una revista que tiene una edici&oacute;n en papel de periodicidad cuatrimestral y otra&nbsp; digital (web y Facebook) de difusi&oacute;n diaria. Est&aacute; editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, y cuenta con el apoyo de la Caja Rural de Teruel, del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Su distribuci&oacute;n es nacional e internacional por suscripci&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&Aacute;NGEL GUINDA O LA POES&Iacute;A COMO OPCI&Oacute;N DE VIDA</strong><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Como muy bien subraya Alfredo Salda&ntilde;a en el art&iacute;culo que abre el monogr&aacute;fico, &Aacute;ngel Guinda, siempre entendi&oacute; la poes&iacute;a como una opci&oacute;n de vida y no dej&oacute; nunca de tener los pies en la tierra y la mirada en el horizonte: &ldquo;hizo de la poes&iacute;a el centro en torno al cual gir&oacute; a lo largo y ancho de toda su vida. Poeta, ensayista, cr&iacute;tico literario y de arte, traductor, editor, impulsor de incontables proyectos literarios, como la colecci&oacute;n Puyal, que comenz&oacute; su andadura en 1977, o la revista <em>Malv&iacute;s</em>, de la que edit&oacute;, ya desde su residencia madrile&ntilde;a, diez n&uacute;meros entre 1988 y 1991.&nbsp;</p>
<p>Esos proyectos, sin embargo, no le impidieron desarrollar una dilatada y singular obra po&eacute;tica publicada, casi toda ella, en Olifante, su editorial de referencia, dirigida desde el primer momento (1979) por Trinidad Ruiz Marcell&aacute;n. En paralelo, llev&oacute; a cabo un meritorio trabajo de traducci&oacute;n del italiano (Cecco Angiolieri, Antonio Sagredo, con Inmaculada Muro), portugu&eacute;s (Teixeira de Pascoaes, Florbela Espanca, Jos&eacute; Manuel Cap&ecirc;lo, Ana Cristina Cesar, Augusto dos Anjos), franc&eacute;s (Paul &Eacute;luard) y catal&aacute;n (&Agrave;lex Susanna) y una actividad de aliento reflexivo plasmada en ensayos como <em>El mundo del poeta. El poeta en el mundo</em> (2007), <em>Leopoldo Mar&iacute;a Panero. El peligro de vivir de nuevo</em> (2015) y <em>Revelaci&oacute;n y rebeli&oacute;n (Art&iacute;culos de cr&iacute;tica de arte)</em> (2021), vol&uacute;menes de aforismos &mdash;<em>Breviario (1980-1992)</em> (1992), <em>Huellas</em> (1998), <em>Libro de huellas</em> (2014)&mdash; y manifiestos &mdash;&laquo;Poes&iacute;a y subversi&oacute;n&raquo; (1978), &laquo;Poes&iacute;a &uacute;til&raquo; (publicado en diferentes ocasiones), &laquo;Poes&iacute;a violenta&raquo; (2012), <em>La experiencia de la poes&iacute;a</em> (2016)&mdash;, que han de leerse entrelazados a su obra po&eacute;tica, configurando un universo en donde el <em>contar</em> y el <em>cantar</em>, el contenido y la forma de la expresi&oacute;n, son permanentes y complementarios compa&ntilde;eros de viaje&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Acierta Alfredo Salda&ntilde;a al escribir en TURIA que &Aacute;ngel Guinda, siempre &ldquo;al margen de modas y dictados, entendi&oacute; la poes&iacute;a como un territorio de exploraci&oacute;n caracterizado por la apertura hacia lo simb&oacute;lico e imaginario, hacia una otredad donde el yo se construye a partir de una indomable rebeld&iacute;a, una poes&iacute;a en la que, desde una desatada incertidumbre, se pone en tela de juicio <em>el orden</em> y <em>el sentido</em> de la realidad, someti&eacute;ndolos a un estado de tensi&oacute;n permanente con el objetivo de crear un nuevo espacio moral a partir del cual quiz&aacute;s sea posible, si no reinventar la existencia, soportar la vida. Vivi&oacute; en las palabras, desvivi&eacute;ndose y derram&aacute;ndose sin contenci&oacute;n. Ah&iacute; encontr&oacute; su tumba, y hasta ah&iacute; tendremos que desplazarnos si queremos encontrarnos con ella&rdquo;.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Por su parte, el tambi&eacute;n profesor de la Universidad de Zaragoza Antonio P&eacute;rez Lasheras, &nbsp;en su art&iacute;culo &ldquo;Notas para una edici&oacute;n cr&iacute;tica de la poes&iacute;a completa de &Aacute;ngel Guinda&rdquo;, considera esta tarea necesaria e inevitable y reclama para esa empresa unas &ldquo;bases te&oacute;ricas serias y coherentes&rdquo;. Una labor que augura no ser&aacute; nada f&aacute;cil por cuanto &ldquo;es evidente que chocan intereses contrapuestos: los de un autor que busca la excelencia de su obra y que rechaza aquella que cree no alcanza la altura necesaria o que no describe a la perfecci&oacute;n su pensamiento po&eacute;tico, y la del cr&iacute;tico e historiador literario que ha de constatar y analizar los hechos literarios, sean del gusto o no del autor&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>En cualquier caso, P&eacute;rez Lasheras considera a &Aacute;ngel Guinda &ldquo;un poeta muy reconocible en todas sus manifestaciones creativas, marcadas por el compromiso (social, con la escritura y con un sentido &eacute;tico dominante), la rebeld&iacute;a, la tendencia afor&iacute;stica y asertiva y un lenguaje caracter&iacute;stico y singular, marca indudable del autor, adem&aacute;s de esa percepci&oacute;n tr&aacute;gica de la vida, tan propia, y la intensidad que imprime en cada uno de sus versos&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>RETRATO DE UN MILITANTE SAGRADO DE LA POES&Iacute;A Y LA BELLEZA</strong>&nbsp;</p>
<p>Seg&uacute;n argumenta en TURIA el escritor y cr&iacute;tico literario Manuel Rico, gran conocedor y estudioso de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola, es muy oportuno reivindicar hoy a Guinda entre los autores de calidad incuestionable por haberse quedado injustamente fuera de foco. Y es que, para Rico, &ldquo;&Aacute;ngel Guinda fue una suerte de militante sagrado de la poes&iacute;a y de la belleza. Y un hombre, afable, generoso y comprometido con su tiempo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Bajo el t&iacute;tulo inequ&iacute;voco de &ldquo;Un poeta para una editorial&rdquo;, Trinidad Ruiz Marcell&aacute;n aporta un testimonio clave y enriquecedor para conocer m&aacute;s y mejor a &Aacute;ngel Guinda. No en vano su editorial, Olifante, es el sello que est&aacute; detr&aacute;s de casi toda su obra. Una tarea que considera un honor y un lujo: &ldquo;durante cincuenta y ocho a&ntilde;os he vivido la poes&iacute;a de &Aacute;ngel Guinda intensamente, le he conocido en un proceso creativo vertebrado por la palabra puesta en pie para compartir esa verdad que siempre clamaba: &ldquo;la poes&iacute;a es la tumba del poeta que &uacute;nicamente profanan los lectores&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Otra de las colaboradoras de este monogr&aacute;fico sobre Guinda de TURIA, Teresa Agust&iacute;n, le escribe una &ldquo;Carta a un viejo poeta&rdquo; y confiesa: &ldquo;Tus poemas se oyen en el silencio, traspasan una oscuridad que aterra, vas desde la vida a la muerte, de lo cotidiano a la luz, a lo tel&uacute;rico. Vuelves a vivir y vuelves a morir, pero te asiste la belleza escuchada en cada verso. La magia de una vida, tan vivida. Una casa de la poes&iacute;a donde has tenido el<em> arrojo de vivir</em>, y donde ha sido posible el amor. No hubo poeta m&aacute;s enamorado&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Por su parte, el tambi&eacute;n catedr&aacute;tico de la Universidad de Zaragoza y cr&iacute;tico literario T&uacute;a Blesa, escribe en TURIA a prop&oacute;sito de los &lsquo;afolirismos&rdquo; y aforismos de Guinda y concluye que son textos &ldquo;expresi&oacute;n del saber, de lo que el yo sabe, del pensamiento <em>en gotas </em>del yo, un yo en sus afolirismos que es &Aacute;ngel Guinda, un pensamiento que fue siempre el de una palabra (y una vida) libre, rebelde, generosa&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Un breve y hermoso texto de su viuda, Raquel Arroyo, sirve de introducci&oacute;n a los seis poemas in&eacute;ditos y ya p&oacute;stumos de &Aacute;ngel Guinda que TURIA publica como colof&oacute;n de su homenaje. En ese texto cargado de emoci&oacute;n y de sinceridad, se nos describe muy bien c&oacute;mo era Guinda: &ldquo;&Aacute;ngel no ha sido complaciente ni con los lectores ni consigo mismo. La inmensa mayor&iacute;a de los poemas no son amables, pero s&iacute; aut&eacute;nticos, contundentes, l&uacute;cidos, graves. Su poes&iacute;a no caduca; al contrario, con el paso de los a&ntilde;os adquiere m&aacute;s matices, se hace m&aacute;s profunda, m&aacute;s verdadera, m&aacute;s &iacute;ntima. De esta manera nos ha ido revelando los misterios inherentes a la existencia y condici&oacute;n del ser humano y a su desaparici&oacute;n&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&Aacute;ngel Guinda, que con inequ&iacute;voca justicia y merecimiento recibi&oacute; en 2010 el Premio de las Letras Aragonesas a toda una vida de dedicaci&oacute;n a la literatura, es objeto de otros reveladores estudios en este homenaje que le profesa TURIA y cuyos autores son: Celia Carrasco Gil (&ldquo;Fugitivo interior hacia la luz: los dinamismos en la poes&iacute;a de &Aacute;ngel Guinda&rdquo;), Nacho Escu&iacute;n (&ldquo;&Aacute;ngel Guinda que est&aacute;s en los cielos&rdquo;), Jos&eacute; Luis Gracia Mosteo (&ldquo;Como un pez en el aire&rdquo;), Rafael Morales Barba (&ldquo;La poes&iacute;a de &Aacute;ngel Guinda no se consume&rdquo;), Manuel Mart&iacute;nez-Forega (&ldquo;Con profundidad de campo: sobremorir a &Aacute;ngel Guinda&rdquo;), Enrique Ester Mari&ntilde;oso (&ldquo;&Aacute;ngel Guinda: una poes&iacute;a &uacute;til que apuesta por la vida&rdquo;), Alejandro Bona Ester (&ldquo;&Aacute;ngel Guinda, el Prometeo moderno&rdquo;), Manuel Neila (&ldquo;&Aacute;ngel Guinda, aforista en su punto&rdquo;), Jes&uacute;s Soria Caro (&ldquo;&Aacute;ngel Guinda: una gota de dudas en el mar de la negaci&oacute;n&rdquo;), Agust&iacute;n Porras (&ldquo;La avidez de &Aacute;ngel Guinda por vivir&rdquo;) y Mariano Castro (&ldquo;&Aacute;ngel Guinda, vivir despu&eacute;s de haber vivido&rdquo;).&nbsp;</p>
<p>Cierra el monogr&aacute;fico una cuidada y completa biocronolog&iacute;a de &Aacute;ngel Guinda &nbsp;elaborada por el reconocido bi&oacute;grafo J. Benito Fern&aacute;ndez.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>UN SUMARIO REPLETO DE TEXTOS Y AUTORES DE INTER&Eacute;S</strong><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">Entre los escritores que participan con textos in&eacute;ditos en este n&uacute;mero especial de la revista TURIA figuran premios Cervantes como Luis Mateo D&iacute;ez y Antonio Gamoneda; acad&eacute;micos como Soledad Pu&eacute;rtolas y Clara Jan&eacute;s, o autores de consolidado prestigio como Luis Landero (Premio Nacional de las Letras Espa&ntilde;olas), Javier Gom&aacute; (escritor y fil&oacute;sofo, director de la Fundaci&oacute;n Juan March y Premio Nacional de Ensayo), Enrique Vila-Matas (Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances), o varios autores galardonados con los Premios Nacionales de Narrativa, como Pilar Ad&oacute;n, y de Poes&iacute;a: Chantal Maillard, Luis Alberto de Cuenca, Antonio Colinas y Yolanda Casta&ntilde;o.</p>
<p class="Textoindependiente21">Tambi&eacute;n forman parte del sumario de TURIA destacados nombres propios de la narrativa contempor&aacute;nea espa&ntilde;ola como Sara Mesa, Sergio del Molino y Manuel Vilas. Poetas como Luis Antonio de Villena, Jaime Siles, Piedad Bonnett, Jordi Doce, Raquel Lanseros, Enrique Andr&eacute;s Ruiz, Juana Castro, Mart&iacute;n L&oacute;pez-Vega, Ada Salas o Julieta Valero, tambi&eacute;n se suman con trabajos in&eacute;ditos a esta celebraci&oacute;n. A ellos hay que a&ntilde;adir autores aragoneses como Antonio Castellote, en narrativa o Ang&eacute;lica Morales, &Aacute;ngel Petisme y Juan Antonio Tello en poes&iacute;a.</p>
<p>En la secci&oacute;n dedicada a &ldquo;Pensamiento&rdquo;, TURIA habla sobre una&nbsp; cuesti&oacute;n de palpitante palpitante actualidad: el papel de la educaci&oacute;n en el siglo XXI. Y para hacerlo nadie mejor que Javier Gom&aacute;, Premio Nacional de Ensayo en 2004 y uno de los ensayistas m&aacute;s relevantes de nuestros d&iacute;as. Gom&aacute;, que adem&aacute;s de fil&oacute;sofo y escritor es director de la Fundaci&oacute;n Juan March, desarrolla en el texto in&eacute;dito publicado en la revista una tesis muy a tener en cuenta: &ldquo;El fin de la educaci&oacute;n es doble. Dicho en breve, formar profesionales y formar ciudadanos&rdquo;.</p>
<p>Las dos entrevistas exclusivas que TURIA publica en cada entrega tienen en esta ocasi&oacute;n como protagonistas a Alberto Manguel y Mercedes Monmany. Por un lado, el prestigioso escritor y editor argentino-canadiense asegura, a prop&oacute;sito de su obra: &ldquo;Mi relaci&oacute;n con los libros empez&oacute; antes que mi relaci&oacute;n con el mundo&rdquo;. Por su parte, Monmany, una de las mejores ensayistas y cr&iacute;ticas literarias espa&ntilde;olas actuales lo tiene claro: &ldquo;La corrupci&oacute;n mental se instala, deforma los valores y cuesta desprenderse de ella&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Menci&oacute;n destacada merece tambi&eacute;n el excelente art&iacute;culo que protagoniza la secci&oacute;n de TURIA denominada &ldquo;Sobre Arag&oacute;n&rdquo;. En &eacute;l, Juan Dom&iacute;nguez Lasierra, escribe sobre &ldquo;Ana Mar&iacute;a Navales y Virginia Woolf, una pasi&oacute;n compartida&rdquo;. Un texto que relata la absoluta devoci&oacute;n y la notoria influencia que la c&eacute;lebre autora inglesa de &ldquo;Una habitaci&oacute;n propia&rdquo; ejerci&oacute; sobre la escritora zaragozana. Un v&iacute;nculo que fructificar&iacute;a luego en numerosas p&aacute;ginas que se encuentran entre lo mejor de su obra.&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">No menos atractivo presenta la secci&oacute;n &ldquo;Cuadernos Turolenses&rdquo;. En ella, la revista ofrece un art&iacute;culo de la escritora y bibliotecaria Ana Ub&eacute; que nos informa con todo detalle sobre un descubrimiento ins&oacute;lito: la existencia de una novela de tem&aacute;tica turolense escrita por un popular escritor franc&eacute;s del siglo XIX: Fortun&eacute; du Boisgobey (1821-1891). Aunque olvidado hoy, fue un autor muy le&iacute;do en el siglo XIX tanto en Francia como en Gran Breta&ntilde;a y EE.UU. y que, entre su prol&iacute;fica producci&oacute;n narrativa&nbsp; policiaca y detectivesca, escribi&oacute; una obra titulada &ldquo;Fontenay coup d&rsquo;ep&eacute;e&rdquo; cuya acci&oacute;n se desarrolla en la provincia m&aacute;s meridional de Arag&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>Completan el sumario de TURIA, las secciones &ldquo;La isla&rdquo; y &ldquo;La Torre de Babel&rdquo; (una cuidada y amplia secci&oacute;n de cr&iacute;tica de libros, en la que se analizan las m&aacute;s interesantes novedades editoriales en el &aacute;mbito de la narrativa, el ensayo y la poes&iacute;a).&nbsp;</p>
<p>La portada e ilustraciones interiores de esta nueva entrega de TURIA corren a cargo de la fot&oacute;grafa turolense &Aacute;ngeles P&eacute;rez. Con su elecci&oacute;n, la revista ha querido reconocer la val&iacute;a art&iacute;stica de su trabajo con la c&aacute;mara, que ha alcanzado ya la madurez y favorecer su mayor visibilidad fuera de Arag&oacute;n. Se reafirma as&iacute;, una vez m&aacute;s, la condici&oacute;n de puente cultural entre artistas y territorios que siempre ha tenido TURIA.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;TURIA CUMPLE 40 A&Ntilde;OS: 45.000 P&Aacute;GINAS DE TEXTOS IN&Eacute;DITOS DE M&Aacute;S DE 1.500 AUTORES</strong>&nbsp;</p>
<p>Fundada y dirigida desde su origen por el escritor y periodista Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas, la revista cultural TURIA tiene periodicidad cuatrimestral en papel y cuenta tambi&eacute;n, desde 2013, con una versi&oacute;n digital (web y Facebook) que ha incrementado notablemente su difusi&oacute;n entre el p&uacute;blico lector: su p&aacute;gina en Facebook cuenta con 12.600 seguidores y m&aacute;s de 6.000 usuarios al mes acceden a los contenidos de la web.&nbsp;</p>
<p>TURIA solo publica textos in&eacute;ditos y su edici&oacute;n en papel se estructura en diez secciones y, en las 500 p&aacute;ginas de cada entrega, no faltan relatos, poemas, art&iacute;culos de an&aacute;lisis literario, ensayos, extensas entrevistas exclusivas, fragmentos de novelas y diarios, aforismos, art&iacute;culos de investigaci&oacute;n y divulgaci&oacute;n en materia de humanidades y un amplio apartado de cr&iacute;tica de libros. Adem&aacute;s,&nbsp; cada n&uacute;mero de TURIA es enriquecido gr&aacute;ficamente por un artista con 11 im&aacute;genes in&eacute;ditas que sirven para identificar la portada y cada una de las secciones. No obstante, desde su primer n&uacute;mero, la cabecera de la revista ha mantenido inalterable su dise&ntilde;o, elaborado por el artista Gonzalo Tena, por su original y permanente modernidad.&nbsp;</p>
<p>En 40 a&ntilde;os de trayectoria se han editado 148 n&uacute;meros de TURIA, con un total de 45.000 p&aacute;ginas y se ha publicado a m&aacute;s de 1.500 autores de las m&aacute;s diversas procedencias est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas, as&iacute; como de los m&aacute;s variados or&iacute;genes geogr&aacute;ficos e idiom&aacute;ticos.&nbsp;</p>
<p>Pero lo que verdaderamente la convierte en una revista para conservar y consultar en cualquier biblioteca son sus atractivos monogr&aacute;ficos &nbsp;que, &nbsp;con &nbsp;una extensi&oacute;n m&iacute;nima de 150 p&aacute;ginas, se ocupan en cada n&uacute;mero de analizar a fondo a &nbsp;un &nbsp;autor y su obra, o a la literatura de un pa&iacute;s. Entre esos monogr&aacute;ficos inolvidables de TURIA, alguno de ellos agotado o que ha sido objeto de traducciones a otros idiomas, se encuentran los dedicados a Max Aub, Roberto Bola&ntilde;o, Heinrich B&ouml;ll, Rafael Chirbes, Salvador Dal&iacute;, Luis Mateo D&iacute;ez, Jos&eacute; Jim&eacute;nez Lozano, L&iacute;dia Jorge, Luis Landero, Antonio Machado, Claudio Magris, Heinrich Mann, Carmen Mart&iacute;n Gaite, Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n, Patrick Modiano, Vicente Molina Foix, Soledad Pu&eacute;rtolas, Carlos Saura, Wislawa Szymborska, Mario Vargas Llosa o Robert Walser.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>TURIA PUBLICA SEIS POEMAS IN&Eacute;DITOS DE &Aacute;NGEL GUINDA</strong>&nbsp;</p>
<p>A continuaci&oacute;n ofrecemos uno de los seis poemas in&eacute;ditos de &Aacute;ngel Guinda que TURIA publica. Son versos que testimonian su solvencia y autenticidad como creador que vivi&oacute; por y para la poes&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>LA POES&Iacute;A</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La poes&iacute;a que no incendia el hielo&nbsp;</p>
<p>no traspasa el cerebro ni abre el sol.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La poes&iacute;a que no tiene v&iacute;sceras</p>
<p>no revienta el silencio ni trepida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La poes&iacute;a que no transfunde sangre</p>
<p>se asfixia de asma como llama de humo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La poes&iacute;a que no conmociona</p>
<p>no repercutir&aacute; en la memoria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si no saca las u&ntilde;as, la poes&iacute;a</p>
<p>es aplastada por sus propias alas.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 17 Nov 2023 13:21:45 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poemas de Trần Nhuận Minh. Traducción de John Liddy]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/poemas-de-tran-nhuan-minh-traduccion-de-john-liddy/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/JOHN_LIDDY_Y_TRAN_NHUAN_MINH_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Este autor vietnamita, nacido el 20 de agosto de 1944 en Hải Dương, vive y escribe en Quang Nin desde 1962. Ha publicado 32 colecciones de poemas que se concentran en un tema &uacute;nico: los desafortunados destinos que sufren las personas a causa de los despiadados enfrentamientos de las sociedades. Las obras de este poeta han sido reeditadas varias veces, traducidas a 14 idiomas y publicadas en 18 naciones del mundo. Los poemas que traduce John Liddy pertenecen al libro &ldquo;En la tierra de Goethe&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Dentro del jard&iacute;n Yesenin</strong><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Parece que todos los vientos de toda Rusia</p>
<p>Se pegan y se aferran a este lugar</p>
<p>Arrebatando y rasgando a trav&eacute;s del cielo azul</p>
<p>El eucalipto da vueltas salvajemente casi en pedazos</p>
<p>&iexcl;Ay viento! &iexcl;Ay viento! Yesenin ha muerto</p>
<p>Dentro de la casa de madera solo se escucha el graznido de los cuervos&hellip;&nbsp;</p>
<p>Parece que todos los cuervos de toda Rusia</p>
<p>se est&aacute;n reuniendo en este mismo lugar</p>
<p>Y vuelan, vuelan, vuelan&hellip;</p>
<p>Corriendo aqu&iacute; y all&aacute;, como si fueran sacados de sus colmenas</p>
<p>&iexcl;Ay cuervos! &iexcl;Ay cuervos! Rusia est&aacute; muerta</p>
<p>Dentro de la casa de madera, solo se escucha el sonido de los vientos...</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Riad&aacute;n, 1990<strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Noche blanca</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las hileras de &aacute;rboles de ensue&ntilde;o estaban tan medio dormidas, medio despiertas</p>
<p>En el vestido de la novia</p>
<p>A tal punto que las casas antiguas</p>
<p>Estaban cada noche enamorados el uno del otro...</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Leningrado, 1990<strong>&nbsp;</strong></p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Observado en Vancouver</strong><strong>&nbsp;</strong></p>
<p align="right">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p><em>Al poeta V&acirc;n Hai</em></p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p>El bosque de arces es rojo hasta el aire</p>
<p>Tan rojo que uno no puede retener los sentimientos</p>
<p>Oh, la hoja de arce roja</p>
<p>Que tiene su imagen impresa en la bandera Nacional&nbsp;</p>
<p><em>La Patria y la Naci&oacute;n no tienen h&eacute;roes</em></p>
<p><em>La paz reina en todas las mentes y colores de piel</em>&nbsp;</p>
<p>Garabatos de focas en el puerto</p>
<p>Las palomas se posan en los hombros de las personas</p>
<p>En los parques las flores compiten por florecer</p>
<p>El Gobernador pasea con su perro&hellip;&nbsp;</p>
<p><em>La Patria y la Naci&oacute;n no tienen h&eacute;roes</em></p>
<p><em>La paz reina en todas las mentes y colores de piel</em>&nbsp;</p>
<p>La ciudad bajo el roc&iacute;o ilusorio</p>
<p>Las hileras de casas brillan con diamantes</p>
<p>Osos del bosque pidiendo comida en la puerta de uno</p>
<p>Dormir por la noche, uno puede dejar el veh&iacute;culo en la carretera&hellip;&nbsp;</p>
<p><em>La Patria y la Naci&oacute;n no tienen h&eacute;roes</em></p>
<p><em>La paz reina en todas las mentes y colores de piel</em></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Columbia Brit&aacute;nica, 2010</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Extra&ntilde;a historia en un hotel en Tai Bey</strong><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Necesito una taza de agua para usar el medicamento</p>
<p>Me lo trajo y en silencio espera</p>
<p>Quer&iacute;a preguntarle</p>
<p>&iquest;Se ha hervido la taza de agua?&nbsp;</p>
<p>Lo mir&eacute;</p>
<p>Un hombre de unos 45 a&ntilde;os</p>
<p>Su estatura parece bastante versada</p>
<p>- &iquest;Est&aacute;s trabajando en el hotel?</p>
<p>- &iexcl;No, soy un funcionario gubernamental!</p>
<p>- &iquest;Por qu&eacute; est&aacute;s aqu&iacute;?</p>
<p>- Hoy es mi d&iacute;a libre</p>
<p>Quiero hacer algo &uacute;til para otras personas</p>
<p>Como para ti por ejemplo...</p>
<p>&iquest;Est&aacute;s complacido con mi taza de agua?</p>
<p>-Gracias, estoy muy contento&hellip;</p>
<p>Hizo una reverencia y salud&oacute; y felizmente se fue&hellip;<strong>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Jidong (Carretera Jinan), 2018</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 13 Nov 2023 08:33:02 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA entrevista a fondo a Alberto Manguel y Mercedes Monmany]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-entrevista-a-fondo-a-alberto-manguel-y-mercedes-monmany/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/ALBERTO_MANGUEL_1_500_px_1.jpg" alt="" /></p>
<p class="LO-normal">La escritora y cr&iacute;tica literaria Mercedes Monmany es, sin duda, una de las mayores expertas espa&ntilde;olas en literatura contempor&aacute;nea, y en particular en la literatura europea actual. Desde hace varias d&eacute;cadas, la firma de quien protagoniza la segunda entrevista de TURIA puede encontrarse en los suplementos culturales y literarios de los principales peri&oacute;dicos. Sus opiniones siempre avalan su conocimiento y criterio a la hora de analizar las letras y los autores de nuestro tiempo. Laureada con distintos premios en Francia, Italia y otros pa&iacute;ses, Monmany es tambi&eacute;n asesora y comisaria de exposiciones, miembro del jurado de relevantes premios literarios nacionales e internacionales. Adem&aacute;s, &nbsp;durante &nbsp;los &nbsp;&uacute;ltimos &nbsp;a&ntilde;os, &nbsp;est&aacute; &nbsp;cosechando &nbsp;notables &nbsp;&eacute;xitos en su faceta de autora de libros de ensayo con t&iacute;tulos como &ldquo;<em>Por las fronteras de Europa&rdquo; </em>(2015) o como &ldquo;<em>Ya sabes que volver&eacute;&rdquo; (2017)</em>, que obtuvo el Premio Internacional de Ensayo Jos&eacute; Manuel Caballero Bonald. En 2021 public&oacute;, siempre en la editorial Galaxia Gutenberg, &ldquo;Sin tiempo para el adi&oacute;s. Exiliados y emigrados en la literatura del siglo XX&rdquo;. En la entrevista que publica TURIA, Monmany muestra con contundencia sus an&aacute;lisis de lo que nos pasa y, entre otras cuestiones, afirma que &ldquo;en cualquier &eacute;poca hay que rechazar la cancelaci&oacute;n&rdquo;. De ah&iacute; que muestre su preocupaci&oacute;n porque, en no pocas ocasiones,&nbsp; &ldquo;la corrupci&oacute;n mental se instala, deforma los valores y cuesta desprenderse de ella&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">En la secci&oacute;n dedicada a &ldquo;Pensamiento&rdquo;, TURIA habla sobre una&nbsp; cuesti&oacute;n de palpitante actualidad: el papel de la educaci&oacute;n en el siglo XXI. Y para hacerlo nadie mejor que Javier Gom&aacute;, Premio Nacional de Ensayo en 2004 y uno de los ensayistas m&aacute;s relevantes de nuestros d&iacute;as. Gom&aacute;, que adem&aacute;s de fil&oacute;sofo y escritor es director de la Fundaci&oacute;n Juan March, desarrolla en el texto in&eacute;dito publicado en la revista una tesis muy a tener en cuenta: &ldquo;El fin de la educaci&oacute;n es doble. Dicho en breve, formar profesionales y formar ciudadanos&rdquo;.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-normal"><strong>ALBERTO MANGUEL: &ldquo;VOLVEMOS AL FASCISMO, VOLVEMOS A LA CENSURA, VOLVEMOS A LA TEOCRACIA&rdquo;</strong>&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">Alberto Manguel es un verdadero erudito cosmopolita y pol&iacute;glota, pues aunque escribe habitualmente en ingl&eacute;s y espa&ntilde;ol, domina el alem&aacute;n, el franc&eacute;s y el italiano. Escritor, traductor, gestor cultural, editor y cr&iacute;tico argentino-canadiense nacido en Buenos Aires en 1948. Ha publicado varias novelas y libros de no-ficci&oacute;n, incluyendo&nbsp;&ldquo;<em>Personajes imaginarios&rdquo;, &ldquo;Una historia natural de la curiosidad&rdquo;, &ldquo;Con Borges&rdquo;, &ldquo;Una historia de la lectura&rdquo; y &ldquo;Breve gu&iacute;a de lugares imaginarios&rdquo;</em>. Ha recibido numerosos reconocimientos internacionales y es doctor honoris causa por varias universidades de Europa y Am&eacute;rica. Hasta agosto de 2018 fue director de la Biblioteca Nacional de Argentina.&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">Uno de los elementos centrales de la conversaci&oacute;n que TURIA publica con Alberto Manguel gira en torno al controvertido debate sobre la correcci&oacute;n pol&iacute;tica. &iquest;Es l&iacute;cita la modificaci&oacute;n/alteraci&oacute;n actual de textos cl&aacute;sicos literarios? Manguel nos recuerda que esta pr&aacute;ctica es un &ldquo;sistema muy antiguo de censura&rdquo; y, por ejemplo, comenta que ya en la Inglaterra del siglo XIX las obras del propio Shakespeare eran objeto de expurgo y manipulaci&oacute;n: se eliminaban los elementos sexuales o se transformaban en finales felices.&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">Alberto Manguel lo tiene claro, de ah&iacute; que afirme en TURIA: &ldquo;Nosotros tenemos la ilusi&oacute;n de progreso intelectual, pensamos que en el siglo XXI ya no sufrimos los prejuicios, los errores pol&iacute;ticos y morales que ten&iacute;amos en el pasado. Obviamente no es as&iacute;. Volvemos al fascismo, volvemos a la censura, volvemos a la teocracia. Es casi inevitable. Por supuesto, como lectores, deseamos resistirnos a estos actos de brutalidad, aut&eacute;nticas violencias contra el texto que no podemos permitir. Y lo que es m&aacute;s importante, ponemos en evidencia la presunci&oacute;n de estos editores, los que piensan que el p&uacute;blico no es lo suficientemente inteligente como para leer textos con perspectiva hist&oacute;rica, los que suponen que el lector se va a ofender con un comentario antisemita en una novela de Agatha Christie, o con un comentario racista, y que no ser&aacute; capaz de decir, &ldquo;bueno, esa era la forma de pensar com&uacute;n en los a&ntilde;os 30&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">Preguntado por las &ldquo;fake news&rdquo; y sus consecuencias nefastas, Manguel se lamenta de que en nuestra &eacute;poca el sentido com&uacute;n haya desaparecido: &ldquo;No hay l&iacute;mites y cualquier texto que aparece en la pantalla puede ser recibido como verdad, aunque sea ficticio&rdquo;. No obstante, recuerda que &ldquo;siempre hubo algo de esto; hace unos d&iacute;as le&iacute;a sobre una estela de piedra babil&oacute;nica donde se tall&oacute; un texto falso, modificando una fecha para que los sacerdotes de un templo no tuviesen que pagar impuestos. Este fen&oacute;meno de las &ldquo;fake news&rdquo; ha sucedido desde siempre, pero no es lo mismo modificar una estela de piedra que tomar cualquiera de los cientos de miles de textos que aparecen y leerlo a nuestra manera para satisfacer nuestros prejuicios y nuestra ignorancia&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">Sobre la problem&aacute;tica que genera la aplicaci&oacute;n de la inteligencia artificial se muestra prudente: &ldquo;la m&aacute;quina no posee ese elemento de intuici&oacute;n, de emoci&oacute;n, de asociaci&oacute;n&rdquo;. Ese instrumento que llamamos inteligencia artificial no es sino &ldquo;una imitaci&oacute;n de nuestro sistema de pensamiento. El problema es que no sabemos qu&eacute; estamos imitando&rdquo;.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-normal"><strong>MERCEDES MONMANY: &ldquo;EL NACIONALISMO NO ME GUSTA EN NING&Uacute;N ASPECTO&rdquo;</strong>&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">Dice el periodista cultural Fernando del Val que una conversaci&oacute;n con Mercedes Monmnay siempre resulta un excelente seminario de literatura contempor&aacute;nea. Y es que, en Espa&ntilde;a, pocas personas dedicadas al ensayo y la cr&iacute;tica literaria, poseen su conocimiento y dominio sobre las letras de otros pa&iacute;ses occidentales y, particularmente europeos. Es un fruto positivo m&aacute;s de su cosmopolitismo militante, de su apuesta por la belleza, la inteligencia creativa y la libertad: &ldquo;me gustan los intelectuales provocadores, los fustigadores&rdquo;. Y es que Monmany se reconoce parte de una generaci&oacute;n que, en la universidad, ley&oacute; el &ldquo;Cuarteto de Alejandr&iacute;a&rdquo;, de Durrell, al mismo tiempo que &ldquo;La broma&rdquo; y &ldquo;La vida est&aacute; en otra parte&rdquo;, de Kundera.&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">No duda Monmany en afirmar que &ldquo;le interesa el an&aacute;lisis del arte en las sociedades libres y en las totalitarias&rdquo;. Por ejemplo, &ldquo;la obra de Zagajewski (de quien fue amiga) refleja el mundo oscuro de la persecuci&oacute;n al disidente, de la paranoia de los delatores&rdquo;. Al respecto, argumenta: &ldquo;me sigue pareciendo inconcebible que, en determinados pa&iacute;ses no hayan gozado en d&eacute;cadas de un sistema democr&aacute;tico&rdquo;. En ese sentido, asegura que &ldquo;Hungr&iacute;a y Polonia son democracias vigiladas&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">Se muestra Mercedes Monmany claramente partidaria de separar siempre la trayectoria vital de un autor de su obra: &ldquo;Por repugnante que sea la vida que ha llevado la persona: de la ferocidad antisemita de C&eacute;line se sorprend&iacute;an los propios nazis. Pero luego se demuestra un escritor admirable. Es algo diab&oacute;lico.&rdquo; No obstante, tiene claro Monmany que &ldquo;debemos conservar una br&uacute;jula que nos indique donde est&aacute; el bien y donde est&aacute; el mal&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">Defiende Mercedes Monmany la tesis de que &ldquo;liberal es cualquier persona que ame la libertad y el conocimiento, que no se case con una tendencia&rdquo;. Y cita como ejemplos de liberalismo a Isaiah Berlin, a nuestro Chaves Nogales, a Albert Camus. Sobre este &uacute;ltimo afirma: &ldquo;Camus defendi&oacute;, en un momento dif&iacute;cil, el derecho a ir contracorriente. Siempre me ha gustado la gente que va contra las mareas de la historia&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">Cita como los tres autores de novela total en el siglo XX a James Joyce, Marcel Proust y Robert Musil. &ldquo;Kafka es un planeta aut&oacute;nomo. &Eacute;l es su propio universo&rdquo;. Son autores que abren caminos que cierran ellos mismos y de los que resulta imposible la imitaci&oacute;n: &ldquo;Son autores que dejan el adjetivo: <em>kafkiano</em> -cuando se confronta la realidad con su absurdo-, <em>proustiano</em> -cuando hay largos p&aacute;rrafos en torno a la memoria y sale el mon&oacute;logo interior-&ldquo;.&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">Concluye Fernando del Val su entrevista afirmando que &ldquo;la vitalidad de Mercedes Monmany se parece al optimismo o, por lo menos, linda con la alegr&iacute;a. Se escribe escribiendo de los dem&aacute;s. E irradia entusiasmo. Lo que es una prueba de vida tan v&aacute;lida como la detecci&oacute;n de las pulsaciones en la mu&ntilde;eca&rdquo;.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-normal"><strong>JAVIER GOM&Aacute; ESCRIBE SOBRE EL PAPEL DE LA EDUCACI&Oacute;N: &ldquo;FORMAR PROFESIONALES Y FORMAR CIUDADANOS&rdquo;</strong><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="LO-normal">Bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Profesionales y ciudadanos. Teor&iacute;a de la educaci&oacute;n&rdquo;, el escritor y fil&oacute;sofo Javier Gom&aacute; publica en TURIA un notable art&iacute;culo destinado a poner en valor la cultura como el elemento clave que nos permite a los seres humanos poseer una s&oacute;lida posici&oacute;n en el mundo. Seg&uacute;n argumenta Gom&aacute;, que es tambi&eacute;n director de la Fundaci&oacute;n Juan March, &ldquo;el fin de la educaci&oacute;n es doble. Dicho figuradamente, suministrar al ni&ntilde;o un manto en el que envolver su desnudez y un mapa con el que orientarse por los laberintos del mundo. Dicho literalmente, ense&ntilde;arle a ser &uacute;til a la sociedad y despertarle un sentimiento. Dicho en breve, formar profesionales y formar ciudadanos&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">En esa l&iacute;nea, tambi&eacute;n defiende Javier Gom&aacute; en TURIA que &ldquo;desde que conservamos testimonio literario, la sociedad ha reconocido la funci&oacute;n que siempre ha cumplido y sigue cumpliendo hoy el oficio: satisface una necesidad social y, al hacerlo, el profesional que lo desempe&ntilde;a se gana la vida. Teniendo en cuenta este universal reconocimiento de su importancia, a nadie le sorprender&aacute; que el programa educativo de las sociedades, tanto antiguas como modernas, contenga asignaturas destinadas a que el joven llegue a ser un d&iacute;a un buen profesional&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">Concluye Javier Gom&aacute; su art&iacute;culo sobre la trascendencia de la educaci&oacute;n con s&oacute;lidos argumentos. Y es que &ldquo;para cubrir nuestra desnudez necesitamos ganarnos la vida por medio del negocio, pero no menos necesitamos que, a trav&eacute;s de muchas horas de ocio human&iacute;stico hallemos a la vida un valor que la haga digna de ser vivida. Profesional y ciudadano, negocio y ocio, oficio y dignidad, manta y mapa: quien re&uacute;na los dos polos al mismo tiempo habr&aacute; completado plenamente su educaci&oacute;n y ocupar&aacute; por derecho propio su posici&oacute;n en el mundo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">No obstante, conviene que tengamos todos muy presente que &ldquo;la racionalidad del mercado y la dignidad de lo humano no siempre coinciden y surgen tensiones entre ellos, se dec&iacute;a antes. En caso de conflicto, prevalece el ciudadano sobre el profesional por lo mismo que la dignidad est&aacute; siempre antes que el precio. No nos ocurra que, como escribi&oacute; Juvenal (<em>S&aacute;tiras </em>vv. 82-84): &ldquo;por amor a la vida / perdamos lo que la hace <em>digna</em> de ser vivida".</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 09 Nov 2023 13:40:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El libro del medio]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-libro-del-medio/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/JAMES_JOYCE_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Desde que en 2022 se cumplieron cien a&ntilde;os de la publicaci&oacute;n de <em>Ulises</em> de James Joyce por parte de Sylvia Beach en Par&iacute;s, los estudios y an&aacute;lisis de toda la obra del escritor irland&eacute;s han proliferado por libros, revistas, cursos universitarios o podcasts. Aunque mayoritariamente centrados en su obra mayor, resulta dif&iacute;cil obviar, al estudiar un escritor apegado tanto a la experiencia como al s&iacute;mbolo, sus otros libros principales: <em>Dublineses</em>, <em>Retrato del artista</em><strong> </strong><em>adolescente</em>, (ambos previos al <em>Ulises</em>) y <em>Finnegans Wake</em> (posterior). En cierto modo, por eje angular y obra maestra que sea <em>Ulises</em> del conjunto de la obra joyceana, el &ldquo;Retrato&rdquo; es probablemente el texto en que mejor podemos leer personalidad, intereses, formaci&oacute;n y decisi&oacute;n del autor del Odiseo moderno.</p>
<p>El &ldquo;Retrato&rdquo; (mal dicho as&iacute;, porque el t&iacute;tulo original es <em>"A" Portrait of the Artist as a Young Man</em>, es decir, <em>"Un" retrato del artista adolescente</em>) es tradicionalmente saludado como un libro puente entre el naturalismo costumbrista y realista de <em>Dublineses</em> y el simbolismo complejo de <em>Ulises</em>, entre un estilo narrativo acorde con el clasicismo y la irrupci&oacute;n del flujo de conciencia y los formatos narrativos alejados de la literatura cl&aacute;sica (diario de prensa, un di&aacute;logo teatral, preguntas y respuestas como en un catecismo). Y esto no es falso, se tiene esa sensaci&oacute;n, pues el libro atesora momentos est&eacute;ticos reconocibles de sus dos libros vecinos: el viaje a Cork con su padre que hace Stephen Dedalus o la cena familiar arruinada por una discusi&oacute;n pol&iacute;tica con una mujer pol&iacute;ticamente activista, frente a las constantes revelaciones de religiosidad y vida procaz enfrentadas en el cuerpo f&iacute;sico y la mente filos&oacute;fica del protagonista.</p>
<p>Dedalus. En efecto, el s&iacute;mbolo empieza desde el mismo nombre de un protagonista que tiene en su identidad el germen del vuelo po&eacute;tico. <em>Retrato del artista adolescente</em> cuenta la adolescencia de Stephen Dedalus, desde su entrada en el internado jesuita siendo pr&aacute;cticamente un ni&ntilde;o a su salida del pa&iacute;s una vez terminados sus estudios superiores. En ese per&iacute;odo en que pasa de ni&ntilde;o a adulto joven, Dedalus crea su conciencia art&iacute;stica, encuentra su propia voz y la capacidad de decidir su propia vida, peca gravemente, pero se arrepiente casi de manera m&iacute;stica, y crece construyendo un pensamiento afectado por los omnipresentes catolicismo y nacionalismo irland&eacute;s, de los que acaba abjurando.</p>
<p>Estos cuatro libros de Joyce mencionados forman un conjunto que, en su total, presentan una progresi&oacute;n que curiosamente encuentra tambi&eacute;n un reflejo en el arco temporal y sentido simb&oacute;lico de lo vital de cada libro. <em>Dublineses</em> es un libro de cuentos aut&oacute;nomos sobre habitantes varios de la ciudad, que empieza con relatos protagonizados por ni&ntilde;os, pasa despu&eacute;s a j&oacute;venes, sigue con personajes maduros, y termina con <em>Los muertos</em>, cuyo t&iacute;tulo avanza un tema que oscila entre los personajes a los que no les queda mucho tiempo y el peso que los que ya murieron ejercen sobre los vivos. El estilo es realista, el formato es el relato breve, al que injustamente no se suele considerar el formato mayor de la ficci&oacute;n sino su pr&oacute;logo, su <em>infancia</em>. El &ldquo;Retrato&rdquo; abandona el relato y es ya una novela corta, con un estilo mixto que por probablemente sorprender&iacute;a en su &eacute;poca pues como <em>Bildungsroman</em> en la pr&aacute;ctica desprecia aventura, acci&oacute;n y amor rom&aacute;ntico, y se centra en la adolescencia y primera juventud. Llegamos a <em>Ulises</em>: novel&oacute;n largo y simbolista, de lectura compleja en todos los sentidos, que sucede en un &uacute;nico d&iacute;a en el que Leopold Bloom vaga por la ciudad mientras en elipsis sucede un adulterio <em>de la edad madura</em> consumado por su mujer, para acabar en <em>Finnegans Wake</em>, novela inasible, relato casi para la lectura &uacute;nica posible del propio autor, al que acechan la ceguera y la muerte, probablemente la senilidad.</p>
<p>La decisi&oacute;n, definici&oacute;n, y necesidades de lo que Joyce considera que es un artista se proyectan en las decisiones epif&aacute;nicas de Stephen Dedalus en <em>Retrato del artista adolescente</em>. La principal es liberarse de las diferentes cadenas que le impedir&iacute;an tener una carrera o vida de artista. Esas cadenas son varias y todas arraigan en la tradici&oacute;n: la familia, la naci&oacute;n irlandesa (a&uacute;n no formada, pero a punto del alzamiento de Semana Santa), y la religi&oacute;n. Las tres est&aacute;n profundamente imbricadas, y en ellas Dedalus responde con la soledad y el exilio, en las que Joyce vivir&aacute; en efecto gran parte de su vida (no as&iacute; Dedalus, que volver&aacute; a Dubl&iacute;n tras fracasar en Par&iacute;s, y poder ser as&iacute; el Tel&eacute;maco de Leopold Bloom en <em>Ulises</em>). No obstante, este ensimismamiento autoral es tambi&eacute;n en s&iacute; mismo una condena, pues esas tres obsesiones llenar&aacute;n su obra, de modo que no existe probablemente escritor m&aacute;s asociado al reflejo de Irlanda, su vida y sus valores que precisamente Joyce. Ese reflejo es indesligable del catolicismo y la vida familiar.</p>
<p><em>Retrato de un artista adolescente</em> va progresando lentamente en la construcci&oacute;n de un protagonista y su voz. Es muy conocido que el final de la novela (cuando Stephen se ha despedido de sus amigos, que le reclaman para una vida intensa de lucha nacional) olvida la narraci&oacute;n y la tercera persona, y pasa al diario; en unas breves p&aacute;ginas, Joyce usa su asombrosa precisi&oacute;n descriptiva, desprovista de la ternura emotiva que abundaba m&aacute;s en <em>Dublineses</em>, para reescribir los &uacute;ltimos episodios de la "ficci&oacute;n" previa, y acaba invocando al mito que da apellido al personaje para permanecer siempre en un estado creativo y solitario. Hab&iacute;a empezado como un ni&ntilde;o apocado y temeroso, hab&iacute;a sido un esclavo del deseo sexual y una arrepentido del mismo mediante un impulso m&iacute;stico, hab&iacute;a rechazado ser sacerdote jesuita (a pesar de la fascinaci&oacute;n confesa que el autor permite tener al protagonista por las figuras se&ntilde;eras de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s), y hab&iacute;a discutido con sus amigos sobre el futuro de cada uno y el sentido de la est&eacute;tica y el arte. La progresi&oacute;n presenta varias tomas de conciencia, y un poder cada vez mayor de decidir como individuo, adem&aacute;s de la creaci&oacute;n paulatina de un car&aacute;cter arisco. La ruptura de la voz narradora y la disrupci&oacute;n de un diario avanzan el modernismo estil&iacute;stico de <em>Ulises</em>. La novela de introspecci&oacute;n juvenil preludia el <em>angst</em> existencialista adolescente. La infinita cantidad de referencias tanto culturales como populares (canciones, poemas, latiguillos) y su reflejo habitual desde el pensamiento y devenir del protagonista se a&ntilde;aden de forma muy natural, pero con la obviedad de que el conjunto de todos ellos apela a la personalidad &uacute;nica y un&iacute;voca y solipsista del personaje y probablemente del autor.</p>
<p>Como reflejo de adolescencia, <em>Retrato del artista adolescente</em> se sit&uacute;a en la obra de Joyce entre dos per&iacute;odos mayores. <em>Dublineses</em>, libro de elegancia, observaci&oacute;n y comprensi&oacute;n del mundo enormes, est&aacute; escrito por un hombre joven capaz de transmitir el desamparo y la decadencia de personajes d&eacute;cadas mayores que &eacute;l con una precisi&oacute;n esclarecedora y ajustad&iacute;sima, y anuncia ciertamente el genio que encerraba James Joyce. En cuanto a <em>Ulises</em>, es innegable su influencia en toda la literatura posterior, a la que parece prologar con toda su innovaci&oacute;n literaria; una influencia s&oacute;lo comparable en su tiempo a la de Marcel Proust. El &ldquo;Retrato&rdquo; se sit&uacute;a en medio de esos soles con dignidad, pero tal vez resultados menores. Atesora no obstante una serie de momentos memorables en su escritura. Dos de ellos son parte ineludible del desarrollo filos&oacute;fico del protagonista: la escena en que ofrecen a Stephen entrar en la Orden (que tiene un ineludible tono f&aacute;ustico mediante una oferta de ventajas o poderes, y que parece inspiraci&oacute;n directa de la escena en que Mefist&oacute;feles consigue el alma de Alexander Leverkuhn en el <em>Doktor Faustus</em> de Thomas Mann: la escena se inicia con una frase que atesora aliteraciones sinuosas: &ldquo;<em>he had heard the handle of the door turning and the swish of a soutaine&rdquo;</em> (&ldquo;hab&iacute;a o&iacute;do girar el picaporte de la puerta y el ruido de una sotana&rdquo;), y la conocida reflexi&oacute;n est&eacute;tica basada en los principios de Tom&aacute;s de Aquino sobre el sentido del arte y la est&eacute;tica, con su arte &lsquo;impropio por din&aacute;mico&rsquo; producido por asco o por deseo <em>versus</em> el arte est&aacute;tico (de <em>stasis</em>) producido por el arte verdadero y elevado -no estamos lejos de las categor&iacute;as semiaristocr&aacute;ticas que defiende Ortega y Gasset en <em>La deshumanizaci&oacute;n del arte</em>, aunque obvia con indiferencia estos elitismos. Probablemente este inter&eacute;s se deba a que en estos cap&iacute;tulos se est&aacute; empezando a entender <em>Ulises</em>. Sin embargo, el costumbrismo m&aacute;s usual (siempre dotado de una exactitud asombrosa y nada de complacencia literaria) que proporcionan la cena familiar o el viaje a Cork, o incluso los castigos corporales de los jesuitas, remiten mucho al mundo ya visto en el libro de relatos.</p>
<p>Marcel&hellip; En su c&oacute;mic <em>Dublin&eacute;s</em>, Alfonso Zapico dibuja una secuencia sobre una visita de Joyce a Par&iacute;s en que Proust y &eacute;l coinciden en una fiesta en honor de Stravinsky y Di&aacute;ghilev en 1922, seis meses antes de la muerte de Marcel y cuando probablemente era dif&iacute;cil que Proust abandonara su cama, mucho menos para socializar. Zapico dibuja un Joyce bromista, travieso, borracho y arruinado, atormentado por continuas enfermedades oculares, que intenta irse de juerga con Proust, quien lo rechaza. Ninguno de los dos ha le&iacute;do la obra del otro, o eso dicen. Y sin embargo y a pesar de las diferencias, los paralelismos son variados. Son muy interesantes las comparaciones que Ernesto Castro les dedica en su curso <em>Yo es Joyce</em> (colgado en YouTube) sobre el car&aacute;cter antag&oacute;nico del uso por parte de ambos de dos mecanismos de sus literaturas, como el flujo de conciencia y su traslaci&oacute;n tan diferente a la sintaxis (corta y afilada en el Ulises de Joyce, como luces de pensamiento que a modo de ocurrencia mental del personaje plasman en el texto su devenir; larga en el desarrollo, con frases encadenadas e interminables en Proust, como si el pensamiento fuera una madeja que se va desenrollando), o el sentido de las epifan&iacute;as (constructivas y positivas en Proust, negativas o dolorosas en Joyce). Pero es inevitable pensar en c&oacute;mo la obra de ambos es reflejo direct&iacute;simo de su vida, como ambos escriben desde cierto exilio interior -inducido por la enfermedad y soledad en Proust, y por el alcohol y la ceguera en progresi&oacute;n en Joyce-, y c&oacute;mo potencian mediante el gusto art&iacute;stico la experiencia est&eacute;tica convirti&eacute;ndola en motivo de construcci&oacute;n personal de vida y pensamiento. Adem&aacute;s, no se trata de un ensalzamiento de los antiguos sino de un reconocimiento de la influencia del arte y lo cultural en la cotidianidad de la vida intelectual; tiene que ver con las epifan&iacute;as, por supuesto: son tambi&eacute;n fogonazos de recuerdo que inevitablemente llevan al pasado a una existencia con frecuencia solo mental. Ambos son especialmente h&aacute;biles en el retrato social local como reflejo de lo universal. Mucho de todo ello procede del contexto modernista, por otro lado.</p>
<p>Y, finalmente, frente al conjunto de estudios de <em>Ulises</em> que han recogido valores literarios y pol&eacute;micas editoriales, es de destacar una lectura peculiar&iacute;sima: la de Joyce como influenciado directa y decisivamente por la obra y sentido del arte de Richard Wagner. Para Alex Ross, la influencia de Wagner en la cultura de su tiempo y posterior, hoy d&iacute;a incluso, es insoslayable, y a eso dedic&oacute; las casi ochocientas p&aacute;ginas de <em>Wagnerismo</em>, en las que Joyce disfruta de un buen espacio. Ross da cr&eacute;dito a un autor anterior, Timothy Martin, autor de <em>Joyce and Wagner: A study of influence</em>, quien ya recoge que el periplo dublin&eacute;s de Leopold Bloom a&uacute;na dos analog&iacute;as del holand&eacute;s errante que Wagner hab&iacute;a dejado por escrito al afrontar su &oacute;pera: el viaje de Odiseo en busca de su casa y su mujer, y el jud&iacute;o errante condenado a una vida agotada hace tiempo. Bloom, recordemos era de ascendencia jud&iacute;a. Joyce hab&iacute;a le&iacute;do y subrayado ese texto de Wagner. Parece no obstante que a Joyce no le gustaba admitir que admiraba a Wagner, o que al menos su obra le atra&iacute;a. Tal vez por placer culpable, pues no hay duda de que el romanticismo nacionalista no era del gusto de Joyce, si bien le resultaba relevante como contexto dram&aacute;tico. Pero Joyce ten&iacute;a dotes y talentos musicales, y con frecuencia estudia en sus ensayos universitarios las obras de Wagner que llegaban a Dubl&iacute;n. Entre algunos de los elementos que emparentan a ambos autores, o que muestran al menos el peso de Wagner en Joyce, est&aacute;n la conexi&oacute;n entre las epifan&iacute;as joyceanas y los <em>leitmotiv</em> musicales de Wagner, utilizados con recurrencia en su obra para no ya subrayar la presencia de un personaje definido anteriormente con su m&uacute;sica en un pasaje anterior, sino para representar un recuerdo o emoci&oacute;n repentinos. Al Dedalus del &ldquo;Retrato&rdquo;, Ross le reconoce la actitud heroica de Siegfried al decidir salir de su pa&iacute;s y vida para alcanzar el arte puro. Unas p&aacute;ginas antes de ese final, Stephen ha mencionado la &oacute;pera del anillo wagneriano. Pero el juicio de m&aacute;s inter&eacute;s literario que hace Ross sobre ambos autores es entender la inversi&oacute;n que Joyce realiza en <em>Ulises</em> sobre el dise&ntilde;o de su historia: utilizar una arquitectura m&iacute;tica e introducir sus correspondencias en medio del realismo de un d&iacute;a concreto de la vida de un hombre en Dubl&iacute;n en 1904. Wagner, dice Ross, hizo de alguna manera lo contrario en el anillo: insertar las cuestiones sociales modernas en los h&eacute;roes m&iacute;ticos usados como personajes. No es Joyce el &uacute;nico que hace esto, pero la maduraci&oacute;n enormemente larga de un texto como <em>Ulises</em> no parece ajena, dado su car&aacute;cter, a esta posibilidad de enmendar la propuesta wagneriana. No significa que Joyce rinda pleites&iacute;a a Wagner, dado el trato que da a Dedalus en <em>Ulises</em> como personaje frustrado y h&eacute;roe ca&iacute;do y necesitado. Para muchos autores y cr&iacute;ticos (de T. S. Eliott a Harold Bloom), Joyce destruye el arte del siglo XIX y desde luego a Wagner con &eacute;l.</p>
<p>En fin, basta. Pues es hora de salir, de beber unas cervezas: este texto se escribe el d&iacute;a despu&eacute;s de San Patricio.</p>
<p>Finalmente, un apunte personal: es dif&iacute;cil atraer atenci&oacute;n sobre el &ldquo;Retrato&rdquo;. Le&iacute; <em>Dublineses</em> en 1992 (traducido por Cabrera Infante en la edici&oacute;n de Alianza) y en 2003 (en ingl&eacute;s). Al <em>Ulises</em> traducido por Salas Subirats le dediqu&eacute; cuatro meses en 1999. Veinte a&ntilde;os he tardado en interesarme de una vez por el &ldquo;Retrato&rdquo;, y ha sido empujado por el centenario de <em>Ulises</em>. Por significativo que sea esto, mi impresi&oacute;n es que el propio Joyce no gusta de su sinceramiento en el &ldquo;Retrato&rdquo;, que prefiere en realidad mostrarse bajo las diferentes "formas de creaci&oacute;n" (de personajes, de estilo, de s&iacute;mbolos), que desarrolla en <em>Dublineses</em> y <em>Ulises</em>. Tal vez por ello sea su libro m&aacute;s descompensado, como creado por yuxtaposiciones que revelan su conexi&oacute;n y egolatr&iacute;a art&iacute;stica, pero a la par permite esta madeja de interpretaciones literarias y vitales que dan luz a la obra del genio.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 06 Nov 2023 11:01:29 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Andrea Jeftanovic: “Toda relación cercana es el recorrido de una negociación con el otro”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/andrea-jeftanovic-toda-relacion-cercana-es-el-recorrido-de-una-negociacion-con-el-otro/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/ANDREA_JEFTANOVIC_-_Fotograf_a_de_Julia_Toro_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Cuando la tierra del exilio son las palabras, cuando el amor surge, ingr&aacute;vido, sin pisar firme porque brota en el aire, en ese pasillo un tanto opresivo que conforman los aviones. All&iacute; la lengua, la que besa, que la lame, la que apura, y la otra, la que construye, la que nomina el mundo. &Aacute;lex y Sara transitan por esta otredad, f&iacute;sica, ling&uuml;&iacute;stica, cultural, conociendo en el entretanto la enfermedad, la pasi&oacute;n, la voluntad de construir un territorio com&uacute;n. El resultado, &ldquo;Geograf&iacute;a de la lengua&rdquo; (Comba), de la escritora Andrea Jeftanovic (Santiago de Chile, 1970).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;De qu&eacute; modo las diferencias culturales operan a favor del amor y cu&aacute;ndo comienzan a convertirse en un obst&aacute;culo?&nbsp;</p>
<p>- Frente a esta pregunta resuena en m&iacute; esta frase que est&aacute; en alguna parte de la novela: &ldquo;Si no nos vemos m&aacute;s comenzaremos a inventar emociones sint&eacute;ticas&rdquo;, porque de alg&uacute;n modo quise explorar la idea del &laquo;extranjero&raquo;, pero de un modo m&aacute;s simb&oacute;lico en tanto el otro siempre es un extra&ntilde;o, es un punto ciego. Ac&aacute; se juega con la idea de no compartir lengua y territorio, pero, como digo, est&aacute; la idea de que en toda relaci&oacute;n hay palabras no traducibles, la omisi&oacute;n, la incomprensi&oacute;n. Y tambi&eacute;n pensar qui&eacute;n es el extra&ntilde;o, el extranjero, la condici&oacute;n de extranjer&iacute;a en un mundo abierto y en permanente conflicto. Y, claro, siempre una historia &iacute;ntima, se busca su expresi&oacute;n y tambi&eacute;n apunta al sentido de la traducci&oacute;n, de generar un lenguaje com&uacute;n. Toda relaci&oacute;n cercana es el recorrido de una negociaci&oacute;n con el otro, con lo diferente, el camino en la creaci&oacute;n de un terreno com&uacute;n, capaz de reconciliar dos universos distintos.</p>
<p>Adem&aacute;s, quise explorar la &laquo;mediaci&oacute;n&raquo; que puede existir en la pareja, quiz&aacute;s en toda relaci&oacute;n &iacute;ntima, porque desde la carta, la relaci&oacute;n entre dos personas est&aacute; mediada, distanciada, idealizada y confrontada a trav&eacute;s de una serie de ideas, or&iacute;genes, expectativas. Ahora, con otros medios y tecnolog&iacute;as, se impone otro ritmo, otra velocidad, un espacio intangible, una permanente creaci&oacute;n de archivos inmediatos (frases, im&aacute;genes, etc.,) que reemplazan la ausencia del otro que siempre est&aacute; en fuga. Entonces, por qu&eacute; no pensar eso con un ritmo narrativo acelerado y en la reiteraci&oacute;n, de estructuras sint&aacute;cticas que subrayan la obsesi&oacute;n por el paso del tiempo y la p&eacute;rdida y la distancia con otro.</p>
<p>La alucinaci&oacute;n por el decir, por la p&eacute;rdida de la palabra, del lenguaje y la sustituci&oacute;n del encuentro por el texto en la pantalla. Pienso en frases como &eacute;sta: &ldquo;Besos que ni siquiera eran besos de tan nerviosos, de tan r&aacute;pido. Su historia en ciudades extranjeras. Traves&iacute;as incomprensibles en una ma&ntilde;ana de esquinas. C&oacute;mo desandar la propia historia. El derecho a la fatiga. Lo que se dice, lo que no se dice. Lo que se hace, lo que no se hace. Lo que se deja de hacer, lo que se reconoce que no se est&aacute; haciendo&rdquo;.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- &iquest;Hasta qu&eacute; punto, como sucede en la novela, el contexto sociopol&iacute;tico puede influir en los avatares de una historia de amor?</p>
<p>- En esta historia imagin&eacute; el cuerpo de una pareja como un campo de batalla en el que se cruzaban las tensiones geopol&iacute;ticas y quer&iacute;a imaginar c&oacute;mo eso repercut&iacute;a en sus emociones, en su lenguaje corporal y emocional. C&oacute;mo se manejan los miedos en la atracci&oacute;n. Establecer ese itinerario del viaje norte a sur, de oriente a occidente, el viaje a trav&eacute;s de las culturas, el viaje a trav&eacute;s del de los atentados a civiles castigando a los viajeros comunes impulsados, en esta historia, por la energ&iacute;a de la pasi&oacute;n y cruzados por t&aacute;natos. Porque tambi&eacute;n hay una segunda parte de la novela que problematiza el lenguaje m&eacute;dico, el lenguaje econ&oacute;mico. Y al mismo tiempo, c&oacute;mo imaginar un romance sin gram&aacute;tica ni familias ni amigos en com&uacute;n.&nbsp; &iquest;Es posible existir sin tal contexto?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Los celos, el amor, el deseo, son verdaderas puestas en escena en nuestra mente&rdquo;</strong>&nbsp;</p>
<p>- Da la sensaci&oacute;n de que la historia de amor, en realidad, es una especie de MacGuffin para hablar sobre ciertas cuestiones pol&iacute;ticas&hellip;</p>
<p>- Dir&iacute;a que es algo m&aacute;s polis&eacute;mico, porque s&iacute; ten&iacute;a la intenci&oacute;n de reflexionar sobre las relaciones de pareja, de la imaginaci&oacute;n de otro, de la m&aacute;quina ficcional que despliega cuando estamos enamor&aacute;ndonos de otro, de otra. Los celos, el amor, el deseo, son verdaderas puestas en escena en nuestra mente. Tambi&eacute;n es ingenuo pensar que, en nuestra dimensi&oacute;n amorosa, no somos cruzados por los conflictos exteriores que nos circundan, nos cruzan sin darnos cuenta, tomando forma de miedo, prejuicios. Parafraseando la pel&iacute;cula de Sof&iacute;a Coppola, siempre estamos perdidos en la traducci&oacute;n, como est&aacute; en la escena: dos desconocidos se encuentran en un aeropuerto y se dan un beso. &ldquo;No un beso cualquiera. Un beso en la sala de espera. Un segundo beso en la puerta de embarque de un vuelo de conexi&oacute;n. Me bes&oacute; sin entender bien lo que dec&iacute;a ni las preguntas que intentaba hilar en su idioma&rdquo;.</p>
<p>Es el cuerpo de los viajeros que se desplaza, el cuerpo enfermo que se deteriora. Tambi&eacute;n quise trabajar la relaci&oacute;n de pareja, dos personas que se encuentran y se dedican a satisfacer lo que ese otro provoca, que es deseo, claro, pero tambi&eacute;n miedo, sospecha, jerarqu&iacute;a, dominaci&oacute;n, intimidad, complicidad.&nbsp; Por eso me resultaba apropiada la polisemia del t&eacute;rmino &laquo;lengua&raquo; como campo ling&uuml;&iacute;stico y cultural (el idioma), y como un &oacute;rgano f&iacute;sico que sirve para la comunicaci&oacute;n verbal y er&oacute;tica.</p>
<p>Y, por supuesto, un libro siempre tiene algo de homenaje t&iacute;mido y tartamudo, el m&iacute;o es hacia el guion-libro-pel&iacute;cula <em>Hiroshima Mon Amour</em>, de Margarite Duras/Alain Renais, hacia <em>Marcas de nacimiento</em>, de Nancy Huston, al dec&aacute;logo cinematogr&aacute;fico de Kristof Kieslowski, en especial, la que se titula <em>Amar&aacute;s a Dios sobre todas las cosas</em>, que expone dos racionalidades en torno al resquebrajamiento del hielo del lago de la ciudad.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Somos ef&iacute;meros, el atentado al clic de la tecla del celular o la guerra puede arrasar con todo a su paso&rdquo;</strong>&nbsp;</p>
<p>- A la obsesi&oacute;n por el tiempo se a&ntilde;adir&iacute;a, por tanto, la cuesti&oacute;n que se relaciona directamente con el siguiente punto de nuestro an&aacute;lisis: &Aacute;lex y Sara se conocen en un avi&oacute;n, es decir (o podr&iacute;amos decirlo), un no lugar, seg&uacute;n la denominaci&oacute;n de Marc Aug&eacute;. &iquest;C&oacute;mo reapropiarnos de esos espacios en los que no se espera que nada importante suceda? Para que un libro no se convierta en un no-lugar, &iquest;qu&eacute; se requiere? &ldquo;No hay silencio en los hospitales&rdquo;. &iquest;S&iacute; en la escritura?</p>
<p>- Escuchar el silencio en la escritura es algo absolutamente necesario; el silencio no est&aacute; s&oacute;lo en los puntos suspensivos (&hellip;), est&aacute; en cada frase de un modo signado, en la elipsis que son saltos de tiempo o trama, pero tambi&eacute;n en eso no dicho, lo que est&aacute; al otro lado del espejo. Del cuerpo, la lengua-molusco, anat&oacute;mica y visceral, del cuerpo tambi&eacute;n la lengua, conceptual y sonora.&nbsp; Las lenguas, la doble lengua del beso, la doble lengua del habla que se anuda en espiral. La revisi&oacute;n de lo amoroso se transforma en un pretexto para hacer confluir discursos ling&uuml;&iacute;sticos, emocionales, hist&oacute;ricos, geopol&iacute;ticos y biol&oacute;gicos, creando un palimpsesto de sentidos.</p>
<p>Las dos historias tramadas dentro del texto no corren paralelas, sino que se superponen, una contiene a la otra, una es una met&aacute;fora de la otra. Somos fronteras, ef&iacute;meros, el serpenteo del petr&oacute;leo, el atentado al clic de la tecla del celular o la guerra puede arrasar con todo a su paso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Los recuerdos heredados son algo como un sistema el&eacute;ctrico que enciende y apaga tu cerebro de modos misteriosos&rdquo;</strong>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo nos condicionan los recuerdos heredados? La infancia &iquest;domina siempre la adultez, como un ni&ntilde;o vengativo? &iquest;Por qu&eacute; decidi&oacute; que los protagonistas narraran la historia pasando de una voz a otra sin aviso previo para el lector?</p>
<p>- Dir&iacute;a que los recuerdos heredados son algo como un sistema el&eacute;ctrico que enciende y apaga tu cerebro de modos misteriosos. Me ha interesado especialmente los recursos posn&eacute;micos, esos que uno no podr&iacute;a recordar porque no los vivi&oacute;, pero de una forma y otra nos afectan, se hilan inclusos y arbitrarios de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n. Son un prisma interno que nos condiciona a mirar de una forma particular, adquieren formas que se contaminan de otras sensibilidades y momentos de la historia. Son verdaderos agujeros negros en nuestras biograf&iacute;as que se asoman entre la incertidumbre y un aparente vac&iacute;o y la oscuridad. Nos llevan a intentar descifrar ese pasado difuso, del cual solo quedan algunas certezas que persiguen como rastros que permitan crear memoria por medio del ensamblaje de diversos eventos y hallazgos. En ambos casos se hace imposible acceder al momento de los hechos hist&oacute;ricos y familiares y comprobar de manera tangible su existencia; solo queda intentar predecir, teorizar y crear imaginarios para definir una memoria o bien evaluar los efectos que esas omisiones o traumas dejan en la subjetividad de los personajes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>*Fotograf&iacute;a de Julia Toro.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 06 Nov 2023 10:35:54 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Cuando se hacen demasiados artificios literariamente  falta vida, observación y atención”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/natalia-carrero-cuando-se-hacen-demasiados-artificios-literalmente-falta-vida-observacion-y-atencion/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/NATALIA_CARRERO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>Otra</em> (Tr&aacute;nsito) es un aullido de quien no se sostiene pero juega a intentarlo, sorteando los convencionalismo de una sociedad que condena a las mujeres descarriadas que, como M&oacute;nica, la protagonista, emplea los tragos de alcohol como cayado an&iacute;mico. Su autora, Natalia Carrero (Barcelona, 1970) se adentra de nuevo en la inagotable naturaleza de los personajes rotos, orillados, los que quedan de puntillas en los arrabales del sistema.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La enfermedad incurable es la propia vida&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;- &iquest;El mundo es una enfermedad incurable?</p>
<p>- El mundo es una enfermedad peor que incurable, pero es el mundo que tenemos y, por otra parte, el mundo tambi&eacute;n es capaz de denostar la enfermedad cuando la enfermedad es intr&iacute;nseca a la vida misma. La enfermedad incurable es la propia vida.&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;nto de una misma y cu&aacute;nto de otra u otras hay cuando se escribe?</p>
<p>- Tanto como la distancia que se decida adoptar, o que a veces ni se decide. En mi caso, me dejo llevar mucho por las demandas de la propia escritura. Son las demandas de mis inquietudes vitales y como escritora las que lo deciden. En este caso, hay mucho. Pero no importa tanto la cantidad sino que haya, en cualquier caso, un componente de verdad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me doy licencia para jugar, para jugar a lo literario, para jugar bien&rdquo;</strong>&nbsp;</p>
<p>- Destaca de tu escritura lo lib&eacute;rrimo de la misma, y el punto l&uacute;dico que no rebaja, en ning&uacute;n caso, la intensidad y cr&iacute;tica. &iquest;Debe de haber l&iacute;mites a la hora de escribir?</p>
<p>- Me gusta que digas que lo l&uacute;dico no va en detrimento de lo serio; lo lib&eacute;rrimo es un hallazgo y una necesidad para escribir y articular este tipo de ideas sobre abismos que me propongo representar, porque tengo que tirar por sitios, por lugares no comunes, me voy mucho a la rareza y lo extra&ntilde;o para m&iacute; misma, y en esa extra&ntilde;eza hay una libertad que es la que quiero, la que necesito, la que me permite navegar en las palabras. De ah&iacute; me sale el juego y me doy licencia para jugar, para jugar a lo literario, para jugar bien.&nbsp;</p>
<p>- Hay ciertas constantes en tu escritura: la insubordinaci&oacute;n a la narrativa cl&aacute;sica, cierta tendencia al caos, un determinado fluir de conciencia, rasgos tem&aacute;ticos que terminan por brotar (como la incomunicaci&oacute;n o el aplastamiento del sistema). Un escritor, &iquest;escribe siempre desde sus obsesiones?</p>
<p>- Me gustar&iacute;a responderte que no, que un buen escritor no debe hablar de sus obsesiones, sino tener los pies en la realidad con toda su complejidad y moralidad, darse cuenta del cuadro completo; por eso no me considero una buena escritora, porque estoy atravesada por mis obsesiones, pero las condiciones de cada escritor son diferentes y las m&iacute;as, por las prisas del tiempo, son las que son. Me morir&eacute; antes de hacer una novela que no hable de ellas, aunque si escribiera una novela dickensiana tambi&eacute;n recoger&iacute;a mis obsesiones, pero no s&oacute;lo.&nbsp;</p>
<p>- En qu&eacute; casos, de haberlos, conviene ocultar parte de nosotros incluso a nuestra pareja, como hace M&oacute;nica con su secreto.</p>
<p>- No lo tengo claro&hellip; En teor&iacute;a convendr&iacute;a no ocultar ning&uacute;n secreto, pero en la narrativa me funcionaba lo contrario. Es mucho m&aacute;s dura la realidad, claro, en la vida habr&iacute;a que afrontar que quedara al descubierto todo, lo bueno y malo, lo bicolor y lo tricolor, el abismo y sus entra&ntilde;as.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me gusta creer que la literatura ayuda a la vida, que es esa tabla de salvaci&oacute;n&rdquo;</strong><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- Durante la pandemia, el entonces ministro de Cultura &nbsp;Jos&eacute; Manuel Rodr&iacute;guez Uribes afirm&oacute; que &ldquo;primero la vida y luego, el cine&rdquo;. La literatura &iquest;es vida, supone vivir menos, como dicen algunos, la prolonga, se puede vivir sin arte?</p>
<p>- En <em>Soy una caja</em>, una de mis anteriores novelas, hablo de eso. Trata de una joven que no puede soportar la vida y se aferra a la escritura como tabla de salvaci&oacute;n; ese debate vida/literatura es interesante. Desde luego, a nivel experiencia primero es la vida, salvar vidas, hacer algo &uacute;til de verdad, hacer trabajos de verdad. Luego, la literatura, y vamos a quitar de en medio la cultura de la banalidad. Me gusta creer, aunque me equivocase, que la literatura ayuda a la vida, que es esa tabla de salvaci&oacute;n. Algo que se dice mucho entre los escritores es que lo que sirve para escribir sirve para vivir; adem&aacute;s, en los peores momentos, existe el consuelo de la literatura. Son dos cosas que se complementan, sin perder de vista que la literatura no es una entidad viviente que nos ayude a hacer algo concreto, no fabrica pan.&nbsp;</p>
<p>- Carmen Mart&iacute;n Gaite dec&iacute;a que no se trata de &ldquo;vivir para contarlo&rdquo; sino de &ldquo;vivir, y despu&eacute;s contarlo&rdquo;&hellip;</p>
<p>- Exacto, nombrar la experiencia, como dec&iacute;a Simone Weil es poner palabras a lo vivido. Cuando se hacen demasiados artificios literariamente falta vida, observaci&oacute;n y atenci&oacute;n; no se trata de vivir cosas intensas o dolorosas pero s&iacute; de vivir con atenci&oacute;n y contemplaci&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>- &iquest;En qu&eacute; momento la l&iacute;nea lim&iacute;trofe que separa el consumo saludable del alcohol del abuso comienza a desdibujarse?</p>
<p>- Dir&iacute;a que es muy f&aacute;cil pasar al otro lado y cuando se pasa ya todo es lo mismo, es una zona como la intersecci&oacute;n entre la consciencia y la inconsciencia, y explorar esa zona resulta apasionante, es una zona intermedia donde no hay distinci&oacute;n entre lo vivo y lo muerto, entre el d&iacute;a y la noche, lo sano y lo enfermo, donde se junta la pasi&oacute;n m&aacute;xima.&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Es m&aacute;s f&aacute;cil distinguir esa zona en la literatura que en la vida? &iquest;Cu&aacute;ndo uno se pasa de listo escribiendo?</p>
<p>- Para escribir bien tienes que haberlo observado y atendido bien, puedes haber habitado esa zona de la que hablamos y haberle prestado atenci&oacute;n, pero puedes no ser capaz de escribirlo.</p>
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<p><strong>&ldquo;Todo merece ser contado, hasta c&oacute;mo una tortuga cruza la carretera&rdquo;</strong><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo se sabe qu&eacute; cosas de la vida se pueden convertir en materia literaria?</p>
<p>- Todo merece ser contado, hasta c&oacute;mo una tortuga cruza la carretera, como hace Steinbeck en <em>Las uvas de la vida</em>, una novela de humanidad atroz, sociol&oacute;gica, de g&eacute;nero, en donde cuenta eso mismo porque tambi&eacute;n es vida, todo es material para la artesan&iacute;a literaria si est&aacute; bien hecha y hecha desde una observaci&oacute;n para conocer qu&eacute; es eso y tratar de comprenderlo, o al menos respetarlo.&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;nto de ebriedad tiene la escritura?</p>
<p>- Mucho, pero tambi&eacute;n de sobriedad, y me interesa esa escritura que mezcla, que juega a la alquimia, a lo mutable, donde se producen procesos, vertiendo sobriedades y ebriedades, moviendo lo l&uacute;dico, haciendo armon&iacute;as y desarmon&iacute;as.&nbsp;</p>
<p>- Esa transmutaci&oacute;n no sucede en el ochenta por ciento de los libros que se publican, la mayor&iacute;a complacientes y c&oacute;modos&hellip; &iquest;Por qu&eacute; la buena literatura no llega al p&uacute;blico de masas?</p>
<p>- Quien escribe hoy tom&aacute;ndose en serio la escritura no est&aacute; queriendo apartarse y formar minor&iacute;a, al contrario, trata de acercarse; pero se publica tanto producto de mercado, escrito por y para el mercado, sin intenci&oacute;n literaria, que produce un serio problema de acceso. Lo minoritario no vende y se genera esta falla en la interlocuci&oacute;n, aunque por suerte siempre habr&aacute; quien nos lea. Pero no, la literatura no llega a todas partes.&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Tiene que ver el hecho de que la propia obra ha sido desplazada en importancia por la figura del autor, que se ha convertido en una especie de marca o franquicia?</p>
<p>- Hay unas egolatr&iacute;as muy desproporcionadas, la cuesti&oacute;n es si quieres ser escritor porque te gusta escribir o por el postureo, porque quieres una imagen de lo que crees que es un escritor; esa gente ha hecho personaje de s&iacute; mismos, se preocupan de sus propias promociones y son ellos materia de escritura, tienden a autofagocitarse, sin recordar que somos materiales fungibles. Si tus materiales de escritura comienzan y terminan en tu <em>selfie</em>, &iquest;cu&aacute;l es el recorrido de lo que me vas a narras? No hay narraci&oacute;n posible.&nbsp;</p>
<p>- Donde s&iacute; que hay mucha <em>narraci&oacute;n</em> y mucho <em>relato</em> en el &aacute;mbito de la pol&iacute;tica, porque ambas palabras aparecen en los discursos cada vez con m&aacute;s asiduidad&hellip;</p>
<p>- Es inquietante, y al mismo tiempo se mezcla todo, lugares comunes para el discurso hegem&oacute;nico, que da consignas f&aacute;ciles para que todos nos entendamos y estemos de acuerdo; olvidan que no todos queremos una misma narrativa, que queremos discusi&oacute;n, y matices, y conversaciones m&aacute;s interesantes y complejas.&nbsp;</p>
<p>- En sus libros, &iquest;cu&aacute;nto de <em>Diarios de una borracha</em>, el diario de la protagonista, hay, es decir cu&aacute;nta puesta en abismo?</p>
<p>- Es muy vivencial, se puede decir, mucho, y por eso no puedo negar que, al publicarse, sintiese un poco de pudor.&nbsp;</p>
<p>- Pudor que se vence&hellip;</p>
<p>- Afront&aacute;ndolo, que tampoco es para tanto. Y que hay cosas peores; al fin y al cabo, somos una clase media que hacemos lo que nos da la gana, con cierto compromiso de hacerlo bien.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Me detengo en esa tem&aacute;tica que siempre aparece en sus historias, ese sutil aplastamiento al individuo por parte del sistema. Apenas hay reflejo en la literatura de hoy de la lucha de clases, cuando sigue siendo la enjundia del problema, el binomio fracasados y poderosos, y qui&eacute;n sostiene la cuerda a cada lado&hellip;</strong></p>
<p>- Empleamos este lenguaje porque el nudo gordiano es el conflicto comunicativo, a un lado est&aacute;n los poderosos y al otro, otros poderosos, pero hay quien queda fuera. Utilizo esos t&eacute;rminos simplistas en mis novelas, as&iacute; que el &uacute;nico triunfo ser&iacute;a el triunfo del discurso narrativo imprevisible, romper la sintaxis de la propia novela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>En esa angostura que provoca el sistema, &iquest;qu&eacute; margen de libertad tenemos?</strong></p>
<p>- Hay muy poco margen. A lo que llamamos libertad no lo es, ese discurso buenista de &laquo;te lo mereces&raquo;, &laquo;puedes hacerlo si realmente lo deseas&raquo;, etc. nos atrapa, como estamos atrapados por los datos y el algoritmo. Las instancias libres est&aacute;n en los <em>hackers</em> y en las sombras del sistema, en los que no entran en esta interlocuci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&iquest;Ha afectado la correcci&oacute;n pol&iacute;tica a la escritura?</strong></p>
<p>- Puedo decirte que yo me he recortado mucho, quer&iacute;a ser inc&oacute;moda pero no por mucho rato; de alguna manera sigo teniendo autocensura o autocancelaci&oacute;n, la &eacute;poca me pesa al escribir, me gustar&iacute;a tener m&aacute;s fuerza y ser m&aacute;s bestia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&iquest;Qu&eacute; te lo impide?</strong></p>
<p>- Yo misma, mis tensiones a la hora de escribir. Termino y siempre pienso: &laquo;Qu&eacute; poco he hecho&raquo;. La literatura debe de ser algo que incomode a la gente, porque est&aacute; hecha con fisuras y restos del naufragio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&iquest;De veras no hay nada peor que una mujer alcoh&oacute;lica, como se afirma en la novela?</strong></p>
<p>- Esto es lo que dir&iacute;a la sociedad ahora mismo, esta sociedad patriarcal, con su discurso mis&oacute;gino. Las mujeres, en general, han sido las perdedoras y las intoxicadas y drogadictas son las perdidas, por eso las defiendo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Si M&oacute;nica hubiera tenido un interlocutor, alguien que la escuchara y al que fuera capaz de contarse, &iquest;hubiera cambiado su historia?</strong></p>
<p>- S&iacute;, M&oacute;nica es producto de una &eacute;poca dominada por el discurso hetero-cis-normativo, todo lo que se saliese de esa norma es censurado. Si traj&eacute;semos a d&iacute;a de hoy a M&oacute;nica hubiera encontrado otras interlocutoras, no hubiese tenido tanta zona de silencio consigo misma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El Chat GPT &iquest;pone en entredicho la creaci&oacute;n?</strong></p>
<p>- Prefiero las novelas hechas por una inteligencia donde todo sea natural y nada artificial; no lo veo como una amenaza, nos lo podemos tomar, incluso, como un aliciente para escribir mejor. La inteligencia artificial nunca har&aacute; las cosas que un escritor puede hacer con el lenguaje.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Asimov confesaba tener demasiada fe en la estupidez humana como para amedrentarse por la inteligencia artificial&hellip;</strong></p>
<p>- Exacto. Por ejemplo, el idiotismo, el lenguaje disfuncional, terminan siendo inatrapables, mientras que las frases bonitas y peripuestas, planas, vac&iacute;as, est&aacute;n atrapadas en s&iacute; mismas. Se llama l&iacute;mite.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&iquest;Qui&eacute;nes forman la estirpe de escritores de los que te consideras parte?</strong></p>
<p>- Nombro a Virginia Woolf, a Mart&iacute;n Gaite, a Bel&eacute;n Gopegui, te nombro a ti&hellip; por supuesto a Simone Weil, Hebe Uhart&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&iquest;Un libro que te haya conmovido &uacute;ltimamente?</strong></p>
<p><em>- Todos deber&iacute;amos romper</em>, de Marta Gordo; habla de un extra&ntilde;amiento, de una situaci&oacute;n personal que resulta, en su conjunto, sociol&oacute;gica.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 06 Nov 2023 09:33:09 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rafael Chirbes, escritor de diarios]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/rafael-chirbes-escritor-de-diarios/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2023/Chirbes500.jpg" alt="" /></p>
<p>Como el Malraux de las <em>Antim&eacute;moires </em>o el Pavese de <em>Il mestiere di vivere</em>, tambi&eacute;n el Rafael Chirbes de los <em>Diarios</em> &nbsp;hace gravitar sus reflexiones sobre el doble plano de perplejidades e incitaciones que la vida le ha venido &nbsp;deparando: el biogr&aacute;fico, como escritor, y el de sujeto hist&oacute;rico implicado en la historia colectiva.<a title="" href="#_ftn1">[1]</a> Con todo, esta &uacute;ltima dimensi&oacute;n queda reducida a contadas alusiones a su pasada militancia comunista y a la pol&iacute;tica del presente.</p>
<p>El contenido de estos <em>Diarios</em> responde ante todo a las caracter&iacute;sticas de una escritura con un <em>tempo</em> de ejecuci&oacute;n diferente al que su autor estaba habituado como periodista y escritor de novelas. Una escritura &ldquo;a ratos perdidos&rdquo; (t&iacute;tulo avanzado ya en sus anticipos en <em>Turia</em>), sin urgencias y, en principio, sin objetivos concretos ni plazos de entrega previstos.</p>
<p>Los <em>Diarios</em> registran las bruscas oscilaciones an&iacute;micas del escritor, pero tambi&eacute;n se nutren de los m&aacute;s variados est&iacute;mulos externos: la evocaci&oacute;n de una ciudad o de una calle &mdash;visitadas en sus presentaciones de libros y en sus viajes como conferenciante e informador gastron&oacute;mico de la revista <em>Sobremesa</em>&mdash;; citas literarias, comentarios de lecturas y de pel&iacute;culas, recientes o ya olvidadas; descripciones, juicios de valor sobre sus preferencias est&eacute;ticas y reflexiones o apuntes sobre su propia obra y la de sus contempor&aacute;neos. En este sentido, y por m&aacute;s que algunos novelistas de actualidad hayan sido objeto de sus cr&iacute;ticas, la intenci&oacute;n de Chirbes al comentar sus obras no ha ido m&aacute;s all&aacute; de la norma impl&iacute;cita que las ha inspirado (no otra que la de tratar al pr&oacute;jimo con el mismo rigor con el que acostumbraba a tratarse a s&iacute; mismo). En modo alguno parece haber sido su intenci&oacute;n la de iniciar pol&eacute;micas literarias est&eacute;riles &mdash;ni, mucho menos, personales&mdash; con otros escritores (a cuyas novelas alude, por otra parte, de pasada).</p>
<p>Los dos vol&uacute;menes de los <em>Diarios</em> reproducen parcialmente el contenido de una veintena de peque&ntilde;os cuadernos manuscritos. La elecci&oacute;n de cada uno de ellos obedece a alg&uacute;n gui&ntilde;o u homenaje literario, al recuerdo de pa&iacute;s donde los adquiri&oacute; o, &nbsp;simplemente, al mero capricho fetichista del autor. El primero de los cuadernos que conforman los <em>Diarios</em> &nbsp;(&ldquo;Restos del cuaderno grande&rdquo;) re&uacute;ne anotaciones desde el mes de abril de 1984, y la entrada final del &uacute;ltimo de ellos pertenece&nbsp; a &ldquo;Un cuadernito negro marbr&eacute;&rdquo; y est&aacute; redactada el d&iacute;a de los Reyes Magos de 2007. El conjunto de estos cuadernos, distribuido en cuatro partes, ha quedado reunido en los dos gruesos vol&uacute;menes que aqu&iacute; se comentan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LOS <em>DIARIOS</em> DE UN HOMBRE QUE FUMA Y ESCRIBE CON LA MANO. </strong></p>
<p>De entrada, la lectura de los <em>Diarios </em>de Rafael Chirbes brinda la oportunidad de contemplar de cerca a un ser humano no solo en los momentos de lucidez&nbsp; autoindagatoria, sino tambi&eacute;n en sus m&aacute;s prosaicos desahogos. En principio, esa &nbsp;inmediatez, y a veces la crudeza &nbsp;de la fe de vida privada que contienen, pueden llegar a sorprender, aunque, a medida que se avanza en la lectura, la presencia expl&iacute;cita y descarnada del sexo, del tabaco y del alcohol&nbsp; pasa a ocupar un lugar cada vez m&aacute;s secundario. Del mismo modo, los est&iacute;mulos puramente exteriores que incitan a escribir al diarista (viajes, lecturas, paisajes, etc.) van espaci&aacute;ndose y reducen progresivamente su importancia, mientras crece en intensidad el profundo desasosiego &mdash;inseguridad, soledad, hast&iacute;o, des&aacute;nimo,&nbsp; pesadilla, depresi&oacute;n&hellip;&mdash; en que se encuentra sumido. &nbsp;</p>
<p>Como indican las fechas de publicaci&oacute;n de estos dos vol&uacute;menes, no ha sido sino a t&iacute;tulo p&oacute;stumo cuando la escritura confesional chirbesiana ha podido ser conocida. Tal vez porque hasta su muerte el escritor estuvo librando consigo mismo uno de los m&aacute;s duros<strong> </strong>episodios de sus interminables guerras interiores: el del eterno dilema entre conservar o airear su intimidad. Se lo planteaba ya&nbsp; el 23/01/1986, nada m&aacute;s comenzado su <em>Diario</em> (&ldquo;&iquest;Por qu&eacute;&nbsp; tener pudor tambi&eacute;n aqu&iacute;, en la intimidad de un cuaderno escrito para nadie? &iquest;Es que se puede escribir para uno mismo? Me digo que s&iacute;, que se puede escribir para recordar, comprenderse, pero no acabo de cre&eacute;rmelo del todo. Entonces, &iquest;pienso que estos cuadernos acabar&aacute; ley&eacute;ndolos alguien que no sea yo?&rdquo;) (I, 137). Chirbes termin&oacute; encontr&aacute;ndose preso en la misma eterna e irresoluble contradicci&oacute;n de todo escritor de diarios. Y es que escribirlo es optar por una&nbsp; sinceridad tan solo a medias, ya que, como se&ntilde;al&oacute; Gide &nbsp;y sancionar&iacute;a luego el cr&iacute;tico parisino Lejeune, por muy acuciante que sea el deseo que un escritor pueda tener en plasmar su verdad &iacute;ntima,&nbsp; todo es siempre mucho m&aacute;s complicado de lo que en un diario puede leerse. &Eacute;ste es tambi&eacute;n el caso de Chirbes, quien lamenta su impotencia a la hora de desentra&ntilde;ar la oscuridad de sus presentimientos e intuiciones y de taponar las no menos irremediables &ldquo;fugas del recuerdo&rdquo; que padece. De modo general, la insatisfacci&oacute;n por la insuficiencia del lenguaje se apodera por momentos de su escritura. Pese a que, como anota, &ldquo;el pudor, y, sobre todo, las prisas con que me acerco a ellos han dejado poco espacio para la expresi&oacute;n de sentimientos, para la narraci&oacute;n de experiencias personales&rdquo; (I, 339).</p>
<p>En l&iacute;nea con la tradici&oacute;n de los g&eacute;neros confesionales (incluido el memorial&iacute;stico, al que tambi&eacute;n podr&iacute;an adscribirse estos <em>Diarios</em>, dada la naturaleza de su escritura), muchas de las anotaciones chirbesianas, pese a haber surgido de las&nbsp; incitaciones de un aqu&iacute; y un ahora concretos,&nbsp; guardan una vinculaci&oacute;n indisoluble con el <em>continuum</em> temporal de la totalidad de la existencia del escritor,&nbsp; desde algunos recuerdos aislados de infancia a vivencias m&aacute;s recientes. Como Malraux&nbsp; y, por supuesto, como Proust, su vecino de balda en la biblioteca chirbesiana, el diarista vislumbra e ilumina&nbsp; multitud de zonas de la memoria del pasado con cada rel&aacute;mpago del&nbsp; presente desde el que escribe.</p>
<p>En definitiva, los <em>Diarios</em> no solo representan para Chirbes la mera expresi&oacute;n de &ldquo;la pasi&oacute;n de un graf&oacute;mano&rdquo; o un mec&aacute;nico&nbsp; ejercicio de digitaci&oacute;n para mantenerse en forma mientras planea una pr&oacute;xima novela. Han supuesto para &eacute;l, ante todo, un refugio y un desahogo &iacute;ntimos en sus horas bajas de depresi&oacute;n y &ldquo;de mucho sufrir a solas&rdquo;; &nbsp;como tambi&eacute;n la oportunidad de &ldquo;poder respirar&rdquo; y un modo privilegiado de sentirse y de reconocerse como un ser humano emocionalmente vivo a trav&eacute;s del contacto f&iacute;sico con la pluma y del roce del papel en sus manos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>DIARIO <em>VS</em> NOVELA</strong><strong> (EL POZO, EL AGUA FRESCA Y EL CUBO PARA SACARLA</strong><strong>).</strong></p>
<p>Los <em>Diarios</em> de Rafael Chirbes no solo brindan en sus p&aacute;ginas una mirada cercana sobre las entretelas palpitantes del ser humano que los ha redactado, sino que de ellos puede extraerse tambi&eacute;n una breve caracterizaci&oacute;n de su labor como diarista y, lo que es m&aacute;s importante por tratarse de un narrador, a lo largo de sus p&aacute;ginas pueden reconstruirse las principales ideas-fuerza que vertebran su concepci&oacute;n de la novela.</p>
<p>Cabe recordar en este punto que los cuadernos tuvieron inicialmente la finalidad de convertirse en vadem&eacute;cum auxiliar del novelista, en dep&oacute;sito de sedimentaci&oacute;n de materiales narrativos&nbsp; a los que, en caso de necesidad,&nbsp; poder recurrir m&aacute;s tarde en sus novelas. En definitiva, en un banco de trabajo donde el escritor pudiera encontrar ideas &ldquo;para ahondar en lo que andaba buscando&rdquo; (&ldquo;Cada vez que empiezo un cuaderno, me imagino frases que acabar&aacute;n formando parte de alguna novela&rdquo; &mdash;afirmar&aacute; en otra ocasi&oacute;n (I, 339). Si la novela era para Chirbes una forma privilegiada de conocimiento, los cuadernos ten&iacute;an que contribuir sin duda a realizarla. (Con todo, y pese a sus obvias diferencias, diario y novela no son para Chirbes modalidades antag&oacute;nicas: antes bien, est&aacute;n relacionadas entre s&iacute;, en tanto que ambas se proponen ser art&iacute;sticas y deben responder a una escritura de id&eacute;ntica dignidad literaria).</p>
<p>Como en la aplicada actividad de las <em>Manos que dibujan</em> en la conocida litograf&iacute;a de Escher, en los cuadernos del valenciano discurren a la par el ininterrumpido fluir ensimismado del yo y una reflexi&oacute;n constante sobre la propia naturaleza de la escritura de quien &nbsp;se est&aacute; escribiendo a s&iacute; mismo. Chirbes enfatiza la importancia de este misterioso flujo interior con la unci&oacute;n de la imagen evang&eacute;lica: &ldquo;escribir es arrojar el cubo al pozo y tirar de la cuerda, hasta que saca un poco del agua que uno lleva dentro&rdquo;.</p>
<p>Los <em>Diarios</em> cumplen tambi&eacute;n el papel de interlocutor y de espejo en el que contemplarse a s&iacute; mismo mientras escribe. Representan su modo natural de ser escritor y en ellos la pluma se desliza por la p&aacute;gina con la libertad absoluta &nbsp;que requiere el &ldquo;puro divagar&rdquo; o vagabundeo intelectual que en &uacute;ltima instancia los justifica.</p>
<p>La novela, en cambio, supone para Rafael Chirbes una realidad literaria sustancialmente diferente de la diar&iacute;stica, hasta el extremo de imponer al narrador tal&nbsp; objetivaci&oacute;n de su cosmovisi&oacute;n personal &mdash;valga decir externalizaci&oacute;n y hasta desvinculaci&oacute;n&mdash;, que, seg&uacute;n propia confesi&oacute;n, &nbsp;&eacute;ste llega a tener la impresi&oacute;n&nbsp; de que sus novelas las est&aacute; escribiendo otra persona, otro autor, pero no &eacute;l.</p>
<p>Chirbes ha dejado constancia en los <em>Diarios</em> de sus desfallecimientos y de sus derrotas como narrador, la cr&oacute;nica de su lucha contra el fantasmal e imbatible &aacute;ngel de Jacob de la novela &mdash;que le amenazaba con convertir en infructuosos todos sus agobiantes esfuerzos por hacerse con los resortes del g&eacute;nero&mdash;. Ya mientras escrib&iacute;a <em>Mimoun</em> (1988), aquellos reci&eacute;n iniciados &nbsp;cuadernos hab&iacute;an empezado a convertirse, no solo en desahogo de los agobios existenciales del escritor, sino en v&aacute;lvula de escape de la tensi&oacute;n a la que la propia escritura de su primera novela le estaba sometiendo. De ah&iacute; que, al margen de su utilidad como vivero de ideas, propias y recibidas, y de representar la funci&oacute;n de un div&aacute;n de psicoanalista, las p&aacute;ginas de los <em>Diarios</em> muestran la denonada y constante lucha que conlleva el oficio de escribir novelas, un g&eacute;nero que no se deja dominar sin oponer tenaz resistencia y que le exige al narrador trabajo, planificaci&oacute;n, precisi&oacute;n y una paciencia artesanal.</p>
<p>Para Chirbes no es posible escribir&nbsp; novelas sin respetar las leyes constructivas que las dotan de coherencia estructural interna (de lo contrario &ldquo;se caen, como&nbsp; se caen los edificios a los que no se les aplican las leyes de c&aacute;lculo y resistencia de los materiales&rdquo;). Una y otra vez insistir&aacute; en que la novela es orden, rigor, medida, proporci&oacute;n, armon&iacute;a muscular, respiraci&oacute;n acompasada y ritmo de metr&oacute;nomo. Esa solidez y &nbsp;esa coherencia constructivas que demanda el g&eacute;nero las hab&iacute;a descubierto tempranamente en los grandes maestros del realismo decimon&oacute;nico y las segu&iacute;a encontrando cada d&iacute;a en los contempor&aacute;neos de mayor prestigio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LOS DIARIOS DE UN NOVELISTA TESTIMONIAL (LA NOVELA COMO &ldquo;PROSA DE LA HISTORIA&rdquo;)</strong></p>
<p>Viejo luckacsiano y educado en el cine neorrealista italiano y en la lectura de la mejor novela europea y americana del siglo XX, el Chirbes de los <em>Diarios</em> reclama para el g&eacute;nero el estatuto de servicio p&uacute;blico. Da por supuesto que el novelista debe perseguir como &uacute;nico objetivo el de entenderse a s&iacute; mismo y entender el mundo que le rodea, misi&oacute;n de la que, complementariamente,&nbsp; debe desprenderse una cierta responsabilidad did&aacute;ctica. Aunque las prevenciones que Chirbes muestra hacia esta etiqueta y hacia sus cultivadores no son pocas (por ejemplo, en el caso de Antonio Mu&ntilde;oz Molina, adivina cierta inclinaci&oacute;n ejemplarizante que puede llegar a arrojar sombra incluso sobre alguna de las que, por otra parte, considera espl&eacute;ndidas obras). &nbsp;Porque una novela debe carecer de lecci&oacute;n, sea &eacute;sta expl&iacute;cita o impl&iacute;cita. &nbsp;El g&eacute;nero solo cumplir&aacute; plenamente con su finalidad si logra &ldquo;dotar de sentido la vida del lector, situarlo en el mundo, ponerlo ante esas contradicciones que solo a &eacute;l&nbsp; compete enfrentar&rdquo; (I, 233).</p>
<p>Para ello es suficiente con que lo esencial de su relato se desarrolle &ldquo;en los engranajes de la historia&rdquo;: la novela tiene que estar protagonizada &nbsp;por un &ldquo;yo civil&rdquo; y debe construirse a partir de un s&oacute;lido &ldquo;andamiaje c&iacute;vico&rdquo;, similar al de los grandes conocedores del alma humana (Gald&oacute;s, Balzac, Dostoievski, Toltoi, Dickens, Dumas, entre otros). Considera su magisterio especialmente mod&eacute;lico por haber acertado&nbsp; a &ldquo;coordinar los movimientos de sus personajes con los de la gran ola de la historia&rdquo; (&ldquo;que no haya alma fuera de la clase a la que se pertenece y de la historia que se vive&rdquo;). Ejemplares son tambi&eacute;n para Chirbes el Clar&iacute;n de <em>La Regenta</em> o el Baroja de <em>La busca</em> y <em>C&eacute;sar o nada</em>, cuyos h&eacute;roes descubren en sus comportamientos una profunda encarnadura social. As&iacute; lo hab&iacute;a aprendido en Gald&oacute;s y en Balzac, sus dos novelistas de cabecera, en cuyas obras &ldquo;la carne de los personajes lleva adheridos los avatares de la historia, carne e historia son una misma cosa, no hay espacio para que el esp&iacute;ritu encuentre un lugar aislado, una habitaci&oacute;n propia&rdquo;) (II, 157). Y es que la novela es, en definitiva, &ldquo;la prosa de la historia&rdquo;: debe &ldquo;rozar la historia de la humanidad&rdquo; y aun &ldquo;pincharse con ella&rdquo;.</p>
<p>Para Chirbes no existe una buena novela sin que &eacute;sta mantenga un firme anclaje en la realidad de su tiempo. Las preferencias del diarista se inclinan con claridad hacia aquellas creaciones &nbsp;que, sin renunciar a ser verdaderas obras de arte (limitaci&oacute;n que ve en algunas novelas de Bel&eacute;n Gopegui y, en sentido opuesto, en <em>El disputado voto del se&ntilde;or Cayo</em> de Miguel Delibes, pese a la loable intenci&oacute;n social que inspira a ambos autores), han conseguido materializar art&iacute;sticamente una acabada m&iacute;mesis o simulaci&oacute;n de la sociedad contempor&aacute;nea. El ideal realista al que el diarista aspira para sus novelas se resume en la an&eacute;cdota atribuida a Napole&oacute;n cuando &eacute;ste, contemplando el cuadro que David hab&iacute;a pintado sobre su coronaci&oacute;n, exclam&oacute; admirado: &mdash;&ldquo;Esto no es pintura. Se puede caminar por dentro&rdquo; (I, 448).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;Por la misma raz&oacute;n, el valenciano rechaza ret&oacute;ricas y esteticismos vacuos, &nbsp;pese a que &eacute;stos sean considerados elogiosamente como de &ldquo;alta expresi&oacute;n&rdquo; por la cr&iacute;tica (calificaci&oacute;n que entiende como &ldquo;el af&aacute;n de llenar las novelas de referencias y gui&ntilde;os literarios, m&aacute;s o menos encubiertos: Enrique Vila-Matas como ejemplo preclaro). A la hora de adjudicar responsabilidades, Chirbes pone en el punto de mira a Borges, como culpable de tanto gui&ntilde;o intertextual que ha condenado a muchos novelistas contempor&aacute;neos a irrespirables encerronas creativas. Distancias similares toma el valenciano respecto a lo que considera irrefrenable &ldquo;miedo a contar&rdquo; que hoy invade la novela y que descubre en algunos escritores franceses coet&aacute;neos &mdash;Patrick Modiano,&nbsp; Pierre Bayard y Patrick Deville&mdash;, cuyos h&eacute;roes renuncian a hab&eacute;rselas con la conflictiva y degradada realidad que tienen ante s&iacute; para vivir as&eacute;pticamente en sus m&aacute;rgenes, en un mundo cerrado, solipsista y carente de todo problematismo. Y es que el cultivo del g&eacute;nero exige al novelista&nbsp; explorar la conflictiva dial&eacute;ctica entre el yo &iacute;ntimo de los personajes y el clima social en que se mueven. Ambos t&eacute;rminos son irrenunciables, ya que, cuando solo se toca lo &iacute;ntimo y aislado, &nbsp;no estamos ante una novela sino ante un tratado de psicolog&iacute;a (&ldquo;ret&oacute;rica del alma&rdquo;) o, quiz&aacute;, &ldquo;de medicina interna&rdquo; (I, 263).</p>
<p>A modo de corolario, cabe se&ntilde;alar en este punto que sorprende que el novelista valenciano, que hab&iacute;a ambientado su trilog&iacute;a en la posguerra &mdash;<em>La larga marcha</em>&nbsp; (1996), <em>La ca&iacute;da de Madrid</em> (2000) y <em>Los viejos amigos</em> (2003)&mdash; y estaba preparando &nbsp;una implacable radiograf&iacute;a de la Espa&ntilde;a de la especulaci&oacute;n inmobiliaria (<em>Crematorio</em>, 2007) y de sus desastrosas consecuencias (<em>En la orilla</em>, 2013), renunciara a ambientar sus novelas en los a&ntilde;os de la Transici&oacute;n pol&iacute;tica, periodo hist&oacute;rico un tanto confuso y resbaladizo que desde entonces no ha dejado de ser objeto de vivas controversias y de constantes revisiones. Aunque tambi&eacute;n para esta cuesti&oacute;n, sobre la que han llamado la atenci&oacute;n recientemente algunos cr&iacute;ticos, puede encontrarse respuesta en los <em>Diarios</em>, donde la tajante posici&oacute;n del diarista levantino queda meridianamente formulada: &ldquo;Estoy convencido de la ilegitimidad de lo que se estableci&oacute;, una usurpaci&oacute;n astuta&mdash;zorrer&iacute;o&mdash; de la voluntad popular, pero no soy capaz de intuir la legalidad posible&rdquo; (II, 633).</p>
<p>Pero, &iquest;por qu&eacute; Chirbes no afront&oacute; la Transici&oacute;n como marco de sus novelas?&nbsp; Pues, tal vez, porque aquel delicado momento hist&oacute;rico hab&iacute;a dejado ya de interesarle como novelista, en tanto que lo consideraba de hecho una prolongaci&oacute;n del r&eacute;gimen de la dictadura. Desde su severa &oacute;ptica de buen marxista, y anticip&aacute;ndose al desmesurado revisionismo de una parte de la historiograf&iacute;a actual, &nbsp;el Chirbes de los <em>Diarios</em> no ve&iacute;a apenas diferencias entre el franquismo que acababa de novelar en su trilog&iacute;a y la Espa&ntilde;a democr&aacute;tica que arranca de los a&ntilde;os transicionales. Un tiempo que considera pr&oacute;digo en&nbsp; &ldquo;celestineos&rdquo;, &ldquo;pactos&rdquo;, &ldquo;mamposter&iacute;a&rdquo; de ocasi&oacute;n y actitudes cara a la galer&iacute;a, y cuya pervivencia detectaba todav&iacute;a tanto en la &ldquo;desverg&uuml;enza&rdquo; democristiana de la derecha, como en la &ldquo;hipocres&iacute;a&rdquo; de la bienpensante burgues&iacute;a socialdem&oacute;crata con su doble lenguaje y con&nbsp; su &ldquo;ecumenismo de la bondad&rdquo; (II, 185).</p>
<p>Con no poco rigor, Chirbes repudiaba este estado de cosas pero, a la vez, se sent&iacute;a tambi&eacute;n hasta cierto punto c&oacute;mplice del mismo, como corresponsable del fracaso de una generaci&oacute;n (la suya propia) que no hab&iacute;a podido ni sabido cambiar el curso de la&nbsp; historia y, como los personajes de <em>Los viejos amigos</em>, hab&iacute;a terminado adapt&aacute;ndose a ella. Aunque a la vez &nbsp;reconocer&aacute; &nbsp;que la lucha antifranquista supuso para &eacute;l, como para multitud de &nbsp;j&oacute;venes de su generaci&oacute;n provenientes de familias diezmadas o sojuzgadas por el dictador, algo mucho m&aacute;s serio que una simple aventura burguesa bajo la hipn&oacute;tica seducci&oacute;n de la transgresi&oacute;n subversiva. A diferencia de &eacute;stos &mdash;que quedaron totalmente domesticados tras la muerte de Franco&mdash;, Chirbes se reconoce perteneciente a una generaci&oacute;n marcada: &ldquo;Muchos de nosotros recog&iacute;amos el rencor, el eco de injusticias familiares, quer&iacute;amos lavar viejos pecados que se remontaban a la Guerra Civil, y tambi&eacute;n librarnos de la sensaci&oacute;n de asfixia o de mutilaci&oacute;n que nos provocaban las prohibiciones, los insufribles controles de la dictadura, todo eso aderezado con dosis m&aacute;s o menos abundantes de voluntariosa caridad cristiana travestida [pronto] en marxismo. Creo que ha sido una generaci&oacute;n que ha sacrificado a la pol&iacute;tica a sus mejores hijos, quienes hace a&ntilde;os abandonaron sobre las mesas de sus despachos oficiales el impuso de una libertad conseguida con extremo sacrificio y con no poco riesgo&rdquo;&nbsp; (II, 559-590). Y, en otro lugar, se compadec&iacute;a de s&iacute; mismo y de aquellos generosos j&oacute;venes del 68 que quisieron cambiar el mundo: &ldquo;Una oscura pena te invade cuando piensas en ellos. &iquest;Toda esa energ&iacute;a se ha desvanecido?, &iquest;se ha derrochado para nada? Tristes muertos in&uacute;tiles, desesperados, cocidos de uno en uno&rdquo; (II, 279).</p>
<p>Y, junto con el sentimiento de culpabilidad que lo atormentaba, Chirbes asumi&oacute; impl&iacute;citamente en sus <em>Diarios</em> una conciencia generacional de <em>outsider</em>, de perdedor y desplazado, tanto de la sociedad como de la cultura m&aacute;s o menos oficialista (&ldquo;Ahora, vagamos entre los descampados, nos escondemos tras los muros que se han quedado en pie, en las casamatas abandonadas: vivimos a salto de mata, formamos parte del ej&eacute;rcito de los desertores y de los vencidos&rdquo;) (II, 337).</p>
<p>No es que el escritor valenciano renunciara a airear sus opiniones pol&iacute;ticas, aunque tampoco se excedi&oacute; a la hora de prodigarlas.<a title="" href="#_ftn2">[2]</a> Narrador &ldquo;bobarista&rdquo; como era, Chirbes deleg&oacute; la funci&oacute;n de cronista de la Transici&oacute;n en los personajes de sus novelas, quienes &nbsp;a fin de cuentas sol&iacute;an sufrir unas contradicciones ideol&oacute;gicas y existenciales similares a las de su creador &nbsp;(&ldquo;Yo nunca he escrito sobre el franquismo. He escrito sobre m&iacute; mismo. Sobre lo que me rodea, ten&iacute;a que mirar por fuerza hacia atr&aacute;s y hacia afuera, la novela es tiempo, lo que sucede entre dos tiempos&hellip;&rdquo;) (II, 583).&nbsp;</p>
<p>Despu&eacute;s de la larga pausa reflexiva de cinco a&ntilde;os &mdash;los de <em>impasse</em> creador ante las dificultades del nuevo proyecto narrativo que estaba tardando demasiado en definirse como tal&mdash;, Chirbes reanudar&iacute;a su actividad con dos magistrales novelas, <em>Crematorio</em> (2007) y <em>En la orilla </em>(2013), nacidas ambas del imperativo moral de iluminar un conocimiento profundo del periodo de la historia espa&ntilde;ola m&aacute;s reciente ante las que consideraba versiones oficiales interesadas de la misma. (&ldquo;Renunciar a escribir? &iquest;Y dejarles a estos payasos la exclusiva de la narraci&oacute;n del tiempo en que he vivido?&rdquo;) (II, 140).</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>FINAL</strong></p>
<p>Los <em>Diarios</em> muestran el periodo m&aacute;s decisivo de la trayectoria literaria de un hombre que un d&iacute;a venci&oacute; sus pudores y se decidi&oacute; a revelar su escritura m&aacute;s celosamente guardada: aquella de trazos caligr&aacute;ficos desinhibidos que hab&iacute;a fluido de tarde en tarde en el ilimitado &aacute;mbito de libertad de sus cuadernos. &Eacute;stos acompa&ntilde;aron a lo largo de dos d&eacute;cadas la actividad del Chirbes novelista, &nbsp;a modo de &ldquo;toma de tierra&rdquo; de los excedentes energ&eacute;ticos de su combusti&oacute;n creativa.</p>
<p>El lector de estos <em>Diarios</em> puede experimentar una cierta desaz&oacute;n ante &nbsp;algunas zonas de sombra de su obra novel&iacute;stica, cuyo esclarecimiento ha podido quedar a veces descuidado o difuminado por la descripci&oacute;n en primer plano de los pormenores de su peripecia vital cotidiana. La &ldquo;perplejidad&rdquo;&nbsp; &mdash;lectora, en este caso&mdash; surge tambi&eacute;n al comprobar los largos silencios de estos <em>Diarios </em>(algunos periodos de inactividad rondan casi el a&ntilde;o). Tanto la supresi&oacute;n de numerosas p&aacute;ginas de los manuscritos originales, como la fijaci&oacute;n temporal y las modificaciones sufridas en su paso a archivo inform&aacute;tico y en sus probables reescrituras posteriores plantean inc&oacute;gnitas textuales por el momento irresolubles (ya detectadas por Fernando Valls en el completo pr&oacute;logo al primer volumen de los <em>Diarios</em>, y por Llamas en distintos trabajos).</p>
<p>En cualquier caso, si los <em>Diarios</em> no llegan a desvelar completamente al &ldquo;todo Chirbes&rdquo; o a un &ldquo;Chirbes total&rdquo; (tal vez porque ning&uacute;n diario ser&iacute;a capaz de&nbsp; obrar tal milagro), lo que s&iacute; parece fuera de discusi&oacute;n es que muestran al Chirbes esencial y constituyen una mediaci&oacute;n (condicionada por el diarista, pero, a fin de cuentas, privilegiada) &nbsp;para acceder al conjunto de su obra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> <em>Diarios. A ratos perdidos </em>1 y 2. Pr&oacute;logos de Marta Sanz y Fernando Valls; &nbsp;&nbsp;<em>Diarios. A ratos perdidos, </em>3 y 4, Barcelona,&nbsp; Anagrama, 2021&nbsp; y 2023 respectivamente. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a>Adem&aacute;s de las vertidas en sus <em>Diarios</em>, algunas de ellas se filtran en las conferencias de <em>El novelista perplejo</em>, 2002); otras, aparecidas en revistas culturales,&nbsp; como <em>Ozono</em> (1975-1979) &mdash;han difo estudiadas &nbsp;por Jacobo Llamas Mart&iacute;nez en la revista <em>Archivum</em>&nbsp; (2021)&mdash;&nbsp; y&nbsp; recopiladas recientemente por &Aacute;lvaro D&iacute;az Ventas (<em>Asentir o desestabilizar. Cr&oacute;nica contracultural de la Transici&oacute;n</em>, 2023).</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 06 Nov 2023 06:11:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La poesía es la tumba del poeta]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-poesia-es-la-tumba-del-poeta/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2023/Guinda500.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="center">&nbsp;En 2010, en el n.&ordm; 96 de <em>Turia</em>, tuve la oportunidad de coordinar con A. P&eacute;rez Lasheras un cartapacio dedicado a Miguel Labordeta (1921-1969), el poeta nacido en Arag&oacute;n probablemente m&aacute;s relevante del siglo XX, un vate que, siendo muy bien valorado por un grupo m&aacute;s o menos reducido de lectores que encuentra en &eacute;l una acusada coherencia expresiva y un compromiso intenso con la palabra, sigue todav&iacute;a hoy sin ocupar el lugar de referencia que, a nuestro juicio, merecer&iacute;a, y ello debido a la actitud insobornable que mantuvo siempre con respecto a la poes&iacute;a, entendi&eacute;ndola al margen de subvencionados cen&aacute;culos literarios, modas m&aacute;s o menos ef&iacute;meras, anodinas e insustanciales y consignas establecidas en torno al <em>prietas las filas</em>, ese llamado &mdash;otrora fascista, hoy pol&iacute;ticamente correcto&mdash; al que acuden tantos y tantos advenedizos de la poes&iacute;a que han encontrado en ella un <em>modus vivendi</em> o una profesi&oacute;n y no una posibilidad riesgosa de p&eacute;rdida, ruptura y creaci&oacute;n.</p>
<p>Tengo para m&iacute; que sobre &Aacute;ngel Guinda (Zaragoza, 1948-Madrid, 2022) podr&iacute;an aducirse argumentos similares a los esgrimidos acerca del autor de <em>Los soliloquios</em>. Uno y otro &mdash;que no dejaron de tener los pies en la tierra y la mirada en el horizonte&mdash; entendieron la poes&iacute;a como una opci&oacute;n de vida, compartiendo una actitud que encontramos reflejada en textos como &laquo;Escucha joven poeta inadvertido&raquo;, de Labordeta, o el aforismo &laquo;Ni <em>a la minor&iacute;a siempre</em> ni <em>a la inmensa mayor&iacute;a</em>. A los suficientes&raquo; (<em>Breviario</em>, 61), aviso a navegantes que coloca a la poes&iacute;a en ese punto incierto tan alejado de la selecci&oacute;n elitista y excluyente como del lugar m&aacute;s com&uacute;n y frecuentado.<a title="" href="#_ftn1">[1]</a></p>
<p>Como un mevlev&iacute;, &Aacute;ngel Guinda hizo de la poes&iacute;a el centro en torno al cual gir&oacute; a lo largo y ancho de toda su vida. Poeta, ensayista, cr&iacute;tico literario y de arte, traductor, editor, impulsor de incontables proyectos literarios, como la colecci&oacute;n Puyal, que comenz&oacute; su andadura en 1977 y en la que, adem&aacute;s de libros de L. Cernuda, P. &Eacute;luard, M. Pinillos, &Aacute;. Crespo, J. L. Alegre Cud&oacute;s, A. M.&ordf; Navales, R. de Garciasol, I.&ndash;M. Gil, F. Nagore, J. A. Rey del Corral, M. Esquillor, J. L. Rodr&iacute;guez Garc&iacute;a, J. S&aacute;nchez Vall&eacute;s o M. Mart&iacute;nez Forega, entre otros, el propio Guinda public&oacute; <em>Entre el amor y el odio</em>, volumen perteneciente a su particular &laquo;prehistoria po&eacute;tica&raquo; y que en el momento de su aparici&oacute;n, 1977, su autor &mdash;a pesar de que ya hab&iacute;a entregado a la imprenta algunos t&iacute;tulos&mdash; reconoc&iacute;a &laquo;como mi primer &mdash;y ojal&aacute; &uacute;ltimo&mdash; libro&raquo;,&nbsp; o la revista <em>Malv&iacute;s</em>, de la que edit&oacute;, ya desde su residencia madrile&ntilde;a, diez n&uacute;meros entre 1988 y 1991 (en ocasiones con sus complementos &laquo;Fuente de Cibeles&raquo; y &laquo;Rect&aacute;ngulo de Agua&raquo;). Esos proyectos, sin embargo, no le impidieron desarrollar una dilatada y singular obra po&eacute;tica publicada, casi toda ella, en Olifante, su editorial de referencia, dirigida desde el primer momento (1979) por Trinidad Ruiz Marcell&aacute;n. En paralelo, llev&oacute; a cabo un meritorio trabajo de traducci&oacute;n del italiano (Cecco Angiolieri, Antonio Sagredo, con Inmaculada Muro), portugu&eacute;s (Teixeira de Pascoaes, Florbela Espanca, Jos&eacute; Manuel Cap&ecirc;lo, Ana Cristina Cesar, Augusto dos Anjos), franc&eacute;s (Paul &Eacute;luard) y catal&aacute;n (&Agrave;lex Susanna) y una actividad de aliento reflexivo plasmada en ensayos como <em>El mundo del poeta. El poeta en el mundo</em> (2007), <em>Leopoldo Mar&iacute;a Panero. El peligro de vivir de nuevo</em> (2015) y <em>Revelaci&oacute;n y rebeli&oacute;n (Art&iacute;culos de cr&iacute;tica de arte)</em> (2021), vol&uacute;menes de aforismos &mdash;<em>Breviario (1980-1992)</em> (1992), <em>Huellas</em> (1998), <em>Libro de huellas</em> (2014)&mdash; y manifiestos &mdash;&laquo;Poes&iacute;a y subversi&oacute;n&raquo; (1978), &laquo;Poes&iacute;a &uacute;til&raquo; (publicado en diferentes ocasiones), &laquo;Poes&iacute;a violenta&raquo; (2012), <em>La experiencia de la poes&iacute;a</em> (2016)&mdash;, que han de leerse entrelazados a su obra po&eacute;tica, configurando un universo en donde el <em>contar</em> y el <em>cantar</em>, el contenido y la forma de la expresi&oacute;n, son permanentes y complementarios compa&ntilde;eros de viaje.<a title="" href="#_ftn2">[2]</a></p>
<p>&Aacute;. Guinda vivi&oacute; fuera del mundo por llevar un mundo dentro, y ese gesto no le impidi&oacute; empatizar con los dem&aacute;s, mostrarse afable con cuantos se acercaban para ense&ntilde;arle sus escritos o pedirle alg&uacute;n consejo, apoyar el trabajo de tantos y tantos j&oacute;venes poetas a los que pudo conocer a lo largo de su vida, en fin, entender la poes&iacute;a como una actividad (est)&eacute;tica, desarrollada &mdash;desde una soledad solidaria y c&oacute;mplice con los otros&mdash; por y para los dem&aacute;s, marcada por su dimensi&oacute;n social o, como &eacute;l mismo dir&iacute;a, por su <em>utilidad</em>. En ese sentido, de una manera intensa y radical, Guinda fue carne verbal y su coraz&oacute;n y su pensamiento no dejaron de derramarse a trav&eacute;s de las palabras. Por ese territorio ling&uuml;&iacute;stico transit&oacute; de una forma desatada y febril, por ah&iacute; se desplaz&oacute; como un poseso &mdash;la poes&iacute;a, acostumbraba a repetir, no es una profesi&oacute;n, es una posesi&oacute;n&mdash; y por esos senderos se adentr&oacute; tratando de encontrar un singular e imposible <em>regressus ad uterum</em> marcado por la muerte de su madre al nacer &eacute;l (un acontecimiento biogr&aacute;fico trascendental que adquiere la dimensi&oacute;n de mito en su cosmovisi&oacute;n po&eacute;tica). En ese h&aacute;bitat fij&oacute; su residencia y su identidad, intentando localizar entre los pedazos desordenados y polvorientos de sus palabras la memoria sumergida y luminosa de un lenguaje del alba.</p>
<p>Encontramos aqu&iacute; diferentes manifestaciones de un mismo lenguaje animado por la consigna <em>sapere aude</em> que parece responder al t&oacute;pico <em>rerum concordia discors</em> y al deseo irrefrenable &mdash;como &eacute;l mismo recordaba incesantemente&mdash; de <em>escribir como se vive</em>, un fluir en donde la emoci&oacute;n y la reflexi&oacute;n forman parte de una misma potencia expresiva; como es sabido, consigna y t&oacute;pico entra&ntilde;an un riesgo de desestabilizaci&oacute;n e incertidumbre que nuestro poeta asume sin ambages, cuesti&oacute;n que pasa en primer lugar por sembrar el desconcierto (<em>La pasi&oacute;n o la duda</em> es el t&iacute;tulo de su primer libro publicado en 1972 en la colecci&oacute;n Poemas, dirigida Luciano Gracia), dudar de los sentidos atribuidos a las palabras &mdash;su m&aacute;s preciada posesi&oacute;n en la vida&mdash;, esas compa&ntilde;eras con las que emprende el viaje a la b&uacute;squeda de un sentido. Soy &mdash;declara en muchos de esos poemas y aforismos&mdash; aquello que deshace mi identidad, soy lo que voy construyendo a lo largo del camino, soy con todos mis titubeos y conflictos; en ese sentido &mdash;a partir de <em>Vida &aacute;vida</em> (1980), momento que marca un punto de inflexi&oacute;n, el instante en el que brota una voz que percibe ya como propia&mdash;, podemos pensar que un mismo hilo teje esta escritura, tanto la que leemos en sus libros de poes&iacute;a como la que hallamos en sus manifiestos o en sus vol&uacute;menes de aforismos, un cord&oacute;n entreverado de pasi&oacute;n y reflexi&oacute;n, delirio y meditaci&oacute;n. El propio poeta defendi&oacute; en diversas ocasiones la necesidad de una est&eacute;tica entrelazada con una suerte de &eacute;tica c&iacute;vica. Por otra parte, muchos poemas pueden leerse como planteamientos de vida, entenderse como propuestas para la acci&oacute;n, del mismo modo que bastantes aforismos destacan por sus sugerentes im&aacute;genes y su potente y expresiva plasticidad.<a title="" href="#_ftn3">[3]</a></p>
<p>Aforismos, axiomas, sentencias, adagios y proverbios, <em>huellas</em>, en todo caso, que van dejando testimonio fragmentario de la &laquo;vida de un hombre&raquo;, t&iacute;tulo con el que agrup&oacute; sus diferentes libros Giuseppe Ungaretti, un indudable referente del aragon&eacute;s. <em>Huellas</em>, precisamente, es el t&iacute;tulo de una de sus entregas, un volumen que se inicia con la sentencia en la que, a modo de po&eacute;tica, declara: &laquo;El aforismo es una gota de la destilaci&oacute;n del pensamiento&raquo; (p. 17), gotas que van horadando en la roca las se&ntilde;ales de una vida que la escritura trata de proteger y que el paso del tiempo y el olvido har&aacute;n desaparecer; en este sentido, leemos: &laquo;Tengo miedo a leer, tengo miedo a escribir. Las palabras aparecen para desaparecerme&raquo; (<em>Huellas</em>, 21). Con expresiones como estas, nombra la desintegraci&oacute;n y la disoluci&oacute;n de su propio ser en el ser impersonal del lenguaje, traslada el eco desvanecido de una voz apagada desde la huesa en la que se oculta y es: &laquo;Fosa propia. La poes&iacute;a es la tumba del poeta&raquo; (<em>Libro de huellas</em>, 36). De ah&iacute; la par&aacute;frasis de Rimbaud y la crisis de identidades que estalla en diferentes lugares del libro: &laquo;Yo es otros que no quieren ser yo&raquo; (<em>Huellas</em>, 22), un conflicto que estalla en una realidad intempestiva, que act&uacute;a como un taladro ante cuya agresi&oacute;n el sujeto se resiste a claudicar. Escribir as&iacute; implica una cierta labor de erosi&oacute;n: el poeta escribe, traza un signo en el blanco de la p&aacute;gina, desaparece tras las palabras que aparecen, y en esa aparici&oacute;n es. Hablar para dejar de ser o para dar testimonio de una p&eacute;rdida, con el prop&oacute;sito de ganar soberan&iacute;a.</p>
<p>Como a menudo dej&oacute; plasmado, se trata de subvertir la realidad para levantar otro mundo y, en ese sentido, esta escritura contiene unos valores &eacute;ticos, pol&iacute;ticos y sociales incuestionables.&nbsp; Para el autor de <em>Vida &aacute;vida</em>, las relaciones entre la poes&iacute;a y la realidad desencadenaron profundas tensiones y contradicciones y con frecuencia se establecieron a partir de una necesaria e inevitable ruptura, como si esa realidad le resultara hostil e irrespirable. La poes&iacute;a trabaja con el objetivo inequ&iacute;voco de, por decirlo con expresi&oacute;n juarrociana, &laquo;abrir la escala de lo real&raquo;<a title="" href="#_ftn4">[4]</a>, acabar con los automatismos, los t&oacute;picos, los elementos consabidos y las frases hechas con la intenci&oacute;n de explorar el horizonte desconocido e infinito que bordea lo real, ir m&aacute;s all&aacute; de los nombres de las cosas con el prop&oacute;sito de nombrarlas de otra manera y generar huecos de posibilidad. Un <em>mandamiento</em> que Guinda interioriz&oacute; muy pronto y trat&oacute; siempre de cumplir.</p>
<p>Si en &laquo;La realidad&raquo; leemos: &laquo;A pesar de que escribo / contra ella / &mdash;sobre ella jam&aacute;s&mdash; / no s&eacute; en qu&eacute; consiste / la realidad&raquo; (<em>Claro interior</em>, 17), recordemos que en <em>Huellas</em> ya se hab&iacute;a referido al &laquo;taladro de la realidad&raquo; (p. 27), y que en &laquo;Arquitextura&raquo;, un poema de <em>Hielo en llamas</em>, hab&iacute;a declarado: &laquo;Escribo contra la realidad, / no sobre ella&raquo; (<em>Crep&uacute;scielo esplendor</em>, 67). As&iacute;, sin desvincularse en ning&uacute;n momento de una realidad que percibe como una potencia extraordinariamente dolorosa, castrante y agresiva &mdash;&laquo;Y a la vida agresiva agr&eacute;dele&raquo; (<em>Crep&uacute;scielo esplendor</em>, 38) era el verso de <em>Vida &aacute;vida</em> que adopt&oacute; como una suerte de lema&mdash;, inteligencia en la recreaci&oacute;n de las emociones, responsabilidad y una soledad solidaria y c&oacute;mplice con los dem&aacute;s acaban siendo finalmente los compa&ntilde;eros de viaje de un poeta que opt&oacute; por anteponer la cr&iacute;tica a cualquier otro objetivo. Al fondo, la conocida declaraci&oacute;n acu&ntilde;ada por Cesare Pavese &mdash;un poeta recordado en el texto que cierra y da t&iacute;tulo al libro: &laquo;Vendr&aacute; la muerte y no tendr&aacute; tus ojos, / esa muerte que separa&raquo; (<em>Claro interior</em>, 45)&mdash; en la entrada del 10 de noviembre de 1938 de su diario <em>El oficio de vivir</em>: &laquo;La literatura es una defensa contra las ofensas de la vida&raquo;<a title="" href="#_ftn5">[5]</a>. Se tratar&iacute;a, repito, de resistir y actuar en leg&iacute;tima defensa frente al agresor, de protestar con una palabra rebelde &mdash;aunque tambi&eacute;n valdr&iacute;a un silencio desobediente y no otorgante&mdash; frente a los esc&aacute;ndalos de la historia, confiando todav&iacute;a en que &laquo;Acaso hemos venido al mundo para destruirlo y de las ruinas levantar otro orden&raquo; (<em>Huellas</em>, 29), aforismo que, con una ligera variante, abr&iacute;a ya en 1983 su primera <em>summa</em> po&eacute;tica, <em>Crep&uacute;scielo esplendor</em>.<a title="" href="#_ftn6">[6]</a></p>
<p>A partir de ah&iacute;, la poes&iacute;a implica un peculiar modo de ser del lenguaje, una relaci&oacute;n determinada con la realidad que pretende reflejar y con la que establece alg&uacute;n tipo de correspondencia anal&oacute;gica que no tiene por qu&eacute; basarse en relaciones culturalmente consolidadas. Si esto es as&iacute;, parece obvio que el punto de amarre se encuentra en el lenguaje y no tanto en una realidad que aparece ya transformada en otra cosa; es el lenguaje el que nos ancla a una realidad que, en todo caso, queremos comprender, una realidad poblada a menudo de elementos azarosos, irregulares e inesperados que, sin embargo, no se deja domesticar desde los presupuestos de ninguna po&eacute;tica realista de corto vuelo. Es ah&iacute; donde se practica una cierta poes&iacute;a cr&iacute;tica que no consiste solo en contar historias o inventar situaciones sino en modificar con el lenguaje las relaciones que establecemos con la realidad, escribiendo, como reclama el poeta, contra ella y no sobre ella; leemos en &laquo;Disidencia&raquo;: &laquo;Escucha / dentro de ti la voz de la conciencia / y &aacute;lzala como escudo contra / el mundo: ser&aacute; / temeridad, pero es tu triunfo&raquo; (<em>Conocimiento del medio</em>, 25).</p>
<p>&Aacute;. Guinda conoci&oacute; bien la poes&iacute;a de su tiempo y detect&oacute; con claridad y precisi&oacute;n sus carencias y debilidades; en <em>El mundo del poeta. El poeta en el mundo</em> llam&oacute; la atenci&oacute;n sobre la decadencia y la alarmante falta de calidad que afectaban a buena parte de la m&aacute;s reciente poes&iacute;a espa&ntilde;ola, un empobrecimiento que relacionaba con un preocupante descuido del lenguaje y un desinter&eacute;s por la lectura. La consecuencia de todo ello: &laquo;libros [que] apenas sirven para calzar sillas&raquo; (<em>El mundo del poeta. El poeta en el mundo</em>, 16).</p>
<p>En mi entender, Guinda escribe a la luz de una idea de compromiso que traspasa lo social, haciendo del lenguaje el lugar donde se materializan las crisis de los imaginarios ideol&oacute;gicos y culturales, entendi&eacute;ndolo como una factor&iacute;a de producci&oacute;n de preguntas, una oportunidad id&oacute;nea para tratar cuestiones relacionadas con la identidad y, de paso, ahondar tanto en los intersticios de la <em>propia extra&ntilde;eza</em> como en las fisuras de la <em>otra familiaridad</em>, una extra&ntilde;eza que acaba resultando amigable, una familiaridad que se torna muchas veces incomprensiblemente inaudita. En ese sentido, lleva a cabo una permanente labor de desparasitaci&oacute;n del lenguaje, depur&aacute;ndolo de todas esas adherencias que lentifican su movimiento, descongel&aacute;ndolo para que pueda recuperar su pulso y su capacidad para nombrar el mundo de maneras in&eacute;ditas. Un compromiso y una responsabilidad que deben asumirse de manera incondicional y que conllevan por parte del escritor, como dec&iacute;a Pasolini, el deber de no temer la impopularidad.</p>
<p>Al hilo de una posmodernidad transformadora, algunos poetas &mdash;y estoy convencido de que el autor de <em>Caja de lava</em> se encuentra entre ellos&mdash; han llevado a cabo una oxigenaci&oacute;n del compromiso entendido no tanto como elemento de denuncia o cr&iacute;tica social sino como herramienta de desubicaci&oacute;n o agente de (trans)formaci&oacute;n a trav&eacute;s de la palabra. En esos casos, la palabra ya no es solo un interpuesto entre el poeta y el mundo, convirti&eacute;ndose en el escenario en el que plasmar todo tipo de tensiones y contradicciones, comenzando por las que de un modo artificial puedan darse entre lo real y lo imaginario, el lugar en el que exponer todos los conflictos, el territorio en donde desencadenar todas las hostilidades y donde la propia realidad, a fuerza de ser codificada con un lenguaje <em>claro</em> y <em>transparente</em>, corre el riesgo de desaparecer para dejar que tras ella surja <em>lo real</em> como una especie de <em>imperativo categ&oacute;rico</em> limitado y estrecho.</p>
<p>Guinda contempl&oacute; la muerte reflejada en la fragilidad y la potencia de cada instante vital, no por m&aacute;s quebradizo y ef&iacute;mero menos intenso y extraordinario; mir&oacute; con los ojos del que ans&iacute;a saber y comprendi&oacute; que el aut&eacute;ntico regalo &mdash;como sucede en la &Iacute;taca de Cavafis&mdash; se hallaba en el mismo viaje, la vida, y que lo que entonces &mdash;la muerte, un texto en todo caso a&uacute;n no escrito&mdash; era solo una presencia moment&aacute;neamente demorada, hoy es emblema del vac&iacute;o que el poema con su presencia trata de colmar. Es obvio que la muerte ocupa una presencia permanente a lo largo de toda su trayectoria, pero esa certeza no anula ni desdibuja el enorme y entusiasta vitalismo que trasluce esta poes&iacute;a, una actitud que aparece ya en algunos momentos de su en gran medida rechazada prehistoria po&eacute;tica, por ejemplo, en &laquo;Vida mortal&raquo;, texto que abre <em>Entre el amor y el odio</em>: &laquo;Y que la muerte nos sorprenda vivos&raquo; (p. 15), y que se prolonga despu&eacute;s en otros como &laquo;Recuento&raquo;: &laquo;Avanz&oacute; a trompicones, hasta / aqu&iacute;. Sin embargo &mdash;ni partir, / ni llegar: lo m&aacute;s bello / del viaje fue el camino&raquo; (<em>Despu&eacute;s de todo</em>, 59) o, por citar solo otro caso, &laquo;Felicidad&raquo;, poema que se abre y se cierra con estos versos: &laquo;Me hace feliz haber despertado a este d&iacute;a. / [&hellip;] / Me hace feliz abrir los brazos a la vida&raquo; (<em>Caja de lava</em>, 45).</p>
<p><em>La voz de la mirada</em> (2000) dio t&iacute;tulo a una <em>plaquette</em> que se presentaba como el avance de un libro en preparaci&oacute;n. Al margen de que con posterioridad no aparecer&iacute;a ning&uacute;n nuevo volumen con ese t&iacute;tulo, lo relevante es la confluencia en un mismo sintagma de dos campos sem&aacute;nticos como son el lenguaje (la palabra, la expresi&oacute;n, la voz) y la visi&oacute;n (la contemplaci&oacute;n, la imagen, la mirada). Las palabras son las proyecciones de los ojos del poeta, sus miradas, las herramientas con las que observa y modela el mundo, lo esencial de un mundo que a menudo se encuentra m&aacute;s all&aacute; de la apariencia. Es preciso haber mirado con los ojos abrasados por el sol para hacer de la oscuridad germen de la luz: &laquo;He cerrado los ojos para ver&raquo; (<em>Toda la luz del mundo</em>, 47), afirma el poeta reescribiendo a Paul &Eacute;luard, quien entend&iacute;a la actividad po&eacute;tica como un <em>hacer visible</em> o un <em>dar a luz</em> (&laquo;donner &agrave; voir&raquo;, dec&iacute;a el autor de <em>Capitale de la douleur</em>).<a title="" href="#_ftn7">[7]</a></p>
<p>Guinda supo mirar con las palabras, y vio: &laquo;Encendida en la luz hay otra luz. / Oscuridad adentro, lo visible&raquo; (p. 13), escribe en &laquo;Hay otra luz&raquo;, poema que abre <em>Biograf&iacute;a de la muerte</em> y que conserva destellos de una po&eacute;tica que encontramos en su primer libro reconocido, <em>Vida &aacute;vida</em>: &laquo;la sola Claridad est&aacute; en lo Oscuro&raquo; (<em>Crep&uacute;scielo esplendor</em>, 55). Hay precedentes de esta mirada antirrealista y visionaria: en el &aacute;mbito del primer romanticismo alem&aacute;n, Novalis clama en los <em>Himnos a la noche</em>: &laquo;Hacia abajo, al seno de la tierra, / &iexcl;lejos del imperio de la luz!&raquo; (p. 73), y, m&aacute;s recientemente, Antonio Gamoneda en <em>Libro del fr&iacute;o</em>: &laquo;Veo una luz debajo de la niebla y la dulzura del error me hace cerrar los ojos&raquo;, &laquo;He atravesado las cortinas blancas: / ya solo hay luz dentro de mis ojos&raquo; (pp. 67 y 151)<a title="" href="#_ftn8">[8]</a>. En medio de ese viaje a trav&eacute;s de la noche &mdash;hermanada con la muerte en algunos de sus libros&mdash;, el poeta es un condenado a la claridad y al canto: &laquo;&iquest;Ad&oacute;nde va esta noche que me lleva? / Toda pregunta es revelaci&oacute;n / como el deseo es aviso f&eacute;rtil. / [&hellip;] / &iexcl;Qu&eacute; dura es esta noche y cu&aacute;nto dura!&raquo; (<em>Catedral de la Noche</em>, 70).</p>
<p>La poes&iacute;a se present&oacute; a menudo como una oportunidad para plantear preguntas, cuando no como una aparici&oacute;n, una presencia ante la muerte o una manera de enfrentarla. En esa l&iacute;nea indagatoria, <em>Biograf&iacute;a de la muerte</em> supone una renovada vuelta de tuerca a un campo sem&aacute;ntico bastante frecuentado, el intento de otorgar sentido a esa <em>realidad irreal</em> que es la muerte, experimentar conciencia de una muerte que hermana y entrelaza el final con lo que precede al comienzo, la clausura &mdash;ese instante crepuscular en el que las palabras se callan y las presencias se desvanecen&mdash; con lo que antecede al umbral, ese intervalo abonado de silencio y soledad, coordenadas necesarias desde las que puede brotar la poes&iacute;a. Construido sobre un contrasentido elemental muy caracter&iacute;stico del poeta (&iquest;c&oacute;mo escribir la biograf&iacute;a &mdash;esto es, el relato de una vida&mdash; de la muerte, es decir, de algo que todav&iacute;a no ha acontecido?), este libro se concibe como un &laquo;ejercicio espiritual&raquo;, una pr&aacute;ctica preparatoria que ha de reconciliarle con la disoluci&oacute;n de su propia biograf&iacute;a. Con ese mismo t&iacute;tulo, en 1994, hab&iacute;a incluido ya un poema en <em>Despu&eacute;s de todo</em>, y en 1998 abrir&iacute;a <em>La llegada del mal tiempo</em> con otro titulado &laquo;Autobiograf&iacute;a&raquo; en el que puede leerse: &laquo;Para / saber de mi vida piensa en la muerte, / piensa en ti que est&aacute;s viva / y has de sobrevivirme. No s&eacute; / si tendr&eacute; tiempo para vivir / lo no vivido, para matar lo que viv&iacute;, / para vivir la muerte antes de que me muera&raquo; (<em>La llegada del mal tiempo</em>, 9).</p>
<p>En<em> Claro interior</em> encontramos el contrapicado de una voz que no rebla en denunciar de una manera inflexible una realidad a menudo grosera y miserable, una escritura apegada a la existencia singular aunque, al mismo tiempo, orientada hacia un lugar en el que el sujeto comparte aspiraciones con otros seres. As&iacute;, ya desde el primer poema: &laquo;Cada palabra pesa / todo lo que la vida / ha pasado por ella. / [&hellip;] / Cada palabra pesa / su paso por la vida&raquo; (<em>Claro interior</em>, 11), una vida que no se entiende sin la inevitable compa&ntilde;&iacute;a de la muerte, porque hablar de la muerte consiste al final en hablar, <em>desde</em> la conciencia, <em>de</em> la vida. En &laquo;Otro mundo&raquo; la voz po&eacute;tica declara: &laquo;Yo persigo la luz de lo profundo&raquo; (<em>Claro interior</em>, 19), conocedora &mdash;como H&ouml;lderlin, Novalis, Blake y otros grandes poetas visionarios&mdash; de que el ascenso a las estrellas pasa por previos itinerarios abisales.</p>
<p>Hay una l&iacute;nea de continuidad en esta trayectoria. En un registro que recuerda, en parte, al de ciertos textos de los a&ntilde;os ochenta (<em>Vida &aacute;vida</em>, <em>Hielo en llamas</em>), algunos poemas de este libro (&laquo;Derribos y construcciones&raquo;, &laquo;El discurso&raquo;) dejan entrever el duende y la magia que con frecuencia han acompa&ntilde;ado a esta escritura, que no ha cesado nunca de explorar en las contradicciones, ant&iacute;tesis y paradojas del lenguaje, esto es, de la vida, una escritura que solo se entiende al calor de un marco social compartido, un vivir y escribir en, por y para los dem&aacute;s: &laquo;Ser poema es ser nada / si no hace vida en nadie&raquo;, idea a la que, con un registro muy pr&oacute;ximo al de algunos de los mejores bardos del realismo, vuelve en otro texto de ese mismo libro: &laquo;Si escribo para nada, para nadie, / me sobra la palabra&raquo; (<em>Claro interior</em>, 13 y 28). Ya me he referido m&aacute;s arriba a esa utilidad que Guinda cifra en una poes&iacute;a orientada como un bien social que ha de hacer mella y cumplir alg&uacute;n servicio en el destinatario; a lo largo de su trayectoria, son muchos los textos que responden a esta po&eacute;tica. Uno de ellos es &laquo;A un poeta adolescente&raquo;, que comienza y acaba con estos versos: &laquo;Abomina a cuantos escriben de memoria, / de le&iacute;das, con pose, movidos / por el &eacute;xito, la fama o el Poder. / Aborrece al que se impone la escritura / como una profesi&oacute;n y no un destino / m&aacute;gico o misterioso. F&iacute;jate / en aquellos para quienes escribir / ha sido una incurable enfermedad. / [&hellip;] / L&iacute;brate de aquellos / que toman la palabra / por instrumento y no como un ser vivo. / Oye s&oacute;lo tu m&uacute;sica cuando cantes / por oscura que sea y espinosa. / Que la luz te ensordezca, que no te ciegue / el ruido. Y, al final de tus d&iacute;as, tu obra / sea m&aacute;s que tu vida / porque te contramuera&raquo; (<em>Claustro</em>, 115).</p>
<p>La trayectoria guindiana se caracteriza por una considerable coherencia interna, apuntalada sobre unos cuantos motivos, campos sem&aacute;nticos y temas que &mdash;a pesar de ser lugares muy visitados por la tradici&oacute;n po&eacute;tica&mdash; dan cuenta de un entramado est&eacute;tico muy singular. En ese sentido, <em>Poemas para los dem&aacute;s</em> contin&uacute;a algunas l&iacute;neas abiertas en libros anteriores (<em>Breviario</em>, <em>Huellas</em>, <em>Claro interior</em>), el poeta insiste en apuntalar una est&eacute;tica que no se desancle de la &eacute;tica y, de este modo, muchos de sus poemas tratan temas sociales sin que se resienta por ello la potencia de sus im&aacute;genes, el valor art&iacute;stico y la plasticidad de sus s&iacute;mbolos. El conjunto se caracteriza por el desgaste y la erosi&oacute;n de los t&oacute;picos y los elementos ret&oacute;ricos m&aacute;s triviales y por la desactivaci&oacute;n del engranaje po&eacute;tico m&aacute;s com&uacute;n. En<strong> &laquo;</strong>Semillas&raquo;, por ejemplo, puede leerse: &laquo;Escribo con palabras / rotundas y sinceras, / con palabras de pan, / de aceite, vino, agua, / de casa, de la calle, / con ideas en bruto, / para que t&uacute; me entiendas. / [&hellip;] / Con palabras de vida, / con palabras de tiempo, / con palabras de amor, / con palabras de odio. / Escribo con semillas. / Sencillamente, escribo. / Escribo como vivo. / Escribo como soy&raquo; (<em>Poemas para los dem&aacute;s</em>, 15-16). De esta manera, quien en el poema &laquo;Acercamiento a Lucifer&raquo; desactivara con la incorporaci&oacute;n de un simple adverbio aquella sentencia can&oacute;nica del realismo po&eacute;tico espa&ntilde;ol de los cincuenta al declarar &laquo;No siempre la claridad viene del cielo&raquo; (<em>Vida &aacute;vida</em>, 23), se inclina ahora por una escritura liberada de toda servidumbre ret&oacute;rica innecesaria, comprometida con la transformaci&oacute;n de algunos de los valores ideol&oacute;gicos e imaginarios m&aacute;s arraigados: &laquo;No queremos poemas teoremas. / Poemas soluci&oacute;n a los problemas. / [&hellip;] / No escribamos impunemente a tientas. / Escribamos poemas herramientas&raquo; (<em>Poemas para los dem&aacute;s</em>, 19-20). Es una vieja historia, suficientemente conocida, recuerda a la de aquel otro vate que un d&iacute;a baj&oacute; a la calle, vio lo que hab&iacute;a, rompi&oacute; todos sus versos y comenz&oacute; a escribir de otra manera.</p>
<p>El volumen se plantea como un lavado de conciencia y un ajuste de cuentas consigo mismo, y ello en un escenario en el que hablar de la muerte consiste al final en sustituir su vac&iacute;o ontol&oacute;gico por la misteriosa e insurgente claridad que emana de las potencias del mundo: &laquo;La muerte es la verdad de haber vivido&raquo;, presencia que, <em>in absentia</em>, certifica la plasmaci&oacute;n de una realidad arrasada, una muerte que es ya solo el aviso de una certeza constantemente aplazada, un texto a&uacute;n no redactado: &laquo;Hace mucho que viene / lo que no viene&raquo; (<em>Poemas para los dem&aacute;s</em>, 52 y 61), escribe quien planta cara a la muerte con una mirada casi anhelante. Esta presencia planea en composiciones como &laquo;El superviviente&raquo;, &laquo;Devenir&raquo;, &laquo;El esc&eacute;ptico&raquo;, &laquo;Larga espera&raquo;, ese emotivo canto de despedida que es &laquo;Trasmoz&raquo; o esa suerte de epitafio que cierra el libro titulado &laquo;A pie de p&aacute;gina&raquo;, donde se lee: &laquo;El poeta &Aacute;ngel Guinda / desert&oacute; de este mundo. // De espaldas a la muerte / y abrazado a la vida&raquo; (<em>Poemas para los dem&aacute;s</em>, 64). Y con todos esos materiales de derribo se van construyendo algunos fragmentos de&nbsp; una vida que no deja de proyectarse sobre los dem&aacute;s, el escenario social en que el yo se diluye en un nosotros con el que comparte realidad, convive y <em>conmuere</em>. Y en un libro titulado de esta manera, <em>Poemas para los dem&aacute;s</em>, no podr&iacute;a faltar el motivo de la utilidad, recurrente en tantos y tantos textos del poeta: &laquo;Todo poema debe ser un &uacute;til / para arreglar el mundo / &mdash;el mundo propio y el de los dem&aacute;s; / incluso, si lo hay, el otro mundo&raquo; (<em>Poemas para los dem&aacute;s</em>, 48), una utilidad que orient&oacute; tambi&eacute;n el sentido de la selecci&oacute;n antol&oacute;gica que podemos leer en el libro + CD titulado <em>Poemas &uacute;tiles de un poeta in&uacute;til</em> (Zaragoza, Arscesis, 2017).</p>
<p>La mirada visionaria (una huella, reitero, que Guinda hereda de ciertas po&eacute;ticas rom&aacute;nticas) ti&ntilde;e algunos fragmentos de <em>Espectral</em>, un libro atravesado por motivos que funcionan como esas <em>met&aacute;foras obsesivas</em>, en expresi&oacute;n de la psicocr&iacute;tica, que han circunvalado esta escritura desde sus inicios: la interrogaci&oacute;n permanente sobre el (sin)sentido de la existencia, las im&aacute;genes de la utop&iacute;a, la escritura po&eacute;tica como representaci&oacute;n de la identidad o, mejor, de los conflictos identitarios. En este sentido, es un libro menos social, m&aacute;s &iacute;ntimo y personal,&nbsp; <em>relata</em> un viaje al m&aacute;s all&aacute; interior de un sujeto que no deja de proyectarse en cada uno de los textos sobre los dem&aacute;s, un sujeto que, sin renunciar al protagonismo de la enunciaci&oacute;n, se esfuerza en desempe&ntilde;ar una funci&oacute;n significativa en el enunciado: &laquo;un ni&ntilde;o cruza el mundo con un f&eacute;retro al hombro, y ese ni&ntilde;o soy yo&raquo; (<em>Espectral</em>, 11). La poes&iacute;a emerge entonces para apuntalar el t&oacute;pico: la vida es una b&uacute;squeda, un proceso de aprendizaje, un viaje a trav&eacute;s del mundo que encuentra su destino en lo m&aacute;s desconocido de uno mismo. Y el sujeto que aqu&iacute; surge se integra en esa misma tradici&oacute;n cuando confiesa: &laquo;He caminado tanto y aqu&iacute; estoy. &iexcl;Huimos siempre hacia nosotros mismos!&raquo; (<em>Espectral</em>, 22-23), una huida que se materializa al final como un enfrentamiento ante uno mismo, el paso inici&aacute;tico hacia una posterior renovaci&oacute;n; sin embargo, esa huida no impide a la voz po&eacute;tica, animada por una cierta comuni&oacute;n pante&iacute;sta con la naturaleza y tocada por un acusado sentimiento vitalista, declarar su solidaridad con todo ser vivo: &laquo;Estoy vivo desde hace mucho fuelle y, sin embargo, no quiero morir&raquo; (<em>Espectral</em>, 38). Y la muerte, como no podr&iacute;a ser de otra manera en un poeta tan vitalista, tan entregado a exprimir la vida, ocupa su lugar en este libro, una muerte que, de nuevo, vuelve a manifestarse en Trasmoz y la geograf&iacute;a monca&iacute;na (como ya hab&iacute;amos tenido oportunidad de leer en <em>Poemas para los dem&aacute;s</em>), un escenario que funciona aqu&iacute; como met&aacute;fora del destino definitivo y de la complicidad con el mundo natural: &laquo;Un d&iacute;a fulgurante, desatrapado de las garras del ruido, me adentrar&eacute; en senderos pedregosos&raquo; (<em>Espectral</em>, 49). Se trata de una escritura muy representativa de su autor, esa que ha hecho de este poeta un orfebre consumado en el arte de la contradicci&oacute;n, la ant&iacute;tesis y la paradoja, una escritura que vuelve una y otra vez sobre s&iacute; misma sin dejar por ello de dar la espalda a la realidad.</p>
<p><em>Espectral</em>, como <em>(Rigor vitae)</em>, de 2013, tiene algo de laico libro de horas, <em>slides of life</em>, cuaderno de bit&aacute;cora o <em>breviario</em> organizado para recoger en &eacute;l apuntes, notas, fragmentos e im&aacute;genes de una vida, dispuesto para ser administrado en diferentes dosis y alcanzar con todo ello un escenario en el que la palabra sobreviva a una vida ya logografiada. El lenguaje responde aqu&iacute; a planteamientos habituales defendidos por el poeta en sus diferentes manifiestos. Escribir <em>para los dem&aacute;s</em> y, a veces, en nombre de los dem&aacute;s, como sucede en <em>(Rigor vitae)</em> cuando leemos: &laquo;&iexcl;Hablo en nombre de aquellos cuya vida es una encrucijada!&raquo; (p. 27). Sin descuidar en ning&uacute;n momento la densidad expresiva y el nivel de exigencia formal, es un rasgo permanente de esta escritura la complicidad con el <em>dictum</em> que entiende la poes&iacute;a como una herramienta necesaria y eficaz al servicio de la comunicaci&oacute;n y no como una actividad lastrada por el solipsismo.</p>
<p>Esta poes&iacute;a es una formidable muestra del conflicto que a veces surge entre una actividad de la emoci&oacute;n y una pr&aacute;ctica del pensar, como si la emoci&oacute;n y el pensamiento fuesen diferentes planos de un mismo imaginario po&eacute;tico. Heredero y en parte deudor de la mejor tradici&oacute;n l&iacute;rica de la modernidad, Guinda supo reactualizar con una voz singular algunos de los t&oacute;picos a los que esa tradici&oacute;n se ha aproximado: la soledad del ser humano, compatible con su proyecci&oacute;n social, y los abismos infranqueables de la conciencia. Y as&iacute;, con el transcurrir del tiempo, su poes&iacute;a ha ido creciendo en intensidad emocional y actitud cr&iacute;tica. De ser en sus inicios la manifestaci&oacute;n de un furor desatado pas&oacute; a ser la escritura de un ser arrebatado a la vida por la propia poes&iacute;a. As&iacute;, eso que com&uacute;nmente se entiende por &laquo;ser poeta&raquo; podr&iacute;a entenderse en este caso con vivir una especie de <em>fatum</em>, experimentar un tipo de relaci&oacute;n incondicional y arriesgada con el lenguaje en la que algunos se han dejado <em>eso</em> que, precisamente, demanda la poes&iacute;a como una exigencia sin l&iacute;mites: la vida. Escribir <em>&Aacute;ngel Guinda </em>es escribir <em>poes&iacute;a</em> hasta el punto de que su vida aparece profundamente vinculada con su escritura. Podr&iacute;a decirse, sin resultar hiperb&oacute;lico, que su biograf&iacute;a puede leerse en sus textos po&eacute;ticos. No se entiende la una sin la otra, y este conflicto, esta elecci&oacute;n, emerge con frecuencia en sus poemas, como cuando manifiesta: &laquo;Escribir como se vive&raquo; (<em>Breviario</em>, 21).</p>
<p>La poes&iacute;a, encarada como una <em>necesidad</em>, desata una meditaci&oacute;n sobre el lenguaje al tiempo que procura un efecto de protecci&oacute;n y seguridad al afrontar la presencia del abismo. Guinda, con una fe indestructible en una poes&iacute;a con la que mantuvo una relaci&oacute;n casi religiosa, crey&oacute; firmemente en una palabra oracular y salv&iacute;fica que le protegiera de ese abismo, que en su caso tiene un nombre, la muerte, una presencia, como hemos visto, permanente en toda su obra. En ese sentido, el p&oacute;stumo <em>Aparici&oacute;n y otras desapariciones</em> no representa sino la confirmaci&oacute;n de una serena e inevitable aceptaci&oacute;n: &laquo;La muerte sabe mi nombre. / Me doy por enterado / con el miedo en el cuerpo. / Dejadme decir las cosas / como las cosas me dicen. / La muerte no hace ruido. / Todo aparece para desaparecer. / La muerte sabe mi nombre&raquo; (<em>Aparici&oacute;n y otras desapariciones</em>, 22).</p>
<p>A esa palabra se entreg&oacute; a lo largo de su vida, con el prop&oacute;sito de salvar con ella el abismo de la soledad, el silencio y el vac&iacute;o que tanto le atormentaba. Escribi&oacute; y public&oacute; en ocasiones quiz&aacute;s con profusi&oacute;n &mdash;retract&aacute;ndose a veces de lo ya publicado, convencido al mismo tiempo de que &laquo;La poes&iacute;a es Palabra sin apenas palabras&raquo; (<em>Huellas</em>, 19)&mdash;, mantuvo (de acuerdo a esa idea que defendi&oacute; siempre de una poes&iacute;a &uacute;til, comprometida &eacute;tica y moralmente con el mundo) una presencia social permanente, hizo de la palabra po&eacute;tica el contrafuerte con el que salv&oacute; la verdad de dicho abismo.</p>
<p>Una vez superados sus primeros y tentativos escarceos con la palabra, escribi&oacute; al calor de una est&eacute;tica literaria <em>comprometida</em> con la &eacute;tica y, de este modo, sin descuidar la forma, muchos de sus poemas est&aacute;n marcados por un profundo didactismo y un incuestionable valor moral. El poeta que se adentra en esos territorios y lleva un vivir errabundo y desgarrado alcanza, como detallara M.&ordf; Zambrano en <em>Filosof&iacute;a y poes&iacute;a</em>, un nivel de conciencia tocado por la lucidez, una <em>&eacute;tica verbal</em> sostenida sobre una envolvente y por momentos obsesiva intratextualidad que parece impedir el avance de esta escritura pero que, en mi opini&oacute;n, habr&iacute;a que interpretar como la se&ntilde;al de un pensamiento imparable, esto es, de <em>un pensar po&eacute;tico</em> que se pone en cuesti&oacute;n continuamente. De esta manera, no dej&oacute; de retorcer el lenguaje con el prop&oacute;sito de desvelar la (in)consistencia y las falacias de lo real. Al margen de modas y dictados, entendi&oacute; la poes&iacute;a como un territorio de exploraci&oacute;n caracterizado por la apertura hacia lo simb&oacute;lico e imaginario, hacia una otredad donde el yo se construye a partir de una indomable rebeld&iacute;a, una poes&iacute;a en la que, desde una desatada incertidumbre, se pone en tela de juicio <em>el orden</em> y <em>el sentido</em> de la realidad, someti&eacute;ndolos a un estado de tensi&oacute;n permanente con el objetivo de crear un nuevo espacio moral a partir del cual quiz&aacute;s sea posible, si no reinventar la existencia, soportar la vida. Vivi&oacute; en las palabras, desvivi&eacute;ndose y derram&aacute;ndose sin contenci&oacute;n. Ah&iacute; encontr&oacute; su tumba, y hasta ah&iacute; tendremos que desplazarnos si queremos encontrarnos con ella.</p>
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<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> &Aacute;ngel Guinda, <em>Breviario</em>, Zaragoza, Lola Editorial, 1992. El aforismo guindiano comparte un mismo esp&iacute;ritu con ideas labordetianas recogidas en manifiestos como &laquo;Poes&iacute;a revolucionaria&raquo; (1950) y &laquo;Ni poes&iacute;a pura ni poes&iacute;a popular&raquo; (1951). Se&ntilde;alo aqu&iacute; las ediciones de las que he extra&iacute;do las referencias citadas en el texto: <em>Entre el amor y el odio</em>, Zaragoza, Publicaciones Porvivir Independiente, 1977; <em>Vida &aacute;vida</em>, Zaragoza, Olifante, 1980; <em>Crep&uacute;scielo esplendor (1970-1982)</em>, Zaragoza, Olifante, 1983; <em>Claustro. Poes&iacute;a 1970-1990</em>, Zaragoza, Olifante, 1991; <em>Despu&eacute;s de todo</em>, Madrid, Ediciones Libertarias, 1994; <em>Conocimiento del medio</em>, Zaragoza, Olifante, 1996;<em> Huellas</em>, Madrid, Poes&iacute;a, por ejemplo, 1998; <em>La llegada del mal tiempo</em>, Madrid, Huerga y Fierro, 1998; <em>Biograf&iacute;a de la muerte</em>, Madrid, Huerga y Fierro editores, 2001; <em>Toda la luz del mundo</em>, Zaragoza, Olifante, 2002 (hay ediciones posteriores en 2005 y 2008); <em>Claro interior</em>, Zaragoza, Olifante, 2007;<em> El mundo del poeta. El poeta en el mundo</em>, Zaragoza, Olifante, 2007;<em> Poemas para los dem&aacute;s</em>, Zaragoza, Olifante, 2009; <em>Espectral</em>, Zaragoza, Olifante, 2011 (libro dibujado por Josema Carrasco en <em>Espectral. C&Oacute;MIC</em>, Zaragoza, Olifante, 2018); <em>Caja de lava</em>, Zaragoza, Olifante, 2012; <em>(Rigor vitae)</em>, Zaragoza, Olifante, 2013; <em>Libro de huellas</em>, Madrid, Ediciones Tigres de Papel, 2014; <em>Catedral de la Noche</em>, Zaragoza, Olifante, 2015; <em>Aparici&oacute;n y otras desapariciones</em>, Zaragoza, Olifante, 2023. Puede encontrarse informaci&oacute;n de y sobre su obra en http://www.angelguinda.com. A partir de ahora, indicar&eacute; solo el t&iacute;tulo de la obra y la p&aacute;gina correspondiente a la edici&oacute;n citada. Por otra parte, habr&iacute;a que recordar que <em>Turia</em> ha prestado atenci&oacute;n a la obra de &Aacute;. Guinda en reiteradas ocasiones, rese&ntilde;ando sus libros, dedic&aacute;ndole alg&uacute;n art&iacute;culo panor&aacute;mico (&laquo;Algunas notas sobre la poes&iacute;a de &Aacute;ngel Guinda&raquo;, por A. Salda&ntilde;a, <em>Turia</em>, 132, pp. 319-330) o entrevist&aacute;ndole (&laquo;&Aacute;ngel Guinda: &ldquo;confesar los propios miedos es honrar la poes&iacute;a&rdquo;&raquo;, por F. del Val, <em>Turia</em>, 136, pp. 305-318).</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> Tras su muerte, acaecida el 29 de enero de 2022, han visto la luz <em>El arrojo de vivir</em>, una antolog&iacute;a de poes&iacute;a amorosa publicada ese mismo a&ntilde;o, y <em>Aparici&oacute;n y otras desapariciones</em> (2023), los dos t&iacute;tulos en Olifante, editorial comprometida con la publicaci&oacute;n de sus &laquo;obras completas&raquo;.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a> A. Salda&ntilde;a, &laquo;Dos calas en la poes&iacute;a aragonesa contempor&aacute;nea: Jos&eacute; A. Rey del Corral y &Aacute;ngel Guinda&raquo;, en A. P&eacute;rez Lasheras y A. Salda&ntilde;a, eds., <em>Un mar de labrant&iacute;os. Contribuciones para el estudio de la poes&iacute;a aragonesa</em>, Zaragoza, Gobierno de Arag&oacute;n, 2016, pp. 213-236.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a> Roberto Juarroz, <em>Poes&iacute;a y Realidad</em>, Valencia, Pre-Textos, 2000, p. 16.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a> Cesare Pavese, <em>El oficio de vivir. El oficio de poeta</em>, trad. E. Ben&iacute;tez, Barcelona, Bruguera, 1980, p. 185.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a> La edici&oacute;n lleg&oacute; acompa&ntilde;ada de la primera aproximaci&oacute;n de envergadura a esta poes&iacute;a, resultado de un trabajo de curso en la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras de Zaragoza realizado por M. Mart&iacute;nez Forega (<em>&Aacute;ngel Guinda: Pus esplendoroso del cielo</em>, Zaragoza, al margen, 1983). En ese mismo centro universitario, en 2011, M. &Aacute;. Long&aacute;s present&oacute; un trabajo sobre esta poes&iacute;a para la obtenci&oacute;n del DEA.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a> Guinda vuelve una y otra vez sobre sus textos, reescribi&eacute;ndolos, entendiendo su obra como un trabajo en marcha que no se cerr&oacute; sino con su propia muerte. Un ejemplo, entre otros muchos, lo encontramos en el t&iacute;tulo de uno de sus libros, <em>Toda la luz del mundo</em>, que procede de un aforismo ya recogido en 1998, &laquo;Toda la luz del mundo pasa por tu mirada&raquo; (<em>Huellas</em>, 45), un rasgo analizado por E. Ester en su tesis doctoral <em>La poes&iacute;a de &Aacute;ngel Guinda: amor y muerte, compromiso y lenguaje</em>, defendida en la U. de Zaragoza en 2023.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref8">[8]</a> Novalis, <em>Himnos a la noche</em>, ed. biling&uuml;e, trad. J. M. Valverde, intr. R. Argullol, Barcelona, Icaria, 1985. Antonio Gamoneda, <em>Libro del fr&iacute;o</em>, Madrid, Siruela, 1992.</p>
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      <pubDate>Mon, 06 Nov 2023 06:05:00 +0000</pubDate>
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      <title><![CDATA[Alberto Manguel: “Mi relación con los libros empezó antes que mi relación con el mundo”  El lugar en que nos cita Alberto Manguel para hablar de su trayectoria como intelectual, de su visión de la lectura hoy y de su estancia en Lisboa, uno de los depósit]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/alberto-manguel-mi-relacion-con-los-libros-empezo-antes-que-mi-relacion-con-el-mundo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2023/Alberto500.jpg" alt="" /></p>
<p class="LO-normal" style="text-align: left;" align="center"><strong>ALBERTO MANGUEL: &ldquo;MI RELACI&Oacute;N CON LOS LIBROS EMPEZ&Oacute; ANTES QUE MI RELACI&Oacute;N CON EL MUNDO&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-normal">El lugar en que nos cita Alberto Manguel para hablar de su trayectoria como intelectual, de su visi&oacute;n de la lectura hoy y de su estancia en Lisboa, uno de los dep&oacute;sitos de la Biblioteca Municipal, tiene algo de vientre de la ballena, muy a prop&oacute;sito para quien, sin buscarla, ha alcanzado la condici&oacute;n de personaje casi mitol&oacute;gico por su obra y biblioteca. Un edificio inmenso en uno de esos arrabales centrales de la ciudad, una estancia en la que esperan centenares de cajas con sus libros -nos anuncia que en los s&oacute;tanos se guardan muchos m&aacute;s a la espera de ser catalogados-, un equipo que trabaja sin descanso mientras conversamos, en una mesa junto a un anaquel en que comparten balda la colecci&oacute;n de revistas <em>FMR</em> y varios n&uacute;meros de <em>Turia</em>. Hay algo que, afortunadamente, contradice la facilidad con que determinados espacios se definen con ligereza como no lugares.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">La voz de Alberto Manguel, la serenidad que transmite, es una combinaci&oacute;n de sus novelas y relatos, intensos y tan estimulantes, y de la reflexi&oacute;n de las obras que abordan el universo de la lectura. Antes de sentarnos le entrego un ejemplar de la revista en lenguas ib&eacute;ricas <em>Suroeste</em>, y al instante aparece la voracidad del bibli&oacute;filo y la curiosidad del lector:&iquest;Y nosotros vamos a recibir esto regularmente? Pero qu&eacute; bien, qu&eacute; bien esa intenci&oacute;n de reconstruir el Siglo de Oro. En la escuela secundaria, si bien estudiamos literatura espa&ntilde;ola, nos ense&ntilde;aron a decir que la lengua que habl&aacute;bamos era el castellano, no el espa&ntilde;ol.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">-Recordamos en este momento uno de esos libros que dejan un recuerdo permanente, aquel texto de Amado Alonso que se titul&oacute;<em> </em><em>Castellano, espa&ntilde;ol, idioma nacional: Historia espiritual de tres nombres</em>.</p>
<p class="LO-normal">-Las lenguas de Am&eacute;rica Latina, sobre todo en Argentina, interesaron mucho a los fil&oacute;logos espa&ntilde;oles. &iquest;Recuerda aquel ensayo tan c&aacute;ustico de Borges? &ldquo;Las alarmas del doctor Am&eacute;rico Castro&rdquo; sobre la cr&iacute;tica que hac&iacute;a de las lenguas del R&iacute;o de la Plata. Sin embargo, al citar a Amado Alonso, recuerdo tambi&eacute;n que tengo una relaci&oacute;n muy personal con &eacute;l, porque mi madre fue su secretaria, en la biblioteca en la que &eacute;l estableci&oacute; su gabinete en la Biblioteca del Maestro, en Buenos Aires, siendo ella muy joven.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-normal"><strong>&ldquo;Tuve una infancia un poco extra&ntilde;a: me cri&oacute; una nodriza checa que me ense&ntilde;&oacute; alem&aacute;n e ingl&eacute;s, esas fueron mis primeras lenguas&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-normal">-Rodeado de tantos vol&uacute;menes, parece dif&iacute;cil imaginar a nuestro autor sin un libro entre las manos o despidi&eacute;ndose de sus libros, como anticip&oacute; en <em>Mientras embalo mi biblioteca.</em><em></em></p>
<p class="LO-normal">-Mi relaci&oacute;n con los libros empez&oacute; antes que mi relaci&oacute;n con el mundo. Yo tuve una infancia un poco extra&ntilde;a. Me cri&oacute; una nodriza checa de lengua alemana que me ense&ntilde;&oacute; alem&aacute;n e ingl&eacute;s: esas fueron mis primeras lenguas. Mi padre fue nombrado embajador en Israel y nos trasladamos all&aacute; al mes de fundarse el pa&iacute;s, pero yo ten&iacute;a unos pocos meses y mis padres decidieron tomar una nodriza que me cuidase. Viv&iacute; con esta nodriza los primeros siete u ocho a&ntilde;os de mi vida. Despu&eacute;s volvimos a Argentina en 1955 y all&iacute; empez&oacute; a ocuparse de mi hermana&hellip; pero esos primeros ocho a&ntilde;os fueron tan especiales&hellip; Ella, que era una mujer que hab&iacute;a hu&iacute;do con la familia de los nazis, cre&iacute;a profundamente en lo que llamamos la <em>deutsche Kultur</em>. Por si fuese poco, no ten&iacute;a mucha idea de lo que era un ni&ntilde;o y me trataba como a un peque&ntilde;o adulto, de modo que aprend&iacute; a leer muy temprano, yo ten&iacute;a tres a&ntilde;os, quiz&aacute;s, y me le&iacute;a cuentos y m&aacute;s tarde empec&eacute; a leer en ingl&eacute;s y alem&aacute;n. Mi primer conocimiento del mundo fue ese. Cuando me encontr&eacute; por primera vez con la amistad, la muerte, el amor, los viajes, las cosas que nos ocurren a todos en la vida, ya ten&iacute;a las palabras para nombrar esas experiencias porque las hab&iacute;a le&iacute;do. Por eso digo que para m&iacute; los libros fueron anteriores al mundo. No ten&iacute;a conciencia de ser lector, ni de la lectura ni de la literatura, ni de la traducci&oacute;n, ni de ninguna de estas facetas de la vida intelectual, porque para m&iacute; esa vida de libros y lecturas era tan com&uacute;n como respirar. Nosotros no pensamos, bueno, lleno de aire mis pulmones, y despu&eacute;s lo expulso, camino poniendo la pierna izquierda y despu&eacute;s la derecha. No pensamos, sino que resulta natural; para m&iacute; la relaci&oacute;n con los libros ten&iacute;a esa calidad, de cosa completamente autom&aacute;tica, natural. Tiempo despu&eacute;s descubr&iacute; otros aspectos: por ejemplo, que hab&iacute;a lenguas distintas. Durante mi primera infancia yo sab&iacute;a que -y sostiene un vaso en la mano- esto era un objeto que ten&iacute;a varios nombres, se llamaba glass, se llamaba sklenka, se llamaba&hellip; Y depend&iacute;a de con qui&eacute;n estuviese hablando para darle otro nombre. As&iacute; aprend&iacute; la diversidad del mundo, m&aacute;s all&aacute; de los r&oacute;tulos que damos a las distintas actividades intelectuales, como lectura, o escritura o traducci&oacute;n. Pero para volver a la pregunta, a mi relaci&oacute;n con la lectura, debo decir que mi relaci&oacute;n era autom&aacute;tica y casi inconsciente.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;<em>Una historia de la lectura</em> fue un aprendizaje de las distintas formas de relacionarnos con la palabra escrita&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-normal">-Autor de una extensa obra literaria (donde podr&iacute;amos citar, entre otros textos, <em>Noticias del extranjero</em>, <em>El amante extremadamente puntilloso </em>o el muy recientemente traducido al portugu&eacute;s Todos los hombres son mentirosos<em>), </em>de abundantes ponencias, ensayos (&iquest;qui&eacute;n no recuerda su<em> </em><em>Gu&iacute;a de lugares imaginarios?), </em>y art&iacute;culos de muy variados temas.<em> </em>Alberto Manguel es un referente universal a la hora de abordar el acto de leer desde todos sus &aacute;ngulos a partir de<em> </em><em>Una historia de la lectura, </em>publicado en 1996. En perspectiva, &iquest;c&oacute;mo ha evolucionado su idea de la lectura en este tiempo?</p>
<p class="LO-normal"><em>&nbsp;</em></p>
<p class="LO-normal">-A la edad de cuarenta a&ntilde;os, m&aacute;s o menos, m&aacute;s tal vez, tuve que escribir un art&iacute;culo para el <em>New York Times</em> despu&eacute;s de haber preparado un ensayo sobre las antolog&iacute;as. Me dije: bueno, voy a escribir sobre esta cosa que hago, que es leer, y fue all&iacute; donde empec&eacute; a reflexionar sobre la lectura. Hasta ese momento no hab&iacute;a pensado en qu&eacute; consist&iacute;a la lectura, de modo que el libro que escrib&iacute;, <em>Una historia de la lectura</em>, fue un aprendizaje de estas distintas formas de relacionarnos con la palabra escrita.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">Y s&iacute;, mi idea de la lectura ha evolucionado. Cuando publiqu&eacute; <em>Una historia de la lectura</em>, en realidad no hab&iacute;a historias de la lectura. Ese mismo a&ntilde;o en que se public&oacute;, Roger Chartier hab&iacute;a reunido varios ensayos sobre la historia de la lectura, firmados por distintos especialistas, una cosa mucho m&aacute;s acad&eacute;mica, m&aacute;s seria. Recuerdo que cito a Robert Darnton, cuando en uno de sus libros dice que quiz&aacute;s tendr&iacute;a que haber una historia de la lectura, porque no exist&iacute;a. Hoy en d&iacute;a, sin embargo, es casi un g&eacute;nero literario, y todos han escrito su historia de la lectura: <em>Mi a&ntilde;o con Proust</em>, <em>Mi a&ntilde;o con Montaigne</em>, qu&eacute; libros le&iacute;a de ni&ntilde;o&hellip; incluso la editorial Ampersand tiene una colecci&oacute;n donde diferentes escritores cuentan su historia de la lectura.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">-&iquest;No hay nada nuevo, nada que resulte ahora diferente a nuestra relaci&oacute;n anterior con la lectura, previa al universo digital?</p>
<p class="LO-normal">A&uacute;n as&iacute; hay cosas nuevas que comentar: cuando escrib&iacute; el libro, la electr&oacute;nica estaba en sus inicios, al menos para m&iacute; como lector, ya que evidentemente hab&iacute;a comenzado a principios del siglo XX, pero yo no tuve mi primera computadora hasta mediados de los a&ntilde;os 80, una de esas viejas m&aacute;quinas, y siempre me he sentido inc&oacute;modo con la tecnolog&iacute;a electr&oacute;nica. Ahora que mis nietas manejan todas esas m&aacute;quinas como nosotros manej&aacute;bamos un l&aacute;piz, todav&iacute;a me siento muy extranjero en esa tecnolog&iacute;a, y sin culpabilidad. Mi hijo me dice que soy un torpe porque no s&eacute; c&oacute;mo manejar esta tecnolog&iacute;a de forma completa, para m&iacute; la computadora sigue siendo una m&aacute;quina de escribir m&aacute;s pr&aacute;ctica, porque no necesito hacer lo que hac&iacute;a cuando ten&iacute;a m&aacute;quina de escribir, aquello de cortar y pegar fuera de la m&aacute;quina, ya que ahora lo hace autom&aacute;ticamente&hellip; Pero todos estos peque&ntilde;os dibujitos que aparecen debajo de mi pantalla y que no uso ninguno, ni s&eacute; lo que quieren decir&hellip; Aprend&iacute; a usar Skype y Zoom durante el COVID porque ten&iacute;a que comunicarme con gente, pero por el momento no tengo m&aacute;s que el correo electr&oacute;nico y no dispongo de tel&eacute;fono m&oacute;vil, no tengo ninguna de esas otras cosas como TikTok o WhatsApp.</p>
<p class="LO-normal">Cuando escrib&iacute; <em>Una historia de la lectura</em>, lectura significaba lectura de textos, manuscritos o impresos. Despu&eacute;s extend&iacute; la idea de lectura: lectura del mundo, lectura de im&aacute;genes, lectura de la naturaleza, lectura de la expresi&oacute;n del rostro de los otros. Y por eso escrib&iacute; un segundo libro que se llama <em>Leer im&aacute;genes</em>, para extender esa noci&oacute;n. Pero a&uacute;n no me hab&iacute;a puesto a reflexionar sobre la lectura digital. Poco tiempo despu&eacute;s de acabar el primer libro me di cuenta de que eso estaba all&iacute; y de que quiz&aacute;s tendr&iacute;a que escribir sobre mi relaci&oacute;n con ese universo, y publiqu&eacute; un ensayo all&aacute; por principios de los a&ntilde;os noventa, que se llama &ldquo;De San Agust&iacute;n a la computadora&rdquo;, donde comparo el sistema de lectura que hubiese tenido San Agust&iacute;n con el sistema de lectura de una computadora. Afortunadamente no lo publiqu&eacute; como un cap&iacute;tulo de <em>Una historia de lectura</em>, porque lo que ocurre con esta tecnolog&iacute;a digital es que avanza tan r&aacute;pido que lo que nosotros podemos saber por la ma&ntilde;ana ya ha cambiado por la tarde, y publicar sobre eso es escribir un texto que queda obsoleto de inmediato.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p><strong>Lectura digital y consumo</strong></p>
<p class="LO-normal">Nunca hasta finales de siglo XX y principios del siglo XXI, la tecnolog&iacute;a que sirve de soporte al texto hab&iacute;a tenido una extensi&oacute;n en el mundo econ&oacute;mico tan potente como las tiene ahora. Naturalmente, despu&eacute;s de Gutenberg, la imprenta cre&oacute; una industria del libro que creci&oacute;, pero no es nada comparada con la industria electr&oacute;nica, la industria electr&oacute;nica nos ha convencido de la necesidad de tener aparatos electr&oacute;nicos para cada una de las actividades de nuestra vida. Est&aacute; comprobada, en el mundo capitalista del consumidor, la idea de que el deseo es algo que creamos para desear. El mundo capitalista tiene que crear el deseo en el consumidor para que el consumidor desee consumir. Y es un deseo que nunca debe satisfacerse por completo, porque si no la industria se acabar&iacute;a. Entonces, se trata de la creaci&oacute;n de un deseo frustrado. Deseo frustrado de conocimiento de relaciones humanas, sexuales, intelectuales, de satisfacer los sentidos, nunca satisfechos del todo. La industria electr&oacute;nica ofrece ciertos instrumentos para que intentemos satisfacer ese deseo que nunca puede ser satisfecho; como toda tecnolog&iacute;a, el peligro no est&aacute; en la tecnolog&iacute;a misma, sino en el uso que hacemos de la misma. El cuchillo es un instrumento espl&eacute;ndido si lo empleamos para cortar el pan, pero podemos usarlo para asesinar a alguien, y en ese caso no es culpa del cuchillo ese crimen. Creo que no tenemos que limitar el poder del instrumento, de la tecnolog&iacute;a, para evitar que la empleemos mal; es decir, no tenemos que producir cuchillos sin filo. Tenemos que educarnos mejor. Este es el mismo problema que ahora ocurre con lo que llamamos inteligencia artificial.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-normal"><em>-Sin embargo, hay un debate encendido sobre la diferencia cognitiva entre leer textos en papel y en pantalla, que adem&aacute;s se complica cuando se trata de la lectura que realizamos como parte del estudio.</em></p>
<p class="LO-normal">Creo que la caracter&iacute;stica m&aacute;s extraordinaria de la lectura electr&oacute;nica es el distanciamiento que se produce entre el texto y su lector. Frente a un manuscrito, el lector estaba confrontado a una personalidad &uacute;nica, por m&aacute;s que el copista fuese un t&eacute;cnico extraordinario y no podamos reconocer f&aacute;cilmente el trazo de su mano, pero siempre va a haber una identidad en esa escritura, sea de un codex medieval o de una carta, como las que escrib&iacute;amos hasta mediados del siglo XX. Con la imprenta ocurre un distanciamiento. Ya no reconocemos en el texto impreso una personalidad del autor del texto, sin embargo, porque la imprenta no es id&eacute;ntica en cada caso, hay una relaci&oacute;n de valor, de jerarqu&iacute;a, de intimidad que se produce cuando leemos un texto en papel biblia de la colecci&oacute;n Aguilar o un texto en ese papel rudo de la colecci&oacute;n Austral. Esta correlaci&oacute;n existe, y hay notas en los m&aacute;rgenes, por lo que contin&uacute;a esa relaci&oacute;n personal del texto con el lector, aunque no sea tan &iacute;ntima como la del manuscrito. Con la tecnolog&iacute;a electr&oacute;nica ocurre de forma inmediata la demolici&oacute;n de las jerarqu&iacute;as: un texto en pantalla no tiene atributos jer&aacute;rquicos, no podemos saber si est&aacute; editado por Oxford University Press o por mi sobrina, que estaba jugando con la computadora, porque aparece exactamente igual. Y no solo esto, que en verdad ofrece al lector la ilusi&oacute;n de tener una relaci&oacute;n &iacute;ntima con ese texto con el que no tiene ninguna intimidad, ya que el lector tiene que crear la p&aacute;gina, como en la &eacute;poca de los rollos de papiro, tiene que crear la p&aacute;gina y buscar y proporcionar un contexto a ese texto. Pero la distancia que produce la ausencia de jerarqu&iacute;a hace que el texto se preste a una interpretaci&oacute;n cualquiera. Ya no hay l&iacute;mites.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p><strong>Posmodernidad y lectura</strong></p>
<p class="LO-normal"><em>-Si ya no hay l&iacute;mites a la interpretaci&oacute;n, frente a la que hab&iacute;a sido relaci&oacute;n tradicional con los textos, &iquest;cu&aacute;ndo ha comenzado esta especie de hermen&eacute;utica sin fronteras?</em></p>
<p class="LO-normal">Umberto Eco dec&iacute;a que los l&iacute;mites de la interpretaci&oacute;n coinciden con los l&iacute;mites del sentido com&uacute;n. Lamentablemente en nuestra &eacute;poca el sentido com&uacute;n ha desaparecido. No hay l&iacute;mites y cualquier texto que aparece en la pantalla puede ser recibido como verdad, aunque sea ficticio. De ah&iacute; las <em>fake news</em> y sus consecuencias nefastas. No encuentro culpa en la tecnolog&iacute;a, querr&iacute;a matizar, somos nosotros quienes hemos permitido esta lectura sin l&iacute;mites. Es un gesto que, si buscamos sus ra&iacute;ces, nace de la posmodernidad, nace de los gestos de Joseph Beuys o de de Andy Warhol diciendo que todos, todos, somos creadores, todos somos artistas, todos somos genios&hellip; que no es cierto, pero bueno, nos gusta creerlo. Todos somos hermosos, todos somos atractivos, todos somos inteligentes. No es cierto. Cada uno tiene su inteligencia particular, pero algunas inteligencias no sirven para una lectura honesta. Dir&iacute;a que el cambio fundamental que ocurri&oacute; en la segunda mitad del siglo XX en la lectura es el distanciamiento del lector con el texto, la falta de jerarqu&iacute;a de los textos y la posibilidad de distorsionar la lectura no de forma positiva, creativa, sino de formas mucho m&aacute;s nefastas de las que ocurr&iacute;an antes. Siempre hubo algo de esto; hace unos d&iacute;as le&iacute;a sobre una estela de piedra babil&oacute;nica donde se tall&oacute; un texto falso, modificando una fecha para que los sacerdotes de un templo no tuviesen que pagar impuestos. Este fen&oacute;meno de las <em>fake news</em> ha sucedido desde siempre, pero no es lo mismo modificar una estela de piedra que tomar cualquiera de los cientos de miles de textos que aparecen y leerlo a nuestra manera para satisfacer nuestros prejuicios y nuestra ignorancia.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p><strong>Inteligencia artificial</strong></p>
<p class="LO-normal"><em>-Al preparar esta entrevista, una vez listas las preguntas que me gustar&iacute;a hacerle, ped&iacute; a Chat GPT que propusiera una entrevista a Alberto Manguel. Como era de esperar, coincidimos en muchas aunque me parec&iacute;an, y esto lo digo sin vanidad, un poco menos perspicaces que las m&iacute;as, pero en general muy cercanas.</em><em></em></p>
<p class="LO-normal">Claro, porque lo que ocurre con nosotros es que de nuevo olvidamos que etiquetar algo no es solo etiquetarlo, sino censurarlo, definirlo y constre&ntilde;irlo. Ponemos en un libro <em>Historia de Espa&ntilde;a</em> y ya no es ficci&oacute;n. Cuando llamamos a eso inteligencia artificial, estamos diciendo, por un lado, que es inteligencia, que no lo es, y que es artificial, que tampoco lo es. Se trata, en verdad, de una mec&aacute;nica estad&iacute;stica que resulta similar, hasta un cierto punto, a nuestro sistema de pensamiento, en el sentido de que si yo tengo que contestar a su pregunta sobre qu&eacute; pienso de la historia de la lectura hoy, reviso en mi mente las estad&iacute;sticas que conservo, quiero decir estad&iacute;stica, no cifras sino la informaci&oacute;n que conservo en mi mente de mi experiencia de la lectura, a partir de un cierto momento, la reviso y saco una conclusi&oacute;n. La m&aacute;quina hace eso de una manera mucho m&aacute;s eficaz, ya que tiene mucho m&aacute;s informaci&oacute;n, pero no posee ese elemento de intuici&oacute;n, de emoci&oacute;n, de asociaci&oacute;n.</p>
<p class="LO-normal">Nosotros hemos creado, con ese instrumento que llamamos inteligencia artificial, una imitaci&oacute;n de nuestro sistema de pensamiento. El problema, como en las c&eacute;lebre <em>Imitaci&oacute;n de Cristo</em>, <em>De imitatione Christi</em>, es que no sabemos qu&eacute; estamos imitando. Tom&aacute;s de Kempis lo explica: una imitaci&oacute;n de Cristo, pero imitaci&oacute;n en la medida en que mi pobre mente humana puede leer las ense&ntilde;anzas de Cristo y entender a Cristo, que no lo podemos entender. Los fil&oacute;sofos &aacute;rabes medievales dec&iacute;an que Dios no se puede definir, porque si yo defino a Dios, yo soy Dios, y esa es una capacidad de entendimiento que no tengo. No sabemos c&oacute;mo razonamos, no sabemos qu&eacute; ocurre en nuestro cerebro cuando pensamos; s&iacute; podemos ver qu&eacute; zonas neurol&oacute;gicas se encienden con ciertos pensamientos, con ciertas lecturas, con ciertas actitudes, pero eso no significa que sepamos c&oacute;mo funcionan. Yo uso mi computadora y no tengo la menor idea de lo que est&aacute; sucediendo dentro. Cuando usted le pregunta a la inteligencia artificial qu&eacute; preguntas le puede hacer a Alberto Manguel, la inteligencia artificial recurre a todas las estad&iacute;sticas que almacena y saca una conclusi&oacute;n. Pero yo no s&eacute;, yo no lo he probado; por fortuna o desgracia, hay muchas cosas escritas sobre Alberto Manguel. Y si le pregunto a la inteligencia artificial por un nombre inventado&hellip; Alejandro Shoppenticken&hellip; y qu&eacute; preguntas le har&iacute;a&hellip; No s&eacute; si la m&aacute;quina sabr&iacute;a qu&eacute; preguntar, tal vez invente alguna cosa como inventamos a partir de cierto conocimiento de una persona, del tipo &iquest;est&aacute; casado? Debemos esperar y ver&hellip;</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p><strong>Correcci&oacute;n pol&iacute;tica y literatura</strong></p>
<p class="LO-normal"><em>-Durante los d&iacute;as previos a esta conversaci&oacute;n las p&aacute;ginas de cultura han convocado a todo tipo de p&uacute;blico a un debate que tiene consecuencias m&aacute;s all&aacute; de los libros, como es el caso de las ediciones modificadas de textos cl&aacute;sicos de Roald Dahl o Agatha Christie, o de la literatura comercial de Ian Fleming, &iquest;debemos esperar una corriente de alteraciones que conforme casi una biblioteca paralela de libros &ldquo;correctos&rdquo;?</em></p>
<p class="LO-normal">Pero es una t&eacute;cnica muy, muy, muy antigua. Cu&aacute;ndo varios de los textos de la Antig&uuml;edad cl&aacute;sica fueron traducidos o copiados durante la Edad Media, los copistas tambi&eacute;n alteraban ciertas cosas. Por ejemplo, lo vemos en los poemas de Catulo, el sexo de la persona a la que Catulo se dirig&iacute;a, para convencer a los lectores de que Catulo no era homosexual. Ocurre tambi&eacute;n en las reformas que encontramos en los traductores de <em>Las mil y una noches</em>: Mardrus evita aquello que puede herir la sensibilidad de sus lectores; la traducci&oacute;n es un campo f&eacute;rtil para la censura. Tambi&eacute;n est&aacute; presente en la edici&oacute;n. Por ejemplo, en la Inglaterra del siglo XIX, el se&ntilde;or Thomas Bowdler dio origen a un verbo, <em>to bowdlerize</em>, expurgar, porque publicaba las obras de Shakespeare eliminando los elementos sexuales, o transformando los finales de las obras en finales felices: este es un sistema muy antiguo de censura.</p>
<p class="LO-normal">Nosotros tenemos la ilusi&oacute;n de progreso intelectual, pensamos que en el siglo XXI ya no sufrimos los prejuicios, los errores pol&iacute;ticos y morales que ten&iacute;amos en el pasado. Obviamente no es as&iacute;. Volvemos al fascismo, volvemos a la censura, volvemos a la teocracia. Es casi inevitable. Por supuesto, como lectores, deseamos resistirnos a estos actos de brutalidad, aut&eacute;nticas violencias contra el texto que no podemos permitir. Y lo que es m&aacute;s importante, ponemos en evidencia la presunci&oacute;n de estos editores, los que piensan que el p&uacute;blico no es lo suficientemente inteligente como para leer textos con perspectiva hist&oacute;rica, los que suponen que el lector se va a ofender con un comentario antisemita en una novela de Agatha Christie, o con un comentario racista, y que no ser&aacute; capaz de decir, &ldquo;bueno, esa era la forma de pensar com&uacute;n en los a&ntilde;os 30&rdquo;.</p>
<p class="LO-normal">Esto se asocia a otro sistema de defensa que no le pedimos a nadie: en las universidades americanas hay un sistema de prevenci&oacute;n de ciertas escenas que pueden resultar chocantes para el lector en determinados textos. Cuando yo ense&ntilde;aba en la Universidad de Columbia recib&iacute; un memorandum diciendo que cuando hubiera una escena que pudiese chocar al lector, deb&iacute;a prevenir a mis estudiantes, por si no quer&iacute;an leerla en esas circunstancias. Imagine, escenas de violaciones en Ovidio, escenas de incesto en <em>Edipo</em>, escenas racistas en H<em>uckleberry Finn</em>, escenas antisemitas en Shakespeare... Dije que renunciaba completamente a hacer aquello, porque si no pod&iacute;a mostrar textos que chocaran a los j&oacute;venes, no quer&iacute;a ense&ntilde;ar. Ense&ntilde;ar textos anodinos, textos que ni fu ni fa, es una actividad in&uacute;til y, lo que es peor, convence a los j&oacute;venes de que esa literatura es insulsa, que no les va a dar nada. Solo cuando estamos confrontados a la brutalidad, a la violencia, a la pasi&oacute;n, al prejuicio literariamente expresado, es cuando podemos actuar como seres inteligentes.</p>
<p class="LO-normal">Tengo una convicci&oacute;n profunda, que no puedo demostrar, y es que la literatura, la buena literatura, es una literatura moral. No conozco un texto literario que yo llamase verdaderamente bueno -vamos a usar esa definici&oacute;n que es tan dif&iacute;cil de precisar. &ldquo;este es un texto que yo llamar&iacute;a bueno&rdquo;- que sea puramente racista, antisemita, mis&oacute;gino, cualquier prejuicio que quiera. &iquest;Por qu&eacute; digo esto? Porque la literatura que a m&iacute; me parece importante, la que perdura, la que nos llega profundamente, es necesariamente ambigua. <em>El Mercader de Venecia</em>, que tiene un elemento antisemita en los personajes, sin embargo no permite una lectura conclusivamente antisemita. Lo mismo ocurre con la misoginia en, por ejemplo, <em>La Fierecilla Domada</em>. Las compa&ntilde;&iacute;as de teatro reh&uacute;san montar <em>La Fierecilla Domada</em> sobre todo por la &uacute;ltima escena donde Catalina, la fierecilla, que es una mujer independiente, que no quiere depender de los hombres, acepta la tiran&iacute;a del marido, y no solamente la acepta, sino que adem&aacute;s ense&ntilde;a a las otras mujeres a obedecer a sus maridos. Por supuesto, es un horror en la &eacute;poca del <em>#MeToo</em> y el feminismo. Pero aqu&iacute; est&aacute; la magia de Shakespeare. he visto una puesta en escena de la obra que en esa &uacute;ltima escena, sin cambiar una palabra, presentaba a la actriz recitando las instrucciones para obedecer al marido con l&aacute;grimas en los ojos, con un dolor evidente, como si la estuviesen torturando. Es imposible escuchar y ver esa escena pensando que ella est&aacute; convencida, es como un prisionero que est&aacute; siendo torturado y que confiesa, y sabemos que no confiesa la verdad. Esto est&aacute; en Shakespeare, y por eso es gran literatura. Pienso en Borges, que en su vida personal ten&iacute;a declaraciones racistas espantosas, como reproduce el diario de Bioy Casares: no hay nada en su obra que sea as&iacute;, porque la literatura no se lo permite; aunque &eacute;l quisiera, la literatura no se lo permitir&iacute;a; era un gran escritor y se trata de las estrategias de la gran literatura. Lo mismo ocurre con Louis-Ferdinand C&eacute;line, para m&iacute; uno de los m&aacute;s o el m&aacute;s grande novelista del siglo XX. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; su antisemitismo? se encuentra en esos panfletos que no valen nada, lo mismo pasa con Pablo Neruda. Un gran poeta. Pero cuando escribe <em>Incitaci&oacute;n al nixonicidio</em> sab&iacute;a que eso no era poes&iacute;a, no era nada, era una declaraci&oacute;n como el berrinche de un ni&ntilde;o malcriado. Los escritores lo saben, pero los lectores tendr&iacute;an que saberlo tambi&eacute;n.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p><strong>Del libro a la creaci&oacute;n audiovisual</strong></p>
<p class="LO-normal"><em>-Hablamos de literatura rodeados de libros. Sin embargo, si en vez de estos libros maravillosos estuvi&eacute;semos hojeando ahora mismo los documentos oficiales de la Uni&oacute;n Europea sobre cultura, apenas encontrar&iacute;amos referencias a la edici&oacute;n y la cultura escrita, y s&iacute; muchas m&aacute;s a la audiovisual. &iquest;Ha perdido presencia la lectura y la literatura en el horizonte cultural?</em></p>
<p class="LO-normal">D&eacute;jeme decir dos cosas. Ayer o anteayer le&iacute; que 2022 fue el a&ntilde;o en que, en el Reino Unido, se publicaron m&aacute;s libros que nunca y fueron comprados m&aacute;s libros que nunca. Segunda parte de la respuesta: cada vez que aparece una nueva tecnolog&iacute;a, y el videojuego es una nueva tecnolog&iacute;a, esa nueva forma de arte declara que la tecnolog&iacute;a anterior ha muerto y toma de la antigua su vocabulario y lo transforma. Lo mismo ocurri&oacute; con la fotograf&iacute;a y la pintura. Nace la fotograf&iacute;a bajo el lema &ldquo;la pintura ha muerto&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; hace la fotograf&iacute;a? Retratos, naturalezas muertas, paisajes. Conceptos que vienen de la pintura. Y, claro, la pintura no muere, pero toma de la fotograf&iacute;a elementos de hiperrealismo y dem&aacute;s; lo mismo sucede con el cine y el teatro, lo mismo con el los v&iacute;deo y el cine, lo mismo con los videojuegos y la novela, porque finalmente son otras formas narrativas. Es un proceso fruct&iacute;fero y que, como siempre, depende del resultado; hay videojuegos que son extraordinarios, hay novelas gr&aacute;ficas que son extraordinarias y hay otras que son muy malas, como hay novelas muy malas y poemas muy malos. Una tecnolog&iacute;a no garantiza la calidad de sus productos, es simplemente una tecnolog&iacute;a.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-normal"><em>-Entonces podemos estar tranquilos</em>, seguros de esa permanencia de la sabidur&iacute;a de lo escrito&hellip;</p>
<p class="LO-normal">Bueno, nunca podemos estar tranquilos porque siempre est&aacute; el grito fascista de &ldquo;Viva la muerte&rdquo; qu&eacute; estamos sintiendo ahora en todo el mundo, sea en Ucrania, sea en Estados Unidos Tambi&eacute;n aquello que est&aacute; ocurriendo en la guerra por las armas en Estados Unidos, que tambi&eacute;n tiene como grito de batalla &ldquo;Viva la muerte&rdquo;. Durante la toma del Capitolio, en una de las banderas aparec&iacute;an las palabras del general espartano Le&oacute;nidas: <em>&mu;&omicron;&lambda;ώ&nu; &lambda;&alpha;&beta;έ</em>. &ldquo;&iquest;Me est&aacute;s atacando? Ven a buscar mis armas, ven a tomar mis armas&rdquo;. Volvemos a esa idea: las armas nos van a defender.</p>
<p class="LO-normal">Esto resulta inconcebible, pero es la realidad, los Estados Unidos se han convertido en una sociedad que prefiere la respuesta de las armas a la respuesta de la palabra. Esta ma&ntilde;ana le&iacute; que un muchacho negro de 16 a&ntilde;os hab&iacute;a llamado a una puerta equivocada, iba a buscar a su hermano en otra casa y cuando llam&oacute; a la puerta por error el propietario sac&oacute; una pistola y le dispar&oacute;, sin hacer ninguna pregunta: <em>shoot first</em> <em>and ask questions afterwards</em>. En ese contexto, la palabra tiene que reafirmar su importancia. Somos, o decimos que somos, seres racionales porque tenemos la palabra. Pero estamos enfrentados siempre por esta pasi&oacute;n suicida que alberga nuestra especie.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p><strong>Dante</strong></p>
<p class="LO-normal"><em>-Esta visi&oacute;n de una naturaleza humana presa de las pasiones nos lleva a preguntar por Dante, una de sus debilidades&hellip;</em><em></em></p>
<p class="LO-normal">A&uacute;n seguimos en el Infierno y jugando los juegos del Infierno y dem&aacute;s, cuando la revelaci&oacute;n final se hace en los &uacute;ltimos versos del Para&iacute;so, el Infierno es un pr&oacute;logo. El error est&aacute; en nuestra fascinaci&oacute;n con la violencia. Stevenson dec&iacute;a que cuando se paseaba por Edimburgo, ve&iacute;a los r&oacute;tulos en que los arquitectos presbiterianos hab&iacute;an escrito algunos de los Diez Mandamientos sobre las fachadas de las casas grises. Y &eacute;l, como hombre joven, llamaba a aquello <em>Tentaci&oacute;n invertid</em>a, es decir, ve&iacute;a &ldquo;no desear&aacute;s a la mujer de tu pr&oacute;jimo&rdquo; y &eacute;l, a quien no se le hab&iacute;a ocurrido nunca, dec&iacute;a &ldquo;Ah, pero la mujer de mi pr&oacute;jimo es tan guapa&hellip;&rdquo;.</p>
<p class="LO-normal">Leemos determinadas cosas, como el Infierno, como si fuesen tentaciones invertidas, como fascinaciones invertidas, y esos castigos los entendemos como vemos pel&iacute;culas violentas, y no pensamos que esos castigos est&aacute;n all&iacute;, ante todos, construidos por los mismos pecadores. Dios no construye los castigos, construy&oacute; el lugar del infierno. Pero lo que ocurre en el infierno es consecuencia de nuestros actos y debemos entender, como Dante, que se trata de la demostraci&oacute;n de lo contagioso del pecado: cuando Dante est&aacute; en el infierno, en el c&iacute;rculo de los traidores se contagia de traici&oacute;n. Y se convierte en traidor de su propia palabra. No lo vemos porque somos lectores superficiales. Siempre fuimos superficiales y siempre el porcentaje de buenos lectores, por llamarlos as&iacute;, o lectores m&aacute;s o menos buenos, fue m&iacute;nimo. Pero todav&iacute;a la lectura de la literatura es siempre generosa y paciente y nos espera.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p><strong>Experiencia portuguesa: <em>Espa&ccedil;o Atl&acirc;ntida</em></strong></p>
<p class="LO-normal"><em>-Si la entrevista se realiza en Lisboa es porque Alberto Manguel es, desde hace unos a&ntilde;os, vecino de la ciudad, a la que lleg&oacute; junto con su m&iacute;tica biblioteca y donde ultima la apertura del Espacio Atl&aacute;ntida, un centro cultural y de estudios centrado en esos fondos, que ha donado a Portugal y que estar&aacute;n a disposici&oacute;n de lectoras y lectores a partir del 25 de abril de 2024. Lisboa y Portugal se suman a un Atlas que hasta el momento estaba presidido por los mapas de Am&eacute;rica -de Argentina a Canad&aacute;-, Espa&ntilde;a o Francia.</em><em></em></p>
<p class="LO-normal">Todos llevamos una suerte de geograf&iacute;a imaginaria en nuestra cabeza, no necesariamente compuesta de espacios reales, sino de espacios experimentados emocionalmente, intelectualmente. Mi geograf&iacute;a imaginaria se conforma tambi&eacute;n de espacios geogr&aacute;ficos, tiene ciudades como Venecia, Buenos Aires, Par&iacute;s, Madrid. Pero nunca hab&iacute;a estado en Portugal, no aparec&iacute;a en ese espacio.Hab&iacute;a le&iacute;do algunos autores portugueses, pero sin pensar en la literatura portuguesa. Lo m&aacute;s cerca que estuve de la literatura portuguesa fue cuando estudi&eacute; en el colegio secundario a Rosal&iacute;a de Castro, y se trata de una autora gallega, que escribe en ese gallego tan cercano al portugu&eacute;s, pero nunca me acerqu&eacute; ni a esa lengua ni a esa literatura. Ah, pero la vida escribe novelas con cap&iacute;tulos sorpresa. Nunca hubiese esperado que a esta altura de mi vida -cumpl&iacute; 75 a&ntilde;os ahora- otro espacio geogr&aacute;fico se integrase de tal manera en mi imaginaci&oacute;n. Cuando me fue ofrecida la posibilidad de donar mi biblioteca a la ciudad de Lisboa, con la posibilidad de montar alrededor de esa biblioteca un Centro Cultural, en un Palacio que pertenece a la ciudad de Lisboa y con un equipo de bibliotecarios, pens&eacute;: esto es un milagro. Nunca hubiese imaginado que suceder&iacute;a esto. En diferentes momentos trat&eacute; de instalar mi biblioteca, de donar mi biblioteca -naturalmente, de modo completamente gratuito. Se ofreci&oacute; a la ciudad de Nueva York, a la Ciudad de M&eacute;xico, a Estambul, a la ciudad de Quebec&hellip;y, bueno, llegaba hasta un cierto punto y no se realizaba, porque no solo consiste en donar la biblioteca, alguien tiene que gestionarla tras ese momento y debe haber un presupuesto para su funcionamiento, de modo que cuando lleg&oacute; la oferta de Lisboa, fue muy especial.</p>
<p class="LO-normal">En realidad no conoc&iacute;a Lisboa, hab&iacute;a venido a Lisboa varias veces invitado por la Fundaci&oacute;n Gulbenkian para dar conferencias, llegaba una noche y me iba. Hab&iacute;a estado en Coimbra, una vez a Porto, nada m&aacute;s. Y, de pronto, ya que mi biblioteca ven&iacute;a aqu&iacute;, decid&iacute; instalarme en Lisboa y acercarme a una identidad nueva. He tenido que aprender una lengua que no conoc&iacute;a, porque siempre he pensado que si uno vive en un pa&iacute;s debe hablar la lengua de ese pa&iacute;s, no tiene derecho a permanecer extranjero en su lengua. Borges, cuando tuvo la posibilidad de ir, ya muy enfermo, a Jap&oacute;n, dijo: no quiero morir en una lengua que no conozco. Yo tampoco, no quiero morir en una lengua que no conozco, por eso estoy estudiando portugu&eacute;s, hablando portugu&eacute;s, y descubro una literatura extraordinaria. Mi paisaje imaginario se ha ampliado.</p>
<p class="LO-normal"><em>&nbsp;</em></p>
<p class="LO-normal"><em>-Algunos nombres de la literatura portuguesa contempor&aacute;nea, sin duda, resultan muy cercanos a la sensibilidad de Alberto Manguel, incluso a su propia literatura, desde Gonzalo M. Tavares a Eduardo Louren&ccedil;o o, incluso, Maria Gabriela Llansol.</em></p>
<p class="LO-normal">Claro, s&iacute;, Gon&ccedil;alo M. Tavares, un autor al que hab&iacute;a le&iacute;do desde sus primeros libros y para el que he escrito pr&oacute;logos en ediciones francesas y espa&ntilde;olas. Y como a Tavares, yo hab&iacute;a le&iacute;do a Saramago, hab&iacute;a le&iacute;do a Pessoa, y sobre todo a Lobo Antunes, que para m&iacute; es uno de los grandes escritores de nuestro tiempo. Pero a los otros los descubr&iacute; aqu&iacute;.</p>
<p class="LO-normal">A Eduardo Louren&ccedil;o lo conoc&iacute; a trav&eacute;s de uno de mis editores franceses, cuando viv&iacute;a en Francia, y simpatizamos, yo lo quer&iacute;a mucho, ten&iacute;a una gran inteligencia&hellip; es un fen&oacute;meno curioso, porque si Eduardo Louren&ccedil;o hubiese sido franc&eacute;s o italiano o americano, el mundo lo hubiese conocido. Como portugu&eacute;s, con esa modestia portuguesa, este gran fil&oacute;sofo apenas traducido en ingl&eacute;s en franc&eacute;s un poco m&aacute;s, pero bueno, merece ser m&aacute;s conocido.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="left">&nbsp;</p>
<p class="LO-normal"><strong>Un paseo con Alberto Manguel por la lectura, la inteligencia artificial y la correcci&oacute;n pol&iacute;tica, hasta Dante, la literatura portuguesa y su nueva Atl&aacute;ntida</strong><strong></strong></p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 06 Nov 2023 05:59:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mercedes Monmany: “La corrupción mental se instala, deprime los valores y cuesta desprenderse de ella”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/mercedes-monmany-la-corrupcion-mental-se-instala-deprime-los-valores-y-cuesta-desprenders-de-ella/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2023/MERCEDES_MONMANY_3.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>MERCEDES MONMANY: &ldquo;LA CORRUPCI&Oacute;N MENTAL SE INSTALA, DEFORMA LOS VALORES Y CUESTA DESPRENDERSE DE ELLA&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La historia desagua en la enciclopedia y la cr&iacute;tica, en el ensayo. Estos son los centros que dominan la actividad literaria de Mercedes Monmany. Si Gombrowicz logr&oacute; un <em>Curso de filosof&iacute;a en seis horas y cuarto</em> en ciento cincuenta p&aacute;ginas, lo que sigue bien podr&iacute;a considerarse un seminario de literatura contempor&aacute;nea. Milan Kundera, fallecido hace unas jornadas, ser&aacute; la gu&iacute;a de esta conversaci&oacute;n. &Eacute;l ha sido un pilar en las lecturas de nuestra entrevistada, junto a los exyugoslavos Danilo Ki&scaron; e Ivo Andrić y a los checos Bohumil Hrabal y V&aacute;clav Havel, menos conocido como dramaturgo que en su faceta pol&iacute;tica. Monmany se reconoce parte de una generaci&oacute;n que, en la universidad, ley&oacute; el <em>Cuarteto de Alejandr&iacute;a</em>, de Durrell, al mismo tiempo que <em>La broma</em> y <em>La vida est&aacute; en otra parte</em>, de Kundera. &ldquo;Estos autores nos sirvieron a muchos j&oacute;venes de la Europa occidental -y de Espa&ntilde;a, en concreto- para conocer las dictaduras de la Europa Central y del Este. Eran la otra cara de la nuestra, pero muy desconocidas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Y apoyadas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Incluso. Y mire que tuvimos oportunidades para despertar: los h&uacute;ngaros tuvieron su revoluci&oacute;n fracasada en el 56. Los checos, la Primavera en el 68. Y en julio del 80, los polacos empezaron las revueltas de Gdańsk, lideradas por Lech Wałęsa. Todo esto era muy poco atendido. Durante mucho tiempo, las izquierdas occidentales no quisieron ver el sufrimiento europeo. Se supone que, en esos pa&iacute;ses, los dirigentes apoyaban la lucha contra Franco, o que combat&iacute;an las dictaduras de derechas -Salazar-, y con eso bastaba. Al dolor que sufr&iacute;an los opositores al comunismo se le quitaba importancia. Hab&iacute;a que estarlo ah&iacute; padeciendo en el d&iacute;a a d&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Kundera analiz&oacute; la impregnaci&oacute;n del pensamiento totalitario en la vida cotidiana.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -En la vida social, s&iacute;. Tambi&eacute;n Czesław Miłosz, en <em>El pensamiento cautivo</em>. Las ideas llegaban a ocupar todas las capas del arte, lo sabemos tambi&eacute;n por los procesos del realismo socialista ruso. La libertad se alcanza en el arte a la vez que en la pol&iacute;tica. No quiero jugar a visionaria y decir que no volver&aacute; a salir alguien con su energ&iacute;a, pero para m&iacute; Kundera ha sido insustituible.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me interesa el an&aacute;lisis del arte en las sociedades libres y en las totalitarias&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Acaba de referir grandes nombres con el Nobel -Andrić, Miłosz...-. Kundera se va sin &eacute;l.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Deber&iacute;an hab&eacute;rselo concedido. Es una tara que padecemos. Un galard&oacute;n m&aacute;s o menos no aporta especial significado, pero es un reconocimiento que merec&iacute;a. Al final, estas literaturas no reciben la atenci&oacute;n que merecen, a pesar de que no han faltado miradas cosmopolitas. Susan Sontag tiene unos ensayos buen&iacute;simos sobre Danilo Ki&scaron;, el James Joyce de la Europa Central. Yo siempre he buscado estos vig&iacute;as culturales que, adem&aacute;s de fabricar buenas obras de creaci&oacute;n, han dejado huella en la teor&iacute;a de la novela, as&iacute; como en algo que me interesa: en el an&aacute;lisis del arte en las sociedades libres y en las totalitarias. La obra Adam Zagajewski [de quien fue amiga] refleja el mundo oscuro de la persecuci&oacute;n al disidente, de la paranoia de los delatores.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Kundera fue acusado, en 2008 y 2009, de delator o, al menos, de colaboracionista,.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -... de delator, s&iacute;. Durante un tiempo lo castigaron porque se expandi&oacute; el rumor que, de joven, hab&iacute;a participado en delaciones.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Qu&eacute; cr&eacute;dito le merece? G&uuml;nter Grass, al final de su vida, sin que nadie le preguntara, confes&oacute; una pertenencia muy antigua a las SS.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Son operaciones. Cuando un genio cobra respeto y alcance internacional, a menudo hay alguien que saca lo que sea. Lo hicieron con Kapuściński, de quien todos conocemos sus cr&oacute;nicas, sus viajes. &iquest;Que ten&iacute;a tratos con el r&eacute;gimen porque, en caso contrario, no habr&iacute;a podido viajar?... En estos reg&iacute;menes todo era tan difuso... y los calumniadores no descansan. Le&iacute; con pasi&oacute;n las novelas de Kundera y, despu&eacute;s, con deslumbramiento sus ensayos: <em>El arte de la novela</em>, <em>Los testamentos traicionados</em>&hellip; su teatro, <em>Jacques y su amo</em>. Su pensamiento cultural gira alrededor de la pol&iacute;tica tanto como del arte. Eso s&iacute;, perteneci&oacute; al Partido Comunista en su juventud.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Como tantos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iexcl;Pero tantos! Recuerdo que, con veintipico a&ntilde;os, conoc&iacute; a unos cuantos intelectuales polacos. Estaban el croata Predrag Matvejevic, el polaco Adam Michnik&hellip; y coment&eacute; que me gustaba Kazimierz Brandys, que hab&iacute;a publicado en Anagrama, y a&ntilde;ad&iacute; ingenuamente: &ldquo;Bueno, creo que perteneci&oacute; al Partido Comunista&rdquo;. Hicieron un gesto, alargando el brazo, como quitando importancia al hecho, como diciendo &lsquo;qui&eacute;n no ha pertenecido&rsquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Szymborska dedic&oacute; poemas a Stalin.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - [ahora es Monmany la que reproduce el gesto con el brazo] Ella tiene un comienzo muy ortodoxo. Eran j&oacute;venes que hab&iacute;an soportado la larga posguerra europea. Se met&iacute;an en partidos muy potentes y luego se apartaban... &Eacute;se era el proceso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Lo que importa es la obra&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Era un mundo bipolar. Entonces, a&ntilde;os 30, 40, 50, no s&eacute; si cab&iacute;a ser antifascista sin ser comunista.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - De eso quiero hablar justamente en mi pr&oacute;ximo libro: c&oacute;mo muchos j&oacute;venes quedaban absorbidos por ideolog&iacute;as ante las que ahora nos llevamos las manos a la cabeza. Lo hac&iacute;an con tal de formar parte de la resistencia al fascismo. Lo importante es que la gente v&aacute;lida se acababa separando. La propia Szymborska, el propio Kundera...</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &hellip; Miłosz.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -&nbsp; Al pobre Miłosz le calumnian, como &eacute;l dec&iacute;a, por todos lados. Se fue a Estados Unidos, volvi&eacute;ndose un blanco muy generador de odios. Al igual que en otros casos, le llega el triunfo y le sacan de todo. Fue la misma &eacute;poca en que atacaron a Kapuściński, vuelvo a &eacute;l, con una biograf&iacute;a vergonzosa, llena de miserias, asuntos de mujeres...</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - ... sensacionalista...</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &hellip; retrospectivamente amarillista. Una cosa es que sigas tocando la misma tecla ideol&oacute;gica, sin un <em>mea culpa</em>. Pero estamos hablando de personas a las que les avala una obra. &iexcl;La obra de Kundera es profundamente antitotalitaria! O era bipolar y ment&iacute;a... [con retint&iacute;n] A m&iacute; lo que me interesa de Szymborska son sus escritos, su conciencia profundamente contraria a cualquier r&eacute;gimen represivo. Lo que importa es la obra.</p>
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<p><strong>&ldquo;Me sigue pareciendo inconcebible que, en determinados pa&iacute;ses, no hayan gozado en d&eacute;cadas de un sistema democr&aacute;tico&rdquo;</strong></p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;La liberaci&oacute;n de Europa pierde encanto si pensamos que, detr&aacute;s, estaba la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica? Era un &lsquo;qu&iacute;tate t&uacute; para ponerme yo&rsquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - La pol&iacute;tica de los grandes bloques llev&oacute; a eso. &iquest;Que unos sustituyen a los otros? Pues s&iacute;. Por eso me resulta una obligaci&oacute;n insistir en la crueldad hist&oacute;rica a que se refiere. En el sadismo inmenso que han recibido estos pa&iacute;ses. Echan a los nazis, con lo que ello significa -muertos, internamientos en campos, sufrimiento colectivo&hellip;- y, al d&iacute;a siguiente, los sovi&eacute;ticos. En Espa&ntilde;a, les digo a mis amigos extranjeros, pasamos una Guerra Civil, pero no participamos en ninguna guerra mundial. Y hubo dos. Tampoco padecimos una invasi&oacute;n sovi&eacute;tica ni conocimos los campos nazis.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ni hubo persecuci&oacute;n de jud&iacute;os.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - La persecuci&oacute;n de jud&iacute;os fue muy ambigua, muy &lsquo;de palabra&rsquo;. Apelar a la &lsquo;confabulaci&oacute;n judeomas&oacute;nica&rsquo;. Nada m&aacute;s. Sabemos por el embajador de Budapest, &Aacute;ngel Sanz-Briz, y por otros que, encubierto, exist&iacute;a un acuerdo con los sefard&iacute;es. Pasaba el mayor n&uacute;mero de jud&iacute;os por nuestras fronteras para luego, desde Portugal, embarcar hacia Am&eacute;rica e Israel.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s pa&iacute;ses no albergaron campos?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Adem&aacute;s del nuestro, Suiza e Inglaterra. Los hubo hasta en el norte de Italia: Claudio Magris escribi&oacute; sobre los de Trieste. El proceso fue traum&aacute;tico. Stalin dividi&oacute; en dos a Europa y nadie se atrevi&oacute; a enfrentarse.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ni a &eacute;l ni al resto de dictaduras.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Efectivamente. Nadie vino a salvarnos. Cuando las dictaduras se implantaban, se las dejaba continuar. No vinieron aviones estadounidenses a bombardear el Pardo. Hab&iacute;a una Guerra Fr&iacute;a y los reg&iacute;menes quedaban intactos. S&eacute; que muchas veces tocaba una dictadura o la otra, pero me sigue pareciendo inconcebible que, en determinados pa&iacute;ses, no hayan gozado en d&eacute;cadas de un sistema democr&aacute;tico.</p>
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<p><strong>&ldquo;Hungr&iacute;a y Polonia son democracias vigiladas&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ahora se dice que los de Hungr&iacute;a y Polonia incluyen tendencias autoritarias.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Tiene que ver, supongo, con el modo en que los habitantes se han criado. Hasta cierto punto, en alguna cosa, imitan a quienes expulsaron. Son democracias vigiladas. La Uni&oacute;n Europea emite sanciones. Es un proceso colectivo que merece estudio. No quieres tiran&iacute;a y luego manifiestas cierta inclinaci&oacute;n. Lo analiz&oacute; Miłosz: la corrupci&oacute;n mental se instala, motivando una especie de deformaci&oacute;n en los valores. Cuesta desprenderse de ella.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De la pulsi&oacute;n europe&iacute;sta de Monmany naci&oacute; <em>Por</em><em> las fronteras de Europa</em> (2015), un total de 320 autores que van de los pa&iacute;ses n&oacute;rdicos a la literatura turca. El libro, prologado por Claudio Magris, contempla a Israel. &ldquo;Es una tierra de emigrantes europeos. Israel se construye a partir de Europa y de la tragedia de la Shoah&rdquo;. Se quedaron fuera dos temas, que dominaron las siguientes entregas: la Shoah y los exilios, en <em>Ya sabes que volver&eacute;</em> (2017) y en <em>Sin tiempo para el adi&oacute;s</em> (2021). En el primero, en vez de registrar nombres, una tarea infinita, se fij&oacute; en el posicionamiento de los intelectuales. Parti&oacute; del ensayo de Jean Am&eacute;ry <em>M&aacute;s all&aacute; de la culpa y la expiaci&oacute;n</em> -<em>Intellettuale a Auschwitz</em>-. El tema segu&iacute;a siendo demasiado amplio, as&iacute; que escribi&oacute; un nutritivo pr&oacute;logo de medio centenar de p&aacute;ginas y se centr&oacute; en tres figuras: Gertrud Kolmar, prima de Walter Benjamin, Ir&egrave;ne N&eacute;mirovsky y Etty Hillesum, que recomienda a cualquiera. &ldquo;Una excelente diarista. Me cambi&oacute; la vida&rdquo;. Murieron a los 29, 39 y 49 a&ntilde;os. &ldquo;Con cada una, asesinan una obra, l&oacute;gicamente, no s&oacute;lo a una persona&rdquo;. En el diccionario europeo queda una parte en blanco -o una parte negra, seg&uacute;n se mire-: los escritores adolescentes a los que mataron. Monmany cree que muchos podr&iacute;an haber sido figuras. En este apartado se encuentran, por citar s&oacute;lo cinco: Ana Frank, H&eacute;l&egrave;ne Berr -muerta a los 23-, &Eacute;va Heyman -a los 13-, Petr Ginz -a los 16- y, aunque m&aacute;s mayor, la misma Etty Hillesum, &ldquo;lectora apasionada de Rilke y de San Agust&iacute;n&rdquo;. El segundo libro est&aacute; dedicado a las expatriaciones generadas por las dictaduras, de los dos signos. &ldquo;Muchos mueren exiliados: S&aacute;ndor M&aacute;rai se pega un tiro un mes antes de la ca&iacute;da del muro, en su soledad de San Diego, Estados Unidos&rdquo;. Su &uacute;ltimo libro hasta la fecha <em>Del Drina al V&iacute;stula</em> (2023), de alguna manera, tiene algo que ver: recoge lecturas de treinta escritores centroeuropeos que encarnan el acoso y derribo del nazismo y, m&aacute;s todav&iacute;a, del comunismo. Todos, resulta espectacular, todos los autores, fueron perseguidos y/o censurados: Adam Zagajewski, Zbigniew Herbert, Wislawa Szymborska, J&oacute;sef Czapski, Mircea Cărtărescu, Ana Blandiana, Gabriela Adamesteanu y Tatiana Tibulec, por dejar la n&oacute;mina en cuatro polacos y en cuatro rumanos. Daba igual la sensibilidad social de cada uno. Dedicarse al pensamiento y la creaci&oacute;n parec&iacute;a sin&oacute;nimo de quedar marcado. Es la continuaci&oacute;n de casos rese&ntilde;ados en <em>Ya sabes que volver&eacute;</em>: Robert Margolius, superviviente de los campos y ejecutado en las purgas estalinistas en Checoslovaquia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No faltan en sus libros pasajes en los que le resulta inevitable citar autores con una trayectoria vital, digamos, mejorable. &iquest;Deber&iacute;amos separar definitivamente autor de obra?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Yo creo que s&iacute;. Por repugnante que sea la vida que ha llevado la persona: de la ferocidad antisemita de C&eacute;line se sorprend&iacute;an los propios nazis. Acud&iacute;a a una exposici&oacute;n de Arte Degenerado y, a la salida, se quejaba de que faltaba agresividad en las propuestas. Pero luego se demuestra un escritor admirable. Es algo diab&oacute;lico. M&aacute;s colaboracionistas menos conocidos internacionalmente: Drieu La Rochelle...</p>
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<p><strong>&ldquo;El nacionalismo no me gusta en ning&uacute;n aspecto&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Qu&eacute; pasa con Ernst J&uuml;nger?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Me he le&iacute;do sus diarios y no encuentro afirmaciones contra los jud&iacute;os ni rasgos de antisemitismo. Sin embargo&hellip; era un militar alem&aacute;n. Es decir, estaba escribiendo una gran obra al tiempo que <em>invadiendo </em>Europa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No olvidemos a los que rectifican&hellip;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -&hellip; que se vuelven respetables: Cioran pidi&oacute; perd&oacute;n por haber sido fascista. En alg&uacute;n momento lo dice: &ldquo;Errores de juventud&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Pound se a&iacute;sla.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Se hace el loco y se a&iacute;sla. Mircea Eliade jam&aacute;s pide perd&oacute;n. Es duro. Una vez, en un caf&eacute;, me atendi&oacute; un rumano que parec&iacute;a culto -el nivel cultural de Ruman&iacute;a es alto-. Pero no es lo mismo ser que parecer: le coment&eacute; que me gustaba su pa&iacute;s, que lo hab&iacute;a visitado varias veces y que me cautivaban sus escritores. No s&eacute; por qu&eacute;, me sali&oacute; que acababa de escribir sobre Mihail Sebastian. &ldquo;&iexcl;Ah, fue usted! La que dijo que los rumanos somos antisemitas&rdquo;. Dios m&iacute;o, yo jam&aacute;s he dicho eso, pero s&oacute;lo con que aludas a uno... El nacionalismo no me gusta en ning&uacute;n aspecto.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;C&oacute;mo sigui&oacute; la discusi&oacute;n?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Bueno, le aconsej&eacute; disfrutar de sus grandes escritores al mismo tiempo que reconocer el aspecto biogr&aacute;fico de cada uno. Es como si un franc&eacute;s se ofende porque digo que la actitud moral de C&eacute;line, grand&iacute;simo escritor, me parece repugnante. Espero que no. Si es una persona culta, no deber&iacute;a. Aquel camarero no sab&iacute;a deslindar.</p>
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<p><strong>&ldquo;Lo ideal es que el periodista cumpla unas reglas &eacute;ticas b&aacute;sicas&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - De Kapuściński se ha citado mucho aquello de &lsquo;Un buen periodista tiene que ser una buena persona&rsquo;. &iquest;Esa frase no ha hecho mal a la profesi&oacute;n? El periodista igual tiene que ser honesto, simplemente; y luego, como persona, lo que quiera o pueda.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Sin ser periodista, he frecuentado las redacciones desde los 21 a&ntilde;os y creo que esa enunciaci&oacute;n pertenece, nada m&aacute;s, a las llamadas &lsquo;frases de titular&rsquo;. Quiero entender a qu&eacute; se refiere: no hay que ser, blablabl&aacute;, ya sabe la lista de pecados: manipulador, mentiroso, malintencionado&hellip; Imagino que lo sintetiz&oacute; de ese modo y ahora le persigue.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Un tanto naif.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - S&iacute;, lo ideal es que el periodista cumpla unas reglas &eacute;ticas b&aacute;sicas. La deontolog&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - O sea, que sea buen periodista -no buena persona-.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -El problema del periodismo es que, igual que la literatura, es una <em>profesi&oacute;n</em> basada en la palabra. Se me ocurre. Un ingeniero puede ser un desgraciado y hacer buenos puentes. Un arquitecto puede ser un fan&aacute;tico y levantar edificios bellos. Nosotros trabajamos con la palabra, y la palabra va muy ligada a la persona. Seguramente, &eacute;l se refer&iacute;a a los intelectuales. Utiliz&oacute; el t&eacute;rmino <em>periodista</em>, pero se refer&iacute;a a ellos, ese n&uacute;cleo que, si no est&aacute; en una conferencia, anda escribiendo un art&iacute;culo o dando clase en una universidad. Son oficios que tienen que ver con la divulgaci&oacute;n, con la construcci&oacute;n de la memoria, con el humanismo. No son profesiones t&eacute;cnicas.</p>
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<p><strong>&ldquo;Debemos conservar una br&uacute;jula que nos indique d&oacute;nde est&aacute; el bien y d&oacute;nde est&aacute; el mal&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - El relativismo ha hecho mella en todas las &aacute;reas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Yo dir&iacute;a que nos hemos liberado de las religiones, pero debemos conservar una br&uacute;jula que nos indique d&oacute;nde est&aacute; el bien y d&oacute;nde est&aacute; el mal. Hablo de profesiones sensibles: periodista, profesor, historiador.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Hay historiadores negacionistas. Pocos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Pues a esos s&iacute; se les podr&iacute;a decir, uno a uno: &ldquo;Usted, aparte de mal historiador, es un mentiroso, lo que equivale a una mala persona, porque los campos nazis est&aacute;n perfectamente documentados. Hay fotos, archivos de variado tipo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Antes ha citado la Shoah. A veces salpica los libros de referencias cinematogr&aacute;ficas. Qu&eacute; documental prefiere: &iquest;el de Lanzmann o el de Resnais, <em>Noche y niebla</em>, m&aacute;s est&eacute;tico?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Como cin&eacute;fila, siempre me quedar&iacute;a con Alan Resnais. El documental de Lanzmann tiene el valor de la entrevista, una joya dentro del campo documental. Siempre se tendr&aacute; que estudiar. El de Resnais, m&aacute;s est&eacute;tico, como usted dice, no me parece menos profundo. Y en cuanto a la ficci&oacute;n de los hechos, igual me quedar&iacute;a con <em>Au revoir les enfants</em>, de Louis Malle, sobre su infancia. Los ni&ntilde;os en las escuelas. La versi&oacute;n de la historia estadounidense es <em>La lista de Schindler</em>, de Spielberg. Est&aacute; bien hecha.</p>
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<p><strong>&ldquo;Del cine me fijo en lo mismo que en la literatura: el caudal informativo que ofrece de la historia de los pa&iacute;ses&rdquo;</strong></p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -&nbsp; Para usted el cine parece casi tan importante como la literatura.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Sin el casi. Creo en las dos artes. Desde adolescente. Del cine me fijo en lo mismo que en la literatura: el caudal informativo que ofrece de la historia de los pa&iacute;ses. Visconti, lo mismo en <em>El gatopardo</em> que en <em>Senso</em>, te habla de la Italia del Risorgimento, de la liberaci&oacute;n, de la lucha contra los austriacos. Podr&iacute;a haber sido cr&iacute;tica cinematogr&aacute;fica, pero escog&iacute; los libros. Es el mismo aprendizaje: en <em>Guerra y paz</em>, de Tolst&oacute;i, est&aacute; la historia rusa; en <em>Las ilusiones perdidas</em>, de Balzac, te acercas a las costumbres de Francia en la primera mitad del XIX, visualizas el ascenso de la burgues&iacute;a, la avidez de los periodistas, que viv&iacute;an una &eacute;poca dorada... Siempre tengo una novela en una mano y en la otra, un libro de historia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;No sale de esos g&eacute;neros?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Por supuesto, visito la poes&iacute;a y la filosof&iacute;a. Pero me tira la historia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ahora se publica mucha.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Tanto de espa&ntilde;oles como traducciones.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Alg&uacute;n autor especialmente de su gusto?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Apreciaba a Tony Judt. &Eacute;l analiz&oacute; las dos Europas. Se sent&iacute;a culpable. Dec&iacute;a: &ldquo;Estuve en Mayo del 68 y me he dado cuenta de que guerre&aacute;bamos idealmente, dentro de sociedades libres. Ignor&aacute;bamos que en Praga luchaban contra tanques&rdquo;. &Eacute;l admit&iacute;a el yerro de su generaci&oacute;n: &ldquo;Fuimos una sociedad mimada, del bienestar. &Eacute;ramos j&oacute;venes y hac&iacute;amos revueltas contra estados democr&aacute;ticos&rdquo;. En Par&iacute;s no se encarcelaba&hellip; en Hungr&iacute;a s&iacute;. Y se mataba.</p>
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<p><strong>&ldquo;Los franceses son buenos haciendo revoluciones y luego buscando respuestas&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - El pensamiento franc&eacute;s ha realizado contrici&oacute;n: Bernard-Henri L&eacute;vy, Glucksmann, no s&eacute; hasta qu&eacute; punto Lipovetsky&hellip;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - S&iacute;. Los franceses son buenos haciendo revoluciones y luego buscando respuestas. Hay varios intelectuales franceses importantes en mi vida. Los tres que ha citado son capaces de reconocer errores y rectificar por escrito. Alain Finkielkraut es a quien m&aacute;s admiro. Fue muy claro. No temi&oacute; ser acusado de antiprogresista. Admirable. Gente valiente en el an&aacute;lisis. En otros pa&iacute;ses son m&aacute;s hip&oacute;critas y eluden afrontar temas delicados, por temor a ser tachados de antiizquierdistas, o incluso de racistas cuando se invoca la tiran&iacute;a isl&aacute;mica.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Contrasta el testimonio de Mircea Cărtărescu, volcado en <em>Del Drina al V&iacute;stula</em>, con el de cierta <em>intelligentsia</em> espa&ntilde;ola. Ignacio Ramonet, al comienzo de <em>La tiran&iacute;a de la comunicaci&oacute;n</em>, intenta exculpar al gobierno de aquella Ruman&iacute;a de 1989, en descomposici&oacute;n. En <em>El ala derecha</em>, Cărtărescu dice: &ldquo;Ni los cerdos, comer&iacute;an lo que ellos han hecho con este pa&iacute;s&rdquo;. Cuarenta mil muertos en Timisoara. A pesar de Ramonet.</p>
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<p><strong>&ldquo;Liberal es cualquier persona que ame la libertad y el conocimiento, que no se case con una tendencia&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - En varios momentos de su obra cita a otro franc&eacute;s: Albert Camus. En el cap&iacute;tulo &lsquo;Katyn en la memoria&rsquo; -<em>Del Drina al V&iacute;stula</em>-, dedicado a J&oacute;zef Czapski, cuenta c&oacute;mo luch&oacute; &ldquo;a brazo partido&rdquo; por difundir su <em>En tierra inhumana</em>, que usted equipara al <em>Archipi&eacute;lago Gulag</em>. Algunos autores, afirma, corrieron un velo. Esto viene a ser una constante. Sartre viaj&oacute; a China, vio los <em>triunfos</em> de la Revoluci&oacute;n Cultural y sigui&oacute; en sus trece.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Muchos siguieron siendo mao&iacute;stas, no s&oacute;lo &eacute;l. Los liberales eran mirados entonces &ndash;y en Espa&ntilde;a hasta hace poco- de forma sospechosa. No digamos desde la ortodoxia comunista. Para Sartre y su esposa eran lo peor. Liberal ser&iacute;a Chaves Nogales. Liberal es cualquier persona que est&eacute; por encima de las ideolog&iacute;as y, por supuesto, de los totalitarismos. Esto es, que ame la libertad y el conocimiento, que no se case con una tendencia. Isaiah Berlin. Por supuesto, Albert Camus, en aquellos momentos, el perdedor. Pocos reconoc&iacute;an estarse equivocando. Pocos admit&iacute;an que lo principal era la libertad, la libertad individual, el hombre; y ah&iacute; est&aacute; <em>El hombre rebelde</em>. Los poderes f&aacute;cticos los detentaba la ideolog&iacute;a comunista.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Siempre m&aacute;s permitida que la fascista.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Pues s&iacute;, a&uacute;n hoy. Entonces, la sociedad estaba instalada en la paranoia. Queda algo de eso. La suerte es que el menos atendido ayer es el m&aacute;s reivindicado hoy: &iquest;qui&eacute;n habla de Sartre actualmente? Cualquier escritor europeo joven citar&aacute; a Camus. Ni siquiera a Ortega y Gasset. Camus defendi&oacute;, en un momento dif&iacute;cil, el derecho a ir a contracorriente. Y lo hizo cuando por todos los lados se o&iacute;a que Mao era una bendici&oacute;n. Siempre me ha gustado la gente que va contra las mareas de la historia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - En Italia fue imposible publicar <em>Un mundo aparte</em>, de Gustaw Herling-Grudziński, sobre los gulags, despu&eacute;s de cuarenta a&ntilde;os exiliado en N&aacute;poles, donde era un desconocido. Todo, debido al peso de una izquierda pagada de s&iacute;, y al poderoso PCI.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Siempre ha existido una izquierda muy r&iacute;gida. Yo hablo del martirologio de algunos libros hasta entrar en imprenta, d&eacute;cadas despu&eacute;s de ser escritos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Y publicados con sordina.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - S&iacute;, pocos conocen la inmensa documentaci&oacute;n que existe del siglo XX. Llegan a Solzhenitsyn. El libro de Herling, y eso que era socialista, aunque no autoritario, se public&oacute; en el 51 en Inglaterra; en su Polonia natal no vio la luz hasta 1983.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Camus medi&oacute; ante Gallimard para publicarlo, sin suerte. De nuevo, pes&oacute; m&aacute;s la influencia de Sartre.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Y de Louis Aragon. El dogmatismo recorri&oacute; todo el siglo. Herling lament&oacute; en sus memorias la poca gente que estaba dispuesta a conocer. Y esta ignorancia se hereda&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Cuando un escritor destaca hay que estar dispuesto a leerlo en todos los niveles narrativos&rdquo;</strong></p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Las grandes ideolog&iacute;as se han visto frenadas por la posmodernidad. Cărtărescu, retratista de los a&ntilde;os de plomo de Ceau&ccedil;escu, ha estudiado este fen&oacute;meno en el arte y lo ha llevado a cabo. Acu&ntilde;&oacute; el <em>textualismo</em>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Todos son movimientos. Antes, el Nouveau Roman, igual de rompedor, y el experimentalismo. Cuando yo era muy joven, viv&iacute; el imperio de Tel Quel, del 60 al 82, con Julia Kristeva, con Philippe Sollers&hellip;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - El experimentalismo duro.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Le&iacute;as y no ten&iacute;as por qu&eacute; entender demasiado. Luego llegaron el rescate del realismo balzaquiano de Jonathan Franzen... y el posmodernismo, del que un buen ejemplo es Cărtărescu. Yo creo que &eacute;l es un gran escritor, hay que quedarse ah&iacute;. Las etiquetas no me entusiasman. Le he le&iacute;do textos realistas, indudablemente buenos, traducido por Marian Ochoa de Eribe, en Impedimenta, y tambi&eacute;n me gusta cuando escribe de forma no lineal, barroca, mezclando &eacute;pocas... parecido a Lobo Antunes.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - En <em>Del Drina al V&iacute;stula</em>, le sit&uacute;a en la frontera de Pynchon y de William Gadis. &iquest;Qu&eacute; herencia pesa en &eacute;l?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - La de William Faulkner, la de C&eacute;line, la de Thomas Bernhard, la de Peter Handke...; por descontado, la de Kafka y la de Joyce. La de todos en los que no hay una l&iacute;nea realista exacta. Todos, admirables. Reitero que me dan igual las etiquetas. La importancia del posmodernismo fue romper con el costumbrismo can&oacute;nico y con el experimentalismo fuerte de los 70. Al final, los que valen son los autores.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Otro fallecimiento reciente ha sido el de Martin Amis. Su escritura es m&aacute;s aposentada.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Es una muerte que me ha afectado. Qu&eacute; categor&iacute;a tan inmensa la suya. Califica su escritura como m&aacute;s aposentada, y es cierto, pero su &uacute;ltimo libro [<em>Desde dentro</em>] podr&iacute;a ser posmoderno. Introduce la autobiograf&iacute;a, dialoga con personajes clave en su vida, incluye p&aacute;ginas centradas en el ensayismo y en el pensamiento sobre lo contempor&aacute;neo, mezcla sistemas narrativos&hellip; Responde a una l&iacute;nea cultivada con brillantez por Julian Barnes y Coetzee. Hay que estar abierto. Cuando un escritor destaca hay que estar dispuesto a leerlo en todos los niveles narrativos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Apoyando su tesis, los que m&aacute;s alto han llegado estaban fuera de etiqueta. Usted dice que los tres autores de novela total, en el XX, son Joyce, Proust y Musil.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Bueno, Joyce es el experimentalismo&hellip; Yo dir&iacute;a que son los mejores renovadores del arte de la novela. Esto lo explica muy bien Kundera.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - En <em>El tel&oacute;n</em> refiere varias veces el <em>Quijote</em> como el principio de la renovaci&oacute;n, claro.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Libro que<em> </em>hoy ser&iacute;a posmoderno. La novela es un g&eacute;nero en continua modificaci&oacute;n, completamente abierto. Desde Cervantes y desde Sterne, con <em>Tristram Shandy</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Kafka es un planeta aut&oacute;nomo&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -&iquest;No consider&oacute; a Kafka?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Perfectamente podr&iacute;a sacar un elemento de la triada y meterle a &eacute;l. O hablar de cuatro. Kafka es un planeta aut&oacute;nomo. Hablamos antes de las fuentes de Cărtărescu, que son las de Lobo. &iquest;Cu&aacute;les son las fuentes de Kafka?: &iquest;el misticismo, el simbolismo...? &Eacute;l es su propio universo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Se cumple eso de que los grandes abren caminos que cierran ellos mismos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Es que resulta imposible la imitaci&oacute;n. Por mucho que digan &lsquo;tiene la herencia de Joyce&rsquo;, o &lsquo;su tono es kafkiano&rsquo;... Puede haber alg&uacute;n gui&ntilde;o, no te puedes subir a ellos. Son autores que dejan el adjetivo: <em>kafkiano</em> -cuando se confronta la realidad con su absurdo-, <em>proustiano</em> -cuando hay largos p&aacute;rrafos en torno a la memoria y sale el mon&oacute;logo interior-.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;No es un t&oacute;pico: la cultura va unida a la ebullici&oacute;n de la libertad&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ha citado a Bernhard y a Handke. Ellos mantuvieron una relaci&oacute;n tensa con Austria. Tambi&eacute;n Robert Musil. En el cine se me ocurre Haneke. &iquest;Austria es tan madrastra como la pintan?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Qu&eacute; Austria? Porque yo soy seguidora del Imperio Austroh&uacute;ngaro&hellip;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Tan reivindicado por Kundera. La modernidad de Europa termin&oacute; ah&iacute;, dice.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Muy reivindicado. Y por Joseph Roth, otro de mis autores fetiche. Con todas sus imperfecciones, la riqueza cultural del Imperio es evidente. Kundera siente nostalgia porque sabe que ah&iacute; se acaba todo. Despu&eacute;s vienen los nazis, pocas bromas. Era una naci&oacute;n de naciones, t&eacute;rmino ahora de moda [enarca una ceja], cada una con su lengua y su particularismo. No era un modelo perfecto, hab&iacute;a luchas internas, pero era un caparaz&oacute;n protector hasta para los jud&iacute;os. Cuando el Imperio cae, empiezan las persecuciones. La Austria previa es la <em>Felix Austria</em>, la Austria Feliz, llena de arquitectos, de m&uacute;sicos&hellip; No es un t&oacute;pico: la cultura va unida a la ebullici&oacute;n de la libertad. Con el totalitarismo, las obras se van al caj&oacute;n &ndash;Bulg&aacute;kov se desespera porque no puede publicar-. Pero el 98% de los austriacos vot&oacute; a favor de la anexi&oacute;n con la Alemania nazi. Ah&iacute; llega esa Austria inc&oacute;moda para los autores que ha citado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Acaba de asociar cultura y libertad. Cărtărescu dijo que los poetas son mejores cuando tienen un adversario y Handke admite escribir desde la c&oacute;lera.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Un enemigo da fuerzas. Motiva. Escribir contra algo tiene sentido. El Imperio Austroh&uacute;ngaro no representaba dificultades objetivas. No pierdo de vista que &eacute;stas llegaron con los nazis y con el comunismo; los totalitarismos son las obras perseguidas, los autores masacrados. La negrura.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cu&aacute;ntas veces hemos o&iacute;do asociar el franquismo al color gris. El mismo adjetivo es el que usa Adam Zagajewski para definir los a&ntilde;os del socialismo real. Las dos caras de la misma moneda, apuntadas al comienzo por Monmany.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;En cualquier &eacute;poca hay que rechazar la cancelaci&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No poder publicar, para un creador es m&aacute;s serio de lo que parece.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - En cualquier &eacute;poca hay que rechazar la cancelaci&oacute;n [vuelve a elevar una ceja]. En la de Stalin, el solo terror de que le encontraran algo impreso llev&oacute; a la mujer de &Oacute;sip Mandelshtam a aprenderse los poemas de memoria. Era su manera de conservarlos. Esto es brutal. La pel&iacute;cula<em> Fahrenheit 451</em>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Qu&eacute; pas&oacute;, pues, con el Imperio? &iquest;Estaba ensimismado?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Yo creo -igual escribo en extenso sobre ello alg&uacute;n d&iacute;a- que hay momentos de esplendor localizado. Ocurre en la cultura europea. Nadie sabe por qu&eacute;. Pensemos en la Italia de la segunda posguerra mundial, a&ntilde;os 50, 60, 70: tenemos a Pasolini, a Calvino, a Bassani, a Montale, a Quasimodo, a Rossellini, a Visconti, a Bertolucci, a Eco... Una vez, a un periodista italiano me sali&oacute; preguntarle, admirada: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo tuvisteis aquella riqueza?&rdquo;. Ahora son como nosotros. Espa&ntilde;oles, italianos, franceses... nuestra cultura est&aacute; igualada, con aciertos modestos y parecidos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ese &ldquo;esplendor localizado&rdquo; &iquest;surge en qu&eacute; circunstancia?, &iquest;sin motivo?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - S&iacute;, al margen de condicionantes. Si tuviera que resumir la idea, hablar&iacute;a de <em>contagio cultural</em>. Cuando las &eacute;pocas tienen, por lo que sea, un brillo especial, las artes se contagian. Todo es bueno. Hay vasos comunicantes y sensaci&oacute;n de infecci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -&iquest;Qu&eacute; eco tiene eso en las revistas? Antes cit&oacute; Tel Quel. Eran un veh&iacute;culo cultural de primer orden.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Un eco inmediato. Las revistas eran la continuaci&oacute;n de los libros. Buen&iacute;simas. Las devoro. Las revistas recogen est&eacute;tica y pensamiento. En las &eacute;pocas resplandecientes colaboraban todos. Volviendo a Italia: escrib&iacute;an Natalia Ginzburg, Elsa Morante... toda la gente que le digo, comprimida en treinta a&ntilde;os.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Una reuni&oacute;n de talento parecida a la del Imperio Austroh&uacute;ngaro.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - A eso voy. All&iacute;, en novela tenemos: Joseph Roth y Stefan Zweig...; en teatro: Arthur Schnitzler&hellip;; en arquitectura: Otto Wagner&hellip;; en m&uacute;sica: Strauss, Mahler... Podr&iacute;amos citar y citar.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Los momentos que menciona son de paz. Seguro que no f&aacute;ciles, pero de paz.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Mucha tensi&oacute;n imagino que no ser&aacute; buena. La libertad es importante. Francisco Jos&eacute; manten&iacute;a un equilibro muy fr&aacute;gil. Estamos hablando de una organizaci&oacute;n pol&iacute;tica imperial en la mitad de Europa. Ya lo advirti&oacute; Kundera: &ldquo;Las peque&ntilde;as naciones se cargan el imperio ignorando lo que viene despu&eacute;s&rdquo;. &Eacute;l lo expresa mejor. El Imperio ten&iacute;a que ver con la cultura m&aacute;s que con la pol&iacute;tica. Aunque va unido.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - En el pr&oacute;logo de su &uacute;ltimo libro lo cita.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - S&iacute;, le miento varias veces. Kundera atribuye al fracaso del Imperio un fracaso para Europa entera.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Italia, el Imperio&hellip; me habla de extensiones bastas, &iquest;tambi&eacute;n cabe la concentraci&oacute;n creativa en entornos peque&ntilde;os?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Irlanda es como un invernadero de escritores&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Vayamos a Irlanda. Una isla de cinco millones. La Comunidad de Madrid.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Seguramente Madrid sea mayor.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Pues f&iacute;jese, esa peque&ntilde;a naci&oacute;n tiene cuatro premios Nobel en el siglo XX: Beckett, Bernard Shaw, Yeats y Heaney. Sume a James Joyce, a Flann O&rsquo;Brien, a Edna O&rsquo;Brien, a John Banville... Es como un invernadero de escritores. O mi querida Sicilia, que tiene a Pirandello, a Lampedusa, a Brancati... Oiga, en Mallorca no hemos dado ning&uacute;n Nobel. Hablando de concentraci&oacute;n de talento y de libertad, en otro orden mucho m&aacute;s humilde, aqu&iacute; tuvimos un minicontagio en La Movida: Ceesepe, Almod&oacute;var, Gabinete... es un momento en que surge lo moderno. Todos estaban juntos o pasaban por los mismos lugares. Fuera tenemos correspondencia entre Sigmund Freud y Stefan Zweig, entre Stefan Zweig y Hermann Hesse...</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ahora todo se antoja m&aacute;s fr&iacute;o.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - E individualista. &iquest;Usted cree que estos autores necesitaban agentes literarios? Ahora todo es mecanizado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Antes mencionaba a S&aacute;ndor M&aacute;rai, peg&aacute;ndose un tiro antes de caer el muro. Stefan Zweig se suicida poco antes de que se desplome el nazismo. No parece una decisi&oacute;n juiciosa. &iquest;Estaba perturbado o deprimido...?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - La depresi&oacute;n est&aacute; ah&iacute;. Hace poco vi una pel&iacute;cula que trata de forma po&eacute;tica el suicidio: <em>El primer d&iacute;a de mi vida</em>, de otro italiano, Paolo Genovese, con Toni Servillo. Para que haya suicidio tiene que haber depresi&oacute;n. Es lo que usted indica: est&aacute; en Brasil, protegido, no hay bombardeos, pod&iacute;a haberse dedicado a escribir... pero le persegu&iacute;a una depresi&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ha citado varios premios Nobel. Echo en falta en sus libros a Herta M&uuml;ller.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No la introduzco en <em>Sin tiempo para el adi&oacute;s</em> porque no es una exiliada convencional&hellip; Le dedico protagonismo en <em>Por las fronteras de Europa</em>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Esperaba una entrada para ella en <em>Del Drina al V&iacute;stula</em>, como tiene Danilo Ki&scaron;, s&oacute;lo recuerdo dos menciones a ella, en los cap&iacute;tulos dedicados a Ana Blandiana y a Gabriela Adameșteanu. Pero entiendo que es porque ya ha estado atendida en otros lugares.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Exacto, yo no la infravaloro en absoluto. Al rev&eacute;s: me parece fundamental. La he conocido y mantenemos el trato. De hecho, uno de mis primeros <em>podcasts</em>, en la web de RTVE, en 2021, se lo dediqu&eacute;. Cuando aqu&iacute; era totalmente desconocida, me empe&ntilde;&eacute; en traerla a un ciclo en el C&iacute;rculo de Bellas Artes, en Madrid, a&ntilde;o 99.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - O sea, diez a&ntilde;os antes del Nobel.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Era minoritaria no, lo siguiente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Y a Espa&ntilde;a, &iquest;no le va tocando otro Nobel?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Claro que le va tocando. Fall&oacute; Mar&iacute;as. Era un premio clar&iacute;simo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Nos queda Vila-Matas. Tiene traducciones.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Much&iacute;simas, est&aacute; volcado a 37 lenguas. Eran los dos con oportunidad de serlo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me gustan los intelectuales provocadores, los fustigadores&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -&iquest;Por qu&eacute; Francia ha tenido tantos los &uacute;ltimos a&ntilde;os y a nosotros nos dejan esperando?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Esto ha sido tratado en el articulismo cultural. Los franceses son muy buenos promotores de lo suyo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Es que hasta el chino Gao Xingjian se hab&iacute;a nacionalizado franc&eacute;s antes de obtenerlo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -S&iacute; [r&iacute;e]. Francia es una m&aacute;quina de atracci&oacute;n. Es, de hecho, el pa&iacute;s que m&aacute;s premios Nobel tiene, por encima de Estados Unidos [14-10]. All&iacute; todos reman a favor. Hay que tomar nota. Los institutos franceses -parte de mi familia es francesa- son muy activos, es admirable. Nosotros, a pesar del elevado n&uacute;mero de lectores de nuestra lengua, no llamamos la atenci&oacute;n. Algo est&aacute; fallando. Le Cl&eacute;zio, Modiano, Annie Ernaux...</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -&iquest;Ah&iacute; bajaron un pelda&ntilde;o?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -S&iacute;, a m&iacute; tampoco me interesa... Pero hay una escritora esplendorosa actual a la que hay que seguir: Delphine de Vigan, paralela a Emmanuel Carr&egrave;re. Ambos me cautivan, son de lo que m&aacute;s me gusta.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -&iquest;Y Houellebecq?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Tambi&eacute;n. Me gustan los intelectuales provocadores, los fustigadores. Y escribe muy bien.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Se encuentra en un momento bajo, tal vez?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No s&eacute;, esperemos la pr&oacute;xima novela. Es un intelectual muy potente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - As&iacute; lo veo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - La gente que lo desprecia, de entrada, por ideolog&iacute;a... demuestra su carencia cultural... Yo soy muy <em>houellebecquiana</em>. Eso s&iacute;, no creo que se atrevan a concederle el Nobel, por su incorrecci&oacute;n. Pero lo merecer&iacute;a&hellip; &iquest;Y dice, entonces, que no ha le&iacute;do a&uacute;n a Delphine de Vigan?...</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En ese giro &uacute;ltimo, sus puntos suspensivos me parecen un punto final. Al menos, de la entrevista. Ella camina a ultimar un viaje: ma&ntilde;ana parte a Sicilia, Italia, para fallar el premio G. T. di Lampedusa, del que es jurado. Yo camino, hacia el metro, escuchando su <em>podcast</em> sobre Delphine de Vigan. Su programa se llama &ldquo;Por las Fronteras de Europa&rdquo;, igual que su libro. Despu&eacute;s, encargo por tel&eacute;fono dos libros de la francesa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La vitalidad de Mercedes Monmany se parece al optimismo o, por lo menos, linda con la alegr&iacute;a. Igual, despu&eacute;s de escribir sobre la parte m&aacute;s dura del siglo XX, s&oacute;lo cabe salir a la calle con una sonrisa, en leg&iacute;tima defensa. En <em>Ya sabes que volver&eacute;</em>, usa como frontispicio una cita de Etty Hillesum: &ldquo;(&hellip;) Y sin embargo, considero que esta vida es bella y est&aacute; llena de sentido&rdquo;. Parece un aserto contra las dudas del materialista Adorno. En <em>Del Drina al V&iacute;stula</em> nos informa de que su admirado Zagajewski intent&oacute;, a lo largo de toda su vida, &ldquo;hacer exactamente lo que dice su poema escrito tras el atentado de las Torres Gemelas: alabar un mundo que, a pesar de todo es sorprendentemente hermoso&rdquo;. Mercedes Monmany se escribe escribiendo de los dem&aacute;s. E irradia entusiasmo. Lo que es una prueba de vida tan v&aacute;lida como la detecci&oacute;n de las pulsaciones en la mu&ntilde;eca.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 06 Nov 2023 05:52:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Grandes autores protagonizan el número 148 de TURIA ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/grandes-autores-protagonizan-el-numero-148-de-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2023/TURIA_148_-_Portada_500_px_1.jpg" alt="" /></p>
<p>En primer lugar, y dentro de la secci&oacute;n que TURIA dedica a los estudios literarios, se analiza ampliamente la obra diar&iacute;stica del inolvidable escritor valenciano Rafael Chirbes. Fallecido en 2015, Chirbes ha sido uno de los escritores m&aacute;s queridos y le&iacute;dos en la historia de la revista. Buena prueba de ello es el atractivo monogr&aacute;fico, hoy agotado, que protagoniz&oacute; unos meses antes de su muerte. Fueron casi 200 p&aacute;ginas de material in&eacute;dito elaboradas por 16 autores que confirmaron que la literatura de Chirbes lo acreditaba como la voz de la verdad. Hoy, gracias a la publicaci&oacute;n p&oacute;stuma de sus diarios sigue obteniendo el aplauso mayoritario de la cr&iacute;tica y de los lectores. Y es que, al igual que ocurriera con el resto de su obra, en los diarios Chirbes contin&uacute;a incomodando a unos y a otros por su compromiso con la dignidad, por su nula complacencia con la frivolidad y por su disidencia ideol&oacute;gica.</p>
<p>Los buenos lectores tienen en este sumario especial de TURIA una cita con los mejores autores espa&ntilde;oles de narrativa y poes&iacute;a. La revista ha reunido a varios de sus colaboradores m&aacute;s prestigiosos y &eacute;stos ofrecen textos in&eacute;ditos para que la celebraci&oacute;n de estas cuatro d&eacute;cadas de la revista concite el inter&eacute;s de cuantos disfrutan del placer de la lectura. As&iacute;, en narrativa son nueve los escritores de renombre que ofrecen sus textos. Por orden alfab&eacute;tico son: Pilar Ad&oacute;n, Luis Mateo D&iacute;ez, Luis Landero, Sara Mesa, Sergio del Molino, Soledad Pu&eacute;rtolas, Enrique Vila-Matas y Manuel Vilas. Y, junto a los ya citados, tambi&eacute;n se encuentra un representante turolense: el escritor y profesor Antonio Castellote.&nbsp;</p>
<p>En poes&iacute;a el panorama no puede ser m&aacute;s plural y enriquecedor, con la participaci&oacute;n de veintid&oacute;s autores representantes de diversas est&eacute;ticas y generaciones, muchos de ellos poseedores de los premios literarios y culturales m&aacute;s relevantes. Por ejemplo, citaremos a Antonio Gamoneda, que obtuvo el Premio Cervantes en 2006 o a Yolanda Casta&ntilde;o, reciente ganadora del Premio Nacional de Poes&iacute;a de 2023; al igual que Pilar Ad&oacute;n, que acaba de obtener el Premio Nacional de Narrativa de 2023.&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>RAFAEL CHIRBES, UN DIARISTA SORPRENDENTE E INOLVIDABLE</strong>&nbsp;</p>
<p>En el clarificador art&iacute;culo que TURIA dedica a glosar la obra diar&iacute;stica de Rafael Chirbes, el profesor de la Universidad de Zaragoza Jos&eacute; Luis Calvo Carilla subraya:&nbsp; &ldquo;Los <em>Diarios</em> registran las bruscas oscilaciones an&iacute;micas del escritor, pero tambi&eacute;n se nutren de los m&aacute;s variados est&iacute;mulos externos: la evocaci&oacute;n de una ciudad o de una calle &mdash;visitadas en sus presentaciones de libros y en sus viajes como conferenciante e informador gastron&oacute;mico de la revista <em>Sobremesa</em>&mdash;; citas literarias, comentarios de lecturas y de pel&iacute;culas, recientes o ya olvidadas; descripciones, juicios de valor sobre sus preferencias est&eacute;ticas y reflexiones o apuntes sobre su propia obra y la de sus contempor&aacute;neos. En este sentido, y por m&aacute;s que algunos novelistas de actualidad hayan sido objeto de sus cr&iacute;ticas, la intenci&oacute;n de Chirbes al comentar sus obras no ha ido m&aacute;s all&aacute; de la norma impl&iacute;cita que las ha inspirado (no otra que la de tratar al pr&oacute;jimo con el mismo rigor con el que acostumbraba a tratarse a s&iacute; mismo). En modo alguno parece haber sido su intenci&oacute;n la de iniciar pol&eacute;micas literarias est&eacute;riles &mdash;ni, mucho menos, personales&mdash; con otros escritores (a cuyas novelas alude, por otra parte, de pasada).&nbsp;</p>
<p>Jos&eacute; Luis Calvo Carilla compara en TURIA los diarios de Chirbes con los de dos grandes autores europeos del siglo XX: Malraux y Calvino. Y es que, como ellos, en sus diarios Chirbes &ldquo;hace gravitar sus reflexiones sobre el doble plano de perplejidades e incitaciones que la vida le ha venido&nbsp; deparando: el biogr&aacute;fico, como escritor, y el de sujeto hist&oacute;rico implicado en la historia colectiva&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Los lectores de los diarios de Chirbes descubrir&aacute;n que &ldquo;han supuesto para &eacute;l, ante todo, un refugio y un desahogo &iacute;ntimos en sus horas bajas de depresi&oacute;n y &ldquo;de mucho sufrir a solas&rdquo;;&nbsp; como tambi&eacute;n la oportunidad de &ldquo;poder respirar&rdquo; y un modo privilegiado de sentirse y de reconocerse como un ser humano emocionalmente vivo a trav&eacute;s del contacto f&iacute;sico con la pluma y del roce del papel en sus manos.&rdquo;&nbsp;</p>
<p>En definitiva, y como se concluye en el art&iacute;culo que publica TURIA, &nbsp;&ldquo;si los <em>Diarios</em> no llegan a desvelar completamente al &ldquo;todo Chirbes&rdquo; o a un &ldquo;Chirbes total&rdquo; (tal vez porque ning&uacute;n diario ser&iacute;a capaz de&nbsp; obrar tal milagro), lo que s&iacute; parece fuera de discusi&oacute;n es que muestran al Chirbes esencial y constituyen una mediaci&oacute;n (condicionada por el diarista, pero, a fin de cuentas, privilegiada)&nbsp; para acceder al conjunto de su obra.&rdquo;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>NUEVE GRANDES NARRADORES CONTEMPOR&Aacute;NEOS</strong><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>En la secci&oacute;n que TURIA dedica a la narrativa y que denomina &ldquo;Taller&rdquo; se ofrecen textos in&eacute;ditos de nueve grandes autores de nuestros d&iacute;as. As&iacute;, hay que citar a los acad&eacute;micos de la RAE Luis Mateo D&iacute;ez (&ldquo;Morir un poco&rdquo;) y Soledad Pu&eacute;rtolas (&ldquo;Escritores que hablan de sus vidas&rdquo;), que ya protagonizaron anteriores monogr&aacute;ficos de la revista y que representan a la generaci&oacute;n de autores consagrados, verdaderos cl&aacute;sicos contempor&aacute;neos y que poseen una amplia y sobresaliente obra publicada.&nbsp;</p>
<p>Un respaldo mayoritario de lectores y cr&iacute;tica es el concitan tambi&eacute;n otros autores participantes en esta entrega de TURIA. As&iacute;, cuentan con consolidadas y premiadas trayectorias creativas escritores como Luis Landero, Premio Nacional de las Letras en 2022, entre otros galardones (&ldquo;T. y P.&rdquo;, avance de su nueva novela todav&iacute;a sin t&iacute;tulo definitivo) o Enrique Vila-Matas, poseedor del prestigioso e internacional Premio FIL de Literatura entre un nutrido repertorio de premios (&ldquo;Nac&iacute; Odradek&rdquo;).&nbsp;</p>
<p>Y entre las generaciones algo m&aacute;s j&oacute;venes, resulta indiscutible el reconocimiento obtenido por autores como Sara Mesa (&ldquo;Iniciaci&oacute;n&rdquo;), Pilar Ad&oacute;n (&ldquo;A tu casa vendr&aacute;n&rdquo;), reciente Premio Nacional de Narrativa 2023; Sergio del Molino (&ldquo;Fragmentos de un diario de invierno&rdquo;) y Manuel Vilas (&ldquo;Los &Aacute;ngeles").&nbsp;</p>
<p>Por &uacute;ltimo, en esa n&oacute;mina de narradores representativos de nuestras letras contempor&aacute;neas, participa el escritor turolense Antonio Castellote con un texto titulado &ldquo;Dramatis personae&rdquo;.&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>LOS MEJORES 22 POETAS ACTUALES</strong><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA ofrece tambi&eacute;n textos in&eacute;ditos y representativos de la indudable riqueza y diversidad de que goza hoy la poes&iacute;a en espa&ntilde;ol. As&iacute;, encontraremos versos de un Premio Cervantes, Antonio Gamoneda y de cuatro Premios Nacionales de Poes&iacute;a: Chantal Maillard (2004), Luis Alberto de Cuenca (2015), Antonio Colinas (1982) y Yolanda Casta&ntilde;o (2023).&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Poetas consagrados como Clara Jan&eacute;s (acad&eacute;mica de la RAE),&nbsp; Luis Antonio de Villena, Jaime Siles, Piedad Bonnett, Juana Castro, Rosa Lentini, Enrique Andr&eacute;s Ruiz e Isabel Bono, o m&aacute;s j&oacute;venes como Jordi Doce, Raquel Lanseros, Mart&iacute;n L&oacute;pez-Vega, Ada Salas o Julieta Valero, tambi&eacute;n se suman con trabajos in&eacute;ditos a esta celebraci&oacute;n de la creatividad l&iacute;rica de nuestros d&iacute;as.&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">No faltan poetas aragoneses de proyecci&oacute;n como &Aacute;ngel Petisme, Juan Antonio Tello, Ang&eacute;lica Morales y Mario Hinojosa.&nbsp;</p>
<p>TURIA es una revista cultural editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel. Para su financiaci&oacute;n cuenta, adem&aacute;s de con el apoyo de su entidad editora y de sus suscriptores, con el patrocinio de la Caja Rural de Teruel, del Ayuntamiento de Teruel y del Gobierno de Arag&oacute;n. Adem&aacute;s de su edici&oacute;n en papel, de periodicidad cuatrimestral y que se distribuye a nivel nacional e internacional por suscripci&oacute;n, tambi&eacute;n cuenta con una versi&oacute;n digital (web y Facebook) que diariamente ofrece contenidos de acceso gratuito a los lectores.</p>
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<p style="text-align: left;" align="center"><strong>UN IN&Eacute;DITO DE SERGIO DEL MOLINO:&nbsp;</strong><strong>&ldquo;FRAGMENTOS DE UN DIARIO DE INVIERNO&rdquo;</strong></p>
<p>Uno de los textos in&eacute;ditos m&aacute;s interesantes que publica la revista TURIA es el avance de un futuro libro del reconocido escritor y periodista Sergio del Molino: &ldquo;Fragmentos de un diario de invierno&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Sergio del Molino, que colabora actualmente con el diario &ldquo;El Pa&iacute;s&rdquo; y con la emisora de radio Onda Cero, ha elaborado una rica y atractiva obra que ha obtenido el favor de los lectores cultivando los m&aacute;s diversos g&eacute;neros y siempre utilizando con gran solvencia literaria, y &eacute;xito de p&uacute;blico, elementos de la realidad o de su propia biograf&iacute;a. Baste citar, en ese sentido, libros como &ldquo;La hora violeta&rdquo; o su ensayo &ldquo;La Espa&ntilde;a vac&iacute;a&rdquo;. Ahora, TURIA ofrece un avance de sus diarios:&nbsp;</p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em>5 de enero</em>&nbsp;</p>
<p>Pasamos un par de d&iacute;as maravillosos en Madrid para ver el musical de <em>Matilda</em>. Contra todo pron&oacute;stico, es una velada impresionante. La adaptaci&oacute;n es impecable, llena de ritmo, buen gusto y humor. Daniel se rompe las manos de aplaudir, y no es para menos. Al salir nos zampamos unos <em>noodles</em> en un sitio cutre asi&aacute;tico junto al teatro, frente a Pr&iacute;ncipe de Vergara, y me callo la epifan&iacute;a que siento. Ah&iacute;, comiendo una basura en una caja con palillos, despu&eacute;s de un musical, soy m&aacute;s feliz de lo que he sido en todo el a&ntilde;o. He vivido bien, qu&eacute; diablos.</p>
<p>Al mediod&iacute;a, frente a un cocido en un sitio de la calle Ibiza, le he dicho a Daniel que prefiero morirme antes que mis amigos, por ego&iacute;smo, porque prefiero que ellos vivan sin m&iacute; a vivir yo sin ellos. Eso le incluye a &eacute;l y a Cris. Y por la noche, tras el teatro, me doy por bien vivido. Nadie sabe hasta qu&eacute; punto. Nadie sabe calcular la indiferencia que siento hacia lo que me queda por vivir. Yo ya he cumplido, tengo m&aacute;s de lo que nunca so&ntilde;&eacute;. Ahora s&oacute;lo me queda abusar.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>6 de enero</em>&nbsp;</p>
<p>Fant&aacute;stico, fr&iacute;o y hogare&ntilde;o d&iacute;a de reyes. Termin&eacute; <em>Jugadores de billar</em>. Magn&iacute;fico, pero innecesariamente bien cerrado. Final con aroma de <em>deus ex machina</em>. Confirmo mis sospechas: las lecturas izquierdistas de la novela no tienen fundamento. Tal vez le hicieron da&ntilde;o y son en parte responsables de su fracaso.</p>
<p>Cris me ha regalado la primera edici&oacute;n de <em>Tarabas</em> de Querido Verlag en 1934. No quiero saber lo que le ha costado.</p>
<p>Ayer, en la comida familiar en casa de mis padres, mi sobrina me dijo que su abuelo se llama M.: &ldquo;Y tambi&eacute;n es tu padre&rdquo;, dijo en un tono acusador que no supe interpretar y me ha dejado intrigado. Qu&eacute; diablos sabr&aacute;. Le digo a mi hermano que tenemos que comer un d&iacute;a para hablar de este asunto. No le hace gracia la idea.</p>
<p>El cuello me est&aacute; matando. Creo que he perdido m&aacute;s movilidad. Me duele mucho cualquier movimiento hacia arriba, abajo y a los lados. El lunes me toca pinchazo. Me temo lo peor para la pr&oacute;xima visita a reuma. Empiezo a ser un trozo de madera.&nbsp;</p>
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<p><em>10 de enero</em>&nbsp;</p>
<p>Cien p&aacute;ginas del tir&oacute;n, unas cuatro horas de lectura que me han dejado la voz un poco tomada. En la editorial se han vuelto locos y han planteado una superproducci&oacute;n sonora: actores (Javier Guti&eacute;rrez como Fraga) y efectos especiales, pero lo esencial sigue siendo mi voz. Va a quedar algo muy digno, me encanta.</p>
<p>A las dos y media me he excusado y he ido a comer al italiano de la calle Trafalgar, y all&iacute; me han encontrado A y B. Mi idea era comer solo, pero con ellas, mucho mejor. Han rematado un d&iacute;a (un mediod&iacute;a) muy grato en Madrid. A. ha contado que C. le hizo <em>bullying</em>. He intentado disimular la sorpresa. En realidad, no me sorprende tanto, pero no imaginaba que fuese tan brutal. Dice que en su familia le odian, que no pueden o&iacute;r su nombre. No me extra&ntilde;a. Nos hemos re&iacute;do con las miserias del gremio y de algunos viejos marxistas que, mientras echan sermones en <em>Mundo Obrero</em>, traicionan y echan a la calle a sus maestros y trepan y apu&ntilde;alan como el ejecutivo mis&aacute;ntropo de Bret Easton Ellis.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 02 Nov 2023 13:30:46 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fenomenología de la pregunta]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/fenomenologia-de-la-pregunta/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/LUCAS_BENET_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Tomarse el trabajo de responder una pregunta es m&aacute;s significativo que el de la formulaci&oacute;n de la propia pregunta. Ciertamente, la pregunta manifiesta por s&iacute; misma una solicitud. Solicita un esfuerzo por ser respondida. Una pregunta no consiste en preguntar y quedarse simplemente sin respuesta o dejar la pregunta abierta. Es mucho m&aacute;s absorbente responder una pregunta que estar siendo preguntado continuadamente de un modo reiterativo, sin ning&uacute;n respiro, para una posible y remota respuesta a alguna o ninguna de ellas. Ser pregunt&oacute;n tampoco es una actitud acertada. El di&aacute;logo o comercio entre pregunta y respuesta se ha de dar en el caso de la una para la otra&mdash; secuencialmente&mdash; hasta invertir los polos de ambas. De manera que la importancia de la pregunta y la respuesta vaya alternando en uno y otro polo a modo de comercio entre las partes interesadas en una transacci&oacute;n, desnud&aacute;ndose la una para la otra, cual juego entre amantes, en el que todo acaba por responderse por s&iacute; mismo, ajustado todo ello por el resultado al que, en primera y &uacute;ltima instancia, toda la pregunta en su totalidad remitir&iacute;a (y presumiblemente no se dar&aacute; el di&aacute;logo entre pregunta y respuesta cuando dejemos de preguntar. Sin embargo, las preguntas tambi&eacute;n pueden ser infinitas o ser sucedidas una tras otra de un modo indefinido).</p>
<p>Por lo tanto, el acto de responder una pregunta es m&aacute;s significativo que el de la mera interrogaci&oacute;n.</p>
<p>En primer lugar, uno no pregunta y ya, y se queda como estaba. En toda pregunta hay una respuesta impl&iacute;cita que requiere ser manifestada, y puede incluso que el que la formula no sepa que hay un indicio de por d&oacute;nde comenzar a elaborar la respuesta desde su preguntar.</p>
<p>Preguntar supone ante todo el final de un recorrido, un alto en el camino, desde el que se vislumbra una posible continuaci&oacute;n del mismo pero que no puede continuarse a menos que respondamos a la pregunta tra&iacute;da a colaci&oacute;n y continuemos as&iacute; con la natural marcha del discurso.</p>
<p>La inversi&oacute;n entre pregunta y respuesta es la siguiente: la pregunta atrae a cualquier posible respuesta y que trate de compensarla, y da una muestra parcial de su pasado discursivo hasta ese preciso instante interrogativo. La respuesta, por su parte (en caso de darse), promete un futuro y natural desenvolvimiento de la pregunta &aacute;vida de respuesta y que, por consiguiente, desencadena m&aacute;s discurso. Sin esa respuesta v&aacute;lida a ese discurso que contin&uacute;a &ndash;y que por el momento no ha encontrado otro modo de discurrir que no sea a trav&eacute;s de la neutralizaci&oacute;n sistem&aacute;tica de la pregunta formulada&mdash; no habr&aacute; m&aacute;s juego discursivo con el que tratar de responder la impert&eacute;rrita y petrificada pregunta. Todo ello ocasionado por no encontrarse con los precisos y apropiados recursos ling&uuml;&iacute;sticos con los que auspiciar, acoger y, sobre todo, articular con justicia por qu&eacute; incurrir en ese preguntar y por qu&eacute; hacer esa pregunta en concreto y no otra cualquiera que bien podr&iacute;a no haber anulado, hasta ahora, todo lo discurrido hasta ese preciso momento interrogativo.&nbsp;</p>
<p>Ahora bien, a la hora de formular una pregunta, ha de desarrollarse una posible respuesta que venga de la propia pregunta dada. Toda pregunta contiene o implica una respuesta a&uacute;n por formular; a&uacute;n por darse desde su preguntar. Conscientes de tal posibilidad, una pregunta ya hecha y pertinentemente elaborada manifiesta de un modo t&aacute;cito una respuesta. Toda respuesta arrastra consigo misma, por consiguiente, una pregunta que est&aacute; siendo respondida. Si la pregunta se puede hacer, entonces la respuesta es tambi&eacute;n posible de ofrecer. Toda pregunta bien hecha y coherente con el sentido proposicional del discurso que la engendra &mdash;el cual es acorde con el sentido congruente e hist&oacute;rico de la realidad&mdash; puede ser respondida en un ulterior discurso, con las palabras precisas para la pregunta en cuesti&oacute;n.</p>
<p>Toda pregunta incuba, por lo pronto, su propia respuesta. Y toda respuesta proyecta en el futuro discursivo del hablante m&aacute;s preguntas que, poco a poco, habr&aacute;n de ir siendo respondidas o, por el contrario, ser rotuladas como indecidibles, y sortearlas mediante un rodeo que las evite, y mostrar otras v&iacute;as discursivas para continuar con la exposici&oacute;n del restante discurso a&uacute;n por acontecer. Esas v&iacute;as (tanto para responder a la pregunta como para sortearla) suelen ser la respuesta f&aacute;ctica de la historia acontecida y epist&eacute;mica de lo Real.</p>
<p>Querer mostrar un discurso es propio de los que necesitan medios espec&iacute;ficos de expresi&oacute;n de sus ideas. Estas expresiones encuentran habitualmente una canalizaci&oacute;n a trav&eacute;s de la problematizaci&oacute;n de lo Real por medio de preguntas, y un modo de expresar una interioridad individual hacia un com&uacute;n conjunto de cosas que se manifiestan a modo de preguntas todav&iacute;a sin respuesta.</p>
<p>Sin embargo, no es necesario hacer una pregunta tras otra con tal de desentra&ntilde;ar lo Real en un sondeo historiogr&aacute;fico hasta el origen de la causa que suscita &eacute;se preguntar. Es preciso, por el contrario, preguntar por lo fundamental, lo cual se convierte en la pregunta definitiva. La pregunta digna de hacerse. La primera y &uacute;ltima labor por la que vale la pena preguntar.</p>
<p>La pregunta que importa y que eventualmente es pensada y meditada por algunos es la pregunta digna. La pregunta verdadera, y cuya respuesta desvelar&iacute;a el car&aacute;cter verdadero del asunto abordado, sondeando hasta su origen no &uacute;nicamente el motivo de por qu&eacute; la hacemos, sino por qu&eacute; preguntamos con la naturalidad que caracteriza al ser humano (y tambi&eacute;n por qu&eacute; proyectamos preguntas entre nosotros mismos).</p>
<p>Ciertamente, el ser humano es el &uacute;nico lugar hist&oacute;rico del acontecer del Ser que puede albergar preguntas. Aquellas preguntas que se hace son categ&oacute;ricamente para &eacute;l y no de dominio de ninguna otra especie. La especie que pregunta y que responde es la del ser humano. El ser humano, por lo tanto, es el &uacute;nico que puede formular y responder sus propias preguntas. Las preguntas son exclusivamente de dominio humano y de nada m&aacute;s. No hay un qui&eacute;n fuera de la especie humana que pueda responder sus interrogantes.</p>
<p>Luego, lo interrogativo es el com&uacute;n elemento del ser humano. Un lugar donde proyectarse a s&iacute; mismo dentro de una esfera de habitabilidad. Una habitabilidad sustentada por preguntas e interrogantes que someten su raciocinio al dominio del ser humano sobre s&iacute; mismo. Posteriormente puede ocurrir que las preguntas le lleven de un lugar a otro, pero en primer lugar son para dominarse psicof&iacute;sicamente dentro de las esferas de supervivencia y de habitabilidad. O de dominar a especies que ladran, relinchan, balan, ma&uacute;llan, mugen, barritan, trinan, ululan, croan, rebuznan o cacarean&hellip; pero que no preguntan. Tan incapacitante es el silencio de tales especies que no les queda otra que sustituir su mutismo inquiridor por otros sonidos que poco les valen ante el apabullante arrumbamiento de s&iacute; mismas por parte de la excepci&oacute;n humana sin que ning&uacute;n Dios lo impida. &Uacute;nicamente lo pol&iacute;tico puede hacer virar las direcciones e intentonas humanas (por parte de lo humano y su mundo administrado) y retroceder m&iacute;nimamente hacia un origen que, de hecho, no ha hecho m&aacute;s que comenzar a modo de pregunta a&uacute;n por ser respondida.</p>
<p>Si una pregunta es imposible de alcanzar no es porque no se haya dado como incontestable por el asunto abordado, sino porque no se ha dado con la formulaci&oacute;n inquiridora apropiada como para desnudar y articular el lenguaje con la pertinente pregunta. El desnudo di&aacute;logo entre pregunta y respuesta solamente puede darse como forma ulterior de entendimiento, pero lo importante y lo que permanecer&aacute; lo fundan las preguntas que se desnudan ante una posible respuesta.</p>
<p>Cierto es que hay una gran variedad de preguntas a&uacute;n por responder. Sin embargo, todas quedan incardinadas por un mismo sentido an&iacute;mico que, confesadamente, habla del motivo de nuestra existencia. Esa pregunta es la expl&iacute;cita interrogaci&oacute;n en torno al sentido del Ser. Su primac&iacute;a destaca por encima del resto de preguntas. Una primac&iacute;a que desbanca y desbarata cualquier otra pregunta que no sea esa o que remita a ella. Bien puede ser formulada de otro modo a c&oacute;mo se ha estado haciendo hasta ahora, pero siempre tendr&aacute; como horizonte ontol&oacute;gico el desvelamiento del sentido del Ser y esa es la urgent&iacute;sima labor que se propone la actitud inquiridora en estos momentos. Los m&uacute;ltiples modos de ser la pregunta por el sentido del Ser siempre tienen como lugar com&uacute;n un horizonte ontol&oacute;gico. Un com&uacute;n modo de ser m&aacute;s all&aacute; de la mera interrogaci&oacute;n. Un com&uacute;n modo que una y otra vez remite a la dignidad filos&oacute;fica y su modo de ser inquiridor.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 27 Oct 2023 12:30:39 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Araña, un poema de la gallega Yolanda Castaño]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/arana-un-poema-de-la-gallega-yolanda-castano/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas23/YOLANDA_CASTA_O_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
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<p>La madre toca a su hijo como si fuese un instrumento.</p>
<p>La culpa se ha vuelto una monedita pintada.</p>
<p>Algo en ella:</p>
<p>clausurado.&nbsp;</p>
<p>Si tuviera ocho patas</p>
<p>ofrecer&iacute;a a las cr&iacute;as tambi&eacute;n yo</p>
<p>de mi carne.&nbsp;</p>
<p>F&iacute;jate en la de las criaturas, que est&aacute; toda hecha de espejo.</p>
<p>Un brazo vicario y menudo en un</p>
<p>pulso contigo misma.</p>
<p>La ciega, la animal, la j&iacute;bara.&nbsp;</p>
<p>La madre y el hijo negocian su poder con moneditas de pl&aacute;stico.</p>
<p>Comen y defecan ese mismo lenguaje.</p>
<p>Miedo, berrinche, elogio, confianza.&nbsp;</p>
<p>Por el env&eacute;s del d&iacute;a va gru&ntilde;endo la madre su ternura.</p>
<p>Lleva como conchitas colgadas de un collar.</p>
<p>Culpa deber atenci&oacute;n pertenencia.&nbsp;</p>
<p>Se abrazan fuerte para que la dicha no llegue a derramarse.</p>
<p>Frotan de los pa&ntilde;os lo que no desearon nunca.</p>
<p>At&aacute;ndose al m&aacute;stil de un amor tan fiero</p>
<p>algo en la ara&ntilde;a qued&oacute; clausurado.&nbsp;</p>
<p>El hijo y la madre comercian con su placer y su castigo.</p>
<p>Algunas manchas no salen jam&aacute;s.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 27 Oct 2023 12:03:30 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Luis Landero y Soledad Puértolas presentarán el 40 Aniversario de la revista TURIA ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/luis-landero-y-soledad-puertolas-presentaran-el-cuarenta-aniversario-de-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2023/LUIS_LANDERO_4_500_px_1.jpg" alt="" /></p>
<p>La nueva entrega de TURIA se dar&aacute; a conocer los d&iacute;as 23 de noviembre en Teruel y 27 de noviembre en Madrid, en la sede central del Instituto Cervantes. Tanto Luis Landero como Soledad Pu&eacute;rtolas respaldar&aacute;n con su participaci&oacute;n esa filosof&iacute;a de trabajo que ha definido la trayectoria de la revista y que ha sido el secreto de su longevidad y de su &eacute;xito: ser capaz de reunir en sus p&aacute;ginas lo universal y lo local, a los autores emergentes y a los cl&aacute;sicos de nuestros d&iacute;as. Un ejercicio permanente de mestizaje cultural y de convivencia ideol&oacute;gica, est&eacute;tica y generacional que, junto a los atractivos monogr&aacute;ficos dedicados a autores de inter&eacute;s que protagonizan cada n&uacute;mero, han consolidado su labor cultural m&aacute;s all&aacute; de las modas y conquistado el favor de los buenos lectores.&nbsp;</p>
<p>Fundada en 1983, TURIA ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia y ha situado a Teruel en el mapa literario en espa&ntilde;ol, gracias a su difusi&oacute;n nacional e internacional por suscripci&oacute;n. En 40 a&ntilde;os de trayectoria ha publicado a m&aacute;s de 1.500 autores y un total de 45.000 p&aacute;ginas de textos siempre in&eacute;ditos, pues todo el material que se edita por la revista tiene que ser original. Un requisito, que junto a la permanente exigencia de calidad literaria, define a TURIA.&nbsp;</p>
<p>Como reconocimiento a su labor, la revista obtuvo en 2002 el Premio Nacional al Fomento de la Lectura otorgado por el Gobierno de Espa&ntilde;a &ldquo;por su vocaci&oacute;n de apertura a la cultura universal y como ejemplo del esfuerzo de las revistas culturales para el fomento de la lectura&rdquo;. Adem&aacute;s, en el a&ntilde;o actual, el Gobierno de Arag&oacute;n le concedi&oacute; a TURIA su m&aacute;xima distinci&oacute;n institucional, el Premio Arag&oacute;n 2023, por haberse &ldquo;convertido en un elemento simb&oacute;lico para la cultura aragonesa contempor&aacute;nea, en proyecto esencial de las letras espa&ntilde;olas en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas&rdquo;, adem&aacute;s de ser una plataforma de publicaci&oacute;n &ldquo;valorada para autores noveles y consagrados&rdquo; y un &ldquo;ejemplo de proyecci&oacute;n universal desde lo local&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Desde hace diez a&ntilde;os, la revista TURIA compatibiliza su tradicional versi&oacute;n en papel con otra en formato digital. Tanto la web como su p&aacute;gina en Facebook ofrecen gratuitamente y en abierto una selecci&oacute;n de textos procedentes de la edici&oacute;n en papel y otros contenidos escritos directamente para ser le&iacute;dos s&oacute;lo en soporte digital. Mientras que la web consigue un promedio de 7.000 lectores mensuales, y es tambi&eacute;n tienda virtual desde la que resulta f&aacute;cil y r&aacute;pido adquirir los ejemplares en papel, en Facebook la revista cuenta con 12.500 seguidores. El perfil de sus lectores nos informa de que se trata por igual tanto de hombres como de mujeres, con edades comprendidas mayoritariamente entre los 35 y los 64 a&ntilde;os.&nbsp;</p>
<p>TURIA es una revista editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel. Para su financiaci&oacute;n cuenta, adem&aacute;s de con el apoyo de su entidad editora y de sus suscriptores, con el patrocinio de la Caja Rural de Teruel, del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n.</p>
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<p><strong>UN SUMARIO MUY ATRACTIVO PARA LOS LECTORES</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">Entre los escritores que participan con textos in&eacute;ditos en este n&uacute;mero especial de la revista TURIA figuran premios Cervantes como Antonio Gamoneda; acad&eacute;micos como Soledad Pu&eacute;rtolas, Luis Mateo D&iacute;ez y Clara Jan&eacute;s, o autores de consolidado prestigio como Luis Landero (Premio Nacional de las Letras Espa&ntilde;olas), Javier Gom&aacute; (escritor y fil&oacute;sofo, director de la Fundaci&oacute;n Juan March y Premio Nacional de Ensayo), Enrique Vila-Matas (Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances), o varios autores galardonados con los Premios Nacionales de Narrativa, como Pilar Ad&oacute;n, y de Poes&iacute;a: Chantal Maillard, Luis Alberto de Cuenca, Antonio Colinas y Yolanda Casta&ntilde;o.</p>
<p class="Textoindependiente21">Tambi&eacute;n participan destacados nombres propios de la narrativa contempor&aacute;nea espa&ntilde;ola como Sara Mesa, Sergio del Molino y Manuel Vilas. Poetas como Luis Antonio de Villena, Jaime Siles, Piedad Bonnett, Jordi Doce, Raquel Lanseros, Mart&iacute;n L&oacute;pez-Vega, Ada Salas o Julieta Valero, tambi&eacute;n se suman con trabajos in&eacute;ditos a esta celebraci&oacute;n.</p>
<p class="Textoindependiente21">El nuevo n&uacute;mero de TURIA, que conmemora su 40 aniversario, dedica su monogr&aacute;fico a reivindicar al escritor aragon&eacute;s &Aacute;ngel Guinda, fallecido en 2022. Se cumple as&iacute; una de las l&iacute;neas de trabajo que la revista cultural ha mantenido a lo largo de sus cuatro d&eacute;cadas de trayectoria: el redescubrimiento de autores que, injustamente y por diversos motivos, no han sido objeto de la atenci&oacute;n y el fomento de la lectura que su obra merece. Porque TURIA considera que Guinda deber&iacute;a ser valorado como uno de los poetas m&aacute;s sobresalientes de las letras espa&ntilde;olas del siglo XX. De ah&iacute; que protagonice un amplio y cuidado monogr&aacute;fico en el que participan 20 autores y se publican seis poemas in&eacute;ditos, y ya p&oacute;stumos, del propio Guinda.</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong><br /></strong></p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>BU&Ntilde;UEL SEG&Uacute;N PHILIPPE LAN&Ccedil;ON</strong></p>
<p class="Textoindependiente21"><strong></strong>Quiz&aacute; &nbsp;la colaboraci&oacute;n &nbsp;internacional &nbsp;m&aacute;s &nbsp;relevante &nbsp;de &nbsp;esta &nbsp;entrega &nbsp;de TURIA sea el texto in&eacute;dito del reconocido periodista y escritor franc&eacute;s Phillippe Lan&ccedil;on sobre la poes&iacute;a de Luis Bu&ntilde;uel. Este original e interesante art&iacute;culo es la traducci&oacute;n del pr&oacute;logo que su autor escribi&oacute; para el libro editado por Gallimard en 2022: &ldquo;Luis Bu&ntilde;uel, El perro andaluz y otras obras po&eacute;ticas&rdquo;. Esa edici&oacute;n, a cargo del traductor de este texto, Jordi Xifra, recopila no solo los poemas en verso y prosa que Bu&ntilde;uel compuso la d&eacute;cada de los 1920 y principios de la de 1930, sino tambi&eacute;n su &uacute;nica pieza de teatro, &ldquo;Hamlet&rdquo;, los guiones de &ldquo;Un perro andaluz&rdquo; y de &ldquo;Ilegible, hijo de flauta&rdquo;, escrito con Juan Larrea, y la conferencia dictada en 1953, &ldquo;El cine, instrumento de poes&iacute;a&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Sobre Luis Bu&ntilde;uel, escribe Lan&ccedil;on en TURIA: &ldquo;La gestaci&oacute;n de <em>Un perro andaluz</em>, la primera pel&iacute;cula realizada con Dal&iacute; en 1929, informa sobre los poemas que escribi&oacute; en esa misma &eacute;poca, sobre lo que buscan y lo que les falta. Lo que buscan: &ldquo;Busc&aacute;bamos un equilibrio inestable e invi&shy;sible entre lo racional y lo irracional que nos diera, a trav&eacute;s de este &uacute;ltimo, una capacidad de entender lo ininteligible, de unir el sue&ntilde;o y la realidad, lo consciente y lo inconsciente, huyendo de todo simbolismo. No se trataba de unir una imagen con la otra a base de la raz&oacute;n o de la sinraz&oacute;n, sino exclusivamente de que nos diera una continuidad que satisficiera nuestro inconsciente, sin herir lo consciente, pero que, a su vez, no tuviera una relaci&oacute;n directa con lo racional&rdquo;. Lo que les falta: &ldquo;Hicimos el <em>script </em>en seis d&iacute;as, rechazando todo lo que fueran asociaciones m&aacute;s o menos normales, recuerdos o l&oacute;gica. Por ejemplo, coge una cajetilla de Gitanes, la pone so&shy;bre una mesa baja y yo digo: &ldquo;Ahora en vez de caja hay un sapo&rdquo;. Recha&shy;zado por malo. Nada de magia. No. Nada m&aacute;s las cosas que nos gustaban, que no significaran nada, que nos gustaran las im&aacute;genes. De cada seis rechaz&aacute;bamos cinco. Las primeras nos salieron muy f&aacute;cilmente&rdquo;. El cineasta conducir&aacute; al poeta hacia la sobriedad.&rdquo;</p>
<p>Conviene recordar que Philippe Lan&ccedil;on fue herido en el&nbsp;ataque terrorista contra&nbsp;<em>Charlie Hebdo</em>&nbsp;el 7 de enero de 2015, mientras trabajaba para el semanario sat&iacute;rico franc&eacute;s. Aunque qued&oacute; gravemente herido, fue uno de los pocos supervivientes de aquel tristemente c&eacute;lebre atentado islamista. Sobre su experiencia y el largo proceso de rehabilitaci&oacute;n posterior escribi&oacute; un libro estremecedor y muy recomendable titulado &ldquo;El colgajo&rdquo;, que obtuvo un gran &eacute;xito y varios premios literarios y que en Espa&ntilde;a public&oacute; la editorial Anagrama.</p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>LUIS LANDERO Y SOLEDAD PU&Eacute;RTOLAS, UNA PRESENCIA CONSTANTE EN &ldquo;TURIA&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>Luis Landero y Soledad Pu&eacute;rtolas, dos grandes autores espa&ntilde;oles muy vinculados a la trayectoria de la revista, &nbsp;ser&aacute;n los encargados de dar a conocer el n&uacute;mero especial conmemorativo del 40 aniversario de TURIA a los lectores. Se da la circunstancia de que ambos no s&oacute;lo han colaborado con textos in&eacute;ditos en innumerables ocasiones, sino que los dos han sido objeto de sendos monogr&aacute;ficos. As&iacute;, la escritora y acad&eacute;mica aragonesa Soledad Pu&eacute;rtolas, protagoniz&oacute; el n&uacute;mero 100 de TURIA en 2011. Por su parte, el narrador extreme&ntilde;o Luis Landero, fue objeto de un an&aacute;lisis completo de su vida y obra en el n&uacute;mero 121-122 de TURIA, editado en 2017.</p>
<p>En primer lugar se desarrollar&aacute; una presentaci&oacute;n de TURIA en Teruel, el &nbsp;jueves 23 de noviembre y a las 19:30 horas en el sal&oacute;n de actos de la Delegaci&oacute;n Territorial del Gobierno de Arag&oacute;n. En ella intervendr&aacute;n, bajo el formato de conversatorio entre ambos, el escritor Luis Landero y el periodista cultural Fernando del Val. As&iacute;, el p&uacute;blico asistente podr&aacute; disfrutar de un fruct&iacute;fero di&aacute;logo sobre los diversos temas que vehiculan la obra de Landero. Un autor que, seg&uacute;n la hispanista Elvire Gomez-Vidal que coordin&oacute; el monogr&aacute;fico de TURIA, nos brinda una obra en la que &ldquo;internarse es ingresar en un universo genuino inmediatamente reconocible por lo que se podr&iacute;a llamar un &lsquo;estilo&rsquo; inimitable, dotado de una agradable fluidez pero tambi&eacute;n de gran densidad, sutil y profundo aunque de aparente sencillez y hasta de ingravidez a veces, que va involucrando al lector en su trama de manera ineludible. Es una obra que se resiste a las categorizaciones o a los encasillamientos porque tiene voz propia en el panorama de la narrativa espa&ntilde;ola actual&rdquo;. Sin duda, Landero merece un lugar de honor en la literatura de nuestra &eacute;poca y sus libros nos confirman que domina como pocos el arte de narrar. &ldquo;Landero &ndash;seg&uacute;n ha asegurado la profesora Gomez-Vidal en TURIA- ha sabido crear un universo novelesco propio que deslumbra, despierta la curiosidad del lector, y lo alienta a relecturas por los descubrimientos sucesivos de datos, ideas, hilos narrativos que no hab&iacute;a captado en un primer momento&rdquo;.</p>
<p>Una segunda presentaci&oacute;n de TURIA se llevar&aacute; a cabo en Madrid, en el sal&oacute;n de actos de la sede central del Instituto Cervantes. Ser&aacute; el lunes 27 de noviembre, a las 19:30 horas, cuando la escritora Soledad Pu&eacute;rtolas intervenga para hablarnos de la tarea realizada por una revista cultural espa&ntilde;ola que ha alcanzado una ins&oacute;lita y merecida longevidad. En sus p&aacute;ginas, la presencia de la tambi&eacute;n acad&eacute;mica de la RAE ha sido una constante que culmin&oacute; en un espectacular monogr&aacute;fico que ratificaba la condici&oacute;n de escritora consagrada de Soledad Pu&eacute;rtolas y que acreditaba, al mismo tiempo, su plena vitalidad creativa. Seg&uacute;n el fil&oacute;logo y editor Daniel Fern&aacute;ndez, que elabor&oacute; el art&iacute;culo introductorio de aquel monogr&aacute;fico, &ldquo;Soledad est&aacute; especialmente dotada para narrarnos de alguna forma la confusi&oacute;n y el desconcierto&nbsp;de nuestra &eacute;poca&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;PRIMEROS SUSPIROS&rdquo;: PHILIPPE LAN&Ccedil;ON ESCRIBE&nbsp;</strong><strong>SOBRE LOS TEXTOS PO&Eacute;TICOS DE LUIS BU&Ntilde;UEL</strong>&nbsp;</p>
<p>Buena prueba de la vigencia y el permanente inter&eacute;s que suscita la obra de Luis Bu&ntilde;uel a nivel mundial es el texto del escritor y periodista franc&eacute;s Philippe Lan&ccedil;on que publica TURIA en su nuevo n&uacute;mero.&nbsp;</p>
<p>Bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Primeros suspiros (Sobre los textos po&eacute;ticos de Bu&ntilde;uel&rdquo;), Lan&ccedil;on ofrece un valioso material hasta ahora in&eacute;dito en espa&ntilde;ol y del que ofrecemos un fragmento a continuaci&oacute;n:&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Al final de su vida, Luis Bu&ntilde;uel est&aacute; sordo, casi ciego, pero no tiene amnesia. En <em>Mi &uacute;ltimo suspiro</em>, las memorias escritas con su guionista Jean-Claude Carri&egrave;re y publicadas en 1982, un a&ntilde;o antes de su muerte, repasa sus a&ntilde;os surrealistas y resume, con la claridad que le caracteriza, los que le quedan: &ldquo;m&aacute;s all&aacute; de todo descubrimiento art&iacute;stico, de todo afinamiento de mis gustos y pensamientos, es una exigencia moral clara e irreductible a la que he tratado de mantenerme fiel contra viento y marea. Y no es tan f&aacute;cil guardar fidelidad a una moral precisa. Constantemente, tropieza con el ego&iacute;smo, la vanidad, la codicia, el exhibicionismo, la ramploner&iacute;a y el olvido. Algunas veces, he sucumbido a una de estas tentaciones y he quebrantado mis propias reglas por cosas que yo considero de poca importancia. En la mayor parte de los casos, mi paso por el surrealismo me ha ayudado a resistir. En el fondo, acaso sea esto lo esencial&rdquo;. Los textos recogidos en esta edici&oacute;n son las primeras huellas de esta moralidad.&nbsp;</p>
<p>Pronto los amparar&aacute; con las im&aacute;genes que con raz&oacute;n han hecho la gloria insular del cineasta. He aqu&iacute; uno, &ldquo;<em>Polisoir</em> milagroso&rdquo;, escrito por un joven que pronto ser&aacute; surrealista: &ldquo;Ese paisaje se hiela menos sobre el espejo / que sobre las u&ntilde;as de los muertos / que han de resucitar / con los dedos convertidos en flores / en flores de agon&iacute;a extinta y de salvaci&oacute;n&rdquo;. O de nuevo, en &ldquo;P&aacute;jaro de angustia&rdquo;: &ldquo;&iquest;qu&eacute; anhelos, qu&eacute; deseos de mares rotos / convertidos en n&iacute;quel / o en un canto ecum&eacute;nico de lo que pudo ser tragedia, / nacer&aacute;n, los p&aacute;jaros de nuestras bocas juntas, / mientras la muerte nos entra por los pies?&rdquo;, y esta ca&iacute;da, que interrelaciona en lo alto un reba&ntilde;o y una procesi&oacute;n: &ldquo;A las seis se oyeron las cabrillas de los Alpes / conducidas por los monjes al altar&rdquo;. Bu&ntilde;uel teme a la muerte y al infierno y s&oacute;lo piensa en ellos, pero introduce la vida, en las sombras, a trav&eacute;s de esa particular vidriera que es el orificio del f&eacute;retro.&nbsp;</p>
<p>Quien se haya adentrado en sus pel&iacute;culas como en la tierra irreductible de la infancia, tierra &iacute;ntima por ajena y ajena por &iacute;ntima, descubrir&aacute; o redescubrir&aacute; en esta recopilaci&oacute;n de qu&eacute; est&aacute; hecha su moral: un rechazo lac&oacute;nico, sarc&aacute;stico e intransigente a las mentiras de la sociedad, los procedimientos de sometimiento que constantemente implementa y justifica con <em>creencias</em>, <em>relatos exclusivos y coherentes</em> y, para colmo, <em>explicaciones</em> m&aacute;s o menos eruditas. Es una moral de rebeli&oacute;n y misterio. La rebeli&oacute;n y el misterio son los caminos hacia la verdad, crudos como una cebolla en una rebanada de pan. Son puertas estrechas, pero cuando se abren conducen al oc&eacute;ano. No podemos pretender vaciarlo, ni ver su fondo, ni controlar el viento y las corrientes que lo agitan. Podemos observarlo, describir lo que sale de &eacute;l y nos invade. &ldquo;Yo he elegido mi lugar, escribe en <em>Mi &uacute;ltimo suspiro</em>, est&aacute; en el misterio. S&oacute;lo me queda respetarlo&rdquo;.</p>
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<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 27 Oct 2023 11:40:25 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hacer claro lo oscuro]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/hacer-claro-lo-oscuro/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/JAVIER_SALVAGO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>No son pocos los escritores que adem&aacute;s de poes&iacute;a escriben prosa, pero quiz&aacute; s&iacute; son menos los que en la prosa no se dejan llevar por sus efluvios po&eacute;ticos y renuncian a alambicar sus frases con retorcidas met&aacute;foras. Por todo lo que he le&iacute;do de la obra de Javier Salvago, tanto en verso como en prosa, me atrever&iacute;a a decir que ninguno de sus textos llevan la m&aacute;cula del esteticismo vacuo ni est&aacute;n&nbsp; imbuidos de profusas ornamentaciones verbales cercanas al barroquismo o a expresiones abigarradas. Se dir&iacute;a, m&aacute;s bien, que en uno y otro caso, en verso y prosa, Salvago no ha abandonado nunca las dos principales se&ntilde;as de identidad que han caracterizado desde su primer libro toda su restante escritura, y que no son otras que la sobriedad discursiva y la sencillez en el decir. &Eacute;l mismo ha escrito alguna vez, de manera lac&oacute;nica y contundente, que a la hora de darle forma a las ideas de lo que se trata es de "hacer sencillo y f&aacute;cil lo complejo, claro lo oscuro", cosa, todo hay que decirlo, que ya en su d&iacute;a Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez juzg&oacute; como lo m&aacute;s conveniente para cualquier escritor que quisiera ser comprendido, pues "No se trata de decir cosas chocantes, sino de decir la verdad sencillamente, la mayor verdad y del modo m&aacute;s claro posible y m&aacute;s duradero", algo no tan dif&iacute;cil de ejecutar si uno no quiere caer en lo conceptuoso o en la oscura palabrer&iacute;a.</p>
<p><em>Nada como la nada</em> es un libro de aforismos &mdash;el segundo en la producci&oacute;n textual del escritor sevillano, despu&eacute;s de que en 2016 publicara <em>Hablando solo por la calle</em>&mdash; en el que sus m&aacute;ximas, m&iacute;nimas, fragmentos y frases sueltas no pretenden complacer al lector ni tampoco darle una visi&oacute;n amable de la compleja realidad en la que estamos inmersos. Su t&iacute;tulo, adem&aacute;s, remite claramente al poemario <em>Nada importa nada </em>(2011), donde, en uno de sus poemas, ya avisaba de la poca importancia que tiene todo. De ah&iacute; que Salvago tampoco en este libro condescienda con el buenismo o con los postulados falsamente esperanzadores que le hagan creer al lector que <em>el mundo lo tiene todo para ser un para&iacute;so</em>. Lo ser&iacute;a, tal vez, si sobr&aacute;ramos nosotros, los seres humanos, que, seg&uacute;n &eacute;l, somos quienes hemos convertido un para&iacute;so a nuestra medida en un infierno a la medida de todos. Traspasados de desilusi&oacute;n, pesimismo y decepci&oacute;n, los aforismos reunidos en este libro muestran un perfil del autor y su mundo que dejan poco lugar a las dudas o a la confusi&oacute;n, pues una y otra vez, p&aacute;gina tras p&aacute;gina, expresan una visi&oacute;n descarnada de la existencia, a la que pr&aacute;cticamente no se le concede casi ning&uacute;n resquicio de exultaci&oacute;n y de la que pareciera que no hay mejor salida para escapar de su sinsentido que desaparecer, ya que "El mundo es una manzana podrida y los gusanos somos nosotros". Resulta cuando menos curioso que este descarnamiento con que Salvago contempla actualmente la vida ya lo mostraba en su primer libro de poemas, <em>La destrucci&oacute;n o el humor </em>(1980), donde en una de sus Soledades advert&iacute;a que "por esta senda, / que llaman vida, todos / vamos a tientas, / igual que un ciego. / En ceniza terminan / todos los fuegos". Pero esos fuegos en los que termina cualquier vida no son &uacute;nicamente aquellos a los que nos veremos abocados todos al final de nuestra existencia, sino tambi&eacute;n esos otros (m&aacute;s indignos o m&aacute;s ruines) producidos por quienes, en lugar de hacernos la vida m&aacute;s placentera, menos problem&aacute;tica y sobre todo m&aacute;s verdadera, se dedican a enturbi&aacute;rnosla y a falsearla con vanas promesas de felicidad: "Miente, pol&iacute;tico, los tuyos y los bobos te creer&aacute;n". Lo que Salvago nos reclama es que no creamos a ning&uacute;n embaucador o farsante disfrazado de bienhechor. De ah&iacute; que su mayor cr&iacute;tica vaya dirigida a los pol&iacute;ticos y a quienes detentan el poder, sea este econ&oacute;mico, religioso o incluso cultural, pues "con tanto pol&iacute;tico c&iacute;nico, vamos a tener que exigir que se introduzca en el c&oacute;digo penal el delito de insulto a la inteligencia y a la sensibilidad".</p>
<p>Las redes sociales, Dios, el dinero, la historia de la humanidad, tambi&eacute;n buena parte de la poes&iacute;a y la cantidad de cr&iacute;menes que se han cometido en el mundo en nombre de la verdad, la moral y el saber de cada &eacute;poca, son algunos de los temas sobre los que reiteradamente se ceba el autor de <em>Nada como la nada</em>, t&iacute;tulo con que ha bautizado su libro no por af&aacute;n de producir una bonita eufon&iacute;a, sino porque, fiel a su desencantamiento de la existencia, cree que es el <em>locus amoenus</em> donde mejor se puede estar: "La muerte es lo mejor que nos puede pasar. Pero eso solo lo descubrimos cuando nos morimos y ya no podemos contarlo". No s&eacute; si Salvago habr&aacute; le&iacute;do a Schopenhauer, pero a tenor de su aquiescencia por el desenga&ntilde;o y su concepci&oacute;n de la vida como fuente de dolor, parece que no anda muy lejos de las tesis filos&oacute;ficas del pensador alem&aacute;n, quien en alg&uacute;n lugar de su obra manifest&oacute; que si bien en un principio todo es un frenes&iacute; de deseos y un &eacute;xtasis de placer sensual, poco despu&eacute;s, sin embargo, llega el turno de la frustraci&oacute;n y de la paulatina destrucci&oacute;n y el marchitamiento de las ilusiones. Schopenhauriano o no, el caso es que tambi&eacute;n los aforismos de Javier Salvago se prestan a una lectura anatematizadora de la vida, sin concesiones a ninguna promesa de felicidad duradera, esa "pelotita de los trileros" o esa "zanahoria con que nos engatusa la vida cuando se cansa de darnos palos". A las toneladas de ilusos o ingenuos que salen cada ma&ntilde;ana a comerse el mundo, Salvago los manda directamente a comerse una mierda, esos "tipos con trajes caros que se levantan cada ma&ntilde;ana muy temprano con el &uacute;nico af&aacute;n de ganar dinero, caiga quien caiga, muera quien muera". La vida deber&iacute;a de ser otro af&aacute;n, otra cosa. Pero &iquest;qu&eacute; cosa, qu&eacute; af&aacute;n? Pudieran ser el amor o el humor o el talento o la inteligencia, pero no. Porque nada puede ya contra su desencanto. Nada, excepto la nada, que todo lo borrar&aacute; como si nunca hubiera sucedido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Javier Salvago, <em>Nada como la nada</em>, Apeadero de Aforistas, 2023.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 20 Oct 2023 11:46:10 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El libro de las alabanzas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-libro-de-las-alabanzas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas23/L_DIA_JORGE_-_Foto_Jo_o_Pedro_La_Umbr_a_y_la_Solana_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Isaac Bashevis Singer sol&iacute;a decir que el novelista s&oacute;lo necesitaba tres cosas para escribir un libro. Un buen tema o asunto real, el deseo irrefrenable de querer escribirlo y la convicci&oacute;n de que s&oacute;lo &eacute;l pod&iacute;a hacerlo con todas sus consecuencias. Al novelista no le bastaba con encontrar una buena historia, sino que deb&iacute;a ser &ldquo;su historia&rdquo;, y expresar su individualidad, su car&aacute;cter, su manera de ver el mundo.</p>
<p>No creo que el lector de <em>Estuario</em>, la &uacute;ltima novela de Lidia Jorge pueda albergar alguna duda acerca de que se cumplen en ella las tres condiciones. Posee un argumento misterioso y conmovedor, est&aacute; escrita con dolorosa pasi&oacute;n, y su autora es, m&aacute;s que nunca, fiel a su propia manera de escribir y contar. No es extra&ntilde;o que sea as&iacute;, pues Lidia Jorge, desde su primera novela, no ha hecho otra cosa que ser fiel a esa manera y concentrarse, como ped&iacute;a W. Faulkner, en la verdad y en el coraz&oacute;n humano. Ella siempre ha buscado un lector c&oacute;mplice, capaz no tanto de leer sus libros como de vivirlos &eacute;l tambi&eacute;n. Un lector que se entregue al libro hasta el punto de llegar a pensar que le pertenece, que s&oacute;lo ha sido escrito para que &eacute;l lo pueda leer. Que llegue incluso a sentir celos de que otros puedan tenerlo entre sus manos.</p>
<p>"Todo libro debe estar escrito con urgencia, como si uno no pudiera vivir sin&nbsp; &eacute;l, porque aquellas historias que no se pueden dejar de lado son las &uacute;nicas&nbsp; que un escritor debe perseguir y ofrecer a sus lectores", dice la autora en una entrevista reciente. El tipo de compromiso que Lidia Jorge le pide a su lector es semejante al que el poeta pide a los suyos. Y <em>Estuario </em>no es sino un largo poema escrito contra la muerte. Un libro que habla de la escritura como visi&oacute;n, como la voz de lo que est&aacute; en otro lugar. Todos los grandes libros, guardan la memoria de esa voz, la voz que no ha dejado de hablarse nunca, ni puede dejar de hacerse, pues su persistencia constituye nuestra humanidad. Se escucha en los momentos m&aacute;s inesperados, y entonces el mundo se transforma en una biblioteca y los hombres son libros vivientes. Y eso ser&aacute; Edmundo Galeano desde el comienzo de <em>Estuario</em>, un libro viviente. El libro como s&iacute;mbolo del coraz&oacute;n humano.</p>
<p>Una de las constantes de la obra de Lidia Jorge es &Aacute;frica, y m&aacute;s en concreto el &Aacute;frica colonial portuguesa. La autora pas&oacute; buena parte de su juventud en Angola y Mozambique, donde trabaj&oacute; como profesora y fue testigo de las guerras por la independencia de esos pa&iacute;ses. All&iacute; se enfrent&oacute; por primera vez al horror de la guerra y a los abusos del colonialismo. Esa experiencia ha nutrido una parte de su obra, en la que ha vuelto una y otra vez a ese mundo y a esos horrores, tratando de iluminarlos con el poder de la ficci&oacute;n. Pues como ella misma ha dicho es la ficci&oacute;n la que completa el relato de la historia, ya que aporta el mundo interior, el coraz&oacute;n profundo de los hombres. "La literatura lava con l&aacute;grimas ardientes los fr&iacute;os ojos de la historia".<em> Estuario</em> es una novela que partiendo de episodios hist&oacute;ricos mezcla lo real con lo m&iacute;tico, dando lugar&nbsp; a una suerte de realismo m&aacute;gico a la portuguesa.</p>
<p>Su protagonista es un hombre joven, Edmundo Galeano, que regresa a Lisboa tras una experiencia traum&aacute;tica vivida en los campos de refugiados de Dadab, surgidos para dar una cobertura humanitaria a los refugiados somal&iacute;es huidos de la guerra civil. Edmundo es un cooperante que sufrir&aacute; un accidente que pr&aacute;cticamente inutilizar&aacute; su mano derecha. <em>Edmundo hab&iacute;a estado en &Aacute;frica, la terrible &Aacute;frica de las grandes polvaredas, de las grandes batallas sin imagen ni noticia, de las terribles religiones primitivas, sanguinarias, con dioses hechos del cruce del caim&aacute;n y del buitre, y hab&iacute;a sido una v&iacute;ctima, hab&iacute;a regresado de una misi&oacute;n de paz con una mano mutilada como si hubiese participado en una guerra.</em></p>
<p>Regresa a Portugal pero el horror de lo vivido, su&nbsp; misma mano muerta, le hace preguntarse por el sentido de su aventura humana y de ese regreso a la casa familiar. Y decide escribir un libro donde deben estar las cat&aacute;strofes y los horrores, pero tambi&eacute;n la belleza&nbsp; de la vida y del mundo.&nbsp;<em>Sin embargo, al mal no se le opon&iacute;a el bien, sino la belleza y era esa porci&oacute;n de s&iacute; mismo la que deber&iacute;a dar al mundo, despu&eacute;s de la vida en Dadaab. Las belleza. Sab&iacute;a que tendr&iacute;a que conquistar la belleza para que su libro funciona como lecci&oacute;n.</em>&nbsp;</p>
<p>Un libro destinado a evitar el fin del mundo, un libro que tuviera el poder de salvar a quien lo leyera. Obsesionado con este proyecto Edmundo Galeano debe enfrentarse al primero de sus problemas: aprender a&nbsp; escribir con su mano enferma. Decide copiar otros libros para recuperar esa funci&oacute;n de su mano, y elige para sus ejercicios dos libros: <em>Oda mar&iacute;tima</em> de Pessoa y <em>La II&iacute;ada</em>.&nbsp;<em>Oda mar&iacute;tima</em> de &Aacute;lvaro de Campos, heter&oacute;nimo de Pessoa, es un canto entusiasta y radiante al ingenio humano, que a trav&eacute;s de la ciencia y la t&eacute;cnica ha permitido al llamado mundo civilizado enriquecerse y dominar el mundo natural. Un canto que reivindica con entusiasmo la fuerza y la energ&iacute;a, por encima de la belleza. Mas ese &iacute;mpetu que ha permitido al ser humano alcanzar grados de desarrollo inimaginables ha sido tambi&eacute;n la causa de la destrucci&oacute;n de una parte del mundo y del dominio que los pueblos desarrollados han ejercido sobre los pueblos del llamado Tercer Mundo. El canto a la energ&iacute;a y al ingenio humano se transforma en un canto de destrucci&oacute;n y pillaje como tal vez nunca ha tenido lugar en la historia de la humanidad. El segundo de los libros, <em>La Il&iacute;ada,</em> apenas se aparta de este gui&oacute;n idea, pues es el canto de c&oacute;mo un pueblo lleva a otro la destrucci&oacute;n y la muerte a trav&eacute;s de su b&uacute;squeda de un ideal heroico. La elecci&oacute;n de estos libros para sus ejercicios de escritura, lejos de ser arbitraria, forma parte del coraz&oacute;n mismo de su proyecto.</p>
<p>La mano herida de Edmundo es la mano del escritor. Para eso escribe para poder completarse. Adorno dijo que la verdadera pregunta, la que funda la filosof&iacute;a, no es la pregunta por lo que tenemos sino por lo que nos falta. Y el lugar de la falta es donde se plantea la pregunta sobre si podr&iacute;amos ser de otra manera. Perder algo, puede leerse en el libro de Lidia Jorge, es estar preparado para perder m&aacute;s si fuera necesario. La mano muerta de Edmundo Galeano es su v&iacute;nculo con todos los humillados de la tierra. Un v&iacute;nculo con su verdad. La escritura como una forma de recuperar la decencia y el honor. Rafael S&aacute;nchez Ferlosio al explicar el conflicto de Lord Jim dice esto del honor. &ldquo;El sentimiento de honor perdido no es un conflicto psicol&oacute;gico. El honor es una relaci&oacute;n de lealtad con los dem&aacute;s&rdquo;. De forma que el deshonor no es tanto &ldquo;haberse fallado a uno mismo&rdquo; sino &ldquo;haberles fallado a los otros&rdquo;.</p>
<p>Para que esto no suceda hay otra pregunta que el escritor no puede dejar de hacerse: &iquest;qu&eacute; debe aparecer en ese libro?&nbsp;<em>&iquest;Si ninguna de esas personas ha visto matar ni ha visto morir de privaci&oacute;n, solo de enfermedad natural, como fue el caso de nuestra madre, Maria Balbina, que falleci&oacute; de neumon&iacute;a? &iquest;Si ninguna de esas personas ha pasado hambre o sed? &iquest;Si ninguna de esas personas ha pasado una noche al relente, jam&aacute;s una noche sin luz, nunca un d&iacute;a sin cuarto de ba&ntilde;o, nunca un d&iacute;a sin ropa, sin comida, sin medicamentos como les ocurre diariamente a aquellos que yo vi en los campos donde permanec&iacute; a lo largo de tres a&ntilde;os, sobre todo los dos en Dadaab? &iquest;C&oacute;mo pueden estas personas entrar en el libro 2030?</em></p>
<p>A&uacute;n m&aacute;s, si todo ya est&aacute; escrito &iquest;por qu&eacute; le parece que hace falta un libro m&aacute;s y que debe escribirlo &eacute;l? Y &iquest;c&oacute;mo lo har&aacute;?, &iquest;con qu&eacute; palabras? Hay un momento en que Charlote, uno de los personajes clave del libro, reflexiona sobre el amor. Lo define como un rel&aacute;mpago que une a dos personas, pero siente a la vez que no hay palabras suficientes para expresar las realidades humanas, y las que tantas veces se utilizan est&aacute;n desgastadas y no serven de nada. <em>El amor de Trist&aacute;n e Isolda ya no exist&iacute;a m&aacute;s en la faz de la tierra, o mejor, se sab&iacute;a ahora que, al final, siempre hab&iacute;a sido aquello que era, un mito construido con imaginaci&oacute;n y palabras. Lo que hab&iacute;a quedado, eso s&iacute;, era un rel&aacute;mpago que un&iacute;a a dos personas. Entre ellos ten&iacute;a lugar ese rel&aacute;mpago. Sin embargo, ambos buscaban en el amplio aparato verbal de su lengua la palabra que correspond&iacute;a a ese sentimiento y no la encontraban. Como no la encontraban, usaban la palabra desgastada, la &uacute;nica que conoc&iacute;an que se le pareciese, y era de nuevo la palabra amor. </em></p>
<p>Tal es el descubrimiento doloroso que hace Edmundo a trav&eacute;s de las dificultades que encuentra para llevar adelante su proyecto: que las palabras de su lenguaje no coinciden con los l&iacute;mites del mundo que tiene ante &eacute;l. Hab&iacute;a que buscar esas palabras que no existen en los diccionarios comunes y que solo se encuentran en los limites del lenguaje. No hablar con palabras prestadas sino con otras que persigan no tanto desvelar el misterio como protegerlo.&nbsp;<em>Estamos hecho para alimentarnos de lo inexpresable, pens&oacute; Charlote, por eso nos encanta el misterio</em>. Esa es la dificultad a la que se deber&aacute; enfrentar Edmundo en la escritura de su libro: Encontrar las palabras que necesita para dar cuenta de eso inexpresable que eran. <em>Dijo que Edmundo hac&iacute;a bien en escribir lo que deseaba escribir- Un libro para salvar a los hombres de la Tierra. Acabar&aacute; siendo un libro en alabanza de todo lo que nace, independientemente de la muerte que vaya a tener, dijo ella y de todo lo que muere algo nace. De tu mano muerta nacer&aacute; un libro. </em></p>
<p>La novela de Lidia Jorge es un desaf&iacute;o permanente para sus lectores, pues nada en ella es lo que parece. Se trata de un libro sobre la escritura de un libro, donde sus personajes, se van construyendo y deconstruyendo ante nuestros ojos como pasa con los personajes que pueblan los sue&ntilde;os. Un libro sobre una de esas casas llenas de secretos que aparecen en tantas novelas. Vemos empa&ntilde;arse los espejos, hablan los retratos, los pasillos se llenan de ruidos, hasta que nos damos cuenta de que toda esa actividad no encubre sino el esfuerzo de la autora por dar cuenta de la vida con todas sus contradicciones. No solo de la vida de nuestra raz&oacute;n, sino tambi&eacute;n de la que tiene que ver con nuestros deseos. Es de esa vida de la que, en un intenso y doloroso p&aacute;rrafo, habla Amadeu lima, el amante de Charlote:&nbsp;<em>Y de repente sent&iacute; que la perfecci&oacute;n que yo viv&iacute;a al lado de una mujer bella y completa, que la vida me hab&iacute;a puesto a ala orilla de las olas un mes de septiembre, llenaba mi vida domesticada, civilizada, pero no mi vida salvaje. Imposible explicarlo con palabras. Para que lo comprendas, mi vida necesitaba fidelidad e infidelidad, La fidelidad era vivida con ella, tu hermana Charlote, la infidelidad, que yo tambi&eacute;n necesitaba, no ten&iacute;a cara, era vivida con varias caras superpuestas, y yo quer&iacute;a las dos, la fidelidad y la infidelidad. Sent&iacute;a placer en ese riesgo, en vivir una asimetr&iacute;a inc&oacute;moda, entre la vida fiel a Charlote y la vida disoluta con cualquiera. Sent&iacute;a placer en intentar equilibrar con dificultad la vida salvaje y la vida pura, sabiendo peligrosamente que las dos resid&iacute;an en el mismo pecho.</em></p>
<p><em></em>Puede que Charlote sea el personaje m&aacute;s cautivador, delicado y profundo, de todos cuantos ha concebido Lidia Jorge a lo largo de su ya larga obra. Es como un esponja que va absorbiendo todo cuanto sucede a su alrededor, pero que no puede protagonizar su propia vida. Alguien due&ntilde;o de esa rara aptitud para vincular &ldquo;lo que cura con lo que hiere&rdquo;, que para Henry James era la raz&oacute;n &uacute;ltima de la verdadera literatura. El libro trata, en suma, de c&oacute;mo poner en el mundo un poco de cordura y amor. <em>Ella cre&iacute;a que el hombre y la mujer eran seres luminosos con puntos de oscuridad y no al contrario</em>, se lee en una de las p&aacute;ginas de <em>Estuario</em>. Sus personajes padecen lo que Chesterton llam&oacute; bellamente &ldquo;las agon&iacute;as del anhelo".</p>
<p>La obra de Lidia Jorge nos habla de las fuerzas terribles o ben&eacute;ficas de la naturaleza, del placer y de la muerte, de las servidumbres del amor y del sufrimiento debido a la p&eacute;rdida. Mas ella sabe que el verdadero narrador nunca cuenta una historia, por muy terrible que sea, para sumir en la desolaci&oacute;n a los que le escuchan. Es un mediador. Se ofrece a su comunidad no para aumentar su inquietud, sino para ayudarla a sobreponerse a las amenazas que la apremian o inquietan. Sus relatos son f&oacute;rmulas de cohesi&oacute;n que le permiten conjurar el efecto desintegrador de esas amenazas, y nos permiten entrar en regiones de la realidad que de otra forma nos resultar&iacute;an inaccesibles. Esta novela, toda la obra de Lidia Jorge, nos ense&ntilde;a a aprehender el mundo como pregunta, por lo que supone un alegato contra el totalitarismo en todas sus formas. Todos los totalitarismos&nbsp; son mundos de respuestas, no de preguntas. Frente a los que prefieren juzgar a comprender, contestar a preguntar, Lidia Jorge defiende el poder sanador de la novela como pregunta, que su voz se oiga en el estr&eacute;pito necio de las certezas humanas.</p>
<p>La obra de Lidia Jorge es comparable a la de todos los grandes moralistas, en el sentido que Camus da a esta palabra: los que tienen la pasi&oacute;n del coraz&oacute;n humano. La autora portuguesa forma parte de esa larga tradici&oacute;n de grandes moralistas, que desde Cervantes o Stendhal, se dan en el mundo de la novela. Se confunde con ellos porque busca al hombre en el entorno y la comunidad en que vive; y la verdad en donde se oculta, en sus rasgos particulares. Lidia Jorge suscribir&iacute;a sin dudarlo las palabras de Camus acerca de que el desprecio por los hombres constituye con frecuencia el estigma de un coraz&oacute;n vulgar.<strong> </strong></p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 20 Oct 2023 10:41:38 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El escritor turolense Isidoro Villarroya y el “Mito de Sagunto”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-escritor-turolense-isidoro-villarroya-y-el-mito-de-sagunto/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/ISIDORO_VILLAROYA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Poco se sabe del autor turolense Isidoro Villarroya y Crespo, escritor de la primera mitad del siglo XIX, pero hemos podido acceder a su expediente administrativo, su &ldquo;Hoja de servicios&rdquo; &mdash;que se encuentra en el Archivo del Instituto &ldquo;Vega del Turia&rdquo; de Teruel&mdash;, y de ella podemos extraer los datos biogr&aacute;ficos y bibliogr&aacute;ficos b&aacute;sicos que exponemos a continuaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Biograf&iacute;a de Isidoro Villarroya y Crespo</strong></p>
<p>Nace el 3 de abril de 1800 en el pueblo turolense de Corbal&aacute;n y a los13 a&ntilde;os comienza sus estudios de Gram&aacute;tica latina en las aulas p&uacute;blicas de la ciudad de Teruel. Un a&ntilde;o despu&eacute;s, en 1814, obtiene una beca de n&uacute;mero en el Real y Conciliar Seminario de Teruel y cursa como seminarista interno Filosof&iacute;a, y dos a&ntilde;os de Teolog&iacute;a escol&aacute;stico-dogm&aacute;tica y Sagradas Escrituras. En 1824 obtiene por oposici&oacute;n el Magisterio de latinidad en la villa de Mora de Rubielos, y en 1827 el t&iacute;tulo de Preceptor de latinidad. Ese mismo a&ntilde;o, es invitado por el Obispo de Teruel a desempe&ntilde;ar la C&aacute;tedra de Ret&oacute;rica y mayores del Seminario Conciliar, cargo que ejercer&aacute; durante 18 a&ntilde;os.</p>
<p>En 1834 es nombrado vocal de la Junta de Instrucci&oacute;n primaria de la provincia de Teruel y en 1845 ser&aacute; comisionado por el Excelent&iacute;simo Ayuntamiento para redactar la contestaci&oacute;n que se deb&iacute;a remitir a la Comisi&oacute;n provincial de Monumentos hist&oacute;ricos y art&iacute;sticos de dicha ciudad. Tambi&eacute;n el a&ntilde;o 1845 fue invitado, con motivo de la creaci&oacute;n del Instituto Provincial de Segunda Ense&ntilde;anza, a ocupar la misma C&aacute;tedra que desempe&ntilde;aba en el Seminario Conciliar. En marzo de 1847 recibi&oacute; el nombramiento de Catedr&aacute;tico de Lat&iacute;n y Castellano de ese mismo Instituto. En 1853 fue invitado por el Obispo de Teruel a impartir clases de griego en el Seminario, lo que har&aacute; hasta su muerte el 19 de mayo de 1855.</p>
<p>La pr&aacute;ctica totalidad de sus libros los edita en Teruel, en tres Imprentas (Gimeno, Garc&iacute;a y Zarzoso), pero editar&aacute; un libro, por el que es m&aacute;s conocido, en Valencia, en la colecci&oacute;n del librero, editor e impresor, Mariano de Cabrerizo.</p>
<p>El primer texto que publica es un folleto en 16&ordm;, <em>El Santo Via-Crucis y Dolores de Mar&iacute;a, en cuartetas y d&eacute;cimas</em> (Gimeno, Teruel), en 1834. Tres a&ntilde;os despu&eacute;s,&nbsp; en&nbsp; 1837, unas <em>Lecciones de geograf&iacute;a</em> (Gimeno, Teruel), en un tomo en 8&ordm;. Al a&ntilde;o siguiente la novela hist&oacute;rica, <em>Marcilla y Segura o los amantes de Teruel. Historia del siglo XIII</em>, en dos tomos en 16&ordm;, editados por Cabrerizo en Valencia. En 1840 edita en un folleto en 16&ordm;, unas cuartetas con el t&iacute;tulo, <em>Inventiva contra la blasfemia </em>(Zarzoso, Teruel). Cinco a&ntilde;os despu&eacute;s, en 1845, publica tres libros:<em> Baturrillo o una caravana estudiantina</em> (Zarzoso, Teruel), en dos tomos en 16&ordm; papel marquilla, una obra sat&iacute;rica; y los dos libritos que a nosotros nos interesan, <em>Las ruinas de Sagunto. Poema hist&oacute;rico perteneciente a la &eacute;poca de la dominaci&oacute;n cartaginesa de la Espa&ntilde;a Antigua</em> (Garc&iacute;a, Teruel) y <em>El hombre de la cueva negra o las ruinas y restauraci&oacute;n de Sagunto, hoy </em>Murviedro, los dos libros editados en Teruel, por la imprenta Garc&iacute;a, en dos tomos en 8&ordm;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Isidoro Villarroya y el &ldquo;Mito de Sagunto&rdquo;</strong></p>
<p>Estos dos &uacute;ltimos libros pueden considerarse como formando una unidad, tanto desde un punto de vista tem&aacute;tico como de cronolog&iacute;a referencial: los avatares de Sagunto desde su asedio y destrucci&oacute;n en el a&ntilde;o 218 a. de C, &nbsp;hasta su reconquista por los hermanos Escipi&oacute;n, Publio y Cneo Cornelio, cinco a&ntilde;os despu&eacute;s, en el 212 a. de C. Si bien, &nbsp;ambos difieren en su g&eacute;nero textual. Por una parte, <em>Las ruinas&hellip;</em>, es un largo poema &eacute;pico, escrito en versos endecas&iacute;labos, con rima asonante en los versos pares (manteniendo la siguiente regularidad: los cantos I y II la rima es &eacute; o; el III y IV, &nbsp;&iacute; o; el V y VI, &nbsp;&aacute; o; y el VII y VIII, &nbsp;&eacute; a) y en &eacute;l se refieren los hechos constitutivos del &ldquo;mito de Sagunto&rdquo;, siguiendo las fuentes cl&aacute;sicas y los estudios historiogr&aacute;ficos contempor&aacute;neos a su autor, como &eacute;l mismo refiere en el pr&oacute;logo y en la multitud de notas que acompa&ntilde;an a su texto.</p>
<p>Por otra parte, <em>El hombre de la cueva negra</em>&hellip;, es una novela en prosa, en la que el autor narra unos amores y unas peripecias ficticias, enmarcadas en el periodo siguiente a la destrucci&oacute;n de Sagunto hasta desembocar en la restituci&oacute;n de la ciudad tras su conquista por el ej&eacute;rcito romano, si bien todo el primer cap&iacute;tulo, as&iacute; como la totalidad el tercero, y parte del segundo y cuarto, refieren acontecimientos hist&oacute;ricos anteriores que lo ligan con el poema &eacute;pico.</p>
<p><em>Las ruinas&hellip;</em>, es un poema de factura cl&aacute;sica, que sigue estrictamente el canon &eacute;pico y se atiene al paradigma de la narraci&oacute;n del mito saguntino, extrayendo su informaci&oacute;n de las fuentes cl&aacute;sicas (Polibio y los excerpta de Fabio P&iacute;ctor, Tito Livio y Apiano), as&iacute; como lo referido por otros autores, posteriores, o contempor&aacute;neos a Villarroya, y que &eacute;l alude, extrayendo en sus notas citas de estos: Mariana, Isla, Masdeu, Romey o Miguel Cort&eacute;s. Este &uacute;ltimo y su obra <em>Diccionario geogr&aacute;fico-hist&oacute;rico de la Espa&ntilde;a Antigua</em>, ser&aacute; muy citado por Villarroya, con continuos elogios. Posiblemente, Villarroya fuese alumno del sacerdote Miguel Cort&eacute;s y L&oacute;pez, nacido en Camarena en 1776, que fue durante un tiempo Catedr&aacute;tico en los Seminarios de Teruel y Segorbe. Quiz&aacute;, tambi&eacute;n, fuese a trav&eacute;s de &eacute;l como Villarroya public&oacute; en la colecci&oacute;n de Cabrerizo en Valencia, ya que por esa &eacute;poca estaba Cort&eacute;s residiendo all&iacute;, como Chantre de su Catedral, &nbsp;y debemos recordar sus ideas liberales (fue diputado en las Cortes de C&aacute;diz y sufri&oacute; exilio pol&iacute;tico, adem&aacute;s de un proceso inquisitorial), que lo situaban en la &oacute;rbita de Cabrerizo.</p>
<p><em>El hombre de la cueva negra&hellip;</em>, como hemos dicho m&aacute;s arriba, es una novela hist&oacute;rica, que cabr&iacute;a incluir, siguiendo la clasificaci&oacute;n que propone Jos&eacute; Ignacio Ferreras, dentro de la denominada &ldquo;novela arqueol&oacute;gica&rdquo;. Responde al modelo rom&aacute;ntico de Victor Hugo y Walter Scott, y en ella se nos relatan los infortunios de una pareja amorosa: Lidoro y Aminta, v&iacute;ctimas de la violencia y el despotismo cartagin&eacute;s. La obra presenta situaciones siniestras, giros inesperados y aventuras y peripecias propias de la novela rom&aacute;ntica y sentimental.</p>
<p>La trama novelesca comienza con el personaje Laufitel, ciudadano de Emporion, quien&nbsp; se encuentra en las cercan&iacute;as de Sagunto, en el rio Idubeda,&nbsp; huyendo de unos cartagineses que lo buscan temiendo que sea un esp&iacute;a. Efectivamente lo es, de Escipi&oacute;n, quien le ha enviado a que le informe de los cartagineses y de Sagunto. Una tormenta virulenta le lleva a una mas&iacute;a en la que se niegan a darle cobijo porque la mujer del campesino y su hijo cree que es el gigante de la cueva negra. Laufitel les muestra que no es as&iacute;, pero se entera por una conversaci&oacute;n que tienen unos hombres en la mas&iacute;a junto al fuego, que cerca de all&iacute; hay una cueva habitada por un m&aacute;gico o nigromante que arroja fuegos.</p>
<p>Laufitel movido por la curiosidad se acerca a la cueva y descubre all&iacute; a su habitante, a quien le dice que no le har&aacute; nada y le descubre qui&eacute;n es. Al enterarse que se encuentran los romanos en Hispania y de qui&eacute;n es, el gigante le dice que &eacute;l es un jefe saguntino y le cuenta su historia: el asedio y destrucci&oacute;n de Sagunto, la muerte de sus padres, la muerte de su amada, Aminta y c&oacute;mo lleg&oacute; hasta all&iacute; gracias a los colonos de una casa de campo suya y a la de una aldeana que le suministra cada cierto tiempo v&iacute;veres.</p>
<p>Miestras resuelven c&oacute;mo llegar a los romanos e informarles, sabemos que no todos los saguntinos han perecido, que Aminta est&aacute; viva, es una de los rehenes que fue salvada por un capit&aacute;n cartagin&eacute;s hispano (su madre, amiga de Himilce, la esposa hispana de An&iacute;bal, consigue saldar sus deudas y enrolar a su hijo). Este la requiere, pero Aminta lo evita. Se la somete a Aminta a un juicio y el Comandante Ind&uacute;bal cree que quien mat&oacute; a Felicio y a otros soldados cartagineses fue Lidoro, que a&uacute;n sigue vivo. Y acusa a Aminta de ocultarlo.</p>
<p>Como se ve, se trata de una obra repleta de amores, intrigas, cambios s&uacute;bitos, revelaciones insospechadas&hellip;. Tan solo aludir&eacute; al fin de los amantes porque enlaza esta obra con otra suya &mdash;mucho m&aacute;s famosa en su &eacute;poca y por la que es recordado&mdash;, <em>Marcilla y Segura o Los amantes de Teruel</em>, ya que los amigos de Lidoro, Laufitel y Roseel naturales de Emporion, cuando se dirigen hacia Sagunto, cerca ya de la batalla final que acabar&aacute; con el poder cartagin&eacute;s, encuentran a su amigo en un s&oacute;tano, muerto junto a un arca, bes&aacute;ndola, donde se haya sepultada Aminta.</p>
<p>Perm&iacute;tanme, para finalizar, que les exponga unas palabras del pr&oacute;logo de <em>El hombre de la cueva negra&hellip;</em>, que les dar&aacute; el tono que atraviesa a estas dos obras de Isidoro Villarroya: &ldquo;Mas no forma la celebridad de Sagunto la antig&uuml;edad de su fundacion y pros&aacute;pia de sus fundadores , ni la fortaleza de sus murallas y alcazar, ni su benigno clima y f&eacute;rtil suelo, ni el c&uacute;mulo de riquezas que la prodig&aacute;ra su decantado comercio, ni la dignidad y excelencia de su gobierno; f&oacute;rmala el inimitable hero&iacute;smo de sus habitantes. Los Saguntinos lanzaron los primeros el m&aacute;jico grito de independencia: los Saguntinos dieron el mas relevante ejemplo de amor patrio, oponi&eacute;ndose con entusiasmo y her&oacute;ico denuedo al ominoso yugo de la dominaci&oacute;n estrangera, y sell&aacute;ndolo con su misma sangre el sacrosanto juramento de fidelidad bien merecidos son los repetidos encomios, que les han prodigado los antiguos poetas e historiadores&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 20 Oct 2023 09:56:04 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El tonto encumbrado]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-tonto-encumbrado/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas23/CONSTANTINO_MOLINA_500_px.jpg" alt="" /></p>
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<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em>Me gusta la poes&iacute;a que se entiende.</em></p>
<p><em>La que habla de la vida</em>.</p>
<p>Dijo el tonto encumbrado.</p>
<p>Y se call&oacute; la t&oacute;rtola,</p>
<p>se secaron los pozos en los que nadie sabe</p>
<p>por qu&eacute; ni para qui&eacute;n su agua aflora.</p>
<p>Dejaron de vibrar las mist&eacute;ricas cuerdas,</p>
<p>le abatieron el vuelo al canto de la nada</p>
<p>y en la noche al amor se transform&oacute;</p>
<p>en una triste mueca de evidencia.</p>
<p>Se pusieron muy tristes Juan de Yepes,</p>
<p>Valente y Jackson Pollock.</p>
<p>Se deshizo el hechizo de los salmos,</p>
<p>se le agot&oacute; la voz al mundo,</p>
<p>y el tonto fue feliz</p>
<p>mientras su triste vida nos contaba.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 09 Oct 2023 09:45:48 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Winterreise. Un viaje de invierno]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/winterreise-un-viaje-de-invierno/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas23/ESTHER_KINSKY_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>D&iacute;a tras d&iacute;a. Quiz&aacute; noche tras noche, durante tres meses seguidos, una mujer sola se sienta a escribir en su habitaci&oacute;n alquilada, junto a la ventana, antes de acostarse. Ya ha estado en Italia anteriormente. Este viaje, sin embargo, proyectado minuciosamente en todos sus detalles, iba a hacerlo con M., el hombre que compart&iacute;a sus sue&ntilde;os y sus esperanzas. Ahora &eacute;l est&aacute; muerto, piensa mientras escribe. Piensa en &eacute;l a todas horas. Tambi&eacute;n hoy ha puesto el <em>Winterreise</em> de Schubert a un volumen inadmisible para la hora. Al volumen que a &eacute;l le gustaba escucharlo. Su <em>lieder</em> preferido. La mujer baja el volumen. Pronto se ir&aacute; a la cama.</p>
<p><em>Arboleda</em> es uno de esos libros, aparentemente sencillos, pero que basta con leer unas pocas p&aacute;ginas para darse cuenta de que no lo es, de que la sencillez casi siempre tiene un elevado precio, y no est&aacute; al alcance de cualquiera. Uno de esos libros sobre los que la cr&iacute;tica enmudece y para los que el lector no es m&aacute;s que un accidente, una contingencia, un pretexto. Libros, generalmente, que su autor escribe para superar alg&uacute;n golpe inesperado de la vida, para poder seguir viviendo, sobreviviendo. Porque el mundo ya no es el mismo para quien ha perdido a un ser querido. El mundo ya no es el mismo para quien ha perdido &ldquo;al testigo de su vida, y teme que en adelante su vida va a transcurrir en el mayor abandono, en la mayor soledad&rdquo;, como dej&oacute; escrito insuperablemente en una de sus ep&iacute;stolas Plinio el Joven.</p>
<p>&ldquo;Acostada y despierta, medit&eacute; sobre las posibilidades que ten&iacute;a en aquel lugar para ajustar mi vida durante tres meses a un orden que me permitiera sobrevivir a la inesperada extra&ntilde;eza&rdquo;.</p>
<p>No es un viaje literario, aunque visite m&aacute;s adelante la tumba de Keats, aunque la primera etapa del viaje sea Ferrara y pregunte por la tumba de Bassani. Es un viaje en el que algunos muertos siguen vivos. Un viaje a Italia. Un viaje a la memoria. Pero un viaje a Italia sin poner los pies en ning&uacute;n museo. Ni olvidar un cementerio (hay personas, confieso que soy una de ellas, que sienten una atracci&oacute;n especial por los cementerios).</p>
<p>Una ma&ntilde;ana, mientras se hace el caf&eacute;, la narradora se asoma al balc&oacute;n y ve c&oacute;mo el pueblo se va despertando poco a poco. Un d&iacute;a y otro d&iacute;a y otro d&iacute;a. Ve c&oacute;mo se van abriendo las ventanas. C&oacute;mo un cami&oacute;n de la basura recula por las callejas, y peque&ntilde;as figuras con chalecos reflectantes acercan los contenedores y los vac&iacute;an en el colector. El ruido de la cafetera la reclama y mientras desayuna escribe, no quiere que se le olvide: <em>Desde el balc&oacute;n, ve&iacute;a c&oacute;mo despertaba transform&aacute;ndose en un mundo de juguete: movidas por dedos invisibles, se abr&iacute;an las ventanas; un cami&oacute;n de la basura reculaba por las callejas, y peque&ntilde;as figuras con chalecos reflectantes acercaban los contenedores y los vaciaban en el colector.</em> Anota lo que hace cada d&iacute;a nada m&aacute;s hacerlo. Anota lo que ve, anota lo que oye, lo que piensa, lo que recuerda, anota incluso las cosas que no ve y cuya existencia sospecha. El paisaje, el pueblo, la casa de la colina, el cementerio, depende desde d&oacute;nde se los mire, componen un cuadro diferente. El mismo cuadro, pero diferente. Describe los gestos de la vida, los gritos, las conversaciones, los silencios, las miradas. Describe los paisajes, cambiantes seg&uacute;n las estaciones. Y los sue&ntilde;os. Los recuerdos y los sue&ntilde;os, que tantos hombres y mujeres desde&ntilde;an. Los sue&ntilde;os que tantas cosas dicen a quien sabe escuchar, a quien sabe escucharse.</p>
<p>La narradora observa, nombra, describe lo que ve, pero muchas veces ignora qu&eacute; significa lo que ve. Entonces recurre a la duda, a la sospecha, al lenguaje en el que se expresa lo inexpresable, lo inefable, y escribe <em>quiz&aacute;</em>, la palabra <em>quiz&aacute;</em>. <em>Quiz&aacute; se tratara de un rito&hellip;, quiz&aacute; la foto se tom&oacute; en Olevano&hellip;, quiz&aacute; le gustaba apoyarse en el marco de la puerta&hellip;, quiz&aacute; la escena se repet&iacute;a&hellip;, quiz&aacute; sub&iacute;a por el sendero&hellip;, quiz&aacute; le faltaba valor</em>. O tal vez. O al parecer. O posiblemente.</p>
<p>Y nos preguntamos una vez m&aacute;s: &iquest;qu&eacute; es lo que hace que estas p&aacute;ginas, escritas por una mujer que viaja sola, nos emocionen tanto? &iquest;Qui&eacute;n es Esther Kinsky? &iquest;Qui&eacute;n es la autora de este emocionante y po&eacute;tico libro? Nacida en 1956, en Renania, poeta y traductora del polaco, el ingl&eacute;s y el ruso, le han bastado dos novelas, tan premiadas como traducidas a otras lenguas, para ocupar un lugar de excepci&oacute;n en la literatura alemana.&nbsp;</p>
<p><em>Arboleda</em> es quiz&aacute; una novela. O tal vez. O al parecer. Poco importa. <em>Una novela del territorio</em> reza enigm&aacute;tico el subt&iacute;tulo. Pero una novela que no se atiene a las caracter&iacute;sticas (servidumbres) tradicionales del g&eacute;nero (&iquest;y por qu&eacute; habr&iacute;a de hacerlo?). Una novela sin personajes estrictamente hablando, pero con personas, personas an&oacute;nimas,&nbsp; algunas est&aacute;n muertas (<em>morti</em>) y otras vivas (<em>vii</em>). Y entre las muertas, algunas siguen vivas en nuestra memoria. Mientras alguien te recuerde, no est&aacute;s muerto, reza un lugar com&uacute;n poco consolador. Pero los recuerdos no se fijan para siempre, ni se fijan de una vez. Cada vez que acuden a la memoria (&iquest;por qu&eacute; esos y no otros?) son recuerdos distintos. Los mismos pero distintos. De manera que <em>Arboleda</em> es y no es una novela, una novela sin argumento, sin trama, sin desenlace. En pocas palabras: un libro bell&iacute;simo que no se parece a ning&uacute;n otro.</p>
<p><em>Declinaba el sol, el cielo se enarcaba en capas de naranja, rojo, p&uacute;rpura y lila sobre aquel paisaje cuyas superficies de agua reflejaban los colores perfilados por unas l&iacute;neas terrestres cada vez m&aacute;s negras [&hellip;] O&iacute; unas cercetas comunes al otro lado del estanque, unas avefr&iacute;as a lo lejos y, despu&eacute;s, unos martinetes</em>.</p>
<p><em>Me dispuse a partir. En los &uacute;ltimos paseos trat&eacute; de grabarme lo que hab&iacute;a visto a diario en aquel lugar: las aguas con las estrechas franjas de tierra en medio; las l&iacute;neas que los p&aacute;jaros trazaban en el cielo sobre el paisaje; los colores de las ruinosas construcciones de ladrillo a la luz cambiante; las p&aacute;lidas ca&ntilde;as del carrizo; las garzas serenas, la inercia invernal de los flamencos y el quieto cortejo de los camiones</em>.&nbsp; Se acerca el final. Hay que volver. Hay que volver aunque nadie nos est&eacute; esperando. Todo vuelve. Todo acaba por volver. Todo menos nosotros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esther Kinsky, <em>Arboleda. Una novela del territorio</em>, trad. de Richard Gross, C&aacute;ceres, Perif&eacute;rica, 2021.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 06 Oct 2023 11:33:23 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Si quieres futuro prepara el presente]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/si-quieres-futuro-prepara-el-presente/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/MAT_AS_ESCALERA_CORDERO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>La ciencia ficci&oacute;n es la proyecci&oacute;n veros&iacute;mil del presente, lo dem&aacute;s es fantas&iacute;a. Es la diferencia que existe, por ejemplo, entre las sagas gal&aacute;cticas de Lucas y la de <em>Star Trek</em>, porque este g&eacute;nero no abandona la especulaci&oacute;n cient&iacute;fica. Un sollozo del fin del mundo es ciencia ficci&oacute;n, incluso podr&iacute;amos afirmar que es una cr&oacute;nica del m&aacute;s que inquietante presente bajo la apariencia de ese g&eacute;nero futurible. Jameson, en un libro que ahora citaremos, va incluso m&aacute;s all&aacute;: &ldquo;El presente no deja, de hecho, de ser un pasado, aunque su destino demuestre ser las maravillas tecnol&oacute;gicas de Verne o, por el contrario, los aut&oacute;matas destartalos y tullidos del futuro pr&oacute;ximo de P.K. Dick&rdquo; (2009: 343).</p>
<p>Para hacer veros&iacute;mil narrativamente este reto Mat&iacute;as Escalera, consagrado poeta y avezado contador, ha orquestado un <em>collage</em> de m&uacute;ltiples voces narrativas conformado por di&aacute;logos contados por personajes, documentos le&iacute;dos, excursos reflexivos, etc. Todo ello amasado en una &ldquo;focalizaci&oacute;n 0&rdquo;, eso que antes de la narratolog&iacute;a contempor&aacute;nea se llamaba con un ese ox&iacute;moron denominado &ldquo;narraci&oacute;n objetiva&rdquo;. Escalera abanica, embraga y desembraga con singular maestr&iacute;a ese abanico de voces narrativas -con algunas &ldquo;focalizaciones internas homodieg&eacute;ticas,&rdquo; es decir, puntos de vista subjetivos- y documentos que resultan estimulantes para un lector con vocaci&oacute;n de recreador, especie en peligro de extinci&oacute;n desde que los t&eacute;cnicos de la mercadotecnia tomaron al asalto las editoriales.</p>
<p>En su novela precedente, <em>Un mar invisible</em> (Isla Varia, 2009) el autor madrile&ntilde;o hab&iacute;a desplegado una maquinaria narrativa de gran complejidad, nada complaciente, herm&eacute;tica y alineada con una vanguardia sin complejos que entroncaba con los experimentos (&iquest;olvidados, denostados, varados?) de la d&eacute;cada prodigiosa. Escalera escribe con precisi&oacute;n, con una pertinencia muy cervantina -algo se pega viviendo en Alcal&aacute;-, quiz&aacute; con un abuso de los puntos suspensivos que ya se atisbaba en su anterior novela. Escritor y poeta, domina el lenguaje y su ritmo, por lo que la lectura de <em>Un sollozo</em> es experiencia tan gozosa en lo literario como inquietante en lo tem&aacute;tico. Estamos ante una apuesta valiente, temeraria incluso, en estos tiempos de involuci&oacute;n sociopol&iacute;tica y tambi&eacute;n, y no es menos grave, est&eacute;tica. Este aullido del fin del mundo, que lo es literal y figuradamente, est&aacute; orquestado con vocaci&oacute;n m&aacute;s posibilista en su escritura, menos herm&eacute;tica y menos aparentemente ca&oacute;tica, si bien sigue siendo una necesaria <em>rara avis</em> en un panorama de &ldquo;ficci&oacute;n especulativa&rdquo; -ah&iacute; la encuadra el prologuista Alberto Garc&iacute;a Teresa- profuso en producci&oacute;n, pero m&aacute;s bien convencional en la novel&iacute;stica hoy publicada con bulimia incontrolada. De nuevo aqu&iacute; este <em>enfant terrible</em> sesentero/sesent&oacute;n ensaya una escritura del caos posmoderno, una alegor&iacute;a del naufragio de ideolog&iacute;as y grandes relatos que anunciaran -qued&aacute;ndose cortos tras el advenimiento de la cultura digital participativa- Vattimo, Lyotard o Jameson.</p>
<p>Precisamente el libro del &uacute;ltimo pensador citado, <em>Arqueolog&iacute;as del futuro. El deseo llamado utop&iacute;a y otras aproximaciones a la ciencia ficci&oacute;n</em> (Akal, 2009), hace una l&uacute;cida introspecci&oacute;n en este g&eacute;nero contempor&aacute;neo que no puede ser nunca neutral: &ldquo;nuestras im&aacute;genes de la utop&iacute;a, todas las posibles im&aacute;genes de la utop&iacute;a, siempre ser&aacute;n ideol&oacute;gicas y estar&aacute;n distorsionadas por un punto de vista que no puede corregirse o ni siquiera explicarse, como cuando observamos que &eacute;ste o aqu&eacute;l ut&oacute;pico tal vez no se diese cuenta de las evoluciones sociales m&aacute;s recientes&rdquo; (pag. 210). Escalera es muy consciente de esa imposible equidistancia, por eso asume el punto de vista ideol&oacute;gico que le caracteriza, en sinton&iacute;a con Jameson, de un posmodernismo cr&iacute;tico, alineado con el pensamiento de la izquierda altersist&eacute;mica. Muchos de los acuciantes problemas que observamos desde esta &oacute;ptica hoy d&iacute;a aparecen contados en proyecci&oacute;n futur&iacute;stica: el desmontaje del <em>Welfare State</em>, el abismo creciente de la desigualdad a favor de una oligarqu&iacute;a financiera, el acorralamiento, cuando no derrota, de la cultura del com&uacute;n y, sobre todo y ante todo, el desastre ecol&oacute;gico que comenz&oacute; con el calentamiento, continu&oacute; con la crisis clim&aacute;tica y camina hacia un Armaged&oacute;n imprevisible e imparable. Ese desastre solo puede ser conjurado por una <em>fuga mundi</em>, por una respuesta espiritual como la de los monjes que la emprendieron durante el Bajo Imperio romano, justo en otra antesala del Apocalipsis. En esta novela lucen los resistentes conectados en redes <em>blockchain</em> (como los del enclave alpino autogestionado Rojaba-Detroit), convertidos en verdaderos protagonistas. Klein, Sa&uacute;l, Gersak y sus abuelos, que le ense&ntilde;aron el camino de esa rebeld&iacute;a, parecen ser el &uacute;nico rayo de esperanza ante la gran cat&aacute;strofe que avanza inexorable. No falta el humor en medio de la amenaza -hay hasta una cardenal llamada Marie Claire-. Y es que el mundo actual, el del 2023, se percibe ya como un gran sinsentido que en el 2053, el a&ntilde;o en que el autor ser&iacute;a centenario, llegar&iacute;a a un punto de no retorno. Es el momento v&oacute;rtice: o rebeli&oacute;n o desaparici&oacute;n. De aquellos polvos...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mat&iacute;as Escalera. <em>Un sollozo del fin del mundo.</em> Madrid, 2023, Ka&oacute;tica Libros<strong>.</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 29 Sep 2023 12:00:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La lente a través de la que todo se ve]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-lente-a-traves-de-la-que-todo-se-ve/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas23/ZADIE_SMITH_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Acaba de publicarse en castellano esta recopilaci&oacute;n de ensayos que Zadie Smith, londinense del 75, escribi&oacute; entre 2008 y 2016, durante los dos mandatos del presidente estadounidense Barack Obama.&nbsp; La autora de <em>Dientes Blancos</em> nos lo recuerda en el pr&oacute;logo con el fin de que los leamos con esa perspectiva en mente, pertenecen al pasado, si bien no se trata de un pasado lejano, pero pasado al fin y al cabo. Durante esos a&ntilde;os vivi&oacute; a caballo entre el Reino Unido y Estados Unidos, donde se instal&oacute; en Nueva York por motivos laborales para no desaprovechar la ocasi&oacute;n de compaginar su labor como profesora de escritura creativa en la <em>New York University</em>&nbsp; con la de activista comprometida en pro de los derechos de las mujeres, por un lado, y sobre todo con la de defensora del multiculturalismo como motor social de las comunidades en las que m&aacute;s profundamente asentado est&aacute;, digamos Londres y Nueva York.</p>
<p>Estos ensayos se escribieron, por lo tanto, a ambos lados del Atl&aacute;ntico y algunos de ellos vieron la luz en prestigiosos medios como <em>Harper&rsquo;s</em>,<em> </em><em>The New Yorker</em>&nbsp; o <em>The New York Review of Books</em>.&nbsp; Pero aun perteneciendo a la d&eacute;cada pasada no podemos decir que hayan perdido su frescura, ni mucho menos, toda vez que los temas de los que la mayor&iacute;a de ellos tratan son atemporales, como el arte, la literatura, los sentimientos o las relaciones personales.&nbsp; La obra est&aacute; dividida en cinco secciones cuyos t&iacute;tulos revelan el contenido de los ensayos de cada una. As&iacute;, <em>&ldquo;En la galer&iacute;a&rdquo;</em> recoge cr&iacute;ticas, concienzudas y puntillosas, de diferentes obras de arte, esculturas y pinturas.&nbsp; Por su parte <em>&ldquo;En la estanter&iacute;a&rdquo;</em> nos ofrece rese&ntilde;as literarias, y <em>&ldquo;Entre el p&uacute;blico&rdquo;</em> nos permite conocer la agudeza con la que Zadie Smith visiona distintas pel&iacute;culas. Los ensayos de la primera secci&oacute;n, <em>&ldquo;En el mundo&rdquo;,</em> abordan temas universales como el cambio clim&aacute;tico o el multiculturalismo junto con otros m&aacute;s locales, como el <em>Brexit</em>, e incluso una reflexi&oacute;n desde la distancia sobre su novela <em>NW London </em>publicada en 2012.&nbsp; En la &uacute;ltima secci&oacute;n, quiz&aacute; la m&aacute;s intimista y cuyo t&iacute;tulo es el mismo que el de la obra que hoy nos ocupa, se mezclan consideraciones de la autora sobre experiencias propias o familiares.</p>
<p>Zadie Smith habla mucho sobre s&iacute; misma, sobre su familia y sobre <em>Willesden</em>, el barrio del noroeste de Londres en el que se cri&oacute; y del que le cuesta horrores despegarse. El vecindario donde todav&iacute;a reside su madre y al que vuelve no solo de visita.&nbsp; Comprometida con la defensa de uno de los iconos culturales del mismo, su biblioteca p&uacute;blica, no duda en ponerse pr&aacute;cticamente al frente del colectivo que pelea para que no sucumba a la piqueta de la brutal especulaci&oacute;n inmobiliaria que reg&iacute;a, y rige, en la capital del Reino Unido.&nbsp; Como tampoco duda en postularse como activa defensora del medio ambiente, pregunt&aacute;ndose varias veces en sus textos <em>&ldquo;&iquest;qu&eacute; hemos hecho?&rdquo; &ldquo;&iquest;qu&eacute; podemos hacer?&rdquo;</em>&nbsp; Dos preguntas que tienen la misma validez intelectual cuando aborda el tema del multiculturalismo y que son claro reflejo de desesperaci&oacute;n incr&eacute;dula cuando las utiliza para hablar del abismo que se abre a sus pies ante la terrible perspectiva de un Reino Unido <em>post </em>&nbsp;<em>Brexit</em>.</p>
<p>Y de nuevo <em>Willesden</em> para reivindicar su barrio como el ambiente ideal para criar a sus hijos. De hecho tiene casa alquilada all&iacute;, y para predicar con el ejemplo es en <em>Willesden</em> donde vive cuando peri&oacute;dicamente regresa a Londres. Zadie Smith, defensora de la tolerancia y de la permeabilidad, critica abiertamente el paternalismo fariseo de los blancos y propugna la militancia activa para conseguir la igualdad real. Si bien en su etapa universitaria luch&oacute; desde una perspectiva casi exclusivamente feminista, despu&eacute;s de casi treinta a&ntilde;os ampl&iacute;a su compromiso y lo dirige hacia la negritud, as&iacute; en general, porque est&aacute; convencida de que la hipocres&iacute;a ciega cada vez a m&aacute;s personas. En varios ensayos se cuestiona incluso el concepto mismo de negritud. Preguntas y m&aacute;s preguntas. &iquest;Y los <em>birraciales</em> como ella misma, hija de jamaicana negra descendiente de esclavos y brit&aacute;nico blanco? &iquest;Y los <em>cuarterones</em> como sus propios hijos, fruto de su matrimonio con un blanco norirland&eacute;s?&nbsp; La raza es <em>&ldquo;la lente a trav&eacute;s de la que todo se ve&rdquo;</em>, dice en voz alta Zadie Smith, que lo sabe bien porque lleva casi tres d&eacute;cadas dando explicaciones. Demasiado tiempo para conseguir que se le considere una intelectual brit&aacute;nica, no una intelectual brit&aacute;nica <em>de</em> <em>color</em>.</p>
<p>En definitiva, <em>Con total libertad </em>pone al descubierto un perfil desconocido de esta grande de la literatura inglesa contempor&aacute;nea, el de ensayista. Sin embargo, ya en 2011 se tradujo al espa&ntilde;ol otra colecci&oacute;n titulada <em>Cambiar de idea</em>, y durante los primeros meses de la pandemia escribi&oacute; seis ensayos que acaban de ver la luz&nbsp; bajo el t&iacute;tulo de <em>Contemplaciones</em>. Si se trata de una nueva direcci&oacute;n en su profusa producci&oacute;n escrita o no, ya lo veremos. Pero de algo estamos seguros, su compromiso con las causas en las que cree va a seguir impregnando su obra futura, sea de ficci&oacute;n o no.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Zadie Smith, <em>Con total libertad</em>, Barcelona, Salamandra, 2021.</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 29 Sep 2023 11:39:32 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La poesía como vínculo cosmopolita]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-poesia-como-vinculo-cosmopolita/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/ABDUL_HADI_SADOUN_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>No nos sorprende el excepcional enfoque social y literario que Abdul Hadi Sadoun (Bagdad, Irak, 1968) nos ofrece en este libro, <em>Escribir con e&ntilde;e. Otros poetas en espa&ntilde;ol</em><strong> </strong>(Olifante, 2023). Este escritor iraqu&iacute;, afincado en Espa&ntilde;a desde hace m&aacute;s de dos d&eacute;cadas, se ha ganado a pulso su condici&oacute;n de hispanista. No todos los escritores nacidos en Espa&ntilde;a cuentan en su haber con la admirable trayectoria de Abdul Hadi Sadoun ni han escudri&ntilde;ado tanto en los diferentes latidos que la literatura espa&ntilde;ola ha dejado a lo largo de su historia.</p>
<p>Lejos de centrarse exclusivamente en la proyecci&oacute;n de su propia obra, que es intensa y extensa, y en la que ha ido confluyendo la poes&iacute;a, la narrativa y el ensayo, Abdul Hadi Sadoun ha ido dejando tras de s&iacute; un campo sembrado de investigaci&oacute;n rigurosa y de estudios centrados en escritores concretos (en el &aacute;mbito de la narrativa o la poes&iacute;a) o movimientos literarios cuya trascendencia ha traspasado fronteras hasta la cultura &aacute;rabe, a cuya lengua ha dado a conocer innumerables autores espa&ntilde;oles. Y a la inversa, este incansable estudioso de la literatura ha tra&iacute;do hasta nuestra cultura y en nuestra lengua a numerosos poetas de origen &aacute;rabe que hemos agradecido conocer por medio de las traducciones que este escritor iraqu&iacute; ha ido desarrollando y por las cuales nos permite conocer voces que merecen ser atendidas y conocidas en el contexto de la poes&iacute;a actual, sin tener en cuenta las fronteras.</p>
<p>En esta ocasi&oacute;n, Abdul Hadi Sadoun se ha propuesto, con &eacute;xito, acercarnos a los poetas que, sin haber nacido en Espa&ntilde;a, han elegido nuestro idioma como alternativa de expresi&oacute;n para sus creaciones po&eacute;ticas. <em>Escribir con e&ntilde;e. Otros poetas en espa&ntilde;ol<strong>, </strong></em>supone un interesante y revelador trabajo sobre las m&uacute;ltiples razones que han propiciado que escritores nacidos fuera de Espa&ntilde;a hayan optado por expresarse literariamente en espa&ntilde;ol. Para ello, ha seleccionado a 18 poetas que, seg&uacute;n apunta el autor en su pr&oacute;logo, &ldquo;destacan, no s&oacute;lo las voces magreb&iacute;es, sino otras voces de diferentes culturas y generaciones, un grupo de poetas del Oriente &aacute;rabe, &Aacute;frica y pa&iacute;ses de Europa que se han convertido en un signo distintivo de la nueva escritura en lengua espa&ntilde;ola&rdquo;. Son, sigue apuntando el autor del libro, &ldquo;18 poetas de diferentes pa&iacute;ses que han elegido el espa&ntilde;ol como idioma com&uacute;n o compartido con su lengua materna para escribir y manifestarse po&eacute;ticamente&rdquo;.</p>
<p>Todos los poetas seleccionados en este libro deb&iacute;an cumplir tres requisitos: que incluyeran poemas escritos directamente en castellano, que hayan sido publicados en un libro, antolog&iacute;a o in&eacute;ditos y una &uacute;ltima condici&oacute;n, la m&aacute;s significativa para contextualizar el libro. Deb&iacute;an responder todos a la pregunta: &iquest;Por qu&eacute; escribo en otra lengua (el espa&ntilde;ol) que no es mi lengua materna?</p>
<p>Uno tras otro, los 18 poetas, originarios de Bulgaria, Escocia, India, Italia, Irak, Ir&aacute;n, Nueva Zelanda, Mal&iacute;, Marruecos, Polonia, Portugal, Serbia, Ruman&iacute;a, T&uacute;nez y USA, &nbsp;fueron respondiendo a los tres apartados y ante la pregunta requerida por el autor del libro surgen m&uacute;ltiples razones para justificar el uso del espa&ntilde;ol como lengua adoptiva para crear. Resulta sumamente interesante adentrarse en las 18 razones de estos poetas. Lo m&aacute;s&nbsp; que llama la atenci&oacute;n en la mayor&iacute;a de ellos es su inclinaci&oacute;n por llegar a ser capaces de &ldquo;pensar en espa&ntilde;ol&rdquo;. &iquest;C&oacute;mo se consigue, realmente, pensar en un idioma que no es el nuestro originariamente? &iquest;Qu&eacute; significa pensar desde un idioma? &iquest;Hay una forma de pensar en ingl&eacute;s, &aacute;rabe, italiano o espa&ntilde;ol? &iquest;Hay alg&uacute;n rasgo distintivo que tengamos que tener en cuenta para pensar desde un idioma determinado? &iquest;Cu&aacute;les son esos rasgos?</p>
<p>Entre los poetas seleccionados en este libro, Lawrence Schimel (USA, 1971), nos revela que un poema (&ldquo;Sida y vuelta&rdquo;) que ha compuesto en espa&ntilde;ol lo considera intraducible al ingl&eacute;s. La raz&oacute;n que expone es que pensaba en castellano. Tal vez ayude a entender esta afirmaci&oacute;n si partimos de que este autor vive en Espa&ntilde;a, pero cabr&iacute;a preguntarse si ser&iacute;a diferente si viviera fuera de nuestro pa&iacute;s. Y en medio de esta perspectiva, otros poetas del libro que nos ocupa coinciden en que escriben en el idioma en el que piensan. La poeta serbia Nikodim- Divna Nikolic lo confirma al decir: &ldquo;Normalmente pienso en castellano&rdquo;.</p>
<p>En algunas ocasiones, siguiendo con los poetas incluidos en este libro, optar por expresarse po&eacute;ticamente en castellano responde a una raz&oacute;n humana o social, incluso de tintes hist&oacute;ricos. La poeta italiana Stefania Di Leo (1976), recurre a una respuesta personal, unida a sus sentimientos de a&ntilde;oranza por el idioma espa&ntilde;ol que para ella es &ldquo;memoria de mi historia, es recuerdo vivo de Espa&ntilde;a&rdquo;. Esta poeta, personalmente vinculada a su estancia en nuestro pa&iacute;s, guarda un sentimiento de simbiosis entre su idioma y el espa&ntilde;ol. De ah&iacute; que diga que &ldquo;el castellano es un idioma con el que sue&ntilde;o todav&iacute;a, del que oigo el ritmo, parecido al ruido de mis pasos mientras alcanzo la universidad Complutense o mientras ando por las calles vallisoletanas&rdquo;.</p>
<p>Por su parte, la poeta iraqu&iacute; Bahira Abdulatif Yasin (1957) ve en el uso del espa&ntilde;ol un &nbsp;instrumento de expresi&oacute;n, una raz&oacute;n social, a la vez que humana y personal, que hace que su respuesta sea reveladora y sumamente interesante. Esta poeta ve en la lengua &ldquo;una se&ntilde;a de identidad esencial, especial para una persona exiliada&rdquo;. En este caso la posibilidad de poder expresarse en otro idioma (el espa&ntilde;ol), supone una tabla de salvaci&oacute;n para enfrentarse a la opresi&oacute;n y el idioma adoptivo (en este caso el espa&ntilde;ol), se convierte en fuente de libertad o liberaci&oacute;n de los sentimientos. De ah&iacute; que esta poeta iraqu&iacute; afirme: &ldquo;Escribir en espa&ntilde;ol empez&oacute;, en mi caso, como necesidad urgente para poder tender puentes con la sociedad espa&ntilde;ola y su cultura, para defender mi estatus como mujer iraqu&iacute;, cuya memoria contin&uacute;a habitada por el dolor, la muerte y tambi&eacute;n por las ganas de vivir y crear&rdquo;. Creemos que nada se puede a&ntilde;adir&nbsp; a estas sentidas palabras.</p>
<p>Todos los poetas seleccionados en el libro guardan una raz&oacute;n de peso para justificar el uso del espa&ntilde;ol en sus creaciones, como segundo idioma o idioma entrecruzado con el materno por lazos inquebrantables. Incluso alg&uacute;n poeta, como es el caso de Isma&euml;l Diadi&eacute; Ha&iuml;dara (Mal&iacute;, 1957), va m&aacute;s all&aacute; de su vinculaci&oacute;n est&eacute;tica o sentimental con el espa&ntilde;ol, es algo m&aacute;s que adoptar nuestro idioma como instrumento po&eacute;tico. Para &eacute;l, concretamente, supone un v&iacute;nculo que le hace recuperar su pasado y el espa&ntilde;ol se convierte, entonces, en un soporte de car&aacute;cter hist&oacute;rico. Lleg&oacute; al castellano como fuente de sus antepasados, junto al &aacute;rabe. Resulta conmovedor su afirmaci&oacute;n: &ldquo;Volver al castellano es en cierta manera reconquistar lo que mis antepasados perdieron, reencontrarme con mis ra&iacute;ces&rdquo;.</p>
<p>No falta la opini&oacute;n de otros poetas que han visto en el castellano la forma de acercarse a los grandes autores de nuestra literatura, conocerles en su lengua y pensar desde el espa&ntilde;ol, sin intermediarios ling&uuml;&iacute;sticos. Es &eacute;sta una raz&oacute;n que se repite y desarrolla en los &uacute;ltimos tiempos, porque no hay mejor forma de conocer y adentrarse en la obra de un autor que hacerlo en su mismo idioma. Para la poeta marroqu&iacute; Lamiae El Amrani (1980), crear en otro idioma (el espa&ntilde;ol) va m&aacute;s all&aacute; de un inter&eacute;s literario. Para ella, escribir en espa&ntilde;ol &ldquo;ha ampliado los horizontes de mi lenguaje y la capacidad de trazar y construir nuevos caminos para reconocernos en el otro, para crear lazos y acercarnos a esos sentimientos universales que s&oacute;lo se consiguen cuando creamos espacios comunes, donde nos podemos mirar con tolerancia y podemos coexistir en libertad&rdquo;.</p>
<p>Creemos que no podr&iacute;amos contar con mejor colof&oacute;n para terminar estas palabras que sumarnos a esta cita de Lamie El Amrani. Y tras una s&iacute;ntesis de las observaciones de algunos poetas de <em>Escribir con e&ntilde;e. Otros poetas en espa&ntilde;ol</em>, resulta necesario felicitar a Abdul Hadi Sadoun por ayudarnos a acercarnos, una vez m&aacute;s, a Letras y palabras de otras culturas y un mismo sentir.</p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em>Escribir con e&ntilde;e (Otros poetas en espa&ntilde;ol), </em>ed. Abdul Hadi Sadoun, Zaragoza, Olifante, 2023.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 22 Sep 2023 10:09:06 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La sangre de esta idea]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-sangre-de-esta-idea/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/FERNANDO_AND_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Pese a las apariencias, Marwan Landulsi (Ezzahara, T&uacute;nez, 1430 de la h&eacute;gira) no es un heter&oacute;nimo, ni siquiera un pseud&oacute;nimo de Fernando And&uacute; (Zaragoza, barrio del Arrabal, 1965, a&ntilde;o cristiano o globalizador...). Son la misma persona, aunque sin la complejidad trinitaria. Marwan, si acaso, resulta un producto de su&nbsp;<em>amor</em>&nbsp;(en todas las variantes) por la cultura musulmana (quiz&aacute; mejor oriental) y, en su mayor parte, de sus aspectos m&aacute;s heterodoxos. Eso s&iacute;, con feliz sincretismo o imbricaci&oacute;n con el mundo occidental del que procede el saraqust&iacute;, tanto en sus elementos cl&aacute;sicos como en los vanguardistas. C&oacute;mo, si no, mostrar los antecedentes del autor del poemario rese&ntilde;ado. Aunque siempre se podr&iacute;a inventar una historia rom&aacute;ntica y sugerente...</p>
<p>Despu&eacute;s de varias incursiones l&iacute;ricas en peque&ntilde;os libros (<em>La sangre y los alerces</em>, 1989;&nbsp;<em>En otros&nbsp;t&eacute;rminos</em>, 1992;&nbsp;<em>Invenciones de las c&aacute;rceles</em>, 2002 y&nbsp;<em>Diferencias</em>, 2013), And&uacute;/Landulsi &ndash;y tras su acostumbrada gestaci&oacute;n decenal&ndash; nos regala&nbsp;<em>Noticia de Abu-l-Al&aacute;</em>, que sigue la est&eacute;tica de su anterior volumen, pero con&nbsp;<em>diferencias</em>&nbsp;notables. Exquisita autoedici&oacute;n realizada mediante micromecenazgo, donde se demuestra que la calidad literaria no est&aacute; re&ntilde;ida con lo no comercial, tristes voces aparte. Qu&eacute; mejor cosa que convocar (o invocar) Marwan/Fernando a un grupo de amigos y familiares para pasar unos buenos momentos. A eso lo denominar&iacute;a vitalidad.</p>
<p>Simple, pero de una est&eacute;tica ejemplar, la portada y la tipograf&iacute;a del volumen, atractivo a primera vista. El autor, as&iacute; como &Aacute;lvaro Santamar&iacute;a en lo art&iacute;stico y B&aacute;rbara Solans en lo t&eacute;cnico, nos ofrecen un libro ya agradable en su presentaci&oacute;n f&iacute;sica. La ilustraci&oacute;n de portada, que puede representar tanto unas ventanas o puertas &aacute;rabes desde las que se mira (o accede) al mundo como l&aacute;pidas verticales de una&nbsp;<em>maqbara</em>&nbsp;musulmana, nos marca el tono contradictorio del mensaje po&eacute;tico con el que nos vamos a encontrar.</p>
<p>Mas tambi&eacute;n es sorprendente su interior. Escoltando la parte propiamente l&iacute;rica de Landulsi/And&uacute; (n&oacute;tese c&oacute;mo en el apellido del primero est&aacute; incluido el del segundo, casualidad o no), hay como delantal una biograf&iacute;a ejemplar de Abu-l-Al&aacute; y, en la coda, unas &laquo;Correspondencias&raquo;. La primera nos&nbsp;<em>noticia</em>&nbsp;(en su acepci&oacute;n de &laquo;conocimiento&raquo;) sobre la vida del sabio y poeta sirio Abu-l-Al&aacute;. N&oacute;tese c&oacute;mo su cronolog&iacute;a hace referencia al calendario musulm&aacute;n y no al cristiano. Dicha biograf&iacute;a debe mucho a las cl&aacute;sicas grecolatinas (Plutarco, Di&oacute;genes Laercio...), pero m&aacute;s a las escritas, en el &aacute;mbito oriental, acerca de eruditos, cad&iacute;es o alfaqu&iacute;es, verdaderos eslabones de la cadena cultural isl&aacute;mica del saber. De lo que no cabe duda es de la pericia con la prosa &ndash;y no s&oacute;lo con la poes&iacute;a&ndash; de And&uacute;/Landulsi (tanto monta...), conjunci&oacute;n de utilidad y deleite y con la cual alg&uacute;n d&iacute;a seguramente nos sorprender&aacute;. En cuanto a las &laquo;Correspondencias&raquo;, escritas en pleno proceso de edici&oacute;n de la obra, ya el t&iacute;tulo es ambiguo y se refiere tanto al intercambio epistolar, casi l&uacute;dico, entre Jos&eacute; Ignacio de Diego, Marwan Landulsi y Fernando And&uacute; como a una aut&eacute;ntica&nbsp;<em>po&eacute;tica</em>&nbsp;sobre el texto, en la que se nos dan pistas sobre el cuerpo central del poemario. Interesantes sus disquisiciones sobre influencias, pero ejemplares las que versan sobre la traducci&oacute;n de obras literarias a otros idiomas, si conviene realizarlas sobre la letra o el esp&iacute;ritu. Correspondencias estas que a&ntilde;aden cierta viveza al acto literario. Otra literatura es posible, no s&oacute;lo la de los &laquo;valores seguros&raquo; de las grandes editoriales. Y de nuevo una excelente prosa entre los corresponsales, que deviene buen texto creativo.</p>
<p>Penetremos en el poemario propiamente dicho, centro (o laberinto) del volumen. Si en <em>Diferencias</em> &nbsp;el poeta And&uacute; nos ofrec&iacute;a 24 composiciones englobadas en cuatro grupos de seis poemas, en la <em>Noticia...</em>&nbsp;de Landulsi hay una complicaci&oacute;n estructural algo mayor escalonada en ascenso (aunque tampoco hay que descartar el descenso, ambos iluminadores). A una &laquo;Invocaci&oacute;n&raquo; inicial le suceden 36 poemas divididos en seis partes (&laquo;Gentes&raquo;, &laquo;Trabajos d&iacute;as&raquo;, &laquo;Raz&oacute;n&raquo;, &laquo;Imperativas&raquo;, &laquo;Las visiones&raquo; y &laquo;Lo indecible&raquo;), con seis poes&iacute;as cada una de ellas. Ep&iacute;grafes los enumerados rotulados en rojo, lo cual no es casualidad si leemos la inicial noticia biogr&aacute;fica de Abu-l-Ala. Los dos primeros y los dos &uacute;ltimos concluyen con frases exentas, genuinos&nbsp;<em>objets trouv&eacute;s </em>a&ntilde;adidos por el poeta, tres de ellos con sabor arcaico: vanguardia y tradici&oacute;n aunadas. Las dos partes centrales semejan la bisagra de la obra: ninguna de sus composiciones lleva t&iacute;tulo &ndash;como s&iacute; sucede en los cuatro grupos mencionados&ndash; y para colmo conllevan una problem&aacute;tica especular. En &laquo;Raz&oacute;n&raquo; habla el autor, mientras &laquo;Imperativas&raquo; es una traducci&oacute;n de pensamientos po&eacute;ticos de Abu-l-Al&aacute;. &iquest;Apropiacionismo? L&eacute;anse para el tema las amenas &laquo;Correspondencias&raquo; acerca del volcar un lenguaje en otro.</p>
<p>Andulsi/And&uacute; prosigue (en singular) con muchas de sus tem&aacute;ticas presentes en anteriores obras. La progresi&oacute;n de lo cr&iacute;ptico a lo evocativo es patente, ganando en cl&aacute;sica claridad, casi horaciana o virgiliana. Algunas de las poes&iacute;as de&nbsp;<em>Diferencias</em>&nbsp;est&aacute;n conectadas con las de <em>Noticia</em>&hellip; Verbigracia, el mundo de las c&aacute;rceles (sean interiores o exteriores), ya presentes en el piranesiano grabado en la contraportada del temprano&nbsp;<em>La sangre y los alerces</em>, incluso autoimpuestas, como la del propio Abu-l-Ala, verdadera met&aacute;fora universal. La desolaci&oacute;n de los paisajes (tanto externos como personales), existenciales y esencialistas a la vez: mares, desiertos, cielos que no amparan, tierra dif&iacute;cil agotada y de cultivo agotador, la flora silvestre dominando a la cultivada. Pasados arcaicos en ruina, pero tambi&eacute;n descomposici&oacute;n presente. Nomadeos y errancias, pero tambi&eacute;n dif&iacute;ciles y problem&aacute;ticos arraigos infructuosos. Una claridad l&eacute;xica la del poeta que intenta organizar el caos primigenio producido por &laquo;la tenebrosa / chispa del eslab&oacute;n&raquo; evocada por el sabio sirio, genuino&nbsp;<em>big bang</em>&nbsp;de todo. Aunque la ruina es casi poetizada por Marwan/Fernando con cierta delectaci&oacute;n, que recuerda a la descripci&oacute;n de nuestros noventayochistas &mdash;o, con m&aacute;s propiedad, a la rom&aacute;ntica con regusto ruskiniano&mdash; apreciando una belleza casi majestuosa en la decadencia. Como demuestra su &uacute;ltimo poema, &laquo;Plenitud&raquo;, &laquo;avenirse / a lo que hay&raquo; (p&aacute;g. 43). A paisajes desolados, versos bellos, que pueden ser recitados de manera diferente, pero siempre satisfactoria, por cada lector, que es soberano aut&eacute;ntico creador de los valores art&iacute;sticos. El cr&iacute;tico &laquo;habla / por boca de ganso&raquo; (parafraseando los versos finales del poema &laquo;Tierra&raquo;, p&aacute;g. 18), y &eacute;sta no es excepci&oacute;n, como inseguro gu&iacute;a&nbsp;<em>stalker</em>&nbsp;hacia la habitaci&oacute;n de Abu-l-Ala. O hacia la poes&iacute;a de And&uacute;/Landulsi.</p>
<p>Interesantes ciertos versos de nuestro libro &laquo;&iquest;te dibujan/ un centro? / prop&oacute;n t&uacute; / el laberinto&raquo; (p&aacute;g. 42). Aunque ya se sabe, hay centros dibujados que devienen aut&eacute;nticos y enmara&ntilde;ados laberintos. Libros sagrados (de los cuales encontramos numerosas referencias esparcidas por la obra) y farragosos c&oacute;digos legislativos (cuyos conceptos proceden muchas veces de escritos religiosos) lo demuestran. Contradicciones vitales. O &laquo;en esta tierra / donde se halla la raz&oacute;n / no encontrar&eacute;is la fe&raquo; (p&aacute;g. 52). Enigm&aacute;ticos versos del nacido en Ma&acute;arrat que propone lo imposible. Ya no hay Romas a las que Persiles y Sigismunda se dirijan en su nomadeo. Es lo que hay. Visto lo cual, el cr&iacute;tico no impondr&aacute; centro alguno en la rese&ntilde;a...</p>
<p>El l&eacute;xico de Landulsi/And&uacute; registra palabras arcaicas casi olvidadas (aunque no hace demasiado tiempo usadas) de antiguos mundos agr&iacute;colas, as&iacute; como estratos arqueol&oacute;gicos fragmentados (&laquo;la mansi&oacute;n / derruida por el r&iacute;o // lascas / huesos / esquirlas / en torno a ella&raquo;), en &laquo;Plenitud&raquo;, p&aacute;g. 74. Ocurre lo mismo con la cer&aacute;mica y alfarer&iacute;a. Aut&eacute;ntica Historia Antigua de anteayer. Espiritualidad y m&iacute;stica aproximada, pero a ras de tierra, donde los muertos. Tambi&eacute;n hay ecos sociales, casi evocando al gran C&eacute;sar Vallejo, en los poemas de &laquo;Gentes&raquo;, y una gran presencia del agua, necesaria y destructora, pero tambi&eacute;n elemento de toda l&iacute;rica amorosa que se precie. Planto f&uacute;nebre por el hombre (&laquo;el golpe / en la sien / al que aguardo // el recuerdo / de quien ser&eacute;&raquo;, p&aacute;g. 64). La tem&aacute;tica es inagotable. Y la experiencia lectora, motivadora. A la poes&iacute;a de And&uacute;/Landulsi no le sobra ni falta punto ni coma. Ni falta que hacen. Poes&iacute;a redonda, vitalista y sobrecogedora. Ejemplo de ello, los versos de &laquo;Faena&raquo;: &laquo;a golpe de azada // pozos sin fondo / cavo // como adobe / surjo / del fango // levanto / muros de cal / viva // me tumbo / y muero&raquo; (p&aacute;g. 30). O el genial e irrepetible &laquo;Broza&raquo;, casi apocal&iacute;ptico en los campos del Se&ntilde;or: &laquo;arranco / de cuajo / la maleza) // en este cardizal // no hay hoz mejor / que este brazo / para trabajar la muerte&raquo; (p&aacute;g. 32). Si as&iacute; seguimos, reproducimos todo el libro...</p>
<p>Paseos los de And&uacute;/Landulsi con regusto rousseauniano, pero con las iluminaciones (&iquest;ser&aacute;n chispas del tenebroso eslab&oacute;n?) de Benjamin. O flaneurismo de caminante o peregrino ante las epigraf&iacute;as mortuorias cl&aacute;sicas. Hacia una renovada ilustraci&oacute;n-rom&aacute;ntica: lector, atr&eacute;vete a leer este completito mundo.</p>
<p>Y esperaremos nuevas creaciones de And&uacute;/Landulsi, as&iacute; pasen diez a&ntilde;os m&aacute;s. Su calidad lo hacen merecedor del&nbsp;<em>am&aacute;n</em>...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Marwan Landulsi,&nbsp;<em>Noticia de Abu-l-Al&aacute;</em>, 2023, 111 p&aacute;ginas, edici&oacute;n del autor. ISBN 978-84-09-50798-6.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 18 Sep 2023 10:48:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nueve pájaros ante el espejo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/nueve-pajaros-ante-el-espejo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/TERE_IRASTORTZA_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Nueve son los p&aacute;jaros, seg&uacute;n el ritual del curandero de Goizueta, necesarios para la sanaci&oacute;n:<em> </em>&ldquo;Los p&aacute;jaros son nueve, nueve son ocho, ocho son siete, siete son seis... dos son uno, los p&aacute;jaros son uno, los p&aacute;jaros no son uno, que el Padre, el Hijo y el Esp&iacute;ritu Santo curen a este uno&rdquo;. Los p&aacute;jaros nunca han gobernado el mundo, sino los seres humanos, pero su presencia, haciendo piruetas en el aire o dando peque&ntilde;os saltos en la tierra, ha llamado la atenci&oacute;n, y concitado un sinf&iacute;n de interrogantes. Preguntar es dar asiento a la duda. Responder no es, que yo sepa, labor de la poes&iacute;a. El p&aacute;jaro, s&iacute;mbolo de la ligereza y levedad, dej&oacute; de ser s&iacute;mbolo po&eacute;tico. Recordad a Gamoneda y su &ldquo;Paisaje con p&aacute;jaros amarillos&rdquo;. Que Tere Irastortza recupere una tradici&oacute;n en declive, como casi todo lo que se enfrenta a la naturaleza humana, es motivo de gozo.</p>
<p>Tere Irastortza public&oacute; su primer libro de poemas en 1980, <em>Gabeziak/ Carencias.</em> Han pasado, pues, m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os desde entonces. La privaci&oacute;n era uno de sus motivos, uno de sus referentes, uno de sus asideros po&eacute;ticos. Se puede comprender, o podemos comprender, siguiendo nuestro instinto, que el concepto de privaci&oacute;n nos remita al del tiempo. La carencia es un vac&iacute;o en el presente, un hueco en el devenir, un pu&ntilde;o cerrado en la memoria. Cabe preguntarse asimismo si alguna vez tendr&aacute; fin, o si es la continuaci&oacute;n de un vac&iacute;o existencial, algo que tampoco tuvo inicio. La carencia se acompa&ntilde;a de otros conceptos interrelacionados: silencio, desnudez, oscuridad, ceguera, tristeza.</p>
<p>La realidad de un p&aacute;jaro, sin embargo, es f&iacute;sica. Los sentidos son conscientes: la vista que identifica al ave; el o&iacute;do que escucha el canto; el tacto, cuando se deja atrapar, y se siente la blandura de un cuerpo peque&ntilde;o, caliente, tenso y agitado. He aqu&iacute; una muestra de la autora: &ldquo;Aunque haya visto las ramas desnudas en el oto&ntilde;o m&aacute;s veces que a los petirrojos posados en ellas, puedo describir con mayor soltura al p&aacute;jaro: cuello rojo, ojo redondo, pico muy abierto... Pero no encuentro la palabra adecuada para ese liquen de la rama que oscila entre el verde y el amarillo: Lo que indica mi falta de intenci&oacute;n, al observar la naturaleza&rdquo;.</p>
<p>Creo que escribir es abrir las puertas y los candados que impiden de forma natural acceder a nuestro interior y dejar salir a lo que se ha guardado o, simplemente, se ha escondido y ha permanecido all&iacute;, al abrigo de lo ajeno. La poes&iacute;a, en efecto, es fluidez: las palabras que van y vienen, el silencio que desaparece, p&aacute;jaros asustados que alzan el vuelo, cuando atisban un espacio de donde huir y transformarse. La dimensi&oacute;n de este &uacute;ltimo libro de Tere Irastortza es espacial. Busca fundar y refundar el mundo, construirlo desde las cenizas, desde las ruinas de algo que fue memorable. No trata de suplir ausencias, de llenar vac&iacute;os, sino de extenderse por los lugares que a&uacute;n sobreviven, no en el apartamento de la memoria, sino en el refugio endeble y delicado del lenguaje. De ah&iacute; la obsesi&oacute;n por las palabras, sobre su significado, sobre su origen, previendo quiz&aacute;s que, igual que lo que nos rodea, tengan su fecha de caducidad. Hay en Tere Irastortza un intento de redenci&oacute;n de la lengua y, tambi&eacute;n, de asumir su propia existencia. Cuando muere un ave, se produce tal conmoci&oacute;n en el cielo, que el aire se calma y el viento enmudece. Cuando muere un animal, la tierra se contrae y la inquietud se extiende, como un temblor que agita las ramas de los &aacute;rboles, y palidecen las rosas y los claveles lloran l&aacute;grimas perfumadas de aroma de estrellas. Cuando muere un ser humano, el mundo se agrieta y se rompe en alg&uacute;n lugar, las olas se repliegan y el mar se rebela, lanzando espuma por su boca. Cuando muere una palabra, las monta&ntilde;as se envuelven en niebla, la arena se lamenta y la tierra ennegrece.</p>
<p>Es poeta de su tiempo: quiero decir que es poeta del aqu&iacute; y del ahora. El ser humano tiende al tiempo, o al no-tiempo, al tiempo sin tiempo, porque no es consciente de sus l&iacute;mites. Pero la poeta que observa a los p&aacute;jaros siempre va en direcci&oacute;n contraria, siguiendo las huellas que las aves van dejando en el cielo, siguiendo el curso de las palabras en el texto amplio de la escritura &ndash;que no es otro que el de la vida&ndash;, siguiendo al tiempo hasta su extenuaci&oacute;n.</p>
<p>Volar ya no es atributo de aves y p&aacute;jaros. Vuelan las nubes: aparecen y, en un instante, ya no est&aacute;n. Vuelan los sue&ntilde;os. Si no se repiten es buena se&ntilde;al, si lo hacen se convierten en pesadilla. Vuelan las palabras en este retrato de la fugacidad y de la alegr&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tere Irastortza Garmendia, <em>Son nueve, los p&aacute;jaros</em>, Zaragoza, Olifante, 2023</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 08 Sep 2023 11:27:26 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un haz de luz sobre la hierba]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-haz-de-luz-sobre-la-hierba/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/ALFREDO_SALDA_A_2_500_px.png" alt="" /></p>
<p><em>La acci&oacute;n es el fr&iacute;o</em> es &mdash;tras <em>Humus</em> (Eclipsados, 2008) y <em>Malpa&iacute;s</em> (La Isla de Siltol&aacute;, 2015)&mdash; un paso m&aacute;s en la obra po&eacute;tica de Alfredo Salda&ntilde;a en la b&uacute;squeda de un yo que camina en la direcci&oacute;n hacia una mirada que requiere una contraescritura de otras lecturas m&aacute;s libres de la realidad. Se viaja a trav&eacute;s del desierto de la verdad, siguiendo una contra-direcci&oacute;n. En este poemario hay adem&aacute;s un sentido existencial, ya que se vislumbra lo vital como un camino hacia esa otredad en la que dejamos de ser, porque cada paso en el tiempo implica el alejamiento de nuestro yo, de su identidad del ayer, porque esta es un paso sobre el dejar lo que somos para marchar hacia quienes seremos, y as&iacute; finalmente llegar al no ser. Somos caminantes y tambi&eacute;n camino, nos reconocemos en ese viaje por la identidad, siempre en construcci&oacute;n o en deconstrucci&oacute;n, en transformaci&oacute;n hacia nuestra mejor otredad: &ldquo;Vivir es abandonarse, / [&hellip;] / liberarse / de la biograf&iacute;a al desertar / de ese pa&iacute;s imaginario / que es el pasado, soltar lastre, / vencer la gravedad al tocar la luz&rdquo; (p. 19).</p>
<p>&ldquo;Invierno&rdquo; propone diluir la identidad en la corriente, dejar de ser en la nada para ser una brizna de aire, un rayo de sol sobre una hoja, un haz de luz sobre la hierba, la gota del r&iacute;o que va a evaporarse. Es el viaje al centro de la nada, a un origen que sostiene el todo. El fin es el trayecto hacia el origen, el lugar de la muerte, del no ser, el lugar anterior del que provenimos antes de nacer: &ldquo;Encaramarse a lo alto / de una rama escrita sobre el agua / y dejarse arrastrar con ella / por la corriente / [&hellip;] / seguir el curso del manantial / hacia la desembocadura / para encontrar el lugar / en donde sea posible / que hasta el centro / se sostenga en un vac&iacute;o&rdquo; (p. 29).</p>
<p>&ldquo;Contradicci&oacute;n&rdquo; nos recuerda que al mirarse en el espejo de la alteridad podemos ver c&oacute;mo en el cuerpo de lo visible late el coraz&oacute;n de lo invisible, imagen que conecta con la idea de lo oculto a la percepci&oacute;n, esa realidad invisible, imperceptible al ojo de la raz&oacute;n. Esta, como afirmaban Coleridge y Wordsworth, es vista con el ojo interior, con el de la imaginaci&oacute;n:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Salir de uno como si se entrara</p>
<p>en el interior de un recinto</p>
<p>amurallado por la luz,</p>
<p>percibir que lo visible</p>
<p>es una carencia</p>
<p>o una tara de lo invisible,</p>
<p>la met&aacute;fora imperfecta que oculta</p>
<p>el coraz&oacute;n de otra aseidad.</p>
<p>Ser la se&ntilde;al que no es.</p>
<p>[&hellip;]</p>
<p>Si todo fuese afuera,</p>
<p>&iquest;habr&iacute;a ah&iacute; lugar para el adentro? (pp. 35-36)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Qui&eacute;n es el yo? &iquest;Cu&aacute;l es piel interna de su otredad? &iquest;D&oacute;nde es posible desnudar su piel de subjetividad aprisionada en la ilusi&oacute;n de la identidad para que quede as&iacute; el otro que sin ser somos? &iquest;Ha sido nuestra verdad borrada? Todo el poemario es metaliteratura del existir, o &ldquo;metaexistencia&rdquo; del lenguaje, ya que se nombra desde los l&iacute;mites del lenguaje los del existir. El silencio es la epidermis de la idea, de all&iacute; surge la verdad otra, de esos sustratos que &ldquo;sudoran&rdquo; su vac&iacute;o, que respiran la ausencia de lo indecible. El sentido es la piel externa, pero se ans&iacute;a alcanzar aquello que queda m&aacute;s all&aacute; del lenguaje, que subyace en sus profundidades, en el interior del cuerpo del lenguaje, en lo m&aacute;s abisal de su organismo, con el objetivo de explorar &ldquo;las ideas que est&aacute;n ah&iacute;, / ah&iacute; mismo, ah&iacute; detr&aacute;s, / sin dejarse ver, desplazadas / hacia los arrabales de la historia, [&hellip;] / las ideas que est&aacute;n ah&iacute;, / a la vuelta de la esquina, / enterradas bajo el lodo del tiempo&raquo; (p. 43).</p>
<p>Desnudarse de la piel del lenguaje del yo, acceder al vac&iacute;o del ego, a su voz otra, al centro de la nada que habita en esa &ldquo;pre-forma&rdquo;. Es un viaje de retorno al final que es nuestro origen. Todo esto se alcanza con una expresi&oacute;n de alta potencia filos&oacute;fica con reminiscencias plat&oacute;nicas al mito caverna. &ldquo;Salvar la nada&rdquo; habla de reb(v)elarse en (contra) todo. Ambas ideas, el todo y la nada est&aacute;n juntas, la una como antag&oacute;nica de la otra. Son las dos caras del mismo vac&iacute;o. La nada es el silencio anterior al ser, el todo el destino inmaterial del no ser. Este poema abraza ambos conceptos antag&oacute;nicos. Nos lanza hacia una sugerente apor&iacute;a, un mar de cosmogon&iacute;a en el que navegar su universo de misterio:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una palabra que sirva</p>
<p>para desordenar la realidad</p>
<p>o rozar la contingencia</p>
<p>de lo imposible,</p>
<p>para amparar</p>
<p>la lucidez devastadora</p>
<p>de la soledad,</p>
<p>para romper el todo</p>
<p>y as&iacute; tambi&eacute;n</p>
<p>salvar la nada. (p. 54)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Una ramita&rdquo;&raquo;, hermoso poema simb&oacute;lico de est&eacute;tica japonesa, haiku, presenta simb&oacute;licamente el silencio como un p&aacute;jaro refugiado del fr&iacute;o, siendo esta sensaci&oacute;n t&eacute;rmica, que forma parte del t&iacute;tulo del poemario, una met&aacute;fora recurrente que representa la muerte del ego, su ausencia absoluta y su libertad alcanzada donde el silencio es la nada, la necesidad de acceder a ese vac&iacute;o trascendental: &ldquo;Ah&iacute;, / en el yermo / ilimitado y blanco / del vac&iacute;o, / sobre una ramita / a punto de quebrarse / por el peso de la nieve, / donde no hay nada / y es posible / hallarlo todo&hellip;&rdquo; (p. 59).</p>
<p>En esa renuncia de las verdades definitivas, de las m&aacute;scaras de la identidad que reflejan quienes no somos, podemos ser una otredad m&aacute;s libre, pero se debe auscultar el silencio, la palabra que desde la ausencia diga lo indecible, cuestionar los l&iacute;mites de lo pensable: &ldquo;Arder en el desaliento de la elipsis, / sofocar su violenta ausencia / y su insoportable temperatura, / [&hellip;] / Habr&aacute; que seguir abism&aacute;ndose / [&hellip;] / hasta dar con la palabra sin palabra / que franquee la &uacute;ltima puerta (p. 61).</p>
<p><em>La acci&oacute;n es el fr&iacute;o</em>, cuyo t&iacute;tulo podr&iacute;a entenderse como un ox&iacute;moron po&eacute;tico, habla del fr&iacute;o en el que arde el desierto de la otredad. Es la b&uacute;squeda m&iacute;stica de un no-lugar, una itinerancia por aquellos caminos libres de lo impuesto, de la construcci&oacute;n fijada con la que hemos creado nuestro relato de la realidad. Falta, como Prometeo, robar a los dioses de la verdad el fuego de la libertad. La piel del incendio que habita en el interior del fr&iacute;o que es tambi&eacute;n la de la palabra, donde late otra identidad, el coraz&oacute;n de los otros significados que llevan a otros caminos m&aacute;s libres de nuestra alteridad. El yo es el otro, somos todo aquello que podr&iacute;amos ser. Se debe transitar ese desierto, enfrentarnos a nuestro vac&iacute;o, caminar por ese interior en el que no hay nada, alcanzar as&iacute; la iluminaci&oacute;n del desierto, su fuego de la verdad, el hielo del silencio, la c&aacute;lida respuesta del fr&iacute;o del viaje a la alteridad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jes&uacute;s Soria Caro</p>
<p>Alfredo Salda&ntilde;a, <em>La acci&oacute;n es el fr&iacute;o</em>, Zaragoza, Olifante, 2023.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 08 Sep 2023 11:04:38 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Rupestre”, poemas en racimo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/rupestre-poemas-en-racimo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/CELIA_CARRASCO_GIL_500px.jpg" alt="" /></p>
<p>Celia Carrasco Gil despunt&oacute; ya con <em>Entre temporal y frente</em> (Olifante, 2020) y, desde entonces, ha continuado publicando un libro por a&ntilde;o &mdash;<em>Selvaci&oacute;n</em> (Torremozas, 2021; <em>Limos del cielo</em> (Ediciones del 4 de agosto, 2022)&mdash; y ha participado en distintas antolog&iacute;as y proyectos art&iacute;sticos. En 2023 acaba de publicar con Olifante un libro singular, que la distingue: <em>Rupestre.</em> Rugosa portada de color rojo arcilla. Blancas letras de luz. El t&iacute;tulo <em>Rupestre</em> parece como agarrado a una roca; el blanco <em>rupestre </em>parece lucir<em> </em>lo granado del ocre.</p>
<p>Que, aun as&iacute;, nadie busque huellas del arte rupestre, figuras esquem&aacute;ticas adaptadas a los vientres de las grutas, ni descripciones de cavernas. Que nadie busque huellas de dragones ni osos cavernarios, ni&nbsp; interprete lo rupestre como el lugar donde hibernan humanos de otras eras con rituales m&aacute;gicos de caza&hellip;, aunque el libro est&eacute; repleto de maravillosas y deslumbrantes im&aacute;genes que una blanca liturgia hace avanzar. Ahora bien, s&iacute; se topar&aacute; con tallos rastreros con voluntad colonizadora, como de fresas o fragarias; s&iacute; con ra&iacute;ces, rizomas, s&iacute; con f&oacute;siles (vasos, vasijas, botellas, cuencos, odres) y destellos vidriosos que aportan el vigor de las peque&ntilde;as flores perennes.</p>
<p>Y es que en el interior del libro, como en el de las grutas, o&iacute;mos nuestros cuerpos, pues los sentidos, todos, parecen explosionar y nuestras emociones pugnan por buscar las palabras, la oralidad &nbsp;de un balbuceo, de un gemido, de un suspiro que aflora del silencio; tal vez, porque esa oralidad que ocupa nuestros instintos enmudecidos, solo puede ser vertida como poes&iacute;a, que impulsa el aliento y sopla para que el susurro atraviese sigilosamente la l&oacute;gica de lo habitual, aceptado como certero.&nbsp;</p>
<p>Solo ahondando en las im&aacute;genes del libro puede hablarse de la forma, del <em>sentido</em> &mdash;que no <em>significado</em>&mdash; del libro de Celia Carrasco Gil. As&iacute; se han escrito el pr&oacute;logo y la solapa de <em>Rupestre.</em> El poeta y profesor Alfredo Salda&ntilde;a en su pr&oacute;logo presentando racimos de im&aacute;genes; y la poeta Mar&iacute;a &Aacute;ngeles P&eacute;rez L&oacute;pez en su atinada solapa acerc&aacute;ndose al sentir del adentro y del afuera, seg&uacute;n nos gu&iacute;e la luz, el sonido, el aire, el olfato, ligando lo que se presiente con <em>Rupestre</em> que puede ser considerado un diario de creaci&oacute;n.</p>
<p>Podr&iacute;a definirse el estilo como la forma en la que los sonidos, las palabras, la sintaxis y el ritmo pueden ser contenidos en un cuenco (<em>vasija, odre, b&uacute;caro&hellip;</em>). No es de extra&ntilde;ar que la tensi&oacute;n de un estilo propio requiera de tantas met&aacute;foras sobre los &uacute;tiles que contienen lo l&iacute;quido, lo gaseoso, lo crudo y lo cocido, el aliento o la sangre, los espacios de secano, los silos o la podre, la bo&ntilde;iga: lo vivo, a veces aparentemente inerte o muerto.</p>
<p>Pero, en cierta manera, <em>el pensamiento de lo moviente</em> sobre el que reflexionara Bergson nos descubre un movimiento imperceptible casi, que es una duraci&oacute;n por transformaci&oacute;n o vida incombustible. Adem&aacute;s la noci&oacute;n del continente es solidaria a la de contenido. Y la autora persigue desde el primer poema los rastros de la vida en espacios ya inhabitados como cavernas, en plantas rastreras que se multiplican por rizomas y estolones, en espacios al aire como secanos y humedales de vida: vida que emerge tanto en grietas, fisuras y bocas como en la tierra negra, el <em>humus, </em>donde concluye el libro y se atisba el verbo, la obra de la lectura y la vida.</p>
<p>El estilo de <em>Rupestre</em> requiere contenidos que surgen de palabras, hiatos, asociaciones de im&aacute;genes y brillos. Y en <em>Rupestre</em> las palabras brotan ya desde el primer poema y van expandi&eacute;ndose, literalmente, poema tras poema, van posicion&aacute;ndose en los poemas consecutivos y en el libro y van estructurando primero cada poema y posteriormente el libro que vierte en el &uacute;ltimo poema. La primera vez que en <em>Rupestre</em> la voz asoma al texto, la palabra y el lenguaje asoman y balbucean y juegan con lo que se dice y se presiente (nombre/hombre), la palabra anonada o que &ldquo;a/no/nada&rdquo; hasta que <em>te detienes</em> o &ldquo;Te/de/tienes&rdquo; y el sabor se sabe como &ldquo;el aire sabe a loriga-gorila-girola-gloria&rdquo;, as&iacute; la voz cecea o coquea, se inventa incluso<em> toqueando</em>&nbsp;o&nbsp;<em>troqueando. </em></p>
<p>En <em>Rupestre</em> la gram&aacute;tica nutre la ret&oacute;rica, pues los nombrados como <em>nombre </em>y v<em>erbo </em>no son sino lo aparente de la sustancia<em>, </em>no son sino los n&uacute;cleos de los sintagmas a las que las im&aacute;genes de Celia Carrasco Gil se adhieren. De modo que los verbos no necesitan a menudo de sujetos que act&uacute;en y en la primera parte del libro se formulan como infinitivos o con formas personales casi exclusivamente singulares y auto-reflexivos; y mientras los sustantivos o nombres son las apoyaturas de la imagen, lo adjetivo se encarga de amplificar o concretar, adhiri&eacute;ndose a adjetivos y a otros sustantivos mediante la comparaci&oacute;n, la complementaci&oacute;n, la derivaci&oacute;n, la fusi&oacute;n o la propia vampirizaci&oacute;n. Eso s&iacute;, listos siempre para colonizar cualquier limo, grieta o fisura que atienda a la vida en su momento de creaci&oacute;n. Por algo en <em>Rupestre, </em>son las <em>palabras </em>&mdash;frente a la <em>voz</em>&mdash; a la vez flor, fruto y fragancia, como las fresas.</p>
<p>Y es que el t&iacute;tulo mismo del libro<em> </em>no es sino un adjetivo, describe una adherencia desde la que la vida busca luz, superando a veces virulentamente lo doliente o <em>nocens </em>del propio nacimiento<em>, </em>adhiri&eacute;ndose<em> </em>a los sustantivos y verbos, algunas veces <em>brotes</em>, otras simplemente <em>mu&ntilde;ones</em> que sostienen el devenir. De modo que no hay un poema que no brille en su p&aacute;gina, en su posici&oacute;n en el libro. Fundamentalmente por su factura, por las potent&iacute;simas im&aacute;genes que vuelven m&aacute;s tarde en otro poema a manifestarse y extender su sentido. Las im&aacute;genes surgen de asociaciones de palabras, en sinest&eacute;sicas percepciones; en las deslumbrantes comparaciones y las metonimias, las palabras, incluso con sentidos fosilizados, ocupan el espacio de la vida, bien con su presencia o bien vampirizando los matices de una antigua.</p>
<p>Dir&iacute;ase que el poema inaugural trata de la tarde de un nacimiento, que hace estallar cristales, que asoma de las aguas primigenias a una luz que deslumbra como un faro, que cuartea la oscuridad como un rayo, que para respirar ha de gritar un verbo que se hace presente, para luego mostrar y marcar con el dedo de un dios-infante lo que todav&iacute;a es la nada, previa a la propia oralidad, a la voz y a la palabra. <em></em></p>
<p>El libro de Celia Carrasco, que en este primer poema empuja a la<em> </em>voz &ldquo;como a una espina de Verbo en la garganta [&hellip;] y nada/ en el vac&iacute;o/ originario&rdquo;, concluye con el poema &ldquo;Humus&rdquo;<em>, </em>en el que &ldquo;el son, ya armon&iacute;a es el Nombre, qu&eacute; op&eacute;rculo del mundo&rdquo;<em>. </em></p>
<p>En el centro se despliega una hermosa pieza titulada &ldquo;C&aacute;ntico Es(pi)ritual&rdquo;, en homenaje a San Juan de la Cruz. Este hermoso poema subtitulado &ldquo;Canciones entre el Alma y el cuerpo&rdquo; eclosiona en un libro de poemas en racimo, aparentemente invertebrado donde la autora celebra la vida como movimiento que piensa; celebra no ya lo concedido hasta este momento en el poema, sino lo concebible, lo concebido; celebra el encuentro que atend&iacute;a a lo com&uacute;n, al futuro, al deseo, al imperativo de lo <em>es(pi)ritual</em> que es ritual amoroso de dos, del esposo y la esposa, del verbo y el alma, de la acci&oacute;n&nbsp; y lo perenne. Se trata de un poema-ritual alrededor del cual gravita todo el poemario, convirti&eacute;ndolo en liturgia compartida. Ya en estos cantares la primera y segunda persona del verbo dialogan, y no son personas auto-reflejas, sino que han urdido el &nbsp;vals com&uacute;n donde cobran fuerza la primera y segunda persona y el plural, los dos, superando el trauma del nacimiento, de la separaci&oacute;n. A partir de estos cantares el verbo-verso se derrama como la vida y &ldquo;Los sones me embriagan [&hellip;] / y si acaso se apagan / algo queda vertiendo / un verbo que verbera verdad viendo&rdquo;. En torno a estos cantares se abren todas las vasijas, vasos, cuellos de botella, odres, &aacute;nforas, aljibes: incluso los sepulcros se derraman. Los continentes descubren ya los contenidos perennes, son &uacute;teros ya vaciados dispuestos a volver a concebir. En torno a estos cantares bailan los sones, las voces, las palabras. Y el lenguaje se oye, las palabras chocan contra la piedra para trashumar e<em>co </em>y fluyen. A partir de estos cantares se erige la liturgia de la vida, permutando las palabras b&aacute;sicas del poemario.</p>
<p>En cierta manera, el libro en su totalidad, tanto en el nivel fon&eacute;tico, sint&aacute;ctico como sem&aacute;ntico, se desarrolla como una liturgia que busca ramificarse y extenderse, bebiendo de los distintos sentidos de las palabras e im&aacute;genes rastreadas en la vida, en una vida a ras de tierra y con sed de luz. En <em>Rupestre,</em> cada poema, adem&aacute;s, se ha hecho eco de palabras e im&aacute;genes utilizadas previamente. Cada poema ha religado. Tal vez la m&iacute;stica no ha podido nunca trascender con mayor fuerza que con el verso, lo que se vierte, lo que se invierte. &ldquo;Humus&rdquo; cierra el libro de Celia con el recurso a la f&eacute;rtil tierra negra, al<em> humus</em>, puro nutriente que retiene el agua del origen, del nacimiento<em> </em>del que surge el humano innombrado en el libro,<em> Ad&aacute;n, </em>el hombre no creado de mujer, el hombre de barro y aliento o lo humano &mdash;<em>hominus</em>&mdash; que deriva del <em>humus.</em></p>
<p>Tal vez, Celia Carrasco concibe un poemario rupestre, en una sociedad en la que, relegada la religi&oacute;n, la vida misma no se considera ya perenne. En la contraportada lo granulado es ya <em>humus</em> y luz: &ldquo;Naciste para costra&rdquo;. Detente en la grieta, lectora; escucha tu voz, lector.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Celia Carrasco Gil, <em>Rupestre</em>, Zaragoza, Olifante, 2023.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 04 Sep 2023 11:41:34 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mónica Caldeiro: “La rebeldía beat expresó el malestar de toda una generación”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/monica-caldeiro-la-rebeldia-beat-expreso-el-malestar-de-toda-unageneracion/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/M_NICA_CALDEIRO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Breton asegur&oacute; que en su poes&iacute;a &laquo;vuelve a o&iacute;rse la voz de Lautr&eacute;amont, pura, joven, que alimenta el fuego que ha empezado a surgir de mis profundidades&raquo;; Ferlinghetti lo calific&oacute; de &laquo;visionario&raquo; y ese himno let&aacute;rgico de Ginsberg titulado <em>Aullido</em> es deudor de su manera de entender la poes&iacute;a. Hablamos de Philip Lamantia (1927-2005), puntal <em>beat</em>, gema surrealista, llama m&iacute;stica. Sus versos, prof&eacute;ticos, alucinados, tel&uacute;ricos, apenas han sido traducidos al castellano. Ahora, la editorial Varasek publica en dos tomos una <em>Selecci&oacute;n de poemas</em>, con un formidable estudio introductorio a cargo de Vicen&ccedil; Quera. La poeta y conocedora de la poes&iacute;a <em>beat</em> M&oacute;nica Caldeiro ahonda en la proyecci&oacute;n, importancia y eco de este colosal poeta.</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p>- Philip Lamantia, &iquest;se encuadra mejor en el misticismo, el surrealismo o la poes&iacute;a beat?</p>
<p>- Lamantia es una intersecci&oacute;n entre esos tres ejes, aunque me inclinar&iacute;a por afirmar que, sobre todo, se sit&uacute;a entre los dos primeros. No se puede entender a Lamantia sin su influencia surrealista y tampoco sin su misticismo ext&aacute;tico. Aun as&iacute;, me aventurar&iacute;a a asegurar que en su obra general existe cierta independencia de lo <em>beat, </em>aunque ciertamente viviera esa etapa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Lo <em>beat </em>es la ant&iacute;tesis de un modo de vida dictado por la sociedad&rdquo;</strong></p>
<p>- Y en cuanto a modo de vida, &iquest;encaj&oacute; el planteamiento <em>beat</em> de ejercitar una constante rebeld&iacute;a?</p>
<p>- Lo <em>beat </em>es una clara rebeli&oacute;n contra todo lo que significaba la cultura norteamericana en los a&ntilde;os cincuenta y el modelo ideal de vida estable, vivienda en las afueras y familia nuclear. Lo <em>beat </em>es la ant&iacute;tesis de un modo de vida dictado por la sociedad, pero que tambi&eacute;n responde al concepto de &laquo;beatitud&raquo;, en el sentido de la b&uacute;squeda de lo trascendental no solo en lo cotidiano, sino tambi&eacute;n en lo marginal. La representaci&oacute;n de ese <em>ethos</em> tom&oacute; diversas formas en los escritores <em>beat</em>, y Lamantia desarroll&oacute; su propia forma de &laquo;desencajar&raquo; y de habitar la marginalidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- La rebeld&iacute;a de Philip Lamantia y otros poetas <em>beat</em>, &iquest;es una condici&oacute;n, una impostura, una necesidad? &iquest;Llegaron a domesticarse?</p>
<p>- La rebeld&iacute;a <em>beat </em>es una necesidad que naci&oacute; de un grupo de artistas que expres&oacute; el malestar de toda una generaci&oacute;n. Es fundamental comprender que no se trata de una pataleta temporal ni de rebeld&iacute;a adolescente, sino de la b&uacute;squeda de otras formas de vivir fuera de un sistema opresivo para la vida y el arte.</p>
<p>No creo que los <em>beat</em> llegaran a domesticarse, sino que cada uno de ellos encontr&oacute; diferentes formas de encarnar esa marginalidad. Algunos lo hicieron poniendo en riesgo su propia vida, otros perecieron por el camino, y los que siguieron, encontraron maneras de seguir escribiendo desde su propio lugar. Si se hubieran doblegado de alg&uacute;n modo, dudo que siguieran suscitando el inter&eacute;s que a&uacute;n hallamos en sus obras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Esa visi&oacute;n tan de Blake, visionaria, la contundencia de sus versos, el aroma de espiritualidad que los sacude&hellip; &iquest;Qu&eacute; destacar&iacute;a de su poes&iacute;a?</p>
<p>- Para m&iacute;, Lamantia es un torrente inagotable de im&aacute;genes con luces estrobosc&oacute;picas, es como si su poes&iacute;a te obligara a ver algo parpadeante, luminoso y &uacute;nico. Es una poes&iacute;a exigente que requiere que el lector se sumerja en la explosi&oacute;n de cada una de sus evocaciones. No da tregua: obliga a mirar de cerca en las palabras la representaci&oacute;n de lo trascendente.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Todo acto po&eacute;tico es pol&iacute;tico&rdquo;</strong></p>
<p>- El registro pol&iacute;tico en la poes&iacute;a de Lamantia no est&aacute; tan presente como en otros autores <em>beat</em>, salvo la causa del pacifismo, acaso, &iquest;a qu&eacute; se debe?</p>
<p>- Ninguna escritura es inocente y todo acto po&eacute;tico es pol&iacute;tico. No creo que se deba infravalorar a Lamantia en ese aspecto. Dedicarse plenamente al misticismo y la trascendencia es una posici&oacute;n pol&iacute;tica que huye de la producci&oacute;n del capitalismo. Para poder dedicarse a la <em>visi&oacute;n</em> es necesario detenerse, y para detenerse es necesario dejar de producir.</p>
<p>Por otro lado, tampoco hay que olvidar su participaci&oacute;n en el <em>Libertarian Circle</em> de San Francisco. Por lo general, la literatura de Lamantia no es abiertamente panfletaria ni necesita serlo, pero su anarquismo pacifista qued&oacute; patente en su modo de vida y en su forma de vivir la poes&iacute;a. Cuando hablamos de poes&iacute;a y pol&iacute;tica, es necesario separar la poes&iacute;a del panfleto. Lamantia no necesitaba expresar con palabras sus ideas pol&iacute;ticas para ser anarquista y ecologista, aunque sus libros <em>Narcotica</em> y <em>Meadowlark West </em>sean profundamente pol&iacute;ticos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; explicar&iacute;a que siendo &eacute;l en un primer momento, el poeta <em>beat</em> &mdash;o en su &oacute;rbita&mdash; m&aacute;s conocido pasase a un eterno segundo plano?</p>
<p>- Lamantia estuvo m&aacute;s interesado en escribir, aprender y vivir que en darse autobombo. Hay otros ejemplos de autoras <em>beat </em>a las que les sucedi&oacute; algo parecido, como a Joanne Kyger. Kerouac y Ginsberg fueron muy medi&aacute;ticos y eso propuls&oacute; su fama (para bien o para mal), pero no todos los escritores <em>beat </em>escogieron el mismo camino. &iquest;Afecta eso al acercamiento al p&uacute;blico lector? Por supuesto. Pero, por otro lado, la exposici&oacute;n tambi&eacute;n influye en la mirada de quien lee e incluso a la recepci&oacute;n de la obra, por lo que creo que Lamantia pudo tener menos lectores, pero m&aacute;s aut&eacute;nticos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La poes&iacute;a de Lamantia se basa en la b&uacute;squeda de lo visionario y lo trascendente&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;De qu&eacute; modo el abuso de sustancias psicotr&oacute;picas afect&oacute; a su poes&iacute;a? &iquest;Y su enfermedad, su trastorno bipolar?</p>
<p>- La poes&iacute;a de Lamantia se basa en la b&uacute;squeda de lo visionario y lo trascendente por diferentes v&iacute;as, y una de ellas fue la experiencia ext&aacute;tica mediante el uso de sustancias. No obstante, Lamantia era muy consciente de que su abuso no era algo que necesariamente beneficiara a su poes&iacute;a. Concretamente, su adicci&oacute;n a la hero&iacute;na hizo mella en &eacute;l, pero consigui&oacute; curarse gracias a una terapia de LSD con Timothy Leary. Supongo que las sustancias eran un doble filo dada su enfermedad man&iacute;aco-depresiva: con algunas buscaba salir de sus fases depresivas, pero otras pod&iacute;an exacerbar el problema.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- El concepto de lo sublime, de lo maravilloso surrealista est&aacute; muy presente en la vida y obra del poeta. &iquest;Qu&eacute; disposici&oacute;n de &aacute;nimo se requiere para encontrarlo?</p>
<p>- Creo que esta es una pregunta para Philip Lamantia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; supuso el descubrimiento del &laquo;m&eacute;todo paranoico-cr&iacute;tico&raquo; para el joven Lamantia?</p>
<p>- Debi&oacute; de ser lo suficientemente impactante como para que experimentase con &eacute;l y aplicase ya la superposici&oacute;n de im&aacute;genes en sus primeros poemas, de los cuales podemos encontrar &laquo;The Touch of the Marvelous&raquo; [El toque de lo maravilloso] en la antolog&iacute;a ahora publicada por Varasek. Como ejemplo, me remito a los versos que abren el poema: &laquo;Las sirenas han venido al desierto / est&aacute;n levantando un tocador junto al camello / que yace a sus pies de rosas&raquo;. En estos versos, Lamantia crea una imagen aparentemente antit&eacute;tica en la que se superponen planos de al menos dos im&aacute;genes distintas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- El que, en un determinado momento, quemase parte de su obra pasada, &iquest;fue un acto de contrici&oacute;n, de psicomagia?</p>
<p>- Lo que me parece un acto de psicomagia (y tambi&eacute;n, en cierto modo, un exorcismo) fue que destruyera parte de su obra y despu&eacute;s escribiera otro libro titulado <em>Destroyed Works. </em>Quiz&aacute; hab&iacute;a alguna faceta que quer&iacute;a dejar atr&aacute;s, quiz&aacute; estuvo motivado a hacerlo por alguna de sus fases depresivas o tal vez fue un acto de llevar al extremo lo que ya hab&iacute;a hecho en la lectura de la Six Gallery: quitarse a s&iacute; mismo de en medio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- De entre los muchos y buenos amigos de Lamantia (Paul Bowles, Breton, Leonora Carrington, John Hoffman, Ernesto Cardenal, Kerouac, Allen&hellip;), &iquest;Qui&eacute;n result&oacute; el m&aacute;s decisivo?</p>
<p>- Dir&iacute;a que Kenneth Rexroth y John Hoffman, sobre todo en sus primeros a&ntilde;os como poeta. Rexroth fue una figura decisiva tanto en los c&iacute;rculos del San Francisco de la &eacute;poca como lo fue para el joven Lamantia. Con Hoffman desarroll&oacute; una amistad que le dej&oacute; una profunda huella; de hecho, en el m&iacute;tico recital de la Six Gallery que antes mencionaba, ley&oacute; los poemas de su amigo fallecido en vez de los suyos. A pesar de los a&ntilde;os, siempre le tuvo presente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Lamantia fue un lorquiano a la americana&rdquo;</strong></p>
<p>- Con la cantidad de datos que tenemos sobre el poeta, &iquest;c&oacute;mo es que apenas si sabemos de su primer matrimonio, con Lucile Dejardin?</p>
<p>- Tal vez se deba al hecho de que fue un matrimonio relativamente breve (apenas dur&oacute; cuatro a&ntilde;os) y se desconoce si Dejardin tuvo alguna filiaci&oacute;n literaria concreta. Si no es el caso, no creo que saber m&aacute;s sobre su matrimonio pueda contribuir a arrojar m&aacute;s luz sobre la obra de Lamantia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- A su juicio, &iquest;cu&aacute;l es el gran poemario de Lamantia?</p>
<p>No s&eacute; si &laquo;gran poemario&raquo; es el t&eacute;rmino adecuado, pero reconozco que me parece muy bella la edici&oacute;n de City Lights en la que aparecen <em>Tau </em>de Lamantia y <em>Journey to the End </em>de John Hoffman, donde se publican los poemas que Lamantia ley&oacute; la noche de la Six Gallery. Quiz&aacute;, si tuviera que quedarme con un libro de Lamantia, me quedar&iacute;a con <em>Tau</em>: no solo es representativo de su etapa <em>beat, </em>sino que fue de los pocos manuscritos que &eacute;l mismo salv&oacute; de la destrucci&oacute;n de su obra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Vivi&oacute; durante varios periodos en distintos puntos de Espa&ntilde;a. &iquest;De qu&eacute; poeta espa&ntilde;ol podr&iacute;amos encontrar ecos en Lamantia, de haberlo?</p>
<p>- No puedo afirmarlo con plena seguridad, pero me apostar&iacute;a un brazo a que Lamantia fue un lorquiano a la americana llevado a lo m&aacute;s extremo de la experiencia.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 16 Jun 2023 10:48:06 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Literatura contra el vacío]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/literatura-contra-el-vacio/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2023/gabi500.jpg" alt="" /></p>
<p>Ahora que tanto se habla de la Espa&ntilde;a vac&iacute;a (o vaciada), vale la pena se&ntilde;alar que, como todo el mundo en realidad sabe, ese vac&iacute;o es mentira. La idea, brillantemente gr&aacute;fica, ha servido para explicar cu&aacute;nto se han alejado los espa&ntilde;oles de los entornos m&aacute;s rurales y salvajes, pero su propia formulaci&oacute;n da la pista para entender por qu&eacute; tanta gente ha dejado de vivir en el campo, la dehesa o la monta&ntilde;a: la perspectiva ultrahumana. La misma perspectiva que proclama a la ciudad como ideal mientras sentencia que donde no hay humanos no hay nada. Pero si por un instante decidimos ser objetivos, adem&aacute;s de realistas, ser&aacute; sencillo preguntarse: &iquest;Vac&iacute;a? &iquest;Vac&iacute;a de qu&eacute;?</p>
<p>El presunto vac&iacute;o est&aacute; lleno de seres y palabras que, eso s&iacute;, muy pocos usan y muchos ni siquiera conocen, entre otras razones porque llevamos d&eacute;cadas hu&eacute;rfanos de narradores que nos cuenten historias sobre especies ajenas, relatos fundamentales para sugerirnos que compartir espacios con una lib&eacute;lula, una ortiga o un lobo puede tener valor.&nbsp;</p>
<p>Espa&ntilde;a posee 52 Reservas de la Biosfera, 7.905 kil&oacute;metros de costa, 121 tipos de h&aacute;bitat diferentes y una literatura de naturaleza tan raqu&iacute;tica que hasta hace cuatro d&iacute;as nos refer&iacute;amos a ella empleando un t&eacute;rmino anglosaj&oacute;n: <em>nature writing</em>. Acudir a otra lengua para definir todo un g&eacute;nero da la medida de la distancia con la que la mayor&iacute;a de escritores e intelectuales han observado el asunto &ldquo;natural&rdquo; hasta ahora. &iquest;Los motivos?</p>
<p>A finales del siglo XIX, la debacle en Cuba y Filipinas desmoraliz&oacute; a un pa&iacute;s tambi&eacute;n econ&oacute;micamente perjudicado. Buscando reanimar a la ciudadan&iacute;a, la Instituci&oacute;n Libre de Ense&ntilde;anza se aplic&oacute; a programar excursiones que pusieran en contacto a las personas con la tierra, el agua, la flora y la fauna, educando en los tesoros del entorno. Ese tratamiento tan simple y f&iacute;sico reanim&oacute; espiritualmente a miles de personas y estimul&oacute; su imaginario dando lugar por ejemplo a la generaci&oacute;n del 27, una de las hornadas m&aacute;s universales que haya procurado la literatura espa&ntilde;ola.</p>
<p>La Guerra Civil dinamit&oacute; la productiva alianza entre cultura y naturaleza. Tras la contienda, el campo y la monta&ntilde;a se convirtieron en lugares que ayudaban a que los furtivos paliaran el hambre y unos cuantos privilegiados cazaran a discreci&oacute;n. La Ley de Alima&ntilde;as permiti&oacute; disparar m&aacute;s o menos a todo lo que se moviera en el monte a la vez que millones de personas se desplazaban del pueblo a la ciudad atra&iacute;das por el canto de la tecnolog&iacute;a y la urbe, que promet&iacute;a futuros tan boyantes como el del creciente turismo, que espoleaba la construcci&oacute;n de hoteles y apartamentos en costas. Ese flujo result&oacute; imparable y se extendi&oacute; a lo largo del tiempo sin atender a perjuicios medioambientales.&nbsp;</p>
<p>As&iacute;, durante cuarenta a&ntilde;os, los escritores se alejaron del campo como el resto de la sociedad y la naturaleza casi no existi&oacute; en nuestras letras. La guerra, la posguerra, la emigraci&oacute;n a las ciudades y el boom especulativo resultante del turismo la borraron como tema. Es cierto que, hasta la d&eacute;cada de los setenta, lo rural fue una presencia normal en muchas narraciones, al fin y al cabo mucha gente viv&iacute;a a&uacute;n en el campo, pero la naturaleza tan solo era un fondo, un decorado en el que los seres no humanos ten&iacute;an una importancia &iacute;nfima o, como mucho, utilitaria. De hecho, el campo y lo silvestre empezaron a cobrar mala fama, asociados a la pobreza y la incultura. Y &ldquo;el pensamiento&rdquo; opt&oacute; por apartarse de &eacute;l.</p>
<p>Tuvo que ser un naturalista presentador de televisi&oacute;n el que recordara a sus paisanos que ah&iacute; fuera hab&iacute;a una naturaleza impresionante. Si el punto cero de la <em>nature writing</em> puede situarse en el <em>Walden</em> de Henry David Thoreau, el inicio de la reacci&oacute;n en Espa&ntilde;a lo marca F&eacute;lix Rodr&iacute;guez de la Fuente m&aacute;s de un siglo despu&eacute;s, y su v&iacute;a es la audiovisual. Tampoco es que la literatura espa&ntilde;ola se haga eco inmediato del fen&oacute;meno F&eacute;lix, pero las ideas e im&aacute;genes que &eacute;l comunic&oacute; calaron singularmente en unos cuantos ni&ntilde;os que en el siglo XXI son ya adultos at&oacute;nitos ante el descalabro medioambiental y comienzan a escribir sobre bosques, peces, cabras. De manera cauta o t&iacute;mida, eso s&iacute;. Y no ser&aacute; hasta 2018 cuando se presente el concepto liternatura. Esta demora posee unas implicaciones filos&oacute;ficas decisivas. Veamos por qu&eacute;.</p>
<p>Pensar en la naturaleza supone escrutar realidades no humanas, y eso, en nuestra civilizaci&oacute;n, equivale a indagar en los m&aacute;rgenes. El inter&eacute;s y los hallazgos encontrados por Thoreau en un lago y un bosque, le impulsaron a cuestionar las jerarqu&iacute;as arquet&iacute;picas. Un interrogante instant&aacute;neo es por qu&eacute; el humano se sit&uacute;a a s&iacute; mismo en la c&uacute;spide animal, cuando en la cadena tr&oacute;fica ocupamos el nivel 2,2. A la altura de la anchoa y el cerdo. Muy lejos del 5,5 de la orca. (Las cifras las hemos sabido recientemente pero no era dif&iacute;cil intuir algo parecido en los tiempos de Thoreau).</p>
<p>Revisando supuestas verdades intocables, Thoreau lleg&oacute; a cambiar el orden de su nombre -hab&iacute;a sido bautizado David Henry-, siguiendo la estela de Walt Whitman, el poeta autor de <em>Hojas de hierba</em> que firmaba sus libros con el diminutivo (de Walter) que empleaban sus amigos al hablarle. Thoreau tambi&eacute;n se neg&oacute; a pagar impuestos que consideraba injustos, se moviliz&oacute; contra su gobierno esclavista y escribi&oacute; sobre la necesidad de la desobediencia civil.</p>
<p>Todo ese pensamiento reactivo es la consecuencia de observar la naturaleza y respetar sus din&aacute;micas m&aacute;s sanas hasta el punto de estar dispuesto a imitarlas y defenderlas. Escribiendo historias, por ejemplo. A Thoreau le siguieron otros autores pioneros como John Muir, Aldo Leopold o John Burroughs, que simultanearon la escritura de libros con las expediciones, la creaci&oacute;n de los primeros parques naturales o su labor como forestales. La mayor&iacute;a eran buenos cazadores y expresaron antol&oacute;gicamente su asombro e insignificancia en medio de los grandes espacios salvajes.</p>
<p>A partir de ah&iacute;, la liternatura ha brindado autores de lo m&aacute;s diverso. Por una parte, figuran los<strong> emblemas del aislamiento</strong> al estilo de Pete Fromm, quien siendo chaval se instal&oacute; con una tienda de campa&ntilde;a en una monta&ntilde;a de Idaho para pasar siete meses de invierno cuidando de dos millones y medio de huevos de salm&oacute;n. Sylvain Tesson prefiri&oacute; narrar seis meses en una caba&ntilde;a siberiana, y Henry Beston se construy&oacute; <em>La casa m&aacute;s lejana</em> en la &uacute;ltima estribaci&oacute;n de Cape York para vivir un a&ntilde;o en ella. Se trata de libros muy sensoriales y f&iacute;sicos, que destilan iniciaci&oacute;n.</p>
<p>Luego, hay quienes han concedido el protagonismo a un <strong>elemento</strong> o a <strong>espacios v&iacute;rgenes</strong>. Ah&iacute; destacan Roger Deakin, que nad&oacute; varios r&iacute;os brit&aacute;nicos y algunos lagos y piscinas al aire libre para radiograf&iacute;ar a su naci&oacute;n a ras de agua; Tristan Gooley, que realiz&oacute; un ins&oacute;lito y meticuloso estudio del mismo l&iacute;quido; y Robert Macfarlane, cuya <em>Naturaleza virgen</em> viene a demostrar que todav&iacute;a es posible hallar rincones v&iacute;rgenes en la superurbanizada Gran Breta&ntilde;a. Lo escribi&oacute; despu&eacute;s de <em>Las monta&ntilde;as de la mente</em>, donde refleja la influencia de la monta&ntilde;a en el imaginario contempor&aacute;neo.</p>
<p>Mientras la mayor&iacute;a de estos libros se publicaban, &iquest;qu&eacute; pasaba en Espa&ntilde;a? La especulaci&oacute;n inmobiliaria hab&iacute;a ido arrinconando a los ecologistas, cuya voz fue bastante barrida de unos medios de comunicaci&oacute;n que a menudo los presentaba como sin&oacute;nimo de alteraci&oacute;n o amenaza. El terreno se abon&oacute; para que las historias urbanas sepultaran a las del campo y, en general, los literatos nacionales aceptaron la coyuntura sin m&aacute;s. El campo y la naturaleza no humana se fueron diluyendo de la narrativa, y la literatura que los trataba se vincul&oacute; al bucolismo o a la &eacute;pica rancia, como si sobre esos espacios no se pudiera escribir con la &ldquo;normalidad&rdquo; que se escrib&iacute;a de las ciudades. Como si fuera literatura de peor calidad.</p>
<p>Una consecuencia de tanto olvido y menosprecio fue la radicalizaci&oacute;n del movimiento ecologista, que a&uacute;n dura: sus colegas europeos se&ntilde;alan a los espa&ntilde;oles como los m&aacute;s extremos del continente. Ese nicho de rabia e impotencia al menos ha aportado a algunos grandes autores afines a la liternatura m&aacute;s <strong>cr&iacute;tica</strong>, la volcada en desenmascarar abusos contra el medioambiente. Su &iacute;dolo internacional ser&iacute;a Rachel Carson, quien con&nbsp; <em>Primavera silenciosa</em>, publicada en 1962, inaugur&oacute; la liternatura de denuncia, que tiene en fil&oacute;sofos espa&ntilde;oles como Jorge Riechmann o Marta Tafalla y en la ingeniera ecofeminista Yayo Herrero a insignes representantes. No solo denuncian, tambi&eacute;n ofrecen modelos alternativos y escriben poemas preciosos que invitan a reconectar con el entorno, pero cuando atizan, su cr&iacute;tica es tan demoledora como lo puedan ser las de Paul Kingsnorth o George Monbiot.&nbsp;</p>
<p>Hace pocos a&ntilde;os, Inglaterra asisti&oacute; a una pol&eacute;mica incitada por el escritor Mark Cocker, quien, abrumado ante las m&uacute;ltiples alertas medioambientales, recrimin&oacute; a Robert Macfarlane ofrecer una visi&oacute;n demasiado edulcorada de los espacios naturales. Cocker ped&iacute;a m&aacute;s furia y contundencia en los textos, menos ocultar los desastres. Macfarlane respondi&oacute; que &eacute;l prefer&iacute;a contar la hermosura para, a fin de cuentas, conseguir lo mismo que Cocker buscaba: una reacci&oacute;n del lector.</p>
<p>En su libro <em>Naturaleza es nombre de mujer</em>, la treinta&ntilde;era Abi Andrews se&ntilde;ala que hasta ahora los libros de <em>nature writing</em> los han firmado b&aacute;sicamente hombres blancos heterosexuales, y para demostrar que la naturaleza se puede contar de otra forma, se va a Alaska siguiendo los pasos de Chris McCandless, el joven que muri&oacute; al quedar atrapado en aquel norte y cuya historia inmortaliz&oacute; Jon Krakauer en <em>Hacia rutas salvajes</em>. El resultado es una narraci&oacute;n asilvestrada donde una joven aprende a sobrevivir mezclando experiencias propias con una cr&iacute;tica imp&iacute;amente sostenida a la mirada tan masculina de hist&oacute;ricos santones naturalistas, desde Thoreau al mism&iacute;simo Darwin.</p>
<p>Las cuestiones que plantean Cocker o Andrews pertenecen a una cultura en la que la <em>nature writing</em> est&aacute; asentada. Por eso, los peri&oacute;dicos de su pa&iacute;s no suelen hacer reportajes en los que m&aacute;s que nada se enumeran los libros de ese g&eacute;nero publicados recientemente -&iexcl;oh, qu&eacute; simp&aacute;tica sorpresa, libros de liternatura!- sino que abren debates sobre los temas que los libros proponen. La realidad en Espa&ntilde;a es que, antes de 2008, cualquier debate de ese estilo habr&iacute;a sido impensable por la falta de libros, de autores y de una audiencia interesada.</p>
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<p><strong>Antecedentes</strong></p>
<p>Para ilustrar el estado de la liternatura en Espa&ntilde;a antes de 2008 recurro a un fragmento de mi libro <em>Lagarta</em>, donde intent&eacute; sintetizarlo:</p>
<p>&ldquo;Si el elefante es una catedral del reino animal, Cervantes se eleva como un equivalente en el &aacute;mbito literario. Pero Cervantes no era a&uacute;n CERVANTES cuando escrib&iacute;a, sino un hombre manco y encerrado que adem&aacute;s de contar la historia sobre un hidalgo loco y su escudero obeso, que montaban a un caballo y un burro de nombres Rocinante y Rucio, ofreci&oacute; una novela narrada en primera &iquest;persona? por un perro: Berganza. Al parecer, el manco que escrib&iacute;a sobre locos y perros en primera &iquest;persona? era un incondicional del pensamiento alternativo que llam&oacute; la atenci&oacute;n sobre el descomunal maltrato que se daba a los animales en su &eacute;poca, basta leer a Berganza en <em>El coloquio de los perros</em>.</p>
<p><em>El Quijote</em> es un libro que tiene mucho de viajes, y en eso conecta con otro &ldquo;elefante&rdquo; anterior, el <em>Poema de Mio Cid</em>, de autor an&oacute;nimo, cuyo protagonista desterrado habla con los p&aacute;jaros mientras cabalga a la yegua Babieca. Muchos siglos m&aacute;s tarde, el Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez que se recuperaba de la ruina econ&oacute;mica y la depresi&oacute;n por la que lleg&oacute; a ingresar en un sanatorio, invent&oacute; al burro Platero. Y a finales del mismo XX, un deficiente mental imaginado por Miguel Delibes regal&oacute; una especie concreta al acervo m&iacute;tico espa&ntilde;ol: la milana. Citada en femenino.</p>
<p>Un manco confinado, un escritor invisible, un superviviente de la ruina y la depresi&oacute;n y un cazador que han pensado como un loco, un desterrado, un burro y un deficiente mental han firmado algunos de los contactos con animales m&aacute;s memorables de la literatura espa&ntilde;ola. Da que pensar c&oacute;mo hab&iacute;a que estar para escribir literatura sobre animales cercanos, hasta hace poco&rdquo;.</p>
<p>Ese era el panorama, m&aacute;s o menos. Pero en 2008 se despierta algo. El crack financiero mundial coincide con las numerosas alertas por las consecuencias del cambio clim&aacute;tico, incluso el exvicepresidente de Estados Unidos Al Gore produce un documental a prop&oacute;sito. Cinco a&ntilde;os despu&eacute;s, la editorial espa&ntilde;ola errata naturae rescata <em>Walden</em> y vende m&aacute;s de veinte mil ejemplares. El inter&eacute;s por esta literatura hace que afloren t&iacute;tulos como el magn&iacute;fico <em>&iquest;Para qu&eacute; sirven las aves?</em> de Antonio Sandoval, y se recuerde que Joaqu&iacute;n Ara&uacute;jo o Alejandro L&oacute;pez Andrada llevan picando esta piedra literaria desde siempre.</p>
<p>De todas formas, no es que abunden las obras. En 2013 hay periodistas que de vez en cuando redactan chispeantes columnas sobre temas de naturaleza, se publica alguna novela espa&ntilde;ola donde el paisaje cobra una relevancia inusual, pero quien desee impregnarse con la geograf&iacute;a, la flora y la fauna espa&ntilde;olas, mejor que acuda a los libros cient&iacute;ficos, porque no hay demasiada literatura local que haya dotado a esos seres y espacios de alma. La intimidad que establece la literatura no afecta a los bosques o el mar. Hasta 2013, cuesta leer no ya a escritores sino a bi&oacute;logos, zo&oacute;logos, ornit&oacute;logos, a cient&iacute;ficos espa&ntilde;oles en fin, capaces de escribir con un m&iacute;nimo pulso literario. La separaci&oacute;n entre ciencias y humanidades evidencia su boquete en la falta de narraciones naturalistas.</p>
<p>Sin embargo, el incesante flagelo de la crisis econ&oacute;mica y las ya indiscutibles evidencias de que el cambio clim&aacute;tico est&aacute; siendo acelerado por la acci&oacute;n de la especie humana provoca que un buen n&uacute;mero de lectores comience a consumir libros de la a&uacute;n llamada <em>nature writing</em>. Santiago Beruete publica <em>Jardinosof&iacute;a. Una historia filos&oacute;fica de los jardines</em>. Tafalla presenta su <em>Ecoanimal</em>, abordando la relaci&oacute;n entre los humanos y su entorno desde la est&eacute;tica y concediendo gran importancia a los sentidos: ella misma padece anosmia, la p&eacute;rdida total de olfato.</p>
<p>La carencia sensorial de Tafalla conecta con la prol&iacute;fica l&iacute;nea de <em>nature writing</em> por la que personas, a menudo mujeres, con alguna enfermedad, discapacidad o trauma han encontrado en la naturaleza una fuerza e inspiraci&oacute;n que les ha permitido cuajar obras fundamentales. Ah&iacute; est&aacute; Annie Dillard, que se mud&oacute; a las monta&ntilde;as tres a&ntilde;os para recuperarse de una neumon&iacute;a y plasm&oacute; su experiencia en <em>Una temporada en Tinker Creek</em>.Despega con una chinche gigante acu&aacute;tica succionando a un sapo, y fue elegido entre los cien mejores ensayos del siglo XX en Estados Unidos. Elizabeth Tova firm&oacute; <em>El sonido de un caracol salvaje al comer</em> tras quedar postrada un a&ntilde;o a causa de un fallo en el sistema nervioso. Una amiga le regal&oacute; un terrario con un caracol, y de esa relaci&oacute;n nace un libro delicioso que logra que nos identifiquemos con nada menos que un gaster&oacute;podo, invit&aacute;ndonos a pensar de otro modo en el tiempo, en la velocidad. <em>Un a&ntilde;o en los bosques</em> es donde Sue Hubbell narra cu&aacute;nto le ayuda la granja y la apicultura a recuperarse de la separaci&oacute;n de su marido. Y adiestrar a un halc&oacute;n sirvi&oacute; para que Helen Macdonald apaciguara su desasosiego tras la muerte de su padre y para hacer de <em>H de halc&oacute;n</em> un superventas.</p>
<p>En la misma frecuencia autoafirmativa, e influido por los ecos acu&aacute;ticos de Roger Deakin, Jordi Ballart escribi&oacute; <em>L&iacute;nia de flotaci&oacute;</em>. El barcelon&eacute;s explica c&oacute;mo nadar en aguas abiertas le ha aportado sosiego y ayudado a ubicar socialmente su homosexualidad. Despu&eacute;s, todo el libro es disfrute de olas. Cuenta la Barceloneta como casi nadie la ha contado -nadando-, la naturaleza de la medusa inmortal o c&oacute;mo afrontar remolinos en los mares del norte.</p>
<p>Ballart escribe en catal&aacute;n, a&uacute;n no le han traducido al espa&ntilde;ol. Sandoval es gallego. Beruete, pamplonica residente en Ibiza. Ara&uacute;jo vive en Las Villuercas, Extremadura. Tafalla, Herrero, y Merc&egrave; Ibarz, Irene Sol&agrave;, Noem&iacute; Sabugal, Elvira Valga&ntilde;&oacute;n, Leire Bilbao, Maria Josep Escriv&agrave;, Maixa Zugasti, Pilar Codony, Pilar Ad&oacute;n&hellip; son mujeres&hellip; la mayor&iacute;a nacidas en o muy vinculadas a pueblos. As&iacute; que todas y todos estos autores se mueven, digamos, por espacios de un modo u otro exc&eacute;ntricos, entienden lo que es la periferia y el margen, y escriben sobre naturaleza. <em>Nature writing</em>, dec&iacute;an algunos.</p>
<p>Pero los nombres y apellidos de estas personas no cuadraban con ese t&eacute;rmino ingl&eacute;s. Y salt&oacute; la idea. Fue durante el a&ntilde;o que pas&eacute; trabajando con pastores en La Siberia extreme&ntilde;a. Por la noche, en el bar de Sancti Sp&iacute;ritus, conversaba con mi amigo ganadero Miguel Cabello sobre las derivas de la cultura y el campo, cuando me pregunt&oacute; de qu&eacute; ser&iacute;a el libro que iba a escribir. De qu&eacute; ser&iacute;a. Pens&eacute; en responder de <em>nature writing</em> pero Miguel no lo habr&iacute;a entendido, y me pregunt&eacute; por qu&eacute; se me hab&iacute;a ocurrido en ingl&eacute;s cuando por entonces ya estaba escribiendo unas columnas tem&aacute;ticas bajo el ep&iacute;grafe Litenatura, precisamente para reivindicar un espacio literario de ese estilo en la lengua propia. Pocos d&iacute;as despu&eacute;s, recib&iacute; una llamada de Emma Quadrada, una periodista que quer&iacute;a organizar un festival de literatura de naturaleza en Barcelona y necesitaba alguien que la ayudara con los contenidos. &ldquo;Se llamar&aacute; Liternatura&rdquo;, dijo Emma. Con erre. Le coment&eacute; que yo estaba trabajando con la misma palabra sin erre pero no tard&eacute; en convencerme de que la consonante otorgaba otra fuerza al t&eacute;rmino, m&aacute;s presencia. Y organizamos el festival.</p>
<p>El estreno p&uacute;blico del concepto Liternatura fue en el festival celebrado en octubre de 2018 en Barcelona. Cuando prepar&aacute;bamos la segunda edici&oacute;n, la pandemia suspendi&oacute; los actos culturales en la ciudad, aunque el pueblo de Tamurejo, en La Siberia extreme&ntilde;a, decidi&oacute; llevarlo adelante bajo el nombre de Siberiana. Tamurejo ya programa su cuarto Siberiana. En 2022, Barcelona ha celebrado el segundo Liternatura auspiciado por Biblioteques de Barcelona. Poco antes, el Ministerio de Cultura hab&iacute;a convocado un encuentro de escritores y cr&iacute;ticos de literatura de naturaleza en Verines, Asturias, coordinado por Luis Garc&iacute;a Jambrina. Estos encuentros existen desde 1985. Nunca antes hab&iacute;an abordado ese tipo de literatura.</p>
<p>Parece que la Liternatura se extiende respondiendo a una demanda que incumbe a toda la lengua espa&ntilde;ola, y por eso M&eacute;rida, M&eacute;xico, prepara su primer festival este a&ntilde;o, y Bogot&aacute; y San Jos&eacute; de Costa Rica estudian sumarse no muy tarde. Varias bibliotecas y librer&iacute;as est&aacute;n incluyendo la secci&oacute;n Liternatura en sus estantes, se han abierto clubes de lectura especializados, residencias internacionales de escritores del g&eacute;nero y, sobre todo, cada vez hay m&aacute;s libros escritos en nuestras lenguas que encajan en esa idea. B&aacute;sicamente, se trata de que la naturaleza sea una protagonista principal. Que la narraci&oacute;n incluya sustantivos y acciones solo posibles en el &aacute;mbito rural o salvaje. Que refleje La Gran Conversaci&oacute;n entre humanos y naturaleza que propuso el historiador y naturalista Thomas Berry.</p>
<p>Los libros sobre <strong>animales</strong> ilustran muy bien el alance de esta Gran Conversaci&oacute;n. John Vaillant logr&oacute; una formidable novela negra adentr&aacute;ndose en el esp&iacute;ritu de un tigre siberiano -<em>El tigre</em>-, J.A. Baker nos aproxim&oacute; con el&eacute;ctrica delicadeza al d&iacute;a a d&iacute;a del halc&oacute;n en <em>El peregrino</em>, Geoffroy Delorme ha sublimado la sinton&iacute;a humano-animal transform&aacute;ndose en <em>El hombre corzo</em> -no se lo pierdan, obra maestra del g&eacute;nero-, y despu&eacute;s de Javier P&eacute;rez de Alb&eacute;niz y Lars Berge, entendemos de otra manera al lobo. De cualquier forma, el m&aacute;s atractivo encanto de la liternatura es aupar las maravillas y regalos de animales habitualmente ignorados. Patrik Svensson acaba de publicar <em>El Evangelio de las anguilas</em> en Espa&ntilde;a, y pronto vamos a leer traducido a otro sueco amante de las ara&ntilde;as. Con mi <em>Lagarta</em>, fui a buscar lagartos gigantes a El Hierro y urogallos a Villablino para evidenciar que nuestra fauna va mucho m&aacute;s all&aacute; del lobo y el toro, por eso cont&eacute; historias de amistad, traici&oacute;n y desextinciones que implicaban a humanos y animales poco vistos, incluidos el bucardo y el desm&aacute;n. Y, por ejemplo en M&eacute;xico, Andr&eacute;s Cota Iriart ha dedicado un volumen al ajolote, prestando siempre atenci&oacute;n a serpientes, escorpiones y compa&ntilde;&iacute;a.</p>
<p>La liternatura, en fin, est&aacute; ofreciendo algunas de las mejores obras contempor&aacute;neas, y el espa&ntilde;ol y las lenguas latinas empiezan a aportar historias de este tipo asegurando que nuestro ecosistema literario ser&aacute;, a partir de ahora, un poco m&aacute;s (bio)diverso. M&aacute;s aireado, m&aacute;s fresco, m&aacute;s conectado a lo que ocurre lejos de nuestro ombligo y, en consecuencia, mejor.</p>
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      <pubDate>Tue, 13 Jun 2023 05:12:15 +0000</pubDate>
    </item>
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      <title><![CDATA[“Puedo hablar de lo que he vivido”. El desastre español según Arturo Barea]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/puedo-hablar-de-lo-que-he-vivido-el-desastre-espanol-segun-arturo-barea/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2023/arturo500.jpg" alt="" /></p>
<p align="right"><em>Al explorar yo mi pasado, [&hellip;] tuve la esperanza de exponer a la vista algunas de las ra&iacute;ces de la guerra. Quise describir los golpes que hab&iacute;a dejado en m&iacute;, porque yo estoy convencido de que esos golpes, bajo formas individuales distintas, pero siempre proviniendo de las mismas causas colectivas, marcaron y modelaron tambi&eacute;n las almas de otros espa&ntilde;oles. Quise exhibir mis propias reacciones por creer que las reacciones de los dem&aacute;s estaban determinadas por fuerzas parejas y que el mundo que ellos ve&iacute;an era id&eacute;ntico al m&iacute;o, aunque lo vieran con distintas lentes. </em></p>
<p align="right">&ldquo;Novela y autobiograf&iacute;a&rdquo;, prefacio de <em>The Track, </em>en <em>Palabras recobradas</em></p>
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<p><strong>Vivir y contarlo</strong></p>
<p>Pocas veces la obra de un autor ha aportado tantos cauces de comprensi&oacute;n<strong> </strong>de la historia de un pa&iacute;s y de su pueblo. <em>La forja de un rebelde </em>es probablemente la mejor narraci&oacute;n que se haya escrito sobre las primeras d&eacute;cadas del siglo XX espa&ntilde;ol, el m&aacute;s preciso y en&eacute;rgico esfuerzo literario por entender, desde su &oacute;ptica particular, la causas que explican la guerra civil y las experiencias colectivas de un pueblo que convive secularmente con la derrota. Corren d&iacute;as en los que la omnipresencia de las narrativas del yo en el campo literario se limitan a circunvalar ombligos y casu&iacute;sticas personales sin trascender la epidermis de los procesos, como si la experiencia hist&oacute;rica se limitara a las condiciones de los individuos que las escriben. En cambio, la escritura autobiogr&aacute;fica que emprende Barea, significativamente la que produce desde su exilio en febrero de 1938, trata en todo momento de abarcar el conjunto de experiencias las clases populares y revelar las tensiones de largo recorrido temporal entre el poder y la miseria, deteni&eacute;ndose a explicar las fuerzas &ldquo;ocultas&rdquo; que hab&iacute;an provocado la guerra de Espa&ntilde;a en relaci&oacute;n con sus propias vivencias.</p>
<p>El m&eacute;todo parece simple. &ldquo;Lo que he registrado en este libro [&hellip;] es de estricta verdad hist&oacute;rica dentro de los l&iacute;mites de una experiencia puramente personal. [&hellip;] he hecho lo mejor para verificar los datos, intentando<strong> </strong>comprobar lo que mi memoria me dec&iacute;a&rdquo;, afirma en el pr&oacute;logo de la edici&oacute;n inglesa de <em>La ruta. </em>&ldquo;Me he sometido a un esfuerzo constante para evitar que mi interpretaci&oacute;n y convicci&oacute;n actuales deformen la<strong> </strong>visi&oacute;n que entonces ten&iacute;a, ya que solo esa visi&oacute;n inmediata tiene inter&eacute;s hist&oacute;rico.&rdquo;<em> </em>Es decir, recurre a la memoria para colectivizarla en un an&aacute;lisis sociol&oacute;gico que parte de su identificaci&oacute;n con las clases populares. Pero Barea es consciente que la memoria juega malas pasadas, que recordar es un acto siempre tamizado por las expectativas del presente, por el anacronismo de analizar los procesos conociendo de antemano su resultado final. En <em>La forja, </em>reconoce los l&iacute;mites de su recuerdo, &ldquo;sincero en mi sinceridad de los hechos, aun cuando tal<strong> </strong>vez no sea sincero en la realidad en s&iacute; de los hechos.&rdquo;</p>
<p>La obra de Barea transita<strong> </strong>territorios fronterizos de inclasificable delimitaci&oacute;n: novela hist&oacute;rica, ficci&oacute;n autobiogr&aacute;fica, ensayo hist&oacute;rico-pol&iacute;tico. Si tuvi&eacute;ramos que se&ntilde;alar una, destacar&iacute;amos la impronta que dejan sus experiencias en la forma de narrar, tachada no pocas veces de fr&iacute;a, seca o dura. Su falta de inter&eacute;s por aderezos estil&iacute;sticos neobarrocos es algo que, en cambio, ha sabido destacar la literatura y la historiograf&iacute;a de tradici&oacute;n brit&aacute;nica. Su estilo no resta tensi&oacute;n a la obra, al contrario, la hace m&aacute;s vibrante y ver&iacute;dico, m&aacute;s certero. El desnudo de la forma otorga a su testimonio un halo de fidelidad.</p>
<p>El recurso a la autobiograf&iacute;a no es algo propio de Barea, sino que caracteriza la literatura del exilio, marcada por la b&uacute;squeda introspectiva de las causas de la derrota y por la nostalgia de una Espa&ntilde;a que fue, pero que ya no es, que ha cortado el cord&oacute;n umbilical y ha roto unas ra&iacute;ces que ya no podr&aacute;n trasplantarse en otro lugar. Sin embargo, el elemento distintivo de Barea es su enfoque &ldquo;desde abajo&rdquo;, la dilataci&oacute;n de su experiencia a la del resto de los espa&ntilde;oles a partir del sufrimiento, el miedo, el fr&iacute;o o el hambre. Se erige como voz de una generaci&oacute;n que no es literaria sino demogr&aacute;fica. &ldquo;Yo he escrito una trilog&iacute;a en la que he presentado lo que yo entend&iacute; que era la ra&iacute;z del desastre espa&ntilde;ol de mi generaci&oacute;n, tal y como generaci&oacute;n lo hab&iacute;a visto [&hellip;].&rdquo;</p>
<p>Cuando hablamos de clases populares o de pueblo, aludimos a su propia terminolog&iacute;a, pero no hay en ellas atisbos de tecnicismos ni de materialismo cient&iacute;fico. Al contrario, se trata de una clasificaci&oacute;n intuitiva e identitaria, resultado de haber experimentado las profundas desigualdades estructurales y culturales de la sociedad espa&ntilde;ola. &nbsp;Toda su obra es un alegato de dignificaci&oacute;n de las clases populares y una cr&iacute;tica despiadada a las clases dominantes: caciques, generales, terratenientes y religiosos que sustentaban su poder en un sistema radicalmente injusto que proteg&iacute;a y sancionaba su avaricia. En abril de 1937, Barea escribi&oacute; al escritor ruso David Vigodsky que &ldquo;en Espa&ntilde;a lo mejor es el pueblo. Por eso la heroica y abnegada defensa de Madrid, que ha asombrado al mundo, a m&iacute; me conmueve, pero no me sorprende. Siempre ha sido lo mismo.&rdquo; Son palabras similares a las que escribi&oacute; Richard Ford casi un siglo antes, en 1845, en <em>Handbook for Travellers in Spain and Readers at home, </em>en alusi&oacute;n a la resistencia popular a la invasi&oacute;n francesa: &ldquo;[&hellip;] noble pueblo de Espa&ntilde;a, merecedor de mejores gobernantes y de mejor fortuna! [&hellip;] Tal resistencia fue realmente salvaje, desorganizada, indisciplinada y argelina, pero mostr&oacute; a Europa un ejemplo que no fue dado por los civilizados italianos o por los intelectuales alemanes.&rdquo; Palabras que sirvieron para la apertura de <em>La Llama </em>y que tambi&eacute;n compart&iacute;a Antonio Machado en su <em>Juan de Mairena, </em>al concebir la patria como &ldquo;un sentimiento [&hellip;] del cual suelen jactarse los se&ntilde;oritos<em>. </em>En los trances m&aacute;s duros, los se&ntilde;oritos la invocan y la venden, el pueblo la compra con su sangre no la mienta siquiera.&rdquo; Mar&iacute;a Zambrano, otra republicana exiliado, en <em>Hora de Espa&ntilde;a </em>defini&oacute; al pueblo como &ldquo;el m&aacute;ximo sujeto de la historia&rdquo;, porque &ldquo;es a quien pasa todo lo profundo y esencial que pasa [&hellip;] y porque es quien realiza todo lo que pasa y nada puede pasar sin &eacute;l.&rdquo; Esta noci&oacute;n estaba plenamente extendida entre la intelectualidad de los a&ntilde;os treinta que se moviliz&oacute; en defensa de la legalidad republicana.</p>
<p>Barea no es historiador, ni lo pretende. Su historia no es para los gabinetes ministeriales ni para las cr&oacute;nicas period&iacute;sticas. Tampoco para uso de ciclos conmemorativos ni rastreadores de biograf&iacute;as &eacute;picas. &ldquo;Los libros de historia lo llaman el Desastre de Melilla o la Derrota Espa&ntilde;ola [&hellip;]; dan lo que llaman los hechos hist&oacute;ricos. No s&eacute; nada de ellos, con excepci&oacute;n de lo que le&iacute; despu&eacute;s de estos libros. Lo que yo conozco es parte de la historia nunca escrita, que cre&oacute; una tradici&oacute;n en las masas del pueblo, infinitamente m&aacute;s poderosa que la tradici&oacute;n oficial&rdquo;, apunt&oacute; en <em>La ruta. </em>La cr&iacute;tica valor&oacute; este empe&ntilde;o de historizar a los personajes sin historia. Hugh Thomas afirm&oacute; en <em>The Nation, </em>el 3 de mayo de 1975, que las doscientas primeras p&aacute;ginas de <em>La forja </em>&ldquo;est&aacute;n entre las dos o tres mejores obras inspiradas en la vida obrera que nunca se han escrito.&rdquo;</p>
<p>En <em>La ruta </em>cuenta su movilizaci&oacute;n para socorrer Melilla tras el desastre del verano de 1921. Tras una jornada maratoniana a pie hasta Ceuta, tomaron un barco para auxiliar la ciudad y recoger los millares de cad&aacute;veres. &ldquo;Los peri&oacute;dicos que yo le&iacute; mucho m&aacute;s tarde describ&iacute;an una columna de socorro que hab&iacute;a embarcado en el puerto de Ceuta, llena de fervor patri&oacute;tico, para liberar Melilla.&rdquo; Sin embargo, &ldquo;todo lo que yo conozco es que unos pocos miles de hombres exhaustos embarcaron en Ceuta con destino desconocido, agotados hasta el l&iacute;mite de su resistencia despu&eacute;s de cien kil&oacute;metros de marcha a trav&eacute;s de Marruecos, bajo un sol asfixiante, mal vestidos, mal equipados y peor comidos. Tan pronto como el barco dej&oacute; el puerto, comenzaron a marearse y a ensuciar la cubierta del buque. Comenzaron a blasfemar [&hellip;], jugar o emborracharse [&hellip;], el barco era un infierno.&rdquo; No hay en sus palabras &aacute;pices de &eacute;pica, ni voluntad patri&oacute;tica, ni ideales de progreso y civilizaci&oacute;n. &ldquo;La guerra &ndash;mi guerra y el Desastre de Melilla &ndash;mi desastre- no ten&iacute;a semejanza alguna con la guerra y con el desastre que estos peri&oacute;dicos espa&ntilde;oles desarrollaban ante los ojos del lector.&rdquo; Los hijos m&aacute;s pobres de la Espa&ntilde;a profunda &ndash;&ldquo;la gente m&aacute;s miserable e inculta [&hellip;], tan incivilizados como los moros&rdquo;- pasaron d&iacute;as recogiendo cad&aacute;veres con un olor a podredumbre humana que calaba hasta los pulmones. Tras el horror, Barea pas&oacute; a&ntilde;os sin probar la carne.</p>
<p>La obra menos autobiogr&aacute;fica del escritor<strong> </strong>fue su &uacute;ltima novela, <em>La ra&iacute;z rota, </em>publicada en Inglaterra en 1951. A diferencia de la trilog&iacute;a y de buena parte de sus relatos, &eacute;sta no se sustenta en sus experiencias personales. En sus p&aacute;ginas se imagina c&oacute;mo hubiera sido un hipot&eacute;tico regreso a Espa&ntilde;a para convencerse y convencer a los dem&aacute;s de la imposibilidad de volver a un lugar que ya no existe. El personaje, Antol&iacute;n Moreno, es un alter ego de Barea. Al llegar a Madrid, descubre un pa&iacute;s gris, marcado por el hambre y el estraperlo, sometido a un miedo omnipresente, un pa&iacute;s sin esperanza. En t&eacute;rminos cronol&oacute;gicos, supone la continuaci&oacute;n de <em>La llama, </em>pero difiere tanto en estilo como en t&eacute;cnica y agilidad narrativa. Barea es un escritor que moldea su narrativa con la masa de sus experiencias. Cuando la escribe, ya dispone de pasaporte brit&aacute;nico y podr&iacute;a regresar al pa&iacute;s con ciertas garant&iacute;as jur&iacute;dicas &ndash;hay que recordar que siguen en Espa&ntilde;a sus cuatro hijos y su exmujer-. Pero siente que la ra&iacute;z se ha roto. En un primer momento su trilog&iacute;a iba a denominarse <em>La ra&iacute;z, </em>en su acepci&oacute;n de origen. En cambio, la ra&iacute;z del exilio es una met&aacute;fora bot&aacute;nica. Barea no ha visitado personalmente el pa&iacute;s que describe, aunque<strong> </strong>s&iacute; se ha esforzado en hablar con exiliados que s&iacute; lo han hecho. Este viaje ficticio anticipa otros que s&iacute; se materializaron, como el que describe Max Aub en <em>La gallina ciega </em>sobre su experiencia en la Espa&ntilde;a de Franco en 1969, que comparte con <em>La ra&iacute;z rota </em>la sensaci&oacute;n de desarraigo. Barea se muestra muy cr&iacute;tico con la situaci&oacute;n del pa&iacute;s y se convence de que ya no es posible el regreso. Como en la ciudad invisible de Zirma, descrita por Italo Calvino, los lugares existen en la memoria de los que los habitan. Si esa memoria cambia, la ciudad, tal cual es, se desvanece.</p>
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<p><strong>Las causas de un rebelde</strong></p>
<p><em>La ruta </em>no es s&oacute;lo el relato de las peripecias de su autor en Marruecos, sino que es un original an&aacute;lisis de la construcci&oacute;n de una cultura de guerra que llevar&iacute;a al generalato, una d&eacute;cada despu&eacute;s, a extender sobre su propio pa&iacute;s estrategias de dominaci&oacute;n y represi&oacute;n<strong> </strong>aprendidas en el Protectorado. La guerra colonial fue tambi&eacute;n el trampol&iacute;n de Franco y la semilla del fascismo espa&ntilde;ol, tal y como se&ntilde;al&oacute; junto a su mujer, Ilsa Barea, en los ensayos <em>Struggle for the Spanish Soul </em>y <em>Spain in the Post-War World. </em>Las p&aacute;ginas de <em>La ruta </em>documentan el alto grado de ideologizaci&oacute;n del ej&eacute;rcito espa&ntilde;ol, significativamente de sus oficiales y del generalato. Cuenta el autor que un d&iacute;a el comandante mayor le encontr&oacute; leyendo <em>Abajo las armas </em>de Bertha Von Suttner. Descubri&oacute; que tambi&eacute;n ten&iacute;a libros de Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez, Anatole France o de V&iacute;ctor Hugo. Le recomend&oacute; que los quemara: &ldquo;Muchacho, voy a hablar como si fuera tu padre. Esto es un cuartel [&hellip;]. Yo s&eacute; c&oacute;mo pasan las cosas [&hellip;]. Los compa&ntilde;eros te pedir&aacute;n prestados los libros y t&uacute; no puedes decir que no. Bien, en el momento que estos libros caen en las manos de estos pobres diablos que apenas si saben leer o escribir, es lo mismo que si les pusieras dinamita en las manos.&rdquo; Sin embargo, hab&iacute;a total tolerancia con libros y revistas pornogr&aacute;ficas: &ldquo;mejor es que lean eso que no que lean <em>El Socialista.</em>&rdquo; Lo mismo ocurr&iacute;a con la permisividad hacia la figura de la querida y hacia los prost&iacute;bulos. La moral asfixiaba s&oacute;lo a las mujeres. En Ceuta, por ejemplo, era imposible comprar peri&oacute;dicos liberales o de izquierda que cuestionaran la guerra o solicitaran la retirada de las tropas. De este boicot participaban los quioscos, que solo vend&iacute;an <em>ABC, El debate </em>o <em>El Defensor de Ceuta. </em>La &ldquo;corrupta&rdquo; y &ldquo;patri&oacute;tica&rdquo; guerra de Marruecos contentaba a muchos sectores de la poblaci&oacute;n ceut&iacute;, pues estaba generando mucho movimiento econ&oacute;mico. Tambi&eacute;n era muy beneficiosa para el mando militar, ya que le permit&iacute;a mete&oacute;ricos ascensos, como el de Franco, &ldquo;el general m&aacute;s joven de Europa&rdquo;, y una oportunidad de enriquecimiento il&iacute;cito inimaginable en contextos de paz. Por eso mismo presionaron a todos los gobiernos y al propio dictador Primo de Rivera para que no retiraran las tropas de &Aacute;frica, fuente inagotable de su prestigio y riqueza. Los perdedores, los de siempre, la soldadesca que entregaba su sangre en grandilocuentes discursos patri&oacute;ticos, no ten&iacute;an voz en los cuarteles ni peri&oacute;dicos que protegieran sus intereses. &nbsp;Nada m&aacute;s llegar Barea al Protectorado, en junio de 1920, le ponen al d&iacute;a del sistema de corrupci&oacute;n de su unidad. Su primera misi&oacute;n fue la de construir una carretera hacia una kabila que ya no exist&iacute;a, es decir, un camino hacia ninguna parte, met&aacute;fora de una guerra sinsentido que s&iacute; reportaba suculentos beneficios. Robar, le dicen, &ldquo;es quitar el dinero a alguien. [&hellip;] Si robamos a alguien, es al estado, y bastante nos roba &eacute;l a nosotros.&rdquo; Hab&iacute;a corrupci&oacute;n incluso en la alimentaci&oacute;n que recib&iacute;an los soldados, en muchos casos insalubre y podrida, que les provocaba enfermedades y hasta la muerte: &ldquo;a unos les da disenter&iacute;a y a otros el tifus. Pero los soldados cuestan baratos.&rdquo; Hab&iacute;a ciertas enfermedades que no llegaban a los oficiales.</p>
<p>Una amplia generaci&oacute;n de espa&ntilde;oles ven&iacute;a asimilando y relacion&aacute;ndose de forma natural con la barbarie en un conflicto que se prolong&oacute; entre 1909 y 1927. Barea supo ver que todo este aprendizaje se despleg&oacute; una d&eacute;cada despu&eacute;s en la guerra civil. Si se hab&iacute;a estado entregando la sangre de las clases humildes en la lucha patri&oacute;tica contra un enemigo deshumanizado, &ldquo;el moro&rdquo;, no ser&iacute;a dif&iacute;cil que continuara el sacrificio con otros enemigos de la naci&oacute;n como el &ldquo;rojo&rdquo;, el &ldquo;mas&oacute;n&rdquo; o el &ldquo;jud&iacute;o&rdquo;.</p>
<p>Barea comienza a escribir &ndash;exceptuando algunos relatos y poemas de su infancia y juventud- para entenderse y entender lo que ha ocurrido en su pa&iacute;s en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas y contarlo a los dem&aacute;s. Lo que comenz&oacute; como una terapia para superar las crisis nerviosas provocadas por el bombardeo constante del Madrid sitiado, desemboc&oacute; en un oficio que pudo desarrollar durante todo su exilio. Como explica en el prefacio de la edici&oacute;n inglesa de <em>La ruta, </em>&ldquo;quer&iacute;a descubrir c&oacute;mo y por qu&eacute; he llegado a ser el que soy; quer&iacute;a comprender las fuerzas y las emociones que est&aacute;n detr&aacute;s de mis sentimientos y acciones actuales. Trat&eacute; de encontrarlas, no por medio del an&aacute;lisis psicol&oacute;gico, sino evocando las im&aacute;genes y las sensaciones que alguna vez vi y sent&iacute; [&hellip;].&rdquo; No hay, por tanto, apelaciones a genios, musas o id&iacute;licos paseos inspiradores. Empez&oacute; a escribir su vida, reconoce en la primera edici&oacute;n en castellano de <em>La Forja de un rebelde </em>para Losada, &ldquo;porque pensaba que aprender&iacute;a a entender a los dem&aacute;s si me investigaba a m&iacute; mismo sin piedad. Adem&aacute;s, me parec&iacute;a la ruta m&aacute;s directa para penetrar debajo de la superficie de las impresiones.&rdquo; En una carta remitida a Ram&oacute;n J. Sender, con quien comparti&oacute; una nutrida correspondencia recogida parcialmente en <em>Palabras recobradas </em>por Nigel Townson, reconoci&oacute; que &ldquo;sin la Guerra Civil yo no hubiera sido escritor; tampoco hubiera al fin conocido a Ilsa y sin ella, tampoco hubiera sido escritor [&hellip;]&rdquo;.</p>
<p>Su trabajo colaborativo con Ilsa, traductora al ingl&eacute;s de buena parte de su obra, en cuya lengua fueron publicadas primero -a excepci&oacute;n de <em>Valor y miedo-, </em>ha generado ciertas suspicacias en torno a la autor&iacute;a &iacute;ntegra de los textos. Estas dudas se sustentan en que cuando la editorial bonaerense Losada pidi&oacute; el manuscrito original de <em>La forja de un rebelde </em>para publicarlo en castellano, Barea aleg&oacute; haberlo perdido, teniendo que traducirse con ciertas fallas de la traducci&oacute;n inglesa realizada por Ilsa. Desconocemos si se perdi&oacute; o, si como apunta a modo de hip&oacute;tesis Francisco Caudet, no exist&iacute;a ese original porque &eacute;l<strong> </strong>dictaba en castellano al mismo tiempo que Ilsa lo iba traduciendo. Sin embargo, contamos con testimonios recogidos por Michael Euade que vendr&iacute;an a desvanecer cualquier atisbo de dudas sobre la autor&iacute;a de Barea. Sabemos que en su exilio parisino se turnaban la m&aacute;quina de escribir, Barea estaba con el primer borrador de <em>La forja </em>e Ilsa con <em>Telef&oacute;nica. </em>Tambi&eacute;n sabemos que Chalmers-Mitchell tradujo al ingl&eacute;s los dos primeros tomos de la trilog&iacute;a, por lo tanto esos originales exist&iacute;an. Adem&aacute;s, Margaret Weeden, que vivi&oacute; un tiempo con los Barea en su exilio ingl&eacute;s, se&ntilde;al&oacute; que &eacute;l escrib&iacute;a sus textos en castellano a m&aacute;quina y que luego los pasaba a Ilsa para que los tradujera al ingl&eacute;s. Ella<strong> </strong>s&iacute; firm&oacute; alguno de los ensayos, corrigi&oacute; manuscritos, le anim&oacute; a escribir y publicar sus obras, le consigui&oacute; trabajo en la secci&oacute;n latinoamericana de la BBC y le introdujo en los c&iacute;rculos intelectuales de los exiliados centroeuropeos en Inglaterra.</p>
<p>Cuando comenz&oacute; a escribir, Barea no frecuentaba c&iacute;rculos literarios ni formaba parte de las redes intelectuales espa&ntilde;olas. No tiene padrinos ni aduladores, m&aacute;s all&aacute; de la sensibilidad que manifest&oacute; Ilsa por sus escritos y que le animaron a seguir. En cierto momento de su juventud, cuenta en <em>La ruta </em>que se acerc&oacute; a algunas tertulias literarias de Jacinto Benavente en el Caf&eacute; de Castilla o de Valle-Incl&aacute;n en el Caf&eacute; La Granja. Con &eacute;ste &uacute;ltimo tuvo un roce ejemplarizante y que puede explicar su desinter&eacute;s por los circuitos intelectuales de la capital. Valle-Incl&aacute;n pregunt&oacute; Barea si &eacute;ste cre&iacute;a que se hab&iacute;a equivocado, a lo que el joven respondi&oacute; &ldquo;yo no creo que se haya equivocado, lo que creo es que lo hace usted a sabiendas y que todos estos se&ntilde;ores lo saben tambi&eacute;n.&rdquo; Valle-Incl&aacute;n empatiz&oacute; con la valiente respuesta y le recomend&oacute; marcharse a su casa si quer&iacute;a ser un buen escritor. &ldquo;Usted viene a tomar caf&eacute;, mejor si otro lo paga, a hablar mal de todos los dem&aacute;s y a mendigar un d&iacute;a una presentaci&oacute;n. Pero si lo que usted quiere es aprender a escribir, qu&eacute;dese en su casa y estudie. [&hellip;] usted se imagina que lo estoy insultando, pero se equivoca. No le conozco, pero me merece una opini&oacute;n mejor que la mayor&iacute;a de los que est&aacute;n aqu&iacute; mir&aacute;ndonos como bobos. Y por eso le digo, no venga a estas tertulias [&hellip;], de aqu&iacute; no va a usted a sacar m&aacute;s provecho que, si acaso, un puesto de chupatintas en un peri&oacute;dico y la costumbre de tragarse todos los insultos.&rdquo; Era lo mismo que le hab&iacute;a advertido Emirlio Carr&egrave;re cuando le dijo que &ldquo;en Espa&ntilde;a, ser escritor es hacer oposiciones a muerto de hambre&rdquo;, ya que cuando, tras a&ntilde;os adulando y pagando el caf&eacute; a alg&uacute;n escritor consagrado, tuviera la oportunidad de publicar en alg&uacute;n peri&oacute;dico, lo har&iacute;a sin cobrar.</p>
<p>Barea escribe desde fuera del sistema literario, sin atender a gustos o afinidades tem&aacute;ticas y formales. &Eacute;ste es otro de los hechos diferenciales de su obra<strong> </strong>y que marca indeleblemente su estilo y sus pretensiones literarias. Se reconoce como &ldquo;el primer escritor espa&ntilde;ol proveniente<strong> </strong>de las clases bajas de una gran ciudad.&rdquo; Cuando escribe, lo hace con esta noci&oacute;n de pertenencia, empatizando con el hambre, la miseria y la lucha no pocas veces picaresca y despiadada por la supervivencia. Barea cuenta una forma de estar en el mundo compartida por una mayor&iacute;a de espa&ntilde;oles que no hab&iacute;a ocupado hasta entonces con espacios de identificaci&oacute;n en la literatura espa&ntilde;ola. &Eacute;sta, incluso cuando hablaba de las clases populares, lo hac&iacute;a desde posicionamientos verticales: el escritor, capitalino o capitalizado, que idealiza lo popular con cierto paternalismo. Su noci&oacute;n de pueblo<strong> </strong>no se ha forjado en un caf&eacute; literario ni en c&iacute;rculo de eruditos etnogr&aacute;ficos. No hay en sus p&aacute;ginas idealizaci&oacute;n ni herencias caracterol&oacute;gicas del romanticismo. La picard&iacute;a supera a la &eacute;pica, salvo cuando el autor se refiere a &ldquo;los suyos&rdquo;, donde adopta un tono m&aacute;s trascendente. Rasgos de este enfoque se pueden encontrar en la literatura en formato popular que le&iacute;a en su infancia desaviniendo las indicaciones de su colegio religioso: Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez, Zola, V&iacute;ctor Hugo o Tolst&oacute;i. Su sensibilidad hacia lo popular parte del influjo de su propia trayectoria vital, que si bien transita dos horizontes bien diferenciados &ndash;el de su humilde madre y su acomodado t&iacute;o o el del casino obrero y el de los propietarios-, no duda en ning&uacute;n momento de cu&aacute;l es su lugar y a qui&eacute;nes<strong> </strong>entregar sus esfuerzos. Tampoco<strong><em> </em></strong>cuando conoce el sistema de corruptelas del ej&eacute;rcito en el Protectorado que le invita a participar del fest&iacute;n. Barea no tolera la desigualdad social que se extiende en todos los sectores, inundando<strong> </strong>&nbsp;las formas de socializaci&oacute;n hasta dividir los bares, los prost&iacute;bulos, incluso las aceras de paseo, en clases.</p>
<p>Se ha insistido en que Barea se mueve en ambos territorios, pero lo cierto es que cuando se ve obligado a elegir se decanta por la fr&iacute;a buhardilla de su madre antes que por la pudiente casa de sus t&iacute;os. Prefiere buscarse la vida antes que seguir en la red caritativa de la Iglesia, donde experimenta a diario el rechazo clasista. Se afili&oacute; a &nbsp;la UGT a principios de la d&eacute;cada de los a&ntilde;os diez, frecuent&oacute; la Casa del Pueblo y colabor&oacute; activamente con la movilizaci&oacute;n del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936 en el pueblo toledano al que hab&iacute;a trasladado a su familia: Nov&eacute;s. Tras la sublevaci&oacute;n militar de julio, particip&oacute; activamente en la defensa de la Rep&uacute;blica, instruy&oacute; a milicias y dirigi&oacute; la Oficina de censura de la prensa extranjera del Ministerio de Estado. Trabaj&oacute; con la Junta de Defensa y en labores propagand&iacute;sticas y movilizadoras con el general Miaja. Tras la retirada del gobierno a Valencia, en noviembre de 1936, decidi&oacute; quedarse en Madrid para combatir con sus medios el avance de las tropas franquistas. Cuando abandon&oacute; Espa&ntilde;a junto a Ilsa por el paso de La Junquera, el 17 de febrero de 1938, se declar&oacute; ante el guardia franc&eacute;s de aduanas como &ldquo;un socialista.&rdquo; En 1951, en sus apuntes sobre &ldquo;Literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea&rdquo; recogidos en <em>Palabras recobradas, </em>volvi&oacute; a definirse como obrero: &ldquo;En la vida diaria como en mis escritos, mi lenguaje es el de la clase obrera madrile&ntilde;a de la que vengo [&hellip;] Seg&uacute;n las reglas literarias, es un lenguaje bruto, y sin embargo, el idioma del pueblo espa&ntilde;ol, de la gente baja, posee fuerza y un gran caudal de destellos po&eacute;ticos.&rdquo; Su escritura intent&oacute; &ldquo;expresar las penas y esperanzas de mi gente [&hellip;]. Esta es la &uacute;nica manera en que puedo ayudar en la lucha contra la injusticia, violencia y falta de honradez que est&aacute;n arruinando a mi pa&iacute;s y envenenando nuestra civilizaci&oacute;n.&rdquo; Y ah&iacute; &eacute;l mismo reconoci&oacute; su originalidad: &ldquo;Quiz&aacute; esto sea algo nuevo en la literatura espa&ntilde;ola, que carece de tradici&oacute;n autobiogr&aacute;fica de este tipo, a pesar de tener una antigua tradici&oacute;n de brutal realismo popular.&rdquo;</p>
<p>Barea pretende narrar la historia de Espa&ntilde;a, al modo de los episodios nacionales de Gald&oacute;s o Baroja, vista desde las clases populares y empleando el g&eacute;nero de la autoficci&oacute;n. No importa si hay m&aacute;s o menos ingredientes novel&iacute;sticos ni el espacio que deja el autor a la ficci&oacute;n. Escribe para contar su verdad, que considera com&uacute;n para buena parte de los espa&ntilde;oles de su generaci&oacute;n. Para ello recurre a la observaci&oacute;n meticulosa y aguda de sus recuerdos, novelados, empleando t&eacute;cnicas del diario y del ensayo hist&oacute;rico. Pretend&iacute;a hacer de su experiencia una obra literaria.</p>
<p>Por esto mismo, las guerras que cuenta Barea no tienen nada de heroico: soldados &ldquo;vomitando sin cesar&rdquo;, &ldquo;oliendo a cad&aacute;ver&rdquo;, enfermedad y muerte, patrocinadas por la negligencia y corruptelas del generalato y un rey que cifraba su prestigio y patriotismo en el sacrificio sangriento de los sectores m&aacute;s humildes de la sociedad espa&ntilde;ola que no pod&iacute;an pagar para librarse del servicio militar y, por tanto, de ser carne de ca&ntilde;&oacute;n para las veleidades expansionistas del nacionalismo espa&ntilde;ol. La guerra civil que relata su trilog&iacute;a, en sus cuentos y en sus ensayos es un proceso cargado de humanidad. No se reconoce como un te&oacute;rico. Como le escribe a Roberto F. Giuisti el 18 de febrero de 1956: &ldquo;me interesan los seres vivos mucho m&aacute;s que las teor&iacute;as y los an&aacute;lisis.&rdquo; Buen ejemplo es el libro de relatos <em>Valor y miedo </em>&ndash;de t&iacute;tulo sustancial-, elaborado a partir de sus charlas radiof&oacute;nicas como &ldquo;La voz inc&oacute;gnita de Madrid&rdquo; y editado en Barcelona en 1938 &ndash;la que ser&iacute;a seg&uacute;n el autor la &uacute;ltima publicaci&oacute;n en la ciudad antes de su ca&iacute;da-. En &eacute;l no da cuenta de estrategias militares, discursos ideol&oacute;gicos, h&eacute;roes ni l&iacute;deres populares. Al contrario, narra la cotidianeidad del conflicto personificada en personajes an&oacute;nimos, donde las balas y ca&ntilde;onazos comparten espacio con el fr&iacute;o, el miedo, el hambre, el amor y la muerte. No hay abstracci&oacute;n ni una clara definici&oacute;n ideol&oacute;gica, pese a que tuvieran en su origen unos fines movilizadores. Su propaganda emplea recursos reconocibles por la poblaci&oacute;n, poco maniqueos -&iexcl;la experiencia nunca lo es!-, lo que le granje&oacute; a&uacute;n m&aacute;s problemas con los partidos que rapi&ntilde;aban los restos de un Estado a las puertas de la debacle. La normalidad de esos protagonistas es la anormalidad de Barea, tanto en su relaci&oacute;n con la propaganda de guerra como con la literatura del exilio. Sin<strong> </strong>florituras ni perfiles dicot&oacute;micos, pero con un ritmo narrativo directo y &aacute;gil reconocible e identificable f&aacute;cilmente por los miles de combatientes que hab&iacute;an aprendido a la vez a leer y a empu&ntilde;ar las armas. <strong></strong></p>
<p>Cada uno de los tomos de <em>La forja de un rebelde </em>aporta una comprensi&oacute;n profunda de los condicionantes que provocaron la guerra y civil y la victoria del fascismo, y lo hace abriendo enfoques interpretativos a&uacute;n hoy vigentes. En este sentido, Barea fue pionero en relacionar el conflicto con la guerra colonial de Marruecos, donde se formaron los generales rebeldes. En <em>La ruta </em>dedica el cap&iacute;tulo V de la segunda parte, &ldquo;El embri&oacute;n del dictador&rdquo;, a la casu&iacute;stica de Franco. Tambi&eacute;n en <em>Struggle for the Spanish Soul: </em>&ldquo;Durante muchos a&ntilde;os de su juventud y de su edad adulta Franco vivi&oacute; y creci&oacute; en medio de este ej&eacute;rcito salvaje, form&aacute;ndolo y form&aacute;ndose en &eacute;l. Se acostumbr&oacute; [&hellip;] a ver la destrucci&oacute;n [&hellip;].&rdquo; Convertido ya en joven general, volvi&oacute; de Marruecos &ldquo;implacable&rdquo;, &ldquo;egoc&eacute;ntrico&rdquo; y &ldquo;sumamente seguro de s&iacute; mismo&rdquo;. Pero para continuar su escalada de ascensos necesitaba m&aacute;s sangre, que encontrar&iacute;a primero en la represi&oacute;n de la revoluci&oacute;n de Asturias y despu&eacute;s en la guerra civil: &ldquo;a la cabeza del pa&iacute;s gracias a la oportuna intervenci&oacute;n de la muerte y a su magistral organizaci&oacute;n de la matanza de un mill&oacute;n de espa&ntilde;oles.&rdquo; Esto mismo se&ntilde;ala en las p&aacute;ginas introductorias de <em>The Track: </em>&ldquo;me doy cuenta de que lo que hab&iacute;a visto era la etapa embrionaria en el desarrollo del autoritarismo castrense, y en particular los comienzos de la carrera pol&iacute;tica del general Franco.&rdquo; La vida en el tercio era &ldquo;algo as&iacute; como estar en un presidio. Los m&aacute;s chulos son los amos de la c&aacute;rcel. Y algo de esto le ha pasado a este hombre. Todo el mundo le odia, igual que todos los penados odian al jefe m&aacute;s criminal del presidido, y todos le obedecen y le respetan [&hellip;]&rdquo;. La actitud de Franco en &Aacute;frica era la de un aut&eacute;ntico kamikaze. Fue entonces cuando comenz&oacute; a construirse el mito de la baraka. Pero su figura no puede explicarse de forma aislada, sino dentro de una contraofensiva de las clases privilegiadas de Espa&ntilde;a.</p>
<p>El <em>leitmotiv </em>de su producci&oacute;n narrativa es la &ldquo;rebeld&iacute;a&rdquo;, que no surge por capricho o motivaci&oacute;n individual sino que es una respuesta a un sistema caracterizado por la desigualdad social y econ&oacute;mica que &eacute;l siente y padece desde sus primeros recuerdos de la infancia. Sus d&iacute;as pasan a medio camino entre la casa de su madre, lavandera en el r&iacute;o Manzaneres, y la pudiente posici&oacute;n de su t&iacute;o Jos&eacute; y su beata esposa. R&aacute;pidamente percibe la alteridad, el clasismo y la imposibilidad de ascenso social. Siendo un ni&ntilde;o le mandan a vivir a casa de sus t&iacute;os, que le matriculan en un colegio religioso. El padre de Barea fue un militar republicano que particip&oacute; en el levantamiento republicano de Badajoz de 1883, salv&aacute;ndose azarosamente de ser ajusticiado tras su fracaso. Su abuela paterna, que resid&iacute;a en Navalcarnero, era anticlerical y antimon&aacute;rquica. En numerosas ocasiones su abuela y su t&iacute;a discuten por la educaci&oacute;n de Arturo: &ldquo;Buena falta le hace al chico tomar un poco de aire y salir de tus faldas. Con tanto cura y tanto rezo, le est&aacute;is atontando. Ni la cara de gil&iacute; que tiene [&hellip;] lo que no soy ni quiero que sea el chico es un espiritado como t&uacute;, que no sale de las faldas de curas y sacristanes.&rdquo; Entre dos ambientes irreconciliables Barea va construyendo su personalidad y sus principios pol&iacute;ticos. En las p&aacute;ginas de <em>La forja </em>va surcando las contradicciones sin atisbos de nostalgia. El dramatismo se diluye en la propia rebeld&iacute;a &ndash;que bien pudi&eacute;ramos llamar supervivencia-. Barea, a modo de lazarillo, hace un retrato de las desigualdades de la &eacute;poca. Habla de &eacute;l mismo como excusa para explicar las ra&iacute;ces esenciales y seculares del problema espa&ntilde;ol: la avaricia de la riqueza apoyada por la sanci&oacute;n moral de la iglesia y el miedo provocado por el ej&eacute;rcito y la Guardia Civil.</p>
<p>La frontera entre estos dos mundos pronto se convierte en muro infranqueable. Es consciente que nunca pertenecer&aacute; a la &eacute;lite pese a las becas que va obteniendo por sus buenas calificaciones. La discriminaci&oacute;n clasista es estructural y se reproduce en la escuela, en la iglesia y en cualquier &aacute;mbito del espacio p&uacute;blico. En Navalcarnero observa c&oacute;mo los &ldquo;ricos&rdquo; pujan importantes cantidades de dinero por llevar a la Virgen, no por piedad, sino para ostentar su riqueza.&nbsp; En la iglesia del pueblo &ldquo;en los bancos se sit&uacute;an los se&ntilde;oritos y en las sillas las se&ntilde;oras. En el resto de la iglesia se colocan los dem&aacute;s, los labradores y los pobres [&hellip;] se arrodillan sobre las piedras.&rdquo; Lavapi&eacute;s tambi&eacute;n se presenta como un espacio de escenificaci&oacute;n de la desigualdad y donde persist&iacute;an unas expectativas nunca satisfechas de mejora que fueron canalizadas a partir del 18 de julio de 1936 en la quema y destrucci&oacute;n de los edificios que simbolizaban lo infranqueable de las fronteras de clase. Barea juega en el colegio con los otros dos ni&ntilde;os becados: &ldquo;como solo hay clases de bachillerato para los ni&ntilde;os ricos, estamos en las mismas clases que ellos, pero como los ni&ntilde;os pobres no se pueden mezclar con los ricos porque ser&iacute;a un mal ejemplo y como tampoco podemos mezclarnos con los pobres porque no pertenecemos a sus clases [&hellip;], no tenemos fila. [&hellip;] los ricos me han llamado el hijo de la lavandera y los pobres me han llamado el se&ntilde;orito.&rdquo; La misma segregaci&oacute;n clasista encuentra Barea en las calles de Ceuta, donde hab&iacute;a aceras de las calles para los soldados y las criadas y otras para los oficiales y las se&ntilde;oritas. Lo mismo ocurr&iacute;a en los caf&eacute;s, los casinos y los prost&iacute;bulos.</p>
<p>Barea encuentra esta segregaci&oacute;n clasista incluso en la Instituci&oacute;n Libre de Ense&ntilde;anza y en la Residencia de Estudiantes. Para su disgusto, descubre &ldquo;una nueva aristocracia, que nunca hab&iacute;a pensado que pudiera existir. Una especie de aristocracia de la izquierda.&rdquo; Era tan caro estudiar en la Residencia como en los mejores colegios jesuitas. &ldquo;Me convenc&iacute; que la obra magn&iacute;fica de Giner de los R&iacute;os adolec&iacute;a de los mismos defectos de toda la educaci&oacute;n espa&ntilde;ola: que sus puertas estaban cerradas para las clases trabajadoras&rdquo;, escribe en <em>La ruta. </em>Tras la muerte de su t&iacute;o, abandona su sue&ntilde;o de ser ingeniero pese a los intentos del colegio para que contin&uacute;e estudiando becado. Barea lo rechaza con una declaraci&oacute;n de principios: &ldquo;ya s&eacute; lo que es ser hijo de la lavandera; s&eacute; lo que es que le recuerden a uno la caridad; [&hellip;] s&eacute; lo que es fregar mi madre el suelo en casa de mi t&iacute;a, sin cobrar sueldo. S&eacute; lo que son los ricos y los pobres. S&eacute; que soy pobre y no quiero nada de los ricos.&rdquo;</p>
<p>En realidad, este navegar entre dos aguas tiene mucho de habitar una &uacute;nica orilla con distinto traje. En <em>La Forja </em>se llega a preguntar si &eacute;l podr&iacute;a ser un buen socialista, ya que no ten&iacute;a claro si era un obrero o no. El crecimiento del sector servicios en Madrid, al calor de la capitalidad, fue generando una nueva clase social pobre y no movilizada pol&iacute;ticamente, con unas condiciones laborales competitivas propias del capitalismo m&aacute;s salvaje, pero que no encajaba en la tipolog&iacute;a del mundo obrero. En primer lugar, por algo tan simb&oacute;lico como el atuendo. Esta clase vest&iacute;a con traje y corbata, pero sus condiciones laborales eran en no pocas ocasiones inferiores a la de los obreros. Por eso Barea desde la UGT intent&oacute; movilizar sindicalmente a los empleados de oficina. El escritor desentra&ntilde;a las claves del capitalismo que funciona acosta de las expectativas nunca cumplidas de una clase obrera de empleados con corbata. En agosto de 1911 entra como meritorio en el banco Credit &nbsp;&Eacute;tranger y experimenta en s&iacute; mismo el sistema de explotaci&oacute;n del sistema. Cada a&ntilde;o entran como becarios decenas de j&oacute;venes sin sueldo o bien recibiendo cantidades m&iacute;seras. Trabajan durante un a&ntilde;o a modo de prueba, bajo la promesa de que los mejores recibir&aacute;n en el futuro un contrato de trabajo y podr&aacute;n prosperar en el banco. Esto hace que los becarios acepten unas condiciones laborales de semiesclavitud para mantener vivas sus expectativas de ascenso social. Sin embargo, Barea pronto comprende que &ldquo;la mayor&iacute;a de los que tienen sueldos mejores son precisamente los que no han sido meritorios.&rdquo; Se trata de un capitalismo de explotaci&oacute;n de las expectativas. &ldquo;En el banco no puede esperarse nada hasta pasados muchos a&ntilde;os, cuando ya se han convencido no de que uno sabe trabajar, sino de que est&aacute; sometido totalmente.&rdquo; As&iacute; proliferan en la capital negocios a costa del trabajo de meritorios, como el Continental Express, en la calle Alcal&aacute;, dedicado al env&iacute;o de cartas y recados urgentes. Los repartidores son ni&ntilde;os sin salario que se conforman con las propinas que reciben de los clientes. El negocio era redondo. Barea entra en la UGT porque comprueba que la lucha sindical mejora las condiciones laborales: &ldquo;los socialistas hacen huelgas todos los d&iacute;as. [&hellip;] Los meten en la c&aacute;rcel, les dan palos, pero luego al final se salen con la suya. Son los &uacute;nicos que trabajan ocho horas al d&iacute;a y los &uacute;nicos que cobran el jornal que piden.&rdquo;</p>
<p>En esta l&oacute;gica de confrontaci&oacute;n de clases, Barea emplea con frecuencia en sus novelas y cuentos la figura estereotipada del cacique y del terrateniente, a los que responsabiliza de la guerra, la miseria y la destrucci&oacute;n de Espa&ntilde;a. La conciencia de clase le hace entender desde bien joven que el sistema premiaba y proteg&iacute;a con leyes, con la Guardia Civil y con la sanci&oacute;n religiosa a los que m&aacute;s ten&iacute;an: &ldquo;Dios premia a los buenos.&rdquo; Se refiere en <em>La forja </em>a Luis Bah&iacute;a, propietario de medio Brunete: &ldquo;no s&oacute;lo no le castiga Dios sino que, cuando va a San Mart&iacute;n, todos los curas le quieren mucho y le consideran como una buen&iacute;sima persona porque encarga misas y novenas. [&hellip;] los &uacute;nicos buenos son los que tienen dinero y todos los dem&aacute;s son malos. Cuando protestan les dicen que ganar&aacute;n el cielo y que no importa nada lo malo que se pasa en esta vida. Al contrario, que es un m&eacute;rito [&hellip;], pero yo no veo que, para ganar el cielo, los ricos se metan a pobres [&hellip;].&rdquo; Este discurso arremete contra el sistema de recaudaci&oacute;n de la Iglesia y con la bendici&oacute;n del poder econ&oacute;mico a trav&eacute;s de bulas de cruzada, indulgencias y encargo de misas para liberar a las almas del purgatorio. &ldquo;El que tiene miles de pesetas para ir a Lourdes, puede ser que est&eacute; cojo y vuelva andando. Pero si no puede ir a Lourdes, entonces se queda cojo toda la vida, porque la Virgen no hace milagros m&aacute;s que con los que van all&iacute;.&rdquo; Su t&iacute;a acomodada participa de esta opini&oacute;n. Un d&iacute;a, saliendo de la novena, encuentra una mujer mendigando con su beb&eacute; a la que la madre de Barea siempre le da limosna para leche. Su t&iacute;a, con otra noci&oacute;n de solidaridad, le explica que &ldquo;hay muchos desgraciados. Pero Dios sabe por qu&eacute; lo hace. A lo mejor era una mala mujer.&rdquo; El historiador Alfonso Botti ha explicado magistralmente en <em>Cielo y dinero </em>c&oacute;mo la Iglesia espa&ntilde;ola rechaz&oacute; hasta mediados del siglo XX el liberalismo pol&iacute;tico pero asumi&oacute; con vehemencia los valores del liberalismo econ&oacute;mico y justific&oacute; moralmente la desigualdad.</p>
<p>Tambi&eacute;n revisten inter&eacute;s las cr&iacute;ticas literarias de Barea publicadas en el exilio, en las que el autor tiene un papel de autoridad intelectual sobre las &ldquo;cosas de Espa&ntilde;a.&rdquo; En 1941 public&oacute; en la revista <em>Horizon </em>una sonada rese&ntilde;a de <em>Por qui&eacute;n doblan las campanas </em>de Hemingway. Ambos autores se conocieron en la oficina de censura durante la guerra y Barea no guardaba buen recuerdo del estadounidense. Sostiene que Hemingway demuestra poco conocimiento del pueblo &ldquo;real&rdquo;, que su mirada est&aacute; permeada de estereotipos. &ldquo;Siempre fue un espectador que quiso ser actor<strong> </strong>y que quiso escribir como si hubiera sido actor. Y sin embargo, no basta con mirar: para escribir con verdad hay que vivir y hay que sentir lo que se vive.&rdquo; En el polo opuesto estaba <em>The Spanish Labyrinth </em>de Gerald Brenan, que, salvo ciertas generalizaciones esencialistas y perennes de los rasgos espa&ntilde;oles &ldquo;como si fueran inmutables, esencialmente raciales y no condicionados por factores sociales o hist&oacute;ricos&rdquo;, celebr&oacute; en las p&aacute;ginas de <em>Horizon </em>en 1943 que se trataba de una acertada explicaci&oacute;n hist&oacute;rica de las hondas ra&iacute;ces de la guerra de Espa&ntilde;a. Tambi&eacute;n elogi&oacute; la obra de Unamuno, Lorca, G&oacute;mez de la Serna y Alberti, no as&iacute; las de Ortega o Madariaga por considerarlos autores de &ldquo;sal&oacute;n&rdquo; y de &ldquo;alta sociedad&rdquo;, alejados del sentimiento del pueblo. Lorca representar&iacute;a lo contrario, la fusi&oacute;n de lo culto y lo popular. El granadino era &ldquo;el poeta del pueblo espa&ntilde;ol&rdquo; porque &ldquo;gran parte de su trabajo es popular en el sentido de que toca a su pueblo.&rdquo; Tambi&eacute;n escribi&oacute; los pr&oacute;logos de las ediciones inglesas de <em>La Colmena </em>de Cela, <em>Nada </em>de Carmen Laforet y de <em>Epitalamio del prieto Trinidad </em>de Ram&oacute;n J. Sender. <strong></strong></p>
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<p><strong>El discreto olvido de Barea&nbsp; </strong></p>
<p>Quiz&aacute; se ha exagerado el &ldquo;olvido&rdquo; de la obra de Barea en Espa&ntilde;a. Esta afirmaci&oacute;n ten&iacute;a cierto sentido hasta hace un par de d&eacute;cadas pero, en el nuevo siglo, gracias al &nbsp;trabajo de recopilaci&oacute;n y de investigaci&oacute;n llevado a cabo por Nigel Townson, Michael Euade, Eva Nieto McAvoy, Francisco Caudet, Gregorio Torres Nebrera, Luis Monferrer, Paul Preston, Juan Marqu&eacute;s y otros participantes en este n&uacute;mero monogr&aacute;fico de la revista <em>Turia</em> &ndash;el listado es largo y siempre dejar&iacute;a en el tintero investigaciones relevantes-; as&iacute; como por el incansable esfuerzo memorial&iacute;stico de William Chislett &ndash;promotor de la colocaci&oacute;n de una l&aacute;pida conmemorativa en el cementerio donde se encuentran las cenizas de Barea con el apoyo de escritores como Antonio Mu&ntilde;oz Molina, Elvira Lindo o Javier Mar&iacute;as y de la concesi&oacute;n del nombre de Arturo Barea para una plaza en Lavapi&eacute;s, entre otras iniciativas-, no puede sostenerse. Leyendo la n&oacute;mina de investigadores salta a la vista la amplia presencia de hispanistas, que se sumar&iacute;an a los elogios vertidos sobre la obra de Barea por Gerald Brenan, Hugh Thomas, Raymond Carr o Gabriel Jackson. Y es que la primera repercusi&oacute;n y los principales logros en vida del autor fueron en Inglaterra &ndash;donde vendi&oacute; miles de ejemplares y actu&oacute; en las redes intelectuales como int&eacute;rprete privilegiado de la guerra civil-. Su obra est&aacute; pensada para explicar la historia de Espa&ntilde;a en el &aacute;mbito anglosaj&oacute;n. Como ha se&ntilde;alado Michael Euade, entre 1948 y 1952 fue el quinto escritor espa&ntilde;ol m&aacute;s traducido, s&oacute;lo por detr&aacute;s de Cervantes, Ortega y Gasset, Lorca y Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez. En vida, Barea cont&oacute; con el reconocimiento de intelectuales internacionales como Orwell, Benedetti, Dos Passos, Roland Grant o Garrett Mattingly, que elogiaron su obra. Tambi&eacute;n exiliados como Ram&oacute;n J. Sender o Guillermo de Torre, como se desprende de la correspondencia que mantuvieron con &eacute;l.<strong></strong></p>
<p>S&iacute; se puede se&ntilde;alar una recepci&oacute;n tard&iacute;a de su obra si la comparamos con la de otros exiliados consagrados como Max Aub, Ram&oacute;n J. Sender o Francisco Ayala, pero este atraso tiene que ver con posicionamientos pol&iacute;ticos de los c&iacute;rculos de exiliados y por la cerraz&oacute;n de &nbsp;la &nbsp;Espa&ntilde;a&nbsp; franquista, no tanto con el prestigio internacional de Barea, que era incuestionable. Su obra se tradujo a una decena de idiomas. En 1948 el sello Gallimard public&oacute; la edici&oacute;n francesa de <em>La forja de un rebelde. </em>Tambi&eacute;n se tradujo al dan&eacute;s, donde un grupo de intelectuales lleg&oacute; a proyectar proponerle para el Premio Nobel de Literatura. Fue invitado a universidades norteamericanas y, gracias a su prestigio radiof&oacute;nico en Am&eacute;rica Latina por sus charlas para la BBC, fue agasajado en 1956 en Argentina, Chile y Uruguay. Han sido numerosas las reediciones de sus obras, especialmente de su trilog&iacute;a. Tambi&eacute;n han contribuido a su popularidad<strong> </strong>las tiradas en ediciones econ&oacute;micas de bolsillo de algunos peri&oacute;dicos de &aacute;mbito<strong>&nbsp; </strong>nacional: <em>El Mundo </em>incluy&oacute; <em>La Forja de un rebelde </em>en su biblioteca de &ldquo;Cien mejores novelas en castellano del siglo XX&rdquo; en 2001&ndash;ocupando cada tomo un n&uacute;mero de la colecci&oacute;n-, con pr&oacute;logo de Luis Antonio de Villena, y <em>P&uacute;blico </em>edit&oacute; La<em> ra&iacute;z rota, </em>en 2010, en su &ldquo;Biblioteca de la Rep&uacute;blica&rdquo;. <em>Debate</em> public&oacute;, en los a&ntilde;os 2000 y 2001, con edici&oacute;n de Nigel Townson, el mayor corpus publicado hasta la fecha de Barea y <em>C&aacute;tedra</em> incluy&oacute; en 2019 en su colecci&oacute;n de Letras Hisp&aacute;nicas <em>La forja de un rebelde</em> con edici&oacute;n cr&iacute;tica de Francisco Caudet. A finales de 2017 el Instituto Cervantes organiz&oacute; la exposici&oacute;n &ldquo;La ventana inglesa&rdquo; comisariada por William Chislett y con abundante material biogr&aacute;fico y bibliogr&aacute;fico novedoso. En el a&ntilde;o 2023 la editorial Renacimiento en su colecci&oacute;n &ldquo;Biblioteca de la memoria&rdquo; publicar&aacute; m&aacute;s reediciones y textos in&eacute;ditos.</p>
<p>&nbsp;Estas copiosas reediciones lo han convertido en un autor referencial para el canon literario espa&ntilde;ol del siglo XX y en un autor extensamente le&iacute;do, divulgado y citado. Manuel Pecell&iacute;n Lancharro ya firm&oacute; una temprana biograf&iacute;a de Barea, en 1981, en el segundo tomo de <em>Literatura en Extremadura</em> que manifiesta su pronta inclusi&oacute;n en el canon literario, en este caso el extreme&ntilde;o. Fue el primer acercamiento sistem&aacute;tico a la vida y obra del autor publicado en Espa&ntilde;a. Si bien Barea centr&oacute; su obra en sus experiencias en Madrid, ciudad a la que se traslad&oacute; al poco de nacer, su ciudad natal es Badajoz, donde guarda algunos marcadores de memoria: da nombre a una calle y a un premio de investigaci&oacute;n cultural de la Diputaci&oacute;n de Badajoz. Pecell&iacute;n, adem&aacute;s, public&oacute; la partida de nacimiento de Barea, pues hasta entonces algunos, err&oacute;neamente, la situaban en Madrid tomando s&oacute;lo como fuente hist&oacute;rica la novela <em>La forja</em>.</p>
<p>La insistencia en el presente del desconocimiento de Barea responde a l&oacute;gicas publicitarias del mercado editorial y a la tendencia ya tradicional de las reediciones literarias de justificarse a partir de una supuesta p&eacute;rdida. Desde la muerte del dictador, cada contexto ha tra&iacute;do nuevas oleadas de inter&eacute;s por la obra de Barea. Es totalmente comprensible que <em>La forja de un rebelde </em>no se publicara en Espa&ntilde;a hasta 1978, bien muerto el dictador, como ocurri&oacute; con <em>El laberinto espa&ntilde;ol </em>de Brenan, ya que el libro cuenta de forma descarnada las desigualdades de un pa&iacute;s que sum&iacute;a a la mayor&iacute;a en la pobreza a trav&eacute;s de una entente del ej&eacute;rcito, la Iglesia y las &eacute;lites econ&oacute;micas. La guerra civil &ldquo;hab&iacute;a sido provocada por un grupo de generales que, a su vez, estaban manejados por los sectores de las derechas espa&ntilde;olas m&aacute;s fan&aacute;ticamente determinadas a luchar contra cualquier desarrollo del pa&iacute;s que fuera una amenaza para su casta.&rdquo; Estas reflexiones no eran publicables en la dictadura, como tampoco lo era la asimilaci&oacute;n del franquismo con el nazismo y el fascismo que formaba parte de la interpretaci&oacute;n medular del conflicto para Barea y sus coet&aacute;neos en el exilio. En <em>Lorca, el poeta y su pueblo, </em>justifica el advenimiento de la Rep&uacute;blica contra una &ldquo;monarqu&iacute;a mantenida por generales vocingleros, nuncios papales y flojos pol&iacute;ticos liberales, ten&iacute;a hedor de dep&oacute;sitos de cad&aacute;veres infectado por todos los g&eacute;rmenes imaginables. [&hellip;] ol&iacute;a a muerto.&rdquo; No era sencillo publicar estos escritos en Espa&ntilde;a, y m&aacute;s viniendo de un autor comprometido con la Rep&uacute;blica, afiliado a la UGT y que durante la guerra mundial utiliz&oacute; su m&aacute;quina de escribir y los micr&oacute;fonos de la BBC para pedir la intervenci&oacute;n de los aliados contra el reducto fascista que quedaba en Europa: la Espa&ntilde;a de Franco. La historiograf&iacute;a literaria dentro del pa&iacute;s fue muy cr&iacute;tica con Barea, tildado de &ldquo;autor ingl&eacute;s&rdquo; y de antipatriota. El catedr&aacute;tico de la Universidad de Zaragoza, Francisco Yundurain, public&oacute; en <em>Arbor, </em>la revista del CSIC, en 1953, el art&iacute;culo &ldquo;Resentimiento espa&ntilde;ol: Arturo Barea.&rdquo; El &eacute;l criticaba <em>La ra&iacute;z rota </em>por &ldquo;descaradamente sectaria&rdquo;. En la novela &ldquo;se busca una y otra vez el contraste desfavorable con todo lo espa&ntilde;ol [&hellip;], se enjuician nuestras costumbres, nuestros sentimientos, nuestros paisajes, cosas todas que est&aacute;n fuera de la lucha pol&iacute;tica [&hellip;] y necesita encontrar razones para despreciarlas a cuenta de una imaginada superioridad del pa&iacute;s en que habita [&hellip;].&rdquo; Conclu&iacute;a afirmando que &ldquo;nunca hab&iacute;a encontrado en ninguno de los autores revisionistas la falta de amor patrio&rdquo; de Barea. L&iacute;nea argumental que compart&iacute;a Juan Luis Alborg en el cap&iacute;tulo que dedic&oacute; al escritor en <em>Hora actual de la novela espa&ntilde;ola </em>en 1968, donde apunt&oacute; la &ldquo;seriedad del inquisidor&rdquo; y la &ldquo;soberbia altanera&rdquo; de Barea. El diario falangista <em>Arriba </em>public&oacute; una necrol&oacute;gica el 21 de enero de 1958 firmada por &Aacute;ngel Ruiz donde se hac&iacute;a referencia al autor como &ldquo;escritor ingl&eacute;s.&rdquo; En 1948 Barea hab&iacute;a conseguido el pasaporte brit&aacute;nico y en varias alocuciones de la BBC no ocult&oacute; su satisfacci&oacute;n por encontrarse en Inglaterra y el agradecimiento por la acogida recibida, &ldquo;porque era un desgraciado sin patria por defender ideales de humanidad y fraternidad dentro de una comunidad libre que hab&iacute;a perdido su libertad por la violencia.&rdquo;&nbsp;</p>
<p>Sin embargo, estas opiniones y las precauciones del r&eacute;gimen no impidieron que se publicara en 1960 en el sello Cid, sorprendentemente sin intervenci&oacute;n de la censura, una colecci&oacute;n de cuentos seleccionados por Ilsa que llev&oacute; por t&iacute;tulo el nombre del &uacute;ltimo relato: <em>El centro de la pista. </em>Decimos sorprendente porque algunos tienen un mensaje pol&iacute;tico y un an&aacute;lisis de los problemas sociales de Espa&ntilde;a inequ&iacute;vocos, como la cr&iacute;tica a la avaricia de los terratenientes en &ldquo;Agua bajo el puente.&rdquo; En cualquier caso, la publicaci&oacute;n tard&iacute;a de las principales obras narrativas de Barea no supone ninguna anomal&iacute;a en relaci&oacute;n al autor, sino que m&aacute;s bien nos hablan de la anomal&iacute;a pol&iacute;tica del r&eacute;gimen de Franco y el rastro que dej&oacute; en la interpretaci&oacute;n de la historia de Espa&ntilde;a del siglo XX.</p>
<p>La oleada m&aacute;s intensa de reediciones y recuperaci&oacute;n de material in&eacute;dito se ha producido con el cambio de siglo, coincidiendo con un recobrado inter&eacute;s hist&oacute;rico &ndash;tambi&eacute;n institucional y pol&iacute;tico- por la guerra civil y su memoria. Este contexto favorable ha contribuido sobremanera a su divulgaci&oacute;n. Del mismo modo, recientemente se ha insertado la obra y biograf&iacute;a de Barea en el constructo historiogr&aacute;fico -bastante politizado- denominado &ldquo;tercera Espa&ntilde;a&rdquo;. En <em>La llama, </em>el autor no escatima p&aacute;ginas para describir el horror que sent&iacute;a ante la represi&oacute;n descontrolada en Madrid contra personas inocentes cuyo &uacute;nico delito era no simpatizar con alguna de las formaciones de izquierda, ser cat&oacute;lico o llevar una vida acomodada. Tambi&eacute;n denuncia en sucesivas ocasiones la falta de unidad de las fuerzas republicanas, que miran por su inter&eacute;s partidista m&aacute;s que por hacer frente desde un Estado fam&eacute;lico a la fuerza incontestable de un ej&eacute;rcito sublevado, apoyado militar, t&eacute;cnica, econ&oacute;mica y diplom&aacute;ticamente por la Alemania nazi y la Italia fascista. Describe igualmente la caza de brujas provocada cuando se producen cambios de ministerios entre diferentes partidos o sindicatos, la paranoica persecuci&oacute;n contra el POUM y el trotskismo, la intromisi&oacute;n&nbsp; e influencia creciente de la URSS en el gobierno de la Rep&uacute;blica, la represi&oacute;n llevada a cabo por los agentes sovi&eacute;ticos y la generalizaci&oacute;n de la brutalidad y el terror. Ilsa ahond&oacute; m&aacute;s si cabe en estas cuestiones &ndash;porque las sufri&oacute; m&aacute;s- en su novela <em>Telef&oacute;nica, </em>editada por primera vez en castellano en 2019, donde narra su experiencia en la oficina de censura y la persecuci&oacute;n a la que fue sometida. Sin embargo, la categorizaci&oacute;n como &ldquo;tercera Espa&ntilde;a&rdquo; ha consistido en no pocas ocasiones en viajar al pasado para buscar referentes de &ldquo;centro&rdquo; o &ldquo;moderaci&oacute;n&rdquo; y llevarlos al presente para reforzar posiciones pol&iacute;ticas, utilizando el prestigio de autores como Chaves Nogales para refrendar posiciones sin, por supuesto, consultarles. Barea fue un entusiasta defensor de la Rep&uacute;blica, se moviliz&oacute; el 18 de julio de 1936 contra lo que consideraba un ataque fascista a la soberan&iacute;a popular: &ldquo;fui testigo de uno de los sucesos m&aacute;s conmovedores que he presenciado jam&aacute;s: vi y sent&iacute; la fuerza de la solidaridad espont&aacute;nea de las masas. Decenas de miles de espa&ntilde;oles &ndash;obreros- abandonaron aquella noche sus hogares impulsados por la sola y &uacute;nica idea de ayudar a detener a los fascistas. [&hellip;] lo grande de aquella movilizaci&oacute;n [&hellip;] radicaba en que era una fe com&uacute;n la que impulsaba, la que nos impulsaba.&rdquo; Barea no manch&oacute; sus manos de sangre ni aviv&oacute; el terror miliciano. No era hombre de disciplina de partido. &ldquo;Yo carec&iacute;a de la flexibilidad que es necesaria para someterse a un partido y hacer carrera pol&iacute;tica&rdquo;, reconoce en <em>La llama. </em>&nbsp;Sin embargo, una vez iniciada la guerra, era partidario de culminar el proceso en una revoluci&oacute;n que librara al pa&iacute;s de &ldquo;las manos de unos pocos privilegiados; una revoluci&oacute;n que dar&iacute;a lugar a una Espa&ntilde;a del pueblo y para el pueblo en la que los seres humanos podr&iacute;an convivir unidos [&hellip;]&rdquo;. Quiz&aacute; idealista, humanista, pero no equidistante. Cuando conoce a Poldi, el marido de Ilsa, y a otros estalinistas, se ve as&iacute; mismo como un revolucionario humanista o &ldquo;sentimental&rdquo;, como le define el dirigente ruso del Estado Mayor, el general Goliev. Pero este juego crom&aacute;tico de matices no le confunde de bando. En las p&aacute;ginas de <em>La llama </em>reconoce que &ldquo;la elecci&oacute;n estaba hecha durante toda mi vida. O venc&iacute;a una revoluci&oacute;n o yo estar&iacute;a entre los vencidos.&rdquo; No se le puede negar claridad expositiva.</p>
<p>De su narraci&oacute;n y de sus actos no se desprenden equilibrios entre los dos bandos. Si la &ldquo;tercera Espa&ntilde;a&rdquo; significa denunciar las atrocidades de los milicianos y los errores de la Rep&uacute;blica, entonces Barea pertenece a ella, como tambi&eacute;n pueden pertenecer Aza&ntilde;a o Chaves Nogales. Pero si la &ldquo;tercera Espa&ntilde;a&rdquo; supone poner en una misma balanza la Rep&uacute;blica, la UGT, el socialismo o la revoluci&oacute;n obrera con las fuerzas sublevadas y sus aliados seculares: Iglesia, alta burgues&iacute;a y caciques rurales, Barea no entrar&iacute;a en esta clasificaci&oacute;n. Al contrario, se decanta por los primeros cada vez que tiene ocasi&oacute;n y trabaja por su victoria de una forma sobrehumana desde el edificio de la Telef&oacute;nica, poniendo su vida en peligro, d&iacute;a s&iacute; y d&iacute;a tambi&eacute;n, en defensa de unos ideales que no abandonar&aacute; nunca y que no son circunstanciales, sino que le llevan acompa&ntilde;ando, como recoge en <em>La forja,</em> desde su infancia. Andr&eacute;s Trapiello, en su categorizaci&oacute;n de los intelectuales espa&ntilde;oles al inicio de la guerra, sit&uacute;a a Barea en el grupo de fieles a la Rep&uacute;blica y significado con la UGT. Antes de la guerra, aconsejaba al cura de Nov&eacute;s que utilizara &ldquo;el p&uacute;lpito para ense&ntilde;ar la palabra de Cristo y no para propaganda pol&iacute;tica, y tratar&iacute;a de convencer a unos y a otros para que vivieran en paz, para que los pobres no se murieran en la pared de la carretera esperando el milagro de un mendrugo de pan, mientras que los ricos dejan la tierra yerma y se juegan cada noche en el casino lo suficiente para que no haya hambrientos [&hellip;].&rdquo; El cura acept&oacute; mal el consejo y se encomend&oacute; a Calvo Sotelo: &ldquo;quieran ustedes o no quieren, ustedes los revolucionaros que quieren hundir a Espa&ntilde;a en la miseria, ese hombre har&aacute; una Espa&ntilde;a grande. [&hellip;] Usted ha venido a turbar la tranquilidad de este pueblo. Lucharemos cada uno por nuestro lado y Dios dar&aacute; la raz&oacute;n al que la merezca.&rdquo; Cuando estall&oacute; el conflicto, cuenta en <em>La llama, </em>&ldquo;no pod&iacute;a continuar al margen de los acontecimientos&rdquo;, &ldquo;sent&iacute;a el deber y ten&iacute;a la necesidad de hacer algo.&rdquo; Quiz&aacute; la confusi&oacute;n radica en asemejar equidistancia con liberad de criterio, o que algunas de las memorias maniqueas grabadas sobre bronce y piedra durante la dictadura contin&uacute;an explicando el conflicto como una lucha contra una revoluci&oacute;n &ldquo;antinacional&rdquo; y comunista y, por lo tanto, en leg&iacute;tima defensa. Barea trabaj&oacute; denodadamente en defensa de la Rep&uacute;blica hasta que comprendi&oacute;, en la segunda mitad de 1937, que la guerra estaba perdida.</p>
<p>S&iacute; podemos estar de acuerdo con la necesidad de continuar investigando la figura de Barea con herramientas historiogr&aacute;ficas que permitan ahondar con mayor profundidad en una biograf&iacute;a que sigue construy&eacute;ndose tomando como eje central <em>La forja de un rebelde, </em>algunos relatos autobiogr&aacute;ficos y unas p&aacute;ginas de su archivo personal, depositado en Londres, denominadas &ldquo;Biographical Notes&rdquo;, con informaci&oacute;n complementaria sobre su trayectoria vital &ndash;han sido publicadas parcialmente en <em>Palabras recobradas-. </em>Poner en cuarentena el testimonio autobiogr&aacute;fico de Barea no significa dudar de sus afirmaciones, sino de la capacidad de la memoria para traer<strong> </strong>el pasado al presente. Hay por ejemplo imprecisiones geogr&aacute;ficas y cronol&oacute;gicas &ndash;Gerald Brenan en el texto &ldquo;An honest man&rdquo;, publicado en <em>New York Review of Books</em> en marzo de 1975, se&ntilde;al&oacute; errores de localizaci&oacute;n en <em>La ruta<a title="" href="#_ftn1"><strong>[1]</strong></a>-</em> y ciertas contradicciones en datos relevantes, como en la fecha de la muerte de su madre Leonor. Esto no desmerece la obra de Barea, s&oacute;lo viene a certificar la fragilidad de la memoria. Si bien su relato autoficcional nos puede ayudar a entender su proceso, no podemos tomarlo como fuente hist&oacute;rica. Cuando escribe la primera versi&oacute;n de <em>La forja </em>desde Par&iacute;s<em>, </em>entre 1938 y comienzos de 1939, lo hace acuciado por el hambre, la incertidumbre del exilio, la falta de expectativas, la derrota personal y pol&iacute;tica y las crisis nerviosas. En ese duro contexto, escribe un relato de hechos acaecidos tres d&eacute;cadas antes. Por buena memoria que tuviera, ni Funes el memorioso podr&iacute;a poner en pie los acontecimientos &ldquo;tal y como sucedieron&rdquo;. Por esto mismo, es iluso dar rango de dato hist&oacute;rico a narraciones que no escatiman en todo lujo de detalles y que el propio autor reconoce que se han construido con la fragilidad de sus recuerdos y con recursos ficcionales. La memoria se construye rellenando los espacios vac&iacute;os para dar un sentido diacr&oacute;nico al relato. Sustenta los imaginarios personales y su identidad y adopta una gran flexibilidad para hacer frente a las incertidumbres. El escritor puede ser fiel a su memoria, pero no puede hacer de su memoria algo infalible. Sin una documentaci&oacute;n espec&iacute;fica que no provenga de su propia pluma, nos faltar&aacute;n muchos elementos de an&aacute;lisis para conocer sus acciones, motivaciones y el grado de veracidad de su ficci&oacute;n. Los excelentes trabajos biogr&aacute;ficos publicados hasta la fecha son, sin lugar a duda, buen punto de partida para continuar rastreando las huellas dejadas por los Barea en el tiempo.</p>
<p>Los autores que participan en este monogr&aacute;fico no hemos pretendido realizar una biograf&iacute;a exhaustiva de Arturo Barea ni describir de una forma monol&iacute;tica los perfiles generales de su obra. Hay suficiente bibliograf&iacute;a que lo viene haciendo con excelentes resultados en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Nuestro objetivo ha sido el de se&ntilde;alar los principales vectores de debate que contin&uacute;a provocando la lectura de la obra de Barea y que la sit&uacute;an en un lugar privilegiado al que acercarse a la historia de Espa&ntilde;a de la primera mitad del siglo XX. Tambi&eacute;n es un lugar de encuentro con la buena literatura, tan excepcional como los tiempos que la motivaron y la nutrieron. En este n&uacute;mero de la revista <em>Turia </em>por primera vez se han reunido ensayos originales de los principales especialistas &ndash;vivos- en el autor, formando una polifon&iacute;a cuyo inter&eacute;s radica en la capacidad que mantiene Barea para generar infinitas aristas interpretativas. La perduraci&oacute;n de las obras a la muerte de sus autores s&oacute;lo es posible cuando contin&uacute;an propiciando espacios de incertidumbre, interrogantes y contradicciones en horizontes culturales cada vez m&aacute;s satisfechos y maniatados por la homogeneizaci&oacute;n y la reducci&oacute;n de la realidad a bloques previsibles.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> Para la realizaci&oacute;n de este ensayo y cotejar lo narrado en la guerra de Marruecos con documentos hist&oacute;ricos que certifiquen o no su testimonio, hemos buscado sin &eacute;xito su hoja de servicios del ej&eacute;rcito en los archivos generales militares de Ceuta, Melilla, Guadalajara &ndash;donde se conservan todos los Expedientes de tropa desde 1900-, &Aacute;vila, Madrid y Segovia. Desconocemos el motivo de esta ausencia documental.</p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Tue, 13 Jun 2023 04:48:02 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Eduardo Mendoza, el escritor de los prodigios]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/eduardo-mendoza-el-escritor-de-los-prodigios/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2023/EDUARDO_MENDOZA.jpg" alt="" /></p>
<p>A Eduardo Mendoza Garriga (Barcelona, 1943) no le vamos a pillar nunca en ch&aacute;ndal o pijama: luce camisa y corbata, aunque ese d&iacute;a no tenga previsto pisar la calle. Un burgu&eacute;s ali&ntilde;o indumentario para encubrir a los personajes de su otra vida (la literaria): &ldquo;Todo lo que digo y cuento soy yo. Todo es fondo de armario&rdquo;, subraya. Pupitre adosado a la pared, escribe las novelas de pie y trabaja el p&aacute;rrafo. La aparente facilidad y felicidad de su prosa se cuece a fuego lento.&nbsp; A veces dedica dos d&iacute;as a una sola frase y una p&aacute;gina le puede ocupar una semana.</p>
<p>Al cursar el bachillerato &ldquo;antiguo&rdquo; este cronista no tuvo la fortuna de tener como lectura escolar <em>La verdad sobre el caso Savolta</em>. Buscaba la novela en una librer&iacute;a de viejo y dio con <em>El misterio de la cripta</em> <em>embrujada</em>: primera edici&oacute;n de 1979. En la contraportada, cuerpo de letra-hormiga, una rese&ntilde;a: el autor que &ldquo;reside actualmente en Nueva York&rdquo; con solo una novela publicada hasta la fecha, <em>La verdad sobre el caso Savolta</em> por la que obtuvo el premio de la Cr&iacute;tica, urde de nuevo una trama policial, pero esta vez con un detective &ldquo;improvisado y delirante&rdquo; que vive &ldquo;inesperados acontecimientos, tan pronto cercanos al esperpento como a la novela g&oacute;tica o a la m&aacute;s desaforada parodia de la serie negra&rdquo;.</p>
<p>La farsa burlesca y la s&aacute;tira moral hunde sus ra&iacute;ces en la picaresca y el modelo cervantino: &ldquo;Aparentemente nivelada y lisa, la escritura de Mendoza constituye un espl&eacute;ndido ejemplo de investigaci&oacute;n literaria personal, ajena a todo mimetismo, que ahonda en las posibilidades de volver del rev&eacute;s, sin infringirlas a primera vista, las posibilidades del relato tradicional&hellip;&rdquo; &iexcl;Esto es un texto de contraportada <em>comme il faut</em> y no lo de ahora con afirmaciones de Perogrullo y t&oacute;picos del marketing! Desvelamos la identidad del rese&ntilde;ista: Pere Gimferrer, lector a la saz&oacute;n en Seix Barral y primer valedor del actual premio Cervantes.</p>
<p>Antes de escritor Mendoza fue abogado e int&eacute;rprete en las Naciones Unidas; tambi&eacute;n estuvo presente en el primer encuentro entre Felipe Gonz&aacute;lez y Ronald Reagan. Un pol&iacute;glota cuya primera lengua es el humor y la segunda la Historia como eterno retorno de la idiocia. El humor: &ldquo;Una&nbsp; novela totalmente en serio no te la tomas en serio&rdquo;. Si la Historia acontece primero como tragedia y luego como farsa, Mendoza prefiere los encuentros en la segunda fase.</p>
<p>Despu&eacute;s de la gozada de la Cripta Embrujada, y ya con s&iacute;ntomas de abstinencia mendocina, nos adentramos en <em>El laberinto de las aceitunas</em>. Corr&iacute;a 1982 y ya pudimos comprar el libro nuevo. La prosa admonitoria de Gimferrer volv&iacute;a a dar en el clavo. El mani-c&oacute;mico detective &ldquo;en triple salto mortal de fun&aacute;mbulo son&aacute;mbulo&rdquo; no solo acced&iacute;a con todos los honores &ldquo;al reino del humor y el absurdo, sino&nbsp; al de la lib&eacute;rrima fabulaci&oacute;n que roza, tras los esperp&eacute;ntico, el &aacute;rea del prodigio surreal&rdquo;.</p>
<p>Con sus criaturas del fondo de armario, en modo Jekyll &amp; Hyde, Mendoza es, adem&aacute;s del detective de las pepsicolas que cambia de nombre seg&uacute;n le conviene, el trepa Onofre Bouvila de <em>La ciudad de</em> <em>los prodigios,</em> o el marciano en busca de Gurb por la Barcelona ol&iacute;mpica metido en el cuerpo serrano de Marta S&aacute;nchez. Entre la cripta embrujada y la modelo extraviada, pasando por el laberinto de las aceitunas, el tocador de se&ntilde;oras y los enredos chinos, su ret&oacute;rico detective salva el pellejo con lo que pilla: &ldquo;Recurrir a mi ingenio y a m&eacute;todos poco convencionales y pedir la ayuda a personas de mi c&iacute;rculo, no siempre recomendables&rdquo;. Picaresca de la buena.</p>
<p>Mendoza suelta verdades como pu&ntilde;os sin perder esa c&aacute;lida sonrisa que le achina los ojos. Si topa con un imb&eacute;cil, no le contradice (ya lo meter&aacute; en alguna novela). Su radio de acci&oacute;n es, casi siempre, su ciudad natal. En la Barcelona posol&iacute;mpica de <em>La aventura del tocador de</em> <em>se&ntilde;oras </em>un alcalde que aspira a la reelecci&oacute;n parlotea sin percatarse de que las c&aacute;maras le est&aacute;n grabando: &ldquo;Soy el alcalde de Barcelona y estoy haciendo campa&ntilde;a electoral. Ya saben: re&iacute;rme como un cretino con las verduleras, inaugurar un derribo y hacer ver que me como una paella asquerosa. Hoy me toca esta mierda de barrio. &iquest;Estamos en directo? Ah, vaya. Hab&eacute;rmelo dicho&rdquo;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;La burgues&iacute;a catalana es la que pone el disco que hemos de escuchar en cada &eacute;poca&rdquo;</strong></p>
<p>Nuestro escritor aplica el bistur&iacute; de la parodia a una Barcelona que ya no reconoce y a la Catalu&ntilde;a del desvar&iacute;o independentista. En <em>El secreto de la modelo extraviada</em> unos burgueses montan un tinglado para evadir capital a Suiza: &ldquo;La burgues&iacute;a catalana es la que pone el disco que hemos de escuchar en cada &eacute;poca&rdquo;, advierte Mendoza. El actual desapego hacia Espa&ntilde;a revela una peligrosa contradicci&oacute;n: &ldquo;Que la burgues&iacute;a se al&iacute;e con sectores revolucionarios cuyo programa incluye el exterminio de la propia burgues&iacute;a no se entiende si no se toma en consideraci&oacute;n el factor del resentimiento&rdquo;. Conclusi&oacute;n de su ensayo <em>Que est&aacute; pasando en Catalu&ntilde;a</em>: &ldquo;En lugar de re&iacute;rnos de nosotros mismos, los catalanes nos estamos tomando demasiado en serio&rdquo;.</p>
<p>En los &uacute;ltimos a&ntilde;os Mendoza altern&oacute; su vida barcelonesa con una segunda residencia en Londres. Atrincherado en el anonimato observaba el Reino Desunido que troc&oacute; la prestigiosa flema por la excitada vulgaridad &lsquo;brexiter&rsquo;. En las calles de la City le sorprendi&oacute; la noticia de que hab&iacute;a ganado el premio Cervantes 2016. Nos dijo que no se esperaba. La raz&oacute;n: el Cervantes est&aacute; dirigido a un tipo de literatura, llam&eacute;mosle, trascendental&hellip; &ldquo;Y por esto mismo me lo han dado: esa idea de que no me correspond&iacute;a ha hecho que el jurado cambie de registro y reconozca la literatura de humor. Jardiel Poncela y Miguel Mihura merec&iacute;an un Cervantes, pero la herencia literaria del siglo XIX siempre ha pesado mucho&rdquo;.</p>
<p>Mendoza quiere recuperar instantes decisivos de su vida, pero no escribe memorias con nombre propio: ya las novel&oacute;, enmascarado en Rufo Batalla, en la trilog&iacute;a <em>El rey recibe</em>, <em>El negociado del yin y el yang</em> y <em>Transbordo en Mosc&uacute;</em>.</p>
<p>Al rememorar el pasado vio un gilipollas: universitario del FELIPE y el PSUC, nunca fue un comunista fet&eacute;n. El marxismo y la novela social le aburr&iacute;an tanto que se gan&oacute; fama de &aacute;crata y locatis. La fantas&iacute;a sovi&eacute;tica se cuarte&oacute; cuando visit&oacute; la Praga del 68: los checos envidiaban la Espa&ntilde;a de Franco.</p>
<p>El 11 de enero de este 2023 nuestro travieso -o avieso- escritor entr&oacute; en la categor&iacute;a del octogenario. No sacraliza la vejez como feudo de la sabidur&iacute;a: a su parecer, en las edades provectas se evac&uacute;an muchas tonter&iacute;as y personas aparentemente sensatas se radicalizan (v&eacute;ase la Catalu&ntilde;a secesionista del lazo amarillo).</p>
<p>En los &uacute;ltimos tiempos -esto es, en el &uacute;ltimo sexenio- Mendoza amagaba con retirarse&hellip; Pero no lo hizo y, por el momento, se ha reencarnado en Rufo Batalla. Su estado de &aacute;nimo, aquel verso de Machado: &ldquo;Esta segunda inocencia que da el no creer en nada&hellip;&rdquo; Esa segunda inocencia revela la verdad sobre el caso Mendoza. Por sus obras le conoceremos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;En cada &eacute;poca de la vida uno lee lo que quiere leer&rdquo;</strong></p>
<p>- En su ensayo biogr&aacute;fico <em>Mundo Mendoza</em>, Ll&agrave;tzer Moix afirma &nbsp;que su obra bebe de Cervantes, Shakespeare, el Siglo de Oro, Dickens, Beckett, la novela francesa y rusa del XIX y de la generaci&oacute;n del 98 (Baroja y Valle Incl&aacute;n). &iquest;Se reconoce en esas referencias?</p>
<p>- Me reconozco en lo que dice Ll&agrave;tzer Moix porque as&iacute; se lo dije yo. Provengo de una educaci&oacute;n eclesi&aacute;stica, de colegio de curas. Como no sab&iacute;an nada de Ciencia se dedicaban al Humanismo, o lo que ellos entend&iacute;an por Humanismo: aprenderse de memoria el soneto a Jes&uacute;s Crucificado y trozos de <em>La vida es sue&ntilde;o</em> de Calder&oacute;n. Por otra parte, en mi casa se palpaba una tradici&oacute;n cultural. Mi padre era muy aficionado al teatro y nos recitaba fragmentos de <em>El alcalde de Zalamea&hellip; </em>Todos sal&iacute;amos corriendo, pero, bueno, algo de eso queda.<em> </em>Po suerte tengo esta base no buscada que me ha servido de mucho para que a&ntilde;os despu&eacute;s haya podido cultivar la parodia. En cambio, no entr&eacute; en la literatura contempor&aacute;nea hasta m&aacute;s tarde con la novela negra al estilo de Dashiell Hammet. Inici&eacute; mi andadura literaria con una novela que pod&iacute;a considerarse del g&eacute;nero policiaco. Con Juan Mars&eacute; y Manolo V&aacute;zquez Montalb&aacute;n valor&aacute;bamos la novela negra porque ve&iacute;amos en ella una forma de hacer cr&iacute;tica social, lo cual era mentira. He descubierto con el tiempo que algunas de aquellas cosas no eran m&aacute;s que bobadas: en cada &eacute;poca de la vida uno lee lo que quiere leer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Uno de mis &iacute;dolos era Tarz&aacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>- Entre las dos etapas tenemos las lecturas juveniles&hellip;</p>
<p>- &iexcl;Ah! Esas s&iacute; que fueron muy importantes para m&iacute;. Sobre todo, porque las estoy recuperando &uacute;ltimamente y me llevo unos disgustos de muerte. Uno de mis &iacute;dolos era Tarz&aacute;n del que le&iacute; no s&eacute; cu&aacute;ntas novelas. Hace poco Javier Cercas me coment&oacute; que hab&iacute;a una novela de Tarz&aacute;n en la que Tarz&aacute;n deja a los monos y va al centro de la tierra en un globo que entra por el Polo Norte&hellip;</p>
<p>- &iquest;Eso remite m&aacute;s bien a Jules Verne, no?</p>
<p>- &iexcl;S&iacute;, s&iacute;! pero supongo que el pobre autor ya no sab&iacute;a que hacer con Tarz&aacute;n y lo mandaba por ah&iacute;&hellip; Un hombre que solo tiene relaci&oacute;n con los monos no da para mucho&hellip; Hab&iacute;a que contar lo que fuera porque eran escritores que produc&iacute;an masivamente para publicar una novela cada dos meses. Yo me aliment&eacute; de estos h&eacute;roes populares que publicaba editorial Seix -antes de que llegara Carlos Barral- en unas ediciones muy bonitas. Civilizaciones perdidas en el Himalaya&hellip; Todo eso contribuy&oacute; a que viviera una infancia feliz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Siempre he escrito a mano y sigo escribiendo con pluma, esto es sagrado. Pero utilizo mucho el ordenador&rdquo;</strong></p>
<p>- Y sus primeros escritos antes de Savolta, &iquest;hubo alguna tentativa de comenzar a publicar?</p>
<p>- Hubo muchas. Siempre iba escribiendo, aunque nunca consegu&iacute;a terminar. Ten&iacute;a muy buenas ideas que se acababan en la p&aacute;gina veinte. Ahora sigue pasando lo mismo, pero ya he aprendido que hay que tener paciencia. Lo dejaba y me pon&iacute;a con otra historia con la creencia de que iba a ser la buena. Consegu&iacute; terminar una novela de humor m&aacute;s del tipo de lo que ser&iacute;a la cripta embrujada. La estuve llevando por algunas editoriales, pero me la rechazaron, afortunadamente, porque deb&iacute;a ser muy torpe. Y despu&eacute;s ya me met&iacute; con el caso Savolta. La empec&eacute; m&aacute;s o menos aqu&iacute; con la documentaci&oacute;n de la Barcelona Traction y la escrib&iacute;, ya en serio en La Haya, donde estaba trabajando en la Corte Internacional de Justicia, durante los meses que se celebr&oacute; la vista: ten&iacute;a mucho tiempo libre y nada que hacer en La Haya. Luego la contin&uacute;e en Barcelona en 1973. A la escritura sigui&oacute; el peregrinaje por las editoriales y los expedientes de la censura. Lo de las editoriales era tremendo. Ten&iacute;a dos copias en papel carb&oacute;n: llevaba una, me esperaba unos meses, la devolv&iacute;an, la llevaba a otra editorial... Mi historia literaria es interesante desde el punto de vista tecnol&oacute;gico: empec&eacute; con una m&aacute;quina manual y papel carb&oacute;n, m&aacute;quina el&eacute;ctrica, luego la correctora, la fotocopiadora que te permit&iacute;a hacer varias copias del manuscrito, los primeros ordenadores como el Amstrad, impresora, fax&hellip; Siempre he escrito a mano y sigo escribiendo con pluma, esto es sagrado. Pero utilizo mucho el ordenador. El ordenador es peligroso porque yo he perdido alg&uacute;n cap&iacute;tulo y lo he tenido que reconstruir. Con el cortar y pegar cuando tienes cinco versiones del mismo texto ya no sabes cu&aacute;l es el bueno. Al final hay que imprimir y leer despacio: en la pantalla se me escapan las erratas, cuando el texto est&aacute; impreso, negro sobre blanco, no.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El humor forma parte de mi manera de ser&rdquo;</strong></p>
<p>- Siempre ha situado su obra en la tradici&oacute;n humor&iacute;stica. &iquest;El humorismo ha sido una actitud defensiva o una manera de atacar a la sociedad con el suave guante de una aparente comicidad?</p>
<p>- Yo creo que ni una cosa ni la otra. El humor forma parte de mi manera de ser. Aparte de la tradici&oacute;n literaria, me eduqu&eacute; en una familia con gran sentido del humor que disfrutaba contando chistes, haciendo juegos de palabras&hellip; En paralelo crec&iacute;&nbsp; en la cultura de los tebeos que es otra influencia muy grande. Fui un adicto al Pulgarcito: Don P&iacute;o, las hermanas Gilda o el abuelo Cebolleta integraban un universo paralelo en el que estaba sumergido. Adem&aacute;s, como mi padre me llevaba mucho al teatro pod&iacute;a ver todo el teatro de humor de la posguerra: Mihura, Tono, Llopis. El humor siempre me pareci&oacute; normal. <em>La Codorniz </em>era para nosotros la hoja dominical.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Recomiendo siempre a quienes empiezan a escribir que traduzcan&rdquo;</strong></p>
<p>- Estudi&oacute; para abogado, pero se dedic&oacute; a la traducci&oacute;n. Esa faceta, a la que se refiere en la trilog&iacute;a de Rufo Batalla, &iquest;qu&eacute; aport&oacute; a su escritura?</p>
<p>- Desde el punto de vista de la t&eacute;cnica pura y dura es impresionante la formaci&oacute;n que aporta. Yo recomiendo siempre a quienes empiezan a escribir que traduzcan porque ese proceso supone desmontar y volver a montar para de esta manera ver c&oacute;mo funciona la frase. Antes de ser int&eacute;rprete en organismos internacionales hab&iacute;a hecho traducciones literarias y algunas t&eacute;cnicas para ganar un poco de dinero. Todo eso ayuda y luego, claro, cuando trabaj&eacute; unos cuantos a&ntilde;os en la ONU pude darme cuenta de la riqueza del lenguaje y de las diversidades ling&uuml;&iacute;sticas. Una an&eacute;cdota: creo que yo realice la &uacute;nica traducci&oacute;n que se ha hecho en la ONU del catal&aacute;n al espa&ntilde;ol, a ra&iacute;z del ingreso de Andorra.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Ronald Reagan era un gran comunicador&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Y c&oacute;mo recuerda aquella entrevista entre Ronald Reagan y Felipe Gonz&aacute;lez en la que intervino como int&eacute;rprete?</p>
<p>- Recuerdo que estaba pas&aacute;ndolo mal porque no quer&iacute;a hacer el rid&iacute;culo, a ver si se te caen los pantalones o se te queda la mente en blanco, pensaba; pero al&nbsp; mismo tiempo me estaba divirtiendo mucho al ver a estos dos personajes en privado. Reagan era un hombre muy simp&aacute;tico, muy agradable, muy educado. Siempre que se dirig&iacute;a a Felipe Gonz&aacute;lez me miraba a m&iacute; todo el rato. Era un gran comunicador. Sus ideas pod&iacute;an ser simples, pero las expresaba con mucha gracia. Nada que ver con Bush que era entonces su vicepresidente: un hombre distante y poco simp&aacute;tico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Nunca trazo un plan antes de empezar una novela&rdquo;</strong></p>
<p>- Vamos con <em>La verdad sobre el caso Savolta </em>que usted hab&iacute;a titulado en la primera versi&oacute;n<em> Los soldados de Catalu&ntilde;a. </em>El 14 de septiembre de 1973 un censor ordena el cambio de t&iacute;tulo de lo que califica de &ldquo;novel&oacute;n est&uacute;pido y confuso, escrito sin pies ni cabeza&hellip;&rdquo; con &ldquo;casamientos, cuernos, asesinatos y todo lo t&iacute;pico de las novelas p&eacute;simas escritas por escritores que no saben escribir&rdquo;. Todav&iacute;a habr&aacute; de superar un segundo informe censor, esta vez menos acerbo<em>. </em>El 23 de abril de 1975, por la fiesta de Sant Jordi, su primera novela ve la luz y deslumbra a lectores y cr&iacute;tica.</p>
<p>- Vaya por delante que los t&iacute;tulos no han sido nunca mi especialidad y generalmente me los ha puesto, o los hemos puesto a medias, con Pere Gimferrer. No s&eacute; c&oacute;mo sali&oacute; la idea, desde luego sali&oacute; todo de la Barcelona Traction. Recuerdo que en el edificio de FECSA, que fue antes Barcelona Traction, los archivos estaban llenos de gatos para que las ratas no devoraran los documentos. En aquella correspondencia comercial entre Londres, Nueva York, Barcelona descubr&iacute; muchos detalles de la electrificaci&oacute;n, las huelgas&hellip; All&iacute; encontrabas una cantidad de historias tremendas para contar: asesinatos, espionaje, episodios curiosos, de todo&hellip; La trama policiaca no s&eacute; de d&oacute;nde sali&oacute;, pero poco a poco la fui cosiendo hasta que fue apoder&aacute;ndose del relato. Nunca trazo un plan antes de empezar una novela.</p>
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<p><strong>&ldquo;<em>El misterio de la cripta embrujada </em>l</strong><strong>a escrib&iacute; en unas semanas&rdquo;</strong></p>
<p>- Y en 1979 apareci&oacute; el detective de las pepsicolas con <em>El misterio de la cripta embrujada</em>.</p>
<p>- De hecho, ya hab&iacute;a aparecido en <em>La verdad sobre el caso Savolta</em>, un personaje que es real y que descubr&iacute; en la hemeroteca de la Casa de l&rsquo;Ardiaca, sede del archivo municipal donde he pasado muchas horas felices y fr&iacute;as. Nunca he pasado tanto fr&iacute;o, pillaba unos resfriados horrorosos: la directora era una se&ntilde;ora encantadora que me tra&iacute;a una estufita de butano. El personaje en cuesti&oacute;n estaba loco y la polic&iacute;a lo sacaba del manicomio y lo utilizaba como confidente en los bajos fondos. Como nadie le hac&iacute;a caso, &eacute;l escuchaba y luego lo contaba a la polic&iacute;a. Pens&eacute; que lo podr&iacute;a aprovechar en una crisis tremenda despu&eacute;s del &eacute;xito inesperado del caso Savolta, la primera novela de la Transici&oacute;n, aunque entonces yo no sab&iacute;a que era la Transici&oacute;n, me dej&oacute; paralizado: &iquest;Y ahora qu&eacute; hago? C&oacute;mo no consegu&iacute;a continuar el hilo de Savolta sal&iacute; del apuro escribiendo una chorrada r&aacute;pida con este personaje en <em>El misterio de la cripta embrujada</em>. La escrib&iacute; en unas semanas, se la mand&eacute; a Gimferrer y le dije &ldquo;mira he escrito esto, t&uacute; ver&aacute;s lo que haces porque no s&eacute; qu&eacute; es&rdquo;. Obtuvo un &eacute;xito tremendo y todav&iacute;a sigue ley&eacute;ndose. Me aficion&eacute; al detective y segu&iacute;a con <em>El laberinto de las aceitunas</em>. No era mi intenci&oacute;n porque yo aspiraba a ser un escritor serio.</p>
<p>- Releamos el inicio de <em>El misterio de la cripta embrujada</em> en el patio del frenop&aacute;tico: &ldquo;Hab&iacute;amos salido a ganar; pod&iacute;amos hacerlo. La, valga la inmodestia, t&aacute;ctica por mi concebida, el duro entrenamiento a que hab&iacute;a sometido a los muchachos, la ilusi&oacute;n que con amenazas les hab&iacute;a inculcado eran otros tantos elementos a mi favor. Todo iba bien; est&aacute;bamos a punto de marcar; el enemigo se derrumbaba&hellip;&rdquo;</p>
<p>- El manicomio estaba inspirado en Sant Boi. De ese comienzo un cr&iacute;tico alem&aacute;n dijo que era una met&aacute;fora de la historia de la Transici&oacute;n resumida en una p&aacute;gina. Parece que vamos a ganar, pero luego resulta que todo el mundo est&aacute; loco.</p>
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<p><strong>&ldquo;Con los Juegos del 92, Barcelona se convierte en una ciudad californiana&rdquo;</strong></p>
<p>- Lo de los prodigios es ir&oacute;nico, aunque mucha gente se lo toma en serio como aquella famosa afirmaci&oacute;n de Francesc Pujols seg&uacute;n la cual llegar&aacute; un d&iacute;a que los catalanes, por el hecho de serlo, lo tendr&aacute;n todo pagado&hellip; Vamos a <em>La ciudad de los prodigios.</em></p>
<p>- Desde que la empec&eacute; hasta que la publique transcurrieron siete a&ntilde;os. La recta final dur&oacute; cuatro a&ntilde;os: dos de trabajo editorial y otros dos desde la compra por Seix Barral hasta la publicaci&oacute;n. Despu&eacute;s de la cripta embrujada y <em>El laberinto de las aceitunas</em> volv&iacute; a retomar el hilo para la nueva novela. Fue mi segundo golpe de suerte. Si el caso Savolta coincidi&oacute; con el arranque de la Transici&oacute;n, <em>La ciudad de los prodigios</em> vi&oacute; la luz en 1986 con la victoria de la candidatura ol&iacute;mpica cuando Samaranch otorg&oacute; los Juegos de 1992 &ldquo;a la ville de Barcelona&rdquo;. Son dos golpes de suerte que no ha tenido nadie. Barcelona pasa de ser una ciudad pr&aacute;cticamente an&oacute;nima a convertirse en un referente. Si la historia de <em>La verdad sobre el caso Savolta</em> ten&iacute;a que ver con las grandes familias barcelonesas y la industrializaci&oacute;n, <em>La ciudad de los prodigios</em>, en principio, deb&iacute;a abarcar desde la revoluci&oacute;n industrial hasta la guerra civil. Era mi &eacute;poca de la gran novela y estaba metido con <em>Guerra y paz</em> de Tolstoi y <em>La comedia humana</em> de Balzac pero cuando me adentr&eacute; en mi novela vi que me ir&iacute;a mucho mejor concentrarme en las dos exposiciones de 1888 y 1929. Descubr&iacute; c&oacute;mo Barcelona se hab&iacute;a reinventado, un caso verdaderamente sorprendente. La peripecia de Onofre Bouvila refleja las sucesivas reinvenciones de Barcelona, que es lo que volvi&oacute; a suceder con los Juegos del 92 cuando se convierte en una ciudad californiana. La que fue portuaria ciudad canalla se transform&oacute; en la ciudad de los yates.</p>
<p>&ldquo;<em>Sin noticias de Gurb</em> y un libro infame titulado <em>Donde el coraz&oacute;n te lleve,</em> de Susanna Tamaro, salvaron Seix Barral&rdquo;</p>
<p>- Una ciudad que visita un extraterrestre en <em>Sin noticias de</em> Gurb, otro &eacute;xito inesperado que naci&oacute; medio en broma y acab&oacute; en lectura de los institutos.&nbsp; Lo escribi&oacute; con un Amstrad. Le cito: &ldquo;Tardaba tanto en ponerse en marcha que entretanto desayunaba. Ten&iacute;a tan poca fe en aquello... y ahora se sigue vendiendo&rdquo;.</p>
<p>- Era un encargo para las p&aacute;ginas de agosto de El Pa&iacute;s. Acept&eacute; porque yo no s&eacute; decir que no. Aunque me aterrorizan los plazos de entrega que conlleva el periodismo pens&eacute; que ser&iacute;a capaz. Como soy muy ingenuo se me ocurri&oacute; que si ten&iacute;a que salir en agosto lo empezar&iacute;a a escribir un mes antes. Lo ten&iacute;a bastante avanzado, pero vi que hab&iacute;a calculado mal, me hab&iacute;a descontado: en vez de tener los primeros quince d&iacute;as cubiertos solo eran seis porque hab&iacute;a contado mal los espacios. Era cuando ten&iacute;a el Amstrad. Escrib&iacute;a la novela sobre la marcha. Ven&iacute;a un motorista de la redacci&oacute;n del diario en la Zona Franca y se llevaba los folios para que Perico Pastor ilustrara cada p&aacute;gina. Iba muy apurado, pero me consolaba pensar que nadie leer&iacute;a aquello: como en agosto todo el mundo est&aacute; en la playa, al acabar la novela yo seguir&iacute;a con mis cosas y la novela se olvidar&iacute;a. Como El Pa&iacute;s quer&iacute;a iniciar una colecci&oacute;n de libros me propuso la publicaci&oacute;n. A m&iacute; me parec&iacute;a bien pero ten&iacute;a la obligaci&oacute;n, el compromiso moral, de ofrecerlo a Seix Barral: ni siquiera cobr&eacute; un anticipo (ni yo lo ped&iacute;) y no se incluyeron los dibujos de Perico Pastor para no haber de pagar derechos. Hay que recordar que en aquel momento la editorial pasaba muchos apuros econ&oacute;micos. Se aguant&oacute; gracias a <em>Sin noticias de Gurb</em> y a un libro infame titulado <em>Donde el coraz&oacute;n te lleve,</em> de Susanna Tamaro. Esos dos libros salvaron Seix Barral.</p>
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<p><strong>&ldquo;<em>Una comedia ligera</em> es mi novela favorita&rdquo;</strong></p>
<p>- Entre medio, tres novelas menos conocidas: <em>La isla inaudita, El a&ntilde;o del diluvio</em> y <em>Una comedia ligera</em>.</p>
<p>- <em>Una comedia ligera</em> es mi novela favorita. Cuando C&aacute;tedra plante&oacute; hacer una edici&oacute;n cr&iacute;tica a cargo de Javier Aparicio les coment&eacute; que Seix Barral no tendr&iacute;a inconveniente en cederla porque es una novela que no se vende, a diferencia de otros t&iacute;tulos que no cede para ediciones cr&iacute;ticas porque todav&iacute;a se venden. Mi intenci&oacute;n era completar la trilog&iacute;a de <em>La verdad sobre el caso Savolta</em> y <em>La ciudad de los prodigios. Una comedia ligera </em>era la Barcelona de los a&ntilde;os cuarenta con mis recuerdos, o m&aacute;s bien impresiones, de infancia: por ejemplo, la verbena de Santa Rosa en Masnou con mis padres cuando yo ten&iacute;a pocos a&ntilde;os. Mi padre, vestido con una americana blanca. Es el mundo de los veraneos de finales de los cuarenta. Una Barcelona muy peculiar con muchas ruinas de la guerra civil: edificios enteros cortados al bies. <em>El a&ntilde;o del diluvio</em> estaba pensada en principio como una obra de teatro escrita en catal&aacute;n en una &eacute;poca en que quise escribir para los escenarios hasta que me cans&eacute;; la traduje al castellano y la convert&iacute; en novela. Dos personajes que se encuentran en la vejez y rememoran sus vidas: la novela pas&oacute; aqu&iacute; sin pena ni gloria, pero gust&oacute; mucho en Francia. G&eacute;rard D&eacute;pardieu compr&oacute; los derechos para la pel&iacute;cula y fue un desastre. <em>La isla inaudita</em> es la m&aacute;s rara de todas mis novelas: surgi&oacute; en un momento en que no sab&iacute;a que hacer y me hab&iacute;a embarcado en una colecci&oacute;n de cuentos que deb&iacute;an transcurrir en ciudades que conozco como Venecia, Phoenix (Arizona) y Hong Kong. Tres lugares completamente distintos. El proyecto se qued&oacute; en el tintero, pero la historia de Venecia acab&oacute; en esta novela que se ha quedado en un t&iacute;tulo marginal.</p>
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<p><strong>&ldquo;En <em>Mauricio o las elecciones primarias</em> asoma el final de aquella ilusi&oacute;n de que los pol&iacute;ticos eran h&eacute;roes y honestos&rdquo;</strong></p>
<p>- <em>Mauricio o las elecciones primarias</em> es otra de sus novelas que no tuvo la recepci&oacute;n merecida.</p>
<p>- S&iacute;, otra novela que est&aacute; en la cuenta de n&uacute;meros rojos. La empec&eacute; a escribir con mucha ilusi&oacute;n. Quer&iacute;a componer con ella otra trilog&iacute;a junto a otra novela ambientada en los Juegos Ol&iacute;mpicos de Barcelona. La idea no cuaj&oacute;: en Seix Barral me dijeron que prohib&iacute;an las trilog&iacute;as porque las trilog&iacute;as no se venden. Ahora la cosa es muy distinta. Debes hacer una trilog&iacute;a. Yo quer&iacute;a seguir el modelo del Baroja de &ldquo;La lucha por la vida&rdquo; o &ldquo;Las ciudades&rdquo;. Me dec&iacute;an que no: si la gente sabe que es una trilog&iacute;a se esperar&aacute;n a que salgan las tres novelas para no tener que esperar y cuando llega el tercer t&iacute;tulo ya se han olvidado. A ra&iacute;z del &eacute;xito de las novelas de Elena Ferrante se recuper&oacute; la f&oacute;rmula de la trilog&iacute;a. En <em>Mauricio o las elecciones primarias</em> asoma la podredumbre de la Transici&oacute;n, el final de aquella ilusi&oacute;n de que los pol&iacute;ticos eran h&eacute;roes y honestos. Aquella &eacute;poca en la que Fraga y Carrillo se unieron para sacar adelante la democracia nos hizo creer que viv&iacute;amos en un pa&iacute;s estupendo. Que la democracia ser&iacute;a una panacea que curar&iacute;a todo. Sucedi&oacute; tambi&eacute;n, a&ntilde;os despu&eacute;s, con el proceso independentista en Catalu&ntilde;a y el Brexit brit&aacute;nico: la gente estaba convencida de que a partir de entonces la seguridad social ser&iacute;a fant&aacute;stica y todo funcionar&iacute;a a la perfecci&oacute;n.</p>
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<p><strong>&ldquo;Para hacer cr&oacute;nica social hay que dejar pasar un tiempo de, por lo menos, veinticinco a&ntilde;os&rdquo;</strong></p>
<p>- Y volvi&oacute; a convocar al detective en <em>La aventura del tocador de se&ntilde;oras, El enredo de la bolsa y la vida</em> y <em>El secreto de la modelo extraviada. &iquest;Qu&eacute; misi&oacute;n le encarg&oacute; en esta nueva etapa?</em></p>
<p>- Con <em>Mauricio o las elecciones primarias</em> me di cuenta de que para hacer cr&oacute;nica social hay que dejar pasar un tiempo de, por lo menos, veinticinco a&ntilde;os. Si no es as&iacute;, no puedes escribir sobre una &eacute;poca hist&oacute;rica porque ni es memoria colectiva ni es nada. Por ejemplo, cuando iba a la hemeroteca y le&iacute;a peri&oacute;dicos para <em>Mauricio o las elecciones primarias</em> de menos de una d&eacute;cada me aburr&iacute;a mucho: eran noticias que ya no ten&iacute;an ning&uacute;n inter&eacute;s ni aportaban nada m&aacute;s all&aacute; de los anuncios, los precios... Al recuperar el detective de las pepsicolas volv&iacute; al modelo narrativo que me permit&iacute;a hacer novela de calle. En <em>El enredo de la bolsa y la vida</em> quise recrear la &eacute;poca de la crisis econ&oacute;mica cuando los comercios est&aacute;n cerrando y vas por el barrio con carteles de &ldquo;se vende&rdquo;.</p>
<p>- En <em>El secreto de la modelo extraviada</em> aparece una asociaci&oacute;n de empresarios catalanes, que es un homenaje a Jordi Pujol un a&ntilde;o despu&eacute;s de que confesara aquel capital evadido y no declarado. Leamos: &ldquo;Los miembros de la APALF, cuidadosamente seleccionados, juraban, en un sencillo pero muy emotivo rito inici&aacute;tico, mantener el secreto incluso bajo amenaza de cauci&oacute;n, ayudarse mutuamente si las circunstancias lo exig&iacute;an, y no dejar una pela en las arcas. Unos h&eacute;roes&rdquo;.</p>
<p>- La novela naci&oacute;n en un momento en que no estaba seguro de qu&eacute; hacer. S&iacute;, ah&iacute; est&aacute; el pujolismo.</p>
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<p><strong>&ldquo;He vivido m&aacute;s en la vida falsa que en la verdadera&rdquo;</strong></p>
<p>- La trilog&iacute;a de Rufo Batalla compone unas memorias recubiertas por una aparente trama novelesca. Hablemos de <em>El rey recibe, El negociado del ying y del yang </em>y<em> Transbordo en Mosc&uacute;.</em> Mendoza tiene como trasunto literario a un plumilla enviado a Mallorca por un peri&oacute;dico de pocos lectores para cubrir la boda del pr&iacute;ncipe Tukuulo, pretendiente al trono de Livonia&hellip; A la sombra de tan estramb&oacute;tico personaje, Batalla atravesar&aacute; los agitados a&ntilde;os sesenta, la transici&oacute;n espa&ntilde;ola y conocer&aacute; el funeral del comunismo, ya en el umbral del cambio de siglo.</p>
<p>- Quer&iacute;a escribir memorias, pero me aburre mucho hablar de m&iacute;. Pero pensaba que deb&iacute;a dejar constancia de las cosas que hab&iacute;a visto. Como me estaba costando mucho ponerme delante del papel opt&eacute; por una novela con la subtrama de un rey exiliado. A partir de ah&iacute; contar&iacute;a mis experiencias en el Nueva York de los a&ntilde;os setenta, la Barcelona de los noventa, Tokio, la Europa del Tel&oacute;n de Acero de la que, dicho sea de paso, con el recuerdo ha ido mejorando mucho. Lo primero que visit&eacute; fue la Alemania Oriental y Checoslovaquia. Praga es una ciudad muy potente y nunca ha sido una ciudad pobre. En cambio, cuando estuve en Polonia con motivo de una conferencia de Naciones Unidas y como la conferencia fue bastante larga me qued&eacute; un tiempo y tuve ocasi&oacute;n de conocer de cerca un pa&iacute;s pobr&iacute;simo, que hab&iacute;a sido sufrido m&aacute;s que ning&uacute;n otro y &nbsp;literalmente lo hab&iacute;an arrasado en la Segunda Guerra Mundial, que se hab&iacute;a reconstruido de una manera bastante mejor y m&aacute;s digna que la Barcelona de donde yo ven&iacute;a. Unos barrios bien pensados con edificios modestos, pero con su hospital, su escuela y la Casa del Pueblo. Otra cosa era el sistema pol&iacute;tico. La Polonia comunista era grotesca: te vend&iacute;an antig&uuml;edades y el mismo vendedor te denunciaba en el aeropuerto. Cobr&eacute; unos derechos de <em>La verdad sobre el caso Savolta</em> en eslotis, la moneda del pa&iacute;s; miles de eslotis que no sirvieron de nada porque all&iacute; solo quer&iacute;an cobrar en d&oacute;lares. Al final le di todos los eslotis al taxista que contrat&eacute; para que me sirviera de gu&iacute;a: para &eacute;l, mucho dinero; al cambio, quinientas pesetas. Eso s&iacute;: no hab&iacute;a gente durmiendo en la calle y los poetas gozaban de la consideraci&oacute;n de h&eacute;roes nacionales. Rufo Batalla, el protagonista, soy yo metido en un mundo maravilloso de esp&iacute;as que sirve de homenaje a la doble vida del escritor, siempre entre la realidad y la ficci&oacute;n. He vivido m&aacute;s en la vida falsa que en la verdadera.</p>
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<p><strong>&ldquo;Dej&eacute; el teatro por la dificultad que entra&ntilde;a el estreno de una obra&rdquo;</strong></p>
<p>- Hemos mencionado al Mendoza autor de teatro que estren&oacute; una obra: <em>Restauraci&oacute;n</em>. &iquest;Por qu&eacute; no ha seguido cultivando las artes de Tal&iacute;a?</p>
<p>- Como ya he dicho, yo iba mucho al teatro ya desde los a&ntilde;os de adolescencia cuando montamos un grupo de aficionados. Represent&aacute;bamos cosas muy tontas, pero, all&aacute; por los a&ntilde;os cincuenta, a alguien se le ocurri&oacute; montar <em>Esperando a Godot</em>, pero solo pudimos conseguir un ejemplar para los cuatro actores y el director. Como yo sab&iacute;a escribir a m&aacute;quina porque hab&iacute;a aprendido para poder ser escritor con un m&eacute;todo que te permit&iacute;a teclear con todos los dedos, me encargu&eacute; de copiar la obra. Mientras la copiaba, que no es lo mismo que limitarte a leerla, me di cuenta de que aquello era una maravilla. Otra cosa es que consiguiera escribir como B&eacute;ckett&nbsp; y lo dej&eacute; enseguida, aunque siempre conserv&eacute; esa idea de escribir teatro. Muchos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, Rosa Novell me pidi&oacute; una obra que escrib&iacute; en catal&aacute;n, <em>Restauraci&oacute;,</em> con la que recuper&eacute; la afici&oacute;n. Dej&eacute; el teatro por la dificultad que entra&ntilde;a el estreno de una obra. Era como empezar una segunda carrera y, para ser sincero, te reciben mal y no quer&iacute;a que vieran en m&iacute; un intruso: el novelista conocido que ahora decide ser dramaturgo. El &uacute;nico caso es Valle Incl&aacute;n, que combin&oacute; novela y teatro, pero no hay muchos m&aacute;s.</p>
<p>- Retomemos otra novela at&iacute;pica de Mendoza: <em>Ri&ntilde;a de gatos. Madrid 1936</em> con la que gan&oacute; el premio Planeta. Dice Pere Gimferrer que es tu mejor novela&hellip;</p>
<p>- Se me ocurri&oacute; hacer protagonista de la historia a Jos&eacute; Antonio Primo de Rivera, un personaje que nadie ha metido en una novela. Para documentarme recurr&iacute; a la biblioteca Figueras que se hab&iacute;a depositado en el Pabell&oacute;n del la Rep&uacute;blica y ped&iacute; a la bibliotecaria todo lo que hab&iacute;a sobre el fundador de Falange. Como muri&oacute; a los treinta y tres a&ntilde;os por salvar a su pueblo la met&aacute;fora est&aacute; servida. Era muy guapo, era muy buen orador en contra de lo que dicen algunos que dec&iacute;an que era tartamudo (que no es verdad) y lo quer&iacute;a todo el mundo: Indalecio Prieto le ten&iacute;a mucho cari&ntilde;o en un momento en que todos lo consideraban un irresponsable con el que hab&iacute;a que tener cuidado.</p>
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<p><strong>&ldquo;La literatura catalana no debe tener complejos y puede ser tan interesante y activa como la danesa o cualquier otra&rdquo;&nbsp; <br /></strong></p>
<p>- Usted es un autor catal&aacute;n que escribe en castellano. En 2017, el a&ntilde;o del golpe independentista publica el op&uacute;sculo <em>Qu&eacute; est&aacute; pasando en Catalu&ntilde;a.</em> Leamos. &ldquo;No hay raz&oacute;n pr&aacute;ctica que justifique el deseo de independizarse de Espa&ntilde;a&rdquo;, escribe. A su juicio, el desapego actual de la burgues&iacute;a hacia Espa&ntilde;a revela una peligrosa contradicci&oacute;n: &ldquo;Que la burgues&iacute;a se al&iacute;e con sectores revolucionarios en cuyo programa est&aacute; incluido el exterminio de la propia burgues&iacute;a no se entiende si no se toma en consideraci&oacute;n el factor del resentimiento&rdquo;. Espa&ntilde;a, concluye, no es un mal pa&iacute;s: &ldquo;Podr&iacute;a ser mejor, pero dudo de que Catalu&ntilde;a, librada a sus fuerzas, se convirtiera en el para&iacute;so que anuncian los partidarios de la nueva rep&uacute;blica&rdquo;.</p>
<p>- No he tenido problemas con el nacionalismo catal&aacute;n. Me han premiado con el Ciudad de Barcelona, honrado con la Creu de Sant Jordi y el premio Nacional de Literatura que otorga la Generalitat. Mantengo relaciones de amistad con muchos escritores catalanes. Lo malo fue cuando Catalu&ntilde;a fue invitada a la Feria de Fr&aacute;ncfort en 2008 y la cosa se empez&oacute; a torcer: los autores en catal&aacute;n pensaron que la presencia de autores catalanes en castellano les iba a opacar: &ldquo;Si ven&iacute;ais vosotros no nos har&aacute;n caso&rdquo;, se quejaba un escritor amigo. &nbsp;Ah&iacute; empez&oacute; la pelea. La literatura catalana no debe tener complejos y puede ser tan interesante y activa como la danesa o cualquier otra. Albert S&aacute;nchez Pi&ntilde;ol empez&oacute; a protestar: &ldquo;Si vienen los espa&ntilde;oles nosotros no vendremos&rdquo;. En una ocasi&oacute;n me organizaron un debate con Ferran Torrent, un escritor que valoro mucho, que ten&iacute;a como &uacute;nico objetivo que nos pele&aacute;ramos como si fu&eacute;ramos gladiadores en lugar de escritores. Al final acabamos hablando de literatura y de f&uacute;tbol.</p>
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<p><strong>&ldquo;Siempre he cre&iacute;do que la narraci&oacute;n breve es un territorio m&aacute;s accesible a las mujeres&rdquo; </strong></p>
<p>- El relato corto no parece ser un g&eacute;nero bien avenido con Mendoza. Tenemos los divertimentos de <em>El &uacute;ltimo trayecto de Horacio Dos</em> y <em>El asombroso viaje de Pomponio Flato</em> que son m&aacute;s bien novelas cortas y, ya en el g&eacute;nero del cuento, <em>Tres vidas de santos</em>.</p>
<p>- Escribir un buen cuento cuesta mucho. Siempre he cre&iacute;do que la narraci&oacute;n breve es un territorio m&aacute;s accesible a las mujeres, que escriben relatos fant&aacute;sticos con un sentido claro de la estructura y el tiempo. Los hombres, por el contrario, no dominamos el cuento, tenemos una cabeza que tiende a una cronolog&iacute;a prolongada, al periodo largo. He intentado escribir cuentos, ya por pura cabezoner&iacute;a, pero nunca me ha salido bien. De las <em>Tres vidas de santos, </em>que se vendi&oacute; muy poco, estoy contento de la primera de estas vidas, aunque es m&aacute;s bien una novelita corta. En definitiva, el cuento nunca me ha salido bien. Adem&aacute;s, los editores no quieren cuentos porque la gente no compra libros de cuentos. Hemingway es un caso excepcional: sus cuentos son estupendos y las novelas largas, menos. Hace poco he rele&iacute;do <em>Adi&oacute;s a las armas</em> y se me cay&oacute; de las manos, pero en cambio tiene cuentos muy buenos como <em>Las nieves del Kilimanjaro</em>. <em>El viejo y el mar</em> no se puede aguantar. Hemingway es como un Baroja anglosaj&oacute;n porque barre toda la densidad de Gald&oacute;s. Rele&iacute;do ahora, no es tan bueno: <em>La busca</em> y <em>Aurora roja</em> est&aacute;n bien pero tiene novelas largu&iacute;simas con demasiadas reflexiones filos&oacute;ficas sobre el progreso de la sociedad.</p>
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<p><strong>&ldquo;El cine me ha tratado muy mal&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;El cine tampoco ha tratado muy bien a sus novelas como le sucedi&oacute; a Juan Mars&eacute;?</p>
<p>- Me ha tratado muy mal. No he tenido suerte y creo que no ha sido culpa de nadie quiz&aacute; porque, a diferencia de la novela con la que viv&iacute; una &eacute;poca dorada, las versiones cinematogr&aacute;ficas no se hicieron en el mejor momento. Yo viv&iacute; un tiempo en la que brillaba un tipo de literatura no muy comercial pero tampoco muy minoritaria que pod&iacute;a llegar a ser un bestseller de calidad. Eso me permiti&oacute; vivir de la escritura sin agobios econ&oacute;micos a partir de los cuarenta y pico a&ntilde;os haciendo lo que me gusta. La primera adaptaci&oacute;n de mis novelas fue <em>La verdad sobre el caso Savolta</em> que coincidi&oacute; con la &eacute;poca del cine &ldquo;S&rdquo; y unas pel&iacute;culas muy politizadas. Sigui&oacute; <em>La ciudad de los prodigios</em> que requer&iacute;a una producci&oacute;n muy ambiciosa porque hab&iacute;a que reconstruir Barcelona. Savolta y <em>La ciudad de los prodigios</em> fueron pel&iacute;culas bastante tristes. <em>La cripta</em>, que dirigi&oacute; Antonio del Real con Jos&eacute; Sacrist&aacute;n como el detective de las pepsicolas, est&aacute; bien.</p>
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<p>- &ldquo;Supongo que tengo seguidores, pero lo de formar escuela es otra cosa&rdquo;, declar&oacute; en una ocasi&oacute;n. &iquest;Reconoce su influjo en autores de generaciones posteriores a la suya? Podr&iacute;amos poner un ejemplo, Carlos Ruiz Zaf&oacute;n, y su Ferm&iacute;n Romero de Torres, que juzgamos muy cercano al par&oacute;dico detective de Mendoza.</p>
<p>- Creo que ha habido algunos, porque me lo han dicho, que empezaron a&nbsp; escribir siguiendo mi modelo. Admito lo de Ruiz Zaf&oacute;n y yo a&ntilde;adir&iacute;a a Arturo P&eacute;rez Reverte que se confiesa devoto de <em>La verdad sobre el caso Savolta</em> desde que ley&oacute; la novela en el colegio y se dijo que as&iacute; era como quer&iacute;a escribir. Algo parecido a lo que me pas&oacute; a m&iacute; con Baroja. No necesariamente ha de ser un seguidor, pero s&iacute; alguien que te considera y se reengancha a tu obra. &nbsp;</p>
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<p><strong>&ldquo;Voy a seguir escribiendo&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Le queda algo por contar o considera cerrada su etapa como escritor tal como insinu&oacute; en alguna comparecencia?</p>
<p>- S&iacute; que voy a seguir escribiendo. Cuando hice aquella afirmaci&oacute;n fui mal interpretado. Una de las cosas del trabajo de int&eacute;rprete es que alguien dec&iacute;a casi siempre que la culpa la tiene el int&eacute;rprete y el int&eacute;rprete debe admitirlo y disculparse porque forma parte de su sueldo. Yo dije que cre&iacute;a que no deb&iacute;a escribir nada m&aacute;s y que llega un momento en que uno debe retirarse cuando empieza a chochear&hellip; Pero a rengl&oacute;n seguido me pregunt&eacute;: &iquest;Y ahora que voy a hacer yo? Sigo escribiendo, pero a ratos sueltos sin un proyecto concreto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 13 Jun 2023 04:42:17 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[ Pureza Canelo: “Me siento poema”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/pureza-canelo-me-siento-poema/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2023/PUREZA_CANELO_-_Fotograf_a_de_Daniel_Pedriza.jpg" alt="" /></p>
<p><em>De Traslaci&oacute;n</em> (2022) es un libro en el que la escritura se confunde con el cosmos. Contiene el infinito sin achatar del universo y el bulto redondo finito de la palabra. Seg&uacute;n Jordi Doce, es un texto admirable, lac&oacute;nico y sint&eacute;tico. La voluntad de resta en &eacute;l tiene que ver con lo sustancial, como si la autora &ldquo;quisiera adelantarse a la erosi&oacute;n del tiempo&rdquo;. Para Jaime Siles, su &ldquo;lirismo de investigaci&oacute;n&rdquo; da lugar a una idea nueva de poema. En realidad, esa idea responde a una voluntad fraguada hace muchos a&ntilde;os, de manera muy evidente en <em>Oeste</em> (2013), pero sus or&iacute;genes se remontan, como poco, a 1979, cuando public&oacute; <em>Habitable</em>. En aquel t&iacute;tulo, Clara Jan&eacute;s vio a un ser frente al vac&iacute;o. <em>Habitable</em> era un &ldquo;libro-cosmos&rdquo;. Es decir, adivin&oacute; d&oacute;nde se situar&iacute;a Pureza Canelo cuarenta y cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s. En otra rese&ntilde;a, 2011, Jan&eacute;s manifest&oacute; no conocer a otro poeta en la Espa&ntilde;a del momento &ldquo;cuyo empe&ntilde;o sea m&aacute;s dr&aacute;stico, m&aacute;s ajustado a lo que pide la poes&iacute;a&rdquo;. Parecido, Siles -2022-: &ldquo;La m&aacute;s rigurosa y autoexigente&rdquo;. Pureza ha sido percibida siempre en t&eacute;rminos similares por los grandes autores: ya en 1974, Gerardo Diego expres&oacute; el dominio y la &ldquo;gran originalidad&rdquo; con que escrib&iacute;a. Dijo que la poeta se hab&iacute;a inventado una gram&aacute;tica y una sintaxis. Y eso que, si hacemos caso al criterio marcado hoy por ella, todav&iacute;a no hab&iacute;a empezado a escribir seriamente. Canelo dice que tom&oacute; conciencia de la materia po&eacute;tica en el mencionado libro<em> Habitable</em>. En aquel, como Saulo, se cay&oacute; del caballo, y se enter&oacute; de lo que era el agua, de lo que es la tierra&hellip; introdujo su mano en el barro de la creaci&oacute;n.</p>
<p><em>De Traslaci&oacute;n</em> se articula de acuerdo a dos lentes-espejo, &lsquo;Celeste&rsquo; y &lsquo;Pizarra&rsquo;, que se repiten, al comienzo de cada p&aacute;gina, durante todo el libro. Da la sensaci&oacute;n de que, en la segunda, la autora vuelca las palabras que le llegan del cielo. Y en esa transcripci&oacute;n, o <em>traslaci&oacute;n</em>, la existencia se va iluminando. Mas su brillo no es de estrella, sino de tiza. O de hueso. De carne.</p>
<p>Cuando Pureza Canelo se encuentra &lsquo;en creaci&oacute;n&rsquo;, se olvida de todo, tambi&eacute;n de s&iacute;. &ldquo;Qu&eacute; raro que me llame Federico&rdquo;. Los versos le pasan por encima del entendimiento: &ldquo;Y las madres terribles levantaron la cabeza&rdquo;. A la publicaci&oacute;n de <em>De Traslaci&oacute;n</em> le siguieron unos v&eacute;rtigos que achaca al libro. &Eacute;ste empieza con el balbuceo del lenguaje. Desde el principio, la autora tuvo claro que ser&iacute;a su estaci&oacute;n t&eacute;rmino. Cumplir&aacute; el autodesignio por m&aacute;s que siga escribiendo. En &eacute;l desaguan todas sus po&eacute;ticas, dando a entender que no hay mejor teor&iacute;a que la pr&aacute;ctica. Nunca ha chupado rueda. As&iacute; que, por fidelidad a su impulso de abrir caminos, la intenci&oacute;n es que, en esta entrevista, sea interrogada por sus versos. Que el &uacute;ltimo libro proyecte un arco y ti&ntilde;a su producci&oacute;n entera.</p>
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<p><strong>&ldquo;La poes&iacute;a lo convoca todo&hellip; siempre que haya calidad en la escritura&rdquo;</strong></p>
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<p>- &iquest;Todo es poes&iacute;a?</p>
<p>- La poes&iacute;a lo convoca todo&hellip; siempre que haya calidad en la escritura. El asombro y el instinto po&eacute;tico aceleran lo que sucede en la confluencia del acontecer y del misterio, a merced del hacedor.</p>
<p>- &iquest;Y en los libros?</p>
<p>- Todo no es poes&iacute;a, ah&iacute; est&aacute; el reto de la alta creaci&oacute;n. Una escritura pobre no transita pensamiento ni emoci&oacute;n. Una retah&iacute;la de palabras sin idea ni canto no es escritura. Si la luz es materia, la poes&iacute;a tambi&eacute;n. Atr&eacute;vete a aproximarte a lo intangible, a lo indefinible... s&aacute;lvese quien pueda ante el riesgo de la escritura po&eacute;tica.</p>
<p>- &ldquo;Una mujer / en escritura&rdquo;. [La biograf&iacute;a literaria]</p>
<p>- Si el cuerpo de la persona es bioqu&iacute;mica, el mismo transcurrir tambi&eacute;n&hellip; igualmente referido al instante de la escritura. Me siento ser humano y me siento poema. Es la situaci&oacute;n que sobrellevo desde mis primeros versos. No es un estado confortable, pero sobrevivo a base de intriga y resistencia. &ldquo;Una mujer / en escritura&rdquo; o &ldquo;en escritura / una mujer&rdquo;, la reversibilidad aparece sin buscarla. La biograf&iacute;a viene a ser soporte en la escritura, en mi caso no es el clavo fundamental. Dentro de lo biogr&aacute;fico, lo que m&aacute;s aflora en m&iacute; es el contacto con la naturaleza. Su contemplaci&oacute;n, sus elementos.</p>
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<p><strong>&ldquo;No me atrevo a decir si, en mi creaci&oacute;n, es m&aacute;s importante lo visionario o lo autobiogr&aacute;fico&rdquo;</strong></p>
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<p>- &ldquo;Escritura / humana / a la deriva&rdquo;.</p>
<p>- &ldquo;Escritura / en alba / cuando hace el pan / la especie humana&rdquo;. No me atrevo a decir si, en mi creaci&oacute;n, es m&aacute;s importante lo visionario o lo autobiogr&aacute;fico. Todo es un laberinto de manantiales que, al final, van haciendo r&iacute;o. Ahora me acuerdo del nombre de uno, en Las Hurdes, llamado &lsquo;Cuerpo de Hombre&rsquo;. No fue el poeta quien lo puso, sino el receptor que, como yo, siente la idea en las palabras.</p>
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<p>- &ldquo;Si no sabes a qu&eacute; unirte, sobre los versos encontrar&aacute;s una l&iacute;nea que se alterna en sucesi&oacute;n de espejismos. Sept. 2021&rdquo;.</p>
<p>- Al inicio de un poemario normalmente se recurre a una cita, o a varias, para mostrar un camino al lector, desde el tamiz del autor. Cuando se trata de autocitas, pueden pasar cosas que desconocemos: que el autor est&eacute; inseguro, que le falte humildad, que sienta desconfianza en el lector y desee apuntalar la entrega&hellip; En este caso, me limito a anunciar que los t&iacute;tulos de los poemas van a ir altern&aacute;ndose, &lsquo;Pizarra&rsquo; y &lsquo;Celeste&rsquo;, por puro azar. Y que, dentro del azar, claro, asoma la fecundidad de uno u otro t&iacute;tulo, en cualquier dimensi&oacute;n. En mi autocita hab&iacute;a adem&aacute;s cierto mar de fondo: mis pasos en el campo de la poes&iacute;a refleja y en la del metalenguaje.</p>
<p>Este libro es prolongaci&oacute;n natural del anterior: <em>Retirada </em>(2018) es el pasillo que conduce a la galer&iacute;a en la que nos encontramos, la antesala del final. En <em>De Traslaci&oacute;n</em>, en verdad, repican todos los libros anteriores. Durante su construcci&oacute;n, Pureza escribi&oacute; y corrigi&oacute;, y lleg&oacute; a descartar m&aacute;s de medio centenar de poemas. Si dos se parec&iacute;an, uno se iba fuera. Hay versos que le martirizaron semanas, iba a la compra, pensando: &ldquo;Dec&iacute;dete&rdquo;. Al llegar las galeradas, se dio cabezazos contra la pared. &ldquo;Si no es m&iacute;o&rdquo;. La virginidad y la ceguera de los primeros tiempos regresaban, ahora bien, con la viruela de la vejez. Salvo en contadas iron&iacute;as, en <em>De Traslaci&oacute;n</em> no hay resabio. Ella se desplaza por las p&aacute;ginas a tientas y segura. <em>De Traslaci&oacute;n</em> s&oacute;lo parece posible en estado de gracia. Con trabajo, no sale; trabajo hubo en <em>Retirada</em>, incluso alg&uacute;n vals. En <em>De Traslaci&oacute;n</em> flota.</p>
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<p><strong>&ldquo;La obsesi&oacute;n creadora pesa tanto, obliga tanto, que se convierte en sufrimiento&rdquo;</strong></p>
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<p>- &ldquo;Ay&uacute;dame a poes&iacute;a&rdquo;. [Los art&iacute;culos como excedente del lenguaje]</p>
<p>- La obsesi&oacute;n creadora pesa tanto, obliga tanto, que se convierte en sufrimiento. Entonces, le digo a la poes&iacute;a: ay&uacute;dame. Si se lo pido de t&uacute; a t&uacute;, no me hace falta el art&iacute;culo; as&iacute; en el encabalgamiento de los versos. Normalmente, conmigo el poema se tensiona, por eso lo evito en los &uacute;ltimos libros. Me siento m&aacute;s libre y directa a otro ritmo de sintaxis, tambi&eacute;n cuando redacto una po&eacute;tica o unos escritos reflexivos. Yo s&oacute;lo puedo hacerle un rasgu&ntilde;o al poema, &eacute;l me hace da&ntilde;o.</p>
<p>- [As&iacute; que hay dolor]</p>
<p>- Hay. A fin de cuentas siempre gana &eacute;l.</p>
<p>- &ldquo;No. / Es aqu&iacute; / dentro. / Versi&oacute;n / del acontecer / debilitado / insomne. / Dentro&rdquo;. [Adelgazamiento progresivo del verso]</p>
<p>- Me defiendo de la escritura con una manera de alinear el verso en cortedad extrema. Ni siquiera lo sangro: es. Porque me gusta y especialmente por lo que le dec&iacute;a antes: cada palabra me pesa un mundo. No me importa que se note mi claro deseo de adelgazarla. Precisamente ah&iacute; radica hoy mi po&eacute;tica. Todo invita a sorpresa en el decir, con una idea de revelaci&oacute;n dentro que me identifica.</p>
<p>- [Vocablos sueltos]</p>
<p>- Como versos. Ayudan a capturar el significado inimaginable. Y, como van en vertical, la figura entra <em>en espacio</em>, se hace <em>De Traslaci&oacute;n.</em></p>
<p>En 1970, Pureza Canelo entrevistaba a Mar&iacute;a Guti&eacute;rrez &ndash;Maruxa-, una prima hermana, &ldquo;un talento&rdquo; que fund&oacute; el grupo de m&uacute;sica popular y tradicional El Caldero, y que actualmente es catedr&aacute;tico/profesora de Bellas Artes jubilada. Esa conversaci&oacute;n reposa entre materiales dispersos -cierres de simposios, Juan Ram&oacute;n, su relaci&oacute;n con Carmen Conde, con Gerardo Diego...-. Su vida est&aacute; en carpetas. En ellas, la bibliograf&iacute;a se vuelve biograf&iacute;a. Art&iacute;culos en el diario Pueblo, una reflexi&oacute;n por aqu&iacute;, una manifestaci&oacute;n por all&aacute;. El 20 de enero de 1971 dice que para ella la poes&iacute;a es necesidad. Meses despu&eacute;s, anota en un margen: &ldquo;Primeras declaraciones a partir del susto de Adon&aacute;is. Estaba molesta con el revuelo de entrevistas, cr&iacute;ticas, escritos y toda la far&aacute;ndula del momento&rdquo;. Fue una <em>invasi&oacute;n</em>. Una chica joven, de un pueblo llamado Moraleja, abre un Telediario. Era un animal esquivo apresado por los que le atusaban. Enferm&oacute;.</p>
<p>Tambi&eacute;n hay rastros de biograf&iacute;a oculta en la correspondencia, que abarca desde poetas del 27 hasta hoy. Su primer poema registrado es &lsquo;Ni&ntilde;os azules del Vietnam&rsquo;. 1968. Su prehistoria estar&aacute; en una edici&oacute;n cr&iacute;tica pr&oacute;xima, a cargo de Jos&eacute; Teruel. Ser&aacute; el ensayo general de la obra reunida m&aacute;s adelante, dividida en dos tomos: poes&iacute;a y prosa.</p>
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<p><strong>&ldquo;Durante a&ntilde;os hice una poes&iacute;a <em>extensiva</em>, coloquial, derramada&rdquo;</strong><strong></strong></p>
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<p>&ndash; [M&aacute;s partici&oacute;n del verso. La de ayer]: &ldquo;Mi amor hab&iacute;a ca&iacute;do en paz / como la prolongaci&oacute;n del sue&ntilde;o&rdquo;.</p>
<p>- Durante a&ntilde;os hice una poes&iacute;a <em>extensiva</em>, coloquial, derramada.</p>
<p>- [Incluso titul&oacute; <em>Tendido verso (Segunda Po&eacute;tica) </em>(1986)]</p>
<p>- Con <em>tendido verso</em> me refer&iacute;a a lo que normalmente se etiquetaba como <em>prosa po&eacute;tica</em> o como <em>verso en prosa</em>. Pues yo&hellip; verso <em>tendido</em>. Fue a partir de <em>Dulce nadie</em> (2008), con estrofas a modo de salmodia u oraci&oacute;n, cuando se desencaden&oacute; mi gusto por el verso de m&iacute;nima hojarasca.</p>
<p>- [Desnudo]</p>
<p>- Individualista. Como dardo y puntero de luz.</p>
<p>- [&iquest;Dud&oacute;?]</p>
<p>- Hasta la decantaci&oacute;n actual, he muerto y revivido muchas veces con dudas ante la cuartilla en blanco. Siempre ha sido as&iacute;, pero &uacute;ltimamente en una concentraci&oacute;n que ha superado lo habitual. Y cuando rele&iacute;a lo escrito, sent&iacute;a que aquello no me pertenec&iacute;a.</p>
<p>- [Cuerda floja]</p>
<p>- Era&hellip; como la perfecci&oacute;n del error, como el hallazgo de saber que te equivocas y, en la equivocaci&oacute;n, alumbrar&hellip; el acierto. As&iacute;, la entrega y la enso&ntilde;aci&oacute;n del vivir cotidiano. La poes&iacute;a en lo alto de la existencia.</p>
<p>- [La poes&iacute;a como todo, al comienzo de la entrevista]</p>
<p>- S&iacute;, mi escritura perpleja en su cauce. Ese, mi <em>universo</em>.</p>
<p>- &ldquo;Despu&eacute;s de <em>Retirada</em> / d&oacute;nde cobijarse?&rdquo;.</p>
<p>- <em>Retirada </em>(2018) es un libro moral sin moralina. En &eacute;l revis&eacute; las deficiencias y los egos que rodean al hecho po&eacute;tico y a sus hacedores. Puse censura a lo propio y a lo ajeno. Confes&eacute; mi deseo de apartamiento e incluso mostr&eacute; mi poco aprecio por la especie humana.</p>
<p>- &ldquo;Mira que no / hacer versos / como hojas / y fuentes&rdquo;. [Las limitaciones del ser]</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; merec&iacute;a la pena en mi vida? Siempre la poes&iacute;a. As&iacute; que me fui con ella de este planeta terr&iacute;cola -lo visionario- a una galaxia de creaci&oacute;n pura. Y en ese deseo <em>de traslaci&oacute;n</em>, escribo una po&eacute;tica que es el precipitado de toda mi escritura, desde los albores. Es un poemario de exigencia feroz. Con &eacute;l quer&iacute;a callarme de una vez. Ah&iacute; queda mi adi&oacute;s. Ser&aacute; lo &uacute;ltimo que publique como pieza suelta.</p>
<p>- &ldquo;No saber / si la escritura / es posible / en galaxia&rdquo;.</p>
<p>- Sigo escribiendo. Tengo varias v&iacute;as tem&aacute;ticas abiertas. Har&eacute; selecci&oacute;n de todo ello para darlo como in&eacute;dito a la poes&iacute;a reunida en marcha. Por edad, dispongo de tiempo restringido y debo dejar mi poes&iacute;a medianamente ordenada.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Hay que saber callarse a tiempo, aunque siga, en secreto, avanzando en la escritura&rdquo;</strong></p>
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<p>- &ldquo;la roca no sabe / la mancha tampoco&rdquo;.</p>
<p>- Se acab&oacute; la juerga de una publicaci&oacute;n tras otra. Hay que saber callarse a tiempo, aunque siga, en secreto, avanzando en la escritura. Desde siempre he sido poco mundana. Mi mundanal ruido est&aacute; por dentro.</p>
<p>En <em>Oeste</em>, la autora adopt&oacute; una escritura sin rastro previo. A partir de entonces, ello procur&oacute; al que firma una especie de miedo a la decepci&oacute;n cada vez que algo nuevo llegaba. Temor infundado. En <em>Retirada</em> reproduce un correo de Clara Jan&eacute;s, 12 de febrero de 2017: &ldquo;He so&ntilde;ado contigo, Pureza (&hellip;) Viv&iacute;as en una cueva sin m&aacute;s luz que la entrada (&hellip;) Yo te dec&iacute;a: Pero tienes que hacer una apertura a la luz. T&uacute; dec&iacute;as: No, hay que estar s&oacute;lo tocando la tierra, nada m&aacute;s. Hay que mezclarse con la tierra&rdquo;. Pureza respondi&oacute;: &ldquo;Esa cueva a la que se accede es el trasunto del nuevo libro, no lo dudes, adivinadora amiga (&hellip;)&rdquo;. El nuevo libro fue claro y abstracto. Se dice que el que no sabe explicar una cosa no conoce la cosa. Mentira. Una cosa es el entendimiento y otra la expresi&oacute;n. Y al rev&eacute;s. Ah&iacute; est&aacute;n la inmanencia, la capilaridad, la m&iacute;stica, las sensaciones. Y lleg&oacute; el salto. Al vac&iacute;o. No mortal. Al misterio. La rotaci&oacute;n cabe trienal; la traslaci&oacute;n, no.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Lo oculto, lo desconocido, son fuente de poes&iacute;a&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &ldquo;Galaxia / proveedora / de mi ignorancia&rdquo;. [Diferencia entre <em>mundo</em> y <em>vida</em>]</p>
<p>- El poeta se busca en la creaci&oacute;n del universo, que no comprende. Lo oculto, lo desconocido, son fuente de poes&iacute;a. As&iacute;, los ojos en ella para dar a la ignorancia la oportunidad de aproximaci&oacute;n a ese Todo o a esa Nada. Inquirir es la clave. Y desvar&iacute;o, al un&iacute;sono. Sin respuesta, viene el desasosiego ante el verso inapresable, el que puede ser materia infinitesimal.</p>
<p>- [Po&eacute;tica y galaxia]</p>
<p>- En tu hacer te refugias en lo peque&ntilde;o. Tomas las palabras con fidelidad a una escritura que, d&iacute;a a d&iacute;a, golpea tu resistencia humana al tiempo que enriquece el af&aacute;n de lo que buscas en los versos. Versos que, acaso, no fueron tan desastrosos en su aproximaci&oacute;n a lo oculto y a lo extraordinario. La poes&iacute;a se asombra ante el universo que todo lo engulle. Hay que contar esa experiencia de dentro afuera y de fuera adentro. La poes&iacute;a es creaci&oacute;n menor si est&aacute;s en el vientre de la ballena-universo. Ya de joven sent&iacute; esa vivencia de entrega <em>espacial</em>, por la v&iacute;a de la naturaleza. &nbsp;</p>
<p>Pureza es un ser de naturaleza. La desolaci&oacute;n y la muerte las lleva dentro. Le pidieron unos poemas Jordi Doce y &Aacute;lvaro Valverde para una antolog&iacute;a en la Fundaci&oacute;n Ortega Mu&ntilde;oz y demor&oacute; meses, m&aacute;s de un a&ntilde;o, la entrega. Brind&oacute; un sentido nuevo a lo ya publicado, dio a imprenta un libro <em>nuevo</em>. En el preliminar se confesaba desnortada. De nuevo, las dificultades del lenguaje. <em>Palabra Naturaleza</em> (2020). &ldquo;Dices &lsquo;&aacute;rbol&rsquo; y es otra cosa. Pisas surco y el sonido no pertenece a este mundo&rdquo;. Admite desconocer si es la Naturaleza la que le llev&oacute; a la Palabra, o si fue &eacute;sta a la otra. Una de las obsesiones de Pureza es la organicidad en cada proyecto. Ha hecho granero libro a libro. De luz. A veces negra. En la tarea de buscar la organicidad redime las carencias de su escritura.</p>
<p>A Pureza le dan miedo los poetas memorables que, por el af&aacute;n de publicar, son incapaces de guardar sus calcetines, sus sombreros, y acaban dejando una obra con dientes de sierra. &ldquo;Lo he dicho en muchas ocasiones: o intentas cruzar el oc&eacute;ano o no publiques. En creaci&oacute;n lo que no suma, resta sin miramientos&rdquo;. M&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os centrada en una obra tan fracontiradora como ella, que Jos&eacute; Teruel defini&oacute; como &lsquo;autocr&iacute;tica&rsquo;.</p>
<p>- &ldquo;Este navegar sin inteligencia ni tiempo&rdquo;.</p>
<p>- En este &uacute;ltimo libro he intentado articular mi entrega hasta la extenuaci&oacute;n. En &eacute;l se sostienen los versos en suspensi&oacute;n. La nave de toda mi experiencia creadora se ha vertido al vac&iacute;o.</p>
<p>- &ldquo;No sabemos&rdquo;.</p>
<p>- Tanta sospecha -y sorpresa y confusi&oacute;n- forjan el molde para que una palabra, a la vez que desafina, pueda ser tacto del mundo, olvidando su insignificancia. Al menos, es escritura instalada en el pelda&ntilde;o de la dignidad.</p>
<p>- &ldquo;Lo peque&ntilde;o&rdquo;. &iquest;&ldquo;Hacia lo invisible&rdquo;?</p>
<p>- Para m&iacute; &lsquo;lo peque&ntilde;o&rsquo; en escritura po&eacute;tica es la m&aacute;xima aspiraci&oacute;n. El milagro. Hay d&iacute;as en los que te vas a dormir con sensaci&oacute;n de hondura de vida por lo &lsquo;peque&ntilde;o&rsquo; conseguido y&hellip; a la ma&ntilde;ana siguiente tachas lo que cre&iacute;ste haber alcanzado. Estas y muchas otras cosas sustentan mi vocaci&oacute;n po&eacute;tica en la luz y en la sombra, en no s&eacute; qu&eacute; ilimitado hacer y deshacer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El olvido es la soluci&oacute;n a todo este asunto que llamamos vida&rdquo;</strong></p>
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<p>- &ldquo;Al olvido / que da la eternidad&rdquo;. [&iquest;Desaparecer es hacerse m&aacute;s puro en el tr&aacute;nsito?]</p>
<p>- Claro. El olvido es la soluci&oacute;n a todo este asunto que llamamos vida. A toda esta extra&ntilde;eza conjugada a trav&eacute;s de siglos y milenios, con el ser en el centro. Me hace pensar tanto que lo instalo como divinidad. Escribo sobre &eacute;l para la serie de los In&eacute;ditos y callados.</p>
<p>- &ldquo;un morir / pleno. No habr&aacute; / m&aacute;s t&iacute;teres&rdquo;.</p>
<p>- Sobre ese tema tengo tanta materia que podr&iacute;a sacar un libro exento. No lo har&eacute;. Es una reflexi&oacute;n tan prolongada que debo quedarme en el acopio. La entra&ntilde;a de la poes&iacute;a me ofrece pensar y sorber poco a poco una visi&oacute;n interminable.</p>
<p>Pureza Canelo ha dedicado muchos a&ntilde;os a la gesti&oacute;n cultural, primero en la Universidad Aut&oacute;noma de Madrid &ndash;en los a&ntilde;os 70 y 80- y luego en la Fundaci&oacute;n Gerardo Diego -de 1999 a 2019-. Ahora, con adem&aacute;n entre indiferente y levemente despreciativo, considera que dedic&oacute; demasiado al empe&ntilde;o. A punto de proclamar &lsquo;bah&rsquo;, afirma que deber&iacute;a haberlo dejado diez a&ntilde;os antes. &ldquo;Tengo poco tiempo y mucha tarea pendiente&rdquo;. Su balance es agridulce. Realiz&oacute; trabajos de los que sentirse orgullosa: poner en el mapa a poetas sepultados; crear un premio de investigaci&oacute;n; programar y dirigir desde la libertad; procurar a Gerardo una dimensi&oacute;n transnacional... Hizo de la gesti&oacute;n una tarea creativa. Por otro lado, el ser la &uacute;nica responsable jur&iacute;dica le llev&oacute; a tenerse que estudiar la Ley de Fundaciones, a hacer balances de situaci&oacute;n&hellip; en fin, cuestiones en los ant&iacute;podas de su esp&iacute;ritu. Por si fuera poco, hubo de lidiar con pol&iacute;ticos necios o ajenos a la cultura, con herederos contradictorios y con patronos volanderos. Lo peor fue soportar grandes deslealtades. Cuando son menores, dan risa, pero en este caso, afirma, &ldquo;daban pena&rdquo;. Gesti&oacute;n y creaci&oacute;n. Autor&iacute;a y edici&oacute;n. Elena Diego le regal&oacute; una mu&ntilde;eca africana con dos cabezas. Descansa en su casa.</p>
<p>Pendiente, su archivo. S&oacute;lo en C&aacute;ceres, 5.400 libros, medio siglo de poes&iacute;a y filolog&iacute;a. En Madrid, m&aacute;s libros y documentos: papeles y papeles, fotograf&iacute;as, videograbaciones, audios. Durante la pandemia meti&oacute; en casa a dos documentalistas profesionales que, sin embargo, hubieron de aprender a manejarse en la confecci&oacute;n de un archivo vivo, a funcionar por asociaci&oacute;n de temas, de personas y de preocupaciones. Eran entom&oacute;logos pinchando mariposas. Desconoc&iacute;an a La&iacute;n, a Mainer... &ldquo;En las cartas, hay que rescatar poemas y otros textos, y ponerlos aparte&rdquo;. Las misivas de Yuste, Franco, Gallego y Carranque no se deben colocar por iniciales, &ldquo;todas han de ir a un apartado que se llame Fundaci&oacute;n Juan March&rdquo;; &ldquo;Gerardo Diego necesita una carpeta aparte; Adon&aacute;is, otra&rdquo;.</p>
<p>- &ldquo;Al enigma /no se puede / llamar / a la puerta&rdquo;.</p>
<p>- Esos versos expresan la afirmaci&oacute;n desde la negaci&oacute;n. Hay que llamar a la puerta y escudri&ntilde;ar si, al otro lado, desde el interior, en la mirilla te devuelven la mirada. La posibilidad es una mirilla reversible y el esfuerzo de esperar d&iacute;a y noche junto a la puerta. No es un juego: es la fidelidad del can pegado a su ama: la poes&iacute;a.</p>
<p>- [&iquest;La poes&iacute;a es un l&iacute;mite?]</p>
<p>- No deber&iacute;a. El quid es que la Poes&iacute;a es incalculable. El poeta aspira a aproximarse a hacerlo. Por eso identifiqu&eacute; <em>De Traslaci&oacute;n</em> con el cosmos. Era como el cartucho que me quedaba para consumar una po&eacute;tica que hab&iacute;a mantenido sucesiva, lanz&aacute;ndome, ahora sin red, a pleno limbo, con un libro de cierre de obra y trayectoria.</p>
<p>- &ldquo;Beber / del firmamento&rdquo;.</p>
<p>- Confieso sin pudor que la organicidad de este libro es la muestra del fin que he buscado paso a paso y que, consecuentemente, ha hecho obra. Ser&aacute; digna, mala o regular, pero est&aacute;. Lo he pasado mal en el empe&ntilde;o, con torres de Babel, auroras imposibles&hellip; auscultando si cada poema hac&iacute;a masa con el siguiente y con los sucesivos. He desarrollado una autocr&iacute;tica que fustiga mis adentros en una b&uacute;squeda constante de la &lsquo;Alta y Soberana Se&ntilde;ora&rsquo;. A estas alturas, casi nos podemos mirar frente a frente: ella impera sin l&iacute;mite y yo la espero en el rinconcito en el que sigo despierta hasta que me vaya de este mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La poes&iacute;a ser&aacute; lo invisible absorbiendo el color de cualquier cuerpo celeste&rdquo;</strong></p>
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<p>- &ldquo;la poes&iacute;a / (&hellip;) clara oscuridad&rdquo;. [&iquest;La poes&iacute;a es un p&eacute;ndulo que se &lsquo;mueve quieto&rsquo; entre la sombra y la luz?] &ldquo;&iquest;Lo negro existe?&rdquo; [El negro surge de la ausencia de luz&hellip; pero es la suma de todos los colores]</p>
<p>- Si el negro es la suma de todos los colores, la poes&iacute;a ser&aacute; lo invisible absorbiendo el color de cualquier cuerpo celeste. Gracias por haberme invitado a pensarlo. Escribo el verso -&ldquo;&iquest;Lo negro existe?&rdquo;- y usted me aproxima a lo que he dicho. El lector es una prolongaci&oacute;n del hacedor, sin embargo, cuando escribo no pienso en &eacute;l. Mi celo en preservar la privacidad de la creaci&oacute;n me lo impide. Estoy tan entregada al asunto que pierdo la noci&oacute;n de lo complementario. Tampoco bajo la guardia cuando corrijo, y alguna vez pienso: &lsquo;Esto no lo entiende nadie. Ni yo&rsquo;. Pues que siga el vuelo sin pertenencia.</p>
<p>- &ldquo;Exaltaci&oacute;n / &iquest;inocente? / de mi ser&rdquo;; &ldquo;Haces ret&oacute;rica. / Hago escritura&rdquo;.<strong> </strong></p>
<p>- La ret&oacute;rica, con sus figuras de armon&iacute;a, es admirable siempre que no sea en el vac&iacute;o. Hablo de la ret&oacute;rica esencial. Hay que disponer de capacidad de escritura y de poso en la cultura literaria. Como no dispongo de ese don necesario, me posiciono ante la sintaxis de manera lib&eacute;rrima, por instinto; no en la excelencia de la expresi&oacute;n. Cuando aparecen espont&aacute;neamente conjeturas y asociaciones bien compuestas, me aviso de que se pueden perder la idea y la fuerza. As&iacute; me cuido ante lo predecible, ante lo &lsquo;bien hecho&rsquo; y ante el adorno. Tambi&eacute;n la falta de pericia hace que no haya buscado el metro ni la rima, que admiro, siempre que no acabe en virtuosismo.</p>
<p>- [Verso libre]</p>
<p>- En &eacute;l son esenciales los ritmos internos y externos. La oraci&oacute;n magistral no es para m&iacute;, s&iacute; el galope rebelde, el volcar el esfuerzo en el camino, pues torpeza somos en la l&iacute;nea que espera remisi&oacute;n.</p>
<p>Tradici&oacute;n de cultura no hubo casa. Su padre sac&oacute; las oposiciones de Estado de Veterinaria y fue presidente del Colegio Oficial de la provincia C&aacute;ceres durante 40 a&ntilde;os. El tes&oacute;n, el cumplimiento, la racionalidad vienen de &eacute;l. El insecto africano infectado, de la madre. En los Guti&eacute;rrez no hab&iacute;a nada cuadriculado, s&oacute;lo intuici&oacute;n e independencia. Sus abuelos no eran cultos, pero dieron al siguiente eslab&oacute;n facilidades para el cultivo. Terratenientes que mandaron a sus hijos a estudiar a Salamanca, adonde la propia Pureza llegar&iacute;a m&aacute;s tarde. Sus t&iacute;os se manejaban en ingl&eacute;s y franc&eacute;s, hablamos de principios del XX; y fueron contertulios de Unamuno. Todos desempe&ntilde;aron profesionales liberales: m&eacute;dicos, siquiatras, juristas&hellip; El orgullo de su madre es que ning&uacute;n miembro de la familia, tan amplia, se dedic&oacute; a la pol&iacute;tica. Esa era su distinci&oacute;n. Pureza lleva al cuello una cadena de ADN: abuelos potentados que no se mezclaban con los de su igual, y ayudaban a quien no ten&iacute;a, fueran ni&ntilde;os asalvajados, un seminarista sin posibles o un alba&ntilde;il descalzo; por eso, los ni&ntilde;os bien en Moraleja recelaban de los Canelo. Con el tiempo, Pureza cre&oacute; la biblioteca p&uacute;blica; su hermano, el club de baloncesto&hellip;</p>
<p>Hay un episodio que se repet&iacute;a tres veces al a&ntilde;o y que sirve para entender el marco en que adquiri&oacute; madurez. En Semana Santa, verano y navidad, los t&iacute;os volv&iacute;an de Salamanca y aprovechaban para abrir la finca, permitiendo la salida de ovejas, gallinas, cerdos&hellip; todos los animales, hala, por el pueblo. Lo hac&iacute;an de noche. Abr&iacute;an las compuertas para que la gente cogiera. &ldquo;&iexcl;Que vienen los chicos de Salamanca, cerradme bien los corrales!&rdquo;. No hab&iacute;a manera. Seguramente el propio abuelo hac&iacute;a la vista gorda. La imagen de los animales sueltos es maravillosa. El ganado propio, en casa ajena, despu&eacute;s de trotar a la luz de la luna. Surrealismo feliz. Cine puro. La concepci&oacute;n, eso s&iacute;, era sociomoral, no pol&iacute;tica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La poes&iacute;a como arte dialoga con el alma de las dem&aacute;s. Hay vasos comunicantes entre ellas&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &ldquo;danza&rdquo;.</p>
<p>- La poes&iacute;a como arte dialoga con el alma de las dem&aacute;s. Hay vasos comunicantes entre ellas. En mi juventud eran el cine y la pintura. Luego me decant&eacute; por la escritura en soledad. En los cineclubs de los sesenta y setenta, vision&eacute; el primer Resnais, el cine checo, Eisenstein... Kazan, Visconti, <em>El manantial de la doncella</em>. Quiero decir: yo le&iacute;a a Juan Ram&oacute;n, pero me beb&iacute;a Film Ideal. No es lo mismo ver estos cines ahora que antes. Muchos estaban naciendo. Ve&iacute;as el volc&aacute;n echando lava. Cuando se abrieron la primera y la segunda bocas, est&aacute;bamos all&iacute;. Recuerdo salir de un cine, en Arg&uuml;elles, despu&eacute;s de haber visto <em>La caza</em> -sobre el papel, una pel&iacute;cula del Oeste- y correr a una cabina de tel&eacute;fonos para avisar a mis amigos: &ldquo;Ten&eacute;is que verla&rdquo;. Dur&oacute; una semana en cartel. Yo repet&iacute; en la segunda sesi&oacute;n. Del arte, qu&eacute; decir: ir a la galer&iacute;a Edurne, ver a Millares, a Sempere&hellip; la primera exposici&oacute;n de Botero, en formato peque&ntilde;o&hellip; En m&iacute; se dio el choque entre el esp&iacute;ritu de la &eacute;poca y el mundo rural. Dese cuenta de que las obras mat&eacute;ricas, por ejemplo, de T&agrave;pies, las hab&iacute;a visto antes en las paredes de mi pueblo y en los bidones. El desconchado de la materia lo llevaba dentro. Y luego, en Madrid, lo vi asociado al silencio, en una pared. De ese cruce viene mi poes&iacute;a. &ldquo;Pero si esto ya lo he visto&rdquo;, me dec&iacute;a. La gran pintura la hab&iacute;a visto en la iglesia y en el corral. Luego, es importante a&ntilde;adir que, as&iacute; como la Corte de la novela estaba en Barcelona, la po&eacute;tica estaba en Madrid: Adon&aacute;is -cuya r&eacute;plica fue El Bardo-, Velintonia, las tertulias de Montesinos, con D&aacute;maso, Gerardo, Rosales, Leopoldo de Luis, Claudio, Morales&hellip; y los chiquilicuatres y los santos, juntos. Los setenta dieron para mucho. La poes&iacute;a de aquella d&eacute;cada no est&aacute; estudiada. Hay muchas voces. Adem&aacute;s de la poes&iacute;a, me llena la m&uacute;sica. Confieso que an&iacute;micamente, en la pandemia, lo que me salv&oacute; fue escuchar flamenco, barroco y a Freddie Mercury. Entre otras cosas. Escuchaba m&uacute;sica hasta el agotamiento. Volviendo al inicio de la escritura, le dir&eacute; que era m&aacute;gico y veros&iacute;mil el poner en un papelito lo que sent&iacute;a. Cuando iba por la calle, el pensamiento robaba mundo al mundo. Toda aquella aventura se hizo &aacute;rbol y en &eacute;l puedo hoy cobijarme.</p>
<p>- &ldquo;Poema / (&hellip;) / no sabe a qu&eacute; unirse&rdquo;.</p>
<p>- Puede que en este verso exprese que el af&aacute;n de mi escritura est&aacute; en una &lsquo;pizarra-celeste&rsquo;, sin fijar el trazo de lo humano. De ese deseo imposible, recurrentemente intentado, nace la po&eacute;tica <em>De Traslaci&oacute;n</em>. La &lsquo;pizarra&rsquo; nunca atender&aacute; el ofrecimiento de mi creaci&oacute;n aturdida en cosmos.</p>
<p>La l&iacute;nea actual de la autora es de despedida completa. En uno de los ap&eacute;ndices de sus poemas sin publicar, establece: &ldquo;El poeta debe callarse a tiempo&rdquo;. Una idea de la que no se apea. Central. Como si a la <em>retirada</em> le siguiera la <em>deidad c&oacute;smica</em> y s&oacute;lo quedase por delante algo parecido a un agujero negro. Ni cosmos. Tira una foto y sale velada. Lo que existe, lo que no existe y lo que no sabemos si existe, todo, en negro: un apag&oacute;n inexplicable hasta para el propio misterio.</p>
<p>- &ldquo;Esta nada&rdquo;. [Cuanto m&aacute;s grande, &iquest;m&aacute;s nada?]</p>
<p>- &hellip; de nuevo, la queja. Todo en <em>De Traslaci&oacute;n</em> es petici&oacute;n y lamento, un ofrecerse a una nulidad perpetua. &lsquo;Insistencia en Luzbel&rsquo;, del poeta; insistencia en celeste, de m&iacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Vivir es tan raro y tan &uacute;nico que tambi&eacute;n la vida pide su porci&oacute;n de espacio, de lugar, de prevalencia&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &ldquo;Qu&eacute; dif&iacute;cil decirle / a la palabra / que otro alguien / me perturba / m&aacute;s que ella&rdquo;.</p>
<p>- Nada de amores. La que me roba es la prolongaci&oacute;n de mi angustia cuando se me instala la duda total de vivir. Tanto que no la puedo encauzar en el poema. El poema no me sirve, ah&iacute;, para expresarme. Como la palabra me est&aacute; esperando, para no defraudarla, le digo que esta vez no se va a llevar el gato al agua porque vivir es tan raro y tan &uacute;nico que tambi&eacute;n la vida pide su porci&oacute;n de espacio, de lugar, de prevalencia.</p>
<p>- &ldquo;Este libro / debe cerrarse / pronto. / No cabe / m&aacute;s asfixia / en &eacute;l&rdquo;.</p>
<p>- Este libro se ha llevado todo lo que pod&iacute;a hacer creadoramente desde la atalaya de mis a&ntilde;os de vocaci&oacute;n cumplida. Este libro es una exhalaci&oacute;n de sintaxis inesperada en el pentagrama de todos mis sentidos. Me ha dejado K.O. A solas con la poes&iacute;a, en un universo propio. Despu&eacute;s me levanto y empiezo a palparme: cabeza, ojos, cuello&hellip; y digo: &ldquo;Ah, pues soy yo&rdquo;.</p>
<p>El poema tiene armas para defenderse del poeta. Pero a veces llegan las cosas a un punto en el que el poema le permite al poeta acercarse. La redondez de la palabra permite, en este libro &uacute;ltimo, que la secci&oacute;n de los poemas sea intercambiable: los de &lsquo;Celeste&rsquo; pueden ir en &lsquo;Pizarra&rsquo;, y viceversa. La perseverancia en la palabra mantiene con pulso a Pureza, aunque tambi&eacute;n es responsable de su agotamiento. Ella siente que la creaci&oacute;n le ha vencido. Ella le ha hecho rasgu&ntilde;os. Pero la poes&iacute;a le ha matado.&nbsp; Lo visionario mata. Lo puro, ese veneno.</p>
<p>En 1974, Gerardo Diego dec&iacute;a en Informaciones que <em>El Barco de Agua</em> hab&iacute;a sido su libro del a&ntilde;o. Ve&iacute;a en &eacute;l &ldquo;talento y originalidad extraordinarias&rdquo;. Cinco a&ntilde;os m&aacute;s tarde, se ratificaba en el diario Ya: &ldquo;Poes&iacute;a escrita o, mejor, recibida, como en trance de alucinaci&oacute;n (&hellip;) abocada al misterio&rdquo;. Habla de <em>Habitable</em>, que present&oacute; en el Ateneo de Madrid. La cr&oacute;nica de aquel d&iacute;a cita las palabras de Gerardo: &ldquo;Un milagro natural&rdquo;. As&iacute; habla quien vio, en 1932, siendo profesor de instituto, la nueva poes&iacute;a espa&ntilde;ola. Altolaguirre y Cernuda apenas hab&iacute;an publicado. Arriesg&oacute; y acert&oacute;. Clav&oacute; en su antolog&iacute;a lo que ser&iacute;a el 27. Habr&iacute;a pasado a la historia nada m&aacute;s que como ant&oacute;logo. Y a Gerardo le gustaba Pureza, mucho, en ella ve&iacute;a el futuro; aunque, en verdad, no se trataban demasiado y cada uno ten&iacute;a sus gustos. Pureza escribi&oacute; <em>Habitable</em> becada por la Fundaci&oacute;n March.</p>
<p>Tanto Gerardo como Clara fueron visionarios, la poes&iacute;a es visionaria, respecto del destino que le esperaba a Pureza. Podemos decir que adelantaron su <em>Palabra Naturaleza</em> y su <em>De Traslaci&oacute;n</em>, &iquest;se habr&aacute; dado cuenta Pureza? Clara Jan&eacute;s, por cierto, en aquellos setenta, se refer&iacute;a a ella como &ldquo;esquiva&rdquo;. Gracias a esa condici&oacute;n, ha paseado por el precipicio sin verse abrasada por los focos, cultivando la poes&iacute;a en un huerto privado que se hace jard&iacute;n p&uacute;blico nada m&aacute;s que cuando un libro suyo aterriza en las librer&iacute;as. Al final, la organicidad no responde a un libro, es la obra entera. Y la vida. Juntas forman esa figura geom&eacute;trica llamada <em>Esfera</em>.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 13 Jun 2023 04:37:38 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo tuyo es puro teatro]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/lo-tuyo-es-puro-teatro/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/ALFREDO_ANDREU_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Son muchas las pel&iacute;culas en las que se destapan los entresijos del mundo del teatro, como si vivir entre bambalinas encerrara un atractivo especial para la construcci&oacute;n de tramas en las que caben la rivalidad y la ambici&oacute;n. Tambi&eacute;n la b&uacute;squeda de s&iacute; mismos. Tambi&eacute;n las expectativas y la frustraci&oacute;n. De repente, se escucha el eco en el patio de butacas y los focos dirigen el haz de luz al centro, se&ntilde;alando el mejor escenario posible para que la palabra muestre su potencial y demuestre que no se detiene ante nada ni ante nadie<em>. Cisne de papel</em> es una novela en la que se reconocen estos elementos que nada tienen de met&aacute;fora y que ha sido publicada, en la colecci&oacute;n Sue&ntilde;os de Tinta, por Mira Editores.</p>
<p>Es un texto en el que priman los di&aacute;logos, perfectamente construidos, determinantes y poderosos, trabajados al mil&iacute;metro, sugerentes, definitivos y definitorios de las personalidades de los lectores que se asomen con curiosidad a estas p&aacute;ginas, aun cuando se mantengan en un segundo plano que en absoluto les reste fuerza. Hombres y mujeres se definen por lo que dicen y por c&oacute;mo lo dicen. Hay quienes se muestran c&aacute;lidos y quienes solo aparentan frialdad, quienes caminan en zigzag y quienes optan por la l&iacute;nea recta, quienes est&aacute;n empezando su trayectoria y quienes ya est&aacute;n de vuelta. Sin duda alguna, esta es una novela de personajes.</p>
<p>Considero que la premisa inequ&iacute;voca que supone el sue&ntilde;o de cualquier individuo que busque la realizaci&oacute;n personal y la estabilidad es aquella que reza as&iacute;: ganarse la vida en un trabajo que encierre admiraci&oacute;n y pasi&oacute;n. Intuyo que las v&iacute;sceras lo agradecen. De modo que el temor a equivocarse se convierte en una afilada espada de Damocles que nunca deja de estar ah&iacute;, apuntando al coraz&oacute;n. Decidir cu&aacute;l es el camino correcto, desafiar normas y convenciones, especialmente a una edad precoz, pone en jaque a cualquier expectativa. Cuando se asoma la seguridad de un empleo que no resulta seductor, y como oponente se encuentra el riesgo de entregarse a lo que siempre ha generado mariposas en el est&oacute;mago, el dilema da para mucho. Es lo que le ocurre a Pilar, la protagonista de esta aventura creada por Alfredo Andreu, autor que sabe combinar a la perfecci&oacute;n literatura e im&aacute;genes dada su formaci&oacute;n como guionista y como director, que de momento se ha traducido en una serie de cortometrajes.</p>
<p>Alfredo Andreu dota a las palabras de m&uacute;ltiples significados y de otros tantos significantes. Vuelan en el aire, como si imitaran a la et&eacute;rea Audrey Hepburn, la admirada actriz cl&aacute;sica ante cuyos encantos solo cabe rendirse y que supone una poderosa presencia en estas p&aacute;ginas. El mundo de la interpretaci&oacute;n es un mundo repleto de dificultades que se encargan de hacer dudar incluso a las mentes m&aacute;s preclaras. Consiste en vivir en una exposici&oacute;n permanente, en asumir que los &eacute;xitos y los fracasos tienen sabor a aprendizaje.</p>
<p>Pilar vive el arte de la interpretaci&oacute;n con una intensidad especial, cualquiera se lo podr&iacute;a detectar en la mirada. Su padre no est&aacute;, pero su recuerdo es uno de sus mayores referentes. Se escucha su voz, su comprensi&oacute;n y su alianza. Es la figura que la refuerza por dentro. La madre, que s&iacute; est&aacute; presente y exige comprensi&oacute;n, se comporta con m&aacute;s escepticismo porque, en efecto, busca certezas y estabilidad, dadas las veleidades que guarda el universo de la far&aacute;ndula, y rechaza de lleno lo que no encaja en su encuadre mental. Es otra batalla que a priori parece perdida, al igual que la que mantiene con su dislexia, una circunstancia m&aacute;s que juega a frenar sus ilusiones. Pero no por ello este personaje estrella muestra intenci&oacute;n de rendirse. El tes&oacute;n se reconoce en el retrato que la humaniza, pues no resulta extra&ntilde;o pensar que est&aacute; inspirado en alguien de carne y hueso al que le brillan los ojos cada vez que se siente, y se sienta, en un patio de butacas. Bien arropada por sus incondicionales amigas, se aferra a sus sensaciones, a la gr&aacute;cil belleza de su ic&oacute;nica actriz y a la sencilla figura de origami que la acompa&ntilde;a all&aacute; donde va, tan valiosa por lo que significa. Un cisne hecho de papel que, quiz&aacute;s, representa la b&uacute;squeda de un papel que la convierta en cisne.</p>
<p>Alfredo Andreu sabe de cine, de direcci&oacute;n de actores y del imprescindible cometido del contador de historias. En definitiva, sabe dotar de vida a sus criaturas. Su formaci&oacute;n es rica en el medio audiovisual y se nota a la legua. Hay nuevos proyectos que suenan con fuerza, que llevan su sello, y que no tardar&aacute;n en convertirse en realidad. De ah&iacute; la fuerza que desprende esta historia, inicialmente un guion que ped&iacute;a a gritos su conversi&oacute;n en narrativa con otro lenguaje, con otra forma de expresi&oacute;n y con otra creatividad, pero que no pierde frescura ni mensaje en dicho tr&aacute;nsito.</p>
<p>Pilar ha de enfrentarse a distintas personas que la ayudar&aacute;n a crecer, a pesar de que a veces la cuestionan y no se lo ponen f&aacute;cil, como ocurre con aquellos profesores que insisten en exigir resultados con crudeza y dureza hasta que el talento del alumno quede exprimido al m&aacute;ximo. Y el mejor ejemplo en estas lides aparece antes de que los lectores nos demos cuenta, porque entra en escena Bosco Pigm&aacute;n, un hombre misterioso que ejerce de profesor y de celoso enfermizo, que no sabe muy bien ubicarse tras una vida repleta de episodios maltrechos. No falta un hermoso brindis a George Bernard Shaw, porque este tipo presume de ser un Pigmali&oacute;n hecho a s&iacute; mismo, aquel que se enamor&oacute; de Galatea, vali&eacute;ndose de t&eacute;cnicas y de procedimientos que alimentan su oscuridad. Es un tipo que acecha desde las sombras, que emerge de la negrura sin ocultar su rencor. Tantos matices lo definen a la perfecci&oacute;n. Nadie sabe por d&oacute;nde va a salir ni de qu&eacute; manera va a condicionar el desenlace. De nuevo un retrato s&oacute;lido, alrededor del que giran algunos de los pasajes m&aacute;s emocionantes de esta obra que no deja de abrir caminos y posibilidades.</p>
<p>Leer a Alfredo Andreu va m&aacute;s all&aacute; de lo que significa entrar en una novela y aguardar a que sucedan cosas. Es aprender a escuchar a personajes que se dejan la piel en busca de s&iacute; mismos. Ning&uacute;n lugar mejor para encontrarse que en sus l&iacute;neas, que delatan su pasi&oacute;n por lo que hace.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alfredo Andreu, <em>Cisne de papel</em>, Zaragoza, Mira Editores, 2022.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 08 Jun 2023 10:29:27 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El cobijo y la palabra]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-cobijo-y-la-palabra/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/DAVID_PORCEL_DIESTE_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Dec&iacute;a Terencio: <em>Homo sum, humani nihil a me alienum puto</em>, &laquo;hombre soy y nada de lo humano me es ajeno&raquo;. Y es que, si hay una cuesti&oacute;n esencialmente humana, quiz&aacute; sea la capacidad y la necesidad de la pregunta por la vida. <em>El regreso a los otros</em> de David Porcel (Zaragoza: Mira Editores, 2022) es una profunda reflexi&oacute;n sobre lo que constituye al ser humano como tal, un an&aacute;lisis del presente a trav&eacute;s de la historia y una llamada a la acci&oacute;n.</p>
<p>A trav&eacute;s de sus p&aacute;ginas, el autor nos propone un recorrido al centro de la comprensi&oacute;n de lo que &eacute;l denomina &laquo;indigencia&raquo; humana. Un t&eacute;rmino que alude a la situaci&oacute;n ontol&oacute;gicamente fundamental del ser humano. Como heredero de la tradici&oacute;n fenomenol&oacute;gica m&aacute;s pura de Heidegger y&nbsp; Husserl, acudir&aacute; a la cuesti&oacute;n en <em>epoch&eacute;</em>, atendiendo a lo que se manifiesta. Porcel parte de la pregunta por el ser, pregunta que solo el ser humano es capaz de formularse. Esto ser&aacute; s&iacute;ntoma de su indigencia y, por tanto, motor de la acci&oacute;n, puesto que est&aacute; obligado a &laquo;darse ser&raquo;. Esta es su carencia fundamental.</p>
<p>El autor se propone estudiar lo humano desde categor&iacute;as no cientifistas, ni t&eacute;cnicas ni esencialistas. En ello radica precisamente uno de los puntos fuertes de la obra: en la honestidad intelectual con la que deja claro su punto de partida y en el hecho de que su investigaci&oacute;n se desarrolla en un marco epistemol&oacute;gico que podr&iacute;amos llamar hol&iacute;stico. Porcel regresa a la noci&oacute;n de verdad como desvelamiento (<em>aletheia</em>) y considera que la naturaleza caleidosc&oacute;pica de la realidad humana no se deja atrapar en esquemas reduccionistas. Por este motivo, teje una red interdisciplinar de conocimientos que pasan por la literatura, el arte, el cine y un sinn&uacute;mero de disciplinas, que nos van clarificando esa pregunta inicial de la que part&iacute;amos.</p>
<p>La obra se cimienta sobre un eje central que trata de sondear lo que &eacute;l llama &laquo;movimientos tect&oacute;nicos de la historia&raquo;, para asentar posteriormente una agud&iacute;sima reflexi&oacute;n de nuestra sociedad actual y trazar un boceto que acaba siendo una llamada a la acci&oacute;n. Ese eje central es un recorrido &laquo;metahist&oacute;rico&raquo; a la b&uacute;squeda de los movimientos que nos han tra&iacute;do hasta el momento presente.</p>
<p>Es precisamente en este recorrido hist&oacute;rico donde radica el segundo punto fuerte del ensayo. Estamos acostumbrados a estudiar la historia de la filosof&iacute;a a veces como un di&aacute;logo poco intuitivo entre autores inconexos. Porcel nos propone entenderla desde las tres categor&iacute;as en las que se ha manifestado la situaci&oacute;n de indigencia ontol&oacute;gica humana: el exilio, el naufragio y el desamparo. Una forma novedosa de entender la historia de la filosof&iacute;a, que encierra conexiones entre la mitolog&iacute;a, los sucesos hist&oacute;ricos, la filosof&iacute;a y la ciencia, cristalizando en una suerte de red que nos sit&uacute;a en una perspectiva a&eacute;rea. En cada una de las categor&iacute;as situacionales humanas es sencillo comprender esos cambios tect&oacute;nicos de los que nos habla el autor.</p>
<p>Y, sin embargo, pese a que este recorrido hist&oacute;rico es de por s&iacute; suficiente para trazar un mapa humano, en la tercera parte, Porcel hace un an&aacute;lisis certero de cuestiones que suponen nuestro d&iacute;a a d&iacute;a. Analiza nuestra propia situaci&oacute;n de desamparo y de paulatina deshumanizaci&oacute;n. En las sociedades auspiciadas por el imperativo tecnocr&aacute;tico hay una tendencia hacia lo que &eacute;l llama &laquo;formas de existencia desarraigadas&raquo;. Recorre las formas en que la deshumanizaci&oacute;n se nos hace patente: el hiperrendimiento, las formas de arquitectura hostil, la evasi&oacute;n de las emociones humanizadoras o la transformaci&oacute;n de toda realidad en mercanc&iacute;a. Y en su forma negativa, se expresa en la p&eacute;rdida de los ritos, en las relaciones puramente funcionales, en la p&eacute;rdida de espacios de reuni&oacute;n o en la sustituci&oacute;n de la inteligencia humana por formas de inteligencia artificial y su comprensi&oacute;n desde lo algor&iacute;tmico. Lanza una llamada a la reflexi&oacute;n sobre si este panorama hace posible una &eacute;tica, ya que el aislamiento y la atomizaci&oacute;n social van disolviendo poco a poco aquello que nos hace humanos.</p>
<p>Hay una fisura por la que se cuela la esperanza en este trabajo del profesor Porcel: la situaci&oacute;n de indigencia es connatural al ser humano, pero las formas que adopta son cambiantes, lo que supone cierto margen de libertad para modificar el curso de las cosas. De ah&iacute; que <em>El regreso a los otros</em> sea el cuidado, la hospitalidad, la atenci&oacute;n, el tacto. Una invitaci&oacute;n al di&aacute;logo y a la reflexi&oacute;n para un mundo m&aacute;s humanizado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>David Porcel Dieste,<strong><em> </em></strong><em>El regreso a los otros. Un ensayo sobre la indigencia humana</em>, pr&oacute;logo Josep Mar&iacute;a Esquirol, Zaragoza, Mira Editores, 2022.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 08 Jun 2023 10:09:31 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“TURIA” entrevista a fondo a Eduardo Mendoza  y Pureza Canelo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-entrevista-a-fondo-a-eduardo-mendoza-y-pureza-canelo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/EDUARDO_MENDOZA_2_500_px_1.jpg" alt="" /></p>
<p>A Pureza Canelo, que forma parte de la n&oacute;mina de mejores poetas espa&ntilde;olas de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, la escritura siempre le ha parecido una labor rigurosa y exigente. Una tarea creativa en la que se ha mantenido fiel a su impulso de abrir caminos. Quien fuera, durante muchos a&ntilde;os, ejemplar gestora cultural al frente de la Fundaci&oacute;n Gerardo Diego de Santander, practica un lirismo de investigaci&oacute;n. Es la suya, sin duda, una obra po&eacute;tica fraguada sin prisas, certeramente lac&oacute;nica y sint&eacute;tica, seg&uacute;n la cr&iacute;tica. Son, sin duda, sus poemas unos textos admirables. Por eso, nada m&aacute;s comenzar la entrevista que mantiene con el periodista y tambi&eacute;n poeta Fernando del Val, afirma con convicci&oacute;n: &ldquo;todo no es poes&iacute;a, ah&iacute; est&aacute; el reto de la alta creaci&oacute;n. Una escritura pobre no transita pensamiento ni emoci&oacute;n. Una retah&iacute;la de palabras sin idea ni canto no es escritura. Si la luz es materia, la poes&iacute;a tambi&eacute;n. Atr&eacute;vete a aproximarte a lo intangible, a lo indefinible. S&aacute;lvese quien pueda ante el riesgo de la escritura po&eacute;tica&rdquo;.</p>
<p>Se trata de dos conversaciones exclusivas, que permiten no s&oacute;lo conocerles mejor, sino tambi&eacute;n descubrir muchos detalles. Son las Mendoza y Canelo opiniones libres y de inter&eacute;s acerca de sus respectivas obras e itinerarios vitales, as&iacute; como sobre los lugares en que habitan y los problemas y gentes que conocen bien. Por ejemplo, Mendoza suelta verdades como pu&ntilde;os sin perder esa c&aacute;lida sonrisa que le achina los ojos. Si topa con un imb&eacute;cil, no le contradice (ya lo meter&aacute; en alguna novela). Su radio de acci&oacute;n es, casi siempre, su ciudad natal. Esa Barcelona que con los Juegos Ol&iacute;mpicos del 92, &ldquo;se convierte en una ciudad californiana&rdquo;.</p>
<p>Para Pureza Canelo no hay mejor teor&iacute;a que la pr&aacute;ctica y reconoce que no se atreve a decir si en su tarea creativa &ldquo;es m&aacute;s importante lo autobiogr&aacute;fico&rdquo;. Y es que, para ella, &ldquo;la poes&iacute;a lo convoca todo, siempre que haya calidad en la escritura&rdquo;. Un nivel de exigencia que avalan quienes han estudiado y glosado su poes&iacute;a, como el propio Gerardo Diego cuando asegur&oacute; que nuestra poeta se hab&iacute;a inventado una gram&aacute;tica y una sintaxis. A ese elenco de reconocidos admiradores de su obra se unen tambi&eacute;n la acad&eacute;mica Clara Jan&eacute;s, o expertos con tan buen criterio como Jaime Siles y Jordi Doce.</p>
<p>En la secci&oacute;n dedicada a &ldquo;Pensamiento&rdquo;, TURIA habla de cuestiones de palpitante actualidad: c&oacute;mo funcionan las democracias en estos tiempos complejos y c&oacute;mo gestionan los gobiernos el malestar pol&iacute;tico en la sociedad del siglo XXI. El art&iacute;culo in&eacute;dito que la revista dedica a este crucial tema corre a cargo de Germ&aacute;n Cano,&nbsp; profesor titular de Filosof&iacute;a en la Universidad Complutense de Madrid. Su an&aacute;lisis, en el que tiene en cuenta las aportaciones de expertos como el argentino Ernesto Laclau, el espa&ntilde;ol Daniel Innerarity o el italiano Andrea Greppi, concluye con una clara apuesta por la tesis de que &ldquo;menos representaci&oacute;n no debe necesariamente implicar m&aacute;s o mejor democracia&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>EDUARDO MENDOZA: &rdquo;EL HUMOR FORMA PARTE DE MI MANERA DE SER&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>Eduardo Mendoza es una de las figuras fundamentales de la literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea. Aunque naci&oacute; en Barcelona en 1943, el oficio de escritor no fue el primero. Antes ejerci&oacute; como abogado y luego como int&eacute;rprete en la sede de las&nbsp; Naciones Unidas en Nueva York. Siempre ha aplicado el bistur&iacute; de la parodia a una Barcelona que ya no reconoce y a la Catalu&ntilde;a del desvar&iacute;o independentista. Seg&uacute;n cree Mendoza, el actual desapego hacia Espa&ntilde;a revela una peligrosa contradicci&oacute;n: &ldquo;Que la burgues&iacute;a se al&iacute;e con sectores revolucionarios cuyo programa incluye el exterminio de la propia burgues&iacute;a no se entiende si no se toma en consideraci&oacute;n el factor del resentimiento&rdquo;. Conclusi&oacute;n de su ensayo &ldquo;Que est&aacute; pasando en Catalu&ntilde;a&rdquo;: &ldquo;En lugar de re&iacute;rnos de nosotros mismos, los catalanes nos estamos tomando demasiado en serio&rdquo;.</p>
<p>En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, Mendoza altern&oacute; su vida barcelonesa con una segunda residencia en Londres. Fue all&iacute; donde, en 2016, le sorprendi&oacute; la noticia de que hab&iacute;a ganado el Premio Cervantes. No se lo esperaba. La raz&oacute;n: el Cervantes est&aacute; dirigido a un tipo de literatura, llam&eacute;mosle, trascendental&hellip; &ldquo;Y por esto mismo me lo han dado: esa idea de que no me correspond&iacute;a ha hecho que el jurado cambie de registro y reconozca la literatura de humor. Jardiel Poncela y Miguel Mihura merec&iacute;an un Cervantes, pero la herencia literaria del siglo XIX siempre ha pesado mucho&rdquo;.</p>
<p>Este 2023 ha cumplido ochenta a&ntilde;os pero no sacraliza la vejez como feudo de sabidur&iacute;a. Al contrario, asegura que en las edades provectas se evac&uacute;an muchas tonter&iacute;as y personas aparentemente sensatas se radicalizan. Entre otros titulares, Mendoza declara a TURIA: &ldquo;En cada &eacute;poca de la vida, cada uno lee lo que quiere leer&rdquo; o confiesa que el humor forma parte de su manera de ser y que uno de sus &iacute;dolos era Tarz&aacute;n. Tambi&eacute;n reconoce que siempre ha escrito a mano y sigue escribiendo con pluma, &ldquo;esto es sagrado&rdquo;, dice, &ldquo;pero utilizo mucho el ordenador&rdquo;.</p>
<p>Sobre su oficio literario, ese que desde siempre ha deslumbrado a lectores y cr&iacute;tica, nos dir&aacute;: &ldquo;nunca trazo un plan antes de empezar una novela&rdquo;. Y tambi&eacute;n que unos de sus mayores &eacute;xitos, &ldquo;El misterio de la cripta embrujada&rdquo;, &ldquo;la escrib&iacute; en unas semanas&rdquo;. Preguntado por cu&aacute;l es la novela favorita de las que ha escrito, no lo duda: &ldquo;Una comedia ligera&rdquo;. A pesar de que ser la &uacute;nica que no se ha vendido bien, le gusta porque &ldquo;era la Barcelona de los a&ntilde;os cuarenta con mis recuerdos, o m&aacute;s bien impresiones, de infancia: por ejemplo, la verbena de Santa Rosa en Masnou con mis padres cuando yo ten&iacute;a pocos a&ntilde;os. Mi padre, vestido con una americana blanca. Es el mundo de los veraneos de finales de los cuarenta. Una Barcelona muy peculiar con muchas ruinas de la guerra civil: edificios enteros cortados al bies&rdquo;.</p>
<p>Cuestionado por si reconoce su influencia en autores de generaciones posteriores a la suya, como Carlos Ruiz Raz&oacute;n, Mendoza asume que &ldquo;ha habido algunos, porque me lo han dicho, que empezaron a&nbsp; escribir siguiendo mi modelo. Admito lo de Ruiz Zaf&oacute;n y yo a&ntilde;adir&iacute;a a Arturo P&eacute;rez Reverte que se confiesa devoto de &lsquo;La verdad sobre el caso Savolta&rsquo; desde que ley&oacute; la novela en el colegio y se dijo que as&iacute; era como quer&iacute;a escribir. Algo parecido a lo que me pas&oacute; a m&iacute; con Baroja. No necesariamente ha de ser un seguidor, pero s&iacute; alguien que te considera y se reengancha a tu obra&rdquo;.</p>
<p>Por &uacute;ltimo, preguntado si le queda algo por contar o considera cerrada su etapa como escritor, Eduardo Mendoza despeja las dudas que en ocasiones suscita en algunas de sus comparecencias: &ldquo;S&iacute; que voy a seguir escribiendo. Cuando hice aquella afirmaci&oacute;n fui mal interpretado. Una de las cosas del trabajo de int&eacute;rprete es que alguien dec&iacute;a casi siempre que la culpa la tiene el int&eacute;rprete y el int&eacute;rprete debe admitirlo y disculparse porque forma parte de su sueldo. Yo dije que cre&iacute;a que no deb&iacute;a escribir nada m&aacute;s y que llega un momento en que uno debe retirarse cuando empieza a chochear&hellip; Pero a rengl&oacute;n seguido me pregunt&eacute;: &iquest;Y ahora que voy a hacer yo? Sigo escribiendo, pero a ratos sueltos, sin un proyecto concreto&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>PUREZA CANELO: &ldquo;LA OBSESI&Oacute;N CREADORA PESA TANTO QUE SE CONVIERTE EN SUFRIMIENTO&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>Aunque voluntariamente alejada de cualquier ruido medi&aacute;tico intrascendente o del cultivo de los rituales de promoci&oacute;n que exigen no pocas novedades de la industria editorial espa&ntilde;ola, Pureza Canelo posee una constante y acreditada trayectoria como poeta y gestora &nbsp;cultural. &nbsp;En &nbsp;cualquier &nbsp;n&oacute;mina &nbsp;de &nbsp;las &nbsp;autoras &nbsp;m&aacute;s &nbsp;valiosas &nbsp;de nuestras letras actuales, figura esta creadora extreme&ntilde;a (Moraleja, C&aacute;ceres, 1946) residente en Madrid. Si su &uacute;ltima obra, &ldquo;De Traslaci&oacute;n&rdquo;, es del pasado a&ntilde;o, su primer libro apareci&oacute; en 1970. Se titul&oacute; &ldquo;Lugar com&uacute;n&rdquo; y le vali&oacute; el prestigioso Premio Adonais. Muy reconocida en su tierra natal, de la que es Medalla de Extremadura y miembro de la Real Academia de Extremadura de las Artes y las Letras, Pureza Canelo posee tambi&eacute;n una contrastada y meritoria labor al frente de la Fundaci&oacute;n Gerardo Diego desde 1999 hasta 2019. A&ntilde;os en los que promovi&oacute; y consolid&oacute; el relanzamiento de dicha entidad radicada en Santander a trav&eacute;s de una doble l&iacute;nea de trabajo: facilitar el conocimiento de la obra y personalidad del poeta santanderino Gerardo Diego, as&iacute; como el estudio y difusi&oacute;n de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola del siglo XX.&nbsp;</p>
<p>Se dice en la entrevista, y es verdad, que al gran Gerardo Diego le gustaba mucho la poes&iacute;a de Pureza Canelo y es que en ella ve&iacute;a el futuro. Ha sido la suya una poes&iacute;a que ha cultivado con esmero, gracias quiz&aacute; a esa condici&oacute;n de personalidad &ldquo;esquiva&rdquo; que subray&oacute; la tambi&eacute;n poeta y acad&eacute;mica Clara Jan&eacute;s. Como bien subraya Fernando del Val en la conversaci&oacute;n que publica TURIA, quiz&aacute; gracias a esa condici&oacute;n tan peculiar &ldquo;ha &nbsp;paseado por el precipicio sin verse abrasada por los focos, cultivando la poes&iacute;a en un huerto privado que se hace jard&iacute;n p&uacute;blico nada m&aacute;s que cuando un libro suyo aterriza en las librer&iacute;as&rdquo;. &nbsp;</p>
<p>Reconoce en la entrevista que &ldquo;durante a&ntilde;os hice una poes&iacute;a extensiva, coloquial, derramada&rdquo;. Ahora, como acredita su libro m&aacute;s reciente, escribe poes&iacute;a para nombrar lo innombrable. A medio camino entre el deslumbramiento de la palabra y el desconcierto ante su car&aacute;cter inaprensible, Pureza Canelo nos interpela sobre la capacidad del lenguaje para codificar la realidad. Y es que, &ldquo;se acab&oacute; la juerga de una publicaci&oacute;n tras otra. Hay que saber callarse a tiempo, aunque siga, en secreto, avanzando en la escritura. Desde siempre he sido poco mundana. Mi mundanal ruido est&aacute; por dentro&rdquo;. Por esto afirma tambi&eacute;n: &ldquo;lo oculto, lo desconocido, son fuente de poes&iacute;a&rdquo;.</p>
<p>No duda Pureza Canelo que &ldquo;La poes&iacute;a como arte dialoga con el alma de las dem&aacute;s. Hay vasos comunicantes entre ellas. En mi juventud eran el cine y la pintura. Luego me decant&eacute; por la escritura en soledad. (&hellip;)Adem&aacute;s de la poes&iacute;a, me llena la m&uacute;sica. Confieso que an&iacute;micamente, en la pandemia, lo que me salv&oacute; fue escuchar flamenco, barroco y a Freddie Mercury. Entre otras cosas. Escuchaba m&uacute;sica hasta el agotamiento. Volviendo al inicio de la escritura, le dir&eacute; que era m&aacute;gico y veros&iacute;mil el poner en un papelito lo que sent&iacute;a. Cuando iba por la calle, el pensamiento robaba mundo al mundo. Toda aquella aventura se hizo &aacute;rbol y en &eacute;l puedo hoy cobijarme&rdquo;.</p>
<p>Ahora, desde la atalaya de sus a&ntilde;os de vocaci&oacute;n po&eacute;tica cumplida, reconoce que afronta la aventura de la creaci&oacute;n como un salto al vac&iacute;o &ldquo;sin red / ni conocimiento&rdquo;. Por eso concluye que: &ldquo;Nada de amores. La que me roba es la prolongaci&oacute;n de mi angustia cuando se me instala la duda total de vivir. Tanto que no la puedo encauzar en el poema. El poema no me sirve, ah&iacute;, para expresarme. Como la palabra me est&aacute; esperando, para no defraudarla, le digo que esta vez no se va a llevar el gato al agua porque vivir es tan raro y tan &uacute;nico que tambi&eacute;n la vida pide su porci&oacute;n de espacio, de lugar, de prevalencia&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>GOBIERNO Y MALESTAR POL&Iacute;TICO EN LA SOCIEDAD DEL SIGLO XXI</strong></p>
<p><strong></strong>Bajo el t&iacute;tulo &ldquo;Democracia en la complejidad. Gobierno y malestar pol&iacute;tico en la sociedad del XXI&rdquo;, el fil&oacute;sofo Germ&aacute;n Cano publica en TURIA un art&iacute;culo destinado a indagar en un asunto de gran inter&eacute;s que afecta al buen funcionamiento de nuestro sistema pol&iacute;tico y representativo: los problemas de gobernabilidad de las democracias que rigen Occidente en nuestro convulso presente.</p>
<p>Tras clarificar la experiencia hist&oacute;rica sobe la gobernabilidad y sus l&iacute;mites, Germ&aacute;n Cano asegura en TURIA que &ldquo;La nueva racionalidad gubernamental se define, por un lado, por subordinar todo gobierno a la l&oacute;gica de los mercados y est&aacute; orientado por los principios de mercado, mientras que, por otro lado, los mercados deben ser construidos, facilitados, equipados y ocasionalmente rescatados por instituciones pol&iacute;ticas. En esta tensi&oacute;n, toda comprensi&oacute;n de la gobernanza requiere mostrar su subordinaci&oacute;n al aparato econ&oacute;mico. Nos encontramos en un escenario de gobierno de la esfera p&uacute;blica ilustrada, por tanto, muy diferente, al que planteaba un te&oacute;rico del derecho moderno como Kant. All&iacute; donde el pensador alem&aacute;n reflexionaba sobre la gobernanza como un espacio relacional en <em>tensi&oacute;n</em> entre gobernantes y gobernados donde la autoridad depend&iacute;a de una aspiraci&oacute;n cr&iacute;tica a la &ldquo;mayor&iacute;a de edad&rdquo; de la ciudadan&iacute;a hoy nos encontramos con un escenario en el que los procesos gubernamentales y culturales de una racionalidad econ&oacute;mica unilateralmente entendida erosionan toda posibilidad de deliberaci&oacute;n cr&iacute;tica en la esfera p&uacute;blica&rdquo;.</p>
<p>Seg&uacute;n Cano, si algo se ha hecho evidente en el transcurso del siglo XX a nuestros d&iacute;as es que &ldquo;en un contexto tecnol&oacute;gico cada vez m&aacute;s abstracto y sometido a l&oacute;gicas al margen del control pol&iacute;tico de las democracias tardocapitalistas, la desproporci&oacute;n entre nuestras acciones y nuestras representaciones, entre lo que podemos hacer y lo que podemos imaginar se intensifica tr&aacute;gicamente&rdquo;. De ah&iacute; que, en opini&oacute;n de Germ&aacute;n Cano, &ldquo;todo ello conforma un paisaje en el que el ciudadano medio, sobresaturado y a la vez indiferente, carece, en un proceso de preocupante desafecci&oacute;n, de las herramientas cognitivas y de los tiempos y espacios necesarios para participar en una toma de decisiones asumida en el marco de una esfera p&uacute;blica vigorosa&rdquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 05 Jun 2023 09:10:38 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Singularidad espaciotemporal]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/singularidad-espaciotemporal/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/GUEORGUI_GOSPOD_NOV_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo">El Booker Internacional, galard&oacute;n que destaca la obra m&aacute;s significativa de cuantas novelas se tradujeron y publicaron en lengua inglesa, ha reconocido en su &uacute;ltima edici&oacute;n al b&uacute;lgaro Gueorgui Gospod&iacute;nov con su &uacute;ltimo trabajo <em>Las tempest&aacute;lidas</em>, obra que fue traducida al ingl&eacute;s por Angela Rodel. Su versi&oacute;n en espa&ntilde;ol tambi&eacute;n vio la luz el pasado 2022 publicada por la editorial Fulgencio Pimentel y cuya traducci&oacute;n corri&oacute; a cargo de Mar&iacute;a V&uacute;tova y C&eacute;sar S&aacute;nchez.</p>
<p class="Cuerpo">Trufada de homenajes a Thomas Mann o a Borges &mdash;entre muchos otros referentes literarios&mdash;, el b&uacute;lgaro Gueorgui Gospod&iacute;nov nos ofrece una novela en la que se revela un fen&oacute;meno que podr&iacute;amos designar como singularidad espaciotemporal; siendo una obra clasificable bajo el ep&iacute;grafe de historia contempor&aacute;nea o el de autoficci&oacute;n y en la que el autor y un extra&ntilde;o personaje &mdash;su desdoble literario, una suerte de alter ego hecho ep&iacute;tome de su pensamiento ut&oacute;pico&mdash; recorren el recuerdo y el tiempo que ayud&oacute; a construir la memoria personal del individuo y colectiva del pueblo, de la sociedad en la que &eacute;ste se enmarca. A lo largo del texto se cuestionan remembranza e identidad, tiempo vivido y tiempo mitificado; ideas sugerentes en las que podemos encontrar elementos de reflexi&oacute;n y no pocos paralelismos entre aquel pasado identitario del este de Europa y el que etiquetar&iacute;amos como &ldquo;nacional&rdquo;. En sus p&aacute;ginas el autor imagina la construcci&oacute;n de &ldquo;cronorrefugios&rdquo; en los que reencontrarse con la felicidad idealizada de alguna d&eacute;cada memorable o, al menos con cierto amparo y seguridad en un pasado que crece incesantemente alimentado por todos, por el tiempo colectivo de cada sociedad, y que amenaza con invadir y suplantar al presente.</p>
<p class="Cuerpo">Gospod&iacute;nov tambi&eacute;n nos expone las cuitas de envejecer, de caer en la senil demencia, de ofrecer un cuidado alternativo que revierta la desmemoria, o incluso de considerar la eutanasia cuando el mundo y cualquier esperanza se desvanecen, pues &ldquo;de hecho, lo primero que desaparece con la p&eacute;rdida de memoria es la propia idea de futuro&rdquo;. Su sugerente narrativa nos conduce y nos coloca frente al drama del desvanecimiento del yo, llegando a conmovernos con pasajes como aquel del agente delator, que por conocer el pasado del abuelo al que espiara muchos a&ntilde;os atr&aacute;s, se ver&aacute; convertido en &uacute;nica memoria para el otrora acechado. Pero tambi&eacute;n despliega un importante carga de iron&iacute;a en la forma de aproximarse a estos asuntos, siendo un gesto &ldquo;marca de la casa&rdquo; &mdash;tal y como pudimos intuir al leer poemas como &ldquo;El conejo amoroso&rdquo;, recogido en la antolog&iacute;a <em>Poes&iacute;a b&uacute;lgara contempor&aacute;nea </em>(Olifante, 2021)&mdash;, demostrando un don para generar ideas e im&aacute;genes con las que conectar con el lector.</p>
<p class="Cuerpo">La ut&oacute;pica opci&oacute;n de volver a vivir otro tiempo a nuestra elecci&oacute;n, como individuos o de forma colectiva, es explorada con distancia y pesimismo, con un sarc&aacute;stico descreimiento en las posibilidades del hombre en hacer las cosas mejor, incluso al repetir eventos y consecuencias bien conocidos (incluso las terribles), apostando a que declarar&iacute;amos la guerra para que la guerra no se repitiera pues, como el b&uacute;lgaro nos ilustra, cualquier d&iacute;a es el 28 de julio de 1914 o el 1 de septiembre de 1939. Cr&iacute;ticamente nos plantea qu&eacute; pasado ser&iacute;a el predilecto en cada lugar de la Europa, en un ejercicio da como resultante un an&aacute;lisis emocional del car&aacute;cter de los pueblos que la componen y a trav&eacute;s de un breve recorrido por su historia, sus ideales y sus fantasmas.</p>
<p class="Cuerpo">Al fin, la literatura es el cronorrefugio m&aacute;s asequible. All&iacute; se contienen otros tiempos y otras vidas a las que podemos volver a nuestro antojo. En ella podemos refugiarnos, so&ntilde;ar otro futuro, pero recordando que en la vida, a diferencia de la novela, no existe argumento y que &ldquo;tarde o temprano, toda utop&iacute;a se convierte en novela hist&oacute;rica&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Gueorgui Gospod&iacute;nov. <em>Las tempest&aacute;lidas</em>, Logro&ntilde;o, Fulgencio Pimentel, 2022.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 05 Jun 2023 08:46:57 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué estamos viendo? Una reflexión sobre la mirada del espectador en la pintura occidental  ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/que-estamos-viendo-una-reflexion-sobre-la-mirada-del-espectador-en-la-pintura-occidental/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/GOIO_BORGE_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&ldquo;Apocalipsis o Libro de la revelaci&oacute;n&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_edn1">[1]</a> es una edici&oacute;n biling&uuml;e griego/castellano del &uacute;ltimo libro de la Biblia, adornado con los grabados que el taller de Lucas Cranach el Viejo realiz&oacute; para la primera Biblia de Mart&iacute;n Lutero, y prorrogado por un estudio de la influencia del Apocalipsis en la filosof&iacute;a, la historia, la pol&iacute;tica, y el arte, en este caso ilustrado con otras im&aacute;genes art&iacute;sticas relacionadas. El estudio est&aacute; firmado por Patxi Lanceros.</p>
<p>Pareciera que el Apocalipsis deber&iacute;a estar culturalmente superado, pero es obvio que no es as&iacute;: su visi&oacute;n de fin traum&aacute;tico de la Historia tiene un fundamento determinado en el contexto en que se escribi&oacute; (las revueltas jud&iacute;as contra Roma a finales del siglo I), pero el alcance de la visi&oacute;n de Juan de Patmos trascendi&oacute; decisivamente ese momento concreto, y se extiende con &eacute;xito a la idea cultural occidental del final de la historia, de un final adem&aacute;s siempre inminente, que atraviesa el pensamiento occidental una vez que el provindencialismo judeo-cristiano rompi&oacute; la quietud del cosmos griego y ya se instal&oacute; en todas las filosof&iacute;as, incluido el marxismo y la postmodernidad dist&oacute;pica actual.</p>
<p>En ese alcance se encuentra la principal relectura art&iacute;stica que destaca Lanceros, relacionada con el momento hist&oacute;rico m&aacute;s apocal&iacute;ptico de nuestro imaginario, y probablemente tambi&eacute;n de la Historia: la II Guerra Mundial y sus alrededores, periodo del que la extracci&oacute;n de obras que apelen a un juicio final reencarnado en los horrores del conflicto incluye entre otros a Olivier Messiaen (&ldquo;Quatour pour la fin du temps&rdquo;), Thomas Mann (&ldquo;Doktor Faustus&rdquo;), y el esperable pero no fuera de lugar &ldquo;Guernica&rdquo; de Picasso. Las que hoy llamamos obras de arte han sido una forma tradicional en que la religi&oacute;n o el poder se han dirigido a un pueblo mayormente analfabeto, y en la II Guerra Mundial el fin definitivo de la Historia se colige a partir de la proliferaci&oacute;n de miserias y abismos que se hac&iacute;an reales y el arte tambi&eacute;n muestra. Si no existe futuro y la angustia existencial lo domina todo, &iquest;no est&aacute; terminando el tiempo y comenzando el esperado final? El terror al fin inmediato y la angustia por la espera del juicio final se encontraron en un momento de convergencia del relato que el cristianismo ha necesitado construir en los 2.000 a&ntilde;os en que Jesucristo no ha vuelto para juzgar a los hombres.</p>
<p>Los grabados de Cranach, con su representaci&oacute;n imaginativa y desbordante y sus colores vivos, completan una experiencia est&eacute;tica de primera magnitud. Por ellos empieza esta reflexi&oacute;n sobre la noble y exigente forma del arte que es la pintura, sobre el espectador de la misma y el sentido de su mirada.</p>
<p>Cranach el Viejo vivi&oacute; entre los siglos XV y XVI y no es por tanto un pintor medieval. Pero sus ilustraciones de la Biblia de Lutero a&uacute;n arrastran cierto estilo medieval, con su idealizaci&oacute;n de personajes y un colorido irreal, sin una fuente de luz natural o realista. Conocido es, casi t&oacute;pico por inversi&oacute;n, que la Edad Media no es esa &eacute;poca gris<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_edn2">[2]</a>, en blanco y negro<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_edn3">[3]</a>, tallada en severa piedra oscura, de im&aacute;genes insulsas, grandes plagas y taimado y exclusivo teocentrismo que la educaci&oacute;n nos ha inoculado durante d&eacute;cadas, pero a&uacute;n parece inevitable tener ese sentimiento al enfrentarse al arte medieval. La imprimaci&oacute;n cultural de esa idea en el imaginario occidental es demasiado potente, y tal vez el estigma es casi una categor&iacute;a m&aacute;s psicol&oacute;gica que hist&oacute;rica, de la que resulta complicado zafarse. Adem&aacute;s, el contraste con la explosi&oacute;n sensual del Renacimiento, que trae consigo coyunturas sociales, pol&iacute;ticas y cient&iacute;ficas que ya conectan incluso con nuestra &eacute;poca, permite dejar con m&aacute;s facilidad a los complejos mil a&ntilde;os anteriores en el olvido tambi&eacute;n educativo.</p>
<p>Los historiadores del arte medieval sostienen, en efecto, que los artistas medievales no estaban menos dotados ni ten&iacute;an una visi&oacute;n infantil de la representaci&oacute;n figurativa en el arte, sino que su estilo respond&iacute;a a un determinado canon desarrollado durante siglos, con su evoluci&oacute;n y sus diferentes fases, y una serie de rasgos comunes distinguibles<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_edn4">[4]</a>: la ausencia de perspectiva y las im&aacute;genes planas, las aureolas de los santos y los personajes sagrados, los personajes de mirada frontal. Esta sospecha de menor capacidad t&eacute;cnica asociada a una cultura determinada no pasa por primera vez en la historia del arte: pi&eacute;nsese por ejemplo en la representaci&oacute;n realista del natural que buscaba el arte griego frente al inter&eacute;s conceptual de la representaci&oacute;n del que fuera su contempor&aacute;neo durante siglos: el arte egipcio.</p>
<p>La pregunta que subyace es si existe realmente una cesura lamentable en la historia del arte entre la ca&iacute;da de Roma -el Imperio de Occidente- y el Quattrocento italiano que empez&oacute; a recuperar las formas del arte cl&aacute;sico. No es as&iacute;, porque un imperio tambi&eacute;n romano, el de Oriente, con Bizancio como capital, permaneci&oacute; y dur&oacute; mil a&ntilde;os m&aacute;s, y resulta l&oacute;gico que en &eacute;l se encuentren claves sociales y art&iacute;sticas de la &eacute;poca, dado su poder. As&iacute;, la est&eacute;tica medieval occidental bebe de la evoluci&oacute;n del arte bizantino, especialmente tras el final de la &eacute;poca iconoclasta, imprimiendo rasgos est&eacute;ticos en los que la realidad observada por los sentidos era despreciada frente al inmanente car&aacute;cter divino, espiritual y conceptual de toda representaci&oacute;n, especialmente la figurativa, incluso cuando es aparentemente l&uacute;dica o representaci&oacute;n del mal.</p>
<p>Pero, &iquest;y la explosi&oacute;n de color? &iquest;Esa luminosidad intensa? Tampoco es natural, no surge de fuentes esperables, sino de los mismos objetos representados. Es Plotino, fil&oacute;sofo neoplat&oacute;nico del Bajo Imperio, en cuya doctrina el &ldquo;Uno&rdquo; -asimilable a Dios- impregna la realidad de todos los hombres y toda la naturaleza -de modo que no puede representarse la misma sin sentir el influjo de estar representando a Dios-, el que crea la base te&oacute;rica que explica mil a&ntilde;os de arte mediante esta concepci&oacute;n decisiva. En ella, si la materia es un estado degradado de un descenso del Uno inalcanzable, la luz que resplandece en ella se atribuye al reflejo del Uno. Dios viene a ser una corriente de luz que recorre el Universo.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_edn5">[5]</a></p>
<p>Sin embargo, en el siglo XV llega un momento en que la pintura del Renacimiento se hizo consciente del lenguaje del acto individual de pintar, y, liber&aacute;ndose del yugo de la representaci&oacute;n religiosa, se implic&oacute; en el arte, sus significados propios, y la capacidad del mismo para desarrollar discurso y lenguaje tambi&eacute;n propios<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_edn6">[6]</a>. Se evolucion&oacute; tambi&eacute;n del fresco, del mosaico y de la tabla, en muchas ocasiones sin l&iacute;mites claros, al cuadro: es el marco en s&iacute; el que permite focalizar la mirada de modo que se sugiera un significado debido precisamente a su presencia delimitadora. Un marco que es un objeto real, y que tambi&eacute;n encierra intencionalmente una imagen, a la que adem&aacute;s convierte en port&aacute;til, transportable y acumulable.</p>
<p>La transici&oacute;n es larga y tiene fases intermedias. El g&oacute;tico presenta una pintura m&aacute;s naturalista y una escultura menos r&iacute;gida y m&aacute;s sinuosa. Dado que la pintura estaba pensada para exhibirse en el templo -con una funci&oacute;n p&uacute;blica educativa en ocasiones amedrentadora-, el paso del rom&aacute;nico al g&oacute;tico represent&oacute; una primera disminuci&oacute;n del espacio disponible para pintar al reducirse el muro de las paredes de las catedrales, donde adem&aacute;s las vidrieras empiezan a ser cuadros primigenios. Giotto, a caballo entre los siglos XIII y XIV, y Van Eyck -siglos XIV y XV- ya anticipan la perspectiva, una iluminaci&oacute;n m&aacute;s natural, e incluso temas no religiosos.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_edn7">[7]</a></p>
<p>De hecho, es a partir del siglo XVI que la pintura flamenca fundamentalmente comienza a trabajar temas que reflexionan sobre el arte, la representaci&oacute;n, la mirada, y la autor&iacute;a. Los nuevos g&eacute;neros que aparecen, el paisaje, el bodeg&oacute;n, y el retrato -personal y familiar-, implican al autor de los mismos en la concreci&oacute;n de los objetos, y en su aparici&oacute;n en un contexto. La mirada se centra en lugares que aparecen acotados: ventanas, puertas, cortinas &ndash;que abren nuevos espacios en la estancia cerrada del lienzo- y, m&aacute;s adelante, espejos, mapas y reversos de cuadros, como ejemplos directos de devoluci&oacute;n de esa mirada, de aparici&oacute;n en el cuadro de lo que hasta entonces hab&iacute;a quedado fuera del mismo -el propio pintor en muchas ocasiones, o los lugares lejanos o cercanos a que remita el mapa como representaci&oacute;n en s&iacute;-, o de negaci&oacute;n incluso de la posibilidad de mirar. No debe olvidarse el paso fundamental a&ntilde;adido de convertirse la pintura de un arte de &aacute;nimo y sentido p&uacute;blico a un proceder privado.</p>
<p>Aunque parezca t&oacute;pico es inevitable poner por ejemplo Las meninas, que es un modelo de complej&iacute;sima elaboraci&oacute;n que ya se completa en el siglo XVII. En Las meninas hay autorretrato, una escena familiar cotidiana, espejo, puerta, dos grandes cuadros en la pared, y el reverso del cuadro que est&aacute; pintando el pintor, es decir, al menos hasta cinco marcos adem&aacute;s del propio cuadro que a&iacute;slan im&aacute;genes propias de alto valor simb&oacute;lico y con lecturas metaart&iacute;sticas muy sorprendentes e innovadoras. Las meninas es un cuadro real donde los reyes aparecen, pero no est&aacute;n; donde el pintor -que ha usado un espejo para pintarse como autorretrato- es personaje, donde lo cotidiano y los personajes populares conviven con el hieratismo mon&aacute;rquico de la realeza, y donde el pintor <em>mira</em> a los ojos al espectador como mira a los de los reyes a los que est&aacute; pintando. El espectador, en cierto modo, queda as&iacute; proclamado rey por el artista, y ser&aacute; quien le juzgue. El empoderamiento que Vel&aacute;zquez otorga al espectador anticipa de manera absoluta la libertad cr&iacute;tica incluso antes de que el car&aacute;cter del genio art&iacute;stico est&eacute; definido por la modernidad. Puede argumentarse que la obra est&aacute; pensada para nunca escapar a los salones reales y para ser vista por los ojos elegidos de los reyes y su familia. Pero Vel&aacute;zquez hab&iacute;a visto suficiente mundo y muchos cuadros de otros mecenas hab&iacute;an estado a su vista en Italia y Espa&ntilde;a sin problemas. Por otro lado, aunque cuatrocientos cincuenta a&ntilde;os m&aacute;s tarde todav&iacute;a parezcan novedad algunas estrategias autorales similares del cine o literatura contempor&aacute;neas, en el artista individual anida hace tiempo la pulsi&oacute;n de narrar -o encontrar como objeto- el propio arte dentro de la obra<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_edn8">[8]</a>.</p>
<p>Stoichita destaca c&oacute;mo Descartes public&oacute; su &ldquo;Discurso del M&eacute;todo&rdquo; junto a un estudio de &oacute;ptica<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_edn9">[9]</a>, donde dec&iacute;a que &ldquo;sabemos c&oacute;mo utilizar la intuici&oacute;n intelectual al compararla con la visi&oacute;n ocular. En efecto, quien quiera mirar de una sola ojeada varios objetos al mismo tiempo no conseguir&aacute; ver ninguno diferenciadamente; y de la misma forma, quien tiene el h&aacute;bito de prestar atenci&oacute;n a muchas cosas a la vez, en un solo acto de pensamiento, no es sino un esp&iacute;ritu confuso. En cambio, los artesanos que trabajan en obras de precisi&oacute;n, y que tienen el h&aacute;bito de dirigir atentamente su mirada sobre cada punto, adquieren con el uso el poder de distinguir a la perfecci&oacute;n las cosas m&aacute;s peque&ntilde;as y m&aacute;s sencillas, de igual forma que aquellos que no dispersan jam&aacute;s su pensamiento sobre diversos objetos al mismo tiempo, y lo centran siempre enteramente en analizar las cosas m&aacute;s peque&ntilde;as y las m&aacute;s sencillas, adquieren perspicacia&rdquo;. El ojo definible como met&oacute;dico de Descartes quiere ir al detalle y ser tremendamente preciso en &eacute;l. Lleg&oacute; a describir el globo ocular a la par que Kepler, y entendi&oacute; gracias a sus experimentos que la retina funcionaba en realidad como un cuadro, y titul&oacute; precisamente as&iacute; uno de sus tratados: &ldquo;Acerca de las im&aacute;genes que se forman en el fondo del ojo&rdquo;.</p>
<p>Este gusto por el detalle vino en esa &eacute;poca de la mano del desarrollo de la c&aacute;mara oscura, invenci&oacute;n que introduce una de las historias m&aacute;s fascinantes de la historia del arte pict&oacute;rico, que apela directamente a la pintura como oficio gremial. David Hockney dedic&oacute; gran parte de los a&ntilde;os noventa a la investigaci&oacute;n de las pinturas de los grandes maestros, despu&eacute;s de hacerse durante un tiempo una reflexi&oacute;n a partir de la pregunta <em>&iquest;qu&eacute; estamos viendo?</em>, que, as&iacute; formulada, parece remitir a las preguntas cl&aacute;sicas kantianas. Su obsesi&oacute;n se inici&oacute; al observar la extrema precisi&oacute;n de determinados elementos de dif&iacute;cil representaci&oacute;n, y su tesis es que a partir del siglo XV y hasta la imposici&oacute;n de la fotograf&iacute;a, muchos pintores usaron la &oacute;ptica -lentes y espejos en primitivas pero v&aacute;lidas c&aacute;maras claras o negras- como base de sus cuadros. Todo este estudio lo recogi&oacute; en el libro &ldquo;El conocimiento secreto&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_edn10">[10]</a>, en el que los testimonios visuales son m&uacute;ltiples: comparaciones de grandes obras, de la obra de pintores cuando usan la &oacute;ptica y cuando no lo hacen, descripci&oacute;n de t&eacute;cnicas y puntos de vista, el viaje de dichas t&eacute;cnicas a trav&eacute;s del continente europeo, y los problemas asociados a la &oacute;ptica que acaban revelando su uso. Un uso que hoy en d&iacute;a parece haberse olvidado, pero que confirman los documentos hist&oacute;ricos escritos por hombres de ciencia y pintores, algunos grabados de la &eacute;poca, y las cartas que Hockney intercambi&oacute; con sus colaboradores durante la realizaci&oacute;n del estudio, completando as&iacute; una mirada m&aacute;s incisiva a la pintura cl&aacute;sica. Este trabajo muestra el puente obvio entre el arte y las tecnolog&iacute;as que ayudan a construirlo. Los pintores guardaban sus secretos de manera corporativista y no los revelaban sino a sus aprendices con &oacute;rdenes estrictas de no permitir que una t&eacute;cnica que ser&iacute;a tildada de enga&ntilde;o fuera conocida por mecenas y p&uacute;blico, que, adem&aacute;s, como profanos, no pod&iacute;an acceder a esta luz de conocimiento gremial. Hockney comenta de continuo que la lente no dibuja ni pinta, que s&oacute;lo lo hace la mano, y que son Caravaggio o Durero o Vel&aacute;zquez los genios, no los fabricantes de artilugios varios. Aun as&iacute;, es dif&iacute;cil no sentir el escalofr&iacute;o de una peque&ntilde;a decepci&oacute;n, dado que pens&aacute;bamos que, frente a los denostados artistas medievales, en el Renacimiento s&iacute; se domina el arte de la representaci&oacute;n y la imitaci&oacute;n del natural, tal y como, de nuevo, nos educaron.</p>
<p>El siglo XIX rompe varios c&aacute;nones aqu&iacute; encerrados. Deja de haber aprendices de un gremio como se conoc&iacute;an anteriormente y empieza a haber trabajadores de f&aacute;bricas para la producci&oacute;n de utensilios en serie. A la par que el <em>gremio</em> deja por ello de hacer <em>arte</em>, la afirmaci&oacute;n de la personalidad del artista genial y &uacute;nico se asienta, idealizado gracias a la emancipaci&oacute;n del individuo rom&aacute;ntico tras la ca&iacute;da del Antiguo R&eacute;gimen y sus viejas obligaciones<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_edn11">[11]</a>. El esp&iacute;ritu que en un principio encarnaron Leonardo, Miguel &Aacute;ngel o Vel&aacute;zquez habita ahora no ya en cada pintor, sino en cada individuo. Y, finalmente, llega la tecnolog&iacute;a rupturista m&aacute;s avanzada: la fotograf&iacute;a, el shock que hizo in&uacute;til el car&aacute;cter retratista o realista y naturalista de la pintura. &iquest;C&oacute;mo superarlo? Con grand&iacute;simos formatos, con escenas hist&oacute;ricas o mitol&oacute;gicas imposibles de fotografiar, o dejando atr&aacute;s estos formatos a&uacute;n tradicionales y caminando hacia estilos liberados de la necesidad de imitar la naturaleza, lo que comienza en el siglo XIX con el impresionismo y sigue en el XX con las vanguardias.</p>
<p>Pero antes de todo eso, es Goya quien entra en el siglo XIX modificando el canon construido desde el Renacimiento. Goya pinta las obras cumbre de su &uacute;ltimo periodo en la Quinta del Sordo, donde vive de 1819 a 1824, sobre sus paredes, sin marco y usando la t&eacute;cnica del fresco. Las llamadas Pinturas Negras son parte de sus obras m&aacute;s reconocidas y significadas<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_edn12">[12]</a>: Perro semihundido, Saturno devorando a sus hijos, Duelo a garrotazos. Pero, no obstante, estos t&iacute;tulos tan populares no son los de mayor inter&eacute;s para este trabajo, donde resultan m&aacute;s significativas obras como Las parcas o &Aacute;tropos, o Al aquelarre o Asmodeo, Dos viejos comiendo, o, sobre todo, la impresionante La romer&iacute;a de San Isidro, con su procesi&oacute;n de rostros deformes fundidos en una masa alucinada y escalofriante.</p>
<p>En las Pinturas Negras (tambi&eacute;n en otras obras de Goya), desaparecen los marcos, porque Goya pinta frescos que se extienden por las paredes extensas de los dos pisos de la casa -frescos sin l&iacute;mite que incluso fueron cortados para su traslado al Prado- violentando la din&aacute;mica moderna a la que pertenece Goya, que como tal se inserta en la tradici&oacute;n que abre el Renacimiento, con el uso del marco, la perspectiva, el naturalismo, la mirada autoral y los temas no religiosos. Pero, en la Quinta del Sordo, avanza la contemporaneidad asociada al genio de nuestros d&iacute;as y preludia el expresionismo, que en su caso nace de su car&aacute;cter de testigo de los desastres de la guerra que alimentaron tambi&eacute;n sus grabados, y no del existencialismo del cambio de siglo o como respuesta al impresionismo. Goya ofrece un camino a las vanguardias d&eacute;cadas antes de su aparici&oacute;n. No es de extra&ntilde;ar que este Goya &uacute;ltimo -no l&oacute;gicamente el pintor de la Corte que fue anteriormente- fuera literalmente incomprendido: se encontraba totalmente fuera del mundo esperado. El espectador no pod&iacute;a reconocer ni interpretar esta nueva visi&oacute;n, faltaban a&uacute;n d&eacute;cadas para ello.</p>
<p>Una representaci&oacute;n contempor&aacute;nea de estos conceptos que adem&aacute;s re&uacute;ne artes en diferentes &eacute;pocas<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_edn13">[13]</a>, se da en Goya. Saturnalia, c&oacute;mic de 2022 que revisita esta contemporaneidad de Goya violentando el lenguaje tradicional del c&oacute;mic e investigando en cierto modo a la manera del propio Goya.</p>
<p>As&iacute;, el equivalente al marco de la pintura en el c&oacute;mic -la vi&ntilde;eta, a fin de cuentas- sufre otro tipo de ruptura, con su expansi&oacute;n desatada a otras vi&ntilde;etas en composiciones generales, con la coherencia del propio car&aacute;cter furioso y desatado de Goya. El c&oacute;mic tambi&eacute;n desdibuja la expresi&oacute;n natural del rostro humano, pero adem&aacute;s lo convierte en varios personajes a partir de la misma expresi&oacute;n simplemente con el uso del contexto y el bocadillo. Los personajes de las Pinturas Negras se convierten en protagonistas del c&oacute;mic, en montajes paralelos de secuencias, o bien sustituyendo la cara de una pintura por la del familiar de Goya correspondiente o por el pueblo acusador, con un protagonismo relevante para su hija peque&ntilde;a, cuya mirada de inocencia es el &uacute;nico contraste que sirve de anclaje a la cordura de Goya. Los protagonistas an&oacute;nimos se convierten a la vez en sus seres queridos y en el populacho que quiere linchar al autor, y por ello, de nuevo, son el esperable y debido espectador futuro de la obra. Para Goya, devenido en genio rom&aacute;ntico individualista e independiente, la creaci&oacute;n es la vida, y hay que seguir pintando para seguir vivo.</p>
<p>La Quinta del Sordo y las obras de arte que contuvo son tambi&eacute;n no ya un ejemplo ideal sino un preludio interesante para la idea propuesta m&aacute;s de un siglo despu&eacute;s por Martin Heidegger sobre el arte como instalaci&oacute;n que surge de la tierra, que crea un mundo que supone una verdad extra&iacute;da de la misma, y que adem&aacute;s es acogido por un pueblo para su devenir hist&oacute;rico<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_edn14">[14]</a>. Las salas que las contienen ahora mismo en el Museo del Prado tras haberlas desgajado de las paredes de la Quinta en 1875 son de iluminaci&oacute;n tenue para protegerlas, dada su fragilidad, pero su aire recogido parece querer replicar una estancia de la propia Quinta. Pero Heidegger ya subraya que toda obra de arte est&aacute; retirada, en derrumbamiento, o desplazada, en el espacio o incluso en el tiempo, ya que nunca estamos en el momento en que se produjeron.</p>
<p>Heidegger tiene un concepto m&iacute;stico de la verdad, un elemento encerrado en una tierra ind&oacute;mita, dionis&iacute;aca, que debe ser extra&iacute;do por una creaci&oacute;n novedosa, apol&iacute;nea, buscadora de esencia y belleza, y usando un lenguaje. Esa verdad, en realidad una esencia, resulta as&iacute; tan absoluta, tan definitoria, que su elevaci&oacute;n a los altares no permite contestaci&oacute;n ni relativizaci&oacute;n. As&iacute;, es dif&iacute;cil no ver la huella de un pensamiento de pueblo elegido tras varias de estas disquisiciones. No se trata de ser injusto con Heidegger y dejarse influir f&aacute;cilmente por la fama que le precede cuando hay int&eacute;rpretes de su obra -Peter Trawny, Donatella di Cesare, Nicol&aacute;s Gonz&aacute;lez Varela-<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_edn15">[15]</a> que no ven manera de evitar entenderla como un criptonazismo continuado, pero &ldquo;la verdad revelada en la obra que es recogida para iniciar la historia de un pueblo<em>&rdquo;</em> es un concepto del que puede surgir un ultranacionalismo evidente. Como buen alem&aacute;n del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, el reconocimiento de una tradici&oacute;n lineal desde la Grecia filos&oacute;fica a la Alemania unificada por Bismarck como &uacute;nica v&iacute;a filos&oacute;fica ineludible est&aacute; presente en &eacute;l. Pero como fil&oacute;sofo del siglo XX, a Heidegger le atraviesa la discusi&oacute;n sobre la definici&oacute;n del lenguaje, que en su caso resulta primordial dado que el lenguaje crea una verdad esencial art&iacute;stica primero e hist&oacute;rica despu&eacute;s. El lenguaje por tanto determina(r&aacute;) la historia.</p>
<p>Para saber cu&aacute;l es &ldquo;la verdad que opera en el arte&rdquo;, Heidegger reflexiona sobre la creaci&oacute;n de la obra por el artista, y c&oacute;mo &eacute;ste la realiza manualmente, al igual que se fabrican los utensilios. Un trabajo adem&aacute;s cuyos aspectos t&eacute;cnicos o artesanales los artistas siempre aprecian mucho y se cuidan de dominar. Pero el quehacer del artista no se entiende s&oacute;lo a partir del trabajo manual, es un quehacer de otra naturaleza: dejar que la verdad emerja, traerla adelante, <em>desocultar</em> la verdad. La obra de arte adem&aacute;s no se agota en ser creada, tambi&eacute;n ha de ser contemplada y cuidada. La obra, por as&iacute; decir, espera a sus cuidadores para que entren en su verdad. El cuidado implica persistencia, no es un conocimiento formal o un gusto est&eacute;tico, se trata de mantener la obra en la lucha y aprender la verdad que emerge en la obra. Una obra que se ofrece a un mero deleite art&iacute;stico no es una obra necesariamente cuidada como tal&hellip; Este deleite en realidad es consecuencia de preguntarse por la obra desde nosotros mismos y no desde la obra en s&iacute;. Porque si nos preguntamos por la obra en s&iacute; veremos que el arte es en su esencia un lenguaje, anterior a la l&oacute;gica y al pensamiento, que tiene que ver con la fundaci&oacute;n de la verdad. Todas las artes por ello deben atribuirse al lenguaje, y la esencia de este lenguaje es la fundaci&oacute;n de la verdad que la obra arroja a la humanidad. Esa fundaci&oacute;n de la verdad significa que la obra de arte tiene un inicio, un salto, una liberaci&oacute;n fuera de s&iacute;. Para Heidegger, este inicio del arte es un impacto que genera una Historia, y esa Historia es recogida por un pueblo, al que llama pueblo hist&oacute;rico, que se confunde con la tierra, y que gracias al arte emerge. Y as&iacute; ha sucedido desde Grecia a la Edad Moderna, con diferentes fases seg&uacute;n se <em>desocultaban</em> las diferentes verdades del ente. Heidegger no cree realmente en el creador moderno, el genial sujeto soberano del subjetivismo moderno, porque la verdad que opera en el arte y que es extra&iacute;da de la <em>tierra</em>, el qu&eacute;, es superior al qui&eacute;n. La historia de la que habla, la generada por la verdad en el arte, no es una sucesi&oacute;n de acontecimientos, sino el arrobamiento de un pueblo cuando se adentra en aquello que le ha sido dado en herencia.</p>
<p>Que el espectador de la obra no deba hacerlo por deleite art&iacute;stico, sino para construir una Historia a trav&eacute;s de la verdad es un concepto que encaja con la ca&iacute;da en el Apocalipsis moderno sucedido de 1914 a 1945. &iquest;Qu&eacute; estamos viendo al mirar el Guernica, pintado de manera veloz para llegar a la Exposici&oacute;n Internacional de Par&iacute;s de 1937? En una frase m&iacute;tica atribuida a Picasso, cuando un oficial alem&aacute;n le pregunt&oacute; en 1940, en Par&iacute;s y ante una foto de una reproducci&oacute;n del Guernica, si era &eacute;l el que hab&iacute;a hecho eso, el pintor contest&oacute;: &ldquo;No, han sido ustedes&rdquo;. Picasso invierte el sentido de la inspiraci&oacute;n intelectual y en cierto modo se reconoce intermediario, tal vez un artesano de un objeto de utilidad m&aacute;s que un artista genial capaz de extraer la verdad de la tierra con su obra. Picasso por supuesto no cre&iacute;a en la literalidad de su sentencia, pero por otro lado dej&oacute; la propiedad del cuadro en manos del gobierno leg&iacute;timo espa&ntilde;ol para que en efecto construyera la Historia, conectando con la teor&iacute;a que m&aacute;s tarde desarrolla Heidegger, que al escribir su op&uacute;sculo sobre el arte (&iexcl;en 1950!) conoc&iacute;a de sobra el Guernica y su impacto, pero es improbable que pensara en &eacute;l.</p>
<p>Porque Heidegger probablemente no quer&iacute;a referirse al arte moderno. Para sus ejemplos escoge el Van Gogh m&aacute;s austero, los templos de Sicilia, o los poemas directos de C. F. Meyer, y no las emociones obvias de los personajes del Guernica. No digamos ya las veleidades de las vanguardias, e incluso todo el arte abstracto y el inicio del pop art. Probablemente Heidegger prefiere la conmoci&oacute;n del espectador medieval, transido ante Dios y el torrente de espiritualidad de la pintura de su tiempo, que descubre la verdad por revelaci&oacute;n m&aacute;s que por raciocinio.</p>
<p>En Guernica miramos el caos que supone una guerra, el horror de las sombras en ausencia de luz -lo que constituye una renovada conexi&oacute;n con lo medieval ahora que la pintura no est&aacute; obligada al naturalismo-, la asfixia de un hogar en un bombardeo, los cuerpos desmembrados bajo el expresionismo cubista picassiano. Al representar al pueblo y donarle el cuadro para su disfrute, Picasso completa un viaje al espectador, que ya lo copa casi todo en el arte: representaci&oacute;n, audiencia, propiedad. &iquest;Ser&aacute; que es el espectador la esencia real? Cranach el Viejo propon&iacute;a su propio Apocalipsis colorido, abrumador e infinito en un cosmos inabarcable, que pinta un horror metaf&oacute;rico sin dolor personal: el hombre com&uacute;n como individuo daba igual. Hubo que primero ponerle un marco, dejar de pintar s&oacute;lo ideales prebostes o santos, permitir que el siglo XIX y sus revoluciones le dieran independencia personal, y que, finalmente, el siglo XX le educara, le convirtiera en protagonista del arte y la narraci&oacute;n, y, de paso, casi le destruyera. Descartes tal vez dir&iacute;a aqu&iacute; <em>videmus, ergo sumus</em>, o incluso <em>picti sumus, ergo sumus</em>. Es decir: nos han pintado, luego existimos&hellip;</p>
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<p>Bilbao, abril de 2023.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_ednref1">[1]</a> P. Lanceros. &ldquo;La revelaci&oacute;n del fin y la imagen del d&iacute;a&rdquo;, en <em>Apocalipsis o Libro de la revelaci&oacute;n</em> (Ed. P. Lanceros), Abada Editores, Madrid, 2018, pp. 13-90.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_ednref2">[2]</a> R. Fossier, <em>Gente de la Edad Media</em>, Santillana Ediciones Generales, Madrid, 2008.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_ednref3">[3]</a> U. Eco, <em>Historia de la belleza</em>, Editorial Lumen, Barcelona, 2004, p. 99.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_ednref4">[4]</a> Andr&eacute; Grabar, <em>Los or&iacute;genes de la est&eacute;tica medieval</em>, Ediciones Siruela, Madrid, 2007, pp. 22-29.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_ednref5">[5]</a> Umberto Eco, <em>Op. Cit</em>., p. 102<em>.</em></p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_ednref6">[6]</a> V. I. Stoichita, <em>La invenci&oacute;n del cuadro</em>, Ediciones C&aacute;tedra, Madrid, 2011, pp. 14-15.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_ednref7">[7]</a> J. M. de Azc&aacute;rate Ristori, A. E. P&eacute;rez S&aacute;nchez y J. A. Ram&iacute;rez Dom&iacute;nguez, <em>Historia del arte</em>, Ediciones Anaya, Madrid, 1980, pp. 310, 324.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_ednref8">[8]</a> S. Garc&iacute;a y J. Olivares, <em>Las meninas</em>, Astiberri Ediciones, Bilbao, 2015.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_ednref9">[9]</a> V. I. Stoichita, <em>Op. Cit</em>., pp. 259-269<em>.</em></p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_ednref10">[10]</a> D. Hockney, <em>El conocimiento secreto</em>, Ediciones Destino, Barcelona, 2001.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_ednref11">[11]</a> J. Gom&aacute; Lanz&oacute;n, &ldquo;Imitaci&oacute;n y experiencia&rdquo;, Penguin Random House Grupo Editorial, Barcelona, 2014, pp. 265-280.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_ednref12">[12]</a> F. Calvo Serraller, <em>Goya. Obra pict&oacute;rica</em>, Random House Mondadori, Barcelona, 2009, pp. 274-292.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_ednref13">[13]</a> M. Guti&eacute;rrez y M. Romero, <em>Goya. Saturnalia</em>, Cascaborra Ediciones, Barcelona, 2022, pp. 28-89.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_ednref14">[14]</a> M. Heidegger, <em>El origen de la obra de arte</em>, La Oficina Ediciones, Madrid, 2016, pp. 107-135.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20GOIO%20BORGE%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL.doc#_ednref15">[15]</a> L. F. Moreno Claros, &ldquo;Heidegger era nazi. &iquest;Lo es su filosof&iacute;a?&rdquo; <em>Babelia &ndash; El Pa&iacute;s</em>, 11 de marzo de 2017.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 05 Jun 2023 08:30:36 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una hermosa metáfora de la escritura y la vida]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-hermosa-metafora-de-la-escritura-y-la-vida/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/MIGUEL_NGEL_NIEVAS_-_EL_COPISTA_DE_CARTHAGO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Hace ya unos meses se public&oacute; la novela <em>El copista de Carthago </em>del zaragozano Miguel &Aacute;ngel Nievas, quien se estrena como escritor. Pertenece la obra al g&eacute;nero hist&oacute;rico y, a veces, aparecen dudas acerca del valor literario de muchas de estas novelas, ya que una gran mayor&iacute;a es de f&aacute;cil consumo y casi todas olvidables. No es el caso de esta novela porque queda en el recuerdo con afecto y cari&ntilde;o.&nbsp;</p>
<p>Por un lado, hay libros de Historia que se leen con pasi&oacute;n casi narrativa, puesto que los autores imprimen en ellos datos expuestos con dinamismo y hasta emoci&oacute;n. Es el caso de los muy conocidos Canfora, Beevor, Goldsworthy o Irene Vallejo entre muchos. Por otro lado, hay novelas que contienen espesor hist&oacute;rico, datos fidedignos y un extremo cuidado en el dibujo de los personajes y de la &eacute;poca. As&iacute; dos recientes novelas, <em>El derecho de los lobos </em>y <em>El &uacute;ltimo asesino</em>, se adentran con inteligencia en complejas tramas de &eacute;poca romana, como la de Nievas. Con extrema delicadeza, Ursula K. Le Guin en <em>Lavinia </em>dej&oacute; el list&oacute;n muy alto al tratar nada menos que a Virgilio, Eneas y una Roma a&uacute;n no nacida. Por este motivo, es de sentido com&uacute;n, no es el tema o el g&eacute;nero los que determinan la categor&iacute;a de una novela, sino su forma, estructura y estilo.&nbsp;</p>
<p>En esta novela rese&ntilde;ada aqu&iacute;, el autor se adentra con arrojo en una &eacute;poca compleja y casi nunca tratada: el paso del siglo III dC al IV, y dirige su mirada a los cambios pol&iacute;ticos y religiosos en el Mediterr&aacute;neo. Narrada en primera persona, su protagonista, Craso, cuenta sus azares, aprendizajes, renuncias y aventuras tanto externas como internas Leemos de este modo un mundo antiguo muy bien descrito junto a una vida &uacute;nica que crece en cada p&aacute;gina.&nbsp;</p>
<p><em>El copista de Carthago </em>tiene una estructura externa tripartita que se condice muy bien con el sentido y los temas de lo narrado. La primera parte, &ldquo;La palabra escrita&rdquo;, contiene la infancia y juventud de Craso, sobre todo en lo concerniente a su aproximaci&oacute;n a los humildes materiales del soporte de la escritura, el papiro y el pergamino, y su t&iacute;mida pero firme voluntad de aprender a leer y escribir. El autor muestra aqu&iacute; una gran labor de documentaci&oacute;n, que se imbrica perfectamente en los hilos narrativos y en los cambios del protagonista. Llaneza y profundidad son elementos clave de esta novela, de principio a fin. Uno desea pasar las p&aacute;ginas para deleite y provecho, ese placer que tanto reconforta a los lectores.&nbsp;</p>
<p>Craso, en sus lecturas y pensamientos, se desliza entre el estoicismo de S&eacute;neca y Epicteto y las primeras noticias que le llegan de esos extra&ntilde;os cristianos. Queda este asunto filos&oacute;fico y religioso como constante tem&aacute;tica tanto en la novela como en su evoluci&oacute;n cultural y sentimental. Esta iniciaci&oacute;n est&aacute; relatada con delicadeza y cari&ntilde;o. A Craso le acompa&ntilde;an personajes secundarios que no lo parecen porque est&aacute;n, aun con pocas p&aacute;ginas, muy bien dibujados. Destaca por su prestancia y sabidur&iacute;a su maestro, amo y casi padre, An&aacute;s.</p>
<p>Es una novela de viajes y Craso, <em>homo viator </em>como tantos, conoce la amistad, el dolor, la soledad, el amor, la desgracia y lo que destaca es su reacci&oacute;n noble ante estos avatares tan humanos. Al acabar la primera parte, tenemos a Craso convertido m&aacute;s que en un gran personaje, en una persona. Est&aacute; sorprendido de las ense&ntilde;anzas cristianas, del dios de los jud&iacute;os tan distinto a ese Jes&uacute;s reciente, conoce los misterios de Mitra y, lleno de dudas y de preguntas, interpela tambi&eacute;n al curioso lector. Lejos de ser una novela de tesis, el autor proporciona conocimiento y sabidur&iacute;a para que sean los lectores quienes interpreten muchas de las acciones de los personajes y de Craso en particular.&nbsp;</p>
<p>La segunda parte, &ldquo;La palabra hablada&rdquo;, aporta gran cantidad de datos sobre las luchas intestinas de las distintas corrientes del cristianismo, junto a la intromisi&oacute;n siempre interesada del poder pol&iacute;tico de los emperadores. Es ese momento de la cultura escrita en que &ldquo;un punto o una coma cambian el sentido&rdquo; (p&aacute;g. 202) y todo podr&iacute;a haber cambiado, Historia ficci&oacute;n, en el &aacute;mbito mental y religioso del Mediterr&aacute;neo antiguo hasta nuestro presente. Las disputas teol&oacute;gicas sobre gnosticismo, arrianismo o manique&iacute;smo, no se hacen pesadas por estar muy bien dosificadas y entreverarse con otros nudos narrativos como los viajes, el garum, la descripci&oacute;n de ciudades y una carrera de cuadrigas espl&eacute;ndidamente descrita. Craso entiende, en esta parte de su vida, que tantas palabras y discusiones son est&eacute;riles y que &ldquo;casi nunca nos acercan a Dios&rdquo; (p&aacute;g.363). Conoce la tristeza en grado sumo y se refugia en la soledad y el silencio, anunciando quiz&aacute;s lo que realmente est&aacute; buscando.&nbsp;</p>
<p>La tercera y &uacute;ltima parte, &ldquo;El silencio&rdquo;, es la m&aacute;s breve y tambi&eacute;n intensa y emocionante en muchos sentidos, la que m&aacute;s le ha debido costar al autor perge&ntilde;ar y escribir. Craso, tras el concilio de Nicea a comienzos del siglo IV, ve c&oacute;mo poder imperial y religi&oacute;n cristiana se unen. Inicia un viaje introspectivo muy complejo y denso. Se inclina hacia la <em>apatheia </em>o ausencia de pasiones, vuelve a escribir pero ahora una sencilla lista de normas de una comunidad apartada. Todo confluye en estas &uacute;ltimas p&aacute;ginas: las ideas aprendidas y discutidas, los materiales de la escritura, su oficio de copista, las palabras habladas, la meditaci&oacute;n y su corolario el conocimiento del cuerpo, la experiencia inefable del tiempo y del estado alterado de la conciencia. Hay un maestro ahora muy distinto al de su infancia, correlato de los cambios tan profundos sufridos en el protagonista desde el inicio de su vida y de la novela.&nbsp;</p>
<p>Creo que se trata de un texto que tiene algo bastante dif&iacute;cil de explicar, que va m&aacute;s all&aacute; del estoicismo y de las creencias religiosas. Me permito citar aqu&iacute; como elemento de comparaci&oacute;n la obra de Carr&egrave;re, <em>El reino</em>, cuya lectura me ha ayudado a entender la profundidad de esta novela de Nievas. Una obra muy bien escrita y desarrollada, que encierra entre la palabra hablada o escrita y el silencio una hermosa met&aacute;fora de la escritura y la vida. L&eacute;anla, h&aacute;ganse ese favor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Miguel &Aacute;ngel Nievas, <em>El copista de Carthago</em>, Madrid, Ediciones Rialp, 2022.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 05 Jun 2023 07:31:47 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jenny Xie: “Escribo para reconocer la vitalidad de lo que no está articulado”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jenny-xie-escribo-para-reconocer-la-vitalidad-de-lo-que-no-esta-articulado/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/JENNY_XIE_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>- &ldquo;Escribir es curar&rdquo;, &iquest;para qu&eacute; dolor o enfermedad?</p>
<p>- A menudo pienso en lo que dijo una vez la poeta estadounidense Adrienne Rich: &ldquo;La poes&iacute;a no es una loci&oacute;n curativa, un masaje emocional ni una especie de aromaterapia ling&uuml;&iacute;stica&rdquo;. Seg&uacute;n ella, la poes&iacute;a &ldquo;tiene la capacidad de recordarnos algo que tenemos prohibido ver&rdquo;. La poes&iacute;a puede sacudirnos para despertarnos y pedirnos que escuchemos y hablemos de manera diferente, que estemos alerta y abiertos al dolor de manera diferente. Para algunos, ver el dolor de nuevo y permitir que esta visi&oacute;n renovada informe c&oacute;mo nos comportamos en el mundo es fortalecedor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;La poes&iacute;a recuerda, inventa, sue&ntilde;a, conjura?</p>
<p>- La poes&iacute;a hacia la que me inclino hace todo esto, pero de manera diferente a otros modos de escritura y arte. Y lo hace de maneras misteriosas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;La poes&iacute;a nos habla o nos escucha?</p>
<p>- El placer de la poes&iacute;a es dejarse guiar por el lenguaje y confiar en que tiene m&aacute;s conocimiento que nosotros. Al mismo tiempo, el lenguaje que empleamos y desplegamos surge de una mayor escucha de las texturas del habla y de los sonidos y patrones r&iacute;tmicos que metabolizamos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Adem&aacute;s de Machado, que aparece como ep&iacute;grafe en <em>A nivel del ojo</em>, &iquest;ha le&iacute;do a alg&uacute;n otro poeta espa&ntilde;ol?</p>
<p>- S&iacute;, algunos de mis poetas favoritos, cuando empec&eacute; a tener ambiciones de escribir versos, eran poetas que escrib&iacute;an en espa&ntilde;ol: Lorca, Neruda, Vallejo. No en vano, como dices, seleccion&eacute; un fragmento de un poema de Antonio Machado como ep&iacute;grafe inicial de este libro. He seguido a poetas traducidos del espa&ntilde;ol por Forrest Gander y CD Wright, y estoy completamente hechizado por la colecci&oacute;n reci&eacute;n traducida de la poeta mexicana Coral Bracho, <em>Debe ser un malentendido</em>. Tambi&eacute;n he le&iacute;do a poetas espa&ntilde;olas contempor&aacute;neas como Ana Gorria, Juana Castro y Luz Pichel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; le dicen los n&uacute;meros primos a Jenny Xie?</p>
<p>- &iexcl;Ja, ja, ja! Que soy mucho mejor formando y cediendo al lenguaje que formando n&uacute;meros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;ndo conviene escribir desde el dolor y cu&aacute;ndo desde la placidez?</p>
<p>- No siento que la poes&iacute;a surja de la conveniencia, y no s&eacute; si tenemos la opci&oacute;n de esciger entre uno y otro a la hora de escribir. Uno espera escribir en el estado que le permita hacer las excavaciones m&aacute;s profundas y desconocidas.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 05 Jun 2023 07:07:44 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Grandes autores protagonizan el número 147 de "TURIA"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/grandes-autores-protagonizan-el-numero-ciento-cuarenta-y-siete-de-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2023/ENRIQUE_VILA-MATAS_3_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>En primer lugar, <em>TURIA</em> ofrece a los lectores una brillante y original aproximaci&oacute;n a la obra de uno de los grandes autores de culto de las letras espa&ntilde;olas: Enrique Vila-Matas<strong>. </strong>Se trata de un ensayo en clave de ficci&oacute;n y su autor es Eduardo Lago, escritor, cr&iacute;tico y traductor, que reside desde hace muchos a&ntilde;os en los USA. Seg&uacute;n se nos dir&aacute; en el art&iacute;culo, &ldquo;como la de Cervantes, la presencia de Borges impregna la idea de literatura de Vila-Matas&rdquo;. Aunque tambi&eacute;n se afirmar&aacute; en el texto que Vila-Matas es, adem&aacute;s de un autor espa&ntilde;ol y latinoamericano, un escritor europeo por encima de todo.</p>
<p>El &eacute;xito actual de la literatura sobre la naturaleza en Espa&ntilde;a, o liternatura seg&uacute;n la acertada denominaci&oacute;n que acu&ntilde;ara un experto en la materia como Gabi Mart&iacute;nez, es uno de los asuntos a los que dedica <em>TURIA</em> una especial atenci&oacute;n.&nbsp; M&aacute;xime teniendo en cuenta que, como se afirma en la revista, dicha literatura era &ldquo;tan raqu&iacute;tica que hasta hace cuatro d&iacute;as nos refer&iacute;amos a ella empleando un t&eacute;rmino anglosaj&oacute;n: &lsquo;nature writing&rsquo;. Acudir a otra lengua para definir todo un g&eacute;nero da la medida de la distancia con la que la mayor&iacute;a de escritores e intelectuales han observado el asunto &lsquo;natural&rsquo; hasta ahora&ldquo;.</p>
<p>Otro inolvidable escritor del que se ocupa <em>TURIA</em> es el leon&eacute;s Antonio Pereira. En este 2023, la revista no s&oacute;lo le recuerda con motivo de celebrarse los cien a&ntilde;os de su nacimiento, tambi&eacute;n reivindica la oportunidad de redescubrir &nbsp;su obra. Un objetivo que pretende y consigue a trav&eacute;s de este art&iacute;culo otro escritor leon&eacute;s como Pablo Andr&eacute;s.</p>
<p>Escapa, bibliotecario del Palacio Real de Madrid, que asegura que &ldquo;leer a Antonio Pereira cien a&ntilde;os despu&eacute;s de su nacimiento sigue siendo una manera de crecer como lectores y de adentrarnos en una de las mejores narrativas que, por lo breve, ha dado la literatura en castellano del siglo xx&rdquo;.</p>
<p>El cuarto y &uacute;ltimo art&iacute;culo de la secci&oacute;n que <em>TURIA</em> dedica a los estudios literarios es una sincera y personal aproximaci&oacute;n al universo de la novela negra. &nbsp;Su autor, el extreme&ntilde;o Eugenio Fuentes, es uno de los mejores cultivadores del g&eacute;nero en Espa&ntilde;a. Por eso resulta pertinente que alguien como &eacute;l sea quien demuestre que no est&aacute;n muy claros los criterios para clasificar una novela negra como negra. De ah&iacute; que en su art&iacute;culo&nbsp; nos asegure: &ldquo;No, no existe supremac&iacute;a de g&eacute;neros. Lo &uacute;nico importante es el texto: su originalidad, su belleza, su capacidad para suscitar emociones. Tambi&eacute;n es secundario el origen de los materiales: todos los escritores trabajan con los mismos mimbres y metales, con los mismos temas universales y eternos. La diferencia est&aacute; en el resultado final, en lo que queda cuando a una obra se la despoja de sus componentes gen&eacute;ricos: o bien un mont&oacute;n de escoria o bien unos granos de oro, de plata o de cualquier metal noble que den un poco de luz y que no se oxiden con las primeras gotas de lluvia.&rdquo;</p>
<p>La revista <em>TURIA</em>, siempre atenta a la mejor literatura internacional, ofrece adem&aacute;s a los lectores una primicia: una selecci&oacute;n de poemas del escritor neerland&eacute;s Marieke Lucas Rijneveld, provenientes de su libro in&eacute;dito en espa&ntilde;ol titulado &ldquo;Comineros". Como l&iacute;neas tem&aacute;ticas de su poes&iacute;a pueden se&ntilde;alarse el crecimiento y aprendizaje, la p&eacute;rdida, el ser hombre y el ser mujer, el sentirse diferente y marginado, y met&aacute;foras recurrentes son nociones de la construcci&oacute;n y del &aacute;mbito militar, el concepto de habitar y la ca&iacute;da. Se trata de un autor revelaci&oacute;n pues se dio a conocer mundialmente al ganar, con apenas 29 a&ntilde;os de edad, el Premio Booker&nbsp; por su novela <em>La inquietud de la noche</em>. En la ceremonia de entrega de este prestigioso premio, en 2020, dijo que se sent&iacute;a &laquo;orgulloso como una vaca con siete ubres&raquo;. La publicaci&oacute;n en <em>TURIA</em> de sus poemas ha sido realizada por Ronald Brouwer (prestigioso traductor que, desde 2004, forma parte del equipo art&iacute;stico del Teatro de la Abad&iacute;a de Madrid, centro dirigido por el dramaturgo Juan Mayorga).</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>ENRIQUE VILA-MATAS, EL M&Aacute;S FRANC&Eacute;S DE LOS ESCRITORES ESPA&Ntilde;OLES</strong></p>
<p><strong></strong><em>TURIA</em> abre su sumario con un sugerente art&iacute;culo de Eduardo Lago sobre la obra de Enrique Vila-Matas. Lago, que ha sido director del Instituto Cervantes de Nueva York, &nbsp;traza un certero an&aacute;lisis que permite vincularlo con la tradici&oacute;n literaria espa&ntilde;ola, latinoamericana y europea. Sin embargo, la conclusi&oacute;n de su estudio sobre el autor de t&iacute;tulos como &ldquo;El mal de Montano&rdquo; o &ldquo;Dublinesca&rdquo; no puede ser m&aacute;s reveladora: &ldquo;Vila-Matas es el m&aacute;s latinoamericano de los escritores espa&ntilde;oles, y de manera a&uacute;n m&aacute;s contundente, el m&aacute;s europeo. Por otra parte, conviene subrayar esto, VM es el menos espa&ntilde;ol de los escritores espa&ntilde;oles. Rompe y rasga, y lo hace con despreocupado desenfado, con la m&aacute;s rancia de nuestras tradiciones: el realismo caduco y casposo. Nada m&aacute;s alejado de eso que su literatura. En cuanto a su condici&oacute;n de escritor europeo, lo que hace hunde sus ra&iacute;ces en el centro de gravedad de la sensibilidad literaria del viejo continente: Walser y Kafka, nada menos. Hay muchos otros referentes puntuales, por supuesto, pero antes de seguir es preciso subrayar su deuda con Francia, donde lo adoran. Vila-Matas es el m&aacute;s franc&eacute;s de los escritores espa&ntilde;oles&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>GABI MART&Iacute;NEZ O LA REIVINDICACI&Oacute;N DE LA LITERNATURA</strong></p>
<p><strong></strong>&ldquo;Liternatura contra el vac&iacute;o&rdquo; titula Gabi Mart&iacute;nez su clarificador art&iacute;culo sobre un tema que &eacute;l conoce muy bien: la literatura de la naturaleza. Como argumenta en <em>TURIA</em>: &ldquo;Ahora que tanto se habla de la Espa&ntilde;a vac&iacute;a (o vaciada), vale la pena se&ntilde;alar que, como todo el mundo en realidad sabe, ese vac&iacute;o es mentira. La idea, brillantemente gr&aacute;fica, ha servido para explicar cu&aacute;nto se han alejado los espa&ntilde;oles de los entornos m&aacute;s rurales y salvajes, pero su propia formulaci&oacute;n da la pista para entender por qu&eacute; tanta gente ha dejado de vivir en el campo, la dehesa o la monta&ntilde;a: la perspectiva ultrahumana. La misma perspectiva que proclama a la ciudad como ideal mientras sentencia que donde no hay humanos no hay nada&rdquo;.</p>
<p>Tras analizar los motivos y la evoluci&oacute;n en nuestro pa&iacute;s de la alianza entre cultura y naturaleza, Gabi Mart&iacute;nez concluye con optimismo: &ldquo;la liternatura est&aacute; ofreciendo algunas de las mejores obras contempor&aacute;neas, y el espa&ntilde;ol y las lenguas latinas empiezan a aportar historias de este tipo asegurando que nuestro ecosistema literario ser&aacute;, a partir de ahora, un poco m&aacute;s (bio)diverso. M&aacute;s aireado, m&aacute;s fresco, m&aacute;s conectado a lo que ocurre lejos de nuestro ombligo y, en consecuencia, mejor&rdquo;.</p>
<p>En esa n&oacute;mina de autores en nuestro idioma que est&aacute;n demostrando que la naturaleza se puede contar de otra forma estar&iacute;an, adem&aacute;s del propio Gabi Mart&iacute;nez, veteranos como Joaqu&iacute;n Ara&uacute;jo o Alejandro L&oacute;pez Andrada, Santiago Beruete, el catal&aacute;n Jordi Ballart, el mexicano Andr&eacute;s Cota Iriart y una espl&eacute;ndida n&oacute;mina de mujeres como: Merc&egrave; Ibarz, Pilar Ad&oacute;n, Irene Sol&agrave;, Noem&iacute; Sabugal y Leire Bilbao, entre otras.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>ANTONIO PEREIRA: REDESCUBRIR A UN ENORME ESCRITOR EN SU CENTENARIO</strong></p>
<p><strong></strong>En el art&iacute;culo que <em>TURIA</em> dedica a Antonio Pereira (Villafranca del Bierzo 1923-Le&oacute;n, 2009) y que ha sido elaborado por Pablo Andr&eacute;s Escapa, otro excelente narrador leon&eacute;s de nuestros d&iacute;as, se formula un bienintencionado deseo: que el centenario del nacimiento de Pereira &ldquo;sirviese para celebrar un nacimiento subsidiario &ndash;por decirlo con palabra de su gusto&ndash;: el de una nueva generaci&oacute;n de lectores que sepan hallar en sus cuentos, como en la obra de cualquier cl&aacute;sico, una voz contempor&aacute;nea&rdquo;</p>
<p>Pereira comenz&oacute; a escribir desde muy joven, aunque habr&iacute;a que esperar hasta los a&ntilde;os sesenta para su eclosi&oacute;n como escritor. Su poemario&nbsp;&ldquo;El regreso&rdquo;&nbsp;se publica en la prestigiosa colecci&oacute;n Adonais en 1964,&nbsp;&ldquo;Una ventana a la carretera<em>&rdquo;</em>, su primer libro de cuentos, recibe el premio Leopoldo Alas en 1966 y su novela&nbsp;&ldquo;Un sitio para Soledad&rdquo;&nbsp;se publica en 1969. A partir de ah&iacute;, se desarrolla una copiosa producci&oacute;n literaria, que felizmente se ha reeditado ahora de forma completa por la fundaci&oacute;n que lleva su nombre en colaboraci&oacute;n con la editorial Siruela, y que se vi&oacute; refrendada por prestigiosos premios, como el Premio Fastenrath de la Real Academia Espa&ntilde;ola o el Premio Castilla y Le&oacute;n de las Letras.</p>
<p>Pereira, considerado por muchos como el gran autor secreto de la Generaci&oacute;n del 50 de las letras espa&ntilde;olas, ha sido definido as&iacute; por su paisano y Premio Cervantes Antonio Gamoneda: &ldquo;t&uacute;, esencialmente, eres poeta, y, precisamente porque eres poeta, escribes una prodigiosa narrativa breve&rdquo;.</p>
<p>En cualquier caso, y como bien se propone en <em>TURIA</em>, conviene &ldquo;reclamar la modernidad de Pereira, o su destreza para ser novedoso sin traiciones al mundo antiguo que evoca su escritura, es la resuelta querencia por la autoficci&oacute;n que practic&oacute;&rdquo;. No lo duden, hay que leerlo porque ya sea como cuentista o como poeta, como personaje o como narrador, fue siempre un verdadero ejemplo de c&oacute;mo &ldquo;la literatura y la existencia, en manos de los aut&eacute;nticos fabuladores, comparten la misma p&aacute;gina&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>LA NOVELA NEGRA SEG&Uacute;N EUGENIO FUENTES</strong></p>
<p><strong></strong>En el excelente art&iacute;culo que Eugenio Fuentes publica en <em>TURIA</em> bajo el t&iacute;tulo &ldquo;Ajos y heliotropos&rdquo;, se nos brindan un conjunto de certeras reflexiones sobre la novela negra y los t&oacute;picos que la lastran y la condenan injustamente como un g&eacute;nero de menor nivel literario Su autor, adem&aacute;s, sabe de lo que habla porque es uno de nuestros m&aacute;s acreditados practicantes de esta f&oacute;rmula narrativa tan demandada por los lectores de hoy.</p>
<p>Eugenio Fuentes lo tiene muy claro y, consciente de que nuestro mundo actual es mestizo, &ldquo;niega todo valor a las clasificaciones gen&eacute;ricas&rdquo;. Y su tesis resulta imbatible: &ldquo;en la literatura tambi&eacute;n se saltan las fronteras y se demanda la innovaci&oacute;n desde las escrituras m&aacute;s brillantes, de modo que hoy cualquier jerarqu&iacute;a de g&eacute;neros suena anacr&oacute;nica, rancia, infartada, viejuna&rdquo;.</p>
<p>Se exige, por tanto, una revisi&oacute;n de los criterios sobre la novela porque &ldquo;a estas alturas de la modernidad l&iacute;quida, mezclada y diluida, la distribuci&oacute;n en uno u otro casillero es un hecho secundario, no tiene mayor importancia, porque el g&eacute;nero no es un fin en s&iacute; mismo, s&oacute;lo es un medio para un fin. Y un escritor que no tuviera nada que contar en una novela sin g&eacute;nero, tampoco tendr&iacute;a nada que contar en una novela de g&eacute;nero. Y al rev&eacute;s. Lo que la literatura no da, ning&uacute;n g&eacute;nero lo presta&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>MARIEKE LUCAS RIJNEVELD, UN JOVEN Y PREMIADO ESCRITOR EN BUSCA DE SU IDENTIDAD</strong></p>
<p><strong></strong>Entre los textos m&aacute;s singulares y recomendables que aporta la nueva entrega de la revista <em>TURIA</em> se encuentra el material in&eacute;dito de Marieke Lucas Rijneveld (Nieuwendijk, Pa&iacute;ses Bajos, 1991). Se trata de cinco poemas de su libro m&aacute;s reciente, publicado en neerland&eacute;s en 2022 y del que en solo dos meses se vendieron en su pa&iacute;s 10.000 ejemplares. Lo que certificar&iacute;a que se trata de una de las voces m&aacute;s aclamadas de la literatura holandesa. El &nbsp;t&iacute;tulo del libro es una palabra muy poco conocida, que se ha traducido por &ldquo;Comineros&rdquo;. Literalmente &ldquo;gente que parte semillas de comino&rdquo;, en holand&eacute;s se refiere a algo as&iacute; como &ldquo;quisquilloso&rdquo; y tambi&eacute;n &ldquo;cicatero&rdquo;, mientras que en castellano es alguien &ldquo;que se entretiene con menudencias&rdquo;.</p>
<p>Con dos novelas y tres libros de poes&iacute;a publicados, Marieke Lucas Rijneveld alcanz&oacute; la celebridad internacional muy joven: con su primera novela &ldquo;La inquietud de la noche&rdquo; obtuvo en 2020 el Premio Booker internacional, uno de los m&aacute;s prestigiosos de habla inglesa. Tanto &eacute;sta como su segunda novela, &ldquo;Mi querida favorita&rdquo;, est&aacute;n traducidas al espa&ntilde;ol.</p>
<p>Marieke naci&oacute; como mujer, pero a los 23 a&ntilde;os decidi&oacute; a&ntilde;adir a su nombre el del amigo imaginario de su ni&ntilde;ez, Lucas, porque se sent&iacute;a una persona de g&eacute;nero intermedio, un poco chico y un poco chica. Recientemente manifest&oacute; que en adelante quiere que se use el pronombre masculino para referirse a &eacute;l. Esa b&uacute;squeda de identidad, ese desconcierto para la persona misma y para su entorno, est&aacute; muy presente en su escritura.</p>
<p>A esto se suma la circunstancia de haberse criado en una peque&ntilde;a localidad rural donde la vida de los habitantes est&aacute; dictada por el protestantismo ortodoxo. La temible imagen de un Dios castigador y estrictas pautas de conducta marcaron la infancia y juventud de Rijneveld. Aunque actualmente vive en Utrecht, no ha desconectado del mundo campesino, pues compagina la escritura con labores en una granja lechera.</p>
<p>Abundan en su poes&iacute;a las palabras inusuales. La riqueza de vocabulario de Rijneveld es, en parte, fruto de la lectura obligada de la Biblia en la traducci&oacute;n antigua que suelen usar los protestantes ortodoxos. Pero tambi&eacute;n se reconoce en su escritura el placer de emplear vocablos inventados, aprovechando la facilidad de la lengua neerlandesa, bastante mayor que en castellano, de crear palabras compuestas.</p>
<p>Como l&iacute;neas tem&aacute;ticas se puede se&ntilde;alar el crecimiento y aprendizaje, la p&eacute;rdida, el ser hombre y el ser mujer, el sentirse diferente y marginado, y met&aacute;foras recurrentes son nociones de la construcci&oacute;n y del &aacute;mbito militar, el concepto de habitar y la ca&iacute;da. Buena prueba de todas estas caracter&iacute;sticas podemos encontrarla en uno de los poemas que publica <em>TURIA</em>: &ldquo;Los buscaconsuelos&rdquo;. En sus primeros versos Rijneveld nos dir&aacute;: &ldquo;Al igual que la felicidad resulta peligrosa para quien la trata con mesura, / para quien el no-vivir termina siendo pan comido, para quien hace aqu&iacute; / su entrada y duda de todo lo hermoso, duda de su lugar en el mundo, / para quien se nutre interminablemente del deseo de mejor&iacute;a, // para quien no quiere ser fr&aacute;gil ni tampoco robusto cual &aacute;lamo, / pues si me tocas te doy viento, para quien con la orden de talar / en la mano se dispone tembloroso o precisamente aspira a florecer, / pues m&iacute;rame a m&iacute;, para quien quiere estar solo pero ya no es capaz.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 02 Jun 2023 13:02:55 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Saquear el templo ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/saquear-el-templo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/ROSA_BERBEL_500_px.jpg" alt="" /></p>
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<p>La fiesta termin&oacute;</p>
<p>y la casa ya no era nuestra casa.</p>
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<p>Todos los invitados se llevaron consigo</p>
<p>un trozo de la fiesta, como el que arranca</p>
<p>piedras de un bello templo griego.</p>
<p>Los ve&iacute;amos marcharse con las primeras luces.</p>
<p>Toc&aacute;ndose la cara, acelerando el paso.</p>
<p>Un &aacute;rbol cae en el bosque sin hacer ning&uacute;n ruido.</p>
<p>Nadie lo escucha. Nunca ha existido el &aacute;rbol.</p>
<p>&iquest;D&oacute;nde caemos nosotros?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nos han dejado aqu&iacute; a la intemperie:</p>
<p>no hay paredes, ni casa, ni amor para las cosas</p>
<p>que ya no poseemos.</p>
<p>Tendemos en el suelo el mantel sucio</p>
<p>y admiramos con qu&eacute; silencio pueden</p>
<p>desvanecerse los lugares sagrados.</p>
<p>Nadie en el bosque, nadie en la ciudad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Deber&iacute;amos buscar una palabra para nombrar</p>
<p>el gesto de quien queda en la casa</p>
<p>cuando todos se han ido.</p>
<p>Esto es lo que somos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se llama <em>devoci&oacute;n</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>*Fotograf&iacute;a de F&aacute;tima Rueda.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 25 May 2023 10:40:28 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“TURIA” dedica un espectacular monográfico al escritor republicano Arturo Barea ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-dedica-un-espectacular-monografico-al-escritor-republicano-arturo-barea/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2023/ARTURO_BAREA_4_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>El nuevo n&uacute;mero de <em>TURIA</em>, que cumple este 2023 su 40 aniversario, tiene un protagonista muy especial: Arturo Barea. Se cumple as&iacute; una de las l&iacute;neas de trabajo que la revista cultural ha mantenido a lo largo de sus cuatro d&eacute;cadas de trayectoria: el redescubrimiento de autores que, injustamente y por diversos motivos, no han sido objeto de la atenci&oacute;n y el fomento de la lectura que su obra merece. Porque <em>TURIA</em> considera que Barea deber&iacute;a ser valorado como uno de los escritores de referencia de las letras espa&ntilde;olas del siglo XX. Un autor tan can&oacute;nico e imprescindible como lo puedan ser otros tan reconocidos de su generaci&oacute;n como Max Aub, Merc&eacute; Rodoreda, Rosa Chacel o Ram&oacute;n J. Sender.</p>
<p>Conscientes de la necesidad imperiosa de reparar esa injusticia y de la importancia de favorecer el conocimiento de la obra de Barea entre los lectores de hoy, la revista <em>TURIA</em> le ha dedicado un espectacular monogr&aacute;fico de casi 200 p&aacute;ginas de textos in&eacute;ditos y en el que participan los mejores estudiosos y especialistas. Nada menos que catorce prestigiosos colaboradores muestran su compromiso en la tarea de divulgar y ofrecer las claves que marcan la trayectoria vital e intelectual del citado escritor republicano espa&ntilde;ol, nacido en Badajoz en 1897 y que muri&oacute; exiliado en Reino Unido en 1957.</p>
<p>El historiador C&eacute;sar Rina Sim&oacute;n, que coordina el monogr&aacute;fico sobre Barea y que representa a una nueva y prometedora generaci&oacute;n de expertos en el an&aacute;lisis de nuestro pasado, ser&aacute; quien presente la revista <em>TURIA</em> en Badajoz. La actividad, de acceso libre hasta completar el aforo, tendr&aacute; lugar el 21 de junio en la Biblioteca de Extremadura y a las 20 horas.</p>
<p>Conviene subrayar que, en el homenaje a Arturo Barea que le rinde <em>TURIA</em>, participan junto a C&eacute;sar Rina Sim&oacute;n los m&aacute;s destacados conocedores de su obra, tanto espa&ntilde;oles como brit&aacute;nicos: Paul Preston, Antonio Mu&ntilde;oz Molina, William Chislett, Nigel Townson, Michael Eaude, Juan Marqu&eacute;s, Georg Pichler, Eva Nieto McAvoy, Fernando Larraz, Enrique Santos Unamuno, Guadalupe Nieto Caballero, Jos&eacute; Mar&iacute;a Rond&oacute;n y Francisco Javier Capistegui.</p>
<p>Adem&aacute;s, dada la difusi&oacute;n nacional e internacional por suscripci&oacute;n de la revista <em>TURIA</em>, se contribuir&aacute; a estimular que se hable y se lea a Arturo Barea en todo el &aacute;mbito hisp&aacute;nico. Y es que, este monogr&aacute;fico de <em>TURIA</em> sobe Barea se suma, 66 a&ntilde;os despu&eacute;s de su muerte, a la reciente posibilidad de disfrutar de la obra completa de un autor que merece ser revalorizado y le&iacute;do. Sin duda, en las obras de Barea el binomio vida/pol&iacute;tica se diluye por cuanto su autor se lanz&oacute; a escribir para tratar de explicar lo vivido en la guerra civil y el destino de Espa&ntilde;a. Sobre &eacute;l, George Orwell lleg&oacute; a decir: &ldquo;Barea es una de las m&aacute;s valiosas adquisiciones literarias que ha logrado Inglaterra por la persecuci&oacute;n fascista&rdquo;.</p>
<p>Fue Barea un socialdem&oacute;crata esc&eacute;ptico, del que cabe subrayar su decencia intelectual y su talento literario. Nunca es maniqueo y, para &eacute;l, la literatura le importa solo como medio de exponer y sobre todo de explicar ideas, como una forma de entender acontecimientos o actuaciones personales. Y es que el autor de la monumental trilog&iacute;a&nbsp;<em>La forja de un rebelde</em>, novela que&nbsp;constituye un prodigioso retrato de las cuatro primeras d&eacute;cadas del siglo XX en Espa&ntilde;a, por fin comienza a tener el aprecio que merece.</p>
<p>Uno de los aspectos menos conocidos de la obra de Arturo Barea es su programa radiof&oacute;nico para la Secci&oacute;n de Am&eacute;rica Latina de la BBC. Desde 1940 hasta su muerte en 1957, Barea escrib&iacute;a y presentaba una charla de alrededor de quince minutos cada semana bajo el pseud&oacute;nimo de &lsquo;Juan de Castilla&rsquo;. Esta continuaci&oacute;n de su labor durante la Guerra Civil como &lsquo;Una Voz Inc&oacute;gnita de Madrid&rsquo; es de inter&eacute;s porque ampl&iacute;a de forma notable nuestro conocimiento sobre el trabajo period&iacute;stico de Barea. Adem&aacute;s, las emisiones de la BBC revelan mucho sobre su vida despu&eacute;s del periodo cubierto en <em>La forja de un rebelde</em>; en otras palabras, sobre su vida como exiliado en Inglaterra.</p>
<p>Ahora, la revista <em>TURIA</em> da a conocer tres de esas charlas como adelanto a lo que ser&aacute; la futura publicaci&oacute;n, por parte de la editorial Renacimiento, de tres tomos de sus programas para la BBC. Un valioso material hasta ahora in&eacute;dito y que, editado por los especialistas Eva Nieto McAvoy y Nigel Townson, ofrecer&aacute; a los lectores la oportunidad de profundizar a&uacute;n m&aacute;s en la vida y obra de Arturo Barea.</p>
<p><em>TURIA</em> es una revista que tiene una edici&oacute;n en papel de periodicidad cuatrimestral y otra&nbsp; digital (web y Facebook) de difusi&oacute;n diaria. Est&aacute; editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, y cuenta con el apoyo de la Caja Rural de Teruel, del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este nuevo n&uacute;mero dedicado a Arturo Barea ha sido posible gracias al mecenazgo de la Junta de Extremadura y del Ministerio de Cultura.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>BAREA O EL RETO DE HABLAR DE LO VIVIDO</strong></p>
<p><strong></strong>Como muy bien subraya C&eacute;sar Rina Sim&oacute;n en el art&iacute;culo que abre el monogr&aacute;fico sobre Arturo Barea, &ldquo;pocas veces la obra de un autor ha aportado tantos cauces de comprensi&oacute;n<strong> </strong>de la historia de un pa&iacute;s y de su pueblo. &lsquo;La forja de un rebelde&rsquo;<em> </em>es probablemente la mejor narraci&oacute;n que se haya escrito sobre las primeras d&eacute;cadas del siglo XX espa&ntilde;ol, el m&aacute;s preciso y en&eacute;rgico esfuerzo literario por entender, desde su &oacute;ptica particular, las causas que explican la guerra civil y las experiencias colectivas de un pueblo que convive secularmente con la derrota. Corren d&iacute;as en los que la omnipresencia de las narrativas del yo en el campo literario se limitan a circunvalar ombligos y casu&iacute;sticas personales sin trascender la epidermis de los procesos, como si la experiencia hist&oacute;rica se limitara a las condiciones de los individuos que las escriben. En cambio, la escritura autobiogr&aacute;fica que emprende Barea, significativamente la que produce desde su exilio en febrero de 1938, trata en todo momento de abarcar el conjunto de experiencias de las clases populares y revelar las tensiones de largo recorrido temporal entre el poder y la miseria, deteni&eacute;ndose a explicar las fuerzas &ldquo;ocultas&rdquo; que hab&iacute;an provocado la guerra de Espa&ntilde;a en relaci&oacute;n con sus propias vivencias&rdquo;.</p>
<p>Por su parte, el historiador brit&aacute;nico Paul Preston, en su art&iacute;culo &ldquo;Arturo Barea: del servicio de prensa de la Rep&uacute;blica a la BBC&rdquo;, asegura que &ldquo;pese a la presencia en Espa&ntilde;a de algunos de los mejores periodistas del mundo, muchos de los cuales escribieron posteriormente sus memorias, el registro m&aacute;s gr&aacute;fico de la experiencia de los corresponsales durante el asedio de Madrid llegar&iacute;a de la pluma de un espa&ntilde;ol, el socialista Arturo Barea&rdquo;. No pod&iacute;a ser de otra forma si tenemos en cuenta que, seg&uacute;n destaca Preston, &ldquo;Barea era un hombre modesto y discreto, considerado y absolutamente comprometido con la causa de la Rep&uacute;blica espa&ntilde;ola&rdquo;. Para explicar la salida de Espa&ntilde;a y su asentamiento en Inglaterra, Preston hace referencia a una carta que Barea dirigi&oacute; al novelista franc&eacute;s Jean Malaquais: &ldquo;los ingleses se portaron magn&iacute;ficamente con nosotros, d&aacute;ndonos cr&eacute;dito para comer y para vivir&rdquo;. No en vano, concluye Preston, Arturo Barea &ldquo;pasar&iacute;a los &uacute;ltimos dieciocho a&ntilde;os de su vida en el exilio en Inglaterra donde encontr&oacute; su mejor &eacute;xito como escritor&rdquo;.</p>
<p>Dentro del monogr&aacute;fico sobre Arturo Barea, sobresalen las amplias entrevistas exclusivas que ha realizado Ang&eacute;lica Tanarro a dos de los principales impulsores de la recuperaci&oacute;n de la obra y la figura de Barea en Espa&ntilde;a: el periodista y escritor brit&aacute;nico William Chislett y el tambi&eacute;n escritor Antonio Mu&ntilde;oz Molina. Chislett, que comisari&oacute; la exposici&oacute;n que dedic&oacute; el Instituto Cervantes a Arturo Barea y que no ha dejado de trabajar por la reivindicaci&oacute;n de su memoria en Espa&ntilde;a con diversas iniciativas, afirma que despu&eacute;s de <em>La forja de un rebelde</em>, el ensayo que escribi&oacute; sobre Lorca es la obra m&aacute;s importante de Barea. Para Mu&ntilde;oz Molina, &ldquo;Arturo Barea seguir&iacute;a siendo un personaje inc&oacute;modo en la Espa&ntilde;a de hoy&rdquo;. Y tambi&eacute;n nos dir&aacute; en <em>TURIA</em> que Barea es &ldquo;una de esas personas que se ven arrastradas por los acontecimientos hist&oacute;ricos. Las interpretaciones retrospectivas concretamente sobre la Guerra Civil a m&iacute; me parecen horriblemente t&oacute;xicas porque hacen que existan las c&eacute;lebres dos Espa&ntilde;as que es una idiotez como una casa. Gente como Barea, igual que Chaves Nogales, igual que Clara Campoamor&hellip; Gente que no cuadra, que no encaja&rdquo;.</p>
<p>Otros trabajos originales sobre Barea son los que aportan en <em>TURIA</em> autores como: Nigel Townson (<em>Un socialista individualista: el perfil pol&iacute;tico y p&uacute;blico de Arturo Barea</em>), Fernando Larraz (<em>La memoria y el retorno. La forja de un rebelde</em>), Juan Marqu&eacute;s (<em>Arturo Barea, a un lado de La forja&rsquo;</em>), Michael Eaude (<em>Creatividad y rabia</em>), Georg Pichler (<em>Pol&iacute;tica, escritora, traductora, compa&ntilde;era: Ilsa Barea-Kulcsar</em>), Enrique Santos Unamuno (<em>Arturo Barea int&eacute;rprete de Unamuno: una visi&oacute;n intempestiva</em> (y pionera), Jos&eacute; Mar&iacute;a Rond&oacute;n (<em>Cuando Barea explic&oacute; a Lorca: El poeta de la juventud m&aacute;s joven</em>), Francisco Javier Caspistegui (<em>Barea lector: de las novelas de aventuras al pacifismo de la literatura sobre la I Guerra Mundial</em>), Eva Nieto McAvoy (<em>Recuperando a Arturo Barea: un exilio transnacional</em>), Guadalupe Nieto Caballero (<em>Un dolor agudo: Arturo e Ilse Barea desde el exilio</em>), Nigel Townson (<em>La voz de Juan de Castilla: las charlas de la BBC de Arturo Barea</em>).</p>
<p>Cierra el monogr&aacute;fico una cuidada y completa biocronolog&iacute;a sobre Arturo Barea elaborada tambi&eacute;n por C&eacute;sar Rina Sim&oacute;n.</p>
<p><strong><em><br /></em></strong></p>
<p><strong><em>TURIA </em></strong><strong>PUBLICA UN IN&Eacute;DITO DE ARTURO BAREA PARA LA BBC</strong></p>
<p><strong></strong>Desde 1940 hasta su muerte en 1957, Arturo Barea escribi&oacute; y present&oacute; en la emisora de radio de la BBC una charla semanal con el seud&oacute;nimo de &lsquo;Juan de Castilla&rsquo;. Son programas que revelan mucho sobre su vida despu&eacute;s del periodo cubierto <em>en La forja de un rebelde</em>, es decir, sobre sus a&ntilde;os como exiliado en Inglaterra.</p>
<p>Ahora, la revista TURIA da a conocer tres de esas charlas como adelanto a lo que ser&aacute; la futura publicaci&oacute;n, por parte de la editorial Renacimiento, de tres tomos de sus programas para la BBC. Un valioso material hasta ahora in&eacute;dito y que editado por los especialistas Eva Nieto McAvoy y Nigel Townson, ofrecer&aacute; a los lectores la oportunidad de conocer a&uacute;n m&aacute;s la vida y obra de Arturo Barea.</p>
<p>A continuaci&oacute;n ofrecemos un fragmento de una de esas emisiones semanales, difundida por la radio de la BBC el 7 de octubre de 1956.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>DISCIPLINA</strong></p>
<p><strong>Juan de Castilla</strong></p>
<p>&ldquo;Existe en Inglaterra una vieja tradici&oacute;n sobre los castigos corporales y su eficiencia para imponer el cumplimiento de las leyes generales del pa&iacute;s, y sobre todo para imponer disciplina en las escuelas, en los cuarteles y la marina de guerra y mercante. El llamado &ldquo;gato de siete colas&rdquo;, una especie de l&aacute;tigo con siete brazos y nudos o diminutas piezas de metal en sus puntas se ha hecho famoso a trav&eacute;s de la literatura de viajes, aventuras y viejas historias de piratas, por haberse prodigado su uso en la marina desde que Gran Breta&ntilde;a lleg&oacute; a ser potencia mar&iacute;tima hasta hace poco m&aacute;s de un siglo. En las escuelas, se usaba hasta muy recientes d&iacute;as la ca&ntilde;a de bamb&uacute; para azotar a los estudiantes d&iacute;scolos y los tribunales ten&iacute;an el poder de ordenar la aplicaci&oacute;n del gato o los azotes con manojos de varas de abedul para castigar algunos delitos y las rebeliones dentro de las c&aacute;rceles.</p>
<p>No quiere esto decir que los castigos corporales hayan sido una exclusividad de este pa&iacute;s, ya que en viejas &eacute;pocas puede afirmarse que todos los pa&iacute;ses, sin excepci&oacute;n, compet&iacute;an en el refinamiento de sus castigos corporales; pero en estas islas, su abolici&oacute;n total es tan reciente que la tradici&oacute;n de ellos y la controversia sobre su eficacia est&aacute; a&uacute;n viva y no es raro leer en los peri&oacute;dicos que un maestro de escuela ha utilizado la ca&ntilde;a contra un muchacho y consecuentemente ha sido llevado ante los tribunales, con el resultado que durante semanas se reavive la p&uacute;blica controversia en cartas a los peri&oacute;dicos; y a&uacute;n existen algunos delitos especiales en los que un juez puede decretar el uso, en verdad muy restringido, del gato o de las varas de abedul.</p>
<p>Inesperadamente, una noche de la pasada semana estall&oacute; en la tabernita de Frank, una v&iacute;vida discusi&oacute;n sobre la utilidad del castigo corporal para imponer la disciplina entre estos j&oacute;venes de que os hablaba yo hace algunas semanas que se lanzan a la fascinaci&oacute;n del nuevo baile rock and roll o el mene&iacute;to, como yo lo bautizaba en espa&ntilde;ol, y ya en puro frenes&iacute; destrozan el mobiliario y decorado de los locales donde se encuentra o llegan hasta la agresi&oacute;n personal.</p>
<p>La discusi&oacute;n la inici&oacute; nuestro coronel en uno de sus arrebatos; estaba leyendo para s&iacute; los resultados del proceso de un grupo de estos muchachos que hab&iacute;an sido detenidos por armar esc&aacute;ndalo, hacer destrozos y resistir a la polic&iacute;a que hab&iacute;a tratado de poner orden. Y los que est&aacute;bamos en la tabernita le mir&aacute;bamos curiosamente leer, porque a la vez que le&iacute;a, no hac&iacute;a m&aacute;s que mascullar palabrotas, gesticular irritado y de vez en cuando soltar un pu&ntilde;etazo sobre el mostrador. Est&aacute;bamos tambi&eacute;n intrigados por saber qu&eacute; estaba leyendo que de tan mal humor le pon&iacute;a. Nuestras conjeturas eran que o se trataba de algo pol&iacute;tico o del tema de m&aacute;s actualidad en el distrito: una epidemia de glosopeda entre el ganado vacuno que ha producido una cuarentena y la destrucci&oacute;n de bastantes reses en algunas granjas. Un tema que tocaba muy de cerca al coronel. &Eacute;l mismo nos sac&oacute; de dudas, dejando a un lado el peri&oacute;dico, encar&aacute;ndose con nosotros con tanta furia como si le estuvi&eacute;ramos llevando la contraria y exclamando: - S&iacute;, se&ntilde;or! Esto lo arreglaba yo en una semana con unos buenos vapuleos con el &ldquo;gato&rdquo;. Multas! Y qu&eacute; multas: dos libras, tres libras, algunos diez chelines. Pagan y se van riendo de todos, del juez para abajo. Y por la noche vuelta a empezar. El l&aacute;tigo, eso es lo que necesitan.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 25 May 2023 07:59:02 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mujeres que no saben subir las escaleras de una idea]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/mujeres-que-no-saben-subir-las-escaleras-de-una-idea/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas23/ANG_LICA_MORALES_500_px.jpg" alt="" /></p>
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<p>la boca suave y mordida del tiempo</p>
<p>busca mis horas</p>
<p>se introduce en mi garganta,</p>
<p>alborota la serenidad de mis m&aacute;scaras</p>
<p>la boca suave</p>
<p>del tiempo que va y no regresa</p>
<p>que hace nido en un poste telegr&aacute;fico</p>
<p>me busca</p>
<p>se tiende a mis pies de estatua</p>
<p>escupe sopa de sobre</p>
<p>y ni&ntilde;os que en otro continente muerden el hambre de un &aacute;rbol</p>
<p>la boca p&aacute;lida</p>
<p>sin dientes</p>
<p>esa madrugada que huye del brillo</p>
<p>que se emborracha de golpes</p>
<p>y mujeres que no saben subir las escaleras de una idea</p>
<p>me busca</p>
<p>esa boca</p>
<p>suave</p>
<p>del tiempo enterrado</p>
<p>de la memoria que lima sus u&ntilde;as frente al mar</p>
<p>suave</p>
<p>la espuma del hombre</p>
<p>el semen que me busca</p>
<p>en esta cama</p>
<p>de hojas sin ordenar</p>
<p>de enanos calientes que masturban su soledad en una botella</p>
<p>el tiempo</p>
<p>el caballero que trepa por la porcelana y se hace pis</p>
<p>sobre las monedas</p>
<p>ese</p>
<p>busca mi piel ulcerada</p>
<p>intenta atrapar las serpientes que roen mis huesos</p>
<p>tarde</p>
<p>pero me busca</p>
<p>la boca</p>
<p>que cae</p>
<p>al suelo</p>
<p>que se hiere de luz</p>
<p>que se cansa</p>
<p>que se encorva</p>
<p>ahora</p>
<p>en los verbos que han de venir</p>
<p>sobre las bragas de un reloj</p>
<p>de tiernas palomas en suspenso</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 25 May 2023 07:17:44 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Distintas formas de llegar al destino: rafael barret y stephen crane]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/distintas-formas-de-llegar-al-destino-rafael-barret-y-stephen-crane/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/RAFAEL_BARRETT_2_500_px_1.jpg" alt="" /></p>
<p>Rafael &Aacute;ngel Jorge Juli&aacute;n Barret y &Aacute;lvarez de Toledo ―conocido como Rafael Barret― naci&oacute; en Torrelavega el 7 de enero de 1876. Su padre, George Barret era natural de Coventry, condado de Warwickshire, Inglaterra. Su madre, Mar&iacute;a del Carmen &Aacute;lvarez de Toledo y Tora&ntilde;o, era oriunda de Villafranca del Bierzo, en Le&oacute;n. Como queda de manifiesto en su partida de nacimiento, &laquo;eran residentes accidentalmente en esta villa [se refiere a Torrelavega]&raquo;. Despu&eacute;s de su breve estancia en la ciudad y, tras residir en Vizcaya y en Guip&uacute;zcoa, la familia se muda definitivamente a Madrid, ciudad en la que fallece su padre en 1896 (su madre, sin embargo, muere en Bilbao, en 1901). En 1902, ya en la capital, Barret estudia ingenier&iacute;a en la Escuela de Caminos ―de esta etapa provienen sus vastos conocimientos de matem&aacute;ticas― y lleva una vida disipada, de dandy gracias a las rentas, no muy copiosas, sin embargo, de su herencia. &nbsp;Se relaciona con los c&iacute;rculos culturales m&aacute;s avanzados, participa en tertulias literarias y pol&iacute;ticas donde conoce a Valle-Incl&aacute;n, a Manuel Bueno y a Ramiro de Maeztu, entre otros escritores de la &eacute;poca. Un desgraciado incidente cambiar&iacute;a el curso de su vida. El abogado Jos&eacute; Mar&iacute;a Azopardo tild&oacute; a Barret de homosexual, un delito en aquella &eacute;poca. Barret exigi&oacute; que se repara su honor y, a tal efecto, se celebr&oacute; un Tribunal de Honor presidido por el duque de Ari&oacute;n, que desair&oacute; al injuriado priv&aacute;ndole de batirse en duelo, neg&aacute;ndole, por tanto, la posibilidad de resarcir su honor. Barret acudi&oacute; entonces a un doctor para que certificara su virginidad anal. &laquo;El jueves veinticuatro de abril de 1902, mientras se celebraba una funci&oacute;n teatral en el Circo Parish, situado en la madrile&ntilde;a Plaza del Rey, irrumpi&oacute; Barret en un palco con un certificado m&eacute;dico que probaba su inocencia y agredi&oacute; al duque con una fusta, caus&aacute;ndole heridas&raquo;. Despu&eacute;s de este lamentable incidente se traslada a Francia. Vive en Par&iacute;s y se gana la vida ―precariamente―escribiendo art&iacute;culos para varios peri&oacute;dicos. Unos a&ntilde;os despu&eacute;s, ya sin restos del patrimonio econ&oacute;mico heredado y considerado socialmente como un paria, se embarca en Cherburgo rumbo a Am&eacute;rica del Sur, haciendo escala en Vigo, Lisboa, Santa Cruz de Tenerife, Praia, Recife, Bah&iacute;a, R&iacute;o de Janeiro, Santos y Montevideo, a donde lleg&oacute; el 2 de noviembre de 1903, antes de desembarcar en Buenos Aires. No tardar&aacute; mucho en reiniciar su labor como periodista. Empieza a colaborar en el diario <em>El Correo Espa&ntilde;ol</em> ese mismo a&ntilde;o y en el diario <em>El Tiempo</em> en abril de 1904. Compagina esta actividad con la divulgaci&oacute;n matem&aacute;tica. En octubre se traslada a Villeta (Paraguay) ―&laquo;el &uacute;nico pa&iacute;s m&iacute;o donde me volv&iacute; bueno&raquo;, escribe en una carta a su mujer en 1908― y asiste como corresponsal al levantamiento revolucionario contra el gobierno del general Benigno Ferreira. Barret no se conforma con ser un mero espectador, se implica hasta el punto de participar en la contienda armada: &laquo;Tom&eacute; un fusil; est&aacute;bamos en guerra, esperando el ataque de un instante a otro. No me arrepiento ciertamente de haber simpatizado con la causa liberal, pero me felicito a&uacute;n m&aacute;s de no haberme visto obligado a disparar un tiro&raquo;, confiesa en una carta. Cuando la revoluci&oacute;n triunf&oacute;, su implicaci&oacute;n le fue recompensada con unos cargos menores: auxiliar en la Oficina General de Estad&iacute;stica primero y jefe de Secci&oacute;n despu&eacute;s, sin embargo, estos nombramientos no tardar&iacute;an mucho en ser revocados. Mientras, compagina su trabajo como funcionario con la escritura de art&iacute;culos y, adem&aacute;s, consume su tiempo cortejando a algunas muchachas de la ciudad, a las que escrib&iacute;a apasionadas cartas y poemas de corte rom&aacute;ntico. Su noviazgo con Francisca Solana L&oacute;pez Ma&iacute;z, trece a&ntilde;os menor que &eacute;l, hija del abogado espa&ntilde;ol Eugenio L&oacute;pez y Cativiela y de la paraguaya Celedonia Ma&iacute;z, acab&oacute; en boda en abril de 1906, de resultas de la cual naci&oacute; Alejandro Rafael Barret L&oacute;pez, el veinticuatro de febrero de 1907. Su vida entra entonces en un periodo de calma y de prodigalidad literaria que, desgraciadamente, no durar&iacute;a mucho. La grave situaci&oacute;n social que atravesaba el pa&iacute;s y las violaciones de los derechos humanos llevadas a cabo por el ej&eacute;rcito con la connivencia del gobierno, reclutando a la fuerza, por ejemplo, a ciudadanos indigentes, le obligan a denunciar esas tropel&iacute;as en sus art&iacute;culos y a acercarse ideol&oacute;gicamente al anarquismo:<em> </em>&laquo;el anarquismo, tal como yo lo entiendo, se reduce al libre examen pol&iacute;tico&raquo;, escribe. Comienza as&iacute; a tomar conciencia de la marginaci&oacute;n que sufr&iacute;an los indios y las clases m&aacute;s desfavorecidas y no duda en ponerse de su parte: &laquo;Es un pueblo de resignados y d&oacute;ciles, sumido en la tristeza y el silencio. Bajo ese silencio no hay odio, maldad ni traici&oacute;n [&hellip;] El pueblo merece nuestra piedad y nuestros mejores sacrificios porque sus dolores son muy grandes, y no se deben a lo inclemente de la naturaleza, sino a la maldad de los hombres&raquo;, escribi&oacute;. Las cosas no cambiaron mucho con un nuevo y violento pronunciamiento militar que comanda coronel Albino Jara. Por esa &eacute;poca, Barret, en concreto el dos de agosto de 1908, funda el semanario <em>Germinal</em>, un inequ&iacute;voco homenaje a Zola que solo alcanzar&iacute;a once n&uacute;meros, clausurado por el gobierno en octubre por la publicaci&oacute;n del art&iacute;culo &laquo;Bajo el terror&raquo;, art&iacute;culo que supuso tambi&eacute;n su deportaci&oacute;n a Brasil. Su estancia aqu&iacute; es fugaz. A los pocos d&iacute;as se traslada a Montevideo, la capital de Uruguay. Ser&aacute; en esta ciudad donde los primeros s&iacute;ntomas de tuberculosis se hacen evidentes. Aunque recurre a todas sus amistades, no encuentra trabajo en peri&oacute;dico alguno. Publica espor&aacute;dicamente alg&uacute;n art&iacute;culo hasta que, finalmente, gracias a la intervenci&oacute;n de su amigo Milchelson, encuentra acomodo en el diario <em>La Raz&oacute;n</em>. Sus art&iacute;culos le proporcionan pronto una fama inusitada, lo que le garantiza una remuneraci&oacute;n fija. Establece entonces una profunda amistad con el te&oacute;sofo Jos&eacute; Eulogio Peyrot, de car&aacute;cter y esp&iacute;ritu muy similares a los suyos. El &eacute;xito, sin embargo, no aplaca el creciente desarrollo de su enfermedad. A finales de diciembre sufri&oacute; una crisis con v&oacute;mitos de sangre. El 3 de enero de 1909 fue internado en un hospital y, pocos d&iacute;as despu&eacute;s, en la Casa de Aislamiento, donde le diagnosticaron tuberculosis pulmonar. Pese a todo, no faltaba a la cita con sus lectores, que devoraban sus art&iacute;culos. La enfermedad parec&iacute;a remitir y despu&eacute;s de cuarenta y nueve d&iacute;as internado, fue dado de alta y se le recomend&oacute; que fuera al sur de Paraguay, con un clima m&aacute;s favorable para su dolencia incurable. La familia se une de nuevo en ese lugar apartado. &Eacute;l contin&uacute;a enviando art&iacute;culos para <em>La Raz&oacute;n</em>. Muchos de ellos, junto con otros procedentes de otros rotativos, fueron recopilados en el libro <em>Moralidades actuales (1907-1909)</em>, que obtuvo cr&iacute;ticas muy favorables y una buena acogida por parte de los lectores. Tiempo despu&eacute;s, regresa con su mujer y con su hijo a Asunci&oacute;n y se reencuentra con lo que &eacute;l llama la &laquo;civilizaci&oacute;n&raquo;: &laquo;Voy a vivir en San Bernardino, precioso balneario pr&oacute;ximo a la capital, con todos los recursos de una civilizaci&oacute;n que me ha faltado por completo desde hace cerca de un a&ntilde;o, en aquel imposible desierto del Paran&aacute;. Mi salud sigue muy delicada&raquo;, escribe en carta a su amigo Peyrot. En la capital comienza a colaborar en el diario <em>El Nacional</em>. En esta cabecera publica una serie de art&iacute;culos bajo el t&iacute;tulo com&uacute;n de &laquo;Marginalia&raquo;. Los nuevos descubrimientos en Francia sobre la curaci&oacute;n de la enfermedad le hicieron concebir esperanzas. Un grupo de amigos consigui&oacute; financiar su viaje a Europa: &laquo;Gracias a <em>La Raz&oacute;n</em> de Montevideo, que me nombra corresponsal en Europa, puedo irme a Par&iacute;s, lo que pienso hacer a primeros de septiembre, para intentar un tratamiento contra mi enfermedad&raquo;. El d&iacute;a diecis&eacute;is de septiembre desembarc&oacute; en Barcelona y el 24 de dicho mes lleg&oacute; por tren a Par&iacute;s. All&iacute; fue a visitar al especialista Dr. Ren&eacute; Quint&oacute;n, quien le aconsej&oacute; trasladarse al suroeste del pa&iacute;s, a Arcach&oacute;n concretamente, a donde lleg&oacute; el doce de octubre. No cesa de escribir art&iacute;culos <em>para La Raz&oacute;n</em> y <em>El Diario</em>, pero la enfermedad sigue su camino y le lleva a la tumba el d&iacute;a diecisiete de diciembre de 1910. Contaba tan solo con treinta y cuatro a&ntilde;os.</p>
<p>Este es un resumen, muy sucinto, de su corta vida, pero apenas hemos rozado siquiera su pensamiento, sus profundas convicciones solidarias, humanas, en la senda de Cristo, Tolstoi, Gandhi y otros personajes de similar envergadura moral. Eso es lo que intentaremos desglosar ahora. Lo primero que nos llama la atenci&oacute;n es el profundo desconocimiento que hay sobre su obra, a pesar de que autores de la talla de Borges lo citen como un gran escritor de &laquo;esp&iacute;ritu libre y audaz&raquo; o Augusto Roa Bastos confiese su influencia: &laquo;Barret nos ense&ntilde;&oacute; a escribir a los escritores paraguayos de hoy&raquo;. Es muy probable que su accidentada salida de Espa&ntilde;a y el escaso v&iacute;nculo que mantuvo desde entonces con las &eacute;lites literarias de nuestro pa&iacute;s tengan parte de responsabilidad en tal silencio. En las memorias de P&iacute;o Baroja, por ejemplo, no sale bien parado: &laquo;Barret fue para m&iacute; como una sombra que pasa. Barret deb&iacute;a ser un hombre desequilibrado, con anhelos de claridad y de justicia. Tipos as&iacute; dejan por donde pasan un rastro de enemistad y de c&oacute;lera&raquo;. Para ser pragm&aacute;ticos, podemos dividir su corta vida en dos etapas, la primera se dilatar&aacute; durante veintisiete a&ntilde;os, desde su nacimiento hasta que se embarca rumbo a Sudam&eacute;rica, en 1903. Durante esta &eacute;poca sus intereses intelectuales se centran en aspectos literarios y mundanos. Su limitada econom&iacute;a le permite, sin embargo, representar un papel de hombre cosmopolita y culto ―lo que sin duda era. Hablaba cuatro idiomas, tocaba el piano y sus conocimientos cient&iacute;ficos eran s&oacute;lidos―, pero no obtuvo, como hemos visto, el reconocimiento que, sin duda, merec&iacute;a. En Paraguay su vida da un giro de ciento ochenta grados. Se desprende de su imagen bohemia y se implica directamente en los problemas sociales de los m&aacute;s desfavorecidos. &laquo;Este hombre ―escribe Santiago Alba Rico― que con tanto ardor hab&iacute;a defendido en Madrid su honor agraviado, deja de ocuparse de s&iacute; mismo apenas pone el pie en las vastas y apacibles (y terribles) tierras del pa&iacute;s americano&raquo;. Es entonces cuando toma conciencia de la precaria situaci&oacute;n de las gentes del pueblo llano y se involucra en la revoluci&oacute;n de 1904. A partir de ese momento, sus art&iacute;culos se convierten en proclamas que arrastran a las masas en pro de justicia y solidaridad. Denuncia la miseria y las p&eacute;simas condiciones de vida que sufren los campesinos y los obreros con encendida pasi&oacute;n. Ideol&oacute;gicamente se decanta cada d&iacute;a m&aacute;s por un anarquismo en el que no exista el dinero, se suprima el ej&eacute;rcito y la propiedad privada y se renuncie a toda exigencia de ley y autoridad. Todo esto podr&iacute;amos considerarlo como un ejercicio extremo de veleidad ut&oacute;pica si no fuera porque &eacute;l trato personalmente de llevarlo a la pr&aacute;ctica, lo que le ocasion&oacute; la ruina econ&oacute;mica y acrecent&oacute; su delicado estado de salud. No es, por tanto, un mero predicador de los que tanto han abundado a lo largo de los siglos, porque, como un Jesucristo contempor&aacute;neo, su conducta se mantuvo fiel a sus ideas. Lo que escribi&oacute; sobre Tolstoi, otro de sus referentes m&aacute;s directos, con motivo de su fallecimiento, unos meses antes de que el propio Barret dejara este mundo, puede servirnos para definirle a &eacute;l: &laquo;En Tolstoi, el ascetismo est&eacute;tico se confunde con el ascetismo moral, el poeta con el profeta. Es el anarquista absoluto. La tierra para todos, mediante el amor; no resistir al mal; abolir la violencia; he aqu&iacute; un sistema contrario a toda sociedad&raquo;.</p>
<p>Debo un primer acercamiento a la figura y la obra de Stephen Crane al libro de Paul Auster, <em>La llama inmortal de Stephen Crane</em>, publicado en espa&ntilde;ol en 2021, en traducci&oacute;n a cargo de Benito G&oacute;mez Ib&aacute;&ntilde;ez. Hasta ese momento, el &uacute;nico Crane que yo conoc&iacute;a era Hart, poeta estadounidense fallecido en extra&ntilde;as circunstancias ―seg&uacute;n todos los indicios, se trat&oacute; de un suicidio― en el golfo de M&eacute;xico el 27 de abril de 1923 despu&eacute;s de caer por la borda desde la cubierta del barco en el que viajaba. Auster, en casi mil p&aacute;ginas, recorre minuciosamente la corta vida de Stephen, al parecer, uno de los autores m&aacute;s influyentes de la literatura estadounidense. Naci&oacute; el 1 de noviembre de 1871 en New Jersey y falleci&oacute; en Alemania el 5 de junio de 1900 v&iacute;ctima de la tuberculosis. Es, por tanto, un estricto contempor&aacute;neo de Barret. En el exhaustivo an&aacute;lisis que lleva a cabo Auster, adem&aacute;s, no es dif&iacute;cil encontrar similitudes entre dos vidas, la de Barret y la Crane, que contravinieron las normas m&aacute;s tradicionales y conservadoras tanto en sus obras como en su propia existencia. Fue, escribe Auster, &laquo;el principal responsable de cambiar el modo en que vemos el mundo a trav&eacute;s de la lente de la palabra escrita&raquo;, a pesar de que escribi&oacute; su obra ―una novela, <em>La roja insignia del valor</em>, dos novelas cortas, <em>Maggie: una chica de la calle</em> y <em>El monstruo</em>, varias colecciones de relatos, dos libros de poemas, <em>Los jinetes negros</em> y <em>La guerra es buena</em> y m&aacute;s de doscientos art&iacute;culos― en tan solo ocho a&ntilde;os y medio. &iquest;C&oacute;mo era la sociedad norteamericana de la &eacute;poca? Al parecer, no muy diferente en la jerarqu&iacute;a social de la que Barret observ&oacute; en el Cono Sur americano. Gozaban, s&iacute;, de un mayor desarrollo econ&oacute;mico, tecnol&oacute;gico y cultural ―los Estados Unidos, seg&uacute;n Auster, vivieron &laquo;un largo periodo de crecimiento, turbulencias y fracaso moral en el que, de pa&iacute;s atrasado y aislado se transform&oacute; en potencia mundial, pero sus dirigentes eran en general ineptos, corruptos o ambas cosas&raquo;―, pero en lo referente a las condiciones laborales, por ejemplo, no se diferencian mucho de la que denunci&oacute; con tanta virulencia el escritor espa&ntilde;ol. Los ricos acumulaban grandes riquezas sin escr&uacute;pulo alguno y los pobres, la escala m&aacute;s baja de la sociedad compuesta por inmigrantes europeos, asi&aacute;ticos, negros y nativos, sufr&iacute;an jornadas laborales extenuantes gratificadas con unos pocos centavos. Carec&iacute;an de derechos laborales y de agrupaciones o sindicatos que velaran por sus intereses, de tal forma que, &laquo;los exterminaba un sistema concebido para que el due&ntilde;o del negocio extrajera el m&aacute;ximo beneficio a expensas de la salud de sus empleados con objeto de adquirir poder y seguridad&raquo;, por lo que no resulta extra&ntilde;o que surgieran corrientes como el marxismo o el anarquismo como forma de lucha contra tales injusticias.</p>
<p>Gracias a que su hermano pose&iacute;a una agencia de noticias Crane comenz&oacute; pronto a hacer sus primeros pinitos literarios. Escrib&iacute;a con fruici&oacute;n, y ya sabemos que el ejercicio de la propia escritura es la mejor escuela para un aprendiz. Apenas curs&oacute; estudios universitarios, sin embargo, pese al poco tiempo que pas&oacute; en la universidad, en este periodo consigui&oacute; dar el paso crucial de la adolescencia a la madurez. En lugar de asistir a clase, frecuenta los barrios bajos de la ciudad, Syracuse, palpa la sordidez del ambiente y comienza a escribir sobre sus nuevas experiencias, ya no en forma de art&iacute;culo, sino como ficci&oacute;n. Resulta del todo probable que lo que vivi&oacute; en aquella &eacute;poca le sirviera para concebir el argumento de su primera novela, <em>Maggie: una chica de la calle</em>, completado con lo experimentado en Nueva York, aunque debemos evitar la tentaci&oacute;n de leer esta novela desde una perspectiva meramente autobiogr&aacute;fica. Por supuesto, la vida del autor le ha proporcionado un valioso material, pero este queda ficcionalizado en la narraci&oacute;n, una narraci&oacute;n que encontr&oacute; serias dificultades para ser publicada. Tras el rechazo editorial, Crane se vio obligado a publicarla por su cuenta. Recurrimos de nuevo a la minuciosa biograf&iacute;a escrita por Auster: &laquo;Unos dos tercios de las mejores obras de Crane se escribieron en aquellos cinco a&ntilde;os y medio (de mediados de 1891 a finales de 1896). Ten&iacute;a numerosos amigos y conocidos, se enamor&oacute; al menos tres veces, iba a restaurantes y al teatro siempre que se lo pod&iacute;a permitir, viaj&oacute; hasta Hartwood e hizo muchas otras cosas aparte de escribir&raquo;. En este aspecto, sin embargo, son notorias las diferencias con Barret. Crane a los 25 a&ntilde;os era todo un personaje, como Barret, pero gozaba ya de una fama literaria que le hab&iacute;a hecho ser popular en todo el pa&iacute;s, algo impensable en el Barret de la misma edad, solo un diletante por entonces.</p>
<p>Su siguiente obra, <em>La roja insinia del valor</em>, naci&oacute;, seg&uacute;n Auster, &laquo;de la desesperaci&oacute;n. Crane estaba en la ruina, y las perspectivas de dejar de estarlo parec&iacute;an ir disminuyendo. Escrib&iacute;a continuamente, pero hasta el momento poco fruto de su esfuerzo pod&iacute;a mostrar&hellip; Aparte de <em>Maggie</em>, que hab&iacute;a agotado todos sus recursos econ&oacute;micos, solo lograr colocar tres breves esbozos en la revista humor&iacute;stica <em>Truth </em>a todo lo largo de los doce meses de 1893&raquo;. La novela est&aacute; ambientada en la guerra civil norteamericana y fue considerada desde el principio como una obra magistral. Crane, a pesar de no haber combatido nunca, consigue, gracias a sus dotes literarias e imaginativas, realizar una magn&iacute;fica penetraci&oacute;n psicol&oacute;gica en la mente de su protagonista, un joven soldado.&nbsp; Si pensamos en Barret, comprobamos que este, al principio, sufre una situaci&oacute;n similar con respecto a la publicaci&oacute;n de sus libros, no as&iacute; de sus art&iacute;culos, que public&oacute; en las mejores cabeceras de Argentina, Paraguay y Uruguay y que le granjearon fama literaria entre sus contempor&aacute;neos y aprecio entre quienes defend&iacute;a en sus textos. Las duras condiciones vitales a las que la pobreza someti&oacute; a Crane, junto con su dependencia del alcohol y el tabaco, comenzaron a pasarle factura. Contrajo una neumon&iacute;a que le tuvo en cama durante m&aacute;s de una semana y su salud se resquebraj&oacute; de forma inevitable. No conceb&iacute;a escribir sobre algo que no hubiera experimentado de forma directa y eso le condujo a exponerse a las p&eacute;simas condiciones que sufr&iacute;an los m&aacute;s desheredados. &laquo;&iquest;C&oacute;mo iba a sentir lo que sufren los pobres diablos si yo iba bien abrigado?&raquo;, escribe a un amigo que le recrimina por lo inapropiado de su vestimenta. Otro tanto ocurre cuando le encargan realizar unos reportajes sobre las condiciones de trabajo en las minas de carb&oacute;n: &laquo;Uno no puede bajar a la mina sin preguntarse por qu&eacute; los barones del carb&oacute;n ganan tanto y estos mineros, devorados d&iacute;a tras d&iacute;a por las l&uacute;gubres fauces negras de la tierra, reciben, en proporci&oacute;n, tan poco&raquo;. Pese a su identificaci&oacute;n con los oprimidos, en sus escritos ―sobre todo en los m&aacute;s juveniles― a veces aparecen tensiones entre sus ideas y los prejuicios adquiridos por su educaci&oacute;n, prejuicios que ir&aacute;n desapareciendo con el paso del tiempo. Seg&uacute;n Auster, &laquo;a pesar de todos sus impulsos democr&aacute;ticos y de su buena voluntad, los negros segu&iacute;an siendo el Otro para &eacute;l, y nunca se liberar&iacute;a enteramente de los estereotipos raciales que por entonces proliferaban en la cultura norteamericana y que a&uacute;n contin&uacute;an entre nosotros hoy en d&iacute;a&raquo;. La fama que le granje&oacute; <em>La roja insignia del valor</em> hizo que le contrataran para cubrir la llamada Guerra de los Treinta d&iacute;as, entre Grecia y Turqu&iacute;a, en 1897.</p>
<p>&laquo;Lo que m&aacute;s intriga de Crane es su sobreabundancia. No solo las diversas personalidades que alberga su menudo cuerpo, sino su don para pensar en una cosa al mismo tiempo que en otra, y quiz&aacute; en una tercera o incluso en una cuarta, sin perder el rastro de la primera&raquo;, escribe Auster, y es que compagina la escritura de una novela con la redacci&oacute;n de decenas de art&iacute;culos, con la escritura de poemas ―al menos dos t&iacute;tulos, con influencia de Emily Dickinson, <em>Los jinetes negros</em>&nbsp;(1895) y&nbsp;<em>La guerra es amable</em>&nbsp;<em>y otros poemas </em>(1899)― y relatos. La publicaci&oacute;n de <em>La roja insignia del valor</em> en 1895 fue todo un &eacute;xito. Se la calific&oacute; de obra maestra por la cr&iacute;tica, casi un&aacute;nime a la hora de resaltar sus virtudes. La fama que deriv&oacute; de la publicaci&oacute;n result&oacute; ser un arma de doble filo, por una parte, le llovieron los encargos literarios, pero, por otro, los continuos compromisos sociales alteraron su ritmo de trabajo. Adem&aacute;s, un extra&ntilde;o suceso ―otro punto en com&uacute;n con Barret― dio al traste con su reciente buena posici&oacute;n. La defensa que hizo de una prostituta detenida injustamente, y el juicio posterior, minaron su reputaci&oacute;n. La prensa se posicion&oacute; en su contra y a favor de la actuaci&oacute;n policial. A las 2 de la madrugada del 16 de septiembre de 1896, acompa&ntilde;&oacute; a dos coristas y a Dora Clark desde el Broadway Garden de la ciudad de Nueva York, en el cual hab&iacute;a entrevistado a mujeres para una serie que estaba escribiendo. Cuando Crane dej&oacute; a una de ellas a salvo a un tranv&iacute;a, un polic&iacute;a vestido de civil llamado Charles Becker arrest&oacute; a las otras dos por prostituci&oacute;n; Crane fue amenazado con ser arrestado cuando trat&oacute; de intervenir defendi&eacute;ndolas. Una de las mujeres fue liberada despu&eacute;s de que Crane confirmara su afirmaci&oacute;n err&oacute;nea de que era su esposa, pero Clark fue acusada y llevada a la comisar&iacute;a. En contra del consejo del sargento que lo arrest&oacute;, Crane hizo una declaraci&oacute;n confirmando la inocencia de Dora Clark, afirmando que &laquo;solo s&eacute; que mientras estuvo conmigo actu&oacute; de manera respetable y que la acusaci&oacute;n del polic&iacute;a era falsa&raquo;. Sobre la base del testimonio de Crane, Clark fue dado de alta. Los medios aprovecharon la historia; las noticias se extendieron a Filadelfia, Boston y m&aacute;s all&aacute;, y los peri&oacute;dicos se centraron en el coraje de Crane. La historia de Stephen Crane, como pronto se difundi&oacute;, no tard&oacute; en convertirse en una fuente de burlas: &nbsp;el <em>Chicago Dispatch</em> brome&oacute; diciendo que &laquo;se informa respetuosamente a Stephen Crane que la asociaci&oacute;n con mujeres vestidas de escarlata no es necesariamente una &ldquo;insignia roja de valor&rdquo;&raquo; y as&iacute; describe el <em>Boston Traveler</em> su testimonio: &laquo;Stevie Crane parece encontrarse en una situaci&oacute;n dif&iacute;cil a ra&iacute;z de su valerosa defensa de una joven en un juzgado de guardia de Nueva York. Lo m&aacute;s probable es que el joven prodigio literario estuviera de &ldquo;parranda&rdquo; y, cuando detuvieron a su acompa&ntilde;ante, se inventara la historia de que se estaba documentando para un libro&raquo;. Despu&eacute;s de esa campa&ntilde;a en su contra, Crane se despidi&oacute; de la ciudad. Regres&oacute; para testificar en el juicio, pero tras el ominoso veredicto se mud&oacute; a Florida, lugar que le servir&iacute;a de puerto de embarque hacia Cuba, isla a la que arrib&oacute; tras una agitada traves&iacute;a con naufragio incluido ―esta dura experiencia la narr&oacute; en <em>El bote abierto y otros cuentos</em> (1898)― a resultas del cual contrajo la tuberculosis que le condujo finalmente a la muerte. All&iacute; cubrir&aacute; como corresponsal la sublevaci&oacute;n armada del pueblo cubano contra la colonizaci&oacute;n espa&ntilde;ola. Volver&iacute;a a Norteam&eacute;rica solo de manera eventual, pero la nostalgia de su pa&iacute;s qued&oacute; relejada en <em>Historias de Whilomville</em>&nbsp;(1900). Su relaci&oacute;n &iacute;ntima con una mujer casada, cuyo marido le negaba el divorcio, lo hac&iacute;a casi imposible. Se estableci&oacute; con ella en Inglaterra, donde vivir&iacute;a con todo lujo mientras dispuso de dinero, dinero que no tard&oacute; en escasear. Al final, se mudaron a un antiguo caser&oacute;n medio en ruinas que no dispon&iacute;a de las m&iacute;nimas condiciones de habitabilidad, menos a&uacute;n para alguien como &eacute;l, aquejado desde joven de dolencias respiratorias: &laquo;Un organismo debilitado y febril no recuperar&aacute; las fuerzas viviendo en habitaciones heladoras y rezumantes de humedad, y dos largos inviernos en Brede pasaron a Crane una elevada factura. La casa en s&iacute; no fue directamente responsable de su muerte, pero no hay duda de que desempe&ntilde;&oacute; un papel importante en su fallecimiento&raquo;, escribe Auster. Sin embargo, consciente de su cercano final, Crane multiplic&oacute; su actividad. Las deudas lo asfixiaban. Aceler&oacute; el ritmo de sus publicaciones, viaj&oacute; a Irlanda, a Par&iacute;s, a Lausana. Ya muy deteriorado los m&eacute;dicos le aconsejan viajar a la Selva Negra y se instalaron en una villa donde atend&iacute;a a sus pacientes el doctor Albert Fraenkel. No transcurrieron muchos d&iacute;as cuando le sobrevino la muerte. Fue embalsamado en Friburgo y trasportado a Londres. All&iacute;, durante varios d&iacute;as sus amigos pudieron despedirse de &eacute;l. El cad&aacute;ver fue, posteriormente, trasladado a Nueva Jersey para ser enterrado junto a sus familiares. En tan corta vida, Crane hab&iacute;a publicado con regularidad novelas, colecciones de relatos (adem&aacute;s de los t&iacute;tulos ya mencionados, podemos citar, por ejemplo<em>, La madre de George </em>(1896),<em> El monstruo y otros cuentos </em>(1899),<em> Servicio activo</em>&nbsp;(1899) y&nbsp;<em>Heridas en la lluvia</em>&nbsp;(1900)―, poes&iacute;a y, por supuesto, multitud de art&iacute;culos period&iacute;sticos, todo lo contrario que Barret, cuya obra, asistem&aacute;tica, desordenada, se public&oacute; fundamentalmente en peri&oacute;dicos―en vida solo public&oacute;, despu&eacute;s de muchas vicisitudes, <em>Moralidades actuales</em>, en 1909, con moderado &eacute;xito, reeditado en Espa&ntilde;a en 2010― y solo despu&eacute;s de su muerte se ha recogido parte de ella en antolog&iacute;as hasta que, por fin, su <em>Obra completa</em> se edit&oacute; en 1943 en Buenos Aires. &laquo;La obra de Rafael Barrett ―escribe Corral S&aacute;nchez-Cabezudo―cosech&oacute; una general falta de aceptaci&oacute;n en el Paraguay de su tiempo. Y no solamente en el &aacute;mbito de los poderes establecidos (fue apresado y desterrado en 1908 tras el golpe del coronel Albino Jara), sino tambi&eacute;n desde los principales ambientes intelectuales del pa&iacute;s. Por el contrario, la obra de Barrett obtuvo un r&aacute;pido &eacute;xito y una gran repercusi&oacute;n en Montevideo, donde apenas residi&oacute; tres meses y medio. Fue en Montevideo donde posteriormente se publicar&iacute;an la mayor&iacute;a de sus escritos&raquo;.</p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em>Rafael Barret. A partir de ahora el combate ser&aacute; libre</em>. Pr&oacute;logo de Santiago Alba Rico. Ladinamo Libros, Madrid, 2003.</p>
<p><em>Rafael Barret. Sembrando ideas</em>. Pr&oacute;logo de Roberto Lav&iacute;n. Vida a cargo de Vladimiro Mu&ntilde;oz. Editorial Rodu, Santander, 1992.</p>
<p>Francisco Corral S&aacute;nchez-Cabezudo. Instituto Cervantes. &laquo;Rafael Barret. El hombre y su obra&raquo;</p>
<p>Paul Auster. <em>La llama inmortal de Stephen Crane</em>. Seix Barral, Barcelona, 2021</p>
<p>https://en.wikipedia.org/wiki/Stephen_Crane</p>
<p>https://www.buscabiografias.com/biografia/verDetalle/3215/Stephen%20Crane</p>
<p>https://www.biografiasyvidas.com/biografia/c/crane_stephen.htm</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 19 May 2023 12:31:28 +0000</pubDate>
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    <item>
      <title><![CDATA[Un universo poético transitado por el sentimiento y la razón]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-universo-poetico-transitado-por-el-sentimiento-y-la-razon/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/RAFAEL_SOLER_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Nueva York Poetry Press aglutina en una antolog&iacute;a que condensa cuarenta a&ntilde;os la labor po&eacute;tica de Rafael Soler, desde 1980 hasta 2020.Se trata de la cuarta selecci&oacute;n de su obra po&eacute;tica, tras <em>La vida en un pu&ntilde;o (Antolog&iacute;a)</em>. 2012. Editorial Servilibro y la Asociaci&oacute;n Pistilli Miranda (Asunci&oacute;n, Paraguay), <em>Pie de p&aacute;gina&nbsp;(Antolog&iacute;a)</em>. 2012, n.&ordm; 150 de ElsPlecs del Magn&acirc;nim y <em>Leer despu&eacute;s de quemar</em>. Ol&eacute; Libros 2019. Colecci&oacute;n Vuelta de Tuerca. N.&ordm; 3. Desde el primer poema hasta el &uacute;ltimo verso que compone la antolog&iacute;a po&eacute;tica <em>Demasiado cristal para esta piedra</em> (Nueva York Poetry Press, 2022) que corre a cargo de Luc&iacute;a Comba (compiladora) y se publica en Nueva York dentro de la colecci&oacute;n <em>Piedra de la Locura </em>volumen 16 &ndash; Antolog&iacute;as personales (Homenaje a Alejandra Pizarnik), encontramos el sello personal del autor. No es casual que sea Luc&iacute;a Comba la compiladora de esta interesante antolog&iacute;a que atraviesa los ejes y las tem&aacute;ticas principales de su po&eacute;tica. Compilar una obra po&eacute;tica significa admirar al autor desde el punto de vista humano y literario y, en este caso, el hecho de ser su compa&ntilde;era de vida confirma este hecho. Escoger los poemas que componen este libro no es una tarea f&aacute;cil ya que su trayectoria literaria es tan amplia y variada que requiere una precisa selecci&oacute;n de los que modelan su perfil literario y m&aacute;s concretamente, el po&eacute;tico.</p>
<p>Recordemos que Rafael Soler es un reconocido poeta valenciano, narrador, ingeniero y profesor universitario y, el vicepresidente de la Asociaci&oacute;n Colegial de Escritores. Dentro de su producci&oacute;n novel&iacute;stica podemos destacar seis novelas (<em>El grito</em>&nbsp;(1979), <em>El coraz&oacute;n del lobo</em>&nbsp;(1981), <em>El sue&ntilde;o de Torba</em>&nbsp;(1983), <em>Barranco</em>&nbsp;(1985), <em>El &uacute;ltimo gin-tonic</em>&nbsp;(2018) y&nbsp;<em>Necesito una isla grande</em>&nbsp;(2019) y varios libros de poes&iacute;a (<em>Los sitios interiores</em> (<em>sonata urgente)</em>,&nbsp;1980. Colecci&oacute;n Adonais. Ed. Rialp<em>, Maneras de volver</em>,&nbsp;2009. Octava edici&oacute;n 2018, Ediciones Vitruvio, <em>Las cartas que deb&iacute;a</em>. 2020 El &Aacute;ngel Editor, Colecci&oacute;n Pluma Quito, Ecuador.&nbsp; Ediciones Vitruvio, tercera edici&oacute;n 2014, <em>&Aacute;cido alm&iacute;bar</em>&nbsp;2014&nbsp;Ediciones Vitruvio. Segunda edici&oacute;n 2014, <em>No eres nadie hasta que te disparan</em>. 2016. Ediciones Vitruvio. Tercera edici&oacute;n 2018, <em>Las razones del hombre delgado</em>.&nbsp;2021. Colecci&oacute;n Pared Contigua volumen 4. Nueva York Poetry Press y <em>Vivir es un asunto personal, </em>publicada en 2021 y recoge su obra completa.&nbsp;2021</p>
<p>Dentro de esta antolog&iacute;a encontramos una selecci&oacute;n de poemas de todos sus libros de poes&iacute;a en la que todos los poemas versan sobre los grandes temas del ser humano como el amor, la existencia, el tiempo, la soledad, la muerte, el elogio a lo mundano, la armon&iacute;a y la felicidad compartidas, los peque&ntilde;os detalles. Una abundante exposici&oacute;n de versos que nos acercan a un creador de la palabra y un seductor del lenguaje. Esta edici&oacute;n nos muestra una pintura como portada de Osvaldo Sequeira en la que refleja la mirada del poeta en tonos ocre, se reproducen fotograf&iacute;as del autor en blanco y negro vinculadas a su vida personal y antecede la misma pintura en grises perla antes de los poemas dedicados como siempre a su mujer Luc&iacute;a. Los poemas aparecen en orden cronol&oacute;gico en una recopilaci&oacute;n de la poes&iacute;a que se considera m&aacute;s esencial y que hab&iacute;a escrito entre 1980 y 2020, destacando en primer t&eacute;rmino el t&iacute;tulo del libro de poemas al que pertenecen e introducidos todos ellos, por su t&iacute;tulo en may&uacute;sculas y en negrita. Se dir&iacute;a que la estructura del libro sigue una exhaustiva l&iacute;nea de publicaci&oacute;n en el mercado editorial con el fin de expresar los rasgos reconocibles por cualquier lector caracter&iacute;sticos de la trayectoria literaria de Rafael Soler.</p>
<p>La contraportada llamar&aacute; la atenci&oacute;n al lector que, sin duda, se detendr&aacute; en las hermosas palabras escritas en blanco sobre fondo negro sobre el autor por parte de Manuel Tur&eacute;gano, editor de Contrabando y Javier Lostal&eacute;, excelente poeta espa&ntilde;ol. Ambos destacan y subrayan las caracter&iacute;sticas esenciales de su po&eacute;tica. No hay que olvidar que muchos de los libros de Rafael Soler han sido traducidos y publicados en franc&eacute;s, ingl&eacute;s, italiano, japon&eacute;s, h&uacute;ngaro y rumano. Ha sido invitado tambi&eacute;n a leer su obra en m&aacute;s de quince pa&iacute;ses y la ha publicado en Bolivia, Ecuador, Honduras, Paraguay, Per&uacute;, Jap&oacute;n, Hungr&iacute;a, Francia, Italia y Ruman&iacute;a. Sin embargo, todos los poemas seleccionados que el lector encontrar&aacute; en la antolog&iacute;a est&aacute;n en espa&ntilde;ol. En un apartado final del libro denominado <em>Abrazos </em>podemos encontrar una mirada caleidosc&oacute;pica de diferentes escritores sobre la escritura de Rafael Soler, un abanico de colores y matices de todas las partes del planeta que abarca desde Antonio Gamoneda, Dante Mafia, Dar&iacute;a Rolland, Gabriel Ch&aacute;vez, Iv&aacute;n O&ntilde;ate, Jaime Siles, Javier Lostal&eacute;, Manuel Tur&eacute;gano, Ra&uacute;l Zurita, Remedios S&aacute;nchez, Rolando Kattan hasta Teuco Castilla. La ciudad de Nueva York en blanco sobre negro nos despide antes de cerrar el libro de poemas que tenemos los lectores entre las manos y nos deja un sabor posmoderno de la ciudad de las luces y las estrellas del XXI, el mismo en tonos crema de la editorial que lo publica y aparece en la contraportada y representa la colecci&oacute;n <em>Piedra de la Locura.</em></p>
<p><em></em>El esp&iacute;ritu que unifica y da sentido a esta selecci&oacute;n de poemas gira en torno a un criterio definido por parte de Luc&iacute;a Comba, compiladora y, en este caso, es de suponer que su planteamiento de elecci&oacute;n se debe a la vida compartida con el autor, en el que el ser vital se unifica en dos seres independientes que caminan a la vez, simult&aacute;neamente y, en paralelo, como seres que recorren una trayectoria vital, humana y literaria en com&uacute;n.</p>
<p>Rafael Soler siempre ha sostenido que es fundamental el acercamiento al Otro para escribir e incorporar su mirada a su propio universo po&eacute;tico transitado por el sentimiento y la raz&oacute;n. No obstante, &eacute;l es consciente que en muchas ocasiones ha perdido la cabeza y ha perdido el control, quiz&aacute;s por amor y como forma de enfrentarse y afrontar la vida o tal vez, para evadir el desamparo de la vejez. Como viajero incansable, Rafael Soler ama &ldquo;las fronteras en la medida que pueden ser contenedores que recogen mundo y miradas distintas, paisajes&hellip; no hay nada m&aacute;s bonito que cruzar la frontera&rdquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%83%E2%80%98A%20LIBRO%20RAFAEL%20SOLER%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202023%202.doc#_ftn1">[1]</a></p>
<p>Entre las rese&ntilde;as que suscita el primer libro de poemas, <em>Los sitios interiores</em> (1980) conviene fijarse en la que An&iacute;bal Fernando Bonilla hace desde El Mercurio<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%83%E2%80%98A%20LIBRO%20RAFAEL%20SOLER%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202023%202.doc#_ftn2">[2]</a> donde expone que Soler fue finalista del <em>Premio Adonais</em> y nos invita a visualizar el amor en toda su amplitud as&iacute; como los temas de la ruptura, el abandono y el olvido como eje vertebrador. No olvidemos el car&aacute;cter l&uacute;dico de los poemas, la habilidad e innovaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica que le acompa&ntilde;an en su viaje po&eacute;tico con ese matiz existencialista que le caracteriza a Rafa Soler. El papel de la ciudad y el paisaje le permiten al poeta anclarse en el tiempo, la memoria y la naturaleza que envuelve sus percepciones. Sin reglas ortogr&aacute;ficas, sin puntuaci&oacute;n ninguna la voz po&eacute;tica se ajusta a una forma de vivir y de afrontar la existencia.</p>
<p>Sin signos de puntuaci&oacute;n veintinueve a&ntilde;os m&aacute;s tarde vuelve a abordar un cruce de caminos entretejido en la vida del hombre en su libro <em>Maneras de volver (2009) </em>donde cada paso que damos implica y conlleva<em> </em>la duda y la incertidumbre y es f&aacute;cil entrar en un conflicto de elecciones en nuestro un espacio y el tiempo. &ldquo;La poes&iacute;a como documento, como fe de vida. Como presentaci&oacute;n ante lo que pueda llegar, no como despedida. No es poco, es lo justo y adem&aacute;s bastante necesario&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%83%E2%80%98A%20LIBRO%20RAFAEL%20SOLER%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202023%202.doc#_ftn3">[3]</a> nos dice Francisco Caro. &ldquo;En sus p&aacute;ginas nuevamente -y tal vez con m&aacute;s &iacute;mpetu- el amor aflora y se perpet&uacute;a sin reservas. Los textos de este poemario otean en la humedad del beso, en el escote carm&iacute;n y en la despedida de dos desconocidos tras la cena servida. La musicalidad se asume en el deleite lector. El sujeto l&iacute;rico, &ldquo;curtido el coraz&oacute;n en la intemperie&rdquo;, va a la caza en conquista de aquellos ojos femeninos que rediman la bienaventuranza de la perfumada carne&rdquo; &ndash; un comentario hermoso y certero sobre la poes&iacute;a de Rafael Soler que hace An&iacute;bal Fern&aacute;ndez Bonilla desde <em>El Mercurio<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%83%E2%80%98A%20LIBRO%20RAFAEL%20SOLER%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202023%202.doc#_ftn4">[4]</a></em>. La memoria late dentro de esta tem&aacute;tica amorosa tres d&eacute;cadas despu&eacute;s del primer libro que se plasma en la antolog&iacute;a. Un conjunto de citas y referencias literarias y cinematogr&aacute;ficas ofrecen una mirada al Otro, un legado, un testimonio, una herencia en la escritura de Soler.</p>
<p>Dos a&ntilde;os m&aacute;s, Soler publica <em>Las cartas que deb&iacute;a</em> (2011) y Jorge de Arco muestra en una rese&ntilde;a interesante c&oacute;mo en &ldquo;catorce apartados, Rafael Soler se enfrenta sin contemplaciones&nbsp;y con desnudada voz a la sombra de un cielo silencioso, al vac&iacute;o de la desesperanza, al temblor de los espacios comunes, a los misterios del amor y el abandono&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%83%E2%80%98A%20LIBRO%20RAFAEL%20SOLER%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202023%202.doc#_ftn5">[5]</a>. De Arco acent&uacute;a la liquidaci&oacute;n de deudas y exorcismos presentes donde indaga su yo po&eacute;tico. &nbsp;Por supuesto que Soler penetra a trav&eacute;s del verso en &ldquo;lo absoluto, lo inmaterial y lo tangible desde un territorio privilegiado: el de la trascendencia&rdquo; como expresa Jorge de Arco por medio de la b&uacute;squeda del amor y el perd&oacute;n.</p>
<p>&laquo;Perder es la manera de adquirir en soledad una certeza&raquo; - expresa Soler en un poema de su libro <em>&Aacute;cido alm&iacute;bar</em> (2014), Premio de la Cr&iacute;tica Valenciana. Entre las rese&ntilde;as que suscita <em>&Aacute;cido alm&iacute;bar</em> y aparece en una selecci&oacute;n de poemas en esta antolog&iacute;a, conviene fijarse en la que hace T&uacute;a Blesa&nbsp; nos adelanta el tono autobiogr&aacute;fico de su libro de poemas rememorando las figuras familiares y &nbsp;una b&uacute;squeda del &ldquo;desdoblamiento del yo, y supone la presentaci&oacute;n del personaje desde el mismo nacimiento, si bien se le advierte que el verdadero nacimiento tiene lugar con la llegada del amor, adem&aacute;s de que se le alerta sobre el aprendizaje de la vida y la sabidur&iacute;a que otorga el reconocerse tan s&oacute;lo como "una costura/ en la arpillera universal del fr&iacute;o". La parte final gira en torno a lo ef&iacute;mero de la vida, la muerte, con lo que se cierra el ciclo, la narraci&oacute;n del yo. Moralidades&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%83%E2%80%98A%20LIBRO%20RAFAEL%20SOLER%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202023%202.doc#_ftn6">[6]</a>.</p>
<p>En su obra <em>No eres nadie hasta que disparan</em> (2016), Soler &ldquo;con este turbador t&iacute;tulo, que apela directamente al lector antes de entrar a faenar con los versos que lo componen, Rafael Soler (Valencia, 1947) propone un poemario intenso, con tintes de suspense. Suspense, s&iacute;, porque tiene trama. Y argumento. Escenas, di&aacute;logos soterrados. Silencios. Fundido en negro. Digamos que es una historia hecha poema. O un poema con cuerpo cinematogr&aacute;fico&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%83%E2%80%98A%20LIBRO%20RAFAEL%20SOLER%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202023%202.doc#_ftn7">[7]</a>. invoca, increpa, solicita, el viaje, el amor, el verdugo, lo eterno, la expresi&oacute;n.</p>
<p>Antes de terminar la antolog&iacute;a, el lector encontrar&aacute; una selecci&oacute;n de poemas de su libro <em>Las razones del hombre delgado</em> (2020) donde la melancol&iacute;a, el desaliento, la soledad, la extra&ntilde;eza de la p&eacute;rdida, y a la vez la aceptaci&oacute;n de la misma, el malestar de vivir, se perfilan como temas esenciales. Con motivo de la publicaci&oacute;n de sus poemas en este &uacute;ltimo libro que integra la antolog&iacute;a, dice en una entrevista<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%83%E2%80%98A%20LIBRO%20RAFAEL%20SOLER%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202023%202.doc#_ftn8">[8]</a> que le realiz&oacute; la escritora y cr&iacute;tica literaria Juana V&aacute;zquez, &ldquo;En el libro se cruzan y conversan tres voces: el hombre delgado que ya cruz&oacute; la raya, su esposa, que cuida su recuerdo mientras envejece, y la Parca, que cuida sus harapos, atareada anfitriona empe&ntilde;ada en hacer liviano el desagradable trance de hacerte afecto a las tinieblas, y adem&aacute;s adelgazando sin pausa&rdquo;. Vivir es un asunto personal nos recuerda siempre Soler e incluso est&aacute; grabado en las paredes del Caf&eacute; Comercial, &ldquo;la Casa de Todos&rdquo; donde comparte mesa y conversaci&oacute;n con todos los escritores del mundo. Estamos de paso &ndash; nos recuerda Soler en este viaje existencial. &ldquo;Los poemas de este libro est&aacute;n escritos al dictado de otro, y recogidos tambi&eacute;n con asombro y con mucho respeto. Cuando los leo ahora me reconozco en ellos, faltar&iacute;a m&aacute;s, pero siempre con una sensaci&oacute;n de privilegiado intruso. Y la metaf&iacute;sica, aunque no lo parezca, es una intrusa, nada de metaliteratura. Yo estoy metido en la vida hasta el &uacute;ltimo pelo&rdquo; manifiesta en la entrevista. Un libro espiritual de lo cotidiano atravesado por el silencio del Otro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rafael Soler, <em>Demasiado cristal para esta piedra</em>, Nueva York, Nueva York Poetry Press, 2022.</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%83%E2%80%98A%20LIBRO%20RAFAEL%20SOLER%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202023%202.doc#_ftnref1">[1]</a>Pe&ntilde;as, Esther. Todo poeta, sin excepci&oacute;n, tiene su espacio y su momento. Entrevista. Turia Digital (mayo 2022). Disponible en: https://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/rafael-soler-todo-poeta-sin-excepcion-tiene-su-espacio-y-su-momento (Consultado el 19 de febrero 2023)</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%83%E2%80%98A%20LIBRO%20RAFAEL%20SOLER%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202023%202.doc#_ftnref2">[2]</a> &ldquo;Interioridades de un coraz&oacute;n curtido&rdquo;. <em>El Mercurio</em>. Ecuador. (25 de julio de 2022) Interioridades de un coraz&oacute;n curtido - Diario El Mercurio. Disponible en: https://elmercurio.com.ec/2022/07/25/interioridades-de-un-corazon-curtido/ (consultado el 4 de abril 2023)</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%83%E2%80%98A%20LIBRO%20RAFAEL%20SOLER%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202023%202.doc#_ftnref3">[3]</a> Caro, Francisco. Las maneras de volver de Rafael Soler. Mientras la luz (17 de enero de 2010). Disponible en: http://mientraslaluz.blogspot.com/2010/01/las-maneras-de-volver-de-rafael-soler.html (consultado el 22 de abril 2023)</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%83%E2%80%98A%20LIBRO%20RAFAEL%20SOLER%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202023%202.doc#_ftnref4">[4]</a> Bonilla, An&iacute;bal Fernando. Interioridades de un coraz&oacute;n curtido. El Mercurio. &nbsp;Ecuador. (25 de julio de 2022) Interioridades de un coraz&oacute;n curtido. Disponible en: https://elmercurio.com.ec/2022/07/25/interioridades-de-un-corazon-curtido/</p>
<p>&nbsp;(consultado el 22 de abril 2023)</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%83%E2%80%98A%20LIBRO%20RAFAEL%20SOLER%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202023%202.doc#_ftnref5">[5]</a> De Arco, Jorge. Alumbrar en soledad una certeza. Andaluc&iacute;a Informaci&oacute;n. Disponible en: https://andaluciainformacion.es/arcos/1060257/alumbrar-en-soledad/ (consultado el 22 de abril 2023)</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%83%E2%80%98A%20LIBRO%20RAFAEL%20SOLER%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202023%202.doc#_ftnref6">[6]</a> Blesa, T&uacute;a. &Aacute;cido alm&iacute;bar <em>El Cultural</em>, El Mundo, 21 de febrero de 2014). Disponible en: https://www.elespanol.com/el-cultural/letras/poesia/20140221/acido-almibar/18498538_0.html (consultado el 3 de mayo 2023)</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%83%E2%80%98A%20LIBRO%20RAFAEL%20SOLER%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202023%202.doc#_ftnref7">[7]</a> Pe&ntilde;as, Esther. Cuando la poes&iacute;a se vuelve pel&iacute;cula. Solidaridad Digital (6 de octubre de 2016) Cuando la poes&iacute;a se vuelve pel&iacute;cula. Disponible en: https://www.solidaridaddigital.es/noticias/cultura/cuando-la-poesia-se-vuelve-pelicula (consultado el 3 de mayo 2023)&nbsp;</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%83%E2%80%98A%20LIBRO%20RAFAEL%20SOLER%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20-%20MAYO%202023%202.doc#_ftnref8">[8]</a> V&aacute;zquez, Juana. Rafael Soler, <em>Cuadernos del Sur</em>, Entrevista, 14/05/2022. Disponible en: https://www.diariocordoba.com/cuadernos-del-sur/2022/05/14/olvidamos-peligrosa-frecuencia-paso-66025482.html (consultado el 3 de mayo 2023)</p>
<p>&nbsp;</p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Fri, 19 May 2023 11:59:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Días acotados]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/dias-acotados/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/MAR_A_CODURAS_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Hay etapas en la vida surcadas por la incertidumbre y el contratiempo. Eso es lo que se refleja en <em>Enajenaci&oacute;n transitoria, </em>el &uacute;ltimo poemario de Mar&iacute;a Coduras, editado por Olifante. Esta Doctora en Filolog&iacute;a Espa&ntilde;ola y profesora de Secundaria de Lengua castellana y Literatura da un giro de calidad a su creaci&oacute;n po&eacute;tica y expresa sus sentimientos y vivencias, a ra&iacute;z de una pandemia que supuso un par&eacute;ntesis obligado, una acotaci&oacute;n inoportuna, un vuelco casi repentino a la cotidianeidad de los d&iacute;as sosegados. Tal como dice Almudena Vidorreta en la solapa: &ldquo;Estos poemas se escriben en un tiempo nuevo, posterior a la pandemia, en torno a un <em>ahora </em>reiterado que nos invita a pensar, desde la palabra y el oficio de las aulas, en la esencia del ser y del estar, en todas las preguntas que hab&iacute;amos dejado en el tintero&rdquo;.</p>
<p>El transcurso del tiempo enmarca la estructura de los poemas, que van desde <em>Los comienzos </em>hasta <em>El despu&eacute;s. </em>Unos comienzos de encierro, de enclaustramiento, de aplausos, de inquietudes y de contemplaci&oacute;n de la lluvia desde las ventanas. Los versos &ldquo;Soy m&aacute;s de an&aacute;foras / que de cat&aacute;foras&rdquo; anticipan en el poema <em>Hoy </em>el clima que se respira en cada uno de los hogares, en esas casas personificadas en el barrio zaragozano del Actur: &ldquo;Hoy he visto ventanas / convertirse en sonrisas, / estores y persianas / gui&ntilde;arme al un&iacute;sono sus ojos, / linternas de m&oacute;viles / formar in&eacute;ditas constelaciones&hellip;&rdquo; Es el inicio de unas jornadas vividas y silenciadas entre cuatro paredes. Es el anticipo de un <em>Durante </em>en el que se agudizan los sentidos para percibir el sonido de los pasos, la sinfon&iacute;a de aplausos y la cadencia de una lluvia casi machadiana desde detr&aacute;s de los cristales: &ldquo;Me alegro, / porque ahora todas las lluvias y tormentas / se precipitan e inundan / el interior de nuestras (casas) almas&rdquo;.</p>
<p>En la mente de una amante de la buena Literatura como Mar&iacute;a no pod&iacute;a faltar la alusi&oacute;n a los libros como paraguas de salvaci&oacute;n, como bosques fecundos en medio del p&aacute;ramo. As&iacute; lo manifiesta en el poema <em>Ahora: </em>&ldquo;&hellip;los libros son bosques / en los que respirar aire puro, / y las copas de los &aacute;rboles / el mejor paraguas / para resguardarse de esta tormenta&rdquo;. Una tormenta que convierte los charcos en espejos y que obliga a la autora a evadirse en el mundo de Alicia para huir de la claustrofobia: &ldquo;Encajonada de pies y manos / pens&eacute; en c&oacute;mo hacerme m&aacute;s peque&ntilde;a / o al menos / minimizar mis problemas&rdquo;. Evasi&oacute;n, enso&ntilde;aci&oacute;n, afantas&iacute;a,&hellip;Todo plasmado en algunos poemas breves y profundos como aforismos que, a veces con un trasfondo de iron&iacute;a, invitan a la reflexi&oacute;n: &ldquo;Ahora entendemos la importancia / de la libertad condicional&rdquo;. &ldquo;Cada d&iacute;a se van m&aacute;s vivos / y vuelven m&aacute;s amigos imaginarios&rdquo;. &ldquo;Los soles de mis l&aacute;mparas / no suministran vitamina D&rdquo;.</p>
<p>Una asociaci&oacute;n sorprendente de adverbios temporales &ndash;<em>El durante del despu&eacute;s&ndash; </em>anticipa la parte m&aacute;s densa y lograda del poemario. Esa parte que culmina con <em>Emoji</em>, un poema breve pero inolvidable: &ldquo;Vivimos entre par&eacute;ntesis / y dibujaremos una sonrisa / al llegar a su cierre&rdquo;. Estos poemas dibujan una imagen casi distorsionada &ndash;&ldquo;sobre fondos / borrosos&rdquo;&ndash; y manifiestan con contundencia casi sentenciosa esa realidad cotidiana de la ciudad vac&iacute;a &ndash;&ldquo;Demasiados locales / con los ojos cerrados&rdquo;&ndash; y esa prolongaci&oacute;n de los efectos de un virus que, con el engorroso uso de la mascarilla, ha convertido la realidad&nbsp; en un macabro baile carnavalesco: &ldquo;Este baile de m&aacute;scaras ha durado demasiado, / y este virus / disfrazado de millones de cuerpos / se ha convertido en un verdadero asesino en serie&rdquo;. Por eso, la poeta vuelve a la met&aacute;fora de los &ldquo;&aacute;rboles letrados&rdquo; y alude al milagro de la intertextualidad para transformar el presente anodino en un bosque de hoja perenne. Un bosque que nos invita a volver al mundo rural, esa<em> Dieta rural </em>con &ldquo;curvas saludables&rdquo; y gui&ntilde;os a las vivencias de la infancia.</p>
<p>El <em>durante y despu&eacute;s, </em>con el paso lento e implacable de los d&iacute;as de enclaustramiento, abren la puerta a unas <em>Semipresencialidades </em>&ndash;&ldquo;Ahora estamos / pero no estamos&rdquo;&ndash; que nos llevan de la mano al mundo apasionante de las aulas. Porque Mar&iacute;a Coduras es una profesora cien por cien vocacional, que vive con pasi&oacute;n cada minuto de docencia con sus alumnos de Secundaria. Por eso, lamenta los efectos secundarios de la pandemia, pero se alegra de volver a compartir en el aula las inquietudes de estos adolescentes: &ldquo;Contemplar los rostros de los estudiantes, / seguir con Juan Ram&oacute;n y sus versos&hellip;/ Seguir con Machado / y sentir caer la lluvia / pero en otros cristales&rdquo;. Unos cristales que no aten&uacute;an el fr&iacute;o de las aulas y que convierten al docente vocacional en un m&eacute;dico que empatiza y remedia los altibajos an&iacute;micos de los alumnos: &ldquo;El mejor examen posible / es aquel al que te permiten llegar / los ojos del alumno&rdquo;.</p>
<p>Como colof&oacute;n de este excelente poemario, la parte <em>Un despu&eacute;s </em>condensa en un poema que deja abierta la tarea del poeta como aquello que se plasma en una p&aacute;gina en blanco, dif&iacute;cil de descifrar en un futuro: &ldquo;Las penas de la mayor&iacute;a / se escriben con tinta invisible. / Por eso viviremos y olvidaremos / pero nunca conoceremos / lo escrito en estas p&aacute;ginas en blanco&rdquo;. Unas p&aacute;ginas que dejan al lector amante de la buena poes&iacute;a con la miel en los labios y con el deseo de releer y saborear cada uno de los versos que nos regala la poeta zaragozana. De lo cotidiano, de las vivencias durante d&iacute;as de confinamiento, del regreso progresivo a la llamada normalidad, ha construido un edificio po&eacute;tico denso, profundo y reflexivo. Todo ello con el aderezo de met&aacute;foras, juegos de palabras y la exquisitez de las figuras ret&oacute;ricas. De esos d&iacute;as acotados han brotado bosques de palabras que nos resguardan de la lluvia inesperada y se abren como abanicos literarios al mundo apasionante de las aulas, de las calles, del regreso al pasado y de la nostalgia del mundo rural.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mar&iacute;a Coduras Bruna, <em>Enajenaci&oacute;n transitoria, </em>Zaragoza, Olifante, 2022.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 19 May 2023 11:40:08 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Eduard Márquez: “Los límites de la identidad es una de mis obsesiones”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/eduard-marquez-los-limites-de-la-identidad-es-una-de-mis-obsesiones/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/EDUARD_M_RQUEZ_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Existencias al l&iacute;mite de lo soportable por un hast&iacute;o homicida no siempre consciente; tramas sorprendentes, descritas con cierta alergia a la alharaca que deja rastro sutil de humor encapotado; personajes que reaparecen p&aacute;ginas despu&eacute;s para contarse de otro modo. <em>La elocuencia del francotirador</em>, reeditado por Firmamento, un ramillete de relatos escritos con exacta pericia y belleza por Eduard M&aacute;rquez (Barcelona, 1960), un autor de culto entusiasta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Que un francotirador sea elocuente, &iquest;juega a favor de su cometido o lo entorpece?</p>
<p>- Juega a su favor, porque, aunque no act&uacute;e, su labor tiene sentido si se sabe que est&aacute; ah&iacute;, agazapado y esperando el momento oportuno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Cuando la vida de uno se parece a &laquo;sentirse atrapado dentro de una esclusa abandonada&raquo;, &iquest;qu&eacute; conviene hacer? &iquest;Hay enmienda posible?</p>
<p>- Si se tiene clara la alternativa y se tiene suficiente valor para hacerlo, solo hay una soluci&oacute;n: romper amarras y vivir de acuerdo con lo que uno siente. En caso contrario, solo queda conformarse e intentar que el agua de la esclusa no se llene de mucha porquer&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &laquo;Ha dejado caer el dedo sobre una gu&iacute;a abierta al azar&raquo;, termina uno de los relatos. &iquest;Cu&aacute;nto de azar hay en la escritura?</p>
<p>- En los puntos de partida, en lo que Patricia Highsmith llama &laquo;el germen de una idea&raquo;, todo es azar. Una conversaci&oacute;n, una noticia en el peri&oacute;dico, un recuerdo, una imagen, una situaci&oacute;n, un estado de &aacute;nimo, un color&hellip; Solo hay que estar atento a tu alrededor y dejarte sorprender. En la escritura (es decir, en la construcci&oacute;n narrativa, estil&iacute;stica y ling&uuml;&iacute;stica del texto), el azar juega un papel menos determinante. Al menos para m&iacute;. Necesito tenerlo todo m&aacute;s o menos controlado antes de ponerme a escribir. Saber ad&oacute;nde voy y por d&oacute;nde pasar&eacute;. Lo cual no quiere decir que no aproveche las posibles sorpresas que pueda aportarme el proceso.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;La literatura surge de la vida&rdquo;</strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong></strong>- &laquo;Vinculada a menudo a la est&eacute;tica de los hallazgos en los contenedores&raquo;. La materia de la literatura, &iquest;surge de los deshechos, de los descartes?</p>
<p>- La literatura surge de la vida. Por lo tanto, surge de cualquier cosa. De la ilusi&oacute;n o de la frustraci&oacute;n, de la felicidad o de la tristeza, de la calma o de la rabia, del placer o del dolor, de la complicidad o del odio&hellip; Sea lo que sea, solo hay que estar dispuesto a vivirlo a fondo para sacarle el m&aacute;ximo rendimiento y poder escribir algo que valga la pena y que compense lo que se haya tenido que encajar para llegar a ello.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Lo que mueve a la mayor&iacute;a de los personajes es, no el amor, sino un enemigo, un otro sombr&iacute;o que termina, desde lo tr&aacute;gico, o lo perverso, o lo inquietante en cualquier caso, por darles sentido. La intensidad narrativa, &iquest;es inversamente proporcional a lo siniestro y complejo (la sombra, que dir&iacute;a Jung) de los personajes?</p>
<p>- Lo que mueve a la mayor&iacute;a de personajes es la voluntad de superar los l&iacute;mites impuestos por uno mismo o por los dem&aacute;s. De hecho, los l&iacute;mites de la identidad es una de mis obsesiones. Creo que se explica muy bien en uno de los cuentos: &laquo;De siempre, Julien Claes se hab&iacute;a sentido recluido dentro de los l&iacute;mites de una identidad &uacute;nica. La primera angustia de la que guardaba memoria, m&aacute;s all&aacute; de la oscuridad o de la a&ntilde;oranza, estaba vinculada al reparto de los personajes de los juegos infantiles. A la hora de escoger, lo dif&iacute;cil no era tanto hacerse a la idea de las consecuencias de la elecci&oacute;n, de acuerdo con la personalidad de cada cual (mandar o someterse, vestirse de una manera o de otra, ser protagonista o secundario), como asumir que cada papel comportaba la negaci&oacute;n de todos los dem&aacute;s. Si hubiera podido elegir los efectos de una p&oacute;cima m&aacute;gica, Julien Claes habr&iacute;a pedido representarlos todos al mismo tiempo. Ser pirata y h&eacute;roe, pr&iacute;ncipe y bruja, duende y drag&oacute;n. Con el paso de los a&ntilde;os, a medida que se le exig&iacute;a una dosis creciente de decisiones un&iacute;vocas, Julien Claes se sent&iacute;a cada vez m&aacute;s atrapado. Ser lo que se esperaba de &eacute;l, sobre todo a costa de demasiadas posibilidades perdidas, supon&iacute;a un sacrificio excesivo. Casi sin querer, la opci&oacute;n de multiplicarse, de llevar el m&aacute;ximo n&uacute;mero de vidas paralelas, lo cautiv&oacute; como una quimera redentora&raquo;. La sensaci&oacute;n de que &laquo;cada papel comporta la negaci&oacute;n de todos los dem&aacute;s&raquo; me ha perseguido desde ni&ntilde;o. Recuerdo perfectamente el dolor y la rabia de tener que escoger y, consecuentemente, de autolimitarse. Porque excluir limita. Y, en cierta manera, a&uacute;n me ocurre. Si fuera posible, me gustar&iacute;a vivir muchas vidas al mismo tiempo. No sucesivamente, &iquest;eh?, que, si se tiene el valor suficiente, puede ser m&aacute;s f&aacute;cil, sino al mismo tiempo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La literatura no cura nada. Tampoco es su utilidad&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Otro de los motores de la narraci&oacute;n es el hast&iacute;o vital (pienso, por ejemplo, en la mujer que contrata un detective para seguirse a s&iacute;). &iquest;De qu&eacute; cura la literatura?</p>
<p>- Creo que la literatura no cura nada. Tampoco es su utilidad. La literatura sirve para redondear la vida en los buenos momentos y para hacerla m&aacute;s llevadera en los malos. Como un paisaje, como una melod&iacute;a, como un cuadro, como una escultura&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;No merece la pena morir por nada&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- A prop&oacute;sito de &laquo;Atasco&raquo;. &iquest;Merece la pena morir por amor?</p>
<p>- No merece la pena morir por nada. Pero, llegados a un extremo en que sea imposible evitarlo, m&aacute;s vale morir por amor (a una persona, a una idea, a un lugar&hellip;) que por odio, o por los delirios de alguien, o por ambiciones esp&uacute;reas, o por servilismo&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Es posible huir de uno mismo, como hace alguno de estos personajes? Cuando uno escribe, &iquest;huye o sale al encuentro de s&iacute;?</p>
<p>- Nunca he escrito para huir. En todo caso, en algunas ocasiones, he escrito para aclararme, para entender algo que se me escapaba, para rendir cuentas con mi pasado, con mis dudas y con mis incertidumbres. Y no siempre lo he conseguido. Pero algo ayuda. Y, en otros momentos, he escrito por el simple placer de fabular y de jugar con el lenguaje. Solo para divertirme. De una u otra manera, s&iacute; tengo claro que, cuando invento vidas, soy una persona m&aacute;s feliz y soportable.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Quiz&aacute;s a la mayor&iacute;a de los lectores les sorprenda lo anodino y rutinario de los protagonistas de estas historias pero, mirados de cerca, &iquest;no nos parecemos demasiado a ellos, acaso no somos ese &laquo;hombre est&aacute;ndar que camina por la calle&raquo;?</p>
<p>- Siempre que se habla de personas est&aacute;ndares, o anodinas, o normales&hellip;, me viene a la cabeza la respuesta del poeta Philip Larkin a quienes consideraban que su mundo era limitado, t&oacute;pico o vulgar: &laquo;Me gustar&iacute;a saber en qu&eacute; mundo infestado de dragones viven esos tipos que les permite utilizar con tanta libertad la palabra &ldquo;t&oacute;pico&rdquo;&raquo;. Me parece una respuesta genial.</p>
<p>- Hay una corriente de humor (sutil, socarr&oacute;n) que atraviesa los relatos. En el desasosiego, &iquest;el humor lo intensifica o abre una grieta por la que entre el aire?</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;A veces, el humor sirve para intensificar la inquietud. Y, a veces, ocurre lo contrario: el humor es un bal&oacute;n de ox&iacute;geno&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Las dos cosas. A veces, el humor sirve para intensificar la inquietud. Ah&iacute; est&aacute;n los casos de Kafka o de Bernhard, por ejemplo, que en algunos momentos son hilarantemente dolorosos. O dolorosamente hilarantes. Y, a veces, ocurre lo contrario: el humor es un bal&oacute;n de ox&iacute;geno. Es el caso de Wodehouse o de Sharpe. O de algunas narraciones de Waugh, de Saki, de Fante, de Sedaris&hellip; Con lo cual no quiero decir que se trate de autores fr&iacute;volos, ni mucho menos, sino que su mirada es un poco m&aacute;s clemente para con sus lectores.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;La literatura sirve cuando abre puertas y ventanas, cuando ampl&iacute;a horizontes&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Pienso en el hombre al que todos confunden con otro alguien. &iquest;Hasta qu&eacute; punto la literatura es un palimpsesto?</p>
<p>- La literatura no funciona por superposici&oacute;n. Porque la superposici&oacute;n esconde lo que est&aacute; debajo. Y esto no sirve de nada. La literatura sirve cuando abre puertas y ventanas, cuando ampl&iacute;a horizontes, cuando cuestiona, cuando reta, cuando provoca, cuando altera, cuando remueve&hellip; Y todo ello para bien o para mal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;l ser&iacute;a la evidencia de que una vida ha quedado reducida &laquo;a un flujo mec&aacute;nico sin ning&uacute;n inter&eacute;s&raquo;?</p>
<p>- La frustraci&oacute;n, la rabia, el insomnio, el aburrimiento, el miedo, la desesperanza, el resentimiento&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me parece un verdadero lujo tener la oportunidad de volver a lo que uno ha escrito y actualizarlo&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- La experiencia de revisitar estos relatos, m&aacute;s de veinte a&ntilde;os despu&eacute;s de haber sido publicados por vez primera, &iquest;produce extra&ntilde;eza, regocijo, estupor&hellip;?</p>
<p>- De todo un poco. En el a&ntilde;o 2014, volv&iacute; a estos cuentos, publicados en 1995 y en 1998, para una reedici&oacute;n en catal&aacute;n. Entonces aprovech&eacute; la ocasi&oacute;n para eliminar 29 narraciones y para repasar el resto. Alter&eacute; el orden, cambi&eacute; t&iacute;tulos y personajes, elimin&eacute; y a&ntilde;ad&iacute; fragmentos, reescrib&iacute; frases enteras&hellip; Y ahora, nueve a&ntilde;os m&aacute;s tarde, he vuelto a hacer lo mismo. Me parece un verdadero lujo tener la oportunidad de volver a lo que uno ha escrito y actualizarlo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>*Fotograf&iacute;a de Jordi M&aacute;rquez.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 15 May 2023 09:37:58 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El último baile de Adán y Eva]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-ultimo-baile-de-adan-y-eva/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/RAFAEL_SOLER_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Por fin las dos hermanas se han reencontrado despu&eacute;s de tantos a&ntilde;os. Las dos novelas de la Transici&oacute;n de Rafael Soler vieron la luz con una diferencia de pocos a&ntilde;os, en 1979, y en 1982, respectivamente. A ra&iacute;z de su reedici&oacute;n posterior sus destinos se separaron. A un lado del Atl&aacute;ntico, en Paraguay, se public&oacute; &ldquo;El grito&rdquo;, y en Espa&ntilde;a, reapareci&oacute; &ldquo;El coraz&oacute;n del lobo&rdquo;. La editorial valenciana de Manuel Tur&eacute;gano, Contrabando, ha hecho posible la feliz reuni&oacute;n.</p>
<p class="Standard">Enfrentar las dos novelas es un est&iacute;mulo a&ntilde;adido al valor que atesora cada una por separado. El exhaustivo y l&uacute;cido pr&oacute;logo de la profesora Elvire G&oacute;mez-Vidal Bernard las mantiene unidas mediante s&oacute;lidos argumentos a la espera que el lector encuentre nuevos e inusitados v&iacute;nculos y desacuerdos entre ellas.</p>
<p class="Standard">La Transici&oacute;n (democr&aacute;tica) espa&ntilde;ola, que se dio por concluida con la aplastante victoria del Partido Socialista, liderado por Felipe Gonz&aacute;lez, fue la &eacute;poca durante la cual el escritor levantino escribi&oacute; estas dos novelas, y tambi&eacute;n es el per&iacute;odo en el que, mientras la sociedad espa&ntilde;ola hac&iacute;a planes con la reci&eacute;n adquirida libertad pol&iacute;tica, los personajes creados por Soler, a saber, Teo/Carmen, y Alberto/Ana, sufr&iacute;an la desilusi&oacute;n suprema e inapelable del desencuentro amoroso, poco despu&eacute;s de que se aprobara la ley del divorcio (1978) que dio cobertura a la disoluci&oacute;n civil del matrimonio en Espa&ntilde;a.</p>
<p class="Standard">La fe ciega que profesa Rafael Soler en la capacidad de su escritura es inversamente proporcional a la decepci&oacute;n que los respectivos c&oacute;nyuges sienten ante el estado ruinoso de su matrimonio. Al parecer el escritor y poeta se mor&iacute;a por saber qu&eacute; ocurrir&iacute;a cuando a estas novelas, tan bien recibidas entonces, se les quitara el precinto con el que, vete a saber qui&eacute;n, las hab&iacute;a clausurado y preservado. El resultado es que, al abrir el precinto de sus p&aacute;ginas, y entrar en contacto con la atm&oacute;sfera presente, con la actualidad literaria, saltan chispas. Se enciende el aire. El que esto escribe puede servir de testigo de esta experiencia, pues nac&iacute; al mismo tiempo que el dictador agonizaba de muerte, aprend&iacute; a hablar y a leer, por lo tanto, cuando Rafael Soler escrib&iacute;a estas dos novelas. Para los hijos de la transici&oacute;n estas dos propuestas son una prueba tan exigente como excitante. &ldquo;El grito&rdquo; y &ldquo;El coraz&oacute;n del lobo&rdquo; suponen una vuelta de tuerca al g&eacute;nero novelesco. El escritor del diecinueve y el primer tercio del siglo veinte nos serv&iacute;a en bandeja unas ficciones ordenadas biogr&aacute;ficamente y organizadas por su pluma omnisciente. Rafael Soler, por el contrario, nos tiende la mano y el hilo con el fin de que terminemos la tarea de unir todas las cuentas y las perspectivas. Hay que remangarse para deducir qui&eacute;n habla a partir del nombre del personaje a quien aquel se dirige. Soler no es un escritor, es un diablo que llega a un pacto f&aacute;ustico con el lector, del que este &uacute;ltimo nunca va a arrepentirse.</p>
<p class="Standard">Aunque hay un riesgo que los que pacten con el diablo deber&iacute;an eludir: que el estilo les hipnotice hasta el punto de que su conciencia no se sienta aludida por los intensos conflictos que hacen naufragar a los personajes. Hay una coherencia entre el estilo y la cr&oacute;nica del desencanto que aborda cada uno de los libros. El desconcierto del estilo se infiltra en el para&iacute;so arruinado en el que habitaban Ad&aacute;n y Eva, aunque se llamen &ldquo;Teo&rdquo; y &ldquo;Carmen&rdquo;, o &ldquo;Alberto&rdquo; y &ldquo;Ana&rdquo;. El estilo se decanta en forma de concentrada desesperaci&oacute;n. Si en lugar de una novela, Rafael Soler hubiera escrito un ensayo orteguiano, lo habr&iacute;a titulado &ldquo;La libertad como problema&rdquo;. Ahora bien, el tono es existencialista. Con una o dos d&eacute;cadas de adelanto, Sartre hab&iacute;a ca&iacute;do en la cuenta de que la libertad es una condena, y de por vida.</p>
<p class="Standard">Las dos novelas de Rafael Soler nos hacen preguntarnos, si, adem&aacute;s de estar condenados a ser libres, estamos condenados a estar solos. A &ldquo;Teo de la selva o de los monos&rdquo; se le presenta la &uacute;ltima oportunidad de rescatar a &ldquo;Jane&rdquo; (&ldquo;Carmen&rdquo;) en la &uacute;ltima noche del a&ntilde;o. Y &ldquo;Alberto&rdquo;, el lobo solitario, dispone de una semana santa, y apuesta lo que le queda a Menorca, con el fin de salvar su matrimonio con &ldquo;Ana&rdquo;. Se conceden un &uacute;ltimo baile. O tal vez no sea el &uacute;ltimo.</p>
<p class="Standard">&ldquo;Teo&rdquo; llega a la selva de asfalto de la capital a la que se accede por la Estaci&oacute;n de Atocha, lleva una existencia noct&aacute;mbula, gris, despu&eacute;s de la separaci&oacute;n. La luz de la ciudad, del hotel en el que se da cita con &ldquo;Carmen&rdquo; es artificial. El drama se desarrolla de noche. El desamor que separa a &ldquo;Alberto&rdquo;, el protagonista de &ldquo;El coraz&oacute;n del lobo&rdquo;, de &ldquo;Ana&rdquo; acontece a plena luz. No es una luz cualquiera, es el sol del Levante, que se refleja en el mar que vio nacer a Rafael Soler, y es el mismo que Paco Brines adivinaba desde su santuario de Elca. Esta luz revela que el barco del &ldquo;capi&rdquo;, as&iacute; es como le llama &ldquo;Fanny&rdquo;, la novia de ocasi&oacute;n que se ha echado, va a la deriva, pero tambi&eacute;n ilumina su intento postrero de enderezar su rumbo y su matrimonio.</p>
<p class="Standard">La partida de sus matrimonios estaba perdida al poco de comenzar el juego. Todos los personajes han sufrido un exilio precipitado de la infancia y la adolescencia temprana, el tiempo y territorio en el que todav&iacute;a tienes esperanza de encontrar el tesoro, como dicen los libros gracias a los cuales nos iniciamos en la vida. Este pa&iacute;s imposible fue el que el propio Soler evoc&oacute; gracias el poemario &ldquo;Los sitios interiores&rdquo;, publicado en el intervalo que hubo entre la publicaci&oacute;n de los dos libros. Sin embargo, &ldquo;Teo&rdquo; no lleg&oacute; a ser escritor (a no ser que se decida a escribir &ldquo;El grito&rdquo;, como insin&uacute;a Soler), como entonces esperaba, tuvo que conformarse con ser periodista, ni &ldquo;Alberto&rdquo; se convirti&oacute; en pintor, como mucho arquitecto para alicatar los proyectos horteras de los que han medrado en el r&iacute;o revuelto de la Transici&oacute;n. Las dos parejas protagonistas de sendos libros hab&iacute;an proyectado amarse, y no tanto casarse, que es lo que les corresponde en suerte. Les gustar&iacute;a quererse, pero no saben c&oacute;mo hacerlo. Ambos soportan su condena, la vida &ldquo;se los comi&oacute;&rdquo; a los dos. Si bien es Ad&aacute;n quien ha echado arena y ha apagado el fuego sagrado que honra a los lares dom&eacute;sticos. Ahora se mueren de fr&iacute;o. Porque, tal y como Oscar Wilde repite en varias de las baladas que compuso en el penal de Reading, &ldquo;todo hombre mata lo que ama&rdquo; (&ldquo;Each man kills the thing he loves&rdquo;). &ldquo;He, not she&rdquo;. Hay en ambos libros pruebas a favor de la existencia de una maldici&oacute;n masculina, la que determina el destino fatal del lobo. El grito o el aullido, en cualquiera de los dos casos, es la interjecci&oacute;n impotente del padre fallido, y del hijo aterrorizado, y aquejado de autismo, y del marido ad&uacute;ltero.</p>
<p class="Standard">Los hijos y nietos de la transici&oacute;n que se acerquen a estas novelas hermanas, que no gemelas, est&aacute;n de enhorabuena, ya que despu&eacute;s les quedar&aacute; todav&iacute;a por leer &ldquo;El sue&ntilde;o de Torba&rdquo;, o &ldquo;Necesito una isla grande&rdquo;, o podr&aacute;n leer, a buen seguro de que lo har&aacute;n, la imponente obra po&eacute;tica de Rafael Soler, publicada en las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas. En cuanto a los que quieran escribir, despu&eacute;s de leer estas novelas, habr&aacute;n aprendido que cuando uno es joven y se siente apremiado a escribir hay que salir siempre a ganar, nunca a empatar, y todav&iacute;a menos a epatar.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">Rafael Soler. <em>Dos novelas de la Transici&oacute;n. El grito y El coraz&oacute;n del lobo</em>. Valencia, Contrabando, 2023</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 15 May 2023 09:08:13 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La historia que corre por mis venas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-historia-que-corre-por-mis-venas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/LUCAS_BENET_500_px_1.jpg" alt="" /></p>
<p>La historia comienza con la sangre que corre por mis venas, y contin&uacute;a hasta dar con la nutrida flor de mi cerebro. Sin embargo, esta historia no es a expensas de mi cerebro, o de un &oacute;rgano aislado del conjunto de mi cuerpo. Todo &oacute;rgano vivo y sano cuenta para esta historia, porque es la historia de mi sangre, y tambi&eacute;n de la sangre que corre por mis venas.</p>
<p>Pero no es la historia de alguien en concreto, o de mi mismo, es m&aacute;s bien la historia de los que no tienen rostro. Es la historia de aquellos olvidados en el camino. Es la historia de los que recorren la tierra, de los migrantes sin rostro ni tierra. Un desarraigo que comienza all&iacute; donde no puede haber m&aacute;s que sangre y tierra, corriendo ambas en paralelo en una huida hacia adelante mediada por la fuerza muscular de cada cuerpo. Es la historia de aquellos que viajan, y que recorren la distancia hasta terminar con su vida e identidad, su tr&aacute;nsito finito de promesas a&uacute;n por cumplir.</p>
<p>Sin embargo, para personalizar un cuerpo o varios a la vez bajo un mismo discurso, es preciso que hable una voz, que ser&aacute; la m&iacute;a. Pero no se tratar&aacute; de una autoridad sobre el resto de identidades a las que yo inmiscuyo en mi historia. Se tratar&aacute; m&aacute;s bien de una voz narrativa que esclarezca el por qu&eacute; de este recorrido. Por eso hablar&eacute; de mi camino en com&uacute;n con otros desde mi mismo, desde mi autoridad sobre el cuerpo que ostento y que, por su parte, nada dejar&aacute; atr&aacute;s en el olvido durante mi recorrido caminante y hablante. A partir de ahora, hablar&eacute; de mi mismo y de mi destino caminante.</p>
<p>Contin&uacute;o a partir de un comienzo, de un flujo en incesante cambio hacia una meta cada vez m&aacute;s lejana. Una meta siempre distante con cada paso dado. Sin embargo, mis pasos son decididos y dirigidos a un destino inevitable. Un destino no necesariamente geogr&aacute;fico, sino un destino de apropiaci&oacute;n, un destino hacia el origen de mi identidad.</p>
<p>Un viaje que termina en mi identidad. Y en toda la propiedad que poseo bajo mis pies andantes &ndash;una tierra de accidentes y de caminos a&uacute;n por abrir. Sobre mis pies se erige una fuerza que no cede, y una musculatura que me impulsa a gobernar &ndash;con los suficientes alimentos ingeridos&mdash; una voluntad por continuar mi camino de promesas, y que no terminar&eacute; de cumplir hasta que llegue a lo prometido.</p>
<p>Un migrante, un desarraigado y un errante con un destino prometedor, pero no localizable en un destino geogr&aacute;fico. No soy m&aacute;s que la mancha o la gota sobre un lienzo que, sin su lugar intencional, corre de aqu&iacute; para all&aacute; haciendo de si misma un recorrido que mancha y que deja huella. Sin un lugar en el que quedarme, un lugar que no est&aacute; en los mapas, puedo hacer de ese lienzo mi tierra. Un lienzo m&oacute;vil que rota sobre un eje y al que he entregado todo poder de decisi&oacute;n porque no me resolver&aacute; destino alguno si me propongo asentarme en alguno de sus territorios.</p>
<p>Es un lienzo o una tierra, un camino que rota sobre un eje y que queda siempre expuesto a los elementos del clima y de la consabida presi&oacute;n atmosf&eacute;rica, los cuales me permiten un entorno o, m&aacute;s bien, un espacio de tr&aacute;nsito de temperaturas templadas y evita que yo muera de fr&iacute;o o sofocado, expuesto como siempre lo estoy a la intemperie. Un lienzo que no hace m&aacute;s que ser por s&iacute; mismo, que se reduce a la fundamental fuerza de la gravedad y de cuyos pasos da moment&aacute;neamente cuenta aquel trazado que yo mismo marco. Una identidad migrante y sin hogar fijo, con menos proyecci&oacute;n en el lenguaje que el que me permite el di&aacute;logo con entidades, humanas y no humanas. Y yo, como pintura sobre el lienzo, me muevo manch&aacute;ndolo: porque no hago otra cosa que manchar. Y el resultado no puede ser otro que una pintura <em>en camino</em>, una pintura de caminos, una pintura caminante. Y yo no hago m&aacute;s que manchar con mis pies aquello sobre lo que me deslizo: la identidad del migrante sin m&aacute;s tierra que su propio lienzo m&oacute;vil de apariencias y de reverberaciones.</p>
<p>Un lienzo con mejor destino siempre que el asfalto no intervenga y ennegrezca con su densa arena bituminosa la tierra sobre la que me sustento. Una tierra a punto de ser caminada, enroscada en s&iacute; misma sin m&aacute;s fundamento que la apariencia territorial a la que se sustrae.</p>
<p>La continuidad de la historia que ya ha comenzado y a la cual ya hemos llegado tarde para verla nacer: esa es la historia que corre por mis venas. Es la historia de todo lo habido y por haber. De lo vivido y lo hecho, pero tambi&eacute;n de lo prometido y lo enviado. La historia que corre por mis venas es la sangre de mi organismo en tr&aacute;nsito hacia la meta de mi identidad.</p>
<p>Soy una mancha porque el paso que ejerzo sobre la tierra es un paso intencionadamente sin lugar ni peso en la existencia. En una sociedad sedentaria, mi paso no puede prolongarse mucho, por eso he de marchar y rotar sobre m&iacute; mismo como un eje sobre su centro porque la sociedad no es n&oacute;mada. Los n&oacute;madas recorremos la tierra manchando, pero sin quemar, por eso considero que yo soy alguien que mancho, pero no necesariamente quemo all&iacute; por donde pase, aunque se me acuse algunas veces de lo contrario. Soy una mancha que mancha en su recorrido, porque no siempre sobre un lienzo virgen hay una coincidencia entre el color a aplicar y el color aplicado. A eso se le llama mancha, por lo tanto, yo soy alguien que no coincide en ning&uacute;n lugar. Estoy solo sobre mis propios pies marchantes y <em>manchantes</em> de un arte ef&iacute;mero y perecedero sobre la tierra estoica, pero de todos nosotros.</p>
<p>Mis pasos sobre la tierra son certeros. La direcci&oacute;n tomada podr&iacute;a ser la equivocada, pero para saber eso tengo todo el camino del mundo por delante. Porque no se trata de un camino particular o concreto, sino de uno singular y absoluto. Y puede ser, ciertamente, que lo absoluto sea un camino err&oacute;neo. Pero no por ello dejar&eacute; de comer y de alimentarme sobre mis pies marchantes, y prohibirme el paso sobre este camino incierto. Se trata de un camino que no puede ser recorrido por s&iacute; mismo, ya que su comienzo y su final se conocen de antemano de principio a fin. Pero eso no es lo que me interesa. A mi lo que m&aacute;s me importa, y creo que a todos tambi&eacute;n, es el tr&aacute;nsito del caminante. Pues no es una marcha forzada, ni obligatoria. Es el camino del mundo que puede hacerse de m&uacute;ltiples maneras y ritmos. Puede incluso que el camino no termine nunca, o que la vida del caminante termine antes de ver su destino. Sin embargo, los que nos quedamos continuamos caminando.</p>
<p>Es el m&eacute;todo de lo transitorio ah&iacute; donde se nos permite la m&aacute;s rigurosa de las improntas para nuestra preparaci&oacute;n antes de llegar a nuestro destino.</p>
<p>Ah&iacute; donde comience el camino del mundo es ah&iacute; donde nacemos. No nacemos en un lugar intencional, o ah&iacute; donde elegimos. Nacemos donde encontramos el camino a la vida: un no lugar en el mundo a punto de ser abandonado. Por ese motivo nadie deja de ser migrante; porque desde que nacemos ya iniciamos la apertura a un horizonte de posibilidad y de caminos. Pues no se trata tanto de d&oacute;nde nacer, d&oacute;nde originarse, sino de hacia d&oacute;nde ir una vez ya estamos ah&iacute;, en el punto de no retorno. No es de otro modo que nacer y perecer comparten el mismo punto de identidad terminal: el origen del nacimiento y el destino de la muerte. Sin embargo, esta historia no es para recordar a los vivos o para mantener una tasa concreta de nacimientos por cada generaci&oacute;n. Esta historia es para los que se quedan, para los que caminan. Lo prometido es un destino de acercamiento a la m&aacute;s certera de las posibilidades: la muerte. Y, por lo tanto, de alejamiento del m&aacute;s alejado de los or&iacute;genes: el nacimiento. Es por ello que la condici&oacute;n del no nato, del no nacido, es la imposibilidad de no ser originado, de no ser caminante de un camino propio. Negado a ser arrojado.</p>
<p>Pero quiz&aacute; sea &eacute;se mismo punto de partida el error de todo comienzo. De todo recorrido posible y posibilitador. Porque el no nacido es alguien imposible y contingente, sin necesidad de darse su cuerpo o su voz. Ese no nacido es todo el abandono posible que dejamos atr&aacute;s y que olvidamos una vez nos embarcamos en la vida. El olvido de la contingencia de no haber nacido o de no haber sido originados. El nacimiento originador &ndash;ese fundamental primer paso de camino a la muerte&mdash; es el env&iacute;o a partir del cual abrirse camino en el mundo. Un mundo de posibilidades allende el lugar de nacimiento. A trav&eacute;s del cual somos depositados, iniciados en el recorrido &uacute;nico y de un solo sentido. Exteriorizado por un cuerpo, un rostro y una voz que dominan su volici&oacute;n por terminarlo con la dignidad propia de quien comienza algo; por terminarlo por el solo hecho de haberlo comenzado.</p>
<p>Sin saber a d&oacute;nde dirigirse continuamos el camino de aperturas y de contingencias. No necesariamente es un camino decidido al mil&iacute;metro dentro de un conocido abanico de posibilidades, pero s&iacute; es un camino ocasionado por la fuerza del nacimiento. Un nacimiento de vida y de camino, y de rotulaci&oacute;n de la vida por el camino elegido, pero en ning&uacute;n caso es un camino &uacute;nico y certero. Es todo lo que puedo decir por el momento: estar forzados a caminar una vez encontramos el mundo bajo nuestros pies.</p>
<p>No todo momento es oportuno para escribir. No puedo escribir mientras camino y mancho. Ahora que estoy sentado, medito y escribo quieto en un banco de la esquina evaluando cu&aacute;l es el presente mundial. Un mundo que medito yo, en mi haber, &uacute;nicamente los domingos, cuando acaba el &aacute;nimo festivo. Junto a mi texto siempre es domingo. Mi carga expositiva es dominical. El resto de la semana la camino. Mi objetivo &uacute;ltimo es decir lo que veo.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 15 May 2023 07:43:12 +0000</pubDate>
    </item>
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      <title><![CDATA[Sarcasmo, denuncia, desasosiego y realismo con nombre de mujer]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/sarcasmo-denuncia-desasosiego-y-realismo-con-nombre-de-mujer/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/ROSA_BERBEL_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>Las ni&ntilde;as siempre dicen la verdad</em> (2018) y <em>Los planetas fantasmas</em> (2022) de la sevillana Rosa Berbel (1997), ha tenido una buena recepci&oacute;n por lectores y cr&iacute;ticos pr&oacute;ximos al realismo, a pesar de ser el segundo m&aacute;s complejo respecto a la m&iacute;mesis de ese corte, realista. La poeta sevillana se present&oacute; con la perspectiva de la edad, funambulismos y circunstancias, reivindicaci&oacute;n o denuncia, con dos libros unitarios y colindantes en algunos aspectos. Me refiero asuntos como el desasosiego e incertidumbre ante el futuro, el fin de la infancia, denuncias de g&eacute;nero, la relevancia de eros o el deseo, el amor/desamor, a veces envueltos en el sarcasmo, y otros atados a la reflexi&oacute;n con que emprende el camino de la madurez, en su evoluci&oacute;n en algunos registros hacia un simbolismo bien trabado en el 2022. Un libro en el que tambi&eacute;n restaba protagonismo a los asuntos m&aacute;s escabrosos y de g&eacute;nero, con que se present&oacute; del 2018, y donde mostr&oacute; capacidad para sostener un poema largo narrativo con talento en verso libre. La inicial propuesta se ha ido mostrando en su evoluci&oacute;n m&aacute;s simb&oacute;lica, incluidos los gui&ntilde;os a la p&eacute;rdida de los referentes mim&eacute;ticos en <em>Los planetas fantasmas</em>. Adem&aacute;s de poseer mayor originalidad en la perspectiva y envoltorio del imaginario entre el fin de la fiesta y los &ldquo;cosmol&oacute;gicos&rdquo;, mayor simbolismo y complejidad, maneras de decir menos directas o declarativas. En cualquier caso, en la poes&iacute;a de Berbel priman el deseo y el amor/desamor, el sentimiento de p&eacute;rdida, la incertidumbre ante el futuro de &laquo;una generaci&oacute;n desalentada&raquo; (2018: 719), el sarcasmo, el desasosiego de una edad, entre otros ocasionales como la denuncia de abusos sufridos en redes o por el hecho de nacer mujer (2018). Ciertamente estos ocuparon lugar solo en 2018, muy en consonancia con el momento en que vivimos. Su palabra clara (independientemente de algunos simbolismos y peque&ntilde;os hermetismos en su evoluci&oacute;n) sin ampulosidades, ni logolalias (todo lo contrario), narrativa (cada vez menos, pero presente), sin excesivos riesgos en cuanto a los tropos, poco abundantes, pero propios y originales, supieron hablar de la capacidad para contar un mundo singular en sus desasosiegos, aunque a veces cayera en declarativismos secos. Eran libros subscritos a un querer decirse sin sucumbir a la narratividad huera, sin caer en amplificaciones, y puestos al servicio de contar un haz de conmociones y cuestionamientos, escondidas interrogaciones y emociones de toda &iacute;ndole. En fin, cuanto se ha venido en llamar &ldquo;Poes&iacute;a de la edad&rdquo; desde la perspectiva de una joven (que recuerda haber dejado de ser ni&ntilde;os &ldquo;antes de ayer&rdquo;) en un momento de tr&aacute;nsito.</p>
<p>La poes&iacute;a de Rosa Berbel, obviamente, no ha surgido de la nada. Sus anclajes en el realismo de los 80/90, y en las propuestas po&eacute;ticas del fragmento y malestar del 2000 de esa tendencia, parecen insorteables. Tambi&eacute;n las deudas con la evoluci&oacute;n del realismo desde el particular silabeo, procedimientos ret&oacute;ricos y f&oacute;rmulas me sugieren aplicadas lecturas de Carlos Pardo (tambi&eacute;n diferenciadas), en lo fundamental. Evidentemente solo son eso, ecos y rastros de aprendizajes, diferentes en algunas cuestiones, en otras no tanto, como las que adopta ante la incertidumbre (alg&uacute;n eco de Gil de Biedma, igualmente, en &laquo;Sisterhood&raquo;). En cualquier caso, y fuera ya de ese &aacute;mbito del origen, su propuesta alterna poemas relativamente largos y breves que se combinan y alternan entre pespuntes simb&oacute;licos, analog&iacute;as y los s&iacute;mbolos del tiempo o del paisaje, por ejemplo, entre otros dom&eacute;sticos, que intentan ejemplificar el momento emocional del yo y su circunstancia, junto a otros m&aacute;s declarativos o preocupaciones intelectuales (la belleza). Si en algo destaca Rosa Berbel es en el saber contar perplejidades y situaciones emotivas, con una sobresaliente capacidad de an&aacute;lisis de las sensaciones del tr&aacute;nsito desde la adolescencia a la madurez. O, si se prefiere, ese estar en el alambre y en las inseguridades del amor/desamor, las perspectivas inestables o inescrutables, la reivindicaci&oacute;n del deseo desde el ser mujer. Tambi&eacute;n su problem&aacute;tica, a veces no muy deseable, como el ser v&iacute;ctima de la violencia de g&eacute;nero, frente a la pureza del amor y el deseo. Sin duda la escritora sevillana sabe construir libros unitarios, narrar con acierto, zambullirse en el an&aacute;lisis de todas esas emociones, transmitirlas con crudeza y profundidad (pienso en &laquo;El final de los ritos&raquo; (2022: 53), estupendo), aunque haya lugares vac&iacute;os, pretenciosos o intrascendentes po&eacute;ticamente y vacuos. Tambi&eacute;n parece bastante exagerado escribir cosas del tipo, la &ldquo;calidad excepcional de sus poemas&rdquo;, como hace Fernando Aramburu, el buen novelista de <em>Patria</em> y formidable escritor de cr&oacute;nicas de f&uacute;tbol. No me lo parece. No le hace ning&uacute;n bien adem&aacute;s al estupendo y apetecible decir (de una sola manera, el verso libre, y con registros tonales pr&oacute;ximos), de la poeta sevillana. Excepcionales son C&eacute;sar Vallejo, Federico Garc&iacute;a Lorca o Pablo Neruda, por ejemplificar por lo breve. Por eso cuando Luis Bagu&eacute;, habla de la irrupci&oacute;n de un Big Bang l&iacute;rico, me parece igualmente muy desproporcionado con la realidad de sus poemas, aunque sean libros inteligentes y de poes&iacute;a que as&iacute; puede llamarse, en sus diferentes calidades, donde tambi&eacute;n hay sobrantes. Mucho m&aacute;s ajustada (y cauta) me parece la opini&oacute;n de Luis Garc&iacute;a Montero en Infolibre, al hablar de honradez saber mostrar el sentimiento, de no temer hacerlo, y abordar una interrogaci&oacute;n sobre la propia identidad desde un presente que reflexiona sobre los avatares del futuro y el pasado (oscureci&eacute;ndose).</p>
<p><em>Las ni&ntilde;as siempre dicen la verdad</em> (2018) plantea desde el poema pr&oacute;logo y su relevancia en indicar un sentido, una nueva situaci&oacute;n personal y emocional frente a &laquo;(&hellip;) aquel tiempo extra&ntilde;o, /los amigos se hab&iacute;an mudado lejos/los lugares antiguos de la infancia/ se hab&iacute;an transformado para siempre/ con la prisa salvaje de los a&ntilde;os perdidos&raquo; (2018: 9). Y a&ntilde;ade &laquo;Aunque quiz&aacute; todo esto/<em>ahora</em> no nos baste&raquo; (2018: 9). La cursiva del <em>ahora</em> marca esos dos tiempos a los que va a recurrir a lo largo de todo el libro, aunque no solamente, pero a los que confiere relevancia clave, ratificada con la cita de Rosana Acquaroni: &ldquo;Y que no recordabas/que la infancia termina/cuando se incendia el bosque de los ni&ntilde;os&rdquo; (2018: 13). Con ese proleg&oacute;meno se da comienzo a las cavilaciones: &laquo;&iquest;No era esto madurar: elegir cosas/y esconder la elecci&oacute;n a los dem&aacute;s?&raquo; (2018: 15) &hellip;o, tras un juego infantil rememorado, el de girar hasta marearse, la capacidad enigm&aacute;tica, misteriosa, herm&eacute;tica y sugerente de los trazos en el aire que se abandonan, en ese mundo de analog&iacute;as ajustadas con el v&eacute;rtigo: &laquo;Pero el hallazgo era nuestra suerte:/descubrir que los trazos del cuerpo y sus excusas/ condicionan el resto del paisaje&raquo; (2018:16). Trazos que se dejan y v&eacute;rtigo en el presente&hellip;</p>
<p>En la primera secci&oacute;n del libro y la &ldquo;extra&ntilde;eza&rdquo; de la &laquo;Ni&ntilde;a que no reconoce su cuerpo&raquo; (2018: 17), cuenta en &laquo;Deseo&raquo; (2018: 17), el despertar de una pulsi&oacute;n de la que se puede ser v&iacute;ctima. Y as&iacute; ocurre, con expl&iacute;cita referencia a en el t&iacute;tulo a la pel&iacute;cula <em>Sisterhood, </em>donde el acoso en redes es protagonista: &laquo;No s&eacute; si es suficiente con la rabia, / las m&uacute;ltiples aristas del car&aacute;cter, / no s&eacute; si protegernos suficiente/ la piel o la memoria de los abusadores&raquo; (2018: 21). Un asunto sobre el que vuelve en el poema que da t&iacute;tulo al libro, <em>Las ni&ntilde;as siempre dicen la verdad</em>. Los hombres, frente a las mujeres v&iacute;ctimas de ellos, son vistos como mentirosos, matan a sus esposas y abusan de ni&ntilde;as. Otro estupendo poema reportaje, por decirlo a la manera de Jos&eacute; Hierro, donde se recorre no solo el abuso, sino las consecuencias del mismo en la v&iacute;ctima y l&oacute;gicos sentimientos de odio. Poemas con sus correspondencias en &laquo;Retrato de familia&raquo; (2018: 23) donde el amargo sarcasmo, muy presente en su poes&iacute;a se aplica al concepto de &ldquo;familia&rdquo; ir&oacute;nicamente, pues marca lo contrario, el desamor, y m&aacute;s visto desde los ojos de la ni&ntilde;a en medio del conflicto y voz del mismo. Todo concluye, como no podr&iacute;a ser menos, en la desaz&oacute;n, y en el deseo de que la mujer le&oacute;n del poema &laquo;Frente a Dythrambe de Leonor Fini&raquo; (2018: 33), saltara del cuadro y agrediera a los hombres, aunque sea un imposible y reconozca: &laquo;la an&eacute;cdota es/ solo una an&eacute;cdota, / una mota de polvo/ sobre el gusto impecable de la historia (2018:34). En cualquier caso, y pensando en la <em>Po&eacute;tica</em> de Arist&oacute;teles (1.448&ordf;), los pinta como Dionisio, tal como son, y denuncia.</p>
<p><em>Planes de futuro</em> (2018: 37), t&iacute;tulo de la segunda parte y del poema que le da nombre, retorna a esa mirada &aacute;cida y sarc&aacute;stica, proyectada en esta ocasi&oacute;n sobre un cuestionamiento de la realidad (desde sus amargos augurios en los que, seguramente, no querr&iacute;a verse), de una familia media en mitad del camino de su vida, y sus &laquo;miedos felices&raquo; (2018: 43). Iron&iacute;as que llegan a &laquo;Femme fatal con prisa&raquo; (2018: 58) y que se agr&iacute;an en &laquo;Sala de espera para madres impacientes&raquo; (2018: 67), donde contin&uacute;a el desasosiego y la reflexi&oacute;n, agria y sarc&aacute;stica, sobre la circunstancia de la mujer que &laquo;no debe cambiar nunca sus horarios/ por asuntos exactamente propios&raquo; (2018: 68) entre otros asuntos pr&oacute;ximos y tratados con iron&iacute;a amarga. En cualquier caso, adem&aacute;s de esa incertidumbre ante el futuro o &laquo;el peso de la vida con sus dudas&raquo; (2018: 48), late en el libro un tono agrio y de denuncia, que ha gustado por ello y por la indudable unidad de mirada, am&eacute;n de por su accesibilidad. Y no les falta raz&oacute;n desde esa perspectiva, pr&oacute;xima a los reportajes de Jos&eacute; Hierro, salvadas las distancias, pero donde me parece que a&uacute;n falta un poco de magia en el saber decir en conjunto, aunque haya excepciones. En cualquier caso, Rosa Berbel mostr&oacute; talento y capacidad para sostener el poema largo narrativo espl&eacute;ndidamente.</p>
<p>El libro de referencia, <em>Los planetas fantasmas </em>(2022), arranca con una cita de Juan Luis Guerra: &laquo;Es un amor que contamina&raquo; (2022:13), para hablar de amor y deseo, inseguridades ante el futuro, de inestabilidad econ&oacute;mica, precariedad, en un libro de referencia del contarse desde lo joven. La primera parte viene trufada de todo ello, poemas de deseo y amor/desamor, soledades, con un tinte herm&eacute;tico en ocasiones y un querer decir m&aacute;s de lo que en realidad dicen como en &laquo;Gota fr&iacute;a&raquo; (2018: 25). Otros estupendos, caso de &laquo;El final de los ritos&raquo; (2022:53) donde los cambios hacia la madurez le llevan a comparar etapas o &laquo;aquel tiempo en que mudar/era solo mudarse (2022: 31). Se trata del momento en que se ha perdido el miedo a los enigmas, tambi&eacute;n la acritud de algunos momentos primer libro, y donde priman los interrogantes e inseguridades, el desasosiego a pertenecer en el futuro a la insuficiencia material de cierta clase media (vista con sorna agria) y el &laquo;no logramos llegar a fin de mes&raquo; (2022: 39), junto a las miradas sobre &ldquo;la fiesta&rdquo; y el &ldquo;final de la fiesta&rdquo; de la inocencia (quiz&aacute; con un gui&ntilde;o a Carlos Marzal, pero con un tono y sentido diferente).</p>
<p>La secci&oacute;n segunda y con el poema que le proporciona t&iacute;tulo &laquo;La conquista del paisaje&raquo; (2022: 57), vuelve sobre el modo de hacer narrativo y simb&oacute;lico de una situaci&oacute;n emocional y sus incertidumbres. Y as&iacute; la &laquo;ficci&oacute;n del oasis pareci&oacute; sostenernos/por un tiempo. Nos proteg&iacute;a la idea del refugio, /el recuerdo del agua nos saciaba/. Suceden tantas cosas mientras nos falta el agua&hellip;/ Sin embargo, el deseo/ es una lengua &uacute;nica.&raquo; (2022:58). Sin olvidar la reflexi&oacute;n posterior: &laquo;El ojo del futuro se abr&iacute;a a nuestros pies/y dentro de &eacute;l ve&iacute;amos a Dios. /O a un enigma de Dios. /Tan real en su textura/como una alfombra m&aacute;gica&raquo; (2022: 59). &laquo;El ojo del futuro&raquo; se abr&iacute;a ante sus pies como un precipicio, parece decir contextualmente, y donde irrumpe ese breve irracionalismo del &laquo;enigma&raquo;, m&aacute;s o menos identificado con la idea del enigma de la divinidad, al que hab&iacute;a renunciado expl&iacute;citamente en el libro anterior, o donde confirmaba el sentido, simb&oacute;lico en este libro, mucho m&aacute;s que en el previo, sobre el amor o la vida: &laquo;Una existencia breve, dispuesta a la esperanza&raquo; (2022: 21), o ese &laquo;Velar por el futuro&raquo; (2022:69) o&nbsp; &laquo;proteger el futuro/de las desolaciones del lenguaje&raquo;(2022: 73). O, si prefieren, &laquo;Ignoramos a&uacute;n lo que seremos&raquo; (2022: 53), el &laquo;futuro impermeable (2018: 10) o &laquo;inescrutable&raquo; (2022: 49), a la par de los deseos de olvidar la familia y &laquo;librarnos de su historia&raquo; (2018: 33). Ese pasado pesa y lo deseable est&aacute; por llegar: &laquo;Cuando digo ma&ntilde;ana nos convoco&raquo; (2018: 41). &laquo;Cuando acab&oacute; la fiesta&raquo;, tercera de las secciones, aborda el sentido de la magia, el deseo y la celebraci&oacute;n del deseo. O&nbsp; la insoportabilidad de la belleza desde los lenguajes &ldquo;impuros&rdquo; que apelan en este caso a un simb&oacute;lico espacio dom&eacute;stico con el expl&iacute;cito t&iacute;tulo: &laquo;Limpieza general&raquo; (2022: 67) y la hermosa mancha de la belleza, la belleza que ensucia y atrapa, entre sensaciones de extra&ntilde;eza &laquo;una virtud alegre/un esplendor que bulle/que explota y nos alcanza&raquo; (2022:73).</p>
<p>As&iacute;, bajo ese &laquo;paisaje extraterrestre&raquo; (2022: 79) donde ha situado su extra&ntilde;eza y estado emocional, preocupaciones y pulsiones, en esos &laquo;planetas fantasmas&raquo; y en su traves&iacute;a por el &laquo;paisaje obligatorio&raquo; (202: 81), ha esquivado el realismo del libro anterior &laquo;traicionando del todo/ el referente&raquo; (2022: 83), pues la poeta desea escapar del paisaje real, cambiarlo, pues &laquo;Ni los mundos posibles/ni los mundos reales/ existir&aacute;n jam&aacute;s para nosotros&raquo; (2022: 83). El libro ha trasladado el discurso a un plano simb&oacute;lico, que desea explicar bajo la palabra &laquo;devoci&oacute;n&raquo; (2022:86), en el poema de cierre del libro y el ciclo m&aacute;gico de la simb&oacute;lica irrealidad, de manera expl&iacute;cita. Siempre dentro de esa arquitectura de la &ldquo;fiesta&rdquo; que se acaba, y esa imaginer&iacute;a plena de im&aacute;genes amorosas en un libro que empezaba con &laquo;Nuevos prop&oacute;sitos&raquo; (2022: 15) y donde &laquo;La fiesta hab&iacute;a acabado para siempre&raquo; (2022: 15) o &laquo;La fiesta termin&oacute;/ y la casa ya no es nuestra casa&raquo; (2022: 85).&nbsp;</p>
<p>Canci&oacute;n de juventud, y sus sat&eacute;lites, esta de Rosa Berbel, vividas desde una mirada que mantiene que &laquo;El poema se construye en la verdad&raquo; (2018: 44), aqu&iacute; y ahora, a&ntilde;ade, como po&eacute;tica, junto a la belleza impura. Verdad que sit&uacute;a a la autora en un camino que va desde cuanto M.L. Roshenthal llam&oacute; poes&iacute;a confesional en un c&eacute;lebre art&iacute;culo, &laquo;Poetry as confession&raquo; escrito para The Nation en 1959, a la denuncia de g&eacute;nero y su puesta en escena pues &laquo;lo personal sigue siendo pol&iacute;tico&raquo; con Kate Miller. El t&eacute;rmino confesi&oacute;n no implica un realismo mim&eacute;tico al ciento por ciento, obviamente, sino tambi&eacute;n la traslaci&oacute;n de problem&aacute;ticas y cuestionamientos, afianciamientos: &laquo;Hemos perdido el miedo a los enigmas&raquo; (2022: 35), por citar alguno de los muchos posibles. En el caso de Berbel priman los del amor y la incertidumbre, entre otros ya se&ntilde;alados, y que imantan <em>Los planetas fantasmas</em>. Un libro bastante distinto al inicial, <em>Las ni&ntilde;as siempre dicen la verdad</em>, pese a ciertas contig&uuml;idades de asunto, pero donde el tono y la f&oacute;rmula giran hacia un imaginario m&aacute;s complejo, simb&oacute;lico, ambiguo y fantasmal. &laquo;Las emociones crean realidades&raquo; (2022: 19) y tambi&eacute;n fantasmas atados a analog&iacute;as con el paisaje y el tiempo de los que, con originalidad, se ha servido tambi&eacute;n para asumir contar el presente, la des/esperanza y el deseo. Y lo ha hecho de manera muy convincente, compleja y apetecible, para convertir estos dos libros en poes&iacute;a, que as&iacute; puede llamarse, desde la exclusividad del verso libre como &uacute;nica propuesta en ese sentido. Sin duda algunos cr&iacute;ticos han exagerado sobre su alcance, o eso me parece, pero lo cierto es que la poes&iacute;a de Rosa Berbel, sobre todo este &uacute;ltimo libro, est&aacute; entre los mejores que he le&iacute;do de poes&iacute;a joven espa&ntilde;ola, junto a los iniciales de Julieta Valero, o Ana Gorr&iacute;a de <em>Clepsidra</em> (2004) y <em>Ara&ntilde;a</em> (2005) o <em>Los salmos fosforitos</em> (2017) de Berta Garc&iacute;a Faet, entre otros. El volver a cantar desde el yo, con claridad y oficio, verosimilitud y mundo personal, nos ha tra&iacute;do la grata sorpresa de la poes&iacute;a de la joven poeta sevillana Rosa Berbel desde el realismo (cada vez m&aacute;s simb&oacute;lico), para completar un panorama donde el irracionalismo parec&iacute;a tener en los &uacute;ltimos a&ntilde;os m&aacute;s presencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rosa Berbel. <em>Las ni&ntilde;as siempre dicen la verdad</em> (Hiperi&oacute;n, 2018) y <em>Los planetas fantasmas</em> (Tusquets, 2022)</p>
<p>*Fotograf&iacute;a de F&aacute;tima Rueda.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 02 May 2023 12:34:49 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“Elenco” o la vida total]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/elenco-o-la-vida-total/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/_LVARO_GARC_A_3_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>Elenco</em> es lo m&aacute;s sorprendente que he le&iacute;do en mucho tiempo. Un aparentemente anodino narrador, que me ha podido resultar tan antip&aacute;tico como a veces yo a m&iacute; misma, me ha ense&ntilde;ado que nuestro tiempo y nuestro espacio no son los que nos cuentan.</p>
<p>En el acuerdo de inventar d&iacute;as perfectos hay una esperanza, aunque la biolog&iacute;a trame lo suyo. El entusiasmo est&aacute; en quien lo ha perdido todo y le queda hacer su propia coreograf&iacute;a con el elenco de sus seres queridos en el espacio que anula el tiempo. Todo, escondido bajo una fina iron&iacute;a utilizada como trampantojo. A veces me he topado con frases imposibles, pero supongo que ser&aacute;n parte de la novedosa t&eacute;cnica narrativa. Me ha gustado mucho.</p>
<p>Pese a su brevedad, su trama aparentemente anodina y sus frases a veces imposibles, en una novela donde en un principio parece que no se cuenta nada, al final he terminado pensando que se cuenta todo. El narrador acaba siendo un alter ego del lector. Para las expectativas del mundo puede estar acabado, pero est&aacute; extraordinariamente vivo.</p>
<p><em>Elenco</em> nos lleva por ciudades m&iacute;ticas que son como una contrase&ntilde;a para acabar llev&aacute;ndonos a ciudades sin nombre, escenario de una vida inventada. Pero antes nos pasea por todos los temas "existenciales" desde otro sitio: la paternidad ser&aacute; tener dos madres y no ser padre, el amor ser&aacute; los amores, el sexo no ser&aacute; el procreativo ni el pornogr&aacute;fico, sino algo muy distinto. La muerte es otra muerte. La escritura ser&aacute; el medio por el que no se cuenta la historia oficial y registrar&aacute; el acuerdo de inventar un verano, escritura delegada si hace falta. Un animal ser&aacute; el depositario de la memoria.</p>
<p>En esta novela, la filosof&iacute;a deja de ser ideas prestadas para convertirse en la sabidur&iacute;a. La amistad ser&aacute; otra, otros el arte, el vecindario, el mar. Todos los temas y ninguno, narrados en primera persona, dan una narraci&oacute;n amable de la que surgen los di&aacute;logos, van y vienen los personajes, las situaciones y la atenci&oacute;n del lector cautivado por una prosa artesana donde cada frase y cada palabra est&aacute;n engastadas en un trabajo fino de connotaciones y resonancias cercanas al poema. <em>Elenco</em> no es poes&iacute;a novelada; es novela a la que puedes volver. No se acaba en una sola lectura.</p>
<p>Un placer y un privilegio la lectura de esta novela que no puedo dejar de recomendar. No hay otro espacio ni otro tiempo que el del "baile". No hay m&aacute;s verdad que la coreograf&iacute;a con el elenco de los seres queridos. No hay nada m&aacute;s esperanzador y optimista que "el entusiasmo fruto de haber naufragado ya del todo". S&oacute;lo desde ah&iacute; se accede a una vida total.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&Aacute;lvaro Garc&iacute;a, <em>Elenco</em>, Lleida, Milenio, 2022.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 02 May 2023 09:32:09 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un clásico llamado Francisco Ferrer Lerín]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-clasico-llamado-francisco-ferrer-lerin/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/FRANCISCO_FERRER_LER_N_4_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Standard">Una figura fundamental de la l&iacute;rica espa&ntilde;ola en los &uacute;ltimos a&ntilde;os es, sin duda, Francisco Ferrer Ler&iacute;n. Su extra&ntilde;eza radica en la utilizaci&oacute;n de material exol&iacute;rico y su inclusi&oacute;n, sin complejos, en sus libros considerados l&iacute;ricos, de elementos y g&eacute;neros no po&eacute;ticos, y tratarlos adem&aacute;s con una naturalidad agen&eacute;rica heredada de la vanguardia, en donde se trataba al g&eacute;nero como un marco conceptual difuso. He ah&iacute; la diferencia primordial de este autor.</p>
<p class="Standard">Actitud antirrom&aacute;ntica, vanguardista prenov&iacute;simo, oniromancia textual, ciencia aplicada a la poes&iacute;a, poema narrativo, poes&iacute;a despojada de toda la carga simb&oacute;lica que se le supone desde el punto de vista de la Po&eacute;tica tradicional. Condici&oacute;n epatante. Sus matrices te&oacute;ricas no rastrean las de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola. Influencia francesa y anglosajona, as&iacute; como la del maestro Borges, que inicia, para toda la literatura moderna, un nuevo m&eacute;todo de escribir.</p>
<p class="Standard">En <em>La condici&oacute;n radical</em> se explican todos los procesos l&iacute;ricos, as&iacute; como la tem&aacute;tica recogida en sus ocho libros de poes&iacute;a. Se deja aparte en este volumen la escurridiza narrativa leriniana, merecedora por s&iacute; misma de otro volumen. Es este adem&aacute;s el primer trabajo &iacute;ntegro sobre su obra, a pesar de la enorme cantidad de literatura cr&iacute;tica a que han dado lugar su vida y sus libros. (Esta fortuna cr&iacute;tica tambi&eacute;n se recoge aqu&iacute;).</p>
<p class="Standard">Se divide este estudio en dos partes bien diferenciadas, la primera, explica cada uno de los libros de poes&iacute;a publicados, con un an&aacute;lisis pormenorizado, y una amplia ejemplificaci&oacute;n de los versos que los componen, para dar paso, en la segunda parte, a los Mecanismos internos del poeta. Tambi&eacute;n se ofrecen dos entrevistas con el autor, una breve antolog&iacute;a, o su azarosa biograf&iacute;a. Se recogen tambi&eacute;n dos poemas in&eacute;ditos de su primera etapa, cuando contaba apenas con diecisiete a&ntilde;os, escritos a vuelapluma en hojas de publicidad arrancadas en un momento de inspiraci&oacute;n.</p>
<p class="Standard"><em>La condici&oacute;n radical </em>trata de extirpar ciertos conceptos muy asentados en la cr&iacute;tica nacional, conceptos que no se corresponden con la realidad, o que fueron ciertos durante un breve espacio de tiempo y que, ahora, precisan una revisi&oacute;n total para entender un trabajo cuya extra&ntilde;eza ha servido para explicar toda su obra. Sin embargo, la capacidad compositiva de los textos lerinianos es amplia y variada.</p>
<p class="Standard">Tambi&eacute;n se habla de su agraf&iacute;a o de su silencio durante m&aacute;s de tres d&eacute;cadas, tratando de explicar esta actitud en la obra. Un aspecto que separa en dos su obra total, la de juventud, fruto de una inusitada inspiraci&oacute;n creativa, recogida en una serie de cuadernos y carpetas numerados y de donde se fueron nutriendo sus tres primeros libros. La segunda etapa fue fruto de una mayor reflexi&oacute;n compositiva y de una acertada madurez personal de artista.</p>
<p class="Standard">Aunque ambas partes en su obra comparten rasgos estil&iacute;sticos: el apoyo en una sintaxis &uacute;nica, la poes&iacute;a sintagm&aacute;tica, la sem&aacute;ntica, el idiolecto leriniano; tambi&eacute;n se da paso, en la segunda etapa, a una serie de rasgos y de temas asociados a la senectud y a la preocupaci&oacute;n por la muerte o el acabamiento, para seguir nutri&eacute;ndose de material muy ajeno a la poes&iacute;a, como es la teor&iacute;a matem&aacute;tica de grafos, que da nombre a su trabajo m&aacute;s reciente, <em>Grafo pez</em>.</p>
<p class="Standard">La importancia de su obra se demuestra en la reciente aparici&oacute;n de <em>Poes&iacute;a Reunida</em> en Tusquets.</p>
<p class="Standard">Obra rebelde, atemporal, su obra es una muestra continua de originalidad que hace cuestionarnos a los lectores por la ra&iacute;z misma de la poes&iacute;a actual, que se debate entre la permanencia en las listas de ventas, o por la calidad est&eacute;tica que busca, como dir&iacute;a H&ouml;lderlin, esa eternidad permanente fundada por los poetas, que hace de Ferrer Ler&iacute;n un cl&aacute;sico.</p>
<p class="Standard">Joaqu&iacute;n Fabrellas, <em>La condici&oacute;n radical</em>, Zaragoza, Libros del Innombrable, 2023.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 21 Apr 2023 11:38:16 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El escritor que lleva dentro]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-escritor-que-lleva-dentro/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/JULIO_JOS_ORDOV_S_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Escrib&iacute;a Carlos Cast&aacute;n (<em>La Expedici&oacute;n</em>, 9, dossier sobre <em>El autor y su primera obra</em>) que el primer libro suele ser el de m&aacute;s larga gestaci&oacute;n, est&aacute; todo ah&iacute;, los fantasmas de la ni&ntilde;ez y los tragos &uacute;ltimos de la noche pasada: "a medida que va transcurriendo algo de tiempo comprendemos que en ese libro no hab&iacute;a apenas nada, y en la mente se nos empiezan a organizar de nuevo los mismos fantasmas con distintas cadenas, amarguras y sue&ntilde;os&rdquo;.</p>
<p><em>D&iacute;as sin d&iacute;a</em> (Xordica, 2004), el primer libro de Ordov&aacute;s, era un galimat&iacute;as que radiografiaba crudamente el volc&aacute;n que llevaba en su cabeza. En el magma de aquella erupci&oacute;n se mezclaban enojos de adolescente, pesadillas, modestias, soberbias y una larga ristra de frases que lo ennoblec&iacute;an: "Si no dejas parte de ti en la p&aacute;gina esa p&aacute;gina es papel mojado. Lo malo es que llegar&aacute; un d&iacute;a en que no tendr&aacute;s fuerzas ni valor para seguir escribiendo".</p>
<p>Por entonces Ordov&aacute;s ya publicaba en la revista <em>Clar&iacute;n</em>, bajo la cirug&iacute;a de Jos&eacute; Luis Garc&iacute;a Mart&iacute;n, rese&ntilde;as de los muchos libros que le&iacute;a y cosas sueltas suyas. Un escritor no se cultiva en la estrecha imaginaci&oacute;n que le conduce a novelas negras o rosas o legendarias, salpimentadas de est&uacute;pidas dosis de besos y otros argumentos de cart&oacute;n piedra. Un escritor se hace en la cr&oacute;nica, en la cr&iacute;tica, en las lecturas y en la observaci&oacute;n. Lo har&aacute; luego en <em>El Pa&iacute;s</em>, en <em>La Vanguardia</em>, en <em>ABC, </em>en la misma<em> Turia</em>. Contar&aacute; viajes a mansiones y museos de Europa, sobre pueblos aragoneses que quieren ser ciudades, sobre pintores que adem&aacute;s del color y la forma pretenden dilucidar la iron&iacute;a de la vida. Ordov&aacute;s deja sobre el papel el rastro de un caracol que persigue ser una liebre. Trabaja con denuedo en dos novelas que ver&aacute;n la luz en Anagrama.</p>
<p><em>El Anticuerpo</em> (2014) y <em>Para&iacute;so Alto</em> (2017) son las dos novelas con las que Ordov&aacute;s se present&oacute; a la sociedad literaria, en la editorial que le apetec&iacute;a: donde hab&iacute;a le&iacute;do a Carver, a Bernhard, a Modiano o a Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n. <em>El Anticuerpo</em>, que recibi&oacute; una buena cr&iacute;tica tanto en Espa&ntilde;a como en Francia, formaba ya parte del universo que vamos a ver en su &uacute;ltima obra, <em>Castigado sin dibujos</em>. Algo menos, pero tambi&eacute;n, la segunda. No obstante, Ordov&aacute;s se encontr&oacute; con dos cordilleras que le cerraron el paso. Una, fabricada por &eacute;l mismo al hacer demasiado caso al polaco Gombrowicz, o quiz&aacute; no lo entendi&oacute; bien: "el arte consiste en escribir algo totalmente imprevisto". Y escribi&oacute; en <em>Anticuerpo</em> sobre un yonqui que acampaba en los tejados de su pueblo y en <em>Para&iacute;so Alto</em> sobre un &aacute;ngel que recog&iacute;a suicidas en un pueblo abandonado, que pod&iacute;a ser Almonacid de la Cuba, con alguna pincelada del <em>Amanece que no es poco</em>, de Jos&eacute; Luis Cuerda . Estas cosas espantan a muchos que no supieron ver lo que hab&iacute;a debajo de lo anecd&oacute;tico. Porque debajo estaba el escritor hablando con madurez literaria de s&iacute; mismo y del mundo que nos rodeaba. De la otra cordillera tuvo menos culpa Ordov&aacute;s. Anagrama, que ya estaba con Herralde de retirada y en manos de la italiana Feltrinelli, se hab&iacute;a convertido en una f&aacute;brica que soltaba muchos productos sin demasiado cari&ntilde;o, por ver c&oacute;mo funcionaban. Y sin amor, el futuro no prospera.</p>
<p>Ha habido que esperar unos a&ntilde;os hasta que Chus&eacute; Ra&uacute;l Us&oacute;n ha prestado el calor imprescindible que da la editorial Xordica. El editor acompa&ntilde;a al escritor, lo defiende, busca portadas atractivas, las pesa, las sugiere. <em>El peat&oacute;n sentimental</em> (2022) se desprend&iacute;a de decorados extra&ntilde;os y se sumerg&iacute;a en lo imprevisto: alguien que camina en lo que otros llamamos madrugada y nos descubr&iacute;a la belleza, la soledad y la locura de Zaragoza. Ordov&aacute;s no cae en la trampa, como caen muchos escritores actuales, de describir la vida corriente en un plano corriente e ins&iacute;pido, sino la vida profunda. La del que camina y la del recorrido caminado: "Plazas que se abren en todas las direcciones. Plazas cerradas sobre s&iacute; mismas. Plazas en que los muertos se mezclan con los vivos. Plazas que te trasladan a otras plazas de otras ciudades. Las plazas son tambi&eacute;n espejos en los que la ciudad se mira y en los que nos miramos nosotros al pasar por ellas". Enumeraciones y repeticiones que pueden venir de Perec, de Vila-Matas, de Bernhard, pero que ya son de Ordov&aacute;s.</p>
<p>El escritor no debe desnudarse, debe enriquecer su paleta de palabras, de sentimientos, de pausas y, en el caso de Ordov&aacute;s, de saber situar los fragmentos del espejo roto, de tal forma que a&uacute;n fragmentado en el suelo te devuelva una imagen. Eso es lo imprevisto.</p>
<p>En <em>Castigado sin dibujos, </em>vuelve a su pueblo, a su ansia de investigar con la lupa de la emoci&oacute;n los secretos que guardan en las casas sus habitantes. Las zonas oscuras que guarda su familia y que &eacute;l ni siquiera sospecha. Se pregunta por qu&eacute; las corridas de toros duraban en la televisi&oacute;n tanto tiempo y los dibujos animados tan poco. Pero no solo habitan los recuerdos, los recuerdos son traicioneros, los compara con el presente y muestra el precipicio por el que no debe caer: "Convertida en un bien de consumo, la basura nost&aacute;lgica se vende cada d&iacute;a mejor. Tambi&eacute;n en el mercado literario".</p>
<p>Un escritor es un perro que olfatea, un detective que mira y ve. Sin ambas premisas se podr&aacute; publicar un libro que sea un magnetof&oacute;n abierto pero no una caja de pinturas donde resaltan los azules del cielo, los amarillos del secano, la estela blanca de un F-16, el sudor fr&iacute;o de su piloto. Julio Jos&eacute; Ordov&aacute;s despega con estos dos &uacute;ltimos libros hacia Dios sabe d&oacute;nde o hacia la literatura m&aacute;s imprevisible y m&aacute;s deseada, porque "los padres, los ni&ntilde;os, los televisores, los sof&aacute;s y los dibujos animados han cambiado".</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Julio Jos&eacute; Ordov&aacute;s, <em>Castigado sin dibujos</em>, Zaragoza, Xordica, 2023.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 17 Apr 2023 10:47:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Haikus del golfo de Bizkaia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/haikus-del-golfo-de-bizkaia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/AITOR_FRANCOS_3_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Olifante Ediciones de Poes&iacute;a, en su colecci&oacute;n &lsquo;Papeles de Trasmoz&rsquo;, presenta este mes dos novedades que comparten carta de navegaci&oacute;n pues, desde el golfo de Bizkaia, ambas orientan su astrolabio hacia el alto brillo de la poes&iacute;a tradicional nipona. Para quien pueda no estar familiarizado con ella, las modalidades m&aacute;s extendidas a occidente desde aquel lejano archipi&eacute;lago son tres: el haiku, el senryu y la tanka. El haiku y el senryu son tercetos de arte menor en los que se muestra una emoci&oacute;n o se demuestra asombro utilizando un patr&oacute;n sil&aacute;bico que, en su ortodoxia, queda fijado por un ritmo 5-7-5. Pese a su sencillez enga&ntilde;osa, atienden a una complejidad que reside en las constricciones articuladas por los temas can&oacute;nicos que les son definitorios y por ciertos hitos por los que transitar, como el cuidado y sostenimiento de los ritmos y acentos internos de sus<em> </em>moras o la consignaci&oacute;n del <em>kigo</em>, entre otras cosas. La diferencia b&aacute;sica entre ambos reside en que si el primero tiene a la naturaleza como inspiraci&oacute;n o referente, el segundo es m&aacute;s libre en cuanto a tema y restricciones, elimin&aacute;ndose el <em>kigo</em>, referencia temporal o estacionaria que marca el momento en el que el deslumbramiento evocado por la naturaleza provoca la escritura del haiku y en el que se enmarca. Por su parte, la tanka la conforman cinco versos, por lo general, siguiendo el patr&oacute;n 5-7-5-7-7 que se dividen en dos unidades r&iacute;tmicas, asimilables a un senryu al que completaran dos versos como colof&oacute;n. El tema m&aacute;s habitual de la tanka tradicional es el amor carnal y se cree que, en su origen, constitu&iacute;a un mensaje que cifraba la pasi&oacute;n de los amantes entre las met&aacute;foras de sus versos.</p>
<p>En estos dos &uacute;ltimos vol&uacute;menes de la serie &lsquo;Papeles de Trasmoz&rsquo; lo que vamos a hallar &uacute;nicamente son poemas encuadrables dentro de las dos primeras categor&iacute;as: haikus y senryus, composiciones que, por su brevedad, retan las capacidades de expresi&oacute;n del poeta, al constre&ntilde;irse su creatividad dentro de una extensi&oacute;n de tan solo 17 s&iacute;labas. El volumen 110 de la colecci&oacute;n lleva por t&iacute;tulo <em>Migas de Sombra</em> y lo firma Aitor Francos (Bilbao, 1986), autor que en los &uacute;ltimos 12 a&ntilde;os ha publicado 10 poemarios y 5 libros de aforismos, entre otras cosas. El estilo de los haikus de Francos es limpio y correcto &mdash;sin mutilaciones ni estrangulamiento de la palabra&mdash; y en ellos se despliega una voz atenta a los aromas y sucesos del mundo circundante. En el se aprecia un posicionamiento del yo que tiene presente al ni&ntilde;o que fuera y donde ya enraizara la soledad primera, esa desde la que se abrieron por primera vez sus ojos, de par en par, a la contemplaci&oacute;n: &ldquo;Ante la luna/c&oacute;mo no ser un ni&ntilde;o/ abandonado&rdquo;. Tambi&eacute;n destaca el animismo con el que ti&ntilde;e la intenci&oacute;n de la naturaleza o de cualquier objeto, mientras que la sensibilidad del poeta esboza el instante unas veces describiendo los visible &ldquo;El girasol, / en posici&oacute;n de rezo. / Anochecer&rdquo; y en otras a lo invisible &ldquo;Prendas de j&oacute;venes. / La due&ntilde;a del vestido / es la cascada&rdquo;.</p>
<p>Por su parte Carlos D&rsquo;Ors (San Sebasti&aacute;n, 1951) &mdash;con una dilatada carrera como poeta, narrador, ensayista pintor, cr&iacute;tico de poes&iacute;a y de arte&mdash;, firma el volumen 111, <em>Querida Naturaleza</em>, en el que despliega su hilo de voz a lo largo de cuarenta y siete cadenas de diecisiete s&iacute;labas, todas nombrando elementos de esa Naturaleza a la que se dirige, y en los que se evidencia su contemplaci&oacute;n del mundo animal y vegetal, de los astros que pautan sus ciclos y de los instantes irrepetibles que la vida nos depara: &ldquo;Una mariposa:/ brisa de primavera/ su parpadear&rdquo;. Para el poeta la Naturaleza es un ente independiente, sin necesidad de la presencia humana, humanidad que se beneficia de los dones de aquella, de su belleza, y del &eacute;xtasis naciente de su admiraci&oacute;n: &ldquo;Cada p&aacute;jaro/ en sus ojos refleja/ todo el cielo&rdquo;, observaci&oacute;n que &mdash;con la erupci&oacute;n reciente en el Parque Natural de Cumbre Vieja&mdash; permite asistir a acontecimientos asombros, como el nacimiento de la nueva geograf&iacute;a: &ldquo;Vomitas, volc&aacute;n, / asistimos al parto / de la monta&ntilde;a&rdquo;.</p>
<p>Sorprendidos doblemente por la irrupci&oacute;n del haiku vasco en el cat&aacute;logo de Olifante, tras estas lecturas, podemos entender y vislumbrar el engarce de estas peque&ntilde;as cuentas sobre el blanco horizonte del papel impreso, pues se tratan de perlas m&iacute;nimas crecidas a partir de la recepci&oacute;n una mota de polvo del hoy sobre la que el tiempo y la reescritura construye tres capas nacaradas (5-7-5), redondeando ese momento y presentando al lector el brillo esf&eacute;rico de sus poemas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aitor Francos, <em>Migas de sombra</em>, Zaragoza, Olifante, 2023.</p>
<p>Carlos D&rsquo;Ors, <em>Querida Naturaleza</em>, Carlos D&rsquo;Ors, Olifante, 2023.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 17 Apr 2023 10:18:32 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Barro que repara las heridas desde el derrumbe]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/barro-que-repara-las-heridas-desde-el-derrumbe/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/LAURA_GIORDANI_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>Manca terra</em> es un libro original y necesario: critica la poes&iacute;a muerta y propone otra que nazca del contacto con la tierra, con la vida. Tiene car&aacute;cter pol&iacute;tico porque ans&iacute;a cambiar la realidad.</p>
<p>Consta de cuatro partes perfectamente vertebradas. La primera es una invocaci&oacute;n y una po&eacute;tica, en cuanto que reclama &ldquo;lo intacto, / el barro primero / habla de un lenguaje que no sea adquisici&oacute;n&rdquo; (p. 26). La segunda es un retablo de desposesi&oacute;n y de muerte: campos de concentraci&oacute;n, vidas truncadas. La tercera, que da nombre al libro, trata de la naturaleza y de los seres humanos en extinci&oacute;n. La cuarta y &uacute;ltima parte aporta una posible soluci&oacute;n, que pasa por la rebeld&iacute;a y por aproximarnos, <em>aprojimarnos</em>, a todos los seres humanos, a la tierra, al &aacute;rbol. Vuelve a la poes&iacute;a para afirmar que ha de ser un canto de derrumbe, puesto que &ldquo;La demolici&oacute;n requiere su m&uacute;sica y sus poetas&rdquo; (p. 50).</p>
<p><em>Manca terra</em> es un libro inc&oacute;modo, pol&iacute;ticamente incorrecto, que reniega del lenguaje &ldquo;po&eacute;tico&rdquo; para hallar otro nuevo que sea &ldquo;una s&uacute;bita floraci&oacute;n en la rama calcinada&rdquo; (p. 18). Para ello hay que &ldquo;fracturar la senda de las palabras, extremar sus l&iacute;mites y resistencias&rdquo;. Tambi&eacute;n han de nacer las palabras como frutos, como cantos: &ldquo;una columna vencida / retornando a su patria&rdquo; (p. 18). En <em>Manca terra</em> respira el exilio, se construyen casas de la infancia, &ldquo;camino hasta la puerta de la casa: sus cimientos en el aire (&hellip;) Giro la llave: todas las p&eacute;rdidas se agolpan en el costado izquierdo como refugiados en una &uacute;nica frontera&rdquo; (22).</p>
<p>Al final del libro reivindica el poema-canto. Es importante hablar desde un no-lugar, de exilio, desde el que poder conectar con todos los seres humanos y con la tierra: &ldquo;La tierra que no est&aacute; en ninguna parte / esa es la verdadera patria&rdquo; (87). Porque la salvaci&oacute;n viene de la desposesi&oacute;n, de volver a lo esencial. El canto que nos salve ha de ser &ldquo;canto del derrumbe, la exaltaci&oacute;n de lo roto, pura ley del caos. Que hablen los elementos, madre saqueada, expoliada, un canto salv&iacute;fico, un himno, canto de lo que cae, de lo que espera no caer del todo&rdquo; (101). Hasta que volvamos a la infancia, &ldquo;hasta que vuelva a latir el &aacute;rbol de la infancia&rdquo; (105). Porque la infancia &ldquo;es el &aacute;rbol salvado de la quema / por su savia transparente / no maderable / todav&iacute;a&rdquo; (42). Ese canto ha de ser testimonio y rebeld&iacute;a. Ha de ser para la vida, no para la Literatura. Ha de contar el ecocidio en que nos ha tocado vivir, la agon&iacute;a de aquella vida que conocimos en la infancia. Para ello &ldquo;Lo po&eacute;tico (debe estar) a salvo de los poetas&rdquo;. Porque lo po&eacute;tico respira en otro lugar &ldquo;tan fr&aacute;gil / como un parpadeo entre dos mundos o las lilas de Celan. A veces, por un instante, nos toca con su gracia&rdquo; (91). Canto del derrumbe, rebeli&oacute;n y vuelta al latido del &aacute;rbol de la infancia, no para refugiarnos en &eacute;l, sino para empezar de nuevo. &ldquo;Escribir es una forma de viajar a aquella ni&ntilde;a / de ocho a&ntilde;os y decirle: no me acostumbr&eacute;. / Su ortopedia para sobrellevar el horror no funcion&oacute;&rdquo; (p. 27). De ah&iacute;, de esa constataci&oacute;n y de la rebeld&iacute;a, de nombrar las cosas y la vida con una lengua verdadera, hecha de semillas y de tierra, vendr&aacute; la esperanza.</p>
<p><em>Manca terra</em> muestra un mundo apocal&iacute;ptico, sin vida, hecho de i-phones fabricados por manos esclavas &ldquo;navegando lustrales aguas de banda ancha&rdquo; (p. 54) y en soledad total, porque se ha abandonado &ldquo;la matriz tel&uacute;rica del &aacute;rbol&rdquo; (p. 54).</p>
<p>Frente al desastre, est&aacute; la resistencia, &ldquo;el amor que no sabe que sabe&rdquo;; &ldquo;amor en el pino negro / que dobla su espalda / bajo el peso de la piedra / que arrastr&oacute; el &uacute;ltimo alud&rdquo; (p. 78).</p>
<p>Ha llegado el tiempo de la lucha, de encielarse, de hundirse en la tierra o en el cielo. Hay que devolver el latido a las palabras. La poes&iacute;a no puede ser un &ldquo;parque protegido /, un gesto exquisito y vacuo en medio de la matanza&rdquo; (p. 84).</p>
<p>La compasi&oacute;n, que etimol&oacute;gicamente procede de &pi;ά&theta;&omicron;&sigmaf;, nos puede salvar porque &ldquo;nos hace ingresar en la trama de lo vivo, en el dolor de los otros&rdquo; (p. 89).</p>
<p>El mundo es uno. El poema debe nacer como la flor, las palabras nacen como frutos, como cantos. Todo debe regresar: &ldquo;el polvo al polvo&rdquo; (p. 20). Porque existe &ldquo;una sustancia que no se pierde (&hellip;) / una especie de amor que nos enhebra&rdquo; (p. 52). Todo es &ldquo;comunidad, tejido viviente&rdquo; (p. 92) Porque nunca escribimos solos: nos acompa&ntilde;an &ldquo;nuestros desaparecidos, esos &aacute;rboles que siguen creciendo dentro&rdquo; (p. 100).</p>
<p>Un enorme esfuerzo el de Laura Giordani para reparar el mundo, la tierra de la infancia; para buscar &ldquo;el barro primero&rdquo;, para inclinarse hacia la infancia (p. 26).</p>
<p>El dolor y la tortura conducen al ser humano hasta el l&iacute;mite. Pero puede sustraerse a &eacute;l. La escritura &ldquo;como &uacute;ltimo gesto humano&rdquo; (p. 39). Porque hay que &ldquo;tender andamios transparentes en el aire&rdquo;&rdquo; (p. 33).</p>
<p>Con mirada l&uacute;cida expone los errores pasados y presentes. Terrible ha sido el dolor y el mundo apocal&iacute;ptico y alienado en el que vivimos &ldquo;en el que la luz del m&oacute;vil eclipsa el presente, colapsa el tiempo&rdquo; (p. 46).</p>
<p><em>Manca terra</em> en los &aacute;rboles de &ldquo;ra&iacute;ces peligrosamente expuestas&rdquo; (p. 52). Como el &aacute;rbol de Yggdrasil, el fresno sagrado, que une el cielo con la tierra, as&iacute; debemos volver al c&iacute;rculo, a la matriz tel&uacute;rica del &aacute;rbol&rdquo; (p. 55). El poema, &ldquo;regi&oacute;n intermedia entre el cielo nocturno y el suelo (p. 99), al igual que los seres humanos crecen como un &aacute;rbol que une, ya lo hemos dicho, cielo y tierra.</p>
<p>Falta el sustrato, la vida natural y Laura Giordani denuncia esa carencia biol&oacute;gica. Asimismo, denuncia la explotaci&oacute;n de los seres humanos y de la tierra. Apod&iacute;cticos son los siguientes versos: &ldquo;M&iacute;rate bien en los escaparates / hasta no tener ninguna duda: / tu vestido sangra&rdquo; (p. 58). &ldquo;Tan seco tu pan / tan seca tu simiente / est&aacute;n creando una patente / para el &aacute;rbol de tu infancia&rdquo; (p. 67).</p>
<p>Ante esta destrucci&oacute;n de la vida en el sentido m&aacute;s amplio, no podemos permanecer impasibles: &ldquo;Haber visto / y seguir como si no pasara nada&rdquo; (p. 71). La escritura abre un camino &ldquo;al que le creci&oacute; la hierba&rdquo; (76); facilita el regreso al monte para trazar &ldquo;conexiones / entre las luminarias heladas y las v&iacute;sceras&rdquo; (p. 77).</p>
<p>Juan Gil-Albert dijo en su <em>Breviarium vitae</em>: &ldquo;La verdad no convence a nadie. La verdad existe&rdquo;. <em>Manca terra</em> sigue esa l&iacute;nea: denuncia la poes&iacute;a-reserva, al igual que los bosques-reserva. Las flores, &ldquo;un balbuceo del oscuro alfabeto de la tierra&rdquo; (p. 93), saben lo que es la vida, quiz&aacute; tambi&eacute;n sin saber.</p>
<p>La vida se mantiene gracias a los ancestros, a su simiente que a&uacute;n nos sostiene (p. 60). En &ldquo;Hijo de la luz y de la sombra&rdquo;, dice Miguel Hern&aacute;ndez&nbsp; que nuestros muertos se besan en nosotros.</p>
<p><em>Manca terra</em> es implacable porque nuestra vida es implacable: lo abandonamos todo: nuestro pasado; hipotecamos la naturaleza, convertida en estos momentos en suelo industrial, sin valor su vida, sus nutrientes muertos. Hechizados por la tecnolog&iacute;a y el dinero vamos hacia la sexta extinci&oacute;n: &ldquo;Har&aacute;n las guerras suficientemente lejos / lejos las manos que cosen tu vestido /, segar&aacute;n la espiga por ti / cerrar&aacute;n los ojos a tus muertos&rdquo; (p. 92).</p>
<p>Un mundo as&eacute;ptico que envuelve su podredumbre en inmortalidad. De esa sociedad as&eacute;ptica nace una poes&iacute;a que es &ldquo;un trozo de muerte / sobre una salsa de palabras que apenas llega a camuflar la podredumbre del lenguaje&rdquo; (&hellip;) &ldquo;Si con tus pensamientos creas el mundo / p&aacute;rate a contemplar / -si puedes-/ lo que has creado&rdquo; (p. 73). Una acusaci&oacute;n que no deja lugar a componendas. Una acusaci&oacute;n urgente como algunos poemas de Miguel Labordeta: &ldquo;Severa conminaci&oacute;n de un ciudadano del mundo&rdquo; o &ldquo;Un hombre de treinta a&ntilde;os pide la palabra&rdquo;. Poemas que muerden como los de Otero o Celaya, que sentencian a su tiempo. Pero no se trata de rebelarse ante un momento hist&oacute;rico, cercado por la guerra. Se trata de mostrar algo peor: la extinci&oacute;n.</p>
<p>A pesar de todo L. Giordani a&uacute;n cree en la utop&iacute;a: con el canto que nace del derrumbe hay esperanza. Hay que &ldquo;encontrar las hebras de resistencia en el lenguaje / los &uacute;ltimos &aacute;rboles de pie&rdquo;, &ldquo;en alg&uacute;n lugar donde las flores no perezcan / tan r&aacute;pido&rdquo; (p. 74). Por eso ofrece un plan para salir adelante: hay que nombrar las plantas, olvidando los herbarios, hay que escribir pisando la tierra o hundi&eacute;ndose en el cielo.</p>
<p>Se trata de lograr una poes&iacute;a viva, que deje atr&aacute;s el antiguo debate entre poes&iacute;a minoritaria o mayoritaria, de esencia o de existencia. La poes&iacute;a que reclama Laura Giordani ahonda en la tierra para que podamos hablar con palabras que sean &aacute;rboles, piedras, personas. Lo po&eacute;tico &ldquo;cerca de lo que nos deslumbra y luego se desvanece sin reclamar posteridad alguna&rdquo; (p. 91). Ese mundo de reparaci&oacute;n tiene su anclaje en otras poetas como Alejandra Pizarnik, a quien dedica el &uacute;ltimo poema; Emily Dickinson, que tanto am&oacute; la tierra; Blanca Varela. Todas ellas barro que repara las heridas desde el derrumbe. No olvidaremos esta <em>Manca terra </em>constelada de futuro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Laura Giordani,<em> Manca terra</em>, La Gar&uacute;a, 2020</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 10 Apr 2023 07:40:24 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ángel Guinda y algunos antitópicos en "Aparición y otras desapariciones"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/angel-guinda-y-algunos-antitopicos-en-aparicion-y-otras-desapariciones/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/_NGEL_GUINDA_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&laquo;Lleg&oacute; con tres heridas&hellip;&raquo;, &Aacute;ngel Guinda lleg&oacute; a la poes&iacute;a y a la vida ‒que para &eacute;l eran lo mismo‒ con esos tres cortes profundos que tan hermosamente cita en su particular seguidilla Miguel Hern&aacute;ndez. &Aacute;ngel Guinda fund&oacute; para la poes&iacute;a de su tiempo el antit&oacute;pico. El amor, la muerte y la vida, conceptos m&aacute;s t&oacute;picos todav&iacute;a, lugares comunes en la literatura desde sus primitivas manifestaciones escritas y no escritas, reciben un tratamiento asimismo antit&oacute;pico cuando quien los poetiza es el &Aacute;ngel (<em>fieramente humano</em>) Guinda. Si el antit&oacute;pico formal, basado en el uso morfosem&aacute;ntico de la oposici&oacute;n significadora (&lsquo;juventud, <em>humano</em> tesoro&rsquo;; &lsquo;c&aacute;ntico <em>corporal&rsquo;</em>, etc.) es h&aacute;bito guindiano, el abordaje de los top&oacute;s literarios constituye del mismo modo una novedosa caracter&iacute;stica de su poes&iacute;a. No encontraremos en la obra de &Aacute;ngel Guinda ni un solo t&iacute;tulo ‒ni uno s&oacute;lo‒ en el que no aparezca esa trilog&iacute;a. Sus p&aacute;ginas po&eacute;ticas, aforem&aacute;ticas, cr&iacute;ticas&hellip; las inunda la presencia constante de la vida, de la muerte, del amor. &iquest;C&oacute;mo iban a ser diferentes o estar ausentes en<em> Aparici&oacute;n y otras desapariciones</em>?</p>
<p>Sin embargo, destaca en este hermoso y naturalista p&oacute;stumo un rasgo que ya hizo acusado acto de presencia en <em>Los deslumbramientos </em>seguido de<em> Recapitulaciones</em>: el estoicismo. No a la manera d&oacute;cil de S&eacute;neca, sino un estoicismo activo entroncado con ese parabi&eacute;n cl&aacute;sico que orna a nuestro &Aacute;ngel viv&iacute;simo y que en <em>Los deslumbramientos&hellip;</em> aparec&iacute;a mezclado con un ascetismo recobrado del sintagma titular dictado en 2001 para su <em>Biograf&iacute;a de la muerte</em>. All&iacute;, &laquo;Una vida tranquila&raquo; recuperaba a Fray Luis, el asceta que propag&oacute; por Europa un <em>beatus ille</em> hortelano, es decir, activo. Dichoso &eacute;l, dichoso tambi&eacute;n el &Aacute;ngel que regresaba a su madurez imbuido de un precoz cansancio de la vida, del amor y de la muerte. En esa d&eacute;cada, entre 1994 y 2001, &Aacute;ngel Guinda se sent&iacute;a fatigado; los t&iacute;tulos de esa etapa constitu&iacute;an el tr&aacute;nsito precedente al descenso tras la esforzada subida a la cima de la &lsquo;existencia&rsquo;. <em>Despu&eacute;s de todo</em>, <em>Conocimiento del medio</em>, <em>La llegada del mal tiempo</em> y <em>Biograf&iacute;a de la muerte</em> son sus t&iacute;tulos-descansillo. &Aacute;ngel hab&iacute;a llegado al altiplano reflexivo; a partir de entonces comenzar&iacute;a el descenso. El peso con el que cargar&aacute; es de nuevo un top&oacute;s literario, aunque no deja de ser una realidad conviviente, com&uacute;n a la general angustia existencial del ser humano: la edad, el paso del tiempo, la extendida cronopatolog&iacute;a. Resulta llamativo a este respecto que siga el asunto presente en <em>Aparici&oacute;n</em>; lo prueba la cita de S&eacute;neca que acota el poema &laquo;El convaleciente&raquo;: <em>No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho</em>. Digamos que esta cita senequista apunta al centro mismo de su rotunda negaci&oacute;n, pues el texto del poema deja bien a las claras la necesidad de perder ese tiempo en determinadas circunstancias: por ejemplo, cuando la materialidad de las cosas y su orden rutinario crean el perfecto marco de un espacio propicio a la abstracci&oacute;n reparadora: &laquo;El espacio segu&iacute;a en calma; /&nbsp; y yo, ausente, volaba.&raquo;, dicen los dos &uacute;ltimos versos de este poema sensual en el que los sentidos cobran valor trascendental en la ocupaci&oacute;n del tiempo en el espacio.</p>
<p>&Aacute;ngel Guinda repite cita, ahora objetiva y descriptiva, en el poema &laquo;El tiempo&raquo;, sustantivado, concreto, un&iacute;voco: &laquo;Todo es tiempo&raquo; ‒dice‒ y termina: &laquo;M&aacute;s all&aacute; del tiempo sigue el tiempo&raquo;. Esta visi&oacute;n, tan einsteniana, que prescribe al tiempo como una dimensi&oacute;n dada, proyectada <em>ad infinitum</em>, la misma que le hace decir (m&aacute;s o menos) a Octavio Paz que no es el tiempo el que pasa, sino nosotros los que pasamos por &eacute;l, no la tengo recogida en mi inmediata memoria lectora de Guinda. Es nueva para m&iacute;, como una aparici&oacute;n m&aacute;s de las que nos tiene acostumbrados su obra, pero que, como muchas veces ocurre con sus &lsquo;iluminaciones&rsquo;, nos remite a un hecho a mi juicio irrefutable respecto a la consideraci&oacute;n del tiempo. Es bien sabido, por ejemplo, que la historia ha dispuesto un nuevo marco referencial en el que ya no basta el paso del tiempo exterior al hombre como ser individual y colectivo, sino que la propia evoluci&oacute;n de las sociedades ha ido estableciendo jalones sustentados en acontecimientos que la raz&oacute;n ha ido ordenando y por medio de los cuales nos planteamos tambi&eacute;n un tiempo hist&oacute;rico, un tiempo ps&iacute;quico y un tiempo sensitivo. Pues bien, los nueve versos del poema nos muestran c&oacute;mo la disgregaci&oacute;n de este tiempo en nuevas perspectivas y valores, otorga a aquella dimensi&oacute;n naturalmente c&oacute;smica ‒einsteniana, repito‒ una percepci&oacute;n m&aacute;s ensay&iacute;stica, filos&oacute;fica y, desde luego, ayuntada a la experiencia individual, como no puede ser de otro modo en &Aacute;ngel Guinda: sensitiva, ps&iacute;quica.</p>
<p>Dir&iacute;a m&aacute;s: ese poema, en su compleja sencillez (dictar&iacute;a Borges), pone en entredicho aquella pulsi&oacute;n del ser humano que ha estado siempre ligada a la transici&oacute;n de una vida mensurable en el tiempo convencional, pero, sobre todo, al rito m&aacute;gico por medio del cual era posible traspasar esa frontera y seguir &laquo;viviendo&raquo; m&aacute;s all&aacute; de la contingencia azarosa de la vida puramente material o f&iacute;sica. El poema de Guinda, al reducir el tiempo a un fen&oacute;meno casi material, refuta esa posibilidad que suelda buena parte de las preocupaciones del hombre como ser en el tiempo y sus preguntas sobre su papel en un contexto dado y sobre su destino, sobre su finalidad (el t&oacute;pico <em>ubi sunt</em>), dif&iacute;cilmente aceptable m&aacute;s ac&aacute; de su crisis vital en cuanto toma conciencia de ser un &laquo;ser para la muerte&raquo;, particularidad sobre la que tanto debatir&iacute;an Heidegger y Sartre.</p>
<p>Ese ser para la muerte est&aacute; aqu&iacute; en su plena aceptaci&oacute;n; est&aacute; en <em>Aparici&oacute;n y otras desapariciones</em> con la rotundidad, sinceridad y firmeza del <em>Pouvoir po&eacute;tique</em> de un poeta cuyo ser humano interior sabe que existe y saldr&aacute; de &eacute;l (lo dijo di&aacute;fanamente en <em>Los deslumbramientos&hellip;)</em>; pero es que es precisamente esto lo que significa &lsquo;existir&rsquo; (= <em>ex‒ister</em>): salir, &lsquo;aparecer&rsquo; a la realidad para, finalmente, en este caso, soldar el plasma del mundo, la materia y el fluido, lo que parece escapar a las venas que recorren cielo y tierra, aire, agua&hellip; Lo inaprehensible es as&iacute; atrapado por la palabra en una suerte de h&aacute;bil y exclusiva maestr&iacute;a para apresarlo en el signo que significa o en el signo que invita a otra sem&aacute;ntica apenas atisbada o definitivamente secreta.</p>
<p>En &laquo;Anemia II&raquo; es ese plasma del mundo (&laquo;todas las sangres que me transfundieron&raquo;) el que ha escrito sus poemas. &Aacute;ngel Guinda se abre aqu&iacute; las venas para entregarnos esos poemas y vivir m&aacute;s, para que nosotros vivamos m&aacute;s. S&eacute;neca se las abri&oacute; para morir por decreto imperial.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&Aacute;ngel Guinda, <em>Aparici&oacute;n y otras desapariciones</em>, Zaragoza, Olifante, 2023.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 31 Mar 2023 12:47:45 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Antonio Gamoneda: “En poesía todo es símbolo”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/antonio-gamoneda-en-poesia-todo-es-simbolo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2023/ANTONIO_GAMONEDA_2.jpg" alt="" /></p>
<p>La cabeza de Gamoneda camina sola, separada del cuerpo. Este ha fichado por la vida, por la corrupci&oacute;n de la materia; la cabeza prosigue su marcha, ajena al desgaste que impone el curso del tiempo. A sus casi 92 a&ntilde;os, el poeta trabaja con intensidad y permanece al d&iacute;a de todo, due&ntilde;o de su agenda.</p>
<p>De su cuerpo dio cuenta en <em>La pobreza</em> (2020), el segundo volumen de sus memorias. De su cabeza es expresi&oacute;n la entrevista siguiente, despu&eacute;s de la cual a uno se le aparece m&aacute;s todav&iacute;a como un ser decapitado, y recuerda su busto, labrado por Amancio Gonz&aacute;lez; un bronce como de emperador romano, si no fuera por el escepticismo de su cabeza gacha. En realidad, habr&iacute;a que especificar: &eacute;l es su cerebro, en la cabeza est&aacute;n los dientes -o su ausencia-, el o&iacute;do -o su ausencia-, la vista -o su ausencia-... una retah&iacute;la de penalidades que le impone un cat&aacute;logo de &ldquo;bisuter&iacute;as&rdquo;. Camino de una comida Real, olvid&oacute; la dentadura superior -la inferior la tiene implantada- y hubo de darse la vuelta, llegando tarde al almuerzo, con admonici&oacute;n gestual de la reina Sof&iacute;a. &ldquo;Las gafas las pierdo cuatro o cinco veces cada d&iacute;a. Tengo tres pares para escribir a mano y leer. Las compro en farmacias a doce euros. Las caras son las del ordenador&rdquo;. Lo cuenta en <em>La pobreza</em> -p&aacute;gina 93-. &ldquo;Aud&iacute;fonos tengo dos, y hay un tercero que guarda Angelines en alg&uacute;n caj&oacute;n desconocido&rdquo; -94-. Una vez se duch&oacute; con ellos y oy&oacute;, mientras se jabonaba, el canto del mirlo y el reloj de la catedral. Del cuello para abajo le salen a veces costras. Son el resultado de un prurito que se le manifestaba ya de peque&ntilde;o; aparecen &ldquo;nuevas y tiernas cada ma&ntilde;ana&rdquo;. Se salvan los pies, la cabeza y las manos. Debajo de las cortezas, &ldquo;las llagas hormiguean todo el d&iacute;a y a la noche hierven (...) Acabo de describir una fantas&iacute;a y una experiencia relativamente sucias, pero no encuentro motivos para borrarlas (<strong>..</strong>.) Mi neurosiquiatra me ha dicho que son muchos los esquizofr&eacute;nicos que afirman tener insectos bajo la piel. Me ense&ntilde;&oacute; fotograf&iacute;as de un paciente que se la arranca busc&aacute;ndolos&rdquo; (p. 47). Le comento la virtud ineludible de mirar a la vida a la cara, o sea, de mirar a la muerte. De cogerla por la solapa. Su expresi&oacute;n es dubitativa, pero entiendo que comparte esta visi&oacute;n. Al fin y al cabo, es due&ntilde;o de lo que ha escrito. Lo que ignoro es si todo el mundo ha recibido bien ciertas informaciones. &Eacute;l se relee y confirma que es escritura &ldquo;morbosa&rdquo;. Yo no creo tanto eso. &ldquo;Pero no es, no me parece, literatura fr&iacute;vola&rdquo;, se defiende en las memorias. Por supuesto. Tales confesiones, que podr&iacute;amos llamar <em>mat&eacute;ricas</em>, representan uno de los puntales del libro, y conviven naturalmente con teor&iacute;as acerca de la objetivaci&oacute;n de la palabra y del pensamiento po&eacute;tico: &ldquo;La realidad po&eacute;tica ha de estar en las palabras y manifestarse en el temblor de sus l&iacute;mites&rdquo; &ndash; p. 37-, tal vez cercanos a los temblores, en sus versos, del s&iacute;lice y del azufre. Enuncia que la poes&iacute;a es antes sensible que inteligible y que es &ldquo;un arte de la memoria&rdquo; &ndash; p. 380-. Que no es casual &ldquo;el vaciamiento po&eacute;tico que se advierte en Espa&ntilde;a, en los siglos XVIII y XIX. Hay una causa: la intempestiva <em>vocaci&oacute;n</em> realista que sucede al barroco&rdquo; -390-, y que, a&ntilde;ade ahora, pone &ldquo;l&iacute;mites convencionales al lenguaje po&eacute;tico&rdquo;. &iquest;M&aacute;s problemas?: la pobreza misma, los suicidios, las muertes de los amigos, en fila india.</p>
<p>La vejez, la decrepitud f&iacute;sica, la depresi&oacute;n&hellip; se convierten en un testimonio de la vida. Apelan directamente a la verdad de &eacute;sta. Kafka reivindicaba los libros que pican y muerden. &ldquo;No se deber&iacute;a leer otra cosa&rdquo;, advert&iacute;a. Hablar a las claras es una prueba, otra, de rebeld&iacute;a. Un pu&ntilde;etazo de desesperaci&oacute;n en la mesa, pero un pu&ntilde;etazo. Para darlo hay que tener energ&iacute;a. Y hay que estar contra la muerte en todas sus manifestaciones. Cuando Gamoneda habla de aspectos inc&oacute;modos de la vida, no se lamenta, la canta. A las <em>visitas</em> que recibe en la vigilia se refiere nada menos que en catorce p&aacute;ginas dispersas a lo largo de las cerca de cuatrocientas. Volveremos a ellas. Gamoneda ha apartado cualquier aspecto l&iacute;rico, en este segundo volumen de memorias. Ha hecho &eacute;pica. Una &eacute;pica civil, tranquila, testimonial. Forjada en el recuerdo y en el deseo de olvido, igual que su poes&iacute;a &uacute;ltima; &iquest;Es un Gamoneda m&aacute;s duro? Quiz&aacute;. &iquest;M&aacute;s crudo? Qui&eacute;n sabe. El libro resultante es de una modernidad abrumadora. No es realismo sucio. Es realidad a secas. En papel de estraza. Tenemos que agradecerle informaciones que podr&iacute;a haber omitido. En ellas existe un valor que no est&aacute; al alcance de los puritanos que cultivan el arte p&uacute;dico. O de los lectores conservadores que desean la Tierra quieta bajo sus pies. O sea, que no gustan de literatura.</p>
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<p><strong>Sobre la desmitificaci&oacute;n de la vejez como lugar de sabidur&iacute;a</strong></p>
<p>Gamoneda sale de casa a cuentagotas y recibe lo menos posible. Desde la pandemia, se cuida; o igual le obligan a hacerlo. En todo caso, escucha los consejos del marido de su hija mayor Amelia, m&eacute;dico. Podr&iacute;a decirse que vive enclaustrado en su casa c&eacute;ntrica de Le&oacute;n, pero ser&iacute;a exagerado. En verano, se escap&oacute; a un recital y pesc&oacute; el covid. Se recuper&oacute; deprisa, como sin tiempo que perder. Est&aacute; fuerte. Se entrevist&oacute; hace no mucho, en su hogar, con el ganador del premio Montele&oacute;n, de cuyo jurado formaban parte, adem&aacute;s de &eacute;l, sus queridos Juan Carlos Mestre y Tom&aacute;s S&aacute;nchez Santiago; en la recta final de 2022, acudi&oacute; a las Jornadas Claudio Rodr&iacute;guez, en Zamora, en las que Carlos Pi&ntilde;el presentaba unas pinturas inspiradas en su poes&iacute;a. Del cruce sali&oacute; <em>Imaginario del v&eacute;rtigo</em>. Quiere esto decir que est&aacute; enclaustrado <em>ma non troppo</em>. Contesta al tel&eacute;fono, se mueve cuando es necesario y no cesa de leer y de escribir. Corrige y corrige, los viejos poemas y los nuevos, que no publica. Y eso que tiene lesionada la m&aacute;cula y hay glaucoma. Le pregunto por la vista. Ha tenido problemas recientes. &ldquo;No va a mejorar -dice-, pero no hago drama de ello. Pantalla grande, lupa con bombilla y a trabajar cuanto pueda&rdquo;. Su memoria mira al horizonte. &ldquo;El ojo, los o&iacute;dos, todo comienza a darme problemas&rdquo;, dec&iacute;a S&aacute;ndor M&aacute;rai, en sus diarios postreros. &ldquo;Al final los viejos no son ni o&iacute;dos ni ojos&rdquo;. Ten&iacute;a 84 a&ntilde;os, Gamoneda va a por los 92, lo hemos dicho, y anda mucho mejor de &aacute;nimo. Gracias a &eacute;l crece la esperanza de vida mejor que con una alimentaci&oacute;n rigurosa y ejercicio. La poes&iacute;a tira mucho de &eacute;l. No sabemos si le ha salvado la vida, pero se la alarga.</p>
<p>- Encuentro en el segundo volumen de memorias una desmitificaci&oacute;n de la vejez como lugar de sabidur&iacute;a. Es un libro muy f&iacute;sico. Habla de cuestiones aparentemente desagradables, pero que tienen que ver con la vida: el decaimiento, las pr&oacute;tesis, las afecciones de la piel. No ha querido ser complaciente.</p>
<p>- El libro es tanto un reconocimiento y una narraci&oacute;n de mi vida pasada -entendida como una vida solidaria y complementaria de la de todos- cuanto una observaci&oacute;n cr&iacute;tica del pasado, del presente y de una especie de perspectiva imaginaria, pero lo m&aacute;s sensata posible, relacionada con el porvenir. Esto se lo digo como rasgo general. En respuesta exclusiva a sus impresiones, bien formuladas, la siguiente aclaraci&oacute;n: una carga tan sucesivamente apretada de contenidos existenciales, civiles y sociales me ha llevado a un libro que no aspira a convertirse en una pieza est&eacute;tica narrativa. <em>Un armario lleno de sombra</em> yo creo que s&iacute; dejaba espacio -y sentimentalidad y sensibilidad- a la palabra configurada dentro de un orden m&aacute;s elevado. Pero precisamente lo que usted ha dicho, esa carreta prieta de contenidos, que no llevan consigo necesariamente &iacute;ndices est&eacute;ticos, ha sido causa de que el libro <em>La pobreza</em> sea, sobre todo, testimonial y cr&iacute;tico. Claro, en perjuicio de la dimensi&oacute;n est&eacute;tica.</p>
<p>- En <em>La pobreza</em> hay tambi&eacute;n una parte conjetural. &iquest;Qu&eacute; caracter&iacute;stica puede unir las artes? Usted trata la poes&iacute;a como una m&aacute;s.</p>
<p>- Con independencia de que, como acabo de decirle, el libro prescinda casi siempre de la voluntad est&eacute;tica -y, por tanto, art&iacute;stica-, en mi experiencia, en mi conocimiento, en mis reflexiones&hellip; puedo decirle que todas las formas de arte tienen unos componentes comunes; yo apenas veo diferencias b&aacute;sicas entre la composici&oacute;n de un cuadro y la de un poema. Pero es que tampoco la veo si hablamos de danza, por ejemplo. Siempre hay que cumplir unas leyes no escritas -pero que existen-: armon&iacute;a, paralelismos, r&iacute;tmica, composici&oacute;n&hellip; Las palabras est&aacute;n dirigidas -en el caso de la poes&iacute;a- al sistema auditivo: la poes&iacute;a es fundamentalmente oral. La poes&iacute;a escrita no es m&aacute;s que un accidente &uacute;til para la difusi&oacute;n que han tra&iacute;do los siglos. &iquest;Qu&eacute; ocurre? Que cada composici&oacute;n estar orientada a un sentido f&iacute;sico humano. Si pertenece a la esencialidad del hecho po&eacute;tico, hablaremos del o&iacute;do. &iquest;Y qu&eacute; ocurre con un cuadro? Que pr&aacute;cticamente las mismas leyes del espacio y del tiempo se trasladan a la quietud y al plano. Est&aacute;n orientadas a la sensibilidad visual, pero con unas bases an&aacute;logas a las que rigen en la poes&iacute;a.</p>
<p>- &iquest;Y en el caso de la danza?</p>
<p>- Pues se apela simult&aacute;neamente a los sentidos de la vista y el o&iacute;do.</p>
<p>- Y de esa premisa -leyes no escritas relativas a la armon&iacute;a, al paralelismo, etc&eacute;tera, &iquest;nacen la imagen y el s&iacute;mbolo?</p>
<p>- Imagen y s&iacute;mbolo son consecuencia de la estructura l&eacute;xica del poema. En realidad, en poes&iacute;a todo es s&iacute;mbolo. Todas las formas de lenguaje art&iacute;stico tienen un grado de naturaleza simb&oacute;lica.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;El poema con potencia simb&oacute;lica es algo que va m&aacute;s all&aacute; de la percepci&oacute;n intelectual. Se puede casi tocar&rdquo;</strong></p>
<p>- Dice en <em>La pobreza</em> que no advierte problema en que el s&iacute;mbolo no signifique nada.</p>
<p>- Claro. De ah&iacute;, el placer est&eacute;tico puro. Pero que no signifique nada&hellip; en apariencia. Porque todo es s&iacute;mbolo, ya lo he dicho. El poema con potencia simb&oacute;lica es algo que va m&aacute;s all&aacute; de la percepci&oacute;n intelectual. Se puede casi tocar.</p>
<p>- Usted bautiz&oacute; un libro de reflexiones precisamente <em>El cuerpo de los s&iacute;mbolos</em> (1997). En &eacute;l dice que la poes&iacute;a existe porque sabemos que vamos a morir. &iquest;Podr&iacute;amos pensar o decir lo mismo de la pintura?</p>
<p>- Este es otro asunto. No s&eacute; si ese conocimiento -que no es una ley, es un <em>conocimiento</em>- afecta a la pintura [aqu&iacute; se detiene cinco segundos]. Estoy contest&aacute;ndole con dudas. No s&eacute;&hellip;</p>
<p>Al o&iacute;r ese <em>no s&eacute;</em>, es imposible no pensar en <em>La prisi&oacute;n transparente</em> (2016). Su tono espont&aacute;neo se asemeja al <em>no /s&eacute;</em> que uno le ha escuchado en m&aacute;s de una lectura del poema que abre el libro. &ldquo;Estoy cansado. / Cansado de m&iacute; mismo; de mi enemistad conmigo mismo. / O de vivir, o de no / vivir, no / s&eacute; / (&hellip;) / &iquest;Qu&eacute; es de m&iacute;? &iquest;Soy yo monos&iacute;labo, &uacute;nicamente negaci&oacute;n? /No / s&eacute;. / Me pregunto si en este instante (&hellip;) es posible fingir / hasta creer. / No / s&eacute;. / Apenas / es posible olvidar (&hellip;) &iquest;qui&eacute;n soy yo, estoy / ciertamente / en m&iacute;? / No / s&eacute; / (&hellip;)&rdquo;. El entrecomillado responde a la versi&oacute;n de 2016. En 2019 -seg&uacute;n la versi&oacute;n que consta en el segundo volumen de su poes&iacute;a reunida-, han desaparecido los <em>no s&eacute;</em> y la versificaci&oacute;n ha mutado a la prosa. El poema se parece al original. No es el mismo. Gamoneda no cesa de escribir, tampoco de reescribirse. El caso es que el <em>no saber</em>, junto a la apetencia de olvido, parece uno de los centros sobre los que se apoyan sus &uacute;ltimos a&ntilde;os de escritura, de sensibilidad, de pensamiento. Tan es as&iacute; que la segunda parte de <em>La prisi&oacute;n transparente</em>, titulada justamente &lsquo;No s&eacute;&rsquo;, ha llegado a transformarse en una pieza aut&oacute;noma, en la edici&oacute;n de <em>Esta luz. Volumen 2 </em>(2019). Cada cap&iacute;tulo de <em>La prisi&oacute;n transparente</em> se ha convertido en un libro: <em>La prisi&oacute;n</em>, <em>No s&eacute;</em> y <em>Mudanzas</em>, todos atravesados por <em>Las venas comunales</em>, que escribi&oacute; en di&aacute;logo con los dibujos de Mestre. &ldquo;Un <em>di&aacute;logo</em> en el que nos manifestamos simult&aacute;neamente acordes y discordes, y lo decimos en idiomas distintos&rdquo;, aqu&iacute; Gamoneda sonr&iacute;e como quien no dice todo.</p>
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<p><strong>&ldquo;En el acto de crear, hay una forma de vocaci&oacute;n de la muerte&rdquo;</strong></p>
<p>Pero <em>no s&eacute;</em> no es un latiguillo. Realmente no sabe. Se fuerza a saber. Cuando Antonio Gamoneda piensa, apaga los ojos. Entonces habla alguien que, debemos suponer, sigue siendo &eacute;l. &ldquo;Es posible que sea m&aacute;s correcto decir que la <em>est&eacute;tica</em>, en general, es tanto una noci&oacute;n como una experiencia que no existir&iacute;an en caso de que no nos supi&eacute;semos mortales. Se dar&aacute; cuenta de que aqu&iacute;, al decir <em>est&eacute;tica</em>, me estoy refiriendo a todas las artes, no s&oacute;lo a la poes&iacute;a. Pero no lo tengo muy claro, las cosas hay que decirlas como son. Es un &aacute;ngulo de comprensi&oacute;n al que no me hab&iacute;a asomado. Quiero decir que no me hab&iacute;a planteado nunca la relaci&oacute;n que pueda existir entre una <em>obra de arte</em> y la muerte. Pero yo creo que, en el acto de crear, hay algo que es <em>agresi&oacute;n a s&iacute; mismo</em> -a uno mismo-. Lo cual es tanto como decir que, en el acto de crear, hay una forma de vocaci&oacute;n de la muerte. Agredirse uno a s&iacute; mismo, agredir a otro. Tanto da. Hay mutilaci&oacute;n en funci&oacute;n de un tr&aacute;nsito existencial. S&iacute;, ese tr&aacute;nsito podr&iacute;a estar implicado en la pintura.</p>
<p>- &iquest;Es posible que desde <em>Canci&oacute;n err&oacute;nea</em> (2012) su poes&iacute;a se haya hecho m&aacute;s espiritual?</p>
<p>- Es posible. No solamente puede calificarla de m&aacute;s espiritual, sino que quiz&aacute; sea m&aacute;s exacto decir que se ha hecho un tanto metaf&iacute;sica. Lo cual no anda muy lejos de lo que usted apunta. Las nociones espirituales y metaf&iacute;sicas pertenecen a una misma <em>raza</em>, a una misma <em>hendidura</em> en la realidad.</p>
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<p><strong>&ldquo;El requerimiento del olvido es una forma de exteriorizar un desfallecimiento&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Podr&iacute;amos incluir ah&iacute; las apelaciones a la aceptaci&oacute;n o a la necesidad de olvido, despu&eacute;s de haber trabajado tanto con la memoria?</p>
<p>- El requerimiento del olvido -la manifestaci&oacute;n de necesitar un olvido- es una forma de exteriorizar un desfallecimiento. El hombre-poeta llega a un estado en el cual la vivencia se convierte en un sufrimiento. Hay una carga de vida acumulada que, si provoca desfallecimiento -lo cual es normal en un ser humano-, puede manifestarse como deseante de olvido.</p>
<p>- Y en este sentido -de espiritualidad y metaf&iacute;sica-, &iquest;podr&iacute;amos incluso hablar de los entresue&ntilde;os de <em>La pobreza</em>? All&iacute; se rozan el ser y el no ser, el estar y el no estar&hellip;</p>
<p>- Ya&hellip; [alarga la vocal, dando tiempo a la respuesta]</p>
<p>- &iquest;O es arriesgado decir algo as&iacute;?</p>
<p>- Es arriesgado, pero tambi&eacute;n algo de cercan&iacute;a hay, &iquest;eh? Un ser humano puede preguntarse por su inexistencia, que es lo que va a suceder a partir de su muerte. O sea, <em>lo que no va a suceder</em>, porque la inexistencia y la muerte misma no son nada. En ese ser y no ser, en el t&oacute;pico maravilloso de Shakespeare, hay una afirmaci&oacute;n de la vida, pero no s&oacute;lo. Tambi&eacute;n hay una afirmaci&oacute;n de la muerte como un hecho <em>exterior</em> de la vida. Es un error de Shakespeare, un error muy bello: &ldquo;Que tengas felices sue&ntilde;os, amado pr&iacute;ncipe&rdquo;, le dice finalmente a Hamlet.</p>
<p>- Es un momento de indefinici&oacute;n.</p>
<p>- Son formas de <em>existencia</em> que pudieron estar flotando hace doscientos a&ntilde;os en usted y en m&iacute;. No hab&iacute;amos vivido ni muerto, pero &iquest;est&aacute;bamos? Todo eso es un interrogante. Pero&hellip; sobre los sue&ntilde;os o los mediosue&ntilde;os o los entresue&ntilde;os&hellip; algo de luz podemos poner: en ellos, hay una percepci&oacute;n simult&aacute;nea de la realidad visual -tal como la vemos despiertos- y del imaginario so&ntilde;ado -que permanece <em>a&uacute;n</em> en la mente-. Esto sucede; est&aacute; en mi experiencia. No me parece un hecho excesivamente <em>extraordinario</em>.</p>
<p>- Una experiencia en el filo que, en <em>La pobreza</em>, es recurrente. Le sigue pasando, supongo.</p>
<p>- Menos. Pero todav&iacute;a. Yo creo que me he despertado y&hellip; es verdad que me he despertado en la medida en que estoy <em>viendo realmente</em> -en su realidad f&iacute;sica- mi entorno: una ventana, los pies de mi cama, los muebles que hay en la habitaci&oacute;n.</p>
<p>- Pero simult&aacute;neamente&hellip;</p>
<p>- &hellip; simult&aacute;neamente tengo una visi&oacute;n que pertenece al sue&ntilde;o. A un sue&ntilde;o todav&iacute;a funcionante, ojo. Es decir, he despertado&hellip; parcialmente. Estoy en dos mundos. Y ah&iacute; es cuando tengo lo que yo llamo <em>visitas</em>: hombres y mujeres, agradables, desagradables, casi siempre indiferentes. Me producen un peque&ntilde;o susto al principio [lo dice con templanza, como si nada] y desaparecen en seguida. Pero es verdad, en relaci&oacute;n a su pregunta, que esas visitas son una presencia <em>extra&ntilde;a</em>. Es un poco dif&iacute;cil decidir si pertenecen al ser o al no ser, si est&aacute;n m&aacute;s ac&aacute; o m&aacute;s all&aacute;. Quiz&aacute; los psiquiatras y los sic&oacute;logos, la neurociencia, sepan decir algo de las causas y fundamentos de esto. Yo no puedo decirle nada m&aacute;s que lo que me sucede.</p>
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<p><strong>&ldquo;La vejez ha sido una sorpresa&rdquo;</strong></p>
<p><em>La pobreza</em> es un libro lleno de juventud o moderno. Inc&oacute;modo, que va a la carrera, en su b&uacute;squeda de la verdad. Trata de alcanzar una escritura <em>real</em>. Se agradece, en mitad de tantas literaturas mansas, convertidas en pa&ntilde;o caliente&hellip; que m&aacute;s que <em>literaturas</em> son <em>composturas</em>. El lector recibe con gusto las invectivas contra el realismo o la figuraci&oacute;n literaria, las apelaciones a la realidad -sin embargo, sensible-, las alusiones a la memoria, a la causa musical. Se reciben con deleite las po&eacute;ticas o los apuntes metaliterarios&hellip; pero tambi&eacute;n las alusiones a estas anomal&iacute;as apuntadas: los entresue&ntilde;os. En <em>Mansa chatarra</em>, Ferrer Ler&iacute;n f&oacute;rmula: &ldquo;Cada vez m&aacute;s, a medida que voy envejeciendo, considero los sue&ntilde;os como informantes de una eternidad; el segundo mundo que vamos habitando&rdquo;. Clara Jan&eacute;s, que sabe de esferas, establece en <em>Kamasutra para dormir un espectro</em>: &ldquo;Si uno vive, como apuntaba Quevedo, &lsquo;en conversaci&oacute;n con los difuntos&rsquo;, puede darse el caso de que comparta horas con un espectro, y m&aacute;s, que viva con &eacute;l&rdquo;. En <em>Recuerdos, sue&ntilde;os, pensamientos</em>, Jung consignaba un episodio de inconsciencia que tuvo tras un infarto, con delirios y visiones. En un momento, le pareci&oacute; divisar, desde el espacio, la esfera de la Tierra sumergida en una luz azul intensa. Bajo sus pies, Ceil&aacute;n, y ante &eacute;l, el subcontinente indio. Ignora si fue un sue&ntilde;o o un &eacute;xtasis, pero no duda de que aquella contemplaci&oacute;n fue &ldquo;lo m&aacute;s grandioso y m&aacute;s fascinante&rdquo; que experiment&oacute; en vida. Los entresue&ntilde;os gamonedianos forman parte de ese mundo que est&aacute; dentro y fuera de nosotros, como una circunferencia que se interseca con otra, formando un espacio nuevo, el de la propia intersecci&oacute;n. Tambi&eacute;n son fundamentales las confesiones -Sarita; Angelines-, las alusiones a monstruosidades -el ur&eacute;ter de Angelito; el ni&ntilde;o que bramaba y aullaba; la paral&iacute;tica...-, las aberraciones de la vida -el que cojeaba por un balazo, el que se lo gastaba todo en un prost&iacute;bulo, el que ten&iacute;a sucio el obrador&hellip;-, las menciones ya referidas a las costras, a la dentadura postiza, a las gafas, a los antidepresivos&hellip; el sacro desviado, la ci&aacute;tica. en fin, el libro como una impugnaci&oacute;n de la materia -cosa que, despu&eacute;s de haber hablado de <em>entresue&ntilde;os</em>, no viene nada mal-. Piensa uno tambi&eacute;n en alg&uacute;n apunte sobre la degradaci&oacute;n del cuerpo de Cernuda, no s&eacute; si en <em>Las nubes</em> o en <em>Ocnos</em>. Esta obra llena de achaques es la mayor impugnaci&oacute;n a la vejez que cabe. &ldquo;La vejez. Ha sido una sorpresa. Estaba entretenido pasando los d&iacute;as con alg&uacute;n malestar y alg&uacute;n vaso de vino, hablando largo con Ildefonso, enfad&aacute;ndome con Angelines, recobr&aacute;ndola en una caricia&rdquo; -77-. Y por debajo, siempre, la noci&oacute;n de la pobreza, como un l&iacute;quido, recorriendo el conjunto.</p>
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<p><strong>&ldquo;Hace dos mil a&ntilde;os era mucho m&aacute;s frecuente estar -y participar- en una poes&iacute;a colectiva&rdquo;</strong></p>
<p>En <em>El cuerpo de los s&iacute;mbolos</em>, Gamoneda comenta que toda su actividad po&eacute;tica se deduce de la contemplaci&oacute;n de sus actos en el espejo de la muerte. Es verdad que la muerte est&aacute; en toda su obra. En <em>Sublevaci&oacute;n inm&oacute;vil</em> (1959) igual es m&aacute;s intuida; en <em>Descripci&oacute;n de la mentira</em> (1977) y en <em>Blues castellano</em> (1982), m&aacute;s pol&iacute;tica; en <em>L&aacute;pidas</em> (1987), m&aacute;s invisible; en el <em>Libro del fr&iacute;o</em> (1992), m&aacute;s ebria; en <em>Arden las p&eacute;rdidas</em> (2003), m&aacute;s qu&iacute;mica; en <em>Cecilia</em> (2004), m&aacute;s conjurada&hellip; y a partir de <em>Canci&oacute;n err&oacute;nea</em>, m&aacute;s&hellip; metaf&iacute;sica. Ya en sus primeros poemas, 1953, portaba las sombras en el hueco de sus manos; &ldquo;acaso entre tu mirada / y mi voz los muertos vibran&rdquo;. El curso evolutivo hace que en unos libros sea m&aacute;s preminente; y, en otros, m&aacute;s sensible. Mutaciones. Que no mudanzas. &Eacute;stas son una comunicaci&oacute;n con otros poetas a trav&eacute;s de &iquest;traducciones? &ldquo;La cultura y la historia nos han llevado a una situaci&oacute;n escritural que he dado en llamar <em>mudanzas</em>, siguiendo la terminolog&iacute;a encontrada en Herberto H&eacute;lder. Hay veces en que yo, ante un poema ajeno, le&iacute;do en otra lengua -hasta donde he sabido-, me siento tocado de una manera que, en cierto modo, me hace tener la sensaci&oacute;n de que el poema &iexcl;es m&iacute;o! [termina la frase con entonaci&oacute;n de extra&ntilde;eza]. Esta sensaci&oacute;n es dif&iacute;cil no s&oacute;lo de aceptar, sino de darse&rdquo;.</p>
<p>- Pero sucede.</p>
<p>- Y no es un disparate. Hace dos mil a&ntilde;os era mucho m&aacute;s frecuente estar -y participar- en una poes&iacute;a colectiva. Vea las grandes obras &eacute;picas de la cultura grecolatina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;En nuestros tiempos tecnificados y politizados, la poes&iacute;a se hace m&aacute;s dif&iacute;cil&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Y antes de la escritura? Usted suele apelar al origen verbal de la poes&iacute;a.</p>
<p>- Antes, no digamos. La comunicaci&oacute;n oral, la transmisi&oacute;n, produc&iacute;a que uno recibiese unos contenidos po&eacute;ticos del vecino y despu&eacute;s, a prop&oacute;sito o por error, los cambiase, o a&ntilde;adiese o quitase algo. Y eso ya es una mudanza en toda regla. Aunque se hable poco de ello, esto es tan importante que, sin esa mudanza, nuestro gran romancero -la obra capital de la historia de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola, que sobrepasa a cualquier autor individual-, no existir&iacute;a. En nuestros tiempos tecnificados y politizados, la poes&iacute;a se hace m&aacute;s dif&iacute;cil. No es casualidad que ahora mismo no podamos encontrar poetas a la altura de hace cien a&ntilde;os. En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, Claudio Rodr&iacute;guez y alguno m&aacute;s. Dificil&iacute;simo, encontrar grandes poetas.</p>
<p>-&iquest;Ve raz&oacute;n para ello?</p>
<p>-Hombre, es muy dif&iacute;cil de encontrar. Pero s&iacute; est&aacute; ocurriendo algo muy serio. No se abandona la poes&iacute;a as&iacute; porque s&iacute;. Tiendo a pensar que el mundo tecnificado la expulsa. Cuando yo era un chico de quince a&ntilde;os, las mujeres y los obreros, todos, absolutamente todos, cantaban.</p>
<p>- Mi abuela cantaba al cocinar.</p>
<p>- &iquest;Ve lo que le digo? Ah&iacute; tiene la prueba. Las mujeres, en sus labores caseras; los labradores, los alba&ntilde;iles, los herreros, mientras trabajaban. Yo los o&iacute; durante d&eacute;cadas. Esto se acab&oacute;. Es como el canto de un p&aacute;jaro que desaparece o como si el p&aacute;jaro mismo desapareciera. &iquest;Por qu&eacute; se acab&oacute;? Por la t&eacute;cnica mal concebida y mal utilizada. Ahora cantan los aparatos de radio port&aacute;tiles, los televisores, no digamos los tel&eacute;fonos m&oacute;viles&hellip; Cantar ya no es una creaci&oacute;n directamente humana. La gente vive atropellada y luego da una tecla. Es un empobrecimiento feroz. Una anulaci&oacute;n semejante se ha producido con la poes&iacute;a. No s&oacute;lo es un bache cultural; es un despojamiento de la creatividad humana. Y no bastan los muchachos que hacen <em>rap</em> y otros movimientos semejantes. Es necesaria una poes&iacute;a que vaya de boca en boca, una especie de un poema incesante que van cedi&eacute;ndose los unos a los otros, y que se recrea sucesivamente. Eso tambi&eacute;n es creaci&oacute;n. Y es un valor para la felicidad de los seres humanos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;No soy papa de ninguna religi&oacute;n po&eacute;tica&rdquo;</strong></p>
<p>- Y &iquest;cu&aacute;ndo se dio cuenta, Antonio, de que estaba metido en la mudanza?: &iquest;cuando escribi&oacute; o reescribi&oacute; las <em>Herod&iacute;as</em> (2006) de Mallarm&eacute;, con su hija Amelia?</p>
<p>- Puede que me diera cuenta antes, pero fue importante la escritura de <em>Herod&iacute;as</em>, as&iacute; como de otras traducciones que tambi&eacute;n hice con Amelia. Pero, sobre todo, dir&iacute;a, el conocimiento prolongado de ese gran poeta portugu&eacute;s, fallecido hace cinco o seis a&ntilde;os, que le he citado antes: Herberto H&eacute;lder. &Eacute;l dej&oacute; de hablar de <em>traducci&oacute;n</em>; hablaba de <em>mudanza</em>. Y, claro, me pareci&oacute; una forma muy inteligente y muy honrada de entender la poes&iacute;a como un patrimonio com&uacute;n. &Eacute;l se encontraba con un poema y llegaba a un punto en el que no necesitaba traducirlo. El autor pod&iacute;a haber muerto hace cien a&ntilde;os o ser contempor&aacute;neo pero estar a quince mil kil&oacute;metros. Lo que H&eacute;lder precisaba era &iexcl;hacer suyo aquel poema y continuarlo! A esto lo llam&oacute; <em>mudanza</em>. Y esa actuaci&oacute;n prendi&oacute; en m&iacute;, ya que fui, en no s&eacute; qu&eacute; medida, cediendo a esa actitud que incluye pluralidad en el agente po&eacute;tico -en el poeta-, y que, por tanto, tambi&eacute;n tiene que ver con esa otra pluralidad continua del poema que no cesa y que se modifica, pasando de mano en mano&hellip; no soy papa de ninguna religi&oacute;n po&eacute;tica. Son opiniones, firmes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;En los &uacute;ltimos diez o veinte a&ntilde;os, tengo m&aacute;s reservas ante m&iacute; mismo a la hora de escribir&rdquo;</strong></p>
<p>- Usted es muy autoconsciente del lugar al que ha llegado y muy cauteloso a la hora de publicar obra nueva-. &iquest;Le cuesta hoy d&iacute;a escribir? &iquest;Tiene miedo?</p>
<p>- Pues s&iacute;. El estar dotado de un mayor conocimiento equivale a tener m&aacute;s dudas. Esto es inevitable. Yo, antes de que se me ocurriera pensar en esa pluralidad del autor&hellip; le voy a confesar que estaba un poco angustiado. Pero ah&iacute; aparece un campo nuevo para m&iacute;. No debe extra&ntilde;arle que, con el tiempo, tenga m&aacute;s dudas que nunca. En los &uacute;ltimos diez o veinte a&ntilde;os, he escrito bastante. Pero, &iquest;es v&aacute;lido todo? Tengo m&aacute;s reservas ante m&iacute; mismo a la hora de escribir, s&iacute;.</p>
<p>Public&oacute; su primer libro <em>Sublevaci&oacute;n inm&oacute;vil</em> &ldquo;a una edad razonable&rdquo;, 29 a&ntilde;os. Ten&iacute;a antes un peque&ntilde;o libro que despu&eacute;s public&oacute; en parte. Tres a&ntilde;os despu&eacute;s de <em>Sublevaci&oacute;n</em> termin&oacute; <em>Blues castellano</em>, pero la censura franquista lo destaz&oacute;. Ten&iacute;a que suprimir demasiado. Se enfad&oacute; hasta tal punto que lo meti&oacute; en un caj&oacute;n. &ldquo;Dije que no publicar&iacute;a hasta que la realidad del pa&iacute;s cambiase&rdquo;. Y as&iacute; fue. Con la llegada de la Transici&oacute;n dio a imprenta <em>Descripci&oacute;n de la mentira</em> y luego, s&iacute;, el prohibido <em>Blues</em>. Necesit&oacute; de cuarenta y cinco a&ntilde;os para publicar tres libros. La misma reflexividad para consigo que gasta en la actualidad. Han pasado veintiuno de <em>Arden las p&eacute;rdidas</em>; veinte desde <em>Cecilia</em>. En dos d&eacute;cadas, Cervantes mediante, s&oacute;lo se ha permitido dos libros can&oacute;nicos. El mundo no necesita poemas nuevos, sino poemas necesarios. Aparte de mudanzas, escribe poemas cuyo nacimiento no frena, pero que despu&eacute;s observa con lente de aumento. Es como si el viento a favor le pareciera sospechoso. Desconf&iacute;a del sencillismo tanto como de las oportunidades regaladas. Antonio Gamoneda contin&uacute;a ensayando poemas que a&ntilde;adan capas de luz a tantas p&aacute;ginas que lo dem&aacute;s juzgamos cegadoras. De momento, los aparta. Busca poemas que sean coherentes con la obra anterior, siendo hijos del siglo XXI. Poner el pie en terrenos no pisados. El mejor escribano echa un borr&oacute;n; el mejor poeta, no.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 17 Mar 2023 11:02:31 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Brenda Navarro: “La imaginación permite que el mundo siga existiendo”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/brenda-navarro-la-imaginacion-permite-que-el-mundo-siga-existiendo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2023/Brenda500.jpg" alt="" /></p>
<p>La noche del 26 de septiembre de 2014, un grupo de estudiantes de las Escuela Normal Rural de Ayotzinapa salieron en dos autobuses del municipio de Iguala de la Independencia, ubicado en el estado de Guerrero, hacia Ciudad de M&eacute;xico, para participar en la manifestaci&oacute;n anual que conmemoraba la Masacre de Tlatelolco (1968). Pasadas las nueve y media fueron interceptados por un grupo de hombres con armas formado por miembros de la polic&iacute;a y sicarios de la banda criminal Guerreros Unidos. Durante el enfrentamiento que dur&oacute; hasta la madrugada participaron agentes de otros cuerpos policiales y hasta soldados del ej&eacute;rcito mexicano. A la ma&ntilde;ana siguiente, el saldo era devastador: seis personas asesinadas &mdash;tres de ellos, estudiantes&mdash;, cuarenta heridos y cuarentaitr&eacute;s normalistas desaparecidos. La cruel espectacularidad del caso, la falta de voluntad pol&iacute;tica del gobierno de Enrique Pe&ntilde;a Nieto para resolverlo y la acumulaci&oacute;n de evidencias de que las m&aacute;s altas jerarqu&iacute;as del poder actuaban en colusi&oacute;n con el crimen organizado indignaron a la sociedad mexicana al demostrar el alcance tremendo de la violencia de Estado.</p>
<p>Desde que el antecesor a Pe&ntilde;a Nieto, Felipe Calder&oacute;n, declar&oacute; en diciembre de 2006 la &ldquo;guerra contra el narcotr&aacute;fico&rdquo;, con el objeto de ubicar y desmantelar los puntos de tr&aacute;fico de droga, los mexicanos sobreviven al enfrentamiento entre las fuerzas policiales y los grupos criminales; se trata de una guerra civil no declarada, en la cual la divisi&oacute;n entre los bandos con frecuencia se difumina. Porque la &ldquo;guerra&rdquo; de Calder&oacute;n &mdash;y despu&eacute;s de Pe&ntilde;a Nieto&mdash; sirvi&oacute; de excusa para la militarizaci&oacute;n del pa&iacute;s. Pronto, a las denuncias sobre la crueldad de las bandas delictivas se sumaron las denuncias contra militares y polic&iacute;as por secuestros, torturas y ejecuciones extrajudiciales, las cuales debido a su frecuencia no daban cuenta de atentados puntuales a los derechos humanos sino de un patr&oacute;n de agresi&oacute;n y hostilidad generalizado. Los estudiantes que hab&iacute;an estado form&aacute;ndose para ejercer en el futuro como profesores &mdash;a eso alude la palabra &ldquo;normalista&rdquo; en M&eacute;xico&mdash; fueron v&iacute;ctimas de la violencia sist&eacute;mica en un estado de excepci&oacute;n que para septiembre de 2014 llevaba m&aacute;s de una d&eacute;cada instalado. Las amargas protestas se multiplicaron en cada rinc&oacute;n del pa&iacute;s, conforme las investigaciones ofrec&iacute;an explicaciones la mayor&iacute;a de las veces vagas e inexactas sobre qu&eacute; hab&iacute;a pasado. Los mexicanos no olvidaban a sus desaparecidos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Un desaparecido es un fantasma que te persigue como si fuera parte de una esquizofrenia&rdquo;</strong></p>
<p>Brenda Navarro (Ciudad de M&eacute;xico, 1982) ve&iacute;a los acontecimientos at&oacute;nita, como el resto de sus compatriotas. A ella, la situaci&oacute;n le afectaba de una manera particular porque durante una &eacute;poca de su vida hab&iacute;a vivido con su familia muy cerca de Guerrero. &ldquo;En aquella &eacute;poca la violencia ya era tanta que ten&iacute;amos que meternos debajo de las camas cuando tiraban granadas afuera de la casa&rdquo;, recuerda. Tanto le inquiet&oacute; aquello que cuando sali&oacute; en estado &mdash;por segunda vez&mdash; decidi&oacute; emigrar con su pareja a Espa&ntilde;a. Para el momento de su llegada a Barcelona, en 2016, en la maleta tra&iacute;a el borrador de lo que habr&iacute;a de convertirse en su primer libro, <em>Casas vac&iacute;as </em>(2018)<em>. </em>&ldquo;Lo que m&aacute;s me preocupaba era qu&eacute; estaba pasando en las casas de estas personas que estaban desapareciendo&rdquo;, explica la autora. &ldquo;Te imaginas todo menos que un d&iacute;a vas a despertar con la pesadez de un desaparecido&rdquo;, escribe en la novela: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; es un desaparecido? Es un fantasma que te persigue como si fuera parte de una esquizofrenia&rdquo;.</p>
<p style="text-align: left;" align="right">Sin embargo, <em>Casas vac&iacute;as</em> no va de nominalistas ni de narcotraficantes. Narra la historia de dos mujeres atravesadas por el mito de la maternidad. Una pierde un hijo, la otra, lo roba; una es de clase media, la otra, pobre; una se regodea en la melancol&iacute;a de la ausencia, la otra, se activa con la presencia del ni&ntilde;o (robado). Navarro escribi&oacute; la novela sin expectativas, convencida de que solo la leer&iacute;an su pap&aacute; y un amigo escritor, Yuri Herrera. Cuando la termin&oacute;, Herrera le insisti&oacute; en que la enviara a las editoriales. Ella no estaba convencida: nunca hab&iacute;a pensado en s&iacute; misma como en una escritora. Al final, decidi&oacute; hacerle caso y, por no dejar, la envi&oacute; a tres editoriales en Espa&ntilde;a. Aunque de dos nunca supo nada, las palabras de Alejandro Dardik, director de Club Editor, le dieron esperanzas. V&iacute;a correo electr&oacute;nico le contest&oacute; que como su sello estaba dedicado en exclusiva a la literatura en catal&aacute;n no se la pod&iacute;a editar, pero que la felicitaba por la novela y la invitaba a seguir intentando publicarla.<strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Navarro comprendi&oacute; que, despu&eacute;s de todo, s&iacute; ten&iacute;a madera para la literatura. Se avoc&oacute; entonces al segundo borrador. En 2018 public&oacute; <em>Casas vac&iacute;as</em> por .pdf en la web <em>Kaja Negra</em>, una revista fundada por estudiantes de periodismo con el objeto de ejercer su profesi&oacute;n de manera independiente y autogestionada, alej&aacute;ndose de los mecanismos convencionales. &ldquo;Kaja Negra Libros: Imaginar lo que seremos&rdquo; es el nombre de la plataforma a trav&eacute;s de la cual la novela se puso a la venta. Lo que vino despu&eacute;s ni la misma Navarro se habr&iacute;a atrevido a so&ntilde;arlo: el boca a boca hizo que cada vez m&aacute;s personas se interesaran en la novela de quien hasta entonces era una completa desconocida en las letras mexicanas. &ldquo;Todav&iacute;a est&aacute;bamos discutiendo cu&aacute;ntos libros &iacute;bamos a imprimir, cuando las lectoras comenzaron a buscarnos para que se los hici&eacute;ramos llegar&rdquo;, recuerda Navarro. Luego, Fernanda Melchor escribi&oacute; una recomendaci&oacute;n elogiosa en su columna del diario <em>El Pa&iacute;s </em>y la popularidad de su novela se dispar&oacute; a&uacute;n m&aacute;s. Al a&ntilde;o siguiente ya hab&iacute;a firmado con Sexto Piso, una editorial mexicana con sede en Madrid para publicarla en f&iacute;sico. En febrero de 2020, semanas antes de que Espa&ntilde;a decretara el confinamiento como medida para frenar la pandemia de la enfermedad por coronavirus, Navarro hab&iacute;a presentado su novela en esa ciudad, lugar a donde se hab&iacute;a mudado con su familia dos a&ntilde;os antes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La pregunta que me gu&iacute;a siempre es la de comprender qu&eacute; significa ser humana&rdquo;</strong></p>
<p>Pocas veces una escritora tiene un debut con tanta aceptaci&oacute;n entre el p&uacute;blico y la cr&iacute;tica, porque a las elogiosas rese&ntilde;as que acumulaba en los peri&oacute;dicos pronto se sum&oacute; el anuncio de que ese a&ntilde;o <em>Casas vac&iacute;as</em> se alzaba ese mismo a&ntilde;o 2020 con el prestigioso Premio Tigre Juan. A Navarro, sin embargo su &eacute;xito no la convence. Comienza esta conversaci&oacute;n diciendo que todav&iacute;a no est&aacute; segura de que se quiera &ldquo;dedicar a escribir&rdquo;. La declaraci&oacute;n no debe tomarse como un desprecio a la literatura, mucho menos como un chiste. Si algo la distingue a ella es la seriedad de sus comparecencias p&uacute;blicas, acordes con los planteamientos de sus obras. En realidad tiene una relaci&oacute;n tirante con su figura p&uacute;blica como autora. Evita identificarse como escritora porque su literatura soslaya el planteamiento est&eacute;tico en favor del contenido. &ldquo;La pregunta que me gu&iacute;a siempre es la de comprender qu&eacute; significa ser humana&rdquo;, apunta. Su segunda y m&aacute;s reciente novela, <em>Ceniza en la boca</em> (2022), continua la senda abierta por la primera, la de indagar en la rara condici&oacute;n de esta especie, te&oacute;ricamente guiada por el raciocinio.</p>
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<p><strong>&ldquo;La maternidad se est&aacute; volviendo un mecanismo de mercadotecnia&rdquo;</strong></p>
<p>&mdash; &iquest;De qu&eacute; manera se teje la violencia de los desaparecidos en M&eacute;xico, que es el punto de partida para que escribas <em>Casas vac&iacute;as</em>,<em> </em>con el asunto de la maternidad?</p>
<p>&mdash; Nunca problematic&eacute; la maternidad hasta los diecinueve a&ntilde;os. Nunca jugu&eacute; a la mam&aacute; con las mu&ntilde;ecas. Nunca se me inculc&oacute; que ten&iacute;a que ser madre. De hecho, mi madre siempre nos habl&oacute; de lo dif&iacute;cil que era tener y criar hijos a mi hermana y a m&iacute;. Mi padre nos dec&iacute;a: &ldquo;su mam&aacute; no las ha educado para ser mam&aacute;s&rdquo;. Eso que era un reclamo, a m&iacute; hoy me parece el regalo m&aacute;s grande que ella nos dio. A los diecinueve a&ntilde;os, de pronto, no s&eacute; qu&eacute; me pas&oacute;, pero dije &ldquo;quiero ser madre&rdquo;. Por eso tuve joven a mi primera hija. No entend&iacute;a lo que eso significaba. A partir de ese momento, mi vida cambi&oacute; de una manera brutal. La maternidad fue una de las experiencias que me hicieron ser la persona que soy ahora. Porque estaba en M&eacute;xico fue f&aacute;cil, porque fue una maternidad colectiva, a la latinoamericana. Mi madre se hac&iacute;a cargo de mi hija porque fui madre soltera y siempre contaba con ella, con mi hermana, con mis t&iacute;as y con mis abuelas. Nunca sent&iacute; la carga f&iacute;sica; hab&iacute;a otras cosas, porque esa situaci&oacute;n en Latinoam&eacute;rica tiene estigmas, pero no lo viv&iacute; con dolor. Cuando decid&iacute; tener a mi segunda hija &mdash;que tambi&eacute;n fue una decisi&oacute;n pensada&mdash;, la tuve en Barcelona, con mi pareja. All&iacute; s&iacute; que entend&iacute; qu&eacute; significa ser madre a tiempo completo. De hecho, esa experiencia cambi&oacute; la segunda parte de <em>Casas vac&iacute;as</em>. En el primer borrador, la primera voz [la de la mujer de clase media] ten&iacute;a un conflicto mucho m&aacute;s rom&aacute;ntico y heteronormativo; por eso ten&iacute;a m&aacute;s peso la relaci&oacute;n con [su &ldquo;amante esquivo&rdquo; llamado] Vladimir a la hora de buscar al ni&ntilde;o desaparecido. Despu&eacute;s, cuando volv&iacute; a ser madre y me toc&oacute; amamantar (porque con la primera no lo hice), me dije: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; es esta mierda de poner el cuerpo al servicio de las demandas sociales?&rdquo;. Porque es muy bonito y est&aacute; el afecto y el apego que sentimos con las hijas, y crecen maravillosas con la leche materna, pero la imposici&oacute;n social que not&eacute; para obligarme a amamantar me parece una mierda. Yo la sorte&eacute; m&aacute;s o menos bien porque mi pareja se ha involucrado mucho en los cuidados de nuestra hija, pero cuando vi a mi alrededor c&oacute;mo la maternidad hace que las mujeres dejen de ser mujeres para convertirse solamente en madres, cambi&eacute; de opini&oacute;n. Esa fue mi experiencia en Espa&ntilde;a. La maternidad se est&aacute; volviendo un mecanismo de mercadotecnia. Es horrible lo que hacen con las mam&aacute;s: que si la lactancia, que si la depresi&oacute;n posparto, que si el trabajo del suelo p&eacute;lvico; todo se vuelve una enfermedad y t&uacute; te conviertes un mero recipiente para tus hijos. Yo, en cuanto pude dejar la lactancia, lo hice.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;En Am&eacute;rica Latina y los dem&aacute;s lugares del mundo en donde estamos acostumbrados a la precariedad hemos aprendido a que existimos gracias a las redes de apoyo&rdquo;</strong></p>
<p>&mdash; La diferencia entre tu experiencia de la maternidad en M&eacute;xico y en Espa&ntilde;a tiene que ver con las redes de apoyo, a esto te has referido antes, en conferencias y entrevistas. La red de apoyo que formaron tu mam&aacute; y tus t&iacute;as para cuidar contigo a tu primera hija es un ejemplo de c&oacute;mo esta estructura puede servir de alternativa al discurso que victimiza a la madre soltera, pero tambi&eacute;n como alternativa a la violencia estructural de la sociedad porque los hijos se sienten acompa&ntilde;ados en todo momento.</p>
<p>&mdash; Recuerdo un club de lectura que tuve en Argentina a prop&oacute;sito de <em>Casas vac&iacute;as</em>. Eran como quince mujeres y todas estaban enamoradas de la segunda voz de la novela. Dec&iacute;an que aunque cometi&oacute; un crimen es una mujer que ha tomado decisiones en el &aacute;mbito profesional tanto como en el personal. Me qued&eacute; sorprendida, porque no hab&iacute;a visto al personaje desde esa perspectiva. Pero me gust&oacute; esa lectura porque es verdad. Aqu&iacute; tenemos una chica que sale del c&iacute;rculo de violencia de su familia, en donde no tiene ning&uacute;n tipo de apoyo y empieza a generarse su propia red, o al menos eso trata de hacer. Que le sale mal, s&iacute;; pero lo intenta, al menos. Esto es lo contrario a lo que hace la primera voz; ella se va quedando sola. En <em>Casas vac&iacute;as</em> hay dos mujeres solas que no tienen redes de apoyo: no tienen amigas, mam&aacute;s ni t&iacute;as. Pero la que pertenece a la clase media se puede quedar retozando en el concepto de v&iacute;ctima, porque siente que el mundo le debe algo. Mientras tanto, la segunda voz sabe que el mundo se lo debe todo, pero se dice: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; le voy a hacer? &iquest;Me voy a quedar llorando o voy a hacer cosas?&rdquo;. Esa es la diferencia entre los lugares donde los Estados llevan a cabo acciones para conseguir una mayor redistribuci&oacute;n de los recursos y mejorar el bienestar de la poblaci&oacute;n y aquellos donde no. En los primeros, cuando empiezan a ver que se desmantela el Estado del bienestar, lloran; en Am&eacute;rica Latina y los dem&aacute;s lugares del mundo en donde estamos acostumbrados a la precariedad hemos aprendido a que existimos gracias a las redes de apoyo. La imaginaci&oacute;n permite que el mundo siga existiendo, a pesar de los problemas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Lo que me interesa del mundo es la condici&oacute;n humana&rdquo;</strong></p>
<p>&mdash; Es admirable la empat&iacute;a que generan tus personajes, incluso aquellos que son moralmente reprobables. Creo que eso viene de tu formaci&oacute;n universitaria en Sociolog&iacute;a y Econom&iacute;a Feminista. &iquest;Qu&eacute; hay de la soci&oacute;loga en la escritora y de la escritora en la soci&oacute;loga?</p>
<p>&mdash; Lo que me interesa del mundo es la condici&oacute;n humana. Me di cuenta de eso con los a&ntilde;os: no quiero vivir la teor&iacute;a, quiero ver qu&eacute; han hecho las personas. La &uacute;nica forma de hacerlo es entender a la humanidad &mdash;o, al menos, tratar de entenderla&mdash; y por eso estudi&eacute; Sociolog&iacute;a. Nadie comprende bien de qu&eacute; va esa disciplina. Para m&iacute;, con el perd&oacute;n de los soci&oacute;logos que ejercen, la sociolog&iacute;a es saber observar el mundo y estudiar las caracter&iacute;sticas de las sociedades o de ciertos movimientos sociales sin emitir juicios de valor. Esto he tratado de reflejarlo en mi literatura; siento que escribo sobre los grandes dolores que atraviesan circunstancias estructurales de las sociedades. Las personas no son ni buenas ni malas, sino que act&uacute;an seg&uacute;n sus circunstancias. Mil&aacute;n Kundera en un cuento de <em>El libro de los amores rid&iacute;culos</em> narra la conversaci&oacute;n entre el personaje de un m&eacute;dico y un colega. El primero dice al segundo que ambos son buenas personas porque tienen las condiciones f&iacute;sicas y pol&iacute;ticas para actuar de esa manera, pero que si estuvieran en una guerra no ser&iacute;an &eacute;ticos ni buenas personas, har&iacute;an lo necesario para sobrevivir. Esas palabras se me quedaron grabadas en la cabeza. La literatura trata de mostrar la condici&oacute;n humana sin ning&uacute;n tipo de filtro moral. Me gusta lo que dices de la empat&iacute;a, pero cuando leo me interesa saber si el escritor o la escritora tiene &eacute;tica o no, eso va m&aacute;s all&aacute; de la moral. Me parece bien si quiere poner miles de muertos o descabezados, si quiere hablar de los p&eacute;talos de rosas con olor a algod&oacute;n: lo que me interesa es qu&eacute; postura &eacute;tica tiene frente a esas historias. Huyo de decirles a los lectores algo como: &ldquo;Ay, miren a estas mujeres qu&eacute; pobrecitas son y les pasaron estas cosas espantosas y adem&aacute;s han hecho cosas espantosas, pero aun as&iacute; sienten y quieren y aman&rdquo;. Esta postura la aprend&iacute; de la sociolog&iacute;a.</p>
<p>&mdash; Ese es el discurso victimista, que adem&aacute;s es una herramienta del poder.</p>
<p>&mdash; Porque es muy c&oacute;modo decir que todos somos v&iacute;ctimas. El punto es que cuando todos somos v&iacute;ctimas entonces nadie lo es.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Tenemos que dinamitar a la familia: dejar de creer que nuestro objetivo es crear familias fundamentadas en parejas normadas y mon&oacute;gamas&rdquo;</strong></p>
<p>&mdash; En tus novelas y en los foros p&uacute;blicos a los cuales te invitan propones una visi&oacute;n de la maternidad como una creaci&oacute;n del Estado moderno. &iquest;C&oacute;mo rompemos el mito de la maternidad feliz?</p>
<p>&mdash; Con el paso del tiempo he venido a convencerme de que la maternidad se ha convertido en una reivindicaci&oacute;n de mujeres de la clase media que quieren tenerlo todo. A estas alturas de la vida, yo he entendido que nunca lo vamos a tener todo, por lo cual debemos escoger las batallas que queremos librar. Porque ese &ldquo;tenerlo todo&rdquo; va de acuerdo con las exigencias del mercado. A m&iacute; me da mucha flojera querer lo que me ofrece el mercado: nunca voy a tener una casa, nunca voy a tener un auto, nunca voy a ser gerente de ninguna cosa y, si las mujeres quieren tener esa vida que est&aacute; cortada para los hombres y adem&aacute;s ser madres, me parece la reivindicaci&oacute;n m&aacute;s absurda del mundo. Tenemos que dinamitar a la familia: dejar de creer que nuestro objetivo es crear familias fundamentadas en parejas normadas y mon&oacute;gamas. Es hora de pensar un poco en el tipo de familia como esas que hemos visto tradicionalmente en Am&eacute;rica Latina. All&iacute; las familias son fragmentadas y grand&iacute;simas porque est&aacute;n conformadas tambi&eacute;n por t&iacute;as y t&iacute;os de sangre y de amistad. Debemos pensar que no tenemos que ser una familia, sino que aquellas personas que tengan el deseo de tener un hijo puedan contar con el Estado y con sus empleadores, as&iacute; como tambi&eacute;n con el resto de las personas que tienen alrededor. Con frecuencia, las madres son relegadas a un espacio en el cual &uacute;nicamente pueden hablar de los temas relacionados con los hijos. Al resto de las mujeres estos asuntos les importan muy poco, as&iacute; que van alej&aacute;ndose. Entonces, las madres solo se relacionan con otras madres. As&iacute; se quedan sin redes y terminan neurotiz&aacute;ndose. Ellas terminan asumiendo solas el peso de la maternidad, a menos que pertenezcan al sector que le puede pagar a otra mujer para que cuiden a sus hijos, esclaviz&aacute;ndolas. Esto lo planteo en <em>Ceniza en la boca</em>. El objetivo deber&iacute;a ser dinamitar a la familia, porque eso ser&iacute;a dinamitar al Estado mismo. El modelo de familia no puede ser lo que vemos ac&aacute;, en los barrios Chamart&iacute;n o Salamanca de Madrid: a las mujeres vestidas con uniforme cuidando a tres ni&ntilde;os preciosos, donde no hay padres ni madres. Eso no puede ser un modelo de familia. Si ese es el modelo de familia que quiere Espa&ntilde;a, yo estoy en contra.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;El feminismo puede ocuparse de todas las discusiones p&uacute;blicas que quiera, pero si no defiende estos derechos humanos b&aacute;sicos a la vivienda y al acceso a la sanidad p&uacute;blica condena al g&eacute;nero a la pobreza&rdquo;</strong></p>
<p>&mdash; Adem&aacute;s de desmontar el mito de la maternidad, &iquest;a qu&eacute; temas deber&iacute;amos ponerle atenci&oacute;n desde el feminismo?</p>
<p>&mdash; Como mujer y como feminista, lo importante para m&iacute; es hablar de temas como la renta b&aacute;sica universal, del derecho a la vivienda y del derecho universal a la salud. Me interesa hablar de por qu&eacute; una mujer no puede ser aut&oacute;noma ni tiene d&oacute;nde vivir porque carece de un oficio digno o de condiciones para trabajar. Esta situaci&oacute;n se extiende hasta la ancianidad: esa mujer tampoco tendr&aacute; una vejez digna, porque no hay una sanidad que nos asegure que vayamos a vivir bien al final de la vida. Ya vimos lo que pas&oacute; con las personas mayores durante la pandemia: las dejaron morir. Hay mujeres con pensiones de apenas cuatrocientos euros, &iquest;qui&eacute;n vive con esa suma, por favor? Las estad&iacute;sticas nos dicen que las mujeres son las que tienen menos cuentas bancarias o propiedades a su nombre, tienen menos trabajos dignos o con prestaciones sociales decentes. El feminismo puede ocuparse de todas las discusiones p&uacute;blicas que quiera, pero si no defiende estos derechos humanos b&aacute;sicos a la vivienda y al acceso a la sanidad p&uacute;blica condena al g&eacute;nero a la pobreza. El modelo patriarcal se fundamenta en la falta de autonom&iacute;a de las mujeres, para que nunca podamos tomar decisiones por falta de dinero. El tema real del feminismo es qui&eacute;n posee la riqueza. Tenemos que empezar a hablar de dinero, de c&oacute;mo est&aacute; distribuido y de qui&eacute;nes hacen el trabajo de los cuidados, as&iacute; como tambi&eacute;n de cu&aacute;nto vale ese trabajo en nuestra sociedad. Hace poco le plante&eacute; a un periodista un caso hipot&eacute;tico. Le dije que alguien estaba dispuesto a pagarle 2500 euros al mes, m&aacute;s prestaciones sociales y otros beneficios, y le pregunt&eacute; si &eacute;l tomar&iacute;a un trabajo aunque fuera cuidando a otra persona. Su respuesta fue que s&iacute;. El tema no es si los hombres quieren hacer el trabajo dom&eacute;stico o no, sino las condiciones que damos en la sociedad al trabajo dom&eacute;stico y el de los cuidados. El feminismo debe hablar de salud, de dinero y de autonom&iacute;a.</p>
<p>Naturaleza humana y condici&oacute;n humana no deben confundirse; en las novelas de Navarro ambas categor&iacute;as son indispensables. Son, en ese sentido, piezas filos&oacute;ficas. El pensamiento de Jean-Paul Sartre prescinde de la primera definici&oacute;n en favor de la segunda, a la cual considera el conjunto de l&iacute;mites que bosquejan la situaci&oacute;n de los seres humanos en el universo; Hannah Arendt propone a la labor, el trabajo y la acci&oacute;n como las tres actividades condicionantes del existir de las personas y Eric Fromm reconoc&iacute;a tres factores que serv&iacute;an para determinar el car&aacute;cter de su ser contempor&aacute;neo: el mercado que las colocaba en un ciclo de funciones mercantiles entre consumidores y productores; el modo de producci&oacute;n industrial que privilegiaba sujetos que entraran sin roces en la maquinaria social &mdash;seres enajenados de su existir en el mundo, aut&oacute;matas&mdash; y, como est&aacute;n separados de sus sentimientos por la fusi&oacute;n mercantil y la industrializaci&oacute;n, los seres humanos proyectan esos sentimientos sobre el Estado &mdash;as&iacute; dotan a los l&iacute;deres pol&iacute;ticos de toda clase de pasiones relacionadas con el poder, la sabidur&iacute;a o el coraje. Si en el pasado el peligro era que los seres humanos se convirtieran en esclavos, escribe Fromm en <em>La condici&oacute;n humana actual </em>(1964), en el futuro el peligro es que se conviertan en robots. Ahora que las aplicaciones descargadas en m&oacute;viles manejan la vida de las personas y que un urbanita conversa m&aacute;s con los asistentes de voz de los servicios computarizados que con miembros de su familia, ese futuro temido por Fromm ha llegado &mdash;mientras contin&uacute;a el tr&aacute;fico de personas&mdash;. Por eso hay que estar alerta de las din&aacute;micas sociales que des-humanizan a las personas.</p>
<p>Es desde ese lugar donde las obras de Navarro interpelan al p&uacute;blico, mientras sus personajes encarnan las din&aacute;micas que convierten a los humanos en seres alienados. En donde es m&aacute;s patente su inter&eacute;s en analizar las condiciones bajo las cuales transcurren las vidas humanas es en <em>Ceniza en la boca</em>, la cual ya desde el comienzo plantea un drama social: el suicidio de un adolescente llamado Diego. La narradora de la novela es su hermana, cuya voz da cuenta de c&oacute;mo su madre los dej&oacute; en M&eacute;xico para trabajar en Espa&ntilde;a, de lo extra&ntilde;a que les pareci&oacute; cuando volvieron reunirse con ella, de los trabajos en condiciones indignas que ella y la madre debieron hacer para que Diego pudiera estudiar en la escuela secundaria, y sobre la vuelta a M&eacute;xico con las cenizas de su hermano en una caja. Todo mientras se pregunta por las razones que pudieron llevarlo a quitarse la vida y se describe la salida de M&eacute;xico como una huida de la violencia que se resuelve solo a medias con la llegada a Espa&ntilde;a, pa&iacute;s en cuya maquinaria ambos intentan entrar pero fracasan. &ldquo;Quien sabe qu&eacute; &eacute;ramos para los vecinos, si panchitas, si latinas, si un estorbo, si una mancha en su barrio que no pod&iacute;an limpiar, pero nunca nos dijeron nada, ni para bien ni para mal, hasta que vino Diego a verme&rdquo;, escribe Navarro: &laquo;Esto no es un piso tur&iacute;stico, me dijo un se&ntilde;or, calvo, panz&oacute;n, olor a tabaco. Lo ignor&eacute; y agarr&eacute; a Diego del brazo y salimos a la calle&rdquo;.</p>
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<p><strong>&ldquo;Lo que yo quer&iacute;a era contar historias&rdquo;</strong></p>
<p>Como en <em>Casas vac&iacute;as</em>, la familia es en esta novela el crisol a partir del cual se profundiza en temas sociales m&aacute;s amplios; en el caso de <em>Ceniza en la boca</em>, se tratan, entre otros, el tema del desarraigo, el drama de las trabajadoras dom&eacute;sticas y de cuidados, y la violencia &mdash;a veces soterrada&mdash; de los Estados modernos. La lectura sobre el suicidio de Diego adquiere, en el marco de estos asuntos, una perspectiva sociol&oacute;gica, acorde con la formaci&oacute;n de Navarro, quien acarici&oacute; una vez la ambici&oacute;n de estudiar en la Escuela de Cine de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, pero al final se decant&oacute; por los estudios sociales. &ldquo;Siempre tuve la idea de hacer algo en el &aacute;rea de Comunicaci&oacute;n; en realidad, quer&iacute;a ser guionista, pero no me plante&eacute; nunca la carrera de Letras Hisp&aacute;nicas porque no estaba interesada en la academia, lo que yo quer&iacute;a era contar historias&rdquo;, recuerda la autora. Con apenas dos obras publicadas hasta la fecha, Navarro parece estar bien encaminada.</p>
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<p><strong>&ldquo;La burocracia migratoria es complicada incluso para quien &mdash;como es mi caso&mdash; deber&iacute;a ser f&aacute;cil&rdquo;</strong></p>
<p>&mdash; En <em>Ceniza en la boca</em> tocas el tema de la migraci&oacute;n desde una perspectiva distinta a la tuya. &iquest;Cu&aacute;l fue la mayor dificultad para ti como inmigrante mexicana al abordar este asunto?</p>
<p>&mdash; Lo m&aacute;s dif&iacute;cil fue tratar de no hablar de mi experiencia personal, porque he sido privilegiada en todos los sentidos. La burocracia migratoria es complicada incluso para quien &mdash;como es mi caso&mdash; deber&iacute;a ser f&aacute;cil. Sin embargo, yo no enfrent&eacute; la brutalidad que toca a las personas que necesitan tener sus papeles regulares ac&aacute; para hacer trabajos de limpieza y cuidado. <em>Ceniza en la boca</em> naci&oacute; cuando vine a vivir a Barcelona y dej&eacute; a mi hija mayor en M&eacute;xico para que terminara la educaci&oacute;n primaria; mientras, yo me ocupaba del procedimiento para traerla. Con toda la inocencia del mundo fui a uno de los centros donde te asesoran para los tr&aacute;mites y lo m&iacute;o no tuvo problema. Literalmente fue &ldquo;Paso A, B y C&rdquo;, y se acab&oacute;, porque como espa&ntilde;ol mi pareja tiene derecho a traer a mi hija. Pero me qued&eacute; un rato para escuchar qu&eacute; pasaba con las personas que viv&iacute;an en situaci&oacute;n irregular y necesitaban reagrupar a sus familias. Me qued&eacute; muy sorprendida: para m&iacute;, como mexicana, los problemas migratorios solo ocurr&iacute;an en la frontera de mi pa&iacute;s con Estados Unidos. En aquella &eacute;poca, no entend&iacute;a el mecanismo de la migraci&oacute;n a Espa&ntilde;a. En ese lugar escuch&eacute; a madres que eran trabajadoras dom&eacute;sticas hablando de c&oacute;mo sus familias estaban fragmentadas y c&oacute;mo esos ni&ntilde;os que ven&iacute;an a este pa&iacute;s eran unos completos desconocidos, igual que ellas eran unas desconocidas para sus hijos. Me pareci&oacute; lo m&aacute;s doloroso del mundo. Cuando me mud&eacute; a Madrid, en donde la migraci&oacute;n es distinta a la de Barcelona, no pod&iacute;a dejar de pensar en el sufrimiento de un adolescente a quien le dicen que debe reencontrarse con alguien a quien no conoce en absoluto y pero la obligan a quererla por ser su madre biol&oacute;gica. Luego le&iacute; en el peri&oacute;dico la noticia del suicidio de un chico, y ese fue el acontecimiento que desencaden&oacute; la ficci&oacute;n propiamente dicha. Durante la escritura de la novela me plante&eacute; dos cosas: la primera, que no pareciera que quer&iacute;a dar voz a nadie y, la segunda, que mi experiencia personal y mis frustraciones no atravesaran las frustraciones de los personajes. Todav&iacute;a me pregunto si lo logr&eacute;; espero que s&iacute;.</p>
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<p><strong>&ldquo;Mis novelas tratan de las violencias estructurales que hacen que las mujeres desaparezcan conforme se van volviendo adultas&rdquo;</strong></p>
<p>&mdash; La narradora de esa novela cuando est&aacute; en Espa&ntilde;a quiere estar en M&eacute;xico y cuando est&aacute; en M&eacute;xico quiere estar en Espa&ntilde;a; est&aacute; desarraigada, no se encuentra all&aacute; ni ac&aacute;, por esa raz&oacute;n se cuestiona sus roles de hermana, de hija y de nieta. &iquest;De qu&eacute; manera ese desarraigo y ese sentimiento de culpa es tambi&eacute;n una forma de violencia que ella ejerce contra s&iacute; misma?</p>
<p>&mdash; Mis novelas tratan de las violencias estructurales que hacen que las mujeres desaparezcan conforme se van volviendo adultas. En <em>Casas vac&iacute;as</em>, la primera voz dice en un momento: &ldquo;soy una mujer a punto de suceder&rdquo;. Ella nunca sucede como tal porque cuando le toca ser ella misma, la sociedad le impone tantas reglas que la coloca en una posici&oacute;n en la cual ella solo se limita a tomar decisiones. En <em>Ceniza en la boca</em> me refiero a esto de una forma m&aacute;s clara: la narradora es una chiquilla que por sus circunstancias ha tenido que ser madre [de su hermano], ha tenido que buscar c&oacute;mo sobrevivir en este mundo, sin saber muy bien qu&eacute; quiere. A las mujeres, en realidad, nos educan para no saber qu&eacute; queremos, y lo descubrimos cuando tenemos treinta a&ntilde;os, m&aacute;s o menos. All&iacute; perdimos una d&eacute;cada que los hombres nos llevan de ventaja. En <em>Ceniza en la boca</em> me refiero al desarraigo porque creo que la humanidad ahora mismo se siente desarraigada. Sin embargo, a quienes afecta esta situaci&oacute;n m&aacute;s es a los adolescentes. El desarraigo de un chico como Diego est&aacute; construido. La violencia de esa construcci&oacute;n atraviesa a la protagonista. Es una violencia contra los inmigrantes pensada desde el Estado: cuando los invisibilizan, cuando no les dan derechos pol&iacute;ticos y civiles, cuando ni siquiera pueden tener un trabajo digno. El objetivo de estas carencias es, literalmente, desaparecerlos; hacer como que no existen, como que no son personas.</p>
<p>&mdash; En una entrevista con Almudena Barrag&aacute;n para el diario <em>El Pa&iacute;s</em> dijiste que en Espa&ntilde;a las inmigrantes latinoamericanas dedicadas a las labores del hogar y el cuidado deben &ldquo;performar&rdquo;, entiendo que esto quiere decir: actuar a partir de eso que se espera de uno. &iquest;Esta adopci&oacute;n de un rol social seg&uacute;n un estereotipo es lo que te parece m&aacute;s grave de la inmigraci&oacute;n?</p>
<p>&mdash; S&iacute;, la palabra &ldquo;performar&rdquo; viene del verbo en ingl&eacute;s para &ldquo;actuar&rdquo;. Cuando entras en un trabajo, te dicen lo que debes hacer y que al cliente siempre debes hacerlo feliz; entonces, aunque t&uacute; est&eacute;s atravesando una situaci&oacute;n espantosa, sonr&iacute;es. Esta manera de actuar est&aacute; influenciada por el pensamiento estadounidense, el cual nos obliga a estar alegres y siempre a <em>performar </em>nuestros sentimientos. Es espantoso porque invita a la no-acci&oacute;n. Los migrantes tienen un conocimiento situado, entienden cu&aacute;l es su situaci&oacute;n aqu&iacute; y que vienen de un contexto diferente al espa&ntilde;ol. Esto significa que pueden <em>performar</em> para burlar las estructuras y etiquetas que les est&aacute;n imponiendo en donde llegan a vivir o a trabajar, a sabiendas de que solo se trata de una actuaci&oacute;n. Es similar al comportamiento del personaje del p&iacute;caro en literatura cl&aacute;sica: entienden que deben ser buenos, simp&aacute;ticos y amables para obtener lo que necesitan. Este comportamiento es peligroso porque paraliza, pero a la vez es una herramienta para evadir el contexto y preservar la identidad.</p>
<p>&mdash; La mayor&iacute;a de las inmigrantes latinoamericanas dedicadas al cuidado de ni&ntilde;os y ancianos que describes en tu novela aparecen agrupadas en una estructura similar a la del coro en las tragedias griegas<em>. </em>Este recurso del estilo literario puede leerse como una imagen de red de cuidados a la cual alude el contenido de tus dos libros. &iquest;Lo pensaste desde el principio as&iacute;, como un coro de mujeres?</p>
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<p><strong>&ldquo;Aspiramos a ser de la clase media estadounidense; pero la enorme mayor&iacute;a de los mexicanos nunca vivir&aacute;n el <em>American dream</em>; ni siquiera los estadounidenses lo viven&rdquo;</strong></p>
<p>&mdash; Cuando viv&iacute; en Barcelona me toc&oacute; ver la efervescencia del movimiento de Las Kellys. En su mayor&iacute;a, ellas eran camareras de piso y trabajadoras del hogar a las que luego se sumaron las universitarias, como se lee en <em>Ceniza en la boca</em>. No s&eacute; c&oacute;mo termin&oacute; aquello, porque lo que escrib&iacute; fue totalmente ficci&oacute;n Me imagino que termin&oacute; fatal, porque cuando veo a Las Kellys, las veo solas. Adem&aacute;s, quienes representan al movimiento ante la Uni&oacute;n Europea son espa&ntilde;olas; es decir: todav&iacute;a las mujeres latinoamericanas no pueden hablar de sus problemas ante las instancias gubernamentales. En la novela las llamo &ldquo;primas&rdquo; por dos razones. A la primera se refiere la protagonista cuando pregunta por qu&eacute; a la fuerza quieren que todas las mujeres nos digamos &ldquo;hermanas&rdquo; entre nosotras. Eso me pone los nervios de punta. Porque es como si nos obligaran a decir que somos una gran familia. El Estado nos ha ganado cuando la &uacute;nica estructura v&aacute;lida para agruparnos y sobrevivir es la familia biol&oacute;gica. La raza est&aacute; muy presente en esa concepci&oacute;n y eso me molesta mucho. La otra raz&oacute;n por la cual llamo las &ldquo;primas&rdquo; a ese grupo de trabajadoras tiene que ver con la estructura a la que haces referencia. En realidad, la novela est&aacute; estructurada por los &aacute;lbumes de <em>Vampire Weekend</em>. Cuando escrib&iacute; el pedacito sobre Las Kellys escuchaba el segundo &aacute;lbum del grupo, <em>Contra</em>. Mi proceso comenzaba por poner un disco de <em>Vampire Weekend</em> y escucharlo mientras escrib&iacute;a. Quiz&aacute; las canciones me influ&iacute;an. Creo que las llam&eacute; &laquo;las primas&raquo; porque estaba escuchando la canci&oacute;n &ldquo;Cousins&rdquo;. Hasta ahora no se ha entendido el peso que ese grupo de m&uacute;sica<em> </em>tiene en el libro. <em>Vampire Weekend</em> es la reivindicaci&oacute;n del <em>American dream</em>. En la novela refleja la aspiraci&oacute;n de los mexicanos de cumplir el sue&ntilde;o americano: vivir en Nueva York y ser como las protagonistas de las series de televisi&oacute;n <em>Sex and The City</em> o <em>Girls</em>. Aspiramos a ser de la clase media estadounidense; pero la enorme mayor&iacute;a de los mexicanos nunca vivir&aacute;n el <em>American dream</em>; ni siquiera los estadounidenses lo viven.<strong></strong></p>
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<p><strong>&ldquo;E</strong><strong>stamos educando a los ni&ntilde;os y a las ni&ntilde;as para que no tengan imaginaci&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>&mdash; Un tema que tratas en <em>Ceniza en la boca </em>es el del suicidio. Despu&eacute;s del confinamiento por la pandemia, en Espa&ntilde;a interesa mucho el asunto de la salud mental y las altas estad&iacute;sticas de suicidio en este pa&iacute;s y el mundo. Puede leerse el suicidio de Diego a partir de la soledad del personaje: cuando no hay tejido social al cual acudir la &uacute;nica alternativa que te deja es morir. &iquest;Crees que la soledad de las urbes erosiona nuestra salud mental?</p>
<p>&mdash; Esa es mi gran pregunta, adem&aacute;s no la respondo jam&aacute;s. Cuando comenc&eacute; a escribir <em>Ceniza en la boca</em> era un poco eso, preguntarme qu&eacute; hace que un adolescente piense que la &uacute;nica soluci&oacute;n es quitarse la vida. Luego me preguntaba: &iquest;son solo los adolescentes los que pensamos que no hay soluci&oacute;n? &iquest;qu&eacute; hace que todas las discusiones p&uacute;blicas hagan que parezca que no hay futuro? All&iacute; otra vez vuelvo al tema de la imaginaci&oacute;n: estamos educando a los ni&ntilde;os y a las ni&ntilde;as para que no tengan imaginaci&oacute;n, los educamos para lo inmediato, a que ni siquiera sepan desarrollar sus frustraciones o aprendan a reconocer los procesos cognitivos de la humanidad, todo se lo estamos dando de forma inmediata para que nos permitan vivir. Nunca hab&iacute;a visto a una adolescencia tan poco politizada; la gente que ahora tiene dieciocho a&ntilde;os m&aacute;s o menos, les importa un carajo lo que suceda porque ellos ya saben que no tienen un futuro y no pueden contar con la clase pol&iacute;tica, lo dan por hecho. Si a esa edad de total rebeld&iacute;a no est&aacute;s en contra de tus padres, de la escuela, de la sociedad, de los pol&iacute;ticos, entonces ya no vas a estar en contra nunca de nada. Eso me parece un suicidio social de una generaci&oacute;n que va a llegar a los treinta a&ntilde;os sin imaginaci&oacute;n ni capacidad para repensar el mundo porque los discursos oficiales son contradictorios. Desde todas partes les est&aacute;n llegando a los adolescentes mensajes sobre el final del mundo (por el calentamiento global, por la guerra, por lo que sea) y es como si les dijeran que no tiene sentido hacer nada para remediar la situaci&oacute;n del mundo. La &uacute;nica expectativa planteada aqu&iacute; es ver c&oacute;mo se acaba el mundo. Eso me parece un error, porque justo les estamos diciendo: vamos a suicidarnos en colectivo. Por el otro lado, ahora mismo hay pocos lugares en el mundo en los cuales cuando una persona dice que no quiere vivir se le permite morir. Esto es una contradicci&oacute;n, porque decimos: &ldquo;nos estamos matando, somos los peores seres del mundo, estamos llevando todo al carajo, somos unos suicidas colectivos&rdquo;, y cuando alguien quiere acabar con su vida porque ya su cuerpo no le responde se le impide y se le tacha de &ldquo;enfermo mental&rdquo;. A esto me refiero con el personaje de Laura, una se&ntilde;ora mayor con una enfermedad que no le permite tener un cuerpo en el que se pueda habitar. Adolescentes y vejez parece como que dejan de ser humanos que puedan tomar decisiones y tener autonom&iacute;a de sus vidas. La rebeld&iacute;a m&aacute;s grande de Diego es decir: &ldquo;No voy a pertenecer a este mundo que est&aacute; del carajo, en el que por ac&aacute; me llaman &lsquo;Pancho&rsquo; y donde no voy a tener ning&uacute;n futuro, y si vuelvo a M&eacute;xico, me van a hacer soldado&rdquo;. La narradora est&aacute; justo en ese momento de preguntarse si se decantar&aacute; por lo que ha hecho su hermano o se dar&aacute; la oportunidad de imaginar una realidad distinta. Siento y quiero creer que ese personaje se va a decantar por la imaginaci&oacute;n. Pero tampoco lo s&eacute; porque no he encontrado esa respuesta. Lo que s&iacute; s&eacute; es que un suicida no es necesariamente una persona con problemas de salud mental. No es as&iacute;: es un inconveniente que ha tenido la humanidad desde el momento en que nos llamamos humanidad y que &mdash;volviendo a eso que habl&aacute;bamos antes sobre las maternidades y el sostenimiento del Estado&mdash; tiene que ver con que no nos permiten tener la autonom&iacute;a de decidir qu&eacute; vida queremos vivir y hasta cu&aacute;ndo. Deber&iacute;amos tener ese derecho.</p>
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      <pubDate>Fri, 17 Mar 2023 10:41:51 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Diccionario Monterroso]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/diccionario-monterroso/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2023/AUGUSTO_MONTERROSO_1.png" alt="" /></p>
<p>ANTOLOG&Iacute;AS: Monterroso figura en muchas y, adem&aacute;s, confeccion&oacute; con B&aacute;rbara Jacobs la <em>Antolog&iacute;a del cuento triste </em>(1992). All&iacute; anotaron, con precisi&oacute;n muchas veces citada: &ldquo;La vida es triste. Si es verdad que en un buen cuento se concentra toda la vida, y si la vida es triste, un buen cuento ser&aacute; siempre un cuento triste&rdquo;. En &ldquo;Pr&oacute;logo a mi Antolog&iacute;a personal&rdquo; (Fondo de Cultura Econ&oacute;mica), escribe ya &eacute;l solo: &ldquo;Como mis libros son ya antolog&iacute;as de cuanto he escrito, reducirlos a &eacute;sta me fue f&aacute;cil; y si de &eacute;sta se hace inteligentemente otra; y de esta otra, otra m&aacute;s, hasta convertir aqu&eacute;llos en dos l&iacute;neas o en ninguna, ser&aacute; siempre por dicha en beneficio de la literatura y del lector&rdquo;. Y en una entrevista con Marco Antonio Campos incluida en <em>Viaje al centro de la f&aacute;bula</em> aclara sobre el pr&oacute;logo a esa antolog&iacute;a: &ldquo;Me gusta la idea de que se trata de un homenaje a Cervantes, cuyo pr&oacute;logo a <em>El viaje del Parnaso</em> tiene cincuenta y dos palabras. En mi pr&oacute;logo yo quer&iacute;a <em>decir algo</em> con menos palabras y lo hice con cincuenta y una&rdquo;.</p>
<p>BREVEDAD: una de las bazas de su triunfo. Aunque escribi&oacute; cuentos que entran en las dimensiones habituales del g&eacute;nero, Monterroso cultiv&oacute; lo sucinto a fuerza de podar. Su primer libro, <em>Obras completas (y otros cuentos)</em> (1959) incluye algunos de una, dos o tres de p&aacute;ginas y otro que &ndash;siete palabras&ndash; no alcanza ni siquiera un rengl&oacute;n. Hoy es considerado el gran precedente del microrrelato. Con iron&iacute;a, en &ldquo;Fecundidad&rdquo; el narrador escribe: &ldquo;Hoy me siento bien, un Balzac; estoy terminando esta l&iacute;nea&rdquo;. Para entender la comparaci&oacute;n debemos tener en cuenta la extensi&oacute;n enorme de la obra del franc&eacute;s (ochenta y siete novelas solo del ciclo <em>La Comedia humana</em>, que proyectaba muchas m&aacute;s). Esa labor de poda es evidente tambi&eacute;n en una an&eacute;cdota. Presentado ante un p&uacute;blico estudiantil junto a Alfredo Bryce Echenique en una universidad canadiense, este cont&oacute; con todo lujo de detalles c&oacute;mo escrib&iacute;a, casi sin corregir. Atacado de p&aacute;nico esc&eacute;nico, Monterroso, que intervino a continuaci&oacute;n, solo acert&oacute; a decir: &ldquo;Yo no escribo; yo solo corrijo&rdquo;. El p&uacute;blico se lo tom&oacute; a broma, y rio y aplaudi&oacute;.</p>
<p>Contra el f&aacute;rrago escribi&oacute; esto otro en su diario: &ldquo;Un libro es una conversaci&oacute;n. La conversaci&oacute;n es un arte. Un arte educado. Las conversaciones bien educadas evitan los mon&oacute;logos muy largos, y por eso las novelas vienen a ser un abuso del trato con los dem&aacute;s&rdquo;. En uno de los aforismos de <em>Lo dem&aacute;s es silencio</em> atribuidos a Eduardo Torres amplific&oacute; la idea con una traducci&oacute;n falsa a cargo del sabio tonto cuyo sentido es contrario al del original: &ldquo;Todo trabajo literario debe corregirse y reducirse siempre. <em>Nulla dies sine linea</em>. Anula una l&iacute;nea cada d&iacute;a&rdquo;.</p>
<p>CUENTOS: no son tantos los que ha cimentado su fama, pero en ellos, no hay que descubrir el Mediterr&aacute;neo, prima la calidad sobre la cantidad. Sus &uacute;nicas tres colecciones combinan el retrato de personajes extravagantes con otros de gran realismo, y diseccion&oacute; muy bien la realidad hispanoamericana, su conflicto con la metr&oacute;poli espa&ntilde;ola primero (&ldquo;El eclipse&rdquo;) y la estadounidense despu&eacute;s (&ldquo;M&iacute;ster Taylor&rdquo;), as&iacute; como la hipocres&iacute;a clasista criolla de &ldquo;Primera Dama&rdquo;. Abunda en ellos (si tal cosa puede abundar) la elipsis, muy bien tratada en &ldquo;Sinfon&iacute;a concluida&rdquo;. Ya lo dej&oacute; dicho Keats en su &ldquo;Oda sobre una urna griega&rdquo;: <em>&ldquo;Heard melodies are sweet, but those unheard / Are sweeter&rdquo;</em>.</p>
<p>Para la supervivencia del cuento frente a otros g&eacute;neros que querr&iacute;an eclipsarlo, Monterroso crey&oacute; que hab&iacute;a que transformarlo, incluso disfraz&aacute;ndolo &ldquo;de poema, de meditaci&oacute;n, de rese&ntilde;a, de ensayo&rdquo;. Para Monterroso, el escritor actual (bueno, el de hace m&aacute;s de tres d&eacute;cadas cuando escribi&oacute; esas l&iacute;neas) va m&aacute;s all&aacute; del horror de Poe, la melancol&iacute;a de Chejov o lo ins&oacute;lito y el pintoresquismo de Maupassant, y sigue la estela de Baudelaire y sus poemas en prosa. Ciertamente, puede uno pensar en las nuevas formas h&iacute;bridas como los poemas de Paz recogidos en <em>La estaci&oacute;n violenta</em>, m&aacute;s microcuentos que poemas al uso.</p>
<p>Para Monterroso, los cuentos no deb&iacute;an ser muchos, y esta creencia la llev&oacute; a rajatabla, escribiendo pocos y publicando a&uacute;n menos. Pocos han de ser tambi&eacute;n los temas, siete a lo sumo. &ldquo;Las p&aacute;ginas tambi&eacute;n tienen que ser s&oacute;lo unas cuantas, porque pocas cosas hay tan f&aacute;ciles de echar a perder como un cuento. Diez l&iacute;neas de exceso, y el cuento se empobrece; tantas de menos, y el cuento se vuelve una an&eacute;cdota, y nada m&aacute;s odioso que las an&eacute;cdotas visibles, escritas o conversadas&rdquo;.</p>
<p>DINOSAURIO: &ldquo;Cuando despert&oacute;, el dinosaurio todav&iacute;a estaba all&iacute;&rdquo;, reza, completo, el que durante un tiempo fue el cuento m&aacute;s breve de la literatura. Una an&eacute;cdota muy comentada relacionada con este cuento es la siguiente: una vez, un amigo le present&oacute; a una se&ntilde;ora "&iquest;Conoce usted a Augusto Monterroso?", le pregunt&oacute;. "S&iacute;", "lo he le&iacute;do", respondi&oacute; ella, "&iquest;Y qu&eacute; le parece el cuento de&nbsp;<em>El dinosaurio</em>? "&Eacute;se es uno de los que m&aacute;s me gustan, pero apenas voy por la mitad". Aunque la misma an&eacute;cdota conforma un microrrelato de Jos&eacute; de la Colina, &ldquo;La culta dama&rdquo;, sin que sepamos si el mexicano de origen espa&ntilde;ol se bas&oacute; en la an&eacute;cdota o inspir&oacute; una espuria: &ldquo;Le pregunt&eacute; a la culta dama si conoc&iacute;a el cuento de Augusto Monterroso titulado &ldquo;El dinosaurio&rdquo;. &ndash;Ah, es una delicia &ndash;me respondi&oacute;&ndash;, ya estoy ley&eacute;ndolo&rdquo;.</p>
<p>La sombra del dinosaurio es alargada, y se extiende a otras p&aacute;ginas de Monterroso (por no hablar de tantas de los dem&aacute;s). As&iacute;, en un manuscrito hallado en las cercan&iacute;as de ese San Blas de su imaginaci&oacute;n se lee: &ldquo;Algunas noches, agitado, sue&ntilde;o la pesadilla de que Cervantes es mejor escritor que yo; pero llega la ma&ntilde;ana y despierto&rdquo;. La brevedad del cuento (anterior a que tomara carta de naturaleza el t&eacute;rmino &ldquo;microrrelato&rdquo;) es inversamente proporcional a la cantidad de p&aacute;ginas que se han escrito sobre &eacute;l. &iquest;A qu&eacute; se refiere Monterroso, cu&aacute;l es el sujeto de esa frase y el protagonista del cuento todo? En espa&ntilde;ol hay afortunadamente una ambig&uuml;edad que en otras lengua se pierde, como en el ingl&eacute;s, donde el traductor se las tiene que ingeniar para no determinar con un pronombre (masculino, femenino o neutro) el g&eacute;nero de quien despert&oacute;. Hay quien atribuye el cuento no a un ejercicio de fantas&iacute;a sino a un suceso bien realista. Seg&uacute;n Arreola, el dinosaurio era un amigo com&uacute;n, as&iacute; apodado por su sobresaliente estatura, que sol&iacute;a sentarse a los pies de la cama de un apartamento que ocupaba &eacute;l y otro amigo, mientras ellos estaban all&iacute; tendidos. Aquel hombre se pon&iacute;a a hablar de sus peripecias de la jornada y tanto se enrollaba que los otros se quedaban dormidos. Al despertar, &ldquo;el dinosaurio todav&iacute;a estaba all&iacute;&rdquo;.</p>
<p>Entre las incontables citas del cuento las hay err&oacute;neas, naturalmente: lo curioso es que los responsables de algunas de estas han sido egregios escritores. Sin que conste que fuera de manera deliberada,&nbsp; Mario Vargas Llosa lo cambi&oacute; por un unicornio; Carlos Fuentes, por un cocodrilo.</p>
<p>E: <em>La letra e</em> es un diario fragmentario del autor que recoge entradas de los a&ntilde;os 1983-1985, publicado al siguiente. Fue apareciendo en el suplemento <em>S&aacute;bado</em> del diario <em>Unom&aacute;suno</em>. Monterroso fue un gran admirador del diario de Samuel Pepys y del de James Boswell que registra el cotidiano vivir de Samuel Johnson. El t&iacute;tulo alude al libro de Georges Perec escrito como <em>tour de forc&eacute;</em> sin esa letra: <em>La Disparation</em> (que en espa&ntilde;ol pas&oacute; a ser <em>El secuestro</em>, donde es la letra a la que est&aacute; ausente). Publicado su tercer libro de cuentos, Monterroso opt&oacute; por la hibridaci&oacute;n de g&eacute;neros y el cultivo del ensayo trufado de erudici&oacute;n y memoria personal, y aqu&iacute; aborda temas muy variados en entradas por lo general de un p&aacute;rrafo o dos. Algunos valen como microrrelato. El concepto de fragmento le era querido, como el de la elipsis, no tanto por su timidez personal como por las posibilidades que supone para el texto: a un tiempo concentraci&oacute;n y sugerencia. (Curiosamente, mi ejemplar, comprado cuando el libro ha dejado de estar en circulaci&oacute;n y por lo tanto ya sin posibilidad de ser cambiado por otro en buen estado, tiene varias p&aacute;ginas en blanco, no por inspiraci&oacute;n de Laurence Sterne sino por defecto de imprenta. Estoy persuadido de que eso lo mejora, siendo estupendo el contenido al que he tenido acceso en lo mucho anterior y posterior a esa deserci&oacute;n de la tinta.)</p>
<p>F&Aacute;BULAS: Se aficion&oacute; nuestro autor a ellas en su juventud, cuando estudi&oacute; lat&iacute;n de manera autodidacta y con la ayuda de un antiguo seminarista, y as&iacute; memoriz&oacute; a Fedro, a quien recitaba. Dos versos de una de ellas tuvieron especial fortuna en su propia obra. Si Fedro escribi&oacute; &ldquo;<em>Vacca et capella et patiens ovis injuriae / socci fuere cum leone in saltibus&rdquo;</em>, &eacute;l lo utiliz&oacute; como comienzo de su f&aacute;bula &ldquo;La parte del le&oacute;n&rdquo;, perteneciente a <em>La oveja negra y dem&aacute;s f&aacute;bulas</em> (1969), que un amigo suyo traductor de Horacio y de Tibulo verti&oacute; al lat&iacute;n como <em>Ovis nigra atque caeterae fabulae</em>.</p>
<p>GUATEMALA: aunque nacido en Honduras, el escritor se crio en Guatemala y fue ciudadano de este pa&iacute;s, en cuyo servicio diplom&aacute;tico sirvi&oacute;. Un golpe de Estado lo oblig&oacute; a exiliarse en M&eacute;xico, Chile y de nuevo en M&eacute;xico, donde tuvo mucho trato con su compatriota Luis Cardoza y Arag&oacute;n. Sin duda uno de los grandes autores guatemaltecos de todos los tiempos, su patria le otorg&oacute; el Premio Nacional de Literatura Miguel &Aacute;ngel Asturias.</p>
<p>HUMOR: plet&oacute;rica presencia en su obra, te&ntilde;ida igualmente por la melancol&iacute;a. Los ramalazos de humor aparecen de continuo en todo cuanto escribi&oacute;. Por ejemplo, al hacerse eco de que <em>La oveja negra</em> hab&iacute;a sido traducido al lat&iacute;n, escribi&oacute;: &ldquo;Un amigo que se cree ingenioso me manifiesta su envidia por esta paradoja o inmortalidad al rev&eacute;s que significa pasar a una lengua muerta&rdquo;. A la pregunta &ldquo;&iquest;Crees, como la Jirafa de <em>La Oveja negra</em>, que todo es relativo?&rdquo;, Monterroso contest&oacute;: &ldquo;A veces s&iacute;, a veces no; seg&uacute;n&rdquo;.</p>
<p>INNOVACI&Oacute;N: En &ldquo;El &aacute;rbol&rdquo; (<em>La vaca</em>) leemos: &ldquo;Ninguna innovaci&oacute;n, ninguna ingeniosidad narrativa, ning&uacute;n experimento con la forma que no est&eacute;n sustentados en la autenticidad de los conflictos de cada personaje, consigo mismo y con los dem&aacute;s, har&aacute;n por si solos que determinados cuentos y sus autores se establezcan y perduren en la memoria literaria&rdquo;. &Eacute;l fue un adelantado en lo que luego ha sido reconocido como rasgo principal de la literatura posmoderna: la mezcla de g&eacute;neros, el collage.</p>
<p>JACOBS, B&Aacute;RBARA: su tercera esposa y apoyo indeclinable durante m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os. Al casarse, Monterroso se fue vivir con la novia a la casa familiar de ella en Chimalistac, al sur de la ciudad de M&eacute;xico, con un amplio jard&iacute;n en el que ten&iacute;an sus estudios. Ella, autora de una importante obra propia que ha merecido el Premio Xavier Villaurrutia, relata la relaci&oacute;n con &eacute;l en <em>Vida con mi amigo</em> (1994).</p>
<p>KAFKA, FRANZ: autor muy importante para el guatemalteco, que lo cita a menudo. Su obra preferida era <em>Am&eacute;rica</em>. En <em>La letra e</em> recuerda c&oacute;mo hacia 1950 un grupo de escritores entre los que se encontraba Juan Jos&eacute; Arreola instituy&oacute; un premio de 25 pesos a quien leyera <em>El proceso</em> y pudiera demostrarlo. Visit&oacute; varias veces Praga, atra&iacute;do por el im&aacute;n del padre (literario) de Gregorio Samsa y recuerda &ldquo;ir a la casita de la calle de los Alquimistas, en la que ahora se sabe que Franz no vivi&oacute; y que antes era conmovedor imaginar como la casa en que hab&iacute;a vivido asc&eacute;ticamente y escrito sus interminables postergaciones&rdquo;. A, Kafka esa devoci&oacute;n, lo allega al m&iacute;tico Juan Rulfo, de quien se crey&oacute; equivocadamente, escribe, que &ldquo;era realista cuando en realidad era fant&aacute;stico. En un momento dado Kafka y Rulfo se estrechaban la mano sin que nosotros, perdidos en otros laberintos, nos di&eacute;ramos cuenta&rdquo;. Para &eacute;l (tambi&eacute;n como Borges, por raro que parezca), el praguense era sobre todo un gran humorista a pesar del malentendido alentado por los estudiosos de su correspondencia y biograf&iacute;a.</p>
<p>LISTAS, o enumeraciones: Fue muy aficionado a ellas, como clasificaciones en las que cada una de sus posibilidades viene encabezada por una letra en orden alfab&eacute;tico. Eduardo Torres, su heter&oacute;nimo un tanto descacharrado, tuvo tambi&eacute;n esta pasi&oacute;n que lo llev&oacute; a componer un dec&aacute;logo de doce puntos.</p>
<p>M&Eacute;XICO: pa&iacute;s en que radic&oacute; aunque nunca adquiri&oacute; su nacionalidad, a pesar de haber podido hacerlo. Lleg&oacute; en 1944 con una mano detr&aacute;s y otra delante, como suele decirse, aunque en su caso, adem&aacute;s de un jersey y una camisa para cambiarse, con un ejemplar de los <em>Ensayos</em> de Montaigne. Fue corrector de la editorial S&eacute;neca que dirig&iacute;a Jos&eacute; Bergam&iacute;n. Fue becario del Colegio de M&eacute;xico gracias al patrocinio de Alfonso Reyes. Como este, y su amigo Rub&eacute;n Bonifaz Nu&ntilde;o, fue un amantes de los cl&aacute;sicos grecolatinos. En la Capilla Alfonsina, casa que fue de Reyes y santuario de su extensa biblioteca, imparti&oacute; un taller de cuento, &ldquo;y una vez por semana, como a las once de la ma&ntilde;ana, acud&iacute;a all&iacute; a ense&ntilde;ar algo que yo necesitaba aprender&rdquo;. Uno de aquellos privilegiados alumnos fue Juan Villoro.</p>
<p>NICARAGUA: fue partidario de la revoluci&oacute;n sandinista e invitado por Sergio Ram&iacute;rez a participar en el V Aniversario del triunfo de la revoluci&oacute;n. Siempre admirador de Rub&eacute;n Dar&iacute;o, valor&oacute; tambi&eacute;n y mucho, las posteriores cumbres de la poes&iacute;a nicarag&uuml;ense: Jos&eacute; Coronel Urtecho, Ernesto Cardenal (&ldquo;el hombre m&aacute;s extra&ntilde;o que conozco&rdquo;) y Ernesto Mej&iacute;a S&aacute;nchez (ese casi anagrama del torero ilustrado destinatario del &ldquo;Llanto&rdquo; de Federico Garc&iacute;a Lorca). Si el sandinismo luego fue usurpado por Daniel Ortega pero en los ochenta era a&uacute;n una posibilidad de justicia, el apoyo de Monterroso al castrismo sonroja cuando en 1985 acepta ser jurado del Premio Casa de las Am&eacute;ricas despu&eacute;s del &ldquo;Caso Padilla&rdquo; y tantas sevicias del r&eacute;gimen. Cuesta trabajo dilucidar si hay iron&iacute;a (aunque parece que no) en la reproducci&oacute;n que hace en su diario de unas palabras o&iacute;das personalmente a Castro en La Habana (Castro, el orador de discursos de varias horas de duraci&oacute;n): &ldquo;Hemos llegado a una situaci&oacute;n en que podemos hacer nuevos planes para los pr&oacute;ximos diez, quince, veinte a&ntilde;os. Y los estamos habiendo. El cumplimiento de nuestros sue&ntilde;os ha multiplicado nuestros sue&ntilde;os&rdquo;. Pero volvamos a Nicaragua, y a Cardenal, en estas l&iacute;neas casi de ap&oacute;logo de la India traducido por Jes&uacute;s Aguado. Escribe Monterroso: &ldquo;oigo que la gente va y le pide no aut&oacute;grafos como a cualquier escritor, sino la bendici&oacute;n, pues saben que es sacerdote y le dicen padre y le quieren besar la mano, y &eacute;l entonces se r&iacute;e y no se lo permite pero los mira con una mirada con la que m&aacute;s bien les pide perd&oacute;n por &eacute;l poseer el don de perdonarlos&rdquo;.</p>
<p>OVEJA NEGRA: t&iacute;tulo de uno de sus f&aacute;bulas m&aacute;s perfectas y acerb&iacute;sima cr&iacute;tica social. Cuenta c&oacute;mo una Oveja negra (&eacute;l lo escrib&iacute;a as&iacute;, con may&uacute;scula inicial) vivi&oacute; hace mucho tiempo en un lejano pa&iacute;s y fue fusilada. Transcurrido un siglo, el reba&ntilde;o le erigi&oacute; una estatua ecuestre en un parque (como las muchas que abundan en Hispanoam&eacute;rica y sobre las que escribi&oacute; un libro de poemas el colombiano Juan Manuel Roca). Concluye as&iacute; la f&aacute;bula: &ldquo;As&iacute;, en lo sucesivo, cada vez que aparec&iacute;an las ovejas negras eran r&aacute;pidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse tambi&eacute;n en la escultura&rdquo;. Al respecto del libro en el que se incluye, Isaac Asimov escribi&oacute; lo que sigue: &ldquo;Estos peque&ntilde;os textos, en apariencia inofensivos, muerden si uno se acerca a ellos sin la debida cautela y dejan cicatrices, y precisamente por eso son provechosos. Despu&eacute;s de leer &ldquo;El mono que quer&iacute;a ser escritor sat&iacute;rico&rdquo;, jam&aacute;s volver&eacute; a ser el mismo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>PAL&Iacute;NDROMOS (o pal&iacute;ndromas, nombre que &eacute;l prefer&iacute;a): los disfrut&oacute; y cultiv&oacute;, los coment&oacute; y reprodujo. &ldquo;Ac&aacute; solo Tito lo saca&rdquo; es como su lema. Tambi&eacute;n los anagramas le atrajeron: su segundo cuento publicado, basado en la tragedia <em>Otelo</em> y no incluido en <em>Obras completas (y otros cuentos)</em>, como ha desempolvado su bi&oacute;grafo, Alejandro L&aacute;mbarry, es relatado por alguien que llam&aacute;ndose Goya no es el pintor espa&ntilde;ol ni nadie de tal nombre, sino anagrama de Yago, protagonista de la obra de Shakespeare. Estos juegos con las palabras fueron una constante incluso fuera de las p&aacute;ginas. Cuando se enfrentaba en su juventud al dictador Jorge Ubico, escribi&oacute; en una pared de Ciudad de Guatemala: &ldquo;No me Ubico&rdquo; (luego se desubicar&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s, pues a aquel dictador le sucedi&oacute; otro no m&aacute;s blando, pasando el pa&iacute;s y el propio Monterroso, nunca mejor dicho, de Guatemala a Guatepeor).</p>
<p><em>QUIJOTE</em>: Uno de los primeros recuerdos de Monterroso es una l&aacute;mina que representa las bodas de Camacho, en el <em>Quijote</em>. Lo cuenta en <em>Los buscadores de oro</em> (1993). Tambi&eacute;n all&iacute; evoca que su hermano mayor soltaba a menudo, sin venir a cuento, citas textuales del <em>Quijote</em>. Esto debi&oacute; de qued&aacute;rsele grabado al ni&ntilde;o Augusto, Tito. &Aacute;lvaro Mutis record&oacute; que ambos se pasaban horas enteras comentando la novela de Cervantes. No fue el &uacute;nico que comparti&oacute; esta devoci&oacute;n con Monterroso. Juan Villoro recuerda que, cuando fue alumno de un taller con &eacute;l, la primera tarea impuesta fue la de releer el <em>Quijote</em>. &ldquo;Dije &lsquo;s&iacute;&rsquo; con voz temblorosa por dos razones: nunca hab&iacute;a hablado con un escritor famoso y no hab&iacute;a le&iacute;do el Quijote&rdquo;. Cervantes es una constante recurrencia en Monterroso, que al conocimiento profundo une , como es marca de la casa, la iron&iacute;a. Y es raro leer cualquier colecci&oacute;n ensay&iacute;stica suya que no dedique al menos un p&aacute;rrafo al <em>Quijote</em> y Cervantes. En <em>La palabra m&aacute;gica</em> (1983) anota esta observaci&oacute;n tan borgeana (Monterroso tiene mucho de Borges en esos ensayos breves que merecen una visita allende los m&aacute;s populares vol&uacute;menes de cuentos): &ldquo;mientras Shakespeare escrib&iacute;a sus obras y las actuaba en Londres, Cervantes cobraba impuestos o recolectaba granos para la Armada Invencible (destinada entre otras cosas a acabar, sin propon&eacute;rselo, con el teatro de Shakespeare)&rdquo;.</p>
<p>Tan minucioso era su conocimiento de la obra de Cervantes que en &ldquo;Encuestas&rdquo; (<em>La vaca</em>, 1998) contradice a Borges cuando este dice en un pr&oacute;logo de su <em>Biblioteca personal</em>: &ldquo;Que yo recuerde, no llueve una sola vez en todo el <em>Quijote</em>&rdquo;. Aduce Monterroso el episodio del yelmo de Mambrino (cap&iacute;tulo XXI de la Primera Parte), donde dos veces se menciona la lluvia. Pero hombre cordial y benevolente, el guatemalteco no quiere hacer sangre y apostilla que la afirmaci&oacute;n de Borges que puede llamar a enga&ntilde;o a quien nunca haya le&iacute;do el <em>Quijote</em> viene precedida, hay que reconocerlo, del prudente o instintivo &lsquo;que yo recuerde&rsquo;&rdquo;.</p>
<p>Otro de sus peculiares y lib&eacute;rrimos ensayos se titula &ldquo;Yo s&eacute; qui&eacute;n soy&rdquo;, que es lo que dice Don Quijote en el cap&iacute;tulo V de la Primera Parte: &ldquo;&mdash;Yo s&eacute; qui&eacute;n soy&mdash;respondi&oacute; don Quijote&mdash;, y s&eacute; que puedo ser, no solo los que he dicho, sino todos los Doce Pares de Francia, y aun todos los nueve de la Fama, pues a todas las haza&ntilde;as que ellos todos juntos y cada uno por s&iacute; hicieron se aventajar&aacute;n las m&iacute;as&rdquo;. Se refiere Monterroso al error impreso en un libro del que por otra parte disfrut&oacute; mucho, <em>El loro de Flaubert</em> de Julian Barnes, donde se lee que la c&eacute;lebre frase de Flaubert &ldquo;<em>Madame Bovary c&rsquo;est moi</em>&rdquo; &ldquo;es una alusi&oacute;n a la respuesta que dio Cervantes cuando en su lecho de muerte le preguntaron por el origen de su famoso personaje&rdquo;. &iquest;Y no es una alusi&oacute;n al comienzo del <em>Quijote</em> esta otra del inicio de su cuento &ldquo;M&iacute;ster Taylor&rdquo;: &ldquo;conviviendo con los ind&iacute;genas de una tribu cuyo nombre no hace falta recordar&rdquo;?</p>
<p>Para Monterroso, el Quijote era la vara de medir la literatura toda. Siempre lo ten&iacute;a presente, como cuando declar&oacute; en una entrevista de <em>Viaje al centro de la</em> <em>f&aacute;bula</em> (1981) que el muy alabado cuento &ldquo;La vida privada de Walter Mitty&rdquo;, de James Thurber, es una especie de <em>Don Quijote</em> en seis p&aacute;ginas.</p>
<p>Ten&iacute;a, inform&oacute; una vez, un ejemplar del <em>Quijote</em> en su dormitorio, otro en el comedor, uno m&aacute;s en el sal&oacute;n y otro en su despacho. Adem&aacute;s, su estudiosa An van Hecke descubri&oacute; que su ejemplar del Quijote de la editorial S&eacute;neca ostentaba esta dedicatoria: &ldquo;Para Augusto con un brazo de Miguel&rdquo;.</p>
<p>REVISAR: Algo que estuvo haciendo siempre, ya fuera para reducir lo escrito, ya para corregir en general, la obra propia y la ajena. Se dedic&oacute; profesionalmente a la correcci&oacute;n de estilo, tanto en la editorial S&eacute;neca como en la UNAM. Consecuencia de esa revisi&oacute;n es tambi&eacute;n la reedici&oacute;n, no siempre afortunada. A veces sus textos pasaban de un libros a otros, recuperados, aunque en el caso de P&aacute;jaros de Hispanoam&eacute;rica es sangrante que el volumen no indique que se trata de una recopilaci&oacute;n de p&aacute;ginas sacadas de sus libros anteriores. Esto, cierto es, es menos culpa suya que de la editorial Alfaguara.</p>
<p>SWIFT, JONATHAN: Tradujo su <em>Modesta proposici&oacute;n</em>, publicada en la <em>Revista de Bellas Artes</em>, 1966, que firm&oacute; con su ap&oacute;crifo Eduardo Torres. Como el irland&eacute;s, &ldquo;el mayor escritor sat&iacute;rico de la lengua inglesa&rdquo;, cultiv&oacute; sobresalientemente la s&aacute;tira. Verti&oacute;, adaptando, &ldquo;chamacos&rdquo; por <em>children</em>, y &ldquo;mole verde&rdquo; por <em>fricasee</em>, adem&aacute;s de &ldquo;centavos&rdquo; por <em>pennies</em>. En <em>La vaca</em> habla de su predilecci&oacute;n por cinco autores: Cervantes, Swift, Melville, Horacio y Montaigne, &ldquo;dedicados a observar, aceptar o rechazar: tres de ellos con una sonrisa; dos, con amargura irremediable. Si es que he de hablar de m&iacute;, desde muy joven ca&iacute; en sus brazos, por no decir que en sus garras&rdquo;. Hablando de escritores y pol&iacute;tica en una entrevista, se&ntilde;ala que ni Dostoievski ni Kafka &ldquo;estaba en lo fundamental descontento con ning&uacute;n sistema pol&iacute;tico, sino, como todo buen escritor, como Cervantes o como Swift, con el g&eacute;nero humano, simple y sencillamente&rdquo;. Recordando a Francisco Zendejas, escribi&oacute; tambi&eacute;n de Swift: &ldquo;no hablamos nunca de algo que no fuera literatura y, como quien no quiere la cosa, del Joyce de <em>Finnegan&rsquo;s Wake</em> [sic] o de <em>Pomes Penyeach</em>, el Melville de <em>Pierre or the Ambiguities</em> o el Siwft de <em>A Tale of a Tub</em>: creo que un tanto pedantescamente d&aacute;bamos por descontado nuestro conocimiento y admiraci&oacute;n por <em>Ulises</em>, <em>Moby Dick</em> o <em>Los viajes de Gulliver</em>&rdquo;.</p>
<p>TORRES, EDUARDO: escritor ap&oacute;crifo creado por Monterroso que se asoma a diferentes p&aacute;ginas suyas y que es objeto de la novela armada con diversos testimonios <em>Lo dem&aacute;s es silencio</em> (1978). Monterroso fue en la creaci&oacute;n de Torres &eacute;mulo de Charles Lamb, quien en su autobiograf&iacute;a declar&oacute; ser &eacute;l mismo el verdadero Elia al que endilg&oacute; la autor&iacute;a de unos ensayos publicados en un peque&ntilde;o volumen. A este heter&oacute;nimo de Monterroso se le podr&iacute;a aplicar lo que su autor dijo en <em>Viaje al centro de la f&aacute;bula</em> de ese t&aacute;ndem singular, valga el ox&iacute;moron: &ldquo;ya no sabes a qui&eacute;n querer o admirar m&aacute;s, al sabio o al aparente imb&eacute;cil&rdquo; (en el caso de Torres, ambas una sola persona). En la misma entrevista a&ntilde;ade: &ldquo;cuando expresa &lsquo;tonter&iacute;as&rsquo; no se sabe si son naturales o parodia de las tonter&iacute;as que &eacute;l lee en libros de cr&iacute;tica aparentemente inteligentes&rdquo;. Ya ve&iacute;a Monterroso la deriva de la academia y la industria crecida como un par&aacute;sito en las universidades, pero se sorprender&iacute;a del nivel de sandeces actual. As&iacute; habl&oacute; en 1982: Las tonter&iacute;as dichas con solemnidad&nbsp; por muchos se&ntilde;ores que &ldquo;explican&middot; la poes&iacute;a, se ense&ntilde;an en las Universidades; las de Torres son recibidas son risa, &iquest;por qu&eacute;? Las tonter&iacute;as son las mismas&rdquo;.</p>
<p>VACA: hay dos en su obra, la del cuento del mismo t&iacute;tulo en su primer libro, que no ocupa media p&aacute;gina, y la del libro recopilatorio de ensayos y discursos <em>La vaca</em> (donde adem&aacute;s traduce dos de las <em>Vidas breves</em> de John Aubrey: la de Erasmo y la de Tom&aacute;s Moro). El primer cuento que ley&oacute; fue &ldquo;Adi&oacute;s, &lsquo;Cordera&rsquo;&rdquo;, de Clar&iacute;n, y ya nunca abandon&oacute; su memoria la vaca a la que llevan al matadero.</p>
<p>WHISKY: aparece en el cuento &ldquo;Movimiento perpetuo&rdquo;, encabezado por un verso <em>nonsense</em> del libro VII del <em>Infierno</em> de Dante: <em>Pape Sat&agrave;n, pape Sat&agrave;n Aleppe</em>. Tambi&eacute;n en &ldquo;La cena&rdquo; de <em>La palabra m&aacute;gica</em>. El padre de Monterroso estuvo &ldquo;atado al potro del alcohol&rdquo;, como el de Paz. Beb&iacute;a en exceso, confiesa su hijo, quien a&ntilde;ade en <em>Los buscadores de oro</em>: &ldquo;Constantemente se llevaba a la boca pu&ntilde;os de bicarbonato de sodio para combatir los males g&aacute;stricos que le produc&iacute;an sus bebidas de alto o bajo precio&rdquo;. M&aacute;s probable es que bebiera aguardiente y no whisky. Cuando Jos&eacute; Donoso tuvo casa en Cuernavaca, esta fue la casa con piscina en la que vivi&oacute; Malcolm Lowry, el alcoh&oacute;lico creador del alcoh&oacute;lico c&oacute;nsul. Monterroso, entonces casado con Milena Esguerra, acostumbraba viajar all&iacute; los fines de semana a visitar a su amigo. Llegado determinado momento, se propuso moderar el uso y abuso del alcohol: no quer&iacute;a acabar como su padre (tambi&eacute;n su hermana Norma tuvo problemas con la bebida).</p>
<p>X, de exilio: Del suyo, mucho m&aacute;s benigno que el de los miles y miles de campesinos y pobres (si no son la misma cosa) de los pa&iacute;ses centroamericanos que v&iacute;a M&eacute;xico, tambi&eacute;n con la x en el nombre, desembocan cada a&ntilde;os en los Estados Unidos. Sobre el propio dijo: &ldquo;fue algo que considero valioso, y jam&aacute;s he hecho un problema de que soy un exiliado, jam&aacute;s he escrito una l&iacute;nea quej&aacute;ndome del exilio, ni mucho menos. Lo converso a veces, pero nunca quej&aacute;ndome&rdquo;.</p>
<p>Y: Una de las letras de molde disponibles en la imprenta de tipos m&oacute;viles su padre, editor del peri&oacute;dico <em>Los Sucesos</em>. En <em>Los buscadores de oro</em> le dedica dos p&aacute;ginas que no s&eacute; si habr&aacute; le&iacute;do el tip&oacute;grafo Trapiello.</p>
<p>ZORRO: Protagonista de una de sus f&aacute;bulas (&ldquo;El Zorro es m&aacute;s sabio&rdquo;), es sin duda un alter ego del propio autor, pero tambi&eacute;n (al menos muchos lo han visto as&iacute;) de Juan Rulfo. Trata de un zorro que decide hacerse escritor; dicho y hecho, public&oacute; un libro muy exitoso que fue ampliamente traducido. Sigui&oacute; un segundo libro, a&uacute;n mejor, que se granje&oacute; la atenci&oacute;n de estudiosos que &ldquo;escribieron libros sobre los libros que hablaban de los libros del Zorro&rdquo;. Pero ah&iacute; se detuvo el animal: alcanzado ese nivel, ya no public&oacute; nada m&aacute;s, para desesperaci&oacute;n de sus seguidores, que le preguntaban constantemente cu&aacute;ndo volver&iacute;a a publicar algo nuevo. El Zorro pensaba para sus adentros: &ldquo;En realidad lo que &eacute;stos quieren es que yo publique un libro malo; pero como soy el Zorro, no lo voy a hacer&rdquo;. Y efectivamente, los otros se quedaron con las ganas (esto, narrado as&iacute; un poco atropelladamente, hay que leerlo tal como Monterroso lo escribi&oacute;). &Eacute;l requerido constantemente para publicar m&aacute;s, se resisti&oacute; cuando pudo.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 17 Mar 2023 10:29:08 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Robert Walser y Carl Seelig: historia de una amistad]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/robert-walser-y-carl-seelig-historia-de-una-amistad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas23/ROBERT_WALSER_12_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&ldquo;Que Robert Walser no pertenezca hoy a los escritores olvidados se lo debemos, en primer lugar, al hecho de que Carl Seelig, lo acogiera en su <em>casa</em>. Sin los relatos de Seelig sobre los paseos de Walser, sin sus preparativos biogr&aacute;ficos, sin las antolog&iacute;as por &eacute;l publicadas y la seguridad, gracias a sus esfuerzos, de un legado compuesto de millones de letras ilegibles, la rehabilitaci&oacute;n de Walser no se habr&iacute;a producido y probablemente su recuerdo habr&iacute;a desaparecido&rdquo;, dir&iacute;a el escritor W.G. Sebald en la bella monograf&iacute;a <em>El paseante solitario. En recuerdo de Robert Walser</em>,<em> </em>que le dedicara &ldquo;a una figura y no explicada&rdquo;, como &eacute;l manten&iacute;a, que era Robert Walser. Por su parte, el inclasificable y admirable libro que Carl Seelig le dedicar&iacute;a a su amigo y protegido llevar&iacute;a el t&iacute;tulo de <em>Paseos con Robert Walser</em>. Un libro que bien podr&iacute;a haber llevado el subt&iacute;tulo de &ldquo;biograf&iacute;a de una amistad&rdquo;.</p>
<p>Martin Walser lo defini&oacute; como &ldquo;el m&aacute;s solitario de los escritores solitarios&rdquo;. El que m&aacute;s ferozmente, desde su humildad y atracci&oacute;n por lo &iacute;nfimo, rehuy&oacute; &ldquo;la asfixia del poder&rdquo;, como recordar&iacute;a Elias Canetti: &ldquo;Su obra literaria es un intento incansable por silenciar el miedo. Se escapa de todas partes antes de que haya en &eacute;l demasiado miedo &ndash;su vida errante- y, para salvarse, se transforma a menudo en lo peque&ntilde;o, en lo que sirve a los dem&aacute;s. Su profunda, instintiva, aversi&oacute;n ante todo lo &ldquo;grande&rdquo;, ante todo lo que tiene rango y pretensiones, hace de &eacute;l un escritor esencial de nuestro tiempo, que se asfixia en el poder&rdquo;.</p>
<p>Fue admirado, casi sin excepci&oacute;n, por todos los grandes escritores de su &eacute;poca: por Thomas Mann, Hesse, Canetti, Benjamin, Zweig, Kafka o Musil que, como joven cr&iacute;tico, salud&oacute; calurosamente el primer libro de relatos de Walser. Acerca de la rareza del cosmos humano del que pod&iacute;an provenir algunos de sus alucinados y recurrentes personajes, fuera de toda norma salvo la de unas estrictas obligaciones que se impon&iacute;an, Walter Benjamin le dedicar&iacute;a un bello comentario: &ldquo;Sus personajes vienen de la noche, de all&aacute; donde es m&aacute;s negra, de una noche veneciana, iluminada por m&iacute;seras candelas de esperanza, con alg&uacute;n que otro esplendor festivo en el ojo pero turbados y tristes por estar llorando. Lo que lloran es prosa&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;Escritor de escritores&rdquo;, como no pocas veces ha sido definido, W. G. Sebald, ya en nuestro tiempo y en muchos aspectos, podr&iacute;a ser calificado de hijo suyo natural y posterior. Un hijo que absorber&iacute;a algunas de las m&aacute;s reconocibles caracter&iacute;sticas tanto vitales como literarias de aquel enigm&aacute;tico paseante solitario que fue Walser y que fueron tantos y tantos de sus personajes. &iquest;Qui&eacute;n no recuerda el arranque de <em>Los anillos de Saturno</em> de Sebald que s&oacute;lo podr&iacute;a haber firmado un fiel seguidor del &ldquo;esp&iacute;ritu&rdquo; vagabundo walseriano?: &ldquo;En agosto de 1992, cuando la can&iacute;cula se acercaba a su fin, emprend&iacute; un viaje a pie a trav&eacute;s del condado de Suffolk, al este de Inglaterra, con la esperanza de poder huir del vac&iacute;o que se estaba propagando en m&iacute; [&hellip;] Raras veces me he sentido tan independiente como entonces, caminando horas y d&iacute;as enteros por las comarcas, escasamente pobladas [&hellip;] Ahora me parece que tiene raz&oacute;n la antigua creencia de que determinadas enfermedades del esp&iacute;ritu y del cuerpo arraigan en nosotros bajo el signo de Sirio preferentemente&rdquo;.</p>
<p>La figura del vagabundo y la vida errante, en el siglo XX, tambi&eacute;n hab&iacute;a tenido un famoso y genial &ldquo;cantor&rdquo;: el Premio Nobel de Literatura de 1920, el noruego Knut Hamsun (1859-1952), autor del brutal e ind&oacute;mito relato autobiogr&aacute;fico Hambre. Posteriormente, una serie de &ldquo;h&eacute;roes bajo las estrellas&rdquo; ser&iacute;an retratados en su Trilog&iacute;a del vagabundo (1927). Melanc&oacute;licos, solitarios, escapando continuamente al amor en cuanto se insin&uacute;a, fan&aacute;ticamente individualistas y neurast&eacute;nicos, asqueados por la vida materialista y burguesa que han dejado atr&aacute;s, despojados asc&eacute;ticamente de todo, inasibles, conformaron un aut&oacute;ctono planeta nihilista, asocial, violentamente renegado y rebelde, que luego ser&iacute;a la perdici&oacute;n moral y pol&iacute;tica de su autor. Sus vagabundos metaf&iacute;sicos reclamaban, como lo hizo en vida su autor, Hamsun, la uni&oacute;n con un estado pret&eacute;rito, original, perdido, que el hombre actual tendr&iacute;a que abrazar y reencontrar pante&iacute;sticamente. Un para&iacute;so perdido, de gran belleza, oscurecido por las ideas de ambici&oacute;n y de progreso social y material en las que habr&iacute;an sucumbido fatalmente casi todos sus conciudadanos, y que coincid&iacute;a en su caso exactamente con el para&iacute;so de su infancia transcurrida en aquel Gran Norte de bosques y cielos infinitos.</p>
<p>Y un paseante, Robert Walser, en otro para&iacute;so de parecida belleza hipnotizante, que igualmente no se cansaba nunca de recorrer, que contemplaba de repente, en estado casi de &eacute;xtasis, cualquier peque&ntilde;o rinc&oacute;n o panorama que se cruzaba en su camino: &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; hermoso&hellip; Qu&eacute; encanto!&rdquo;, dir&aacute; &ldquo;como embriagado por la accidentada comarca, por el solemne silencio dominical&rdquo;. As&iacute; lo rese&ntilde;ar&iacute;a Carl Seelig en su ins&oacute;lito y emocionante libro. Y segu&iacute;a diciendo Walser: &ldquo;&iexcl;Cu&aacute;n ben&eacute;fico es que la gente repose en su regazo para dormir las manos torpes y pesadas y deje todo en manos de la naturaleza!&rdquo;. En esas expediciones, a veces de m&aacute;s de diez y doce kil&oacute;metros que Walser emprend&iacute;a a pie, como sucede tambi&eacute;n en muchos de sus relatos con muchos de sus personajes, el protagonista ten&iacute;a que defenderse de alg&uacute;n gendarme que patrullaba aburrido por los l&iacute;mites de cualquier peque&ntilde;a aldea, como si tuviera que demostrar que no era un vulgar vagabundo o delincuente. As&iacute; se narra en su relato <em>Peque&ntilde;a aventura en un camino comarcal</em>, incluido en <em>Vida de poeta</em>: &ldquo;En otra &eacute;poca y circunstancia me dirig&iacute; una vez en invierno &ndash;a pie, se entiende&ndash; a visitar a mi hermano que por aquel entonces viv&iacute;a en una peque&ntilde;a ciudad de provincia [&hellip;] El viandante, vale decir yo mismo, avanzaba de excelente humor por el camino comarcal, sin cesar de elogiarlo. Lamentablemente le ca&iacute; menos bien a un cauto y perspicaz gendarme con quien me top&eacute; [&hellip;] Es muy probable que est&eacute; usted en un error si cree tener que v&eacute;rselas con un vagabundo com&uacute;n y corriente, le dije [&hellip;] Hubiera podido viajar en tren exactamente como cualquier otro. Pero como soy amigo declarado de vagabundear y recorrer leguas y leguas durante d&iacute;as enteros, he preferido ir andando, lo cual no tiene por qu&eacute; ser ning&uacute;n pecado ni, por consiguiente resultar nada sospechoso. &iquest;O acaso le parece sospechoso el placer de viajar a pie, algo tan bellamente unido al amor a la naturaleza?&rdquo;.</p>
<p>Un caminante, un enamorado ferviente de la naturaleza, que ha escogido borrarse voluntariamente del mundo exterior y &ldquo;visible&rdquo;. Si H&ouml;lderlin pas&oacute; otros casi 30 a&ntilde;os apartado de todo con su locura, &ldquo;so&ntilde;ando en el &uacute;ltimo rinc&oacute;n&rdquo; (&rdquo;estoy convencido de que en los &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os de su vida H&ouml;lderlin &ndash;dir&aacute; Walser&ndash; no fue tan desdichado como lo pintan los profesores de literatura; poder so&ntilde;ar en un modesto rinc&oacute;n sin tener que responder a continuas pretensiones, no es ning&uacute;n martirio. &iexcl;S&oacute;lo la gente hace que lo sea!&rdquo;), &eacute;l mismo tambi&eacute;n, con su destino &ldquo;de magn&iacute;fico cero a la izquierda, redondo como una pelota&rdquo;, como se dec&iacute;a en <em>Jakob von Gunten</em>, se ver&aacute; acorde, y satisfecho en cierto modo, en el sanatorio de Herisau. Eso s&iacute;, con leves momentos de melancol&iacute;a, que su extrema lucidez, siempre alerta, siempre en carne viva, no le ahorraba. Cuando en un momento determinado de sus paseos Seelig le diga &ldquo;cu&aacute;nta raz&oacute;n ha tenido en vivir, como Simon, en la pobreza, la sencillez y la libertad, y cu&aacute;nto yerran los creadores cuando aceptan compromisos en favor de la existencia material&rdquo;, Walser al principio, asiente &ldquo;vivamente&rdquo;. Pero, &ldquo;tras un largo silencio&rdquo; (esos silencios que se repiten en muchos de sus encuentros, antes de &ldquo;arrancarse&rdquo; a hablar con cualquier excusa y comentario) le contestar&aacute; lac&oacute;nicamente a Seelig: &ldquo;S&iacute;, pero la mayor&iacute;a de las veces se trata de un viaje de derrota en derrota&rdquo;.</p>
<p>Un genio de la literatura sin parang&oacute;n, al nivel de Kafka y los m&aacute;s grandes de su siglo. Y como el mismo Kafka, Bruno Schulz, Joyce, Svevo, Pessoa y otros grand&iacute;simos escritores de ese mismo siglo, se mantuvo permanentemente en estado de <em>exilio: </em>&ldquo;Una suerte ben&eacute;vola &ndash;en palabras de Claudio Magris&ndash; que los preserv&oacute; de la posibilidad de convertirse en figuras oficiales de la sociedad literaria&rdquo;. Esa ser&iacute;a la suerte no por momentos desgarradora, enloquecedora en su absoluta soledad, de alguien como Walser y tantos y tantos de sus personajes o desdoblamientos narrativos: &ldquo;Hab&iacute;a algo en su interior que le impulsaba al vagabundeo, despreocup&aacute;ndose por completo de la opini&oacute;n p&uacute;blica [&hellip;]. Era oficinista y menestral ambulante, poeta y mendigo, una persona sumamente formal y respetable y al mismo tiempo un trotamundos&rdquo;, escribir&aacute; en el relato de 1918 <em>Dos hombres</em>. Escondido con tenacidad tras empleos &iacute;nfimos y modestos, finalmente llegar&iacute;a al &uacute;ltimo de sus refugios: cerca de treinta a&ntilde;os recluido en un sanatorio, a salvo de todo y de todos. Menos de su fiel amigo y visitante asiduo Carl Seelig.</p>
<p>Rico mecenas, admirador devoto de Walser, autor de numerosas antolog&iacute;as literarias y de los folklores alem&aacute;n, ruso y eslavo, as&iacute; como primer bi&oacute;grafo de Albert Einstein, Carl Seelig (Z&uacute;rich, 1894&ndash;1962), ayud&oacute; no solo a Walser sino que fue el benefactor de otros muchos artistas, cient&iacute;ficos y escritores, o simplemente &ldquo;seres an&oacute;nimos que necesitaban de su ayuda&rdquo;, como dir&aacute; su amigo y albacea testamentario Elio Fr&ouml;lich, en un ep&iacute;logo que escribir&iacute;a para el libro de Carl Seelig, hoy considerado como m&iacute;tico, y ejemplar en su g&eacute;nero sobre sus paseos con Robert Walser. A Seelig &ndash;dir&iacute;a Fr&ouml;lich&ndash; sobre todo le importaba una causa: &ldquo;La causa del otro&rdquo;. Algo que, en cualquier &eacute;poca, nos tendr&iacute;a que hacer reflexionar a muchos.</p>
<p>Un protector que jugar&iacute;a el papel de Max Brod en la vida de Kafka. Otro de los buenos conocedores de este singular benefactor, el bi&oacute;grafo y amigo de Thomas Mann Ferdinand Lion, condensar&iacute;a perfectamente la importancia trascendental de la ayuda de Seelig en concreto hacia una figura altamente fr&aacute;gil y desprotegida como Walser: &ldquo;El destino ha querido que entre los muchos que consciente o inconscientemente apelaron a ese genio de la disponibilidad que era Seelig se encontrara aquel que m&aacute;s llamado estaba a aceptar esa ayuda. Era Robert Walser, que con su delicadeza y finura, unidas a su profundidad, ten&iacute;a una obra entera a sus espaldas y ya era famoso para un gremio de iniciados, pero que precisamente debido a su delicadeza estaba al borde del derrumbamiento&rdquo;. Por su parte, otro gran autor de aquellos d&iacute;as, el escritor jud&iacute;o Arnold Zweig, autor de una de las mejores obras literarias de la literatura alemana escritas sobre la Primera Guerra Mundial, <em>El caso del sargento Grischa</em>, y que a la subida de Hitler al poder, en 1933, emigrar&iacute;a a Palestina, dijo de Seelig que era &ldquo;un caso &uacute;nico de fil&aacute;ntropo que pone sus capacidades y su patrimonio de forma altruista al servicio de la creaci&oacute;n literaria&rdquo;.</p>
<p>Gracias a Seelig se constituy&oacute; un rico fondo de archivos de Walser depositado en Zurich, del que importantes y posteriores investigadores de su obra extrajeron la parte in&eacute;dita y p&oacute;stuma de los escritos de Walser. Entre ellos los famosos microgramas, escritos entre 1924 y 1932, justo antes de ingresar en el que fue su domicilio &uacute;ltimo y permanente, el sanatorio de Herisau. Microgramas que el propio Seelig calificaba, antes de ser descodificados y transcritos, de &ldquo;escritura secreta e indescifrable&rdquo;.</p>
<p>Pero el libro de Seelig no ser&iacute;a uno m&aacute;s. Su obra emocionante y sin g&eacute;nero pasar&iacute;a a la historia como uno de los m&aacute;s bellos homenajes a una amistad sincera, generosa y protectora, mantenida en el tiempo. Desde el 26 de julio de 1936 hasta la Navidad de 1955, rese&ntilde;ando minuciosamente algunos d&iacute;as escogidos y paseos llevados a cabo a&ntilde;o tras a&ntilde;o, las anotaciones de Carl Seelig dar&iacute;an cuenta de una gran compenetraci&oacute;n y complicidad mutua. Una relajada complicidad entre dos amigos que caminaban y dialogaban comentando el &ldquo;mundo exterior&rdquo; del que Carl Seelig era el emisario, pero tambi&eacute;n un gran n&uacute;mero de cuestiones &eacute;ticas, familiares, editoriales, period&iacute;sticas, de cr&iacute;tica literaria y cultural acerca de otros escritores suizos o bien de lengua alemana en general, mientras de paso rese&ntilde;aban algunos aspectos, monumentos y figuras del pasado hist&oacute;rico, con el trasfondo inquietante de una Europa muy pronto en guerra.</p>
<p>Un apoyo indesmayable, proporcionado por la fiel y devota amistad demostrada por Seelig, que muy probablemente tuvo que ver en que la vida de un Walser ya totalmente apartado del mundo y de la sociedad de su tiempo fuera m&aacute;s placentera y llevadera en su reclusi&oacute;n en aquellas bellas monta&ntilde;as. Las mismas monta&ntilde;as que un d&iacute;a de Navidad, el 25 de diciembre de 1956, en un &uacute;ltimo paseo solitario de despedida, le servir&iacute;an de sudario inesperado. Tambi&eacute;n sirvi&oacute; para que Walser, para muchos tan solo un &ldquo;ni&ntilde;o&rdquo;, alguien infantilizado, sin responsabilidades, que hab&iacute;a cortado los lazos con la realidad (&ldquo;la gente importante me tilda de ni&ntilde;o, y ser&iacute;a descort&eacute;s si por mi parte no creyera yo lo mismo; sin embargo, &eacute;sta es una creencia que a ratos me cansa&rdquo;, dir&aacute; en uno de sus microgramas o peque&ntilde;as prosas p&oacute;stumas) mantuviera, adem&aacute;s, entusi&aacute;sticamente intacta una de sus mayores pasiones, aparte de la literatura, sin la que no pod&iacute;a vivir: los paseos y caminatas. En este caso paseos acompa&ntilde;ados. Pero sobre todo paseos nutridos estimulante e inteligentemente por un precioso intercambio de pareceres de dos amigos sobre lo m&aacute;s variado de la vida: desde libros y autores comentados a hechos cotidianos y an&eacute;cdotas que iban surgiendo por el camino, aparentemente f&uacute;tiles y sin gran trascendencia, pero observados siempre con gran sentido del humor y sutileza por parte de ambos excursionistas.</p>
<p>Ambos, tanto Walser a trav&eacute;s de toda su obra, como Seelig con su libro, que se convert&iacute;a sin propon&eacute;rselo en una especie de exaltaci&oacute;n del paseo como g&eacute;nero literario, continuar&iacute;an construyendo la celebraci&oacute;n del <em>fl&acirc;neur</em> a lo Baudelaire y Walter Benjamin. Pero en este caso ser&iacute;a en los medios rurales, ya fueran bosques, caminos comarcales, monta&ntilde;as o en los alrededores de peque&ntilde;os pueblos y ciudades. As&iacute; lo definir&iacute;a el americano Phillip Lopate, en el n&uacute;mero extraordinario de <em>The Review of Contemporary Fictio</em>n dedicado a Robert Walser en la primavera de 1992: &ldquo;Un curioso fen&oacute;meno literario estaba en marcha: la narraci&oacute;n del paseo. En m&aacute;s o menos la misma &eacute;poca, los surrealistas Louis Aragon, Philippe Soupault y Andr&eacute; Breton con Nadja, as&iacute; como el irland&eacute;s Joyce, el americano Henry Miller y el suizo Robert Walser, estaban todos ellos componiendo una &eacute;pica del paseo&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;Nuestras relaciones &ndash;comenzaba diciendo Carl Seelig en su libro <em>Paseos con Robert Walser</em>&ndash; las iniciaron unas pocas y sobrias cartas: preguntas y respuestas breves y concisas. Yo sab&iacute;a que Robert Walser hab&iacute;a ingresado en 1929, en calidad de enfermo mental, en el sanatorio y hogar cantonal de Appenzell-Ausserhoden, en Herisau. Sent&iacute;a la necesidad de hacer algo por la publicaci&oacute;n de sus obras y por &eacute;l mismo. Entre todos los escritores contempor&aacute;neos de Suiza, me parec&iacute;a el personaje m&aacute;s peculiar. Se mostr&oacute; de acuerdo en que le visitara, as&iacute; que ese domingo viaj&eacute;, temprano, de Zurich a St. Gallen y calleje&eacute; por la ciudad [&hellip;]. En Herisau me hice anunciar al m&eacute;dico jefe del sanatorio, quien me dio permiso para ir a pasear con Robert&rdquo;.</p>
<p>La curiosa e inusual mezcla de biograf&iacute;a de un personaje y a la vez retrato de una amistad, ese h&iacute;brido de diario con anotaciones de peque&ntilde;os viajes circulares adentr&aacute;ndose por el bello cant&oacute;n de Appenzell y alrededores, pasar&iacute;a a la historia junto a algunos de los m&aacute;s geniales homenajes literarios dedicados al hecho de la amistad. Ah&iacute; estar&iacute;a el libro que Gershom Scholem escribi&oacute; sobre su insustituible confidente y gran interlocutor intelectual, tr&aacute;gicamente desaparecido (<em>Walter Benjamin. Historia de una amistad</em>), o esa biograf&iacute;a &ldquo;en movimiento&rdquo;, como era tambi&eacute;n el caso de la de Seelig, tras los pasos de un personaje admirado y observado como ser&iacute;a la <em>Vida de Samuel Johnson</em>, de James Boswell, igualmente &uacute;nica en su g&eacute;nero y en su &eacute;poca, el siglo XVIII. O bien las muy c&eacute;lebres conversaciones de los &uacute;ltimos a&ntilde;os de un genio que escribir&iacute;a J. P. Eckermann (<em>Conversaciones con Goethe</em>).</p>
<p>El libro de Seelig se convertir&iacute;a en un inapreciable documento, narrado con pasi&oacute;n, detalle y con un exquisito tacto y respeto. Tambi&eacute;n con un decidido y discreto deseo de &ldquo;anonimato&rdquo;: desdibuj&aacute;ndose sin cesar como autor de aquellas notas y dejando &ldquo;hablar&rdquo; y provocando a su amigo para que se explayara y opinara sobre los m&aacute;s variados temas. Astuto e intuitivo, conocedor en profundidad de la psicolog&iacute;a terca y especial del escritor, Seelig sab&iacute;a perfectamente del temperamento huidizo de Walser, de su humor cambiante, de sus repentinos antojos o rabietas por cualquier nader&iacute;a que no hab&iacute;a que contrariar o por cualquier recuerdo que no hab&iacute;a que insistir en rememorar. Pero ah&iacute; estar&aacute;n, en peque&ntilde;os fragmentos deliciosos y en ocasiones deslumbrantes, en la forma de di&aacute;logos o peque&ntilde;os debates, con una gran espontaneidad y naturalidad, fant&aacute;sticamente sintetizado, muchas veces a trav&eacute;s de fulminantes aforismos y sentencias contundentes, lo m&aacute;s revelador del pensamiento walseriano. Como en sus novelas y peque&ntilde;as prosas, todo, incluso las cosas m&aacute;s sencillas y cotidianas, adquir&iacute;a en presencia de Walser un halo m&aacute;gico, s&uacute;bitamente iluminador, portador de cualidades enigm&aacute;ticas, ocultas, y Seelig lo supo reflejar en todo momento con una enorme sensibilidad y sabidur&iacute;a.</p>
<p>Observaciones sobre la naturaleza y su negativa a moverse (&ldquo;No quiero ir a ninguna parte &iquest;Para qu&eacute; viajan los escritores, mientras tengan imaginaci&oacute;n? [&hellip;] &iquest;Acaso la naturaleza viaja al extranjero? Miro los &aacute;rboles y me digo que si ellos no se van &iquest;por qu&eacute; no iba yo a poder quedarme?&rdquo;); sobre la funci&oacute;n de un escritor (&ldquo;Ning&uacute;n escritor est&aacute; obligado a la perfecci&oacute;n. &iexcl;Se le quiere con todos sus humanos defectos y locuras!&rdquo;; &ldquo;los escritores sin &eacute;tica merecer&iacute;an ser apaleados, han pecado contra su profesi&oacute;n, su castigo ha sido que les soltaran a Hitler&rdquo;, dir&aacute; en 1943); el an&aacute;lisis de algunos poetas, novelistas y dramaturgos contempor&aacute;neos (&ldquo;&iquest;Los habitantes de Z&uacute;rich? No llegaron a conocer mis poemas; por aquel entonces, todos estaban entusiasmados con Hesse, me dejaron resbalar sin ruido por su joroba&rdquo;); la firme voluntad de permanecer al margen al que ha sido arrojado (&ldquo;En mi entorno siempre ha habido complots para rechazar a bicharracos como yo. Siempre se rechazaba, con arrogancia y distinci&oacute;n, todo lo que no ten&iacute;a cabida en el propio mundo. Jam&aacute;s me atrev&iacute;a a abrirme paso. Ni siquiera tuve el coraje de echar un vistazo. As&iacute; que viv&iacute; mi propia vida, en la periferia [&hellip;] &iquest;No tiene mi mundo derecho a existir, aunque en apariencia sea un mundo m&aacute;s pobre e impotente?&rdquo;); detalles sobre la redacci&oacute;n de algunos de sus novelas (&ldquo;la editorial Scherl me invit&oacute; a tomar parte en un concurso de novela; as&iacute; que escrib&iacute; y seguidamente pas&eacute; a limpio<em> El ayudante</em>, en seis semanas la ten&iacute;a lista&rdquo;); el &eacute;xito o la falta de &eacute;xito (&ldquo;la falta de &eacute;xito era una peligrosa y encarnizada serpiente, que intentaba implacable asfixiar lo aut&eacute;ntico y lo original en el artista&rdquo;) as&iacute; como un buen n&uacute;mero de lecturas y autores repasados, citados brevemente o con mayor extensi&oacute;n y detenimientos. La lista de autores mencionados por ambos a lo largo de sus caminatas, en los momentos de reposo en merenderos y cervecer&iacute;as, o recalando en caf&eacute;s y confiter&iacute;as, es enorme: Goncharov, Dostoievski, Thoreau, Goethe, H&ouml;lderlin, Kleist, Kafka, Broch, Thomas Mann, Heinrich Mann, Gerhart Hauptmann, B&uuml;chner, Gottfried Keller, Hesse, Balzac, Flaubert, Max Brod, Jean Paul, Ramuz, Wedekind, Alfred Polgar&hellip; Muchos de ellos plasmados con agudos y p&eacute;rfidos comentarios. Seg&uacute;n Walser, Rilke tendr&iacute;a &ldquo;su lugar en la mesilla de noche de las jovencitas&rdquo;; Altenberg &ldquo;es una amable salchicha vienesa pero no lo puedo calificar de poeta&rdquo; y Mann &ldquo;es el gerente de un negocio, parapeteado en sus dominios&rdquo;. &Eacute;l mismo no dejar&iacute;a de hacerse duras cr&iacute;ticas frente a Seelig en aquellos encuentros: &ldquo;Si pudiera rebobinar el hilo del tiempo y volver a comenzar no me permitir&iacute;a escribir como hice en la vaguedad absoluta, sacrific&aacute;ndolo todo a la rareza, a la despreocupaci&oacute;n. Uno no puede negar la sociedad. Hay que vivir dentro o bien luchar por o contra ella. He aqu&iacute; el defecto de mis novelas. Son demasiado fantasiosas e introspectivas, a menudo descuidadas desde el punto de vista de la composici&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>Convivir con la locura ocup&oacute; gran parte de su existencia. Tambi&eacute;n fue la causa muchas veces de un sentimiento de desgracia y desolaci&oacute;n, de soledad y aislamiento extremos, hasta llegar a la &ldquo;calma&rdquo; y las rutinas mec&aacute;nicas y vigiladas, de los sanatorios de Waldau, brevemente, y luego, en el de Herisau. As&iacute; se lo contar&aacute; el mismo Walser a Carl Seelig en uno de sus paseos: &ldquo;En aquella &eacute;poca tuve algunos intentos fallidos de suicidio. Ni siquiera era capaz de hacer un nudo corredizo digno de su nombre. Al final, mi hermana Lisa me llev&oacute; al sanatorio de Waldau. Frente a la puerta del sanatorio le volv&iacute; a preguntar: &iquest;Crees que es la soluci&oacute;n? A modo de repuesta, ella permaneci&oacute; en silencio. &iquest;Qu&eacute; pod&iacute;a hacer yo sino entrar?&rdquo;.</p>
<p>El 13 de junio de 1933, Walser ser&iacute;a trasladado, a su pesar, al sanatorio de Herisau donde se qued&oacute; hasta su muerte y donde recibir&iacute;a las peri&oacute;dicas visitas de Carl Seelig. En 1940 le dir&iacute;a a su amigo y confidente: &ldquo;Es absurdo y grosero, sabi&eacute;ndome en un sanatorio, decirme que siga escribiendo libros&rdquo;. Y en 1944 volver&aacute; a decir: &ldquo;En Herisau no he escrito nada m&aacute;s. &iquest;Para qu&eacute;? Mi mundo fue destruido por los nazis. Los peri&oacute;dicos para los que escrib&iacute;a han desaparecido; sus redactores fueron perseguidos o han muerto. Me he convertido casi en una estatua&rdquo;. Como escribir&iacute;a Peter Utz posteriormente en el pr&oacute;logo de sus relatos: &ldquo;La locura real del Tercer Reich es tan responsable del silencio literario de Walser como la pretendida locura, a menudo puesta en discusi&oacute;n, del mismo Robert Walser&rdquo;.</p>
<p>Los &uacute;ltimos retratos de Walser realizados por Carl Seelig, en lo que fueron los &uacute;ltimos a&ntilde;os de su vida, encogen el coraz&oacute;n de cualquier lector y tienen el sabor continuado de una triste y abatida despedida. El anuncio de un enorme vac&iacute;o. Las palabras de Seelig recuerdan en cierto modo la carta inconsolable que escribe Montaigne a la muerte de su querido amigo La Bo&eacute;tie. As&iacute; lo escribir&aacute; Seelig el 30 de agosto de 1953: &ldquo;Por primera vez, Robert me da la impresi&oacute;n de un hombre que envejece y lucha contra la desaparici&oacute;n de sus energ&iacute;as [&hellip;]. A menudo, Robert se detiene al borde de los bosques, con la mano izquierda ahuecada sobre el o&iacute;do y olfateando con la cabeza inclinada. Se alzan ante m&iacute; lejanos tiempos infantiles en los que jug&aacute;bamos a los &ldquo;indios&rdquo;. A veces Robert habla consigo mismo, increpa a los desconsiderados automovilistas, de los que huye espantado cuando cruzamos una carretera [&hellip;] Con la colilla de su cigarrillo apagada entre los labios y los &lsquo;pantalones pesqueros&rsquo;, parece un gastado campesino&rdquo;.</p>
<p>Una triste despedida amortiguada eso s&iacute;, por un leve, m&iacute;nimo consuelo. Un consuelo que pone el broche a una amistad de muchos a&ntilde;os, de muchas felices caminatas y conversaciones, como dir&aacute; Seelig al final de sus anotaciones: &ldquo;Es para m&iacute; un silencioso consuelo que nuestros paseos llevaran algo de variedad a la monoton&iacute;a de sus d&eacute;cadas de vida en el sanatorio; no encontrar&eacute; jam&aacute;s un compa&ntilde;ero de trayecto m&aacute;s apasionado que &eacute;l&rdquo;.&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 16 Mar 2023 13:12:34 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bienaventurados los mediocres]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/bienaventurados-los-mediocres/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas23/DANIEL_GASC_N_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="normal">Un fantasma recorre el mundo. Es el fantasma de la mediocracia. Este concepto es una de las ideas centrales de <em>Mediocracia. Cuando los mediocre</em>s <em>toman el poder<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20DANIEL%20GASC%C3%93N%20PARA%20TURIA%20133-134.doc#_ftn1"><strong>[1]</strong></a></em>, un<em> </em>ensayo del fil&oacute;sofo canadiense Alain Deneault (Quebec, 1970), que anteriormente hab&iacute;a publicado en castellano <em>Para&iacute;sos fiscales. Una estafa legalizada</em>. Deneault, profesor de sociolog&iacute;a en la Universidad de Quebec y director del programa Coll&egrave;ge International de Philosophie de Par&iacute;s, ha escrito sobre las actividades de compa&ntilde;&iacute;as mineras en &Aacute;frica, Am&eacute;rica Latina y Europa del Este, y en Canad&aacute;, donde la legislaci&oacute;n facilita sus operaciones econ&oacute;micas. Uno de sus libros, <em>Canad&aacute; Noir</em>, que inclu&iacute;a informaci&oacute;n de numerosas fuentes sobre actividades de empresas canadienses en el extranjero, ocasion&oacute; una demanda de la compa&ntilde;&iacute;a minera Barrick Gold (el libro fue retirado de la circulaci&oacute;n en un acuerdo extrajudicial; el caso inspir&oacute; una modificaci&oacute;n legislativa para proteger la libertad de expresi&oacute;n y de informaci&oacute;n).</p>
<p class="normal">&ldquo;La mediocracia establece un orden en el que la media deja de ser una s&iacute;ntesis abstracta que nos permite entender el estado de las cosas y pasa a ser el est&aacute;ndar impuesto que estamos obligados a acatar&rdquo;, explica Deneault. En una entrevista con Andr&eacute;s Seoane en <em>El Cultural</em> se&ntilde;alaba que &ldquo;ser mediocre es encarnar el promedio, querer ajustarse a un est&aacute;ndar social, en resumen, es conformidad. Pero esto no es en principio peyorativo, pues todos somos mediocres en algo. El problema de la mediocridad viene cuando pasa a convertirse, como en la actualidad, en el rasgo distintivo de un sistema social. Hoy en d&iacute;a nos encontramos en un sistema que nos obliga a ser un ciudadano resueltamente promedio, ni totalmente incompetente hasta el punto de no poder funcionar, ni competente hasta el punto de tener una fuerte conciencia cr&iacute;tica. Aquellos que se distinguen por una cierta visi&oacute;n de altura, una cultura s&oacute;lida o la capacidad de cambiar las cosas quedan al margen. Para tener &eacute;xito hoy, es importante no romper el rango, sino ajustarse a un orden establecido, someterse a formatos e ideolog&iacute;as que deber&iacute;an cuestionarse. La mediocracia alienta a vivir y trabajar como son&aacute;mbulos, y a considerar como inevitables las especificaciones, incluso absurdas, a las que uno se ve obligado&rdquo;.</p>
<p class="normal">Escapar no es f&aacute;cil: &ldquo;Si reivindicamos nuestra libertad no servir&aacute; m&aacute;s que para demostrar lo eficiente que es el sistema&rdquo;, escribe Deneault. En este sistema, toda labor es un trabajo; todo trabajo es solo un medio. Y, un poco a la manera de los enanos que seg&uacute;n Augusto Monterroso se reconocen gracias a un sexto sentido, los mediocres se reconocen entre s&iacute;, en un clima de impostores que oscilan entre la complicidad y el miedo.</p>
<p class="normal">En buena parte es un libro contra las estructuras. Este &ldquo;orden mediocre que se establece como modelo&rdquo; florece en todos los engranajes de la sociedad (neoliberal occidental). El sistema genera lo que Enzensberger llama &ldquo;analfabetos secundarios&rdquo;. Recompensa a personas capaces de realizar sus tareas, cumplir objetivos de productividad, ser &uacute;tiles; saben sobrevivir, empleando una autocensura obligatoria que &ldquo;se presenta como una demostraci&oacute;n de astucia&rdquo;. Pero su caracter&iacute;stica principal es que no son capaces de cuestionar lo que piensan, de examinar los fundamentos intelectuales de las acciones o las estructuras en las que participan. Practican una &eacute;tica y est&eacute;tica de la acomodaci&oacute;n; contribuyen a crear un gigantesco trampantojo que encubre la opresi&oacute;n y la rapacidad.</p>
<p class="normal">&ldquo;La norma de la mediocridad lleva a desarrollar una imitaci&oacute;n del trabajo que propicia la simulaci&oacute;n de un resultado. El hecho de fingir se convierte en un valor en s&iacute; mismo. La mediocracia lleva a todo el mundo a subordinar cualquier tipo de deliberaci&oacute;n a modelos arbitrarios promovidos por instancias de autoridad&rdquo;, explica Deneault. El mediocre es un elemento de la cadena de opresi&oacute;n, el instrumento que emplean los poderosos para ejecutar sin mancharse una &ldquo;violencia simb&oacute;lica&rdquo;, en un sistema de naturaleza &ldquo;mort&iacute;fera&rdquo; que oculta tras una apariencia de &ldquo;moderaci&oacute;n&rdquo;, una tonalidad o temperamento siempre sospechoso para Deneault.</p>
<p class="normal">Como se&ntilde;al&oacute; el soviet&oacute;logo Robert Conquest, la forma m&aacute;s sencilla de entender una organizaci&oacute;n burocr&aacute;tica es asumir que la dirige una camarilla compuesta por sus enemigos. Esta idea, aunque sin la iron&iacute;a del historiador brit&aacute;nico, no est&aacute; lejos de la visi&oacute;n de Alain Deneault, que aplica el concepto de la mediocracia a distintos &aacute;mbitos: la educaci&oacute;n, el comercio y las finanzas, la cultura y la civilizaci&oacute;n. La tesis no siempre es clara, ni el motivo que permite unir los temas o los registros de escritura (a veces m&aacute;s ensay&iacute;stico, a veces m&aacute;s period&iacute;stico). El ensayo une dos libros, <em>La m&eacute;diocratie</em> y <em>Politiques de l&rsquo;extr&ecirc;me centre</em>.</p>
<p class="normal">A juicio del autor, uno de los lugares donde prolifera la mediocracia es la universidad. Los acad&eacute;micos no solo deben saber m&aacute;s sobre cada vez menos, sino que est&aacute;n metidos en una especie de rueda de h&aacute;mster de publicaciones tan necesarias para su carrera como irrelevantes para el progreso del conocimiento. Las servidumbres acad&eacute;micas aplastan el pensamiento propio, los cauces del sistema constri&ntilde;en la libertad intelectual y todo el dise&ntilde;o conspira para evitar la originalidad. Es como si el objetivo fuera impedir que alguien levantase la cabeza y viese el mecanismo. Una configuraci&oacute;n casi feudal propicia la supervivencia de esa estructura.</p>
<p class="normal">Algunas de las observaciones de Deneault son perspicaces y valiosas. Una gran cantidad de energ&iacute;a se destina a cargas absurdas. Muchas veces quienes provocan avances decisivos en una disciplina no son los grandes especialistas: a menudo, es interesante la perspectiva de alguien que es experto en otro campo, o la combinaci&oacute;n de dos campos de conocimiento posibilita un cambio en la forma en que vemos una disciplina. Los sistemas pueden generar grasa superflua, p&eacute;rdidas de tiempo, abusos de poder; pero los protocolos tambi&eacute;n tienen aspectos que ayudan a corregir errores.</p>
<p class="normal">Una de las obsesiones de Deneault, que revela cierta impronta orwelliana en un autor influido sobre todo por escritores continentales, es la desactivaci&oacute;n de eufemismos y palabras de camuflaje. De los acad&eacute;micos critica una tendencia hacia la opacidad l&eacute;xica que se ha convertido en una especie de <em>shibboleth</em>, y lamenta el triunfo de palabras como<em> gobernanza</em> o plurales sanitarios como <em>opresividades</em>. A veces es ingenioso: por ejemplo, cuando cita estudios que comparan el mundo universitario y su estructura desigual con el narcotr&aacute;fico. Otras veces resulta banal o hiperb&oacute;lico. As&iacute;, dice que el PowerPoint &ldquo;erradica la autonom&iacute;a de la mente&rdquo;. Mucha autonom&iacute;a no deb&iacute;as tener si te la erradica un PowerPoint. Citando a McLuhan, se&ntilde;ala que Superman indica &ldquo;la p&eacute;rdida absoluta de la relaci&oacute;n de este pueblo con el pensamiento estructurado&rdquo;. El dibujante de c&oacute;mics Art Spiegelman expon&iacute;a hace unos meses una visi&oacute;n interesante de los c&oacute;mics de superh&eacute;roes y sus condiciones de producci&oacute;n: en vez de la proyecci&oacute;n de la impotencia del hombre tecnol&oacute;gico, &eacute;l destacaba el origen inmigrante, a menudo jud&iacute;o, de creadores de superh&eacute;roes que, a finales de los a&ntilde;os treinta, derrotaban a villanos poderosos.</p>
<p class="normal">Otras veces, simplemente, no parece saber de lo que habla. Critica, con una mezcla de desd&eacute;n profesoral y virguer&iacute;a hermen&eacute;utica, el &eacute;nfasis en las tecnolog&iacute;as de la serie de Superman. Podemos darle un tono casi metaf&iacute;sico a esa relaci&oacute;n, como si solo fuera semi&oacute;tica, pero la historia del cine (como la de la m&uacute;sica, la de la literatura, la de la cultura) tiene que ver con el desarrollo de la tecnolog&iacute;a, que no es solo un s&iacute;mbolo.</p>
<p class="normal">En otras partes del libro uno no acaba de entender el nexo con la mediocridad, aunque s&iacute; parecen formar parte de la visi&oacute;n general del autor. Deneault escribe de la financiarizaci&oacute;n de la econom&iacute;a, del valor del dinero por encima de todas las cosas y las tipolog&iacute;as psicol&oacute;gicas que genera. Si en la cultura se guiaba por Ranci&egrave;re y autores vinculados al posestructuralismo y la teor&iacute;a francesa, o por la escuela de Frankfurt en otros momentos, cuando habla de dinero parece que el soci&oacute;logo y fil&oacute;sofo alem&aacute;n Georg Simmel es su influencia principal. En algunas de las p&aacute;ginas m&aacute;s interesantes y desasosegantes del libro habla de las relaciones de las empresas y la naturaleza, de los trapicheos de grandes compa&ntilde;&iacute;as, del papel de las ONG. La globalizaci&oacute;n, se&ntilde;ala, habr&iacute;a tenido un efecto inesperado: aliar a obreros y empresas frente a las clases de otros pa&iacute;ses. (Aunque esto, que presenta como una novedad, quiz&aacute; no lo sea tanto.) Algunas cosas parecen un tanto envejecidas. Ya no estamos en la fase expansiva de la globalizaci&oacute;n: el alineamiento de intereses corporativos entre empresas norteamericanas y chinas contra los trabajadores occidentales es una idea menos presente ahora que hace un tiempo.</p>
<p class="normal">El esp&iacute;ritu de carrerismo o profesionalismo -uno de cuyos ejemplos y transmisores m&aacute;ximos es, dice Derneault, el experto, el intelectual que se pone al servicio del poder- permea nuestro comportamiento social (&ldquo;estamos dispuestos a hacer grandes esfuerzos para medrar socialmente hasta alcanzar el nivel en que nos podremos ahorrar todos estos esfuerzos psicol&oacute;gicos&rdquo;). El llamado arte subversivo (donde las grandes fortunas fuerzan el sometimiento de los artistas) es otro ejemplo; tambi&eacute;n los economistas &ldquo;oficiales&rdquo;, que, dice, son &ldquo;banqueros del significado&rdquo;. No parece tomar la econom&iacute;a muy en serio como ciencia y escribe varias veces de forma despectiva sobre ella: la motivaci&oacute;n es, ante todo, ideol&oacute;gica. &ldquo;A los artistas se les conmina a trabajar con arreglo a los dict&aacute;menes del mercado en vez de los de su propio proceso creativo&rdquo;, escribe. En la parte final ataca a los defensores de lo que llama &ldquo;extremo centro&rdquo;, un concepto de Pierre Serna, que resumi&oacute; la trayectoria los l&iacute;deres que practicaban estas pol&iacute;ticas (&ldquo;sensatas&rdquo;, tecnocr&aacute;ticas, animadas por el prop&oacute;sito declarado de alejarse del extremismo) como &ldquo;una historia de las retractaciones&rdquo;. Es un sistema que ha fracasado, sostiene Deneault, y se basaba en la idea del crecimiento, fundado en indicadores falaces y fetiches. Los intelectuales del extremo centro, sostiene, dan legitimidad a casi todo lo que no puede gustar a una persona de bien: de la brutalidad policial a la evasi&oacute;n fiscal. La cr&iacute;tica, dice el autor, ya no es nueva: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo podemos explicar que estamos en una posici&oacute;n tan est&aacute;tica como para que las cat&aacute;strofes m&aacute;s terribles hayan sido presagiadas hace d&eacute;cadas?&rdquo;. La soluci&oacute;n tampoco: &ldquo;&iexcl;S&eacute; radical!&rdquo;.</p>
<p class="normal"><em>Mediocracia</em> funciona como cat&aacute;logo de referencias: puede llevar a algunos libros o estudios estimulantes. Con todo, a veces es deslavazado y arbitrario en sus recomendaciones; se gu&iacute;a m&aacute;s por la antipat&iacute;a que por el rigor. Como explica el autor en el fragmento que acabo de citar, en buena medida las cr&iacute;ticas que hace fueron formuladas hace d&eacute;cadas. El sistema no solo las recibi&oacute;: supo incorporarlas. Mientras tanto, desde que se produjeron las cr&iacute;ticas que Deneault reitera como si fueran m&aacute;s o menos nuevas (la generaci&oacute;n de necesidades del consumismo, la estupidizaci&oacute;n de la televisi&oacute;n, la falta de escr&uacute;pulos de las corporaciones), gracias al capitalismo, con todos sus defectos, millones de personas han salido de la pobreza. Deneault utiliza los datos cuando le convienen y otras veces los descalifica como ejemplos de la manipulaci&oacute;n maligna del sistema. Que la mortalidad infantil (es decir, ni&ntilde;os fallecidos el primer a&ntilde;o de vida) pasara de 8,8 millones de muertes en1990 a 4,1 millones en 2017 puede suceder mientras el sistema fracasa de manera formidable, como dice &eacute;l. Pero sigue siendo un logro.</p>
<p class="normal">Si hubiera que colocar el libro en una categor&iacute;a, m&aacute;s que como ensayo o reportaje encajar&iacute;a como novela policiaca. El cad&aacute;ver quiz&aacute; se conozca a los postres, pero el asesino es tan amorfo como inequ&iacute;voco. Es el orden econ&oacute;mico capitalista occidental, que se puede entender con el extremo centro (donde tiene cabida, como ejemplo m&aacute;s desarrollado, el presidente socialista de Francia Hollande, predecesor de Macron, a quien Deneault ha acusado de forma un poco rocambolesca de dar un golpe de Estado, metaf&oacute;rico naturalmente): algo f&aacute;cil de identificar est&aacute; detr&aacute;s de cada ejemplo. El autor no se toma la molestia de dar un argumento contra su propio inter&eacute;s, aunque fuera por coqueter&iacute;a, y si bien parece conocer los chanchullos de los negocios occidentales en una suerte de provincianismo intelectual no critica ning&uacute;n otro sistema. Los problemas en &Aacute;frica o en Am&eacute;rica Latina son problemas generados por Occidente, que corrompe e impulsa estructuras de opresi&oacute;n. Pero no hace falta ser un defensor del colonialismo militar o econ&oacute;mico para reconocer que la opresi&oacute;n y la corrupci&oacute;n se producen tambi&eacute;n cuando no hay interferencia de Europa y Am&eacute;rica del Norte: Occidente no siempre tiene la culpa. Como escriben Ian Buruma y Avishai Margalit en Occidentalismo (Debate): &ldquo;Las historias de Europa y Estados Unidos est&aacute;n manchadas de sangre, y el imperialismo occidental caus&oacute; muchos da&ntilde;os. Pero ser consciente de eso no significa que deber&iacute;amos ser complacientes con respecto a la brutalidad actual de las antiguas colonias. Al contrario. Culpar del barbarismo de los dictadores no occidentales al imperialismo estadounidense, el capitalismo global o el expansionismo israel&iacute; no es solo equivocarse; es precisamente una forma orientalista de condescendencia, como si solo los occidentales fueran lo bastante adultos como para ser moralmente responsables de lo que hagan&rdquo;.</p>
<p class="normal">Uno puede leer<em> Una cama para una noche</em> (Debate), el admirable y devastador estudio de David Rieff sobre el auge y el fracaso de la acci&oacute;n humanitaria. O puede leer a Deneault, que dice que en Hait&iacute; &ldquo;las organizaciones gubernamentales tienen el aspecto siniestro de una fuerza pol&iacute;tica de ocupaci&oacute;n&rdquo; y se queda tan ancho. Para &eacute;l, cuando Stiglitz critica los excesos de la globalizaci&oacute;n, el fundamentalismo de mercado, del neoliberalismo, es un tipo de derechas que se hace pasar por alguien de izquierdas. Aqu&iacute; estamos, entretenidos, en &ldquo;una muy lucrativa lucha contra el c&aacute;ncer, en lugar de los sencillos cambios alimentarios que podr&iacute;an prevenirlo&rdquo;. &iquest;C&oacute;mo no hab&iacute;amos ca&iacute;do en que el c&aacute;ncer se arreglaba con yogures y br&oacute;coli?</p>
<p class="normal">Si es interesante la cuesti&oacute;n de los impuestos y las cr&iacute;ticas a las finanzas, no hay una visi&oacute;n m&aacute;s constructiva o la elaboraci&oacute;n de una alternativa. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os han aparecido muchas cr&iacute;ticas al funcionamiento del capitalismo, inspiradas por la crisis de 2007 y 2008, los descontentos con la globalizaci&oacute;n, el crecimiento de la desigualdad, el abuso de los recursos naturales. Pol&iacute;ticos <em>mainstream</em> y medios liberales como el <em>Financial Times </em>y <em>The Economist</em> debaten formas de salvar el capitalismo de s&iacute; mismo, prestan atenci&oacute;n a propuestas como la renta b&aacute;sica, alertan de los riesgos del capitalismo rentista, de los peligros que una desigualdad excesiva supone para la democracia liberal. Esos ajustes, sometidos a la experimentaci&oacute;n emp&iacute;rica y a la deliberaci&oacute;n democr&aacute;tica, parecen m&aacute;s &uacute;tiles que una impugnaci&oacute;n a la totalidad que no termina de concretarse.</p>
<p class="normal">Lo m&aacute;s irritante del libro no es que sea estructuralmente fr&aacute;gil, argumentativamente tramposo o factualmente discutible (aunque en ocasiones lo es). Lo m&aacute;s cargante es la sensaci&oacute;n de que el autor piensa que est&aacute; revelando algo novedoso, cuando ofrece una mezcla inconsistente de observaciones valiosas, obviedades, t&oacute;picos y teor&iacute;as de la conspiraci&oacute;n. A veces da la sensaci&oacute;n de ser una versi&oacute;n tan posmoderna como inconsciente del mito de la caverna, o ese tipo un poco cargante que te toca al lado en una cena y te cuenta que el problema no es por lo que dicen todos, sino por ese otro chisme que &eacute;l sabe. Es una de esas mentes sutiles, que saben un poco m&aacute;s: con algo de suerte, podr&aacute;s acceder a su estadio de conocimiento; lograr&aacute;s estar en el secreto. Al leer el ensayo incomoda la asunci&oacute;n de que el autor y el lector son resistentes frente a ese mundo mediocre. Un resumen del libro es la estad&iacute;stica que dice que el 80% de los conductores creen que conducen mejor que la media.</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p class="normal"><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20DANIEL%20GASC%C3%93N%20PARA%20TURIA%20133-134.doc#_ftnref1">[1]</a> Alain Deneault. <em>Mediocracia. Cuando los mediocres toman el poder</em>. Traducci&oacute;n de Julio Fajardo Herrero. Madrid, Turner, 2019.</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Thu, 16 Mar 2023 12:52:19 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ada Salas: “La pasión es un ingrediente común e imprescindible de la escritura”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/ada-salas-la-pasion-es-un-ingrediente-comun-e-imprescindible-de-la-escritura/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/ADA_SALAS_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Si con <em>Descendimiento</em> la poeta Ada Salas (C&aacute;ceres, 1965) compart&iacute;a su particular oratorio ante el cuadro del mismo nombre de Van der Weyden, recogiendo el dolor y la belleza para sostener la mirada del poeta, con <em>Arqueolog&iacute;as</em> (Pre-Textos) realiza un ejercicio de memoria en el que los mitos y los pasajes b&iacute;blicos se enra&iacute;zan con la figura del padre y &mdash;acaso en inconsciente desplazamiento&mdash;maestros de distintos &aacute;mbitos art&iacute;sticos. No es casual que el yo po&eacute;tico discurra entre higueras y tacimientos. Ambos nos acercan al origen.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;El poema ha sido como un candil en el t&uacute;nel de una mina&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>- &iquest;Sobre qu&eacute; asuntos conviene hacer una labor arqueol&oacute;gica?</p>
<p>- No sabr&iacute;a decirte si &laquo;conviene&raquo; hacer esa labor en ning&uacute;n caso, salvo que se sea arque&oacute;logo stricto sensu. Supongo que no dir&iacute;a lo mismo si fuera psicoanalista o si hubiera pasado por una experiencia psicoanal&iacute;tica. El verbo &laquo;convenir&raquo; implica un sentido de obligaci&oacute;n matizada junto al de necesidad. En el terreno personal, como me ha ocurrido durante la escritura de este libro, ha habido muy poco de voluntad, y desde luego nada de obligaci&oacute;n. Si ha habido necesidad, no ha sido consciente. A posteriori, puedo decir que el &laquo;trabajo arqueol&oacute;gico&raquo;, si no ha sido necesario, s&iacute; ha sido &uacute;til: he <em>visto</em> cosas que no podr&iacute;a haber visto m&aacute;s que a trav&eacute;s del poema. El poema ha sido como un candil en el t&uacute;nel de una mina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Hay un regreso hacia lo m&iacute;tico y lo hist&oacute;rico. &iquest;Qu&eacute; nos ense&ntilde;a cualquier tiempo pasado?</p>
<p>- Desvi&aacute;ndome de la pregunta, me permito, Esther, contestar con una cita del maestro Phillipe Jaccottet, del libro, titulado, precisamente, <em>Paisajes con figuras ausentes</em>. Creo que sus palabras, que traduzco sobre la marcha, tienen mucho que ver con <em>Arqueolog&iacute;as</em>: &ldquo;As&iacute;, sin que yo lo hubiera querido ni buscado, era una patria lo que reencontraba por momentos, y quiz&aacute; la m&aacute;s leg&iacute;tima: un lugar que me abr&iacute;a la m&aacute;gica profundidad del tiempo. [&hellip;] Esas &ldquo;aberturas&rdquo; propuestas a la mirada interior [&hellip;] se&ntilde;alaban por intermitencias, pero con obstinaci&oacute;n, un nudo como inm&oacute;vil. Volverse hacia eso deb&iacute;a de ser aprehender el inmemorial aliento divino (fuera de toda referencia a una moral o a una religi&oacute;n); y, a la vez, permanecer fiel a la poes&iacute;a, que parece ser una de sus emanaciones.&rdquo;</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;El regreso del pasado puede ser luminoso&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>- Que se &laquo;enreden&raquo; varios tiempos, como anuncia el frontispicio de Zambrano, &iquest;es recomendable, necesario, un azar, algo funesto?</p>
<p>- Dir&iacute;a que es inevitable. Inevitablemente, el presente est&aacute; enredado en la red de los sucesivos pasados. Son previos, claro, han dejado, por tanto, rastros, huellas. Poder vivir en plenitud el carpe diem entendido como vivir solo en el instante presente (en este caso disfrut&aacute;ndolo), es un desider&aacute;tum pero, en lo que m&iacute; respecta, un imposible. De ah&iacute;, quiz&aacute;, cierta imposibilidad para la (absoluta) felicidad. El pasado acecha. Est&aacute; ah&iacute;. A veces duele mirarlo; a veces, muchas, vuelve, como algo hermoso. Si conseguimos que esa convivencia (inevitable) con el pasado no sea, al menos exclusivamente, eleg&iacute;aca, el regreso del pasado puede ser luminoso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; importancia tiene <em>el paisaje</em> en nosotros?</p>
<p>- &iquest;En nosotros? &iquest;Los paisajes que vemos en cualquier situaci&oacute;n? &iquest;Entendemos por paisaje solo lo que es naturaleza no <em>intervenida</em>? Creo que esta &uacute;ltima es la idea m&aacute;s general y compartida de qu&eacute; es un paisaje. Es la m&iacute;a tambi&eacute;n. No una &laquo;vista&raquo;, por ejemplo, urbana, sino una contemplaci&oacute;n de lo natural en toda la extensi&oacute;n que puede abarcar la mirada. En ese caso, contemplar un paisaje es una liberaci&oacute;n del propio peso. Es dejar de ser una misma.</p>
<p>Hay un paisaje especialmente resonante, creo: el que nos rode&oacute; en la infancia. El paisaje reconocido y que nos reconoce. Ese paisaje es como un hermano. Es familia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Le devuelvo en forma de pregunta unos versos de su poemario: &iquest;&rdquo;Es posible empezar como si todo/ &mdash;nada&mdash;/ hubiera sucedido&rdquo;?</p>
<p>- Es posible. Cuesta ponerlo en pr&aacute;ctica, pero es posible. Es, tambi&eacute;n, la &uacute;nica esperanza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- "Es preciso cantar/ como si el mundo/ comenzara de nuevo". &iquest;As&iacute; con la escritura?</p>
<p>- El azar es incre&iacute;ble. Ayer mismo escrib&iacute; un poema muy torpe. Quiz&aacute; lo escrib&iacute; para poder responder hoy a tu pregunta:</p>
<p><em>Olvida que has escrito.</em></p>
<p><em></em><em>Olvida que has vivido.</em></p>
<p><em></em><em>Olvida que viviste. Para empezar.</em></p>
<p><em></em><em>De nuevo.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Preside el tono elegiaco en estos poemas, &iquest;es m&aacute;s fruct&iacute;fera, para la poes&iacute;a, la melancol&iacute;a que el deseo?</p>
<p>- &iquest;Eleg&iacute;a implica melancol&iacute;a? Me hago esa pregunta. Creo que s&iacute;. Pero parad&oacute;jicamente la melancol&iacute;a nace de un deseo: el deseo de volver al pasado. &iquest;Es posible ser melanc&oacute;lico sin ser deseante? Creo, seg&uacute;n lo pienso, que no. La melancol&iacute;a y el deseo, entonces, necesitan un ingrediente com&uacute;n: la pasi&oacute;n. Un ingrediente com&uacute;n tambi&eacute;n, e imprescindible, de la escritura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Para &laquo;masticarse en el otro&raquo;, &iquest;qu&eacute; disposici&oacute;n de &aacute;nimo se requiere?</p>
<p>- No sabr&iacute;a contestar a esa pregunta. No s&eacute; qu&eacute; quiere decir ese verso; al menos, no exactamente. Algo <em>chungo</em>, desde luego &ndash;perm&iacute;taseme esta palabra&ndash;. Supongo que me refer&iacute;a a un amor destructivo, que es siempre autodestructivo. As&iacute; que se me ocurre que la disposici&oacute;n del &aacute;nimo es la ceguera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- El poeta &iquest;escribe en el espacio que queda entre "la tumba m&aacute;s profunda" que resulta ser el coraz&oacute;n y "las heridas que conforman un humilde mapa"?</p>
<p>- S&iacute;. Aunque no s&eacute; si hay distancia. El coraz&oacute;n contiene mapas de heridas. El poeta se enfrenta a ellas con humildad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El amor es una cuesti&oacute;n transitiva&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>- &iquest;Es in&uacute;til "el amor/ que nadie quiere"?</p>
<p>- &iquest;In&uacute;til? Pues s&iacute;. &iquest;Para qu&eacute; sirve el amor si nadie lo recibe? El amor es una cuesti&oacute;n transitiva.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Frente a la "claridad, que siempre viene del cielo", como escribi&oacute; Claudio Rodr&iacute;guez, usted propone otra claridad "que viene desde dentro". &iquest;Iluminan cuestiones diferentes ambas?</p>
<p>- Posiblemente iluminan las mismas cuestiones. Pero la diferencia estriba en la perspectiva, en el recorrido espacial. Lo que viene desde abajo trae m&aacute;s acarreo, es menos transparente. Lo que viene desde el cielo (la lluvia, por ejemplo), es m&aacute;s limpio. Los dos diferentes modos, condicionan desde d&oacute;nde se escribe el poema y, por lo tanto, su resultado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Por qu&eacute; la palabra debe ser un instrumento cortante, <em>incisivo</em>?</p>
<p>- Bueno, si no se trata de hablar, sino de decir, la palabra es y debe ser incisiva. No es una cuesti&oacute;n de elecci&oacute;n. Nombrar, no merodear, es algo incisivo. Las flechas son incisivas. Si llegan al coraz&oacute;n, matan.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 13 Mar 2023 11:20:11 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“TURIA” entrevista a fondo a Antonio Gamoneda y Brenda Navarro]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-entrevista-a-fondo-a-antonio-gamoneda-y-brenda-navarro/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2023/ANTONIO_GAMONEDA_3_500_px_1.jpg" alt="" /></p>
<p>A Brenda Navarro, que nunca hab&iacute;a pensado en s&iacute; misma como escritora, le impuls&oacute; a narrar la preocupaci&oacute;n por la violencia cotidiana y la impunidad con que se ejerce en su M&eacute;xico natal. Ese patr&oacute;n de crueldad sist&eacute;mica y la necesidad de denunciarlo le impulsaron a contar qu&eacute; hay detr&aacute;s de un desaparecido en su primer libro, &ldquo;Casas vac&iacute;as&rdquo;, de 2018. Una novela que, en poco tiempo, obtuvo el favor mayoritario del p&uacute;blico y la cr&iacute;tica y convirti&oacute;, a quien era hasta entonces una completa desconocida en las letras mexicanas, en una autora cuya popularidad es ya indiscutible.</p>
<p>La entrevista con Gamoneda tiene como punto de arranque su segundo volumen de memorias, titulado &ldquo;La pobreza&rdquo;. Y es que la pobreza, y la penuria de la que proviene, es una cuesti&oacute;n esencial a la hora de analizar su trabajo intelectual, seg&uacute;n &eacute;l mismo reconociera en el discurso de recepci&oacute;n del Premio Cervantes. Son p&aacute;ginas de una modernidad abrumadora en las que, m&aacute;s all&aacute; de inventariar su decrepitud f&iacute;sica, confirma que lo suyo es la rebeld&iacute;a de hablar a las claras sobre la vida y sus aspectos m&aacute;s inc&oacute;modos. Tambi&eacute;n apela a practicar una &eacute;pica civil, tranquila, testimonial. Y, sobre todo,&nbsp; enuncia que la poes&iacute;a es antes sensible que inteligible y que es &ldquo;un arte de la memoria&rdquo;.</p>
<p>La &nbsp;conversaci&oacute;n &nbsp;con &nbsp;Navarro &nbsp;parte del impacto que produc&iacute;a en su familia, como en la mayor&iacute;a de sus compatriotas, la violencia que impera en M&eacute;xico y la impunidad con que se ejerce. Una inquietud que la oblig&oacute; a emigrar con su pareja a Espa&ntilde;a porque el fen&oacute;meno de los desaparecidos es muy grave: &ldquo;Un desaparecido es un fantasma que te persigue como si fuera parte de una esquizofrenia&rdquo;.</p>
<p>Se trata de dos conversaciones exclusivas, que permiten no s&oacute;lo conocerles mejor, sino tambi&eacute;n descubrir sus opiniones sobre un amplio repertorio de temas de inter&eacute;s. Ambos son, por encima de todo, autores de una obra de marcada originalidad, rigor y relevancia en sus respectivos &aacute;mbitos. Antonio Gamoneda y Brenda Navarro, sin duda, dos personalidades muy atractivas y su opini&oacute;n nos enriquece a la hora de interpretar este tiempo tan dif&iacute;cil y complejo que vivimos.&nbsp; En&nbsp; TURIA&nbsp; nos&nbsp; hablan,&nbsp; con&nbsp; absoluta&nbsp; libertad&nbsp; y &nbsp;&nbsp;franqueza, &nbsp;de &nbsp;sus &nbsp;respectivas &nbsp;obras &nbsp;e &nbsp;itinerarios &nbsp;vitales. &nbsp;Y, &nbsp;adem&aacute;s, &nbsp;con &nbsp;sus respuestas se ocupan tambi&eacute;n de abordar cuestiones que nos afectan o interpelan: la desmitificaci&oacute;n de la vejez como lugar de sabidur&iacute;a, la convicci&oacute;n de que todas las formas de lenguaje art&iacute;stico tienen un grado de naturaleza simb&oacute;lica, en el caso de Gamoneda; la preocupaci&oacute;n por la violencia sist&eacute;mica, por la existencia de un patr&oacute;n de agresi&oacute;n y hostilidad generalizado que atenta contra los derechos humanos, en el caso de Navarro.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>ANTONIO GAMONEDA: &rdquo;LA GENTE VIVE ATROPELLADA Y ES UN EMPOBRECIMIENTO FEROZ&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>Antonio Gamoneda es una de las figuras fundamentales de la poes&iacute;a contempor&aacute;nea. Aunque naci&oacute; en Oviedo en 1931, ha vivido toda su vida en Le&oacute;n, donde se traslad&oacute; con su madre a los tres a&ntilde;os, y esta ciudad ha marcado notablemente su trayectoria po&eacute;tica. Trabaj&oacute; en el Banco Mercantil durante m&aacute;s de veinte a&ntilde;os y form&oacute; parte de la resistencia intelectual al franquismo. Poeta personal&iacute;simo, el proceso de recepci&oacute;n de su obra fue lento y dif&iacute;cil. Perteneciente por edad al grupo po&eacute;tico del 50, se dio a conocer con su primer poemario,&nbsp;&ldquo;<em>Sublevaci&oacute;n inm&oacute;vil&rdquo;</em>, finalista del premio Adonais, pero su fama s&oacute;lo se consolid&oacute; al recibir, en 1985, el Premio Castilla y Le&oacute;n de las Letras. Dos a&ntilde;os despu&eacute;s fue galardonado con el Premio Nacional, y ya en el a&ntilde;o 2006 se le otorg&oacute; el Premio Cervantes.</p>
<p>En la entrevista que TURIA publica, y que ha elaborado Fernando del Val, no s&oacute;lo se analizan algunas de las claves de su vida y de su obra. Tambi&eacute;n se aborda el sentido de ese segundo y m&aacute;s reciente volumen de memorias que Gamoneda ha titulado &ldquo;La pobreza&rdquo; y con el que confiesa ha pretendido &ldquo;tanto un reconocimiento y una narraci&oacute;n de mi vida pasada -entendida como una vida solidaria y complementaria de la de todos- cuanto una observaci&oacute;n cr&iacute;tica del pasado, del presente y de una especie de perspectiva imaginaria, pero lo m&aacute;s sensata posible, relacionada con el porvenir&rdquo;.</p>
<p>Cree igualmente Gamoneda que &ldquo;el poema con potencia simb&oacute;lica es algo que va m&aacute;s all&aacute; de la percepci&oacute;n intelectual. Se puede casi tocar&rdquo;. Y entre sus afirmaciones destacamos que, para &eacute;l, &ldquo;en nuestros tiempos tecnificados y politizados, la poes&iacute;a se hace m&aacute;s dif&iacute;cil&rdquo;. En su opini&oacute;n, &ldquo;la gente vive atropellada y luego da una tecla. Es un empobrecimiento feroz. Una anulaci&oacute;n semejante se ha producido con la poes&iacute;a. No s&oacute;lo es un bache cultural; es un despojamiento de la creatividad humana. Y no bastan los muchachos que hacen <em>rap</em> y otros movimientos semejantes. Es necesaria una poes&iacute;a que vaya de boca en boca, una especie de un poema incesante que van cedi&eacute;ndose los unos a los otros, y que se recrea sucesivamente. Eso tambi&eacute;n es creaci&oacute;n. Y es un valor para la felicidad de los seres humanos&rdquo;.</p>
<p>Por &uacute;ltimo, asegura Antonio Gamoneda no ser el papa de ninguna religi&oacute;n po&eacute;tica. Muy al contrario, se muestra autocr&iacute;tico y reconoce que &ldquo;en los &uacute;ltimos diez o veinte a&ntilde;os, tengo m&aacute;s reservas ante m&iacute; mismo a la hora de escribir&rdquo;. Y es que, como se&ntilde;ala el entrevistador, &ldquo;en dos d&eacute;cadas, Cervantes mediante, s&oacute;lo se ha permitido dos libros can&oacute;nicos. El mundo no necesita poemas nuevos, sino poemas necesarios. Aparte de mudanzas, escribe poemas cuyo nacimiento no frena, pero que despu&eacute;s observa con lente de aumento. Es como si el viento a favor le pareciera sospechoso. Desconf&iacute;a del sencillismo tanto como de las oportunidades regaladas. Antonio Gamoneda contin&uacute;a ensayando poemas que a&ntilde;adan capas de luz a tantas p&aacute;ginas que lo dem&aacute;s juzgamos cegadoras. De momento, los aparta. Busca poemas que sean coherentes con la obra anterior, siendo hijos del siglo XXI. Poner el pie en terrenos no pisados. El mejor escribano echa un borr&oacute;n; el mejor poeta, no.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>BRENDA NAVARRO: &ldquo;LA MATERNIDAD SE EST&Aacute; VOLVIENDO UN MECANISMO DE MERCADOTECNIA&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>En&nbsp; cualquier n&oacute;mina de &nbsp;las &nbsp;nuevas autoras m&aacute;s valiosas de nuestras letras actuales, sobresale la mexicana Brenda Navarro. Su impacto, con tan s&oacute;lo dos t&iacute;tulos (&ldquo;Casas vac&iacute;as&rdquo; y &ldquo;Ceniza en la boca&rdquo;), ha sido espectacular. Nacida en Ciudad de M&eacute;xico en 1982, desde 2016 reside en Espa&ntilde;a (primero lo hizo en Barcelona, actualmente vive en Madrid). Tras estudiar&nbsp;Sociolog&iacute;a&nbsp;y Econom&iacute;a Feminista en la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de&nbsp;M&eacute;xico, curs&oacute;&nbsp;un m&aacute;ster en Estudios de G&eacute;nero, Mujeres y Ciudadan&iacute;a&nbsp;en la Universidad de Barcelona. Ha sido redactora, guionista,&nbsp;reportera y editora, y ha trabajado en diversas ONG relacionadas&nbsp;con derechos humanos. Fue fundadora de #EnjambreLiterario, un&nbsp;proyecto enfocado en publicar obras escritas por mujeres.&nbsp; &ldquo;Casas&nbsp;vac&iacute;as&rdquo;, su primera novela, fue premiada&nbsp;con el XLII Premio Tigre Juan y traducida a siete lenguas. Su segunda novela, ha ratificado ese reconocimiento y ha obtenido varios galardones al mejor libro del a&ntilde;o 2022 como los Premios C&aacute;lamo o el de las librer&iacute;as de Madrid.</p>
<p>Pese al &eacute;xito, Brenda Navarro evita identificarse como escritora porque su literatura soslaya el planteamiento est&eacute;tico en favor del contenido: &ldquo;La pregunta que me gu&iacute;a siempre es la de comprender qu&eacute; significa ser humana&rdquo;.</p>
<p>Sobre el asunto de la maternidad, Navarro asegura que tener joven a su primer hija cambi&oacute; su vida de una manera brutal: &ldquo;fue una de las experiencias que me hicieron ser la persona que soy ahora. Porque estaba en M&eacute;xico fue f&aacute;cil, porque fue una maternidad colectiva, a la latinoamericana&rdquo;. Todo cambi&oacute; cuando, ya en Espa&ntilde;a, tuvo a su segunda hija: aqu&iacute; &ldquo;la maternidad hace que las mujeres dejen de ser mujeres para convertirse solamente en madres&rdquo;. Asegura la escritora que &ldquo;la maternidad se est&aacute; volviendo un mecanismo de mercadotecnia. Es horrible lo que hacen con las mam&aacute;s: que si la lactancia, que si la depresi&oacute;n posparto, que si el trabajo del suelo p&eacute;lvico; todo se vuelve una enfermedad y t&uacute; te conviertes un mero recipiente para tus hijos. Yo, en cuanto pude dejar la lactancia, lo hice&rdquo;.</p>
<p>En la entrevista que ha elaborado Michelle Roche Rodr&iacute;guez para TURIA, Brenda Navarro no duda en afirmar que &ldquo;en Am&eacute;rica Latina y los dem&aacute;s lugares del mundo en donde estamos acostumbrados a la precariedad hemos aprendido a que existimos gracias a las redes de apoyo. La imaginaci&oacute;n permite que el mundo siga existiendo, a pesar de los problemas&rdquo;.</p>
<p>Adem&aacute;s de desmontar el mito de la maternidad, preguntada sobre los temas que deber&iacute;a poner atenci&oacute;n el feminismo, Brenda Navarro opina: &ldquo;como mujer y como feminista, lo importante para m&iacute; es hablar de temas como la renta b&aacute;sica universal, del derecho a la vivienda y del derecho universal a la salud. Me interesa hablar de por qu&eacute; una mujer no puede ser aut&oacute;noma ni tiene d&oacute;nde vivir porque carece de un oficio digno o de condiciones para trabajar. Esta situaci&oacute;n se extiende hasta la ancianidad: esa mujer tampoco tendr&aacute; una vejez digna, porque no hay una sanidad que nos asegure que vayamos a vivir bien al final de la vida. Ya vimos lo que pas&oacute; con las personas mayores durante la pandemia: las dejaron morir. Hay mujeres con pensiones de apenas cuatrocientos euros, &iquest;qui&eacute;n vive con esa suma, por favor? Las estad&iacute;sticas nos dicen que las mujeres son las que tienen menos cuentas bancarias o propiedades a su nombre, tienen menos trabajos dignos o con prestaciones sociales decentes. El feminismo puede ocuparse de todas las discusiones p&uacute;blicas que quiera, pero si no defiende estos derechos humanos b&aacute;sicos a la vivienda y al acceso a la sanidad p&uacute;blica condena al g&eacute;nero a la pobreza. El modelo patriarcal se fundamenta en la falta de autonom&iacute;a de las mujeres, para que nunca podamos tomar decisiones por falta de dinero. El tema real del feminismo es qui&eacute;n posee la riqueza. Tenemos que empezar a hablar de dinero, de c&oacute;mo est&aacute; distribuido y de qui&eacute;nes hacen el trabajo de los cuidados, as&iacute; como tambi&eacute;n de cu&aacute;nto vale ese trabajo en nuestra sociedad.&rdquo;</p>
<p>Preguntada, por &uacute;ltimo, sobre el desarraigo y el sentimiento de culpa que se perciben en sus dos libros publicados, Brenda Navarro aclara que&nbsp; &ldquo;Mis novelas tratan de las violencias estructurales que hacen que las mujeres desaparezcan conforme se van volviendo adultas. En <em>Casas vac&iacute;as</em>, la primera voz dice en un momento: &ldquo;soy una mujer a punto de suceder&rdquo;. Ella nunca sucede como tal porque cuando le toca ser ella misma, la sociedad le impone tantas reglas que la coloca en una posici&oacute;n en la cual ella solo se limita a tomar decisiones. En <em>Ceniza en la boca</em> me refiero a esto de una forma m&aacute;s clara: la narradora es una chiquilla que por sus circunstancias ha tenido que ser madre [de su hermano], ha tenido que buscar c&oacute;mo sobrevivir en este mundo, sin saber muy bien qu&eacute; quiere. A las mujeres, en realidad, nos educan para no saber qu&eacute; queremos, y lo descubrimos cuando tenemos treinta a&ntilde;os, m&aacute;s o menos. All&iacute; perdimos una d&eacute;cada que los hombres nos llevan de ventaja. En <em>Ceniza en la boca</em> me refiero al desarraigo porque creo que la humanidad ahora mismo se siente desarraigada&rdquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 13 Mar 2023 10:50:56 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Manuel Chaves Nogales en la encrucijada]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/manuel-chaves-nogales-en-la-encrucijada/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas23/MANUEL_CHAVES_NOGALES_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>El primer tercio del siglo XX constituye, como es sabido, un periodo esencial en la historia de la cultura espa&ntilde;ola. Durante ese espacio de tiempo tuvo lugar, aunque en menor medida que en el resto de Europa, la crisis cualitativa de la mentalidad burguesa y, al mismo tiempo, el aumento cuantitativo de la misma debido al ascenso de las masas, que se incorporan a la nueva sociedad de consumo. Esa coyuntura hist&oacute;rica, cuyos cambios distan mucho de haber concluido, supuso el cuestionamiento de las estructuras sociales vigentes y de las formas de mentalidad inscritas en ellas. Los hombres y las mujeres de profesiones intelectuales cumplieron una funci&oacute;n social relevante, incrementada de manera progresiva desde las postrimer&iacute;as del siglo XIX, obligados a afrontar las antinomias que definen la &eacute;poca; vale decir, la crisis de la burgues&iacute;a frente a la emergencia del proletariado, el proceso de secularizaci&oacute;n frente a la sacralizaci&oacute;n del mundo, el retroceso de la cultura letrada frente a la civilizaci&oacute;n cient&iacute;fico-t&eacute;cnica. No obstante lo cual, esa irrenunciable actividad social adquiere manifestaciones divergentes (conformistas o disconformes) y, por ende, suscita actitudes bien distintas (reaccionarias o progresistas) y hasta diametralmente opuestas (comunistas o fascistas).</p>
<p>Escritor y periodista postergado hasta hace poco tiempo, Manuel Chaves Nogales supo afrontar la encrucijada de entreguerras con una actitud, una lucidez y una coherencia dignas del mayor elogio, que muy pocos de sus coet&aacute;neos, los escritores de la llamada Edad de Plata de la cultura espa&ntilde;ola, consiguieron superar. En el pr&oacute;logo al libro de relatos sobre la guerra civil <em>A sangre y fuego</em>, escribe: &ldquo;Yo era eso que los soci&oacute;logos llaman un &ldquo;peque&ntilde;oburgu&eacute;s liberal&rdquo;, ciudadano de una rep&uacute;blica democr&aacute;tica y parlamentaria&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftn1">[1]</a>. Y su actitud no deja lugar a dudas: &ldquo;Trabajador intelectual al servicio de la industria regida por una burgues&iacute;a capitalista heredera de la aristocracia terrateniente, que en mi pa&iacute;s hab&iacute;a monopolizado tradicionalmente los medios de producci&oacute;n y de cambio &mdash;como dicen los marxistas&mdash; ganaba mi pan y mi libertad con una relativa holgura confeccionando peri&oacute;dicos y escribiendo art&iacute;culos, reportajes, biograf&iacute;as, cuentos y novelas, con los que me hac&iacute;a la ilusi&oacute;n de avivar el esp&iacute;ritu de mis compatriotas y suscitar en ellos el inter&eacute;s por los grandes temas de nuestro tiempo&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftn2">[2]</a>. De ah&iacute; que la originalidad vital y literaria del escritor sevillano pueda definirse, en primer lugar, por su destacada contribuci&oacute;n al desarrollo del periodismo de masas y, finalmente, por su posici&oacute;n ante la rebeld&iacute;a vanguardista, frente a la revoluci&oacute;n comunista y contra la reacci&oacute;n fascista subsecuente, como intento se&ntilde;alar en esta breve semblanza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>A&ntilde;os de formaci&oacute;n: de Sevilla a Madrid</strong></p>
<p><strong></strong>Manuel Chaves Nogales naci&oacute; en Sevilla el 7 de agosto de 1897, en el seno de una familia hispalense de clase media acomodada. Siguiendo la tradici&oacute;n familiar, se decant&oacute; desde muy joven por el periodismo. Su abuelo paterno, Jos&eacute; Mar&iacute;a Chaves Ortiz, fue un conocido pintor de temas taurinos, al que se debe el primer cartel ilustrado de la Feria de Sevilla. Su padre, Manuel Chaves Rey, fue colaborador de diferentes peri&oacute;dicos sevillanos, miembro de la Real Academia de Buenas Letras de Sevilla, adem&aacute;s de cronista oficial de la ciudad. Su madre, Pilar Nogales, realiz&oacute; estudios de m&uacute;sica y fue concertista de piano; y su t&iacute;o, Jos&eacute; Nogales, fue director de <em>El Liberal,</em> uno de los principales diarios sevillanos del primer tercio del siglo XX. A los catorce a&ntilde;os, el joven Manuel comenz&oacute; a colaborar en <em>El Liberal</em>, donde su padre ejerc&iacute;a por entonces de redactor jefe. Tras el fallecimiento del padre en 1914, simultane&oacute; los estudios de Filosof&iacute;a y Letras con escarceos juveniles en el periodismo. Desde 1918 hasta 1921, trabaj&oacute; como redactor y colaborador en <em>El Noticiero Sevillano</em>, diario independiente de tendencia mon&aacute;rquica, y <em>La Noche</em>. Y en 1920 public&oacute; el art&iacute;culo narrativo &ldquo;La Ciudad&rdquo;, dentro del libro colectivo <em>Quien no vi&oacute; a Sevilla</em>&hellip;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftn3">[3]</a>, en un momento en que la ciudad hispalense experimenta un desarrollo urban&iacute;stico e intelectual de repercusi&oacute;n nacional.</p>
<p>El joven Chaves Nogales naci&oacute; al periodismo por las mismas fechas que a la literatura; sus colaboraciones con <em>El Liberal</em> de Sevilla, <em>El Noticiero Sevillano</em> y <em>La Noche</em> coincidieron con la composici&oacute;n de sus primeros libros, <em>La ciudad</em> (Sevilla, Talleres de <em>La Voz</em>, 1921) y <em>Narraciones maravillosas y biograf&iacute;as ejemplares de algunos grandes hombres humildes y desconocidos</em> (Madrid, Caro Raggio, 1924). Conviene recordar que, durante las primeras d&eacute;cadas del siglo, el viejo periodismo personalista e ideol&oacute;gico del ochocientos da lugar al nuevo periodismo de masas, de modo y manera que las relaciones entre el escritor y el periodismo se estrechan; mientras que el peri&oacute;dico ofrece al escritor un medio de comunicaci&oacute;n m&aacute;s fluido que el libro y un modo de ganarse el sustento, el escritor contribuye a la empresa con su ingenio creador y su sagacidad cr&iacute;tica. Tanto es as&iacute; que algunos escritores de entreguerras, entre los que cabe destacar a Rafael Cansinos Assens, Corpus Barga, C&eacute;sar Gonz&aacute;lez-Ruano o el mismo Manuel Chaves Nogales, contribuyeron a renovar el g&eacute;nero de la &ldquo;no ficci&oacute;n&rdquo; en un sentido doble: por una parte, flexibilizando los l&iacute;mites entre la literatura <em>ficticia</em> (poes&iacute;a, narrativa, teatro) y la literatura <em>facticia</em> (testimonial y documental); y por otra, transgrediendo los l&iacute;mites entre la escritura testimonial o literaria (memorias, diarios, ep&iacute;stolas) y la escritura documental o period&iacute;stica (noticias, cr&oacute;nicas, reportajes).</p>
<p>La d&eacute;cada de 1920 fue un periodo crucial en la historia de Occidente: una verdadera encrucijada de transformaciones sociales, ideol&oacute;gicas y culturales. La propagaci&oacute;n de la t&eacute;cnica en la vida cotidiana supuso, al fin, un cambio profundo en las mentalidades. A principios de 1920, Chaves Nogales contrajo matrimonio con Ana P&eacute;rez y se traslad&oacute; a C&oacute;rdoba, donde presenci&oacute; la aparici&oacute;n del peri&oacute;dico <em>La Voz</em>, dirigido por Ramiro Ros&eacute;s, en el que llega a oficiar de redactor jefe. Su estad&iacute;a en la capital andaluza coincidi&oacute; con frecuentes viajes a Madrid, donde empez&oacute; a publicar en el diario <em>El Sol</em>. En julio de ese a&ntilde;o, su citado libro <em>La ciudad</em> consigui&oacute; una subvenci&oacute;n del Ayuntamiento de Sevilla, y un a&ntilde;o m&aacute;s tarde aparece bajo el sello de los Talleres de <em>La Voz</em>. El libro fue rese&ntilde;ado en varios medios provinciales (<em>La Voz</em>, <em>El Noticiero Sevillano</em>) y en las p&aacute;ginas de la revista <em>Espa&ntilde;a</em>, una de las publicaciones peri&oacute;dicas m&aacute;s acreditada de la &eacute;poca. La recensi&oacute;n de la obra, firmada por A(ntonio) E(spina), comienza en estos t&eacute;rminos: &ldquo;Un panorama complejo de episodios y reflexiones desarrollado a manera de cr&oacute;nica, en que se estudia una vieja ciudad espa&ntilde;ola: Sevilla&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftn4">[4]</a>. Y el verano de 1923 aparecieron dos de sus cuentos, &ldquo;Los caminos del mundo&rdquo; y &ldquo;La gran burla&rdquo;, que luego pasar&iacute;a a llamarse &ldquo;El bromazo&rdquo;, en la secci&oacute;n &ldquo;El cuento de hoy&rdquo; de <em>La Voz</em>, cuyo marbete volver&iacute;a a aparecer m&aacute;s adelante en el<em> Heraldo de Madrid</em>.</p>
<p>Entre tanto, se traslada con su esposa Ana P&eacute;rez a Madrid, donde naci&oacute; su primera hija y comenz&oacute; a introducirse en los c&iacute;rculos period&iacute;sticos y literarios de la capital. Aqu&iacute; le sorprendi&oacute; la Dictadura de Primo de Rivera, proclamada el 23 de septiembre de 1923, y en este segundo momento biogr&aacute;fico y laboral, en esta nueva &ldquo;etapa madrile&ntilde;a&rdquo;, desarroll&oacute; una intensa y fruct&iacute;fera labor profesional hasta que los avatares de la guerra civil le obligaran a autoexiliarse. Poco despu&eacute;s, en 1924, arrib&oacute; a la redacci&oacute;n del <em>Heraldo de Madrid</em>, en cuyas p&aacute;ginas aparecer&iacute;a buena parte de su producci&oacute;n period&iacute;stica. Los primeros art&iacute;culos, lastrados por los rigores de la censura, mostraban ya un sello personal, caracterizado por la diversidad tem&aacute;tica, el respeto a la informaci&oacute;n, la amenidad expositiva y la visi&oacute;n cr&iacute;tica. Entre los temas abordados se cuentan: la confecci&oacute;n de diccionarios, los fraudes editoriales, el viejo cementerio de Madrid, la creaci&oacute;n del Colegio Mayor Hispanoamericano de Sevilla, la precariedad de las clases humildes, los modos de hacer novelas, etc. Al tiempo que se afianzaba como periodista, publica una novela corta titulada <em>La &Oacute;rbita</em> (Sevilla, Casa Vel&aacute;zquez, colecci&oacute;n &ldquo;La novela del d&iacute;a&rdquo;, mayo de 1924) y concluye el libro de relatos en que ven&iacute;a laborando desde su etapa sevillana: <em>Narraciones maravillosas y biograf&iacute;as ejemplares de algunos grandes hombres humildes y desconocidos</em> (Madrid, Caro Raggio, diciembre de 1924).</p>
<p>Los primeros a&ntilde;os de estancia de Chaves Nogales en Madrid coincidieron con la irrupci&oacute;n de las vanguardias art&iacute;sticas y literarias en Espa&ntilde;a. Bien es cierto que, desde 1908 hasta 1918, se hab&iacute;an producido las primeras manifestaciones vanguardistas, protagonizadas principalmente por Ram&oacute;n G&oacute;mez de la Serna, quien public&oacute; su ensayo-manifiesto <em>El concepto de la nueva literatura </em>en la temprana fecha de 1909. Pero hubo que esperar hasta la llegada de Vicente Huidobro, portavoz de las vanguardias parisienses y adalid del creacionismo para que, en los ambientes literarios de Espa&ntilde;a, se encendiese el fuego de las vanguardias, alimentado por un grupo de j&oacute;venes creadores en el que se contaban, entre otros, Rafael Cansinos Assens, Guillermo de Torre, Adriano del Valle, Xavier B&oacute;veda y el joven argentino Jorge Luis Borges. Desde la llegada de Huidobro a Madrid, hasta los primeros ecos del surrealismo, se proclamaron y desarrollaron numerosos movimientos literarios, entre los que cabe destacar el creacionismo, el ultra&iacute;smo, el purismo, la deshumanizaci&oacute;n del arte, <em>et tutti quanti</em>. Hasta que, en 1925, tras la aparici&oacute;n del <em>Primer manifiesto del surrealismo</em> en la <em>Revista de Occidente</em>, la &ldquo;Exposici&oacute;n de artistas ib&eacute;ricos&rdquo; en Madrid, con su importante manifiesto vanguardista, la publicaci&oacute;n de <em>Literaturas europeas de vanguardia</em> de Guillermo de Torre, y <em>La deshumanizaci&oacute;n del arte</em> de Ortega y Gasset, comenz&oacute; a cundir la necesidad de un regreso al orden y, consecuentemente, un abandono de la literatura ensimismada.</p>
<p>Ahora bien, el hecho de ser un periodista doblado de escritor, con una declarada fidelidad al periodismo informativo, pudo evitar que Chaves Nogales acabara seducido por los cantos de sirena vanguardistas, como les sucedi&oacute; a muchos de sus coet&aacute;neos. Aunque coincidi&oacute; con algunos de los poetas, narradores y artistas de vanguardia que pululaban por las principales tertulias y publicaciones de la &eacute;poca, no renunci&oacute; en ning&uacute;n momento a la funci&oacute;n social del arte, que supo encauzar en los medios de comunicaci&oacute;n de masas bajo la forma de art&iacute;culos, cr&oacute;nicas, reportajes y entrevistas. Fue capaz de calificar a Ram&oacute;n G&oacute;mez de la Serna de &ldquo;perseverante tallista de la emoci&oacute;n&rdquo; o de contradecir abiertamente las ideas sobre la novela de Ortega y Gasset. En el art&iacute;culo &ldquo;C&oacute;mo se hacen las novelas&rdquo;, uno de los primeros que public&oacute; en el <em>Heraldo de Madrid</em>, se pronuncia abiertamente contra Ortega y sus ac&oacute;litos, los futuros narradores de la colecci&oacute;n <em>Nova novorum, </em>que aparecer&iacute;a poco despu&eacute;s bajo el sello de la se&ntilde;era <em>Revista de Occidente</em>, al tiempo que se decanta por P&iacute;o Baroja, cuyo trato prolongar&iacute;a durante a&ntilde;os, y su t&eacute;cnica novel&iacute;stica. Su visi&oacute;n cr&iacute;tica de la realidad y su concepci&oacute;n social del arte le abocaban a tomar una postura clara ante los hechos, pues la actitud complaciente o evasiva es &ldquo;demostraci&oacute;n terminante de inmoralidad y perversi&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La consolidaci&oacute;n del periodista y del escritor</strong></p>
<p>A comienzos de 1926, un suceso extraordinario acapar&oacute; las portadas de los principales peri&oacute;dicos nacionales: regresa a Huelva el hidroavi&oacute;n de la Aeron&aacute;utica Militar espa&ntilde;ola <em>Plus Ultra</em>, tras realizar por primera vez un vuelo entre Europa y Am&eacute;rica. Chaves Nogales se encarg&oacute; de cubrir la noticia para el <em>Heraldo de Madrid</em>, en un periplo informativo que le llev&oacute; por tierras de Huelva y Sevilla. Este trabajo produjo un cambio determinante en la actuaci&oacute;n profesional del periodista, en opini&oacute;n de Mar&iacute;a Isabel Cintas: &ldquo;Por una parte, se inici&oacute; su inter&eacute;s por el avi&oacute;n como medio de desplazamiento en los tiempos modernos, que tanta importancia para su actividad tendr&iacute;a en el futuro. Por otro lado, abandon&oacute; la redacci&oacute;n y fue tras la noticia&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftn5">[5]</a>. Meses m&aacute;s tarde tiene lugar otro hecho importante en su vida. En julio de 1927, siguiendo la tradici&oacute;n paterna, Chaves Nogales ingres&oacute; en la masoner&iacute;a, con Vicente S&aacute;nchez Oca&ntilde;a, compa&ntilde;ero en las tareas period&iacute;sticas, en la logia Dant&oacute;n de Madrid, con el seud&oacute;nimo de <em>Larra</em>. Como tantos otros artistas, intelectuales y trabajadores de la &eacute;poca, vio en la forma de entender la vida que la masoner&iacute;a representaba, basada en los principios ilustrados de <em>libertad</em>, <em>igualdad</em> y <em>fraternidad</em>, una respuesta a la crisis de la conciencia burguesa, una salida a la estructura social vigente y las formas de mentalidad que genera.</p>
<p>El inter&eacute;s de Chaves Nogales por las traves&iacute;as aeron&aacute;uticas, epifen&oacute;meno del fuerte impacto que conoci&oacute; el desarrollo tecnol&oacute;gico durante los felices a&ntilde;os veinte, pronto se vio recompensado de nuevo. El 25 de octubre de 1927 llegaba Ruth Elder a Lisboa, c&eacute;lebre aviadora norteamericana que estuvo a punto de perecer en la traves&iacute;a del oc&eacute;ano Atl&aacute;ntico. El periodista sevillano alquil&oacute; un avi&oacute;n para desplazarse a la capital portuguesa y, durante varias jornadas, inform&oacute; del nuevo suceso aeron&aacute;utico a trav&eacute;s de cr&oacute;nicas trasmitidas desde el avi&oacute;n: &ldquo;La emocionante partida de un hidroavi&oacute;n que va a cruzar el Atl&aacute;ntico&rdquo;, &ldquo;C&oacute;mo es Ruth Elder&rdquo;, &ldquo;El paso de Ruth Elder por Portugal y Espa&ntilde;a&rdquo;, &ldquo;C&oacute;mo se inventa un gran suceso. Ruth Elder, creaci&oacute;n de un periodista&rdquo;. Esa serie de cr&oacute;nicas viajeras, en las que el autor consolida sus dotes de reportero <em>au plein air</em>, le reportaron una enorme popularidad, reconocida finalmente con el premio Mariano de Cavia, que los directores de cuatro peri&oacute;dicos, <em>El Liberal</em>, <em>Heraldo de Madrid</em>, <em>El So</em>l e <em>Informaciones,</em> acordaron concederle el 10 de mayo de 1928. La popularidad, el reconocimiento y los homenajes no se hicieron esperar. Como era previsible, tampoco faltaron voces discrepantes que, con raz&oacute;n o sin ella, relacionaron la concesi&oacute;n del importante premio con la pertenencia del galardonado a la Francmasoner&iacute;a.</p>
<p>Al tiempo que declinaban los movimientos art&iacute;sticos y literarios de vanguardia, de lo que queda constancia en las dos revistas principales de la &eacute;poca, <em>Revista de Occidente</em> y <em>La Gaceta Literaria</em>, daba sus primeros pasos la literatura social de avanzada, liderada por los nuevos narradores de la &ldquo;otra generaci&oacute;n del 27&rdquo; (la expresi&oacute;n es de V&iacute;ctor Fuentes), unidos en torno a las revistas <em>Post-Guerra</em> y <em>Nueva Espa&ntilde;a;</em> ambas publicaciones contaban con una l&iacute;nea editorial de izquierdas y defend&iacute;an ideas socialistas y republicanas<em>.</em> En el a&ntilde;o 1926, la <em>Revista de Occidente</em> echaba a andar su colecci&oacute;n <em>Nova novorum</em>, en la que vieron la luz novelas l&iacute;rico-intelectuales de Pedro Salinas, Benjam&iacute;n Jarn&eacute;s, Antonio Espina y Valent&iacute;n Andr&eacute;s &Aacute;lvarez. Ese mismo a&ntilde;o se publica la primera novela social, <em>La duquesa de Nit</em>, de Joaqu&iacute;n Ardedr&iacute;us, a la que seguir&iacute;an el resto de &ldquo;libros de avanzada&rdquo; (el rubro es de Jos&eacute; D&iacute;az Fern&aacute;ndez): <em>La espuela</em> (1927) del mismo Joaqu&iacute;n Arder&iacute;us, <em>Espa&ntilde;a 1930</em> (1927) de Gabriel Garc&iacute;a Maroto, <em>El Blocao</em> (1928) de Jos&eacute; D&iacute;az Fern&aacute;ndez, <em>Los pr&iacute;ncipes iguales</em> (1928) de Joaqu&iacute;n Arder&iacute;us, <em>La venus mec&aacute;nica</em> (1929) de Jos&eacute; D&iacute;az Fern&aacute;ndez, <em>El comedor de la pensi&oacute;n Venecia</em> (1930) de Joaqu&iacute;n Arder&iacute;us, <em>Im&aacute;n</em> (1930) de Ram&oacute;n J. Sender, etc. A diferencia de los narradores de orientaci&oacute;n vanguardista, estos narradores se reclaman partidarios de la narrativa antibelicista europea y de la novela revolucionaria rusa.</p>
<p>Durante estos cinco a&ntilde;os, Chaves Nogales coincidi&oacute; con buena parte de ellos, compa&ntilde;eros de letras y de generaci&oacute;n sojuzgados por la censura previa de la dictadura de Primo de Rivera, en tertulias, peri&oacute;dicos y revista de la &eacute;poca, particularmente en el afamado caf&eacute; de Fornos, en el diario <em>Heraldo de Madrid</em> y en <em>La Gaceta Literaria</em>. El 15 de marzo de 1928, esta &uacute;ltima revista<em> </em>public&oacute; una interesante intervi&uacute;, a la que respondieron escritores de ideolog&iacute;as diferentes e incluso contrapuestas, a prop&oacute;sito de las relaciones promiscuas entre pol&iacute;tica y literatura, y en la que Chaves Nogales dej&oacute; clara su postura al respecto: &ldquo;As&iacute; como no profeso ninguna religi&oacute;n positiva, no pertenezco a ning&uacute;n partido pol&iacute;tico. Si tuviese un temperamento heroico, creo que ser&iacute;a comunista; no lo soy porque me falta ese &iacute;mpetu nazarenoide que hoy se necesita para ser comunista militante. Cumplo, sin embargo, con mi d&eacute;bito esparciendo en cuanto escribo ese difuso sentimiento comunista que me anima&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftn6">[6]</a>. Y a ra&iacute;z de obtener el afamado premio Mariano de Cavia en 1928, public&oacute; en la verista gr&aacute;fica <em>Estampa</em> un art&iacute;culo acerca de las relaciones entre el periodismo y la literatura, reivindicando el trabajo eminentemente objetivo del periodista frente a la labor imaginativa de la literatura de ficci&oacute;n. &ldquo;He hecho una obra de periodista &mdash;constata&mdash;. Los literatos a la novela o al teatro. Cada uno en su &aacute;mbito. El periodista ha de trabajar en la redacci&oacute;n y en la calle&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftn7">[7]</a>.</p>
<p>El a&ntilde;o 1930 fue una fecha clave en la encrucijada hist&oacute;rica de entreguerras y, consecuentemente, en la trayectoria personal y literaria de Manuel Chaves Nogales. El 28 de enero cay&oacute; la dictadura del general Primo de Rivera. A aquellas alturas del siglo, las vanguardias art&iacute;sticas y literarias hab&iacute;an experimentado un regreso al orden, cuando no un avance hacia el compromiso pol&iacute;tico y social. Los intelectuales&nbsp; reaccionaron contra el menosprecio de que eran objeto por parte de las clases dominantes, conjurando el miedo a la nueva clase emergente, el proletariado revolucionario, y, en el caso de los escritores de avanzada, se ponen de su lado. Desde el cargo de director de <em>Heraldo de Madrid</em>, el periodista sevillano salud&oacute; la ca&iacute;da de la Dictadura, vale decir,&nbsp; &ldquo;seis a&ntilde;os, cuatro meses y trece d&iacute;as sin garant&iacute;as constitucionales&rdquo;. Vuelve a recorrer Europa y pasa el verano en Par&iacute;s como corresponsal del <em>Heraldo</em>, recopilando materiales sobre la revoluci&oacute;n sovi&eacute;tica. A comienzos del segundo semestre fue requerido por Luis Montiel para&nbsp; preparar la salida de un nuevo peri&oacute;dico: un diario moderno, veraz e imparcial, dotado ahora con los mejores adelantos t&eacute;cnicos. Y el 16 de diciembre de 1930, vio la luz p&uacute;blica el diario <em>Ahora</em>, al que nuestro periodista dedicar&iacute;a, como subdirector, todas sus capacidades desde ese momento y durante el sexenio siguiente.</p>
<p>Durante los primeros a&ntilde;os treinta, Chaves Nogales desarroll&oacute; una intensa y fruct&iacute;fera labor periodista. Pilot&oacute; el semanario gr&aacute;fico <em>Estampa </em>y, desde diciembre de 1930, desempe&ntilde;&oacute; el cargo de subdirector del diario <em>Ahora</em>, modernizando las publicaciones y enriqueciendo sus contenidos, conforme al mejor periodismo que se hac&iacute;a fuera de Espa&ntilde;a. Aprovechando las experiencias de su estancia en Par&iacute;s, public&oacute; por entregas en el primero sus cr&oacute;nicas del viaje en avi&oacute;n por Europa, que aparecer&iacute;a posteriormente bajo el t&iacute;tulo <em>La vuelta a Europa en avi&oacute;n </em>&nbsp;(Madrid, Mundo Latino C.I.A.P., 1929) y la historia del maestro de flamenco Juan Mart&iacute;nez y su mujer Sole, que correr&iacute;a la misma suerte bajo el t&iacute;tulo <em>El maestro Juan Mart&iacute;nez, que estaba all&iacute;</em> (Madrid, Estampa, 1934). Y, ya entre el 29 de junio y el 14 de diciembre de 1934, sus cr&oacute;nicas sobre el torero Juan Belmonte que, agrupadas en libro, dieron lugar a su celebrada biograf&iacute;a <em>Juan Belmonte, matador de toros</em> (Madrid, Estampa, 1935). Al mismo tiempo, y como alma mater del diario <em>Ahora</em>, dej&oacute; en este peri&oacute;dico lo mejor de su producci&oacute;n: entrevistas con los principales pol&iacute;ticos espa&ntilde;oles, reportajes sobre la Alemania nazi, art&iacute;culos sobre la intervenci&oacute;n de Espa&ntilde;a en Ifni o reportajes sobre la revoluci&oacute;n de octubre en Asturias. Una labor que quedar&iacute;a truncada el 17 de julio de1936, a ra&iacute;z del estallido de la guerra.</p>
<p>Con el ruido y la furia de las armas, las facultades humanas invierten su orden, y la acci&oacute;n ocupa el lugar preferente, por encima de los sentimientos y los pensamientos, que acaban por oxidarse: <em>inter arma silent musae. </em>El exilio continuado y finalmente masivo de masones, jud&iacute;os y comunistas iba a dejar el campo period&iacute;stico y literario expedito para el medro de los escritores falangistas: Rafael S&aacute;nchez-Mazas, V&iacute;ctor de la Serna, C&eacute;sar Gonz&aacute;lez-Ruano, Eugenio Montes, Ernesto Gim&eacute;nez Caballero y Agust&iacute;n de Fox&aacute;, entre otros. Esta generaci&oacute;n de escritores, a la que Francisco Umbral llam&oacute; &ldquo;los prosistas de la Falange&rdquo; y relat&oacute; con su estilo pop y su cinismo posmoderno en <em>La leyenda del C&eacute;sar Visionario</em>, no es otra que la generaci&oacute;n del 27 puesta en prosa, a la que pronto se sumar&iacute;an los escritores de la generaci&oacute;n del 36: Rafael Garc&iacute;a Serrano, Torrente Ballester, &Aacute;lvaro Cunqueiro, y Pedro de Lorenzo, principalmente. Quien m&aacute;s, quien menos, todos reconoc&iacute;an el magisterio de Ortega y Gasset, de Eugenio d&rsquo;Ors y, en menor medida, de Ramiro de Maeztu; as&iacute; mismo, unos se reclamaban seguidores de Jos&eacute; Antonio Primo de Rivera, mientras que otros segu&iacute;an con devoci&oacute;n a Ramiro Ledesma Ramos. Aunque, por lo general, comenzaron sus respectivas carreras literarias en los movimientos de vanguardia, impulsados por la rebeld&iacute;a caracter&iacute;stica de la juventud frente a las estructuras arcaicas del &ldquo;orden establecido&rdquo;, representaron la vuelta al orden, cuando no el retorno a los preceptos arcaizantes de las sociedades rurales.</p>
<p>C&eacute;sar Gonz&aacute;lez-Ruano, coet&aacute;neo y colega de Chaves Nogales desde los primeros a&ntilde;os veinte, lleg&oacute; a decir que el art&iacute;culo y la cr&oacute;nica fueron &ldquo;el aut&eacute;ntico g&eacute;nero literario propicio y caracter&iacute;stico de nuestra generaci&oacute;n&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftn8">[8]</a>. Si estaba en lo cierto, y eso parece, &eacute;l mismo fue el primer articulista de su promoci&oacute;n, al tiempo que Chaves Nogales lleg&oacute; a ser el reportero m&aacute;s representativo de la misma. Coincidiendo con la irrupci&oacute;n de los prosistas de la Falange en los medios, el sevillano escribi&oacute; y public&oacute; los grandes reportajes a los que hemos hecho referencia m&aacute;s arriba. Ahora bien, la fidelidad de Chaves Nogales a su ideario liberal, un liberalismo eminentemente human&iacute;stico, de ascendencia ilustrada, y su defensa de un periodismo objetivo, le salvaron de caer en la deriva fascista, como antes le hab&iacute;an preservado de la deriva comunista, proclives al totalitarismo, a las cuales se opuso con similar empe&ntilde;o. En el pr&oacute;logo a los espeluznantes relatos de <em>A sangre y fuego</em>, esa declaraci&oacute;n de principios inolvidable, escribe: &ldquo;Antifascista y antirrevolucionario por temperamento, me negaba sistem&aacute;ticamente a creer en la virtud salut&iacute;fera de las grandes conmociones y aguardaba trabajando, confiado en el curso fatal de las leyes de la evoluci&oacute;n. Todo revolucionario, con el debido respeto, me ha parecido siempre algo tan pernicioso como cualquier reaccionario&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftn9">[9]</a>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Y al fin: la errancia sin sosiego</strong></p>
<p>El levantamiento militar del 18 de julio sorprendi&oacute; a Chaves Nogales en Londres, donde se hallaba en misi&oacute;n period&iacute;stica, de modo que hubo de regresar a Madrid precipitadamente. A la semana de su vuelta, un Consejo Obrero, formado por delegados de los talleres, se incaut&oacute; del diario <em>Ahora</em>, y el sevillano ocup&oacute; la direcci&oacute;n del mismo. &ldquo;Me convert&iacute; en el <em>camarada</em> director &mdash;escribe en el pr&oacute;logo de <em>A sangre y fuego</em>&mdash;y puedo decir que durante los meses de guerra que estuve en Madrid, al frente de un peri&oacute;dico gubernamental que lleg&oacute; a alcanzar la m&aacute;xima tirada de la Prensa republicana, nadie me molest&oacute; por mi falta de esp&iacute;ritu, ni por mi condici&oacute;n de <em>peque&ntilde;o burgu&eacute;s liberal</em> de la que no renegu&eacute; jam&aacute;s&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftn10">[10]</a>. Comoquiera que sea, las presiones de los bandos en liza le resultaban insoportables; de modo y manera que, el 13 de noviembre, renunci&oacute; a la direcci&oacute;n del peri&oacute;dico. &ldquo;Me consta por confidencias fidedignas que, a&uacute;n antes de que comenzase la guerra civil, un grupo fascista de Madrid hab&iacute;a tomado el acuerdo, perfectamente reglamentario, de proceder a mi asesinato como una de las medidas preventivas que hab&iacute;a que adoptar contra el posible triunfo de la revoluci&oacute;n social, sin perjuicio de que los revolucionarios, anarquistas y comunistas, considerasen por su parte que yo era perfectamente fusilable&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftn11">[11]</a>, relata en el pr&oacute;logo mencionado.</p>
<p>Cuando tuvo la certeza de que nada pod&iacute;a hacerse ya, salvo contribuir al desarrollo de la guerra, abandon&oacute; su puesto en la lucha y opt&oacute; por la expatriaci&oacute;n. Tras pasar por Barcelona, en compa&ntilde;&iacute;a de una masa informe de pobres gentes, arrastrada por el ventarr&oacute;n de la guerra, se instal&oacute; con su mujer y sus hijos en el barrio parisino de Montrouge. All&iacute; comparti&oacute; su desventura con una legi&oacute;n de desarraigados, entre popes rusos, jud&iacute;os alemanes, revolucionarios italianos y espa&ntilde;oles, esforz&aacute;ndose en mantener contra viento y marea una ciudadan&iacute;a espa&ntilde;ola meramente espiritual. Y all&iacute; continu&oacute; trabajando como periodista, colaborando con la agencia Cooperation Press Service, a trav&eacute;s de la cual pudo mandar art&iacute;culos a numerosos peri&oacute;dicos hispanoamericanos y europeos: <em>El Tiempo</em> (Bogot&aacute;), <em>El Nacional</em> (M&eacute;xico), <em>La Naci&oacute;n</em> (Buenos Aires), <em>Le Soir</em> (Par&iacute;s), <em>Le Soir</em> (Bruselas), <em>La D&eacute;pech&ecirc;</em> (Toulouse) y <em>New York Herald Tribune</em>. Con la ayuda de su familia y sus amigos m&aacute;s cercanos, organiz&oacute; una publicaci&oacute;n artesanal, <em>Sprint</em>, dirigida fundamentalmente a los exiliados espa&ntilde;oles que llegaban a Francia. Una vez asumida y normalizada su situaci&oacute;n de expatriado, colabor&oacute; en <em>L&rsquo;Europe Nouvelle</em> y, bajo seud&oacute;nimo, en la revista <em>Candide</em>; tambi&eacute;n fue corresponsal de la agencia Havas, con cuyo director Emery Reeves hab&iacute;a entablado una estrecha amistad, que distribu&iacute;a materiales a los peri&oacute;dicos m&aacute;s representativos de Am&eacute;rica Latina.</p>
<p>Durante el tiempo que le dejaba libre su labor period&iacute;stica, fue recuperando el gusto por su viejo oficio de narrador. Recogi&oacute; sus relatos de la guerra en el volumen titulado <em>A sangre y fuego. H&eacute;roes, bestias y m&aacute;rtires de Espa&ntilde;a</em>&nbsp; (Santiago de Chile: Ercilla, 1937); el libro, traducido al ingl&eacute;s por Luis de Baeza, fue publicado en New York bajo el t&iacute;tulo <em>Heroes and Beasts of Spain</em> ese mismo a&ntilde;o y reeditado en Londres el&nbsp; a&ntilde;o siguiente como <em>And in the Distance a Light&hellip;?</em> En su citado pr&oacute;logo, constata: &ldquo;Espa&ntilde;a y la guerra, tan pr&oacute;ximas, tan actuales, tan en carne viva, tienen para m&iacute; desde este rinc&oacute;n de Par&iacute;s el sentido de una pura evocaci&oacute;n. Cuento lo que he visto y lo que he vivido m&aacute;s fielmente de lo que yo quisiera&rdquo;. Y concluye: &ldquo;A veces los personajes que intento manejar a mi albedr&iacute;o, a fuerza de estar vivos, se alzan contra m&iacute; y, arrojando la m&aacute;scara literaria que yo intento colocarles, se me van de entre las manos, diciendo y haciendo lo que yo, por pudor, no quer&iacute;a que hiciesen ni dijesen&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftn12">[12]</a>.<em> </em>Su c&eacute;lebre biograf&iacute;a <em>Juan Belmonte, matador de toros</em>, editado por Leslie Charteris, apareci&oacute; simult&aacute;neamente en Londres (Heinemann) y New York (Book Leage of America) en 1937, lo que contribuir&iacute;a a hacerle m&aacute;s llevadera la vida familiar en Francia. Pero corr&iacute;an tiempos convulsos, y su estancia en la capital francesa ten&iacute;a los d&iacute;as contados.</p>
<p>Era la segunda patria que Chaves Nogales estaba a punto de perder, al igual que los miles y miles de hombres de toda Europa que hab&iacute;an acudido a Francia en los &uacute;ltimos tiempos arrastrados por el mito de la libertad, que buscaban en ella amparo contra la nueva barbarie que se adue&ntilde;aba de Europa. En el pr&oacute;logo a <em>La agon&iacute;a de Francia</em>, otro de los escritos esenciales del autor, precisa: &ldquo;Yo he visto y he sentido hondamente la amarga decepci&oacute;n de esos cientos de miles de hombres que, perdida su patria por la expansi&oacute;n triunfante de la barbarie totalitaria, llegaban a Francia creyendo encontrar en ella el baluarte de la democracia y de la civilizaci&oacute;n y se encontraban con un nazismo vergonzante, larvado, con el cad&aacute;ver maquillado de una Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica en cuyas entra&ntilde;as podridas germinaba la gusanera del totalitarismo&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftn13">[13]</a>. El mito de Par&iacute;s, del liberalismo democr&aacute;tico y de los Derechos del Hombre, estaba a punto de perecer, como ya lo hab&iacute;a hecho el mito de Mosc&uacute;, de la revoluci&oacute;n bolchevique y del comunismo igualitario. Pero Chaves Nogales no se resigna: &ldquo;Era s&oacute;lo una nueva etapa dolorosa de una lucha que no tiene patrias ni fronteras porque no es sino la lucha de la barbarie contra la civilizaci&oacute;n, de las fuerzas de destrucci&oacute;n contra el esp&iacute;ritu constructivo y el instinto de conservaci&oacute;n de la humanidad, de la mentira contra la verdad&hellip;&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftn14">[14]</a></p>
<p>La lealtad a su verdad &iacute;ntima, vale decir, el rechazo de la estupidez y la crueldad que de ella se deriva, le aboc&oacute; a una errancia sin sosiego. En 1940, las tropas alemanas penetraron en Francia e invadieron Par&iacute;s. La esposa y los tres hijos de Chaves Nogales se vieron obligados a abandonar la capital francesa, para dar con sus vidas&nbsp; en un campo de refugiados cercano a Ir&uacute;n, donde naci&oacute; la cuarta hija del matrimonio; desde all&iacute; volvieron a Sevilla, bajo la custodia de Jos&eacute; Chaves, hermano de Manuel, al tiempo que &eacute;ste se traslada a Londres, merced a la ayuda de Emery Revesz, el director de la agencia Havas (France-Presse). Al llegar a Londres, Chaves Nogales se instala en un peque&ntilde;o apartamento de Russel Court, desde donde prosigui&oacute; su incesante actividad period&iacute;stica con el tes&oacute;n y el celo de costumbre. Se emple&oacute; como redactor en la plantilla del <em>Evening News</em> y lleg&oacute; a colaborar con una columna propia en el <em>Evening Standard</em>, a la vez que manten&iacute;a sus compromisos con los medios franceses e hispanoamericanos. En 1941, dio a las prensas <em>La agon&iacute;a de Francia</em> (Montevideo, Claudio Garc&iacute;a &amp; Cia editores), cuyo subt&iacute;tulo proclamaba: versi&oacute;n original espa&ntilde;ola de <em>The Fall of France</em>, un ensayo certero acerca de la <em>defecci&oacute;n</em> del pa&iacute;s galo durante la Segunda Guerra Mundial.</p>
<p>Una vez que se hubo aclimatado a la vida londinense, Chaves Nogales convirti&oacute; su despacho en un lugar de encuentro para pol&iacute;ticos, diplom&aacute;ticos y personajes p&uacute;blicos, donde hallaron cobijo y, en ocasiones, trabajo remunerado numerosos exiliados espa&ntilde;oles. Entre octubre de 1941 y 1942 dirigi&oacute; la agencia de noticias Atlantic-Pacific Press, propiedad de Deric E. W. Pearson y, tras desavenencias profesionales con el mismo, abri&oacute; su propia agencia. Leal a su independencia ideol&oacute;gica, implacable con los extremismos, proyecta una revista titulada <em>Atlanta</em>. Entre 1942 y 1944, colabor&oacute; con la BBC en el programa Foreign Language Talks Spanish. Como no pod&iacute;a ser de otra manera, no tard&oacute; en entablar relaciones con el peque&ntilde;o colectivo de Acci&oacute;n Republicana Espa&ntilde;ola (ARE) y, dentro del ciclo de conferencias organizado por el grupo, pronunci&oacute; una celebrada conferencia: &ldquo;La funci&oacute;n de la prensa en las democracias&rdquo;. Tambi&eacute;n colabor&oacute; como orador en el homenaje a M&eacute;xico celebrado el 19 de diciembre de 1943 en el Bonington Hotel de Londres. Y proyect&oacute; una novela basada en la vida de los exiliados espa&ntilde;oles en Gran Breta&ntilde;a. La errancia sin fin de Manuel Chaves Nogales concluy&oacute; en mayo de 1944, como consecuencia de un c&aacute;ncer de est&oacute;mago, a los cuarenta y seis a&ntilde;os de edad. Sus restos descansan en el North Sheen Cemetery de Richmond (Londres), en una humilde tumba abandonada, cubierta por el polvo del olvido.</p>
<p>Tras varias d&eacute;cadas de desmemoria, injustificada pero comprensible, la figura y la obra de Manuel Chaves Nogales es ya una referencia period&iacute;stica y literaria incuestionable. Desmemoria injustificada, pues se trata de uno de los periodistas m&aacute;s destacados de la conocida como Edad de Plata de la cultura espa&ntilde;ola; pero comprensible, pues su b&uacute;squeda de la verdad por encima de cualquier ideolog&iacute;a hizo de &eacute;l una voz inc&oacute;moda en una Espa&ntilde;a escindida y en una Europa sojuzgada por los totalitarismos. La recuperaci&oacute;n de su legado durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas ha pasado por distintos momentos y diferentes art&iacute;fices. En primer lugar, el celo bibliogr&aacute;fico del editor Abelardo Linares y su admiraci&oacute;n por el autor sevillano le indujeron a publicar la mayor parte de sus obras, adem&aacute;s de recuperar numerosos textos in&eacute;ditos en peri&oacute;dicos y revistas de la &eacute;poca. A la profesora Mar&iacute;a Isabel Cintas Guill&eacute;n se debe la recuperaci&oacute;n de la figura de Chaves, merced a la publicaci&oacute;n de la <em>Obra Narrativa</em> (1993) y la <em>Obra Period&iacute;stica</em> (2001) del autor sevillano, adem&aacute;s de su biograf&iacute;a <em>Chaves Nogales. El oficio de contar</em> (2001) o la edici&oacute;n e introducci&oacute;n de otros libros del mismo. Recientemente ha tenido lugar la publicaci&oacute;n de su <em>Obra completa </em>(2020), en edici&oacute;n de Ignacio F. Garmendia y con pr&oacute;logos de Antonio Mu&ntilde;oz Molina y Andr&eacute;s Trapiello, coeditada por Libros del Asteroide y la Diputaci&oacute;n de Sevilla. Con ella se culmina el proceso de recuperaci&oacute;n de uno de los mejores reporteros espa&ntilde;oles, cuya obra narrativa y period&iacute;stica contribuy&oacute; a integrar el periodismo, el g&eacute;nero documental y testimonial, en el canon literario.</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftnref1">[1]</a> Manuel Chaves Nogales, <em>A sangre y fuego. H&eacute;roes, bestias y m&aacute;rtires de Espa&ntilde;a. Nueve novelas</em><em> </em><em>cortas de la guerra civil y la revoluci&oacute;n</em>, Santiago de Chile, Ercilla (Contempor&aacute;neos), 1937, p. 11.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftnref2">[2]</a> <em>Ibidem.</em>, p. 11.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftnref3">[3]</a> Manuel Chaves Nogales, &ldquo;La ciudad&rdquo;, dentro de <em>Quien no vi&oacute; a Sevilla</em>&hellip;, Sevilla, Giron&eacute;s, MCMXX.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftnref4">[4]</a> <em>Espa&ntilde;a</em>, a&ntilde;o VIII, n&ordm; 314&nbsp; (1&ordm; de abril de 1922), p. 17.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftnref5">[5]</a> Mar&iacute;a Isabel Cintas Guill&eacute;n, &ldquo;Introducci&oacute;n a Manuel Chaves Nogales, <em>Obra period&iacute;stica</em>, Tomo I,&nbsp; Diputaci&oacute;n de Sevilla, Biblioteca de Autores Sevillanos, 2001, p. LI.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftnref6">[6]</a> <em>La Gaceta Literaria</em>, n&ordm; 30 (15 de marzo 1928), p. 2.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftnref7">[7]</a> Citado por Mar&iacute;a Isabel Cintas Guill&eacute;n, <em>Chaves nogales. El oficio de contar</em>, Sevilla, Fundaci&oacute;n Jos&eacute; Manuel Lara, 2011, p. 103.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftnref8">[8]</a> C&eacute;sar Gonz&aacute;lez-Ruano,&nbsp; &ldquo;El art&iacute;culo period&iacute;stico&rdquo;, en Nicol&aacute;s Gonz&aacute;lez Ruiz, <em>Enciclopedia del periodismo</em>, Barcelona-Madrid, Editorial Noguer, 1966, p. 402.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftnref9">[9]</a> <em>Op. cit</em>., p. 12.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftnref10"><em><strong>[10]</strong></em></a><em> Ibidem</em>, p. 18.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftnref11"><em><strong>[11]</strong></em></a><em> Ibidem</em>, p. 18.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftnref12">[12]</a> <em>Ibidem, </em>p. 17.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftnref13">[13]</a> Manuel Chaves Nogales, <em>La agon&iacute;a de Francia</em>, Sevilla, Diputaci&oacute;n de Sevilla, 2001, p. 18.</p>
</div>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MANUEL%20NEILA%20SOBRE%20MANUEL%20CHAVES%20NOGALES%20PARA%20TURIA%20137-138%20VD.doc#_ftnref14">[14]</a> <em>Ibidem</em>, p. 24.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Tue, 07 Mar 2023 08:21:29 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Solsticio de verano]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/solsticio-de-verano/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas23/BASILIO_S_NCHEZ_3_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst">&nbsp;</p>
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<p class="ListParagraphCxSpFirst">La semilla de agua del roc&iacute;o</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">se acumula en silencio</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">sobre las flores negras de la tierra.</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">En la luz de la luna est&aacute; el comienzo del mundo,</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">de todo lo que somos.</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">Para que no haya nadie</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">con los ojos cerrados,</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">para que abandonemos nuestras casas</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">y podamos reunirnos en las calles,</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">la sustancia visible de los d&iacute;as se derrama en la noche,</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">extiende sus hogueras</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">sobre las largas playas del solsticio,</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">sobre los r&iacute;os inmensos de la vida</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">que se llenan pronto de alabanzas</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">y de celebraciones,</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">de pensamientos nuevos.</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">Por encima de m&iacute;, s&oacute;lo los p&aacute;jaros</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">perciben con sus ojos la claridad del aire.</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">Todo lo que sucede en esta noche desconoce la muerte.</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">Aunque nos venza el rojo de la sangre</p>
<p class="ListParagraphCxSpLast">de los gallos del alba.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 06 Mar 2023 08:49:15 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Grandes autores protagonizan el número más reciente de TURIA]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/grandes-autores-protagonizan-el-numero-mas-reciente-de-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2023/EMMANUEL_CARR_RE_2_500_px_1.jpg" alt="" /></p>
<p>En primer lugar, TURIA rinde homenaje al escritor galo Marcel Proust, uno de los nombres propios indiscutibles en cualquier balance de las letras universales del siglo XX. Uno de los mejores conocedores de su obra en Espa&ntilde;a, el escritor, cr&iacute;tico y traductor Mauro Armi&ntilde;o, realiza una aproximaci&oacute;n personal que da noticia de la nueva edici&oacute;n aparecida en Francia de los ensayos y art&iacute;culos de Proust, realizada con motivo de cumplirse el pasado a&ntilde;o el centenario de su muerte. Un oportuno trabajo editorial que muestra la g&eacute;nesis, a trav&eacute;s de textos publicados o no, el itinerario intelectual del c&eacute;lebre autor hasta llegar a la m&iacute;tica <em>La busca del tiempo perdido</em>, cuyos siete vol&uacute;menes siguen siendo a d&iacute;a de hoy una referencia ineludible de excelencia literaria y cuyo influjo no ha cesado hasta nuestros d&iacute;as.</p>
<p>Otro inolvidable escritor del que se ocupa TURIA es el latinoamericano Augusto Monterroso. En este 2023, la revista no s&oacute;lo le recuerda con motivo de celebrarse el 20 aniversario de su muerte, tambi&eacute;n reivindica la original y sugerente obra de un autor nacido en Honduras en 1921, luego nacionalizado guatemalteco y exiliado en M&eacute;xico desde 1944 hasta su muerte en 2003. Para TURIA, Monterroso bien merece ser le&iacute;do siempre porque, con toda justicia, est&aacute; considerado uno de los maestros de la minificci&oacute;n y de las formas narrativas breves. Unos textos en los que abord&oacute; tem&aacute;ticas complejas y fascinantes. Nadie mejor que Antonio Rivero Taravillo, excelente escritor y traductor, para contar al lector de hoy y bajo la f&oacute;rmula singular de un diccionario, por qu&eacute; conviene siempre leer a Monterroso.</p>
<p>Una gran autora que no permite la indiferencia es, sin duda, la norteamericana Anne Sexton. Su poes&iacute;a ambiciosa, rebelde y provocadora y su vida ca&oacute;tica han convertido su obra en universal. Andr&eacute;s Garc&iacute;a Cerd&aacute;n, que la conoce bien, nos explica las caracter&iacute;sticas singulares de una poes&iacute;a que obtuvo una legi&oacute;n de lectores y de reconocimientos, como el Premio Pulitzer en 1967. No en vano se nos dir&aacute; en el art&iacute;culo que TURIA publica que su poes&iacute;a nos fascina porque &ldquo;se ofrece como una forma de iconoclastia y como la reivindicaci&oacute;n febril del lugar de la mujer en un mundo regido por el hombre y por poderes y ambiciones banales&rdquo;. Es la suya, por tanto, una poes&iacute;a que verbaliza como nadie la eferverscencia interior. As&iacute;, por ejemplo en su poema &ldquo;Vive&rdquo;, anota: &ldquo;Hoy se abri&oacute; la vida dentro de m&iacute; como un huevo / y all&iacute; dentro / despu&eacute;s de excavar a fondo / encontr&eacute; la respuesta&rdquo;.</p>
<p>El cuarto y &uacute;ltimo art&iacute;culo de la secci&oacute;n que TURIA dedica a los estudios literarios es un sincero homenaje a un amigo, a un hombre bueno, a un gran lector, a un fabuloso cr&iacute;tico y a un hist&oacute;rico colaborador de la revista que falleci&oacute; este a&ntilde;o v&iacute;ctima del c&aacute;ncer, tras diez a&ntilde;os batallando contra la enfermedad: Javier Go&ntilde;i. Glosa su trayectoria Jos&eacute; Luis Melero, quien nos recuerda que Go&ntilde;i naci&oacute; en Zaragoza en 1952, entr&oacute; como becario en&nbsp;&ldquo;El Norte de Castilla&rdquo;&nbsp;de Valladolid para luego trabajar en el m&iacute;tico&nbsp;&ldquo;Informaciones&rdquo;<em>&nbsp;</em>y como asesor en el programa de Televisi&oacute;n Espa&ntilde;ola &ldquo;Tiempo de papel&rdquo;<em>.&nbsp;</em>Peri&oacute;dicos como<em>&nbsp;&ldquo;</em>Diario 16&rdquo;<em>&nbsp;</em>y&nbsp;&ldquo;El Mundo&rdquo;<em>&nbsp;</em>y revistas como&nbsp;&ldquo;Turia&rdquo; o &ldquo;Mercurio&rdquo;<em> &nbsp;</em>tambi&eacute;n contaron con su firma<em>.&nbsp;</em>Desembarc&oacute; en&nbsp;&ldquo;Babelia&rdquo;&nbsp;en 1992, muy poco despu&eacute;s de la fundaci&oacute;n del suplemento cultural de &ldquo;El Pa&iacute;s&rdquo;. En esas p&aacute;ginas ejerci&oacute; como cr&iacute;tico de narrativa espa&ntilde;ola hasta que el c&aacute;ncer le oblig&oacute; a abandonar una actividad que simultane&oacute; con su labor en el departamento de prensa de la Fundaci&oacute;n Juan March, en la que trabajaba desde 1985.</p>
<p>La revista TURIA, siempre atenta a la mejor literatura internacional, ofrece adem&aacute;s a los lectores una primicia en espa&ntilde;ol: un avance de &ldquo;V13. Cr&oacute;nica judicial&rdquo;, de Emmanuel Carr&egrave;re. Este escritor, periodista y guionista franc&eacute;s est&aacute; considerado uno de los mejores representantes de la literatura europea actual. Tras obtener los m&aacute;s importantes galardones literarios del pa&iacute;s vecino, en 2017 se le concedi&oacute; el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances y, en 2021, logr&oacute; el Premio Princesa de Asturias de las Letras. El material que TURIA publica es el anticipo de un libro que ser&aacute; publicado los pr&oacute;ximos meses por la Editorial Anagrama.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>MARCEL PROUST, UNA FUENTE INAGOTABLE DE SORPRESAS</strong></p>
<p><strong></strong>En el clarificador art&iacute;culo que TURIA dedica a glosar la obra ensay&iacute;stica de Marcel Proust, Mauro Armi&ntilde;o narra de manera objetiva las caracter&iacute;sticas del libro que bajo el t&iacute;tulo gen&eacute;rico de &ldquo;Essais&rdquo;, public&oacute; el pasado a&ntilde;o la editorial francesa Gallimard en su acreditada colecci&oacute;n Biblioteca de La Pl&eacute;iade. Sin duda, se trat&oacute; de una excepcional contribuci&oacute;n investigadora y divulgativa a la conmemoraci&oacute;n del centenario de la muerte del autor que, con su obra maestra &ldquo;A la busca del tiempo perdido&rdquo;, revolucion&oacute; la novela contempor&aacute;nea.</p>
<p>Gracias a &nbsp;ese &nbsp;conjunto de art&iacute;culos y textos ensay&iacute;sticos se completa, al fin y de manera ordenada, la informaci&oacute;n sobre cu&aacute;l fue la g&eacute;nesis de &ldquo;A la busca&hellip;&rdquo;. &nbsp;Subraya &nbsp;Mauro Armi&ntilde;o la importancia de lo que se llama el dosier de &ldquo;Contra Saint-Beuve&rdquo;: &ldquo;por centrarse en el nudo gordiano que Proust se plantea en los a&ntilde;os 1908-1909: acaba de preguntarse en el Carnet de 1908 por su inquietud ya citada: &ldquo;&iquest;Hay que hacer una novela, un estudio filos&oacute;fico, soy novelista?&rdquo; En torno a 1909-1910 termina por dejar de lado esos cuadernos. Lo &nbsp;que &nbsp;en &nbsp;principio iba a ser un texto de opini&oacute;n sobre las ideas del cr&iacute;tico m&aacute;s prestigiado del siglo, Charles-Augustin de Sainte-Beuve, va a resultar invadido por pasajes puramente narrativos entre los que figuran desde el despertar en una &nbsp;habitaci&oacute;n oscura hasta un recuerdo de Venecia, conversaciones con su madre, la reaparici&oacute;n de Ernestine, la sirvienta de la familia llamada ahora, y definitivamente, Fran&ccedil;oise, la iglesia de Combray, la aparici&oacute;n de personajes como Swann y los Guermantes, los campanarios de Martinville, etc.; ya est&aacute;n escritos ah&iacute;, incluso puede decirse que ya estaban escritos antes de ese periodo, y ser&aacute;n incorporados, tras cuidada revisi&oacute;n, en <em>A la busca del tiempo perdido</em>. Es la mezcla del ensayo y la narraci&oacute;n lo que no funciona, y lo que le decide a olvidar (sin olvidar) todo y empezar de nuevo con el &nbsp;narrador tratando de dormirse mientras espera el beso de la madre. Ese dossier Sainte-Beuve completa as&iacute; la g&eacute;nesis de <em>A la busca del tiempo perdido</em>, novela que le ocupar&aacute; pr&aacute;cticamente hasta el d&iacute;a de su muerte en 1922.&rdquo;</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>AUGUSTO MONTERROSO, EL TRIUNFO DE LA BREVEDAD</strong></p>
<p><strong></strong>En el art&iacute;culo que TURIA dedica a Augusto Monterroso, elaborado como si se tratara de un breve diccionario sobre la vida del escritor latinoamericano y su obra, Antonio Rivero Taravillo describe en una serie de t&eacute;rminos reveladores cu&aacute;les son los elementos vertebrales de un trabajo literario que lo encumbr&oacute; como sumo sacerdote de la ficci&oacute;n breve. As&iacute;, se subraya en TURIA que aunque Monterroso escribi&oacute; cuentos que entran en las dimensiones habituales del g&eacute;nero, &ldquo;cultiv&oacute; lo sucinto a fuerza de podar. Su primer libro, <em>Obras completas (y otros cuentos)</em> (1959) incluye algunos de una, dos o tres de p&aacute;ginas y otro que &ndash;siete palabras&ndash; no alcanza ni siquiera un rengl&oacute;n. Hoy es considerado el gran precedente del microrrelato&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;Cuando despert&oacute;, el dinosaurio todav&iacute;a estaba all&iacute;&rdquo;, reza, completo, el que durante un tiempo fue el cuento m&aacute;s breve de la literatura y el que ha sido m&aacute;s c&eacute;lebre de los escritos por Monterroso. Y es que, en sus cuentos, prima la calidad a la cantidad. Respecto a su tem&aacute;tica, en sus &uacute;nicas tres colecciones de relatos combin&oacute; el retrato de personajes extravagantes con otros de gran realismo, y diseccion&oacute; muy bien la realidad hispanoamericana, su conflicto con la metr&oacute;poli espa&ntilde;ola primero y la estadounidense despu&eacute;s, as&iacute; como la hipocres&iacute;a clasista criolla&rdquo;.</p>
<p>En su defensa de una literatura que apostara por la brevedad, Monterroso escribi&oacute;: &ldquo;Un libro es una conversaci&oacute;n. La conversaci&oacute;n es un arte. Un arte educado. Las conversaciones bien educadas evitan los mon&oacute;logos muy largos, y por eso las novelas vienen a ser un abuso del trato con los dem&aacute;s&rdquo;</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>ANNE SEXTON, ICONO DE LA LITERATURA CONTEMPOR&Aacute;NEA</strong></p>
<p><strong></strong>En el excelente art&iacute;culo que Andr&eacute;s Garc&iacute;a Cerd&aacute;n publica en TURIA, se nos brindan las claves del inter&eacute;s y la vigencia de la obra de la poeta norteamericana Anne Sexton &nbsp;(Newton, Massachussets, 1928 &ndash; Boston,1974) que la han convertido en un icono de la literatura contempor&aacute;nea: &ldquo;Es la suya una personalidad &uacute;nica, construida desde la exposici&oacute;n feroz de sus luchas interiores como mujer y desde la imagen p&uacute;blica de alguien que alternaba el glamour con la desesperaci&oacute;n, la elegancia con la condena de la &ldquo;excesiva intimidad&rdquo;. &ldquo;Incluso loca soy tan bella / como una barra de chocolate&rdquo; proclamaba en el poema &ldquo;Vive&rdquo;.</p>
<p>Como subraya Garc&iacute;a Cerd&aacute;n, &ldquo;su obra l&iacute;rica, recogida en espa&ntilde;ol en<em> Poes&iacute;a completa</em> por Linteo, escrita en el per&iacute;odo fulgurante de unos 18 a&ntilde;os, aparece ante nosotros como un torbellino, como una descarga espiritual que, a la vista de todos, desentra&ntilde;a las esperanzas, los misterios y los sufrimientos del alma humana. El furor de esta obra po&eacute;tica adquiere m&aacute;s sentido si consideramos la aton&iacute;a y el letargo en que est&aacute; sumida gran parte de la poes&iacute;a actual. Su rebeld&iacute;a y su desnudez se convierten en valores <em>a priori</em> de una escritura ambiciosa, hecha de prodigios y derrotas.</p>
<p>Concluye Garc&iacute;a Cerd&aacute;n su aproximaci&oacute;n a la poes&iacute;a incendiaria de Anne Sexton afirmando en TURIA: &ldquo;podr&iacute;amos decir que encontramos en ella, de forma radical, la historia de una sangre y un alma, los tanteos espirituales entre el exorcismo de los miedos y la depuraci&oacute;n interior, una intensa defensa de lo espiritual, del reino interior, en donde uno mismo se construye, de donde uno procede, donde uno se derrumba. Su confesi&oacute;n es un examen de conciencia que se desenvuelve en las m&uacute;sicas del alma para dar cuenta de una insatisfacci&oacute;n abisal desde la perspectiva m&aacute;s subjetiva posible. Belleza y locura, glamour y caos nos acompa&ntilde;an en un viaje sin retorno al centro de las pasiones&rdquo;. No en vano, como dice uno de sus poemas, &ldquo;Somos de fe peque&ntilde;a / Hablamos demasiado. / Deja aparte tu boca llena de palabras / y ven conmigo a mirar / los lirios&hellip; (&hellip;) / &iexcl;Escupe / tus palabras como piedras!&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>EMMANUEL CARR&Egrave;RE, EXCEPCIONAL CRONISTA DEL JUICIO POR LOS ATENTADOS DE 2015 EN PAR&Iacute;S</strong></p>
<p><strong></strong>Entre los textos m&aacute;s originales y recomendables que aporta la nueva entrega de la revista TURIA se encuentra el material in&eacute;dito de Emmanuel Carr&egrave;re (Par&iacute;s, 1957), un autor considerado por la cr&iacute;tica como una de las voces m&aacute;s valiosas de las letras francesas. Un extraordinario escritor, adem&aacute;s, que ha alcanzado el &eacute;xito internacional gracias a cinco celebradas novelas de no ficci&oacute;n:<em> El adversario</em>, <em>Una novela rusa</em>, <em>De vidas ajenas</em>, <em>Limonov</em> y <em>El Reino</em> o su brillante biograf&iacute;a de Philip K. Dick: &ldquo;Yo estoy vivo y vosotros est&aacute;is muertos&rdquo;.</p>
<p>TURIA ofrece ahora en primicia en espa&ntilde;ol un anticipo del libro &ldquo;V13. Cr&oacute;nica judicial&rdquo;, que apareci&oacute; en Francia el pasado a&ntilde;o en la prestigiosa editorial Gallimard y que en nuestro pa&iacute;s publicar&aacute; Anagrama en los pr&oacute;ximos meses. En &eacute;l, Carr&egrave;re aporta una mirada distinta sobre el juicio a los terroristas responsables de los&nbsp;atentados del viernes 13 de noviembre de 2015 en Par&iacute;s. Una mirada ins&oacute;lita y estremecedora que consigue convertir el hist&oacute;rico juicio por el&nbsp;V13 (por el &lsquo;viernes 13&rsquo; de los ataques islamistas en Par&iacute;s y en Saint-Denis, que causaron la muerte a 131 personas y heridas a otras 415) en una verdadera cr&oacute;nica del horror y el odio. Tras publicarse durante diez meses como cr&oacute;nicas semanales elaboradas para el semanario franc&eacute;s &ldquo;L&rsquo;Obs&rdquo;, y que en Espa&ntilde;a difundi&oacute; el peri&oacute;dico &ldquo;El Pa&iacute;s&rdquo;, ese material luego reelaborado constituye la nueva obra de Carr&egrave;re.</p>
<p>El primer d&iacute;a del juicio contra los que perpetraron aquella barbarie, Carr&egrave;re escribe en su cr&oacute;nica: &ldquo;No me alcanzaron personalmente los atentados, no los sufri&oacute; nadie de mi entorno. En cambio, me interesa la justicia. He descrito en un libro la impresionante ceremonia de un tribunal penal, y en otro el oscuro trabajo de un tribunal civil. El juicio que se inicia hoy no ser&aacute;, como se dice a veces, el N&uacute;remberg del terrorismo; en N&uacute;remberg juzgaron a altos dignatarios nazis,&nbsp; aqu&iacute; se juzgar&aacute; a segundones, ya que los que mataron han muerto, pero tambi&eacute;n ser&aacute; un gran acontecimiento, algo in&eacute;dito que quiero presenciar: mi primer motivo. Otro es que sin ser un especialista en el islam, y menos a&uacute;n un arabista, me interesan asimismo las religiones, sus mutaciones patol&oacute;gicas&rdquo;</p>
<p>"&iquest;D&oacute;nde comienza la patolog&iacute;a? Cuando se trata de Dios, &iquest;d&oacute;nde comienza la locura?&nbsp;&iquest;Qu&eacute; tienen estos tipos en la cabeza?&nbsp;&ndash;se pregunta el autor en&nbsp;<em>V13</em>&ndash; D&iacute;a tras d&iacute;a, &iacute;bamos a escuchar experiencias extremas de muerte y de vida, y pienso que entre el momento en el que entramos dentro de esa sala de audiencias y el momento en el que salimos,&nbsp;algo en nosotros se habr&aacute; transformado".</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;"><br /></span></strong></p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">UN FRAGMENTO DEL NUEVO LIBRO DE EMMANUEL CARR&Egrave;RE</span></strong></p>
<p>Uno de los textos in&eacute;ditos m&aacute;s interesantes que publica la revista TURIA es un avance del &uacute;ltimo libro del prestigioso escritor franc&eacute;s Emmanuel Carr&egrave;re: &ldquo;V13. Cr&oacute;nica judicial&rdquo;. Ser&aacute; pr&oacute;ximamente publicado por la editorial Anagrama y en &eacute;l este escrito, celebrado por su exitosa f&oacute;rmula de novelas de no ficci&oacute;n, realiza una certera aproximaci&oacute;n acerca de la condici&oacute;n humana y sus m&uacute;ltiples recovecos. Es la suya una narraci&oacute;n necesaria sobre el horror y el odio que mostr&oacute; el proceso por los atentados de Par&iacute;s. Una labor de cronista que le ha catapultado al reconocimiento un&aacute;nime de cr&iacute;tica y lectores. A continuaci&oacute;n ofrecemos un fragmento del libro:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>V13. CR&Oacute;NICA JUDICIAL</strong></p>
<p>[&hellip;] A finales de julio se supo que el juicio no durar&aacute; seis meses, sino nueve. Un a&ntilde;o escolar, un embarazo. El programa no cambia: var&iacute;a el tiempo que se concede a las v&iacute;ctimas. Son alrededor de mil ochocientas. No se sabe todav&iacute;a cu&aacute;ntas testificar&aacute;n. Hasta el &uacute;ltimo minuto podr&aacute;n sumarse o renunciar. Por t&eacute;rmino medio se les asigna una media hora a cada una, pero &iquest;qu&eacute; magistrado se atrever&aacute; a decirle &laquo;Su turno ha concluido&raquo; a quien rebusque las palabras con que narrar el infierno del Bataclan? La media hora ser&aacute; quiz&aacute; una hora, los seis meses se est&aacute;n convirtiendo en un a&ntilde;o y yo no debo de ser el &uacute;nico que hoy se pregunta por qu&eacute; me dispongo a pasar un a&ntilde;o de mi vida encerrado, cinco d&iacute;as por semana, con una mascarilla en la cara, en una sala de audiencia gigantesca, levant&aacute;ndome al amanecer para pasar a limpio mis notas de la v&iacute;spera antes de que se vuelvan ilegibles, lo que claramente significa no pensar en nada m&aacute;s y no tener m&aacute;s vida durante un a&ntilde;o. &iquest;Por qu&eacute;? &iquest;Por qu&eacute; imponerme esto? &iquest;Por qu&eacute; haber propuesto a <em>Le Nouvel Observateur</em> esta cr&oacute;nica de largo recorrido? Si&nbsp; yo fuese abogado, o cualquier otro actor en el gran mecanismo de la justicia, estar&iacute;a ejerciendo mi oficio, por supuesto. E igualmente si fuera periodista. Pero soy un escritor a que nadie ha pedido nada y que, como dicen los psicoanalistas, solo se permite satisfacer su deseo. Y vaya deseo. No me alcanzaron personalmente los atentados, no los sufri&oacute; nadie de mi entorno. En cambio, me interesa la justicia. He descrito en un libro la impresionante ceremonia de un tribunal penal, y en otro el oscuro trabajo de un tribunal civil. El juicio que se inicia hoy no ser&aacute;, como se dice a veces, el N&uacute;remberg del terrorismo; en N&uacute;remberg juzgaron a altos dignatarios nazis, aqu&iacute; se juzgar&aacute; a segundones, ya que los que mataron han muerto, pero tambi&eacute;n ser&aacute; un gran acontecimiento, algo in&eacute;dito que quiero presenciar: mi primer motivo. Otro es que sin ser un especialista en el islam, y menos a&uacute;n un arabista, me interesan asimismo las religiones, sus mutaciones patol&oacute;gicas, y este interrogante: &iquest;d&oacute;nde empieza la patolog&iacute;a? Cuando se trata de Dios, &iquest;d&oacute;nde empieza la locura? &iquest;Qu&eacute; tiene en la cabeza esta gente? Pero el motivo principal no es ese. El motivo principal es que centenares de seres humanos que tienen en com&uacute;n haber vivido la noche del 13 de noviembre de 2015, haber sobrevivido a ella o haber sobrevivido a sus seres queridos, van a comparecer ante nosotros y a tomar la palabra. D&iacute;a tras d&iacute;a vamos a escuchar experiencias extremas de muerte y de vida, y pienso que entre el momento en que entremos en esta sala de audiencia y el momento en que salgamos algo habr&aacute; cambiado en todos nosotros. No sabemos lo que nos espera, no sabemos lo que ocurrir&aacute;. All&aacute; vamos.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 02 Mar 2023 13:45:07 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La literatura maldoroniana de Luis Buñuel]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-literatura-madoroniana-de-luis-bunuel/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2023/LUIS_BU_UEL_2.jpg" alt="" /></p>
<p>Poca ha sido la atenci&oacute;n prestada al Luis Bu&ntilde;uel escritor, seguramente porque su trayectoria como cineasta lo eclips&oacute;. M&aacute;s all&aacute; del inici&aacute;tico estudio y compilaci&oacute;n de Agust&iacute;n S&aacute;nchez Vidal a principios de los a&ntilde;os de 1980 y de la reciente edici&oacute;n que hemos realizado para C&aacute;tedra, el Bu&ntilde;uel literato no ha sido santo de la devoci&oacute;n de estudiosos de la literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea. La culpa, adem&aacute;s de esa brillante carrera cinematogr&aacute;fica, la tiene el propio autor, siempre receloso de que su obra viese la luz, a pesar de que una buena parte de ella fuese publicada.</p>
<p>Dos son los factores fundamentales a la hora de fijar la calidad literaria de Luis Bu&ntilde;uel en el contexto de toda su producci&oacute;n art&iacute;stica. El primero es de &iacute;ndole general para cualquier escritor, y se trata de la impronta de sus lecturas a la hora de construir su obra literaria. Como no pod&iacute;a ser de otra manera, esto es as&iacute; en Bu&ntilde;uel, aunque con el agravante de que cuando se le hablaba de este tema (en relaci&oacute;n con su obra f&iacute;lmica, claro) ocultaba m&aacute;s influencias de las que realmente reconoc&iacute;a. El segundo factor es la existencia de vasos comunicantes reales entre sus escritos y su obra cinematogr&aacute;fica: tanto en lo referente a su l&iacute;rica como a su ensayismo encontramos los fundamentos de su buen hacer cinematogr&aacute;fico. Unas bases que le acompa&ntilde;aron hasta su &uacute;ltimo plano. Ciertamente, la literatura y el cine son dos artes estrechamente ligadas al pasado, que comparten numerosos elementos, y Luis Bu&ntilde;uel es uno de los protagonistas privilegiados de los or&iacute;genes de este encuentro. El de Calanda, como otros poetas y artistas, vio en las im&aacute;genes en movimiento nuevas posibilidades para expresar aquello que quer&iacute;a transmitir. Asimismo, aunque la poes&iacute;a sea el g&eacute;nero literario al que menos atenci&oacute;n parece haber prestado el s&eacute;ptimo arte, el papel principal de la imagen en el cine se relaciona directamente con &eacute;l. As&iacute; pues, a nadie puede sorprender que, m&aacute;s de veinte a&ntilde;os m&aacute;s tarde de su etapa vanguardista, Bu&ntilde;uel defendiese el cine como instrumento de poes&iacute;a en una conferencia dictada en la Universidad nacional aut&oacute;noma de M&eacute;xico con ese mismo t&iacute;tulo, &ldquo;El cine, instrumento de poes&iacute;a&rdquo;, ya que ambos lenguajes, perfectamente equiparables, pueden utilizarse como medio de expresi&oacute;n del mismo mensaje. Esta posibilidad de comparaci&oacute;n puede apreciarse en los dos <em>perros andaluces</em> de nuestro autor: el poemario que nunca vio la luz &mdash;pero del que puede leerse una edici&oacute;n a nuestro cargo en la editorial Animal Sospechoso&mdash; y el aplaudid&iacute;simo film que tom&oacute; el nombre del libro cambiando solo el art&iacute;culo definido (destinado a el poemario) por el indefinido.</p>
<p>Bu&ntilde;uel lo dej&oacute; claro en sus &ldquo;Notas de Luis Bu&ntilde;uel sobre la realizaci&oacute;n de la pel&iacute;cula&rdquo; (texto publicado en <em>Luis Bu&ntilde;uel y Salvador Dal&iacute;, &laquo;Un perro andaluz&raquo; ochenta a&ntilde;os despu&eacute;s</em>, edici&oacute;n de Yolanda Hern&aacute;ndez Pin y Pilar S&aacute;nchez): &ldquo;Las fuentes en las que se inspira el film son las de la poes&iacute;a, liberada del lastre de la raz&oacute;n, de la tradici&oacute;n y de la moral. Su prop&oacute;sito, provocar en el espectador reacciones instintivas de atracci&oacute;n o de repulsi&oacute;n. La experiencia ha demostrado que este objetivo fue plenamente conseguido&rdquo;.</p>
<p>Es lugar com&uacute;n destacar el influjo de Ram&oacute;n G&oacute;mez de la Serna en la l&iacute;rica escrita bu&ntilde;ueliana; impronta que se manifest&oacute; principalmente en la supresi&oacute;n de la frontera que separa al sujeto del objeto, de manera que mientras el hombre se cosifica, el objeto asume el protagonismo en sus versos y en sus im&aacute;genes. Asimismo, cualquier acercamiento a las influencias sobre la literatura de Bu&ntilde;uel, no puede pasar por alto el contexto cient&iacute;fico de la &eacute;poca y su impronta sobre el decir poem&aacute;tico. La teor&iacute;a de la relatividad tuvo consecuencias mort&iacute;feras para la mec&aacute;nica cl&aacute;sica y para el sentido com&uacute;n. No solo liquid&oacute; la idea de un espacio y un tiempo absolutos, sino que atomiz&oacute; el arte, que se volvi&oacute; fragmentario con nuevas perspectivas cada vez m&aacute;s agresivas. Esto se aprecia con el uso del <em>collage</em> del que Bu&ntilde;uel es uno de los m&aacute;ximos representantes. El <em>collage</em> permiti&oacute; que en las creaciones literarias y f&iacute;lmicas del cineasta cobrasen una importante relevancia estructural, y se convirtiesen en motivos obsesivos, la fragmentaci&oacute;n de la identidad, el inter&eacute;s por el alma de los objetos que conduce a una cosificaci&oacute;n de las personas, y las mutilaciones.</p>
<p>Estos y otros factores, sin embargo, han soslayado una influencia sin la cual no se puede entender la obra de Luis Bu&ntilde;uel en su totalidad, y que en su literatura cobra una fuerza a menudo inaudita. Nos referimos a Isidore Ducasse, conde de Lautr&eacute;amont. Una huella que no se ci&ntilde;e &uacute;nicamente a su <em>opus magnum</em> <em>Los Cantos de Maldoror</em>, sino que tambi&eacute;n se extiendo a su d&iacute;ptico <em>Poes&iacute;as</em>, aunque estas &uacute;ltimas son m&aacute;s rastreables en su cine que en sus composiciones po&eacute;ticas.</p>
<p>Ya hemos visto como el prop&oacute;sito de <em>Un perro andaluz</em>, en palabras de su propio realizador, era &laquo;provocar en el espectador reacciones instintivas de atracci&oacute;n o de repulsi&oacute;n&raquo;. No es para nada asombroso, entonces, que de Luis Bu&ntilde;uel cineasta dijera Georges Sadoul, eminente historiador del cine, miembro del movimiento surrealista y amigo suyo: &ldquo;Si Vigo era el Rimbaud del cine, &eacute;l es el Lautr&eacute;amont&rdquo;. Pero no fue un caso aislado, ya que esta afirmaci&oacute;n reson&oacute; posteriormente en Raymond Jean, analista del escritor franco-uruguayo, cuando afirm&oacute;: &ldquo;El famoso ojo cortado por la navaja de <em>Un perro andaluz </em>de Bu&ntilde;uel es un homenaje directo a Lautr&eacute;amont&rdquo;.</p>
<p>La fuerza y la violencia de esta c&eacute;lebre escena inici&aacute;tica en la filmograf&iacute;a del calandino nos ha hecho olvidar, a la hora de buscar paralelismos con Lautr&eacute;amont, que la secuencia con la que abre su siguiente pel&iacute;cula, <em>La edad de oro</em>, es tan maldororiana como la anterior. Nos referimos a las im&aacute;genes sobre la vida de los escorpiones del documental cient&iacute;fico para escolares <em>Le Scorpion languedocien</em>, realizado en 1912 por &Eacute;clair como parte de su serie <em>Scientia</em>. Como Lautr&eacute;amont en <em>Los Cantos de</em> <em>Maldoror</em>, Bu&ntilde;uel utiliza im&aacute;genes extra&iacute;das de otras fuentes o, dicho en otros t&eacute;rminos, plagia textos audiovisuales. Por tanto, el acercamiento a la obra literaria de Bu&ntilde;uel a partir de la de Ducasse/Lautr&eacute;amont no debe hacerse &uacute;nicamente a partir del an&aacute;lisis del contenido y sus elementos, sino que ata&ntilde;e tambi&eacute;n a su enfoque expresivo. Desde este &aacute;ngulo, si Bu&ntilde;uel solo hubiera dirigido sus tres primeras pel&iacute;culas, el paralelismo con Lautr&eacute;amont ser&iacute;a inevitable, porque si <em>Un perro andaluz</em> y <em>La edad de oro</em> son de alguna manera un equivalente cinematogr&aacute;fico de <em>Los Cantos de Maldoror</em>, entonces <em>Las Hurdes, tierra sin pan</em> comparte estrategias literarias con las <em>Poes&iacute;as</em> de Ducasse, lo mismo que hace, incluso mayormente, ese desconocido corto titulado <em>Menjant garotes</em>, que film&oacute; en casa del padre de Salvador Dal&iacute;, en un receso del rodaje de <em>La edad de oro</em>, en abril de 1930. Pero de lo que se trata ahora es de ver c&oacute;mo incidi&oacute; Lautr&eacute;amont en el Bu&ntilde;uel literato.</p>
<p>De entrada, tanto en sus poemas en verso y en prosa como en sus primeras pel&iacute;culas, observamos los motivos recurrentes que obsesionaron al cineasta y que pueden provenir de la lectura de <em>Los Cantos de Maldoror</em> &ndash;si bien este dato no puede confirmarse, como veremos en los p&aacute;rrafos siguientes&ndash;. Nos referimos a, sin ir m&aacute;s lejos, la fragmentaci&oacute;n del yo, el inter&eacute;s por el alma de los objetos que, como acabamos de ver, conduce a una cosificaci&oacute;n de los individuos, as&iacute; como las mutilaciones, que adquieren una importante relevancia estructural en sus creaciones a trav&eacute;s del <em>collage</em>. Con todo, lo primero que hay que dilucidar a la hora de aproximarnos a la impronta de Lautr&eacute;amont en la obra literaria de Bu&ntilde;uel, es la fecha en la que ley&oacute; la obra del montevideano. La respuesta parece clara a la luz de lo que le dijo a Max Aub: solo ley&oacute; <em>Maldoror</em> en 1929. Pero, al tratarse de Bu&ntilde;uel, estas palabras hay que tomarlas con mucha cautela, porque salvo contadas excepciones, siempre fue muy reservado a la hora de evocar sus influencias.</p>
<p>Lo que est&aacute; claro es que no pod&iacute;a pasarlo por alto, ya que se trataba de un texto que sus dos amigos m&aacute;s &iacute;ntimos, Federico Garc&iacute;a Lorca y Salvador Dal&iacute;, estaban leyendo en ese momento en la Residencia y por el que expresaban su admiraci&oacute;n. Adem&aacute;s, en <em>Impresiones y paisajes</em> (1918), primer texto del granadino y del que regala un ejemplar a todos sus amigos, incluido Bu&ntilde;uel, hay referencias casi directas a los <em>Cantos</em>, que fue una de las obras objeto de debate y discusi&oacute;n en el entorno residencial, as&iacute; como entre los ultra&iacute;stas. Pep&iacute;n Bello, colaborador en la redacci&oacute;n de los cuentos m&aacute;s maldororianos de Bu&ntilde;uel, los hab&iacute;a le&iacute;do animado por Rafael Alberti, y nunca olvid&oacute; el enorme impacto que le produjeron. En cuanto a Bu&ntilde;uel, ten&iacute;a su propio ejemplar del libro, que se ha conservado, aunque no sabemos cu&aacute;ndo lo adquiri&oacute;. Es m&aacute;s, si a su llegada a Par&iacute;s a principios de 1925 no lo hubiese le&iacute;do (lo cual es de dudosa credibilidad), tuvo que sentir, como poco, curiosidad por hacerlo, dado que Lautr&eacute;amont era idolatrado por los surrealistas como fuente de inspiraci&oacute;n y antecedente palmario de su credo.</p>
<p>Por tanto, &iquest;tendr&iacute;a sentido que, de los tres amigos que compart&iacute;an descubrimientos art&iacute;sticos y pasiones literarias, Bu&ntilde;uel fuera el &uacute;nico que desconociera el libro de Lautr&eacute;amont? Muy poco, no solo porque el <em>opus magnum</em> del franco-uruguayo fue objeto, en 1925, de una edici&oacute;n en espa&ntilde;ol prologada precisamente por Ram&oacute;n G&oacute;mez de la Serna, y traducida por su hermano Julio, sino porque la poes&iacute;a de Bu&ntilde;uel es la expresi&oacute;n de una persistente tensi&oacute;n entre el bien y el mal, donde este &uacute;ltimo domina siempre. Y como en <em>Maldoror</em>, es en esta dial&eacute;ctica donde la naturaleza y sus elementos y, en particular, la fauna, juegan un papel privilegiado. No se trata de una naturaleza muerta, sino de una naturaleza con olores f&uacute;nebres, donde el bestiario -a veces hermafrodita, a menudo sexualmente indefinido, otras veces anfibio o, incluso, teriom&oacute;rfico- contradice y se opone a la separaci&oacute;n de los elementos efectuada por el acto demi&uacute;rgico de creaci&oacute;n del universo (agua/tierra/aire; femenino/masculino; hombre/animal, etc.). Estos ingredientes embellecen un h&aacute;bitat donde la putrefacci&oacute;n es un clich&eacute; &ndash;y un topo&ndash; privilegiado. Mas estos paralelismos no son suficientes, por s&iacute; solos, para anclar la literatura de Bu&ntilde;uel en la l&iacute;nea inaugurada por Lautr&eacute;amont. Donde radica su principal anclaje es en la utilizaci&oacute;n de la obra del montevideano como munici&oacute;n contestaria de las letras bu&ntilde;uelianas.</p>
<p>Ya hemos dicho que, seg&uacute;n sus propias palabras, Bu&ntilde;uel no ley&oacute; <em>Los Cantos de Maldoror</em> hasta 1929, lo que resulta dif&iacute;cil de creer por lo explicado hasta ahora. Pero tambi&eacute;n es cierto que es precisamente en los textos compuestos a partir de ese a&ntilde;o cuando la huella del libro de Lautr&eacute;amont es m&aacute;s evidente. Y no es tanto una estrategia creativa en su composici&oacute;n, sino un medio de denuncia de los males que le asaltaban en ese momento. Bu&ntilde;uel encontr&oacute; en <em>Los Cantos de Maldoror</em> la estrategia ling&uuml;&iacute;stica perfecta para representar y denunciar la violencia, ya que solo pod&iacute;a encauzar su denuncia del mal a trav&eacute;s del mal. Si el texto de Lautr&eacute;amont es un texto contra el adversario, porque, para &eacute;l, el hombre solo existe en la adversidad y como tal debe enfrentarse al adversario, que a veces es dios y a veces hombre, en el caso de Bu&ntilde;uel ese adversario est&aacute; representado por los pol&iacute;ticos y los l&iacute;deres religiosos de la Espa&ntilde;a de la Segunda Rep&uacute;blica. Ellos generan el mal, y de ese mal tratan los relatos que escribi&oacute; a principios de la d&eacute;cada de 1930.</p>
<p>Las composiciones que mejor ilustran lo que decimos son &laquo;La agradable consigna de Santa Huesca&raquo;, &laquo;La descomunal batalla de las catedrales y las vagonetas&raquo; y &laquo;Una jirafa&raquo;, todas escritas hacia 1933, aunque solo esta &uacute;ltima fue publicada. Bu&ntilde;uel reuni&oacute; la mayor parte de los temas y distorsiones sintagm&aacute;ticas que salpican los textos que hab&iacute;a escrito antes, y en especial la dial&eacute;ctica entre mutilaci&oacute;n (separar) y collage (unir) que impregna los tres textos donde expresa sincr&eacute;ticamente toda esta violencia. Pesaron mucho las circunstancias personales, ya que el esc&aacute;ndalo provocado por <em>La edad de oro</em> comprometi&oacute; sus posibilidades de poder seguir haciendo cine, si bien esta situaci&oacute;n experiment&oacute; un par&eacute;ntesis con el rodaje de <em>Las Hurdes, tierra sin pan</em>, cuyos v&iacute;nculos hipertextuales con sus escritos de esos a&ntilde;os son notables. A esta situaci&oacute;n personal hay que a&ntilde;adir su iracunda decepci&oacute;n por la evoluci&oacute;n pol&iacute;tica y social de Espa&ntilde;a durante la Segunda Rep&uacute;blica. Para canalizar esta furia, Bu&ntilde;uel encontr&oacute; en <em>Los Cantos de Maldoror</em> los recursos tem&aacute;ticos y ling&uuml;&iacute;sticos para articular la parte m&aacute;s tormentosa y reaccionaria de su obra literaria. En efecto, si Bu&ntilde;uel consideraba su pel&iacute;cula <em>Un perro andaluz</em> como una desesperada llamada al asesinato, de los poros de sus textos de 1930 emergen los elementos de la fenomenolog&iacute;a de la agresi&oacute;n que Gaston Bachelard hab&iacute;a detectado en Lautr&eacute;amont. As&iacute;, &ldquo;La agradable consigna de Santa Huesca&rdquo;, &ldquo;La descomunal batalla de las catedrales y las vagonetas&rdquo; y &ldquo;Una jirafa&rdquo; devienen composiciones con la misma doble apelaci&oacute;n, a la carne y a la sangre, que invade los reinos de la ira del padre de <em>Maldoror</em>.</p>
<p>En una misiva fechada el 10 de enero de 1934, Luis Bu&ntilde;uel le dice a Pierre Unik: &ldquo;Estamos siempre en estado de guerra y esto por miedo de que se pueda hablar sobre la infame represi&oacute;n del movimiento [anarquista]. Hitler ha hecho mucho menos que nuestros Lerroux y Gil [Robles]. He enviado a Hernando [Vi&ntilde;es], para que te lo entregue, una carta de un diputado radical-socialista a Lerroux, y que me parece un documento precioso para ayudar a la campa&ntilde;a internacional contra la represi&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>Estas palabras son el resultado de una crisis pol&iacute;tica nacional e internacional sobre la que Ian Gibson, en su biograf&iacute;a sobre nuestro protagonista, ha hecho hincapi&eacute; a partir de dos acontecimientos hist&oacute;ricos: la masacre de Casas Viejas &mdash;hito clave en la represi&oacute;n del movimiento anarquista al que se refiere en la carta a Unik y que caus&oacute; estupor en la opini&oacute;n p&uacute;blica&mdash; y la consolidaci&oacute;n del nazismo en Alemania, que Bu&ntilde;uel cita. De ah&iacute; que defendamos que el inicio de &ldquo;La agradable consigna de Santa Huesca&rdquo; es una recreaci&oacute;n de la matanza de los anarquistas en Casas Viejas de principios de enero de 1933, y que el trozo de carne asada que protagoniza la historia es una menci&oacute;n a esos libertarios quemados vivos por la Guardia Civil. Al principio de dicho relato podemos leer: &ldquo;Dos horas despu&eacute;s entre la carretera de San Feliu y San Gu&iacute;xols va andando un trozo de carne asada, de unos dos kilos de peso, gorda y requemadota. A&uacute;n la veo y sin remordimiento la puedo llamar, hija de puta. Pero ella ni se menea, ni argumenta, ni vomita. Igual le da&rdquo;.</p>
<p>Al margen de que esta idea de carne muerta se enmarca en la concentraci&oacute;n de im&aacute;genes que aluden directamente a las que encontramos en <em>Los Cantos de Maldoror</em> relativas a la violencia y la descomposici&oacute;n, Bu&ntilde;uel parece estar inspirado aqu&iacute; por la imagen del trozo de carne del Canto III: &ldquo;S&eacute;, sin embargo, que apenas el joven estuvo al alcance de su mano, jirones de carne cayeron a los pies de la cama y se colocaron junto a m&iacute;<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>&rdquo;, y del Canto IV: &ldquo;[...] los dos pedazos de carne han desaparecido y han tomado su lugar dos monstruos, surgidos del reino de lo viscoso, iguales por su color, su forma y su ferocidad&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;La agradable consigna de Santa Huesca&rdquo; concluye con una especie de microrrelato titulado <em>Inscripci&oacute;n para la l&aacute;pida del trozo de carne</em>, que es otra alusi&oacute;n a <em>Los Cantos</em>, esta vez a la estrofa del pacto con la prostituci&oacute;n del Canto I: &ldquo;He hecho un pacto con la prostituci&oacute;n para sembrar el desorden en las familias. Recuerdo la noche que precedi&oacute; a tan peligrosa alianza. Vi ante m&iacute; un sepulcro. Escuch&eacute; que una luci&eacute;rnaga, grande como una casa, me dec&iacute;a: &lsquo;Voy a iluminarte. Lee la inscripci&oacute;n [&hellip;]&rsquo;&rdquo;.</p>
<p class="Normal1">Este mismo proceder lo emplea Bu&ntilde;uel en &laquo;La descomunal batalla de las catedrales y las vagonetas&raquo;, la m&aacute;s tormentosa de las historias de un Luis Bu&ntilde;uel que la realidad circundante segu&iacute;a angustiando. Para captar mejor su fuerza y lo que representa en el corpus bu&ntilde;ueliano, no solo debemos volver a situarnos en el momento hist&oacute;rico en que fue compuesta, sino tambi&eacute;n tener en cuenta la situaci&oacute;n profesional de su autor. El cuento re&uacute;ne los motivos caracter&iacute;sticos de su producci&oacute;n escrita, as&iacute; como unos muy maldororianos bestiario y actos escatol&oacute;gicos, y constituye una deslumbrante manifestaci&oacute;n del esp&iacute;ritu de provocaci&oacute;n que en ese momento no supo (o no pudo) canalizar a trav&eacute;s del cine.</p>
<p class="Normal1">Podemos as&iacute; tomar la narrativa que nos ocupa como un complemento necesario para que el calandino diera rienda suelta a su creatividad, que los l&iacute;mites del g&eacute;nero cinematogr&aacute;fico del documental no le hab&iacute;an permitido. El resultado constituye su producci&oacute;n literaria m&aacute;s radical y subversiva, donde la oposici&oacute;n entre la construcci&oacute;n de la catedral y una m&aacute;quina como la vagoneta, con la que se construyen grandes obras arquitect&oacute;nicas, y que funciona como alegor&iacute;a de la oposici&oacute;n entre opresores y oprimidos, se convierte, en manos de un anarquista como Bu&ntilde;uel, en una llamada a la blasfemia que esconde una terrible cr&iacute;tica social al poder a partir de recursos extra&iacute;dos de <em>Los Cantos de Maldoror</em>. Muy buen ejemplo de ello es la siguiente frase donde, adem&aacute;s, confluyen simb&oacute;licamente los ingredientes de la putrefacci&oacute;n: gusanos (debajo de las ensaladas), carne podrida (asociada al v&oacute;mito) y la secreci&oacute;n de orina que, en algunas personas, transcurre despu&eacute;s de su muerte: &ldquo;Unas vagonetas se esconden bajo las ensaladas, otras vomitan por la borda, y todas corren hacia los cuatro puntos cardinales abroch&aacute;ndose las h&uacute;medas braguetas&rdquo;.</p>
<p>Donde mejor se observa la impronta de Lautr&eacute;amont es en el uso de las comparaciones para estructurar iconogr&aacute;ficamente un <em>collage</em>. Esto se puede ver en el siguiente pasaje: &ldquo;Oscura como un jacinto, silenciosa como un toro, y amenazadora como la ca&iacute;da de una ceniza de puro que desprendida de la brasa cae en el pie divino de una ni&ntilde;a de nueve a&ntilde;os, rubia, fornida, con el co&ntilde;o a&uacute;n sin pelo, pero largo y abierto por las mil violaciones de que ha sido objeto. Lo interesante de este cuarto no era ese co&ntilde;o boquiabierto, rojo, h&uacute;medo, oliente, lechoso y pulverizado, lo interesante era la se&ntilde;ora que con la cara cubierta acaba de doblar esa esquina&rdquo;. Dir&iacute;ase que Bu&ntilde;uel pretendi&oacute; componer su versi&oacute;n de la terrible estrofa de la violaci&oacute;n de la joven en el Canto III, recurriendo a la violaci&oacute;n de la &ldquo;delicada ni&ntilde;a&rdquo; de Lautr&eacute;amont para simbolizar los problemas pol&iacute;ticos y sociales que padec&iacute;a la joven Segunda Rep&uacute;blica espa&ntilde;ola.</p>
<p>Es precisamente esta estrofa la que por s&iacute; sola podr&iacute;a dar fe de la notable traza de <em>Los Cantos de Maldoror</em> en la creaci&oacute;n art&iacute;stica (literaria y cinematogr&aacute;fica) de Luis Bu&ntilde;uel a partir de 1929, por lo que quiz&aacute;s ley&oacute; realmente el libro ese a&ntilde;o, produci&eacute;ndole tal impacto que no pudo escapar al hechizo de tal inventario del mal. Nuestro parecer va en esa direcci&oacute;n, como se deduce de la lectura de este art&iacute;culo.</p>
<p>Las pruebas de esta atracci&oacute;n, sin embargo, no acaban aqu&iacute;, al contrario: centremos nuestra atenci&oacute;n en el siguiente fragmento, tambi&eacute;n perteneciente al relato que nos ocupa: &iexcl;Ha llegado la hora de tutearse con Dios. &ldquo;Ven aqu&iacute; Carmen ven aqu&iacute; y lanzada al vac&iacute;o incr&uacute;state en mi miembro repugnante, cubierto por la mosca cadav&eacute;rica y amenazando dejar salir por su agujero la guarnici&oacute;n de Huesca. Ens&eacute;&ntilde;ame tu co&ntilde;o, Carmen, tu co&ntilde;o abierto, que t&uacute; haces voltear entre tus manos chorreantes de cera. Nuestros cuerpos quieren revolcarse en com&uacute;n espasmo sobre la calumnia, sobre la muerte, sobre nuestras sombras. Yo devorar&eacute; tus tetas, tu esf&iacute;nter se pondr&aacute; a girar como un loco y nuestros labios quedar&aacute;n al fin olvidados en el caj&oacute;n de la mesilla entre plumas, dijes, relojes y olores rancios. &Eacute;ntrame los huevos en tu boca y r&oacute;eme luego los huesos uno a uno. Chilla, blasfema, protege a los ni&ntilde;os, mea, lev&aacute;ntate y anda, funda asilos, cuelga delincuentes, que a la primera gota de suero que t&uacute; lances a mi trono, mi alma, mi sexo, mi avanzadilla te entrar&aacute;n hasta lo m&aacute;s profundo de tus entra&ntilde;as&rdquo;!. Bien que no hay declaraci&oacute;n de Bu&ntilde;uel sobre posibles sue&ntilde;os er&oacute;ticos con sus criadas, este pasaje puede ser indicativo de que existieron. Carmen tambi&eacute;n podr&iacute;a ser la misma protagonista de su microrrelato &ldquo;Historia decente - Historia indecente&rdquo;.</p>
<p>En relaci&oacute;n con el documental sobre Las Hurdes, que Bu&ntilde;uel film&oacute; en la misma &eacute;poca, se puede aplicar a este pasaje lo observado por S&aacute;nchez Vidal, y que Gibson subraya, respecto de la propuesta subliminal que subyace en la secuencia rodada en el convento de San Jos&eacute; de las Batuecas, en cuyo interior parece desarrollarse este s&aacute;dico fragmento. Para el catedr&aacute;tico de Zaragoza, esta escena (l&eacute;ase aqu&iacute; <em>pasaje</em>) sugiere las presumibles connivencias entre el monje (aqu&iacute; el narrador, que bien pudiera ser un representante de las catedrales que titulan el relato) y la criada (Carmen), y, por consiguiente, la hipocres&iacute;a de la Iglesia cat&oacute;lica en relaci&oacute;n con el cuerpo.</p>
<p>En este mismo fragmento se observan las concordancias l&eacute;xicas y tem&aacute;ticas con el poema de Lautr&eacute;amont -<em>Los Cantos </em>son un poema en prosa, y no una novela o un conjunto de relatos-, como la presencia del esf&iacute;nter (Canto V), de la mosca cadav&eacute;rica y p&uacute;trida (que se refiere al cad&aacute;ver putrefacto del cangrejo en el Canto VI), el acto de roer, o la llamada a la blasfemia y a la mutilaci&oacute;n del cuerpo humano. Ahora bien, si estos elementos ling&uuml;&iacute;sticos est&aacute;n tomados de Lautr&eacute;amont, el enfoque es a&uacute;n m&aacute;s evidente en cuanto al proceso de enunciaci&oacute;n: es la &uacute;nica vez en la ficci&oacute;n literaria de Bu&ntilde;uel que el narrador se dirige a Dios directamente. Como Maldoror, el h&eacute;roe de &laquo;La descomunal batalla de las catedrales y las vagonetas&raquo; se dirige al Creador en el mismo tono, con el mismo registro y el mismo vocabulario que los que Lautr&eacute;amont despliega en <em>Los Cantos de Maldoror</em>, de los que este pasaje puede ser considerada la m&aacute;s fiel versi&oacute;n bu&ntilde;ueliana.</p>
<p>Para completar el bucle de este homenaje a Maldoror, Bu&ntilde;uel se apropia tambi&eacute;n del c&eacute;lebre <em>collage</em> literario y de su m&aacute;s famosa manifestaci&oacute;n, &laquo;Bello como... el encuentro fortuito de una m&aacute;quina de coser y un paraguas en una mesa de disecci&oacute;n&raquo;, que encontramos en el Canto VI: &ldquo;En medio del paisaje hostil, rodeado de unos barbudos, de doncellas que cosen, y de hipocampos, dejo este papel sobre la mesa de disecci&oacute;n&rdquo;. Este tipo de imitaciones, con la excepci&oacute;n de algunas referencias a Cervantes o Benjamin P&eacute;ret, no son muy habituales en su literatura.</p>
<p>La &uacute;ltima de sus composiciones de este per&iacute;odo, &ldquo;Una jirafa&rdquo;, su texto m&aacute;s famoso y admirado, es otro ejemplo privilegiado del influjo de <em>Los Cantos de Maldoror</em> en la literatura bu&ntilde;ueliana. Esta especie de <em>collage</em> en prosa lo compuso para la sorpresa que, &eacute;l y Alberto Giacometti, ten&iacute;an preparada durante una velada ofrecida en 1932 por los vizcondes de Noailles, mecenas de muchos artistas de vanguardia, en su mansi&oacute;n de Hy&egrave;res. &Uacute;nicamente nos queda la reconstrucci&oacute;n que conocemos hoy tal y como fue publicada en <em>Le Surr&eacute;alisme au Service de la R&eacute;volution</em>, en el n&uacute;mero 6, de mayo de 1933. Su &iacute;ncipit funciona como un manual: &ldquo;Cada mancha de su piel que, a tres o cuatro metros de distancia, no presenta nada anormal, est&aacute;, en realidad, constituida sea por una tapadera que cada espectador puede f&aacute;cilmente abrir haci&eacute;ndola girar sobre un goznecillo invisible colocado en uno de sus lados, sea por un objeto, sea por un agujero, que deja aparecer la luz del d&iacute;a &mdash;la jirafa no tiene sino algunos cent&iacute;metros de espesor&mdash;, sea por una concavidad que contiene los diferentes objetos que se detallan en la lista de m&aacute;s abajo&rdquo;.</p>
<p>Desde una perspectiva formal, &ldquo;Una jirafa&rdquo; es la expresi&oacute;n m&aacute;s clara del uso del <em>collage</em> como recurso po&eacute;tico. Para Max Ernst, el <em>collage</em> es &ldquo;el encuentro fortuito de dos realidades distantes en un nivel inconveniente&rdquo;. Y detect&oacute; muchos de estos encuentros en la obra cinematogr&aacute;fica de Bu&ntilde;uel: &ldquo;Pens&eacute; en <em>La edad de oro</em> de Bu&ntilde;uel y Dal&iacute;: la vaca en la cama, el obispo y la jirafa tirados por la ventana, el carro cruzando el sal&oacute;n del gobernador, el ministro del Interior pegado al techo tras su suicidio, etc.&rdquo;.</p>
<p>El <em>collage</em> rompe la identidad de los componentes que lo integran, como hizo Lautr&eacute;amont al establecer v&iacute;nculos entre el paraguas y la m&aacute;quina de coser: &ldquo;Una realidad prefabricada, cuyo destino ingenuo parece haberse fijado de una vez por todas (un paraguas) encontr&aacute;ndose de repente en presencia de otra realidad muy lejana y no menos absurda (una m&aacute;quina de coser) en un lugar donde ambos deben sentirse fuera de lugar (sobre una mesa de disecci&oacute;n) escapar&aacute; as&iacute; a su destino ingenuo y a su identidad&rdquo;, escribi&oacute; el mismo Ernst.</p>
<p>&ldquo;Una jirafa&rdquo; puede verse como una extensi&oacute;n de <em>La edad de oro</em> donde, en la escena final, una jirafa es arrojada desde un balc&oacute;n. Est&aacute; repleto de im&aacute;genes de iconograf&iacute;a bu&ntilde;ueliana: el ojo de la mancha segunda en la que se refleja el espectador recuerda la incisi&oacute;n del ojo de <em>Un perro andaluz</em>; la figura de una esfinge de la calavera africana (<em>Acherontia atropos</em>) tambi&eacute;n aparece en la misma pel&iacute;cula; y las gallinas picoteando o el Cristo ri&eacute;ndose son im&aacute;genes que el cineasta utilizar&aacute; posteriormente en su filmograf&iacute;a. Desde el punto de vista hipertextual, &ldquo;Una jirafa&rdquo; es, pues, un aut&eacute;ntico lugar de encuentro est&eacute;tico de motivos de <em>Los Cantos</em>: es un gigantesco <em>collage</em> que integra un poema, una &oacute;pera wagneriana, una escena melodram&aacute;tica, un aut&eacute;ntico paisaje aragon&eacute;s, una pintura, una enumeraci&oacute;n ca&oacute;tica e, incluso, una maqueta de una pel&iacute;cula donde Bu&ntilde;uel se burla del tiempo, el espacio y los g&eacute;neros art&iacute;sticos. Todo esto refuerza todav&iacute;a m&aacute;s la dimensi&oacute;n maldororiana de &ldquo;Una jirafa&rdquo;.</p>
<p>Donde el v&iacute;nculo con Lautr&eacute;amont es m&aacute;s visible es en la incre&iacute;ble violencia de ciertas manchas. Verbigracia: &ldquo;<em>En la decimoprimera</em>:<em> </em>Una membrana de vejiga de puerco reemplaza la mancha [&hellip;] Reventar de un pu&ntilde;etazo la membrana y mirar por el agujero. Se ver&aacute; una casita muy pobre, blanqueada con cal, en medio de un paisaje des&eacute;rtico. Una higuera est&aacute; situada a algunos metros de la puerta, hacia delante. Al fondo, monta&ntilde;as peladas y olivos. Un viejo labrador acaso saldr&aacute;, en ese instante, de la casa, descalzo&rdquo;. Aqu&iacute;, la violencia act&uacute;a como motor del proceso performativo del universo creativo de Luis Bu&ntilde;uel. Violencia hacia el objeto y sobre el sujeto-actor, ya que se trata de morir a pu&ntilde;etazos, con una mano previamente, en la d&eacute;cima mancha, herida por hojas de afeitar. Posteriormente, la violencia vuelve a ejercerse, esta vez psicol&oacute;gicamente, teniendo el actor que mirar, en la &uacute;ltima mancha, a trav&eacute;s de una lupa tras quedar cegado por un chorro de vapor (en la mancha), en un espect&aacute;culo de venganza personal de Bu&ntilde;uel hacia ese sujeto ciego.</p>
<p>Otra de las manchas que congregan la crueldad y la blasfemia es la decimosexta: &ldquo;Al abrirse la mancha se ve a dos o tres metros una Anunciaci&oacute;n de Fra Ang&eacute;lico, muy bien enmarcada e iluminada, pero en un estado lamentable: rasgada a cuchilladas, pegajosa de pez, la cara de la Virgen cuidadosamente ensuciada con excrementos, los ojos reventados por agujas, el cielo llevando en caracteres muy toscos la inscripci&oacute;n: ABAJO LA MADRE DEL TURCO&rdquo;. La referencia a los excrementos parece situar el origen de esta escena en el trono de Dios formado por excrementos humanos en el Canto II. Pero donde la representaci&oacute;n del mal es m&aacute;s extrema es cuando los ojos de la Virgen son arrancados con agujas, imagen que remite directamente al comienzo de <em>Un perro andaluz</em>.</p>
<p>A pesar de que al principio apunt&aacute;bamos que encontrar en las letras bu&ntilde;uelianas equivalentes literarios a las <em>Poes&iacute;as</em> de Isidore Ducasse era menos com&uacute;n que hacer lo propio con <em>Los Cantos de Maldoror</em> (no as&iacute; en su cine), no podemos dejar de mentar en un estudio como este uno de los textos m&aacute;s fascinantes de nuestro literato. Se trata de &ldquo;Noticias de Hollywood&rdquo;, una parodia de las cr&oacute;nicas de sociedad, publicada en la segunda p&aacute;gina del n&uacute;mero especial de <em>La Gaceta Literaria</em> dedicado al cinemat&oacute;grafo (n&uacute;m. 43, 1 de octubre de 1928), cuyos paralelismos en su decir poem&aacute;tico habr&iacute;a que buscarlos en las <em>Poes&iacute;as</em> ducasianas. Seg&uacute;n indica el t&iacute;tulo, es un conjunto de seis supuestas informaciones contextualizadas en el mundo hollywoodiense del momento, en las que su <em>redactor</em>, compone con una sorprendente capacidad de s&iacute;ntesis y un extraordinario sentido del humor. El registro y tenor de algunas de estas cr&oacute;nicas remite a las que Ducasse dedic&oacute; en a los m&aacute;s ilustres representantes de las letras galas.</p>
<p>Si la huella del conde de Lautr&eacute;amont es pues evidente en su l&iacute;rica, tambi&eacute;n encontramos ecos, m&aacute;s que verdaderos rastros, en otra de sus facetas como escritor, la de ensayista. En efecto, el ensayismo cinematogr&aacute;fico es la parte menos conocida de la literatura bu&ntilde;ueliana. Pero Bu&ntilde;uel fue uno de los pioneros en Espa&ntilde;a de los textos cr&iacute;ticos sobre el cine en general y las pel&iacute;culas en particular. Gracias a la oportunidad que le brindaron <em>La Gaceta Literaria</em> en Espa&ntilde;a y <em>Cahiers d&rsquo;Art</em> en Francia, el calandino pudo desarrollar una breve carrera como escritor y cr&iacute;tico cinematogr&aacute;fico. Su brevedad no obsta para que en ella condensara aquellos principios que rigieron su obra f&iacute;lmica.</p>
<p>En sus ensayos, Luis Bu&ntilde;uel no solo refleja las opiniones que circulaban por Par&iacute;s, sino que sobrepasa su contenido para insertar su personalidad intelectual y su estilo vanguardista, pues son tambi&eacute;n muestras muy notorias de prosa experimental. El de Calanda supo transponer en sus ensayos recursos que emergen del futurismo y que se concretaron en las pautas del ultra&iacute;smo, sin perder nunca de vista el potencial iconogr&aacute;fico de las greguer&iacute;as. Donde mejor se observa lo acabado de se&ntilde;alar es en los procedimientos estil&iacute;sticos adoptados por Bu&ntilde;uel, que dotan a sus textos cinematogr&aacute;ficos de una textura poem&aacute;tica propia de un aut&eacute;ntico poeta. En este af&aacute;n super&oacute; la capacidad aleg&oacute;rica de G&oacute;mez de la Serna, como se observa en la greguer&iacute;a utilizada para describir el objetivo de la c&aacute;mara y el primer plano, respectivamente, que encontramos en &laquo;Del plano fotog&eacute;nico&raquo; (<em>La Gaceta Literaria</em>, n&uacute;m. 7, 1 de abril de 1927): &ldquo;Cerebro con que piensa y palabras que construyen y expresan lo pasado&rdquo;.</p>
<p>No obstante, no solo de Ram&oacute;n se nutri&oacute; nuestro protagonista. Es sabido que el futurismo marc&oacute; la pauta est&eacute;tica de la que derivaron los movimientos vanguardistas m&aacute;s radicales de principios del siglo XX. En su sexto postulado, el <em>Manifiesto t&eacute;cnico de la literatura futurista</em> rezaba: &ldquo;Para acentuar ciertos movimientos e indicar sus direcciones se emplear&aacute;n signos matem&aacute;ticos&rdquo;. Los ecos del movimiento capitaneado por Marinetti se materializan en una predilecci&oacute;n por el uso de axiomas y teoremas para significar procedimientos o elementos t&eacute;cnicos. Bu&ntilde;uel no abus&oacute; de la funci&oacute;n vanguardista que la poes&iacute;a futurista y dada&iacute;sta hac&iacute;a de dicha matematizaci&oacute;n del discurso. Simplemente recurri&oacute; a ella en el &iacute;ncipit de un poema de su transici&oacute;n del ultra&iacute;smo al surrealismo, de t&iacute;tulo evocador, &ldquo;Teorema&rdquo; (compuesto <em>ca</em>. 1925), cuyo primer verso reza: &ldquo;Si por un punto fuera de una recta trazamos una paralela a ella obtendremos una soleada tarde de oto&ntilde;o&rdquo;. Este axioma, que responde al teorema del t&iacute;tulo, recuerda poderosamente los versos de las poes&iacute;as de Lautr&eacute;amont, compuestas por versos/asertos, aunque sin ninguna progresi&oacute;n deductiva como la que caracteriza la narratividad de esta composici&oacute;n.</p>
<p>En cambio, en sus escritos sobre el cine la cosa cambia. La siguiente definici&oacute;n de fotogenia -proveniente de una de sus m&aacute;s importantes contribuciones a la teor&iacute;a f&iacute;lmica, &ldquo;<em>D&eacute;coupage</em> o segmentaci&oacute;n cinegr&aacute;fica&rdquo; (<em>La Gaceta Literaria</em>, n&uacute;m. 43, 1 de octubre de 1928)- es un excelente ejemplo de la matematizaci&oacute;n del discurso, esta vez con fines did&aacute;cticos: &ldquo;Fotogenia = Objetivo + <em>D&eacute;coupage</em> = Fotograf&iacute;a + Plano&rdquo;. Recordemos que esta pasi&oacute;n por las matem&aacute;ticas estaba muy presente en la obra de Lautr&eacute;amont, quien ya en <em>Los Cantos de Maldoror</em> las evocaba, tal y como en su momento subray&oacute; uno de sus m&aacute;s finos ex&eacute;getas, Gaston Bachelard.</p>
<p>En otros casos, como el de Una noche en el Studio des Ursulines&rdquo; (<em>La Gaceta Literaria</em>, n&uacute;m. 2, 15 de enero de 1927), amalgama los algoritmos con resortes gramaticales, como el siguiente juego paronom&aacute;stico a partir de vocablos franceses para referirse a la pel&iacute;cula <em>Rien que les heures</em>, de Alberto Cavalcanti: &ldquo;Coordinaciones y combinaciones de sus rayos lum&iacute;nicos, tomados uno a uno nos han dado el film <em>d&rsquo;avant-guerre</em>. Cavalcanti pasa ahora a demostrarnos que tomados a <em>n+10</em> a&ntilde;os, dan el <em>d&rsquo;avant-garde</em>, expresi&oacute;n pur&iacute;sima de nuestra &eacute;poca&rdquo;.</p>
<p>Es harto conocido que Bu&ntilde;uel call&oacute; m&aacute;s que habl&oacute;, y una de las v&iacute;ctimas de ese silencio es sin duda Isidore Ducasse, conde de Lautr&eacute;amont. No pod&iacute;a ser de otro modo, ya que este escritor fundamental para entender el surrealismo no pod&iacute;a estar ausente de la obra de Bu&ntilde;uel. Pero el caso es que el aragon&eacute;s tuvo que identificarse hasta tal punto con el montevideano que no pudo m&aacute;s que ocultarlo para evitar que se le considerase un disc&iacute;pulo, hecho que le repel&iacute;a. El cine de Bu&ntilde;uel se considera, con raz&oacute;n, un islote, sin antecedentes ni descendientes. Mas esta singularidad no excluye que los mimbres con los que est&aacute;n erigidas sus composiciones, literarias y cinematogr&aacute;ficas, se compongan de elementos estructurales provenientes de otros autores y artistas. Desde este punto de vista, no cabe ninguna duda de que existen vasos comunicantes -estructurales, insistimos- que han quedado ocultos no solo por voluntad de nuestro protagonista, sino por incapacidad o falta de tiempo de sus ex&eacute;getas: pi&eacute;nsese, primordialmente, en Miguel de Cervantes, Raymond Roussel, Buster Keaton, Andr&eacute; Breton y Jean Epstein. Lo cual, es importante recalcarlo, permite abrir nuevas v&iacute;as de an&aacute;lisis de la obra tanto escrita como f&iacute;lmica de Luis Bu&ntilde;uel, pues, a pesar de lo que suele pensarse, no est&aacute;n ni mucho menos agotadas, sino que necesitan salir de la espiral de cansinas an&eacute;cdotas a las que nos tienen acostumbrados los representantes de cierto papanatismo cultural de nuestro pa&iacute;s.</p>
<p>Una de estas v&iacute;as es el estudio de los v&iacute;nculos con la obra del conde de Lautr&eacute;amont, que hemos pretendido introducir y esbozar aqu&iacute;. De cada lectura de <em>Los Cantos de Maldoror</em> y de las <em>Poes&iacute;as</em> <em>I</em> y <em>II</em> brotan nuevas hipertextualidades que exigen que de una vez por todas se valide acad&eacute;micamente la ya aludida frase de Georges Sadoul, extendi&eacute;ndola tambi&eacute;n a las letras bu&ntilde;uelianas. Hay, de resultas, todav&iacute;a bastante, por no decir mucho, camino por recorrer.</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> Todas las citas de <em>Los Cantos de Maldoror</em> provienen de la traducci&oacute;n de Manuel Serrat Crespo en la edici&oacute;n de C&aacute;tedra para la colecci&oacute;n &laquo;Letras Universales&raquo;.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Thu, 02 Mar 2023 09:03:18 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA celebra su cuarenta aniversario con un espectacular monográfico sobre Buñuel y la literatura ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-celebra-su-cuarenta-aniversario-con-un-espectacular-monografico-sobre-bunuel-y-la-literatura/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2023/LUIS_BU_UEL_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Este primer n&uacute;mero de TURIA de 2023 tiene un protagonista muy especial, Luis Bu&ntilde;uel, que ha sido la figura que ha ocupado m&aacute;s atenci&oacute;n e inter&eacute;s durante las cuatro d&eacute;cadas de existencia de la revista. Lo acreditan las 1.200 p&aacute;ginas in&eacute;ditas publicadas sobre su obra, distribuidas en ocho espectaculares monogr&aacute;ficos en los que colaboraron desde cineastas como Carlos Saura, Jos&eacute; Luis Borau, Manuel Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n, Bertrand Tavernier, Gonzalo Su&aacute;rez o &Aacute;ngeles Gonz&aacute;lez Sinde, hasta los m&aacute;s relevantes estudiosos de su cine, como Agust&iacute;n S&aacute;nchez Vidal, Rom&aacute;n Gubern o V&iacute;ctor Fuentes, o colaboradores de Bu&ntilde;uel como su guionista Jean-Claude Carri&egrave;re y los actores Catherine Deneuve, Silvia Pinal o Fernando Rey. No podemos olvidar tampoco las aportaciones in&eacute;ditas en TURIA sobre Bu&ntilde;uel de creadores como Luis Eduardo Aute o Guillermo Cabrera Infante.&nbsp;</p>
<p>Ahora, con el monogr&aacute;fico &ldquo;Bu&ntilde;uel y la literatura&rdquo;, TURIA ha elaborado una aproximaci&oacute;n original y atractiva para los lectores ya que analiza a fondo su obra literaria a trav&eacute;s de 18 autores. Nueve especialistas han estudiado sus textos y otros&nbsp; nueve escritores cin&eacute;filos han elaborado relatos in&eacute;ditos que tienen a Bu&ntilde;uel y/o a su cine como elemento vertebrador de sus narraciones. Todo este importante trabajo colectivo ha sido coordinado por Jordi Xifra, actual director del Centro Bu&ntilde;uel de Calanda, reputado estudioso del cineasta turolense y catedr&aacute;tico de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.</p>
<p>La reconocida escritora y periodista Rosa Montero ser&aacute; la encargada de presentar TURIA en el Museo de Teruel el pr&oacute;ximo d&iacute;a 22 de marzo, a las 19,30 horas. Un acto similar tendr&aacute; lugar el 25 de abril en la Residencia de Estudiantes de Madrid, un espacio cultural muy vinculado al universo de Luis Bu&ntilde;uel y en el que escritor, periodista y director de &ldquo;El Cultural&rdquo; dar&aacute; a conocer las claves de esta nueva entrega de TURIA.</p>
<p>TURIA es una revista que tiene una edici&oacute;n en papel de periodicidad cuatrimestral y otra digital (web y Facebook) de difusi&oacute;n diaria. Est&aacute; editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, y cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este nuevo n&uacute;mero ha sido posible gracias al mecenazgo de la Caja Rural de Teruel, que se incorpora como entidad patrocinadora de la revista.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LUIS BU&Ntilde;UEL Y LA LITERATURA</strong></p>
<p>Dentro del monogr&aacute;fico sobre &ldquo;Bu&ntilde;uel y la literatura&rdquo;, TURIA da a conocer nueve relatos in&eacute;ditos sobre Bu&ntilde;uel. Este contenido especial es la aportaci&oacute;n m&aacute;s original y novedosa de este &ldquo;Cartapacio&rdquo; de TURIA. Ofrece a los lectores el resultado que produjo la iniciativa de la revista de rendir homenaje literario a Bu&ntilde;uel convirti&eacute;ndolo en protagonista, a &eacute;l y/o a su obra, de ficciones escritas por relevantes narradores de nuestros d&iacute;as que se singularizan adem&aacute;s por su condici&oacute;n de cin&eacute;filos.</p>
<p>Es un conjunto de propuestas literarias muy plural y enriquecedor, pero que tienen como elemento vertebrador la calidad y que han sido elaborados por autores con una acreditada trayectoria como Vicente Molina Foix (&ldquo;Bu&ntilde;uel en dos estampas&rdquo;) y Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget (&ldquo;Dos cipreses&rdquo;), que han protagonizado sendos monogr&aacute;ficos de TURIA. Pero es una n&oacute;mina de escritores en la que tambi&eacute;n se encuentran el turolense Elifio Feliz de Vargas (&ldquo;Pecados veniales de un ateo confeso&rdquo;) o la zaragozana y Premio de las Letras Aragonesas Ana Alcolea (&ldquo;Trist&aacute;n y la bicicleta rota. Fantas&iacute;a homenaje a Un perro andaluz&rdquo;).</p>
<p>Sobresale, igualmente, la contribuci&oacute;n de tres escritores espa&ntilde;oles de contrastada y premiada solvencia narrativa: Ana Merino, premio Nadal y autora de &ldquo;Los misterios de los guiones de Bu&ntilde;uel&rdquo;; Javier S&aacute;ez de Ibarra, que posee dos de los principales premios de relatos de Espa&ntilde;a: el Ribera del Duero y el Setenil (&ldquo;Los dos milagros de san Antonio&rdquo;) y Berta Vias Mahou (&ldquo;Y todav&iacute;a peor cuando viene Bu&ntilde;uel&rdquo;), premio Dulce Chac&oacute;n y premio Torrente Ballester en Espa&ntilde;a y premio mejor novela hisp&agrave;nica en Francia en 2017 por la traducci&oacute;n de su libro&nbsp;<em>Yo soy El Otro</em>&nbsp;.</p>
<p>Tambi&eacute;n contamos con destacada presencia latinoamericana, como la de Diego Trelles Paz, escritor peruano radicado en Par&iacute;s (&ldquo;Maison de retraite&rdquo;) y de la autora argentina residente en Madrid, Valeria Correa Fiz (&ldquo;La pel&iacute;cula de tu vida&rdquo;).</p>
<p>Junto a esa parte creativa, en &ldquo;Bu&ntilde;uel y la literatura&rdquo;, TURIA ofrece tambi&eacute;n un conjunto de valiosas aproximaciones cr&iacute;ticas a la faceta de Bu&ntilde;uel como escritor. Un &aacute;mbito en el que participan los mejores especialistas, todos ellos con trabajos originales. As&iacute;, Jordi Xifra, coordinador del monogr&aacute;fico, dedica su art&iacute;culo introductorio a hablarnos de &ldquo;La literatura maldoroniana de Luis Bu&ntilde;uel&rdquo;. No menos sugerentes y notables son las aportaciones de indiscutibles estudiosos bu&ntilde;uelianos como: Agust&iacute;n S&aacute;nchez Vidal y Amparo Mart&iacute;nez (&ldquo;La matriz literaria&rdquo;), Domingo R&oacute;denas de Moya (&ldquo;Bu&ntilde;uel, ensayista y cr&iacute;tico circunstancial&rdquo;), Francisco Javier D&iacute;ez de Revenga (&ldquo;Luis Bu&ntilde;uel en la primera vanguardia (1922-1923&rdquo;), Raquel Arias Careaga (&ldquo;Una jirafa: el objeto surrealista seg&uacute;n Luis Bu&ntilde;uel&rdquo;), Javier Herrera (&ldquo;Los libros que se salvaron de la quema. Aportaciones sobre las lecturas de juventud de Luis Bu&ntilde;uel&rdquo;), Mar&iacute;a del Carmen Molina Barea (&ldquo;El Hamlet de Bu&ntilde;uel: un deseo anti-ed&iacute;pico&rdquo;) y Antonio Mart&iacute;n Barrachina (&ldquo;Luis Bu&ntilde;uel, Pep&iacute;n Bello y el polismo dram&aacute;tico: sobre la g&eacute;nesis de Hamlet&rdquo;).</p>
<p>Cierra el monogr&aacute;fico una cuidada biocronolog&iacute;a sobre Bu&ntilde;uel escritor elaborada por Jordi Xifra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>40.000 P&Aacute;GINAS DE TEXTOS IN&Eacute;DITOS DE M&Aacute;S DE 1.000 AUTORES</strong></p>
<p>Fundada y dirigida desde su origen por el escritor y periodista Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas, la revista cultural TURIA tiene periodicidad cuatrimestral en papel y cuenta tambi&eacute;n, desde 2013, con una versi&oacute;n digital (web y Facebook) que ha incrementado notablemente su difusi&oacute;n entre el p&uacute;blico lector: su p&aacute;gina en Facebook cuenta con cerca de 12.000 seguidores y m&aacute;s de 6.000 usuarios al mes acceden a los contenidos de la web.</p>
<p>TURIA solo publica textos in&eacute;ditos y su edici&oacute;n en papel se estructura en diez secciones y, en las 500 p&aacute;ginas de cada entrega, no faltan relatos, poemas, art&iacute;culos de an&aacute;lisis literario, ensayos, extensas entrevistas exclusivas, fragmentos de novelas y diarios, aforismos, art&iacute;culos de investigaci&oacute;n y divulgaci&oacute;n en materia de humanidades y un amplio apartado de cr&iacute;tica de libros. Adem&aacute;s, cada n&uacute;mero de TURIA es enriquecido gr&aacute;ficamente por un artista con 11 im&aacute;genes in&eacute;ditas que sirven para identificar la portada y cada una de las secciones. No obstante, desde su primer n&uacute;mero, la cabecera de la revista ha mantenido inalterable su dise&ntilde;o, elaborado por el artista Gonzalo Tena, por su atractivo y permanente modernidad.</p>
<p>En 40 a&ntilde;os de trayectoria se han editado 146 n&uacute;meros de TURIA, con un total de 40.000 p&aacute;ginas y se ha publicado a m&aacute;s de 1.000 autores de las m&aacute;s diversas procedencias est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas, as&iacute; como de los m&aacute;s variados or&iacute;genes geogr&aacute;ficos e idiom&aacute;ticos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>INOLVIDABLES Y COMPLETOS MONOGR&Aacute;FICOS</strong></p>
<p>Pero lo que verdaderamente la convierte en una revista para conservar y consultar en cualquier biblioteca son sus atractivos monogr&aacute;ficos que, con una extensi&oacute;n m&iacute;nima de 150 p&aacute;ginas, se ocupan en cada n&uacute;mero de analizar a fondo a un autor y su obra, o a lA literatura de un pa&iacute;s.</p>
<p>Entre esos monogr&aacute;ficos inolvidables de TURIA, alguno de ellos agotado o que ha sido objeto de traducciones a otros idiomas, se encuentran los dedicados a Antonio Machado, Salvador Dal&iacute;, Max Aub, Claudio Magris, Roberto Bola&ntilde;o, Patrick Modiano, Mario Vargas Llosa, Rafael Chirbes, Luis Mateo D&iacute;ez, Carmen Mart&iacute;n Gaite, Heinrich B&ouml;ll, Luis Landero, Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n, Wislawa Szymborska, L&iacute;dia Jorge, Robert Walser, Heinrich Mann, Vicente Molina Foix o Jos&eacute; Jim&eacute;nez Lozano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LA AUTENTICIDAD Y EL COMPROMISO DE ROSA MONTERO</strong></p>
<p>Rosa Montero, una autora cuya obra y trayectoria simbolizan muy bien la autenticidad y el compromiso,&nbsp; respaldar&aacute; con su intervenci&oacute;n en Teruel la labor que realiza la revista cultural TURIA y la filosof&iacute;a de trabajo que ha caracterizado siempre a esta publicaci&oacute;n: ser capaz de reunir en sus p&aacute;ginas lo universal y lo local, apostar por la pluralidad de sus contenidos y por el rigor de su trabajo intelectual. Adem&aacute;s, TURIA ha servido para redescubrir autores m&aacute;s all&aacute; de las modas, para dar cabida a nuevos nombres del panorama literario espa&ntilde;ol o para dar mayor y mejor difusi&oacute;n en nuestro idioma a grandes autores internacionales.</p>
<p>La presencia y la colaboraci&oacute;n de Rosa Montero en los sumarios de la revista TURIA ha sido relevante y fruct&iacute;fera. Buena prueba de ello es la amplia y reveladora entrevista que&nbsp; la c&eacute;lebre escritora y periodista protagoniz&oacute; en 2017. Una conversaci&oacute;n sin desperdicio en la que se habl&oacute; sobre el sexo y la muerte, sobre la novela y la madurez. Igualmente se analiz&oacute; presente y el futuro de los medios de comunicaci&oacute;n, el papel de Europa o el actual cuestionamiento de la democracia.</p>
<p>En la amplia conversaci&oacute;n con Rosa Montero que public&oacute; TURIA&nbsp; descubrimos a una autora que est&aacute; &ldquo;harta de ser periodista&rdquo; y que reconoce que &ldquo;en periodismo hablas de lo que sabes y en ficci&oacute;n de lo que no sabes que sabes&rdquo;. Sin embargo, sus lectores la admiramos porque, como afirma su entrevistador, ella siempre &ldquo;sabe qu&eacute; quiere decir, y c&oacute;mo, no hace falta que nadie le d&eacute; pie. Y sabe, sobre todo, que la libertad es un don que no se halla entre las cosas sino muy por encima; en eso se parece a la claridad&rdquo;.</p>
<p>Confiesa Rosa Montero que, para ella, &ldquo;escribir es un camino zen&rdquo; y que &ldquo;la libertad tiene que ver con dejar circular el inconsciente. Las novelas nacen del mismo lugar que los sue&ntilde;os&rdquo;. La autora, reconoce que cada vez practica una literatura m&aacute;s mestiza: &ldquo;la novela de hoy intenta reflejar la realidad, y yo la veo mezclada de fantas&iacute;a y divulgaci&oacute;n&rdquo;. Adem&aacute;s, &ldquo;de la uni&oacute;n de lo fant&aacute;stico y lo real sale la realidad. Cervantes fue el primero en darse cuenta. Lo que &eacute;l hizo repercuti&oacute; en todos&rdquo;.</p>
<p>Rosa Montero, que empez&oacute; a trabajar como periodista a los 19 a&ntilde;os, asegura que &ldquo;en las actuales condiciones, aun siendo un genio, es imposible hacer buen periodismo. Y, para rematar, los medios andan entrampados con los bancos, por lo que pierden libertad y no s&oacute;lo eso: desesperados, apuestan por temas absurdos y sensacionalistas. Estamos instalados en el desastre. Pero albergo esperanza&rdquo;. Desde finales de 1976 trabaja de manera exclusiva para el diario&nbsp;<em>El Pa&iacute;s,</em>&nbsp;medio para el que ha escrito infinitas columnas, reportajes y unas celebradas entrevistas a grandes protagonistas de la actualidad internacional.</p>
<p>Preguntada en TURIA por el papel de Europa y la crisis de las democracias occidentales, Rosa Montero se muestra contundente: &ldquo;Europa ha sido un andrajo toda la vida. Somos unos cobardes&rdquo;. Adem&aacute;s reconoce que &ldquo;vivimos la mayor crisis de legitimidad que ha habido. Hay que refundar el sistema porque fuera de la democracia lo que hay es llanto y crujir de dientes, y a eso vamos&rdquo;. Por &uacute;ltimo, afirmaba: &ldquo;hay que preguntarse por qu&eacute; no representamos una opci&oacute;n atractiva y democr&aacute;tica&rdquo;.</p>
<p>Rosa Montero ha publicado las novelas:&nbsp;<em>Cr&oacute;nica del desamo</em>r (1979);&nbsp;<em>La funci&oacute;n Delta</em>&nbsp;(1981);&nbsp;<em>Te tratar&eacute; como a una reina</em>&nbsp;(1983);&nbsp;<em>Amado Amo</em>&nbsp;(1988);&nbsp;<em>Temblor</em>&nbsp;(1990);&nbsp;<em>Bella y Oscura</em>&nbsp;(1993);&nbsp;<em>La hija del can&iacute;bal</em>&nbsp;(Premio Primavera de Novela en 1997); &ldquo;El coraz&oacute;n del T&aacute;rtaro&rdquo;&nbsp;(2001);&nbsp;<em>La Loca de la casa</em>&nbsp;(Premio Qu&eacute; Leer 2004 al mejor libro del a&ntilde;o; Premio Grinzane Cavour al mejor libro extranjero publicado en Italia en el 2005; Premio &ldquo;Roman Primeur&rdquo; 2006 (Francia) y Grand Prix Litt&eacute;raire de Saint-Emilion, Pomerol, Fronsac 2005-2006);&nbsp;<em>Historia del rey transparente</em>&nbsp;(Premio Qu&eacute; Leer 2005 al mejor libro del a&ntilde;o y Premio Mandarache 2007);&nbsp;<em>Instrucciones para salvar el mundo</em>&nbsp;(Premio de los Lectores del Festival de Literaturas Europeas de Cognac 2011);&nbsp;<em>L&aacute;grimas en la lluvia</em>&nbsp;(marzo 2011);<em>&nbsp;L&aacute;grimas en la lluvia&nbsp;</em>(Premio al Mejor C&oacute;mic 2011 por votaci&oacute;n popular en el Sal&oacute;n Internacional del C&oacute;mic de Barcelona);&nbsp;<em>La rid&iacute;cula idea de no volver a verte</em>&nbsp;(Premio de la Cr&iacute;tica de Madrid 2014 y Prix du Livre Robinsonnais 2016 dans la cat&eacute;gorie Romans &eacute;trangers de la Biblioth&egrave;que du Plessis Robinson);&nbsp;<em>El peso del coraz&oacute;n</em>&nbsp;(2015);&nbsp;<em>La carne</em>&nbsp;(2016);&nbsp;<em>Los tiempos del odio</em>&nbsp;(2018);&nbsp;<em>La buena suerte</em>&nbsp;(2020) y&nbsp;<em>El peligro de estar cuerda</em>&nbsp;(2022).</p>
<p>Tambi&eacute;n ha publicado el libro de relatos<em>&nbsp;Amantes y enemigos</em>&nbsp;(Premio C&iacute;rculo de Cr&iacute;ticos de Chile 1999) y dos ensayos biogr&aacute;ficos,&nbsp;<em>Historias de mujeres</em>&nbsp;y&nbsp;<em>Pasiones</em>, as&iacute; como cuentos para ni&ntilde;os y recopilaciones de entrevistas y art&iacute;culos&nbsp;<em>El arte de la entrevista&nbsp;</em>(2019).</p>
<p>Su obra est&aacute; traducida a m&aacute;s de veinte idiomas, es Doctora Honoris Causa por la Universidad de Puerto Rico y Premio Internacional Columnistas del Mundo 2014. En 2017 fue galardonada con el Premio Nacional de las Letras por el Gobierno de Espa&ntilde;a.&nbsp;</p>
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<p><strong>MANUEL HIDALGO, UN ESCRITOR CIN&Eacute;FILO</strong></p>
<p>El periodista y escritor Manuel Hidalgo, ha sido tambi&eacute;n un autor vinculado a la revista TURIA y ha colaborado en distintas ocasiones, tanto a nivel creativo como cr&iacute;tico o ensay&iacute;stico. As&iacute;, el actual director del prestigioso semanario&nbsp;<em>El Cultural</em>, particip&oacute; en el monogr&aacute;fico que la revista le dedic&oacute; a Carlos Saura analizando su cine musical; tambi&eacute;n en el &ldquo;Cartapacio&rdquo; que protagoniz&oacute; Rafael Azcona, el gran guionista del cine espa&ntilde;ol, y, c&oacute;mo no, en alguno de los varios monogr&aacute;ficos bu&ntilde;uelianos de TURIA.</p>
<p>Especializado en periodismo cultural y de opini&oacute;n desde el inicio de su carrera, Manuel Hidalgo (Pamplona, 1953) hizo estudios de Filosof&iacute;a y Letras y se licenci&oacute; en Ciencias de la Informaci&oacute;n en la Universidad de Navarra. Columnista de larga trayectoria en diversos medios, cr&iacute;tico de cine y de libros, Hidalgo fue en sus comienzos redactor jefe del entonces semanario&nbsp;<em>Fotogramas&nbsp;</em>y dirigi&oacute; despu&eacute;s los suplementos culturales&nbsp;<em>Disidencias&nbsp;</em>(<em>Diario 16</em>),&nbsp;<em>Cinelandia</em>&nbsp;y&nbsp;<em>La Esfera,&nbsp;</em>as&iacute; como el&nbsp;<em>Magazine&nbsp;</em>dominical, estos tres &uacute;ltimos en&nbsp;<em>El Mundo</em>, peri&oacute;dico del que fue fundador y director adjunto.</p>
<p>Ha publicado en las principales editoriales espa&ntilde;olas seis novelas&nbsp;<em>(Azucena, que juega al tenis; La infanta baila y otras)</em>&nbsp;y un volumen de relatos (<em>Cuentos pendientes</em>), as&iacute; como ensayos (<em>El lugar de uno mismo)</em>, libros de cine (<em>El &uacute;ltimo austroh&uacute;ngaro. Conversaciones con Berlanga&nbsp;</em>y<em>&nbsp;El banquete de los genios</em>, memorial&iacute;sticos (<em>El Hombre Malo estaba all&iacute;</em>&nbsp;y&nbsp;<em>Del balneario al monasterio</em>) y de otros g&eacute;neros (<em>La guerra del sof&aacute;,&nbsp;</em>adaptado al teatro).</p>
<p>Manuel Hidalgo fue finalista de La Sonrisa Vertical con&nbsp;&nbsp;<em>El pecador impecable,&nbsp;</em>llevado al cine, y ganador del Premio Logro&ntilde;o de Novela con<em>&nbsp;Lo que el aire mueve.&nbsp;</em>Ha escrito los guiones de seis pel&iacute;culas (<em>Una mujer bajo la lluvia,&nbsp;Nubes de verano, Mujeres en el parque&hellip;</em>), fue nominado al Goya al Mejor Guion Adaptado por&nbsp;<em>El portero&nbsp;</em>y obtuvo el&nbsp;Premio Julio Alejandro de Guion con<em>&nbsp;La puerta del amor</em>, coescrito con&nbsp;Ana D&iacute;ez.</p>
<p>Con sus art&iacute;culos y con&nbsp;su blog&nbsp;<em>Tengo una cita,&nbsp;</em>Hidalgo ha venido colaborando en&nbsp;<em>El Cultural</em>&nbsp;desde hace quince a&ntilde;os, al tiempo que ha dirigido cursos acad&eacute;micos en diversas instituciones culturales y universidades espa&ntilde;olas.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 24 Feb 2023 13:18:36 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Habito en la montaña de mi mente]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/habito-en-la-montana-de-mi-mente/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/RA_L_NIETO_DE_LA_TORRE_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&ldquo;El oficio de la palabra, / m&aacute;s all&aacute; de la peque&ntilde;a miseria/ y la peque&ntilde;a ternura de designar esto o aquello, / es un acto de amor: crear presencia / (&hellip;) La palabra: ese cuerpo hacia todo. / La palabra: esos ojos abiertos&rdquo; escribi&oacute; Roberto Juarroz en el cuaderno cuarto de su <em>Poes&iacute;a Vertical</em>. Ra&uacute;l Nieto de la Torre (1978) en <em>Piedra negra, piedra blanca</em> (2022) ha plasmado esa propuesta. Enfrentado a su madurez con los ojos abiertos de la palabra, ha hecho del verso indagaci&oacute;n, introversi&oacute;n, introspecci&oacute;n al hilo de su circunstancia vital, por decirlo con Thorpe Running y Alfredo Salda&ntilde;a. <em>Piedra negra</em>&hellip;trata en el fondo de todo eso y sus per&iacute;metros, de ese averiguarse en la edad y sus tr&aacute;nsitos, tambi&eacute;n de la asunci&oacute;n de un proceso. O la reflexi&oacute;n entre cuanto fue y donde el yo piensa el hoy en el equilibrio fun&aacute;mbulo de su autognosis en ese nuevo querer decirse, entenderse en su reciente cuerpo y realidad, circunstancia (el hijo igualmente). O donde se replantea la relaci&oacute;n entre lo nombrado como tal (yo) y la palabra en crisis, ante una problematizaci&oacute;n del yo moderno y posmoderno, para que Fiedrich Schlegel y Helene Cixoux duerman tranquilos. Juarroz, estricto en pulsiones y afinidades, m&aacute;s all&aacute; en la desnudez, llega concreto a Nieto de la Torre, cuando entiende as&iacute; ese tr&aacute;nsito, y problematiza: &ldquo;El otro que lleva mi nombre/ ha comenzado a desconocerme. /Se despierta donde yo me duermo, / me duplica la sensaci&oacute;n de estar ausente, /ocupa mi lugar como si fuera yo, / (&hellip;) Imitando su ejemplo, /empiezo yo a desconocerme. / Tal vez no exista otra manera/ de empezar a conocernos&rdquo;. Nos lo cuenta en sus <em>Poemas de otredad</em> y en la extra&ntilde;eza ante al nuevo yo, el que se ha ido deslizando imperceptiblemente y&nbsp; desemboca en la meditaci&oacute;n, lejos de la filosof&iacute;a, que es otro lenguaje. Y as&iacute; lo hace Nieto en la llamada poes&iacute;a de la edad con <em>Piedra negra, piedra blanca</em> y punto de aproximaci&oacute;n al motivo (con tono acompasado al mismo del entenderse y asumirse), cuando &ldquo;habito en la monta&ntilde;a de mi mente&rdquo; para homenajear al Wallace Stevens de la poes&iacute;a es el asunto del poema. Ya va entendiendo el lector por d&oacute;nde van los tiros. Y es que el libro nos cuenta una crisis emocional ante el tiempo y el yo, un desear entenderse desde ah&iacute;, ante el tiempo y el silencio que existe cuando a&uacute;n no se ha rellenado el nuevo yo y se precisa de la escritura &ldquo;Pues lo que no he escrito no lo s&eacute;&rdquo;. As&iacute; lo canta en un estupendo poema de la primera parte de las cinco del libro. Hay pues, en sentido heideggeriano, un hacerse al silencio de lo que se desaloja y de lo que no ha llegado. Lo hace, pues no hay otra, desde la extra&ntilde;eza biogr&aacute;fica, la falacia biogr&aacute;fica igualmente, como escribi&oacute; ya hace mucho, por 1946, uno de los miembros m&aacute;s destacados del New Criticism, William K. Wimsatt. &ldquo;Hay tanto / blanco a mi alrededor y tanta nada / que lo que escribo es lo que s&eacute;&rdquo; un asidero, pues se parte, y de nuevo Juarroz, de &ldquo;un vac&iacute;o multitud que sigue solo&rdquo;, uno de los asuntos: la soledad. Hay una constataci&oacute;n ante ese abismo o hueco de las cosas, ante esa vecindad con el silencio, el hueco que ha dejado lo pasado y el nuevo donde el yo cohabita desasosegadamente.</p>
<p>En &eacute;poca de ampulosidades se agradecen estas voces construy&eacute;ndose con buen saber decir, adem&aacute;s, pues Nieto de la Torre tiene ritmos interiores bien asentados, conoce el oficio y camina acompasadamente a las nuevas maneras de los lenguajes de un/su tiempo. Su madurez ha sabido explicarse en un di&aacute;logo en letra redonda de lo asertivo, pero dentro de esa legibilidad que la cr&iacute;tica del sentido com&uacute;n, como dijo Geoffrey Hartman, acepta con franqueza frente a experimentalismos radicales, siempre m&aacute;s problem&aacute;ticos. Ra&uacute;l Nieto se ha quedado a las puertas de todo ello porque ha antepuesto y una confesionalidad desde la cortes&iacute;a de la claridad, de cierta claridad, pues sabe donde est&aacute;. Ciertamente lejos las aventuras de Antonio M&eacute;ndez Rubio como esfuerzo (tras Jenaro Talens, pero con otras f&oacute;rmulas). Es decir, lejos de un experimentalismo radical en juegos, dislocamientos del yo y aventuras metapo&eacute;ticas, que el reduce hacia una mayor contingencia clasicista en las cursivas. Y si bien hay presencia de esas f&oacute;rmulas de los nuevos decires, no se entrega a ellos con actitud vanguardista, sino cl&aacute;sica. Queda lejos incluso de la inicial /radical Andr&eacute;s S&aacute;nchez Robayna de &ldquo;Tinta&rdquo; o de los recientes &ldquo;proemas&rdquo; saturados de voces o los espesores miscel&aacute;neos de cierto experimentalismo fallido de los poetas del 2000 en su evoluci&oacute;n, y del 2010 en su apuesta. La propuesta de Ra&uacute;l Nieto, pertenece a ese nuevo clasicismo meditativo los lenguajes y sus resistencias, reivindicaci&oacute;n frente a la representaci&oacute;n un&iacute;voca de las meras l&iacute;neas claras y narrativas. Y lo sabe decir entre redondas y cursivas sin radicalidad en el juego formal, para afronta saberse desde lo sucinto y &ldquo;confesional&rdquo;. &nbsp;Ya hemos hecho referencia al respecto a William K. Wimsatt.</p>
<p>&ldquo;Miro por el cristal. Est&aacute;n / las hojas todav&iacute;a / hechas de &aacute;rbol y los ojos / est&aacute;n llenos de / hombre de mediana edad, callado, pensativo. / No han coincidido muchas veces&rdquo; nos dir&aacute;. Ese es el tono antepuesto, como marca de intenciones. Sabe que tambi&eacute;n, siente, sobre todo, otra vida que trascurre &ldquo;agazapada, oscura&rdquo;. Con la &ldquo;cuerda&rdquo; del &ldquo;todos&rdquo; asume ese di&aacute;logo con el yo y con la exterioridad desde la nueva perspectiva de la &ldquo;mediana edad&rdquo; en ese &ldquo;todo llega a ser&rdquo;, como tu pelo &ldquo;recogido en lo alto como un nido / intempestivo&rdquo;. Y es que tiene originalidad en las im&aacute;genes. &nbsp;Ra&uacute;l Nieto de la Torre es de esos poetas que prefiere equivocarse, y no es el caso, antes que adocenarse y no tener voz, arriesga en ello. Quiere decirse desde ah&iacute; y con plasticidad constante sin exuberancias, desde un alto en el camino ante el lago como aquel ibis=Pessoa, y ahora &eacute;l mismo &ldquo;Parado como un p&aacute;jaro en su muerte&rdquo;. Su voz est&aacute; asumiendo un tr&aacute;nsito,pero tambi&eacute;n un luto (atenci&oacute;n a ese aspecto o pulsi&oacute;n) &nbsp;y &ldquo;lo hago andando&rdquo;. Es un &ldquo;Miedo&rdquo; dice en otro estupendo poema el solitario que busca amor y responder preguntas que ha sabido resolver y sintetizar en el poema: &ldquo;cuando digo un poema soy poema&rdquo;. Reflexi&oacute;n y pensamiento l&iacute;rico, lejos de la filosof&iacute;a, de un lector, me parece, de Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente, si bien est&eacute; seguramente m&aacute;s pr&oacute;ximo de lo que parece, a Roberto Juarroz. Sin su misticismo, pero casi, pues le merodea. Esa luz de interiores de &ldquo;deshecho / la posibilidad de luz que esconde / la persiana bajada&rdquo; pues &ldquo;Tengo palabras dentro&rdquo; como respuesta a &ldquo;la mordedura de la luz&rdquo;, no ha dado a&uacute;n el salto a ese &aacute;mbito como palabra despojada. Lo dar&aacute; si decanta y purga las conexiones con la realidad, pero esa &ldquo;m&aacute;scara&rdquo; o poema, a la que alude en ocasiones, est&aacute; pugnando en la balanza por ir en esa direcci&oacute;n. &nbsp;Y lo &ldquo;Est&aacute;s gritando en el silencio/igual que un pan mordido&rdquo; dice con plasticidad propia, quien asume el vac&iacute;o: &ldquo;como un hueso/de aire&rdquo;. En esas anda esta poes&iacute;a a la que, sin duda, habr&aacute; que seguir, pues lo merecen sus versos y esta honradez de contarse en un momento en sus &ldquo;ojos / de manzana mordida oscureci&eacute;ndose&rdquo;. Lo cuenta con una imagen propia, original, pero eso ya lo hab&iacute;amos dicho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ra&uacute;l Nieto de la Torre, <em>Piedra negra, piedra blanca</em>, Madrid, Huerga y Fierro, 2022.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 24 Feb 2023 11:59:36 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Otra pepita de palabras]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/otra-pepita-de-palabras/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/Ivo_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Incluye este volumen que ve la luz en Editorial Ultramarina un buen muestrario de la diversidad y riqueza de la poes&iacute;a hisp&aacute;nica que hoy &mdash;y pocas veces ese hoy ha nombrado algo tan inmediato y actual&mdash; se est&aacute; escribiendo a una y otra orillas del Atl&aacute;ntico. Poetas de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Espa&ntilde;a, Guatemala, Italia, M&eacute;xico, Nicaragua, Panam&aacute;, Per&uacute; y Uruguay, hasta un total de cincuenta y cinco, conforman esta propuesta que surge del compromiso que Casa Bukowski mantiene con la poes&iacute;a y que ha sido coordinada por Ivo Maldonado, un poeta, editor e incansable gestor cultural nacido en Chile en 1978 que ha trabajado con un grupo de colaboradores de Espa&ntilde;a, Nicaragua, Colombia, Ecuador, Guatemala, Bolivia, Uruguay y M&eacute;xico.</p>
<p>Desde luego, esta antolog&iacute;a &mdash;aunque sea tambi&eacute;n, y sobre todo, una apuesta, una propuesta de futuro, y ese futuro confirmar&aacute;, o no, lo que aqu&iacute; se presenta como una realidad en potencia&mdash; est&aacute; llamada a constituirse como un punto de referencia de la poes&iacute;a escrita en espa&ntilde;ol en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os (algunos de los poetas seleccionados, los m&aacute;s j&oacute;venes, han nacido en 2005), una poes&iacute;a que presenta una riqu&iacute;sima variedad tem&aacute;tica y formal, entendida a menudo como una respuesta, un reflejo e incluso un desacuerdo ante las convenciones sociales que ordenan nuestro presente. Una poes&iacute;a, en ese sentido, que no mira hacia otro lado, comprometida con las carencias y adversidades del mundo del que forma parte.</p>
<p>La poes&iacute;a &mdash;donde la verdad se desvanece para manifestarse en la forma de una palabra que tan solo da testimonio de s&iacute; misma, donde la herida de la profundidad queda al descubierto y el secreto se resiste a ser compartido y romper su inviolabilidad&mdash; se presenta como un lugar en el que a veces &mdash;como sucede en algunos de estos poemas&mdash; se produce un engendrar o un dar a luz (&laquo;donner &agrave; voir&raquo;, dec&iacute;a Paul &Eacute;luard), un acontecimiento que responde al sonido y contiene el sentido de una sola e inquietante palabra que vale por todo el lenguaje y el silencio que la arropan y sostienen. Una palabra que se dice a s&iacute; misma y nada m&aacute;s. Ning&uacute;n otro gesto, ninguna otra cosa incorpora, nada m&aacute;s a&ntilde;ade que su sola y perturbadora presencia abandonada y extendida como una mancha sobre la s&aacute;bana blanca e inmarcesible del silencio (as&iacute;, algunos poemas de Sof&iacute;a Nowendsztern, Rassiel Zabala, &Aacute;ngela Camila Gonz&aacute;lez, Ana Victoria Jaraba).</p>
<p>Es, reitero, el lugar de la palabra que quiere ser nada menos que palabra, en realidad, solo eso, palabra y nada m&aacute;s, se&ntilde;al que se basta a s&iacute; misma, memoria pulverizada, tierra en tempero dispuesta ya para ser labrada por la palabra, resto o destello de una lengua perdida pero a&uacute;n no olvidada y siquiera conservada en unos pocos y desordenados fragmentos que se confunden entre la niebla del lenguaje, como sucede en los poemas de Celia Carrasco, unos textos en los que la vida cobra vuelo y se eleva hacia lo m&aacute;s hondo gracias a la potencia del lenguaje. Es el lugar de la palabra que quiere decir otra cosa distinta de lo que ya se ha dicho y reiterado hasta la extenuaci&oacute;n, expresar quiz&aacute;s lo indecible, a veces lo silenciado, una palabra que brota para romper el sonsonete y el runr&uacute;n que martillean sin cesar en la continuidad previsible y anodina de una conversaci&oacute;n ya establecida y programada de antemano, una palabra que, al combinar sus letras de otra manera, nos permite explorar y palpar la realidad de un modo ins&oacute;lito y encontrar por el camino algo distinto, otra cosa, un mundo distinto, el indicio quiz&aacute;s de un acontecimiento inesperado.</p>
<p>Estos poetas &mdash;y me refiero a ellos, claro, de manera muy general, como no puede ser de otra manera en este reducido espacio&mdash; beben en muy diferentes tradiciones y culturas, aunque todos ellos compartan el compromiso con una lengua, el espa&ntilde;ol, en la que encuentran un reguero de posibilidades. Saben que escribir es enfrentar(se a) la muerte, experimentar una imagen de la muerte, establecer alg&uacute;n tipo de v&iacute;nculo con ella (aunque esa realidad se perciba ahora, claro, como algo muy lejano), perder &mdash;desaprovechando incluso la oportunidad de dictar otras palabras&mdash;, pero es una p&eacute;rdida que conlleva una ganancia pues, en esto, no es m&aacute;s rico quien m&aacute;s atesora sino quien ha sabido crecer en la privaci&oacute;n, la p&eacute;rdida y la adversidad (l&eacute;anse en este sentido, por ejemplo, los poemas de Diana Gal&aacute;n, Isabella Acerenza y Roc&iacute;o Medina).</p>
<p>Aunque, evidentemente, sean muchas las diferencias entre ellos, estos poetas se sirven de un lenguaje figurado y no literal, un lenguaje que opera &mdash;as&iacute; en los casos m&aacute;s interesantes&mdash; no por imitaci&oacute;n o reproducci&oacute;n de una realidad previa sino por transformaci&oacute;n sem&aacute;ntica, simb&oacute;lica o imaginaria, elaborado con tropos y recursos literarios, un lenguaje que, precisamente por su constituci&oacute;n, se presta a resultar sospechoso de desvirtuar la realidad o de faltar a la verdad, por ejemplo, un lenguaje maleable y con frecuencia escurridizo en el que el sentido y el significado se encuentran condicionados por la potencia traslaticia y el &aacute;mbito metaf&oacute;rico e imaginario en el que surgen. Dec&iacute;a Alfonso Reyes que la poes&iacute;a es el baile del lenguaje, el lenguaje en movimiento, y quien quiera compartir con ella esa danza tendr&aacute; que arriesgar su identidad y entregarse a la vitalidad, la potencia y la mutaci&oacute;n del lenguaje. Algunos de estos poetas han entendido muy bien esta lecci&oacute;n.</p>
<p>La poes&iacute;a, en ocasiones, es el lugar de ese hablar desarticulado y no sometido. Hay poetas que se resisten a comerciar con palabras ya empaquetadas a gusto del consumidor; tratan entonces de fundar un habla que suele resultar impronunciable y sorda para el com&uacute;n de los mortales, ininteligible, atenta a otra sensibilidad y a otra percepci&oacute;n del mundo, un habla marginal por no atendida, extra&ntilde;a por infrecuente, construida desde la negativa a nombrar el mundo de una manera ya dada, desde la sospecha que da intuir que el mundo ser&aacute; otro si es otro el lenguaje que lo nombra o, sin m&aacute;s, que el mundo ser&aacute; si hay un lenguaje, una palabra, que lo nombra (as&iacute;, algunos poemas de Juan Gallego Benot, G&eacute;nesis Ramos, Guillermo Garc&iacute;a). Las palabras son las miradas de estos poetas, los elementos que dan testimonio de su presencia imaginada en el mundo. Y esas palabras, a veces, transforman lo que pronuncian hasta el punto, incluso, de hacerlo desaparecer.</p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em>Todos los dioses. Antolog&iacute;a panhisp&aacute;nica de poetas j&oacute;venes del siglo XXI</em>, Ivo Maldonado, antologador, Sevilla, Editorial Ultramarina, 2022.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 16 Feb 2023 13:25:11 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Apuntes a “La novela de Lot”, de Juan Pedro Aparicio]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/apuntes-a-la-novela-de-lot-de-juan-pedro-aparicio/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/JUAN_PEDRO_APARICIO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>1.- Se escribe siempre desde un punto de vista, ese punto de vista suele tener detr&aacute;s un pensamiento y ese pensamiento esta alimentado por un nudo de querencias y quereres, el que ata y da consistencia al autor. A su vez un querer suele tener como sombra un desamor, que es su contrario. Cabr&iacute;a ver ese desamor como un complementario, siguiendo a Machado: busca a tu complementario, que marcha siempre contigo y suele ser tu contrario. Si no fuera por su acepci&oacute;n m&aacute;s bien peyorativa cabr&iacute;a hablar de filias y fobias, sentenciando que eso somos: un manojo mejor o peor urdido de filias y fobias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>2.- Cuando se analiza unas concreta obra de un autor podemos prestar mayor o menor atenci&oacute;n al autor, e incluso en el extremo podemos llegar a prescindir de &eacute;l,&nbsp; como predicaba una escuela cr&iacute;tica que a&uacute;n colea, fruto del estructuralismo y, al final, del empe&ntilde;o del marxismo-leninismo en automatizar la historia eliminando al sujeto, siempre sospechoso. Sin embargo al analizar no &ldquo;una obra&rdquo; sino &ldquo;la obra&rdquo; de un autor es m&aacute;s apropiado ocuparnos de &eacute;ste para entender aquella, en su intenci&oacute;n pero tambi&eacute;n en su significado. Y esto nos lleva inevitablemente a prestar atenci&oacute;n a sus querencias y quereres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>3.- Desde luego hay un querer previo o presupuesto que es el dar cuenta de una realidad a trav&eacute;s de una historia tratando de que las palabras, al someterlas en su empleo a un esfuerzo de intensificaci&oacute;n, nos revelen m&aacute;s de lo que resulta de la mera correcci&oacute;n al combinarlas. Este &ldquo;hacer&rdquo; (<em>poieo</em>) se puede ejecutar bien, regular o mal, lo que depender&aacute; tanto del respeto a la ortodoxia en esa combinaci&oacute;n como de su potencia creadora al transgredirla &ndash;que es la que rotura nuevos surcos en el <em>pagus</em>, la p&aacute;gina-, pero tambi&eacute;n de que en ese esfuerzo se alcance o no la intensidad de la que antes hablaba, cuya manifestaci&oacute;n es un chisporroteo que se acaba convirtiendo en luz, m&aacute;s o menos como al hacer pasar una corriente el&eacute;ctrica por la dificultosa espiral de un filamento. Es ya conocido y reconocido que esa prueba de &ldquo;buena escritura&rdquo; la ha pasado y la pasa el autor Juan Pedro Aparicio con excelencia. A la excelencia de la factura se a&ntilde;ade la de las historias, repletas de imaginaci&oacute;n, inter&eacute;s, sensualidad y vida, incluyendo en esta la mezcla de verosimilitud e inverosimilitud que existe en toda existencia humana. Son historias que han pasado ya con &eacute;xito, al ser publicadas, la prueba del lector, la cr&iacute;tica y los galardones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>4.- Pero <em>La novela de Lot</em>, siendo un kilo m&aacute;s o menos de la escritura excelente de las cuatro novelas ya publicadas, las re&uacute;ne bajo un t&iacute;tulo, Lot, que denota una intenci&oacute;n de engarce y, a la vez de carga de sentido de las cuatro al someterlas justamente a ese lema: Lot. Sobre qu&eacute; sea Lot, si es Le&oacute;n o no es Le&oacute;n, si caso de serlo se trata de un Le&oacute;n f&iacute;sico, sociol&oacute;gico e hist&oacute;rico o m&aacute;s bien de una abstracci&oacute;n, un&nbsp; destilado, e incluso si hablamos de una entidad terrenal&nbsp; o algo as&iacute; como un Le&oacute;n espiritual (al modo, dir&iacute;amos, de Si&oacute;n o la Jerusal&eacute;n celestial del Apocalipsis, como parece insinuar su primera cita), ya habla con un saber cualificado Jos&eacute; Mar&iacute;a Merino en su espl&eacute;ndido pr&oacute;logo. Cualificado, digo, no solo por el muy acreditado talento cr&iacute;tico de Merino, sino por un conocimiento especial del autor de Lot que viene de la fraternidad de haber sido y ser compa&ntilde;eros de andanzas y de causas durante toda una f&eacute;rtil vida literaria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>5.- Hay en el autor JPA una querencia primordial que es la que, con la fuerza de un destino capaz de imponerse incluso a su voluntad y le viene de las honduras misteriosas de un v&iacute;nculo tel&uacute;rico,&nbsp; lo ata a su tierra, a su solar,&nbsp; que en un primer c&iacute;rculo es Le&oacute;n, la antigua capital de un antiguo Reino que llegar&iacute;a a ser Imperio, pero en su proyecci&oacute;n&nbsp; hist&oacute;rica antecedente es el ancestral territorio de los Astures o &Aacute;stures. Todo ello explica que Asturias est&eacute; en sus novelas tan presente, en algunas &ndash;como en La Forma de la Noche- m&aacute;s incluso que el propio Le&oacute;n. Idealizadamente, la frustraci&oacute;n de ese Imperio, donde brot&oacute; el cigoto del parlamentarismo en Europa, ser&iacute;a la de la propia Espa&ntilde;a, condenada a sufrir para siempre la maldici&oacute;n que en su excelente ensayo Nuestro Desamor a Espa&ntilde;a (Premio Internacional de Ensayo Jovellanos) JPA llama &ldquo;embriog&eacute;nesis defectuosa&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>6.- Hay pues aqu&iacute; un irredentismo en estado puro, o sea, sin pasar por el tallado pol&iacute;tico, y por tanto un v&oacute;rtice de creatividad literaria. Como en todo irredentismo, amor y desamor comparten a codazos un mismo espacio. Si el amor es al viejo Reino o Imperio de Le&oacute;n el desamor tiene su objeto en la que llama Castiespa&ntilde;a,&nbsp; una especie de naci&oacute;n fallida fruto de aquella embriog&eacute;nesis defectuosa que se llev&oacute; por delante todas las promisorias virtudes del Viejo Reino. Pero el desamor se proyecta tambi&eacute;n hacia la eterna aliada de Castilla, Roma, el Vaticano, la Iglesia Cat&oacute;lica, de cuya alianza la &uacute;ltima versi&oacute;n conocida ser&iacute;a, ni m&aacute;s ni menos, el nacional-catolicismo. Roma andar&iacute;a detr&aacute;s de todas las particiones, reparticiones y recomposiciones de esa fase magm&aacute;tica de las naciones, siempre en beneficio de su propio poder, tan terrenal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>7.- Si por ah&iacute; ir&iacute;a el haz de fibras de las <em>querencias</em> primordiales, a ellas se anudan otros <em>quereres</em>, y hago la distinci&oacute;n para denotar en estos la presencia, en mayor o menor grado, de una voluntad guiada por impulsos &eacute;ticos, equivalentes, aqu&iacute; en el plano social, a las afinidades electivas (de igual modo que la sangre mandar&iacute;a en las querencias). Se trata de su afiliaci&oacute;n a la causa &ndash;perdida- de los perdedores de la Guerra Civil espa&ntilde;ola, presente tambi&eacute;n en sus novelas sin que sufra su verdad literaria, sino al rev&eacute;s, pues la justa ponderaci&oacute;n de la realidad de los hechos transustanciada en la realidad creada, produce verdad. Ese fracaso de los perdedores se une al del Viejo Reino, pero no viene de &eacute;l, aunque los derrotados lo hayan sido por el nacional-catolicismo.&nbsp; Nace de modo principal &ndash;en mi opini&oacute;n- a modo, como he dicho, de una respuesta &eacute;tica, de un impulso&nbsp; de justicia (y compasi&oacute;n, si se quiere) con los vencidos y luego largamente victimados, aunque en t&eacute;rminos &ldquo;de clase&rdquo; no sean exactamente los suyos; lo cual, pienso, refuerza o enaltece su valor moral.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>8.- Sin &aacute;nimo, desde luego, de agotar el repertorio de querencias y quereres, hay tambi&eacute;n al fondo de ese formidable conjunto de novelas que tiene dentro Lot &ndash;como en toda la obra de JPA- un extra&ntilde;o e inquietante vector de fuga, de signo que podr&iacute;amos llamar mist&eacute;rico, m&iacute;stico, gn&oacute;stico y hasta teos&oacute;fico, en permanente lucha con la complexi&oacute;n b&aacute;sicamente racionalista del autor.&nbsp; Subyace,&nbsp; cumpliendo la misi&oacute;n de levantar al decorado de la realidad, en algunas escenas que ponen un acento surrealista en las novelas, como los tigres fugados de un circo que atraviesan las l&iacute;neas del cerco de Oviedo o el paracaidista lanzado al vac&iacute;o de una plaza urbana al comienzo de otra,&nbsp; pero la pasi&oacute;n de JPA por las cosas que no est&aacute;n al alcance de la vista se hace expl&iacute;cita en su devoci&oacute;n hacia Emanuel Swedemborg, que preside la cuarta novela del haz, El viajero de Leicester, aparece en una de las tres citas del conjunto (&ldquo;Sin dos soles, el uno vivo y el otro muerto, no habr&iacute;a creaci&oacute;n&rdquo;) y ha sido elucidada &ldquo;hasta cierto punto&rdquo; (como propio de su naturaleza mist&eacute;rica) en el pr&oacute;logo de Jos&eacute; Mar&iacute;a Merino a la edici&oacute;n de dicha obra (2013), a la que califica de &ldquo;novela de fantasmas&rdquo;. Pero, como digo, esa cuarta dimensi&oacute;n corretea por toda la obra de JPA, como en los &ldquo;relatos cu&aacute;nticos&rdquo; de La mitad del diablo, de 2006, o incluso en sus, llam&eacute;moslas as&iacute;, &ldquo;devociones c&iacute;vicas&rdquo;, como la de que profesa a la antimateria religiosa de Genar&iacute;n, que cada Viernes Santo pasean muchos leoneses por su ciudad, dando la r&eacute;plica a los desfiles oficiales. Se trata de un olor a azufre comedido, que, sin afectar a la compostura caracter&iacute;stica de JPA, un tanto <em>british</em>,&nbsp; la carga de inquietante atractivo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>9.- Un breve exordio como a pie de p&aacute;gina a este respecto. La proscripci&oacute;n de la magia por la cultura y la moral del racionalismo -con la impagable ayuda de la Iglesia, siempre atenta a asegurarse el monopolio del prodigio, el &ldquo;milagro&rdquo;, eliminando toda competencia- alcanza de lleno a la literatura, que por la v&iacute;a estrecha del g&eacute;nero reserva a la novela y relatos fant&aacute;sticos su emisi&oacute;n can&oacute;nica (igual que hace con la llamada &ldquo;literatura er&oacute;tica&rdquo;, un modo de conjurar el erotismo en la otra), o bien instaura de modo expl&iacute;cito un g&eacute;nero h&iacute;brido, como el &ldquo;realismo m&aacute;gico&rdquo;, libre de pecado contra la raz&oacute;n de Occidente al imputarlo a una contaminaci&oacute;n indigenista. Cosa parecida ocurre con el que llamo &ldquo;realismo m&aacute;gico del Norte&rdquo;, que hoy encarnar&iacute;a Cormac McCarthy. A fin de cuentas &ldquo;De lo que no se puede hablar [lo inefable] hay que callar la boca&rdquo; (<em>Tractatus</em>, ep. 7 y &uacute;ltimo). Sin embargo el humo de lo m&aacute;gico, que poco tiene que ver con el llamado &ldquo;pensamiento m&aacute;gico&rdquo;, se acaba colando de forma inevitable por las rendijas de la literatura realista en forma un tanto cr&iacute;ptica y a veces disimulada. Un ejemplo ser&iacute;a el rito insinuado en el final de <em>La Regenta</em>, del que alguna vez me he ocupado, sin que venga a cuento ahora ir m&aacute;s all&aacute;. Curioso es que la cr&iacute;tica literaria, tantas veces un brazo de la censura moral, suela silenciar estas salidas del tono, como si fueran simples ruidos que conviene limpiar de la audici&oacute;n. Pues bien, ese humo est&aacute; tan presente en la atm&oacute;sfera m&aacute;s o menos clandestina de la literatura de JPA que me atrevo a afirmar que sin aspirarlo a fondo no se hace uno cargo de ella del todo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>10.- Por mi parte, en todo caso, me afilio de modo especial al sol muerto pero muy vivo, que explora JPA sin acudir a otras claves, el de una segunda vida en la memoria de quienes nos recuerdan, una especie de chisporroteo vital cuando lo hacen quienes lo hacen. Se tratar&iacute;a de una religi&oacute;n en sentido propio, o sea, un v&iacute;nculo con lo que haya o no haya fuera de lo que hay. Un asunto (de ah&iacute; mi afiliaci&oacute;n) que emparenta, creo, con la pregunta que me hac&iacute;a yo mismo por v&iacute;a po&eacute;tica en un libro de hace casi un cuarto de siglo, <em>Los gestos de la tarde</em> (perd&oacute;n por la autocita): &ldquo;La tarde est&aacute; repleta / de preguntas y viento, / &iquest;Ser&aacute; nada la nada / o seguir&aacute; el recuerdo?&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No descubro nada, en fin, si digo que la obra de JPA (toda ella y &eacute;sta) es la de un autor distinto, hondo, concienzudo, concienciado, sabio, honesto, rebelde hacia la apariencia de las cosas, terco en sus querencias y quereres, valioso por el poder&iacute;o de su letra y su mente, de prosa limpia y fondo turbio, &uacute;til incluso para poner en su lugar a tanta &ldquo;literatura&rdquo; de prosa turbia y fondo pat&eacute;ticamente limpio como nos rodea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Juan Pedro Aparicio, <em>La novela de Lot</em>, Le&oacute;n, Eolas Ediciones, 2022.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 10 Feb 2023 11:22:31 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rosa Lentini: “Nunca somos suficientemente conscientes de nuestra fragilidad”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/rosa-lentini-nunca-somos-suficientemente-conscientes-de-nuestra-fragilidad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/ROSA_LENTINI_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>Fuera del d&iacute;a&nbsp;</em>(Bartleby). Con este t&iacute;tulo, la poeta barcelonesa Rosa Lentini (1957) cierra la trilog&iacute;a <em>Hablando de objetos rotos</em>, acompa&ntilde;ado por <em>Tuvimos</em> y <em>Hermosa</em> <em>nada</em>. La memoria sigue sirviendo de eje a los versos de Lentini, que hacen de la memoria lumbre de futuro, reconstruidos en un gerundio casi sostenido, sin aspavientos, sin resplandor que ofusque sino con candidez de puchero, que va narrando (se) una historia que es la suya hecha analog&iacute;a de alteridad. Diez a&ntilde;os para una tr&iacute;ada que se nos presenta como una suerte de sortilegio ling&uuml;&iacute;stico y de exorcismo de la infancia, lleno de belleza: &ldquo;pero el deseo/ pugna por nacer a una segunda piel/ la incredulidad de la que brota,/ donde el demonio de los versos/ se libre de la ira y de su lluvia envenenada&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo se instruye a la mirada para que encuentre o descubra el prodigio que nos rodea?</p>
<p>- Teniendo en cuenta, ante todo, lo que Sharon Olds nos dice en uno de sus poemas: &laquo;Mirar, mirar, mirar la tierra/ (&hellip;) como si esta fuera mi forma personal/ de tener alma&raquo;. Es un compromiso donde antes que nada est&aacute; el saber que nuestra forma de mirar es la que nos construye. Otra poeta norteamericana, Denise Levertov, dice que se suele olvidar que el poeta acude a la poes&iacute;a con el mismo prop&oacute;sito que lo hace el lector; por alg&uacute;n tipo de iluminaci&oacute;n, de revelaci&oacute;n que le ayude a sobrevivir, especialmente en esp&iacute;ritu, pero esas revelaciones no lo son la mayor parte de las veces sobre lo inaudito, sino sobre lo que est&aacute; a nuestro alrededor olvidado o sin ser visto y que pugna por expresarse. Y es que el poeta est&aacute; buscando iluminar lo que siente pero que no sabe que lo siente hasta conseguir expresarlo.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;El poeta camina sobre una cuerda floja, equilibrando contenido y forma&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>- En su poes&iacute;a, usted propone m&aacute;s que el fulgor de lo contingente, la acumulaci&oacute;n vital de quien escribe (esto tambi&eacute;n se advierte en la extensi&oacute;n de los poemas). &iquest;Pesa m&aacute;s la memoria que el deseo?</p>
<p>- Depende de la memoria de cada uno, de lo vivido por cada uno; en mi caso, la memoria pesa y el poema suele alargarse, aunque no siempre. Al igual que los amerindios, pienso que lo que tenemos delante no es el futuro, sino el pasado, y que todo lo acumulado en la vida sirve para clarificarlo m&aacute;s que para revivirlo, y esa transfiguraci&oacute;n desde el presente de un pasado menos revisitado que reconstruido, nos ofrece, poco a poco, un cuadro m&aacute;s completo de qui&eacute;nes somos; la poes&iacute;a de la memoria no es nunca la sola narraci&oacute;n de los hechos, es necesaria tambi&eacute;n una elaboraci&oacute;n po&eacute;tica, una m&aacute;scara, que ayude a acercarla al lector. El poeta camina sobre una cuerda floja, equilibrando contenido y forma. Desde mi codirecci&oacute;n en la revista <em>Hora de Poes&iacute;a</em>,<em> </em>hasta la de Ediciones Igitur, ambas con mi marido, el escritor Ricardo Cano Gaviria, he le&iacute;do mucha poes&iacute;a. Y solo por esa cantidad de lecturas espero saber reconocer los l&iacute;mites, hasta d&oacute;nde se puede llegar en la narraci&oacute;n personal.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;El compromiso &eacute;tico del poeta es sobre todo con la palabra&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>- El compromiso del poeta, &iquest;queda m&aacute;s all&aacute; del lenguaje, queda <em>fuera del d&iacute;a?</em></p>
<p><em></em>- El compromiso &eacute;tico, moral, del poeta va m&aacute;s all&aacute; de lo contingente, pero tambi&eacute;n m&aacute;s all&aacute; de una poes&iacute;a social tal como se entend&iacute;a en el periodo de los a&ntilde;os 50 a los 70 del siglo pasado. En Estados Unidos saben encontrar el punto medio entre lo personal y lo social. Es un compromiso con lo real, entendiendo por real no la realidad, sino la narraci&oacute;n personal que hacemos de ella. Hacer poemas de experiencias &iacute;ntimas contadas desde la interioridad, pero no calcando la realidad, sino interpret&aacute;ndola a trav&eacute;s de la mediaci&oacute;n de la poes&iacute;a, poemas &iacute;ntimos s&iacute;, pero no confesionales. El compromiso &eacute;tico del poeta tambi&eacute;n llega fuera de la palabra, aunque es sobre todo con la palabra. En la trilog&iacute;a que acabo de cerrar con el libro <em>Fuera del d&iacute;a</em>, y de la que previamente publiqu&eacute;, tambi&eacute;n en Bartleby, <em>Tuvimos</em> y <em>Hermosa nada</em> &mdash;por cierto, con tres portadas preciosas del pintor Jos&eacute; Mar&iacute;a Guerrero Medina&mdash;, incido principalmente en los abusos infantiles dentro de la familia, aunque no es el &uacute;nico tema, si bien es cierto que no la ten&iacute;a proyectada previamente, y que la fui completando a medida que asum&iacute;a lo que iba entendiendo.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;La traducci&oacute;n es el m&aacute;s exhaustivo aprendizaje que se pueda hacer de la obra de un poeta&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>- Siguiendo la estela de poetas como Sharon Olds o Linda Pastan, la suya es una poes&iacute;a que convoca lo tel&uacute;rico. &iquest;De qu&eacute; modo &ldquo;un cuerpo se entrega a su destino&rdquo;?</p>
<p>- De ambas poetas he traducido un libro, <em>Sat&aacute;n dice</em> de la primera, en colaboraci&oacute;n con mi marido, y una antolog&iacute;a de la segunda, en colaboraci&oacute;n con Jonio Gonz&aacute;lez. La traducci&oacute;n es el m&aacute;s exhaustivo aprendizaje que se pueda hacer de la obra de un poeta, as&iacute; que ambas me han influido, pero no son las &uacute;nicas. Lo que intento hacer es una poes&iacute;a basada en lo que llamo &ldquo;imaginaci&oacute;n visionaria org&aacute;nica&rdquo;, esto es, basada en lo imaginario diurno, oponi&eacute;ndose por tanto a lo puramente on&iacute;rico y a la fantas&iacute;a &mdash;donde el yo quedar&iacute;a encerrado&mdash;, y que adem&aacute;s tenga un recorrido casi f&iacute;sico en el poema. Lo que se propone es tanto un recorrido de im&aacute;genes diurnas como una organicidad de los sentimientos. Tendr&iacute;a que poner un ejemplo. En mi libro <em>Tuvimos,</em> hay un poema muy representativo, que es el que da nombre a toda la trilog&iacute;a titulado &ldquo;Hablando de objetos rotos&rdquo;; en &eacute;l, el sujeto po&eacute;tico impl&iacute;cito protagoniza la acci&oacute;n de encontrar la cabeza del padre entre la basura. Decirlo as&iacute; queda raro, es una imagen extra&ntilde;a, fuera de lo acostumbrado, pero si adem&aacute;s se cuenta que la recoge, que la transporta a hombros, que la gente en la calle la toca para que les de suerte, que le hace unos esponsales y luego la entierra en el jard&iacute;n junto a las osamentas de los gatos, y que despu&eacute;s esa cabeza descarnada, junto con los huesos de los&nbsp; animales, nos miran a los vivos cuando encendemos la luz en la habitaci&oacute;n antes de acostarnos, como un teatro de a&ntilde;oranzas que teme las despedidas, estoy d&aacute;ndole un recorrido en im&aacute;genes al sentimiento de ausencia y de separaci&oacute;n. Le doy una organicidad y un relato. Otro de los temas que trato es el de la enfermedad, el cuerpo se &ldquo;entrega a su destino&rdquo; en la p&aacute;gina, siempre dialogando con el poema.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;P</strong><strong>odr&iacute;a decirse que el poema nos escucha, si le das suficiente recorrido, antes de que seamos capaces de escucharlo a &eacute;l&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>- La reescritura (y, por tanto, la relectura) es uno de los ejes de su trabajo. El poema, &iquest;nos habla o nos escucha?</p>
<p>- Cuando Juan Pablo Roa me propuso reunir toda mi poes&iacute;a para iniciar su futura editorial<em> Animal Sospechoso</em>, yo estaba a punto de publicar en Bartleby<em> </em>el libro que dar&iacute;a un giro fundamental, casi fundacional, a mi poes&iacute;a. Digo fundacional porque, al revisarla para el volumen de la poes&iacute;a reunida, mis libros anteriores quedaron iluminados por este. De ah&iacute; tambi&eacute;n que el tomo de la poes&iacute;a reunida empiece por el &uacute;ltimo libro publicado por entonces hasta remontarse al primero. De esa forma rastreaba mejor lo que, aun siendo intuido desde el inicio, no hab&iacute;a sido capaz de nombrar completamente. As&iacute;, los poemas revisados se reescribieron casi solos, como si no estuviera reelaborando, sino traduciendo a una poeta que hab&iacute;a trazado su obra paralelamente a la m&iacute;a. Clarificada la visi&oacute;n del pasado, los propios poemas me indicaban lo que deb&iacute;a modificar o dejar m&aacute;s expl&iacute;cito. Podr&iacute;a decirse que el poema nos escucha, si le das suficiente recorrido, antes de que seamos capaces de escucharlo a &eacute;l, como si d&aacute;ndole vida pudiera acabar cont&aacute;ndonos lo que de otro modo no somos capaces de explicarnos a nosotros mismos, es el misterio de la poes&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Hay mucho de psicoanal&iacute;tico, de autoconciencia, en sus versos. &iquest;C&oacute;mo saber que la narraci&oacute;n que hacemos de nosotros mismos es la adecuada, la verdadera?</p>
<p>- Hay un movimiento en mi poes&iacute;a que Edgardo Dobry califica de &ldquo;espiralado&rdquo;, esto es, parecer&iacute;a que se est&aacute; en el mismo lugar, pero es pura apariencia, se retoman los temas una y otra vez, pero siempre a trav&eacute;s de un movimiento en espiral, por lo que nunca se est&aacute; realmente en el mismo sitio, ni se cuenta lo mismo, y ese movimiento es propio del psicoan&aacute;lisis. M&aacute;s que revisitarlo, reconstruyo el pasado, porque cuando fue vivido ten&iacute;a claves propias, desconocidas para la ni&ntilde;a. Ahora, con una informaci&oacute;n acumulada, se recompone y completa el cuadro que no se entendi&oacute; entonces. Supongo que la clave est&aacute; en tratar de ser lo m&aacute;s sincero posible, aun si esa verdad puede herirnos &mdash;y seguro que lo hace&mdash;. Y volvemos al misterio de la poes&iacute;a cuanto m&aacute;s nos adentramos en una historia personal, cuanto m&aacute;s desvelamos nuestras propias claves, nuestra experiencia se vuelve m&aacute;s comunitaria.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;Escribir es en s&iacute; mismo una reconstrucci&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong><em>- De lo que cae en el fuego</em>, &iquest;qu&eacute; puede rescatarse?</p>
<p>- Escribir es en s&iacute; mismo una reconstrucci&oacute;n, es nuestra arma de religaci&oacute;n con el mundo. Y lo poco, o lo muy poco, que queda tras el fuego ofrece una claridad; para los que hemos vivido con m&aacute;s instinto de supervivencia que orientaci&oacute;n, impagable y, por supuesto, tambi&eacute;n la posibilidad de volver a empezar. Es como el paisaje despu&eacute;s de una batalla, un paisaje desolador donde hay que partir de cero, pero como dec&iacute;a Rilke: &laquo;Sobreponerse es todo&raquo;, si no, solo queda victimismo, prolongaci&oacute;n del dolor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- El poema &iquest;surge no tanto &ldquo;del sue&ntilde;o de lo perdido&rdquo; sino de &ldquo;la luz que lo albergaba&rdquo;?</p>
<p>- Lo vivido es lo que cre&iacute;mos tener, en cierto modo un enga&ntilde;o piadoso, donde sobrepon&iacute;amos a la realidad nuestros sue&ntilde;os de lo real, que nunca fueron lo que suced&iacute;a, al menos no del todo, y solo desde el ahora desvelamos las claves, perdida ya la inocencia. Nuestro deseo se basa siempre en recuperar menos esos momentos que esa pureza de pensamiento; entendemos ahora que hubo menos en muchos casos y m&aacute;s en unos pocos, acaso ajustando la memoria a una realidad m&aacute;s acorde a nuestros afectos, donde al poema le importa tanto la coherencia del tema con la palabra y con su armon&iacute;a, como crecer con nosotros.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;Resulta m&aacute;s f&aacute;cil remover el humus de lo sensiblero que ahondar en lo realmente importante&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>- &iquest;Por qu&eacute;, de un tiempo a esta parte, tiene tanto predicamento esa poes&iacute;a de los pleonasmos, de lo cursi, de lo mortalmente manido, frente a quienes buscan &laquo;la met&aacute;fora del antes de nosotros dormido&raquo;? El capitalismo, &iquest;finalmente ha conseguido explotar aquello que a&uacute;n le permanec&iacute;a vedado, la poes&iacute;a?</p>
<p>- Resulta m&aacute;s f&aacute;cil remover el humus de lo sensiblero que ahondar en lo realmente importante. La respuesta de quien empieza en la poes&iacute;a, y de quien lee poco, es as&iacute; m&aacute;s inmediata. Lo vemos tambi&eacute;n en otras artes, no solo en poes&iacute;a. Y porque ahora se relaciona cantidad de lectores, o &laquo;seguidores&raquo;, sobre todo en redes sociales, a calidad literaria, pero una cosa no tiene que ver con la otra; a veces, incluso, es diametralmente opuesta. En cambio, cavar en el yo, como propon&iacute;a Paul Celan, ahondar en el yo hasta convertir lo personal en universal es otra cosa, y hay que trabajar mucho, y de muchas formas, no solo escribiendo. Tras Auschwitz, las mal interpretadas palabras de Adorno acerca del deber de los poetas de no seguir escribiendo poes&iacute;a ensimismada, apuntaban en la direcci&oacute;n de que lo pol&iacute;tico deb&iacute;a volverse personal, pero tambi&eacute;n, tiempo despu&eacute;s, lo personal acab&oacute; convirti&eacute;ndose en pol&iacute;tico, entendiendo adem&aacute;s que lo personal debe tratar de integrarse en lo universal. Buscar la universalidad, pero sin eliminar lo personal, elidiendo el yo, pero no eludi&eacute;ndolo, deber&iacute;a ser la aspiraci&oacute;n del poeta. Como puedes ver el movimiento va hacia adentro, y no hacia afuera, escribiendo para agradar a los lectores. Siempre es sorprendente c&oacute;mo esa inmersi&oacute;n <em>aut&eacute;ntica</em> en lo personal acaba convirti&eacute;ndose en un referente universal; parece un contrasentido, pero resulta que, a m&aacute;s profundidad en el yo y mayor comprensi&oacute;n, m&aacute;s se siente identificado en profundidad el lector. Adem&aacute;s, es la &uacute;nica forma de conseguir lectores fieles, porque, y de nuevo retomo a Levertov, lector y poeta buscan el mismo tipo de iluminaci&oacute;n vital.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;La melancol&iacute;a siempre resulta una gran distorsionadora&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>- &ldquo;La gran apuesta de la vida es asumir la p&eacute;rdida&rdquo;, escribi&oacute; Bishop. Algo de esto hay en tu poes&iacute;a. &iquest;C&oacute;mo incorporar lo vivido sin que la melancol&iacute;a sea tan excesiva que paralice?</p>
<p>- El poema de Bishop acaba hablando de esa p&eacute;rdida como desastre, y dice concretamente &ldquo;no es dif&iacute;cil dominar el arte de perder, por m&aacute;s que a veces/ pueda parecernos (<em>&iexcl;escr&iacute;belo!</em>) un desastre&rdquo; (por cierto, tomo la traducci&oacute;n de Joan Margarit y Sam Abrams que publicamos en Ediciones Igitur ). Solo al final la poeta admite el desastre de toda p&eacute;rdida y el poema entero cobra otro sentido tras ese &uacute;ltimo verso, y aunque lo dice una sola vez, resalta con cursiva el &ldquo;escr&iacute;belo&rdquo; previo a la palabra desastre, como diciendo &ldquo;atr&eacute;vete&rdquo;. Ella dominaba muy bien la capacidad de distancia del poeta respecto a su poes&iacute;a y a sus sentimientos. En mi caso, y como comenta Noni Benegas en su libro de ensayos <em>Ellas resisten</em>, en el texto que me dedica, frente a la locura de los mayores, la ni&ntilde;a se convierte en una peque&ntilde;a adulta, toma la &laquo;distancia&raquo; de una observadora. En el poema es lo mismo, es sobre todo la narraci&oacute;n del testigo, del superviviente, y, por tanto, esta debe ser lo m&aacute;s objetiva posible, la melancol&iacute;a siempre resulta una gran distorsionadora.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;La poes&iacute;a m&aacute;s responsable lleva en s&iacute; una forma de consuelo, porque escribir nos va desvelando nuestra verdad&rdquo;&nbsp;</strong></p>
<p><strong></strong>- Aunque (creo) son dos momentos distintos de lo mismo, &iquest;qu&eacute; sucede entre el hallazgo y la p&eacute;rdida? &iquest;De qu&eacute; cuesta reponerse m&aacute;s?</p>
<p>- Siempre de la p&eacute;rdida, y muchas veces una vida entera no es suficiente para reponernos, pero retomo de nuevo a Rilke, su idea de que la vida es un constante sobreponerse a la p&eacute;rdida. En cambio, el hallazgo, incluso el doloroso, es algo que acabar&aacute; formando parte de nosotros con el tiempo, una vez asimilado; la p&eacute;rdida, por contra, es una resta, un vac&iacute;o, algo insustituible, como todos los que han sufrido amputaciones en sus miembros y que dicen seguir sintiendo sus brazos o piernas. Sin embargo, la poes&iacute;a m&aacute;s responsable &mdash;hablo de compromiso moral con la palabra&mdash;, lleva en s&iacute; una forma de consuelo, porque escribir nos va desvelando nuestra verdad.&nbsp;</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;La palabra es tel&uacute;rica, sale del cuerpo y vuelve a &eacute;l&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>- &iquest;Qu&eacute; se requiere para que &ldquo;el animal entre en calor&rdquo;?</p>
<p>- Alejarse del da&ntilde;o para protegerse. Nunca somos suficientemente conscientes de nuestra fragilidad, y como dije antes, la poes&iacute;a es el arma que tiene el poeta para que &ldquo;el viejo argumento de la forma&rdquo; se abra camino; la palabra es tel&uacute;rica, sale del cuerpo y vuelve a &eacute;l.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;El horizonte desv&iacute;a los barcos / de cualquier tierra prometida&rdquo;. &iquest;Lo que preside (o deber&iacute;a hacerlo) en nuestra biograf&iacute;a es el deseo o su persecuci&oacute;n?</p>
<p>- En mi caso, m&aacute;s la persecuci&oacute;n que el deseo mismo, no cabe duda. El dramatismo viene siempre determinado entre lo que deseamos que ocurra y lo que ocurre realmente. Es la base de la poes&iacute;a ese no alcanzar nunca nuestros prop&oacute;sitos, la base de toda escritura y de toda creaci&oacute;n es esa frustraci&oacute;n. Escribimos como un modo de compensar esa falta, esa fantas&iacute;a que todos hemos tenido, ese todo inalcanzable, y aunque esa compensaci&oacute;n que es el poema nunca puede salvarnos ni cambiar nada, aunque no es una victoria, siempre acaba siendo una ganancia, porque donde antes no hab&iacute;a sino una p&aacute;gina en blanco, ahora hay un poema o un libro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &ldquo;Dej&eacute; de acudir al manso lago de aguas estancadas&rdquo;. &iquest;C&oacute;mo romper la inercia para salir de esos modos que, &mdash;m&aacute;s o menos&mdash; dominamos, tan pr&oacute;ximos a nuestras obsesiones y maneras, y buscar lo otro, lo distinto, el reto, lo no hecho</p>
<p>- La distancia sobre lo conocido, el punto de vista de otras lenguas, la traducci&oacute;n; abogo siempre por la traducci&oacute;n de la obra de otros poetas, estamos en un mundo global y la poes&iacute;a es una muestra m&aacute;s de esa globalidad. Est&aacute; cambiando y lo hace muy r&aacute;pido, en pa&iacute;ses como Estados Unidos o Canad&aacute; m&aacute;s si cabe; abrirse a otras lenguas, traducir, crea una ruptura con lo conocido, con nuestra tradici&oacute;n, adem&aacute;s de una conciencia de lo que a&uacute;n no abarcamos. De las poetas norteamericanas he aprendido la libertad de escribir sobre cualquier cosa siempre que sepamos c&oacute;mo hacerlo, siempre que no sea calco o confesionalidad. Dec&iacute;a Adrienne Rich, una de las poetas norteamericanas m&aacute;s concienciadas, que a ella le cost&oacute; poco hacer buenos poemas, pero en cambio necesit&oacute; media vida para saber que escrib&iacute;a desde el punto de vista de una mujer de mediana edad, de raza blanca que viv&iacute;a en el pa&iacute;s m&aacute;s poderoso de la tierra. Esa conciencia de saber desde d&oacute;nde escribimos, desde qu&eacute; lugar en el mundo, qu&eacute; g&eacute;nero, qu&eacute; tiempo, es uno de los conocimientos que todo poeta de la modernidad deber&iacute;a tener. Conocerse para abrirse y conocer a otros poetas para extenderse, para tener opciones diferentes.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 10 Feb 2023 10:57:50 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nicolas Bersihand: “El erotismo proyecta su sombra imperiosa, inquietante a la par que magnífica, trascendente, ineludible”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/nicolas-bersihand-el-erotismo-proyecta-su-sombra-imperiosa-inquietante-a-la-par-que-magnifica-trascendente-ineludible/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/NICOLAS_BERSIHAND_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>El escritor, traductor y editor Nicolas Bersihand (Par&iacute;s, 1976) siente especial querencia por las cartas, por el mundo epistolar, sabe que hay literatura y sabidur&iacute;a y belleza en las misivas postales. Tras <em>Cartas a la madre</em>, en el que indagaba el modo de tratar y los asuntos abordados entre madre e hijos, ahora publica <em>Cartas er&oacute;ticas</em> (Ediciones B), en el que recoge un florilegio de declaraciones encendidas, apasionadas, vehementes, libidinosas, tiernas, m&iacute;sticas, dolientes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Las cartas nos desvelan otra luz sobre la verdadera vida de estos grandes personajes de la historia&rdquo;</strong></p>
<p>- Disc&uacute;lpeme la impertinencia pero, &iquest;no resulta un tanto obsceno que algo tan &iacute;ntimo y privado como la correspondencia se exponga p&uacute;blicamente?</p>
<p>- No es nada impertinente sino un tema tanto legal como moral. Para el derecho, la correspondencia forma parte de la obra de su autor, regida por el c&oacute;digo de propiedad, que autoriza bajo ciertas condiciones su publicaci&oacute;n: en Europa, con alguna excepci&oacute;n, 70 a&ntilde;os despu&eacute;s de la muerte de su autor, est&aacute; permitida su reproducci&oacute;n. Moralmente, es verdad que existe una contradicci&oacute;n en el hecho de que el gran g&eacute;nero de la intimidad por antonomasia (m&aacute;s que los diarios, memorias...), se vuelva p&uacute;blico. Pero es cierto que muchos de sus autores sab&iacute;an perfectamente que sus cartas iban a ser publicadas mientras las escrib&iacute;an. Y nunca quise hacer un libro obsceno, sino retratar el erotismo real a partir de las correspondencias ya publicadas: no exhumo cartas in&eacute;ditas, sino que trabajo con libros ya publicados. Creo que nos desvelan otra luz sobre la verdadera vida de estos grandes personajes de la historia, al mismo tiempo que tienen un inter&eacute;s profundamente antropol&oacute;gico: en estas cartas radican grandes secretos, pasiones y pulsiones ocultas de estas personas, del g&eacute;nero humano, pues. Y, por &uacute;ltimo, creo que es cuesti&oacute;n de &eacute;poca: para Erasmo, su libro m&aacute;s importante era su epistolario con los grandes personajes del mundo, que public&oacute; en vida. Desde hace siglos, el valor de la correspondencia ha deca&iacute;do, pero quiz&aacute;s los cambios digitales la pongan de nuevo en el lugar que se merece: un continente literario, hist&oacute;rico y cultural &uacute;nico, tan variado como emocionante. Estas son las convicciones que me impulsaron a lanzarme en un vasto trabajo editorial sobre las cartas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;D&oacute;nde acaba la ternura, la confianza, la familiaridad y comienza el terreno de lo er&oacute;tico en nuestra comunicaci&oacute;n con el otro?</p>
<p>- Creo que las flechas del deseo, que definen para m&iacute; la entrada en el erotismo, confesado, formulado o no, pueden aparecer en cualquier lugar y momento, contexto y circunstancia. En pocas palabras, se cambia de registro y se pasa a una relaci&oacute;n er&oacute;tica, consumada, afirmada, asumida o no.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El tinte er&oacute;tico experimenta una profunda transformaci&oacute;n con el paso del tiempo y el (in)cumplimiento del deseo&rdquo;</strong></p>
<p>-&iquest;C&oacute;mo se modula el tinte er&oacute;tico dependiendo de si es previo, simult&aacute;neo o posterior a la consumaci&oacute;n er&oacute;tica?</p>
<p>- Creo que el tinte er&oacute;tico (&iexcl;qu&eacute; bonita expresi&oacute;n!) experimenta una profunda transformaci&oacute;n con el paso del tiempo y el (in)cumplimiento del deseo. Las cartas anteriores al primer contacto son parecidas a los poemas de Santa Teresa sobre la llegada de Cristo, puro fuego de deseo. El hecho consumado libera la expresi&oacute;n tanto del deseo como la de los placeres sentidos. Y las cartas posteriores relatan las transformaciones del deseo inicial en recuerdo, desaparici&oacute;n, nada o llegada al amor, la gran pasi&oacute;n humana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Las &eacute;pocas de ruptura hist&oacute;rica crean o liberan un deseo colectivo multiplicado, como enfurecido por las circunstancias&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Hay &eacute;pocas m&aacute;s proclives que otras al erotismo? La nuestra, en la que el contacto f&iacute;sico cada vez se restringe (pienso en la cultura norteamericana, especialmente despu&eacute;s del <em>Mee too</em>), en la que las pantallas sustituyen la presencia, en la que plataformas que convocan a posibles parejas piden una serie de datos previos para que los algoritmos hagan de Celestina&hellip; &iquest;no ha rebajado la pr&aacute;ctica er&oacute;tica a una suerte de condicionantes (a veces normativos) que la socavan?</p>
<p>- No soy historiador pero me parece que las &eacute;pocas de ruptura hist&oacute;rica, revolucionarias o de fin de una era, crean o liberan un deseo colectivo multiplicado, como enfurecido por las circunstancias. El Renacimiento, con poetas como El Aretino, la Ilustraci&oacute;n con los libertinos, el Romanticismo con sus artistas y las grandes revoluciones (francesa, bolchevique&hellip;) y/o los grandes saltos hist&oacute;ricos, como la Segunda Rep&uacute;blica, el 68, crean un caudal de deseo, que la intimidad recoge y canaliza. Tampoco es su &uacute;nica v&iacute;a de expresi&oacute;n: las sublimaciones proliferan all&iacute; tambi&eacute;n, en las artes, las ciencias, el mundo cambia&hellip; En este sentido, me parece que vivimos en semejante circunstancias, desde la entrada en el tercer milenio. Todos los cambios contempor&aacute;neos descritos en su pregunta -tecnol&oacute;gicos, ideol&oacute;gicos, revoluciones pol&iacute;ticas (#metoo)- dibujan una nueva configuraci&oacute;n del deseo, nuevas normas, pr&aacute;cticas y artes de los encuentros y de los placeres &iacute;ntimos. Pero me parece que el deseo es salvaje e indomable: su liberaci&oacute;n del nuevo canon descrito (y que desconoc&iacute;a del todo) llegar&aacute;, si es que le condicionan de verdad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Las cartas de las mujeres son las m&aacute;s sorprendentes&rdquo;</strong></p>
<p>- &ldquo;Mi querida zozobra, no deseo otra cosa que abrasarme los labios con tu primer beso&rdquo;, le escribe Rene&eacute; Vivien a K&eacute;rim&eacute;. La pr&aacute;ctica del erotismo verbal, &iquest;var&iacute;a en funci&oacute;n de los sexos?</p>
<p>- No quiero caer en un esencialismo de g&eacute;nero, muy al uso y criticado por el feminismo, pero tal como lo elabora el feminismo de la diferencia, que no niega ni cancela la diferencia de g&eacute;nero, m&aacute;s all&aacute; de las diferencias anat&oacute;micas, al buscar, descubrir, leer y seleccionar estas cartas, me parece que las correspondencias ilustran una diferencia de sexo acerca del lenguaje del deseo, hasta la expresi&oacute;n del amor. Las cartas de las mujeres son de las m&aacute;s sorprendentes, ya sea por la ausencia de censura (la famosa Lou, de Appolinaire), su poes&iacute;a sensual (&eacute;sta misma de K&eacute;rim&eacute;), su ubicaci&oacute;n del deseo er&oacute;tico en un marco m&aacute;s amplio (fisiol&oacute;gico para Lou Andreas-Salom&eacute;, el amor para muchas mujeres). Y desde luego, la tentaci&oacute;n c&oacute;smica como la exploraci&oacute;n de un abanico de sensaciones infinitas esbozan una pr&aacute;ctica &laquo;femenina&raquo; del erotismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Son infinitas las maneras de cortejarse&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Son inagotables las maneras de cortejarse, de amarse, de conquistar ese territorio en el que &ldquo;hacer catleya&rdquo; (Proust) y &ldquo;hacer el amor como quien bebe un vaso de agua&rdquo; (Kolont&aacute;i)?</p>
<p>- Hice este libro despu&eacute;s de dedicar mucho tiempo a mi libro anterior: las cartas a las madres. Var&oacute;n, sin hijos, ni perspectiva o ya deseo de tenerlos, pensaba haber recorrido un continente infinito, inalcanzable de cierta manera, la alteridad absoluta para m&iacute;. Y en la labor sobre las cartas er&oacute;ticas, me sorprendi&oacute; que tratase de un tema que me concern&iacute;a pero que result&oacute; a la vez francamente inabarcable por todas sus manifestaciones, expresiones epistolares o no: literarias, art&iacute;sticas, culturales. En todas las culturas, &eacute;pocas y pa&iacute;ses, el erotismo proyecta su sombra imperiosa, inquietante a la par que magn&iacute;fica, trascendente, ineludible. As&iacute; que responder&iacute;a &laquo;s&iacute;&raquo; a su pregunta: son infinitas las maneras de cortejar, desearse, disfrutar del encuentro &iacute;ntimo, quererse&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &ldquo;(&hellip;) te reitero mi anterior consejo de que, en todos tus amor&iacute;os, te decantes por las mujeres mayores y no por las j&oacute;venes&rdquo;, le conmina Benjamin Franklin a un amigo. &iquest;Se puede ense&ntilde;ar el arte del erotismo, o es m&aacute;s bien una cuesti&oacute;n intuitiva?</p>
<p>- Debo confesar mi incompetencia para responder a esta pregunta, pero al juzgar por la cantidad abrumadora de tratados &iacute;ntimos, empezando por el Kamasutra (&iexcl;del que existe una versi&oacute;n espa&ntilde;ola!), la cantidad de cartas de consejos y prevenciones, todas las novelas de iniciaci&oacute;n (cito en mi breve ensayo final al escritor Philippe Sollers, que confiesa que empez&oacute; a leer novelas para saber m&aacute;s sobre este tema, las intimidades humanas), est&aacute; claro que la cultura de cualquier &eacute;poca transmite sus ense&ntilde;anzas sobre este tema. Eso no quita, creo, la autenticidad y libre expresi&oacute;n de cada persona que quiz&aacute; habr&iacute;a que limitar tambi&eacute;n, al ser condicionadas por la ideolog&iacute;a de su tiempo y la vida inconsciente de uno mismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Vivimos la edad de oro de las correspondencias&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Se ve disminuido el voltaje er&oacute;tico si en vez de carta escribimos un correo electr&oacute;nico o un whatsapp?</p>
<p>- Para nada, m&aacute;s bien todo lo contrario, creo. La carta no es la propietaria ni el emblema del g&eacute;nero epistolar: la correspondencia, como g&eacute;nero literario, experiment&oacute; varios cambios t&eacute;cnicos que no acabaron con ella sino que la transformaron. Pero, desde un mensaje oral o escrito transmitido por un mensajero, como Marat&oacute;n en la Grecia Antigua, hasta el whatsApp, permanece la estructura que define la correspondencia: alguien escribe algo para otra persona. El paso al mundo digital, al permitir a muchas personas analfabetas, con carencias de escritura o con problemas de acceso al correo tradicional, solo multiplic&oacute; las correspondencias. De alguna manera, vivimos la edad de oro de las correspondencias: nunca en la historia se intercambiaron tantos mensajes de una persona a otra. El feminismo contempor&aacute;neo, que libera y permite la libre expresi&oacute;n de las mujeres, reflejado en el &eacute;xito planetario del <em>50 sombras de Grey</em>, se&ntilde;ala que quiz&aacute; estamos viviendo la gran &eacute;poca de la correspondencia er&oacute;tica, eso s&iacute;, digital, a&uacute;n sin publicar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Rilke ten&iacute;a raz&oacute;n cuando afirmaba aquello de que &ldquo;la experiencia art&iacute;stica se encuentra tan incre&iacute;blemente cerca de la del sexo, de su dolor y su &eacute;xtasis, que ambas manifestaciones no son m&aacute;s que diferentes formas de un mismo anhelo y deleite?&rdquo;.</p>
<p>- Creo que es la tesis de Freud, plasmada en su concepto de libido: esta energ&iacute;a sexual, de la que todo proviene. Todas las actividades usan, conectan y transforman con la libido. Especialmente, la cercan&iacute;a del arte, de la literatura con las esferas del deseo me parece probada por la lista infinita de obras que se acercan al deseo, las fantas&iacute;as, los encuentros&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &ldquo;Alcanzamos la iluminaci&oacute;n cuando tememos perder un objeto tan preciado en la vida&rdquo;, escribe Ninon de Lenclos a Lopuis de Mornay. &iquest;La cotidianidad arruina el erotismo?</p>
<p>- Las cartas de muchas personas aqu&iacute; recogidas dicen lo contrario: el deseo puede permanecer, eso s&iacute;, transformado. Por la cotidianidad, cambios fisiol&oacute;gicos como lo apunta la ciencia o la evoluci&oacute;n de la vida de las personas implicadas</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &ldquo;En cuanto te coja, no queda rastro del gran hombre&rdquo;, le dice Emilia Pardo Baz&aacute;n a Gald&oacute;s. &iquest;C&oacute;mo medir la osad&iacute;a, la sugerencia sutil? &iquest;C&oacute;mo saber cu&aacute;ndo dejar un resquicio al equ&iacute;voco es necesario?</p>
<p>- Creo que en el uso del lenguaje m&aacute;s all&aacute; de la mera transmisi&oacute;n de informaci&oacute;n, la fotograf&iacute;a de una situaci&oacute;n, estriba la verdadera literatura, a la que pertenecen las cartas. Este arte de la medida, del claroscuro, del entredicho o del no dicho es una vara de medir literaria. Al mismo tiempo, la historia de la literatura er&oacute;tica es todo lo contrario: la emancipaci&oacute;n de la alusi&oacute;n, la conquista del derecho a nombrar todo por su nombre, el goce de decir, confesar, especialmente por parte de las mujeres, afirmar su deseo&hellip; Me parece que el temple entre la osad&iacute;a o la sugerencia est&aacute;n marcadas por la naturaleza de la relaci&oacute;n y el atrevimiento, el deseo secreto de sus protagonistas. Y luego el arte mismo de la escritura, capaz de transformar una relaci&oacute;n entre dos personas, er&oacute;tica o no, cambia las perspectivas al ser en s&iacute; mismo un goce poderoso, articulado en muchos sentidos al deseo &iacute;ntimo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El deseo no se para ante nada&rdquo;</strong></p>
<p>- &ldquo;Tu amor es violento y sublime, es divino, como todo en ti&rdquo;, le escribe Claretta Petacci a Mussolini. &ldquo;Tu amor se ha abierto al sol como una fruta madura, como un torrente impetuoso ha destruido los muros de contenci&oacute;n, ha invadido el mundo con su j&uacute;bilo, ha inundado de alegr&iacute;a mi coraz&oacute;n (&hellip;)&rdquo;. El erotismo, &iquest;es inmune a la monstruosidad, es capaz de disociar lo p&uacute;blico de lo privado?</p>
<p>- Creo que el erotismo y su fuego interior, el deseo, desconocen cualquier l&iacute;mite o frontera, que quiz&aacute; el amor derrumba, si hiciera falta. Para bien o para mal, prueba de su grandeza o de su ceguera, en todo caso, demostraci&oacute;n de su fuerza, el deseo no se para ante nada. Este fragmento ilustra por otro lado el poder er&oacute;tico de los grandes dictadores quienes han sido, a lo largo de la historia, las personas que m&aacute;s cartas de cortejo y m&aacute;s peticiones de matrimonio han recibido. Pero, m&aacute;s all&aacute; de las cartas, es una pregunta a la que quiz&aacute; se deber&iacute;a aplicar una perspectiva de g&eacute;nero: &iquest;c&oacute;mo separar el amor verdadero de la atracci&oacute;n por el monstruo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Las cartas que m&aacute;s me han sorprendido han sido las de la amante de Victor Hugo&rdquo;</strong></p>
<p>- En este trabajo de lectura epistolar, &iquest;qu&eacute; carta es la que m&aacute;s le ha sorprendido y por qu&eacute;?</p>
<p>- Todas las cartas que publiqu&eacute;, y las que no pude (por falta de espacio, problemas de derechos y dem&aacute;s) me han impactado, tocado, enriquecido. Para ser exacto, las que m&aacute;s me han sorprendido han sido las tres cartas de Juliette Drouet, la amante de Victor Hugo, que se convertir&aacute; en la gran mujer de su vida. El poeta, rom&aacute;ntico y progresista, el pol&iacute;tico defensor de los pobres, visionario, feminista, ecologista, era, en su relaci&oacute;n real con las mujeres, todo salvo irreprochable: maltratador de Juliette, a la que prohib&iacute;a salir a la calle sin &eacute;l, mujeriego a m&aacute;s no poder, no le interesaba mucho, por no decir m&aacute;s, el placer femenino. Entonces, la genial, vital y magn&iacute;fica Juliette, le describi&oacute; el nacimiento, las sensaciones y las vivencias del goce femenino, en la mitad del siglo XIX, sin que esto tuviera el m&aacute;s m&iacute;nimo efecto en su amante. Tuve el inmenso placer de leerlas, asombrado y maravillado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 30 Jan 2023 08:40:05 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Saber decir]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/saber-decir/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/SERGIO_NAVARRO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>El &uacute;ltimo libro de Sergio Navarro (1992), ganador del XVIII Premio Nacional de Poes&iacute;a Joven Grande Aguirre 2022, viene a confirmar la aventura que inaugur&oacute; el autor tras ganar el Adon&aacute;is por el 2016. Este &uacute;ltimo galard&oacute;n de la Universidad Popular Jos&eacute; Hierro, confirma persistencias y saber decir, valora la madurez primera, capacidad de reflexi&oacute;n y an&aacute;lisis, originalidad pl&aacute;stica y tropol&oacute;gica, muy personal en sus sucintos gui&ntilde;os, a falta a&uacute;n de estilemas definidores de un yo inconfundible. No se le debe exigir, cuando muestra talento y poes&iacute;a sin pacto, a la espera del asentamiento. Muchos hundimientos en verso y prosa han existido tras los iniciales y estupendos brillos, honrados en su quehacer y atenderse, como el decir memorable de Blanca Andreu. O, con menos peso, pero brillante tambi&eacute;n, sobre todo teniendo en cuenta los a&ntilde;os y adolescencia l&iacute;rica, m&aacute;gica y conflictiva, de aquella Elena Medel de pitufos, <em>jeans</em> y bikinis. No es el caso, pues no brill&oacute; tanto la poes&iacute;a de Sergio Navarro en sus comienzos o &ldquo;en construcci&oacute;n&rdquo;, por decirlo con John Ashbery, pero ya se sabe, frente a excepciones y t&oacute;picos, que la poes&iacute;a es asunto de madurez, en lo fundamental. La labor del Ayuntamiento de San Sebasti&aacute;n de los Reyes y Universidad popular, esfuerzo p&uacute;blico, reconoce y hace crecer voces como esta en la renovaci&oacute;n de nuestra l&iacute;rica. Lo promueve con alicientes cualitativos all&aacute; de los excesos del escaparate medi&aacute;tico, lastrado por intereses econ&oacute;micos tantas veces, prensa y editoriales dependientes que compran en la sombra a las independientes, y sin entrar en detalles. En los inicios de su aventura cultural, al comienzo de su andadura y de la mano de Manolo Romero, el yerno de Jos&eacute; Hierro, di en ella, mucho antes de la llorada Guadalupe Grande, una conferencia en un gimnasio, a falta de un local adecuado. Las cosas han cambiado desde entonces, y buena prueba de ello es este premio Grande Aguirre. No siempre se encuentran libros de poes&iacute;a que as&iacute; pueda llamarse sin ofensa de las diversas musas, ni en el Adon&aacute;is, ni en el Loewe o el de la Generaci&oacute;n del 27, por citar a vuelapluma algunos nombres con pedestal social, entre tantos. Tampoco brotan poetas todos los d&iacute;as en un pa&iacute;s lleno de versos y versificadores entre las autoediciones o en las editoriales que ven all&iacute; una fuente leg&iacute;tima de ingresos. La poes&iacute;a, pese a t&oacute;picos excepcionales y salvo para los tales Arthur Rimbaud, Charles Baudelaire, Federico Garc&iacute;a Lorca y el primer Claudio Rodr&iacute;guez, es cosa de madurez, por citar a la carrera. De esta que comienza Sergio Navarro y ha tra&iacute;do junto a Erika Mart&iacute;nez o Berta Garc&iacute;a Faet, antes del 2020, libros de referencia, propuestas con algo diferente que decir a la poes&iacute;a espa&ntilde;ola de hoy o en espa&ntilde;ol, si lo prefieren.</p>
<p><em>Historia del Tacto</em> nada promete que despu&eacute;s traicione, como las violetas de Cernuda donde se reconoce, y adem&aacute;s hermanan, en las soledades de una de las seis secciones. Un tr&aacute;nsito emocional frente a la presencia de otras m&aacute;s amables: &ldquo;Los l&iacute;mites del mundo son los l&iacute;mites del tacto&rdquo;. O, si prefieren, del amor y deseo, de lo tangible frente a la contemplaci&oacute;n imantadora: &ldquo;El mar es el alma del ojo&rdquo;. Y al fondo el eterno motor de la pugna por decirse de todo buen poeta l&iacute;rico: &ldquo;Las palabras/ son el lugar donde no est&aacute;n los muertos&rdquo;. El libro reivindica en su miscel&aacute;nea algunos protagonismos: la memoria y la reflexi&oacute;n, el amor y deseo, o los existenciales peregrinajes por una Inglaterra de los que brota un di&aacute;logo existencial con el citado Luis Cernuda. O una apuesta aventurada y atractiva, aunque a m&iacute; no me convenza tanto como las otras, en la que conjuga lenguajes del medievo para alumbrar pulsiones y sentimientos. A veces el exceso de &ldquo;autoficci&oacute;n l&iacute;rica&rdquo; sin f&oacute;rmula, salvo la de la extra&ntilde;eza por el modo de narrar (m&aacute;s que versificar), puede encontrar resistencias en los misone&iacute;stas, entre los que no me encuentro, pero escucho (piensen en algunos momentos de la poes&iacute;a de Mariano Peyrou. Se ha de tener una f&oacute;rmula radical con centro en la palabra -Roberto Juarroz, por ejemplo, entre ella y el silencio-, y no, salvo excepciones, que las hay, en la narraci&oacute;n, la an&eacute;cdota o cierta pretenciosidad, m&aacute;s all&aacute; de la &ldquo;nube del no decir&rdquo; o de no ser atractivo ese im&aacute;n del asunto en su perspectiva.) Ha tenido, con todo, Sergio Navarro el valor de arriesgarse y experimentar en ella, hacer algo distinto a la pluralidad de propuestas convencionales. Y aunque, ya digo, est&aacute; secci&oacute;n esa de reinterpretaciones o &ldquo;traducciones infieles&rdquo; no me parece del todo convincente en esos t&eacute;rminos. Sin duda atrae ese valor y falta de miedo a lo diferenciado, riesgos. Mar&iacute;a Salgado o Lola Nieto los han afrontado, con otro desparpajo, desde lo experimental, la m&uacute;sica y lo visual. Tambi&eacute;n Berta Garc&iacute;a Faet ha arriesgado en <em>Los salmos fosforitos</em>, con mucho m&aacute;s que taller (pero con mucha construcci&oacute;n desde ah&iacute; y logolalia atractiva), como buena parte de esa escuela que encuentra hueco en el noreste de Espa&ntilde;a, que se emplean con ella dese lo mismo (Unai Velasco, etc). O, en otra vertiente, el sugerente y &uacute;ltimo libro, atractivo realmente en sus aciertos, del buen hacer de otras promociones, como la llorada y capaz Guadalupe Grande en <em>Jarr&oacute;n y tempestad</em>. Por ello admiro el riesgo, creo que fallido, de esta secci&oacute;n, mientras valoro con cautela esa propuesta, frente a las otras, casi todo el libro, donde reconozco un estupendo buen hacer y saber decir, o algo m&aacute;s que propileos l&iacute;ricos.</p>
<p>La primera de las secciones, <em>La gracia de las palomas de invierno</em>, acerca el drama de la construcci&oacute;n desde los &ldquo;galopes de la memoria en el colch&oacute;n&rdquo;, pensativos. Tambi&eacute;n es atractivo el coraje del fide&iacute;smo p&uacute;blico en verso en un contexto donde los fide&iacute;smos han muerto, o se han hecho folclore o astucia, o lo contrario, integrismo. Lo hace desde la fe y lenguajes puestos al d&iacute;a, que trae con modernidad o cuanto en poes&iacute;a importa, el verbo y la imagen, la f&oacute;rmula y la perspectiva. Que Erika Mart&iacute;nez, Juan Andr&eacute;s Garc&iacute;a Rom&aacute;n o &Aacute;lvaro Garc&iacute;a se hayan interesado en <em>Historia del tacto</em>, habla de esa modernidad y reconocimiento. Por ah&iacute; se destilan aturdidos dramas y heridas (los ojos del ni&ntilde;o ante el divorcio), o &ldquo;un coraz&oacute;n de rama y nada&rdquo;, y la intimidad delicada. Lo hace con im&aacute;genes directas y sugerentes, propias: &ldquo;Una liebre espantada/fue el alma en los ojos. / Siempre llegamos tarde&rdquo;. El delicioso, &aacute;gil en las analog&iacute;as e inteligente reflexi&oacute;n sobre la memoria y sus celadas del poema &ldquo;Cuando llevan al ni&ntilde;o a la playa&rdquo;, traen a la primera plana toda esa capacidad de sugerencia y an&aacute;lisis del conflicto, de la misma manera que, en otras, se acerca al deseo y al amor, no sin cierta presencia de una oscura soledad de fondo muy habitual (en la secci&oacute;n &ldquo;Ni&ntilde;os perdidos en los bosques&rdquo;, por ejemplo&rdquo;. Y tambi&eacute;n en esta de la que hablamos: &ldquo;Tus ojos juegan a ser una cuerda. / En los m&iacute;os/ hay potrillos que se hunden en los p&aacute;ramos&rdquo;, mientras siente, en in&eacute;dita imagen, &ldquo;Tu caricia por mi/un insecto avanzando una cortina/ busca lo que tan solo fuera existe&rdquo;, y lo hace con un fraseo muy de algunos poetas de la promocione del 2000, a las que nos hemos acercado Juan Carlos Abril, Jos&eacute; And&uacute;jar o yo mismo. Con aquel giro que dio la poes&iacute;a frente al final del realismo y del silencio en los j&oacute;venes nacidos en los a&ntilde;os 70. Superficie y profundidad, tacto y esencia, presencia e ilusi&oacute;n, juegan sus claroscuros, a lo largo de todo el libro en su pugna por ser y estar, huir de sus soledades y empozamientos catab&aacute;ticos a los que tiende,&nbsp; pues &ldquo;la muerte/ocurre a quien se queda solo&rdquo;</p>
<p>Escuch&eacute; muchas veces a Claudio Rodr&iacute;guez decir que el poeta incapaz del poema largo, no era poeta. No lo s&eacute;, mientras pienso en la genial Emily Dickinson, como modelo opuesto y genial. Sergio Navarro ha sido capaz de lo extenso. Lo demuestra &ldquo;El milagro de la caridad de Luis Cernuda&rdquo;, vivencial, no s&eacute; si de muy ajustado t&iacute;tulo, s&iacute; de trasmitir impresiones, lenguaje y tropos desde la emocionalidad y &ldquo;la piel mondada de la vida&rdquo;, intachable verosimilitud, algo de conmiseraci&oacute;n y espejo, alambres y fragilidad del yo en &ldquo;moliendo el cuerpo de los solitarios&rdquo; y/en &ldquo;la cicatriz del vuelo&rdquo;. El verso de Sergio Navarro vive esos l&iacute;mites emocionales, cuenta, sit&uacute;a &middot;&rdquo; (&hellip;) al borde de mi ser, como el nadador en su trampol&iacute;n&rdquo;. Tanto como la originalidad de las im&aacute;genes de un reflexivo al que la dureza consiste en el simple sacudir las migas del mantel se le hace &ldquo;(&hellip;) nuestra fiereza contra la tarde/ (&hellip;/ El mar es lo dif&iacute;cil&rdquo;, cuenta tirando la red al fondo de su inquietud lejana a los lenguajes del silencio, y de los expl&iacute;citamente realistas, impuros. Un contemplativo de fondo, donde de pronto restalla una imagen o claridad que aclara el sentido, y reflexiona. &ldquo;Descubren que el abismo es profundo/porque nos inclinamos en su espejo&rdquo;. Y a esa circunstancia entrega su confesi&oacute;n de tropos sutiles, deslizados como quien no dice, o no atiende con exceso al coraz&oacute;n de emociones que nunca se desbordan, pero se filtran, desmondan y descortezan (por utilizar su verbo del autor). Y desde donde se propone tanto como Erika Mart&iacute;nez en propia modernidad y talento en <em>Chocar con algo</em>, sugerencias de quien se sumerge y guarda la delicadeza: de &ldquo;(&hellip;) perder los ojos/para hablar con los muertos&rdquo;.</p>
<p>La poes&iacute;a de Sergio Navarro trae esa modernidad &iacute;ntima de quienes se atienden sin tiempo para mirar hacia los lados en su precariedad, ni con esa vocaci&oacute;n. Su fide&iacute;smo le lleva corajudamente tambi&eacute;n a decir Cristo en el asunto (y no es poca cosa en nuestra poes&iacute;a aceptar un nombre en desuso), y a mostrarse vigoroso en &eacute;l. Est&aacute; muy bien que lo haga y diga, aunque la poes&iacute;a no sea cuesti&oacute;n de creencias, sino de palabras y, sobre todo, de saber decirlas, sean cuales sean, y fuera de maximalismos peligrosos, salvo cuando la ocasi&oacute;n lo requiere y puntualmente (pienso en Maiakovski. Y no acab&oacute; bien). No cae en ello, pero tambi&eacute;n deja entrever que ese yo, complejo, en todas sus variantes, y el mismo lenguaje, que mima y eleva con fuerza le construyen como poeta veros&iacute;mil, pues se atiende y tiene un rico mundo propio y reflexivo, ligado a una imaginer&iacute;a personal. Esa apuesta tan personal, como la de tantas primeras madureces en sus libros de referencia y asentamiento, hablan de un movimiento de tropas y versos que deber&aacute;n confirmar sus movimientos sobre el terreno en pr&oacute;ximos libros m&aacute;s un&iacute;vocos, fuera de miscel&aacute;neas. Con todo, esta &ldquo;Historia del tacto&rdquo; me parece que es, adem&aacute;s de por las atractivas virtudes expuestas, el pre&aacute;mbulo de alg&uacute;n libro donde su nombre se termine de asentar, pues el buen hacer de Sergio Navarro, est&aacute; muy presente en nuestras letras desde hace ya a&ntilde;os.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Sergio Navarro, <em>Historia del tacto</em>, Ayuntamiento de San Sebasti&aacute;n de los Reyes, 2022.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 30 Jan 2023 08:01:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Neocostumbrismo carveriano]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/neocostumbrismo-carveriano/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/CARMEN_BERASATEGUI_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo">Para designar la principal corriente po&eacute;tica contempor&aacute;nea en nuestro pa&iacute;s, el t&eacute;rmino que me suele venir a la cabeza es &ldquo;neocostumbrismo&rdquo; o &ldquo;vivencialismo&rdquo; o &ldquo;neocostumbrismo vivencialista&rdquo;. Y es que muchos de los vol&uacute;menes que llegan tras el filtro editorial son propuestas en clave personal, directa y sin apenas distinci&oacute;n entre el &ldquo;yo literario&rdquo; y el &ldquo;cotidiano&rdquo;, en lo que es una forma de universalidad de lo singular: la propia experiencia. Son muchas, si no directamente mayor&iacute;a, las autor&iacute;as que podr&iacute;an clasificarse dentro de este movimiento est&eacute;tico, de esta corriente escritural que se viene extendiendo desde hace a&ntilde;os y que &mdash;me pregunto&mdash; no se habr&aacute; convertido ya en la m&aacute;s popular y caracter&iacute;stica del versar contempor&aacute;neo, tal como en otros tiempos fueran los cantares, los epigramas o las odas, por ponerles un ejemplo. Y, por las hechuras del texto que nos ocupa, creo que no ser&iacute;a desacertado incluirlo dentro de esta poes&iacute;a, ampliamente representada en nuestros anaqueles.</p>
<p class="Cuerpo">Olga Novo, en su brillante pr&oacute;logo a <em>Cosas asombrosas ocurrir&aacute;n hoy,</em> de Carmen Berasategui, nos invita a &ldquo;ver en la escritura la exuvia de lo que hemos sido, aquello que sigue amarrado a la rama cuando ya hemos alzado el vuelo, la primera piel que no es alma pero tampoco es cuerpo&rdquo;. Acierta nuestra Premio Nacional de Poes&iacute;a 2020 al se&ntilde;alar con esta imagen brillantemente esa marca de lo personal, autobiogr&aacute;fico, en la voz que nos habla desde estos poemas, pues pueden verse como ex&eacute;gesis de la experiencia vital, emocional y vivencial de la poeta.</p>
<p class="Cuerpo">En ellos el hecho po&eacute;tico-transcendente surge como bruma desde la prosa po&eacute;tica desplegada por la autora, a partir de la cual se nos narra una visi&oacute;n del mundo claramente personal, pero extrapolable a otras latitudes y sensibilidades, formaliz&aacute;ndose en una escritura alejada de los recursos cl&aacute;sicos de la poes&iacute;a y, en gran medida, marcada por la escasez de im&aacute;genes po&eacute;ticas; resultando &eacute;sta una opci&oacute;n de creaci&oacute;n que algunos lectores pueden encontrar cuestionable, en especial si atienden a posicionamientos como el del tambi&eacute;n poeta y Catedr&aacute;tico de Teor&iacute;a de la Literatura y Literatura comparada Alfredo Salda&ntilde;a en su <em>Romper el l&iacute;mite,</em> donde las califica como<em> </em>&ldquo;mecanismos de apertura y desestabilizaci&oacute;n, s&iacute;ntomas de una crisis que pone en tela de juicio el sentido. Exploraci&oacute;n de lo real a partir de una mirada ins&oacute;lita que detecte relaciones y correspondencias que habitualmente pasan desapercibidas&rdquo;. Y es que, como recalcara &Aacute;ngel Guinda, el poeta no escribe sobre la realidad, sino contra ella, y &mdash;a&ntilde;adir&iacute;a&mdash; para agrietarla, para abrir la hendija que deje ver m&aacute;s all&aacute;, las im&aacute;genes po&eacute;ticas son un recurso para nada desde&ntilde;able.</p>
<p class="Cuerpo">As&iacute; mismo, encuentro en la propuesta de Berasategui una forma personal de realismo. Poetas como Raymond Carver abrieron para nosotros la poes&iacute;a a un subtipo al que se design&oacute; como &ldquo;sucio&rdquo;, en gran medida, por el hecho de llenar de lirismo un pasatiempo juvenil tal como disparar a las ratas en un vertedero o por llenar de emoci&oacute;n evidente las cuitas del pago del funeral paterno; algo &mdash;hasta entonces&mdash; ins&oacute;lito en un poemario. No obstante, superado el realismo, o al menos ampliado con hallazgos posteriores, y asimilada la fuerza de la palabra desnuda de otro af&aacute;n que el de la exploraci&oacute;n interior, llegamos a la cuesti&oacute;n sobre si basta tal desempe&ntilde;o. Para m&iacute; (como nos indica Salda&ntilde;a que fue el caso de Juarroz) entiendo que la poes&iacute;a es &ldquo;una oportunidad para desafiar los l&iacute;mites del lenguaje y, por tanto, para explorar las posibilidades de conocimiento del mundo&rdquo;: un reto extremo para cualquiera.</p>
<p class="Cuerpo">Berasategui nos anuncia que le habita el rel&aacute;mpago y, en efecto, sus poemas son la revelaci&oacute;n de algo m&aacute;s all&aacute; mimetizado en el m&aacute;s ac&aacute; cotidiano: una instant&aacute;nea a la luz de ese <em>flash</em>, la foto de una polaroid que va dejando ver &mdash;al disiparse el velo blanco&mdash; algo que quer&iacute;amos guardar para siempre, conscientes de que somos &ldquo;seres a rebosar de merma y gozo&rdquo;; dolor y &eacute;xtasis que se nos ofrecen generosa y sinceramente a lo largo del poemario.</p>
<p class="Cuerpo">La poes&iacute;a de Berasategui, cercana y vivida, es capaz de transmitir con vigor esa intensa emoci&oacute;n que nos llega a oleadas con las mareas de la vida, de plasmar las sensaciones de extra&ntilde;eza que habitan en lo com&uacute;n y en lo cotidiano, de divisar y se&ntilde;alar lo bello con determinaci&oacute;n, anticipando con arrojo todas las cosas maravillosas que pueden ocurrirnos hoy, completando con la suma de su labor y entreg&aacute;ndonos la muda de la piel tejida que, en efecto, podemos reconocer y vestir durante nuestra lectura.</p>
<p class="Cuerpo">Durante una charla reciente con un narrador convinimos en clasificar los libros le&iacute;dos en dos grupos principales: los que guardas tras haber le&iacute;do y los que reservas para volver a visitar en alg&uacute;n momento. Por eso, cada vez que releo uno de los m&iacute;os, me cuestiono si he sido ambicioso al enriquecer mis textos con capas, referencias y recursos suficientes, con ideas y sentidos innovadores, que &mdash;sumados a mi forma personal de entender y filtrar la poes&iacute;a a m&iacute; trav&eacute;s&mdash; impulsen al lector no a necesitar sino a desear volver a reencontrarse con sus p&aacute;ginas en alg&uacute;n otro momento y &mdash;como postulara Guinda en su <em>Poes&iacute;a &uacute;til</em>&mdash; si acaso &ldquo;sirva al ser humano: moralmente, para vivir; culturalmente, para ensanchar y afianzar su saber; y est&eacute;ticamente, para gozar. Una poes&iacute;a que tenga los pies en la tierra, comprometida con el destino de las mujeres y hombres de su tiempo. Que busque elevar el lenguaje coloquial a la categor&iacute;a de lenguaje po&eacute;tico, y consiga que la verdad particular de su mensaje alcance validez universal&rdquo;. No es f&aacute;cil acertar en objetivos tan elevados, aunque la sabidur&iacute;a popular declara los beneficios de apuntar lejos.</p>
<p class="Cuerpo">Desde luego, la poes&iacute;a de Berasategui cumple con algunos de los dogmas de la <em>Poes&iacute;a &uacute;til </em>guindeana, siendo por ejemplo &ldquo;una poes&iacute;a habitable, testimonio radicalmente sincero de la experiencia vital e intelectual, de nuestra convivencia con la realidad del existir y con la idea de la muerte&rdquo;. La autora nos ha demostrado una gran sensibilidad, empat&iacute;a y elegancia en la b&uacute;squeda de lo m&iacute;nimo. Tal vez injustamente &mdash;por ser, adem&aacute;s de poeta, gestora cultural y editora&mdash; hab&iacute;a generado unas expectativas en lo estrictamente literario distintas, pero estoy convencido de que Berasategui seguir&aacute; creciendo como autora y benefici&aacute;ndose de la belleza y el equilibrio de facturas m&aacute;s complejas, aunque no por ello menos livianas y cercanas, como la propia Olga Novo nos ha demostrado con su elevada obra, en la que tantos encontramos inspiraci&oacute;n y gu&iacute;a.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Carmen Berasategui, <em>Cosas asombrosas ocurrir&aacute;n hoy</em>, Zaragoza, Olifante Ediciones de poes&iacute;a, 2022.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 23 Jan 2023 08:37:13 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo onírico y lo real están siempre entrelazados]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/lo-onirico-y-lo-real-estan-siempre-entrelazados/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/JULIO_MONTEVERDE_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>La identidad de las noches</em> de Julio Monteverde (Cartagena 1973), es un libro h&iacute;brido y original&iacute;simo que recoge, por un lado, la propia experiencia on&iacute;rica de su autor a trav&eacute;s de algunos de sus sue&ntilde;os y, por otro, una serie de art&iacute;culos sobre la ciudad on&iacute;rica, la fusi&oacute;n de sue&ntilde;o y realidad y el azar.</p>
<p>Es sabido que la experiencia on&iacute;rica es una de las fuentes de donde mana la verdadera poes&iacute;a y que, en palabras de J.L. Borges, &ldquo;los sue&ntilde;os constituyen el m&aacute;s antiguo y no menos complejo de los g&eacute;neros literarios&rdquo;. Pero los sue&ntilde;os recogidos en este libro no han sido concebidos en la vigilia, ni son im&aacute;genes visionarias rescatadas para componer un poema. Son sue&ntilde;os creados por el sue&ntilde;o, en verdad so&ntilde;ados, lo que no hace que est&eacute;n exentos de poes&iacute;a, pues en ellos se conforma el instante po&eacute;tico que engendra el mismo sue&ntilde;o.</p>
<p>Este libro nos habla del sue&ntilde;o que sigue a la vida, el que participa de la existencia devolvi&eacute;ndonos transformado lo que extrae de ella. En esa oscilaci&oacute;n de sue&ntilde;o y vigilia encontramos dos mundos concatenados, estrechamente unidos, que no se excluyen ni se confunden, sino que contin&uacute;an el uno en el otro, reconoci&eacute;ndose como complementarios. Y es que si la experiencia on&iacute;rica se desborda en la realidad es porque, tanto sue&ntilde;o como realidad, poseen sus cimientos en la vida misma.</p>
<p>Haciendo alusi&oacute;n al sugerente t&iacute;tulo, <em>La identidad de las noches</em>, en los sue&ntilde;os reflejamos, como una imagen reverberante, nuestra identidad forjada a trav&eacute;s del tiempo, creando un pliegue de experiencia que nos permite preguntarnos frente a nuestra propia imagen si somos nuestro hueco o somos nuestra huella, proyectando miedos, inquietudes, deseos, sobre figuras y objetos que son la raz&oacute;n visionaria de nuestro ser. Latas parlantes, ata&uacute;des rojos, libros sin hojas, edificios andantes, y otros objetos de especial magnetismo son algunos de los que el lector encontrar&aacute; en este libro. Esta conversi&oacute;n en objeto on&iacute;rico nos permite la experiencia de ser uno con el objeto so&ntilde;ado. &ldquo;En nuestros sue&ntilde;os de vuelo (&hellip;) no somos sino un poco de materia volante&rdquo;<em> </em>(G. Bachelard),<em> </em>porque en la experiencia on&iacute;rica participamos no solo como espectadores y creadores del sue&ntilde;o, sino tambi&eacute;n como la propia materia sensible de este: &ldquo;Entonces levanto la cabeza y observo, al otro lado del techo de cristal que recubre todo el pasillo, un rostro de mujer que me observa sonriente. Creo reconocerla. &ndash;&iquest;Eres M.? Me dice que s&iacute; y ambos comenzamos a volar. &ndash;T&uacute; eras la belleza&ndash; le digo. A lo que ella responde: &ndash;&laquo;&iexcl;Quiero subir!&raquo;. &iquest;Te acuerdas? Eso es, al parecer, lo que yo le dec&iacute;a siendo ni&ntilde;o. &ndash;&iexcl;S&iacute;! &iexcl;Claro! &iexcl;Quiero subir! As&iacute; que subimos, subimos, subimos&hellip;&rdquo;<em> </em>(p&aacute;g. 68)</p>
<p>La mayor&iacute;a de los sue&ntilde;os incluidos transcurren en lugares p&uacute;blicos, en esos no-lugares donde nuestra identidad se diluye y nos perdemos en lo colectivo, en el anonimato de las masas y d&oacute;nde, casualmente, pasamos gran parte del tiempo en la vigilia: vagones de tren, librer&iacute;as, bibliotecas, caf&eacute;s, etc. Pero sobre todo suceden por las calles de una ciudad erigida en el sue&ntilde;o.</p>
<p>La ciudad on&iacute;rica revela siempre al so&ntilde;ante que vive en un caos interno de fragmentos y ruinas. Es una ciudad percibida como extra&ntilde;a y amenazante, con escenarios propios de un cuadro de Delvaux o de Ernst, en la que la angustia se vuelve paisaje, terror y admiraci&oacute;n se dan la mano.</p>
<p>Esta urbe so&ntilde;ada, desconocida y anhelada, lleva a la b&uacute;squeda material de la vida on&iacute;rica encerrada en la ciudad real, donde lo maravilloso est&aacute; a nuestro alcance, el deslumbramiento a pie de calle y el azar sale al encuentro del paseante proporcion&aacute;ndole fogonazos de verdadera revelaci&oacute;n po&eacute;tica.</p>
<p>Entendemos azar como casualidad o, bajo el caleidoscopio del surrealismo &ldquo;confluencia inesperada entre lo que el individuo desea y lo que el mundo ofrece&rdquo;<em> </em>(A. Bret&oacute;n). Aunque no se trata de obsesionarse con el contenido del lugar al que ansiamos llegar, si es que existe alguna meta, sino de la estrecha franja de baldosas que media entre nuestros pasos y ese lugar en tanto cometido. Es en esa franja donde se visibiliza la esencial perplejidad del ser humano ante las peripecias del tiempo y el espacio, en un intento de juntar pedazos de lo roto y lo perdido para recomponer una figura plausible que lo ensamble: &ldquo;La casa (&hellip;) me produjo al instante una sensaci&oacute;n de inquietud profunda. (&hellip;) Una reminiscencia muy potente me atrap&oacute;, una evocaci&oacute;n de otro lugar en el que el fr&iacute;o y el m&aacute;rmol blanco eran la &uacute;nica clave a la que se me permit&iacute;a acceder. Era una sensaci&oacute;n muy definida de pertenencia, de vinculaci&oacute;n, y a la vez muy indefinida en cuanto a su verdadero sentido. Ah&iacute; estaba, y la infancia entera parec&iacute;a mecerse bajo sus ondas.&rdquo; (&ldquo;Una casa en sombras&rdquo;, p&aacute;g.62)</p>
<p>En la serie de art&iacute;culos dedicados al azar y a la irrupci&oacute;n de lo on&iacute;rico en lo real, entre los que destacan los titulados &ldquo;Los ojos abiertos en la ciudad&rdquo; y &ldquo;Una manifestaci&oacute;n del deseo&rdquo;, encontramos a un sujeto en un espacio inagotable, formado por un laberinto de interminables pasos, que por muy bien que llegue a conocer los barrios de la ciudad que recorre, siempre tiene la sensaci&oacute;n de estar perdido. Y que se entrega al movimiento de las calles reduci&eacute;ndose casi solo a <em>un ojo que ve</em>. As&iacute;, la enorme ciudad se convierte en llave maestra, permitiendo que esa mirada encuentre un punto de conmoci&oacute;n que da paso a lo otro, a lo subterr&aacute;neo, a lo oculto a plena vista.</p>
<p>Es este un libro que cada lector leer&aacute; a su manera, intentando, quiz&aacute;, hacer una integraci&oacute;n simb&oacute;lica con su propia experiencia. En cualquier caso, son textos para adentrarse en ellos como el transe&uacute;nte solitario en la ciudad so&ntilde;ada, dispuestos al asombro, a dejarnos deslumbrar descubriendo las grietas que conectan sue&ntilde;o y vigilia, constatando que todo es uno y que lo on&iacute;rico y lo real, como parte de la misma vida, est&aacute;n siempre entrelazados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Julio Monteverde, <em>La identidad de las noches</em>, Madrid, Adeshoras, 2022.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 23 Jan 2023 08:14:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Juan de Dios García: "Un poeta es un hombre de acción imaginaria"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/juan-de-dios-garcia-un-poeta-es-un-hombre-de-accion-imaginaria/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/JUAN_DE_DIOS_GARC_A_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>La cultura fenicia no dej&oacute; firmes huellas f&iacute;sicas de su existencia, pero s&iacute; un enorme calado cultural, importantes nociones a prop&oacute;sito del comercio y un alfabeto integrado en su totalidad por consonantes. Hacia el origen de esa cultura zarpan los versos de Juan de Dios Garc&iacute;a (Cartagena, 1975) de su &uacute;ltimo poemario, <em>Canto fenicio</em> (Cham&aacute;n ediciones). Dividido en tres puertos (&ldquo;Los hombres p&uacute;rpura&rdquo;, &ldquo;Nudo de rizo&rdquo; y &ldquo;Pueblo errante&rdquo;), el cartagin&eacute;s ahonda en la memoria que emerge de las p&eacute;rdidas, en la transici&oacute;n y sus topos (descampados, drogas, rock and roll, tanteos vertiginosos, lo de que la vida iba en serio y se hace tarde) y, por &uacute;ltimo, en lo ef&iacute;mero del asunto de vivir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst">- &iquest;Qu&eacute; caracter&iacute;sticas tiene el canto fenicio, aparte de que &laquo;solo puede escucharse entre las conjeturas de un historiador o en la imaginaci&oacute;n de un arque&oacute;logo&raquo;?</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">- Formalmente, es una l&iacute;rica cantada en prosa acu&aacute;tica. No tiene verticalidad ni vuelo de ave, sino que es humana y horizontal, aunque tr&eacute;mula, por las traves&iacute;as mar&iacute;timas de sus remeros, cuya &uacute;nica patria era el suelo conocido m&aacute;s movible: el Mediterr&aacute;neo. Su color de voz es de un azul purp&uacute;reo. Tem&aacute;ticamente, sus letras coquetean a su antojo con los vaivenes del tiempo y por eso parecen endeudadas con la Antig&uuml;edad cuando, de repente, pegan un bocado a la Modernidad. Quiz&aacute; su etiquetado perfecto en el cancionero sea esta paradoja: vieja vanguardia.</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle"><strong>&ldquo;La esencia del viajero, su motor, es lo sorpresivo&rdquo;</strong></p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">- El viajero, &iquest;huye de algo o sale al encuentro de?</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">- Puede ser que huya de algo, aunque no es el caso de este autor <em>fenicio</em> que te habla. Pero es seguro que no sale al encuentro de nada, precisamente porque la esencia del viajero, su motor, es lo sorpresivo.</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">- &iquest;Qu&eacute; es lo mejor y lo peor de que la vida de uno sea &laquo;una gloria subterr&aacute;nea&raquo;?</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">- Lo peor es que hasta los treinta y tantos a&ntilde;os he pensado, con cierta frecuencia, que era una manera de ser gris, de sentir las experiencias con un voltaje reducido y, por tanto, de disfrutarlas con menor intensidad. Sin embargo, en este tramo cercano a la cincuentena considero que es una forma de estar en el mundo muy gratificante. Por un lado, participas de acontecimientos trascendentales, los gozas en plenitud, pero casi en secreto, porque no eres el protagonista, sino un magn&iacute;fico secundario. Me encanta catar la gloria, estar dentro del marco de la foto de grupo, pero que solo me aplaudan en casa o, como mucho, en el vecindario.</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle"><strong>&ldquo;C</strong><strong>arecemos de coraje porque el estado de bienestar, la utop&iacute;a alcanzada, lo devor&oacute; a finales del siglo XX&rdquo;</strong></p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">- Un poeta, &iquest;es un hombre de acci&oacute;n?</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">- De acci&oacute;n imaginaria, toda la que quieras. Vivimos para la ficci&oacute;n dentro de la verdad y servimos en el laberinto del conocimiento, pero carecemos de coraje porque el estado de bienestar, la utop&iacute;a alcanzada, lo devor&oacute; a finales del siglo XX. No nos enga&ntilde;emos: apenas quedan escritores &laquo;de armas y letras&raquo;, al menos en Occidente.</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">- &iquest;De qu&eacute; manera se hereda el dolor?</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">- A trav&eacute;s de lo que podr&iacute;amos denominar &ldquo;sangre cultural&rdquo;. Cada familia, pueblo, regi&oacute;n, pa&iacute;s, cultura, comunidad, llam&eacute;mosle como mejor te parezca, tiene una herencia, una idiosincrasia falsa o da&ntilde;ina. T&oacute;xica, como se suele calificar ahora. Por ejemplo, en mi caso, al ser espa&ntilde;ol, aprend&iacute; pronto a aguantar en la mayor&iacute;a de los medios de comunicaci&oacute;n y en las tertulias librescas, tabernarias o laborales todo tipo de improperios antihisp&aacute;nicos, producto de una propaganda pol&iacute;tica concreta, de una envidia acomplejada, de un rencor rid&iacute;culo o, peor a&uacute;n, de una ignorancia descarada.</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle"><strong>&ldquo;El tel&eacute;fono m&oacute;vil es una </strong><strong>droga de dise&ntilde;o que se ha popularizado en los inicios del siglo XXI&rdquo;</strong></p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">- Cuando uno &laquo;forma parte de la conversaci&oacute;n del mundo&raquo;, &iquest;c&oacute;mo distinguir lo interesante de lo superfluo?</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">- Creo que no resulta tan dif&iacute;cil, aunque s&iacute; requiere una desintoxicaci&oacute;n de una droga de dise&ntilde;o que se ha popularizado en los inicios del siglo XXI y me temo que vamos a convivir con ella hasta que nuestra civilizaci&oacute;n se extinga. Me refiero al tel&eacute;fono m&oacute;vil, donde se condensa casi todo el contenido del mundo. Prueba a pasar un mes sin utilizarlo nada m&aacute;s que para llamadas a familiares cercanos; es pr&aacute;cticamente imposible, pero si lo consigues y est&aacute;s educado en un sistema vital anterior al m&oacute;vil, comprobar&aacute;s cu&aacute;nto aprovechas el tiempo y con qu&eacute; facilidad descartas informaci&oacute;n prescindible en tu cotidianidad. Es la misma conciencia que se le queda a un ex-adicto cuando pasa una temporada a salvo de su adicci&oacute;n y se pregunta c&oacute;mo ha podido estar tan absurdamente esclavizado.</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">- &iquest;Conviene acercarse a &laquo;una isla que a&uacute;n arde en mar abierto&raquo;?</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">- &iexcl;Claro! All&iacute; residimos algunos refugiados, pero cada vez vienen menos compa&ntilde;eros, porque el mar que nos rodea es como el canto de las sirenas hom&eacute;ricas. Estamos esperando a que en esa isla haya muchas explosiones volc&aacute;nicas y crezca su extensi&oacute;n. Ojal&aacute; se convirtiese, como m&iacute;nimo, en pen&iacute;nsula.</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">&ldquo;<strong>Nos precede una historia en la que los artistas s&iacute; han cumplido con su talento en tiempos sombr&iacute;os&rdquo;</strong></p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">- Le devuelvo la pregunta de los versos de Brecht: &laquo;En los tiempos sombr&iacute;os, &iquest;se cantar&aacute; tambi&eacute;n&raquo;?</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">- Eso espero, porque me volver&iacute;a loco si desapareciese nuestra isla ardiendo. De ah&iacute; que uno tienda al alarmismo. Nos precede una historia en la que los artistas s&iacute; han cumplido con su talento en tiempos sombr&iacute;os. Solamente te pondr&eacute; dos ejemplos, y no son literarios, sino cinematogr&aacute;ficos: <em>La canci&oacute;n de Carla</em>, cuando la Contra intentaba derrocar al gobierno sandinista de Nicaragua, o las escenas de teatro callejero entre bombardeo y bombardeo balc&aacute;nico en <em>La mirada de Ulises</em>.</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">- Las referencias musicales son notorias. &iquest;Qu&eacute; banda sonora tendr&iacute;a este poemario?</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">- Me han recomendado que confeccione la banda sonora del libro en Spotify, pero no utilizo esa plataforma, as&iacute; que invito a los lectores m&aacute;s entusiastas de <em>Canto fenicio</em> a hacerla. Desde Schubert hasta Kurt Cobain hay m&uacute;sicos con nombres propios que aparecen expl&iacute;citamente y otros evocados de manera indirecta. An&iacute;mense.</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle"><strong>&ldquo;Busco una inteligencia bondadosa en los libros que leo&rdquo;</strong></p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">- &iquest;Alg&uacute;n libro que le haya conmovido &uacute;ltimamente?</p>
<p class="ListParagraphCxSpLast"><em>La filtraci&oacute;n de la luz</em>, de la mexicana Sihara Nu&ntilde;o. Trata el hecho qu&iacute;mico, astron&oacute;mico y matem&aacute;tico con una belleza y una extra&ntilde;a fantas&iacute;a pedag&oacute;gica que me ha cautivado. Se agradecen actitudes as&iacute; ante tanta sensibler&iacute;a e ideolog&iacute;a previsible. No busco ni bondades monjiles ni inteligencias &iacute;ntegras, sino una inteligencia bondadosa en los libros que leo. Y este la tiene.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 16 Jan 2023 07:28:51 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La soledad y los silencios de Adelaida García Morales]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/soledad-y-silencios-adelaida-garcia-morales/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas23/ADELAIDA_GARC_A_MORALES_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>La narrativa de los 80 consigui&oacute; resolver de una manera espont&aacute;nea y eficaz la tensi&oacute;n entre contenido y forma porque, el ciclo hist&oacute;rico de la dictadura y el legado franquista heredado, convirtieron la larga etapa experimental fraguada desde los 60 en un producto cultural intenso/ extenso al servicio de una cr&oacute;nica generacional dura, amarga y cr&iacute;tica, que dar&aacute; sus frutos en las d&eacute;cadas siguientes y alcanzar&aacute; el nuevo milenio, cuando la multiplicidad de corrientes, y la relativa hegemon&iacute;a de algunas modalidades narrativas, responda al reclamo de un lector que marca las pautas de una nueva literatura, y cuya exigencia &uacute;ltima es la propia escritura porque los novelistas vuelven a ser interpretes de la realidad. En esa marcada tendencia al realismo m&iacute;tico y fant&aacute;stico surge una novela aleg&oacute;rica, cuando los autores, tras el momento hist&oacute;rico del 75, han superado esa fuerte presi&oacute;n tanto ideol&oacute;gica como discursiva que les llevar&aacute; a territorios m&aacute;s ricos en perspectivas. Entonces la realidad trasciende hasta elementos misteriosos y fant&aacute;sticos, o sencillamente cubre un territorio m&iacute;tico donde ensayar sus obras porque, el simbolismo de la b&uacute;squeda o la met&aacute;fora del camino, se aplican a la existencia humana que as&iacute; muestra su endeble condici&oacute;n. Y aun m&aacute;s, esta m&aacute;gica fecha marcar&aacute; un antes y un despu&eacute;s, tras una f&eacute;rrea censura en pol&iacute;tica cultural que la literatura siempre intent&oacute; soslayar, y en narrativa contribuy&oacute; a una transici&oacute;n que finalizar&iacute;a en una democracia estable y con novelas que coprotagonizar&aacute;n ambientes de tolerancia y objetivaci&oacute;n, desmontando esa tradici&oacute;n realista, practicada por el realismo-burgu&eacute;s anterior de un Gald&oacute;s o de un Baroja, y que Mart&iacute;n-Santos, Goytisolo, Mars&eacute; y Benet llevaron a cabo sobrevalorando un potencial ideol&oacute;gico y una mayor funci&oacute;n reflectora de la literatura, en general. Este cambio progresivo, y la responsabilidad pol&iacute;tica del escritor, se convierten en una forma propia de escribir y desembocan en nuevas experiencias, cada vez m&aacute;s complejas, con un lenguaje novelesco m&aacute;s aut&oacute;nomo, se consiguen aut&eacute;nticas ficciones noveladas, que ocupan un espacio de resistencia a trav&eacute;s de la imaginaci&oacute;n porque la agon&iacute;a pol&iacute;tica del franquismo conllev&oacute; una conciencia problem&aacute;tica de la propia modernidad, y con ella las posibilidades/ capacidades de asimilar de forma diferente la historia, una conciencia con perspectivas nuevas y la b&uacute;squeda de po&eacute;ticas novelescas que convirtieron la realidad en una cr&oacute;nica de la vida individual e &iacute;ntima de los individuos que ahora escriben porque asimilan esa vivencia como una aut&eacute;ntica pr&aacute;ctica ling&uuml;&iacute;stica, y la asunci&oacute;n de las im&aacute;genes como una t&eacute;cnica casi cinematogr&aacute;fica que une esa exposici&oacute;n de la realidad a la renuncia de una ideolog&iacute;a caduca, que no se resiste a buscar un sentido, y a dar una significaci&oacute;n a sus textos.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Femenino singular</strong></p>
<p>Hans J&ouml;rg Neusch&auml;fer en sus &ldquo;Observaciones sobre la literatura espa&ntilde;ola posterior a 1975&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftn1">[1]</a> escribe sobre la nutrida participaci&oacute;n de las mujeres en el panorama narrativo de la &eacute;poca, y a&ntilde;ade el valor de su competencia, frente a esa &ldquo;cuota&rdquo; que establece la cr&iacute;tica cuando tiende a hacer historia literaria de un per&iacute;odo determinado, as&iacute; que ellas forman parte de las mismas tendencias que huyen de un dogmatismo al uso, o de cuestiones ideol&oacute;gicas determinadas pero, aunque comprometidas con el feminismo, ninguna profesa un credo abstracto al respecto. Las aportaciones se hacen desde el &aacute;mbito period&iacute;stico con ambiciones literarias, Rosa Montero, como ejemplo, desde la l&iacute;rica, con Ana Rosetti o la propia narrativa, en mayor proporci&oacute;n, Esther Tusquets, Montserrat Roig y Adelaida Garc&iacute;a Morales. Mar&iacute;a Dolores de As&iacute;s<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftn2">[2]</a>, ejemplifica esta etapa rica en producci&oacute;n y en su ensayo sobre novela y escritura femenina, traza una amplia semblanza sobre narradoras presentes en d&eacute;cadas anteriores, y otras que han conseguido la atenci&oacute;n de la cr&iacute;tica, Paloma D&iacute;az-Mas, Bel&eacute;n Gopegui, Almudena Grandes, Clara S&aacute;nchez y la propia Garc&iacute;a Morales. MonikaWalter<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftn3">[3]</a> apunta la aportaci&oacute;n de estas y otras con respecto a la educaci&oacute;n de los sentimientos, tanto en la esfera &iacute;ntima y sexual, como la er&oacute;tica por el elevado n&uacute;mero de escritoras, Abad, Pottecher, Ortiz y Falc&oacute;n que, en la profundidad de esas regiones reprimidas y alienadas, convierten a sus protagonistas masculinos y femeninos en un campo de autoafirmaci&oacute;n literaria. Y este discurso femenino no se limita a temas &uacute;nica y exclusivamente de mujer, como la conquista de la diferencia corporal, la independencia sexual o la igualdad moral de derechos, sino a la variedad estil&iacute;stica que ensayan, soberanas y seguras de su &eacute;xito frente a sus colegas masculinos que, con su val&iacute;a, se desplazan por la amplitud de g&eacute;neros narrativos tradicionales, polic&iacute;acos, hist&oacute;ricos, psicol&oacute;gicos e intimistas, er&oacute;ticos, de aventuras, y a trav&eacute;s de un punto de vista inequ&iacute;voco que conlleva cr&iacute;tica, humor o sensibilidad, o se mueven entre la fantas&iacute;a y la realidad, como leemos en Fern&aacute;ndez Cubas, Riera, Cibreiro, Navales, Pu&eacute;rtolas y, una vez m&aacute;s, Garc&iacute;a Morales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La atm&oacute;sfera primitiva de Garc&iacute;a Morales</strong></p>
<p><strong></strong>La capacidad de dise&ntilde;ar un espacio topogr&aacute;fico y temporal testimonia a partir de los ochenta la vitalidad de la narrativa espa&ntilde;ola. Surge una tendencia regionalista frente al urbanismo al uso porque la identidad colectiva se abre en la creciente afloraci&oacute;n de comunidades aut&oacute;nomas donde empiezan a convertir en literatura las dimensiones que, en otro tiempo, hab&iacute;an sido reducidas por los mecanismos de represi&oacute;n interna del pasado hist&oacute;rico franquista, y las voces vienen del antiguo Pa&iacute;s Vasco y de Andaluc&iacute;a, fundamentalmente, aunque Castilla Le&oacute;n, Asturias o Galicia aporten no pocos nombres a la extensa n&oacute;mina que mezcla el paisaje de su infancia, con la memoria hist&oacute;rica y cultural.</p>
<p>Adelaida Garc&iacute;a Morales (Badajoz, 1945- Dos Hermanas, Sevilla, 2014) tiene la extra&ntilde;a capacidad de captar en su narrativa los ambientes y las atm&oacute;sferas de una forma sugerente, y una &oacute;ptima clarividencia para concretar situaciones y contenidos que buscan conmocionar al lector y hacerle llegar un tipo de novela expl&iacute;cita y complaciente con las situaciones m&aacute;s morbosas, o unas transitadas introspecciones de los sentimientos. Sus narraciones resultan sugestivas, se despliegan como esos secretos que vamos desvelando sin prisa alguna. Pasado y memoria confluyen para mitificar tanto el espacio como la figura humana; observamos as&iacute; su reencuentro con un interior de lo m&aacute;s &iacute;ntimo. En <em>El Sur<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftn4"><strong>[4]</strong></a></em>, su primera incursi&oacute;n narrativa, est&aacute;n ya presentes algunas de las tem&aacute;ticas que forjar&aacute;n el conjunto de su obra posterior: la soledad como una forma de realizaci&oacute;n, de aut&eacute;ntica vida, que se construye y se destruye a la vez, y necesita de la comunicaci&oacute;n con el otro, al tiempo que la reh&uacute;ye, como una aut&eacute;ntica forma de defensa propia; el amor pasional, capaz de alterar lo cotidiano, una evidente necesidad, que desarrollar&aacute; de forma magistral en su siguiente novela,<em> El silencio de las sirenas<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftn5"><strong>[5]</strong></a></em>; la muerte, como una continua presencia, en muchos casos tan tenebrosa como auto-destructiva; y el silencio como una forma de relaci&oacute;n, una de las principales caracter&iacute;sticas del conjunto; importa tanto lo que se dice, como lo que no est&aacute; escrito, un hecho que otorga a sus historias la posibilidad de m&uacute;ltiples interpretaciones. El lector de su escritura se convierte en alguien activo, tendr&aacute; que indagar en las tramas y en los personajes, seres marginales y poco expl&iacute;citos, y la informaci&oacute;n que Garc&iacute;a Morales aporta sobre ellos y su comportamiento resulta tan ambivalente&nbsp;como extravagante; sus vidas transcurren voluntariamente en los m&aacute;rgenes, viven en zonas rurales, calificadas como m&aacute;gicas, l&eacute;ase la comarca alpujarre&ntilde;a granadina, o la campi&ntilde;a sevillana, donde el paisaje se torna g&oacute;tico, espacio que ayuda a su introversi&oacute;n, paisaje que la cr&iacute;tica ha calificado como la visi&oacute;n de una neo-g&oacute;tica femenina.</p>
<p>Adriana, la protagonista, de este relato breve, intenta comprender el misterio en torno a la desaparici&oacute;n del padre, el resto de acontecimientos de la historia pertenecen a los recuerdos que ella evocar&aacute; desde su presente actual. El primer hecho que cuenta es el suicidio de su progenitor, sobre el que volver&aacute;, y n&uacute;cleo de la narraci&oacute;n, porque para la ni&ntilde;a y la adolescente Adriana aun resulta incomprensible el motivo que lo llev&oacute; hasta aquel extremo, o cual era el sufrimiento que escond&iacute;a. Adriana cuenta el transcurso de una hermosa etapa junto a su padre, tan presente y distante, al mismo tiempo; en realidad, se resuelve como el pre&aacute;mbulo de la historia, e ignora el hecho de que su progenitor hubiera abandonado su ciudad natal Sevilla, quiz&aacute; por algo muy grave, y por qu&eacute; se escond&iacute;a en un lugar sombr&iacute;o y lejano; Garc&iacute;a Morales recrea la identificaci&oacute;n con la singularidad del hecho mismo, la hostilidad y la soledad total que siempre rodea a la ni&ntilde;a, paliada en ocasiones por la figura de t&iacute;a Delia, que representa la a&ntilde;oranza de la imagen del sur; descubre entonces que un amor del pasado atormenta a su padre porque nunca lo ha olvidado; y siente, aun m&aacute;s, su imposibilidad para comprender por qu&eacute; est&aacute; rodeada de tanto sufrimiento. La muerte del padre, y el distanciamiento de la madre motivar&aacute;n que Adriana se mueva para encontrarse por fin con la muy evocada ciudad de Sevilla, y darle a la historia un desenlace final, y aun m&aacute;s angustioso: su padre no s&oacute;lo hab&iacute;a huido de un amor imposible, sino que con &eacute;l hab&iacute;a abandonado a un hijo. Solo tras la resoluci&oacute;n del conflicto Adriana podr&aacute; empezar una vida sin los fantasmas del pasado.</p>
<p>La protagonista evoca el territorio de la memoria<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftn6">[6]</a> para mitificar no solo la figura del padre suicida, sino que justifica su propio espacio interior, que se recrea y se despliega ante la narraci&oacute;n con un resultado tan sugestivo ante el lector como si la ni&ntilde;a se desdoblara, uno a uno, en sus peque&ntilde;os secretos. Adriana no consigue comprender ese insoportable dolor del padre, y la no menos atormentada vida que lleva, y por su inocencia no ser&aacute; capaz de salvarlo de un sufrimiento, v&iacute;ctima de sus propios verdugos: la cobard&iacute;a, el sentimiento de culpa, el resentimiento o la extra&ntilde;a asunci&oacute;n de considerarse uno m&aacute;s de los vencidos de la guerra civil. Y aun se a&ntilde;ade esa geograf&iacute;a f&iacute;sica que es el Sur, la fuerza deslumbrante del sol &mdash;escribe Mari Luz Melc&oacute;n<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftn7">[7]</a>&mdash; (&hellip;) El Sur es Sevilla, la ciudad hecha de &ldquo;piedras vivientes, de palpitaciones secretas&rdquo;, y all&iacute; encontrar&aacute; la ni&ntilde;a Adriana la esencia del ser exiliado de su padre, susceptible de identificarse con la imagen machadiana m&aacute;s andaluza. Sevilla es para ella, en cierta forma, una extensi&oacute;n de su padre, y buscar&aacute; en esta ciudad la respuesta m&aacute;gica a su petici&oacute;n: la de encontrarlo &ldquo;en un espacio distinto y nuevo.&rdquo; La capital andaluza se presenta ante Andrea como una ciudad cuyos vestigios palpitan,&nbsp; &ldquo;Hab&iacute;a en ella un algo humano, una respiraci&oacute;n, un hondo suspiro contenido&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftn8">[8]</a>. Esta descripci&oacute;n y el nuevo ambiente, contrastan por completo con su casa, vieja y descuidada, rodeada de soledad, de silencios y de muerte, porque a Garc&iacute;a Morales le interesa hablar de lo inefable, de lo inaprensible, de cuanto va m&aacute;s all&aacute; de una experiencia racional, de aquello que resulta distinto. Las emociones de sus personajes no pueden transmitirse por una simple palabra puesto que, en su novela, muchas de las conductas de sus personajes resultan contradictorias, sobre todo la del padre, cuya ambig&uuml;edad motiva el sufrimiento en la ni&ntilde;a. Laura E. Ponce Romo<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftn9">[9]</a> habla de un mundo et&eacute;reo, a veces nebuloso, tanto en el relato <em>El Sur</em> como despu&eacute;s en <em>Bene</em>, porque en el primero la protagonista evoca a un padre muerto, cuando ha pasado un tiempo sin definir, lo hace a trav&eacute;s de un mon&oacute;logo/ di&aacute;logo, y es de noche cuando la joven evoca los recuerdos de su infancia. Adriana seguir&aacute; buscando esa figura paterna en su intento por dar forma a una historia de la que solo le llegan fragmentos, una dispersi&oacute;n de datos como su propia edad, acertadamente de los siete a los quince a&ntilde;os.</p>
<p>El mundo literario de Adelaida Garc&iacute;a Morales se concreta en una geograf&iacute;a interior y femenina, ellas son siempre las que tienen voz, las que desde sus mon&oacute;logos construyen, a trav&eacute;s de la memoria y de las sensaciones m&aacute;s diversas, ese mundo exterior donde lo masculino aparece vagamente, y el orden social poco importa. La mirada de esta escritora, como ha se&ntilde;alado Pedro A. Curto<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftn10">[10]</a>, &ldquo;es ante todo femenina, uterina, parte desde lo m&aacute;s intimo, para hacernos observar a trav&eacute;s de sus ojos, ese mundo misterioso, desde el cual se plantea, el &ldquo;ser mujer&rdquo;. La mujer se percibe como lo &iacute;ntimo, el hombre como esa composici&oacute;n externa. Y en esta mirada tan &ldquo;feminista&rdquo; se acerca a la escritura de la brit&aacute;nica Woolf&nbsp; y a la brasile&ntilde;a Lispector, y en particular a &eacute;sta &uacute;ltima cuando recurre a lo sobrenatural, a una realidad at&iacute;pica, para desentra&ntilde;ar la profundidad de sus conflictos narrativos. En esa preferencia por la mujer, la autora declaraba: <em>&ldquo;El hombre ha jugado su partida con la existencia y la ha perdido, nos ha llevado a la cat&aacute;strofe. La mujer es la reserva que le queda a la vida, por sus valores, por ser m&aacute;s altruista.&rdquo;</em></p>
<p><em></em>En<em> Bene </em>(1985)<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftn11">[11]</a>, editada junto a <em>El Sur</em>,<em> </em>seg&uacute;n Ponce Romo<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftn12">[12]</a>, hay una narradora, otra joven que conversa con el esp&iacute;ritu de su hermano. Ha pasado mucho tiempo desde que vio por &uacute;ltima vez a Santiago, no se especifican los a&ntilde;os por lo que el lector percibe este espacio temporal como ambiguo. Se sabe, en cambio, que todos han muerto ya, s&oacute;lo queda ella viviendo en la casa de su infancia. <em>&ldquo;Anoche so&ntilde;&eacute; contigo, Santiago. Ven&iacute;as a mi lado, paseando lentamente entre aquellos eucaliptos donde tantas veces fuimos a merendar con Bene&rdquo;</em><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftn13">[13]</a>. La historia es desde el inicio inquietante, y &Aacute;ngela explica un sue&ntilde;o que ha tenido con su &uacute;nico hermano a quien llama desde el m&aacute;s all&aacute;; el sue&ntilde;o se relaciona con Bene, una joven que parece estar controlada por otro esp&iacute;ritu, el de su padre gitano. Los sue&ntilde;os en esta narraci&oacute;n de Garc&iacute;a Morales ayudan a concretar un ambiente ilusorio, al tiempo el lector percibe la sensaci&oacute;n de que parte de cuanto la narradora relata, hubiera sido verdad o podr&iacute;a haberse convertido en algo real.</p>
<p>La protagonista se siente, una vez m&aacute;s, sola. El escenario vuelve a ser una casa amplia y alejada de la ciudad, algo menos l&uacute;gubre que en <em>El Sur</em>, incluso llega a formar parte de sus habitantes porque &Aacute;ngela recibir&aacute; sus clases particulares de una maestra que la visita peri&oacute;dicamente. Garc&iacute;a Morales justifica la continua soledad de sus protagonistas porque ambas viven en una circunstancia particular, tienen poco contacto con otros ni&ntilde;os de su edad y eso les lleva a desarrollar su propio mundo de fantas&iacute;as. &Aacute;ngela observar&aacute; que el exterior puede convertirse en un mundo excitante, sobre todo porque su t&iacute;a Elisa le proh&iacute;be ir m&aacute;s all&aacute; de la cancela, algo que para ella ser&iacute;a algo excitante, y donde se imagina podr&iacute;an ocurrir las cosas m&aacute;s extraordinarias. El aislamiento de la protagonista le har&aacute; vivir en un aut&eacute;ntico estado de fragilidad y, a falta de amigos con quienes jugar, Santiago se convierte en el centro de su vida. As&iacute; pasar&aacute; sus d&iacute;as, observar&aacute; tras la cancela, la carretera vac&iacute;a, el paso de algunas manadas de toros o las caravanas de gitanos, afuera est&aacute; el peligro y el misterio, solo en contadas ocasiones, &Aacute;ngela ha podido visitar la ciudad y siempre en compa&ntilde;&iacute;a de su t&iacute;a Elisa, quien se presupone la preserva de los peligros latentes en el exterior; solo en la casa la joven se sentir&aacute; segura y protegida y, tal vez por eso, cuando aparece la figura de Bene, la t&iacute;a Elisa la trata con absoluta frialdad, le muestra desde el principio su enemistad a la joven, aunque es consciente de que no puede contradecir la voluntad de su cu&ntilde;ado Enrique, y sospecha que la gitana le ofrece sus servicios, como sabe ya ha hecho en ocasiones anteriores con otros hombres. La presencia de la nueva criada resulta especialmente inquietante para la t&iacute;a, no para &Aacute;ngela que pronto percibe ese aire de vac&iacute;o en este nuevo personaje en quien conf&iacute;a e invita a ese lugar secreto donde su hermano y ella convivieron de ni&ntilde;os, y pasaron tantas horas contando historias misteriosas: la torre. Este espacio se convertir&aacute; en ese lugar emblem&aacute;tico en la novela donde se pueden escuchar las voces de aquellos que se han ido de este mundo y regresan para hacer o&iacute;r su voz, o advertirles de alg&uacute;n peligro a los moradores de la casa, y all&iacute; la joven gitana se transformar&aacute; en un ser de mirada fr&iacute;a. Bene se convierte en un personaje ambivalente, y el final de la novela resulta tan ambiguo como la propia historia porque, mientras se avanza en su lectura, ese l&iacute;mite entre vida y muerte se ve traspasado en numerosas ocasiones para justificar, de alguna forma, la presencia de los personajes m&aacute;s significativos.</p>
<p>En su siguiente novela, Garc&iacute;a Morales, apunta Santos Alonso<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftn14">[14]</a>, <em>El silencio de las sirenas</em> (1985)<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftn15">[15]</a>, vuelve a la mitificaci&oacute;n, en esta ocasi&oacute;n el amor y el misterio, a trav&eacute;s de las obsesiones y de toda la simbolog&iacute;a de una joven, Elsa, que huye y se a&iacute;sla en un peque&ntilde;o pueblo alpujarre&ntilde;o y vive all&iacute; su obsesi&oacute;n amorosa por un hombre a quien apenas conoce. La maestra del lugar se convierte en su confidente y, al mismo tiempo, es la narradora perif&eacute;rica de una historia que transforma realidad y sue&ntilde;o en una experiencia l&iacute;mite porque la fantas&iacute;a amorosa que vive esta joven se diluye a medida que avanzamos en un relato comparable al canto de las sirenas que hicieran sobrevivir a Ulises en su m&iacute;tico regreso. Lo imaginario es el elemento m&aacute;s importante, la historia principal est&aacute; servida, y en torno a ella una excelente percepci&oacute;n de la atm&oacute;sfera en que viven los habi&shy;tantes del lugar, la sensaci&oacute;n del ambiente llega a confundir esta realidad, como hace la propia protagonista con su vida. De nuevo un c&iacute;rculo de dos: Mar&iacute;a y Elsa y su mutua fascinaci&oacute;n. Elsa en su retiro evoca el amor &iquest;ficticio? &iquest;real?, que, de alguna manera, significa la autoafirmaci&oacute;n de su existencia, pues cuando concluye el relato este amor se disipa, se desenca&shy;dena el deseo de la autodestrucci&oacute;n del yo. La presencia de otras historias dentro de la historia general viene a ser otro elemento m&aacute;s de ese concepto neog&oacute;tico esgrimido en la narrativa de Garc&iacute;a Morales, y en esta novela ayuda a mantener el aire de ambig&uuml;edad en torno a la protagonista. Elsa, sin embargo, es un personaje claramente distinto a los otros, no solamente vive en una aldea remota en las alpujarras granadinas donde el paso del tiempo es diferente, sino que incluso en el pueblo mismo ella ha escogido vivir aislada del resto, tanto en el espacio real como en el espacio mental. Su aspecto p&aacute;lido se asemeja cada vez m&aacute;s a una estatua de m&aacute;rmol, incluso al final cuando su cuerpo cristalizado se confunde con la nieve blanca de las monta&ntilde;as. Elementos que llevan al lector a reconocer en <em>El silencio de las sirenas</em> un mundo extra&ntilde;o, o a preguntarse, &iquest;qui&eacute;n es realmente Elsa?, &iquest;por qu&eacute; su comportamiento se asemeja al de una loca? incluso, &iquest;por qu&eacute; su cuerpo va sufriendo transformaciones? Conforme las sesiones de hipnosis avanzan, Elsa va envolvi&eacute;ndose m&aacute;s en un mundo de fantas&iacute;a, pues el amor que expresa por Agust&iacute;n Valdez/Eduardo la conduce a los l&iacute;mites de un &eacute;xtasis rom&aacute;ntico. A pesar de esa primera sensaci&oacute;n de un aut&eacute;ntico estudio psicoanal&iacute;tico de personajes y ambientes, la obra no se somete a una teor&iacute;a sobre cualquier disciplina psicoanal&iacute;tica, es la persecuci&oacute;n por parte de la protagonista de una ficci&oacute;n que para ella llega a convertirse en realidad, y, funda&shy;mentalmente, como la narradora Garc&iacute;a Morales ha manifestado en alguna ocasi&oacute;n, es el placer intr&iacute;nseco de contar una historia.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Conmover al lector</strong></p>
<p><strong></strong>Adelaida Garc&iacute;a Morales explicita su literatura a partir de su tercera novela, reci&eacute;n arrancada la d&eacute;cada de los noventa<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftn16">[16]</a>, y sus ambientes o las atm&oacute;sferas de sus siguientes textos resultan menos sugerentes, o tal vez se plantea que ahora sus historias contienen situaciones que buscan conmover al lector m&aacute;s que provocarle la introspecci&oacute;n de sus sentimientos, como en sus primeras entregas. El simbolismo vuelve a ser muy expl&iacute;cito en <em>La l&oacute;gica del vampiro</em> (1990)<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftn17">[17]</a>, y una vez m&aacute;s, una narradora, Elvira, recrea un espacio y se rodea de personajes que provocan en ella una sensaci&oacute;n de extra&ntilde;eza y enajenaci&oacute;n que ir&aacute; evolucionando hacia la inmersi&oacute;n m&aacute;s o menos tensa en un mundo m&aacute;s real, as&iacute; el lector siente una mayor cercan&iacute;a con el argumento y las t&eacute;cnicas narrativas de la anterior novela, aunque ahora la figura protagonista sea un vampiro social que manipula y se aprovechar&aacute; de los dem&aacute;s, pero sobresale ese ambiente de incertidumbre, de misterio, con un personaje lleno dudas y de una irresistible atracci&oacute;n hacia la bruma, y el desencadenante de la historia: la posible muerte del hermano de la narradora, un acontecimiento que provoca en el lector incertidumbre e intriga como posibilidad narrativa, y ahora ese mundo real, la ciudad de Sevilla y algunas poblaciones de alrededor,&nbsp;justifican ese soporte f&iacute;sico y espacial, s&oacute;lido y cre&iacute;ble, porque parte del argumento roza&nbsp;a menudo lo sobrenatural o lo fant&aacute;stico, sus acciones gravitan en torno a Alfonso, el vampiro de quien nunca sabemos en qu&eacute; orden vive o qu&eacute; llega realmente a esconder, y evitan as&iacute; que la novela revele la verdadera identidad de este. Con la partida de la an&oacute;nima protagonista-narradora no hay necesidad de aclarar el enigma, se deja a su propia fortuna, y el lector se alegra de que la protagonista salga victoriosa de ese mundo. No es un final desesperanzado, aunque tampoco desmiente la posibilidad real de lo que ella ha dejado atr&aacute;s.</p>
<p>El tono y el estilo de la novela comparten similitud con el mundo narrativo de Garc&iacute;a Morales, la novela se centra en esa vivencia interior de la protagonista, se narra todo en forma autobiogr&aacute;fica, y se mantiene un tono uniforme, nunca mon&oacute;tono, puesto que en todo momento utiliza descripciones y di&aacute;logos convenientes, incluida esa clara tendencia a la concisi&oacute;n y a la huida de todo aquello que resulte&nbsp;superfluo o innecesario, tan habitual hasta el momento en su narrativa, aunque esa concentraci&oacute;n anecd&oacute;tica simule m&aacute;s bien una aut&eacute;ntica novela breve, en el sentido de <em>El Sur</em> y <em>Bene</em>, caracterizada ahora por los suficientes ingredientes de intriga y de tensi&oacute;n que mantiene la calidad del relato.</p>
<p>Un mayor impacto emocional explora, la narradora, en sus siguientes novelas, cuando recurre a la infancia a trav&eacute;s de la memoria, <em>Las mujeres de H&eacute;ctor</em> (1994)<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftn18">[18]</a> y <em>La t&iacute;a de &Aacute;gueda</em> (1995)<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftn19">[19]</a>, como a futuros melodramas psicol&oacute;gicos que siguen en su l&iacute;nea narrativa. En la primera conserva ese aire de soledad y frustraci&oacute;n que ha condicionado a sus personajes siempre, aunque el planteamiento nada tiene que ver con las anteriores. El intim&iacute;simo rural que conmocion&oacute; al lector, la fuerza de unos personajes desarrollados sin apenas di&aacute;logo y el fuerte subjetivismo caracterizador, han sido abandonados y la intenci&oacute;n escribir una obra urbana. El comienzo es bueno, las pri&shy;meras p&aacute;ginas son de lo m&aacute;s cine&shy;matogr&aacute;fico, dos mujeres discu&shy;ten y tras un breve forcejeo ocurre un asesinato involuntario, cir&shy;cunstancia que planea sobre el resto del relato. Los personajes son presentados muy r&aacute;pidamen&shy;te, al hilo del suceso, poste&shy;riormente se ocultan. Tres mujeres encarnan un melodrama personal en torno al &uacute;nico hombre del relato, H&eacute;ctor. Parece m&aacute;s bien el esbozo de una historia mayor que, inequ&iacute;vocamente, se queda a medias, porque ni la trama policial que debiera envolver a la historia, ni la lucha particular que llevan a cabo las distintas mujeres, logran interesar. Laura, la ex-esposa y homicida involunta&shy;ria, se debate entre su propia autosuperaci&oacute;n y la sombra del crimen que debe ocultar; no logra la fuerza necesaria como persona&shy;je principal y queda como un conato de ejemplo femenino. Margarita, la amante circunstan&shy;cial del marido separado es, por su propia fuerza natu&shy;ral, quien sobresale por encima del personaje anterior, aunque se desdibuja en una especie de &ldquo;sal&shy;vadora de almas&rdquo; que la condicio&shy;na; y finalmente, Irina es una ni&ntilde;a-mujer que, caprichosamente, se debate entre el amor imposible de H&eacute;ctor, porque &eacute;ste no le hace caso, y su actuaci&oacute;n se com&shy;pleta en una sucesi&oacute;n de actos insensatos. Y en la segunda, <em>La t&iacute;a &Aacute;gueda</em>,<em> </em>una vez m&aacute;s, se explora el oscuro mundo de la infancia y su relaci&oacute;n con la muerte, o la protecci&oacute;n de las mujeres en la Espa&ntilde;a de los cincuenta cuando Marta, su protagonista, hu&eacute;rfana de madre se ve obligada a vivir con su t&iacute;a &Aacute;gueda, en un pueblo de la provincia de Huelva, donde la sutilidad de los colores negros y grises imperan sobre el atisbo de la inocencia misma.</p>
<p>Las emociones sobresalen, una vez m&aacute;s, en los casos de <em>Nasmiya</em> (1996)<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftn20">[20]</a>, un relato que plantea los conflictos emocionales y de identidad que provoca el derecho isl&aacute;mico a tener m&aacute;s de una esposa, o la morbosidad que encontramos en <em>La se&ntilde;orita Medina</em> (1997)<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftn21">[21]</a>, y en aspectos tan delicados como el suicidio o la homosexualidad. <em>El secreto de Elisa </em>(1999)<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftn22">[22]</a>, es un texto fragmentado en secuencias, confluyen dos acciones que corresponden a dos diferentes planos, situados en un vago presente de los noventa. En el real, la separaci&oacute;n de un matrimonio, tras veintiocho a&ntilde;os de convivencia; los hijos criados y el descubrimiento de que el marido tiene una amante. Entonces, con cincuenta y dos a&ntilde;os, Elisa lleva a cabo el sue&ntilde;o de su vida: vivir sola en un pueblo peque&ntilde;o de Segovia, elige una casa solitaria, y pronto su existencia retirada es fuente de murmuraciones y recelos en el &aacute;mbito reducido del lugar. Garc&iacute;a Morales renueva una vez m&aacute;s el contraste entre la vida en el campo frente al anonimato en la gran ciudad. El mundo de las pasiones familiares, reaparece en <em>El testamento de Regina</em> (2001)<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftn23">[23]</a>, que cuenta un cierto melodrama interior, con intereses de fondo, una anciana, protagonista del relato, y la joven psiquiatra que decide trasladarse hasta la casa, acudiendo al reclamo de un anuncio. Para Susana comienza una historia inveros&iacute;mil, con una Sevilla desdibujada como tel&oacute;n de fondo, y el conocimiento de una familia cuyos personajes est&aacute;n abocados a un sinvivir por las ambiciones perversas que dominan sus vidas. S&oacute;lo Regina, la bella anciana y de intensa fuerza interior, sobrevive a las intrigas familiares de un relato que discurre por los dif&iacute;ciles l&iacute;mites de la inverosimilitud. La &uacute;ltima novela que Garc&iacute;a Morales publica simult&aacute;neamente en 2001 se titula <em>Un historia</em> <em>perversa</em><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftn24">[24]</a>, una trama psicol&oacute;gica que suprime buena parte de los elementos y constantes de su narrativa previa. La novela se desarrolla en espacios interiores y reduce sus personajes, pr&aacute;cticamente, a dos, Andrea y Octavio, una pareja de reci&eacute;n casados, un famoso escultor y la due&ntilde;a de una sala de exposiciones. Un relato angustioso, una historia horrorosa que relata como la pasi&oacute;n de su protagonista masculino, poco tiempo despu&eacute;s del matrimonio, desemboca en un car&aacute;cter violento, autoritario, due&ntilde;o absoluto de la situaci&oacute;n. Y sobresale la atracci&oacute;n de la joven esposa por un hombre de tan extra&ntilde;a conversi&oacute;n. Dos g&eacute;neros se superponen, el psicol&oacute;gico porque se trata de una exposici&oacute;n de dominio, y la posesi&oacute;n sobre el otro yo, adem&aacute;s de la intriga porque, en cierto modo, predomina una cierta locura criminal en el desarrollo de toda la novela.</p>
<p>Un apunte final, los relatos breves que Adelaida Garc&iacute;a Morales recogi&oacute; bajo el t&iacute;tulo, <em>Mujeres solas</em> (1996)<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftn25">[25]</a>, responden, seg&uacute;n Francisco Javier Higuero<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftn26">[26]</a>, a todo un desarrollo narrativo anterior rastreable en sus novelas, <em>La t&iacute;a &Aacute;gueda</em>, <em>Nasmiya, La se&ntilde;orita Medina </em>y <em>El secreto de Elisa</em>, y cuyos personajes femeninos se ven abatidos por todo tipo de contratiempos e incertidumbres afectivas, y son v&iacute;ctimas de esa irremediable deshumanizaci&oacute;n que les acecha. Sobresale, seg&uacute;n Higuero, ese evidente manifiesto de la narradora frente a cualquier moda literaria barroquizante y enmascaradora, textos &ldquo;repletos de m&uacute;ltiples y diversas connotaciones que sobresalen como parte integrante de la producci&oacute;n literaria de una de las escritoras de m&aacute;s talento narrativo de las letras espa&ntilde;olas&rdquo;.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Abriendo caminos</em>. <em>La literatura espa&ntilde;ola desde 1975</em>; Varios Autores; ed., de Dieter Ingenschay y Hans-J&ouml;rg Neusch&auml;fer; Barcelona, Lumen, 1994; p&aacute;gs. 7-16.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftnref2">[2]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>&Uacute;ltima hora de la novela en Espa&ntilde;a</em>; Madrid, Pir&aacute;mide, 1996; p&aacute;gs., 456-472.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftnref3">[3]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &Iacute;bidem., p&aacute;g., 25-26</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftnref4">[4]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La primera edici&oacute;n data de mayo de 1985. Edita Anagrama, junto a la novela corta <em>Bene</em>.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftnref5">[5]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La novela fue Premio Herralde, la edita Anagrama en noviembre de 1985.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftnref6">[6]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; As&iacute; lo se&ntilde;ala, tambi&eacute;n, Mar&iacute;a &Aacute;ngeles Naval en &ldquo;Las casas de la memoria. Acerca de los relatos de Adelaida Garc&iacute;a Morales&rdquo;; <em>El texto iluminado. Escritoras espa&ntilde;olas en el cine</em>; coord. Alberto S&aacute;nchez, Cultural Rioja, Febrero-Abril, 2001; p&aacute;gs. 21-32.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftnref7">[7]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Rese&ntilde;a, <em>El Sur</em> &amp; <em>Bene</em>; <em>Cuadernos Hispanoamericanos</em>; 1986, n&uacute;m., 428; p&aacute;gs. 183-185.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftnref8">[8]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ob., cit., (p&aacute;g., 40).</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftnref9">[9]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tesis Doctoral, Texas Tech University, mayo, 2012.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftnref10">[10]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En <em>Periodicoirreverente, </em>(Opini&oacute;n) Irreverentes.Org., 10 febrero 2014.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftnref11">[11]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ob., cit.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftnref12">[12]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ob. cit., p&aacute;g.106.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftnref13">[13]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ob., cit., p&aacute;g., 53.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftnref14">[14]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>La novela espa&ntilde;ola en el fin de siglo (1975-2001)</em>; Madrid, MareNostrum, 2003; p&aacute;gs., 156-157.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftnref15">[15]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ob., cit.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftnref16">[16]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Santos Alonso, Ob., cit.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftnref17">[17]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La primera edici&oacute;n data de 1990; Barcelona, Anagrama.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftnref18">[18]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La primera edici&oacute;n data de 1994; Barcelona, Anagrama.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftnref19">[19]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La primera edici&oacute;n data de 1995; Barcelona, Anagrama.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftnref20">[20]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La primera edici&oacute;n, Barcelona, Plaza &amp; Jan&eacute;s, enero de 1996.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftnref21">[21]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La primera edici&oacute;n, Barcelona, Plaza &amp; Jan&eacute;s, noviembre 1997.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftnref22">[22]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La primera edici&oacute;n, Madrid, Debate, octubre 1999.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftnref23">[23]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La primera edici&oacute;n, Barcelona, Debate, enero 2001.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftnref24">[24]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La primera edici&oacute;n, Barcelona, Planeta, enero 2001</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftnref25">[25]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La primera edici&oacute;n, Barcelona, Plaza &amp; Jan&eacute;s, octubre 1996; contiene los siguientes cuentos: &ldquo;Tres hermanas&rdquo;, &ldquo;Agustina&rdquo;, &ldquo;Celia&rdquo;, &ldquo;Virginia&rdquo;, &ldquo;La carta&rdquo; y &ldquo;La desconocida&rdquo;.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20PEDRO%20M%20DOMENE%20SOBRE%20ADELAIDA%20GARC%C3%8DA%20MORALES%20PARA%20TURIA%20N%C2%BA%20113-114.doc#_ftnref26">[26]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Segmentariedades desterritorializadas en <em>Mujeres solas</em>, de Adelaida Garc&iacute;a Morales; <em>El cuento en la d&eacute;cada de los noventa; </em>Jos&eacute; Romera Castillo y Francisco Guti&eacute;rrez Carbajo, eds.; Madrid, Visor, 2001; p&aacute;gs.197-206.</p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 09 Jan 2023 13:12:21 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El poema de la ausencia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-poema-de-la-ausencia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2023/ROSA_MART_NEZ_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Tras dos novelas editadas &mdash;<em>Sobrevivir a Comala </em>[Baile del sol, 2010] y <em>La nota muerta </em>[Pregunta, 2020]&mdash; y un riguroso ensayo &mdash;<em>Maurice Blanchot. La exigencia pol&iacute;tica </em>[Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2014]&mdash;, Rosa Mart&iacute;nez publica un primer libro de poes&iacute;a &mdash;<em>El miedo del doble a la soledad </em>[Pregunta, 2022]&mdash; que excede los l&iacute;mites convencionales del g&eacute;nero para adentrarse en el territorio de la reflexi&oacute;n filos&oacute;fica, tal y como, por otra parte, se presupone a cualquier libro de poes&iacute;a que sea algo m&aacute;s que recuento impresionista o terap&eacute;utico sentimentalismo.</p>
<p>La poes&iacute;a de Rosa Mart&iacute;nez es s&oacute;lida y afilada, resultado de una reflexi&oacute;n previa sobre alguna de las preguntas que acompa&ntilde;an a la existencia humana y sobre la forma en que la escritura trata de nombrar lo que acaso sea innombrable. La muerte y la identidad, esos viejos temas que llenan anaqueles sin dejar de parecer in&eacute;ditos cuando una voz singular los confronta, engranan el libro. Dos temas duros, fuertes, que Rosa Mart&iacute;nez aborda con radicalidad, desde la tentativa del abismo y la soledad. Y sin caer en el lugar com&uacute;n. Al contrario: la poes&iacute;a de esta autora sorprende por su personalidad; no parece un primer libro, no parece un acercamiento ocasional, parece lo que es: un texto que pudiera ser org&aacute;nico, prolongaci&oacute;n del cuerpo que se rompe, de un cuerpo que interpela con palabras bald&iacute;as al lector, porque no hay otras, pero que sirven para cuestionar con hondura la verdad del lenguaje y el estatuto de lo que nos constituye. Una posibilidad, un tajo, el miedo, la soledad y la belleza. El ser y la ausencia del ser. La inmediatez que nos acompa&ntilde;a y la vocaci&oacute;n de trascenderla con el lenguaje. El Yo y el yo otro. La Verdad y la verdad.</p>
<p>Podemos preguntarnos si la potencia humana &mdash;la imaginaci&oacute;n, la raz&oacute;n, la intuici&oacute;n&mdash; puede aclarar lo oscuro del mundo y transcender lo inmediato, hacia eso que llamamos verdad, incluso si nos hallamos ante la inmediatez de la muerte. Y, a un mismo tiempo, podemos preguntarnos si existe la posibilidad de que esa verdad pueda ser escrita. Dos preguntas profundamente modernas que Rosa Mart&iacute;nez se hace y nos hace.</p>
<p>La poeta divide su libro de dos partes diferenciadas: &lsquo;El relato de las &uacute;ltimas palabras&rsquo; y &lsquo;El miedo del doble a la soledad&rsquo;. Desde el punto de vista del estilo, ambas cuentan con un inicio que las enmarca y con un prop&oacute;sito. En el inicio de la primera parte, la autora nos sit&uacute;a ante la sombra incognoscible de la muerte. Y el prop&oacute;sito que se&ntilde;ala es &ldquo;Perseguir la sombra&rdquo;. La poeta plantea esa persecuci&oacute;n en unos t&eacute;rminos tan concretos como difusos: &ldquo;las &uacute;ltimas palabras&rdquo;. &iquest;Puede la potencia humana aclarar la oscuridad de esas &ldquo;ultimas palabras&rdquo;? &iquest;Transcienden en verdad esas &uacute;ltimas palabras antes de la cesaci&oacute;n de la vida? Podr&iacute;an ser las &uacute;ltimas palabras de cada uno de los muertos y las muertas que ha habido. Las &uacute;ltimas. La imaginaci&oacute;n tiembla ante la visi&oacute;n de quienes hemos querido diciendo algo &uacute;ltimo. Rosa Mart&iacute;nez relata una posibilidad que tambi&eacute;n es imposibilidad: las &uacute;ltimas palabras de la se&ntilde;ora R., que muri&oacute; ahogada en su propia sangre.</p>
<p>La segunda parte, que da t&iacute;tulo al libro, &lsquo;El miedo del doble a la soledad&rsquo;, se distancia del primer relato, el de la muerte de la se&ntilde;ora R. y sus &uacute;ltimas palabras, para centrarse en la posibilidad de que haya escritura del yo. De que haya verdad escrita. Pero Rosa Mart&iacute;nez liga ambas partes al abordar desde distintas &oacute;pticas el mismo problema: la ausencia. La &uacute;nica verdad del ser y de la escritura es la ausencia. La ausencia de lo que no puede ser captado, de lo que no puede ser descifrado. La muerte es ausencia. La identidad, tambi&eacute;n.</p>
<p>Distintos fragmentos de &lsquo;El relato de las &uacute;ltimas palabras&rsquo; evidencian la tensi&oacute;n entre el ser inmanente y su posible transcendencia: la ausencia de lo que se resiste a ser reconocido. Una tensi&oacute;n que se constata como experiencia de un sentido. Solo sentido. No hay lugar para tender hacia el significado de lo que ocurre. Solo sentido. Acaso posibilidad de un sentido.</p>
<p>&ldquo;Las &uacute;ltimas palabras/ agrietan el sentido oculto de las cosas&rdquo; [p.36]; &ldquo;Las &uacute;ltimas palabras son excreciones de sentido&rdquo; [p.38]; &ldquo;Porque &iquest;qu&eacute; es la verdad en el trauma de la muerte? Las &uacute;ltimas palabras no deber&iacute;an reflejar la verdad. Es demasiado triste. No hay verdadera belleza ni consuelo en la verdad&rdquo; [p.45]; &ldquo;Por mucho que te empe&ntilde;es/ no es tan claro que las palabras/ puedan salvarnos&rdquo; [p.50]; &ldquo;las palabras se esfuerzan en no durar (&hellip;) las &uacute;ltimas palabras/ est&aacute;n en mi cabeza,/ en la sed que nunca sacia [p.53]; &ldquo;las &uacute;ltimas palabras son bald&iacute;as&rdquo; [p.60].</p>
<p>A esta experiencia, Maurice Blanchot &mdash;a quien Rosa Mart&iacute;nez tan bien conoce&mdash; la denomin&oacute; &ldquo;experiencia del desastre&rdquo;. Una experiencia que se incardina con la imposibilidad de reproducir el ser como ausencia. Solo hay tensi&oacute;n. Escribirlo como tensi&oacute;n. Y miedo. Y ante esta experiencia, no puede haber Yo nos dice la poeta: &ldquo;Ser el doble invertido de otro impronunciable Escribir desangrando con un corte limpio la yugular del libro del texto del poema Escribir porque all&iacute; donde cre&iacute;amos ver dos al fin no hay nadie y entonces sientes (y es un sentir ins&iacute;pido y tarado) el miedo del doble a la soledad (&hellip;) Descubre que el doble y el yo son un Nadie ligero que subestima a los seres que no pueden durar (que no deben durar) Por eso no entiendes el sentido de tu permanencia&rdquo; [pp.77-78].</p>
<p>Ausencia &mdash;un Nadie&mdash; y un sentido incomprensible asociado a Escribir. As&iacute; inicia Rosa Mart&iacute;nez la segunda parte de libro, &lsquo;El miedo del doble a la soledad&rsquo;. No hay posible transcendencia, no hay verdad posible. Escribir siempre son &ldquo;ultimas palabras&rdquo;. Un inicio que, como ven, dialoga con la primera parte. Adem&aacute;s, recuerden, que Rosa Mart&iacute;nez a continuaci&oacute;n plantea un prop&oacute;sito y, en este caso, escribe: &ldquo;Desarmar las formas,/ luchar,/ no someterse al tiempo/ ni al sue&ntilde;o extra&ntilde;o los otros,/ perseguir el dictamen insensato de los bordes.// Ser fiel al poema./Extinguir en el camino/ el miedo del doble a la soledad.&rdquo; [p.79].</p>
<p>En la primera parte, el prop&oacute;sito era &ldquo;perseguir la sombra&rdquo; de la muerte; ahora es luchar en el territorio del poema y en ese camino extinguir el miedo. Pero el miedo solo puede extinguirse en el reconocimiento de la ausencia y el poema es tentativa de su representaci&oacute;n. Aunque se represente un doble, con sangre y piel, solo hay tentativa, nunca Verdad. Solo hay un espejo vac&iacute;o. De ah&iacute; que Rosa Mart&iacute;nez apele a una identidad que no es la del Yo ni la del T&uacute; sino la del <em>Lo</em> [p.84] &mdash;que tampoco es &Eacute;l&mdash;: ni sujeto de la enunciaci&oacute;n ni destinatario. Volvemos a la ausencia, a la vivencia de la ausencia. Yo soy ausencia y el doble es ausencia. Escribe la poeta: &ldquo;Tu ausencia/ a&ntilde;&aacute;dela a la m&iacute;a (&hellip;) Acaricia mi nada/ para que pueda ser&rdquo; [pp.86-87]; &ldquo;<em>T&uacute;tampocohasvistonada&rdquo; </em>[p.88].</p>
<p>Hay un poderoso fondo te&oacute;rico en este intens&iacute;simo libro de poemas de Rosa Mart&iacute;nez. Una vocaci&oacute;n por ese abismo que es redefinir la verdad. Los temas son la muerte y la identidad, pero es la ausencia, tan af&iacute;n a Blanchot, el concepto que determina la lectura: ser para sumergirse en la ausencia de lo que se es. Blanchot lo novel&oacute; en <em>Aminadab</em> &mdash;a trav&eacute;s de la b&uacute;squeda de la nada&mdash; y en <em>El &uacute;ltimo hombre &mdash;</em>mediante el silencio&mdash;; Rosa Mart&iacute;nez insiste m&aacute;s en la b&uacute;squeda que en el silencio y desvela que esta experiencia &mdash;la experiencia del desastre&mdash; ser&aacute; in&uacute;til si no es en las &uacute;ltimas palabras que siempre son un poema.<strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Rosa Mart&iacute;nez, <em>El miedo del doble a la soledad</em>, pr&oacute;logo Alfredo Salda&ntilde;a, Zaragoza, Pregunta, 2022.<strong></strong></p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 09 Jan 2023 12:35:53 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Limos del cielo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/limos-del-cielo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/CELIA_CARRASCO_GIL_500px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo">No es inusual que se reproche a la moderna cr&iacute;tica literaria la tendencia a dedicar m&aacute;s esfuerzos al halago que a desnudar las debilidades de los textos a los que enfrenta su supuesto an&aacute;lisis imparcial. Admitiendo que el juicio imparcial es improbable, tambi&eacute;n hay que a&ntilde;adir que hay autores y obras sobre las que no cabe reproche, siendo este el caso que nos ocupa.</p>
<p class="Cuerpo">En los surcos de voz que cava Celia Carrasco Gil (Tudela, 2000) se siembra una palabra con clara intenci&oacute;n seminal, pues es labranza en los azules limos de un elevado cielo po&eacute;tico, desde el que crecen radiantes los brotes rectos de su amplio saber hacer. En su proceso de creaci&oacute;n, la autora desarrolla una escritura en la que la evidente inteligencia que atesora sirve de gu&iacute;a a la intuici&oacute;n m&aacute;s espont&aacute;nea, en la que todo lo aprendido se pone al servicio de la exploraci&oacute;n y en la que su ideaci&oacute;n se afana en plasmar un paso nuevo, se consagra en la elevaci&oacute;n de una arquitectura asombrosa y alumbrada por las m&aacute;s ricas vidrieras. Frente a la complacencia de una creaci&oacute;n irreflexiva, nos encontramos ante una trabajadora incansable del verbo que &mdash;tras haber sido reconocida con el Gloria Fuertes, haber sido invitada a encuentros po&eacute;ticos internacionales por la &Eacute;cole Normale Sup&eacute;rieure de Par&iacute;s o el Instituto Cervantes de Sof&iacute;a y haber sido finalista del Premio Nacional de Poes&iacute;a Joven&mdash;, nos presenta su primera y breve antolog&iacute;a, obra en la que se resumen los logros alcanzados durante sus inaugurales seis a&ntilde;os de poes&iacute;a publicada, que quedan impresos por iniciativa de Ediciones del 4 de agosto, quien nos entrega un poemario de bolsillo y que constituye un pasaporte literario con el que la autora bien puede abrirse paso a trav&eacute;s de cualquier frontera.</p>
<p class="Cuerpo">El libro se compone y divide en tres partes semejantes, con poemas de sus obras <em>Entre temporal y frente</em> (Olifante, 2020), <em>Selvaci&oacute;n</em> (Torremozas, 2021, XXII Premio de Poes&iacute;a Joven Gloria Fuertes) y los in&eacute;ditos en los que viene trabajando estos &uacute;ltimos a&ntilde;os. Hasta ahora, si se me permite el atrevimiento de tratar de enumerar los rasgos caracter&iacute;sticos de su estilo, estos inclu&iacute;an el trabajo artesano con la palabra, demostrando un sorprendente oficio &mdash;fino, exigente, preciso, laborioso, delicado&mdash;, el regreso a lo le&iacute;do y a lo aprendido incorporando esos barros en las huellas de sus propios pasos, el desarrollo de un proceso personal de creaci&oacute;n a partir de su sentir y su logos, el dominio de la tradici&oacute;n (ejemplificado, por ejemplo, en la perfecci&oacute;n de sus sonetos), la b&uacute;squeda de un verbo que desborde su expresi&oacute;n desde el silencio y desde una forma de nombrar propia, el juego como veh&iacute;culo de experimentaci&oacute;n usando, por ejemplo, la sonoridad o la riqueza etimol&oacute;gica de las palabras, el despliegue de un notable ritmo y de una cadencia musical serena para asistir a lo que &mdash;en su conjunto&mdash; constituye un ejercicio intelectual de gran valor, en el que se hila y cierra cada poema con harmon&iacute;a y rotundidad.</p>
<p class="Cuerpo">Los nuevos poemas que completan la obra ya conocida &mdash;y rese&ntilde;ada en diversos medios&mdash; suponen un paso m&aacute;s en la conquista de ese territorio virtual que es la voz propia y resultan ser la evidencia de la partida, del abandono de un primer campo po&eacute;tico que, ahora y en parte, deja en barbecho para sembrar en la tierra nueva que horada su talento expansivo. Son poemas que declaran el fin de un rito personal e inici&aacute;tico, que son constataci&oacute;n del propio cambio y de la madurez que &eacute;ste otorga y, as&iacute;, muestran la desnudez de la herida y comienzan a desvelar todos los escondites de un yo po&eacute;tico que se arriesga y quiere exponerse libremente. En tal ejercicio de cuestionamiento encontramos &ldquo;un est&iacute;o/ donde solo el silencio resucita&rdquo; y una &ldquo;pluma doblegada por el delirio&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo">La poeta no se rinde. Sigue percutiendo con su voz contra los lienzos de esa atalaya que contiene y resguarda el misterio, deshaciendo en el &ldquo;ser&rdquo; de la tinta con la que escribe lo que es &ldquo;noser&rdquo;, preparando ese ajoblanco en el que se mezcla la vida y la poes&iacute;a y donde la sustancia queda adherida al continente, a la formalidad del verso y, por un momento, al vislumbrar esa luz alba en los renglones, creemos ver en la palabra todo lo que est&aacute; incapacitado para contener un simple vocablo.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Celia Carrasco Gil, <em>Limos del cielo (Poes&iacute;a 2016-2022)</em>, Logro&ntilde;o, Ediciones del 4 de agosto, 2022.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 23 Dec 2022 11:28:39 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Madurez reflexiva]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/madurez-reflexiva/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/PELLO_OTXOTEKO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>La espl&eacute;ndida labor realizada por Jon Kort&aacute;zar al frente de la poes&iacute;a vasca escrita en euskera, deber&aacute; asomarse tambi&eacute;n a este <em>Sediento de mar</em> de Pello Otxoteko (1970). Un libro escrito en origen en euskera y posteriormente traducido por el autor al castellano. Cuentan mis confidentes vasco parlantes, pues cuanto recuerdo apenas da para preguntar d&oacute;nde est&aacute; Ond&aacute;rroa, que el ritmo grave de la traducci&oacute;n refleja bien el original y no hay demasiada p&eacute;rdida. A&ntilde;aden, sin embargo, que brilla m&aacute;s la redacci&oacute;n en euskera por los ritmos internos, y tambi&eacute;n por la contundencia sentenciosa con que se emplea en el verso libre la madurez reflexiva y agonista del irundarra.</p>
<p><em>Sediento de mar</em>, despliega sus velas en el Pequod del capit&aacute;n Ahab (nave donde se mezclan todas las razas, quiz&aacute; haciendo referencia a la tribu de ese nombre, extinguida por otra parte) con &ldquo;La balada de Ismael&rdquo; y las cierra con el naufragio o encuentro con la ballena. O, si prefieren, con el encuentro con cada uno mismo, simbolizados con explicitud en el &uacute;ltimo poema de la segunda parte, &ldquo;Desterrados de ser&rdquo;. Una obertura y un colof&oacute;n abren y cierran esta partitura l&iacute;rica, enmarcando el asunto de la meditaci&oacute;n sobre nuestra existencia al hilo de la llamada poes&iacute;a de la edad. <em>Sediento de mar</em>, desde la misma explicitud del t&iacute;tulo, habla de ese abocamiento. Y as&iacute;, desde esa perspectiva reflexiva sobre el sinsentido de ser o de ser para la muerte, nada nuevo hay en ello, muestra el centro del canto el poeta vasco, con sus <em>intermezzos</em> y pausas, vericuetos que apenas se distaren del camino, en su viaje a cuando avecina &ldquo;el destierro de mi noche&rdquo;. O ese encuentro con ballena propia, que ha sabido simbolizar en inicios y finales, asida a las bordas de &ldquo;nuestra impotencia&rdquo; en ese adentramiento simb&oacute;lico o paralelo a los mundos de Melville. Asume o comprende bien Otxoteko que &ldquo;Los asideros son escasos en el mundo&rdquo;, aunque existan txalupas y balsas salvavidas un instante, la circunstancia o la poes&iacute;a misma, f&aacute;mula de esa vida a la que ruega &ldquo;ofr&eacute;ceme al menos el don de escribir&rdquo;. Poes&iacute;a como comprensi&oacute;n o placebo contra el aguij&oacute;n de la vida, bien descrita como mero aguij&oacute;n hiriente sobre el animal herido, sobre nuestra animalidad de fondo, que nos impulsa a vivir mientras nos interrogamos. Ya lo cont&oacute; en su momento la genialidad de Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez.</p>
<p><em>Sediento de mar, </em>no es un planto, sino una reflexi&oacute;n eleg&iacute;aca,<em> </em>es un esfuerzo de contenci&oacute;n meditativo, apesadumbrada en el tono y pretensi&oacute;n, nunca lacrim&oacute;gena, sobre &ldquo;nuestra tr&aacute;gica existencia&rdquo;. A veces, sin embargo, los instantes m&aacute;gicos como &ldquo;la cabeza de mi hijo al otro lado del cristal&rdquo;, la verdad de la inocencia y la nube del no saber, salvaguardan. O la esencia del paisaje, de la rama y la hoja, de la piedra o la mera lluvia &ldquo;la verdad de este mundo&rdquo;, a pesar de que siempre echa la red al fondo. Algo que repet&iacute;a el &uacute;ltimo Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente, e impone a las palabras su rescoldo: &ldquo;las cenizas/ nos susurran verdades silenciosas&rdquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 23 Dec 2022 11:13:20 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las abuelas ciegas y los retazos del habla]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/las-abuelas-ciegas-y-los-retazos-del-habla/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/NURIA_RUIZ_DE_VI_ASPRE_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>La madre abre los ojos y no se reconoce. Trata de descifrar ese rostro enmarcado, tan extra&ntilde;o, tan ausente, que, anclado en la pared, nunca deja de mirarla. Alza una ceja y el retrato imita su gesto. No comprende. Inventa un cuadro propio en el espejo sin saber que, mientras tanto, alguien la est&aacute; &laquo;escriviviendo&raquo; en su papel. Es una abuela ciega, una isla-persona subterr&aacute;nea nacida de la erupci&oacute;n verbal del &uacute;ltimo poemario de Nuria Ruiz de Vi&ntilde;aspre (Logro&ntilde;o, 1969), <em>Las abuelas ciegas</em>, galardonado con el XXIV Premio de Poes&iacute;a &laquo;Nicol&aacute;s del Hierro&raquo;. Es <em>Las abuelas ciegas</em> (Ayuntamiento de Piedrabuena, 2022) un libro en el que la <em>res </em>olvidadiza de la enfermedad de Alzheimer influye sobre la acertada decisi&oacute;n que la autora toma sobre sus <em>verba</em>, esto es, sobre la forma voluntariamente fragmentada en la que el texto se presenta. Y es que en este libro, al igual que en la vida, &laquo;Todo empieza donde todo acaba / en la punta de la lengua / cementerio letol&oacute;gico donde van a morir las palabras&raquo;, esas voces perdidas, esas puntadas huidas del hilv&aacute;n de las reminiscencias, esos fragmentos de un pasado hecho a&ntilde;icos y transformado en retazos de gram&aacute;tica.</p>
<p>Nuria Ruiz de Vi&ntilde;aspre sabe que cuando la madeja de la memoria se enmara&ntilde;a, el olvido la corta y el tejido del recuerdo, como el texto, se quebranta. Se hace entonces huella del silencio, vac&iacute;o de quien llega a &laquo;perder la <em>memoria</em> / perder <em>la</em> / <em>la</em>&raquo; en el espacio en blanco u <em>&oacute;stracon </em>del tipo <em>leuc&oacute;s</em> de esta pr&aacute;ctica balbuceante, casi desaparecida y disuelta por completo, de quien escribe el recuerdo de una lengua mordisqueada, del texto que, como apuntara T&uacute;a Blesa en <em>Los trazos del silencio </em>(1998), dice su logofagia. Tambi&eacute;n el tema afecta a esa ausencia de puntuaci&oacute;n que parece abandonar el discurso ordenado por una suerte de habla, adem&aacute;s de ejercer su influjo sobre la sintaxis, en una suerte de <em>dislocuci&oacute;n </em>&frac34;en la terminolog&iacute;a de Chantal Maillard&frac34; que tensa hasta la disociaci&oacute;n la trama del lenguaje. Surcando este mar de p&aacute;ginas, estas islas verbales, hay ciertas reminiscencias intertextuales que dan cuenta de un discurso ecoico, polif&oacute;nico, en el que se dialoga con las resonancias impl&iacute;citas de autores como Antonio Gamoneda, Jorge Manrique, Mar&iacute;a Zambrano o Juana Castro, adem&aacute;s de otras &frac34;Rabindranath Tagore, Roberto Juarroz, Arturo Carrera, Luis Bu&ntilde;uel, Lita Cabellut, Novalis, Cirlot, Rumi, Nasrudin&frac34; expl&iacute;citamente referenciadas.</p>
<p>En este libro, desde una peculiar arqueolog&iacute;a discursiva, la autora (des)escribe esta experiencia-l&iacute;mite del lenguaje, una voz que, aturdida, se expone a su propia intemperie cuando el fuego del hogar de la anterior palabra ya no calienta, cuando la morada del verbo ya no le pertenece ni responde a la mente emancipada, cuando la casa conocida salta por los aires y solo se puede escribir desde la conciencia de la mordedura, del abismo, del residuo que queda tras la fuga. Cada poema es un p&aacute;jaro que no recuerda c&oacute;mo anid&oacute; la vez anterior en la memoria, un discurso que decanta las <em>casas </em>y las <em>cosas,</em> que <em>perdura</em> y <em>perjura</em> su dicci&oacute;n en continuos lapsus-paronomasias que dan cuenta de la proximidad de un precipicio logof&aacute;gico con vistas a la nada. Dado que la autora asegura que &laquo;el predemente es vertical&raquo;, la memoria, sin previo aviso, se despe&ntilde;a, se decanta, se vuelve sumidero y, si de repente toma el pasado por residuo, desagua los recuerdos. Es as&iacute; como la autora logra recrear de cerca en estas p&aacute;ginas &laquo;el Alzheimer de una madre dise&ntilde;ando / idiomas propios&raquo;, por medio de un particular discurso <em>verbodegenerativo</em> que modela y mordisquea los trazos del silencio y las trizas de la palabra.</p>
<p>En ocasiones, Ruiz de Vi&ntilde;aspre juega tambi&eacute;n con la <em>dispositio</em>, con pr&aacute;cticas texto-visuales cercanas al caligrama, con herramientas que rompen el fondo esperado del texto, dejan al margen la convenci&oacute;n de la escritura o comparan el poema con un embudo invertido que transmuta la p&eacute;rdida en ganancia. Pero hay, adem&aacute;s, algo de excavaci&oacute;n en este libro, algo de perforaci&oacute;n del habla, algo de retrotracci&oacute;n al balbuceo previo a la dicci&oacute;n, algo que recuerda a la inefabilidad de toda <em>antepalabra</em>. En este poemario, &laquo;Los leones no caminan vestidos / quieren ir al fondo del lenguaje / a desenterrar palabras que les miren de frente&raquo;. Y hacia ese fondo, hacia ese soterrado <em>arch&eacute;</em> originario se orienta a veces cierta <em>de(con)strucci&oacute;n</em> creadora, en ocasiones casi juarrociana. Mediante distintas herramientas discursivas, la voz se tambalea en el lenguaje, duda, se confunde, pierde su referente si en esta &laquo;alteraci&oacute;n del habla / aliteraci&oacute;n del yo / &iquest;o era al rev&eacute;s?&raquo; se mezcla y se enmara&ntilde;a. El discurso que ya no se pertenece de pronto se traba. &laquo;&iquest;Acaso gallo y galgo son parte de su abismo?&raquo;, se pregunta el yo l&iacute;rico ante el habla de la abuela ciega. &laquo;Yodo est&aacute; en su sitio&raquo;, confunde m&aacute;s adelante. Y es que, tal y como refiere otro poema: &ldquo;La mente ordenaba una colocaci&oacute;n concreta / de notas y la boca desobedec&iacute;a / Se desconcretaba su abecedario musical / [&hellip;] Ella solo quer&iacute;a formalizar su idioma / sin l&eacute;xico sin vocabulario con amnesia / hist&eacute;rica y con fuga.&rdquo;</p>
<p>En este vaciado memor&iacute;stico y verbal, la autora trabaja en ocasiones con un imaginario cercano a la <em>nadificaci&oacute;n </em>zambraniana, como vemos en &laquo;Desde all&iacute; la nada y el nadie / donde nada sale y nadie entra&raquo;, o pr&oacute;ximo, tambi&eacute;n, al <em>no-tiempo </em>o el <em>tiempo otro</em> de un &laquo;ahora despu&eacute;s aqu&iacute;&raquo; propio de <em>El espacio literario </em>blanchotiano. Se trabaja as&iacute; con una cosmovisi&oacute;n detenida, con cierta isotop&iacute;a de una regi&oacute;n del no, con un imaginario en el que se ha perdido toda coordenada. El discurso fragmentado se sit&uacute;a, adem&aacute;s, en un <em>no-lugar</em> distinto al cotidiano, ya que &laquo;Cuando en la mente hay ventisca todo sale de su lugar&raquo; hacia un afuera, convierte el tr&aacute;nsito en errancia, en nomadismo de ese lenguaje en fuga que se entrega a la intemperie des&eacute;rtica del habla.</p>
<p>As&iacute;, en <em>Las abuelas ciegas</em> asistimos a una experiencia-l&iacute;mite del lenguaje, al desorden y a la confusi&oacute;n, a la conciencia del mordisco ling&uuml;&iacute;stico de ese olvido que nos traga.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nuria Ruiz de Vi&ntilde;aspre, <em>Las abuelas ciegas</em>, pr&oacute;l. Amalia Iglesias Serna, Piedrabuena, Ayuntamiento de Piedrabuena, 2022.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 16 Dec 2022 13:27:18 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Alioscha o el estilo como fábula ilegible]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/alioscha-o-el-estilo-como-fabula-ilegible/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/ALIOCHA_COLL_-_Fotograf_a_de_Gerard_Uferas_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>En la novela&nbsp;<em>Atila</em>, a partir del rescate de la figura del escritor Aliocha Coll (1948-1990), Javier Serena (Pamplona, 1982), sugiere varias lecturas de peculiar amplitud y actualidad. La primera girar&iacute;a en torno a la tradici&oacute;n del artista incomprendido: Alioscha (el personaje) desarrolla su obra experimental en medio de desarreglos y fracasos, los cuales seguimos a trav&eacute;s del testimonio de un periodista amigo. Dichos malestares derivar&aacute;n en una enfermedad mental que, de modo inevitable, terminar&aacute; por destruirle la vida, sin por ello comprometer nunca el rigor ni la ambici&oacute;n de su proyecto.</p>
<p>A partir de tal planteamiento, Serena construye una puesta en escena en la que se entrecruzan el relato y la biograf&iacute;a, la cr&oacute;nica y la f&aacute;bula, sugiriendo que en la ficci&oacute;n el personaje puede imponerse a la an&eacute;cdota -real o imaginaria-, a trav&eacute;s de su poder de irradiaci&oacute;n; la seducci&oacute;n que ejerce aquello que fascina porque no puede ser nunca cabalmente interpretado. Esta reconstrucci&oacute;n lineal de un proceso invisible y pleno de incertidumbre, pese a su apariencia realista, permite que <em>Atila</em> sea una novela que admita distintas clases de interpretaciones: la de la mera historia de un exc&eacute;ntrico, la de una &eacute;poca superada o la de nuestra propia relaci&oacute;n con el abismo y el deterioro ps&iacute;quico.&nbsp;</p>
<p>Otra perspectiva menos evidente, sin embargo, mostrar&iacute;a que el desafortunado e inevitable desenlace que persigue al protagonista ser&iacute;a el resultado de una sociedad cuyos valores -tanto &eacute;ticos como art&iacute;sticos- se hallaban en un momento de transformaci&oacute;n radical: un proceso hist&oacute;rico del que Alioscha, al igual que&nbsp; los pocos que lo acompa&ntilde;aron, apenas era consciente. As&iacute;, la anhelada modernizaci&oacute;n social y art&iacute;stica que generacionalmente se auguraba tras el fin de la dictadura en Espa&ntilde;a fue perfil&aacute;ndose hacia cierto conservadurismo discursivo y formal (como defendiera Fernando Savater con su defensa de una literatura comunicativa y amable en <em>La infancia recuperada</em> de 1976). Hoy reconocemos que este proceso, con la perspectiva del tiempo, deriv&oacute; en la p&eacute;rdida paulatina de nociones como la calidad literaria y la cultura como acervo, hasta llegar a que la literariedad haya dejado de ser relevante frente a las exigencias de rentabilidad por parte de la industria editorial e internet. En consecuencia, creemos de gran relevancia que la historia de <em>Atila</em> &ndash;la de un ambicioso escritor neovanguardista- se desarrolle en los a&ntilde;os posteriores a la Transici&oacute;n, cuando el mundo editorial espa&ntilde;ol, tras abandonar la censura pol&iacute;tica del franquismo, se defini&oacute; fundamentalmente a partir del &eacute;xito comercial, lo corporativo y los gustos del <em>mainstream</em>.&nbsp;</p>
<p>Yendo contracorriente, Alioscha, como escritor, pretend&iacute;a legar una marca hist&oacute;rica, actualizando una tradici&oacute;n experimentalista totalmente activa en el contexto internacional, pero despreciada o desconocida en Espa&ntilde;a por d&eacute;cadas de ostracismo. La brillantez de su formaci&oacute;n y su cultura fuera de lo com&uacute;n permitieron que aquella ambici&oacute;n fuese reconocida por unos pocos, pero los fracasos sentimentales, su exilio parisino y la mala relaci&oacute;n con el padre disparan en &eacute;l una profunda y autodestructiva negatividad. Alioscha se sabe un privilegiado por origen, pero rechaza aquellas ventajas (atenu&aacute;ndose, podr&iacute;a haber sido parte de la renovaci&oacute;n narrativa que conformaron Javier Mar&iacute;as y Vila-Matas), mostrando as&iacute; la hidalgu&iacute;a de un aut&eacute;ntico esp&iacute;ritu aristocr&aacute;tico: gesto que reclama a su padre, para quien la cultura apenas supone una actividad ornamental. Y esta cr&iacute;tica es muy elocuente y sigue siendo justificada, dentro y fuera de la novela, al pensar los v&iacute;nculos de la Cultura de la Transici&oacute;n y el espectro hist&oacute;rico de la vanguardia: una tradici&oacute;n preterida por una burgues&iacute;a ensimismada, corta de miras, que ser&iacute;a pronto superada y desplazada por el mercado y sus productos editoriales.</p>
<p>De este modo, <em>Atila</em> construye una par&aacute;bola de un momento de profunda reformulaci&oacute;n art&iacute;stica y social, por lo que guarda cierta similitud con un cl&aacute;sico del cine de aquellos d&iacute;as, <em>Arrebato</em> (1979) de Iv&aacute;n Zulueta. Y &eacute;se es uno de los m&eacute;ritos de Serena, pues Alioscha, como escritor y antih&eacute;roe, es menos llamativo que un exc&eacute;ntrico cineasta amateur enganchado a la hero&iacute;na. Tanto su degradaci&oacute;n como sus rarezas son menores, casi entra&ntilde;ables, pues su cultura e inteligencia le impiden ser un maldito decimon&oacute;nico, ni tampoco puede permitirse nada que lo distraiga de la ejecuci&oacute;n de su obra. En la misma l&iacute;nea, el estilo y la prosa de Serena, ante todo contenidos y funcionales, tampoco realizan concesiones a favor de su personaje, pues Alioscha nunca irradia simpat&iacute;a, siendo los comentarios sobre su escritura m&aacute;s cercanos al desconcierto que al entusiasmo.</p>
<p>Pareciera, entonces, que el sacrificio de Alioscha resulta encomiable, b&aacute;sicamente, por una cuesti&oacute;n moral: una perspectiva extrema y al mismo tiempo adecuada como ant&iacute;doto a un tiempo en el que el &eacute;xito exige prescindir de cualquier entereza o pretensi&oacute;n de verdad. En conclusi&oacute;n, Javier Serena no solo ha empleado muy h&aacute;bilmente los cruces entre la realidad y la ficci&oacute;n para rescatar y traer a la actualidad la figura de un escritor interesante y casi desconocido como Aliocha Coll, sino que ha deslizado muchas preguntas sobre lo que podr&iacute;amos denominar los misterios de la vocaci&oacute;n y los destinos literarios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Javier Serena, <em>Atila</em>, Palma de Mallorca, Sloper, 2022</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 16 Dec 2022 13:05:04 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuadernos de re-flexiones]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/cuadernos-de-re-flexiones/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/CHANTAL_MAILLARD_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>A Chantal Maillard (1951) le fue concedido el Premio Nacional de Poes&iacute;a en 2004 por <em>Matar a Plat&oacute;n</em>. Esta colecci&oacute;n de poemas, de resonancias inequ&iacute;vocas, llevaba consigo un ap&eacute;ndice que recordaba, al menos desde su t&iacute;tulo, al texto hom&oacute;nimo de Marguerite Duras: <em>Escribir.</em></p>
<p>En este ap&eacute;ndice, Maillard -como su colega francesa- exploraba los prop&oacute;sitos que la llevan a escribir: &ldquo;Escribir / para curar / en la carne abierta / en el dolor de todos / en esa muerte que mana / en m&iacute; y en la de todos&rdquo;, dec&iacute;a en sus primeros versos. Pero tambi&eacute;n, a&ntilde;ad&iacute;a, para &ldquo;decir el grito, para descansar&rdquo;. Para tantas cosas m&aacute;s: &ldquo;para escribir el dolor / para proyectarlo / para actuar sobre &eacute;l con la palabra&rdquo;.</p>
<p>La escritura se revela en Chantal Maillard como forma de vida. Como instrumento con el que observar la vida. Una vida que ha transcurrido en diversas ciudades y aun pa&iacute;ses. Algo que vemos reflejado en los cuatro diarios que componen esta edici&oacute;n que ha publicado recientemente la editorial Pre-Textos.</p>
<p>El libro incluye asimismo, a modo de adenda, un pu&ntilde;ado de textos independientes. En uno de ellos, <em>Besoin de voir plus grand</em> (t&iacute;tulo inspirado por la lectura de un libro de Georges Perec: <em>Je suis n&eacute;</em>), la autora justifica la elecci&oacute;n del diario como uno de sus g&eacute;neros recurrentes. En &eacute;l dice lo siguiente: &ldquo;Desde siempre me ha perseguido la necesidad de dar cuenta en el relato, tanto en la prosa como en el poema, del tiempo de la escritura. Por ello, quise que mis cuadernos de reflexiones aparecieran en forma de diarios, tal como hab&iacute;an sido escritos, sin subterfugios ni ornamento, evitando someter su contenido a clasificaci&oacute;n, contenido u otra&rdquo;.</p>
<p>Esta concepci&oacute;n del diario como espacio de reflexi&oacute;n y observaci&oacute;n se complementa con el car&aacute;cter con que Chantal Maillard dota a cada uno de ellos. As&iacute;, el primero de ellos, titulado <em>Filosof&iacute;a en los d&iacute;as cr&iacute;ticos</em>, va ligado a la idea de pasi&oacute;n; el segundo, <em>Diarios indios</em>, a la de observaci&oacute;n; el tercero, <em>Husos. Notas al margen</em>, a la de duelo; y el cuarto y &uacute;ltimo, <em>B&eacute;lgica</em>, una vuelta a sus or&iacute;genes, est&aacute; relacionado, al decir de la autora, con la &ldquo;a&ntilde;oranza del gozo y el trabajo de la memoria&rdquo;.</p>
<p>La escritura de Maillard oscila, como es bien sabido, entre la filosof&iacute;a y la poes&iacute;a. Se caracteriza por su car&aacute;cter marcadamente introspectivo. Ante ella, el lector o lectora no lo tiene -al menos a priori- f&aacute;cil. En ocasiones cuesta entrar en ella, desvelarla. Una vez dentro, una vez desvelada y comprobado que nuestra autora va m&aacute;s all&aacute; de las contorsiones a que somete al lenguaje, se hace de repente la luz. Aquella extra&ntilde;eza primera se convierte, s&uacute;bitamente, en algo familiar.</p>
<p>Empecemos por el &uacute;ltimo (cronol&oacute;gicamente hablando) de estos diarios. <em>B&eacute;lgica</em> supone una vuelta, a trav&eacute;s de varios viajes realizados entre 2005 y 2008, al pa&iacute;s de origen de la autora afincada en Espa&ntilde;a.</p>
<p>En sus p&aacute;ginas, Maillard da cuenta de cada uno de esos viajes, realizado por motivos distintos. En el primero de ellos, nos informa de un reencuentro con la abuela y con la memoria del abuelo pintor. Es cuando constata, como el Baudelaire de <em>Les Fleurs du mal</em> (&ldquo;J&rsquo;ai plus de souvenirs que si j&rsquo;avais mille ans&rdquo;) que est&aacute; &ldquo;hecha de recuerdos&rdquo;; un material que configura en su discurrir (y la lleva a constatar) su propia vejez, un estado en el que &ldquo;todo es reconocido; nada se ofrece puro&rdquo; ya que &ldquo;cualquier impresi&oacute;n apela a otra, anterior, que se activa con tal fuerza que la actual se convierte en simple soporte del recuerdo&rdquo;.</p>
<p>Las p&aacute;ginas de <em>B&eacute;lgica</em> recogen asimismo cuestiones del d&iacute;a a d&iacute;a de la escritora en hechos tan aparentemente banales como las visitas a las casas de los pintores James Ensor y Magritte (no lo ser&aacute; tanto si tenemos en cuenta su labor en torno a figuras como Henri Michaux, del que tradujo algunos textos al castellano), o la descripci&oacute;n del entramado de unas jornadas literarias a la que es invitada.</p>
<p>Por su parte, en <em>Husos. Notas al margen</em> nos encontramos ante una escritura que se caracteriza por el duelo al que alud&iacute;amos anteriormente. Un duelo que se desdobla en lo que podemos considerar (por su disposici&oacute;n en la p&aacute;gina) como texto principal y textos subordinados (redactados en una prosa desenvuelta que da cuenta de los detalles). En cualquier caso, se trata de los escritos que contienen una mayor carga dram&aacute;tica. &ldquo;Escribo, porque escribir es lo &uacute;nico que cabe hacer cuando ya no hay nada que deba hacerse&rdquo;. La escritura, de nuevo, como espejo desde el que observarse y rinc&oacute;n desde el que guarecerse. La escritura, tambi&eacute;n, como terapia, como (posible) remedio.</p>
<p>En lo que concierne a <em>Diarios indios</em>, un libro escrito a lo largo de varios a&ntilde;os de la d&eacute;cada de 1990, cabe decirse que ya fue comentado en esta secci&oacute;n a prop&oacute;sito de la edici&oacute;n en 2014 de <em>India</em>, un volumen que recog&iacute;a todos los escritos de Maillard referentes al pa&iacute;s asi&aacute;tico. En aquel entonces ya dec&iacute;amos que el lector o lectora asiste al encuentro de la escritora, &ldquo;a su lado m&aacute;s &iacute;ntimo&rdquo;, para compartir con ella las descripciones de un paisaje marcado por la miseria o del kitsch caracter&iacute;stico de las clases pudientes. Ya entonces remarc&aacute;bamos asimismo la labor de despojamiento y de observaci&oacute;n (desde el interior al exterior) que lleva a cabo y refleja en estas p&aacute;ginas.</p>
<p>Finalmente, en <em>Filosof&iacute;a en los d&iacute;as cr&iacute;ticos</em> se trasluce cierto estado de plenitud. Hay referencias que parecen colmar a la mujer que anota en estos cuadernos. Las anotaciones que lleva a cabo a prop&oacute;sito de da lectura de <em>El extranjero</em>, de Albert Camus, o la escucha de las <em>Variaciones Goldberg</em> de J.S. Bach, nos invitan a pensar en ello.</p>
<p>&ldquo;Vuelvo a m&iacute;&rdquo;, escribe Chantal Maillard. &ldquo;Cada vez que abro el cuaderno de notas, vuelvo a m&iacute;. Vuelvo a m&iacute; en la escritura, o antes a&uacute;n, en la tensi&oacute;n que dispone a la escritura&rdquo;. Son p&aacute;ginas que rebosan vitalidad. &ldquo;Mientras yo viva, la muerte seguir&aacute; siendo lo m&aacute;s ajeno a m&iacute;, lo absolutamente otro&rdquo;.</p>
<p>En conclusi&oacute;n, estos diarios, que tienen continuidad -seg&uacute;n la propia autora- en <em>La mujer de pie</em> y en <em>La compasi&oacute;n dif&iacute;cil</em> (ambos publicados por Galaxia Gutenberg en 2015 y 2019, respectivamente), constituyen una de las mejores pruebas de la escritura, profunda, exigente, rica en hallazgos, de Chantal Maillard.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Chantal Maillard, <em>La arena entre los dedos. Diarios reunidos, </em>Valencia, Pre-Textos, 2020.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 16 Dec 2022 12:10:21 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Salman Rushdie, la imaginación desbordada]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/salman-rushdie-la-imaginacion-desbordada/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/SALMAN_RUSHDIE_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Tras la desventurada peripecia de los molinos de viento, don Quijote promete a Sancho que ser&aacute; testigo de cosas que dif&iacute;cilmente creer&aacute;. A partir de entonces D. Quijote y Sancho van por el mundo en busca de aventuras que para el escudero son un dislate y para el caballero, verdaderas, pues confunde la realidad del mundo y la ficci&oacute;n de su febril imaginaci&oacute;n. Entre el mundo y lo imaginado no hay diferencia y tan verdad puede ser lo uno como lo otro; tambi&eacute;n podr&iacute;amos decir que lo sucedido no es nada sin su interpretaci&oacute;n; as&iacute; salva Cervantes la distancia que hay entre lo verdadero y la percepci&oacute;n que de ello tiene el protagonista de su novela, el cual, conforme avanza esta, es secundado por Sancho. No creo que Cervantes no distinguiera entre realidad y ficci&oacute;n, ni que pensara que ambas tienen un estatuto id&eacute;ntico, o siquiera similar. Cervantes es deudor de las teor&iacute;as literarias de su tiempo y de una cosmovisi&oacute;n a&uacute;n estable y sin fisuras. Ni siquiera apoyar&iacute;a las tesis rom&aacute;nticas de la creaci&oacute;n de un mundo a partir del yo del autor. Aunque haya subjetividad en su obra, no es la que vendr&aacute; con el Romanticismo, y mucho menos la posrom&aacute;ntica, que en este caso es la de la Posmodernidad.</p>
<p>Don Quijote confunde lo que ocurre y en varias ocasiones cambia de nombre pero ni el yo propio ni el mundo en que vive est&aacute;n sometidos a presiones que desmientan lo que el uno y el otro son. Todo es causado por la imaginaci&oacute;n, que Cervantes reviste de locura para hacerlo veros&iacute;mil. Juan Goytisolo fue uno de esos relectores de la obra de Cervantes en la que vio las infinitas l&iacute;neas de fuga que la novela ofrec&iacute;a. En &ldquo;La herencia de Cervantes&rdquo; apunta que &ldquo;el creador segu&iacute;a la br&uacute;jula de su inventiva, sin trabas ni reglas de ninguna clase. [&hellip;] El dilema de Cervantes [&hellip;] es el de c&oacute;mo recobrar la libertad inventiva, coartada por el peso de las convenciones y c&aacute;nones&rdquo;, y de la ideolog&iacute;a que todo enloda, a&ntilde;ado yo. No fue Goytisolo el &uacute;nico que escribi&oacute; su obra bajo la sombra cervantina. Jorge Luis Borges antes que &eacute;l ya realiz&oacute; una lectura que m&aacute;s tarde alumbr&oacute; otras posmodernas. &ldquo;Pierre Menard, autor del Quijote&rdquo; es un extraordinario juego de espejos donde Menard y Cervantes se sit&uacute;an cara a cara y aun as&iacute; el primero no logra hacerse con la obra del segundo. El tiempo reescribe todo, viene a decirnos Borges, y toda obra es &uacute;nica porque cada lectura (y Menard es un caso privilegiado) es distinta. Cada uno de nosotros lee una novela diferente, incluso uno mismo lee dos novelas cuando entre las lecturas median varios a&ntilde;os. Borges, adem&aacute;s de esa interpretaci&oacute;n de la lectura, fue el art&iacute;fice de que el <em>Quijote</em> se comenzara a leer de manera renovada. Si hasta entonces en el &aacute;mbito anglosaj&oacute;n a Cervantes se lo hab&iacute;a le&iacute;do como el autor de la primera novela realista &ndash; con la excepci&oacute;n de Laurence Sterne, que s&iacute; que logr&oacute; ver las posibilidades que el <em>Quijote</em> ofrec&iacute;a &ndash; a partir de Borges las lecturas ponen el &eacute;nfasis en la libertad creativa y en las posibilidades de cr&iacute;tica social, a trav&eacute;s de la iron&iacute;a y del humor.</p>
<p>Entre los autores que as&iacute; lo ven, y que ponen en pie una obra en la ladera posmoderna cervantina encontramos a Salman Rushdie, autor indio famoso por la f&eacute;tua que el im&aacute;m Jomeini lanz&oacute; contra &eacute;l a ra&iacute;z de la publicaci&oacute;n de <em>Los versos sat&aacute;nicos</em>. Rushdie ya era conocido con anterioridad. Su libro <em>Hijos de la medianoche</em> hab&iacute;a sido un gran &eacute;xito de lectores y de cr&iacute;tica. Vinieron tras &eacute;l <em>Verg&uuml;enza</em> y <em>Los versos sat&aacute;nicos</em>, m&aacute;s algunas colecciones de ensayos, el libro de cuentos <em>Oriente, Occidente</em>, un recuento de c&oacute;mo vivi&oacute; los a&ntilde;os en que tuvo que esconderse, m&aacute;s novelas no tan famosas hasta llegar a la &uacute;ltima <em>Quijote</em>, en la que de manera poco disimulada viene a dar cuenta de la pervivencia de la novela cervantina.</p>
<p>Las novelas de Rushdie, en especial las tres primeras mencionadas, presentan tambi&eacute;n sucesos que al lector le cuesta creer; son maravillosas porque se salen de lo real aunque este sea su punto de partida. Es lo que Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez llam&oacute; realismo m&aacute;gico &ndash; t&eacute;rmino que Rushdie adopta &ndash; y que para el escritor anglo&iacute;ndio define la literatura poscolonial, pues expresa una conciencia propia del Tercer Mundo. La literatura poscolonial es la de los despose&iacute;dos viene a decirnos, la que cuenta lo que la historia oficial oculta, haci&eacute;ndose eco de las tesis de la filosof&iacute;a de la historia de Walter Benjamin. Para contar aquello que no se quiere decir es necesario salirse de la l&oacute;gica que rige la realidad. Hay que abrir grietas y crear puntos de fuga mediante la imaginaci&oacute;n. Este es un uso de la imaginaci&oacute;n que sirve tanto para Cervantes como para Rushdie; cierto que en Rushdie hay un elemento pol&iacute;tico que no est&aacute; presente (o, al menos, tan presente en Cervantes, pero no hay diferencias esenciales en cuanto a la imaginaci&oacute;n desaforada de sus novelas).</p>
<p>Si Cervantes escribi&oacute; la s&aacute;tira de la sociedad espa&ntilde;ola en el siglo XVII, Rushdie lo hace con la India y Paquist&aacute;n del siglo XX. Los sucesos inveros&iacute;miles que tienen lugar en <em>Hijos &hellip;</em> tienen como intenci&oacute;n poner en entredicho la aceptaci&oacute;n mansa de la historia de la India. En &ldquo;Hogares imaginarios&rdquo; Rushdie reconoce que la novela trata del recuerdo que tiene de la India. La mirada &ndash; de cualquier persona, no solo la del escritor &ndash; es fragmentaria, incapaz de aprehender el conjunto en su totalidad, a pesar de que su intenci&oacute;n fuera la de crear una realidad en cinemascope &ndash; en realidad una narraci&oacute;n que tuviera un aliento &eacute;pico &ndash;, que, sin duda, consigue gracias al nacimiento de los mil ni&ntilde;os la noche en que la India adquiere su estatus de naci&oacute;n independiente, y a la capacidad para conectar los hechos hist&oacute;ricos m&aacute;s relevantes con las peripecias de Saleem, el protagonista. Para ello hay que entender la novela no como un g&eacute;nero cerrado cuyas caracter&iacute;sticas reposan en la gran novela decimon&oacute;nica que va de Gustave Flaubert a Ivan Turgu&eacute;nev y Henry James, George Eliot, Charles Dickens, Emilia Pardo Baz&aacute;n, Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s, Honor&eacute; de Balzac o Thomas Hardy. Las que estos autores escribieron son novelas que conten&iacute;an algunas de las posibilidades que dicha narraci&oacute;n permit&iacute;a, pero no la &uacute;nica como, tambi&eacute;n en el siglo XIX demostr&oacute; Herman Melville con la escritura de <em>Moby-Dick</em>. Rushdie ya sea porque entiende que la novela poscolonial, que en su caso es tambi&eacute;n posmoderna, no puede ser un calco de la novela europea decimon&oacute;nica, ya sea porque la lectura del <em>Quijote</em> le impacta &ndash; o, quiz&aacute;s, por ambas razones &ndash; concibe la novela como un texto experimental &ndash; aunque no tanto que para el lector sea un suplicio la lectura &ndash; en que ni el narrador ni los personajes permanecen id&eacute;nticos durante toda la narraci&oacute;n. Y donde, por supuesto, los hechos pueden ir m&aacute;s all&aacute; de la l&oacute;gica mundana siempre y cuando, dentro del mundo cerrado que es la novela, sean veros&iacute;miles. Esto explica que apueste por la novela como g&eacute;nero literario h&iacute;brido (sin que termine de definir con exactitud dicha caracter&iacute;stica).</p>
<p><em>Verg&uuml;enza</em> es una cr&iacute;tica a Paquist&aacute;n a trav&eacute;s de la historia de Omar Khayam, hijo de tres hermanas &ndash; aunque solo una estuvo embarazada, las otras compartieron todos los s&iacute;ntomas y etapas &ndash;, que se cr&iacute;a en una casa antigua que, da a entender Rushdie, es como una c&aacute;rcel. All&aacute; vive hasta que se marcha a estudiar. A partir de ese momento, Khayam siente su vida dividida entre el placer y la guerra. No es eso lo m&aacute;s importante sino lo posmoderno con que construye su novela, con un narrador que gu&iacute;a la historia y no deja de comentar los hechos, la importancia que la narraci&oacute;n tiene en la sociedad paquistan&iacute;, o la historia ausente con la que conviven los pa&iacute;ses que en un pasado no lejano fueron colonias, la permanente duda de qui&eacute;n es o las metamorfosis que experimentan algunos personajes, como, por ejemplo, Babar quien se convierte en &aacute;ngel a ra&iacute;z de su muerte. <em>Verg&uuml;enza</em> es, m&aacute;s all&aacute; de la cr&iacute;tica pol&iacute;tica, una novela sobre la narraci&oacute;n: lo que significa contar historias, la importancia de su conservaci&oacute;n, transmisi&oacute;n y fijaci&oacute;n.</p>
<p><em>Los versos sat&aacute;nicos</em> ofrece al lector una mayor complejidad &ndash; casi un retorno en ciertos aspectos a <em>Hijos &hellip;</em>&ndash; comenzando por la metamorfosis de los personajes en una novela donde las criaturas h&iacute;bridas son frecuentes. Gibreel Farishta y Saladin Chamcha son actores que, en la primera escena de la novela, caen desde un avi&oacute;n mientras se convierten uno en &aacute;ngel y otro en demonio. <em>Los versos&hellip;</em>&nbsp; tiene una estructura en que la realidad y el sue&ntilde;o se alternan, a veces sin que el lector sepa con seguridad d&oacute;nde est&aacute;. Esto hace veros&iacute;mil el sue&ntilde;o de Gibreel con Mahound, trasunto de Mahoma, y la batalla por la conversi&oacute;n de un lugar llamada Sumisi&oacute;n. Los personajes son dioses corporeizados pero tambi&eacute;n podr&iacute;an ser parte de alguna de las pel&iacute;culas de Gibreel, pues este es otro nivel de realidad irreal que plantea la novela: d&oacute;nde est&aacute; la realidad, si en el mundo, en los sue&ntilde;os o en las fantas&iacute;as humanas.</p>
<p>Si las aventuras de Gibreel tienen que ver con el recuento ficcional del modo en que el Islam se extendi&oacute; por la Pen&iacute;nsula Ar&aacute;biga en sus primeros a&ntilde;os, lo que incluye guerras entre clanes, la vida de Saladin es m&aacute;s terrenal, no solo porque busca arreglar su matrimonio; en uno de los episodios acaba transformado en cabra e ingresa en un hospital donde tratan a personas que sufren similar afecci&oacute;n.</p>
<p>Desde la iron&iacute;a posmoderna, que incluye grandes dosis de humor, Rushdie critica el modo en que las personas utilizan la religi&oacute;n para fines espurios. La cr&iacute;tica, en gran medida lograda gracias al humor, es irreverente, aunque nunca arremete contra el dogma sino contra aspectos hist&oacute;ricos, vi&eacute;ndolos desde un &aacute;ngulo nuevo, osado, y sat&iacute;rico pero no hiriente. No es el ataque m&aacute;s grave que haya recibido una religi&oacute;n. Podemos pensar en la quema de iglesias y de sinagogas, en las leyes que, a lo largo de la historia, han coartado la libertad de los creyentes o en la persecuci&oacute;n y matanza de estos. Habr&iacute;a que recordar con Bertrand Russell que en una democracia es necesario que la gente aprenda a soportar que ofendan sus sentimientos. Es lo propio de las sociedades donde no hay ni una religi&oacute;n ni un dogma oficial, donde las personas viven sus creencias en la intimidad de sus vidas, por m&aacute;s que esto fastidie a la clerec&iacute;a. La ausencia de una moral (o religi&oacute;n) oficial es condici&oacute;n indispensable de toda convivencia en las sociedades complejas &ndash; que son casi todas las que hoy en d&iacute;a existen. A la moral la sustituye la ley, y a la violencia f&iacute;sica el debate de ideas, al que nunca debemos calificar como violencia ling&uuml;&iacute;stica, ni filos&oacute;fica ni argumentativa ni pol&iacute;tica.</p>
<p>El humor, presente en las novelas de Rushdie, como tambi&eacute;n lo estaba en el <em>Quijote</em>, en <em>El Lazarillo de Tormes</em>, as&iacute; como en <em>Ulises</em> o en tantas otras novelas modernas, es un elemento necesario en toda sociedad abierta. En las de tiempos pasados era el modo en que los escritores lograban sortear la censura, y con ella el castigo legal por su atrevimiento. En nuestro tiempo el humor no es ya necesario para eludir las penalizaciones pero sigue siendo un instrumento extraordinario para desmontar las falacias dogm&aacute;ticas de todos los <em>curillas</em> que merodean y se entrometen en nuestras vidas.</p>
<p>En una sociedad tecnol&oacute;gica &ndash; mucho m&aacute;s que cient&iacute;fica &ndash; el sentido y el uso de la literatura se han perdido. Las novelas han de tener alguna utilidad en esta sociedad. Dicho pragmatismo miope olvida que las novelas, entre otras cosas, pueden ser el espejo en que nos reflejamos, all&aacute; donde vemos, a nuestro pesar, las deformidades que nos conforman. Las mejores, y por ello calificamos a sus autores de grandes novelistas, son aquellas que no intentan imponer una tesis ni crean dos bandos sino que muestran con honestidad, aunada con el humor, lo que en esta vida somos, con lo bueno y lo malo de cada uno.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 13 Dec 2022 07:57:23 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Explicar el mundo a través de la escritura ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/explicar-el-mundo-a-traves-de-la-escritura/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas22/LEILA_GUERRIERO_4_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Cuando un libro supera un determinado n&uacute;mero de p&aacute;ginas y su volumen y forma indican que no es un peso ligero (sigo siendo de leer en papel), sino que pertenece a una categor&iacute;a superior, uno puede huir despavorido y dedicarse a otras cosas &ndash;con total seguridad menos provechosas- o entrar directamente en faena. Pero si el libro en cuesti&oacute;n &ndash;<em>Frutos extra&ntilde;os (Cr&oacute;nicas reunidas 2001-2019)</em>- comienza con un texto como &ldquo;Mi diablo&rdquo;, en el que Leila Guerriero (Jun&iacute;n, Argentina, 1967), su autora, explica con vehemencia no exenta de emoci&oacute;n su trayectoria lectora y profesional (el orden es imprescindible), entonces el lector acude raudo al resto de textos reunidos en el libro y abandona la pigricia que lo ha ido abotagando &uacute;ltimamente. Es en esas p&aacute;ginas iniciales en las que podemos observar buena parte del tono y ritmo narrativos que van a predominar en el resto de cr&oacute;nicas y perfiles sobre diversos personajes y los textos sobre el oficio de escribir que conforman el libro. Si, adem&aacute;s, el primero de los ellos es &ldquo;El gigante que quiso ser grande&rdquo;, que gira en torno a la vida del luchador de la WWF y antiguo jugador de b&aacute;squetbol Jorge &ldquo;El Gigante&rdquo; Gonz&aacute;lez, miel sobre hojuelas, pues uno recuerda con cari&ntilde;o esas sesiones frente a la tele viendo aquellos espect&aacute;culos (es un decir, claro) de lucha libre, con personajes que ya se intu&iacute;a que ten&iacute;an toda una historia detr&aacute;s de los focos y el estrellato, de los pu&ntilde;etazos inveros&iacute;miles, las ca&iacute;das estrepitosas y los disfraces e histrionismo de sus gestos.</p>
<p>Este volumen de <em>Frutos extra&ntilde;os</em> (publicado en 2020) recoge los textos que ya aparec&iacute;an en la edici&oacute;n de 2009 (<em>Frutos extra&ntilde;os. Cr&oacute;nicas reunidas 2001-2008</em>, tambi&eacute;n en Alfaguara), a los que se a&ntilde;aden el procedente de una conferencia (el antedicho &ldquo;Mi diablo&rdquo;), junto con cuatro cr&oacute;nicas m&aacute;s y un texto incluido en la secci&oacute;n &ldquo;Sobre el periodismo&rdquo;. Es, por tanto, una versi&oacute;n ampliada, que recopila textos que han sido publicados sobre todo en revistas de Colombia (<em>El Malpensante, SoHo</em>), Argentina (<em>La Naci&oacute;n Revista, Rolling Stone</em>) o M&eacute;jico (<em>Gatopardo</em>), as&iacute; como alg&uacute;n otro en Espa&ntilde;a (<em>El Pa&iacute;s Semanal</em>) y conferencias u otras publicaciones. La primera parte, que es la m&aacute;s extensa, &ldquo;Cr&oacute;nicas y perfiles&rdquo;, contiene 20 textos cuya amplitud var&iacute;a y permiten una lectura independiente. Es en estas p&aacute;ginas donde creo que es m&aacute;s n&iacute;tida su maestr&iacute;a, sostenida en el tiempo a lo largo de una trayectoria literaria y period&iacute;stica prol&iacute;fica, con t&iacute;tulos recientes como <em>Opus Gelber. Retrato de un pianista</em> (Anagrama) o <em>Teor&iacute;a de la gravedad</em> (Libros del Asteroide) -ambas de 2019-, pues los perfiles de los entrevistados son claros, <em>desaparece</em> la entrevistadora y es el propio personaje el que se nos ofrece y devela, con sus claroscuros y secretos. Son ellos frente a los que se sit&uacute;a Guerriero, que escucha cuando observa y que traza estas cr&oacute;nicas y perfiles tras un riguroso estudio de campo y narraci&oacute;n.</p>
<p>De todos ellos quiz&aacute;s sea &ldquo;La voz de los huesos&rdquo; el que m&aacute;s recorrido ha tenido: la historia del Equipo argentino de Antropolog&iacute;a Forense que se ha dedicado a buscar los restos de los muertos durante la dictadura militar argentina tiene tintes &eacute;picos, pero parece englobada en una narraci&oacute;n que tiene tambi&eacute;n&nbsp; algo de policial. Junto a esta pieza literaria hay otros perfiles de personajes de la cultura menos conocidos o que han quedado arrumbados por el paso del tiempo, como Pedro Henr&iacute;quez Ure&ntilde;a o Facundo Cabral y otros m&aacute;s recientes y medi&aacute;ticos, como Fito P&aacute;ez (&ldquo;No me ver&aacute;s arrodillado&rdquo;); empresarios singulares como Gustavo Grobocopatel (&ldquo;Sobre un verde mar de soja&rdquo;) o Alberto Samid (&ldquo;El rey de la carne&rdquo;); gentes del espect&aacute;culo que se mimetizan en otros (&ldquo;El clon de Freddy Mercury&rdquo;, que es Jorge Busetto y su banda One) o que hacen de una desgracia virtud en el arte del ilusionismo (&ldquo;Ren&eacute; Lavand: mago de una sola mano&rdquo;). Hay tambi&eacute;n cr&oacute;nicas de asuntos diferentes, relacionados incluso con personajes que arrastran episodios turbios detr&aacute;s (&ldquo;Tres tristes tazas de t&eacute;&rdquo;) y otras de relatos asombrosos por lo rocambolesco de la historia, como &ldquo;El hombre del tel&oacute;n&rdquo;, que tambi&eacute;n algo de tragedia. Es en esta querencia por los asuntos que a priori se escapan de los focos o de los m&aacute;s medi&aacute;ticos en donde sobresale el oficio de quien sabe vichar con atenci&oacute;n d&oacute;nde est&aacute; la historia que merece ser contada, como si de un gabinete de curiosidades se tratara.</p>
<p>Guerriero hace que su narraci&oacute;n resulte f&aacute;cil y fluida y que lo que parece dif&iacute;cil, que es trazar los perfiles de los personajes con naturalidad y sin que se note la tramoya, lo logra un complejo equilibrio que no es casual. Para ello se ha de conocer el pasado de la que persona a la que se entrevista a fondo, ir a los peque&ntilde;os detalles, tratar de comprenderla (aunque tal vez no lo merezca) y que aquella sea el centro, hacerse en cierto modo invisible, como ella misma comentaba en la conversaci&oacute;n que mantuvo con Juan Carlos Soriano en <em>Turia</em> en su n&uacute;mero 132 (2019). De entre las influencias y corrientes con las que se puede relacionar esta escritura, est&aacute; la de la denominada como &ldquo;Nueva cr&oacute;nica latinoamericana&rdquo;, que tiene a Mart&iacute;n Caparr&oacute;s, Tom&aacute;s Eloy Mart&iacute;nez o Homero Alsina, entre otros, como algunos de sus m&aacute;s destacados escritores. Estas cr&oacute;nicas gozan en la actualidad de gran prestigio y en los &uacute;ltimos a&ntilde;os comienzan a ganar m&aacute;s p&uacute;blico lector; son un g&eacute;nero h&iacute;brido,&nbsp; con sus detractores y apologistas (y tambi&eacute;n, quiz&aacute;s, sus popes), que a&uacute;na periodismo y narrativa y que tiene en antolog&iacute;as recientes (<em>Antolog&iacute;a de cr&oacute;nica latinoamericana actual</em>, editada por Dar&iacute;o Jaramillo Agudelo o <em>Un mundo lleno de futuro. Diez cr&oacute;nicas de Am&eacute;rica Latina</em>, a cargo de la propia Guerriero) y revistas especializadas &ndash;algunas citadas m&aacute;s arriba- sus canales de difusi&oacute;n, aunque en Espa&ntilde;a todav&iacute;a est&aacute; en mantillas. Y de la escritura y el periodismo versan tambi&eacute;n los cinco textos que aparecen en la secci&oacute;n &ldquo;Sobre el periodismo&rdquo;, que completan el volumen (y una breve Coda: &ldquo;M&uacute;sica y periodismo&rdquo;) en los que se ofrecen reflexiones sobre el periodismo y la escritura, adem&aacute;s de repasar algunos de los temas y cuestiones esenciales de quien escribe.</p>
<p>Explicar el mundo a trav&eacute;s de la escritura, mostrar curiosidad por lo que nos rodea (y a lo que no solemos prestar atenci&oacute;n), salirse de lo trazado y crear un estilo propio, que huya del lugar com&uacute;n y el t&oacute;pico, constituyen, entre otras, las bases de la nueva cr&oacute;nica latinoamericana que practica desde hace a&ntilde;os Leila Guerriero, en la que estos frutos no tan extra&ntilde;os son la mejor muestra de su maestr&iacute;a en la narraci&oacute;n y en un enfoque y estilo distintos (tambi&eacute;n en sus columnas en <em>El Pa&iacute;s</em>). No querr&iacute;a terminar con un ditirambo gratuito y encomi&aacute;stico en el que se cae a veces cuando se rese&ntilde;a un libro (espero que no), pero desde luego que estas cr&oacute;nicas, perfiles y textos sobre el periodismo son la prueba de que nos encontramos ante una escritora que transita por una senda propia y que a buen seguro seguir&aacute; sorprendi&eacute;ndonos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Leila Guerriero, <em>Frutos extra&ntilde;os (Cr&oacute;nicas reunidas 2001-2019)</em>. Madrid, Alfaguara, 2020.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 12 Dec 2022 13:11:27 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Araña]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/arana/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas22/YOLANDA_CASTA_O_500_px.jpg" alt="" /></p>
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<p>La madre toca a su hijo como si fuese un instrumento.</p>
<p>La culpa se ha vuelto una monedita pintada.</p>
<p>Algo en ella:</p>
<p>clausurado.</p>
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<p>Si tuviera ocho patas</p>
<p>ofrecer&iacute;a a las cr&iacute;as tambi&eacute;n yo</p>
<p>de mi carne.</p>
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<p>F&iacute;jate en la de las criaturas, que est&aacute; toda hecha de espejo.</p>
<p>Un brazo vicario y menudo en un</p>
<p>pulso contigo misma.</p>
<p>La ciega, la animal, la j&iacute;bara.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La madre y el hijo negocian su poder con moneditas de pl&aacute;stico.</p>
<p>Comen y defecan ese mismo lenguaje.</p>
<p>Miedo, berrinche, elogio, confianza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por el env&eacute;s del d&iacute;a va gru&ntilde;endo la madre su ternura.</p>
<p>Lleva como conchitas colgadas de un collar.</p>
<p>Culpa deber atenci&oacute;n pertenencia.</p>
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<p>Se abrazan fuerte para que la dicha no llegue a derramarse.</p>
<p>Frotan de los pa&ntilde;os lo que no desearon nunca.</p>
<p>At&aacute;ndose al m&aacute;stil de un amor tan fiero</p>
<p>algo en la ara&ntilde;a qued&oacute; clausurado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El hijo y la madre comercian con su placer y su castigo.</p>
<p>Algunas manchas no salen jam&aacute;s.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 09 Dec 2022 13:24:50 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Román Gubern: "El Vaticano custodia la mirada de sus enemigos"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/roman-gubern-el-vaticano-custodia-la-mirada-de-sus-enemigos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2022/Rom_n_Gubern500.jpg" alt="" /></p>
<p>Evitar&eacute; caer en el &ldquo;tedio&rdquo; de presentar a Rom&aacute;n Gubern -en adelante Gubern- desde el prisma acad&eacute;mico de la suma de t&iacute;tulos, logros gestores e interminables reconocimientos institucionales. Cualquiera puede consultar en su <em>web</em> oficial el desfile de brillantes condecoraciones que hermosean su dilatada trayectoria. Para los m&aacute;s perezosos, pi&eacute;nsese en una carrera internacional de lo m&aacute;s prestigioso y acertar&aacute;n. Adem&aacute;s, este cometido enumerativo podr&iacute;a llevarnos, m&aacute;s all&aacute; de a&ntilde;os, eones de tiempo, pues a sus 88 a&ntilde;os, Gubern, de naturaleza hiperactiva, no para de cosechar reconocimientos a uno y otro lado del Atl&aacute;ntico. Es m&aacute;s, podr&iacute;amos argumentar que el intelectual barcelon&eacute;s se ha convertido ya en una instituci&oacute;n en s&iacute; misma, casi en una marca muy distinguida de las investigaciones f&iacute;lmicas y las averiguaciones de la cultura visual. Gubern, no solo ha sido pionero en Espa&ntilde;a de los estudios cinematogr&aacute;ficos m&aacute;s originales, sino que tambi&eacute;n se ocup&oacute; de la maltratada cultura del c&oacute;mic, por aquel entonces hu&eacute;rfana de estudios especializados que la abalasen y elevasen a categor&iacute;a de arte can&oacute;nico. Y pienso que, junto a Luis Gasca y Juan Antonio Ram&iacute;rez, ha sido el intelectual que m&aacute;s ha beneficiado y ayudado a esta disciplina art&iacute;stica, tan menospreciada como arrinconada en la cultura del consumo popular. No cabe duda de que el cine y el c&oacute;mic son las dos grandes pasiones a las que Gubern ha entregado, en cuerpo y alma, su vida docente e intelectual. Sus m&aacute;s de 60 libros resultan hoy, pasados por el filtro del tiempo y a la luz de la contemporaneidad, sorprendentemente actuales. Pienso que esta fortuna intelectual descansa en dos caracter&iacute;sticas inherentes a todos sus textos. En primer lugar, la claridad meridiana de su escritura y la cadencia de su relato intelectual -no olvidemos que Gubern es, tambi&eacute;n, un gran guionista de cine y excelente novelista con seud&oacute;nimo, que sabe medir tiempos- as&iacute; como la amenidad a la hora de exponer ideas complejas de forma sencilla -todas estas caracter&iacute;sticas compartidas, tambi&eacute;n, con el ya citado historiador del arte Juan Antonio Ram&iacute;rez-. En segundo lugar, la modernidad transgresora y atrevida de sus tem&aacute;ticas, conjugando la historia can&oacute;nica del cine elevado, con los m&aacute;rgenes del s&eacute;ptimo arte, o si se prefiere con los &ldquo;vertederos&rdquo; de la imagen pervertida sistematizada del porno, la violencia f&iacute;lmica, el retrato de las pasiones humanas m&aacute;s ocultas o, el submundo m&aacute;s cruel de lo <em>snuff</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como buen guberniano y a fin de encauzar el acercamiento del lector ne&oacute;fito a una obra tan extensa como abrumadora, quisiera, antes de comenzar, realizar una breve selecci&oacute;n de los trabajos can&oacute;nicos que considero fundamentales. Estas son algunas de las mejores obras de Gubern, editadas fundamentalmente por C&aacute;tedra y Anagrama: <em>Del bisonte a la realidad virtual: la escena y el laberinto </em>(1996),<em> Proyector de luna: la generaci&oacute;n del 27 y el cine </em>(2002),<em> M&aacute;scaras de la ficci&oacute;n </em>(2002),<em> Val del Omar cinemista </em>(2004),<em> Patolog&iacute;as de la imagen </em>(2004),<em> La imagen pornogr&aacute;fica y otras perversiones &oacute;pticas </em>(2005),<em> El Universo fant&aacute;stico del c&oacute;mic </em>(2012) -con Luis Gasca- y <em>Un cin&eacute;filo en el Vaticano</em> (2020).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La memoria autobiogr&aacute;fica es selectiva o discontinua&rdquo;</strong></p>
<p>Realizamos con Gubern, pues, un repaso por su extensa obra y vida, en la que se abordar&aacute;n tem&aacute;ticas muy dispares, pero todas ellas igualmente interesantes: la ciencia de la imagen, la percepci&oacute;n visual, Val del Omar, el porno, la violencia, el c&oacute;mic, Pasolini. Y c&oacute;mo no, charlaremos tambi&eacute;n sobre el supuesto legado de una filmograf&iacute;a antirreligiosa y atea alojada en las &ldquo;catacumbas&rdquo; de la Filmoteca Vaticana.</p>
<p>- Ha remarcado la importancia que ha tenido en su vida una cita de Pasolini que suele traer a colaci&oacute;n en sus conversaciones:<em> </em>&ldquo;la vida humana es un largu&iacute;simo plano secuencia que solo se para cu&aacute;ndo dormimos y se interrumpe definitivamente cuando morimos&rdquo;. Sin embargo, los surrealistas legitimaban su cine bajo el argumento de que los sue&ntilde;os fueron las primeras pel&iacute;culas contempladas por el hombre. &iquest;Cu&aacute;les cree que son nuestras primeras pel&iacute;culas, la secuencia l&oacute;gica y linealmente narrativa que otorga la vigilia de la vida consciente, en la l&iacute;nea de la cita pasoliniana, o los sue&ntilde;os que nos asaltan mientras dormimos, ese &ldquo;arte po&eacute;tico involuntario&rdquo; recogido por la vanguardia surrealista?</p>
<p>- El s&iacute;mil de Pasolini tiene obviamente una dimensi&oacute;n po&eacute;tica. Pero cuando evoco el curso de mi vida observo que contiene &ldquo;zonas ciegas&rdquo;,<em> </em>&ldquo;encadenados&rdquo;<em> </em>o &ldquo;elipsis&rdquo;<em> </em>porque la memoria autobiogr&aacute;fica es selectiva o discontinua. Los psicoanalistas nos lo han explicado muy bien. Por lo que ata&ntilde;e a los surrealistas, su modelo est&eacute;tico es el &ldquo;canon on&iacute;rico&rdquo;, no solo desde el punto de vista formal, sino tambi&eacute;n desde el punto de vista pulsional, como revela su focalizaci&oacute;n privilegiada en la sexualidad. Max Aub se&ntilde;al&oacute; esta recurrencia al decirme un d&iacute;a: &ldquo;Bu&ntilde;uel ha hecho siempre la misma pel&iacute;cula, pero la ha contado cada vez de forma distinta&rdquo;. Solo se pueden apreciar las invenciones de las vanguardias cuando se ha aceptado e interiorizado el canon naturalista o realista. Es entonces cuando su transgresi&oacute;n cobra sentido. Bu&ntilde;uel es un buen ejemplo. Dicho esto, es evidente que en el film-sue&ntilde;o de nuestras vidas las pulsiones sexuales han manifestado una gran centralidad. Desde luego, este ha sido mi caso.</p>
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<p><strong>&ldquo;La fascinaci&oacute;n que producen ciertas transgresiones se debe a dos factores: el reto hacia un mandato superior y la incursi&oacute;n en un sendero de est&iacute;mulos desconocidos y consecuencias imprevistas&rdquo;</strong></p>
<p>- En sus estudios sobre la perversi&oacute;n de la imagen define el Porno como &ldquo;la optimizaci&oacute;n de la visibilidad en detrimento del placer&rdquo;. Tambi&eacute;n ha abordado problem&aacute;ticas tan novedosas como el as&eacute;ptico adulterio virtual -&ldquo;marranadas virtuales&rdquo;-, lo <em>snuff</em>, o incluso, en una l&iacute;nea sadeiana/batailleana, el despertar sexual que produce en el humano la contemplaci&oacute;n de espect&aacute;culos violentos. Descendiendo a las cloacas de la psique humana, recuerdo que me caus&oacute; gran estupefacci&oacute;n sus apuntes sobre los actos sexuales desatados en los coliseos romanos tras la asistencia a espect&aacute;culos sangrientos, comportamiento desviado similar al registrado en nuestras plazas europeas frente a las cruentas ejecuciones p&uacute;blicas. Sus libros sobre sexo y violencia han sido los m&aacute;s vendidos y demandados. &iquest;De d&oacute;nde nace la fascinaci&oacute;n del hombre por la imagen violenta y pornogr&aacute;fica, por esa perversidad de la imagen?</p>
<p>- La fascinaci&oacute;n que producen ciertas transgresiones en el ser humano se debe a dos factores: en el reto hacia un mandato superior, humano o divino, y en la incursi&oacute;n en un sendero de est&iacute;mulos desconocidos y consecuencias imprevistas. El sexo (cf. Freud) y la violencia constituyen sus dos umbrales can&oacute;nicos. Mi primera excitaci&oacute;n sexual consciente la tuve en 1938, a los cuatro a&ntilde;os, asistiendo a un espect&aacute;culo de circo en San Sebasti&aacute;n. Fue tan intensa (y confusa) que su rastro ps&iacute;quico no se me ha borrado. Y a&ntilde;ado: no me parece un episodio muy original o singular. Pero creo que es relevante que su est&iacute;mulo no procediera de la intimidad familiar, ni de una interacci&oacute;n f&iacute;sica (t&aacute;ctil), sino de la actitud espectatorial, de un est&iacute;mulo esc&oacute;pico proporcionado por unos atletas de circo. Y estimo que en mi vida sexual personal ha predominado largamente lo virtual sobre lo emp&iacute;rico. Es posible que mi inter&eacute;s por la cultura de la imagen haya sido espoleado por las censuras &oacute;pticas que padec&iacute; durante la represi&oacute;n franquista (evidente, en mi inter&eacute;s por la pornograf&iacute;a). En mi biograf&iacute;a he sustituido con frecuencia, represivamente, al tacto por la visi&oacute;n (Epicuro: &ldquo;la visi&oacute;n es una forma de tacto a distancia&rdquo;). &nbsp;De modo que las &ldquo;transgresiones &oacute;pticas&rdquo; fueron, en cierto modo, una pseudo-respuesta libertaria a los retos represivos del entorno. El caso de las im&aacute;genes cinematogr&aacute;ficas, en el seno de un &uacute;tero oscuro y c&oacute;mplice, es muy elocuente. Santa Alicia, inventada por un cura protestante reprimido, me parece un modelo arquet&iacute;pico de&nbsp;&ldquo;iconograf&iacute;a libertaria&rdquo;&nbsp;(me sorprende que Freud no se ocupase nunca de Alicia). Por lo dem&aacute;s mi inter&eacute;s por el cine como forma de cultura naci&oacute; (&iquest;hacia los 17 a&ntilde;os?) por un doble est&iacute;mulo: la pl&aacute;stica de las pel&iacute;culas de Emilio Fern&aacute;ndez/Gabriel Figueroa y la exposici&oacute;n en claroscuro de las perversiones humanas en el cine negro americano. Una convergencia entre lo formal y lo ideol&oacute;gico. Y me llena de orgullo el saber que uno de mis cap&iacute;tulos extra&iacute;do de mi primera edici&oacute;n de <em>La imagen pornogr&aacute;fica y otras perversiones &oacute;pticas</em>, dedicado a lo <em>snuff</em>, inspir&oacute; a Alejandro Amen&aacute;bar para la realizaci&oacute;n de su primer film <em>Tesis </em>(1996).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Se aprende a ver&rdquo;</strong></p>
<p>- Ha sentenciado que el hombre es &ldquo;un animal fundamentalmente visual&rdquo; dotado de dos ojos frontales, heredados de sus necesidades primitivas de caza. Pocas citas me han causado tanto &ldquo;v&eacute;rtigo&rdquo; metaf&iacute;sico como esta, extra&iacute;da de una de sus obras se&ntilde;eras:<em> </em>&ldquo;Contemplamos las im&aacute;genes que se apretujan densamente en nuestra iconosfera como algo natural y, sin embargo, el <em>homo sapiens</em> ha vivido sin im&aacute;genes la mayor parte de su historia, pues, en 200.000 a&ntilde;os de existencia solo ha producido im&aacute;genes en los &uacute;ltimos 30.000, en la s&eacute;ptima parte de su historia como especie&rdquo;, &iquest;por qu&eacute; inventa el ser humano la imagen figurativa? &iquest;C&oacute;mo y cu&aacute;ndo se invent&oacute; la imagen?</p>
<p>- Desde que escrib&iacute; ese texto los investigadores han descubierto im&aacute;genes a&uacute;n m&aacute;s antiguas, en islas de Indonesia, que alcanzan ya los 70.000 a&ntilde;os, y se consolida la convicci&oacute;n de que los neandertales generaban producci&oacute;n ic&oacute;nica. Sobre este asunto es mucho m&aacute;s lo que no sabemos que lo que creemos saber. Y sigue en pie la pregunta: &iquest;por qu&eacute; y para qu&eacute; se fabricaron im&aacute;genes? Tal vez habr&iacute;a que conectar esta cuesti&oacute;n con la comprobaci&oacute;n de que los simios y otros mam&iacute;feros reconocen su imagen en el espejo. Pero se&nbsp;&ldquo;aprende&rdquo;<em>&nbsp;</em>a ver. Los te&oacute;ricos de la Gestalt lo han explicado muy bien. He dado muchas vueltas al asunto crucial del invento humano de la imagen figurativa. Las formas de las nubes, o de las rocas, o los reflejos en el agua suministraron un modelo para el primitivo&nbsp;<em>homo pictor </em>que fue sin duda posterior al&nbsp;<em>homo loquens.&nbsp;</em>Porque el&nbsp;<em>homo loquens&nbsp;</em>suministr&oacute; el hardware neural al entendimiento humano (Chomsky). Ahora me parece un mandato del destino que mi primera tarea profesional (asalariada) fuera la de director de la secci&oacute;n de cromos de la Editorial Bruguera, la llamada &ldquo;emperatriz de la literatura de kiosko&rdquo;.</p>
<p>Puedo presumir de haber tenido la ocasi&oacute;n de discutir la teor&iacute;a de la imagen con dos autoridades mundiales de la estatura de Umberto Eco y Noam Chomsky. La traducci&oacute;n en Italia de mi&nbsp;<em>Historia del cine&nbsp;</em>y de&nbsp;<em>Mensajes ic&oacute;nicos en la cultura de masas&nbsp;</em>(fruto de mi estancia como investigador en el <em>Massachusetts Institute of Technology</em>) me convirtieron en una autoridad acad&eacute;mica en su pa&iacute;s. Por eso Umberto Eco, en un viaje a Espa&ntilde;a para participar conmigo en una mesa redonda en Alicante, me pidi&oacute; que corrigiera en su compa&ntilde;&iacute;a las galeradas de la traducci&oacute;n espa&ntilde;ola de su&nbsp;<em>Tratado de semi&oacute;tica general</em>, que public&oacute; Editorial Lumen en 1977. Y as&iacute; lo hicimos y esta colaboraci&oacute;n dio pie a algunos peque&ntilde;os debates entre nosotros. El m&aacute;s significativo afect&oacute; a la naturaleza del signo ic&oacute;nico. Eco defini&oacute; a las im&aacute;genes como &ldquo;bloques macrosc&oacute;picos, textos, cuyos elementos articulatorios son indiscernibles&rdquo;. Ejemplo, el signo &ldquo;nariz&rdquo; en un retrato: &iquest;d&oacute;nde se coloca la frontera significante precisa de la representaci&oacute;n de esa prominencia facial? Un dilema que no se produce en un texto escrito. A Chomsky le pregunt&eacute; si cre&iacute;a que en el campo de la comunicaci&oacute;n visual exist&iacute;a algo similar a su teor&iacute;a de la &ldquo;gram&aacute;tica generativa&rdquo;. Me contest&oacute; que no y que con lo que m&aacute;s podr&iacute;a relacionarse era con la teor&iacute;a de la Gestalt. Es una teor&iacute;a que podr&iacute;a calificarse de &ldquo;percepci&oacute;n visual nativa&rdquo;. Por ejemplo, cuando unos objetos de igual tama&ntilde;o aparecen m&aacute;s reducidos en su percepci&oacute;n es porque est&aacute;n m&aacute;s alejados del observador, etc&eacute;tera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Sigue vigente la ley del m&iacute;nimo esfuerzo en la comunicaci&oacute;n de masas&rdquo;</strong></p>
<p>- Ha subrayado tambi&eacute;n que<em> </em>&ldquo;el exceso de im&aacute;genes las hace invisibles&rdquo; y sigue<em> </em>&ldquo;en la &eacute;poca de Lautrec un peat&oacute;n conced&iacute;a 20 segundos al examen de un cartel, en 1960 esta atenci&oacute;n no superaba los 2 segundos&rdquo;<em>. </em>Hoy 2 segundos nos parecer&iacute;a much&iacute;simo. Estamos indigestados de im&aacute;genes. La sobreinformaci&oacute;n implica desinformaci&oacute;n debido a la devaluaci&oacute;n del mensaje y la incapacidad perceptiva de aprehenderlo. Parece que hemos dado el paso definitivo de la Iconosfera a la &ldquo;Iconorrea&rdquo;, como usted muy bien dice. Actualmente se suceden no pocos libros que repugnan de la hegemon&iacute;a de lo visual y el ocularcentrismo, propugnando un acercamiento al arte tradicionalmente visual, como pudiera ser la arquitectura, desde el prisma de lo h&aacute;ptico -tacto-, lo oloroso, lo auditivo e incluso lo gustativo. Me consta que el cine ha fracasado en el empe&ntilde;o de incorporar a sus salas este aspecto olfativo. Ante este hartazgo de las im&aacute;genes, &iquest;qu&eacute; fortuna le espera al cine, esa &ldquo;ametralladora de instant&aacute;neas&rdquo; como le gusta a usted definirlo? &iquest;Entrar&aacute;n en crisis aquellos postulados esgrimidos por Francastel entorno a la llamada primac&iacute;a del ojo y la regencia de la <em>imago</em>? &iquest;Cu&aacute;l ser&aacute; el futuro, entonces, de los <em>cultural studies</em>?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- No parece veros&iacute;mil una etapa de deflaci&oacute;n ic&oacute;nica, en raz&oacute;n de la vigencia de la ley del m&iacute;nimo esfuerzo en la comunicaci&oacute;n de masas. Y el desarrollismo de las industrias publicitarias, apuntaladas en el hedonismo, apoya su expansi&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Ahora nuestros beb&eacute;s aprenden a leer la imagen figurativa en movimiento ante el televisor dom&eacute;stico&rdquo;</strong></p>
<p>- En no pocas ocasiones se refiere a la fisiolog&iacute;a del ojo y su correspondencia cerebral para explicar el complejo entramado de nuestro sofisticado sistema perceptivo y visual. El color sometido al escrutinio de nuestras c&eacute;lulas fotorreceptoras, las dilataciones del cristalino ante el juego enga&ntilde;oso de las perspectivas espaciales, o &ldquo;las s&iacute;ntesis aditivas&rdquo; del cromatismo -aquilatada en las vanguardias con el puntillismo-, constituyen algunos de sus &ldquo;entretenimientos&rdquo; entorno a este apasionante tema. Incluso, llega a afirmar que, en nuestro propio sistema perceptivo ocular, conviven a un tiempo y en feliz connubio, lo anal&oacute;gico y lo digital, &iquest;pudiera extenderse m&aacute;s en estas interesantes cuestiones relativas a nuestra percepci&oacute;n visual desde el prisma de las ciencias puras y la psicolog&iacute;a del arte?</p>
<p>- El ojo humano, y su sistema visual, constituyen un aparato complejo en el que se combinan lo mec&aacute;nico (movimientos oculares, parpadeo, dilataci&oacute;n o contracci&oacute;n del cristalino), lo digital (fotomosaico retinal, impulsos nerviosos) y lo anal&oacute;gico (percepto visual resultante). Y su funci&oacute;n es cognitiva, pero tambi&eacute;n emocional (placer est&eacute;tico o repugnancia). Por no mencionar sus usos sociales (el gui&ntilde;o c&oacute;mplice, la mirada amenazadora). Pero nuestra visi&oacute;n no posee la agudeza del &aacute;guila, ni la percepci&oacute;n nocturna del b&uacute;ho. La mirada humana ha construido mentalmente un entorno &oacute;ptico espacial, tanto el entorno cultural que denominamos &ldquo;iconosfera&rdquo; como un entorno &iacute;ntimo que hace posible su vida social. En el siglo XVII se inventan (no antes) los vocablos&nbsp;&ldquo;parecido&rdquo;<em>&nbsp;</em>en espa&ntilde;ol,&nbsp;<em>ressemblance&nbsp;</em>en franc&eacute;s y&nbsp;<em>likeness&nbsp;</em>en ingl&eacute;s, y en 1855 Gustave Courbet inventa&nbsp;<em>realismo</em>, equivalentes al&nbsp;<em>similis&nbsp;</em>latino. Todos designan una &ldquo;apariencia &oacute;ptica convincente&rdquo;. Yo he tenido el privilegio de ser un espectador cinematogr&aacute;fico a los cinco o seis a&ntilde;os y para m&iacute; fue un&nbsp;&ldquo;caos visual asem&aacute;ntico&rdquo;.<em>&nbsp;</em>Ahora nuestros beb&eacute;s aprenden a leer la imagen figurativa en movimiento ante el televisor dom&eacute;stico.</p>
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<p><strong>&ldquo;El c&oacute;mic y el cine funden las potencialidades de las artes pl&aacute;sticas y las artes narrativas&rdquo;</strong></p>
<p>- Usted ha sido una de las grandes personalidades acad&eacute;micas que contribuyeron a elevar la cultura del c&oacute;mic a rango de arte &ldquo;respetable&rdquo;. Ha explicado que, conjuntamente al cine, el c&oacute;mic funde &ldquo;las potencialidades de las artes pl&aacute;sticas y de las artes narrativas&rdquo;, es decir; trabaja desde lo figurativo y lo literario, un &ldquo;punto de encuentro entre la expresi&oacute;n iconogr&aacute;fica y la expresi&oacute;n narrativa&rdquo;, con la salvedad de que el c&oacute;mic utiliza la imagen est&aacute;tica y el cine la din&aacute;mica. Sin embargo, este estatismo del c&oacute;mic, que pudiera restar potencialidad expresiva, argumenta que, en un principio, constituy&oacute; una de sus mayores virtudes al poder abordar tem&aacute;ticas fantasiosas y ficticias de un modo m&aacute;s desinhibido y econ&oacute;mico que el cine. Actualmente, ambas disciplinas ofrecen al espectador igual dosis de efectos y ficciones on&iacute;ricas, &iquest;hacia d&oacute;nde se dirigir&aacute; la evoluci&oacute;n del cine? &iquest;se agotar&aacute; en su funci&oacute;n narrativa y visual? &iquest;y del c&oacute;mic?</p>
<p>- Los c&oacute;mics son cronol&oacute;gicamente anteriores al cine, precedi&eacute;ndole en la prensa impresa en aproximadamente medio siglo. Y desde fecha temprana ambos medios vivieron procesos de contaminaci&oacute;n (tem&aacute;tica y estil&iacute;stica) y operaciones de adaptaci&oacute;n intermedial (de los c&oacute;mics al cine y del cine a los c&oacute;mics).</p>
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<p><strong>&ldquo;Val del Omar ha sido uno de los m&aacute;s ilustres exponentes mundiales del <em>cine de poes&iacute;a</em>&rdquo;.</strong></p>
<p>- Como mucha otra gente, comparto con usted la admiraci&oacute;n por el &ldquo;cinemista&rdquo; granadino Val del Omar -especialmente por su<em> Fuego en Castilla </em>(1956)-, al que dedic&oacute; un breve pero completo y elegante librito. Su llamado PLAT Picto&ndash;Lum&iacute;nica&ndash;Audio&ndash;T&aacute;ctil en busca del encuentro sinest&eacute;sico de los sentidos creo que desbord&oacute; los l&iacute;mites narrativos y visuales del cine, sirvi&eacute;ndose de una tecnolog&iacute;a, por entonces, muy elemental. Usted es un gran especialista en la obra de este inventor, poeta y cineasta andaluz, &iquest;cu&aacute;les cree que fueron los mayores logros legados a la historia del cine por el, sorpresivamente poco conocido, Val del Omar?</p>
<p>- Val del Omar ha sido uno de los m&aacute;s ilustres exponentes mundiales del &ldquo;cine de poes&iacute;a&rdquo;.<em>&nbsp; </em>Le trat&eacute; muy brevemente y me pareci&oacute; un &ldquo;iluminado&rdquo;, en el sentido m&aacute;s brillante de la palabra, eslab&oacute;n tecnol&oacute;gico experimental de la figura arcaica del hechicero&hellip; En el libro que usted cita, he tratado de sintetizar su fuerza creadora: &ldquo;Heredero del impulso experimental pionero de Segundo de Chom&oacute;n, que leg&oacute; una obra copiosa en varios pa&iacute;ses europeos, Val del Omar se erigi&oacute; en cambio en un cineasta robins&oacute;nico, perif&eacute;rico o <em>outsider</em>, con una obra conservada muy escasa, pero de alta tensi&oacute;n, como lo fue la de Jean Vigo, otro poeta l&iacute;rico del cine, y profundamente experimental, como la de Sergei M. Eisenstein. Val del Omar emprendi&oacute; la tarea de escribir poes&iacute;a con im&aacute;genes fotoqu&iacute;micas y electr&oacute;nicas y su perfil le sit&uacute;a entre el bricolaje ingenieril de un Edison -aunque sin su apetencia ni productividad mercantil- y la experimentaci&oacute;n t&eacute;cnico-formal de un Abel Gance, pero enraizado en la tierra y el entorno cultural de Manuel de Falla y Garc&iacute;a Lorca, e instalado en la tradici&oacute;n m&iacute;stica de Teresa de &Aacute;vila -cuya frase &ldquo;el amor es camino de conocimiento le gustaba citar&rdquo;- y la vena po&eacute;tica y reflexiva que empalmaba con San Juan de la Cruz y con Mar&iacute;a Zambrano&rdquo;.</p>
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<p>-&nbsp; Para ir cerrando esta entrevista, comentarle que acabo de finalizar su &uacute;ltimo libro<em> Un cin&eacute;filo en el Vaticano </em>(2020); que recomiendo encarecidamente a todo el mundo. Me he quedado con la intriga y el misterio de una cuesti&oacute;n enormemente interesante, casi un secreto de estado, &iquest;cree que existe en los dep&oacute;sitos de la Filmoteca Vaticana la filmograf&iacute;a de propaganda antirreligiosa y atea &ldquo;puesta en marcha por el leninismo en los or&iacute;genes de la ahora extinta Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica&rdquo;? Aunque deja claro que, durante su requerimiento en el Vaticano, nunca lleg&oacute; a saber de tal colecci&oacute;n, &iquest;cu&aacute;l es su hip&oacute;tesis al respecto?</p>
<p>- Por supuesto, el Vaticano custodia la mirada de sus enemigos.</p>
<p><strong>&ldquo;A veces dudo si mi vida se ha desarrollado enteramente dentro de una imagen&rdquo;</strong></p>
<p>- Sin salir de su &uacute;ltimo libro, resultan muy emotivas las p&aacute;ginas finales dedicadas al an&aacute;lisis de su inquieto nomadismo, as&iacute; como a sus numerosos cambios de residencia a lo largo y ancho del mundo: &ldquo;[&hellip;] me di cuenta que la vida viajera que antes describ&iacute;, m&aacute;s que la b&uacute;squeda de una patria, era probablemente el fruto inconsciente de una triple convergencia: de la pulsi&oacute;n de huir de m&iacute; mismo (por alguna culpa subconsciente), de la complementaria b&uacute;squeda de m&iacute; mismo y del anhelo de encontrar un para&iacute;so perdido. Y decid&iacute; que la secuencia formada por Hollywood y Venecia, los lugares m&aacute;s irreales del mundo, hab&iacute;a saciado definitivamente mi apetencia de un equilibrio emocional&rdquo;. Par&iacute;s, Venecia, Roma, Barcelona, Hollywood, son algunas de las ciudades que vertebran su biograf&iacute;a vital e intelectual. Todas ellas, cabe apuntarlo, de &iacute;ndole muy cinematogr&aacute;fica. Volviendo a la cita de Pasolini con la que abr&iacute;amos esta conversaci&oacute;n &iquest;considera que, despu&eacute;s de todo, su vida se ha convertido en un entretenido filme, en &ldquo;un largu&iacute;simo plano secuencia&rdquo;?</p>
<p>- Me complace la met&aacute;fora de mi biograf&iacute;a n&oacute;mada como un largo plano-secuencia. &nbsp;La vida, en efecto, desde el punto de vista perceptivo es un largo plano-secuencia que se interrumpe cuando dormimos y se cancela cuando morimos. Pasolini (a quien trat&eacute; un poco) era un marxista con mala conciencia, probablemente culpabilizado por su condici&oacute;n homosexual. Tal y como cuento en mi &uacute;ltimo libro, mi compa&ntilde;ero Terenci Moix me asegur&oacute; que en Roma hab&iacute;a tenido un <em>affair</em> con &eacute;l. Ahora, ya cerca del final del viaje de ida (sin billete de vuelta), me asalta a veces la duda acerca de si mi vida se ha desarrollado enteramente dentro de una imagen.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 14 Nov 2022 06:27:00 +0000</pubDate>
    </item>
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      <title><![CDATA[Sara Mesa: "La realidad es nuestro campo de minas"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/sara-mesa-la-realidad-es-nuestro-campo-de-minas/</link>
      <description><![CDATA[<p>&iquest;De qu&eacute; servir&iacute;an los charcos si nadie los pisara? En la acera, su grisura recuerda la oscuridad de un bosque. Todo puede presagiar algo, todo es normal; sobre todo, lo raro. &ldquo;Sus padres se comportaban con normalidad, ella se comportaba con normalidad, la vida segu&iacute;a con normalidad&rdquo; -<em>Cara de pan</em> (2018)-. Bajo esa normalidad se esconden t&uacute;neles por los que una realidad alternativa discurre. La normalidad tiende a id&iacute;lica y se representa, en nuestra imaginaci&oacute;n, a c&aacute;mara lenta. La normalidad es una piel de c&eacute;sped bajo la que l&oacute;bregos animales trabajan, como en <em>Terciopelo azul</em>, de Lynch, cual sobreexcitados adolescentes. &ldquo;Algunas cosas miradas tan de cerca resultan espantosas. Cuando ella ha puesto bajo la lente de un microscopio alg&uacute;n insecto, o incluso su propia piel, lo que ve&iacute;a era monstruoso, como sacado de una pesadilla&rdquo;. La lupa deforma, no se coge, se empu&ntilde;a igual que un arma; y los escenarios dependen de quien los mira, de un personaje que los interprete&hellip; o de una figura narradora: &ldquo;Una sombra ha ca&iacute;do sobre ellos, viciando el aire (&hellip;) Cuando toma el camino, las siluetas de las chumberas en la oscuridad -formas siniestras, amenazantes- le hacen dar la vuelta, como un aviso&rdquo; -<em>Un amor</em> (2020)-. A uno se le vienen pasajes de Eugenides a la cabeza -en <em>Las v&iacute;rgenes suicidas</em> ellos definen, elocuentes, el clima moral: un caso, sobre el tejado de los Lisbon siempre hay una nube-. Las advertencias en la naturaleza no son un hecho aislado: en <em>Cuatro por cuatro</em> (2012) un c&aacute;rabo &ldquo;marca su territorio con su canto. Es un aviso que me da: l&aacute;rgate de aqu&iacute;, el bosque es m&iacute;o&rdquo;; y el chillido de una urraca cruza el cielo. Otro c&aacute;rabo sale en <em>Mala letra</em> (2016): &ldquo;Lejos son&oacute; el aullido largo, aflautado y tembloroso de un c&aacute;rabo, acerc&aacute;ndose con un aleteo breve y desordenado. &lsquo;Quiere que nos vayamos&rsquo;, susurr&oacute; el ni&ntilde;o&rdquo;. Signos, premoniciones a veces desatendidas: &ldquo;Hay se&ntilde;ales que me empe&ntilde;o en no ver&rdquo; -<em>Agatha</em> (2017)-. Grietas por las que el mundo desconocido penetra. &ldquo;El sol estaba cayendo y la luz se retiraba de los pinos revelando verdes oscuros y cavidades que hab&iacute;an permanecido ocultas todo el d&iacute;a&rdquo;. Es el mundo opaco, subterr&aacute;neo, aunque todo puede cambiar sin noticia previa: &ldquo;Nada anunciaba que ese d&iacute;a iba a ser diferente a los dem&aacute;s&rdquo; -<em>Cara de pan</em>-, muchas veces los peligros caen del cielo o los representa alg&uacute;n tipo de espesura frondosa: &ldquo;Alguien se acerc&oacute; por su espalda y la tom&oacute; del brazo con rudeza. &ldquo;A qui&eacute;n se le ocurre meterse en el bosque a estas horas con un ni&ntilde;o&rdquo; -<em>Mala letra</em>-; &ldquo;El bosque est&aacute; prohibido. Dicen que no es un lugar seguro. No se refieren a los animales ni al terreno salvaje, sino a la posible existencia de vagabundos, ladrones, terroristas&rdquo; -<em>Cuatro por cuatro</em>-. La noche habla, s&oacute;lo hay que aguzar el o&iacute;do. Las personas llevamos una sombra a los pies igual que los bosques, o incluso dentro. Y de sombras y desconciertos est&aacute; hecha la prosa de Sara Mesa.</p>
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<p><strong>&ldquo;No creo en esa especie de capacidad inventiva romantizada a la espera de que las musas la espoleen&rdquo;</strong></p>
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<p>- En el pr&oacute;logo a <em>La palabra del mundo</em>, sostiene que los cuentos de Ribeyro est&aacute;n poblados de &ldquo;personajes desorientados, aprisionados por la rueda de un destino azaroso o escrito de antemano en su contra&rdquo;. Tambi&eacute;n habla del <em>fatum</em> y de la jerarqu&iacute;a social. Me pregunto si tales observaciones las habr&iacute;a hecho, de esa manera, otra persona. Adem&aacute;s de ver lo que hay enfrente, &iquest;vemos lo que llevamos dentro?</p>
<p>- Si entiendo bien la pregunta, lo que est&aacute; en cuesti&oacute;n es si todos leemos de la misma manera, o si en realidad leemos -interpretamos- desde nuestros propios presupuestos est&eacute;ticos y esquemas mentales. L&oacute;gicamente pienso lo segundo, aunque eso no significa que los textos puedan deformarse a nuestro antojo, como a veces sucede en las lecturas tramposas o manipuladoras, que las hay. Por otro lado, tengo que matizar que este pr&oacute;logo al libro de Ribeyro fue un encargo que amablemente me hizo la editorial Seix Barral y que acept&eacute;, a pesar de que no es uno de mis escritores de referencia, precisamente porque creo que&nbsp;de las lecturas de quienes no son nuestros maestros se entresacan matices que en una lectura de fan incondicional pasar&iacute;an desapercibidos.</p>
<p>- &iquest;Me podr&iacute;a citar solamente tres autores suyos de referencia?</p>
<p>- Es dif&iacute;cil se&ntilde;alar s&oacute;lo tres, pero le dir&iacute;a que Franz Kafka, Fleur Jaeggy y J. M. Coetzee.</p>
<p>- Escribiendo, un autor se expone. &iquest;Leyendo?</p>
<p>- No lo creo. A menos que lo que leamos se trasvase a nuestra propia escritura. En cualquier caso, bendita exposici&oacute;n.</p>
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<p><strong>&ldquo;Observo alrededor, ficcionalizo y escribo&rdquo;</strong></p>
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<p>- Usted, en un art&iacute;culo a partir de <em>El nervio &oacute;ptico</em>, de Mar&iacute;a Gainza, relacion&oacute; la mirada con el cerebro. A qu&eacute; afecta m&aacute;s la mirada: &iquest;a la memoria o a la imaginaci&oacute;n? &iquest;C&oacute;mo trabaja usted cada una?</p>
<p>-Yo no s&eacute; distinguir estos aspectos. Memoria e imaginaci&oacute;n no pueden confrontarse sin m&aacute;s como materia prima de la escritura: &iquest;escribimos a partir de nuestros recuerdos y experiencia o a partir de un mundo imaginativo y ficcional? L&oacute;gicamente depende de cada escritora o de cada escritor, entiendo que son dos l&iacute;neas de fuerza y las dos cuentan. Lo que no creo es en la imaginaci&oacute;n sin asidero, esa especie de capacidad inventiva romantizada a la espera de que las musas la espoleen. La realidad es nuestro campo de minas, de ah&iacute; extraemos todo, pero transform&aacute;ndolo, pas&aacute;ndolo por el filtro de las personas que somos. Por eso, un libro de tono aparentemente fant&aacute;stico como <em>La se&ntilde;ora Potter no es exactamente Santa Claus</em>, de Laura Fern&aacute;ndez, es un libro que no solo se sostiene en la capacidad imaginativa de la autora, sino tambi&eacute;n en su memoria y en el an&aacute;lisis de la realidad. En mi caso concreto, yo no creo que invente nada. Observo alrededor, ficcionalizo y escribo.</p>
<p>Podr&iacute;amos decir que de ese todo formado por imaginaci&oacute;n y memoria participan los personajes de sus libros. As&iacute;, uno de <em>Cicatriz</em> (2015) se excita ante otro, imaginando su pelo suelo, envuelto en determinadas prendas. La realidad es un campo de minas y un manantial, pero &ldquo;dejar constancia de la vida (&hellip;) ser&iacute;a muy aburrido&rdquo; -<em>Cara de pan</em>-. En <em>Cicatriz</em> se reivindica a Proust: &ldquo;El verdadero viaje parte de la memoria&rdquo;, que no es f&eacute;rtil sin invitaci&oacute;n a un punto de vista.</p>
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<p><strong>&ldquo;La mejor manera de ser autocr&iacute;tico es leyendo mucho a los grandes autores&rdquo;</strong></p>
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<p>- Dentro de la literatura, &iquest;la autocr&iacute;tica es tambi&eacute;n una cuesti&oacute;n de mirada? &iquest;Tal vez de perspectiva -mirarse desde fuera o leerse con ojos ajenos-?</p>
<p>- La autocr&iacute;tica es absolutamente necesaria, siempre, en todos los &aacute;mbitos. Pero hay que esforzarse para alcanzar ese estado. A veces creemos que estamos siendo autocr&iacute;ticos, pero no lo estamos siendo verdaderamente, hay una resistencia interna invisible que nos impide llegar al cuestionamiento radical de lo que somos y hacemos. Personalmente tengo bastantes dudas en algunos aspectos de mi escritura, pero sobre otros, parad&oacute;jicamente, estoy muy segura. Quiz&aacute; deber&iacute;a darle la vuelta a esto, no s&eacute;. Trato de tomar distancia, de contar con la opini&oacute;n de los dem&aacute;s; trato de no repetirme, de ni automatizar mis recursos. De todas formas, siempre digo que la mejor manera de ser autocr&iacute;tico es leyendo mucho, pero leyendo a los buenos, a los grandes.</p>
<p>- El punto de vista afecta a la figura narradora. Si bien debemos entender que juega un papel relativamente similar en todas sus novelas, completando la acci&oacute;n o explic&aacute;ndola, en&nbsp;<em>Un amo</em>r el registro parece m&aacute;s amplio. "Es lo &uacute;nico que lo mueve hasta all&iacute;, piensa Nat. &iquest;No cree que&nbsp;<em>le</em>&nbsp;debe una disculpa?". No dice: &lsquo;No cree que&nbsp;<em>me</em>&nbsp;debe una disculpa&rsquo;. Una es Nat, otra es la voz narradora. &iquest;Es, pues, otro espectador de la acci&oacute;n?&nbsp;Parece que ignora todos los extremos de cuanto comenta: &ldquo;Nat recuerda que justo esas palabras aparecieron en un documental (&hellip;)&nbsp;que debi&oacute; de llamar la atenci&oacute;n de la anciana,&nbsp;descoloc&aacute;ndola, porque en su manera de hablar hay un desesperado tono de pregunta: qu&eacute; significa todo esto, parece decir (&hellip;)&rdquo;. Por lo menos, hay ambig&uuml;edad. Podemos pensar que las dudas son las que la anciana crea en Nat, pero tambi&eacute;n que las posee el narrador. Dieciocho p&aacute;ginas antes: &ldquo;P&iacute;ter suelta una carcajada (&hellip;) Suena &lsquo;My funny Valentine&rsquo;, quiz&aacute; en la versi&oacute;n de Chet Baker&rdquo;. Hay cosas que desconoce, sobre las que especula. &iquest;Qu&eacute; aporta un narrador no omnisciente?&nbsp;En otras ocasiones es indubitable que el narrador reproduce las preguntas que Nat se hace. Y en otras, emite juicios: &ldquo;Es evidente que el vecino la desea&rdquo;.</p>
<p>- Tengo que decir que no parto de supuestos te&oacute;ricos ni analizo pormenorizadamente su uso y efectos. Aqu&iacute; soy m&aacute;s bien intuitiva, sin que esto signifique que no le d&eacute; importancia, m&aacute;s bien al rev&eacute;s, porque considero que es un aspecto fundamental, define el sentido de gran parte de la acci&oacute;n. En el caso de <em>Un amor</em>, se trata de una tercera persona, s&iacute;, pero todo el tiempo metida en la cabeza, en el punto de vista, de la protagonista. As&iacute;, asistimos a los acontecimientos al mismo tiempo que ella, conocemos al resto de los personajes con ella, los vemos a trav&eacute;s de sus ojos, conocemos tambi&eacute;n sus pensamientos, sus dudas; y, lo m&aacute;s importante, no vemos nada que no vea ella. Esta voz es en este sentido mucho m&aacute;s parecida a una primera persona que a una tercera omnisciente, con la diferencia de que permite una mayor distancia, incluso frialdad, en la narraci&oacute;n. Es el lector quien debe decidir si esta voz es fiable o no; el texto gana as&iacute; en ambig&uuml;edad. El mismo recurso lo us&eacute; con Casi, en <em>Cara de pan</em>. As&iacute; que, a sus preguntas concretas, dir&eacute;: no, no es un espectador m&aacute;s; no, no es un narrador omnisciente; s&iacute;, coincide con el punto de vista de la protagonista -no de la autora-. Adem&aacute;s, es constante. Los cambios que se&ntilde;ala -me/le debe una disculpa- no son m&aacute;s que cambios formales asimilables al uso del di&aacute;logo directo o indirecto, es decir, sirven para dar ritmo a la prosa, no son cambios de perspectiva.</p>
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<p><strong>&ldquo;Hay quienes leen como si se comieran una naranja, tratando de exprimir el jugo y dejando fuera todo lo dem&aacute;s&rdquo;</strong></p>
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<p>- Si como Gainza dice, &ldquo;uno escribe para contar otra cosa&rdquo;, &iquest;qu&eacute; debemos pensar de las tramas de los libros?</p>
<p>- Las tramas de los libros son artefactos, enga&ntilde;os, de los que a veces ni quienes escribimos somos conscientes. Escribes una historia y s&oacute;lo a&ntilde;os despu&eacute;s te das cuenta de lo que hab&iacute;a detr&aacute;s de esa historia, esto a m&iacute; me ha pasado. Por eso estoy completamente de acuerdo con Gainza en que los libros no pueden resumirse, pero ni en el nivel de trama -esa pregunta odiosa: &iquest;de qu&eacute; va?- como en el nivel del sentido -&iquest;qu&eacute; has querido decir con esta historia?-. Hay quienes leen como si se comieran una naranja, tratando de exprimir el jugo y dejando fuera todo lo dem&aacute;s, como si ese <em>todo lo dem&aacute;s</em> indescriptible no fuese precisamente lo m&aacute;s interesante.</p>
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<p><strong>&ldquo;Hay una pauta com&uacute;n en la construcci&oacute;n de mis espacios, algo que tiene que ver con la idea de comunidad artificial&rdquo;</strong></p>
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<p>- Hay una parte vistosa de sus narraciones -entornos opresivos, personajes que huyen&hellip;- que, m&aacute;s que relacionada con la trama, parece significar en s&iacute; misma. Son lugares a los que regresa y no parecen un adorno ni parte del &lsquo;argumento&rsquo;.</p>
<p>- No s&eacute; muy bien qu&eacute; responder a esto. A veces creo que en mis libros los espacios no son tan importantes -y por eso tiendo a deslocalizar-, es decir, que lo verdaderamente significante es la arquitectura emocional de los personajes, que actuar&iacute;an como lo hacen en cualquier otra parte -por eso me niego a considerar <em>Un amor</em> una novela sobre &lsquo;lo rural&rsquo;-. Pero otras veces me doy cuenta de que s&iacute; son importantes, que hay una pauta com&uacute;n en la construcci&oacute;n de mis espacios, algo que tiene que ver con la idea de comunidad artificial: la residencia de ancianos, el internado, la escuela, etc&eacute;tera.</p>
<p>Esta &ldquo;comunidad artificial&rdquo; en ocasiones se emparenta con la comunidad <em>natural</em>: en <em>Cicatriz</em> la instituci&oacute;n familiar sale convertida en &ldquo;un lastre, un escollo, un freno&rdquo;, ante el que se impone &ldquo;escapar de la jaula&rdquo;. En <em>Cara de pan</em> se refiere la desesperaci&oacute;n de los p&aacute;jaros: &ldquo;Algunos se dan golpetazos contra los barrotes, se destrozan el pico tratando de escapar. Aunque estos son los menos: la mayor&iacute;a termina asumiendo el encierro y cae en una especie de languidez perpetua&rdquo;. En realidad, se habla de un manicomio en el que, como el p&aacute;jaro en la jaula, los pacientes se inclinan por obedecer y jugar al parch&iacute;s o a las cartas. &ldquo;Comprendi&oacute; que estos, los polic&iacute;as de la mente, s&oacute;lo lo dejar&iacute;an en paz cuando &eacute;l acatase una a una todas las imposiciones: horarios, dosis, turnos, actividades en grupo, colaborativas, etc&eacute;tera. Cambi&oacute; su t&aacute;ctica y consigui&oacute; salir de ah&iacute; al cabo de un a&ntilde;o&rdquo;. Camuflaje, quiz&aacute; como el de <em>La espiral del silencio</em>, de Noelle-Neumann. La procesi&oacute;n va por dentro. Camuflaje como el de la Culo, en <em>Cuatro por cuatro</em>: &ldquo;Despu&eacute;s de vestirse, se sienta frente al Director y charlan de asuntos acad&eacute;micos (&hellip;) Cambia el tono con naturalidad como la serpiente muda de piel sin ser consciente&rdquo;. O como el de esa ni&ntilde;a camale&oacute;nica, en <em>Un amor</em>, que prefiere pasar desapercibida, &ldquo;no verse en la obligaci&oacute;n de presentarse ni de charlar, aunque para ello deba fingir que hace deporte&rdquo;. O como aquella otra que se siente &ldquo;feliz en el modo ordinario y elemental en el que son felices los animales encerrados&rdquo; -<em>Cuatro por cuatro</em>-. Adaptarse o morir. Abundan los seres solitarios, casi asociales. Ignoras si son v&iacute;ctimas o si est&aacute;n encantados de conocerse. Es dif&iacute;cil determinar su lugar en el mundo. &ldquo;Las personas como ellas deber&iacute;an estar m&aacute;s controladas. Son v&iacute;ctimas, pero tambi&eacute;n pueden llegar a ser culpables&rdquo;; &ldquo;&Eacute;l ostenta el poder de la v&iacute;ctima y quiz&aacute; gracias a ese privilegio es el &uacute;nico capaz de interceder por ella&rdquo; -<em>Cara de pan</em> y <em>Un amor</em>-. La literatura lo galvaniza todo y en un diario se pueden volcar &ldquo;p&aacute;ginas, p&aacute;rrafos y p&aacute;rrafos enteros&rdquo; acerca de una vida inventada. Una v&iacute;ctima puede sentirse culpable y privilegiada al tiempo, salvo en la no-ficci&oacute;n de <em>Silencio administrativo</em> (2019) tal vez, donde otras dos mujeres, una del todo desprotegida, se baten el cobre contra el laberinto de la burocracia.</p>
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<p><strong>&ldquo;El sentido de pertenencia a un grupo siempre genera violencia&rdquo;</strong></p>
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<p><em>Cara de pan</em> no es una historia perversa, sino el acercamiento a un mundo perverso: la <em>soser&iacute;a</em> de la chica salva, con habilidad, el abismo sobre el que cae el decorado. Cicatriz, una relaci&oacute;n extra&ntilde;a basada en la admiraci&oacute;n, puede recordar a <em>El gran Meaulnes</em>, de Alain Fournier, que aparece citada, y nuevamente, la pericia hace que el personaje masculino se autodesdibuje, facilitando el final. Son personajes alejados del centro. Hablar de ellos es hacerlo del agobio social que sienten, de su tendencia a la soledad y de su capacidad para el disimulo. No obstante, en ocasiones, el disfraz no ayuda a la adaptaci&oacute;n: en el cuento que abre <em>No es f&aacute;cil ser verde</em> (2008), una joven se siente aislada en su propio entorno. &ldquo;La idea de huir sola y lejos despu&eacute;s de ser abandonada me hab&iacute;a parecido apetecible, moderna y casi literaria&rdquo;. Se va medio a la aventura a Holanda sin saber una palabra de alem&aacute;n, ingl&eacute;s ni neerland&eacute;s. En <em>Un incendio invisible</em> (2011), asistimos a un paralizador quiero y no puedo: &ldquo;No puedo huir de aqu&iacute;. Tampoco puedo cerrar los o&iacute;dos (&hellip;) &Eacute;l trataba de huir, pero sus m&uacute;sculos no le respond&iacute;an&rdquo;. La mujer que vive en La Escapa, Sonia, <em>Un amor</em>, desde ni&ntilde;a &ldquo;s&oacute;lo est&aacute; pensando en huir&rdquo;. Por eso, establece Knut, ha elegido a Verd&uacute; como pareja: para escapar de casa; para huir como hace el perro Sieso en sus sue&ntilde;os; para salir pitando como de un colegio, en el arranque de <em>Cuatro por cuatro</em>, otra &ldquo;comunidad artificial&rdquo;. Desertar, aunque luego te pillen. Los centros educativos parecen sacados de Bernhard. &ldquo;La escuela, dice [Knut], es el campo m&aacute;s peligroso de socializaci&oacute;n. La ense&ntilde;anza en grupo aniquila por completo al individuo&rdquo; -<em>Cicatriz</em>-. En <em>Cara de pan</em>, los profesores organizan con desatino grupos para promover la igualdad y un personaje describe el experimento de unos cient&iacute;ficos que camuflaron a los p&aacute;jaros m&aacute;s d&eacute;biles, intentando hacerlos pasar por dominantes. &ldquo;&iexcl;Les ti&ntilde;eron el plumaje para enmascararlos! Pero no vali&oacute; de nada. Cuando los te&ntilde;&iacute;an se mor&iacute;an de pena, se negaban a comer y volar, &iexcl;ni siquiera se esforzaban en fingir! No quer&iacute;an entrar en ning&uacute;n grupo, y si se ve&iacute;an forzados a ello, se manten&iacute;an aparte, aunque les costase el repudio&rdquo;. De nuevo la supervivencia. El disfraz, para aquellas aves, era una muerte lenta; por eso eleg&iacute;an acelerarla, sin enga&ntilde;os. Los buenos acostumbran a pensar por los dem&aacute;s. El compromiso de la autora nos aventuramos a decir que se desprende de ciertas ideas diseminadas, sutiles, aqu&iacute; y all&aacute;, pero sus libros tienen que poco que ver con la correcci&oacute;n pol&iacute;tica. P&aacute;jaros te&ntilde;idos, socializaci&oacute;n forzosa. No hay lecturas buenistas de la intervenci&oacute;n. El hiperproteccionismo llev&oacute;, en Estados Unidos, a prohibir el cacahuete en los colegios para salvar a los ni&ntilde;os de las alergias. Aumentaron, se puede leer en <em>La transformaci&oacute;n de la mente moderna</em>, de Jonathan Haidt y Greg Lukianoff. La respuesta creci&oacute; al retirar el contacto con el alimento. La ingesta regular de productos con &eacute;l provocaba una respuesta inmune de la que, de repente, se les priv&oacute;, con la consiguiente reacci&oacute;n al&eacute;rgica m&aacute;s fuerte. Los mecanismos de control suelen ser contraproducentes. &ldquo;No podemos pensar de ninguna de las maneras que los ni&ntilde;os pertenecen a los padres&rdquo;, se le escap&oacute; a una ministra de Cultura no hace mucho, en nuestro pa&iacute;s. Y la literatura de Mesa, opuesta a los carriles centrales, descree, tambi&eacute;n, de las moralejas. A Casi, la ni&ntilde;a de <em>Cara de pan</em>, nunca le ha gustado ir al colegio, donde &ldquo;siempre le han ense&ntilde;ado a interpretar historias para buscar la moraleja que contienen&rdquo;. Ah&iacute; es donde salen los &ldquo;polic&iacute;as de la mente&rdquo; y los &ldquo;vigilantes de la moral&rdquo;; en <em>Cicatriz</em> se expresa que el mal &ldquo;es el grupo en s&iacute;. El sentido de pertenencia a un grupo siempre genera violencia&rdquo;. Al contrario de las moralejas, las historias buenas pueden salir &ldquo;de una historia simple&rdquo;, precisamente porque es la expresi&oacute;n, y no en el mensajito, donde descansa el poder del arte literario.</p>
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<p><strong>&ldquo;El valor de un texto literario est&aacute; en el lenguaje&rdquo;</strong></p>
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<p>Los libros de Mesa giran en torno a unas preocupaciones envueltas, a veces, en lenguaje cinematogr&aacute;fico: escena a escena, elipsis mediante, el conjunto gana ritmo. Los animales est&aacute;n casi siempre presentes y no faltan actitudes de relativa sumisi&oacute;n que acent&uacute;an cierta desigualdad natural entre los &iquest;semejantes? Los personajes sienten los embates de la culpa y est&aacute;n expuestos a uniones -amistosas y sentimentales- dif&iacute;ciles. En ocasiones, evidentemente diversas: la ni&ntilde;a Casi y el Viejo, en <em>Cara de pan</em>; la chica de &lsquo;Rhinozeros&rsquo; y el viejo Pierre; el Viejo enfrentado al hijo en <em>Un incendio</em>&hellip; Las personalidades resultan contradictorias y los hechos tambi&eacute;n. Los barrotes que a&iacute;slan, antes aludidos, son los mismos que, en otras circunstancias, brindan la libertad: &ldquo;&Uacute;nicamente quiero un hueco donde estar tranquilo, alguna celda, una habitaci&oacute;n de hospital, lo que sea; un lugar donde apoyar la cabeza y donde nadie me moleste&rdquo;, segundo relato de <em>No es f&aacute;cil ser verde</em>. En general, no faltan en torno a los personajes hechos desagradables, y existe la sensaci&oacute;n de que nunca se encaja del todo en ning&uacute;n sitio, tal vez ni dentro de uno. Algunos de sus t&iacute;tulos, m&aacute;s que novelas, son cuentos largos. El humor, casi siempre indirecto. Veamos un par de problemas matem&aacute;ticos, quiz&aacute; reflejo de otros existenciales, pero desdramatizados: &ldquo;Una mujer va a la carnicer&iacute;a a comprar un pollo de dos kilos. Despu&eacute;s de deshuesarlo y de quitarle las v&iacute;sceras, el pollo pesa 1.400 gramos. Si los huesos suponen las tres cuartas partes del peso de las v&iacute;sceras, cu&aacute;nto pesan las v&iacute;sceras. Y cuanto a los huesos. Aquellos problemas nos daban mucha risa&rdquo;, <em>Mala letra</em>. En <em>Agatha</em>: &ldquo;Copiad, ni&ntilde;os, copiad el siguiente problema: un hombre se ha casado tres veces, s&oacute;lo ha enviudado una, &iquest;c&oacute;mo puede ser esto? Tiene adem&aacute;s una hija propia y dos hijastros. El hombre (&hellip;) debe repartir el beneficio de manera proporcional entre sus familias seg&uacute;n el n&uacute;mero de miembros que la componen, dejando una parte para reinvertir en el propio negocio&rdquo;. Motivos, preocupaciones, que aparecen y reaparecen: la necesidad de ahogar en un barre&ntilde;o a unas cr&iacute;as de gata, en <em>Un amor</em>; lo mismo, en el mismo barre&ntilde;o, con unas de zorra, en <em>Agatha</em>. El internado de <em>Cuatro por cuatro</em> es al que va Rebecca, en <em>Agatha</em>. Un pensamiento recurrente es una obsesi&oacute;n. De ellas se nutre el arte creativo.</p>
<p>- En literatura qu&eacute; engancha: &iquest;las tramas o los temas?</p>
<p>- No s&eacute; qu&eacute; engancha ni me interesa especialmente enganchar. Para m&iacute; el valor de un texto literario no est&aacute; en la trama ni en el tema. Est&aacute; en el lenguaje, y esto no debe ser entendido como un aspecto formal, sino desde la consideraci&oacute;n del lenguaje como una herramienta de una riqueza humana incalculable. Es gracias al lenguaje como creamos emoci&oacute;n, humor, miedo, curiosidad&hellip;, no a partir de las tramas ni de los temas.</p>
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<p><strong>&ldquo;Si no hay implicaci&oacute;n personal, el texto puede ser perfecto pero carece de fuerza&rdquo;</strong></p>
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<p>El lenguaje cubre, al final, de luz las tramas y los temas porque el lenguaje inevitablemente significa, pero la literatura de Mesa es <em>literaria</em>. Su prioridad est&aacute; lejos de cualquier facilismo. Las obras comerciales y las de autor difieren, se&ntilde;alemos un caso, en la importancia que se otorga al destello artificial del argumento. En el caso de Mesa sus personajes leen, escriben. Mucho. Incluso se cuestionan acerca del lenguaje: &ldquo;Le imponen las palabras&rdquo;, &ldquo;Las palabras resuenan en su cabeza (&hellip;) &iquest;Tocar la cintura o acariciar la cintura?&rdquo; -<em>Un amor</em>-; &ldquo;El lenguaje no es &uacute;til, las palabras est&aacute;n adulteradas&rdquo; -<em>Cuatro por cuatro</em>-. Su &uacute;ltimo libro, <em>Silencio administrativo</em>, reproduce, para combatirlo, el lenguaje del poder p&uacute;blico.</p>
<p>- Supongo que hay varios tipos de no-ficci&oacute;n. &iquest;Es posible desarrollar este g&eacute;nero sin implicarse en lo que se cuenta?</p>
<p>- En mi opini&oacute;n, si no hay implicaci&oacute;n personal -es decir, un aut&eacute;ntico inter&eacute;s en aquello sobre lo que se escribe- el texto puede ser perfecto desde el punto de vista t&eacute;cnico, pero carece de fuerza.</p>
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<p><strong>&ldquo;A nadie le interesa nuestra vida: primera lecci&oacute;n b&aacute;sica para un escritor&rdquo;</strong></p>
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<p>- &iquest;Qu&eacute; distancia <em>Silencio administrativo</em> &ndash;o la no-ficci&oacute;n- del periodismo?</p>
<p>- En el caso de mi libro, nada. Lo entiendo como periodismo, sin matices. Es, de hecho, una cr&oacute;nica con algunos elementos del ensayo, pero fundamentalmente una cr&oacute;nica: se cuenta una parte de la realidad de la que se ha sido testigo. Pero por supuesto hay muchos otros tipos de no ficci&oacute;n, algunos de ellos muy alejados del periodismo.</p>
<p>- &iquest;En una reconstrucci&oacute;n caben licencias o, como dice Cercas, en cuanto el uno por ciento es ficci&oacute;n la obra se convierte en ficci&oacute;n?</p>
<p>- Caben licencias que mejoren la eficacia del libro sin alterar su veracidad. Yo cambi&eacute; el nombre de la protagonista, por ejemplo, para proteger su privacidad, y agrup&eacute; algunas personas y hechos para simplificar el complejo retrato que hago de la burocracia. Pero esto no convierte el libro en ficci&oacute;n ni mucho menos.</p>
<p>- <em>Silencio administrativo</em> no parece un libro de literatura del yo.</p>
<p>- No lo es.</p>
<p>- &iquest;Un libro de ficci&oacute;n puede ser egogr&aacute;fico?</p>
<p>- &iquest;Centrado en el yo? S&aacute;nchez Drag&oacute; asimila lo egogr&aacute;fico a lo autobiogr&aacute;fico y reconoce que esto ocurre en todos sus libros, incluidos los ensayos. En este sentido estar&iacute;a de acuerdo, tambi&eacute;n lo dice Alice Munro: toda literatura es autobiogr&aacute;fica, pero no en los hechos narrados, sino en lo subyacente a esos hechos, en cierta atm&oacute;sfera, digamos, emocional. El prefijo <em>ego-</em>, eso s&iacute;, suena mal. Una cosa son los libros autobiogr&aacute;ficos y otra los egoc&eacute;ntricos, los lectores perciben esta diferencia al instante. En mi opini&oacute;n, lo ideal es partir del yo para trascenderlo, no para quedarse ah&iacute;. A nadie le interesa nuestra vida: primera lecci&oacute;n b&aacute;sica para un escritor.</p>
<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2022/SARA_MESA_2.jpg" alt="" /></p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 14 Nov 2022 06:20:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La novelística de Almudena Grandes]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-novelistica-de-almudena-grandes/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2022/ALMUDENA_GRANDES.jpg" alt="" /><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <br /></strong></p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong>Sol&iacute;a contar Almudena Grandes que el &eacute;xito de ventas obtenido por <em>Las edades de Lul&uacute;</em> (1989) la hab&iacute;a sacado de redactora an&oacute;nima de entradas de Enciclopedia y Atlas y le permiti&oacute; dedicarse de lleno a la literatura. Era <em>Las edades de Lulu</em> una novela er&oacute;tica en la colecci&oacute;n de Tusquets<em> </em>&ldquo;La sonrisa vertical&rdquo;<em>,</em> que asesoraba Luis Garc&iacute;a Berlanga y que junto a las novelas de Mil&aacute;n Kundera permiti&oacute; el despegue econ&oacute;mico de la editorial Tusquets<em>,</em> empresa que mantenian a flote Beatriz de Moura y Toni L&oacute;pez Lamadrid. Es Tusquets editorial a la que Almudena Grandes siempre se mantuvo fiel y que ha sabido dotarse de unos pocos de siempre, como Luis Landero y Fernando Aramburu. Si <em>Las edades de Lul&uacute;</em> signific&oacute; sus inicios rompedores al retratar la sexualidad desinhibida de la conocida como movida madrile&ntilde;a, tanto las dos novelas que la siguieron, <em>Te llamare Viernes</em> (1991) y<em> Malena es un nombre de tango</em> (1994), afianzaron el que ser&iacute;a su propio estilo novel&iacute;stico en que m&aacute;s o menos expl&iacute;citos o declarados, Almudena Grandes iba a incorporar episodios autobiogr&aacute;ficos no presentados como tales, sino a la manera de fondo sobre el que armar la vida amorosa de una joven en la conocida como Transici&oacute;n espa&ntilde;ola. Estas dos novelas primerizas aunque menos logradas que lo ser&iacute;an las siguientes, anclaron ya las dos causas m&aacute;s fuertes de la alianza de Almudena Grandes con sus lectores: un fondo de autenticidad en que la narradora se sit&uacute;a, con sus protagonistas, al nivel de ellos y el decidido empe&ntilde;o a que aquello que cuenta, el mundo de sus novelas fuera representativo de muchos, es decir de la sociedad de su tiempo, recuperando el denostado (entonces lo era) realismo narrativo que hab&iacute;a tenido en maestros como Gald&oacute;s su tradici&oacute;n m&aacute;s cierta.<strong></strong></p>
<p>Almudena Grandes quiso quiz&aacute; hacer un gui&ntilde;o a su etapa de redactora de enciclopedias precisamente con una de sus mejores novelas, que me parece m&aacute;s sobresaliente de su primera etapa, la titulada <em>Atlas de Geograf&iacute;a humana</em><strong> </strong>(1998)<strong>. </strong>Lo primero que llama la atenci&oacute;n en el <em>Atlas</em> es su cuidada estructura, porque se trata al mismo tiempo, en su forma externa, de una novela coral, con cuatro protagonistas sucesivas que van alternado la narraci&oacute;n de su historia. Una vez nos adentramos en ella vemos que la estructura coral es tan solo aparente, porque en realidad la circunstancia de que todas las&nbsp; protagonistas compartan una misma edad (entre 35 y 40 a&ntilde;os) como la de compartir el mismo trabajo en una editorial de fasc&iacute;culos coleccionables, hace que este Atlas lo sea de una serie de continentes que est&aacute;n unidos por eso, por formar los cuatro una realidad &uacute;nica, que podr&iacute;amos definir como la historia de las crisis de la mujer burguesa liberada a la edad en que abandona la juventud. He dicho mujer burguesa <em>liberada</em>, porque es muy importante en esta novela ese hecho: ser&iacute;a inimaginable esta novela fuera de la sociedad en que vivimos o en una sociedad rural. Es una novela visiblemente urbana y de una clase social muy definida, la burgues&iacute;a media, en mujeres que trabajan fuera de casa y que tienen todas &ldquo;desarreglos&rdquo; sentimentales.<strong> </strong></p>
<p>El conjunto de historias entrelazadas en <em>Los aires dif&iacute;ciles</em> (2002) es m&aacute;s ambicioso tem&aacute;ticamente y el cuadro que logra dibujar se ha hecho m&aacute;s complejo: entran episodios de la historia de Espa&ntilde;a desde la guerra civil hacia ac&aacute;, hay un contenido social latente, que enfrenta, en la historia de Sara, una de las protagonistas, a los ganadores y los perdedores, como una especie de revancha &uacute;ltima de lo segundos; emerge asimismo el mundo de las nuevas estructuras familiares, nacidas de fracasos de la pareja tradicional, e incluso se narran las historias de un pelotazo financiero con fondo de corrupci&oacute;n pol&iacute;tica y una intriga de asesinato. Es m&aacute;s ambiciosa tem&aacute;ticamente y el cuadro que logra dibujar se ha hecho m&aacute;s complejo: entran episodios de la historia de Espa&ntilde;a desde la guerra civil hacia ac&aacute;, hay un contenido social latente, que enfrenta, en la historia de Sara, una de las protagonistas, a los ganadores y los perdedores, como una especie de revancha &uacute;ltima de lo segundos; emerge asimismo el mundo de las nuevas estructuras familiares, nacidas de fracasos de la pareja tradicional, e incluso se narran las historias de un pelotazo financiero con fondo de corrupci&oacute;n pol&iacute;tica y una intriga de asesinato.<strong> </strong></p>
<p>Considero que con <em>Los aires dif&iacute;ciles</em> cierra Almudena Grandes la que podr&iacute;amos llamar primera etapa de su novel&iacute;stica, y que la siguiente novela importante (luego de un intermedio en una pieza casi teatral titulada <em>Castillos de cart&oacute;n</em> (2004), titulada <em>El coraz&oacute;n helado</em> (2007) prepara, a modo de Pr&oacute;logo, y hasta se dir&iacute;a que sem&aacute;nticamente le pertenece, su proyecto literario m&aacute;s ambicioso, la serie de novelas que ha publicado bajo el t&iacute;tulo de <em>Episodios de una guerra interminable </em>&nbsp;formado por las novelas <em>In&eacute;s y la alegr&iacute;a</em> (2010), <em>El lector de Julio Verne</em> (2012), <em>Las tres bodas de Manolita</em> (2014), <em>Los pacientes del doctor Garc&iacute;a</em> (2017), <em>La madre de Frankenstein</em> (2020). La enfermedad que le trajo la muerte le advino cuando estaba redactando la &uacute;ltima novela del Proyecto, con el t&iacute;tulo <em>Mariano en el Bidasoa</em>. Esto lo sabemos porque desde la primera a la &uacute;ltima tras cada p&aacute;gina de cr&eacute;ditos venia otra p&aacute;gina con el t&iacute;tulo de todas las novelas de la serie.<strong></strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; He dicho que tal serie, que defino como segunda etapa de su novel&iacute;stica, muy cohesionada, quiz&aacute; se origin&oacute; en la que queda fuera de la serie pero que la anuncia, la titulada <em>El coraz&oacute;n helado</em> (2007) t&iacute;tulo que recoge el antetexto de Antonio Machado dirigido al ciudadano espa&ntilde;ol &ldquo;Una de las dos Espa&ntilde;a ha de helarte el coraz&oacute;n&rdquo;. Es una novela que se ha hecho anteceder tambi&eacute;n por este lema: &ldquo;Lo que diferencia al hombre del animal es que el hombre es un heredero y no un mero descendiente&rdquo;. Esta aguda reflexi&oacute;n de Ortega y Gasset, que Almudena Grandes ha tenido el acierto de situar como otro antetexto de su novela, sirve para situar su universo sem&aacute;ntico. Al haberlo hecho as&iacute;, <em>El coraz&oacute;n helado</em> que me parece una de sus mejores novelas, ha evitado los peligros que se cern&iacute;an sobre el argumento de la obra. Almudena Grandes los evita haciendo que la Guerra civil, siendo el tema principal, no sea tratado no en s&iacute; mismo, como novela de guerra, sino en la herencia que ha dejado sobre hijos y sobre todo, tal es el aspecto central de la novela, sobre los nietos de sus protagonistas, cuesti&oacute;n &eacute;sta de la herencia que nutrir&aacute; el eje sem&aacute;ntico central de todas las incluidas en <em>Episodios de una guerra interminable</em>.</p>
<p>La acci&oacute;n de <em>El coraz&oacute;n helado</em> discurre desde la Rep&uacute;blica de 1931 hasta 2006, y tan importante es lo que se cuenta de la historia pasada como lo que esa historia pesa todav&iacute;a sobre el presente. Pesa como herencia, y pesa como deuda, porque tambi&eacute;n se heredan las deudas. En un doble sentido. En el de la culpa y en el de la vindicaci&oacute;n, que es el doble eje sobre el que bascula la trama. En efecto, la culpa es inevitable, y Julio Carri&oacute;n, el formidable personaje padre del protagonista narrador, y motor de la novela, esconde la culpa de las fechor&iacute;as cometidas. Su hijo &Aacute;lvaro las va descubriendo y quiere liberarse a s&iacute; mismo de tal peso. Y en las memorables escenas finales de la novela, a su propia familia. Las fechor&iacute;as de su padre fueron posibles en una Espa&ntilde;a del miedo, en un contexto en que la venganza y la impunidad propiciaron la rapi&ntilde;a para con los bienes de republicanos huidos a Francia o Am&eacute;rica.</p>
<p>&nbsp;Junto a la culpa est&aacute; la otra herencia, la deuda contra&iacute;da con muchas gentes an&oacute;nimas, los perdedores de la contienda, y la necesidad de hacer justicia con ellos. Este se constituir&aacute; como n&uacute;cleo sem&aacute;ntico central de la serie <em>Episodios </em>que habr&iacute;a de seguir. Explica la otra perspectiva clave de la novela, la de Raquel, pero tambi&eacute;n explica su sentido de &ldquo;justicia po&eacute;tica&rdquo;, por la emoci&oacute;n con la que la autora ha sabido asumirla y decirla. Y vengo con esos rasgos al otro peligro que adelantaba y que Almudena Grandes ha sorteado de magn&iacute;fico modo. En vez de hacer una novela hist&oacute;rica al modo externo, pol&iacute;tico, de los grandes hechos o las batallas libradas, ha elegido mostrar las consecuencias de ella en las vidas de familias desdichadas, focalizarla desde dentro. Gald&oacute;s y Tosltoi son citados a trav&eacute;s de sus personajes en la novela (pag.174), pero el Gald&oacute;s de <em>Fortunata</em> y no el de los <em>Episodios</em>, y el Tolstoi de <em>Ana Karenina</em> y no el de <em>Guerra y Paz.</em> Y creo ver en ese detalle algo m&aacute;s que casualidad.</p>
<p>Veo en &eacute;l la clave de la opci&oacute;n que Almudena Grandes toma dentro del realismo y que informa del estilo y sentido mismo tanto de esta novela como de toda la Serie <em>Episodios de una guerra interminable</em>. Como se sabe, en la primera frase de <em>Ana Karenina</em> dej&oacute; inscrito Tolstoi todo un programa novelesco: las familias desdichadas lo son cada una a su manera. Y Almudena Grandes que viene defendiendo la novela del XIX, y la horma realista como modelos de su creaci&oacute;n, ha querido enfrentarse a lo que una escritora realista de su edad no tiene m&aacute;s remedio que sentir como un reto: contar la guerra y la posguerra en la forma como esa tragedia ha penetrado en vidas familiares, sobre todo de los perdedores de ella. Al elegir transformar el hecho &eacute;pico, la Guerra Civil en una tragedia en forma narrativa sobre las vidas de dos partes de una misma familia, con los mismos bisabuelos, Almudena Grandes ha sabido dar a la trama de la guerra civil el sesgo que mejor le ha convenido a la suerte de su venero narrativo: dramatizarse en las vidas particulares de las familias y de unos personajes que parecen (son originariamente) personas.</p>
<p>El otro ingrediente estil&iacute;stico clave en todas las novelas de la Serie <em>Episodios de una guerra interminable</em> dedicadas a la Guerra y sobre todo la larga posguerra, nace de la distinci&oacute;n entre persona y personaje que antes adelant&eacute;. El ep&iacute;logo gratulatorio de cada una de esas novelas resulta fundamental para su po&eacute;tica, porque va dando cuenta, junto a las deudas de amistad, de otras: enumera la autora a qui&eacute;nes les debe las historias reflejadas, se&ntilde;alando incluso las veces en que hay total invenci&oacute;n. Esto me parece fundamental: lo contado en estas novelas, las fechor&iacute;as cometidas, las pesadumbres (formidable la secuencia de penalidades del campo de Bacar&eacute;s en Francia, tambi&eacute;n la de la Divisi&oacute;n Azul y esa cotidianeidad nost&aacute;lgica y penosa de las fiestas parisinas en <em>L&rsquo;Humanit&eacute;</em> o luego la ida carcelaria de las mujeres republicanas presas en la c&aacute;rcel madrile&ntilde;a de Porlier en <em>Las bodas de manolita,</em> ocurri&oacute; a personas, con nombres y apellidos, que nunca van a figurar en libros de historia, pero que la sufrieron de un modo que contiene en s&iacute; mismo, por su densa humanidad (tr&aacute;gica y generosa, heroica y ruin, mendaz y confiada) el material m&aacute;s portentoso que un novelista de hoy tiene entre sus manos. Hay que saber contarlo, eso s&iacute;, y con Almudena Grandes ha ocurrido.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En <em>In&eacute;s y la alegr&iacute;a</em> se centra en un momento concreto del fin de la guerra, con la traici&oacute;n que los combatientes comunistas sufrieron por parte del propio Partido y sus dirigentes en el valle de Ar&aacute;n, donde una columna resist&iacute;a y planeaba un contrataque. Con <em>El lector de Julio Verne</em> segundo volumen de sus <em>Episodios de una Guerra Interminable</em>, entrega Almudena Grandes la que considero una de las mejores. La cualidad m&aacute;s evidente que mueve este juicio es que est&aacute; escrita con mucho cuidado de las proporciones. Es muy contenida; podr&iacute;a decir que se ha visto beneficiada de estar toda ella edificada sobre la mirada de Nino, el zagal protagonista y entonces no se comporta como novela r&iacute;o, sino que las distintas historias que habr&iacute;a sido posible incorporar, se han elidido, para concentrarse en la fundamental. Hay otro rasgo que considero decisivo en la fortuna literaria del libro. Contra lo que parece m&aacute;s evidente no es una novela sobre el maquis, la guerrilla que en distintas sierras de Espa&ntilde;a libraron republicanos escondidos nada m&aacute;s terminar la guerra civil que ha proporcionado una buena lista de precedentes. El m&aacute;s reciente <em>Donde nadie te encuentre</em> de Alicia Gim&eacute;nez Barlett; bastante a&ntilde;os antes dos que cabe situar tambi&eacute;n en primera l&iacute;nea, <em>Luna de lobos</em> de Julio Llamazares y <em>La agon&iacute;a del b&uacute;ho chico</em> de Justo Vila.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Almudena Grandes acude al gran tema del maquis como marco y contexto de lo que realmente su novela es: el aprendizaje de una conciencia. Narra la historia de tres a&ntilde;os en la vida de un ni&ntilde;o de diez a&ntilde;os, hijo de un Guardia Civil y de c&oacute;mo va descubriendo los secretos escondidos por los adultos que el silencio y el terror tiene ocultos. Pero es al mismo tiempo un homenaje a la literatura, porque Nino descubre el mundo de la novela y de c&oacute;mo la novela ense&ntilde;a que es posible la capacidad de los h&eacute;roes. De manera que en esta novela el t&iacute;tulo, <em>El lector de Julio Verne</em>, prevalece sobre el subt&iacute;tulo. Esta prevalencia de la mirada desde la conciencia de un ni&ntilde;o ha favorecido tambi&eacute;n una perspectiva hist&oacute;rica m&aacute;s interna que externa. Desde luego son muchas las cosas que se cuentan respecto a sucesos acaecidos realmente o bien inspirados en algunos semejantes y que relatan la dura vida de posguerra en Fuensanta de Martos, un pueblecito de Ja&eacute;n, pero se ve que Almudena Grandes se ha entusiasmado con esa mirada infantil, con la idea de descubrimiento, y tambi&eacute;n con un <em>leit motiv</em> poderoso que cabe situar en la urdimbre de la novela y le da ca&ntilde;amazo: lo que las cosas son por fuera no reflejan lo que son realmente por dentro.</p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;</strong><em>El lector de Julio Verne</em>&nbsp; se inscribe<strong> </strong>en la serie de novelas dedicadas a los maquis (guerrilleros que combat&iacute;an a Franco una vez terminada la guerra), y que cuenta con buenos ejemplos de Llamazares, Justo Vila y Gim&eacute;nez Bartlett. La de Almudena Grandes, que tiene un fondo real, metamorfoseado novel&iacute;sticamente en los guerrilleros de las sierras de Ja&eacute;n. La novedad es que el punto de vista predominante es el de los guerrilleros sino el del hijo de un guardia Civil, lo que permite ofrecer la complejidad perspectiv&iacute;stica de aquella tragedia y un homenaje a la lectura como forma mejor de liberaci&oacute;n. El lector encontrar&aacute; al final de la novela, cuando lea los Ap&eacute;ndices incluidos por la autora, la respuesta a una pregunta que se va haciendo a lo largo de toda la lectura de la novela anterior titulada <em>Las tres bodas de Manolita y que </em>narraba historias ocurridas en la c&aacute;rcel de mujeres de Porlier: &iquest;tiene sentido contarlo todo, y con tanto detalle? Ciertamente la dedicada la vida carcelaria resulto excesiva porque desata Almudena Grandes en ella su caracter&iacute;stica proverbial de narradora torrencial, de manera que <em>Las tres bodas de Manolita</em> contiene al menos tres o cuatro novelas. Trata muy diferentes asuntos que podr&iacute;an haber dado cada uno para una novela distinta. Incluso podr&iacute;a decirse que ya los lectores que lo hayan sido de <em>La voz dormida</em> de Dulce Chac&oacute;n se reencontrar&aacute;n con detalles de la vida carcelaria de los perdedores de la guerra, los lectores que siguieron <em>Las m&aacute;scaras del h&eacute;roe</em> de Juan Manuel de Prada encontrar&aacute;n otra versi&oacute;n de la figura enorme del arist&oacute;crata anarquista y escritor bohemio Antonio de Hoyos y Vinent, rescatado aqu&iacute; en sus d&iacute;as de hero&iacute;smo republicano. Incluso la figura del personaje de mote El Orejas que la novela deja claro haberse inspirado en la del comisario Roberto Conesa, trae situaciones parecidas a las que hemos le&iacute;do en <em>El d&iacute;a de ma&ntilde;ana</em> de Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n. Y podr&iacute;a seguir estableciendo relaciones, porque el final de la guerra civil y la posguerra es el territorio en el que decir algo nuevo, desde el punto de vista tem&aacute;tico, resulta casi imposible. Por tal cosa es importante el estilo, la manera de abordarlo.&nbsp; Aqu&iacute; es donde entra el sentido que Almudena Grandes ha querido darle a su novela y que gobierna toda la serie. En el fondo esta novela quiere ser la cr&oacute;nica sentimental de los perdedores en la medida que quiere rescatar unos hechos muy emocionantes todos, que al final, en los ap&eacute;ndices del libro, sabremos que han sido contados a Almudena Grandes por algunos de sus protagonistas, o que los ha le&iacute;do en fuentes que con honestidad revela.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Los pacientes del doctor Garcia</em> es quiz&aacute; la m&aacute;s compleja en cuanto a construcci&oacute;n de una trama, lo que motivo ser la m&aacute;s voluminosa de la serie. De esa complejidad da cuenta dos de sus singularidades respecto a las otras novelas del conjunto. Lo primero es la espacialidad. <em>In&eacute;s y la alegr&iacute;a</em> estaba reducida a dos espacios, el valle de Aran y las familias de exiliados comunistas en Tolouse. <em>El lector de Julio Verne</em> un pueblo de la serran&iacute;a de Jaen. <em>Las tres bodas de Manolita</em>, un espacio m&aacute;s reducido a&uacute;n, la c&aacute;rcel de mujeres de Porlier. Y un sanatorio psiqui&aacute;trico madrile&ntilde;o habr&iacute;a de ser el espacio de la &uacute;ltima, <em>La madre de Franquenstein.</em> La singularidad de <em>Los pacientes del doctor Garcia </em>&nbsp;es que es la &uacute;nica de la serie&nbsp; que se plantea la internacionalizaci&oacute;n de las conexiones del franquismo, tanto con el exterminio nazi, como con el colaboracionismo del General Per&oacute;n para acoger a los criminales alemanes, con conexiones en Espa&ntilde;a. Otro elemento es el uso de la trama de las falsas identidades, con todo un mundo de disfraces al calor de la conveniencia, prejuicios y beneficios que la corrupci&oacute;n del R&eacute;gimen franquista permiti&oacute; de modo c&oacute;mplice o que perpetro directamente. Aunque m&aacute;s extensa que la dedicada a la vida carcelaria, aquella en que su mayor extensi&oacute;n me ha parecido m&aacute;s justificada.</p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong>La que lleva por t&iacute;tulo <em>La madre de Frankenstein</em> me parece la mejor de las cinco novelas aparecidas de la serie <em>Episodios de una guerra interminable</em>, destronando a la que hasta ella era mi preferida, <em>El lector de Julio Verne</em> (2012). No resulta casual que, siendo ambas novelas largas, sean las dos en las que Almudena Grandes ha contenido m&aacute;s su proverbial gusto por la amplitud de los meandros narrativos, consciente como es de su habilidad de narradora nata, en la estirpe de la novela decimon&oacute;nica mal llamada realista. Como ocurre con las otras novelas de posguerra, Almudena Grandes trata diferentes asuntos de los dos a&ntilde;os en que se centra (1955-1956), la locura en el manicomio femenino de Ciempozuelos de Aurora Rodr&iacute;guez Carballeira, figura hist&oacute;rica que asesino a su brillante hija Hildegart, suceso que ha recibido tratamientos literarios anteriores tanto de Fern&aacute;n G&oacute;mez y Rafael Azcona como de Fernando Arrabal. Hay una opci&oacute;n real de Grandes por separarse de estos precedentes, y de hecho se interesa mucho por la personalidad de la enferma, m&aacute;s all&aacute; del caso del asesinato. Traza una excelente figura, a la que concede pasajes muy logrados como narradora, dotada de un discurso peculiar, nada f&aacute;cil de representar. Junto a ella sobresalen los otros dos narradores: la auxiliar de enfermer&iacute;a Mar&iacute;a Castej&oacute;n, con la que Almudena Grandes homenajea la Fortunata galdosiana, y el psiquiatra Germ&aacute;n Vel&aacute;zquez que como profesional modernizador de la psiquiatr&iacute;a espa&ntilde;ola adeuda mucho a la figura de Carlos Castilla del Pino, cuyos dos excelentes libros autobiogr&aacute;ficos denunciaron los d&eacute;ficits por los que una autarqu&iacute;a profundamente ideologizada hab&iacute;a mantenido aislada a la psiquiatr&iacute;a espa&ntilde;ola durante la posguerra. Junto a Vel&aacute;zquez hay otros dos personajes que gran inter&eacute;s, como son el psiquiatra homosexual, Eduardo M&eacute;ndez y Jos&eacute; Luis Robles, quien jug&oacute; bazas pol&iacute;ticas posibilistas. Los contextos de la indigencia radical de las enfermas, pero tambi&eacute;n la pol&iacute;tica siniestra del nacionalcatolicismo permite a Almudena Grandes una radiograf&iacute;a critica que no disimula nada su militancia (nunca lo hace Almudena Grandes) pero lo enriquece con figuras de gran calado humanista como la monja hermana Bel&eacute;n, superiora del manicomio, cuya complicidad con Vel&aacute;zquez proporciona uno de los momentos &aacute;lgidos de la novela, mostrando el camino de como el humanismo pod&iacute;a defenderse tanto desde la laicidad como desde la piedad religiosa. Como contrafiguras la hermana Anselma y el padre Armenteros protagonizan cruzadas imp&iacute;as que dejan helado el coraz&oacute;n del lector.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;Los <em>flash back</em> narrativos que recorren la vida en el exilio suizo del German Vel&aacute;zquez permiten a Almudena Grandes adentrarse en la excelente figura del psiquiatra jud&iacute;o alem&aacute;n Samuel Goldstein, quien es maestro y mentor de Vel&aacute;zquez, pero cuya trama familiar proporciona excelentes p&aacute;ginas de la vida de los jud&iacute;os exiliados de Alemania y la dif&iacute;cil supervivencia del laicismo de Goldstein frente su mujer e hijas, cuando la tragedia del Holocausto se cierne sobre ellos. <em>La madre de Frankenstein</em> ejecuta una doble condici&oacute;n de estilo en que Almudena Grandes reina: el trazado de los personajes; es una novelista de personajes y ambientes, propiamente galdosiana por ello</p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <strong>Universidad de Murcia. Mayo 2022</strong></p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 14 Nov 2022 06:15:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Traducir en España, hoy]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/traducir-en-espana-hoy/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2022/Carlos_Fortea500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Qu&eacute; tentaci&oacute;n tan fuerte, parafrasear a Larra: "Traducir en Espa&ntilde;a es llorar&hellip;", pero hay quien opina que Larra nunca dijo la frase original, as&iacute; que podr&iacute;amos ahorrarnos la cita. Y adem&aacute;s no queremos llorar. Si acaso, queremos protestar. Sin duda queremos reivindicar. Y, por encima de todo, queremos traducir.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A lo largo de las p&aacute;ginas que siguen, tratar&eacute; de dar un poco de contorno a las frases gen&eacute;ricas del primer p&aacute;rrafo, y advierto de antemano que lo que viene a continuaci&oacute;n va ser tan solo en parte una exposici&oacute;n de hechos, porque tambi&eacute;n tiene que serlo de derechos, y no puede, jam&aacute;s, dejar de serlo de aspiraciones, placeres y deseos. Estamos hablando de literatura.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Empecemos por los hechos. Tal vez, antes de entrar en disquisiciones, sea bueno ofrecer algunas cifras: seg&uacute;n la &uacute;ltima edici&oacute;n de la <em>Panor&aacute;mica de la edici&oacute;n espa&ntilde;ola de libros</em> que edita el Ministerio de Cultura, correspondiente a 2019, se publicaron en ese a&ntilde;o en nuestro pa&iacute;s 13.211 libros traducidos, que, a pesar de significar un descenso importante respecto a a&ntilde;os anteriores (en 2017 hab&iacute;an llegado a publicarse casi 19.000), representaron cerca del 15% del total de los libros publicados. Como siempre, el ingl&eacute;s como lengua de origen represent&oacute; cerca de la mitad de ese volumen.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero las cifras siempre son fr&iacute;as&hellip; si no se complementan o se interpretan. Puede ser interesante, por ejemplo, a&ntilde;adir que en el &aacute;mbito de la literatura infantil y juvenil las traducciones ascendieron al 27% de los t&iacute;tulos (el 47 en 2017), en creaci&oacute;n literaria el 17%, en el sector llamado "Tiempo libre" nada menos que el 35. Tal vez no sea aventurado decir que un n&uacute;mero importante de los lectores espa&ntilde;oles pasa su tiempo de ocio y ocio formativo en la silenciosa compa&ntilde;&iacute;a de los traductores.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hay m&aacute;s: seg&uacute;n el <em>Informe sobre el valor econ&oacute;mico de la traducci&oacute;n editorial</em> publicado por ACE Traductores, con el patrocinio del Ministerio de Cultura y CEDRO, en 2017, el peso en el sector de ese abultado n&uacute;mero de vol&uacute;menes no es en absoluto neutro: a ese quince por ciento le corresponder&iacute;a m&aacute;s de un treinta por ciento de la facturaci&oacute;n en el sector de ocio. Casi todos los grandes superventas que se leen en Espa&ntilde;a son libros traducidos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Parecer&iacute;a que a semejante peso industrial y econ&oacute;mico tendr&iacute;a que corresponder, de forma natural, una fuerte presencia de los traductores y las traductoras en el sector y en el proceso editorial, y sin embargo, en este caso no hace falta recurrir a datos para constatar que, en realidad, son los grandes ausentes. Aunque cada vez son m&aacute;s las editoriales que han sacado sus nombres desde las portadas a las cubiertas de los libros, aunque algunas incluso (muy, muy pocas), de manera heroica, reproduzcan sus fotos y breves curr&iacute;culos en las solapas, sigue siendo frecuente que las rese&ntilde;as no recojan su nombre, las prepublicaciones aparezcan sin &eacute;l y las cr&iacute;ticas solo se acuerden de su existencia cuando por alg&uacute;n motivo encuentran objeciones a su trabajo. Es en esos momentos cuando los profesionales tienen que soportar la m&aacute;s hiriente de las cr&iacute;ticas: "en la p&aacute;gina 254&hellip;", esa cr&iacute;tica hiriente porque ignora que el error puntual no descalifica un trabajo bien hecho, sino que certifica que ha sido llevado a cabo por un ser humano.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Porque quisiera remediar esa ausencia, voy a pedir permiso a los lectores para presentarles a las traductoras espa&ntilde;olas (la profesi&oacute;n es en estos momentos abrumadoramente femenina), muy alejadas en los tiempos que corren de lo que fue la traducci&oacute;n en Espa&ntilde;a en sus or&iacute;genes: tiempos en que la profesi&oacute;n la ejerc&iacute;an personas que hab&iacute;an llegado a ella por supervivencia, despu&eacute;s de haber adquirido la lengua como producto de emigraci&oacute;n,&nbsp; exilio o incluso&nbsp; cautiverio. Tiempos en que doctos profesores traduc&iacute;an de las lenguas cl&aacute;sicas, y escritores angustiados por llegar a fin de mes traduc&iacute;an de las lenguas modernas con el objetivo de completar sus exiguos ingresos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No estamos hablando de un pasado remoto en t&eacute;rminos hist&oacute;ricos. Pr&aacute;cticamente solo en el siglo XX la traducci&oacute;n empieza a profesionalizarse, a la par del desarrollo de una industria editorial digna de tal nombre,&nbsp; en un largo camino que pasa por los tiempos de gran expansi&oacute;n anteriores a la guerra civil, el baj&oacute;n posterior a la misma, el renacer de la industria y del oficio a partir de los a&ntilde;os sesenta del siglo XX y su total consolidaci&oacute;n profesional a partir de los a&ntilde;os setenta y ochenta.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En los a&ntilde;os veinte y treinta del siglo pasado, en lo que con justicia se ha dado en llamar la Edad de Plata, el desarrollo de iniciativas editoriales como la fundaci&oacute;n de la editorial Calpe y la Compa&ntilde;&iacute;a Hispanoamericana de Publicaciones dan alas a la curiosidad por la literatura extranjera y, por consiguiente, a la traducci&oacute;n. Son a&ntilde;os de nombres que est&aacute;n en nuestra historia, y que son al cincuenta por ciento de hombres y de mujeres:&nbsp; Mar&iacute;a Mart&iacute;nez Sierra, Rafael Cansinos Ass&eacute;ns, Carmen Gallardo, Wenceslao Roces, Isabel Oyarz&aacute;bal, Enrique D&iacute;ez Canedo, Zenobia Camprub&iacute;&hellip; Algunos de ellos han pasado a la historia por el resto de sus actividades culturales, pero todos, todas, ejercieron la traducci&oacute;n de un modo tan profesional como era posible en aquel momento.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tras la Guerra Civil la traducci&oacute;n espa&ntilde;ola se va, con los traductores, al otro lado del Atl&aacute;ntico (con algunos hitos considerables: Carlos Gerhard traduce desde M&eacute;xico <em>El tambor de hojalata</em>,&nbsp; Rosa Chacel <em>La peste)</em>, se suma a los colegas de la otra orilla del espa&ntilde;ol, y solo poco a poco va resurgiendo en el territorio peninsular, en condiciones a&uacute;n m&aacute;s precarias que antes de la guerra, a las que hay que a&ntilde;adir la losa de la censura franquista, tanto en t&eacute;rminos de prohibici&oacute;n -es decir, lo que no se traduce, v&eacute;anse los textos mencionados arriba- como de mutilaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Durante estos a&ntilde;os, la figura central en la pen&iacute;nsula es probablemente Consuelo Berg&eacute;s, una de las grandes intelectuales de la Rep&uacute;blica. Devuelta a Espa&ntilde;a por los nazis cuando trataba de escapar, Berg&eacute;s se dedic&oacute; a la traducci&oacute;n, y nos dej&oacute; obras fundamentales de la cultura francesa, pero no solo se dedic&oacute; al oficio desde el punto de vista intelectual y art&iacute;stico, sino que fue una de las primeras traductoras empe&ntilde;adas en la defensa de los derechos de la profesi&oacute;n, incluyendo entre ellos la reivindicaci&oacute;n del derecho de autor. En fecha tan temprana como 1954, funda con su compa&ntilde;era Marcela de Juan la Asociaci&oacute;n Profesional Espa&ntilde;ola de Traductores e Int&eacute;rpretes, la primera en su g&eacute;nero, que dar&aacute; origen a todas las dem&aacute;s. En 1956, es la primera profesional en ganar el reci&eacute;n creado premio p&uacute;blico "Fray Luis de Le&oacute;n", antecedente de los actuales Premios Nacionales de Traducci&oacute;n.</p>
<p>No ser&aacute; hasta los a&ntilde;os sesenta, con la escasa apertura del r&eacute;gimen dictatorial -o con los inicios de su descomposici&oacute;n- cuando la literatura traducida vuelva a tener carta de naturaleza en la pen&iacute;nsula. Son los tiempos de Seix Barral y de la apertura al exterior, que ir&aacute; consolid&aacute;ndose hasta hacer de Espa&ntilde;a una aut&eacute;ntica potencia traductora, con un peso dentro del sector que llegar&aacute; a rondar el 25% de los t&iacute;tulos,&nbsp; cerca del 45% en el sector de la literatura infantil y juvenil, en algunos a&ntilde;os. No es menor decir que, en esa &eacute;poca, la mitad de la experiencia lectora de los m&aacute;s j&oacute;venes, los espa&ntilde;oles que ahora tienen entre treinta y cuarenta a&ntilde;os,&nbsp; fue una experiencia intercultural. A veces no nos damos cuenta de que lo que leen nuestros hijos es la primera puerta a un mundo m&aacute;s rico y m&aacute;s complejo.</p>
<p>Desde el punto de vista de la profesi&oacute;n, tiene una especial relevancia la escisi&oacute;n en 1983 de la asociaci&oacute;n profesional anteriormente mencionada que da lugar a ACE Traductores, la asociaci&oacute;n que actualmente agrupa de forma mayoritaria a los traductores editoriales espa&ntilde;oles.</p>
<p>Es importante se&ntilde;alar que no se trata de una escisi&oacute;n causada por guerras de poder ni por otros motivos espurios, sino por una causa perfectamente objetivable: los traductores editoriales se daban cuenta de que sus problemas profesionales cada vez ten&iacute;an menos que ver con los de sus colegas de otros sectores, como los que trabajaban para agencias de traducci&oacute;n o despachos de abogados. El traductor editorial manejaba par&aacute;metros distintos, desde la forma de los contratos hasta la cuesti&oacute;n de los derechos morales y patrimoniales; los traductores editoriales generaban un producto comercializable, que se distribu&iacute;a y se vend&iacute;a por canales propios, y quienes plantearon las necesidades derivadas de esas diferencias apreciaron el hecho de que, lejos de ser &uacute;nicas de su colectivo, afectaban tambi&eacute;n o se parec&iacute;an mucho a las del colectivo profesional de los escritores.</p>
<p>Por eso, la nueva asociaci&oacute;n no nace como un ente independiente, sino que busca acomodo dentro de la Asociaci&oacute;n Colegial de Escritores, que hab&iacute;a sido fundada en 1976 y que en ese momento acoge a los traductores editoriales en lo que se llam&oacute; Secci&oacute;n Aut&oacute;noma de Traductores de Libros de la Asociaci&oacute;n Colegial de Escritores, que con el paso del tiempo simplific&oacute; su nombre con la actual denominaci&oacute;n, ACE Traductores.</p>
<p>Aquel nombre originario ten&iacute;a numerosas implicaciones. Esquivaba con plena conciencia la denominaci&oacute;n "traductor literario", que solo conduc&iacute;a al est&eacute;ril debate de qu&eacute; es y qu&eacute; no es literatura, y asentaba la idea, sensu contrario, de que los traductores de cualquier clase de libro -los traductores editoriales- eran escritores, como acabar&iacute;a poco despu&eacute;s plasmado en la Ley de Propiedad Intelectual de 1987.</p>
<p>A la cabeza de aquel movimiento volv&iacute;a a estar una mujer, Esther Ben&iacute;tez, personaje clave de la cultura de los noventa, agitadora cultural, defensora incansable de los derechos profesionales, y la rodeaban todos los grandes nombres que encarnaron la definitiva consolidaci&oacute;n del oficio de traductor de libros en nuestro pa&iacute;s, desde Salustiano Mas&oacute; hasta Emma Calatayud, desde Mar&iacute;a Luisa Balseiro hasta Mauro Armi&ntilde;o, desde&nbsp; Jos&eacute; Luis L&oacute;pez Mu&ntilde;oz hasta Mar&iacute;a Teresa Gallego, desde Consuelo Berg&eacute;s hasta Francisco Torrres Oliver, por mencionar algunos de los 44 socios fundadores.</p>
<p>Como suele decirse en estos casos, el resto es historia. En 1992, la traducci&oacute;n se convert&iacute;a en licenciatura universitaria, despu&eacute;s de haber vagado mucho tiempo por el limbo acad&eacute;mico de las escuelas universitarias de Granada y Barcelona y el Instituto de Traductores de la Complutense, de donde salieron tantos nombres importantes.&nbsp; Hoy, son m&aacute;s de una veintena las universidades que ofrecen lo que hoy es grado en Traducci&oacute;n, y en casi todas hay tambi&eacute;n posgrados, no pocos de ellos en la especialidad editorial. Cuando, el 25 de noviembre de 2012, la Real Academia Espa&ntilde;ola incluye entre sus miembros de n&uacute;mero a Miguel S&aacute;enz,&nbsp; traductor de G&uuml;nter Grass, de Thomas Bernhard, de Bertolt Brecht, de Kafka, y el diario El Pa&iacute;s titula: "La traducci&oacute;n ingresa en la Academia", es ese un titular al que solo le falta el suspiro de decir: "Por fin".&nbsp; Con ese punto culminante se cerraba una &eacute;poca de grandes maestros, que siguen en activo, pero no la de una constante reivindicaci&oacute;n, todav&iacute;a insatisfecha: el lugar en la historia de la literatura de los traductores y traductoras espa&ntilde;oles. &iquest;Qui&eacute;n puede concebir nuestras letras hoy sin el peso espec&iacute;fico de las que han llegado desde m&aacute;s all&aacute; de nuestras fronteras, a hombros de traducci&oacute;n? Editoriales enteras fundan sus cat&aacute;logos sobre los pilares de las otras lenguas, y es posible que durante d&eacute;cadas la propia literatura espa&ntilde;ola haya fundado su desarrollo sobre la influencia de las ideas venidas de fuera, tras el largo per&iacute;odo de especial sequ&iacute;a, de especial aislamiento, del franquismo. Y sin duda no se ha correspondido con el peso espec&iacute;fico de los traductores.</p>
<p>Pero yo iba a hablarles de los profesionales que ejercen el oficio en Espa&ntilde;a hoy, las hijas e hijos de una historia de cambios culturales, industriales y legales, las nietas y nietos de las &uacute;ltimas generaciones de profesionales hechos en la profesi&oacute;n, personas que practicaban la traducci&oacute;n cuando la traductolog&iacute;a a&uacute;n se estaba escribiendo.</p>
<p>El panorama actual tiene poco y mucho que ver con todo aquello. Poco, porque entretanto lo que era una profesi&oacute;n exclusivamente libre y autodidacta se ha convertido tambi&eacute;n, ya lo dec&iacute;amos, en una carrera universitaria, y se trata de un cambio fundamental, que se ir&aacute; haciendo cada vez m&aacute;s patente. Mucho, porque la relaci&oacute;n del traductor editorial con su cliente, el editor, sigue, por desgracia, teniendo m&aacute;s que ver con el pasado que con el futuro, su posici&oacute;n dentro del mundo de la cultura continua siendo subordinada, su visibilidad muy reducida.</p>
<p>&iquest;Qui&eacute;nes son hoy nuestros colegas? De los estudios sobre el sector elaborados en&nbsp; 2010 y&nbsp; 2016, tanto de los datos que contienen como de la evoluci&oacute;n de uno a otro y su consiguiente proyecci&oacute;n al presente, deducimos que hoy el traductor-tipo en Espa&ntilde;a son una mujer en la madurez, con estudios superiores, que comparte espacio, en un porcentaje ligeramente superior, que a&uacute;n no llega al 60-40, con un hombre ya entrado en a&ntilde;os, tambi&eacute;n con estudios superiores.</p>
<p>&iquest;Por qu&eacute; entonces dec&iacute;amos antes que pronto hablar&iacute;amos de traductoras? Porque el porcentaje de relevo se inclina claramente a favor de ellas. En las facultades de traducci&oacute;n, la presencia femenina en las aulas supera de largo el 80%, y los estudios dicen que en 2016 los graduados y graduadas en Traducci&oacute;n representaban ya el 30% de los traductores editoriales. Si el relevo proviene de las aulas, como as&iacute; es, no hace falta ser mago ni vidente para pronosticar que, a ese ritmo de afluencia, ese porcentaje no har&aacute; m&aacute;s que aumentar en el futuro pr&oacute;ximo.</p>
<p>Si nos preguntamos a qu&eacute; profesi&oacute;n se asoman,&nbsp; nos encontraremos con que la traducci&oacute;n de libros ya no se trata en absoluto de una profesi&oacute;n complementaria, pero sigue sin ser un oficio del que sea posible vivir sin dificultad. El &uacute;ltimo estudio publicado dice que los traductores que se dedican en exclusiva a traducir y que, a su vez, solo traducen libros, no llegan al 10% del total de los profesionales del sector. Sin duda influyen muchos factores de distinto tipo: el primero y principal, por supuesto, la persistencia de unas tarifas bajas, el peque&ntilde;o papel que se atribuye a la traducci&oacute;n en el reparto de "la tarta" del valor del libro. Sin unas tarifas que, al menos, sigan el paso al coste de la vida, sin unas tarifas que reconozcan el grado creciente de profesionalizaci&oacute;n, las exigencias de capacitaci&oacute;n, la necesidad de formaci&oacute;n continua, no es f&aacute;cil pensar en vivir de la traducci&oacute;n. Hay otros factores colaterales: el car&aacute;cter espasm&oacute;dico del mercado privilegia la prisa sobre la organizaci&oacute;n -y no digamos sobre la calidad-, para un traductor que se dedique exclusivamente a traducir libros resulta muy dif&iacute;cil compaginar los distintos encargos de forma racional, para que se sucedan unos a otros y aseguren ingresos a lo largo del a&ntilde;o. Salvo aquellos que se dedican de forma regular a traducir colecciones seriadas -y estos son muy pocos-, las colegas, los colegas, tienen dificultades muy importantes para estar seguros de que cobrar&aacute;n algo todos los meses, o al menos cada dos. Vivir acaba siendo, adem&aacute;s de un problema de trabajo, un serio problema de organizaci&oacute;n.</p>
<p>Esto, que podr&iacute;a complementarse con la participaci&oacute;n en los derechos de autor, se revela quim&eacute;rico: dado que no superan el 1% del valor del libro (porcentaje que se reduce al 0,5% cuando las editoriales esperan el &eacute;xito), dado que no logramos establecer de forma general porcentajes m&aacute;s altos cuando se trata de obras de dominio p&uacute;blico, en la gran mayor&iacute;a de los ocasiones los derechos de autor acaban siendo para los traductores una mera hip&oacute;tesis de trabajo. Es hora de plantear un sistema distinto, que tenga en cuenta el momento en que el libro empieza realmente a dar beneficios, y por tanto a pensar en repartirlos. Si no se incrementan las tarifas, tal vez deber&iacute;amos avanzar hacia un sistema de participaci&oacute;n en beneficios a partir de un cierto n&uacute;mero de miles de ejemplares vendidos, una vez que el libro ha superado la frontera de la rentabilidad. No tiene sentido que los creadores, los que est&aacute;n en el arranque de la cadena del libro, acepten para siempre ser los &uacute;ltimos y m&iacute;nimos beneficiarios de una industria que, no nos enga&ntilde;emos, es rentable.</p>
<p>Pero har&iacute;amos un flaco favor a la profesi&oacute;n si nos limit&aacute;ramos a los n&uacute;meros y no habl&aacute;ramos de la decisiva importancia cultural del oficio. Como ya hemos anticipado l&iacute;neas atr&aacute;s, Espa&ntilde;a no solo es una potencia editorial, es una potencia traductora. Y eso quiere decir que a los lectores espa&ntilde;oles ya raras veces se les escapa nada de lo importante que se escribe fuera en las grandes lenguas de&nbsp; cultura (entendiendo por tales, en t&eacute;rminos editoriales, aquellas que conjugan un ingente n&uacute;mero de hablantes con un sector editorial muy desarrollado). Pero es que, adem&aacute;s, en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas el sector editorial ha vuelto sus ojos, con muy buen criterio, a otras lenguas de menos difusi&oacute;n y conocimiento: por ejemplo, de la mano del boom de la policiaca escandinava ha sido la literatura escandinava en general la que ha visto c&oacute;mo se le abr&iacute;an las puertas del espa&ntilde;ol, dejando atr&aacute;s la &eacute;poca de los esfuerzos heroicos de Francisco &Uacute;riz para dar paso a una nueva generaci&oacute;n de traductoras, con nombres como Neila Garc&iacute;a Salgado, la m&aacute;s joven ganadora del Premio Nacional en toda la historia del galard&oacute;n, por una traducci&oacute;n de la poes&iacute;a de Edith S&ouml;dergran.&nbsp; El portugu&eacute;s ha ocupado por fin el lugar que merece en nuestro panorama, las literaturas del Este de Europa multiplican su presencia, con una especial preponderancia de la rumana, el turco llega en nombres cada vez m&aacute;s variados, las literaturas &aacute;rabes ven igualmente incrementada su presencia. Sin duda quedan muchas asignaturas pendientes, pero la red se extiende. Un dato: de los &uacute;ltimos 21 premios Nobel, solo uno no hab&iacute;a sido traducido previamente al espa&ntilde;ol. El sector est&aacute; alerta. Acabaremos llegando a todas partes.</p>
<p>Viniendo de donde ven&iacute;amos, no es menos importante la labor de rescate del pasado que se ha venido llevando a cabo en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Ten&iacute;amos una deuda con los autores que se hab&iacute;an publicado en ediciones cercenadas por la mano de la censura y, en ocasiones, por la mano de editores que se permit&iacute;an abreviar los textos, e incluso con los libros todav&iacute;a traducidos por lengua interpuesta,&nbsp; pero ya contamos con ediciones que son aut&eacute;nticos hitos de la recuperaci&oacute;n, desde la traducci&oacute;n de <em>Los miserables </em>de Mar&iacute;a Teresa Gallego Urrutia hasta la traducci&oacute;n de Anna Karenina de V&iacute;ctor Gallego, desde las fundamentales ediciones de Thomas Mann a cargo de Isabel Garc&iacute;a Ad&aacute;nez hasta <em>El doctor Zhivago</em> de Marta Reb&oacute;n. Jane Austen recupera un brillo nuevo de la mano de Jos&eacute; Luis L&oacute;pez Mu&ntilde;oz, Salvador Pe&ntilde;a acomete la empresa de una nueva traducci&oacute;n de <em>Las mil y una noches</em>. Estamos ya pagando las deudas heredadas de un pasado peor (y no por culpa de nuestros colegas, sino del pa&iacute;s en el que les toc&oacute; vivir).</p>
<p>No podemos dejar de mencionar la importancia que tiene, en ese contexto, la recuperaci&oacute;n de t&iacute;tulos que est&aacute;n llevando a cabo las otras lenguas oficiales del Estado espa&ntilde;ol. Por las mismas razones, el sector ven&iacute;a de un espacio repleto de vac&iacute;os. Faltaban muchos t&iacute;tulos de la literatura universal tanto en euskera como en gallego (tal vez algo menos en catal&aacute;n), y es una laguna que se est&aacute; cerrando, con una lentitud proporcional a la magnitud de la tarea, pero con un esfuerzo constante y valioso. De la misma manera es preciso mencionar la importancia de la traducci&oacute;n entre lenguas peninsulares. Autores como Jaume Cabr&eacute;, Manuel Rivas o Bernardo Atxaga encuentran su primer mercado en el espa&ntilde;ol, y lo hacen de la mano de la traducci&oacute;n.</p>
<p>Pero har&iacute;amos mal en centrarlo todo en preguntarnos solo por el papel transmisor de la traducci&oacute;n -lo que le asignar&iacute;a un papel subsidiario, y sin duda lo tiene, pero no es ni de lejos el &uacute;nico-, y no preguntarnos por su papel intr&iacute;nseco como g&eacute;nero, por su valor como literatura. Porque no tantas veces nos detenemos a plante&aacute;rnoslo de manera abierta. Es ya un lugar com&uacute;n aceptar la autor&iacute;a de los traductores, ya nadie discute que la traducci&oacute;n es una obra nueva, que se independiza de su original. Una obra personal, distinta de la que otro creador habr&iacute;a producido a partir de ese mismo original. Una obra que genera versiones en el tiempo de otra anterior, nuevas vidas de un texto. Pero no extraemos las consecuencias realmente ontol&oacute;gicas que de ello se derivan.</p>
<p>Consecuencias como esta: &iquest;Es la traducci&oacute;n un g&eacute;nero literario? Sin lugar a dudas, s&iacute;. No soy el &uacute;nico que lo cree. Lo han hecho, antes que yo, nombres tan destacados como Marcelo Cohen, traductor argentino, que afirma en 2019: &ldquo;La traducci&oacute;n es un g&eacute;nero literario. Un libro se traduce dentro de la historia de lo traducido a la lengua de llegada&rdquo;; o como Miguel Mart&iacute;nez-Lage, traductor espa&ntilde;ol, que dec&iacute;a en 2008: &ldquo;La traducci&oacute;n es un g&eacute;nero literario. La &uacute;nica diferencia respecto al escritor es que yo me ahorro los dolores del parto que conlleva la invenci&oacute;n. El escritor y el traductor trabajan en el mismo plano, el de la lengua&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Vamos a detenernos un poco en cada una de esas afirmaciones. Me parece especialmente interesante la de Marcelo Cohen, porque entronca con algo que me ha preocupado durante mucho tiempo. Un libro se traduce dentro de la historia de lo traducido, es decir, dentro de la historia de la literatura de destino. Los libros traducidos no son cuerpos extra&ntilde;os que circulan por v&iacute;as paralelas a la literatura propia, sino libros que, con su traducci&oacute;n, pasan a formar parte de las literaturas nacionales, en dos formas distintas: en s&iacute; mismos, en tanto que obras terminadas, y, sobre todo, en t&eacute;rminos de influencia en la literatura de destino. Si Proust no se hubiera traducido nunca al espa&ntilde;ol, la historia de la literatura espa&ntilde;ola del siglo XX no habr&iacute;a sido la misma. Si Faulkner no hubiera sido traducido al espa&ntilde;ol, el boom de la literatura latinoamericana de los a&ntilde;os sesenta y setenta tal vez nunca habr&iacute;a tenido lugar.</p>
<p>Pero est&aacute;bamos diciendo que la traducci&oacute;n es un g&eacute;nero. &iquest;Por qu&eacute; un g&eacute;nero? Entendemos que un g&eacute;nero re&uacute;ne una serie de caracter&iacute;sticas, mientras que la traducci&oacute;n incorpora rasgos de todos ellos. Pero los tiene propios, y muy definidos: es un g&eacute;nero puramente verbal, en la medida de sus capacidades, puesto que trata de no alterar unos contenidos predeterminados. Esto es lo que dec&iacute;a Mart&iacute;nez-Lage: el traductor se ahorra la pesadilla del papel en blanco. Es un g&eacute;nero dependiente, porque incluso su capacidad de creaci&oacute;n verbal tiene que ajustarse en cada momento a las prescripciones del original, hasta el extremo de que un texto debe, idealmente, no solo ser igual de rico que el original, sino igual de pobre si el original lo es. Es un g&eacute;nero caracterizado por la precisi&oacute;n, por la exactitud incluso; el autor de obra propia es libre de escoger una palabra o cambiarla por otra, emplear un t&eacute;rmino de especialidad o no; el traductor <em>tiene</em> que&nbsp; encontrar en cada momento la palabra exacta que corresponde a la exacta necesidad que se le plantea. Y es un g&eacute;nero metam&oacute;rfico, que mantiene las caracter&iacute;sticas del original a pesar de transformarlas por completo, como sucede en el caso de la traducci&oacute;n de poes&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero, si esto es as&iacute;, tenemos que empezar a preguntarnos por el lugar que cada uno de los ejemplares de este g&eacute;nero ocupa no solo como veh&iacute;culo, sino como obra. Es un lugar com&uacute;n que ese espacio es tan solo un lugar temporal: de forma en apariencia misteriosa, frente a la juventud eterna de los originales, las traducciones envejecen y mueren.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No es este el lugar para discutir por qu&eacute;, pero s&iacute; para poner de relieve la excepci&oacute;n en lo que es una regla general. Porque hay traducciones que tardan m&aacute;s que otras en morir, y si eso sucede es porque logran ocupar un lugar como obra propia. Hay versiones de los cl&aacute;sicos que perduran durante d&eacute;cadas, no meramente en t&eacute;rminos de que no haya otras, sino de vigencia entre los lectores -hay otras traducciones que no perduran aunque no sean sustituidas-; hay textos que alcanzan un nivel de autonom&iacute;a que los convierte en una obra m&aacute;s del castellano. Estoy pensando -solo quiero poner un ejemplo- en la traducci&oacute;n que Julio Cort&aacute;zar hizo de las <em>Memorias de Adriano</em> de Marguerite Yourcenar. Con independencia de las muchas objeciones concretas que se puedan hacer y se han hecho a sus resultados t&eacute;cnicos -no hay traducci&oacute;n que no cometa errores de traducci&oacute;n, en toda la amplia gama de los mismos-, es indiscutible la vigencia del texto en espa&ntilde;ol, c&oacute;mo ha echado ra&iacute;ces en nuestra cultura. Salvo que est&eacute; equivocado -y pido disculpas de antemano-, no hay desde 1955 ninguna otra traducci&oacute;n de este t&iacute;tulo. Si eso no es negar la caducidad, se le parece mucho.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Descarto de antemano la respuesta f&aacute;cil de que se debe a que la hizo Cort&aacute;zar. Cort&aacute;zar hizo otras traducciones, y han quedado superadas en el tiempo y han sido sustituidas como cualquier otro texto. No se trata de eso. Lo que Cort&aacute;zar hizo en ese t&iacute;tulo fue crear una obra que se convirti&oacute; en una obra m&aacute;s del espa&ntilde;ol. Una obra del g&eacute;nero traducci&oacute;n. Una obra perdurable.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Es esto una excepci&oacute;n que, como dice el viejo refr&aacute;n, confirma la regla? Lo descarto tambi&eacute;n. No es f&aacute;cil crear una obra perdurable, tampoco la inmensa mayor&iacute;a de las obras de autor&iacute;a directa lo son. Pero no prestamos atenci&oacute;n a eso. No decimos que las novelas caducan, aunque la inmensa mayor&iacute;a de las novelas caducan. No decimos que los poemas caducan, aunque la inmensa mayor&iacute;a de los poemas lo hacen. No pondr&eacute; aqu&iacute; ejemplos por respeto a la memoria de los autores que pelearon por la eternidad sin llegar a alcanzarla, pero est&aacute;n en la mente de cualquiera.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las escritoras, los escritores, del g&eacute;nero llamado traducci&oacute;n tambi&eacute;n siembran el mundo de obras perdurables, que son obras de la lengua de destino, en nuestro caso obras del espa&ntilde;ol. Incluyo entre ellas -no quiero que quede sobre la mesa ning&uacute;n posible malentendido- muchos textos que han vuelto a ser objeto de traducci&oacute;n por razones distintas a las de la caducidad. Precisamente porque generan versiones nuevas que son obras nuevas.&nbsp; <em>El tambor de hojalata</em> de Miguel S&aacute;enz no se hizo para reemplazar a <em>El tambor de hojalata </em>de Carlos Gerhard, sino para sumarse a &eacute;l. Como dec&iacute;a Steiner en <em>Despu&eacute;s de Babel</em>, en las humanidades no se procede por superaci&oacute;n, sino por acumulaci&oacute;n de conocimiento, Hegel no supera a Kant, sino que se le a&ntilde;ade.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Consecuencia inmediata de todo lo anterior, tan evidente que no habr&iacute;a que decirla, pero tan ignorada que es preciso citarla, es que nosotros, los hombres y mujeres de la traducci&oacute;n, trabajamos d&iacute;a y noche para esta lengua grande que se llama espa&ntilde;ol (o gallego, o ingl&eacute;s, o alem&aacute;n, o italiano, seg&uacute;n cu&aacute;l sea el pa&iacute;s en el que trabajamos los traductores) y para esta literatura que se llama espa&ntilde;ola, y no solo, como podr&iacute;a parecer, para la lengua y la literatura de la que traducimos. Profesionales de la lengua, cada d&iacute;a tomamos cientos de decisiones que la afectan, porque nuestras obras son las que traen pr&eacute;stamos, neologismos, invenciones verbales, nuevos usos que expresan las cosas no expresadas o las expresan de otra forma; profesionales de la literatura, cada d&iacute;a traemos figuras nuevas, met&aacute;foras que nunca fueron dichas en espa&ntilde;ol hasta que las dijimos, aunque antes hubieran resonado en franc&eacute;s, alem&aacute;n o japon&eacute;s; t&eacute;cnicas nuevas que cambian para siempre la narrativa, la poes&iacute;a o la dramaturgia de quien las recibe. Hablamos muchas veces de la magdalena de Proust, pero no tantas veces somos conscientes de que a Proust se la debe la literatura francesa, porque la espa&ntilde;ola se la debe a Proust y a Pedro Salinas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ensanchamos las fronteras de la lengua y de la literatura. No siempre es f&aacute;cil: hemos sido acusados de perturbar sacrosantas instituciones, durante muchos a&ntilde;os se llam&oacute; "barbarismo" a lo que hoy son semillas de otras lenguas en el campo f&eacute;rtil de la nuestra. Hemos sido acusados de "retorcer" la lengua cuando lo que hac&iacute;amos era exprimirla (y s&iacute;, a veces se retuerce una prenda de ropa para exprimir de ella hasta el &uacute;ltimo rastro de humedad, y est&aacute; bien hacerlo). Pero sin nuestro af&aacute;n por retorcer no sabr&iacute;amos qu&eacute; quiere decir que algo es kafkiano, ni habr&iacute;amos o&iacute;do la multitud de voces que suenan en Joyce, ni ser&iacute;amos capaces de valorar qu&eacute; tienen en com&uacute;n Bocaccio, Chaucer, Don Juan Manuel y <em>Las mil y una noches</em>.</p>
<p>Dicho todo lo cual, hora es de cotejar hechos, derechos, deseos y aspiraciones. Los hechos dicen que los derechos est&aacute;n pendientes de ser atendidos en su totalidad. Que, por mucho que hayamos mejorado, nos queda mucho por mejorar. Los hechos dicen que entre lo que somos y lo que se nos reconoce sigue habiendo un trecho, que otros tienen que recorrer. Gran parte de esos "otros" son los propios lectores, que por costumbre, falta de informaci&oacute;n, o cualquier otra causa, a veces no son conscientes de que Shakespeare jam&aacute;s escribi&oacute; "Ser o no ser", porque Shakespeare no hablaba espa&ntilde;ol. Y es importante que nadie crea que pretendemos sustituirle. En 2004, en la entrega del Premio Grinzane Cavour a la traductora Myriam Sumbulovich, que firmaba con el seud&oacute;nimo de Hado Lyria, y a la que hemos perdido este mismo a&ntilde;o, la premiada dec&iacute;a: &ldquo;No he intentado ser Borges ni V&aacute;zquez Montalb&aacute;n, eleg&iacute; ser yo misma. Y hubo algo que ellos hac&iacute;an peor que yo: escribir en italiano; por eso traduje sus libros&rdquo;.</p>
<p>Aqu&iacute; estamos, despu&eacute;s de haber elegido ser nosotros mismos. No muy seguros de que ustedes, lectores, nos conozcan, pero decididos a seguir escribiendo en nuestras lenguas las cosas que otros dijeron en las suyas, porque hay que saber escuchar, y lo hacemos, pero &iquest;qu&eacute; es o&iacute;r una historia si despu&eacute;s no puedes cont&aacute;rsela a alguien?</p>
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      <pubDate>Mon, 14 Nov 2022 06:02:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA entrevista a fondo a Román Gubern y Sara Mesa]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-entrevista-a-fondo-a-roman-gubern-y-sara-mesa/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2022/ROM_N_GUBERN_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Sara Mesa es una de las autoras m&aacute;s destacadas y originales de la literatura espa&ntilde;ola actual. Adem&aacute;s, acaba de publicar con gran &eacute;xito su novela &ldquo;La familia&rdquo; en la que confirma su talento para la observaci&oacute;n y su capacidad para retratar narrativamente el tiempo que nos ha tocado vivir y a uno de sus elementos claves, como es el &aacute;mbito de lo dom&eacute;stico, de lo familiar. De manera brillante, poli&eacute;drica y a trav&eacute;s de una estructura innovadora que entremezcla recuerdos, personajes y fechas, nos ofrece una certera disecci&oacute;n de una familia como si fuera un microcosmos, lo que le sirve para reflexionar sobre las consecuencias de una educaci&oacute;n bajo el yugo de la rectitud y la obediencia.</p>
<p>Se trata de dos conversaciones exclusivas, que permiten no s&oacute;lo conocerles mejor, sino tambi&eacute;n descubrir sus opiniones sobre un amplio repertorio de temas de inter&eacute;s. Ambos son, por encima de todo, autores de una obra de marcada originalidad, rigor y relevancia en sus respectivos &aacute;mbitos. Rom&aacute;n Gubern y Sara Mesa son, sin duda, dos personalidades muy atractivas y su opini&oacute;n nos enriquece a la hora de interpretar este tiempo tan dif&iacute;cil y complejo que vivimos. En TURIA&nbsp; nos hablan, con absoluta&nbsp; libertad&nbsp; y franqueza, de sus respectivas obras e itinerarios &nbsp;vitales. Y, sobre todo, con sus respuestas se ocupan tambi&eacute;n de abordar cuestiones que nos afectan o interpelan: la fascinaci&oacute;n que producen ciertas transgresiones, el hecho de que el exceso de im&aacute;genes las haga invisibles, la constataci&oacute;n de que el sentido de pertenencia a un grupo siempre genera violencia o la convicci&oacute;n de que la primera lecci&oacute;n b&aacute;sica para un escritor debiera ser que a nadie le interesa nuestra vida.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>ROM&Aacute;N GUBERN: &rdquo;ESTAMOS INDIGESTADOS DE IM&Aacute;GENES&rdquo;</strong></p>
<p>Nacido en Barcelona en 1934, Rom&aacute;n Gubern es uno de los referentes en el mundo acad&eacute;mico de habla hispana en teor&iacute;a de la imagen, y ha publicado textos pioneros en materias como el cine, la televisi&oacute;n y el c&oacute;mic. Autor de cerca de una cincuentena de libros y de m&aacute;s de 200 art&iacute;culos acad&eacute;micos, y colaborador en un centenar de obras colectivas m&aacute;s, su figura se caracteriza por una formaci&oacute;n y trayectoria multidisciplinar, que abarca la historia, el derecho, las teor&iacute;as de&nbsp;la comunicaci&oacute;n, la est&eacute;tica y la filosof&iacute;a. La imagen ha sido el eje central de sus estudios, tanto en lo referente a su historia, como a su funci&oacute;n social, lenguaje y universo, siguiendo siempre de cerca la evoluci&oacute;n de los lenguajes comunicativos y el papel de las nuevas tecnolog&iacute;as.</p>
<p>En la entrevista que TURIA publica, y que ha elaborado Iv&aacute;n Moure Pazos, no s&oacute;lo se realiza un repaso por su extensa obra y vida. Tambi&eacute;n se abordan tem&aacute;ticas muy dispares: la ciencia de la imagen, la percepci&oacute;n visual, la figura del cineasta Val del Omar, el porno, la violencia, el c&oacute;mic o el influjo de Pasolini. Adem&aacute;s se habla sobre una de las tareas m&aacute;s singulares: su labor cin&eacute;fila en el Vaticano, que le permiti&oacute; conocer la Filmoteca que alberga la Santa Sede, elaborar una propuesta de lista de mejores pel&iacute;culas con valores ejemplares (en el libro hay tres listas vaticanas oficiales, donde las pel&iacute;culas se clasifican seg&uacute;n sus valores religiosos, sociales y humanos y art&iacute;sticos) y participar en la designaci&oacute;n del santo patrono del cine.</p>
<p>Entre sus afirmaciones, destacamos que para Gubern &ldquo;sigue vigente la ley del m&iacute;nimo esfuerzo en la comunicaci&oacute;n de masas&rdquo; y que &ldquo;se aprende a ver&rdquo;. Tambi&eacute;n muestra su convencimiento de que &ldquo;el c&oacute;mic y el cine funden las potencialidades de las artes pl&aacute;sticas y las artes narrativas&rdquo;.</p>
<p>Por &uacute;ltimo, asegura Rom&aacute;n Gubern en TURIA que &ldquo;La vida, en efecto, desde el punto de vista perceptivo es un largo plano-secuencia que se interrumpe cuando dormimos y se cancela cuando morimos. Pasolini (a quien trat&eacute; un poco) era un marxista con mala conciencia, probablemente culpabilizado por su condici&oacute;n homosexual. Tal y como cuento en mi &uacute;ltimo libro, mi compa&ntilde;ero Terenci Moix me asegur&oacute; que en Roma hab&iacute;a tenido un <em>affair</em> con &eacute;l.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>SARA MESA: &ldquo;OBSERVO ALREDEDOR, FICCIONALIZO Y ESCRIBO&rdquo;</strong></p>
<p>En&nbsp; cualquier &nbsp;n&oacute;mina &nbsp;de &nbsp;las &nbsp;autoras &nbsp;actuales &nbsp;de referencia en espa&ntilde;ol sobresale Sara</p>
<p>Mesa (nacida en Madrid en 1976, pero criada desde ni&ntilde;a en Sevilla). Es un valor seguro: sus novelas atesoran multitud de premios, son nombradas libros del a&ntilde;o y aclamadas por la cr&iacute;tica. Posee una prosa hecha de sombras y desconciertos, sencilla, precisa y ciertamente ir&oacute;nica, que atrapa al lector y lo convierte en espectador privilegiado de cuanto nos cuenta en sus libros. Entre sus de &eacute;xitos literarios hay que citar t&iacute;tulos como sus novelas "Cuatro por cuatro" (finalista del Premio Herralde de Novela) y "Cicatriz", el volumen de relatos &ldquo;Mala letra&rdquo; o la novela "Un amor". Este &uacute;ltimo t&iacute;tulo, uno de los m&aacute;s aclamados en 2020, est&aacute; siendo adaptado al cine por Isabel Coixet). Ahora, con su nueva novela &ldquo;La familia&rdquo; no ha hecho sino confirmar que es capaz de elaborar un retrato fiel de c&oacute;mo el siglo XX ha moldeado a una generaci&oacute;n que no se sent&iacute;a perteneciente a la coyuntura hist&oacute;rica de la cual ven&iacute;a la generaci&oacute;n anterior, y con ello, asumieron una identidad cuajada de contradicciones. Esas, que a&uacute;n hoy, seguimos arrastrando.</p>
<p>TURIA publica una sugerente entrevista exclusiva con Sara Mesa elaborada por el periodista cultural Fernando del Val. Entre sus declaraciones destacamos una que nos da la esencia de su trabajo creativo: &ldquo;No creo en la imaginaci&oacute;n sin asidero, esa especie de capacidad inventiva romantizada a la espera de que las musas la espoleen. La realidad es nuestro campo de minas, de ah&iacute; extraemos todo, pero transform&aacute;ndolo, pas&aacute;ndolo por el filtro de las personas que somos. En mi caso concreto, yo no creo que invente nada. Observo alrededor, ficcionalizo y escribo.</p>
<p>Preguntada por su referentes, Sara Mesa se&ntilde;ala a sus favoritos: Franz Kafka, Fleur Jaeggy y J.M. Coetzee. A&ntilde;ade tambi&eacute;n que &ldquo;la mejor manera de ser autocr&iacute;tico es leyendo mucho, pero leyendo a los buenos, a los grandes&rdquo;. Reconoce, por otra parte, que &ldquo;las tramas de los libros son artefactos, enga&ntilde;os, de los que a veces ni quienes escribimos somos conscientes&rdquo;. Adem&aacute;s, &ldquo;hay Hay quienes leen como si se comieran una naranja, tratando de exprimir el jugo y dejando fuera todo lo dem&aacute;s, como si ese <em>todo lo dem&aacute;s</em> indescriptible no fuese precisamente lo m&aacute;s interesante.&rdquo;</p>
<p>Reconoce Sara Mesa que &ldquo;si no hay implicaci&oacute;n personal, el texto puede ser perfecto pero carece de fuerza&rdquo;. Y tambi&eacute;n cree que el valor de un texto literario est&aacute; en el lenguaje: &ldquo;Es gracias al lenguaje como creamos emoci&oacute;n, humor, miedo, curiosidad&hellip;, no a partir de las tramas ni de los temas&rdquo;.</p>
<p>Preguntada, por &uacute;ltimo, por la eclosi&oacute;n actual de la literatura del yo, Sara Mesa no tiene dudas: &ldquo;Una cosa son los libros autobiogr&aacute;ficos y otra los egoc&eacute;ntricos, los lectores perciben esta diferencia al instante. En mi opini&oacute;n, lo ideal es partir del yo para trascenderlo, no para quedarse ah&iacute;. A nadie le interesa nuestra vida: primera lecci&oacute;n b&aacute;sica para un escritor&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&iquest;NOS CONDUCIR&Aacute;N LAS TECNOLOG&Iacute;AS DIGITALES Y LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL A UN NUEVO TOTALITARISMO?</strong></p>
<p>Bajo &nbsp;el &nbsp;t&iacute;tulo &nbsp;de &nbsp;&ldquo;El &nbsp;futuro &nbsp;uso &nbsp;de &nbsp;la &nbsp;tecnolog&iacute;a: &nbsp;&iquest;hacia &nbsp;un &nbsp;nuevo &nbsp;totalitarismo?&rdquo;, la reconocida soci&oacute;loga espa&ntilde;ola Olivia Mu&ntilde;oz-Rojas analiza en exclusiva para TURIA una cuesti&oacute;n ya central en nuestros d&iacute;as que puede condicionar notablemente el porvenir que nos aguarda. Y es que, como nos recuerda en su art&iacute;culo, &ldquo;los rasgos de nuestro futuro tecnol&oacute;gico se intuyen ya en el presente. Desde una perspectiva humanista cr&iacute;tica, lo que vemos hoy en el mundo &lsquo;desarrollado&rsquo; nos hace vislumbrar un futuro tecnol&oacute;gico sombr&iacute;o en el que nuestros derechos y libertades quedan comprometidos y, por ende, nuestras democracias. Un futuro en el que la noci&oacute;n de privacidad se diluye, nuestra autonom&iacute;a y dignidad humanas aparecen en entredicho y las desigualdades existentes se afianzan, incluso aumentan&rdquo;.</p>
<p>Argumenta Olivia Mu&ntilde;oz-Rojas que &ldquo;la tecnolog&iacute;a digital y la inteligencia artificial permiten una forma de poder sutil, omnipresente y opaco, del que no siempre es f&aacute;cil tomar conciencia y contra el que es dif&iacute;cil resistir. La amenaza y el ejercicio de la violencia f&iacute;sica, instrumentos que han utilizado tradicionalmente los poderosos, son cada vez menos necesarias para doblegar voluntades y conseguir que las poblaciones se comporten de acuerdo a los intereses del poder, p&uacute;blico y privado&rdquo;.</p>
<p>Ante semejante coyuntura, Oliva Mu&ntilde;oz-Rojas insiste en la importancia de que &ldquo;recordemos, por una parte, que no tenemos control sobre los datos con los que alimentamos estos sistemas de monitoreo, sobre su propiedad y potenciales usos por parte de empresas y autoridades p&uacute;blicas. Desde el momento en que nuestra informaci&oacute;n est&aacute; en la Red es potencialmente accesible por terceros con nuevos fines. Por otra parte, no tenemos pleno control sobre la elaboraci&oacute;n de los objetivos y baremos que constituyen esas &lsquo;buenas pr&aacute;cticas&rsquo;. Las decisiones sobre numerosas &lsquo;buenas pr&aacute;cticas&rsquo; a las que las autoridades nos empujan est&aacute;n cada vez menos en manos de los parlamentos y cada vez m&aacute;s en las de expertos que no se someten al escrutinio democr&aacute;tico. Esta gesti&oacute;n presuntamente cient&iacute;fica de la vida p&uacute;blica supone un reto para nuestros sistemas democr&aacute;ticos que, en principio, se basan en el contraste y la deliberaci&oacute;n transparente de una pluralidad de perspectivas sobre la realidad&rdquo;.</p>
<p>Y, como conclusi&oacute;n de sus experiencias y observaciones sobre el uso de las tecnolog&iacute;as, Olivia Mu&ntilde;oz-Rojas hace un esperanzador llamamiento a deshacer la actual oligarqu&iacute;a digital y apuesta por devolver Internet a los ciudadanos &ldquo;restaurando su potencial emancipador&rdquo;. Porque, &ldquo;m&aacute;s all&aacute; de lo que predigan los algoritmos, la distop&iacute;a del totalitarismo tecnol&oacute;gico no es una certeza&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>UN FRAGMENTO DEL ART&Iacute;CULO EXCLUSIVO DE OLIVIA MU&Ntilde;OZ-ROJAS </strong></p>
<p>El nuevo n&uacute;mero de la revista TURIA publica en exclusiva un clarificador art&iacute;culo de la soci&oacute;loga Olivia Mu&ntilde;oz-Rojas: &ldquo;El futuro uso de la tecnolog&iacute;a: &iquest;hacia un nuevo totalitarismo?&rdquo;. La autora, que reside actualmente en Nueva Delhi y es una de las m&aacute;s brillantes analistas del presente que vivimos, es doctora en Sociolog&iacute;a por la London School of Economics, m&aacute;ster en Humanidades y Pensamiento Social por la New York University y licenciada en Ciencias Pol&iacute;ticas por la Universidad Complutense, adem&aacute;s de haber cursado estudios en las universidades de Uppsala y Lund en Suecia.</p>
<p>De ese art&iacute;culo, tan original como merecedor de una lectura atenta, adelantamos hoy el fragmento correspondiente a sus conclusiones:</p>
<p class="LO-normal1" align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="LO-normal1" style="text-align: left;" align="center"><strong>OLIVIA MU&Ntilde;OZ-ROJAS: &nbsp;&rdquo;LA DISTOP&Iacute;A DEL TOTALITARISMO TECNOL&Oacute;GICO NO ES UNA CERTEZA"</strong></p>
<p>&ldquo;En principio, desde un punto de vista moral, las tecnolog&iacute;as no son buenas o malas en s&iacute; mismas. Es el uso y la intenci&oacute;n que nosotros damos a ese uso lo que hace que una tecnolog&iacute;a tenga mejores o peores consecuencias para la Humanidad. Cuando irrumpi&oacute; globalmente Internet a principios del segundo milenio, la mayor&iacute;a vimos su potencial emancipador. Esa percepci&oacute;n se vio reforzada por las primaveras &aacute;rabes y el movimiento de los indignados durante los que la protesta se fragu&oacute; en las redes sociales antes de trasladarse a las plazas. Fue tambi&eacute;n la &eacute;poca de Wikileaks y la exposici&oacute;n en Internet de las irregularidades de Estados y corporaciones privadas por parte de grupos como Anonymous. La luna de miel del p&uacute;blico con Internet dur&oacute; relativamente poco y pronto cambi&oacute; el relato: de instrumento para la emancipaci&oacute;n democr&aacute;tica de los ciudadanos, Internet pas&oacute; a ser visto como una &lsquo;m&aacute;quina del fango&rsquo;, por utilizar la expresi&oacute;n de Umberto Eco. &iquest;Por qu&eacute; se produjo esta inversi&oacute;n en la percepci&oacute;n y las expectativas sobre la Red? Para Zuboff, el potencial democr&aacute;tico de Internet se vio r&aacute;pidamente asfixiado por la voracidad de un pu&ntilde;ado de empresas que actuaron en Internet como los buscadores de oro en el viejo oeste, es decir, sin ley. La inexperiencia y lentitud de los Estados para entender lo que estaba sucediendo permiti&oacute; que estos &lsquo;se&ntilde;ores de Internet&rsquo; se hicieran con el control de esta infinita mina de oro. Gradualmente, seg&uacute;n la autora, los Estados han encontrado acomodo en una ambigua simbiosis con estos nuevos se&ntilde;ores feudales de la era virtual. Mientras que, oficialmente, buscan regular sus actividades, oficiosamente, se benefician de los datos masivos que &eacute;stos extraen de la Red. Sin embargo, y sin menoscabar el reto, debemos pensar que es posible deshacer esta oligarqu&iacute;a digital y devolver Internet a los ciudadanos, restaurando su potencial emancipador. M&aacute;s all&aacute; de lo que predigan los algoritmos, la distop&iacute;a del totalitarismo tecnol&oacute;gico no es una certeza.&rdquo;</p>
<p class="LO-normal1"><strong>&nbsp;</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 03 Nov 2022 13:42:22 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El nuevo número de TURIA rinde homenaje a Almudena Grandes y José Saramago]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-nuevo-numero-de-turia-rinde-homenaje-a-almudena-grandes-y-jose-saramago/</link>
      <description><![CDATA[<p>&nbsp;<img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2022/ALMUDENA_GRANDES_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>TURIA es una revista de periodicidad cuatrimestral que tiene una edici&oacute;n en papel y otra&nbsp; digital (web y Facebook). Con casi 40 a&ntilde;os de trayectoria, est&aacute; considerada como una de las publicaciones peri&oacute;dicas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. Est&aacute; editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, y cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este nuevo n&uacute;mero ha sido posible gracias al apoyo de la Direcci&oacute;n General del Libro y Fomento de la Lectura, del Ministerio de Cultura, que lo ha distribuido anticipadamente en la reciente Feria del Libro de Frankfurt como ejemplo de la vitalidad de las revistas culturales espa&ntilde;olas.</p>
<p>Cuando se cumple el primer aniversario de su muerte, TURIA rinde homenaje a la &nbsp;escritora Almudena Grandes, uno de los nombres propios indiscutibles en cualquier balance de la literatura de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas en espa&ntilde;ol. Quien fuera una gran novelista de personajes y ambientes, entendi&oacute; siempre la escritura como la herramienta m&aacute;s &uacute;til para trazar una indisimulada radiograf&iacute;a cr&iacute;tica de su tiempo. Por eso, en estos d&iacute;as que acaba de publicarse su novela p&oacute;stuma &ldquo;Todo va a mejorar&rdquo;, una utop&iacute;a pand&eacute;mica que es su &uacute;ltimo alegato por la libertad y que fue terminada&nbsp; por su marido, el tambi&eacute;n escritor Luis Garc&iacute;a Montero, TURIA analiza su brillante trayectoria literaria a trav&eacute;s de uno de los mejores conocedores de su obra: Jos&eacute; Mar&iacute;a Pozuelo Yvancos, catedr&aacute;tico de Teor&iacute;a de la Literatura y Literatura Comparada de la Universidad de Murcia y prestigioso cr&iacute;tico literario.</p>
<p>Otro inolvidable aniversario del que se ocupa TURIA es el centenario del nacimiento del escritor portugu&eacute;s Jos&eacute; Saramago, Premio Nobel de Literatura en 1998 y uno de los autores m&aacute;s destacados de la literatura universal de la segunda mitad del siglo XX. Como muy bien subray&oacute; la Academia sueca, en Saramago destaca siempre su capacidad para &ldquo;volver comprensible una realidad huidiza, con par&aacute;bolas sostenidas por la imaginaci&oacute;n, la compasi&oacute;n y la iron&iacute;a&rdquo;. Y quien se ocupa de la tarea de descubrirnos las claves de Saramago es uno de sus mejores amigos y estudiosos espa&ntilde;oles: Perfecto E. Cuadrado, catedr&aacute;tico em&eacute;rito de Filolog&iacute;a Portuguesa de la Universidad de las Islas Balerares y uno de los investigadores de referencia mundial en esta materia.</p>
<p>En el apartado que TURIA dedica a estudios literarios, sobresale igualmente la aproximaci&oacute;n a la sorprendente producci&oacute;n narrativa de la escritora y periodista Laura Fern&aacute;ndez. Una autora que, con su novela &ldquo;La se&ntilde;ora Potter no es exactamente Santa Claus&rdquo;, se ha consagrado &nbsp;como &nbsp;una &nbsp;voz &nbsp;nueva &nbsp;que &nbsp;est&aacute; &nbsp;entusiasmando por igual a la cr&iacute;tica y a los lectores m&aacute;s exigentes, &aacute;vidos de libros como los suyos que constituyen toda una fiesta de la imaginaci&oacute;n m&aacute;s transgresora. Uno de los mejores conocedores de este trabajo, el escritor, historiador y profesor Andreu Navarra, ofrece en la revista las claves de este singular fen&oacute;meno literario. &nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LA AUTENTICIDAD DE ALMUDENA GRANDES</strong></p>
<p>Bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;La novel&iacute;stica de Almudena Grandes&rdquo;, Jos&eacute; Mar&iacute;a Pozuelo Yvancos nos explica en TURIA la evoluci&oacute;n de una autora que, gracias al &eacute;xito de ventas obtenido por su novela &ldquo;Las edades de Lul&uacute;&rdquo;, pudo desde 1989 dedicarse de lleno a la literatura y abandonar su trabajo como redactora de entradas de enciclopedias y atlas. Ella siempre tuvo claro que &nbsp;&nbsp;la literatura no tiene que ver con las respuestas, sino con las preguntas: &ldquo;un buen escritor no es el que intenta iluminar a la humanidad, respondiendo a las grandes cuestiones universales que angustian a sus cong&eacute;neres, sino el que se hace preguntas a s&iacute; mismo y las traslada en sus libros al lector, para compartir con &eacute;l quiz&aacute;s no lo mejor, pero s&iacute; lo m&aacute;s esencial que posee. Desde este punto de vista, las certezas son mucho menos valiosas que las dudas, y las contradicciones representan m&aacute;s un est&iacute;mulo que una dificultad&rdquo;</p>
<p>Para Pozuelo Yvancos puede hablarse de dos etapas en la novel&iacute;stica de Almudena Grandes. Una primera que se cerrar&iacute;a con &ldquo;Los aires dif&iacute;ciles&rdquo; (2002) y que conten&iacute;a t&iacute;tulos sobresalientes como &ldquo;Atlas de Geograf&iacute;a humana&rdquo; (1998), uno de sus mejores libros y en el que narra las crisis de la mujer burguesa liberadaza a la edad en que abandona la juventud. Otra novela importante ser&iacute;a &ldquo;El coraz&oacute;n helado&rdquo; (2007), que sirve de pr&oacute;logo a su proyecto literario m&aacute;s ambicioso: la serie de novelas que ha publicado como &ldquo;Episodios de una guerra interminable&rdquo;. Un total de cinco obras m&aacute;s una &uacute;ltima que no pudo finalizar pues la estaba redactando cuando la enfermedad que la afectaba le trajo la muerte.</p>
<p>Subraya el profesor Pozuelo Yvancos que con dicha serie ha logrado afrontar con &eacute;xito un reto: contar la guerra y la posguerra en la forma como esa tragedia ha penetrado en vidas familiares, sobre todo de los perdedores de ella. Al elegir transformar el hecho &eacute;pico, la Guerra Civil en una tragedia en forma narrativa sobre las vidas de dos partes de una misma familia, con los mismos bisabuelos, Almudena Grandes ha sabido dar a la trama de la guerra civil el sesgo que mejor le ha convenido a la suerte de su venero narrativo: dramatizarse en las vidas particulares de las familias y de unos personajes que parecen (son originariamente) personas&rdquo;. &nbsp;</p>
<p>Seg&uacute;n se nos dice en el art&iacute;culo que publica TURIA, dos ser&iacute;an las claves de la f&eacute;rtil y prolongada alianza de Almudena Grandes con sus lectores: &rdquo;un fondo de autenticidad en que la narradora se sit&uacute;a, con sus protagonistas, al nivel de ellos y el decidido empe&ntilde;o a que aquello que cuenta, el mundo de sus novelas fuera representativo de muchos, es decir de la sociedad de su tiempo, recuperando el denostado (entonces lo era) realismo narrativo que hab&iacute;a tenido en maestros como Gald&oacute;s su tradici&oacute;n m&aacute;s cierta&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LA PRESENCIA VIVA DE JOS&Eacute; SARAMAGO</strong></p>
<p>En el clarificador art&iacute;culo que TURIA dedica a glosar la trayectoria vital y art&iacute;stica de Jos&eacute; Saramago con motivo de cumplirse este a&ntilde;o el centenario de su nacimiento, Perfecto E. Cuadrado celebra &ldquo;su presencia viva entre nosotros a trav&eacute;s de sus obras y de los recuerdos de quienes tuvimos el privilegio de conocerlo personalmente, porque, como dice el dicho portugu&eacute;s, vivir es ser recordado&rdquo;.</p>
<p>Gran amigo de Saramago, el profesor Cuadrado confiesa que primero conoci&oacute; la obra y luego al autor. Y que el libro de Saramago que le fascin&oacute; fue &ldquo;Memorial del convento&rdquo;, &ldquo;una novela que consolidaba definitivamente una manera personal de formular y estructurar literariamente la mirada del autor sobre la realidad&nbsp; Un ejemplo claro de una gran literatura que llevar&iacute;a con los a&ntilde;os a Saramago a reunir los m&eacute;ritos creativos necesarios para obtener el galard&oacute;n m&aacute;s universal, el Premio Nobel.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Argumenta Perfecto E. Cuadrado en TURIA&nbsp; que los motivos por los que siempre se sinti&oacute; tan pr&oacute;ximo a Saramago fueron &nbsp;&ldquo;unos mismos or&iacute;genes en un tiempo y un mundo paralelos y cercanos tambi&eacute;n, un espacio vital sin ventanas o casi (y una consiguiente necesidad de encontrar o inventar exteriores de luz, de abrir puertas al campo), una tendencia a viajar a esa infancia desde las fronteras del sue&ntilde;o, la memoria y la palabra que nos la fueron adornando a lo largo de la vida con los ropajes del para&iacute;so perdido&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;De ah&iacute; mi sorpresa y mi alegr&iacute;a cuando, desde la obra, tuve la enorme fortuna de poder aproximarme al hombre y compartir con &eacute;l (casi siempre en compa&ntilde;&iacute;a de Pilar del R&iacute;o), algunos momentos &ndash;en Amherst, en Lisboa, en Toledo, en Menorca, en Mallorca- que me permitieron dibujarlo &iacute;ntimamente con los rasgos que ahora mismo se me imponen sobre el fondo inmediato de su imponente presencia f&iacute;sica: una curiosidad sin l&iacute;mites &ndash;iba a decir infantil- traducida en preguntas que&nbsp; generaban m&aacute;s preguntas, una vitalidad y un dinamismo orientados en todas direcciones y movidos por la fuerza de esa misma curiosidad insaciable,&nbsp; una generosidad sin ostentaci&oacute;n de la que personalmente puedo dar buena fe, una sonrisa que&nbsp; manten&iacute;a a raya el afecto a fuerza de iron&iacute;a y de humor (lo segundo,&nbsp; lleg&oacute; a neg&aacute;rmelo en p&uacute;blico, sin convencerme), una preocupaci&oacute;n constante y preferente por los problemas sociales, pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos y por sus efectos sobre los &ldquo;humillados y ofendidos&rdquo;, que desembocaba en reflexi&oacute;n personal en voz alta para inmediatamente derivar en di&aacute;logo y pol&eacute;mica&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LAURA FERN&Aacute;NDEZ, REIVINDICACI&Oacute;N DE UNA ESCRITORA INCLASIFICABLE </strong></p>
<p>La escritora y periodista espa&ntilde;ola Laura Fern&aacute;ndez &nbsp;(Terrassa, 1981) se ha convertido en uno de los fen&oacute;menos m&aacute;s sugestivos y revitalizantes de nuestra literatura. Tiene un universo propio que no permite la indiferencia y, adem&aacute;s, sus libros publicados hasta ahora dejan huella no s&oacute;lo en la cr&iacute;tica sino en un n&uacute;mero cada vez mayor de lectores. El escritor, profesor e historiador Andreu Navarra, que conoce muy bien a esta autora inclasificable, escribe un entusiasta art&iacute;culo en el nuevo n&uacute;mero de TURIA bajo el t&iacute;tulo &ldquo;Todos somos Wendolin Kramer. Sobre la trayectoria narrativa de Laura Fern&aacute;ndez&rdquo;.</p>
<p>Andreu Navarra lo tiene claro: &ldquo;en una sociedad que intenta colarnos una y otra vez el mismo libro cl&oacute;nico moralizante y victimista pero con distintos t&iacute;tulos y color (a veces ni eso) Laura Fern&aacute;ndez brilla con luz propia porque sus&nbsp; novelas no se doblegan ante las modas&rdquo;. En TURIA participamos de ese mismo criterio y por eso le hemos dedicado un art&iacute;culo que nos descubre por qu&eacute; hay que leer a esta escritora capaz de trasladarnos a una experiencia intergal&aacute;ctica con toda naturalidad. Hasta el momento, sus seis novelas son aut&eacute;nticas y valiosas alegor&iacute;as del absurdo humano. Y resultan tan inimitables como indefinibles. Anoten sus t&iacute;tulos: &ldquo;Bienvenidos a Welcome&rdquo;<em> </em>(Elipsis, 2008, reeditada por Random House en 2019), &ldquo;El show de Grossman&rdquo;<em> </em>(Aristas Mart&iacute;nez, 2013), &ldquo;Wendolin Kramer&rdquo; (Seix Barral, 2011), &ldquo;La chica zombie&rdquo; (Seix Barral, 2013), &ldquo;Connerland&rdquo; (Random House, 2017) y &ldquo;La se&ntilde;ora Potter no es exactamente Santa Claus&rdquo; (Random House, 2021).</p>
<p>Su costumbrismo friki, tan deudor de Stephen King como de la serie &ldquo;Dinosaurios&rdquo; no se parece en nada a lo que se est&eacute; escribiendo en estos momentos en Espa&ntilde;a. Y es que sus &ldquo;historias de extraterrestres o superhero&iacute;nas, de escritoras extra&ntilde;as, adolescentes autodestructivas, periodistillas fracasados, agentes inmobiliarios fetichistas u oficinistas neur&oacute;ticas, no las encontramos en ning&uacute;n otro autor literario que conozcamos&rdquo;.</p>
<p>Las seis novelas publicadas hasta ahora por Laura Fern&aacute;ndez desaf&iacute;an, seg&uacute;n Andreu Navarra, cualquier control ideol&oacute;gico y &ldquo;se alzan sobre cualquier asechanza neovictoriana, atacando la beater&iacute;a y aplast&aacute;ndola con sonoras carcajadas. Nuestras escritoras pueden, quieren, deben y sin duda escriben sobre lo que les sale del mag&iacute;n, sin aceptar ninguna clasificaci&oacute;n. El triunfo indiscutido de &ldquo;La se&ntilde;ora Potter no es exactamente Santa Claus&ldquo; tiene que ver con este asalto literario a la libertad creadora. La libertad de convertirse una misma en torrente y re&iacute;rse de todo. La libertad de construir mundos aparte y desafiar el victimismo obligado, el postureo mediocre y la prosa f&aacute;cil. El alarde t&eacute;cnico de Laura Fern&aacute;ndez la sit&uacute;a en la vanguardia de las escritoras que resumen el momento, este momento de insubordinaci&oacute;n literaria&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 03 Nov 2022 12:59:14 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Alusiones a la masonería en la novela “El tiempo entre costuras” de María Dueñas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/alusiones-a-la-masoneria-en-la-novela-el-tiempo-entre-costuras-de-maria-duenas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/MAR_A_DUE_AS_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>La llegada del general Franco el 19 de julio de 1936, a Tetu&aacute;n, la capital del Protectorado Espa&ntilde;ol en Marruecos, desata la brutal persecuci&oacute;n de los masones espa&ntilde;oles que residen en Tetu&aacute;n. El puerto de T&aacute;nger es el &uacute;nico <em>refugio</em> seguro, dado su estatuto internacional. Pero la huida ha sido pr&aacute;cticamente imposible. Los masones que no han sido pasados por las armas en las primeras horas del alzamiento, son encerrados en el campo de concentraci&oacute;n del Mogote, instalado a las afueras de Tetu&aacute;n. Y posteriormente son fusilados. La protagonista de la novela de Mar&iacute;a Due&ntilde;as <em>El tiempo entre costuras</em>, informada de estos sucesos por la due&ntilde;a de la pensi&oacute;n en la que se hospeda, narra la angustiosa atm&oacute;sfera en la que viven los espa&ntilde;oles &ndash;sean masones o no- viendo impotentes c&oacute;mo se desarrolla la guerra civil al otro lado del Estrecho.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p><em>El tiempo entre costuras</em> es el t&iacute;tulo de una novela de Mar&iacute;a Due&ntilde;as, una historia de amor y espionaje en el mundo colonial de &Aacute;frica y en el Madrid de la postguerra.<a title="" href="#_ftn1">[1]</a> Su protagonista es una joven modista, <em>Sira Quiroga</em> que abandona la capital espa&ntilde;ola en los meses previos al <em>alzamiento</em>, arrastrada por el amor hacia un hombre a quien apenas conoce. Juntos se instalan en T&aacute;nger, una ciudad internacional y mundana, donde todo lo impensable puede hacerse realidad. Incluso, la traici&oacute;n y el abandono. Sola y acuciada por deudas ajenas, Sira se traslada a Tetu&aacute;n, la capital del Protectorado espa&ntilde;ol en Marruecos. Ayudada por amistades de reputaci&oacute;n dudosa, forja una nueva identidad y logra poner en marcha un selecto taller de costura en el que sus clientas forman parte de lo mejor de la sociedad. El destino de la protagonista queda ligado a un pu&ntilde;ado de personajes hist&oacute;ricos entre los que destacan Juan Luis Beigbeder, ministro de Asuntos Exteriores, su amante, la brit&aacute;nica Rosalinda Fox, Ram&oacute;n Serrano Su&ntilde;er y el agregado naval Alan Hillgarth, jefe del espionaje brit&aacute;nico en el Protectorado.</p>
<p>En su etapa de Tetu&aacute;n aparece el relato de sus vivencias en la pensi&oacute;n de &laquo;La Luneta&raquo; donde se aloja. En la pensi&oacute;n aparecen las primeras referencias al tema de la masoner&iacute;a. Los hu&eacute;spedes son espa&ntilde;oles, y representan la terrible dicotom&iacute;a de las dos Espa&ntilde;as enfrentadas en la guerra civil. En el comedor, durante las comidas se repiten d&iacute;a tras d&iacute;a duros enfrentamientos dial&eacute;cticos que sostienen ambos bandos. Sira, la protagonista nos relata una violenta discusi&oacute;n entre los hu&eacute;spedes a la hora de la comida, reci&eacute;n llegada a la pensi&oacute;n. Los insultos de los partidarios del bando &ldquo;nacional&rdquo; poseen la carga argumental del mensaje antirrepublicano, y antimas&oacute;nico, que justifican el &ldquo;alzamiento&rdquo;. Los improperios desde la parte republicana reflejan los t&oacute;picos en los que se carga, sobre todo contra la Iglesia por su papel ultraconservador, y se ataca el car&aacute;cter fascista de los militares franquistas.</p>
<p><strong>La brutal represi&oacute;n de los masones </strong></p>
<p>Sobre la rapidez y la amplitud del castigo de los masones en la guerra civil, bastan algunos datos conservados en el Centro Documental de la Memoria Hist&oacute;rica de Salamanca correspondientes a 1936. Por ejemplo, de la logia <em>Hijos de la Viuda</em> de Ceuta, fueron fusilados 17 hermanos el 17 de julio. La brutal represi&oacute;n de los masones se extiende en otras ciudades espa&ntilde;olas en &Aacute;frica, como Melilla y Tetu&aacute;n, donde fueron fusilados todos los masones.<a title="" href="#_ftn2">[2]</a></p>
<p>Como escribe el profesor Ferrer Benimeli &ldquo;con la sublevaci&oacute;n militar del 18 de julio de 1936 la historia de la Masoner&iacute;a espa&ntilde;ola entra en una &eacute;poca de persecuci&oacute;n y sistem&aacute;tica destrucci&oacute;n&rdquo;, Ferrer Benimeli se hace eco de una nota publicada en <em>ABC </em>de Madrid, el 23 de septiembre de 1936 en la que se da cuenta de la represi&oacute;n llevada a cabo en Granada, y en la que se dice: <em>&ldquo;Tenemos la seguridad de que, en Melilla, en Ceuta y en Tetu&aacute;n, han asesinado los facciosos a todos los masones, sabemos que antes de asesinarlos los han sometido a tormentos y vejaciones, sabemos que muchos han sido enterrados vivos. Y todos ellos asesinados y atormentados sin formaci&oacute;n de causa ni el menor disfraz de proceso ni sentencia de tribunal competente alguno. Sabemos que antes que ning&uacute;n marxista (que parece enfocar el odio y la persecuci&oacute;n de los fascistas) asesinan a todo mas&oacute;n&rdquo;.</em><a title="" href="#_ftn3">[3]</a></p>
<p>Sobre la represi&oacute;n sufrida por los masones en Tetu&aacute;n se habla en la primera parte de la novela <em>El tiempo entre costuras</em> de la escritora Mar&iacute;a Due&ntilde;as.<a title="" href="#_ftn4">[4]</a> Su protagonista es una joven modista, <em>Sira Quiroga</em> que abandona Madrid, en los meses previos al <em>alzamiento</em>, para instalarse primero en la ciudad de T&aacute;nger<a title="" href="#_ftn5">[5]</a>, y posteriormente en Tetu&aacute;n, capital del Protectorado espa&ntilde;ol en Marruecos. Cerrado el tr&aacute;fico naval del Estrecho hac&iacute;a la Pen&iacute;nsula, los que no han podido salir huyendo &ndash;lo que conseguir&aacute;n muy pocos- vivir&aacute;n en una atmosfera de terror y de miedo, porque cualquier denuncia tiene graves consecuencias. <a title="" href="#_ftn6">[6]</a></p>
<p>Durante su etapa de Tetu&aacute;n, Sira relata sus vivencias en la pensi&oacute;n de &laquo;La Luneta&raquo; donde se aloja. Y all&iacute; aparecen las primeras referencias al tema de la masoner&iacute;a. Los hu&eacute;spedes son espa&ntilde;oles, y representan la brutal dicotom&iacute;a de las dos Espa&ntilde;as enfrentadas en la guerra civil. Durante las comidas se repiten d&iacute;a tras d&iacute;a duros enfrentamientos dial&eacute;cticos que sostienen ambos bandos. Un d&iacute;a, reci&eacute;n llegada a la pensi&oacute;n Sira es testigo de una violenta discusi&oacute;n entre los hu&eacute;spedes. Los insultos de los partidarios del bando &ldquo;nacional&rdquo; poseen la carga argumental del mensaje antirrepublicano, y antimas&oacute;nico, que justifican el &ldquo;alzamiento&rdquo;. Los insultos desde la parte republicana reflejan los t&oacute;picos de la propaganda en los que se carga sobre todo contra la Iglesia por su mentalidad&nbsp; ultraconservadora, y se ataca el car&aacute;cter fascista de los militares franquistas.<a title="" href="#_ftn7">[7]</a></p>
<p>Las alusiones a la Masoner&iacute;a son representativas del discurso antimas&oacute;nico repetido durante la dictadura, hasta el fallecimiento del Caudillo. <a title="" href="#_ftn8">[8]</a> &nbsp;La habilidad de la escritora en la descripci&oacute;n de los ambientes y la elaboraci&oacute;n de los di&aacute;logos entrecortados por los insultos y los gritos, da verosimilitud a la vida cotidiana de los residentes en la pensi&oacute;n de &laquo;La Luneta&raquo;, y por extensi&oacute;n de los habitantes espa&ntilde;oles del Protectorado. Cerrada la comunicaci&oacute;n mar&iacute;tima con la Pen&iacute;nsula, sin poder cruzar el Estrecho, los hu&eacute;spedes viven en una dura confrontaci&oacute;n permanente desde que estall&oacute; el <em>alzamiento</em>. Y seg&uacute;n le cuenta Candelaria (<em>La Matutera</em>) la due&ntilde;a de la pensi&oacute;n, los masones han sufrido una persecuci&oacute;n implacable, desde el 17 de julio de 1936, e incluso antes.<a title="" href="#_ftn9">[9]</a></p>
<p>Hay varios momentos muy emocionantes en la novela. Como, por ejemplo, cuando el 1 de abril de 1939 llega a la pensi&oacute;n la noticia del fin de la guerra, a trav&eacute;s de la radio. Y con <em>el &uacute;ltimo parte</em> de guerra, uno de los hu&eacute;spedes (mas&oacute;n) se despide de todos los residentes anunciando que se ve obligado a marchar al exilio. <em>Candelaria</em> le dice que en su pensi&oacute;n siempre ser&aacute; bienvenido. <em>La Matutera</em>, con su gran humanidad y comprensi&oacute;n jugar&aacute; un papel moderador entre los partidarios de los dos bandos. Y, sobre todo, ejercer&aacute; un permanente papel protector de Sira, la protagonista de la novela a la que ayuda generosamente. Estas dos mujeres no se posicionan en ninguno de los dos bandos combatientes porque para ellas, lo necesario y lo imprescindible se limita a tratar de sobrevivir.</p>
<p>El relato novel&iacute;stico va avanzando cuando se produce una extra&ntilde;a aventura de venta de armas, con objeto de conseguir el dinero para que <em>Sira</em> pueda instalar su propio taller de costura en Tetu&aacute;n. La joven tendr&aacute; que disfrazarse de <em>mora</em> e ir por la noche hasta la estaci&oacute;n de tren de Tetu&aacute;n, donde se ha convenido la entrega de unas pistolas -que ocultar&aacute; entre sus ropas-, a un desconocido personaje, el hombre de Larache. Se trata de un mas&oacute;n que le ayudar&aacute; a salir huyendo, arriesgando la vida, y del que nunca conocer&aacute; su nombre. En este episodio, la masoner&iacute;a no es un mero argumento literario que refleja la dif&iacute;cil convivencia entre los partidarios de las dos Espa&ntilde;as. Los masones son personas y - sobre todo &ldquo;el hombre de Larache&rdquo; &ndash; act&uacute;an con gran humanidad frente a la fragilidad de la protagonista.&nbsp;</p>
<p><strong><em><br /></em></strong></p>
<p><strong><em>En la pensi&oacute;n de &ldquo;La Luneta&rdquo; </em></strong></p>
<p>El lugar en el que residir&aacute; Sira una buena temporada hasta que pueda montar su propio taller de costura, es una modesta pensi&oacute;n en la que Candelaria la acoge con familiaridad y comprensi&oacute;n. La primera referencia a la Masoner&iacute;a aparece en el cap&iacute;tulo 7, cuando <em>Sira </em>acaba de llegar a la pensi&oacute;n de &ldquo;La Luneta&rdquo;, en la ciudad de Tetu&aacute;n. Sira habla de la experiencia de su primer d&iacute;a. Concretamente narra el momento de la comida, en el que todos los hu&eacute;spedes se re&uacute;nen en el comedor. En esta escena, que sirve de presentaci&oacute;n de algunos de los personajes principales de la novela de Mar&iacute;a Due&ntilde;as, la protagonista relata c&oacute;mo los hu&eacute;spedes discuten vivamente sobre la guerra civil.</p>
<p>Ya lo hemos dicho, unos son partidarios del bando republicano y otros del de los generales golpistas. Lejos de la pen&iacute;nsula se produce una guerra dial&eacute;ctica, en el que se intercambian insultos e improperios cuando llega la hora de comer y pasan al comedor de la pensi&oacute;n, hasta que &ldquo;Candelaria&rdquo; impone con autoridad el final de las &ldquo;hostilidades&rdquo;, aunque la siguiente confrontaci&oacute;n se repite a la hora de la cena. Y de nuevo se repetir&aacute; la misma escena de la discusi&oacute;n los d&iacute;as siguientes, pr&aacute;cticamente con las mismas palabras<a title="" href="#_ftn10">[10]</a> y con los mismos argumentos enfrentados. Y as&iacute; volver&aacute; a repetirse hasta el final de la guerra, cada vez que pasan al comedor.</p>
<p><strong><em><br /></em></strong></p>
<p><strong><em>Improperios, insultos y atrocidades </em></strong></p>
<p>Sira narra su llegada a la pensi&oacute;n y el tenso ambiente en que viven los hu&eacute;spedes:</p>
<p>Candelaria regres&oacute; apenas una hora m&aacute;s tarde.<a title="" href="#_ftn11">[11]</a></p>
<p>Poco antes y poco despu&eacute;s fue llegando el menguado cat&aacute;logo de hu&eacute;spedes a los que la casa proporcionaba refugio y manutenci&oacute;n. Compon&iacute;an la parroquia un representante de productos de peluquer&iacute;a, un funcionario de Correos y Tel&eacute;grafos, un maestro jubilado, un par de hermanas entradas en a&ntilde;os y secas como mojamas, y una viuda oronda con un hijo al que llamaba Paquito a pesar del vozarr&oacute;n y el poblado bozo que el muchacho ya gastaba. Todos me saludaron con cortes&iacute;a cuando la patrona me present&oacute;, todos se acomodaron despu&eacute;s en silencio alrededor de la mesa en los sitios asignados para cada cual:</p>
<p>Candelaria presidiendo, el resto distribuido en los flancos laterales. Las mujeres y Paquito a un lado, los hombres enfrente. &laquo;T&uacute; en la otra punta&raquo;, orden&oacute;. Empez&oacute; a servir el estofado hablando sin tregua sobre cu&aacute;nto hab&iacute;a subido la carne y lo buenos que estaban saliendo aquel a&ntilde;o los melones. No dirig&iacute;a sus comentarios a nadie en concreto y, aun as&iacute;, parec&iacute;a tener un inmenso af&aacute;n en no cejar en su parloteo por triviales que fueran los asuntos y escasa la atenci&oacute;n de los comensales.</p>
<p>Sin una palabra de por medio, todos se dispusieron a comenzar el almuerzo trasladando r&iacute;tmicamente los cubiertos de los platos a las bocas. No se o&iacute;a m&aacute;s sonido que la voz de la patrona, el ruido de las cucharas al chocar contra la loza y el de las gargantas al engullir el guiso. Sin embargo, un descuido de Candelaria me hizo comprender la raz&oacute;n de su incesante charla: el primer resquicio dejado en su perorata al requerir la presencia de Jamila en el comedor fue aprovechado por una de las hermanas para meter su cu&ntilde;a, y entonces entend&iacute; el porqu&eacute; de su voluntad por llevar ella misma el mando de la conversaci&oacute;n con firme mano de timonel.</p>
<p>&mdash;Dicen que ya ha ca&iacute;do Badajoz. &mdash;Las palabras de la m&aacute;s joven de las maduras hermanas tampoco parec&iacute;an dirigirse a nadie en concreto; a la jarra del agua tal vez, puede que, al salero, a las vinagreras o al cuadro de la Santa Cena que levemente torcido presid&iacute;a la pared. Su tono pretend&iacute;a tambi&eacute;n ser indiferente, como si comentara la temperatura del d&iacute;a o el sabor de los guisantes.</p>
<p>&nbsp;De inmediato supe, no obstante, que aquella intervenci&oacute;n ten&iacute;a la misma inocencia que una navaja reci&eacute;n afilada.</p>
<p>&nbsp;&mdash;Qu&eacute; l&aacute;stima; tantos buenos muchachos como se habr&aacute;n sacrificado defendiendo al leg&iacute;timo gobierno de la Rep&uacute;blica; tantas vidas j&oacute;venes y vigorosas desperdiciadas, con la de alegr&iacute;as que habr&iacute;an podido darle a una mujer tan apetitosa como usted, Sagrario.</p>
<p>La r&eacute;plica cargada de acidez corri&oacute; a cuenta del viajante y encontr&oacute; eco en forma de carcajada en el resto de la poblaci&oacute;n masculina. Tan pronto not&oacute; do&ntilde;a Herminia que a su Paquito tambi&eacute;n le hab&iacute;a hecho gracia la intervenci&oacute;n del vendedor de crecepelo, asest&oacute; al muchacho un pescoz&oacute;n que le dej&oacute; el cogote enrojecido. En supuesta ayuda del chico intervino entonces el viejo maestro con voz juiciosa. Sin levantar la cabeza de su plato, sentenci&oacute;.</p>
<p>&nbsp;&mdash;No te r&iacute;as, Paquito, que dicen que re&iacute;rse seca las entendederas.</p>
<p>&nbsp;Apenas pudo terminar la frase antes de que mediara la madre de la criatura.</p>
<p>&nbsp;&mdash;Por eso ha tenido que levantarse el ej&eacute;rcito, para acabar con tantas risas, tanta alegr&iacute;a y tanto libertinaje que estaban llevando a Espa&ntilde;a a la ruina...</p>
<p>&nbsp;Y entonces pareci&oacute; haberse declarado abierta la veda. Los tres hombres en un flanco y las tres mujeres en el otro alzaron sus seis voces de manera casi simult&aacute;nea en un gallinero en el que nadie escuchaba a nadie y todos se desga&ntilde;itaban soltando por sus bocas improperios y atrocidades.</p>
<p>&nbsp;<em>Rojo vicioso, vieja meapilas, hijo de Lucifer, t&iacute;a vinagre, ateo, degenerado </em>y otras decenas de ep&iacute;tetos destinados a vilipendiar al comensal de enfrente saltaron por los aires en un fuego cruzado de gritos col&eacute;ricos<em>.</em></p>
<p>&nbsp;Los &uacute;nicos callados &eacute;ramos Paquito y yo misma: yo, porque era nueva y no ten&iacute;a conocimiento ni opini&oacute;n sobre el devenir de la contienda y Paquito, probablemente por miedo a los mandobles de su furibunda madre, que <em>en ese mismo momento acusaba al maestro de mas&oacute;n asqueroso y adorador de Satan&aacute;s</em><strong>,</strong> con la boca llena de patatas a medio masticar y un hilo aceitoso cay&eacute;ndole por la barbilla. En el otro extremo de la mesa, Candelaria, entretanto, iba transmutando segundo a segundo su ser: la ira amplificaba su volumen de jaca y su semblante, poco antes amable, empez&oacute; a enrojecer hasta que, incapaz de contenerse m&aacute;s, propin&oacute; un pu&ntilde;etazo sobre la mesa con tal potencia que el vino salt&oacute; de los vasos, los platos chocaron entre s&iacute; y por el mantel se derram&oacute; a borbotones la salsa del estofado.</p>
<p>&nbsp;Como un trueno, su voz se alz&oacute; por encima de la otra media docena.</p>
<p>&nbsp;&mdash;&iexcl;Como vuelva a hablarse de la puta guerra en esta santa casa, los pongo a todos en lo ancho de la calle y les tiro las maletas por el balc&oacute;n!</p>
<p>&nbsp;De mala gana y lanz&aacute;ndose miradas asesinas, replegaron todos velas y se dispusieron a terminar el primer plato conteniendo a duras penas sus furores. Los jureles del segundo transcurrieron casi en silencio; la sand&iacute;a del postre amag&oacute; peligro por aquello de lo encarnado de su color, pero la tensi&oacute;n no lleg&oacute; a estallar. El almuerzo termin&oacute; sin mayores incidentes; para encontrarlos de nuevo, hubo s&oacute;lo que esperar a la cena. Volvieron entonces como aperitivo las iron&iacute;as y las bromas de doble sentido; despu&eacute;s los dardos cargados de veneno y el intercambio de blasfemias y persignaciones y, finalmente, los insultos sin parapeto y el lanzamiento de curruscos de pan con el ojo del contrario como objetivo.</p>
<p>&nbsp;Y como colof&oacute;n, de nuevo los gritos de Candelaria advirtiendo del inminente desahucio de todos los hu&eacute;spedes si persist&iacute;an en su af&aacute;n de replicar los dos bandos sobre el mantel. Descubr&iacute; entonces que aqu&eacute;l era el natural discurrir de las tres comidas de la pensi&oacute;n un d&iacute;a s&iacute; y otro tambi&eacute;n. Nunca, sin embargo, lleg&oacute; la patrona a desprenderse de uno solo de aquellos hospedados a pesar de que todos ellos mantuvieron siempre alerta el nervio b&eacute;lico y afiladas la lengua y la punter&iacute;a para cargar sin piedad contra el flanco contrario.</p>
<p>&nbsp;No estaban las cosas en la vida de &ldquo;la matutera&rdquo; en aquellos momentos de menguadas transacciones como para deshacerse voluntariamente de lo que cada uno de aquellos pobres diablos sin casa ni amarre pagaba por manutenci&oacute;n, pernocta y derecho a ba&ntilde;o semanal. As&iacute; que, a pesar de las amenazas, rara fue la jornada en la que de un lado al otro de la mesa no volaron oprobios, huesos de aceituna, proclamas pol&iacute;ticas, pieles de pl&aacute;tano y, en los momentos m&aacute;s calientes, alg&uacute;n que otro salivazo y m&aacute;s de un tenedor. La vida misma a escala de batalla dom&eacute;stica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>Un contubernio de seres descolocados, iracundos y asustados&hellip; </em></strong></p>
<p>La siguiente referencia mas&oacute;nica funciona &ldquo;por alusiones&rdquo;. Sira utiliza el ep&iacute;teto de &ldquo;contubernio&rdquo; para describir el ambiente de la pensi&oacute;n en la que est&aacute; alojada. <a title="" href="#_ftn12">[12]</a> Seg&uacute;n Sira, en la pensi&oacute;n &ldquo;se repiten los conatos de bronca casi a diario, en un &ldquo;contubernio de seres descolocados, iracundos y asustados&hellip;&rdquo; Dice que los hu&eacute;spedes siguen con gran apasionamiento el desarrollo de la guerra sosteniendo los argumentos y la propaganda de su bando. Los unos hablan de las victorias de los militares rebeldes, y los otros de los avances del ej&eacute;rcito republicano:</p>
<p>Y as&iacute; fueron pasando mis primeros tiempos en la pensi&oacute;n de La Luneta, entre aquella gente de la que nunca supe mucho m&aacute;s que sus nombres de pila y &mdash; muy por encima&mdash; las razones por las que all&iacute; se alojaban. El maestro y el funcionario, solteros y a&ntilde;osos, eran residentes longevos; las hermanas viajaron desde Soria a mediados de julio para enterrar a un pariente y se vieron con el Estrecho cerrado al tr&aacute;fico mar&iacute;timo antes de poder regresar a su tierra; algo similar ocurri&oacute; al comercial de productos de peluquer&iacute;a,<em> </em>retenido involuntariamente en el<em> </em>Protectorado por el alzamiento.</p>
<p>M&aacute;s oscuras eran las razones de la madre y el hijo, aunque todos supon&iacute;an que andaban a la b&uacute;squeda de un marido y padre un tanto huidizo que una buena ma&ntilde;ana sali&oacute; a comprar tabaco a la toledana plaza de Zocodover y decidi&oacute; no volver m&aacute;s a su domicilio. Con conatos de bronca casi a diario, con la guerra real avanzando sin piedad a trav&eacute;s del verano y aquel <em>contubernio</em> de seres descolocados, iracundos y asustados siguiendo al mil&iacute;metro su desarrollo, as&iacute; fui yo acomod&aacute;ndome a esa casa y su submundo, y as&iacute; fue tambi&eacute;n estrech&aacute;ndose mi relaci&oacute;n con la due&ntilde;a de aquel negocio en el que, por la naturaleza de la clientela, poco rendimiento presupon&iacute;a yo que alcanzar&iacute;a ella a recoger.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>El extra&ntilde;o episodio de venta de las pistolas y los masones</em></strong></p>
<p>&ldquo;Candelaria&rdquo; ayuda a Sira a encontrar trabajo en Tetu&aacute;n, pero las cosas est&aacute;n muy dif&iacute;ciles y no consigue nada, hasta que un d&iacute;a se entera de que nuestra protagonista sabe coser, y lo hace muy bien. Aqu&iacute; empieza una nueva etapa en la vida de Sira, en la que tambi&eacute;n jugar&aacute;n un papel los <em>masones</em>. Para montar su propio taller Sira va a necesitar dinero, y no una peque&ntilde;a cantidad, porque &ldquo;Candelaria&rdquo; le dice que hay que buscar un piso de lujo, en una zona m&aacute;s c&eacute;ntrica y m&aacute;s distinguida que la del barrio de La Luneta donde ella tiene la pensi&oacute;n. Para hacerse con una clientela de categor&iacute;a tendr&aacute; que instalar un taller de alta costura. Candelaria le va a ayudar a conseguir lo que necesita mediante la venta de unas pistolas que se dej&oacute; un residente de la pensi&oacute;n al inicio de la guerra. Aunque reconoce que la venta de armas es un &ldquo;negocio&rdquo; muy arriesgado, le dice que no tienen m&aacute;s remedio. Ese &ldquo;negocio&rdquo; puede significar la posibilidad de obtener la cantidad de dinero que necesita Sira para montar su taller. <a title="" href="#_ftn13"><strong><strong>[13]</strong></strong></a>&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&mdash;Y &iquest;c&oacute;mo voy yo a montar una casa de alta costura, Candelaria? &mdash;pregunt&eacute; acobardada.<strong> </strong></p>
<p>&nbsp;La primera respuesta fue una carcajada. La segunda, tres palabras pronunciadas con tal desparpajo que no dej&oacute; lugar a la m&aacute;s diminuta de las dudas.</p>
<p>&nbsp;&mdash;Conmigo, chiquilla, conmigo.</p>
<p>Aguant&eacute; la cena con una tropa de nervios bail&aacute;ndome entre los intestinos. Antes de &eacute;sta, la patrona no pudo aclararme nada m&aacute;s porque, apenas formul&oacute; su anuncio, llegaron al comedor las hermanas comentando exultantes la <em>liberaci&oacute;n del Alc&aacute;zar de Toledo</em>. Al poco se sumaron el resto de los hu&eacute;spedes, <em>rebosando satisfacci&oacute;n un bando y rumiando su disgusto el otro. </em>Jamila empez&oacute; entonces a poner la mesa y Candelaria no tuvo m&aacute;s remedio que dirigirse a la cocina para ir organizando la cena: coliflor rehogada y tortillas de un huevo; todo econ&oacute;mico, todo blandito no fuera a darles a los hospedados por <em>reduplicar la gesta del d&iacute;a en el frente lanz&aacute;ndose con furia a la cabeza los huesos de las chuletas</em>.</p>
<p>Acab&oacute; la cena bien salpimentada con sus correspondientes <em>tiranteces,</em> y unos y otros se retiraron del comedor con prisa. Las mujeres y el cachalote de Paquito se dirigieron al cuarto de las hermanas para escuchar la <em>arenga nocturna</em> de Queipo de Llano desde Radio Sevilla. Los hombres marcharon a la<em> Uni&oacute;n Mercantil</em> para tomar el &uacute;ltimo caf&eacute; del d&iacute;a y charlar con unos y otros sobre el avance de la guerra. Jamila recog&iacute;a la mesa y yo me dispon&iacute;a a ayudarla a fregar los platos en la pila cuando Candelaria, con un gesto imperioso de su cara morena, me indic&oacute; el pasillo.</p>
<p>&nbsp;&mdash;Tenemos que hablar, ni&ntilde;a. T&uacute; y yo tenemos que hablar muy en serio &mdash;dijo en voz baja sent&aacute;ndose a mi lado&mdash;. Vamos a ver: &iquest;t&uacute; est&aacute;s dispuesta a montar un taller? &iquest;T&uacute; est&aacute;s dispuesta a ser la mejor modista de Tetu&aacute;n, a coser la ropa que aqu&iacute; nunca nadie ha cosido?</p>
<p>&mdash;Dispuesta claro que estoy, Candelaria, pero...</p>
<p>&nbsp;&mdash;No hay peros que valgan. Ahora esc&uacute;chame bien y no me interrumpas.</p>
<p>Ver&aacute;s t&uacute;: despu&eacute;s del encuentro con la alemana en la peluquer&iacute;a de mi comadre, me he estado informando por ah&iacute; y resulta que en los &uacute;ltimos tiempos contamos en Tetu&aacute;n con gente que antes no viv&iacute;a aqu&iacute;. Igual que te ha pasado a ti, o a las raspas de las hermanas, a Paquito y la gorda de su madre, y a Mat&iacute;as el de los crecepelos: que con lo del <em>alzamiento</em> os hab&eacute;is quedado todos aqu&iacute;, atrapados como ratas, sin poder cruzar el Estrecho para volver a vuestras casas (...)</p>
<p>&nbsp;&mdash;La sigo, Candelaria, claro que la sigo, pero...</p>
<p>&nbsp;&mdash;&iexcl;Sssssssshhhh! &iexcl;Que he dicho que no quiero peros hasta que yo termine de hablar! Vamos a ver: lo que t&uacute; ahora necesitas, ahora mismito, ya, de hoy a ma&ntilde;ana, es un local de campanillas donde ofrecer a la clientela lo mejor de lo mejor. Por mis muertos te juro que no he visto a nadie coser como t&uacute; en toda mi vida, as&iacute; que hay que ponerse manos a la obra inmediatamente. Y s&iacute;, ya s&eacute; que no tienes ni un real, pero para eso est&aacute; la Candelaria.</p>
<p>&nbsp;&mdash;Pero si usted no tiene una perra tampoco; si est&aacute; todo el d&iacute;a quej&aacute;ndose de que no le llega ni para darnos de comer.</p>
<p>&nbsp;&mdash;Ando canina, talmente: las cosas han estado muy dificil&iacute;simas en los &uacute;ltimos tiempos para conseguir mercanc&iacute;a. En los puestos fronterizos han colocado destacamentos con soldados armados hasta las cejas, y no hay manera humana de traspasarlos para llegar a T&aacute;nger en busca de g&eacute;nero si no es con cincuenta mil salvoconductos que a mi menda nadie le va a dar. Y alcanzar Gibraltar est&aacute; a&uacute;n m&aacute;s complicado, con el tr&aacute;fico del Estrecho cerrado y los aviones de guerra en vuelo raso dispuestos a bombardear todo lo que por all&iacute; se mueva.</p>
<p>&nbsp;Pero tengo algo con lo que podemos conseguir los cuartos que necesitamos para montar el negocio; algo que, por primera vez en toda mi pu&ntilde;etera vida, ha venido a m&iacute; sin que yo lo buscara y para lo que no he necesitado salir de mi casa siquiera. Ven para ac&aacute; que te lo ense&ntilde;e. Se dirigi&oacute; entonces a la esquina de la habitaci&oacute;n donde se acumulaba el mont&oacute;n de trastos in&uacute;tiles.</p>
<p>&nbsp;&mdash;Date antes un garbeo por el pasillo y comprueba que las hermanas siguen con la radio puesta &mdash;orden&oacute; en un susurro.</p>
<p>Cuando volv&iacute; con la confirmaci&oacute;n de que as&iacute; era, ya hab&iacute;a retirado de su sitio las jaulas, el canasto, los orinales y las palanganas. Delante de ella s&oacute;lo quedaba el ba&uacute;l.</p>
<p>&mdash;Cierra bien la puerta, echa el pestillo, enciende la luz y ac&eacute;rcate &mdash; requiri&oacute; imperiosa sin levantar la voz m&aacute;s de lo justo.</p>
<p>La bombilla pelada del techo llen&oacute; de pronto la estancia de luminosidad mortecina. Llegu&eacute; a su lado cuando acababa de levantar la tapa. En el fondo del ba&uacute;l s&oacute;lo hab&iacute;a un trozo de manta arrugado y mugriento. Lo alz&oacute; con cuidado, casi con esmero.</p>
<p>&nbsp;&mdash;As&oacute;mate bien.</p>
<p>Lo que vi me dej&oacute; sin habla; casi sin pulso, casi sin vida. Un mont&oacute;n de pistolas oscuras, diez, doce, tal vez quince, quiz&aacute; veinte, ocupaban la base de madera en desorden, cada ca&ntilde;&oacute;n apuntando a un lado, como un pelot&oacute;n dormido de asesinos.</p>
<p>&nbsp;&mdash;&iquest;Las has visto? &mdash;bisbis&oacute;&mdash;. Pues cierro. Dame los trastos, que los ponga encima, y vuelve a apagar la luz.</p>
<p>La voz de Candelaria, a&uacute;n queda, era la de siempre; la m&iacute;a nunca lo supe porque el impacto de lo que acababa de contemplar me impidi&oacute; formular palabra alguna en un buen rato. Volvimos a la cama y ella al cuchicheo.</p>
<p>&nbsp;&mdash;Habr&aacute; quien a&uacute;n piense que lo del alzamiento se hizo por sorpresa, pero eso es mentira cochina. Quien m&aacute;s y quien menos sab&iacute;a que algo fuerte se estaba cociendo. La cosa llevaba ya un tiempo prepar&aacute;ndose, y no s&oacute;lo en los cuarteles y en el Llano Amarillo. Cuentan que hasta en el Casino Espa&ntilde;ol hab&iacute;a un arsenal entero escondido detr&aacute;s de la barra, vete t&uacute; a saber si es verdad o no.</p>
<p>En las primeras semanas de julio tuve alojado en este cuarto a un agente de aduanas pendiente de destino, o eso al menos dec&iacute;a &eacute;l. La cosa me ol&iacute;a rara, para qu&eacute; te voy a enga&ntilde;ar, porque para m&iacute; que aquel hombre ni era agente de aduanas ni nada que se le parezca, pero, en fin, como yo nunca pregunto porque a m&iacute; tampoco me gusta que nadie se meta en mis chalaneos, le arregl&eacute; su cuarto, le puse un plato caliente en la mesa y santas pascuas. A partir del <em>18 de Julio</em> no le volv&iacute; a ver m&aacute;s. Igual se uni&oacute; al <em>alzamiento</em>, que sali&oacute; por piernas por las cabilas hacia la zona francesa, que se lo llevaron para el <em>Monte Hacho</em> y lo fusilaron al amanecer: ni tengo la menor idea de lo que fue de &eacute;l, ni he querido hacer averiguaciones.</p>
<p>El caso es que, a los cuatro o cinco d&iacute;as, me mandaron a un tenientillo a por sus pertenencias. Yo le entregu&eacute; sin preguntar lo poco que hab&iacute;a en su armario, le dije vaya usted con Dios y di el asunto del agente por terminado. Pero al limpiar la Jamila el cuarto para el siguiente hu&eacute;sped y ponerse a barrer debajo de la cama, la o&iacute; de pronto pegar un grito como si hubiera visto al mism&iacute;simo demonio con el pincho en la mano o lo que lleve el demonio de los musulmanes, que a saber qu&eacute; ser&aacute;. El caso es que ah&iacute;, en la esquina, al fondo, le hab&iacute;a arreado un escobazo al mont&oacute;n de pistolas.</p>
<p>&mdash;&iquest;Y usted entonces las descubri&oacute; y se las qued&oacute;? &mdash;pregunt&eacute; con un hilo de voz.</p>
<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; iba a hacer si no? &iquest;Me iba a ir en busca del teniente a su tabor, con la que est&aacute; cayendo?</p>
<p>&mdash;Se las pod&iacute;a haber entregado al comisario.</p>
<p>&mdash;&iquest;A don Claudio? &iexcl;T&uacute; est&aacute;s trastornada, muchacha!</p>
<p>Esta vez fui yo quien con un sonoro &laquo;sssssssshhhhhh&raquo; requer&iacute; silencio y discreci&oacute;n.</p>
<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo le voy a dar yo a don Claudio las pistolas? &iquest;Qu&eacute; quieres, que me encierre de por vida, con lo enfilada que me tiene? Me las qued&eacute; porque en mi casa estaban y, adem&aacute;s, el agente de aduanas se quit&oacute; de en medio dej&aacute;ndome a deber quince d&iacute;as, de manera que las armas eran m&aacute;s o menos su pago en especias. Esto vale un dineral, ni&ntilde;a, y m&aacute;s ahora, con los tiempos que corren, as&iacute; que las pistolas son m&iacute;as y con ellas puedo hacer lo que se me antoje.</p>
<p>&mdash;&iquest;Y piensa venderlas? Puede ser muy peligroso.</p>
<p>&mdash;Nos ha jodido, claro que es peligroso, pero necesitamos el parn&eacute; para montar tu negocio.</p>
<p>&mdash;No me diga, Candelaria, que se va a meter en ese l&iacute;o s&oacute;lo por m&iacute;...</p>
<p>&mdash;No, hija, no &mdash;interrumpi&oacute;&mdash;. Vamos a ver si me explico. En el l&iacute;o no me voy a meter yo sola: nos vamos a meter las dos. Yo me ocupo de buscar quien compre la mercanc&iacute;a y con lo que saque por ella, montamos tu taller y vamos a medias.</p>
<p>&mdash;&iquest;Y por qu&eacute; no las vende para usted misma y va tirando con lo que consiga sin abrirme a m&iacute; un negocio?</p>
<p>&mdash;Porque eso es pan para hoy y hambre para ma&ntilde;ana, y a m&iacute; me interesa m&aacute;s algo que me d&eacute; un rendimiento a largo plazo. Si vendo el g&eacute;nero y en dos o tres meses voy echando al puchero lo que por &eacute;l consiga, &iquest;de qu&eacute; voy a vivir luego si la guerra se alarga?</p>
<p>&mdash;&iquest;Y si la pillan intentando comerciar con las pistolas?</p>
<p>&mdash;Pues le digo a don Claudio que es cosa de las dos y nos vamos juntitas a donde nos mande.</p>
<p>&mdash;&iquest;A la c&aacute;rcel?</p>
<p>&mdash;O al <em>cementerio civil</em>, a ver por d&oacute;nde nos sale el payo.</p>
<p>A pesar de que hab&iacute;a anunciado esta &uacute;ltima funesta premonici&oacute;n con un gui&ntilde;o lleno de burla, la sensaci&oacute;n de p&aacute;nico me aumentaba por segundos. La mirada de acero del comisario V&aacute;zquez y sus serias advertencias a&uacute;n permanec&iacute;an frescas en mi memoria. Mant&eacute;ngase al margen de cualquier asunto feo, no me haga ninguna jugada, comp&oacute;rtese decentemente. Las palabras que de su boca hab&iacute;an salido compon&iacute;an todo un cat&aacute;logo de cosas indeseables. Comisar&iacute;a, c&aacute;rcel de mujeres. Robo, estafa, deuda, denuncia, tribunal. Y ahora, por si faltaba algo, venta de armas. <a title="" href="#_ftn14">[14]</a></p>
<p>&mdash;No se meta en ese l&iacute;o, Candelaria, que es muy peligroso &mdash;rogu&eacute; muerta de miedo.</p>
<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; hacemos entonces? &mdash;inquiri&oacute; en un susurro atropellado.</p>
<p>&iquest;Vivimos del aire? &iquest;Nos comemos los mocos? T&uacute; has llegado sin un c&eacute;ntimo y a m&iacute; ya no me queda de d&oacute;nde sacar. Del resto de los hu&eacute;spedes s&oacute;lo me pagan la madre, el maestro y el telegrafista, y ya veremos hasta cu&aacute;ndo son capaces de estirar lo poco que tienen. Los otros tres desgraciados y t&uacute; os hab&eacute;is quedado con lo puesto, pero no puedo largaros a la calle, a ellos por caridad y a ti porque lo &uacute;nico que me faltaba ya es tener detr&aacute;s de m&iacute; a don Claudio pidiendo explicaciones. As&iacute; que t&uacute; me dir&aacute;s c&oacute;mo me las ingenio.</p>
<p>&mdash;Yo puedo seguir cosiendo para las mismas mujeres; trabajar&eacute; m&aacute;s, me quedar&eacute; despierta la noche entera si hace falta. Repartiremos entre las dos, todo lo que gane...</p>
<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;nto es eso? &iquest;Cu&aacute;nto te crees que puedes conseguir haciendo pingos para las vecinas? &iquest;Cuatro perras mal contadas? &iquest;Se te ha olvidado ya lo que debes en T&aacute;nger? &iquest;Piensas quedarte a vivir en este cuartucho para los restos? &mdash;</p>
<p>Las palabras les sal&iacute;an a borbotones de la boca en una catarata de siseos aturullados&mdash;.</p>
<p>Mira, chiquilla, t&uacute; con tus manos tienes un tesoro que no se lo salta un gitano, y pecado mortal es que no lo aproveches como Dios manda. Ya s&eacute; que la vida te ha dado palos fuertes, que tu novio se port&oacute; contigo muy malamente, que est&aacute;s en una ciudad en la que no quieres estar, lejos de tu tierra y de tu familia, pero esto es lo que hay, que lo pasado, pasado est&aacute;, y el tiempo jam&aacute;s recula. Tienes que tirar para adelante, Sira. Tienes que ser valiente, arriesgarte y pelear por ti. Con la malaventura que llevas a rastras ning&uacute;n se&ntilde;orito va a venir a tocarte a la puerta para ponerte un piso y, adem&aacute;s, despu&eacute;s de tu experiencia, tampoco creo que tengas inter&eacute;s en volver a depender de un hombre en una buena temporada. Eres muy joven y a tu edad a&uacute;n puedes aspirar a rehacer la vida por ti misma; a algo m&aacute;s que marchitar tus mejores a&ntilde;os haciendo dobladillos y suspirando por lo que has perdido.</p>
<p>&mdash;Pero lo de las pistolas, Candelaria, lo de vender las pistolas... musit&eacute; acobardada.</p>
<p>&mdash;Eso es lo que hay, criatura; eso es lo que tenemos y por mis muertos te juro que voy a arrancarle todo el beneficio que pueda. &iquest;Qu&eacute; te crees t&uacute;, que a m&iacute; no me gustar&iacute;a que fuera algo m&aacute;s curiosito, que en vez de pistolas me hubieran dejado un cargamento de relojes suizos o de medias de cristal? Pues claro que s&iacute;. Pero resulta que lo &uacute;nico que tenemos son armas, y resulta que estamos en guerra, y resulta que hay gente que puede estar interesada en comprarlas.</p>
<p>&mdash;Pero &iquest;y si la pillan? &mdash;volv&iacute; a preguntar con incertidumbre.</p>
<p>&mdash;&iexcl;Y vuelta la burra al trigo! Pues si me trincan, rezamos al <em>Cristo de Medinaceli</em> para que don Claudio tenga un poco de misericordia, nos comemos una temporadita en la trena, y aqu&iacute; paz y despu&eacute;s gloria. Adem&aacute;s, te recuerdo que ya s&oacute;lo te quedan menos de diez meses para pagar tu deuda y, al paso que llevas, no vas a poderte hacer cargo de ella ni en veinte a&ntilde;os cosiendo para las mujeres de la calle. As&iacute; que, por muy honrada que quieras ser, como sigas en tus trece de la c&aacute;rcel al final no te va a salvar ni el Santo Custodio. De la c&aacute;rcel o de acabar abri&eacute;ndote de piernas en cualquier burdel de medio pelo para que se desahoguen contigo los soldados que vuelvan machacados del frente, que tambi&eacute;n es una salida a considerar en tus circunstancias.</p>
<p>&mdash;No s&eacute;, Candelaria, no s&eacute;. Me da mucho miedo...</p>
<p>&mdash;A m&iacute; tambi&eacute;n me entran las cagaleras de la muerte, a ver si te crees t&uacute; que yo soy de yeso. No es lo mismo trapichear con mis apa&ntilde;os que intentar colocar docena y media de rev&oacute;lveres en tiempos de contienda. Pero no tenemos otra salida, criatura.</p>
<p>&mdash;&iquest;Y c&oacute;mo lo har&iacute;a?</p>
<p>&mdash;T&uacute; de eso no te preocupes, que ya me buscar&eacute; yo mis contactos. No creo que tarde m&aacute;s de unos cuantos d&iacute;as en traspasar la mercanc&iacute;a. Y entonces buscamos un local en el mejor sitio de Tetu&aacute;n, lo montamos todo y empiezas.</p>
<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo que empiezas? &iquest;Y usted? &iquest;Usted no va a estar conmigo en el taller?</p>
<p>R&iacute;o calladamente y movi&oacute; la cabeza con gesto negativo.</p>
<p>&mdash;No, hija, no. Yo me voy a encargar de conseguirte el dinero para pagar los primeros meses de un buen alquiler y comprar lo que necesites. Y despu&eacute;s, cuando todo est&eacute; listo, t&uacute; te vas a poner a trabajar y yo me voy a quedar aqu&iacute;, en mi casa, esperando el fin de mes para que compartamos los beneficios.</p>
<p>Adem&aacute;s, no es bueno que te asocien conmigo: yo tengo una fama nada m&aacute;s que regular y no pertenezco a la clase de las se&ntilde;oras que necesitamos como clientas. As&iacute; que yo me encargo de poner los dineros iniciales y t&uacute; las manos. Y despu&eacute;s repartimos (..)</p>
<p>&mdash;&iquest;Y si no gano nada? &iquest;Y si no consigo clientela?</p>
<p>&mdash;Pues la hemos ji&ntilde;ado. Pero no me seas ceniza antes de tiempo, alma de c&aacute;ntaro. No hay que ponerse en lo peor: tenemos que ser positivas y echarle un par de narices al asunto. Nadie va a venir a solucionarnos a ti y a m&iacute; la vida con todas las miserias que llevamos a rastras, as&iacute; que, o luchamos por nosotras, o no nos va a quedar m&aacute;s salida que quitarnos el hambre a guantazos.</p>
<p>&mdash;Pero yo le di mi palabra al comisario de que no iba a meterme en ning&uacute;n problema.</p>
<p>Candelaria hubo de hacer un esfuerzo para no carcajearse.</p>
<p>&mdash;Tambi&eacute;n me prometi&oacute; a m&iacute; mi Francisco delante del cura de mi pueblo que me iba a respetar hasta el fin de los d&iacute;as, y el hijo de mala madre me daba m&aacute;s palos que a una estera, maldita sea su estampa. Parece mentira, muchacha, lo inocente que sigues siendo con la de mandobles que te ha propinado la suerte &uacute;ltimamente. Piensa en ti, Sira, piensa en ti y olv&iacute;date del resto, que en estos malos tiempos que nos ha tocado vivir, aquel que no come se deja comer. Adem&aacute;s, la cosa tampoco es tan grave: nosotras no vamos a liarnos a pegar tiros contra nadie, simplemente vamos a poner en movimiento una mercanc&iacute;a que nos sobra, y a quien Dios se la d&eacute;, San Pedro se la bendiga.</p>
<p>Si todo resulta bien, don Claudio va a encontrarse con tu negocio montado, limpito y reluciente, y si te pregunta alg&uacute;n d&iacute;a de d&oacute;nde has sacado los cuartos, le dices que te los he prestado yo de mis ahorros, y si no se lo cree o no le gusta la idea, que te hubiera dejado en el hospital a cargo de las hermanas de la Caridad en vez de traerte a mi casa y ponerte a mi recaudo. &Eacute;l anda siempre liado con un mont&oacute;n de follones y no quiere problemas, as&iacute; que, si se lo damos todo hecho sin hacer ruido, no va a molestarse en andar con investigaciones; te lo digo yo, que lo conozco bien, que son ya muchos a&ntilde;os los que llevamos midi&eacute;ndonos las fuerzas, t&uacute; por eso qu&eacute;date tranquila.</p>
<p>Con su desparpajo y su particular filosof&iacute;a vital, sab&iacute;a que Candelaria llevaba raz&oacute;n. Por m&aacute;s vueltas que di&eacute;ramos a aquel asunto, por mucho que lo pusi&eacute;ramos boca arriba, boca abajo, del derecho y del rev&eacute;s, en resumidas cuentas, aquel triste plan no era m&aacute;s que una soluci&oacute;n sensata para remediar las miserias de dos mujeres pobres, solas y desarraigadas que arrastraban en tiempos turbulentos un pasado tan negro como el bet&uacute;n. La rectitud y la honradez eran conceptos hermosos, pero no daban de comer, ni pagaban las deudas, ni quitaban el fr&iacute;o en las noches de invierno. Los principios morales y la intachabilidad de la conducta hab&iacute;an quedado para otro tipo de seres, no para un par de infelices con el alma desportillada como &eacute;ramos nosotras por aquellos d&iacute;as. Mi falta de palabras fue interpretada por Candelaria como prueba de asentimiento.</p>
<p>&mdash;Entonces, &iquest;qu&eacute;? &iquest;Empiezo ma&ntilde;ana a mover el g&eacute;nero?</p>
<p>Me sent&iacute; bailando a ciegas en el filo de un precipicio. En la distancia, las ondas radiof&oacute;nicas segu&iacute;an transmitiendo entre interferencias la charla bronca de Queipo desde Sevilla. Suspir&eacute; con fuerza. Mi voz son&oacute; por fin, baja y segura. O casi.</p>
<p>&mdash;Vamos a ello.</p>
<p>Satisfecha mi futura socia, me dio un pellizco cari&ntilde;oso en la mejilla, sonri&oacute; y se dispuso a marcharse. Se recompuso la bata e irgui&oacute; su corpulencia sobre las desvencijadas zapatillas de pa&ntilde;o que probablemente llevaban acompa&ntilde;&aacute;ndola la mitad de su existencia de malabarista del sobrevivir. Candelaria la matutera, oportunista, peleona, desvergonzada y entra&ntilde;able, ya estaba en la puerta rumbo al pasillo cuando, a&uacute;n a media voz, lanc&eacute; mi &uacute;ltima pregunta. En realidad, apenas ten&iacute;a que ver con codo lo que hab&iacute;amos hablado aquella noche, pero sent&iacute;a una cierta curiosidad por conocer su respuesta.</p>
<p>&mdash;Candelaria, &iquest;usted con qui&eacute;n est&aacute; en esta guerra?</p>
<p>Se volvi&oacute; sorprendida, pero no dud&oacute; un segundo en responder con un potente susurro.</p>
<p>&mdash;&iquest;Yo? A muerte con quien la gane, mi alma.</p>
<p>Prosigue el relato de la venta de las pistolas con algunas alusiones a la masoner&iacute;a. Sira, tendr&aacute; que disfrazarse de <em>mora</em> para ir hasta la estaci&oacute;n de tren, donde se ha convenido la entrega de las pistolas -que oculta entre sus ropas-, a un misterioso personaje, el hombre de Larache. Al parecer se trata de un mas&oacute;n que le ayudar&aacute; a huir, y del que nunca conocer&aacute; su nombre.<a title="" href="#_ftn15">[15]</a></p>
<p>Aqu&iacute; el tema de la masoner&iacute;a no es un mero argumento ideol&oacute;gico que refleje el clima de enfrentamiento mortal entre las dos Espa&ntilde;as combatientes. Los masones son personas y - sobre todo el &uacute;ltimo- reaccionan con una gran humanidad frente a la fragilidad de la protagonista. Y despu&eacute;s de este episodio no volver&aacute; a hablarse ni de los masones ni de la masoner&iacute;a:</p>
<p>Los d&iacute;as que siguieron a la noche en que me mostr&oacute; las pistolas fueron terribles. Candelaria entraba, sal&iacute;a y se mov&iacute;a incesante como una culebra ruidosa y corpulenta. Iba sin mediar palabra de su cuarto al m&iacute;o, del comedor a la calle, de la calle a la cocina, siempre con prisa, concentrada, murmurando una confusa letan&iacute;a de gru&ntilde;idos y ronroneos cuyo sentido nadie era capaz de descifrar. <a title="" href="#_ftn16"><strong><strong>[16]</strong></strong></a></p>
<p>No interfer&iacute; en sus vaivenes ni le consult&eacute; sobre la marcha de las negociaciones: sab&iacute;a que cuando todo estuviera listo, ella misma se encargar&iacute;a de ponerme al corriente.</p>
<p>Pas&oacute; casi una semana hasta que, por fin, tuvo algo que anunciar. Regres&oacute; aquel d&iacute;a a casa pasadas las nueve de la noche, cuando ya est&aacute;bamos todos sentados frente a los platos vac&iacute;os esperando su llegada. La cena transcurri&oacute; como siempre, agitada y combativa. A su t&eacute;rmino, mientras los hu&eacute;spedes se esparc&iacute;an por la pensi&oacute;n con rumbo a sus &uacute;ltimos quehaceres, nosotras comenzamos a recoger juntas la mesa.</p>
<p>Y en el camino, entre el traslado de cubiertos, loza sucia y servilletas, ella, como con cuentagotas, me fue desgranando entre susurros el remate de sus planes: esta noche se resuelve por fin el asuntillo, chiquilla; ya est&aacute; todo el pescado vendido; ma&ntilde;ana por la ma&ntilde;ana comenzamos a mover lo tuyo; qu&eacute; ganitas que tengo, alma m&iacute;a, de acabar con este jaleo de una maldita vez. Apenas cumplimos con la faena, cada una se encerr&oacute; en su cuarto sin cruzar una palabra m&aacute;s entre nosotras. El resto de la tropa, entretanto, liquidaba la jornada con sus rutinas nocturnas: las g&aacute;rgaras de eucalipto y la radio, los bigud&iacute;es frente al espejo o el tr&aacute;nsito hacia el caf&eacute;. Intentando simular normalidad, lanc&eacute; al aire las buenas noches y me acost&eacute;.</p>
<p>Permanec&iacute; despierta un rato, hasta que los trajines se fueron poco a poco acallando. Lo &uacute;ltimo que o&iacute; fue a Candelaria salir de su cuarto y cerrar despu&eacute;s, sin apenas ruido, la puerta de la calle. Ca&iacute; dormida a los pocos minutos de su marcha. Por primera vez en varios d&iacute;as, no di vueltas infinitas en la cama ni se metieron conmigo bajo la manta los oscuros presagios de las noches anteriores: c&aacute;rcel, comisario, arrestos, muertos. Parec&iacute;a como si el nerviosismo hubiera decidido por fin darme una tregua al saber que aquel siniestro negocio estaba a punto de terminar. Me sumerg&iacute; en el sue&ntilde;o acurrucada junto al dulce presentimiento de que, a la ma&ntilde;ana siguiente, empezar&iacute;amos a planificar el futuro sin la sombra negra de las pistolas sobrevolando nuestras cabezas.</p>
<p>Pero dur&oacute; poco el descanso. No supe qu&eacute; hora era, las dos, las tres quiz&aacute;, cuando una mano me agarr&oacute; el hombro y me sacudi&oacute; en&eacute;rgica.</p>
<p>&mdash;Despierta, ni&ntilde;a, despierta.</p>
<p>Me incorpor&eacute; a medias, desorientada, adormecida a&uacute;n.</p>
<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; pasa, Candelaria? &iquest;Qu&eacute; hace aqu&iacute;? &iquest;Ya est&aacute; de vuelta? &mdash;logr&eacute; decir a trompicones.</p>
<p>&mdash;Un desastre, criatura, un desastre como la copa de un pino &mdash;respondi&oacute; la matutera entre susurros.</p>
<p>Estaba de pie junto a mi cama y, entre las brumas de mi somnolencia, su figura voluminosa se me antoj&oacute; m&aacute;s rotunda que nunca. Llevaba puesto un gab&aacute;n que no le conoc&iacute;a, ancho y largo, cerrado hasta el cuello. Comenz&oacute; a desabotonarlo con prisa mientras lanzaba explicaciones aturulladas.</p>
<p>&mdash;El ej&eacute;rcito tiene vigilados todos los accesos a Tetu&aacute;n por carretera y los hombres que ven&iacute;an desde Larache a recoger la mercanc&iacute;a no se han atrevido a llegar hasta aqu&iacute;. He estado esperando casi hasta las tres de la ma&ntilde;ana sin que nadie apareciera y, al final, me han mandado a un morito de las cabilas para decirme que los accesos est&aacute;n mucho m&aacute;s controlados de lo que cre&iacute;an, que temen no poder salir vivos si se deciden a entrar.</p>
<p>&mdash;&iquest;D&oacute;nde ten&iacute;a que verles? &mdash;pregunt&eacute; esforz&aacute;ndome por emplazar en su sitio todo lo que ella iba contando.</p>
<p>&mdash;En la <em>Suica baja</em>, en las traseras de una carboner&iacute;a.</p>
<p>Desconoc&iacute;a a qu&eacute; sitio se estaba refiriendo, pero no intent&eacute; averiguarlo. En mi cabeza a&uacute;n adormecida se perfil&oacute; con trazos gruesos el alcance de nuestro fracaso: adi&oacute;s al negocio, adi&oacute;s al taller de costura. Bienvenido otra vez el desasosiego de no saber qu&eacute; iba a ser de m&iacute; en los tiempos venideros.</p>
<p>&mdash;Todo ha terminado entonces &mdash;dije mientras me frotaba los ojos para intentar arrancarles los &uacute;ltimos restos del sue&ntilde;o.</p>
<p>&mdash;De eso nada, chiquilla &mdash;ataj&oacute; la patrona terminando de despojarse del gab&aacute;n&mdash;Los planes se han torcido, pero por la gloria de mi madre yo te juro que esta noche salen zumbando de mi casa las pistolas. As&iacute; que, arreando, morena: lev&aacute;ntate de la cama, que no hay tiempo que perder.</p>
<p>Tard&eacute; en enteder lo que me dec&iacute;a; ten&iacute;a la atenci&oacute;n fija en otro asunto: en la imagen de Candelaria desabroch&aacute;ndose el say&oacute;n informe que la cubr&iacute;a bajo el gab&aacute;n, una especie de bata suelta de basta lana que apenas dejaba intuir las formas generosas de su cuerpo. Contempl&eacute; at&oacute;nita c&oacute;mo se desvest&iacute;a, sin comprender el sentido de tal acto e incapaz de averiguar a qu&eacute; se deb&iacute;a aquel desnudo precipitado a los pies de mi cama. Hasta que, desprovista de la saya, empez&oacute; a sacar objetos de entre sus carnes densas como la manteca.</p>
<p>Y entonces lo entend&iacute;. Cuatro pistolas llevaba sujetas, en las ligas, seis en la faja, dos en los tirantes del sost&eacute;n y otro par de ellas debajo de las axilas. Las cinco restantes iban en el bolso, liadas en un trozo de pa&ntilde;o. Diecinueve en total. Diecinueve culatas con sus diecinueve ca&ntilde;ones a punto de abandonar el calor de aquel cuerpo robusto para trasladarse a un destino que en ese mismo momento comenc&eacute; a sospechar.</p>
<p><strong>&mdash;</strong>Y &iquest;qu&eacute; es lo que quiere que haga? &mdash;pregunt&eacute; atemorizada.</p>
<p>&mdash;Llevar las armas a la estaci&oacute;n del tren, entregarlas antes de las seis de la ma&ntilde;ana y traerte de vuelta para ac&aacute; los mil novecientos duros en los que ten&iacute;a apalabrada la mercanc&iacute;a. Sabes d&oacute;nde est&aacute; la estaci&oacute;n, &iquest;no? Cruzando la carretera de Ceuta, a los pies del Gorgues. All&iacute; podr&aacute;n recogerla los hombres sin tener que entrar en Tetu&aacute;n. Bajar&aacute;n desde el monte e ir&aacute;n a por ella directamente antes de que amanezca, sin necesidad de pisar la ciudad.</p>
<p>&mdash;Pero &iquest;por qu&eacute; tengo que llevarla yo? &mdash;Me notaba de pronto despierta como un b&uacute;ho, el susto hab&iacute;a conseguido cortar la somnolencia de ra&iacute;z.</p>
<p>&mdash;Porque al volver de la Suica dando un rodeo y perge&ntilde;ando la manera de arreglar lo de la estaci&oacute;n, el hijo de puta del Palomares, que sal&iacute;a del bar El Andaluz cuando ya estaban cerrando, me ha echado el alto junto al port&oacute;n de Intendencia y me ha dicho que igual le cuadra esta noche pasarse por la pensi&oacute;n a hacerme un registro.</p>
<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n es Palomares?</p>
<p>&mdash;El polic&iacute;a con m&aacute;s mala sangre de todo el Marruecos espa&ntilde;ol.</p>
<p>&mdash;&iquest;De los de don Claudio?</p>
<p>&mdash;Trabaja a sus &oacute;rdenes, s&iacute;. Cuando lo tiene delante, le hace la rosca al jefe, pero, en cuanto campa a sus anchas, saca el cabr&oacute;n una chuler&iacute;a y una mala baba que tiene acobardado con echarle la perpetua a medio Tetu&aacute;n.</p>
<p>&mdash;Y &iquest;por qu&eacute; la ha parado a usted esta noche?</p>
<p>&mdash;Porque le ha dado la gana, porque es as&iacute; de desgraciado y le gusta repartir estopa y asustar a la gente, sobre todo a las mujeres; lleva a&ntilde;os haci&eacute;ndolo y en estos tiempos, m&aacute;s todav&iacute;a.</p>
<p>&mdash;Pero &iquest;ha sospechado algo de las pistolas?</p>
<p>&mdash;No, hija, no; por suerte no me ha pedido que le abra el bolso ni se ha atrevido a tocarme. Tan s&oacute;lo me ha dicho con su voz asquerosa, d&oacute;nde vas tan de noche, matutera, no estar&aacute;s metida en alguno de tus chalaneos, cachoperra, y yo le he contestado, vengo de hacerle una visita a una comadre, don Alfredo, que anda mala de unas piedras en el ri&ntilde;&oacute;n.</p>
<p>No me f&iacute;o de ti, <em>matutera</em>, que eres muy guarra y muy fullera, me ha dicho luego el berraco, y yo me he mordido la lengua para no contestarle, aunque a punto he estado de cagarme en todos sus muertos, as&iacute; que, con el bolso bien firme debajo del sobaco, he apretado el paso encomend&aacute;ndome a Mar&iacute;a Sant&iacute;sima para que no se me movieran las pistolas del cuerpo, y cuando ya lo hab&iacute;a dejado atr&aacute;s, oigo otra vez su voz cochina a mi espalda, lo mismo me paso luego por la pensi&oacute;n y te hago un registro, zorra, a ver qu&eacute; encuentro.</p>
<p>&mdash;&iquest;Y usted cree que de verdad va a venir?</p>
<p>&mdash;Lo mismo s&iacute; y lo mismo no &mdash;respondi&oacute; encogi&eacute;ndose de hombros&mdash;. Si consigue por ah&iacute; a alguna pobre golfa que le haga un apa&ntilde;o y lo deje bien aliviado, igual se olvida de m&iacute;. Pero, como no se le enderece la noche, no me extra&ntilde;ar&iacute;a que tocara a la puerta dentro de un rato, sacara a los hu&eacute;spedes a la escalera y me pusiera la casa patas arriba sin miramientos. No ser&iacute;a la primera vez.</p>
<p>&mdash;Entonces, usted ya no puede moverse de la pensi&oacute;n en toda la madrugada, por si acaso &mdash;susurr&eacute; con lentitud. <a title="" href="#_ftn17">[17]</a></p>
<p>&mdash;Talmente, mi alma &mdash;corrobor&oacute;.</p>
<p>&mdash;Y las pistolas tienen que desaparecer inmediatamente para que no las encuentre aqu&iacute; Palomares &mdash;a&ntilde;ad&iacute;.</p>
<p>&mdash;Ah&iacute; estamos, s&iacute;, se&ntilde;or.</p>
<p>&mdash;Y la entrega tiene que hacerse hoy a la fuerza porque los compradores est&aacute;n esperando las armas y se juegan la vida si tienen que entrar a por ellas a Tetu&aacute;n.</p>
<p>&mdash;M&aacute;s clarito no lo has podido decir, reina m&iacute;a.</p>
<p>Nos quedamos unos segundos en silencio, mir&aacute;ndonos a los ojos, tensas y pat&eacute;ticas. Ella de pie medio desnuda, con las lorzas de carne sali&eacute;ndole a borbotones por los confines de la faja y el sost&eacute;n; yo sentada con las piernas dobladas, a&uacute;n entre las s&aacute;banas, en camis&oacute;n, con el pelo revuelto y el coraz&oacute;n en un pu&ntilde;o. Y acompa&ntilde;&aacute;ndonos, las negras pistolas desparramadas.</p>
<p>Habl&oacute; la patrona finalmente, poniendo palabras firmes a la certeza.</p>
<p>&mdash;Tienes que encargarte t&uacute;, Sira. No nos queda otra salida.</p>
<p>&mdash;Yo no puedo, yo no, yo no... &mdash;tartamude&eacute;.</p>
<p>&mdash;Tienes que hacerlo, chiquilla &mdash;repiti&oacute; con voz oscura&mdash;. Si no, lo perdemos todo.</p>
<p>&mdash;Pero acu&eacute;rdese de lo que yo ya tengo encima, Candelaria: la deuda del hotel, las denuncias de la empresa y de mi medio hermano. Como me pillen en &eacute;sta, para m&iacute; va a ser el fin.</p>
<p>&mdash;El fin bueno lo vamos a tener si llega esta noche el Palomares y nos agarra con todo esto en casa &mdash;replic&oacute; volviendo la mirada hacia las armas.</p>
<p>&mdash;Pero Candelaria, esc&uacute;cheme... &mdash;insist&iacute;.</p>
<p>&mdash;No, esc&uacute;chame t&uacute; a m&iacute;, muchacha, esc&uacute;chame bien t&uacute; a m&iacute; ahora &mdash;dijo imperiosa. Hablaba con un siseo potente y los ojos abiertos como platos. Se agach&oacute; hasta ponerse a mi altura, a&uacute;n estaba yo en la cama.</p>
<p>Me agarr&oacute; los brazos con fuerza y me oblig&oacute; a mirarla de frente&mdash;. Yo lo he intentado todo, me he dejado el pellejo en esto y la cosa no ha salido &mdash;dijo entonces&mdash;. As&iacute; de perra es la suerte: a veces te deja que ganes y otras veces te escupe en la cara y te obliga a perder. Y esta noche a m&iacute; me ha dicho ah&iacute; te pudras, matutera. Ya no me queda ning&uacute;n cartucho, Sira, yo ya estoy quemada en esta historia. Pero t&uacute; no. T&uacute; eres ahora la &uacute;nica que a&uacute;n puede lograr que no nos hundamos, la &uacute;nica que puede sacar la mercanc&iacute;a y recoger el dinero. Si no fuera necesario, no te lo estar&iacute;a pidiendo, bien lo sabe Dios. Pero no nos queda otra, criatura: tienes que empezar a moverte. T&uacute; est&aacute;s metida en esto igual que yo; es asunto de las dos y en ello nos va mucho. Nos va el futuro, ni&ntilde;a, el futuro entero. Como no consigamos ese dinero, no levantamos cabeza. Y ahora todo est&aacute; en tus manos (&hellip;)</p>
<p>&mdash;&iquest;Ha pensado c&oacute;mo tendr&iacute;a que hacerlo? &mdash;pregunt&eacute; por fin con un hilo de voz.</p>
<p>Resopl&oacute; con estr&eacute;pito Candelaria, recuperando aliviada el &aacute;nimo perdido.</p>
<p>&mdash;Muy facil&iacute;simamente, prenda. Esp&eacute;rate un momentillo, que ahora mismito te lo voy a contar.</p>
<p>Sali&oacute; de la habitaci&oacute;n a&uacute;n medio desnuda y retorn&oacute; en menos de un minuto con los brazos llenos de lo que me pareci&oacute; un trozo enorme de lienzo blanco.</p>
<p>&mdash;Vas a vestirte de morita con un jaique &mdash;dijo mientras cerraba la puerta a su espalda&mdash; Dentro de ellos cabe el universo entero.</p>
<p>As&iacute; era, sin duda. A diario ve&iacute;a a las mujeres &aacute;rabes arrebujadas dentro de aquellas prendas anchas sin forma, esa especie de capas ampl&iacute;simas que cubr&iacute;an la cabeza, los brazos y el cuerpo entero por delante y por detr&aacute;s. Debajo de ellas, efectivamente, podr&iacute;a alguien ocultar lo que quisiera.</p>
<p>Un trozo de tela sol&iacute;a cubrirles la boca y la nariz, y la cubierta les llegaba hasta las cejas. Tan s&oacute;lo los ojos, los tobillos y los pies quedaban a la vista. Jam&aacute;s se me habr&iacute;a ocurrido una manera mejor de andar por la calle cobijando un peque&ntilde;o arsenal de pistolas (...)</p>
<p>&mdash;Ponte estas babuchas, son de la Jamila &mdash;dijo dejando a mis pies unas ajadas zapatillas de piel color parduzco&mdash;. Y ahora, el jaique &mdash;a&ntilde;adi&oacute; sosteniendo la gran capa de lienzo blanco&mdash;. Eso es, envu&eacute;lvete hasta la cabeza, que te vea yo c&oacute;mo te queda.</p>
<p>Me contempl&oacute; con una media sonrisa.</p>
<p>&mdash;Perfecta, una morita m&aacute;s. Antes de salir, que no se te olvide, tienes que ajustarte tambi&eacute;n a la cara el velo para que te tape la boca y la nariz. Hala, vamos para afuera, que ahora tengo que explicarte rapidito por d&oacute;nde vas a salir.</p>
<p>Empec&eacute; a caminar con dificultad, consiguiendo a duras penas mover el cuerpo a un ritmo normal. Las pistolas pesaban como plomos y me obligaban a llevar las piernas entreabiertas y los brazos separados de los costados. Salimos al pasillo, Candelaria delante y yo detr&aacute;s desplaz&aacute;ndome torpemente; un gran bulto blanco que chocaba contra las paredes, los muebles y los quicios de las puertas. Hasta que, sin darme cuenta, golpe&eacute; una repisa y tir&eacute; al suelo todo lo que en ella hab&iacute;a: un plato de Talavera, un quinqu&eacute; apagado y el retrato color sepia de alg&uacute;n Pariente de la patrona.</p>
<p>La cer&aacute;mica, el cristal del retrato y la pantalla del quinqu&eacute; se hicieron a&ntilde;icos tan pronto chocaron contra las baldosas, y el estr&eacute;pito provoc&oacute; que, en los cuartos vecinos, los somieres comenzaran a crujir al romperse el sue&ntilde;o de los hu&eacute;spedes.</p>
<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; ha pasado? &mdash;grit&oacute; la madre gorda desde la cama.</p>
<p>&mdash;Nada, que se me ha ca&iacute;do un vaso de agua al suelo. A dormir todo el mundo &mdash;respondi&oacute; Candelaria con autoridad.</p>
<p>Intent&eacute; agacharme para recoger el estropicio, pero no pude doblar el cuerpo.</p>
<p>&mdash;Deja, deja, ni&ntilde;a, que ya lo arreglo yo luego &mdash;dijo apartando con el pie unos cuantos cristales.</p>
<p>Y entonces, inesperadamente, una puerta se abri&oacute; apenas a tres metros de nosotras. Al encuentro nos sali&oacute; la cabeza llena de rulillos de Fernanda, la m&aacute;s joven de las a&ntilde;osas hermanas. Antes de que tuviera ocasi&oacute;n de preguntarse qu&eacute; hab&iacute;a pasado y qu&eacute; hac&iacute;a una mora con un jaique tumbando los muebles del pasillo a esas horas de la madrugada, Candelaria le lanz&oacute; un dardo que la dej&oacute; muda y sin capacidad de reacci&oacute;n.</p>
<p>&mdash;Como no se meta en la cama ahora mismo, ma&ntilde;ana en cuanto me levante le cuento a la Sagrario que anda usted vi&eacute;ndose con el practicante del dispensario los viernes en la cornisa.</p>
<p>El p&aacute;nico a que la p&iacute;a hermana se enterara de sus amor&iacute;os pudo m&aacute;s que la curiosidad y, sin mediar palabra, Fernanda volvi&oacute; a escurrirse como una anguila dentro de su habitaci&oacute;n.</p>
<p>&mdash;Tira para adelante, chiquilla, que se nos est&aacute; haciendo tarde &mdash;dispuso entonces la matutera en un susurro imperioso&mdash;. Es mejor que nadie vea que sales de esta casa, a ver si va a andar por aqu&iacute; cerca el Palomares y la cagamos antes de empezar. As&iacute; que vamos para afuera (...)</p>
<p>&mdash;Cuando llegues al barrio moro, date unas cuantas vueltas por sus calles y aseg&uacute;rate de que nadie se fija en ti o te sigue los pasos. Si te cruzas con alguien, cambia de rumbo con disimulo o al&eacute;jate todo lo posible. Al cabo de un rato, vuelve a salir a la Puerta de La Luneta y baja hasta el parque, sabes por d&oacute;nde te digo, &iquest;verdad?</p>
<p>&mdash;Creo que s&iacute; &mdash;dije esforz&aacute;ndome por trazar a ciegas el recorrido.</p>
<p>&mdash;Una vez all&iacute;, te vas a dar de frente con la estaci&oacute;n: cruza la carretera de Ceuta y m&eacute;tete en ella por donde pilles abierto, despacito y bien tapada. Lo m&aacute;s probable es que no haya por all&iacute; m&aacute;s que un par de soldados medio dormidos que no te har&aacute;n ni pu&ntilde;etero caso; seguramente te encuentres a alg&uacute;n marroqu&iacute; esperando el tren para Ceuta; los cristianos no empezar&aacute;n a llegar hasta m&aacute;s tarde.</p>
<p>&mdash;&iquest;A qu&eacute; hora sale el tren?</p>
<p>&mdash;A las siete y media. Pero los moros, ya sabes, llevan otro ritmo con los horarios, as&iacute; que a nadie extra&ntilde;ar&aacute; que andes por all&iacute; antes de las seis de la ma&ntilde;ana.</p>
<p>&mdash;&iquest;Y yo tambi&eacute;n debo subirme, o qu&eacute; es lo que tengo que hacer?</p>
<p>Se tom&oacute; Candelaria unos segundos antes de responder e intu&iacute; que a su plan apenas le quedaba ya camino por el que avanzar.</p>
<p>&mdash;No; t&uacute; en principio no tienes que coger el tren. Cuando llegues a la estaci&oacute;n, si&eacute;ntate un ratillo en el banco que est&aacute; debajo del tabl&oacute;n de los horarios, deja que te vean all&iacute; y as&iacute; sabr&aacute;n que eres t&uacute; quien lleva la mercanc&iacute;a.</p>
<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n tiene que verme?</p>
<p>&mdash;Eso da lo mismo: quien tenga que verte, te ver&aacute;. A los veinte minutos, lev&aacute;ntate del banco, vete para la cantina y arr&eacute;glatelas como puedas para que el cantinero te diga d&oacute;nde tienes que dejar las pistolas (...)</p>
<p>&mdash;&iquest;Ad&oacute;nde van a ir a parar las armas? &iquest;Qui&eacute;nes son esos hombres de Larache?</p>
<p>&mdash;Eso a ti lo mismo te da, muchacha. Lo importante es que lleguen a su destino a la hora prevista; que las dejes donde te digan y que recojas los dineros que te tienen que dar: mil novecientos duros, acu&eacute;rdate bien y cuenta los billetes uno a uno. Y, luego, te vuelves para ac&aacute; echando las muelas, que yo te estar&eacute; esperando con los ojos como candiles. <a title="" href="#_ftn18">[18]</a></p>
<p>&mdash;Nos estamos exponiendo mucho, Candelaria &mdash;insist&iacute;&mdash;. D&eacute;jeme por lo menos saber con qui&eacute;n nos estamos jugando los cuartos.</p>
<p>Suspir&oacute; con fuerza y el busto, apenas medio tapado por la bata ajada que se hab&iacute;a echado encima en el &uacute;ltimo minuto, volvi&oacute; a subir y bajar como impulsado por un inflador.</p>
<p>&mdash;Son <em>masones</em> &mdash;me dijo entonces al o&iacute;do, como con miedo a pronunciar una palabra maldita&mdash;. Estaba previsto que llegaran esta noche en una camioneta desde Larache, lo m&aacute;s seguro es que ya anden escondidos por las fuentes de Buselmal o en alguna huerta de la vega del Mart&iacute;n.<a title="" href="#_ftn19">[19]</a> Vienen por las cabilas, no se atreven a andar por la carretera. Probablemente recojan las armas en donde t&uacute; las dejes y ni siquiera las suban al tren. Desde la misma estaci&oacute;n, digo yo que volver&aacute;n a su ciudad atravesando de nuevo las cabilas y esquivando Tetu&aacute;n, si es que no los pillan antes, Dios no lo quiera. Pero, en fin, eso no es nada m&aacute;s que un suponer, porque la verdad es que no tengo ni pajolera idea de lo que esos hombres se traen entre manos. Suspir&oacute; con fuerza mirando al vac&iacute;o y prosigui&oacute; en un murmullo.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>El campo de concentraci&oacute;n del Mogote</strong></p>
<p>Candelaria medio al o&iacute;do y con cierto temor le habla de la brutal represi&oacute;n de los masones que se ha producido en diversas ciudades del Protectorado Espa&ntilde;ol en Marruecos. Le cuenta que el antiguo campo de concentraci&oacute;n del Mogote<a title="" href="#_ftn20"><strong><strong>[20]</strong></strong></a> situado en las afueras de Tetu&aacute;n fue, junto con el campo de Zelu&aacute;n (cerca de Melilla), el primero de los campos de concentraci&oacute;n que utilizaron los militares del bando rebelde para detener a los presos:&nbsp;</p>
<p>&mdash;Lo que s&iacute; s&eacute;, criatura, porque todo el mundo lo sabe tambi&eacute;n, es que los sublevados se han <em>ensa&ntilde;ado</em> a conciencia con todos los que ten&iacute;an algo que ver con la masoner&iacute;a. A algunos les metieron un tiro en la cabeza entre las mismas paredes del local en donde se reun&iacute;an; los m&aacute;s afortunados huyeron a todo correr a T&aacute;nger o a la zona francesa. A otros se los llevaron para el <em>Mogote</em><strong>,</strong> y cualquier d&iacute;a los fusilan y a tomar viento. Y probablemente unos cuantos anden escondidos en s&oacute;tanos, buhardillas y zaguanes, temiendo que cualquier d&iacute;a alguien d&eacute; un chivatazo y los saquen de sus refugios a culatazo limpio. Por esa raz&oacute;n no he encontrado a nadie que se haya atrevido a comprar la mercanc&iacute;a, pero, a trav&eacute;s de unos y otros, consegu&iacute; el contacto de Larache y por eso s&eacute; que ser&aacute; all&iacute; a donde ir&aacute;n a parar las pistolas.</p>
<p>Me mir&oacute; entonces a los ojos, seria y oscura como nunca antes la hab&iacute;a visto.</p>
<p>&mdash;La cosa est&aacute; muy fea, ni&ntilde;a, muy requetefe&iacute;sima &mdash;dijo entre dientes&mdash;.</p>
<p>Aqu&iacute; no hay piedad ni miramientos y, en cuantito alguien se significa una miajita, se lo llevan por delante antes de decir am&eacute;n. Ya han muerto muchos pobres desgraciados, gente decente que nunca mat&oacute; una mosca ni a nadie jam&aacute;s hizo el menor mal. Ten mucho cuidado, chiquilla, no vayas a ser t&uacute; la pr&oacute;xima.<a title="" href="#_ftn21">[21]</a></p>
<p>Volv&iacute; a sacar de la nada una pizca de &aacute;nimo para que ambas nos convenci&eacute;ramos de algo en lo que ni yo misma cre&iacute;a.</p>
<p>&mdash;No se preocupe usted, Candelaria; ya ver&aacute; como salimos de &eacute;sta de alguna manera.</p>
<p>Y sin una palabra m&aacute;s, me dirig&iacute; al poyete y me dispuse a trepar con el m&aacute;s siniestro de los cargamentos bien amarrado a la piel. Atr&aacute;s dej&eacute; a la matutera, observ&aacute;ndome desde debajo de la parra mientras se santiguaba entre susurros y sarmientos. En el nombre del Padre, del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo, que la Virgen de los Milagros te acompa&ntilde;e, alma m&iacute;a. Lo &uacute;ltimo que o&iacute; fue el sonoro beso que dio a sus dedos en cruz al final de la persignaci&oacute;n. Un segundo despu&eacute;s desaparec&iacute; tras la tapia y ca&iacute; como un fardo en el patio del colmado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>El mas&oacute;n de Larache</em></strong><strong></strong></p>
<p>Sira para la consecuci&oacute;n de su misi&oacute;n sale de noche bien enfundada por todo el cuerpo, con las pistolas que debe llevar a la estaci&oacute;n y se ocultan entre sus ropajes, pero se desorienta, y a punto est&aacute; de no llegar a su destino, porque varias patrullas le dan el alto y le piden la documentaci&oacute;n que evidentemente no tiene porque es espa&ntilde;ola, a pesar de su ropa. Pero, al final la dejan pasar, y supera de nuevo el control militar en la propia estaci&oacute;n. El encargado de recibir las armas va con una chilaba, aunque descubre que tambi&eacute;n es espa&ntilde;ol. Este hombre le ayuda a liberarse de las pistolas, pero, &ldquo;<em>el mas&oacute;n de Larache</em>&rdquo; tiene que interrumpir precipitadamente la entrega de las armas por la proximidad de los soldados que hacen la guardia en la estaci&oacute;n y que se acercan a donde est&aacute;n ellos.</p>
<p>&Eacute;l le dice que salga r&aacute;pidamente. Sira se resiste, pero al final apenas tiene tiempo de salir huyendo, ignorando si ese desconocido que la ha tratado con gran respeto y le ha entregado la suma de dinero pactada, ha tenido tiempo de salvarse o ha sido detenido. Pero esa inc&oacute;gnita quedar&aacute; sin resolver:&nbsp;</p>
<p>Entr&eacute; en la estaci&oacute;n por la puerta principal, abierta de par en par. Me recibi&oacute; un despliegue de luz fr&iacute;a alumbrando el vac&iacute;o, incongruente con la noche oscura que acababa de dejar detr&aacute;s. Lo primero que capt&eacute; fue un gran reloj que marcaba las seis menos cuarto. <a title="" href="#_ftn22">[22]</a></p>
<p>Suspir&eacute; bajo la tela que me cubr&iacute;a el rostro: el retraso no hab&iacute;a sido excesivo. Camin&eacute; con intencionada lentitud por el vest&iacute;bulo mientras con los ojos escondidos tras la capucha estudiaba aceleradamente el escenario (...)</p>
<p>La cantina era grande y ten&iacute;a al menos una docena de mesas, todas sin ocupar excepto una en la que un hombre dormitaba con la cabeza escondida entre los brazos; a su lado descansaba vac&iacute;o un porr&oacute;n de vino.</p>
<p>Me dirig&iacute; hacia el mostrador arrastrando las babuchas, sin tener la menor idea de qu&eacute; era lo que deber&iacute;a decir o lo que all&iacute; ten&iacute;a que o&iacute;r. Tras la barra, un hombre moreno y enjuto con una colilla medio apagada entre los labios se afanaba en colocar platos y tazas en pilas ordenadas, sin prestar en apariencia la menor atenci&oacute;n a aquella mujer de rostro tapado que a punto estaba de plantarse frente a &eacute;l.</p>
<p>Al verme alcanzar el mostrador, sin sacarse el resto del cigarrillo de la boca, dijo tan s&oacute;lo en voz alta y ostentosa: a las siete y media, hasta las siete y media no sale el tren. Y despu&eacute;s, en tono bajo, a&ntilde;adi&oacute; unas palabras en &aacute;rabe que no comprend&iacute;. Soy espa&ntilde;ola, no le entiendo, murmur&eacute; tras el velo.</p>
<p>Abri&oacute; la boca sin poder disimular su incredulidad, y el resto de su pitillo fue a parar al suelo en el descuido. Y entonces, atropelladamente, me transmiti&oacute; el mensaje: vaya al urinario del and&eacute;n y cierre la puerta, la est&aacute;n esperando (&hellip;)</p>
<p>Apenas hab&iacute;a luz y no quise buscar la palomilla, prefer&iacute; acostumbrar los ojos a la oscuridad. Vislumbr&eacute; la se&ntilde;al de hombres a la izquierda y la de mujeres a la derecha. Y al fondo, contra la pared, percib&iacute; lo que parec&iacute;a un mont&oacute;n de tela que lentamente comenzaba a moverse. Una cabeza tapada por una capucha emergi&oacute; cautelosa del bulto, sus ojos se cruzaron con los m&iacute;os en la penumbra.</p>
<p>&mdash;&iquest;Trae la mercanc&iacute;a? &mdash;pregunt&oacute; con voz espa&ntilde;ola. Hablaba quedo y r&aacute;pido.</p>
<p>Mov&iacute; la cabeza afirmativamente y el bulto se irgui&oacute; sigiloso hasta convertirse en la figura de un hombre vestido, como yo, a la usanza moruna.</p>
<p>&mdash;&iquest;D&oacute;nde est&aacute;?</p>
<p>Me baj&eacute; el velo para poder hablar con m&aacute;s facilidad, me abr&iacute; el jaique y expuse ante &eacute;l mi cuerpo fajado.</p>
<p>&mdash;Aqu&iacute;.</p>
<p>&mdash;Dios m&iacute;o &mdash;murmur&oacute; tan s&oacute;lo. En aquellas dos palabras se concentraba un mundo de sensaciones: asombro, ansiedad, urgencia. Ten&iacute;a el tono grave, parec&iacute;a una persona educada.</p>
<p>&mdash;&iquest;Se lo puede quitar usted misma? &mdash;pregunt&oacute; entonces.</p>
<p>&mdash;Necesitar&eacute; tiempo &mdash;susurr&eacute;.</p>
<p>Me indic&oacute; un aseo de se&ntilde;oras y entramos los dos. El espacio era estrecho y por una peque&ntilde;a ventana se colaba un resto de luz de luna, suficiente como para no necesitar m&aacute;s iluminaci&oacute;n.</p>
<p>&mdash;Hay prisa, no podemos perder un minuto. El ret&eacute;n de la ma&ntilde;ana est&aacute; a punto de llegar y revisan la estaci&oacute;n de arriba abajo antes de que salga el primer tren. Tendr&eacute; que ayudarla &mdash;anunci&oacute; cerrando la puerta a su espalda.</p>
<p>Dej&eacute; caer el jaique al suelo y puse los brazos en cruz para que aquel desconocido comenzara a trastear por mis rincones, desatando nudos, destensando vendas y liberando mi esqueleto de su siniestra cobertura.</p>
<p>Antes de comenzar, se baj&oacute; la capucha de la chilaba y frente a m&iacute; descubr&iacute; el rostro serio y armonioso de un espa&ntilde;ol de edad media con barba de varios d&iacute;as. Ten&iacute;a el pelo casta&ntilde;o y rizado, despeinado por efecto del ropaje bajo el que probablemente llevara tiempo camuflado. Sus dedos empezaron a trabajar, pero la labor no resultaba sencilla.</p>
<p><em>Candelaria</em> se hab&iacute;a esforzado a conciencia y ni una sola de las armas se hab&iacute;a movido de su sitio, pero los nudos eran tan prietos y los metros de tela tantos que desprender de mi contorno todo aquello nos llev&oacute; un rato m&aacute;s largo de lo que aquel desconocido y yo habr&iacute;amos deseado.</p>
<p>Nos mantuvimos callados los dos, rodeados de azulejos blancos y acompa&ntilde;ados tan s&oacute;lo por la placa turca del suelo, el sonido acompasado de nuestras respiraciones y el murmullo de alguna frase suelta que marcaba el ritmo del proceso: &eacute;sta ya est&aacute;, ahora por aqu&iacute;, mu&eacute;vase un poco, vamos bien, levante m&aacute;s el brazo, cuidado.</p>
<p>A pesar del apremio, el hombre de Larache actuaba con una delicadeza infinita, casi con pudor, evitando en lo posible acercarse a los recodos m&aacute;s &iacute;ntimos o rozar mi piel desnuda un mil&iacute;metro m&aacute;s all&aacute; de lo estrictamente necesario.</p>
<p>Como si temiera manchar mi integridad con sus manos, como si el cargamento que llevaba adherido fuera una exquisita envoltura de papel de seda y no una negra coraza de artefactos destinados a matar.</p>
<p>En ning&uacute;n momento me incomod&oacute; su cercan&iacute;a f&iacute;sica: ni sus caricias involuntarias, ni la intimidad de nuestros cuerpos casi pegados. Aqu&eacute;l fue, sin duda, el momento m&aacute;s grato de la noche: no porque un hombre recorriera mi cuerpo despu&eacute;s de tantos meses, sino porque cre&iacute;a que, con aquel acto, estaba llegando el principio del fin.</p>
<p>Todo se desarrollaba a buen ritmo. Las pistolas fueron saliendo una a una de sus escondrijos y yendo a parar a un mont&oacute;n en el suelo. Quedaban muy pocas ya, tres o cuatro, no m&aacute;s. Calcul&eacute; que, en cinco, en diez minutos como mucho, todo estar&iacute;a terminado.</p>
<p>Y entonces, inesperadamente, el sosiego se rompi&oacute;, haci&eacute;ndonos contener el aliento y frenar en seco la tarea. Del exterior, a&uacute;n en la distancia, llegaron los sonidos agitados del comienzo de una nueva actividad.</p>
<p>Tom&oacute; aire el hombre con fuerza y se sac&oacute; un reloj del bolsillo.<a title="" href="#_ftn23">[23]</a></p>
<p>&mdash;Ya est&aacute; aqu&iacute; el <em>ret&eacute;n de reemplazo</em>, se han adelantado &mdash;anunci&oacute;. En su voz quebrada percib&iacute; angustia, inquietud, y la voluntad de no transmitirme ninguna de aquellas sensaciones.</p>
<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; hacemos ahora? &mdash;susurr&eacute;.</p>
<p>&mdash;Salir de aqu&iacute; lo antes posible &mdash;dijo de inmediato&mdash;. V&iacute;stase, r&aacute;pido.</p>
<p>&mdash;&iquest;Y las pistolas que quedan?</p>
<p>&mdash;No importan. Lo que hay que hacer es huir: los soldados no tardar&aacute;n en entrar para comprobar que todo est&aacute; en orden.</p>
<p>Mientras yo me envolv&iacute;a en el jaique con manos temblorosas, &eacute;l se desat&oacute; de la cintura un saco de tela mugrienta e introdujo las pistolas a pu&ntilde;ados.</p>
<p>&mdash;&iquest;Por d&oacute;nde salimos? &mdash;musit&eacute;.</p>
<p>&mdash;Por ah&iacute; &mdash;dijo alzando la cabeza y se&ntilde;alando con la barbilla la ventana&mdash;. Primero va a saltar usted, despu&eacute;s tirar&eacute; las pistolas y saldr&eacute; yo. Pero esc&uacute;cheme bien: si yo no llegara a unirme a usted, coja las pistolas, corra con ellas en paralelo a la v&iacute;a y d&eacute;jelas junto al primer cartel que encuentre anunciando una parada o una estaci&oacute;n, ya ir&aacute; alguien a buscarlas. No eche la vista atr&aacute;s y no me espere; tan s&oacute;lo salga corriendo y escape. Vamos, prep&aacute;rese para subir, apoye un pie en mis manos.</p>
<p>Mir&eacute; la ventana, alta y estrecha. Cre&iacute; imposible que cupi&eacute;ramos por ella, pero no lo dije. Estaba tan asustada que tan s&oacute;lo me dispuse a obedecer, confiando ciegamente en las decisiones de aquel <em>mas&oacute;n an&oacute;nimo de quien jam&aacute;s llegar&iacute;a a conocer siquiera el nombre.</em></p>
<p>&mdash;Espere un momento &mdash;anunci&oacute; entonces, como si hubiera olvidado algo.</p>
<p>Se abri&oacute; la camisa de un tir&oacute;n y del interior extrajo una peque&ntilde;a bolsa de tela, una especie de faltriquera.</p>
<p>&mdash;Gu&aacute;rdese antes esto, es el dinero pactado. Por si acaso la cosa se complica una vez fuera.</p>
<p>&mdash;Pero a&uacute;n quedan pistolas... &mdash;tartamude&eacute; mientras me palpaba el cuerpo.</p>
<p>&mdash;No importa. Usted ya ha cumplido su parte, as&iacute; que debe cobrar &mdash;dijo mientras me colgaba la bolsa al cuello. Me dej&eacute; hacer, inm&oacute;vil, como anestesiada&mdash;. Vamos, no podemos perder un segundo.</p>
<p>Reaccion&eacute; por fin. Apoy&eacute; un pie en sus manos cruzadas y me impuls&eacute; hasta agarrarme al borde de la ventana.</p>
<p>&mdash;&Aacute;brala, deprisa &mdash;requiri&oacute;&mdash;. As&oacute;mese. D&iacute;game r&aacute;pido qu&eacute; ve y qu&eacute; oye.</p>
<p>La ventana daba al campo oscuro, el movimiento proven&iacute;a de otra zona fuera del alcance de mi vista. Ruidos de motores, ruedas chirriando sobre la gravilla, pasos firmes, saludos y &oacute;rdenes, voces imperiosas repartiendo funciones. Con &iacute;mpetu, con br&iacute;o, como si el mundo estuviera a punto de acabar cuando a&uacute;n no hab&iacute;a comenzado la ma&ntilde;ana.</p>
<p>&mdash;Pizarro y Garc&iacute;a, a la cantina. Ruiz y Albadalejo, a las taquillas. Vosotros a las oficinas y vosotros dos a los urinarios. Vamos, todos cagando leches &mdash; grit&oacute; alguien con rabiosa autoridad.</p>
<p>&mdash;No se ve a nadie, pero vienen hacia ac&aacute; &mdash;anunci&eacute; con la cabeza a&uacute;n fuera.</p>
<p>&mdash;Salte &mdash;orden&oacute; entonces.</p>
<p>No lo hice. La altura era inquietante, necesitaba sacar antes el cuerpo, me negaba inconscientemente a salir sola. Quer&iacute;a que el hombre de Larache me asegurara que iba a venir conmigo, que me llevar&iacute;a de su mano all&aacute; a donde tuviera que ir.</p>
<p>La agitaci&oacute;n se o&iacute;a cada vez m&aacute;s cerca. El rechinar de las botas sobre el suelo, las voces fuertes repartiendo objetivos. Quintero, al urinario de se&ntilde;oras; Villana, al de hombres. No eran a todas luces los reclutas desidiosos que encontr&eacute; a mi llegada, sino una patrulla de hombres frescos con ansia por llenar de actividad el principio de su jornada.</p>
<p>&mdash;&iexcl;Salte y corra! &mdash;repiti&oacute; en&eacute;rgico el hombre agarr&aacute;ndome las piernas e impuls&aacute;ndome hacia arriba.</p>
<p>Salt&eacute;. Salt&eacute;, ca&iacute; y sobre m&iacute; cay&oacute; el saco de las pistolas. Apenas hab&iacute;a alcanzado el suelo cuando o&iacute; el estruendo precipitado de puertas abiertas a patadas. Lo &uacute;ltimo que lleg&oacute; a mis o&iacute;dos fueron los gritos broncos que increpaban a quien ya nunca m&aacute;s vi.</p>
<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; haces en el urinario de mujeres, moro? &iquest;Qu&eacute; andas tirando por la ventana? Villarta, r&aacute;pido, sal a ver si ha arrojado algo al otro lado. Empec&eacute; a correr. A ciegas, con furia. Cobijada en la negrura de la noche y arrastrando el saco con las armas; sorda, insensible, sin saber si me segu&iacute;an ni querer preguntarme qu&eacute; habr&iacute;a sido del hombre de Larache frente al fusil del soldado (...)</p>
<p>Mientras corr&iacute;a fren&eacute;tica por el campo, mientras clavaba las u&ntilde;as en la tierra y tapaba con ella el saco, mientras caminaba por la carretera; a lo largo de todas las &uacute;ltimas acciones de aquella larga noche, por la mente se me hab&iacute;an cruzado mil im&aacute;genes conformando secuencias distintas con un solo protagonista: el hombre de Larache.</p>
<p>En una de ellas, los soldados descubr&iacute;an que no hab&iacute;a tirado nada por la ventana, que todo hab&iacute;a sido una falsa alarma, que aquel individuo no era m&aacute;s que un &aacute;rabe somnoliento y confundido; lo dejaban entonces marchar, el ej&eacute;rcito ten&iacute;a orden expresa de no importunar a la poblaci&oacute;n nativa a no ser que percibieran algo alarmante.</p>
<p>En otra muy distinta, apenas abri&oacute; la puerta del urinario, el soldado comprob&oacute; que se trataba de un espa&ntilde;ol emboscado; lo arrincon&oacute; en el retrete, le apunt&oacute; con el fusil a dos palmos de la cara y requiri&oacute; refuerzos a gritos. Llegaron &eacute;stos, lo interrogaron, tal vez lo identificaron, tal vez se lo llevaron retenido al cuartel, tal vez &eacute;l intent&oacute; huir y lo mataron de un tiro en la espalda cuando saltaba a las v&iacute;as. <a title="" href="#_ftn24">[24]</a></p>
<p>En medio de las dos premoniciones cab&iacute;an mil secuencias m&aacute;s; sin embargo, sab&iacute;a que nunca lograr&iacute;a conocer cu&aacute;l de ellas estaba m&aacute;s pr&oacute;xima a la certeza. Entr&eacute; en el portal exhausta y llena de temores. Sobre el mapa de Marruecos se alzaba la ma&ntilde;ana.<a title="" href="#_ftn25">[25]</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>Un ateo, hijo de Lucifer </em></strong></p>
<p>Vuelve a aparecer impl&iacute;citamente de nuevo una referencia mas&oacute;nica en el cap&iacute;tulo 20 de la Segunda Parte de la novela cuando Sira -instalada en su nuevo taller, donde trabaja y reside- evoque las viejas peleas que se repet&iacute;an en el comedor de la pensi&oacute;n, narrando el fallecimiento de uno de los hu&eacute;spedes m&aacute;s respetados, don Anselmo. Un personaje anciano, bondadoso dispuesto a ayudar siempre a todo el mundo, maestro jubilado, y mas&oacute;n&hellip;<a title="" href="#_ftn26">[26]</a></p>
<p>&mdash;Que dice la se&ntilde;ora Candelaria que vaya en cuanto pueda para La Luneta.</p>
<p>Se ha muerto el maestro, don Anselmo.</p>
<p>Paquito, el hijo gordo de la madre gorda, me tra&iacute;a sudoroso el recado.</p>
<p>&mdash;Vete adelantando t&uacute; y dile que voy en seguida.</p>
<p>Anunci&eacute; a Jamila la noticia y llor&oacute; con pena. Yo no derram&eacute; una l&aacute;grima, pero lo sent&iacute; en el alma. De todos los componentes de aquella tribu levantisca con la que conviv&iacute; en los tiempos de la pensi&oacute;n, &eacute;l era el m&aacute;s cercano, el que manten&iacute;a conmigo una relaci&oacute;n m&aacute;s afectuosa. Me vest&iacute; con el traje de chaqueta m&aacute;s oscuro que ten&iacute;a en el armario: a&uacute;n no hab&iacute;a hecho un hueco en mi guardarropa para el luto.</p>
<p>Recorrimos Jamila y yo con prisa las calles, llegamos al portal de nuestro destino y ascendimos un tramo de escalera. No pudimos avanzar m&aacute;s, un denso grupo de hombres amontonados taponaba el acceso. Nos abrimos paso con los codos entre aquellos amigos y conocidos del maestro que respetuosamente esperaban turno para acercarse a darle el &uacute;ltimo adi&oacute;s.</p>
<p>La puerta de la pensi&oacute;n estaba abierta y antes de cruzar siquiera el umbral percib&iacute; el olor a cirio encendido y un sonoro murmullo de voces femeninas rezando al un&iacute;sono. Candelaria nos sali&oacute; al encuentro en cuanto entramos. Iba embutida en un traje negro que le quedaba a todas luces estrecho y sobre su busto majestuoso se columpiaba una medalla con el rostro de una virgen. En el centro del comedor, sobre la mesa, un f&eacute;retro abierto conten&iacute;a el cuerpo ceniciento de don Anselmo vestido de domingo. Un escalofr&iacute;o me recorri&oacute; la espalda al contemplarlo, not&eacute; c&oacute;mo Jamila me clavaba las u&ntilde;as en el brazo. Di un par de besos a Candelaria y ella dej&oacute; junto a mi oreja el reguero de un chorro de l&aacute;grimas.</p>
<p>&mdash;Ah&iacute; lo tienes, ca&iacute;do en el mismito <em>campo de batalla</em>.</p>
<p>Rememor&eacute;<em> aquellas peleas entre plato y plato de las que tantos d&iacute;as fui testigo. </em>Las raspas de los boquerones y los trozos de piel de mel&oacute;n africano, rugosa y amarilla, volando de un flanco a otro de la mesa. Las bromas venenosas y los improperios, los tenedores enhiestos como lanzas, los berridos de uno y otro bando. Las provocaciones y las amenazas de desahucio nunca cumplidas por la matutera.<em> La mesa del comedor convertida en un aut&eacute;ntico campo de batalla, </em>efectivamente.</p>
<p>Intent&eacute; contener la risa triste. Las hermanas resecas, la madre gorda y unas cuantas vecinas, sentadas junto a la ventana y enlutadas todas de arriba abajo, continuaban desgranando los misterios del rosario con voz mon&oacute;tona y llorosa. Imagin&eacute; por un segundo a don Anselmo en vida, con un Toledo en la comisura de la boca, <em>gritando furibundo entre toses que dejaran de rezar por &eacute;l de una pu&ntilde;etera vez. </em>Pero el maestro ya no estaba entre los vivos y ellas s&iacute;. Y delante de su cuerpo muerto, por presente y caliente que a&uacute;n estuviera, pod&iacute;an ya hacer lo que les viniera en gana.</p>
<p>Nos sentamos Candelaria y yo junto a ellas, la patrona acopl&oacute; su voz al ritmo del rezo y yo fing&iacute; hacer lo mismo, pero mi mente andaba trotando por otros andurriales.</p>
<p>Se&ntilde;or, ten piedad de nosotros.</p>
<p>Cristo, ten piedad de nosotros.</p>
<p>Acerqu&eacute; mi silla de enea a la suya hasta que nuestros brazos se tocaron.</p>
<p>Se&ntilde;or, ten piedad de nosotros.</p>
<p>&mdash;Tengo que preguntarle una cosa, Candelaria &mdash;le susurr&eacute; al o&iacute;do.</p>
<p>Cristo, &oacute;yenos.</p>
<p>Cristo, esc&uacute;chanos.</p>
<p>&mdash;Dime, mi alma &mdash;respondi&oacute; en voz igualmente baja.</p>
<p>Dios Padre Celestial, ten piedad de nosotros.</p>
<p>Dios Hijo, redentor del mundo.</p>
<p>&mdash;Me he enterado de que andan sacando a gente de zona roja.</p>
<p>Dios Esp&iacute;ritu Santo.</p>
<p>Sant&iacute;sima Trinidad, que eres un solo Dios.</p>
<p>&mdash;Eso dicen...</p>
<p>Santa Mar&iacute;a, ruega por nosotros.</p>
<p>Santa Madre de Dios.</p>
<p>Santa Virgen de las V&iacute;rgenes.</p>
<p>&mdash;&iquest;Puede usted enterarse de c&oacute;mo lo hacen?</p>
<p>Madre de Cristo.</p>
<p>Madre de la Iglesia.</p>
<p>&mdash;&iquest;Para qu&eacute; quieres t&uacute; saberlo?</p>
<p>Madre de la divina gracia.</p>
<p>Madre pur&iacute;sima.</p>
<p>Madre cast&iacute;sima.</p>
<p>&mdash;Para sacar a mi madre de Madrid y tra&eacute;rmela a Tetu&aacute;n.</p>
<p>Madre virginal.</p>
<p>Madre inmaculada.</p>
<p>&mdash;Tendr&eacute; que preguntar por ah&iacute;...</p>
<p>Madre amable.</p>
<p>Madre admirable.</p>
<p>&mdash;&iquest;Ma&ntilde;ana por la ma&ntilde;ana?</p>
<p>Madre del buen consejo.</p>
<p>Madre del Creador.</p>
<p>Madre del Salvador.</p>
<p>&mdash;En cuanto pueda. Y ahora c&aacute;llate ya y sigue rezando, a ver si entre todas <em>subimos a don Anselmo al cielo.</em></p>
<p>El velatorio se prolong&oacute; hasta la madrugada. Al d&iacute;a siguiente enterramos al maestro, con sepelio en la misi&oacute;n cat&oacute;lica, responso solemne y toda la parafernalia propia del m&aacute;s fervoroso de los creyentes. Acompa&ntilde;amos el f&eacute;retro al cementerio. Hac&iacute;a mucho viento, como tantos otros d&iacute;as en Tetu&aacute;n: un viento molesto que alborotaba los velos, alzaba las faldas y hac&iacute;a serpentear por el suelo las hojas de los eucaliptos. Mientras el sacerdote pronunciaba los &uacute;ltimos latines, me inclin&eacute; hacia Candelaria y le transmit&iacute; mi curiosidad en un susurro.</p>
<p>&mdash;Si las hermanas dec&iacute;an que el maestro era <em>un ateo hijo de Lucifer</em>, no s&eacute; c&oacute;mo le han organizado este entierro.</p>
<p>&mdash;D&eacute;jate t&uacute;, d&eacute;jate t&uacute;, a ver si se le va a quedar el alma vagando por los infiernos y va a venir luego su esp&iacute;ritu a tirarnos de los pies cuando estemos durmiendo...</p>
<p>Hice esfuerzos por no re&iacute;r.</p>
<p>&mdash;Por Dios, Candelaria, no sea tan supersticiosa.</p>
<p>&mdash;T&uacute; d&eacute;jame a m&iacute;, que yo ya soy perra vieja y s&eacute; de lo que estoy hablando.</p>
<p>Sin una palabra m&aacute;s, se concentr&oacute; de nuevo en la liturgia y no volvi&oacute; a dirigirme ni la mirada hasta despu&eacute;s del &uacute;ltimo <em>requiescat in pacem</em>. Bajaron entonces el cuerpo a la fosa y cuando los enterradores empezaron a echar sobre &eacute;l las primeras paletadas de tierra, el grupo comenz&oacute; a desmigarse. Ordenadamente nos fuimos dirigiendo hacia la verja del cementerio hasta que Candelaria se agach&oacute; de pronto y, simulando abrocharse la hebilla de un zapato, dej&oacute; que las hermanas se adelantaran con la gorda y las vecinas. Las contemplamos rezagadas mientras avanzaban de espaldas como una bandada de cuervos, con sus velos negros cay&eacute;ndoles hasta la cintura; medio manto, los llamaban.</p>
<p>&mdash;Anda, v&aacute;monos t&uacute; y yo a darnos un homenaje en memoria del pobre don Anselmo, que, a m&iacute;, hija m&iacute;a, con las penas es que me entran unas hambres...</p>
<p>Callejeamos hasta llegar a <em>El Buen Gusto</em>, elegimos nuestros pasteles y nos sentamos a comerlos en un banco de la plaza de la iglesia, entre palmeras y parterres. Y finalmente le hice la pregunta que llevaba conteniendo en la punta de la lengua desde el principio de la ma&ntilde;ana.</p>
<p>&mdash;&iquest;Ha podido averiguar ya algo de lo que le dije?</p>
<p>Asinti&oacute; con la boca llena de merengue.</p>
<p>&mdash;La cosa est&aacute; complicada. Y cuesta unos buenos dineros.</p>
<p>&mdash;Cu&eacute;ntemelo.</p>
<p>&mdash;Hay quien se encarga de las gestiones desde Tetu&aacute;n. No he podido enterarme bien de todos los detalles, pero parece que en Espa&ntilde;a la cosa se mueve a trav&eacute;s de la Cruz Roja Internacional.</p>
<p>Localizan a la gente <em>en zona roja</em> y, de alguna manera, la consiguen trasladar hasta alg&uacute;n puerto de Levante, no me preguntes c&oacute;mo porque no tengo ni pajolera idea. Camuflados, en camiones, andando, sabe Dios. El caso es que all&iacute; los embarcan. A los que quieren entrar <em>en zona nacional</em>, los llevan a Francia y los cruzan por la frontera en las Vascongadas. Y a los que quieren venir a Marruecos, los mandan hasta Gibraltar si pueden, aunque muchas veces la cosa est&aacute; dif&iacute;cil y tienen que llevarlos primero a otros puertos del Mediterr&aacute;neo. El siguiente destino suele ser T&aacute;nger y despu&eacute;s, al final, llegan a Tetu&aacute;n.<a title="" href="#_ftn27">[27]</a>]</p>
<p>Not&eacute; que el pulso se me aceleraba.</p>
<p>&mdash;&iquest;Y usted sabe con qui&eacute;n tendr&iacute;a yo que hablar?</p>
<p>Sonri&oacute; con un punto de tristeza y me dio en el muslo una palmadita cari&ntilde;osa que me dej&oacute; la falda manchada de az&uacute;car glas&eacute;.</p>
<p>&mdash;Antes de hablar con nadie, lo primero que hay que hacer es tener disponible un buen mont&oacute;n de billetes. Y en <em>libras esterlinas</em>. &iquest;Te dije o no te dije yo que el dinero de los ingleses era el mejor?</p>
<p>&mdash;Tengo sin tocar todo lo que he ahorrado en estos meses &mdash;aclar&eacute; ignorando su pregunta.</p>
<p>&mdash;Y tambi&eacute;n tienes pendiente la deuda del Continental.<a title="" href="#_ftn28">[28]</a></p>
<p>&mdash;A lo mejor me llega para las dos cosas.</p>
<p>&mdash;Lo dudo mucho, mi alma. Te costar&iacute;a doscientas cincuenta libras.</p>
<p>La garganta se me sec&oacute; de pronto y el hojaldre qued&oacute; atrapado en ella como una pasta de engrudo. Comenc&eacute; a toser, la matutera me palme&oacute; la espalda. Cuando consegu&iacute; finalmente tragar, me son&eacute; la nariz y pregunt&eacute;.</p>
<p>&mdash;&iquest;Usted no me lo prestar&iacute;a, Candelaria?</p>
<p>&mdash;Yo no tengo una perra, criatura.</p>
<p>&mdash;&iquest;Y lo del taller que le he ido dando?</p>
<p>&mdash;Ya est&aacute; gastado.</p>
<p>&mdash;&iquest;En qu&eacute;?</p>
<p>Suspir&oacute; con fuerza.</p>
<p>&mdash;En pagar este entierro, en las medicinas de los &uacute;ltimos tiempos y en un pu&ntilde;ado de facturas pendientes que don Anselmo hab&iacute;a dejado por unos cuantos sitios. Y menos mal que el doctor Mat&eacute; era amigo suyo y no me va a cobrar las visitas.</p>
<p>La mir&eacute; con incredulidad.</p>
<p>&mdash;Pero &eacute;l tendr&iacute;a que tener dinero guardado de su pensi&oacute;n de jubilado &mdash; suger&iacute;.</p>
<p>&mdash;No le quedaba un real.</p>
<p>&mdash;Eso es imposible: hac&iacute;a meses que apenas sal&iacute;a a la calle, no ten&iacute;a gastos...</p>
<p>Sonri&oacute; con una mezcla de compasi&oacute;n, tristeza y guasa.</p>
<p>&mdash;No s&eacute; c&oacute;mo se las arregl&oacute; el <em>viejo del demonio</em>, pero consigui&oacute; hacer llegar todos sus ahorros al <em>Socorro Rojo</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>A modo de conclusi&oacute;n </strong></p>
<p>&ldquo;Las palabras &ndash;afirma el profesor David Armitage- son medios con los que construimos nuestro mundo; no son los &uacute;nicos, por cierto, pero son los instrumentos con los que lo construimos en conversaci&oacute;n con nuestros pr&oacute;jimos cuando tratamos de persuadirles de nuestro propio punto de vista para justificar nuestras acciones y para atraer a los distantes e incluso a la posteridad. Pero al hablar de guerras, <em>las palabras se blanden como armas</em>, ya sea que la sangre est&eacute; a&uacute;n caliente, ya que la batalla se haya enfriado. Las palabras que se refieren a la guerra &mdash;incluso los nombres de la guerra&mdash; son realmente discutibles, y no hay guerra de nombre m&aacute;s controvertible que la guerra civil&rdquo;. <a title="" href="#_ftn29">[29]</a></p>
<p><strong><em>&nbsp;</em></strong></p>
<p><strong><em>Bibliograf&iacute;a</em></strong></p>
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<p>- Anders, G&uuml;nter. <em>La obsolescencia del odio</em>. Valencia: Pre-Textos, 2019.</p>
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<p>- Zarrouk, Mourad. <em>Los traductores de Espa&ntilde;a en Marruecos (1859-1939)</em>. Barcelona: Bellaterra, 2009.</p>
<p>- Zohra Bouaziz, F&aacute;tima. &ldquo;Bernab&eacute; L&oacute;pez: T&aacute;nger no fue un para&iacute;so para los espa&ntilde;oles en la Guerra Civil&rdquo;. En <em>EFE,</em> (7 de octubre de 2021).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> Mar&iacute;a Due&ntilde;as, <em>El tiempo entre costuras</em> (Barcelona: Planeta, 2009).</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> Vicente Moga Romero, <em>Al Oriente de &Aacute;frica. Masoner&iacute;a, Guerra Civil y Represi&oacute;n en Melilla </em>(Melilla: Norma Editorial, Centro Asociado de la UNED, 2004-2005); y Francisco S&aacute;nchez Montoya, <em>Masoner&iacute;a en Ceuta, Origen, Guerra Civil y Represi&oacute;n (1821-1936)</em> (Ceuta: Ed. libros de Ceuta, 2018).</p>
</div>
<div>
<p>[3] Jos&eacute; Antonio Ferrer Benimeli, <em>La Masoner&iacute;a Hispana y sus luchas democr&aacute;ticas. Sue&ntilde;os de libertad,</em> Oviedo, Mas&oacute;nica, 2022: 428-429.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a> Mar&iacute;a Due&ntilde;as, <em>El tiempo entre costuras</em> (Barcelona: Planeta, 2009).</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a> F&aacute;tima Zohra Bouaziz, &ldquo;Bernab&eacute; L&oacute;pez: T&aacute;nger no fue un para&iacute;so para los espa&ntilde;oles en la Guerra Civil&rdquo;. En <em>EFE,</em> (7 de octubre de 2021).</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a> Roc&iacute;o Velasco de Castro, &ldquo;La represi&oacute;n contra la poblaci&oacute;n civil del protectorado espa&ntilde;ol en Marruecos&rdquo;, <em>Hispania nova. Revista de Historia Contempor&aacute;nea</em>, n.&ordm; 10 (2012).</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a> Jos&eacute; Antonio Ferrer Benimeli, &laquo;Masones del Protectorado espa&ntilde;ol en Marruecos y plazas de soberan&iacute;a, el 18 de julio de 1936&raquo;, Actas del Congreso Internacional &laquo;El Estrecho de Gibraltar&raquo; Ceuta 1987, Madrid: ed. E. Ripoll Perell&oacute;, 1988, III.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref8">[8]</a> A esta cuesti&oacute;n dedico un cap&iacute;tulo m&aacute;s extenso en mi &uacute;ltimo libro <em>Franco y la Masoner&iacute;a. Un terrible enemigo que no se rinde jam&aacute;s</em> (Oviedo: Mas&oacute;nica, 2022), 123-158.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref9">[9]</a> &ldquo;Los sublevados, dice Candelaria, se han ensa&ntilde;ado a conciencia con todos los que ten&iacute;an algo que ver con la masoner&iacute;a. A algunos les metieron un tiro en la cabeza entre las mismas paredes del local en donde se reun&iacute;an; los m&aacute;s afortunados huyeron a todo correr a T&aacute;nger o a la zona francesa. A otros se los llevaron para el Mogote y cualquier d&iacute;a los fusilan y a tomar viento. Y probablemente unos cuantos anden escondidos en s&oacute;tanos, buhardillas y zaguanes, temiendo que cualquier d&iacute;a alguien d&eacute; un chivatazo y los saquen de sus refugios a culatazo limpio&rdquo; (Due&ntilde;as, 133-134)</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref10">[10]</a> En el comedor de la pensi&oacute;n se repet&iacute;an cada d&iacute;a, entre otros insultos los siguientes ep&iacute;tetos: <em>rojo vicioso; vieja meapilas; hijo de Lucifer; t&iacute;a vinagre; ateo; degenerado; mas&oacute;n asqueroso; y adorador de Satan&aacute;s</em>.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref11">[11]</a> Due&ntilde;as, 99 - 101.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref12">[12]</a> Due&ntilde;as., 102- 103.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref13">[13]</a> Due&ntilde;as, 110-121.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref14">[14]</a> El 9 de febrero de 1939, cuando las tropas franquistas hab&iacute;an completado la ocupaci&oacute;n de Catalu&ntilde;a, se promulg&oacute; la <em>Ley de Responsabilidades Pol&iacute;ticas</em>, un nuevo instrumento de la pol&iacute;tica represiva del R&eacute;gimen. En su pre&aacute;mbulo, se establec&iacute;a que el objetivo de esa nueva Ley era: &ldquo;Liquidar las culpas (&hellip;) contra&iacute;das por quienes contribuyeron con actos u omisiones graves a forjar la sublevaci&oacute;n roja, a mantenerla viva durante m&aacute;s de dos a&ntilde;os y a entorpecer el triunfo providencial e hist&oacute;ricamente ineludible del Movimiento Nacional&rdquo;. De este modo, podr&iacute;an convivir en Espa&ntilde;a quienes hab&iacute;an luchado para salvar la Patria y la civilizaci&oacute;n y quienes borrar&iacute;an "sus yerros pasados mediante el cumplimiento de sanciones justas y la firme voluntad de no volver a extraviarse&rdquo;. En el art&iacute;culo primero, se dec&iacute;a: &ldquo;Se declara la responsabilidad pol&iacute;tica de las personas, tanto jur&iacute;dicas como f&iacute;sicas, que desde el 1&ordm; de octubre de 1934 y antes del 18 de julio de 1936 contribuyeron a crear o a agravar la subversi&oacute;n de todo orden de que se hizo v&iacute;ctima Espa&ntilde;a y de aquellas otras que a partir de la segunda de dichas fechas se hayan opuesto o se opongan al Movimiento Nacional con actos concretos o pasividad grave&rdquo;.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref15">[15]</a> La <em>Ley de Represi&oacute;n de la Masoner&iacute;a y el Comunismo</em> (1 de marzo de 1940) que sufrieron los masones en la Espa&ntilde;a de Franco, junto con la Ley de Responsabilidades Pol&iacute;ticas (9 de febrero de 1939) y la Ley de Seguridad del Estado. La dictadura promulg&oacute; una serie de leyes especiales, con un complejo entramado represivo, como las Juntas de Incautaci&oacute;n de Bienes, el Tribunal Especial contra la Masoner&iacute;a y el Comunismo, los Tribunales de Responsabilidades Pol&iacute;ticas y posteriormente el Tribunal de Orden P&uacute;blico cuya documentaci&oacute;n se ha conservado en el Centro Documental de la Memoria Hist&oacute;rica y en otros archivos estatales. Juan Jos&eacute; Morales Ruiz,<em> La publicaci&oacute;n de la Ley de Represi&oacute;n de la masoner&iacute;a en la Espa&ntilde;a de postguerra </em>(Zaragoza: Editorial Fernando El Cat&oacute;lico, 1992).&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref16">[16]</a> Due&ntilde;as, 122-134.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref17">[17]</a> El&nbsp;29 de marzo de 1941&nbsp;se public&oacute; en el Bolet&iacute;n Oficial del Estado la <em>Ley de Seguridad del Estado</em> por la que el r&eacute;gimen franquista&nbsp;institucionalizaba y legalizaba algunos de los mecanismos de represi&oacute;n y limitaci&oacute;n de las libertades que m&aacute;s le caracterizaron. La&nbsp;ley&nbsp;se divid&iacute;a en&nbsp;doce cap&iacute;tulos seg&uacute;n el tipo de delitos a los que hac&iacute;a referencia&nbsp;y algunas consideraciones generales al final. El primer cap&iacute;tulo defin&iacute;a todo tipo de actividad que atacase al r&eacute;gimen franquista, al ej&eacute;rcito, o a los s&iacute;mbolos nacionales, destacando el delito de traici&oacute;n a la patria y la tenencia de armas. Para algunos de estos delitos se aplicaba la pena de muerte.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref18">[18]</a> Vicente Moga Romero, <em>Al Oriente de &Aacute;frica. Masoner&iacute;a, Guerra Civil y Represi&oacute;n en Melilla </em>(Melilla: Norma Editorial, Centro Asociado de la UNED, 2004-2005); y Francisco S&aacute;nchez Montoya, <em>Masoner&iacute;a en Ceuta, Origen, Guerra Civil y Represi&oacute;n (1821-1936)</em> (Ceuta: Ed. libros de Ceuta, 2018).</p>
</div>
<div>
<p>[19] Due&ntilde;as, 133 -134.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref20">[20]</a> El antiguo campo de concentraci&oacute;n del Mogote, situado en las afueras de Tetu&aacute;n fue, junto con el campo de Zelu&aacute;n (cerca de Melilla) fue el primero de los que construy&oacute; el bando golpista. Este centro de hacinamiento fue organizado siguiendo el modelo de los campos de concentraci&oacute;n nazis. Debido al calor, los trabajos forzados, las torturas, la falta de alimentaci&oacute;n y los fusilamientos arbitrarios, se convirti&oacute; en un verdadero infierno donde los presos mor&iacute;an en masa. El campo de concentraci&oacute;n de Zelu&aacute;n estaba ubicado en la alcazaba, a unos treinta kil&oacute;metros de Melilla. La alcazaba ten&iacute;a la forma de un cuadril&aacute;tero, de unos 200 metros de largo cada lado, con torres defensivas dispuestas a lo largo de todo el per&iacute;metro y una serie de edificaciones construidas en el interior. Zelu&aacute;n pertenece a la comarca de Guelaya, en la provincia de Nador, en la orilla sur de la gran albufera conocida como <em>Mar Chica</em> por los espa&ntilde;oles, o como <em>Bu Erg</em> por los marroqu&iacute;es. Las mujeres fueron concentradas&nbsp;en&nbsp;el <em>Fuerte de Victoria Grande</em> de&nbsp;Melilla&nbsp;que, sin embargo, siempre tuvo la consideraci&oacute;n de prisi&oacute;n. Estuvo en funcionamiento desde el 19 de julio de 1936 hasta, al menos, abril de 1939.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref21"><sup><sup>[21]</sup></sup></a>F&eacute;lix Ramos Toscano y Pedro Jes&uacute;s Feria, <em>Camino hacia la tierra olvidada. Guerra Civil y represi&oacute;n en el Protectorado espa&ntilde;ol de Marruecos, 1936-1945</em> (Sevilla: Foro por la memoria hist&oacute;rica de Andaluc&iacute;a, 2016). Y Valeria Aguiar Bobet, <em>La masoner&iacute;a espa&ntilde;ola en Marruecos</em> (Santa Cruz de Tenerife: Ediciones Idea, 2020).</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref22">[22]</a> Due&ntilde;as, 135-150.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref23">[23]</a> Due&ntilde;as, 145.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref24">[24]</a> Velasco de Castro, Roc&iacute;o, &ldquo;La represi&oacute;n contra la poblaci&oacute;n civil del protectorado espa&ntilde;ol en Marruecos&rdquo;, <em>Hispania nova. Revista de Historia Contempor&aacute;nea</em>, n.&ordm; 10 (2012).</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref25">[25]</a> Due&ntilde;as, 149.</p>
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<div>
<p><a title="" href="#_ftnref26">[26]</a> Due&ntilde;as, 230- 236.</p>
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<div>
<p><a title="" href="#_ftnref27">[27]</a> Susana Sueiro Seoane, &ldquo;La ciudad de los esp&iacute;as (1940-1945): T&aacute;nger espa&ntilde;ol y la pol&iacute;tica brit&aacute;nica&rdquo;, <em>RUHM</em>, vol. 4, n.&ordm; 8 (2015); Bernab&eacute; L&oacute;pez Garc&iacute;a, <em>El frente de T&aacute;nger (1936-1940) </em>(Madrid: Marcial Pons, 2021); y F&aacute;tima Zohra Bouaziz, &ldquo;Bernab&eacute; L&oacute;pez: T&aacute;nger no fue un para&iacute;so para los espa&ntilde;oles en la Guerra Civil&rdquo;, <em>EFE,</em> Rabat, (7 de octubre de 2021).</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref28">[28]</a> El Hotel Continental est&aacute; en <em>36 Rue Dar Baroud,</em> <em>T&aacute;nger,</em> a pie de playa, cerca de la medina y a cinco minutos del puerto, ofrece vistas panor&aacute;micas a la bah&iacute;a del Mediterr&aacute;neo. Alberga salones de estilo marroqu&iacute; con mosaicos tradicionales, y ocupa un edificio del siglo XIX declarado patrimonio nacional.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref29">[29]</a> David Armitage, <em>Las guerras civiles. Una historia en ideas</em> (Madrid: Alianza Editorial, 2018), 181-182.</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Thu, 03 Nov 2022 12:10:03 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Prohibido fijar carteles]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/prohibido-fijar-carteles/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/MANUEL_VALERO_G_MEZ_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Con el libro <em>Prohibido fijar carteles</em>, Manuel Valero G&oacute;mez (Alicante, 1986), obtuvo el III Premio de Poes&iacute;a de la Facultad de Filolog&iacute;a de la UNED, que ahora edita el volumen. Doctor en Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica, cr&iacute;tico y poeta, tras una dilatada trayectoria como investigador, ofrece en este poemario una estimulante visi&oacute;n del mundo contempor&aacute;neo averiguado en su cotidianeidad y en su apariencia habitual, que examina, con intenci&oacute;n cr&iacute;tica y socialmente comprometida, desde la iron&iacute;a e incluso el sarcasmo. Y lo consigue con una palabra po&eacute;tica d&uacute;ctil y muy expresiva, brillante y demoledora, mientras su verso se amolda a las exigencias del guion variando en los recursos expresivos, paralelismos y an&aacute;foras desplegadas en poemas admirablemente construidos.</p>
<p>Si hay decepci&oacute;n ante nuestro mundo actual, el poeta se revela y resiste con su palabra y con una decidida fluidez expresiva, mientras los maestros, como si de manes cl&aacute;sicos se tratase, protegen al poeta y a sus creaciones: desde Rimbaud o Nicanor Parra y Pier Paolo Pasolini a Luis Garc&iacute;a Montero o Miguel Hern&aacute;ndez, establece Manuel Valero su posici&oacute;n irreductible ante una realidad que descubre con asombro pero que retrata con severidad.</p>
<p>Incluso cuando se plantea una did&aacute;ctica de la historia, el poeta se enfrenta a nuestro habitual discurrir con la intenci&oacute;n de evidenciar, a trav&eacute;s de las cuatro partes &nbsp;y un poema final en que el libro se organiza, cu&aacute;nto hay de s&oacute;rdido y repetido en nuestra pobre existencia cotidiana: &ldquo;Fuera de servicio&rdquo;: &ldquo;Instrucciones para tomar el metropolitano&rdquo;; &ldquo;A quemarropa&rdquo;: &ldquo;Una soledad sin rostro nos asesina&rdquo;; &ldquo;Prohibido fijar carteles&rdquo;: &ldquo;Responsable la empresa anunciadora&rdquo;; &ldquo;Postales perdidas&rdquo;: &ldquo;Correos y Telecomunicaciones&rdquo;; y el &ldquo;Final&rdquo;: &ldquo;Ep&iacute;logo para (des)empleados&rdquo;, que concluye un mundo expresivo que ha ido nutri&eacute;ndose en la s&aacute;tira de nuestro tiempo conforme el poemario ha ido avanzando hacia su destino, en la lucha permanente que ha hecho posible este libro entre el yo l&iacute;rico y su interior y las exigencias del espacio vital en el que se ha ido planteando su acceso a esa visi&oacute;n de la realidad que, con tanta entereza y eficacia, ha forjado el libro.</p>
<p>Como se&ntilde;ala el prologuista del volumen, Guillermo La&iacute;n Corona, este es un libro especial porque el poeta ha sabido hacer confluir en &eacute;l la intimidad y el compromiso, de manera que reformula en cierto modo la historiograf&iacute;a literaria porque es un poemario neosocial, neoexistencialista, neol&iacute;rico&hellip; y asegura que los poemas de este libro con su anclaje en la tradici&oacute;n no est&aacute;n exentos de modernidad: &ldquo;Un repaso de la existencia con mucho existencialismo y con no poco fondo de armario literario&rdquo;. Y mucho m&aacute;s es este libro: sobre todo porque su propuesta es muy original, revitalizadora e innovadora y la forja de su esp&iacute;ritu es solidaria con una visi&oacute;n que atrae al lector por su constante acierto en el compromiso personal mientras que la expresiva palabra po&eacute;tica va descubriendo sentimientos de admiraci&oacute;n y al mismo tiempo repulsa ante este complejo mundo de hoy tan vivamente retratado a lo largo del libro.</p>
<p>Estil&iacute;sticamente, el poeta acierta cuando desarrolla sus poemas con una insistencia en los espacios y en las pausas, que van deteniendo al lector en las palabras clave de cada representaci&oacute;n po&eacute;tica, de manera que su original vocabulario y la cohesi&oacute;n de su sem&aacute;ntica fortalecen representaciones que destacan por su solidez, pero tambi&eacute;n por la severidad de sus censuras.</p>
<p>Manuel Valero G&oacute;mez no est&aacute; enfadado contra el mundo pero lo analiza con prevenci&oacute;n constante y busca en sus lecturas de apasionado fil&oacute;logo apoyos para sobrevivir entre las adversidades que va descubriendo y denunciando, hasta el punto de que la intertextualidad en este libro es fortalecedora y desde luego creativa y eficaz: heridas, astillas, calle, miseria, todo alrededor de la intimidad, mientras nuestro autor establece, en un poema antol&oacute;gico, la po&eacute;tica del presente y se plantea para qu&eacute; sirve la poes&iacute;a&nbsp; ante un mundo&nbsp; que se desenvuelve en la l&oacute;gica del asedio, entre la est&eacute;tica y la &eacute;tica, mientras las preguntas se agolpan para entender la historia y la violencia hasta llegar a esa prohibici&oacute;n de fijar carteles que se sublima en su simbolismo vital en el &aacute;mbito de un universo convulso hasta borrar el nombre del poeta.</p>
<p>En <em>Prohibido fijar carteles, </em>el poeta ha creado un libro solidario y complejo que ha enriquecido con la multiplicidad de las experiencias enfrentadas a las propias inquietudes y pasiones de su yo l&iacute;rico, hasta el punto del que el libro se convierte en una continuada lecci&oacute;n de convivencia con los dem&aacute;s, con lo heredado y con el propio imaginario, adquirido en la reflexi&oacute;n de propuestas literarias que ejercen su influencia poema tras poema en este libro tan singular.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Manuel Valero G&oacute;mez, <em>Prohibido fijar carteles</em>, III Premio de Poes&iacute;a de la Facultad de Filolog&iacute;a de la UNED, Madrid, Editorial UNED, 2022.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 02 Nov 2022 13:08:25 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un nuevo libro sobre Franco y la Masonería]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-nuevo-libro-sobre-franco-y-la-masoneria/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/JUAN_JOS_MORALES_RUIZ_-_FRANCO_Y_LA_MASONER_A_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Publicado en la colecci&oacute;n&nbsp;&ldquo;Historiadores de la Masoner&iacute;a&rdquo;&nbsp;el libro <em>Franco y la Masoner&iacute;a. Un terrible enemigo que no se rinde jam&aacute;s</em>&nbsp;del profesor de Historia Contempor&aacute;nea de Espa&ntilde;a en el Centro de la UNED en Calatayud, fue presentado en el Ateneo de C&aacute;diz, durante la celebraci&oacute;n del II Seminario Internacional de Historia de la Masoner&iacute;a, organizado por el Centro de Estudios Hist&oacute;ricos de la Masoner&iacute;a Espa&ntilde;ola (CEHME) de la Universidad de Zaragoza.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Francisco Franco Bahamonde<em>&nbsp;</em>&ndash; escribe Juan Jos&eacute; Morales-&nbsp; el General&iacute;simo, el Caudillo, el dictador: nunca fue mas&oacute;n, pero estaba obsesionado con la masoner&iacute;a y los masones. De hecho, fue el &uacute;nico Jefe de Estado que firm&oacute; una ley implacable para la persecuci&oacute;n de los masones. Reci&eacute;n acabada la guerra civil y durante toda su vida repiti&oacute; insistentemente en numerosos discursos y en m&aacute;s de un centenar de art&iacute;culos &ndash;curiosamente firmados con distintos seud&oacute;nimos- que hab&iacute;a que estar en guardia contra las acechanzas de un extra&ntilde;o contubernio judeo-mas&oacute;nico-comunista, basado fundamentalmente en rancias, pero muy eficaces teor&iacute;as conspiratorias. En Espa&ntilde;a prevalece todav&iacute;a la visi&oacute;n m&aacute;s oscura de la masoner&iacute;a; como la de un ente secreto, sat&aacute;nico e infernal, causante de todos los males. Esta visi&oacute;n estaba tan arraigada en la mente de muchos espa&ntilde;oles- y probablemente a&uacute;n lo est&eacute;- que por eso los masones tuvieron que esperar unos cuantos a&ntilde;os despu&eacute;s del fallecimiento de Franco, para poder regresar del exilio. Y algo que tambi&eacute;n parece muy significativo: la masoner&iacute;a no fue legalizada hasta dos a&ntilde;os despu&eacute;s que el Partido Comunista de Espa&ntilde;a (PCE). Franco, no pod&iacute;a dormir tranquilo porque estaba convencido de que la Masoner&iacute;a es un terrible enemigo que no se rinde jam&aacute;s. Esa era la peor de sus pesadillas<em>&rdquo;.</em></p>
<p>El profesor Juan Jos&eacute; Morales Ruiz se ha especializado en el tema del discurso antimas&oacute;nico y la represi&oacute;n de la masoner&iacute;a en la guerra civil y durante el franquismo. Es miembro del Centro de Estudios Hist&oacute;ricos de la Masoner&iacute;a Espa&ntilde;ola (CEHME) de la Universidad de Zaragoza. En la misma editorial (Mas&oacute;nica.es) ha publicado <em>Palabras asesinas. El discurso antimas&oacute;nico en la guerra civil espa&ntilde;ola</em><em>.</em></p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 20 Oct 2022 07:31:58 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[María Cecilia Salas Guerra: “Marguerite Duras se entrega a la soledad, al silencio, a la brutalidad de la vida”. ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/maria-cecilia-salas-guerra-marquerite-duras-se-entrega-a-la-soledad-al-silencio-a-la-brutalidad-de-la-vida/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/MARIA_CECILIA_SALAS_GUERRA.jpg" alt="" /></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>Hay obras literarias que conforman un cosmos: &oacute;rbitas lunares, astro que rige, sat&eacute;lites, influencias, meteoritos&hellip; Obras literarias que son, acaso, la propia biograf&iacute;a del autor, sin que se trate de textos autobiogr&aacute;ficos al uso. La de Marguerite Duras es una obra alt&iacute;sima, con una profundidad renovada, con una intensidad de bosquejo impresionista que nunca sacia del todo la sed. Como las grandes historias. Mar&iacute;a Cecilia Salas Guerra, psic&oacute;loga y profesora de la Universidad de Antioquia y doctora en problemas del pensar filos&oacute;fico de la Universidad Aut&oacute;noma de Madrid, es la autora de un ensayo en el que se adentra en el significado &uacute;ltimo de la escritura de la autora francesa: <em>Marguerite Duras. Escribir la parte de sombra</em> (editorial Swann).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La obra de Marguerite Duras es tremendamente visual&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- La sombra de Duras, &iquest;es alargada, espesa, intermitente...?</p>
<p>- La obra de Marguerite Duras es tremendamente visual. Con palabras, pinta, fotograf&iacute;a y hace montajes con los paisajes, los estados de &aacute;nimo, los eventos grandes y peque&ntilde;os que marcan su vida, o que dan lugar a sus relatos. Podemos decir que su escritura arroja una sombra intermitente que, como el claroscuro, agrega luz y sombra, y nos da la sensaci&oacute;n de volumen y profundidad: da vida a las palabras, atiende a la fugacidad de las vislumbres, a esa mirada pasajera que reclama una escritura sutil, marginal, blanca, en la que se atesoran las huellas de acontecimientos nimios pero decisivos, abiertos a infinitos campos de posibilidades, en los que la escritura recomienza con cada libro.</p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo hacer de la sombra de cada cual un hontanar de inspiraci&oacute;n, de creaci&oacute;n?</p>
<p>- En su condici&oacute;n de artista, Duras muestra que cada uno hace lo que puede con su parte de sombra, y para ello no existe una clave o una receta. Escribir es algo que se le impone a la escritora como un acto irrenunciable, que la conduce por &laquo;lugares pantanosos en los que no se puede apoyar el pie&raquo;. Su obra, entonces, es un modo singular de hacer con la parte de sombra, es una versi&oacute;n con m&uacute;ltiples aristas y matices, que atrapa o expulsa al lector, y cuando lo atrapa lo exilia de s&iacute; mismo o al menos le permite verse un poco desde fuera, atender a ciertas vivencias, escucharse de otro modo, desalojar uno que otro prejuicio.</p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle"><strong>&ldquo;Escribiendo, Duras se entrega a la soledad, al silencio, a la brutalidad de la vida&rdquo;</strong></p>
<p class="ListParagraphCxSpLast">&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; es lo que m&aacute;s le fascina de la obra de Marguerite Duras? &iquest;Qu&eacute; hace de ella una autora tan reconocible, indispensable?</p>
<p>- Sorprende esa manera tan suya de tejer la vida en una forma de escritura que es eminentemente femenina, y que constatamos no solo en las novelas sino tambi&eacute;n en los ensayos, en las conversaciones y en los guiones cinematogr&aacute;ficos. Asistimos a un tejido indiscernible que nos interpela, sobre todo en cuanto al deseo no sabido, a la feminidad inatrapable en las redes del saber, a los oscuros lazos familiares, a la convulsa infancia, entre otras experiencias igualmente vitales para cualquier lector.</p>
<p>De igual modo, resulta excepcional la precisi&oacute;n y la sutileza con la que Duras recrea la experiencia de la locura, del arrebato y del exilio, tan frecuentes en sus personajes, por el mismo hecho de que son bastante corrientes en la vida misma.</p>
<p>Escribiendo, Duras se entrega a la soledad, al silencio, a la brutalidad de la vida; se expone al no saber, al enigma de la existencia: muestra con palabras esa otra regi&oacute;n, y lo hace<em> </em>sin saber c&oacute;mo, sin m&eacute;todo, por eso no escribe libros &laquo;encantadores, sin poso alguno, sin noche. Sin silencio&raquo;. Ella reivindica los &laquo;libros que se incrusten en el pensamiento y que hablen del duelo profundo de toda vida, el lugar com&uacute;n de todo pensamiento&raquo;. (Duras, <em>Escribir</em>) O, como advierte en <em>Los ojos verdes</em>: &laquo;Escribir es no poder evitarlo, no poder escaparse de ello. Veo [al escritor] bregando consigo mismo, por esos lugares movedizos que lindan con la pasi&oacute;n, imposible de cercar, de ver, y de lo que nada puede librarle. (&hellip;) La desdicha maravillosa es quiz&aacute; aquella tortura, esta invocaci&oacute;n que no deja descanso alguno, ese arrebato de uno que le hace sentirse abandonado y perdido cuando termina el libro. T&uacute; lo sabes. Ser para s&iacute; mismo su propio objeto de locura y no volverse loco por ello. Eso podr&iacute;a ser la desdicha maravillosa&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Usted dice que el acto de leer es un acto de escucha. &iquest;En alg&uacute;n momento, el texto, adem&aacute;s de hablarnos, nos escucha?</p>
<p>- Leer es un paciente acto de escucha, es decir, de cierto vaciamiento, no de otro modo es posible una m&iacute;nima receptividad ante el misterioso acto de escribir llevado a cabo por otro ser humano, cuya existencia estuvo tomada por la necesidad apremiante de decir, evocar, reelaborar, hasta sostenerse casi prioritariamente en las palabras, cual funambulista. Leer es escuchar el acto de escribir, que consiste en &laquo;callarse y hablar&raquo; a la vez.</p>
<p>En ese sentido, el acto de escuchar, como el acto de mirar, es casi siempre de ida y vuelta. Leyendo, de repente somos escuchados por el relato, as&iacute; como ante la imagen, de repente, somos mirados. En ambos casos, se puede decir que somos certeramente interpelados, que salimos del libro o de la imagen siendo otros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- La obra de Marguerite Duras est&aacute; &ldquo;poblada de personajes arrastrados por el desierto del deseo&rdquo;. &iquest;Cu&aacute;ndo &mdash;de haber esa ocasi&oacute;n&mdash; conviene no atender al deseo?</p>
<p>Aunque es la esencia del hombre, el deseo es, habitualmente, no sabido, enigm&aacute;tico, de ah&iacute; que no se confunde con las ansias, las necesidades o las aspiraciones. El ser humano es causado por el deseo, tomado por &eacute;l, como una fuerza que lo empuja y que, eventualmente, casi siempre a posteriori, se despeja un poco. Algunos personajes de Duras se abandonan a esa fuerza oscura que es el deseo, se arrojan hasta la cat&aacute;strofe incluso, tal como podemos verlo en Lol V. Stein, en el Vicec&oacute;nsul o en Anne-Marie Stretter, entre otros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Escribir la infancia es tambi&eacute;n inventar un lugar en el mundo&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Hasta qu&eacute; punto uno puede &laquo;escribir la infancia&raquo; (toda vez que se cambia de apellido para arraigar a&uacute;n m&aacute;s su nombre en ella)?</p>
<p>- Escribir la infancia es, para Marguerite Duras, evocar, re-construir, ficcionar, arrojar un poco de luz sobre esa regi&oacute;n que es determinante de la vida, pero de la cual apenas sobreviven restos inconexos y destellos que, al escribirlos, atraviesan o perfilan la parte de sombra en la que los seres hablantes se hallan un poco exiliados de s&iacute; mismos. Escribir la infancia tambi&eacute;n es inventar un lugar en el mundo, poblar una geograf&iacute;a antes inexistente, imaginar un origen, traer a colaci&oacute;n ciertos rasgos de la madre o del padre&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; aporta conocer la vida del autor cuando uno lee su obra? &iquest;De qu&eacute; manera la condiciona?</p>
<p>- De la vida de un autor se pueden conocer algunos hechos, narrados por &eacute;l mismo, casi siempre con matices y diferencias cada vez que los evoca; o referidos por los bi&oacute;grafos, en el prop&oacute;sito de hacer un homenaje o de evidenciar algunas claves para acercarse a la obra. Pero en alguna medida la biograf&iacute;a es &laquo;ofrenda vana&raquo; &mdash;como dice Pascal Quignard&mdash;, y la autoexposici&oacute;n o autobiograf&iacute;a es, en buena medida, autoficci&oacute;n. Por tanto, la vida del autor no se conoce plenamente, y como lectores estamos ante unos personajes que tampoco llegamos a conocer a cabalidad. La misma Duras afirma que no puede conocer a su criatura Lol V. Stein y el lector tampoco: ella deambula, aparece y desaparece, solo la vemos en su errancia, hasta ser presas nosotros mismos de ella, es decir, somos perseguidos y mirados por Lol, como una presencia silenciosa que desconcierta e incita el decir y la especulaci&oacute;n de otros, d&iacute;ganse otros personajes que la miran o los lectores que no logran definirla. Tampoco podemos conocer al Vicec&oacute;nsul, de quien solo nos llegan sus gritos, porque est&aacute; claro que grita y a&uacute;lla como quien reza, del mismo modo que dispara por las noches contra Lahore y contra la India en descomposici&oacute;n, porque no puede hacer otra cosa, dispara para matar por matar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Todos vivimos en el exilio&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Si tuviera que escoger una de las obras de Duras, &iquest;Cu&aacute;l ser&iacute;a y por qu&eacute;?</p>
<p>Elegir&iacute;a <em>El Vicec&oacute;nsul. </em>En primer lugar, porque en esta novela la autora revisita y extiende las geograf&iacute;as de la infancia, que hab&iacute;a recreado en <em>Dique contra el pac&iacute;fico </em>&mdash;el libro preferido de Duras al final de su vida&mdash;<em>, </em>ampliando en esta ocasi&oacute;n su mirada sobre los efectos del colonialismo: el hambre, la miseria, el exilio. En segundo lugar, porque la autora construye una voz narrativa masculina, la de Peter Morgan, que es quien escribe, y aparece tanto o m&aacute;s implicada que la voz narrativa de Jacques Hold, que escuchamos en <em>El arrebato de Lol V. Stein</em>. Y, en tercer lugar, porque en esta novela se muestra la locura, el extrav&iacute;o y la llamada lepra del coraz&oacute;n con un refinamiento casi cl&iacute;nico. El Vicec&oacute;nsul nos muestra que, para decirlo con los versos de Henri Luque Mu&ntilde;oz: &ldquo;Todos somos discapacitados, / Todos vivimos en el exilio, / Todos somos la noche, / Llevamos el misterio en la cara&hellip;&rdquo;</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>- &iquest;Usted dir&iacute;a que fue una mujer feliz?</p>
<p>- Su obra nos muestra una mujer consecuente con el arduo deseo de escribir, hasta las &uacute;ltimas consecuencias, tanto, que Lacan se pregunta si la <em>&laquo;caridad sin grandes esperanzas</em> con la cual Duras anima sus creaciones, no proviene de la fe que usted tiene de sobra cuando celebra las bodas taciturnas de la vida vac&iacute;a con el objeto indescriptible&raquo;. Fiel y consecuente con la escritura, con las palabras, hasta el momento final de su vida, tal como podemos leerlo en <em>Esto es todo, </em>hecho a partir de los esbozos intensos y lac&oacute;nicos que le dictara a su incondicional compa&ntilde;ero, Yann Andrea: &ldquo;A veces estoy vac&iacute;a durante mucho tiempo./ Existo sin identidad./ (&hellip;) / La felicidad es lo mismo que decir, un poco muerta./ Un poco ausente del lugar donde hablo. / (&hellip;) Cuando escribo, estoy en la misma locura que cuando vivo./ Me re&uacute;no con masas de piedra cuando escribo. Las piedras de la Presa / (&hellip;) / Escribir durante toda la vida, eso ense&ntilde;a a escribir. Eso no salva de nada.&rdquo;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 10 Oct 2022 10:16:26 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aventuras y desventuras de la razón]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/aventuras-y-desventuras-de-la-razon/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/JUAN_PADILLA.png" alt="" /></p>
<p>Quiz&aacute;s la historia de la filosof&iacute;a, como cualquier historia, deba reescribirse continuamente. Cada momento contempla el pasado desde su propio punto de vista. Y mirar hoy la historia de la filosof&iacute;a desde una &oacute;ptica diferente constituye una experiencia &uacute;nica, una aventura sugestiva que nadie ha vivido antes. Exige leer un texto envejecido por los a&ntilde;os que esconde un mensaje oculto que debemos descifrar. Y eso pretende hacer aqu&iacute; nuestro compa&ntilde;ero de viaje, cuando conversa con los sabios de anta&ntilde;o y con los lectores de hoga&ntilde;o, un encaje de bolillos que quiere ser fiel a la imagen de siempre, pero reedit&aacute;ndola con las investigaciones recientes para as&iacute; obtener una imagen nueva que refleje el estado de la cuesti&oacute;n.</p>
<p>Juan Padilla es un profesor de la UDIMA que ha escrito libros sobre Henri Bergson y sobre la escuela de Madrid. Su tesis doctoral, dirigida por Heliodoro Carpintero, vers&oacute; sobre Antonio Rodr&iacute;guez Hu&eacute;scar. Ha trabajado en la edici&oacute;n de las obras completas de Ortega por la Fundaci&oacute;n Jos&eacute; Ortega y Gasset e investiga hoy sobre temas de muy distinta &iacute;ndole. Es un fil&oacute;sofo por vocaci&oacute;n que vive en la filosof&iacute;a, para quien toda la historia del pensamiento occidental interpela al hombre de hoy, que, por m&aacute;s que lo intente, no puede permanecer de espaldas al desaf&iacute;o m&aacute;ximo de la condici&oacute;n humana y a las preguntas que se hace cuando se enfrenta al sentido y al sinsentido de todo, abrumado por el v&eacute;rtigo del abismo.</p>
<p>Este grueso volumen de setecientas p&aacute;ginas es algo m&aacute;s que un libro de texto. Adem&aacute;s de exponer en pocas palabras las ideas de cada escuela y de cada fil&oacute;sofo, con objetividad, con rigor y con las explicaciones necesarias para entenderlas, aporta algunas claves que van descubriendo el sentido general de los cambios de rumbo que se suceden en el tiempo, como el tr&aacute;nsito de la Grecia cl&aacute;sica a la &eacute;poca helen&iacute;stica, el encuentro (o desencuentro) del cristianismo naciente con la Antig&uuml;edad pagana, el Renacimiento y la reforma protestante o el surgimiento de la modernidad y de la posmodernidad. Pero no se contenta con ello, sino que adem&aacute;s fotograf&iacute;a el contexto en el que las ideas nacen, viven y mueren. Quiz&aacute;s se deba a la influencia de Ortega esta sensaci&oacute;n que transmite al lector de que la filosof&iacute;a vive en la historia, de que tiene que hacerse a s&iacute; misma, concebir proyectos en cuya ejecuci&oacute;n se topa con facilidades y dificultades. Y todo ello se puede explicar y entender haciendo uso de la raz&oacute;n.</p>
<p>Consciente de que su discurso tiene un argumento, no puede evitar poner un cierto orden en lo que en s&iacute; mismo es caos. Y esta daci&oacute;n de forma en una materia informe supone un disimulado acto de creaci&oacute;n personal (patente desde las primeras l&iacute;neas para el lector avisado) que excita la curiosidad. Todo un magma de ideas ajenas que el autor ha repensado en la soledad sonora de su m&aacute;s &iacute;ntimo ser y que en cierto modo hace suyas.</p>
<p>Aunque es imposible ser especialista en todo, para que este acto de atrevimiento sea fruct&iacute;fero debe abarcar la filosof&iacute;a (occidental) en su conjunto, porque cualquier idea es antecedente o consecuente de otra. Y el cr&iacute;tico, que no cree en el progreso del pensamiento, debe exponerla teniendo en cuenta lo que hubo antes y lo que vendr&aacute; despu&eacute;s. Advertir de la relaci&oacute;n de cada uno de los elementos del sistema con todos los dem&aacute;s es lo que dota de fuerza y vigor a un relato como este.</p>
<p>El t&iacute;tulo anuncia ya una toma de postura. Sustituir la denominaci&oacute;n tradicional de filosof&iacute;a por pensamiento supone ensanchar el campo de estudio con incursiones en la ciencia y en la religi&oacute;n para acercarse a lo que Arthur Lovejoy llam&oacute; historia de las ideas. Y aludir a las desventuras de la raz&oacute;n implica ser consciente de la relaci&oacute;n de amor/odio que, a pesar de los pesares, liga a &eacute;sta con la filosof&iacute;a. Corta sin contemplaciones el autor cualquier cord&oacute;n umbilical que lleve a confundir la filosof&iacute;a con la religi&oacute;n. Si aquella es por su propia naturaleza racional, esta &ldquo;se apoya siempre en alg&uacute;n modo en una vivencia, en una teofan&iacute;a, en una fe, en una revelaci&oacute;n trascendentes que el hombre recibe de la divinidad pero no descubre por sus propios medios&rdquo; (p. 15). Pero esta declaraci&oacute;n de principio no podr&aacute; impedir que el irracionalismo se entrometa en la ansiada racionalidad filos&oacute;fica, unas veces desde ciertas&nbsp; religiones, otras desde la m&iacute;stica y en el pasado inmediato desde la propia filosof&iacute;a.</p>
<p>Muchas maneras de pensar deambulan por las p&aacute;ginas del libro: las religiones mist&eacute;ricas, los sofistas, las escuelas socr&aacute;ticas, los gn&oacute;sticos, apologistas y Padres de la Iglesia, los escol&aacute;sticos, los humanistas, los ilustrados, los positivistas y neopositivistas. Dentro de este enjambre abigarrado del pensamiento occidental no se le escapa al autor que hubo quienes cultivaron formas de ser y de vivir al margen de la racionalidad dominante, tachadas casi siempre por los depositarios de la ortodoxia y de la ortopraxis, pese a lo cual una y otra vez renacen de sus cenizas componiendo una corriente subterr&aacute;nea y variopinta de ideas que se resiste a morir y a la que la historia reservar&aacute; el lugar que le corresponde. M&iacute;sticos de la primera Edad Media, como el pseudo Dionisio o M&aacute;ximo el Confesor, y del siglo XIV como el maestro Eckhart y sus seguidores, fil&oacute;sofos perseguidos, como Amaury de B&egrave;ne o Siger de Brabante, hacen acto de presencia por derecho propio.</p>
<p>Escrito por un espa&ntilde;ol, este libro presta atenci&oacute;n a una filosof&iacute;a espa&ntilde;ola despreciada y silenciada por los nacionales, profesores e investigadores que dirigen su mirada hacia las grandes figuras, de antes y de ahora, nimbadas por la fama y encumbradas por la tradici&oacute;n. Sin embargo, Isidoro de Sevilla llena en Europa todo el siglo VII, Domingo Gundisalvo, Juan Hispano y la escuela de traductores de Toledo propician la recepci&oacute;n en la Universidad de Par&iacute;s de la sabidur&iacute;a antigua en el siglo XIII, los fil&oacute;sofos de al-&Aacute;ndalus, musulmanes y jud&iacute;os, Ibn Hazm de C&oacute;rdoba, Ibn Gabirol, Ibn Arabi de Murcia y otros muchos rayan a la m&aacute;xima altura en su tiempo y en toda la posteridad. Y, sobre todo, Averroes y Maim&oacute;nides fuerzan el salto a una nueva escol&aacute;stica de ra&iacute;z aristot&eacute;lica sobre la que se edificar&aacute;n la ciencia y la filosof&iacute;a modernas. En este sentido, merecen un lugar destacado en el Olimpo los fil&oacute;sofos del siglo XX Unamuno, Ortega y la escuela de Madrid.</p>
<p>Si los manuales al uso son oscuros y pesados, esta historia es n&iacute;tida, cristalina, porque lo explica todo, y adem&aacute;s lo hace con un estilo literario de gran belleza. Escribir, aunque sea de filosof&iacute;a, es escribir bien, escribir como se habla, para que el lector goce cada momento del placer del texto. Aunque al fil&oacute;sofo le va la vida en ello, filosofar tambi&eacute;n es gozar, y el autor lo sabe bien.</p>
<p>El libro es atractivo tanto para el ne&oacute;fito como para el iniciado. Al primero sirve para hacerse una idea muy completa de cu&aacute;les son las l&iacute;neas maestras del pensamiento occidental, que ver&aacute; explicadas con claridad y al mismo tiempo con todo el rigor, huyendo de las deformaciones divulgativas al uso. Quien conozca la filosof&iacute;a de Plat&oacute;n o Schopenhauer tambi&eacute;n disfrutar&aacute; leyendo entre l&iacute;neas y descubriendo sutilezas, nuevas interpretaciones, datos hist&oacute;ricos relevantes e incluso fil&oacute;sofos hasta ahora poco conocidos.</p>
<p>Juan Padilla es orteguiano, quiz&aacute;s el &uacute;ltimo fil&oacute;sofo de la escuela de Madrid, que adem&aacute;s se siente orgulloso de serlo. Y, con ello, da vida a una filosof&iacute;a de otra &eacute;poca, que marc&oacute; a fuego durante mucho tiempo la historia intelectual de Espa&ntilde;a, y no s&oacute;lo de ella. Desde el momento presente, fiel a s&iacute; mismo y a su punto de vista, reactualiza una manera de hacer filosof&iacute;a y de entender la tradici&oacute;n que abre nuevas v&iacute;as para la comprensi&oacute;n de los problemas eternos.</p>
<p>El libro no llega hasta el d&iacute;a de hoy, porque el autor alberga el convencimiento de que s&oacute;lo se puede hacer historia del pasado y, por tanto,&nbsp; ser&aacute;n otros quienes en el futuro cuenten lo que est&aacute; sucediendo ahora. A pesar de todo, despierta la curiosidad del lector, que quiere saber d&oacute;nde y c&oacute;mo termina el relato, despu&eacute;s de un siglo XX ca&oacute;tico e ininteligible. Pues bien, sin querer desvelar el desenlace, entre las &uacute;ltimas corrientes de pensamiento y de la ciencia inserta el autor un cap&iacute;tulo dedicado a&nbsp; la ciencia de las religiones y la teolog&iacute;a, en el que trata del surgimiento de la nueva fenomenolog&iacute;a de la religi&oacute;n y de la crisis del modernismo dentro de la teolog&iacute;a cat&oacute;lica.</p>
<p>Mezcla de tradici&oacute;n y originalidad, esta historia, filos&oacute;fica o cr&iacute;tica, de la filosof&iacute;a occidental, ser&aacute; una fuente de estudio e investigaci&oacute;n a la que habr&aacute; que volver una y otra vez para contrastar con el autor los descubrimientos, nuevas ideas, hip&oacute;tesis y corazonadas que vayan apareciendo a lo largo del camino, porque la filosof&iacute;a no se puede separar de su historia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Juan Padilla, <em>Aventuras y desventuras de la raz&oacute;n. Historia del pensamiento occidental</em>, Centro de Estudios Financieros, Madrid, 2021.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 10 Oct 2022 10:11:57 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[José María Álvarez: “No se puede vivir sin adoración de la trascendencia”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jose-maria-alvarez-no-se-puede-vivir-sin-adoracion-de-la-trascendencia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/JOS_MAR_A_LVAREZ_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Una de las antolog&iacute;as m&aacute;s famosas del XX en castellano fue la que compil&oacute; Jos&eacute; Mar&iacute;a Castellet en 1970. Nueve poetas agrupados en la &ldquo;coqueluche&rdquo;, los m&aacute;s j&oacute;venes, con querencia a la cultura pop y contracultura (F&eacute;lix de Az&uacute;a, Pere Gimferrer, Vicente Molina Foix, Guillermo Carnero, Ana Mar&iacute;a Moix y Leopoldo Mar&iacute;a Panero) y los &laquo;senior&raquo;, feligreses de la cultura cl&aacute;sica: Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n, Antonio Mart&iacute;nez Sarri&oacute;n y Jos&eacute; Mar&iacute;a &Aacute;lvarez.</p>
<p>Licenciado de Filosof&iacute;a y Letras, desde que publicase su primer poemario (<em>Cuadernos de arte y pensamiento</em>, 1959), Jos&eacute; Mar&iacute;a &Aacute;lvarez (Cartagena, 1942) ha ido tejiendo una colosal obra, a lo largo de treinta a&ntilde;os, que ha reunido bajo el ep&iacute;grafe <em>Museo de cera</em>, con diferentes ediciones y sus pertinentes ampliaciones. Poeta &eacute;pico, los suyos son versos que cantan a los cl&aacute;sicos, haci&eacute;ndolos cuaderno de bit&aacute;cora en un mundo en decadencia. Un deseo tumultuoso, con voluptuosidades obscenamente hermosas, un apurar la vida en sus vertientes m&aacute;s hedonistas, una constante reivindicaci&oacute;n de la memoria y de la cultura pueblan sus poemas, traducido a numerosos idiomas.</p>
<p>Traductor de Cavafis, Stevenson, Jack London, Shakespeare, H&ouml;lderling o Maikovski, entre otros, su novela <em>La esclava instruida</em> obtuvo el Premio Sonrisa Vertical (1992). Ha conocido (e intimado) con alguno de los autores imprescindibles del XX, como Cioran, Borges, Onetti, Octavio Paz o Raymond Aron. Viajero inmarcesible, siente debilidad por Venezia o Istambul&mdash;como gusta escribir&mdash;, Par&iacute;s o Cartagena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Recuerdo una de mis primeras entrevistas, con Buero Vallejo, que me confes&oacute; que estaba un tanto harto de que, cincuenta a&ntilde;os despu&eacute;s, se le siguiera conociendo y preguntando por <em>Historia de una escalera</em>, como si no hubiera escrito nada m&aacute;s en su vida. A usted, que le pregunten por los Nov&iacute;simos, &iquest;le irita, le hast&iacute;a, le enorgullece?</p>
<p>- A m&iacute; me da lo mismo. Agradezco haber sido incluido en ese libro, porque <br /> &mdash;sin duda&mdash; nos sirvi&oacute; para ocupar un espacio que nos hizo m&aacute;s conocidos. Lo importante, culturalmente, es ver hoy qu&eacute; queda y a d&oacute;nde ha llegado cada uno de los antologados.</p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="ListParagraphCxSpLast"><strong>&ldquo;El ser humano se ha vuelto m&aacute;s domesticado&rdquo;</strong></p>
<p>- Pienso en textos de Miller, de Lawrence, de Witkopp (acaso la &uacute;ltima escritora libertina), Sade o Apollinaire. Me llevan, de otro modo, a su espl&eacute;ndida novela <em>La esclava instruida</em>, y no estoy segura de que, de nuevas, alguien publicase un texto as&iacute;. &iquest;Nos hemos vuelto m&aacute;s pacatos?</p>
<p>- M&aacute;s pacatos, no&hellip; M&aacute;s domesticados &mdash;y espero no incluirme en esa masa&mdash;, s&iacute;. Es inconcebible c&oacute;mo gran parte de la sociedad ha aceptado esta especie de lobotom&iacute;a sexual que arrasa lo que verdaderamente somos, lo que es el ser humano. Pero, bueno, no es sino uno m&aacute;s, aunque puede que esencial, de los cr&iacute;menes incesantes de la <em>intelligentsia</em> y los gobiernos, como toda esa patra&ntilde;a de la ideolog&iacute;a de g&eacute;nero, la falsificaci&oacute;n de la Historia, la destrucci&oacute;n de la Memoria. En fin&hellip; el basurero en que han convertido el vivir.</p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpLast"><strong>&ldquo;El deseo ha hecho posible una vida digna&rdquo;</strong></p>
<p>&ldquo;Como la hiedra a una pared vieja / el deseo se agarra a mi alma&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; papel ha de desempe&ntilde;ar el deseo en nuestras vidas?</p>
<p>- La ha hecho posible, quiero decir, como vida digna.</p>
<p>- Me resulta curioso que titulase su obra completa <em>Museo de cera</em>, porque sus poemas est&aacute;n vivos, apasionados, vehementes, lo contrario a que quietud m&oacute;rbida que convoca un Museo de cera&hellip;</p>
<p>- En realidad, fue el t&iacute;tulo que naci&oacute; al mismo tiempo que el primer poema de ese libro, all&aacute; por el verano de 1960, en Par&iacute;s. Y puede que sea lo que, en realidad, es <em>Museo de cera</em>: un museo. Y &laquo;de cera&raquo; porque es en lo que estamos convirti&eacute;ndonos. Se ve que fue una premonici&oacute;n.</p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="ListParagraphCxSpLast"><strong>&ldquo;No creo que pueda haber &eacute;tica sin adoraci&oacute;n de la belleza&rdquo;</strong></p>
<p>- Ley&eacute;ndole, da la impresi&oacute;n de que antepone la belleza, la est&eacute;tica, a la &eacute;tica&hellip;</p>
<p>- Todo es lo mismo. Yo no creo que pueda haber &eacute;tica sin adoraci&oacute;n de la belleza, sin lo m&aacute;s alto que podamos conseguir est&eacute;ticamente, sin el constante decantar la cultura.</p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p>- Como tantos otros intelectuales, usted orbit&oacute; en el Partido Comunista. &iquest;La cuesti&oacute;n es estar siempre frente al poder? &iquest;De qu&eacute; modo ha de comprometerse pol&iacute;ticamente un poeta &mdash;si es que ha de hacerlo&mdash;?</p>
<p>- En los viejos a&ntilde;os 60 &mdash;y he escrito mucho sobre esto&mdash; y en Espa&ntilde;a, el Partido Comunista era la &uacute;nica oposici&oacute;n al r&eacute;gimen. Y, adem&aacute;s, &eacute;ramos muy ignorantes, muy f&aacute;cilmente manipulables. En Francia suced&iacute;a lo mismo, y en casi todas las naciones&hellip; menos las que estaban sufriendo el horror, horror que se nos ocultaba. Pero, de todas formas, mi labor como &laquo;compa&ntilde;ero de viaje&raquo; fue muy corto y lleno de dudas; desde los setenta, lo que he ido siendo, e in crescendo, es un anticomunista feroz. He contado sobre todo esto en mis libros <em>La insoportable levedad de la libertad</em>, <em>Los decorados del olvido</em> y <em>Manifiesto de Villa Gracia</em>.</p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p>- &ldquo;Oh, ebria la Fortuna&rdquo;, canta uno de sus versos. &iquest;Se puede vivir sin dioses? &iquest;A qu&eacute; precio?</p>
<p>- Creo que no. De todas formas, de lo que se trata es de formas de adoraci&oacute;n, y yo, lo que siento m&aacute;s cercano a m&iacute; en esa literatura fant&aacute;stica, son aquellas del antiguo mundo griego. Desde luego, lo que no se puede es vivir sin adoraci&oacute;n de la trascendencia.</p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpLast"><strong>&ldquo;No concibo la vida sin &eacute;pica&rdquo;</strong></p>
<p>- &ldquo;Oigo los hierros de la Il&iacute;ada&hellip;&rdquo; &iquest;Puede ser &eacute;pica una vida vivida en el siglo XXI?</p>
<p>- Yo no entiendo, no concibo la vida sin la &eacute;pica. No hace mucho, precisamente, habl&eacute; sobre lo bien que le vendr&iacute;a a casi toda la actual poes&iacute;a, no s&oacute;lo espa&ntilde;ola, un &laquo;paso&raquo; por Kipling, por ejemplo. Y claro est&aacute; que por Homero, Virgilio&hellip; o Shakespeare&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;En qu&eacute; se resume &ldquo;el bot&iacute;n del mundo&rdquo;?</p>
<p>- En la libertad y en la desaparici&oacute;n de los necios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Cort&aacute;zar, Borges, Vargas Llosa, Aleixandre&hellip; de todos los personajes que ha conocido, &iquest;cu&aacute;l le ha causado una impresi&oacute;n m&aacute;s honda?</p>
<p>- Oh&hellip; muchos. Borges, Espr&iacute;u, Raymond Aron, Ferruzzi, Giarcarlo Ivancic, Onetti, Garc&iacute;a M&aacute;rquez, Jean-Fran&ccedil;ois Revel&hellip; no s&eacute;, son tantos&hellip; Y no s&oacute;lo que haya conocido personalmente, sino los le&iacute;dos, los contemplados, los escuchados. &iquest;Qu&eacute; ser&iacute;a yo sin Shakespeare, sin T&aacute;cito, sin Vel&aacute;zquez o Rembrandt, sin Mozart, sin Bach, sin Gibbon, sin Stevenson, sin Lampedusa, sin H&ouml;lderlin, sin Baudelaire, sin Manrique, sin Flaubert, sin Stendhal, sin Tocqueville, sin Hayek y von Mises, o sin Popper, sin Kavafis, sin Nabokov, sin Alfonso Reyes, sin Quevedo&hellip;? Yo qu&eacute; s&eacute;; la lista ser&iacute;a infinita.</p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpLast"><strong>&ldquo;Las masas no tienen nada que ver con la cultura&rdquo;</strong></p>
<p>- Si &ldquo;los animales buscan el oro&rdquo;, usted parece buscar, verso tras verso, el esplendor vital en la dial&eacute;ctica cultura cl&aacute;sica/cultura de masas&hellip;</p>
<p>- Las masas no tienen nada que ver con la cultura. Yo busco&hellip; y acaso ni busco, sino que, como dec&iacute;a Picasso, &ldquo;encuentro&rdquo;.</p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p>- &ldquo;&iquest;Sabes lo que me preocupa, lo que / a veces me inquieta? /&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Imaginar que no hay salida / en tu descenso a los Infiernos, / hilo que te asegure regresar&rdquo;. &iquest;Conviene atravesar el infierno? &iquest;Qu&eacute; disposici&oacute;n de &aacute;nimo ha de tenerse para salir de &eacute;l?</p>
<p>- El infierno lo atravesamos con excesiva frecuencia. Y, sin duda, es fundamental ese hilo de Ariadna que nos permite volver. Y ese hilo es precisamente lo que ahora se pretende, y acaso se consiga, destruir: lo que somos de verdad, nuestra memoria.</p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo saber que lo vivido ha merecido la alegr&iacute;a de recordarlo?</p>
<p>- Si lo ha guardado la memoria es porque se lo merece.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Homero, Aquiles, Plutarco, Virgilio, Teseo, Ulises, Patroclo&hellip; de todos los personajes cl&aacute;sico que habitan su poes&iacute;a, &iquest;por cu&aacute;l siente debilidad? &iquest;Por qu&eacute; no Eneas?&nbsp; O Alejandro Magno. &iquest;C&oacute;mo saber qu&eacute; o qui&eacute;n merece ser p&aacute;lpito de un poema?</p>
<p>- Est&aacute; en la emoci&oacute;n que su recuerdo nos regala. Pero pocas veces &mdash;o ninguna&mdash; existe sin pasar antes por un espacio que s&oacute;lo al Arte pertenece.</p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; se hace cuando uno &ldquo;tiene la Luna en la palma de la mano&rdquo;?</p>
<p>- Asombrarse.</p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpLast"><strong>&ldquo;Creer en el mas all&aacute; es un acto de fe que mis dioses no me han concedido&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Mantiene la certeza de que &ldquo;no hay nada / m&aacute;s all&aacute; de la tierra que piso&rdquo;?</p>
<p>- Bueno&hellip; Yo soy agn&oacute;stico. Toda otra conjetura, afirmaci&oacute;n o negaci&oacute;n, creo que precisa de un acto de fe que mis dioses no me han concedido.</p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p>- Vive entre Par&iacute;s y Cartagena, y es un hombre que ama viajar. &iquest;De qu&eacute; modo condicionan y transforman los lugares a uno?</p>
<p>- Cada d&iacute;a amo menos viajar. Viajo, pero lo detesto. La calidad de los medios, la cantidad de gente que nadie sabe por qu&eacute; est&aacute;n ah&iacute;&hellip; la calidad de todo, las ciudades que est&aacute;n haci&eacute;ndose insoportables por el tr&aacute;fico. Y, sobre todo, c&oacute;mo van perdi&eacute;ndose tantas librer&iacute;as, haci&eacute;ndose desagradable la visita a museos, etc. Donde m&aacute;s vivo es en Par&iacute;s y en Villa Gracia, con escapadas a Venecia o a Budapest, porque otras ciudades, digamos &laquo;de mi vida&raquo;, como Alejandr&iacute;a o Istanbul, o San Petersburgo, o New York, cada vez tienen m&aacute;s inconvenientes, limitaciones para el gozo, normativas irracionales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Los &uacute;nicos h&eacute;roes son los que luchan contra toda ideolog&iacute;a miserable?</strong></p>
<p>&iquest;Qui&eacute;n fue, a su juicio, el &uacute;ltimo h&eacute;roe del que tengamos constancia?</p>
<p>Ni idea. En este momento, los &uacute;nicos que me parecen h&eacute;roes son los que luchan contra toda ideolog&iacute;a miserable (g&eacute;nero, multiculturalismo, pensamiento &laquo;correcto&raquo;, ecologismo delirante, falsificaci&oacute;n de la Historia, abolici&oacute;n de la Memoria, etc., etc., etc.)</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 04 Oct 2022 06:33:30 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pienso en Alepo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/pienso-en-alepo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas21/ANA_MERINO_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
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<p>Pienso en las ciudades</p>
<p>abandonadas por las guerras.</p>
<p>En las calles donde se construyeron</p>
<p>hospitales de campa&ntilde;a,</p>
<p>en los refugios improvisados,</p>
<p>en las bombas que caen sobre los edificios,</p>
<p>en las paredes desmenuzadas</p>
<p>y el rastro de polvo blanco cubriendo el desamparo</p>
<p>de todos esos rostros que jam&aacute;s imaginaron</p>
<p>una guerra</p>
<p>dibujando un nuevo mapa de ruinas y dolor</p>
<p>sobre sus callejuelas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pienso en las calles vivas,</p>
<p>con su gent&iacute;o y su alboroto locuaz</p>
<p>de tiendas y mercados,</p>
<p>de juegos y algarab&iacute;a musical,</p>
<p>de presente lleno de sue&ntilde;os cotidianos,</p>
<p>con sus celebraciones familiares,</p>
<p>sus enamoramientos y sus risas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Eran como nosotros</p>
<p>ciudadanos de un lugar</p>
<p>que no se imagin&oacute;</p>
<p>convertido en escombros por culpa de los hombres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No nos imaginamos las bombas sobre nuestras casas,</p>
<p>nadie nos prepara para contemplar</p>
<p>el infierno de los que se odian</p>
<p>desde nuestros balcones y ventanas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Eran como nosotros</p>
<p>ciudadanos ingenuos que pensaban</p>
<p>en las guerras como un murmullo lejano</p>
<p>de los noticieros tristes.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 30 Sep 2022 12:33:14 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Distopía milagrosa]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/distopia-milagrosa/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/MART_N_LASALT_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Mart&iacute;n Lasalt (Montevideo, 1977) es uno de los narradores con mayor proyecci&oacute;n de su generaci&oacute;n, habiendo recibido ya varias distinciones nacionales relevantes. Es autor de las novelas <em>La entrada al Para&iacute;so</em> (2015), <em>Pichis</em> (2016), <em>La subversi&oacute;n de la lluvia</em> (2017) y el volumen de cuentos <em>Un odio cansado</em> (2019). Ha colaborado en vol&uacute;menes colectivos y antolog&iacute;as como <em>8cho &amp; 8cho</em> (2014), <em>13 que cuentan</em> (2016), <em>25/40 Narradores de la Banda Oriental</em> (2018), <em>Las historias que Fressia no cont&oacute; </em>(2018). En 2020 fue premiado con una beca a la creaci&oacute;n art&iacute;stica del Ministerio de Educaci&oacute;n y Cultura del Uruguay para trabajar en su pr&oacute;xima novela, de la que esperamos poder dar pronta noticia.</p>
<p class="Cuerpo">Despu&eacute;s de que en 2019 sus obras cruzaran el R&iacute;o de la Plata y el Atl&aacute;ntico por primera vez, para editarse en Argentina y en Francia, este 2022 arriba a tierras valencianas de la mano de la editorial &lsquo;Tiempo de papel ediciones&rsquo; con la que fuera su segunda novela <em>Pichis</em>. Lasalt narra sus historias desde un prosa que llega al lector &aacute;gil y liviana, se acerca a las sensaciones del momento para revelarlas, se detiene en los pensamientos, en las ideas y hasta en las grietas de la l&oacute;gica y lo cabal, en las que sus personajes hacen incursiones de apnea, abriendo el pecho al reto del abismo. Los protagonistas de sus novelas &mdash;y esta no es una excepci&oacute;n&mdash; son vidas alejadas del canon moderno del &eacute;xito, son corrientes de voluntad a la sombra de un destino que no entrega el deseado amparo. Y, es que, si entendemos por certidumbre lo que prevemos puede pasar y por milagro aquello que no cab&iacute;a plantearse como el &ldquo;resultado l&oacute;gico de los acontecimientos&rdquo;, <em>Pichis</em> nos presenta los milagrosos episodios de dos parias (dos pichis, que es una forma despectiva de designar a las personas sin hogar en esas tierras rioplatenses) en su di&aacute;spora por una miseria asumida y &mdash;por ello y en algunos momentos&mdash; invisible a sus propios ojos.</p>
<p class="Cuerpo">El Cholo y la Chola deambulan por la gran ciudad hurgando en los desechos cotidianos, en la irrealidad, en la esencia de nuestra sociedad como ant&iacute;tesis reveladora de nuestra naturaleza, al tiempo que su distop&iacute;a milagrosa (por incierta y por su velado homenaje al realismo m&aacute;gico) tambi&eacute;n se mezcla con el realismo m&aacute;s descarnado. Estos vagabundos no esperan a Godot, de hecho no esperan sino encontrar algo (cualquier cosa) que les alivie del peso del instante, satisfaciendo el hambre de todo, la ignorancia de todo, la carencia oce&aacute;nica en la que naufragan y para la que no hay m&aacute;s sol que el calor indulgente de su autocompasi&oacute;n y &mdash;a veces&mdash; de la complicidad con ese otro pichi con el que se comparte la suerte nefanda.</p>
<p class="Cuerpo">Montevideo es el personaje silente, se muestra como un Gobi en el que no se ha de hallar provisi&oacute;n alguna, ni refugio, ni salida triunfal. Pero en el infierno tambi&eacute;n hay belleza, hay amor, hay una luna rebosante de magia. Lasalt tampoco priva a sus desdichados pichis del placer de sentir esa grandeza de nuestra condici&oacute;n humana que se nos revela con el breve fulgor de alguna dicha que, aunque sea pasajera, nos colma de agrado como, sin duda, lo hace esta obra sorprendente e ingeniosa con la que podemos acercarnos a las letras uruguayas y que obtuvo una menci&oacute;n especial del Ministerio de Educaci&oacute;n y Cultura del Uruguay en el a&ntilde;o 2018.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Mart&iacute;n Lasalt, <em>Pichis</em>, Tiempo de papel, 2022.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 30 Sep 2022 12:20:52 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El semáforo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-semaforo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/FRANCISCO_G_LVEZ_3_500_px.jpg" alt="" /></p>
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<p>T&uacute; esperas sentada en un banco</p>
<p>junto al sem&aacute;foro.</p>
<p>&Eacute;l se acercar al lugar.</p>
<p>Camina desde el otro lado</p>
<p>de la gran avenida.</p>
<p>Reconoces su forma de caminar</p>
<p>desde bastante lejos.</p>
<p>Aunque lejos, te ve y te saluda.</p>
<p>El sem&aacute;foro se ha convertido</p>
<p>en un punto de encuentro</p>
<p>y en un punto de partida tambi&eacute;n.</p>
<p>La vida es fr&aacute;gil,</p>
<p>como un vaso siempre dispuesto</p>
<p>para brindar o derramarse.</p>
<p>Mirar se ha convertido</p>
<p>en un ritual impuesto</p>
<p>entre cosas y espacios sin resolver</p>
<p>de mimos y autom&oacute;viles.</p>
<p>Todos los viernes, a las cinco y media.</p>
<p>Treinta segundos para cruzar,</p>
<p>esta mirada no es suficiente.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 26 Sep 2022 07:41:10 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un libro lleno de rayos de luz]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-libro-lleno-de-rayos-de-luz/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/Tere_Irastortza_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Tere Irastortza Garmendia naci&oacute; en Zaldivia en 1961 y reside en Olaberria. Profesora, creadora del master de escritura <em>Idazle Eskola</em> en UNED-Bergara. En 1980 public&oacute; su primer libro de poes&iacute;a,&nbsp;<em>Gabeziak</em>, y desde entonces ha compuesto una obra po&eacute;tica muy prol&iacute;fica. Ese mismo a&ntilde;o gan&oacute; el&nbsp;Premio de la Cr&iacute;tica de poes&iacute;a en euskera&nbsp;por esta obra.</p>
<p><em>Hostoak. Gaia eta gau aldaketa</em>&nbsp;(1981) recibi&oacute; un acc&eacute;sit del Premio Resurrecci&oacute;n Mar&iacute;a de Azkue. Este trabajo fue publicado por la&nbsp;Caja de Ahorros de Bilbao&nbsp;tras la concesi&oacute;n de su premio en 1982.</p>
<p>En 2003 repiti&oacute; el&nbsp;Premio de Cr&iacute;tica Nacional&nbsp;con&nbsp;<em>Glosak esana zetorrenaz</em>. As&iacute; mismo, fue nominada finalista en el&nbsp;Premio Nacional de Poes&iacute;a.</p>
<p>Sin dejar de lado la poes&iacute;a, tambi&eacute;n ha abordado el&nbsp;ensayo, publicando en 2008&nbsp;<em>Izendaezinaz</em>, que trata sobre el concepto de&nbsp;Dios&nbsp;y su innombrabilidad y la&nbsp;humanidad&nbsp;del&nbsp;siglo XXI,1112 y en&nbsp;2017&nbsp;<em>Txoriak dira bederatzi</em>, repleta de reflexiones de la autora,&nbsp;aforismos,&nbsp;poemas, etc, finalista tambi&eacute;n del Premio Nacional de Ensayo.</p>
<p>Tere Irastortza tambi&eacute;n se dedica a la&nbsp;traducci&oacute;n, traduciendo del catal&aacute;n la obra de&nbsp;Mari&agrave; Manent&nbsp;y del franc&eacute;s la de&nbsp;Edmond Jab&egrave;s&nbsp;y la de&nbsp;Marina Tsvet&aacute;yeva.</p>
<p>La poes&iacute;a en lengua euskera es rica, y en ese contexto, la poes&iacute;a escrita por algunas poetas mujeres es realmente interesante. Pero por desgracia, salvo algunos nombres que siempre representan al grueso de un panorama m&aacute;s amplio, no son suficientes las traducciones al castellano, para poder conocer una poes&iacute;a particular, con caracter&iacute;sticas &uacute;nicas y propias.&nbsp;Por eso es de celebrar la edici&oacute;n biling&uuml;e por Olifante el libro publicado primero en euskera por Pamiela en 2015, <em>Llenabais el mundo. Mundua betetzen zenuten,</em> en traducci&oacute;n de la autora.</p>
<p>Pero vayamos al libro, al tomarlo en las manos nos atrae su t&iacute;tulo, de la met&aacute;fora, fluida, esa coma que parte, que separa y a la vez a&ntilde;ade, es la punta de un hilo que nos invita a tirar, seguir un recorrido que nos ir&aacute; deteniendo en cada poema, un ovillo que es vida, es pensamiento, y es luz.</p>
<p>La poes&iacute;a de Tere Irastortza es, quiero decirlo con admiraci&oacute;n, asentamiento, poso lento, de vivencia personal. La poeta mira hacia adentro y busca en un recorrido vital en el que la lengua, el veh&iacute;culo de la escritura, es doble. Y eso le hace descubrir un peso, la obliga a hacer una elecci&oacute;n. Cuando aparece la necesidad de elegir, cuando surge una dificultad de tanto calado, y la persona se ve obligada a cuestionarse y a cuestionar todo el entorno recibido, salta la luz.</p>
<p>Conviven dos formas de comunicar, lo que la poeta descubre en su manera de acercarse al entorno, y aquello que acaba imponi&eacute;ndose a la hora de destacarlo en la escritura. Dos conceptos, elige uno pero ambos conviven, se complementan, insisten y se salta a la superficie algo nuevo, para darle un sost&eacute;n a una peculiar y definitoria experiencia. Y por todo eso la lengua tiene un peso, que hay que ir limando, definiendo, cortando, hasta dejar el lenguaje en pura m&eacute;dula, arrancando capas de lo evidente, y destacar aquello que punza.</p>
<p>Escribir es por supuesto una manera de traducir. La poeta crea lentamente su universo personal acumulando lecturas y experiencias, y con las influencias y la insistencia en los poetas cercanos, se encuentra el camino. Traducir un universo personal, pasarlo a escritura, limarlo, ajustarlo. La poes&iacute;a de Tere Irastortza es un ejercicio l&iacute;mite, por un lado, y un equilibrio, por otro, entre el silencio tan buscado aqu&iacute; y cultivo de una mirada &uacute;nica. Relacionar mundos, hacerlos propios, un &ldquo;sentimiento abierto&rdquo;, adue&ntilde;arse, sin miedo, sin prejuicios, de todo lo que resulta necesario: &ldquo;Si todo no ser&aacute;, finalmente, nada &ndash; si la nada no proviene del / Todo &ndash; si todo no es, incluida la nada &ndash; todo lo que es.&rdquo;</p>
<p>Hay un hilo comunicante entre realidad vivida, experiencia propia, y me atrevo a decir - sue&ntilde;o. Ese estado en el que todo es permitido y que abre el subconsciente, del que evidentemente la poeta se nutre, es aqu&iacute; una v&iacute;a de conocimiento, y sin llegar a ser un ejercicio cercano a las teor&iacute;as del surrealismo, el sue&ntilde;o le permite llegar m&aacute;s all&aacute;, indagar y dudar, ver y sentir, descubrir y descubrirse. Hay una manera de pensar que busca la aclaraci&oacute;n, una explicaci&oacute;n que se comparte entre poeta y lector, el lector puede entrar y estar, y as&iacute; vemos en este poema de la p. 63: &ldquo;Recuerdo que comentabas / que ella olvidaba cubrir la comida en el frigor&iacute;fico, / y que tem&iacute;as que desvariara, / pues &uacute;ltimamente cambiaba de lugar / los zapatos y otras cosas por el estilo.&rdquo;</p>
<p>Pero la poeta sabe que sea como sea hay que apoderarse de algo indebido, de la vida, de la otra existencia, y de esa forma abrir un espacio desconocido que tanto la diferencia. <em>Llenabais el mundo. Mundua betetzen zenuten</em> es un libro lleno de rayos de luz, es un libro flecha, dardo, un punz&oacute;n. Un escalpelo que pincha y suelta todas las preguntas y posibilidades sobre la propia identidad, la propia de la autora, la nuestra como lectores, con tanta precisi&oacute;n que constatarlo hasta duele. Escribir con todas las palabras, pero las palabras justas, aquellas que son imprescindibles, y acompa&ntilde;ada de una lupa para ir cultivando el asombro. Todo para convivir con la libertad, absoluta libertad personal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tere Irastortza Garmendia, <em>Llen&aacute;bais el mundo</em>, Zaragoza, Olifante, 2022.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 22 Sep 2022 10:22:28 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Virginia Woolf y las escritoras españolas: un cuarto para ellas solas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/virginia-woolf-y-las-escritoras-espanolas-un-cuarto-para-ellas-solas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/VIRGINIA_WOOLF_8_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Con motivo de la publicaci&oacute;n de una nueva edici&oacute;n biling&uuml;e de &ldquo;A room for one&rsquo;s own&rdquo; de Virginia Woolf con el t&iacute;tulo de &ldquo;Un cuarto para ella sola&rdquo;, con traducci&oacute;n, introducci&oacute;n y notas de Enrique Gir&oacute;n y Andr&eacute;s Arenas (Editorial Langre, 2022), hemos preguntado a una serie de destacadas escritoras espa&ntilde;olas acerca del significado y la transcendencia de esta obra:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>1. &iquest;Qu&eacute; significa para ti el concepto de "una habitaci&oacute;n propia"?</strong></p>
<p><strong>2. &iquest;Cu&aacute;l es, a tu juicio, el legado de este ensayo de Virginia Woolf hoy en d&iacute;a?</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LAURA CASIELLES (Pola de Siero, Asturias, 1986)</strong> es poeta y periodista. Es autora de los libros <em>Soldado que huye</em> (2008), <em>Los idiomas comunes</em> (XIII Premio de Poes&iacute;a Joven Antonio Carvajal y Premio Nacional de Poes&iacute;a Joven Miguel Hern&aacute;ndez en 2011), <em>Las se&ntilde;ales que hacemos en los mapas</em> (2014) y Breve historia de algunas cosas (2017). Licenciada en Periodismo y en Filosof&iacute;a, tiene un m&aacute;ster en estudios &aacute;rabes e isl&aacute;micos contempor&aacute;neos, y en su doctorado se ha especializado en la memoria de la colonizaci&oacute;n espa&ntilde;ola en Marruecos y el S&aacute;hara Occidental. En este campo ha publicado la investigaci&oacute;n <em>Los cantos inolvidables. Souffles: una revista marroqu&iacute; de poes&iacute;a y pol&iacute;tica entre el colonialismo y los a&ntilde;os de plomo</em> (2018) y dirigido el documental web <em>Provincia 53. Memorias cruzadas del S&aacute;hara Occidental</em>. Como traductora del franc&eacute;s ha publicado la antolog&iacute;a del poeta marroqu&iacute; Abdellatif La&acirc;bi <em>Desde la otra orilla</em> (2017). En los &uacute;ltimos a&ntilde;os se ha dedicado tambi&eacute;n a la comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica. En la actualidad colabora con diversos medios y proyectos, y est&aacute; especialmente vinculada a la revista <em>La Marea</em>, en la que escribe habitualmente y co-coordina la secci&oacute;n de cultura.</p>
<p><br /> 1. Para m&iacute; es un concepto que tiene un significado muy expl&iacute;cito y material: no se puede escribir, ni dedicarse a ning&uacute;n otro arte, si no se tiene un espacio personal, no solo en t&eacute;rminos f&iacute;sicos, sino tambi&eacute;n de disposici&oacute;n: un tiempo no dedicado a las labores productivas y reproductivas, unas condiciones de vida dignas, en definitiva, la posibilidad de cerrar la puerta a las obligaciones de la cotidianeidad y centrarse en la labor creativa de modo suficientemente intenso. Virginia se&ntilde;al&oacute; c&oacute;mo eso hab&iacute;a sido particularmente dif&iacute;cil para las mujeres, que jam&aacute;s pod&iacute;an cerrar la puerta de una habitaci&oacute;n porque toda la casa era su responsabilidad, y todo el tiempo, tiempo dedicado al cuidado de las dem&aacute;s personas. Pero el concepto se estira: podemos aplicarlo tambi&eacute;n en t&eacute;rminos de clase, de origen cultural, de situaci&oacute;n vital. Hist&oacute;ricamente, muy poca gente ha tenido una habitaci&oacute;n propia destinada al trabajo creativo: solo un pu&ntilde;ado de hombres blancos y con dinero. No parece casual que sean ellos los que constituyen el 90% de un canon que se nos ha vendido como medido por la excelencia, sin prestar atenci&oacute;n a todo esto.</p>
<p>2. Sigue muy vigente, sigue si&eacute;ndonos muy &uacute;til para pensar. Por un lado, pese a los muchos avances en materia de igualdad, &iquest;no sigue siendo cierto que las mujeres tienen m&aacute;s dif&iacute;cil que los varones cerrar la puerta de su estudio para ponerse a trabajar en sus obras? En este &aacute;mbito como en todos, la conciliaci&oacute;n es m&aacute;s dif&iacute;cil para nosotras, por muchos patrones heredados cuya deconstrucci&oacute;n lleva mucho tiempo y mucho trabajo. Por otro lado, el concepto se sigue extendiendo y se puede aplicar de nuevas maneras. Adem&aacute;s de ser &uacute;til tambi&eacute;n para pensar en otras discriminaciones, como dec&iacute;amos en la pregunta anterior, las nuevas formas de precariedad renuevan la pregunta: &iquest;Qui&eacute;n tiene hoy un cuarto propio, en casas diminutas y car&iacute;simas como las que habitamos? &iquest;C&oacute;mo se cierra la puerta a las distracciones cuando la labor de escritura se tiene que combinar con infinidad de peque&ntilde;os trabajos de supervivencia? &iquest;Qu&eacute; podemos crear en un mundo acelerado y voraz que rara vez deja ocasi&oacute;n para construir un espacio, un tiempo personal seguro, sereno y f&eacute;rtil para el pensamiento y la belleza?</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>RAQUEL FERN&Aacute;NDEZ MEN&Eacute;NDEZ (Salas, Asturias, 1993)</strong>. Poeta e investigadora. Doctora en G&eacute;nero y Diversidad (menci&oacute;n internacional) por la Universidad de Oviedo. Sus l&iacute;neas de investigaci&oacute;n se centran en las relaciones entre g&eacute;nero y autor&iacute;a en la cultura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea. Como poeta, ha publicado, entre otros, <em>El llibru p&oacute;stumu de Sherezade</em> (Premio Nen&eacute; Losada y Premio al meyor llibru n'asturianu del 2017 de la Tertulia Malory).&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>1. Una habitaci&oacute;n propia es un lugar f&iacute;sico o simb&oacute;lico en el que las mujeres cuentan con los recursos materiales necesarios para leer, escribir y llevar a cabo cualquier otra actividad creativa.</p>
<p>2. La obra de Virginia Woolf cuenta a&uacute;n con una gran vigencia y sigue suscitando un acalorado debate en torno a la pertinencia o no de defender que, para escribir, sea necesario tener un cuarto propio. &iquest;Acaso no es posible escribir desde otros lugares: una cocina, el sof&aacute; de un peque&ntilde;o apartamento, una sala de lactancia, un hospital? Por otra parte, el que Remedio Zafra haya llamado la atenci&oacute;n sobre los "cuartos propios conectados" (a Internet) nos ha hecho pensar sobre nuestra relaci&oacute;n con la cultura en red y la importancia para el feminismo y las alianzas entre las creadoras culturales. Por &uacute;ltimo, el aislamiento y el cierre de los lugares p&uacute;blicos para la escritura y estudio -bibliotecas, salas de estudio, caf&eacute;s&ndash; a ra&iacute;z de la crisis sanitaria ha dotado de una nueva significaci&oacute;n a la noci&oacute;n de habitaci&oacute;n propia, subrayando su relevancia en lo que concierne a la creaci&oacute;n cultural de las mujeres.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>OLGA MERINO (Barcelona, 1965)</strong>. Novelista y docente. Licenciada en Ciencias de la Informaci&oacute;n (Universidad Aut&oacute;noma de Barcelona) y m&aacute;ster en Latin American Studies (University of London). Ha vivido en Londres y en Mosc&uacute;, en esta &uacute;ltima ciudad como corresponsal de <em>El Peri&oacute;dico de Catalunya</em> durante la transici&oacute;n del comunismo a la econom&iacute;a de mercado. Ha publicado las novelas: <em>Cenizas Rojas</em> (Ediciones B, 1999), <em>Espuelas de papel</em> (Alfaguara, 2004), <em>Perros que ladran en el s&oacute;tano</em> (Alfaguara, 2012) y <em>La forastera</em> (Alfaguara, 2020). Traducciones al italiano, neerland&eacute;s, ingl&eacute;s, chino, &aacute;rabe, griego y franc&eacute;s. En 2006, obtuvo el X Premio Mario Vargas Llosa NH de Relatos por el cuento &ldquo;Las normas son las normas&rdquo;, ambientado en la guerra de Crimea. Actualmente es columnista de <em>El Peri&oacute;dico</em> y profesora en la Escuela de Escritura del Ateneu Barcelon&egrave;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>1. Recuerdo haber le&iacute;do <em>Una habitaci&oacute;n propia</em> a los 27 a&ntilde;os, y que me ilumin&oacute; la cabeza la claridad y contundencia de su mensaje: &ldquo;Una mujer debe tener dinero y una habitaci&oacute;n propia para poder escribir novelas&rdquo;. Con el paso de los d&iacute;as, no obstante, fue qued&aacute;ndome la sensaci&oacute;n de que Virginia Woolf escrib&iacute;a desde una posici&oacute;n privilegiada, de quien puede permitirse pasar una tarde entera en el Museo Brit&aacute;nico, pasear por Bloomsbury, divagar, escribir&hellip; &iquest;C&oacute;mo pod&iacute;a obtener una mujer 500 libras anuales en 1929? &iquest;Trabajando de costurera?, &iquest;en la f&aacute;brica?, &iquest;de criada? Es un ensayo brillant&iacute;simo, como lo era ella, pero le falta, creo, la perspectiva de clase social. El factor socioecon&oacute;mico. En este sentido, me pareci&oacute; muy acertada y reveladora la novela de Alicia Gim&eacute;nez Bartlett <em>Una habitaci&oacute;n ajena</em> (1997), donde la autora da voz a Nelly Boxall, quien trabajo durante veinte a&ntilde;os como cocinera y criada en casa de los Woolf. Ella ni siquiera tiene una habitaci&oacute;n. Duerme en el desv&aacute;n, con otra chica de servicio</p>
<p>2. El ensayo sigue pareci&eacute;ndome muy vigente. Porque es un cl&aacute;sico. Y porque se&ntilde;ala la absoluta necesidad de independencia econ&oacute;mica para las mujeres. No solo para la creaci&oacute;n art&iacute;stica; tambi&eacute;n para la vida, para la libertad.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>SARA MESA (Madrid, 1976)</strong>. Estudi&oacute; Periodismo y Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica; posteriormente trabaj&oacute; como funcionaria. Si bien se inici&oacute; en la poes&iacute;a con <em>Este jilguero agenda</em> (2007, Premio de Poes&iacute;a Miguel Hern&aacute;ndez), es ante todo una narradora. Ha publicado tres libros de relatos: <em>La sobriedad del gal&aacute;pago</em> (2008), <em>No es f&aacute;cil ser verde</em> (2009) y <em>Mala letra</em> (2016). Y seis novelas: <em>El trepanador de cerebros</em> (2010), <em>Un incendio invisible</em> (2011), <em>Cuatro por cuatro</em> (2013, Finalista del Premio Herralde), <em>Cicatriz</em> (2015, Premio Ojo Cr&iacute;tico de Narrativa), <em>Cara de pan</em> (2018) y <em>Un amor</em> (2020). Tambi&eacute;n es autora del ensayo <em>Silencio administrativo</em> (2019).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>1. Para m&iacute;, la habitaci&oacute;n propia no es solo un espacio f&iacute;sico. Es, sobre todo, un concepto mental, y tiene que ver la independencia econ&oacute;mica, la libertad, la defensa del espacio propio, soledad y tiempo para escribir. Casi &ldquo;n&aacute;&rdquo;.</p>
<p>2. El ensayo sigue vigente y de hecho se han publicado nuevas ediciones para hacerlo accesible a nuevas generaciones. Me consta que chicas j&oacute;venes lo leen. El legado tiene que ver sobre todo con una idea central en Woolf: el dinero. Las mujeres no deben depender econ&oacute;micamente de los hombres. Esta idea parece ya asumida, pero todav&iacute;a hay que insistir en ella, sobre todo en &eacute;pocas de crisis econ&oacute;mica.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>ROSA MONTERO (Madrid, 1951)</strong>. Escritora y periodista. Estudi&oacute; Periodismo y Psicolog&iacute;a y desde finales de 1976 trabaja de manera exclusiva para el diario El Pa&iacute;s, en el que fue redactora jefa del suplemento dominical durante 1980-1981. Ha publicado numerosas novelas (las m&aacute;s recientes son <em>Los tiempos del odio</em> y <em>La buena suerte</em>) con las que ha obtenido algunos de los premios m&aacute;s importantes nacionales e internacionales. Tambi&eacute;n ha publicado el libro de relatos <em>Amantes y enemigos</em> y dos ensayos biogr&aacute;ficos, <em>Historias de mujeres</em> y <em>Pasiones</em>, as&iacute; como cuentos para ni&ntilde;os y recopilaciones de entrevistas y art&iacute;culos. Su obra est&aacute; traducida a m&aacute;s de veinte idiomas, es Doctora Honoris Causa por la Universidad de Puerto Rico y Premio Internacional Columnistas del Mundo 2014. En 2017 fue galardonada con el Premio Nacional de las Letras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>1. Una habitaci&oacute;n propia hoy para m&iacute; significa m&aacute;s que una habitaci&oacute;n propia para escribir. Y para ella tambi&eacute;n, claro, significaba mucho m&aacute;s. Significa el espacio propio en tu vida que dediques a la escritura y que dediques a tu propio deseo. Es decir, creo que una de las cosas en las que todav&iacute;a no hemos acabado de superar el sexismo en el que tambi&eacute;n nos educan a nosotras porque el sexismo, el machismo, es una ideolog&iacute;a en la que nos educan a hombres y mujeres y todos tenemos que librarnos de ella. Y uno de los rincones m&aacute;s dif&iacute;ciles para liberarse para las mujeres es el hecho de respetar el propio deseo, de poner el propio deseo en un lugar de preeminencia, porque las mujeres viven tradicionalmente en el deseo de los otros, siempre potencian, pasan por delante el deseo de los padres, de los novios, de los maridos, de los hijos, de todo el mundo&hellip; Escribir, pongamos, concretamente, el deseo de escribir. Bueno, siempre&hellip; he encontrado a tantas chicas, empezando a escribir, que hablan como si fuera un hobby&hellip; &ldquo;bueno, s&iacute;, es que escribo cositas&rdquo; &hellip; &iquest;C&oacute;mo que escribo cositas? No hay t&iacute;os que digan &ldquo;escribo cositas&rdquo;, &iquest;no? Entonces, respetar tu propio deseo y colocarlo en un lugar de preeminencia en tu vida, eso es la habitaci&oacute;n propia, esa es la habitaci&oacute;n propia. Y esa es la que es verdaderamente dif&iacute;cil de tener.</p>
<p>2. Y el legado de este ensayo de Virginia Woolf pues sobre todo es que acu&ntilde;&oacute;, digamos, esa idea que es tan perfectamente elocuente y tan pl&aacute;stica y tan, tan, tan formativa de nuestra mirada sobre el mundo. O sea que creo que fue [&hellip;] Ten&iacute;a una gran cabeza. Virginia Woolf era una mujer con una capacidad intelectual muy importante. Entonces, poder concretar, poner el dedo en la llaga de esto que estoy diciendo, en ese espacio propio que nos falta tanto y que es un espacio interior. Por eso creo que hizo que pudi&eacute;ramos conseguirlo de una manera m&aacute;s f&aacute;cil o por lo menos nombrar nos permite conocer lo que somos, lo que no somos, lo que nos falta. Nombrar las cosas nos permite ser due&ntilde;as de ellas, de alguna manera. As&iacute; que, bueno, le debemos, desde luego que le debemos mucho.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>SARA R. GALLARDO (Ponferrada, Le&oacute;n, 1989)</strong>. Poeta e investigadora. Doctora en Humanidades por la Universidad Carlos III de Madrid, con una tesis titulada <em>La construcci&oacute;n de la(s) subjetividad(es) en la autonovela familiar contempor&aacute;nea: escritura, memoria y cuerpo en la literatura en espa&ntilde;ol</em>. Ha publicado los libros de poemas <em>Epidermia</em>, <em>Berl&iacute;n no se acaba en un c&iacute;rculo</em> y <em>ex vivo</em>. Escribe asiduamente en <em>Pikara Magazine</em>. Actualmente es investigadora posdoctoral gracias a las ayudas Margarita Salas en la Universidad de M&uuml;nster.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>1. Para m&iacute;, la habitaci&oacute;n propia hoy en d&iacute;a no tiene tanto que ver con la libertad individual, ya rebatida y creo que superada por movimientos culturales y filos&oacute;ficos posteriores, sino con la capacidad de articular un discurso emancipador desde la precariedad que nos atraviesa a muchas mujeres creadoras o escritoras. Entender que el lugar que ocupamos no es propio, sino que es interrelacional: gracias a otras y otros estamos donde estamos (recomiendo mucho Ella pis&oacute; la luna. Ellas pisaron la luna de Bel&eacute;n Gopegui, en este sentido). Reivindicar el valor material de nuestro trabajo (defender la profesionalidad de nuestros quehaceres art&iacute;sticos y la obligaci&oacute;n de cobrar por ellos) y, por &uacute;ltimo, entender que la habitaci&oacute;n propia nunca va a poder existir sin el trabajo de cuidados (propios y ajenos): solo desde ah&iacute; esa habitaci&oacute;n podr&aacute; ser un espacio de resistencia donde quepan otras muchas con menos voz y menos espacio.</p>
<p>2. Uno de los mayores legados de Una habitaci&oacute;n propia es la lectura feminista con que se dot&oacute; a este texto y, m&aacute;s espec&iacute;ficamente, la lectura materialista con perspectiva de g&eacute;nero. Esto es, creo que entender la libertad individual en el mundo actual (o desde principios del siglo XX) como una independencia econ&oacute;mica puede que no parezca muy revolucionario, pero lo es: ataca directamente a una de las causas principales de la no emancipaci&oacute;n de las mujeres frente a sus padres y maridos. Pocas veces se analiza el campo literario desde el materialismo y, cuando se hace, muchos de sus artefactos simb&oacute;licos quedan desactivados (p. ej.: el canon).</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>MARTA SANZ (Madrid, 1967)</strong>. Escritora, ensayista y docente. Doctora en Literatura Espa&ntilde;ola por la Universidad Complutense de Madrid. Autora de una amplia y muy reconocida obra narrativa compuesta por quince novelas (las m&aacute;s recientes <em>peque&ntilde;as mujeres rojas</em> y <em>Parte de m&iacute;</em>), ha escrito tambi&eacute;n poes&iacute;a y ensayo. Figura clave en la narrativa espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea, colabora asiduamente en prensa.</p>
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<p>1/2. El cuarto propio es tiempo. Tiempo para concentrarte en una escritura exigente e intr&eacute;pida que pide continuidad. El tiempo es un capital que se identifica con el dinero y con una autonom&iacute;a respecto al padre, al esposo, al patr&oacute;n, pero tambi&eacute;n con la liberaci&oacute;n de las cargas culturales que feminizan sistem&aacute;ticamente los cuidados: si la sociedad te obliga a cuidarte para resultar agradable y a la vez te obliga a que cuides de los dem&aacute;s, te impone una &eacute;tica del sacrificio para los otros que es incompatible con la escritura, El cuarto propio es liberarte de la mala conciencia por no cuidar de tu padre enfermo. El cuarto propio es poder decidir si lo cuidas o no sin que la sociedad te juzgue coloc&aacute;ndote el sambenito de ser una mujer ego&iacute;sta. El cuarto propio es esa rebeld&iacute;a. El cuarto propio es la conciencia de que para poseerlo hay que pagarlo: las pobres carecen de cuarto propio y de ni&ntilde;eras que cuiden de su prole mientras ellas escriben. Por eso hay menos mujeres escritoras y con una obra m&aacute;s peque&ntilde;a. Porque la realidad nos coloca en el lugar de la doble dificultad y el cansancio redoblado.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>ALMUDENA VIDORRETA (Zaragoza, 1986)</strong>.&nbsp; Poeta y profesora. Su &uacute;ltimo libro de poemas fue <em>Nueva York sin querer</em> (La Bella Varsovia, 2017), y recientemente vio la luz una edici&oacute;n ahora ilustrada del primero, <em>Algunos hombres insaciables</em> (Universitat de Lleida, 2021), que incluye traducciones al ingl&eacute;s y al catal&aacute;n. Doctora en Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica por la Universidad de Zaragoza y en Literatura Latinoamericana por la Universidad de la Ciudad de Nueva York, ha desarrollado su carrera docente e investigadora en instituciones norteamericanas (CUNY, Fordham University, Haverford College o el Instituto Cervantes de Manhattan, entra otras) y espa&ntilde;olas (Universidad de Zaragoza y Universidad Internacional de la Rioja). Es autora de estudios como <em>Teatro, poder e imprenta en la Cerde&ntilde;a espa&ntilde;ola</em> (New York, IDEA, 2021).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>1.Para m&iacute;, ese ensayo supuso el descubrimiento de su autora. Y, con ella, la b&uacute;squeda de una genealog&iacute;a de escritoras, como poeta y como estudiosa, que sigue hasta nuestros d&iacute;as. En esta obsesi&oacute;n por la pervivencia del influjo literario, jugu&eacute; a convertirla en personaje dentro de un poema de <em>Algunos hombres insaciables</em> (Aqua, 2009; ahora reeditado por la Universitat de Lleida, 2021), como mito de una suerte de sacrificio, junto a la Ofelia de Shakespeare. Pensar en encarnaci&oacute;n o reencarnaci&oacute;n, en im&aacute;genes inconexas que adquieren un sentido y, sobre todo, en el g&eacute;nero y su importancia.</p>
<p>2.El sintagma que le da t&iacute;tulo se ha convertido en un lugar com&uacute;n del pensamiento universal contempor&aacute;neo y de la lucha feminista. Ese ensayo sigue siendo imprescindible en su feliz expresi&oacute;n de aquello de &ldquo;que una mujer debe tener dinero y una habitaci&oacute;n propia para poder escribir novelas&rdquo;, y sea la escritura de novelas el pseud&oacute;nimo contaminado de una faceta cualquiera del intelecto. Se trata de los pilares b&aacute;sicos de la libertad de expresi&oacute;n y la conciencia de la propia entidad, de la existencia de un cuerpo que ocupa un lugar por s&iacute; mismo en el mundo, en el estrado o en los fogones. Y, adem&aacute;s, una expresi&oacute;n temprana (no tanto) de la brecha salarial, de la conciencia de grupo, de los estereotipos literarios, y la necesidad de revisitar y renombrar a las musas. Es una carta de presentaci&oacute;n de lo que significa ser escritora, ser poeta, ser actriz o pintora.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 12 Sep 2022 10:52:54 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El retorno de los dioses]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-retorno-de-los-dioses/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/IRENE_REYES-NOGUEROL_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="center">La creaci&oacute;n literaria supone un di&aacute;logo incesante en el que tomamos signos de un lenguaje anterior a nosotros para hacerlos expresar algo que desborda las convenciones de la comunidad que los instituy&oacute;. Aludo al intercambio que sucede en la psique de quien escribe, as&iacute; como a un discurrir con la tradici&oacute;n y con los contempor&aacute;neos, lectores potenciales. Todo escritor siente como ineludible encontrar una voz propia, inconfundible, pero lo deseado podr&iacute;a ser una multiplicidad de voces tanto exteriores como interiores. Las primeras son, sin m&aacute;s, deudas literarias. Las segundas surgen de fuerzas profundas, aquellas que nos aguardan en lo que algunos psic&oacute;logos denominan &laquo;inconsciente objetivo&raquo;, aut&eacute;ntico dep&oacute;sito de experiencias transpersonales que suelen interpelarnos de manera casi siempre enigm&aacute;tica, irreductible a la raz&oacute;n. Irene Reyes-Noguerol (Sevilla, 1997) parece haber localizado, a una temprana edad, la llave de este cuarto del tesoro. M&aacute;s all&aacute; de que haya merecido abundantes premios en cert&aacute;menes y de que en 2021 <em>Granta</em> la haya incluido en su selecci&oacute;n de los mejores escritores en espa&ntilde;ol menores de treinta y cinco a&ntilde;os, la prueba del hallazgo al que me refiero es <em>De Homero y otros dioses</em>, su segundo libro, ahora reimpreso.</p>
<p style="text-align: left;" align="center">Como bien se&ntilde;ala en su pr&oacute;logo Fernando Iwasaki, la autora ofrece se&ntilde;ales inequ&iacute;vocas de &laquo;vivir en la literatura&raquo;, gesto que la distingue de su generaci&oacute;n. Sorprende, en efecto, el regreso a las fuentes tanto de la cultura occidental como de la imaginer&iacute;a m&iacute;tica, es decir, religiosa, de la que milenariamente nos hemos servido para entendernos &mdash;no solo en el arte: hasta la psiquiatr&iacute;a ha echado mano de ella&mdash;. Sorprende por igual que, pese al influjo borgiano patente desde la pieza introductoria &mdash;&laquo;Los ciegos / De Homero y otros dioses&raquo;&mdash;, tal regreso no se limite a una operaci&oacute;n intelectual, fascinada por una combinatoria cultural prestigiosa, sino que, como Iwasaki asimismo agrega, registre &laquo;episodios pasionales&raquo; de la estirpe ol&iacute;mpica en tiempos como los nuestros, &laquo;vulgares&raquo;. Hay una tendencia visceral, una ruptura de la distanciada frialdad caracter&iacute;stica de las est&eacute;ticas posmodernas que sugiere que Reyes-Noguerol avanza a contrapelo de preferencias imperantes a fines del siglo XX que hoy se manifiestan inconvincentes. Estos relatos, m&aacute;s que arca&iacute;smos negadores del cambio hist&oacute;rico, nos deparan residuos del pasado que se recategorizan como cr&iacute;tica activa: el presente, en ellos reinventado, se convierte en caja de resonancia de otras eras.</p>
<p style="text-align: left;" align="center">No creo azaroso que esa actitud desafiante se materialice en el libro con una llamativa inversi&oacute;n. Las pistas de lectura que usualmente nos ofrecen los ep&iacute;grafes se trasladan al final, a manera de colof&oacute;n autoral, y, mientras una confirma el parecer de Iwasaki acerca del vitalismo de la autora &mdash;un extracto del muy recordado pasaje biling&uuml;e de Petronio donde la Sibila de Cumas ironiza las desventajas de la longevidad (<em>Satiric&oacute;n</em> 48.8)&mdash;, la otra insin&uacute;a una cosmovisi&oacute;n que desmiente a quemarropa la axiolog&iacute;a de nuestra era: &laquo;<em>Nihil novum sub sole</em> (Eclesiast&eacute;s 1: 9)&raquo;. Si el motor del capitalismo funciona gracias a los nuevos productos, los nuevos m&eacute;todos de producci&oacute;n o transporte, los nuevos mercados, las nuevas formas de organizaci&oacute;n industrial y los nuevos consumidores, Reyes-Noguerol le abre al entorno inmediato la compuerta de una mirada premoderna, en una especie de ucron&iacute;a que disipa la linealidad temporal y, con ella, la desconexi&oacute;n afectiva con el ayer. Por eso el principio unificador de esta colecci&oacute;n de relatos &mdash;que entremezcla cuentos, microcuentos y textos lim&iacute;trofes entre la narrativa y el poema en prosa&mdash; es la coexistencia de dos planos: el m&iacute;tico, anclado en la tradici&oacute;n grecolatina, y el realista, concentrado en lo &iacute;ntimo y lo menor, ya se trate del <em>crescendo</em> de soledad que es la vejez (&laquo;Turr&oacute;n del duro / Filem&oacute;n y Baucis&raquo;), del borroso mundo que el alzh&eacute;imer secreta en la mente de los ancianos (&laquo;Tras el espejo / Leteo&raquo;), del descubrimiento de la melancol&iacute;a por parte de una ni&ntilde;a que esp&iacute;a la ciudad desde una ventana (&laquo;Sombras / El reino del Hades&raquo;) o de las hostilidades sentidas en el aula por quienes adivinan el desd&eacute;n jer&aacute;rquico de quienes est&aacute;n en la palestra (&laquo;Por m&iacute; y todos mis compa&ntilde;eros / Medusa&raquo;). Los t&iacute;tulos dobles de cada texto dise&ntilde;an el umbral en que la narradora nos instala con un tes&oacute;n estructurante que conducir&aacute; al cl&iacute;max de &laquo;Amanece / Eos&raquo;, texto conclusivo en el cual se pasa revista a muchos de los personajes del volumen, ahora invocados sin rodeos con su nombre mitol&oacute;gico, pero descritos como habitantes de los distintos pisos de un mismo edificio, sin faltar &laquo;la ara&ntilde;a de siempre&raquo; que &laquo;podr&iacute;a llamarse Homero&raquo;, lo que a&uacute;na las subjetividades del aedo y de la inteligencia que ha ido tejiendo el libro. Con ello se crea otro espacio liminar en cuyo seno comienzo y fin resultan indiscernibles, puesto que se a&ntilde;ade una vuelta de tuerca al ciclo abierto por el primer texto, donde converg&iacute;an las identidades del Minotauro, Borges y Homero.</p>
<p style="text-align: left;" align="center">El retorno a los dioses profundos que moviliza este proyecto acaso sea indicio de una reacci&oacute;n ante lo que Fredric Jameson, en la segunda mitad del siglo XX, reconoci&oacute; como &laquo;mengua del afecto&raquo; (<em>waning of affect</em>) inseparable de una sociedad en la cual la combinaci&oacute;n de un consumismo acumulativo y la alienante masificaci&oacute;n de los gustos o el criterio propicia la elisi&oacute;n, fragmentaci&oacute;n o invisibilizaci&oacute;n del sujeto detr&aacute;s de sus posesiones, abandonando a quienes intentan reconocer a ese pr&oacute;jimo mediante la obra de arte en un &aacute;mbito de superficies que imposibilita la empat&iacute;a. Para probarlo, Jameson contrast&oacute; c&eacute;lebremente la vigorosa y dolida humanidad del <em>Par de botas</em> (1887) de Van Gogh con la desangelada vacuidad de los <em>Zapatos de polvo de diamante</em> (1980) de Warhol. En nuestro caso, bastar&iacute;a comparar las obras pl&aacute;sticas de Carlo Maria Mariani (Roma 1931-Nueva York 2021), donde se saqueaba la Antig&uuml;edad para superponerla a lo contempor&aacute;neo en beneficio de cierta provocadora desfamiliarizaci&oacute;n, en el fondo gratuita, con el comercio entre lo cl&aacute;sico y nuestra cotidianidad que se despliega en la escritura de Reyes-Noguerol: nada de formalismo ni exhibici&oacute;n de ingenio hay en las f&aacute;bulas mitol&oacute;gicas de esta. Por el contrario, el <em>pathos</em> con frecuencia se adue&ntilde;a de sus p&aacute;ginas e, incluso, no escasea la franca ternura &mdash;que jam&aacute;s se desliza al sentimentalismo&mdash;. En el libro sobran los ejemplos, pero quisiera destacar el contrapunto que se establece en &laquo;El viajante / Hermes&raquo; entre las multitudes que se desplazan &mdash;la historia nos lleva del taxi al aeropuerto, y de all&iacute; al avi&oacute;n, hasta el nuevo aeropuerto&mdash; y el hombre solitario que contempla ni&ntilde;os, padres, azafatas sumergidos en una marea indetenible de reacciones colectivas o individuales, efusiones a veces incontrolables, que delinean un cerco invisible de aislamiento para quien funge de testigo. Ese mir&oacute;n de la energ&iacute;a y la animaci&oacute;n ajenas tendr&aacute;, luego de admitir su &laquo;fracaso&raquo;, un instante de revelaci&oacute;n al descubrir que el contacto con la gente ha llenado el vac&iacute;o afectivo warholiano &mdash;que &eacute;l en principio representa&mdash; infundiendo en los objetos un aura rebosante de humanidad; al recoger su equipaje, de hecho, &laquo;con el pasaporte listo y de nuevo en cola, de nuevo todav&iacute;a solo entre cientos de viajeros felices que meten prisa&raquo;, divisar&aacute; c&oacute;mo sus compa&ntilde;eros se hacen fotos y posan &laquo;se&ntilde;alando otra maleta que nunca es negra, ni simple, ni lisa, que va hinchada y a punto de reventar, que por fin lo mira alej&aacute;ndose con sus ruedas firmes, con sus ruedas seguras de maleta satisfecha y es la &uacute;nica que le dice adi&oacute;s, es la &uacute;nica que se da cuenta, es la &uacute;nica que sonr&iacute;e&raquo;.</p>
<p style="text-align: left;" align="center">Ese triunfo de una emoci&oacute;n que consigue impregnar hasta lo inanimado determina, a mi ver, la forma de estas narraciones, cuya brevedad sin duda se debe a que, como aseveraba Poe al meditar sobre g&eacute;neros como el cuento y la poes&iacute;a, <em>all high excitements are necessarily transient </em>(&lsquo;toda conmoci&oacute;n es por fuerza pasajera&rsquo;). Aunque tambi&eacute;n hemos de reparar en una elocuci&oacute;n rica en an&aacute;foras, paralelismos, geminaciones, onomatopeyas y acumulaciones que modula, como he anticipado, hacia la l&iacute;rica, donde los ritmos postergan lo conceptual para conducirnos a lo que est&aacute; antes o m&aacute;s all&aacute; de la conciencia. En ese reino, justamente, nos aguardan con su paciencia milenaria los dioses y los mitos.</p>
<p style="text-align: left;" align="center">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">Irene Reyes-Noguerol, <em>De Homero y otros dioses</em>, Sevilla, Maclein y Parker, 2021.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 12 Sep 2022 10:40:46 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Como un vendaval de ceniza en flor]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/como-un-vendaval-de-ceniza-en-flor/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/IZARA_BATRES_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Este nuevo y desconcertante libro de poes&iacute;a de Izara Batres (Madrid, 1982) se articula en torno a una extra&ntilde;eza desarrollada al margen del t&oacute;pico y el lugar com&uacute;n, una propuesta que encuentra en lo ins&oacute;lito su morada y que nos provoca un temblor que deriva en un desajuste y un desasosiego. Batres se coloca as&iacute; en la estela de escritores como Pound, Eliot, Beckett, Joyce, Valente o Cort&aacute;zar, un escritor, este &uacute;ltimo, muy querido por la poeta y de quien toma el t&iacute;tulo de su libro, <em>Fin del mundo del fin</em>.</p>
<p>Poeta, narradora y ensayista con una estimable y reconocida trayectoria &mdash;su poemario <em>Tr&iacute;ptico</em> recibi&oacute; en 2016 el XXXVI Premio Fernando Rielo de poes&iacute;a&mdash;, Batres se ha adentrado de lleno en esa extra&ntilde;eza que Baudelaire, en algunos de sus ensayos, y luego los formalistas rusos elevaron a una categor&iacute;a est&eacute;tica central de la modernidad; se ha enfrentado a ese temblor y ha encontrado un paisaje roto y descompuesto, incorp&oacute;reo y fragmentado, logrando as&iacute; abrir las puertas a las posibilidades y las potencias in&eacute;ditas de la vida, saltar al abismo, resistirse al vendaval del progreso (Benjamin <em>dixit</em>) y tratar de recuperar, con la inestimable y necesaria aportaci&oacute;n de la palabra po&eacute;tica, el control de un futuro compartido: &laquo;Yo soy todos vosotros&raquo; (p. 76), leemos en &laquo;El poeta minotauro&raquo;, &laquo;soy otros&raquo; (p. 78) en &laquo;De cauces insospechados&raquo;, &laquo;me he visto en otros&raquo; (p. 80) en &laquo;Y &iquest;por qu&eacute; no?&raquo;. As&iacute;, un poema un tanto crepuscular como es &laquo;Fin de los tiempos&raquo; acaba con estos versos: &laquo;Trasciende la red, / vibra, / ya uno con la met&aacute;fora, / ya elevado a prisma, a nube, / a la ubicuidad del f&eacute;nix incoloro; / ser&aacute;s poes&iacute;a, / seremos poes&iacute;a. / Renaceremos&raquo; (p. 13). Ah&iacute; brota esta propuesta, en ese l&iacute;mite que de alg&uacute;n modo da medida y sentido a una vida asediada por el vendaval, en la proximidad del precipicio que acoge el salto al vac&iacute;o, all&iacute; donde la disoluci&oacute;n es posible (l&eacute;ase a este respecto &laquo;Bartleby&raquo;).</p>
<p>Izara Batres toma aire para llevar a cabo su particular vuelo po&eacute;tico y se coloca a una saludable distancia de ese magro realismo tan aplaudido en el panorama literario m&aacute;s reciente. En cierto modo, <em>Fin del mundo del fin</em> traza un itinerario poco transitado, representa un contraejemplo, una excepci&oacute;n al explorar la plenitud de su particular decir po&eacute;tico en la expresi&oacute;n entrecortada y fragmentada, una exploraci&oacute;n que en gran medida abre paso a una palabra que quiere decir(se) de otra manera y que, me parece, se ubica a la luz de la escritura meditativa y contemplativa, el pensamiento oriental, cierta poes&iacute;a de la modernidad (sobre todo, William Blake y el simbolismo franc&eacute;s) y autores posteriores de la talla de Alejandra Pizarnik, Dylan Thomas o Jos&eacute; Lezama Lima.</p>
<p>En mi opini&oacute;n, <em>Fin del mundo del fin</em> comparte algunos rasgos, intereses y motivos tem&aacute;ticos con <em>Sin red</em>, el poemario que Batres public&oacute; en 2019, y ello al margen de algunas coincidencias evidentes que reflejan la huella cortazariana: la &uacute;ltima parte de aquel libro se titulaba &laquo;Cronopia (<em>we can be heroes</em>)&raquo;, mientras que el poema que cierra su nuevo libro lleva por t&iacute;tulo &laquo;Para llegar a Cronopia&raquo;. Tanto en aquella ocasi&oacute;n como en esta otra hay, m&aacute;s all&aacute; de la denuncia de la realidad m&aacute;s salvaje y destructiva del tiempo que vivimos &mdash;sostenida sobre la nada, un campo sem&aacute;ntico recurrente en el poemario, el caos, la cosificaci&oacute;n y la brutalidad (l&eacute;ase el poema &laquo;La ca&iacute;da&raquo;, donde el amor cumple una funci&oacute;n terap&eacute;utica y salv&iacute;fica)&mdash;,&nbsp; un anhelo por recuperar una unidad perdida, una esperanza en el poder de la palabra de la poeta (l&eacute;ase el poema &laquo;Al fondo&raquo;), sabedora de que esa misma realidad &mdash;al igual que sucede con la verdad, como dejara escrito Bertolt Brecht&mdash; puede disfrazarse con distintos ropajes y, por lo tanto, ser representada de diversas formas.</p>
<p>El poemario de Izara Batres supone de este modo una invitaci&oacute;n a recorrer paisajes en donde no deja de ponerse en juego la identidad, esto es, la seguridad. Porque, en el fondo, como leemos en &laquo;Doble arteria de la noche&raquo;, se trata de &laquo;Saber si estoy decidida a pasar, / a ir, por fin, al otro lado&raquo; (p. 38). Poes&iacute;a, repito, que coloca la extra&ntilde;eza y la incertidumbre en un primer plano de percepci&oacute;n y representaci&oacute;n de la realidad y que se encuentra as&iacute; en condiciones de implicar apuestas claras y decididas por el desconcierto en la medida en que subvierte dicha realidad nombr&aacute;ndola de otras maneras, es decir, desautomatiz&aacute;ndola, transform&aacute;ndola en un agente extra&ntilde;o, apuestas que podr&iacute;an materializarse en ese cuestionamiento de la realidad que los registros figurativos, aceptados y consolidados socialmente, suelen evitar. Una propuesta que responde en gran medida a los objetivos prioritarios que un formalista como Sklovski quiso ver en un lenguaje volcado hacia el autoconocimiento, es decir, hecho con palabras y no tanto con im&aacute;genes, ideas, s&iacute;mbolos o intenciones del poeta, un lenguaje, en cualquier caso, <em>extra&ntilde;o</em>. A partir de ah&iacute; pueden medirse las rigurosas y muchas veces tensas relaciones que Batres mantiene con el lenguaje, entendi&eacute;ndolo como una oportunidad para la exposici&oacute;n de conflictos, orientado a la b&uacute;squeda de nuevos usos y sentidos, a una cierta distancia de la utilidad y rentabilidad que caracterizan su uso corriente.</p>
<p>Habr&aacute;, pues, que despetrificar el lenguaje y &laquo;barrer el vac&iacute;o&raquo; (p. 75), ese parece ser uno de los objetivos que Batres ha perseguido en <em>Fin del mundo del fin</em>. La poes&iacute;a, en estos casos, no consiste &uacute;nicamente en una cuesti&oacute;n de lenguaje (como el t&oacute;pico reitera despu&eacute;s de Mallarm&eacute;), implica tambi&eacute;n unas maneras de afrontar y enfrentar la realidad, vaci&aacute;ndola de todos sus lugares comunes, ahuec&aacute;ndola para que lo que se sostiene en el silencio o al otro lado pueda brotar (v&eacute;ase el poema &laquo;Para una espeleolog&iacute;a probable del otro lado&raquo;). Como leemos en &laquo;Silenciadas&raquo;: &laquo;Me quedo en el silencio hacia el fondo del muro, aislada, / mirando y viendo y cediendo y no s&eacute; rugir&raquo; (p. 37). Solo as&iacute; el silencio puede sustentar el sentido de una vida, su potencia indomable y extra&ntilde;a.</p>
<p>En estas condiciones, y frente a ese lenguaje figurativo al que vuelven una y otra vez los poetas de la tribu, Batres ha fundado su po&eacute;tica en los extremos opuestos del realismo m&aacute;s blando, all&iacute; donde se desdibujan los usos convencionales del g&eacute;nero y otro tipo de poes&iacute;a, otra clase de mundo, es posible: &laquo;y esperaremos / que, al final de los puentes, se abra, inmensa y profunda, / la olvidada poes&iacute;a verdadera / con la que tanto quisimos&raquo; (p. 88). As&iacute;, contra la exclusi&oacute;n medi&aacute;tica que silencia el desarrollo de ciertos lenguajes y por una reivindicaci&oacute;n de la palabra como elemento de transformaci&oacute;n y de la poes&iacute;a como aut&eacute;ntico di&aacute;logo social, surge esta propuesta que Izara Batres nos plantea, contraria al establecimiento de cualquier tipo de pacto ling&uuml;&iacute;stico llamado a domesticar el potencial rebelde y emancipador del lenguaje po&eacute;tico. Escrito desde el respeto y el conocimiento de diversas tradiciones, <em>Fin del mundo del fin</em> es un libro singular y necesario.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Izara Batres, <em>Fin del mundo del fin</em>, Granada, Valpara&iacute;so Ediciones, 2022.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 12 Sep 2022 10:20:43 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una lectura artaudiana de una autora colombiana contemporánea  ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-lectura-artaudiana-de-una-autora-colombiana-contemporanea/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/MAR_A_PAZ_GUERRERO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo">Bien nos instruy&oacute; Her&aacute;clito sobre la imposibilidad de cruzar el mismo r&iacute;o dos veces. En efecto, para los que ya hab&iacute;amos le&iacute;do la obra de Mar&iacute;a Paz Guerreo, nos acercarnos a la orilla de esta <em>Ranura </em>(Olifante, 2022) buscando un nuevo punto por el que vadear su propuesta literaria, por el que las aguas discurren educada, libre y salvajemente. Ya desde la portada de los libros de Mar&iacute;a Paz Guerrero<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%91A%20LIBRO%20MAR%C3%8DA%20PAZ%20GUERRERO%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20SEPTIEMBRE%202022.doc#_edn1">[i]</a>, &eacute;stos nos adelantan esa determinaci&oacute;n por ubicarse dentro de la literatura, pero desde un cierto afuera, en un lugar que ella conquista para nuestra palabra po&eacute;tica: <em>Dios tambi&eacute;n es una perra</em>, <em>Los analfabetas</em>, <em>Lengua rosa afuera, gata ciega </em>y<em> Ranura&hellip;</em></p>
<p class="Cuerpo"><em></em>En lo que se refiere a mi lectura de estos versos, podr&iacute;a haber elegido una aproximaci&oacute;n con perspectiva colombiana apoy&aacute;ndome en dos razones fundamentales: la primera de ellas, porque tiene ra&iacute;ces propias, no convalidables con las de ninguna antolog&iacute;a espa&ntilde;ola reciente, y porque cuando ustedes se acerquen a descubrirla &mdash;como podr&iacute;a haber dicho Monterroso&mdash;, esta literatura ya estaba all&iacute; y las espigas de su palabra hab&iacute;an conocido el mismo viento que otros autores colombianos coet&aacute;neos como Jorge Cadavid, Camila Charry Noriega, Tania Ganitsky (otra voz colombiana a tener muy en cuenta) y que han madurado al sol de grandes poetas desconocidos para muchos de nosotros, imanes que establecieron nuevos campos magn&eacute;ticos en su tradici&oacute;n, entre los que cabr&iacute;a destacar a Jos&eacute; Manuel Arango. La poes&iacute;a de Guerrero no es ni colonial ni colonizable: es libre e insurrecta, y a&uacute;n conociendo y guardando respeto a su ra&iacute;z, se muestra salvaje como el felino que conoce las leyes universales de la gravedad pero, con cada uno de sus movimientos, expone abiertamente su desaf&iacute;o. Tal vez Mar&iacute;a Paz Guerrero no escriba en espa&ntilde;ol, sino en colombiano y su propuesta po&eacute;tica &mdash;dir&iacute;a que afortunadamente&mdash; se ubica en el extremo opuesto de lo que hoy se escribe o publica mayoritariamente en nuestro pa&iacute;s.</p>
<p class="Cuerpo">Por eso, a continuaci&oacute;n, quiero realizar una aproximaci&oacute;n m&aacute;s natural y pertinente, que no es otra que la artaudiana<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%91A%20LIBRO%20MAR%C3%8DA%20PAZ%20GUERRERO%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20SEPTIEMBRE%202022.doc#_edn2">[ii]</a> siendo la obra de Guerrero un eco consciente de esta po&eacute;tica en la actualidad, eco que no nos llega desde Montmartre sino desde Chapinero, sum&aacute;ndose a las mujeres latinoamericanas que muestran su estigma artaudiano; estigma que es marca, pero que tambi&eacute;n es llaga, ranura en la piel po&eacute;tica en la que se sustancia la ruptura con la tradici&oacute;n globalizante y consolidada, en la que la herencia de Artaud ha quedado como residuo marginal. Sin embargo, en los versos de esta antolog&iacute;a descubriremos c&oacute;mo la cumbia, la indigencia ind&iacute;gena, el calor, los ruidos y aromas de Bogot&aacute;&hellip;, se articulan para sostener una propuesta artaudiana de poes&iacute;a colombiana. Por ello, si me permiten el atrevimiento, voy a exponer un dec&aacute;logo de citas del franc&eacute;s con las que tratar&eacute; de demostrar su reflejo en la poes&iacute;a de Guerrero:</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo" style="padding-left: 30px;"><strong>1. &ldquo;La vida consiste en arder en preguntas&rdquo;</strong></p>
<p class="Cuerpo" style="padding-left: 30px;">Efectivamente, aunque el recurso principal de la poes&iacute;a de Guerrero no es la interpelaci&oacute;n al lector, a lo largo de todos su textos se aprecia la enormidad de su cuestionamiento, su formidable intento por poner a prueba los cimientos de todo lo que sabe, de todo lo que ha aprendido, de lo que ella misma es como parte de una civilizaci&oacute;n, de una tradici&oacute;n o de un pueblo. Guerrero machaca el sistema, su correcci&oacute;n, sus trajes de gala y buenas maneras, para devolver al hombre su naturalidad, su espontaneidad, su curiosa forma de incorporarse a los nuevos espacios y h&aacute;bitats, a&uacute;n a riesgo de quedar a la intemperie. En la lectura de este libro encontrar&aacute;n ustedes un amplio esfuerzo de exploraci&oacute;n que, les aseguro, no pasa desapercibido<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%91A%20LIBRO%20MAR%C3%8DA%20PAZ%20GUERRERO%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20SEPTIEMBRE%202022.doc#_edn3">[iii]</a>.</p>
<p class="Cuerpo" style="padding-left: 30px;"><strong><br /></strong></p>
<p class="Cuerpo" style="padding-left: 30px;"><strong>2. &ldquo;Pues mi ser es bello pero espantoso. Y s&oacute;lo es bello porque es espantoso&rdquo;</strong></p>
<p class="Cuerpo" style="padding-left: 30px;">No se precisa gran empe&ntilde;o en demostrar esta afirmaci&oacute;n, pues en el universo guerreriano hasta dios est&aacute; expuesto al espanto, les leo: &ldquo;dios tiene 53 a&ntilde;os/ arrugas/ dios est&aacute; menop&aacute;usico/ le da rabia/ odia su cuerpo que se ensancha&rdquo;, etc. En estos versos no hay renuncia a la belleza, pero en ellos no existe lugar ni para la complacencia y ni para el recato con el que tratamos de eludir los tab&uacute;s, ni la fealdad innata a la vida, a la enfermedad o a la penuria. No es una po&eacute;tica homologable por Disney ni por el relato hollywoodiense: nos encontramos ante la obra de un cineasta independiente con narrativa y direcci&oacute;n muy personales.</p>
<p class="Cuerpo"><strong><br /></strong></p>
<p class="Cuerpo" style="padding-left: 30px;"><strong>3. &ldquo;Es grave advertir que despu&eacute;s del orden de este mundo hay otro orden&rdquo;</strong></p>
<p class="Cuerpo" style="padding-left: 30px;">A mi juicio, el orden que emerge tras el orden en la poes&iacute;a de Guerrero, es un orden pautado por el ritmo de la m&uacute;sica, por el ruido ambiental, por la versificaci&oacute;n e incluso, m&aacute;s all&aacute;, por el mero hecho de hablar, de escribir, de emitir palabras que van a convertirse en golpes de voz, en arietes del silencio, en unidades &mdash;si me permiten el t&eacute;rmino&mdash; de &ldquo;nosilencio&rdquo; que vienen a pautar el vac&iacute;o del pensamiento, porque pensamos &mdash;e interiorizamos los sentimientos&mdash; con palabras, con t&eacute;rminos que dividen un espacio yermo (el del vac&iacute;o silencioso) para que en &eacute;l prosperen el sentido, la comunicaci&oacute;n, la vida&hellip;. Les invito a visitar el poema de la p&aacute;gina 18 de Ranura: tachaduras, uniones con guiones (eliminaci&oacute;n del silencio, del espacio), cambios de alineamiento, signos ilegibles&hellip; Ese orden es el que explo<span style="text-decoration: line-through;">ra</span>ta Mar&iacute;a Paz Guerrero y es en ese campo ambiguo del nombrar sobre el que trata de dibujar ranuras: surcos en los que esperar el grano de un trigo nuevo.</p>
<p class="Cuerpo" style="padding-left: 30px;"><strong><br /></strong></p>
<p class="Cuerpo" style="padding-left: 30px;"><strong>4. &ldquo;Es conveniente que todo aquello que se ha ido convirtiendo en actitud mec&aacute;nica y sin creatividad desaparezca y caiga en el olvido&rdquo;</strong></p>
<p class="Cuerpo" style="padding-left: 30px;">A todas luces, en la obra de esta poeta combativa vamos a encontrar precisamente una dejaci&oacute;n del camino com&uacute;n, un alejamiento de formas y estructuras, una deserci&oacute;n de cualquier norma establecida como can&oacute;nica, es decir, como copia, como repetici&oacute;n, como mec&aacute;nica pura de la creaci&oacute;n: el notable esfuerzo con el que se desempe&ntilde;a esta poeta tiene como uno de sus objetivos fundamentales eludir los moldes, los axiomas y las f&oacute;rmulas magistrales, para adentrarse en el territorio leg&iacute;timo de una construcci&oacute;n propia a trav&eacute;s de sendas poco pisadas del actual &ldquo;monte Parnaso&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo" style="padding-left: 30px;"><strong><br /></strong></p>
<p class="Cuerpo" style="padding-left: 30px;"><strong>5. &ldquo;No ha quedado demostrado, ni mucho menos, que el lenguaje de las palabras sea el mejor posible&rdquo;</strong></p>
<p class="Cuerpo" style="padding-left: 30px;">Con esta certeza en el coraz&oacute;n y en la cabeza, Mar&iacute;a Paz Guerrero deforma el leguaje, salta m&aacute;s all&aacute; de la sem&aacute;ntica y nos habla de los analfabetas, de un dios que es una perra, pero tambi&eacute;n se instala en el silencio: nos dice &ldquo;anhela cerrar la boca como si fuera a pronunciar una palabra&rdquo;, un silencio que se contrapone con una voz, un pensamiento, que ha de nacer desde el mismo cuerpo, un cuerpo sin &oacute;rganos, un cuerpo deleuziano y anhelante, que &ldquo;jalaba el pelo/ quer&iacute;a saber si / q u i t &aacute; n d o me/ la cabeza/ a l c a n z a r &iacute; a/ a/ pensar&rdquo;. Guerrero demuestra en esta antolog&iacute;a su duda sobre el lenguaje y, por tanto, sobre su materializaci&oacute;n en palabras, estructuras a las que parece retar constantemente, las desarma hasta su &uacute;ltima pieza&hellip; Se dir&iacute;a, que traer del afuera del lenguaje a su poes&iacute;a es parte de su reto creativo: hacer menos imperfecto el mundo de las palabras.</p>
<p class="Cuerpo" style="padding-left: 30px;"><strong><br /></strong></p>
<p class="Cuerpo" style="padding-left: 30px;"><strong>6. &ldquo;La poes&iacute;a es una fuerza disociadora y an&aacute;rquica que, a trav&eacute;s de la analog&iacute;a, las asociaciones y las im&aacute;genes, se nutre de la destrucci&oacute;n de las relaciones conocidas.&rdquo;</strong></p>
<p class="Cuerpo" style="padding-left: 30px;">La enumeraci&oacute;n o concatenaci&oacute;n de elementos que son dardos (saetas que lucen como aerolitos po&eacute;ticos), es un recurso que encontramos en la poes&iacute;a de Mar&iacute;a Paz Guerrero y que, como nos indicara Artaud, ataca la l&oacute;gica del nexo habitual, destruye la posibilidad de previsi&oacute;n y genera un escenario nuevo, distinto y desasosegante: &ldquo;Demasiado prendedizas ya cocinan a sus nietos ya las hienas ya el bostezo y s&iacute; la sangre para untar las estanter&iacute;as la piel para dilatar las turbinas s&iacute; el trasiego el relincho matutino la modorra un dos tres cuatro veces en la retina la pantalla partida la magulladura contagiosa la malinche la andanza el trasiego la voz ultramarina la perdiz desarreglada&rdquo;<strong>, </strong>etc. Este ejemplo de destrucci&oacute;n de las relaciones conocidas, creo que podemos afirmar, dota a la poes&iacute;a de Guerrero de la fuerza disociadora y an&aacute;rquica planteada.</p>
<p class="Cuerpo" style="padding-left: 30px;"><strong><br /></strong></p>
<p class="Cuerpo" style="padding-left: 30px;"><strong>7. &ldquo;Todo lenguaje es incomprensible, como el parloteo de un desdentado indigente&rdquo;.</strong></p>
<p class="Cuerpo" style="padding-left: 30px;">En efecto, en el proceso de deconstrucci&oacute;n del lenguaje, en el desarme del puzle perfecto que nos otorgue la posibilidad de tratar las piezas de forma distinta, Guerreo malea los t&eacute;rminos e incluso desciende hasta su base sonora, hasta el fonema. As&iacute; propongo como ejemplo la &ldquo;u&rdquo; que leemos en el &uacute;ltimo poema, uno de los textos hasta hoy in&eacute;ditos.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%91A%20LIBRO%20MAR%C3%8DA%20PAZ%20GUERRERO%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20SEPTIEMBRE%202022.doc#_edn4">[iv]</a></p>
<p class="Cuerpo" style="padding-left: 30px;"><strong><br /></strong></p>
<p class="Cuerpo" style="padding-left: 30px;"><strong>8. &ldquo;No puedo concebir que ninguna producci&oacute;n art&iacute;stica tenga existencia emancipada de la vida en s&iacute; misma&rdquo;</strong></p>
<p class="Cuerpo" style="padding-left: 30px;">Expongo a vuestro criterio si esto no se cumple, al menos, en dos facetas de su obra po&eacute;tica: la social y la expresi&oacute;n personal. En primera instancia, la poes&iacute;a de Mar&iacute;a Paz Guerrero mantiene un fuerte compromiso de clase, de pueblo, de necesidad, de precariedad, de carencia que es preciso cubrir o, al menos, designar, tal vez para que esta consciencia del hueco, de la ranura, se muestre como un frente de bajas presiones y llame a su contrario para establecer ese juego de soles y tormentas pugnando alrededor de un nuevos equilibrios, como mapa de isobaras que quiere anunciar la llegada, tal vez no inminentemente, del buen tiempo.</p>
<p class="Cuerpo" style="padding-left: 30px;">En segundo lugar &eacute;sta es una poes&iacute;a desde una oquedad personal y propositiva, que expone frente al lector una suerte de &ldquo;ready&mdash;made&rdquo;, de provocaci&oacute;n surreal que &mdash;con ese esp&iacute;ritu de vanguardia&mdash;, trata de aventar lo banal y acorralar lo esencial, pues &ldquo;no hay infinito todo es parcela&rdquo;, nos dice. La poes&iacute;a de Guerrero resulta tan desconcertante como inspiradora y mantiene sus pies en la vida misma, en el barrio, en la cumbia que suena machaconamente...</p>
<p class="Cuerpo" style="padding-left: 30px;"><strong><br /></strong></p>
<p class="Cuerpo" style="padding-left: 30px;"><strong>9. &ldquo;Sin sarcasmo me hundo en el caos&rdquo;</strong></p>
<p class="Cuerpo" style="padding-left: 30px;">De la lectura de esta <em>Ranura</em> se puede extraer que el sarcasmo, en forma de humor lacerante y v&iacute;vido, forma parte del mar de fondo sobre el que olean otros recursos po&eacute;ticos de la propuesta guerreriana. Les leo el fragmento inaugural del poemario Los analfabetas: &ldquo;Idiotas cuando leen/ confusos cuando escriben/ anteriores a las ideas/ vamos a convertirlos en hombres&rdquo;. Como muestra espero que pueda valernos este bot&oacute;n.</p>
<p class="Cuerpo" style="padding-left: 30px;"><strong><br /></strong></p>
<p class="Cuerpo" style="padding-left: 30px;"><strong>10. &ldquo;Estoy en el punto donde ya no toco a la vida, pero tengo en m&iacute; todos los apetitos y la titilaci&oacute;n insistente del ser. Solo tengo una ocupaci&oacute;n: rehacerme&rdquo;.</strong></p>
<p class="Cuerpo" style="padding-left: 30px;">Los anhelos y las carencias, es decir, las hambres de la carne, los apetitos volitivos, aparecen en la poes&iacute;a de Mar&iacute;a Paz Guerrero, una propuesta que quiere desasosegar, introducir una perturbaci&oacute;n en la melod&iacute;a prevista, eliminar aquello que sab&iacute;amos de antemano, borrarlo de su poema, hacerlo saltar por los aires, para &mdash;a continuaci&oacute;n&mdash; explorar esa devastaci&oacute;n, caminar por el cr&aacute;ter y lustrar los pedazos de metralla que all&iacute; quedaron esparcidos. Entonces la poeta emerge y su voz rehace un espacio distinto sumando los pedazos rescatados del hambre, creando un objeto a partir de la destrucci&oacute;n, un no&mdash;lugar ranurado en cada una de sus soldaduras y en el que la poeta espere que entremos y contemplemos el c&oacute;digo fuente con el que se escribe nuestra realidad tan poco virtual. Leemos, paso a paso, por encima del camino hecho de m&uacute;ltiples teselas que dispone para nosotros, que resuenan, chirr&iacute;an bajo el peso de nuestras concepciones y prejuicios, nos hace dudar y se constituye en v&eacute;rtigo, en impugnaci&oacute;n o, al menos, en contestaci&oacute;n a la norma ante la que nosotros s&iacute; hab&iacute;amos claudicado. Todo aparenta estar descompuesto, pero la poeta se ha rehecho en una materialidad distinta: os invito a contemplarla.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Concluyo citando su &ldquo;hoy cualquiera es escritor/ pero no cualquiera/ defiende una monta&ntilde;a&rdquo;. Leer a Guerrero es una ascensi&oacute;n a su Annapurna, en cuya cumbre enfrentamos la mirada ciega de esta sorprendente gata.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Mar&iacute;a Paz Guerrero, <em>Ranura</em>, Olifante, Zaragoza, 2022.</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%91A%20LIBRO%20MAR%C3%8DA%20PAZ%20GUERRERO%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20SEPTIEMBRE%202022.doc#_ednref1">[i]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [i]&nbsp; Nacida en Bogot&aacute; en 1982, Paz Guerrero estudi&oacute; Literatura en la Universidad de Los Andes y realiz&oacute; un posgrado en Literatura comparada en la Sorbonne Nouvelle de Par&iacute;s&mdash; es profesora de Creaci&oacute;n Literaria en la Universidad Central de Bogot&aacute;. es autora de los poemarios Dios tambi&eacute;n es una perra (Caj&oacute;n de Sastre, 2018), Los analfabetas (La Jaula Publicaciones, 2020) y Lengua rosa afuera, gata ciega (Himpar Ediciones, 2021), as&iacute; como de la selecci&oacute;n y pr&oacute;logo de La Generaci&oacute;n sin Nombre. Una antolog&iacute;a (Universidad Central, 2019) y del ensayo El dolor de estar vivo en Los poemas p&oacute;stumos de C&eacute;sar Vallejo (Universidad de Los Andes, 2006). Sus poemas aparecen en las antolog&iacute;as P&aacute;jaros de sombra (Vaso Roto, 2019) y Moradas interiores. Cuatro poetas colombianas (Universidad Javeriana, 2016), a los que se a&ntilde;ade ahora este Ranura. Dos de sus libros han sido traducidos al ingl&eacute;s y al franc&eacute;s.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%91A%20LIBRO%20MAR%C3%8DA%20PAZ%20GUERRERO%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20SEPTIEMBRE%202022.doc#_ednref2">[ii]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [ii] por Antonin Artaud.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%91A%20LIBRO%20MAR%C3%8DA%20PAZ%20GUERRERO%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20SEPTIEMBRE%202022.doc#_ednref3">[iii]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [iii] Puede servir de ejemplo el poema que encontrar&aacute;n en la p&aacute;gina 15.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/RESE%C3%91A%20LIBRO%20MAR%C3%8DA%20PAZ%20GUERRERO%20PARA%20TURIA%20SOLO%20DIGITAL%20SEPTIEMBRE%202022.doc#_ednref4">[iv]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [iv] P&aacute;g. 54</p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 22 Aug 2022 08:17:00 +0000</pubDate>
    </item>
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      <title><![CDATA[Fernando García de Cortázar: “la historia de España está manipulada desde el presente”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/fernando-garcia-de-cortazar-la-historia-de-espana-esta-manipulada-desde-el-presente/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas21/FERNANDO_GARC_A_DE_CORT_ZAR_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Fernando Garc&iacute;a de Cort&aacute;zar&nbsp; tiene madera de escritor y olfato de periodista. Si le&nbsp; a&ntilde;adimos&nbsp; su faceta de Catedr&aacute;tico&nbsp; de Historia&nbsp; Contempor&aacute;nea, su af&aacute;n por la verdad, y su&nbsp; inter&eacute;s por el arte y la cultura, nos encontramos ante uno de los autores divulgativos con&nbsp; m&aacute;s &eacute;xito de Espa&ntilde;a.</p>
<p>Nos recibe en su despacho de la Fundaci&oacute;n&nbsp; Dos de Mayo. Naci&oacute;n y libertad, en plena Gran V&iacute;a&nbsp; de Madrid.&nbsp; Nuestra intenci&oacute;n es hablar de&nbsp; Historia,&nbsp; de la historia de nuestro pa&iacute;s. En el curriculum leemos que &ldquo;su formaci&oacute;n human&iacute;stica y su sensibilidad literaria le han ayudado a acercar&nbsp; de forma atractiva la Historia al gran p&uacute;blico de tal manera que muchos de sus libros se han convertido en grandes &eacute;xitos editoriales&rdquo;.</p>
<p>- &iquest;No le parece que es una responsabilidad muy grande el haber conseguido poner de moda la&nbsp; Historia en nuestro pa&iacute;s?</p>
<p>-&nbsp; Yo entiendo que s&iacute;, pero aparte de que pueda ser un m&eacute;rito, entiendo que es una&nbsp; responsabilidad&nbsp; nuestra, de todos los historiadores, y una obligaci&oacute;n. Es una obligaci&oacute;n, porque la historia es tan importante que no debe quedarse&nbsp; en los &aacute;mbitos puramente acad&eacute;micos o universitarios, sino que debe buscar la demanda&nbsp; de los ciudadanos. A lo largo de los cincuenta libros que he escrito, y en concreto en los &uacute;ltimos veinte, he tratado de que interese la Historia. Y que la Historia sirva tambi&eacute;n para irrumpir en&nbsp; el&nbsp; presente. Debe servir para mejorar la sociedad y no quedar reducida a un mero objeto culturalista de entretenimiento y de debate , sino que debe&nbsp; hacerse carne en el debate ciudadano,&nbsp; en la mejora de nuestro presente, y en la preparaci&oacute;n de un futuro mejor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Da la sensaci&oacute;n de que a los espa&ntilde;oles no nos gusta demasiado aprender de nuestra Historia.</p>
<p>- Si, yo entiendo adem&aacute;s que la Historia en Espa&ntilde;a est&aacute; siendo manipulada desde el presente. La Historia act&uacute;a en el&nbsp; presente, pero muchas veces porque el presente la manipula y porque en el debate pol&iacute;tico la Historia es un arma arrojadiza que se echa&nbsp; un partido contra otro. Sobre todo los&nbsp; acontecimientos m&aacute;s recientes. Y tambi&eacute;n tiene una repercusi&oacute;n&nbsp; pol&iacute;tica porque los nacionalismos&nbsp; que est&aacute;n construyendo&nbsp; sus&nbsp; naciones, en especial los nacionalismos perif&eacute;ricos, saben que la Historia es la gran partera de la naci&oacute;n, que sin historias no hay naciones. Entonces cuando no tienen Historia, pues la manipulan o se la inventan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Usted ha denunciado en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n&nbsp; esas creaciones hist&oacute;ricas de la nada y las manipulaciones. Hablemos de esos dos elementos, la mixtificaci&oacute;n y la creaci&oacute;n de una Historia con un patr&oacute;n determinado.</p>
<p>- La Historia de Espa&ntilde;a est&aacute; siendo manchada, se utiliza en el debate. Es algo que incluso se observa en textos pol&iacute;ticos. No hay nada m&aacute;s que acercarse a los proyectos o anteproyectos de Estatutos; aparece all&iacute; una Historia hecha, dir&iacute;amos, atribuyendo categor&iacute;as del presente a fen&oacute;menos del pasado, que es algo realmente grave. Episodios del siglo XIII, XIV, XV, que no tienen nada que ver con la situaci&oacute;n actual, y se les hace protagonistas de ese hecho presente. Yo suelo decir del Pa&iacute;s Vasco, que es donde nac&iacute; y donde vivo, que&nbsp; no hay ninguna otra regi&oacute;n que tenga menos credenciales hist&oacute;ricas para&nbsp; reivindicar una secesi&oacute;n o una independencia. Cualquier otra regi&oacute;n puede aparecer con mayor entidad hist&oacute;rica o con mayores hechos diferenciales para tratar de reivindicarlo. Yo entiendo que m&aacute;s que el Pa&iacute;s Vasco, que est&aacute; en el coraz&oacute;n de Castilla, y es, como dir&iacute;an los hombres del 98, la abuela de Espa&ntilde;a, no tiene sentido que trate de separarse de algo que es suyo y que en buena medida es creado a trav&eacute;s de Castilla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Me gustar&iacute;a volver a la idea de Espa&ntilde;a y los espa&ntilde;oles. &iquest;Por qu&eacute; cuando alguien dice que se siente espa&ntilde;ol se le achaca pertenecer a la extrema derecha?</p>
<p>- Es algo que vengo denunciando desde hace tiempo. Primero, porque el franquismo ha hecho much&iacute;simo da&ntilde;o y todav&iacute;a, tristemente, parece vigente. Y porque los nacionalismos tratan siempre de intoxicar la opini&oacute;n p&uacute;blica con esl&oacute;ganes parecidos. Adem&aacute;s, la izquierda, en buena medida, ha debido creer esa interpretaci&oacute;n que dan los propios nacionalistas.&nbsp; A veces se dan situaciones patol&oacute;gicas, como el hecho de que afirmarse como espa&ntilde;ol sea identificarse, no con la corriente liberal admirable del nacionalismo espa&ntilde;ol del XIX, sino con las corrientes m&aacute;s integristas, ultraconservadoras, ultracat&oacute;licas y falangistas. Yo entiendo que algo se ha ganado, &iquest;no? Pero claro, ah&iacute; est&aacute;n continuamente, lo publicitan muy bien los nacionalismos para defenderse atacando con ese tipo de consideraciones. La izquierda deber&iacute;a darse cuenta de que est&aacute; actuando mim&eacute;ticamente respecto a los nacionalismos y que debe situar a sus enemigos, no en los que defienden a Espa&ntilde;a, sino en los que tratan de afirmar sus naciones desde la exclusi&oacute;n, la diferencia, los que no piensan como ellos, como ocurre con los nacionalistas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Este hecho conlleva otras cosas que no se dan en Europa, como el desprecio de los signos, de los s&iacute;mbolos, la bandera, el himno, los s&iacute;mbolos que en teor&iacute;a deber&iacute;an unirnos. Se ha visto con claridad en alg&uacute;n partido de f&uacute;tbol.</p>
<p>- Esto es realmente grave, y la gente deber&iacute;a reflexionar al respecto. Como los nacionalismos conocen la fuerza de los s&iacute;mbolos, tratan de identificar los s&iacute;mbolos del contrario, del adversario, con lo m&aacute;s reaccionario, lo ultra, con Franco, con Primo de Rivera. Pero creo que algo se est&aacute; ganando. Por ejemplo, han hecho mucho bien los triunfos deportivos, la selecci&oacute;n espa&ntilde;ola de f&uacute;tbol en el campeonato de Europa. Se ve&iacute;a claramente ah&iacute; que decir &ldquo;soy espa&ntilde;ol&rdquo;, no era patrimonio de la ultraderecha, sino al contrario, de la ciudadan&iacute;a contenta de identificarse con su pa&iacute;s, y que el&nbsp; empleo de la bandera ya no era patrimonio de nadie, sino de todos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Garc&iacute;a de Cort&aacute;zar es director de la&nbsp; <em>Fundaci&oacute;n Dos de Mayo. Naci&oacute;n y libertad</em>, que naci&oacute; para organizar los actos conmemorativos del Bicentenario del 2 de Mayo y de la Guerra de la Independencia, y contribuir al conocimiento de aquellos&nbsp; hechos hist&oacute;ricos. Pero tiene una vocaci&oacute;n de continuidad, para<strong> </strong>preparar la celebraci&oacute;n del Bicentenario de la Constituci&oacute;n de C&aacute;diz e impulsar y difundir los valores de naci&oacute;n y libertad que simboliza esa fecha hist&oacute;rica de la que somos herederos en nuestra Constituci&oacute;n de 1978.</p>
<p>- &iquest;Considera que la Guerra de la Independencia es el acontecimiento m&aacute;s importante de nuestra Historia reciente?</p>
<p>- Yo creo que s&iacute;, la verdad. Se suele decir que toda la Historia es Historia contempor&aacute;nea, y no pretendo arrimar el ascua a mi sardina, puesto que soy catedr&aacute;tico de Historia Contempor&aacute;nea, sino porque a partir de esa fecha,1808, se produce algo realmente importante&nbsp; que es el paso de s&uacute;bditos a ciudadanos y que, a trav&eacute;s de la idea de Espa&ntilde;a, de las transformaciones manifestadas y de la Constituci&oacute;n que surge en 1812, no s&oacute;lo vamos a tener nuestros derechos sino que disfrutamos de&nbsp; derechos y libertades individuales. Eso me parece important&iacute;simo en la Historia de Espa&ntilde;a. Pienso, sin ninguna exageraci&oacute;n, que es la fecha m&aacute;s importante porque es la que m&aacute;s est&aacute; influyendo en nuestras vidas a trav&eacute;s de la Constituci&oacute;n. Yo suelo decir que se equivocan los t&eacute;rminos cuando se&nbsp; habla de derechos hist&oacute;ricos, algo que tambi&eacute;n se ha colado en nuestro lenguaje, por efecto de la corrupci&oacute;n nacionalista. Los territorios no tienen derechos hist&oacute;ricos, ni por supuesto las lenguas tienen derecho a crearse hablantes obligatorios. Los que tenemos derechos somos los ciudadanos, que los cedemos a trav&eacute;s de las Constituciones. Precisamente esta fecha nos recuerda esa asunci&oacute;n de derechos a trav&eacute;s del texto constitucional.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- En 1812 se cre&oacute; un modelo de naci&oacute;n. &iquest;Difiere mucho del actual?</p>
<p>- No, en buena medida no. Se ha progresado en las cuotas democr&aacute;ticas, en los planteamientos sociales, que no se ten&iacute;an en 1812, con nuestra primera gran Constituci&oacute;n. Pero yo entiendo que lo que all&iacute; se afirm&oacute; es una naci&oacute;n de ciudadanos, no es una naci&oacute;n &eacute;tnica ni ling&uuml;&iacute;stica, no es la naci&oacute;n integrista, ni del nacionalismo ultraconservador de finales del XIX y de principios del XX. Es la naci&oacute;n que firma un acuerdo entre los ciudadanos para no vivir cejijuntamente sino para aceptar tambi&eacute;n sus diferencias. Y, sobre todo, para vivir en un proyecto com&uacute;n, que hace alusi&oacute;n mucho m&aacute;s al futuro que al pasado. No es una naci&oacute;n historicista, sino una naci&oacute;n que piensa muchos m&aacute;s en el futuro que en el pasado. Ortega y Gasset dec&iacute;a que a &eacute;l le preocupaba m&aacute;s la Espa&ntilde;a que encontraba al levantarse que la que dejaba baja al acostarse.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hablamos de la cultura, una preocupaci&oacute;n destacada&nbsp; de Fernando Garc&iacute;a de Cort&aacute;zar en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, si nos atenemos al t&iacute;tulo de&nbsp; sus publicaciones. En el pr&oacute;logo de <em>Breve Historia de la cultura en Espa&ntilde;a</em> se dice: &ldquo;Sorprende que en un pa&iacute;s tan propenso a la invenci&oacute;n de pasados falsos haya tan poco amor, tan poco respeto, por las huellas verdaderas del ayer&rdquo;. Una obra que nos traslada, entre otras muchas ciudades, al Toledo de las Tres Culturas, a la &Aacute;vila m&iacute;stica, a una Sevilla a la sombra de Vel&aacute;zquez, al Madrid ilustrado, a la Barcelona modernista o a la Valencia contempor&aacute;nea. De la mano del autor pasearemos por las calles de esas ciudades, que son tambi&eacute;n las calles en la que se forj&oacute; la cultura espa&ntilde;ola.</p>
<p>- Usted tiene fama de decir lo que piensa, algo que sin duda le honra. Y ha asegurado que la Iglesia es la gran creadora de cultura en Espa&ntilde;a &iquest;Cree que ha sido bien entendido?</p>
<p>- Por supuesto, yo creo que&nbsp; sumando cuantitativamente, es obvio, el peso es enorme. Ahora probablemente no, pero durante siglos ha sido&nbsp; la gran conservadora del patrimonio y de la cultura en Espa&ntilde;a. En uno de mis &uacute;ltimos libros <em>Breve Historia de la Cultura en Espa&ntilde;a s</em>e ve claramente. La Iglesia, no s&oacute;lo como mecenas, como inductora, como conservadora de las obras, sino tambi&eacute;n&nbsp; como salvadora, en todas las disciplinas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fernando Garc&iacute;a de Cort&aacute;zar ha obtenido el Premio Nacional de Historia por el libro <em>Historia de Espa&ntilde;a desde el arte</em>. En &eacute;l utiliza la creaci&oacute;n art&iacute;stica como hilo conductor. Propone un recorrido por la Historia de nuestro pa&iacute;s a trav&eacute;s de 600 obras. Como explica su autor,&rdquo; utiliza la capacidad emotiva y de expresi&oacute;n del arte para reforzar la palabra del historiador.&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Somos conscientes del patrimonio cultural que tenemos, de lo que nos han legado nuestros antepasados?</p>
<p>- Yo&nbsp; me he preocupado de dec&iacute;rselo a los espa&ntilde;oles en muchos de mis libros. Espa&ntilde;a es una super potencia cultural, seguramente no hay otra en el mundo. Podemos competir con Italia&nbsp; en patrimonio pl&aacute;stico- art&iacute;stico, pero superamos a este pa&iacute;s&nbsp; en cuanto al idioma, mucho m&aacute;s extendido que el de los italianos. Me alegra en las noticias el gran &eacute;xito&nbsp; del turismo cultural y las exposiciones. Est&aacute;n cambiando las cosas y los medios de comunicaci&oacute;n est&aacute;n contribuyen a ello. Uno de los ejemplos m&aacute;s recientes lo tenemos en la gran exposici&oacute;n de Sorolla, con unos &iacute;ndices de concurrencia como no se han dado nunca en la Historia de Espa&ntilde;a. Entiendo que vamos a mejor y que, efectivamente, los espa&ntilde;oles, tienen que ser conscientes&nbsp; del extraordinario valor de su patrimonio cultural. Yo lo he intentado inculcar en esas obras relacionadas con la historia de la cultura y del arte en nuestro pa&iacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fernando&nbsp; Garc&iacute;a de Cort&aacute;zar considera que se est&aacute; robando a los adolescentes parte de ese legado cultural. Nos cuenta c&oacute;mo en cierta ocasi&oacute;n, mientras preparaba la&nbsp;<em>Breve historia de la cultura en Espa&ntilde;a</em>, ofreci&oacute; una conferencia a un grupo de profesores y catedr&aacute;ticos de instituto en Cantabria. Mencion&oacute; a Baltasar Grac&iacute;&aacute;n, y le explicaron que su figura ha desaparecido de los libros de texto. Me qued&eacute; helado, me pareci&oacute; de una gravedad importante. Que por obsesiones identitarias, regionalistas, autonomistas, rancias, no aparezca una de las grandes cumbres del pensamiento espa&ntilde;ol. Es un drama que no se pude entender desde fuera, como Alemania o Estados Unidos, donde <em>El Critic&oacute;n&nbsp;</em>fue un best-seller.</p>
<p>- Nos interesa su opini&oacute;n sobre el estado de la educaci&oacute;n en nuestro pa&iacute;s. Lleva muchos a&ntilde;os en la docencia y habr&aacute;&nbsp; visto de todo. &iquest;Ha apreciado c&oacute;mo cada vez lo alumnos tienen m&aacute;s dificultades de comunicaci&oacute;n, con un vocabulario escaso?</p>
<p>- Es cierto, y yo tambi&eacute;n culpar&iacute;a a&nbsp; las editoriales que hacen todo esto, a veces son&nbsp; reduccionistas y van a un lenguaje sumamente&nbsp; elemental y simplificado, en vez de tratar&nbsp; que lo alumnos que leen sus libros ampl&iacute;en vocabulario. Me parece grav&iacute;simo, porque eso condiciona los contenidos. Si la primera funci&oacute;n es hacer que entiendan&nbsp; lo que dicen nuestras palabras, pues entonces atentamos contra la expresi&oacute;n literaria, que es mucho m&aacute;s rica cuantas m&aacute;s palabras se empleen, y contra la expresi&oacute;n de los conocimientos. Me he encontrado ese problema al escribir mi &uacute;ltimo libro, la <em>Peque&ntilde;a historia del mundo</em>. Un libro del que estoy content&iacute;simo, ha sido la obra de no ficci&oacute;n m&aacute;s vendida en la Feria del Libro de Madrid. Yo, consciente de eso, me fui a un colegio durante 15 d&iacute;as para escribirlo, para ver qu&eacute; l&eacute;xico pod&iacute;a emplear, qu&eacute; palabras suscitaban a los alumnos emoci&oacute;n o alegr&iacute;a. Encontr&eacute; que hab&iacute;a muchas palabras&nbsp; que no conoc&iacute;an y les expliqu&eacute; la necesidad de ampliar el l&eacute;xico. Para ello, se cre&oacute; el &ldquo;Rinc&oacute;n de las palabras&rdquo; un esfuerzo por salvar esa barrera que nos estamos encontrando por el escaso l&eacute;xico que usamos, no solo los alumnos, sino tambi&eacute;n los adultos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Fernando Garc&iacute;a de Cort&aacute;zar se ha querido dirigir tambi&eacute;n a los ni&ntilde;os y adolescentes, con su&nbsp;<em>Peque&ntilde;a Historia del mundo.</em> En ella acompa&ntilde;a la narraci&oacute;n de hechos hist&oacute;ricos con ficci&oacute;n, di&aacute;logos y aventura. Hemos le&iacute;do un titular que dice: &ldquo;Cort&aacute;zar despeja de &ntilde;o&ntilde;ez y moralina la Historia que les cuentan a los ni&ntilde;os&rdquo;.</p>
<p>- Pues s&iacute;, entiendo yo que sirve para ni&ntilde;os inteligentes, porque&nbsp; no hay que infantilizar. La historia es tiene&nbsp; tal capacidad docente, de trasmisi&oacute;n de conocimientos y de ense&ntilde;ar, de sacar lecciones de ella que suelo decir que es la mejor asignatura de Educaci&oacute;n para la Ciudadan&iacute;a. No hace falta retorcer argumentos, sino presentar los acontecimientos tal como la propia Historia nos los ofrece para que el ni&ntilde;o saque conclusiones relacionadas con que algo es bueno o es malo. Se emociona ante el altruismo de determinadas conductas o reprueba y rechaza otras conductas menos ejemplares.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Tras hablar de alumnos y ni&ntilde;os, queremos conocer tambi&eacute;n su opini&oacute;n en torno al profesorado, dada, como dec&iacute;amos, su gran experiencia docente. Entramos ahora en Bolonia, &iquest;va a ser una ruptura demasiado brusca para nuestra universidad?</p>
<p>- Yo lo de Bolonia no lo he seguido mucho; a veces me da pereza entrar en este tipo de legislaciones que luego no sabemos en qu&eacute; quedan. Y sin embargo abandonamos algo tan importante como es el leer a los cl&aacute;sicos o esforzarnos porque nuestros alumnos no s&oacute;lo lean sino que escriban mejor. Yo dir&iacute;a que en las ense&ntilde;anzas medias hay movimientos de mejora bien organizados. De mejora de las disciplinas, de apertura, de aprendizaje. En la Universidad igual estamos m&aacute;s en el &ldquo;s&aacute;lvese quien pueda&rdquo;. S&iacute; noto mayor preocupaci&oacute;n en los institutos, en la forma en que se imparten los contenidos y c&oacute;mo se renuevan las formas de trasmisi&oacute;n de esos contenidos, quiz&aacute; m&aacute;s que en el mundo universitario.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nuestro protagonista es buen conocedor del periodismo, sin duda sabe c&oacute;mo originar titulares de los que se publican sin duda en un diario. As&iacute;, leemos, en relaci&oacute;n con la Ley de la Memoria Hist&oacute;rica: &ldquo;El juez Baltasar Garz&oacute;n est&aacute; convirtiendo Espa&ntilde;a en un tanatorio&rdquo;.</p>
<p>- Desde su punto de vista, &iquest;c&oacute;mo se est&aacute; desarrollando todo lo relativo a la Ley de la Memoria Hist&oacute;rica, cree que es conveniente para nuestro pa&iacute;s entrar en esa din&aacute;mica?</p>
<p>- Lo he denunciado multitud de veces, me parece absurdo. Sobre todo porque, en general, la historiograf&iacute;a espa&ntilde;ola goza de buen&iacute;sima salud y no se necesitan apoyaturas, injerencias, ni dirigismos del poder pol&iacute;tico. Yo creo que hay un error de consenso en general. Quitando mit&oacute;manos o gentes que no son profesionales de la historia, yo entiendo que esa injerencia pol&iacute;tica hace da&ntilde;o. Y, ciertamente, los mayores cr&iacute;ticos de esta ley han sido los propios historiadores, de uno y otro color.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Volvemos a la cultura, y a la necesidad de recuperar y preservar nuestro legado cultural. Sobre todo aqu&eacute;l que, por una u otra raz&oacute;n, ha quedado en el olvido .Desde la Fundaci&oacute;n se ha recuperado una obra importante de Mariano Rodriguez Ledesma, el <em>Oficio y misa de difuntos</em>. Se trata del primer oratorio sinf&oacute;nico-coral de la historia de la m&uacute;sica espa&ntilde;ola. La Fundaci&oacute;n que dirige Fernando Garc&iacute;a de Cortazar quiere difundir la Historia en m&aacute;s registros que el meramente bibliogr&aacute;fico. &rdquo;Tengo un sentido integral y global de la Historia, me interesa desde el arte, la literatura, el mundo filos&oacute;fico y la m&uacute;sica. La Fundaci&oacute;n est&aacute; publicando una serie con m&uacute;sica en torno a la Guerra de la Independencia y el surgimiento de la naci&oacute;n. La labor que est&aacute; haciendo con los libros se extiende tambi&eacute;n con los discos. El volumen de Rodr&iacute;guez Ledesma es la expresi&oacute;n de esa l&iacute;nea de trabajo. Est&aacute; claro que en aquella &eacute;poca no s&oacute;lo exist&iacute;a Juan Cris&oacute;stomo Arriaga, que es un magn&iacute;fico m&uacute;sico: gracias a estos trabajos se ve que estaba acompa&ntilde;ado de una buena pl&eacute;yade de m&uacute;sicos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fernando Garc&iacute;a de Cortazar habla con entusiasmo de los proyectos de la Fundaci&oacute;n Dos de mayo: Naci&oacute;n y Libertad&rdquo;. Y recuerda el &eacute;xito de aquella iniciativa en la que se busc&oacute; la participaci&oacute;n ciudadana. La idea era configurar unos grandes carteles que cubrieran la fachada de la Puerta del Sol en las celebraciones del 2 de Mayo. M&aacute;s de 80.000 personas participaron enviando sus fotograf&iacute;as. La inform&aacute;tica hizo lo dem&aacute;s.</p>
<p>Tenemos que terminar, y reconocemos que la imagen, la expresi&oacute;n y las palabras de nuestro interlocutor no son las de un historiador al uso. Su concepto de la Historia y de los historiadores queda reflejado en estas palabras, pronunciadas por Fernando Garc&iacute;a de Cort&aacute;zar en la conmemoraci&oacute;n del II Centenario del 2 de Mayo:&ldquo;Las naciones sin Historia no son naciones en sentido estricto, son mera materia amorfa, moldeable por el esp&iacute;ritu de las que s&iacute; la tienen. La naci&oacute;n no es, se construye, y se construye en gran parte a trav&eacute;s de la transmisi&oacute;n de una memoria p&uacute;blica. La historia se convierte as&iacute; en una especie de partera de la naci&oacute;n. De ah&iacute; que los historiadores seamos considerados sujetos peligrosos e indeseables por aquellos que hoy desean hacerse con un patria nueva, por aquellos que se esfuerzan en inventar una memoria separada y enfrentada a Espa&ntilde;a, una memoria que reescribe su idea de naci&oacute;n con los renglones torcidos del mito, del odio, de la animosidad, de la diferencia.&rdquo;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 04 Jul 2022 08:32:49 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[ Retiran varios nidos de cigüeñas de la fachada de la Excolegiata de Alcañiz]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/retiran-varios-nidos-de-ciguenas-de-la-fachada-de-la-excolegiata-de-alcaniz/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas21/ANA_MU_OZ_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Aquella primera ma&ntilde;ana, la primera de tantas, un centenar de cig&uuml;e&ntilde;as invadi&oacute; el patio de recreo, compartiendo su latido, tan misterioso y nuevo, con nadie m&aacute;s que con la niebla. <em>No somos predadores directos</em>, hab&iacute;a explicado a mis alumnos, apenas tres o cuatro d&iacute;as antes, en un mundo que nunca m&aacute;s ser&iacute;a, ni siquiera, un poco nuestro. <em>Esa es la &uacute;nica raz&oacute;n por la que la </em>Ciconia ciconia<em> convive con el ser humano</em>.</p>
<p>Pero aquella primera ma&ntilde;ana, la primera de tantas, el espacio y el tiempo arrinconaron, hasta lo m&aacute;s hondo de su esencia, a todos los hombres y a todas las mujeres convivientes.</p>
<p>Yo me hab&iacute;a conectado a mi primera clase <em>online</em>. Me hab&iacute;a puesto una camiseta de colores vistosos y unos vaqueros, y hab&iacute;a colocado el tel&eacute;fono m&oacute;vil frente al punto m&aacute;s luminoso del sal&oacute;n. Est&aacute;bamos comentando unos versos de <em>La tierra bald&iacute;a,</em> de T.S. Eliot, cuando un millar de crotoreos se col&oacute; por el micro, inundando el espacio f&iacute;sico y virtual.</p>
<p><em>&iquest;Hab&eacute;is visto lo mismo que yo?</em></p>
<p><em></em>Las cig&uuml;e&ntilde;as aterrizaron en la pista gris y, desde all&iacute;, se dispersaron hacia la pista roja. Igual que hab&iacute;amos estado haciendo a diario otros, recorrieron la distancia del Ram al Loscos, del Loscos al Ram. Buscaban, como buscamos nosotros, algo con lo que reforzar sus nidos. La idea de familia. De nudo. De hogar. Era 16 de marzo y ellas parec&iacute;an tenerlo algo m&aacute;s claro.</p>
<p><em>Los seres humanos hemos dispuesto de la moral y de la carne para contar (para contarnos) un relato (el nuestro) en su versi&oacute;n m&aacute;s amable</em>, dije a mis alumnos mientras una cig&uuml;e&ntilde;a alzaba el vuelo, llev&aacute;ndose con ella las &uacute;ltimas huellas del patio.<em> Pero hay otras historias que no podemos contar. Miradnos ahora, tan fuera de la vida y de la Historia</em>.</p>
<p>Poco a poco, la primavera fue revel&aacute;ndose desde dentro de la tierra. Y en los troncos de los &aacute;rboles. Y en las yemas. Llegamos a ver en flor las almendreras, pero nos perdimos el estallido del cerezo, del melocotonero y del ciruelo, que siguieron su ciclo tan propios y tan ajenos<em>. La espera nos salvar&aacute;</em>, pens&eacute; entonces.</p>
<p>En aquel tiempo, sin tiempo ni espacio, el silencio atrajo m&aacute;s silencio y eso permiti&oacute; que abandonasen sus escondrijos los animales que s&iacute; suelen temernos. Yo confi&eacute; en ellos, lo hice m&aacute;s que en cualquier promesa de cambio, de la inmensidad que sali&oacute; de todos aquellos balcones humanos. Por una vez, dejamos, nosotros, de sentirnos tan a salvo. Y por una vez, deseamos que aquellas aves anidasen en nuestros tejados.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 27 Jun 2022 10:21:59 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bajo una luz vivencial]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/bajo-una-luz-vivencial/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/ramiro500.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo">La editorial independiente madrile&ntilde;a Piezas Azules nos presenta el d&eacute;cimo trabajo del aragon&eacute;s Ramiro Gair&iacute;n Mu&ntilde;oz, <em>Tiempo de frutos</em>, siendo &eacute;ste un objeto cuidado, muy hermoso, al que da cuerpo el dise&ntilde;o y las sugerentes ilustraciones del zaragozano Lalo Cruces, y cuyos ejemplares han sido numerados, d&aacute;ndole a cada uno ese detalle de singularidad. El poemario nos recibe con unos versos de evocaci&oacute;n a la m&iacute;tica herencia po&eacute;tica de Antonio Machado y se cierra con una cita juanramoniana, poeta al que tambi&eacute;n apuntan los t&iacute;tulos de dos de sus cap&iacute;tulos: &laquo;Espacio&raquo; y &laquo;Tiempo&raquo;.</p>
<p class="Cuerpo">Por lo dem&aacute;s, el di&aacute;logo con otros autores termina ah&iacute;, no habiendo en estos poemas una clara intenci&oacute;n metaliteraria o de di&aacute;logo con otras voces po&eacute;ticas. La tesis del poemario &mdash;que puede verse como diario vivencial, como anotaciones po&eacute;ticas, como cartas para un di&aacute;logo amoroso o como postales del instante en ese viaje compartido&mdash; sostendr&iacute;a una concepci&oacute;n de la existencia como experiencia de amor. As&iacute; ese tiempo y esos frutos parecen aludir al generoso alimento que ofrece el &aacute;rbol que nace de la simbiosis de los amantes. El libro constituye un ejemplo de ese movimiento actual y que formalmente no est&aacute; declarado, pero que viene a designarse como Vivencialismo o Neocostumbrismo y que hace de la cotidianeidad y de la vivencia de nuestro tiempo (y en primera persona) la base narrativa sobre la que se traduce po&eacute;ticamente la percepci&oacute;n del poeta, esfuerzo en el que se trata de dejar resonante &mdash;dentro de la espontaneidad del episodio que se destaca&mdash; el eco de lo que percute en la sensibilidad del autor y, por tanto, se presenta como transcendente.</p>
<p class="Cuerpo">El Vivencialismo es la m&aacute;s anchurosa de las corrientes actuales, movimiento sin manifiesto ni proclamaci&oacute;n que quedar&iacute;a caracterizado por la escritura en una o dos capas, por la sencillez prosaica de la voz que, sin apenas ep&iacute;tetos y desde una primera persona, transmuta el poema en diario po&eacute;tico, en nota marginal de la vida, en una grieta emocional en el cemento del d&iacute;a a d&iacute;a donde florece una semilla resistente: &ldquo;algo le ha pisado la cola al viento/ se revuelve furioso/ embiste los cristales&rdquo;. En este estilo directo y narrativo, el uso de recursos cl&aacute;sicos suele quedar reducido a un estrecho abanico formado por aquellos que otorgan capacidad de codificaci&oacute;n y de impacto en la imagen po&eacute;tica, como puedan ser la sinestesia, la prosopopeya o la as&iacute;ndeton y en la introducci&oacute;n de enumeraciones; recurso con el que suele componerse una suerte de collage, una yuxtaposici&oacute;n de elementos de distintos colores, patrones y texturas, que &mdash;en esa disposici&oacute;n combinada&mdash; genera un nuevo todo po&eacute;tico. El poema vivencialista oscila entre la confesi&oacute;n &iacute;ntima, la explicitaci&oacute;n de la an&eacute;cdota personal que &ndash;aislada por la lente del microscopio po&eacute;tico&mdash; aparece sublimada o el di&aacute;logo con un amigo o un amor idealizado (en el sentido estricto) y que habita m&aacute;s all&aacute; de las tapas del libro, todo ello contribuyendo a convertir el poemario en un veh&iacute;culo de uni&oacute;n, una m&aacute;quina para viajar al encuentro de su interlocutor.</p>
<p class="Cuerpo">El poemario arranca mirando a las nubes y expresando su deseo de crear &ldquo;sustancias&rdquo; &mdash;derivado del lat&iacute;n <em>substare </em>&lsquo;estar debajo&rsquo;&mdash; y de descubrir &ldquo;materiales con palabras&rdquo; de una forma as&eacute;ptica, sin volcar la tragedia personal en el observador, es decir, en el lector &mdash;y, tal vez, sin buscar la sombra del mar, levantando la espuma con las yemas de los dedos&mdash;. Gair&iacute;n nos propone &mdash;y lo compartimos&mdash; que la pose&iacute;a puede ser &ldquo;la mirada de un gato/ la promesa de un cuerpo/ la posibilidad de un zarpazo&rdquo;. Mas, si este gato fuera el gato de Cheshire podr&iacute;amos no toparnos con &eacute;l, pues el poeta parece no invitar a su Alicia a cruzar el espejo de la escritura: &ldquo;necesito que aceptes esta vida [&hellip;] y que si nos cambiamos/ por una que yo escriba/ desapareceremos&rdquo;. Qu&eacute; cabr&iacute;a esperar de ese mundo especular y fant&aacute;stico es una cuesti&oacute;n que despierta inter&eacute;s y nos deja a las puertas de un camino m&aacute;s ambicioso y arriesgado, una propuesta de ruptura con lo convencional y, por tanto, con lo menos sorprendente.</p>
<p class="Cuerpo">No hay m&aacute;cula en la escritura y en la propuesta que, como propongo en mi lectura, se enclava en una corriente de estilo popular, actual y accesible a lectores habituados a otros g&eacute;neros a trav&eacute;s del uso de la prosa po&eacute;tica &mdash;en algunos momentos, prosa versificada&mdash; que me ha hecho recordar algunas de las ense&ntilde;anzas que, en su d&iacute;a, me transmitiera F&eacute;lix Romeo Pescador, en lo que (con todos los respetos y con su permiso y si la memoria no me traiciona modificando los preceptos seg&uacute;n mi conveniencia o mi experiencia posterior) podr&iacute;a resumir como sus &ldquo;Principios fundamentales del verso&rdquo;, de entre los que rescato estos, a saber: El verso ha de contener una unidad de sentido m&iacute;nima y esta unidad ha de ser independiente y susceptible de observarse aisladamente, de que &ldquo;viva&rdquo; por s&iacute; misma si la extraemos definitivamente del poema. El otro ser&iacute;a que la versificaci&oacute;n ha de atender a favorecer el axioma anterior y a fijar el necesario ritmo al que el poema no debe renunciar, a proponer una musicalidad que no pase inadvertida al lector. As&iacute; la versificaci&oacute;n conduce la lectura por el camino deseado por el poeta y la pausa que a&ntilde;ade &eacute;sta, as&iacute; como la estructuraci&oacute;n en estrofas, han de cumplir con esta tarea, aunque hoy en d&iacute;a parece que, tanto el verso como la estrofa, m&aacute;s parecen buscar el extra&ntilde;amiento divergente que la complicidad coral con el lector.</p>
<p class="Cuerpo">Se&ntilde;alo estos aspectos al tratarse del d&eacute;cimo t&iacute;tulo del autor quien, por tanto, ostenta un bagaje amplio y cuya propuesta pide ser analizada con m&aacute;s detenimiento. No obstante, <em>Tiempo de frutos</em> no es una obra cism&aacute;tica sino continuista dentro las publicaciones de Gair&iacute;n, quien nos propone su poes&iacute;a como escritura epic&uacute;rea, como nota de amor junto a un caf&eacute;, como dietario escrito en esa cuarta dimensi&oacute;n del tiempo en que vivimos, del tiempo tintado por el yo y, por tanto, m&aacute;s personal. El poemario, de esta manera, como &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de este diario vivencial, resulta una lectura cercana, agradable y que se puede disfrutar/compartir &mdash;an&aacute;logamente al di&aacute;logo con el ser amado&mdash; en &iacute;ntima compa&ntilde;&iacute;a.</p>
<p class="Cuerpo">Ramiro Gair&iacute;n Mu&ntilde;oz,<em> Tiempo de frutos</em>, Madrid<em>, </em>Piezas Azules, 2022.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 20 Jun 2022 10:49:19 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Francisco Gálvez: la conmemoración de su trayectoria desde "Tránsito"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/francisco-galvez-la-conmemoracion-de-su-trayectoria-desde-transito/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/Francisco500.jpg" alt="" /></p>
<p>Hay variados motivos de peso para celebrar la trayectoria po&eacute;tica de Francisco G&aacute;lvez, sobre todo desde que al poeta le fue concedido el prestigioso Premio Anthropos de Poes&iacute;a en 1993 con&nbsp; su&nbsp; obra <em>Tr&aacute;nsito</em>, (publicado en 1994 por &Aacute;nthropos Editorial, y que, seg&uacute;n la cr&iacute;tica, supuso un punto de inflexi&oacute;n. Despu&eacute;s llegar&iacute;an: <em>El hilo roto</em>, (Pre-Textos, 2001), <em>El Paseante</em> (Hiperi&oacute;n, 2005) que obtuvo el premio Ciudad de C&oacute;rdoba Ricardo Molina en 2004; <em>Asuntos internos</em> (El Brocense, 2006); <em>El oro fundido</em> (Pre-Textos, 2015), <em>Los rostros del personaje</em>. Antolog&iacute;a (Pre-textos, 2018), y <em>La vida a ratos</em> (La Isla de Siltol&aacute;, 2019). De su etapa de juventud destacan: <em>Los soldados</em>, (1973). <em>Un hermoso invierno</em>, (1981). <em>Iluminaci&oacute;n de las sombras</em>, (1984) y <em>Santuario</em>, (1986). Todos estos t&iacute;tulos se reunieron en una antolog&iacute;a titulada <em>Una visi&oacute;n de lo transitorio</em>. (Huerga &amp; Fierro,1998).</p>
<p>Y es que la obra de G&aacute;lvez siempre ha basculado, como dice M&ordf; &Aacute;ngeles Hermosilla en su rese&ntilde;a a la antolog&iacute;a <em>Los rostros del personaje</em> entre: &laquo;una rebeld&iacute;a formal y est&eacute;tica y bas&aacute;ndose su poes&iacute;a m&aacute;s actual en la mirada y la contemplaci&oacute;n del entorno.</p>
<p><em>Tr&aacute;nsito</em> es &laquo;una culminaci&oacute;n de los poemarios anteriores&raquo;, seg&uacute;n afirma el cr&iacute;tico Molina Damiani en el pr&oacute;logo de <em>Una visi&oacute;n de lo transitorio</em>. La contemplaci&oacute;n de lo transitorio, de lo que nunca para de moverse, de lo que nos rodea y circunda, la vida alrededor, el tiempo circular, otros cuerpos que nos sustituir&aacute;n mir&aacute;ndonos en las aguas, en el oscuro reflejo de la especie, cuestion&aacute;ndose continuamente por los entresijos de su existencia pasajera.</p>
<p>El siguiente libro recogido es el t&iacute;tulo <em>El hilo roto (Poemas del contestador autom&aacute;tico). </em>Aparecido en Pre-Textos 2001.&nbsp; Vuelve G&aacute;lvez a usar un plano realista que nos muestra en este libro donde se erige el tel&eacute;fono como s&iacute;mbolo de la incomunicaci&oacute;n humana.</p>
<p>Se construye en torno a la incomunicaci&oacute;n y la preocupaci&oacute;n sobre el ser humano, adem&aacute;s de la soledad. &ldquo;El lugar desafecto&rdquo; del que hablara Eliot en <em>Los cuatro cuartetos.</em> El tel&eacute;fono, un elemento de comunicaci&oacute;n que en este caso no une, sino que&nbsp; separa, y el contestador autom&aacute;tico donde quedan grabados todos los mensajes de separaci&oacute;n con nuestro pr&oacute;jimo en la sociedad. Poblaci&oacute;n presa, cada vez m&aacute;s de nuestro tiempo y de sus consecuencias, la sentencia que rauda nos une a nuestro propio final nos coloca en la soledad, desajustados, instalados en el brillo con que venden la falacia de ser los due&ntilde;os de nuestra fortuna temporal.</p>
<p>Si ya en su primera etapa, la obra de G&aacute;lvez, nos recordaba la preocupaci&oacute;n social, otro de sus temas ahora, ser&aacute; el hallazgo de la incomunicaci&oacute;n en la sociedad moderna. Libro que constata la separaci&oacute;n con todos aquellos que est&aacute;n ante nosotros y est&aacute;n solos, con los despose&iacute;dos que no encuentran un lugar en la tierra. &laquo;Solo estoy para solitarios, / exiliados, inmigrantes, tercera edad / gente despose&iacute;da, errantes, y enfermos de soledad incurables [&hellip;]&raquo;, porque &laquo;no estoy para lo temporal&raquo;, nada le interesa si no es definitivo, como ese tiempo sin fin del que proceden los desclasados a los que se refiere en estos versos, un tiempo que s&iacute; es infinito y no tiene medida en la soledad.</p>
<p>Por otra parte, en<strong><em> </em></strong><em>El paseante,</em> G&aacute;lvez nos propone un viaje, un itinerario que conecta con la tradici&oacute;n del <em>homo viator</em> medieval y el <em>flan&ecirc;ur</em> baudelaireano. Alguien que no deja de moverse de un lugar a otro, el desterrado, el apartado de la sociedad. Salvando las distancias, en este poemario el vagar es producto de la incomodidad, que desgaja a su vez un comportamiento de denuncia, de incomprensi&oacute;n ante lo que ve. Inadaptaci&oacute;n que se traduce en un mon&oacute;logo sentimental desde la &eacute;tica. La voz po&eacute;tica, la persona l&iacute;rica que lleva la palabra, nos hace deambular con &eacute;l por unos lugares que vamos desvelando, en un juego sutil de adivinanza culta por casas y lugares visitados f&iacute;sica o mentalmente, as&iacute;, el p&oacute;rtico del libro lo componen cuatro piezas que tienen que ver con el paso de las cuatro estaciones.</p>
<p>Somos las casas que habitamos, el hogar que fabricamos a lo largo del tiempo, sirve esta casa como met&aacute;fora, la casa es la vida donde vamos haciendo un hueco, un hogar. La trayectoria vital cuyo recorrido se refleja en su interior, cada victoria y cada fracaso, as&iacute; nos lo recordaba Gaston Bachelard, ese espacio se ha convertido en el realismo posindustrial del que G&aacute;lvez nos habla.</p>
<p>&laquo;Pero solo te pertenecen sus paredes y muros, / huecos de luz y sombra, / y ese tiempo fugaz de habitarla&raquo;.</p>
<p>Se enra&iacute;zan en la po&eacute;tica de G&aacute;lvez entonces la memoria, la cr&iacute;tica, el recuerdo como recuperador operativo de la vivencia del pasado, que no ha perdido su esencia porque la l&iacute;rica rescata y ancla el olvido, mientras falsificamos el&nbsp; recuerdo y mitificamos la memoria a lo largo de la vida mediante la palabra.</p>
<p>En tercer lugar, <em>Asuntos internos</em>, en donde se modula su compromiso civil, y vemos c&oacute;mo Francisco G&aacute;lvez construye su particular <em>Weltanschauung</em>, la epistemolog&iacute;a vitalista y expresiva de sus versos recorren un panorama sentenciado a desaparecer: la soledad, la comprobaci&oacute;n de que el tiempo es una experiencia decadente que consiste en una peque&ntilde;a vibraci&oacute;n, un movimiento imperceptible, mientras el ciudadano queda desactivado en un sistema perverso de pensamiento hegem&oacute;nico, cuya &uacute;nica verdad es el consumo que crea inercias violentas en nuestras sociedades, sucursales productivas de consumo.</p>
<p>&nbsp;Bien, G&aacute;lvez, nos ofrece en <em>Asuntos internos </em>una visi&oacute;n sobre la infancia, aquella infancia que nos recordaba Rilke y Antonio Machado, momento que es aprovechado para verter todo el caudal l&iacute;rico y convertirlo en reflexi&oacute;n, un momento que el poeta busca porque le sirve para marcar las diferencias con la actualidad, esta actualidad que tanto ha cambiado en un movimiento centr&iacute;fugo que elimina al diferente, o al que no est&aacute; insertado en un discurso mayoritario, pero no democr&aacute;tico.</p>
<p>Lo que nos propone G&aacute;lvez en <em>El oro fundido,</em> (su libro m&aacute;s importante, comparable a Tr&aacute;nsito), es un juego de estilo, un <em>tour de force</em> en donde mezcla el verso y el poema en prosa en un nuevo intento de crear un camino original, alejado de las modas que actualmente asolan el mercantilizado negocio editorial, un nuevo camino que emprende con valent&iacute;a la mezcla de versos, los diferentes metros que G&aacute;lvez trabaja con soltura desde sus comienzos, as&iacute; como la utilizaci&oacute;n de poemas en prosa que albergan una musicalidad de esencia m&aacute;s narrativa que pocos poetas cumplen, sin perder ese rasgo tan caracter&iacute;stico de su poes&iacute;a, el tono oral, la pasmosa naturalidad de su obra que parece hablarte doblegando el lenguaje que no acusa el sometimiento ling&uuml;&iacute;stico para expresar un pensamiento basado en la meditaci&oacute;n y en la experiencia vital y po&eacute;tica.</p>
<p>Destacar&iacute;a de este volumen: &ldquo;Tomando el sol despu&eacute;s de comer&rdquo;. Donde se recoge el recuerdo de la infancia y la incursi&oacute;n en la poes&iacute;a. Soberbio poema en prosa.</p>
<p>En <em>La vida a ratos</em>, la reflexi&oacute;n a vuelapluma que recorre el pensamiento po&eacute;tico de G&aacute;lvez maduro y contemplativo, transita por diferentes espacios: por un cuadro, por un paseo, como un astr&oacute;nomo que contempla las estrellas, el observador de cuadros o el orfebre, para decirnos que todo ello puede formar parte de su mundo enjaulado de la p&aacute;gina, un marco que limita y expande su poder m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites de la l&iacute;rica, porque este ejercicio literario requiere la meditaci&oacute;n medida del que descansa y observa, a lo Juan de Mairena, con un Machado m&aacute;s sabio y maduro que necesitaba esa otra forma de decir porque hab&iacute;a explorado todos los caminos del verso y de su musicalidad.</p>
<p>&laquo;Un paseante por el jard&iacute;n bot&aacute;nico que se&ntilde;ala la diversidad que no encuentra en otros lugares[&hellip;].&raquo;</p>
<p>Toda esta obra es m&aacute;s que suficiente&nbsp; de un poeta que sigue ofreciendo una est&eacute;tica, cuyo resultado, el tiempo no ha impugnado, gracias a la valent&iacute;a de lo sencillo y a la bondad de la palabra en que se construye todo su discurso l&iacute;rico. Una l&iacute;rica del instante para sujetar lo inaprensible. Entre la mirada y lo contemplado.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 20 Jun 2022 10:28:28 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ana Luísa Amaral: “Somos hoy el futuro de mañana, y sin memoria y sin pasado no podemos construirlo”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/ana-luisa-amaral-somos-hoy-el-futuro-de-manana-y-sin-memoria-y-sin-pasado-no-podemos-construirlo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2022/amaral500.jpg" alt="" /></p>
<p class="LO-normal">En la tabla de equivalencias po&eacute;ticas, una hora de conversaci&oacute;n con Ana Lu&iacute;sa Amaral tiene el mismo valor que cinco o seis horas con otros autores: su capacidad de comunicaci&oacute;n, la espontaneidad con que puede recordar unos versos de Emily Dickinson al tiempo que baja una persiana, porque el sol de Le&ccedil;a de Palmeira la deslumbra; la facilidad para encontrar el sentido profundo de las cosas cercanas o la ligereza con que cita en ingl&eacute;s, espa&ntilde;ol,&nbsp; italiano o portugu&eacute;s, su lengua, dibujan a una poeta tan en las cosas de la calle como en esa Weltliteratur que se acerca a su campo acad&eacute;mico, la literatura comparada y la traducci&oacute;n. Una hora con Ana Lu&iacute;sa Amaral es, de alg&uacute;n modo, un encuentro performativo y casi teatral -y por eso esta entrevista en alg&uacute;n momento se ayuda de acotaciones- en que la poes&iacute;a recobra su funci&oacute;n sanadora para el mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="LO-normal"><strong>&ldquo;Me interesa el placer de hablar sobre los poemas&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-normal">- Si en el panorama cultural no suelen los poetas ser autores conocidos en exceso, frente, por ejemplo, a los novelistas, las excepciones apuntan siempre a casos en los que se combinan virtudes singulares, como las que re&uacute;ne nuestra autora, un nombre que era conocido y valorado en el &aacute;mbito hisp&aacute;nico -y otros- antes del Premio Reina Sof&iacute;a de Poes&iacute;a Iberoamericana 2021, acaso como la poeta contempor&aacute;nea m&aacute;s destacada en lengua portuguesa, y que goza de enorme popularidad en su pa&iacute;s de origen, donde realiza un programa &uacute;nico en la radio p&uacute;blica Antena 2. Su voz, leyendo los versos que ocupan ese programa, resulta muy reconocible.</p>
<p class="LO-normal">- Eso de la voz&hellip; es verdad, porque a veces estoy, por ejemplo, en Correos y pido algo -yo, que odio, odio, odio, odio ir a la oficina de Correos, y me resulta m&aacute;s f&aacute;cil escribir un poema que ir a Correos-, pido cualquier cosa y hay alguien que dice: &ldquo;usted es Ana Lu&iacute;sa Amaral&rdquo;<em>,</em> porque ha reconocido mi voz.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;&nbsp; Pero es fant&aacute;stico. Ese programa nace de una idea que tuve hace unos cinco a&ntilde;os. Telefone&eacute; a Lu&iacute;s Caetano y Lu&iacute;s, que ya realizaba sus programas, y es una persona fant&aacute;stica, un divulgador de poes&iacute;a, un divulgador de la cultura y alguien que cree profundamente en la cosa p&uacute;blica, en este caso en la radio p&uacute;blica, cree en la fuerza que tiene la radio p&uacute;blica, la televisi&oacute;n p&uacute;blica, y tiene esa idea del compromiso: lo que se dirige a todos y no solamente a algunos, se entusiasm&oacute;. Le pregunt&eacute;, que yo sepa no hay ning&uacute;n programa as&iacute;, en el que se pueda leer un poema y despu&eacute;s mantener una conversaci&oacute;n sobre lo le&iacute;do, y de ah&iacute; surge<em> </em>&ldquo;O Som que os Versos Fazem ao Abrir&rdquo;. Propuse el t&iacute;tulo y fue a ver a su jefe. Ambos dijeron: es muy largo. Pero insist&iacute;, a m&iacute; me gusta mucho.Y se qued&oacute; &ldquo;O Som que os Versos Fazem ao Abrir&rdquo;, que es un verso de un poema m&iacute;o. El sonido que hacen al abrirse como una flor. Me interesa el placer de hablar sobre los poemas; ahora esos programas se van a publicar en la editorial Rel&ograve;gio d&rsquo;&Aacute;gua, un libro con el poema en su lengua original, el poema traducido, y un comentario.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="LO-normal"><strong>&ldquo;El arte es el poema que solo se vuelve poema cuando llega al otro&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-normal">- Esta cercan&iacute;a no traiciona la lealtad de la autora consigo misma, ni la complejidad de la obra, que puede transitar desde lo cotidiano a la ciencia, desde la historia de la literatura anglosajona a los estudios de g&eacute;nero como profesora universitaria, desde la popularidad como personaje p&uacute;blico a la reflexi&oacute;n sobre el espacio de las autoras en el horizonte literario.&nbsp; O, como en un poema muy citado, &ldquo;Matar &eacute; f&aacute;cil&rdquo;, desde un mosquito -que se posa en el papel en el que escribe y al que aplasta- al sentido de la vida y la inevitabilidad de la muerte. En cada verso Ana Lu&iacute;sa Amaral se refleja &iacute;ntegra.</p>
<p class="LO-normal">- El personaje de un poeta es el poeta. Yo tengo un poema que no s&eacute; si est&aacute; traducido, tal vez lo est&eacute; por Lauren Mendinueta [traductora colombiana de parte de su obra], que se llama &ldquo;Psican&aacute;lise da escrita&rdquo; y que dice que todo poema es sobre aquel que sobre &eacute;l escribe. Cuando se escribe poes&iacute;a hay dos momentos esenciales y diferentes; hay un primer momento en que una se siente totalmente vulnerable. Yo estoy sola conmigo, sola con las palabras a mi alrededor, estoy sola con el mundo, y escribo porque necesito escribir. Y no escribo con un prop&oacute;sito, quiero decir, ahora tengo que escribir un poema porque no s&eacute; qu&eacute;, no, no, no. Escribo porque necesito escribir y esta primera parte es profundamente individual. El lector no est&aacute; ah&iacute;, el cr&iacute;tico no est&aacute; ah&iacute; y no hay ning&uacute;n problema en que no aparezcan entonces.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;&nbsp; Cuando el cr&iacute;tico comienza a meterse, o el lector, cuando el poeta, de alguna manera, interioriza gestos o t&eacute;cnicas y ya sabe escribir sus versos con t&eacute;cnicas o con gestos y est&aacute; preocupado con lo que van a pensar los lectores y con lo que van a pensar los cr&iacute;ticos&hellip; Los cr&iacute;ticos, a m&iacute;, nada. &iquest;Los lectores? Nada. Hablo de cuando escribo el poema, en ese momento es m&iacute;o, yo escribo para m&iacute;. Y escribo sobre m&iacute;, mi mundo, incluso con todo aquel fingimiento, como lo llam&oacute; Fernando Pessoa. Pero despu&eacute;s hay un segundo momento, cuando el poema est&aacute; hecho y concluido, que es el momento de compartir con el otro. El arte es esto. El arte es el poema que solo se vuelve poema cuando llega al otro. Yo creo en eso.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;&nbsp; &iquest;Es tal vez una utop&iacute;a? No lo s&eacute;, pero como el arte, como una sinfon&iacute;a, como una pel&iacute;cula o una pintura en la que el pintor tiene necesidad de mostrar esa necesidad de pintar. Como Picasso pint&oacute; y lo hizo para s&iacute;. Y despu&eacute;s quiso mostrarlo a las personas. Quiere compartirlo y, en este sentido, el arte es siempre comunicaci&oacute;n con el otro. Siempre, pero as&iacute;, de este modo, en estos dos tiempos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="LO-normal"><strong>&ldquo;Los libros para ni&ntilde;os no son inferiores. La escritura para ni&ntilde;os es solo diferente&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-normal">-&nbsp; Autora de una veintena de libros de poes&iacute;a, desde<em> Minha senhora de qu&ecirc; </em>en 1990 hasta<em> Mundo</em>, en 2021, Ana Lu&iacute;sa Amaral reuni&oacute; sus versos en<em> Poesia Reunida 1990-2005</em>,<em> </em>en 2005 y otra vez en 2010,<em> </em>con <em>Inversos, Poesia 1990-2010</em>, al que completar&aacute; muy pronto <em>O olhar diagonal das coisas, Poesia, 1990-2021</em>; en Espa&ntilde;a es conocida, sobre todo, a partir de <em>What's in a name</em>, publicado en Portugal en el a&ntilde;o 2017. Junto a estos, ha publicado ensayos como<em> Arder a Palavra e outros inc&ecirc;ndios </em>en 2018, teatro como<em> Pr&oacute;spero Morreu (poema em acto) </em>en 2011,<em> </em>novelas como<em> Ara, de 2021, </em>o abundantes y valorados vol&uacute;menes de literatura infantil, desde<em> Gaspar, o Dedo Diferente e Outras Hist&oacute;rias </em>en 1999<em> </em>hasta <em>Como Tu </em>en 2020, con t&iacute;tulos de enorme &eacute;xito, como<em> Lengalenga de Lena, a Hiena </em>en 2019.<em> </em></p>
<p class="LO-normal">- Escribo cuando siento el deseo de decir cosas para ni&ntilde;os, que es algo un poco diferente. Diferente. No inferior a la poes&iacute;a. A veces las personas piensan que escribir para ni&ntilde;os es un g&eacute;nero menor, pero no, no es un g&eacute;nero menor. Es muy dif&iacute;cil, muy dif&iacute;cil, escribir para ni&ntilde;os y conseguir que al ni&ntilde;o le guste de verdad lo que se ha escrito para &eacute;l. El autor se tiene que poner en el lugar del ni&ntilde;o y pensar un poco y sentir un poco como si fuera un ni&ntilde;o. Pero eso lo consigue la poes&iacute;a, la buena poes&iacute;a siempre lo consigue.&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;&nbsp; Si pensamos en ese poeta maravilloso que fue William Blake, que hablaba de la inocencia y de la mirada de inocencia siempre necesaria al poeta, esta deber&iacute;a ser la escritura de la literatura infantil. A veces le quitamos, o las circunstancias arrebatan la mirada de inocencia de los ni&ntilde;os. Ni&ntilde;os refugiados, un ni&ntilde;o que va en una patera,&nbsp; que ha sufrido una violaci&oacute;n, violencia. Mantener a&uacute;n esa inocencia es complicado, pero deber&iacute;a tener derecho a conservarla. El deslumbramiento, el encantamiento de mirar las cosas como si fuera la primera vez, que los adultos a&uacute;n podemos rescatar a veces. Por ejemplo, y es maravilloso, vamos hacia el coche para salir y, de s&uacute;bito, miro al suelo y encuentro una hierba peque&ntilde;a que crece entre las piedras. Pero &iquest;por qu&eacute; esa hierba est&aacute; all&iacute;? Es importante c&oacute;mo nos sentimos en ese instante y, a veces, es conmovedor&nbsp; mirar esa hierba.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;&nbsp; Un ni&ntilde;o, por ejemplo, puede quedarse con una sola cosa, con una caja de cart&oacute;n, o con una cacerola y una cuchara de palo y puede estar as&iacute; [<em>hace el gesto de golpear con la cuchara imaginaria</em>], inventar y pensar que ahora es director de una gran&nbsp; orquestra: chan, chan, chan, chan, volviendo locas a todas las personas que est&aacute;n en casa, naturalmente. O se mete en la caja de cart&oacute;n y piensa: voy al espacio, ahora voy a conocer las estrellas. Y cuando est&aacute; ah&iacute; se siente de verdad en el espacio. Esta es mi forma de mirar la poes&iacute;a, de entender la poes&iacute;a y de vivir la poes&iacute;a. Los libros para ni&ntilde;os no son inferiores. La escritura para ni&ntilde;os es solo diferente. Incluso, si se habla de libros para ni&ntilde;os, habr&iacute;a que hablar de &iquest;libros para adultos?, pero eso es... otra cosa. No encuentro ninguna diferencia. Y me divierto much&iacute;simo cuando escribo para ni&ntilde;os, siempre, siempre, y me r&iacute;o yo sola. En estos libros hay un placer constante que disfruto a medida que voy escribiendo: &ldquo;Havia uma hiena, chamava-se Lena, tinha a pele morena, a pata pequena e um ar tresmalhado&hellip;&rdquo; Con todo, no podemos olvidar que a veces no hay solo placer,&nbsp; hay angustia tambi&eacute;n.</p>
<p class="LO-normal"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="LO-normal"><strong>&ldquo;La poes&iacute;a pertenece al mundo, est&aacute; en el mundo, se hace en el mundo, se escribe en el mundo&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-normal">- El Premio Reina Sof&iacute;a, tan destacado, y que s&oacute;lo han ganado a lo largo de su historia dos autores portugueses m&aacute;s -en 2003 Sophia de Mello Breyner y en 2013 Nuno J&uacute;dice- en realidad se une a un n&uacute;mero importante de otros reconocimientos a su trayectoria, como la Medaille de la Ville de Paris, el Pr&eacute;mio Liter&aacute;rio Correntes d&rsquo;Escritas, Premio di Poesia Giuseppe Acerbi, el Grande Pr&eacute;mio de Poesia da Associa&ccedil;&atilde;o Portuguesa de Escritores, el Pr&eacute;mio Liter&aacute;rio Guerra Junqueiro, el Premio al mejor libro del a&ntilde;o de los Libreros de Madrid, o el Pr&eacute;mio Verg&iacute;lio Ferreira. Y su nombre ya resultaba frecuente en los medios portugueses desde hace a&ntilde;os tanto como escritora y profesora como por sus intervenciones en el &aacute;mbito social y pol&iacute;tico, un asunto que mantiene en di&aacute;logo con su obra, pero desde espacios que cuida mantener convenientemente separados, aunque a veces, como a ra&iacute;z del hurac&aacute;n que supuso el premio Reina Sof&iacute;a, puedan parecer cercanos.</p>
<p class="LO-normal">- Un hurac&aacute;n enorme, s&iacute;, aunque mi vida ya era un cataclismo, o al menos una tormenta en la que recib&iacute;a muchas invitaciones, propuestas de escritura y colaboraci&oacute;n, lo cierto es que con este premio esa vida qued&oacute; <em>desbordada</em><strong>.</strong> Un ejemplo de esa tormenta que me rodea: ayer [la entrevista se realiza la v&iacute;spera del d&iacute;a de reflexi&oacute;n previo a las elecciones legislativas portuguesas] Tereixa Constenla, estupenda periodista, me pidi&oacute; un texto para el diario<em> El Pa&iacute;s </em>sobre pol&iacute;tica, sobre las elecciones en Portugal. Me llam&oacute; hace unos d&iacute;as, y me pregunt&oacute; sobre el Bloco [el Bloco de Esquerda, partido portugu&eacute;s a la izquierda de su Partido Socialista], sobre pol&iacute;tica en general y sobre la izquierda, y poco m&aacute;s tarde me propuso escribir un art&iacute;culo, un texto extenso sobre lo que hab&iacute;amos hablado. Le respond&iacute; que apenas ten&iacute;a tiempo pero, finalmente, lo escrib&iacute;, un texto sobre el debate que hemos tenido aqu&iacute;, sobre la izquierda plural y la necesidad de la uni&oacute;n de esa izquierda para poder conseguir resultados reales. De modo que mi art&iacute;culo habla de Trump, de Bolsonaro y cosas as&iacute;, no s&eacute; exactamente cu&aacute;ndo se publicar&aacute;. [El art&iacute;culo apareci&oacute; en <em>El Pa&iacute;s </em>el 29 de enero, se titul&oacute; &ldquo;Porque todo est&aacute; ligado&rdquo;<em> </em>y llevaba como destacado: &ldquo;No hay cultura del odio sin difamaci&oacute;n. Ante el proyecto neoliberal de destrucci&oacute;n de la esfera p&uacute;blica, la izquierda de Portugal debe tener la oportunidad de probar su discurso plural y solidario&rdquo;].</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;&nbsp; Entiendo que la poes&iacute;a pertenece al mundo, est&aacute; en el mundo, se hace en el mundo, se escribe en el mundo. Somos criaturas, somos seres del mundo,&nbsp; de la misma forma que mi perra, de la misma forma que los p&aacute;jaros, nosotros nos comunicamos con el mundo y con los otros. Pero, &iquest;c&oacute;mo transmitir toda esa experiencia? Los alemanes tienen una palabra muy bonita que es &ldquo;Erlebnis&rdquo;, todo es experiencia que vamos desarrollando a lo largo de nuestra vida, a medida que crecemos y que somos m&aacute;s viejos. Toda esa experiencia tiene que ser materia, manantial para la poes&iacute;a. Esa es la diferencia con el neorrealismo [movimiento art&iacute;stico portugu&eacute;s cercano en presupuestos y en el tiempo a nuestro realismo social], que es una poes&iacute;a o una escritura muy marcada desde el punto de vista de su tiempo, muy atada a su fecha. Cuando leemos un poeta neorrealista, en general, no tiene excesivo inter&eacute;s porque su poes&iacute;a es una poes&iacute;a de aquel tiempo, de aquel momento, es una poes&iacute;a <em>engag&eacute;e</em>, comprometida. La poes&iacute;a no tiene que tener forzosamente esa dimensi&oacute;n pol&iacute;tica, no tiene que hablar forzosamente de eso: las preocupaciones de cada uno, las posiciones &eacute;ticas de cada uno de nosotros tienen que entrar en la poes&iacute;a de alguna forma, y tiene que estar ah&iacute;. Pero despu&eacute;s, sin comprometer la belleza que es necesaria en un poema. La belleza es algo absolutamente fundamental y el humor tambi&eacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="LO-normal"><strong>&ldquo;Las fidelidades o las lealtades las concibo sobre todo con las personas&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-normal">- Esa belleza verbal se enfrenta a la dificultad de la traducci&oacute;n, que Ana Lu&iacute;sa Amaral conoce muy bien, ya que ha vertido al portugu&eacute;s a John Updike, Emily Dickinson, Shakespeare, Margaret Atwood o Louise Gl&uuml;ck, entre otros muchos nombres, y cotraducido al ingl&eacute;s a M&aacute;rio de S&aacute;-Carneiro o Xanana Gusm&atilde;o. Hoy, la obra de Amaral se puede leer en&nbsp; ingl&eacute;s, sueco, holand&eacute;s, franc&eacute;s, italiano, esloveno, alem&aacute;n o chino.</p>
<p class="LO-normal">- Es muy complicada la traducci&oacute;n. Bueno, domino franc&eacute;s e ingl&eacute;s, claro, y espa&ntilde;ol, s&iacute;, hablo italiano y lo leo con fluidez. Pero ya est&aacute;&hellip; y&nbsp; portugu&eacute;s, por supuesto, y alem&aacute;n. Estudi&eacute; siete a&ntilde;os de alem&aacute;n. Pero nada m&aacute;s. No s&eacute; nada de sueco. Entonces, por ejemplo, tener poemas en sueco, o en chino, es una cosa muy complicada. Tengo un libro en chino, y es una cosa horrible porque no entiendo nada, nada, nada.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;&nbsp; Con todo, estoy c&oacute;moda en mi lengua. Pero me es m&aacute;s complicado hablar de mi lugar en la literatura. Las fidelidades o las lealtades las concibo sobre todo con las personas. Escrib&iacute; mi tesis sobre Emily Dickinson hace a&ntilde;os. En esa tesis, cuando&nbsp; hablaba de Dickinson, ten&iacute;a necesidad de hablar de otros y de otras, creo que pienso de una forma muy comparatista, es verdad que pienso desde la literatura comparada. Pero no es por esto, exactamente, sino porque todo est&aacute; conectado con todo. Esa idea de que la poes&iacute;a es una sola, aunque tenga muchas lenguas, pero una sola, marca mi forma de mantener la lealtad a la poes&iacute;a portuguesa, una forma diferente: puedo leer un poema de Wislawa Szymborska y llorar, por ejemplo, con la poeta polaca. O puedo leer un poema de Antonio Ferreira, el poeta portugu&eacute;s del siglo diecis&eacute;is, y llorar tambi&eacute;n. O, por ejemplo, hay una poeta espa&ntilde;ola, Amalia Bautista, que tiene un poema que me hace llorar, que en mi opini&oacute;n lo dice todo. [Busca en su ordenador mientras mantenemos la conversaci&oacute;n, lo encuentra y lee:] &ldquo;Al cabo&rdquo; de Amalia Bautista: &ldquo;Al cabo, son muy pocas las palabras / que de verdad nos duelen, y muy pocas / las que consiguen alegrar el alma. / Y son tambi&eacute;n muy pocas las personas / que mueven nuestro coraz&oacute;n, y menos / a&uacute;n las que lo mueven mucho tiempo. / Al cabo, son poqu&iacute;simas las cosas / que de verdad importan en la vida: / poder querer a alguien, que nos quieran / y no morir despu&eacute;s que nuestros hijos&rdquo;.</p>
<p class="LO-normal">Esto es fant&aacute;stico, es bell&iacute;simo. La poes&iacute;a tiene muchas voces y tiene muchos rostros. Pero disfruta de una lengua com&uacute;n y esa lengua, para m&iacute;, es la lengua de la uni&oacute;n con el&nbsp; mundo, de la vinculaci&oacute;n con el otro. Y este poema es un ejemplo: no morir despu&eacute;s que nuestros hijos...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="LO-normal"><strong>&ldquo;Hay una disponibilidad y una calidez de la emoci&oacute;n en todas las Am&eacute;ricas que nosotros, en Europa, de alguna forma ya hemos olvidado&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-normal">- La cita de Amalia Bautista no es casual: Ana Lu&iacute;sa Amaral conoce muy bien la literatura en espa&ntilde;ol, y singularmente la literatura latinoamericana, que cita con frecuencia cuando se trata de hablar de nuestra lengua.</p>
<p class="LO-normal">- No s&eacute; si eso se debe a mi vinculaci&oacute;n con Brasil, por ejemplo, pero conozco bastante bien Am&eacute;rica Latina. Si no toda, s&iacute; he estado varias veces en Argentina, en Colombia, en Venezuela, en Per&uacute;, en muchos pa&iacute;ses de Latinoam&eacute;rica. Y todas las personas son tan simp&aacute;ticas, tan maravillosas. Fui hace muchos a&ntilde;os al festival de poes&iacute;a de Medell&iacute;n, en Colombia, creado para combatir la cuesti&oacute;n de la droga, el imperio de los c&aacute;rteles de la droga, ese riesgo por el que no me dejaban ir sola por la calle. Recuerdo leer una noche de mucho calor, con esa lluvia templada, casi caliente, que es tan frecuente all&iacute;. Est&aacute;bamos varios poetas, compa&ntilde;eros y compa&ntilde;eras, leyendo en un estadio de f&uacute;tbol, ante cinco o seis mil personas. No puedo olvidar, cuando termin&oacute; la lectura, a las personas que ven&iacute;an y nos entregaban una flor, a veces un bol&iacute;grafo, incluso una Parker, que deb&iacute;a ser cara, y te lo entregaban y dec&iacute;an: &ldquo;gracias poeta. Para ti, poeta&rdquo;. Algo emocionante.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;&nbsp; En otra ocasi&oacute;n fui a Venezuela, y en&nbsp; un pueblo de las monta&ntilde;as, el agente de polic&iacute;a que controlaba el pueblo, el sargento no s&eacute; qu&eacute;, me hab&iacute;a escrito unos versos, m&aacute;s o menos as&iacute;: &ldquo;pero qu&eacute; placer, qu&eacute; placer tan grande, que placer sin igual, tenemos hoy con nosotros a Ana Luisa Amaral&rdquo;. Y esas cosas, no s&eacute;, esas cosas son maravillosas. Hay una disponibilidad en todas las Am&eacute;ricas -debo hacer alguna excepci&oacute;n, desafortunadamente, con Estados Unidos en los &uacute;ltimos a&ntilde;os- en Am&eacute;rica Latina y en Brasil, una disponibilidad y una calidez de la emoci&oacute;n que nosotros, en Europa, de alguna forma ya hemos olvidado, o nunca cultivamos demasiado. Los brasile&ntilde;os abrazan, besan, tocan el cuerpo. Nosotros no hacemos esto&hellip; los espa&ntilde;oles un poco m&aacute;s que los portugueses. A veces pienso que el arte, el arte europeo, sobre todo la poes&iacute;a de los &uacute;ltimos veinte o treinta a&ntilde;os, pienso en la francesa, o en la escrita en&nbsp; alem&aacute;n, por ejemplo, creo que ha sufrido este proceso tambi&eacute;n. Pero en Am&eacute;rica Latina encontramos muchos poetas, muy buenos poetas. Es la lengua, la multiplicidad de acentos que me encanta, porque nunca estudi&eacute; espa&ntilde;ol, nunca. Lo aprend&iacute; con el uso, de peque&ntilde;a estuve en un colegio de religiosas que hablaban conmigo en espa&ntilde;ol. Reconozco que me gustan las lenguas, el espa&ntilde;ol de Espa&ntilde;a, pero me encanta el espa&ntilde;ol de Buenos Aires, de Argentina, el de Colombia, son todos diferentes y tan bonitos. Por ejemplo en Colombia es muy cantado, y en Buenos Aires, no s&eacute;, ese &ldquo;ella&rdquo;<em> </em>[la poeta reproduce muy bien un /esha/ rehilado que pronuncia con detenimiento]. O aquel <em>vos </em>por ejemplo, esa f&oacute;rmula de tratamiento tan bonita. Es la multiplicidad que existe en el mundo, porque el mundo es as&iacute;.</p>
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<p class="LO-normal"><strong>&ldquo;Lo que me interesa es que la diferencia no sea equivalente a la desigualdad&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-normal">- Esa multiplicidad de voces, sin embargo, no parece tan presente a la hora de situar a las escritoras en el lugar que les corresponde, como si de las voces en armon&iacute;a se pasase a las voces apagadas. Nuestra poeta, coautora junto a Ana Gabriela Macedo del <em>Dicion&aacute;rio de Cr&iacute;tica Feminista</em>, conoce desde su investigaci&oacute;n, pero tambi&eacute;n desde su experiencia como creadora, esta circunstancia.</p>
<p class="LO-normal">- Respecto a las autoras, a las escritoras, a su visibilidad, a&uacute;n hoy, pienso en un trabajo muy interesante de una compa&ntilde;era m&iacute;a, Ana Gabriela Macedo, sobre&nbsp; premios literarios y g&eacute;nero. Yo misma, por ejemplo, puedo hablar un poco sobre este asunto, recuerdo un premio muy importante aqu&iacute; en Portugal&nbsp; con un jurado compuesto por cinco hombres. Llegamos cinco o seis finalistas, todos hombres, menos yo. Ya sab&iacute;a que el ganador ser&iacute;a un hombre. Tiene inter&eacute;s atender a los premios y esa relaci&oacute;n, la desigualdad es muy clara, incluso en el premio Reina Sof&iacute;a, que han ganado veintitr&eacute;s hombres y siete mujeres. La mayor&iacute;a de los premios se conceden a hombres.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;&nbsp; El otro d&iacute;a un amigo brasile&ntilde;o me dijo, a prop&oacute;sito de mi programa de radio, &ldquo;t&uacute; tienes m&aacute;s mujeres que hombres&rdquo;, y yo nunca hab&iacute;a pensado en esto. Le dije que no lo cre&iacute;a, y decid&iacute; contar, aunque nunca me hab&iacute;a preocupado, nunca me encontr&eacute; diciendo &ldquo;ahora voy a poner una mujer, ahora voy a poner un hombre&rdquo;, sino que han aparecido los que reflejaban mis intereses. Los cont&eacute; y hab&iacute;a pocos m&aacute;s hombres que mujeres. Era una cosa m&iacute;nima, casi nada. Esto es interesante porque esa era la percepci&oacute;n de mi amigo brasile&ntilde;o. &Eacute;l ten&iacute;a la impresi&oacute;n de que hab&iacute;a muchas mujeres [enfatiza muuuuuchaaaas], porque no es normal encontrar tantas, aunque no sean tantas, sino m&aacute;s o menos las mismas que hombres, pero para &eacute;l resultaban &ldquo;tantas&rdquo;<em> </em>mujeres.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y, sin embargo, ahora, en Portugal, la poes&iacute;a m&aacute;s interesante me parece que es la escrita por mujeres. Es cierto que&nbsp; no conozco en la misma medida la poes&iacute;a escrita por los muy j&oacute;venes, por los autores de veinte a&ntilde;os, porque no&hellip; vamos a ver, porque en ocasiones lo que leo no me gusta mucho. Creo que deber&iacute;an tener paciencia. Todo es muy r&aacute;pido, quieren ser conocidos, quieren no s&eacute;&hellip; Recibo libros, por ejemplo, de poetas con diecinueve a&ntilde;os, o veinte, que dicen: me gustar&iacute;a mucho que pudiera leer mi obra, pero no tienen obra, porque obra tiene Sophia, Antonio Gamoneda tiene obra, no se puede hablar con esa ligereza de &ldquo;mi obra&rdquo;. La generaci&oacute;n un poco anterior s&iacute; me interesa, por los lazos con otras autoras. Pienso en las mujeres, en c&oacute;mo despu&eacute;s de los a&ntilde;os 50 fue esencial Sophia de Mello Breyner Andresen, porque despu&eacute;s de Sophia vino Nat&aacute;lia Correia. Claro que ten&iacute;amos ya nuestra sonetista Florbela Espanca, y tambi&eacute;n a Irene Lisboa. Pero aparece Luiza Neto Jorge, Maria Teresa Horta y las poetas de los a&ntilde;os 60, de los a&ntilde;os 70, Fiama Hasse Pais Brand&atilde;o, que hacen cosas maravillosas&hellip; Ana Hatherly, por ejemplo, una gran poeta, y muchas que hacen a veces cosas tan o m&aacute;s interesantes que sus pares masculinos. Por eso me siento muy lejana de la cuesti&oacute;n de la competitividad. Qui&eacute;n escribe mejor no me interesa. Lo que me interesa es que la diferencia no sea equivalente a la desigualdad. Esto me parece fundamental.</p>
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<p class="LO-normal"><strong>&ldquo;Mi poes&iacute;a, lo he dicho muchas veces, no es program&aacute;tica&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-normal">- Ana Lu&iacute;sa Amaral propone, en este punto, leer un poema in&eacute;dito en espa&ntilde;ol cuando se celebra la entrevista, &ldquo;Experimentos y evidencias&rdquo;. La traducci&oacute;n es de Paola Abramo y el poema est&aacute;<em> </em>incluido en su libro <em>M</em><em>undo</em>, que saldr&aacute; en breve, en la editorial Sexto Piso.</p>
<p class="LO-normal">- &ldquo;Cuando yo era ni&ntilde;a, / hac&iacute;amos en la escuela experimentos / con dos imanes / y una hoja de papel // Era una danza extra&ntilde;a / y fascinante, / la del im&aacute;n posado en el papel / obedeciendo al otro, al encubierto, / un h&eacute;rcules de fuerza / misteriosa // Durante mucho tiempo / yo cre&iacute; / que el magnetismo era cosa / de hombres sabios, aquella cometa / de Benjamin Franklin se grab&oacute; en mi memoria: / la cometa volando, / y entre las nubes, el rel&aacute;mpago / y la promesa de apresar la luz // Yo no sab&iacute;a entonces que hace s&oacute;lo unos a&ntilde;os / pudo por vez primera una mujer / usar un telescopio de excelencia, / probar que existe la materia oscura / en la belleza del movimiento angular / de las galaxias // Lo interno de la Historia / rechazado por siglos, / el cuerpo en negativo de tantas antes que ella: / como un grano de arena / de frente al negativo del desierto / &mdash;durante tantos siglos&mdash; // No obstante, se movieron, / una danza de carga positiva volando / en el papel, tal como es invisible casi toda / la materia, pero existe // (Est&aacute; m&aacute;s que probado)&rdquo;</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;&nbsp; Tengo muchos poemas, en los que aparece la ciencia, muchos, junto a la &eacute;tica. Pero este es un poema tambi&eacute;n sobre las mujeres, pero no es un poema de intervenci&oacute;n pol&iacute;tica. Mi poes&iacute;a, lo he dicho muchas veces, no es program&aacute;tica, no tiene programa.</p>
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<p class="LO-normal"><strong>&ldquo;El amor es tambi&eacute;n aquello que hace que las estrellas no choquen unas contra otras. Es tambi&eacute;n esta especie de armon&iacute;a y tambi&eacute;n el caos&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-normal">- No es program&aacute;tica, pero el lector encuentra en sus versos una gu&iacute;a para entender el mundo y, en no pocas ocasiones, una voz prof&eacute;tica. Es posible que esa voz prof&eacute;tica parezca al mismo tiempo en voz baja, pero con la determinaci&oacute;n de quien entiende el valor de las palabras en conjunto y de cada una de ellas.</p>
<p class="LO-normal">- Para tratar sobre esto, tal vez hablar&iacute;a de un libro que para m&iacute; es el mejor ejemplo, un libro publicado en 1972 por tres mujeres, las tres Mar&iacute;as: Maria Isabel Barreno, Maria Teresa Horta y Maria Velho da Costa, las <em>Novas Cartas Portuguesas</em>, que yo cuid&eacute; en una edici&oacute;n anotada posterior, y que es un libro absolutamente extraordinario. Escrito a&uacute;n en la dictadura, sus autoras fueron condenadas, pasaron por varios tribunales, y no entraron en la c&aacute;rcel gracias al 25 de abril y la Revoluci&oacute;n. Hay una frase muy bonita en ese libro que dice: &ldquo;Diz-me uma palavra alta, e eu hei-de parir a alegria de um povo&rdquo;. Y eso es fant&aacute;stico, porque no hay palabras altas ni palabras bajas&hellip; pero hay palabras altas y palabras bajas. Verdad es una palabra alta, justicia es una palabra alta. Crueldad es una palabra baja.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;&nbsp; Sobre mi <em>voz</em> <em>bajita</em>&hellip; de Emily Dickinson&nbsp; dijeron eso, escribi&oacute; una vez que hablaba con una voz muy bajita, pero esa voz es fuerte como un trueno. Han pasado cien a&ntilde;os, y la gran poes&iacute;a, la de Dickinson, por ejemplo, es as&iacute;, es de su tiempo y del nuestro. Dickinson vivi&oacute; la guerra civil americana, y tiene poemas que no hablan directamente de la guerra, pero que est&aacute;n escritos durante la guerra y que dicen cosas como &ldquo;hay una palabra que empu&ntilde;a una espada que puede traspasar a un hombre armado&rdquo;, que tiene toda la imagen &eacute;tica de la guerra ah&iacute; presente. Pero si no supi&eacute;semos que Dickinson hab&iacute;a pasado por la guerra civil americana el poema no perder&iacute;a nada de su fuerza, esa idea de que hay una palabra&hellip; [recita en ingl&eacute;s]:&nbsp; &ldquo;There is a word / Which bears a sword / can pierce an armed man. / It hurls its barbed syllables, / And is mute again.&rdquo;<em></em></p>
<p class="LO-normal">-&nbsp; Quiere traspasar a un hombre armado, y esa idea de una palabra, una palabra sola, es fant&aacute;stica. La poes&iacute;a de Dickinson, siendo de su tiempo, atraviesa el tiempo; la poes&iacute;a de Dickinson hace lo que hace la gran poes&iacute;a, y la leo con la misma frescura. Una poeta capaz de decir que &ldquo;Todo lo que sabemos del amor es que el amor es todo lo que hay&hellip;&rdquo;<em> </em>Es la mejor definici&oacute;n de amor que conozco, porque verdaderamente no sabemos, no conseguimos saber qu&eacute; es el amor. &iquest;Qu&eacute; es estar enamorado? Pero es todo lo que hay. S&iacute;, porque el amor es tambi&eacute;n la conexi&oacute;n. El amor es tambi&eacute;n aquello que hace que las estrellas no choquen unas contra otras. Es tambi&eacute;n esta especie de armon&iacute;a y tambi&eacute;n el caos. Porque el caos forma tambi&eacute;n parte del amor.</p>
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<p class="LO-normal"><strong>&ldquo;No son cosas incompatibles, la memoria y el olvido. Olvidar algunas cosas, pero la memoria est&aacute; all&iacute;, no puede ser puesta de lado, tiene que estar a nuestra disposici&oacute;n cuando la necesitamos&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-normal">- Pero de la armon&iacute;a de las estrellas la conversaci&oacute;n pasa a su reflejo en la tierra, y a la responsabilidad que la literatura tiene en el fen&oacute;meno de la nostalgia global, la presencia del pasado y la dificultad para imaginar el futuro en un momento de tanta incertidumbre.</p>
<p class="LO-normal">- Esa cuesti&oacute;n es interesant&iacute;sima, porque hoy hay la tendencia de proponer el olvido. Estuve en el Aula de Poes&iacute;a D&iacute;ez-Canedo, en Badajoz,&nbsp; y me contaron que en la vieja plaza de toros el alcalde hab&iacute;a mandado tapar los huecos de las balas, que estaban all&iacute; desde la Guerra Civil y la toma violenta de la ciudad, porque era ya tiempo de olvidar el pasado. Eso es algo muy grave, muy serio, puesto que yo no solo puedo hablar de futuro y pensar en el futuro. Si pienso en el pasado, el tiempo humano como nosotros lo concebimos, como lo entendemos en esta ilusi&oacute;n nuestra, que es la &uacute;nica que tengo, intuyo que somos hoy el futuro de ma&ntilde;ana, y sin memoria y sin pasado no podemos construirlo. Debemos conocer lo que pas&oacute;,&nbsp; lo bueno y lo malo tambi&eacute;n. No hay otra forma de construir un futuro mejor.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;&nbsp; Y, al mismo tiempo, Susan Sontag dice una cosa muy bonita, dice que no podemos recordar todo, y tenemos que olvidar. Tambi&eacute;n hay una &eacute;tica en el olvido. Tambi&eacute;n tenemos que olvidar algunas cosas: para que pueda haber una convivencia armoniosa entre las gentes es necesario. Y no son cosas incompatibles, la memoria y el olvido. Olvidar algunas cosas, pero la memoria est&aacute; all&iacute;, no puede ser puesta de lado, tiene que estar a nuestra disposici&oacute;n cuando la necesitamos. Pienso en la reconstrucci&oacute;n de Alemania despu&eacute;s de la Segunda Guerra, o la de Polonia, donde el noventa por ciento de los jud&iacute;os fueron asesinados. All&iacute; tuvo que haber una forma cualquiera de compromiso entre lo que se recuerda y lo que se olvida, para que fuese posible avanzar, y hacer algo con el futuro. Pienso tambi&eacute;n en los campos de concentraci&oacute;n, y en la Primera Guerra Mundial. Entre la Primera y la Segunda pas&oacute; una generaci&oacute;n en la que en muchas ocasiones el padre hab&iacute;a muerto en la Primera Guerra y el hijo en la Segunda. Una cosa horrible, horrible. O pienso en la Guerra Civil en Espa&ntilde;a; nosotros no tuvimos ninguna guerra civil, afortunadamente, un acontecimiento horrible causado por una de las facciones, que desobedeci&oacute; la ley, s&iacute;. Desde este punto de vista, no fue Franco quien gan&oacute;, fueron los republicanos. Es necesario recordar hasta el momento en que ya no haya generaciones para hacerlo. &iquest;Qui&eacute;n se acuerda de la Guerra de los 100 a&ntilde;os? Nadie. Pero nosotros podemos a&uacute;n recordar la guerra civil, podemos a&uacute;n recordar a Salazar.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;&nbsp; Todo esto, con el tiempo, s&oacute;lo lo va a recordar la literatura. La literatura, exactamente. En la literatura podemos encontrar la Guerra de los 100 a&ntilde;os, y las guerras que ya no recuerda nadie. Por eso la literatura es tan importante, para recordarnos tambi&eacute;n que todo es muy semejante, que nosotros, seres humanos, somos mon&oacute;tonamente semejantes: las cosas que se hicieron, horribles, y tambi&eacute;n los gestos maravillosos, porque creo en la generosidad. Si nosotros no recordamos, la literatura lo har&aacute;, la literatura, el arte. Por ejemplo, recuerdo a Verdi. El coro de los hebreos, en <em>Nabucco</em> [<em>entona el inicio del coro</em>]: &ldquo;Va, pensiero, sull'ali dorate; / va, ti posa sui clivi, sui colli, / ove olezzano tepide e molli / l'aure dolci del suolo natal!&rdquo;</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;&nbsp; Esos versos que se cantan fueron compuestos contra Napole&oacute;n, contra la invasi&oacute;n napole&oacute;nica. Siempre podemos decir, como cantaba Manuel Freire, &ldquo;<em>N&atilde;o h&aacute; machado que corte a raiz ao pensamento</em>&rdquo;. No, no hay muerte para el viento.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;&nbsp; No, no hay muerte. Nosotros no recordamos, pero el arte puede hacerlo; por ejemplo, Goya, los fusilamientos &iquest;Qui&eacute;n se acuerda de los fusilamientos? Nadie los recuerda, pero est&aacute; ese cuadro de Goya y hay un poema maravilloso de Jorge de Sena, que se llama &ldquo;Carta a meus filhos sobre os fuzilamentos de Goya&rdquo;. Y yo misma escrib&iacute; un poema que se llama &ldquo;Um pouco s&oacute; de Goya: carta a minha filha&rdquo;. Entonces, Goya vive.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 13 Jun 2022 05:20:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Todos somos Leopold Bloom (Cincuenta años leyendo el Ulises)]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/todos-somos-leopold-bloom-cincuanta-anos-leyendo-el-ulises/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2022/james500.jpg" alt="" /></p>
<p>La primera vez que le&iacute; el <em>Ulises</em> fue exactamente hace medio siglo, cuando ten&iacute;a 17 a&ntilde;os. No recuerdo bien las circunstancias, solo la huella que dej&oacute; en m&iacute; la lectura. La traducci&oacute;n, la primera y entonces &uacute;nica que hab&iacute;a en espa&ntilde;ol, era de Jos&eacute; Salas Subirat y la hab&iacute;a publicado la editorial Rueda en Buenos Aires en 1945. La segunda traducci&oacute;n, a cargo de Jos&eacute; Mar&iacute;a Valverde, la edit&oacute; Lumen en 1976 y fue un acontecimiento en nuestro entorno cultural. Hab&iacute;an transcurrido 54 a&ntilde;os desde que vio la luz la edici&oacute;n de Rueda cuando apareci&oacute; la tercera traducci&oacute;n, realizada por Mar&iacute;a Luisa Venegas y Francisco Garc&iacute;a Tortosa. Fue publicada por C&aacute;tedra en 1999. En 2015 salieron dos nuevas traducciones, ambas en Argentina, una de Marcelo Zabaloy, en Cuenco de Plata, y otra de Rolando Costa Picazo, en Edhasa. Aquella temprana lectura del <em>Ulises </em>me afect&oacute; como no lo har&iacute;a despu&eacute;s ning&uacute;n otro libro. Andando el tiempo, he conocido en persona y en la p&aacute;gina a mucha gente obsesionada por la obra de Joyce; el caso m&aacute;s notorio, entre los escritores, tal vez sea el de Anthony Burgess, que le dedic&oacute; cinco libros, incluida una versi&oacute;n abreviada de <em>Finnegans Wake, </em>pero lo m&aacute;s llamativo y extra&ntilde;o es que muchos de los que se acercan a la novela como si fuera un talism&aacute;n no tienen nada que ver con el mundo de la literatura. No es f&aacute;cil explicar en qu&eacute; consiste el magnetismo que ejerce sobre tantos algo que a fin de cuentas no es m&aacute;s que un libro. Lo cierto es que un aura de misterio y de prestigio envolvi&oacute; a la novela de Joyce antes incluso de su publicaci&oacute;n, cuando solo hab&iacute;an aparecido fragmentos sueltos en revistas. La historia es conocida y no es necesario repetirla aqu&iacute;. Escritores de la talla de T. S. Eliot y Ezra Pound afirmaron que la aparici&oacute;n del <em>Ulises</em> era el suceso m&aacute;s importante que hab&iacute;a acaecido en el mundo de las letras en todo el siglo XX. Ten&iacute;an raz&oacute;n. La novela marca un antes y un despu&eacute;s en la historia de la literatura. Lo que hizo el <em>Ulises</em> hace ahora cien a&ntilde;os fue cambiar para siempre las leyes que rigen el arte de escribir ficci&oacute;n. Como sucede con las revoluciones cient&iacute;ficas, el cambio de paradigma afecta a todos por igual, se sea capaz o no de comprender el alcance de la nueva aportaci&oacute;n. Joyce lleva su exploraci&oacute;n de las posibilidades de la narrativa al l&iacute;mite, poniendo en juego en cada uno de los 18 cap&iacute;tulos en que se segmenta la novela una t&eacute;cnica y un mecanismo diferentes, aunque ello no resulta f&aacute;cil de detectar en una primera aproximaci&oacute;n, ni probablemente en varias.</p>
<p>El <em>Ulises </em>me ha acompa&ntilde;ado siempre y lo que quisiera hacer aqu&iacute; es desentra&ntilde;ar algunas de las claves que explican la influencia que ha ejercido y sigue ejerciendo el libro dentro y fuera de la literatura, siguiendo la experiencia personal de mis acercamientos al texto. Lo primero que hay que se&ntilde;alar es la inmensa dificultad que entra&ntilde;a su lectura, lo cual ha dado lugar a dos paradojas que no se dan con ninguna otra obra literaria. La primera es, parafraseando a Borges, que el <em>Ulises </em>no se puede leer, solo analizar. En un ensayo publicado el pasado 13 de enero, aniversario de la muerte del escritor,&nbsp; la narradora irlandesa Anne Enright, profesora del University College de Dubl&iacute;n, donde estudi&oacute; Joyce, formula de manera expresiva la misma idea:&nbsp; &ldquo;Jam&aacute;s he conseguido terminar el <em>Ulises</em> aunque mis ojos han visto todas las palabras que contiene&rdquo;, escribi&oacute;. La segunda paradoja nos lleva fuera de los confines de lo literario. Ninguna otra obra en la historia de la literatura universal ha despertado entre gente que no lee una fascinaci&oacute;n como la que ejerce el <em>Ulises</em>. La prueba m&aacute;s palpable es lo que sucede cada 16 de junio, no solo en Dubl&iacute;n, donde transcurre la acci&oacute;n de la novela en esa fecha, sino en numerosas ciudades de todo el mundo. Nadie, en ning&uacute;n lugar del planeta, se lanza a la calle como lo hacen en masa los dublineses cada Bloomsday, disfrazados de personajes de una novela que ni siquiera se han tomado la molestia de leer. Esto es algo que pude comprobar por m&iacute; mismo cuando acud&iacute; a Dubl&iacute;n con los Caballeros de la Orden del Finnegans, cuya historia contar&eacute; m&aacute;s adelante.</p>
<p>La segunda vez que le&iacute; el <em>Ulises </em>lo hice en ingl&eacute;s. Tard&eacute; a&ntilde;os en completar el recorrido, dejando deliberadamente largos intervalos de tiempo entre lectura y lectura. A partir de entonces, salvo incursiones espor&aacute;dicas, mi &uacute;nica cita fija con el libro era cuando llegaba Bloomsday. En 1999 apareci&oacute; la tercera traducci&oacute;n de la novela al espa&ntilde;ol y <em>Revista de Libros </em>me propuso hacer un estudio comparativo de las tres versiones del <em>Ulises </em>entonces existentes en nuestro idioma. Dije que no, intimidado por la enormidad de la tarea, pero cuando al cabo de un a&ntilde;o me volvieron a llamar, dici&eacute;ndome que tras haber consultado con mucha gente no hab&iacute;an encontrado a nadie dispuesto a hacer aquel trabajo comprend&iacute; que ten&iacute;a la obligaci&oacute;n moral de aceptar. A lo largo de un a&ntilde;o, efectu&eacute; una serie de calas en profundidad, cotejando extensos fragmentos de las tres ediciones. Cuando termin&eacute;, escrib&iacute; un art&iacute;culo titulado &ldquo;El &iacute;ncubo de lo imposible&rdquo; que obtuvo el Premio Bartolom&eacute; March al mejor ensayo cr&iacute;tico del a&ntilde;o. Entre los miembros del jurado figuraban Guillermo Cabrera Infante, Eduardo Mendoza, Fernando Savater, Luis Goytisolo y F&eacute;lix de Az&uacute;a.</p>
<p>Durante a&ntilde;os segu&iacute; volviendo al texto de manera peri&oacute;dica. Me acordaba de lo que hac&iacute;a Faulkner con el <em>Quijote</em>: todos los a&ntilde;os lo volv&iacute;a a leer para ver c&oacute;mo hab&iacute;a cambiado &eacute;l. Entretanto, Bloomsday iba adquiriendo un valor simb&oacute;lico cada vez mayor para m&iacute;. En Nueva York la fecha se conmemora con lecturas dramatizadas que tienen lugar en diversos lugares de la ciudad, el m&aacute;s conocido de ellos Symphony Space, en Broadway. Un importante lugar de rituales joyceanos era la sede de la Finnegans Wake Society of New York que durante a&ntilde;os se reuni&oacute; en el n&uacute;mero 57 &frac12; de la calle Spring, en el SoHo. Las sesiones duraban un par de horas durante las cuales daba tiempo a analizar unos 10 renglones. Lo que m&aacute;s me fascinaba de aquellos encuentros era que quienes tomaban parte en ellos era gente de todas las extracciones sociales. Un d&iacute;a lleg&oacute; un chico que trabajaba en una panader&iacute;a. Iba con las ropas de faena recubiertas de harina y su ejemplar del libro en la cesta de la bicicleta, donde llevaba las barras de pan que ten&iacute;a que repartir.</p>
<p>En 2006 se public&oacute; <em>Ll&aacute;mame Brooklyn</em>, mi primera novela, en la que hay un momento en que un personaje recita borracho frases del <em>Ulises. </em>No s&eacute; si hay relaci&oacute;n de causa a efecto, pero el Bloomsday de aquel a&ntilde;o lo celebr&eacute; en&nbsp; Dubl&iacute;n, ciudad que visitaba por primera vez. Mi editor quiso acompa&ntilde;arme y al a&ntilde;o siguiente volvimos a ir. A principios de 2008 le puse un correo electr&oacute;nico a Enrique Vila-Matas pregunt&aacute;ndole si le parec&iacute;a muy descabellada la idea de fundar una Orden de Caballeros Escritores que peregrinar&iacute;an cada a&ntilde;o a Dubl&iacute;n por Bloomsday. Se sum&oacute; inmediatamente a la propuesta y el 16 de junio de aquel a&ntilde;o tom&oacute; parte en la ceremonia de fundaci&oacute;n de la Orden del Finnegans en lo alto de la Torre Martello, donde empieza el <em>Ulises</em>. Con nosotros se encontraban Antonio Soler y mi editor, Malcolm Otero. En a&ntilde;os sucesivos fueron armados caballeros en la torre Jordi Soler, Jos&eacute; Antonio Garriga Vela, Marcos Giralt y el mexicano Emiliano Monge. Publicamos dos libros colectivos. El primero, <em>La Orden del Finnegans,</em> lo public&oacute; Alfabia en 2010. La portada es la conocida foto en la que se ve a Marilyn Monroe en ba&ntilde;ador leyendo un <em>Ulises </em>abierto casi por el final, es decir, en pleno mon&oacute;logo de Molly Bloom. El segundo volumen lo edit&oacute; Alfaguara en 2013 y tiene un t&iacute;tulo de sintaxis descabalada a modo de homenaje a Joyce: <em>Lo desorden. </em>En &eacute;l cada uno de los caballeros rememora su infancia. La portada es una foto relativamente poco conocida en la que un Joyce risue&ntilde;o sostiene en alto a un ni&ntilde;o de dos a&ntilde;os, su nieto Stephen. Conviene aclarar que la Orden del Finnegans no debe su nombre a la obra final de Joyce sino al del pub de Dalkey donde pon&iacute;amos fin a nuestro periplo por Dubl&iacute;n, yendo a pie hasta all&iacute; desde la Torre Martello.</p>
<p>Los <em>Bloomsdays </em>que vivimos estuvieron plagados de an&eacute;cdotas que dar&iacute;an para llenar un volumen de cr&oacute;nicas delirantes. En una de nuestras visitas, cuando baj&aacute;bamos del estrado instalado en Meeting Square donde, como hac&iacute;amos cada a&ntilde;o, hab&iacute;amos le&iacute;do en espa&ntilde;ol el final del cap&iacute;tulo 6, que culmina con el grito de guerra de la Orden (&iexcl;Qu&eacute; grandes estamos esta ma&ntilde;ana!), se nos acerc&oacute; un periodista del <em>Irish Times</em> y nos dijo que despu&eacute;s de recorrer todos los lugares de Dubl&iacute;n donde ten&iacute;an lugar las celebraciones no hab&iacute;a encontrado a una sola persona que hubiera le&iacute;do el libro hasta que dio con nosotros. Al d&iacute;a siguiente, entre las noticias que aparec&iacute;an en la primera p&aacute;gina del <em>Times </em>figuraba una cr&oacute;nica en la que el autor informaba que los &uacute;nicos lectores del libro que hab&iacute;a encontrado a lo largo de la jornada era un indescriptible grupo de escritores espa&ntilde;oles. El p&uacute;blico acab&oacute; por conocernos y nos recibi&oacute; con regocijo cada vez que acudimos. Al cabo de varios a&ntilde;os, la Orden empez&oacute; a perder fuelle poco a poco. A los dos &uacute;ltimos encuentros apenas acudi&oacute; ning&uacute;n caballero. La &uacute;ltima vez que nos reunimos en Dubl&iacute;n fue en 2013. Maltrechos y desmoralizados, tres caballeros de la Orden ascendimos los pelda&ntilde;os del estrado donde ten&iacute;an lugar las lecturas colectivas, erigido esta vez en Stephens Green. En la que ser&iacute;a nuestra &uacute;ltima intervenci&oacute;n nos despedimos al grito de Gibraltar irland&eacute;s, entre los v&iacute;tores de cientos de asistentes exaltados. Fue nuestro homenaje particular a Molly Bloom, que Joyce quiso que naciera en una colonia inglesa, como lo era tambi&eacute;n toda Irlanda cuando se public&oacute; el libro.</p>
<p>La Orden del Finnegans desapareci&oacute;, pero tuvo consecuencias espl&eacute;ndidas para la literatura. Nuestras visitas a Dubl&iacute;n cristalizaron en magn&iacute;ficas novelas escritas por los caballeros. La primera fue <em>Dublinesca </em>(2010), en la que Vila-Matas da un giro ins&oacute;lito al sentido general de su obra. El protagonista, un editor, acude con sus amigos a celebrar Bloomsday y lamentar la&nbsp; muerte de la literatura. La influencia de la Orden y sus enloquecidos Bloomsdays<em> </em>tuvo un impacto formidable en la imaginaci&oacute;n de Antonio Soler, que se materializ&oacute; en lo que la cr&iacute;tica considera la mejor novela de su dilatada trayectoria, <em>Sur </em>(2018). Galardonada con importantes premios, la narraci&oacute;n, poblada por doscientos personajes, es el retrato de un d&iacute;a en la vida de una ciudad, M&aacute;laga. <em>Las horas muertas </em>(2021), t&iacute;tulo de la obra m&aacute;s reciente de Jos&eacute; Antonio Garriga Vela, es una excelente novela en la que aparecen todos los lugares de Dubl&iacute;n donde ten&iacute;an lugar las correr&iacute;as de la Orden del Finnegans. La portada es un foto hist&oacute;rica en la que aparecen tres enterradores del Cementerio de Glasnevin, escenario del cap&iacute;tulo 6 (&ldquo;Hades&rdquo;), palas en ristre.</p>
<p>&nbsp;No se puede hablar del <em>Ulises </em>sin tener en cuenta la prolongaci&oacute;n del texto que es <em>Finnegans Wake.</em> Las dos obras forman parte de un corpus narrativo indivisible, conforme a la idea de Joyce de que todo escritor alberga en s&iacute; una sola novela. El <em>Retrato del artista adolescente </em>es su primera manifestaci&oacute;n, mientras que en el <em>Ulises, </em>que corresponde al momento de madurez de un organismo vivo &uacute;nico, hay muchos momentos en los que los despliegues de la prosa apuntan a lo ser&aacute; despu&eacute;s <em>Finnegans Wake. </em>Di&aacute;logo, mon&oacute;logo y narraci&oacute;n se ramifican en mil afluentes en &ldquo;Proteo&rdquo; (cap&iacute;tulo 3), donde resulta extraordinariamente dif&iacute;cil seguir los pensamientos de Stephen Dedalus. En &ldquo;Lestrigones&rdquo; (cap&iacute;tulo 8), las asociaciones mentales de Leopold Bloom tienden una compleja red de capilares &iacute;ntimamente relacionados entre s&iacute;. En &ldquo;Las rocas errantes&rdquo; (cap&iacute;tulo 10) la novela no deja un solo espacio de la ciudad de Dubl&iacute;n sin recorrer, haciendo que se entrecrucen de manera delirante las trayectorias de una infinidad de personajes. En &ldquo;Las sirenas&rdquo; (cap&iacute;tulo 11), la prosa se desarbola en una suerte de sinfon&iacute;a verbal interrumpida por continuas disonancias en las que se mezcla una multitud de voces, muchas de las cuales hemos o&iacute;do ya. En &ldquo;Circe&rdquo; (cap&iacute;tulo 15), el episodio que pone punto final a la segunda parte del <em>Ulises </em>(&ldquo;Andanzas de Odiseo&rdquo;), la novela se fagocita a s&iacute; misma, recurriendo a una prosa alucinada que mezcla acciones e im&aacute;genes mentales proyectadas por la imaginaci&oacute;n de personajes que regresan a episodios anteriores de la novela. Y en &ldquo;Pen&eacute;lope&rdquo; (cap&iacute;tulo 18), el apote&oacute;sico episodio final, dividido en ocho largu&iacute;simos mon&oacute;logos sin puntuaci&oacute;n, Molly Bloom arrastra en sus enso&ntilde;aciones el peso de toda la novela, que se disuelve en una cadencia sucesiva de repeticiones del vocablo <em>S&iacute;,</em> el &uacute;ltimo de los cuales engulle el universo. Despu&eacute;s de eso, &iquest;c&oacute;mo seguir escribiendo?</p>
<p>&nbsp;La respuesta est&aacute; en <em>Finnegans Wake, </em>el libro de la noche, secuela y prolongaci&oacute;n del libro del d&iacute;a que es <em>Ulises. </em>Joyce le dedic&oacute; 17 a&ntilde;os de su vida, logrando completarlo apenas dos antes de morir. Comprendiendo que si quer&iacute;a adentrarme en el reducto m&aacute;s rec&oacute;ndito de la imaginaci&oacute;n de Joyce tendr&iacute;a que asomarme a tan impenetrable texto, decid&iacute; traducir (la manera m&aacute;s profunda de leer) el cap&iacute;tulo titulado &ldquo;Anna Livia Plurabelle&rdquo;, el m&aacute;s asequible formal y emocionalmente. Mis lecturas del <em>Ulises </em>son inseparables de mis aproximaciones al texto final de Joyce. Generosamente, Enrique Vila-Matas me ofreci&oacute; su blog para que colgara en &eacute;l las distintas entregas, que fui enviando de manera espor&aacute;dica. En Bloomsday de 2014 aparec&iacute;a en la p&aacute;gina web de Vila-Matas la d&eacute;cimo-segunda<em>. </em>Mientras traduc&iacute;a segmentos de <em>Anna Livia Plurabelle</em> emprend&iacute; la tercera lectura del <em>Ulises, </em>que realic&eacute; a fondo a fin de preparar mi participaci&oacute;n en unas jornadas dedicadas a la novela que tendr&iacute;an lugar en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires en julio de 2015. Resum&iacute; mis conclusiones en el texto de una conferencia que dict&eacute; en otra Biblioteca Nacional, la de Madrid, a la que puse t&iacute;tulo &ldquo;Todos somos Leopold Bloom&rdquo;. Di la conferencia a principios de junio. Unos d&iacute;as despu&eacute;s viaj&eacute; solo a Dubl&iacute;n. Desde all&iacute; envi&eacute; la d&eacute;cimo-novena entrega de &ldquo;Anna Livia Plurabelle&rdquo; que Enrique colg&oacute; en Bloomsday. En julio viaj&eacute; a Uruguay y Argentina. En Montevideo present&eacute; mi segunda novela, <em>Siempre supe que volver&iacute;a a verte, Aurora Lee</em>, e impart&iacute; un taller de escritura. El prop&oacute;sito de las jornadas que iban a tener lugar en Buenos Aires era celebrar el 70 aniversario de la publicaci&oacute;n de la traducci&oacute;n de Salas Subirat por Rueda y la aparici&oacute;n de la cuarta versi&oacute;n del <em>Ulises </em>al castellano, realizada por Marcelo Zabaloy y publicada por Cuenco de Plata. Estando en Montevideo recib&iacute; un correo del director de la editorial, Edgardo Russo, en el que me dec&iacute;a que ten&iacute;a que hacerme una propuesta y me ped&iacute;a que me reuniera con &eacute;l y con Zabaloy en la sede de Cuenco de Plata en cuanto llegara a Buenos Aires. Russo hab&iacute;a colaborado activamente en la traducci&oacute;n del <em>Ulises</em> con Zabaloy, quien unos meses antes se hab&iacute;a puesto en contacto conmigo anunci&aacute;ndome que Cuenco de Plata publicar&iacute;a su traducci&oacute;n de <em>Finnegans Wake </em>en junio de 2016.<em> </em>Russo no me dio detalles de lo que me quer&iacute;a proponer, pero dec&iacute;a que no se atrever&iacute;a a importunarme si no se tratara de un asunto importante. Contest&eacute; diciendo que tendr&iacute;a mucho gusto en reunirme con ellos. La v&iacute;spera de mi partida de Montevideo le escrib&iacute; pidi&eacute;ndole que me enviara los detalles de la cita. Por la noche no hab&iacute;a recibido respuesta de Russo, cosa que me extra&ntilde;&oacute; y le escrib&iacute; un segundo email, al que tampoco contest&oacute;. Al d&iacute;a siguiente por la ma&ntilde;ana, momentos antes de salir del hotel, envi&eacute; un tercer correo, diciendo a qu&eacute; hora llegaba mi buqueb&uacute;s. Aunque al parecer no tiene la misma magia que anta&ntilde;o, cuando era posible salir a cubierta, el viaje en barco entre Montevideo y Buenos Aires por el R&iacute;o de la Plata sigue siendo una experiencia m&aacute;gica, realzada aquella ma&ntilde;ana por una niebla que acentuaba el misterio del trayecto. A bordo no hab&iacute;a libre acceso a internet, de modo que poco despu&eacute;s de zarpar adquir&iacute; una clave temporal. Nada m&aacute;s activarla me lleg&oacute; un correo de Marcelo Zabaloy que dec&iacute;a escuetamente: &ldquo;Estimado Eduardo Lago, lamento comunicarle Edgardo Russo falleci&oacute; repentinamente en su despacho anoche. No soy capaz de decir nada m&aacute;s&rdquo;. Pens&eacute; que nunca sabr&iacute;a qu&eacute; era lo que me quer&iacute;a proponer, cosa que confirm&eacute; esa misma tarde cuando me vi en un caf&eacute; de Palermo-Soho con Zabaloy, a quien Russo tampoco le hab&iacute;a explicado el motivo de la reuni&oacute;n, tan solo que guardaba relaci&oacute;n con <em>Finnegans Wake. </em>Con nosotros se encontraba el organizador de las jornadas sobre Joyce, quien tom&oacute; la decisi&oacute;n de dedic&aacute;rselas a Russo. Al final del encuentro Zabaloy puso un empe&ntilde;o extraordinario en que fuera a cenar a casa de su hijo al d&iacute;a siguiente. Cuando llegu&eacute; me llev&oacute; directamente a un despacho, donde hab&iacute;a un ordenador encendido con el texto de la traducci&oacute;n francesa de&nbsp;<em>Finnegans Wake</em>&nbsp;y el manuscrito de la versi&oacute;n castellana que hab&iacute;a hecho &eacute;l mismo, abierto por la primera p&aacute;gina, junto a un ejemplar del original ingl&eacute;s desvencijado. Encima de la mesa hab&iacute;a l&aacute;pices, bol&iacute;grafos y rotuladores de varios colores. Sin pre&aacute;mbulos, Zabaloy empez&oacute; a hacerme preguntas acerca de la posible traducci&oacute;n de ciertos pasajes y vocablos, empezando por el que inaugura el texto,&nbsp;<em>riverrun</em>. Fue una noche dada&iacute;sta, que me hizo pensar en los misterios de la traducci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;El encuentro en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires fue grato, con gente amable y erudita, aunque se plante&oacute; como un partido de f&uacute;tbol entre Espa&ntilde;a y Argentina, cuyas selecciones estaban de momento empatadas a dos traducciones. Ese mismo a&ntilde;o, unos meses despu&eacute;s de concluidas las jornadas, Edhasa public&oacute; una quinta traducci&oacute;n del <em>Ulises </em>al castellano, realizada por el acad&eacute;mico argentino Rolando Costa Picazo, que no he tenido ocasi&oacute;n de examinar. Las jornadas sobre el <em>Ulises </em>me hicieron pensar que no ten&iacute;a sentido traducir el libro a ninguna variedad regional del espa&ntilde;ol, sino que habr&iacute;a que encontrar una f&oacute;rmula que permitiera dar con una versi&oacute;n panhisp&aacute;nica del texto. Colgu&eacute; la pen&uacute;ltima entrega de mi traducci&oacute;n de <em>Anna Livia Plurabelle</em> unos d&iacute;as antes de mi viaje a la isla de Selkirk, en v&iacute;speras de Navidad. La entrega final la envi&eacute; en febrero del a&ntilde;o siguiente desde Bogot&aacute;, donde el Instituto Caro y Cuervo me hab&iacute;a invitado a dar la lecci&oacute;n inaugural del curso en la c&aacute;tedra Andr&eacute;s Bello, que quer&iacute;an que versara sobre el <em>Ulises. </em>En la charla expuse la idea de una traducci&oacute;n pan-hisp&aacute;nica del texto, que habr&iacute;a que dividir en tantos segmentos como pa&iacute;ses donde se habla espa&ntilde;ol, en cada uno de los cuales se encargar&iacute;a de la traducci&oacute;n un equipo de tres personas, preferiblemente j&oacute;venes, que verter&iacute;an el segmento que les correspondiera a la variedad de espa&ntilde;ol hablada en su pa&iacute;s de origen. La direcci&oacute;n del Caro y Cuervo recibi&oacute; bien la idea, pero el proyecto jam&aacute;s se materializ&oacute;. Lo que quedaba de la Orden celebr&oacute; Bloomsday por &uacute;ltima vez en 2019, en C&aacute;diz, gracias a la generosidad de la Fundaci&oacute;n Carlos Edmundo de Ory. La Torre Martello se encarn&oacute; en la de Tavira. Los jardines de Varela fueron nuestro Glasnevin particular. All&iacute; celebramos el ritual del pub de los enterradores, d&aacute;ndonos sepultura a nosotros mismos. La Orden dej&oacute; de existir para siempre aquel d&iacute;a.</p>
<p>&nbsp; Tras un hiato de seis a&ntilde;os, la proximidad del centenario del <em>Ulises </em>me llev&oacute; a leer el libro por cuarta vez. Lo hice de un tir&oacute;n, sin consultar notas y tard&eacute; dos semanas. Mientras le&iacute;a, procuraba ponerme en el lugar de alguien que se acercara al libro por primera vez como lo hab&iacute;a hecho yo en la adolescencia, tal vez una chica muy joven, se me ocurri&oacute; pensar, no sabr&iacute;a decir por qu&eacute;. Vi muchas cosas que se me hab&iacute;an escapado en las lecturas anteriores y me reafirm&eacute; en la idea de que aunque en realidad el <em>Ulises </em>no se puede traducir, es necesario hacerlo (la es de Ortega, que se refiri&oacute; a la traducci&oacute;n como &ldquo;el &iacute;ncubo de lo imposible&rdquo;). Uno de los ensayos m&aacute;s interesantes que he le&iacute;do &uacute;ltimamente sobre la novela es de su traductor al chino, Jin Di. Es importante se&ntilde;alar que incluso una traducci&oacute;n imperfecta permite vislumbrar la grandeza del original. En cuanto a su vigencia, el <em>Ulises </em>es un texto eminentemente vivo, que sigue siendo completamente imprescindible y cuya lectura es necesaria, si se quiere tener una idea de hacia d&oacute;nde puede ir la literatura del futuro. Nos encontramos donde estamos gracias a Homero, a Dante, a Shakespeare, a Flaubert, a Kafka, a Proust, a Woolf, por decir apresuradamente algunos nombres esenciales. Joyce es la culminaci&oacute;n de esa trayectoria. Que saque a colaci&oacute;n una lista as&iacute; no quiere decir que haya que reverenciar el canon; se puede y se deber reventar, pero hay que tener claro lo que significa, porque ha dado forma a lo que somos. Lo que entendemos por novela nace con el <em>Quijote</em> y muere con el <em>Ulises</em>. Es a partir de <em>Finnegans Wake</em> como se configura la <em>posliteratura</em>, entendida como una pulsi&oacute;n de constelaciones que mira hacia el futuro y cuyas coordenadas son incognoscibles. El <em>Ulises</em> queda fuera de esos c&aacute;lculos porque ha superado la prueba del tiempo y es mucho lo que se puede aprender ley&eacute;ndolo, en especial si se es joven.</p>
<p>No acababa de entender a qu&eacute; ven&iacute;a mi idea de imaginarme c&oacute;mo se acercar&iacute;a al texto una lectora que fuera muy joven cuando me tropec&eacute; con uno de los art&iacute;culos m&aacute;s inteligentes y refrescantes publicados con motivo del centenario del <em>Ulises </em>escrito precisamente por alguien as&iacute;: la norteamericana de origen turco Merve Emre, que ense&ntilde;a en Oxford. El art&iacute;culo, aparecido en <em>The New Yorker, </em>se acerca a la novela ignorando los clich&eacute;s de la correcci&oacute;n pol&iacute;tica, como la inadecuaci&oacute;n de que sea un hombre quien d&eacute; voz a la serie de <em>s&iacute;es </em>que punt&uacute;an el orgasmo de Molly Bloom en su largo mon&oacute;logo final. Para comprobar la grandeza del logro de Joyce, viene a decir el art&iacute;culo, basta con asomarse al texto. La novela de Joyce es una fuente inagotable de sorpresas. Hasta mi &uacute;ltima lectura no hab&iacute;a reparado (ni lo he visto se&ntilde;alado por nadie) en un momento que no puede resultar m&aacute;s sorprendente hoy, cuando en el cap&iacute;tulo 15 (&ldquo;Circe&rdquo;) Bloom es sometido a juicio, acusado de conducta sexual impropia por un grupo de mujeres al grito literal de <em>Me Too!! Me Too!! </em></p>
<p>La dificultad del texto explica que se tarde en reparar en aspectos ocultos de su configuraci&oacute;n, como el quiasmo simb&oacute;lico que establece Joyce entre el momento en que se masturba Bloom y cuando lo hace su mujer. El primero es uno de los cl&iacute;max m&aacute;s comentados de la novela, el otro est&aacute; escondido entre los pliegues de la prosa, y no es inmediatamente perceptible. Lo contextualizo. El motivo central del <em>Ulises </em>es el adulterio de Molly Bloom, episodio que su marido vive por adelantado y despu&eacute;s de consumado nunca est&aacute; lejos de sus pensamientos. El encuentro de Molly con su amante tiene lugar fuera de la p&aacute;gina, mientras Leopold Bloom est&aacute; en el bar del Hotel Ormond, en el cap&iacute;tulo 11 (&ldquo;Las sirenas&rdquo;), escribiendo una carta er&oacute;tica a una mujer con la que jam&aacute;s ha tenido ni tendr&aacute; contacto f&iacute;sico. Dos cap&iacute;tulos despu&eacute;s, en el 13 (&ldquo;Nausicaa&rdquo;), una atractiva dublinesa de 19 a&ntilde;os, Gerty MacDowell, consciente de que Bloom la est&aacute; observando detr&aacute;s de unas rocas en la playa de Sandymount, se inclina exageradamente a fin de que su admirador pueda deleitarse en la contemplaci&oacute;n de sus muslos y la delicada ropa interior que cubre su entrepierna. Bloom no puede evitar masturbarse. En lo que jam&aacute;s hab&iacute;a reparado es en que eso es tambi&eacute;n lo que est&aacute; haciendo Molly al final de su cap&iacute;tulo, mientras su marido yace a su lado, tumbado en direcci&oacute;n contraria a la de ella, con los pies en la almohada, como tiene por costumbre. (Con respecto a esto, conviene tener presente que desde que muri&oacute; su hijo Rudy a los pocos d&iacute;as de nacer, diez a&ntilde;os atr&aacute;s, Bloom y su mujer no han vuelto a tener relaciones sexuales.) Cuando al final de su agotadora jornada Bloom por fin regresa a &Iacute;taca y trepa subrepticiamente al lecho matrimonial, lo primero que hace es separar las nalgas de su mujer y besarlas con fruici&oacute;n, momento en el que Joyce se demora con delectaci&oacute;n. A partir de ah&iacute; se desencadena el tren de im&aacute;genes y <em>s&iacute;es </em>que trazan un mapa del alma de Molly Bloom y de sus deseos y recuerdos m&aacute;s &iacute;ntimos por medio de un portentoso despliegue de acrobacias verbales, acrobacias que en ning&uacute;n momento son huecas ni vac&iacute;as, sino que se apoyan en un dominio de la prosa cuyos rasgos dominantes son la fuerza de la poes&iacute;a y la profundidad del pensamiento. No es f&aacute;cil, justo es reconocerlo, adentrarse en un libro as&iacute;. Sin duda, es necesario tener el apoyo de gu&iacute;as informadas si se quieren captar todos los matices de esta novela inagotable. Las referencias y alusiones son infinitas. Hacerlo con muletas, consultando a cada instante lo que dicen las gu&iacute;as, es una de las dos maneras de transitar por el texto, pero no es la m&aacute;s divertida. La otra es lanzar al aire las muletas y dejarse llevar por la fuerza de la prosa, resign&aacute;ndose a no entenderlo todo. Si se decide a hacerlo as&iacute;, la lectora o el lector de a pie se ver&aacute;n recompensados, aunque encallen en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n.</p>
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      <pubDate>Mon, 13 Jun 2022 05:15:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El escritor que quiso transformar el siglo con sus novelas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-escritor-que-quiso-transformar-el-siglo-con-sus-novelas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2022/HEINRICH_MANN_2.jpg" alt="" /></p>
<p>De &laquo;dolorosa&raquo; calific&oacute; Heinrich Mann su despedida de Europa cuando en 1940 se vio obligado a emigrar a Am&eacute;rica dejando atr&aacute;s el continente que lo hab&iacute;a visto nacer, crecer y crear una obra literaria que el paso del tiempo revelar&iacute;a como visionaria, pues ya desde bien pronto supo denunciar sin temor alguno a trav&eacute;s de sus textos una situaci&oacute;n que, de manera progresiva, abocar&iacute;a a su destrucci&oacute;n: &laquo;Todo lo que yo ten&iacute;a lo hab&iacute;a vivido en Europa&raquo;, en esa Europa en la que el 27 de marzo de 1871 hab&iacute;a venido al mundo en la ciudad de L&uuml;beck. El mundo que acabar&iacute;a por destruirse se abr&iacute;a entonces para Luiz Heinrich Mann como un mundo sin grandes problemas, pues su padre, Thomas Johann Heinrich Mann, comerciante, y propietario de una empresa fundada en 1790, era uno de los personajes m&aacute;s notables de la ciudad hanse&aacute;tica, lo que seguramente propici&oacute; su elecci&oacute;n como senador en 1877.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A los 29 a&ntilde;os el senador hab&iacute;a contra&iacute;do matrimonio con Julia da Silva-Bruhns, 11 a&ntilde;os menor que &eacute;l. El car&aacute;cter latino de Julia, hija de una brasile&ntilde;a criolla y de un alem&aacute;n descendiente de escandinavos propietario de una plantaci&oacute;n en el pa&iacute;s sudamericano, aport&oacute; a la noble casa no solo un elemento ex&oacute;tico, sino tambi&eacute;n una poderosa fuerza vital e intelectual y fue para sus hijos un regalo que los marc&oacute; de por vida en el ambiente de un hogar en el que los hermanos Mann (Heinrich, Thomas, Julia, Carla y Viktor) disfrutaban enormemente de las lecturas que ella les hac&iacute;a y que representaban tambi&eacute;n en un teatro de marionetas para el que Heinrich, al que le habr&iacute;a gustado ser pintor, hizo numerosos decorados. El entorno en el que vivir&iacute;a sus primeros a&ntilde;os el futuro escritor era, pues, un &aacute;mbito claramente privilegiado, en el que todo deb&iacute;a preparar al joven para un futuro destinado a mantener bien alto el honor de la familia y de la casa, cuyo negocio habr&iacute;a de heredar alg&uacute;n d&iacute;a. El destino, sin embargo, le ten&iacute;a reservado algo bien distinto y lo llevar&iacute;a por otros derroteros hasta convertirlo en el cr&iacute;tico m&aacute;s agudo e inteligente de la sociedad, la pol&iacute;tica y la historia de la &eacute;poca guillermina y la posterior Rep&uacute;blica de Weimar. Su primera lectura, a los cinco a&ntilde;os, fueron los cuentos de Perrault; a ella le seguir&iacute;an muchas otras como la traducci&oacute;n del <em>Don Quijote</em> de Ludwig Tieck, en una gran edici&oacute;n infolio con las ilustraciones de Gustave Dor&eacute;, inspiradoras de m&uacute;ltiples fantas&iacute;as, los rom&aacute;nticos alemanes, o Heinrich Heine, modelo de unos primeros ejercicios literarios que se ver&iacute;an ampliados sustancialmente durante los a&ntilde;os de estudio en el liceo, donde, adem&aacute;s, encontr&oacute; el modelo del viejo profesor que inspirar&iacute;a uno de sus primeros intentos novel&iacute;sticos, <em>Pruebas</em> (<em>Beweise</em>, 1889), y que culminar&iacute;a a&ntilde;os m&aacute;s tarde en el protagonista de la novela que le dio fama internacional.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero estas inclinaciones literarias poco o nada ten&iacute;an que ver con el recelo que la burgues&iacute;a de su entorno mostraba hacia el arte y los artistas, y que su mismo padre ve&iacute;a con muy malos ojos. En este sentido, como un intento de aunar los deseos paternos con sus propias inclinaciones, es como debe entenderse la decisi&oacute;n del joven Heinrich de abandonar los estudios sin haber concluido el bachillerato e iniciar una formaci&oacute;n como librero en Dresde, tras la cual entrar&iacute;a a trabajar como voluntario en la editorial que Samuel Fischer acababa de fundar en Berl&iacute;n. La vida en la gran ciudad le aport&oacute; una visi&oacute;n nueva, enormemente cr&iacute;tica, de la sociedad de su &eacute;poca, la cual, sin propon&eacute;rselo, iba a convertirse en el motor de su producci&oacute;n literaria ya incluso desde su primera novela corta que, desgraciadamente, no lleg&oacute; a ver la luz: <em>Fantas&iacute;as sobre mi ciudad L. (Fantasien &uuml;ber meine Vaterstadt L.)</em>. Los a&ntilde;os de Berl&iacute;n se convirtieron as&iacute; en a&ntilde;os de aprendizaje en los m&aacute;s diversos aspectos de la vida, a&ntilde;os de profundizaci&oacute;n en sus planteamientos filos&oacute;ficos, en su percepci&oacute;n de la literatura contempor&aacute;nea, de manera que lo all&iacute; vivido, junto con lo aprendido en las clases a las que acudi&oacute; en la Universidad le inspiraron un programa literario que, poco a poco, ir&iacute;a haci&eacute;ndose realidad con recursos, no obstante, propios y novedosos: el an&aacute;lisis psicol&oacute;gico de los personajes inmersos en su entorno social fundido con sus propias opiniones respecto del peligro que supon&iacute;a la actitud de la burgues&iacute;a imperialista. Tales opiniones hab&iacute;an empezado a ver la luz en diversos medios period&iacute;sticos, como la revista <em>Das Zwanzigste Jahrhundert. Bl&auml;tter f&uuml;r deutsche Art und Wohlfahrt</em>, que &eacute;l mismo editar&aacute; entre 1895 y 1896.</p>
<p>Pero la muerte repentina del padre en octubre de 1891 puso fin a su estancia en la capital; poco despu&eacute;s, una fuerte neumon&iacute;a lo oblig&oacute; a una larga convalecencia que lo llev&oacute; por diversos balnearios, primero en Berl&iacute;n, luego en Wiesbaden y la Selva Negra y, por &uacute;ltimo, en Lausanne, dando comienzo con ello a la vida errante propia de un artista bohemio, que, en realidad, ya no abandonar&iacute;a jam&aacute;s. Algunos relatos breves de Heinrich hab&iacute;an aparecido ya en vida del senador quien, por supuesto, ten&iacute;a conocimiento de sus infatigables ejercicios de escritura: impresiones, apuntes, relatos y poemas en los que, con desconfianza, pasaba revista a una sociedad que no ve&iacute;a con buenos ojos y que no era otra que la suya propia los cuales, en su conjunto, constituyen en realidad un intento de afirmaci&oacute;n frente a una realidad que apunta de manera decidida a una cuesti&oacute;n tan prioritaria como la cr&iacute;tica sin reticencias a una de las &eacute;pocas m&aacute;s complejas de la Historia alemana que el escritor en ciernes lleva a cabo a trav&eacute;s de la plasmaci&oacute;n literaria de la lucha incesante entre el ser y el parecer, entre el sue&ntilde;o y la realidad, o lo que es lo mismo, entre la vida interior y la exterior, y que desembocar&aacute; en la negaci&oacute;n radical de todos los valores sociales.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; As&iacute; pues, la voluntad del padre, que hab&iacute;a determinado su futuro testamentariamente, nunca se ver&iacute;a cumplida, pues con la renta mensual de 160 marcos que le hab&iacute;a asignado, Heinrich pod&iacute;a dedicarse perfectamente a la literatura. Adem&aacute;s, una vez liquidada la empresa, la madre abandon&oacute; la fr&iacute;a ciudad de L&uuml;beck y se traslad&oacute; al sur, a M&uacute;nich, desde donde, con su inclinaci&oacute;n al arte y su car&aacute;cter abierto, ayud&oacute; a Heinrich financiando incluso la edici&oacute;n de su primera novela, <em>En una familia </em>(<em>In einer Familie</em>, 1894), escrita durante un breve viaje por Italia. La obra, que Heinrich siempre consider&oacute; como un producto tan inmaduro como &eacute;l mismo en aquel entonces, confirm&oacute; su voluntad de escribir y as&iacute;, tras publicar su primer relato de car&aacute;cter cr&iacute;tico y sat&iacute;rico, <em>El documento robado </em>(<em>Das gestohlene Dokument</em>, 1897), en el que pon&iacute;a en tela de juicio valores tan relevantes como la familia, el estatus social o la patria, se traslad&oacute; a Roma con la &uacute;nica intenci&oacute;n de dedicarse a escribir. Tras una breve estancia anterior en Fiesole, Viareggio y Florencia, en la que hab&iacute;a dibujado mucho, su viaje se extender&iacute;a ahora a un periodo de dos a&ntilde;os, que supuso para el joven autor un enriquecimiento infinito de su conocimiento del ser humano, al tiempo que dio comienzo un proceso de liberaci&oacute;n intelectual durante el cual se despoj&oacute; definitivamente de las normas conservadoras, tan estrechas de miras, que hab&iacute;an determinado en buena medida sus a&ntilde;os de Berl&iacute;n y de M&uacute;nich. Thomas, que admiraba y respetaba sobremanera a su hermano mayor, y de cuyas lecturas se hab&iacute;a nutrido hasta entonces, lo acompa&ntilde;&oacute; durante todo ese tiempo. Libres de convenciones, libres de toda consideraci&oacute;n, ambos describieron con grandes dosis de iron&iacute;a una sociedad cuyas formas de vida y manifestaciones art&iacute;sticas consideraban grotescas. Y as&iacute;, centrando su mirada en lo que ve a su alrededor, a fin de comprender de arriba abajo el entramado de sus m&aacute;s diversas clases sociales, desde emperadores y reyes hasta proletarios, prostitutas, arist&oacute;cratas, obreros y vividores, Mann se apartar&aacute; del modelo tan germano de la novela de formaci&oacute;n para dar forma a un nuevo tipo de novela que se convertir&aacute; en el g&eacute;nero de su &eacute;poca: la novela social. Pero la idea para esta nueva forma tiene lugar precisamente fuera de su entorno, en Italia: &laquo;A los veinticinco a&ntilde;os me dije: es necesario escribir novelas sociales de &eacute;poca. La sociedad alemana no se conoce a s&iacute; misma. Est&aacute; dividida en clases que no se conocen la una a la otra, y la clase dirigente se difumina tras las nubes&raquo;. As&iacute; pues, en su determinaci&oacute;n radical de escribir para la sociedad de la que hu&iacute;a, el mundo latino hab&iacute;a resultado decisivo: &laquo;Mi talento naci&oacute; en Roma tras tres a&ntilde;os bajo la influencia de aquella ciudad&raquo;, escribe a Karl Lemke en 1947.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero no solo Italia desempe&ntilde;ar&aacute; un papel decisivo en su concepci&oacute;n del arte. La tradici&oacute;n cl&aacute;sica de la novela francesa, las descripciones pl&aacute;sticas y objetivas de Daudet y Maupassant, la plenitud de personajes de las m&aacute;s diferentes clases sociales que pueblan las obras de Flaubert, Balzac y Zola, o las novelas de costumbres, contribuyeron al desarrollo de la conciencia social del autor y de una est&eacute;tica que ir&aacute; perfeccion&aacute;ndose en paralelo a su actividad period&iacute;stica. Es as&iacute; como surge el Pa&iacute;s de Jauja berlin&eacute;s de los a&ntilde;os 1893 y 1894, en el que todos dependen de la gracia y el poder de James L. T&uuml;rkheimer, banquero, c&oacute;nsul general y gran potentado, una s&aacute;tira que alcanza tambi&eacute;n al arte y la literatura sometidos, como producto de esa misma sociedad, a esa misma desvalorizaci&oacute;n. La decepci&oacute;n ante la realidad alemana, ante &laquo;la aniquilaci&oacute;n del genio alem&aacute;n a favor del imperio&raquo;, en palabras de Nietzsche, lo empuja cada vez m&aacute;s a la lectura de autores que hab&iacute;an escrito sobre Italia: Stendhal, Taine, Bourget, Burckhardt, incluso los trabajos del joven Hesse sobre las lagunas venecianas, y se identifica con la fascinaci&oacute;n por lo ex&oacute;tico como &uacute;nica v&iacute;a de escape frente a ese rechazo al mundo burgu&eacute;s del que pretender&aacute; liberarse. Tal era su estado de &aacute;nimo tras concluir <em>En el Pa&iacute;s de Jauja. </em><em>Una novela de gente fina </em>(<em>Im Schlaraffenland. Ein Roman unter feinen Leuten</em>, 1900)<em>.</em></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El 2 de diciembre de 1900 tiene ya el plan para <em>Las diosas </em>(<em>Die G&ouml;ttinnen</em>, 1903), tres novelas sobre la duquesa de Assy, cuyo t&iacute;tulo est&aacute; inspirado por Diana, Minerva y Venus: &laquo;Son las aventuras de una gran dama de Dalmacia. [&hellip;] La acci&oacute;n es movida, se extiende por Zadar, Par&iacute;s, Viena, Roma, Venecia, N&aacute;poles. Si todo sale bien, la primera parte ser&aacute; ex&oacute;ticamente multicolor, la segunda embriagadoramente art&iacute;stica, la tercera obscena y amarga&hellip; Por lo pronto [&hellip;] estoy harto de los ciudadanos corrientes&raquo;. Es el intento de un rom&aacute;ntico decepcionado de dar voz en el mundo burgu&eacute;s a su propio ideal a trav&eacute;s de la persona de Violante, la heredera de una rancia estirpe, nacida para preservar los grandes sue&ntilde;os de siglos pasados. En realidad, la trilog&iacute;a es un documento del fracaso en la b&uacute;squeda imposible de una v&iacute;a de escape de la vida burguesa, de sus falsos valores. La publicaci&oacute;n de <em>Las diosas</em> le anima r&aacute;pidamente a un nuevo proyecto: <em>La caza del amor </em>(<em>Die Jagd nach Liebe</em>, 1903), escrita en relaci&oacute;n muy estrecha con uno de sus mejores relatos: <em>Pippo Spano </em>(1904). El elemento central de ambos textos organizados en torno al fracaso, aunque desde una perspectiva distanciada y un tanto moralista, es ahora la psicolog&iacute;a del artista para cuyo an&aacute;lisis Mann recurre a una cuesti&oacute;n eminentemente existencial: la de la dependencia econ&oacute;mica. Ser&aacute; esta la que ocasione sufrimiento y dolor por la falta de humanidad, por la renuncia al amor, por las relaciones basadas &uacute;nicamente en el dinero con el tel&oacute;n de fondo del M&uacute;nich del cambio de siglo con sus muchas especulaciones econ&oacute;micas y sus espl&eacute;ndidos c&iacute;rculos art&iacute;sticos. La protagonista tiene rasgos de su hermana Carla, del mismo modo que el protagonista, Claude, recuerda en mucho al propio autor. El tema es el mismo de <em>Pippo Spano</em>: el amor autodestructivo entre un poeta d&eacute;bil pero ambicioso y una mujer que exige entrega absoluta. En su egocentrismo, ambos deciden suicidarse, pero aunque &eacute;l tiene suficiente valor para quitarle la vida a ella, no lo tiene despu&eacute;s para darse muerte a s&iacute; mismo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La velocidad a la que escribe deja asombrado incluso a su propio hermano; pero, en realidad, Heinrich se siente cada vez m&aacute;s aislado. Sus obras provocan malentendidos, incluso entre algunos de sus allegados, aunque es tambi&eacute;n a lo largo de estos a&ntilde;os cuando entabla algunas de sus amistades m&aacute;s s&oacute;lidas: Frank Wedekind, Arthur Schnitzler, Ren&eacute; Schickele, todos representantes de la vanguardia art&iacute;stica y, en parte, tambi&eacute;n ideol&oacute;gica. Max Brod y su c&iacute;rculo de amigos praguenses reconocen la categor&iacute;a de una obra que da testimonio de a&ntilde;os de madurez art&iacute;stica, de aislamiento y de desinter&eacute;s por la pol&iacute;tica, que culminan en 1904 con la redacci&oacute;n de un esbozo de car&aacute;cter autobiogr&aacute;fico, en el que su autor salda cuentas con todo lo negativo de su vida y que revela la transformaci&oacute;n que se est&aacute; produciendo en su forma de pensar, abriendo, por tanto, nuevas puertas a nuevas posiciones socio-pol&iacute;ticas con las que empezar&aacute; a ejercer una influencia intelectual y art&iacute;stica en las letras alemanas como pocos lograr&iacute;an hacerlo despu&eacute;s de &eacute;l. Cualquier forma literaria se adaptaba a su intenci&oacute;n de desplegar el realismo espec&iacute;ficamente cr&iacute;tico-social de su obra: la descripci&oacute;n minuciosa, las brillantes met&aacute;foras, la s&aacute;tira, lo grotesco, todo ello hab&iacute;a encontrado un nuevo nexo en sus textos, ya fueran breves relatos o extensas novelas para las que se inspirar&aacute; ahora en los modelos franceses, a trav&eacute;s de los que conecta con una cultura claramente nacional. Ello le ayud&oacute; a conformar un programa propio de car&aacute;cter pol&iacute;tico-moral gracias al cual podr&iacute;a negar radicalmente la vida social y pol&iacute;tica, a la que le hab&iacute;an obligado el pasado y el presente de su pa&iacute;s. Y as&iacute;, pocos meses despu&eacute;s de haber confesado p&uacute;blicamente su aislamiento y su rechazo inminente a la vida p&uacute;blica, Heinrich Mann reaparec&iacute;a con una declaraci&oacute;n a favor de Francia en la que pod&iacute;a leerse un reconocimiento expreso de las formas de vida democr&aacute;ticas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Literariamente esta nueva visi&oacute;n se plasma en la novela <em>El profesor Unrat o El final de un tirano </em>(<em>Professor Unrat oder Das Ende eines Tyrannen</em>, 1905), el apellido de cuyo protagonista <em>Rat</em> (consejo) se presta a la perfecci&oacute;n para que sus detractores, con un m&iacute;nimo juego de palabras, puedan apodarlo <em>Unrat</em> (basura). Es de nuevo la historia de un fracaso, concebida en 1904 durante una representaci&oacute;n de <em>La Bottega del Caff&egrave;</em> de Goldoni en el Teatro Alfieri de Florencia. Las posibilidades de su estilo cr&iacute;tico se ampl&iacute;an enormemente en el personaje del profesor tirano, aliado con las clases dominantes. Al tratar esta tem&aacute;tica, Heinrich Mann se incluye en el grupo de autores que hab&iacute;an descrito con anterioridad la f&eacute;rrea escuela guillermina, entre los que se contaban Wedekind, Thoma, Hauptmann, Hesse, Musil o incluso su hermano, pero de una manera radicalmente diferente en tanto que no describe el sufrimiento de los adolescentes sometidos a la opresi&oacute;n del poder, sino el funcionamiento del poder sobre los alumnos sin voz, sin la m&aacute;s m&iacute;nima posibilidad de expresi&oacute;n. Otra biograf&iacute;a fracasada ser&aacute; la que configure en <em>La Branzilla </em>(<em>Die Branzilla</em>, 1906), la historia de una cantante, una personalidad art&iacute;stica enormemente ambiciosa, que se autodestruye en el seno de su propia familia y fracasa tanto en el &aacute;mbito profesional como en el personal, un &aacute;mbito en el que se mover&aacute;n tambi&eacute;n las protagonistas de <em>Entre las razas (Zwischen den Rassen</em>, 1907), las cuales poseen numerosos rasgos de las dos mujeres que determinaron su vida durante esos a&ntilde;os: su hermana Carla, la actriz, y su prometida, la argentina In&eacute;s Schmied, doce a&ntilde;os m&aacute;s joven que &eacute;l, y que tambi&eacute;n pretend&iacute;a dedicarse al mundo del espect&aacute;culo, para lo cual estudiaba <em>bel canto</em>. En la historia de este tri&aacute;ngulo amoroso entre Lola y dos hombres absolutamente antag&oacute;nicos entre s&iacute;, el tirano y el so&ntilde;ador (o lo que es lo mismo, el poder frente al amor), Heinrich Mann aventura la posibilidad de un final feliz representado por el triunfo de este &uacute;ltimo y que no es en realidad m&aacute;s que una personificaci&oacute;n del arte, en el ambiente de la burgues&iacute;a muniquesa de la &eacute;poca guillermina.</p>
<p>No obstante, la primera novela resultado de la nueva concepci&oacute;n art&iacute;stica de Mann es <em>La peque&ntilde;a ciudad </em>(<em>Die kleine Stadt</em>, 1909), una obra incomparable no solo por su contenido, sino tambi&eacute;n por su forma: m&aacute;s de cien personajes, todos caracterizados a la perfecci&oacute;n desde el punto de vista psicol&oacute;gico y que se mueven con dudosa seguridad por el estrecho espacio de la plaza del mercado, los caf&eacute;s, la catedral y el viejo palacio de una peque&ntilde;a ciudad que vive la puesta en escena de una &oacute;pera representada por una compa&ntilde;&iacute;a ambulante. El mundo latino y sus tradiciones democr&aacute;ticas permiten al autor ofrecer modelos y antimodelos a la evoluci&oacute;n que est&aacute; experimentando la sociedad en Alemania, as&iacute; como un escenario singular para el enfrentamiento entre fuerzas conservadoras y progresistas: la peque&ntilde;a ciudad. Pero lo que el autor logra tambi&eacute;n a trav&eacute;s de esta confrontaci&oacute;n es la s&iacute;ntesis de arte y vida, y es en Italia, entre el pueblo italiano, donde se hace realidad. La obra es en s&iacute; la ant&iacute;tesis de lo que describir&aacute; a&ntilde;os despu&eacute;s en <em>El s&uacute;bdito </em>(<em>Der Untertan</em>, 1918), repitiendo con ello el modelo de novelas anteriores, pues tambi&eacute;n estas se complementan de manera antit&eacute;tica entre s&iacute;. As&iacute; pues, la cr&iacute;tica de la realidad alemana enfrentada a la descripci&oacute;n idealizada de la vida en el sur abre la puerta a los grandes complejos referenciales que van a configurar sus obras de estos a&ntilde;os, un reconocimiento y una negaci&oacute;n de una y la misma realidad en definitiva, cuya diferente expresi&oacute;n social se percibe con toda claridad en funci&oacute;n de los condicionantes de la evoluci&oacute;n hist&oacute;rica. Mann ve&iacute;a en las democracias latinas un modelo positivo que contrastaba con el presente alem&aacute;n, necesitado, en opini&oacute;n del autor que se ve&iacute;a a s&iacute; mismo prisionero de la situaci&oacute;n, de una transformaci&oacute;n radical. Esta situaci&oacute;n, adem&aacute;s, se ver&iacute;a acentuada muy poco despu&eacute;s debido a una gran tragedia: a causa de un fracaso amoroso su hermana Carla decidi&oacute; quitarse la vida. Poco antes, el autor hab&iacute;a roto el compromiso con In&eacute;s, de manera que las dos mujeres m&aacute;s importantes de su vida no volver&iacute;an ya a estar a su lado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Abrumado, sin perspectiva de mayores ingresos, preocupado por tener que volver a vivir como en sus a&ntilde;os j&oacute;venes, redact&oacute; una serie de ensayos entre los que se contaban los titulados <em>Voltaire &ndash; Goethe </em>(1910)<em> </em>y <em>Esp&iacute;ritu y acci&oacute;n </em>(<em>Geist und Tat</em>, 1910), los cuales contribuyeron a difundir su nombre entre la elite literaria que r&aacute;pidamente lo reconoci&oacute; como un escritor de marcado sesgo pol&iacute;tico. En ellos Heinrich Mann llamaba a los intelectuales alemanes a alzarse contra el materialismo de las monarqu&iacute;as modernas, contra el autoritarismo, pues &laquo;el intelectual que se acerca a la casta de los se&ntilde;ores, traiciona su inteligencia&raquo;. Los art&iacute;culos de estos a&ntilde;os, todos ellos de evidente car&aacute;cter pol&iacute;tico, supusieron una v&iacute;a de escape para su conciencia martirizada, hasta el punto de concebir posteriormente estos &uacute;ltimos a&ntilde;os de paz como uno de los cap&iacute;tulos m&aacute;s animados de su vida, tal vez porque consigui&oacute; que algunas de sus piezas teatrales se representaran en Berl&iacute;n y tambi&eacute;n, gracias a Paul Cassirer, una seguridad material que le permiti&oacute; olvidar sus preocupaciones econ&oacute;micas. De nuevo volvi&oacute; a frecuentar el mundo del teatro mientras segu&iacute;a manteniendo el estilo de vida errante que le permit&iacute;a sentirse en casa en diversos pa&iacute;ses, sin necesidad de tener una residencia fija. Amigos de aquellos a&ntilde;os como Waldemar Bonsels o Hans Brandenburg lo ve&iacute;an revivir siempre que estaba en Italia, donde olvidaba todos sus problemas, pues en el sur todo giraba para &eacute;l exclusivamente en torno al arte. Fue entonces cuando una joven generaci&oacute;n de intelectuales empez&oacute; a apreciar su obra. Sus coet&aacute;neos no lo comprend&iacute;an, e incluso su propio hermano arremeter&iacute;a contra &eacute;l p&uacute;blicamente, con un tes&oacute;n y un empe&ntilde;o que sobrepasaba la medida de lo racional simplemente porque la idea defendida por Heinrich de que un imperio que no se sustentara sobre la libertad, la justicia y la verdad, sino tan solo sobre el poder, jam&aacute;s podr&iacute;a llegar a triunfar, no era compartida por Thomas que, por aquel entonces, defend&iacute;a la Alemania guillermina con una convicci&oacute;n que no cambiar&iacute;a hasta que experimentara los horrores de la guerra y se postulara, como ya hac&iacute;a su hermano, como defensor de la nueva Rep&uacute;blica de Weimar y en contra del nacionalsocialismo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Independientemente del lento proceso de maduraci&oacute;n de sus convicciones pol&iacute;ticas, sus opiniones respecto de los ciudadanos del Estado autoritario conformaron muy pronto la tipolog&iacute;a de individuos que pueblan sus obras de esos a&ntilde;os y que encontrar&aacute;n su mejor expresi&oacute;n en <em>El s&uacute;bdito</em>, la novela que en un primer momento pens&oacute; subtitular como &laquo;Historia de la conciencia p&uacute;blica bajo el reinado de Guillermo II&raquo;, en la que, dibujando en su d&iacute;a a d&iacute;a a toda una clase social, hace una cr&iacute;tica decidida del pasado y el presente de una naci&oacute;n y sus formas de gobierno. Ideada en 1906 mientras se encontraba en un caf&eacute; en Unter den Linden justo en el momento en que el emperador pasaba por la avenida, el largo proceso de composici&oacute;n de la obra da muestra de las dificultades que el autor tuvo que superar hasta darle la forma adecuada a la historia de un protagonista que hab&iacute;a crecido respirando &laquo;el aire del imperialismo&raquo;, educado por familia, escuela y ej&eacute;rcito &uacute;nicamente para ser un buen s&uacute;bdito, y que representaba, por ende, con toda su carga de contenido pol&iacute;tico y moral, el car&aacute;cter de la &eacute;poca que Mann pretend&iacute;a reflejar en su novela y para lo cual, no solo bebi&oacute; de sus propias experiencias, sino que llev&oacute; a cabo un intenso programa de documentaci&oacute;n. De ah&iacute; que durante el proceso de escritura de esta obra surgieran otras como la novela <em>Gretchen</em> (1907) o el drama revolucionario <em>Madame Legros</em> (1913). Tras algunos cap&iacute;tulos previos en la revista <em>Simplicissimus</em>, <em>El s&uacute;bdito</em> empez&oacute; a editarse por entregas el 1 de enero de 1914 en la revista muniquesa <em>Zeit im Bild</em>, pero el 13 de agosto la publicaci&oacute;n se interrumpi&oacute; con la excusa de que, dada la situaci&oacute;n del momento, un &oacute;rgano p&uacute;blico no pod&iacute;a publicar un texto cr&iacute;tico con los acontecimientos que se estaban viviendo en el pa&iacute;s, y mucho menos con el emperador. Tal vez porque en ella Heinrich Mann present&iacute;a lo que iba a suceder en aquel imperio alem&aacute;n que, poco a poco se hab&iacute;a convertido en la primera potencia econ&oacute;mica de Europa, y adivinaba la crisis que sobrevendr&iacute;a entre los a&ntilde;os 1914 y 1945. As&iacute; pues, se avino a los deseos de la redacci&oacute;n y la novela no vio la luz hasta pasados cuatro a&ntilde;os, con posterioridad a la edici&oacute;n rusa que se hab&iacute;a publicado en dos vol&uacute;menes. Fue su ajuste de cuentas con el imperio y se convirti&oacute; sin duda alguna en el mayor de sus &eacute;xitos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El 12 de agosto, un d&iacute;a antes de que cesara la publicaci&oacute;n por entregas y dos de que estallara la guerra mundial, Heinrich Mann hab&iacute;a contra&iacute;do matrimonio con Maria (Mimi) Kanov&aacute;, una actriz de Praga a la que hab&iacute;a conocido en 1912 durante el intenso periodo de dedicaci&oacute;n al ensayo y a la escena tras la muerte de Carla. Su hermano Thomas renunci&oacute; a ser testigo e incluso a asistir a la ceremonia. La relaci&oacute;n que cada uno de ellos manten&iacute;a respecto del entorno social hac&iacute;a inviable la comunicaci&oacute;n: Thomas se ve&iacute;a a s&iacute; mismo como un convencido ciudadano del imperio que Heinrich atacaba en sus m&aacute;s s&oacute;lidos cimientos. Las diferencias entre ambos no se resolver&iacute;an hasta 1922, cuando Heinrich hubo de ser operado de una grave peritonitis y, tras una estancia juntos en un balneario en el B&aacute;ltico, Thomas empez&oacute; a acercarse consecuentemente, aunque con algunas reservas, a la posici&oacute;n republicana del hermano hasta llegar a converger de manera progresiva en sus opiniones pol&iacute;ticas y personales. El matrimonio, aun con los muchos problemas econ&oacute;micos y de salud, le aport&oacute; la estabilidad que, en cierto modo deseaba: un domicilio fijo en M&uacute;nich, tranquilidad para leer y escribir y una hija, Henriette Maria Leonie. En Leipzig, la editorial Wolff hab&iacute;a publicado sus novelas en diez vol&uacute;menes, a los que habr&iacute;an de seguir nuevos proyectos, entre ellos la edici&oacute;n de <em>El s&uacute;bdito, </em>la novela de la burgues&iacute;a. Pero antes incluso de que esta edici&oacute;n tuviera lugar, vio la luz en 1917 su continuaci&oacute;n: <em>Los pobres </em>(<em>Die Armen</em>, 1917), la novela del proletariado, tal como rezaba el subt&iacute;tulo, a la que seguir&iacute;a<em> La cabeza</em> (<em>Der Kopf</em>, 1925) la novela de las clases dirigentes. Con ellas dar&iacute;a forma a un ciclo sobre la sociedad alemana en la &eacute;poca guillermina que titul&oacute; <em>El imperio (Das Kaiserreich).</em> Su estado depresivo, directamente relacionado con las vivencias de la guerra, sus estancias en balnearios, los viajes para impartir conferencias, su relativo aislamiento de la vida p&uacute;blica, en definitiva, hab&iacute;an sido su inspiraci&oacute;n para dar voz al dolor por su patria.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>La cabeza</em>, en cualquier caso, no estaba constre&ntilde;ida al entorno de <em>El s&uacute;bdito</em>, sino que trataba de mostrar otro &aacute;mbito de la sociedad de aquella &eacute;poca, el cual, evidentemente, hab&iacute;a desempe&ntilde;ado tambi&eacute;n un importante papel en el desarrollo de los acontecimientos: la alta burocracia, la diplomacia y la industria. Atacando el capitalismo, la visi&oacute;n cr&iacute;tica del autor no solo se agudizaba, sino que se concretaba en una detallada descripci&oacute;n de las relaciones entre pol&iacute;tica y econom&iacute;a que le permitieron describir el ascenso del fascismo a principios de los a&ntilde;os 20 como no lo hab&iacute;a hecho a&uacute;n ning&uacute;n otro escritor hasta el momento. Tal vez por ello deba considerarse como una novela clave, pues encierra las posiciones ideol&oacute;gicas de Mann expresadas a trav&eacute;s de la figura de su protagonista, Klaus Terra, en contraposici&oacute;n a las de su amigo Wolfgang Mangolf, quien logra hacer carrera someti&eacute;ndose a las exigencias del orden social contra el que Terra se revuelve. No obstante, ya sea de una forma u otra, ambos amigos acaban sucumbiendo ante &eacute;l, v&iacute;ctimas de su propia &eacute;poca.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La interpretaci&oacute;n te&oacute;rica de estas novelas se halla en el primer volumen de ensayos que Mann dedica a la Rep&uacute;blica Alemana:<em> Poder e individuo </em>(<em>Macht und Mensch</em>, 1919). Convencido de la necesidad de la uni&oacute;n econ&oacute;mica y pol&iacute;tica del continente expresada por su amigo el conde Richard Nicolas Coudenhove-Kalergi, los ensayos ver&aacute;n su continuaci&oacute;n en los que dedicar&aacute; a la visionaria idea de la necesidad de la constituci&oacute;n de unos Estados Unidos de Europa, a trav&eacute;s de la cual ser&iacute;a posible, dejando atr&aacute;s los grandes errores del pensamiento nacionalista, liberarse, por un lado, de la hegemon&iacute;a brit&aacute;nica y, por otro, de las dictaduras militar y econ&oacute;mica de Rusia y los Estados Unidos respectivamente, pero sobre todo porque una uni&oacute;n de esas caracter&iacute;sticas evitar&iacute;a en un futuro cualquier nuevo conflicto b&eacute;lico en suelo europeo. Esta idea ut&oacute;pica tiene su mejor expresi&oacute;n en <em>El europeo </em>(<em>Der Europ&auml;er</em>, 1916), donde, partiendo de la necesidad urgente de una reconciliaci&oacute;n franco-alemana, llega a plantear incluso la idea de una posible uni&oacute;n monetaria de todos los pa&iacute;ses del continente. Heinrich Mann fue, por tanto, uno de los primeros intelectuales en apoyar la construcci&oacute;n de la actual Uni&oacute;n Europea, en defender una pol&iacute;tica que trajera paz, libertad y justicia a los pueblos, a lo que contribuyeron sin duda su &eacute;tica y sus concepciones democr&aacute;ticas que r&aacute;pidamente lo convertir&iacute;an en inspiraci&oacute;n para autores de generaciones m&aacute;s j&oacute;venes.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los a&ntilde;os siguientes, decepcionantes en el aspecto pol&iacute;tico tras la gran crisis pol&iacute;tico-econ&oacute;mica de 1923, resultaron enormemente fruct&iacute;feros para su producci&oacute;n literaria. Las novelas sobre la decadencia del mundo burgu&eacute;s, en las que Mann recurri&oacute; a t&eacute;cnicas propias de la novela policiaca y del reportaje sensacionalista, vieron la luz en un breve periodo de tiempo. Tanto<em> Madre Mar&iacute;a</em> (<em>Mutter Marie</em>, 1926) como <em>Eug&eacute;nie o La &eacute;poca burguesa</em> (<em>Eug&eacute;nie oder Die B&uuml;rgerzeit</em>, 1928) y<em> El gran negocio</em> (<em>Die gro&szlig;e Sache, </em>1930) tuvieron una excelente acogida debido seguramente a su mezcla de cr&iacute;tica social y de an&aacute;lisis psicol&oacute;gico, aunque tambi&eacute;n al hecho de haber utilizado intencionadamente argumentos y formas populares con la finalidad de acercarse a la vida, a la realidad, tal como har&iacute;a despu&eacute;s con la trama de<em> Una vida de rigor</em> (<em>Ein ernstes Leben</em>, 1932), en la que describe la dureza del d&iacute;a a d&iacute;a en el entorno social en el que hab&iacute;a crecido la mujer que posteriormente se convertir&iacute;a en su segunda esposa, Nelly Kroeger.</p>
<p>En 1928 Heinrich hab&iacute;a trasladado su residencia a Berl&iacute;n, el centro pol&iacute;tico y cultural de Alemania, y en aquellos a&ntilde;os tambi&eacute;n la capital art&iacute;stica e intelectual de Europa. El traslado determin&oacute; tambi&eacute;n su separaci&oacute;n de Mimi y trajo consigo una nueva amistad: durante los ensayos de una comedia de Ernst Toller conoci&oacute; a la actriz Trude Hesterberg, que lo anim&oacute; a ceder los derechos de su <em>Profesor Unrat</em> para una versi&oacute;n cinematogr&aacute;fica, en la que ella har&iacute;a el papel de Rosa Fr&ouml;hlich. Mann accedi&oacute; y r&aacute;pidamente consiguieron que la UFA aceptara la idea, cuya direcci&oacute;n se encarg&oacute; a Josef von Sternberg. Este insisti&oacute; en que el papel de Lola-Lola deb&iacute;a hacerlo Marlene Dietrich, todav&iacute;a una desconocida; para el papel del profesor se contrat&oacute; a Emil Jannings. Friedrich Hollaender puso m&uacute;sica a las canciones, adapt&aacute;ndolas a las nuevas formas del jazz. La pel&iacute;cula se estren&oacute; en 1930; el &eacute;xito no se hizo esperar, y con &eacute;l la fama internacional de su autor, que aument&oacute; tambi&eacute;n en Alemania durante los a&ntilde;os finales de la rep&uacute;blica.</p>
<p>En 1931, cuando, entre solemnes celebraciones, Heinrich Mann celebraba su 60&ordm; aniversario, fue nombrado presidente de la secci&oacute;n literaria de la Academia Prusiana de las Artes de Berl&iacute;n mientras, tambi&eacute;n de forma premonitoria, avisaba de los peligros de la presencia de los nazis en el Parlamento, haciendo una llamada a la uni&oacute;n de los partidos socialista y comunista con el objetivo de hacer frente a la amenaza de la dictadura fascista: &laquo;El imperio de falsos alemanes y de falsos socialistas se construir&aacute; con toda seguridad derramando sangre, pero esto no ser&aacute; nada frente a la sangre que manar&aacute; con su ca&iacute;da&raquo;. Pero nadie oy&oacute; sus palabras y poco despu&eacute;s, en agosto de 1933, ser&iacute;a el primero en figurar en las listas de expatriados. No obstante, perder la nacionalidad alemana no le supuso ning&uacute;n problema. Vivir en el &laquo;exilio&raquo; franc&eacute;s no le resultaba desagradable, pues su car&aacute;cter cosmopolita le imped&iacute;a sentirlo como tal. Aun con todo, en su primer libro de ensayos escrito por completo en la emigraci&oacute;n, <em>El odio</em> (<em>Der Ha&szlig;, </em>1933), no pudo dejar a un lado la situaci&oacute;n que se viv&iacute;a en Alemania, pues puede interpretarse perfectamente como una clara referencia al odio que los nazis sent&iacute;an por la cultura, por los individuos y por la vida. Un a&ntilde;o m&aacute;s tarde, tras su &uacute;ltima visita a Praga, obtendr&iacute;a la nacionalidad checoslovaca, hecho que, sin duda, contribuy&oacute; a aumentar su inter&eacute;s por el comunismo, al entender que la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica ser&iacute;a la &uacute;nica fuerza capaz de derrotar a los nacionalsocialistas. En 1933 fue nombrado presidente honor&iacute;fico de la reci&eacute;n fundada Asociaci&oacute;n para la Protecci&oacute;n de los Escritores Alemanes, un nombramiento al que poco a poco vendr&iacute;an a unirse otros tantos, al tiempo que participaba activamente en la lucha antifascista en pro de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Durante aquellos a&ntilde;os de esperanza y actividad fren&eacute;tica, Heinrich Mann descubri&oacute; la obra del historiador Jules Michelet, cuya descripci&oacute;n de la unidad nacional y de la paz religiosa logradas bajo el reinado del primer Borb&oacute;n le hizo comprender la importancia como hombre de Estado de Enrique IV, a quien Voltaire describ&iacute;a como representante de los ideales ilustrados del siglo XVIII. En torno a su figura girar&iacute;an las dos grandes novelas de este periodo, <em>La juventud del rey Enrique IV </em>(<em>Die Jugend des K&ouml;nigs Henri Quatre, </em>1935) y <em>La madurez del rey Enrique IV </em>(<em>Die Vollendung des K&ouml;nigs Henri Quatre, </em>1938), cuyo valor como obras maestras de la lengua alemana y como modelos de literatura antifascista, reconocieron r&aacute;pidamente sus contempor&aacute;neos, quienes supieron entender a su vez lo que su autor se propon&iacute;a al utilizar el recurso de la comparaci&oacute;n hist&oacute;rica: la realizaci&oacute;n social del ideal humanista. Lograr que ello se hiciera realidad en la lucha pol&iacute;tica del momento presente era la meta a la que aspiraba Mann, pero las circunstancias hist&oacute;ricas estaban del todo en su contra, pues el margen de esperanza que le quedaba tras la toma del poder por los nazis desapareci&oacute; con el estallido de la guerra.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Durante este periodo de tiempo Heinrich Mann vive en Niza. Mimi hab&iacute;a dejado M&uacute;nich en marzo de 1933 y buscado refugio en casa de sus padres, en Praga. La Gestapo hab&iacute;a confiscado de inmediato todas las propiedades del autor, aunque la intervenci&oacute;n del presidente Masaryk hab&iacute;a hecho posible que los libros y algunos valiosos manuscritos fueran enviados a Praga. A pesar de la situaci&oacute;n, los a&ntilde;os en Francia con Nelly a su lado fueron relativamente felices. All&iacute; estaban tambi&eacute;n Joseph Roth, Hermann Kesten, Ren&eacute; Schickele y Lion Feuchtwanger; su hermano Thomas estaba en Z&uacute;rich y se visitaban con cierta frecuencia. Aunque la situaci&oacute;n econ&oacute;mica segu&iacute;a siendo dif&iacute;cil, hab&iacute;a conseguido transferir sus ahorros a Suiza y despu&eacute;s a Francia; tambi&eacute;n recib&iacute;a algunos ingresos de las revistas para las que escrib&iacute;a y una renta de 250 florines de la editorial Querido de &Aacute;msterdam. Pero el pacto entre Hitler y Stalin en 1939, el mismo a&ntilde;o en que contrajo matrimonio con Nelly, puso fin de manera inesperada a aquella vida y, con ella, a cualquier esperanza de recuperar un futuro para Europa. La &uacute;ltima d&eacute;cada de su vida la pasar&iacute;a en un espacio completamente nuevo y desconocido para &eacute;l, al que jam&aacute;s hab&iacute;a pensado viajar: Am&eacute;rica. Su hermano Thomas resid&iacute;a ya all&iacute; desde hac&iacute;a m&aacute;s de un a&ntilde;o, pero Heinrich, aun mientras preparaba el visado para emigrar, segu&iacute;a manteniendo viva la esperanza de una derrota de Hitler tras la cual podr&iacute;a permanecer en el continente. Pero las circunstancias no le fueron en absoluto favorables, pues la prensa de Vichy acusaba a los emigrantes franceses de ser los culpables de la ca&iacute;da de Francia y su nombre volv&iacute;a a aparecer en primer lugar; adem&aacute;s, el mariscal P&eacute;tain hab&iacute;a firmado un armisticio por el que se compromet&iacute;a a entregar a Alemania a los s&uacute;bditos del pa&iacute;s que le fueran requeridos. Lion Feuchtwanger tom&oacute; la iniciativa y puso en marcha los planes de fuga. El consulado americano en Marsella prepar&oacute; toda la documentaci&oacute;n falsa para el grupo que sali&oacute; de all&iacute; el 12 de septiembre de 1940, a las 3 de la ma&ntilde;ana. Iban en &eacute;l Franz Werfel y su esposa, Nelly, Heinrich Mann y uno de sus sobrinos, Golo. Desde Perpignan llegaron a Cerb&egrave;re y desde all&iacute;, a pie, cargados con una mochila, cruzaron los Pirineos por una ruta secreta encontrada por unos voluntarios americanos que guiaron a los fugitivos indic&aacute;ndoles c&oacute;mo continuar despu&eacute;s el camino hasta su destino: un puerto portugu&eacute;s en el que les esperaba el buque griego Nea Hellas, el &uacute;nico vapor que a&uacute;n cruzaba el Atl&aacute;ntico. Desde all&iacute; ver&iacute;a por &uacute;ltima vez el continente al que ya no regresar&iacute;a m&aacute;s: &laquo;La vista de Lisboa me mostraba el puerto. Ser&iacute;a la &uacute;ltima, una vez que Europa quedara atr&aacute;s. Me resultaba incre&iacute;blemente hermosa. Un amor perdido no lo es m&aacute;s&raquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los que lo esperaban al desembarcar en Nueva York (Thomas Mann, Hermann Kesten y Kadidja Wedekind) lo encontraron algo envejecido. Tras descansar algunos d&iacute;as en Princeton, donde por entonces resid&iacute;a su hermano, se traslad&oacute; a Hollywood, a fin de trabajar para la Metro Goldwyn Mayer y la Warner Brothers, motivo por el que se le hab&iacute;a concedido el visado. Esto mismo hac&iacute;an tambi&eacute;n otros escritores emigrados como Alfred D&ouml;blin, Franz Werfel, Leonhard Frank o Walter Mehring. Pero las condiciones no eran precisamente buenas: 60.000 d&oacute;lares al a&ntilde;o por 8 horas de trabajo diario para escribir escenas y guiones que nunca llegaron a utilizarse. Tras romper el contrato, no obstante, llegaron las dificultades econ&oacute;micas; depend&iacute;an de una peque&ntilde;a ayuda de Thomas e incluso Nelly se vio obligada a buscar trabajo. La opini&oacute;n p&uacute;blica tampoco le era demasiado favorable, pues su inclinaci&oacute;n hacia la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica era sobradamente conocida, de manera que durante todo el tiempo que residi&oacute; en los Estados Unidos no dej&oacute; de ser vigilado por el FBI. Curiosamente, sus actas permiten reconstruir a d&iacute;a de hoy los avances que se iban produciendo en la reci&eacute;n creada RDA y que Heinrich Mann contemplaba con enorme inter&eacute;s. La situaci&oacute;n, pues, era poco favorable, pero una vez m&aacute;s recuper&oacute; las fuerzas y sus &uacute;ltimos a&ntilde;os se convirtieron en realidad en un periodo enormemente productivo, durante el cual surgieron un buen n&uacute;mero de trabajos narrativos y ensay&iacute;sticos, algunos de los cuales quedaron, por desgracia, inacabados. Este fruct&iacute;fero periodo se ver&iacute;a truncado por la p&eacute;rdida de su mujer. El cambio de vida y la inseguridad constante en la que viv&iacute;an sin duda hab&iacute;an minado la d&eacute;bil constituci&oacute;n de Nelly, que el 16 de diciembre de 1944 decidi&oacute; poner fin a su vida con una sobredosis de somn&iacute;feros. Hab&iacute;a sido el quinto intento. La desolaci&oacute;n por su muerte vendr&iacute;a seguida de la tristeza por otras desgracias familiares que empa&ntilde;ar&iacute;an los &uacute;ltimos a&ntilde;os de su vida: el suicidio de su sobrino Klaus y la muerte de su hermano peque&ntilde;o, Viktor.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los a&ntilde;os siguientes ser&iacute;an para el autor a&ntilde;os de soledad, de reflexi&oacute;n sobre pasado y presente, de revisi&oacute;n de la &eacute;poca que le hab&iacute;a tocado vivir. <em>Ein Zeitalter wird besichtigt </em>(<em>Revisando una &eacute;poca</em>, 1945) es su obra de estos a&ntilde;os de crisis y a esta revisi&oacute;n del pasado dedica ahora toda su atenci&oacute;n. Tan solo unos pocos amigos iban de vez en cuando a visitarlo: Ludwig Marcuse y Lion Feuchtwanger, ocasionalmente tambi&eacute;n Bertolt Brecht. Algunas horas a la semana las pasaba en casa de su hermano, no lejos de Santa Monica. En su soledad, Heinrich Mann encontr&oacute; de nuevo tiempo para releer a sus autores de anta&ntilde;o mientras continuaba escribiendo la que ser&iacute;a su &uacute;ltima novela: <em>El aliento </em>(<em>Der Atem, </em>1949). En ella describe el d&iacute;a a d&iacute;a de una arist&oacute;crata moribunda que, pr&aacute;cticamente ya sin aliento, revive sus &uacute;ltimas horas mientras se cuestiona su existencia. La protagonista muere justo el mismo d&iacute;a en que estalla la II Guerra Mundial, de manera que su destino coincide, en realidad, con el de toda la sociedad de su &eacute;poca que acabar&aacute; pereciendo de una manera u otra con ella. El mismo a&ntilde;o de su publicaci&oacute;n la novela recibi&oacute; el Premio Nacional de Arte y Literatura de la reci&eacute;n fundada RDA. Solo all&iacute; segu&iacute;a escuch&aacute;ndose su voz, pues su &uacute;nica esperanza era ya la de la idea socialista. No hab&iacute;a logrado integrarse en los Estados Unidos y su malestar no hab&iacute;a hecho m&aacute;s que aumentar desde la muerte de Roosevelt. En Europa le instaban a volver: en 1947 la Universidad Humboldt de Berl&iacute;n le hab&iacute;a otorgado la dignidad de doctor <em>honoris causa</em>, en 1949 hab&iacute;a aceptado la presidencia de la reci&eacute;n fundada Academia de las Artes de Berl&iacute;n, reconocidos autores y pol&iacute;ticos, como Johannes R. Becher o Paul Wandel, que hab&iacute;an apostado por la construcci&oacute;n del Estado socialista, le animaban a trasladarse a Berl&iacute;n. All&iacute; hab&iacute;an puesto a su disposici&oacute;n una casa y en el nuevo edificio de la Academia hab&iacute;an preparado ya su despacho. Su regreso a Alemania estaba, pues, decidido. Llegar&iacute;a al puerto de Gdynia el 28 de abril en el Batory, un buque polaco, tal como le comunic&oacute; a Arnold Zweig el 28 de febrero. Las ilusiones eran muchas, pero no se ver&iacute;an cumplidas: de manera inesperada un derrame cerebral puso fin en su casa de Santa Monica a los sufrimientos de aquellos a&ntilde;os e impidi&oacute; que volviera a ver su querida vieja Europa el escritor que no solo quiso &laquo;describir nuestro siglo en sus novelas, sino transformarlo con ellas&raquo; (Lion Feuchtwanger). Era la madrugada del 12 de marzo de 1950.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 13 Jun 2022 05:09:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nuccio Ordine: “Mi patria es una nación que me permite pensar y escribir libremente”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/nuccio-ordina-mi-patria-es-una-nacion-que-me-permite-pensar-y-escribir-libremente/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2022/Nuccio500.jpg" alt="" /></p>
<div>Si hubiera que definir con una sola palabra a este intelectual, fil&oacute;sofo, escritor, especialista en el Renacimiento y m&aacute;s en concreto en el pensamiento de Giordano Bruno, nacido en Diamante (Calabria, sur de Italia) en 1958, esa palabra ser&iacute;a profesor. O quiz&aacute; maestro, un concepto que seguro le mueve alguna fibra sensible en el recuerdo de quienes le llevaron de la mano en sus primeros a&ntilde;os de estudiante. Porque, m&aacute;s all&aacute; de la obviedad de que efectivamente Nuccio Ordine ejerce la docencia de Literatura italiana en la Universidad de Calabria, de que es miembro de importantes instituciones educativas como el Harvard University Center para estudios del Renacimiento italiano o del Alexander von Humboldt Stiftung; m&aacute;s all&aacute; de ser profesor invitado en prestigiosas universidades americanas y europeas, es en la ense&ntilde;anza donde desembocan la mayor parte de sus preocupaciones como pensador concernido por la deriva materialista del mundo y por el alejamiento de las Humanidades en una sociedad que ha puesto en el centro de sus objetivos el enriquecimiento econ&oacute;mico. Para este pensador, cuyas opiniones se tienen en cuenta en el mismo plano que las de otros prestigiosos intelectuales de nuestro tiempo como Steiner, Vattimo, Sloterdijk&hellip; es en las aulas de las ense&ntilde;anzas medias y universitarias donde hay que dar la batalla para alejarnos de lo que considera el abismo al que nos llevar&aacute; esa deriva social.
<p class="LO-Normal">Ese af&aacute;n pedag&oacute;gico a&ntilde;ade un atractivo a la conversaci&oacute;n con Ordine. Y es la de que aun cuando est&eacute; hablando de un tema muy espec&iacute;fico al alcance de profundos conocedores de su especialidad, el pensamiento renacentista, siempre encuentra la v&iacute;a para poner ante los ojos de sus contempor&aacute;neos c&oacute;mo de la historia se podr&iacute;an sacar valiosas orientaciones para problemas actuales siempre y cuando nos paremos un momento a analizar de d&oacute;nde venimos.</p>
<p class="LO-Normal">Y si hubiera que poner un adjetivo a esa etiqueta de &lsquo;profesor&rsquo; ser&iacute;a la de &lsquo;apasionado&rsquo;. Porque con pasi&oacute;n ejerce su docencia, con pasi&oacute;n acude a las innumerables citas que se le proponen en todo el mundo, y con pasi&oacute;n y sin prisa, a pesar de esa agenda enloquecida que le hace viajar de continuo cuando le dejan libre sus clases, responde a las preguntas de Turia v&iacute;a zoom. Habla un espa&ntilde;ol correct&iacute;simo y a&uacute;n pide disculpas por no hablarlo mejor.</p>
<p class="LO-Normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-Normal"><strong>&ldquo;La escuela es un espejo de un mundo que piensa que hacer dinero es lo m&aacute;s importante de la vida&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-Normal">- Su nombre empez&oacute; a ser m&aacute;s conocido fuera de los ambientes universitarios de Europa y Estados Unidos a ra&iacute;z de la publicaci&oacute;n de su libro &lsquo;La utilidad de lo in&uacute;til. A veces se producen estas paradojas: un libro que clama por algo en principio no muy popular como reivindicar a los cl&aacute;sicos de la literatura y el pensamiento en un mundo que los ha abandonado de repente encuentra el favor del p&uacute;blico y se convierte en un &lsquo;best seller&rsquo; traducido a 23 idiomas y publicado en m&aacute;s de treinta pa&iacute;ses. &iquest;Le sorprendi&oacute;?</p>
<p class="LO-Normal">- Absolutamente. Nunca hab&iacute;a imaginado un &eacute;xito as&iacute; para ese libro.</p>
<p class="LO-Normal">-<strong> </strong>&iquest;Y a qu&eacute; cree que se debe?</p>
<p class="LO-Normal">- He hablado con muchos lectores en estos a&ntilde;os y he comprendido que este libro anticipaba cuestiones que hoy est&aacute;n sobre la mesa, como el abismo en que la educaci&oacute;n est&aacute; cayendo no solo en Italia sino en todo el mundo. El libro naci&oacute; de una necesidad: Cada a&ntilde;o, cuando empezaba mis clases a los estudiantes de primer curso, les hac&iacute;a la misma pregunta: &iquest;Por qu&eacute; est&aacute;is en la Universidad? La pregunta les parec&iacute;a rara, pero para ellos la respuesta estaba muy clara: &lsquo;estamos aqu&iacute; para obtener un t&iacute;tulo, para tener un pasaporte para el mundo laboral&rsquo;. Y yo estoy convencido de que la tarea de un buen profesor es hacer comprender a los estudiantes que no est&eacute;n en la Universidad para buscar un t&iacute;tulo. El t&iacute;tulo es una consecuencia. No puede ser el objetivo prioritario. &iquest;Cu&aacute;l es el objetivo prioritario? Que yo estudio para ser mejor. Esa es la idea. Tienes que abrazar el estudio por s&iacute; mismo, para aprender, para comprenderte a ti mismo y al mundo en el que est&aacute;s viviendo. Pero ahora en todo el mundo los estudiantes no comprenden esto. Y la culpa no es de ellos, es de una sociedad que ha hecho que la educaci&oacute;n est&aacute; al servicio del mercado y del mundo laboral. Para m&iacute;, esto es una locura total. Yo comprendo que el trabajo que se hace en la Universidad tiene que servir de oportunidad para trabajar y ganarse la vida. Pero no puede ser el objetivo principal. Tiene que ser una consecuencia de un buen trabajo. Si yo he estudiado para m&iacute;, para comprender el mundo, para ser mejor, una vez que he estudiado por amor desinteresado al conocimiento el conocimiento puede ser una base para ganar dinero y desarrollar una profesi&oacute;n honorable. Y por qu&eacute; digo honorable. Porque hoy la paradoja de nuestra sociedad se basa en que si tu convences a los estudiantes de que tienen que estudiar para ganar dinero, una vez que tengan el t&iacute;tulo el objetivo no ser&aacute; ejercer una profesi&oacute;n con una &eacute;tica, con una moral. Por eso hoy en todo el mundo baja el nivel &eacute;tico de las profesiones. &iquest;Recuerda el discurso que hizo en septiembre Boris Johnson a los estudiantes en el Reino Unido? Dijo: &ldquo;Estudiantes, atenci&oacute;n, ten&eacute;is que elegir la disciplina que os permita pagar la deuda que hab&eacute;is contra&iacute;do con los estudios&rdquo;. Luego, si yo amo el lat&iacute;n y el griego no tengo que estudiar estas materias, si yo amo la m&uacute;sica, no tengo que estudiar m&uacute;sica, si yo amo la filosof&iacute;a o la literatura no tengo que estudiar filosof&iacute;a o literatura porque son disciplinas que no me permiten pagar la deuda de los estudios y ganar dinero. Por eso triunfan carrereas como inform&aacute;tica, ingenier&iacute;a, medicina&hellip; Si formamos m&eacute;dicos que no estudiaron por amor a la medicina sino para ganar dinero estar&aacute;n disponibles para todo tipo de compromisos extra profesionales. Escuchando a mis alumnos empec&eacute; a tomar notas de escritores y pensadores en torno a esto y comprend&iacute;, como profesor que la direcci&oacute;n de la educaci&oacute;n estaba en una direcci&oacute;n muy peligrosa. De ah&iacute; surgi&oacute; el libro.</p>
<p class="LO-Normal">- En este sentido, si observamos la competencia entre universidades privadas para captar alumnos, la pronta obtenci&oacute;n de un empleo es siempre la cuesti&oacute;n central y en esa competencia ha entrado tambi&eacute;n la Universidad p&uacute;blica. Cada vez se dise&ntilde;an m&aacute;s t&iacute;tulos a la medida de las exigencias del mercado de trabajo.</p>
<p class="LO-Normal">- Es la direcci&oacute;n general de la sociedad. La escuela es un espejo de un mundo que piensa que hacer dinero es lo m&aacute;s importante de la vida. Hay m&aacute;s. En la publicidad, la idea no es s&oacute;lo que puedes ganar dinero sino que con esta disciplina puedes ganar m&aacute;s dinero. La f&oacute;rmula publicitaria tanto en EEUU como en otros lugares es que si t&uacute; entras en determinada &lsquo;bussiness school&rsquo; puedes ganar 80.000 euros en un a&ntilde;o. Esta es una forma de corrupci&oacute;n de los estudios. Los par&aacute;metros para evaluar la calidad de una universidad en todo el mundo hoy en d&iacute;a tienen que ver con lo que ganan sus estudiantes al acceder a un empleo. El resultado es simple. Puede haber una Universidad que forme buenos profesores de griego y lat&iacute;n pero est&aacute; claro que estos profesores ganar&aacute;n 1.500 euros al mes que es el salario de un profesor medio en Europa luego esta Universidad no tendr&aacute; ning&uacute;n reconocimiento. Esto no tiene sentido. El inform&aacute;tico es importante en una sociedad, claro. Pero tambi&eacute;n es importante un profesor de griego y de lat&iacute;n o de filosof&iacute;a o de literatura. Los par&aacute;metros de evaluaci&oacute;n son par&aacute;metros creados para hacer que esta ideolog&iacute;a dominante pueda condicionar el futuro de la educaci&oacute;n.</p>
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<p class="LO-Normal"><strong>&ldquo;El encuentro con los buenos profesores puede cambiar la vida de los estudiantes&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-Normal">- &iquest;Qu&eacute; le motiv&oacute; a dedicarse a la docencia?</p>
<p class="LO-Normal">- Estoy convencido, y lo he escrito en muchos art&iacute;culos, de que el encuentro con los buenos profesores puede cambiar la vida de los estudiantes. Y yo he tenido la suerte de haber tenido buenos profesores en mi vida. Tambi&eacute;n en la escuela primaria. Recuerdo a mi maestra que se llamaba Ofelia Brancati. Cuando era ni&ntilde;o en mi pueblo natal, Diamante, en Calabria, no hab&iacute;a un edificio para la escuela primaria. Y las autoridades pensaron en c&oacute;mo hacer que una escuela obligatoria que no ten&iacute;a sede pudiera ser obligatoria y adoptaron una soluci&oacute;n t&iacute;pica del sur de Italia: los maestros alquilaban en su propia casa una habitaci&oacute;n al Estado para hacer la escuela. Yo curs&eacute; cuatro a&ntilde;os de escuela en la casa de mi maestra. Ten&iacute;amos clase incluso cuando ella estaba enferma, porque nos dec&iacute;a &lsquo;ten&eacute;is que hacer una redacci&oacute;n sobre tal tema&rsquo;. Y ella estaba en la cama y nosotros escrib&iacute;amos en su casa. Era incre&iacute;ble. Tengo un recuerdo muy fuerte de ella. Mi mam&aacute; hace un a&ntilde;o recuper&oacute; un peque&ntilde;o cuaderno donde los profesores de la escuela escrib&iacute;an cada a&ntilde;o un juicio sobre los alumnos. El juicio que hizo sobre m&iacute; soy yo mismo hoy en d&iacute;a. Ella hab&iacute;a comprendido cosas de m&iacute; que despu&eacute;s con el tiempo se hicieron realidad. Descubri&oacute; en m&iacute; rasgos como la sociabilidad, el amor propio, las ganas de hacer cosas buenas y sobre todo la disponibilidad para el trabajo.</p>
<p class="LO-Normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-Normal"><strong>&ldquo;Si la filosof&iacute;a no se transforma en una manera de vivir no sirve para nada&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-Normal">- &iquest;Y c&oacute;mo lleg&oacute; a Giordano Bruno del que se ha convertido en uno de los mayores especialistas?</p>
<p class="LO-Normal">- La universidad de Calabria naci&oacute; en 1974 y yo me inscrib&iacute; en noviembre del 77. En esa &eacute;poca hab&iacute;a muchos j&oacute;venes profesores del Norte de Italia que llegaban aqu&iacute; para empezar su carrera en esta peque&ntilde;a universidad del Sur. Entre ellos, hab&iacute;a uno que hoy es muy conocido en Italia que me dijo: tienes que hacer tu trabajo fin de carrera sobre el s&iacute;mbolo del asno en el Renacimiento. Giordano Bruno hab&iacute;a escrito dos di&aacute;logos sobre este tema, tambi&eacute;n Maquiavelo y otros autores. Leer a Bruno me entusiasm&oacute;. A veces estaba tan excitado por sus ideas que ten&iacute;a que levantarme del asiento. Sobre todo, tres ideas me conmovieron. La primera: la imposibilidad de separar los saberes cient&iacute;ficos de los human&iacute;sticos. &Eacute;l habl&oacute; de ciencia, de literatura, de filosof&iacute;a, de arte, de todos los saberes porque el hombre ha de tener una curiosidad por todo. Pero esta es una idea cl&aacute;sica. &iquest;Qu&eacute; es <em>De rerum natura</em> de Lucrecio? Una obra de literatura, s&iacute;; de filosof&iacute;a, tambi&eacute;n porque est&aacute; toda la idea del epicure&iacute;smo, de la teor&iacute;a del atomismo; de antropolog&iacute;a, claro que s&iacute;, porque hay una visi&oacute;n del hombre; de descripci&oacute;n de una epidemia, claro que s&iacute;, porque habla de la peste. Un personaje como Leonardo qu&eacute; es: es un pintor, claro; es un cient&iacute;fico, claro que s&iacute;; es un escritor, por supuesto ha escrito cuentos; es un m&eacute;dico s&iacute;. Esa es la idea. Los saberes no pueden estar separados.</p>
<p class="LO-Normal">El segundo punto que me gustaba mucho es la idea de la relaci&oacute;n entre el pensamiento y la vida. Para Bruno, la filosof&iacute;a es una manera de vivir. Hoy en nuestra sociedad hay una ruptura total entre lo que yo pienso y lo que yo soy en mi vida cotidiana. En Bruno hay una coherencia. Si la filosof&iacute;a no se transforma en una manera de vivir no sirve para nada. Ser&iacute;a una elucubraci&oacute;n sin sentido. El saber tiene que transformar a la gente. Tiene que metamorfosear a las personas. Cuando leo, no soy la misma persona que antes de leer un libro. Bruno toda su vida mostr&oacute; esa coherencia. La &uacute;ltima p&aacute;gina de su filosof&iacute;a la escribe en la hoguera de Campo de Fiori cuando lo queman el 16 de febrero de 1600. &Eacute;l dijo: &ldquo;Pod&eacute;is quemar a los hombres, pod&eacute;is quemar los libros pero no pod&eacute;is quemar las ideas, no pod&eacute;is quemar el pensamiento&rdquo;. Esa coherencia fue muy inspiradora para mi vida. Para m&iacute; ense&ntilde;ar no es una profesi&oacute;n, es una vocaci&oacute;n.</p>
<p class="LO-Normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-Normal"><strong>&ldquo;Si el conocimiento es una repetici&oacute;n del lugar com&uacute;n no sirve para nada. Por eso las voces que hablan contracorriente son las m&aacute;s importantes en una sociedad&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-Normal">- Y hay una tercera raz&oacute;n.</p>
<p class="LO-Normal">- S&iacute;. La idea de que el pensamiento tiene que ser siempre cr&iacute;tico. La figura de Bruno es la de una figura her&eacute;tica. Porque hereje no significa solo la visi&oacute;n negativa que viene de la Iglesia, sino que es una persona que tiene una idea contraria al dogma. Soy her&eacute;tico porque yo tengo un pensamiento distinto al de la multitud, un pensamiento original, que est&aacute; en la base del conocimiento. Si el conocimiento es una repetici&oacute;n del lugar com&uacute;n no sirve para nada. Por eso las voces que hablan contracorriente son las m&aacute;s importantes en una sociedad. Giordano Bruno es el ejemplo de una voz contracorriente.</p>
<p class="LO-Normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-Normal"><strong>&ldquo;La ciencia para vivir necesita de imaginaci&oacute;n, de creatividad. Y ambas se cultivan con la <em>curiositas</em>&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-Normal">- Acaba de mencionar uno de sus caballos de batalla: el error de separar en momentos clave de la ense&ntilde;anza, los saberes cient&iacute;ficos de los human&iacute;sticos.</p>
<p class="LO-Normal">- Preguntar a un joven de 10 a&ntilde;os &iquest;cu&aacute;l es el trabajo que quieres hacer? Y luego dirigir la educaci&oacute;n hacia ese trabajo es la destrucci&oacute;n total del sentido del conocimiento y de la educaci&oacute;n. No es Nuccio Ordine quien lo dice. Es Albert Einstein, uno de los mayores cient&iacute;ficos de la historia de la humanidad, que escribi&oacute;: Si t&uacute; quieres buenos cient&iacute;ficos y le pides a un joven que elija muy temprano su trabajo, matar&aacute;s el futuro de la ciencia. Porque la ciencia para vivir necesita de imaginaci&oacute;n, de creatividad. Y ambas se cultivan con la &lsquo;curiositas&rsquo;. El estudiante tiene que ser una esponja que absorba todo&hellip; Hoy hay t&eacute;cnicos que no son cultos. En los a&ntilde;os 60 y 70 en mi pueblo en Calabria hab&iacute;a m&eacute;dicos que ten&iacute;an buenas bibliotecas, hab&iacute;a abogados que eran muy cultos. Hoy hay peque&ntilde;os t&eacute;cnicos que saben todo de una peque&ntilde;a parcela, pero no tienen ninguna visi&oacute;n cultural del mundo. Pensemos en el profesor universitario. El profesor universitario en Italia en los a&ntilde;os 70 y 80 era un intelectual, un hombre que ten&iacute;a una visi&oacute;n de la cultura general, hoy hay profesores universitarios que son peque&ntilde;os t&eacute;cnicos en peque&ntilde;&iacute;simas parcelas del saber, pero no saben nada. Esto es el peligro que yo veo para el futuro de la humanidad: bajar el nivel general de la sociedad. Cu&aacute;l es el resultado: gente sin pensamiento cr&iacute;tico, receptores pasivos de ideas de comportamiento y sobre todo consumidores pasivos.</p>
<p class="LO-Normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-Normal"><strong>&ldquo;Una patria ignorante, que no investiga &iquest;c&oacute;mo puede ser defendida?&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-Normal">- &iquest;Por qu&eacute; parece tan dif&iacute;cil aceptar hoy en d&iacute;a que un cient&iacute;fico con un amplio bagaje cultural siempre ser&aacute; un mejor cient&iacute;fico?</p>
<p class="LO-Normal">- Y sin embargo, es una cuesti&oacute;n muy simple. Basta con leer las biograf&iacute;as de los grandes cient&iacute;ficos para comprender que ten&iacute;an una importante cultura human&iacute;stica, de la misma manera que hay literatos que tienen una formaci&oacute;n cient&iacute;fica importante, por ejemplo, pienso en Italo Calvino: ten&iacute;a un conocimiento de la ciencia que le serv&iacute;a para escribir sus novelas. No es solo el cient&iacute;fico el que debe tener una formaci&oacute;n human&iacute;stica. Es una alianza del saber lo que se necesita. Para mostrar los peligros que amenazan a la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica b&aacute;sica, me gustar&iacute;a recordar el di&aacute;logo entre el senador dem&oacute;crata de Rhode Island John Pastore y el f&iacute;sico Robert Wilson de la Cornell University. En abril de 1969, el cient&iacute;fico expone la importancia de su laboratorio (el Fermi National Accelerator La) ante los miembros del Comit&eacute; Conjunto sobre Energ&iacute;a At&oacute;mica del Congreso de los Estados Unidos. Cuando explica los m&eacute;ritos de este centro experimental, se ve interrumpido por el senador que le pregunta por la utilidad de sus investigaciones para la defensa de la patria y la competencia con los rusos. Sorprendido por la extra&ntilde;a pregunta, el f&iacute;sico responde que su proyecto, aunque no sirva para la defensa de la patria, servir&aacute; sin lugar a dudas para hacer que la patria sea m&aacute;s digna de ser defendida. Una patria ignorante, que no investiga &iquest;c&oacute;mo puede ser defendida? Mi proyecto de investigaci&oacute;n tiene que ver con cuestiones como &eacute;sta. &iquest;Somos buenos pintores, buenos escultores, grandes poetas? Me refiero a todo aquello que veneramos y honramos de nuestro pa&iacute;s y por lo cual somos patriotas. En este sentido, el nuevo conocimiento tiene mucho que ver con el honor y con el pa&iacute;s, pero no guarda ninguna relaci&oacute;n directa con la defensa de nuestro pa&iacute;s, excepto porque contribuye a hacer que sea m&aacute;s digno de ser defendido.</p>
<p class="LO-Normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-Normal"><strong>&ldquo;La verdadera investigaci&oacute;n que ha cambiado la vida de la Humanidad son investigaciones b&aacute;sicas que no tienen un objetivo&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-Normal">- En esta batalla no est&aacute; solo. Coincide con prestigiosos cient&iacute;ficos como Fabiola Gianotti, directora del CERN (Centro Europeo para la Investigaci&oacute;n Nuclear) de Ginebra.</p>
<p class="LO-Normal">- S&iacute;. Tuve una entrevista con la directora del CERN de Ginebra. Ella es f&iacute;sica y el CERN es el centro de investigaci&oacute;n b&aacute;sica m&aacute;s importante del mundo. Comentaba c&oacute;mo hoy piden a la ciencia solo cosas que sirvan para el mercado. Solo investigaciones pr&aacute;cticas que tengan una rentabilidad a corto plazo. Ese es el asunto, el corto plazo. Pero la verdadera investigaci&oacute;n que ha cambiado la vida de la Humanidad son investigaciones b&aacute;sicas que no tienen un objetivo. El &uacute;nico objetivo que tienen es el conocimiento. Por ejemplo, el GPS, hoy todos tenemos uno en el m&oacute;vil, pero el GPS es el fruto de una investigaci&oacute;n b&aacute;sica que es la teor&iacute;a de la relatividad de Einstein. Sin ella, hoy no existir&iacute;a el GPS. Pero si un periodista le hubiera preguntado a Einstein &iquest;est&aacute; usted descubriendo la teor&iacute;a de la relatividad para hacer un GPS? &Eacute;l hubiera respondido, no, no estoy interesado en eso. Pero tambi&eacute;n las cosas que se hacen para comprender despu&eacute;s sirven. Es el mismo discurso entre estudiar para el t&iacute;tulo o para comprender. Si pegunto a los estudiantes quien invent&oacute; la radio me dir&aacute;n Marconi, pero &eacute;l no habr&iacute;a inventado nada si antes no hubieran existido dos cient&iacute;ficos Ertz y Maxwell que teorizaron sobre las ondas electromagn&eacute;ticas. Si les hubiesen preguntado para qu&eacute; sirven las ondas electromagn&eacute;ticas hubieran dicho para nada, para saber. Hoy hay una destrucci&oacute;n de esta visi&oacute;n porque solo se invierte dinero si hay un resultado seguro.</p>
<p class="LO-Normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-Normal"><strong>&ldquo;</strong><strong> </strong><strong>Como dec&iacute;a Montaigne, hay cosas que son alimento, pan para el cuerpo, y cosas que son alimento para el esp&iacute;ritu&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-Normal">- Lo malo es que tambi&eacute;n desde los poderes p&uacute;blicos se piensa en esa rentabilidad inmediata.</p>
<p class="LO-Normal">- Es la regla que domina toda nuestra sociedad. La pregunta que lleva a la eliminaci&oacute;n de las Humanidades es &iquest;para qu&eacute; sirven? &iquest;Para qu&eacute; sirve la poes&iacute;a, el griego o el lat&iacute;n, una obra de arte? Como dec&iacute;a Montaigne, hay cosas que son alimento, pan para el cuerpo, y cosas que son alimento para el esp&iacute;ritu. El pan del cuerpo es muy importante porque no puedo vivir si no como. Pero si t&uacute; comes y t&uacute; no tienes pan para el esp&iacute;ritu para la mente, ser&aacute;s un hombre incompleto. Hay una conferencia muy hermosa de Garc&iacute;a Lorca que fue invitado a Fuentevaqueros para la inauguraci&oacute;n de una biblioteca. En ese discurso Lorca dice: si yo estuviera enfermo y pobre en la calle no pedir&iacute;a solo un pan, pedir&iacute;a medio pan y un libro. Es maravilloso: medio pan y un libro. En el momento de la pandemia hemos comprendido las contradicciones de nuestra sociedad. Porque no hab&iacute;a objeciones para que los supermercados estuvieran abiertos, pero para abrir una librer&iacute;a, una escuela, un teatro&hellip; s&iacute; las hab&iacute;a. &iquest;Por qu&eacute;?</p>
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<p class="LO-Normal"><strong>&ldquo;La poes&iacute;a puede decir lo indecible. Hacernos ver lo invisible&rdquo; </strong></p>
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<p class="LO-Normal">- A prop&oacute;sito de Lorca, &eacute;l consideraba imprudente vivir sin la locura de la poes&iacute;a.</p>
<p class="LO-Normal">- S&iacute;, pero el problema es estar acostumbrados. Y creo que este es el deber de la escuela y de la Universidad. Yo puedo decir que en treinta a&ntilde;os de ense&ntilde;anza si t&uacute; eliges un poema que pueda tocar el coraz&oacute;n de los estudiantes, estos llorar&aacute;n y son los mismos que pasan horas frente a un dispositivo de videojuegos. Eso significa que para comprender la poes&iacute;a tienes que tener los instrumentos para comprenderla. Si no est&aacute;s acostumbrado a ese lenguaje no puedes comprender. Pero hoy la escuela no crea una relaci&oacute;n con los cl&aacute;sicos. Leen textos que hablan de Garc&iacute;a Lorca, &iexcl;pero no leen a Garc&iacute;a Lorca! Leen textos que hablan de Eliot, pero no leen la poes&iacute;a de Eliot, no leen la poes&iacute;a de Machado. Una vez hice una experiencia: para hacer comprender a los estudiantes que el objetivo del estudio no es el t&iacute;tulo sino la experiencia del estudio en s&iacute; misma, les le&iacute; dos poes&iacute;as. Una era &lsquo;Itaca&rsquo;, de [Constantin] Cavafis. Cavafis reescribi&oacute; de una manera muy inteligente y original el mito de Ulises. Y le dice al lector: en el viaje de Ulises la cosa importante no es llegar a Itaca sino la experiencia que Ulises vivi&oacute; en su trayecto entre el punto de partida y el de llegada. Esta experiencia es la que le hizo sabio. Machado nos dice &lsquo;Caminante no hay camino, se hace camino al andar&rsquo;. Nos ense&ntilde;a que lo importante no ser&iacute;a llegar a Santiago de Compostela sino la experiencia que podemos vivir juntos en nuestro camino a Santiago. En el fondo, los hombres somos caminantes porque toda nuestra vida es una b&uacute;squeda de la verdad, de la sabidur&iacute;a, del placer, toda nuestra vida es caminar. Y cuando a los estudiantes les hablas as&iacute; comprenden. La poes&iacute;a te hace a comprender tu trabajo como estudiante, porque la fuerza de la poes&iacute;a es decir cosas que tenemos en nuestro coraz&oacute;n, en el alma, en nuestro interior y que no podemos explicar porque no tenemos las palabras. La poes&iacute;a puede decir lo indecible. Hacernos ver lo invisible.</p>
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<p class="LO-Normal"><strong>&ldquo;Los cl&aacute;sicos siempre responden a las preguntas de los lectores&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-Normal">- La lectura de los cl&aacute;sicos, a la que usted invita continuamente, demuestra que la defensa de los valores human&iacute;sticos frente al materialismo viene de lejos. En <em>Cl&aacute;sicos para la vida</em> demuestra que sus ense&ntilde;anzas le sirven igual al hombre de hoy.</p>
<p class="LO-Normal">- S&iacute;, los cl&aacute;sicos siempre responden a las preguntas de los lectores.&nbsp; Cada &eacute;poca tiene preguntas diferentes. El asunto es que los grandes cl&aacute;sicos tienen la capacidad de responder a lo largo de los siglos a preguntas diferentes. La cuesti&oacute;n es hacerles buenas preguntas. Ellos siempre responden y por eso siempre son actuales. Es el lector el que los actualiza. Pero si nadie lo lee un cl&aacute;sico est&aacute; muerto, se convierte en un museo sin vida.</p>
<p class="LO-Normal">- Es cierto que no se va a las fuentes. A los cl&aacute;sicos. Pero, &iquest;qu&eacute; opina de esas obras que tratan de actualizar el lenguaje para d&aacute;rselo masticado a un p&uacute;blico que se considera que ya no es capaz de leerlos sin esta mediaci&oacute;n?. Eso que se llama &lsquo;actualizar el lenguaje&rsquo;.</p>
<p class="LO-Normal">- El problema es que los cl&aacute;sicos se consideran hoy un pretexto para darle al cr&iacute;tico una preponderancia sobre el cl&aacute;sico mismo. George Steiner explic&oacute; esto muy bien. Hay una literatura secundaria que hoy est&aacute; destruyendo la literatura primaria. Con la idea de que el texto es un juego en el que t&uacute; tienes que buscar la met&aacute;fora, la figura ret&oacute;rica&hellip; Es, como podr&iacute;a decir, un pretexto para hablar de otras cosas. Es normal que un estudiante no pueda gozar de un texto si no tiene ciertos instrumentos. Pero para m&iacute; el trabajo de un profesor es elegir las p&aacute;ginas que pueden hacer vibrar las cuerdas del coraz&oacute;n del estudiante y para ello tienes que saber cu&aacute;les son sus problemas. Y despu&eacute;s, decirles a los estudiantes que si quieren comprender <em>El Quijote</em> lo tienen que leer entero porque con un fragmento no lo llegar&aacute;s a comprender. Ser&aacute; esa experiencia la que te lo har&aacute; comprender y no los instrumentos de los cr&iacute;ticos que trabajan sobre sus p&aacute;ginas. Ha habido &eacute;pocas, como la del estructuralismo, en las que el profesor era como un cirujano que seccionaba el texto&hellip; Para m&iacute; no tiene sentido. Una vez que t&uacute; hayas atra&iacute;do a los estudiantes hacia un texto, entonces podr&aacute;n apasionarse por &eacute;l.</p>
<p class="LO-Normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-Normal"><strong>&ldquo;Desafortunadamente, la finalidad de nuestra sociedad es crear consumidores pasivos&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-Normal">- &ldquo;Un hombre libre es un hombre culto porque de lo contrario ser&aacute; esclavo de lo que le expliquen los otros&rdquo;. Esto lo ha escrito usted y parece evidente. Sin embargo, de un tiempo a esa parte nos estamos acostumbrando a que t&eacute;rminos como libertad se usen en campa&ntilde;as publicitarias y pol&iacute;ticas de una manera cuando menos superficial. &iquest;Estamos asistiendo a una, digamos, prostituci&oacute;n de las palabras desde ciertos mensajes?</p>
<p class="LO-Normal">- Desafortunadamente, la finalidad de nuestra sociedad es crear consumidores pasivos. Maquiavelo explic&oacute; esto muy bien cuando dice que el mundo se puede dividir entre la gente que sabe y la gente que no sabe. La gente que sabe no es esclava de nadie porque puede elegir con su pensamiento. La gente que no sabe necesita de alguien que les diga esto es bueno o es malo, en la moda, en las tendencias de internet&hellip; Sin cultura ser&aacute;s presa de los publicitarios. Pensemos en las &lsquo;fake news&rsquo; que circulan en la web, las teor&iacute;as antivacunas&hellip; Esa gente que dice que con la vacuna puede ser que me inyecten cosas&hellip; Todas esas tonter&iacute;as&hellip; Pero, &iquest;c&oacute;mo se puede defender de ello alguien que no tiene cultura?. En esta sociedad es mejor para el poder, para el comercio mundial, que haya gente que no pueda elegir.</p>
<p class="LO-Normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-Normal"><strong>&ldquo;Hemos creado una Europa que tiene una una base econ&oacute;mica, pero no hemos hecho verdaderamente una Europa de la cultura&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-Normal">- Ha mencionado al fil&oacute;sofo y te&oacute;rico de la literatura George Steiner con quien mantuvo una amistad durante a&ntilde;os. Incluso usted le hizo la &uacute;ltima o una de las &uacute;ltimas entrevistas que concedi&oacute; en vida y que, por su deseo, se public&oacute; despu&eacute;s de su muerte. Steiner invitaba siempre a no renunciar al sue&ntilde;o europeo. &iquest;C&oacute;mo ve usted el futuro de Europa?</p>
<p class="LO-Normal">- Esta es una pregunta muy importante, porque hemos creado una Europa que tiene una base comercial, una base econ&oacute;mica, pero no hemos hecho verdaderamente una Europa de la cultura. Esta exist&iacute;a ya de una forma diferente y era la verdadera idea de Europa previa a la Uni&oacute;n Europea. Giordano Bruno, de quien hemos hablado antes, escribe sus obras fuera de Italia, en Francia, en Inglaterra, en Alemania. Cuando Galileo Galilei mira el cielo y hace descubrimientos importantes se produce un debate en toda Europa con cartas que circulan entre los astr&oacute;nomos de diferentes pa&iacute;ses que se ocupan de las mismas cosas. Hay una Europa de la cultura porque muchos poetas y fil&oacute;sofos ten&iacute;an una relaci&oacute;n entre ellos. Hab&iacute;a una Rep&uacute;blica de las Letras, una Rep&uacute;blica a la que pertenec&iacute;an pintores, poetas, cient&iacute;ficos que hablaban entre ellos y cuya idea de patria no era algo estrecho. Giordano Bruno escribi&oacute; una frase muy inspiradora en mi vida: para el verdadero fil&oacute;sofo toda la Tierra es su patria. &iquest;Cu&aacute;l es mi patria? Mi patria es una naci&oacute;n que me permite pensar y escribir libremente. Que me permite leer buenos libros porque tiene buenas bibliotecas y hablar con otros colegas. Lugares que no coinciden con el pueblo natal. Pero Bruno firmaba tambi&eacute;n su obra como El Nolano. Porque naci&oacute; en Nola, un peque&ntilde;o pueblo a 50 kil&oacute;metros de N&aacute;poles. Yo reivindico mis ra&iacute;ces, pero al mismo tiempo soy ciudadano del mundo. Y tengo que a&ntilde;adir algo personal. Todos mis libros importantes lo he escrito en la Biblioteca Nacional de Par&iacute;s, porque yo no ten&iacute;a biblioteca en Calabria. No ten&iacute;a nada. Un d&iacute;a leyendo esa frase de Bruno comprend&iacute; que Francia era mi patria porque all&iacute; ten&iacute;a buenos profesores, buenas bibliotecas y la posibilidad de dialogar con otros colegas que trabajaban all&iacute;. Esta idea de Europa hoy no existe porque la ideolog&iacute;a dominante, y retomamos el mismo discurso, est&aacute; llevando a un terrible ego&iacute;smo. Si haces coincidir la dignidad humana con el dinero est&aacute;s cometiendo un error. Por eso he escrito un libro que saldr&aacute; en el oto&ntilde;o y que se titula <em>Los hombres no son islas</em> que pretende hacer comprender algo que los cl&aacute;sicos nos ense&ntilde;an: si quieres ser feliz, tu felicidad coincidir&aacute; con las cosas que puedas hacer por los dem&aacute;s. Albert Einstein dijo &ldquo;Solo la vida vivida para los dem&aacute;s es una vida que merece ser vivida&rdquo;. S&eacute;neca ha escrito frases maravillosas sobre esto.</p>
<p class="LO-Normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-Normal"><strong>&ldquo;Tenemos una clase pol&iacute;tica que solo piensa en sobrevivir ella misma&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-Normal">- Pero esta no es la idea en la que se basa Europa hoy.</p>
<p class="LO-Normal">- No. La idea que hoy domina en Europa es fruto de la ideolog&iacute;a neoliberal. Y es terrible pensar en una Europa solo fundada sobre una base de la econom&iacute;a de mercado. No. La verdadera Europa es la de la cultura la que puede ense&ntilde;ar a los estudiantes que puedes ser italiano o espa&ntilde;ol pero puedes tener tu patria en Alemania o en Francia. Esta es la idea. El programa Erasmus tendr&iacute;a que hacer esto. El lema m&aacute;s importante de esa ideolog&iacute;a ego&iacute;sta es &lsquo;America first&rsquo; , &lsquo;La France d&rsquo;abord&rsquo;, &lsquo;Prima gli italiani&rsquo;. Es una locura. No tiene sentido decir &lsquo;America first&rsquo;. Los americanos son italianos, argentinos, espa&ntilde;oles, chinos, japoneses&hellip; Trump es un ignorante, demuestra no tener cultura cuando construye el muro fronterizo con M&eacute;xico y dice &lsquo;tenemos que pensar en los americanos&rsquo;, cuando la historia de la emigraci&oacute;n americana es la de mil pueblos, mil lenguajes diferentes, mil colores de piel. Tenemos una clase pol&iacute;tica que solo piensa en sobrevivir ella misma. El pol&iacute;tico est&aacute; en campa&ntilde;a electoral permanente. Todo el d&iacute;a piensa en c&oacute;mo prepararse para la pr&oacute;xima elecci&oacute;n. La escuela y la universidad deber&iacute;an ser lugares de resistencia a esta visi&oacute;n brutal. Son lugares de reproducci&oacute;n de esta ideolog&iacute;a. Me enfado mucho cuando desde Europa se lanza el mensaje de &lsquo;hemos ganado a las multinacionales que no pagaban impuestos y ahora pagan el 15%&rsquo;. Es un esc&aacute;ndalo. Porque yo pago el 45% de impuestos y soy un profesor. &iquest;Por qu&eacute; una multinacional que gana millones y millones de euros no puede pagar m&aacute;s impuestos? Hay desigualdades que no se pueden permitir. Los datos que se dieron a conocer en el Foro Econ&oacute;mico mundial de Davos hablan muy claro: el 1% de la poblaci&oacute;n mundial tiene el 82% de las riquezas del mundo. No tiene sentido. Pero &iquest;qui&eacute;n habla contra esto?</p>
<p class="LO-Normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-Normal"><strong>&ldquo;No es verdad la idea dominante de que solo podemos hacer basura porque la gente pide basura. Podemos estimular a la gente&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-Normal">- &iquest;Qu&eacute; piensa cuando oye la t&oacute;pica frase de &lsquo;la cultura no vende&rsquo;?</p>
<p class="LO-Normal">- Yo dirijo en Italia una colecci&oacute;n de cl&aacute;sicos de la literatura que es &uacute;nica en Europa porque por primera vez se han hecho ediciones biling&uuml;es. Siempre con la lengua original enfrente. Siempre. Cuando quise poner en marcha esta colecci&oacute;n habl&eacute; con directores de editoriales italianas muy importantes. El problema es que la mayor&iacute;a de la gente que se ocupa de esto son ejecutivos, son hombres de negocios, especialistas en administraci&oacute;n. Yo tuve la idea de hacer la primera edici&oacute;n del mundo biling&uuml;e del Quijote. Y me dijeron &ldquo;es una locura&rdquo;, &ldquo;&iquest;qui&eacute;n querr&aacute; comprar una edici&oacute;n biling&uuml;e del quijote que ser&aacute; un tomo enorme?&rdquo;. Yo respond&iacute; podemos hacerlo, &ldquo;no es una locura&rdquo;. Pero, claro, quien me dec&iacute;a esto antes era el jefe de una empresa que vend&iacute;a agua mineral. Al final hice la colecci&oacute;n con Bompiani y vendimos 15.000 ejemplares del Quijote. 14.000 de una edici&oacute;n biling&uuml;e de Montaigne. Ahora he hecho la primera edici&oacute;n biling&uuml;e del &lsquo;Ulises&rsquo; de Joyce. Se agot&oacute; en una semana. &iquest;Qu&eacute; significa esto? Que esas frases sobre que la cultura no vende no son m&aacute;s que lugares comunes. No es verdad la idea dominante de que solo podemos hacer basura porque la gente pide basura. Podemos estimular a la gente. Podemos hacer cosas importantes. Si todo el mundo razonara de esa forma en cincuenta a&ntilde;os tendr&iacute;amos una sociedad de ignorantes que pedir&iacute;an solo ordenadores y m&oacute;viles. Pienso mucho sobre el futuro. &iquest;Cu&aacute;l es el futuro? &iquest;Es una victoria de una visi&oacute;n de la sociedad de las multinacionales seg&uacute;n la cual t&uacute; tienes que estar encerrado en casa porque tienes Amazon que te lleva el libro, el &lsquo;chino&rsquo; que te lleva la comida, la universidad telem&aacute;tica, el teletrabajo, las relaciones humanas a trav&eacute;s de Facebook? &iquest;Es la idea de Jap&oacute;n que tiene los hikikomoris [personas que llevan al extremo el abandono de toda relaci&oacute;n social]? Esta es la locura del futuro. El hombre aislado donde lo virtual es m&aacute;s importante que lo real. Con la pandemia muchos rectores de universidad han pensado que era una oportunidad para que la ense&ntilde;anza telem&aacute;tica se extendiera, pero para m&iacute; esto es una locura total. La pandemia ha sido el caballo de Troya para aprovecharse de una situaci&oacute;n de emergencia en la que felizmente ten&iacute;amos posibilidades de seguir adelante con el curso a distancia, pero eso era una emergencia, algo excepcional.</p>
<p class="LO-Normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-Normal"><strong>&ldquo;Cuando una religi&oacute;n te pide matar un hombre en nombre de Dios la religi&oacute;n est&aacute; matando la esencia de la idea de religi&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-Normal">- En breve se publicar&aacute; en Espa&ntilde;a un nuevo libro suyo, <em>Tres coronas para un rey</em> que recoge la investigaci&oacute;n de doce a&ntilde;os sobre la empresa [emblema] del rey Enrique III de Francia (1574-1589). Su investigaci&oacute;n aporta novedades sobre la divisa real, una vez analizado el ambiente social y pol&iacute;tico de la &eacute;poca y de reconstruir el debate en torno a los misteriosos proyectos pol&iacute;ticos culturales que est&aacute;n representados por el s&iacute;mbolo.</p>
<p class="LO-Normal">- Cada rey ten&iacute;a una empresa. Una empresa era como un programa pol&iacute;tico, religioso, literario, militar, diplom&aacute;tico, art&iacute;stico y filos&oacute;fico de un rey. La empresa de Felipe II por ejemplo era &lsquo;non sufficit orbis&rsquo; (el mundo no es suficiente) que nos habla del proyecto muy imperialista de la monarqu&iacute;a espa&ntilde;ola. En el caso del rey Enrique III de Francia en su empresa hay una imagen con tres coronas y hay un lema en lat&iacute;n: &lsquo;manet ultima coelo&rsquo; que se traduce como &lsquo;la &uacute;ltima que asciende en el cielo&rsquo; o &lsquo;la &uacute;ltima dejada en el cielo&rsquo;. &iquest;Cu&aacute;l es la idea de Enrique III? &iquest;Por qu&eacute; estas tres coronas? Dos est&aacute;n abajo sobre la tierra y una est&aacute; en el cielo entre nubes. &iquest;Qu&eacute; significa? Las dos coronas en la tierra se comprenden bien porque Enrique III fue rey de Polonia (1573) pero a la muerte de su hermano Carlos IX que era rey de Francia hereda tambi&eacute;n este reinado en 1574. La corona del cielo &iquest;qu&eacute; significa? La investigadora Frances Yates (1899-1981) explic&oacute; que las dos coronas que est&aacute;n en la tierra representan el poder civil y deben estar al servicio de la religi&oacute;n que ser&iacute;a la tercera corona, la que est&aacute; en el cielo. Esta es la que obtendr&aacute; el monarca una vez muerto como recompensa por su trabajo en la tierra en torno a la religi&oacute;n. Mi lectura es la contraria e incluye dos posibilidades para entender esta tercera corona.</p>
<p class="LO-Normal">- &iquest;Cu&aacute;les?</p>
<p class="LO-Normal">- En aquellos momentos Francia est&aacute; inmersa en las guerras de religi&oacute;n (tambi&eacute;n Inglaterra y Alemania). Durante los 15 a&ntilde;os que Enrique IIl fue monarca en Francia hubo cuatro guerras de religi&oacute;n. No se puede comprender el sentido de la tercera corona si no comprendes el cuadro hist&oacute;rico de estas guerras. Para m&iacute; la que est&aacute; en el cielo significa dos cosas. La primera es que representa a Inglaterra porque hay toda una literatura imperialista francesa que piensa que la tercera corona del reino tiene que ser Inglaterra: su conquista era una aspiraci&oacute;n, la misma que ten&iacute;a Felipe II. &iquest;Cu&aacute;l es el mensaje de Enrique III a la reina Isabel I de Inglaterra?&nbsp; No hay problema con la aspiraci&oacute;n hist&oacute;rica de Francia porque esa tercera corona est&aacute; en el cielo. Era un mensaje en c&oacute;digo a la reina. Para hacerle comprender&nbsp; que los enemigos comunes de Espa&ntilde;a e Inglaterra eran los espa&ntilde;oles: ten&iacute;an que unirse contra los cat&oacute;licos radicales espa&ntilde;oles.</p>
<p class="LO-Normal">La otra posibilidad est&aacute; relacionada con &eacute;sta y es la idea de que la tercera corona es el s&iacute;mbolo de la religi&oacute;n en un sentido contrario al de Yates. Las dos coronas en la tierra representan el poder civil. En la lectura de la Yates el poder civil tiene que estar al servicio del poder religioso. En la visi&oacute;n de Enrique III y de Isabel I es exactamente el contrario: la religi&oacute;n est&aacute; al servicio de la monarqu&iacute;a terrena. Esto est&aacute; muy claro en Inglaterra porque el jefe de la Iglesia es el rey. Y Enrique III, a trav&eacute;s de las interpretaciones de muchos textos que he le&iacute;do, cree que tiene que ser &eacute;l el &lsquo;Papa&rsquo;, es decir, el mediador entre lo humano y lo divino.&nbsp; Maquiavelo es el primero que teoriz&oacute; sobre la religi&oacute;n como instrumento de gobierno. A Enrique III le gustar&iacute;a utilizar la tercera corona al servicio de la monarqu&iacute;a y de la paz. La religi&oacute;n estaba creando muchos problemas en la vida civil, hab&iacute;a perdido su sentido original. La ra&iacute;z etimol&oacute;gica de religi&oacute;n es &lsquo;religare&rsquo;, reunir. La religi&oacute;n administrada por el rey tiene que ser un mensaje de paz para decir que cada uno tiene que ejercer su religi&oacute;n, pero la verdadera religi&oacute;n es la unidad del pueblo y de la monarqu&iacute;a. La religi&oacute;n al servicio de la vida civil. Es muy interesante este discurso llevado al mundo de hoy donde el fanatismo religioso y los que matan en nombre de Dios se han convertido en un problema en la actualidad. Cuando una religi&oacute;n te pide matar un hombre en nombre de Dios la religi&oacute;n est&aacute; matando la esencia de la idea de religi&oacute;n. Este libro al lector le pide un compromiso, un esfuerzo. Pero ya lo dijo Bruno: sin esfuerzo no hay conocimiento,</p>
<p class="LO-Normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-Normal"><strong>&ldquo;Defiendo la idea de que los hombres no son islas separadas entre s&iacute;. Que la humanidad es un &uacute;nico continente&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-Normal">- Pero este no es el &uacute;nico libro suyo que aparecer&aacute; en Espa&ntilde;a en los pr&oacute;ximos meses. Para oto&ntilde;o est&aacute; prevista la publicaci&oacute;n en castellano de uno de sus &uacute;ltimas entregas a la imprenta: <em>Los hombres no son islas</em>.</p>
<p class="LO-Normal">- Es un libro que est&aacute; en la misma l&iacute;nea que <em>La utilidad de lo in&uacute;til</em>. En &eacute;l defiendo la idea de que los hombres no son islas separadas entre s&iacute;. Que la humanidad es un &uacute;nico continente. Contra la visi&oacute;n insular que hoy domina en el mundo. Imaginemos los EEUU con Trump, la Francia con Le Pen, Espa&ntilde;a con Vox, Italia con Salvini, Austria con los fascistas. Esta idea de construir muros, barreras entre los seres humanos. No es as&iacute;. Los cl&aacute;sicos, la literatura, nos ense&ntilde;an que los hombres est&aacute;n conectados. Es la idea de fraternidad, un sentido que estamos perdiendo en esta &eacute;poca de ego&iacute;smo en que solo el dinero es el &uacute;nico valor. Hay muchas otras cosas que pueden hacer a los hombres felices que no es el dinero.</p>
<p class="LO-Normal">- No s&eacute; si en este aparecer&aacute;n m&aacute;s mujeres. Se lo pregunto porque me llam&oacute; la atenci&oacute;n de que en <em>Cl&aacute;sicos para la vida</em> solo aparece una: Marguerite Yourcenar.</p>
<p class="LO-Normal">- Esa misma pregunta me la hizo una feminista en Barcelona. Y yo le dije: &iquest;me puede decir diez nombres de mujer entre el mundo cl&aacute;sico y el siglo XVI que hayan escrito libros? <em>La utilidad de lo in&uacute;til</em> es un libro proyectado al pasado y por tanto refleja una porci&oacute;n de la realidad. Y se atiene a un canon que no es m&iacute;o, es el canon de la historia. Se puede pensar en Safo, pero no es lo mismo alguien que haya escrito poes&iacute;a que haya hecho una obra que haya tenido influencia. Pero la pregunta es buena porque en mi pr&oacute;ximo libro hay muchas mujeres, pero m&aacute;s cercanas en el tiempo: Emily Dickinson, Virginia Woolf, Madame de Laffayette&hellip;</p>
<p class="LO-Normal">- En la entrevista que usted le hizo a Steiner le preguntaba si nunca hab&iacute;a tenido la tentaci&oacute;n de abordar un texto de creaci&oacute;n literaria y a m&iacute; me gustar&iacute;a terminar esta entrevista traslad&aacute;ndole la misma cuesti&oacute;n. &iquest;Nunca se ha planteado escribir una novela o un libro de relatos?</p>
<p class="LO-Normal">- No creo que tengo calidad para hacer eso. Cada uno tiene que analizar su potencialidad y yo creo que no tengo calidad para ser un escritor. Soy muy riguroso conmigo mismo, por lo menos hasta ahora. Ma&ntilde;ana no s&eacute; si tendr&eacute; ese deseo. Ahora mi vida es una vida de profesor que escribe sobre los temas que ha estudiado y en esa escritura yo tengo un objetivo: me esfuerzo para que mi escritura sea clara. Pienso que debo hacer ese esfuerzo para que el lector lo tenga m&aacute;s f&aacute;cil. Yo tardo horas y horas en escribir una p&aacute;gina. Y los traductores me dan las gracias. No me gustan la escritura de los ensayistas cr&iacute;pticos, oscuros. Yo puedo comprender que la literatura puede ser misteriosa pero el objetivo de un ensayo es hacerse comprender. Si para entender a Nuccio Ordine necesitas un se&ntilde;or que explique el pensamiento de Nuccio Ordine no tiene sentido.</p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 13 Jun 2022 05:03:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Heinrich Mann protagoniza el nuevo número de la revista TURIA]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/heinrich-mann-protagoniza-el-nuevo-numero-de-la-revista-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2022/HEINRICH_MANN_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>De com&uacute;n acuerdo con el Goethe Institut, se ha programado la presentaci&oacute;n de TURIA en su sede de Madrid el pr&oacute;ximo 15 de junio, a las 19,30 h. Un evento de acceso libre que tendr&aacute; como presentadora a una gran especialista en las literaturas europeas: Mercedes Monmnay.</p>
<p>TURIA pretende redescubrir en espa&ntilde;ol tanto la original obra literaria como la singular vida de Heinrich Man. Hace 151 a&ntilde;os que naci&oacute; Mann pero su literatura cr&iacute;tica contra una sociedad cada vez m&aacute;s autoritaria y militarista sigue teniendo clara vigencia y merece ser conocida en nuestro idioma por nuevas generaciones de lectores. El objetivo de TURIA es dar visibilidad al otro escritor de la familia Mann, al hermano mayor del c&eacute;lebre Thomas Mann, que obtuvo el Premio Nobel de Literatura y que est&aacute; un&aacute;nimemente considerado como un cl&aacute;sico de la literatura universal, con t&iacute;tulos como <em>La monta&ntilde;a m&aacute;gica,</em> <em>Los Buddenbrook </em>o <em>Muerte en Venecia</em>.</p>
<p>Conviene recordar que Heinrich Mann (1871-1950) tuvo que exiliarse en 1933 perseguido por Hitler. Terminar&iacute;a muriendo en 1950 en la ciudad norteamericana de Santa M&oacute;nica, en California, olvidado por casi todos, abrumado por las sucesivas muertes de las personas de su entorno y en situaci&oacute;n de precariedad econ&oacute;mica. S&oacute;lo la reci&eacute;n creada RDA se mostr&oacute; partidaria de que volviera a Europa&nbsp; y&nbsp; ten&iacute;a&nbsp; inter&eacute;s en rehabilitarlo con todos los honores acad&eacute;micos pero un derrame cerebral acabar&iacute;a, en marzo de 1950, con su proyecto de retornar a su pa&iacute;s ahora dividido tras la Segunda Guerra Mundial.</p>
<p>TURIA es una revista de periodicidad cuatrimestral que tiene una edici&oacute;n en papel y otra&nbsp; digital (web y Facebook). Con casi 40 a&ntilde;os de trayectoria, est&aacute; considerada como una de las publicaciones peri&oacute;dicas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. Est&aacute; editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, y cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero dedicado a Heinrich Man ha sido posible gracias al apoyo de la Fundaci&oacute;n Samuel Fischer, que cuida del legado intelectual de la familia Mann y que est&aacute; radicada en Frankfurt. Tambi&eacute;n ha contado con el mecenazgo de la Universidad Complutense. En su presentaci&oacute;n colabora el Goethe Institut.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>REIVINDICACI&Oacute;N DE HEINRICH MANN, UN AUTOR S&Iacute;MBOLO DE LA CAUSA DE LA LIBERTAD Y DE LA LUCHA FRENTE AL AUTORITARISMO</strong></p>
<p><strong></strong>Vivimos tiempos dif&iacute;ciles, complejos, que requieren compromisos y la cultura no debe ni puede permanecer ajena a esta coyuntura llena de peligros para las sociedades libres y democr&aacute;ticas. De ah&iacute; que el nuevo n&uacute;mero de TURIA se dedique a reivindicar la obra de Heinrich Mann, un autor que se identifica bien con la l&iacute;nea de trabajo cultural que caracteriza a TURIA: ser una revista plural e independiente pero nunca neutral ni equidistante.</p>
<p>De ah&iacute; que este nuevo n&uacute;mero de TURIA, y la elecci&oacute;n de Heinrich Mann como protagonista de su monogr&aacute;fico, responda a esa voluntad de manifestar el compromiso de la revista con la difusi&oacute;n de la obra de autores que simbolizan la causa de la libertad en unos momentos en los que en Europa se est&aacute; viviendo una guerra entre democracia y autoritarismo.</p>
<p>El monogr&aacute;fico de TURIA sobre Heinrich Mann es fruto de la colaboraci&oacute;n cultural hispano-alemana. Est&aacute; coordinado por Isabel Hern&aacute;ndez, Catedr&aacute;tica de Literatura en Lengua Alemana la Universidad Complutense. Es una de las estudiosas m&aacute;s acreditadas en Espa&ntilde;a de la literatura en lengua alemana y ha coordinado con anterioridad alg&uacute;n monogr&aacute;fico en TURIA, como el dedicado al suizo Robert Walser.</p>
<p>Como escribe Isabel Hern&aacute;ndez en TURIA, el objetivo de Heinrich Mann con su trabajo literario no s&oacute;lo fue &ldquo;describir nuestro siglo en sus novelas, sino transformarlo con ellas&rdquo;. &nbsp;Todos los que autores alemanes que participan en el Cartapacio son especialistas en la obra de Mann y tienen numerosas publicaciones&nbsp; sobre &eacute;l.&nbsp; Es el caso de Paulo Soethe,&nbsp; Britta Dittmann,&nbsp; Peter Stein, Ariane Martin, Margit Raders, Cordula Greinert. Andrea Bartl es la presidenta de la sociedad Heinrich Mann. Tanja Kinkel es una famosa escritora alemana (con obras traducidas al espa&ntilde;ol), que es presidenta de una de las sociedades internacionales sobre el exilio y conoce muy bien todo el trasfondo de esa &eacute;poca y ha escrito tambi&eacute;n sobre ello. Edgar Feuchtwanger es sobrino del escritor alem&aacute;n Lion Feuchtwanger, exiliado en California y amigo de los Mann, y que lo conoci&oacute; personalmente.</p>
<p>Respecto a los colaboradores espa&ntilde;oles del monogr&aacute;fico de TURIA lo integran destacados estudiosos y autores que conocen bien su obra como el escritor Pablo d&rsquo;Ors; el prestigioso fil&oacute;logo y traductor chileno nacionalizado espa&ntilde;ol y de ascendencia h&uacute;ngara Adan Kovacsics; el traductor y profesor Carlos Fortea; la escritora, editora, cr&iacute;tica literaria y estudiosa de la literatura europea Mercedes Monmany; el escritor y cr&iacute;tico literario Rafael Narbona y Marisa Siguan,&nbsp; catedr&aacute;tica de Literatura Alemana de la Universidad de Barcelona.</p>
<p>En definitiva, a trav&eacute;s de diecis&eacute;is art&iacute;culos y una pormenorizada biocronolog&iacute;a, el lector en espa&ntilde;ol tendr&aacute; acceso a todas las claves de un autor cuya obra no permite la indiferencia y que acredita que nos hallamos ante un escritor de talento que cre&iacute;a en el poder transformador de la literatura. As&iacute;, se habla de su novel&iacute;stica, de su relaci&oacute;n con las artes pl&aacute;sticas, del papel de la m&uacute;sica en su obra, de su correspondencia, de la relaci&oacute;n con su hermano Thomas Mann, de su idea de Europa, de sus v&iacute;nculos con la Espa&ntilde;a republicana, de su exilio y de sus principales y m&aacute;s influyentes amistades de quien siempre se defini&oacute; como un autor de firmes valores democr&aacute;ticos, tolerante y antinacionalista.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>MERCEDES MONMANY, UNA PRESENCIA RELEVANTE EN &ldquo;TURIA&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>Mercedes Monmany ha colaborado en numerosas ocasiones con TURIA. Su relaci&oacute;n se inicia en 1999 y se ha mantenido en el tiempo. De manera peri&oacute;dica, la revista ha dado cabida a art&iacute;culos in&eacute;ditos suyos sobre autores como Claudio Magris, Wislawa Szymborska, Natalia Ginzburg, Robert Walser, Emmanuel Carr&egrave;re o Enrique Vila-Matas y a textos de cr&iacute;tica literaria.</p>
<p>Licenciada en Ciencias de la Informaci&oacute;n por la Universidad Complutense de Madrid, ha sido&nbsp;asesora y editora literaria. Organizadora de numerosos ciclos y encuentros, ha comisariado&nbsp;varias exposiciones antol&oacute;gicas&nbsp;de escritores&nbsp;como&nbsp;Isaac Bashevis Singer, Julio Verne&nbsp;y Giuseppe Tomasi di Lampedusa, y traducido a autores como Leonardo Sciascia, Attilio Bertolucci, Francis Ponge y Philippe Jaccottet. Desde 1999 viene desarrollando su labor cr&iacute;tica en el suplemento cultural del peri&oacute;dico &ldquo;ABC&rdquo; y anteriormente lo hizo en &ldquo;La Vanguardia&rdquo; y&nbsp; &ldquo;El Pa&iacute;s&rdquo;. Su obra m&aacute;s aclamada ha sido el ensayo, editado en 2015 por Galaxia.</p>
<p>Gutenberg, &ldquo;Por las fronteras de Europa. Un viaje por la&nbsp;narrativa&nbsp;de los siglos XX y XXI&rdquo;. Otro de sus libros m&aacute;s difundidos es &ldquo;Ya sabes que volver&eacute;&rdquo;, un ensayo en el que cuenta la historia de&nbsp; tres&nbsp; grandes&nbsp; escritoras&nbsp; muertas&nbsp; en&nbsp; Auschwitz&nbsp; (una&nbsp; novelista&nbsp; francesa,&nbsp; Ir&egrave;ne N&eacute;mirovsky, una poeta alemana, Gertrud Kolmar y una escritora de diarios holandesa, Etty Hillesum). Su &uacute;ltima obra, editada en 2021 por Galaxia Gutenberg, es el ensayo &ldquo;Sin tiempo para el adi&oacute;s: exiliados y emigrados en la literatura del siglo XX&rdquo;, donde estudia a algunos de los m&aacute;s grandes creadores europeos del pasado siglo que see vieron obligados a emprender el doloroso camino del exilio.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 06 Jun 2022 09:53:32 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Javier Vela: “El impulso creador proviene siempre de la existencia de un conflicto previo”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/javier-vela-el-impulso-creador-proviene-siempre-de-la-existencia-de-un-conflicto-previo/</link>
      <description><![CDATA[<p>S</p>
<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2024/1645438290JAVIERVELA_Foto_Lupe_Dur_n2web_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si bien se dio a conocer con un pu&ntilde;ado de versos reconocidos en 2003 por el Premio Adonais, Javier Vela (Madrid, 1981) es un narrador pausado, que ladea su escritura hacia una elegancia sutil en el decir, un prop&oacute;sito de no derrochar palabras, una estructura de b&oacute;vedas cuya eficacia permite que lo que sustenta el cuento mantengan una intensidad que emerge con delicadeza. Once relatos componen &ldquo;Gu&iacute;a de pasos perdidos&rdquo; (P&aacute;ginas de Espuma), un manojo en agua de crisantemos (por cuanto remiten a la soledad, pero una soledad no tan retra&iacute;da como acostumbra).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Lo que hace que los pasos se pierdan, &iquest;es el miedo, la duda, la distracci&oacute;n?</p>
<p>- Probablemente, todo ello a la vez. Pero tambi&eacute;n la voluntad de extraviarse a sabiendas, de escapar del contexto para reconciliarse con uno mismo. En medio de ese espacio desconocido, nuestra identidad se ilumina de pronto &laquo;como una cerilla en un cuarto oscuro&hellip;&raquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &ldquo;Se echa de ver no obstante su presencia (&hellip;) tan pronto se entra en casa&rdquo;. &iquest;Cu&aacute;ntos fantasmas pueblan la escritura de qui&eacute;n escribe y de qu&eacute; manera operan?</p>
<p>- Es muy curioso c&oacute;mo todo aquello que no expresamos a tiempo termina fermentando y convirti&eacute;ndose en vinagre freudiano. Si el impulso creador proviene siempre (o yo as&iacute; lo creo) de la existencia de un conflicto previo, y si este termina resolvi&eacute;ndose con m&aacute;s o menos acierto en una pieza art&iacute;stica o literaria, es s&oacute;lo gracias a que esos fantasmas han accedido a sentarse a nuestra mesa aceptando el lugar que cada uno, a su modo, les ha reservado en ella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &ldquo;&hellip;se desprende un viso de misterio que asoma lo irreal&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; porci&oacute;n de contingencia, de irracionalidad, de azar, permite Javier Vela en sus relatos?</p>
<p>- Me gusta dar espacio a las latencias (on&iacute;ricas, psicol&oacute;gicas, emocionales) que existen en mi propia vida, y que efectivamente trasvasan el marco expresivo de la literatura realista. Pero, en esa misma medida, y dado que se integran en el cuento de forma org&aacute;nica, no ser&iacute;a capaz de cuantificarlas ni de ponerles nombre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- La mayor parte de sus personajes, de alguna manera, se encuentran <em>solo</em> cuando se pierden, como Fabio. &iquest;De qu&eacute; depende que la vivencia traspase, nos modifique, que uno, como Fabio &ldquo;sea todo lo que ha visto&rdquo;.</p>
<p>- No podr&iacute;a decirlo con seguridad. Quiz&aacute; el &uacute;nico modo de que la experiencia arraigue en nosotros con autenticidad sea reingresar en ella mediante el an&aacute;lisis, pero eso, claro, no deja de ser una vivencia vicaria que excluye la epifan&iacute;a, porque lo epif&aacute;nico s&oacute;lo puede acaecer en el presente. La memoria nos truca la baraja, en fin, y cualquier ejercicio de evocaci&oacute;n entra&ntilde;a siempre una negociaci&oacute;n intempestiva con quienes fuimos.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;Hay que entrenar como un m&uacute;sculo la fantas&iacute;a y la imaginaci&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>- Pienso en el relato <em>Est&aacute;s de suerte, Quim</em>, &iquest;cu&aacute;ndo &ndash;si es que alguna vez procede- conviene perder la cabeza?</p>
<p>- Creo que muy a menudo conviene poner un pie fuera de la realidad, por decirlo as&iacute;. La azarosidad de ciertos hechos, como los que tienen lugar en ese cuento, suele encajar de forma m&aacute;s el&aacute;stica en mentes acostumbradas a albergar pensamientos "laterales" o que diverjan un tanto del juicio com&uacute;n. De ah&iacute; la importancia de entrenar como un m&uacute;sculo la fantas&iacute;a y la imaginaci&oacute;n, a la hora de interpretar lo real y trascender as&iacute; la inmediatez de lo cotidiano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Lo correcto, &iquest;&rdquo;es aquello que se desea&rdquo;, como se dice en el relato de <em>Afectos personales</em>?</p>
<p>- Desde el punto de vista de la &eacute;tica social, no; desde luego. Pero, desde la &oacute;ptica de quien cree concebirse siquiera por un instante en sentido extramoral, digamos, hay cierta congruencia para con uno mismo en seguir el dictado de los propios impulsos, y no es sencillo timonear ese barco.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;Lo que busco en un texto es ese ligero estremecimiento en la espina dorsal del que habl&oacute; Nabokov&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>- &ldquo;Tambi&eacute;n yo me despido con un gesto (carente de sentido)&rdquo;. &iquest;C&oacute;mo distinguir un buen cuento, una gran novela, de un suced&aacute;neo, de una estafa sofisticada?</p>
<p>- No s&eacute; si existe un m&eacute;todo lo suficientemente efectivo para eso, pero yo suelo guiarme por la necesidad de encontrar en el texto algo que es frecuente llamar "personalidad" y que tiene que ver con el modo en que el tema o los temas arraigan en la forma y en el punto de vista del narrador. No se trata tanto de que la obra integre una doctrina nueva como de que esta se exprese por medios genuinos. Conviene desechar de una vez la falsa dicotom&iacute;a que distingue entre tradici&oacute;n y experimentaci&oacute;n como si fueran &mdash;qu&eacute; estupidez&mdash; categor&iacute;as estancas. Por lo que a m&iacute; respecta, lo que busco en un texto es ese ligero estremecimiento en la espina dorsal del que habl&oacute; Nabokov, y que implica, eso s&iacute;, emplear mucho tiempo en tentativas y vagabundeos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Como el barrio perif&eacute;rico en el que vive Dani y su narrador, &iquest;lo interesante, en cualquier orden de la vida, ocurre siempre en las afueras?</p>
<p>- Es posible, aunque es algo que se ha tematizado ya hasta el hartazgo, y eso genera en m&iacute; una especie de rechazo instintivo hacia el t&eacute;rmino mismo. Me resulta dif&iacute;cil aceptar una instancia que se define por exclusi&oacute;n u oposici&oacute;n a otra, o imaginar una vida que gire en torno a un solo eje abstray&eacute;ndose de todo lo dem&aacute;s. Me inclino a creer m&aacute;s bien en la existencia de una realidad polic&eacute;ntrica, tensada por sucesivos contrastes. Esa realidad algo ambigua y resbaladiza s&iacute; me resulta muy estimulante tanto en la vida como en la escritura, cuando no sean lo mismo.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;El mejor modo de encajar la tragedia pasa por desdramatizarla&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>- Pienso en el inicio de "Zool&oacute;gico privado", cuando al protagonista se le anuncia la ruptura. &iquest;Qu&eacute; se requiere para encajar la tragedia, el drama?</p>
<p>- Es una pregunta compleja. Por una parte, est&aacute; ese l&iacute;mite del lenguaje que Juarroz asocia con lucidez a la ruptura amorosa: &ldquo;No tenemos un lenguaje para los finales, / para la ca&iacute;da del amor, / para los concentrados laberintos de la agon&iacute;a, / para el amordazado esc&aacute;ndalo / de los hundimientos irrevocables&rdquo;. Sin duda, ese &laquo;hundimiento&raquo; puede parecer a priori una situaci&oacute;n proclive al drama, incluso si este se expresa envuelto por una suerte de ret&oacute;rica autocompasiva, como en los versos archiconocidos de Pedro Salinas: &ldquo;No quiero que te vayas, dolor /, &uacute;ltima forma / de amar&hellip;&rdquo; Pero, a mi modo de ver, un escritor debe explorar las ambivalencias y contradicciones que toda situaci&oacute;n lleva impl&iacute;cita. Quiz&aacute; el mejor modo de encajar la tragedia pase precisamente por recurrir al humor, a la iron&iacute;a e incluso al sarcasmo a fin de desdramatizarla, coloc&aacute;ndola as&iacute; en el lugar que le corresponde aun a riesgo de parecer superficial. Esa es la estrategia que adopta el protagonista del cuento que mencionas. Cuando su pareja decide romper con &eacute;l, est&aacute; de alg&uacute;n modo estimul&aacute;ndole a recobrar una identidad que cre&iacute;a perdida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ndash; &iquest;Qu&eacute; banda sonora tendr&iacute;a este ramillete de cuentos?</p>
<p>-&nbsp; Probablemente aquella que m&aacute;s me acompa&ntilde;aba mientras los escrib&iacute;a: Bon Iver, Sufjan Stevens, Casiotone For The Painfully Alone, Indians, Matt Elliott, Iron and Wine, Sigur R&oacute;s, Jay-Jay Johanson&hellip; m&aacute;s algunos &laquo;cl&aacute;sicos&raquo; como Nick Drake o Karen Dalton.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;l es el &uacute;ltimo libro (da igual el g&eacute;nero) que le haya conmovido?</p>
<p><em>- </em>&ldquo;Desmembrado&rdquo;, un breve volumen de cuentos de la por otra parte inabarcable Joyce Carol Oates.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 06 Jun 2022 08:05:39 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Turia entrevista a fondo a Ana Luísa Amaral y Nuccio Ordine]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-entrevista-a-fondo-a-ana-luisa-amaral-y-nuccio-ordine/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2022/ana500.jpg" alt="" /></p>
<p>Los lectores del nuevo n&uacute;mero de la revista TURIA, que se distribuye este mes de junio, podr&aacute;n disfrutar de dos entrevistas a fondo con protagonistas de notable inter&eacute;s en el panorama cultural internacional: Ana Lu&iacute;sa Amaral y Nuccio Ordine. Sin duda, Amaral es una de las autoras m&aacute;s destacadas, reconocidas y originales de la poes&iacute;a portuguesa, adem&aacute;s de poseer un amplio reconocimiento a su trabajo literario con galardones como el reciente Premio Reina Sof&iacute;a de Poes&iacute;a Iberoamericana, el m&aacute;s importante de los que se conceden en Espa&ntilde;a a la poes&iacute;a en lengua espa&ntilde;ola y portuguesa. Por su parte, Nuccio Ordine es uno de los nombres propios mas carism&aacute;ticos y de mayor proyecci&oacute;n de la cultura italiana contempor&aacute;nea. Un autor que, con sus ensayos m&aacute;s recientes, ha conquistado a la cr&iacute;tica y a los lectores con su certera defensa de la utilidad de lo in&uacute;til, as&iacute; como con su cuestionamiento de la pol&iacute;tica neoliberal vigente hoy que, a su juicio, ha descuidado los pilares de la dignidad humana: el derecho a la salud y el derecho al conocimiento.</p>
<p>Se trata de dos conversaciones exclusivas, que permiten no s&oacute;lo averiguar las claves de su trayectoria, sino tambi&eacute;n descubrir sus opiniones sobre un amplio repertorio de temas de inter&eacute;s. Ambos son, por encima de todo, autores de una obra de marcada originalidad, rigor y relevancia en sus respectivos &aacute;mbitos. Ana Lu&iacute;sa Amaral y Nuccio Ordine son, sin duda, dos personalidades muy atractivas y su opini&oacute;n nos enriquece a la hora de interpretar este tiempo tan dif&iacute;cil y complejo que vivimos.&nbsp;</p>
<p>En&nbsp; TURIA&nbsp; nos&nbsp; hablan,&nbsp; con&nbsp; absoluta&nbsp; libertad&nbsp; y&nbsp; franqueza, de sus respectivas obras e itinerarios vitales. Y, sobre todo, con sus respuestas se ocupan tambi&eacute;n de abordar cuestiones que nos afectan o interpelan como la necesidad de trascender la literatura e intervenir en el &aacute;mbito social y pol&iacute;tico; la importancia de considerar la poes&iacute;a como la lengua de la uni&oacute;n con el mundo, de la vinculaci&oacute;n con el otro; o la ceguera y el error de una sociedad que ha puesto en el centro de sus objetivos el enriquecimiento econ&oacute;mico.</p>
<p>Tambi&eacute;n, entre otros contenidos relevantes, el nuevo n&uacute;mero de TURIA invita a leer un clarificador texto de Costica Bradatan sobre el papel de la filosof&iacute;a en nuestra &eacute;poca. En &eacute;l, este pensador norteamericano de origen rumano desarrolla la tesis de que la filosof&iacute;a no deber&iacute;a ser una rutina acad&eacute;mica sino un arte de vivir y todo arte de vivir comporta un arte de morir. No en vano, el original que ahora se publica en la revista es un anticipo editorial del libro &ldquo;Morir por ideas&rdquo;, que ver&aacute; la luz este a&ntilde;o en Espa&ntilde;a y ser&aacute; publicado por Anagrama.</p>
<p>Seg&uacute;n Bradatan, la muerte del fil&oacute;sofo cl&aacute;sico griego S&oacute;crates cre&oacute; un paradigma, el del fil&oacute;sofo responsable y consecuente, que ha determinado toda la filosof&iacute;a occidental. Ante esa circunstancia clave, Bradatan repasa en su libro las circunstancias de una galer&iacute;a de personajes (S&oacute;crates, Hipatia, Tom&aacute;s Moro, Giordano Bruno y Jan Patocka) que murieron por defender sus ideas en un momento decisivo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>ANA LU&Iacute;SA AMARAL: &ldquo;LAS FIDELIDADES O LAS LEALTADES LAS CONCIBO SOBRE TODO CON LAS PERSONAS&rdquo;</strong></p>
<p>Nacida en&nbsp;Lisboa en 1956, Ana Lu&iacute;sa Amaral es una de las poetas m&aacute;s singulares de las letras portuguesas contempor&aacute;neas. Estudio filolog&iacute;a germ&aacute;nica en la Facultad de Letras de la Universidad de Oporto. Se doctor&oacute; en 1996 en la especialidad de literatura norteamericana con la tesis &ldquo;Emily Dickinson: una po&eacute;tica del exceso&rdquo;. Ha publicado m&aacute;s de veinte libros de poemas, teatro, novela, libros infantiles y ensayo. Ha traducido al portugu&eacute;s a Shakespeare, Emily Dickinson, Louise Gl&uuml;ck y John Updike, entre otros. Se convirti&oacute; en profesora de literatura en la propia Facultad de Letras de la Universidad de Oporto, y en el Instituto de Literatura Comparada Margarida Losa. Escribi&oacute; varios trabajos acad&eacute;micos en Portugal y en el extranjero sobre poes&iacute;a inglesa y estadounidense, po&eacute;tica comparada y estudios feministas. Fue una de las pioneras en Portugal de los estudios de g&eacute;nero, siendo coautora del &ldquo;Diccionario de cr&iacute;tica feminista&rdquo;. Hoy, la obra de Amaral se puede leer en espa&ntilde;ol, ingl&eacute;s, sueco, holand&eacute;s, franc&eacute;s, italiano, esloveno, alem&aacute;n o chino. Adem&aacute;s, goza de enorme popularidad en Portugal donde realiza un programa dedicado a la poes&iacute;a en la radio p&uacute;blica Antena 2.</p>
<p>Amaral elabora una poes&iacute;a a la vez transgresora y transparente, capaz de conectar lo trivial con lo cl&aacute;sico y de remover estereotipos y m&aacute;rgenes. En la entrevista que TURIA&nbsp; publica se confirma su capacidad de comunicaci&oacute;n, la facilidad para encontrar el sentido profundo de las cosas cercanas o la ligereza con que cita en ingl&eacute;s, espa&ntilde;ol, italiano o portugu&eacute;s, su lengua, dibujan a una autora en la que la poes&iacute;a recobra su funci&oacute;n sanadora para el mundo.</p>
<p>Asegura Ana Lu&iacute;sa Amaral que las fidelidades o las lealtades las concibe sobre todo con las personas. Cree en esa &ldquo;idea de que la poes&iacute;a es una sola, aunque tenga muchas lenguas, pero una sola, marca mi forma de mantener la lealtad a la poes&iacute;a portuguesa, una forma diferente: puedo leer un poema de Wislawa Szymborska y llorar, por ejemplo, con la poeta polaca. O puedo leer un poema de Antonio Ferreira, el poeta portugu&eacute;s del siglo diecis&eacute;is, y llorar tambi&eacute;n. O, por ejemplo, hay una poeta espa&ntilde;ola, Amalia Bautista, que tiene un poema que me hace llorar, que en mi opini&oacute;n lo dice todo&rdquo;. Para Amaral &ldquo;esto es fant&aacute;stico, es bell&iacute;simo. La poes&iacute;a tiene muchas voces y tiene muchos rostros. Pero disfruta de una lengua com&uacute;n y esa lengua, para m&iacute;, es la lengua de la uni&oacute;n con el&nbsp; mundo, de la vinculaci&oacute;n con el otro&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="LO-normal0">Por otra parte, la escritora portuguesa argumenta que &ldquo;la poes&iacute;a pertenece al mundo, est&aacute; en el mundo, se hace en el mundo, se escribe en el mundo. Somos criaturas, somos seres del mundo,&nbsp; de la misma forma que mi perra, de la misma forma que los p&aacute;jaros, nosotros nos comunicamos con el mundo y con los otros. Pero, &iquest;c&oacute;mo transmitir toda esa experiencia?&rdquo;. De ah&iacute; que toda esa experiencia tenga que ser materia, manantial para la poes&iacute;a.</p>
<p>Y, sin embargo, frente a las ataduras del compromiso con la realidad, Amaral asegura que &ldquo;la poes&iacute;a no tiene que tener forzosamente esa dimensi&oacute;n pol&iacute;tica, no tiene que hablar forzosamente de eso: las preocupaciones de cada uno, las posiciones &eacute;ticas de cada uno de nosotros tienen que entrar en la poes&iacute;a de alguna forma, y tiene que estar ah&iacute;. Pero despu&eacute;s, sin comprometer la belleza que es necesaria en un poema. La belleza es algo absolutamente fundamental y el humor tambi&eacute;n&rdquo;.</p>
<p class="LO-normal0">Concluye Ana Lu&iacute;sa Amaral, en la conversaci&oacute;n mantenida para TURIA con el escritor y profesor Luis S&aacute;ez Delgado, asegurando que &ldquo;somos hoy el futuro de ma&ntilde;ana, y sin memoria y sin pasado no podemos construirlo. Debemos conocer lo que pas&oacute;,&nbsp; lo bueno y lo malo tambi&eacute;n. No hay otra forma de construir un futuro mejor. Y, al mismo tiempo, Susan Sontag dice una cosa muy bonita, dice que no podemos recordar todo, y tenemos que olvidar. Tambi&eacute;n hay una &eacute;tica en el olvido. Tambi&eacute;n tenemos que olvidar algunas cosas: para que pueda haber una convivencia armoniosa entre las gentes es necesario. Y no son cosas incompatibles, la memoria y el olvido. Olvidar algunas cosas, pero la memoria est&aacute; all&iacute;, no puede ser puesta de lado, tiene que estar a nuestra disposici&oacute;n cuando la necesitamos&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>NUCCIO ORDINE: &ldquo;TENEMOS UNA CLASE POL&Iacute;TICA QUE S&Oacute;LO PIENSA EN SOBREVIVIR ELLA&nbsp; MISMA&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-Normal">Dando continuidad a su clara vocaci&oacute;n de difundir la labor y las opiniones de los grandes protagonistas de la cultura europea, TURIA publica una entrevista exclusiva con el intelectual italiano Nuccio Ordine, (Diamante, Calabria, Italia, 1958) realizada por la periodista cultural Ang&eacute;lica Tanarro. &nbsp;Ordine ejerce la docencia de Literatura italiana en la Universidad de Calabria, es miembro de importantes instituciones educativas como el Harvard University Center para estudios del Renacimiento italiano o del Alexander von Humboldt Stiftung; m&aacute;s all&aacute; de ser profesor invitado en prestigiosas universidades americanas y europeas, es en la ense&ntilde;anza donde desembocan la mayor parte de sus preocupaciones como pensador concernido por la deriva materialista del mundo y por el alejamiento de las Humanidades en una sociedad que ha puesto en el centro de sus objetivos el enriquecimiento econ&oacute;mico. Para este pensador, cuyas opiniones se tienen en cuenta en el mismo plano que las de otros prestigiosos intelectuales de nuestro tiempo como Steiner, Vattimo, Sloterdijk, Habermas, Nussbaum&hellip; es en las aulas de las ense&ntilde;anzas medias y universitarias donde hay que dar la batalla para alejarnos de lo que considera el abismo al que nos llevar&aacute; esa deriva social.</p>
<p>Si hubiera que poner un adjetivo a esa etiqueta de &lsquo;profesor&rsquo; que describe a Nuccio Ordine ser&iacute;a la de &lsquo;apasionado&rsquo;. Porque con pasi&oacute;n ejerce su docencia, con pasi&oacute;n acude a las innumerables citas que se le proponen en todo el mundo, y con pasi&oacute;n y sin prisa, a pesar de esa agenda enloquecida que le hace viajar de continuo cuando le dejan libre sus clases, responde a las preguntas de TURIA v&iacute;a zoom.</p>
<p>Su libro &ldquo;La utilidad de lo in&uacute;til&rdquo; (manifiesto en defensa de los saberes human&iacute;sticos y de las actividades culturales consideradas injustamente como in&uacute;tiles porque no producen beneficios econ&oacute;micos) alcanz&oacute; la categor&iacute;a de <em>best seller</em> mundial, siendo traducido en 32 pa&iacute;ses. La entrevista no tiene desperdicio y en ella Ordine nos dir&aacute;, entre otras cosas, &ldquo;mi patria es una naci&oacute;n que me permite pensar y escribir libremente&rdquo;. En Espa&ntilde;a sus obras las publica la prestigiosa editorial Acantilado.&nbsp;</p>
<p>Cree Nuccio Ordine que &ldquo;Si la filosof&iacute;a no se transforma en una manera de vivir no sirve para nada. Ser&iacute;a una elucubraci&oacute;n sin sentido. El saber tiene que transformar a la gente. Tiene que metamorfosear a las personas. Cuando leo, no soy la misma persona que antes de leer un libro. Bruno toda su vida mostr&oacute; esa coherencia. La &uacute;ltima p&aacute;gina de su filosof&iacute;a la escribe en la hoguera de Campo de Fiori cuando lo queman el 16 de febrero de 1600. &Eacute;l dijo: &ldquo;Pod&eacute;is quemar a los hombres, pod&eacute;is quemar los libros pero no pod&eacute;is quemar las ideas, no pod&eacute;is quemar el pensamiento&rdquo;. Esa coherencia fue muy inspiradora para mi vida. Para m&iacute; ense&ntilde;ar no es una profesi&oacute;n, es una vocaci&oacute;n&rdquo;.</p>
<p class="LO-Normal">En otro momento de la entrevista Ordine denuncia la b&uacute;squeda de la rentabilidad inmediata como la regla que domina toda nuestra sociedad: &ldquo;La pregunta que lleva a la eliminaci&oacute;n de las Humanidades es &iquest;para qu&eacute; sirven? &iquest;Para qu&eacute; sirve la poes&iacute;a, el griego o el lat&iacute;n, una obra de arte? Como dec&iacute;a Montaigne, hay cosas que son alimento, pan para el cuerpo, y cosas que son alimento para el esp&iacute;ritu. El pan del cuerpo es muy importante porque no puedo vivir si no como. Pero si t&uacute; comes y t&uacute; no tienes pan para el esp&iacute;ritu para la mente, ser&aacute;s un hombre incompleto. Hay una conferencia muy hermosa de Garc&iacute;a Lorca que fue invitado a Fuentevaqueros para la inauguraci&oacute;n de una biblioteca. En ese discurso Lorca dice: si yo estuviera enfermo y pobre en la calle no pedir&iacute;a solo un pan, pedir&iacute;a medio pan y un libro. Es maravilloso: medio pan y un libro. En el momento de la pandemia hemos comprendido las contradicciones de nuestra sociedad. Porque no hab&iacute;a objeciones para que los supermercados estuvieran abiertos, pero para abrir una librer&iacute;a, una escuela, un teatro&hellip; s&iacute; las hab&iacute;a. &iquest;Por qu&eacute;?&rdquo;.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>COSTICA BRADATAN: &ldquo;NECESITAMOS LA MUERTE PARA ENTENDER MEJOR LA VIDA&rdquo;</strong></p>
<p>La revista TURIA dedica tambi&eacute;n su atenci&oacute;n repensar el papel de la filosof&iacute;a, del pensamiento, en nuestros d&iacute;as. Y lo hace a trav&eacute;s de un anticipo del provocador libro que ha elaborado Costica Bradatan, reconocido fil&oacute;sofo norteamericano de origen rumano, bajo el t&iacute;tulo &ldquo;Morir por ideas&rdquo;.</p>
<p>Bradatan &nbsp;analiza &nbsp;en su obra &nbsp;la vida de algunos pensadores (Montaigne, Heidegger,</p>
<p>Simone Weil) que reflexionaron sobre la muerte y la condici&oacute;n humana. Pero no es lo</p>
<p>mismo morir por una idea filos&oacute;fica que morir por una causa religiosa, lo que nos obliga a observar a los m&aacute;rtires cristianos y a los terroristas suicidas. En cualquier caso, el m&aacute;rtir est&aacute; condicionado por su vocaci&oacute;n y su muerte acaba siendo tanto una consecuencia de sus ideas como una puesta en escena de su propia posteridad. Bradatan insin&uacute;a el aspecto teatral del arte de morir, incluso salpica su obra de &laquo;entreactos&raquo; para que el lector sepa que est&aacute; en una especie de representaci&oacute;n. La parte final del estudio no tiene desperdicio, porque &iquest;qu&eacute; hay detr&aacute;s de la decisi&oacute;n de defender las propias ideas hasta la muerte? &iquest;Es valent&iacute;a, honradez, locura o simple ambici&oacute;n? El libro no es una colecci&oacute;n de biograf&iacute;as y no aspira a ser exhaustivo. Y contiene curiosas y parad&oacute;jicas piruetas, como dinamitar al gigantesco Heidegger con la humildad del olvidado Louis-Paul Landsberg. <em>Morir por ideas</em> puede verse, entre otras muchas cosas, como una deconstrucci&oacute;n del famoso <em>engagement</em> que tan de moda estuvo en el siglo pasado.</p>
<p>En el anticipo que TURIA publica, Bradatan escribe que &ldquo;ante todo, la vida necesita la muerte por motivos de autorrealizaci&oacute;n. Sucede a menudo que solo nos damos cuenta de lo valioso que es algo cuando lo perdemos o estamos a punto de perderlo; la perspectiva de su inminente ausencia nos ense&ntilde;a a apreciar el valor y significado de su presencia. As&iacute; pues, la muerte, por su sola proximidad, puede infundir una intensidad renovada en el hecho de vivir. Los historiadores han se&ntilde;alado un curioso fen&oacute;meno y es que, por lo general, cuando se producen cat&aacute;strofes naturales o sociales con un elevado &iacute;ndice de mortandad &ndash;por ejemplo, epidemias o guerras&ndash;, la poblaci&oacute;n parece m&aacute;s inclinada a entregarse a excesos mundanos. Se buscan placeres f&iacute;sicos (beber, comer, relaciones sexuales) con una pasi&oacute;n redoblada. M&aacute;s que dedicarse a conservar prudentemente los recursos, como es de esperar que el sentido com&uacute;n aconseje en periodos de crisis, la poblaci&oacute;n se apresura a consumir lo que le queda. Estas personas parecen pose&iacute;das por la prisa: corren a atracarse de placeres de la vida en el preciso momento en que se acerca la muerte. Lo que aumenta su sed de vida es precisamente la presencia de la muerte. Esta actitud podr&iacute;a parecer irracional, pero hay algo fascinante en ella. En v&iacute;speras de la aniquilaci&oacute;n, estas personas descubren el milagro de la vida y lo celebran&rdquo;.</p>
<p>Costica Bradatan naci&oacute; en Dragoiesti, peque&ntilde;o pueblo de Ruman&iacute;a, en 1971, estudi&oacute; en la Universidad de Bucarest y se doctor&oacute; en la Universidad de Durham (Inglaterra) en 2004. Actualmente da clases en la Texas Tech University (EE.UU.) y es profesor honorario de la Universidad de Queensland (Australia). Es autor de una docena de libros sobre historia de la filosof&iacute;a, pensamiento en general (&ldquo;A la sombra de Marx&rdquo;, 2010<em>, </em>&ldquo;La filosof&iacute;a como arte literaria&rdquo;, 2015) y cine (&ldquo;Religi&oacute;n y cine europeo&rdquo;, 2014). Sus t&iacute;tulos m&aacute;s recientes son &ldquo;Elogio del fracaso&rdquo; y &ldquo;Contra el conformismo&rdquo;. &ldquo;Morir por ideas&rdquo; (2015) es su primer libro traducido al espa&ntilde;ol.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>UN FRAGMENTO DE LA ENTREVISTA EXCLUSIVA &nbsp;A &nbsp;ANA LU&Iacute;SA AMARAL </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El nuevo n&uacute;mero de la revista TURIA publica una amplia y reveladora conversaci&oacute;n exclusiva con la poeta y profesora portuguesa Ana Lu&iacute;sa Amaral. Considerada una de las grandes voces de la literatura europea actual, autora de una original y premiada obra po&eacute;tica, recientemente la Universidad de Salamanca ha publicado una extraordinaria edici&oacute;n cr&iacute;tica de su trabajo creativo bajo el t&iacute;tulo &ldquo;El exceso m&aacute;s perfecto&rdquo;. De esa entrevista, tan original como merecedora de una lectura atenta, adelantamos hoy el siguiente fragmento:</p>
<p class="LO-normal1" align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="LO-normal1" align="center"><strong>ANA LU&Iacute;SA AMARAL: &ldquo;NO SON COSAS INCOMPATIBLES, </strong></p>
<p class="LO-normal1" align="center"><strong>LA MEMORIA Y EL OLVIDO&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-normal1"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="LO-normal0">- Pero de la armon&iacute;a de las estrellas la conversaci&oacute;n pasa a su reflejo en la tierra, y a la responsabilidad que la literatura tiene en el fen&oacute;meno de la nostalgia global, la presencia del pasado y la dificultad para imaginar el futuro en un momento de tanta incertidumbre.</p>
<p class="LO-normal0">- Esa cuesti&oacute;n es interesant&iacute;sima, porque hoy hay la tendencia de proponer el olvido. Estuve en el Aula de Poes&iacute;a D&iacute;ez-Canedo, en Badajoz,&nbsp; y me contaron que en la vieja plaza de toros el alcalde hab&iacute;a mandado tapar los huecos de las balas, que estaban all&iacute; desde la Guerra Civil y la toma violenta de la ciudad, porque era ya tiempo de olvidar el pasado. Eso es algo muy grave, muy serio, puesto que yo no solo puedo hablar de futuro y pensar en el futuro. Si pienso en el pasado, el tiempo humano como nosotros lo concebimos, como lo entendemos en esta ilusi&oacute;n nuestra, que es la &uacute;nica que tengo, intuyo que somos hoy el futuro de ma&ntilde;ana, y sin memoria y sin pasado no podemos construirlo. Debemos conocer lo que pas&oacute;,&nbsp; lo bueno y lo malo tambi&eacute;n. No hay otra forma de construir un futuro mejor.</p>
<p class="LO-normal0">&nbsp;&nbsp; Y, al mismo tiempo, Susan Sontag dice una cosa muy bonita, dice que no podemos recordar todo, y tenemos que olvidar. Tambi&eacute;n hay una &eacute;tica en el olvido. Tambi&eacute;n tenemos que olvidar algunas cosas: para que pueda haber una convivencia armoniosa entre las gentes es necesario. Y no son cosas incompatibles, la memoria y el olvido. Olvidar algunas cosas, pero la memoria est&aacute; all&iacute;, no puede ser puesta de lado, tiene que estar a nuestra disposici&oacute;n cuando la necesitamos. Pienso en la reconstrucci&oacute;n de Alemania despu&eacute;s de la Segunda Guerra, o la de Polonia, donde el noventa por ciento de los jud&iacute;os fueron asesinados. All&iacute; tuvo que haber una forma cualquiera de compromiso entre lo que se recuerda y lo que se olvida, para que fuese posible avanzar, y hacer algo con el futuro. Pienso tambi&eacute;n en los campos de concentraci&oacute;n, y en la Primera Guerra Mundial. Entre la Primera y la Segunda pas&oacute; una generaci&oacute;n en la que en muchas ocasiones el padre hab&iacute;a muerto en la Primera Guerra y el hijo en la Segunda. Una cosa horrible, horrible. O pienso en la Guerra Civil en Espa&ntilde;a; nosotros no tuvimos ninguna guerra civil, afortunadamente, un acontecimiento horrible causado por una de las facciones, que desobedeci&oacute; la ley, s&iacute;. Desde este punto de vista, no fue Franco quien gan&oacute;, fueron los republicanos. Es necesario recordar hasta el momento en que ya no haya generaciones para hacerlo. &iquest;Qui&eacute;n se acuerda de la Guerra de los 100 a&ntilde;os? Nadie. Pero nosotros podemos a&uacute;n recordar la guerra civil, podemos a&uacute;n recordar a Salazar.</p>
<p class="LO-normal0">&nbsp;&nbsp; Todo esto, con el tiempo, s&oacute;lo lo va a recordar la literatura. La literatura, exactamente. En la literatura podemos encontrar la Guerra de los 100 a&ntilde;os, y las guerras que ya no recuerda nadie. Por eso la literatura es tan importante, para recordarnos tambi&eacute;n que todo es muy semejante, que nosotros, seres humanos, somos mon&oacute;tonamente semejantes: las cosas que se hicieron, horribles, y tambi&eacute;n los gestos maravillosos, porque creo en la generosidad. Si nosotros no recordamos, la literatura lo har&aacute;, la literatura, el arte. Por ejemplo, recuerdo a Verdi. El coro de los hebreos, en <em>Nabucco</em> [<em>entona el inicio del coro</em>]:&ldquo;Va, pensiero, sull'ali dorate; / va, ti posa sui clivi, sui colli, / ove olezzano tepide e molli / l'aure dolci del suolo natal!&rdquo;</p>
<p class="LO-normal0">&nbsp;&nbsp; Esos versos que se cantan fueron compuestos contra Napole&oacute;n, contra la invasi&oacute;n napole&oacute;nica. Siempre podemos decir, como cantaba Manuel Freire, &ldquo;<em>N&atilde;o h&aacute; machado que corte a raiz ao pensamento</em>&rdquo;. No, no hay muerte para el viento.</p>
<p class="LO-normal0">&nbsp;&nbsp; No, no hay muerte. Nosotros no recordamos, pero el arte puede hacerlo; por ejemplo, Goya, los fusilamientos &iquest;Qui&eacute;n se acuerda de los fusilamientos? Nadie los recuerda, pero est&aacute; ese cuadro de Goya y hay un poema maravilloso de Jorge de Sena, que se llama &ldquo;Carta a meus filhos sobre os fuzilamentos de Goya&rdquo;. Y yo misma escrib&iacute; un poema que se llama &ldquo;Um pouco s&oacute; de Goya: carta a minha filha&rdquo;. Entonces, Goya vive.<strong></strong></p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 03 Jun 2022 09:49:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Acerca del Salón de pasos perdidos de Andrés Trapiello]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/acerca-del-salon-de-pasos-perdidos-de-andres-trapiello/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas21/ANDR_S_TRAPIELLO_3_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Trabajo de campo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>0. Para empezar</p>
<p>Yo quer&iacute;a escribir una rese&ntilde;a: acaba de publicarse <em>Mundo es</em>, el vig&eacute;simo primer volumen del <em>Sal&oacute;n de pasos perdidos</em> de Andr&eacute;s Trapiello, y me dispon&iacute;a a desmenuzarlo y disfrutarlo en com&uacute;n, coment&aacute;ndolo en tres p&aacute;ginas de pura celebraci&oacute;n de la vida y de la buena literatura. Pero pronto advert&iacute; que, aparte de que los diarios del autor siempre andan reclamando una relectura panor&aacute;mica, un balance general, un juicio global&hellip; es obvio para los iniciados en el asunto que hablar de uno de los tomos es, en puridad, hacerlo de todos, o, para ser m&aacute;s precisos, que en realidad todos son el mismo, piezas o entregas de una sola obra que vamos leyendo intermitentemente, y no en vano el propio Trapiello la presenta desde casi el principio como &ldquo;una novela en marcha&rdquo; (exactamente desde la cuarta entrega, <em>Las nubes por dentro</em>, que ya luc&iacute;a esa etiqueta, tan reveladora, en sus p&aacute;ginas de paratextos).</p>
<p>M&aacute;s abajo volver&eacute; a ese t&eacute;rmino, &ldquo;novela&rdquo;, pero antes quiero empezar por lo que deber&iacute;a ser el final, y es que la obra de la que aqu&iacute; se va a hablar es, en mi opini&oacute;n, el proyecto narrativo m&aacute;s importante, duradero y significativo de cuantos se est&aacute;n ejecutando en nuestro idioma en nuestro tiempo. No me gustan los superlativos, huyo por sistema de las exageraciones, me estomagan los elogios desbocados, pero ante estos diarios s&oacute;lo cabe rendirse, y eso que he afirmado es algo que, con las armas de la filolog&iacute;a&nbsp; en la mano (y con la experiencia de saber qu&eacute; cosas del pasado seguimos leyendo, cu&aacute;les quedan y sobreviven al olvido y al silencio), me parece poco discutible, y aunque muchos (aunque cada vez menos&hellip;) tendr&iacute;an cosas que objetar al respecto, es una verdad que se va asentando por su propio peso, por su abrumadora calidad, m&aacute;s impresionante a&uacute;n que su volumen (que ya super&oacute; hace alg&uacute;n tomo las diez mil p&aacute;ginas). Cuando alguien en el futuro quiera saber o entender algo sobre estos a&ntilde;os, quien salga &ldquo;en busca del tiempo perdido&rdquo;, har&aacute; muy bien en visitar estos libros, pues en muy pocos encontrar&aacute; tan n&iacute;tidamente como en &eacute;stos un retrato de c&oacute;mo somos, c&oacute;mo pensamos, c&oacute;mo nos movemos en sociedad y c&oacute;mo sentimos cuando estamos solos, y eso es as&iacute;, en buena medida, precisamente porque lo esencial que se cuenta en ellos es intemporal.</p>
<p>Vamos poco a poco. La alusi&oacute;n que acabo de hacer a Proust me da pie a contar que en algunas p&aacute;ginas del &uacute;ltimo tomo Trapiello relee su obra maestra, y de all&iacute; salen p&aacute;ginas de cr&iacute;tica literaria realmente inspiradas (dice, en una intuici&oacute;n genial, que la <em>Recherche</em> viene a ser como los <em>Ensayos </em>de Montaigne pero con argumento). Son las mejores p&aacute;ginas metaliterarias de un tomo que vuelve a traer su porci&oacute;n equilibrada de todo aquello que nos ha hecho adictos al <em>Sal&oacute;n</em>: los lugares de siempre con alguna escapada, los personajes habituales (c&oacute;mplices o antagonistas) con algunas incorporaciones, la poes&iacute;a ilumin&aacute;ndolo todo y la malicia divertida y mordaz al dar cuenta de la sociolog&iacute;a del bien llamado &ldquo;mundillo literario&rdquo;, porque todos los diminutivos y aun desprecios ser&aacute;n pocos para referirse a esa cloaca. Y en lo gen&eacute;rico, que no es lo que m&aacute;s importa pero s&iacute; algo definitivamente interesante (y que multiplica la importancia literaria de estos diarios), Trapiello contin&uacute;a con audacias y experimentos y lecciones que tal vez en este &uacute;ltimo tomo no superan lo ya conseguido en otras entregas, pero simplemente porque en &eacute;sta no se lo ha propuesto, y ha regresado m&aacute;s a la cr&oacute;nica pura que a los progresos personales en el territorio de la narratolog&iacute;a.</p>
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<p>1. Los espacios.</p>
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<p>&ldquo;Esta ma&ntilde;ana ten&iacute;a el Rastro esa grandeza de los d&iacute;as de invierno&rdquo;: es la primera frase, inolvidable, del pr&oacute;logo de <em>El gato encerrado</em>, el primero de los tomos de lo que ya desde ese libro inaugural se llamaba <em>Sal&oacute;n de pasos perdidos</em>. A pesar de lo indeliberado pero muy adecuado de que ese arranque incluya la palabra &ldquo;grandeza&rdquo;, cualquiera que haya pisado el Rastro de Madrid en la madrugada de un d&iacute;a de invierno sabe que ese sitio es en verdad un lugar sublime para comenzar algo. All&aacute; donde tantas cosas terminan, tambi&eacute;n comienzan muchas historias, se producen muchos hallazgos, salta la magia, lo imprevisto, casi lo imposible. Y esas calles (a las que Trapiello, al parecer, dedicar&aacute; muy pronto un libro monogr&aacute;fico, contando sus andanzas de d&eacute;cadas por aquellas cuestas y plazas) se elevan como uno de los escenarios predilectos de estos diarios, lo cual, aparte de responder estrictamente a la realidad cotidiana de su autor, asiduo a las b&uacute;squedas y rastreos de libros dominicales, tiene tambi&eacute;n algo muy significativo. Encontrar cosas en el Rastro es revitalizar objetos, devolver algo de vida y calor a cosas desmembradas, separadas, dispersas&hellip;, es reunirlas para, haci&eacute;ndolas nuestras, convertirlas en otra cosa. Como en la poes&iacute;a, el proceso de selecci&oacute;n o descarte de lo que va saliendo al paso delata una personalidad, revela un car&aacute;cter, dice mucho del <em>flan&ecirc;ur</em> ilusionado que indaga.</p>
<p>En esa primera p&aacute;gina absoluta aparece ya una primera &ldquo;X&rdquo; que corresponde a quien despu&eacute;s ha ido apareciendo en todos los tomos como &ldquo;JM&rdquo; o &ldquo;JMB&rdquo;, que no es otro que Juan Manuel Bonet, el principal c&oacute;mplice en el Rastro y uno de los fundamentales amigos, casi hermanos, de su vida, hasta hoy mismo. El cari&ntilde;o y la lealtad que se guardan s&oacute;lo queda repentinamente comprometidos cuando se trata de competir por alg&uacute;n ejemplar vislumbrado en alguna esquina, pero pelean con deportividad, buenos conocedores de las reglas y de que, a la manera de los futbolistas, &ldquo;lo que sucede en el Rastro se queda en el Rastro&rdquo;. El pintor gallego Jos&eacute; V&aacute;zquez Cereijo, alg&uacute;n acompa&ntilde;ante ocasional que se suma de vez en cuando a las pesquisas (pero sin la m&iacute;nima continuidad exigible para formar parte de &ldquo;la secta&rdquo;) o, desde este &uacute;ltimo <em>Mundo es</em>, alg&uacute;n nuevo amigo (como cierto &ldquo;joven residente&rdquo; que con mucha suerte y sobre todo ganas de aprender es generosamente admitido en la comitiva) van completando la lista de los personajes de Mira el R&iacute;o Baja o la trascendentalmente llamada plaza del Mundo Nuevo. Y es que sucede que hablar del Rastro no es hablar de libros, sino de la vida en estado puro, no del pasado sino del presente m&aacute;s palpitante, no de lo roto o lo viejo sino de lo eterno. Quien no entienda eso no entender&aacute; la escritura de Andr&eacute;s Trapiello, ni su excesivamente publicitada &ldquo;bibliofilia&rdquo; o su &ldquo;pasi&oacute;n por las primeras ediciones&rdquo;. No es eso, no es eso&hellip;</p>
<p>Para certificarlo, basta asomarse a las p&aacute;ginas, tal vez miles ya, donde el autor habla de sus d&iacute;as en la casa de campo que compr&oacute; junto a su mujer cerca de Trujillo, junto a Madro&ntilde;era, en el lugar llamado Pago de San Clemente, al que &eacute;l se refiere como Las Vi&ntilde;as. Somos muchos quienes consideramos que es en ese &ldquo;decorado&rdquo; donde se despliegan las p&aacute;ginas mejores de este proyecto, las m&aacute;s hermosas y sabias, las m&aacute;s aleccionadoras en un sentido cl&aacute;sico, las m&aacute;s ejemplares, las m&aacute;s horacianas y buc&oacute;licas por ser en general las m&aacute;s serenas. Claro que &ldquo;las cosas del campo&rdquo; tienen tambi&eacute;n su prosa, y las aver&iacute;as, los pozos secos, los trabajos serviles, las labores ingratas, los esfuerzos arruinados por una tormenta, los gastos inesperados o ciertos vecinos o visitantes traen sus amenazas y sus disgustos. De ah&iacute; nacen p&aacute;rrafos igualmente divertidos, pero, como en casi todos los casos es en Las Vi&ntilde;as donde comienza y termina su a&ntilde;o (es decir, que all&iacute; arranca y concluye cada volumen, con contad&iacute;simas excepciones), es all&iacute; tambi&eacute;n donde queda ubicado el balance final de cada calendario, con su melancol&iacute;a, su contabilidad emocional, su debe y su haber, sus ganancias y sus p&eacute;rdidas, lo aprendido y lo terminado, lo adquirido y lo despedido, lo que ha llegado y lo que se ha ido para siempre. Hay finales de tomo literalmente conmovedores en su belleza,&nbsp; y no hay uno solo de ellos en los que, por nost&aacute;lgico o incluso triste que se ponga en esa noche de San Silvestre, no triunfe la esperanza. Dicho as&iacute;, puede sonar solemne, pero es exactamente lo contrario, o podr&iacute;a considerarse fuera de la oscura filosof&iacute;a de nuestro tiempo (y, por consiguiente, de las tendencias literarias m&aacute;s celebradas y en boga) por su invencible gratitud hacia lo recibido, pero se trata simplemente de verdad, de un a&ntilde;o que se cumple y una vida que se va viviendo, eslab&oacute;n a eslab&oacute;n, sensible a quienes saben atenderla.</p>
<p>Pero al d&iacute;a siguiente de esas conclusiones llega el a&ntilde;o nuevo, esto es, el nuevo tomo, y entonces todo renace y recomienza no s&oacute;lo literalmente sino literariamente: los comienzos de los vol&uacute;menes han tenido tambi&eacute;n hitos asombrosos en lo que a lo narratol&oacute;gico se refiere, de modo que tendremos que regresar al campo de Extremadura al final, cuando me toque intentar explicar el tejido literario (y la apabullante originalidad) del <em>Sal&oacute;n</em>.</p>
<p>Y est&aacute;, claro, Madrid, m&aacute;s all&aacute; del Rastro. La calle del Conde de Xiquena y sus adyacentes es otro de los espacios reales que Trapiello traduce a literatura en estos libros, fundando un territorio literario propio, s&oacute;lo suyo, pero en realidad es toda la ciudad la que se ve permanentemente homenajeada (que no necesariamente alabada) en este diario. Resulta que el autor anda desde hace a&ntilde;os preparando tambi&eacute;n un libro monogr&aacute;fico sobre Madrid, un retrato de la ciudad donde ha vivido ya la mayor parte de su vida, pero, como dec&iacute;a antes en relaci&oacute;n al Rastro, &eacute;se es otro de los libros que se podr&iacute;a extraer ya, sin m&aacute;s, del <em>Sal&oacute;n de Pasos Perdidos</em>, una antolog&iacute;a de p&aacute;ginas madrile&ntilde;as semejante a la selecci&oacute;n de p&aacute;ginas sobre Las Vi&ntilde;as que, bajo el t&iacute;tulo de <em>Capricho extreme&ntilde;o</em>, ya se public&oacute; en su d&iacute;a (en realidad dos veces: en 1999 y 2011, esta &uacute;ltima con magn&iacute;ficas fotos de su hijo Rafael).</p>
<p>Es lo que produce de una manera casi natural el haber publicado hasta la fecha veinti&uacute;n a&ntilde;os de diarios: hay muchos libros parciales, latentes, dentro de esas doce mil p&aacute;ginas. Habr&iacute;a que comprobarlo, pero no creo que haya una sola capital de provincia espa&ntilde;ola que no haya sido visitada y contada, aparte de cientos de pueblos, de modo que el <em>Sal&oacute;n</em> es tambi&eacute;n un libro de viajes por Espa&ntilde;a: pens&aacute;bamos que est&aacute;bamos ante un monumento a la rutina bien entendida, a la vida sosegada y laboriosa, a cierta monoton&iacute;a gozosa&hellip;, pero lo cierto es que el porcentaje de p&aacute;ginas que nos trasladan lejos de Madrid o de Las Vi&ntilde;as es proporcionalmente significativo, sobre todo porque raro es el volumen que, digamos, no &ldquo;interrumpe&rdquo; en alg&uacute;n momento su melod&iacute;a geogr&aacute;fica habitual con un largo viaje. En <em>Mundo es</em> nos vemos transportados a Colombia durante m&aacute;s de cien p&aacute;ginas dedicadas a cierto Congreso de la Lengua, y en el antepen&uacute;ltimo, el metaf&iacute;sicamente titulado <em>Ser&eacute; duda</em>, la exigente promoci&oacute;n de su novela <em>Al morir don Quijote</em> hizo de aquel volumen, probablemente, el m&aacute;s n&oacute;mada de todos, el m&aacute;s ajetreado. Pero en otros tomos hemos le&iacute;do memorables vacaciones familiares en Italia o Nueva York&hellip; y han ido quedando &ldquo;archivadas&rdquo;, as&iacute;, p&aacute;ginas sobre Venecia o Roma que igualmente merecer&iacute;an edici&oacute;n exenta.</p>
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<p>2. Los personajes</p>
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<p>En alguno de los art&iacute;culos recogidos en <em>Las letras entornadas</em>, Fernando Aramburu dec&iacute;a que los personajes son a la novela como el arroz a la paella: puede haber paellas de mil tipos, pero todas est&aacute;n basadas en el arroz. La novela, es bien sabido, es el g&eacute;nero literario m&aacute;s flexible, voluble y variable, el m&aacute;s dif&iacute;cil de definir y acotar&hellip; pero, por muy abiertos de miras que nos pongamos, para poder hablar de novela ha de haber personajes.</p>
<p>&iquest;Qui&eacute;nes son, entonces, los personajes de esta &ldquo;novela en marcha&rdquo;? La respuesta depende de cu&aacute;nto abramos el objetivo. Si queremos contemplar el <em>Sal&oacute;n</em> panor&aacute;micamente, como un fresco de nuestro tiempo, un retablo, una &ldquo;comedia humana&rdquo;&hellip;, comprobaremos sin esfuerzo que la lista de personajes es ya casi inabarcable, y comprende a muchos cientos de seres reales pasados por la magia transformadora de la ficci&oacute;n. Pero a m&iacute; me gusta siempre intentar que el llamativo volumen que ha alcanzado el asunto no despiste de su esp&iacute;ritu, y esa &ldquo;grandeza&rdquo; interior a la que alud&iacute;a m&aacute;s arriba, aprovechando la primera frase de <em>El gato encerrado</em>, no es la de la ambici&oacute;n de registrarlo todo, sino la de la pura y limpia confidencialidad, y para que &eacute;sta se produzca es inevitable ser pocos, andar casi en familia.</p>
<p>Durante mucho estuve tentado a confeccionar lo que ser&iacute;an los &iacute;ndices del <em>Sal&oacute;n de Pasos Perdidos</em>, para uso personal y para ayudar a los lectores, ya inevitablemente desorientados en el laberinto. Se tratar&iacute;a no s&oacute;lo de ir listando y paginando las cr&oacute;nicas, viajes, retratos o meditaciones de cada tomo, sino de hacer tambi&eacute;n &iacute;ndices transversales: el topon&iacute;mico, el de conceptos (&ldquo;tren&rdquo;, &ldquo;gitano&rdquo;, &ldquo;pescador&rdquo;), el onom&aacute;stico&hellip; Pero aparte de que despu&eacute;s he sabido que Manuel Ca&ntilde;edo Gago tiene &iacute;ndices similares minuciosamente detallistas, cualquiera que se haya asomado a estos libros sabe que al menos el onom&aacute;stico ser&iacute;a problem&aacute;tico, porque no iba a desvelar yo, public&aacute;ndolo, lo que los libros callan o disfrazan, y si Trapiello ha querido llamar &ldquo;X&rdquo; o referirse por sus iniciales a cientos de las criaturas que por aqu&iacute; desfilan, ser&iacute;a casi impublicable (incluso jur&iacute;dicamente comprometido) y en todo caso poco elegante dar cuenta detallada de qu&eacute; personas reales est&aacute;n detr&aacute;s de esas figuras del escenario. Y lo m&aacute;s importante es que estoy muy de acuerdo con el propio autor en que eso importa muy poco. Es normal querer saber de qui&eacute;n se est&aacute; hablando, pero ser&iacute;a sano que todo el mundo entendiese que el retratado en el <em>Sal&oacute;n</em> ya no es una persona sino un personaje, construido por la mirada del autor. Es la vida la que va escribiendo estos libros (y &eacute;se es uno de sus secretos m&aacute;s valiosos), la que va contando a Trapiello su propia novela, de modo que el autor s&oacute;lo tiene que ir consignando a su manera lo que le pasa, lo que ve, lo que vive, lo que le hacen vivir&hellip; pero es por supuesto una vida parcial, subjetiva, vivida desde el yo que escribe o siente o recuerda. Es en ese proceso donde cobra toda su legitimidad la opini&oacute;n personal, las circunstancias particulares, y en ocasiones hasta los prejuicios o las injusticias. El <em>Sal&oacute;n</em> es el mundo de Andr&eacute;s Trapiello, es como su hogar, y cada uno gobierna en su casa, e invita o expulsa a quien quiere. Es absurdo discutirle al autor su novela, su mirada, su opini&oacute;n, su &ldquo;filosof&iacute;a&rdquo;, al menos desde esa perspectiva del &ldquo;tener o no raz&oacute;n&rdquo;, de lo ajustado o no de los hechos relatados&hellip;: su calidad no depende de la exactitud o veracidad o proporcionalidad o fidelidad con las que los aludidos son retratados, porque el <em>Sal&oacute;n</em> tiene su mundo interno, y dentro de &eacute;l todo es verdad, porque es una verdad aut&oacute;noma, fundada por &eacute;l mismo. Aqu&iacute; no se cuentan &ldquo;las cosas como fueron&rdquo;, y es algo de lo que el autor viene advirtiendo muchos a&ntilde;os. Todo tiene una sujeci&oacute;n en lo real, un ancla, pero ya hemos asumido que una imperceptible gota de ficci&oacute;n ti&ntilde;e todo de ficci&oacute;n.</p>
<p>Escribo todo lo anterior pensando en los &ldquo;antagonistas&rdquo; habituales del <em>Sal&oacute;n</em>, esas figuras m&aacute;s o menos hostiles que act&uacute;an de modos m&aacute;s bien rid&iacute;culos, penosos o malintencionados en p&aacute;ginas donde el <em>Sal&oacute;n</em> se convierte m&aacute;s bien en un <em>Saloon</em>, pero tambi&eacute;n sirve, en el lado positivo, para el resto de personas del &ldquo;mundillo&rdquo; que aparecen de una manera positiva o por lo menos neutra. Ya he escrito varias veces que para m&iacute; &eacute;sas son las p&aacute;ginas m&aacute;s prescindibles y poco significativas: me he divertido gloriosamente con muchas de ellas y s&eacute; que aportan al conjunto un color necesario, acaso imprescindible, pero tengo claro que el libro no trata de eso.</p>
<p>Pues, si de personajes hay que hablar, los esenciales son, obviamente, los m&aacute;s cercanos, los elegidos: su mujer, M., que es uno de los grandes personajes de la narrativa espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea, y sus hijos, R. y G., a los que literalmente hemos visto crecer y que ya han adquirido una enorme dimensi&oacute;n propia. Aparte, est&aacute;n sus padres y sus hermanos en Le&oacute;n, los ya mencionados c&oacute;mplices del Rastro, algunos libreros, sus editores valencianos de Pre-Textos, el poeta Eloy S&aacute;nchez Rosillo, el novelista Pedro Garc&iacute;a Montalvo, el tip&oacute;grafo Alfonso Mel&eacute;ndez, el juez granadino Miguel &Aacute;ngel del Arco Torres (quien acaba de publicar, prologada por Trapiello, la segunda parte de sus memorias, otro curios&iacute;simo experimento literario personal) y algunos otros &ldquo;secundarios&rdquo; m&aacute;s particulares o intermitentes, como aquel inolvidable Miguel el Loco de los primeros tomos.</p>
<p>Y muy deliberadamente he dejado para el final la figura magistral de Ram&oacute;n Gaya, &ldquo;como un padre&rdquo; para Trapiello, seg&uacute;n &eacute;ste mismo dijo en un poema dedicado al pintor. Una vez m&aacute;s, ese libro monogr&aacute;fico sobre la figura y la pintura de Gaya que Trapiello tarde o temprano ten&iacute;a o tiene que escribir, ya est&aacute; en realidad escrito, y est&aacute; disperso por el <em>Sal&oacute;n</em>, atomizado, a fragmentos. La importancia capital que aquel hombre tuvo para nuestro diarista ha sido puesta de manifiesto y reconocida y agradecida por &eacute;ste en innumerables ocasiones, y en cada una de ellas de una forma siempre nueva y hermosa. Lo cierto es que para quienes le&iacute;mos a Gaya despu&eacute;s de leer a Trapiello, familiarizados ya con el mundo de &eacute;ste, es f&aacute;cil hacer &ldquo;el camino de vuelta&rdquo;, entender retrospectivamente c&oacute;mo la visi&oacute;n del mundo y del arte del pintor ilumin&oacute; la del escritor, en una descendencia geneal&oacute;gica evidente. Ocurre, simplemente, que es estrictamente imposible comprender cabalmente la literatura de Trapiello sin entrar en la &ldquo;filosof&iacute;a&rdquo; de Ram&oacute;n Gaya, por razones que se hacen transparentes en cuanto se abre casi cualquier escrito de &eacute;ste.</p>
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<p>3. Para no complicarnos mucho m&aacute;s.</p>
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<p>Pero claro, habr&aacute; quien en el apartado anterior habr&aacute; echado en falta a un personaje bastante importante en el <em>Sal&oacute;n</em>, que es ese al que el autor se refiere como &ldquo;AT&rdquo;. Es aqu&iacute; donde m&aacute;s importaba llegar, aunque tambi&eacute;n es verdad que en buena medida me alivia el haberme quedado ya casi sin espacio para explicar algo que, en realidad, dar&iacute;a para un libro de buen tama&ntilde;o (y de hecho ya hay alguna tesis doctoral por ah&iacute; sobre nuestro <em>Sal&oacute;n</em>). Pero esbocemos el asunto, o al menos algunas de las l&iacute;neas que habr&iacute;a que tratar, lanzando m&aacute;s preguntas que hip&oacute;tesis, m&aacute;s interrogantes que propuestas.</p>
<p>En 1990, cuando apareci&oacute; el primer tomo, Trapiello era, fundamentalmente, un poeta, muy conocido en ese &aacute;mbito, as&iacute; como en el de la cr&iacute;tica de arte y en el de la tipograf&iacute;a. De modo que de repente tenemos a un poeta que publica un diario y lo presenta como novela. Y en el libro hay entradas claramente ensay&iacute;sticas (sobre arte y literatura), as&iacute; como aforismos y hasta alguna suerte de caligrama&hellip; Lo h&iacute;brido, pues, est&aacute; en las ra&iacute;ces del proyecto, y no s&oacute;lo por aquello de que un diario lo admite todo, sino porque, conscientemente o no, naci&oacute; para ser la obra central de un hombre que, en el terreno de la literatura, ha tocado literalmente todos los palos, y lo suyo es algo as&iacute; como lo que su amiga Carmen Mart&iacute;n Gaite llam&oacute; un &ldquo;cuaderno de todo&rdquo;. Un cuaderno que lo admite todo y que poco a poco, como quien no quiere la cosa, lo cuenta todo, lo expresa todo, y lo hace de lo muy particular, de lo &iacute;ntimo, de lo privado&hellip; a lo general, lo universal, lo com&uacute;n. Este prop&oacute;sito se ha admitido ya de un modo expl&iacute;cito en entregas recientes (&ldquo;Mi nombre es AT, como el de todo el mundo&rdquo;, lleg&oacute; a escribir, y uno de los futuros tomos se anuncia con el insuperable y melvilliano t&iacute;tulo de <em>Ll&aacute;mame X</em>).</p>
<p>Tengo la impresi&oacute;n de que quienes no leen el <em>Sal&oacute;n</em> (que son los &uacute;nicos lectores a los que puede aburrir la frecuencia y la longitud de las sucesivas entregas) lo intuyen cosa de costumbristas, producto del realismo, prosa cotidiana y &ldquo;por tanto&rdquo; sin altura&hellip; y con esos pobres prejuicios se quedan sin leer un innovador y rupturista diario &iacute;ntimo en donde se pueden leen entradas fant&aacute;sticas, p&aacute;ginas que se han escrito solas, recuerdos inventados, apariciones divinas, personajes que se visitan a s&iacute; mismos, solapamientos cronol&oacute;gicos, gente que sube por ascensores que todav&iacute;a no se han instalado&hellip; Eso, en cuanto a la magia, en sentido literal. Pero la magia que nos importa es la otra, la resultante de todo ese talento, ese humor, esa mirada, esa psicolog&iacute;a, esa inteligencia con la que Trapiello habita su mundo y vive su vida. Vivir es ir aprendiendo a conocerse, aprendiendo a aceptarse, tantear los propios l&iacute;mites y si eso atreverse a dar un paso m&aacute;s&hellip; y as&iacute; hemos ido viendo c&oacute;mo AT pas&oacute; de ser un mero yo que contaba las cuatro cosas que le pasaban en los noventa a ser en el nuevo siglo una especie de narrador omnisciente de s&iacute; mismo, un yo total y fundador y soberano de todo lo que ha creado y que sin embargo, por descontado, &ldquo;no es el tema de su libro&rdquo;&hellip; El protagonista de esta novela no es Trapiello, ni siquiera AT, ni el propio libro. El protagonista es&hellip; todo, porque el tema es todo, la vida indivisible, lo que se mira y lo que se piensa y lo que se recuerda y lo que se desea y lo que se imagina y lo que se malicia y lo que se detesta. Todo nace de un yo, pero no construye un yo que se nos est&aacute; revelando, sino que construye todo un cosmos simb&oacute;lico, un sistema filos&oacute;fico basado en la sencillez, en la gratitud, en la verdad y en la alegr&iacute;a. Es ese tipo de libros, pues, que s&oacute;lo leen quienes se los merecen, y por eso es, tambi&eacute;n, tan reconfortante que cada vez vayan sum&aacute;ndose m&aacute;s y m&aacute;s lectores, y adem&aacute;s vayan atrevi&eacute;ndose a declararlo y aplaudirlo, invitados por fin a la mayor fiesta literaria que se haya escrito, que se est&eacute; escribiendo, en much&iacute;simo tiempo.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 25 May 2022 11:31:56 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Luz Pichel: “Vivimos con la conciencia de que hay una parte del mundo y de nuestras vidas que no tiene sentido”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/luz-pichel-vivimos-con-la-conciencia-de-que-hay-una-parte-del-mundo-y-de-nuestras-vidas-que-no-tiene-sentido/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/LUZ_PICHEL_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Hay algo de surco en su escritura, un olor no tanto a tomillo como a berza, cuando la berza designa una manera de compartir el pan; algo, en sus versos, de inocencia de enagua, de tentativa en siesta de juegos. H&uacute;medo de infancia, <em>Al&eacute;n Al&eacute;n</em> (La u&ntilde;a rota), su &uacute;ltimo poemario, es un saltar a una comba cuyos extremos sujetan dos lenguas: el gallego no normativo (abierto siempre a la contingencia) y el castellano. Hablamos, claro, de la poeta Luz Pichel (Al&eacute;n, La&iacute;n, Pontevedra,1947).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- La escritura, &iquest;de qu&eacute; es s&iacute;ntoma?</p>
<p>- Supongo que, en cada caso, es s&iacute;ntoma de alguna cosa; en el m&iacute;o, es s&iacute;ntoma de una carencia y de una ilusi&oacute;n. Escribes porque te faltan cosas y la escritura es una manera de encontrarlas en ti, una manera de introspecci&oacute;n, sobre todo en poes&iacute;a: el esbozo de un poema es eso mismo, un ejercicio de introspecci&oacute;n. La escritura cubre algo ah&iacute;. Al tiempo, para mi naci&oacute; como una ilusi&oacute;n, es necesaria, una b&uacute;squeda en la que sientes que puedes encontrar. No cre&iacute; que pudiera escribir pensando en publicar hasta que una ni&ntilde;a se me apareci&oacute; en la televisi&oacute;n espa&ntilde;ola, all&aacute; por 1986, en el programa &laquo;Querido Pirul&iacute;&raquo;, que presentaba Tola. Luisa Castro acababa de ganar el Premio Hiperi&oacute;n, era gallega, y hablada con acento de Foz, ven&iacute;a de un barrio pobre, hija de marineros, y me parecieron maravillosos sus poemas&hellip; entonces supe que, si ella escrib&iacute;a esas cosas tan valientes habiendo nacido all&iacute;, yo tambi&eacute;n podr&iacute;a hacerlo, aunque hubiera nacido en Al&eacute;n. Por eso para m&iacute;, escribir siempre ha sido un momento de ilusi&oacute;n, de felicidad, nada de tortura o dolor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- S&iacute;ntoma de una carencia, dice. &iquest;Acaso por eso, en los momentos de plenitud no escribimos, salvo excepciones de rigor, como <em>La voz a ti debida</em> o <em>Diario de un poeta reci&eacute;n casado?</em></p>
<p><em></em>- Claro. &iquest;Para qu&eacute;? Escribimos porque lo normal es la carencia; no es que tengamos, o que tenga yo, al menos, carencias horribles, pero son carencias que sirven de est&iacute;mulo para hacer cosas; de ah&iacute; la necesidad de reconocer la carencia como consustancial, porque vivimos en la carencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Lacan dec&iacute;a &ldquo;que nunca nos falte la falta&hellip;&rdquo;</p>
<p>- Precioso.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;El trabajo con la lengua es lo m&aacute;s importante&rdquo;</strong></p>
<p>- &ldquo;Contad los metros cuadrados del espacio habitado&rdquo;. &iquest;Cu&aacute;l es el espacio habitado por el poema?</p>
<p>- El poema habita la p&aacute;gina, fundamentalmente; cuando escribes un poema, no est&aacute;s ni recordando ni imaginando, est&aacute;s trabajando con el lenguaje y ocupando una p&aacute;gina sobre el papel. El trabajo con la lengua es lo m&aacute;s importante. Ese es el espacio del poema; despu&eacute;s, los poemas hablan de cosas, se posicionan en lugares que, en mi caso, tienen al mundo por lugar. Al&eacute;n no es m&aacute;s que una metonimia, la esquinita del mundo, pero desde ah&iacute; se va m&aacute;s all&aacute;. Hay mucho en <em>Al&eacute;n Al&eacute;n</em> de mi infancia, que para m&iacute; es uno de esos &ldquo;momentos de duraci&oacute;n&rdquo;, como llamaba Peter Handke a los momentos en la vida que quedan contigo para siempre. Al&eacute;n es un territorio de fuerza. Al&eacute;n es eso, Galicia, pero no toda Galicia, cierto estrato social de Galicia, la Galicia campesina, la de la familia, la de determinada condici&oacute;n social.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;El lenguaje es muy traidor, te crees que lo tienes y es mentira&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>- &iquest;C&oacute;mo conseguir el equilibrio necesario entre lo que quiere decir el poeta y lo que tiene que dejar decir al lenguaje para que se conjugue?</p>
<p>- El lenguaje es muy traidor, est&aacute; siempre antes que t&uacute;, nacimos sin lenguaje, pero &eacute;l ya est&aacute; ah&iacute;; te crees que lo tienes y es mentira, es el lenguaje quien te tiene. No quer&iacute;a hacer este libro, hab&iacute;a pensado en escribir un <em>Libro de familia</em> que, m&aacute;s que en un relato de contenido biogr&aacute;fico, iba a consistir en usar para mi escritura las distintas maneras de hablar de todos mis hermanos. Disfruto mucho escuch&aacute;ndoles a cada uno de ellos porque la vida les ha llevado a lugares muy distantes, lo que hace que sus lenguajes resulten bien singulares y llenos de color y de riqueza.&nbsp; En unos, es la emigraci&oacute;n con sus &ldquo;corotos&rdquo; ling&uuml;&iacute;sticos; en otro, la profesi&oacute;n; en otro, un soltar sin filtro, etc. Ser&iacute;an siete partes, una para cada hermano, para cada idolecto.</p>
<p>Pero empec&eacute; a escribir y la escritura me llev&oacute; a otra cosa distinta. El poema siempre termina diciendo lo que t&uacute; quer&iacute;as decir, aunque no supieras qu&eacute; quer&iacute;as decir ni que lo quer&iacute;as decir.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;El lenguaje, la lengua es insuficiente para decir el mundo&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>- Balbuceo, &iquest;as&iacute; es el poema, una aproximaci&oacute;n a lo que se busca, un acercamiento balbuciente?</p>
<p>- Claro, nunca hablamos del todo, siempre queda algo por decir. El lenguaje, la lengua es insuficiente para decir el mundo, por eso el balbuceo sea el modo m&aacute;s acertado, y cuando tienes conciencia de que &laquo;hablas mal&raquo;, como yo cuando en <em>CO CO CO U</em> utilizo el gallego de Al&eacute;n, el balbuceo se intensifica, porque es un gallego al que algunos se atreven a llamar <em>castrapo</em> muy despectivamente, equipar&aacute;ndolo al castellano &laquo;mal hablado&raquo; de los que ten&iacute;amos el gallego como primera lengua. Hay una herida ah&iacute;, un conflicto de clase. La realidad es que el hecho de que se trate de hablantes aldeanos es raz&oacute;n suficiente para que su lengua se siga considerando bruta, ruda, asilvestrada. &iquest;C&oacute;mo no ser tartamuda, entonces?&nbsp; &iquest;C&oacute;mo no balbucear?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Pues &laquo;castrapo&raquo; resulta un adjetivo bien bello...</p>
<p>- Hay quienes consideran que es ciscalla, barredura&hellip; ese lenguaje me lleva a cuando ni&ntilde;a, a esa duraci&oacute;n del recuerdo; ahora no queda mal emplear el gallego, si usas el normativo, pero hablar esa lengua entonces era ser clasificado como una persona inferior y, en buena medida, todav&iacute;a sigue si&eacute;ndolo, cuando no respetamos la forma en que lo usan quienes lo conservaron por m&aacute;s de quinientos a&ntilde;os.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Hasta qu&eacute; punto la infancia es el territorio del poeta?</p>
<p>- Depender&aacute; de las infancias&hellip; mi infancia fue dur&iacute;sima, pero no la viv&iacute; como tal, aunque a la larga tuvo un peso terrible en m&iacute;... terrible, no, no fue terrible, muy grande, me pesa much&iacute;simo, quiz&aacute;s no por dura como por importante: no volv&iacute; a vivir otro periodo en mi vida con tanta carne, con tanta sustancia como la infancia, todos los d&iacute;as pasaban cosas, siempre hab&iacute;a algo, no te aburr&iacute;as jam&aacute;s&hellip; aprovechabas cada segundo para jugar, aprovechabas el sue&ntilde;o del padre para jugar, la siesta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Supongo que todos los d&iacute;as, incluso ya de adultos, pasan cosas. &iquest;Acaso lo que perdemos al crecer es la capacidad de asombro y el disfrute del juego?</p>
<p>- Claro, pero la poes&iacute;a cubre ese espacio, el juego, por eso es tan satisfactorio. No solo la poes&iacute;a, pienso en estas mujeres que hacen punto, que bordan, por entretenimiento, juegan, recuperan ese espacio&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Al escribir, &iquest;uno se coloca m&aacute;s del lado del deseo o del de la melancol&iacute;a?</p>
<p>- Del lado del deseo, siempre, incluso cuando te vas al pasado, algo que no a&ntilde;oro, aunque haya cosas a&ntilde;orables; cuando voy al pasado lo hago para buscar un empuje para el ahora, para buscar fuerza. Odio eso de que tiempos pasados fueron siempre mejores&hellip;</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;La poes&iacute;a tiene mucho de trabajo, pero es cierto que hay algo misterioso&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>- &ldquo;Es f&aacute;cil leerles la mano&rdquo;. &iquest;Cu&aacute;nto de quiromancia, de magia en general tiene la poes&iacute;a?</p>
<p>- No s&eacute;&hellip; tiene mucho de trabajo, pero es cierto que hay algo misterioso&hellip; versos ante los que no sabes c&oacute;mo se te han podido ocurrir, como si llegaran de un lugar que ignoras, como si aparecieran por arte de magia&hellip; es mi caso, la magia viene de la otra lengua, del di&aacute;logo y de la relaci&oacute;n sorprendente entre ambas. Por ejemplo, la palabra <em>donicela, que aparece en Al&eacute;n Al&eacute;n</em>. Es preciosa, mucho m&aacute;s que comadreja. Eso es un regalo de la lengua.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- D&iacute;game un ramillete de palabras verdaderas que la definan&hellip;</p>
<p>- Ay, Dios, es imposible&hellip; soy m&aacute;s o menos temblorosa, tengo el pelo muy blanco y precioso, guardo mucho amor por los m&iacute;os, me gustar&iacute;a vivir mis &uacute;ltimos a&ntilde;os con buena salud, escribir en la mayor tranquilidad&hellip; soy amorosa con la gente, no quiero mal a nadie, me duele much&iacute;simo decir &ldquo;no&rdquo;, aunque haya que hacerlo&hellip; lo pas&eacute; mal en la vida, lo pas&eacute; bien, no me arrepiento de nada de lo que he vivido, a pesar de los errores&hellip; a veces me cost&oacute; much&iacute;simo aceptarme, la menopausia es una maravilla&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Ahora que el sistema ha encontrado la manera de mercantilizar la poes&iacute;a, &iquest;c&oacute;mo reconocer un poema honesto?</p>
<p>- Pues&hellip; Pensemos en los <em>youtubers</em>, escriben poes&iacute;a que algunas editoriales publican y convierten en superventas algo que no es excelencia, desde luego. &iquest;Podr&iacute;amos decir que esos <em>youtubers</em> no son honestos? Nuestro primer poema, horrible, mal&iacute;simo a ojos de ahora,&nbsp; &iquest;no era honesto? Creo que no son culpables de nada, quien tiene la responsabilidad es quien publica cosas sin un m&iacute;nimo de calidad.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;Es f&aacute;cil tener miedo en los tiempos actuales, lo dif&iacute;cil es vivir sin &eacute;l&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>- &iquest;De qu&eacute; depende que no seamos &ldquo;una cabeza llena de miedo&rdquo;?</p>
<p>- Es f&aacute;cil tener miedo en los tiempos actuales, lo dif&iacute;cil es vivir sin &eacute;l. De peque&ntilde;ita, ten&iacute;a mucho miedo, ten en cuenta que no era f&aacute;cil vivir en el campo, siendo ni&ntilde;a, en Galicia, durante los a&ntilde;os cincuenta&hellip; era vivir con una piedra en el bolsillo para que &ldquo;no te hicieran un ni&ntilde;o&rdquo;. Desde mucho ante de tener la regla, de poder concebir, las ni&ntilde;as &eacute;ramos ilustradas en lo que ten&iacute;as que hacer con los t&iacute;os. Lo que no s&eacute; es c&oacute;mo pudimos querer a los hombres; no lo s&eacute;, pero los quisimos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Hay miedos necesarios?</p>
<p>- S&iacute;, por ejemplo, el miedo a coger el virus. S&iacute;, hay miedos que nos protegen, no me f&iacute;o de quien dice no tener miedo a nada. En mi obra aparecen miedos que ni siquiera s&eacute; que tengo. Lo que ya no s&eacute; es c&oacute;mo se asocia el grado de miedo al nivel de inteligencia: &iquest;es m&aacute;s miedoso el m&aacute;s inteligente?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Creo que los miedos son irracionales, ajenos a la inteligencia...</p>
<p>- S&iacute;, puede que sea as&iacute;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;La poes&iacute;a te puede llevar a imaginar lo que no conoces&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>- &ldquo;Lo que no entiendas trata de inventarlo&rdquo;. &iquest;Se puede vivir sin sentido?</p>
<p>- Vivimos siempre con la conciencia de que hay una parte del mundo y de nuestras vidas que no tiene sentido; a veces no es f&aacute;cil d&aacute;rselo, pero la imaginaci&oacute;n ayuda mucho, nos lleva a la utop&iacute;a, y tiene m&aacute;s fuerza de la que creemos. Esto lo he contado muchas veces pero, cuando iba a la escuela, en una ocasi&oacute;n, la &uacute;nica vez que ocurri&oacute;, la maestra nos mand&oacute; escribir una redacci&oacute;n sobre los campos de trigo, all&iacute; eran cosas muy conocidas, yo me puse a escribir los campos de trigo. Escrib&iacute;: &laquo;los campos de trigo me recuerdan las olas de mar&raquo;. Es una <em>chuminada</em>, pero la maestra me dijo: &laquo;si fueras rica podr&iacute;as ser escritora&raquo;. Lo dijo porque sab&iacute;a que yo nunca hab&iacute;a visto las olas del mar, pero intuy&oacute; el valor de la imaginaci&oacute;n. La poes&iacute;a te puede llevar a imaginar lo que no conoces.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Conviene acercarse al &ldquo;ladr&oacute;n de manzanas&rdquo; que aparece en el poemario?</p>
<p>- Ja, ja, ja, &iexcl;s&iacute;!, el ladr&oacute;n de manzanas es un amor, tiene much&iacute;simo miedo, es un hombre muy medroso, las come hasta verdes porque las necesita, el pobre me animaba a que fuera yo a cogerlas, dec&iacute;a &ldquo;vete t&uacute;&rdquo;, pero es un t&iacute;o majo, que trata de vivir con lo que le da la vida, poquito, y adem&aacute;s siempre comparte la manzana contigo.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;Las revoluciones siempre se hicieron de noche&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>- Le devuelvo la pregunta: &ldquo;la oscuridad, &iquest;es una revolucionaria?&rdquo;</p>
<p>- Ja, ja, ja, &iexcl;s&iacute;, otra vez s&iacute;! En la oscuridad se han hecho cosas maravillosas en este pa&iacute;s: repartir octavillas, hacer pintadas, encerrarte en la Universidad de Santiago de Compostela&hellip; las revoluciones siempre se hicieron de noche.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; banda sonora tendr&iacute;a <em>Al&eacute;n Al&eacute;n</em>?</p>
<p>- Lo primero que me vino a mi cabeza fueron las Tanxugueiras, pero en realidad ser&iacute;a la m&uacute;sica que hac&iacute;a mi padre con una cuchara en la mano, golpeando la loza de la taza o del plato, o golpeando la palma de su mano sobre la pierna&hellip; siempre hab&iacute;a m&uacute;sica&hellip;recuerdo a mi hermana, cuando &eacute;ramos muy peque&ntilde;as, cantando el <em>Romance de Delgadina</em>, que cuenta la historia de incesto, sin saber lo que estaba cantando&hellip; pero siempre, siempre m&uacute;sica&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &ldquo;Ringlera&rdquo; es una palabra que se repite. &iquest;De qu&eacute; est&aacute; compuesta o hecha la ringlera m&aacute;s bella?</p>
<p>- De ni&ntilde;as&hellip; mira, voy a decir la &uacute;ltima ringlera: siete criaturas en torno a la cocina de mi casa en Galicia.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 25 May 2022 11:03:10 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Grandes autores protagonizan la nueva TURIA]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/grandes-autores-protagonizan-la-nueva-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2022/JAMES_JOYCE_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En primer lugar, TURIA rinde homenaje al escritor irland&eacute;s James Joyce, uno de los nombres propios indiscutibles en cualquier balance de las letras universales del siglo XX. Uno de los mejores conocedores de su obra en Espa&ntilde;a, el escritor, cr&iacute;tico y profesor Eduardo Lago, realiza una aproximaci&oacute;n personal que responde a la pregunta: &iquest;Por qu&eacute; leer a Joyce hoy?. La iniciativa est&aacute; motivada por cumplirse, este 2022, cien a&ntilde;os de la publicaci&oacute;n de su obra cumbre: &ldquo;Ulises&rdquo;, una novela que marca un antes y un despu&eacute;s en la historia de la literatura, y porque tambi&eacute;n celebramos los ciento cuarenta a&ntilde;os del nacimiento del propio Joyce.</p>
<p>Otro inolvidable aniversario del que se ocupa TURIA es el centenario del nacimiento de Jos&eacute; Hierro, uno de los autores m&aacute;s destacados de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola de la segunda mitad del siglo XX. Y quien se ocupa de la tarea es Manuel Rico, cr&iacute;tico literario de El Pa&iacute;s y uno de los m&aacute;s acreditados estudiosos de nuestras letras. Aunque su trayectoria puede vincularse parcialmente con tendencias como la poes&iacute;a desarraigada y la poes&iacute;a social, la obra de Jos&eacute; Hierro, ocupa una posici&oacute;n tan destacada como dif&iacute;cilmente clasificable en la literatura de la posguerra. Su poes&iacute;a, a la vez intimista y testimonial, es apreciada como uno de los valores m&aacute;s consolidados de la l&iacute;rica espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea.</p>
<p>Tambi&eacute;n este 2022 se cumplen cien a&ntilde;os del nacimiento del mayor heterodoxo de las letras espa&ntilde;olas de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas: Crist&oacute;bal Serra. Y en TURIA tenemos el privilegio de recordarlo y de fomentar su lectura a trav&eacute;s de un excelente art&iacute;culo de su amigo y principal especialista en su trabajo, el profesor y cr&iacute;tico literario Josep Maria Nadal Suau. En ese texto se nos habla del legado literario de un escritor <strong>&ldquo;raro entre los raros&rdquo;</strong>, de un esp&iacute;ritu antidogm&aacute;tico y lib&eacute;rrimo, con fama de ermita&ntilde;o, que dej&oacute; alguna de las p&aacute;ginas m&aacute;s eruditas e iconoclastas de la literatura espa&ntilde;ola del pasado siglo.</p>
<p>La revista TURIA, siempre atenta a la mejor literatura internacional, ofrece adem&aacute;s a los lectores una primicia en espa&ntilde;ol: un avance de &ldquo;As&iacute; les hacemos la guerra&rdquo;, de Joseph Andras. Un autor de 38 a&ntilde;os que est&aacute; considerado la gran revelaci&oacute;n de las letras francesas de nuestros d&iacute;as. Salt&oacute; a la fama tras obtener y rechazar uno de los m&aacute;s importantes galardones literarios del pa&iacute;s vecino: el Premio Goncourt, con su primera novela &ldquo;Los hermanos heridos&rdquo;. El material que TURIA publica es el anticipo de un libro que ser&aacute; publicado los pr&oacute;ximos meses por la Editorial Anagrama y trata la tem&aacute;tica del veganismos, de la identidad animal y denuncia las malas pr&aacute;cticas de la industria c&aacute;rnica.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>JAMES JOYCE Y SU &ldquo;ULISES&rdquo;, UNA FUENTE INAGOTABLE DE SORPRESAS</strong></p>
<p><strong></strong>En el clarificador art&iacute;culo que TURIA dedica a glosar la obra maestra de James Joyce, &ldquo;Ulises&rdquo;, Eduardo Lago narra de manera objetiva la caracter&iacute;sticas del texto, desde que lo ley&oacute; por primera vez con 17 a&ntilde;os y las sucesivas ocasiones en las que a lo largo de su vida ha afrontado la lectura de un libro de enorme complejidad y riqueza. De aqu&iacute; que Lago analice cu&aacute;l es la estructura y el por qu&eacute; de la vigencia de un libro fundacional de la literatura contempor&aacute;nea.</p>
<p>Eduardo Lago, que reside en Nueva York y donde ha sido director del Instituto Cervantes y donde da clases en el Sarah Lawrence College, form&oacute; parte de la llamada &ldquo;Orden del Finnegans&rdquo;. Un grupo de personas que tuvo como objeto la veneraci&oacute;n del &ldquo;Ulises&rdquo; de Joyce cada 16 de junio (Bloomsday) junto con otros autores como Enrique Vila-Matas, Jordi Soler, Antonio Soler y el editor Malcom Otero.</p>
<p>En TURIA Eduardo Lago asegura que &ldquo;la novela de Joyce es una fuente inagotable de sorpresas&rdquo;. Tambi&eacute;n subraya que el &ldquo;Ulises&rdquo; es un texto eminentemente vivo, que sigue siendo completamente imprescindible y cuya lectura es necesaria, si se quiere tener una idea de hacia d&oacute;nde puede ir la literatura del futuro. Nos encontramos donde estamos gracias a Homero, a Dante, a Shakespeare, a Flaubert, a Kafka, a Proust, a Woolf, por decir apresuradamente algunos nombres esenciales. Joyce es la culminaci&oacute;n de esa trayectoria&rdquo;.</p>
<p>En definitiva, para Eduardo Lago, el &ldquo;Ulises&rdquo; de Joyce es &ldquo;un portentoso despliegue de acrobacias verbales, acrobacias que en ning&uacute;n momento son huecas ni vac&iacute;as, sino que se apoyan en un dominio de la prosa cuyos rasgos dominantes son la fuerza de la poes&iacute;a y la profundidad del pensamiento. No es f&aacute;cil, justo es reconocerlo, adentrarse en un libro as&iacute;&rdquo;. No obstante, Lago recomienda en TURIA &ldquo;dejarse llevar por la fuerza de la prosa, resign&aacute;ndose a no entenderlo todo. Si se decide a hacerlo as&iacute;, la lectora o el lector de a pie se ver&aacute;n recompensados, aunque encallen en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>JOS&Eacute; HIERRO, UN POETA MARCADO POR LA EMOCI&Oacute;N Y LA MEMORIA</strong></p>
<p><strong></strong>En el clarificador art&iacute;culo que TURIA dedica a Jos&eacute; Hierro, &ldquo;Lectura de Jos&eacute; Hierro a un siglo de su nacimiento&rdquo;, Manuel Rico argumenta que si bien &ldquo;algo anterior, por edad, a los "ni&ntilde;os de la guerra", y posterior a la primera promoci&oacute;n de posguerra, Jos&eacute; Hierro, nacido en 1922, tiene mucho de poeta puente, de buceador en caminos tan personales como afincados en la dura realidad que le toc&oacute; vivir en su juventud, en su propia experiencia vital&rdquo;.</p>
<p>Desde la perspectiva que le brindan m&aacute;s de treinta a&ntilde;os de experiencia lectora con la obra de Hierro, Manuel Rico asegura en TURIA que &ldquo;le&iacute; con fruici&oacute;n cada libro que publicaba, desde el inci&aacute;tico <em>Tierra sin nosotros</em> hasta su &uacute;ltimo y multieditado <em>Cuaderno de Nueva York</em>. Las modas y corrientes se suced&iacute;an y la obra de Jos&eacute; Hierro manten&iacute;a intactas sus capacidades emotivas, su intensidad l&iacute;rica. En sus libros siempre aparec&iacute;an nuevos destellos, senderos in&eacute;ditos por los que transitar y, lo que es m&aacute;s importante, un hilo brillante, una tensi&oacute;n el&eacute;ctrica, que los hac&iacute;a inmunes al paso del tiempo y los conectaba con la sensibilidad de las nuevas generaciones&rdquo;.</p>
<p>Entre los rasgos que identifican la inolvidable poes&iacute;a de Jos&eacute; Hierro, en TURIA se nos dir&aacute; que &ldquo;Un temblor interior, una sutil carga emotiva, un permanente di&aacute;logo con el tiempo, con la muerte y con la memoria y una opci&oacute;n sin paliativos por el hombre y contra quienes osaban doblegarlo hac&iacute;an de su poes&iacute;a la dif&iacute;cil s&iacute;ntesis que s&oacute;lo unos pocos logran&rdquo;. Y es que, en su labor creativa, Hierro se mostr&oacute; siempre poco convencional y complejo. Aunque, como anota Manuel Rico, su etapa m&aacute;s innovadora la marcaron dos t&iacute;tulos que transitan entre el fin del siglo XX y los primeros compases del actual siglo: &ldquo;Agenda&rdquo; y &ldquo;Cuaderno de Nueva York&rdquo;. Son libros que supusieron una bocanada de aire fresco y que, especialmente el &uacute;ltimo, borde&oacute; la condici&oacute;n de best-seller al convertirse en todo un fen&oacute;meno editorial.</p>
<p>Aunque es cierto que, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, cierto silencio envuelve la obra de Hierro, la concesi&oacute;n de premios como el Cervantes en 1998 dieron, seg&uacute;n Manuel Rico, no s&oacute;lo &ldquo;carta de naturaleza a la altura de su poes&iacute;a, sino que estableci&oacute; un "statu quo" a su obra que ning&uacute;n cr&iacute;tico, ni siquiera los que se han mostrado muy alejados de la est&eacute;tica de Hierro, discuten&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>CRIST&Oacute;BAL SERRA, REIVINDICACI&Oacute;N DE UN GRAN HETERODOXO</strong></p>
<p><strong></strong>Crist&oacute;bal Serra (Palma, 1922-2012) dej&oacute; una marca indeleble en varias generaciones de escritores y lectores que se acercaron a su obra en n&uacute;mero reducido, pero con entusiasmo. La naturaleza mediterr&aacute;nea, la s&iacute;ntesis entre la tradici&oacute;n cristiana y la tao&iacute;sta, o la relectura exc&eacute;ntrica de algunas vanguardias son los rasgos principales de su pensamiento y su est&eacute;tica, siempre en contra de la idea predominante de civilizaci&oacute;n entendida s&oacute;lo como progreso econ&oacute;mico o material. Ahora, la revista TURIA lo reivindica en su centenario como un gran heterodoxo y un enorme y original&iacute;simo escritor.</p>
<p>Y es que Crist&oacute;bal Serra fue un autor que se aproxim&oacute; a Ramon Llull desde posiciones poco habituales, tradujo a William Blake, practic&oacute; un humor dada&iacute;sta y antisolemne, y crey&oacute; firmemente que el mundo pod&iacute;a comprenderse mediante la poes&iacute;a.</p>
<p>Aunque se ha subrayado mucho la condici&oacute;n de autor secreto de Crist&oacute;bal Serra, en el art&iacute;culo de Josep Maria Nadal Suau que da a conocer TURIA, se nos recuerda que &ldquo;Serra estuvo ah&iacute; desde la segunda mitad de los a&ntilde;os cincuenta, una presencia al margen de modas, dif&iacute;cil de clasificar, deliberadamente ambigua, perif&eacute;rica, lo que ustedes quieran&hellip; Pero tambi&eacute;n inesquivable&rdquo;.</p>
<p>Serra public&oacute; diecinueve libros pero, para Nadal Suau, son tres las piezas determinantes de su producci&oacute;n: &ldquo;P&eacute;ndulo&rdquo;, de 1956; &ldquo;Viaje a Cotiledonia&rdquo;, de 1965 y &ldquo;Diario de signos&rdquo;, de 1980. En ellos muestra su particular universo: &ldquo;coherente en las contradicciones y coherente en la levedad, se ha insistido poco en que lo atravesaba un amor m&iacute;stico y vencedor&rdquo;. Por tanto, si hubiera que asignar a Crist&oacute;bal Serra un lugar en nuestra historia de la literatura, habr&iacute;a que reivindicarlo como un autor fundamental por conseguir ser a un tiempo: &ldquo;perif&eacute;rico, fragmentario, europeo, espiritual, vanguardista, rom&aacute;ntico. Un talism&aacute;n contra la velocidad del horror. Rezagado. Precedente. Antimoderno. Moderno&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>HAY QUE LEER A JOSEPH ANDRAS, LA NUEVA REVELACI&Oacute;N DE LA LITERATURA FRANCESA</strong></p>
<p><strong></strong>Entre los textos m&aacute;s originales y valiosos que aporta la nueva entrega de la revista TURIA se encuentra el material in&eacute;dito de Joseph Andras, un autor considerado por la cr&iacute;tica como una de las nuevas voces m&aacute;s valiosas y comprometidas pol&iacute;ticamente de las letras francesas. Un escritor, adem&aacute;s, que vive al margen del sistema literario y cultural y que se muestra poco aficionado a los ritos promocionales y al fomento de la competitividad entre autores. Buena prueba de ello es el ins&oacute;lito rechazo del Premio Goncourt a la primera novela que le fue concedido en 2016.</p>
<p>TURIA ofrece en primicia en espa&ntilde;ol un anticipo del libro &ldquo;As&iacute; les hacemos la guerra&rdquo; que apareci&oacute; en Francia el pasado a&ntilde;o en la prestigiosa editorial Actes Sud y que en nuestro pa&iacute;s publicar&aacute; Anagrama en los pr&oacute;ximos meses de manera conjunta con otro breve libro reciente de Andras: &ldquo;A lo lejos el cielo del sur&rdquo;, en que se revisa y denuncia la historia colonial de Francia siguiendo y recordando la figura de Ho Ch&iacute; Mihn, en forma de deriva literaria por la ciudad de las luces.</p>
<p>&ldquo;As&iacute; les hacemos la guerra&rdquo; se estructura en tres episodios de un tr&iacute;ptico, que se extienden a lo largo de varios pa&iacute;ses y de un siglo entero: en el Londres de 1903, la vivisecci&oacute;n de un perro con prop&oacute;sitos experimentales despierta algunas de las primeras protestas animalistas, que se topan con las resistencias de los estudiantes de medicina pero acaban desembocando en un juicio pionero; en 1985, en California, el Frente de Liberaci&oacute;n Animal rescata a Britches, un macaco al que se ha cegado para probar el funcionamiento de un s&oacute;nar; en 2014, en Charleville-M&eacute;zi&egrave;res, en cambio, es una vaca la que parece liberarse a s&iacute; misma, saltando junto con su ternera del cami&oacute;n que las llevaba a ambas al matadero para emprender una fren&eacute;tica huida por las calles de la ciudad.</p>
<p>A trav&eacute;s de este conjunto narrativo, Joseph Andras elabora un retrato de los rostros m&uacute;ltiples pero intercambiables de la opresi&oacute;n, en un continuo donde el colonialismo, el racismo, el machismo o la explotaci&oacute;n animal funcionan seg&uacute;n la misma l&oacute;gica perversa: la de, falazmente, &laquo;determinar lo superior y lo inferior&raquo; y permitir que lo primero se imponga con violencia a lo segundo. Una l&oacute;gica a la que Joseph Andras se opone rescatando realidades hist&oacute;ricas apartadas a trav&eacute;s de un estilo espl&eacute;ndido: su voz sobria pero firme, de un lirismo contenid&iacute;simo que alterna la iron&iacute;a y el sano escepticismo con una indignaci&oacute;n perfectamente dirigida, escribe aqu&iacute; algunos cap&iacute;tulos memorables de la historia de los olvidados, y traza con firmeza una genealog&iacute;a de algunos de los conflictos que a&uacute;n hoy nos sacuden.</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;"><br /></span></strong></p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">UN FRAGMENTO DEL NUEVO LIBRO DE JOSEPH ANDRAS</span></strong></p>
<p><strong></strong>Uno de los textos in&eacute;ditos m&aacute;s interesantes que publica la revista TURIA es un avance del &uacute;ltimo libro de Joseph Andras: &ldquo;As&iacute; les hacemos la guerra&rdquo;. Ser&aacute; pr&oacute;ximamente publicado por la editorial Anagrama y en &eacute;l este escritor ajeno a los c&iacute;rculos art&iacute;sticos confirma la calidad e inter&eacute;s de una labor creativa que le han catapultado al reconocimiento de la cr&iacute;tica literaria en Francia. A continuaci&oacute;n ofrecemos un fragmento del libro:</p>
<p>&ldquo;Y en los oc&eacute;anos las bacterias se dispondr&aacute;n entonces a crear a Dios. Las ra&iacute;ces y los insectos proyectan sus sombras sobre las tierras emergentes que dar&aacute;n lugar a los continentes que dar&aacute;n lugar a las naciones. Los peces alumbran primates que se yerguen sobre sus diez dedos para pintar en las paredes dibujos de una belleza sin par. No tienen a&uacute;n la sabidur&iacute;a que nos atribuiremos, pero s&iacute; un cr&aacute;neo cada vez m&aacute;s redondeado. Sus pasos no se han saturado de las ciudades que un d&iacute;a alzaremos bajo el cielo. Pero cazamos ya a grandes animales de cuernos huecos y trazamos signos en la arcilla. Bendecimos el hierro y los cascos de nuestras caballer&iacute;as retumban en la batalla. Unimos riberas y construimos murallas. Quemamos los campos en los que sabemos amarnos frotando nuestras carnes como frotamos la piedra. Erigimos imperios y botamos las velas que allende los mares oprimir&aacute;n las almas. Nos abrazamos a los pellejos que desollaremos al caer la noche y rezamos a las santas para mancillar a las putas. Cantamos al amor difunto y perpetuamos la raza. Marcamos a fuego a seres humanos a los que no tenemos por tales. Cubrimos de oro a unos pocos y al resto de sudor. Agarramos a un rey por el cuello para preguntarle por qu&eacute; no somos todos reyes. Plagamos de gris el verde inmenso de los bosques y emborronamos el horizonte de grandes humaredas negras. Juramos que la Tierra no tardar&aacute; en revelarnos todos sus secretos. Y en esto que uno de nosotros bromea para deleite de su auditorio.</p>
<p>Se trata esta vez de demostrar al mundo que la presi&oacute;n salival es independiente de la presi&oacute;n arterial: lo que no es poco.</p>
<p>La demostraci&oacute;n transcurre en un escenario de categor&iacute;a, entre doce columnas corintias, un bajorrelieve y una c&uacute;pula. En el University College de Londres un hombre se remanga y le da una calada a su pipa. Se le ve sereno, dicen, a sus anchas, mientras a su lado se revuelve entre sus ataduras, un bozal en el hocico y el pescuezo rebanado, un chucho an&oacute;nimo. Seis kilos, un peso pluma para un cruce de terrier&rdquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 25 May 2022 10:36:55 +0000</pubDate>
    </item>
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      <title><![CDATA[Placer cínico]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/placer-cinico/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/JAVIER_P_REZ_AND_JAR_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Hace cosa de un mes que termin&eacute; de leer <em>El a&ntilde;o del B&uacute;falo</em>, pero he de confesar que no he sido capaz de verbalizar lo que me suscitaba el texto hasta hace unos d&iacute;as. Por eso, he decidido compartir el fruto de mis divagaciones con ustedes, por si alg&uacute;n otro lector a&uacute;n anduviera merodeando por el camino que dejaron los posos de su propia lectura.</p>
<p class="Cuerpo">Consigna Joan Coromines en su <em>Breve diccionario etimol&oacute;gico </em>&nbsp;que la palabra c&iacute;nico aparece en nuestra lengua registrada ya en 1490, as&iacute; que podemos admitir que descubrimos el cinismo antes de que Col&oacute;n encontrara un gran obst&aacute;culo en su ruta a Asia. Tambi&eacute;n recoge su diccionario que el origen latino lo encuentra en la palabra <em>cỹnἶcus</em> que, a su vez, viene tomada del griego <em>kynik&oacute;s</em> &lsquo;perteneciente a la escuela c&iacute;nica&rsquo;, siendo un t&eacute;rmino que indica &lsquo;perteneciente al perro, de perro&rsquo;, palabra de cuya ra&iacute;z &mdash;&lsquo;Kyn&oacute;s&rsquo;&mdash;, se deriva. Los c&iacute;nicos apostaban por una vida sencilla y arm&oacute;nica con el entorno natural, por la independencia tanto moral como intelectual, pues ten&iacute;an la creencia de que el hombre nac&iacute;a con todo lo necesario para ser feliz y, por tanto, las cosas le eran accesorias &mdash;constituy&eacute;ndose en fuente de inspiraci&oacute;n para los estoicos&mdash;. No obstante, se quedaron con ese sambenito, el de perros, por preferir roer huesos antes que atiborrarse de manjares. Probablemente este t&eacute;rmino, &ldquo;perro&rdquo;, sea la palabra clave para desenmara&ntilde;ar el ovillo de esta obra &mdash;o al menos tomando la punta de este hilo he salido yo de su laberinto&mdash;, pues Coromines no deja lugar a duda en la entrada que le dedica y donde, tras indicar que el primer registro del t&eacute;rmino se dio en 1136, nos indica: &ldquo;vocablo exclusivo del castellano, que en la Edad Media s&oacute;lo se emplea como t&eacute;rmino peyorativo y popular, frente a <em>can</em>, vocablo noble y tradicional. Origen incierto. Probablemente, palabra&nbsp; de creaci&oacute;n expresiva, quiz&aacute; fundada en la voz <em>prrr</em>, <em>brrr</em>, con la que los pastores incitan al perro, emple&aacute;ndola especialmente para que haga mover el ganado y para que &eacute;ste obedezca al perro. Comp&aacute;rese al gallego <em>apurrar </em>&lsquo;azuzar los perros&rsquo;. Son imposibles las etimolog&iacute;as ib&eacute;ricas y c&eacute;lticas que se han propuesto.&rdquo;</p>
<p class="Cuerpo"><em>&ldquo;</em>Imposibles<em>&rdquo;</em>. Esa imposibilidad categ&oacute;rica con la que Coromines cierra su inspiradora entrada (en la que podemos evocar, un milenio atr&aacute;s, al pastor en la colina azuzando al can a la voz de &ldquo;<em>prrr</em>&rdquo;, mientras las d&oacute;ciles ovejas emprenden camino al redil), me llev&oacute; tambi&eacute;n a m&iacute; hacia un cercado, hacia un marco referencial en el que ordenar y recoger las ideas. Y es que a un licenciado en Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica, como es el caso de P&eacute;rez And&uacute;jar, no pod&iacute;a serle ajeno este detalle. No obstante, en la obra &mdash;a trav&eacute;s de una de las voces que toma la palabra&mdash;, se afirma que <em>perro</em> y <em>carro</em> son voces &iacute;beras, a&ntilde;adiendo que son los palabras m&aacute;s antiguas de nuestro diccionario, aserci&oacute;n que tampoco se sostiene. <em>Carro</em> es incluso posterior a <em>perro</em> y &mdash;siempre de acuerdo con la gu&iacute;a espiritual de Joan Coromines&mdash; es una palabra latina de origen c&eacute;ltico, y no &iacute;bera.</p>
<p class="Cuerpo">Considerando la introducci&oacute;n consciente de este error como parte del juego, como el fruto de un placer l&uacute;dico en estado puro que es b&uacute;squeda de la diversi&oacute;n sin restricciones, comenc&eacute; a reflexionar sobre la lectura desde esta dualidad juego-cinismo.</p>
<p class="Cuerpo">La historia tiene cuatro protagonistas, cuatro creadores encerrados en un garaje: cuatro perros. Cuatro personajes que roen los restos de un mundo, lo que queda de vida, de comida, de ellos mismos y que se ven tentados por una figura desde la sobras que piensan pueda ser otro hombre o una rata. Tal vez &shy;&mdash;me parece ahora&shy;&mdash; no sea sino otro perro o la sustanciaci&oacute;n del perro en el que se ven proyectados.</p>
<p class="Cuerpo">El protagonista &mdash;si acaso este t&eacute;rmino es aplicable aqu&iacute;&mdash; es uno de los cuatro creadores, un escritor finland&eacute;s llamado Folke Ingo. La narraci&oacute;n de Ingo, a su vez, se centra en estas mismas cuatro figuras y la formulaci&oacute;n de la novela escrita por &eacute;l (que P&eacute;rez And&uacute;jar escribe) va evolucionando a texto anotado por su traductor (en este caso, por su traductora) y, poco a poco, va transmutando en una edici&oacute;n cr&iacute;tica, en un texto con notas a pie de p&aacute;gina, notas rebeldes que se levantan en armas &mdash;como los muchos personajes hist&oacute;ricos que glosan sus p&aacute;ginas&mdash; y toman la hoja, la conquistan e imponen el imperio de su desgobierno: una tiran&iacute;a fatua llamada a ser destronada por la siguiente nota que se levante asalta la p&aacute;gina.&nbsp; As&iacute; pues, el juego pasa por contradecir no s&oacute;lo al maestro (l&eacute;ase Coromines), sino que implica evadirse de la recta moral que dicta la morfol&oacute;gica de la novela tradicional. De alguna manera parece que lo que se cuenta se refleja en la forma de ser narrado. C&iacute;nicamente, es decir, expresando desprecio hacia las convenciones y las normas de la novela, el autor despliega su humor a trav&eacute;s de una narrativa aguda, en la que la novela es como el hombre, como el l&iacute;der revolucionario, como el intento de plasmaci&oacute;n de cualquier ideal: imagen inesperada, imperfecta, del ideal que se buscaba. Tal vez inspirado por Hannah Arendt, P&eacute;rez And&uacute;jar nos ofrece una cr&iacute;tica intelectual de lo que somos, se burla de la constataci&oacute;n del fracaso del creador &mdash;impedido a dominar su obra&mdash;formulando esa grieta desde la iron&iacute;a del texto parasitado por el texto, iron&iacute;a con la que se da paso a la acci&oacute;n y la palabra de otros. Acci&oacute;n humana que Arendt viera como superaci&oacute;n de la improbabilidad y de la imposibilidad de predecir tanto el fruto de dichas acciones como las consecuencias que acarrean. Lo nuevo es, en tal medida, oposici&oacute;n de la certeza: de lo que cabr&iacute;a esperar aplicando la predicci&oacute;n.</p>
<p class="Cuerpo">Sin lugar a duda, esta obra destacada con el premio Herralde de novela, es una suerte de milagro, un texto impredecible antes de abrir sus tapas, improbable, y que resultar&aacute; en deleite del curioso, del inconformista, del perro que quiera roerlo hasta el final, de un lector que no busque el canon ni sus infalibilidades.</p>
<p class="Cuerpo"><em><br /></em></p>
<p class="Cuerpo"><em>El a&ntilde;o del B&uacute;falo. </em>Javier P&eacute;rez And&uacute;jar. Barcelona, 2021. Premio Herralde de novela.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 11 May 2022 06:25:30 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sobre “Gabriel: un poema”, de Edward Hirsch]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/sobre-gabriel-un-poema-de-edward-hirsch/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/EDWARD_HIRSCH_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>1. El poeta orienta al lector cuando escribe, tras el nombre de su hijo Gabriel, seguido de dos puntos, las palabras, &ldquo;un poema&rdquo;. No estamos ante un desahogo, ni ante una hagiograf&iacute;a, ni siquiera ante una eleg&iacute;a propiamente dicha, sino meramente ante un poema. &iquest;Y qu&eacute; es un poema? Un acto de alguna forma de conocimiento. &ldquo;Gabriel era un secreto&rdquo;. Y no hay mejor materia para la poes&iacute;a que lo indescifrable. <em>Para ir a lo que no conoces, tienes que ir por el camino que no conoces. </em>Solo una vez el poeta se vuelve sobre el poema para dudar sobre el camino trazado: &ldquo;Tengo miedo de estar s&oacute;lo rond&aacute;ndolo/y convirti&eacute;ndolo en una historia&rdquo;. Hirsch, antes que nada, en el t&iacute;tulo &ndash;<em>Gabriel: un poema</em>&ndash;, pone en pr&aacute;ctica el arte de la separaci&oacute;n del que hablara Mandelstam.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>2. Resulta m&aacute;s f&aacute;cil decir todo lo que este libro no es que decir lo que es. He se&ntilde;alado que no se trata propiamente una eleg&iacute;a porque est&aacute; bastante alejado del lamento solitario, mon&oacute;dico, que ha prevalecido en la eleg&iacute;a occidental moderna.&nbsp; Ya en el <em>motto</em> hay una frase de &ldquo;Strings&rdquo;, la canci&oacute;n de Blink-182, que dice mucho: &ldquo;No quiero vivir mi vida solo&rdquo;. Imagino que es un gui&ntilde;o a su hijo, pero el poeta tampoco quiere escribir este poema solo. Integra a cuantos acompa&ntilde;aron a Gabriel (a veces cedi&eacute;ndoles la palabra): la madre, sus amigos, cuidadores, por no hablar del coro de voces &ndash;otros poetas que perdieron a sus hijos&ndash; a los que recurre para no encontrarse solo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>3. Mucho menos que una eleg&iacute;a, se trata de un <em>kaddisch</em>. Las razones se agolpan, y acaso podr&iacute;a decirse que es un <em>anti-kaddish.</em> Son los hijos los que pronuncian ese canto jud&iacute;o en los entierros de los padres, y no en los de los hijos, algo totalmente anti-natural que supone un desaf&iacute;o para la teolog&iacute;a jud&iacute;a. En el <em>kaddish</em> se elogia al padre o a la madre muerta, a su vida cumplida, para, m&aacute;s all&aacute;, alabar a Dios y su orden del mundo, el orden en el que los padres trasmiten a los hijos las ense&ntilde;anzas del Alt&iacute;simo. Es el <em>core</em> de la Tradici&oacute;n. &iquest;C&oacute;mo puede un padre alabar el desorden que supone la muerte de su hijo? Lo &uacute;nico que puede hacer, a pesar de la increencia, es encararse con &Eacute;l y retarle: &ldquo;no te alabar&eacute; hasta que me lo devuelvas&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>4. <em>Gabriel</em> es un poema extenso. Un poema de poemas. Escritos en tercetos en verso libre en composiciones de diez de diez. Con un lenguaje r&aacute;pido, preciso y coloquial, musical, anaf&oacute;rico; de car&aacute;cter narrativo, y en ocasiones c&oacute;mico, est&aacute; cargado de intertextos y de referencias cultas. La estructura narrativa es circular (comienza y termina frente al cad&aacute;ver de Gabriel) y describe en su amplia trayectoria una por una las estaciones de la vida de Gabriel desde su nacimiento hasta su muerte pasando por la crianza, los primeros s&iacute;ntomas de la enfermedad, la imposible educaci&oacute;n, los intentos inacabables de encontrar una terapia, la afectaci&oacute;n en la vida familiar, m&aacute;s relevante por estar apenas aludida, sus gustos y man&iacute;as, los destrozos, comenzando por los que se inflig&iacute;a a s&iacute; mismo, como ejemplo cumbre su &uacute;ltima y letal aventura. No solo por ser circular el poema tiene trazas enciclop&eacute;dicas: para el poeta resulta necesario no olvidar nada. Se enumeran los colegios a los que fue (no pocos), los trabajos que tuvo (pocos), los casi innumerables m&eacute;dicos y curanderos, la larga lista de medicinas, todos los s&iacute;ndromes, posibles o reales, todo, hasta el informe de la autopsia que se traslada tal cual est&aacute; redactado. Aparecen, sin ocupar nunca el centro de la escena, las dudas de los padres, la moment&aacute;nea desesperaci&oacute;n del padre (kafkianamente identificado con la Ley), el sentimiento de culpa, <em>nel mezzo del cammin</em>, la interrogaci&oacute;n m&aacute;s profunda y la toma de conciencia de s&iacute; mismo, y al final la expresi&oacute;n de un dolor de amor a la vez visible e invisible.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>5. Buscaba una pista que me permitiera acceder en el poema al plano del sentido. Y me encontr&eacute; con este verso: &ldquo;Lo que para otros fue naturaleza/para nosotros fue cultura&rdquo;. Se refiere el poeta a que, por ser Gabriel un hijo adoptado, la decisi&oacute;n de los padres, en su caso, m&aacute;s que un hecho biol&oacute;gico fue una pura decisi&oacute;n libre. No pude evitar recordar otro verso de la <em>Commedia</em> &ndash;&ldquo; Mai no t&acute;a apresent&ograve; natura o arte (<em>Purgatorio</em>, XXXI, v. 49)&ndash; en el que Beatriz reprocha a Dante que, tras la muerte de &eacute;sta, nada humano (arte, cultura) ni divino (la naturaleza) le complaciese, con la consecuencia de caer por el precipicio de la inanidad. Los versos inmediatamente anteriores del florentino son estos: &ldquo;De todos modos, para que ahora sientas/verg&uuml;enza por tu error y en el futuro/seas inasequible a las sirenas,/abandona tus l&aacute;grimas y escucha:/as&iacute; oir&aacute;s que mi <em>carne sepultada</em>/deb&iacute;a conducirte hacia otra parte&rdquo; (<em>Purgatorio</em>, XXXI, vv. 43-48).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>6. Al principio pens&eacute; que se trataba de un mero contacto sin relaci&oacute;n, como los que manten&iacute;a Gabriel con las mujeres. Pero la referencia dantesca a la &ldquo;carne sepultada&rdquo;, al fr&iacute;o <em>transi,</em> a la carro&ntilde;a que si no conforta al menos deber&iacute;a ense&ntilde;ar a vivir, me llevaba al cad&aacute;ver de Gabriel. Naturaleza y cultura en este poema dar&iacute;a para un largo comentario&hellip; Lo que comenz&oacute; siendo la m&aacute;s generosa de las decisiones, la m&aacute;s civilizada, mucho m&aacute;s culta y humana que los poemas a los que el poeta dedica su vida, tratando demasiadas veces de huir y protegerse de esa fuerza de la naturaleza que ha admitido en su vida, de ese ser indescifrable e inc&oacute;modo al que ama por encima de todo, amenaza con convertirle en una sombra, revel&aacute;ndole de paso la sombra que apenas somos en el mar inmenso del sentido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>7. Y dejo para el final la historia del libro. Una noche del a&ntilde;o 2011, mientras la tormenta Irene asolaba la ciudad de Nueva York, Gabriel Hirsch, 22 a&ntilde;os, hijo del poeta Edward Hirsch (Chicago, 1950), contra toda prudencia, sale de juerga y, tras ingerir una droga, aparece muerto de madrugada. En aquellos d&iacute;as de caos generalizado en la ciudad, los padres buscan durante tres d&iacute;as a su hijo. Edward Hirsch recopil&oacute; en un dossier cuanto pudo sobre Gabriel y verti&oacute; po&eacute;ticamente parte de ese material y de sus recuerdos en un libro titulado <em>Gabriel: a poem. </em>El libro fue<em> </em>publicado en 2014 y ha sido brillantemente traducido en Espa&ntilde;a por An&iacute;bal Cristobo para kriller 71 ediciones.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;<strong>&ldquo;GABRIEL: UN POEMA&rdquo;</strong></p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Por Edward Hirsch. Traducci&oacute;n de An&iacute;bal Cristobo</p>
<p style="text-align: left;"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;"><strong>POEMA I</strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">El director de la funeraria abri&oacute; el ata&uacute;d</p>
<p class="Pa9">Y ah&iacute; estaba &eacute;l solo</p>
<p class="Pa9">De cintura hacia arriba</p>
<p class="Pa9">&nbsp;</p>
<p class="Pa9">Me acerqu&eacute; a mirar su rostro</p>
<p class="Pa9">Y por un momento me sorprend&iacute;</p>
<p class="Pa9">Porque no era Gabriel:</p>
<p class="Pa9">&nbsp;</p>
<p class="Pa9">Era solo alg&uacute;n pobre chico</p>
<p class="Pa9">Con su rostro como una habitaci&oacute;n</p>
<p class="Pa9">Que hubiera sido vaciada</p>
<p class="Pa9">&nbsp;</p>
<p class="Pa9">Pero entonces me fij&eacute; con m&aacute;s cuidado</p>
<p class="Pa7">En sus pesados p&aacute;rpados</p>
<p class="Pa9">Y en la delicadeza de sus rasgos</p>
<p class="Pa9">&nbsp;</p>
<p class="Pa9">&Eacute;l que siempre hab&iacute;a tenido un sue&ntilde;o tan liviano</p>
<p class="Pa9">Ahora estaba extra&ntilde;amente quieto</p>
<p class="Pa9">Mi muchacho insensato</p>
<p class="Pa9">&nbsp;</p>
<p class="Pa9">Vestido para una ocasi&oacute;n especial</p>
<p class="Pa9">Le gustaba ese traje azul marino</p>
<p class="Pa9">Y exhibirlo delante del espejo</p>
<p class="Pa9">&nbsp;</p>
<p class="Pa9">Le gritaron <em>Ey colega</em></p>
<p class="Pa7">En una calle de Northaptom</p>
<p class="Pa7"><em>Te ves muy elegante con esa ropa nueva</em></p>
<p class="Pa7">&nbsp;</p>
<p class="Pa7">Le encantaba c&oacute;mo se ve&iacute;a</p>
<p class="Pa7">Despu&eacute;s de haber dejado las pastillas</p>
<p class="Pa7">Que nublaban su mente</p>
<p class="Pa7">&nbsp;</p>
<p class="Pa7">Se quedaba asombrado</p>
<p class="Pa9">Al verse en los espejos de las tiendas y en puertas giratorias</p>
<p class="Pa9">Que le devolv&iacute;an su reflejo</p>
<p class="Pa9">&nbsp;</p>
<p class="Pa9">Ahora se ve&iacute;a r&iacute;gido y distante</p>
<p class="Pa9">Como si estuviera yendo a un funeral</p>
<p class="Pa9">En un viernes de inicios de septiembre</p>
<p class="Pa9"><strong><br /></strong></p>
<p class="Pa9"><strong>POEMA II</strong></p>
<p class="Pa9">&nbsp;</p>
<p class="Pa9">Como una jabalina cruzando la oscuridad</p>
<p class="Pa7">Siempre estuvo ansioso</p>
<p class="Pa7">Por encontrar un blanco que lo detuviera</p>
<p class="Pa7">&nbsp;</p>
<p class="Pa7">Como un le&oacute;n joven probando su rugido</p>
<p class="Pa7">En el borde lejano de la cueva</p>
<p class="Pa7">El rugido dentro de &eacute;l era a&uacute;n m&aacute;s alto</p>
<p class="Pa7">&nbsp;</p>
<p class="Pa7">Como la flecha del rel&aacute;mpago en la niebla</p>
<p class="Pa7">Como la flecha del rel&aacute;mpago a trav&eacute;s de los mares</p>
<p class="Pa7">Como la flecha del rel&aacute;mpago en nuestro patio</p>
<p class="Pa7">&nbsp;</p>
<p class="Pa7">Como la vez en que abr&iacute; el horno</p>
<p class="Pa7">Por la noche en la f&aacute;brica</p>
<p class="Pa7">Y las llamas causaron una explosi&oacute;n</p>
<p class="Pa7">&nbsp;</p>
<p class="Pa7">No estaba preparado para la intensidad</p>
<p class="Pa7">Del calor escapando</p>
<p class="Pa7">Como si hubiera destapado el sol</p>
<p class="Pa7">&nbsp;</p>
<p class="Pa7">Como una mosca demente monarca temerario</p>
<p class="Pa7">Como una abeja dispar&aacute;ndose desde su colmena</p>
<p class="Pa7">Como un p&aacute;jaro rebotando contra la ventana</p>
<p class="Pa7">&nbsp;</p>
<p class="Pa7">Como un coche peque&ntilde;o yendo demasiado deprisa</p>
<p class="Pa7">De noche en una autopista de dos carriles</p>
<p class="Pa7">Sus amigos pensaban que iban a morir</p>
<p class="Pa7">&nbsp;</p>
<p class="Pa7">Como el grito de guerra de una grulla que cae</p>
<p class="Pa7">Herida hundi&eacute;ndose en el mar</p>
<p class="Pa7">No vi c&oacute;mo golpe&oacute; contra las olas</p>
<p class="Pa7">&nbsp;</p>
<p class="Pa7">Como la furia descarrilada de una bala</p>
<p class="Pa7">Astill&aacute;ndose contra un cr&aacute;neo</p>
<p class="Pa7">El soldado pareci&oacute; sorprendido</p>
<p class="Pa7">&nbsp;</p>
<p class="Pa7">No se movi&oacute; cuando lo tocaron</p>
<p class="Pa7">Como la flecha del rel&aacute;mpago inundada por la oscuridad</p>
<p class="Pa7">Tras haberse estrellado contra el mar</p>
<p class="Pa7"><strong><br /></strong></p>
<p class="Pa7"><strong>POEMA III</strong></p>
<p class="Pa7">&nbsp;</p>
<p class="Pa7">Y el Padre la Ley</p>
<p class="Pa7">Que deber&iacute;a haber estado legando</p>
<p class="Pa7">Mandamientos desde lo m&aacute;s alto</p>
<p class="Pa7">&nbsp;</p>
<p class="Pa7">Qu&eacute; estaba haciendo todos esos a&ntilde;os</p>
<p class="Pa7">Cuando deb&iacute;a haber estado reconfortando a su mujer</p>
<p class="Pa7">Y encarg&aacute;ndose de su hijo</p>
<p class="Pa7">&nbsp;</p>
<p class="Pa7">Qu&eacute; estaba haciendo cuando deb&iacute;a</p>
<p class="Pa7">Mantenerse firme y cuestionar a los expertos</p>
<p class="Pa7">Que trataban de adivinar qu&eacute; hacer</p>
<p class="Pa7">&nbsp;</p>
<p class="Pa7">Deber&iacute;a haberle ense&ntilde;ado</p>
<p class="Pa7">Car&aacute;cter haberle ense&ntilde;ado valores ense&ntilde;ado</p>
<p class="Pa7">A convertirse en el hombre que deber&iacute;a haber sido</p>
<p class="Pa7">&nbsp;</p>
<p class="Pa7">Qu&eacute; estaba haciendo el Padre la Ley</p>
<p class="Pa7">En la mitad exacta de la vida</p>
<p class="Pa7">Salvo luchar por su vocaci&oacute;n</p>
<p class="Pa7">&nbsp;</p>
<p class="Pa7">Fantasma de mi yo anterior</p>
<p class="Pa7">Te veo susurrarte a ti mismo</p>
<p class="Pa7">Y deambular</p>
<p class="Pa7">&nbsp;</p>
<p class="Pa7">Por una habitaci&oacute;n de la segunda planta</p>
<p class="Pa7">De la casa toda la noche cada noche</p>
<p class="Pa7">A trav&eacute;s del final de tus cuarentas</p>
<p class="Pa7">&nbsp;</p>
<p class="Pa7">Qu&eacute; buscabas sino escapar</p>
<p class="Pa7">Del trance y el abatimiento</p>
<p class="Pa7">De los antiguos creadores</p>
<p class="Pa7">&nbsp;</p>
<p class="Pa7">Poeta que trabajaste tan duro en tu oficio</p>
<p class="Pa7">En un escritorio de madera mellada</p>
<p class="Pa7">Es tarde ya</p>
<p class="Pa7">&nbsp;</p>
<p class="Pa7">Es hora</p>
<p class="Pa7">De apagar esa l&aacute;mpara</p>
<p class="Pa7">Y bajar de tu estudio</p>
<p class="Pa7"><strong><br /></strong></p>
<p class="Pa7"><strong>Poemas in&eacute;ditos de&nbsp;</strong><strong>Edward Hirsch</strong></p>
<p class="Pa7"><strong><br /></strong></p>
<p class="Pa7"><strong>&ldquo;Cuando t&uacute; escribes la historia&rdquo;</strong></p>
<p class="Pa7">&nbsp;</p>
<p class="Pa7">Cuando t&uacute; escribes la historia</p>
<p>de ser padre</p>
<p>no dejes de lado la alegr&iacute;a</p>
<p>de subir y bajar</p>
<p>las escaleras jugando juntos</p>
<p>o de lanzar una pelota</p>
<p>a trav&eacute;s del pasillo</p>
<p>o escabullirse</p>
<p>del pobre perro</p>
<p>que se ha quedado dormido</p>
<p>bajo el piano de cola</p>
<p>en la sala de estar</p>
<p>de la casa de Sul Ross,</p>
<p>no olvides el v&eacute;rtigo</p>
<p>de comer juntos</p>
<p>en una fortaleza secreta de invierno</p>
<p>escondida en alg&uacute;n lugar</p>
<p>&ndash;no voy a decir d&oacute;nde&ndash;</p>
<p>en el patio trasero de alguien,</p>
<p>y &iquest;c&oacute;mo era esa canci&oacute;n</p>
<p>que inventaste</p>
<p>para arrullarlo?</p>
<p>y &iquest;no fue ayer</p>
<p>que lo llevaste</p>
<p>por las escaleras</p>
<p>hasta el coche que rug&iacute;a en la entrada</p>
<p>a las cinco de la ma&ntilde;ana?</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;Ocho personas&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ocho personas murieron</p>
<p class="NoSpacing">en mi bloque en Brooklyn</p>
<p class="NoSpacing">la semana pasada</p>
<p class="NoSpacing">y no sab&iacute;a</p>
<p class="NoSpacing">lo que significaba</p>
<p class="NoSpacing">estar viviendo</p>
<p class="NoSpacing">a una distancia</p>
<p class="NoSpacing">del otro,</p>
<p class="NoSpacing">discretos,</p>
<p class="NoSpacing">aislados,</p>
<p class="NoSpacing">encerrados</p>
<p class="NoSpacing">con las implacables</p>
<p class="NoSpacing">malas noticias</p>
<p class="NoSpacing">mientras las ambulancias</p>
<p class="NoSpacing">recorr&iacute;an el barrio</p>
<p class="NoSpacing">que por lo dem&aacute;s era</p>
<p class="NoSpacing">tan tranquilo y silencioso</p>
<p class="NoSpacing">que me preguntaba</p>
<p class="NoSpacing">si Dios, tambi&eacute;n,</p>
<p class="NoSpacing">hab&iacute;a ido a esconderse</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 11 May 2022 06:07:14 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Literatura y conciencia de la identidad femenina]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/literatura-y-conciencia-de-la-identidad-femenina/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/Susana500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La resistencia femenina registrada, con gran cantidad de altibajos, a lo largo de la historia de la humanidad representa el pedestal sobre el que se ha erigido la revoluci&oacute;n feminista. La primera refleja la larga serie de luchas de las mujeres por sus derechos y sus intereses dentro del espacio de subordinaci&oacute;n otorgado por los varones (<em>Lis&iacute;strata</em>), mientras que la segunda representa la ruptura de dicha relaci&oacute;n de subordinaci&oacute;n y la creaci&oacute;n por parte de las propias mujeres de un espacio de igualdad donde poder llevar a cabo un proceso de igualaci&oacute;n real y efectiva de derechos y obligaciones entre mujeres y varones (<em>Ant&iacute;gona</em>). El gran problema que atraviesa la compleja relaci&oacute;n entre ambas determinaciones, resistencia&nbsp; y revoluci&oacute;n, reside en la siguiente paradoja: en innumerables ocasiones registradas en la historia, el pedestal de la resistencia ha funcionado como un pedestal &laquo;pegajoso&raquo; que, no pocas veces, ha evitado el surgimento de una verdadera conciencia feminista al sustituir el ideal de liberaci&oacute;n y realizaci&oacute;n de la mujer reflejado en ella por peque&ntilde;os triunfos aparentes cuya ef&iacute;mera eficacia no hac&iacute;a en realidad otra cosa que legitimar y fortificar el marco patriarcalista de subordinaci&oacute;n de la mujer al var&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Antes de todo esto, sin embargo, viene a darse una especie de sub-suelo donde la mujer se ha visto muy frecuentemente empujada a <em>so&ntilde;ar</em> simplemente una existencia conforme a su af&aacute;n igualitarista y pac&iacute;fico, sue&ntilde;o que tuvo su nicho protector en el fen&oacute;meno de la literatura como aquel espacio &laquo;metaf&iacute;sico&raquo; encargado de reflejar la posibilidad de una estructura social racional y ajustada a la idea filos&oacute;fica de una humanidad emancipada y reconciliada consigo misma y con la Naturaleza. Y es aqu&iacute;, precisamente, donde viene a desplegarse el contenido del interesant&iacute;simo estudio de la profesora Susana Diez de la Cortina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La autora, adem&aacute;s de una excelente poeta, es una brillante ensayista que acaba de publicar <em>La mujer y los sue&ntilde;os en el romancero</em> (MIRA Editores, Zaragoza, 2021). En el libro nos muestra sin victimismos ni aspavientos, con una prosa tersa y transparente, la situaci&oacute;n hist&oacute;rica de la mujer dentro de un marco cultural patriarcalista como ha sido &mdash;y sigue siendo en buena medida&mdash; la Espa&ntilde;a en que nos movemos. Bas&aacute;ndose, como indica su t&iacute;tulo, en el romancero medieval y posterior, Diez de la Cortina destaca con enorme acierto un hecho incontestable: la situaci&oacute;n de la mujer refleja no solo el despojamiento por parte del var&oacute;n de las condiciones materiales de su existencia (lo que viene a suprimir de un plumazo toda posibilidad de autonom&iacute;a personal), sino tambi&eacute;n la aniquilaci&oacute;n de aquellas condiciones espirituales que conforman la cultura &mdash;y, por tanto, la literatura&mdash; como medio de constituir una identidad propiamente humana. Baste aqu&iacute; con recordar, en este sentido, la mordacidad y el sarcasmo empleados por Franciso de Quevedo en su conocido romance dedicado a las &laquo;cultas latiniparlas&raquo; (&laquo;Muy discretas y muy feas, / mala cara y buen lenguaje. / Pidan c&aacute;tedra y no coche, / tengan oyente y no amante. / No las den sino atenci&oacute;n / por m&aacute;s que pidan y parlen, / y las joyas y el dinero / para las tontas que guarde&raquo;). Al calor de una malintencionada interpretaci&oacute;n seg&uacute;n la cual las inquietudes culturales de la mujer no pasan de ser subterfugios para camuflar su fracaso como ser hermoso, superficial y agradable al var&oacute;n, la inmensa mayor&iacute;a de las mujeres se ha visto apartada, arrinconada y despojada de su identidad cultural y social a favor de una estructura social vertebrada en torno al var&oacute;n, due&ntilde;o y se&ntilde;or del escenario social, pol&iacute;tico y cultural predominante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como muy bien se&ntilde;ala la autora, el espacio de desarrollo y expresi&oacute;n de la identidad&nbsp; espiritual femenina hubo de circunscribirse, necesariamente, a los l&iacute;mites del sistema, a su periferia, acotada por el hecho de que las mujeres, casi sin excepci&oacute;n, han carecido hist&oacute;ricamente &mdash;y a&uacute;n es as&iacute; desde una perspectiva global&mdash; de la cultura necesaria para optar a una identidad de mayor rango y altura. Por ello, precisamente, el medio ling&uuml;&iacute;stico de la mujer no fue un medio escrito, sino un medio <em>oral,</em> donde vinieron a desarrollarse y encontrar acomodo contenidos como refranes, dichos, t&oacute;picos, sentimientos, miedos, esperanzas, etc. La mejor estructura literaria, la forma m&aacute;s y mejor adecuada a estos contenidos proviene de una muy antigua tradici&oacute;n literaria extendida a lo largo de siglos por toda la pen&iacute;nsula ib&eacute;rica: se trata de los <em>romances</em>. Con su sencillez formal y su estilo narrativo (versos cortos, rimas consonantes o asonantes en los versos pares), los romances han constituido y constituyen la perfecta &laquo;huella&raquo; capaz de acoger historias objetivas y sentimientos subjetivos en el seno de una unidad casi intangible de emoci&oacute;n y realidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero esto no es todo. Diez de la Cortina acierta plenamente al hacer ver que la rima viene a jugar un recurso estil&iacute;stico de primera magnitud. Para comprender este extremo en toda su importancia es conveniente recordar la teor&iacute;a de la rima tal como la expuso Antonio Machado. La rima, ven&iacute;a a decir el poeta sevillano, refleja, con su mon&oacute;tona insistencia, la ilusi&oacute;n de que el tiempo regresa y se repite, lo que da lugar a una imagen de <em>tiempo circular</em> que demanda una actitud de cuidado y respeto por lo existente. Y es precisamente la exigencia que cumple la mujer como cuidadora y albacea &mdash;tal es la met&aacute;fora que muy convenientemente utiliza la autora en su ensayo― de la vida humana frente a la destrucci&oacute;n y aniquilaci&oacute;n patriarcalistas llevadas a cabo por el var&oacute;n. De ah&iacute; que la concepci&oacute;n varonil del tiempo sea longitudinal, lineal (tiempo acumulativo e irreversible), y la femenina sea curva y forme un bucle de protecci&oacute;n y cuidado. La etimolog&iacute;a muestra el muy diferente &laquo;pathos&raquo; de un sexo y otro frente al hecho global de la vida. Frente a lo diab&oacute;lico varonil (del griego <em>dia</em>-<em>ballo</em>, 'romper', 'disgregar') se erige lo simb&oacute;lico femenino (del griego <em>sum-ballo</em>, 'reunificar', 'restaurar'). Por eso la mujer es due&ntilde;a de los s&iacute;mbolos, es decir, de aquel orden superior, intangible, de reconciliaci&oacute;n y adecuaci&oacute;n a la Naturaleza como fuente de vida y de afecto. Los humildes romances, que se recitaban de memoria por las calles y plazas de la ciudad o del pueblo y que se cantaban al amor de la lumbre en la cocina (nuestra autora ha tenido la inmensa fortuna de vivir esas experiencias en su infancia), son la forma que acoge y da sentido a la vivencia humana m&aacute;s significativa, el <em>recuerdo</em>. &laquo;Confusa la historia y clara la pena&raquo;, cantaba el ya citado Machado. Susana Diez de la Cortina consigue en <em>La mujer y los sue&ntilde;os en</em> <em>el romancero</em> transmitir la emoci&oacute;n de los romances, de sus historias, de sus penas y alegr&iacute;as, dej&aacute;ndonos, por encima de todo, una enorme lecci&oacute;n de humanidad y sabidur&iacute;a: una vida con exclusi&oacute;n e injustica, con dolor y sufrimiento no es una vida humana y no merece ser vivida en absoluto. Y agradecerle eso a Susana es agradecerle mucho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Susana Diez de la Cortina, <em>La mujer y los sue&ntilde;os en el romancero</em>, Zaragoza, Mira Editores, 2021.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 06 May 2022 11:30:58 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Todo el ruido del mundo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/todo-el-ruido-del-mundo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas21/Ang_lica_Morales_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center">&nbsp;</p>
<p>Como un silencio abatido,</p>
<p>tu lengua sobre mi sudor,</p>
<p>la primavera llegando tarde,</p>
<p>nuestros cuerpos revolc&aacute;ndose en la ceniza.</p>
<p>Como una mujer p&aacute;lida con la sangre a contracorriente,</p>
<p>de esas que besan cruces y un tambor.</p>
<p>Luego estoy yo,</p>
<p>como llegando del martirio o de atravesar un aro de fuego en tu mirada.</p>
<p>Como la espada y la mano y el cuello de una flor que tiembla.</p>
<p>Igual a los d&iacute;as de lluvia que encadenan tempestades,</p>
<p>tacitas de t&eacute; donde unos piececitos de ni&ntilde;a bailan.</p>
<p>Como el castigo o el &aacute;rbol arrasado o la ciudad que no sabe dormir</p>
<p>y se calza un avi&oacute;n en los talones.</p>
<p>Todo el ruido del mundo est&aacute; ahora en la palabra.</p>
<p>Toda la palabra del mundo se esconde ahora en el vientre del mar.</p>
<p>Todo el mar ruge ahora sobre la boca de los amantes.</p>
<p>Como si ma&ntilde;ana las camisas de los muertos pudieran despertar</p>
<p>y darnos su abrazo de escarcha.</p>
<p>&iquest;Te has fijado en la respiraci&oacute;n de las violetas?</p>
<p>&iquest;Te has fijado en el grosos de las gafas de T. S. Eliot?</p>
<p>Luego est&aacute;n nuestros asuntos con dios,</p>
<p>hacer la cama de su carne,</p>
<p>planchar los nervios de su hijo bastardo,</p>
<p>zurcir la herida de esta tierra que nos escupe.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 03 May 2022 09:32:59 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ángel Guinda: “Confesar los propios miedos es  honrar la poesía”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/angel-guinda-confesar-los-propios-miedos-es-honrar-la-poesia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas21/_ngel_Guinda_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p class="NoSpacing">Su primer libro es de 1965, pero s&oacute;lo considera v&aacute;lido lo escrito a partir de 2007. Arrepentirse de un libro est&aacute; al alcance de cualquiera, de tantos s&oacute;lo de &Aacute;ngel Guinda. La primera contrici&oacute;n llega en 1991, cuando re&uacute;ne su poes&iacute;a en <em>Claustro</em> y deja fuera toda huella anterior a 1980. Ni rastro de <em>La pasi&oacute;n o la duda</em> (1972), <em>Las imploxiones</em> (1973), <em>Acechante silencio</em> (1973), <em>El pasillo</em> (1974), ni de <em>La senda</em> (1974), por citar algunos de los primeros. Tampoco incorporar&aacute; a la antolog&iacute;a <em>La creaci&oacute;n po&eacute;tica</em>&hellip; (2004) los de la d&eacute;cada consecutiva: <em>La ciudad interior</em> (1983), <em>&Eacute;poca opaca</em> (1985), <em>El almendro amargo</em> (1986), <em>Saz&oacute;n</em> (1988), <em>C&aacute;ntico corporal</em> (1989), <em>Lo terrible</em> (1990)&hellip;</p>
<p class="NoSpacing">Existe la intenci&oacute;n no inmediata de fijar su poes&iacute;a en edici&oacute;n can&oacute;nica. Este hecho le traer&aacute; dolores porque &ldquo;toda antolog&iacute;a es una amputaci&oacute;n&rdquo; pero, sobre todo, porque habr&aacute; de incluir &ldquo;algunos poemas del principio&rdquo;. No ser&aacute; m&aacute;s que una concesi&oacute;n. S&oacute;lo considera &ldquo;fiable&rdquo; lo escrito desde hace 13 a&ntilde;os, a los 59 suyos. <em>Claro interior</em> es el libro que inaugura esta etapa, &ldquo;la v&aacute;lida&rdquo;, en la que lo mismo guarda silencio que rompe el lenguaje, literalmente: &ldquo;Rom po la pa labra, desescombro&rdquo;. Pero no deconstruye: &ldquo;Desroto, me deshuyo. / Reconstruyo&rdquo;. Los versos ondean sincopados como notas de guitarra de Keith Richards: &ldquo;En la nada no hay muerte, en la vida no hay nada del todo no (&hellip;) suave serpiente la caricia (&hellip;) En, en. Vag&iacute;nala. El grito donde el ya. El ya disparo del &eacute;xtasis carnal&rdquo;. &Aacute;ngel Guinda sabe que una sustancia principal del g&eacute;nero es preguntar; otra, su capacidad de asombrar; y otra, su lenguaje a veces il&oacute;gico&rdquo;. En nuestro autor, las contradicciones acaban no diciendo lo contrario de lo que afirman. &ldquo;Estar fuera del mundo por llevar un mundo dentro&rdquo;. La contradicci&oacute;n refuerza el discurso de la vida que, de ser algo, ser&aacute; parad&oacute;jica. &ldquo;Algunos no encajamos y nos desencajamos&rdquo;. &Aacute;ngel Guinda conoce al dedillo los precipicios; por eso, dejaron de serlo. En este su <em>primer</em> libro, <em>Claro interior</em>, Guinda parafrasea a Jaime Gil y rebate a Pavese como en otros suscribir&aacute; a Casona y contradir&aacute; a Claudio Rodr&iacute;guez. No escribe poemas, sino desplantes. Y cose s&aacute;banas para los fantasmas, que, por qu&eacute; no, pudieran ser desplantes de carne y hueso invisibles. Lo que no existe act&uacute;a sobre lo que existe y la enfermedad es una sala de espera cutre y abandonada, lejos de las habitaciones tan blancas que los hospitales presentan en las nuevas series. &ldquo;La bolsa de basura es nuestra biograf&iacute;a&rdquo;. Blanca es tambi&eacute;n la p&aacute;gina despu&eacute;s de haberla manchado. &ldquo;&iquest;Esto es la vida o es la muerte? Dudo&rdquo;, y nosotros con &eacute;l.</p>
<p class="NoSpacing">Guinda se devora a s&iacute; mismo. Su patria es la soledad. Hablar de sus retractaciones, de por qu&eacute; ha dado comienzo hasta tres veces su carrera, le reporta un malestar f&iacute;sico. Su trayectoria, de m&aacute;s de medio siglo, reducida a poco m&aacute;s de una d&eacute;cada. Si lo pensamos bien, tal cosa le rejuvenece, le quita a&ntilde;os, le acoqueta. Pero &eacute;l no quiere quitarse a&ntilde;os, prefiere clavar en dios los codos. &ldquo;Desde hace a&ntilde;os padezco la obsesi&oacute;n juanramoniana por el af&aacute;n de perfecci&oacute;n&rdquo;. En consecuencia, no cesa de revocarse, como si esto fuera posible, como si pudiera extraer sus poemas de las p&aacute;ginas de los libros y llevarlos a la pared de un basurero, o de una m&aacute;quina incineradora, y dejar las p&aacute;ginas de los primeros inc&oacute;lumes. &ldquo;S&oacute;lo estoy satisfecho con la obra publicada desde2007&rdquo;. Queda claro. Como tambi&eacute;n para m&iacute; que refundarse no es impugnarse, sino aplicar una enmienda parcial al conjunto: la mayor de las reescrituras, y el que no reescribe no vive. Su obsesi&oacute;n radical por ofrecer lo mejor de s&iacute; le hace arrepentirse demasiado, algunas veces intentando nada m&aacute;s que afianzar &ldquo;una voz propia y unitaria&rdquo;, como si en alg&uacute;n momento no la hubiera tenido, o como si no la hubiera alcanzado en estos versos remotos: &ldquo;Como una despedida llegu&eacute; a ti&rdquo;; &ldquo;Porque hab&eacute;is de morir, vivid / en vida&rdquo;.</p>
<p class="NoSpacing">En <em>La experiencia de la poes&iacute;a</em> (2016) dej&oacute; escrito que la palabra es un ser vivo, percepci&oacute;n compartida, entre otros, por F&eacute;lix Grande, que &eacute;l lleva m&aacute;s lejos: &ldquo;La palabra nace, crece, se reproduce, puede llegar a morir, a matar y a resucitar&rdquo;. Dej&oacute; escritas m&aacute;s cosas, por ejemplo, que la creaci&oacute;n de su obra es &ldquo;la obra en destrucci&oacute;n&rdquo;, y que toda retractaci&oacute;n &ldquo;es un suicidio&rdquo;, y que, en cada retractaci&oacute;n, &eacute;l se retrata. Los juegos de palabras no son juegos de palabras. Es la vida aplicando en sentido equ&iacute;voco cada una de sus acepciones, cambiando las letras de las palabras que conforman su zigzag. Guinda asume, con Enrique Urquijo, que ha muerto y ha resucitado, y le angustia ofrecer m&aacute;s explicaciones. Pasemos entonces a lo &uacute;ltimo, que es un libro menudo, &lsquo;<em>Los deslumbramientos</em> seguido de <em>Recapitulaciones</em>&rsquo;, donde ha enterrado seis a&ntilde;os, los mismos que en <em>Claro interior</em>. Primero hay que componer, luego hay que afinar. &ldquo;Cada libro alcanza la edad cuyo desarrollo exige y, a veces, los motivos son indescifrables&rdquo;. <em>Los deslumbramientos</em>&hellip; sali&oacute; en lo peor de la emergencia sanitaria, el 9 de abril de2020. A la editora lleg&oacute; una semana m&aacute;s tarde, y, despu&eacute;s, se despach&oacute; en las tiendas virtuales. La presentaci&oacute;n fijada en el Paraninfo de la universidad de Zaragoza nunca se celebrar&aacute;. Estos meses ha escrito dos poemas que a&ntilde;adir&iacute;a: &lsquo;La aparecida&rsquo; y &lsquo;Cuando me muera&rsquo;. Ya est&aacute;, otra vez, de alguna manera, reescribiendo, impugn&aacute;ndose. Acaba de sacar un libro que ya es incompleto. Una retractaci&oacute;n sobre la marcha. Impenitente. Los libros son trenes que pasan una vez. Por eso le duelen las estaciones. Podr&aacute; reenganchar un vag&oacute;n cuando se reedite, mas ser&aacute; una trampa, probablemente &ldquo;la trampa de vivir&rdquo;.</p>
<p class="NoSpacing"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="NoSpacing"><strong>&ldquo;El arte siempre ayuda a sobrevivir: nos estimula, nos enriquece, nos redime&rdquo;</strong></p>
<p class="NoSpacing"><strong></strong>- Es obligado empezar hablando de la pandemia. &iquest;C&oacute;mo la ha llevado?</p>
<p class="NoSpacing">- Pues con resignaci&oacute;n y alevos&iacute;a: mejor que regular; por lo tanto, bastante bien.</p>
<p class="NoSpacing">- El arte, &iquest;le ha servido de algo?</p>
<p class="NoSpacing">- El arte siempre ayuda a sobrevivir: nos estimula, nos enriquece, nos redime. Como dec&iacute;a en el manifiesto <em>Poes&iacute;a &uacute;til</em> (1994), el arte, cualquier arte, le sirve al ser humano: moralmente, para vivir; est&eacute;ticamente, para gozar; y culturalmente, para aumentar el conocimiento del mundo y de nuestro propio mundo. Lo peor ha sido convivir cada d&iacute;a con el dolor por esos miles de v&iacute;ctimas que han perdido la vida.</p>
<p class="NoSpacing">- Y su descanso, &iquest;c&oacute;mo ha sido? Hubo problemas de sue&ntilde;o, en general.</p>
<p class="NoSpacing">- Un descanso discontinuo, con interrupciones y sobresaltos. Y, algunas noches, fatigoso. Cada vez que me desvelo, escucho la radio: duermo con el transistor debajo de la almohada. Si me levanto, a veces, veo a mi padre. Ya tumbado, medito, atizo el rescoldo de la memoria que son tantos recuerdos de cuando era ni&ntilde;o, adolescente, joven&hellip; as&iacute; fue como acced&iacute; a <em>Recapitulaciones</em>, esas recapacitaciones que van haciendo balance de una vida, mi vida.</p>
<p class="NoSpacing">- La reparaci&oacute;n del sue&ntilde;o afecta a la faceta creativa.</p>
<p class="NoSpacing">- En mi caso, se trata de una relaci&oacute;n inconstante. En la plena oscuridad misteriosa e inquietante de la noche, pienso mucho, demasiado. Y siempre tengo un l&aacute;piz y un papel en la mesilla para anotar cualquier circunstancia tem&aacute;tica que se me pueda presentar. Las sorpresas m&aacute;s recientes han sido el primer verso de un poema: &ldquo;No fotograf&iacute;es la tormenta&rdquo;; y los versos finales de otro, el &uacute;ltimo que he escrito. Me encontraba paseando, en medio de una pesadilla, por la Via degli Archi, en la localidad medieval italiana de Randazzo, Catania, y contempl&eacute; la erupci&oacute;n del Etna. Esos versos finales dicen: &ldquo;Y si muero a tu lado / me curar&aacute; la muerte&rdquo;.</p>
<p class="NoSpacing">- Hay quienes, durante el confinamiento, se mostraron atascados. Veo que no es su caso.</p>
<p class="NoSpacing">- Han surgido, desde luego, algunas ideas por desarrollar. Sobre todo, una: la de poetizar un triple concepto de la existencia: como herencia recibida e impuesta con el nacimiento; como deuda adquirida amortizable con vivencias; y, finalmente, como un pr&eacute;stamo a plazo variable que s&oacute;lo se puede cancelar con la muerte.</p>
<p class="NoSpacing"><strong><br /></strong></p>
<p class="NoSpacing"><strong>&ldquo;Desde ni&ntilde;o, el miedo y la muerte me acompa&ntilde;an obsesivamente&rdquo;</strong></p>
<p class="NoSpacing"><strong></strong>- &iquest;Desde cu&aacute;ndo ve a su padre por las noches?</p>
<p class="NoSpacing">- Desde ni&ntilde;o. El miedo y la muerte me acompa&ntilde;an obsesivamente. Mi madre muri&oacute; de mi parto y &eacute;l lo hizo en 2005. Contemplo, por ejemplo, una representaci&oacute;n fantasmag&oacute;rica de mi padre. Siento su mano que me roza un hombro cuando, al andar a oscuras por la casa, rebaso las puertas de las habitaciones que dan al pasillo.</p>
<p class="NoSpacing">- &iquest;Se han acrecentado estos episodios durante el confinamiento?</p>
<p class="NoSpacing">- Digamos que se mantienen los temores por presencias o apariciones que siempre me han acechado.</p>
<p class="NoSpacing">- En esta &eacute;poca, tan distra&iacute;da, &iquest;debi&eacute;ramos prestar m&aacute;s atenci&oacute;n a los fantasmas? Parece que s&oacute;lo la literatura se acuerda de ellos, da igual si Rulfo o Patti Smith.</p>
<p class="NoSpacing">- Es algo que pasa o no pasa. Yo, teniendo entre cinco y siete a&ntilde;os, a causa de mis terrores nocturnos, dorm&iacute;a con mi padre. En la percha de la puerta &eacute;l colgaba su chaqueta, su pantal&oacute;n, la camisa, la bufanda y su sombrero o boina. Pues bien, en ocasiones, sobre esas prendas ve&iacute;a ya sombras blancas envolviendo los bultos de las ropas. Y hasta el &Aacute;ngel de la Guarda, o su fantasma, lo ve&iacute;a yo con total nitidez y con alas.</p>
<p class="NoSpacing">- Y no estaba so&ntilde;ando.</p>
<p class="NoSpacing">- No, despierto con los ojos abiertos.</p>
<p class="NoSpacing">- Los fantasmas, aunque no los recordemos, &iquest;se acuerdan de nosotros?</p>
<p class="NoSpacing">- Los fantasmas nos recuerdan antes de que los olvidemos, o puede ser que nos olviden antes de que los recordemos.</p>
<p class="NoSpacing"><strong><br /></strong></p>
<p class="NoSpacing"><strong>&ldquo;La vida es una sana enfermedad que no se cura sino con la muerte&rdquo;.</strong></p>
<p class="NoSpacing">&Aacute;ngel Guinda ha doblado la mano al c&aacute;ncer. Se encuentra con altibajos y una anemia casi cr&oacute;nica, pero el cielo aparece vac&iacute;o de nubes. Las rutinas durante el proceso de superaci&oacute;n de la enfermedad se redujeron casi a consultas y pruebas m&eacute;dicas, a recibir tratamiento y guardar reposo. Casi porque la enfermedad no fue obst&aacute;culo para la escritura cuando &eacute;sta le sobrevino, cuando determinadas vivencias le impel&iacute;an: &ldquo;&iexcl;Escr&iacute;beme!&rdquo;. Entre cada ciclo de tratamientos, descansaba veinte d&iacute;as. El malestar se lo han ido aliviando el cine y la literatura. De enero a junio del a&ntilde;o pasado, vio cuarenta y nueve pel&iacute;culas en sala, versi&oacute;n original subtitulada. Durante los primeros seis meses de &eacute;ste se ha embaulado, lo menos, quince biograf&iacute;as: Frida Khalo, Dora Maar, Tamara de Lempicka, Camille Claudel, Dorothea Lange, Assia Wevill, Tina Modotti, Picasso, Rilke, Charles Chaplin, Beethoven, Chopin&hellip; No tiene inconveniente en confesar que el c&aacute;ncer que padece es de pulm&oacute;n. &ldquo;He hecho m&eacute;ritos para contraerlo&rdquo;. Hace treinta y pico a&ntilde;os escribi&oacute; el poema &lsquo;Me he fumado la vida&rsquo;. Dieciocho sesiones de quimioterapia ha recibido, en seis ciclos de tres, y treinta de radioterapia. Para evitar la met&aacute;stasis, por protocolo preventivo, quince sesiones m&aacute;s de radioterapia en el cerebro, el &oacute;rgano &ldquo;predilecto&rdquo;, dice, socarr&oacute;n, &ldquo;de ese tipo de c&aacute;ncer para reproducirse&rdquo;. Guinda se encuentra bien, lo que no le salva de revisiones trimestrales, claro. Hablamos al poco de la &uacute;ltima. Hay bullas en la base de los pulmones, algo de bocio y dos peque&ntilde;os quistes en los ri&ntilde;ones. La nueva es que no hay recidiva. Pero contin&uacute;an las pruebas. Esta semana, un PET-TAC; la pr&oacute;xima, un an&aacute;lisis. Una vida poco po&eacute;tica que se echa a la espalda como si lo fuera. Guinda parece que saca fuerzas de la fuerza, no de la flaqueza. Su cabeza permanece intacta y me da por pensar que le tensan m&aacute;s sus retractaciones que sus citas con la onc&oacute;loga. &ldquo;&iquest;Se puede ser feliz cuando el cuerpo se echa a un lado?&rdquo;, pregunto. Dif&iacute;cil saber si vivimos o morimos en &eacute;l. Seguramente las dos cosas. Imposible discernir si nos queda piel despu&eacute;s de haber mudado la &uacute;ltima. &ldquo;La noci&oacute;n de felicidad -responde resuelto- la trat&oacute; inteligentemente a la gallega Leo Ferr&eacute; en su canci&oacute;n &lsquo;Madame&rsquo;, pregunt&aacute;ndose: <em>Le bonheur... qu&rsquo;est que c&rsquo;est</em>?&rdquo;. Lo dice a la francesa. De un modo que es, tambi&eacute;n, a la gallega. El secreto de la vitalidad de su obra es conocer la oscuridad y no esconderla. El autoenga&ntilde;o lo deja para los principiantes.</p>
<p class="NoSpacing">&lsquo;<em>Los deslumbramientos</em> seguido de <em>Recapitulaciones&rsquo;</em> es un libro que son dos libros, ambos conectados por la enfermedad. Se lo digo, y &eacute;l precisa que tienen la enfermedad &ldquo;como tema o sus efectos sicol&oacute;gicos como consecuencia tem&aacute;tica&rdquo;. S&iacute; concede que la enfermedad se le ha colado en <em>Los deslumbramientos</em> m&aacute;s que en ninguna otra entrega, pero la verdad es que los des&oacute;rdenes f&iacute;sicos, con distinta intensidad, son la sustancia de su obra la &uacute;ltima d&eacute;cada. Mira en un silencio que rompe para anotar de memoria: &ldquo;Hace mucho afirm&eacute; que la vida es una sana enfermedad que no se cura sino con la muerte&rdquo;.</p>
<p class="NoSpacing"><strong><br /></strong></p>
<p class="NoSpacing"><strong>&ldquo;La vida de verdad es sed de siempre&rdquo;</strong></p>
<p class="NoSpacing"><strong></strong>La memoria para &eacute;l es una herramienta, no un g&eacute;nero. <em>Espectral</em> (2011) es el libro de memorias de un autor que no tiene libro de memorias. En &eacute;l no descontamos las preguntas y los presagios: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; gritan los acantilados entre los quitamiedos de mi memoria?&rdquo;. Su cabeza es una nube a ras de suelo. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; otras vidas antes nos mataron?&rdquo;. El agua y el tiempo buscan caminos por los que huir, informa. &ldquo;La vida de verdad es sed de siempre&rdquo;. Andaba inmerso &eacute;l una tarde en Juan Ram&oacute;n, hidrat&aacute;ndose con la quinta relectura de <em>Espacio</em>, ba&ntilde;&aacute;ndose en la m&uacute;sica de las olas, los vientos y los perros de Moguer, tras la inmensa cristalera de una cafeter&iacute;a, en Madrid, cuando el libro se le apareci&oacute;. Primero, en verso. Escritura autom&aacute;tica; momentos hiperrealistas, alguno de realismo ut&oacute;pico. Alcanzada la mitad, al igual que Juan Ram&oacute;n, decidi&oacute; ofrecerlo en prosa fragmentada para facilitar la comprensi&oacute;n lectora. Iba camino de un poema-r&iacute;o, y eso era algo que no deseaba. Guinda nunca ha pensado escribir unas memorias, acaso marcado por Borges -&ldquo;La meta es el olvido y yo he llegado antes&rdquo;-, pero <em>Espectral</em> es lo m&aacute;s cerca que ha estado. En sus p&aacute;ginas pervive el &iacute;mpetu testimonial enfrentado al espejo de la memoria, &ldquo;un vaciado de interioridades&rdquo;, dice, una exteriorizaci&oacute;n de su interior traum&aacute;tico. &Aacute;ngel Guinda se ha llegado a ver convertido en fantasma. Las sombras tienen algo de espanto y alcanzan todas y cada una de las coces de la vida. &ldquo;No es preciso desnudar la sombra&rdquo;, dijo en <em>Vida &aacute;vida</em> (1980) -y seguimos con los libros anteriores-. Sin embargo, en <em>Catedral de la noche</em> (2015) se volc&oacute; sobre ella, sobre la penumbra, quit&aacute;ndole sus ropajes. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; cambi&oacute;? &iquest;El af&aacute;n por la luz?&rdquo;. &ldquo;<em>Catedral de la Noche</em> me parece un templo g&oacute;tico cuya c&uacute;pula es la b&oacute;veda celeste. Y el g&oacute;tico representa la elevaci&oacute;n, &iexcl;s&iacute;!, hacia la luz. Creo que ese libro supone, en mi poes&iacute;a, la exaltaci&oacute;n de aquel <em>Claro interior </em>que<em> </em>acert&eacute; a ver ocho a&ntilde;os antes&rdquo;. <em>Catedral de la noche</em> incluye dos fotos suyas: en una, apacible, casi un cura, debido al cuello de la americana; en la otra parece un detective, intentando que el humo del cigarrillo se confunda con la niebla. &ldquo;Morir joven es duro, / pero m&aacute;s duro es envejecer&rdquo;, proclama. Sabe que la noche existe en &ldquo;el aire puntiagudo&rdquo; que vuelve la luz puntiaguda. &ldquo;Deja el cielo caer por su semblante / caspa de luz&rdquo;. Las llamas conectan este libro con otro, <em>(Rigor vitae)</em> (2013). En el primero, sirven para moverse en la oscuridad; en el segundo son un saco al que echa las sombras: &ldquo;No s&eacute; qu&eacute; es un poema (&hellip;) &iquest;Es la soga de luz con la que ahorcarse uno?&rdquo;; &ldquo;&iexcl;Asesinar&eacute; a la muerte!&rdquo;; &ldquo;Todo caduca menos el dolor&rdquo;.</p>
<p class="NoSpacing"><strong><br /></strong></p>
<p class="NoSpacing"><strong>&ldquo;Aspiro a conseguir una simbiosis entre tradici&oacute;n y originalidad; a recoger verdad, belleza, intensidad&rdquo;</strong></p>
<p class="NoSpacing"><strong></strong>- En <em>Claro interior</em> hay tormentas. &ldquo;Escribir el poema / es sembrar el rel&aacute;mpago, / traducir el silencio&rdquo;. El que siembra rel&aacute;mpagos, &iquest;qu&eacute; aspira a recoger?</p>
<p class="NoSpacing">- En ese libro hay tormentas y tormentos. Sembrar rel&aacute;mpagos, en mi poes&iacute;a, equivale a escribir versos como quien funda caminos en la m&aacute;s alta luz, versos ricos en im&aacute;genes fulgurantes, met&aacute;foras, ox&iacute;moron, concatenaciones, paradojas, ant&iacute;tesis, s&iacute;miles, paralelismos, alegor&iacute;as, &eacute;nfasis, enumeraciones u otras figuras de realce expresivo que configuren una imaginer&iacute;a propia hacia un estilo personal. Teniendo presente que tradici&oacute;n es herencia, y que &eacute;sta enriquece m&aacute;s a quien mejor la asimila, y sabiendo que la originalidad consiste en el reconocimiento de los propios or&iacute;genes, yo aspiro a conseguir una simbiosis entre tradici&oacute;n y originalidad; a recoger verdad, belleza, intensidad.</p>
<p class="NoSpacing">- Tambi&eacute;n en ese libro establece que el poema no es nada si no hace vida en nadie y que, para escribir un poema &uacute;til, hay que considerar si lo que se dice en &eacute;l tiene inter&eacute;s, as&iacute; como si habr&aacute; editor que arriesgue su dinero. &iquest;Piensa lo mismo? &iquest;En serio tiene en cuenta al lector?</p>
<p class="NoSpacing">- Pienso lo mismo, no perder nunca de vista al lector. Jam&aacute;s me atrajeron el culturalismo ni el esteticismo decadente. Hay que &lsquo;escribir como se vive&rsquo; [t&iacute;tulo de la antolog&iacute;a que se edit&oacute; al conced&eacute;rsele el Premio de las Letras Aragonesas 2010], hay que escribir como se es; con claridad, de manera que cualquier lector pueda comprender el poema. Sustituir lo l&uacute;dico por lo l&uacute;cido. S&iacute;: escribo contra la realidad, no sobre ella.</p>
<p class="NoSpacing">- En <em>(Rigor vitae)</em> propuso &ldquo;escribir como se muere&rdquo;.</p>
<p class="NoSpacing">- Tambi&eacute;n revel&eacute; hablarme a dentelladas, no tengo nada que ocultar.</p>
<p class="NoSpacing">- La iluminaci&oacute;n, &iquest;tiene algo de erotismo?</p>
<p class="NoSpacing">- Al erotismo asocio la penumbra, la luz la relaciono m&aacute;s con el amor.</p>
<p class="NoSpacing">- La luz la ha juntado en un libro -<em>Toda la luz del mundo</em> (2002)- compuesto por poemas de un verso. &iquest;En qu&eacute; se diferencia un poema-verso de un verso-aforismo?</p>
<p class="NoSpacing">- Nacieron como poemas <em>universos</em>, antes de que existiesen los <em>whatsapps</em>. Los poemas-verso son poemas nacidos como unidades de texto sensitivo. Los aforismos son unidades de texto nacidos como paremia, pensamientos, reflexiones, sentencias, refranes, etc&eacute;tera. Gotas de la destilaci&oacute;n del pensamiento.</p>
<p class="NoSpacing">Sus explicaciones distan de ser caprichosas, pero muchos versos podr&iacute;an funcionar como poemas sueltos o reclamos cercanos al aforismo: &ldquo;Dime que la verdad a&uacute;n no es mentira&rdquo;; &ldquo;Los dientes del aire casta&ntilde;ean&rdquo;. De hecho, no es raro que los versos aparezcan en sus poemas separados mediante l&iacute;nea viuda. La raz&oacute;n hay que buscarla en la inusual intensidad de los mismos. La po&eacute;tica de Guinda est&aacute; compuesta por l&iacute;neas delgadas, pero fuertes como hilo de ara&ntilde;a. Es un autor de todo menos previsible. Comprob&eacute;moslo de igual forma repasando los autores que cita en sus libros: Edgar Lee Masters, Piero Manzoni, Yves Klein, Mart&iacute;n Ad&aacute;n, Joan Vinyoli, Anna de Noailles, Salah &lsquo;Abd al-Sabur, Manuel Ant&oacute;nio Pina, Ricardo Paseyro, Arabella Siles, Pilar Bastard&eacute;s, Josefina Vicens, Enrique Urquijo, Boc&aacute;ngel, Abdul Hadi Sadoun, Agust&iacute;n Porras, Fray Jer&oacute;nimo de San Jos&eacute;, Mahmud Darwish.</p>
<p class="NoSpacing"><strong><br /></strong></p>
<p class="NoSpacing"><strong>&ldquo;No temo las contradicciones desde que acepto que la vida asoma a sus ojos las ventanas de la muerte&rdquo;</strong></p>
<p class="NoSpacing"><strong></strong>- No teme las contradicciones. Para usted, el hambre y la guerra son formas de violencia, pero tambi&eacute;n la belleza y el amor.</p>
<p class="NoSpacing">- No temo las contradicciones desde que acepto que la vida asoma a sus ojos las ventanas de la muerte. La belleza y el amor tienen de violencia un irrefrenable instinto contraviolento, antiodio.</p>
<p class="NoSpacing">- &iquest;La violencia es un camino en el que perfeccionarse?</p>
<p class="NoSpacing">- No le digo que no. La Paz sufrida durante cuarenta a&ntilde;os fue una paz violenta: la paradoja siempre, tanto en la vida como en la poes&iacute;a. Una paz impuesta con el terror para aprender la obediencia. Santa Teresa escribi&oacute; su personal <em>Camino de perfecci&oacute;n </em>para las monjas carmelitas del Monasterio de San Jos&eacute; en &Aacute;vila, del que era priora<em>. </em>Y P&iacute;o Baroja escribi&oacute; tambi&eacute;n su particular <em>Camino de perfecci&oacute;n </em>-pasi&oacute;n m&iacute;stica-.</p>
<p class="NoSpacing">Guinda coge por los pies la poes&iacute;a y la zarandea en lo alto de un viaducto. En su af&aacute;n por ir m&aacute;s all&aacute; y dotar de sentido a las acciones, lleg&oacute; a colocar el t&iacute;tulo de los poemas al t&eacute;rmino de los versos. Esta manera de proceder s&oacute;lo la ha encontrado uno, m&aacute;s tarde, en Ferm&iacute;n Herrero. &ldquo;El t&iacute;tulo encabezador del poema es lo normal, una forma de presentaci&oacute;n tem&aacute;tica. Titular a pie de poema es como dar la conclusi&oacute;n. Es una cuesti&oacute;n m&aacute;s anecd&oacute;tica que trascendental. Si dej&eacute; de hacerlo supongo que fue para no resultar pesado&rdquo;. Una v&iacute;a de tantas exploradas. Otra es el aforismo puro, vertiente oculta por su labor de poeta, que, al fin y al cabo, la engloba. Sus aforismos viven en <em>Libro de huellas</em> (2014), un presente hist&oacute;rico en que el adobe parece material noble y las ruinas se ofrecen votivas. Incluso el autor parece dialogar con aquellos que le precedieron: &ldquo;Tu piel es la profundidad de mi deseo&rdquo; recuerda lejanamente el &ldquo;no hay nada m&aacute;s profundo que la piel&rdquo;, de V&aacute;lery; y su &ldquo;he cerrado los ojos para ver&rdquo; puede tener ecos del &ldquo;hemos venido a no ver&rdquo;, de san Juan. Sus aforismos, como el resto de su obra, se bate en duelo contra la realidad de un mundo que, m&aacute;s que no gustarle, le disgusta y lo hace &ldquo;gravemente&rdquo;. Por eso, tal vez, reclama en la poes&iacute;a un compromiso que sirva, literalmente, para vivir.</p>
<p class="NoSpacing">- Entonces, &iquest;es posible conciliar el objeto de belleza y el sujeto de conducta?</p>
<p class="NoSpacing">- Al menos, yo pretendo una realidad que sea objeto de belleza en cuanto a est&eacute;tica en la edici&oacute;n -cubierta, papel, tipograf&iacute;a (tipo y cuerpo de letra)-, y a realce expresivo mediante figuras literarias -met&aacute;fora, ant&iacute;tesis, hip&eacute;rbole o exageraci&oacute;n, comparaciones, paralelismos, etc&eacute;tera-; y que al mismo tiempo sea sujeto de conducta, s&iacute;, en cada momento, en poemas y libros distintos.</p>
<p class="NoSpacing"><strong><br /></strong></p>
<p class="NoSpacing"><strong>&ldquo;Urge superar tantos h&aacute;bitos de banalidad&rdquo;</strong></p>
<p class="NoSpacing"><strong></strong>Al principio, Guinda cit&oacute; su <em>Poes&iacute;a &uacute;til</em>. En aquel manifiesto afirmaba sentirse cansado y decepcionado con la poes&iacute;a escrita en la Espa&ntilde;a de fin de siglo. Apostaba por otra, salvaje, libre. Hoy afirma que, camino de cumplirse el primer cuarto del XXI, sigue instalada entre nosotros &ldquo;una amplia corriente de mediocridad&rdquo; y que esta &ldquo;grave dispersi&oacute;n&rdquo; afecta en la educaci&oacute;n, la cultura y las artes. &ldquo;Urge superar tantos h&aacute;bitos de banalidad y favorecer la m&aacute;xima concentraci&oacute;n para que la trascendencia eclipse la contingencia hasta borrarla&rdquo;. Esto que dice hoy, taxativo y bien formulado, es consonante con lo que dijo ayer: &ldquo;Toda la vida he sido un moribundo / a pu&ntilde;etazos con el vandalismo / de la banalidad&rdquo;<em> (Rigor vitae)</em>.</p>
<p class="NoSpacing">- &iquest;Apostaba entonces por una tercera v&iacute;a?</p>
<p class="NoSpacing">- Puede ser interesante una tercera v&iacute;a intransigente con la frivolidad, que arraigue en la voluntad humanitaria, intelectual y cultural, y que reforme nuestra actitud ante la vida, mejor&aacute;ndola.</p>
<p class="NoSpacing">- &iquest;Se edita mucho?</p>
<p class="NoSpacing">- Much&iacute;simo. Y muy poco, en poes&iacute;a al menos, con calidad suficiente para merecer lectura. Salvo a algunos editores, no beneficia nada publicar cualquier cosa cuyo autor est&eacute; dispuesto a costear; pero es parte del negocio, como medio de vida, en estos tiempos.</p>
<p class="NoSpacing">Guinda echa de m&aacute;s el amateurismo f&uacute;til, saco en el que, supongo, caben los <em>poetuiteros</em> y tuerce el gesto ante los mediocres con &iacute;nfulas. &ldquo;En una &eacute;poca enferma, la palabra ha de ser hospital&rdquo;, escribi&oacute;, le recuerdo, &iexcl;menudo verso! Guinda est&aacute; bendecido por una sincera gratitud y si se le pregunta por qui&eacute;nes se siente acompa&ntilde;ado, los nombres se le despe&ntilde;an, al rev&eacute;s, garganta arriba, saliendo por su boca, y si uno quiere apuntarlos, debe tomar aire para no perder la retah&iacute;la: &ldquo;Me acompa&ntilde;an batallones sagrados de poetas&rdquo;, dice, despacio, previo a lanzarse: Yamani, Emadi, Banddopadhyay, Hadi Sadoum, Baltadzhieva, Du&scaron;i&ccedil;a Nicolić Dann; Rosendo Tello, Gimferrer, Colinas, De Cuenca, Irigoyen &ndash;&ldquo;con su silencio ejemplar&rdquo;-, Garc&iacute;a Montero, Mestre, Yusta, Curiel, Luis Luna; Ant&oacute;n Castro, Salda&ntilde;a, Lostal&eacute;, Forega; Zelada, Garc&iacute;a Teresa, Agust&iacute;n Porras, Jos&eacute; Luis Rey, Linaje, Malv&iacute;s, Cereijo, Rodr&iacute;guez Abad, Jos&eacute; Luis de la Vega &ndash;&ldquo;pertinazmente mudo&rdquo;-; Raquel Lanseros, Olga Bernad, Marta Dom&iacute;nguez, Trinidad Ruiz Marcell&aacute;n, Davidova, Teresa Agust&iacute;n; Reyes Guill&eacute;n; y, entre las voces m&aacute;s j&oacute;venes: Trashumante, Escarpa, Carmen Aliaga, Elisa Berna, Mariuccia Licari, Ver&oacute;nica Aranda, Andrea Espada, Maty Sanz... Se detiene y concluye diciendo: &ldquo;&iexcl;Y m&aacute;s!&rdquo;. Guinda es muchas cosas, tambi&eacute;n excesivo. O, mejor, pasional.</p>
<p class="NoSpacing"><strong><br /></strong></p>
<p class="NoSpacing"><strong>&ldquo;Los dones del silencio que m&aacute;s me interesan son la meditaci&oacute;n, el acompa&ntilde;amiento, la quietud y la contemplaci&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p class="NoSpacing"><strong></strong>- Acaba de referir como virtud la abstinencia en la palabra. &iquest;Me puede citar alg&uacute;n libro en el que haya aprendido los dones del silencio?</p>
<p class="NoSpacing">- Previo a esos dones, me atrae el mutismo propio del estupor melanc&oacute;lico o catat&oacute;nico. Los dones del silencio que m&aacute;s me interesan son la meditaci&oacute;n, el acompa&ntilde;amiento, la quietud y la contemplaci&oacute;n. El libro m&aacute;s reciente sobre la influencia del silencio en la meditaci&oacute;n es <em>Biograf&iacute;a del silencio</em>, de Pablo d&rsquo;Ors. Acerca del quietismo me parece fundamental la <em>Gu&iacute;a espiritual</em> de Miguel de Molinos. Hay libros que dicen mucho y bien en lo que dicen. Otros que dicen m&aacute;s en lo que callan y en lo que dejan decir al lector. Un ejemplo, en la l&iacute;nea afor&iacute;stica, es el libro<em> Cita&ccedil;&otilde;es</em> <em>e pensamentos </em>[<em>Citas y pensamientos</em>], de Agostinho da Silva. Y respecto de otros dones tangenciales al silencio, tal el misterio, pueden iluminarnos los libros grimorios o de conocimiento m&aacute;gico -el <em>Libro de las leyes</em>, atribuido a Plat&oacute;n-, los nigrom&aacute;nticos y otros misteriosos acerca de las sombras.</p>
<p class="NoSpacing">- En m&aacute;s de un libro sostiene haber venido a destruir el mundo.</p>
<p class="NoSpacing">- Desde el primer momento sent&iacute; venir a destruirlo y, de las ruinas, levantar otro orden. Procuro no desviarme de ese intencionado sentir.</p>
<p class="NoSpacing">- Acaba de reafirmarse en que hay que escribir con claridad. Los herm&eacute;ticos italianos figuran entre sus favoritos.</p>
<p class="NoSpacing">- Es un error considerar dif&iacute;ciles o incomprensibles a Ungaretti, Quasimodo, Montale&hellip; Antes bien hay que considerarlos misteriosos, <em>concentrados</em>.</p>
<p class="NoSpacing">- &iquest;Y qu&eacute; me dice de la abstracci&oacute;n?: &iquest;permite <em>utilidad</em>?</p>
<p class="NoSpacing">- M&aacute;s all&aacute; de la figuraci&oacute;n o de la abstracci&oacute;n, yo entiendo que es &uacute;til todo arte de calidad, sea literatura, pintura, escultura, m&uacute;sica, mimo, danza&hellip;</p>
<p class="NoSpacing">- Utilidad m&aacute;s all&aacute; de la funcionalidad.</p>
<p class="NoSpacing">- M&aacute;s all&aacute;.</p>
<p class="NoSpacing">- Ha escrito sobre Mal&eacute;vich. Se siente cerca de la pintura moderna.</p>
<p class="NoSpacing">- Estoy con la m&aacute;xima calidad de la pintura. Acerca del conflicto de preferencia entre figuraci&oacute;n -Antonio L&oacute;pez- o abstracci&oacute;n - T&agrave;pies-, hace tiempo manifest&eacute; mi preferencia por la abstracci&oacute;n.</p>
<p class="NoSpacing">- &iquest;Tiene pensado reunir sus art&iacute;culos sobre arte?</p>
<p class="NoSpacing">- Me lo han propuesto. No son muchos, pero s&iacute; suficientes: Mal&eacute;vich, pero tambi&eacute;n Modigliani, Klein, Manzoni, Picasso, Saura, Mir&oacute;...</p>
<p class="NoSpacing"><strong><br /></strong></p>
<p class="NoSpacing"><strong>&ldquo;La poes&iacute;a es palabra de m&uacute;sica&rdquo;</strong></p>
<p class="NoSpacing"><strong></strong>- &iquest;Qu&eacute; relaci&oacute;n halla entre la m&uacute;sica y la pintura?</p>
<p class="NoSpacing">- M&aacute;s all&aacute; del t&oacute;pico <em>ut pictura poesis</em>, considero que &lsquo;la poes&iacute;a es palabra de m&uacute;sica&rsquo; y &lsquo;la canci&oacute;n es palabra con m&uacute;sica&rsquo; [cita dos aforismos de <em>Arquitextura</em> (2015)]. La m&uacute;sica es esencial en la palabra po&eacute;tica. En la pintura, colores y formas equivalen a las palabras en literatura.</p>
<p class="NoSpacing">- <em>Vida &aacute;vida</em> se lo dedica a la Destrucci&oacute;n. All&iacute; leemos: &ldquo;Cuando ames, odiar&aacute;s&rdquo;. Supongo que admite m&aacute;s de una lectura, tambi&eacute;n carnal. Recuerdo unas declaraciones del fil&oacute;sofo Andr&eacute; Comte-Sponville: &ldquo;El sexo sin amor se parece al odio&rdquo;. En usted percibo, incluso en el sexo con amor, posibilidad de odio. &iquest;Estoy equivocado?</p>
<p class="NoSpacing">- Puede ser que usted est&eacute; equivocado, pero tampoco. Como en el caso de &lsquo;Je t&rsquo;aime moi non plus&rsquo; -&lsquo;Te quiero, pero tampoco&rsquo;-, aquella canci&oacute;n de Serge Gainsbourg cantada y grabada por el gran fumador franc&eacute;s: primero con Brigitte Bardot, despu&eacute;s con su mujer Jane Birkin. He vivido el sexo sin amor, el amor con sexo, e incluso estando el odio presente en ese mismo sexo con amor.</p>
<p class="NoSpacing">- Usted no le va a la zaga a Gainsbourg&hellip;: &ldquo;Me dan miedo las dosis de alquitr&aacute;n / que estrangulan el aire que respiro&rdquo; -<em>Claro interior</em>-. Aparte de un signo de valent&iacute;a, consignar sus miedos -otra constante-, &iquest;es una manera de conjurarlos?</p>
<p class="NoSpacing">- El poeta l&iacute;rico vive dentro de su yo, en la m&aacute;xima intimidad con su mundo interior. Escribe, mayoritariamente, en primera persona; y cuando lo hace en segunda, suele referirse a s&iacute; mismo. Identificar y confesar los propios miedos es, desde que era ni&ntilde;o, una obsesi&oacute;n. Es afirmarse en la sinceridad, en la transparencia; es honrar la poes&iacute;a.</p>
<p class="NoSpacing">- La otra gran fijaci&oacute;n es la muerte.</p>
<p class="NoSpacing">- Que me viene del fallecimiento de mi madre, en el parto.</p>
<p class="NoSpacing">- &iquest;Cu&aacute;ndo empez&oacute; a fumar?</p>
<p class="NoSpacing">- Siendo adolescente. A los treinta y tantos, pas&eacute; a dos cajetillas diarias.</p>
<p class="NoSpacing">- &iquest;Cu&aacute;ndo lo dej&oacute;?</p>
<p class="NoSpacing">- Dejar de fumar fue una necesidad urgente cuando un d&iacute;a, estando solo en casa, en la terraza, fumando, me qued&eacute; sin respiraci&oacute;n. Me esforc&eacute; en recuperarla haciendo profundas inspiraciones e inhalando alcohol. S&oacute;lo poco a poco, y por instinto de supervivencia, consegu&iacute; respirar. Diez a&ntilde;os antes me hab&iacute;an diagnosticado EPOC [Enfermedad Pulmonar Obstructiva Cr&oacute;nica]. Desde ese 2 de noviembre de 2018 no he vuelto a fumar. Luego, lleg&oacute; el diagn&oacute;stico m&aacute;s grave, del que hemos hablado.</p>
<p class="NoSpacing">- Parece tener un presentimiento duro de s&iacute; mismo, como si le costase una parte de usted. &ldquo;Muere&rdquo;.</p>
<p class="NoSpacing">- Ese <em>muere</em> exhortativo se dirige al t&uacute; que es el propio yo l&iacute;rico, cierto. Ya que mi obra es marcadamente autobiogr&aacute;fica, los obst&aacute;culos y dem&aacute;s conflictos me han estallado tanto en la vida como en la obra. En la etapa en que mi juventud fue m&aacute;s joven y alocada, me dej&eacute; arrollar por los excesos: pol&iacute;ticos, religiosos, de velocidad, con la bebida, el tabaquismo&hellip; y m&aacute;s.</p>
<p class="NoSpacing">&ldquo;Este vino que bebo no es la sangre de Cristo&rdquo; -<em>Claro interior</em>-. &ldquo;Las vidas que he bebido, las muertes que fum&eacute;&rdquo; -<em>(Rigor vitae)</em>-.</p>
<p class="NoSpacing">En la introducci&oacute;n a <em>La experiencia de la poes&iacute;a</em> (2016), estableci&oacute; que todo lo que hacemos en esta vida podr&iacute;amos haberlo hecho mejor. &Eacute;l est&aacute; satisfecho con su obra hasta cierto punto, o a partir de cierto momento. Su vida se limita a <em>aceptarla</em>, se&ntilde;al de inteligencia.</p>
<p class="NoSpacing">Ven&iacute;a de consumir farlopa, marihuana y &aacute;cido lis&eacute;rgico. Se liber&oacute; de las sustancias <em>exili&aacute;ndose</em> en Madrid. Fue en 1988 cuando particip&oacute; en un concurso de traslados y consigui&oacute; plaza en un colegio p&uacute;blico de Alcorc&oacute;n. La capital era la resaca de la Movida. Para alguien desprovisto de voluntad, deb&iacute;a de ser la representaci&oacute;n del para&iacute;so, pero, por muy incitante, la realidad choc&oacute; contra el plexo de &Aacute;ngel Guinda. &ldquo;Fue una resistencia monacal, de soledad buscada y solidaridad autorredentora&rdquo;. Sus d&iacute;as como profesor los acab&oacute; en el instituto de ense&ntilde;anza secundaria Luis Bu&ntilde;uel, tambi&eacute;n de Alcorc&oacute;n; y Madrid podemos afirmar que ha terminado influyendo en sus libros tanto como en su vida. Hasta tiene un poema dedicado a Lavapi&eacute;s, donde vive.</p>
<p class="NoSpacing">- A usted le caracteriza una mirada inclemente, m&aacute;s que hacia el paso del tiempo, hacia la vejez, a la que resta toda connotaci&oacute;n de sabidur&iacute;a. Es consciente de que el apagamiento afecta al f&iacute;sico y a la mente.</p>
<p class="NoSpacing">- Envejecer es &ldquo;un cat&aacute;logo de aver&iacute;as, un repertorio de reparaciones&rdquo; [se sabe sus versos y no teme la autocita]. Envejecer es un gran inconveniente. Una amenaza, un peligro irreversible. No creo poner pa&ntilde;os calientes. La vejez, en mi caso, la acepto y la afronto como consecuencia de haber vivido &aacute;vidamente.</p>
<p class="NoSpacing"><strong><br /></strong></p>
<p class="NoSpacing"><strong>&ldquo;La memoria es una llave maestra para activar la evocaci&oacute;n y abrir los recuerdos&rdquo;</strong></p>
<p class="NoSpacing"><strong></strong>- En su &uacute;ltimo libro expresa que la memoria &ldquo;es una llave maestra&rdquo;. Pareciera que acaba siempre en el fondo del mar. &iquest;Los libros son tal vez una mesilla en que posarla, mientras?</p>
<p class="NoSpacing">- La memoria es una llave maestra para activar la evocaci&oacute;n y abrir los recuerdos&hellip; mientras no est&eacute; oxidada ni presa del alzh&eacute;imer. Los libros, en estas circunstancias adversas, nos fundan, nos distraen y fortalecen. Nos hacen vivir m&aacute;s.</p>
<p class="NoSpacing">Hace unas respuestas, Guinda recomendaba escribir como se vive. En 1992, public&oacute; en <em>El Peri&oacute;dico de Arag&oacute;n</em> un art&iacute;culo titulado &lsquo;Clifford Still: pintar como se vive&rsquo;. La vida como gu&iacute;a, la realidad como cristal roto. Esta entrevista bien podr&iacute;a titularse &lsquo;Contestar como se vive&rsquo;, que es lo que ha hecho, con autoexigencia. Por cierto, como en los detalles no s&oacute;lo est&aacute; el demonio, sino la persona, vaya uno: al aludir a la <em>Gu&iacute;a espiritual</em> de Miguel de Molinos, terci&eacute; preguntando si conoc&iacute;a la de Castilla, de Jim&eacute;nez Lozano. &ldquo;Sinceramente, no&rdquo;. Seguimos a lo nuestro. Horas despu&eacute;s, en el correo me espera el siguiente mensaje: &ldquo;Acabo de encargarla, en dos formatos, en la librer&iacute;a Maxtor de Valladolid&rdquo;, ciudad en la que se cas&oacute; con su mujer actual hace ahora catorce a&ntilde;os, en la que tiene familia pol&iacute;tica y que visita cada dos o tres meses. &Aacute;ngel Guinda es lo contrario a la indiferencia. Por eso est&aacute; tan vivo. Tan despierto que lo normal es que se desvele por la noche. Quiere vivir, lo dijo en un poema de <em>Claro interior</em> -todo lo ha dicho en sus poemas- pero, sobre todo, lo demuestra con sus actos. Vive como lee. La vida s&iacute; le va a echar de menos.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 03 May 2022 09:26:24 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La revista TURIA homenajeó en Elche a Vicente Molina Foix]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-revista-turia-homenajea-en-elche-a-vicente-molina-foix/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2022/VICENTE_MOLINA_FOIX_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un conversatorio entre el propio Vicente Molina Foix y el periodista cultural Fernando del Val fue el formato escogido para presentar la revista TURIA por primera vez en Elche. El acto tuvo lugar en el Auditorio de la Fundaci&oacute;n Mediterr&aacute;neo (entrada por c/ Kursaal, 1), el mi&eacute;rcoles 4 de mayo por la tarde. Sin duda, con la elaboraci&oacute;n y difusi&oacute;n de este trabajo colectivo en torno a Vicente Molina Foix, se cumple adecuadamente con la necesidad de fomentar el inter&eacute;s por leerlo. Tambi&eacute;n este conjunto de textos permitir&aacute;n ofrecer nuevas y sugerentes aproximaciones a su universo vital y creativo.</p>
<p>TURIA es una revista de periodicidad cuatrimestral que tiene una edici&oacute;n en papel y otra&nbsp; digital (web y Facebook). Con casi 40 a&ntilde;os de trayectoria, y difusi&oacute;n nacional e internacional por suscripci&oacute;n, est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel y cuenta con el patrocinio del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero dedicado a Vicente Molina Foix ha sido posible gracias al apoyo de la Fundaci&oacute;n Mediterr&aacute;neo.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>RETRATO DE UN ESCRITOR TOTAL Y CON UNA PODEROSA IMAGINACI&Oacute;N</strong></p>
<p><strong></strong>A&nbsp; trav&eacute;s&nbsp; de&nbsp; un&nbsp; cuidado&nbsp; monogr&aacute;fico que contiene 180 p&aacute;ginas de textos in&eacute;ditos elaborados por 19 autores, TURIA desea contribuir a la lectura de un autor excepcional por su calidad literaria y por su capacidad de cultivar con &eacute;xito todo tipo de tareas creativas, desde la narrativa a la poes&iacute;a, desde el ensayo a la traducci&oacute;n, desde el cine a libretista de &oacute;pera, desde el articulismo en prensa a la dramaturgia. Buena prueba de ello es el reciente estreno en el Teatro Real de Madrid de la &oacute;pera &ldquo;El abrecartas&rdquo;, obra p&oacute;stuma de Luis de Pablo basada en su novela del mismo t&iacute;tulo y de la que ha sido autor del libreto. Tambi&eacute;n de su autor&iacute;a es el libro &ldquo;El tercer siglo. 20 a&ntilde;os de cine contempor&aacute;neo&rdquo;, que acaba de publicarse y que testimonia su pasi&oacute;n por el cine y su labor como cr&iacute;tico en diversos medios.</p>
<p>Vicente Molina Foix forma parte desde 2020 del selecto grupo de creadores que han depositado su legado en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes. Un ejemplo m&aacute;s del prestigio alcanzado por quien ha obtenido diversos reconocimientos a lo largo de una trayectoria que, como se subraya en TURIA, es fruto de una curiosidad desarrollada plenamente por un escritor que se rebela contra cualquier tipo de encasillamiento.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>CONOCER A FONDO A VICENTE MOLINA FOIX Y SU OBRA</strong></p>
<p>El espectacular monogr&aacute;fico que TURIA dedica a Vicente Molina Foix permite, no s&oacute;lo conocer a fondo su figura y su ampl&iacute;sima y diversa obra, sino acceder a un nutrido e interesante repertorio de textos in&eacute;ditos del propio autor. As&iacute;, la revista publica un art&iacute;culo sobre el gran compositor musical espa&ntilde;ol Luis de Pablo, cuya colaboraci&oacute;n con TURIA estaba programada pero que falleci&oacute; antes de llevar a cabo la tarea y para cuyas obras VMF escribi&oacute; varios libretos; la pieza teatral &ldquo;No pienso en otra cosa&rdquo; y un texto sobre su intensa vinculaci&oacute;n con el cine (&ldquo;pertenezco a una generaci&oacute;n de escritores cin&eacute;filos en la que somos muy pocos los que pasamos del patio de butacas a la pantalla blanca, como hac&iacute;an los personajes de Woody Allen en &lsquo;La rosa p&uacute;rpura del Cairo&rsquo;&rdquo;).</p>
<p>Especial relevancia tiene la extensa entrevista exclusiva para TURIA que mantiene Vicente Molina Foix con el poeta y periodista cultural Fernando del Val. Bajo el revelador t&iacute;tulo de &ldquo;La vida, borrador de la literatura&rdquo;, en esta sugerente conversaci&oacute;n nos habla de sus a&ntilde;os en Londres, de su relaci&oacute;n con Calvert Casey y Guillermo Cabrera Infante, con Susan Sontag y Kubrick, de c&oacute;mo &ldquo;con Vicente Aleixandre hablaba como con un amigo de mi edad, sin cortapisas&rdquo;, de la ingente correspondencia que mantuvo durante su estancia inglesa con amigos como Javier Mar&iacute;as y que conserva. Tambi&eacute;n reconoce Molina Foix: &ldquo;soy un homosexual que ha tenido relaciones con mujeres&rdquo; y considera que &ldquo;el term&oacute;metro de la libertad y la igualdad en una sociedad muchas veces se mide por la situaci&oacute;n de la mujer&rdquo;. Confiesa en la entrevista llevar un diario desde 1993 y del que tiene escritas alrededor de 10.000 p&aacute;ginas. Aunque la historia de una vida es impublicable, la decisi&oacute;n final la tomar&aacute;n sus albaceas. Y es que all&iacute; sale todo: &ldquo;mi vida nocturna, la diurna, mi vida literaria, la sexual...&rdquo;. Asegura, por &uacute;ltimo, vivir en una biblioteca y la considera como una de sus grandes obras. Y es que en esos m&aacute;s de 23.000 libros &ldquo;est&aacute;n los mundos que he vivido, mis intereses&rdquo;.</p>
<p>Escribe en TURIA Menchu Guti&eacute;rrez, en su clarificador art&iacute;culo introductorio sobre la obra de Vicente Molina Foix, que &ldquo;si imagin&aacute;ramos a &eacute;sta como un edificio, la forma de la construcci&oacute;n ser&iacute;a circular, estar&iacute;a llena de puertas y ser&iacute;a muy dif&iacute;cil encontrar una entrada principal. Si la distribuy&eacute;semos en el espacio, tampoco encontrar&iacute;amos un centro, o quiz&aacute; lo que ver&iacute;amos ser&iacute;a un centro que se desplaza una y otra vez, que no permite ser fijado, al igual que el foco de una curiosidad de impresionante espectro&rdquo;.</p>
<p>En el monogr&aacute;fico de TURIA no falta el valioso testimonio de su principal editor, Jorge Herralde, fundador de la editorial Anagrama. Tambi&eacute;n se ha contado con relevantes escritores de diversas procedencias y vinculados a la trayectoria de Vicente Molina Foix. De ah&iacute; que participen con textos in&eacute;ditos: Pere Gimferrer, Soledad Pu&eacute;rtolas, Marta Sanz, Sara Mesa, Andr&eacute;s Barba, Luisg&eacute; Mart&iacute;n, Marcos Giralt Torrente, Mercedes Cebri&aacute;n, Narc&iacute;s Comadira,&nbsp; Javier Montes y Christopher Dom&iacute;nguez Michael.</p>
<p>Por otra parte, el equipo de colaboradores tambi&eacute;n lo integran destacados&nbsp; estudiosos y especialistas en su obra como: Jos&eacute; Carlos Mainer (catedr&aacute;tico jubilado de la Universidad de Zaragoza y uno de los grandes historiadores de la literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea), Nicanor G&oacute;mez-Villegas (Doctor en Historia, m&aacute;ster en Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica y director del Colegio Mayor Universitario Isabel de Espa&ntilde;a de la Universidad Complutense de Madrid), Xavier P&eacute;rez (profesor de narrativa audiovisual en la Universidad Pompeu Fabra y autor&nbsp;de varios libros sobre cine, as&iacute; como cr&iacute;tico de cine de la revista Caim&aacute;n y del peri&oacute;dico &ldquo;La Vanguardia&rdquo;), Juan Francisco Ferr&eacute; (escritor y cr&iacute;tico literario, es doctor en Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica. Entre 2005 y 2012 fue profesor de Literatura y Cine en la Universidad de Brown, Providence, USA, y ahora es profesor de Teor&iacute;a de la Literatura y Literatura Comparada de la Universidad de M&aacute;laga).</p>
<p>El Cartapacio de TURIA finaliza con una completa biocronolog&iacute;a de Vicente Molina Foix que sintetiza y da cuenta de los principales hitos vitales y creativos que han jalonado&nbsp; la&nbsp; existencia de quien siempre ha intentado cumplir uno de sus principales lemas: &ldquo;quiero divertirme escribiendo&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;TURIA&rdquo;, UNA REVISTA CAPAZ DE REUNIR LO UNIVERSAL Y LO LOCAL</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">El homenaje de TURIA a Vicente Molina Foix en su Elche natal simboliza muy bien esa filosof&iacute;a de trabajo que caracteriza a esta revista cultural desde sus or&iacute;genes: ser capaz de reunir en sus p&aacute;ginas lo universal y lo local, mostrar que la cultura es un mar sin orillas y practicar un ejercicio de globalizaci&oacute;n cultural bien entendida.</p>
<p class="Textoindependiente21">Fundada en 1983 por el escritor y periodista Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas, TURIA ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia y ha situado a Teruel en el mapa literario en espa&ntilde;ol, gracias a su difusi&oacute;n nacional e internacional por suscripci&oacute;n. En sus p&aacute;ginas han publicado m&aacute;s de mil autores de diversas procedencias est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas, lo que da idea de la riqueza y pluralidad de sus contenidos, de su vocaci&oacute;n a un tiempo integradora y atenta a la diversidad. Como reconocimiento a su labor, la revista obtuvo en 2002 el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>
<p class="Textoindependiente21">Editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n Provincial de Teruel, cuenta tambi&eacute;n con la financiaci&oacute;n del Ayuntamiento de Teruel y del Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero de la revista ha sido posible, adem&aacute;s, gracias al mecenazgo de la Fundaci&oacute;n Mediterr&aacute;neo.</p>
<p class="Textoindependiente21">La nueva entrega de TURIA fue presentada en el Instituto Cervantes de Madrid el pasado d&iacute;a 24 de marzo. A continuaci&oacute;n, el 6 de abril, se present&oacute; en el Palacio Ardid de Alca&ntilde;iz y hoy la revista se dar&aacute; a conocer en la ciudad alicantina de Elche, en la que naci&oacute; el autor que protagoniza su contenido monogr&aacute;fico: Vicente Molina Foix, uno de los nombres m&aacute;s destacados de la literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea.</p>
<p class="Textoindependiente21">Adem&aacute;s del citado monogr&aacute;fico dedicado a Vicente Molina Foix, el nuevo n&uacute;mero de TURIA brinda un sumario repleto de lecturas y autores de inter&eacute;s.&nbsp; As&iacute;, las p&aacute;ginas de la revista se enriquecen&nbsp; con&nbsp; textos&nbsp; originales&nbsp; de&nbsp; importantes&nbsp; autores&nbsp; internacionales. Entre&nbsp; ellos, citar una primicia en espa&ntilde;ol: el anticipo de &ldquo;Papi&rdquo;, de la joven autora estadounidense Emma Cline. Se trata de un volumen de relatos de una escritora muy apreciada por la cr&iacute;tica y cuyo debut, con la novela &ldquo;Las chicas&rdquo;, se convirti&oacute; en un fen&oacute;meno mundial.</p>
<p class="Textoindependiente21">Tambi&eacute;n TURIA da a conocer dos amplios e interesantes art&iacute;culos originales en los que invita a conocer mejor la personalidad y la obra de dos autores muy diferentes pero enormemente atractivos para los buenos lectores: el polaco Adam Zagajewski (Premio Princesa de Asturias de las Letras) y el catal&aacute;n Joan Margarit (Premio Cervantes).</p>
<p class="Textoindependiente21">En&nbsp; narrativa, TURIA&nbsp; da&nbsp; a&nbsp; conocer&nbsp; textos&nbsp; in&eacute;ditos&nbsp; de&nbsp; Pilar&nbsp; Ad&oacute;n, Carlos Cast&aacute;n, Lara Moreno, Almudena S&aacute;nchez, Miguel Serrano Larraz, Bego&ntilde;a Fidalgo y Jos&eacute; Antonio Gargallo.</p>
<p class="Textoindependiente21">En poes&iacute;a TURIA ofrece asimismo un fragmento de uno de los libros fundamentales del excelente poeta franc&eacute;s Bernard No&euml;l, &ldquo;El verano lengua muerta&rdquo;, que permanec&iacute;a in&eacute;dito en espa&ntilde;ol. No&euml;l, que falleci&oacute; en abril del pasado a&ntilde;o, bien merece ser redescubierto por nuevas&nbsp; generaciones&nbsp; de&nbsp; lectores&nbsp; en&nbsp; nuestro&nbsp; idioma por cuanto se trata de un poetaal&eacute;rgico a los convencionalismos, un escritor siempre muy combativo contra la manipulaci&oacute;n del poder y contra la mente anestesiada. La revista ofrece igualmente a los lectores poemas in&eacute;ditos de, entre otros, Jordi Doce, Ana Rossetti, Mariano Peyrou,&nbsp; Marta Agudo, Sergio C. Fanjul, Nuria Ruiz de Vi&ntilde;aspre, Francisco L&oacute;pez Serrano, Antonio Daganzo o Florencia del Campo.</p>
<p class="Textoindependiente21">En la secci&oacute;n que TURIA dedica al ensayo, se invita a leer un clarificador art&iacute;culo Ignacio Peyr&oacute; sobre la soledad. El escritor, periodista y actual director del Instituto Cervantes en Londres, indaga en nuestra vivencia de una problem&aacute;tica que tiene un impacto creciente y que cuestiona hasta qu&eacute; punto sigue en vigor &ldquo;aquella definici&oacute;n central de Arist&oacute;teles seg&uacute;n la cual el hombre es un animal social&rdquo;. No en vano,&nbsp; se ha llegado a describir este fen&oacute;meno universal de la soledad como una epidemia moderna, como uno de los grandes retos que deberemos analizar y hacer frente en este siglo XXI. Una coyuntura de profundas consecuencias, por ejemplo, sobre la salud mental de la sociedad y que se ha visto agravada por la ya larga y prolongada pandemia causada por el coronavirus.</p>
<p class="Textoindependiente21">Muy recomendables son las dos amplias entrevistas exclusivas que TURIA publica con dos autoras de notable inter&eacute;s: Chantal Maillard y Fernanda Melchor. Sin duda, Maillard es una de las autoras m&aacute;s destacadas y originales de la poes&iacute;a y el ensayismo espa&ntilde;ol actual. Adem&aacute;s, acaba de publicar su poes&iacute;a reunida bajo el t&iacute;tulo &ldquo;Lo que el p&aacute;jaro bebe en la fuente y no es el agua&rdquo;. Un volumen de casi 800 p&aacute;ginas que confirma la singularidad&nbsp; de una escritura que arranc&oacute; hace casi tres d&eacute;cadas y con la que ha fundado un territorio h&iacute;brido, abierto, fronterizo, propicio a la reflexi&oacute;n sobre lo humano y lo no humano, lo personal y lo colectivo. Por su parte, Fernanda Melchor es una de las escritoras mexicanas de mayor proyecci&oacute;n internacional de nuestros d&iacute;as.</p>
<p class="Textoindependiente21">Menci&oacute;n destacada merece tambi&eacute;n el excelente art&iacute;culo que protagoniza la secci&oacute;n de TURIA denominada &ldquo;Sobre Arag&oacute;n&rdquo;. En &eacute;l, Antonio P&eacute;rez Lasheras escribe sobre &Aacute;nchel Conte. Sin duda, como se nos dice en el t&iacute;tulo, es la de Conte una vida hecha obra.</p>
<p class="Textoindependiente21">Completan el sumario de TURIA, las secciones &ldquo;La isla&rdquo; y &ldquo;La Torre de Babel&rdquo; (una cuidada y amplia secci&oacute;n de cr&iacute;tica de libros, en la que se analizan las m&aacute;s interesantes novedades editoriales en el &aacute;mbito de la narrativa, el ensayo y la poes&iacute;a).Por &uacute;ltimo, la portada e im&aacute;gines interiores de esta nueva entrega de TURIA corren a cargo del prestigioso artista aragon&eacute;s Pepe Cerd&aacute; (Ba&ntilde;uales, Huesca, 1961).</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong><br /></strong></p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>FERNANDO DEL VAL, UNA PRESENCIA RELEVANTE EN &ldquo;TURIA&rdquo;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21"><strong></strong>Fernando del Val (Valladolid, 1978) respald&oacute;, con su intervenci&oacute;n en el homenaje de TURIA&nbsp; a Vicente Molina Foix que tuvo lugar en Elche, esa filosof&iacute;a de trabajo que caracteriza a esta revista&nbsp; desde sus or&iacute;genes: mostrar que practica en sus sumarios un perenne ejercicio de&nbsp; integraci&oacute;n cultural, capaz de dar cabida a los m&aacute;s diversos g&eacute;neros literarios y de mostrar la pluralidad de inquietudes &eacute;ticas y est&eacute;ticas de sus autores. Una avidez existencial y una curiosidad intelectual permanentes que definen bien tanto a la revista como al principal protagonista de su nuevo n&uacute;mero.</p>
<p class="Textoindependiente21">El periodista cultural, poeta y ensayista&nbsp;Fernando del Val&nbsp;es autor de los libros de poes&iacute;a <em>Los a&ntilde;os aurorales </em>(2017), <em>Regreso al Metropolitan </em>(2013), <em>Lenguas de hielo</em> (2012)<em>,</em> <em>Orfeo en Nueva York </em>(2011)<em> y Amanecer en Damasco</em> (2005)<em>. </em>Alcanz&oacute; repercusi&oacute;n internacional&nbsp; en 2020 con su ensayo <em>El m&eacute;todo Bunbury</em>, sobre los l&iacute;mites de la creaci&oacute;n art&iacute;stica, que incluye casi seiscientas apropiaciones descubiertas en la obra del conocido cantante y compositor Enrique Bunbury.</p>
<p class="Textoindependiente21">Es autor tambi&eacute;n de dos libros de viajes: <em>La ruta del emperador Carlos V</em> (2011) y&nbsp;<em>El secreto azul. Viaje por la Castilla de Miguel Delibes</em> (2010), encargos de El Mundo en Castilla y Le&oacute;n. Tambi&eacute;n ha publicado el libro de entrevistas <em>Si te acercas m&aacute;s, disparo</em>, que recopila entrevistas realizadas entre 2007 y 2017 para las revistas <em>La Clave</em>, <em>Enclave</em> y <em>Turia</em>, y para RNE.</p>
<p class="Textoindependiente21">Trabaja actualmente en RNE y es colaborador habitual de la revista TURIA, donde ha realizado numerosas entrevistas en profundidad a destacados protagonistas de la actualidad cultural en espa&ntilde;ol como Vicente Molina Foix, Jos&eacute; Manuel Caballero Bonald, Luis Landero, Enrique Vila-Matas, Rosa Montero. Javier Cercas, Luis Mateo D&iacute;ez, Jos&eacute; Mar&iacute;a Merino, Pere Gimferrer, Gonzalo Hidalgo Bayal, Chantal Maillard, &Aacute;ngel Guinda, &Aacute;lvaro Valverde, Francisco Ferrer Ler&iacute;n o Felicidad Orqu&iacute;n.</p>
<p class="Textoindependiente21">Entre sus reconocimientos, obtuvo en 2018 el Premio Ojo Cr&iacute;tico de Poes&iacute;a, cuyo jurado destac&oacute; &ldquo;la musicalidad conseguida muchas veces a trav&eacute;s de los silencios, y su capacidad pl&aacute;stica y reflexiva basada en im&aacute;genes fulgurantes e inusuales&rdquo; Est&aacute; considerado como uno de los autores m&aacute;s recomendables del panorama literario actual.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 03 May 2022 08:15:27 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Comienzo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/comienzo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Marta_L_pez_Vilar_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p align="center"><strong><br /></strong></p>
<p align="center"><strong><br /></strong></p>
<p align="center"><strong><br /></strong></p>
<p align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><em style="text-align: left;">Un no s&eacute; qu&eacute; que quedan balbuciendo</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right">San Juan de la Cruz</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">No lo recuerdo bien:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>el extra&ntilde;o sonido de las hojas, el silencio</p>
<p>que emana, la fuente y la ra&iacute;z, los insectos</p>
<p>dibujando su nombre por el aire.</p>
<p>Balbuceo lentamente todo eso para que no se escape,</p>
<p>apenas se entiende lo que digo,</p>
<p>pero digo como quien espera que brote</p>
<p>de la tierra, descalza,</p>
<p>para verme.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo est&aacute; vivo, n&iacute;tido, perpetuo.</p>
<p>Aunque no lo recuerdo bien.</p>
<p>As&iacute; todo se acostumbra a su existencia.</p>
<p>De lejos.</p>
<p>Y poder quedarme, sin embargo.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 29 Apr 2022 12:45:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rafael Soler: “Todo poeta, sin excepción, tiene su espacio y su momento”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/rafael-soler-todo-poeta-sin-excepcion-tiene-su-espacio-y-su-momento/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/Rafael_Soler_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p><em>Las razones del hombre delgado</em> (Nueva York Poetry Press) es el &uacute;ltimo poemario de Rafael Soler (Valencia, 1947), y como todos los suyos, intenso, socarr&oacute;n, de una belleza feroz, apasionada, contenida, esf&eacute;rica. &iquest;Qu&eacute; sucede cuando uno es recibido por la Virgen Negra, por la Parca &uacute;ltima? &iquest;De qu&eacute; manera encarar la cita con la muerte? &iquest;C&oacute;mo se acomoda uno a su nuevo estado de interfecto, v&iacute;ctima, cad&aacute;ver? Con la maestr&iacute;a y elegancia que acostumbra, Soler va construyendo una historia (como ya hizo en <em>No eres nadie hasta que te disparan</em>) que interpela al lector desde la honestidad de lo irremediable.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;<strong>&ldquo;Cargarse de raz&oacute;n, de razones, es la mejor manera de estar equivocado&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>- &iquest;C&oacute;mo saber que las razones de cada cual son las buenas? Es m&aacute;s, &iquest;c&oacute;mo saber que realmente son propias?</p>
<p>- Imposible saberlo, vivimos siempre en una aproximaci&oacute;n entre sentimiento y cabeza, por eso es tan importante escuchar al otro, verle; cargarse de raz&oacute;n, de razones, es la mejor manera de estar equivocado porque, a partir de ah&iacute;, no hay posibilidad de que incorpores otras miradas que pueden ser m&aacute;s importantes que la tuya.</p>
<p>- Entre ese sin permiso en el que nos nacen, como gustas decir, y la llegada a la Casa helada, la muerte, &iquest;c&oacute;mo hacer que merezca la pena lo que sucede en el entretanto?</p>
<p>- Siendo consecuente. Nosotros est&aacute;bamos en el no ser, nos nacen sin permiso, llegamos a la Casa helada, nos mueren sin respeto, y entre esos dos tr&aacute;mites lo &uacute;nico que puede dar sentido al viaje es ser consecuente. Si entendemos por ser consecuente asumir que la vida es un tr&aacute;mite muy corto y que nuestro compromiso, nuestra meta es transitarla sin da&ntilde;o. Cuando intuyes que el final est&aacute; cerca, o no necesariamente pero reflexionas sobre lo que has hecho y lo que te quedar&iacute;a por hacer, el sentimiento m&aacute;s redentor es pensar que se est&aacute; cumpliendo con este tr&aacute;mite impuesto, ser nacido, porque se est&aacute; transitando por &eacute;l sin causar da&ntilde;o, ni a m&iacute; ni a terceros.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;La verdadera vejez viene cuando hace mucho tiempo que no pierdes la cabeza, eso te lleva a un desamparo terrible&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>- &iquest;Cu&aacute;ndo merece la pena perder la cabeza?</p>
<p>- No hay que esforzarse mucho porque qu&eacute; significa perder la cabeza, salirse de lo previsto, perder el control, y ah&iacute; hay que estar abierto; quiz&aacute;s, el ejemplo m&aacute;s com&uacute;n y f&aacute;cil sea el flechazo, el amor. Pierdes la cabeza por alguien, a m&iacute; me ha pasado perder la cabeza por un poeta, un proyecto que quiz&aacute;s no se cumple (recuerdo que &Aacute;frica, durante muchos a&ntilde;os, fue un sue&ntilde;o), perder la cabeza por vivir lo que anuncia la alegr&iacute;a de la v&iacute;spera&hellip; hay motivos para perder la cabeza. La verdadera vejez viene cuando hace mucho tiempo que no la pierdes; eso te lleva a un desamparo terrible.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;Si hay algo que nos debe acompa&ntilde;ar siempre es la dignidad&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>- Luis Alberto de Cuenca, en una ocasi&oacute;n, me coment&oacute; que por amor puede perderse todo excepto la dignidad.</p>
<p>- Totalmente de acuerdo, la dignidad ha de acompa&ntilde;arnos siempre. Pero se pueden cruzar l&iacute;mites, se puede perder la dignidad por amor, en un arrebato consentido. El amor es capaz de desplazar los muebles de sitio, te cambia la vida, puedes hacer las mayores locuras por &eacute;l, el amor te salva. S&iacute;, creo que si hay algo que nos debe acompa&ntilde;ar siempre es la dignidad, pero puedo comprender que en alg&uacute;n momento incluso se cruce ese l&iacute;mite.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;Para escuchar el coraz&oacute;n de &Aacute;frica se requiere alg&uacute;n tiempo, y si lo logras, vuelves mejor&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>- &iquest;Qu&eacute; quer&iacute;as decir en la anterior respuesta con aquello de que &Aacute;frica, durante muchos a&ntilde;os, fue un sue&ntilde;o?</p>
<p>- Fue un sue&ntilde;o cumplido, afortunadamente, descubr&iacute; &Aacute;frica cuando <em>Tantor</em>, el elefante, aparec&iacute;a por la selva africana iluminado por la luna, en las novelas de Tarz&aacute;n. Yo era muy jovencito y respiraba aquella libertad, aquellos paisajes desconocidos, y tuve la ilusi&oacute;n de conocer aquel pa&iacute;s. Pude, y luego he vuelto muchas veces buscando sus mercados, sus ciudades, sus gentes&hellip; Mis mejores momentos est&aacute;n Malawi, Zambia, Ruanda, en sus amaneceres, olores&hellip; &Aacute;frica no es un safari fotogr&aacute;fico de turismo f&aacute;cil, para escuchar el coraz&oacute;n de &Aacute;frica se requiere alg&uacute;n tiempo, y si lo logras, vuelves mejor.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;No hay nada m&aacute;s bonito que cruzar la frontera&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>- Cuando uno viaja, &iquest;huye o sale al encuentro?</p>
<p>- He visitado m&aacute;s de noventa pa&iacute;ses y mi madre, que me conoc&iacute;a muy bien, cuando volv&iacute;a, me preguntaba: Rafa, &iquest;de qu&eacute; huyes? Aquello me dio qu&eacute; pensar; no sabr&iacute;a decirte m&aacute;s que amo las fronteras en la medida que pueden ser contenedores que recogen mundo y miradas distintas, paisajes&hellip; no hay nada m&aacute;s bonito que cruzar la frontera. En una de mis novelas, un anciano le pregunta a otro: &laquo;Y a ti, &iquest;qu&eacute; te hubiera gustado hacer?&raquo;. &laquo;Ser frontera&raquo;, responde. Y a m&iacute;. O un r&iacute;o, o una pel&iacute;cula. En mi caso, el viaje lo he entendido siempre como la mejor manera de estar en el mundo. Me reconozco como viajero, porque no hay un destino concreto en la vida, lo importante es salir al encuentro de lo que no buscas. Y lo que cuesta es volver.</p>
<p>- Te costar&aacute; volver, pero cuando lo haces, tus <em>maneras</em> son insuperables&hellip;</p>
<p>- Jajaja, eso es verdad, ya que hablas de ese libro, <em>Maneras de volver</em>, en su parte central, &ldquo;Vivir es un asunto personal&rdquo;, hay un poema en el que el poeta evoca aquellos a&ntilde;os de muchos viajes y dice: &laquo;fueron a&ntilde;os de apenas unos meses, que iban de paladar en paladar y de boca en boca, susurrando el misterio&raquo;. Pocas veces he hecho una confesi&oacute;n m&aacute;s sincera y expl&iacute;cita que la que contienen estos versos.</p>
<p>- Antes has comentado que te gustar&iacute;a ser frontera, o un r&iacute;o, o una pel&iacute;cula. &iquest;Qu&eacute; pel&iacute;cula ser&iacute;a?</p>
<p>- Caramba, esa pregunta no me la esperaba&hellip; <em>Gigante</em>, <em>Wide side story</em>, <em>Doctor</em> <em>Zhivago</em>.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;El coraz&oacute;n siempre est&aacute; desprotegido&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;ndo conviene poner a resguardo &ldquo;un coraz&oacute;n de lesa humanidad&rdquo;?</p>
<p>- Amiga m&iacute;a, si pudi&eacute;semos poner nuestro coraz&oacute;n a resguardo&hellip; es que no podemos, no podemos hacer eso, el coraz&oacute;n siempre est&aacute; desprotegido, es la trinchera que recibe emociones, traiciones, recompensas, fracasos&hellip; estar&iacute;a bien, en alg&uacute;n momento, ponerlo a resguardo, pero ni &eacute;l se deja, ni la vida lo permite.</p>
<p>- Hay gente que lo resguarda tanto que no vive&hellip;</p>
<p>- Pero no hablamos de esa gente&hellip; me llevas a otro verso, de la contratapa de mi <em>Obra completa</em>: &laquo;siempre vivir te costar&aacute; la vida&raquo;. Si aceptas eso, qu&eacute; haces agazapado, escondido, mon&oacute;tono, manipulado, sin jug&aacute;rtela, sin intentar vivir&hellip; volviendo a la pregunta, el coraz&oacute;n por delante y bienvenido lo que venga.</p>
<p>- Caim&aacute;n, alcarav&aacute;n, cuervo, erizo, urraca&hellip; mucho animal suelto en estos versos.</p>
<p>- S&iacute;, es cierto, es un libro en el que ten&iacute;a tanto que decir que, sin darme cuenta, acudieron en mi ayuda muchos elementos con una enorme capacidad visual de sugerencia, como el caim&aacute;n. Hay versos que, en boca de un caim&aacute;n, dicen mucho m&aacute;s de lo que podr&iacute;a hacerlo yo. En otras de mis novelas, <em>El coraz&oacute;n del lobo</em>, tambi&eacute;n hay un animal, y Tantor, el elefante, cierra mi novela <em>El grito</em>.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; se pone uno para recibir a la Virgen Negra, es decir, la muerte?</p>
<p>- Ja, ja, ja, ay, Dios m&iacute;o&hellip; la Virgen Negra est&aacute; ah&iacute;, nos espera, qu&eacute; se le va a hacer&hellip; si por ella entendemos ese momento en el que apaga la luz, se encender&aacute; otra, empieza otro viaje que no sabemos qu&eacute; destino tiene; &iquest;qu&eacute; te pones en ese momento? En mi caso, me puse este libro. Para ese encuentro, confieso no tener ninguna prisa.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;Los poetas suicidas toman una decisi&oacute;n terrible y quiz&aacute;s por ello nos fascinan&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>- &iquest;Qu&eacute; tienen los poetas suicidas que tanto fascinan?</p>
<p>- Hacen algo que m&aacute;s de una vez nos ha pasado al resto por la cabeza. De alguna manera, cogen los mandos de su historia y preparan el &uacute;ltimo acto cuando lo consideran; toman una decisi&oacute;n terrible, y quiz&aacute;s por ello nos fascinan. En mi poemario <em>Las cartas que deb&iacute;a</em>, confieso que sent&iacute; esa fascinaci&oacute;n, de hecho, hay dos poemas sobre Marilyn Monroe.</p>
<p>- &iquest;&hellip; ante dios todopoderoso?</p>
<p>- Yo confieso que, por encima de esa inquietud, de ese estupor que provoca un suicidio, por encima de eso, se impone en m&iacute; una sensaci&oacute;n de misericordia; no puedo evitar, no solo con los escritores, preguntarme realmente si ese final pudo ser de otra manera, si ese era el final que quer&iacute;an, que merec&iacute;an&hellip; y ah&iacute; me quedo&hellip; con un gran desasosiego.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;Hay que escribir con humildad, y saber que no controlas nada de lo escrito y eso est&aacute; muy bien&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>- &iquest;Cu&aacute;nto de lo que se escribe pertenece &ldquo;al otro que soy y no conozco&rdquo;?</p>
<p>- Casi todo. El problema es aceptarlo, nosotros somos un yo m&uacute;ltiple, con muchas caras, distintas facetas; me descubro escribi&eacute;ndome y me reconozco, o no, en lo escrito, y a su vez el lector se reconoce a s&iacute; mismo en lo que lee, por eso hay que escribir con humildad, y saber que no controlas nada de lo escrito y eso est&aacute; muy bien. Solo al final, cuando eso repose y cobre sentido para ti, cobrar&aacute; sentido para los dem&aacute;s. Si no, a la carpeta.</p>
<p>- Hay algo acaso m&aacute;s dif&iacute;cil que &ldquo;echar un poema a la carpeta&rdquo;: quitarle un buen verso.</p>
<p>- Pero hago trampa: cuando tengo un poema que empieza en el verso nueve, los otros versos que est&aacute;n bien o si hay uno magn&iacute;fico los pongo en un arc&oacute;n y los guardo, sobre todo si uno de ellos es muy bueno, porque me acompa&ntilde;ar&aacute; y quiz&aacute;s acabe siendo el t&iacute;tulo de un poema. En <em>Las razones del hombre delgado</em> han ca&iacute;do much&iacute;simos versos y bastantes poemas, porque buscaba el golpe directo que podr&iacute;a sentirse en ese tr&aacute;nsito, cuando habla el hombre delgado, en el que trata de acomodarse a ese nuevo estado, la muerte, que no est&aacute; tan mal, como le dice a la Parca, su anfitriona. Es un poemario con una labor de tallado muy fuerte pero no dolorosa, como en la escultura, lo que cae es que sobra. Es muy cursi, pero es verdad, y en este libro, m&aacute;s que en otros, el ajuste final ha sido implacable.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;La melancol&iacute;a es un sentimiento destructivo&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong><strong>- </strong>&ldquo;Nada se parece jam&aacute;s a lo perdido&rdquo;. &iquest;El poeta escribe m&aacute;s desde la melancol&iacute;a que desde el deseo?</p>
<p>- No vuelvas a un sitio donde fuiste feliz, no vuelvas, no intentes habitar aquellos espacios que te dieron lo mejor de s&iacute;; la melancol&iacute;a -voy a ser osado-, destruye, instalarse en ella puede llevarte a reflexiones valiosas, a poemas v&aacute;lidos, pero es un sentimiento destructivo; no as&iacute; la nostalgia, un mercanc&iacute;as que te puede llevar, de manera no muy confortable pero certera, a donde quieras llegar. La nostalgia y el deseo&hellip; cu&aacute;ntas vidas tenemos, la que planificamos, la que nunca tenemos, la de ahora&hellip; esos deseos y anhelos, me gusta m&aacute;s &laquo;anhelo&raquo; que &laquo;deseo&raquo;, son los que nos mueven en la vida, los que nos empujan a cambiar a mejor, sin saber incluso qu&eacute; es lo que queremos cambiar. Hay que escribir con esa pulsi&oacute;n de abrir un escenario nuevo y entrar en un espacio diferente y acomodarse a &eacute;l, y quedarse en &eacute;l, incluso. Nostalgia, anhelo, son motores del poema. A&ntilde;ado pasi&oacute;n y humildad. Cuatro anclas muy buenas para construir un buen poema.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;Los poetas necesitamos reconocimiento, tendemos a la vanidad&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>- Estoy de acuerdo contigo, pero sabemos que la humildad no tiene mucho predicamento entre los escritores&hellip;</p>
<p>- Me quedo con las excepciones. Es cierto lo que dices, pero es f&aacute;cilmente entendible, hablamos de humildad: yo necesito mucha cuando escribo porque no s&eacute; si voy a escribir un poema. Con una novela, la actitud es distinta, hay que ser osado, hay que arriesgar, pero la humildad que se requiere al escribir un poema reside en que t&uacute; eres una canal. Adem&aacute;s, asumo que no hay ni canon ni poetas <em>escalafonados</em>, no hay falsa humildad, compareces en la vida literaria desde lo que eres. Eres tu obra, con los referentes, antecedentes, etc. Los poetas necesitamos reconocimiento, tendemos a la vanidad, al reconocimiento f&aacute;cil, necesitamos del abrazo; se vive con ello, y a estas alturas del viaje te puedo decir que todo poeta sin excepci&oacute;n tiene su espacio y su momento. Lo &uacute;nico es que debe intentar saber cu&aacute;l es su espacio y si pas&oacute; su momento o no ha llegado a&uacute;n.</p>
<p>- El humor, tan del gusto de la voz de Soler, se afila m&aacute;s (&ldquo;calladito/ horizontal/ y ventila&rdquo;). &iquest;Es la baza que nos mantiene la compostura, un poco de iron&iacute;a frente a la muerte, un tanto de irreverencia?</p>
<p>- Las dos cosas, creo nos tomamos muy en serio la muerte. Es parte de la vida, decimos como frase medio hecha, una frase que resulta un bast&oacute;n en el que apoyarnos. Son los tanatorios lo que cuenta la verdad, esa verdad por la cual el que queda despide al finado y vuelve a sus asuntos de una manera m&aacute;s r&aacute;pida de lo que le gustar&iacute;a; hay que hacerlo con cierta distancia y sentido del humor. Irreverencia. S&iacute;, decirle a la muerte &ldquo;Voy a resistir y me encanta esa sonrisa con tu guada&ntilde;a, yo te voy a ganar a ti&rdquo;, se requiere de esa insolencia, a pesar de la certeza de la derrota. As&iacute; disfrutamos m&aacute;s de la vida.</p>
<p>- Fuera de los lazos familiares, &iquest;qu&eacute; muerte te ha afectado de manera contundente?</p>
<p>- Me vas a permitir un inciso: me impresion&oacute; y me marc&oacute;, a mis 16 a&ntilde;os, la muerte de mi abuelo. Fuera de &eacute;l, algunos grand&iacute;simos amigos que perd&iacute; hace tiempo me causaron profundo dolor, alcoh&oacute;licos ambos, un pintor y arquitecto, poeta el otro y cr&iacute;tico literario. De los que no he tenido oportunidad de tratar, me impresion&oacute; mucho la muerte Hemingway, s&iacute;. Hay mucho creado alrededor del verdadero Hemingway, &iquest;cu&aacute;nto era verdad?, &iquest;c&oacute;mo era por dentro?, &iquest;qu&eacute; paso?, &iquest;c&oacute;mo fue ese final? Desde el respeto que le tengo como escritor, su muerte me impresion&oacute;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;Me asum&iacute; como alguien que escucha lo que viene de la eternidad&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>- Una de las caracter&iacute;sticas de tu poemario es la intensidad, lo apretado y, en cierto modo, lo irrevocable de tus im&aacute;genes &ndash;un punto de aspereza-: &ldquo;turbio holgaz&aacute;n que hace de la sopa / lepra blanca&rdquo;, &ldquo;nacer en la saliva&rdquo;, &ldquo;litigio del f&eacute;mur cuando adopta / una postura ojival sin paliativos&rdquo;&hellip; c&oacute;mo sabes que son las im&aacute;genes que han ir.</p>
<p>- Si supiera, siendo honesto, responder a esa pregunta... s&eacute; que son las im&aacute;genes que buscaba por dos razonas: me llegan sin buscarlas y, cuando se aquietan en el papel y pasa un tiempo y las leo, me parece imposible que las haya escrito yo. Cuando eso ocurre, surge un efecto conseguido sin buscarlo; no son poemas de amor, requieren de otros campos sem&aacute;nticos, y cuando los leo, s&eacute; que eso es lo que quer&iacute;a decir, aunque no sab&iacute;a qu&eacute; quer&iacute;a decir. Habla el hombre delgado, con su manera de contarnos lo que pasa, y una voz diferente, la mujer del poeta. Quiz&aacute;s con ella, con la mujer del poeta, he tenido un trato m&aacute;s convencional, m&aacute;s asumible, como de decirla: &ldquo;cu&eacute;ntamelo&rdquo;. Como si fuera la viuda de un amigo. Con la muerte no he tenido que estar muy atento a lo que quer&iacute;a decir. Hay, t&uacute; lo has dicho antes, un punto de insolencia con ella, no para que estuvi&eacute;semos hablando de igual a igual, pero casi; con el hombre delgado ha sido f&aacute;cil porque, cuando me vi en ese desamparo, me asum&iacute; como alguien que escucha lo que viene de la eternidad. Escucho y recojo.</p>
<p>- &iquest;De qu&eacute; p&eacute;rdida viene Rafael Soler?</p>
<p>- Voy a cumplir 75 a&ntilde;os en diciembre. Sabr&eacute; de las p&eacute;rdidas (en plural) de las que vengo cuando sea mayor.</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;nta vida malgastamos?</p>
<p>- El 90 por ciento. Nos quedamos en lo menudo y olvidamos lo grande, cuando la escala de valores es la contraria. Lo menudo es muchas veces crear patrimonio, la seguridad, progresar en el trabajo, medrar, conseguir premios&hellip; lo importante, sin embargo, es la cercan&iacute;a, los atardeceres&hellip; queda muy cursi, pero p&oacute;ngase a ver un atardecer y c&aacute;llese una horita&hellip; y me lo cuenta luego.</p>
<p>- Que tu poes&iacute;a completa no lleve este ep&iacute;grafe, sino apenas <em>Poes&iacute;a</em>, &iquest;significa que seguir&aacute;s tallando versos y public&aacute;ndolos?</p>
<p>- Bien visto. El t&iacute;tulo completo es <em>Vivir es un asunto personal. Poes&iacute;a</em>. Es como ese tirante rojo de la dama que cortejas cayendo un poquito: mucho sugiere y todo queda abierto para el futuro. Dice el libro que ah&iacute; est&aacute; la obra completa de Soler, seis libros escritos en cuarenta a&ntilde;os. No fui capaz de poner la palabra &laquo;completa&raquo;, entre otras razones porque sigo aqu&iacute;. Ya veremos.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;Me gustar&iacute;a haber escrito cualquier verso de C&eacute;sar Vallejo&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>- &iquest;Qu&eacute; verso ajeno te gustar&iacute;a haber escrito?</p>
<p>- Cualquiera de C&eacute;sar Vallejo.</p>
<p>- Vaya, pens&eacute; que ibas a responderme con &laquo;Estaremos en derrota nunca en doma&hellip;&raquo;</p>
<p>- Maravilloso verso de Claudio Rodr&iacute;guez. Me lo quedo, Claudio es enorme, pero me debo a lo que me debo: cuando me recuper&eacute; de <em>Trilce</em>, que me cost&oacute; mucho, me abraz&oacute; Vallejo y hasta hoy. Es lo que me sale. Hay otros, &laquo;que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender m&aacute;s tarde&raquo;, de Gil de Biedma&hellip; tantos versos por citar sin dem&eacute;rito de otros&hellip;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 29 Apr 2022 12:02:43 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“No pensé” y otros poemas de Judith Herzberg]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/no-pense-y-otros-poemas-de-judith-herzberg/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/Judith_Herzberg_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>En el n&uacute;mero 131 de <em>Turia</em> publicamos algunos poemas de Judith Herzberg (Pa&iacute;ses Bajos, 1934), como anticipo de su primera antolog&iacute;a en traducci&oacute;n al castellano, <em>Todo lo que es pensable</em> (editorial Pre-Textos, 2019).</p>
<p>Una de las voces m&aacute;s destacadas de la literatura holandesa, es hija del tambi&eacute;n escritor Abel Herzberg, de quien se edit&oacute; hace poco en Espa&ntilde;a <em>Amor fati</em> (ed. Siruela, 2021), siete ensayos sobre el campo de concentraci&oacute;n alem&aacute;n Bergen-Belsen. Abel y su mujer Thea sobrevivieron a los campos tras dejar a Judith y sus hermanos en diferentes casas de acogida, donde permanecieron ocultos durante la Segunda Guerra Mundial. Esta experiencia marc&oacute; la juventud de Judith as&iacute; como el posterior desarrollo de su postura como artista.</p>
<p>La consciencia de que es necesario mantener viva la memoria de aquella guerra y la preocupaci&oacute;n por tendencias fascistas que siguen amenzando nuestra sociedad occidental est&aacute;n presentes a lo largo de sus numerosos poemarios y obras de teatro. Su implicaci&oacute;n en lo que ocurre a su alrededor lleva a una alternancia de poemas de indignaci&oacute;n social o pol&iacute;tica con otros de asombro, a&ntilde;oranza y empat&iacute;a. La atenci&oacute;n y los cuidados son conceptos que se perciben en todas y cada una de las p&aacute;ginas de sus libros de poes&iacute;a.</p>
<p>El lenguaje es bastante cercano, aunque con frecuentes quiebros que descolocan al lector, que avivan su capacidad de entrever conexiones insospechadas. Versos llenos de sonoridad, y en su mayor&iacute;a sumamente concisos, se caracterizan asimismo por una cierta ligereza, sentido del humor, gui&ntilde;os e incluso un punto na&iacute;f.</p>
<p>A continuaci&oacute;n traducimos para esta web un poema que recit&oacute; recientemente en una cadena de radio despu&eacute;s de una entrevista sobre la guerra en Ucrania, aunque el poema fue concebido antes. Le siguen cuatro poemas m&aacute;s antiguos, uno de los cuales escribi&oacute; al hilo de su estancia en C&oacute;rdoba, donde particip&oacute; en la edici&oacute;n de 2007 de Cosmopo&eacute;tica, y terminamos con un brev&iacute;simo poema reciente.</p>
<p>T&iacute;tulos originales y primera publicaci&oacute;n de estos poemas: &laquo;No pens&eacute;&raquo;: &laquo;Dacht niet&raquo;, en el poemario <em>Vormen van gekte</em> (Formas de locura, 2019). &laquo;Ese que casi nunca duerme&raquo;: &laquo;Die bijna nooit slapende&raquo;, en <em>Bijvangst</em> (Captura accidental, 1999). &laquo;Prudencia&raquo;: &laquo;Behoedzaamheid&raquo;, en <em>Soms vaak</em> (A veces con frecuencia, 2004). &laquo;En vano&raquo;: &laquo;Vergeefs&raquo;, tambi&eacute;n en <em>Soms vaak</em>. &laquo;C&oacute;rdoba&raquo;: en la revista de poes&iacute;a <em>Het Liegend Konijn</em> (2009). &laquo;Asombrado&raquo;: &laquo;Verwonderd&raquo;, en <em>100% Hopla&rsquo;s</em> (100% A&uacute;pas, 2022).</p>
<p>Todos se publican aqu&iacute; por primera vez en castellano. Traducci&oacute;n: Ronald Brouwer.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;" align="center"><strong>JUDITH HERZBERG</strong></p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p style="text-align: center;" align="center"><strong>&nbsp;</strong><strong>No pens&eacute;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">&nbsp;&laquo;No pens&eacute; en mi madre</p>
<p style="text-align: center;">cuando coloqu&eacute; el fusil</p>
<p style="text-align: center;">en la ventana abierta.</p>
<p style="text-align: center;">Tampoco pens&eacute; en ella</p>
<p style="text-align: center;">cuando sospech&eacute;</p>
<p style="text-align: center;">que en el lado contrario</p>
<p style="text-align: center;">alguien result&oacute; herido.</p>
<p style="text-align: center;">Solo volv&iacute; a pensar en ella</p>
<p style="text-align: center;">cuando a la noche met&iacute; el fusil adentro.</p>
<p style="text-align: center;">C&oacute;mo pas&oacute; la punta del delantal</p>
<p style="text-align: center;">por la mesa cuando otra vez la manch&eacute;</p>
<p style="text-align: center;">y c&oacute;mo dijo: &iexcl;ten cuidado</p>
<p style="text-align: center;">el alf&eacute;izar est&aacute; reci&eacute;n pintado</p>
<p style="text-align: center;">no vaya a ser que se raye!&raquo;</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Ese que casi nunca duerme</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">Como a veces yo ya sab&iacute;a lo que ibas a responder</p>
<p style="text-align: center;">me adelantaba, pero t&uacute;, siempre &aacute;vido de competici&oacute;n</p>
<p style="text-align: center;">enseguida te opon&iacute;as, jocoso, con un giro inesperado,</p>
<p style="text-align: center;">sab&iacute;as algo todav&iacute;a m&aacute;s preciado, te carcajeabas, ganabas.</p>
<p style="text-align: center;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">&iquest;D&oacute;nde estar&aacute;n ahora tus gafas, esa montura fuerte</p>
<p style="text-align: center;">de lentes gruesas, detr&aacute;s de las cuales te armabas?</p>
<p style="text-align: center;">Te las quito y te doy un suave beso en el ojo</p>
<p style="text-align: center;">por un instante cerrado, ese que casi nunca duerme.</p>
<p style="text-align: center;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">Tratarlo con mimo</p>
<p style="text-align: center;">el recuerdo se acaba</p>
<p style="text-align: center;">se convierte en recuerdo</p>
<p style="text-align: center;">del recuerdo</p>
<p style="text-align: center;">a la larga deja</p>
<p style="text-align: center;">de emitir olor.</p>
<p style="text-align: center;"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Prudencia</strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong></strong>Prudente no es lo mismo que cuidadoso,</p>
<p style="text-align: center;">prudente es dos manos como una c&uacute;pula</p>
<p style="text-align: center;">sobre algo valioso. Por un pelo no puedes</p>
<p style="text-align: center;">verlo pero es algo, adivinas, de valor.</p>
<p style="text-align: center;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">Prudente tampoco es lo mismo que cuidadoso</p>
<p style="text-align: center;">cuando te acercas a algo huidizo. No tienes</p>
<p style="text-align: center;">miedo pero s&iacute; eres circunspecto. A ese otro,</p>
<p style="text-align: center;">que s&iacute; tiene miedo, se lo quieres ahorrar.</p>
<p>&nbsp;<strong>&nbsp;</strong></p>
<p align="center"><strong>En vano</strong></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">&nbsp;<span style="text-align: center;">El en vano pende en forma de mil manzanas</span></p>
<p style="text-align: center;">maduras del &aacute;rbol que se apoya</p>
<p style="text-align: center;">en dos pesados codos. Est&aacute; vallado.</p>
<p style="text-align: center;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">El en vano siempre presume</p>
<p style="text-align: center;">de todo aquello a lo que no aspira</p>
<p style="text-align: center;">como si as&iacute; se legitimase.</p>
<p style="text-align: center;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">El en vano prolifera en forma de (consultar,</p>
<p style="text-align: center;">no se encuentra en <em>plantas comestibles</em>)</p>
<p style="text-align: center;">invadiendo lo que en su d&iacute;a fue el huerto.</p>
<p style="text-align: center;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">El en vano se prodiga en a&ntilde;icos</p>
<p style="text-align: center;">en calcinaci&oacute;n pero m&aacute;s todav&iacute;a</p>
<p style="text-align: center;">en ceniza y polvo.</p>
<p style="text-align: center;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">El en vano nunca se ha preocupado por cosas</p>
<p style="text-align: center;">de las que se rompe una parte:</p>
<p style="text-align: center;">el brillante interior de un termo.</p>
<p style="text-align: center;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">El en vano no ha sabido evitar</p>
<p style="text-align: center;">convertirse en lo que se convirti&oacute;; hubiera</p>
<p style="text-align: center;">preferido seguir siendo locuci&oacute;n adverbial.</p>
<p style="text-align: center;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">El en vano siempre acecha</p>
<p style="text-align: center;">sospecha, pero</p>
<p style="text-align: center;">no asalta.</p>
<p style="text-align: center;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">De la paz conoce el en vano los enconados</p>
<p style="text-align: center;">deseos. El una y otra vez</p>
<p style="text-align: center;">ansiado de repente.</p>
<p style="text-align: center;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">El en vano nunca se ha interesado</p>
<p style="text-align: center;">por la entrega corriente,</p>
<p style="text-align: center;">la cotidiana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><strong>&nbsp;</strong><strong>C&oacute;rdoba</strong></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">&nbsp;<span style="text-align: center;">El silencio no caga</span></p>
<p style="text-align: center;">desde lo alto</p>
<p style="text-align: center;">sobre los tableros de cristal</p>
<p style="text-align: center;">de las mesas en el patio.</p>
<p style="text-align: center;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">Aun as&iacute; el silencio</p>
<p style="text-align: center;">es ahuyentado</p>
<p style="text-align: center;">junto a los gorriones</p>
<p style="text-align: center;">por fuertes estampidos.</p>
<p style="text-align: center;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;">&nbsp;<strong>Asombrado</strong></p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p align="center"><strong></strong>Se trastabilla</p>
<p style="text-align: center;">el presentimiento con el recuerdo</p>
<p style="text-align: center;">un &aacute;rea de juegos</p>
<p style="text-align: center;">sin ni&ntilde;o dentro.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 25 Apr 2022 08:45:22 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Miguel Delibes: claves de su vigencia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/miguel-delibes-claves-de-su-vigencia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/Miguel_Delibes_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>En abril de 2019 <em>XL El Semanal</em> public&oacute; los resultados de una encuesta que hab&iacute;a organizado para dilucidar qui&eacute;n era el m&aacute;s importante escritor espa&ntilde;ol. El primero result&oacute; Miguel de Cervantes (con el 29,21% de votos), el segundo Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s (16,68%) y el tercero, Miguel Delibes (11,87%). Naturalmente no se trata aqu&iacute; de insistir en el valor num&eacute;rico de un conjunto de preferencias particulares, pero no deja de ser significativo que, entre los escritores recientes (la encuesta exclu&iacute;a a los vivos), el m&aacute;s votado fuese Delibes, que acompa&ntilde;aba en el ilustre podio a Cervantes y a P&eacute;rez Gald&oacute;s. No creo, pues, arriesgado afirmar que posiblemente sea Delibes el escritor espa&ntilde;ol reciente sobre el que hay un m&aacute;s claro consenso positivo entre los lectores y que entra de lleno en ese club de <em>cl&aacute;sicos</em> de nuestras letras, tal y como, de hecho, figuraba ya en sus &uacute;ltimas d&eacute;cadas de vida: solo hay que recordar la expectaci&oacute;n con la que fueron recibidas cada una de sus novelas y el amplio reconocimiento p&uacute;blico y cr&iacute;tico que estas merecieron.</p>
<p>En las argumentaciones que muchos lectores dieron en la citada encuesta para justificar su voto a Delibes figura especialmente el hecho de que su obra sea sensible reflejo de la Espa&ntilde;a de su tiempo y de sus gentes, en particular las del &aacute;mbito rural, junto a otras consideraciones de incontestable vigencia en el imaginario lector<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MARIO%20CRESPO%20L%C3%93PEZ%20SOBRE%20MIGUEL%20DELIBES%20PARA%20TURIA%20135.doc#_ftn1">[1]</a>. Es cierto, junto a ello, que la mayor&iacute;a asociamos a Miguel Delibes Seti&eacute;n con unos valores definitivamente apreciados (en contraste con cierta inmundicia generalizada en la vida personal y p&uacute;blica de los &uacute;ltimos a&ntilde;os), como son la coherencia, la honestidad literaria y esa recia y digna castellan&iacute;a que se observan en pr&aacute;cticamente toda su obra y el comportamiento que p&uacute;blicamente mostr&oacute;. A pesar de que &eacute;l era un hombre retra&iacute;do, dado a la depresi&oacute;n y poco amigo de los oropeles, es justo reconocer una cierta simpat&iacute;a personal que proporcionan su biograf&iacute;a y su obra y que yo desde luego no oculto.</p>
<p>Pero me gustar&iacute;a concretar algo m&aacute;s esos aspectos por los que Miguel Delibes, en contraste con otros autores contempor&aacute;neos que gozaron de bien construida fama<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MARIO%20CRESPO%20L%C3%93PEZ%20SOBRE%20MIGUEL%20DELIBES%20PARA%20TURIA%20135.doc#_ftn2">[2]</a>, es un autor que, a mi juicio, goza de bien ganada vigencia. Y lo har&eacute;, naturalmente, desde una lectura personal y <em>simp&aacute;tica</em> de su obra y de la bibliograf&iacute;a principal sobre la misma.<br /> Delibes es historia de la narraci&oacute;n en Espa&ntilde;a en la segunda mitad del siglo XX, punto fundamental desde el que observar medio siglo de literatura espa&ntilde;ola (el que va entre 1948 de <em>La sombra del cipr&eacute;s</em> y 1998 de <em>El hereje</em>) y tambi&eacute;n un interesante y constante interrogante sobre el papel y la extensi&oacute;n de la novela, al que no son ajenos aspectos como la relaci&oacute;n del narrador con sus personajes o las innovaciones t&eacute;cnicas presentes en <em>Cinco horas con Mario</em>, <em>Par&aacute;bola del n&aacute;ufrago</em> o <em>Los santos inocentes</em>. Part&iacute;cipe, en diversos momentos entre los a&ntilde;os cuarenta y setenta, de las inquietudes de los escritores autodidactas, los universitarios, los social-realistas y los vanguardistas, como se ve en las conversaciones con C&eacute;sar Alonso de los R&iacute;os, a partir de <em>El camino </em>(1950), y as&iacute; lo ha destacado Marisa Sotelo, Delibes &ldquo;apuesta por la sencillez, la naturalidad del estilo, tamizado de cordial iron&iacute;a y la b&uacute;squeda de la autenticidad se convierte en su preocupaci&oacute;n fundamental&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MARIO%20CRESPO%20L%C3%93PEZ%20SOBRE%20MIGUEL%20DELIBES%20PARA%20TURIA%20135.doc#_ftn3">[3]</a>. Entre la creaci&oacute;n de Delibes hay que considerar una enriquecedora y a menudo complementaria relaci&oacute;n entre las novelas y los relatos incluidos en <em>La partida </em>(1954) o<em> Siestas con viento sur </em>(1957); cuentos como los de <em>La mortaja</em> (1970) son tan representativos como los mejores libros de Delibes, seg&uacute;n Sobejano. Existe adem&aacute;s, redundando en las claves perceptibles en toda su literatura, una conexi&oacute;n entre los personajes, por ejemplo, de t&iacute;tulos muy distintos: as&iacute;, Senderines en <em>La mortaja</em>, el Mochuelo en <em>El camino </em>o el Nini en <em>Las ratas</em>; o el difunto de <em>Cinco horas con Mario</em> y Cipriano Salcedo en <em>El hereje</em>.</p>
<p>Pero, si es posible hallar unas claves de estilo, e incluso, como veremos, la presencia de algunos temas vertebradores en su literatura, en Delibes se aprecia, como ya se&ntilde;alara Pilar Celma, un triple compromiso: &eacute;tico, social y est&eacute;tico. Solo este aserto bastar&iacute;a por s&iacute; solo para encauzar la predilecci&oacute;n lectora por Delibes, que una vez afirm&oacute;: &ldquo;Mi vida de escritor no ser&iacute;a como es si no se apoyase en un fondo moral inalterable. &Eacute;tica y est&eacute;tica se han dado la mano en todos los aspectos de mi vida&rdquo;. De ah&iacute;, a mi parecer, la filiaci&oacute;n cervantina del escritor: el cuidado de los personajes y sus voces, la cercan&iacute;a al d&eacute;bil, la perfecta ambientaci&oacute;n y construcci&oacute;n narrativas a trav&eacute;s de los propios personajes, la lucha de la individualidad frente al poder, la exigencia de la libertad de conciencia frente al seguidismo social.</p>
<p>Afirmaba el Prof. Gonzalo Sobejano que todas las novelas de Delibes pod&iacute;an titularse como la tercera de ellas, <em>El camino</em>, porque los personajes buscan su propio camino de realizaci&oacute;n personal, habitualmente en un contexto poco propicio o incluso hostil, y porque el propio autor recorre un camino &ldquo;desde la soledad a la solidaridad&rdquo; que supone &ldquo;una progresiva toma de conciencia de la responsabilidad humana, un proceso de acercamiento al humanismo social a partir de la angustia existencial. Delibes, puede afirmarse, es el novelista espa&ntilde;ol responsable por excelencia&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MARIO%20CRESPO%20L%C3%93PEZ%20SOBRE%20MIGUEL%20DELIBES%20PARA%20TURIA%20135.doc#_ftn4">[4]</a>. Abundando en esta idea, retomo de Sobejano lo siguiente: &ldquo;La vida, el car&aacute;cter, la obra, la significaci&oacute;n de la obra y el sentido de la trayectoria cumplida, todo viene alentado en Miguel Delibes por el ritmo de la compasi&oacute;n, esa virtud est&eacute;tica consistente en compenetrarse &eacute;ticamente con el objeto de la atenci&oacute;n creativa, que no es ideaci&oacute;n ni fantas&iacute;a, sino amor al pr&oacute;jimo&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MARIO%20CRESPO%20L%C3%93PEZ%20SOBRE%20MIGUEL%20DELIBES%20PARA%20TURIA%20135.doc#_ftn5">[5]</a>. En diferentes ocasiones Delibes se pronunci&oacute; sobre el car&aacute;cter de sus protagonistas, acusando, con cierto pesimismo, su refugio del desvalido (el ni&ntilde;o, el campesino, el incomprendido): &ldquo;Yo he tomado en mi literatura una deliberada postura por el d&eacute;bil. En todos mis libros hay un acoso del individuo por parte de la sociedad, y siempre vence, se impone esta&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MARIO%20CRESPO%20L%C3%93PEZ%20SOBRE%20MIGUEL%20DELIBES%20PARA%20TURIA%20135.doc#_ftn6">[6]</a>.</p>
<p>El profesor Sobejano acu&ntilde;&oacute; una afortunada expresi&oacute;n para referirse al escritor, el &ldquo;recogimiento atento&rdquo;, que era tanto un recogimiento f&iacute;sico como espiritual, afecto a una tradici&oacute;n sin dogmatismos, a un liberalismo socializador, a una necesidad &iacute;ntima de la literatura. En su narrativa Delibes se compromete con los desvalidos, pero tambi&eacute;n consigo mismo, como veremos brevemente a continuaci&oacute;n, en relaci&oacute;n con el desarrollo de personajes y narraciones.</p>
<p>Delibes es un extraordinario constructor de personajes, a los que hace vivos realmente: &ldquo;Poner en pie unos personajes de carne y hueso e infundirles aliento a lo largo de doscientas p&aacute;ginas es, creo yo, la operaci&oacute;n m&aacute;s importante de cuantas el novelista realiza&rdquo;, comenta en el significativo art&iacute;culo titulado &ldquo;Los personajes en la novela&rdquo;. La compenetraci&oacute;n del autor con la conciencia de sus personajes (varios considerados <em>alter ego </em>o trasuntos del autor, por ejemplo en <em>Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso</em>, <em>Madera de h&eacute;roe </em>o <em>Se&ntilde;ora de rojo sobre fondo gris</em>), llegando a hablar desde ellos, en perfecta identificaci&oacute;n, o a focalizar la narraci&oacute;n desde sus circunstancias y resoluciones. Resuenen aqu&iacute; las palabras del escritor en&nbsp; la recepci&oacute;n del Premio Cervantes (1994): &ldquo;Mis personajes son, en buena parte, mi biograf&iacute;a. Pas&eacute; la vida disfraz&aacute;ndome de otros, imaginando, ingenuamente, que este juego de m&aacute;scaras ampliaba mi existencia, facilitaba nuevos horizontes, hac&iacute;a aqu&eacute;lla m&aacute;s rica y variada&rdquo;. Obviamente, esos personajes viven no exactamente ideas, sino una historia: son sujetos narrativos con sus propias circunstancias y sus propias formas ling&uuml;&iacute;sticas. Son, en definitiva, los elementos b&aacute;sicos de toda narraci&oacute;n: un hombre, un paisaje y una pasi&oacute;n.</p>
<p>Por si fuera poco su particular geograf&iacute;a literaria, Delibes es verdaderamente un &ldquo;escritor con territorio&rdquo;, como le denomin&oacute; Alonso de los R&iacute;os. La mayor&iacute;a de sus novelas y cuentos se ambientan en su ciudad natal, Valladolid<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MARIO%20CRESPO%20L%C3%93PEZ%20SOBRE%20MIGUEL%20DELIBES%20PARA%20TURIA%20135.doc#_ftn7">[7]</a>, o en pueblos de Castilla y Extremadura (excepcionales son los escenarios abulense de <em>La sombra del cipr&eacute;s es alargada</em>, chileno de <em>Diario de un emigrante</em> y ut&oacute;pico de <em>Par&aacute;bola del n&aacute;ufrago</em>). Escribi&oacute; adem&aacute;s cr&oacute;nicas miscel&aacute;neas regionales, como <em>Castilla </em>(1960) y<em> Viejas historias de Castilla la Vieja </em>(1964) y <em>Castilla, habla</em> (1986). No podemos olvidar su compromiso period&iacute;stico en la &eacute;poca de la censura de prensa (me refiero: en la &eacute;poca en que la censura de prensa estaba claramente establecida por el r&eacute;gimen pol&iacute;tico) y su labor como director de <em>El Norte de Castilla </em>(1958-1966) en contra la despoblaci&oacute;n y la falta de inversiones en el agro castellano, lo que le acarre&oacute; no pocos problemas. Cuando en 1964 alguien le pregunt&oacute; con qu&eacute; se conformar&iacute;a, afirm&oacute; Delibes: &ldquo;Con que, cuando se analice mi obra, dentro de equis a&ntilde;os, se diga: &acute;Acert&oacute; a pintar Castilla`&rdquo;. Pero, a partir de lo local, su obra ha trascendido a lo universal, a los valores universales del ser humano: &ldquo;La universalidad del escritor debe conseguirse a trav&eacute;s de un localismo sutilmente visto y est&eacute;ticamente interpretado&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MARIO%20CRESPO%20L%C3%93PEZ%20SOBRE%20MIGUEL%20DELIBES%20PARA%20TURIA%20135.doc#_ftn8">[8]</a>.</p>
<p>Los temas de Delibes, trazados en la dehesa extreme&ntilde;a o en las sucias calles del Valladolid contrarreformista, son universales y esta es, sin duda, otra clave de su vigencia. Recordemos &uacute;nicamente la importancia que en su prosa tiene el tema de la infancia y la inocencia (en <em>El camino</em> o <em>El pr&iacute;ncipe destronado</em>, por ejemplo); el tema de la muerte (en <em>La mortaja</em>, <em>Las guerras de nuestros antepasados</em>, <em>El hereje</em>&hellip;); o la compasi&oacute;n por los sencillos (en <em>El camino</em>, <em>Mi idolatrado hijo Sis&iacute;</em> o <em>Los santos inocentes</em>): <em>&nbsp;</em>&ldquo;El hecho de que yo me incline por el hombre humilde y por el hombre v&iacute;ctima revela, imagino, mi esp&iacute;ritu democr&aacute;tico, pero no menos mi esp&iacute;ritu cristiano&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MARIO%20CRESPO%20L%C3%93PEZ%20SOBRE%20MIGUEL%20DELIBES%20PARA%20TURIA%20135.doc#_ftn9">[9]</a>. Delibes ha sido un escritor reflexivo con su tiempo y con la angustia del ser humano en una &eacute;poca cambiante en&nbsp; diversos &oacute;rdenes.</p>
<p>El tema de los viajes y el conocimiento de otras realidades pol&iacute;ticas en su &eacute;poca muestra la capacidad de Delibes para sorprenderse por otras realidades y tratar de conocerlas, como se observa bien en sus ensayos <em>Por esos mundos</em>, <em>Europa: Parada y fonda </em>(1963), <em>USA y yo</em>&nbsp; (1966), <em>Dos viajes en autom&oacute;vil: Suecia y Pa&iacute;ses Bajos </em>(1982) o <em>He dicho</em> (1996). Los textos de<em> La primavera de Praga </em>(1968), uno de sus libros testimoniales m&aacute;s valiosos, responden al final a esa convicci&oacute;n del escritor: &ldquo;Sigo creyendo en la posibilidad de hacer compatibles la justicia y la libertad y no dudo que, a la larga, el paso dado por Rusia &ndash;torpe y brutal&mdash; acabar&aacute; volvi&eacute;ndose contra ella&rdquo;; y, algo m&aacute;s adelante, &ldquo;las armas sirven para matar hombres, pero nunca sirvieron para matar ideas&rdquo;.</p>
<p>Uno de los rasgos caracter&iacute;sticos del pensamiento de Delibes tiene que ver con una de las revoluciones que se imponen en el mundo, la ecol&oacute;gica. Delibes fue un destacado defensor de la naturaleza y cr&iacute;tico del progreso alienante y destructor. En <em>El sentido del progreso desde mi obra</em>, afirmaba que &ldquo;el hombre, nos guste o no, tiene sus ra&iacute;ces en la naturaleza y al desarraigarlo con el se&ntilde;uelo de la t&eacute;cnica, lo hemos despojado de su esencia&rdquo;. Desde el punto de vista del ecologismo, Delibes sit&uacute;a un puente cr&iacute;tico entre el mundo rural y el urbano y adem&aacute;s rescata el l&eacute;xico y las costumbres rurales, hasta el punto de que su obra parece, como dec&iacute;a Manuel Alvar, &ldquo;un tratado de antropolog&iacute;a cultural&rdquo;: &ldquo;Al hombre, ciertamente, se le arrebata la pureza del aire y del agua, pero tambi&eacute;n se le amputa el lenguaje, y el paisaje en que transcurre su vida, lleno de referencias personales y de su comunidad, es convertido en un paisaje impersonalizado e insignificante&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MARIO%20CRESPO%20L%C3%93PEZ%20SOBRE%20MIGUEL%20DELIBES%20PARA%20TURIA%20135.doc#_ftn10">[10]</a>. Esta defensa de un mundo en desaparici&oacute;n aparece en<em> Las ratas</em>, <em>Viejas historias de Castilla la Vieja</em>, <em>El disputado voto del se&ntilde;or Cayo</em>&hellip; Ah&iacute; se concita tambi&eacute;n su inter&eacute;s por el mundo rural y el individualismo de los personajes, ya que &ldquo;la ciudad uniforma cuanto toca; el hombre enajena en ella sus perfiles caracter&iacute;sticos&rdquo;<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MARIO%20CRESPO%20L%C3%93PEZ%20SOBRE%20MIGUEL%20DELIBES%20PARA%20TURIA%20135.doc#_ftn11">[11]</a>. En este punto encaja la afici&oacute;n naturalista del cazador y pescador Delibes, que escribi&oacute; expresamente sobre la caza y la pesca en ensayos como <em>La caza de la perdiz roja </em>(1963), <em>El libro de la caza menor </em>(1964), <em>Con la escopeta al hombro </em>(1970), <em>La caza en Espa&ntilde;a </em>(1972), <em>Aventuras, venturas y desventuras de un cazador a rabo </em>(1977),<em> Mis amigas las truchas </em>(1977<em>), Las perdices del domingo</em> (1991) o <em>El &uacute;ltimo coto </em>(1992).</p>
<p>La bibliograf&iacute;a de Delibes no se cierra con sus novelas, relatos y ensayos de viajes o cineg&eacute;ticos. Hay t&iacute;tulos miscel&aacute;neos, como <em>Vivir al d&iacute;a</em> (1967), <em>Un a&ntilde;o de mi vida</em> (1971), <em>Mi vida al aire libre</em> (1989) y <em>Pegar la hebra</em> (1990), que revelan su prolijidad desde diversos frentes intelectuales.</p>
<p>Su obra traspasa adem&aacute;s lo meramente literario. Una decena de narraciones de Delibes han sido llevadas al cine, lo que redunda en la investigaci&oacute;n sobre su obra desde otro lenguaje, el cinematogr&aacute;fico. Aunque Delibes siempre confes&oacute; su incapacidad para escribir directamente teatro, cuatro de sus textos han sido llevados al escenario por parte de importantes int&eacute;rpretes y productores que mantienen sin duda viva parte de su obra: <em>Cinco horas con Mario</em> (estrenado por Lola Herrera en el teatro Marquina de Madrid el 26 de noviembre de 1979), <em>La hoja roja </em>(1987), <em>Las guerras de nuestros antepasados</em> (por Jos&eacute; Sacrist&aacute;n y Juan Jos&eacute; Otegui en el teatro de Bellas Artes el 7 de septiembre de 1989; y por Manuel Galiana y Te&oacute;filo Calle en el teatro Principal de Palencia el 31 de mayo de 2002) y <em>Se&ntilde;ora de rojo sobre fondo gris</em> (por Jos&eacute; Sacrist&aacute;n). Incluso se pretendi&oacute; en su d&iacute;a llevar a teatro <em>El hereje</em>, cuya novela, por cierto, tiene un guion de cine firmado por Jos&eacute; Luis Cuerda.</p>
<p>Otra clave a mi juicio innegable de la vigencia del escritor es el hecho de que su archivo se encuentre disponible para su consulta en la Fundaci&oacute;n Miguel Delibes de Valladolid. Lamentablemente no es f&aacute;cil en Espa&ntilde;a que el legado de un autor, por desgracia tantas veces sujeto a ambiciones particulares, est&eacute; a disposici&oacute;n de los investigadores y lectores y que, desde una entidad con financiaci&oacute;n p&uacute;blica y privada, se mantenga viva la memoria del escritor y se alienten ediciones y actividades que redunden en su conocimiento, por el bien de todos como patrimonio cultural insustituible. De esta forma, es posible el descubrimiento de nuevos materiales, versiones e interpretaciones<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MARIO%20CRESPO%20L%C3%93PEZ%20SOBRE%20MIGUEL%20DELIBES%20PARA%20TURIA%20135.doc#_ftn12">[12]</a>. En 2002 se public&oacute; su correspondencia con Josep Verges y en 2014 la de Gonzalo Sobejano, libros que iluminan parte de nuestra historia intelectual reciente.</p>
<p>La obra de Delibes goza de unas caracter&iacute;sticas que van a facilitar su vigencia, es decir, su lectura y estudio a trav&eacute;s del tiempo. Para empezar, por haberse hecho eco, desde una raigambre cervantina, de la noble causa de los d&eacute;biles y de la libertad de conciencia de sus h&eacute;roes o antih&eacute;roes. Su literatura, profundamente castellana, se nutre de unos temas universales (la infancia, el ideal de justicia y libertad, la naturaleza, las contradicciones del progreso, la muerte&hellip;) que justifican el inter&eacute;s que ha tenido y tiene en los lectores en castellano (a trav&eacute;s de inn&uacute;meras ediciones, acrecentadas en este a&ntilde;o conmemorativo) y allende nuestras fronteras ling&uuml;&iacute;sticas. Por otro lado, su literatura es tan extensa y variada como cuidada, con una prosa magistral, llena de hallazgos y matices, con personajes cre&iacute;bles de profunda complejidad. Quien lo lea va a leer a un cl&aacute;sico <em>nuestro</em> de las letras <em>universales</em>.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MARIO%20CRESPO%20L%C3%93PEZ%20SOBRE%20MIGUEL%20DELIBES%20PARA%20TURIA%20135.doc#_ftnref1">[1]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [1] As&iacute; tambi&eacute;n numerosos testimonios recogidos en el libro <em>Hasta siempre, paisano Delibes</em>, recuerdo de la 43&ordf; Feria del Libro de Valladolid, Valladolid, Ayuntamiento de Valladolid, 2010, con parte de los mensajes de condolencia recibidos los d&iacute;as 12 y 13 de marzo de 2010.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MARIO%20CRESPO%20L%C3%93PEZ%20SOBRE%20MIGUEL%20DELIBES%20PARA%20TURIA%20135.doc#_ftnref2">[2]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [2] Recuerdo inevitablemente a Camilo Jos&eacute; Cela, premio Nobel en 1989, caso verdaderamente significativo de escritor que alcanz&oacute; los mayores reconocimientos y luces p&uacute;blicas en vida y que, p&oacute;stumamente, es, a lo que presumo, un autor m&aacute;s bien poco le&iacute;do. Como esto que acabo de escribir procede de mi impura subjetividad, ser&iacute;a interesante en un futuro valorar con datos la suerte p&oacute;stuma de la obra de Cela; por de pronto, en la encuesta de <em>XL El Semanal </em>ocup&oacute; un meritorio 12&ordm; puesto, con 1,59% de los votos.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MARIO%20CRESPO%20L%C3%93PEZ%20SOBRE%20MIGUEL%20DELIBES%20PARA%20TURIA%20135.doc#_ftnref3">[3]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [3] SOTELO, Marisa, &ldquo;Introducci&oacute;n&rdquo;,&nbsp; en Miguel Delibes, <em>El camino</em>, Barcelona, Planeta (Austral), 2019, p. 14.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MARIO%20CRESPO%20L%C3%93PEZ%20SOBRE%20MIGUEL%20DELIBES%20PARA%20TURIA%20135.doc#_ftnref4">[4]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [4] SOBEJANO, Gonzalo, &ldquo;Estudio introductorio. <em>Cinco horas con Mario</em>: de la novela al drama&rdquo;, en Miguel Delibes, <em>Cinco horas con Mario (versi&oacute;n&nbsp; teatral)</em>, Madrid, Espasa-Calpe, 1982 (3&ordf; ed.), p. 12.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MARIO%20CRESPO%20L%C3%93PEZ%20SOBRE%20MIGUEL%20DELIBES%20PARA%20TURIA%20135.doc#_ftnref5">[5]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [5] SOBEJANO, Gonzalo, &ldquo;Introducci&oacute;n&rdquo; a Miguel Delibes, <em>La mortaja</em>, Madrid, C&aacute;tedra (Letras Hisp&aacute;nicas, 199), 2010 (9&ordf; ed.), p. 36.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MARIO%20CRESPO%20L%C3%93PEZ%20SOBRE%20MIGUEL%20DELIBES%20PARA%20TURIA%20135.doc#_ftnref6">[6]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [6] En GARC&Iacute;A DOM&Iacute;NGUEZ, Ram&oacute;n, <em>Miguel Delibes: un hombre, un paisaje, una pasi&oacute;n</em>, Barcelona, Destino, 1985, p. 70.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MARIO%20CRESPO%20L%C3%93PEZ%20SOBRE%20MIGUEL%20DELIBES%20PARA%20TURIA%20135.doc#_ftnref7">[7]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [7] <em>De Valladolid. Antolog&iacute;a de textos sobre Valladolid y sus gentes</em>, edici&oacute;n a cargo de Ram&oacute;n Garc&iacute;a Dom&iacute;nguez, Barcelona, Lunwerg, 2009.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MARIO%20CRESPO%20L%C3%93PEZ%20SOBRE%20MIGUEL%20DELIBES%20PARA%20TURIA%20135.doc#_ftnref8">[8]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [8] En ALONSO DE LOS R&Iacute;OS, C&eacute;sar,&nbsp; <em>Conversaciones con Miguel Delibes</em>, Madrid, Editorial Magisterio Espa&ntilde;ol, 1971, p. 180.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MARIO%20CRESPO%20L%C3%93PEZ%20SOBRE%20MIGUEL%20DELIBES%20PARA%20TURIA%20135.doc#_ftnref9">[9]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [9] En ALONSO DE LOS R&Iacute;OS, C&eacute;sar,&nbsp; <em>op.cit</em>., 1971, p. 103.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MARIO%20CRESPO%20L%C3%93PEZ%20SOBRE%20MIGUEL%20DELIBES%20PARA%20TURIA%20135.doc#_ftnref10">[10]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [10] DELIBES, Miguel, <em>El sentido del progreso desde mi obra. Discurso le&iacute;do el d&iacute;a 25 de mayo de 1975 en el acto de su recepci&oacute;n y contestaci&oacute;n del Excmo. Sr. Don Juli&aacute;n Mar&iacute;as</em>, Madrid, Real Academia Espa&ntilde;ola, 1975, P. 52.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MARIO%20CRESPO%20L%C3%93PEZ%20SOBRE%20MIGUEL%20DELIBES%20PARA%20TURIA%20135.doc#_ftnref11">[11]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [11] DELIBES, Miguel, <em>op.cit</em>., 1975, p. 55.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%8DCULO%20DE%20MARIO%20CRESPO%20L%C3%93PEZ%20SOBRE%20MIGUEL%20DELIBES%20PARA%20TURIA%20135.doc#_ftnref12">[12]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [12] Como ejemplo, el cuento ilustrado incluido en <em>La bruja Leopoldina y otras historias reales</em> (pr&oacute;logo de Elisa Delibes, Barcelona, Destino, 2018) o la mayor parte de materiales de trabajo utilizados en mi edici&oacute;n de <em>El hereje</em> (Madrid, C&aacute;tedra, Letras Hisp&aacute;nicas, 2019).</p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 25 Apr 2022 07:46:52 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El lugar de un escritor distinto y solitario]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-lugar-de-un-escritor-distinto-y-solitario/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Javier_Tomeo_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&ldquo;Depende, claro est&aacute;, de lo que se entienda por normalidad. &iquest;Qu&eacute; es normal? &iquest;Lo que m&aacute;s abunda? Pues, entonces, no hay duda, soy raro. Ser raro, sin embargo, no es malo. Puede ser, incluso, un piropo. Quevedo dec&iacute;a que el sol, para hacerse estimar, no habr&iacute;a de salir cada d&iacute;a&rdquo;, respondi&oacute; en una ocasi&oacute;n Javier Tomeo Estallo (Quicena, Huesca, 1932-Barcelona, 2013) a prop&oacute;sito de su indiscutible singularidad. Fue un escritor distinto, sin patr&oacute;n, inclasificable, solitario y, m&aacute;s que marginal, perif&eacute;rico, como lo calific&oacute; en varias ocasiones su gran amigo F&eacute;lix Romeo Pescador (Zaragoza,1968-Madrid, 2011). Fue un escritor que ven&iacute;a del c&oacute;mic y de la literatura popular, bajo el nombre de Franz Keller, de Kafka, de Valle-Incl&aacute;n, a quien citaba mucho m&aacute;s que le&iacute;a o que hab&iacute;a le&iacute;do, pero le fascinaba aquello de &ldquo;la deformaci&oacute;n expresiva y grotesca de la realidad&rdquo; del esperpento, y Sigmund Freud, al que recurr&iacute;a una y otra vez para explicar la escisi&oacute;n permanente, esa forma de abismo en vida de sus criaturas. Declar&oacute;: &ldquo;Mis personajes son seres reales, forman parte de la realidad. Pero son personajes quintaesenciados; los ofrezco en condiciones de ser digeridos plenamente. Personajes arquet&iacute;picos, con una pretensi&oacute;n de universalidad. Seres, por lo general, incomprendidos y solitarios&rdquo;. Sin duda, pero tambi&eacute;n an&oacute;malos, con distintas patolog&iacute;as, casi siempre v&iacute;ctimas de una obsesi&oacute;n, de una enfermedad real o imaginaria o de las pulsiones at&aacute;vicas, que era la nuez o la espiral expansiva sobre la que montaba sus novelas.</p>
<p>Esa extra&ntilde;eza tan peculiar y &uacute;nica, su forma de percibir el mundo, su condici&oacute;n de visionario de la incomunicaci&oacute;n, de la soledad y de la angustia, har&iacute;an de Javier Tomeo un escritor desubicado, fuera de contexto, un tanto apocal&iacute;ptico, sin pretenderlo, alguien que anda por ah&iacute;, fuera del carril, en las regiones de lo incierto, acaso como un sembrador de monstruos. Javier Tomeo, que pod&iacute;a ser muy ingenioso y certero en sus an&aacute;lisis, daba claves de su po&eacute;tica en cualquier instante: &ldquo;La gente perfecta, feliz y sim&eacute;trica, carece del inter&eacute;s literario que poseen aquellos individuos que revelan alg&uacute;n tipo de anomal&iacute;a. Los pueblos felices no tienen historia. Hay que entender esta monstruosidad de mis novelas como una suerte de met&aacute;fora (...) Los monstruos son dif&iacute;ciles ejercicios de amor (&hellip;) Todos llevamos un monstruo dentro&rdquo;.</p>
<p>Con todo, Javier Tomeo encontr&oacute; su sitio y fue editado y reeditado, elogiado por doquier (por Rafael Conte, Jos&eacute;-Carlos Mainer, Jes&uacute;s Ferrer Sola, Nora Catelli, Fernando Valls, entre muchos otros), tuvo un gran &eacute;xito en el teatro, a pesar de que solo escribi&oacute; una pieza netamente teatral, como&nbsp;<em>Los bosques de&nbsp;</em>Nyx (Xordica, 1995). Tambi&eacute;n fue traducido a las principales lenguas del mundo. En los a&ntilde;os 80 y 90, sobre todo, vivi&oacute; momentos de popularidad. Apenas recibi&oacute; galardones oficiales de Espa&ntilde;a, pero s&iacute; recibi&oacute; el Premio Arag&oacute;n de 1994 y fue Medalla de Oro de Zaragoza en 2005, ciudad que en 1999 present&oacute; su candidatura oficialmente al Premio Nobel de Literatura.</p>
<p>&iquest;C&oacute;mo se forj&oacute; la personalidad de Javier Tomeo? &iquest;C&oacute;mo labr&oacute; su singular trayectoria? De entrada conviene decir que era hijo &uacute;nico y que form&oacute; parte de la di&aacute;spora aragonesa a Barcelona. Sol&iacute;a decir, con algo de coqueter&iacute;a y de autoleyenda, que hab&iacute;a sido fugazmente tercer portero del Huesca y que, algunos a&ntilde;os despu&eacute;s, mand&oacute; al peri&oacute;dico de su ciudad una cr&oacute;nica de un choque entre el Sant Andreu y el Huesca.&nbsp;&nbsp;All&iacute;, en cierto modo, suger&iacute;a que hab&iacute;a nacido el escritor, aunque en realidad Javier Tomeo har&iacute;a un poco de todo: trabaj&oacute; de negro, har&iacute;a traducciones, &ldquo;sin saber muy bien ingl&eacute;s&rdquo;, y dar&iacute;a por aqu&iacute; y por all&aacute; su primeros coletazos literarios con los relatos.&nbsp;&ldquo;Publiqu&eacute; en los a&ntilde;os 50, en&nbsp;<em>El Noticiero Universal</em>, una colecci&oacute;n de relatos que se llamaba Cuentos del S&aacute;bado. Eran breves y supongo que se percibir&iacute;a el influjo de las lecturas de Carson McCullers, una escritora norteamericana, y supongo que a&uacute;n no habr&iacute;a superado la fase imitativa. Adem&aacute;s, me publicaron otros cuentos que he perdido, por los que me pagaban 200 pesetas, que era mucho. Julio Manegat fue esencial porque me dio alas&rdquo;, explic&oacute; en una ocasi&oacute;n.</p>
<p>Ser&iacute;a en 1967, en la editorial Marte, que llevaba Tom&aacute;s Salvador, donde publicar&iacute;a su primer libro:&nbsp;<em>El cazador </em>(1967). Narraba la historia de un hombre que se encierra en su habitaci&oacute;n con la firme determinaci&oacute;n de no volver a salir jam&aacute;s. Seg&uacute;n el propio Tomeo, por entonces no hab&iacute;a le&iacute;do a Franz Kafka; a medida que iban pareciendo sus nuevos libros, como&nbsp;<em>Ceguera al azul</em>&nbsp;(T&aacute;bano, 1969) -donde cuenta el relato de un hombre que desea ir a Beluchist&aacute;n, pero que no acierta a sacar su billete- fue su amigo el citado Julio Manegat quien le recomend&oacute; que leyese al autor de&nbsp;<em>La metamorfosis.</em>&nbsp;Tomeo, con su habitual sentido del humor o con su sentido de la irrealidad, lo hizo y le dijo: &ldquo;Este t&iacute;o me copia&rdquo;. Tomeo contaba que ese libro aparec&iacute;a en una colecci&oacute;n de autores no premiados y que era consciente que lo que &eacute;l hac&iacute;a no se adaptaba muy bien a lo que se llevaba en Espa&ntilde;a en ese momento: el realismo social, que iba a dar paso a destellos de experimentalismo y poco despu&eacute;s a lo que se llam&oacute; &ldquo;la nueva narrativa espa&ntilde;ola&rdquo;, que empez&oacute; con algunos libros claves:&nbsp;<em>La verdad sobre el caso Savolta</em>&nbsp;de Eduardo Mendoza,&nbsp;<em>El r&iacute;o de la luna</em>&nbsp;de Jos&eacute; Mar&iacute;a Guelbenzu y la tetralog&iacute;a en marcha,&nbsp;<em>Antagon&iacute;a,</em>&nbsp;de Luis Goytisolo.</p>
<p>En ese momento, como har&iacute;a siempre, trabajador ya en la f&aacute;brica Olivetti, Javier Tomeo iba a su marcha, al amparo de los citados Tom&aacute;s Salvador y Julio Manegat, Juan Ram&oacute;n Masoliver y de Ram&oacute;n de Goicoechea, que fue el primer marido de Ana Mar&iacute;a Matute y se convertir&iacute;a en una especie de interlocutor o&nbsp;<em>alter ego</em>&nbsp;en sus art&iacute;culos, en sus cuentos y en algunos de sus libros. Dijo de &eacute;l: &ldquo;Mi amigo, y personaje de mis textos, Ram&oacute;n o Ramoncito me dec&iacute;a siempre que hab&iacute;a gente que sacaba a pasear a sus monstruos a las cuatro o cinco de la ma&ntilde;ana. Dec&iacute;a que estaban ocultos durante el d&iacute;a y que sal&iacute;an de madrugada y por poco tiempo. Es probable&rdquo;.</p>
<p>En 1971,&nbsp;<em>El unicornio</em>&nbsp;gan&oacute; el premio de novela &lsquo;Ciudad de Barbastro&rsquo;, que publicar&iacute;a el sello Bruguera. Aquel galard&oacute;n fue importante en su carrera: le hac&iacute;a mucha ilusi&oacute;n. Significaba volver a casa y era un espaldarazo. Eso s&iacute;, Javier Tomeo segu&iacute;a a la suya, anclado en la obsesi&oacute;n, el disparate y el absurdo. En una representaci&oacute;n teatral, sin que medie nada, los espectadores empiezan a morir uno tras otro. Tomeo introduce aqu&iacute; otra de sus pasiones: los animales imaginarios o so&ntilde;ados (ser&iacute;a un pertinaz y divertido creador de bestiarios), y un nuevo procedimiento narrativo: articula el relato en forma de cuaderno con acotaciones teatrales.</p>
<p>En esa carrera sigilosa, que lo vinculaba m&aacute;s con Joan Perucho y &Aacute;lvaro Cunqueiro que con nadie, Javier Tomeo seguir&iacute;a publicando libros:&nbsp;<em>Los enemigos</em>&nbsp;(Planeta, 1974), y su primera gran obra, quiz&aacute; una de sus mejores novelas:&nbsp;<em>El castillo de la carta cifrada</em>&nbsp;(Anagrama, 1979), t&iacute;tulo que supon&iacute;a, adem&aacute;s, el salto a la que va a ser la gran editorial de su vida, Anagrama. Su editor Jorge Herralde, que le ha dedicado muchas palabras y elogios, lo define en&nbsp;<em>Un d&iacute;a en la vida de editor y otras informaciones fundamentales</em>&nbsp;(Anagrama, 2019) como &ldquo;glorioso autor de teatro internacional sin haber escritor jam&aacute;s una pieza teatral&rdquo;, y dice que &ldquo;el gran cr&iacute;tico Rafael Conte y yo rivaliz&aacute;bamos en nuestro entusiasmo por la obra de Tomeo&rdquo;.&nbsp;<em>El castillo de la carta cifrada</em>&nbsp;es una ficci&oacute;n en la que un noble abandona el mundo y se recluye en una fortaleza; intenta establecer relaci&oacute;n con un antiguo enemigo y no puede hacerlo. El clima del surrealismo y del absurdo est&aacute; presente de nuevo, sazonado por fogonazos l&iacute;ricos, y el autor afinaba aqu&iacute; m&aacute;s la sinraz&oacute;n y el extra&ntilde;amiento que nunca. El desabrido desconcierto existencial.</p>
<p>Al a&ntilde;o siguiente aparec&iacute;a&nbsp;<em>Di&aacute;logo en re mayor</em>&nbsp;(Anagrama, 1980), otro texto en que el Javier Tomeo indaga en el tema capital de su obra: la incomunicaci&oacute;n. La novela plantea una situaci&oacute;n claramente tomeana y parad&oacute;jica: dos hombres, Juan y Dagoberto, uno virtuoso del tromb&oacute;n de varas y el otro apasionado del viol&iacute;n, intentan conversar y entenderse en un vag&oacute;n de tren durante cinco horas. Constatan que son los &uacute;nicos viajeros, y ah&iacute; Tomeo sigue desarrollando su querencia por la claustrofobia, los espacios cerrados, angostos, casi como si fueran espacios esc&eacute;nicos. En este clima opresivo se debaten muchos asuntos: la memoria de los personajes, la singularidad de los instrumentos, la necesidad y la imposibilidad de la relaci&oacute;n. Como se percibe, Javier Tomeo no daba puntada sin hilo. Era un autor n&iacute;tidamente contempor&aacute;neo que le daba vueltas a un asunto eterno pero capital en nuestros d&iacute;as: el enigma de la identidad. &iquest;Qui&eacute;nes somos, cu&aacute;l es nuestro lugar en el mundo, c&oacute;mo es el mundo, qu&eacute; fuerzas tel&uacute;ricas y sociales lo descomponen y nos descomponen? Desde el punto de vista del estilo, se alternan los di&aacute;logos, llenos de sorpresas y excursiones narrativas y evocadoras, con sus descripciones minimalistas, despojadas de ret&oacute;rica. El escritor oscense, que ser&iacute;a bautizado como &ldquo;el Kafka de Huesca&rdquo;, no tardar&iacute;a en reconocer otros influjos, a los ya conocidos, como Luis Bu&ntilde;uel, que para &eacute;l era Dios, Baltasar Graci&aacute;n y el Goya de las pinturas negras. Algunos a&ntilde;os despu&eacute;s, en una entrevista, y dio cientos, dir&iacute;a: &ldquo;Me sacan los colores los que me comparan con ese gran genio que es Kafka, pero bueno... No est&aacute; nada mal. Prefiero que digan que me parezco a Kafka que a Rafael P&eacute;rez y P&eacute;rez, por ejemplo. Bromas aparte, con Kafka coincido a trav&eacute;s de Freud y del subconsciente. Yo soy el escritor del ello, en mis personajes lo que prevalece es el ello &ndash;at&aacute;vico, irracional, agresivo- frente al yo &ndash;civilizado, contemporizador&ndash;. Y Gregorio Samsa es la gran met&aacute;fora del ello&rdquo;.</p>
<p>Cinco a&ntilde;os despu&eacute;s, publica el libro que le va a dar fama y a reclamar atenci&oacute;n para su po&eacute;tica:&nbsp;<em>Amado monstruo </em>(Anagrama, 1985), que fue finalista del Premio Herralde; le gan&oacute; un futuro Cervantes, el mexicano Sergio Pitol. El joven aspirante a un puesto de vigilante, entabla un di&aacute;logo con un director de un banco, y ah&iacute;, en una novela teatralizada, con unidad de tiempo y lugar, como dijo el cr&iacute;tico y editor Luis Su&ntilde;&eacute;n, se barajan muchas cosas: la lucha de clases, la relaci&oacute;n entre el amor y el esclavo, la dependencia del joven de su madre; en realidad, los dos personajes sufren id&eacute;ntica sumisi&oacute;n. Javier Tomeo, entre otras particularidades, anota una anomal&iacute;a: el protagonista, cautivo cuando menos psicol&oacute;gicamente, tiene seis dedos en una mano.</p>
<p>Por otra parte, Javier Tomeo demostraba que ven&iacute;a para quedarse. A partir de entonces, su presencia ser&aacute; constante. M&aacute;s que constante, pertinaz, porque &eacute;l era un escritor met&oacute;dico que escrib&iacute;a a diario, de noche y de d&iacute;a, y con siempre con luz artificial. Y casi puede decirse que entregar&iacute;a, casi hasta su muerte, uno o dos o hasta tres libros por a&ntilde;o. Fue eso tambi&eacute;n lo que llev&oacute; a diversificar su presencia en otros sellos: Planeta, muy especialmente, Destino, Alpha Decay, Mondadori, Xordica, Huerga &amp; Fierro, P&aacute;ginas de Espuma y Prames, entre otros.</p>
<p>Su nombre desde&nbsp;<em>Amado monstruo</em>&nbsp;ya no pasaba inadvertido; al contrario, aunque era mayor que casi todos ellos, se asoci&oacute; a la Nueva Narrativa Espa&ntilde;ola que integraron, entre otros, &Aacute;lvaro Pombo, veterano como &eacute;l, Jos&eacute; Mar&iacute;a Merino (con quien tendr&aacute; algunas afinidades: la pasi&oacute;n por el microrrelato y el inter&eacute;s por la literatura fant&aacute;stica), Luis Mateo D&iacute;ez, Javier Mar&iacute;as, Antonio Mu&ntilde;oz Molina, Julio Llamazares, Rosa Montero, Cristina Fern&aacute;ndez Cubas, Jes&uacute;s Ferrero, Javier Garc&iacute;a S&aacute;nchez, Enrique Vila-Matas, Justo Navarro, Miguel S&aacute;nchez-Ostiz, F&eacute;liz de Az&uacute;a, Vicente Molina Foix, etc., y entre ellos tambi&eacute;n figuran sus paisanos Soledad Pu&eacute;rtolas, Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n, Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget y, en cierto modo, Ana Mar&iacute;a Navales, que publicar&iacute;a sus mejores libros en los a&ntilde;os 80 y 90 tambi&eacute;n. Javier Tomeo figurar&iacute;a con&nbsp;<em>El castillo de la carta cifrada y Amado</em>, en un &uacute;nico volumen, en una colecci&oacute;n de 1989 del C&iacute;rculo de Lectores, que ten&iacute;a algo de inventario de ese grupo, al que no puede llamarse generaci&oacute;n. La Nueva Narrativa Espa&ntilde;ola renovaba la escritura, hab&iacute;a asimilado muy bien la novela negra y el cine, era muy cosmopolita y reivindicaba el jazz, el peso de nuestra historia literaria, la creaci&oacute;n de personajes y el viaje, y ten&iacute;a en Vladimir Nabokov a una de sus figuras de referencia.</p>
<p>Javier Tomeo se convertir&aacute; en un autor de culto. Citado, respetado, elogiado, y sobre todo llevado a la escena. Ser&iacute;an Jacques Nichet, Jean Jacques Pr&eacute;au, Paco Ortega y Jos&eacute; Mar&iacute;a Pou, por citar algunos nombres, quienes trasladar&iacute;an a las tablas muchas de sus novelas:&nbsp;<em>Amado monstruo&nbsp;</em>se llev&oacute; la palma, y conoci&oacute; adaptaciones en varias lenguas, y estren&oacute; en los tres grandes teatros de Par&iacute;s. En 1987 public&oacute;&nbsp;<em>El cazador de leones</em>&nbsp;(Anagrama), otro de esos libros que gustaron mucho en el teatro: un hombre solitario quiere hablar por tel&eacute;fono con una mujer, a la que le va cambiando de nombre. El oscense ensaya de nuevo algo que forma parte de su estilo: el mon&oacute;logo, una suerte de perorata que refleja sus cambios de humor, sus veleidades y la inclinaci&oacute;n a cambiarle el nombre a la mujer imaginaria que est&aacute; al otro lado de la l&iacute;nea. Rafael Conte, como glosaba m&aacute;s arriba Jorge Herralde, fue a Par&iacute;s con motivo de sus &eacute;xitos teatrales y fue en ese viaje cuando percibi&oacute; que el escritor aragon&eacute;s se inspiraba para una nueva novela. Escribi&oacute; en &lsquo;El Pa&iacute;s&rsquo; en enero de 1989: &ldquo;En la pasada primavera, un d&iacute;a de sol, sentado en un caf&eacute; y frente al amasijo genial de chatarra del Centro Pompidou de Par&iacute;s, Tomeo miraba las palomas que se paseaban picoteando entre las piernas de los clientes. Luego lo contar&aacute; en un peri&oacute;dico. Y ocho meses despu&eacute;s vemos el resultado, una nueva novela, discreta, misteriosa, que oscila entre el humor y el terror,&nbsp;<em>La ciudad de las palomas</em>, que estos d&iacute;as aparece en las librer&iacute;as. Tomeo era apreciado, ca&iacute;a bien, pero nadie parec&iacute;a confiar demasiado en &eacute;l, como si fuera un diamante en bruto; pero ya parece estar bastante pulido y empieza a brillar con su extra&ntilde;a y propia luz&rdquo;. La cita es un poco larga pero muy valiosa. Jorge Herralde a&ntilde;ade un detalle gracioso que quiz&aacute; no sea nada exagerado, &ldquo;Tomeo deb&iacute;a estar persiguiendo a una chica o algo similar&rdquo;, extremo literario o p&iacute;caro que tambi&eacute;n recordar&iacute;a el escritor y cr&iacute;tico Marcos Ord&oacute;&ntilde;ez en su necrol&oacute;gica.</p>
<p><em>La ciudad de las palomas</em>&nbsp;era un paso m&aacute;s en su mirada desoladora sobre la urbe, los avances tecnol&oacute;gicos, la televisi&oacute;n y, de fondo, la imposible convivencia. De nuevo irrump&iacute;a su desaz&oacute;n y su advertencia al futuro:&nbsp;&ldquo;No hay nada m&aacute;s frustrante que un tel&eacute;fono que no suena, y a la vez la telefon&iacute;a m&oacute;vil se vuelve alienante. La televisi&oacute;n es la versi&oacute;n el&eacute;ctrica y actual del demonio&rdquo;, dijo con motivo del libro. M&aacute;s adelante, a&ntilde;adir&iacute;a un matiz: &ldquo;No soy en absoluto partidario de la televisi&oacute;n, pero solo se puede escribir desde la mala leche, y la televisi&oacute;n es, en este pa&iacute;s, el instrumento ideal para cargarse de mala leche&rdquo;.</p>
<p>Javier Tomeo ya estaba lanzado en las letras espa&ntilde;olas. Conquistaba su sitio t&iacute;tulo a t&iacute;tulo, de argumento leve. La an&eacute;cdota era como el hueso puro, y a partir de ah&iacute; crec&iacute;a todo desde la obsesi&oacute;n, la presencia del sexo, la melancol&iacute;a, la locura, el virtuosismo de la dial&eacute;ctica, la repetici&oacute;n y la profunda desconfianza en el ser humano. Si <em>La ciudad de las palomas</em>&nbsp;fue una gran met&aacute;fora de la incomunicaci&oacute;n y el recelo ante las nuevas tecnolog&iacute;as, en otros libros como&nbsp;<em>El mayordomo miope, Problemas oculares, El discutido testamento de Gast&oacute;n de Puyparlier y Zoopat&iacute;as o zoofilias</em>, nos asomamos al mundo de las deficiencias, las taras, las amputaciones, las perplejidades: no es que criticase algo de eso exactamente sino que a trav&eacute;s de la deformaci&oacute;n y la caricatura habla de la imperfecci&oacute;n del alma, de la maldad, del descr&eacute;dito de existir, del sentido de la vida y de las cicatrices insondables. Lo cotidiano se volv&iacute;a absurdo, pat&eacute;tico e inveros&iacute;mil, como el detritus informe de una pesadilla. Lo cual no quiere decir que en sus libros no haya instantes de ternura y de poes&iacute;a: todo lo contrario. Su obra, con humor negro, con iron&iacute;a y sarcasmo, con huidas hacia lo fant&aacute;stico y el terror incluso, es como el llanto que no cesa del hombre, del monstruo perdido en la madrugada, y es la exposici&oacute;n con variaciones de un escritor, m&aacute;s intuitivo que moralista, que analiza la condici&oacute;n humana. &ldquo;Me sirvo de la ficci&oacute;n para se&ntilde;alar d&oacute;nde nos aprieta m&aacute;s el zapato de nuestras imperfecciones&rdquo;, dijo una vez.</p>
<p>Javier Tomeo ha tenido tantas lecturas que se le ha emparentado con otros autores, adem&aacute;s de los acarreados hasta aqu&iacute;: Eugene Ionesco, Samuel Beckett, Dino Buzatti, G&oacute;mez de la Serna, Miguel Mihura, hasta se han visto en &eacute;l ecos de Edgar Allan Poe en algunos de sus cuentos. Junto a ellos, es muy dif&iacute;cil aludir a autores contempor&aacute;neos: rara vez se le o&iacute;a citar a un compa&ntilde;ero de generaci&oacute;n, con el que pod&iacute;a viajar a cualquier sitio, a congresos, a un viaje por Alemania. Lo cual no quiere decir que fuera desagradable o dado al desaire. Suscitaba simpat&iacute;a, pero iba a su bola, con esa intuici&oacute;n centelleante y sin filtro que en &eacute;l era una forma de inteligencia o su detector de visiones. En cambio, &eacute;l s&iacute; era citado, le&iacute;do y reconocido, e incluso parec&iacute;a intranquilizar un poco su &eacute;xito. O despertar interrogantes. El propio Juan Benet, referencia de muchos escritores y no pocos cr&iacute;ticos, se acerc&oacute; a sus libros, y dijo que con ellos le pasaba como con las croquetas, que todos le sab&iacute;an igual. La reacci&oacute;n de Tomeo fue variada: al principio, le enoj&oacute;; despu&eacute;s, le rest&oacute; importancia con m&aacute;s indiferencia que rencor, y finalmente, la acept&oacute;, con somarder&iacute;a, y m&aacute;s de una vez dijo: &ldquo;Benet tiene raz&oacute;n&rdquo;. El propio Tomeo reflexion&oacute; en varias ocasiones sobre el hecho de que sus novelas fuesen una y otra vez adaptadas al teatro:&nbsp;&ldquo;Mis novelas son situaciones dram&aacute;ticas con un principio, un desarrollo y un desenlace. Pocos personajes, econom&iacute;a de palabras, situaciones en tiempo real&hellip; todo esto a los que hacen teatro les motiva y estimula. Algunos han dicho que mis novelas tienen una visi&oacute;n anticipada de lo que puede ocurrir en el escenario, y eso hace que sea relativamente f&aacute;cil adaptarlas al teatro&rdquo;.</p>
<p>Su producci&oacute;n, con algunos descensos, nunca dej&oacute; de crecer. Ah&iacute; est&aacute;n libros tan importantes como&nbsp;<em>La agon&iacute;a de Proserpina</em>&nbsp;(Planeta, 1993), donde irrumpe la mujer con energ&iacute;a y carisma por primera vez en un libro sobre la relaci&oacute;n de pareja;&nbsp;<em>El crimen del cine Oriente</em>&nbsp;(Plaza &amp; Jan&eacute;s, 1995), donde intenta hacer una novela cl&aacute;sica con argumento, basada en hechos reales, con atm&oacute;sfera de realismo social;&nbsp;<em>La m&aacute;quina voladora</em>&nbsp;(Anagrama, 1996), sobre un hombre que desea volar y de c&oacute;mo interfiere la brujer&iacute;a;&nbsp;<em>El canto de las tortugas&nbsp;</em>(Planeta, 1998), la vuelta a un caser&oacute;n familiar en pleno campo de un joven con un complicado historial cl&iacute;nico, y&nbsp;<em>Napole&oacute;n VII</em>(Anagrama, 1999), el relato de un esquizofr&eacute;nico que se siente Napole&oacute;n y convoca a diversos personajes en un contexto palaciego y departe con ellos, en uno de esos libros donde la imaginaci&oacute;n se dispara y se proyecta sin l&iacute;mites hacia el infinito.</p>
<p>Tomeo aport&oacute; muchas cosas a la narrativa espa&ntilde;ola: hizo una apuesta constante por los animales, por los bestiarios, con ecos de Arist&oacute;teles y Claudio Eliano, pero tambi&eacute;n de Ambroise Par&eacute;, Buffon y Borges, Perucho y Kafka, y cre&oacute; sus propios h&iacute;bridos (su favorito fue el gallitigre, t&iacute;tulo de una novela), firm&oacute; varios libros de ese asunto y public&oacute; un&nbsp;<em>Bestiario</em>&nbsp;en 2007 en el sello Prames, ilustrado por Natalio Bayo; desarroll&oacute; su propio lenguaje del g&eacute;nero breve, en&nbsp;<em>Historias m&iacute;nimas</em>, sobre todo, y se sinti&oacute; muy c&oacute;modo en el microcuento, como se vio en su libro p&oacute;stumo&nbsp;<em>El fin de los dinosaurios</em>&nbsp;(P&aacute;ginas de Espuma, 2013), y tambi&eacute;n en muchos textos de sus <em>Cuentos completos</em>&nbsp;(P&aacute;ginas de Espuma, 2012), edici&oacute;n que hizo Daniel Gasc&oacute;n.</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; v&iacute;nculo tiene su literatura con&nbsp;<em>El jinete polaco</em>&nbsp;o&nbsp;<em>Sefarad</em>&nbsp;de Antonio Mu&ntilde;oz Molina, con las ficciones de Javier Mar&iacute;as y P&eacute;rez Reverte, con&nbsp;<em>Juegos de la edad tard&iacute;a</em>&nbsp;de Luis Landero,&nbsp;<em>&iquest;Qu&eacute; me quieres, amor?,</em>&nbsp;de Manuel Rivas con&nbsp;<em>La se&ntilde;ora Berg</em>&nbsp;de Soledad Pu&eacute;rtolas o con&nbsp;<em>El d&iacute;a de ma&ntilde;ana</em>&nbsp;de Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n. En apariencia, no demasiado. Quiz&aacute; est&eacute; m&aacute;s pr&oacute;ximo a algunos libros de Juan Jos&eacute; Mill&aacute;s, de Enrique Vila-Matas, o Francisco Ferrer Ler&iacute;n, con quien comparte la afici&oacute;n a lo breve, a los juegos ap&oacute;crifos, a los animales y a la visi&oacute;n de la realidad como un espejismo de fastidios, de sombras y de deseos invencibles.</p>
<p>Ocup&oacute; su sitio, estuvo en boca de muchos, fue atendido y requerido por los medios de comunicaci&oacute;n. Como Jos&eacute; Antonio Labordeta, con quien coincidi&oacute; muchas veces en Casa Emilio, festivales de cine o reuniones de colegas, conect&oacute; con generaciones j&oacute;venes: fue un entra&ntilde;able amigo de los escritores F&eacute;lix Romeo, Cristina Grande, Lus Alegre e Ismael Grasa, que de alguna manera fueron sus protectores en Arag&oacute;n, y tambi&eacute;n conect&oacute; con Daniel Gasc&oacute;n, tuvo una relaci&oacute;n entra&ntilde;able con j&oacute;venes editores como Enric Cucurella, de Alpha Decay, Juan Casamayor, de P&aacute;ginas de Espuma, y Chus&eacute; Ra&uacute;l Us&oacute;n, de Xordica, y suscit&oacute; la admiraci&oacute;n de cineastas como David Trueba o Pedro, que llev&oacute; al cine&nbsp;<em>El crimen del cine Oriente</em>, y de actores como Javier Gurruchaga, Gabino Diego, Jorge Sanz o Jos&eacute; Mar&iacute;a Pou. No nos cabr&iacute;an en estas p&aacute;ginas el eco que gener&oacute;, sus actividades, sus colaboraciones en prensa, en&nbsp;<em>Heraldo de Arag&oacute;n, El mundo o ABC.</em>&nbsp;Fue objeto, entre otras, de una tesis de Ramon Ac&iacute;n Fanlo, uno de los primeros que fij&oacute; su atenci&oacute;n en sus obras y autor de&nbsp;<em>Aproximaci&oacute;n a la narrativa de Javier Tomeo</em>&nbsp;(Instituto de Estudios Altoaragoneses, 2001); Jos&eacute; Luis Calvo Carilla coordin&oacute; el volumen colectivo <em>La obra narrativa de Javier Tomeo</em>&nbsp;(Instituci&oacute;n Fernando el Cat&oacute;lico, 2015). No recibi&oacute; reconocimiento alguno, pero ha dejado su poso: su originalidad, su extravagancia, su lucidez, su percepci&oacute;n caricaturesca del mundo, su conocimiento del alma humana y sus paradojas, y ha puesto su prosa depurada al servicio de la ficci&oacute;n y de sus f&aacute;bulas morales.</p>
<p>La literatura espa&ntilde;ola de los &uacute;ltimos a&ntilde;os no ser&iacute;a f&aacute;cil de entender sin las aportaciones del hombre que descansa a los pies casi del castillo de Montearag&oacute;n. Es probable que &eacute;l, desde all&iacute;, ponga en pr&aacute;ctica los secretos del oficio: &ldquo;Escribir es abrir una ventana y ver el paisaje y cont&aacute;rselo a los que no est&aacute;n asomados contigo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 12 Apr 2022 08:35:22 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Diego Garrido: “Estoy seguro de que Joyce murió sin conocer la magnitud real de lo que había hecho”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/diego-garrido-estoy-seguro-de-que-joyce-murio-sin-conocer-la-magnitud-real-de-lo-que-habia-hecho/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/Diego_Garrido_500_px_1.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;<span style="text-align: justify;">Sin apenas haber cumplido un cuarto de siglo, Diego Garrido se ha convertido en el traductor m&aacute;s joven de James Joyce del que tengamos constancia. Ha hecho posible que, por primera vez, se traduzcan al castellano cuarenta a&ntilde;os de escritura breve (cuentos, anotaciones, epifan&iacute;a, intentos de biograf&iacute;a, f&aacute;bulas&hellip;) en una edici&oacute;n preparada, traducida y anotada por &eacute;l. El resultado: James Joyce, </span><em style="text-align: justify;">Cuentos y prosas breves</em><span style="text-align: justify;"> (P&aacute;ginas de Espuma), m&aacute;s de quinientas p&aacute;ginas de lectura fascinante.</span></p>
<p><strong style="text-align: justify;"><br /></strong></p>
<p><strong style="text-align: justify;">Cuando un autor escribe una obra monumental como <em>Ulises</em>, pero tambi&eacute;n <em>Retrato de un artista adolescente</em>, parece que todo lo que estuviera entremedias o viniera despu&eacute;s estuviera abocado a un silencio, a un desmerecer. &iquest;En qu&eacute; reconocemos a Joyce en sus cuentos? &iquest;Est&aacute;n a la altura de su narrativa novel&iacute;stica?</strong></p>
<p><strong style="text-align: justify;"></strong><span style="text-align: justify;">Los cuentos de Joyce est&aacute;n entre los mejores cuentos ingleses de su siglo, y se aguantan en pie por s&iacute; solos. No son ninguna curiosidad, ni sirven solo para una mejor inteligencia de </span><em style="text-align: justify;">Ulises</em><span style="text-align: justify;">, por mucho que lo dijesen Borges o Nabokov. El hecho de que algunos de sus personajes se vuelvan hipertrofiados en </span><em style="text-align: justify;">Ulises</em><span style="text-align: justify;"> solo hace que los dos libros sean mejores. Sin </span><em style="text-align: justify;">Ulises</em><span style="text-align: justify;">, los cuentos de </span><em style="text-align: justify;">Dublineses</em><span style="text-align: justify;"> son igualmente una peque&ntilde;a obra maestra. </span><em style="text-align: justify;">Ulises</em><span style="text-align: justify;"> mejora </span><em style="text-align: justify;">Dublineses</em><span style="text-align: justify;">, como </span><em style="text-align: justify;">Dublineses </em><span style="text-align: justify;">mejora </span><em style="text-align: justify;">Ulises</em><span style="text-align: justify;"> o como la pel&iacute;cula de John Huston mejora &lsquo;Los muertos&rsquo;.</span></p>
<p><strong style="text-align: justify;"><br /></strong></p>
<p><strong style="text-align: justify;">&iquest;Es <em>Los muertos</em>, el mejor relato del ingl&eacute;s?</strong></p>
<p><strong style="text-align: justify;"></strong><span style="text-align: justify;">&lsquo;Los muertos&rsquo; es el mejor cuento de </span><em style="text-align: justify;">Dublineses</em><span style="text-align: justify;"> &mdash;y quiz&aacute; de su siglo&mdash; gracias a la nostalgia. Joyce se encuentra en Roma, odi&aacute;ndola a ella y a los romanos. Por primera vez descubre que Irlanda no era el Infierno: al contrario, era su casa. Descubre que la hospitalidad irlandesa era eso, irlandesa. Estas ganas de volver a casa, unidas a la imposibilidad de hacerlo (ser&iacute;a admitir su derrota ante la gente que, piensa, lo traicion&oacute;) desembocan curiosamente en una comprensi&oacute;n y un cari&ntilde;o que Joyce no hab&iacute;a sentido hasta entonces. Por supuesto, y afortunadamente, segu&iacute;a siendo Joyce: nada de sentimentalismos, que matan la emoci&oacute;n.</span></p>
<p><strong style="text-align: justify;"><br /></strong></p>
<p><strong style="text-align: justify;">Destaca, especialmente, la profundidad psicol&oacute;gica de sus personajes en estos relatos. &iquest;Por qu&eacute; tipos humanos sent&iacute;a fascinaci&oacute;n Joyce?</strong></p>
<p><strong style="text-align: justify;"></strong><span style="text-align: justify;">A Joyce le fascinaron muchos tipos humanos. Le interes&oacute; lo que vio: gente m&aacute;s bien pobre o de clase media &mdash;nada m&aacute;s dif&iacute;cil que llegar al &laquo;alma&raquo; de la clase media. &Eacute;l lo hizo. Ha pasado a la historia por dos personajes: Stephen Dedalus, versi&oacute;n desencantada de su propia juventud, joven triste, rabioso, brillante, agotado, afor&iacute;stico y metaf&iacute;sico &mdash;un ser excepcional&mdash; y Leopold Bloom, un hombre de mediana edad, bueno, m&aacute;s bien inteligente, raro en lo sexual, corriente en muchas otras cosas, pero imaginativo e ingenioso &mdash;un personaje tambi&eacute;n excepcional, </span><em style="text-align: justify;">muy</em><span style="text-align: justify;"> mal visto por la cr&iacute;tica general como, &laquo;el hombre medio&raquo;. &iexcl;Ojal&aacute;!</span></p>
<p><strong style="text-align: justify;"><br /></strong></p>
<p><strong style="text-align: justify;">Da la sensaci&oacute;n de que la cartograf&iacute;a cumple un papel casi seminal en las narraciones, Dubl&iacute;n, claro, pero en general Irlanda, como si reivindicase esa idiosincrasia soberana, &iquest;algo as&iacute;?</strong></p>
<p><strong style="text-align: justify;"></strong><strong style="text-align: justify;">J</strong><span style="text-align: justify;">oyce sent&iacute;a que los escritores irlandeses no entend&iacute;an Irlanda. Irlanda no era solo el negativo de Inglaterra, ni era solo una tierra de folklores, mitos y pol&iacute;tica. Era su historia y era los irlandeses, todos los irlandeses: y que no se entienda mal esto, Joyce no tuvo ning&uacute;n &aacute;nimo conciliador: su &aacute;nimo fue est&eacute;tico. No logr&oacute; identificarse con el Renacimiento Celta, menos con los pro-ingleses; se march&oacute; y trat&oacute; de imaginar Dubl&iacute;n, </span><em style="text-align: justify;">su</em><span style="text-align: justify;"> Dubl&iacute;n piedra a piedra, hombre a hombre y mujer a mujer. Era lo m&aacute;s cerca que pod&iacute;a estar de su casa, que ya no exist&iacute;a m&aacute;s.</span></p>
<p><strong style="text-align: justify;"><br /></strong></p>
<p><strong style="text-align: justify;">Una y otra vez, la juventud. &iquest;Pudiera pensarse que le angustiaba (es una constante cr&oacute;nica, casi malsana), como si nada importante o de inter&eacute;s pudiera sucederle a uno despu&eacute;s de ella?</strong></p>
<p><strong style="text-align: justify;"></strong><span style="text-align: justify;">Joyce estuvo obsesionado con la juventud y con la p&eacute;rdida de la juventud; luego comprendi&oacute; que, seguramente, se hab&iacute;a equivocado. &iquest;Cu&aacute;l era el objetivo de Joyce? Escribir buenos libros. &iquest;Cu&aacute;ndo los escribi&oacute; mejores? Cuando su &aacute;nimo estaba templado &mdash;una temperatura perfectamente compatible con el fuego creador, que no debe quemar o saldr&aacute; una brasa. La juventud de Joyce fue una juventud alucinada, triste y dolorosa. Mitificarla, comprendi&oacute;, era romantizar &mdash;&iexcl;nada m&aacute;s lejos de su &aacute;nimo!</span></p>
<p><strong style="text-align: justify;"><br /></strong></p>
<p><strong style="text-align: justify;">&iquest;Qu&eacute; es lo m&aacute;s fascinante de Joyce, como escritor, como persona?</strong></p>
<p><strong style="text-align: justify;"></strong><span style="text-align: justify;">Recuerdo un mini-cuento de Borges que hablaba de un maniaco que quiso hacer un mapa del mundo a escala 1:1, un mapa del mundo que fuese tan grande como el mundo. Joyce quiso hacer lo mismo y la literatura fue su herramienta, quiso expresar la vida como se vive. Lo m&aacute;s fascinante de Joyce es, en mi opini&oacute;n, que no vio desde el minuto uno que esto era imposible y que era una empresa vana, es decir, que lo intentara: esta terquedad inaudita nos ha dejado una de las obras m&aacute;s curiosas y mejores del Siglo XX.</span></p>
<p><strong style="text-align: justify;"><br /></strong></p>
<p><strong style="text-align: justify;">&iquest;Por qu&eacute; ese encono, ese desprecio hacia la literatura fant&aacute;stica?</strong></p>
<p><strong style="text-align: justify;"></strong><span style="text-align: justify;">Pienso que Joyce no </span><em style="text-align: justify;">despreci&oacute;</em><span style="text-align: justify;"> la literatura fant&aacute;stica. </span><em style="text-align: justify;">Ulises</em><span style="text-align: justify;"> y </span><em style="text-align: justify;">Finnegans Wake</em><span style="text-align: justify;"> son dos obras perfectamente fant&aacute;sticas, llenas de criaturas m&aacute;gicas, sue&ntilde;os, visiones y pesadillas. </span><em style="text-align: justify;">Ulises</em><span style="text-align: justify;"> es una pesadilla mirada con lupa; </span><em style="text-align: justify;">Finnegans Wake</em><span style="text-align: justify;"> con microscopio.</span></p>
<p><strong style="text-align: justify;"><br /></strong></p>
<p><strong style="text-align: justify;">Leyendo alguno de estos textos, se advierte su calidad de borradores (aunque &iexcl;benditos borradores!). &iquest;Le hubiera gustado al &eacute;l ver todos estos textos publicados?</strong></p>
<p><strong style="text-align: justify;"></strong><span style="text-align: justify;">No, seguramente a &eacute;l no le hubiera gustado que vi&eacute;semos su &laquo;cocina&raquo; &mdash;era un hombre muy vanidoso. Pero afortunadamente &eacute;l ya es de todos y nos lo podemos permitir. Lo mejor que le puede ocurrir a un escritor es que alg&uacute;n d&iacute;a deje de ser &eacute;l y pase a ser todos. Esto le ocurre a muy pocos. Le ocurri&oacute; a Cervantes y a Coleridge.</span></p>
<p><strong style="text-align: justify;"><br /></strong></p>
<p><strong style="text-align: justify;">Respecto del cuadernos dedicados a sus amigos y sus enemigos, &iquest;podr&iacute;amos asegurar que era consciente del lugar que ocupaba en las letras, le dol&iacute;an las cr&iacute;ticas que recib&iacute;a?</strong></p>
<p><strong style="text-align: justify;"></strong><span style="text-align: justify;">Era consciente del lugar que quer&iacute;a ocupar, o m&aacute;s bien del que </span><em style="text-align: justify;">pod&iacute;a</em><span style="text-align: justify;"> ocupar. Era muy consciente de su talento y sobre todo de sus energ&iacute;as, tan importantes o m&aacute;s. El genio, sin embargo, no puede comprender el genio, y estoy seguro de que Joyce muri&oacute; sin conocer la magnitud real de lo que hab&iacute;a hecho. Sab&iacute;a que le iba a salir, y se esforz&oacute; porque le saliera, pero le sali&oacute; &laquo;a pesar de s&iacute;&raquo;.</span></p>
<p><strong style="text-align: justify;"><br /></strong></p>
<p><strong style="text-align: justify;">Le&iacute; &ndash;no recuerdo d&oacute;nde- unas declaraciones suyas en las que insist&iacute;a en que hab&iacute;a mucho humor en estos relatos. Vinculo este testimonio con el hecho de que estuve viendo <em>Silencio</em>, de Juan Mayorga, un texto fant&aacute;stico pero muy denso que incluye algunas notas de humor, a mi criterio innecesarias, como si al p&uacute;blico hubiera que entretenerle, aligerar ciertas experiencias que pueden ser densas, o intensas&hellip; no s&eacute; si est&aacute;s de acuerdo. Quiero decir, que un texto grave, pero sublime, no requiere del humor para hacerlo accesible&hellip; (y que conste que hice mi tesis sobre &iexcl;Jardiel Poncela!)</strong></p>
<p><strong style="text-align: justify;"></strong><span style="text-align: justify;">&Eacute;l nunca vio en el humor una manera de hacer sus libros accesibles. El humor pod&iacute;a ser algo muy grave, una herramienta del arte. El suyo fue un humor bajo y escabroso, muy de caca culo pedo pis, en ocasiones gracios&iacute;simo, en otras&hellip; menos.</span></p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 11 Apr 2022 07:37:27 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Juan Carlos Soriano presentó en Alcañiz el homenaje de la revista TURIA a Pilar Narvión]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/juan-carlos-soriano-presento-en-alcaniz-el-homenaje-de-la-revista-turia-a-pilar-narvion/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2022/PILAR_NARVI_N_Y_JUAN_CARLOS_SORIANO_-_Fotograf_a_de_V_ctor_Baena_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Nadie mejor que otro reconocido periodista turolense, Juan Carlos Soriano, bi&oacute;grafo de Pilar Narvi&oacute;n, para presentar TURIA en Alca&ntilde;iz y escribir en las p&aacute;ginas de la revista acerca de una de las mujeres m&aacute;s relevantes de los medios de comunicaci&oacute;n en el pasado siglo. Ese certero perfil que traza Soriano se titula &ldquo;Pilar Narvi&oacute;n: el periodismo como forma de contar la historia&rdquo; y se complementa con una antolog&iacute;a de textos que recoge fragmentos de algunos de los materiales m&aacute;s relevantes y originales que public&oacute; Narvi&oacute;n en la prensa de la &eacute;poca.</p>
<p style="text-align: justify;">Se da la circunstancia de que el autor del art&iacute;culo que TURIA dedica a Pilar Narvi&oacute;n es tambi&eacute;n de otro reconocido periodista turolense: Juan Carlos Soriano. Quien hace a&ntilde;os escribiera la biograf&iacute;a &ldquo;Pilar Narvi&oacute;n, andanzas de una periodista perezosa&rdquo;, nos cuenta ahora que fue el alca&ntilde;izano Mariano Romance quien le inocul&oacute; a su paisana y sobrina el veneno &nbsp;de &nbsp;la &nbsp;letra impresa: &ldquo;Aquel personaje valleinclanesco hab&iacute;a fundado, y llev&oacute; a la quiebra, varias publicaciones en el Bajo Arag&oacute;n turolense; por entonces dirig&iacute;a <em>Amanecer,</em> y Pilar, adem&aacute;s de dictarle el nombre de los suscriptores para hacerles el env&iacute;o, controlaba qui&eacute;n bajaba y sub&iacute;a al autocar del pueblo con el fin de publicar sus nombres en una secci&oacute;n titulada <em>Viajes</em>&rdquo;.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>LA GRAN CRONISTA DE LA TRANSICI&Oacute;N POL&Iacute;TICA ESPA&Ntilde;OLA</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong></strong>Pilar Narvi&oacute;n Royo (Alca&ntilde;iz, 1922 &ndash; Madrid, 2013) reabri&oacute; la profesi&oacute;n period&iacute;stica no s&oacute;lo a muchas compa&ntilde;eras en pleno franquismo. Tambi&eacute;n logr&oacute; convertirse ella misma en una de las firmas m&aacute;s destacadas de la prensa espa&ntilde;ola en los a&ntilde;os de la posguerra y durante la Transici&oacute;n.</p>
<p style="text-align: justify;">Fue Pilar Narvi&oacute;n una periodista que manej&oacute; el idioma con destreza y su capacidad de an&aacute;lisis era legendaria entre los compa&ntilde;eros de profesi&oacute;n. Esas dos cualidades le hubieran bastado para ser buena periodista, pero, adem&aacute;s, tuvo el privilegio de presenciar los acontecimientos que marcaron la Historia de Espa&ntilde;a y Europa en la segunda mitad del siglo XX. Tras sus corresponsal&iacute;as en Roma y Par&iacute;s, &nbsp;le toc&oacute; vivir, contar y analizar, en primera l&iacute;nea como cronista parlamentaria, la Transici&oacute;n espa&ntilde;ola: desde el&nbsp;<em>hara-kiri</em>&nbsp;de las Cortes franquistas hasta el triunfo del PSOE en octubre de 1982, incluido el esperpento del 23-F.</p>
<p style="text-align: justify;">Seg&uacute;n escribe Juan Carlos Soriano en TURIA, la &uacute;ltima y definitiva d&eacute;cada de la carrera profesional de Pilar Narvi&oacute;n la convirti&oacute; en la gran cronista de la Transici&oacute;n espa&ntilde;ola: &ldquo;Las cr&oacute;nicas parlamentarias de Pilar Narvi&oacute;n desvelan olfato pol&iacute;tico, pues se anticipa muchas veces a los hechos. Su estilo alterna la iron&iacute;a, a veces abiertamente humor, con referencias a los cl&aacute;sicos (busca el parang&oacute;n exacto, sin atribular con citas pedantes) y la cultura popular; ah&iacute; reside el secreto de que se conserven frescas medio siglo despu&eacute;s. Ah&iacute; y en que hiciera caso al consejo que le dio una de las periodistas m&aacute;s renombradas de la Rep&uacute;blica, Josefina Carabias, con la que trab&oacute; amistad cuando regres&oacute; del exilio y a la que llamaba, familiarmente, Pepita: &ldquo;Escribe pensando en lo que le interesa al lector. No para que te lean otros periodistas y los pol&iacute;ticos. Escribe as&iacute;, o te quemar&aacute;s en dos d&iacute;as&rdquo;.</p>
<p style="text-align: justify;">Pilar Narvi&oacute;n se prejubil&oacute; en 1983, a los 61 a&ntilde;os, aunque sigui&oacute; firmando columnas en <em>Pueblo</em> hasta que cerr&oacute; el peri&oacute;dico, un a&ntilde;o m&aacute;s tarde. Bien mirada, su trayectoria profesional fue corta: 33 a&ntilde;os de una vida que alcanz&oacute; los 91. Pero fue una carrera intensa. Si la<strong> </strong>suerte es, como dijo S&eacute;neca, una suma de preparaci&oacute;n y oportunidad, ella, que ten&iacute;a cultura y buena pluma, se encontraba en primera fila cuando sucedieron hechos muy importantes de nuestra reciente historia.</p>
<p style="text-align: justify;">Juan Carlos Soriano recuerda en TURIA que &ldquo;hasta d&iacute;as antes de su muerte, acaecida en Madrid el 7 de julio de 2013, cada ma&ntilde;ana le&iacute;a varios peri&oacute;dicos de distinta l&iacute;nea editorial. Conserv&oacute; &nbsp;intacta &nbsp;la &nbsp;curiosidad &nbsp;por &nbsp;todo &nbsp;lo &nbsp;que &nbsp;la &nbsp;rodeaba, haciendo &nbsp;buena &nbsp;aquella aseveraci&oacute;n &nbsp;suya &nbsp;que &nbsp;convirti&oacute; &nbsp;en &nbsp;leitmotiv: &nbsp;&ldquo;El &nbsp;periodista &nbsp;es &nbsp;el &nbsp;&uacute;ltimo humanista de nuestro tiempo&rdquo;.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>JUAN CARLOS SORIANO, UN PERIODISTA DE REFERENCIA EN &ldquo;TURIA&rdquo;</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong></strong>TURIA siempre ha contado entre sus colaboradores con periodistas culturales de referencia. Entre ellos destaca, por su dilatada y brillante contribuci&oacute;n a la revista, Juan Carlos Soriano (Royuela, Teruel, 1963). Desde aquel m&iacute;tico n&uacute;mero cero de TURIA, en noviembre de 1983, en el que convers&oacute; a fondo con la escritora Carmen Conde, la primera mujer acad&eacute;mica de la RAE, durante a&ntilde;os sus magistrales y atractivas entrevistas han permitido a los lectores descubrir la vida y opiniones de casi 40 grandes protagonistas de la cultura espa&ntilde;ola e internacional.</p>
<p style="text-align: justify;">Para TURIA, Juan Carlos Soriano ha entrevistado en exclusiva a autores como Salman Rushdie, Mario Vargas Llosa, Iris Murdoch, Carmen Mart&iacute;n Gaite, Ernst J&uuml;nger, Jos&eacute; Manuel Blecua, Jean-Fran&ccedil;ois Revel, Fernando Savater, Carlos Saura, Ana Mar&iacute;a Matute, Alfredo Bryce Echenique, Susan Sontag, Juan Goytisolo, Julio Caro Baroja, Jos&eacute; Antonio Labordeta, Ian Gibson, Albert Boadella, Gao Xingjian, Juan Luis Arsuaga, Amin Maalouf, Ant&oacute;n Garc&iacute;a Abril, Juan Marichal, Daniel Pennac, Jos&eacute; Antonio Marina, Julio Ram&oacute;n Ribeyro, Salvador P&aacute;niker, Pedro La&iacute;n Entralgo, Vicente Verd&uacute;, Jos&eacute; Luis Sampedro, Jos&eacute; Luis L&oacute;pez Aranguren o Enrique Miret Magdalena.</p>
<p style="text-align: justify;">Sus &uacute;ltimas conversaciones para TURIA han sido con la escritora y periodista argentina Leila Guerriero, uno de los m&aacute;s relevantes nombres propios de esa nueva cr&oacute;nica latinoamericana que vuelve a entroncar con la literatura y con el tambi&eacute;n muy conocido escritor y periodista espa&ntilde;ol Sergio del Molino.</p>
<p style="text-align: justify;">Todo un tesoro de testimonios que ha venido enriqueciendo las p&aacute;ginas de TURIA y que han hecho de su secci&oacute;n de entrevistas uno de los contenidos m&aacute;s valiosos que se ofrecen a todos aquellos lectores interesados en conocer las claves de los principales nombres propios de la cultura contempor&aacute;nea.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>UNA TRAYECTORIA EN PRENSA Y RADIO INICIADA CON 14 A&Ntilde;OS</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong></strong>Juan Carlos Soriano empez&oacute; a colaborar con 14 a&ntilde;os en el antiguo diario &ldquo;Lucha&rdquo; y actual &ldquo;Diario de Teruel&rdquo;<em> </em>y en Radio Teruel<em>, </em>que posteriormente se integr&oacute; en Radio Nacional de Espa&ntilde;a. Es licenciado en Ciencias de la Informaci&oacute;n por la Universidad Complutense de Madrid. Trabaj&oacute; en el diario <em>Pueblo </em>desde 1981 hasta su cierre en 1984. Desde entonces, su trayectoria profesional ha transcurrido en Radio Nacional de Espa&ntilde;a, centrado en el periodismo cultural. Ha dirigido programas emblem&aacute;ticos de la radio p&uacute;blica como &ldquo;El Ojo Cr&iacute;tico&rdquo;<em> </em>y &ldquo;Documentos RNE&rdquo;. Bajo su direcci&oacute;n, estos espacios fueron reconocidos con galardones como el Premio Ondas y la Antena de Plata, entre otros.</p>
<p style="text-align: justify;">Actualmente se ocupa de la informaci&oacute;n cultural en los Servicios Informativos de Fin de Semana de&nbsp; RNE y tiene una columna de opini&oacute;n con &Iacute;&ntilde;igo Alfonso en el programa &ldquo;Las ma&ntilde;anas&rdquo;.</p>
<p style="text-align: justify;">De sus colaboraciones en otros medios, destaca la vinculaci&oacute;n a la revista cultural TURIA desde su fundaci&oacute;n en 1983.</p>
<p style="text-align: justify;">Ha participado como ponente en los Cursos de Verano de la Universidad Complutense en el Escorial, en los de la Universidad de Zaragoza en Jaca y actualmente es profesor de Guion en el M&aacute;ster de Radio Nacional de Espa&ntilde;a y la Universidad Complutense.</p>
<p style="text-align: justify;">En su faceta literaria, en 2000 qued&oacute; finalista del premio de novela corta Ciudad de Barbastro con &ldquo;Escrito con Luna blanca&rdquo;. Aunque s&oacute;lo se editaba la obra ganadora, el jurado -presidido por Luis Alberto de Cuenca y del que formaba parte Manuel Vilas- recomend&oacute; su publicaci&oacute;n. Lo hizo la editorial Prames ese mismo a&ntilde;o.</p>
<p style="text-align: justify;">Adem&aacute;s, ha recibido el premio Guillermo Marconi de Radio, concedido por el Ayuntamiento de Madrid, y el Manuel Aza&ntilde;a de Periodismo. En 2000 qued&oacute; finalista del Premio Nacional de Fomento de la Lectura, que otorga el Ministerio de Cultura. En esa edici&oacute;n lo gan&oacute; Fernando S&aacute;nchez Drag&oacute;. Por &uacute;ltimo, Juan Carlos Soriano ha sido jurado de numerosos cert&aacute;menes, entre ellos el Premio de la Cr&iacute;tica 2003.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>&ldquo;TURIA&rdquo;, UNA REVISTA CAPAZ DE REUNIR LO UNIVERSAL Y LO LOCAL</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong></strong>Juan Carlos Soriano respald&oacute;, con su intervenci&oacute;n en Alca&ntilde;iz en el homenaje de TURIA&nbsp; a Pilar Narvi&oacute;n, esa filosof&iacute;a de trabajo que caracteriza a esta revista cultural desde sus or&iacute;genes: ser capaz de reunir en sus p&aacute;ginas lo universal y lo local, mostrar que la cultura es un mar sin orillas y practicar un ejercicio de globalizaci&oacute;n cultural bien entendida.</p>
<p style="text-align: justify;">Fundada en 1983 por el escritor y periodista Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas, TURIA ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia y ha situado a Teruel en el mapa literario en espa&ntilde;ol, gracias a su difusi&oacute;n nacional e internacional por suscripci&oacute;n. En sus p&aacute;ginas han publicado m&aacute;s de mil autores de diversas procedencias est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas, lo que da idea de la riqueza y pluralidad de sus contenidos, de su vocaci&oacute;n a un tiempo integradora y atenta a la diversidad. Como reconocimiento a su labor, la revista obtuvo en 2002 el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>
<p style="text-align: justify;">Editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n Provincial de Teruel, cuenta tambi&eacute;n con la financiaci&oacute;n del Ayuntamiento de Teruel y del Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero de la revista ha sido posible, adem&aacute;s, gracias al mecenazgo de la Fundaci&oacute;n Mediterr&aacute;neo.</p>
<p style="text-align: justify;">La nueva entrega de TURIA fue presentada en el Instituto Cervantes de Madrid el pasado d&iacute;a 24 de marzo. Tras Alca&ntilde;iz, est&aacute; programada una presentaci&oacute;n de la revista en la ciudad alicantina de Elche, en la que naci&oacute; el autor que protagoniza su contenido monogr&aacute;fico: Vicente Molina Foix, uno de los nombres m&aacute;s destacados de la literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea.</p>
<p style="text-align: justify;">Adem&aacute;s del citado monogr&aacute;fico dedicado a Vicente Molina Foix, el nuevo n&uacute;mero de TURIA brinda un sumario repleto de lecturas y autores de inter&eacute;s.&nbsp; As&iacute;, las p&aacute;ginas de la revista se enriquecen&nbsp; con&nbsp; textos&nbsp; originales&nbsp; de&nbsp; importantes&nbsp; autores&nbsp; internacionales.&nbsp; Entre&nbsp; ellos, citar una primicia en espa&ntilde;ol: el anticipo de &ldquo;Papi&rdquo;, de la la joven autora estadounidense Emma Cline. Se trata de un volumen de relatos de una escritora muy apreciada por la cr&iacute;tica y cuyo debut, con la novela &ldquo;Las chicas&rdquo;, se convirti&oacute; en un fen&oacute;meno mundial.</p>
<p style="text-align: justify;">Tambi&eacute;n TURIA da a conocer dos amplios e interesantes art&iacute;culos originales en los que invita a conocer mejor la personalidad y la obra de dos autores muy diferentes pero enormemente atractivos para los buenos lectores: el polaco Adam Zagajewski (Premio Princesa de Asturias de las Letras) y el catal&aacute;n Joan Margarit (Premio Cervantes).</p>
<p style="text-align: justify;">En&nbsp; narrativa,&nbsp; TURIA&nbsp; da&nbsp; a&nbsp; conocer&nbsp; textos&nbsp; in&eacute;ditos&nbsp; de&nbsp; Pilar&nbsp; Ad&oacute;n, Carlos Cast&aacute;n, Lara Moreno, Almudena S&aacute;nchez, Miguel Serrano Larraz, Bego&ntilde;a Fidalgo y Jos&eacute; Antonio Gargallo.</p>
<p style="text-align: justify;">En poes&iacute;a TURIA ofrece asimismo un fragmento de uno de los libros fundamentales del excelente poeta franc&eacute;s Bernard No&euml;l, &ldquo;El verano lengua muerta&rdquo;, que permanec&iacute;a in&eacute;dito en espa&ntilde;ol. No&euml;l, que falleci&oacute; en abril del pasado a&ntilde;o, bien merece ser redescubierto por nuevas &nbsp;generaciones &nbsp;de &nbsp;lectores &nbsp;en &nbsp;nuestro &nbsp;idioma por cuanto se trata de un poetaal&eacute;rgico a los convencionalismos, un escritor siempre muy combativo contra la manipulaci&oacute;n del poder y contra la mente anestesiada. La revista ofrece igualmente a los lectores poemas in&eacute;ditos de, entre otros, Jordi Doce, Ana Rossetti, Mariano Peyrou,&nbsp; Marta Agudo, Sergio C. Fanjul, Nuria Ruiz de Vi&ntilde;aspre, Francisco L&oacute;pez Serrano, Antonio Daganzo o Florencia del Campo.</p>
<p style="text-align: justify;">En la secci&oacute;n que TURIA dedica al ensayo, se invita a leer un clarificador art&iacute;culo Ignacio Peyr&oacute; sobre la soledad. El escritor, periodista y actual director del Instituto Cervantes en Londres, indaga en nuestra vivencia de una problem&aacute;tica que tiene un impacto creciente y que cuestiona hasta qu&eacute; punto sigue en vigor &ldquo;aquella definici&oacute;n central de Arist&oacute;teles seg&uacute;n la cual el hombre es un animal social&rdquo;. No en vano,&nbsp; se ha llegado a describir este fen&oacute;meno universal de la soledad como una epidemia moderna, como uno de los grandes retos que deberemos analizar y hacer frente en este siglo XXI. Una coyuntura de profundas consecuencias, por ejemplo, sobre la salud mental de la sociedad y que se ha visto agravada por la ya larga y prolongada pandemia causada por el coronavirus.</p>
<p style="text-align: justify;">Muy recomendables son las dos amplias entrevistas exclusivas que TURIA publica con dos autoras de notable inter&eacute;s: Chantal Maillard y Fernanda Melchor. Sin duda, Maillard es una de las autoras m&aacute;s destacadas y originales de la poes&iacute;a y el ensayismo espa&ntilde;ol actual. Adem&aacute;s, acaba de publicar su poes&iacute;a reunida bajo el t&iacute;tulo &ldquo;Lo que el p&aacute;jaro bebe en la fuente y no es el agua&rdquo;. Un volumen de casi 800 p&aacute;ginas que confirma la singularidad&nbsp; de una escritura que arranc&oacute; hace casi tres d&eacute;cadas y con la que ha fundado un territorio h&iacute;brido, abierto, fronterizo, propicio a la reflexi&oacute;n sobre lo humano y lo no humano, lo personal y lo colectivo. Por su parte, Fernanda Melchor es una de las escritoras mexicanas de mayor proyecci&oacute;n internacional de nuestros d&iacute;as.</p>
<p style="text-align: justify;">Menci&oacute;n destacada merece tambi&eacute;n el excelente art&iacute;culo que protagoniza la secci&oacute;n de TURIA denominada &ldquo;Sobre Arag&oacute;n&rdquo;. En &eacute;l, Antonio P&eacute;rez Lasheras escribe sobre &Aacute;nchel Conte. Sin duda, como se nos dice en el t&iacute;tulo, es la de Conte una vida hecha obra.</p>
<p style="text-align: justify;">Completan el sumario de TURIA, las secciones &ldquo;La isla&rdquo; y &ldquo;La Torre de Babel&rdquo; (una cuidada y amplia secci&oacute;n de cr&iacute;tica de libros, en la que se analizan las m&aacute;s interesantes novedades editoriales en el &aacute;mbito de la narrativa, el ensayo y la poes&iacute;a).Por &uacute;ltimo, la portada e im&aacute;gines interiores de esta nueva entrega de TURIA corren a cargo del prestigioso artista aragon&eacute;s Pepe Cerd&aacute; (Ba&ntilde;uales, Huesca, 1961).</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 04 Apr 2022 07:12:29 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vicente Molina Foix, ejemplo de escritor total, protagoniza la revista TURIA]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/vicente-molina-foix-ejemplo-de-escritor-total-protagoniza-la-revista-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2022/VICENTE_MOLINA_FOIX_2_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La escritora Menchu Guti&eacute;rrez ser&aacute; la encargada de presentar hoy TURIA en Madrid,&nbsp; en un acto que tendr&aacute; lugar en la sede central del Instituto Cervantes y a las 19 horas. Sin duda, con la elaboraci&oacute;n y difusi&oacute;n de este trabajo colectivo en torno a Vicente Molina Foix, se cumple adecuadamente con la necesidad de fomentar el inter&eacute;s por leerlo. Tambi&eacute;n este conjunto de textos permitir&aacute;n ofrecer nuevas y sugerentes aproximaciones a su universo vital y creativo.</p>
<p>A&nbsp; trav&eacute;s&nbsp; de&nbsp; un&nbsp; excelente y cuidado&nbsp; monogr&aacute;fico que contiene 180 p&aacute;ginas de textos in&eacute;ditos elaborados por 19 autores, TURIA desea contribuir a la lectura de un autor excepcional por su calidad literaria y por su capacidad de cultivar con &eacute;xito todo tipo de tareas creativas, desde la narrativa a la poes&iacute;a, desde el ensayo a la traducci&oacute;n, desde el cine a libretista de &oacute;pera, desde el articulismo en prensa a la dramaturgia. Buena prueba de ello es el reciente estreno en el Teatro Real de Madrid de la &oacute;pera &ldquo;El abrecartas&rdquo;, obra p&oacute;stuma de Luis de Pablo basada en su novela del mismo t&iacute;tulo y de la que ha sido autor del libreto. Tambi&eacute;n de su autor&iacute;a es el libro &ldquo;El tercer siglo. 20 a&ntilde;os de cine contempor&aacute;neo&rdquo;, que acaba de publicarse y que testimonia su pasi&oacute;n por el cine y su labor como cr&iacute;tico en diversos medios.</p>
<p>Vicente Molina Foix forma parte desde 2020 del selecto grupo de creadores que han depositado su legado en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes. Un ejemplo m&aacute;s del prestigio&nbsp; alcanzado&nbsp; por&nbsp; quien&nbsp; ha&nbsp; obtenido&nbsp; diversos&nbsp; reconocimientos&nbsp; a lo largo de una trayectoria &nbsp;que, &nbsp;como &nbsp;se &nbsp;subraya &nbsp;en &nbsp;TURIA, &nbsp;es &nbsp;fruto &nbsp;de &nbsp;una curiosidad desarrollada plenamente por un escritor que se rebela contra cualquier tipo de encasillamiento.</p>
<p>Menchu Guti&eacute;rrez (Madrid, 1957) respaldar&aacute;, con su intervenci&oacute;n en el homenaje de TURIA&nbsp; a Vicente Molina Foix que va a tener lugar en el Instituto Cervantes, esa filosof&iacute;a de trabajo que caracteriza a esta revista&nbsp; desde sus or&iacute;genes: mostrar que practica en sus sumarios un perenne ejercicio de&nbsp; integraci&oacute;n cultural, capaz de dar cabida a los m&aacute;s diversos g&eacute;neros literarios y de mostrar la pluralidad de inquietudes &eacute;ticas y est&eacute;ticas de sus autores. Una avidez existencial y una curiosidad intelectual permanentes que definen bien tanto a la revista como al principal protagonista de su nuevo n&uacute;mero.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>UN SUMARIO REPLETO DE TEXTOS Y AUTORES DE INTER&Eacute;S</strong></p>
<p>Adem&aacute;s del espectacular monogr&aacute;fico dedicado a Vicente Molina Foix, el nuevo n&uacute;mero de TURIA brinda un sumario repleto de lecturas y autores de inter&eacute;s.&nbsp; As&iacute;,&nbsp; las p&aacute;ginas de la revista se enriquecen&nbsp; con&nbsp; textos&nbsp; originales&nbsp; de&nbsp; importantes&nbsp; autores&nbsp; internacionales.&nbsp; Entre&nbsp; ellos, citar una primicia en espa&ntilde;ol: el anticipo de &ldquo;Papi&rdquo;, de la la joven autora estadounidense Emma Cline. Se trata de un volumen de relatos de una escritora muy apreciada por la cr&iacute;tica y cuyo debut, con la novela &ldquo;Las chicas&rdquo;, se convirti&oacute; en un fen&oacute;meno mundial al narrar desde el punto de vista de las mujeres que veneraban a Charles Manson, lo sucedido con el c&eacute;lebre asesino que actu&oacute; en la d&eacute;cada de los 60 del pasado siglo en los USA y cuya peripecia vital lo convirti&oacute; en ejemplo devastador y emblem&aacute;tico del impacto de la locura, la violencia y lo macabro en la sociedad norteamericana.</p>
<p>Tambi&eacute;n TURIA da a conocer dos amplios e interesantes art&iacute;culos en los que invita a conocer mejor la personalidad y la obra de dos autores muy diferentes pero enormemente atractivos para los buenos lectores: el polaco Adam Zagajewski y el catal&aacute;n Joan Margarit.</p>
<p>Zagajewski, premio Princesa de Asturias y uno de los escritores europeos de mayor prestigio y m&aacute;s queridos por los lectores, est&aacute; considerado el poeta de la lucha y de la memoria. Es autor de una obra creativa y ensay&iacute;stica fundamental, heredera de lo m&aacute;s granado de la tradici&oacute;n l&iacute;rica de su pa&iacute;s, portavoz de un momento en el que la cultura parec&iacute;a la &uacute;nica forma de salvaci&oacute;n y defensor de la inmortalidad de un g&eacute;nero, la poes&iacute;a, que &ldquo;nos eleva de lo cotidiano&rdquo;.</p>
<p>Respecto a Joan Margarit, tambi&eacute;n fallecido en 2021. TURIA subraya que siempre fue un escritor biling&uuml;e, catal&aacute;n y castellano y que su poes&iacute;a era hija de la emoci&oacute;n, en la que el verso ten&iacute;a que salir del interior. Adem&aacute;s, si est&aacute; bien hecho, afirmaba Margarit que &ldquo;en un poema hay mil poemas&rdquo;. Fue Margarit un poeta muy le&iacute;do y varios de sus libros obtuvieron ventas m&aacute;s propias de novelas. Entre sus reconocimientos sobresale el Premio Cervantes.</p>
<p>En&nbsp; narrativa,&nbsp; TURIA&nbsp; da&nbsp; a&nbsp; conocer&nbsp; textos&nbsp; in&eacute;ditos&nbsp; de&nbsp; Pilar&nbsp; Ad&oacute;n, Carlos Cast&aacute;n, Lara Moreno, Almudena S&aacute;nchez, Miguel Serrano Larraz, Bego&ntilde;a Fidalgo y Jos&eacute; Antonio Gargallo.</p>
<p>En poes&iacute;a TURIA ofrece asimismo un fragmento de uno de los libros fundamentales del excelente poeta franc&eacute;s Bernard No&euml;l, &ldquo;El verano lengua muerta&rdquo;, que permanec&iacute;a in&eacute;dito en espa&ntilde;ol. No&euml;l, que falleci&oacute; en abril del pasado a&ntilde;o, bien merece ser redescubierto por nuevas &nbsp;generaciones &nbsp;de &nbsp;lectores &nbsp;en &nbsp;nuestro &nbsp;idioma por cuanto se trata de un poetaal&eacute;rgico a los convencionalismos, un escritor siempre muy combativo contra la manipulaci&oacute;n del poder y contra la mente anestesiada. La revista ofrece igualmente a los lectores poemas in&eacute;ditos de, entre otros, Jordi Doce, Ana Rossetti, Mariano Peyrou,&nbsp; Marta Agudo, Sergio C. Fanjul, Nuria Ruiz de Vi&ntilde;aspre, Francisco L&oacute;pez Serrano, Antonio Daganzo o Florencia del Campo.</p>
<p>En la secci&oacute;n que TURIA dedica al ensayo, se invita a leer un clarificador art&iacute;culo Ignacio Peyr&oacute; sobre la soledad. El escritor, periodista y actual director del Instituto Cervantes en Londres, indaga en nuestra vivencia de una problem&aacute;tica que tiene un impacto creciente y que cuestiona hasta qu&eacute; punto sigue en vigor &ldquo;aquella definici&oacute;n central de Arist&oacute;teles seg&uacute;n la cual el hombre es un animal social&rdquo;. No en vano,&nbsp; se ha llegado a describir este fen&oacute;meno universal de la soledad como una epidemia moderna, como uno de los grandes retos que deberemos analizar y hacer frente en este siglo XXI. Una coyuntura de profundas consecuencias, por ejemplo, sobre la salud mental de la sociedad y que se ha visto agravada por la ya larga y prolongada pandemia causada por el coronavirus.</p>
<p>Muy recomendables son las dos amplias entrevistas exclusivas que TURIA publica con dos autoras de notable inter&eacute;s: Chantal Maillard y Fernanda Melchor. Sin duda, Maillard es una de las autoras m&aacute;s destacadas y originales de la poes&iacute;a y el ensayismo espa&ntilde;ol actual. Adem&aacute;s, acaba de publicar su poes&iacute;a reunida bajo el t&iacute;tulo &ldquo;Lo que el p&aacute;jaro bebe en la fuente y no es el agua&rdquo;. Un volumen de casi 800 p&aacute;ginas que confirma la singularidad&nbsp; de una escritura que arranc&oacute; hace casi tres d&eacute;cadas y con la que ha fundado un territorio h&iacute;brido, abierto, fronterizo, propicio a la reflexi&oacute;n sobre lo humano y lo no humano, lo personal y lo colectivo. Por su parte, Fernanda Melchor es una de las escritoras mexicanas de mayor proyecci&oacute;n internacional de nuestros d&iacute;as y, con sus novelas m&aacute;s recientes, en las que analiza el fen&oacute;meno de la violencia y de c&oacute;mo esta forma parte de la sociedad, ha obtenido una acogida espectacular por parte de la cr&iacute;tica y de los lectores.</p>
<p>En las dos secciones que TURIA dedica a temas y protagonistas aragoneses y/o turolenses,&nbsp; destaca&nbsp; un&nbsp; art&iacute;culo&nbsp; de&nbsp; Juan&nbsp; Carlos&nbsp; Soriano en el que se rinde homenaje y hace balance de la rica e intensa trayectoria profesional de la periodista turolense Pilar Narvi&oacute;n. Se trata de un texto muy oportuno por cuanto el pr&oacute;ximo d&iacute;a 30 de marzo se cumplir&aacute; el centenario de su nacimiento. Y ser&aacute; en su ciudad, Alca&ntilde;iz, cuando el 6 de abril la revista editada por el Instituto de Estudios Turolenses dar&aacute; a conocer en la capital del Bajo Arag&oacute;n este contenido tan singular vinculado a una de sus hijas m&aacute;s ilustres.</p>
<p>Bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Pilar Narvi&oacute;n: el periodismo como forma de contar la historia&rdquo; se ofrece al lector un recorrido por la biograf&iacute;a de una de las mujeres m&aacute;s relevantes del periodismo espa&ntilde;ol en el pasado siglo. Ese certero perfil sobre su labor medi&aacute;tica se complementa con una antolog&iacute;a de textos que recoge fragmentos de algunos de los materiales m&aacute;s relevantes y originales que public&oacute; Narvi&oacute;n en la prensa de la &eacute;poca.</p>
<p>Menci&oacute;n destacada merece tambi&eacute;n el excelente art&iacute;culo que protagoniza la secci&oacute;n de TURIA denominada &ldquo;Sobre Arag&oacute;n&rdquo;. En &eacute;l, Antonio P&eacute;rez Lasheras escribe sobre &Aacute;nchel Conte. Sin duda, como se nos dice en el t&iacute;tulo, es la de Conte una vida hecha obra. Adem&aacute;s, &ldquo;presentar al &Aacute;nchel Conte escritor no es tarea f&aacute;cil, porque se trata de una figura poli&eacute;drica, que se ha ocupado en m&uacute;ltiples actividades con solvencia: profesor, historiador, poeta, narrador, periodista, folclorista, antrop&oacute;logo, ling&uuml;ista, activista militante, pol&iacute;tico&hellip;, observar todas estas facetas requiere detenerse en algunos datos personales que describan su trayectoria vital y literaria. Por otra parte, el hecho de que se trate de un escritor en aragon&eacute;s, una lengua minoritaria y minorizada provoca que se trate de un autor postergado&rdquo;.</p>
<p>Completan el sumario de TURIA, las secciones &ldquo;La isla&rdquo; (que contiene fragmentos del diario de Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas) y &ldquo;La Torre de Babel&rdquo; (una cuidada y amplia secci&oacute;n de cr&iacute;tica de libros, en la que se analizan las m&aacute;s interesantes novedades editoriales en el &aacute;mbito de la narrativa, el ensayo y la poes&iacute;a).</p>
<p>Por &uacute;ltimo, la portada e im&aacute;gines interiores de esta nueva entrega de TURIA corren a cargo del prestigioso artista aragon&eacute;s Pepe Cerd&aacute; (Ba&ntilde;uales, Huesca, 1961).</p>
<p>TURIA es una revista de periodicidad cuatrimestral que tiene una edici&oacute;n en papel y otra&nbsp; digital (web y Facebook). Con casi 40 a&ntilde;os de trayectoria, est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel y cuenta con el patrocinio del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero dedicado a Vicente Molina Foix&nbsp; ha sido posible gracias al apoyo de la Fundaci&oacute;n Mediterr&aacute;neo.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>CONOCER A FONDO A VICENTE MOLINA FOIX Y SU OBRA</strong></p>
<p><strong></strong>El espectacular monogr&aacute;fico que TURIA dedica a Vicente Molina Foix permite, no s&oacute;lo conocer a fondo su figura y su ampl&iacute;sima y diversa obra, sino acceder a un nutrido e interesante &nbsp;repertorio de textos in&eacute;ditos del propio autor. As&iacute;, la revista publica un art&iacute;culo sobre &nbsp;el &nbsp;gran &nbsp;compositor &nbsp;musical espa&ntilde;ol Luis de Pablo, cuya colaboraci&oacute;n con TURIA estaba programada pero que falleci&oacute; antes de llevar a cabo la tarea y para cuyas obras VMF escribi&oacute; varios libretos; la pieza teatral &ldquo;No pienso en otra cosa&rdquo; y un texto sobre su intensa vinculaci&oacute;n con el cine (&ldquo;pertenezco a una generaci&oacute;n de escritores cin&eacute;filos en la que somos muy pocos los que pasamos del patio de butacas a la pantalla blanca, como hac&iacute;an los personajes de Woody Allen en &lsquo;La rosa p&uacute;rpura del Cairo&rsquo;&rdquo;).</p>
<p>Especial &nbsp;relevancia &nbsp;tiene &nbsp;la &nbsp;extensa &nbsp;entrevista &nbsp;exclusiva &nbsp;para &nbsp;TURIA &nbsp;que &nbsp;mantiene Vicente Molina Foix con el poeta y periodista cultural Fernando del Val. Bajo el significativo t&iacute;tulo de &ldquo;La vida, borrador de la literatura&rdquo;, en esta sugerente conversaci&oacute;n nos habla de sus a&ntilde;os en Londres, de su relaci&oacute;n con Calvert Casey y Guillermo Cabrera Infante, con Susan Sontag y Kubrick, de c&oacute;mo &ldquo;con Vicente Aleixandre hablaba como con un amigo de mi edad, sin cortapisas&rdquo;, de la ingente correspondencia que mantuvo durante su estancia inglesa con amigos como Javier Mar&iacute;as y que conserva. Tambi&eacute;n reconoce Molina Foix: &ldquo;soy un homosexual que ha tenido relaciones con mujeres&rdquo; y considera que &ldquo;el term&oacute;metro de la libertad y la igualdad en una sociedad muchas veces se mide por la situaci&oacute;n de la mujer&rdquo;. Confiesa en la entrevista llevar un diario desde 1993 y del que tiene escritas alrededor de 10.000 p&aacute;ginas. Aunque la historia de una vida es impublicable, la decisi&oacute;n final la tomar&aacute;n sus albaceas. Y es que all&iacute; sale todo: &ldquo;mi vida nocturna, la diurna, mi vida literaria, la sexual...&rdquo;. Asegura, por &uacute;ltimo, vivir en una biblioteca y la considera como una de sus grandes obras. Y es que en esos m&aacute;s de 23.000 libros &ldquo;est&aacute;n los mundos que he vivido, mis intereses&rdquo;.</p>
<p>Escribe en TURIA Menchu Guti&eacute;rrez, en su clarificador art&iacute;culo introductorio sobre la obra de Vicente Molina Foix, que &rdquo;si imagin&aacute;ramos a &eacute;sta como un edificio, la forma de la construcci&oacute;n ser&iacute;a circular, estar&iacute;a llena de puertas y ser&iacute;a muy dif&iacute;cil encontrar una entrada principal. Si la distribuy&eacute;semos en el espacio, tampoco encontrar&iacute;amos un centro, o quiz&aacute; lo que ver&iacute;amos ser&iacute;a un centro que se desplaza una y otra vez, que no permite ser fijado, al igual que el foco de una curiosidad de impresionante espectro&rdquo;.</p>
<p>Y, tras una certera y pormenorizada interpretaci&oacute;n de su trayectoria, Menchu Guti&eacute;rrez concluye: &ldquo;Ser&iacute;a posible ver a Vicente Molina Foix como el escritor en busca de una carta definitiva, la carta prometida, dirigida a alguien o a muchos, o tal vez a s&iacute; mismo, o una carta que provocase la recepci&oacute;n de otra carta; una carta cuya relectura supusiera una renovaci&oacute;n permanente de sus votos con la vida&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>UNA LECTURA&nbsp; ADICTIVA</strong></p>
<p><strong></strong>En el monogr&aacute;fico de TURIA no falta el valioso testimonio&nbsp; de su principal editor, Jorge Herralde, fundador de la editorial Anagrama: &ldquo;Vicente Molina Foix es el atleta completo en nuestro pa&iacute;s de novela, poes&iacute;a, teatro, cine, ensayos, articulista y seguramente en alg&uacute;n otro recoveco. Y adem&aacute;s es un virtuoso de un arte mayor: la conversaci&oacute;n. Sentarse en una mesa donde Vicente est&eacute; resulta una garant&iacute;a de amenidad, informaciones inesperadas, oportunas maldades, etc., etc.&rdquo; Y sobre sus novelas &ldquo;El joven sin alma&rdquo;, &ldquo;El abrecartas&rdquo; y &ldquo;El invitado amargo&rdquo;, Herralde opina que constituyen &ldquo;una trilog&iacute;a de novelas documentales que quedar&aacute; en la historia de la literatura&rdquo;.</p>
<p>En un hermoso texto titulado &ldquo;Carta de un joven fil&oacute;sofo&rdquo;, Lucas Benet describe bien la personalidad de Vicente Molina Foix cuando afirma: &ldquo;Tu vida se cuenta a s&iacute; misma en la oralidad. Tu vida es la del orador discreto. Porque cuando callas, tambi&eacute;n dices lo que dominas silenciosamente sin dejar de mirar desde el alma joven que tienes&rdquo;. Adem&aacute;s, lo describe como &ldquo;un atleta de la escritura de resistencia septuagenaria&rdquo; y considera que las fuentes de su identidad son de tinta negra.</p>
<p>Pere Gimferrer, &nbsp;al analizar su novela &ldquo;El joven sin alma&rdquo; nos dir&aacute; que &rdquo;el libro de Molina Foix es, al mismo tiempo, alegre y melanc&oacute;lico; y si bien se mira, la juventud es a la vez alegre y melanc&oacute;lica al vivirla: <em>si jeunesse savait</em>, <em>si vieillesse pouvait</em>; algo de todo eso, m&aacute;s m&aacute;s sint&eacute;ticamente, encierra la evocaci&oacute;n shakespeariana de los <em>salad days</em>.</p>
<p>Luisg&eacute; Mart&iacute;n recuerda la lectura de &ldquo;La mujer sin cabeza&rdquo;, como adictiva: ser&iacute;a uno de esos esos libros que no pueden abandonarse y que te hacen olvidar todo lo que hay alrededor, empezando por ti mismo. Esos libros que borran el sue&ntilde;o y el mareo, que quitan el hambre, que se superponen a cualquier necesidad primaria. Los libros, en suma, que nos alejan de la animalidad&rdquo;.</p>
<p>Tambi&eacute;n se ha contado en TURIA con relevantes escritores de diversas procedencias y vinculados a la trayectoria de Vicente Molina Foix. De ah&iacute; que participen con textos in&eacute;ditos: Soledad Pu&eacute;rtolas, Marta Sanz, Sara Mesa, Andr&eacute;s Barba, Marcos Giralt Torrente, Mercedes Cebri&aacute;n, Narc&iacute;s Comadira,&nbsp; Javier Montes y Christopher Dom&iacute;nguez Michael.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>UNA BRILLANTE ORFEBRER&Iacute;A ESTIL&Iacute;STICA</strong></p>
<p><strong></strong>Por otra parte, el equipo de colaboradores tambi&eacute;n lo integran destacados&nbsp; estudiosos y especialistas en su obra como: Jos&eacute; Carlos Mainer (catedr&aacute;tico jubilado de la Universidad de Zaragoza y uno de los grandes historiadores de la literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea) escribe en TURIA sobre el libro &ldquo;Enemigos de lo real&rdquo;, al que califica como uno de los mejores conjuntos de ensayos que se han publicado en Espa&ntilde;a en los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os&rdquo;.</p>
<p>Nicanor G&oacute;mez-Villegas (Doctor en Historia, m&aacute;ster en Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica y director del Colegio Mayor Universitario Isabel de Espa&ntilde;a de la Universidad Complutense de Madrid) se ocupa de las traducciones de Shakespeare realizadas por Molina Foix.</p>
<p>Xavier P&eacute;rez (profesor de narrativa audiovisual en la Universidad Pompeu Fabra y autor&nbsp;de varios libros sobre cine, as&iacute; como cr&iacute;tico de cine de la revista Caim&aacute;n y del peri&oacute;dico &ldquo;La Vanguardia&rdquo;) analiza la especial e intensa vinculaci&oacute;n de Molina Foix con el cine, &ldquo;una dilatada trayectoria iniciada en &lsquo;Film Ideal&rsquo; en 1964 y que perdura hasta sus m&aacute;s recientes art&iacute;culos en &lsquo;Letras Libres&rsquo; y otras tribunas de prensa&rdquo;.</p>
<p>Por su parte, &nbsp;Juan Francisco Ferr&eacute; (escritor y cr&iacute;tico literario, es doctor en Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica. Entre 2005 y 2012 fue profesor de Literatura y Cine en la Universidad de Brown, Providence, USA, y ahora es profesor de Teor&iacute;a de la Literatura y Literatura Comparada de la Universidad de M&aacute;laga) considera el libro &ldquo;La misa de Baroja&rdquo; como una &ldquo;brillante pieza de orfebrer&iacute;a estil&iacute;stica&rdquo;.</p>
<p>El Cartapacio de TURIA finaliza con una completa biocronolog&iacute;a de Vicente Molina Foix que &nbsp;sintetiza &nbsp;y &nbsp;da &nbsp;cuenta de los principales hitos vitales y creativos que han jalonado&nbsp; la existencia de quien siempre ha intentado cumplir uno de sus principales lemas: &ldquo;quiero divertirme escribiendo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>UN IN&Eacute;DITO DE VICENTE MOLINA FOIX</strong>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p align="center"><strong>CON LUIS DE PABLO</strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>&nbsp;</strong>Entre los varios y valiosos in&eacute;ditos de Vicente Molina Foix que TURIA publica en su nuevo n&uacute;mero, facilitamos hoy un fragmento de emotivo texto que le dedica al compositor Luis de Pablo, gran amigo y extraordinario m&uacute;sico, para el que compuso el libreto de la &oacute;pera recientemente estrenada &ldquo;El abrecartas&rdquo;, a partir de su novela del mismo t&iacute;tulo:</p>
<p style="text-align: left;" align="center">&ldquo;Un d&iacute;a de abril de 1983 nos conocimos de t&uacute; a t&uacute; aquel hombre enjuto y elocuente de Alea y yo, presentados, en ocasi&oacute;n del estreno de <em>Kiu</em> (su primera &oacute;pera) por Jos&eacute; Luis G&oacute;mez. Ese d&iacute;a no pas&oacute; nada, m&aacute;s all&aacute; de expresarle yo mi retardada gratitud por aquellos conciertos gratuitos, por las bandas sonoras de una buena parte del mejor nuevo cine espa&ntilde;ol, y por sus generosas alusiones y sus conocimientos de literatura: Luis, aquel d&iacute;a de proximidad lo advert&iacute;, era un m&uacute;sico-literato, un todoterreno art&iacute;stico que sab&iacute;a tanto o m&aacute;s de novela y poes&iacute;a que la mayor parte de los letraheridos espa&ntilde;oles. Nos seguimos viendo, por distintos motivos, casuales o premeditados, y su inmensa curiosidad de lector hizo el milagro. Una noche de ese mismo a&ntilde;o 1983, en San Sebasti&aacute;n, acabadas la intervenciones de un curso de verano sobre Literatura y Cine, yo incurr&iacute; en una de las imprudencias m&aacute;s felices de mi vida: dije en voz alta, ante una exquisita <em>porrusalda,</em> que al ser tan parva y casi inexistente en nuestro pa&iacute;s la n&oacute;mina de las nuevas &oacute;peras, la noble figura del escritor-libretista hab&iacute;a desaparecido. O si no, &iquest;d&oacute;nde estaban los Hofmannsthal actuales, los Auden o los Forster, las Colette y las Gertrude Stein, los Gide y los Cocteau espa&ntilde;oles? Luis de Pablo, copart&iacute;cipe de aquella cena, sonri&oacute; p&iacute;caramente y sigui&oacute; con los puerros. Pocos d&iacute;as despu&eacute;s, ya en Madrid, recib&iacute; una llamada suya.</p>
<p style="text-align: left;" align="center">Aquella baladronada donostiarra&nbsp; acab&oacute; siendo la responsable de uno de los cap&iacute;tulos del libro de mi vida que con mayor satisfacci&oacute;n, y algo de orgullo, atesoro. Luis quer&iacute;a componer una segunda &oacute;pera y me habl&oacute; de adaptar algo, un relato o una novela m&iacute;a, a lo que yo, tras pensarlo 48 horas, le di un s&iacute; y una idea: escribir exprofeso algo nuevo, siguiendo directrices suyas y creyendo saber yo, por mi afici&oacute;n al g&eacute;nero oper&iacute;stico y mis ya anteriores ensayos de escritura esc&eacute;nica, las reglas y condicionantes de un libreto teatral que ha de ser cantado y no dicho. De inmediato llegamos a un acuerdo, y yo me puse a trabajar&rdquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 21 Mar 2022 07:24:32 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Adam Zagajewski: una vida en el exilio]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/adam-zagajewski-una-vida-en-el-exilio/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2022/ADAM_ZAGAJEWSKI_5.jpg" alt="" /></p>
<p>Fallecido el 21 de marzo de 2021 en Cracovia, y nacido en la bell&iacute;sima ciudad de Lvov (Ucrania) en 1945, el gran poeta polaco Adam Zagajewski&nbsp; fue, junto al suizo Philippe Jaccottet, el italiano Valerio Magrelli, los portugueses Sophia de Mello Breyner&nbsp; Andresen y Nuno J&uacute;dice, el espa&ntilde;ol Antonio Gamoneda, los alemanes Durs Gr&uuml;nbein y Michael Kr&uuml;ger, la irlandesa Eavan Boland, el ingl&eacute;s Simon Armitage, o la rumana Ana Blandiana, por citar s&oacute;lo algunos nombres, de los m&aacute;s grandes poetas europeos contempor&aacute;neos. Uno de los mejores escritores con los que contaba una&nbsp;Europa por fin sin adjetivos, ni occidental ni oriental. Muy pronto trasladado junto a su familia, con pocos meses de edad, desde la bella Lvov, antigua capital de la Galitzia austroh&uacute;ngara, zona que m&aacute;s tarde pasar&iacute;a a ser bot&iacute;n de guerra tras la Segunda Guerra Mundial, a la parte occidental de Polonia (como contar&aacute; en el magn&iacute;fico volumen de prosas y ensayos <span style="text-decoration: underline;">Dos ciudades</span>, que John Ashbery calific&oacute; de &ldquo;libro extraordinario&rdquo;), a una &ldquo;fea ciudad industrial&rdquo;, Gliwice, antigua poblaci&oacute;n alemana que Polonia, por su parte, acababa de anexionarse, este destierro temprano, casi b&iacute;blico, sobrevuela por no pocas partes de su imaginario.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un exilio geogr&aacute;fico, pol&iacute;tico, metaf&iacute;sico, o puramente sensible e interior, un desplazamiento de tiempos y espacios, que marca a buena parte de los mejores autores del pasado siglo. Un para&iacute;so abandonado, por otra parte, Lvov, casi un planeta en s&iacute;,&nbsp; que todos ellos transportar&iacute;an con el orgullo y la nostalgia de&nbsp; una patria perdida que encarn&oacute; en su d&iacute;a todo lo c&aacute;lido y luminoso de la vida: &ldquo;&iexcl;Mi Lvov! M&iacute;a, aunque no nac&iacute; en ella. Cierta o equivocadamente, uno es considerado lvoviano, uno presume de ello para siempre&rdquo;, dir&iacute;a el escritor J&oacute;zef Wittlin en su obra <span style="text-decoration: underline;">Mi Lvov</span>.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una existencia sellada por el destierro, nada m&aacute;s nacer, en el a&ntilde;o que finalizaba la Segunda Guerra Mundial, 1945. Y tres ciudades: una natal y no vivida, la bella y m&aacute;gica Lvov; otra del &eacute;xodo obligado, el de muchos polacos galitzianos, Gliwice, poblaci&oacute;n alemana de Silesia que Polonia acababa de anexionarse; y una m&aacute;s, de nuevo esplendorosa en sus encantos y magnetismo, Cracovia, donde realizar&iacute;a sus estudios universitarios y donde se instalar&iacute;a de por vida, hasta el final de sus d&iacute;as. Estos tres&nbsp; se&ntilde;uelos geogr&aacute;ficos marcar&iacute;an fuertemente el devenir personal de Adam Zagajewski y el de su deslumbrante obra, una de las mejores sin duda, en todo su conjunto, de nuestros d&iacute;as.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Mi infancia &ndash;recuerda este poeta en las primeras p&aacute;ginas de <span style="text-decoration: underline;">Dos ciudades</span>- transcurri&oacute; en una fea ciudad industrial. Me llevaron all&iacute; cuando apenas ten&iacute;a cuatro meses de vida y, m&aacute;s tarde, oir&iacute;a hablar durante a&ntilde;os de Lvov, la ciudad extraordinariamente hermosa que mi familia hab&iacute;a tenido que abandonar. La vida de mis padres se escindi&oacute; en dos partes, antes y despu&eacute;s del &eacute;xodo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las heridas supurar&iacute;an durante largo tiempo. Los m&aacute;s ancianos nunca llegar&iacute;an a recuperarse. Y los j&oacute;venes padres de familia se abandonar&iacute;an a la nostalgia, incorporada, de forma permanente, a los nuevos trabajos y miserables existencias bajo el comunismo. &ldquo;Pienso en los desterrados, en su sufrimiento. Pienso en mi padre que mientras conserv&oacute; la memoria coleccion&oacute; &aacute;lbumes, libros y planos de Lvov&rdquo;, dir&aacute; Zagajewski en su espl&eacute;ndido libro de prosas u homenaje a aquella &ldquo;comunidad de desterrados&rdquo; <span style="text-decoration: underline;">Una leve exageraci&oacute;n</span>. Despu&eacute;s de aquella belleza abandonada, de forma desgarradora,&nbsp; a la fuerza, de Lvov, Cracovia ser&iacute;a &ldquo;su ciudad&rdquo; de aquella memoria perdida, como dir&aacute; en su volumen <span style="text-decoration: underline;">En la belleza ajena</span>: &ldquo;Me fui a Cracovia a estudiar (&hellip;) Me fui a estudiar, lo cual era loable y pragm&aacute;tico, pero se trataba de algo m&aacute;s. Aunque apenas era consciente de ello, me guiaba tambi&eacute;n la necesidad de reencontrarme con <em>mi ciudad</em>, esa ciudad que -lo sab&iacute;a- se hab&iacute;a perdido para siempre. Por lo com&uacute;n, buscamos aquello que ya no existe&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Como escribir&iacute;a uno de los m&aacute;s importantes poetas en lengua polaca de la actualidad, y uno de los mejores conocedores de su obra, Tomasz Rozycki, en un bello art&iacute;culo que le dedicar&iacute;a en <em>Los Angeles Review of Books</em>, poco despu&eacute;s de su desaparici&oacute;n: &ldquo;Adam Zagajewski naci&oacute; en un pa&iacute;s mutilado, justo despu&eacute;s de que la Segunda Guerra Mundial se cobrara seis millones de muertos solo en Polonia y borrara su capital de la faz de la tierra. A lo largo de toda su vida, trat&oacute; de hacer exactamente lo que dice su poema escrito tras el atentado de las Torres Gemelas: trat&oacute; de alabar un mundo que, a pesar de todo, es sorprendentemente hermoso. Tal vez deseaba encontrar un modo, como sucede en <em>La Pasi&oacute;n seg&uacute;n San Mateo</em> de Bach, y como afirma en su poema &lt;Viernes Santo en los t&uacute;neles del metro&gt;, en que se lograra transformar el dolor en belleza&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tras estudiar y graduarse en la Universidad Jagel&oacute;nica de Cracovia, en el a&ntilde;o 1982 Zagajewski se exiliar&iacute;a a Par&iacute;s, ciudad donde permaneci&oacute; hasta 2002, en que se instal&oacute; en Cracovia. Una ciudad que altern&oacute; con su plaza como profesor de la Universidad de Chicago.&nbsp; Fue uno de los m&aacute;ximos representantes de la generaci&oacute;n del 68, tambi&eacute;n llamada Nowa Fala (Nueva Ola), a la que igualmente pertenec&iacute;an Stanislaw Baranczak, Julian Kornhauser, o Ewa Lipska. Poetas todos ellos que abogaron por una poes&iacute;a cuya lengua pudiera ser un arma en aras de la verdad frente a la lengua de poder que utilizaba el gobierno comunista. Pero detr&aacute;s de esta base inicial, Zagajewski muy pronto encarn&oacute; el puente de uni&oacute;n entre los m&aacute;s eminentes nombres de la l&iacute;rica polaca del siglo XX (Czeslaw Milosz, Zbigniew Herbert, Wislawa Szymborska, Tadeusz Roz&eacute;wicz) y las generaciones posteriores. Hay que decir que, a pesar del componente eminentemente ling&uuml;&iacute;stico y metapo&eacute;tico que a veces encerraba la praxis po&eacute;tica de aquellos autores citados, en su caso un gran caudal de constantes apareci&oacute; repetido en cada una de sus obras: las reflexiones &eacute;ticas y las consideraciones morales; la observaci&oacute;n de una cierta y suspendida metaf&iacute;sica de lo cotidiano; la historia y los avatares que ha sufrido Polonia durante los &uacute;ltimos siglos; las peque&ntilde;as historias o par&aacute;bolas cuyos protagonistas son fil&oacute;sofos y m&uacute;sicos (ambas categor&iacute;as indisolubles en la obra de este poeta); la reflexi&oacute;n a partir de un instante concreto que aporta de repente el car&aacute;cter epif&aacute;nico y eterno a un poema; la alabanza y deslumbramiento por paisajes y ciudades extranjeras visitadas; el apunte biogr&aacute;fico proveniente del mundo de los afectos; los encuentros con lecturas y otros autores, ya fueran poetas, pintores o compositores,&nbsp; que siempre encontraban su v&iacute;a de expresi&oacute;n en los espl&eacute;ndidos poemas de este gran autor contempor&aacute;neo que fue Adam Zagajewski.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El Premio Nobel de Literatura Czeslaw Milosz dijo en su ensayo <span style="text-decoration: underline;">La mente cautiva</span> (Galaxia Gutenberg) que cualquier polaco, checo o h&uacute;ngaro &ldquo;sabe bastante sobre Francia, B&eacute;lgica u Holanda&rdquo;, pero que, en cambio, un franc&eacute;s, belga u holand&eacute;s de cultura media &ldquo;apenas sabe nada&rdquo; de Polonia, Checoslovaquia o Hungr&iacute;a. Tambi&eacute;n a&ntilde;adi&oacute; en <span style="text-decoration: underline;">Mi Europa</span> (Galaxia Gutenberg): &ldquo;Un parisino no est&aacute; obligado a rescatar a cada momento a su ciudad de la nada (&hellip;) Pero cuando regreso a las calles en las que se ha desarrollado la parte m&aacute;s importante de mi vida, estoy condenado a resumir, es necesario incluir todo en algunas frases, desde la geograf&iacute;a y la arquitectura hasta el color del cielo&rdquo;. Para remediar este largo y dilatado desencuentro necesitado de constantes &ldquo;res&uacute;menes&rdquo;, y para paliar la escasa familiaridad de lectores europeos &ldquo;a medias&rdquo;, con grandes lagunas, por no decir oc&eacute;anos, de desconocimiento, han sido fundamentales introductores de lujo, y puentes inapreciables, como fue sin duda Adam Zagajewski. Un autor muy querido en Espa&ntilde;a que, con el tiempo, y gracias a importantes reconocimientos como el Premio Princesa de Asturias de 2017, ser&iacute;a un hu&eacute;sped habitual de encuentros, foros, lecturas y homenajes en nuestro pa&iacute;s.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Desde comienzos del presente siglo, Adam Zagajewski formar&iacute;a ya parte permanente de nuestras bibliotecas, como una presencia familiar y dom&eacute;stica, habitual. Ser&iacute;a uno de los autores y, sobre todo, uno de los poetas contempor&aacute;neos, m&aacute;s regularmente editados en Espa&ntilde;a. Y lo har&iacute;a a trav&eacute;s de&nbsp;maravillosos libros de poes&iacute;a del exilio y de la rememoraci&oacute;n eleg&iacute;aca, aunque tambi&eacute;n de la iluminaci&oacute;n epif&aacute;nica y sagrada, sencilla -enga&ntilde;osamente sencilla- y terrenal, emotiva y estremecedora de lo cotidiano, en vol&uacute;menes como <span style="text-decoration: underline;">Tierra del fuego</span>, <span style="text-decoration: underline;">Deseo</span>, <span style="text-decoration: underline;">Antenas</span>, <span style="text-decoration: underline;">Mano invisible</span> y <span style="text-decoration: underline;">Asimetr&iacute;a</span> (traducidos al espa&ntilde;ol espl&eacute;ndidamente por Xavier Farr&eacute;, y aparecidos en la editorial Acantilado). Pero tambi&eacute;n a trav&eacute;s de esas muy personales obras suyas&nbsp;&ldquo;de todos los &aacute;mbitos de la vida&rdquo;, &ldquo;de renovadas funciones de la literatura&rdquo;, que eran sus magn&iacute;ficos libros de g&eacute;nero variado, entre narraci&oacute;n y ensayo literario. O, si se prefiere, entre retazos autobiogr&aacute;ficos y meditaci&oacute;n hist&oacute;rica, filos&oacute;fica y &eacute;tica, en torno a los a&ntilde;os de plomo comunista, en torno al exilio y, por fin, en torno a la llegada ansiada de la democracia. Experiencias que los&nbsp; convirtieron a todos ellos, intelectuales, artistas y ciudadanos de pa&iacute;ses reci&eacute;n &ldquo;liberados&rdquo;, en testigos de excepci&oacute;n, tristemente privilegiados, acostumbrados a todo tipo de descomposiciones, c&iacute;nicos tratados, pactos de sobrevivencia m&iacute;nima y reconversiones interesadas y pragm&aacute;ticas de todo pelaje. Estos libros de fascinante y cautivadora composici&oacute;n mestiza son el dietario <span style="text-decoration: underline;">En la belleza ajena</span> (Pre-Textos),&nbsp;<span style="text-decoration: underline;">En defensa del fervor</span>, <span style="text-decoration: underline;">Dos ciudades</span>, <span style="text-decoration: underline;">Solidaridad y soledad</span>, <span style="text-decoration: underline;">Releer a Rilke</span> y <span style="text-decoration: underline;">Una leve exageraci&oacute;n</span> (todos ellos en Acantilado) y dar&iacute;an sin cesar buena muestra de su excepcional altura literaria, de su inmensa y exquisita erudici&oacute;n, y de un suave humor infatigable que pend&iacute;a en todo momento, con una iron&iacute;a no lacerante ni agresiva, sobre todas las cosas, seres, situaciones pol&iacute;ticas y acontecimientos art&iacute;sticos. Una iron&iacute;a l&uacute;cida y sumamente cr&iacute;tica, ausente sin embargo de amargura o rencor, hacia actitudes poco ejemplares, complacientes con los distintos poderes o de moralidad discutible, tristemente repetidas, a lo largo de las &eacute;pocas, en la existencia compartida y la vida en comunidad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En todos sus libros Adam Zagajewski nunca abandonar&iacute;a la reflexi&oacute;n &eacute;tica y las consideraciones morales, esa <em>minima moralia</em> necesaria para mantener inc&oacute;lume la dignidad humana a trav&eacute;s de las &eacute;pocas y a trav&eacute;s en ocasiones de &ldquo;realidades &uacute;nicas y abominables&rdquo;. Versos, prosas m&iacute;nimas o m&aacute;s extensas, en las que destacaba siempre, en cualquier momento, una deslumbrante y exquisita captura de ese instante &uacute;nico e irrepetible, esas epifan&iacute;as o &ldquo;inicios de remembranza&rdquo;, ese milagro hipnotizante y apaciguador entre tantas plagas y decepciones (&ldquo;Queda la monoton&iacute;a, lo gris; el luto/que ni la elegia m&aacute;s admirable cura./ Pero quiz&aacute; haya ante nosotros cosas escondidas/ y en ellas la melancol&iacute;a se mezcla con el entusiasmo,/ siempre, cada d&iacute;a, como el nacimiento del alba&rdquo;, dir&aacute; en su bello poema <span style="text-decoration: underline;">Improvisaci&oacute;n</span>) de un mundo continuamente renovado y de car&aacute;cter subyugante. Un despojado y escrupuloso estilo literario, imbuido casi permanentemente de una sutil melancol&iacute;a, as&iacute; como una absoluta independencia alejada de ismos, modas y escuelas,&nbsp; convierten su&nbsp; muy elaborado trabajo de lenguaje y su m&aacute;s que notable erudici&oacute;n, no pocas veces, tambi&eacute;n, en una forma de resistencia &eacute;tica y est&eacute;tica, como dec&iacute;a en su libro <span style="text-decoration: underline;">En defensa del fervor</span>: &ldquo;En la memoria reciente de Europa ha quedado grabada la falsa convicci&oacute;n de que el estilo elevado es un instrumento reaccionario, un martillo contra la modernidad&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para un lector del &aacute;rea hisp&aacute;nica se acrecentaba sin cesar, y a menudo aparec&iacute;a la sospecha, de que la cultura, en esos pa&iacute;ses donde imper&oacute; desde el fin de la guerra mundial el totalitarismo y la dominaci&oacute;n rusa, fue siempre algo m&aacute;s que una simple mercanc&iacute;a de entretenimiento y consumo distra&iacute;do, como sucede actualmente, en cualquier pa&iacute;s, lengua y cultura, se trate de la que se trate. Que la perseverancia, la tenacidad y los actos de resistencia muchas veces ten&iacute;an que ver con el orgullo y no decaimiento generalizado de una cultura de gran altura, mantenida contra viento y marea. Una cultura, desde la poes&iacute;a, el teatro, la historia, el ensayo, el cine o la novela, desde la pr&aacute;ctica m&aacute;s rabiosamente experimental a las obras de factura m&aacute;s cl&aacute;sica,&nbsp;que se ten&iacute;a que preservar, por encima de todo, desde Mickiewicz hasta la ca&iacute;da del Muro, en sus m&aacute;s &oacute;ptimas condiciones, en fervorosos pulmones de acero a salvo de cat&aacute;strofes y tempestades, esperando el d&iacute;a ansiado de la libertad. Era como si flotara en el aire el&nbsp;imperativo no escrito de mantenerla, a lo largo de todos los avatares e invasiones, y por encima mismo &ndash;al modo de una marca gen&eacute;tica indoblegable-&nbsp;de la muchas veces dram&aacute;tica historia polaca. El Premio Nobel de Literatura Czeslaw Milosz dec&iacute;a en su libro <span style="text-decoration: underline;">Mi Europa</span> (<em>Rodzinna Europa</em>, Galaxia Gutenberg) que todos los trastornos europeos muestran que &ldquo;bajo la superficie cambiante de los hechos, subsiste una continuidad&rdquo;. Esta &ldquo;continuidad cultural&nbsp; no habr&iacute;a sido alterada ni en la Francia de la Revoluci&oacute;n de 1789, ni en la Rusia de la Revoluci&oacute;n del 17, ni tampoco en Polonia con la llegada al poder de los comunistas en 1944-1945&rdquo;. Para decirlo en otras palabras: en el mundo de la cultura europea existir&iacute;a&nbsp; una cierta inmunidad hist&oacute;rica, algo profundo y resistente que, ni con la ayuda de censuras, masacres y persecuciones de tiranos, se lograr&iacute;a abatir para siempre.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Editado en las mejores editoriales (Hanser Verlag, Adelphi, Fayard, Farrar, Straus and Giroux, o por la espa&ntilde;ola Acantilado, de la mano del a&ntilde;orado y gran intelectual y editor, as&iacute; como amigo personal de Adam Zagajewski, Jaume Vallcorba) a trav&eacute;s de los poemas de Zagajewski se extend&iacute;a siempre una&nbsp;embriagadora y m&aacute;gica estela de sensaciones y emociones perdurables, congeladas en una prodigiosa intemporalidad. Un amor por la luz y la revelaci&oacute;n, por la cultura y la belleza del mundo, por paisajes y ciudades extranjeras, por su querida Cracovia, por sus no menos adoradas Italia y Francia, por la poes&iacute;a, la pintura&nbsp; y la m&uacute;sica que caminan siempre inseparables, por los encuentros con lecturas y otros autores, por el recuerdo de presencias y seres a&ntilde;orados, por la evocaci&oacute;n de gente an&oacute;nima de discretas y en ocasiones turbadoras&nbsp; biograf&iacute;as, pero tambi&eacute;n un amor y afecto profundo y estremecido&nbsp; por ese caudal&nbsp; sobrecogedor de p&eacute;rdidas, de memoria, de dolor, de dicha compartida,&nbsp; y de esa min&uacute;scula, sutil y casi invisible&nbsp; metaf&iacute;sica cotidiana que arrastra consigo toda existencia humana.&nbsp;Por la plaza de Cracovia, por Belgrado, Jerusal&eacute;n, en el B&aacute;ltico o Berl&iacute;n, escuchando m&uacute;sica cl&aacute;sica o jazz, escribiendo y emocion&aacute;ndose con una lectura de Thomas Mann o Rilke, paseando por la calle J&oacute;zefa y&nbsp; honrando al mismo tiempo a los jud&iacute;os muertos en el Holocausto, contemplando una pintura del Renacimiento italiano o del norteamericano posmoderno Eric Fischl, debati&eacute;ndose entre dudas, respondiendo a los acosos y a &ldquo;los rastros de guerra&rdquo;, siempre, como dec&iacute;a en su poema <span style="text-decoration: underline;">Autorretrato</span>, &ldquo;diferente en cada nueva fotograf&iacute;a, cada vez m&aacute;s viejo&rdquo;, se hallaba &ldquo;buscando abrir un nuevo cap&iacute;tulo de la existencia&rdquo;: &ldquo;Precisamente soy yo, yo todo el tiempo, indefinido,/siempre/ buscando siempre yo, cada ma&ntilde;ana abre un nuevo cap&iacute;tulo/ brillante, y no es capaz de terminarlo, soy yo en la calle,/ en la estaci&oacute;n, yo escuchando el llanto de un ni&ntilde;o, la risa/ de los estudiantes,/ el canto del estornino, el yo de la ignorancia, el yo de la inseguridad,/ el yo del deseo, de la espera y de la felicidad salvaje, yo/ que no entiendo nada,/ respondo a los acosos, dudo, intento volver a empezar&rdquo;. Un poeta -como hab&iacute;a afirmado muchas veces Zagajewski- interesado sobre todo en la &ldquo;interpenetraci&oacute;n&rdquo; del mundo hist&oacute;rico con &ldquo;un mundo c&oacute;smico&rdquo;, que es est&aacute;tico, o m&aacute;s bien, que se mueve a un ritmo totalmente diferente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Tienen derecho a tener biograf&iacute;a los intelectuales, los poetas, incluso las m&aacute;s banales de ellas, desprovistas de escandalosos&nbsp; y chocantes sucesos espectaculares? Como si estuvi&eacute;ramos siempre inmersos en el famoso debate que enfrent&oacute; en su d&iacute;a a Proust y Sainte-Beuve, Adam Zagajewski volv&iacute;a en no pocas partes de sus textos sobre este asunto que enfrenta &ndash;en ocasiones artificialmente- vida y obra de un autor. Lo har&iacute;a, por ejemplo, en su brillante ensayo dedicado a la poes&iacute;a de su querido y admirado Tomas Transtr&ouml;mer, aportando certeras reflexiones sobre ese invisible y delicado &ldquo;equilibrio&rdquo; que tienen que mantener los mejores creadores. La memoria, evidentemente, no es ciega ni muda, ni lo es para unos s&iacute; y para otros no. Como la inteligencia o el talento, es profundamente democr&aacute;tica, y cada cual&nbsp; -como nos ha demostrado recientemente la historia europea y nos lo seguir&aacute; demostrando muchos a&ntilde;os m&aacute;s- tiene que asumir y encajar su raci&oacute;n de coraje y valent&iacute;a, o de culpa e iniquidades, si es que las hubiera. A lo largo de su obra cr&iacute;tica y ensay&iacute;stica, este clarividente escritor e intelectual m&uacute;ltiple que era Zagajewski -poeta y narrador, cr&iacute;tico y cronista de su tiempo, diarista y microhistoriador- desarroll&oacute; de forma ejemplar y casi &uacute;nica esta pr&aacute;ctica del &ldquo;retrato&rdquo; completo, ejercido con enorme respeto y cautela, a la hora de hablar de la vida y obra de grand&iacute;simos poetas y pensadores. Desde los de pasado espinoso, o directamente ofensivo, como es el caso de Gottfried Benn, J&uuml;nger, C&eacute;line o Cioran, hasta otros de trayectoria irreprochable como ser&iacute;an Czapski, Herbert, Schulz o Val&eacute;ry, provocadores e &ldquo;ironistas inspirados&rdquo; al estilo de Gombrowicz, o si no grandes figuras europeas como Mann que encarnaron como nadie &ldquo;el esp&iacute;ritu de su tiempo&rdquo;. O si no, esos genios de biograf&iacute;as discretas, de las que no dan que hablar, como suced&iacute;a con el sueco Tomas Trasntr&ouml;mer, Premio Nobel de Literatura de 2011. Alguien que no pertenec&iacute;a a esa clase de autores &ndash;como dec&iacute;a Zagajewski- &ldquo;que cazan leones, toman parte en las cruzadas b&eacute;licas o conquistan cumbres de gran altura&rdquo;. Salvo las literarias, habr&iacute;a que decir.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un buen n&uacute;mero de autores comentados, atrapados en momentos precisos de su vida y obra, desfilaban por su espl&eacute;ndido volumen <span style="text-decoration: underline;">Dos ciudades</span>, que adem&aacute;s&nbsp; conten&iacute;a dentro de &eacute;l breves y, se podr&iacute;a decir, peque&ntilde;as joyas perfectas y turbadoras, como son los relatos <span style="text-decoration: underline;">De la Z a la A</span> y <span style="text-decoration: underline;">El homicidio</span>, as&iacute; como otros m&aacute;s largos, como es el caso del excelente <span style="text-decoration: underline;">Traici&oacute;n</span>, el no menos deslumbrante <span style="text-decoration: underline;">Discurso confidencial del presidente del Politburo</span>, o el bell&iacute;simo y autobiogr&aacute;fico que daba t&iacute;tulo al libro, <span style="text-decoration: underline;">Dos ciudades</span>. Maravillosos retratos dedicados a autores como Ernst J&uuml;nger, Gottfried Benn, Bruno Schulz y Paul L&eacute;autaud, sacuden como un zarpazo esos atisbos de la responsabilidad humana compartida, c&iacute;vica, &eacute;tica, que todos en Europa, hoy d&iacute;a, deber&iacute;an tener y que en modo alguno, aunque medien fronteras, pueden desgajarse e ir por separado. Uno, en seg&uacute;n qu&eacute; &eacute;pocas viviera, ya fuera en un Occidente supuesta y tradicionalmente privilegiado o en un Este castigado cruelmente por una sucesi&oacute;n ininterrumpida de totalitarismos, no se pod&iacute;an permitir el lujo de unas vacaciones permanentes de la est&eacute;tica y de las vivencias puramente interiores y metaf&iacute;sicas. Todos estos grand&iacute;simos autores centroeuropeos (Milosz, Kert&eacute;sz, Manea, Kis, Konr&aacute;d, Kundera, Herbert, Zagajewski) hablaron heroicamente de realidades paralelas e inimaginables para muchos de otras lejanas latitudes. Adam Zagajewski hablaba, tanto en sus poemas, en su diario <span style="text-decoration: underline;">En la belleza ajena</span> o en sus libros de ensayos, de submundos paralelos, orwellianos, asfixiantes; de mundos, sobre todo, pertenecientes a un delirio dif&iacute;cil de imaginar para el lector com&uacute;n occidental que no conoce al detalle esa monstruosa, violenta y min&uacute;scula ausencia de libertad que se daba a cada paso en reg&iacute;menes autoritarios que impusieron realidades &ldquo;&uacute;nicas&rdquo; y que hicieron retroceder a Europa &ldquo;a la &eacute;poca de la esclavitud&rdquo;, como dec&iacute;a este autor. Un mundo en el que imperaba el miedo, la delaci&oacute;n, en el que dictaduras que parec&iacute;an &ldquo;indestructibles y eternas&rdquo; se convirtieron&nbsp; para todos ellos en &ldquo;pesadilla y tema literario&rdquo;, mientras una &ldquo;teocracia falaz&rdquo; y paranoica que dec&iacute;a no tener m&aacute;s dioses que adorar salvo el Partido &uacute;nico, extend&iacute;a por toda&nbsp; superficie susceptible de ser controlada a funcionarios de la polic&iacute;a secreta encargados de la persecuci&oacute;n de &ldquo;ej&eacute;rcitos clandestinos&rdquo;. Es decir, de, pura y llanamente, gente.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; En aquella realidad vivida d&iacute;a a d&iacute;a &ldquo;bajo la funda gris del comunismo&rdquo;, aquella realidad tan dif&iacute;cil de entender para generaciones posteriores de europeos fuera del &aacute;mbito del fr&iacute;o discurso pol&iacute;tico o de ensayos de ra&iacute;z historiogr&aacute;fica, los &ldquo;h&eacute;roes de lo cotidiano&rdquo; de las dictaduras &ndash;de cualquiera de ellas- estar&iacute;an personificados magistralmente en libros como <span style="text-decoration: underline;">En la belleza ajena</span>&nbsp; a trav&eacute;s de multitud de personajes. Personajes reunidos como en una aut&eacute;ntica Arca de No&eacute; coagulada y retratada de forma fantasmal, con una entra&ntilde;able y sincera emoci&oacute;n y compasi&oacute;n que traspasa espacios y tiempos. Quiz&aacute; su m&aacute;s perfecta impronta la ofrecer&iacute;an esos &ldquo;modestos t&iacute;os y humildes t&iacute;as&rdquo; del autor, que aunque &ldquo;no escribieran libros ni pintaran cuadros&rdquo; fueron h&eacute;roes firmes e indoblegables de la sobrevivencia. Con dignidad, &ldquo;sin un gramo de fanatismo, hostilmente indiferentes al comunismo, se salvaron de persecuciones en el per&iacute;odo de la ocupaci&oacute;n y el estalinismo (&hellip;) prudentes, experimentados oyentes de audiciones radiof&oacute;nicas, consumados lectores de peri&oacute;dicos, nunca conced&iacute;an cr&eacute;dito a la primera capa del texto (&hellip;) Los ocupaba la vida diaria, la defensa de la vida cotidiana&rdquo;. Es decir, mantener esa vida cotidiana, simple y sin grandilocuencias, lo m&aacute;s intacta posible, espiritualmente hablando, para generaciones venideras. Con reservas adecuadas de &ldquo;cierta dosis de salud espiritual&rdquo;. Fortalecidos y endurecidos. &ldquo;Nos endurecemos al punto de soportar todo aquello a lo que nos acostumbramos&rdquo;, dec&iacute;a Montaigne.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Exilios interiores y una inc&oacute;lume, inalterable, vida &ldquo;en suspenso&rdquo;, que desafiaba a&ntilde;os y siglos, en paisajes no s&oacute;lo congelados por el hielo. Todo estaba dispuesto para un largo y tenaz letargo y sobrevivencia, &ldquo;para vegetar&rdquo;. As&iacute; lo expresar&iacute;a Zagajewski en un pasaje de <span style="text-decoration: underline;">En la belleza ajena</span>: &ldquo;Parec&iacute;amos estar en el siglo XIX, poca cosa hab&iacute;a cambiado. Hac&iacute;a fr&iacute;o. Lo ideal era no salir para nada. Quedarse en casa. Fuera hab&iacute;a comunismo y hielo&rdquo;. H&eacute;roes de la par&aacute;lisis, de la inacci&oacute;n, como el famoso antih&eacute;roe de Flaubert, Fr&eacute;d&eacute;ric Moreau, de <span style="text-decoration: underline;">La educaci&oacute;n sentimental</span>, a quien&nbsp;&ldquo;el miedo de hacer demasiado y de no hacer bastante, le privaba de todo discernimiento&rdquo;. H&eacute;roes, igualmente, conservadores, atesoradores de un determinado estado de cosas, de patrias del esp&iacute;ritu escamoteadas, de ciudades perdidas, de valores de repente desechados y demonizados. Tampoco se respetar&aacute; lo m&aacute;s &iacute;ntimo y preciado: la memoria. Se le declarar&aacute; abiertamente la guerra. As&iacute; lo recordaba Adam Zagajewski, hablando del espl&eacute;ndido libro <span style="text-decoration: underline;">El b&aacute;rbaro en el jard&iacute;n</span> del gran poeta polaco Zbigniew Herbert. Viajando por Italia y Francia, entusiasmado y lleno de emoci&oacute;n, Herbert no se cansaba de recorrer ciudades, de visitar catedrales y museos, de contemplar cuadros y esculturas, anotando impresiones. &ldquo;Su&nbsp; pa&iacute;s &ndash; el de este joven viajero varsoviano, nos recordar&iacute;a Zagajewski- hab&iacute;a sido destruido por una guerra cruel y por el comunismo. Para colmo, el comunismo le declar&oacute; la guerra a la memoria (&hellip;) Quien no lo ha vivido no puede saber con cu&aacute;nto desprecio trataba el comunismo al pasado mientras conservaba la fe en s&iacute; mismo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 17 Mar 2022 08:32:25 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vicente Molina Foix, la carta prometida]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/vicente-molin-foix-la-carta-prometida/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2022/FOX500.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo">D&oacute;nde comenzar a escribir sobre Vicente Molina Foix&nbsp; y su obra.&nbsp; Si imagin&aacute;ramos a &eacute;sta como un edificio, la forma de la construcci&oacute;n ser&iacute;a circular, estar&iacute;a llena de puertas y ser&iacute;a muy dif&iacute;cil encontrar una entrada principal. Si la distribuy&eacute;semos en el espacio, tampoco encontrar&iacute;amos un centro, o quiz&aacute; lo que ver&iacute;amos ser&iacute;a un centro que se desplaza una y otra vez, que no permite ser fijado, al igual que el foco de una curiosidad de impresionante espectro. Una curiosidad desarrollada plenamente, porque nada en la creaci&oacute;n de este autor permanece en el plano del capricho diletante.</p>
<p class="Cuerpo">Parecer&iacute;a l&iacute;cito comenzar por el principio oficial, que es fiel a la cronolog&iacute;a, por el poeta, por los primeros poemas, por la poes&iacute;a escrita y tambi&eacute;n le&iacute;da que ser&iacute;a semilla y sedimento en el que podr&iacute;an encontrarse muchas claves de su obra posterior.</p>
<p class="Cuerpo">Pero para hablar de un escritor total, de m&uacute;ltiples universos, e incluso, en ocasiones, se dir&iacute;a, de universos paralelos, quiz&aacute; fuera mejor dejarse llevar por la misma imaginaci&oacute;n que impregna y motoriza su obra, e intentar tender puentes entre unas manifestaciones y otras, incluida esa poes&iacute;a primera, seminal, que tambi&eacute;n se ha ramificado o ha prendido en otras facetas.</p>
<p class="Cuerpo">Si Molina Foix fuera interrogado por Gaston Bachelard, en esa divisi&oacute;n de naturalezas po&eacute;ticas, tan bella por otro lado: &ldquo;&iquest;Cu&aacute;l es tu fantasma? &iquest;El gnomo? &iquest;La salamandra? &iquest;La ondina? &iquest;La s&iacute;lfide?&rdquo; muy seguramente, el poeta se sublevar&iacute;a, se negar&iacute;a a elegir y a&ntilde;adir&iacute;a alg&uacute;n elemento m&aacute;s a la lista, entre los cuales, junto la tierra, el fuego, el agua y el aire, sin duda, se encontrar&iacute;a la Risa.&nbsp; Un humor contenido, sutil e ir&oacute;nico, en ocasiones, y en otras, claramente desbocado, que parece aceite esencial de su obra, que la liga, y tambi&eacute;n la electrifica.&nbsp; La risa parad&oacute;jica de un descre&iacute;do que de alguna forma practica la fe en todo.&nbsp; Incluso su o&iacute;do musical, privilegiado, es capaz de repartir ese poderoso ox&iacute;geno literario a lo largo de un libreto de &oacute;pera, y a&ntilde;adirse como invitado inesperado a una partitura.</p>
<p class="Cuerpo">Vicente Molina Foix&nbsp; ha sido objeto de un enorme reconocimiento como novelista, aunque, si este texto es una invitaci&oacute;n a conocer su caleidosc&oacute;pica obra, &nbsp;es preciso referirse ya a la riqueza de g&eacute;neros y de lenguajes que ha utilizado para desplegar sus intereses literarios y extraliterarios: y que abarcan, adem&aacute;s de sus novelas, su obra po&eacute;tica, sus traducciones, su obra teatral, sus libretos de &oacute;pera, su obra de cr&iacute;tico de cine y de director de cine, sus art&iacute;culos en prensa o sus ensayos de arte y literatura.</p>
<p class="Cuerpo">Ante otra bella divisi&oacute;n de naturalezas creadoras, la de los autores que escriben para ser le&iacute;dos junto al fuego o para declamar gestas en la plaza p&uacute;blica, de Cristina Campo, vuelvo a pensar en el escritor que se rebela contra cualquier tipo de encasillamiento,&nbsp; y, sin desechar la chimenea o el banco del parque, es amante del barco, el tren o el avi&oacute;n, como ese viajero que tambi&eacute;n es Molina Foix, una personalidad &aacute;vida de experiencias vitales para quien el viaje constituye tambi&eacute;n una necesidad de primer orden.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Rara combinaci&oacute;n la que a&uacute;na la necesidad de satisfacer su inteligencia, su sensualidad, su o&iacute;do musical o su placer est&eacute;tico y la austera disciplina -llevada con alegr&iacute;a, tambi&eacute;n hay que decirlo- que pondr&aacute; las cosas en su sitio, o&nbsp; en ese otro lugar de todo verdadero creador.</p>
<p class="Cuerpo">Disciplina tambi&eacute;n la del estudioso, un estudioso libre, que se desembaraza constantemente de las cuerdas que atan al erudito que a veces termina siendo, sin propon&eacute;rselo. Porque su inter&eacute;s no se encuentra en la erudici&oacute;n, en la biblioteca crecida en el interior de la biblioteca de la que hablaba el fil&oacute;sofo Daniel Dennett. Hay un asombroso c&uacute;mulo de lecturas que no vienen a justificar o acreditar nada, sino que han sido digeridas, asimiladas, transformadas tambi&eacute;n en su propia obra; hay salas de museo, repartidas por todo el mundo, visitadas una y otra vez, en la b&uacute;squeda de la experiencia de la pintura; hay audiciones musicales que se repiten en un ejercicio de abandono al placer que nada interroga y tambi&eacute;n hay una escucha atenta que busca la comprensi&oacute;n del intervalo o de la fuga.</p>
<p class="Cuerpo">Sin entrar en la biograf&iacute;a, hay tambi&eacute;n, y esto se percibe en toda su obra, una avidez existencial, un deseo ilimitado de experiencia vital y est&eacute;tica, en la que todos los sentidos est&aacute;n involucrados.</p>
<p class="Cuerpo">Algo en la literatura de Molina Foix hace pensar en el compositor Pierre Boulez, quien en uno de sus libros hablaba sobre el virtuosismo como de una cualidad que constituir&iacute;a un valor en s&iacute; misma, que ser&iacute;a casi una criatura de la m&uacute;sica; un virtuosismo productor de una clase de m&uacute;sica que no se asusta ante nada, que asume el v&eacute;rtigo porque tiene claves y herramientas para aventurarse ah&iacute; donde su emoci&oacute;n le lleve, sin temor.</p>
<p class="Cuerpo">Pensemos en algunas de sus &uacute;ltimas obras narrativas como <em>El abrecartas</em> o <em>El joven sin alma </em>&nbsp;en las que el narrador puede encarnarse en voces del pasado, de hombres y de mujeres,&nbsp; dominantes o sumisos, exprimir el jugo de la iniciaci&oacute;n, pasar el testigo del profesor al alumno, de un joven de pueblo a un cosmopolita, de la madre al hijo, combinar duelo y celebraci&oacute;n, desplazarse de una personalidad a otra con un dominio absoluto del tiempo hist&oacute;rico y de sus expresiones.</p>
<p class="Cuerpo">Podr&iacute;amos decir que la obra de Molina Foix es capaz tambi&eacute;n de escribir con esa clase de seguridad de la que hablaba Boulez, aclarando de manera urgente, que&nbsp; ese sistema circulatorio vigoroso, todos esos &oacute;rganos, m&uacute;sculos y tendones&nbsp; necesarios para soportar la gran complejidad de estas obras, no son visibles, est&aacute;n ocultos bajo la piel del texto, y s&oacute;lo se perciben en su capacidad de movilizar esta excepcional narrativa. Si algo distingue la escritura de Molina Foix es la naturalidad parad&oacute;jica que brota de una mezcla de precisi&oacute;n y elegante <em>sprezzatura</em>, fiel a un sentido del ritmo innato y a un caudal imaginativo que brota sin aparente esfuerzo.</p>
<p class="Cuerpo">Y si es verdad que en el poema parece encontrarse la habitaci&oacute;n donde a veces habla a solas, o lo que m&aacute;s se parece a dirigirse al peque&ntilde;o auditorio de &ldquo;nuestro m&aacute;s tierno yo&rdquo;, como dec&iacute;a Nabokov, tambi&eacute;n es cierto que en este lenguaje se despliegan multitud de registros que est&aacute;n presentes en el resto de su producci&oacute;n literaria.</p>
<p class="Cuerpo">Poes&iacute;a que explora, que muestra y oculta, que confiesa y que calla, que juega, que reflexiona mientras juega, que pone a veces al juego mismo en primer t&eacute;rmino, como si expusiera las reglas en las que se desarrollar&aacute; el juego del d&iacute;a. Porque en el universo del poeta, para que el juego perviva, las reglas deben cambiar. Y despu&eacute;s, de nuevo a re&iacute;r:&nbsp; &ldquo;Esqueletos: os devuelvo el insulto&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo">El gran atractivo de la poes&iacute;a de Vicente Molina Foix reside, en mi opini&oacute;n, en la tensi&oacute;n que se establece entre fuerzas casi contrarias. A punto de re&iacute;r, la bofetada. A punto del rasgu&ntilde;o, no hay caricias, no hay vendas pero s&iacute; una forma de dulcificar el efecto del golpe o de relativizarlo, incluso en las notas m&aacute;s cercanas al resquemor.</p>
<p class="Cuerpo">Hay muchas heridas en la poes&iacute;a de Molina Foix: algunas, las de la propia vida, se muestran con la desnudez de lo inevitable, como en esa &ldquo;calavera madre original&rdquo;, de la secuencia po&eacute;tica titulada &ldquo;La amenaza del hospital&rdquo;, esa mirada hacia &ldquo;los vivos de ese d&iacute;a&rdquo;, el d&iacute;a en el que el autor est&aacute; todav&iacute;a vivo, y canta, tambi&eacute;n todav&iacute;a, &ldquo;la canci&oacute;n desangelada/ del ignorante&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo">Hay tambi&eacute;n heridas, muchas, del &ldquo;coraz&oacute;n, de carne tan vestido&rdquo;. Expectativas defraudadas y un desamor que se disuelve como el humo o proyecta una mirada resentida.&nbsp; Hay miradas nost&aacute;lgicas a lo que pudo ser&nbsp; o a lo que no lleg&oacute; a existir. En sus notas m&aacute;s dif&iacute;ciles, una invocaci&oacute;n del hijo que no lleg&oacute; a nacer, un sentido habitar el pasado para a&uacute;n preguntarse, con la madre tambi&eacute;n desaparecida: &ldquo;&iquest;qu&eacute; nombre le pondremos?&rdquo;</p>
<p class="Cuerpo">Hay muchos juegos. Juegos alegres y juegos tristes, cuyas reglas cambian seg&uacute;n el humor del d&iacute;a. Poemas declaradamente c&iacute;nicos. Hay una poes&iacute;a que canta como la copla y otra, calibrada, escandida con esmero, de nuevo en una puerta giratoria con salidas y entradas a estados de &aacute;nimo diversos, espejos colocados en lugares inesperados para reflejar una experiencia de muchas caras.</p>
<p class="Cuerpo">Ese cuidado por reproducir un ritmo, una cadencia determinada, reflejado en ocasiones en la versificaci&oacute;n cl&aacute;sica, como en sus &ldquo;Sonetos del contrariado&rdquo;, de nuevo sometidos a la tensi&oacute;n entre emociones contrarias, como entre el pasado y el presente, un pasado al que rinde homenaje y del que tambi&eacute;n sabe extraer notas de hilaridad.</p>
<p class="Cuerpo">Muchos poemas, desde el comienzo de &ldquo;Los esp&iacute;as del realista&rdquo;, por los que se dio a conocer, publicados en la famosa antolog&iacute;a de los <em>Nueve nov&iacute;simos poetas espa&ntilde;oles </em>de Castellet , incluyen ya el amor al teatro, la identificaci&oacute;n con lo que en el teatro sucede, y que le llevar&aacute; a interpretar distintos papeles: desde el rol de autor, quien ordena y dirige, al del actor.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Si su poes&iacute;a reunida &ldquo;La musa furtiva&rdquo; comienza con un &ldquo;Poema representable&rdquo;, en el que &ldquo;la comedia va pasando imperceptiblemente al drama&rdquo; e incluso termina con una bajada de tel&oacute;n, resulta muy significativo que el &uacute;ltimo de los poemas, en el que el cuerpo del poeta, &ldquo;merodeador de las emociones perdidas&rdquo;, y &ldquo;un peque&ntilde;o hueco/ que no es el alma, no&rdquo;, pero en el que parece concentrarse el valor de la existencia, se muestran ante el p&uacute;blico lector, como en un teatro: &ldquo;Por eso puedo exponerlo hoy,/ sin demasiado rubor,/ ante ustedes.&rdquo; Ese ustedes que imaginamos sentado en un patio de butacas.</p>
<p class="Cuerpo">En su conjunto, podr&iacute;amos hablar del retrato del poeta que cree y descree casi simult&aacute;neamente.</p>
<p class="Cuerpo">En la poes&iacute;a, como en la novela o los cuentos, junto a la desacralizaci&oacute;n del cuerpo y del alma aparece lo que podr&iacute;a ser una consagraci&oacute;n del humor.&nbsp; Un humor a toda costa, incluso cuando bordea el imposible: &ldquo;El primer bombardeo de la guerra del Golfo concidi&oacute; con la segunda bofetada de Rafa&rdquo; , escribe en uno de sus cuentos. Precisamente, cuando m&aacute;s brilla la complejidad de la propuesta humor&iacute;stica del escritor, la sonrisa congelada o en proceso de congelaci&oacute;n. Intuyes donde se encuentra el escritor, cuyo escondite se desplaza a gran velocidad del posible control del lector.</p>
<p class="Cuerpo">Humor con tristeza, dolor, incluso desgarro de fondo: una mujer que ha ido a abortar a Londres, durante el franquismo, un muchacho que se ofrece a los europeos que viajan a Marruecos, una mendiga en el portal de su casa; humor salv&iacute;fico, como la barca que cruza el Estrecho, repleto de interrogantes tambi&eacute;n.</p>
<p class="Cuerpo">Un humor que en su dosificaci&oacute;n tiene un efecto particular en los m&uacute;ltiples g&eacute;neros practicados por Molina Foix, y que alcanza a la misma m&uacute;sica.</p>
<p class="Cuerpo">En cierta ocasi&oacute;n el escritor, gran mel&oacute;mano, comenta en p&uacute;blico su deseo de ser libretista de &oacute;pera. Este g&eacute;nero musical le permitir&iacute;a desplegar su imaginaci&oacute;n y poner su palabra al servicio de otra clase de experiencia, que aunar&iacute;a su amor a la m&uacute;sica y su pasi&oacute;n por el teatro y la escenograf&iacute;a, por la potencia de la imagen.</p>
<p class="Cuerpo">Un o&iacute;do atento, como el del compositor Luis de Pablo, lanza de inmediato la invitaci&oacute;n, y compositor y escritor inician una larga y amistosa colaboraci&oacute;n, que incluye cuatro &oacute;peras, la &uacute;ltima de las cuales, adaptaci&oacute;n de su novela <em>El abrecartas</em>, en el momento de escribir este texto, est&aacute; pendiente de estreno.</p>
<p class="Cuerpo">Este di&aacute;logo entre Vicente Molina Foix y Luis de Pablo, dice mucho tambi&eacute;n del talante creativo de escritor y compositor. Siendo muy diferentes entre s&iacute;, ambos comparten un extraordinario amor y conocimiento profundo de la palabra.</p>
<p class="Cuerpo">Luis de Pablo se ha referido en numerosas ocasiones a c&oacute;mo la lengua espa&ntilde;ola&nbsp; hab&iacute;a sido infravalorada musicalmente y a su deseo de trabajar tambi&eacute;n con la palabra contempor&aacute;nea como materia musical.&nbsp; Y nadie mejor que el propio Molina Foix, en su an&aacute;lisis sobre la palabra shakesperiana , para expresar la m&uacute;sica que &eacute;sta esconde, contiene de forma latente o puede desarrollar por medio de su sonoridad.</p>
<p class="Cuerpo">El cantor &ldquo;regalaba el o&iacute;do de su p&uacute;blico con las notas m&aacute;s dulces y armoniosas sin dejar de ense&ntilde;arle a escuchar lo inaudito&rdquo;, escribe en <em>Enemigos de lo real, </em>siendo a mi parecer tambi&eacute;n &eacute;ste el propio deseo de Molina Foix frente al libreto.</p>
<p class="Cuerpo">El escritor contin&uacute;a reflexionando sobre las &ldquo;disonancias&rdquo; de Shakespeare, sobre &ldquo;sus m&uacute;sicas soterradas, sus asombrosos quiebros de tono y el atrevimiento de sus combinaciones de contrarios: el salto de la prosa al verso, del retru&eacute;cano obsceno al pareado buc&oacute;lico, y -en obras para grandes conjuntos vocales- el subrayado de los soliloquios, que en m&aacute;s de un caso podr&iacute;an tambi&eacute;n llamarse arias.&rdquo; Sin llamarse &oacute;pera todav&iacute;a, la m&uacute;sica de aquel tiempo, por su parte, comenzaba a conferir&nbsp; &ldquo;a la voz cantante y a la palabra inteligible la dimensi&oacute;n de un armonioso discurso de la conciencia.&rdquo;</p>
<p class="Cuerpo">Compositor y libretista saben poner su experiencia est&eacute;tica al servicio de una causa diferente, una causa, podr&iacute;amos decir, ampliada.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Aunque Luis de Pablo no &ldquo;contabilice&rdquo; su obra para el cine, en sus propias palabras, y se refiera a esas piezas como &ldquo;otra cosa&rdquo;, al igual que prefiere llamar &ldquo;montaje sonoro&rdquo; a su trabajo para la obra de teatro <em>Los abrazos del pulpo </em>de Molina Foix, lo cierto es que ha demostrado ser un maestro del di&aacute;logo entre el sonido y la imagen. En cierta ocasi&oacute;n, el compositor coment&oacute; c&oacute;mo la m&uacute;sica que acompa&ntilde;a a la pel&iacute;cula en blanco y negro <em>La caza</em> de Antonio Saura deb&iacute;a tener una m&uacute;sica tambi&eacute;n en blanco y negro, y por eso hab&iacute;a trabajado exclusivamente con el piano y la percusi&oacute;n.</p>
<p class="Cuerpo">Con los libretos de Vicente Molina Foix la paleta incluye todos los colores:</p>
<p class="Cuerpo">&ldquo;La historia es el resultado de la mezcla de muy diversos tonos de color&rdquo;, escribe en uno de sus poemas.</p>
<p class="Cuerpo">Creo que en esta relaci&oacute;n tan atractiva y fruct&iacute;fera con la m&uacute;sica se pone de manifiesto otra de las tensiones m&aacute;s importantes de toda la obra del Molina Foix y es la de su particular relaci&oacute;n con el Pasado.</p>
<p class="Cuerpo">La tensi&oacute;n entre Pasado y Futuro que se expresa en el libreto de <em>El viajero indiscreto&nbsp; -</em>con su casa laboratorio, en la que incluso un robot andr&oacute;gino tiene celos- es tambi&eacute;n, a mi juicio, una de los signos distintivos de su estilo, algo que podr&iacute;amos llamar textura de la palabra:&nbsp; una palabra vieja&nbsp; y joven a un mismo tiempo, arrugada y tersa, resultado de un gozoso palimpsesto que produce el efecto de una gran elasticidad.</p>
<p class="Cuerpo">El magisterio temporal&nbsp; no se expresa en tiempos verbales, sino en saber conducirse por distintos estratos del tiempo, literarios e hist&oacute;ricos, por medio de una experiencia profunda del lenguaje.</p>
<p class="Cuerpo">Y esta especie de mestizaje temporal se materializa, a mi juicio, de manera singular en la tercera parte de su libro <em>La misa de Baroja</em>, que lleva por t&iacute;tulo &ldquo;El cuello en el canal&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo">Hemos visto muchas veces c&oacute;mo en el teatro, la actualizaci&oacute;n de un cl&aacute;sico se ensaya tambi&eacute;n por medio de un cambio del vestuario o de un escenario decididamente contempor&aacute;neos.&nbsp; Lo sorprendente es que Molina Foix consiga estos efectos no s&oacute;lo con la alternancia de una levita y un bikini, o la aparici&oacute;n de una l&iacute;nea de autob&uacute;s cuando poco antes hab&iacute;amos viajado a caballo, sino con un registro de la palabra siempre cambiante, en el que el <em>vos </em>y el <em>t&uacute;</em> dialogan con una admirable naturalidad, y en un m&aacute;s dif&iacute;cil todav&iacute;a: la novela contempor&aacute;nea y la f&aacute;bula.</p>
<p class="Cuerpo">De forma significativa, Molina Foix cita &ldquo;La balada de Caperucita&rdquo; de Lorca al comienzo de <em>La misa de Baroja</em>: &ldquo;Soy la ni&ntilde;a de un cuento&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo">Todo se encuentra aqu&iacute;: la imaginaci&oacute;n tranquila y furiosa, surrealista, g&oacute;tica y rom&aacute;ntica, sobre todo unas maneras del pasado, que parec&iacute;an perdidas para el presente y que son despertadas de un letargo, para ser nuevamente interrogadas y actualizadas, siempre sorprendidas por un humor que reaparece, incluso en los momentos m&aacute;s insospechados, hasta el punto de que un padre muerto y enterrado &ldquo;extra&ntilde;a no tener boca para re&iacute;rse&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo">Maestro de las emociones, de la pasi&oacute;n amorosa, de la expresi&oacute;n del poder y la sumisi&oacute;n, de los celos, del deseo sutil desarrollado en la sombra y el descrito a plena luz de un foco desvergonzado, todo el cat&aacute;logo de roles femeninos y masculinos, que parecer&iacute;an naipes barajados muchas veces y puestos sobre el tapete del juego con un nuevo valor, muchas veces invertido.</p>
<p class="Cuerpo">Vicente Molina Foix es un apasionado lector&nbsp; del andamiaje del pasado que soporta el presente, un pasado actualizado en la experiencia del presente que tambi&eacute;n se pregunta por el Futuro.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Cuando una de las protagonistas de &ldquo;El cuello en el canal&rdquo;&nbsp; se dispone a escribir una carta a su amiga, saca una pluma de ave de un &ldquo;plumier&rdquo; , para, finalmente desecharla. La pluma no le parece &ldquo;digna de esta correspondencia&rdquo;. Escribe entonces a m&aacute;quina y env&iacute;a el texto &ldquo;por cablegrama&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo">El amor al Pasado, o el inter&eacute;s en eso que llamamos Pasado, se manifiesta de muchas maneras en la obra de Molina Foix, y la carta es uno de sus veh&iacute;culos preferidos, tambi&eacute;n uno de los m&aacute;s certeros a la hora de comunicar la fascinaci&oacute;n por el tiempo pret&eacute;rito.</p>
<p class="Cuerpo">Cartas que anuncian otras cartas, cartas que se deben o se devuelven, cartas perdidas, cartas en el interior de otras cartas, manchadas de sangre o de tinta desle&iacute;da. Cartas que cubren largos lapsos de tiempo y, de pronto, tienen el poder de encarnar a sus autores.</p>
<p class="Cuerpo">G&eacute;nero epistolar, hoy objeto de estudio, casi una reliquia, que no lo era cuando Molina Foix se adentra en la literatura. &ldquo;&iquest;Se escriben entre s&iacute; los escritores de la Espa&ntilde;a moderna? -se pregunta en <em>Enemigos de lo real- </em>Consta que en otro tiempo s&iacute; se hac&iacute;a, el tiempo en que hab&iacute;a generaciones y las horas discurr&iacute;an menos capciosas y el papel era m&aacute;s tangible que las hojitas t&eacute;rmicas del fax o los inconcretos filamentos de la red&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo">Y en la obra del escritor se produce un constante homenaje tambi&eacute;n a un tiempo en el que era posible comunicarse por escrito, con el tiempo para el matiz y la precisi&oacute;n que regala la carta, tan alejada del lenguaje hablado,&nbsp; de la conversaci&oacute;n naturalmente interrumpida, cuya espontaneidad s&oacute;lo favorece a determinados esp&iacute;ritus amantes o esclavos de la inmediatez.</p>
<p class="Cuerpo">La carta y la relectura de la carta. Todas las cartas creadas por Vicente Molina Foix son cartas para ser rele&iacute;das, degustadas con tiempo, e incluso el comprimido &ldquo;cablegrama&rdquo; podr&aacute; ser desplegado en una segunda lectura, que libera esencias condensadas por la exigencia de la brevedad.</p>
<p class="Cuerpo">En&nbsp; su novela <em>El abrecartas</em>, estructurada a partir de un poderosos entramado de cartas, no se produce el di&aacute;logo y quien escribe se convierte de alguna manera en rey del tiempo, administrador de sus propias conquistas y p&eacute;rdidas.</p>
<p class="Cuerpo">Molina Foix volver&aacute; al g&eacute;nero epistolar, como gran protagonista, en el ejercicio de excepcional desnudez , de alguna forma confesional, de su libro a dos voces con el poeta Luis Cremades, <em>El invitado amargo</em>. Cartas reales, en este caso, intercambiadas entre ambos durante un pasado compartido, cuyos intermedios se llenan con&nbsp; el relato, tambi&eacute;n a dos voces, de la historia de su relaci&oacute;n amorosa, desde la pasi&oacute;n y la complicidad al desenga&ntilde;o y la ruptura.</p>
<p class="Cuerpo">Lo importante entonces, no son s&oacute;lo las cartas, sino&nbsp; el pegamento que ambos inventan para reunirlas y sellarlas en un libro que es tambi&eacute;n comentario a una forma de comunicaci&oacute;n.</p>
<p class="Cuerpo">Las cartas terminan por poner ante nosotros una relaci&oacute;n que es otra a trav&eacute;s de la palabra, una segunda relaci&oacute;n en la que los acontecimientos, los sentimientos, incluso la piel sufre una metamorfosis promovida por el lenguaje. El mismo Molina Foix, al releerse, recuerda fragmentos de s&iacute; mismo que el tiempo ha deformado o borrado, puede verse a s&iacute; mismo como a otro. La atenta relectura produce efectos inesperados: &ldquo;como si las palabras se solidificaran a medida que las rele&iacute;a y algo de mucho calado que estaba ah&iacute; , pero oculto, saliera a flote y cobrara fuerza.&rdquo;&nbsp;&nbsp; Como si pudiera tambi&eacute;n, llevar al joven que fue de la mano, y al releerlo, consolar a quien sufri&oacute; las heridas.</p>
<p class="Cuerpo">&ldquo;Se trata -escribe en una de las cartas dirigidas a Luis Cremades- de una carta que <span style="text-decoration: underline;">nos</span> escribo porque s&eacute; muy bien que s&oacute;lo escribiendo uno llega a decirse las cosas que, pensadas o dichas, son m&aacute;s fugitivas&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo">Cuando el Vicente de <em>El joven sin alma </em>mira las cartas que en su juventud le escribiera su amigo Ram&oacute;n las considera &ldquo;hermosas cartas de amor de un siglo anterior y aventajado al nuestro&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo">Molina Foix hab&iacute;a hecho ya un verdadero trabajo de arqueolog&iacute;a epistolar en <em>El abrecartas. </em></p>
<p class="Cuerpo">Este libro comienza con una carta de 1926 y termina con un correo electr&oacute;nico de 1999, en el que, entre otras cosas, se ofrecen a la venta cartas manuscritas del poeta Vicente Aleixandre.</p>
<p class="Cuerpo">Junto a la fascinante y sutil transformaci&oacute;n del lenguaje que se va operando por medio de las cartas -la historia contada con el lenguaje informativo oficial o f&oacute;rmulas de cortes&iacute;a de una &eacute;poca, con rupturas de la tradici&oacute;n o con juegos vanguardistas- asistimos a la narraci&oacute;n de una historia de m&uacute;ltiples personajes, masculinos&nbsp; y femeninos, de distintas edades y estratos sociales, y formaci&oacute;n tambi&eacute;n muy diferente.&nbsp; Molina Foix entiende, como observamos tambi&eacute;n en <em>El joven sin alma</em>,&nbsp; que la historia debe ser contada por muchos, no por una sola voz por muy informada que &eacute;sta pudiera ser.</p>
<p class="Cuerpo">Como en la pel&iacute;cula o falso documental <em>La comuna (Par&iacute;s, 1871)</em> de Peter Watkins, en la que el director brit&aacute;nico pone el micr&oacute;fono al tendero, al soldado, al general y a la lavandera que participan en el conocido movimiento insurreccional, prest&aacute;ndoles la misma atenci&oacute;n, otorgando el mismo valor a su palabra, en un ejercicio de democracia cinematogr&aacute;fica.</p>
<p class="Cuerpo">El retrato m&uacute;ltiple de Molina Foix tiene que ver con la metamorfosis de la sociedad espa&ntilde;ola, la anterior a la Guerra Civil, las secuelas de &eacute;sta y un renacimiento en el que &eacute;l est&aacute; involucrado y por el que toma claro partido.</p>
<p class="Cuerpo">Y la historia se cuenta no s&oacute;lo con los hechos reales que punt&uacute;an las p&aacute;ginas de &eacute;stos libros, sino con comentarios que dan noticia de la evoluci&oacute;n de un gusto literario, de la m&uacute;sica o el cine y la cr&iacute;tica de cine, y que llega hasta el mismo d&iacute;a de hoy.</p>
<p class="Cuerpo">La literatura de Molina Foix ilumina tambi&eacute;n algunas zonas oscuras de un pasado colectivo, muchas veces aplastado o cubierto por incontables veladuras de censura, act&uacute;a como linterna que pone el foco en los m&uacute;ltiples prejuicios, mentiras y c&iacute;nicas contradicciones de nuestra sociedad.&nbsp; Un gran cat&aacute;logo de prohibiciones circula por sus libros, liberadas de sus ataduras : desde las que ata&ntilde;en a la sexualidad a las de las ideas.</p>
<p class="Cuerpo">Tal como se defini&oacute; a s&iacute; mismo en un monogr&aacute;fico dedicado a su obra llevado a cabo por el Instituto Cervantes de Lyon, en 2018, Vicente Molina Foix es &ldquo;el creyente de todas las religiones&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo">En el pr&oacute;logo a esta publicaci&oacute;n el escritor hace referencia a un ate&iacute;smo recalcitrante, forjado en la escuela del catolicismo riguroso de su infancia, que nunca dej&oacute; de sentir fascinaci&oacute;n por muchas de sus manifestaciones rituales;&nbsp; una disposici&oacute;n a la &ldquo;obediencia ritual&rdquo; m&aacute;s que a la &ldquo;fe ciega.&rdquo;</p>
<p class="Cuerpo">Y alude el escritor a un &ldquo;fest&iacute;n de las artes&rdquo; y a una &ldquo;bacanal de las letras&rdquo;, a una religi&oacute;n de religiones, laica, necesaria:&nbsp; &ldquo;Una religi&oacute;n que consiste en o&iacute;r m&uacute;sica sacra de Tom&aacute;s Luis de Victoria, Monteverdi, Purcell, Couperin o Mozart sin dejar de tener los pies en la tierra. Apabullarse en las catedrales sin la obligaci&oacute;n de ponerse de rodillas. Entender que los grandes narradores que sirvieron de ejemplo a los novelistas y los poetas fueron pintores de tema sacro como Ucello, Tintoretto, El Bosco, Caravaggio, Murillo, La Tour&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo">Elocuente comentario que nos devuelve constantemente a un Pasado productor de gran deleite y que remite a la pasi&oacute;n coral que se respira en toda su obra.</p>
<p class="Cuerpo">Fruto de una larga estancia en Venecia es el ensayo de Molina Foix <em>Tintoretto y los escritores</em>, una sucesi&oacute;n de incisivos textos de novelistas, fil&oacute;sofos o historiadores de arte que experimentaron una misma fascinaci&oacute;n ante la obra del pintor veneciano, en el que brilla la calidad de los comentarios del escritor y su forma de conectar literatura,&nbsp; arte y cine.</p>
<p class="Cuerpo">Hay una frase en este libro que da prueba de la capacidad sinest&eacute;sica de su autor, que mira y escucha el arte, y estas obras que lo conmueven: como una &ldquo;prosa del mundo musicalmente modulada&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo">Molina Foix estudi&oacute; filosof&iacute;a y realiz&oacute; un doctorado en Historia del Arte en Inglaterra, pa&iacute;s donde residi&oacute; durante ocho a&ntilde;os. Estas elecciones explican por s&iacute; solas gran parte de la riqueza que se expresa en su creaci&oacute;n literaria: adem&aacute;s del o&iacute;do educado musicalmente, el ojo atento, libre, y tambi&eacute;n cultivado y respetuoso con lo mejor del estudio acad&eacute;mico.</p>
<p class="Cuerpo">Tintoretto, el pintor &ldquo;de los amantes de la literatura&rdquo;, como lo llamaba Mary MacCarthy, produce en Molina Foix una devoci&oacute;n, una &ldquo;man&iacute;a&rdquo;,&nbsp; sin duda ligada al &ldquo;programa novel&iacute;stico&rdquo; que parece mostrarse en sus pinturas.</p>
<p class="Cuerpo">Con gran agudeza comenta el modo como Boschini ilustra el proceso de trabajo de Tintoretto: &ldquo;describe unos procedimientos muy parecidos a los del cineasta que antes de rodar localiza exteriores, mide las alturas y las distancias, sit&uacute;a en el plat&oacute; figurantes animados, ordena geogr&aacute;ficamente los elementos del decorado que luego enfocar&aacute;, al tiempo que estudia las fuentes de luz y los espacios que han de quedar en la tiniebla, dando roles protagonistas de su paleta (o su c&aacute;mara) al cuerpo humano.&rdquo; Y contin&uacute;a: &ldquo;Esta voluntad mixtificadora de la percepci&oacute;n visual [&hellip;] basada en la dificultad de captarlo todo a la primera mirada, en la ocultaci&oacute;n de franjas de realidad y el correspondiente esfuerzo exigido al espectador para completar el sentido de cada obra con su propia interpretaci&oacute;n sem&aacute;ntica, est&aacute; en el coraz&oacute;n de un reino narrativo que la pintura moderna, el cine y cierta literatura del siglo XX han hecho suyo&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo">El escritor diferencia muy bien cine y novela, lenguajes que pueden considerase incluso antag&oacute;nicos, aunque algunos escenarios de sus novelas y cuentos, incluso de sus poemas, guardan un estrecho parentesco con ciertos encuadres cinematogr&aacute;ficos , y de alguna manera, el movimiento de personajes de sus novelas parece en ocasiones dirigido por una alado objetivo.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Algunas descripciones de sucesos acontecidos en las calles de su novela <em>El joven sin alma</em> pueden ser seguidos por una c&aacute;mara veloz que recuerda a la de los j&oacute;venes de Godard o de Truffaut; algunos besos fugaces, pueden quedar en la retina del lector como la fotograf&iacute;a del beso de Robert Doisneau.</p>
<p class="Cuerpo">La muerte de su don Juan de &ldquo;La muerte en el canal&rdquo; de&nbsp; <em>La misa de Baroja, </em>en las aguas del canal de Venecia, mientras est&aacute; en pie sobre una g&oacute;ndola, y un cable de acero le rebana el cuello limpiamente, dejando que el cuerpo descabezado contin&uacute;e desliz&aacute;ndose sobre el agua como un mascar&oacute;n nacido del absurdo, es un <em>travelling</em> contado con palabras.</p>
<p class="Cuerpo">Escribe en <em>El joven sin alma</em>: &ldquo;Vengo adiestrado por una larga experiencia de mir&oacute;n. Y traigo el dispositivo de la verdad. La c&aacute;mara estilogr&aacute;fica. Yo solo, sin equipo auxiliar. Yo y mi c&aacute;mara. Una panor&aacute;mica sin insertos, sin acercamientos del teleobjetivo, sin primeros planos enf&aacute;ticos de los actores gastados. Un encuadre fijo.</p>
<p class="Cuerpo">La t&eacute;cnica no miente. Avanzamos.&rdquo;</p>
<p class="Cuerpo">Es el momento m&aacute;gico de encuentro entre la palabra y la mirada del escritor.</p>
<p class="Cuerpo">Recordemos el relato que hace del Misteri de Elche, esa &ldquo;maravilla teatral y musical, tan refinada como espont&aacute;nea&rdquo; en su novela <em>El invitado amargo</em>: &ldquo;Las tres Mar&iacute;as, La virgen, los &aacute;ngeles de peluca rubia. Simp&aacute;tico, plebeyo, arcaico [&hellip;] hasta que, tras expresar la madre de Dios el presagio de su inminente muerte, son&oacute; el &oacute;rgano de la bas&iacute;lica y se abrieron las puertas pintadas del cielo. Empezaba a bajar desde la c&uacute;pula el &Aacute;ngel con su palma dorada, saludando a la Virgen Mar&iacute;a y entonando el melisma bell&iacute;simo [&hellip;] Con lo fr&iacute;o que soy en las expresiones del alma, el canto a&eacute;reo del &aacute;ngel, el lamento de la Virgen (&ldquo;Ay, triste vida corporal&rdquo;), y el d&uacute;o ag&oacute;nico con ese hijo o hermano joven simb&oacute;lico que es en la obra Juan el Bautista, siguen, a&ntilde;o tras a&ntilde;o, llev&aacute;ndome a las l&aacute;grimas. Tambi&eacute;n aquel d&iacute;a.&rdquo;</p>
<p class="Cuerpo">Un ejemplo m&aacute;s de la forma como la m&uacute;sica, omnipresente en la obra de Molina Foix, resulta tambi&eacute;n inseparable del teatro, aliment&aacute;ndose mutuamente, como sucede con las im&aacute;genes del arte. Arte, literatura, m&uacute;sica, cine, teatro que se combinan y se alimentan entre s&iacute; de manera constante.</p>
<p class="Cuerpo">En su cuento &ldquo;Con tal de no morir&rdquo;<em>,</em> el protagonista, profesor de arte, tiene una teor&iacute;a sobre <em>Las Meninas</em> , un cuadro &ldquo;que para &eacute;l no era otra cosa que el inicio de una funci&oacute;n teatral de la &eacute;poca, a la que los reyes se asoman por el <em>backstage</em> y en el que Vel&aacute;zquez est&aacute; pintando al p&uacute;blico presente en la sala&rdquo;. El arte alimenta al narrador y al esp&iacute;ritu libre del cr&iacute;tico de arte que tambi&eacute;n es.</p>
<p class="Cuerpo">La directora Mar&iacute;a Ruiz, quien dirigiera en Madrid la primera obra de teatro de Molina Foix,&nbsp; <em>Los abrazos del pulpo</em>, se refiere al gran c&uacute;mulo de im&aacute;genes&nbsp; del gui&oacute;n como a una de las grandes riquezas de esta obra, unas im&aacute;genes que tendr&iacute;an tanta importancia como el texto hablado, y que, en sus palabras, no ser&iacute;an &ldquo;meras acotaciones sino &ldquo;texto propiamente dicho&rdquo; y que, en su mayor parte, demandaban medios cinematogr&aacute;ficos o &ldquo;m&aacute;gicos (m&aacute;gicos de magia) o una extraordinaria imaginaci&oacute;n sustitutiva&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo">Esa magia que se despliega con total naturalidad en la poes&iacute;a o en algunos pasajes de sus novelas, donde la imaginaci&oacute;n vuela con la libertad de los sue&ntilde;os: las im&aacute;genes del arte que hablan su propio lenguaje y hacia las cuales Molina Foix tiende puentes una y otra vez en su obra.</p>
<p class="Cuerpo">Volviendo a su ensayo sobre Tintoretto, la capacidad del escritor para relacionar arte y literatura, queda de manifiesto en un largo y acerado comentario en el que compara la &ldquo;desaforada gestualidad protoexpresionista&rdquo; del pintor, &ldquo;que a veces se asemeja a la <em>action painting&rdquo; , </em>o la forma de aplicar a la pintura &ldquo;t&eacute;cnicas de composici&oacute;n sincr&oacute;nica y corte transversal&rdquo; con f&oacute;rmulas ensayadas en la literatura trescientos a&ntilde;os m&aacute;s tarde &ldquo;en el relato interpolado de Dos Passos, en la narraci&oacute;n &oacute;rfica de Andrei Biely y en el caleidoscopio fonoverbal de Joyce&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo">Para el fil&oacute;sofo y cr&iacute;tico Hippolite Taine y me aventurar&iacute;a a decir que tambi&eacute;n para Molina Foix, la originalidad de Tintoretto reside en, &ldquo;un profundo y vasto programa &lsquo;novel&iacute;stico&rsquo; , que s&oacute;lo a primera vista puede parecer ilustrativo: &lsquo;La vida general de las cosas le preocupa m&aacute;s que la vida particular de un cuerpo&rsquo;.&rdquo; Por eso, en palabras de nuevo del escritor: &ldquo;le da un papel estelar en la gran estirpe de los grandes totalizadores narrativos.&rdquo;</p>
<p class="Cuerpo">Esta afinidad cr&iacute;tica y est&eacute;tica con Taine se extiende al parecido que existe entre Tintoretto y Shakespeare,&nbsp; y les hace emparentar los cuadros del pintor veneciano con las met&aacute;foras &ldquo;convulsivas&rdquo; del Bardo, repletas de ideas y de pinturas. Tambi&eacute;n para Henry James, otro de los escritores m&aacute;s admirados por Molina Foix, la riqueza de Tintoretto es abrumadora y se pregunta si es posible escribir una novela de la magnitud de uno de su cuadros. S&oacute;lo Shakespeare podr&iacute;a ser equiparable: &ldquo;Superrealismo, posibilidad de entrar en los cuadros y no s&oacute;lo verlos, la inagotable invenci&oacute;n de asunto y movimiento&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo">Y en este punto, es preciso volver a introducir la literatura del propio Molina Foix repleta de cuadros vivos,&nbsp; y la riqueza de planteamientos siempre originales de su narrativa.</p>
<p class="Cuerpo">Sirvan como ejemplo algunos de los cuentos que aparecen en su libro <em>El hombre que vendi&oacute; su propia cama</em> , nacidos a partir de entradas de los diarios de Henry James en los que el escritor norteamericano anot&oacute; lo que consideraba ideas interesantes para posibles relatos.</p>
<p class="Cuerpo">Los someros apuntes de James, que se limitan a esbozar la estructura de un sentimiento de decepci&oacute;n o el descubrimiento de un enga&ntilde;o, desencadenan en Molina Foix la escritura de historias ancladas en un presente con nombre y apellidos, desde el cual se desplaza por un tiempo que parecer&iacute;a desplegado.</p>
<p class="Cuerpo">Prueba de ello quiz&aacute; sean esos maridajes que tanto gustan al autor, en los que puede ligar a Henry James con Shakespeare, por medio de un gui&ntilde;o-homenaje,&nbsp; y que abundan en su obra.</p>
<p class="Cuerpo">Los protagonistas de uno de estos cuentos, se conocen en un museo donde se celebra una exposici&oacute;n sobre Shakespeare, ante&nbsp; un retrato falso del Bardo. &ldquo;Aquel caballero de boca afilada y m&aacute;s pelo en la frente del que Shakespeare tiene en el frontispicio de la primera edici&oacute;n en folio de sus obras era -sigui&oacute; insistiendo- uno de los &lsquo;shakespeares&rsquo; posibles (&lsquo;&iquest;No cambiamos nosotros mismos de rasgos y hasta de personalidad, de una fotograf&iacute;a a otra?&rsquo;)&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo">Shakespeare nos lleva a otra faceta muy importante de la obra de Molina Foix, su labor como traductor.</p>
<p class="Cuerpo">Si es verdad que el escritor ha traducido a Radiguet, en franc&eacute;s, y a otros poetas de lengua inglesa, son sobre todo sus traducciones de Shakespeare las que le otorgan este t&iacute;tulo.</p>
<p class="Cuerpo">La traducci&oacute;n es tambi&eacute;n una escuela de ense&ntilde;anza. Y el Bardo ingl&eacute;s es una figura tutelar de primer orden del escritor.</p>
<p class="Cuerpo">Pr&aacute;cticamente todas las traducciones que aparecen en su ensayo sobre lecturas de escritores, <em>Enemigos de lo real , </em>son suyas, una de las razones que hacen de esta obra un ejercicio de lectura apasionante. La mejor manera de conocer a un autor es, sin duda, traducirlo, y para comentar un estilo y una forma de abordar la creaci&oacute;n literaria, no existe mejor acercamiento que el de convertirse, durante un tiempo, en el autor mismo, en encarnarse literariamente en &eacute;l.&nbsp; La traducci&oacute;n ense&ntilde;a, no s&oacute;lo de qu&eacute; manera dos lenguas difieren a la hora de abordar cuestiones que tienen que ver con la espacialidad o la temporalidad de los verbos, sino c&oacute;mo un autor en particular ha jugado con el lenguaje, lo ha retorcido o lo ha alisado, de qu&eacute; manera lo ha dotado de nuevas formas de expresi&oacute;n, c&oacute;mo imprime m&uacute;sica a una frase, qu&eacute; clase de instrumentos intervienen en dicha m&uacute;sica, c&oacute;mo una palabra envejece o puede rejuvenecer.</p>
<p class="Cuerpo">La traducci&oacute;n ayuda a entender de qu&eacute; modo el lenguaje, como en una especie de selecci&oacute;n natural, toma decisiones y decide apostar por favorecer un aspecto u otro de la comunicaci&oacute;n.</p>
<p class="Cuerpo">Traducir a Shakespeare requiere una gran dosis de valor. No se trata solamente del conocimiento profundo de la lengua inglesa y de la espa&ntilde;ola, sino de asumir los v&eacute;rtigos de lo intraducible, la invenci&oacute;n del puente que une dos caminos, a menudo divergentes, del lenguaje.</p>
<p class="Cuerpo">Baste este bello y <em>sentido</em> comentario sobre la traducci&oacute;n del parlamento de la reina Gertrudis&nbsp; en <em>Hamlet</em>, para acercarnos a su forma de entenderla:&nbsp; &ldquo;Escalona el recitativo con el tempo y la minuciosidad de un narrador, a la vez que, con sus im&aacute;genes y su serie de adjetivaciones acu&aacute;ticas (<em>glassy stream, weeping brook, muddy death</em>, que prefer&iacute;a sustantivar en mi traducci&oacute;n a la obra; &lsquo;el cristal del agua&rsquo;, el &lsquo;llanto de las aguas&rsquo;, &lsquo;una muerte de barro&rsquo;), da una rica coloratura a la &uacute;nica aria que la madre de Hamlet tiene en la tragedia&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo">Para Molina Foix traducir es, por una parte, un ejercicio de humildad, de reconocimiento y respeto; por otra, un acto de obligada osad&iacute;a. Si muchos autores renunciaron a la versificaci&oacute;n, Molina Foix entiende&nbsp; esta renuncia como una rendici&oacute;n, como el reconocimiento a priori de una derrota.&nbsp; Este escritor es creyente: todo puede volver a decirse, si no del mismo modo, s&iacute; cree que la inmersi&oacute;n profunda en el texto original le mostrar&aacute; caminos, que una lengua puede aprender del proceso de aprendizaje de otras.</p>
<p class="Cuerpo">Tampoco se deja cegar por los muchos deslumbramientos shakesperianos, y reconoce tambi&eacute;n a los fantasmas que deambulan por la poes&iacute;a. El escritor lleva a cabo una inmersi&oacute;n en una verbalidad y una imaginer&iacute;a que, en sus palabras, &ldquo; producen a menudo estupefacci&oacute;n, cuando no incredulidad, y de ah&iacute; que en las traducciones sea tan necesario no &lsquo;acomodarle&rsquo; a la l&oacute;gica&rdquo; porque la palabra po&eacute;tica de muchos de sus versos &ldquo;no la tiene&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Vicente Molina Foix, respetuoso hasta la coma, con su diccionario de Covarrubias siempre a la mano, para sentir la edad de la palabra, no inventa nada, pero sabe de qu&eacute; materia est&aacute;n hechos los versos shakesperianos, y de qu&eacute; forma est&aacute;n animados por la l&oacute;gica po&eacute;tica.</p>
<p class="Cuerpo">Para modernizar una lengua, es preciso saber qu&eacute; viaje ha realizado la palabra, haber hecho ese viaje, saber qu&eacute; ha dejado en el camino, qu&eacute; bifurcaciones ha elegido y por qu&eacute;.</p>
<p class="Cuerpo">Su conocimiento&nbsp; del castellano antiguo le permite escribir unas variaciones sobre dos versos de Fray Luis de Le&oacute;n:</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">&ldquo;Despi&eacute;rtenme las aves</p>
<p class="Cuerpo">con su cantar sabroso no aprendido</p>
<p class="Cuerpo">y as&oacute;mbrense los hombres</p>
<p class="Cuerpo">de que sea otro hombre quien confiese:</p>
<p class="Cuerpo">no hay &aacute;ngel suficiente</p>
<p class="Cuerpo">que en m&iacute; despierte ganas de ir al cielo, ni poeta curtido</p>
<p class="Cuerpo">que ense&ntilde;e a dar sabor a la poes&iacute;a</p>
<p class="Cuerpo">mientras por cuenta m&iacute;a</p>
<p class="Cuerpo">no aprenda yo a cantar como querr&iacute;a&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">El conocedor del Pasado, es tambi&eacute;n el conocedor de un Presente en el que vive de manera intensa. No es Vicente Molina Foix un autor en una torre de marfil, aunque deba crear un espacio de aislamiento a su alrededor, una distancia necesaria tambi&eacute;n para la escritura. Sin embargo, el realismo no le sirve si no es tocado por la gracia del viaje y el descubrimiento.</p>
<p class="Cuerpo">El escritor escribe con asiduidad en prensa y se enfrenta al art&iacute;culo con la misma intensidad que a la p&aacute;gina de cualquiera de sus libros. En el pr&oacute;logo con el que arranca su <em>blog</em> del Boomerang de <em>El Pa&iacute;s</em>, explica su &ldquo;punto de partida on&iacute;rico, pero contaminado por lo diurno y lo real.&rdquo;</p>
<p class="Cuerpo">S&oacute;lo puede ser columnista de un peri&oacute;dico quien no tiene miedo al presente, quien ama el presente, y decide dialogar con &eacute;l, en un d&iacute;a a d&iacute;a que absorbe infinidad de conflictos, de la m&aacute;s variada &iacute;ndole, y la vitalidad de su mirada va del comentario sobre Berlusconi o Madonna a, recientemente, el brillante an&aacute;lisis de un encuentro de <em>zoom&nbsp; </em>visto como una sesi&oacute;n de espiritismo.</p>
<p class="Cuerpo">Dispuesto a defender causas dif&iacute;ciles, asumiendo incluso que determinada posici&oacute;n acarrear&aacute; incomodidad y malestar,&nbsp; el talante en ocasiones provocador de sus art&iacute;culos pone de manifiesto tambi&eacute;n la naturaleza pac&iacute;fica de su inconformismo. Este escritor de fe laica, creyente de todas las religiones, como ya hemos visto, ha dado incontables pruebas de un&nbsp; firme compromiso &eacute;tico y pol&iacute;tico, expresado con su tambi&eacute;n caleidosc&oacute;pico y sempiterno sentido del humor.</p>
<p class="Cuerpo">Creo que la atracci&oacute;n que Molina Foix ha sentido por el teatro y el cine, y que le ha llevado a dirigir &eacute;l mismo pel&iacute;culas de las que es asimismo guionista -<em>Sagitario</em>, <em>El dios de madera</em>- tiene que ver tambi&eacute;n por la comprensi&oacute;n que tiene del trabajo del actor, el mediador de la palabra, en quien se opera la transformaci&oacute;n de la palabra escrita a la palabra hablada, y con un car&aacute;cter dialogante que se expresa precisamente en los di&aacute;logos de sus guiones cinematogr&aacute;ficos, y en los que reside en gran parte el peso de sus pel&iacute;culas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Da la impresi&oacute;n de que Molina Foix quiere dirigir y quiere aprender simult&aacute;neamente en el proceso de creaci&oacute;n impl&iacute;cito en la direcci&oacute;n, y que en ese segundo di&aacute;logo est&aacute; el v&eacute;rtigo que le coloca delante de la c&aacute;mara. Porque, en mi opini&oacute;n, y como ya he dicho de otra forma antes,&nbsp; en toda la obra del escritor late un deseo de aprendizaje,&nbsp; un profundo anhelo de conocimiento inseparable de su infinita curiosidad; una suerte de multiplicaci&oacute;n de la vida que se rebela ante la cuadr&iacute;cula de las etiquetas.</p>
<p class="Cuerpo">Ese talante vital se muestra de otra manera en sus viajes, en su conocimiento de otros pa&iacute;ses y culturas como la india o la marroqu&iacute;. Viajes que le permiten ahondar en la mirada del otro y poner distancia con la herencia espa&ntilde;ola.</p>
<p class="Cuerpo">No hay muchos silencios en la literatura de Molina Foix, y cuando se producen son muy elocuentes. En un bello texto de la <em>Musa furtiva</em> , titulado <em>Sacrificio, </em>el escritor se encuentra en un pa&iacute;s musulm&aacute;n no especificado, en la v&iacute;spera de la festividad del <em>A&iuml;d al Adha</em>, durante la cual se sacrifica ritualmente a un animal.&nbsp; Molina Foix ya ha expresado su admiraci&oacute;n por este pueblo en el que no se oculta &ldquo;la muerte &uacute;til&rdquo; de los animales. Pero en la noche, apoyado en la baranda de la terraza de su cuarto, reconoce al carnero que va a ser degollado al d&iacute;a siguiente, y experimenta de inmediato una corriente de simpat&iacute;a hacia &eacute;l, hasta el punto de que no puede dejar de sentir una suerte de identificaci&oacute;n irracional con el animal. De pronto, necesita enviarle un mensaje de solidaridad. Al d&iacute;a siguiente, el animal ha desaparecido. Hay un cuchillo manchado de sangre y una piel arrancada limpiamente colgada de una pinza. El escritor se pregunta por&nbsp; el destino de la cabeza: &ldquo;&iquest;Herv&iacute;a en un perol, hab&iacute;a sido ya servida a la mesa, o me esperaba, con su mirada impasible, en alg&uacute;n lugar de aquella ciudad que no escond&iacute;a la muerte?&rdquo;</p>
<p class="Cuerpo">&Eacute;sta es la forma m&aacute;s profunda del viaje: la apertura que permite una identificaci&oacute;n en la diferencia.</p>
<p class="Cuerpo">Muchas veces Molina Foix ha recorrido los <em>ghats</em> , las escalinatas que descienden hasta el r&iacute;o Ganges, donde los devotos realizan sus abluciones o se incineran cad&aacute;veres, para sentir la misma clase de fascinaci&oacute;n por la muerte que no se oculta, por las formas rituales que adoptan distintos credos del mundo.</p>
<p class="Cuerpo">Mezclado con los peregrinos que caminan hacia el r&iacute;o, este ateo enamorado de todas las religiones, y &ldquo;enemigo de lo real&rdquo;, o creyente de realidades paralelas, como sus escritores amigos,&nbsp; sigue los pasos de la marea humana y se encuentra de pronto con los pies en el agua, pregunt&aacute;ndose si su experiencia siempre gozosa podr&iacute;a constituir una especie de misticismo laico.</p>
<p class="Cuerpo">El valor que el autor concede a la experiencia est&eacute;tica compartida se hace visible tambi&eacute;n a orillas del r&iacute;o sagrado.&nbsp; Molina Foix ha le&iacute;do &ldquo;<em>las</em> <em>indias</em>&rdquo; de m&uacute;ltiples escritores europeos y nativos de las diversas lenguas del vasto pa&iacute;s, y esta India <em>le&iacute;da</em> le lleva a escribir algunos textos de gran calado. Parece clara su afinidad con los perspicaces comentarios que Pier Paolo Pasolini escribiera en su libro <em>El olor de la India</em>&nbsp; -la sonrisa de los indios &ldquo;es de dulzura no de alegr&iacute;a&rdquo;- y que vuelven a describir su actitud ante el viaje, la de persona curiosa, abierta a otras formas de vida, que huye del juicio moral pero no renuncia a ejercer su sentido cr&iacute;tico, y como el director italiano, capaz de captar &ldquo;en esa nada un recipiente lleno de contenido.&rdquo;</p>
<p class="Cuerpo">En uno de los textos que conforman <em>Enemigos de lo real</em>, el escritor se suma a la cr&iacute;tica que Manganelli hace a esa idealizada India que parece olvidar &ldquo;que los excrementos existen&rdquo;, y comenta: &ldquo;M&aacute;s que en ning&uacute;n otro pa&iacute;s que yo conozca, las aglomeraciones urbanas de la India son desparramados entes vivos, y para llegar al hotel, al templo, al palacio o a la mezquita, antes hay que pasar por un interminable y hediondo intestino grueso. &iquest;Cabe hacer himnos a la suciedad rectal? Manganelli, cuando menos, desconf&iacute;a de nuestra aseada, as&eacute;ptica civilizaci&oacute;n [&hellip;] La India es el reino de lo innegable. De lo manifiesto. El pa&iacute;s m&aacute;s pudoroso y santo que conozco a la vez que el menos avergonzado de su propia exposici&oacute;n f&iacute;sica, de su org&aacute;nica materialidad [&hellip;] En la India, los humanos defecan tan en p&uacute;blico como los animales, con quienes comparten la transl&uacute;cida privacidad de la calle; ning&uacute;n ser vivo se esconde para morir.&rdquo;</p>
<p class="Cuerpo"><em>Transl&uacute;cida privacidad de la calle&hellip; </em>&nbsp;el hallazgo po&eacute;tico siempre en la palabra de Molina Foix, como la cr&iacute;tica, dirigida a los colores chillones con las que se pintan y repintan las figuras de los templos, y que -llega la hora del humor- le recuerdan a su infancia: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo ponerse a rezar a los monigotes de unas fallas protovalencianas?&rdquo;</p>
<p class="Cuerpo">Como tantas veces sucede en la literatura de Molina Foix, el viaje puede invertirse para comunicar una duda inquietante: la ni&ntilde;a adoptada en India, encontrada en un cesto en el r&iacute;o, de uno de los cuentos de <em>El hombre que vendi&oacute; su propia cama; </em>el muchacho de origen marroqu&iacute;, Karim, que nunca ha estado en Marruecos. Tantos viajes s&oacute;lo de ida, o de una vuelta dif&iacute;cil, cuando no imposible, narradas por los personajes de sus libros o por los protagonistas de sus pel&iacute;culas<em>. </em>El viaje forzoso visto desde la perspectiva del migrante o del exiliado pol&iacute;tico.</p>
<p class="Cuerpo">El libreto de <em>El viajero indiscreto</em> de Molina Foix termina con el protagonista, que ha dejado atr&aacute;s a las tres mujeres que condicionaban su vida, para entregarse al viaje, a un conocimiento del mundo, que ser&iacute;a como un eterno Presente, libre de ataduras.</p>
<p class="Cuerpo">&ldquo;S&oacute;lo soy un viajero y tengo una misi&oacute;n: escuchar voces nuevas, tocar lo que hace da&ntilde;o, probar gustos prohibidos&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo">De qu&eacute; forma en los libros de Molina Foix las m&uacute;ltiples facetas de su escritura, los m&uacute;ltiples amores y pasiones del autor se dan cita de manera indisoluble.</p>
<p class="Cuerpo">En un viaje a India da comienzo su ensayo <em>El amante del cine</em> que terminar&aacute;, precisamente, en una sala de cine de Jaipur. El cine que para el escritor no son solo las pel&iacute;culas, sino tambi&eacute;n las salas, antiguas y modernas,&nbsp; cajas llenas de vida en las que tambi&eacute;n bulle la vida y suceden cosas importantes que fijar&aacute;n la pel&iacute;cula en la memoria, tan distintas del visionado tanto m&aacute;s as&eacute;ptico que se produce en la intimidad de nuestras casas. Como la sala de teatro, como el miedo, la inquietud o el silencio contenido de los espectadores, como la tos y los crujidos de los asientos que John Cage inmortalizara en su obra <em>4&rsquo; 33&rsquo;&rsquo;.</em></p>
<p class="Cuerpo">Molina Foix es un maestro y es tambi&eacute;n un eterno alumno. La curiosidad y el deseo de conocer hacen que pueda hacerse incluso a un lado para encontrar nuevas formas de escritura, para interrogarse y sorprenderse a s&iacute; mismo. Para jugar tambi&eacute;n el peligroso juego de reglas cambiantes del desnudamiento.</p>
<p class="Cuerpo">Pensemos en <em>El invitado amargo. </em>El escritor podr&iacute;a haber sido el autor &uacute;nico de este libro, co-escrito con el poeta Luis Cremades; podr&iacute;a haberse adue&ntilde;ado de la historia compartida por ambos, haberla dominado, como ha hecho con otros relatos o pasajes autobiogr&aacute;ficos de sus libros; sin embargo, a partir de una idea propia,&nbsp; decide desprenderse del entramado de coartadas de la memoria, deja que aparezca otra voz y que &eacute;sta le interpele, le alimente y complete lo que sabe incompleto, para que la historie le zarandee y le permita nacer de nuevo al pasado y, con &eacute;l, al presente. El acto de desprendimiento necesario tiene como resultado el nacimiento de un libro de extraordinaria originalidad, sin duda tambi&eacute;n gracias a la inteligencia y la gran calidad literaria de Cremades. No hay br&uacute;jula en el libro, hay unas cartas y una memoria caprichosa que fija s&oacute;lo aquello en lo que se toma impulso para continuar.</p>
<p class="Cuerpo">Con esta frase comienza la novela <em>La misa de Baroja</em>: &ldquo;Todo empez&oacute; por el deseo de una carta. [&hellip;] Leer algo escrito de su mano que no fuera imperioso o acad&eacute;mico. El deseo de ser destinatario de una correspondencia personal [&hellip;]&nbsp; Una carta que yo le escribir&iacute;a con otro estilo. El de la verdad&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo">He hecho alusi&oacute;n a las m&uacute;ltiples cartas que Molina Foix ha escrito para retratar a los personajes de sus libros y a s&iacute; mismo. Cartas enviadas y cartas recibidas.</p>
<p class="Cuerpo">Hay algo en este g&eacute;nero epistolar que potencia la magia de la espera, de ese deseo nunca satisfecho que act&uacute;a como motor de la escritura.</p>
<p class="Cuerpo">Refiri&eacute;ndose a la luz de la pintura, dec&iacute;a Mar&iacute;a Zambrano que el pintor siempre pinta una luz buscada, nunca encontrada, una especie de luz prometida, como la b&iacute;blica tierra prometida.</p>
<p class="Cuerpo">Ser&iacute;a posible ver a Vicente Molina Foix como el escritor en busca de una carta definitiva, la carta prometida, dirigida a alguien o a muchos, o tal vez a s&iacute; mismo, o una carta que provocase la recepci&oacute;n de otra carta;&nbsp; una carta cuya relectura supusiera una renovaci&oacute;n permanente de sus votos con la vida.</p>
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<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 17 Mar 2022 08:28:03 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Chantal Maillard: “Pensamos demasiado”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/chantal-maillard-pensamos-demasiado/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2022/CHANTAL_MAILLARD.jpg" alt="" /></p>
<p>No es extra&ntilde;o que Chantal Maillard se quede pensativa durante una respuesta. Desconf&iacute;a del lenguaje, lo deshace con cara de Pen&eacute;lope y lo mata con rostro de Medea. Evita sus trampas. Las palabras tienen forma de laberinto y ella busca el sentido primero para dar con significados que nos ayuden a expresarnos sin demasiados errores.</p>
<p>Desde su balc&oacute;n ve el Rif. Lo puedes creer porque ve lo imposible. El continente africano se aparece los d&iacute;as de luz. Lleva 60 a&ntilde;os en M&aacute;laga, 30 en una colina, 22 con neuropat&iacute;a. El viento de levante empeora el dolor. Ella adivina los cambios atmosf&eacute;ricos mejor que los animales. En <em>La compasi&oacute;n dif&iacute;cil</em> (2019) habla del viento de poniente, m&aacute;s benigno, que trae un aroma a hierba crecida, a espigas calentadas por los primeros rayos. Esos d&iacute;as la distancia que siente con el ser humano se acorta.</p>
<p>El viento ha cambiado, dice. Y mira como mira desde una fotograf&iacute;a que tiene en la pared, colocada entre libros, de una Chantal ni&ntilde;a, en blanco y negro, con un vestido de tirantes y una cadena, sosteniendo a un perro como a un beb&eacute;. Sonr&iacute;e un poco gioconda. La mitad derecha de su rostro transmite seguridad; la mitad izquierda, inocencia, escepticismo. Una persona tiene la edad que tienen sus ojos.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;La imagen es un lugar perverso. En &eacute;l se detiene todo aquello que ha de irse&rdquo;</strong></p>
<p>El cuerpo le ata la mente. Si pudiera quit&aacute;rselo como un jersey, lo har&iacute;a. Pero el rostro de la imagen coincide con el de carne y hueso. &ldquo;Todo lo que se dice forma imagen. Las im&aacute;genes son el alimento de la mente. Si se le suministran demasiadas engorda&rdquo;: <em>La compasi&oacute;n dif&iacute;cil</em> es una pregunta de 217 p&aacute;ginas. Las im&aacute;genes alimentan el hambre. Chantal cierra la boca para hablar lo justo, para comer lo justo. La imagen nos enlentece. Nos encalla. Es la que ata con cuerda a Medea. &ldquo;La imagen es un lugar perverso. En &eacute;l se detiene todo aquello que ha de irse&rdquo;. En la mesa hay varios libros. Forman una columna. El primero es de Pascal Quignard.</p>
<p>Chantal se pregunta cu&aacute;nto dista el B&oacute;sforo de Albor&aacute;n, &ldquo;unos 3.000 kil&oacute;metros&rdquo;, se responde, &ldquo;unos pocos cent&iacute;metros en un mapa&rdquo;. Hasta el Rif tenemos 200 en l&iacute;nea recta. Para llegar a Corinto hab&iacute;a que atravesar el mar Negro, cruzar el B&oacute;sforo, surcar el mar de M&aacute;rmara hasta el Egeo y rodear el Peloponeso.</p>
<p>Aparenta no moverse. Pero cualquier fijeza es una ilusi&oacute;n. Quince de los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os, su vida ha transcurrido entre M&aacute;laga y Barcelona, con no pocas intervenciones p&uacute;blicas en otros lugares. &ldquo;La fijeza es el deseo de la materia<em> </em>de permanecer id&eacute;ntica a s&iacute; misma por un tiempo. Su necesidad de dormir&rdquo;. <em>La compasi&oacute;n dif&iacute;cil</em> est&aacute; anclado a su libro de poemas <em>Medea</em> (2020), compuesto por fragmentos. &ldquo;La ruta m&aacute;s dif&iacute;cil es a veces / aquella que se emprende / sin moverse del sitio&rdquo;. Los dos forman un d&iacute;ptico de hambre, colores e hilos.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Nadie se duele en cuerpo ajeno&rdquo;</strong></p>
<p>Chantal ve pasar los a&ntilde;os como las p&aacute;ginas de un libro. Ha escrito mucho. Est&aacute; cansada. Prefiere contemplar los tonos del cielo desde el balc&oacute;n. Los carmes&iacute; son imposibles para la c&aacute;mara de fotos. Se desespera. Ella es movimiento, pero quisiera fijar esos tonos, en papel, en una pantalla. La vida es contradictoria. Igual desea capturar el instante porque sabe que es imposible, igual que ver el Rif un d&iacute;a nublado. Quiere la imagen dormida, mientras contin&uacute;a despierta ella. &ldquo;Los colores a&uacute;n: esto verde, aquello amarillo. Los colores tan s&oacute;lo me sostienen&rdquo;. Sostenida a los colores del Mediterr&aacute;neo como una sirena a los escollos, intenta no pensar. Sentir. Como mucho, actuar. &ldquo;No hay mayor pena que el amor&rdquo;, le dice a Creonte. &ldquo;La mente es la sirena que obstaculiza el viaje&rdquo;. En la escritura encuentra la paz. Pero no toda concentraci&oacute;n procede de la de la escritura. Y no siempre los dolores le permiten escribir. En las peores &eacute;pocas, no puede estar mucho rato seguido sentada, o de pie, o caminando. La tenacidad del dolor es inaguantable. Cuando el cuerpo est&aacute; entero, no puede uno darse cuenta de lo que el dolor es para otro. &ldquo;La cabeza de un cuerpo sano no lo puede asimilar. Nadie se duele en cuerpo ajeno. Y es una suerte, por otra parte, porque de lo contrario no podr&iacute;a nadie vivir. Lo importante es tomar conciencia de que estar entero es un bien, y relativizar otras tantas cosas&rdquo;.</p>
<p>&iquest;D&oacute;nde queda el amor? &iquest;Amor a qui&eacute;n? &iquest;Al hijo? &iquest;Al amante? &ldquo;Amor, dec&iacute;s. &iquest;A qu&eacute; os est&aacute;is refiriendo? &iquest;Al impulso de apareamiento? &iquest;Al impulso que hemos elaborado para investir al impulso de una permanencia que de por s&iacute; no tiene?&rdquo;. En Medea se queja: &ldquo;Amor&hellip; &iexcl;Qu&eacute; mal / utilizamos la palabra&rdquo;.</p>
<p>Las piedras que te frenan son las mismas que te impiden caer. Medea, sentada, de espaldas al horizonte. Chantal, de pie, frente al oc&eacute;ano. Las dos con la mirada perdida. Es su manera de encontrarse. La marea cae como piedras; las olas son pespuntes de luz. Hilos. &ldquo;Caer al mundo / es un oficio / de tinieblas&rdquo; -Medea-. El mar est&aacute; hambriento. Sus vaivenes le distraen de la angustia. El animal-en-m&iacute;/en ti envejece.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Uno puede vivir solo en su cabeza, pero no existe solo&rdquo;</strong></p>
<p>- En 2004, saca <em>Matar a Plat&oacute;n</em>, que no ten&iacute;a nada que ver con lo hecho hasta entonces, y avis&oacute; de que tampoco tendr&iacute;a que ver con lo que hiciera en el futuro. Sin embargo, la compasi&oacute;n, el tema de aquel libro, no se ha despegado de usted.</p>
<p>- No estaba previsto que fuera por ah&iacute;, efectivamente, pero a la vista est&aacute; que la idea se mantuvo latente. Uno se sorprende de lo que sale en la escritura. Al revisar mi <em>Poes&iacute;a reunida</em>, que saldr&aacute; en breve en Galaxia, me di cuenta de que empiezo y termino con un crimen, lo cual es gracioso. Empiezo matando a Plat&oacute;n y termino con <em>Medea</em>, que es la gran asesina del cuento. Y entre medias, la pregunta: &iquest;es posible la compasi&oacute;n?</p>
<p>- Deja varios libros fuera, entonces.</p>
<p>- He primado la idea de conjunto. Para ello, lo previo a <em>Matar a Plat&oacute;n</em> no interesa.</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo abord&oacute; la compasi&oacute;n en el primer libro?</p>
<p>- Eliminando los grandes conceptos tanto como los universales. No vivimos en las ideas, sino en un mundo de seres que existen con otros. Uno puede vivir solo en su cabeza, pero no existe solo. La pregunta era c&oacute;mo es posible que alguien pase al lado de una persona que est&aacute; agonizando sin sentirse impelido, c&oacute;mo es posible no ser sacudido por el dolor de otro. Todos los personajes del poema pasan de largo. Compadecer es padecer con otro. Termin&eacute; pregunt&aacute;ndome si es posible compadecer a nuestra especie teniendo en cuenta la cantidad de violencia gratuita que a&ntilde;ade a la violencia natural, que es la del hambre. Y la pregunta se mantuvo como una melod&iacute;a de fondo.</p>
<p>- &iquest;Usted es compasiva consigo?</p>
<p>- [niega con la cabeza]</p>
<p>- En <em>Medea</em> ajusta las cuentas con usted.</p>
<p>- Cierto. No soy muy generosa conmigo. Sin embargo, en ese ajuste de cuentas hay una evoluci&oacute;n de la pregunta. Al principio era: &lsquo;cuando t&uacute; te sientes culpable, &iquest;c&oacute;mo es posible desculpabilizarte?, o &iquest;c&oacute;mo, perdonarte?&rsquo;. Al final, me di cuenta de que la pregunta no ten&iacute;a que ver, o al menos no directamente, con el perd&oacute;n.</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo fue?</p>
<p>- Al principio, <em>La compasi&oacute;n dif&iacute;cil</em> se iba a llamar <em>Piedad por Medea</em>. Pero, al cabo de los a&ntilde;os, me di cuenta de que no se trataba de eso. La piedad es un t&eacute;rmino moral, proviene de la palabra latina <em>pius</em>; tiene que ver con la observancia de unas reglas religiosas y sociales que, desde luego, poco ten&iacute;an que ver con el tema. Indagu&eacute; entonces la v&iacute;a del perd&oacute;n, pero pronto entend&iacute; que el perd&oacute;n lo otorga quien se siente ofendido. Y si lo que buscaba era la manera de perdonarme a m&iacute; misma, &iquest;qui&eacute;n entonces, dentro de m&iacute;, se sent&iacute;a ofendida? Vi que deb&iacute;a atender a algo previo: no se trataba de perdonar, sino de comprender.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;No hay que aspirar al perd&oacute;n sino a la compasi&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>- En <em>Medea</em> llega a decir que en el perd&oacute;n no hay generosidad, hay desd&eacute;n.</p>
<p>- Porque el que perdona considera al otro desde su atalaya. No tiene en cuenta que cualquier persona es capaz de cualquier cosa. Para comprender hay que bajar al suelo com&uacute;n, aquel lugar donde todas las emociones y todas las acciones tienen su ra&iacute;z. Una vez all&iacute;, te das cuenta de que el tema no es el perd&oacute;n &ndash;ni por supuesto la piedad&ndash; sino la compasi&oacute;n: la capacidad de comprender &iacute;ntimamente el pathos: el padecer del otro. Porque nadie mata a sus hijos sin dolor. Eso est&aacute; claro.</p>
<p>&ldquo;El que se apiada no padece / obedece / (&hellip;) / Vuestra piedad es menos apreciable / en mi universo que la baba / de un molusco en la espuma del oc&eacute;ano&rdquo;; &ldquo;Mat&eacute; a mis hijos, s&iacute;. / Nadie mejor que el asesino conoce los infiernos / sus abismos su espanto&rdquo;; &ldquo;No es bueno recordar el rostro de aquellos que se fueron&rdquo;. O: &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; sabr&aacute;s t&uacute; de lo que es matar a un hijo! (&hellip;) &iquest;Sabes acaso lo que es matar aquello que amas? &iquest;Lo sabes?&rdquo;.</p>
<p>- &iquest;Intentar comprender a los dem&aacute;s para comprenderse a s&iacute; misma?</p>
<p>- O a la inversa. Ese era el prop&oacute;sito.</p>
<p>- Una cosa es ser culpable y otra culpabilizarse.</p>
<p>- S&iacute;.</p>
<p>- &iquest;Usted no se culpabiliza nunca?</p>
<p>- Siempre.</p>
<p>- Eso pensaba. &iquest;Y es justo? &iquest;No es ejercer la violencia contra usted?</p>
<p>- En cada uno de nosotros est&aacute;n las voces de la tribu. Por muy consciente que seas de los l&iacute;mites de tu responsabilidad, incorporas voces ajenas. Es con esas voces interiores con las que Medea se las tiene que ver. Hay una tensi&oacute;n entre uno mismo y la presencia de los dem&aacute;s en uno mismo. Si te liberas de esas voces, ser&aacute;s libre, o m&aacute;s libre. Usted ha preguntado si culpabilizarse es justo&hellip; La justicia es algo que tambi&eacute;n pertenece a la moral. La justicia como n&eacute;mesis, como reequilibrio de fuerzas. Condenamos a alguien, le imponemos una pena y, cuando la cumple, parece que se reestablece el equilibrio. Una violencia por otra violencia. As&iacute; que no s&eacute; si es la palabra apropiada en este caso, porque &iquest;de qu&eacute; equilibrio estar&iacute;amos hablando? Eso hay que pensarlo.</p>
<p>- &iquest;Del de la salud emocional?</p>
<p>- Otra gran palabra, salud [r&iacute;e].</p>
<p>- &iquest;Del equilibrio emocional?</p>
<p>- Bueno&hellip;</p>
<p>-&iquest;De la serenidad?</p>
<p>- Esa est&aacute; mejor. La serenidad se adquiere con los a&ntilde;os.</p>
<p>- De su Medea dice que tiene siglos.</p>
<p>- S&iacute;, es muy, muy vieja. Vieja de siglos. Cuando uno envejece se libera de las pulsiones de la juventud y de la edad madura. Hay un momento en el que Medea se pregunta: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo compadecer?&rdquo;, pero, acto seguido, considerando las pulsiones a las que toda especie est&aacute; sometida, en seguida replica: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo no compadecer?&rdquo; Eso, pienso que s&oacute;lo es posible al llegar a la vejez.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Uno debe vivir con las capacidades y las posibilidades que los a&ntilde;os le brindan&rdquo;</strong></p>
<p>- Liberarse de las pulsiones, tranquiliza, es indudable. Bu&ntilde;uel dijo que nunca fue tan feliz como cuando dej&oacute; de sentir deseo sexual.</p>
<p>- Claro.</p>
<p>- No s&eacute; si es prueba de sabidur&iacute;a o una <em>boutade</em>.</p>
<p>- No, no. Yo creo que es exacto. Siempre he dicho que un var&oacute;n llega a la serenidad muy tarde, si es que llega; mientras que una mujer, con la menopausia, lo tiene m&aacute;s f&aacute;cil.</p>
<p>- El sexo como tiran&iacute;a.</p>
<p>- &hellip; o la tiran&iacute;a de las farmac&eacute;uticas que pretenden mantenernos, a pesar de los a&ntilde;os, en estado de efervescencia permanente. Me parece que uno debe vivir con las capacidades y las posibilidades que los a&ntilde;os le brindan.</p>
<p>- Y respetar el curso de la naturaleza.</p>
<p>- Eso es hermoso. Si no, renuncias a aprender. Y hay muchas cosas por aprender en cada momento de la vida. Hay que tomar distancia de las pulsiones como se toma distancia, al final de un viaje, de lo que se ha vivido en su transcurso. Cuando la mente deja de enredarse en ellas, podemos empezar a ver con ecuanimidad. Esa es la palabra: no justicia, ecuanimidad. La ecuanimidad es calma. No se trata de reequilibrar el peso de una cosa con el de otra. Se trata de distanciarse y ver las cosas con cierta indiferencia, es decir, con cierta no-diferenciaci&oacute;n, que conlleva la calma. En ella hay lucidez.</p>
<p>- Si se profundiza en la indiferencia y se llega a la consciencia de que la oscuridad forma parte de la luz, &iquest;no corremos el riesgo de vivir en la aced&iacute;a, menos apegados a la vida, y perder el respeto a la muerte?</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; entiende por respeto a la muerte?</p>
<p>- Bueno, verla como un l&iacute;mite que da sentido a la vida. Intuyo que en sus libros busca trascender la idea de la muerte.</p>
<p>- No, yo no quiero trascender nada. La trascendencia la he dejado atr&aacute;s hace muchos a&ntilde;os [r&iacute;e]. Hay que revisar las palabras que empleamos para saber qu&eacute; queremos decir, y qu&eacute; podemos decir. Muchas de nuestras expresiones arrastran demasiado lastre.</p>
<p>- Pero las tres corrientes de las que se ocupa en <em>Las venas del drag&oacute;n</em> (2021) -confucianismo, tao&iacute;smo y budismo-, buscan un equilibrio en el que la muerte deja de importar porque no hay opuestos y somos un flujo de energ&iacute;a, las valencias se intercambian&hellip;</p>
<p>- No es que no importe. Hay un momento en el cual aquello que percibimos como individuo se des-integra o se des-organiza. En Occidente a ese momento lo llamamos muerte&hellip; Es una percepci&oacute;n. Desde otro punto de vista, que es el de dos de las tres corrientes que ha nombrado, lo que sucede con la percepci&oacute;n es que corta un continuo. Supongamos que un individuo es un conglomerado de part&iacute;culas. Mientras esas part&iacute;culas mantienen su cohesi&oacute;n entendemos que se trata de un organismo. Cuando dejan de mantener esa cohesi&oacute;n el organismo se des-organiza. Lo percibimos como la muerte o el fin de un individuo. Pero, en realidad, no hay tal individuo.</p>
<p>- El conglomerado se desorganiza, pero las part&iacute;culas van formando otra cosa.</p>
<p>- Exacto. Hay una continuidad. A la desorganizaci&oacute;n le sigue una reorganizaci&oacute;n.</p>
<p>- Lo cual es una idea que puede procurar consuelo.</p>
<p>- [mira esc&eacute;ptica] S&oacute;lo si uno se aferra a la idea de que hay un yo en ese conglomerado de part&iacute;culas. La ilusi&oacute;n de eternidad adopta muchas formas. La idea de reencarnaci&oacute;n, por ejemplo, que, por cierto, responde a una interpretaci&oacute;n popular equivocada de las teor&iacute;as del hinduismo y del budismo.</p>
<p>- Hay anestesi&oacute;logos y reanimadores que hablan de una conciencia cu&aacute;ntica.</p>
<p>- No lo dudo, pero no tiene porque ser una conciencia personal, y no tiene por qu&eacute; haber ning&uacute;n yo adherido a ella. Las ondas de part&iacute;culas siguen su curso con una determinada carga, y puede que una memoria perdure durante cierto tiempo, pero luego confluyen en el curso con otras ondas. El curso no es personal. El problema de la continuidad personal despu&eacute;s de la muerte es un falso problema si pensamos que el yo no es algo que tenga entidad propia. El yo es una construcci&oacute;n. Al menos, as&iacute; lo entienden las doctrinas a las que nos refer&iacute;amos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;No hay nada m&aacute;s po&eacute;tico que una teor&iacute;a f&iacute;sica&rdquo;</strong></p>
<p>- Los neurocient&iacute;ficos parece que aprueban que hay unas ondas, igual que aprueban la idea del inconsciente. Es como si la ciencia se estuviera aproximando a intuiciones milenarias.</p>
<p>- S&iacute;. No hay nada m&aacute;s po&eacute;tico que una teor&iacute;a f&iacute;sica. Po&eacute;tico en el sentido de capacidad para imaginar y representar. Los universos de las ciencias f&iacute;sicas son construcciones po&eacute;ticas cuya coherencia interna se establece seg&uacute;n las reglas del sistema de abstracciones en el que se vuelcan, las matem&aacute;ticas, por ejemplo. Y es curioso ver que, en efecto, a pesar de proceder con c&oacute;digos muy distintos, las teor&iacute;as f&iacute;sicas m&aacute;s recientes se han ido acercando a concepciones del universo presentes en doctrinas ancestrales tanto de India como de China. Tanto es as&iacute; que, junto al laboratorio suizo de la Organizaci&oacute;n Europea para la Investigaci&oacute;n Nuclear, el CERN, al exterior del edificio donde reside el mayor acelerador de part&iacute;culas, se erige una gran estatua del Shiva Nataraja. Nataraja quiere decir rey de los danzantes. Shiva crea y destruye el universo danzando en un c&iacute;rculo de fuego. La estatua fue un regalo del Gobierno de India en recuerdo de sus muchos a&ntilde;os de colaboraci&oacute;n con el CERN. Lo cual viene a decirnos....</p>
<p>- &hellip; que hay relaci&oacute;n...</p>
<p>- &hellip; para ellos es evidente: un acelerador de part&iacute;culas y la estatua de un dios que representa el universo como una danza de part&iacute;culas.</p>
<p>- Hemos hablado del yo como un constructo. Usted en el &uacute;ltimo ensayo, pero tambi&eacute;n en sus libros de poemas, habla del m&iacute;. &iquest;Qu&eacute; lo diferencia?</p>
<p>- La parte central de <em>La herida en la lengua</em> intenta explicarlo.</p>
<p>Tenemos un ejemplar. Se lo acerco. Lo hojea despacio. Lee: &ldquo;Lo que del m&iacute; / hace al yo: el peso de su historia&rdquo;; &ldquo;El m&iacute; / no se atrapa con ning&uacute;n otro m&iacute;. / La conciencia es un m&iacute; encubierto&rdquo;; &ldquo;Yo es lo que acompa&ntilde;a el goteo / de la mente. / (&hellip;) / &iquest;Y la conciencia?, una gota m&aacute;s&rdquo;. &ldquo;La inercia que conduce / siempre / al mismo punto&rdquo;. &ldquo;Fuera de m&iacute; / la lengua retrocede&rdquo;.</p>
<p>- &iquest;El yo ser&iacute;a una construcci&oacute;n y el m&iacute;, algo que nos constituye?</p>
<p>- No [hace una pausa, sigue leyendo] &ldquo;El m&iacute; es aquello que se pliega / y tambi&eacute;n es el pliegue y el plegar&rdquo;. &ldquo;El m&iacute; es un compendio de gestos habituales&rdquo; [deja el libro].</p>
<p>- O sea, el m&iacute; &iquest;nos resume?, &iquest;es una suma de nosotros?</p>
<p>- [tuerce el gesto] El yo es una idea. La mente es una sucesi&oacute;n de im&aacute;genes que, al igual que con la proyecci&oacute;n de una serie de fotogramas, debido a su velocidad, dan la impresi&oacute;n de ser una pel&iacute;cula cuyo protagonista somos nosotros. En realidad, son im&aacute;genes que van asoci&aacute;ndose una tras otra. Por im&aacute;genes me refiero a representaciones; y por representaciones, a actos de pensamiento. Cualquier cosa que se nos venga a la mente es un acto de pensamiento: recuerdos, sue&ntilde;os, imaginaciones&hellip;</p>
<p>- &iquest;Los actos de pensamiento son lastres?</p>
<p>- No corramos. Pensemos que son im&aacute;genes mentales, nada m&aacute;s. La mente es un proceso, una sucesi&oacute;n de actos de pensamiento. Lo que ocurre es que a cada acto de pensamiento le vamos pegando un pronombre: yo pienso, yo camino, yo tal, yo cual. Esa autorreferencia continua es el m&iacute;. Y el yo es una construcci&oacute;n que hacemos a partir de esa continuidad. Una especie de golem que creamos con la suma de todos los actos de pensamiento. Lo que llamamos personalidad no es otra cosa que la recepci&oacute;n de una serie de reiteraciones. Lo &uacute;nico que distingue a un individuo de otro, o un yo de otro yo, es el tipo de pensamiento que se repite y el modo en que se barajan las asociaciones. Y cuantas m&aacute;s repeticiones, m&aacute;s s&oacute;lido se hace el yo, m&aacute;s compacto. De modo que, cuanto m&aacute;s nos acercamos al final de nuestra vida, mayor impresi&oacute;n de solidez tenemos.</p>
<p>- Que puede ser un espejismo porque es cuando m&aacute;s descompuestos estamos.</p>
<p>- En cierto sentido, s&iacute;.</p>
<p>- &iquest;Entonces el m&iacute; son las partes y el yo ser&iacute;a el todo?</p>
<p>- [silencio]</p>
<p>- &iquest;Algo as&iacute;?</p>
<p>- &hellip; s&iacute;&hellip; algo as&iacute; [concede con una sonrisa].</p>
<p>- M&aacute;s o menos&hellip;</p>
<p>- &hellip; m&aacute;s o menos.</p>
<p>Observar el lenguaje para ser el lenguaje. En el pr&oacute;logo a <em>La arena entre los dedos</em> (2020), habla del momento de unidad en el que la distinci&oacute;n entre observador, observado y observaci&oacute;n desaparece. A partir de una cirug&iacute;a a los nueve a&ntilde;os, con anestesia general, ella tom&oacute; el h&aacute;bito de observar. &ldquo;Para los antiguos griegos, la <em>theor&iacute;a</em> era una forma de mirar. De esta palabra derivan observar y contemplar&rdquo;. La mente no es una sustancia, &ldquo;es un proceso. Y puede ser observado&rdquo;. Si no somos conscientes del proceso es porque no hemos creado la distancia del observador. &ldquo;Tenemos que crear una distancia que nos separe del discurso mental&rdquo;.</p>
<p>- En un poema, subtitulado &lsquo;Canci&oacute;n de cuna&rsquo;, refiere que se quitaron la vida el hijo de su padre, la hija de su suegra y el que naci&oacute; de usted.</p>
<p>- As&iacute; es.</p>
<p>- &ldquo;Hoy las cigarras cantan / en la hierba dorada&rdquo;, contin&uacute;a diciendo. &ldquo;Y se quedar&aacute;n los p&aacute;jaros cantando&rdquo;, &iquest;no?</p>
<p>- S&iacute;, esa es la vida, &iquest;no cree? La voz del canto y la del desgarro, sucedi&eacute;ndose. &ldquo;Realmente es extra&ntilde;o&rdquo;, dice la anciana. Momentos de inocencia en los que todo se re&uacute;ne.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Traer un hijo al mundo es condenarle al sufrimiento que supone existir y a la consciencia de la desaparici&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Traer un hijo al mundo es condenarle?</p>
<p>- Por supuesto. Todo aquel que nace est&aacute; condenado a morir. Eso sin tener en cuenta que, para una gran mayor&iacute;a, la existencia misma es igualmente una condena.</p>
<p>- &iquest;El mundo no necesita nuestra procreaci&oacute;n?</p>
<p>- &iquest;El mundo? &iquest;Qu&eacute; es el mundo?</p>
<p>- &iquest;La vida?</p>
<p>- La vida tiende a seguir, es inevitable. Pero hay una cosa que olvidamos: que no hay vida sin muerte, y que hay un equilibrio entre las especies que no puede romperse. Deber&iacute;amos tomar conciencia, los humanos, como especie y como individuos, de lo que supone, para la continuidad de la vida, no aceptar la muerte y procrear en demas&iacute;a. Al convertirnos en plaga ponemos en peligro todo el sistema. Eso, suponiendo que queramos que siga habiendo vida, claro, porque esta no es necesariamente un bien.</p>
<p>La muerte est&aacute; en el mundo y en la vida. Chantal Maillard y Piedad Bonnett juntaron unos poemas que llamaron <em>Daniel</em>. Las dos perdieron a su hijo, del mismo nombre, a la misma edad, mediante el mismo m&eacute;todo: se lanzaron al vac&iacute;o. El libro conjunto da cuenta de la lectura que dieron juntas las dos autoras a modo de Oficio po&eacute;tico.</p>
<p>- &iquest;El dolor es menos al compartirlo? &iquest;Qu&eacute; aportan las tablas?</p>
<p>- Fue un Oficio funerario. Un ritual de difuntos, un oficio de tinieblas. La finalidad de este tipo de rituales es volver com&uacute;n algo que se vive en lo personal. Aunque no haya pasado por ese trance, al espectador le alcanza, lo vive vicariamente. Topa con algo universal.</p>
<p>- &iquest;Asocia la verdad a la representaci&oacute;n?</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; es la verdad?</p>
<p>- &iquest;A la realidad?</p>
<p>- Si hablamos de realidad, s&oacute;lo hay representaciones.</p>
<p>- En <em>La raz&oacute;n est&eacute;tica</em> dice que representaci&oacute;n y pensamiento son posibles &uacute;nicamente mediante la imaginaci&oacute;n.</p>
<p>- Es que s&oacute;lo hay representaciones. El lenguaje utiliza im&aacute;genes, as&iacute; que pensar se hace con im&aacute;genes.</p>
<p>- &ldquo;La mente nunca piensa sin <em>phantasmas</em>&rdquo;, cita a Arist&oacute;teles, ya no recuerdo d&oacute;nde.</p>
<p>- Eso es. <em>Phantasmata</em>: im&aacute;genes. La imaginaci&oacute;n es lo que, en definitiva, determina el logos.&nbsp; [en tono confidencial].</p>
<p>- En <em>La compasi&oacute;n dif&iacute;cil</em> se pregunta por qu&eacute; la representaci&oacute;n es tan poderosa, y cita a Horacio: que Medea no mate a sus hijos en p&uacute;blico. &ldquo;La escena debe contarse, pero no mostrarse, pues no es tanto el relato de los hechos lo que escandaliza sino su representaci&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>- Eso tiene que ver con la capacidad que tiene el espectador de experimentar como placentera cualquier emoci&oacute;n, por terrible que sea, si es representada. La representaci&oacute;n crea una distancia que protege.</p>
<p>- &iquest;Y ese es un riesgo actual?: &iquest;Qu&eacute; no se aprecie la distancia?</p>
<p>- Puede ser.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Es cierto que no sabemos lo que es la realidad salvo mediante la representaci&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Usted es una autora posmoderna?</p>
<p>- &iquest;Por qu&eacute;?</p>
<p>- Uy, por tantas cosas&hellip; En sus libros critica las jerarqu&iacute;as; defiende la iron&iacute;a como distancia est&eacute;tica &ndash;&ldquo;que le permite a la conciencia ser espectadora de los sentimientos&rdquo;-; en alg&uacute;n libro se pregunta qui&eacute;nes son las v&iacute;ctimas y qui&eacute;nes los culpables. Cita a Derrida, a Deleuze; menciona la decadencia de la modernidad, alude al fragmento; cuestiona la verdad&hellip;</p>
<p>- En ese caso, los antiguos esc&eacute;pticos griegos deb&iacute;an ser posmodernos. Ellos tambi&eacute;n planteaban que hablar de la realidad era imposible, dado que de la realidad s&oacute;lo podemos tener representaciones... Ver&aacute;, la verdad es una noci&oacute;n de correspondencia. Para comprobar la verdad de algo tenemos que poder acceder al referente, de lo contrario no hay comprobaci&oacute;n posible. Es ah&iacute;, en esos confines, donde la metaf&iacute;sica hace aguas.</p>
<p>- El relativismo debilita nociones como el bien y el mal.</p>
<p>- No confundamos el &aacute;mbito de la f&iacute;sica con el &aacute;mbito de la moralidad. Son reinos distintos. La pregunta por la naturaleza real de la realidad fue objeto de la metaf&iacute;sica y lo es ahora de la f&iacute;sica. El bien y el mal es asunto del orden moral, y el orden moral lo instituye cada sociedad. Hay cosas que son buenas para una sociedad y no para otra.</p>
<p>- Pero habr&aacute; hechos objetivos, &iquest;no?</p>
<p>- No para todos [con voz de decir una obviedad].</p>
<p>- La lapidaci&oacute;n es salvaje.</p>
<p>- &iquest;La silla el&eacute;ctrica no lo es?</p>
<p>- La ablaci&oacute;n.</p>
<p>- Lo que quiero decir es que la cuesti&oacute;n no son las pr&aacute;cticas, sino las ideas o creencias que dan lugar a esas pr&aacute;cticas.</p>
<p>- &iquest;No hay grados mayores de desarrollo, de civilizaci&oacute;n, que permitan cuestionar las tradiciones, m&aacute;s all&aacute; del pacto al que en un grupo hayan llegado?</p>
<p>- Esta es una idea que ha sido bastante fomentada en el mundo occidental, que siempre se ha erigido en adalid de la moralidad universal, lo cual no le ha impedido esclavizar a media humanidad. Siempre hay buenas razones para lo que conviene. Y el desarrollo econ&oacute;mico que preconizamos nos ha llevado a donde estamos: al borde del caos. Siempre, supuestamente, en nombre del &ldquo;bien com&uacute;n&rdquo; (a unos pocos). Es f&aacute;cil poner el foco en ciertas actuaciones ajenas. Sin nuestra ayuda, sin embargo, (y gracias a ello), no pocas poblaciones han funcionado mucho m&aacute;s acordes con su entorno, con una econom&iacute;a de subsistencia que le daba mil vueltas a la econom&iacute;a de beneficio que hemos importado. &iquest;Desarrollo? &iquest;Civilizaci&oacute;n?... &iquest;De qu&eacute; estamos hablando? No a&ntilde;adir m&aacute;s da&ntilde;o al que la vida ofrece ya de por s&iacute; me parece un principio que deber&iacute;amos seguir. No es un principio moral, sino &eacute;tico. Y en eso no hay ning&uacute;n relativismo.</p>
<p>- Apreciar barbarie en algunos actos, &iquest;es un exceso etnoc&eacute;ntrico?</p>
<p>- Depende a qu&eacute; llamemos barbarie. Nuestra preciosa <em>civilizaci&oacute;n</em> ha sido y sigue siendo experta en barbaries.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Las ideolog&iacute;as y las creencias yo no las veo respetables&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;El &aacute;mbito del derecho no es una conquista?</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; derecho?, y &iquest;de qui&eacute;nes?</p>
<p>- A m&iacute; me cuesta ver libre a una mujer tapada. Es otra cultura, pero &iquest;respetable?</p>
<p>- Las ideolog&iacute;as y las creencias yo no las veo respetables. Ni las de aqu&iacute; ni las de all&iacute;. Antes de las ideolog&iacute;as, no hab&iacute;a ni velo ni burka.</p>
<p>- Eso lo explica en el &uacute;ltimo libro: las corrientes de pensamiento se van degradando en escuelas y, luego, en ideolog&iacute;as.</p>
<p>- Existen leyes naturales. La primera de todas es una violencia: comerse los unos a los otros. Los vegetales comen, los animales comen, todos comemos. Pero los humanos hemos roto el ciclo: hemos neutralizado a nuestros depredadores. Hemos roto un eslab&oacute;n. Podemos tratar de reflexionar a partir de esa premisa y buscar preguntas que vayan por otro lado. Porque me cuesta pensar que quienes hacen trampa en lo fundamental puedan tener raz&oacute;n en cosas subsidiarias.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;No infligir m&aacute;s da&ntilde;o del necesario. Ese ser&iacute;a un buen principio. El necesario es alimentarse&rdquo;</strong></p>
<p>- Occidente ha intentado ponerse frenos por medio del derecho.</p>
<p>- Cuando le conviene y en lo que le conviene. &iquest;Por qu&eacute; regla de tres matar a alguien se considera un crimen mientras que eliminar a toda una poblaci&oacute;n es un acto heroico? O hay derecho a matar o no lo hay. No infligir m&aacute;s da&ntilde;o del necesario, independientemente de nuestros sentimientos de pertenencia. Ese ser&iacute;a un buen principio.</p>
<p>- &iquest;Usted medita?</p>
<p>- He meditado mucho.</p>
<p>- &iquest;Por qu&eacute; menos?</p>
<p>- Mi cuerpo no admite la postura, y ciertos f&aacute;rmacos lo dificultan. Pero meditar es ante todo un estado. &ldquo;Ponerse a meditar&rdquo; o &ldquo;hacer meditaci&oacute;n&rdquo; tan s&oacute;lo es un ejercicio. Con el tiempo, el estado se va instalando sin necesidad de intenci&oacute;n.</p>
<p>- &iquest;Usted respira?</p>
<p>- De no ser as&iacute;, estar&iacute;a muerta&hellip; [dice completamente seria, y rompe re&iacute;r]</p>
<p>- Respiraci&oacute;n consciente&hellip;</p>
<p>- Procuro, todos los d&iacute;as. Es una manera de relajar el cuerpo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Lo normal es tomar consciencia cuando las cosas ya no funcionan. Cuando ya es tarde&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;La enfermedad nos hace m&aacute;s conscientes de nuestra finitud?</p>
<p>- S&iacute;. Cuando veo personas j&oacute;venes, con cuerpos sanos, pienso &lsquo;no saben lo sanas que est&aacute;n, qu&eacute; pena, si se dieran cuenta, dejar&iacute;an de lado las nimiedades&rsquo;. Es muy lamentable llegar a viejo y decir: &ldquo;Jo, si hubiera sabido, la de cosas que hubiese podido hacer&rdquo;.</p>
<p>- Eso creo que nos pasa a todos.</p>
<p>- Hay quien, al salir un bache, se da cuenta de que puede aprovechar la vida que le queda.</p>
<p>- Usted en el suicidio ve una salida.</p>
<p>- Qui&eacute;n lo duda.</p>
<p>- Y un acto de valent&iacute;a.</p>
<p>- Depende. Personalmente, me inclino ante quien sea capaz de decidir libremente si seguir o no en vida. Pero los motivos que llevan a ello son de muchos tipos. Schopenhauer entend&iacute;a que el suicidio es resultado de una insatisfacci&oacute;n. Suele ser cierto. La insatisfacci&oacute;n es deseo, y el deseo es aquello que nos impide ser realmente libres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Opacar el deseo te ense&ntilde;a a vivir mejor. Si constantemente est&aacute;s deseando algo, no puedes vivir bien&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Una vida enfocada a lo espiritual ayuda a la salud de la mente?</p>
<p>- [calla]</p>
<p>- En la medida en que los deseos se disipan.</p>
<p>- As&iacute;, s&iacute;. Lo que pasa es que tropiezo con las palabras. Y lo de espiritual&hellip;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; dir&iacute;a?</p>
<p>- Vivir sin deseo. Simplemente. Una persona sin deseo es libre. Del todo. Es la v&iacute;a de los estoicos, de los budistas, de los tao&iacute;stas&hellip; y de muchos fil&oacute;sofos. Si constantemente est&aacute;s deseando algo, no puedes vivir bien.</p>
<p>- El yo es una f&aacute;brica de deseos.</p>
<p>- Es caprichoso. El yo quiere esto, el yo quiere aquello, no quiere esto, no quiere aquello... Desea por v&iacute;a positiva y por v&iacute;a negativa, en pasado y en futuro. El que desea no vive el presente, sino en su memoria o en sus proyectos. El presente es un no-tiempo. El presente no transcurre, por lo que, cuando vives sin deseo, est&aacute;s en un punto inm&oacute;vil que, luego, se agranda.</p>
<p>- Dif&iacute;cil permanecer ah&iacute;.</p>
<p>- Es que no es ni siquiera recomendable: dejar&iacute;as de existir. La existencia es acci&oacute;n. No puedes dejar de actuar. Pero hay una diferencia entre actuar sin inter&eacute;s y actuar pensando en el beneficio. De la acci&oacute;n sin deseo hablaba uno de los antiguos textos de la tradici&oacute;n v&eacute;dica, el <em>Bhagavadgītā</em>, y es en cierto modo equivalente a la no-acci&oacute;n -<em>wu-wei</em>- del tao&iacute;smo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Todo dolor es mental&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Es peor el dolor mental o el dolor f&iacute;sico?</p>
<p>- Todo dolor es mental. El dolor f&iacute;sico tambi&eacute;n, en cuanto se hace consciente. De hecho, lo que hacen los f&aacute;rmacos en caso de dolor agudo es cortocircuitar los impulsos que llegan al cerebro. Otra cosa es el sufrimiento. Procurar no a&ntilde;adir sufrimiento al dolor es lo que siempre digo.</p>
<p>- Y somatizamos.</p>
<p>- Por supuesto, seg&uacute;n nuestro humor o nuestro estado mental.</p>
<p>- Muchos problemas f&iacute;sicos vienen de la mente, de tensiones.</p>
<p>- De ah&iacute; la necesidad de mantener la mente en calma. Ralentizar el proceso.</p>
<p>- Dijo que hay que revisar las palabras y durante la conversaci&oacute;n lo ha hecho.</p>
<p>- Lo mejor es el silencio.</p>
<p>- &iquest;Le cuesta escribir?</p>
<p>- El lenguaje me cuesta cada vez m&aacute;s. Lo veo muy cargado de significados, de sobreentendidos, de interpretaciones sociales&hellip; Tropiezo continuamente. Hay que pararse a pensar lo que queremos decir.</p>
<p>- Ya no es que el lenguaje nos limite per se, porque no haya palabras&hellip;</p>
<p>- No, no, no. Es que viene excesivamente cargado. Hay que depurarlo.</p>
<p>- La cita introductoria de <em>Las venas del drag&oacute;n</em> [de Bai Juyi] expresa la contradicci&oacute;n que supone apelar al no decir mediante la palabra.</p>
<p>- &hellip;</p>
<p>- Ah&iacute; se encuentra.</p>
<p>- Me encuentro cada vez con menos ganas de decir cosas.</p>
<p>- &iquest;Tiene que ver con eso el estar reuniendo sus diarios, su poes&iacute;a&hellip;?</p>
<p>- &hellip; puede&hellip; Dejar terminadas ciertas cosas. Descansar.</p>
<p>- Los libros que no entran en su poes&iacute;a reunida, &iquest;no cuentan?</p>
<p>- Puede que se recojan m&aacute;s adelante en alg&uacute;n sitio. Hainuwele, por ejemplo, no lo considero malo, pero no tiene que ver con la preocupaci&oacute;n central de mis &uacute;ltimos libros. Y no se trata de reunir por reunir. &iquest;Para qu&eacute;? Al dar una unidad tienes que prescindir. Hacer miscel&aacute;neas no me interesa. Un libro ha de tener un tema, si no, el autor termina siendo el tema, y eso es contraproducente. Me gustan las cosas redonditas.</p>
<p>- Como la circularidad de la energ&iacute;a.</p>
<p>- Igual s&oacute;lo es un defecto m&iacute;o, un instinto de perfecci&oacute;n [r&iacute;e].</p>
<p>- Del perfeccionismo habr&iacute;a que huir.</p>
<p>- [asiente] En el perfeccionismo hay ego. Por eso me disgusta.</p>
<p>- Lo propio es la imperfecci&oacute;n.</p>
<p>- [vuelve a re&iacute;r] &hellip; &iquest;la perfecta imperfecci&oacute;n?</p>
<p>- &iquest;Limitaciones?</p>
<p>- Pensamos demasiado. Y no lo hacemos bien. Se ha de pensar o bien mediante reglas l&oacute;gicas, si se trata de discurso, o bien mediante el cuerpo. Si dej&aacute;semos de querer guiarlo todo, el organismo realizar&iacute;a sus s&iacute;ntesis con m&aacute;s acierto. Ser&iacute;a conveniente delegar en el saber del animal. El animal-en-m&iacute; acierta m&aacute;s y pretende menos.</p>
<p>Chantal Maillard te hace dudar de si de lo que le est&aacute;s preguntando es lo que quieres saber.</p>
<p>Te ense&ntilde;a a tropezar. A tropezar mejor.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 17 Mar 2022 08:18:46 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fernanda Melchor: “La violencia no es algo inherente a la pobreza]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/fernanda-melchor-la-violencia-no-es-algo-inherente-a-la-probreza/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2022/FERNANDA500.jpg" alt="" /></p>
<p>Veracruz. Ubicada a m&aacute;s de cuatrocientos diez kil&oacute;metros al sureste de Ciudad de M&eacute;xico, en la costa del golfo, la capital del Municipio de Veracruz es el puerto mar&iacute;timo m&aacute;s importante del pa&iacute;s y donde se fund&oacute;, hacia 1519, el primer ayuntamiento de la historia en la parte continental de Am&eacute;rica. Casi quinientos a&ntilde;os despu&eacute;s, en tiempos del C&aacute;rtel de Los Zetas, cuando Fernanda Melchor (Veracruz, M&eacute;xico, 1982) comenz&oacute; a ejercer la profesi&oacute;n de escritora &mdash;el periodismo es un g&eacute;nero de la literatura y m&aacute;s en el caso de autoras de su talante intelectual&mdash;, la ciudad se hab&iacute;a convertido en uno de los enclaves urbanos m&aacute;s peligrosos de la regi&oacute;n. A sus habitantes los aquejaban toda clase de cr&iacute;menes como robos, extorsiones, secuestros o el tr&aacute;fico de drogas, armas y hasta de personas, as&iacute; como tambi&eacute;n los asesinatos, muchos de los cuales pueden describirse como feminicidios. Quiz&aacute; por esta raz&oacute;n, o por el simple hecho de haber nacido all&iacute;, Veracruz ha sido un tema fundamental en sus obras de ficci&oacute;n, tanto como en su ejercicio del periodismo. Entre los a&ntilde;os 2002 y 2011 se dedic&oacute; a buscarle el pulso a la ciudad a trav&eacute;s de los testimonios de sus habitantes, un ejercicio que la llev&oacute; a escribir los doce relatos de no ficci&oacute;n de su primer libro <em>Aqu&iacute; no es Miami</em> &mdash;publicado en M&eacute;xico en 2013 y en Espa&ntilde;a, en 2018&mdash;, todos contados desde el &laquo;car&aacute;cter oblicuo del lenguaje y aprovech&aacute;ndolo a favor de la propia historia&raquo;, como se&ntilde;ala en la &ldquo;Nota de la autora&rdquo; incluida en la edici&oacute;n de 2018. En esa declaraci&oacute;n de intenciones, Melchor revela el riel sobre el cual avanza el ferrocarril de su literatura. Lo que llama el rasgo oblicuo del lenguaje es la esencia del habla cotidiana en donde se revela la psicolog&iacute;a del personaje. La cercan&iacute;a del periodismo con la realidad se constituy&oacute; hacia 2013 como el fundamento de la literatura que Melchor habr&iacute;a de crear tambi&eacute;n desde la ficci&oacute;n, porque son sus experimentos con las torceduras y figuraciones del decir en donde emergen no solo los hechos de la vida, sino tambi&eacute;n las maneras en que estos son percibidos por sus protagonistas. &ldquo;Las historias nacen en el lenguaje y en &eacute;l alcanzan su sentido m&aacute;s profundo, el que se les escapa a las grabadoras y a las c&aacute;maras, el que se encuentra enmara&ntilde;ado en las voces y los gestos de la tribu&rdquo;, escribe en el libro citado.</p>
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<p>Su inter&eacute;s en la narrativa y el lenguaje urbano anclado en los problemas de Veracruz aparece en su primera novela <em>Falsa liebre </em>(2013) publicada por el sello independiente Almad&iacute;a<em>, </em>y se mantiene hasta la m&aacute;s reciente, editada en 2021 por Random House, <em>P&aacute;radais</em>. Entre una y otra, Melchor ha publicado uno de los trabajos m&aacute;s interesantes de la literatura latinoamericana actual, <em>Temporada de huracanes </em>(Random House, 2017), celebrado en los pa&iacute;ses hispanohablantes, tanto como en Estados Unidos e Inglaterra. Prueba de esto son las elogiosas rese&ntilde;as cr&iacute;ticas publicadas en The New York Times<em> </em>y The Guardian, as&iacute; como el hecho de que la autora quedara en la lista de finalistas para el Premio Internacional Booker de 2020, que finalmente se llev&oacute; <em>La inquietud de la noche</em>, de la persona neerlandesa de g&eacute;nero no binario Marieke Lucas Rijneveld. La otra autora latinoamericana nominada para el galard&oacute;n con Melchor fue la argentina Gabriela Cabez&oacute;n C&aacute;mara, por su novela <em>Las aventuras de la China Iron</em>.</p>
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<p><strong>&ldquo;Una de las cosas que aprend&iacute; a trav&eacute;s del periodismo fue a mirar la realidad de una forma distinta&rdquo;</strong></p>
<p>En <em>Falsa liebre</em> se re&uacute;nen las historias de cuatro j&oacute;venes que sobreviven al contraste entre el tedio y la violencia de Veracruz. La espina dorsal del argumento es la relaci&oacute;n ente los hu&eacute;rfanos Andrik y Zahir, de unos 14 a&ntilde;os de edad; no son hermanos, pero se quieren como tales, pues comparten la desgracia de vivir con una anciana que los maltrata y los obliga a hacer los peores trabajos para sobrevivir, como robar y prostituirse. Un d&iacute;a, Andrik no vuelve a casa, pues ha sido secuestrado por un cliente. Sin estar seguro de qu&eacute; pas&oacute;, Zahir sospecha que se trata de algo malo y decide salir a buscarlo. Mientras tanto, otros dos j&oacute;venes llamados Pachi y Vinicio improvisan una excusi&oacute;n para beber y drogarse en la playa. Cuando Zahir se cruza con ellos sobreviene la desgracia. Las situaciones en las cuales se ven enredados estos cuatro adolescentes prefiguran las de los personajes que aparecen en las siguientes novelas.</p>
<p>La celebrada <em>Temporada de huracanes</em> es una obra coral con estructura y protagonistas similares a <em>Falsa liebre</em>, aunque su alcance est&eacute;tico es mucho mayor. A partir del hallazgo del cuerpo de la Bruja en un canal de riego cercano al paup&eacute;rrimo pueblo La Matosa, las voces de varios personajes relacionados con el crimen narran sus historias. La mayor&iacute;a son adolescentes para quienes, como en <em>Falsa liebre</em>, la pobreza y el vicio son malas consejeras. Yesenia (conocida tambi&eacute;n como La Lagarta) refiere la historia de su primo Luismi, a quien describe como un granuja que cuenta con la incomprensible protecci&oacute;n de la abuela de ambos. El amante de la madre de Luismi (un bueno para nada llamado Munra) contin&uacute;a con la historia refiri&eacute;ndose a la relaci&oacute;n que Luismi entabla con Norma, una chica embrazada de la pareja de su madre que llega a La Matosa huyendo de un pueblo cercano. El testimonio de ella misma aparece despu&eacute;s del de Munra. Luismi nunca relata por su propia voz su historia, aunque esta avanza en paralelo con la de la Bruja, que es la otra protagonista.</p>
<p>A La Bruja se la describe como una hechicera que hered&oacute; oficio y hogar de su madre fallecida y a quien rodean toda clase de leyendas, por lo cual los habitantes de La Matosa le temen y respetan a partes iguales. &laquo;Nadie en el pueblo supo nunca c&oacute;mo se llamaba aquella pobre endemoniada; si ella misma nunca quiso decirles su nombre verdadero: dec&iacute;a que no ten&iacute;a, que su madre nom&aacute;s la chistaba para hablarle o la llamaba zonza, cabrona, jija del diablo&raquo;, escribe Melchor en su retrato de este personaje que a ratos raya en lo fant&aacute;stico, aunque la mayor parte del tiempo se presente investida de un realismo desgarrador. Por eso, en su rese&ntilde;a para <em>The Guardian</em> sobre esta novela, M John Harrison la describe como &ldquo;[an] uncompromisingly savage piece of work: difficult to scape from, built to shock&rdquo;, es decir: un pedazo de obra, salvajemente intransigente, de la cual es dif&iacute;cil escapar [y que ha sido] construida para producir conmoci&oacute;n. Parte del &laquo;shock&raquo;, al que se refiere Harrison viene de la manera en que la fatalidad une las desgracias de la Bruja y de Luismi. El lector descubre esta parte del argumento desde la febril narraci&oacute;n de Brando, otro adolescente de la pandilla a la que pertenece Luismi. La violencia machista y hom&oacute;foba de buena parte de la sociedad mexicana emerge en esta voz, como cuando narra la violaci&oacute;n de grupo de una chica durante las fiestas de Carnaval o cuando intenta negarse a s&iacute; mismo el descubrimiento de su inter&eacute;s sexual por un hombre: &laquo;Nunca le dijo a nadie lo mucho que la voz de Luismi lo hab&iacute;a conmovido; y hubiera muerto antes de aceptar que la verdadera raz&oacute;n por la que segu&iacute;a yendo a las fiestas de la Bruja era para escuchar a Luismi cantar&raquo;. Julian Lucas se refiere a la est&eacute;tica del mundo s&oacute;rdido creado por Melchor en su rese&ntilde;a para <em>The New York Times</em>, en donde describe el tema de <em>Temporada de huracanes </em>como<em> </em>&ldquo;the inner life of mysogynist violence &mdash;for both perpetrators and victims&mdash; and the collective mythmaking that sanctions such crimes or makes them disappear&rdquo;, lo que quiere decir que celebra la manera como el lenguaje escogido por la autora muestra la naturalizaci&oacute;n de la violencia machista para agresores y v&iacute;ctimas desde la cultura patriarcal que la sanciona o la encubre. A trav&eacute;s del brutal relato de Brando emergen otras dimensiones de las historias de los personajes protag&oacute;nicos, pues lo que primero parece un feminicidio o un crimen de odio, se convierte gracias a la alquimia del estilo tit&aacute;nico de Melchor, en una muerte que raya en lo accidental, a medio camino entre un robo con mal final y el estrago del miedo en las personas desamparadas.</p>
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<p><strong>&ldquo;La pobreza material es una met&aacute;fora de la indigencia espiritual&rdquo; </strong></p>
<p>La terrible trivialidad de ciertos actos de violencia es tambi&eacute;n el asunto del que trata su novela m&aacute;s reciente, <em>P&aacute;radais.</em> All&iacute; se relata el plan del joven Franco Andrade para seducir, aunque sea a la fuerza, a Mari&aacute;n de Maro&ntilde;o, su vecina en el conjunto residencial &laquo;Paradise&raquo;. El &uacute;nico punto de vista desde el cual se relatan las acciones en esta obra es el de Leopoldo (Polo) Garc&iacute;a, el joven jardinero del lugar y quien termina de renuente compa&ntilde;ero de Franco en su plan alocado de atacar a la vecina, que es esposa y madre de familia. &laquo;Al principio pens&oacute; que todo era pura mamada, puras chaquetas mentales de Franco Andrade, babosadas sin sentido que el chamaco caliente farfullaba porque no ten&iacute;a la menor idea de lo que dec&iacute;a&raquo;, piensa Polo hacia la mitad de la novela: &laquo;Era obvio que el pendejo nuca hab&iacute;a estado con una mujer, que jam&aacute;s hab&iacute;a sumido su pitito chaquetero en una panocha, y por eso estaba obsesionado con meterle la tranca a la &uacute;nica pinche vieja que le sonre&iacute;a y le hablaba de buena gana&raquo;.</p>
<p>En la narraci&oacute;n de las afinidades y los choques entre Polo y Franco, amigos improbables por separarlos la frontera insalvable en M&eacute;xico de las clases sociales, la pericia para construir lenguajes que tiene Melchor aflora de nuevo, como en esta conversaci&oacute;n que Polo recuerda, cuando no sabe de qu&eacute; manera desvincularse del crimen al que dice haber sido forzado por Franco: &laquo;&iquest;Qu&eacute; no sabes lo que le hacen a los violadores all&aacute; adentro [en la c&aacute;rcel]? Ojo por ojo, culo por culo. Pero soy menor de edad, y mi pap&aacute; es abogado, de los chingones; jam&aacute;s dejar&iacute;a que me refundieran, eso es para los jodidos como &eacute;l, dice. Por muchas influencias que tenga tu jefe, por mucho billete que suelte, &iquest;no ves que el marido sale en la tele?, le replic&oacute; Polo. &iquest;T&uacute; crees que Maro&ntilde;o no tiene sus propios paros?&raquo;. En estas palabras, como en las antes citadas de sus dem&aacute;s libros, se respira la naturalizaci&oacute;n en cada persona de las inequidades sociales de ese pa&iacute;s &mdash;por desgracia, iguales a las del resto de la regi&oacute;n&mdash;. Y he all&iacute; que el enorme valor de los libros de Melchor es su apuesta por el estilo, una apuesta absoluta y radical, como no se ve&iacute;a en la literatura latinoamericana desde la vanguardia que a Espa&ntilde;a lleg&oacute; convertida en el producto comercial al que ahora se conoce como &laquo;el Boom&raquo;. Y es justo este trabajo con el estilo, la primac&iacute;a del lenguaje y el papel que juega Veracruz en su imaginario est&eacute;tico lo que nos lleva a la siguiente conversaci&oacute;n durante una tarde de 2021, cuando est&aacute; a punto de entrar el oto&ntilde;o en la ciudad de Madrid.</p>
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<p class="Body">&mdash;Aunque en <em>Temporada de huracanes</em> se esconda bajo la denominaci&oacute;n inventada de &laquo;Villagarbosa&raquo; y no lo nombres en <em>P&aacute;radais</em>, el lugar en donde naciste, Veracruz, al que describes en <em>Aqu&iacute; no es Miami</em> como &laquo;la ciudad de los negocios clandestinos&raquo;, es central en tu literatura. &iquest;Qu&eacute; significado tiene para ti? &iquest;Qu&eacute; imagen crees que la describe?</p>
<p class="Body">&mdash; Nac&iacute; en Veracruz y durante casi treinta a&ntilde;os esa ciudad fue casi todo lo que conoc&iacute;, mi mundo entero. De modo que, cuando decid&iacute; escribir mi primera novela, <em>Falsa liebre, </em>me result&oacute; natural situar la historia en las calles del puerto, que independientemente de que sea mi lugar de origen, es un sitio muy interesante, uno de los municipios m&aacute;s antiguos de Am&eacute;rica. Lo mismo pas&oacute; con las cr&oacute;nicas de <em>Aqu&iacute; no es Miami</em>, que comenc&eacute; a escribir movida por la curiosidad de investigar historias ocurridas en esa ciudad. Empec&eacute; a escribir esas cr&oacute;nicas por mero aburrimiento y por una necesidad genuina de contar lo que suced&iacute;a en Veracruz durante una de sus peores &eacute;pocas, pero rara vez he aceptado una comisi&oacute;n. Las escrib&iacute; por iniciativa personal: eran sucesos que me interesaban y sobre los que ten&iacute;a ganas de investigar.</p>
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<p class="Body"><strong>&ldquo;La lecci&oacute;n m&aacute;s importante que he aprendido es la de despojar a la creaci&oacute;n de tanto celo neur&oacute;tico&rdquo;</strong></p>
<p class="Body">&mdash;&iquest;Qu&eacute; herramientas has tra&iacute;do del periodismo a la escritura de ficci&oacute;n?</p>
<p class="Body">&mdash;Una de las cosas que aprend&iacute; a trav&eacute;s del periodismo fue a mirar la realidad de una forma distinta. Distinta porque supone la intenci&oacute;n de capturar esta realidad que sucede ante nosotros y traducirla en palabras. Es una pr&aacute;ctica que no s&oacute;lo implica un continuo trabajo con el lenguaje sino una exploraci&oacute;n de los mecanismos y los l&iacute;mites mismos de la conciencia, lo cual es muy &uacute;til cuando una est&aacute; determinada a escribir ficci&oacute;n.</p>
<p class="Body">&mdash;Ya no trabajas m&aacute;s como reportera, de hecho, casi has cambiado por completo de trabajo y desde hace a&ntilde;os colaboras en guiones para plataformas de series audiovisuales en l&iacute;nea, como el servicio Netflix. &iquest;C&oacute;mo fue el paso de la escritura period&iacute;stica al formato de ficci&oacute;n audiovisual?</p>
<p class="Body">&mdash;El periodismo solo lo he ejercido de forma espor&aacute;dica, nunca trabaj&eacute; en ning&uacute;n medio como reportera, solo como editora. Y est&aacute; tambi&eacute;n el trabajo de <em>Aqu&iacute; no es Miami. </em>En mi desempe&ntilde;o como escritora de televisi&oacute;n, m&aacute;s que la curiosidad o el inter&eacute;s creativo, lo que me mueve es participar en un proyecto de grupo en donde mi papel es resolver problemas. Eso es todo. No s&eacute; lo que es escribir guiones, la verdad es que no es un tipo de escritura que me interese mucho. Mi fuerte es participar en el proceso de creaci&oacute;n de los personajes, la trama y el tono de la serie que ocurre en el <em>writer's room</em> [o cuarto donde se re&uacute;nen los escritores del guion de un largometraje o serie para televisi&oacute;n], incluso mucho antes de que la serie sea aceptada por alguna empresa. Lo que m&aacute;s me interesa es la oportunidad de fungir posteriormente como consultora del equipo, revisando que los guiones y sus elementos se sientan realistas, proponiendo formas de traducir del ingl&eacute;s al espa&ntilde;ol los di&aacute;logos y, claro, tambi&eacute;n colaboro en la promoci&oacute;n. Creo que la lecci&oacute;n m&aacute;s importante que he aprendido en este proceso es la de despojar a la creaci&oacute;n de tanto celo neur&oacute;tico. Es decir, aprender a aceptar que una novela es una obra en construcci&oacute;n que lleva mucho tiempo terminar, y que no tiene que ser perfecta desde el inicio.</p>
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<p><strong>&ldquo;No me interesa narrar la historia del que mata la vaca, sino el que agarra las patas del animal para que el otro cometa el crimen&rdquo;</strong></p>
<p>&mdash;El asunto fundamental del que tratan tus novelas es la interrelaci&oacute;n entre la pobreza, los mitos de la cultura de masas y la agresividad. &iquest;Te has propuesto como proyecto literario la violencia estructural de M&eacute;xico en tus obras?</p>
<p>&mdash;Siempre comienzo a trabajar desde la confrontaci&oacute;n entre personajes y conflictos. Muy rara vez me propongo partir de un tema y desglosarlo. Cuando comienzo a escuchar historias o a imaginarlas empiezo, tambi&eacute;n, a pensar en qu&eacute; tipo de personajes podr&iacute;an contarlas. En el caso de <em>P&aacute;radais </em>lo primero que me imagin&eacute; fue el lugar en el que transcurre la ficci&oacute;n, el exclusivo fraccionamiento llamado <em>Paradise</em>: yo quer&iacute;a escribir algo sobre un sitio que fuera completamente distinto a La Matosa, el pueblo de <em>Temporada de huracanes. </em>De forma inconsciente, yo hab&iacute;a establecido una especie de paralelismo entre pobreza y violencia en esa novela. Pero la pobreza en <em>Temporada de huracanes</em> tiene muchas funciones, no se trata solo de que tenga un referente en el M&eacute;xico de la actualidad o que me refiera all&iacute; a un lugar que aunque es ficticio existe en mi pa&iacute;s. La pobreza material es una met&aacute;fora de la indigencia espiritual y la p&eacute;rdida de valores de los personajes que buscan un amor que nunca han tenido y que ni siquiera los saben reconocer; por eso se involucran en din&aacute;micas de poder terribles, en el nombre del amor y todo por el amor. Quer&iacute;a demostrar que en otros estratos sociales tambi&eacute;n hay violencia y que la violencia no es algo inherente a la pobreza y comenc&eacute; a pensar qu&eacute; ser&iacute;a. Lo opuesto a La Matosa son los conjuntos residenciales urbanos y cerrados. No solo los hay en Veracruz, sino en toda la rep&uacute;blica, as&iacute; como tambi&eacute;n en otros pa&iacute;ses. Existen debido a la necesidad que tienen las personas de cierto nivel econ&oacute;mico de encerrarse para protegerse de la criminalidad que aumenta a su alrededor. Quer&iacute;a explorar qu&eacute; pasar&iacute;a si esas personas que tratan de defenderse de la violencia dej&aacute;ndola afuera, detr&aacute;s de bardas, de alambres de p&uacute;as, de rejas y de c&aacute;maras de vigilancia, de pronto encontraran que la violencia est&aacute; adentro, porque forma parte de su misma sociedad. As&iacute; surgi&oacute; el personaje de Franco Andrade. Para esa novela me inspir&eacute; en hechos verdaderos. Por ejemplo, en el crimen que aparece en <em>P&aacute;radais</em> hay resonancias del crimen de La Manada en Espa&ntilde;a, pero en especial de la violaci&oacute;n de una menor de edad en M&eacute;xico, perpetrada por la banda de Los Prokys [de la Costa de Oro], que era un grupo de muchachos de clase alta que abusaron de una ni&ntilde;a y la grabaron. La mayor&iacute;a de Los Porkys est&aacute;n pr&oacute;fugos y hasta ahora no ha habido justicia para la v&iacute;ctima.</p>
<p>&mdash;Pero no es Franco Andrade quien narra el crimen en <em>P&aacute;radais</em>, sino el personaje Polo. Lo importante de esto es que su punto de vista y el lenguaje con el cual se expresa permiten al lector percibir desde ese personaje el abismo que separa a la clase social pudiente de la que no lo es.</p>
<p>&mdash;Quer&iacute;a que hubiera una contraparte en Polo, porque no ten&iacute;a inter&eacute;s en contar la historia desde Franco Andrade, porque aunque obviamente se trata de un muchacho perturbado, encontraba poco inter&eacute;s en ello. En Polo me interesaba ver el punto de vista de un joven que aparentemente solo comete el crimen por necesidad, porque no le qued&oacute; de otra, porque su mam&aacute; lo golpeaba o por mil y un motivos. Me interesaba narrar el sinsentido de estos cr&iacute;menes tan horribles como los que ocurren todos los d&iacute;as en M&eacute;xico. Pero, al mismo tiempo, me interesaba abordarlo desde dos mundos totalmente diferentes, que coinciden en el instante de esos cr&iacute;menes. No interesaba narrar la novela desde Franco Andrade porque hay un trastorno all&iacute;. Le&iacute; innumerables narraciones de criminales sexuales en el libro <em>Cazador de Mentes: dentro de la Unidad &Eacute;lite de Delitos Seriales del FBI </em>de John Douglas y Mark Olshaker, el cual inspir&oacute; la serie de Netflix de 2017, <em>Mindhunter. </em>A Douglas se le ocurri&oacute; que deber&iacute;an entrevistar a los criminales sexuales para aprender de ellos. En la serie vemos a los asesinos seriales m&aacute;s glamurosos, porque nuestra cultura popular ha hecho glamurosos a ese tipo de asesinos. Hemos llegado al punto en que vemos a un can&iacute;bal como Hannibal Lecter en la serie <em>Hannibal</em> de Netflix del a&ntilde;o 2013, y no queremos que nadie lo atrape. Los criminales se han convertido en personajes de la cultura popular. Lecter es un t&oacute;pico, queremos que siga matando y comi&eacute;ndose a la gente, no podemos evitarlo. Pero Douglas hace otra cosa. Entrevist&oacute; a cientos de asesinos y de violadores y en su libro se muestra que no ten&iacute;an nada de especial ni eran muy inteligentes; no eran genios del mal, como quiere hacernos creer la cultura popular, sino tipos simples cuya vida de fantas&iacute;a era intensa y ten&iacute;an una compulsi&oacute;n que los llevaba a repetir una y otra vez la violencia contra las mujeres. Algo que no pensamos es que la inmensa mayor&iacute;a de los asesinos en serie son feminicidas. Sus cr&iacute;menes siempre presentan un componente de fantas&iacute;a er&oacute;tica: matan a las mujeres para lograr su gratificaci&oacute;n sexual, independientemente de si pueden o no sostener una relaci&oacute;n corporal con ellas. Por eso Franco Andrade no me parec&iacute;a tan interesante. Prefer&iacute; abordarlo desde el punto de vista de alguien como Polo, que no podemos decir que es inocente, pero que est&aacute; all&iacute; por circunstancias que no puede controlar. Tiene libre albedr&iacute;o porque toma decisiones, pero su concepci&oacute;n de la masculinidad es totalmente fantasiosa. Su masculinidad est&aacute; glorificada, parece inalcanzable y pasa por la explotaci&oacute;n de las mujeres. Por el otro lado, Polo piensa que su masculinidad se basa en controlar y dominar las mujeres a su alrededor y como no puede, cree que su vida es un fracaso. Esto es normal en una sociedad como la mexicana. &Eacute;l es un sano hijo del patriarcado. A m&iacute; no me interesa narrar la historia del que mata a la vaca, sino el que agarra las patas del animal para que el otro cometa el crimen. Estas peque&ntilde;as cobard&iacute;as tambi&eacute;n abundan en violencia, pero no necesariamente reciben los reflectores de los medios de comunicaci&oacute;n. El tipo de cobard&iacute;a de Polo &mdash;&laquo;hay yo no tuve la culpa, no quer&iacute;a, lo hice porque me obligaron&hellip;&raquo;&mdash; es un poco la cobard&iacute;a de la corrupci&oacute;n. Es la banalidad del mal, como dec&iacute;a Hannah Arendt, es el funcionario diciendo: &laquo;yo me limit&eacute; a firmar un documento y mand&eacute; a matar a cien gentes&raquo;.</p>
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<p><strong><em>&ldquo;P&aacute;radais </em></strong><strong>se me ocurri&oacute; cuando pens&eacute;: qu&eacute; es lo m&aacute;s horrible que me puede pasar como mujer&rdquo;</strong></p>
<p>&mdash;Polo parece un personaje salido de <em>Temporada de huracanes</em>, cuyo drama humano de joven crecido en la pobreza se profundiza al contrastarlo con Franco Andrade.</p>
<p>&mdash;En 2016, cuando me di cuenta de que <em>P&aacute;radais</em> era la historia de dos adolescentes, comenc&eacute; por escribirla como una escaleta cinematogr&aacute;fica con tres actos: el planteamiento, el desarrollo y el desenlace y, en 2018 me puse con el primer borrador. Para esa &eacute;poca yo estaba trabajando en la serie de Netflix <em>Somos</em>, la cual est&aacute; basada en un pueblo invadido por el narco. A diferencia de las series que se concentran en la vida glamorosa de los narcotraficantes, esta prefiere a la gente com&uacute;n y corriente que de repente ve su vida invadida por este c&aacute;ncer. Yo estaba metida en un cuarto de escritura de nueve de la ma&ntilde;ana a cinco de la tarde y era un trabajo que me gustaba, pero era demasiado impersonal: finalmente me pagaban por escribir una historia que no era m&iacute;a. Es divertido, me encanta, y pagan muy bien, sin embargo me dejaba vac&iacute;a, as&iacute; que en las noches, cuando llegaba a mi hotel en la Ciudad de M&eacute;xico, me pon&iacute;a a escribir <em>P&aacute;radais</em>, de nueve a doce de la noche. Me tomaba un Xanax me iba a dormir y, a la ma&ntilde;ana siguiente, me levantaba y me iba al <em>writer&rsquo;s room</em> de la serie.</p>
<p>&mdash;As&iacute; que eres una escritora de la nocturnidad.</p>
<p>&mdash;Con <em>P&aacute;radais</em>, s&iacute;. Hay partes que solo pude escribir un poco ebria. Tomaba tequila o mezcal, porque no lo soportaba. La novela hasta que llegas al primer descanso creo que la escrib&iacute; unas cincuenta veces, la estuve escribiendo sin parar durante un a&ntilde;o y medio. Sin embargo, la parte del crimen la escrib&iacute; solamente tres veces. Todo el tiempo estaba pensando en lo que iba a pasar cuando los muchachos se metieran en la casa de la se&ntilde;ora Mari&aacute;n, pero no lo pod&iacute;a escribir porque era demasiado horrible. A m&iacute;, <em>P&aacute;radais </em>se me ocurri&oacute; cuando pens&eacute;: qu&eacute; es lo peor que me puede pasar como mujer.</p>
<p>&mdash;Los feminicidios como consecuencia de una sociedad que ha naturalizado la violencia de g&eacute;nero son el tema de <em>Temporada de Huracanes</em> y de <em>P&aacute;radais</em>. La primera se trata de descubrir qui&eacute;n mat&oacute; a la Bruja, el personaje sobre el cual todos los habitantes del rancher&iacute;o La Matosa, mujeres tanto como hombres, proyectan sus inseguridades; la segunda indaga en la mente de un violador.</p>
<p><strong>&mdash;</strong>Fue dif&iacute;cil construir los personajes femeninos en estas novelas, en especial porque me interesaba dejar un espacio para que el lector pudiera comprender que no necesariamente son como ellas mismas se muestran o como las muestran quienes las describen desde su punto de vista. Est&aacute; la Bruja de <em>Temporada de Huracanes</em>, pero tambi&eacute;n est&aacute; la se&ntilde;ora Marian de <em>P&aacute;radais</em>, que se preocupa por darle una propina a Polo, cuando &eacute;l la ayuda con la fiesta de uno de sus hijos. Sin embargo, &eacute;l ve eso como algo humillante y ofensivo, cuando ella en realidad, se porta como una mujer generosa. Cuando entran a atacarla en su casa, ella prefiere morir que entregarse Franco Andrade. Otro personaje interesante es la madre de Polo, que quiere componer al hijo con amor duro. Y est&aacute; Zoraya, que va a tener un hijo de &eacute;l. Ella es tal vez el personaje m&aacute;s opaco del libro, pero hay un momento que me gusta mucho que es cuando ella revela que est&aacute; embrazada y la mam&aacute; de Polo en lugar de correrla de la casa explica que a ella le pas&oacute; lo mismo. Este momento de sororidad a Polo le parece abominable, por eso fue dif&iacute;cil construirlo desde su punto de vista. Era necesario mostrar las contradicciones en su discurso, la profunda ambivalencia del personaje, su cobard&iacute;a; &eacute;l es un pusil&aacute;nime y tan capaz como Franco Andrade de cometer una atrocidad y justificarse de la manera m&aacute;s absurda. No solo quer&iacute;a hablar de las diferencias de clase sino de lo gratuito y est&uacute;pidos que son este tipo de cr&iacute;menes. Lo f&aacute;cil que son&hellip; y lo tonto.</p>
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<p><strong>&ldquo;Quer&iacute;a explorar la vida interior de mujeres complejas, reproductora del c&iacute;rculo vicioso de la violencia&rdquo;</strong></p>
<p>&mdash;En <em>Temporada de Huracanes </em>aparecen tematizadas varias relaciones materno-filiales. Incluso parece que la relaci&oacute;n entre las dos &laquo;brujas&raquo; se espejea en la maternidad de Chabela con Luismi y en el embrazo de Norma. &iquest;Has construido estas equivalencias a prop&oacute;sito?</p>
<p>&mdash;No s&eacute; hasta qu&eacute; punto hice las cosas &laquo;a prop&oacute;sito&raquo; en <em>Temporada de huracanes</em>. Quer&iacute;a, eso s&iacute;, desde el inicio, escribir una novela que tuviera personajes femeninos complejos, algo que yo sent&iacute; que me hab&iacute;a hecho falta en <em>Falsa liebre</em>, donde todo se narra desde la perspectiva de cuatro chicos, cuatro hombres muy j&oacute;venes. Yo quer&iacute;a explorar la vida interior de mujeres complejas, que no son s&oacute;lo v&iacute;ctimas de la violencia, sino tambi&eacute;n son ellas mismas agresoras, reproductoras del c&iacute;rculo vicioso de la violencia. El personaje de la Bruja m&aacute;s bien naci&oacute; de mi necesidad de contar con un personaje femenino fuera de serie, un personaje ambiguo, lleno de misterio respecto a su naturaleza, a su origen, a sus supuestos poderes, y que funcionara como un chivo expiatorio para esta comunidad cerrada que descarga en ella toda su ansiedad y su odio respecto a lo femenino.</p>
<p>&mdash;La violencia de la cual hablan tus novelas y tus cr&oacute;nicas es de tipo sist&eacute;mica, es decir, la que tiene que ver con la estructura social que muestras en las novelas: &iquest;Hasta qu&eacute; punto te interesa hablar sobre el asunto de c&oacute;mo las sociedades pueden construir criminales desde las diferencias de clase?</p>
<p>&mdash;Justamente, se trataba de explorar ese fen&oacute;meno; menos en las cr&oacute;nicas de <em>Aqu&iacute; no es Miami</em><strong> </strong>o en <em>Temporada de huracanes </em>que en <em>P&aacute;radais</em>. En esta novela empec&eacute; pensando que tambi&eacute;n hay ricos que cometen cr&iacute;menes. La prensa de sucesos es muy amarillista y se ceba con la gente pobre porque no puede pagar un soborno para que no la saquen en la nota roja. Por eso, este tipo de periodismo es discriminatorio y clasista, y est&aacute; lleno de estereotipos. Empec&eacute; a pensar en estas cosas a partir del caso de Los Porkys, haci&eacute;ndome estas preguntas: &iquest;Qu&eacute; pasa cuando un muchacho que lo ha tenido todo ahora <em>quiere</em> tomarlo todo?, &iquest;qu&eacute; pasa si un muchacho que no ha tenido nada se siente justificado a tomarlo todo? <em>P&aacute;radais </em>es el diagrama de Ben de las respuestas a estas dos preguntas que coinciden en la frustraci&oacute;n. Polo y Franco Andrade son personajes que han sido emocionalmente abandonados. Pero tambi&eacute;n ambos son hombres j&oacute;venes que por distintas circunstancias est&aacute;n frustrados y tienen la sensaci&oacute;n de que no hay un futuro. Esta manera de pensar los lleva a entumecerse con alcohol, que es lo que tienen a la mano. M&aacute;s tarde, los lleva al crimen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La lecci&oacute;n m&aacute;s importante que he aprendido es la de despojar a la creaci&oacute;n de tanto celo neur&oacute;tico&rdquo;</strong></p>
<p>Cronista, consultora de guiones de series para la televisi&oacute;n y autora de una narrativa con una marca personal&iacute;sima debido a que est&aacute; guiada por su voluntad de mostrar la absurda violencia social, en especial la machista, Melchor representa un perfil de escritor completamente diferente a la que primaba a finales del siglo XX y primeros a&ntilde;os del XXI, cuando Roberto Bola&ntilde;o reinaba como dios absoluto de la literatura latinoamericana. No quiere decir esto que ella no reconozca la importancia de la obra del autor, al contrario; pero, cuando le preguntan por sus influencias literarias, a los primeros que nombra son a los escritores de la vanguardia, en especial el chileno Jos&eacute; Donoso y el argentino Manuel Puig. Sobre el primero escribe Carlos Fuentes en el ensayo <em>La gran novela latinoamericana </em>(2011) que ampli&oacute; de manera espectacular los recursos de la narrativa. Para el compatriota de Melchor y uno de los m&aacute;s fulgurantes miembros del Boom, el autor de <em>El obsceno p&aacute;jaro de la noche</em> fue fundamental en la revoluci&oacute;n est&eacute;tica que adem&aacute;s de crear nuevos discursos narrativos, abri&oacute; fronteras en los mercados locales e internacionales. Y es justamente a esa revoluci&oacute;n est&eacute;tica a la que apuntan los intereses de Melchor.</p>
<div>
<p class="Body">&mdash;Impresiona en <em>Aqu&iacute; no es Miami</em> que aunque se trata de cr&oacute;nicas que escribiste varios a&ntilde;os antes de publicar <em>Falsa liebre</em>, ya se nota un trabajo con el lenguaje. &iquest;Descubriste las potencialidades del uso del lenguaje como periodista y luego trajiste la herramienta a la ficci&oacute;n?</p>
<p class="Body">&mdash;Siempre quise ser escritora de ficci&oacute;n antes que periodista. En realidad s&oacute;lo eleg&iacute; estudiar la carrera de Periodismo porque me chocaba la idea de estudiar Letras. Por un lado, la perspectiva de leer por obligaci&oacute;n me parec&iacute;a detestable, y por el otro, mi familia me convenci&oacute; de que nadie viv&iacute;a de escribir libros, y me animaron a elegir una carrera &uacute;til, de modo que termin&eacute; eligiendo Periodismo, que era la &uacute;nica carrera de Humanidades, aparte de Pedagog&iacute;a, que exist&iacute;a en la universidad p&uacute;blica del puerto de Veracruz. Ya en la facultad empec&eacute; a leer a muchos autores del Nuevo Periodismo estadounidense, quienes me mostraron una alternativa al periodismo tradicional, que era el que se practicaba en los medios impresos de Veracruz y de todo M&eacute;xico, el cual me parec&iacute;a aburrid&iacute;simo. Posteriormente comenc&eacute; a leer a cronistas como Diego Osorno, Alejandro Almaz&aacute;n y Leila Guerriero; ya para esa &eacute;poca la cr&oacute;nica latinoamericana hab&iacute;a comenzado a cobrar mayor popularidad. Siempre me interes&oacute; la cr&oacute;nica m&aacute;s que cualquier otro tipo de periodismo por el papel protag&oacute;nico que le otorga al lenguaje, al arte de la narraci&oacute;n. Para m&iacute; fue un verdadero laboratorio narrativo, una suerte de entrenamiento que me permit&iacute;a entender y poner en marcha los distintos mecanismos del lenguaje.</p>
</div>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;<em>Cien a&ntilde;os de soledad</em> es el libro que tenemos m&aacute;s a mano en la casa cuando somos ni&ntilde;os&rdquo;</strong></p>
<p>&mdash;El trabajo que haces con el lenguaje en tus obras recuerda a novelas vanguardistas escritas el siglo pasado en Am&eacute;rica Latina, hoy elevadas a canon de la narrativa de esa regi&oacute;n. &iquest;Cu&aacute;l es tu relaci&oacute;n con el llamado Boom Latinoamericano?</p>
<p>&mdash;Creo que todos los latinoamericanos le entramos al Boom desde <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em>, porque es el libro que tenemos m&aacute;s a mano en la casa cuando somos ni&ntilde;os. Aunque tus padres no sean lectores siempre hay alg&uacute;n libro de Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez en casa. M&aacute;s tarde llegu&eacute; a otros autores que me marcaron m&aacute;s, como Jos&eacute; Donoso, con las novelas <em>Lugar sin l&iacute;mites</em>, <em>El obsceno p&aacute;jaro de la noche</em>,<em> </em>y<em> El jard&iacute;n de al lado. </em>Tambi&eacute;n me fascina Manuel Puig, porque tiene un estilo muy particular, inimitable. En Puig me interesa la importancia que le da a los elementos de la cultura popular como la m&uacute;sica o las pel&iacute;culas de cine. Adem&aacute;s est&aacute; la presencia del sentir amoroso rom&aacute;ntico a trav&eacute;s de los medios masivos, &eacute;l elev&oacute; el follet&iacute;n a literatura, nos hizo ver que no hay g&eacute;nero menor y que el tango puede ser tambi&eacute;n la inspiraci&oacute;n para el discurso art&iacute;stico de alt&iacute;simo nivel. Puig siempre estuvo experimentando con la forma; sus &uacute;ltimas novelas me parecen sensacionales, como <em>Sangre de amor correspondido</em>. Su novela <em>El beso de la mujer ara&ntilde;a </em>tuvo mucha popularidad y luego la gente dej&oacute; de leerlo porque experimentaba much&iacute;simo y esto se entend&iacute;a menos. Luego escribi&oacute; novelas rar&iacute;simas de eternos di&aacute;logos en las cuales no se sabe qui&eacute;n miente y qui&eacute;n no, como <em>Maldici&oacute;n eterna a quien lea estas p&aacute;ginas</em>, que es una locura. Es mi novela favorita, pero entiendo por qu&eacute; no tuvo las traducciones ni el &eacute;xito que tuvo<em> El beso de la mujer ara&ntilde;a</em>. Esta elevaci&oacute;n de lo popular y de los g&eacute;neros vulgares que la gente consume como la radio novela y la m&uacute;sica a m&iacute; me interesa mucho. La forma del texto narrativo era muy importante para los autores del Boom y esta es una raz&oacute;n para que me llamen la atenci&oacute;n sus obras. La otra es que fueron una generaci&oacute;n esencialmente de novelistas y a m&iacute; me interesa la novela por encima de todo. Por un lado, el Boom nos ofrece formas diferentes y arriesgadas de narrar historias, y, por el otro, una preocupaci&oacute;n por reflejar el lenguaje propio y la variedad del espa&ntilde;ol que practicaban diversos pa&iacute;ses y llevarlo a lo literario.</p>
<p>&mdash;Te interesan los proyectos est&eacute;ticos y las grandes novelas&hellip;</p>
<p>&mdash;Las novelas totalizantes.</p>
<p>&mdash;Como en Puig, la m&uacute;sica popular es una herramienta recurrente en tus obras. &iquest;Cu&aacute;les son las ventajas o desventajas de utilizar la m&uacute;sica para crear el perfil de tus personajes?</p>
<p>&mdash;La m&uacute;sica popular es un elemento muy &uacute;til para pintar el paisaje emocional de los personajes. Creo que es algo muy mexicano que la m&uacute;sica est&eacute; siempre sonando a vol&uacute;menes enloquecedores en todos lados. Vas a un restaurante y hay m&uacute;sica, te subes al autob&uacute;s y hay m&aacute;s m&uacute;sica, caminas por la calle y los negocios por los que vas pasando tienen todos m&uacute;sica. Para m&iacute; no es posible pensar en la experiencia de vivir en Veracruz sin que haya alguna tonada pegajosa sonando en alg&uacute;n lugar. La m&uacute;sica que &laquo;suena&raquo; en mis libros me ayuda a develar el verdadero cariz de una situaci&oacute;n, o los verdaderos sentimientos de los personajes, esos sentimientos que ellos mismos a veces desconocen, o no quieren aceptar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;Ni siquiera aspiro a escribir la gran novela mexicana, me concentro en una peque&ntilde;a porci&oacute;n del sureste mexicano&raquo;</strong></p>
<p>&mdash;Al principio del siglo XXI hubo mucha discusi&oacute;n sobre la Gran Novela Latinoamericana, incluso Carlos Fuentes escribi&oacute; un extenso ensayo sobre ese anhelo<em>. </em>&iquest;Est&aacute;s t&uacute; persiguiendo la gran novela?</p>
<p>&mdash;Por el momento, no tengo la intenci&oacute;n. Tampoco s&eacute; si alg&uacute;n d&iacute;a pueda llegar a propon&eacute;rmelo. Pienso en mis novelas como totalizantes a un nivel micro.</p>
<p>&mdash;Lo pregunto porque esta era una aspiraci&oacute;n de los autores del Boom y esto estaba vinculado directamente con la noci&oacute;n de novela como un proyecto est&eacute;tico. Y al menos <em>P&aacute;radais </em>y <em>Temporada de huracanes </em>son<em> </em>proyectos est&eacute;ticos. &iquest;Crees que vale la pena hoy en d&iacute;a buscar la &laquo; Gran Novela Latinoamericana&raquo;?</p>
<p>&mdash;Yo dir&iacute;a que eso es lo que se propone a Mariana Enr&iacute;quez con <em>Nuestra parte de la noche</em>. No s&eacute; si est&aacute; en sus ambiciones, pero al menos en las m&iacute;as no est&aacute;. Y Rodrigo Fres&aacute;n tambi&eacute;n anda por all&iacute;, &iquest;no?</p>
<p>&mdash;Tanto Enr&iacute;quez como Fres&aacute;n aspirar&iacute;an, en principio, a escribir la gran novela de Argentina.</p>
<p>&mdash;Yo ni siquiera aspiro a escribir la gran novela mexicana, me concentro en una peque&ntilde;a porci&oacute;n del sureste mexicano. Hasta ahora yo solo he escrito sobre Veracruz, sobre esa peque&ntilde;a zona en el Golfo de M&eacute;xico, el tr&oacute;pico en donde crec&iacute; y no s&eacute; cu&aacute;ndo voy a agotar el tema. No s&eacute; si el pr&oacute;ximo libro vaya a tener lugar all&iacute; o si vaya a moverse a otra parte.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 17 Mar 2022 08:13:13 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La revista TURIA rinde homenaje a Vicente Molina Foix]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-revista-turia-rinde-homenaje-a-vicente-molina-foix/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2022/TURIA_141-142_-_Portada_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La escritora Menchu Guti&eacute;rrez ser&aacute; la encargada de presentar TURIA en Madrid, el pr&oacute;ximo d&iacute;a 24 de marzo a las 19 horas y en la sede central del Instituto Cervantes. Sin duda, con la elaboraci&oacute;n y difusi&oacute;n de este trabajo colectivo en torno a Vicente Molina Foix, se cumple adecuadamente con la necesidad de fomentar el inter&eacute;s por leerlo. Tambi&eacute;n este conjunto de textos permitir&aacute;n ofrecer nuevas y sugerentes aproximaciones a su universo vital y creativo.</p>
<p>A&nbsp; trav&eacute;s&nbsp; de&nbsp; un&nbsp; cuidado&nbsp; monogr&aacute;fico que contiene 180 p&aacute;ginas de textos in&eacute;ditos elaborados por 19 autores, TURIA desea contribuir a la lectura de un autor excepcional por su calidad literaria y por su capacidad de cultivar con &eacute;xito todo tipo de tareas creativas, desde la narrativa a la poes&iacute;a, desde el ensayo a la traducci&oacute;n, desde el cine a libretista de &oacute;pera, desde el articulismo en prensa a la dramaturgia. Buena prueba de ello es el reciente estreno en el Teatro Real de Madrid de la &oacute;pera &ldquo;El abrecartas&rdquo;, obra p&oacute;stuma de Luis de Pablo basada en su novela del mismo t&iacute;tulo y de la que ha sido autor del libreto. Tambi&eacute;n de su autor&iacute;a es el libro &ldquo;El tercer siglo. 20 a&ntilde;os de cine contempor&aacute;neo&rdquo;, que acaba de publicarse y que testimonia su pasi&oacute;n por el cine y su labor como cr&iacute;tico en diversos medios.</p>
<p>Vicente Molina Foix forma parte desde 2020 del selecto grupo de creadores que han depositado su legado en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes. Un ejemplo m&aacute;s del prestigio alcanzado por quien ha obtenido diversos reconocimientos a lo largo de una trayectoria que, como se subraya en TURIA, es fruto de una curiosidad desarrollada plenamente por un escritor que se rebela contra cualquier tipo de encasillamiento.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>CONOCER A FONDO A VICENTE MOLINA FOIX Y SU OBRA</strong></p>
<p><strong></strong>El espectacular monogr&aacute;fico que TURIA dedica a Vicente Molina Foix permite, no s&oacute;lo conocer a fondo su figura y su ampl&iacute;sima y diversa obra, sino acceder a un nutrido e interesante repertorio de textos in&eacute;ditos del propio autor. As&iacute;, la revista publica un art&iacute;culo sobre el gran compositor musical espa&ntilde;ol Luis de Pablo, cuya colaboraci&oacute;n con TURIA estaba programada pero que falleci&oacute; antes de llevar a cabo la tarea y para cuyas obras VMF escribi&oacute; varios libretos; la pieza teatral &ldquo;No pienso en otra cosa&rdquo; y un texto sobre su intensa vinculaci&oacute;n con el cine (&ldquo;pertenezco a una generaci&oacute;n de escritores cin&eacute;filos en la que somos muy pocos los que pasamos del patio de butacas a la pantalla blanca, como hac&iacute;an los personajes de Woody Allen en &lsquo;La rosa p&uacute;rpura del Cairo&rsquo;&rdquo;).</p>
<p>Especial relevancia tiene la extensa entrevista en exclusiva para TURIA que mantiene Vicente Molina Foix con el poeta y periodista cultural Fernando del Val. Bajo el revelador t&iacute;tulo de &ldquo;La vida, borrador de la literatura&rdquo;. En esta sugerente conversaci&oacute;n, nos habla de sus a&ntilde;os en Londres, de su relaci&oacute;n con Calvert Casey y Guillermo Cabrera Infante, con Susan Sontag y Kubrick, de c&oacute;mo &ldquo;con Vicente Aleixandre hablaba como con un amigo de mi edad, sin cortapisas&rdquo;, de la ingente correspondencia que mantuvo durante su estancia inglesa con amigos como Javier Mar&iacute;as y que conserva.</p>
<p>Tambi&eacute;n reconoce Molina Foix: &ldquo;soy un homosexual que ha tenido relaciones con mujeres&rdquo; y considera que &ldquo;el term&oacute;metro de la libertad y la igualdad en una sociedad muchas veces se mide por la situaci&oacute;n de la mujer&rdquo;. Confiesa en la entrevista llevar un diario desde 1993 y del que tiene escritas alrededor de 10.000 p&aacute;ginas. Aunque la historia de una vida es impublicable, la decisi&oacute;n final la tomar&aacute;n sus albaceas. Y es que all&iacute; sale todo: &ldquo;mi vida nocturna, la diurna, mi vida literaria, la sexual...&rdquo;. Asegura, por &uacute;ltimo, vivir en una biblioteca y la considera como una de sus grandes obras. Y es que en esos m&aacute;s de 23.000 libros &ldquo;est&aacute;n los mundos que he vivido, mis intereses&rdquo;.</p>
<p>Escribe en TURIA Menchu Guti&eacute;rrez, en su clarificador art&iacute;culo introductorio sobre la obra de Vicente Molina Foix, que &rdquo;si imagin&aacute;ramos a &eacute;sta como un edificio, la forma de la construcci&oacute;n ser&iacute;a circular, estar&iacute;a llena de puertas y ser&iacute;a muy dif&iacute;cil encontrar una entrada principal. Si la distribuy&eacute;semos en el espacio, tampoco encontrar&iacute;amos un centro, o quiz&aacute; lo que ver&iacute;amos ser&iacute;a un centro que se desplaza una y otra vez, que no permite ser fijado, al igual que el foco de una curiosidad de impresionante espectro&rdquo;.</p>
<p>En el monogr&aacute;fico de TURIA no falta el valioso testimonio&nbsp; de su principal editor, Jorge Herralde, fundador de la editorial Anagrama. Tambi&eacute;n se ha contado con relevantes escritores de diversas procedencias y vinculados a la trayectoria de Vicente Molina Foix. De ah&iacute; que participen con textos in&eacute;ditos: Pere Gimferrer, Soledad Pu&eacute;rtolas, Marta Sanz, Sara Mesa, Andr&eacute;s Barba, Luisg&eacute; Mart&iacute;n, Marcos Giralt Torrente, Mercedes Cebri&aacute;n, Narc&iacute;s Comadira,&nbsp; Javier Montes y Christopher Dom&iacute;nguez Michael.</p>
<p>Por otra parte, el equipo de colaboradores tambi&eacute;n lo integran destacados&nbsp; estudiosos y especialistas en su obra como: Jos&eacute; Carlos Mainer (catedr&aacute;tico jubilado de la Universidad de Zaragoza y uno de los grandes historiadores de la literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea), Nicanor G&oacute;mez-Villegas (Doctor en Historia, m&aacute;ster en Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica y director del Colegio Mayor Universitario Isabel de Espa&ntilde;a de la Universidad Complutense de Madrid), Xavier P&eacute;rez (profesor de narrativa audiovisual en la Universidad Pompeu Fabra y autor&nbsp;de varios libros sobre cine, as&iacute; como cr&iacute;tico de cine de la revista Caim&aacute;n y del peri&oacute;dico &ldquo;La Vanguardia&rdquo;), Juan Francisco Ferr&eacute; (escritor y cr&iacute;tico literario, es doctor en Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica. Entre 2005 y 2012 fue profesor de Literatura y Cine en la Universidad de Brown, Providence, USA, y ahora es profesor de Teor&iacute;a de la Literatura y Literatura Comparada de la Universidad de M&aacute;laga).</p>
<p>El Cartapacio de TURIA finaliza con una completa biocronolog&iacute;a de Vicente Molina Foix que sintetiza y da cuenta de los principales hitos vitales y creativos que han jalonado&nbsp; la&nbsp; existencia de quien siempre ha intentado cumplir uno de sus principales lemas: &ldquo;quiero divertirme escribiendo&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>MENCHU GUTI&Eacute;RREZ, UNA PRESENCIA RELEVANTE EN &ldquo;TURIA&rdquo;</strong></p>
<p><strong></strong>Menchu Guti&eacute;rrez (Madrid, 1957) respaldar&aacute;, con su intervenci&oacute;n en el homenaje de TURIA&nbsp; a Vicente Molina Foix que va a tener lugar en el Instituto Cervantes, esa filosof&iacute;a de trabajo que caracteriza a esta revista&nbsp; desde sus or&iacute;genes: mostrar que practica en sus sumarios un perenne ejercicio de&nbsp; integraci&oacute;n cultural, capaz de dar cabida a los m&aacute;s diversos g&eacute;neros literarios y de mostrar la pluralidad de inquietudes &eacute;ticas y est&eacute;ticas de sus autores. Una avidez existencial y una curiosidad intelectual permanentes que definen bien tanto a la revista como al principal protagonista de su nuevo n&uacute;mero.</p>
<p>Fundada en 1983, TURIA ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia y ha situado a Teruel en el mapa literario en espa&ntilde;ol, gracias a su difusi&oacute;n nacional e internacional por suscripci&oacute;n. En sus p&aacute;ginas han publicado m&aacute;s de mil autores de diversas procedencias, lo que da idea de la riqueza y pluralidad de sus contenidos, de su vocaci&oacute;n a un tiempo integradora y atenta a la diversidad. Como reconocimiento a su labor, la revista obtuvo en 2002 el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>
<p>Menchu Guti&eacute;rrez ha desarrollado una intensa y original trayectoria como novelista, poeta, ensayista y traductora. Realiz&oacute; estudios de arte y literatura en Madrid y Londres. En su obra explora la necesidad de buscar en el interior del ser humano la comprensi&oacute;n del sentido de su existencia. Vivi&oacute; veinte a&ntilde;os en un faro y, tras abandonarlo, ahora reside en un pueblo de Cantabria. Siempre ha cre&iacute;do que hay un compromiso po&eacute;tico en todo lo que escribe. No en vano, la cr&iacute;tica ha subrayado que su literatura est&aacute; tejida de silencios, de p&aacute;ginas en blanco, lentos adagios, paradojas evanescentes, sinuosidades femeninas y sutilezas ps&iacute;quicas, pero tambi&eacute;n est&aacute; felizmente trabada por medio de un estilo delicado y firme, una clara conciencia de la escritura como b&uacute;squeda (m&aacute;s a&uacute;n que como vocaci&oacute;n, terapia o delirio) y un uso de las im&aacute;genes lleno de coherencia simb&oacute;lica.</p>
<p>La presencia de Menchu Guti&eacute;rrez en los sumarios de la revista TURIA ha sido frecuente y fruct&iacute;fera, donde ha publicado textos en prosa y poemas, as&iacute; como ha visto rese&ntilde;ado sus libros. Tambi&eacute;n ha colaborado con artistas como J&uuml;rgen Partenheimer y Txema Madoz. En el &aacute;mbito de la docencia, ha impartido talleres literarios y cursos en la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad de Cantabria y la UNAM de M&eacute;xico DF, y ha organizado seminarios interdisciplinares en varios centros culturales de Espa&ntilde;a.</p>
<p>TURIA es una revista de periodicidad cuatrimestral que tiene una edici&oacute;n en papel y otra&nbsp; digital (web y Facebook). Con casi 40 a&ntilde;os de trayectoria, est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel y cuenta con el patrocinio del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero dedicado a Vicente Molina Foix ha sido posible gracias al apoyo de la Fundaci&oacute;n Mediterr&aacute;neo.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 10 Mar 2022 13:31:15 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La revista TURIA reivindica a la periodista alcañizana Pilar Narvión en el centenario de su nacimiento]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-revista-turia-reivindica-a-la-periodista-alcanizana-pilar-narvion-en-el-centenario-de-su-nacimiento/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2022/PILAR_NARVI_N_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Pilar Narvi&oacute;n: el periodismo como forma de contar la historia&rdquo; se ofrece al lector un recorrido por la biograf&iacute;a de una de las mujeres m&aacute;s relevantes del periodismo espa&ntilde;ol en el pasado siglo. Ese certero perfil sobre su labor medi&aacute;tica se complementa con una antolog&iacute;a de textos que recoge fragmentos de algunos de los materiales m&aacute;s relevantes y originales que public&oacute; Narvi&oacute;n en la prensa de la &eacute;poca.</p>
<p>Se da la circunstancia de que el autor del art&iacute;culo que TURIA dedica a Pilar Narvi&oacute;n es tambi&eacute;n de otro reconocido periodista turolense: Juan Carlos Soriano. Quien hace a&ntilde;os escribiera la biograf&iacute;a &ldquo;Pilar Narvi&oacute;n, andanzas de una periodista perezosa&rdquo;, nos cuenta ahora que fue el alca&ntilde;izano Mariano Romance quien le inocul&oacute; a su paisana y sobrina el veneno de la letra impresa: &ldquo;Aquel personaje valleinclanesco hab&iacute;a fundado, y llev&oacute; a la quiebra, varias publicaciones en el Bajo Arag&oacute;n turolense; por entonces dirig&iacute;a <em>Amanecer,</em> y Pilar, adem&aacute;s de dictarle el nombre de los suscriptores para hacerles el env&iacute;o, controlaba qui&eacute;n bajaba y sub&iacute;a al autocar del pueblo con el fin de publicar sus nombres en una secci&oacute;n titulada <em>Viajes</em>&rdquo;</p>
<p>Menci&oacute;n especial merece tambi&eacute;n el excelente art&iacute;culo que protagoniza la secci&oacute;n de TURIA denominada &ldquo;Sobre Arag&oacute;n&rdquo;. En &eacute;l, Antonio P&eacute;rez Lasheras escribe sobre &Aacute;nchel Conte. Sin duda, como se nos dice en el t&iacute;tulo, es la de Conte una vida hecha obra.&nbsp;</p>
<div>
<p class="Cuerpo">Adem&aacute;s, &ldquo;presentar al &Aacute;nchel Conte escritor no es tarea f&aacute;cil, porque se trata de una figura poli&eacute;drica, que se ha ocupado en m&uacute;ltiples actividades con solvencia: profesor, historiador, poeta, narrador, periodista, folclorista, antrop&oacute;logo, ling&uuml;ista, activista militante, pol&iacute;tico&hellip;, observar todas estas facetas requiere detenerse en algunos datos personales que describan su trayectoria vital y literaria. Por otra parte, el hecho de que se trate de un escritor en aragon&eacute;s, una lengua minoritaria y minorizada provoca que se trate de un autor postergado&rdquo;.&nbsp;</p>
</div>
<p>Como es habitual, en este nuevo n&uacute;mero de TURIA, los autores y temas vinculados a Arag&oacute;n gozan de un protagonismo muy relevante. Cerca de 40 creadores aragoneses o radicados aqu&iacute; participan en cada una de las diez secciones de la revista con sus relatos, fragmentos de novelas, poemas, art&iacute;culos o cr&iacute;ticas de libros. No podemos olvidar tampoco que TURIA est&aacute; ilustrada por el reconocido artista aragon&eacute;s Pepe Cerd&aacute;, que publica doce trabajos originales realizados expresamente para esta ocasi&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LA&nbsp; &Uacute;LTIMA&nbsp; HUMANISTA DE NUESTRO TIEMPO </strong></p>
<p>Pilar Narvi&oacute;n Royo (Alca&ntilde;iz, 1922 &ndash; Madrid, 2013) reabri&oacute; la profesi&oacute;n period&iacute;stica no s&oacute;lo a muchas compa&ntilde;eras en pleno franquismo. Tambi&eacute;n logr&oacute; convertirse ella misma en una de las firmas m&aacute;s destacadas de la prensa espa&ntilde;ola en los a&ntilde;os de la posguerra y durante la Transici&oacute;n.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong>Fue Pilar Narvi&oacute;n una periodista que manej&oacute; el idioma con destreza y su capacidad de an&aacute;lisis era legendaria entre los compa&ntilde;eros de profesi&oacute;n. Esas dos cualidades le hubieran bastado para ser buena periodista, pero, adem&aacute;s, tuvo el privilegio de presenciar los acontecimientos que marcaron la Historia de Espa&ntilde;a y Europa en la segunda mitad del siglo XX. Tras sus corresponsal&iacute;as en Roma y Par&iacute;s, &nbsp;le toc&oacute; vivir, contar y analizar, en primera l&iacute;nea como cronista parlamentaria, la Transici&oacute;n espa&ntilde;ola: desde el&nbsp;<em>hara-kiri</em>&nbsp;de las Cortes franquistas hasta el triunfo del PSOE en octubre de 1982, incluido el esperpento del 23-F.</p>
<p>&nbsp;Seg&uacute;n escribe Juan Carlos Soriano en TURIA, la &uacute;ltima y definitiva d&eacute;cada de la carrera profesional de Pilar Narvi&oacute;n la convirti&oacute; en la gran cronista de la Transici&oacute;n espa&ntilde;ola: &ldquo;Las cr&oacute;nicas parlamentarias de Pilar Narvi&oacute;n desvelan olfato pol&iacute;tico, pues se anticipa muchas veces a los hechos. Su estilo alterna la iron&iacute;a, a veces abiertamente humor, con referencias a los cl&aacute;sicos (busca el parang&oacute;n exacto, sin atribular con citas pedantes) y la cultura popular; ah&iacute; reside el secreto de que se conserven frescas medio siglo despu&eacute;s. Ah&iacute; y en que hiciera caso al consejo que le dio una de las periodistas m&aacute;s renombradas de la Rep&uacute;blica, Josefina Carabias, con la que trab&oacute; amistad cuando regres&oacute; del exilio y a la que llamaba, familiarmente, Pepita: &ldquo;Escribe pensando en lo que le interesa al lector. No para que te lean otros periodistas y los pol&iacute;ticos. Escribe as&iacute;, o te quemar&aacute;s en dos d&iacute;as.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;Pilar Narvi&oacute;n se prejubil&oacute; en 1983, a los 61 a&ntilde;os, aunque sigui&oacute; firmando columnas en <em>Pueblo</em> hasta que cerr&oacute; el peri&oacute;dico, un a&ntilde;o m&aacute;s tarde. Bien mirada, su trayectoria profesional fue corta: 33 a&ntilde;os de una vida que alcanz&oacute; los 91. Pero fue una carrera intensa. Si la<strong> </strong>suerte es, como dijo S&eacute;neca, una suma de preparaci&oacute;n y oportunidad, ella, que ten&iacute;a cultura y buena pluma, se encontraba en primera fila cuando sucedieron hechos muy importantes de nuestra reciente historia.</p>
<p>Juan Carlos Soriano recuerda en TURIA que &ldquo;hasta d&iacute;as antes de su muerte, acaecida en Madrid el 7 de julio de 2013, cada ma&ntilde;ana le&iacute;a varios peri&oacute;dicos de distinta l&iacute;nea editorial. Conserv&oacute; intacta la curiosidad por todo lo que la rodeaba, haciendo buena aquella aseveraci&oacute;n suya que convirti&oacute; en leitmotiv: &ldquo;El periodista es el &uacute;ltimo humanista de nuestro tiempo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;</p>
<p><strong>&Aacute;NCHEL CONTE, UNA FIGURA POLI&Eacute;DRICA A REVALORIZAR </strong></p>
<p>El escritor en aragon&eacute;s &Aacute;nchel Conte, al que bien podr&iacute;a describirse como una figura de m&uacute;ltiples inquietudes y poseedor de una trayectoria de enorme riqueza y honestidad intelectual, protagoniza la secci&oacute;n de la revista TURIA denominada &ldquo;Sobre Arag&oacute;n&rdquo;. En ella, Antonio P&eacute;rez Lasheras publica un completo y riguroso an&aacute;lisis en el que, como se nos dice en el t&iacute;tulo, es la de Conte una vida hecha obra.</p>
<p>Tanto como docente, como escritor o como pol&iacute;tico, si hay una palabra que define a &Aacute;nchel Conte es compromiso. Un compromiso que, en palabras de P&eacute;rez Lasheras, se &ldquo;advierte en distintos aspectos: personal, social, ling&uuml;&iacute;stico y literario. El compromiso personal se manifiesta en su irrenunciable capacidad por ser uno en sus m&uacute;ltiples dedicaciones; el social se refleja en su militancia en el Partido Comunista, en pleno franquismo, y en Izquierda Unida, despu&eacute;s, participando como candidato en algunas elecciones (por Teruel al Congreso de los Diputados, en 1977; a las Municipales, por Huesca, al senado por Barcelona, al senado por Huesca, en 2008, y otros compromisos). Vida, obra y compromiso conforman una unidad en &Aacute;nchel Conte. Finalmente, tenemos su compromiso firme con la homosexualidad, como una manera de libertad en el amor.&rdquo;</p>
<p>Adem&aacute;s, &ldquo;presentar al &Aacute;nchel Conte escritor no es tarea f&aacute;cil, porque se trata de una figura poli&eacute;drica, que se ha ocupado en m&uacute;ltiples actividades con solvencia: profesor, historiador, poeta, narrador, periodista, folclorista, antrop&oacute;logo, ling&uuml;ista, activista militante, pol&iacute;tico&hellip;, observar todas estas facetas requiere detenerse en algunos datos personales que describan su trayectoria vital y literaria. Por otra parte, el hecho de que se trate de un escritor en aragon&eacute;s, una lengua minoritaria y minorizada provoca que se trate de un autor postergado&rdquo;.</p>
<p>Subraya en su art&iacute;culo Antonio P&eacute;rez Lasheras que &ldquo;como escritor literario, &Aacute;nchel Conte es, sin duda, el mejor escritor en aragon&eacute;s de toda la historia (solo comparable a Juan Fern&aacute;ndez Heredia, en el siglo xiv, en Avignon). Poeta y narrador, su obra se abisma en los misterios del alma humana. Parte del recuerdo de lo vivido, pero lo recrea para hacerlo m&aacute;s intenso. Su poes&iacute;a implica la necesidad de comprender un mundo fragmentado que quiere reconstruir en el crisol de la creaci&oacute;n por medio de la palabra, que tiene el poder m&aacute;gico de nombrar y dominar lo desconocido. De ah&iacute; que en todos sus libros haya una recurrente menci&oacute;n al propio lenguaje, a su insuficiencia, a su enga&ntilde;oso destello o a su esplendor (el mismo nombre de su primer poemario, que es un apartado&nbsp; del mismo; en <em>Luna que no ye luna</em> uno de sus apartados es &laquo;Parolas&raquo;, &lsquo;Palabras&rsquo;)&rdquo;.</p>
<div>
<p class="Cuerpo">&nbsp;Por &uacute;ltimo, tras hacer referencia a los varios premios conseguidos por &Aacute;nchel Conte a lo largo de su carrera, Antonio P&eacute;rez Lasheras lamenta que se le niegue el Premio de las Letras Aragonesas, que ha otorgado un premio a un autor en catal&aacute;n (Jes&uacute;s Moncada, imprescindible en la literatura en catal&aacute;n), muchos premios a autores en castellano y ninguno a un autor en aragon&eacute;s.</p>
</div>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>CERCA DE 40</strong><strong> AUTORES ARAGONESES ESCRIBEN EN &ldquo;TURIA&rdquo;</strong></p>
<p>Cada nuevo sumario de TURIA es un claro ejemplo de integraci&oacute;n cultural de autores y textos de diversas procedencias geogr&aacute;ficas, est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas. Todo ello sin olvidar nunca el arraigo turolense/aragon&eacute;s de esta revista. Buena prueba de esa filosof&iacute;a de trabajo la constituyen los 37 autores aragoneses que publican textos in&eacute;ditos en las distintas secciones del sumario.</p>
<p>As&iacute;, los lectores de TURIA podr&aacute;n disfrutar de art&iacute;culos elaborados por Soledad Pu&eacute;rtolas y Teresa Agust&iacute;n, comprobar la creatividad narrativa de Carlos Cast&aacute;n, Miguel Serrano Larraz, Bego&ntilde;a Fidalgo y Jos&eacute; Antonio Gargallo. En poes&iacute;a, subrayar las aportaciones originales de Olga Bernad, &Aacute;ngel Gracia, Francisco L&oacute;pez Serrano, Guillermo Molina Morales, Estela Puyuelo, Olga Sanz y Fernando Sarr&iacute;a.</p>
<p>Otra de las secciones habituales de TURIA es &ldquo;La isla&rdquo;, que contiene fragmentos del diario de Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas ilustrados por Isidro Ferrer.</p>
<p>M&aacute;s all&aacute; de las aportaciones ya comentadas de Juan Carlos Soriano y Antonio P&eacute;rez Lasheras, hay que subrayar la nutrida presencia de aragoneses en la secci&oacute;n &ldquo;La Torre de Babel&rdquo;. Es el apartado que TURIA dedica a la cr&iacute;tica de libros, y en &eacute;l se ofrecen cuidadas rese&ntilde;as de libros de ficci&oacute;n, de no ficci&oacute;n y de poes&iacute;a, tanto de autores espa&ntilde;oles como de otros idiomas traducidos al espa&ntilde;ol. La amplitud y calidad de esta secci&oacute;n han convertido a TURIA en una de las revistas que m&aacute;s y mejor practican la cr&iacute;tica literaria entre las publicaciones y suplementos culturales de Espa&ntilde;a.</p>
<p>En esta ocasi&oacute;n, ejercen como cr&iacute;ticos, un total de 18 aragoneses: Guillermo Fat&aacute;s, Jos&eacute; Luis Melero, Juan Villalba Sebasti&aacute;n, Juan Marqu&eacute;s, Jos&eacute; Domingo Due&ntilde;as, Ismael Grasa, Manuel G&oacute;rriz Villarroya, David Mayor, Rodolfo Notivol, Rafael Esteban Silvestre, Rub&eacute;n Benedicto, Jes&uacute;s Soria Caro, Jos&eacute; Mar&iacute;a Ari&ntilde;o, Enrique Cebri&aacute;n Zazurca, Pedro Moreno P&eacute;rez, Agust&iacute;n P&eacute;rez Leal, Javier Giralt o Enrique Villagrasa.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>ILUSTRACIONES ORIGINALES DE PEPE CERD&Aacute;</strong></p>
<p>La portada e ilustraciones interiores de esta nueva entrega de TURIA han sido realizadas por el prestigioso artista aragon&eacute;s Pepe Cerd&aacute; (Ba&ntilde;uales, Huesca, 1961), que reside en Villamayor, Zaragoza, desde 1997. Con anterioridad, estuvo becado por la Diputaci&oacute;n de Zaragoza en la Casa de&nbsp; Vel&aacute;zquez, de Madrid y de 1990 a 1997 residi&oacute; y trabaj&oacute; en Par&iacute;s. Sobre su trabajo art&iacute;stico ha escrito: &ldquo;No soy un pintor figurativo, no soy un pintor abstracto, no soy un pintor cl&aacute;sico, no soy un pintor moderno. Me importan un r&aacute;bano la posmodernidad, la ultramodernidad y la retroprogresi&oacute;n. Niego la muerte de la pintura. Me hago preguntas y las intento responder sobre una tela y tensadas en un bastidor. Las cosas art&iacute;sticas, por otra parte, deben tener algo de sustancia, algo de m&aacute;gico, de casual o de inexplicable, algo de evidentemente cierto pero imposible de contar de otro modo&rdquo;.</p>
<p>TURIA es una revista de periodicidad cuatrimestral que tiene una edici&oacute;n en papel y otra&nbsp; digital (web y Facebook). Con casi 40 a&ntilde;os de trayectoria, est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel y cuenta con el patrocinio del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero de TURIA ha contado con el apoyo de la Fundaci&oacute;n Mediterr&aacute;neo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;" align="center"><strong>UN ART&Iacute;CULO DE PILAR NARVI&Oacute;N DE 1974</strong></p>
<p style="text-align: justify;" align="center">La revista TURIA publica una una selecci&oacute;n de fragmentos de textos publicados por Pilar Narvi&oacute;n en el que fue el peri&oacute;dico de su vida, el diario &ldquo;Pueblo&rdquo;. All&iacute; realiz&oacute; todo tipo de tareas y lleg&oacute; a ser directora adjunta en 1981. De ese ingente material, en que destacaron sus cr&oacute;nicas parlamentarias y sus columnas de an&aacute;lisis pol&iacute;tico que radiografiaron la transformaci&oacute;n de Espa&ntilde;a de una dictadura en una democracia, seleccionamos hoy el siguiente&nbsp; texto que apareci&oacute; el 1 de noviembre de 1974:</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;" align="center"><strong>LA DERECHA CIVILIZADA</strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong></strong><span style="text-align: left;">&ldquo;Eso faltaba, que encima no fuese civilizada nuestra opulenta derecha. Nacida en pa&ntilde;ales de anuncio, criada entre puericultores de cinco estrellas y nurses inglesas, educada en El Pilar o suced&aacute;neos de alto prestigio pedag&oacute;gico-social, veraneada en Biarritz, soleada en Marbella, titulada en Oxford, vestida en Londres, calzada en Mallorca, con reloj japon&eacute;s y anillo en el me&ntilde;ique, s&oacute;lo nos faltaba que fuese incivil.</span></p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;No parecer&iacute;a normal que los buenos modos que le vienen de cuna, de educaci&oacute;n, del medio familiar, del desahogo econ&oacute;mico, de los principios de casta, los fuese a perder presidiendo consejos de administraci&oacute;n en confortables despachos de estilo ingl&eacute;s, viajando en Jumbo, y no en clase turista, al volante de sus grandes cilindradas, dando &oacute;rdenes a su mozo de comedor, o almorzando sopa de tortuga, lubina al gran duque y profiteroles al lim&oacute;n sardo. Todo regado con caldos civilizados.</p>
<p style="text-align: left;">Las preocupaciones, los modos, los medios, los intereses y hasta esa calefacci&oacute;n que nos preocupa ahora tanto, son m&aacute;s propicios a la civilizaci&oacute;n entre la derecha se&ntilde;alada que el uso del Metro, las ventoleras del andamio, las colas del autob&uacute;s, las algaradas del mercado, el alza de la sardineta y el aceite de soja, las reivindicaciones laborales, la habitabilidad de los barrios del suburbio, la escolarizaci&oacute;n de los mismos, el desconocimiento del solomillo de ternera, el caviar y el champa&ntilde;a franc&eacute;s. Todas estas ignorancias no civilizan nada, convengamos en ello.</p>
<p style="text-align: left;">No hablemos de lo poco que civiliza el analfabetismo, con su fraternal amiga la subcultura y sus compa&ntilde;eros de ruta el oscurantismo, la marginaci&oacute;n y la informaci&oacute;n trucada que padecen los sufridos ciudadanos que no han tenido nunca la comodidad de pertenecer a la derecha civilizada. Bueno est&aacute; el horno para esas tortas.</p>
<p style="text-align: left;">Par&eacute;ceme m&aacute;s simple y natural ascender a las cimas de la m&aacute;s refinada civilizaci&oacute;n desde la biblioteca de pap&aacute;, heredada ya de sus mayores y con ediciones pr&iacute;ncipe, si nos aprietan, que desde la desolaci&oacute;n cultural del hogar proletario, que a duras penas llega a comprar una enciclopedia por fasc&iacute;culos en el quiosco de la esquina.</p>
<p style="text-align: left;">Par&eacute;ceme m&aacute;s simple y natural ascender a las cimas de la civilizaci&oacute;n desde los bancos de la Universidad que desde la cadena de montaje, con ocho horas apretando el mismo tornillo y las extraordinarias apretando otro igual, para no cambiar.</p>
<p style="text-align: left;">Quiz&aacute; esta derecha se autodenomina civilizada porque ya no pretende que sus obreros les saluden con la boina en la mano mirando las puntas de sus alpargatas con los ojos modestamente bajos. Quiz&aacute; se autodenomina civilizada porque, de tanto ir a Oxford y leer el &ldquo;Times&rdquo;, ha terminado por enterarse de que el paternalismo de sus pap&aacute;s entr&oacute; en barrena, y no hablemos de la caridad de sus mam&aacute;s, las protectoras de la gota de leche y otras instituciones tan oportunas para ganar el cielo.</p>
<p style="text-align: left;">Quiz&aacute; lo que quieren decir con esto de la civilizaci&oacute;n es que la derecha de los hijos no es la cerril derecha de sus abuelos; pero de ah&iacute; a hacernos creer que sus metas no son las mismas hay un abismo que no va a saltar ning&uacute;n proletario del contorno, por muy incivil que est&eacute; el pobre.</p>
<p style="text-align: left;">Civilizada o cerril, la derecha de nuestro pa&iacute;s, y en esto no hay diferencia con la derecha de los pa&iacute;ses vecinos, lo que quiere es no soltar la sart&eacute;n del mango y h&aacute;bilmente trata de cambiar de m&eacute;todos y ponerlos a la moda de la sociedad 1974. Si nos descuidamos hasta son capaces de hablar un d&iacute;a de la cogesti&oacute;n, que, vista desde su &aacute;ngulo, debe de ser algo as&iacute; como permitir que el enlace sindical suba a su despacho a tomar un whisky con la derecha civilizada y despedirlo despu&eacute;s con una palmada en la espalda hablando del Real Madrid. Como su abuelito el cacique, pero a nivel de cigarrillo rubio.&rdquo;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 10 Mar 2022 12:34:41 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Monstruo de su laberinto]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/monstruo-de-su-laberinto/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/MARIO_MART_N_GIJ_N.jpg" alt="" /></p>
<p class="NoSpacing">&ldquo;Qu&eacute; es un antipoeta:/ un comerciante en urnas y ata&uacute;des?/ un sacerdote que no cree en nada?/ un general que duda de s&iacute; mismo?/ un vagabundo que se r&iacute;e de todo/ hasta de la vejez y de la muerte?/ un interlocutor de mal car&aacute;cter?/ un bailar&iacute;n al borde del abismo?/ un narciso que ama a todo el mundo?/ un bromista sangriento/ deliberadamente miserable?&rdquo;, as&iacute; comienza Nicanor Parra, ironizando incluso sobre s&iacute; mismo, uno de sus poemas (o antipoemas). Y &iquest;qui&eacute;n es Rafael Alcon&eacute;tar? &iquest;Un antiliterato? &iquest;Un genio? &iquest;Un escritor mediocre? &iquest;Un vidente? &iquest;Un ni&ntilde;o malcriado? &iquest;Un hombre fascinado por las mujeres y fascinante para muchas de ellas, que encuentran en &eacute;l un amante entregado y devoto? &iquest;Un cerdo machista? &iquest;Un inc&oacute;modo ejemplo de autenticidad en un tiempo de mentiras y simulacros? &iquest;Un farsante? Alcon&eacute;tar, monstruo y Teseo de su laberinto, enredado en el cuerpo de Ariadna y el hilo del lenguaje, se convierte as&iacute; en esta novela en una presencia enigm&aacute;tica, en el gran ausente, tanto m&aacute;s oculto cuanto m&aacute;s son los espejos que lo reflejan. Novela coral, perspectivista, <em>La Pasi&oacute;n de Rafael Alcon&eacute;tar</em>, nos ofrece m&uacute;ltiples voces, entre ellas, las de sus cuatro &ldquo;evangelistas&rdquo;, Susana Cordero, Pedro Mu&ntilde;oz, Dolors Cavalls y Jaime Becerril, entre los que no falta la figura de Judas (&iquest;uno de ellos?, &iquest;m&aacute;s de uno?, &iquest;todos?), que, como en la f&aacute;bula de Borges, cumple parad&oacute;jicamente quiz&aacute; la misi&oacute;n y el destino del Maestro.</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp; La novela de Mart&iacute;n Gij&oacute;n (poeta, cr&iacute;tico, narrador) es un homenaje a la literatura y a la vez una cr&iacute;tica feroz, tremendamente divertida, del mundillo literario, como si el propio Gij&oacute;n fuera un disc&iacute;pulo de su protagonista, en una paradoja mitificaci&oacute;n de la escritura que desmitifica todo lo que toca. Si uno no estuviera ya curado de espanto, se sorprender&iacute;a de que esta novela no est&eacute; en las p&aacute;ginas de todos los suplementos culturales, que no se convierta en uno de los libros del a&ntilde;o, tambi&eacute;n por su posible car&aacute;cter pol&eacute;mico. No son pocos los popes de nuestra cultura literaria cuyo hinchado prestigio es desinflado por el aguij&oacute;n punzante de una (&iquest;anti?)novela que a ratos juega a ser una novela en clave <em>ma non troppo</em>, pues no resulta dif&iacute;cil identificar a m&aacute;s de uno de los <em>dramatis personae</em> que pueblan el tinglado de la antigua o nueva farsa. Sin embargo, el mismo hecho de que esta obra no haya logrado (&iquest;todav&iacute;a?) la visibilidad que merece es una muestra m&aacute;s de hasta qu&eacute; punto acierta Gij&oacute;n en su humor&iacute;stico retrato de las literaturas patrias, donde tan f&aacute;cil resulta dar gato por liebre, puesto que en el espejismo participan con entusiasmo autores, periodistas, cr&iacute;ticos, editores y acad&eacute;micos. <em>La Pasi&oacute;n de Rafael Alcon&eacute;tar</em> es, por el contrario, una novela audaz, que recupera el empe&ntilde;o iconoclasta de un Luis Mart&iacute;n-Santos, un Juli&aacute;n R&iacute;os o un Miguel Espinosa (a ratos, incluso, acerc&aacute;ndose a una suerte de <em>Finnegans</em> <em>Wake</em> a la espa&ntilde;ola), por no hablar de los evidentes gui&ntilde;os a <em>Rayuela</em> y otros grandes de la narrativa hispanoamericana (cuyo canon, sin embargo, es tambi&eacute;n cuestionado en la propia novela).&nbsp; Sin pretender resucitar ning&uacute;n ismo, hay aqu&iacute; no poco del esp&iacute;ritu de las vanguardias, sobre todo en su cercan&iacute;a al empe&ntilde;o surrealista de una vida que se desborda en la literatura, pero tambi&eacute;n de una literatura que se desborda en la vida. La acumulaci&oacute;n de juegos de palabras, paronomasias, calambures (ya desde el mismo subt&iacute;tulo, <em>Novelaberinto</em>, que parece evocar la <em>nivola</em> unamuniana) recupera un sentido l&uacute;dico de la escritura, siempre tan saludable. Por otra parte, esa &ldquo;juerga de jergas&rdquo;, por decirlo con palabras del R&iacute;os de <em>Larva</em>, da fe del talento de Mart&iacute;n Gij&oacute;n para el malabarismo verbal, una capacidad, de todos modos, ya suficientemente demostrada en su poemario <em>Des en canto</em>. Sin embargo, frente al t&oacute;pico que identifica la novela experimental con una especie de formalismo extremo, donde el estilo lo es todo y poco importan elementos genuinamente novelescos como la trama y los personajes, hay que insistir en que el protagonismo del lenguaje no hace sino reforzar la b&uacute;squeda, a ratos bufa, otras veces casi tr&aacute;gica, de ese alocado comando literario presidido por Alcon&eacute;tar, v&iacute;ctima propiciatoria de una ciudad tan provinciana como Vetusta, aunque el chivo expiatorio tiene poco que ver con Ana Ozores y mucho con una suerte de Rimbaud maduro. O m&aacute;s bien perpetuamente adolescente, convencido de que la madurez, como el <em>Ferdydurke</em> de Gombrowicz, es una estafa, la gran trampa en que todos caemos. De ah&iacute; tambi&eacute;n la centralidad del sexo, que prolonga en el adulto (&iquest;hay adultos?) el af&aacute;n de jugar del ni&ntilde;o. La piel es el altar cuyas profanaciones constituyen, en s&iacute; mismas, una suerte de sacralidad inversa. Sin duda, Alcon&eacute;tar y sus ac&oacute;litos compartir&iacute;an el aserto de Breton de que la poes&iacute;a, como el amor, se hace en la cama. Erotismo de los cuerpos y del lenguaje, que se funden en ese &ldquo;co&ntilde;ocimiento&rdquo;, donde lo femenino es llave y enigma. Tambi&eacute;n para un voyeur y narrador-testigo (&iquest;no son aproximadamente lo mismo?) como Pedro Mu&ntilde;oz, el m&aacute;s fiel (&iquest;el m&aacute;s traicionero?) de los disc&iacute;pulos de Alcon&eacute;tar, que siente en sus propias carnes la insuficiencia de la escritura para redimir una vida que se parece demasiado a un papel en blanco. Y, sin embargo, en su papel de narrador es capaz de encontrar un espesor en una trama en la que estar&iacute;a destinado a ser un personaje secundario, obsesionado por el pasado, onanista compulsivo, presa de sus fracasos (como escritor y como amante de una esquiva Susana Cordera). Evangelista sin Evangelio, solo en la escritura podr&aacute; tal vez atravesar el espejo, olvid&aacute;ndose as&iacute; de un rostro que quiere parecerse, en vano (o tal vez no), al de Alcon&eacute;tar.</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;Esta novela no es quiz&aacute; para todos los paladares, en buena parte porque la comida basura est&aacute; ocupando las mesas de novedades con la misma rapidez con que se propaga una epidemia (aunque a la misma velocidad esos libros <em>fast food</em>&nbsp; desaparecen para dejar paso a otros, que ser&aacute;n otra vez r&aacute;pidamente suplantados). Pero el lector que aprecie la inteligencia y el peso (el poso) de una escritura en libertad, se perder&aacute; gozosamente en este laberinto de voces, discursos, perspectivas, idiomas, en busca de ese monstruo (perturbador, terrible tantas veces) que es, pese a todo, la literatura.</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing">Mario Mart&iacute;n Gij&oacute;n, <em>La Pasi&oacute;n de Rafael Alcon&eacute;tar. Novelaberinto</em>. KRK Ediciones, 2021.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 04 Mar 2022 10:21:20 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Santiago Mendieta: “La revista Gibraltar es una gota de esperanza en un océano de aguas turbias"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/santiago-mendieta-la-revista-gibraltar-es-una-gota-de-esperanza-en-un-oceano-de-aguas-turbias/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/mendieta500.jpg" alt="" /></p>
<p class="CuerpoA"><strong>&iquest;Qui&eacute;n es Santiago Mendieta?</strong></p>
<p class="CuerpoA">Nac&iacute; en Toulouse, en el sur de Francia, en una familia de emigrantes espa&ntilde;oles que llegaron en el 1958 para trabajar duro en un pa&iacute;s ajeno. De ni&ntilde;o siempre estuve rodeado de libros, de peri&oacute;dicos y de sue&ntilde;os, con la mirada puesta en la naturaleza y su destrucci&oacute;n desde muy pronto, en las aves&hellip; Quise ser veterinario, fot&oacute;grafo de naturaleza, trabajar con los animales salvajes, defendi&eacute;ndolos, so&ntilde;ando con los Pirineos que me parec&iacute;an una <em>terra incognita</em> en los mapas. Por culpa de mis malas notas en Matem&aacute;ticas (imprescindibles para empezar una carrera en ciencias) m&aacute;s tarde lo cambi&eacute; por una escuela de periodismo en Lille. Trabaj&eacute; en la radio, en un diario regional en Albi y Toulouse, hasta que entr&eacute; en la redacci&oacute;n de una prestigiosa revista que trataba de los Pirineos donde mi castellano me vino de maravilla para conectar con la vertiente sur, el Alto Arag&oacute;n y sus gentes. Mi sue&ntilde;o se hab&iacute;a realizado. Pero los sue&ntilde;os tienen un tiempo de duraci&oacute;n. Con los a&ntilde;os, recobr&eacute; mi libertad como periodista independiente, tocando una realidad mas cotidiana como autor de libros sobre los Pirineos con temas como la fotograf&iacute;a antigua, rutas de senderismo y la Naturaleza en general. Tambi&eacute;n publiqu&eacute; una novela sobre el oro de Canfranc y la transici&oacute;n pol&iacute;tica espa&ntilde;ola, unos libros de relatos hist&oacute;ricos y por fin me hice editor a la fuerza con la revista <em>Gibraltar.</em></p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA"><strong>&iquest;Cu&aacute;l es la relaci&oacute;n de Santiago Mendieta con Espa&ntilde;a&nbsp;? </strong></p>
<p class="CuerpoA">Espa&ntilde;a est&aacute; presente en mi mente, en mis lecturas, en mis preocupaciones y en mis caminatas por la sierra de Guara o por el Sobrarbe. En casa mis padres me obligaban a hablar castellano y el tesoro de la lengua por suerte se me qued&oacute;. Seguimos teniendo la casa de los abuelos en un pueblo de Guadalajara, Saced&oacute;n, donde &iacute;bamos a pasar los veranos. Aquello era como Macondo de Garc&iacute;a M&aacute;rquez, el pueblo de los or&iacute;genes, cerca del embalse Buend&iacute;a, qu&eacute; casualidad, que aneg&oacute; el pueblo natal de mi padre, La Isabela, con su balneario. Una historia muy triste que cont&eacute; en <em>Gibraltar.</em> Vuelvo all&iacute; a pesar de la distancia y de los a&ntilde;os que pasan, de los cambios y mutaciones que el pueblo y Espa&ntilde;a han conocido. La infancia es un fantasma que nos reconoce la realidad de hoy.</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">Mi padre trabajaba en la construcci&oacute;n (desde alba&ntilde;il a conductor de obras al final, y eso que sali&oacute; de la escuela a los 9&nbsp;a&ntilde;os). Estaba muy metido en pol&iacute;tica, conectado con los viejos exiliados y combatientes de la guerra Civil, que ven&iacute;an a casa. Toulouse ha sido la capital del exilio pol&iacute;tico, la sede del PSOE durante d&eacute;cadas, del sindicato hermano UGT y de los anarquistas de la CNT. Y, cuando muri&oacute; Franco, ten&iacute;a yo 11 a&ntilde;os, el champ&aacute;n esperaba ser abierto en el frigor&iacute;fico. Bridamos con nuestros vecinos catalanes. De all&iacute; mi af&aacute;n por la guerra Civil Espa&ntilde;ola, la Segunda Rep&uacute;blica, sus personajes y episodios menos conocidos. Al final, publiqu&eacute; mis &ldquo;<em>Historias reencontrados de la guerra de Espa&ntilde;a, de 1931 a hoy d&iacute;a</em>&rdquo; en el cual hablaba de Negr&iacute;n, Aza&ntilde;a que est&aacute;n enterrados en Francia, Federica Montseny en Toulouse, tambi&eacute;n de la Pasionaria, Francisco Boix en el campo nazi de Mauthausen, del hospital Varsovia creado por los guerrilleros en el barrio espa&ntilde;ol de Toulouse, Saint-Cyprien, para invadir el valle de Ar&aacute;n en octubre de 1944 cuando Francia se liber&oacute; de los nazis gracias a estos mismos guerrilleros, de figuras y episodios del conflicto espa&ntilde;ol hasta hoy d&iacute;a&hellip; Esta historia no acab&oacute; y sigue con el tema de las fosas, los beb&eacute;s robados, la represi&oacute;n, las sentencias de los tribunales franquistas que nos han sido anuladas y tantas historias&hellip; Lo escrib&iacute; gracias a una beca del Centro Nacional del Libro (CNL) en Par&iacute;s, todo un orgullo cuando tantas puertas se hab&iacute;an cerrado, hasta que sali&oacute; en octubre del 2020, en plena pandemia&hellip; cuando las librer&iacute;as cerraron durante un mes&hellip;</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA"><strong>&iquest;De qu&eacute; forma se ha integrado Espa&ntilde;a en la revista?</strong></p>
<p class="CuerpoA">Al tratarse de temas mediterr&aacute;neos, es l&oacute;gico que Espa&ntilde;a est&eacute; presente en <em>Gibraltar.</em> Empezamos con el pueblo de Marinaleda en Andaluc&iacute;a, en 2012, s&iacute;mbolo entonces de la utop&iacute;a y de la resistencia al capitalismo en una tierra donde los habitantes ocuparon las tierras de un duque que acab&oacute; cedi&eacute;ndolas al gobierno andaluz y despu&eacute;s a ese mismo pueblo. La Guerra Civil estuvo presente durante varios n&uacute;meros pero con una perspectiva actual: apertura de fosas, con un maestro desaparecido en un pueblo de Burgos; beb&eacute;s robados, con secuencias dibujadas y sacadas de un documental dirigido por una pareja franco-espa&ntilde;ola&hellip; Encargu&eacute; tambi&eacute;n a un dibujante amigo un c&oacute;mic de 25 p&aacute;ginas sobre Ascensi&oacute;n Mendieta, una anciana que buscaba a su padre Timoteo, fusilado en 1939 por ser republicano y sindicalista de la UGT, enterrado en una fosa del cementerio de Guadalajara. Resulta que esta historia salt&oacute; a los medios de comunicaci&oacute;n espa&ntilde;oles con la figura de Ascensi&oacute;n (presente en el sensacional documental &ldquo;<em>El silencio de otros</em>&rdquo;). Esto hab&iacute;a pasado en Saced&oacute;n, nuestro pueblo, donde fusilaron a 80 republicanos despu&eacute;s de la guerra, como venganza por la muerte de 18 (supuestos) simpatizantes de la Falange o de los rebeldes, cuyos nombres estaban en el front&oacute;n de la iglesia. Tragedia tapada y callada como en infinidad de pueblos del pa&iacute;s. Y luego supe que esta se&ntilde;ora era de mi familia&hellip;</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">Tambi&eacute;n publicamos relatos m&aacute;s actuales, a trav&eacute;s de la ficci&oacute;n, sobre el turismo de borrachera en Magaluf (Mallorca), en Benidorm, con la vuelta de un Ulises vengador, o sobre Barcelona y sus escritores a trav&eacute;s de la mirada de un envejecido y jubilado Pepe Carvalho, el famoso detective de V&aacute;zquez Montalb&aacute;n. Algunos relatos los firm&oacute; el novelista David Torres, colaborador de la revista, traducidos.</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA"><strong>&iquest;Se trata de una revista &ldquo;de viajes&rdquo; o es algo m&aacute;s?</strong></p>
<p class="CuerpoA"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="CuerpoA">S&iacute;, algo m&aacute;s. Es una revista (en franc&eacute;s se habla de &ldquo;revue&rdquo; y no de &ldquo;revista&rdquo; que se puede traducir por &ldquo;magazine&rdquo;) con un &uacute;nico n&uacute;mero anual por razones presupuestarias y de tiempo. El viaje se hace gracias a nuestros relatos ins&oacute;litos, reportajes y textos de ficci&oacute;n, utilizando tambi&eacute;n el relato fotogr&aacute;fico o el dibujo (c&oacute;mics). Hablamos de las realidades de los mundos mediterr&aacute;neos: migraciones, medio ambiente, conflictos&hellip; pero tambi&eacute;n de bellas historias sencillas del presente o el pasado. Nuestros relatos tienen algo com&uacute;n: su durabilidad, al contrario que la &ldquo;informaci&oacute;n-mercanc&iacute;a&rdquo; de los medios de comunicaci&oacute;n, del ruido medi&aacute;tico, lejos del tweet&hellip; Nuestro lema podr&iacute;a ser: aportar al lector evasi&oacute;n, reflexi&oacute;n y sue&ntilde;os, aunque parezca muy ambicioso. La regi&oacute;n mediterr&aacute;nea sufre muchos conflictos, sobre todo en el sur y en Oriente Pr&oacute;ximo: pobreza, dictaduras, fragmentaci&oacute;n&hellip; no es un camino de rosas.</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA"><strong>&iquest;Por qu&eacute; este nombre, &ldquo;Gibraltar&rdquo;?</strong></p>
<p class="CuerpoA">Para los espa&ntilde;oles, resulta extra&ntilde;o bautizar una revista en papel con el nombre de este trocito de imperio colonial brit&aacute;nico plantando como una espina en el tal&oacute;n de Espa&ntilde;a. Para un p&uacute;blico franc&eacute;s, se refiere m&aacute;s al Estrecho, a la idea del viaje hacia el sur, como las aves migratorias. Da una idea de apertura, con una distancia tan m&iacute;nima entre el continente europeo y &Aacute;frica del Norte (12 km), y de cierre de las fronteras para protegerse de los pobres del sur que intentan llegar hasta la fortaleza europea para cambiar su destino. Esa era la primera idea&hellip;</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA"><strong>&iquest;C&oacute;mo decidi&oacute; lanzarse al mundo editorial y por qu&eacute; no opt&oacute; por el formato digital?</strong></p>
<p class="CuerpoA">Como periodista, las historias que propon&iacute;a a las revistas parisinas no interesaban. As&iacute; que decid&iacute; crear una revista donde se hablar&iacute;a del Mediterr&aacute;neo, no con una visi&oacute;n tur&iacute;stica o de t&oacute;picos (playas, sol y bien vivir). El reto era editar una revista en papel, gruesa (180 p&aacute;ginas), sin publicidad, apostando por la calidad y el placer de lectura, con un p&uacute;blico reducido. A mi parecer, no existe mercado para una revista digital de este calado, al menos en Francia. Tambi&eacute;n la idea era no ir al quiosco, ya en crisis (ahora es peor), para gestionar ejemplares no vendidos, sino ir a las librer&iacute;as donde est&aacute;n los verdaderos lectores, tener suscriptores y suscitar el inter&eacute;s de las bibliotecas p&uacute;blicas. En cambio, Internet, con nuestra web, es fundamentales a la hora de comercializar y vender la revista ya que consigue fidelizar lectores mejor.</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA"><strong>&iquest;&nbsp;Cu&aacute;l es la clave que ha permitido llegar al d&eacute;cimo n&uacute;mero&nbsp;? </strong></p>
<p class="CuerpoA">Muchos esfuerzos, la tozudez, mantener la calidad, los encuentros con escritores, periodistas e autores, buscar relatos y un largo etc. Tambi&eacute;n las ayudas p&uacute;blicas hacen que a&uacute;n permanezcamos, las del Centro nacional del libro (CNL, ministerio de Cultura) en Par&iacute;s y de la Regi&oacute;n Occitania, donde vivo, por parte de Occitanie Livre et Lecture. Representan de 25 a 30 % del presupuesto total.</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA"><strong>&iquest;Cu&aacute;l es el alcance del anuario? &iquest;Cree que est&aacute; bien distribuido?</strong></p>
<p class="CuerpoA">La tirada es de 1500 a 2000 ejemplares con un precio de 17,50 euros. Los 3 o 4 primeros n&uacute;meros hicimos tiradas superiores, pero nuestro mercado est&aacute; ah&iacute;. No dependemos de un gran grupo y la promoci&oacute;n es m&aacute;s bien escasa en el plet&oacute;rico mercado del libro. Optamos por el anuario a partir del tercer n&uacute;mero. Aparecemos a finales de a&ntilde;o como un objeto regalo de prestigio para Navidades. Quiz&aacute;s la distribuci&oacute;n sea nuestro tal&oacute;n de Aquiles. Despu&eacute;s de una experiencia decepcionante con una distribuidora de revista en Paris, llevamos ahora la distribuci&oacute;n y los env&iacute;os desde 2016.</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA"><strong>El dise&ntilde;o es sumamente atractivo. &iquest;C&oacute;mo lo logra?</strong></p>
<p class="CuerpoA">Desde el principio, el dise&ntilde;o estaba en la hoja de ruta y para eso tengo a mi mano derecha, Guy de Guglielmi, el director art&iacute;stico, que imagina soluciones gr&aacute;ficas para darle brillo a nuestros relatos.</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA"><strong>&iquest;Recuerda alguna an&eacute;cdota a lo largo de estos diez n&uacute;meros de <em>Gibraltar</em> que le gustar&iacute;a compartir?</strong></p>
<p class="CuerpoA">Cada n&uacute;mero es una aventura. Recuerdo a un joven espa&ntilde;ol que me presentaron en la Cinemateca de Toulouse durante el festival Cinespa&ntilde;a, Alejandro P&eacute;rez, de paso por Toulouse, que me cont&oacute; sus haza&ntilde;as por la sierra Sur de C&oacute;rdoba, llevando una radio itinerante de pueblo en pueblo por la Andaluc&iacute;a vac&iacute;a. Dos chicos con un carro tirado por una mula que se escap&oacute; varias veces. Cuando llegaban a un pueblo, la mula era toda una atracci&oacute;n para la gente mayor, ya que las hab&iacute;an conocido. Los dos j&oacute;venes dorm&iacute;an en casa de los lugare&ntilde;os o bajo las estrellas, en el camino. Esta radio que hablaba de los habitantes, de las historias locales, de la guerra y de los maquis, me pareci&oacute; un tema po&eacute;tico. Publicamos el relato con dibujos que encargu&eacute;. La historia llam&oacute; la atenci&oacute;n de una periodista de una gran emisora de radio nacional, Europe 1, que la coment&oacute; en su tertulia de prensa&hellip; Tambi&eacute;n, un relato sobre la obra y la vida del dibujante catal&aacute;n Josep Bartol&iacute; y su experiencia traum&aacute;tica de los campos en la arena, en Francia, durante la Retirada de los republicanos en febrero del 1939, inspir&oacute; la pel&iacute;cula <em>Josep</em> que tuvo &eacute;xito aqu&iacute;. El n&uacute;mero est&aacute; casi agotado.</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA"><strong>&iquest;Cree posible el acercamiento entre culturas o, por el contrario, piensa que cada vez se alejan m&aacute;s las unas de las otras?</strong></p>
<p class="CuerpoA">La revista <em>Gibraltar</em> tiene por subt&iacute;tulo <em>Un puente entre dos mundos</em>, s&iacute;mbolo de dos continentes, culturas y pueblos pr&oacute;ximos y alejados a la vez. Soy m&aacute;s pesimista que cuando creamos la revista. Vivimos una &eacute;poca revuelta donde lo digital permite un acceso casi sin l&iacute;mite a la cultura pero las redes sociales y los bulos traen, de manera parad&oacute;jica, m&aacute;s incultura, ignorancia, intolerancia, inter&eacute;s por lo insignificante y m&aacute;s violencia verbal, sin hablar de las falsificaciones y manipulaciones. Me parece que vamos por mal camino, sobre todo la gente que no lee y solo mira Internet, redes sociales y la televisi&oacute;n basura. Nuestra peque&ntilde;a aventura editorial intenta navegar en esta alta mar de malas olas haciendo so&ntilde;ar a los lectores que apuestan por un mundo m&aacute;s tolerante donde las diferencias son una riqueza y no un bulto. Una gota de esperanza en un oc&eacute;ano de aguas turbias.</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;<a href="https://www.gibraltar-revue.com/" rel="nofollow">Gibraltar</a></p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 04 Mar 2022 10:14:43 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Turia entrevista a fondo a Chantal Maillard y Fernanda Melchor]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-entrevista-a-fondo-a-chantal-maillard-y-fernanda-melchor/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2022/CHANTAL_MAILLARD.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;Los lectores del nuevo n&uacute;mero de la revista TURIA, que se distribuye este mes de marzo, podr&aacute;n disfrutar de dos entrevistas a fondo con protagonistas de notable inter&eacute;s:&nbsp; Chantal Maillard y Fernanda Melchor. Sin duda, Maillard es una de las autoras m&aacute;s destacadas y originales de la poes&iacute;a y el ensayismo espa&ntilde;ol actual. Adem&aacute;s, acaba de publicar su poes&iacute;a reunida bajo el t&iacute;tulo &ldquo;Lo que el p&aacute;jaro bebe en la fuente y no es el agua&rdquo;. Un volumen de casi 800 p&aacute;ginas que confirma la singularidad&nbsp; de una escritura que arranc&oacute; hace casi tres d&eacute;cadas y con la que ha fundado un territorio h&iacute;brido, abierto, fronterizo, propicio a la reflexi&oacute;n sobre lo humano y lo no humano, lo personal y lo colectivo. Por su parte, Fernanda Melchor es una de las escritoras mexicanas de mayor proyecci&oacute;n internacional de nuestros d&iacute;as y, con sus novelas m&aacute;s recientes, en las que analiza el fen&oacute;meno de la violencia y de c&oacute;mo esta forma parte de la sociedad, ha obtenido una acogida espectacular por parte de la cr&iacute;tica y de los lectores.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se trata de dos conversaciones exclusivas, que permiten no s&oacute;lo conocerlas mejor, sino tambi&eacute;n descubrir sus opiniones sobre un amplio repertorio de temas de inter&eacute;s. Ambas son, por encima de todo, autoras de una obra de marcada originalidad, rigor y relevancia en sus respectivos &aacute;mbitos. Chantal Maillard&nbsp; y Fernanda Melchor son, sin duda, dos personalidades muy atractivas y su opini&oacute;n nos enriquece a la hora de interpretar este tiempo tan dif&iacute;cil y complejo que vivimos.&nbsp; En&nbsp; TURIA&nbsp; nos&nbsp; hablan,&nbsp; con&nbsp; absoluta&nbsp; libertad&nbsp; y&nbsp; franqueza, de sus respectivas obras e itinerarios vitales. Y, sobre todo, con sus respuestas se ocupan tambi&eacute;n de abordar cuestiones que nos afectan o interpelan: la necesidad de curarnos de nuestra ceguera como especie o la terrible trivialidad de ciertos actos de violencia, o la importancia de aproximarnos a la realidad de forma distinta y de que las palabras nos ayuden a expresarnos sin demasiados errores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tambi&eacute;n, entre otros contenidos relevantes, el nuevo n&uacute;mero de TURIA invita a leer un clarificador art&iacute;culo Ignacio Peyr&oacute; sobre la soledad. El escritor, periodista y actual director del Instituto Cervantes en Londres, indaga en nuestra vivencia de una problem&aacute;tica que</p>
<p>tiene un impacto creciente y que cuestiona hasta qu&eacute; punto sigue en vigor &ldquo;aquella definici&oacute;n central de Arist&oacute;teles seg&uacute;n la cual el hombre es un animal social&rdquo;. No en vano,&nbsp; se ha llegado a describir este fen&oacute;meno universal de la soledad como una epidemia moderna, como uno de los grandes retos que deberemos analizar y hacer frente en este siglo XXI. Una coyuntura de profundas consecuencias, por ejemplo, sobre la salud mental de la sociedad y que se ha visto agravada por la ya larga y prolongada pandemia causada por el coronavirus.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>CHANTAL MAILLARD: &rdquo;SI CONSTANTEMENTE EST&Aacute;S DESEANDO ALGO, NO PUEDES VIVIR BIEN&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nacida en&nbsp;Bruselas en 1951, Chantal Maillard reside en M&aacute;laga desde los doce a&ntilde;os. En 1969 renunci&oacute; a la nacionalidad belga y adopt&oacute; la espa&ntilde;ola y empez&oacute; a escribir en castellano. Ahora, en la amplia y sugestiva conversaci&oacute;n que publica TURIA, se confirma su capacidad para a trav&eacute;s de la escritura &ldquo;pasar entre las formas como una animal entre la hierba, quedando tan solo la fragancia en su pelaje. Aspiro a ser el humilde aprendiz de ese animal&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Maillard tiene una trayectoria singular porque, despu&eacute;s de doctorarse en Filosof&iacute;a obtuvo una beca para estudiar Filosof&iacute;a y Religiones Indias en la Banaras Hindu University. En el oto&ntilde;o de 1987 viaja a India por primera vez. Volver&aacute; a Benar&eacute;s en sucesivas ocasiones, combinando sus estancias con la docencia en la Facultad de Filosof&iacute;a de la Universidad de M&aacute;laga, como profesora titular de Est&eacute;tica y Teor&iacute;a de las Artes. A partir de 1998 desarrolla una labor cr&iacute;tica en los suplementos culturales del ABC y de El Pa&iacute;s, traduce a Henri Michaux, difunde el pensamiento indio con diversas publicaciones y promueve la creaci&oacute;n de asignaturas de filosof&iacute;a y est&eacute;tica intercultural en la Universidad de M&aacute;laga. En el a&ntilde;o 2000 su vida docente queda s&uacute;bitamente interrumpida. A partir de entonces ha seguido escribiendo. En el a&ntilde;o 2004 le fue concedido el&nbsp;Premio Nacional de Poes&iacute;a&nbsp;por su obra&nbsp;<em>Matar a Plat&oacute;n</em>&nbsp;y en 2007, por&nbsp;<em>Hilos</em>, el&nbsp;Premio de la Cr&iacute;tica de poes&iacute;a castellana&nbsp;y el Premio Andaluc&iacute;a de la Cr&iacute;tica. Ha llevado algunas de sus obras a los escenarios y ha colaborado en proyectos interdisciplinares con artistas nacionales e internacionales, tanto de las artes pl&aacute;sticas como del &aacute;mbito esc&eacute;nico, cinematogr&aacute;fico y musical. Este 2022 acaba de editarse su poes&iacute;a reunida en Galaxia Gutenberg.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la entrevista que TURIA publica con Chantal Maillard se confirma su solvencia para analizar los conflictos del tiempo que vivimos y su preocupaci&oacute;n por cuestiones como el dolor, la compasi&oacute;n, la violencia o la capacidad de convivir de los seres humanos: &ldquo;No vivimos en las ideas, sino en un mundo de seres que existen con otros. Uno puede vivir solo en su cabeza, pero no existe solo. La pregunta era c&oacute;mo es posible que alguien pase al lado de una persona que est&aacute; agonizando sin sentirse impelido, c&oacute;mo es posible no ser sacudido por el dolor de otro. (...) Compadecer es padecer con otro. Termin&eacute; pregunt&aacute;ndome si es posible compadecer a nuestra especie teniendo en cuenta la cantidad de violencia gratuita que a&ntilde;ade a la violencia natural, que es la del hambre&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En esta &eacute;poca en la que nos encontramos sometidos a demasiadas servidumbres y presiones vitales, Maillard subraya la necesidad de vivir con las capacidades y las posibilidades que los a&ntilde;os nos brindan, la importancia de respetar el curso de la naturaleza, de evitar ese estado de efervescencia permanente: &ldquo;Hay que tomar distancia de las pulsiones como se toma distancia, al final de un viaje, de lo que se ha vivido en su transcurso. Cuando la mente deja de enredarse en ellas, podemos empezar a ver con ecuanimidad. Esa es la palabra: no justicia, ecuanimidad. La ecuanimidad es calma. No se trata de reequilibrar el peso de una cosa con el de otra. Se trata de distanciarse y ver las cosas con cierta indiferencia, es decir, con cierta no-diferenciaci&oacute;n, que conlleva la calma. En ella hay lucidez&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Reflexiona tambi&eacute;n Chantal Maillard sobre a qu&eacute; llamamos barbarie porque &ldquo;el desarrollo econ&oacute;mico que preconizamos nos ha llevado a donde estamos: al borde del caos. Siempre, supuestamente, en nombre del &ldquo;bien com&uacute;n&rdquo; (a unos pocos). Es f&aacute;cil poner el foco en ciertas actuaciones ajenas. Sin nuestra ayuda, sin embargo, (y gracias a ello), no pocas poblaciones han funcionado mucho m&aacute;s acordes con su entorno, con una econom&iacute;a de subsistencia que le daba mil vueltas a la econom&iacute;a de beneficio que hemos importado. &iquest;Desarrollo? &iquest;Civilizaci&oacute;n?... &iquest;De qu&eacute; estamos hablando? No a&ntilde;adir m&aacute;s da&ntilde;o al que la vida ofrece ya de por s&iacute; me parece un principio que deber&iacute;amos seguir. No es un principio moral, sino &eacute;tico.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Concluye Chantal Maillard, en la conversaci&oacute;n mantenida para TURIA con el poeta y periodista Fernando del Val, que &ldquo;pensamos demasiado. Y no lo hacemos bien. Se ha de pensar o bien mediante reglas l&oacute;gicas, si se trata de discurso, o bien mediante el cuerpo. Si dej&aacute;semos de querer guiarlo todo, el organismo realizar&iacute;a sus s&iacute;ntesis con m&aacute;s acierto. Ser&iacute;a conveniente delegar en el saber del animal. El animal-en-m&iacute; acierta m&aacute;s y pretende menos&rdquo;. Sin duda, tanto los libros como las entrevistas de Chantal Maillard resultan estimulantes porque cuestionan nuestras certezas, porque sus palabras pretenden ayudarnos a que nos expresemos sin demasiados errores. En su escritura, Chantal encuentra la paz y, gracias a ella, sus lectores encontramos belleza y lucidez, lirismo y capacidad de an&aacute;lisis.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>FERNANDA MELCHOR: &ldquo;LA POBREZA MATERIAL ES UNA MET&Aacute;FORA DE LA INDIGENCIA ESPIRITUAL&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dando continuidad a su clara vocaci&oacute;n latinoamericana, TURIA publica una entrevista exclusiva con la escritora mexicana Fernanda Melchor (Boca del R&iacute;o, Veracruz, M&eacute;xico, 1982). Nacida en uno de los enclaves urbanos m&aacute;s peligrosos de la regi&oacute;n, la problem&aacute;tica de la violencia y la desigualdad han ocupado a Melchor tanto en sus obras de ficci&oacute;n como en su ejercicio del periodismo: Entre sus declaraciones destacamos dos frases. La primera: &ldquo;La violencia no es algo inherente a la pobreza&rdquo;. La segunda: &ldquo;No me interesa narrar la historia del que mata la vaca, sino la del que agarra las patas del animal para que el otro cometa el crimen&rdquo;. &nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fernanda Melchor public&oacute; en 2021 su novela <em>P&aacute;radais</em>&nbsp;(Literatura Random House), una narraci&oacute;n cruda sobre clases sociales y violencia. Con la anterior novela, <em>Temporada de huracanes</em>, consigui&oacute; ser finalista del prestigioso Premio Booker y fue reconocida en 2020 por &ldquo;The New York Times&rdquo;. Los lectores y la cr&iacute;tica especializada creen que uno de los m&eacute;ritos de su escritura es su apuesta por el estilo, una apuesta absoluta y radical, como no se ve&iacute;a en la literatura latinoamericana desde la vanguardia que a Espa&ntilde;a lleg&oacute; convertida en el producto comercial conocido como &ldquo;el Boom&rdquo;: &ldquo;Una de las cosas que aprend&iacute; a trav&eacute;s del periodismo fue a mirar la realidad de una forma distinta. Distinta porque supone la intenci&oacute;n de capturar esta realidad que sucede ante nosotros y traducirla en palabras. Es una pr&aacute;ctica que no s&oacute;lo implica un continuo trabajo con el lenguaje sino una exploraci&oacute;n de los mecanismos y los l&iacute;mites mismos de la conciencia, lo cual es muy &uacute;til cuando una est&aacute; determinada a escribir ficci&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la conversaci&oacute;n que TURIA publica con la tambi&eacute;n escritora y periodista venezolana Michelle Roche Rodr&iacute;guez, reconoce Fernanda Melchor su deuda con autores como Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez (&ldquo;Cien a&ntilde;os de soledad&rdquo; es el libro que tenemos m&aacute;s a mano en la casa cuando somos ni&ntilde;os&rdquo;), Jos&eacute; Donoso y Manuel Puig (&ldquo;tiene un estilo muy particular, inimitable&rdquo;). Subraya tambi&eacute;n otro de sus objetivos como narradora: &ldquo;me interesaba narrar el sinsentido de estos cr&iacute;menes tan horribles como los que ocurren todos los d&iacute;as en M&eacute;xico&rdquo;. Y al mismo tiempo, &ldquo;quer&iacute;a explorar la vida interior de mujeres complejas, reproductora del c&iacute;rculo vicioso de la violencia&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Asegura, por &uacute;ltimo, Fernanda Melchor que lo popular, la radionovela y la m&uacute;sica le interesan mucho, le resultan muy &uacute;tiles para pintar el paisaje emocional de los personajes que pueblan sus libros: &ldquo;es algo muy mexicano que la m&uacute;sica est&eacute; siempre sonando a vol&uacute;menes enloquecedores en todos lados (&hellip;) La m&uacute;sica que suena en mis libros me ayuda a desvelar el verdadero cariz de una situaci&oacute;n, o los verdaderos sentimientos de los personajes, esos sentimientos que ellos mismos a veces desconocen, o no quieren aceptar&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&iquest;ES LA SOLEDAD LA LEPRA DEL SIGLO XXI?</strong></p>
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<p>La revista TURIA dedica tambi&eacute;n su atenci&oacute;n repensar la soledad en nuestra &eacute;poca. Y lo hace a trav&eacute;s del art&iacute;culo que ha elaborado Ignacio Peyr&oacute; bajo el t&iacute;tulo &ldquo;Hijos de un largo silencio. Observaciones sobre la soledad de ayer y de hoy&rdquo;. Para el reconocido escritor y periodista espa&ntilde;ol radicado actualmente en Londres, &ldquo;no es insensato pensar que la soledad forma parte del paquete, si se me permite la expresi&oacute;n, del ser humano integral: la experiencia humana estar&iacute;a incompleta sin la presencia de la soledad, sea como vivencia de duelo, desamor o desarraigo, como una extranjer&iacute;a sin por qu&eacute; del mundo y de las cosas o, en sus vertientes m&aacute;s dulces, como ed&eacute;n particular o misantrop&iacute;a autosatisfecha&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ignacio Peyr&oacute;, que acaba de publicar un atractivo libro compilatorio de ensayos hispano-brit&aacute;nicos titulado &ldquo;Un aire ingl&eacute;s&rdquo;, escribe en TURIA que la soledad es un fen&oacute;meno ambivalente, sobre el que conviene ir deslindando sus varios significados, &ldquo;de la mayor desgracia a la mayor virtud, para intentar extraer alg&uacute;n hilo de sentido y que la soledad no sea solo un dolor o una p&eacute;rdida, una desconexi&oacute;n o un abandono, sino un lugar habitable, pues tal vez no logremos convertirla en experiencia luminosa, pero s&iacute; podemos aspirar a convertirla en una lejan&iacute;a apacible&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Peyr&oacute;, que posee erudici&oacute;n, adem&aacute;s de inteligencia anal&iacute;tica y lucidez literaria, es un int&eacute;rprete de excepci&oacute;n para glosar las claves del impacto de la soledad en nuestras vidas. De ah&iacute; que nos asegure en TURIA: &ldquo;tal vez aqu&iacute; el problema sea menos el sentirse solos que el estar vac&iacute;os. Y, junto a ello, el choque entre la ilusi&oacute;n de control que nos aporta un smartphone -comunicaci&oacute;n sin riesgo, sin malentendidos, sin rechazos, sin demandas de atenci&oacute;n o tiempo o cercan&iacute;a- y la realidad de una dependencia demasiado humana&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el art&iacute;culo, Peyr&oacute; asegura que, m&aacute;s all&aacute; de que medios como &ldquo;The Economist&rdquo; hayan definido la soledad como la lepra del siglo XXI, &ldquo;nuestra sensibilidad es deudora de los solitarios que en el mundo han sido: somos, de alguna manera, hijos de un largo silencio. Porque el recogimiento -que es esa suma de silencio y soledad- nos afina el o&iacute;do a lo importante&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y, como conclusi&oacute;n de sus experiencias y observaciones, Ignacio Peyr&oacute; acude a una convincente cita de Balzac que sintetiza bien su postura: &ldquo;la soledad es buena, pero a veces uno necesita a alguien al lado para dec&iacute;rselo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>UN FRAGMENTO DE LA ENTREVISTA EXCLUSIVA A CHANTAL MAILLARD </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El nuevo n&uacute;mero de la revista TURIA publica una amplia y reveladora conversaci&oacute;n exclusiva con la poeta y fil&oacute;sofa espa&ntilde;ola de origen belga Chantal Maillard. Sobre su obra se ha dicho que &ldquo;aspira a encarnar el trabajo de la conciencia y al mismo tiempo a curarnos de nuestra ceguera como especie&rdquo;. Autora de una original y premiada obra po&eacute;tica, acaba de publicar en Galaxia Gutenberg el libro &ldquo;Lo que el p&aacute;jaro bebe en la fuente y no es el agua. Poes&iacute;a reunida 2004-2020&rdquo;. De esa entrevista, tan original como merecedora de una lectura atenta, adelantamos hoy el siguiente fragmento:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="LO-normal1" align="center"><strong>CHANTAL MAILLARD: &ldquo;TODO DOLOR ES MENTAL&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-normal1"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="LO-normal1"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- &iquest;Es peor el dolor mental o el dolor f&iacute;sico?</p>
<p>- Todo dolor es mental. El dolor f&iacute;sico tambi&eacute;n, en cuanto se hace consciente. De hecho, lo que hacen los f&aacute;rmacos en caso de dolor agudo es cortocircuitar los impulsos que llegan al cerebro. Otra cosa es el sufrimiento. Procurar no a&ntilde;adir sufrimiento al dolor es lo que siempre digo.</p>
<p>- Y somatizamos.</p>
<p>- Por supuesto, seg&uacute;n nuestro humor o nuestro estado mental.</p>
<p>- Muchos problemas f&iacute;sicos vienen de la mente, de tensiones.</p>
<p>- De ah&iacute; la necesidad de mantener la mente en calma. Ralentizar el proceso.</p>
<p>- Dijo que hay que revisar las palabras y durante la conversaci&oacute;n lo ha hecho.</p>
<p>- Lo mejor es el silencio.</p>
<p>- &iquest;Le cuesta escribir?</p>
<p>- El lenguaje me cuesta cada vez m&aacute;s. Lo veo muy cargado de significados, de sobreentendidos, de interpretaciones sociales&hellip; Tropiezo continuamente. Hay que pararse a pensar lo que queremos decir.</p>
<p>- Ya no es que el lenguaje nos limite per se, porque no haya palabras&hellip;</p>
<p>- No, no, no. Es que viene excesivamente cargado. Hay que depurarlo.</p>
<p>- La cita introductoria de <em>Las venas del drag&oacute;n</em> [de Bai Juyi] expresa la contradicci&oacute;n que supone apelar al no decir mediante la palabra.</p>
<p>- &hellip;</p>
<p>- Ah&iacute; se encuentra.</p>
<p>- Me encuentro cada vez con menos ganas de decir cosas.</p>
<p>- &iquest;Tiene que ver con eso el estar reuniendo sus diarios, su poes&iacute;a&hellip;?</p>
<p>- &hellip; puede&hellip; Dejar terminadas ciertas cosas. Descansar.</p>
<p>- Los libros que no entran en su poes&iacute;a reunida, &iquest;no cuentan?</p>
<p>- Puede que se recojan m&aacute;s adelante en alg&uacute;n sitio. Hainuwele, por ejemplo, no lo considero malo, pero no tiene que ver con la preocupaci&oacute;n central de mis &uacute;ltimos libros. Y no se trata de reunir por reunir. &iquest;Para qu&eacute;? Al dar una unidad tienes que prescindir. Hacer miscel&aacute;neas no me interesa. Un libro ha de tener un tema, si no, el autor termina siendo el tema, y eso es contraproducente. Me gustan las cosas redonditas.</p>
<p>- Como la circularidad de la energ&iacute;a.</p>
<p>- Igual s&oacute;lo es un defecto m&iacute;o, un instinto de perfecci&oacute;n [r&iacute;e].</p>
<p>- Del perfeccionismo habr&iacute;a que huir.</p>
<p>- [asiente] En el perfeccionismo hay ego. Por eso me disgusta.</p>
<p>- Lo propio es la imperfecci&oacute;n.</p>
<p>- [vuelve a re&iacute;r] &hellip; &iquest;la perfecta imperfecci&oacute;n?</p>
<p>- &iquest;Limitaciones?</p>
<p>- Pensamos demasiado. Y no lo hacemos bien. Se ha de pensar o bien mediante reglas l&oacute;gicas, si se trata de discurso, o bien mediante el cuerpo. Si dej&aacute;semos de querer guiarlo todo, el organismo realizar&iacute;a sus s&iacute;ntesis con m&aacute;s acierto. Ser&iacute;a conveniente delegar en el saber del animal. El animal-en-m&iacute; acierta m&aacute;s y pretende menos.</p>
<p>Chantal Maillard te hace dudar de si de lo que le est&aacute;s preguntando es lo que quieres saber.</p>
<p>Te ense&ntilde;a a tropezar. A tropezar mejor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 04 Mar 2022 08:56:03 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Grandes autores protagonizan el nuevo número de la revista cultural Turia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/grandes-autores-protagonizan-el-nuevo-numero-de-la-revista-cultural-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2022/ADAM_ZAGAJEWSKI_5.jpg" alt="" /></p>
<p>La revista cultural TURIA publica en su nuevo n&uacute;mero, que se distribuir&aacute; este mes de marzo en Espa&ntilde;a y otros pa&iacute;ses, un sumario con interesantes textos in&eacute;ditos protagonizados por grandes autores de la literatura contempor&aacute;nea: Adam Zagajewski, Joan Margarit y Bernard No&euml;l. Tambi&eacute;n ofrece, en primicia en espa&ntilde;ol, un avance del nuevo libro de relatos de la escritora norteamericana Emma Cline, que con s&oacute;lo tres libros publicados ha alcanzado una enorme proyecci&oacute;n internacional.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En primer lugar, y cuando se cumple un a&ntilde;o de su muerte, TURIA rinde homenaje al escritor polaco Adam Zagajewski, premio Princesa de Asturias y uno de los autores europeos de mayor prestigio y m&aacute;s queridos por los lectores. Autor de una obra creativa y ensay&iacute;stica fundamental, est&aacute; considerado el poeta de la lucha y de la memoria, heredero de lo m&aacute;s granado de la tradici&oacute;n l&iacute;rica de su pa&iacute;s, portavoz de un momento en el que la cultura parec&iacute;a la &uacute;nica forma de salvaci&oacute;n y defensor de la inmortalidad de un g&eacute;nero, la poes&iacute;a, que &ldquo;nos eleva de lo cotidiano&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por otra parte, TURIA centra tambi&eacute;n su atenci&oacute;n en analizar la personalidad y la valiosa obra po&eacute;tica de Joan Margarit, tambi&eacute;n fallecido en 2021. Quien siempre fue un escritor biling&uuml;e, catal&aacute;n y castellano, dijo sobre su poes&iacute;a que era hija de la emoci&oacute;n, que el verso ten&iacute;a que salir del interior. Adem&aacute;s, si est&aacute; bien hecho, afirmaba que &ldquo;en un poema hay mil poemas&rdquo;. Margarit, que obtuvo entre otros reconocimientos el Premio Cervantes, fue un poeta muy le&iacute;do y varios de sus libros obtuvieron ventas m&aacute;s propias de novelas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>TURIA ofrece asimismo un fragmento de uno de los libros fundamentales del excelente poeta franc&eacute;s Bernard No&euml;l, &ldquo;El verano lengua muerta&rdquo;, que permanec&iacute;a in&eacute;dito en espa&ntilde;ol. No&euml;l, que falleci&oacute; en abril del pasado a&ntilde;o, bien merece ser redescubierto por nuevas generaciones de lectores en nuestro idioma por cuanto se trata de un poeta al&eacute;rgico a los convencionalismos, un escritor siempre muy combativo contra la manipulaci&oacute;n del poder y contra la mente anestesiada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>TURIA,&nbsp; ofrece&nbsp; adem&aacute;s a los lectores una primicia en espa&ntilde;ol: un avance de &ldquo;Papi&rdquo;, de la</p>
<p>la joven autora estadounidense Emma Cline. Se trata de un volumen de relatos de una escritora muy apreciada por la cr&iacute;tica y cuyo debut, con la novela &ldquo;Las chicas&rdquo;, se convirti&oacute; en un fen&oacute;meno mundial al narrar desde el punto de vista de las mujeres que veneraban a Charles Manson, lo sucedido con el c&eacute;lebre asesino que actu&oacute; en la d&eacute;cada de los 60 del pasado siglo en los USA y cuya peripecia vital lo convirti&oacute; en ejemplo devastador y emblem&aacute;tico del impacto de la locura, la violencia y lo macabro en la sociedad norteamericana.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>ADAM ZAGAJEWSKI, UNA VIDA EN EL EXILIO </strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>En el clarificador art&iacute;culo que TURIA le dedica a Adam Zagajewski (Lvov, Ucrania, 1945 &ndash; Cracovia, Polonia, 2021), Mercedes Monmany&nbsp; subraya que su exilio es &ldquo;geogr&aacute;fico, pol&iacute;tico, metaf&iacute;sico, o puramente sensible e interior, un desplazamiento de tiempos y espacios&rdquo; y que &ldquo;marca tambi&eacute;n a abuena parte de los mejores autores del pasado siglo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fue Zagajewski &ldquo;uno de los poetas contempor&aacute;neos, m&aacute;s regularmente editados en Espa&ntilde;a. Y lo har&iacute;a a trav&eacute;s de&nbsp;maravillosos libros de poes&iacute;a del exilio y de la rememoraci&oacute;n eleg&iacute;aca, aunque tambi&eacute;n de la iluminaci&oacute;n epif&aacute;nica y sagrada, sencilla -enga&ntilde;osamente sencilla- y terrenal, emotiva y estremecedora de lo cotidiano&rdquo;. Publicado en las mejores editoriales de muchos pa&iacute;ses, nos recuerda Mercedes Monmany que &ldquo;a trav&eacute;s de los poemas de Zagajewski se extend&iacute;a siempre una&nbsp;embriagadora y m&aacute;gica estela de sensaciones y emociones perdurables, congeladas en una prodigiosa intemporalidad&rdquo;.</p>
<p>Pero tambi&eacute;n brill&oacute; el escritor polaco en sus magn&iacute;ficos libros de g&eacute;nero variado, entre narraci&oacute;n, dietario y ensayo. Y es que todos ellos, escribe Monmany en TURIA, &ldquo;dar&iacute;an sin cesar buena muestra de su excepcional altura literaria, de su inmensa y exquisita erudici&oacute;n, y de un suave humor infatigable que pend&iacute;a en todo momento, con una iron&iacute;a no lacerante ni agresiva, sobre todas las cosas, seres, situaciones pol&iacute;ticas y acontecimientos art&iacute;sticos. Una iron&iacute;a l&uacute;cida y sumamente cr&iacute;tica, ausente sin embargo de amargura o rencor, hacia actitudes poco ejemplares, complacientes con los distintos poderes o de moralidad discutible, tristemente repetidas, a lo largo de las &eacute;pocas, en la existencia compartida y la vida en comunidad&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En TURIA nunca olvidaremos a Zagajewski y de ah&iacute; que publiquemos, en el aniversario de su muerte, este art&iacute;culo que quiere ser un sincero homenaje a quien fue uno de nuestros m&aacute;s ilustres colaboradores.&nbsp; Adem&aacute;s, no s&oacute;lo colabor&oacute; con nosotros con sus textos sino que realiz&oacute; una inolvidable presentaci&oacute;n de nuestra revista en el Instituto Cervantes de Madrid del n&uacute;mero dedicado a otro relevante escritor polaco: el Premio Nobel Zbigniew Herbert. Afortunadamente aquel acto celebrado el 21 de noviembre de 2019 se grab&oacute; y recomendamos ver a visionar aquella maravillosa y sugerente intervenci&oacute;n sobre el papel de la literatura en general y de la poes&iacute;a en particular.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>JOAN MARGARIT, LA POES&Iacute;A COMO REFUGIO HABITABLE </strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>TURIA dedica un interesante art&iacute;culo a la enorme figura y obra de un escritor felizmente biling&uuml;e, catal&aacute;n y castellano: Joan Margarit (Sana&uuml;ja, Lleida,1938 - Sant Just Desvern, Barcelona, 2021). Se trata de un an&aacute;lisis panor&aacute;mico de su obra realizado por un estudioso que lo conoce bien: Jos&eacute; Luis Morante, que ha realizado ediciones cr&iacute;ticas de sus libros para C&aacute;tedra. En Margarit, &ldquo;la poes&iacute;a, con referencias expl&iacute;citas a escenarios y personajes, abre una perenne b&uacute;squeda de respuestas en la indefinici&oacute;n cotidiana. Ser&aacute; tabla salvadora y refugio habitable para reubicar lo vivido en la intensidad reflexiva de la evocaci&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>La de Joan Margarit es una larga traves&iacute;a creativa biling&uuml;e en catal&aacute;n y castellano. Y es que nuestro autor no traduce, sino que ambas lenguas &ldquo;contienen la esencia del poema,</p>
<p>sin pr&aacute;cticas suced&aacute;neas, y esa doble identidad se mantendr&aacute; sin veladuras hasta la conclusi&oacute;n del recorrido&rdquo;. Lo autobiogr&aacute;fico y la escritura de los sentimientos recorren la trayectoria de Margarit con libros tan conseguidos y celebrados por los lectores como &ldquo;Joana&rdquo;, en que los poemas &ldquo;son anotaciones de un diario sentimental en el que despliega el adi&oacute;s de la hija afectada por el s&iacute;ndrome de Rubinstein-Taybe y fallecida a los treinta a&ntilde;os&rdquo;. Son versos en los que Margarit confirma que &ldquo;escribir es escuchar la voz interior, advertir lo ef&iacute;mero, sentir el fr&iacute;o y sus rincones de soledad y demorar los gestos del olvido&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Su &uacute;ltimo libro, &ldquo;Animal de bosque&rdquo;, corroborar&iacute;a el v&iacute;nculo esencial entre expresi&oacute;n po&eacute;tica y trayecto biogr&aacute;fico. No en vano, seg&uacute;n escribe Jos&eacute; Luis Morante en TURIA, &ldquo;como dunas de luz, los poemas de Joan Margarit nacen desde la soledad y el silencio. &nbsp;Son sensaciones aislantes que mantienen a precisa distancia el paisaje exterior. El ruido externo se diluye en escuetos rumores; permite o&iacute;r un pensamiento sensorial inmerso en la extra&ntilde;eza de estar vivo. No hay vuelta atr&aacute;s en el fluir de la existencia, apenas el rastro polvoriento de momentos &uacute;nicos que solo la poes&iacute;a puede reconstruir y dar sentido&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>BERNARD NO&Euml;L, EL POETA COMO PENSADOR CR&Iacute;TICO</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Nadie mejor que el poeta Miguel Casado, que lo ha traducido al espa&ntilde;ol, para explicarnos las claves de la escritor franc&eacute;s Bernard No&euml;l y para ofrecernos en TURIA un amplio y revelador fragmento de uno de los pocos libros fundamentales de No&euml;l no versionados a&uacute;n a nuestro idioma: &ldquo;El verano lengua muerta&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bernard No&euml;l (Sainte-Genevi&egrave;ve-sur-Argence, Francia, 1930 &ndash; Laon, Francia, 2021) es un escritor de una fuerza demoledora, espl&eacute;ndido poeta y certero cr&iacute;tico de los m&uacute;ltiples sinsentidos de la sociedad actual. Y es que, adem&aacute;s de traductor, siempre fue muy &nbsp;relevante su dedicaci&oacute;n al ensayo en torno a lo po&eacute;tico, a las artes pl&aacute;sticas y a la reflexi&oacute;n pol&iacute;tica o social.</p>
<p>Tiene raz&oacute;n Miguel Casado cuando escribe en TURIA, a prop&oacute;sito &ldquo;El verano lengua muerta&rdquo;, c&oacute;mo la poes&iacute;a de No&euml;l consigue ocuparse con lucidez cr&iacute;tica de la materia escurridiza del vivir y hacerlo a partir de un contundente lema inicial &ldquo;el mundo no est&aacute; terminado&rdquo;. Por tanto, el poema levanta una especie de mapa de la vida como movimiento (&ldquo;y cuando se levanta el viento / nuestro rostro es distinto&rdquo;). Lo hace, primero, mediante una intensa concentraci&oacute;n de actitudes y motivos, en la que caben el tacto de la intimidad, la reflexi&oacute;n existencial, la an&eacute;cdota (una isla en verano) y el vac&iacute;o que la horada, la eleg&iacute;a, un temple afor&iacute;stico en ocasiones, un ponerlo todo en cuesti&oacute;n...&rdquo;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>EMMA CLINE, LA NUEVA REVELACI&Oacute;N DE LA LITERATURA NORTEAMERICANA</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Siempre atenta a la mejor literatura internacional, esta nueva entrega de la revista TURIA publica un texto in&eacute;dito de la norteamericana Emma Cline. Nacida en 1989 en Sonoma, California, <strong>es </strong>licenciada en Bellas Artes, y curs&oacute; un m&aacute;ster en escritura creativa en la Universidad&nbsp;&nbsp; de&nbsp;&nbsp; Columbia.&nbsp;&nbsp; Ha&nbsp; trabajado&nbsp; como lectora&nbsp; para&nbsp; <em>The&nbsp; New&nbsp; Yorker</em>,&nbsp; donde tambi&eacute;n ha publicado textos de ficci&oacute;n, igual que en las revistas&nbsp;<em>Tin House, The Paris Review&nbsp;</em>y&nbsp;<em>Granta. </em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Las chicas,&nbsp;</em>su primera novela, se public&oacute; en cuarenta pa&iacute;ses y gan&oacute; el Shirley Jackson Award; el reputado productor Scott Rudin planea adaptarla a la gran pantalla. Un &eacute;xito que repiti&oacute; con&nbsp;su segunda<strong> novela</strong><em> Harvey</em><strong>, publicada en Espa&ntilde;a en 2021 y que sorprende por el enfoque de la narraci&oacute;n, esta vez desde la propia mente de Harvey Weinstein, el otrora famoso productor de cine y depredador sexual, juzgado y condenado a 23 a&ntilde;os de prisi&oacute;n. En esa novela, Cline desarrolla su tesis: &ldquo;nadie es un monstruo las 24 horas del d&iacute;a&rdquo;. </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El texto que TURIA da a conocer en rigurosa primicia en espa&ntilde;ol (&ldquo;&iquest;Qu&eacute; se puede hacer con un general?&rdquo;) es un avance del primer libro de relatos de Emma Cline: &ldquo;Papi&rdquo;, que ser&aacute; publicado por la editorial Anagrama en los pr&oacute;ximos meses. En sus narraciones aborda historias adentran en los resquicios m&aacute;s oscuros de las relaciones familiares, la sexualidad y la cultura de la fama. Muchos de esos protagonistas son hombres maduros con problemas. Un grupo de poblaci&oacute;n que, seg&uacute;n afirma Cline, &ldquo;debe encontrar su lugar en un mundo que ha cambiado y en el que siente que ya no encaja&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Papi&rdquo; es una excelente colecci&oacute;n de diez relatos en los que Emma Cline retrata con brillantez situaciones cotidianas de personajes enfrentados a sus demonios, a situaciones que los superan, a realidades que no quisieran tener que afrontar. Y lo hace de manera magistral y provocadora hasta el punto de que &ldquo;Papi&rdquo; fue nominado entre los diez mejores libros de 2020 por la cr&iacute;tica norteamericana. Ahora, nos llega su traducci&oacute;n al espa&ntilde;ol y, gracias a esos cuentos, el lector podr&aacute; acceder a diez miradas despiadadas de la Am&eacute;rica contempor&aacute;nea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En &ldquo;Papi&rdquo; encontramos historias muy reveladoras de los comportamientos de la clase media alta, sobre todo de la vinculada con las industrias del entretenimiento o la cultura. As&iacute;, se nos narra por ejemplo lo que ocurre cuando: Una aspirante a actriz que trabaja como dependienta de una tienda de ropa descubre un modo alternativo de ganarse la vida vendiendo algo muy &iacute;ntimo a trav&eacute;s de internet; un padre acude al colegio de su hijo a recogerlo tras un incidente violento que puede costarle la expulsi&oacute;n; la ni&ntilde;era de la familia de un actor famoso trata de escabullirse de los paparazis despu&eacute;s de verse envuelta en un esc&aacute;ndalo; una chica en rehabilitaci&oacute;n se mete en chats de internet donde se intercambian fotos obscenas; un editor trabaja para un millonario que est&aacute; escribiendo sus</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>memorias; una reuni&oacute;n familiar navide&ntilde;a se ve envuelta en una creciente tensi&oacute;n por las sombras del pasado; un padre acude al estreno de la lamentable pel&iacute;cula de su hijo&hellip;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En definitiva, Emma Cline re&uacute;ne en &ldquo;Papi&rdquo; diez originales historias transgresoras, en las que la realidad aparece alterada, en las que la vida cotidiana se tambalea revelando la perversi&oacute;n y la violencia que se ocultan bajo una apariencia de normalidad. Son relatos en los que Cline explora personajes que viven al l&iacute;mite, tanto de s&iacute; mismos como de quienes los rodean. En &ldquo;Papi&rdquo;, Cline describe tambi&eacute;n conflictos de poder en las familias, en sus relaciones y habla de la distancia entre su yo falso y su yo verdadero. Los protagonistas de los relatos de Emma Cline nos interpelan y hacen que nos preguntemos cu&aacute;les son las consecuencias de nuestros actos o qu&eacute; ocurre cuando no actuamos. Sobre todo ello se nos habla en &ldquo;Papi&rdquo;, una colecci&oacute;n de relatos en los que Emma Cline confirma su solvencia y talento como escritora, su agudeza en el an&aacute;lisis y descripci&oacute;n de los contradictorios impulsos que animan nuestra vida interior.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center"><strong><span style="text-decoration: underline;">UN FRAGMENTO DEL NUEVO LIBRO DE EMMA CLINE</span></strong></p>
<p><span style="text-decoration: underline;">&nbsp;</span></p>
<p>Uno de los textos in&eacute;ditos m&aacute;s interesantes que publica la revista TURIA es un avance del nuevo libro de relatos de Emma Cline: &ldquo;Papi&rdquo;. Ser&aacute; pr&oacute;ximamente publicado por la editorial Anagrama y en &eacute;l esta escritora norteamericana confirma la calidad e inter&eacute;s de&nbsp; una labor literaria que la han catapultado al &eacute;xito internacional. Como ha subrayado la cr&iacute;tica anglosajona, tan valiosa resulta para el lector su capacidad de comprender los m&uacute;ltiples aspectos de la naturaleza humana como su dominio del lenguaje. A continuaci&oacute;n ofrecemos un fragmento del libro:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>&iquest;QU&Eacute; SE PUEDE HACER CON UN GENERAL?</strong></p>
<p>Linda estaba dentro, al tel&eacute;fono. &iquest;Con qui&eacute;n, tan temprano? Desde el jacuzzi, John la sigui&oacute; con la vista mientras ella paseaba arriba y abajo en albornoz y un ba&ntilde;ador viejo con un estampado tropical desva&iacute;do que deb&iacute;a de ser de una de las chicas. Era agradable flotar un rato en el agua, deslizarse hasta el borde contrario del jacuzzi, con el caf&eacute; por encima del agua y los chorros dale que dale. La higuera estaba pelada, llevaba ya un mes as&iacute;, pero los caquis iban cargados de fruta. Los chicos tendr&iacute;an que hacer unas galletas cuando llegasen, pens&oacute;, galletas de caqui. &iquest;No era eso lo que hac&iacute;a Linda, cuando eran peque&ntilde;os? O, &iquest;qu&eacute; era?, &iquest;mermelada, igual? Toda esa fruta echada a perder, era indignante. Le dir&iacute;a al chico que le cortaba el c&eacute;sped que recogiese unas cuantas cajas de caquis antes de que llegasen los chicos, para que solo tuvieran que preparar algo con ellos. Linda sabr&iacute;a encontrar la receta.</p>
<p>La mosquitera se cerr&oacute; de un portazo. Linda dobl&oacute; el albornoz, se meti&oacute; en el jacuzzi.</p>
<p>&mdash;El vuelo de Sasha se retrasa.</p>
<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;nto?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&mdash;Puede que no aterricen hasta la cuatro o las cinco.</p>
<p>El tr&aacute;fico navide&ntilde;o ser&iacute;a un horror a esa hora, para volver del aeropuerto: una hora all&iacute;, y luego dos horas de vuelta, si no m&aacute;s. Sasha no ten&iacute;a permiso de conducir, no pod&iacute;a alquilar un coche, aunque tampoco se le ocurrir&iacute;a proponerlo.</p>
<p>&mdash;Y dice que Andrew no viene &mdash;dijo Linda, con una mueca. Linda estaba convencida de que el novio de Sasha estaba casado, aunque nunca le hab&iacute;a sacado el tema a su hija.</p>
<p>Linda pesc&oacute; una hoja del agua y la tir&oacute; al c&eacute;sped, y luego se puso c&oacute;moda con el libro que hab&iacute;a tra&iacute;do. Linda le&iacute;a un mont&oacute;n: le&iacute;a libros de &aacute;ngeles y de santos y de mujeres blancas y ricas de anta&ntilde;o con exc&eacute;ntricas costumbres. Le&iacute;a libros escritos por las madres de autores de tiroteos escolares, y libros de curanderos que dec&iacute;an que el c&aacute;ncer era en realidad un problema de autoestima. Ahora estaba con las memorias de una chica a la que hab&iacute;an secuestrado cuando ten&iacute;a once a&ntilde;os. La tuvieron metida en el cobertizo del patio durante casi diez.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 23 Feb 2022 13:06:42 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El primer libro de relatos de Joaquín Fabrellas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-primer-libro-de-relatos-de-joaquin-fabrellas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/fabrellas500.jpg" alt="" /></p>
<p><em>C&eacute;sped seco </em>(2021)<em> </em>representa una novedad en el conjunto de la literatura publicada hasta la fecha por Joaqu&iacute;n Fabrellas (Ja&eacute;n, 1975). A &eacute;l le debemos una serie de libros de poemas &mdash;<em>Estertor en las piedras </em>(2003), <em>Oficio de silencio </em>(2003), <em>Animal de humo </em>(2005), <em>No hay nada que huya </em>(2014), <em>Rep&uacute;blica del aire </em>(2015) y <em>Metal</em> (2017)&mdash;, am&eacute;n de <em>Clara incertidumbre </em>(2017), una<em> plaquette</em>; todo ello precede a la novela <em>El imposible lenguaje de la noche </em>(2020). <em>C&eacute;sped seco </em>supone la primera incursi&oacute;n de Fabrellas en el terreno del libro o la colecci&oacute;n de relatos.</p>
<p>Ahora bien, dicha novedad no conlleva un alejamiento de determinados rasgos que se aprecian en el total de la obra del escritor. Uno de ellos dir&iacute;a que es el inter&eacute;s por el lenguaje, que enlaza con el desempe&ntilde;o de Fabrellas como cr&iacute;tico literario y profesor de Lengua Castellana y Literatura. En sus poemas este elemento cobra gran importancia, como en su reciente novela &mdash;antes mencionada&mdash;, y en <em>C&eacute;sped seco </em>sigue explicit&aacute;ndose como un problema central. Ello se plasma en la expresi&oacute;n, que en este texto var&iacute;a muy visiblemente de unos segmentos a otros. As&iacute;, pongo por caso, se consigue manejar con solvencia un registro ling&uuml;&iacute;stico m&aacute;s t&eacute;cnico &mdash;ocurre en &laquo;Las cuerdas&raquo; (pp. 132-135)&mdash; con otro que se revela m&aacute;s cotidiano &mdash;de muestra sirve &laquo;Aeropuertos&raquo; (pp. 15-20)&mdash;. Con lo anterior figuran una &laquo;Carta que dirige Sancho a su Alteza Real, don Felipe III, rey de las Espa&ntilde;as, monarca del mundo y del Orbe conocido&raquo; (pp. 43-48), donde se busca reproducir los h&aacute;bitos ling&uuml;&iacute;sticos de otra &eacute;poca, o un segmento, &laquo;En una sola oraci&oacute;n estaba solo&raquo; (pp. 136-138), que, a modo de ejercicio estil&iacute;stico, recoge una oraci&oacute;n que, surgida de una compleja elaboraci&oacute;n sint&aacute;ctica, se extiende a lo largo de varias p&aacute;ginas. Tampoco puede descuidarse el inter&eacute;s por profundizar en la mente de los personajes, que se traduce en mon&oacute;logos por los cuales discurren sus pensamientos &mdash;as&iacute; en &laquo;Diario de un br&oacute;ker&raquo; (pp. 38-40)&mdash;; igualmente, se acude al di&aacute;logo &mdash;por ejemplo, en &laquo;Viaje en auto&raquo; (pp. 95-98)&mdash;. Merece menci&oacute;n, asimismo, una elocuente entrevista realizada a un J. F., la cual se integra como un constituyente m&aacute;s en <em>C&eacute;sped seco</em>, con la consiguiente modulaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica que todo ello requiere desde la perspectiva creadora.</p>
<p>Esta heterogeneidad se produce tambi&eacute;n en la articulaci&oacute;n del texto, que congrega, seg&uacute;n ha quedado esbozado, materiales de diverso tipo. Los segmentos que se presentan como de diario se entreveran con otros que hacen hincapi&eacute; en aspectos geogr&aacute;ficos o pict&oacute;ricos, sucedi&eacute;ndose pasajes m&aacute;s narrativos con otros m&aacute;s reflexivos. En consecuencia, no extra&ntilde;a que, en alguna entrevista &mdash;lo he escuchado en esta: &lt;https://cadenaser.com/audio/1644223545_386752/&gt; [13/2/2022]&mdash;, Fabrellas haya comparado esta obra con una poliantea. Funciona <em>C&eacute;sped seco</em> como un artefacto literario que congrega una enorme diversidad, lo cual permite apreciar la capacidad del escritor para desenvolverse con contenidos y formas distintos. A prop&oacute;sito de los miscel&aacute;neos componentes, sirven para orientarse por ellos los siete apartados por los que se distribuyen: &laquo;Principios b&aacute;sicos de supervivencia&raquo; (pp. 13-40), &laquo;Philologica scientia&raquo; (pp. 41-66), &laquo;Geograf&iacute;a fingida&raquo; (pp. 67-79), &laquo;Arquitectura on&iacute;rica&raquo; (pp. 81-98), &laquo;Farmacopea&raquo; (pp. 99-122), &laquo;Forzamientos l&eacute;xico-som&aacute;ticos&raquo; (pp. 123-155) e &laquo;Inl&iacute;rica&raquo; (pp. 157-181). A su vez, no faltan las ilustraciones que acompa&ntilde;an al texto de <em>C&eacute;sped seco</em>.</p>
<p>El car&aacute;cter de poliantea del volumen se refuerza cuando este se observa en relaci&oacute;n con los conocimientos que recoge y que ponen de relieve el bagaje de lecturas de Fabrellas. Las notas alrededor de un cuadro de Hopper resultan en este sentido paradigm&aacute;ticas &mdash;se leen en &laquo;Pintando luz el&eacute;ctrica. Sobre <em>Room in New York</em>, Edward Hopper, 1931&raquo; (pp. 83-87)&mdash; y casan con la conexi&oacute;n de <em>C&eacute;sped seco</em> con manifestaciones discursivas no solo textuales o pict&oacute;ricas. Cabe destacar que su t&iacute;tulo procede de una canci&oacute;n de Los Enemigos o que, poco antes de finalizar el libro, se muestra una lista con la m&uacute;sica que se ha escuchado durante su escritura. La incidencia de la m&uacute;sica se hace muy notable en <em>El imposible lenguaje de la noche </em>y en el conjunto de la obra po&eacute;tica del escritor, con lo cual no sorprende su relevancia aqu&iacute;. En efecto, se dan cita en el texto numerosas referencias culturales y se aprecian importantes influencias, unas m&aacute;s expl&iacute;citas que otras.</p>
<p>Sin embargo, los modelos no impiden el logro de un resultado original, que toma de cada uno lo necesario, y que se encuadra con coherencia en una producci&oacute;n literaria, como es la de Joaqu&iacute;n Fabrellas, en la que percibo una organicidad en torno a la cual sigue creciendo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Joaqu&iacute;n Fabrellas, <em>C&eacute;sped seco</em>, Vers&aacute;tiles Editorial, 2021.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 17 Feb 2022 12:04:07 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Guerrero: La poética de la agitación y la indagación]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/guerrero-la-poetica-de-la-agitacion-y-la-indagacion/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/paz500.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo">Mar&iacute;a Paz Guerrero (Bogot&aacute;,1982) &mdash;Licenciada en Literatura por la Universidad de Los Andes, posgrado en Literatura comparada en la Sorbonne Nouvelle de Par&iacute;s y doctorando en la Universidad de Zaragoza&mdash;, es profesora de Creaci&oacute;n Literaria en la Universidad Central de Bogot&aacute;, siendo autora de los poemarios <em>Dios tambi&eacute;n es una perra</em> (Caj&oacute;n de Sastre, 2018), <em>Los analfabetas</em> (La Jaula Publicaciones, 2020), y tambi&eacute;n de la selecci&oacute;n y pr&oacute;logo de <em>La Generaci&oacute;n sin Nombre. Una antolog&iacute;a</em> (Universidad Central, 2019) y del ensayo <em>El dolor de estar vivo en Los poemas p&oacute;stumos de C&eacute;sar Vallejo</em> (Universidad de Los Andes, 2006). Algunos de sus poemas aparecen en las antolog&iacute;as <em>P&aacute;jaros de sombra</em> (Vaso Roto, 2019) y <em>Moradas interiores. Cuatro poetas colombianas</em> (Universidad Javeriana, 2016).</p>
<p class="Cuerpo">De naturaleza inconformista, la autora no se queda en los hallazgos habidos, ni trata de repetir sus logros anteriores, sino que sigue sondeando el espacio en el papel&nbsp; y en la palabra como una gimnasta concentrada en el vuelo de un giro imprevisto, antigravitatorio. Esta nueva propuesta, <em>Lengua rosa afuera, gata ciega</em> (Himpar Ediciones, 2021), es un poemario que se mueve en dos bloques, el primero de ellos conforma un micromundo dom&eacute;stico que incluye a la gata y una lora, una habitaci&oacute;n abierta a la salsa y al bullicio del silencio m&aacute;s &iacute;ntimo, un silencio confinado que se desborda en resonancias, mientras que en la segunda parte se produce un desdoble en el que hay una observaci&oacute;n, en el que se congela y agita una agon&iacute;a, una angustia, un ritmo palpitante. Este nuevo t&iacute;tulo, de apariencia continuista con respecto al estilo desarrollado en sus trabajos anteriores, se aleja levemente de aquellas obras, como si la autora quisiera avanzar paso a paso, evolucionar, confirmar ese desaf&iacute;o a la construcci&oacute;n tradicional para levantar una proposici&oacute;n distinta, una distop&iacute;a en el lenguaje que no quiere el Ed&eacute;n de un micrograma perfecto, sino que se lanza al choque directo a trav&eacute;s de una escritura r&iacute;tmica e ind&oacute;mita, liberada de la pesadez, del aburrimiento de cualquier convencionalismo. As&iacute;, el libro suena a poema &uacute;nico, a tantra que se despliega asim&eacute;tricamente, r&iacute;tmica y (anti)coherentemente, avanzando en ciclos, como si emulara el juego de im&aacute;genes y espejos de un praxinoscopio en el que la gata es una imagen especular: un t&uacute; del yo, un yo ido, un yo ya en tercera persona&hellip;, una otredad &iacute;ntima. Los parpadeos generados por el haz de versos al chocar con la retina generan una sonoridad, nos ciegan con su contraste entre lo delicado y la crudeza: la animalidad de la palabra m&aacute;s vern&aacute;cula y ruda al lado justo de la belleza. Y es que la violencia est&aacute; inscrita en la naturaleza de esta obra, quiz&aacute; como ep&iacute;tome simb&oacute;lico de la que se vive en las calles colombianas, como parte de un compromiso de clase, de pueblo, de penuria, de una labilidad &mdash;felina y desamparada&mdash; que sabe pedir su &ldquo;carnita&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo">En la factura de los versos de Guerrero hay siempre una intenci&oacute;n exploratoria, vanguardista, que ataca los cimientos del lenguaje para encontrar la expresi&oacute;n que pueda designar atravesando las costuras con las que se confecciona la escritura estereotipada, escritura hecha ya a los andares de un pensamiento y, por tanto, desgastada por el uso diario. En la arquitectura textual de Guerrero hay indagaci&oacute;n y agitaci&oacute;n, conforma una perturbaci&oacute;n en el ritmo de la lluvia, es transgresi&oacute;n libertadora, mueca surreal, es certidumbre y turbaci&oacute;n, desarreglo y enumeraci&oacute;n desbocadamente asertiva.</p>
<p class="Cuerpo">El poemario no elude ni el tiempo ni las condiciones presentes y, as&iacute;, se cuela en &eacute;l la ag&oacute;nica perturbaci&oacute;n de la insistente actualizaci&oacute;n que exigen las redes sociales, manifiesta querer ser sentida &mdash;recalco: sentida, no comprendida, digerida&hellip;&mdash;. En el texto se cruzan voces, sonidos, canturreos, mientras que la gata ciega tantea el mundo y, tal vez, en sus colisiones busque tambi&eacute;n encontrarle prop&oacute;sito, pero ni caza ni saca las u&ntilde;as, sino que expone la lengua por placer (o como burla). En &eacute;l, surgen los t&eacute;rminos encadenados por una pulsi&oacute;n, m&aacute;s que surrealista, dada&iacute;sta. La tesitura de estos poemas es sint&oacute;nica y estoc&aacute;stica, como si a la orquesta la dirigiera un algoritmo que construyese un verso imprevisible, imparable. As&iacute; hay una vaca y sobre &eacute;sta un ternero y sobre &eacute;ste una cabra y sobre aqu&eacute;lla se alza la gata ciega y coron&aacute;ndolo todo a&uacute;n hay una lora que completa el t&oacute;tem, iconograf&iacute;a que remonta ante nosotros desde la p&aacute;gina en blanco en forma de estructura viva desde la que la repetici&oacute;n cacarea, pues volar es eso: &ldquo;insistir: aletear rudamente&rdquo;. La musicalidad se dibuja en los ciclos, en lo cicl&oacute;nico, en el obsesivo martilleo del comp&aacute;s en el que van coloc&aacute;ndose las piezas, los peque&ntilde;os bloques que van armando una estructura en el aire con un palo para que ande hablando Roberta (la lora), cuya funci&oacute;n histri&oacute;nica contrapesa un cierto miedo vital: &ldquo;vamos a tener un coraz&oacute;n sin semilla/ un mioma bondadoso/ una absoluta necesidad de respiraci&oacute;n&rdquo;, versos que preceden la llegada de la segunda parte del poemario, &ldquo;Apnea&rdquo;, donde se despliega una escritura que aceza ante la fragilidad de la existencia: &ldquo;somos un cuerpo que se dio un totazo/ nos sali&oacute; un chich&oacute;n, m&aacute;s que un chich&oacute;n/ un cuerpo que se abri&oacute; la m&uacute;cura en dos&rdquo;. La identificaci&oacute;n con un cuerpo roto, muriente &mdash;mientras la salsa de Henry Fiol se cuela entre los versos&mdash; tal vez busque &ldquo;reventar ojos brutales&rdquo;, cegar tambi&eacute;n al lector pues &eacute;ste es un estertor &iacute;ntimo que brota de la garganta de la pitia con la voz ronca de la gata ciega transmutada en Tiresias, y cuyo criptograma prof&eacute;tico pretende esclarecer lo que el instante &mdash;insignificante, ya v&iacute;ctima del pasado&mdash; viene a ofrecernos: &ldquo;rondando por el piso/ todos los turbados al lado tuyo/ callados, / todos ojos precipicios&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo">La escritura de Guerrero conforma, m&aacute;s all&aacute; del t&oacute;pico, una voz genuina que se identifica claramente entre los ecos de las voces corales, recurrentes, una po&eacute;tica que usa la intuici&oacute;n y la ideaci&oacute;n, el recuerdo y la imaginaci&oacute;n como faca con la que extirpar los abscesos de una poes&iacute;a banal y proponer un verso nuevo y desafiante, una poes&iacute;a que pretende no traicionar a la creaci&oacute;n en estado puro. En la lectura de estos textos, se aprecia un trabajo, un esmero en la sencillez aparente, en el ritmo, en el mestizaje que respete el grito de rebeld&iacute;a, la proclama identitaria de quienes son cultura sin colonizaciones. Es una poes&iacute;a que nace en Colombia pero que es mundo, es territorio de proclamaci&oacute;n de independencia, pero tambi&eacute;n de la tradici&oacute;n rupturista, implementando una disrupci&oacute;n en el flujo del lenguaje para provocar una descarga inesperada de sentido. Ante el lector se abre una voz que percute contra la piel de las letras contempor&aacute;neas con un ritmo y un tacto nuevos, cuya resonancia es profunda y permanece como la de un canturreo: &ldquo;alalalelalale".</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<div>
<p class="Asunto">Mar&iacute;a Paz Guerrero, <em>Lengua rosa afuera, gata ciega</em>. Bogot&aacute;, Himpar Ediciones,&nbsp; 2021.</p>
</div>]]></description>
      <pubDate>Thu, 17 Feb 2022 12:00:01 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Redescubrir a Cicerón]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/redescubri-a-ciceron/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/CICER_N.jpg" alt="" /></p>
<p>Marco Tulio Cicer&oacute;n es probablemente el m&aacute;s prol&iacute;fico pol&iacute;grafo de la literatura latina, y sin duda el autor, gracias a su fama durante siglos, del que se conserva un mayor n&uacute;mero de obras, completas o fragmentarias: cientos de cartas personales tanto a su gran amigo &Aacute;tico como a familiares y a otros amigos; tratados de ret&oacute;rica y de filosof&iacute;a; escritos en los que refleja su pensamiento pol&iacute;tico; discursos pronunciados en los tres &aacute;mbitos en los que era posible poner en pr&aacute;ctica la oratoria en Roma: en el senado, ante el pueblo y en los tribunales de justicia. Tal volumen de literatura conservada hasta nuestros d&iacute;as convierte necesariamente a Cicer&oacute;n en nuestra principal fuente de informaci&oacute;n para el siglo I a.C. en el que el Arpinate vivi&oacute; e hizo pol&iacute;tica, hasta el punto de que, en ocasiones, llegamos a referirnos a esa &eacute;poca como el &lsquo;per&iacute;odo ciceroniano&rsquo;, lo cual no deja de ser una simplificaci&oacute;n enga&ntilde;osa, porque Cicer&oacute;n no fue ni el personaje m&aacute;s decisivo ni el m&aacute;s influyente de aquel tiempo, adem&aacute;s de que hay que ser consciente de que ver los acontecimientos acaecidos entonces a trav&eacute;s de los ojos ciceronianos es percibirlos mediante el filtro ideol&oacute;gico de quien defend&iacute;a un determinado modelo de Rep&uacute;blica romana, el que le favorec&iacute;a a &eacute;l como gran propietario y a los ricos (<em>locupletes</em>) que, como &eacute;l mismo afirma, formaban el grupo social al que quer&iacute;a representar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es por ello f&aacute;cilmente comprensible que la bibliograf&iacute;a moderna sobre Cicer&oacute;n sea ingente y, por lo tanto, totalmente inaprehensible, no s&oacute;lo para aficionados a la historia, sino tambi&eacute;n para los profesionales que se dedican a ella. Cada a&ntilde;o se publican decenas de art&iacute;culos y libros que analizan hasta el m&aacute;ximo detalle la obra ciceroniana e intentan aportar conclusiones novedosas sobre ella. El personaje es incluso utilizado provechosamente como instrumento para comparar su pensamiento con la pol&iacute;tica actual, como demuestra el &eacute;xito que ha tenido en su giras por Espa&ntilde;a en los &uacute;ltimos a&ntilde;os la obra <em>Viejo amigo Cicer&oacute;n</em>, escrita por Ernesto Caballero y protagonizada por el excelente actor Jos&eacute; Mar&iacute;a Pou.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No es por lo tanto sencillo aportar novedades, ni sobre Cicer&oacute;n ni sobre su obra, cualquiera sea el idioma en que se escriba. Por esa raz&oacute;n resulta de especial inter&eacute;s el libro que ha publicado en 2020 Fernando Romo Feito, en una muy cuidada edici&oacute;n de <em>Biblioteca La Oficina</em>. Con el t&iacute;tulo <em>Marco Tulio Cicer&oacute;n: una voz olvidada. Textos p&uacute;blicos y privados</em>, Fernando Romo ha realizado una crestomat&iacute;a para la que ha seleccionado con gran acierto un centenar de textos ciceronianos de los que realiza en cada caso una excelente traducci&oacute;n, as&iacute; como una introducci&oacute;n breve pero rigurosa a cada una de las obras elegidas y una m&aacute;s amplia sobre el personaje con la que comienza el libro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El volumen est&aacute; organizado en g&eacute;neros literarios, y en &eacute;l est&aacute;n incluidos de manera consecuente todos aqu&eacute;llos de los que se ocup&oacute; Cicer&oacute;n. De hecho, Fernando Romo comienza el libro con fragmentos de la obra po&eacute;tica ciceroniana, muy poco conocida en realidad y aparentemente no demasiado apreciada ya en la Antig&uuml;edad, si tomamos en consideraci&oacute;n este cruel pasaje de T&aacute;cito: &ldquo;Pues hicieron (*se refiere a C&eacute;sar y a Bruto) tambi&eacute;n poemas que se guardan en las bibliotecas, no mejor que Cicer&oacute;n, pero s&iacute; con m&aacute;s fortuna, porque menos gente sabe que los hicieron&rdquo; (T&aacute;cito<em>, Di&aacute;logo sobre los oradores</em> 21). Por el contrario, si algo dio fama a Cicer&oacute;n fue su afilada y precisa oratoria, y a ella est&aacute;n dedicada las p&aacute;ginas que siguen, en primer lugar a algunos de sus discursos, despu&eacute;s a sus principales obras ret&oacute;ricas. De manera inteligente, Fernando Romo ha dispuesto los fragmentos de discursos que ha elegido de acuerdo con el que deb&iacute;a ser el orden en el que un orador hab&iacute;a de organizar su alocuci&oacute;n, de modo que proporciona as&iacute; una idea cabal de la pr&aacute;ctica oratoria romana y de la habilidad de Cicer&oacute;n en ese campo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el libro aparecen a continuaci&oacute;n pasajes de las dos principales obras que reflejan el pensamiento pol&iacute;tico ciceroniano, <em>De la Rep&uacute;blica</em> y <em>De las leyes</em>, a los que sigue un amplio espacio dedicado al g&eacute;nero epistolar, con cartas sobre todo dirigidas a &Aacute;tico, amigo y casi confesor de Cicer&oacute;n, pero tambi&eacute;n a otros personajes de la &eacute;poca, m&aacute;s o menos importantes desde el punto de vista hist&oacute;rico pero que formaban parte del extenso elenco de relaciones personales del Arpinate. Como muchos otros arist&oacute;cratas en aquel tiempo, Cicer&oacute;n dedicaba una parte destacada del d&iacute;a a dictar cartas, sobre todo cuando no estaba presente en Roma: en ausencia de un servicio postal oficial y p&uacute;blico, el ir y venir de correos privados se antoja constante. En ocasiones es posible ver ese trasiego en sus cartas, cuando el mismo Cicer&oacute;n afirma que ha enviado y recibido varias ep&iacute;stolas en el transcurso de apenas unas horas, incluso cuando se encuentra en tr&aacute;nsito de un lugar a otro de Italia o en alg&uacute;n punto del vasto Imperio romano. Con su, de nuevo, excelente selecci&oacute;n de cartas, Fernando Romo logra transmitir de manera adecuada la importancia de ese g&eacute;nero epistolar en la vida de un romano de la aristocracia, as&iacute; como el elegante lenguaje, cort&eacute;s o firme, seg&uacute;n las circunstancias, empleado por Cicer&oacute;n en sus cartas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La &uacute;ltima parte del volumen est&aacute; dedicada a la obra filos&oacute;fica de Cicer&oacute;n. En realidad, el propio autor de la crestomat&iacute;a pone entre interrogantes la palabra &lsquo;fil&oacute;sofo&rsquo; aplicada al Arpinate, del que afirma con raz&oacute;n que &ldquo;carece de talento especulativo; no tiene ninguna pregunta de gran calado, propia y espec&iacute;fica, que hacerse&rdquo; (p. 249). Ciertamente el ecl&eacute;ctico Cicer&oacute;n no pas&oacute; a la historia por sus aportaciones filos&oacute;ficas. Sin embargo, su contribuci&oacute;n fue importante para trasladar a la lengua latina y, en definitiva, a un p&uacute;blico m&aacute;s amplio en el mundo romano algunas de las principales ideas filos&oacute;ficas griegas, de las que &eacute;l fue ante todo un transmisor erudito. El libro se cierra con algunos pasajes de las obras menores ciceronianas, as&iacute; como con un &uacute;til &iacute;ndice de conceptos y personajes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En definitiva, el libro ofrece una excelente introducci&oacute;n a la literatura ciceroniana, pero tambi&eacute;n al personaje y, con &eacute;l, al tiempo en el que vivi&oacute; y escribi&oacute;. Fernando Romo demuestra un extraordinario conocimiento de la compleja obra ciceroniana y de su lenguaje, no siempre f&aacute;cil de traducir e interpretar, pero del que &eacute;l ofrece traducciones de gran calidad. Se trata, por lo tanto, de un excelente volumen para acceder al universo ciceroniano por el que no cabe sino felicitar a su autor por la calidad de su esfuerzo y a la editorial por su iniciativa y por su buen trabajo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Marco Tulio Cicer&oacute;n: una voz olvidada. Textos p&uacute;blicos y privados,</em> Edici&oacute;n, traducci&oacute;n e introducci&oacute;n de Fernando Romo Feito, Biblioteca La Oficina, 2020.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 03 Feb 2022 08:22:40 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Luis Alberto de Cuenca: “El azar rige la existencia de los seres humanos del montón, no la de los héroes”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/luis-alberto-de-cuenca-el-azar-rige-la-existencia-de-los-seres-humanos-del-monton-no-lade-los-heroes/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/LUIS_ALBERTO_DE_CUENCA_5.jpg" alt="" /></p>
<p><em>Haiku</em>, d&iacute;cese de esa composici&oacute;n japonesa que consta de tres versos (cinco, siete y cinco s&iacute;labas) de tem&aacute;tica paisaj&iacute;stica, austera, y sutil. Luis Alberto de Cuenca (Madrid, 1950), d&iacute;cese de un poeta de extrema exquisitez, ducho en asuntos cl&aacute;sicos, diestro en los cin&eacute;filos, de voz y aliento blasonados por la belleza. En la intersecci&oacute;n de ambos, la maravilla: <em>Haikus completos (1972-2021)</em>, publicados por Los Libros del Mississippi. Segunda edici&oacute;n, ampliada y revisada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;En Occidente somos omn&iacute;voros e incorporamos a nuestro acervo cultural cualquier cosa ajena, con tal que nos resulte atractiva&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; tiene esta composici&oacute;n, el haiku, que, estando imbricado en el modo de vida y en la sensibilidad orientales, tan diferentes a las nuestras, suscita tanto inter&eacute;s entre los poetas (Borges, Valente, Panero, Machado, G&oacute;mez de la Serna, Paz&hellip;)?</p>
<p>- Desde el modernismo, el haiku japon&eacute;s goza de gran predicamento en las letras occidentales. En nuestros pagos se traiciona el esp&iacute;ritu original del haiku, que ha de versar sobre el paso de las estaciones y surgir de la contemplaci&oacute;n de la naturaleza, pero al mismo tiempo se ampl&iacute;a su radio de acci&oacute;n argumental, dando paso a cualquier tema posible, sin restricciones de ninguna clase. Y en castellano, esa traici&oacute;n se lleva al terreno formal, dada su semejanza con la segunda parte de la seguidilla espa&ntilde;ola (5/7/5), que tiene la misma m&eacute;trica que el haiku, pero rimando en asonante el primero y el tercer verso, cosa que no ocurre en japon&eacute;s, que evita cualquier tipo de rima entre los tres versos del haiku. Como ejercicio po&eacute;tico, presenta un inter&eacute;s innegable, y ya se sabe que en Occidente somos omn&iacute;voros e incorporamos a nuestro acervo cultural cualquier cosa ajena, con tal que nos resulte atractiva.</p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El haiku exige tranquilidad en su proceso creativo&rdquo;</strong></p>
<p>- La condensaci&oacute;n que requiere el haiku, &iquest;sirve para cualquier estado de &aacute;nimo?</p>
<p>- En mi caso, asocio la escritura de haikus a momentos de calma, de reflexi&oacute;n, de ausencia de estr&eacute;s. Lo cual no quiere decir que entienda el haiku como una especie de tranquilizante, pero s&iacute; como algo que exige tranquilidad en su proceso creativo.</p>
<p>- Es curioso que haya sido esta una f&oacute;rmula po&eacute;tica muy poco utilizada por mujeres, &iquest;se le ocurre por qu&eacute;?</p>
<p>- No tengo yo conciencia de ese hecho. Mi entorno est&aacute; lleno de mujeres que escriben haikus. Para m&iacute; es una estrofa muy femenina. Pero puede ser una percepci&oacute;n subjetiva basada en mi contexto personal. Ni m&aacute;s ni menos que eso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Mi poes&iacute;a no rehuye la media distancia&rdquo;</strong></p>
<p>- En poes&iacute;a, &iquest;cu&aacute;ndo ser breve y cu&aacute;ndo extenderse?</p>
<p>- No hay reglas para escribir poemas breves o poemas largos. Mi poes&iacute;a tiende a la brevedad por lo que tiene de epigram&aacute;tica, pero no reh&uacute;ye la media distancia.</p>
<p>- &iquest;Escucha, m&aacute;s que habla, el haiku?</p>
<p>- No. El haiku habla, dice, cuenta. Pero lo hace en voz baja, susurrando. Tuvo su tiempo de escucha antes de ser escrito. Pero, una vez compuesto, habla.</p>
<p>- &ldquo;Sangre bajo la nieve. / Y el grial escondido / bajo la t&uacute;nica&rdquo;. &iquest;Cu&aacute;l es el grial para Luis Alberto de Cuenca y qu&eacute; poderes concede?</p>
<p>- Mi grial es el de siempre: la copa que utiliz&oacute; Jes&uacute;s en su &uacute;ltima cena. Concede el superpoder por excelencia, repartido en la posesi&oacute;n de las tres virtudes teologales: el amor, la fe y la esperanza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph"><strong>&ldquo;La voluntad, el esfuerzo y la perseverancia son la forja donde se templa el hero&iacute;smo&rdquo;</strong></p>
<p>- Perceval, Ulises, Superman, Juana de Arco&hellip; &iquest;cu&aacute;nto de azar y cu&aacute;nto de voluntad hacen al h&eacute;roe?</p>
<p>- La voluntad, el esfuerzo y la perseverancia son la forja donde se templa el hero&iacute;smo. El azar rige la existencia de los seres humanos del mont&oacute;n, no la de los h&eacute;roes.</p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpLast"><strong>&ldquo;Hay que atarse al m&aacute;stil de la bondad y la belleza&rdquo;</strong></p>
<p>- Ya que he mencionado a Ulises&hellip; &iquest;Qu&eacute; m&uacute;sica enloquece a Luis Alberto de Cuenca?</p>
<p>- La de las Sirenas, como a Ulises. Por eso hay que atarse al m&aacute;stil de la bondad y la belleza para salir indemne de su canto.</p>
<p>- Si para Freud la vida se reduce a sexo y comida, como recuerda en uno de sus haikus, &iquest;para usted?</p>
<p>- &iexcl;Dentro del sexo y la comida hay tant&iacute;simas maravillas! La reducci&oacute;n a dos conceptos es puramente metodol&oacute;gica, pero muy real y muy pr&aacute;ctica desde un punto de vista did&aacute;ctico. Tambi&eacute;n los mandamientos de la ley divina se reducen a dos: amar a Dios sobre todas las cosas y amar al pr&oacute;jimo como a uno mismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph"><strong>&ldquo;Soy mucho m&aacute;s matinal que vespertino&rdquo;</strong></p>
<p>- El sol preside buena parte de estos poemas, &iquest;prefiere el alba al crep&uacute;sculo?</p>
<p>- Sin la m&aacute;s m&iacute;nima duda. El alba siempre antes que el crep&uacute;sculo. En la <em>Odisea</em>, por ejemplo, casi todo lo importante que pasa ocurre en las primeras horas de la ma&ntilde;ana. Yo soy mucho m&aacute;s matinal que vespertino.</p>
<p>- Y luego esa imagen poderosa, &laquo;el Tigre Impar&raquo;. &iquest;Es el tigre su animal tot&eacute;mico?</p>
<p>- La imagen del Tigre Impar no es m&iacute;a, sino de mi llorado amigo Manuel Lara Cantizani, a quien va dedicada esta segunda edici&oacute;n de mis <em>Haikus completos</em>. Fue &eacute;l quien invent&oacute; al Tigre Impar. Yo me he limitado a seguir sus huellas en la nieve, porque me da la impresi&oacute;n de que el Tigre Impar es m&aacute;s un tigre siberiano, de los que viven en la frontera entre la Federaci&oacute;n Rusa y China, que un tigre de Bengala de los que salen en los cuentos de Kipling. Pero es solo una impresi&oacute;n personal. Manolo Lara nunca me lo dijo.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 28 Jan 2022 08:47:33 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mascha Kaléko, la escritora polaca que sorprendió a Heidegger]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/mascha-kaleko-la-escritora-polaca-que-sorprendio-a-heidegger/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/Productos/mascha500.jpg" alt="" /></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p><em>Hoja del viento</em>, editado por Tres Molins y traducido por Helena Cort&eacute;s, re&uacute;ne una selecci&oacute;n biling&uuml;e de la poes&iacute;a de la polaca Mascha Kal&eacute;ko (1907, Chrzan&oacute;w - 1975, Z&uacute;rich) en la que podemos encontrar tanto versos de corte cabaretero y provocador, a otros en los que la p&eacute;rdida del hogar, el desarraigo y exilio respiran con una hondura comparable a los que encontramos al final de su vida, cuando ha perdido ya todo, marido e hijo incluidos. Su editora, Cecilia Dreym&uuml;ller, nos da algunas claves de esta mujer que sorprendi&oacute; al mism&iacute;simo Heidegger.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Por qu&eacute; decidi&oacute; editar a Mascha?</p>
<p>- Bueno, aqu&iacute; el m&eacute;rito no es para nada m&iacute;o: la iniciativa de la antolog&iacute;a de poes&iacute;a de Mascha Kal&eacute;ko ven&iacute;a de Helena Cort&eacute;s, la traductora. Pero cuando me la propuso, en seguida le dije que s&iacute; porque es una poes&iacute;a que siempre me ha acompa&ntilde;ado. Era una poeta bastante popular en Alemania en mi juventud. Y lo sigue siendo, gracias a las versiones musicales de diversos cantautoras y cantautores (remito a los lectores a las m&aacute;s recientes de Dota Kehr).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>- </strong>Lo primero que sorprende leyendo a esta poeta es el gracejo de sus versos, la vitalidad de los mismos en comparaci&oacute;n con algunos momentos de su vida, dur&iacute;simos (el exilio forzoso, por ejemplo). &iquest;Es una impostura, un mecanismo de supervivencia, una disposici&oacute;n de &aacute;nimo intr&iacute;nseca?</p>
<p>- No, impostura seguro que no. Pero un mecanismo de supervivencia, probablemente. Aunque creo que sobre todo era una cuesti&oacute;n de car&aacute;cter y de &aacute;nimo. Mascha Kal&eacute;ko era una persona de una enorme vitalidad y de una gran firmeza de car&aacute;cter. A esto se a&ntilde;ade un conocimiento muy temprano de las durezas de la vida, del lado menos favorable del ser humano. Era jud&iacute;a y se hab&iacute;a criado en un entorno jud&iacute;o, un <em>shtetl</em> de un pueblo polaco, en la zona de habla alemana de Galitzia (Polonia no exist&iacute;a como estado entonces). Y justo all&iacute;, en este mundo de tradiciones jud&iacute;as mezcladas con la cultura austriaca -la madre era austriaca-, y organizaci&oacute;n prusiana, irrumpe en 1909 el antisemitismo m&aacute;s feroz. La familia consigue huir de los pogromos y se instala en Marburgo, cerca de Frankfurt. Pero, al estallar la Primera Guerra Mundial, al padre -que es ruso- le internan en un campo como enemigo extranjero. O sea que Mascha aprende desde muy peque&ntilde;a lo que significa tener que abandonarlo todo, ser una extra&ntilde;a y v&iacute;ctima del odio racista. Aparte de tener que ayudar a su madre a cuidar de sus cinco hermanos. Eso la convirti&oacute; en una adolescente muy precoz y en una joven que en el Berl&iacute;n de los a&ntilde;os veinte s&oacute;lo ten&iacute;a que dar con una forma de expresi&oacute;n adecuada que encuentra en la poes&iacute;a, la poes&iacute;a surrealista, con sus cuestionamientos y burlas de todos y todo, y la poes&iacute;a que entonces est&aacute; surgiendo, la de la llamada Nueva Objetividad.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Tambi&eacute;n encontramos un punto descarado en sus versos, que nos remiten a la Alemania m&aacute;s cabaretera, m&aacute;s de celebraci&oacute;n que de denuncia&hellip;</p>
<p>- S&iacute;, desde luego, la frescura y el desparpajo, la burla y la auto-iron&iacute;a llaman la atenci&oacute;n en sus poemas. Son, junto con el enfoque urbano, muy caracter&iacute;sticos para esa poes&iacute;a de finales de los a&ntilde;os veinte, principios de los treinta, de la corriente de la Nueva Objetividad. Y por supuesto influyen en su escritura sus trabajos en los cabarets berlineses y para las <em>chansonni&egrave;res</em> berlinesas. Kal&eacute;ko empez&oacute; su trayectoria literaria en los peque&ntilde;os escenarios y en la radio, cantando sus propios <em>chansons</em> o escribiendo letras para <em>chansonni&egrave;res</em> tan famosas como Claire Waldoff o Rosa Valetti.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; ten&iacute;an los &laquo;poemas de los lunes&raquo; que calaron tanto y de tal modo en las clases m&aacute;s populares?</p>
<p>- Creo que lo que en ese momento atra&iacute;a a los lectores era el hecho de que se pronunciaba en ellos una mujer que formaba parte de esta nueva generaci&oacute;n de mujeres independientes que trabajaban y ganaban su propio dinero. Kurt Tucholsky, admirador de la poes&iacute;a de Kal&eacute;ko o Erich K&auml;stner, su mentor, hab&iacute;an retratado en sus poemas ya antes el gris d&iacute;a a d&iacute;a de las masas obreras en las grandes ciudades, pero lo novedoso era la mirada femenina y&hellip; el sujeto femenino. En los &laquo;poemas de los lunes&raquo; de Kal&eacute;ko se describe el lunes de la taqu&iacute;grafa o de la dependienta, que el fin de semana visita por su cuenta bares y caf&eacute;s, que lleva una vida nocturna y una vida amorosa, algo inaudito antes para una mujer. Todo esto escrito con levedad, como en un apunte, con sencillez y gracia, en un lenguaje que usa coloquialismos y que cala ese t&iacute;pico desenfadado tono berlin&eacute;s de la &eacute;poca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; representa Mascha en la literatura alemana de segunda mitad del XX?</p>
<p>- Ella no fue ni pretendi&oacute; ser ninguna innovadora &ndash;as&iacute;, por cierto, se llama un poema suyo-, pero s&iacute; la primera poeta que dio de lleno con los temas, con el esp&iacute;ritu de la &eacute;poca y que respondi&oacute; de forma activa, divertida, a veces brillante y como mujer independiente.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;De qu&eacute; modo &laquo;convirti&oacute; su vida en poes&iacute;a&raquo; tal y como afirma de ella el cr&iacute;tico literario Marcel Reich-Ranicki?</p>
<p>- En el sentido literal de la palabra. Esto, adem&aacute;s, se confirma plenamente en nuestra antolog&iacute;a, ya que Helena Cort&eacute;s la ha presentado cronol&oacute;gicamente, as&iacute; que se pueden seguir las estaciones de sus sucesivos exilios. Porque ella recoge en sus poemas sus vivencias como en un cuaderno. De hecho, su primer libro, de 1932, se titula justamente <em>Cuaderno de taquigraf&iacute;a l&iacute;rica</em>. Y no deja de escribir poemas cuando tiene que abandonar Alemania y buscar refugio en EE.UU, ni cuando emigra al final desde all&iacute; con su marido a Israel.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;nto de sumisa y rebelde encontramos en Mascha?</p>
<p>- Desde luego, la mujer rebelde predomina. No se encuentra nada de sumisi&oacute;n en sus poemas, al menos no si distinguimos la devoci&oacute;n amorosa de la sumisi&oacute;n. Kal&eacute;ko escribe con una gran conciencia de las libertades que se ha conquistado y que la vida urbana pone al alcance de las mujeres en ese momento, precisamente por haberse criado en un entorno muy conservador. Que una mujer educada en la tradici&oacute;n jud&iacute;a, casada con un estudioso jud&iacute;o, vistiera pantalones y cantara en un cabaret supon&iacute;a una transgresi&oacute;n enorme. Kal&eacute;ko, sin embargo, por muy rebelde que sea, no reniega de sus or&iacute;genes. Simplemente reclama su libertad individual y la defiende. Y la proclama para las dem&aacute;s. Tambi&eacute;n hay que tener en cuenta que la sociedad alemana de la &eacute;poca de Weimar era infinitamente m&aacute;s tolerante, y m&aacute;s abierta que la de hoy. Y por eso, los poemas de Kal&eacute;ko nos parecen todav&iacute;a hoy tan frescos y estimulantes.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;De qu&eacute; modo la marc&oacute; su estancia en Israel, en un contexto en el que no pod&iacute;a acceder a la palabra, al desconocer el idioma?</p>
<p>- Cuando Kal&eacute;ko abandona en 1960 Nueva York, donde hab&iacute;a participada muy activamente en la vida cultural, donde hasta hab&iacute;a publicado en 1945 en alem&aacute;n un nuevo poemario, lo hace por amor a su marido quien en Israel ten&iacute;a m&aacute;s posibilidades profesionales como compositor y music&oacute;logo. Pero el traslado la desarraig&oacute; una tercera vez y, hay que decirlo, tr&aacute;gicamente, porque la separ&oacute; definitivamente de su lengua literaria, el alem&aacute;n. Nunca lleg&oacute; a aprender lo suficiente hebreo para poder salir del aislamiento ling&uuml;&iacute;stico y cultural que le supon&iacute;a la vida en Jerusal&eacute;n.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Hay una presencia de lo religioso en sus poemas, pero sin la responsabilidad de otros autores jud&iacute;os como Jab&egrave;s o Weill, &iquest;cu&aacute;l era su relaci&oacute;n con la fe?</p>
<p>- Kal&eacute;ko era atea, pero, como ya he dicho, no renegaba de su origen cultural-religioso. Probablemente, en casa con su marido segu&iacute;a las tradiciones jud&iacute;as, igual que nosotros seguimos las cristianas sin necesariamente sentirnos vinculados a la religi&oacute;n. Ella tematiza el destino jud&iacute;o del siglo XX, la expulsi&oacute;n, la p&eacute;rdida del hogar, el exilio, pero nunca se refiere a la fe. Al contrario de tantos otros autores, otras autoras jud&iacute;as -mencionas a Simone Weill o Edmond Jab&eacute;s, pero tambi&eacute;n pienso en Walter Benjamin o Else Lasker-Sch&uuml;ler, en las poetas alemanas Nelly Sachs, Gertrud Kolmar o Hilde Domin, que ven&iacute;an de un entorno completamente asimilado a la cultura burguesa alemana y que ignoraba en buena medida la cultura jud&iacute;a-, Kal&eacute;ko estaba impregnada de ella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Salvando las distancias, sus poemas, esa veta m&aacute;s tierna, m&aacute;s dirigida a lo infantil, &iquest;no recuerda un tanto a Gloria Fuertes o a Szymborska?</p>
<p>- Me parece que no. Y tampoco tienen sus poemas para ni&ntilde;os tanta presencia en la obra como en la de Gloria Fuertes, por ejemplo. Kal&eacute;ko, que tiene su hijo con Chemjo Vinaver en Alemania, empieza a cultivar este g&eacute;nero en EE.UU, principalmente porque se vend&iacute;a bien y ella manten&iacute;a la familia econ&oacute;micamente a flote con su pluma.&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 28 Jan 2022 08:32:18 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una lectura inteligente]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-lectura-inteligene/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/domenech500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Nueve cuentos chinos y uno de Cort&aacute;zar</em> es un libro de relatos que, como perfectamente se&ntilde;ala Alfredo Salda&ntilde;a en la contraportada, se posiciona &ldquo;frente a la literatura <em>kleenex</em> para devolver al texto literario el protagonismo que nunca debi&oacute; perder&rdquo;. Porque, aunque es un libro de relatos, mejor de cuentos, de cuentos chinos, porque a veces el lector tiene la sensaci&oacute;n de que le est&aacute;n contando un cuento chino, un cuento chino que, sin embargo, no pierde la referencia a la realidad en la cual se inserta espacialmente el relato. En este punto, deber&iacute;amos retomar el debate sobre verdad y verismo y recordar que la literatura, incluso la realista, es verista, transmuta la realidad en ilusi&oacute;n de realidad, y ese es el paso entre la vida y el arte, la transformaci&oacute;n mediante mecanismos est&eacute;ticos del universo que nos rodea en materia creativa y creada. Solo as&iacute;, podemos dejarnos embaucar por la brillante apuesta que el autor nos propone y que no es otra que recorrer de su mano una cautivadora imaginaci&oacute;n, repito, verista.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dos constantes mantiene el libro: una exquisita iron&iacute;a, el se&ntilde;or Mas, protagonista de &ldquo;Cambio de hora&rdquo; le dir&aacute; al se&ntilde;or Bell C. Booth cuando est&eacute;n hablando de la transacci&oacute;n de alma: &ldquo;No sea susceptible, se&ntilde;or Bell C. Booth. A fin de cuentas, el sentido del humor es la &uacute;nica arma que tenemos los seres humanos para enfrentarnos a nuestro destino. Ri&eacute;ndome de usted me r&iacute;o de m&iacute; mismo&rdquo; (p. 85); y una ubicaci&oacute;n espacio-temporal muy concreta: Barrio Chino de Barcelona, d&eacute;cada, estirada en alg&uacute;n relato como &ldquo;Oficios&rdquo; o &ldquo;En las manos&rdquo; de los setenta.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con la iron&iacute;a consigue Dom&egrave;nech que la dureza de una realidad excesivamente prosaica, triste y dura cual era la vida en el antiguo Barrio Chino de Barcelona, se digiera con una sonrisa y nos sit&uacute;e, como har&iacute;a el propio Cort&aacute;zar, en ese l&iacute;mite en el que el lector no sabe a ciencia cierta en qu&eacute; lado del espejo lo ha situado el narrador. Y eso es la literatura de Dom&egrave;nech, un pacto sellado en el l&iacute;mite de lo real y lo fant&aacute;stico que enfrenta al lector a asumir el reto de desvelar las tripas de un mundo que quiz&aacute;, sin esa carga ir&oacute;nica, no quedar&iacute;a m&aacute;s remedio que narrarlo desde una perspectiva tremendista. Asumimos, pues, en cada uno de los relatos el pleno compromiso narrativo con la propuesta del autor, y lo brillante de ese compromiso con el texto es que lo hacemos de forma natural sin cuestionarnos ni por una sola vez&nbsp; que de una bolsa m&aacute;gica del tama&ntilde;o de una mano pueda salir una cer&aacute;mica de Lladr&oacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La otra constante del libro es, como se ha dicho, la ubicaci&oacute;n espacio-temporal de las historias en un microcosmos espec&iacute;fico, un mundo que barri&oacute; el viento de la modernidad &ndash;el paso de las Olimpiadas por la ciudad, como dir&aacute; Paquito &ndash;protagonista de &ldquo;Oficios&rdquo;, casi una novela breve al narrar la vida de &eacute;xito de un dise&ntilde;ador/fabricante de bragas-, en su regreso como *************, aunque hoy, frente a la Filmoteca, en la calle Robadors, todav&iacute;a pueda verse la &uacute;ltima isla de aquel mundo &ndash;una oportunidad para nost&aacute;lgicos. Es la Barcelona de la d&eacute;cada de los setenta en su barrio m&aacute;s denigrado y marginal, es l&oacute;gico, pues, que las prostitutas, los proxenetas, los chorizos de medio pelo pululen entre unas calles que los acogen a todos sin preguntar a nadie qui&eacute;n eres, qu&eacute; haces, pero s&iacute;, qu&eacute; quieres. &ldquo;Suzanne&rdquo; nos presenta en tono &aacute;cido y apenas sin concesiones las tripas y el coraz&oacute;n de lo peor de las gentes que no habitan en &eacute;l, pero s&iacute; que hacen del barrio su centro de operaciones. No hay nostalgia, pero s&iacute; una c&aacute;lida solidaridad con los m&aacute;s indefensos, con los que habitan all&iacute;, porque all&iacute; la vida los ha aparcado. &ldquo;<em>Greyhound</em>&rdquo; y &ldquo;C&eacute;ntrico&rdquo;, en realidad dos relatos sutilmente unidos por el protagonista, son, quiz&aacute;, aquellos en los que esta manifestaci&oacute;n aparece de un modo m&aacute;s ostensible. Tambi&eacute;n &ldquo;Las manos&rdquo;, que sucede cuando el Barrio Chino es m&aacute;s Raval que Chino, es un relato demoledor, pero esperanzado con quienes razones &eacute;tnicas y culturales dejan fuera de los espacios comunes.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ya no constante, pero s&iacute; una clara voluntad desmitificadora y revisionista prevalece en los cuentos en los que la iron&iacute;a se engrandece hasta convertirse en humor inteligente, un humor que nos dibuja la sonrisa que nos va a acompa&ntilde;ar durante toda la lectura. &ldquo;Encanto&rdquo; es una vuelta de tuerca a la rana/sapo que espera el beso de la princesa, mientras que &ldquo;Hala di no&rdquo; podr&iacute;a ser una digna pieza dentro del humor absurdo.&nbsp; &ldquo;Cambio de hora&rdquo; es una soberbia reinterpretaci&oacute;n de la venta del alma al diablo que puede servirnos para desvelar otra clave de los cuentos: la digresi&oacute;n, la reflexi&oacute;n, porque nada de lo que nos rodea puede comprenderse plenamente sin el ejercicio absolutamente imprescindible de poner en tela de juicio lo que captan los sentidos, y no porque los sentidos sean enga&ntilde;osos, sino porque solo son el instrumento de percepci&oacute;n de lo sensorial, de lo material que deviene&nbsp; universal una vez pasado por el tamiz de la inteligencia, porque, repito, si algo caracteriza estos cuentos es la inteligencia con que est&aacute;n narrados y la apelaci&oacute;n a nuestra consciencia, que no conciencia, que, sin tregua, ejerce el texto sobre nosotros.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Todos los juegos el juego&rdquo;, con mucho sentido del humor le toma prestado el t&iacute;tulo al cuento de Cort&aacute;zar para proponernos, primero un recorrido brev&iacute;simo por algunos de los cuentos m&aacute;s memorables del argentino y, segundo y m&aacute;s importante, una reescritura en clave &ldquo;cortazariana&rdquo; de uno de sus cuentos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En conclusi&oacute;n, cualquier lector puede acercarse felizmente a la lectura de este volumen porque la iron&iacute;a, el sentido del humor, cierta nostalgia y una muy contenida sentimentalidad, permiten la fluidez y mantienen la tensi&oacute;n y la expectativa narrativa. S&iacute;, es cierto lo dicho, pero hay un lector que no podr&aacute; olvidar jam&aacute;s la lectura de estos cuentos, un lector que se identifique con las caracter&iacute;sticas del se&ntilde;or Mas y por las cuales el diablo est&aacute; interesado en su alma: &ldquo;Me interesan las personas que han alcanzado una concepci&oacute;n interesante de la realidad del mundo y con una imaginaci&oacute;n fuera de lo com&uacute;n. Tambi&eacute;n es importante la capacidad de comprender, de sentir, de adaptarse a los cambios, de jugar y de re&iacute;rse de lo m&aacute;s serio, de escapar a las trampas de la l&oacute;gica&hellip;&rdquo; (p. 64). As&iacute; que, si crees que tu alma hubiera podido interesar al diablo, no lo dudes, este es tu libro, una lectura inteligente, ir&oacute;nica y con una extrema y cuidada precisi&oacute;n l&eacute;xica. Y estas cualidades siempre se agradecen en estos tiempos en que la literatura f&aacute;cil de consumo cierra las puertas a la literatura con may&uacute;sculas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Carlos Dom&egrave;nech Armad&agrave;s, <em>Nueve cuentos chinos y uno de Cort&aacute;zar</em>, Zaragoza, Mira Editores, 2021.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 28 Jan 2022 08:28:21 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Retrato de un joven inconsolable]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/retrato-de-un-joven-inconsolable/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/Stig500.jpg" alt="" /><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong><strong><br /></strong></p>
<p>Los estados febriles del esp&iacute;ritu convierten la vida -en ocasiones- en un lugar inhabitable, donde &ldquo;cada d&iacute;a es una tregua entre dos noches&rdquo;. Hay veces, sin embargo, en que los d&iacute;as se transforman en noches negr&iacute;simas donde la tregua ni siquiera es posible. Antes de abordar la obra de Stig Dagerman (1923-1954), es necesario leer un peque&ntilde;o ensayo -publicado dos a&ntilde;os antes de su muerte- titulado <em>Nuestra necesidad de consuelo es insaciable</em>, una carta de despedida donde el autor expone, en apenas diez p&aacute;ginas, su inadaptaci&oacute;n a la realidad y su imposibilidad de vivir. Comienza as&iacute;: &ldquo;Estoy desprovisto de fe y no puedo ser dichoso, ya que un hombre dichoso nunca llegar&aacute; a temer que su vida sea un errar sin sentido hacia la muerte. Por eso no me atrevo a tirar la piedra ni a quien cree en cosas que yo dudo, ni a quien idolatra la duda como si esta no estuviera rodeada de tinieblas. Esta piedra me alcanzar&iacute;a a m&iacute; mismo, ya que de una cosa estoy convencido: la necesidad de consuelo que tiene el ser humano es insaciable&rdquo;.</p>
<p>Este autor escandinavo, nacido cerca de Estocolmo, y poco conocido todav&iacute;a en Espa&ntilde;a, puso fin a sus d&iacute;as, en la ciudad de Enebyberg, a los treinta y un a&ntilde;os de edad. Y en apenas cinco -los que van de 1945 a 1949- escribi&oacute; cuatro novelas, otras tantas obras de teatro, un sinf&iacute;n de art&iacute;culos de prensa, ensayos y poemas. El silencio de su &uacute;ltimo lustro de vida solo fue roto por el texto anteriormente citado: su testamento vital y literario.</p>
<p>Periodista vinculado a publicaciones de corte anarquista, Dagerman edit&oacute; a los veinte a&ntilde;os su primera novela, a la que siguieron otras tres de &eacute;xito notable. Se cas&oacute; en 1943 y fue padre de dos hijos. A&ntilde;os m&aacute;s tarde se separar&iacute;a de su mujer para casarse con una actriz. Nunca encontr&oacute; consuelo en el amor. Su car&aacute;cter depresivo, la autoexigencia que se impon&iacute;a en su trabajo y su infancia desgraciada (la madre muri&oacute; siendo &eacute;l un ni&ntilde;o) forjaron una personalidad -en palabras de Federica Montseny- incapaz de luchar con y por la vida. &ldquo;Era un joven taciturno, que en todas partes se sent&iacute;a extra&ntilde;o. Solo era feliz en su estudio, lleno de libros y cuadros, rodeado de bosque&rdquo;. La escritura no fue otra cosa para &eacute;l sino un imperativo desde el que <em>traducir</em> sus estados de &aacute;nimo: esa soledad devastadora, implacable. Su ascenso al olimpo de las letras suecas fue tan r&aacute;pido que, cuando se percat&oacute; de que no ser&iacute;a capaz de alumbrar m&aacute;s p&aacute;ginas memorables, enmudeci&oacute;.</p>
<p>Su &uacute;ltima obra maestra, publicada en 1947, se titula <em>Oto&ntilde;o alem&aacute;n</em> y consta de trece reportajes que el autor escribi&oacute; cuando su peri&oacute;dico -<em>Expressen</em>- lo envi&oacute; a Alemania para registrar el estado del pa&iacute;s tras la Segunda Guerra Mundial. Estas excelentes cr&oacute;nicas -l&uacute;cidamente cr&iacute;ticas, pol&iacute;ticamente incorrectas- constituyen una de las mejores lecciones de periodismo narrativo de todos los tiempos, am&eacute;n de un testimonio solidario y compasivo absolutamente desgarrador.</p>
<p>La primera de ellas -la que da t&iacute;tulo al conjunto- describe la llegada a la regi&oacute;n de Ruhr de trenes llenos de refugiados, &ldquo;gente andrajosa, hambrienta y no grata que se apretuja en la oscuridad pestilente de la estaci&oacute;n ferroviaria&rdquo;.&nbsp; El joven periodista -23 a&ntilde;os cuenta Dagerman cuando escribe estos reportajes- viaja m&aacute;s tarde a Berl&iacute;n, M&uacute;nich y Colonia: ciudades completamente asoladas por la guerra. El reportero observa iglesias derruidas, f&aacute;bricas arrasadas, catedrales que tienen &ldquo;una herida roja de ladrillos que parece sangrar cuando anochece&rdquo;. La mirada del escritor, que atraviesa el pa&iacute;s en trenes atestados de expatriados, documenta los vestigios de ese mundo en ruinas con una precisi&oacute;n fotogr&aacute;fica, el ritmo de una prosa exquisita y la belleza lacerante de la mejor poes&iacute;a.</p>
<p>El panorama de la Alemania de la &eacute;poca no pod&iacute;a ser m&aacute;s desolador. Pobreza y miseria, desgracia y penuria se dan la mano en cada una de estas p&aacute;ginas. Y, en esa tesitura, las diferencias sociales se agudizan: mientras las personas m&aacute;s pobres viven en s&oacute;tanos y c&aacute;rceles abandonadas, los poderosos lo hacen en sus antiguas residencias, y aunque la sangr&iacute;a b&eacute;lica &ldquo;no hizo distinci&oacute;n de clases -arguye la burgues&iacute;a- las cuentas corrientes no fueron bombardeadas&rdquo;, ironiza el autor. La precariedad de la poblaci&oacute;n civil es tan extrema que, en la localidad de Essen, hay trenes varados que <em>transportan</em> a centenares de evacuados que sobreviven tomando una sopa diaria. A lo largo del volumen, Dagerman se entrevista con maestras y escritores, con j&oacute;venes desnortados y ancianos, asiste a las primeras elecciones<em> </em>democr&aacute;ticas y a grotescos juicios de desnazificaci&oacute;n que, insidiosamente, hurgan en el dolor de los vencidos.</p>
<p>Stig Dagerman, el joven prodigio de las letras escandinavas, nos leg&oacute; en los reportajes de <em>Oto&ntilde;o alem&aacute;n</em> un relato conmovedor de la decadencia humana, una l&uacute;cida reflexi&oacute;n sobre el odio y el mal escrita con extraordinaria sensibilidad y coraje. (&ldquo;El periodista que sale retrocediendo de un s&oacute;tano inundado es, en la medida en que su reacci&oacute;n es consciente, una persona inmoral, un hip&oacute;crita&rdquo;, escribe en la primera cr&oacute;nica). En la &uacute;ltima, como si estuviera interpel&aacute;ndose a s&iacute; mismo, se pregunta cu&aacute;l es la distancia entre literatura y sufrimiento. Y anota lo siguiente: &ldquo;Hay una relaci&oacute;n directa entre el arte y el sufrimiento, y se podr&iacute;a decir que el solo hecho de sufrir con otros es una forma de literatura que busca ardientemente sus palabras&rdquo;. Seis a&ntilde;os despu&eacute;s de escribir lo anterior, &eacute;l mismo dio -en su carta de despedida- una de las definiciones m&aacute;s atinadas del dolor de ser y la angustia de vivir: &ldquo;Cada noche no es m&aacute;s que una tregua entre dos d&iacute;as&rdquo;. Dagerman convivi&oacute; con esa angustia en la Alemania de posguerra, la hab&iacute;a visto muchas veces frente a &eacute;l y la sufri&oacute; en su interior. Y un d&iacute;a -un 4 de noviembre de 1954- no quiso vivir m&aacute;s.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Stig Dagerman, <em>Oto&ntilde;o alem&aacute;n, </em>traducci&oacute;n de Jos&eacute; Mar&iacute;a Caba, Logro&ntilde;o,</p>
<p>Pepitas de calabaza Editorial, 2021.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 21 Jan 2022 07:07:23 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Escarchar un corazón por dentro]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/escarchar-un-corazon-por-dentro/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/PEPE_CERVERA.jpg" alt="" /></p>
<p>Leo por segunda vez <em>Azufre</em> de Pepe Cervera (Alfafar, Valencia, 1965), editado por Tres Hermanas<em> </em>(Madrid, 2021). Algo m&aacute;s de medio a&ntilde;o separa la primera lectura de la segunda. Y el puzle encaja, todo el engranaje narrativo funciona en estos siete relatos que componen el libro y que tienen su centro de gravedad en personajes cuya compleja psicolog&iacute;a nos eleva y traslada a sus mismos paisajes. Y es grato, de nuevo, constatar que la literatura, cuando est&aacute; bien parida, consigue su prop&oacute;sito: hacernos desaparecer y posibilitar el encuentro con el que fuimos en este aqu&iacute; y ahora absoluto e indisoluble.</p>
<p>Cierro el libro &ndash; se cierra el tel&oacute;n lentamente -, lo dejo sobre el escritorio y lo miro con cierta distancia mientras enciendo un cigarrillo. Mientras observo deshacerse el humo, tambi&eacute;n yo desaparezco, pero queda en m&iacute; la certeza inexorable que comparto con el autor cuando afirma en el &uacute;ltimo relato, uno de los m&aacute;s crudos, esperanzadores y hermosos del libro: &ldquo;leer es un rumbo y el extrav&iacute;o&rdquo;. Entonces pienso en el olor del azufre y en algunas de sus manifestaciones simb&oacute;licas a lo largo de la historia del hombre; pienso en podredumbre, en el infierno, en la muerte&hellip; pero pienso tambi&eacute;n, con extra&ntilde;eza, como si fuera el reverso de la misma moneda, en la luz del fuego, la claridad, la posibilidad de mirar, de redimirnos, de adentrarnos. Y acude a mi cabeza de forma inesperada, mientras escribo estas l&iacute;neas, ese Doc Holliday, ya casi tocado de muerte, interpretado por un plet&oacute;rico Victor Mature en &ldquo;Pasi&oacute;n de los fuertes&rdquo;. Recita un hermoso fragmento de <em>Hamlet</em>, busco la pel&iacute;cula y veo, de nuevo, esa escena: &ldquo;Si no temiera un algo despu&eacute;s de la muerte, esa ignorada regi&oacute;n cuyos confines ning&uacute;n viajero vuelve a traspasar. Ese temor sujeta nuestra voluntad y nos hace soportar los males que nos afligen antes que lanzarnos a otros desconocidos. As&iacute; la conciencia nos convierte a todos en cobardes&rdquo;.</p>
<p>Me fijo entonces en la imagen de la cubierta: una mano en tensi&oacute;n agarrada a un tobillo. Alguien sujeta a alguien. Pienso en esa lucha, en la l&iacute;nea de flotaci&oacute;n, en el cielo como si fuera una b&oacute;veda de nervaduras. Imagino los ojos de los protagonistas de esa imagen, los ojos de Chesney Henry Baker frente a los de un Chet Baker Junior &ldquo;sumergido en un desvar&iacute;o l&iacute;quido hasta una profundidad de la que ojal&aacute; nunca tuviera que emerger&rdquo; (&ldquo;Azufre&rdquo;).</p>
<p>Paseo mis dedos por el libro y siento que esa imagen de la cubierta vibra en cada una de las p&aacute;ginas, traslada su tensi&oacute;n, la brega, la contradicci&oacute;n, el fondo y la superficie; y recuerdo unas l&iacute;neas, subrayadas minutos antes, de uno de los relatos y que es una consideraci&oacute;n en toda regla sobre qu&eacute; es leer: &ldquo;Leer es una b&uacute;squeda, es el intento acelerado por encontrar algo distinto, la necesidad apremiante por conseguirlo, es encaminarse, resistir, ascender, es el empe&ntilde;o por llegar a otro sitio, pero tambi&eacute;n es el sosiego, la intimidad, el misterio&rdquo; (&ldquo;A prop&oacute;sito de las j&oacute;venes ideas&rdquo;).</p>
<p>Mientras sigo absorto en la imagen de la cubierta veo parpadear los siete post-it que he pegado en el libro, uno por relato. Hay corriente en casa. Tambi&eacute;n, como el azufre, esta ma&ntilde;ana de diciembre el aire es denso y ligero, hostil y claro.</p>
<p>En &ldquo;Rastros&rdquo; el autor disecciona con distancia, primero, y con una cercan&iacute;a que tiene m&aacute;s de merodeo y desconfianza que de acercamiento real, luego, la relaci&oacute;n de un matrimonio anciano &ndash; podr&iacute;an ser nuestros padres &ndash; cuya vida es totalmente mec&aacute;nica y predecible. En este relato y en el &uacute;ltimo (&ldquo;A prop&oacute;sito de las j&oacute;venes ideas&rdquo;) aparece el narrador, un joven de diecisiete a&ntilde;os, enfermo tambi&eacute;n de tuberculosis como Doc Holliday. Las descripciones, los espacios transformados, el tiempo, los planos articulan la mirada de los personajes y propician el encuentro entre ese enfermo adolescente y unos padres ancianos, rutinarios. A trav&eacute;s de esa pareja de octogenarios, del nieto, del hijo, del narrador uno descubre &ldquo;un mundo que conmueve, que vibra, no este, tan quieto y encogido, tan hueco, sin nada dentro&rdquo; y un abanico de posibilidades que nunca sucedieron se despliega en nuestro imaginario.</p>
<p>El segundo relato es de una intensidad el&eacute;ctrica y se yergue como una pieza teatral; como el autor nos dice en una nota a pie de p&aacute;gina, fue llevado al teatro bajo el t&iacute;tulo <em>Naturaleza muerta</em> en el ya lejano 2018. &ldquo;Azufre&rdquo; es un intenso y breve texto, en &eacute;l se narra el encuentro (de nuevo la tensa relaci&oacute;n padre-hijo) en una sala de velatorio entre dos m&uacute;sicos: Chesney Henry Baker y un Chet Baker que ronda la cuarentena. Quiz&aacute; sea este relato uno de los m&aacute;s l&iacute;ricos del libro, aunque <em>Azufre </em>est&aacute; cargado de esa plasticidad y transcendencia que tiene la buena poes&iacute;a. En &eacute;l se nos anticipa, en la figura de Chet Baker, un personaje, entra&ntilde;able tambi&eacute;n, que aparecer&aacute; en el &uacute;ltimo relato (&ldquo;A prop&oacute;sito de las j&oacute;venes ideas&rdquo;) y que Cervera describe en ambos textos como si fuera uno mismo: &ldquo;robustas botas de monta&ntilde;a, de piel vuelta, sucias, tejanos viejos y una camiseta de algod&oacute;n con el cuello en pico, de manga corta, oscura pero deste&ntilde;ida&rdquo;. Tanto Chet Baker como Benja son personajes arquet&iacute;picos: el h&eacute;roe tr&aacute;gico. A ambos les une la misma pasi&oacute;n por la m&uacute;sica, por el caballo, por el destino aciago.</p>
<p>El tercer relato, &ldquo;As&iacute; sea&rdquo;, es, en realidad una oraci&oacute;n, la bendici&oacute;n de la mesa el d&iacute;a de Navidad. Mientras se suceden las alabanzas, afloran tambi&eacute;n las miserias y verg&uuml;enzas de una familia durante el mandato de Kennedy. Le&iacute;do con voz profunda y cavernosa, imaginando, emulando la voz de Cohen tiene mucho de su &ldquo;Hallelujah&rdquo;. Al de Alfafar y al de Montreal les une aqu&iacute; una fina y punzante iron&iacute;a</p>
<p>&ldquo;Kil&oacute;metros y kil&oacute;metros&rdquo; es un hermoso relato centrado en la figura del padre. En &eacute;l coexisten todas las contradicciones del hombre, del anciano al que el narrador se asoma y vuelve, de nuevo, al abismo: &ldquo;Mucho tiempo ha transcurrido desde que dej&eacute; de asomarme a ese paisaje, pero lo reconozco, es m&iacute;o tambi&eacute;n, me pertenece&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;Rastros&rdquo;, &ldquo;Kil&oacute;metros y kil&oacute;metros&rdquo; y, &uacute;ltimo relato del libro, &ldquo;A prop&oacute;sito de las j&oacute;venes ideas&rdquo; se complementan a la perfecci&oacute;n y funcionan como los arcos de crucer&iacute;a de una b&oacute;veda: equilibrando el peso y trasladando su tensa electricidad p&aacute;gina a p&aacute;gina.</p>
<p>&ldquo;Los acuchilladores&rdquo; es un relato en el que brilla la capacidad del autor por reducir, sintetizar toda la artiller&iacute;a narrativa en unas breves e intensas p&aacute;ginas y por adoptar un registro m&aacute;s culto que va acorde con el ambiente en el que sucede la acci&oacute;n, la alta sociedad parisina. En &eacute;l, de nuevo, desde otro prisma y espacio narrativo se incide en la relaci&oacute;n padre-hijo a trav&eacute;s de la f&eacute;rrea disciplina que el personaje principal, Jean- Baptiste Lasserre (&ldquo;arrogante en el trato, p&oacute;mulos resecos, frente ancha y ancha mand&iacute;bula, cejas y mostacho impenetrables&rdquo;), aplica a sus dos hijos adolescentes para luchar contra su apat&iacute;a.</p>
<p>&ldquo;Conexiones&rdquo; es un h&iacute;brido texto que se mueve entre lo epistolar, la cr&iacute;tica (autocr&iacute;tica, m&aacute;s bien), el apunte, el diario. En &eacute;l brilla el ingenio; saber aunar esas diferentes voces simult&aacute;neas en la que cada uno expresa sus ideas y forma, a la vez, un todo arm&oacute;nico lo atestiguan.</p>
<p>El &uacute;ltimo relato, uno de los m&aacute;s hermosos e intenso del libro, &ldquo;A prop&oacute;sito de las j&oacute;venes ideas&rdquo; es un h&iacute;mnico canto a la amistad; pero tambi&eacute;n a la muerte, a la m&uacute;sica, a la esperanza, a los libros, a las drogas... El autor extrae el t&iacute;tulo de este relato del documental sobre The Jam, <em>About the young idea</em>; de &eacute;l nace el hilo conductor del texto, el amor entre dos amigos: Paul Weller y Steve Brookes est&aacute;n sentados en un sof&aacute; gris, &ldquo;cada uno sujeta una guitarra ac&uacute;stica entre los brazos&rdquo; y el segundo recuerda la atracci&oacute;n sexual que sinti&oacute; por el primero muchos a&ntilde;os atr&aacute;s (&ldquo;Al escuchar esta declaraci&oacute;n, Weller abre los ojos, sorprendido&rdquo;). Pero esta historia no es la de Weller y Brookes, &ldquo;esta es una historia que viene de antiguo, una historia que siempre regresa como siempre regresan los muertos que se levantan de la fosa, ara&ntilde;ando desde dentro la tierra reseca&rdquo;, es la historia del adolescente de catorce a&ntilde;os y de Javier Ribera; pero tambi&eacute;n la de Benja y de Chet Baker, de esa pareja de ancianos que sale a caminar y recuerda que no hay miel, de la paloma en la repisa, de la mano agresora que golpea al hijo y la mano dulce que echa migas de pan al p&aacute;jaro...</p>
<p>El libro, de hecho, empieza de alguna forma al final de este &uacute;ltimo relato: el adolescente enfermo de tuberculosis que debe pasar cerca de un a&ntilde;o enclaustrado en su casa (&ldquo;Acabo de cumplir diecisiete a&ntilde;os y a los diecisiete a&ntilde;os mi pleura no resiste tanto traj&iacute;n y se desgarra de repente y los pulmones se me encharcan. Los putos pulmones. Aquellas aguas trajeron estos lodos&rdquo;). En &eacute;l est&aacute; el nervio crudo que justifica y cohesiona todos los dem&aacute;s relatos. No podr&iacute;amos comprender cada uno de los personajes que desfilan por &eacute;l sin atender a esa relaci&oacute;n inici&aacute;tica y salvadora entre el narrador de catorce a&ntilde;os y Javier Ribera y su temprana muerte.</p>
<p>Personalmente prefiero siempre los libros que te ponen contra las cuerdas a aquellos que buscan la complacencia. <em>Azufre</em> arde en la pira de los primeros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pepe Cervera, <em>Azufre</em>, Madrid, Tres Hermanas Ediciones, 2021.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 21 Jan 2022 07:04:04 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cómo ser Ferrer Lerín]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/como-ser-ferrer-lerin/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/FRANCISCO_FERRER_LER_N_3.jpg" alt="" /></p>
<p>Es en <em>La mano del te&ntilde;idor</em> donde el ensayista brit&aacute;nico W. H. Auden integra entre las funciones del cr&iacute;tico tanto la propuesta de una lectura de la obra que acreciente nuestra comprensi&oacute;n de la misma como la proyecci&oacute;n de cierta luz sobre la relaci&oacute;n entre el arte, la ciencia y la vida. A diferencia de la cr&iacute;tica centrada en las relaciones entre obras y autores de distintas &eacute;pocas o tradiciones (que exige erudici&oacute;n), aquella cr&iacute;ticasobre los nexos entre el arte, la ciencia y la vida parece pedir un grado mayor de suspicacia cuando las cuestiones que suscita el cr&iacute;tico son nuevas e importantes.</p>
<p>La posibilidad de decir algo &laquo;nuevo e importante&raquo; acerca de la forma en que un autor infiere sus &iacute;ntimas o exclusivasilaciones art&iacute;stico-vitales, podemos convenirlo as&iacute;, es m&aacute;s ardua cuanto m&aacute;s conocido es este. Tal es el caso, no solo de Francisco Ferrer Ler&iacute;n (Barcelona, 1942)sino, en gran medida, tambi&eacute;n de los relatos, semblanzas, cr&oacute;nicas on&iacute;ricas y otras formas de narrativa breve contenidas en el libro que nos ocupa.</p>
<p>Elegantemente publicadopor <em>Contrabando</em>, en edici&oacute;n del Antonio Vi&ntilde;uales S&aacute;nchez, con un paratexto muy atractivo (desde las ilustraciones de Sa&uacute;l Moreno &ndash;estupendo el h&iacute;brido de la cubierta&ndash; a las notas de procedencia), <em>Casos completos</em> es una recopilaci&oacute;n de textos en prosa de ese g&eacute;nero definido por la extensi&oacute;n que llamamos literatura breve. Esto es, se trata de textos ya conocidos (algunos tambi&eacute;n in&eacute;ditos) que pueden servir tanto para que un improbable lector desconocedor de la obra de Ferrer Ler&iacute;n se asome por primera vez a una mitolog&iacute;a moderna aplaudida desde hace a&ntilde;os por la cr&iacute;tica, como a la revisi&oacute;n m&aacute;s o menos sistem&aacute;tica del <em>corpus</em> del autor de <em>F&aacute;mulo</em> o <em>Familias como la m&iacute;a.</em></p>
<p>En relaci&oacute;n con el t&iacute;tulo, para Vi&ntilde;uales, &laquo;el caso se caracteriza por ser la narraci&oacute;n de un suceso inusitado o extraordinario del pasado reciente que rompe con una norma&raquo;. Y aunque es la verbalidad, la oralidad con su asombrosa relevancia discursiva, la nota que, para este te&oacute;rico de la literatura, caracteriza esta iconoclastia, creo &ndash;por intentar aportar algo,al menos, &laquo;nuevo&raquo;&shy;&ndash; que esta selecci&oacute;n de la prosa leriniana es una suerte de muestrario (en lo que ata&ntilde;e a sus bestiarios) tambi&eacute;n o sobre todo de la <em>mirada</em>, de la particular&iacute;sima forma de <em>observar</em> la relaci&oacute;n entre el arte, la ciencia y la vida de Francisco Ferrer Ler&iacute;n.</p>
<p>Esa forma personal de percibir con los ojos, o de aguzar los sentidos para observarla relaci&oacute;n entre el arte, la ciencia y la vida oscila entre la mirada forense (por situarla cuesti&oacute;n del caso en el seno de un proceso), la frialdad cient&iacute;fica<em>Wertfreiheit</em> &ndash;en la que tambi&eacute;n se integra el desencanto flaubertiano&ndash;, el avistamientode aves (<em>birdwatching</em>), la curiosidad y la lujuria, la descripci&oacute;n exhaustiva, el escrutinio facial y corporal del avezado jugador de p&oacute;query una l&iacute;nea de literatura (m&aacute;s cl&aacute;sica que rara, a mi juicio) tan on&iacute;rica como hipersubjetiva, de una po&eacute;tica exc&eacute;ntrica en la que son reconocibles influencias (posiblemente inversas como ha se&ntilde;alado en distintos lugares nuestro autor) que van de los Grimm (brothers) a Borges o de Wallace Stevens a Sharon Olds.</p>
<p>Otear, indagar, clasificar, listar, escudri&ntilde;ar&hellip; concretamente, me parece que <em>Casos completos</em> permite al lector de esta compilaci&oacute;nponerse en los ojos de Ler&iacute;n, entre la fantas&iacute;a cinematogr&aacute;fica de Spike Jonz&eacute; (<em>Como ser John Malkovich</em>, 1999), los ojos pecaminosos de Ray Milland en el cl&aacute;sico de Roger Corman, la reconstrucci&oacute;n est&eacute;tica de un hallazgo (su <em>Manifiesto</em> de Arte Casual) el hipnotismo y el <em>giallo</em>: rostro en la cerradura, ojos que avistan, rigor cient&iacute;fico, corotoscopio &ndash;ese artefacto decimon&oacute;nico de Lionel S. Beale (1886) adelantado nueve a&ntilde;os a la primera presentaci&oacute;n p&uacute;blica de los hermanos Lumi&egrave;re&ndash;.</p>
<p>Si el corotoscopio permite, junto con una linterna m&aacute;gica, proyectar im&aacute;genes en movimiento, a partir del concepto de la persistencia de retina planteado por Joseph Plateau, a trav&eacute;s de<em>Casos completos</em> los ojos y los o&iacute;dos del lector accedena una forma de aprehender la tenacidad de la an&eacute;cdota vital, la fijeza en la pr&aacute;ctica de retener sue&ntilde;os, de suspender instantes, de inmovilizar cuerpos, de <em>peritar</em>, encadenar &ndash;y aqu&iacute; de nuevo es fundamental la pensada selecci&oacute;n de Vi&ntilde;uales y de la cada d&iacute;a m&aacute;s interesante editorial valenciana&ndash; eventos y sumarios, listas y cr&iacute;menes, ni&ntilde;as y reptiles.</p>
<p>Recientemente, &Aacute;lvaro Cortina (<em>Abisal</em>) inclu&iacute;a a Ferrer Ler&iacute;n en su amplio estudio de zonas, madr&eacute;poras y figuras probablemente porque los casos que nos ocupan se tornan rebosantes de pregnancia visual. Cobra as&iacute; sentido el peso enla visualizaci&oacute;n mental de guiones improbables (en un g&eacute;nero que cultiv&oacute; Antonin Artaud), la forma en que la lib&iacute;dine(&laquo;Presencia y celebraci&oacute;n de unos pechos&raquo;, &laquo;Mujeres extraordinarias&raquo; et al.) oscila entre el barroquismo y el informe anat&oacute;mico m&aacute;s neutro u objetivo.</p>
<p>Bajo una mirada po&eacute;tica &shy;&ndash;un uso art&iacute;stico&ndash; de la crueldad y la alegr&iacute;a, de la violencia y la risa, Vi&ntilde;uales traza una meritoria tipolog&iacute;a para asomarnos a las distintas figuras del libro: <em>Casos cl&iacute;nicos</em> que incluyen &laquo;Monstruosidades&raquo; o &laquo;Empleos y vidas laborales&raquo;, <em>Casos sin&oacute;pticos</em> (&laquo;Argumentos y sinopsis&raquo;, &laquo;Guiones&raquo;, &laquo;Proyectos&raquo;, &laquo;Listas y relaciones&raquo;), <em>Informes</em>, acaso un ep&iacute;tome de la labor forense que mencion&aacute;bamos atr&aacute;s (&laquo;Informes periciales&raquo;, &laquo;Testimonios&raquo;), <em>Sucesos</em> y <em>Casos literarios</em> (&laquo;Casos de autor&raquo;, &laquo;Casos filol&oacute;gicos&raquo;, &laquo;Casos ling&uuml;&iacute;sticos&raquo;, &laquo;Bibliofilias&raquo;).</p>
<p>En lo que toca a la cuidada extracci&oacute;n de los textos, en orden cronol&oacute;gico estos provienen desde el m&iacute;tico poemario <em>La hora oval</em> (1971) a su celebrada actividad bloguera o colaboraciones en revistas como <em>Camino de Pakist&aacute;n</em>.</p>
<p>Que la casu&iacute;stica se inicie de la mano del monstruo supone, a mi juicio, una declaraci&oacute;n de intenciones &shy;&ndash;&shy;tengo al monstruo como la expresi&oacute;n m&aacute;s irreductible de la individualidad&ndash;dicho esto en el sentido de que alertan de que los textos que siguen est&aacute;n m&aacute;s cerca de la fantas&iacute;a que de la imaginaci&oacute;n: al decir de finas analistas de la filosof&iacute;a moral en lo literario (Nancy Frazer, Martha Nussbaum o Iris Murdoch), la imaginaci&oacute;n nos coloca en la posici&oacute;n emp&aacute;tica con los otros (nos deformamos a nosotros mismos), con la fantas&iacute;a &ndash;individual, ensimismada y herm&eacute;tica como los magistrales personajes de Nabokov&ndash;, deformamos el mundo para ajustarlo a nuestro capricho.Evidencias de ese reajuste por la fantas&iacute;a son las primeras mitolog&iacute;as, la interpretaci&oacute;n <em>sui generis</em> de la glosal&iacute;a, las teogon&iacute;as caprichosas y los partos prodigiosos.</p>
<p>Particular inter&eacute;s presentan, a mi juicio, las necrol&oacute;gicas, su muy visual bibliofilia, las fachadas (la escalada urbana de fachada y el retropaseo por solares forman parte de mi desviaci&oacute;n m&aacute;s personal), los textos de <em>30 ni&ntilde;as</em> (de la a&ntilde;orada editorial tambi&eacute;n valenciana Leteradura), la selecci&oacute;n de <em>Cuaderno de campo</em>, entre el odradek (un carrete de hilo negro olvidado) y el <em>objet trouv&eacute;</em> de una &laquo;<em>rara avis</em> sin jaula&raquo; en luminosa expresi&oacute;n de Wences Ventura, las reflexiones disectoras o los domicilios levantados en<em>Gingival</em>, la analog&iacute;a verbal con el <em>Vexierbild</em> (una forma pr&oacute;xima, de nuevo, a su reivindicable Arte Casual).</p>
<p>No estoy seguro de si esta casu&iacute;stica &shy;&ndash;la ubicaci&oacute;n bajo el r&oacute;tulo de caso&ndash; acaba de aprehender la totalidad de notas y preferencias de nuestro volumen, pero &iquest;qu&eacute; otro nombre podr&iacute;a hacerlo? Hay caso, desde luego, hay azar porque el compendio, la revisi&oacute;n y la antolog&iacute;a&hellip; <em>se barajan</em>. Ignacio Echevarr&iacute;a ha apuntado con inteligencia cuestiones estrat&eacute;gicas (literarias y editoriales) al otro lado del paratexto, pero m&aacute;s all&aacute; de cierto c&aacute;lculo, Ferrer Ler&iacute;n sigue teniendo de cara el albur, la contingencia, el azar (la llegada del as): creo que acierta Antonio Vi&ntilde;uales al apuntar la mezcla de crueldad y alegr&iacute;a (y a los malentendidos que suscita) y sobre todo creo que probablemente ese rasgo lo emparente para bien, parad&oacute;jica, azarosamente, con un sector de la literatura y en particular del feminismo m&aacute;s combativo de las <em>bad girls</em> (en EE. UU., A. M. Homes y entre nosotros, recientemente, Mar&iacute;a Bastar&oacute;s), esto es, que por azar se acaban ligando tras los m&uacute;ltiples desv&iacute;os lerinianos el clasicismo heterodoxo (no tengo eso por un ox&iacute;moron) y la m&aacute;s rabiosa actualidad.</p>
<p>Retratos poco benevolentes de la condici&oacute;n humana, precisi&oacute;n l&eacute;xica, algo de magia, puyas a la normalidad y al &laquo;se&raquo; heideggeriano, citas y partidas, esoterismo y alquimia, evidencias y fes, juegos de <em>Doppelg&auml;nger,</em> perspectiva a&eacute;rea y poes&iacute;a &ndash;Rilke lig&oacute; al conocimiento del vuelo de los p&aacute;jaros la posibilidad de escribir un verso&ndash; mirada y azar.Tampoco me parece improbable que esa mirada deba al conocimiento de la obra del bi&oacute;logo Jacques Monodsu propio, personal, <em>subjetivo</em>reconocimiento como agente qu&iacute;mico secundario en un majestuoso, pero impersonal drama c&oacute;smico,un espect&aacute;culo irrelevante por no deseado. Tampoco es descartable, ya que mentamos al autor de <em>El azar y la necesidad</em>,(un frontispicio) que sea precisamente el m&aacute;s raro de los albures el que haya dirigido y a&uacute;n dirija la producci&oacute;n libresca y literaria de este inclasificable cl&aacute;sico reciente.</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Francisco Ferrer Ler&iacute;n, <em>Casos completos</em>, edici&oacute;n de Antonio Vi&ntilde;uales S&aacute;nchez, Valencia, Contrabando, 2021.</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 21 Jan 2022 07:00:04 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Llámame mamá]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/llamame-caude/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/PILAR_AD_N_2.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="center">1</p>
<p style="text-align: left;" align="center">Segu&iacute;an flotando a su lado. Desfilando de un lado a otro sin comprender lo que era el silencio. Sin callarse en su deambular por el pasillo, como si formaran parte de un peque&ntilde;o mot&iacute;n. Coreando en alto lo que hac&iacute;an o lo que planeaban hacer. Dos de ellas repet&iacute;an la palabra Muir, apellido de origen escoc&eacute;s, deleit&aacute;ndose en la dicci&oacute;n. Muir como moar&eacute; o Muir como morir. Muir, Miur, Muri. Y ella, sentada, las miraba y las escuchaba. Consciente de que no se acomodar&iacute;an juntas ese d&iacute;a, sus amigas y ella, ante su secreter de cuatro cajones para anotar las lecciones de la ma&ntilde;ana tras el desayuno, antes del paseo con los perros.</p>
<p>No pod&iacute;a decir que sus compa&ntilde;eras fueran bien vestidas ni bien peinadas. Ni siquiera que guardaran correctamente las filas. Se hab&iacute;an lavado, pero no se hab&iacute;an preocupado de hacerse una buena lazada del vestido a la espalda ni de subirse las polainas con cuidado, atendiendo a la disposici&oacute;n de la costura, procurando que no se torciera pierna arriba. Tampoco parec&iacute;an haber dormido mucho. Arrastraban los zuecos y protestaban a su paso, mostrando su agotamiento. O su aburrimiento. La injusticia que se estaba cometiendo con ellas al hacerles cargar los sobres en los que otras residentes hab&iacute;an ido embutiendo las facturas. Al hacerles bajar de las estanter&iacute;as superiores las cajas de libros, las clasificadoras y los expedientes de la A a la Z (Abad-Z&uacute;&ntilde;iga). Al hacerles agrupar en el suelo de madera las carpetas en las que se hab&iacute;an amontonado sus calificaciones y las noticias m&aacute;s importantes sobre el internado, con fotograf&iacute;as en blanco y negro y fotograf&iacute;as en color. Se dejaban guiar por las &oacute;rdenes de la directora y la jefa de estudios, que tambi&eacute;n circulaban ante ella, la privilegiada, la eximida, en su posici&oacute;n c&oacute;moda de ni&ntilde;a observadora. Mirando c&oacute;mo las dos gobernantas dirig&iacute;an los trabajos de rescate y recuperaci&oacute;n de documentos. Oyendo c&oacute;mo insist&iacute;an en su vamos hija date prisa que es para hoy mientras apartaban a otra alumna. Y ella, sin moverse de un taburete, con los ojos fijos en los dibujos de su libro, sonriendo sin parecer ansiosa ni mal&eacute;vola. Con una sonrisa apocada pero inteligente, intentando pasar desapercibida. Porque era all&iacute; donde le hab&iacute;an dicho que estuviera y era all&iacute; donde deb&iacute;a estar. De manera absurda porque estorbaba a las dem&aacute;s. Conjurando (o deseando conjurar) con esa sonrisa est&eacute;ril que surg&iacute;a sin motivo el odio que le profesaban las internas. Porque era ah&iacute; donde le hab&iacute;an dicho que estuviera. Y era ah&iacute; donde estaba. Acatando las &oacute;rdenes como acataban las &oacute;rdenes las otras, que se mov&iacute;an, aunque ella no. Que se quejaban, aunque ella no.</p>
<p>Como era inteligente, sonre&iacute;a para pedir disculpas. Con la sonrisa de los que descansaban en su huida a Egipto y la sonrisa del arc&aacute;ngel Baraquiel esparciendo flores. La de los que acompa&ntilde;aban a santa Rosal&iacute;a de Palermo. Los que confortaban a san Francisco. O la de los seguidores de Abraham. Para aclarar que no ten&iacute;a la culpa de estar ah&iacute; sentada. Que no lo hab&iacute;a pedido. Porque si ella hubiera podido pedir algo, habr&iacute;a elegido una taza de chocolate o un batido de chocolate o unas pastas de chocolate. Nunca estar ah&iacute; atornillada, leyendo mientras las dem&aacute;s sudaban y maldec&iacute;an. Sudaban y se manchaban la frente y las mejillas con los dedos llenos de un polvo que se les quedaba pegado a la cara cuando intentaban secarse el sudor de la cara con los dedos. Llenos de polvo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>2</p>
<p>&mdash;Sabes por qu&eacute; est&aacute;s ah&iacute;, &iquest;verdad? &mdash;le pregunt&oacute; una de las mayores al pasar cerqu&iacute;sima de ella, en el camino que avanzaba por la derecha y se dirig&iacute;a hacia el jard&iacute;n desde el almac&eacute;n.</p>
<p>No. No lo sab&iacute;a. S&oacute;lo obedec&iacute;a.</p>
<p>&mdash;Te van a encerrar &mdash;dijo la misma chica al deslizarse de nuevo a su lado veinte minutos m&aacute;s tarde. Con la misma voz. La misma firmeza. Educada y suave&mdash;. Ese va a ser tu castigo.</p>
<p>Ella alz&oacute; la cabeza, dej&oacute; de mirar los dibujos de su libro y sonri&oacute; m&aacute;s. Sonri&oacute; como si su boca respondiera a una necesidad f&iacute;sica. La Asunci&oacute;n de la Virgen. La castidad. La alegor&iacute;a del invierno. Iba a tener que contar hasta siete. Siete d&iacute;as de la semana. Siete pecados capitales. Siete sacramentos. Siete notas musicales. El siete era un n&uacute;mero bueno, y ella era buena. As&iacute; que iba a contar hasta siete para asegurarse de que no la dejar&iacute;an encerrada. Que se ir&iacute;a cuando se fueran sus compa&ntilde;eras. No hab&iacute;a motivos para pensar lo contrario.</p>
<p>&mdash;&iexcl;El libro! &iquest;Te he dicho yo que dejes de mirar el libro?</p>
<p>Una de las gobernantas, la jefa de estudios, se inclinaba y escup&iacute;a sobre el sacrificio de Isaac, lo que pod&iacute;a juzgarse como blasfemia por acci&oacute;n, pero ella volvi&oacute; a sonre&iacute;r y a hundir la cabeza en la p&aacute;gina abierta.</p>
<p>&mdash;Ret&iacute;rate esas gre&ntilde;as de la cara.</p>
<p>(Ayuda, ayuda, ayuda) Pidi&oacute;. Dejando el libro abierto sobre las piernas y recogi&eacute;ndose con las dos manos el pelo que le llegaba hasta el suelo ahora que deb&iacute;a quedarse clavada en un taburete.</p>
<p>&mdash;Pareces una pordiosera. Estudia lo que viene ah&iacute;. Apr&eacute;ndelo y retenlo. A ver si as&iacute; dejas de tener esa pinta de chiflada.</p>
<p>&iquest;Estar&iacute;an habl&aacute;ndole a ella? &iquest;No se estar&iacute;an equivocando de alumna? Era una cosa tan rara esa altaner&iacute;a repentina. Ese desprecio. &iquest;D&oacute;nde, en qu&eacute; parte de la fila se encontraban sus amigas? Porque ten&iacute;a amigas. Alguien deb&iacute;a de quererla a&uacute;n en el espacio en el que hab&iacute;a vivido siempre.</p>
<p>&mdash;Habr&aacute; que sacrificar una cabra.</p>
<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;?</p>
<p>&mdash;S&oacute;lo as&iacute; te cubriremos.</p>
<p>Quien le hablaba de esa manera se hab&iacute;a comportado con ella como una madre desde su nacimiento. Hab&iacute;a sido su ni&ntilde;era. Su hada. Hab&iacute;a jugado con sus piezas de construcci&oacute;n, hab&iacute;a unido los puntos de sus dibujos de p&aacute;rvula, le hab&iacute;a curado las costras, hab&iacute;a secado su frente febril, le hab&iacute;a explicado a qu&eacute; se deb&iacute;an las primeras sangres. Y ahora le dec&iacute;a a la menor oportunidad que no deb&iacute;a haberlo hecho. A la menor oportunidad.</p>
<p>&mdash;No haberlo hecho.</p>
<p>No haber hecho &iquest;qu&eacute;?</p>
<p>Se le estaba marcando el borde del taburete en la parte inferior de los muslos. La textura de la madera, las astillas sueltas.</p>
<p>La directora se mostraba comprensiva, lo intentaba al menos, mostrarse comprensiva, pero no atend&iacute;a a las preguntas de su pupila porque su pupila, con los pu&ntilde;os cerrados y los ojos impresionables, con su rostro de ni&ntilde;a atenta que pod&iacute;a tener comportamientos de bestia, esa pupila se hallaba en aquel momento a a&ntilde;os luz de ella, la directora.</p>
<p>&mdash;Ya se va tu amiga.</p>
<p>&mdash;&iquest;Se va tambi&eacute;n Lucrecia?</p>
<p>&mdash;Claro que se va Lucrecia. Se van casi todas. S&oacute;lo se queden las que son como t&uacute;.</p>
<p>A ella le brillaban los ojos, convencida de haber perdido el color rosa del rostro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>3</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; hab&iacute;a hecho? &iquest;Qu&eacute; hab&iacute;an descubierto? &iquest;Lo que hac&iacute;a en la ba&ntilde;era? &iquest;Los objetos que se met&iacute;a en la boca? &iquest;Que tiraba la carne a la basura o se la echaba a los perros? No sab&iacute;a en qu&eacute; iba derivar aquel frufr&uacute; de faldas, aquel transitar de expedientes y ahora tambi&eacute;n de maletas y mantas. &iquest;Ser&iacute;a para bien lo que estaba sucediendo? &iquest;Vendr&iacute;a escrito su prometedor futuro en un cuaderno con p&aacute;ginas de pergamino? Su porvenir. Su meta. &iquest;Estaba destinada a grandes haza&ntilde;as, hermos&iacute;simas aventuras? La profesora de Ciencias Naturales les hab&iacute;a dicho un lunes por la ma&ntilde;ana (empezaba el mes de octubre) que no eran m&aacute;s que part&iacute;culas abandonadas en un universo eterno y hostil. Y si ella era s&oacute;lo un puntito que hablaba y hac&iacute;a ex&aacute;menes y compart&iacute;a con otros puntitos sus pensamientos, sus dudas y proyectos, sus penas y aspiraciones, &iquest;pod&iacute;a considerarse la elegida y predecir que su existencia se ver&iacute;a exenta de tristezas? &iquest;Volver&iacute;a a hablar de Novalis y el Romanticismo? &iquest;Volver&iacute;a a mirar hacia arriba, al cielo, y a dejarse llevar por la b&uacute;squeda y la introspecci&oacute;n sin sentirse una criminal, una alumna marcada? Se&ntilde;alada por los dem&aacute;s.</p>
<p>&iquest;C&oacute;mo saberlo?</p>
<p>Lo mismo se estaba volviendo loca.</p>
<p>Deb&iacute;a consultarlo.</p>
<p>Preguntar en qu&eacute; situaci&oacute;n iba a quedar ahora. Averiguar el nombre del pintor que plasmar&iacute;a en un lienzo su retrato, sus ropas de invierno (bufandas, guantes, calcetines mullidos) y sus pies descalzos en verano. &iquest;Qui&eacute;n querr&iacute;a tenderse a su lado si sus amigas se iban y si las ni&ntilde;as que ten&iacute;an padres se iban y si las que pod&iacute;an terminar los estudios en otra parte se iban, y s&oacute;lo se quedaban all&iacute; las cr&iacute;as pobres y sin familiares cercanos que quisieran acogerlas en su casa, al menos una temporada? En sus salas de t&eacute;. En sus salones. Sus dormitorios. Sus cocinas perfumadas con especias y hierbas arom&aacute;ticas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>4</p>
<p>Uno de los perros perd&iacute;a mucho pelo. En la cocina. En el porche. En el pasadizo al que daban las habitaciones. O tal vez se tratara de varios perros a la vez. Hab&iacute;a mechones de color blanco y de color naranja por todos los rincones del internado. Sobre las alfombras. Pegados a las patas de los muebles, las mesas y las sillas. La jefa de estudios se agachaba, hac&iacute;a pinza con los dedos, recog&iacute;a las pelusas, las examinaba y luego las tiraba por una ventana. O las dejaba caer al otro lado de una puerta abierta. Siempre se hab&iacute;a cre&iacute;do (ella siempre lo hab&iacute;a cre&iacute;do) que los perros perd&iacute;an el pelo con la llegada del verano, pero resultaba que tambi&eacute;n lo hac&iacute;an en oto&ntilde;o.</p>
<p>&mdash;Como los humanos. &iquest;A ti no se te cae el pelo en oto&ntilde;o?</p>
<p>Acariciar a los perros. Contemplar la variada actividad de los perros. Mirarlos cuando dorm&iacute;an y so&ntilde;aban que corr&iacute;an. O&iacute;r c&oacute;mo beb&iacute;an. Partirles un trozo de pan y d&aacute;rselo antes de que dejasen de dar vueltas y se lanzasen contra la mano de la disc&iacute;pula que hubiera partido su pedazo de pan o contra uno de los brazos de esa misma disc&iacute;pula o contra sus piernas. Examinarles los dientes, las u&ntilde;as. Amar a los perros. Querer a los perros como no se quer&iacute;a a ninguna persona cercana o lejana.</p>
<p>&mdash;Es muy importante el entorno en que crecemos. Para el desarrollo de las habilidades art&iacute;sticas, expresivas, espaciales&hellip;</p>
<p>Sol&iacute;a decir la directora.</p>
<p>Aunque ahora s&oacute;lo repet&iacute;a:</p>
<p>&mdash;Y que haya tenido que pasarnos esto al comienzo del curso&hellip;</p>
<p>Ella segu&iacute;a escuchando las voces de las dem&aacute;s en su ajetreo por el pasillo, y not&oacute; que se le cerraban los ojos. Para mantenerse despierta se olvid&oacute; del libro que ten&iacute;a sobre las rodillas y se fij&oacute; en los cristales de la pared opuesta, que dejaban adivinar las nubes del exterior. Record&oacute; que los griegos cre&iacute;an en la existencia de caminos que llevaban al inframundo. Y se adjudic&oacute; la tarea de traducir ese pensamiento al alem&aacute;n porque el alem&aacute;n era la lengua perfecta para iniciar su pr&oacute;xima disertaci&oacute;n en clase de Filosof&iacute;a. Mucho mejor que en la de Geograf&iacute;a. Las otras se iban, pero ella se quedaba. Y aquella estampida de colegialas, aquella evaporaci&oacute;n de condisc&iacute;pulas, su traslado, su &eacute;xodo, pod&iacute;a ser una buena ocasi&oacute;n para pasar de curso sin tener que estudiar mucho m&aacute;s. Si se iban las alumnas m&aacute;s listas, las que dispon&iacute;an de plumieres llenos de pinturas de colores comunes (azul y marr&oacute;n), colores raros (malva, terracota) y l&aacute;pices con diferentes tipos de mina, si se quedaba ella con las m&aacute;s j&oacute;venes y las menos favorecidas, tal vez la pusieran pronto en uno de los pupitres de la primera fila y en un curso m&aacute;s avanzado. Aunque s&oacute;lo fuera con el prop&oacute;sito de que las profesoras no se largaran tambi&eacute;n. Para que no desistieran de su empe&ntilde;o. Para que siguieran pensando que su labor ten&iacute;a un sentido. Que a&uacute;n pod&iacute;an reconducirla y hacer de ella un ser honesto capaz de reconocer lo bueno y distinguirlo de lo vil. Ya que su naturaleza no le proporcionaba por s&iacute; misma las pautas correctas, le har&iacute;an memorizar los comportamientos m&aacute;s adecuados y lograr&iacute;an que interiorizara que el obrar individual deb&iacute;a ajustarse a unos patrones conformes a la moral.</p>
<p>De ello se encargar&iacute;an las cuidadoras que hab&iacute;an vivido siempre a su lado. Las que estaban al tanto de sus debilidades. De los cambios en sus facciones cuando empezaba a quedarse dormida. Sus ansias y contradicciones. Las que sab&iacute;an descifrar el sonido de sus tripas hambrientas minutos antes del almuerzo. Las que controlaban los extrav&iacute;os de sus brillantes ojos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>5</p>
<p>Saldr&iacute;a a la pizarra y pondr&iacute;a cruces junto a los nombres de las ni&ntilde;as que se portaran mal.</p>
<p>Muir. Muir. Muir.</p>
<p>Presentar&iacute;a un escrito bien documentado sobre los cefal&oacute;podos. De diez folios. Un ensayo sobre los nombres de las articulaciones humanas. Una relaci&oacute;n &iacute;ntegra de los seres que expulsan llamas.</p>
<p>Muir. Muir. Muir.</p>
<p>Ella hab&iacute;a conocido a una se&ntilde;ora Muir, pero las dem&aacute;s no lo sab&iacute;an. No deb&iacute;an saberlo. Sus transacciones ten&iacute;an que mantenerse en secreto porque s&oacute;lo en secreto pod&iacute;a venderle una ni&ntilde;a a la se&ntilde;ora Muir, que quer&iacute;a una hija y que se llev&oacute; a la enferma reci&eacute;n llegada con la que a&uacute;n no se hab&iacute;a encari&ntilde;ado nadie y que necesitaba tres gotas de medicina tres veces al d&iacute;a en sus cucharadas de leche con miel. La ni&ntilde;a que jadeaba en vez de respirar y ara&ntilde;aba cuando pretend&iacute;a hacer una caricia. Que necesitaba que le pusieran crema por todo el cuerpo, piernas, pies, y berreaba cuando le inyectaban el l&iacute;quido ambarino que ella hab&iacute;a olido y visto desde sus m&uacute;ltiples y variados escondites de debajo de una silla, de debajo de una mesa, de detr&aacute;s de un sill&oacute;n tapizado de rojo y dorado, de detr&aacute;s de las cortinas que ca&iacute;an hasta el suelo en el aula de las tutoras o inmovilizada en el interior de la blanca estanter&iacute;a que ascend&iacute;a hasta el techo de la biblioteca. La ni&ntilde;ita que a veces lloraba mucho y que a veces no lloraba nada, circunstancias ambas que preocupaban por igual a quienes deb&iacute;an encargarse de ella. Esa criatura con un organismo incapaz de retener la salud.</p>
<p>La se&ntilde;ora Muir quer&iacute;a una hija.</p>
<p>Y ella le vendi&oacute; una hija a la se&ntilde;ora Muir. As&iacute; fue.</p>
<p>S&oacute;lo que la se&ntilde;ora Muir no sab&iacute;a que la ni&ntilde;a hab&iacute;a nacido hinchada. Cer&uacute;lea y deca&iacute;da. La se&ntilde;ora Muir no quer&iacute;a una hija marchita ni quer&iacute;a que su hija marchita terminara muriendo.</p>
<p>&iquest;Se la habr&iacute;a comprado de haber sabido que estaba enferma?</p>
<p>&mdash;La se&ntilde;ora quiere otro beb&eacute;. Y dice que no va a pagar m&aacute;s. Ni un c&eacute;ntimo m&aacute;s. Exige uno sano. Pero aqu&iacute; no vendemos beb&eacute;s. &iquest;Verdad que no? &iquest;Vendemos beb&eacute;s, querida? Responde, mi reina. &iquest;Nosotras, en este internado, vendemos beb&eacute;s? &iquest;Lo hacemos?</p>
<p>Ella s&iacute;. Lo hab&iacute;a hecho.</p>
<p>Y ahora la se&ntilde;ora Muir estaba furiosa.</p>
<p>Se hab&iacute;a presentado en la puerta de la residencia a los tres d&iacute;as, quiz&aacute; a los cuatro, reclamando justicia despu&eacute;s de haber hecho circular cada pormenor (fechas, costes) de un extremo a otro de la poblaci&oacute;n. Por los rincones en los que se instalaban sus convecinos a beber y comer pipas, a veces sobre un suelo de serr&iacute;n, a veces sobre la capa restante del qu&iacute;mico color coral con el que mataban a las hormigas en los meses de junio, julio y agosto. Por los compartimentos del tren y las v&iacute;as de la estaci&oacute;n, de pasajero en pasajero. Hab&iacute;a ido difundiendo su desdicha por los andenes. Hab&iacute;a aullado en sue&ntilde;os. Acurrucada en su nido, junto a la cuna del beb&eacute; que ya no estaba, pataleando. Chillando que le hab&iacute;an entregado a una ni&ntilde;a en mal estado. Una ni&ntilde;a que lleg&oacute; a este mundo descompuesta. Y como aquello era un crimen, ten&iacute;a derecho a una compensaci&oacute;n. A reclamar lo que era suyo.</p>
<p>&mdash;Ya me parec&iacute;a a m&iacute; demasiado barata &mdash;repet&iacute;a.</p>
<p>Ella, la alumna que segu&iacute;a en el taburete y en cuya cabeza se hab&iacute;a gestado el plan (estrategia y desempe&ntilde;o), consideraba poco digno y poco propio de un ser aristocr&aacute;tico ir vociferando y mendigando como lo hac&iacute;a la se&ntilde;ora Muir. Tampoco le parec&iacute;a nada digno haber tenido que mentir en el despacho de la directora despu&eacute;s de escuchar la historia de la ni&ntilde;a desaparecida y despu&eacute;s de que le preguntasen si sab&iacute;a d&oacute;nde estaba. &iquest;T&uacute; sabes algo? Haz memoria, pi&eacute;nsalo con calma, no hay prisa. &iquest;Qu&eacute; has hecho? &iquest;Vas a decirnos qu&eacute; es lo que has hecho? Tuvo que negar con la cabeza y pronunciar un conciso no, mientras se reafirmaba en su razonamiento avanzado que ven&iacute;a a concluir en que resultaba l&iacute;cito entregarle un beb&eacute; a quien lo requiriera ya que hab&iacute;a muchos beb&eacute;s en el mundo. &iquest;C&oacute;mo iba a sospechar que la se&ntilde;ora Muir la acusar&iacute;a directamente a ella? &iquest;C&oacute;mo imaginar que iba a sentirse tan ofendida? Tan humillada.</p>
<p>Y ahora, mientras asist&iacute;a al desalojo y a una exclusi&oacute;n pr&oacute;xima a la excomuni&oacute;n, reflexionaba acerca de la necesidad &uacute;ltima de semejante comportamiento. La proporcionalidad. Se cuestionaba si la violencia y los excesos de tanta queja iban a influir en unas consecuencias m&aacute;s o menos favorables. Una mayor compensaci&oacute;n final. Una reparaci&oacute;n m&aacute;s ventajosa. El desagravio.</p>
<p>Qu&eacute; m&aacute;s daba. Esa ser&iacute;a la cuesti&oacute;n exacta.</p>
<p>Qu&eacute; m&aacute;s iba a dar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>6</p>
<p>&iquest;La dejar&iacute;an morir de hambre? &iquest;Era ese el motivo por el que le hab&iacute;an ordenado que se sentara en un taburete y no se moviera mientras las dem&aacute;s s&iacute; lo hac&iacute;an?</p>
<p>Hasta ellas llegaba el olor del humo de la hoguera que preparaba el jardinero para calentarse el almuerzo, y que anticipaba el calor de las chimeneas, la inminencia del invierno. &iquest;Deb&iacute;a temer por su vida, la suya, su propia vida? &iquest;Iban a dejarla morir igual que hab&iacute;a muerto la reci&eacute;n llegada? &iquest;Apreciar&iacute;an en semejante desenlace alg&uacute;n tipo de justicia divina?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>7</p>
<p>La que hab&iacute;a sido su nodriza durante a&ntilde;os le daba un golpe en la cabeza y luego un golpe en el cuello despu&eacute;s de haberle revuelto el pelo largu&iacute;simo con las dos manos y despu&eacute;s de hab&eacute;rselo enredado. La amenazaba con quitarle sus insectos (mariquitas, escarabajos) y sus animales peque&ntilde;os (ninfas, cobayas). Sus libros y libretas. Y ella segu&iacute;a pregunt&aacute;ndose por la importancia real de todo aquello. &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s daba? Con la cantidad de ni&ntilde;as que hab&iacute;a all&iacute; dentro, con la cantidad de puntitos o part&iacute;culas de ni&ntilde;a que circulaban por el universo eterno y hostil, &iquest;qu&eacute; diferencia hab&iacute;a entre una u otra? &iquest;A qui&eacute;n pod&iacute;a afectarle que se llevaran dos beb&eacute;s o que se llevaran cinco? Uno u otro. &iquest;Por qu&eacute; no se la llevaban a ella? Directamente a ella. &iquest;Querr&iacute;a la se&ntilde;ora Muir arrancarla del internado, sacarla por una ventana, por una tuber&iacute;a, por el s&oacute;tano, y acunarla? Darle sus vasos de zumo al amanecer y al anochecer, sus papillas de fruta, sus pur&eacute;s y sus patatas fritas. &iquest;Querr&iacute;a la se&ntilde;ora Muir ponerle sus vestidos de color aguamarina a juego con los zapatos y las horquillas del pelo? Ay, se&ntilde;ora Muir, ll&eacute;veme a m&iacute;. Ay, se&ntilde;ora Muir, enti&eacute;rreme tambi&eacute;n a m&iacute; en una caja blanca de ni&ntilde;a virgen.</p>
<p>Las dem&aacute;s no sab&iacute;an de sus abstracciones ni de sus ruegos. La mayor&iacute;a ni siquiera estaba al tanto de lo que hab&iacute;a ocurrido con la cr&iacute;a enferma a las puertas del edificio. S&oacute;lo espiaban de reojo a una disc&iacute;pula que se hac&iacute;a nudos en el pelo y sosten&iacute;a un libro de arte sacro sobre las rodillas, azotada por la directora en su merodear pasillo arriba, pasillo abajo, mientras ayudaba a arrastrar las maletas y los expedientes de las que se iban. Aquella alumna iba a ser su desgracia, con todo lo que hab&iacute;an hecho por ella, dec&iacute;a la jefa de estudios. Y la escup&iacute;a. Aquella muchacha hab&iacute;a metido al diablo en su comunidad acad&eacute;mica. Aquella criatura que meditaba acerca de que lo bello pod&iacute;a coincidir con lo bueno, pero no tanto con lo &uacute;til y lo provechoso, y acerca de que todo lo que le quedaba por hacer esa ma&ntilde;ana y esa tarde era seguir hundiendo la cabeza en unas p&aacute;ginas que a&uacute;n no entend&iacute;an el concepto de cultura moderna, emitiendo un incoherente sonido entrecortado y neutro. Algo parecido a mah-mah.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="right">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 20 Jan 2022 12:35:11 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un atisbo de esperanza para el futuro]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-atisbo-de-esperanza-para-el-futuro/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2022/MARIANO_MART_NEZ.jpg" alt="" /></p>
<p>&ldquo;La espera orienta / este viaje / como una costura, / detr&aacute;s del arbusto / o la verdad. / El poema al o&iacute;do / nos extrema al mundo. / Y, mientras, lo que fuimos / en las ciudades / nos sirve para vivir.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&Eacute;ste es el poema que abre la primera parte de<em> El viaje del animal</em>, una suerte de proped&eacute;utica o antesala preparatoria al libro que contiene casi todos los elementos que se ir&aacute;n desgranando en su lectura: un ritmo lento, paciente, dilatado (el de la espera), la b&uacute;squeda de una orientaci&oacute;n o v&iacute;a por donde encauzar un viaje que ser&aacute; tanto individual como colectivo, el poema o la escritura como anclaje privilegiado o punto de detenci&oacute;n inevitable, la mirada hacia el pasado y el instinto m&iacute;nimo, pero arraigado, que tiende hacia la supervivencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero vayamos por partes. Digamos, por ejemplo, que <em>El viaje del animal </em>es el<em> </em>tercer poemario de Mariano Mart&iacute;nez, que traza l&iacute;neas de solidaridad y tambi&eacute;n de divergencia con su libro de 2016 <em>Cuando el pan</em> (Ediciones de la Isla del Siltol&aacute;). A&ntilde;adamos, para seguir, que las similitudes con su anterior libro tienen que ver con un aspecto m&aacute;s tem&aacute;tico que formal, pues el lenguaje despojado y pauperizado a voluntad de <em>Cuando el pan </em>ya no halla continuidad en el libro que estoy comentando. En &eacute;ste, la versificaci&oacute;n es m&aacute;s &ldquo;discursiva&rdquo;: la prosodia discurre, sin interrupciones o recortes, sin contenci&oacute;n, sin violencia, pero con los ajustes propios del marco po&eacute;tico. A cada libro seg&uacute;n sus necesidades ling&uuml;&iacute;sticas, podr&iacute;amos decir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;De qu&eacute; viaje nos habla este libro? Se trata de un itinerario tanto real como metaf&oacute;rico, el recorrido por lo que podr&iacute;amos llamar la vida humana, inestable y extra&ntilde;ada, le&iacute;da en clave personal pero tambi&eacute;n conjunta, social, pol&iacute;tica. Este viaje nos sume en el desconcierto de una existencia titubeante con la que solamente podemos reunirnos o identificarnos a tientas -ensayo y error&ndash; a trav&eacute;s del tacto y del sentido m&aacute;s afilado del que podemos disponer o somos capaces de desarrollar: el que podr&iacute;amos llamar &ldquo;sentido po&eacute;tico&rdquo;. Este sentido nos aferra a un modo de transitar o de hacer esa transici&oacute;n, ese camino, buscando las pistas en lo que nos extra&ntilde;a, desbrozando la maleza del lenguaje com&uacute;n y adentr&aacute;ndonos en una senda del lenguaje que nos valga a modo de refugio y amparo ante la fragilidad propia de la condici&oacute;n humana. Una condici&oacute;n errante y err&aacute;tica, marcada por la herida personal y colectiva y las m&uacute;ltiples contradicciones, el temblor, el v&eacute;rtigo y el hambre, pero tambi&eacute;n la resistencia y la voluntad de transformaci&oacute;n de un entorno hostil. El libro ahonda en esas m&aacute;culas o estigmas de lo humano, y al mismo tiempo, dualidad mediante, nos muestra su irresistible y parad&oacute;jica belleza, lograda a trav&eacute;s de una l&iacute;rica que tiende a aislar y sustanciar los elementos y unidades ling&uuml;&iacute;sticas. Dice Mariano: &ldquo;El temblor como lenguaje de belleza,/ sin luz precisa/ ni rostro/ ni regazo&rdquo;, o dicho de otro modo, con H&ouml;lderlin: &ldquo;en el peligro est&aacute; tambi&eacute;n lo que salva.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ah&iacute;, precisamente ah&iacute;, en lo que tiembla, asoma la conexi&oacute;n con algo de lo que podr&iacute;a salvarnos, la animalidad o la reducci&oacute;n de lo humano a lo animal. Mart&iacute;nez observa en el libro la existencia humana desde una mirada a la vez panor&aacute;mica, desapegada, y pr&oacute;xima. En la proximidad aparece el aliento de lo animal como &ldquo;&aacute;nima&rdquo; y soplo de vida, cuenco de calidez, simplicidad y universalidad. El animal y lo animal en nosotros, siempre tan ciegos y volubles, es una suerte de devoluci&oacute;n a un espacio m&aacute;s aut&eacute;ntico, primigenio y m&aacute;s puro: &ldquo;esta paz que buscamos en la mirada/ nos devuelve al animal.&rdquo;</p>
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<p>Otro de los leitmotivs o estaciones de paso para dar sentido a esa vida desgarrada ser&iacute;an el amor y el contacto con la alteridad como experiencias de retroacci&oacute;n y transformaci&oacute;n. La dimensi&oacute;n relacional del yo que se funde con una segunda persona aparece en la segunda parte del libro. El amor se dibuja como una vuelta a casa, asentamiento y morada condicional pero holgada en un mundo hecho de astillas y estruendosos silencios. &ldquo;La condici&oacute;n de regresar,/ aunque de manera torpe,/ lenta, cansada./ Esa es la condici&oacute;n de amar,/ porque la tierra/ siempre permanece/ por nosotros.&rdquo; Como dec&iacute;a la poeta argentina Diana Bellessi: &ldquo;Todos sabemos: partir es volver.&rdquo; Y en ese retorno del que partimos y que nos parte aparece la ternura como posibilidad de echar amarres en alg&uacute;n lugar.</p>
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<p>Ser&aacute; tambi&eacute;n a trav&eacute;s del arte, de la est&eacute;tica (en este caso, la propia escritura) y de sus distintos y m&uacute;ltiples espejos donde se abra tambi&eacute;n un espacio posible de calma y de reflexividad para esta atropellada ruta. Como ya he indicado anteriormente, en el libro de Mart&iacute;nez el lenguaje po&eacute;tico y lo po&eacute;tico en un sentido m&aacute;s general y abstracto cobran un relieve especial en cuanto contenido abordado espec&iacute;ficamente en los textos. El poema es la &ldquo;escritura ceniza que se hace carne&rdquo; y con &eacute;l &ldquo;humedecemos el idioma piel, hu&eacute;rfano&rdquo;. De este modo, el lenguaje po&eacute;tico abre las puertas a la transmutaci&oacute;n y a la uni&oacute;n con lo sensorial, con lo f&iacute;sico, con la piel y lo carnal. La poes&iacute;a hace un revestimiento con la orfandad, y dota de una respiraci&oacute;n a la lengua: &ldquo;la materia del alfabeto latido&rdquo;.</p>
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<p>Asimismo, es en el compromiso pol&iacute;tico que enlaza con la visi&oacute;n de lo ocurrido en el pasado reciente de nuestro pa&iacute;s donde tambi&eacute;n se encuentran otras de las salidas o arraigos del viaje. Concretamente, en el libro se explicita ese esfuerzo por &ldquo;descifrar la memoria&rdquo; en la b&uacute;squeda de la historia del militante anarquista afincado en El Prat de Llobregat Demetrio Beriain Azqueta, en la cuarta parte del libro. Esa b&uacute;squeda de un testimonio singular de vida y militancia podr&iacute;a ser un ejemplo de las formas que tenemos de ahondar en las posibilidades incumplidas en el pasado, en lo que nos legaron las generaciones perdidas, lo no sido, &ldquo;lo inacabado, / la historia que est&aacute; / a punto de nosotros.&rdquo; Y all&iacute;, tal vez, un atisbo de esperanza para el futuro, todav&iacute;a.</p>
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<p>Mariano Mart&iacute;nez, <em>El viaje del animal</em>, Le&oacute;n, Eolas Ediciones, 2021.</p>
<p align="right">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 14 Jan 2022 13:21:04 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tiniebla y claridad]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/tiniebla-y-claridad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2021/auxiliadora500.jpg" alt="" /></p>
<p>La antolog&iacute;a de Mar&iacute;a Auxiliadora &Aacute;lvarez, que lleva por t&iacute;tulo <em>La ma&ntilde;ana imaginada</em>, dibuja un paisaje sagrado, un refugio en donde cerrar los ojos y la vida. Por ello son los versos de Rilke los que presiden el libro: &ldquo;Todo ha descansado / tiniebla y claridad, flor y libro&rdquo;.</p>
<p>Se trata de una poes&iacute;a de gran complejidad y precisi&oacute;n. Poes&iacute;a pura y terrible, dado que alberga tambi&eacute;n toda impureza. Poes&iacute;a que conoce la noche oscura y el sue&ntilde;o del Amado en la naturaleza, siguiendo el rastro de San Juan de la Cruz. Aunque este sue&ntilde;o, que glosa a San Juan de la Cruz, no sea s&oacute;lo la esplendorosa identificaci&oacute;n con la naturaleza, sino tambi&eacute;n la inmersi&oacute;n del Amado en la muerte: &ldquo;y el aroma / h&uacute;medo / de la tierra / abierta / donde / reci&eacute;n duerme / tan solitario / El Amado&rdquo; (162) En la h&uacute;meda tierra abierta nos presenta al dios m&iacute;stico socavando el reino de la muerte, como Orfeo, como Dioniso.</p>
<p>Sobre el paisaje que recrea est&aacute; la muerte &ldquo;porque lo que est&aacute; detenido / ya ha alcanzado su destino&rdquo; (40). Por eso MAA escribe &ldquo;para los muertos&rdquo;.</p>
<p>La naturaleza es la gran creadora impasible: &ldquo;Lo mirado no espera ser mirado / entiende la pausa / la c&oacute;lera / la muerte&rdquo; (49). Me recuerdan estos versos a Blanca Varela: &ldquo;Nadie nos dice c&oacute;mo voltear la cara contra la pared / y morirnos sencillamente / as&iacute; como lo hicieron el gato o el perro de la casa&rdquo; (255, 2016).&nbsp; El ser humano deber&iacute;a entender tambi&eacute;n la muerte -el final de un proceso en el que habremos cometido muchos errores y habremos aprendido muchas lecciones-, porque a trav&eacute;s de ella se puede conocer un mundo &ldquo;de total transfiguraci&oacute;n&rdquo; (211) que accede al otro lado.</p>
<p>Tambi&eacute;n es cierto que &ldquo;m&aacute;s alto es el muro / a cada vuelta / duelen los ojos / de mirar / ya no alcanzaremos / nunca m&aacute;s el otro lado&rdquo; (209). No obstante, nos asombra la poes&iacute;a de MAA porque nos sit&uacute;a en &ldquo;la otra parte&rdquo; del muro, en un territorio nuevo descrito por palabras nuevas, consteladas de matices.</p>
<p>Esta insistencia en la muerte, esta desolaci&oacute;n -no querer existir, vivir en el mundo de los no nacidos (<em>Mis pies en el origen</em>, 273)-, se mantiene en toda la antolog&iacute;a, pero se advierte que, a&uacute;n no sabiendo nada, la poeta ve el mundo y la vida desde los seres peque&ntilde;os (p&aacute;jaros, &aacute;rboles, florecillas), en los que intuye el secreto de la existencia.</p>
<p>Quiz&aacute; MAA sabe que su misterio se halla en flores que est&aacute;n para nada, que nacieron en una peque&ntilde;a herida en la tierra y, luego, resplandecen. P&aacute;jaros, mariposas, piedras, jalonan su poes&iacute;a, como gemas, grandes descubrimientos, hondos paisajes en donde yace el Amado. V&eacute;anse &ldquo;Peque&ntilde;a herida (228) o &ldquo;Celebraci&oacute;n&rdquo; (231).</p>
<p>Claro que en poemas como &ldquo;El sonido del existir&rdquo; (225), dedicado a sus hijos, el nombre de los mismos, sobre el de la madre, ser&aacute; &ldquo;el &uacute;nico / sonido / de existir&rdquo; y lo borrar&aacute;. La vida se concibe como una cadena en la que los nombres de los hijos crecen sobre el de la madre.</p>
<p>Morir es &ldquo;un minucioso trabajo de arte&rdquo; (92). Como Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez cuando habla de poes&iacute;a: &ldquo;llegado el momento / el objeto del arte / ya no se puede / volver a tocar&rdquo;. &ldquo;La muerte recoge la flor en el aire / y re&uacute;ne sus p&eacute;talos / en una misma ca&iacute;da&rdquo; (145), en &ldquo;el lento trabajo de morir&rdquo; (203).</p>
<p>Poes&iacute;a y muerte, al fin y al cabo, &iquest;no son lo mismo? La vida es ser &ldquo;esquirlas de un mundo estallado Diminutos metales / titilando al rojo vivo / y apag&aacute;ndose en el suelo (&hellip;) tenues resplandores de otra luz Niebla desapareciendo en / resquicios de piedra&rdquo; (124) Y aunque sea algo tan insignificante -hilos, esquirlas, tenues resplandores-, es tambi&eacute;n amor y ambos, madre e hijo, est&aacute;n &ldquo;Recubiertos por un traje celeste ca&iacute;do entre los &aacute;rboles&rdquo; (124) No obstante, MAA define con claridad qu&eacute; es hacer poes&iacute;a: &ldquo;es m&aacute;s o menos comparable / a necesitar / a Dios&rdquo; (168).</p>
<p>En todo el libro los l&iacute;mites entre vida y muerte se diluyen: &ldquo;la ma&ntilde;ana / tiene una suave / luz /que se mueve / lentamente / es mi padre / que quiere / hablarme/&rdquo; (153), en <em>Resplandor</em>, o en <em>P&aacute;ramo solo</em>, en donde el padre muerto ocupa todos los paisajes: &ldquo;y yo pude reconocer / el cuerpo de mi padre / entre los escombros&rdquo; (179). Para constatar en otro poema de este libro: &ldquo;En los extremos / de las ramas / aparecen / inesperadamente / los temblores / del brillo / el brillo de lo que ya no existe&rdquo; (200).</p>
<p>Juan Carlos Abril considera que esta incertidumbre entre vida y muerte recrea &ldquo;una zona tarkovskiniana, de arenas movedizas&rdquo; (14).</p>
<p>Estamos, en definitiva, en un mundo de sombras, de intuiciones, de restos del otro lado. Lamentable es nacer y tener la muerte por horizonte, pero tambi&eacute;n puede haber transfiguraciones, soledad blanca.</p>
<p>Luz y sombras se contraponen, se sustituyen, o son lo mismo: &ldquo;Ruego / que esta luz / estalle la noche por dentro / de una sola vez y la amanezca&rdquo; (45).</p>
<p>Al igual que los seres humanos somos &ldquo;esquirlas de un mundo estallado&rdquo;, &ldquo;las peque&ntilde;as llamas / protegidas del aire y de las lluvias / no han dejado de reflejar / sus delicadas sombras / en las paredes / de la ma&ntilde;ana / ha sido de d&iacute;a siempre / por su resplandor&rdquo; (234).</p>
<p>En &ldquo;Luz intocada&rdquo; describe la iluminaci&oacute;n, los instantes que dan sentido a la vida y la retiene, aunque ellos no perduren (43). Como dice MAA &ldquo;M&aacute;s cerca / de la luz / crece / el d&iacute;a / y todo / lo que/suavemente ilumina / basta&rdquo; (176).</p>
<p>La palabra es capaz de aprehender lo esencial, de descubrir la vida, de golpe, y huir, sin permanecer. En <em>Piedra en U</em>, por ejemplo, los poemas son leves. MAA trata de encontrar la palabra esencial, que no pese, la palabra que capte la memoria y la muerte (98).</p>
<p>La memoria &ldquo;la &uacute;nica / materia / por la que / has vivido / o vives&rdquo; (95) A pesar de que el tiempo es inaprensible (&ldquo;apenas y entonces&rdquo;, &ldquo;hay que guardar la fijeza, sin que nos alcance otra luz&rdquo; (159). Un p&aacute;jaro que canta, unas semillas, una flor repentina, todo m&iacute;nimo y radiante, en donde &ldquo;solitaria y deshecha / germine su vida&rdquo; (227).</p>
<p>La poes&iacute;a de MAA, &ldquo;explora ese lugar o territorio donde nadie antes ha llegado&rdquo; (&hellip;) &ldquo;Al lector le llega la emoci&oacute;n viva (&hellip;) emoci&oacute;n nueva, no vivida antes (&hellip;) fuera del poema&rdquo; (Juan Carlos Abril: 17-18).</p>
<p>En efecto, MAA nos sumerge en un mundo de tanta belleza, y tan nuevo, no s&oacute;lo por lo ins&oacute;lito de sus im&aacute;genes, del mundo que crea, sino tambi&eacute;n por su sem&aacute;ntica original, por su carencia de signos de puntuaci&oacute;n. Esta forma de escribir revela el fluir de la conciencia, el ritmo de la vida, su continuidad, su proximidad, que nunca se presta a las convenciones, que no conoce la pausa ni el orden. Algo parecido al rumor continuo del aire entre los &aacute;rboles. Los poemas crecen en los intersticios, en los silencios, y tambi&eacute;n en las palabras que se superponen y se aniquilan o se fortalecen. En &ldquo;No es la palabra Es la voz&rdquo; hallamos una buena descripci&oacute;n: &ldquo;es la voz intentando una modulaci&oacute;n Buscando la armon&iacute;a del sonido del cuerpo contra el aire / como una silla amable separ&aacute;ndose de la mesa&rdquo; (131).</p>
<p>Palabras antit&eacute;ticas se unen para aproximarse a lo que describe &ndash;&ldquo;sonidos del silencio&rdquo; (145)-, contrastes que provocan tambi&eacute;n m&uacute;sica, luz y sombra. Llama la atenci&oacute;n la delicada levedad de tantos poemas -especialmente en <em>Inm&oacute;vil</em> y <em>Sentido aroma</em>-, en los que MAA logra dibujar la imprecisi&oacute;n, lo apenas entrevisto: &ldquo;una rama blanca por venir&rdquo; (216). Pero se trata de una constante en toda la antolog&iacute;a. Un ejemplo preclaro es &ldquo;Piedras de reposo&rdquo;, dedicado a su hijo e inst&aacute;ndole a atravesar el sufrimiento: &ldquo;Todo lo que quiero decirte, hijo Es que del otro lado del sufrimiento / Hay otra orilla / encontrar&aacute;s all&iacute; grandes lajas <em>Una</em> de ellas lleva tu forma tallada con tu / antigua huella labrada Donde cabr&aacute;s exacto y con anchura / no son tumbas hijo son piedras de reposo con sus peque&ntilde;os soles grabados / y sus rendijas&rdquo; (112).</p>
<p>&nbsp;MAA nos muestra tambi&eacute;n la guerra, el sufrimiento y la violencia. La desolaci&oacute;n que respiran algunos versos recuerda a Cernuda y su <em>Donde habite el olvido</em>: &ldquo;algunas palabras escritas en un pu&ntilde;ado de tierra arrastrado por la brisa&rdquo; (127) o en &ldquo;llevar los ojos vivos bajo tierra (122). Esa es la vida del sobreviviente, de quien ha conocido el horror, peor que su muerte.</p>
<p>La poes&iacute;a de MAA conoce la injusticia, el maltrato, la pobreza. Todo esto la atraviesa, junto a la belleza de los p&aacute;jaros, de los paisajes, de lo que, a pesar de su aparente insignificancia, puede oponerse a lo dem&aacute;s. Por eso, mientras se vive, hay que atender a momentos fr&aacute;giles, leves: &ldquo;ofr&eacute;cele / acci&oacute;n Y atenci&oacute;n / a esa / presencia / pues / a cierta hora / oscurecer&aacute; / y s&oacute;lo quedar&aacute; / un tipo / de memoria / :vac&iacute;a o llena: que no podr&aacute; /&nbsp; producir / materia/nueva&rdquo; (95). S&oacute;lo el hombre pobre carece de memoria y, por lo tanto, de vida: &ldquo;Cuando un hombre pobre / trata de recordar / su memoria / es un mont&oacute;n indiferenciado / del mismo color sin movimiento&rdquo; (195).</p>
<p>En toda su obra identifico el contraste entre el descubrimiento de la existencia, de su transparente belleza y del horror que provoca: &ldquo;cuando vivir / se ha vuelto de repente / una gran horrenda abierta / repulsiva / vulgar&rdquo; (242). Pero como dice &Aacute;ngel Valente, el horror tambi&eacute;n es algo, es esperanza: &ldquo;Aunque sea ceniza cuanto tengo hasta ahora, / cuanto se me ha tendido a modo de esperanza&rdquo; (20, 2001).</p>
<p>&nbsp;Por encima del silencio que respiran la guerra y la violencia (126), una l&iacute;nea de vitalismo recorre todos los libros. Son las peque&ntilde;as escenas las que salvan del horror, por ejemplo, en &ldquo;Agradecimiento&rdquo; (154), en donde un p&aacute;jaro mira hacia arriba, al &aacute;rbol que lo alimenta, para agradecerle su regalo, que le da la vida. Estos instantes reveladores se describen con plasticidad y precisi&oacute;n.</p>
<p>La innovaci&oacute;n del discurso, que mencion&aacute;bamos antes, lleva aparejada puntos de vista innovadores como en su libro <em>Cuerpo,</em> en donde afronta el embarazo y el parto como materia po&eacute;tica. Tiene mucho que ver la luz del parto y la muerte que inicia.</p>
<p>Publicado en los a&ntilde;os ochenta pone de manifiesto el trato brutal que reciben las mujeres que paren. No es s&oacute;lo una poes&iacute;a de protesta, que ya ser&iacute;a mucho, sino que se trata de poemas nuevos, de gran intensidad. Poemas en los que late la desesperaci&oacute;n: &ldquo;Me acerco desde los perros / lleno la casa de agua / alambres / cabezas ba&ntilde;os brazos colgados vigas piernas sillas&rdquo; (270).</p>
<p>Como dice Juan Carlos Abril: &ldquo;es la ma&ntilde;ana imaginada, esa que viene despu&eacute;s de todos los sucesos, esa que renueva el ciclo de la existencia, el ciclo vital de los seres humanos, que nos lava de la noche y de la oscuridad y que viene a revivir el mundo&rdquo; (22).</p>
<p>La poes&iacute;a de esta <em>ma&ntilde;ana imaginada</em> es verdaderamente nueva. Deja de lado lo ya conocido y escrito y conforma una expresi&oacute;n original que da otra vuelta de tuerca a los poemas y al mundo que representan, para ofrecernos palabras reci&eacute;n lavadas, palpitantes de otra vida.</p>
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<p>Mar&iacute;a Auxiliadora &Aacute;lvarez, <em>La ma&ntilde;ana imaginada</em>, edici&oacute;n de Juan Carlos Abril,Valencia,<strong><em> </em></strong>Pre-Textos, 2021.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 23 Dec 2021 07:27:34 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Miguel d’Ors: “Toda nuestra vida transcurre en la vecindad de lo sagrado"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/miguel-dors-toda-nuestra-vida-transcurre-en-la-vecindad-de-lo-sagrado/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/MIGUEL_D_ORS_2.jpeg" alt="" /></p>
<p>Como sucede con su abuelo Eugenio, en Miguel d&rsquo;Ors (Santiago de Compostela, 1946), la autoridad con la que habla proviene no tanto del contagio como del territorio que ocupa. De entre sus versos destaca cierto j&uacute;bilo ante el hecho de estar vivo (que siempre exige algo, como escribi&oacute; Gil de Biedma). Por su Fe tiembla el verso, se abre, a veces con la virulencia con la que fueron despachados los mercaderes en el templo, por instantes divertido (<em>Curso Superior de Ignorancia</em>), las m&aacute;s de las ocasiones con una aparente mansedumbre que no es sino la certeza de quedar del lado del dogma. Pese a sus tres amplias antolog&iacute;as anteriores, <em>Poes&iacute;as Completas 2019</em> (Renacimiento) es un exacto recorrido por el respiro de su palabra.</p>
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<p>- &ldquo;Hay bastantes p&aacute;ginas prescindibles&rdquo;, dice en el pr&oacute;logo, demostrando una honestidad poco com&uacute;n. &iquest;C&oacute;mo se reconocen esos versos digamos fallidos?</p>
<p>- Bueno, yo no hablaba de versos, sino de poemas. En mis primeros libros, sobre todo en el primero, hay algunos, escritos con diecinueve, veinte o veintipocos a&ntilde;os, que manifiestan la inmadurez psicol&oacute;gica y expresiva propia de esas edades. Y quien no se percate de eso es un lector tambi&eacute;n inmaduro.</p>
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<p><strong>&ldquo;Estoy convencido que el trabajo atrae la inspiraci&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;nto de oficio y trabajo tiene el poema y cu&aacute;nto de inspiraci&oacute;n, de azar?</p>
<p>- La inspiraci&oacute;n llega cuando quiere, pero no me atrever&iacute;a yo a afirmar que llega por azar. Que surja por causas desconocidas no significa que surja porque s&iacute;. Adem&aacute;s, estoy convencido de que el trabajo la atrae.</p>
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<p>- Asegura que la poes&iacute;a le ha permitido &ldquo;abrir la puerta<strong> </strong>del reino de la Belleza&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; es para Miguel d&rsquo;Ors la belleza?</p>
<p>- &ldquo;Splendor Veritatis&rdquo;.</p>
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<p>- &iquest;Cu&aacute;nto de sagrado tiene la poes&iacute;a?</p>
<p>- Seg&uacute;n quien sea el poeta que la escribe.</p>
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<p>- &iquest;Y de misterio?</p>
<p>Creo que toda nuestra vida transcurre en la vecindad de lo sagrado, es decir, lo divino, que est&aacute; siempre ah&iacute;, invisible pero con una presencia poderosa. Como es invisible, muchos contempor&aacute;neos m&iacute;os lo niegan. Para ellos, herederos del empirismo ilustrado, solo es real lo sensible. Yo creo que la realidad es mucho m&aacute;s que lo que se puede ver, o&iacute;r, oler, saborear y tocar, y por eso en muchas poes&iacute;as m&iacute;as aparecen el misterio y lo misterioso. Pero la creaci&oacute;n po&eacute;tica para m&iacute; tiene m&aacute;s de problema que de misterio, porque es ante todo cuesti&oacute;n de t&eacute;cnica, de oficio. Tanto un problema como un misterio se resisten a nuestro entendimiento, pero mientras que todo problema tiene una soluci&oacute;n, el misterio es inexplicable.</p>
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<p><strong>&ldquo;Yo no soy conservador, sino reaccionario&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; le ha perjudicado m&aacute;s, a la hora de estar all&iacute; donde <em>los importantes</em> (miembros de la poes&iacute;a de la experiencia), ser conservador o cat&oacute;lico practicante?</p>
<p>- Vamos a ver: yo no soy conservador, sino reaccionario. La actitud del conservador es poco activa: consiste en propugnar &ldquo;que las cosas queden como est&aacute;n&rdquo;. Los pol&iacute;ticos conservadores al uso -y en Espa&ntilde;a tenemos un ejemplo inmejorable- cuando llegan al poder suelen dejar intactas las medidas &ldquo;progresistas&rdquo; vigentes. El reaccionario, en cambio, lucha para cambiar las cosas. En eso est&aacute; uno, con lo que sus capacidades le permiten. Y ser reaccionario, tal como yo lo entiendo, implica, al menos en nuestro contexto hist&oacute;rico y geogr&aacute;fico, profesar la Fe cat&oacute;lica (que es una cosa muy pr&aacute;ctica). Por otra parte, o por otras partes, ni est&aacute; claro en qu&eacute; consiste le llamada &ldquo;poes&iacute;a de la experiencia&rdquo;, ni muchos de mis poemas son ajenos a lo que se viene llamando as&iacute;, ni yo tengo el menor inter&eacute;s en &laquo;estar all&iacute;&raquo;, ni &uacute;ltimamente suelo quedar fuera de las antolog&iacute;as y los estudios cr&iacute;ticos serios sobre la poes&iacute;a espa&ntilde;ola actual.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;A un joven poeta le dir&iacute;a que no se preocupe tanto de expresar sus emociones como de provocar las de sus lectores&rdquo;</strong></p>
<p>- &ldquo;Ahora que (su) edad corre ya cuesta abajo&rdquo;, &iquest;qu&eacute; consejo dar&iacute;a a un joven poeta?</p>
<p>- Que lea mucho; que lea a los autores que hay que leer, no a los que suenan por ah&iacute;; que antes de publicar nada haga muchos ejercicios para llegar a dominar el oficio -nadie se pondr&iacute;a a dar un concierto de piano sin antes haber pasado unos a&ntilde;os haciendo escalas- y que no se preocupe tanto de expresar sus emociones como de provocar las de sus lectores.</p>
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<p>- En sus poemas encontramos desde Bush, ETA, Dios, el Opus Dei, Leticia Ortiz&hellip; &iquest;todo es susceptible de ser carne de poema?</p>
<p>- Sobre cualquier cosa se puede hacer tanto buena poes&iacute;a como mala poes&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &ldquo;Ya que la edad empieza/ a empujarme al adi&oacute;s&rdquo;, hay muchas &iquest;f&oacute;rmulas? que, de un modo u otro, hablan de encarar la muerte. &iquest;Qu&eacute; disposici&oacute;n de &aacute;nimo hay que tener para poder hacerlo?</p>
<p>- A un cristiano no tiene mucho sentido hacerle esta pregunta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Usted, que llev&oacute; la contraria a Lupercio Leonardo de Argensola por aquello que escribi&oacute; acerca de que el cielo azul no era ni una cosa ni otra, &iquest;cree en la verdad absoluta?</p>
<p>- Repito la respuesta anterior.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>- </strong>&iquest;C&oacute;mo es posible que no hayan escogido los ecologistas como emblema algunos de sus versos, o alg&uacute;n verso de Mu&ntilde;oz Rojas?</p>
<p>- Ellos se lo dir&aacute;n.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Cada obispo de Roma, como cada fontanero o cada notario, puede encontrar en nosotros afinidades y divergencias&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Es mejor Papa Francisco que Juan Pablo II, que no paraba de viajar?</p>
<p>Cada uno de los Papas es el Papa que, seg&uacute;n los planes de Dios -para nosotros siempre impenetrables-, el Esp&iacute;ritu Santo ha querido (y permitir es una forma de querer) en cada momento hist&oacute;rico. Sin excluir a los impresentables. Todos son el vicario de Cristo en la Tierra, <em>Alter Christus.</em>.. Ahora bien: los Papas son seres humanos, y la humanidad de cada uno es como es, ya desde san Pedro (que no s&eacute; si ser&iacute;a calvo, como asegura la canci&oacute;n tradicional, pero s&iacute; era impulsivo y cobarde), de modo que cada obispo de Roma, como cada fontanero o cada notario, puede encontrar en nosotros afinidades y divergencias.</p>
<p>Yo he conocido siete Papas: P&iacute;o XII, Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco I (al que, no s&eacute; por qu&eacute;, nadie le pone el ordinal, como si ya no fuera a haber m&aacute;s de ese nombre). Con el que mi humanidad sintoniz&oacute; mejor es, sin la menor vacilaci&oacute;n, Juan Pablo II. Lo admiro mucho. Si tuviera que hacer con los dem&aacute;s un <em>ranking </em>de simpat&iacute;as, el &uacute;ltimo lugar lo ocupar&iacute;a, desde luego, el actual, que, como todo el mundo sabe, es el predilecto de los enemigos de la Iglesia. &laquo;Y hasta aqu&iacute; puedo leer&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;A m&iacute; el &eacute;xito siempre me ha parecido sospechoso y, en nuestros d&iacute;as, m&aacute;s sospechoso que nunca&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;l es la relaci&oacute;n con su primo, Pablo d&rsquo;Ors, con quien comparte fe y oficio (de escritor)?</p>
<p>- &Eacute;l ha vivido habitualmente en Madrid o en pa&iacute;ses extranjeros, y yo siempre en lo que suelen llamar &laquo;provincias&raquo;. Creo que nos hemos visto solo dos veces. Por lo dem&aacute;s, es un escritor de &eacute;xito, y a m&iacute; el &eacute;xito siempre me ha parecido sospechoso, y en nuestros d&iacute;as m&aacute;s sospechoso que nunca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>- </strong>H&aacute;bleme de sus gustos po&eacute;ticos.</p>
<p>- Bueno, mis gustos, al parecer, son un tanto rebeldes: admiro unos cuantos poemas de Jaime Gil de Biedma, varios de Rafael Guill&eacute;n, algunos de Carlos Murciano, algunos de Eladio Caba&ntilde;ero, algunos de Carlos Clementson y muchos de Juan Luis Panero, Jos&eacute; Mar&iacute;a Merino, V&iacute;ctor Botas, Antonio Colinas, Fernando Ortiz, Eloy S&aacute;nchez Rosillo, Javier Salvago, Jos&eacute; Luis Garc&iacute;a Mart&iacute;n, Luis Alberto de Cuenca, Jon Juaristi, Andr&eacute;s Trapiello, Julio Mart&iacute;nez Mesanza, Jos&eacute; Cereijo, Susana Benet, Pedro Sevilla, C&eacute;sar Mart&iacute;n Ortiz, Juan Ram&oacute;n Barat, Felipe Ben&iacute;tez Reyes, Carlos Marzal, Amalia Bautista, Jos&eacute; Mateos, Antonio Manilla, Diego Reche, Gabriel Insausti, Javier Almuzara, Karmelo Iribarren, Jos&eacute; Manuel Ben&iacute;tez Ariza, Abel Feu, Enrique Garc&iacute;a-M&aacute;iquez, Tina Su&aacute;rez Rojas, Jaime Garc&iacute;a-M&aacute;iquez, V&iacute;ctor del Moral, etc., por limitarme a los espa&ntilde;oles de 1960 en adelante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Alg&uacute;n autor sobrevalorado, a su juicio?</p>
<p>- Jorge Guill&eacute;n, Aleixandre, Garc&iacute;a Lorca, Cernuda, Carlos Barral, Claudio Rodr&iacute;guez, Caballero Bonald, Valente, Gamoneda, la mayor&iacute;a de los &ldquo;nov&iacute;simos&rdquo; y el 85% de las mujeres poetas.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 10 Dec 2021 13:25:22 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ignacio Echevarría o el contagio entusiasta de la lectura]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/ignacio-echevarria-o-el-contagio-entusiasta-de-la-lectura/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/IGNACIO_ECHEVARR_A.jpg" alt="" /></p>
<p><strong></strong>La autoridad es un territorio del que se ha desterrado no solo al maestro, al m&eacute;dico, a nuestros mayores, tambi&eacute;n al cr&iacute;tico. Cualquiera de nosotros est&aacute; autorizado a emitir un juicio sumar&iacute;simo a prop&oacute;sito del asunto m&aacute;s peregrino&nbsp; o especializado. En un extra&ntilde;o juego circense, la opini&oacute;n ha desplazado a la persona que la articula y exige ser respetada como sujeto digno de derecho, por fam&eacute;lica de sentido que resulte la opini&oacute;n en s&iacute;. &iquest;Qui&eacute;n no est&aacute; autorizado a decir que tal o cual libro es <em>necesario</em>, <em>imprescindible</em>, <em>&uacute;nico</em>, <em>descarnado</em>&hellip;? Da igual el bagaje y la arquitectura cultural, se dice y punto. Y t&uacute;, querido cr&iacute;tico, que llevas entrenando el instinto lector durante a&ntilde;os, que has conformado con tus lecturas un mapa lo suficientemente generoso y extenso como para no perderte en casi ning&uacute;n territorio, a santo de qu&eacute; llegas con tu descaro de profeta a decirme si un libro es o no excelso, mediocre, tramposo, digno.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El discurso se sentimentaliza, y si se argumenta la calidad de un texto y la conclusi&oacute;n no es luminosa, o s&iacute;, pero con matices, o no pero de manera justificada, el autor o sus ac&oacute;litos se convierten en seres muy irascibles que exigen hoguera, fuego purificador, para que el cr&iacute;tico exp&iacute;e el pecado de exponer su criterio, conocedor de que, como dijera Balmes, &laquo;la lectura es como el alimento; el provecho no est&aacute; en proporci&oacute;n de lo que se come, sino de los que se digiere&raquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y de entre los cr&iacute;ticos con los que estamos en deuda, Ignacio Echevarr&iacute;a (Barcelona, 1960). Su reci&eacute;n florilegio de autores extranjeros, <em>El nivel alcanzado</em> (Debate), cierra una tr&iacute;ada que comenz&oacute; con <em>Trayectos</em>, dedicado a la narrativa espa&ntilde;ola, y continu&oacute; con <em>Desv&iacute;os</em>, que atend&iacute;a a las voces narrativas de Hispanoam&eacute;rica. Desde luego, esta entrega vuelve a demostrar, con cierta humildad, <em>qu&eacute; nivel se ha alcanzado</em> (la imagen del t&iacute;tulo es de uno de los custodios literarios de Echevarr&iacute;a, Musil). Basta zascandilear por estos 36 textos que componen la primera parte del volumen (escritos m&aacute;s breves, bien de libros, bien de autores, cada uno con su posdata) o entregarse a cualquiera de los trabajos m&aacute;s extensos que disponen la segunda, en su mayor&iacute;a pr&oacute;logos o conferencias, y que incluyen dos piezas in&eacute;ditas, una sobre <em>Viaje al fin de la noche </em>de C&eacute;line (&lsquo;Una disecci&oacute;n&rsquo;) y otra sobre Iris Murdoc (&lsquo;Iris Murdoch y la m&aacute;quina del amor&rsquo;). Espl&eacute;ndido, por cierto, el pr&oacute;logo del escritor y editor Andreu Jaume, m&aacute;s estudio preliminar que <em>saluda</em>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin aspirar a convertirse en canon personal (aunque los autores recogidos est&aacute;n en la constelaci&oacute;n que habita; algunos de hecho son figuras tutelares del cr&iacute;tico, como Kafka, Canetti o Benjamin), mucho menos a clausurar un ciclo de lecturas (<em>el nivel alcanzado</em> nos permite saber que toda selecci&oacute;n es un error), estas notas est&aacute;n escritas con la soltura, vehemencia y el vuelo de quien no aspir&oacute; nunca a ser escritor, lo cual le exime del tono acad&eacute;mico, pl&uacute;mbeo o resentido.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Escribe Echevarr&iacute;a desde un lugar que no es exactamente el del yo, como sucede a algunos poetas, y siempre desde el cig&uuml;e&ntilde;al que nivela la opini&oacute;n y la informaci&oacute;n, sabiendo que la cr&iacute;tica tiene naturaleza propia, d&uacute;ctil, l&aacute;bil, emancipada, y se desprende, adem&aacute;s, de estas piezas cierta fruici&oacute;n que responde a que estos escritos sirvieron durante a&ntilde;os a modo de consuelo (de &laquo;desagravio&raquo; estuvo a punto de apostillar el propio Ignacio en su nota) mientras alumbraba esas otras cr&iacute;ticas de t&iacute;tulos patrios que tantos sinsabores le trajeron.</p>
<p>Recala en Kipling, en Thomas Mann, en Coetzee; tambi&eacute;n en otros autores menos populares en estas tierras como Manganelli o Julien Gracq e incluso en nombres &laquo;peligrosos&raquo; como J&uuml;nger (fascinante la cr&iacute;tica a prop&oacute;sito de <em>El libro del reloj de arena</em>). Con aplomo y distancia (podr&iacute;a decirse incluso que por momentos es fr&iacute;o, como ciertos terapeutas lacanianos), estas cr&iacute;ticas nos recuerdan aquello que hab&iacute;amos olvidado, nos apuntan perspectivas que se nos escaparon al leer los libros de los que hablan, traduce en palabras intuiciones lectoras que tuvimos. Nos ense&ntilde;an. Nos dan sed. Son generosamente exactas en su disecci&oacute;n. Sin que se le presuponga una infalibilidad que no asume ni se espera.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Eso s&iacute;, no busque el lector lecturas de ensayo, teatro, poes&iacute;a. Ignacio se asent&oacute; en las lindes de la novela. Lo cual es otro rasgo de autenticidad. &iquest;Qu&eacute; se opina de los que opinan sobre cualquier asunto, ll&aacute;mense tertulianos, si procede? Echevarr&iacute;a ser&iacute;a, en todo caso, invitado de <em>La Clave</em>, un especialista en narrativa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;No hay suspicacia que socave el principio de autoridad de seg&uacute;n qui&eacute;n firme la pieza. Desde luego, no la hay ante Ignacio Echevarr&iacute;a, dado <em>el nivel alcanzado</em>.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ignacio Echevarr&iacute;a, <em>El nivel alcanzado. Notas sobre libros y autores extranjeros</em>, Barcelona, Debate, 2021.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 10 Dec 2021 13:21:45 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El vértigo que nos lleva]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-vertigo-que-nos-lleva/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/aitana500.jpg" alt="" /></p>
<p>En&nbsp;<em>La civilizaci&oacute;n no era esto</em>&nbsp;(IV premio EspasaesPoes&iacute;a) Aitana Monz&oacute;n ha jugado sus cartas y, al hacerlo, ha asumido sus riesgos. Escribo esto porque el libro presenta una arquitectura compositiva con unos cimientos muy s&oacute;lidos y consistentes, todos ellos declarados con honestidad por la propia poeta, desde Rainer Maria Rilke y Anne Carson (que abren y cierran, respectivamente, el volumen con unas citas complementarias), pasando por&nbsp;<em>Justine</em>, la novela de Lawrence Durrell que abre el celeb&eacute;rrimo Cuarteto de Alejandr&iacute;a y que desempe&ntilde;a una funci&oacute;n estructural relevante en este poemario, la fil&oacute;sofa y activista pol&iacute;tica francesa Simone Weil, la poes&iacute;a goliarda o el grand&iacute;simo poeta nacido turco y muerto polaco Nazim Hikmet.</p>
<p><br /> Estructurado en cinco actos, el volumen plantea una escritura fundada desde una autoconciencia y una radicalidad extremas, cimentada sobre continuas sinestesias, hip&eacute;rbatos, aliteraciones, rimas internas y paralelismos con los que va dot&aacute;ndose de una fuerte cohesi&oacute;n r&iacute;tmica, en la que un lenguaje intensamente musical y euf&oacute;nico se presenta como el testigo inc&oacute;modo de una ausencia que ha de acabar arrasando todo, una escritura que puede leerse como un ejemplo paradigm&aacute;tico de esa&nbsp;<em>po&eacute;tica de la aniquilaci&oacute;n</em>&nbsp;de la que hablara Gaston Bachelard y que puede apreciarse bien en diversos poemas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br /> Creo que este libro se ha escrito a la luz de una po&eacute;tica que traza v&iacute;nculos entre el lenguaje y el pensamiento y se adentra por senderos que antes hab&iacute;an explorado poetas como Edmond Jab&egrave;s, Roberto Juarroz, Octavio Paz, Henri Meschonnic, Paul Celan o Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente, por citar unos pocos, quienes entendieron sus propuestas como plataformas para pensar. En general, la poes&iacute;a en espa&ntilde;ol de una y otra orillas del Atl&aacute;ntico no se ha entendido como un lugar para impulsar la reflexi&oacute;n y el pensamiento cr&iacute;tico. Creo que Aitana Monz&oacute;n es una excepci&oacute;n a esta regla y, por lo tanto, su poes&iacute;a &mdash;por lo menos la que podemos leer en&nbsp;<em>La civilizaci&oacute;n no era esto</em>, su segundo libro tras&nbsp;<em>Dormir &agrave; la belle &eacute;toile</em>&nbsp;(2019)&mdash; deber&iacute;a verse a la luz de estos planteamientos.<br /> Amenazada por el desgarramiento y la desaparici&oacute;n, brota esta palabra po&eacute;tica para dar cuenta de una incertidumbre, una carencia o un deseo, una realidad tan solo imaginada, indicio de una potencia que lucha por materializarse en acto, sabedora, como leemos en uno de los poemas, de que &laquo;Esto&mdash; que es la nada / se refleja ante m&iacute; // como la vida&raquo; (p. 33). As&iacute;, cabe pensar que al activar esa palabra se avanza hacia el logro de una mayor conciencia de realidad, desarrollando un trabajo exigente que consiste, como repet&iacute;a Foucault, en despegar las capas para alcanzar un contacto con lo real sin ning&uacute;n tipo de a&ntilde;adido extra&ntilde;o. De este modo, inteligencia, soledad, responsabilidad, silencio y dominio acaban siendo los compa&ntilde;eros de viaje de la poeta en este libro, y con ellos construye una poes&iacute;a que tan solo ofrece inquietud e inestabilidad, un escenario marcado al mismo tiempo por un af&aacute;n emancipador.</p>
<p><br /> Una escritura que muestra muy a las claras que el lenguaje o, lo que en este caso viene a ser lo mismo, la vida, es, como se recoge de Simone Weil en uno de los poemas, &laquo;arraigarse en la ausencia de lugar&raquo; (p. 22). Pero, &iquest;c&oacute;mo plantar casa, c&oacute;mo echar ra&iacute;z en la paradoja y en la contradicci&oacute;n? A veces, las rupturas l&eacute;xicas se abren paso y sucede que quien escribe siente c&oacute;mo se disuelven las palabras y el silencio encuentra v&iacute;as por las que poder ventilarse. Aitana Monz&oacute;n ha dejado respirar al silencio en este libro, y no solo entre los espacios en blanco que se cuelan entre las palabras descompuestas o entre los corchetes que ni tan siquiera unos puntos suspensivos contienen al mostrar una ausencia, como sucede, por ejemplo, en la escena I del acto tercero.</p>
<p><br /> En gran parte,&nbsp;<em>La civilizaci&oacute;n no era esto</em>&nbsp;est&aacute; construido sobre la ausencia, el vac&iacute;o y el silencio, motivos vehiculares en el poemario, de tal modo que a quien escribe solo le salva la palabra, aunque, como leemos en otro poema, quien habla sea muy consciente de que &laquo;fablar la babel no dice nada / solo demuestra el susurro del vac&iacute;o&raquo; (p. 47) y, en este caso, se trata del vac&iacute;o dejado por la ausencia que habr&iacute;a de prolongar de un modo natural nuestra presencia. Emerge as&iacute; una po&eacute;tica sustentada sobre la idea de que el centro es un lugar desubicado y, por eso mismo, simboliza no tanto un punto de cierre como el inicio de una apertura hacia lo que hay al otro lado, ese sitio donde, como leemos en uno de estos poemas, &laquo;las manos siguen haciendo cosas / en alivio profundo despu&eacute;s de todo&raquo; (p. 13). En este sentido, la b&uacute;squeda de las orillas y los m&aacute;rgenes se presenta como una aventura de iniciaci&oacute;n y por ah&iacute; emergen muchos de los poemas que Aitana Monz&oacute;n ha reunido en este libro que contiene versos e im&aacute;genes memorables.<br /> El intr&iacute;ngulis de la cuesti&oacute;n radica en la relaci&oacute;n que aqu&iacute; se ha establecido con el lenguaje, incorporado como una herramienta de reflexi&oacute;n y transformaci&oacute;n del mundo y sometido a una tensi&oacute;n extrema. Cabr&iacute;a decir que Aitana Monz&oacute;n ha concebido una escritura plural y compleja, edificada sobre la inestabilidad, dispuesta a cruzar fronteras y a escuchar los latidos de la inseguridad, generando un multiperspectivismo que engloba el m&aacute;s all&aacute; o el m&aacute;s ac&aacute; del yo, como sucede, por ejemplo, en la escena III del acto V, el poema con el que se cierra el libro y en el que el poeta&nbsp;<em>anhaga</em>&nbsp;(&lsquo;deambulante, ap&aacute;trida&rsquo;), seg&uacute;n nos cuenta esta poeta, hace mutis por el foro y abandona la escena para dejar que sea el coro, una voz que es muchas voces, quien prolongue el relato dej&aacute;ndose arrastrar por el v&eacute;rtigo hacia un abismo abierto, sin fondo, que no termina de cerrarse con un punto final. Por ah&iacute; se puede apreciar la saludable labor cr&iacute;tica que se ha llevado a cabo en este singular e interesant&iacute;simo libro en el que la poes&iacute;a es &iacute;ndice del desierto y el silencio, orientado a impulsar la posibilidad de un mundo in&eacute;dito, y para llevar a cabo ese proceso es preciso, como sugiere la autora de&nbsp;<em>La civilizaci&oacute;n no era esto</em>, desprendernos de todo lastre, desterrar del mundo todas las palabras que a lo largo de la historia lo han cercado con la intenci&oacute;n de iniciar un camino in&eacute;dito.</p>
<p><br /> <br /> <br /> <br /> Aitana Monz&oacute;n,&nbsp;<em>La civilizaci&oacute;n no era esto</em>, Barcelona, Espasa, 2021.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 03 Dec 2021 10:11:29 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Segundo de Chomón, uno de los pioneros del cine universal, protagoniza TURIA]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/segundo-de-chomon-uno-de-los-pioneros-del-cine-universal-protagoniza-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2021/Chomon500.jpg" alt="" /></p>
<p>El nuevo n&uacute;mero de la revista cultural TURIA tiene como principal objetivo rendir un merecido homenaje a Segundo de Chom&oacute;n, con motivo de cumplirse este a&ntilde;o el 150 aniversario de su nacimiento. Este turolense pionero del cine universal es el protagonista de un espectacular, atractivo, novedoso y completo monogr&aacute;fico que pone en valor su obra y lo describe como uno de los grandes creadores de los or&iacute;genes del cine. Y es que Chom&oacute;n no s&oacute;lo contribuy&oacute;, a comienzos del siglo XX, a la construcci&oacute;n de un oficio hasta entonces inexistente como el cinematogr&aacute;fico, su papel tambi&eacute;n fue fundamental en la creaci&oacute;n de un nuevo arte: el cine. &nbsp;</p>
<p>El fil&oacute;sofo y escritor Juan Arnau fue el encargado de presentar TURIA, el d&iacute;a 1 de diciembre, en el Museo de Teruel. El acceso al acto, que tuvo lugar a las 20 h., fue libre hasta completar el aforo. Tambi&eacute;n est&aacute; previsto que el pr&oacute;ximo mes de enero esta nueva entrega de la revista se de a conocer en Madrid, en un evento en homenaje a Segundo de Chom&oacute;n que se desarrollar&aacute; en la Academia del Cine.</p>
<p>Sin duda, con la elaboraci&oacute;n y difusi&oacute;n de este trabajo colectivo en torno a Segundo de Chom&oacute;n, se cumple adecuadamente con la necesidad de redescubrir a un gran nombre propio del cine universal. Un creador cuya obra cinematogr&aacute;fica puede y debe difundise entre el p&uacute;blico actual por su trascendencia y singularidad.</p>
<p>A&nbsp; trav&eacute;s&nbsp; de&nbsp; un&nbsp; cuidado&nbsp; monogr&aacute;fico que contiene casi 200 p&aacute;ginas de textos in&eacute;ditos elaborados por 22 autores, TURIA desea contribuir a fomentar ese conocimiento de la vida y obra de Segundo de Chom&oacute;n (Teruel, 1871 &ndash; Par&iacute;s, 1929). No en vano, el&nbsp; prop&oacute;sito de la revista es, adem&aacute;s de que varios estudiosos y especialistas analicen y difundan la relevancia de su trabajo cinematogr&aacute;fico, ofrecer una nueva mirada m&aacute;s creativa y contempor&aacute;nea a su cine desde la perspectiva de la creaci&oacute;n literaria actual.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>CINE Y LITERATURA EN SEGUNDO DE CHOM&Oacute;N</strong></p>
<p>Dado&nbsp; su&nbsp; car&aacute;cter&nbsp; interdisciplinar&nbsp; y&nbsp; la&nbsp; calidad&nbsp; de los colaboradores que participan en la iniciativa, el monogr&aacute;fico de la revista TURIA contribuir&aacute; a lograr una doble finalidad: en primer lugar, se confirma la vigencia y el inter&eacute;s de la labor cinematogr&aacute;fica de Segundo de Chom&oacute;n. Una segunda, y m&aacute;s importante y novedosa,&nbsp; es la de profundizar los v&iacute;nculos entre cine y literatura a trav&eacute;s del cine pionero de Segundo de Chom&oacute;n. La idea es brindar una mirada m&aacute;s original sobre el personaje y/o la obra m&aacute;s all&aacute; de la erudici&oacute;n o de la especializaci&oacute;n. Para ello los colaboradores aportan textos creativos in&eacute;ditos (un relato, una aproximaci&oacute;n personal, etc.) que permiten otra lectura m&aacute;s actual y diferente sobre el trabajo de Chom&oacute;n, as&iacute; como demuestran los v&iacute;nculos entre cine y literatura o estimulan la creatividad narrativa contempor&aacute;nea a partir del cine de principios del siglo XX.</p>
<p>Por tanto, y atendiendo al perfil de los colaboradores, la propuesta de la revista TURIA lograr&aacute; alcanzar el objetivo de ofrecer nuevas y rigurosas aproximaciones en torno a Segundo de Chom&oacute;n, su personalidad y su trabajo f&iacute;lmico, as&iacute; como recrearlo y ficcionalizarlo literariamente.</p>
<p>El monogr&aacute;fico de TURIA sobre Segundo de Chom&oacute;n ha sido coordinado por Amparo Mart&iacute;nez Herranz, profesora Titular de Historia del Cine de la Universidad de Zaragoza. Lo integran textos in&eacute;ditos elaborados por destacados estudiosos y especialistas en su obra, as&iacute; como escritores de diversas procedencias y vinculados al mundo del cine.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>EL CINE ES SUE&Ntilde;O Y DESEO: CHOM&Oacute;N Y BU&Ntilde;UEL</strong></p>
<p>En el art&iacute;culo que abre el monogr&aacute;fico Chom&oacute;n de TURIA, Amparo Mart&iacute;nez Herranz plantea una interesante hip&oacute;tesis de trabajo: &ldquo;Dentro de los juegos con la leyenda y el misterio en torno a Chom&oacute;n se nos ocurre plantear en este punto una apasionante ucron&iacute;a: si Luis Bu&ntilde;uel hubiese aceptado el trabajo como ayudante de Abel Gance que le propuso su maestro Jean Epstein &iquest;Chom&oacute;n y &eacute;l se habr&iacute;an conocido e identificado como paisanos? &iquest;De qu&eacute; hubieran hablado? &iquest;Les preocupaban los mismos problemas en relaci&oacute;n con el cine?</p>
<p>Lo que s&iacute; sabemos es que Bu&ntilde;uel y Chom&oacute;n estaban especulando en t&eacute;rminos cinematogr&aacute;ficos y por las mismas fechas y acerca de la naturaleza de los sue&ntilde;os, aunque los de Bu&ntilde;uel resultasen m&aacute;s desasosegantes. Chom&oacute;n lo hab&iacute;a hecho brillantemente construyendo para Benito Perojo, en <em>El negro que ten&iacute;a el alma blanca</em> (1927), la secuencia del sue&ntilde;o de Emma, una joven actriz interpretada por Conchita Piquer que sue&ntilde;a con uno de sus compa&ntilde;eros de reparto, el bailar&iacute;n negro Peter Wald (Raymond Sarka), por el que experimenta sentimientos encontrados, una mezcla entre rechazo y deseo. Para componer estas im&aacute;genes, Chom&oacute;n utiliz&oacute; sobreimpresiones, maquetas y emple&oacute; muy inteligentemente la c&aacute;mara lenta. Los mismos trucajes que dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde aplic&oacute; Bu&ntilde;uel a la producci&oacute;n de<em> Un perro andaluz</em> (1929), planteada toda ella como el fluir de un sue&ntilde;o en el que tambi&eacute;n se entretejen el deseo, el rechazo y los juegos de aproximaci&oacute;n m&aacute;s o menos er&oacute;tica. Todo ello combinado con la mediaci&oacute;n de la publicidad como otra forma distinta de provocaci&oacute;n del deseo que en la siguiente pel&iacute;cula de Bu&ntilde;uel,<em> La Edad de oro</em> (1930)<em> </em>se materializa en el anuncio de medias Anitta y<em> En el negro que ten&iacute;a el alma blanca</em>, en el p&oacute;ster de papel de fumar Bamb&uacute;.</p>
<p>Resulta curioso que estos dos turolenses llegasen a similares soluciones visuales para evocar el mundo on&iacute;rico y la pulsi&oacute;n del deseo. Pero, pese a la diferencia generacional, esta coincidencia puede explicarse en el contexto del Par&iacute;s de los a&ntilde;os veinte, en dos profesionales del cine impregnados hasta la m&eacute;dula de la cultura francesa e influidos, en mayor o menor medida, por las b&uacute;squedas y reflexiones de las vanguardias y por los hallazgos de Hollywood, el Expresionismo alem&aacute;n y autores como Jean Epstein o Abel Gance. Tal vez esto explique que Chom&oacute;n y Bu&ntilde;uel desde distintos &aacute;mbitos, llegasen a la misma conclusi&oacute;n: que el cine, en esencia, es sue&ntilde;o y deseo.&rdquo;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>REIVINDICACI&Oacute;N DE LA FIGURA DE CHOM&Oacute;N</strong></p>
<p>Fundamental para entender el esp&iacute;ritu pionero de Segundo de Chom&oacute;n y la calidad de su trabajo es el art&iacute;culo que Agust&iacute;n S&aacute;nchez Vidal publica en TURIA&nbsp; bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Contextos&rdquo;. El catedr&aacute;tico em&eacute;rito de Historia del Cine de la Universidad de Zaragoza, reconocido especialista en Chom&oacute;n, argumenta que &ldquo;de todos los malentendidos, quiz&aacute; el m&aacute;s dif&iacute;cil de gestionar sea el sambenito de <em>M&eacute;li&egrave;s espa&ntilde;ol, </em>que sigue coleando de forma expl&iacute;cita o bien conduce a una asimilaci&oacute;n t&aacute;cita de su obra con la del pionero franc&eacute;s, hoy ampliamente recuperado. (&hellip;) Es l&oacute;gico que se vinculen los trabajos de este &uacute;ltimo con M&eacute;li&egrave;s. Se inici&oacute; bajo su tutela y m&aacute;s tarde fue contratado por la Path&eacute; para competir con &eacute;l. Adem&aacute;s, durante alg&uacute;n tiempo compartieron muchas cosas. Pero terminaron abordando problemas y g&eacute;neros desde una mentalidad bastante distinta. El talante de M&eacute;li&egrave;s era m&aacute;s teatral y arcaizante; el de Chom&oacute;n, m&aacute;s cinematogr&aacute;fico y moderno. Por decirlo de un modo un poco tosco, el primero tend&iacute;a a los trucos<em> filmados</em> y el segundo a los trucos<em> f&iacute;lmicos</em>&rdquo;.</p>
<p>Seg&uacute;n S&aacute;nchez Vidal, &ldquo;el turolense termin&oacute; siendo una enciclopedia viviente de recursos t&eacute;cnicos, con un nivel que ning&uacute;n otro alcanz&oacute; en su tiempo. En contra de lo que a&uacute;n suele decirse, muchos de ellos no eran invenci&oacute;n suya, como sucede con el paso de manivela. (&hellip;) Lo que sucede es que &eacute;l perfeccion&oacute; esta y otras t&eacute;cnicas, otorg&aacute;ndoles diferente alcance y dimensi&oacute;n, al igual que sucedi&oacute; con determinados movimientos de c&aacute;mara, a los que a&ntilde;adi&oacute; los <em>travellings </em>en interiores, las tomas cenitales, los <em>caches</em> para presentar figuras humanas de diferentes proporciones o el uso de las transparencias. Y sigue siendo una referencia imprescindible en el cine de animaci&oacute;n, al que aport&oacute; los mu&ntilde;ecos articulados, las sombras chinescas, las siluetas, el modelado en barro, con hielo, cuerdas, fotograf&iacute;as o papeles.&rdquo;</p>
<p>El director de la Filmoteca Espa&ntilde;ola, Josetxo Cerd&aacute;n, en un art&iacute;culo que firma junto a Mari&aacute;n del Egido, escribe en TURIA sobre los materiales f&iacute;lmicos de diverso origen y formato que se conservan en su organismo, avala la tesis de que el universo de Chom&oacute;n se contin&uacute;a expandiendo y concluye afirmando que &ldquo;en Filmoteca Espa&ntilde;ola esperamos que, igual que ha ocurrido con Chom&oacute;n, las diversas fechas redondas sirvan para poner en orden nuestras colecciones y, no menos importante, poder estructurar un discurso transversal sobre nuestro cine que derribe barreras que, aunque invisibles, todav&iacute;a lo constri&ntilde;en&rdquo;.</p>
<p>La escritora Irene Vallejo, subraya en su texto titulado &ldquo;Palabra de fuego, cuentos de luz&rdquo; que &ldquo;este aventurero turolense fue uno de los primeros en dise&ntilde;ar para la gran pantalla nuestro imaginario visual del mundo cl&aacute;sico&rdquo;, mientras que el director de cine y escritor Manuel Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n nos dir&aacute;, en su art&iacute;culo &ldquo;Segundo de Chom&oacute;n: b&uacute;squedas, sorpresas y hallazgos&rdquo;:&nbsp; &ldquo;Lo que me gusta ver en las realizaciones de Segundo de Chom&oacute;n hoy en d&iacute;a es precisamente lo que tienen de b&uacute;squeda de un sentido propio del cine, sean por la exploraci&oacute;n de la &ldquo;ilusi&oacute;n de realidad&rdquo; o de la ilusi&oacute;n a secas. Son dos caras del cine. Y revisando aquellas pel&iacute;culas, nos quedan muy marcados, muy evidentes, ese car&aacute;cter bifronte del cine. Pero la mano que mueve la manivela es la misma: un &uacute;nico artista en posesi&oacute;n de los recursos de que dispone en ese momento, tanto t&eacute;cnicos como creativos&rdquo;.</p>
<p>Una de las inequ&iacute;vocas certezas que tenemos sobre Chom&oacute;n es la pasi&oacute;n que sent&iacute;a por el color, que utiliz&oacute; con una vocaci&oacute;n m&aacute;gica y surreal, tal y como se&ntilde;ala Vicente Molina Foix en su art&iacute;culo &ldquo;Segundo de Chom&oacute;n, el m&aacute;gico prodigioso&rdquo;. Por su parte, Ant&oacute;n Castro reivindica, en su texto &ldquo;Segundo de Chom&oacute;n, el pionero de la moderna luz&rdquo;, el misterio en torno al cineasta.</p>
<p>Tambi&eacute;n participan con art&iacute;culos in&eacute;ditos autores y especialistas como: Fernando Sanz Ferreruela (&ldquo;Segundo de Chom&oacute;n en Espa&ntilde;a: m&aacute;s all&aacute; del cine de trucajes&rdquo;), Daniel S&aacute;nchez Salas (&ldquo;De Chaumont a Chom&oacute;n. El lugar de Segundo de Chom&oacute;n en la historiograf&iacute;a del cine&rdquo;; Joan M. Minguet Batllori (&ldquo;El paradigma Chom&oacute;n: una visualidad extinguida&rdquo;), Bernardo S&aacute;nchez (&ldquo;En la &oacute;rbita de Chom&oacute;n&rdquo;), Mariona Bruzzo y Rosa Cardona (&ldquo;Cine de atracciones: Segundo de Chom&oacute;n, Barcelona y Filmoteca de Catalu&ntilde;a&rdquo;), Ana Marques&aacute;n Modrego (&ldquo;Mariposas, cascadas de fuego y cuentos de hadas en la Filmoteca de Zaragoza&rdquo;), Roberto S&aacute;nchez L&oacute;pez (&ldquo;L&rsquo;affiche de Chom&oacute;n. La carteler&iacute;a y el cine de Chom&oacute;n&rdquo;), Luis Alberto de Cuenca (&ldquo;Carlos Fern&aacute;ndez Cuenca y Segundo de Chom&oacute;n&rdquo;), Manuel Hidalgo (&ldquo;Una charla con Carmine Coppola&rdquo;).</p>
<p>Especial relevancia tienen las ficciones literarias en torno a Chom&oacute;n, con relatos in&eacute;ditos de Ana Alcolea (&ldquo;Julienne y el columpio&rdquo;), Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget (&ldquo;Ma&ntilde;ana de lluvia en el Caf&eacute; de Flore&rdquo;) y Antonio Castellote (&ldquo;Color caballo&rdquo;) y que acreditan que la fantas&iacute;a es una hermosa forma de preservar su memoria.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;onzalo Mont&oacute;n Mu&ntilde;oz, actual director de la revista turolense de cine &ldquo;Cabiria&rdquo; escribe un necesario y clarificador art&iacute;culo sobre &ldquo;La huella de Segundo de Chom&oacute;n en Teruel&rdquo; y cierra el monogr&aacute;fico de TURIA una completa &ldquo;Cronolog&iacute;a de Segundo de Chom&oacute;n (1879-1929)&rdquo; elaborada por el Amparo Mart&iacute;nez Herranz.&nbsp;&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>UN SUMARIO REPLETO DE TEXTOS Y AUTORES DE INTER&Eacute;S</strong></p>
<p>Adem&aacute;s del espectacular monogr&aacute;fico dedicado a Segundo de Chom&oacute;n, el nuevo n&uacute;mero de TURIA brinda un sumario repleto de lecturas y autores de inter&eacute;s.&nbsp; As&iacute;,&nbsp; las p&aacute;ginas de la revista se enriquecen&nbsp; con&nbsp; textos&nbsp; originales&nbsp; de&nbsp; importantes&nbsp; autores&nbsp; internacionales.&nbsp; Entre&nbsp; ellos, citar una primicia en espa&ntilde;ol: el anticipo de la nueva novela del escritor brit&aacute;nico Graham Swift, premio Booker y uno de los principales narradores actuales de habla inglesa. Bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Aqu&iacute; estamos&rdquo;, la novela brinda un maravilloso relato sobre la magia y el amor durante la posguerra y tambi&eacute;n nos ofrece una narraci&oacute;n que ayuda a comprender m&aacute;s claramente lo ocurrido en la segunda mitad del siglo XX en Inglaterra.</p>
<p>Tambi&eacute;n TURIA da a conocer tres amplios e interesantes art&iacute;culos en los que invita a conocer mejor la personalidad y la obra de tres autoras muy diferentes pero enormemente atractivas para los buenos lectores: la brasile&ntilde;a Clarice Lispector, la italiana Marisa Madieri y la norteamericana Amanda Gorman.</p>
<p>En narrativa, TURIA da a conocer textos in&eacute;ditos de Soledad Pu&eacute;rtolas, Patricio Pron, Sara Mesa, Joaqu&iacute;n Berges, Gonzalo Calcedo y Eva Fortea. La revista ofrece igualmente a los lectores poemas in&eacute;ditos de, entre otros, Clara Jan&eacute;s, Enrique Andr&eacute;s Ruiz, Manuel Vilas, Mar&iacute;a Negroni, Marta L&oacute;pez Vilar, Mario Obrero, Constanino Molina y Rosa Berbel.&nbsp;</p>
<p>En la secci&oacute;n que TURIA dedica al ensayo, se invita a leer a una mujer tan inteligente como injustamente olvidada hoy: la fil&oacute;sofa jud&iacute;a Rachel Bespaloff. Para conseguir ese objetivo, la revista publica un fragmento de su libro &ldquo;El instante y la libertad en Montaigne&rdquo;, in&eacute;dito en espa&ntilde;ol. Sin duda Bespaloff merece ser redescubierta en nuestros d&iacute;as por esos mismos lectores que reconocen la val&iacute;a de pensadoras como Mar&iacute;a Zambrano, Simone Weil, Hannah Arendt o Jeanne Hersch en cualquier balance de la historia intelectual del siglo XX.</p>
<p>Especialmente recomendables son las dos amplias entrevistas exclusivas que TURIA publica con dos nombres propios de la cultura muy relevantes: Remedios Zafra y V&iacute;ctor Fuentes. Ella es uno de los nombres propios m&aacute;s destacados del ensayismo espa&ntilde;ol actual gracias a dos libros muy valiosos para analizar el presente con mirada cr&iacute;tica y coherencia: &ldquo;Fr&aacute;giles&rdquo; y &ldquo;El entusiasmo&rdquo;. &Eacute;l, por su parte, ha desarrollado una ingente labor intelectual en los USA, donde actualmente ejerce como profesor em&eacute;rito de la Universidad de California en Santa B&aacute;rbara y es una de las figuras m&aacute;s respetadas entre los estudiosos de nuestra cultura en el extranjero.</p>
<p>En las dos secciones que TURIA dedica a temas y protagonistas aragoneses y/o turolenses, destaca un oportuno y amplio art&iacute;culo de Juan Villalba Sebasti&aacute;n en el que se rinde homenaje y se hace balance de la rica e intensa trayectoria de Joaqu&iacute;n Carbonell. No en vano, este oto&ntilde;o de 2021, se ha cumplido el primer aniversario de su muerte. Bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Joaqu&iacute;n Carbonell: alma de ni&ntilde;o inquieto&rdquo; se ofrece al lector un pormenorizado recorrido por la biograf&iacute;a de un creador polifac&eacute;tico nacido en la localidad turolense de Alloza en 1947.</p>
<p>El escritor Carlos Cast&aacute;n, al que puede describirse como un barcelon&eacute;s de Huesca por sus v&iacute;nculos altoaragoneses, protagoniza la secci&oacute;n de la revista TURIA denominada &ldquo;Sobre Arag&oacute;n&rdquo;. En ella, Jos&eacute; Ignacio de Diego Lidoy publica un certero y riguroso an&aacute;lisis de su obra narrativa.&nbsp;</p>
<p>Completan el sumario de TURIA, las secciones &ldquo;La isla&rdquo; (que contiene fragmentos del diario de Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas) y &ldquo;La Torre de Babel&rdquo; (una cuidada y amplia secci&oacute;n de cr&iacute;tica de libros, en la que se analizan las m&aacute;s interesantes novedades editoriales en el &aacute;mbito de la narrativa, el ensayo y la poes&iacute;a).</p>
<p>Por &uacute;ltimo, la portada e im&aacute;gines interiores de esta nueva entrega de TURIA est&aacute;n igualmente dedicadas a Segundo de Chom&oacute;n y corren a cargo de la ilustradora y dise&ntilde;adora gr&aacute;fica Eva Cort&eacute;s.</p>
<p>TURIA es una revista de periodicidad cuatrimestral que tiene una edici&oacute;n en papel y otra&nbsp; digital (web y Facebook). Con casi 40 a&ntilde;os de trayectoria, est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel y cuenta con el patrocinio del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero dedicado a Segundo de Chom&oacute;n ha sido posible gracias al apoyo de la Direcci&oacute;n General del Libro y Fomento de la Lectura del Ministerio de Cultura y Deporte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>IRENE VALLEJO ESCRIBE SOBRE SEGUNDO DE CHOM&Oacute;N</strong></p>
<p>Entre las cerca de 200 p&aacute;ginas de material in&eacute;dito sobre Segundo de Chom&oacute;n que contiene el monogr&aacute;fico de TURIA, merece la pena subrayar el inter&eacute;s del art&iacute;culo elaborado por Irene Vallejo. A continuaci&oacute;n ofrecemos un fragmento del texto que le dedica al cineasta turolense la autora de &ldquo;El infinito en un junco&rdquo;, uno de los mejores libros publicados en Espa&ntilde;a los &uacute;ltimos a&ntilde;os y con el que obtuvo el Premio Nacional de Ensayo.</p>
<p align="center"><strong>&nbsp; <br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>PALABRAS DE FUEGO, CUENTOS DE LUZ</strong></p>
<p>&ldquo;(&hellip;) Nunca he sentido el arrebato detectivesco de los bibli&oacute;filos, esos sagaces exploradores que desembarcan ojo avizor en las librer&iacute;as de viejo, pero siempre me emociona acariciar mi colecci&oacute;n de libros de escala liliputiense. En una vieja caja met&aacute;lica, guardo la &uacute;nica posesi&oacute;n que conservo de mis bisabuelos. A trav&eacute;s de los desgarros de la guerra y los a&ntilde;os de privaciones, mi abuela protegi&oacute; como un tesoro la colecci&oacute;n de cuentos de la editorial Calleja. Desde esos libritos en miniatura, del tama&ntilde;o de un me&ntilde;ique, me hablan zorros con gafas, hijas de molineros y habitantes de Jauja. Cada historia inclu&iacute;a ilustraciones y, como ep&iacute;logo, la biograf&iacute;a de un personaje c&eacute;lebre. Sus p&aacute;ginas popularizaron aquel &ldquo;fueron felices y comieron perdices&rdquo;, un desenlace glot&oacute;n que todav&iacute;a sobrevive en nuestra tradici&oacute;n oral. A finales del siglo xix, en un pa&iacute;s que pasaba hambre y donde a&uacute;n pocos ni&ntilde;os sab&iacute;an leer, Saturnino Calleja se atrevi&oacute; a editar libros de tama&ntilde;o ajustado a todos los bolsillos y todas las escuelas. Lanz&oacute; largu&iacute;simas tiradas abaratando los precios para divulgar la lectura y regal&oacute; ejemplares a los colegios m&aacute;s pobres. Aunque sus p&aacute;ginas fueran humildes, su entusiasmo era colosal. Reclut&oacute; a los mejores ilustradores y a escritores como Zenobia Camprub&iacute; o Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez. En esas minucias, que cab&iacute;an en la palma de la mano, lat&iacute;a una revoluci&oacute;n: la letra entrar&iacute;a, no con sangre, sino con sue&ntilde;os.</p>
<p>Quiz&aacute; por eso, la f&aacute;brica de sue&ntilde;os se interes&oacute; pronto por los cuentos. Uno de los m&aacute;s asombrosos encontr&oacute; su &ldquo;&eacute;rase una vez&rdquo; en Teruel. All&iacute; hab&iacute;a nacido un joven delineante que, en 1899, tuvo la estrafalaria idea de emigrar a Par&iacute;s y enrolarse en la estramb&oacute;tica tripulaci&oacute;n del gran invento de la &eacute;poca: el cinemat&oacute;grafo. En ese incipiente territorio de pioneros, el prestidigitador Georges M&eacute;li&egrave;s hab&iacute;a entrevisto las posibilidades ilusionistas de aquel sorprendente artilugio. En un paso m&aacute;s, Segundo de Chom&oacute;n aun&oacute; la fascinaci&oacute;n del mago con el empe&ntilde;o tecnol&oacute;gico del ingeniero. Combinando ambas facetas &ndash;solo aparentemente opuestas&ndash;, se convirti&oacute; en el maestro internacional de los efectos especiales, contratado en su &eacute;poca por los mejores cineastas europeos. En los umbrales del nuevo siglo, deslumbrado por los cuentos de Calleja, Chom&oacute;n los adapt&oacute; a pel&iacute;culas protagonizadas por demonios y duendes saltimbanquis, donde los objetos se mov&iacute;an solos o donde Gulliver descubr&iacute;a boquiabierto gigantes y liliputienses. A partir de esas narraciones tradicionales cre&oacute; prodigiosas fantasmagor&iacute;as, fue un pionero de la animaci&oacute;n y nos leg&oacute; ilusiones inolvidables. Su imaginaci&oacute;n vol&oacute; a lugares imposibles pero tambi&eacute;n &ndash;con el mismo esp&iacute;ritu inventivo y trapecista&ndash; fue capaz de recrear el pasado. Este aventurero turolense fue uno de los primeros en dise&ntilde;ar para la gran pantalla nuestro imaginario visual del mundo cl&aacute;sico. En la monumental <em>Cabiria</em>, de Giovanni Pastrone &ndash;con insufribles intert&iacute;tulos de Gabriele D&rsquo;Annunzio&ndash;, una colosal producci&oacute;n que recreaba las batallas entre romanos y cartagineses, Chom&oacute;n dirigi&oacute; la iluminaci&oacute;n y trucajes de muchas escenas. Despu&eacute;s, continuar&iacute;a esta labor en muchas de las adaptaciones de <em>Maciste </em>para Itala Films, entrelazando la magia del cuento fant&aacute;stico con las tradiciones narrativas grecolatinas. Sus im&aacute;genes esculpieron una iconograf&iacute;a audiovisual te&ntilde;ida de pulcros m&aacute;rmoles, frontones y columnatas que todav&iacute;a moldea nuestra memoria colectiva. (&hellip;)&rdquo;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 01 Dec 2021 06:14:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando las panteras leen: Clarice Lispector]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/cuando-las-panteras-leen-clarice-lispector/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2021/clarice500.jpg" alt="" /></p>
<p>Cuando las panteras leen, se miran unas a otras queriendo descifrarse, descifrar el mundo, descifrar la vida.</p>
<p>Primero se sit&uacute;an y reconocen el terreno, como apuntaba el naturalista Nabokov al describir la primera lectura que se hace de una obra. Ubican lo importante, lo necesario: los peligros y las presas, que en la lectura suelen ser lo mismo &ndash;Clarice nos lo susurra en su cr&oacute;nica <em>La peligrosa aventura de escribir</em>: &ldquo;No se juega con la intuici&oacute;n, no se juega con el escribir: la caza puede herir mortalmente al cazador&rdquo;&ndash;. Entre el gris de lo cotidiano surge el p&uacute;rpura de lo esencial, como ante los ojos de Nastassja Kinski en <em>La mujer pantera</em>: la sangre, el calor de la vida entre las sombras de la noche.</p>
<p>En <em>Agua viva</em> Clarice musita: &ldquo;Una vez mir&eacute; fijamente a los ojos de una pantera y ella me mir&oacute; fijamente a los ojos&rdquo;. No es f&aacute;cil leer <em>de verdad</em>. Leer es mirar a un libro a los ojos. Leer es permitir que un libro te mire a los ojos.</p>
<p>(Lichtenberg dice en uno de sus aforismos que un libro es un espejo. A veces leer es cruzar al otro lado del espejo).</p>
<p>Clarice la cabalista tuvo esa epifan&iacute;a muy joven. Con su primer sueldo de periodista, entra &ldquo;altiva porque ten&iacute;a dinero, en una librer&iacute;a, que me pareci&oacute; el mundo en el que me gustar&iacute;a vivir&rdquo;. Examina casi todos los libros, hojeando y ojeando, hasta que se topa con un libro distinto, extra&ntilde;o: &ldquo;Y, de repente, uno de los libros que abr&iacute; conten&iacute;a frases tan diferentes que me qued&eacute; all&iacute; leyendo, cautivada&rdquo;. Lee y se lee: &ldquo;&iexcl;Pero este libro soy yo!&rdquo;<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ese libro era <em>Bliss</em> de Katherine Mansfield, <em>Felicidade</em> en la traducci&oacute;n de &Eacute;rico Ver&iacute;ssimo editada por Livraria O Globo. (Ver&iacute;ssimo, que a&ntilde;os m&aacute;s tarde ser&iacute;a padrino de los hijos de Clarice).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La alegr&iacute;a de un cabalista: encontrar en un libro la cifra de su vida.</p>
<p>Contaba &Aacute;ngel Crespo &ndash;traductor de la <em>Commedia</em>, traductor de <em>Grande Sert&atilde;o: Veredas</em>&ndash; que Rosa Chacel hab&iacute;a conocido a Clarice durante su exilio brasile&ntilde;o. Tras verla, dijo: &ldquo;No es una mujer, es una pantera&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los bestiarios medievales nos ense&ntilde;an que la pantera atrae a sus presas con su dulce aliento. Las manchas de su piel &ndash;los bestiarios a&uacute;nan a panteras, leopardos y guepardos, a Lampedusa con Tourneur y Schrader&ndash; son como ojos, como peque&ntilde;os espejos. Las presas se ven reflejadas y se acercan sin miedo a la fiera hecha de ojos y espejos. &iquest;Qu&eacute; mejor emblema de la sobrecogedora Belleza que una criatura de puro ojos?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una criatura llena de ojos, como los vivientes del Apocalipsis.</p>
<p>Clarice ten&iacute;a una voz grave y gutural. Pronunciaba una g en vez de la r, por eso alguna gente cre&iacute;a que era francesa. Hablaba con un rugido suave y profundo, lento. Sus amistades dicen que ten&iacute;a una manera felina de estar en el mundo, siempre alerta, que era larga y bella como esos gatos egipcios. Ella dec&iacute;a: &ldquo;No haber nacido como animal parece ser una de mis nostalgias secretas. Quiz&aacute; se debe a que soy Sagitario, mitad bestia&rdquo;<a title="" href="#_ftn2">[2]</a>.</p>
<p>Hab&iacute;a nacido un diez de diciembre. Diez m&aacute;s doce, veintid&oacute;s: las letras del alefato. Le pusieron el nombre de Haia, &ldquo;vida&rdquo; en hebreo. Los cabalistas sefard&iacute;es habr&aacute;n dicho que llevaba escrita la vida en su frente, que ella <em>era</em> la vida.</p>
<p>Marina Colasanti, en una entrevista de 1976, le comenta: &ldquo;La gente debe pensar que eres medio felina por tus ojos, pero no es por eso. Es porque tienes un comportamiento interno y una observaci&oacute;n constante que es de los felinos&rdquo;.</p>
<p>Cuando viv&iacute;a en Berna Clarice iba al cine casi a diario. &iquest;Ver&iacute;a entonces <em>La mujer pantera</em>? &iquest;Sentir&iacute;a que Elizabeth Russell se dirig&iacute;a en verdad a ella cuando miraba a Simone Simon y le dec&iacute;a <em>moja</em> <em>sestra</em>?</p>
<p>&iquest;Y cuando ley&oacute; <em>Meu tio o iauaret&ecirc;</em>, de Guimar&atilde;es Rosa? &iquest;Lo ley&oacute; de una manera especial, lo ley&oacute; <em>desde dentro</em>?</p>
<p>(Clarice admiraba mucho a Guimar&atilde;es Rosa. En carta a Fernando Sabino, tras leer <em>Grande Sert&atilde;o: Veredas</em>, le escribe: &ldquo;Me he quedado adolorida de tanto que me ha gustado. [&hellip;] El libro me est&aacute; reconciliando con todo, me est&aacute; explicando cosas adivinadas, enriqueciendo todo&rdquo;. Y la hace feliz sentirse hermanada con Guimar&atilde;es Rosa por la intuici&oacute;n de que haya sentido lo mismo que ella cuando escribi&oacute; su c&eacute;lebre &ldquo;vivir es peligroso&rdquo;).</p>
<p>Cuando las panteras leen se miran en el espejo del libro. Ven una imagen hermosa, al principio les cuesta reconocerse. Y luego ven el enigma que llevan dentro. Ven una esfinge escondida en sus propios ojos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En un viaje de Brasil a N&aacute;poles el avi&oacute;n tuvo que dar un rodeo y Clarice pas&oacute; tres d&iacute;as en Egipto. All&iacute;, en Giza, se encontr&oacute; con la Esfinge. &ldquo;Vi a la Esfinge. No la descifr&eacute;. Pero ella tampoco me descifr&oacute;. Nos encaramos de igual a igual. Ella me acept&oacute;, yo la acept&eacute;. Cada uno con su misterio&rdquo;.</p>
<p>A&ntilde;os m&aacute;s tarde, en una de sus cr&oacute;nicas para el <em>Jornal do Brasil</em>, <em>Mi pr&oacute;ximo y excitante viaje por el mundo</em>, comentaba con sus lectores: &ldquo;Y necesito volver a ver las pir&aacute;mides y la Esfinge. La Esfinge me intrig&oacute;: quiero enfrentarla de nuevo, cara a cara, en juego abierto y limpio. Voy a ver qui&eacute;n devora a qui&eacute;n. Tal vez nada ocurra. Porque el ser humano es una esfinge tambi&eacute;n y la Esfinge no sabe descifrarlo<a title="" href="#_ftn3">[3]</a>. Ni descifrarse a s&iacute; misma. Si nos descifr&aacute;ramos, tendr&iacute;amos la llave de la vida&rdquo;.</p>
<p>Un cartel franc&eacute;s de los 50 invita: &ldquo;<em>D&eacute;vorez</em> <em>des</em> <em>livres!</em>&rdquo; a la vez que muestra a G&eacute;rard Philipe comi&eacute;ndose &ndash;literalmente&ndash; un libro. Hay panteras que leen y escriben, que devoran la vida y la crean. Panteras que se convierten en aquello que devoran, como los lectores de verdad.&nbsp; Los lentes son hermanos de la pluma, la mano es hija literaria de los ojos.</p>
<p>Los fisi&oacute;logos medievales lo entendieron bien: las panteras est&aacute;n llenas de ojos. Ojos que ven y que reflejan, para leer y para ser le&iacute;dos.</p>
<p>El libro es una puerta al otro lado del espejo. El escritor se lee, el lector se escribe<a title="" href="#_ftn4">[4]</a>.</p>
<p>Clarice intu&iacute;a que el libro es una moneda cuyas dos inseparables caras son el escritor y el lector: &ldquo;El personaje lector es un personaje curioso, extra&ntilde;o. Al mismo tiempo que enteramente individual y con reacciones propias, est&aacute; tan terriblemente ligado al escritor que en verdad &eacute;l, el lector, es el escritor&rdquo;.</p>
<p>El lector es un doble que espera al otro lado del espejo<a title="" href="#_ftn5">[5]</a>. O al otro lado de la l&iacute;nea: &ldquo;&hellip;alguna cosa en la voz, dulce y t&iacute;mida, me hizo decir que era yo misma la que estaba al tel&eacute;fono. Entonces la voz dijo: soy una lectora suya y quiero que usted sea feliz. Le pregunt&eacute;: &iquest;c&oacute;mo se llama? Respondi&oacute;: una lectora&rdquo;.</p>
<p>La esfinge y el centauro Sagitario son h&iacute;bridos: el escritor tambi&eacute;n. El escritor es un capiango, un jaguar que apenas se reconoce cuando vuelve a su forma humana. El escritor escribe en su rapto de jaguar; como humano, lee con asombro sin poder creer que &eacute;l mismo es quien ha escrito eso.</p>
<p>La gallina de la ni&ntilde;a Clarice, la cucaracha de G. H. Comer. Los ni&ntilde;os se llevan todo a la boca. Se conoce en la boca, se conoce comiendo. <em>Los</em> <em>p&eacute;talos de la rosa tienen buen sabor, s&oacute;lo hace falta probarlos</em>. &iquest;Cu&aacute;l es el gusto del mundo? Hay que probarlo, deglutirlo. &ldquo;Yo tambi&eacute;n podr&iacute;a escribir un verdadero tratado sobre comer, yo que gusto de comer aunque no como tanto. Terminar&iacute;a siendo un tratado sobre la sensualidad, no espec&iacute;ficamente la del sexo, sino la sensualidad de &lsquo;entrar en contacto&rsquo; &iacute;ntimo con lo que existe, pues comer es una de sus modalidades &ndash;es una modalidad en la que participa de alg&uacute;n modo el ser entero&rdquo;.</p>
<p>J. G. Frazer nos cuenta que, en ritos primitivos, el vencedor en la batalla se com&iacute;a el coraz&oacute;n del vencido para apropiarse de su coraje y su fuerza. Comemos libros para hacerlos nuestros, como en el cuento de la gallina: para que sean parte de nosotros, para que nos entreguen sus virtudes y sus secretos. Comer y hacer propio: ingerir y digerir a otros autores para incorporarlos a nosotros, para que nos den fuerza, para que nos inspiren.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En portugu&eacute;s aprender de memoria se dice <em>aprender</em> <em>de</em> <em>cor</em>, aprender de coraz&oacute;n, como en ingl&eacute;s y franc&eacute;s. El coraz&oacute;n tambi&eacute;n est&aacute; presente en nuestro &ldquo;recordar&rdquo;. Atesoramos en nuestro coraz&oacute;n, nuestro coraz&oacute;n se come partes del Universo para guardarlas, para comprenderlo.</p>
<p>Comerse un libro es comerse el Universo, entrar en comuni&oacute;n con la vida. El Libro es el Universo. Los cabalistas lo saben.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Leer es comer, las panteras lo saben.</p>
<p>Comer como se come la hostia. Una comuni&oacute;n lectora: el Libro hecho carne para que lo comamos, para que lo hagamos parte de nosotros.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y, detr&aacute;s del sacramento de la escritura, el Misterio. La pantera desbordada por su propio misterio: &ldquo;Soy tan misteriosa que no me entiendo&rdquo;. &iquest;Por qu&eacute; escribe, por qu&eacute; devora y recrea el mundo? Entre la catarata de preguntas que Clarice se hace en su cr&oacute;nica <em>Soy una pregunta </em>est&aacute; incluida&nbsp; &ldquo;<em>Por qu&eacute; a pantera tem olhos?</em>&rdquo;.</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; pretenden mis libros de m&iacute;?, le pregunta Clarice a Alceu Amoroso Lima. Amoroso le dice: &ldquo;Usted, Clarice, pertenece a esa categor&iacute;a tr&aacute;gica de escritores que no escribe propiamente sus libros. Son escritos por ellos. Usted es el personaje mayor de sus novelas. Y bien sabe que el autor no es de este mundo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las panteras y los cabalistas leen y releen para descifrar el Misterio. Leen los libros, leen el mundo, se leen a s&iacute; mismos. La cifra de Dios puede estar en su propia piel<a title="" href="#_ftn6">[6]</a>, en un libro perdido, en un libro no escrito. Por eso hay que seguir escribiendo para seguir leyendo, para alcanzar el misterio. Para volver a sentir la experiencia de su juventud ante <em>Felicidade</em>: &ldquo;Quiero renacer siempre. Y en la pr&oacute;xima encarnaci&oacute;n voy a leer mis libros como una lectora com&uacute;n e interesada y no sabr&eacute; que en esta encarnaci&oacute;n fui yo quien los escribi&oacute;. Me est&aacute; faltando un anuncio, una se&ntilde;al. &iquest;Vendr&aacute; como intuici&oacute;n? &iquest;Vendr&aacute; al abrir un libro?&rdquo;.</p>
<p>Necesitamos de un espejo para ver nuestro rostro. Necesitamos de un espejo para <em>ver</em>.</p>
<p>Nuestro rostro est&aacute; en un libro desconocido.</p>
<p>&ldquo;Estoy buscando un libro para leer. Es un libro muy especial. Lo imagino como un rostro sin rasgos. No s&eacute; el nombre ni el autor. Qui&eacute;n sabe, a veces pienso que estoy buscando un libro que yo misma escribir&iacute;a<a title="" href="#_ftn7">[7]</a>. No s&eacute;. Pero tengo tantas fantas&iacute;as al respecto de este libro desconocido y ya tan profundamente amado. Una de las fantas&iacute;as es as&iacute;: yo estar&iacute;a ley&eacute;ndolo y de s&uacute;bito, al leer una frase, con l&aacute;grimas en los ojos dir&iacute;a en &eacute;xtasis de dolor y de liberaci&oacute;n final: &lsquo;&iexcl;Pero yo no sab&iacute;a que se puede todo, Dios m&iacute;o!&rsquo;&rdquo;.</p>
<p>Las panteras y los cabalistas lo saben: hay que buscar ese libro.</p>
<p>Nuestro libro.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las citas no especificadas pertenecen al libro <em>A descoberta do mundo </em>(<em>El descubrimiento del mundo</em>), que recoge las cr&oacute;nicas publicadas por Clarice Lispector en el <em>Jornal do Brasil</em> entre el 19 de agosto de 1967 y el 29 de diciembre de 1973. Todas las traducciones del cuaderno son m&iacute;as.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En la entrevista del 20 de octubre de 1976 con Afonso Sant&rsquo;Anna y Marina Colasanti, Clarice comenta que una vez fueron a entrevistarla cuatro ni&ntilde;as de once a&ntilde;os del colegio Santo In&aacute;cio. Entre su avalancha de preguntas, y a prop&oacute;sito de <em>La mujer que mat&oacute; a los peces</em>,<em> </em>quieren saber si le gustan los animales. Clarice les responde: &ldquo;&iexcl;Pero claro! &iexcl;Yo tambi&eacute;n soy un animal!&rdquo;.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &Aacute;ngela, el personaje de <em>Un soplo de vida</em>, dice: &ldquo;Y yo s&eacute; cu&aacute;l es el secreto de la esfinge. Ella no me devor&oacute; porque respond&iacute; bien a su pregunta. Pero yo soy un enigma para la esfinge y sin embargo no la devor&eacute;. Desc&iacute;frame, le dije a la esfinge. Y ella se qued&oacute; muda&rdquo;.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En <em>La hora de la estrella</em> el escritor Rodrigo S.M. dice: &ldquo;lo que voy a escribir ya debe estar seguramente de alg&uacute;n modo escrito en m&iacute;. Tengo que copiarme con la delicadeza de una mariposa blanca&rdquo;.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En <em>Agua viva</em> leemos: &ldquo;Tuve un sue&ntilde;o n&iacute;tido inexplicable: so&ntilde;&eacute; que jugaba con mi reflejo. Pero mi reflejo no estaba en un espejo, sino que reflejaba otra persona que no era yo&rdquo;. Y el Autor dice tambi&eacute;n: &ldquo;&Aacute;ngela es un espejo&rdquo;.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las panteras no pueden ver su propio mensaje con su piel de ojos. El mago de la pir&aacute;mide de Qaholom pod&iacute;a leer la escritura divina en la piel de los jaguares, pero ellos no. Las panteras han de descifrar su clave en un reflejo: en un libro, en otra pantera.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Borges y Coleridge sugerir&iacute;an que cuando Clarice escribe <em>Felicidad clandestina </em>est&aacute; escribiendo una felicidad, la felicidad que estaba en el libro en que se ley&oacute;.</p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 22 Nov 2021 06:05:00 +0000</pubDate>
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      <title><![CDATA[Remedios Zafra: “Hay que aplicar imaginación e inteligencia para dar forma a lo posible”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/remedios-zafra-hay-que-aplicar-imaginacion-e-inteligencia-para-dar-forma-a-lo-posible/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2021/ZAFRA500.jpg" alt="" /></p>
<p>&ldquo;&iquest;C&oacute;mo enfrentar con esperanza las vidas cuando parecen ser sentenciadas por la ansiedad y por la precariedad?&rdquo;, se pregunta Remedios Zafra en <em>Fr&aacute;giles</em>, una obra que ensancha las b&uacute;squedas de su entrega anterior,<em> El entusiasmo</em>, con la que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo y con la que logr&oacute; conectar con un amplio colectivo de trabajadores creativos en el entorno digital, poniendo palabras a sus experiencias, a sus quejas, visibilizando unos nuevos usos y costumbres asumidos pero no suficientemente analizados con&nbsp; mirada cr&iacute;tica.</p>
<p>La lucidez, la capacidad para dotar de argumentos los trabajos y modos de vida alrededor de Internet, a trav&eacute;s de las propias vivencias y del di&aacute;logo intenso con los otros, caracterizan un trayecto marcado por la coherencia. Son muchos los t&iacute;tulos en los que la autora ha ido desentra&ntilde;ando las claves del ahora, de un presente que se muestra como un bosque enmara&ntilde;ado en el que el exceso de ruidos, de artefactos tecnol&oacute;gicos, de im&aacute;genes y est&iacute;mulos permanentes, impiden ver los claros, entender, orientarse.</p>
<p>Solo a trav&eacute;s de la revelaci&oacute;n, del extra&ntilde;amiento, es posible curarse de la ceguera de la normalizaci&oacute;n, esa por la que &ldquo;el mundo se nos vuelve un fondo acostumbrado que en nada pellizca y m&iacute;nimamente perturba&rdquo;, se&ntilde;ala la ensayista en las p&aacute;ginas iniciales de<em> Fr&aacute;giles, </em>donde se refiere a la circunstancia de la pandemia que lo ha sacudido todo, actuando como un potente revulsivo para ablandar los p&aacute;rpados, esos p&aacute;rpados tan endurecidos por las pantallas que han perdido la aptitud para la sorpresa, para el asombro.</p>
<p>&ldquo;Cada vez que el mundo tiembla se reordenan las prioridades. Pero, ojo, hay quien aprovecha para volver atr&aacute;s. Y nadie sabe a qu&eacute; parte del sujeto apuntar&aacute; el pr&oacute;ximo conflicto, si ser&aacute;n los pulmones o ser&aacute; el esp&iacute;ritu. Tambi&eacute;n es fr&aacute;gil el cuerpo pol&iacute;tico&rdquo;, argumenta en su &uacute;ltimo libro hasta el momento, resultado de un seguir ahondando, tirando del hilo de sus investigaciones y tambi&eacute;n de sus sentires, porque en su itinerario lo exterior y lo interior se funden.&nbsp;</p>
<p>En el tiempo que vivimos la fragilidad, la vulnerabilidad, han quedado al descubierto, y es ah&iacute;, en la herida abierta, donde se introduce Zafra. &ldquo;La soledad hace tiempo que ha dejado de ser algo individual, tampoco la ansiedad lo es, est&aacute;n diseminadas en las conexiones, viajan como esos virus que toman trenes y aviones y se besan promiscuamente usando nuestras manos. Tambi&eacute;n la esperanza es compartida y es<em> </em>contagiosa&rdquo;, escribe la autora, pregunt&aacute;ndose a continuaci&oacute;n qu&eacute; aporta su trabajo al bien com&uacute;n y en qu&eacute; medida la cultura, los libros como cauce de experiencia, de reflexi&oacute;n, de emoci&oacute;n, tambi&eacute;n pueden curarnos, incluso transformarnos, salvarnos.</p>
<p>Nuestra protagonista se mueve en esos cauces abiertos. Crear, imaginar mundos mejores; partir de las grietas, de las cicatrices, para crear junturas, lazos solidarios, redes de colaboraci&oacute;n. Su obra logra apresar la angustia que nos acompa&ntilde;a en estos tiempos de zozobra y aceleraci&oacute;n, donde todo parece suceder con tanta rapidez que somos incapaces de digerirlo. Es tal la claridad con que nos sit&uacute;a ante los escenarios que habitamos que el efecto resulta demoledor, pero a la vez deslumbra, ilumina, invita a mirar de otra manera.</p>
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<p><strong>Una audaz observadora de tendencias, circunstancias, aspiraciones y frustraciones colectivas</strong></p>
<p>Nacida en Zuheros, C&oacute;rdoba, en 1973, cient&iacute;fica titular del Instituto de Filosof&iacute;a del Consejo Superior de Investigaciones Cient&iacute;ficas, tras una etapa como profesora universitaria de Antropolog&iacute;a, Pol&iacute;ticas de la Mirada y Estudios de G&eacute;nero, Zafra es una creadora inquieta, una audaz observadora de tendencias, circunstancias, aspiraciones y frustraciones colectivas. El ensayo es el g&eacute;nero que mejor se adapta a su manera de situarse ante la realidad, pero tambi&eacute;n ha probado con otros g&eacute;neros narrativos como la novela <em>(Los que miran</em>). De hecho, su estilo participa de un lirismo contenido y su trabajo, mezcla de biograf&iacute;a, relato, reflexi&oacute;n, investigaci&oacute;n y di&aacute;logo, escapa a los cors&eacute;s, a los encasillamientos.</p>
<p>La originalidad de los formatos y la utilizaci&oacute;n de los materiales de estudio en combinaci&oacute;n con los aconteceres propios y ajenos, son algunas de sus se&ntilde;as de identidad. Buscar m&aacute;s all&aacute; de s&iacute; misma, de los recuerdos, de los ecos familiares, de los descubrimientos, de los andares, y abrazar, empatizar. En <em>Fr&aacute;giles. Cartas sobre la esperanza y la ansiedad en la nueva cultura, </em>todo esto se hace a&uacute;n m&aacute;s patente. Como cuenta al final del recorrido, el libro se inspir&oacute; &ldquo;en las conversaciones telef&oacute;nicas, mensajes y charlas con artistas, investigadores, trabajadores de la cultura, cient&iacute;ficos, becarios, poetas, doctorandas, profesores, periodistas, dramaturgos, actores, opositores, creativos y escritoras&rdquo; a partir de la toma de conciencia que supuso <em>El entusiasmo</em> en sectores de la educaci&oacute;n, de la cultura, en los diversos entornos de la creaci&oacute;n. &ldquo;Seguimos los protocolos de la intimidad y, buscando profundizar en lo conversado, nos acomodamos para hablar y para escucharnos. En ocasiones sal&iacute;amos por la ventana a mirar un &aacute;rbol o compart&iacute;amos confidencias entre s&aacute;banas de papel. De pronto nos encerraron y tuvimos tiempo para pensar m&aacute;s lento, angustiarnos y so&ntilde;ar...&rdquo;, explica Zafra.</p>
<p>Sus interlocutores, protagonistas de un relato colectivo, unidos todos por la vulnerabilidad y por los mecanismos de la red, no llegaron a conocerse, &ldquo;no se vieron en conjunto porque en la intimidad solemos hablar siendo dos&rdquo;, se&ntilde;ala la ensayista, quien considera que fue una responsabilidad por su parte &ldquo;unirles en la escritura y hacerlo p&uacute;blico, porque merec&iacute;an reconocerse solidariamente en los otros&rdquo;.</p>
<p>Repasando estas palabras apreciamos que en realidad toda la trayectoria de la autora gira en torno al cultivo de la mirada, de la escucha, de la proximidad, de la duda. &ldquo;Todas las formas de la duda son formas que me interesan. Quien busca aprender algo del mundo debe ponerlo entre signos de interrogaci&oacute;n. M&aacute;s si cabe en estos tiempos en que los n&uacute;meros privados de narrativa se ciernen como incuestionable respuesta...&rdquo;, reflexiona.</p>
<p>Cuando Remedios Zafra se pregunta por el sentido de su trabajo, por lo que aportan sus escritos al bien com&uacute;n, podemos responderle que se convierten en una especie de abrazo, de espacio en el que reconocer insatisfacciones y anhelos comunes, temores y sue&ntilde;os compartidos en un presente carente de certezas. La amplia conversaci&oacute;n que es su libro se ampl&iacute;a a continuaci&oacute;n, en el intercambio de preguntas y respuestas mantenido a trav&eacute;s de correo electr&oacute;nico, siguiendo en todo momento las voces, los ecos de <em>Fr&aacute;giles</em>, ensayo que, como dec&iacute;a, a&uacute;na muchas de las b&uacute;squedas de un trayecto din&aacute;mico, altamente motivador.</p>
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<p><strong>&ldquo;El ordenador conectado cambi&oacute; mi espacio y mi tiempo, lo cambi&oacute; todo&rdquo;</strong></p>
<p>- La coherencia de la trayectoria de Remedios Zafra es evidente. La atenci&oacute;n a las sociedades del presente, las aproximaciones y exploraciones en torno a un campo de estudio acotado y a la vez muy amplio y significativo. &iquest;Cu&aacute;ndo fuiste consciente de que Internet y las tecnolog&iacute;as estaban cambiando notablemente, de manera irremediable, nuestra manera de trabajar, de relacionarnos, de vivir? &iquest;Cu&aacute;ndo tuviste claro que ah&iacute; estaba tu tema?</p>
<p>- A mediados de los a&ntilde;os noventa, cuando estudiaba Bellas Artes, yo dedicaba gran parte de mi tiempo a escribir relatos y poes&iacute;a y a pasarlos &ldquo;a m&aacute;quina&rdquo;. Apenas pintaba, pero con uno de los &uacute;ltimos cuadros que realic&eacute; gan&eacute; un premio que me permiti&oacute; comprarme un ordenador, abandonar la m&aacute;quina de escribir y conectarme a Internet. Fue absolutamente transformador. Teclear no ten&iacute;a sentido para &ldquo;copiar&rdquo; como antes, sino que habr&iacute;a un fascinante mundo de posibilidades viviendo en aquel cub&iacute;culo repleto de carpetas-habitaciones y desde donde pod&iacute;a contactar con otros por escrito y en tiempo real. El ordenador conectado cambi&oacute; mi espacio y mi tiempo, lo cambi&oacute; todo. Al poco tiempo descubr&iacute; un lugar decisivo llamado &ldquo;Aleph-arts&rdquo;, que entonces dirig&iacute;a el que m&aacute;s tarde ser&iacute;a un gran amigo y una de las personas de las que m&aacute;s he aprendido, Jos&eacute; Luis Brea. Desde ese espacio pod&iacute;a acceder a los textos m&aacute;s interesantes que estaban public&aacute;ndose sobre c&oacute;mo Internet cambiar&iacute;a el arte y c&oacute;mo nos cambiar&iacute;a como cultura. Fue un momento m&aacute;gico, pues el debate acontec&iacute;a al mismo tiempo que Internet comenzaba a llegar a muchas personas y todos pod&iacute;amos experimentar el cambio en primera persona.</p>
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<p class="normal"><strong>&ldquo;Cuando la vida se hace excesiva en lo visual, ver es lo m&aacute;s dif&iacute;cil porque todo est&aacute; iluminado&rdquo;</strong></p>
<p>- En ese sentido, has sido una adelantada, alguien con visi&oacute;n, capaz de analizar, de poner palabras, argumentos, diagn&oacute;sticos, a lo que nos est&aacute; sucediendo... Porque lo dif&iacute;cil es visibilizar, reconocerse.</p>
<p>- Creo que esa dificultad a la que apuntas es la que viene de la normalizaci&oacute;n con la que tendemos a habituarnos a los contextos y vidas que nos llegan sin lanzarles preguntas. Lo que heredamos nos arropa, lo que vemos se hace habitual y nos tranquiliza. Cuando la vida se hace excesiva en lo visual, ver es lo m&aacute;s dif&iacute;cil porque todo est&aacute; iluminado. En este contexto reconocernos es siempre m&aacute;s f&aacute;cil identific&aacute;ndonos con la mayor&iacute;a, resguard&aacute;ndonos en lo parecido, pero cuando nos resignamos en este ser &ldquo;lo que toca&rdquo; perdemos la oportunidad de construirnos como personas. Y creo que en esta construcci&oacute;n ser conscientes de nuestro contexto es crucial pues nos ayuda a comprender. Siempre me ha parecido importante que en la educaci&oacute;n se dedique m&aacute;s tiempo a &ldquo;pensar el presente&rdquo; y a &ldquo;imaginar futuros&rdquo;. Hay un excesivo &eacute;nfasis en el trabajo memor&iacute;stico y una forma de abordar el pasado poco reflexiva.</p>
<p>Por mi parte, quiz&aacute; el no haber contado con asesor&iacute;a intelectual familiar desde peque&ntilde;a y que mis padres siempre hayan confiado en que si no pod&iacute;an ayudarme con las inquietudes que les mostraba, deb&iacute;a tomar las decisiones por m&iacute; misma, equivoc&aacute;ndome y aprendiendo, me ha obligado a preguntarme por todo y a ser muy tolerante con los fracasos propios y las equivocaciones, quiero decir que esto me ha ayudado a no tener miedo a pensar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Ser conscientes de las p&eacute;rdidas que supone para las personas caer sin l&iacute;mite en la tecnolog&iacute;a es clave para nuestra libertad&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Te recuerdas fuera de las pantallas, alejada de los usos y costumbres de Internet? &iquest;Crees que estamos empezando a sentir nostalgia, que llegaremos a sentirla, de ese ayer en el que era posible la desconexi&oacute;n?</p>
<p>- Las generaciones que hemos experimentado la vida antes de Internet tenemos posibilidad de recordar c&oacute;mo era, incluso de sentir nostalgia. En mi caso no volver&iacute;a a esa &eacute;poca, pero s&iacute; cambiar&iacute;a la de ahora buscando garantizar los tiempos propios y de desconexi&oacute;n como derechos humanos. Reconocer el valor de los tiempos de desconexi&oacute;n supone poner en valor todo aquello que las personas podemos hacer, comunicar, expresar y sentir sin mediaci&oacute;n tecnol&oacute;gica. Quiz&aacute; recordar los juegos m&aacute;s sencillos donde ante los m&iacute;nimos elementos, quiz&aacute; algunos cartones, todo estaba en la imaginaci&oacute;n y en la manipulaci&oacute;n material. Son tantas las capacidades cognitivas que no podemos delegar en la m&aacute;quina que no extra&ntilde;a que en Silicon Valley varias escuelas proh&iacute;ban a los chicos usar tecnolog&iacute;a, la tecnolog&iacute;a que crean y promocionan sus padres. Ser conscientes de las p&eacute;rdidas que supone para las personas caer sin l&iacute;mite en la tecnolog&iacute;a es clave para nuestra libertad. Ser conscientes de la intencionalidad mercantilista, y a menudo, adictiva, que promueven algunas tecnolog&iacute;as y aplicaciones, es tambi&eacute;n clave para denunciarlo y reclamar su trabajo &eacute;tico.</p>
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<p><strong>&ldquo;La lentitud puede favorecer algo igualmente valioso: la concentraci&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>- En <em>Fr&aacute;giles</em>, tu &uacute;ltimo libro hasta el momento, hablas de &ldquo;practicar la lentitud como herramienta&rdquo;, refiri&eacute;ndote a los mensajes detenidos, reflexivos, tipo cartas, que env&iacute;as a tu principal interlocutora en la entrega, que es quien suma todas las voces. &iquest;Crees posible, necesario, saludable, que recuperemos algo de la lentitud de otros tiempos? &iquest;La lentitud es una de las reivindicaciones de este ensayo?</p>
<p>- S&iacute;, cada una de estas palabras que comentas: necesario, saludable y posible. Tiene que serlo. Supongo que tambi&eacute;n t&uacute; lo habr&aacute;s experimentado, pero &iquest;verdad que no hay equivalente al hacer algo con lentitud y sentido frente al hacer precario que prolifera ahora (ese &ldquo;env&iacute;anos cualquier cosa&rdquo;, &ldquo;hazlo de cualquier manera&rdquo;, &ldquo;lo importante es presentarse&rdquo;, &ldquo;env&iacute;a lo que tengas&rdquo;&hellip;)? A menudo se habla de la precariedad laboral y econ&oacute;mica, pero esta precariedad del &ldquo;hacer&rdquo;, sea artefacto o pr&aacute;ctica, es muy da&ntilde;ina pues nos desmoraliza como trabajadores y no aporta nada a la sociedad. &iquest;Te imaginas si en lugar de tantos pastiches y obras r&aacute;pidas los trabajadores pudieran dedicarse a hacer con calma, concentraci&oacute;n y profundidad? No es solo valioso para la sociedad sino para nuestra vida. En ese sentido claro que la lentitud es una reivindicaci&oacute;n de este ensayo. Una lentitud que puede favorecer algo igualmente valioso: la &ldquo;concentraci&oacute;n&rdquo;.</p>
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<p class="normal"><strong>&ldquo;No hay progreso que no implique pensar los cambios&rdquo;</strong></p>
<p>- En la misma l&iacute;nea, me planteo hasta qu&eacute; punto hemos dado la espalda a los valores del pasado, considerando que todo lo nuevo, lo actual, es mejor e indica progreso. &iquest;Para recuperar algo de sentido en las aceleradas vidas del presente hemos de recuperar lo bueno del ayer?</p>
<p>- Existe la tendencia a confundir progreso con novedad, progreso con tecnolog&iacute;a, pero las formas de abordar lo novedoso y la tecnolog&iacute;a suelen caer en proponer nuevos instrumentos. Quiz&aacute; el ejemplo m&aacute;s claro est&aacute; en c&oacute;mo la educaci&oacute;n ha considerado que la inclusi&oacute;n de la tecnolog&iacute;a en las aulas era algo eminentemente instrumental, pasando por alto que no hay &ldquo;progreso&rdquo; que no implique &ldquo;pensar los cambios&rdquo;, entenderlos y ser capaces de transformar de manera reflexiva, pensando en la mejora social, y no en el progreso econ&oacute;mico de unos pocos. En este sentido, el progreso me parece m&aacute;s una cuesti&oacute;n de transformaci&oacute;n en las formas de pensar y de mejora social, que de vestirnos con tecnolog&iacute;as novedosas que enriquecen a unos mientras docilizan a muchos. Y bajo esta mirada s&iacute; que es importante valorar lo que la humanidad ha reivindicado en el pasado y que podemos identificar como &ldquo;lo bueno de ayer&rdquo; (libre pensamiento, igualdad, educaci&oacute;n, solidaridad&hellip;)</p>
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<p><strong>&ldquo;Es mentira que la mera voluntad pueda si no tenemos un sistema social y p&uacute;blico de garant&iacute;as que permita igualdad de oportunidades y apoyo real&rdquo;</strong></p>
<p>- Hoy una de las palabras de moda es &ldquo;emprendimiento&rdquo;. Parece que poco a poco ha sido inoculada en el &aacute;nimo colectivo. El af&aacute;n de emprendimiento se enfrenta en todo momento a la &ldquo;precariedad&rdquo; de los trabajos, de las vidas; a la precariedad y a la desigualdad. Relacionar ambos planos es b&aacute;sico en tu trabajo.</p>
<p>- Emprendimiento es una palabra que puede tener varios sentidos atendiendo al contexto, pero uno de los predominantes viene del &aacute;mbito capitalista que refuerza la autoexplotaci&oacute;n en el emprendimiento, es decir el hacer al sujeto responsable de su dedicaci&oacute;n al trabajo en contextos individualistas y competitivos donde predomina la precariedad. Suele caracterizarse por mensajes como &ldquo;si t&uacute; quieres, puedes&rdquo;, pero es mentira que la mera voluntad pueda si no tenemos un sistema social y p&uacute;blico de garant&iacute;as que permita igualdad de oportunidades y apoyo real.</p>
<p>- Una de las caracter&iacute;sticas de ensayos como <em>Fr&aacute;giles</em> o <em>El entusiasmo</em> es la proximidad. Da la impresi&oacute;n de que partes de ti misma, de que, de alg&uacute;n modo, est&aacute;s trazando una especie de biograf&iacute;a que arranca de lo &iacute;ntimo, de lo conocido y vivido, para acercarse a los otros, para establecer canales de comprensi&oacute;n, de experiencias compartidas. Es muy evidente en <em>Fr&aacute;giles</em>, donde se entabla un di&aacute;logo altamente enriquecedor, una conversaci&oacute;n abierta, amplia.</p>
<p>- Creo que se puede llegar a lo cultural desde lo biogr&aacute;fico. Mi formaci&oacute;n en antropolog&iacute;a me ayud&oacute; a asentar esta idea en el trabajo con etnograf&iacute;as e historias de vida que buscan partir de la realidad experimentada desde la observaci&oacute;n y narraci&oacute;n profunda de lo vivido. En este sentido hay una intenci&oacute;n cr&iacute;tica con otras formas predominantes en los estudios contempor&aacute;neos, muy basados en grandes n&uacute;meros y capaces de lanzar grandes sentencias pronosticadoras sobre la sociedad, pero que pierden la capacidad de conocer al sujeto, perdidos en los juegos de luces de las multitudes y grandes n&uacute;meros.</p>
<p>Hay en ese ejercicio formal hacia lo &iacute;ntimo un enfoque metodol&oacute;gico premeditado para buscar comprendernos desde lo que vivimos, incluso cuando no nos deja en buen lugar. Pero tambi&eacute;n hay un juego de experimentaci&oacute;n formal pol&iacute;tica que a m&iacute; me lleva interesando desde que publiqu&eacute; <em>Netianas</em>, y que tiene que ver con experimentar con la narrativa, jugando con g&eacute;neros, ficciones y ret&oacute;ricas que pueden parecer una deriva est&eacute;tica y literaria, pero que pretenden desmontar cors&eacute;s narrativos para ayudar a &ldquo;pensarnos&rdquo; de otras maneras.</p>
<p>- Aunque el teletrabajo, la cultura de la red, de la conexi&oacute;n, anima, entre otras, obras como <em>Ojos y capital</em>,&nbsp; <em>Un cuarto propio conectado</em> o <em>Netianas, N(h)acer mujer en Internet</em>, una entrega de 2005, fue<em> El entusiasmo</em> el ensayo donde, en cierto modo, lograste unificarlo todo y dar en la diana en el sentido de visibilizar problem&aacute;ticas hasta entonces no expuestas con tanta claridad. &iquest;Qu&eacute; ha supuesto <em>El entusiasmo</em> en tu trayecto?</p>
<p>- <em>El entusiasmo</em> es un libro muy &ldquo;libre&rdquo; y cuando lo escrib&iacute;a sent&iacute;a que necesitaba escribirlo porque ten&iacute;a necesidad de leerlo. All&iacute; donde miraba advert&iacute;a preocupaciones relacionadas con lo que se narra en el ensayo, pero que se compart&iacute;an como un desahogo para volver a &ldquo;lo mismo&rdquo;. Reconozco que la sensaci&oacute;n de que mi vista y o&iacute;do estuvieran apag&aacute;ndose me ayud&oacute; a concentrarme, como quien siente un nuevo valor del tiempo y de las prioridades ante la conciencia de caducidad, m&aacute;s acentuada si cabe en <em>Fr&aacute;giles</em>.</p>
<p>Por otra parte<em>, El entusiasmo</em> ha supuesto tambi&eacute;n la posibilidad de llegar a muchas m&aacute;s personas pero de una manera nueva para m&iacute;. El doble juego que permit&iacute;a un t&iacute;tulo que nos une y describe a muchos trabajadores creativos se topaba con el malestar de presentar un escenario inc&oacute;modo. Esta perturbaci&oacute;n ha convertido a muchas de las personas que lo le&iacute;an en una fuente de interlocuci&oacute;n incre&iacute;ble para m&iacute; en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Ha sido &ldquo;intenso&rdquo;, por significativo y tambi&eacute;n por lo que supone empatizar con ese malestar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Debiera llegar un momento en que, si existe una negativa no individual sino colectiva, las cosas cambien&rdquo;</strong></p>
<p>- Creo que mucha gente se reconoce en este ensayo, por ejemplo cuando se alude a la idea, tan extendida, de que desarrollar un trabajo creativo, motivador, vocacional, ya es de por s&iacute; una ganancia que compensa que no sea bien pagado. Cuando se se&ntilde;ala el mal gusto de hablar de dinero en referencia a las actividades creativas. Cuando se expone que hay que dar las gracias por poder mostrar la propia obra en medios digitales, por sumar seguidores, por obtener &ldquo;likes&rdquo; en las redes, aunque esas actividades, que nos pueden ocupar tanto tiempo y esfuerzo como cualquier trabajo remunerado, no permiten cubrir las necesidades b&aacute;sicas. &iquest;C&oacute;mo superar, c&oacute;mo liberarse de estas trampas capitalistas? &iquest;Hasta qu&eacute; punto vivimos enga&ntilde;ados?</p>
<p>- Tomar conciencia de ello genera la impaciencia de &ldquo;hacer algo&rdquo; para cambiar las cosas, pero en esa conciencia que incomoda ya estamos iniciando un cambio y comparti&eacute;ndolo con otros tambi&eacute;n, porque creamos contagio y debiera llegar un momento en que si existe una negativa no individual sino colectiva y de muchos a aceptar estas condiciones, las cosas cambien. La baza de esta situaci&oacute;n es que a quienes tienen dinero y posibilidad de poder y contrato les beneficia contar con entusiastas dispuestos a dar m&aacute;s por menos y a trabajar por capital simb&oacute;lico y visibilidad. Y esto es posible porque vemos que todos lo hacen. Es por tanto un asunto colectivo y social que requiere cambios en contextos creativos cuya herencia sigue a&uacute;n idealizando al creador pobre o valiente y cuya mitolog&iacute;a cabe cambiar. Una herencia que casa muy bien con el capitalismo individualista que anima a la desarticulaci&oacute;n colectiva y a luchar por &ldquo;lo m&iacute;o&rdquo;. Pienso que nos enga&ntilde;amos si no advertimos que este problema no es coyuntural sino que busca hacerse estructural y necesita de la alianza colectiva.</p>
<p>- &iquest;Ha sido esa tu intenci&oacute;n, promover, estimular, ese reconocimiento, esa visibilizaci&oacute;n? &iquest;Hasta qu&eacute; punto <em>Fr&aacute;giles</em>, que contin&uacute;a las b&uacute;squedas y diagn&oacute;sticos de <em>El entusiasmo</em>, demuestra su impacto? Me atrever&iacute;a a decir que mucha gente que se sent&iacute;a aislada, ha encontrado compa&ntilde;&iacute;a tras leer la obra, se ha sentido af&iacute;n a muchas otras personas viviendo la misma experiencia, los mismos conflictos.</p>
<p>- Para m&iacute; las cartas permiten no solo profundizar sino sentirnos acompa&ntilde;ados y esto es esencial en el hilado de lazos solidarios. Al terminar <em>El entusiasmo</em> yo no pod&iacute;a dar un listado de alternativas de cambio pero s&iacute; pod&iacute;a extraer de la reflexi&oacute;n l&iacute;neas de fuga por las que continuar. En tanto la &ldquo;alianza&rdquo; era una de ellas, creo que trabajarla, convirtiendo las conversaciones y mensajes de multitud de personas solas en interlocutores que coinciden con la destinataria de mis cartas, es una manera de que se vieran entre ellos y sintieran que esa toma de conciencia no est&aacute; siendo solitaria sino que es compartida por muchas personas.</p>
<p>- &iquest;Hasta qu&eacute; punto la obra de Remedios Zafra va progresando con las aportaciones de sus lectores?</p>
<p>- En <em>Fr&aacute;giles</em> esa aportaci&oacute;n es el coraz&oacute;n de la obra. Hay algo de deuda con la generosidad de ese gesto que de pronto anima a un lector a compartir su experiencia. En mi trabajo anterior mi interlocuci&oacute;n ha estado m&aacute;s acotada a seminarios y clases donde conoc&iacute;a a los lectores. Ahora la mayor&iacute;a son desconocidos y vienen solo con texto (que para m&iacute; es el cuerpo favorito).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Vivimos un momento de transici&oacute;n y desajuste donde siguen perviviendo modelos y sistemas de valor antiguos, pero la idea de que la creaci&oacute;n es un trabajo est&aacute; asent&aacute;ndose&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Por qu&eacute; cuesta tanto asumir que hay trabajo, y por tanto valor, en una canci&oacute;n, un relato, un art&iacute;culo period&iacute;stico trabajado en profundidad? Se trata de actividades que nutren, que enriquecen a la sociedad, que incluso pueden provocar transformaciones en las personas, y, por lo tanto, no pueden ser gratuitas. &iquest;Crees que un sistema de renta b&aacute;sica universal puede ser una salida para los trabajadores creativos, para hacer converger vocaci&oacute;n y sustento?</p>
<p>- Respecto a la primera parte de la pregunta, creo que es una percepci&oacute;n que est&aacute; cambiando. La tradici&oacute;n de considerar la cultura como una afici&oacute;n o como una actividad en manos de unos pocos privilegiados ha cambiado intensamente, ha ido cambiando en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. En el futuro muchos de los trabajos ser&aacute;n en el sector creativo y estar&aacute;n relacionados con la creaci&oacute;n de imaginarios diversos. Vivimos un momento de transici&oacute;n y desajuste donde siguen perviviendo modelos y sistemas de valor antiguos, pero la idea de que la creaci&oacute;n es un trabajo est&aacute; asent&aacute;ndose.</p>
<p>Sobre lo que planteas en segundo lugar, no considero que la renta b&aacute;sica sea la soluci&oacute;n para los trabajadores creativos, aunque pueda ser una medida valiosa para la sociedad en general. Pero la puesta en valor de la pr&aacute;ctica cultural y creativa ser&aacute; el coraz&oacute;n de las sociedades mediadas por pantallas, no puede limitarse al capital simb&oacute;lico ni a la mercantilizaci&oacute;n capitalista de lo m&aacute;s visto (dejando fuera todo lo cr&iacute;tico e inc&oacute;modo), requiere ser protegida, regulada desde los poderes p&uacute;blicos y ciudadanos y articulada con derechos sociales.</p>
<p>[En este punto, me atrevo a hacer un inciso para detenerme en un apartado de <em>Fr&aacute;giles </em>titulado <em>El trabajo necesita un cuerpo</em>. Es curioso que un tema tan esencial como el trabajo no ocupe m&aacute;s espacios de debate. Parece que nos hemos resignado a asumir que el trabajo, en el &aacute;mbito que sea, es un bien escaso que debe agradecerse sin tener en cuenta las condiciones en que se desarrolla, que no puede convertirse en objeto de cr&iacute;tica. De ah&iacute; la importancia de recorridos como el de Remedios Zafra, capaces de ponernos delante del espejo, de enfrentarnos a una circunstancia que tanto marca la satisfacci&oacute;n o insatisfacci&oacute;n de las vidas.</p>
<p>Al respecto, constata la ensayista que hay trabajos que enferman los cuerpos y otros que los sanan. Centrada en el &aacute;mbito de las actividades creativas, desarrolladas tantas veces en cuartos conectados, con personas cercanas a las que cuidar, reconoce que la escritura le ha proporcionado placer y emancipaci&oacute;n; que as&iacute; ocurre cuando sobre el trabajo creativo se mantiene cierto control. Pero sucede que normalmente las actividades vocacionales, placenteras, no permiten sobrevivir. &ldquo;Pasa&nbsp; que como ese trabajo que moviliza no suele ser el que nos permite vivir ni nos trae un sueldo, buscamos y hacemos otros para sostenernos en la vida. La suma de horas nos ha ido creando un agujero entre espalda y est&oacute;mago y en ese trance vivimos con trabajos que nos dan la vida y trabajos que nos dan dinero (...) La entrega con la que muchos han ca&iacute;do en el trabajo les ha llevado al agotamiento, al hast&iacute;o ante un contexto de ansiedad endurecida. El deseo de jubilaci&oacute;n o de lograr un premio de loter&iacute;a aumenta cuando para el mundo a&uacute;n son j&oacute;venes y sienten haber concentrado a&ntilde;os en d&iacute;as. La mayor&iacute;a ni siquiera afirmar&iacute;an haber logrado un trabajo estable cuando se sienten viejos y ya sue&ntilde;an con retirarse&rdquo;, va argumentando la autora en un esclarecedor cap&iacute;tulo donde se habla de trabajo, de vidas-trabajo, de cuidados...]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La curiosidad y la observaci&oacute;n de la vida cotidiana est&aacute;n en la base de mi trabajo&rdquo;</strong></p>
<p>- En medio de un cambio cultural importante, asistimos perplejos a las transformaciones, tenemos la sensaci&oacute;n de que todo va demasiado r&aacute;pido, sin apenas tiempo para digerirlo. Remedios Zafra escribe desde el ahora, sin apenas distancia: observa, analiza, medita sobre lo que nos ata&ntilde;e y angustia en el presente inmediato. &iquest;Cu&aacute;les son tus procesos?</p>
<p>- La curiosidad y la observaci&oacute;n de la vida cotidiana est&aacute;n en la base de mi trabajo. Las lecturas son importantes pero &uacute;tiles en tanto ayudan a entender lo que estoy mirando. En mis procesos tambi&eacute;n hay conflicto, no solo en los asuntos que trabajo, sino en la gesti&oacute;n de tiempos. La concentraci&oacute;n necesaria para la escritura y para cualquier trabajo intelectual o creativo es hoy f&aacute;cilmente torpedeada.</p>
<p>- En las sociedades de la productividad, de la aceleraci&oacute;n, del rendimiento, se promueve que nos convirtamos en marcas de nosotros mismos. Todo se pone a la venta: la intimidad, la imagen. Se vive en la pose, en la impostura. Hoy se valora m&aacute;s convertirse en &ldquo;influencer&rdquo; que adquirir conocimientos o dedicarse a actividades que mejoren la vida de los dem&aacute;s. Incluso se imparten cursos universitarios. &iquest;C&oacute;mo hemos llegado hasta aqu&iacute;? &iquest;Vivimos en sociedades enfermas?</p>
<p>- Por un lado el desencanto ante los sistemas de formaci&oacute;n y trabajo que llevan a las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes al desempleo mientras se hipervisibiliza el &eacute;xito de esa impostura en las redes, incentiva a intentarlo. Y una vez que se intenta no es f&aacute;cil salir, la infraestructura de redes se sostiene en l&oacute;gicas premeditadamente adictivas que animan a volver a cada rato, donde cada cual es protagonista, y las novedades tienen que ver con peque&ntilde;os logros que hacen subir poco a poco los n&uacute;meros, como en el enganche que provoca el juego.</p>
<p>Pienso que la responsabilidad de las industrias digitales es much&iacute;sima, pero tambi&eacute;n la social, habiendo renunciado a que Internet sea un verdadero espacio p&uacute;blico y no, como es ahora, un contexto con apariencia de plaza regulado por empresas e intereses privados que priman rentabilizar y no crear contextos de emancipaci&oacute;n ciudadana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Nadie puede vivir sonriendo todo el tiempo&rdquo;</strong></p>
<p>- &ldquo;En la cultura de la apariencia, el interior siempre se descuida&rdquo;, se&ntilde;alas en <em>Fr&aacute;giles. Cartas sobre la ansiedad y la esperanza en la nueva cultura</em>.</p>
<p>- Cuando todo el esfuerzo se pone en el nombre o en la marca cabe sospechar si se intenta compensar con imagen lo que dicho envoltorio esconde, la ausencia. Acontece, en la era del marketing y de la exhibici&oacute;n del sujeto, que la energ&iacute;a se orienta a generar la apariencia, corriendo el riesgo de diluir o perder lo que se pone sobre la mesa, lo que all&iacute; se cuenta o se contiene, el sentido de lo que se pone en juego. Es dif&iacute;cil resistir, porque cuando convertimos las cosas en marca y producto, &ldquo;ser visto&rdquo; aumenta la posibilidad de &ldquo;ser elegido&rdquo;. Pero nadie puede vivir sonriendo todo el tiempo.</p>
<p>- En tus ensayos aludes a la cultura del ansiol&iacute;tico, de la felicidad empaquetada...</p>
<p>- La cultura de la prisa necesita f&oacute;rmulas r&aacute;pidas para lograr recompensas r&aacute;pidas e instant&aacute;neas y para apagar lo que perturba. En la red podemos bloquear, apagar o cerrar a golpe de click, mientras el cuerpo sentado y ansioso se medica con ansiol&iacute;ticos que no curan pero aplazan lo que duele y &ldquo;nos permiten seguir trabajando&rdquo;.</p>
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<p><strong>&ldquo;El malestar entendido como conciencia inc&oacute;moda, como respuesta ante las dificultades y riesgos, es valioso&rdquo;</strong></p>
<p>- Una y otra vez insistes en interpretar de otro modo el &ldquo;malestar&rdquo;. Te refieres al &ldquo;malestar&rdquo; como algo que, &ldquo;sinti&eacute;ndose negativo, es necesario&rdquo; para &ldquo;estar alerta y mejorar&rdquo;.</p>
<p>- S&iacute;, como expongo en <em>Fr&aacute;giles</em>, el malestar entendido como conciencia inc&oacute;moda, como respuesta ante las dificultades y riesgos, es valioso. En el ensayo reflexiono sobre la ansiedad actual, que est&aacute; motivada no solo por lo que asusta, sino muy especialmente por el exceso de focos y luces con que se proponen los deseos y aspiraciones en nuestra cultura. Se trata de ansiedad para mantener los ritmos de producci&oacute;n, para responder a las demandas que se proyectan sobre los individuos. Y para dar respuesta a este sufrimiento la ciencia y la medicina han optado por discretas dosis qu&iacute;micas que tapan la ansiedad durante un rato, o durante el resto de la vida si se normaliza su consumo. As&iacute;, los ansiol&iacute;ticos comienzan como un b&aacute;lsamo puntual y terminan convertidos en la ropa con la que muchos se visten para salir a la calle, para trabajar con otros, o para despertarse y seguir, o para acostarse y dormir.</p>
<p>- Todo esto da lugar a cada vez m&aacute;s &ldquo;seres desapasionados&rdquo;.</p>
<p>- S&iacute;. Sucede que aceptamos los ansiol&iacute;ticos y el autoenga&ntilde;o ante la dificultad de hacer convivir frustraci&oacute;n y esperanza. Y cuando damos por perdido un sue&ntilde;o, decepcion&aacute;ndonos con el modelo social y p&uacute;blico en el que confi&aacute;bamos, corremos el riesgo de enfrentar el futuro con frivolidad, desde la par&aacute;lisis, la desconfianza y el conformismo, como sujetos desapasionados que fingen sonre&iacute;r solo porque advierten que cerca hay una c&aacute;mara, sujetos que van a lo suyo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El feminismo ha logrado usar Internet para visibilizar y compartir lo privado desde una intencionalidad pol&iacute;tica&rdquo;</strong></p>
<p>- &ldquo;La mayor parte del tiempo la vida cuesta o duele&rdquo;, se&ntilde;alas en otro momento. Y tambi&eacute;n dices que &ldquo;la ansiedad es un pellizco vivible&rdquo;. &iquest;Hasta qu&eacute; punto el no asumir que la vida tambi&eacute;n es malestar, herida, ansiedad, miedo, nos aboca a un adormecimiento colectivo? &iquest;C&oacute;mo despertar? &iquest;Cabe la esperanza?</p>
<p>- En <em>Fr&aacute;giles </em>el camino de la esperanza, que es donde culmina el ensayo, se encuentra en &ldquo;una solidaria vulnerabilidad compartida&rdquo; y busca la direcci&oacute;n marcada por el feminismo y su sororidad. Como indico en uno de los &uacute;ltimos cap&iacute;tulos del libro, frente a la cr&iacute;tica hacia Internet como motor de exposici&oacute;n y mercantilizaci&oacute;n del sujeto, el feminismo ha logrado usarlo para visibilizar y compartir lo privado desde una intencionalidad pol&iacute;tica. Mostrar lo que se oculta y duele, pero tambi&eacute;n descubrirlo en los otros, es un potente gesto pol&iacute;tico que se amplifica cuando las intimidades se comparten y van encontr&aacute;ndose con iguales. As&iacute; ha ocurrido con el feminismo en Internet, una alianza que considero una de las grandes revoluciones de este tiempo.</p>
<p>Hay cosas que nacen de la intimidad y nos pertenecen, pero tambi&eacute;n las hay que no pueden quedarse dentro, porque si lo hacen nos da&ntilde;an como individuos y como sujetos pol&iacute;ticos. Pueden llegar a perjudicar a otras personas, cuando por sus circunstancias ni siquiera han tenido la oportunidad de verbalizarlo. Pasa cada d&iacute;a cuando los trabajadores autoexplotados, pero econ&oacute;mica y laboralmente no-precarios, colaboramos con nuestro silencio e inmovilismo en la precarizaci&oacute;n y ansiedad de los otros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo; Tendr&iacute;amos que mirar hacia formas de movilizaci&oacute;n incentivadas por un deseo de justicia social, de autonom&iacute;a y saber, de investigaci&oacute;n y cultura&rdquo;</strong></p>
<p>- A prop&oacute;sito de la esperanza, resulta muy interesante e inspirador el cap&iacute;tulo en el que argumentas que la esperanza debe ser activa y requiere imaginaci&oacute;n.</p>
<p>- Necesitamos imaginaci&oacute;n. Hay que aplicar imaginaci&oacute;n e inteligencia para dar forma a lo posible. Y aqu&iacute;, creo que podr&iacute;a ayudarnos observar a quienes basan su reclamaci&oacute;n en la cr&iacute;tica a la desigualdad y en &ldquo;lo posible&rdquo; que mejora las cosas, no solo para uno mismo. Tambi&eacute;n la justicia social precisa de la imaginaci&oacute;n solidaria para no reiterar lo opresivo. Y de nuevo aqu&iacute; vuelvo la mirada al feminismo. No est&aacute; en el feminismo el actual deseo capitalista de enriquecimiento o &eacute;xito que pasa por pisotear a los otros. Percibo que tendr&iacute;amos que mirar hacia formas de movilizaci&oacute;n no incentivadas por el triunfo econ&oacute;mico construido sobre la explotaci&oacute;n precaria y la ansiedad neutralizadora, ni por la vac&iacute;a acumulaci&oacute;n de ganancias desprovista de mundo interior, sino por un deseo de justicia social, de autonom&iacute;a y saber, de investigaci&oacute;n y cultura.</p>
<p>[Para finalizar este di&aacute;logo, que se suma a las b&uacute;squedas y conversaciones cruzadas sostenidas a lo largo del tiempo por Remedios Zafra, un llamamiento a la solidaridad y la amabilidad, tan ajeno a los discursos medi&aacute;ticos y tan representativo del trabajo de la autora. Vayamos a las p&aacute;ginas de Fr&aacute;giles: &ldquo;Descartar emociones positivas como la amabilidad, la autocr&iacute;tica, la generosidad o la bondad de nuestros proyectos de vida, trabajo y futuro por presuponerlas debilidad ante el previsible abuso del otro da como alternativa el triunfo de lo mismo, un mundo insolidario de desconfianza, injusticia y agresi&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;Nadie dijo que fuera f&aacute;cil, pues ante el abuso tendemos a sentirnos a veces rabiosos, a veces frustrados e inseguros (...) Trabajar contra el miedo y la angustia no es solo trabajar contra quienes los causan, habitualmente identificables, sino por los lazos que solidariamente nos vinculan y pueden transformar las reglas del juego&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;La vida no es una guerra ni una competici&oacute;n, y tantos siglos hablando de h&eacute;roes, batallas, perdedores y culpables... resulta agotador y est&uacute;pido, &iexcl;si ya somos fr&aacute;giles! Valdr&iacute;a m&aacute;s comenzar a cuidarnos entre todos. Porque hablar de victoria siempre ha sido un enga&ntilde;o que beneficia a las voces m&aacute;s altas. Pero nadie gana realmente poniendo su zapato sobre la boca del otro o pisoteando los restos de cristales rotos que ha dejado su accidente. Victoria es ese invento que sirve para los hombres que cuentan las historias pensando en su trascendencia como nombres. Pero dir&iacute;a que pocas veces hay una derrota de lo que nos da&ntilde;a, solo el aprendizaje de quien busca mayor autonom&iacute;a, organizando vida, espacios y tiempo para convivir con ello, el aprendizaje sobre c&oacute;mo salvar o mejorar como seres vulnerables, apretados de decisiones, arrepentimientos, agua que nos inunda y lecciones que supuran (...) En los conflictos humanos la palabra victoria deber&iacute;a cambiarse por cuidado mutuo. Una victoria implica derrotar y vencer, pero solo cuando entendemos la vida como cuidado de distintas vidas evitamos repetir la historia de siempre, esa que cuenta c&oacute;mo tal o cual general gan&oacute; una guerra y otros la perdieron...&rdquo;]</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 22 Nov 2021 06:03:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Segundo de Chomón: constructor de un oficio, creador de un arte]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/segundo-de-chomon-constructor-de-un-oficio-creador-de-un-arte/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2021/chomon500.jpg" alt="" /></p>
<p>La princesa Sofonisba duerme inquieta. Del vac&iacute;o emergen tres ojos que la vigilan y una mano que parece agarrarle las entra&ntilde;as o el alma, que quiere arrebatarle su esp&iacute;ritu. No puede descansar porque le atacan viejos fantasmas. El dios Moloch se le aparece en sue&ntilde;os reproch&aacute;ndole que hubiese escondido en su casa como esclava a la ni&ntilde;a Cabiria, salvada milagrosamente del sacrificio ritual en sus entra&ntilde;as ardientes por el esp&iacute;a romano Fulvio Axilla y el esclavo Maciste. Ruge iracundo en los sue&ntilde;os de Sofonisba por haberle privado de semejante manjar. Al despertar de su pesadilla las im&aacute;genes amenazadoras se esfuman, pero en la princesa permanece una profunda inquietud, presagiando que algo terrible va a suceder.</p>
<p>Esta es una de las secuencias m&aacute;s bellas de la pel&iacute;cula <em>Cabiria </em>(1914) dirigida por Giovanni Pastrone y en cuya construcci&oacute;n visual particip&oacute; directamente Segundo de Chom&oacute;n, ejerciendo como director de fotograf&iacute;a, una profesi&oacute;n reci&eacute;n nacida. Se trataba de reproducir visualmente la zozobra y el remordimiento, emociones muy complejas, que Chom&oacute;n tradujo en dos sobreimpresiones extraordinariamente ejecutadas, a las que a&ntilde;adi&oacute; el uso de maquetas dotadas de movimiento propio que representaban el acceso al templo de Moloch y en realidad al dios mismo en toda su ferocidad. Estos efectos especiales resultaron imprescindibles a la hora de dotar de sustancia narrativa y emocional a la escena, consiguiendo que los trucajes fuesen mucho m&aacute;s que un mero golpe de efecto. Solo un a&ntilde;o antes Georges M&eacute;li&egrave;s hab&iacute;a rodado para la Path&eacute; <em>A la conquista del Polo (&Agrave; la conqu&ecirc;te du P&ocirc;le</em>, 1912) desplegando todos sus saberes y habilidades con los trucos que le hab&iacute;an dado la fama y con los que era un verdadero maestro. M&eacute;li&egrave;s segu&iacute;a trabajando dentro del denominado &ldquo;cine de atracciones&rdquo; con un sinf&iacute;n de efectos especiales cuyo principal (y muy leg&iacute;timo) objetivo era resultar atractivos en s&iacute; mismos y provocar la sorpresa y admiraci&oacute;n del espectador, aunque por aquellas fechas el p&uacute;blico prefierese historias m&aacute;s complejas y puestas en escena menos ret&oacute;ricas. Tal y como se&ntilde;ala en su art&iacute;culo Agust&iacute;n S&aacute;nchez Vidal, mientras la actitud de M&eacute;li&egrave;s con la utilizaci&oacute;n de sus trucos era netamente teatral, la de Chom&oacute;n resultaba mucho m&aacute;s cinematogr&aacute;fica y moderna.</p>
<p>En<em> Cabiria</em>, como operador de c&aacute;mara y director de efectos especiales de la pel&iacute;cula, emple&oacute; algunos de los efectos especiales ideados por M&eacute;li&egrave;s, pero con una finalidad diferente. Los convirti&oacute; en parte imprescindible del relato integr&aacute;ndolos como elementos visuales inherentes al desarrollo de la trama. En la secuencia del sue&ntilde;o de Sofonisba le sirvieron para enriquecer psicol&oacute;gicamente a los personajes y para reproducir el universo de los sue&ntilde;os, que tan estrechamente est&aacute; unido al cine. Aunque el director de la pel&iacute;cula era Giovanni Pastrone (que operaba frecuentemente bajo el seud&oacute;nimo de Piero Fosco), en la campa&ntilde;a de promoci&oacute;n de <em>Cabiria </em>y en los carteles (de los que tan sabiamente nos habla en este monogr&aacute;fico Roberto S&aacute;nchez L&oacute;pez) se concedi&oacute; todo el m&eacute;rito al poeta Gabriele D&rsquo;Annunzio, escritor, militar y pol&iacute;tico vinculado al decadentismo y responsable de la construcci&oacute;n del imaginario de la Italia de la Antig&uuml;edad que se populariz&oacute; a comienzos del siglo XX. A estas alturas de la historia, cuando el cine estaba abandonando poco a poco el anonimato, utilizar el nombre de D&rsquo;Annunzio era una estrategia comercial perfectamente calculada, que hab&iacute;an establecido a&ntilde;os antes los hermanos Laffit&eacute; en su productora Film d&rsquo;art promocionando sus pel&iacute;culas al abrigo del prestigio de Erik Satie, Sarah Bernhardt o Edmond Rostand.</p>
<p>Cuando se rod&oacute; <em>Cabiria</em>,<em> </em>el cine italiano llevaba varios a&ntilde;os usando esta misma f&oacute;rmula, pero a lo grande, en escenarios naturales o hist&oacute;ricos, con infinidad de extras, decorados tridimensionales de cart&oacute;n piedra y relatos elaborados y complejos, con giros sorprendentes en la trama y personajes que comenzaban a tener encarnadura humana, como Sofonisba. Gracias a los trucos de Segundo de Chom&oacute;n podemos ver sus pensamientos y entender sus creencias y sus miedos. Por eso conviene ir m&aacute;s all&aacute; del manido t&oacute;pico que se refiere a Chom&oacute;n como el M&eacute;li&egrave;s espa&ntilde;ol y reconocerlo como uno de los grandes creadores de los or&iacute;genes de la Historia del Cine, que contribuy&oacute; a dotar de herramientas t&eacute;cnicas y visuales propias a un arte que estaba construyendo su lenguaje con los recursos aportados por &eacute;l mismo y otros como Georges M&eacute;li&egrave;s, Ferdinand Zecca, Mack Sennett, Charles Chaplin, David W. Griffith, Billy Bitzer, Segei M. Eisenstein o Abel Gance.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Refiri&eacute;ndose al arte cinematogr&aacute;fico Kristin Thomson y David Bordwell nos recuerdan que las pel&iacute;culas son como edificios, libros o sinfon&iacute;as: objetos creados, no preexistentes. Pero resultan tan cautivadoras que tendemos a olvidar que las pel&iacute;culas se<em> hacen</em> gracias al trabajo del ser humano y de las m&aacute;quinas.<a title="" href="#_ftn1">[1]</a> Por eso conviene hablar de Chom&oacute;n no en t&eacute;rminos de comparaci&oacute;n, sino reconoci&eacute;ndolo como un autor con entidad propia, que, con otros muchos, contribuy&oacute; a comienzos del siglo XX a la construcci&oacute;n de un ofici&oacute; hasta entonces inexistente, el cinematogr&aacute;fico. Y tambi&eacute;n a la creaci&oacute;n de un nuevo arte, el Cine.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Constructor de un oficio</strong></p>
<p>Porque el cine como oficio (u oficios) fue defini&eacute;ndose sobre la marcha. En los primeros rodajes de los Lumi&egrave;re<em>,</em> no hab&iacute;a directores de fotograf&iacute;a, ni truquistas, el&eacute;ctricos, decoradores, sastres o guionistas y en casi todos los casos ni siquiera actores. Solamente un operador y una c&aacute;mara. M&eacute;li&egrave;s fue uno de los primeros en descubrir el sinf&iacute;n de actividades que implicaba hacer una pel&iacute;cula cuando se trataba de ir m&aacute;s all&aacute; de la toma de vistas del natural, aunque terminase dedic&aacute;ndose &eacute;l mismo, como un hombre orquesta, a realizar todas las tareas. Parad&oacute;jicamente esta falta de visi&oacute;n a la hora de organizar y dividir el trabajo ser&iacute;a uno de los motivos de la ruina de su empresa, la Star Film. Quienes se dieron cuenta de la necesidad de organizar el trabajo en t&eacute;rminos industriales, repartiendo las tareas y propiciando la especializaci&oacute;n, fueron los hermanos Path&eacute;. En este momento de reorganizaci&oacute;n empresarial y profesional, Segundo de Chom&oacute;n decidi&oacute; iniciarse en el oficio cinematogr&aacute;fico. Al principio con una tarea modesta, la de colorear pel&iacute;culas. De ah&iacute; pas&oacute; a la filmaci&oacute;n (sus dos primeros t&iacute;tulos documentados fueron <em>Ascension du Mont Serrat en Espagne</em> y<em> Descente du Mont Serrat</em>, de 1901) y a la creaci&oacute;n en 1902 de una empresa familiar en la que colabor&oacute; tambi&eacute;n su mujer, Julienne.&nbsp; Chom&oacute;n entendi&oacute; muy pronto el cine como &ldquo;industria&rdquo; en la que trabajar en equipo y con equipos a los que asignar tareas espec&iacute;ficas. Fue de hecho uno de los primeros en crear una infraestructura industrial en Espa&ntilde;a dedicada a la producci&oacute;n de pel&iacute;culas, tal y como desarrolla ampliamente en su art&iacute;culo Fernando Sanz Ferreruela.</p>
<p>Y casi de inmediato, al calor del &eacute;xito del<em> Viaje a la luna </em>de Georges M&eacute;li&egrave;s, comenz&oacute; a ensayar los primeros trucajes, utilizando maquetas para su <em>Choque de trenes</em> (1902) y haciendo uso de la doble exposici&oacute;n de la pel&iacute;cula y de las sobreimpresiones en t&iacute;tulos como <em>Las aventuras de Gullivert en el pa&iacute;s de los gigantes y pigmeos</em> (1903). Lleg&oacute; a construir su propia c&aacute;mara para asegurarse de que las sobreimpresiones se hac&iacute;an con la m&aacute;xima precisi&oacute;n. As&iacute; fue como Chom&oacute;n se convirti&oacute; en un maestro en materia de efectos especiales. Tal y como explican Mariona Bruzzo y Rosa Cardona lleg&oacute; a ser un t&eacute;cnico excepcional y un investigador infatigable. Su formaci&oacute;n y vocaci&oacute;n t&eacute;cnica no eran las de alguien &uacute;nicamente interesado en hacer pel&iacute;culas (y en hacer caja) o en alardear de lo fascinante de determinados trucos cinematogr&aacute;ficos. Le preocup&oacute; intensamente el trabajo del rodaje, la edici&oacute;n y el montaje de las im&aacute;genes. Aport&oacute; soluciones, creando recursos que enriquecieron no solo la sintaxis sino tambi&eacute;n la morfolog&iacute;a del cine. Y esto incluye su preocupaci&oacute;n por el color, que fue el elemento a partir del que Chom&oacute;n se hizo cineasta y con el que seguir&iacute;a experimentando a lo largo de toda su vida. Precisamente el coloreado de sus pel&iacute;culas es uno de los factores que hace m&aacute;s complicada la recuperaci&oacute;n y restauraci&oacute;n de su obra, tal y como se&ntilde;alan en sus art&iacute;culos Mari&aacute;n del Egido, Josetxo Cerd&aacute;n y Ana Marques&aacute;n.</p>
<p>La Path&eacute; lo contrat&oacute; como operador de c&aacute;mara y director de trucajes en 1906. Esta firma estaba muy interesada en formar equipos con t&eacute;cnicos especialmente habilidosos para reforzar su producci&oacute;n de cine fant&aacute;stico y ganar posiciones con respecto a Georges M&eacute;li&egrave;s y la Star Film. En Par&iacute;s, Chom&oacute;n perfeccion&oacute; su trabajo con el paso de manivela y su habilidad para animar objetos inertes, tal y como se aprecia en <em>L&rsquo;Antre de la sorci&egrave;re</em> y <em>La maison hant&eacute;e</em>. Por estas mismas fechas la industria cinematogr&aacute;fica iba a experimentar una transformaci&oacute;n decisiva, especialmente a partir de 1907, cuando las productoras pasaron de vender las pel&iacute;culas a los exhibidores a alquilarlas. Este cambio en los usos mercantiles gener&oacute; un nuevo oficio, la distribuci&oacute;n; permiti&oacute; a los exhibidores renovar m&aacute;s frecuentemente su programaci&oacute;n; hizo que las salas de cine dejasen de establecerse en barracones itinerantes o en locales sencillamente habilitados y pasasen a convertirse en c&oacute;modos salones y cada vez m&aacute;s lujosamente acondicionados; adem&aacute;s de multiplicar la producci&oacute;n cuantitativa de t&iacute;tulos que cada firma deb&iacute;a poner en el mercado para estar en posici&oacute;n de competir. Y all&iacute; estaba Chom&oacute;n, trabajando en una treintena de pel&iacute;culas al a&ntilde;o para la productora m&aacute;s grande del mundo y contribuyendo con su tarea a la construcci&oacute;n de un nuevo oficio.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Creador de un arte</strong></p>
<p>Al trabajar con trucajes exigentes que deb&iacute;an estar perfectamente integrados en el conjunto del relato y demandaban prever las diferentes tareas cuidadosamente, Chom&oacute;n comenz&oacute; a escribir guiones t&eacute;cnicos muy detallados en los que se contemplaban todo tipo de pormenores, especialmente a partir de 1910. Y mientras los redactaba, tuvo ocasi&oacute;n de reflexionar m&aacute;s intensamente sobre las posibilidades narrativas del cine.</p>
<p>Sus primeros tanteos en este sentido pueden localizarse en torno a 1903 y 1905, cuando decidi&oacute; llevar a la pantalla algunos cuentos populares publicados por la editorial Calleja, entre ellos<em> Pulgarcito, </em><em>Aventuras de Gullivert en el pa&iacute;s de los gigantes y pigmeos</em> (1903) o<em> La gallina de los huevos de oro</em> (1905). Con la adaptaci&oacute;n de estos t&iacute;tulos rescataba relatos tradicionales, reformul&aacute;ndolos visualmente e iniciando una labor de puesta en im&aacute;genes de las viejas historias, que Agust&iacute;n Sanchez Vidal e Irene Vallejo han identificado como el inicio de una tendencia que se prolongar&iacute;a en el quehacer de Walt Disney, Ray Harryhausen o Jim Henson.</p>
<p>Cuando retorn&oacute; a Barcelona en 1910, Chom&oacute;n volvi&oacute; a recuperar las historias propias del folclore local hispano y los relatos m&aacute;s populares para dotar de personalidad propia y de un cat&aacute;logo de pel&iacute;culas que diferenciasen a la productora que acababa de fundar junto a Joan Fuster Gar&iacute;. Contribuy&oacute; desde su nueva empresa a la configuraci&oacute;n de algunos g&eacute;neros como el burlesco, el cine de trucos, el denominado cine incoherente o irracional, el hist&oacute;rico, e incluso el musical, aun cuando no hab&iacute;a sonido, llevando a la pantalla el argumento de algunas zarzuelas muy populares. Para buena parte de estas obras escribi&oacute; guiones en los que, adem&aacute;s de prever el desglose de planos de la pel&iacute;cula y el montaje que deb&iacute;a hacerse de la misma, tuvo ocasi&oacute;n de plantear novedades narrativas tan audaces como el <em>flash back</em> de <em>La tempranica</em> (1910) o el <em>flash forward</em> de <em>Las p&iacute;ldoras maravillosas</em> (1910).<a title="" href="#_ftn2">[2]</a> Chom&oacute;n estaba explorando las distintas posibilidades de articulaci&oacute;n del relato cinematogr&aacute;fico al mismo tiempo que Edwin S. Porter y fundamentalmente David W. Griffith ensayaban el uso del montaje en paralelo y del <em>flash back</em>.</p>
<p>Todas estas narraciones estaban marcadas por lo que Bernardo S&aacute;nchez Salas reivindica en este monogr&aacute;fico como la pasi&oacute;n por lo extraordinario de Chom&oacute;n y su especial habilidad para educar la mirada del espectador, acostumbr&aacute;ndola a la naturaleza m&aacute;gica del cine. A pesar del anonimato de estos primeros a&ntilde;os, su virtuosismo ha hecho que muchos autores se planteen la existencia de un &ldquo;estilo Chom&oacute;n&rdquo;, caracterizado por la brillantez en la construcci&oacute;n de las im&aacute;genes y la destreza en la resoluci&oacute;n de los efectos especiales. Junto con Georges M&eacute;li&egrave;s, Georges Albert Smith, James Williamson, &Eacute;mile Cohl, Winsor McCay y otros muchos, Chom&oacute;n contribuy&oacute; a la construcci&oacute;n de un r&eacute;gimen visual, que tal y como apunta Joan Minguet Batllori en su art&iacute;culo, se mantuvo vigente hasta la aparici&oacute;n de los trucajes digitales.</p>
<p>En cualquier caso, estamos ante un cineasta capaz de construir im&aacute;genes memorables, con fuerza suficiente como para integrarse de manera irreversible en la memoria colectiva y adquirir la categor&iacute;a de icono: las maletas que se deshacen solas o el peine que compone el cabello de la hu&eacute;sped de <em>El Hotel El&eacute;ctrico</em> (1908); los sue&ntilde;os inquietantes de Sofonisba, Momi o Emma, que traducen en im&aacute;genes el subconsciente (que por aquellas mismas fechas estaba explorando Freud); o el miedo a la alienaci&oacute;n y a todos los sinsentidos que de ella se deriva y al que supo dar forma en la efigie del dios Moloch y sus fauces aniquiladoras. De esto &uacute;ltimo tomar&iacute;a buena nota Fritz Lang al componer una de las secuencias cruciales de <em>Metr&oacute;polis</em> (1927).</p>
<p>En 1911 el poeta italiano Ricciotto Canudo escribi&oacute; su <em>Manifiesto de las siete</em> <em>artes</em>, en el que reivindicaba la condici&oacute;n del Cine como un arte nuevo que hab&iacute;a conseguido la s&iacute;ntesis total de las preexistentes. La idea de que el cine era algo m&aacute;s que un entretenimiento de barraca de feria comenzaba a abrirse paso. Fueron los a&ntilde;os de los grandes palacios cinematogr&aacute;ficos, en los que las nuevas salas de proyecci&oacute;n imitaban el lujo y las dimensiones de los teatros decimon&oacute;nicos, para de este modo estar en condiciones de competir. Una nueva posici&oacute;n que se materializ&oacute; en edificios como el Artistic-Path&eacute; de Par&iacute;s (1911), el Electric Palace de Harwich (Inglaterra, 1912) o el Regents Theatre de Nueva York (1913).</p>
<p>Solo un a&ntilde;o despu&eacute;s, en 1912, Chom&oacute;n comenz&oacute; a trabajar para Itala Films con un contrato muy ventajoso, que evidenciaba el reconocimiento profesional del que era objeto por entonces. Cuando en 1913 se hizo cargo de la direcci&oacute;n de fotograf&iacute;a y los trucajes de<em> Cabiria,</em> era ya un profesional plenamente maduro. En el sue&ntilde;o de Sofonisba super&oacute; con creces las representaciones primigenias de los estados on&iacute;ricos, yendo mucho m&aacute;s all&aacute; que Porter en la primera secuencia de<em> Vida de un bombero americano</em> (<em>Life of an American Fireman</em>, 1903). Aunque el estallido de la Gran Guerra priv&oacute; a <em>Cabiria</em> del &eacute;xito en taquilla para el que hab&iacute;a sido dise&ntilde;ada, fue una pel&iacute;cula muy conocida y valorada entre los profesionales del cine. Uno de ellos fue Griffith, que pocas semanas despu&eacute;s del estreno de esta pel&iacute;cula comenz&oacute; a idear un filme &eacute;pico de larga duraci&oacute;n, imitando a los italianos, para exponer uno de sus temas favoritos: la guerra civil norteamericana y la reconstrucci&oacute;n del sur en el que hab&iacute;a nacido. Era el origen de <em>El nacimiento de una naci&oacute;n</em> (1915).</p>
<p>Chom&oacute;n volvi&oacute; a trabajar al final de su vida en otra obra colosal por su ambici&oacute;n narrativa y por la complejidad de su producci&oacute;n: <em>Napole&oacute;n</em> de Abel Gance (1927). En esta ocasi&oacute;n, su labor qued&oacute; diluida entre el quehacer de un equipo t&eacute;cnico de m&aacute;s de doscientos profesionales y un director con ideas visuales muy personales e innovadores. Una vez m&aacute;s Chom&oacute;n puso su talento al servicio de un proyecto colosal que influy&oacute; en los cineastas dispuestos a transitar del mudo al sonoro y que fascin&oacute; a realizadores de la talla de Francis Ford Coppola. Manuel Hidalgo nos cuenta en su art&iacute;culo los avatares de la recuperaci&oacute;n de esta pel&iacute;cula y la decisiva participaci&oacute;n de Carmine Coppola, padre de Francis, en la composici&oacute;n de la banda sonora para la versi&oacute;n restaurada.</p>
<p>Aunque entre los primeros trabajos de Edison, los Lumi&egrave;re o M&eacute;li&egrave;s y t&iacute;tulos como<em> Cabiria </em>o<em> El nacimiento de una naci&oacute;n, </em>apenas medien veinte a&ntilde;os, en este lapso de tiempo se codificaron, ordenaron y sistematizaron el lenguaje y los recursos narrativos de un nuevo arte. La invenci&oacute;n del Cine, como casi todas las cosas importantes, fue una empresa colectiva. Luis Bu&ntilde;uel sosten&iacute;a que la realizaci&oacute;n de una pel&iacute;cula era una tarea muy semejante a la construcci&oacute;n de una catedral, una obra ingente, a veces an&oacute;nima, que era posible gracias a la intervenci&oacute;n de muchas personas. Es la misma idea que podemos trasladar a la creaci&oacute;n de arte cinematogr&aacute;fico, al que contribuyeron adem&aacute;s de Edison, Lumi&egrave;re, M&eacute;li&egrave;s, Williamson, Smith, Zecca, Porter, Pastrone, Griffith, Sennett o Chaplin, directores de fotograf&iacute;a como Billy Bitzer y, por supuesto, Segundo de Chom&oacute;n. A todos ellos, y a otros muchos conocidos o an&oacute;nimos, les debemos&nbsp; no solo la construcci&oacute;n de un oficio, tambi&eacute;n la creaci&oacute;n de un nuevo arte, el S&eacute;ptimo.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>El cine es sue&ntilde;o</strong></p>
<p>La discreci&oacute;n personal de Segundo de Chom&oacute;n y el anonimato general bajo el que desarrollaron su actividad los profesionales de los oficios t&eacute;cnicos en los or&iacute;genes del cine nos han privado de muchas huellas a la hora de reconstruir su trayectoria. Uno de los primeros en recoger pruebas directas del quehacer de Chom&oacute;n fue Carlos Fern&aacute;ndez Cuenca (del que nos habla Luis Alberto de Cuenca), que elabor&oacute; su libro <em>Segundo de Chom&oacute;n, maestro de la fantas&iacute;a y de la t&eacute;cnica</em> (1972) a partir de los testimonios del hijo del cineasta, Robert, y de algunas de las personas que le conocieron como Henri Langlois o el mism&iacute;simo Abel Gance. Daniel S&aacute;nchez Salas se ha encargado de trazar el recorrido por la fortuna hist&oacute;rica e historiogr&aacute;fica de la figura de Chom&oacute;n (en la que ha sido fundamentales las obras de Tharrats, S&aacute;nchez Vidal y Minguet Batllori<a title="" href="#_ftn3">[3]</a>), evidenciando la dificultad de reconstruir algunos aspectos de su andadura profesional. Afortunadamente, trabajos recientes como los realizados por R&eacute;jane Hamus-Vall&eacute;e, Jacques Malth&ecirc;te, St&eacute;phanie Salmon<a title="" href="#_ftn4">[4]</a> o Iv&aacute;n N&uacute;&ntilde;ez, aportan nueva informaci&oacute;n para componer su perfil profesional y personal. Adem&aacute;s, merece la pena se&ntilde;alar que, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, desde que Fern&aacute;ndez Cuenca o Rotellar rescataran la figura de Chom&oacute;n, en torno al centenario de su nacimiento se ha hecho un especial esfuerzo por divulgar y dar a conocer su vida y obra, m&aacute;s all&aacute; del &aacute;mbito acad&eacute;mico o cinematogr&aacute;fico, tal y como recoge en su art&iacute;culo Gonzalo Mont&oacute;n.</p>
<p>No obstante, su premeditada discreci&oacute;n y las numerosas inc&oacute;gnitas acerca de su vida y de su obra han dado pie a todo tipo de especulaciones. En su art&iacute;culo,&nbsp; Ant&oacute;n Castro reivindica el misterio de Segundo de Chom&oacute;n. Y con esta inmejorable coartada juegan h&aacute;bilmente en este monogr&aacute;fico Ana Alcolea, Antonio Castellote y Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget, que han decidido ficcionar a Chom&oacute;n y su entorno como el mejor de los homenajes posibles, una hermosa forma de preservar su memoria, utilizando la fantas&iacute;a. Las inc&oacute;gnitas personales en torno a Chom&oacute;n han sido exploradas en forma de pel&iacute;cula en <em>El hombre que quiso ser Segundo</em> por Ram&oacute;n Al&oacute;s S&aacute;nchez (2014)<em>. </em>Y tambi&eacute;n ha inspirado proyectos de aire sainetesco, como la sinopsis para un falso documental escrita por Basilio Mart&iacute;n Patino y conservada en Filmoteca Espa&ntilde;ola, en la que, con abundantes dosis de iron&iacute;a, se cuenta la historia de un sobrino de Chom&oacute;n llamado Tercero, que dedica buena parte de su vida a emular la trayectoria profesional de su t&iacute;o, de lo que dan cumplida cuenta Mari&aacute;n del Egido y Josetxo Cerd&aacute;n en su art&iacute;culo. Lo cierto es que el juego con la categor&iacute;a ordinal de los nombres ha dado mucho de s&iacute; a lo largo de las especulaciones ficticias acerca de Segundo de Chom&oacute;n. Incluso a la hora de valorar su obra, siempre supeditada a los logros de autores famosos, en segundo t&eacute;rmino o al servicio de otros.</p>
<p>Una de las pocas certezas que tenemos sobre Chom&oacute;n es la pasi&oacute;n que sent&iacute;a por el color, que utiliz&oacute; con una vocaci&oacute;n m&aacute;gica y a veces surreal, tal y como se&ntilde;ala Vicente Molina Foix en su texto. Su trayectoria termina y acaba experimentando con el tintado de las pel&iacute;culas y el inter&eacute;s por reproducir la realidad coloreada. Una perseverancia que lo define, personal y profesionalmente, y que ratifica su vocaci&oacute;n por las investigaciones de &iacute;ndole t&eacute;cnica en las que siempre estuvo implicado. Dedic&oacute; pr&aacute;cticamente toda la d&eacute;cada de los veinte a ensayar distintos sistemas, aunque sin tener en cuenta los avances que se hab&iacute;an hecho en Estados Unidos, por lo que qued&oacute; fuera de las soluciones que finalmente terminaron adopt&aacute;ndose. Muri&oacute; antes de poder presentar en la Gran Exposici&oacute;n Internacional de Barcelona un procedimiento de color que consist&iacute;a en aplicar rayos ultravioletas tanto la fotograf&iacute;a como al cine.<a title="" href="#_ftn5">[5]</a></p>
<p>En los &uacute;ltimos a&ntilde;os de su vida altern&oacute; estas investigaciones para la casa Keller-Dorian con el trabajo como director y, sobre todo, como experto en fotograf&iacute;a y trucajes, participando en t&iacute;tulos muy destacados y diferentes entre s&iacute;: <em>Napole&oacute;n</em> (1927) de Abel Gance o<em> El negro que ten&iacute;a el alma blanca</em> (1927) de Benito Perojo, dos pel&iacute;culas sobre las que reflexiona hondamente Manuel Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n, en este monogr&aacute;fico.</p>
<p>Dentro de los juegos con la leyenda y el misterio en torno a Chom&oacute;n se nos ocurre plantear en este punto una apasionante ucron&iacute;a: si Luis Bu&ntilde;uel hubiese aceptado el trabajo como ayudante de Abel Gance que le propuso su maestro Jean Epstein &iquest;Chom&oacute;n y &eacute;l se habr&iacute;an conocido e identificado como paisanos? &iquest;De qu&eacute; hubieran hablado? &iquest;Les preocupaban los mismos problemas en relaci&oacute;n con el cine?</p>
<p>Lo que s&iacute; sabemos es que Bu&ntilde;uel y Chom&oacute;n estaban especulando en t&eacute;rminos cinematogr&aacute;ficos y por las mismas fechas y acerca de la naturaleza de los sue&ntilde;os, aunque los de Bu&ntilde;uel resultasen m&aacute;s desasosegantes. Chom&oacute;n lo hab&iacute;a hecho brillantemente construyendo para Benito Perojo, en <em>El negro que ten&iacute;a el alma blanca</em> (1927), la secuencia del sue&ntilde;o de Emma, una joven actriz interpretada por Conchita Piquer que sue&ntilde;a con uno de sus compa&ntilde;eros de reparto, el bailar&iacute;n negro Peter Wald (Raymond Sarka), por el que experimenta sentimientos encontrados, una mezcla entre rechazo y deseo. Para componer estas im&aacute;genes, Chom&oacute;n utiliz&oacute; sobreimpresiones, maquetas y emple&oacute; muy inteligentemente la c&aacute;mara lenta. Los mismos trucajes que dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde aplic&oacute; Bu&ntilde;uel a la producci&oacute;n de<em> Un perro andaluz</em> (1929), planteada toda ella como el fluir de un sue&ntilde;o en el que tambi&eacute;n se entretejen el deseo, el rechazo y los juegos de aproximaci&oacute;n m&aacute;s o menos er&oacute;tica. Todo ello combinado con la mediaci&oacute;n de la publicidad como otra forma distinta de provocaci&oacute;n del deseo que en la siguiente pel&iacute;cula de Bu&ntilde;uel,<em> La Edad de oro</em> (1930)<em> </em>se materializa en el anuncio de medias Anitta y<em> En el negro que ten&iacute;a el alma blanca</em>, en el p&oacute;ster de papel de fumar Bamb&uacute;,</p>
<p>Resulta curioso que estos dos turolenses llegasen a similares soluciones visuales para evocar el mundo on&iacute;rico y la pulsi&oacute;n del deseo. Pero, pese a la diferencia generacional, esta coincidencia puede explicarse en el contexto del Par&iacute;s de los a&ntilde;os veinte, en dos profesionales del cine impregnados hasta la m&eacute;dula de la cultura francesa e influidos, en mayor o menor medida, por las b&uacute;squedas y reflexiones de las vanguardias y por los hallazgos de Hollywood, el Expresionismo alem&aacute;n y autores como Jean Epstein o Abel Gance. Tal vez esto explique que Chom&oacute;n y Bu&ntilde;uel desde distintos &aacute;mbitos, llegasen a la misma conclusi&oacute;n: que el cine, en esencia, es sue&ntilde;o y deseo.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [1] BORDWELL, David y THOMPSON, Kristin, <em>El arte cinematogr&aacute;fico. Una introducci&oacute;n</em>. Barcelona, Paid&oacute;s, 1995, p. 3.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [2] S&Aacute;NCHEZ VIDAL, Agust&iacute;n, <em>El cine de Chom&oacute;n</em>, Zaragoza, Caja de Horros de la Inmaculada, 1992, pp. 124-131.</p>
</div>
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<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [3] MINGUET BATLLORI, Joan,<em> Segundo de Chom&oacute;n. El cine de la fascinaci&oacute;n, </em>Barcelona, Institut Catal&agrave; de les Ind&uacute;stries Culturals, 2010.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a></p>
<h1>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [4] Hamus-Vall&eacute;e, R&eacute;jane; Malth&ecirc;te, Jacques; Salmon, St&eacute;phanie, <em>Les mille et un visages de Segundo de Chom&oacute;n: Truqueur, coloriste, cin&eacute;matographiste&hellip; et pionnier du cin&eacute;matographe</em>, Paris, Fondation J&eacute;r&ocirc;me Seydoux- Path&eacute; y Presses universitaires du Septentrion, 2019.</h1>
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<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [5] S&Aacute;NCHEZ VIDAL, Agust&iacute;n, <em>op. cit</em>., 228.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 22 Nov 2021 06:02:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Víctor Fuentes: "Las tinieblas de la guerra nos han acompañado toda la vida"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/victor-fuentes-las-tinieblas-de-la-guerra-nos-han-acompanado-toda-la-vida/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2021/victor500.jpg" alt="" /></p>
<p>Miembro numerario de la Academia Norteamericana de la Lengua Espa&ntilde;ola, y correspondiente de la Real Academia Espa&ntilde;ola, autor de unos 3000 art&iacute;culos y 28 libros, incluyendo ediciones cr&iacute;ticas y antolog&iacute;as. V&iacute;ctor Fuentes (Madrid, 1933), Catedr&aacute;tico Em&eacute;rito de la University of California (Santa Barbara) es, actualmente, historia viva de m&aacute;s de medio siglo de intelectualidad espa&ntilde;ola en el exilio. Especialista en C&eacute;sar Vallejo, Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s, Benjam&iacute;n Jarn&eacute;s y Antonio Machado, entre otros, as&iacute; como del mundo literario que abarca su tan citado libro, <em>La marcha al pueblo en las letras espa&ntilde;olas.1917-1936</em> (2006), con pr&oacute;logo de Manuel Tu&ntilde;&oacute;n de Lara, ha sido galardonado con varios premios y distinciones que jalonan su brillante trayectoria acad&eacute;mica. De la Columbia University a la University<em> </em>of California<em>, </em>pasando en el verano de 1962 por la<em> </em>Escuela Espa&ntilde;ola del<em> </em>Middlebury College<em>, </em>donde, desde 1939, se reun&iacute;a la plana mayor de los intelectuales del exilio republicano<em>,</em> Fuentes ha desarrollado un importante magisterio en el campo del cine, el teatro y la literatura hispanoamericana<em> </em>en suelo estadounidense,&nbsp; convirti&eacute;ndose, andando el tiempo, en uno de los mayores especialistas en la obra de Luis Bu&ntilde;uel; autor al que conoci&oacute; y al que ha dedicado cinco libros magistrales de indudable valor intelectual y afectivo. Pero m&aacute;s all&aacute; de una carrera universitaria excepcional, desarrollada en universidades m&aacute;s o menos elitistas, lo realmente interesante en Fuentes es su incre&iacute;ble autobiograf&iacute;a, recogida en su denominada Trilog&iacute;a Americana: <em>Morir en Isla Vista</em> (1999), <em>Bio-Graf&iacute;a americana</em> (2008) y <em>Memorias del segundo exilio (1954-2010): toda una vida&hellip;.</em> (2011). Miembro, junto a Jorge Sempr&uacute;n, Manuel Tu&ntilde;&oacute;n de Lara, Claudio Guill&eacute;n o<em> </em>Nicol&aacute;s S&aacute;nchez Albornoz<em>,</em> de la llamada Generaci&oacute;n del Segundo Exilio de los a&ntilde;os 40 y 50, Fuentes representa uno de los &uacute;ltimos testimonios de ese mundo de ayer que poco a poco va desdibuj&aacute;ndose en las p&aacute;ginas de nuestra m&aacute;s reciente historia espa&ntilde;ola. Se trata del destierro de los &ldquo;ni&ntilde;os de la guerra&rdquo; que, siguiendo la estela de sus mayores, la primera generaci&oacute;n de ese fatal trastierro, -Jorge Guill&eacute;n, Pedro Salinas, Rafael Alberti, Francisco Ayala, Eugenio Granell, Maruja Mallo, Ram&oacute;n J. Sender, Max Aub, Luis Cernuda, Emilio Prados, &Oacute;scar Dom&iacute;nguez, Luis Bu&ntilde;uel, Ortega, Gregorio Mara&ntilde;&oacute;n o Picasso-, recalaron en nuevos pa&iacute;ses de acogida, iniciando una nueva vida, lejos de su patria de origen. Otros intelectuales, como Castilla del Pino o Vicente Aleixandre optaron por quedarse, comenzando as&iacute; un no menos doloroso exilio interior. Hablamos con Fuentes, como no, de ese omnipresente desgarro del destierro, pero tambi&eacute;n de simp&aacute;ticas viv&eacute;cdotas, alegres e inusuales que han ido cimentando una vida de pel&iacute;cula: de la relaci&oacute;n con Luis Bu&ntilde;uel, de los amores m&aacute;s o menos tormentosos,<em> </em>y de su actividad cultural junto a la figura del eminente mexicanista, Luis Leal, gran amigo y especie de mentor suyo, as&iacute; como, en definitiva, de su periplo errante durante m&aacute;s de medio siglo por Francia, Inglaterra, EEUU, Venezuela, y Espa&ntilde;a<em>, </em>recalando, asimismo, en M&eacute;xico, Colombia y Chile pero siempre, como veremos, con el punto de mira puesto en su patria nativa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;He vivido el <em>Guernica</em> de Picasso en carne propia&rdquo; </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Dec&iacute;a Jos&eacute; Luis de Vilallonga, hablando de la crueldad de la guerra, que lo peor de haber sido destinado como muchacho a un pelot&oacute;n de fusilamiento es que te acostumbras a matar. Su amigo, compa&ntilde;ero de escopeta, enloqueci&oacute; y &eacute;l, sin embargo, se habitu&oacute;. Esa habituaci&oacute;n siniestra, vivida en su persona le dio miedo. D&eacute;cadas despu&eacute;s, retornando del exilio, comentaba que, en sociedad, sab&iacute;a distinguir al punto de la inmediatez qui&eacute;n hab&iacute;a estado en la guerra y qui&eacute;n no. Vilallonga se hab&iacute;a repuesto de la culpa de aquellos hechos tr&aacute;gicos, cursando una vida completamente normal. Del mismo modo, cuando a Jorge Sempr&uacute;n le preguntaban c&oacute;mo se pod&iacute;a ser feliz despu&eacute;s de haber pasado por Buchenwald -campo de concentraci&oacute;n nazi-, respond&iacute;a que la imagen retenida en su memoria de algunos presos compartiendo la escasa comida disponible con sus compa&ntilde;eros m&aacute;s vulnerables, le hab&iacute;a ayudado, una vez liberado, a recuperar la fe en la especie humana. En la misma l&iacute;nea de atrocidades, usted cuenta que ha vivido el <em>Guernica</em> (1937) en carne propia y no en pintura. Despu&eacute;s de experimentar vicisitudes tan extremas, &iquest;se pude seguir teniendo esperanza en la condici&oacute;n humana? &iquest;Existen rayos de luz en las tinieblas exteriores de la guerra?</p>
<p>- Por supuesto, en mi caso fue vivir de ni&ntilde;o la atrocidades de la guerra: las idas, con la alarma de los bombardeos al t&uacute;nel de la estaci&oacute;n del Metro en la Glorieta de San Bernardo en Madrid; la bomba que nos cay&oacute; en la habitaci&oacute;n de un hotel en Valencia, cercano a la estaci&oacute;n, con la gran suerte de que no explotara y que suelo evocar como un pastiche, vivido, del <em>Guernica </em>de Picasso: el grito de mi madre, en camis&oacute;n, tratando de encender la luz -&ldquo;el caballo desbocado con la lanza en el costado, el toro de Espa&ntilde;a enterrando sus cuernos en el colch&oacute;n&rdquo;-, mi hermano y yo llorando, entre los escombros y la carrera por el pasillo, con los consejeros rusos en calzoncillos dando gritos en su idioma. Despu&eacute;s, dos meses en un pueblo valenciano teniendo yo continuas pesadillas, como me dec&iacute;an, y el cruce de los Pirineos, huyendo de refugiados a Francia para ir a parar a una colonia de ni&ntilde;os vascos cerca de Bayona.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; S&iacute;, el rayo de esperanza en la condici&oacute;n humana, mostrada en la solidaridad de aquellos voluntarios, j&oacute;venes, ingleses, y de otros pa&iacute;ses de Europa que, con tanto cari&ntilde;o y generosidad, nos trataban en la colonia infantil y, tambi&eacute;n, en una Paz justa y sin venganzas ni los horrores de la represi&oacute;n que siguieron en la posguerra con el grotesco eufemismo de &ldquo;25 a&ntilde;os de Paz&rdquo; &hellip; No obstante, las tinieblas de la guerra nos han acompa&ntilde;ado toda la vida. Precisamente, y ya en los a&ntilde;os 90, mi hermano, Agust&iacute;n, Tit&iacute;, con una bastante exitosa carrera, pocos meses antes de morir, sentados en el patio del Reina Sof&iacute;a, y, curiosamente, tras haber visto el <em>Guernica</em>, me dec&iacute;a: &ldquo;Nosotros fuimos los vencidos en la guerra&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Los a&ntilde;os vividos en Nueva York y en California</strong></p>
<p>- En sus a&ntilde;os de exilio neoyorquino trabaj&oacute; usted con Francisco Garc&iacute;a Lorca, Joaqu&iacute;n Casalduero, Vicente Llorens, Ernesto Guerra Da Cal, Emilio Gonz&aacute;lez L&oacute;pez, Eugenio Florit, Amelia del R&iacute;o, Margarita Ucelay, y muy especialmente con &Aacute;ngel del R&iacute;o, autor de aquel curso sobre Ortega y Unamuno que tanto le impresion&oacute; en la Columbia. Sin embargo, esgrime desde el inconformismo, el &ldquo;formalismo social acad&eacute;mico me parec&iacute;a entre pretencioso y aburguesado&rdquo;. Su activismo pol&iacute;tico acab&oacute; por poner fin a su vida acad&eacute;mica en New York. Finalizada su tesis sobre Benjam&iacute;n Jarn&eacute;s y la narrativa de vanguardia se traslada a California donde, varias veces, estuvo a punto de ser &ldquo;depurado&rdquo;, &ldquo;poniendo en el tablero mi puesto y hasta el futuro de mis hijos&rdquo;.&nbsp; &iquest;Qu&eacute; supuso para usted el contacto con toda esa caterva de intelectuales neoyorkinos? &iquest;Qu&eacute; diferencias exist&iacute;an por entonces entre las universidades de la costa Este y las de la costa Oeste? &iquest;Vali&oacute; la pena un sacrificio pecuniario tan alto en favor de aquellos ideales de izquierdas?</p>
<p>- Disculpe que me extienda en esto&hellip; En una de esas peripecias, medio de la picaresca, medio de cine de mis &ldquo;viv&eacute;cdotas&rdquo;, como ingeniosamente destaca usted, llegu&eacute; a Nueva York en septiembre de 1956, sin ning&uacute;n destino y sin conocer a nadie. En Caracas, una persona, me dijo que era muy buen amigo del catedr&aacute;tico &Aacute;ngel del R&iacute;o y que fuera a saludarle de su parte. Me recibi&oacute; en su despacho, en la Casa Hisp&aacute;nica de la Columbia University, pero al darle el nombre de dicho amigo, me solt&oacute; que no conoc&iacute;a a tal persona. Casi me hundo en la butaca, luego, con cierta l&aacute;stima, escuch&oacute; mi inter&eacute;s en continuar los estudios universitarios y garabate&oacute; mi nombre y direcci&oacute;n, concluyendo la corta visita. Pens&eacute; que nunca m&aacute;s le volver&iacute;a a ver, pero un par de semanas despu&eacute;s, cuando sub&iacute;a a mi habitaci&oacute;n de una de aquellas pobretonas habitaciones de alquiler de Broadway derrengado por mi trabajo de mozo de cuerda, en la escalera, tropec&eacute; con la secretaria de don &Aacute;ngel que ven&iacute;a a buscarme para decirme que, les hab&iacute;an llamado de la Librer&iacute;a de las Naciones Unidas, buscando un dependiente de habla espa&ntilde;ola. Don &Aacute;ngel hab&iacute;a pensado en m&iacute;. Consegu&iacute; el trabajo y al mes, me llam&oacute; a la librer&iacute;a, pues en la breve entrevista le hab&iacute;a dicho que hab&iacute;a actuado en el TEU de Derecho para, posteriormente, invitarme a ser parte del elenco de <em>La estratosfera</em>, pieza teatral del querido amigo Pedro Salinas, fallecido en 1951, que estaban preparando. Y as&iacute;, de mi destartalada habitaci&oacute;n, pas&eacute; a la sala de uno de los pisos de aquel grupo de destacados profesores, y otros amigos del exilio republicano en Nueva York. En febrero de 1957, me encontraba sentado en una taberna de la Guindalera, jugando a las cartas con Francisco Garc&iacute;a Lorca y Joaqu&iacute;n Casalduero, en la representaci&oacute;n de la pieza en el teatro MacMillan de la Columbia University. En realidad, el encuentro con aquel grupo de personas que ha mencionado, y, posteriormente, el estudio y la ense&ntilde;anza junto a alguna de ellas, es lo que me ha hecho llegar a donde estoy en la profesi&oacute;n. Mi &uacute;ltimo libro, <em>Galdos 100 a&ntilde;os despu&eacute;s y en el presente </em>(2019) est&aacute; dedicado a los que m&aacute;s influyeron en mi formaci&oacute;n: &Aacute;ngel del R&iacute;o y Joaqu&iacute;n Casalduero. Recordar&eacute; que cuando sal&iacute;a de sus casas en las reuniones que me invitaban, tales como en alguna Nochebuena en casa de la familia Lorca/de los R&iacute;os, cre&iacute;a que, en lugar de Nueva York, me encontraba en el Madrid de la Rep&uacute;blica. Solo faltaba que hubiera estado all&iacute;, Federico Garc&iacute;a Lorca en persona, pues en esp&iacute;ritu lo estaba, y muy vivo. Bajando por la <em>Riverside</em>, me ve&iacute;a ir por la orilla del Manzanares, algo parecido a lo que ya hab&iacute;a expresado Juan Ram&oacute;n, en aquellos versos de <em>Espacio</em>: &ldquo;&hellip;Y entr&eacute; cantando ausente en la arboleda de la noche / y el r&iacute;o que se iba bajo <em>Washington Bridge</em> con / sol, a&uacute;n hacia mi Espa&ntilde;a por mi oriente a mi oriente de mayo de Madrid&hellip;&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De aqu&iacute; el orgullo, de considerarme, junto a otro querido amigo de entonces, un poco mayor que yo, Roberto Ruiz, el &uacute;ltimo eslab&oacute;n vivo, en este pa&iacute;s, de aquel grupo del exilio espa&ntilde;ol que tan gran impulso diera al hispanismo de los Estados Unidos, entre los a&ntilde;os 30 a principios de los 60. Roberto Ruiz hab&iacute;a sido parte de aquel contingente de ni&ntilde;os y adolescentes que llegaron con sus padres al exilio mexicano. Como sus amigos, Carlos Blanco Aguinaga y Manuel Dur&aacute;n, ya fallecidos, vino a ense&ntilde;ar a los Estados Unidos a principios de los 50. Novelista y cuentista, no ha parado de escribir desde entonces. Hace unos d&iacute;as, y a sus 96 o 97 a&ntilde;os, me escribi&oacute; que hab&iacute;a acabado su &uacute;ltima novela, <em>Volc&aacute;n, </em>espero que la pueda ver publicada pronto.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Volviendo a sus preguntas, en cuanto a los departamentos de espa&ntilde;ol y portugu&eacute;s no hab&iacute;a muchas diferencias entre las Universidades del Este y del Oeste. El gran Am&eacute;rico Castro ense&ntilde;&oacute; en Princeton y luego en la Universidad de California en San Diego, donde tambi&eacute;n estuvo Joaqu&iacute;n Casalduero. Jos&eacute; Montesinos ense&ntilde;aba en Berkeley&hellip; Aquel grupo, a tono con lo que suelen hacer los exiliados en general, en los pa&iacute;ses de acogida, no se mezclaban, o muy poco, en la pol&iacute;tica del pa&iacute;s, pues, adem&aacute;s, hab&iacute;an padecido la Am&eacute;rica del macartismo. Viv&iacute;an en su torre de marfil acad&eacute;mica, bastante desligados de la vida pol&iacute;tica y social del pa&iacute;s. Caso muy distinto, fue el de nosotros, m&aacute;s j&oacute;venes. Por ejemplo, el mencionado Carlos Blanco Aguinaba que, ocupando un puesto alto en el escalaf&oacute;n de la California University, en el campus de La Jolla, San Diego, junto a Herbert Marcuse y &Aacute;ngela Davies, form&oacute; el Third College, abierto a las minor&iacute;as y sus culturas. Por mi parte, en el de Santa B&aacute;rbara, me un&iacute; al movimiento en contra de la guerra de Vietnam y a favor del establecimiento de los Estudios afroamericanos y Chicanos. Por otro lado, Alfredo Matilla Rivas, quien hiciera el doctorado conmigo en la NYU, habiendo crecido en Santo Domingo y Puerto Rico, hijo de otro de los distinguidos exiliados, don Alfredo Matilla, en la Universidad de Nueva York, en Buffalo, fue uno de los iniciadores de los Estudios Puertorrique&ntilde;os. Tambi&eacute;n public&oacute; su novela, <em>El espa&ntilde;olito y el esp&iacute;a</em> (1999)<em> </em>sobre su ni&ntilde;ez, las familias del exilio dominicano y ese esp&iacute;a, el vasco Gal&iacute;ndez, buen amigo de su padre, raptado en Nueva York y asesinado por Trujillo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En mi caso, como en Madrid, tanto o m&aacute;s que la Universidad, me interesaba la calle. Y me resultaba dif&iacute;cil aceptar el que la Universidad de Columbia/Barnard estuviera casi pegada a los guetos de Harlem y el barrio hispano, sin ninguna relaci&oacute;n con tales comunidades. Cuando ense&ntilde;aba en Barnard/Columbia, en el bar del West-End, en Broadway y la calle 112 o 113, donde Jack Kerouac y Allen Ginsberg tuvieron su tertulia a finales de los a&ntilde;os 40 habiendo sido estudiantes de la Columbia, nosotros montamos otra, de visos bohemios y con un toque <em>beat </em>hisp&aacute;nico, junto al joven pintor Jos&eacute; Mar&iacute;a Cund&iacute;n, con sus trazas del Marqu&eacute;s de Bradom&iacute;n, Demetrio Basdekis, que hac&iacute;a el doctorado, sum&aacute;ndose algunos alumnos de la Columbia y del Barnard. Ecos de las andanzas de aquella nocturna tertulia, debieron llegar a mis respetables colegas del Barnard. De ah&iacute; que, por motivos no pol&iacute;ticos en este caso, Margarita Ucelay, directora del departamento, amablemente, me pidi&oacute; que buscara puesto en otro lugar para el pr&oacute;ximo curso. De ah&iacute; que recalara en la California University, atra&iacute;do a California por su sabor hisp&aacute;nico, ya gustado, en mi adolescencia en aquellos tebeos de <em>El Coyote</em>, el bandido californiano, justiciero ante la opresi&oacute;n yanqui. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tambi&eacute;n me pregunta si vali&oacute; la pena el que, con mi activismo en Santa Barbara, pusiera en juego el estar a punto de ser expulsado de la Universidad, como le hubiera gustado a alguno de mis colegas. Claro que s&iacute; vali&oacute; la pena y la alegr&iacute;a. Otro de mis grandes orgullos es haber luchado entonces, por lo que ahora es la California University, abierta a las minor&iacute;as, la diversidad y la multiculturalidad. Si cuando yo empec&eacute; a ense&ntilde;ar, en 1965, hab&iacute;a solo dos o tres estudiantes afroamericanos, sin llegar a la docena los m&eacute;xico-americanos, ahora tenemos Departamentos e Institutos de Estudios Afroamericanos y de Chicano-Chicanas. Hoy en nuestra Universidad hay miles de estudiantes hispanos, latinos o <em>latinx</em>, como se suele decir ahora; casi el 25% del estudiantado que este a&ntilde;o ha conseguido la licenciatura. En la actualidad, la UCSB es, oficialmente, una Hispanic-Serving Institution. Y para concluir tan larga tirada, una de las m&aacute;s gratas memorias de mi vida acad&eacute;mica es la del curso 1971-1972, cuando llevando a dos o tres estudiantes, fui a dar clases, una vez por semana, a los presos hispanos en la c&aacute;rcel de la vecina <em>Lompoc</em>, que tanto disfrutaban del tiempo que pasaban en nuestras aulas, junto a una gran base a&eacute;rea norteamericana.</p>
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<p><strong>La impronta provocadora de Bu&ntilde;uel</strong></p>
<p>- En sus memorias, Bu&ntilde;uel aclaraba, &ldquo;los hombres de mi generaci&oacute;n, espa&ntilde;oles por a&ntilde;adidura, padec&iacute;amos una timidez ancestral con las mujeres y un deseo sexual que tal vez fuese el m&aacute;s fuerte el mundo. Deseo, por supuesto, que era fruto de largos siglos de catolicismo emasculador. La prohibici&oacute;n de toda relaci&oacute;n sexual extramatrimonial, la exclusi&oacute;n de toda imagen y toda palabra que, aun de lejos, pudiera relacionarse con el acto del amor, todo ello contribu&iacute;a a robustecer extraordinariamente el deseo. Cuando, a despecho de todas las prohibiciones, este deseo pod&iacute;a ser satisfecho, el placer f&iacute;sico era incomparable, pues siempre se asociaba a &eacute;l el goce secreto del pecado. Sin asomo de duda, un espa&ntilde;ol experimentaba en la c&oacute;pula un placer muy superior al de un chino o un esquimal&rdquo;. Perm&iacute;tame decirle que, m&aacute;s all&aacute; de sus continuas citas a Bu&ntilde;uel, su obra autobiogr&aacute;fica parece atravesada por impl&iacute;citas y constantes secuencias bu&ntilde;uelianas. Ese culo enorme de Julia deslumbrando a su hermano Tit&iacute;, esa primera comuni&oacute;n clandestina sin estar bautizado -&ldquo;Gracias a Dios soy Ateo&rdquo;-, el ayudante del profesor de filosof&iacute;a del instituto en el cine X, los opulentos banquetes de los jesuitas en su Residencia<em> </em>de<em> </em>Escritores donde, en las vacaciones, ejerc&iacute;a de ayudante del portero por un plato de comida, la droga que les recetaba aquel encargado del campo de trabajo vacacional en Austria, quien hac&iacute;a que la joven cocinera, con la que se acostaba, les echara bromuro,&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -lo cual no surti&oacute; efecto con el grupito onanista de los suecos-, su huelga de platos ca&iacute;dos,<em> </em>que les vali&oacute; la expulsi&oacute;n de aquel campo y verse casi remitido a la Espa&ntilde;a franquista, o las continuas m&iacute;mesis personales con algunos personajes de los filmes de Bu&ntilde;uel: Ana con <em>Belle de Jour</em> y sus relatos er&oacute;tico-surrealistas... Me temo que, al tocar este tema de Bu&ntilde;uel en las aulas, mis alumnos perciben este erotismo refinado y simb&oacute;lico como caduco y descafeinado. El peso de la represi&oacute;n, el catolicismo y el pecado les resulta ya ajeno. &iquest;C&oacute;mo acogi&oacute; su liberal alumnado estadounidense las explicaciones sobre las m&aacute;s refinadas perversiones bu&ntilde;uelianas: podofilia (pies), retifismo (zapatos), pedulatr&iacute;a (medias y pantis) o crurofilia (piernas)?</p>
<p>-&nbsp; Sobre tales viv&eacute;cdotas hablo en mi novela, <em>Morir en Isla Vista</em> (1999), la cual yace en un completo olvido. En ella est&aacute; la impronta de Bu&ntilde;uel, y los pocos que la han le&iacute;do han destacado, asimismo, la presencia de los <em>Caprichos</em> de Goya, la picaresca, Quevedo, y los Esperpentos de Valle-Incl&aacute;n. De tanto leer y ense&ntilde;ar a estos autores, parece que se me peg&oacute; algo. Solo precisar&eacute; que lo de Julia, fue en la noche que con su ni&ntilde;o, y junto a mi madre y nosotros dos, &iacute;bamos a pasar a Francia. Al quitarse o ponerse el vestido, Tit&iacute;, de seis a&ntilde;os, viendo su trasero desnudo, lanz&oacute; la exclamaci&oacute;n: &ldquo;Aib&aacute;, es el culo m&aacute;s grande que he visto en mi vida&rdquo;, la &uacute;nica frase que se menciona en la familia, al recordar aquel penoso y angustioso escape y cruce de los Pirineos y fronteras de dos madres y sus tres ni&ntilde;os, escapando de las tropas de Franco que se acercaban a Bosost: frase que produc&iacute;a risas, ahogando tambi&eacute;n penas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En cuanto a c&oacute;mo acog&iacute;an mis estudiantes el erotismo de Bu&ntilde;uel, entrados los a&ntilde;os 70 y en los 80, tras la liberaci&oacute;n sexual, cuando las pantallas de cine se llenaban, con cualquier pretexto, de desnudos y escenas de continuos &ldquo;follajes&rdquo;, su erotismo, fino y sutil, tan anclado en las profundidades de la <em>psiquis</em>, -con lo del amor loco surrealista, lo de, a la postre, inalcanzable &ldquo;oscuro objeto del deseo&rdquo;, por usar el t&iacute;tulo de su &uacute;ltima&nbsp; pel&iacute;cula en donde trata el tema, enso&ntilde;aciones y sue&ntilde;os amorosos-, atra&iacute;a mucho a los estudiantes, por su complejidad. En cuanto a las perversiones, tratadas en su cine, en forma burlona, pero vistas como expresiones libres de las pulsiones er&oacute;ticas, tambi&eacute;n les sorprend&iacute;a, &iquest;confund&iacute;a? Y, sobre todo, les hac&iacute;a re&iacute;r y sentir la comprensi&oacute;n, entre ir&oacute;nica y bondadosa, que Bu&ntilde;uel mostraba en su cine hacia las fragilidades y man&iacute;as humanas. Nada, pues, de caduco o descafeinado, sino provocador. Por otra parte, a los estudiantes de habla hispana, con el peso de las tradiciones familiares, especialmente a las del g&eacute;nero femenino, inculcadas en todo eso del deseo, el pecado, las represiones y las prohibiciones de Bu&ntilde;uel, les afectaba y conmov&iacute;a. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
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<p><strong>&ldquo;Sin considerar toda la obra f&iacute;lmica de Bu&ntilde;uel, es imposible profundizar en la genial hondura de este autor visionario y clarividente&rdquo; </strong></p>
<p>- Como bien apunta en una de sus mejores obras sobre Bu&ntilde;uel, &ldquo;el principio abarcador de toda su obra, no puede expresarse mediante conceptos y s&iacute; de modo f&aacute;cil y abundante por medio de im&aacute;genes y de s&iacute;mbolos. De aqu&iacute; la profusi&oacute;n de estos en su cine&rdquo;. Usted es uno de los mayores especialistas en Bu&ntilde;uel, esto le ha llevado a conocerle personalmente. Am&eacute;n de su obra, la figura del propio Bu&ntilde;uel parece haber influido enormemente en su vida. De hecho, destaca siempre su generosidad, su fin&iacute;simo sentido del humor, as&iacute; como su integridad y honestidad como hombre aragon&eacute;s de una pieza. Quiz&aacute;s por ello, y aqu&iacute; entro en pol&eacute;mica, su concepci&oacute;n de lo que fue la figura de Don Luis diste mucho de la imagen, ampliamente socializada y divulgada, expuesta por Ian Gibson en su biograf&iacute;a sobre el cineasta. &iquest;Qu&eacute; diferencias cree que existen entre su Bu&ntilde;uel y el de Gibson?</p>
<p>- Ya en su d&iacute;a, escrib&iacute; en un par de ocasiones sobre las limitaciones del Bu&ntilde;uel de Gibson. No querr&iacute;a insistir en ello, pues, siento admiraci&oacute;n por haberse afincando en Espa&ntilde;a y el conjunto de su obra, con tanta difusi&oacute;n, siendo Gibson una voz visible y de alto impacto en el mundo de la cultura y la vida espa&ntilde;ola. En su obra sobre Bu&ntilde;uel, no obstante, presiento que no se acerc&oacute; a ella ni a su persona con la pasi&oacute;n con que lo hiciera respecto a Lorca o Machado. Su libro, a pesar de ser bastante voluminoso y bien documentado, se qued&oacute; en 1939. Y en cuanto a la persona de Bu&ntilde;uel insist&iacute;a en alguno de los t&oacute;picos sobre su car&aacute;cter y supuestos prejuicios.&nbsp; Le ha faltado, hasta ahora, el tiempo, el fuelle o las ganas para seguir adelante. Sin considerar toda la obra f&iacute;lmica de Bu&ntilde;uel, es imposible profundizar en la genial hondura de este autor visionario y clarividente pensador, dotado de una po&eacute;tica y narrativa cinematogr&aacute;fica &uacute;nica. Yo lo he intentado, durante m&aacute;s de 20 a&ntilde;os, y me he quedado a medias. Al despedirme en la segunda ocasi&oacute;n en que me acogi&oacute;, tan amigablemente, en su casa mexicana, en 1981, Bu&ntilde;uel me dijo y &ldquo;Vuelva a verme cuando sea de mi edad&rdquo;, aunque le segu&iacute; visitando, por carta, hasta su fallecimiento en 1983.&nbsp; No obstante, aun cuando ya soy mayor de lo que lo fuera &eacute;l entonces, frente al gran Bu&ntilde;uel, me considero como un chaval.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aprecio que destaque que mi acercamiento cr&iacute;tico a su persona y obra es afectivo (espero que eso no haya afectado a la cierta objetividad que busco en mis trabajos de cr&iacute;tica), pues, como tambi&eacute;n se&ntilde;ala, tuvo su fuerte impacto sobre m&iacute;. Lo aprendido en su cine, aquello que &eacute;l formulara en la frase &ldquo;La imaginaci&oacute;n es libre, el hombre no&rdquo;, influy&oacute; en mi obra cr&iacute;tica, en general, hasta entonces, muy centrada en lo hist&oacute;rico-social, y lo ideol&oacute;gico. De aqu&iacute; que, en mi novela, ante todas las contradicciones del hombre y de la sociedad, la ficci&oacute;n imaginativa aparece como realidad y la realidad como ficci&oacute;n. Tambi&eacute;n destaco, en mis escritos, a Bu&ntilde;uel como un gran poeta prof&eacute;tico. Ya, cuando filmaba <em>El &aacute;ngel exterminador </em>(1962), hablaba de la amenaza de los nuevos 4 jinetes del Apocalipsis: &ldquo;la ciencia, la t&eacute;cnica, la informaci&oacute;n, y la explosi&oacute;n demogr&aacute;fica&rdquo;. Hoy en d&iacute;a, dos de ellos se nos vienen encima, desbocados: la tecnolog&iacute;a y la informaci&oacute;n/desinformaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su &uacute;ltimo guion, <em>Ag&oacute;n</em>, el cual, desafortunadamente, no lleg&oacute; a filmar, trataba de dos temas que nos asolan en nuestro tiempo: el terrorismo y el ecocidio. Como ya ha indicado usted, destaco mucho, en mis trabajos, y frente a ciertos estereotipos sobre su persona, la hondura &eacute;tica de Bu&ntilde;uel, expresada en una de sus interrogaciones de sus &uacute;ltimos a&ntilde;os, con la que suelo terminar algunos escritos sobre su obra, &ldquo;&iquest;De d&oacute;nde surgir&aacute;n los tesoros de bondad y de inteligencia que podr&iacute;an salvarnos alg&uacute;n d&iacute;a?&rdquo; N&oacute;tese que antepone bondad a inteligencia. Interrogante que viene tan al pelo de esta pandemia y, m&aacute;s, despu&eacute;s de ella.</p>
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<p><strong>Siempre frente a la alienaci&oacute;n social y pol&iacute;tica vivida</strong></p>
<p>- En su obra autobiogr&aacute;fica habla de sus tormentosos escarceos amorosos, unas veces tr&aacute;gicos y otras veces pacificantes. El episodio de la novia alemana en Madrid que finalmente se marcha con su hermano, el matrimonio anulado por la familia de su exmujer Hope en Venezuela, el divorcio con Rochelle en New York, la desbandada de Litz y sus tres hijos a una comuna feminista libertaria, o la calma tranquila de su relaci&oacute;n con Sara, trazan una vida bien agitada de pasiones desbordadas, liberaciones <em>hippies</em>, contracultura, <em>beatniks</em>, y b&uacute;squedas de nuevos horizontes sexuales. Volviendo a Bu&ntilde;uel, &eacute;ste habla en sus memorias de un episodio tan surrealista como psical&iacute;ptico de la Guerra Civil espa&ntilde;ola: la proclamaci&oacute;n p&uacute;blica del amor libre en su Calanda natal por parte de la llegada de los libertarios al pueblo, donde, &ldquo;los esp&iacute;ritus se hallaban turbados. Pasar de la rigidez del catolicismo al amor libre de los anarquistas no era cuesti&oacute;n balad&iacute;&rdquo;. En s&iacute;ntesis, aquello fue un estropicio al nivel del banquete de <em>Viridiana</em>, donde las peores paradas fueron las mujeres. D&eacute;cadas despu&eacute;s y, desde la &oacute;ptica de una sociedad m&aacute;s culta y liberada, la libertad sexual parece ser la m&aacute;s dif&iacute;cil de las convivencias humanas a causa de pasiones mal medidas, celos primarios y aquel dicho tan com&uacute;n de que &ldquo;tres son multitud&rdquo;. &iquest;Ha fracasado la revoluci&oacute;n sexual de los a&ntilde;os 60 que usted tanto vivi&oacute;, disfrut&oacute; y padeci&oacute; en California?</p>
<p>- Ah! La revoluci&oacute;n o liberaci&oacute;n sexual de los a&ntilde;os 60, con su problem&aacute;tica como todas las liberaciones y revoluciones, v&iacute;vida en persona, y abordada en mi trilog&iacute;a, con la &oacute;ptica, y los ejemplos que usted destaca. Se inici&oacute; como parte de aquella contestaci&oacute;n de la juventud de mediados de los a&ntilde;os sesenta, contra las represiones de la sociedad burguesa patriarcal, el capitalismo salvaje, el consumismo desorbitado, y la guerra de Vietnam. Tuvo su gran explosi&oacute;n en el &ldquo;Verano del Amor de 1967&rdquo;, con sus cien mil j&oacute;venes, de ambos sexos, cayendo sobre San Francisco, abogando por el solo poder de &ldquo;La Flor&rdquo;, con sus gritos y pancartas de &ldquo;Amor y Paz&rdquo; y &ldquo;Haz el amor y no la guerra&rdquo;. Era el tiempo del eco anticipado de las canciones de los Beatles, tales como <em>All My Love</em> o <em>Love with the Proper Stranger</em>. Sin embargo, pronto, y en el mismo San Francisco, tal mundo del Amor, fue dejando paso a un submundo, infiltrado por las mafias de la droga, la violencia y el crimen. Algo as&iacute;, con su equivalencia a la org&iacute;a de los mendigos, y su final, que usted se&ntilde;ala en <em>Viridiana</em>, o en relaci&oacute;n con el &ldquo;amor libre&rdquo;, instaurado o proclamado por los anarquistas en algunos pueblos, como Calanda, en que se impusieron durante la guerra... Utop&iacute;as de un &ldquo;amor libre&rdquo;, n&oacute;tese ya la contradicci&oacute;n en el t&eacute;rmino, que, asimismo, acabaron mal en las comunidades, con base en &eacute;l, que &ldquo;florecieron&rdquo; en California y en otros estados del pa&iacute;s por aquellas fechas. De tal liberaci&oacute;n, tambi&eacute;n surgi&oacute;, igualmente potenciado por mafias comerciales, y abanderado por la pel&iacute;cula <em>Deep Throat</em> (1972), con la estrella porno Linda Lovelace, el auge, y hasta la llamada &ldquo;Edad de Oro&rdquo; de la pornograf&iacute;a en los a&ntilde;os 70 y 80. Por estas fechas, la sociedad establecida, para su mejor respiro, integr&oacute; algunas de las reivindicaciones de tal &ldquo;revoluci&oacute;n sexual&rdquo;, fundi&eacute;ndose con los&nbsp; movimientos de liberaci&oacute;n de la mujer, el de los gays, transg&eacute;nero, y, en general, los movimientos en contra de la sociedad patriarcal y el machismo. As&iacute; pues, si no triunf&oacute;, tal &ldquo;revoluci&oacute;n&rdquo;, tampoco fracas&oacute; del todo, pues s&iacute; logr&oacute; que se efectuaran cambios, frente a la represi&oacute;n de la sexualidad en la sociedad norteamericana y Occidental, presentes en nuestros d&iacute;as, aunque con una nueva problem&aacute;tica, como usted apunta. Dado el hiper-individualismo que vivimos, esto afecta, asimismo, a la relaci&oacute;n estable de pareja, con la consecuente proliferaci&oacute;n de divorcios y con el sentido de un eros cambiante y el cuestionamiento de la monogamia. Mucho de ello, como se&ntilde;ala, lo viv&iacute;, padec&iacute; y disfrut&eacute;, con el desesperado deseo de agarrarme al amor, o a la relaci&oacute;n sexual amorosa, o quien sabe si a un clavo ardiendo, pero siempre frente a la alienaci&oacute;n social y pol&iacute;tica vivida. Todo ello encuentra expresi&oacute;n, como tabla de naufragio, pero tambi&eacute;n de salvaci&oacute;n, en mi trilog&iacute;a literaria.</p>
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<p><strong>&ldquo;En unos a&ntilde;os no se podr&aacute; tratar la literatura en espa&ntilde;ol, sin contar con la original aportaci&oacute;n de la que se escribe en los Estados Unidos&rdquo;</strong></p>
<p>- Su autobiograf&iacute;a aparece plagada de citas a grandes intelectuales de lo ex&iacute;lico. Ricardo Gull&oacute;n, Enrique Tierno Galv&aacute;n, Jos&eacute; Luis L&oacute;pez Aranguren y, c&oacute;mo no, su gran maestro y compa&ntilde;ero de oficio Luis Leal -fallecido a los 102 a&ntilde;os-, con el cual codirigi&oacute; la excelente revista <em>Ventana Abierta: Revista Latina de Literatura, Arte y Cultura</em>. Con aquella publicaci&oacute;n, dice, apostaron &ldquo;por un <em>boom</em> de la literatura en espa&ntilde;ol en los Estados Unidos del siglo XXI&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; recuerdos guarda de todos estos intelectuales? Y ya c&oacute;mo Miembro Numerario de la Academia Norteamericana de la Lengua Espa&ntilde;ola &iquest;C&oacute;mo ve, actualmente, el futuro del espa&ntilde;ol en EEUU y c&oacute;mo ha ido evolucionando desde su llegada en los a&ntilde;os 50?</p>
<p>- S&iacute;, ya he hablado de la admiraci&oacute;n que tuve por aquellas grandes figuras del exilio intelectual espa&ntilde;ol en Estados Unidos, pero tambi&eacute;n sostuve relaci&oacute;n con alguna del mundo obrero del exilio y la inmigraci&oacute;n, que cuenta con una rica tradici&oacute;n espa&ntilde;ola en Nueva York, y en otros lugares del pa&iacute;s, desde las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XIX, con sus organizaciones y peri&oacute;dicos, principalmente, anarquistas. En concreto, mi contacto con el &ldquo;bueno&rdquo; del anarquista santanderino, Jes&uacute;s Gonz&aacute;lez Malo y el peri&oacute;dico que dirig&iacute;a y confeccionaba por las noches al salir de su trabajo de soldador, <em>Espa&ntilde;a Libre</em>, el cual sobrevivi&oacute; a la dictadura, aunque &eacute;l no, pues, falleci&oacute; de un ataque al coraz&oacute;n, una tarde, despu&eacute;s del trabajo, cuando se dispon&iacute;a a ir a su labor period&iacute;stica. Tambi&eacute;n escribi&oacute; un voluminoso libro, <em>La incorporaci&oacute;n de las masas</em> (1952)<em>, </em>en contraposici&oacute;n al de Ortega y Gasset titulado <em>La</em><em> rebeli&oacute;n de las masas</em> (1929). Tierno Galv&aacute;n y Aranguren fueron luminosos faros en el proceso de la Transici&oacute;n. Al primero, s&oacute;lo le conoc&iacute;, en persona, cuando estuvo en la Columbia dando una charla a principios de los a&ntilde;os 60. Aranguren, s&iacute; ense&ntilde;&oacute; en nuestra Universidad, medio a&ntilde;o durante casi una d&eacute;cada, y tras ser expulsado de la Complutense&hellip; Fue muy comprensivo con los j&oacute;venes y el mundo de la contracultura californiana, sobre la cual escribi&oacute; con agudeza. Me trat&oacute; con afabilidad, y guardo la conmovedora imagen de verle, junto a Arturo Serrano Plaja, que tambi&eacute;n ense&ntilde;&oacute; en esta Universidad, -ambos hab&iacute;an participado en el bando contrario durante la guerra- pasear por el campus dialogando del brazo, como sol&iacute;amos hacer en Espa&ntilde;a con los amigos.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Respecto al futuro del espa&ntilde;ol en los Estados Unidos, hay que comenzar recordando que tuvo un pasado y una continuada tradici&oacute;n literaria en suelo norteamericano desde mucho antes de que se constituyeran los Estados Unidos; recordemos <em>Naufragios</em><em> y Comentarios </em>de Cabeza de Vaca, publicado en 1542, sobre su peripat&eacute;tico pasaje por estas tierras. Tal tradici&oacute;n literaria ha sido ignorada en las Historias de la Literatura Norteamericana por los propios hispanistas del pa&iacute;s, hasta muy recientemente. En mis &uacute;ltimos a&ntilde;os de profesor, empec&eacute; a ense&ntilde;ar un curso sobre ella y, como menciona, junto a don Luis Leal, gran impulsor del reconocimiento acad&eacute;mico dado a la literatura y cultura chicana, y tan respetado y admirado por sus escritores y cr&iacute;ticos, editamos, como se&ntilde;al&oacute;, la revista <em>Ventana Abierta </em>bianual<em>, </em>durante, nada m&aacute;s y nada menos que quince a&ntilde;os. Como el t&iacute;tulo indicaba, mientras los distintos grupos de habla hispana, cubanos, puertorrique&ntilde;os, chicanos, limitaban sus revistas a los de su propio grupo, nosotros abr&iacute;amos nuestra revista a toda persona que escribiera en espa&ntilde;ol, sobre cuestiones de cultura, literatura y arte, en el pa&iacute;s que, principalmente, se relacionara con las comunidades de habla hispana. Llegamos a publicar a m&aacute;s de cien autores y autoras.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como ya he escrito en anteriores ocasiones, en la actualidad, el espa&ntilde;ol de los Estados Unidos se puede considerar como el crisol de esta lengua universal, pues, aqu&iacute;, habitamos convivimos y escribimos quienes procedemos de todos los pa&iacute;ses de habla hisp&aacute;nica. No debemos olvidar que aqu&iacute; constituimos una poblaci&oacute;n de unos 50 millones de hispanohablantes. Lamentablemente, aunque, hay por todo el pa&iacute;s organizaciones culturales, con sus revistas, editoriales y un gran n&uacute;mero de escritores y escritoras en espa&ntilde;ol, contando tambi&eacute;n con una Academia Norteamericana de la Lengua Espa&ntilde;ola af&iacute;n a la de los otros pa&iacute;ses, no tenemos el amplio respaldo institucional y editorial que reconozca e impulse la gran y creciente presencia del espa&ntilde;ol en la vida y cultura del pa&iacute;s. No obstante, con el tiempo se ir&aacute; ganando m&aacute;s espacio en este terreno, y en unos a&ntilde;os no se podr&aacute; tratar la literatura en espa&ntilde;ol, sin contar con la original aportaci&oacute;n de la que se escribe en los Estados Unidos, con su posible &ldquo;boom&rdquo;, como preve&iacute;amos en nuestra <em>Ventana Abierta</em>.&nbsp; Y con esto me despido, d&aacute;ndole mil gracias por su consideraci&oacute;n, amigo Iv&aacute;n, y haciendo m&iacute;as las palabras del tan querido Luis Leal, con las que cerraba el libro de conversaciones, <em>Don Luis Leal, una vida y dos culturas</em> (1998)<em>, </em>que sobre su vida y obra hicimos los dos: &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Vuela, vuela, palomita, / p&aacute;rate en aquel nopal: / dile a V&iacute;ctor &ndash;Se acabaron, / las respuestas de Luis Leal&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La fotograf&iacute;a de V&iacute;ctor Fuentes ha sido realizada por Isaac Hern&aacute;ndez.</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p align="right">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 22 Nov 2021 06:00:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Juan Arnau presentará en el Museo de Teruel la revista TURIA en homenaje a Segundo de Chomón]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/juan-arnau-presentara-en-el-museo-de-teruel-la-revista-turia-en-homenaje-a-segundo-de-chomon/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2021/Noviembre/JUAN_ARNAU_3.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>&nbsp; </strong>El nuevo n&uacute;mero de la revista cultural TURIA tiene como principal objetivo rendir un merecido homenaje a Segundo de Chom&oacute;n, con motivo de cumplirse este a&ntilde;o el 150 aniversario de su nacimiento. Este turolense pionero del cine universal es el protagonista de un espectacular, atractivo, novedoso y completo monogr&aacute;fico que pone en valor su obra y lo describe como uno de los grandes creadores de los or&iacute;genes del cine. Y es que Chom&oacute;n no s&oacute;lo contribuy&oacute;, a comienzos del siglo XX, a la construcci&oacute;n de un oficio hasta entonces inexistente como el cinematogr&aacute;fico, su papel tambi&eacute;n fue fundamental en la creaci&oacute;n de un nuevo arte: el cine. &nbsp;</p>
<p>El fil&oacute;sofo y escritor Juan Arnau ser&aacute; el encargado de presentar TURIA, el pr&oacute;ximo d&iacute;a 1 de diciembre a las 20 h. en el Museo de Teruel. Sin duda, con la elaboraci&oacute;n y difusi&oacute;n de este trabajo colectivo en torno a Segundo de Chom&oacute;n, se cumple adecuadamente con la necesidad de redescubrir a un gran nombre propio del cine universal. Un creador cuya obra cinematogr&aacute;fica puede y debe difundise entre el p&uacute;blico actual por su trascendencia y singularidad.</p>
<p>A&nbsp; trav&eacute;s&nbsp; de&nbsp; un&nbsp; cuidado&nbsp; monogr&aacute;fico que contiene casi 200 p&aacute;ginas de textos in&eacute;ditos elaborados por 22 autores, TURIA desea contribuir a fomentar ese conocimiento de la vida y obra de Segundo de Chom&oacute;n (Teruel, 1871 &ndash; Par&iacute;s, 1929). No en vano, el&nbsp; prop&oacute;sito de la revista es, adem&aacute;s de que varios estudiosos y especialistas analicen y difundan la relevancia de su trabajo cinematogr&aacute;fico, ofrecer una nueva mirada m&aacute;s creativa y contempor&aacute;nea a su cine desde la perspectiva de la creaci&oacute;n literaria actual.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>CINE Y LITERATURA EN SEGUNDO DE CHOM&Oacute;N</strong></p>
<p>Dado&nbsp; su&nbsp; car&aacute;cter&nbsp; interdisciplinar&nbsp; y&nbsp; la&nbsp; calidad&nbsp; de los colaboradores que participan en la iniciativa, el monogr&aacute;fico de la revista TURIA contribuir&aacute; a lograr una doble finalidad: en</p>
<p>primer lugar, se confirma la vigencia y el inter&eacute;s de la labor cinematogr&aacute;fica de Segundo de Chom&oacute;n. Un segunda y m&aacute;s importante y novedosa&nbsp; es la de profundizar los v&iacute;nculos entre cine y literatura a trav&eacute;s del cine pionero de Segundo de Chom&oacute;n. La idea es brindar una mirada m&aacute;s original sobre el personaje y/o la obra m&aacute;s all&aacute; de la erudici&oacute;n o de la especializaci&oacute;n. Para ello los colaboradores aportan textos creativos in&eacute;ditos (un relato, una aproximaci&oacute;n personal, etc.) que permiten otra lectura m&aacute;s actual y diferente sobre el trabajo de Chom&oacute;n, as&iacute; como demuestran los v&iacute;nculos entre cine y literatura o estimulan la creatividad narrativa contempor&aacute;nea a partir del cine de principios del siglo XX.</p>
<p>Por tanto, y atendiendo al perfil de los colaboradores, la propuesta de la revista TURIA lograr&aacute; alcanzar el objetivo de ofrecer nuevas y rigurosas aproximaciones en torno a Segundo de Chom&oacute;n, su personalidad y su trabajo f&iacute;lmico, as&iacute; como recrearlo y ficcionalizarlo literariamente.</p>
<p>El monogr&aacute;fico de TURIA sobre Segundo de Chom&oacute;n ha sido coordinado por Amparo Mart&iacute;nez Herranz, profesora Titular de Historia del Cine de la Universidad de Zaragoza. Lo integran textos in&eacute;ditos elaborados por destacados estudiosos y especialistas en su obra, as&iacute; como escritores de diversas procedencias y vinculados al mundo del cine: Ana Alcolea (escritora, Premio de las Letras Aragonesas), Mariona Bruzzo (conservadora Filmoteca de Catalunya), Rosa Cardona (conservadora Filmoteca de Catalunya), Antonio Castellote (escritor, guionista de documentales y de cine) Ant&oacute;n Castro (periodista y escritor), Josetxo Cerd&aacute;n (director de la Filmoteca Espa&ntilde;ola), Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget (escritor, Premio de las Letras Aragonesas), Luis Alberto de Cuenca (escritor, investigador del CSIC y cin&eacute;filo), Manuel Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n (escritor y director de cine), Manuel Hidalgo (escritor y periodista, cin&eacute;filo), Ana Marques&aacute;n (conservadora Filmoteca de Zaragoza), Joan Minguet Batllori (profesor de Historia del cine en la Universidad de Barcelona, especialista en el cine de Segundo de Chom&oacute;n) Vicente Molina Foix (escritor, director y cr&iacute;tico de cine), Gonzalo Mont&oacute;n (profesor del IES Segundo de Chom&oacute;n de Teruel y director de la revista de cine &ldquo;Cabiria&rdquo;), Roberto S&aacute;nchez L&oacute;pez (profesor asociado de la Universidad de Zaragoza, especialista en cine y miembro de la Academia del Cine Aragon&eacute;s) Bernardo S&aacute;nchez Salas (profesor de la Universidad de la Rioja, guionista de cine y televisi&oacute;n), Daniel S&aacute;nchez Salas (profesor del departamento de Ciencias de la Comunicaci&oacute;n y Sociolog&iacute;a de la Universidad Rey Juan Carlos), Agust&iacute;n S&aacute;nchez Vidal (catedr&aacute;tico em&eacute;rito de Historia del Cine de la Universidad de Zaragoza, reconocido especialista en Segundo de Chom&oacute;n y escritor), Fernando Sanz Ferreruela (profesor del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza) e Irene Vallejo (fil&oacute;loga y escritora, Premio Nacional de Ensayo por <em>El infinito en un junco</em>).</p>
<p>Por otra parte, la portada e ilustraciones interiores de esta nueva entrega de TURIA est&aacute;n igualmente dedicadas a Segundo de Chom&oacute;n y corren a cargo de Eva Cort&eacute;s<strong> </strong>(ilustradora y dise&ntilde;adora gr&aacute;fica zaragozana vinculada a Teruel por cuanto estudi&oacute; en nuestro Campus el Grado de Bellas Artes, cursando posteriormente un Master en Ilustraci&oacute;n y</p>
<p>Dise&ntilde;o Gr&aacute;fico en la Universidad Pol&iacute;t&eacute;cnica de Valencia). Se trata de un atractivo conjunto de once ilustraciones que, adem&aacute;s de un retrato del propio Chom&oacute;n en portada,&nbsp; muestran en p&aacute;ginas interiores una serie im&aacute;genes inolvidables vinculadas a su universo cinematogr&aacute;fico.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>EL CINE ES SUE&Ntilde;O Y DESEO: CHOM&Oacute;N Y BU&Ntilde;UEL</strong></p>
<p>En el art&iacute;culo que abre el monogr&aacute;fico Chom&oacute;n de TURIA, Amparo Mart&iacute;nez Herranz plantea una interesante hip&oacute;tesis de trabajo: &ldquo;Dentro de los juegos con la leyenda y el misterio en torno a Chom&oacute;n se nos ocurre plantear en este punto una apasionante ucron&iacute;a: si Luis Bu&ntilde;uel hubiese aceptado el trabajo como ayudante de Abel Gance que le propuso su maestro Jean Epstein &iquest;Chom&oacute;n y &eacute;l se habr&iacute;an conocido e identificado como paisanos? &iquest;De qu&eacute; hubieran hablado? &iquest;Les preocupaban los mismos problemas en relaci&oacute;n con el cine?</p>
<p>Lo que s&iacute; sabemos es que Bu&ntilde;uel y Chom&oacute;n estaban especulando en t&eacute;rminos cinematogr&aacute;ficos y por las mismas fechas y acerca de la naturaleza de los sue&ntilde;os, aunque los de Bu&ntilde;uel resultasen m&aacute;s desasosegantes. Chom&oacute;n lo hab&iacute;a hecho brillantemente construyendo para Benito Perojo, en <em>El negro que ten&iacute;a el alma blanca</em> (1927), la secuencia del sue&ntilde;o de Emma, una joven actriz interpretada por Conchita Piquer que sue&ntilde;a con uno de sus compa&ntilde;eros de reparto, el bailar&iacute;n negro Peter Wald (Raymond Sarka), por el que experimenta sentimientos encontrados, una mezcla entre rechazo y deseo. Para componer estas im&aacute;genes, Chom&oacute;n utiliz&oacute; sobreimpresiones, maquetas y emple&oacute; muy inteligentemente la c&aacute;mara lenta. Los mismos trucajes que dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde aplic&oacute; Bu&ntilde;uel a la producci&oacute;n de<em> Un perro andaluz</em> (1929), planteada toda ella como el fluir de un sue&ntilde;o en el que tambi&eacute;n se entretejen el deseo, el rechazo y los juegos de aproximaci&oacute;n m&aacute;s o menos er&oacute;tica. Todo ello combinado con la mediaci&oacute;n de la publicidad como otra forma distinta de provocaci&oacute;n del deseo que en la siguiente pel&iacute;cula de Bu&ntilde;uel,<em> La Edad de oro</em> (1930)<em> </em>se materializa en el anuncio de medias Anitta y<em> En el negro que ten&iacute;a el alma blanca</em>, en el p&oacute;ster de papel de fumar Bamb&uacute;.</p>
<p>Resulta curioso que estos dos turolenses llegasen a similares soluciones visuales para evocar el mundo on&iacute;rico y la pulsi&oacute;n del deseo. Pero, pese a la diferencia generacional, esta coincidencia puede explicarse en el contexto del Par&iacute;s de los a&ntilde;os veinte, en dos profesionales del cine impregnados hasta la m&eacute;dula de la cultura francesa e influidos, en mayor o menor medida, por las b&uacute;squedas y reflexiones de las vanguardias y por los hallazgos de Hollywood, el Expresionismo alem&aacute;n y autores como Jean Epstein o Abel Gance. Tal vez esto explique que Chom&oacute;n y Bu&ntilde;uel desde distintos &aacute;mbitos, llegasen a la misma conclusi&oacute;n: que el cine, en esencia, es sue&ntilde;o y deseo.&rdquo;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>JUAN ARNAU, UNA PRESENCIA RELEVANTE EN &ldquo;TURIA&rdquo;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">Juan Arnau (Valencia, 1968) respaldar&aacute;, con su intervenci&oacute;n en el homenaje de TURIA&nbsp; a Segundo de Chom&oacute;n, esa filosof&iacute;a de trabajo que caracteriza a esta revista cultural desde sus or&iacute;genes: ser capaz de reunir en sus p&aacute;ginas lo universal y lo local, mostrar que la cultura es un mar sin orillas y practicar un ejercicio de globalizaci&oacute;n cultural bien entendida. Fundada en 1983, TURIA ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia y ha situado a Teruel en el mapa literario en espa&ntilde;ol, gracias a su difusi&oacute;n nacional e internacional por suscripci&oacute;n. En sus p&aacute;ginas han publicado m&aacute;s de mil autores de diversas procedencias est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas, lo que da idea de la riqueza y pluralidad de sus contenidos, de su vocaci&oacute;n a un tiempo integradora y atenta a la diversidad. Como reconocimiento a su labor, la revista obtuvo en 2002 el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>
<p>Juan Arnau ha desarrollado una intensa vida intelectual y con m&uacute;ltiples intereses, de la astrof&iacute;sica a la filosof&iacute;a s&aacute;nscrita, de la investigaci&oacute;n a la docencia en universidades de Asia, Am&eacute;rica y Europa. Y todo ello permeado por un f&eacute;rtil cultivo de la literatura y el ensayo que lo sit&uacute;a, seg&uacute;n la cr&iacute;tica y m&aacute;s all&aacute; de sus indiscutibles dotes pedag&oacute;gicas, como poseedor de una prosa que atrapa a los buenos lectores. Sin duda, su trabajo intelectual es fiel reflejo de las inquietudes y opiniones de un pensador que cree que la filosof&iacute;a es el cultivo del asombro.</p>
<p class="Textoindependiente21">La presencia y la colaboraci&oacute;n de Juan Arnau en los sumarios de la revista TURIA ha sido frecuente y fruct&iacute;fera. Buena prueba de ello es la amplia y muy recomendable entrevista que protagoniz&oacute; el fil&oacute;sofo y escritor valenciano en 2019.&nbsp; En ella, Juan Arnau se mostr&oacute;&nbsp; tal cual es: como una persona que apela continuamente al humanismo para encontrar alguna soluci&oacute;n a este mundo tan convulso y problem&aacute;tico: &ldquo;Mi apuesta es por el humanismo.&nbsp; Sospecho que la t&eacute;cnica acabar&aacute; siendo una amenaza para la civilizaci&oacute;n. Precisamente porque la tecnolog&iacute;a se pondr&aacute; al servicio de las pasiones humanas y, olvidado el humanismo, &eacute;stas acaban desbocadas&rdquo;.</p>
<p>TURIA es una revista de periodicidad cuatrimestral que tiene una edici&oacute;n en papel y otra&nbsp; digital (web y Facebook). Con casi 40 a&ntilde;os de trayectoria, est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel y cuenta con el patrocinio del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero dedicado a Segundo de Chom&oacute;n ha sido posible gracias al apoyo de la Direcci&oacute;n General del Libro y Fomento de la Lectura del Ministerio de Cultura y Deporte.</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 19 Nov 2021 11:18:43 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA rinde homenaje a Joaquín Carbonell en el primer aniversario de su muerte]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-rinde-homenaje-a-joaquin-carbonell-en-el-primer-aniversario-de-su-muerte/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2021/Noviembre/Carbonell-500.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>&nbsp;</strong>El nuevo n&uacute;mero de la revista TURIA tiene, entre sus principales contenidos, un oportuno y amplio art&iacute;culo de Juan Villalba Sebasti&aacute;n en el que se rinde homenaje y se hace balance de la rica e intensa trayectoria de Joaqu&iacute;n Carbonell. No en vano, este oto&ntilde;o de 2021, se ha cumplido el primer aniversario de su muerte. Bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Joaqu&iacute;n Carbonell: alma de ni&ntilde;o inquieto&rdquo; se ofrece al lector un pormenorizado recorrido por la biograf&iacute;a de un creador polifac&eacute;tico nacido en la localidad turolense de Alloza en 1947.</p>
<p>Se da la circunstancia de que TURIA public&oacute;, justo hace un a&ntilde;o, un texto in&eacute;dito de Joaqu&iacute;n Carbonell sobre Labordeta que tuvo car&aacute;cter p&oacute;stumo. Fue un original que el cantautor envi&oacute; a TURIA poco antes de su ingreso en la UCI del Hospital Cl&iacute;nico y con el que la revista quiso analizar la figura y la obra de Jos&eacute; Antonio Labordeta al cumplirse el pasado a&ntilde;o el d&eacute;cimo aniversario de su muerte. La iniciativa fue muy bien acogida por el tambi&eacute;n cantante y escritor pero, desgraciadamente, el coronavirus acab&oacute; con la vida de Carbonell y ese texto que escribi&oacute; sobre su gran amigo y maestro ya no pudo verlo editado.</p>
<p>Como es habitual, en este nuevo n&uacute;mero de TURIA, los autores y temas vinculados a Arag&oacute;n gozan de un protagonismo muy relevante. Un total de 44 autores aragoneses o radicados aqu&iacute; participan en cada una de las diez secciones de la revista con sus relatos, fragmentos de novelas, poemas, art&iacute;culos o cr&iacute;ticas de libros. No podemos olvidar tampoco que TURIA dedica un gran monogr&aacute;fico de casi 200 p&aacute;ginas al cineasta turolense Segundo de Chom&oacute;n, al celebrarse el 150 aniversario de su nacimiento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UNA PERSONALIDAD ARROLLADORA Y OPTIMISTA</strong></p>
<p>Seg&uacute;n la opini&oacute;n Juan Villalba Sebasti&aacute;n, Carbonell fue un &ldquo;Peter Pan de contagiosa alegr&iacute;a;&nbsp; culo&nbsp; inquieto&nbsp; de&nbsp; mil&nbsp; asientos:&nbsp; m&uacute;sica&nbsp; y&nbsp; poes&iacute;a,&nbsp; novela&nbsp; y&nbsp; opini&oacute;n,&nbsp; cr&iacute;tica&nbsp; y compromiso, cine y televisi&oacute;n; irredento optimista; vitalista contagioso; volc&aacute;n en continua erupci&oacute;n, nos abandon&oacute; hace poco m&aacute;s de un a&ntilde;o, pero nos dej&oacute; su legado art&iacute;stico, su ejemplo de vida y mil proyectos por hacer&rdquo;. </p>
<p>A ese perfil final se llega tras dar a conocer al lector de TURIA la biograf&iacute;a de quien fue el hijo mayor de una familia de agricultores radicada en Alloza, en la que su padre hab&iacute;a sido un maestro represaliado y s&oacute;lo a&ntilde;os despu&eacute;s de la guerra civil espa&ntilde;ola ser&iacute;a readmitido en su puesto. Y es que Joaqu&iacute;n Carbonell fue un ni&ntilde;o rural, travieso e hiperactivo, car&aacute;cter que le acompa&ntilde;ar&iacute;a&nbsp; hasta el fin de sus d&iacute;as.</p>
<p>Desde muy jovencito, Carbonell demostr&oacute; su pasi&oacute;n por la m&uacute;sica y un autodidactismo prodigioso. Los a&ntilde;os de infancia y juventud transcurrieron entre Alloza, Sarri&aacute; y Sitges (1947-1966). Primero fue el chico de la arm&oacute;nica, luego pas&oacute; a la bater&iacute;a y de ah&iacute; al micr&oacute;fono como vocalista. Ten&iacute;a 14 a&ntilde;os y cantaba en la Orquesta Bah&iacute;a. Tambi&eacute;n fue un ni&ntilde;o lector de tebeos y puede decirse que, ya en la adolescencia, nac&iacute;a un periodista cuando en edita una publicaci&oacute;n festiva en la que entrevistaba a personajes de su pueblo. Interno en los Salesianos de Sarri&aacute; de los 11 a los 15 a&ntilde;os, a esa edad abandona los estudios y trabaja en Sitges y en diferentes lugares de la costa catalana.</p>
<p>Fundamentales para Carbonell fueron los tres a&ntilde;os, de 1966 a 1969 que pas&oacute; en Teruel al retomar su educaci&oacute;n reglada en el Instituto Nacional de Bachillerato Ib&aacute;&ntilde;ez Mart&iacute;n. Son los a&ntilde;os que residi&oacute; en el Colegio Menor San Pablo, en los que comparti&oacute; pupitres, viajes y actividades con Federico Jim&eacute;nez Losantos, Gonzalo Tena, Carmen Magall&oacute;n, Jaime Caruana, Manuel Pizarro y un largo etc&eacute;tera de nombres destacados de la cultura y el arte, cuya formaci&oacute;n en estos a&ntilde;os decisivos de su vida de estudiante se debi&oacute; a un claustro de profesores privilegiado: Jos&eacute; Antonio Labordeta, Eloy Fen&aacute;ndez Clemente, Jos&eacute; Sanch&iacute;s Sinisterra, Eduardo Valdivia&hellip;Su primera actuaci&oacute;n musical retribuida tuvo lugar en el Teatro Mar&iacute;n de Teruel, una tarde navide&ntilde;a de&nbsp; 1969.</p>
<p>Desde 1969 hasta su muerte, encontraremos a Carbonell ligado a Zaragoza. Cincuenta a&ntilde;os de vida musical que se iniciaron como telonero de otros int&eacute;rpretes para, ya en 1973, participar en el I Encuentro de la M&uacute;sica Popular en Arag&oacute;n que se celebr&oacute; en el Teatro Principal. Cuarenta y siete a&ntilde;os m&aacute;s tarde, volver&iacute;a al mismo escenario para festejar sus cinco d&eacute;cadas como cantante. Por el camino quedaron hitos fundamentales de la canci&oacute;n de autor.</p>
<p>El art&iacute;culo de Juan Villalba explora tambi&eacute;n la dedicaci&oacute;n de Joaqu&iacute;n Carbonell al periodismo y la literatura. Sus a&ntilde;os de colaboraciones con TVE en Arag&oacute;n, con RNE, Radio Heraldo y el peri&oacute;dico &ldquo;El d&iacute;a&rdquo;. Inolvidable fue igualmente su larga etapa, de 1990 hasta 2014 vinculado a &ldquo;El Peri&oacute;dico de Arag&oacute;n&rdquo;, medio en el publicar&iacute;a m&aacute;s de siete mil&nbsp; art&iacute;culos y entrevistas.</p>
<p>Su faceta como escritor la comenz&oacute; publicando un libro de poemas, &ldquo;Misas separadas&rdquo;, en 1987 y la cerr&oacute; en 1994 con otro poemario de calidad: &ldquo;Laderas de ternero&rdquo;.</p>
<p>Su producci&oacute;n narrativa, escribe Juan Villalba en TURIA, &ldquo;comprende cinco novelas y tres biograf&iacute;as dedicadas a otras tantas personalidades de la canci&oacute;n, grandes amigos suyos y maestros absolutos en sus respectivos estilos: &ldquo;El Pastor de Andorra, 90 a&ntilde;os de jota&rdquo;<em> </em>(2005), &ldquo;Pongamos que hablo de Joaqu&iacute;n, una mirada personal sobre Sabina&rdquo; (2011), y &ldquo;Querido Labordeta&rdquo; (2012). En colaboraci&oacute;n con el director de Villarquemado, Jos&eacute; Miguel Iranzo, realiz&oacute; un par de documentales biogr&aacute;ficos: &ldquo;Jos&eacute; Iranzo, el Pastor de Andorra&rdquo; (2007) y &ldquo;Jos&eacute; Antonio Labordeta, con la voz a cuestas&rdquo; (2009).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Por &uacute;ltimo, &ldquo;como novelista es un narrador vigoroso, de prosa &aacute;gil, voz din&aacute;mica, personajes berlanguianos bien construidos, con gran dominio de los tiempos narrativos y fina iron&iacute;a, que ocasionalmente deviene en humor sarc&aacute;stico y socarr&oacute;n&rdquo;, concluye Juan Villalba en su art&iacute;culo.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>CARLOS CAST&Aacute;N Y LAS ARQUITECTURAS DE HUMO</strong></p>
<p>El escritor Carlos Cast&aacute;n, al que puede describirse como un barcelon&eacute;s de Huesca por sus v&iacute;nculos altoaragoneses, protagoniza la secci&oacute;n de la revista TURIA denominada &ldquo;Sobre Arag&oacute;n&rdquo;. En ella, Jos&eacute; Ignacio de Diego Lidoy publica un certero y riguroso an&aacute;lisis de su obra narrativa.</p>
<p>Carlos Cast&aacute;n es autor de tres colecciones de relatos: &ldquo;Fr&iacute;o de vivir&rdquo; (1997), &ldquo;Museo de la soledad (2000) y &ldquo;<em>Solo de lo perdido </em>(2008),<em> </em>ahora reunidos en <em>Cuentos </em>(P&aacute;ginas de Espuma, 2020). Y tambi&eacute;n de dos novelas: &ldquo;Polvo de ne&oacute;n&rdquo; (2012) y &ldquo;La mala luz&rdquo; (2013), reeditada el pasado a&ntilde;o. En todos estos t&iacute;tulos son claves la cuesti&oacute;n de la identidad, el impulso de huida, el miedo a la locura, la soledad, la importancia de la memoria, un concepto de tiempo de ra&iacute;z machadiana, una est&eacute;tica de la crueldad, as&iacute; como un singular uso de s&iacute;mbolos, tropos e im&aacute;genes. En suma, que Cast&aacute;n posee una est&eacute;tica personal&iacute;sima y no s&oacute;lo por la preocupaci&oacute;n formal y estil&iacute;stica de su prosa, tambi&eacute;n nos atrae gracias a su forma de mirar la realidad.</p>
<p>Seg&uacute;n se indica en el texto que publica TURIA, en la literatura de Carlos Cast&aacute;n &ldquo;el lenguaje y el ritmo son esenciales. Por ello emplea uno rico, connotativo y con diversos registros. El lenguaje opera como l&iacute;quido amni&oacute;tico. Cast&aacute;n lo trata con mimo artesano, y sus personajes son conscientes de &eacute;l&rdquo;. Tambi&eacute;n nos dir&aacute; que &ldquo;la voluntad estil&iacute;stica ha hecho acreedor a Cast&aacute;n de la vaga etiqueta de narrador po&eacute;tico, pero &eacute;l nunca ha querido caer en el poema en prosa ni en la prosa po&eacute;tica&rdquo;.</p>
<p>Y m&aacute;s adelante se subraya que, en los libros de Cast&aacute;n, &ldquo;La realidad no es el realismo, sino que surge de la yuxtaposici&oacute;n entre lo aceptable y lo inaceptable, lo interno y lo externo, lo delicado y lo brutal&rdquo;. En definitiva, que Cast&aacute;n pretende y consigue en su narrativa &ldquo;sondear lo incomunicable y ofrecer lo que la naturaleza humana oculta en beneficio del espect&aacute;culo&rdquo;.</p>
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<p><strong>44 AUTORES ARAGONESES ESCRIBEN EN &ldquo;TURIA&rdquo;</strong></p>
<p>Cada nuevo sumario de TURIA es un claro ejemplo de integraci&oacute;n cultural de autores y textos de diversas procedencias geogr&aacute;ficas, est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas. Todo ello sin olvidar nunca el arraigo turolense/aragon&eacute;s de esta revista. Buena prueba de esa filosof&iacute;a de trabajo la constituyen los 44 autores aragoneses que publican textos in&eacute;ditos en las distintas secciones del sumario.</p>
<p>As&iacute;, los lectores de TURIA podr&aacute;n comprobar la creatividad narrativa de Soledad Pu&eacute;rtolas, Joaqu&iacute;n Berges y Eva Fortea o de poetas como Manuel Vilas, Celia Carrasco Gil, Dalila Eslava, Mario Hinojosa, Ramiro Gair&iacute;n, Manuel Mart&iacute;nez Forega, Ang&eacute;lica Morales y Angel Portol&eacute;s Navarro.</p>
<p>Otra de las secciones habituales de TURIA es &ldquo;La isla&rdquo;, que contiene fragmentos del diario de Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas ilustrados por Isidro Ferrer.</p>
<p>M&aacute;s all&aacute; de las aportaciones ya comentadas de Juan Villalba Sebasti&aacute;n y Jos&eacute; Ignacio de Diego Lidoy, hay que subrayar la nutrida presencia de aragoneses en la secci&oacute;n &ldquo;La Torre de Babel&rdquo;. Es el apartado que TURIA dedica a la cr&iacute;tica de libros, y en &eacute;l se ofrecen cuidadas rese&ntilde;as de libros de ficci&oacute;n, de no ficci&oacute;n y de poes&iacute;a, tanto de autores espa&ntilde;oles como de otros idiomas traducidos al espa&ntilde;ol. La amplitud y calidad de esta secci&oacute;n han convertido a TURIA en una de las revistas que m&aacute;s y mejor practican la cr&iacute;tica literaria entre las publicaciones y suplementos culturales de Espa&ntilde;a.</p>
<p>En esta ocasi&oacute;n, ejercen como cr&iacute;ticos, un total de 21 aragoneses y, entre ellos, podemos citar a&nbsp; Jos&eacute; Luis Melero, Fernando Sanmart&iacute;n, Jos&eacute; Gim&eacute;nez Corbat&oacute;n, Juan Marqu&eacute;s, Rosa Burillo, Cristina Grande, Miguel Mena, Manuel G&oacute;rriz Villarroya, Aurora Cruzado, Jes&uacute;s Villel, Jos&eacute; Manuel Soriano, Rafael Esteban Silvestre, Rub&eacute;n Benedicto, David Mayor, Jos&eacute; Mar&iacute;a Ari&ntilde;o, Pablo P&eacute;rez Rubio o Enrique Villagrasa.&nbsp;</p>
<p>TURIA es una revista de periodicidad cuatrimestral que tiene una edici&oacute;n en papel y otra&nbsp; digital (web y Facebook). Con casi 40 a&ntilde;os de trayectoria, est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel y cuenta con el patrocinio del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero de TURIA ha contado con el apoyo de la Direcci&oacute;n General del Libro y Fomento de la Lectura del Ministerio de Cultura y Deporte.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 12 Nov 2021 10:43:31 +0000</pubDate>
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      <title><![CDATA[Goya, de Fuendetodos a Londres, de la mano de Manuel de Falla]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/goya-de-fuendetodos-a-londres-de-la-mano-de-manuel-de-falla/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/FRANCISCO_DE_GOYA.jpg" alt="" /></p>
<p><strong></strong>El 8 de octubre de 1917, mientras Europa conten&iacute;a el aliento ante el avance de las tropas brit&aacute;nicas hacia la l&iacute;nea Hindenburg, que atravesaron en Cambrai, cerca de la frontera con B&eacute;lgica&hellip;, en la neutral Espa&ntilde;a, un grupo de artistas, capitaneado por el pintor Ignacio Zuloaga, llegaba, con dificultad, entre las monta&ntilde;as, a la localidad de Fuendetodos, cuna de Francisco de Goya, en las profundidades del interior peninsular, con una caravana in&eacute;dita para las gentes del pueblo de varias decenas de autom&oacute;viles. La iniciativa del pintor, que hab&iacute;a comprado la casa natal de Goya y sufragado las escuelas por suscripci&oacute;n &ndash;con una exposici&oacute;n pict&oacute;rica habida en el Museo de Zaragoza entre el 13 de mayo y el 18 de junio de 1916&ndash;, pretend&iacute;a revitalizar este rec&oacute;ndito enclave geogr&aacute;fico como punto de encuentro entre artistas. Junto a las autoridades y el <em>cicerone</em> Zuloaga, viajaron desde Zaragoza otros dos m&uacute;sicos de excepci&oacute;n, el compositor Manuel de Falla y la cantante polaca Aga Lahowska, que ven&iacute;a de triunfar con <em>Carmen</em> en Madrid. Antes de los discursos y las medallas, se dijo misa en la modesta iglesia del pueblo con m&uacute;sica de Faur&eacute;, interpretada por los artistas forasteros y, m&aacute;s tarde, tras la colocaci&oacute;n de la primera piedra del monumento a Goya de Julio Antonio, la hermosa soprano eslava cant&oacute; una jota desde el balc&oacute;n del ayuntamiento que, pese a la ovaci&oacute;n recibida, el pueblo acogi&oacute; con indiferencia, tal vez, a causa del registro culto de la obra.</p>
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<p>El propio Falla qued&oacute; desconcertado: el p&uacute;blico no hab&iacute;a reconocido la ra&iacute;z popular de su <em>Jota</em>, procedente de la colecci&oacute;n <em>Siete canciones populares espa&ntilde;olas</em>:</p>
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<p>Dicen que no nos queremos,</p>
<p>Porque no nos ven hablar;</p>
<p>A ti coraz&oacute;n y al m&iacute;o,</p>
<p>Se lo pueden preguntar.</p>
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<p>Ya me despido de ti,</p>
<p>De tu casa y tu ventana,</p>
<p>Y aunque no quiera t&uacute; madre,</p>
<p>Adi&oacute;s, ni&ntilde;a, hasta ma&ntilde;ana.</p>
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<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/falla1.jpg" alt="" /></p>
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<p style="text-align: left;" align="center">&nbsp;Falla, <em>Siete canciones populares espa&ntilde;olas</em>, <em>Jota</em></p>
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<p>A su regreso, Falla escribi&oacute; a Zuloaga el 17 de octubre de 1917: &ldquo;no olvidar&eacute; nunca los d&iacute;as de Fuendetodos y Zaragoza, los proyectos formados en medio de tantos recuerdos y de tanta emoci&oacute;n de arte y verdad...&rdquo;, pensando en la influencia que el influjo de Goya, el artista espa&ntilde;ol por excelencia, podr&iacute;a tener en la pr&oacute;xima obra que hab&iacute;a prometido escribir para los <em>ballets</em> rusos del empresario Diaghilev, tras una visita a Granada en el verano de 1916. En agosto de 1918, ante el hundimiento definitivo en el frente occidental, la compa&ntilde;&iacute;a rusa viaj&oacute; a Londres para iniciar una peque&ntilde;a gira de regreso, de momento, imposible en Par&iacute;s, arrasada por la miseria y los esfuerzos b&eacute;licos.</p>
<p>El 21 de octubre de 1918, sobre una postal de <em>El pelele </em>de Goya, encabezada por una melod&iacute;a de <em>El sombrero de tres picos</em> anotada a mano, Falla escribi&oacute; a Diaghilev con un hondo entusiasmo: &ldquo;muchas felicidades por el gran &eacute;xito de los <em>ballets</em> en Londres&hellip; y por el triunfo soberbio de los aliados, &iexcl;reboso de alegr&iacute;a!&rdquo;. Tal vez, el compositor ya sab&iacute;a de la trascendencia de Fuendetodos en la que ser&iacute;a su obra m&aacute;s aclamada, el <em>Sombrero de tres picos</em> o <em>Le tricorne</em>, sobre el texto de Pedro Antonio de Alarc&oacute;n transformado en libreto por Gregorio Sierra y Mar&iacute;a Lej&aacute;rraga, estrenada en Inglaterra en 1919:</p>
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<p align="center"><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/recreaci_n.jpg" alt="" />&nbsp;</p>
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<p style="text-align: left;" align="center">Recreaci&oacute;n de la postal de Falla a Diaghilev</p>
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<p>Falla utilizar&iacute;a la melod&iacute;a de la postal para ilustrar la amenaza del corregidor burlado &ndash;&ldquo;&iexcl;me las pagar&eacute;is!<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>&rdquo;&ndash;, en la voz chillona de la trompeta &ndash;n&oacute;tese la sustituci&oacute;n del comp&aacute;s de 6/8 de la tarjeta por el definitivo de 3/8&ndash;:</p>
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<p align="center"><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/falla2.jpg" alt="" />&nbsp;</p>
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<p style="text-align: left;" align="center">Falla, <em>El sombrero de tres picos</em>,<em> Con el capot&iacute;n-tin-tin</em></p>
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<p>Para el apote&oacute;sico final de la obra, una vez aclarado el enredo de la trama, Falla dispuso una imponente jota como colof&oacute;n, en que concurre la compa&ntilde;&iacute;a entera sobre el escenario, sellando la cosmovisi&oacute;n popular de la obra, con la danza m&aacute;s grandiosa, para lucimiento de m&uacute;sicos y bailarines, donde convergen los temas de los tres protagonistas:</p>
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<p>Por eso la habanera, con sorpresa para todo espa&ntilde;ol, ha seguido viviendo en la m&uacute;sica francesa como propia expresi&oacute;n de la nuestra y a pesar de que Espa&ntilde;a la tiene ya olvidada desde hace medio siglo. No ha sido as&iacute; la suerte de la Jota, utilizada en Francia con intenci&oacute;n id&eacute;ntica y que a&uacute;n goza en Espa&ntilde;a de la fuerza vital que tuvo en tiempos pret&eacute;ritos (Manuel de Falla, <em>Notas sobre Ravel</em>, septiembre de 1939)<a title="" href="#_ftn2">[2]</a>.</p>
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<p>De este modo, la jota final rinde homenaje a la molinera, la verdadera protagonista de la historia, que ha sabido salvaguardar su honra de los requiebros del poderoso corregidor, manteni&eacute;ndose fiel a su marido. Su caracter&iacute;stico <em>leitmotiv</em> gobierna de principio a fin la danza final, en especial, el estribillo, de enorme fuerza mel&oacute;dica, mientras que las coplas atesoran giros moriscos, propiciados por el modo frigio y otros artificios propios de la m&uacute;sica folcl&oacute;rica andaluza. A pesar de sus m&uacute;ltiples pasajes crom&aacute;ticos, la jota se mantiene en Do mayor, la tonalidad <em>blanca</em>, sin alteraciones ni teclas negras, s&iacute;mbolo de la reconciliaci&oacute;n final, con lejanos ecos de Fuendetodos y diversas reminiscencias de la <em>Feria</em> de Ravel.</p>
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<p>El fin de esta fren&eacute;tica vor&aacute;gine sonora llega con una estampa familiar, la recreaci&oacute;n musical del manteo del corregidor en escena por parte de la gente del pueblo <em>&ndash;le bercement du corr&eacute;gidor</em>&ndash; entre enormes descensos mel&oacute;dicos, compensados por <em>glissandi</em> en movimiento contrario, que evocan los pliegues del manto y las sucesivas ca&iacute;das del peso muerto sobre la tela, un detalle ajeno al texto de Alarc&oacute;n:</p>
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<p align="center"><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/falla2.jpg" alt="" />&nbsp;</p>
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<p style="text-align: left;" align="center">Falla, <em>El sombrero de tres picos</em>, <em>Jota</em></p>
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<p>El corregidor aparece como lo que es, un <em>pelele</em> manteado por las mujeres, en alusi&oacute;n directa a Goya, predecesor de Zuloaga y Picasso, pero tambi&eacute;n de Falla, en su evocaci&oacute;n musical de im&aacute;genes populares. Entre tanto, las r&aacute;fagas descendentes engrosan un torbellino crom&aacute;tico cuya huida vertiginosa sentencia el cercano final, anticipando el de <em>La valse</em>, el <em>ballet</em> de Ravel rechazado por Diaghilev en 1920, a causa de su oscuro mensaje, esto es, el peligro de la destrucci&oacute;n total que se cierne sobre la humanidad, tal cual la guerra hab&iacute;a demostrado.</p>
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<p><em>El Sombrero de tres picos</em> triunf&oacute; en Londres y se erigi&oacute; para siempre en quintaesencia del <em>ballet</em> de corte cosmopolita. La obra se materializ&oacute; en un escenario brit&aacute;nico (Alhambra Theater, en el Soho) a partir de una compa&ntilde;&iacute;a de <em>ballet</em> rusa (<em>les saisons</em> de <em>Diaghilev</em>), un compositor espa&ntilde;ol (Falla), un director musical suizo (Ernst Ansermet) y un decorador espa&ntilde;ol (Pablo Picasso), todos ellos afincados en Francia antes de la guerra, en una obra estrenada en Londres, compuesta de variopintas influencias procedentes del folclore espa&ntilde;ol y de la &oacute;pera wagneriana.</p>
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<p>De este modo, casi cien a&ntilde;os despu&eacute;s de su muerte, la influencia de Goya fue capital en el <em>Sombrero de tres picos</em> de Falla, como una sombra <em>alargada</em> sobre el arte espa&ntilde;ol de la &eacute;poca, junto a la jota como forma popular virtuosa, tan arraigada en la m&uacute;sica europea durante todo el siglo XIX.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [1] <em>El sombrero de tres picos</em>, Madrid, 1882, edici&oacute;n digital Centro Virtual Cervantes, XI.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [2] <em>Escritos sobre m&uacute;sica y m&uacute;sicos</em>, Buenos Aires, 1950, pp. 116-117.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 08 Nov 2021 10:49:49 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[ Verónica Aranda en su habitación propia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/veronica-aranda-en-su-habitacion-propia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/aranda500.jpg" alt="" /></p>
<p>Cada libro cuenta su propia historia y un momento de la historia vital y literaria de su autor. Pero hay autores y autoras en los que se hace m&aacute;s evidente la voluntad &ndash;y la necesidad&ndash; de trenzar por debajo de los libros de su producci&oacute;n una historia paralela, un hilo invisible com&uacute;n que los une y los dota de un sentido global al que cada t&iacute;tulo aporta su matiz propio, o el recorrido del que cada libro es una estaci&oacute;n &ndash;desde luego, nunca de paso&ndash; hacia un destino que completar&aacute; la escritura y la vida. Siendo este el caso de Ver&oacute;nica Aranda, algo se perder&aacute; el lector de este <em>Humo de t&eacute; </em>(Premio &laquo;Leonor&raquo;, 2020 de la Excma. Diputaci&oacute;n de Soria) que no se haya detenido en las estaciones anteriores &ndash;desde el ya lejano <em>Poeta en India </em>(2005) hasta el m&aacute;s reciente <em>Cobalto oscuro, </em>tambi&eacute;n de 2020 pero inmediatamente anterior al libro que nos ocupa.</p>
<p>Poeta que ha hecho de la &laquo;forma de estar en la ciudades&raquo; una po&eacute;tica, una forma de ser del lugar y una forma de ser en s&iacute; y de comprenderse, Ver&oacute;nica Aranda aborda <em>Humo de t&eacute; </em>como un punto de llegada desde el que echar la vista sobre lo vivido, lo viajado, lo visto, lo gustado o lo asombrado. No puedo dejar de recordar en este punto lo que una vez escuch&eacute; sobre Marilyn Monroe &ndash;con las trampas que hayan podido distorsionar la verdad de esta an&eacute;cdota&ndash;, que, habiendo adquirido su &uacute;ltima casa, la actriz mand&oacute; grabar a la entrada de la misma la inscripci&oacute;n latina &laquo;Cursum perficio&raquo;, &laquo;aqu&iacute; acaba el viaje&raquo; o tambi&eacute;n &laquo;he llegado a mi destino&raquo;. Desde luego, el viaje de Ver&oacute;nica Aranda no ha acabado, pero en <em>Humo de t&eacute; </em>la vida y la mirada se introyectan y las im&aacute;genes del viaje parecen evocarse desde una morada amable y amena, con velos que amortiguan la intensa luz del mundo de afuera, que hasta <em>Humo de t&eacute; </em>hab&iacute;a colmado &ndash;y deslumbrado&ndash; los ojos de la autora en buena parte de su poes&iacute;a anterior.</p>
<p>En esa morada amable y amena, la escritura cede el paso a &laquo;instantes &aacute;grafos&raquo;, quiz&aacute; consecuencia gozosa de las &laquo;interferencias de la carne al verbo&raquo; que brinda esa morada nueva. Pero &laquo;la distancia tambi&eacute;n es reescritura&raquo; &ndash;nos recuerda Ver&oacute;nica&ndash;, y no se acaba &ndash;aunque sea desde la evocaci&oacute;n&ndash; la necesidad de re-aprehender la vida &laquo;antes de ser poema&raquo; y, a pesar del &laquo;miedo irracional a escoger un vocablo&raquo;, la necesidad de nombrarla, nombrar y decir, como parte ineludible del oficio de poeta (&laquo;Cuando deseo nombrar: / <em>poema, </em>/ <em>barca, </em>/ <em>pez peque&ntilde;o, </em>/ <em>semillas, </em>/ <em>colmenas en islotes diminutos, </em>/ me pliego en el concepto, / rozo aldabas, / antes de completar / un inventario f&eacute;rtil.&raquo; O: &laquo;Regresan: <em>estaci&oacute;n, </em>/ los n&uacute;meros impares, / <em>t&eacute; negro sin az&uacute;car </em>/ <em>con dulce de gacela. </em>/ Recupero: <em>cometa, duna, gato, </em>/ <em>la noche es infinita.&raquo;</em>). La poeta nombra las cosas, nombra el mundo, pero el mundo, las cosas, tambi&eacute;n escinden su nombre y, acaso, su identidad. Oficio de poeta de doble direcci&oacute;n. En otro lugar hemos reflexionado sobre que viajamos para desaparecer y en esa desaparici&oacute;n, renombramos el mundo y con &eacute;l nosotros adquirimos al mismo tiempo un nombre nuevo.</p>
<p>En esa morada amable y amena, el recuerdo deviene en degustaci&oacute;n del rito. En refinamiento del adem&aacute;n. En la afirmaci&oacute;n agridulce de las dimensiones de [nuestro] teatro, como lo expresaba Gil de Biedma. Un teatro tanto m&aacute;s barroco y alambicado como lo sea el &laquo;abismo imaginado&raquo;, con que concluye magistralmente el libro. En ese contexto Ver&oacute;nica Aranda ofrece una de las mejores definiciones que conocemos de la creaci&oacute;n po&eacute;tica, cuando &laquo;[a]ntes de sumergir / la vasija en el blanco, el alfarero / busca la trascendencia&raquo;. La expresi&oacute;n inefable de un don.</p>
<p>El poema se llena, entonces, de ceremonias de t&eacute; cuyo humo es el signo y el alfabeto de una renacida escritura y a lomos de sus virutas y arabescos surge la imagen del recuerdo y un sentido; nos devuelve a las plegarias de los orantes y las pla&ntilde;ideras; a cantantes, pescadores, hilanderas, vendedores de caracoles y p&aacute;jaros, y mendigos y su gram&aacute;tica cifrada y ritual &ndash;parafraseando al maestro Azor&iacute;n&ndash; &laquo;fugitiva estela de gestos, gritos, indignaciones, paradojas&hellip;&raquo;. A todos ellos (los orantes, las pla&ntilde;ideras, los pescadores, etc.) ya los conocimos m&aacute;s v&iacute;vidos en <em>Poeta en India </em>(2005), en <em>Alfama </em>(2009), <em>Postal de olvido </em>(2010), <em>Cortes de luz </em>(2010), <em>Caf&eacute; Hafa </em>(2015) o en <em>R&iacute;o Mekong </em>(2018), pero en <em>Humo de t&eacute; </em>son convocados, en la evocaci&oacute;n, a la danza de la filigrana vaporosa &ndash;y muy modernista&ndash; de la infusi&oacute;n y su aroma narc&oacute;tico impregnando el aire y las paredes; son convocados al elegante &ndash;y estudiado&ndash; gesto con que se sirve el t&eacute; y se agasaja al invitado; o al no menos teatralmente primoroso de &laquo;ir a buscar una hoja satinada / y declinar una invitaci&oacute;n&raquo;. Pues, m&aacute;s modernista &ndash;y m&aacute;s manierista&ndash; que nunca Ver&oacute;nica Aranda, la poes&iacute;a de este <em>Humo de t&eacute; </em>se recrea y se esencia en el atrezzo. En modos delicados (&laquo;Un l&aacute;nguido placer / atraves&oacute; el enebro&raquo; o &laquo;y en la tristeza del payaso / que se anuda despacio el corbat&iacute;n&raquo;); en la presencia de elementos culturalistas de la literatura, la pintura o la &oacute;pera (Duras, Rothko, Turandot, Celan, El Bosco&hellip;); en los dragones de jade, los tatuajes, las copas luminosas, una ma&ntilde;ana de 1900, un samovar&hellip; &laquo;las fiebres de otro siglo&raquo;, que no s&oacute;lo son un decorado, con ser suficiente. Es una forma de ser del lugar y en el lugar. La conciencia de que, en realidad, estamos hechos de &laquo;retazos de relatos que nos narren / el tiempo que habitamos bodegones&raquo;. Esos bodegones que, en su aparente estatismo, reflejan en la textura de alimentos y vajilla los ojos de quien los mira, para decirle qui&eacute;n fue... como <em>Humo de t&eacute; </em>nos devuelve los ojos de Ver&oacute;nica Aranda &ndash;los verdaderos sujetos literarios de este poemario&ndash; (y su conciencia de s&iacute;).</p>
<p><em>Cursum perficio, </em>Ver&oacute;nica Aranda disfruta de su morada amable y amena, tiene su habitaci&oacute;n propia desde la que contarse y contarnos. Afortunadamente, el viaje no ha terminado.</p>
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<p>Ver&oacute;nica Aranda, <em>Humo de t&eacute;</em>, Diputaci&oacute;n de Soria, Soria, 2021.</p>
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      <pubDate>Mon, 08 Nov 2021 10:47:10 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[ May Sarton: habitar la soledad]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/may-sarton-habitar-la-soledad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/MAY_SARTON_-_Retrato_de_Polly_Thayer_1936.jpg" alt="" /></p>
<p>He venido a pasar unos d&iacute;as al sur, al apartamento que tienen mis padres en un pueblo de la costa mediterr&aacute;nea. Vengo con el &aacute;nimo trastornado por inquietudes y porque los recuerdos del verano son ya solo eso: recuerdos. Uno vive una experiencia feliz y se enamora y, aunque sabe que las cosas hermosas -como dice Cernuda- tienen su instante y pasan, sigue empecinado en transitar caminos que quiz&aacute; ya no existen. A veces, nos empe&ntilde;amos en llamar p&eacute;rdida a un momento de dicha pasada, pero la verdadera p&eacute;rdida consiste en no haber vivido.</p>
<p>He llegado por la ma&ntilde;ana a esta casa y me ha recibido como un lugar extra&ntilde;o. He venido con el &aacute;nimo herido, nost&aacute;lgico, pero he tra&iacute;do conmigo un libro -<em>Diario de una soledad</em>- que promete acompa&ntilde;arme. Su autora es la escritora de origen belga May Sarton (1912-1995). Sarton, que vivi&oacute; la mayor parte de su vida en Norteam&eacute;rica, escribi&oacute; novelas, poes&iacute;a y ensayo, pero lo m&aacute;s relevante de su producci&oacute;n literaria se encuentra en sus memorias y en sus diarios. La autora, una defensora firme de los derechos de la mujer, escribi&oacute; en los a&ntilde;os setenta del siglo pasado, en su residencia de Nelson, un cuaderno &iacute;ntimo en el que, entre otras cosas, trata de &ldquo;averiguar qu&eacute; piensa y saber d&oacute;nde est&aacute;&rdquo;.</p>
<p>Las dos primeras p&aacute;ginas de <em>Diario de una soledad</em> -su primera entrada- son un ejercicio prodigioso de autoan&aacute;lisis, un retrato psicol&oacute;gico certero de las inquietudes que el libro desarrollar&aacute; m&aacute;s tarde. Escribe May Sarton: &ldquo;Vivo sola, tal vez sin otro motivo que afirmarme como criatura imposible, distinguida por un temperamento que nunca he aprendido a manejar como es debido. Mi necesidad de estar a solas siempre est&aacute; en contrapunto con el miedo a todo aquello que suceder&aacute; si, de repente, no puedo encontrar apoyo alguno&rdquo;.</p>
<p>Hay una dualidad enfrentada en esa afirmaci&oacute;n. Hay dolor en estas p&aacute;ginas y remansos de paz y serenidad. En sus primeras anotaciones, la escritora habla del estado depresivo que atraviesa y de c&oacute;mo solo la visi&oacute;n de la naturaleza le consuela. Luego se refiere a sus tareas dom&eacute;sticas, a sus quehaceres literarios, al esp&iacute;ritu solidario que le lleva a ayudar a los dem&aacute;s. El contacto con los otros contribuye a que su &aacute;nimo mejore y a que la soledad -elegida voluntariamente- se convierta en un espacio propicio para la creaci&oacute;n y la exploraci&oacute;n interior.</p>
<p>Llevo el diario de May Sarton a todas partes conmigo. Me siento en una terraza frente al mar. Sigo leyendo y asimilando un testimonio que me resulta familiar y aleccionador. En cierto momento de su relato, ella confiesa que est&aacute; enamorada y que pasa los fines de semana con su amante. Y recuerda una cita de Fran&ccedil;ois Mauriac: &ldquo;La experiencia de la felicidad es la m&aacute;s peligrosa, pues toda felicidad posible aumenta nuestra sed y la voz del amor hace resonar el vac&iacute;o&rdquo;. M&aacute;s tarde consigna los viajes que hace por el pa&iacute;s ofreciendo conferencias y promocionando sus novelas. Mucho m&aacute;s tarde -hacia el final del libro- revela el deterioro de la relaci&oacute;n y la ruptura con la mujer a la que ama.</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em>Diario de una soledad</em>, adem&aacute;s de constituir un di&aacute;logo fecundo de Sarton consigo misma, inserta en sus p&aacute;ginas fragmentos de poemas, citas de otros autores y retazos de las misivas que la escritora recibe y escribe. Todo ello le sirve para bucear en su mundo interior y registrar el estado del mundo exterior: el fulgor de los amaneceres y los atardeceres, el cambio que provoca en la naturaleza el fluir de las estaciones. Pero tambi&eacute;n para indagar en el sentido de las relaciones humanas, para suscribir su compromiso por la independencia de la mujer en un pa&iacute;s puritano y machista. Y, sobre todo, para exaltar el valor de la amistad, algo que hace nuestra soledad m&aacute;s soportable.</p>
<p>Esta noche -mi &uacute;ltima noche aqu&iacute;- he dado una vuelta por el paseo mar&iacute;timo y he mirado con tristeza la algarab&iacute;a de la gente: el eco de la alegr&iacute;a ajena, que es lo que nos separa de los otros cuando estamos solos. Hay momentos en los que nos separamos del mundo y somos extranjeros. Hay momentos en los es muy f&aacute;cil caer en la desolaci&oacute;n. Hago estas reflexiones y pienso en una frase que he le&iacute;do y anotado antes: &ldquo;Tengo tiempo para pensar. Tengo tiempo para ser. De ah&iacute; mi enorme responsabilidad: usar bien el tiempo en estos a&ntilde;os que a&uacute;n me quedan por delante&rdquo;.</p>
<p>En un alarde de sabidur&iacute;a y entereza, May Sarton extrae de los estados crepusculares lecciones de vida. Aunque lo f&aacute;cil es lo contrario, porque la soledad es siempre un venero para la introspecci&oacute;n: &ldquo;Aqu&iacute;, en Nelson, he estado cerca de suicidarme m&aacute;s de una vez&rdquo;, confesar&aacute; la autora. Uno evoca la dicha vivida y ya cancelada y puede regodearse insidiosamente en la p&eacute;rdida. Uno puede consumir tercamente su presente sin percatarse de que est&aacute; anulando su porvenir. &ldquo;A veces, lo m&aacute;s valioso que podemos hacer por nuestra mente es dejarla descansar, deambular, vivir en la luz cambiante de una habitaci&oacute;n&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Diario de una soledad, </em>May Sarton, traducci&oacute;n Blanca Gago, Madrid, Gallo Nero Ediciones, 2021.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 08 Nov 2021 10:44:18 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA entrevista a fondo a Remedios Zafra y Víctor Fuentes]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-entrevista-a-fondo-a-remedios-zafra-y-victor-fuentes/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2021/Noviembre/ZAFRA500_1.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>La prestigiosa ensayista espa&ntilde;ola asegura: &ldquo;Hay que aplicar imaginaci&oacute;n e inteligencia para dar forma a lo posible&rdquo;</strong></p>
<p><strong>El hoy profesor em&eacute;rito de la Universidad de California confiesa: &ldquo;Las tinieblas de la guerra nos han acompa&ntilde;ado toda la vida&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong><strong>La revista tambi&eacute;n redescubre a una gran fil&oacute;sofa olvidada: Rachel Bespaloff </strong></p>
<p>Los lectores del nuevo n&uacute;mero de la revista TURIA, que se distribuye este mes de noviembre, podr&aacute;n disfrutar de dos entrevistas a fondo con protagonistas de notable inter&eacute;s: Remedios Zafra y V&iacute;ctor Fuentes. Ella es uno de los nombres propios m&aacute;s destacados del ensayismo espa&ntilde;ol actual gracias a dos libros muy valiosos para analizar el presente con mirada cr&iacute;tica y coherencia: &ldquo;Fr&aacute;giles&rdquo; y &ldquo;El entusiasmo&rdquo;. &Eacute;l, por su parte, ha desarrollado una ingente labor intelectual en los USA, donde actualmente ejerce como profesor em&eacute;rito de la Universidad de California en Santa B&aacute;rbara y es una de las figuras m&aacute;s respetadas entre los estudiosos de nuestra cultura en el extranjero.</p>
<p>Se trata de dos conversaciones exclusivas, que permiten no s&oacute;lo conocerlos mejor, sino tambi&eacute;n descubrir sus opiniones sobre un amplio repertorio de temas de inter&eacute;s. Ambos son, por encima de todo, autores de una obra de marcada originalidad, rigor y relevancia en sus respectivos &aacute;mbitos.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Remedios Zafra es, sin duda, una audaz observadora de tendencias, circunstancias, aspiraciones y frustraciones colectivas. As&iacute; lo demuestra en sus libros, en sus investigaciones y en su tarea como docente o conferenciante en foros dedicados al pensamiento cr&iacute;tico, al feminismo y la cultura digital. Y, aunque el ensayo es el g&eacute;nero que mejor se adapta a su manera de situarse ante la realidad, tambi&eacute;n ha cultivado la novela. En definitiva que, a trav&eacute;s del conjunto de su trabajo y de su obra, Remedios Zafra ha sido capaz de invitarnos a interpretar de otra manera estos tiempos de zozobra y aceleraci&oacute;n donde todo parece suceder con tanta rapidez que somos incapaces de digerirlo.</p>
<p>Miembro numerario de la Academia Norteamericana de la Lengua Espa&ntilde;ola y correspondiente de la Real Academia Espa&ntilde;ola, V&iacute;ctor Fuentes es historia viva de m&aacute;s de medio siglo de intelectualidad espa&ntilde;ola en el exilio.&nbsp; Autor&nbsp; de unos trescientos art&iacute;culos y veintiocho libros, Fuentes ha desarrollado un importante magisterio en el campo del cine, el teatro y la literatura hispanoamericana en universidades estadounidenses. Adem&aacute;s, es uno de los mayores especialistas en la obra de Luis Bu&ntilde;uel, a quien conoci&oacute; y al que ha dedicado cinco libros magistrales. Pero, por encima de todo, el de V&iacute;ctor Fuentes es uno de los &uacute;ltimos testimonios de ese mundo de ayer que poco a poco va desdibuj&aacute;ndose en las p&aacute;ginas de nuestra m&aacute;s reciente historia espa&ntilde;ola. De ah&iacute; el singular inter&eacute;s que posee la extensa y reveladora entrevista que publica ahora TURIA.</p>
<p>Remedios Zafra y V&iacute;ctor Fuentes son, sin duda, dos personalidades muy atractivas y su opini&oacute;n nos enriquece a la hora de interpretar este tiempo tan dif&iacute;cil y complejo que vivimos.&nbsp; En&nbsp; TURIA&nbsp; nos&nbsp; hablan,&nbsp; con&nbsp; absoluta&nbsp; libertad&nbsp; y&nbsp; franqueza, de sus respectivas obras e itinerarios vitales. Y, sobre todo, con sus respuestas se ocupan tambi&eacute;n de abordar diversas cuestiones que nos afectan o interpelan.</p>
<p>Tambi&eacute;n, entre otros contenidos relevantes, el nuevo n&uacute;mero de TURIA invita a leer a una mujer tan inteligente como injustamente olvidada hoy: la fil&oacute;sofa jud&iacute;a Rachel Bespaloff. Para conseguir ese objetivo, la revista publica un fragmento de su libro &ldquo;El instante y la libertad en Montaigne&rdquo;, in&eacute;dito en espa&ntilde;ol y que ser&aacute; distribuido en 2022 por Hermida Editores. Su traductor, Manuel Arranz, es igualmente el autor de un certero an&aacute;lisis de la figura y la obra de Bespaloff que sirve de apostilla al texto que reproduce TURIA. Sin duda Bespaloff merece ser redescubierta en nuestros d&iacute;as por esos mismos lectores que reconocen la val&iacute;a de pensadoras como Mar&iacute;a Zambrano, Simone Weil, Hannah Arendt o Jeanne Hersch en cualquier balance de la historia intelectual del siglo XX.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>REMEDIOS ZAFRA: &rdquo;NADIE PUEDE VIVIR SONRIENDO TODO EL TIEMPO&rdquo;</strong></p>
<p>En la entrevista que TURIA publica con el escritora y ensayista Remedios Zafra (Zuheros, C&oacute;rdoba, 1973), se confirma su capacidad para analizar la fragilidad, la vulnerabilidad del tiempo que vivimos y para proponernos, a partir esas heridas abiertas, nuevos escenarios de colaboraci&oacute;n, lazos solidarios que permitan imaginar y crear mundos mejores. La actual cient&iacute;fica titular del Instituto de Filosof&iacute;a del Consejo Superior de Investigaciones Cient&iacute;ficas posee un estilo que escapa a los cors&eacute;s y los encasillamientos y consigue, a trav&eacute;s de un trabajo que mezcla la biograf&iacute;a, el relato, la reflexi&oacute;n, la investigaci&oacute;n y el di&aacute;logo, clarificar los escenarios que habitamos e invitarnos a mirar de otra manera lo que nos ocurre.</p>
<p>En esta &eacute;poca en la que vivimos sometidos a las servidumbres de la tecnolog&iacute;a y de Internet, Zafra defiende la necesidad de garantizar los tiempos propios y de desconexi&oacute;n como derechos humanos: &ldquo;Ser conscientes de las p&eacute;rdidas que supone para las personas caer sin l&iacute;mite en la tecnolog&iacute;a es clave para nuestra libertad. Ser conscientes de la intencionalidad mercantilista, y a menudo, adictiva, que promueven algunas tecnolog&iacute;as y aplicaciones, es tambi&eacute;n clave para denunciarlo y reclamar su trabajo &eacute;tico&rdquo;.</p>
<p>Preguntada por la situaci&oacute;n de precariedad en la que se ve inmerso el trabajo creativo,</p>
<p>Remedios Zafra afirma: &ldquo;La tradici&oacute;n de considerar la cultura como una afici&oacute;n o como una actividad en manos de unos pocos privilegiados ha cambiado intensamente, ha ido cambiando en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. En el futuro muchos de los trabajos ser&aacute;n en el sector creativo y estar&aacute;n relacionados con la creaci&oacute;n de imaginarios diversos. Vivimos un momento de transici&oacute;n y desajuste donde siguen perviviendo modelos y sistemas de valor antiguos, pero la idea de que la creaci&oacute;n es un trabajo est&aacute; asent&aacute;ndose&rdquo;.</p>
<p>Afirma Zafra en TURIA que en esta era de la apariencia, del marketing y de la exhibici&oacute;n del sujeto, corremos el riesgo de diluir o perder lo que se pone sobre la mesa, el sentido de lo que se pone en juego: &ldquo;es dif&iacute;cil resistir, porque cuando convertimos las cosas en marca y producto, ser visto aumenta la posibilidad de ser elegido. Pero nadie puede vivir sonriendo todo el tiempo&rdquo;. De ah&iacute; que el malestar pueda y deba ser interpretado como conciencia inc&oacute;moda, como respuesta ante las dificultades y riesgos, como algo valioso.</p>
<p>Reflexiona tambi&eacute;n Remedios Zafra sobre la ansiedad actual: &ldquo;Sucede que aceptamos los ansiol&iacute;ticos y el autoenga&ntilde;o ante la dificultad de hacer convivir frustraci&oacute;n y esperanza. Y cuando damos por perdido un sue&ntilde;o, decepcion&aacute;ndonos con el modelo social y p&uacute;blico en el que confi&aacute;bamos, corremos el riesgo de enfrentar el futuro con frivolidad, desde la par&aacute;lisis, la desconfianza y el conformismo, como sujetos desapasionados que fingen sonre&iacute;r solo porque advierten que cerca hay una c&aacute;mara, sujetos que van a lo suyo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Concluye Remedios Zafra, en la conversaci&oacute;n mantenida para TURIA con la periodista Emma Rodr&iacute;guez, que nuestra esperanza debe ser activa y requiere imaginaci&oacute;n: &ldquo;Necesitamos imaginaci&oacute;n. Hay que aplicar imaginaci&oacute;n e inteligencia para dar forma a lo posible&rdquo;. Su postura es clara: &ldquo;tendr&iacute;amos que mirar hacia formas de movilizaci&oacute;n no incentivadas por el triunfo econ&oacute;mico construido sobre la explotaci&oacute;n precaria y la ansiedad neutralizadora, ni por la vac&iacute;a acumulaci&oacute;n de ganancias desprovista de mundo interior, sino por un deseo de justicia social, de autonom&iacute;a y saber, de investigaci&oacute;n y cultura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>V&Iacute;CTOR FUENTES: &ldquo;BU&Ntilde;UEL ES UN AUTOR VISIONARIO Y UN CLARIVIDENTE PENSADOR&rdquo;</strong></p>
<p>V&iacute;ctor Fuentes (Madrid, 1933) posee una brillante trayectoria acad&eacute;mica y una ampl&iacute;sima labor intelectual que le ha llevado a ser especialista en autores como Luis Bu&ntilde;uel, C&eacute;sar Vallejo, Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s, Antonio Machado o Benjam&iacute;n Jarn&eacute;s, entre otros. No menos relevante es su propia vida, que ha narrado en tres libros autobiogr&aacute;ficos y que lo sit&uacute;a junto a Jorge Sempr&uacute;n, Manuel Tu&ntilde;&oacute;n de Lara, Claudio Guill&eacute;n o Nicol&aacute;s S&aacute;nchez Albornoz, como miembro ilustre de la llamada Generaci&oacute;n del Segundo Exilio de los a&ntilde;os 40 y 50 del siglo XX.</p>
<p>En la conversaci&oacute;n exclusiva que TURIA publica con Iv&aacute;n Moure Pazos, reconoce V&iacute;ctor Fuentes que &ldquo;he vivido el &lsquo;Guernica&rdquo; de Picasso en carne propia&rdquo; y que &ldquo;las tinieblas de la guerra nos han acompa&ntilde;ado toda la vida&rdquo;. Y es que su biograf&iacute;a es la de esos ni&ntilde;os de la guerra civil espa&ntilde;ola que, siguiendo la estela de sus mayores, iniciaron una nueva trayectoria lejos de su patria de origen.</p>
<p>Desde su condici&oacute;n de especialista en la obra de Luis Bu&ntilde;uel, al que conoci&oacute; y ha dedicado cinco libros magistrales, V&iacute;ctor Fuentes afirma en TURIA:&nbsp; &ldquo;Sin considerar toda la obra f&iacute;lmica de Bu&ntilde;uel, es imposible profundizar en la genial hondura de este autor visionario y clarividente pensador, dotado de una po&eacute;tica y narrativa cinematogr&aacute;fica &uacute;nica. Yo lo he intentado, durante m&aacute;s de 20 a&ntilde;os, y me he quedado a medias. (&hellip;) Tambi&eacute;n destaco, en mis escritos, a Bu&ntilde;uel como un gran poeta prof&eacute;tico. Ya, cuando filmaba <em>El &aacute;ngel exterminador </em>(1962), hablaba de la amenaza de los nuevos 4 jinetes del Apocalipsis: &ldquo;la ciencia, la t&eacute;cnica, la informaci&oacute;n, y la explosi&oacute;n demogr&aacute;fica&rdquo;. Hoy en d&iacute;a, dos de ellos se nos vienen encima, desbocados: la tecnolog&iacute;a y la informaci&oacute;n/desinformaci&oacute;n. &rdquo;</p>
<p>Asegura, por &uacute;ltimo, V&iacute;ctor Fuentes que &ldquo;en la actualidad, el espa&ntilde;ol de los Estados Unidos se puede considerar como el crisol de esta lengua universal, pues, aqu&iacute;, habitamos convivimos y escribimos quienes procedemos de todos los pa&iacute;ses de habla hisp&aacute;nica. No debemos olvidar que aqu&iacute; constituimos una poblaci&oacute;n de unos 50 millones de hispanohablantes&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;TURIA&rdquo; RESCATA DEL OLVIDO A RACHEL BESPALOFF </strong></p>
<p>La revista TURIA dedica tambi&eacute;n su atenci&oacute;n a rescatar del olvido a una las pensadoras m&aacute;s valiosas del siglo XX: Rachel Bespaloff (Nova Zagora, Bulgaria, 1895 -&nbsp; South Hadley, Massachusetts, USA, 1949). Un texto in&eacute;dito en espa&ntilde;ol de Bespaloff, &ldquo;El instante y la libertad en Montaigne&rdquo;, y un breve pero certero an&aacute;lisis de su vida y obra a cargo de Manuel Arranz, permiten conocer mejor la dimensi&oacute;n y relevancia de su tarea intelectual.</p>
<p>Fil&oacute;sofa de la existencia y del instante, Bespaloff no conceb&iacute;a la filosof&iacute;a separada de la vida, o que no estuviese al servicio de la libertad. Nacida en el seno de una familia judeo-ucraniana, pas&oacute; los primeros a&ntilde;os de su infancia en Kiev y luego se traslad&oacute; a Ginebra, donde estudi&oacute; m&uacute;sica y danza. En 1919 se instal&oacute; en Par&iacute;s, ciudad en la que frecuent&oacute; al fil&oacute;sofo ruso Lev Shestov y empez&oacute; a escribir bajo el impacto de su pensamiento. Gabriel Marcel y Jean Wahl, impresionados por sus estudios sobre Heidegger y Kierkegaard, la invitaron a publicar en la &ldquo;Revue philosophique&rdquo;. En julio de 1942 se exili&oacute; a los Estados Unidos. All&iacute; trabajar&iacute;a dando clases de literatura y civilizaci&oacute;n francesas hasta que, abrumada por la tragedia tanto hist&oacute;rica como personal que la persegu&iacute;a (no s&oacute;lo el genocidio del pueblo jud&iacute;o y su exilio norteamericano, sino tambi&eacute;n la precariedad econ&oacute;mica, las dif&iacute;ciles relaciones entre su madre enferma dependiente y su marido, y la muerte de &eacute;ste por infarto), puso fin voluntariamente a su vida. &ldquo;No busquen otra raz&oacute;n para mi suicidio que mi extremo cansancio&rdquo;, dej&oacute; escrito en una carta.</p>
<p>Bespaloff escribe sobre lo que lee unos textos apasionados y l&uacute;cidos, pero siempre cr&iacute;ticos, a los que suele denominar modestamente <em>notas</em>. Estas notas son siempre variaciones sobre los mismos temas que ocupan su mente: la vida, la muerte, la libertad, la justicia, la voluntad, el sacrificio, pero tambi&eacute;n la duda, la contradicci&oacute;n, el pensamiento; y que constituyen lo que quiz&aacute; podr&iacute;amos denominar los puntos cardinales de su vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>UN FRAGMENTO DE LA ENTREVISTA EXCLUSIVA A REMEDIOS ZAFRA </strong></p>
<p>El nuevo n&uacute;mero de la revista TURIA publica una amplia y reveladora conversaci&oacute;n exclusiva con la fil&oacute;sofa Remedios Zafra, autora de &ldquo;Fr&aacute;giles&rdquo; y &ldquo;El entusiasmo&rdquo; y uno de los nombres propios m&aacute;s relevantes del ensayismo espa&ntilde;ol actual por su capacidad de interpretar cr&iacute;ticamente el presente y de formular nuevas y valiosas propuestas para encarar el futuro que nos aguarda. De ese material in&eacute;dito, adelantamos hoy el siguiente fragmento:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="LO-normal1" style="text-align: left;" align="center"><strong>REMEDIOS ZAFRA: &ldquo;EL FEMINISMO HA LOGRADO USAR INTERNET DESDE UNA INTENCIONALIDAD POL&Iacute;TICA&rdquo;</strong></p>
<p>- &ldquo;La mayor parte del tiempo la vida cuesta o duele&rdquo;, se&ntilde;alas en otro momento. Y tambi&eacute;n dices que &ldquo;la ansiedad es un pellizco vivible&rdquo;. &iquest;Hasta qu&eacute; punto el no asumir que la vida tambi&eacute;n es malestar, herida, ansiedad, miedo, nos aboca a un adormecimiento colectivo? &iquest;C&oacute;mo despertar? &iquest;Cabe la esperanza?</p>
<p>- En <em>Fr&aacute;giles </em>el camino de la esperanza, que es donde culmina el ensayo, se encuentra en &ldquo;una solidaria vulnerabilidad compartida&rdquo; y busca la direcci&oacute;n marcada por el feminismo y su sororidad. Como indico en uno de los &uacute;ltimos cap&iacute;tulos del libro, frente a la cr&iacute;tica hacia Internet como motor de exposici&oacute;n y mercantilizaci&oacute;n del sujeto, el feminismo ha logrado usarlo para visibilizar y compartir lo privado desde una intencionalidad pol&iacute;tica. Mostrar lo que se oculta y duele, pero tambi&eacute;n descubrirlo en los otros, es un potente gesto pol&iacute;tico que se amplifica cuando las intimidades se comparten y van encontr&aacute;ndose con iguales. As&iacute; ha ocurrido con el feminismo en Internet, una alianza que considero una de las grandes revoluciones de este tiempo.</p>
<p>Hay cosas que nacen de la intimidad y nos pertenecen, pero tambi&eacute;n las hay que no pueden quedarse dentro, porque si lo hacen nos da&ntilde;an como individuos y como sujetos pol&iacute;ticos. Pueden llegar a perjudicar a otras personas, cuando por sus circunstancias ni siquiera han tenido la oportunidad de verbalizarlo. Pasa cada d&iacute;a cuando los trabajadores autoexplotados, pero econ&oacute;mica y laboralmente no-precarios, colaboramos con nuestro silencio e inmovilismo en la precarizaci&oacute;n y ansiedad de los otros&rdquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 08 Nov 2021 07:10:23 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bululú: la autoverdad]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/bululu-la-autoverdad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/ros500.jpg" alt="" /></p>
<p>La editorial independiente Animas del Huerva presenta este 2021&nbsp; &mdash;hasta donde sabemos&mdash; un &uacute;nico t&iacute;tulo: <em>Bulul&uacute;</em>, firmado por Ros Beret (Belver de Cinca, 1980).</p>
<p>Se trata de una pieza que esquiva las lindes del g&eacute;nero ya que no se trata de una novela, ni de un ensayo (aunque tiene un poco de ambas), ni tampoco es una colecci&oacute;n de relatos o un diario (a pesar de que el autor se conjure con estos g&eacute;neros). Esta obra nace en las ant&iacute;podas de la autoficci&oacute;n y, para serles franco, el cuerpo me pide definir su prosa como &ldquo;autoverdad&rdquo;. Digo as&iacute; porque el texto rezuma honestidad y llaneza sin imposturas ni vanaglorias, adem&aacute;s de por ser un relato en el que se exploran los rincones de la autarqu&iacute;a y porque nos presenta un conjunto de experiencias y reflexiones que componen la bit&aacute;cora de un viaje personal fuera de la ruta preestablecida para el autor y para el actor, constituyendo, en lo relativo a la empresa teatral, un modelo de econom&iacute;a de espaldas al patrimonio, una gu&iacute;a para el emprendimiento sin dios, patria ni amo, un manual para planificar negocios de mayor provecho libertario que pecunial o una cr&oacute;nica de lo que implica representar una obra de un g&eacute;nero que, no siendo teatro callejero ni mon&oacute;logo, la pone en escena una <em>troupe</em> formada por un &uacute;nico actor y lo hace en un rinc&oacute;n bien elegido de cualquier pueblo; en lo personal es una autobiograf&iacute;a &eacute;tica, un bestiario de libertades, una recapitulaci&oacute;n de habilidades para la supervivencia o un libro de consulta para el lego en errancia; en lo etnogr&aacute;fico es un recorrido afectivo por los pueblos de Arag&oacute;n y del norte de Espa&ntilde;a, un dec&aacute;logo del buen cado y la pernoctaci&oacute;n al raso o una taxonom&iacute;a de la generosidad y el car&aacute;cter a lo largo y ancho de nuestra geograf&iacute;a; en lo intelectual, adem&aacute;s de esa prosa de verdad propia, es una An&aacute;basis del ego sin guerras y sin ej&eacute;rcitos, es un manual de bricolaje para reconstruir un optimismo de las cenizas del camino o, al menos, armar la socarroner&iacute;a precisa para hacer de los despojos telones con los que seguir navegando y, entre otras muchas cosas m&aacute;s, es el relato mitol&oacute;gico de los doce trabajos del bulul&uacute;.</p>
<p>Tambi&eacute;n es una propuesta y una narraci&oacute;n para obrar con voluntad, planificaci&oacute;n y est&eacute;tica propias, eludiendo otros condicionantes al margen del disfrute de completar un proyecto personal, especialmente apartando el c&aacute;liz de la tentaci&oacute;n de aquellos que son mandamientos de la santa madre prudencia y que, arraigados en el subconsciente, los m&aacute;s comunes de entre los mortales no solemos osar cuestionar por miedo al fr&iacute;o, al fracaso y, en definitiva, a la muerte de la cigarra sobre la que est&aacute;bamos tan bien aleccionados.</p>
<p class="Cuerpo">Para aquellos que, como yo, quedaran sorprendidos ante la ex&oacute;tica sonoridad de su t&iacute;tulo, el propio Ros Beret nos pone en antecedentes inform&aacute;ndonos de que en <em>El viaje entretenido</em>, de Agust&iacute;n de Rojas, se mencionaba el variado elenco de c&oacute;micos ambulantes que, por aquel entonces, recorr&iacute;an tambi&eacute;n los caminos de Espa&ntilde;a, a saber: bulul&uacute;, &ntilde;aque, gangarilla, cambaleo, garnacha, bojiganga, far&aacute;ndula y compa&ntilde;&iacute;a, siendo el bulul&uacute; &mdash;seg&uacute;n Rojas subraya&mdash; el m&aacute;s menesteroso de esta comitiva de miserables.</p>
<p class="Cuerpo">Cabe destacar que, por encima de cualesquiera otras consideraciones, la epopeya biogr&aacute;fica que nos entrega el autor tiene tres rasgos se&ntilde;eros: en primer lugar, nos llega armada con una sublime naturalidad que acerca el ascua de la complicidad a la sardina del err&aacute;tico bulul&uacute;; en segundo lugar, la sem&aacute;ntica con la que se nos trasladan los hechos est&aacute; compuesta con abierta coherencia y a&uacute;na con soltura las voces de Ros Beret y de su n&oacute;mada <em>alter ego</em>; y, en &uacute;ltimo t&eacute;rmino, el texto demuestra un gran sentido del relato, componiendo un cuento novelesco con raigambre en la mejor tradici&oacute;n de la prosa aventurera. Esto, sin duda, ha de tener relaci&oacute;n con la sant&iacute;sima trinidad a la que el autor y el bulul&uacute; se encomiendan a lo largo del relato y del camino, tr&iacute;ada que est&aacute; compuesta por Miguel de Cervantes, &Iacute;talo Calvino y Robert Louis Stevenson. Los modelos que estos santos de cabecera ofrecen a Beret como espejo en el que mirarse y como escapulario al que acogerse buscando consuelo u orientaci&oacute;n son, por este orden, el vagamundo Quijote con la &eacute;tica de su caballer&iacute;a, el determinado Cosimo Piovasco con sus inquebrantables principios y la nobleza, la magia resistente del narrador oral encarnado en ese Tusitala en el que se convirtiera el propio Stevenson en la isla de Samoa. No es desde los mares del sur, precisamente, desde donde nos escribe el de Belver, sino desde un &ldquo;descampado de las afueras de la literatura&rdquo;, como &eacute;l mismo confiesa. No obstante, ese terreno conforma una isla dif&iacute;cil de encontrar en los mapas que dibujan nuestro tiempo ba&ntilde;ada por las aguas de la sociedad del consumo y lo inmediato y azotada por los vientos del seguidismo y la personalidad digital.</p>
<p class="Cuerpo">Por todo lo expuesto, <em>Bulul&uacute;</em>, en resumen y a trav&eacute;s del cristal con el que leo, es uno de los libros del 2021 a salvar a buen recaudo en una biblioteca que guste acrecentarse en lo ins&oacute;lito, en lo sugerente, en lo atemporal, en lecturas de valor y que enganchen, pues resulta una obra divertida al tiempo que contestataria, supone un espejo en el que mirarse de forma reflexiva y, en todo caso, supone un disfrute al recorrer las gestas de caballer&iacute;a de este c&oacute;mico de la legua, que con notable solvencia narrativa y un toque de retranca somarda, ofrece muy buenos ratos a aquellos que quieran asomarse a los lances sin truca de su &ldquo;Gira de la miseria&rdquo;. Al igual que la <em>tourn&eacute;e</em> del bulul&uacute;, como no pod&iacute;a ser de otro modo, el hom&oacute;nimo volumen s&oacute;lo se encuentra en puntos de venta fuera de casi todas las rutas habituales. Por ello, si este t&iacute;tulo fuera de su inter&eacute;s tendr&aacute; que emprender una peque&ntilde;a exploraci&oacute;n para conocer de primera mano las aventuras y tribulaciones de quien se declara &ldquo;un funambulista de lo incierto, un partisano del teatro popular, un vagabundo de las estrellas&rdquo;. Suerte en la b&uacute;squeda y que lo disfruten a pierna suelta.</p>
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<div>Fotograf&iacute;a de Ros Beret realizada por Juan Moro.</div>
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<p class="Cuerpo">Ros Beret, <em>Bulul&uacute;</em>, Zaragoza, Animas del Huerva, 2021.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 26 Oct 2021 12:59:18 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La sociedad literaria presente como materia “nobelable”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-sociedad-literaria-presente-como-materia-nobelable/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/sonia500.jpg" alt="" /></p>
<p>Dado que es bastante veros&iacute;mil que m&aacute;s de un lector -&eacute;l o ella, ella o &eacute;l- de la revista <em>Turia</em> sea investigador predoctoral o personal investigador en formaci&oacute;n en alg&uacute;n departamento universitario de Humanidades m&aacute;s o menos digitales (variantes: Teor&iacute;a de la Literatura, Literatura Comparada, Historia de las Ideas, Filosof&iacute;a Anal&iacute;tica o No, Estudios Culturales, Cr&iacute;tica Literaria, Estudios de G&eacute;nero, y lo que surja), quiero que esta rese&ntilde;a le sea destinada especialmente. Si adem&aacute;s dedica sus esfuerzos investigadores y precarios a la definici&oacute;n y delimitaci&oacute;n del g&eacute;nero &ldquo;novela&rdquo;, que de todo hay en la vi&ntilde;a acad&eacute;mica y virgiliana del Se&ntilde;or, la obra objeto de estas l&iacute;neas ha de pasar a su corpus de estudio de manera inmediata. Sean ellos, pues, quienes se enfanguen en dilucidar la categorizaci&oacute;n de los g&eacute;neros narrativos en general y en postular la inclusi&oacute;n de esta <em>ficci&oacute;n</em> (&ldquo;una ficci&oacute;n que desmonta los resabios de la postmodernidad&rdquo;, se lee como subt&iacute;tulo o aviso para navegantes en la cubierta) en un g&eacute;nero tan inasible como, parad&oacute;jicamente, palpable: la novela.</p>
<p>La indagaci&oacute;n en torno a la adscripci&oacute;n gen&eacute;rica de esta <em>ficci&oacute;n</em> -un t&eacute;rmino tan del gusto de ese Borges que aparece en el t&iacute;tulo- ha de pasar necesariamente por aceptar el diagn&oacute;stico de S&iacute;ndrome de Di&oacute;genes Narrativo para la actividad que lleva a cabo Sonia Dalton en esta su primera novela publicada. Todo parece servir a la escritora argentina que da nombre al colectivo que entrega la obra. Una narraci&oacute;n &ldquo;de acarreo&rdquo; que no renuncia a materiales puramente narrativos (AKA literarios) pero que los trufa con disquisiciones, entrevistas, obra en marcha, rese&ntilde;as ficticias y dem&aacute;s materiales de construcci&oacute;n. Integrado todo ello en una narraci&oacute;n en ocasiones alucinada, en ocasiones lineal y en ocasiones ultracontrolada -en eso Dalton parece ser una y trina-, comienza muy pronto la interconexi&oacute;n de los distintos mundos textuales a trav&eacute;s de pasadizos imprevisibles, comienzan los desdobles de voces narrativas que activan zonas de interpretaci&oacute;n inesperadas, comienza la dislocaci&oacute;n de los espacios, comienza la desintegraci&oacute;n de los modelos temporales, comienza el humor, la s&aacute;tira, el descontrol, la puesta a prueba de la resistencia de materiales t&eacute;cnicos, formales y sem&aacute;nticos que deber&iacute;a ser el objetivo final de toda obra literaria.</p>
<p>Sonia Dalton conoce el oficio de escribir y lo pone al servicio de una trama sustentada en un &uacute;nico pivote: el viaje a Estocolmo para la concesi&oacute;n del premio Nobel de un ficcional C&eacute;sar Aira (el primer argentino en recibirlo, a despecho de Borges et al.). C&eacute;sar Aira es un personaje, un ente de ficci&oacute;n, pero tambi&eacute;n un estado de cosas que vive en nuestros d&iacute;as y que representa pulsiones, deseos, frustraciones, anhelos, desprecios y vivencias que anidan en esos &ldquo;resabios de la postmodernidad&rdquo; de los que nos avisa el subt&iacute;tulo. Que luego este Otro-Aira no reciba el premio Nobel -por motivos no del todo claros- y s&iacute; lo reciba una Ces&aacute;rea Areas, o que Aida Sarce, otro doble del doble, se cuele en la trama a destiempo, son maneras de poner de manifiesto algunas de las actitudes vitales, profesionales, &iacute;ntimas y p&uacute;blicas, de algunos protagonistas de un sistema literario y cultural que desatienden lo fundamental para tenderse a esperar a que pasen los cad&aacute;veres de sus enemigos o los cad&aacute;veres exquisitos o los cad&aacute;veres de sus propias obras.</p>
<p>Las situaciones planteadas por Sonia Dalton son en ocasiones descacharrantes, absurdas, extremadas. Hay escenas de raigambre costumbrista, otras de corte netamente intelectual, desarrollos no concluidos de <em>bildungsroman</em>, relatos con narradores tan poco fiables que no podemos evitar creerlos a pies juntillas, practicas omniscientes declaradamente inveros&iacute;miles de tan puntillosas, cr&iacute;ticas delirantes a un modelo de circulaci&oacute;n social de la literatura que sonrojar&iacute;a al m&aacute;s pintado (y que, de hecho, nos sonroja porque nosotros tambi&eacute;n somos los m&aacute;s pintados). Todo ello con el aroma imposible de obviar de que lo que se nos cuenta, y c&oacute;mo se nos cuenta, procede de un deseo irrefrenable de ofrecer una mirada l&uacute;cida, desde el humor y la comprensi&oacute;n casi fraterna de todas las ambiciones humanas, al mundo literario y acad&eacute;mico.</p>
<p>Y si la parte de la trama dedicada a esta l&iacute;nea que podemos denominar socio-literaria nos resulta gratificante en grado sumo, no lo es tanto porque muestre las verg&uuml;enzas m&aacute;s o menos ya conocidas de todos (nosotros) los que formamos parte de este circo del (brindis al) sol -autores, cr&iacute;ticos, acad&eacute;micos, editores, lectores, premios, etc.), sino porque Sonia Dalton no solo no deja t&iacute;tere con cabeza sino que decapita incluso el estilo, es decir, lo aligera de jerarqu&iacute;as para dejar que fluya la escritura casi autom&aacute;tica, algo descontrolada, llena de fisuras, elevando el lenguaje al pelda&ntilde;o superior. No podr&iacute;a haber sido de otra manera. Si toda esta carga de profundidad cr&iacute;tica y sat&iacute;rica se hubiera presentado en odres viejos, sin poner en tela de juicio, sin problematizar el propio lenguaje que se usa para &ldquo;hacer literatura&rdquo;, habr&iacute;a sido capaz de provocar la carcajada (son los nuestros tiempos proclives a la risa floja), pero no habr&iacute;a llegado, adem&aacute;s, a dejar una huella intelectual, sentimental y humana en los lectores. Aqu&iacute; el estilo se contrae y se expande proponiendo universos alternativos, forzando los l&iacute;mites de los g&eacute;neros, postulando atribuciones, negando informaci&oacute;n, construyendo alternativas que se diluyen inmediatamente despu&eacute;s, ejerciendo una presi&oacute;n narrativa que ning&uacute;n perno consigue sostener. Y dando paso a voces narrativas interrelacionadas de manera difusa, profusa y confusa hasta construir un relato m&uacute;ltiple donde realidad y ficci&oacute;n, hechos y sue&ntilde;os, actos y deseos se desbordan. Voces, recordando el bolero, que se quiebran sobre la tiniebla de la soledad (de los personajes).</p>
<p>El paseo que nos propone <em>Borges en Estocolmo</em> por el Hall of Fame de la literatura y la cultura actuales es hilarante porque, precisamente, no consiente el facilismo y la humorada. Y es necesario porque la escritura que lo sustenta est&aacute; a cada paso asumiendo la posibilidad del desboque y el exceso, de fracasar, de decir de m&aacute;s o de no decir. Que todo esto suceda en Corea del Norte o en Coronel Pringles (Argentina) es lo de menos; que los nombres propios sean reconocibles aporta menos que el hecho de reconocer en estos nombres -podr&iacute;an ser muchos otros, podr&iacute;an ser los nuestros- formas de decir y de actuar en la cuerda floja; que la cr&iacute;tica sea extrema no impide disfrutar de una trama adictiva. Todo esto lo consigue Sonia Dalton. Su proyecto colectivista es un soplo de aire fresco. Seguro que algunos prefieren el aire contaminado. No es mi caso. Este cr&iacute;tico es desde ya &ldquo;daltonista&rdquo;.</p>
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<p>Sonia Dalton,&nbsp; <em>Borges en Estocolmo</em>, Madrid, De Conatus, 2021.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 26 Oct 2021 12:56:06 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA publica un texto inédito de Graham Swift]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-publica-un-texto-inedito-de-graham-swift/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2021/Octubre/Graham500.jpg" alt="" /></p>
<p class="Ttulo1" align="left">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>La revista cultural TURIA publica en su nuevo n&uacute;mero, que se distribuir&aacute; este mes de noviembre en Espa&ntilde;a y otros pa&iacute;ses, un sumario con interesantes textos in&eacute;ditos protagonizados por grandes autores. As&iacute;, TURIA avanza, en primicia en espa&ntilde;ol, la nueva novela del escritor brit&aacute;nico Graham Swift, premio Booker y uno de los principales narradores actuales de habla inglesa. Bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Aqu&iacute; estamos&rdquo;, el autor nos cuenta la historia de un tri&aacute;ngulo amoroso que tiene como protagonistas a tres personajes que actuaban en un teatro de variedades del paseo mar&iacute;timo de Brighton durante los a&ntilde;os cincuenta. Sin duda, la novela brinda un maravilloso relato sobre la magia y el amor durante la posguerra y tambi&eacute;n nos ofrece una narraci&oacute;n que ayuda a comprender m&aacute;s claramente lo ocurrido en la segunda mitad del siglo XX en Inglaterra.</p>
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<p>Tambi&eacute;n TURIA da a conocer tres amplios e interesantes art&iacute;culos en los que invita a conocer mejor la personalidad y la obra de tres autoras muy diferentes pero enormemente atractivas para los buenos lectores: la brasile&ntilde;a Clarice Lispector, la italiana Marisa Madieri y la norteamericana Amanda Gorman. As&iacute;, Clarice Lispector, reconocida como una de las m&aacute;s importantes escritoras contempor&aacute;neas, con su lenguaje po&eacute;tico e innovador y su personalidad enigm&aacute;tica se fragu&oacute; una leyenda que sigue vigente en la actualidad. Por su parte, de Marisa Madieri se ha dicho que es una autora de una obra inclasificable porque sus libros son buenos en todo lo que tocan (viaje, autobiograf&iacute;a, narraci&oacute;n&hellip;)&nbsp; y su escritura es, a la vez, bella, serena y emocionante. Finalmente, Amanda Gorman es la laureada y jovenc&iacute;sima poeta norteamericana cuya intervenci&oacute;n en la ceremonia de toma de posesi&oacute;n del presidente Biden la catapult&oacute; a la fama medi&aacute;tica y dio difusi&oacute;n a una obra de claro compromiso social y pol&iacute;tico.</p>
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<p><strong>GRAHAM SWIFT: NARRAR LA MAGIA DE LA VIDA COTIDIANA</strong></p>
<p>Graham Swift consigue mostrarnos, en su nuevo libro titulado &ldquo;Aqu&iacute; estamos&rdquo;, su extraordinaria capacidad para narrar la magia de la vida cotidiana. No en vano, esta novela corta confirma lo que muchos ya sab&iacute;amos: que Swift es uno de los grandes novelistas brit&aacute;nicos de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Miembro ilustre de ese grupo de autores que aup&oacute; la revista &ldquo;Granta&rdquo; en los a&ntilde;os 80 del siglo XX y en el que tambi&eacute;n figurar&iacute;an Martin Amis, el premio Nobel Kazuo Ishiguro, Salman Rushdie, Julian Barnes y Ian McEwan. &ldquo;Aqu&iacute; estamos&rdquo; ser&aacute; editada por Anagrama en Espa&ntilde;a el pr&oacute;ximo a&ntilde;o.</p>
<p class="dcr-1m34hpq">&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;</strong>Aqu&iacute; estamos&rdquo; retrata a tres personajes que actuaban en un teatro de variedades del paseo mar&iacute;timo de Brighton durante los a&ntilde;os cincuenta: Jack, el maestro de ceremonias, un oportunista que canta, baila y cuenta chistes malos; Ronnie, un mago capaz de hacer toda clase de trucos, y Evie, la encantadora ayudante a la que el mago atraviesa con espadas y parte en dos con un serrucho. <em>Aqu&iacute; estamos</em> es la historia de un tri&aacute;ngulo inusual que no tarda en complicarse cuando Swift se pone a analizar motivos, comportamientos, antecedentes, causas y consecuencias. &iquest;Qu&eacute; pensaba Ronnie cuando a los ocho a&ntilde;os fue enviado fuera de Londres para estar a salvo de los bombardeos alemanes? &iquest;Qu&eacute; fue del anillo de compromiso que Ronnie regal&oacute; a Evie? &iquest;Qui&eacute;n ense&ntilde;&oacute; magia al maestro de Ronnie? &iquest;Qu&eacute; fue de Ronnie y de su maleta llena de trucos? &iquest;Qu&eacute; sent&iacute;a Jack cuando pas&oacute; a ser un personaje famoso de la televisi&oacute;n? Entre lo que ocurri&oacute;, lo que ocurrir&aacute; y lo que pudo haber ocurrido asistimos a setenta a&ntilde;os de la historia de tres personajes a la vez d&eacute;biles y heroicos, grandiosos y mezquinos, entra&ntilde;ables, vulgares e imposibles de olvidar.</p>
<p class="dcr-1m34hpq">&nbsp;</p>
<p>La recepci&oacute;n de la nueva obra de Swift entre la cr&iacute;tica literaria internacional ha sido excelente. As&iacute;, Brooke Allen, en &ldquo;The Wall Street Journal&rdquo;, afirma que la novela &ldquo;es m&aacute;gica: no es un truco, ni una ilusi&oacute;n, sino un fogonazo de verdad&rdquo;. Nikhil Krishnan, en &ldquo;The Daily Telegraph&rdquo; asegura que se trata de &ldquo;un relato maravilloso sobre la magia y el amor durante la posguera. Una delicia&rdquo;. Mientras que, en &ldquo;L&rsquo;Express&rdquo;,&nbsp; Marianne Payot nos dir&aacute; que este libro es &ldquo;una de esas novelas de una belleza atemporal, gracias al arte de Graham Swift, que no tiene parang&oacute;n a la hora de evocar la atm&oacute;sfera de una &eacute;poca mientras explora la psicolog&iacute;a humana con iron&iacute;a y ternura&rdquo;. Por &uacute;ltimo, Barney Norris, en &ldquo;The Guardian&rdquo;, lo tiene claro, &ldquo;Aqu&iacute; estamos&rdquo; es la obra de un novelista en un estado de forma fulgurante&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Graham Swift (Londres, 1949) Es autor de once novelas, traducidas a m&aacute;s de treinta idiomas, de las que la editorial Anagrama ha publicado en Espa&ntilde;a: El pa&iacute;s del agua (galardonada con los premios Guardian y Royal Society of Literature), Fuera de este mun&shy;do, Desde aquel d&iacute;a, &Uacute;ltimos tragos (ganadora de los premios Booker y James Tait Black), La luz del d&iacute;a, Ma&ntilde;ana y El Domingo de las Madres. Swift se licenci&oacute; en Literatura Inglesa en el Dulwich College, con un master en el Queen&acute;s College de Cambridge y un doctorado en la Universidad de York, que no concluy&oacute; por dedicarse a la escritura. Fue profesor durante alg&uacute;n tiempo en Grecia, y en varios colegios ingleses. Algunas de sus obras han sido llevadas al cine, como &ldquo;&Uacute;ltimos tragos&rdquo;, que fue estrenada en 2001 y protagonizada por Michael Caine y Bob Hoskins. Este a&ntilde;o 2021 se ha estrenado &ldquo;El domingo de las madres&rdquo;, dirigida por Eva Husson, con Odessa Young, Josh O'Connor, Olivia Colman y Colin Firth en los principales papeles.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>LA SEDUCCI&Oacute;N DE LEER A CLARICE LISPECTOR</strong></p>
<p>La secci&oacute;n que TURIA dedica a los estudios literarios se abre con una aproximaci&oacute;n a la obra de Clarice Lispector (Chelchelnik, Ucrania, 1920 &ndash; R&iacute;o de Janeiro, 1977), una de las escritoras m&aacute;s singulares, originales e influyentes de la literatura latinoamericana siglo XX.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;TURIA fue una de las revistas pioneras en su estudio y divulgaci&oacute;n en Espa&ntilde;a, como demuestra el monogr&aacute;fico que le dedicamos en 2001, en el n.&ordm; 58. Nadie mejor que el poeta y profesor Diego Valverde Villena, Licenciado en Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica, Inglesa y Alemana, que ha sido director del Instituto Cervantes en Frankfurt y que conoce bien su obra, para invitarnos a conocer mejor a una autora que no s&oacute;lo renov&oacute; la literatura brasile&ntilde;a sino que su obra sigue siendo muy le&iacute;da y ejerciendo influencia en nuevas generaciones de autores y lectores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como se ha escrito, Clarice Lispector es una creadora inagotable, sus novelas, sus relatos, sus textos period&iacute;sticos nos siguen fascin&aacute;ndonos. Quiz&aacute; nos atrae el que renunciara las ataduras gen&eacute;ricas, que provocara a los lectores, que inventara un lenguaje propio, que nos mostrara el artificio de la escritura. Sin duda, construy&oacute; una narrativa intensa basada en historias m&iacute;nimas, donde las sensaciones y los afectos son protagonistas. Expres&oacute; y mantuvo a lo largo de su obra preocupaciones universales: su pasi&oacute;n pro la vida, y al mismo tiempo, por la inminencia de la muerte, por la soledad, la angustia, la maternidad, la infancia, el amor o lo femenino. Por eso y por otra muchas m&aacute;s cosas los lectores siguen sumergi&eacute;ndose en las obras de Clarice Lispector, una autora que siempre quiso &ldquo;descifrarse, descifrar el mundo, descifrar la vida&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>MARISA MADIERI, UNA AUTORA ITALIANA QUE MERECE SER REDESCUBIERTA</strong></p>
<p>El segundo art&iacute;culo est&aacute; dedicado a aproximar al lector a las claves de Marisa Madieri (Fiume, 1938 &ndash; Trieste, 1996). Quien fuera esposa de Claudio Magris, es una de las escritoras italianas imprescindibles en cualquier balance de las letras contempor&aacute;neas de ese pa&iacute;s. Sin embargo, s&oacute;lo public&oacute; en vida dos obras, el relato autobiogr&aacute;fico <em>Verde agua </em>y la f&aacute;bula <em>El claro del bosque</em>. P&oacute;stumamente se public&oacute; un volumen de relatos breves. Si <em>Verde agua </em>era un diario con brotes de memoria que pod&iacute;a ser le&iacute;do como libro de historia y geograf&iacute;a, <em>El claro del bosque</em>&nbsp;es a un tiempo la f&aacute;bula que es y una biograf&iacute;a, un ensayo, un tratado de bot&aacute;nica y un relato de formaci&oacute;n. En definitiva, una de las virtudes de la obra de Marisa Madieri es que sus pocos libros son, a la vez, muchos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El profesor Pedro Luis Ladr&oacute;n de Guevara, uno de los mayores estudiosos de su obra en Espa&ntilde;a y que le ha dedicado a Madieri una extraordinaria monograf&iacute;a en italiano, asegura en TURIA: &ldquo;Marisa siempre fue consciente de la importancia de las palabras, pero tambi&eacute;n de los silencios. De ah&iacute; que haya que leer con atenci&oacute;n el texto pero tambi&eacute;n aquello que calla, situaciones a las que se alude a veces imperceptiblemente&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se subraya tambi&eacute;n en TURIA el papel que el tiempo tiene como elemento principal en la obra de Marisa Madieri. No en vano, la propia autora escribi&oacute;: &ldquo;Si en la infancia se vive solo en el presente, en la juventud afanosamente proyectados en la construcci&oacute;n del futuro, en la madurez se establece con el tiempo una relaci&oacute;n m&aacute;s distendida, familiar y serena. Se vive conscientemente en el hoy, se espera sin prisa el futuro y se mira atr&aacute;s con gusto, para integrar el pasado en la propia vida&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>AMANDA GORMAN, &iquest;NUEVA ESTRELLA DE LA LITERATURA NORTEAMERICANA?</strong></p>
<p>Amanda Gorman, de 23 a&ntilde;os, se ha hecho mundialmente famosa despu&eacute;s de leer su poema &ldquo;La colina que ascendemos&rdquo; en la toma de posesi&oacute;n del presidente norteamericano Joe Biden. M&aacute;s tarde tambi&eacute;n intervino en el intermedio de la Super Bowl, el evento deportivo por excelencia de los USA, convirti&eacute;ndose en la primera poeta que participa en el espect&aacute;culo de audiencias millonarias que se desarrolla durante el descanso de la final de f&uacute;tbol americano. Antes, en 2017, ya hab&iacute;a obtenido el premio Joven Poeta Nacional.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Amanda Gorman es una afroamericana criada por una madre soltera en un modesto barrio multicultural de Los &Aacute;ngeles. Defensora del medio ambiente, la igualdad racial y la justicia de g&eacute;nero, Gorman se ha convertido en la voz de los olvidados. &laquo;Con sus palabras vigorosas y conmovedoras &mdash;como afirma Michelle Obama&mdash;, nos recuerda el poder que cada uno de nosotros tiene para defender nuestra democracia. &iexcl;Sigue brillando, Amanda!&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre febrero y junio de 2019 estudi&oacute; castellano y literatura espa&ntilde;ola en el Institute for the International Education of Students Abroad de Madrid, donde mostr&oacute; su inter&eacute;s por Federico Garc&iacute;a Lorca y public&oacute; versos en nuestro idioma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los tres autores del art&iacute;culo sobre Amanda Gorman que publica TURIA (Marina Patr&oacute;n, &Aacute;lvaro L&oacute;pez y Ra&uacute;l E. Asencio), y que la conocieron durante su estancia en Espa&ntilde;a, tienen clara su opini&oacute;n sobre este nuevo fen&oacute;meno medi&aacute;tico de las letras norteamericanas: &ldquo;Hoy podemos decir que la autora se encuentra en una afortunada, pero siempre desconcertante para la cr&iacute;tica cultural, encrucijada. No es necesario que se convierta en nada, aunque quiz&aacute;s, en este tiempo de especializaciones y de pocas m&aacute;scaras, deba elegir. Elegir ser una intelectual comprometida y militante pol&iacute;tica que, de paso, escribe y usa su poes&iacute;a como artefacto discursivo institucional, o elegir ser una escritora, con inequ&iacute;vocas ambiciones expresivas y versatilidad de estilo, que tambi&eacute;n hace activismo. Como sea, en ambos casos, convendr&aacute; leerla, en ambos casos agitar&aacute; la discusi&oacute;n cultural, en los dos idiomas, y en ambos casos no se tratar&aacute; solo de literatura&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>TURIA, que cuenta ya con treinta y ocho a&ntilde;os de trayectoria, ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. Tiene periodicidad cuatrimestral en papel y adem&aacute;s dispone tambi&eacute;n una versi&oacute;n digital (web y Facebook) muy apreciada por los lectores. Est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel y cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21" align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21" style="text-align: left;" align="center"><strong>UN IN&Eacute;DITO DE&nbsp; GRAHAM SWIFT</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">La revista TURIA difunde un avance del nuevo libro de Graham Swift, &ldquo;Aqu&iacute; estamos&rdquo;, que ser&aacute; publicado por la editorial Anagrama el pr&oacute;ximo a&ntilde;o. De ese material in&eacute;dito, adelantamos hoy el siguiente fragmento:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Jack esper&oacute; entre bastidores. Sab&iacute;a retrasar su aparici&oacute;n la cantidad exacta de segundos. Estaba tranquilo. Ten&iacute;a veintiocho a&ntilde;os, pero con doce de experiencia esc&eacute;nica, sin contar el a&ntilde;o y medio que hab&iacute;a estado en el ej&eacute;rcito, era todo un veterano. Los tempos se llevaban en la sangre, si pensabas en ello te liabas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Se toquete&oacute; la pajarita, se llev&oacute; la mano a la boca y carraspe&oacute; educadamente, como si estuviera a punto de entrar en una habitaci&oacute;n cualquiera. Se alis&oacute; el pelo. Con las luces de la sala amortiguadas o&iacute;a el creciente murmullo, como si algo empezara a hervir.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; No ocurr&iacute;a con frecuencia, pero en aquel momento ocurri&oacute;. La s&uacute;bita contracci&oacute;n del est&oacute;mago, el p&aacute;nico, el v&eacute;rtigo, las n&aacute;useas. No ten&iacute;a que hacer aquello: transformarse en otro. Planteaba la petrificante pregunta de qui&eacute;n era &eacute;l, de entrada, y la respuesta era sencilla. No era nadie. Nadie.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &iquest;Y d&oacute;nde estaba? No estaba en ninguna parte. Estaba en una fr&aacute;gil plataforma construida sobre las inquietas aguas del mar. Normalmente no pensaba en ello. En aquel momento incluso sus piernas habr&iacute;an podido transformarse en in&uacute;tiles puntales de hierro oxidado, fijados en la arena. Por encima de todo estaba el temor a que vieran aquello, a que supieran que sufr&iacute;a de aquel modo.</p>
<p>&nbsp; Nadie lo sabr&iacute;a nunca. Nadie en cincuenta a&ntilde;os.</p>
<p>&nbsp; Comprob&oacute; la cremallera del pantal&oacute;n por cuarta o quinta vez, limit&aacute;ndose ya a rozar el aire.</p>
<p>&nbsp; Necesitaba que alguien lo lanzara, que le dieran el brusco empuj&oacute;n por la espalda. Solo una persona hab&iacute;a sabido hacerlo: su madre. Aquello tampoco lo sabr&iacute;a nunca nadie. Todas las noches, todas las veces, all&iacute; estaba su empuj&oacute;n invisible. &Eacute;l apenas lo notaba y apenas pensaba en darle las gracias.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &iquest;D&oacute;nde estaba aquella noche? Por lo que &eacute;l sab&iacute;a, estaba con un hombre llamado Carter, ella lo llamaba su segundo marido, un tipo que ten&iacute;a un garaje en Croydon. Que le aprovechara. En cualquier caso, aquello no le hab&iacute;a impedido darle el invisible empuj&oacute;n en la espalda todos aquellos a&ntilde;os. A veces incluso imaginaba, nuevamente invisible entre los asientos, en la oscuridad, su mirada vigilante y aprobadora.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Ese es mi Jack, ese es mi brillante muchacho.&rdquo;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 26 Oct 2021 12:47:24 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En el ring de la vida]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/en-el-ing-de-la-vida/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/conde500.jpg" alt="" /></p>
<p>Tradicionalmente, la poes&iacute;a dedicada al deporte suele consistir en himnos de gloria a los atletas. As&iacute; ocurre desde las <em>Odas triunfales</em> de P&iacute;ndaro, del siglo V antes de Cristo, llenas de apoteosis mitol&oacute;gica, hasta los Vanguardismos de hace cien a&ntilde;os, con su exaltaci&oacute;n del juego, la velocidad y el m&uacute;sculo. Ejemplo de esto &uacute;ltimo es la famosa <em>Oda a Platko</em>, de Rafael Alberti, donde un portero de f&uacute;tbol se eleva a la altura de un h&eacute;roe de Cantar de Gesta.</p>
<p>Aunque no ocurre as&iacute; en <em>Cuenta atr&aacute;s</em>, el &uacute;ltimo poemario de Jos&eacute; Antonio Conde. La materia es el deporte, s&iacute;, concretamente la figura de un boxeador negro norteamericano de mediados del siglo pasado, Sonny Liston, que lleg&oacute; a campe&oacute;n mundial de los pesos pesados en 1962, t&iacute;tulo que perdi&oacute; en 1964 en los pu&ntilde;os de Cassius Clay. Pero, aparte de que el protagonista del libro sea un deportista, nada hay de semejante en <em>Cuenta atr&aacute;s</em> con el tono habitual de celebraci&oacute;n y alegr&iacute;a que suele tener la poes&iacute;a del deporte, sea la de Alberti o sea la de P&iacute;ndaro. En primer lugar, el libro no glorifica las victorias de Sonny, sino que hace algo mucho m&aacute;s profundo e interesante, como es presentarnos los sentimientos del protagonista, el fondo de sus pensamientos y emociones, y su evoluci&oacute;n a lo largo de su vida, en una especie de biograf&iacute;a l&iacute;rica. Y en segundo lugar, el tono, lejos de la exaltaci&oacute;n, es sombr&iacute;o y &aacute;spero, como corresponde a la dur&iacute;sima vida que Sonny Liston llev&oacute;, nacido en el seno de una familia conflictiva, analfabeto, subordinado a la Mafia, relacionado con las drogas y muerto oficialmente de sobredosis, aunque hay quien opina, como el mismo Jos&eacute; Antonio Conde, que fue asesinado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Siendo todo poes&iacute;a, <em>Cuenta atr&aacute;s</em> alterna prosa y verso, de forma rigurosa. Las prosas suelen adoptar un tono m&aacute;s descriptivo, como de cr&oacute;nica, a trav&eacute;s de la cual podemos seguir la biograf&iacute;a de Liston, centrada en los momentos cruciales de su vida y de su carrera box&iacute;stica. Pero esto no quiere decir que se trate de una prosa plana o meramente funcional; por el contrario, ofrece grandes dosis de im&aacute;genes y met&aacute;foras sugerentes. Por ejemplo, ya desde el principio, nos presenta el nacimiento de Sonny en &ldquo;un hogar confuso en la pobreza, que advierte el l&aacute;tigo y sus pliegues, la mansedumbre y la ira en las grandes plantaciones de algod&oacute;n de Arkansas&rdquo; (p. 21). En lugar de una larga descripci&oacute;n de la miseria y el maltrato, se concentra en im&aacute;genes breves y desoladas, como &ldquo;el l&aacute;tigo y sus pliegues&rdquo;, algo mucho m&aacute;s evocador y mucho m&aacute;s efectivo. Si la poes&iacute;a consiste en decir lo m&aacute;ximo con el m&iacute;nimo de palabras, esta es una buena demostraci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los versos resultan m&aacute;s cargados de lirismo, menos cerca de la cr&oacute;nica y m&aacute;s directamente conmovedores, donde la met&aacute;fora act&uacute;a acentuando la dureza y la amargura de lo que podr&iacute;amos llamar la &ldquo;educaci&oacute;n sentimental&rdquo; de Sonny Liston: &ldquo;El miedo tiene sus matices, / es anat&oacute;mico y goyesco. / Se expresa piramidal /cuando Sonny combina los colores; / el azul en las costillas, / un blanco casi transparente / en la mirada, / y un gris plomizo en el ment&oacute;n&rdquo; (p. 32).</p>
<p>Para observar la diferencia entre las prosas y los versos, podemos comparar dos poemas sucesivos, referidos al combate que Sonny sostuvo el dos de setiembre de 1953:</p>
<p>La prosa: &ldquo;En el cincuenta y tres, a&ntilde;o en que se modifica la Convenci&oacute;n sobre la Esclavitud en la Sede de las Naciones Unidas, Sonny Liston debuta como boxeador profesional; su rival, un p&uacute;gil decr&eacute;pito y cansado de insomnios llamado Don Smith. En treinta y tres segundos lo arroja a la lona&rdquo; (p. 25).</p>
<p>El verso: &ldquo;Lo suyo es el <em>crochet</em>, / una hostia sin preguntar, / ese p&aacute;rpado que blasfema, / que intuye el v&eacute;rtigo / cuando un violento tragaluz / extiende su cristaler&iacute;a&rdquo; (p. 26).</p>
<p>Si en prosa hallamos una cr&oacute;nica casi de estilo period&iacute;stico, aunque no olvida la imagen sugeridora &ldquo;cansado de insomnios&rdquo;, es en el verso donde reina la met&aacute;fora que conduce directamente a la emoci&oacute;n. De esta manera, se dosifica perfectamente el lenguaje para unos momentos y otros: para la referencia documental y para la emoci&oacute;n l&iacute;rica. Este libro viene adem&aacute;s despu&eacute;s de muchos otros en los que Jos&eacute; Antonio Conde ha ido depurando la dicci&oacute;n, en busca de la palabra exacta, de la expresi&oacute;n concentrada que alcanza en un m&iacute;nimo ling&uuml;&iacute;stico un m&aacute;ximo de significaci&oacute;n, lo que, aplicado a un libro como <em>Cuenta atr&aacute;s</em>, hace, no que veamos, sino que vivamos desde dentro la vida desgraciada de Sonny Liston.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Cuenta atr&aacute;s</em>: es lo que un &aacute;rbitro&nbsp; de boxeo hace cuando un p&uacute;gil cae al ring antes de determinar el KO. Pero tambi&eacute;n es lo que la vida hizo con Sonny Liston, ni&ntilde;o maltratado, mat&oacute;n de la Mafia, adicto al alcohol y las drogas y muerto prematuramente antes de los cuarenta a&ntilde;os. Sonny cay&oacute; a la lona&nbsp; de la vida nada m&aacute;s nacer y, a trav&eacute;s de los poemas, con las referencias de los a&ntilde;os, podemos seguir en el libro de Jos&eacute; Antonio Conde esa &ldquo;cuenta atr&aacute;s&rdquo;:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 10.- Nace Sonny Liston en Sand Slough, Arkansas, en la m&aacute;s extrema pobreza (1932).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 9.- Su madre se marcha a St. Louis, Missouri. Sonny se queda abandonado a un padre alcoh&oacute;lico y brutal (1946).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 8.- Tras salir de la c&aacute;rcel en libertad condicional, Sonny debuta como boxeador profesional (1953).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 7.- Sonny se relaciona con la Mafia. Problemas con el alcohol y las drogas. Acosado por la polic&iacute;a (1956).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 6.- Sonny vence a Julio Mederos por KO t&eacute;cnico (1958).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 5.- Sonny arrebata a Floyd Patterson el t&iacute;tulo mundial de los pesados (1962).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 4.- Sonny revalida el t&iacute;tulo frente a Floyd Patterson (1963).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 3.- Sonny pierde el t&iacute;tulo mundial ante Cassius Clay (1964).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 2.- &Uacute;ltimo combate de Sonny, frente a Chuck Wepner (1970).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 1.- Sonny muere por sobredosis (versi&oacute;n oficial), tal vez asesinado (1970).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 0.- Es el epitafio: &ldquo;Charles Sonny Liston (1932-1970)</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un hombre&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Este es, textualmente, el epitafio, que Jos&eacute; Antonio Conde, con buen oficio po&eacute;tico, dej&aacute;ndolo tal cual, lo convierte en verso, integr&aacute;ndolo en un poema: &ldquo;Inh&oacute;spita / y oculta entre la maleza, / una l&aacute;pida atraviesa la memoria&rdquo; (p. 55).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sonny Liston est&aacute; considerado uno de los diez mejores pesos pesados de la historia. P&iacute;ndaro habr&iacute;a escrito varias odas triunfales. Alberti habr&iacute;a celebrado su combate contra Floyd Patterson. Jos&eacute; Antonio Conde ha preferido hacer poes&iacute;a con su vida, una poes&iacute;a dura y descarnada, &aacute;spera y cruel, donde la met&aacute;fora sirve para castigarnos el h&iacute;gado. Si es cierto que la materia de <em>Cuenta atr&aacute;s </em>es el deporte, propiamente el libro no tiene tema deportivo: su tema es la destrucci&oacute;n de un hombre. Estamos ante un libro de cr&iacute;tica social, de denuncia de la sociedad capitalista, de c&oacute;mo una persona es convertida en mercanc&iacute;a, c&oacute;mo un muchacho pobre y marginado es utilizado sin escr&uacute;pulos por la industria del espect&aacute;culo, para deshacerse de &eacute;l cuando ya se ha convertido en una piltrafa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al hilo de <em>Cuenta atr&aacute;s, </em>podemos recordar casos que han ocurrido en el mismo boxeo en Espa&ntilde;a: Urtain, que acab&oacute; arruinado, suicid&aacute;ndose al tirarse por un balc&oacute;n. Perico Fern&aacute;ndez, tan querido en Arag&oacute;n, hecho al final un gui&ntilde;apo y muerto en un centro siqui&aacute;trico. Poli D&iacute;az, el &ldquo;Potro de Vallecas&rdquo;, que a&uacute;n vive, o m&aacute;s bien malvive, luchando contra la droga y la marginalidad a la que se vio abocado. Son ejemplos nuestros de lo mismo: de c&oacute;mo esta sociedad implacable con los de abajo devora y destruye a esos tr&aacute;gicos mu&ntilde;ecos que ella misma ha producido. <em>Cuenta atr&aacute;s</em>: un libro muy recomendable para leer, releer y meditar profundamente su mensaje.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="right">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jos&eacute; Antonio Conde, <em>Cuenta atr&aacute;s</em>, Zaragoza, Los libros del Gato Negro, 2020.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 21 Oct 2021 11:32:58 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Palabras para la resistencia: la poesía "débil" de Jordi Virallonga]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/palabras-para-la-resistencia-la-poesia-debil-de-jordi-virallonga-moises-galindo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/JORDI_VIRALLONGA.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Siempre he sentido debilidad por los buenos libros de entrevistas. La sensaci&oacute;n de cercan&iacute;a -como lector infiltrado en el marco donde acontece la conversaci&oacute;n-, de viveza -como una especie de tiempo diferido que puedes volver a experimentar- y, sobretodo, el privilegio que supone estar al otro lado de una conversaci&oacute;n que espolea la curiosidad invit&aacute;ndote a examinar las propias&nbsp; ideas. As&iacute;, por ejemplo, en el caso de <em>La fascinaci&oacute;n</em> <em>de las palabras</em> (Cort&aacute;zar), <em>Di&aacute;logos</em> (Borges), <em>Un largo s&aacute;bado</em> (George Steiner), o las <em>Conversaciones</em> de Cioran o Jaime Gil de Biedma; y, ahora tambi&eacute;n, de <em>Palabras para la resistencia</em> de Jordi Virallonga y la necesaria complicidad de Jos&eacute; Antonio Jim&eacute;nez.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Autor de una s&oacute;lida y reconocida obra po&eacute;tica -adem&aacute;s de traductor, ant&oacute;logo o ensayista- Virallonga ha ejercido la docencia durante d&eacute;cadas y presidido el Aula de Poes&iacute;a de Barcelona hasta su disoluci&oacute;n. Toda una vida, pues, dedicada a la poes&iacute;a, la ense&ntilde;anza y la dinamizaci&oacute;n cultural. <em>Palabras para la resistencia</em> <em>(Sobre poes&iacute;a y otras trincheras)</em> indaga y ahonda l&uacute;cidamente en esos grandes ejes -fundamentalmente en los dos primeros- desde la convicci&oacute;n que solo una cierta &eacute;tica de la resistencia nos puede ayudar a combatir las peligrosas din&aacute;micas del presente -ideol&oacute;gicas, sociales, culturales- que intentan asfixiar la libertad y dignidad del individuo. Una actitud cr&iacute;tica que podemos percibir en muchos de los temas que aborda esta conversaci&oacute;n en forma de entrevista convenientemente transcrita, amplificada y montada: la felicidad, la funci&oacute;n de la poes&iacute;a, los cl&aacute;sicos grecolatinos, el Antiguo Testamento, la construcci&oacute;n de una identidad, la soledad, el modelo educativo, la educaci&oacute;n sentimental, el poeta en la sociedad, la reivindicaci&oacute;n del Romanticismo, etc. Desde la solvencia intelectual, independencia art&iacute;stica y su propia experiencia humana, Jordi Virallonga nos habla sobre aquellas cuestiones que han sido -y contin&uacute;an siendo- fundamentales en su existencia.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Lo que empez&oacute; siendo una charla entre amigos que ayudara a Jos&eacute; Antonio Jim&eacute;nez a elaborar un pr&oacute;logo para la poes&iacute;a reunida de Jordi Virallonga ha dado como resultado un libro que, si bien lo <em>libera</em> moment&aacute;neamente de sistematizar en forma de ensayo -como era su voluntad- lo escrito y pensado en relaci&oacute;n a la poes&iacute;a, le permite al mismo tiempo dejar constancia -como suscribe en su pr&oacute;logo- &ldquo;de todo aquello que la poes&iacute;a me hab&iacute;a ense&ntilde;ado&rdquo;. Es imposible sintetizar y despachar en unas pocas l&iacute;neas todo el caudal de referencias literarias vinculadas a la propia obra, todo aquello que ata&ntilde;e a una determinada <em>educaci&oacute;n sentimental</em> que con el paso del tiempo ha tenido que <em>deconstruir</em> y reinventar, toda la carga cr&iacute;tica hacia determinados modelos educativos y culturales que fracturan, constri&ntilde;en y deval&uacute;an nuestro presente. As&iacute; que escoger&eacute; algunos temas que me han parecido sustanciales, recurrentes o, simplemente, particularmente sugerentes en relaci&oacute;n al mundo de la poes&iacute;a y al &aacute;mbito del poema.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Para empezar, su t&iacute;tulo: <em>Palabras para la resistencia (Sobre poes&iacute;a y otras trincheras)</em>, con ecos de cierta literatura <em>engag&eacute;e</em> aunque, finalmente, el verdadero compromiso de Virallonga sea escribir buenos poemas como todos sabemos. Pero tambi&eacute;n con la habilidad de generar asociaciones y v&iacute;nculos que&nbsp; hacen pensar en la famosa cita de Tristan Tzara, &ldquo;la resistencia se organiza en todas las frentes puras<em>&rdquo;</em>, o en aquellas subversivas palabras de Andr&eacute; Bret&oacute;n que Jos&eacute; Mar&iacute;a &Aacute;lvarez utiliza para cerrar su Po&eacute;tica: &ldquo;Aqu&iacute; y en todas partes hay que acorralar a la bestia loca del uso&rdquo;. Creo que a lo largo de este fruct&iacute;fero di&aacute;logo lo que hay en juego en estas expresiones se muestra como un ritornelo significante en numerosas ocasiones. He aqu&iacute; una muestra donde aparecen las dos imbricadas: &ldquo;En esta sociedad los poetas estamos del lado de la resistencia, mientras sigamos no nos tendr&aacute;n a todos (&hellip;). Me interesa m&aacute;s abrir el campo ampliando la duda para derrumbar mitos con los que los testaferros de los muertos rigen la vida de los vivos.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; La poes&iacute;a como veh&iacute;culo de una cierta &ldquo;&eacute;pica de la resistencia&rdquo; -la expresi&oacute;n es de&nbsp; Jos&eacute; Antonio Jim&eacute;nez- cuya funci&oacute;n consistir&iacute;a en inocular por la v&iacute;a de un lenguaje po&eacute;tico renovado todas las defensas posibles contra la tiran&iacute;a de la verdad, la injusticia o las miserias de la vida. En este sentido la poes&iacute;a de Jordi Virallonga destila un cierto componente did&aacute;ctico -que dir&iacute;a Eliot- o moral, como &eacute;l mismo reconoce - &ldquo;Mi poes&iacute;a es moral pero no moralista (...). Mi vida y mi poes&iacute;a son diferentes, pero mi objetivo como poeta y mi objetivo de vida es el mismo&rdquo;- y queda patente en <em>El perfil de los</em> <em>pac&iacute;ficos</em> (1992) o <em>Cr&oacute;nicas de usura </em>(1997).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En <em>Palabras para la resistencia</em> se alude a una poes&iacute;a m&aacute;s del <em>estar</em> que del <em>ser</em> -aunque sean indisociables- que se refleja, no solamente en la propia vinculaci&oacute;n con la historia que la generaci&oacute;n del 50 espole&oacute;, sino en la asunci&oacute;n de una contemporaneidad caracterizada por la complejidad, la disgregaci&oacute;n y la cr&iacute;tica de lo trascendental -la pureza, lo aut&eacute;ntico, lo &uacute;nico. Si estilo y car&aacute;cter suelen solaparse, la escritura de Virallonga es contundente, entusiasta, rebelde en ese duelo sostenido para que no le den gato por liebre ni coarten su libertad. Su muesca en el <em>rev&oacute;lver</em> del verso ser&iacute;a la de un l&uacute;cido ajuste de cuentas individual y colectivo mediante unos poemas muy trabajados -puede tardar a&ntilde;os hasta dar con las palabras precisas que completan con &eacute;xito un poema- donde la forma de exposici&oacute;n -un tono conversacional, narrativamente fluido-&nbsp; el tratamiento del lenguaje -el de la cotidianidad en sus diferentes registros po&eacute;ticamente reelaborados-, los diferentes personajes -basados en estereotipos f&aacute;cilmente reconocibles que el autor ironiza o parodia con extraordinaria verosimilitud-, o el punto de vista desde el cual la acci&oacute;n se desarrolla -pueden convivir uno o varios en un mismo poema dot&aacute;ndolo de una indudable modernidad, -, son esenciales para crear &ldquo;un artefacto que el lector identifique, o a&uacute;n mejor, que funcione en su &iacute;ntima experiencia de un modo veros&iacute;mil, por si &eacute;l lo convierte en algo real que afecte a su propia vida&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; En <em>Palabras para la resistencia</em>, adem&aacute;s, sucede algo poco frecuente -o por lo menos as&iacute; me lo parece- en relaci&oacute;n a la propia obra. Y es que nos habla de toda una serie de mecanismos fundamentales en la elaboraci&oacute;n del poema que, normalmente, aparecen eclipsados por la biograf&iacute;a, la interpretaci&oacute;n o el contexto. Me refiero a eso que podr&iacute;amos llamar la <em>cocina </em>o el <em>taller literario</em> de donde extrae los procedimientos para armar su <em>artefacto</em>. Por ejemplo, refiri&eacute;ndose a <em>El perfil</em> <em>de los pac&iacute;ficos</em> comenta lo siguiente: &ldquo;Prest&eacute; atenci&oacute;n a que cada uno de los poemas funcionara en la totalidad del libro, a cualquier desacierto en la ordenaci&oacute;n de los poemas, en los cambios de tono, en la selecci&oacute;n de las palabras, en la ponderaci&oacute;n, en la relevancia de los personajes, el ajuste de los espacios y los tempos&rdquo;. Un <em>exceso</em> de celo que le lleva a intentar ajustar al mil&iacute;metro su idea de poema con el resultado final, y que no siempre coincide con las soluciones aparentemente m&aacute;s l&oacute;gicas o deslumbrantes que pueden alterar la acci&oacute;n de conjunto: &ldquo;Los grabo, los escucho, los digo en voz alta, los corrijo de nuevo y cuando empiezo a componer un libro, est&eacute; donde est&eacute; voy&rdquo; <em>d&aacute;ndole vueltas y vueltas</em>. Como se reitera a lo largo del libro, la poes&iacute;a no se escribe con emociones sino <em>con palabras y con oficio</em>, pero tambi&eacute;n con un misterioso y sofisticado <em>instinto musical</em> que recorre el poema y lo imanta: &ldquo;Trabajo mucho con rimas internas porque producen una armon&iacute;a que modifica la tonalidad y levanta o rebaja la potencia del verso. A veces no hace falta ni que rime, es el mismo ritmo, el juego de tonos o alejarse conscientemente de cualquier posibilidad de rima con lo anterior&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero para poder &ldquo;dar un sentido m&aacute;s puro a las palabras de la tribu&rdquo; Virallonga, previamente, ha tenido que hacer una intensa y, a veces, dram&aacute;tica revisi&oacute;n de su naturaleza -como dir&iacute;an los cl&aacute;sicos- para crearse una nueva identidad que no repitiera los inveterados patrones adquiridos, un complejo personaje -de eso se trata precisamente cuando el mundo, finalmente, se ha convertido en <em>f&aacute;bula</em>- con el que se siente c&oacute;modo para ir por el mundo y vivir con dignidad. Es en ese mismo sentido que habr&iacute;a que entender su apuesta por asumir la tradici&oacute;n literaria y renovarla, pues solo a trav&eacute;s de este doble movimiento es posible que el lenguaje d&eacute; la sensaci&oacute;n de estar anclado a un presente vivo: &ldquo;Yo quisiera poner mi grano de arena para liberar al lenguaje del h&aacute;bito del lugar com&uacute;n para acercarlo a nuestro tiempo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Acabar&eacute; este somero recorrido por<em> Palabras para la resistencia</em> citando un par de expresiones del libro que me parecen especialmente relevantes. T&eacute;rminos como <em>derrota</em> o <em>d&eacute;biles</em> que, en esta entrevista y por razones obvias, van en sentido contrario al com&uacute;n denominador de la sociedad y el pensamiento que nos gobierna creando a su alrededor como un peque&ntilde;o ecosistema de ideas y valores de los que se nutre una parte significativa de la personalidad y obra de su autor. No s&eacute; si la poes&iacute;a es &ldquo;la historia de los seres sin historia&rdquo; -creo que Virallonga es un atento lector de Gianni Vattimo, y Jos&eacute; Antonio Jim&eacute;nez lo cita de forma indirecta a trav&eacute;s del fil&oacute;sofo Joan Garc&iacute;a del Muro -, pero lo que s&iacute; creo es que &ldquo;lo que dura lo fundan los poetas&rdquo;<em> </em>-H&ouml;lderlin-, que la poes&iacute;a<em> &ldquo;</em>es la m&aacute;s honda penetraci&oacute;n en el ser de que es capaz el hombre&rdquo; -Julio Cort&aacute;zar v&iacute;a Keats-, y que est&aacute; en el bando opuesto a los que detentan el poder, pues su verdadero envite es <em>debilitar</em> permanentemente todas aquellas estructuras de imposiciones y violencias que nos oprimen. Porque Virallonga est&aacute; &ldquo;con los que pierden, aunque muchos de los que pierden est&aacute;n con los que ganan&rdquo;; porque valora sobremanera la dignidad del derrotado -&rdquo;la derrota tiene una dignidad que la ruidosa victoria no merece&rdquo;, que dir&iacute;a Borges- en su af&aacute;n por no capitular en la defensa de la libertad -pero tambi&eacute;n de la responsabilidad-;<em> </em>porque concibe la poes&iacute;a como un instrumento &uacute;til para vencer la soledad y examinar nuestro pensamiento; por todo ello y lo esgrimido con anterioridad, les invito -&rdquo;no hay nada mejor que una conversaci&oacute;n sobre la vida y un buen vino entre amigos&rdquo;, asegura su autor- a que reserven sin demora una lectura que degustar&aacute;n de principio a fin con la impresi&oacute;n de que han estado acompa&ntilde;ados por dos amigos que aman apasionadamente la poes&iacute;a; que han le&iacute;do, pensado, hablado y escrito con lucidez sobre ella; y que, como me ha sucedido a m&iacute;, les har&aacute; mucho m&aacute;s soportable esta maravillosa y terrible existencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jordi Virallonga, <em>Palabras para la resistencia: sobre poes&iacute;a y otras trincheras. Una conversaci&oacute;n con Jos&eacute; Antonio Jim&eacute;nez</em>, Benalm&aacute;dena, Eda libros, 2021</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 21 Oct 2021 11:25:38 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una prosa de máxima belleza]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-prosa-de-maxima-belleza/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/Andr_s500.jpg" alt="" /></p>
<p>Andr&eacute;s Ortiz Tafur (Linares, 1972) acaba de publicar su &uacute;ltimo libro de relatos <em>Los &uacute;ltimos deseos</em>, con la editorial S&iacute;lex. Ochenta piezas breves conforman este libro de pinceladas impresionistas que vibran a lo largo de sus p&aacute;ginas marcadas por episodios de la vida diaria, mon&oacute;tona y rutinaria de la existencia y orbitan en torno a las relaciones humanas como su anterior libro <em>El agua del buitre</em>, publicado el a&ntilde;o anterior por la editorial Baile del Sol.</p>
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<p>Se perfilan los temas de la soledad, la incomunicaci&oacute;n, los miedos, las angustias y la muerte a lo largo de un hilo conductor cuyo denominador com&uacute;n es el amor a las gentes, la admiraci&oacute;n por la belleza de lo mundano, lo normal, lo imperceptible y lo cotidiano. Un libro muy ameno y divertido. &ldquo;Los &uacute;ltimos deseos&rdquo; que lleva un inteligente pr&oacute;logo de&nbsp;Ernesto Calabuig, en el que el fil&oacute;sofo y profesor destaca una serie de rasgos que conforman e integran este libro. Se podr&iacute;a decir que es una miscel&aacute;nea, una mezcolanza de frases, reflexiones, pensamientos e ideas que atraviesan de forma tangencial la mente de su autor.</p>
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<p>En el discurso textual Andr&eacute;s Ortiz Tafur se interroga, piensa, mira la realidad del mundo, lo que ve y lo que es perceptible a sus ojos y quiz&aacute;s, no lo es en los de los dem&aacute;s. La dedicatoria del libro ya nos indica a qui&eacute;nes va dirigido y qui&eacute;nes forman parte importante de su vida, sus vecinos. Se podr&iacute;a decir que se trata de un discurso autobiogr&aacute;fico, escrito sobre las escenas cotidianas que un excelente escritor como Andr&eacute;s ha ido acumulando a lo largo del tiempo, desde que decidi&oacute;, como expresa Ernesto Calabuig en el pr&oacute;logo, &ldquo;tomar la decisi&oacute;n valiente y dif&iacute;cil de dejar su cuidad y retornar a una vida limitada y sencilla&rdquo; e irse a un paraje perdido como el de Cortijo Viejo. El autor consigue describir con maestr&iacute;a los espacios narrativos que incluyen la ciudad y el paisaje natural de este Cortijo Viejo, un lugar de viejos&nbsp;olivos sedientos bajo los campos y montes del pleno Linares sumergidos en un para&iacute;so de musicalidad y sinestesias que proceden de lo mundano, lo vulnerable, lo real. La prosa de Andr&eacute;s Ortiz Tafur refleja historias bajo el recorrido cotidiano de la vida en la calle, los lugares dom&eacute;sticos y caseros con cavilaciones e interrogantes dentro de lo mundano.</p>
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<p>Cada relato es un cuadro, una escenificaci&oacute;n de la realidad y representa una estrella de tonalidad diferente. La forma de expresi&oacute;n del autor es pausada, relajada, donde el autor da valor a lo anodino, a la familia, a sus recuerdos y a&ntilde;oranzas. Un narrador omnisciente que sabe y conoce todas las voces narrativas. Lo que vertebra el libro es el amor por los dem&aacute;s. El discurso textual es normal, coherente y espl&eacute;ndido. Exalta la belleza de lo simple, la vehemencia de lo cotidiano, lo dom&eacute;stico, lo diario. Los protagonistas de estos relatos necesitan recrearse en la belleza d&iacute;a a d&iacute;a, saborearla y degustarla, disfrutar de los buenos momentos y mantienen una serie de conductas repetitivas. Necesitan el aire en la cara, re&iacute;r y llorar, gritar en medio de la naturaleza, hablar con sus vecinos mediante la tensi&oacute;n narrativa que su autor caracteriza en cada una de sus p&aacute;ginas. Retratos, pinceladas impresionistas e im&aacute;genes sensoriales, escenas y scripts humanos que desvelan el amor que el autor siente por el g&eacute;nero humano. Ama y siente lo simple, lo normal, lo anodino, lo ef&iacute;mero, lo sencillo, lo inveros&iacute;mil, lo b&aacute;sico que impera en el hombre de la calle.</p>
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<p>Ortiz Tafur es un gran escritor que mantiene la tensi&oacute;n, la intensidad y la esfericidad en cada una de sus historias entrelazadas por el denominador com&uacute;n del amor al g&eacute;nero humano en el que se cruzan diferentes mundos posibles, unos reales y otros ficcionalizados. Se trata de admitir o cambiar el destino del hombre ya sea modificando el&nbsp; rumbo de la vida de los personajes que aparecen en cada una de sus historias o construyendo otros alternativos. El narrador en primera persona de cada pieza de este libro sumerge al lector en la veracidad, autenticidad y verosimilitud de los hechos creando la atm&oacute;sfera adecuada de tensi&oacute;n para terminar sus p&aacute;ginas, intensidad y esfericidad. Igual que empieza, termina. El mundo que circunda a nuestro escritor le permite establecer cierta circularidad ya que, su propio modo de vida, su forma de pensar y su manera de aprender, son c&iacute;clicos.</p>
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<p>Los lectores de Andr&eacute;s Ortiz Tafur reconocen que laten a lo largo del texto los temas que imbrican su escritura y modelan su pensamiento. La cubierta del libro nos dirige hacia los atardeceres cotidianos de la vida de un escritor que ama la vida llena de colores y matices y encuentra en lo cotidiano de un mundo rural, el acontecer diario que le aporta la vitalidad y la energ&iacute;a para seguir viviendo.</p>
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<p>Los conceptos de confinamiento, aislamiento, la Filomena, la pandemia encierran al hombre en un c&iacute;rculo vicioso, herm&eacute;tico y en espiral en el que aislarse del mundo y evadirse de &eacute;l. Sin embargo, Ortiz Tafur se ancla en el tiempo de todos estos acontecimientos para ir en busca del Otro y buscar una sonrisa en cada uno de sus textos breves aportando de ese modo, coherencia y armaz&oacute;n al libro.</p>
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<p>La verdad, la falsa mentira, las apariencias invitan a la vacilaci&oacute;n del lector que seg&uacute;n Tzvetan Todorov, nos incitan a la perplejidad y extra&ntilde;eza ante lo ins&oacute;lito. Y digo &ldquo;ins&oacute;lito&rdquo; porque lo que narra con gracias y naturalidad Andr&eacute;s es justamente en lo que la mayor&iacute;a de los seres humanos no se fijan ya que parece desapercibido a la vista del ciudadano de una sociedad posmoderna de 2021. La mentira, la verdad, la falsa realidad y las redes sociales nos acercan a los avances tecnol&oacute;gicos y humanos del XXI en el cual el autor juega con las met&aacute;foras que el lector medio interpretar&aacute; a trav&eacute;s del discurso textual y mediante las cuales denuncia los avances tecnol&oacute;gicos, el comportamiento miserable y mezquino de los pol&iacute;ticos, de la clase pol&iacute;tica, el yo&iacute;smo y aislamiento del hombre en la sociedad posmoderna en la que el poder de la naturaleza queda solapado bajo el influjo de la propaganda de la &eacute;lite social, el materialismo y el consumismo que impera en el capitalismo. En el transcurso de sus ochenta y tantos retazos narrativos, Ortiz Tafur nos conduce con vehemencia y maestr&iacute;a por la normalidad que rodea su vida mediante una escritura que muestra al lector c&oacute;mo el ser humano puede ser muy feliz con lo m&iacute;nimo e imprescindible.</p>
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<p>En todos los relatos gravitan el amor y el sexo con id&eacute;nticos mecanismos de representaci&oacute;n que le llevan al autor a indagar en la sintaxis discursiva, repetitiva y circular de sus relatos. Andr&eacute;s Ortiz Tafur invita a cada lector a pasearse por la casa, el pueblo y el paisaje natural en los que se desarrollan la vida simple y cotidiana de los personajes entre las dicotom&iacute;as conceptuales (existencia/inexistencia, presencia/ ausencia, vida/muerte) y los juegos ficcionales que aportan la est&eacute;tica a los relatos. No sabemos si el autor finge o narra los hechos con tal naturalidad que los convierte en pura verosimilitud de lo acontecido a modo de espejo di&aacute;fano y transparente. A lo largo de las p&aacute;ginas de su sexto libro publicado, interesante y prometedor, el lector se sumergir&aacute; en m&aacute;s de ochenta fogonazos o chispazos narrados la mayor&iacute;a en una sola cara y con un atractivo tejido argumental de sus historias que recorren un camino, marcan las pautas de un viaje, nos muestran su visi&oacute;n del mundo y nos ense&ntilde;an a rastrear en los mecanismos de la escritura.</p>
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<p>Dentro del mundo de la ficcionalidad Ortiz Tafur enfrenta al lector frente a la realidad y por medio de los finales de sus textos enlentece el tiempo del discurso narrativo, lo dilata o la alarga indefinidamente abriendo la puerta a la incertidumbre y planteando una dicotom&iacute;a constante entre la ficci&oacute;n o la realidad.&nbsp;&nbsp;</p>
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<p>Andr&eacute;s Ortiz Tafur, <em>Los &uacute;ltimos deseos</em>, Madrid, S&iacute;lex, 2021.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 18 Oct 2021 07:25:52 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Constantino Bértolo: “Ningún canon literario pasaría la ITV”.]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/constantino-bertolo-ningun-canon-literario-pasaria-la-itv/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/bertolo500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&laquo;Quien est&eacute; libre de literatura que tire la primera piedra&raquo;, asegura con cierta retranca Constantino B&eacute;rtolo (Lugo, 1946) en esta conversaci&oacute;n a prop&oacute;sito de la segunda edici&oacute;n de <em>La cena de los notables</em> (Perif&eacute;rica), un luminoso y estimulante ensayo a prop&oacute;sito de la escritura, la lectura y la cr&iacute;tica sustentado en la responsabilidad de quien escribe, sobre qu&eacute; y como escribe y la responsabilidad de quien lee y c&oacute;mo recibe y entiende la lectura. Todo ello pespuntado por dos hilos principales: <em>Madame Bovary</em> y <em>Martin Eden</em>.</p>
<p><strong>&ldquo;Mejor que leer cualquier libro que ninguno&rdquo;</strong></p>
<p>- Cabe entender la lectura como una conquista irreversible, incruenta, a la que no acompa&ntilde;an ni explotaci&oacute;n ni esclavitud ninguna&raquo;. &iquest;Mejor leer, cualquier libro, que no hacerlo?</p>
<p>- &iexcl;Uf! Me hace dudar la pregunta. Creo que s&iacute;, que mejor leer cualquier libro, incluso el <em>Mein Kampf </em>o<em> La imitaci&oacute;n de Cristo,</em> que ninguno. Soy de los que siempre han defendido que en la vida es mejor estar mal acompa&ntilde;ado que solo. Dejar de estar mal acompa&ntilde;ado es relativamente f&aacute;cil, dejar de estar solo es m&aacute;s complicado.</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo conjugar la obra con la vida? Pienso en ejemplos can&oacute;nicos de escritores reprochables en alg&uacute;n terreno de su vida (Pound, Celine, Arthur Miller, Rousseau&hellip;), &iquest;debe interferir la clave biogr&aacute;fica en la lectura?</p>
<p>- Pienso que casi de manera inevitable interviene y sobre todo lo que m&aacute;s interfiere es la relaci&oacute;n que establecemos entre esas biograf&iacute;as y nuestro propio relato autobiogr&aacute;fico. Creo que es imposible leer a Celine sin que se haga presente nuestra opini&oacute;n sobre su vida. Esto no significa que impida una lectura v&aacute;lida (objetiva no hay ninguna) de su obra, pero todos leemos con nuestros prejuicios encima de la mesa. Tratar de conocerlos y de resistirse a ellos es algo que cada lector deber&iacute;a tener en cuenta.</p>
<p>- Pienso en la biograf&iacute;a de escritores como Horacio Quiroga, Alda Merini, Panero, Ambrose Bierce&hellip; &iquest;Hay veces que la vida se impone a la literatura?</p>
<p>- Sin duda habr&aacute; y hay casos en los que el deseo de &laquo;hacerse literatura&raquo; a base de proyectarse en ciertas vidas de ciertos autores, literaturice de forma enfermiza esa relaci&oacute;n. Quien est&eacute; libre de literatura que tire la primera piedra.</p>
<p>- Un libro, &iquest;dice m&aacute;s de quien lo escribe, de quien lo lee o de la sociedad en la que surge?</p>
<p>- Como en el caso de la sant&iacute;sima trinidad, son inseparables. En cada libro, uno y trino, est&aacute;n esos tres elementos. El peso que se le otorgue a cada uno de ellos depender&aacute; de la mirada ideol&oacute;gica desde la que la lectora o lector se acerque a &eacute;l.</p>
<p>- &iquest;Ha sentido usted <em>deliquio</em> al leer alg&uacute;n libro?</p>
<p>- Recuerdo que en la adolescencia y en una etapa de maldeamores, la lectura de <em>El cuarteto de Alejandr&iacute;a</em> me salv&oacute; de la tristeza. Cuando a&ntilde;os m&aacute;s tarde rele&iacute; aquellas novelas la verdad es que sent&iacute; bastante verg&uuml;enza literaria.</p>
<p><strong>&ldquo;Un libro ilumina a otro&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; criterio ha de seguirse para trazar una constelaci&oacute;n de lecturas?</p>
<p>- La luz. Un libro ilumina a otro y este otro ilumina a otro y as&iacute; se van conformando constelaciones y archipi&eacute;lagos. Por ejemplo, alrededor de <em>Madame Bovary</em> giran <em>Ana Karenina,La de Bringas, Effi Briest, La Regenta, El Amor de Arthur, Una nube de ira, Tristan e Isolda</em> y otras muchas m&aacute;s.</p>
<p>- El canon (en general), &iquest;sirve como faro o como grillete? &iquest;Cada cu&aacute;nto deber&iacute;a de revisarse el canon?</p>
<p>- Como faro muchas veces deslumbra y no deja ver cu&aacute;l es la ruta ideol&oacute;gica que esa se&ntilde;al facilita y acomoda. Como grillete, el hierro se vende &ndash; en las universidades o en los suplementos literarios- como si fuera oro y se ofrece como joya deseable. En todo caso jerarquiza y m&aacute;s que atender a lo que propone habr&iacute;a que analizar lo que excluye. &iquest;Revisarlos? No creo que ninguno pase la ITV, aunque siempre depender&aacute; de a d&oacute;nde se quiera viajar.</p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpLast"><strong>&ldquo;La inteligencia exige distancia pero no siempre la lectura requiere inteligencia&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;nta distancia conviene colocar entre el texto y el lector &ndash;su lectura&ndash;?</p>
<p>- A mi entender, la inteligencia exige distancia pero no siempre la lectura requiere inteligencia. Las novelas polic&iacute;acas por ejemplo m&aacute;s que inteligencia piden curiosidad y fisgoneo; las de Alatriste, emoci&oacute;n viril y patriotera.</p>
<p>- Hace un par de a&ntilde;os, cuando se estren&oacute; una pel&iacute;cula llamaba <em>La gran belleza</em>, escuch&eacute; decir a algunas personas que hab&iacute;an ido a verla, que no sab&iacute;an si les hab&iacute;a gustado o no. &iquest;A usted le ha ocurrido eso, estar ante alg&uacute;n texto sobre el que no haya sido capaz de emitir un juicio en uno u otro sentido?</p>
<p>- Creo que en general siempre es bueno sospechar del gusto personal. Algo parecido a lo que plantea me sucedi&oacute; con <em>El buen soldado</em>, de Ford Madox Ford; tard&eacute; mucho en averiguar si me gustaba o no. Finalmente me pareci&oacute; una novela tramposa, falsa y decid&iacute; que dejara de gustarme todo aquello que durante su lectura me hab&iacute;a gustado.</p>
<p>- &iquest;Alg&uacute;n libro que considere sobrevalorado?</p>
<p>- Casi todos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Usted acudir&iacute;a a una cena de notables?</p>
<p>Para saberlo antes tendr&iacute;an que haberme invitado. El otro d&iacute;a, durante la Feria del Libro de Madrid, tuvo lugar por ejemplo la fiesta de una editorial importante y no, no recib&iacute; ninguna invitaci&oacute;n. Ni siquiera pude asomarme o mirar a trav&eacute;s de las ventanas porque no me dijeron d&oacute;nde se celebraba. Pero si hubiera ido acaso tambi&eacute;n hubiera preguntado el por qu&eacute; gran parte del pan que venden est&aacute; tan cursi, mohoso y malo.</p>
<p class="ListParagraph">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 11 Oct 2021 11:39:21 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Algunas notas sobre la poesía de Ángel Guinda]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/algunas-notas-sobre-la-poesia-de-angel-guinda/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas21/Octubre/guinda500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&laquo;El poeta no pide, sino que entrega; el poeta es todo concesi&oacute;n&raquo;, son palabras de Mar&iacute;a Zambrano (<em>Filosof&iacute;a y poes&iacute;a</em>, 46) que podr&iacute;an servir para cifrar la trayectoria de &Aacute;ngel Guinda (Zaragoza, 1948), alguien que ha demostrado siempre una acusada conciencia ling&uuml;&iacute;stica, un compromiso radical con la vitalidad de las palabras. As&iacute;, eso que com&uacute;nmente se entiende por &laquo;ser poeta&raquo; podr&iacute;a en este caso equipararse con vivir una especie de <em>fatum</em>, experimentar un tipo de relaci&oacute;n incondicional, permanente y riesgosa con el lenguaje en la que algunos se han dejado <em>eso</em> que, precisamente, demanda la poes&iacute;a como una exigencia sin l&iacute;mites: la vida. Escribir <em>&Aacute;ngel Guinda </em>es escribir <em>poes&iacute;a</em> hasta el punto, en este caso, de que su vida aparece profundamente vinculada con su escritura. No se entiende la una sin la otra, y este conflicto, esta elecci&oacute;n, emerge con frecuencia en sus textos y en sus actos. Por ejemplo: &laquo;Escribir como se vive&raquo; (<em>Breviario</em>, 21).</p>
<p>Autor de una dilatada obra po&eacute;tica, entre la que se cuentan t&iacute;tulos como <em>Vida &aacute;vida</em> (1980), <em>El almendro amargo</em> (1989), <em>Despu&eacute;s de todo</em> (1994), <em>La llegada del mal tiempo</em> (1998), <em>Biograf&iacute;a de la muerte</em> (2001), <em>Claro interior</em> (2007), <em>Poemas para los dem&aacute;s</em> (2009), <em>Espectral</em> (2011), <em>Caja de lava</em> (2012), <em>(Rigor vitae)</em> (2013) y <em>Catedral de la Noche </em>(2015), Guinda ha desarrollado en paralelo un trabajo de traducci&oacute;n (Cecco Angiolieri, Antonio Sagredo &mdash;con Inmaculada Muro&mdash;, Teixeira de Pascoaes, &Agrave;lex Susanna, Florbela Espanca, Jos&eacute; Manuel Cap&ecirc;lo, Ana Cristina Cesar, Augusto dos Anjos) y una actividad de aliento reflexivo materializada en vol&uacute;menes de aforismos &mdash;<em>Huellas</em> (1998), <em>Libro de huellas</em> (2014)&mdash; y manifiestos (&laquo;Poes&iacute;a y subversi&oacute;n&raquo;, &laquo;Poes&iacute;a &uacute;til&raquo;, &laquo;Poes&iacute;a violenta&raquo;, etc.) que ha de leerse &iacute;ntimamente entrelazada a su obra po&eacute;tica, una labor en la que el <em>contar</em> y el <em>cantar</em> son permanentes compa&ntilde;eros de viaje.</p>
<p>Poemas, aforismos, manifiestos, diferentes registros de un mismo lenguaje que parece responder al t&oacute;pico <em>sapere aude</em> y en donde la emoci&oacute;n y la reflexi&oacute;n designan dos momentos sucesivos de una potencia expresiva que se materializa en un mismo proceso de creaci&oacute;n art&iacute;stica; en ese sentido, un mismo hilo teje esta escritura &mdash;la que leemos en sus libros de poes&iacute;a y la que encontramos en sus manifiestos o en sus vol&uacute;menes de aforismos&mdash;, un hilo entreverado de pasi&oacute;n y conocimiento, acci&oacute;n y meditaci&oacute;n, delirio y raz&oacute;n. El propio poeta ha defendido en m&aacute;s de un lugar la necesidad de una est&eacute;tica que no se desvincule de la &eacute;tica. Por otra parte, muchos de sus poemas presentan fuertes dosis de contenido &eacute;tico, did&aacute;ctico y moral, del mismo modo que bastantes de sus aforismos destacan por su plasticidad y su alcance est&eacute;tico.</p>
<p><em>Huellas</em>, por ejemplo, se inicia con la sentencia que, a modo de po&eacute;tica, declara: &laquo;El aforismo es una gota de la destilaci&oacute;n del pensamiento&raquo; (p. 17). Huellas que se presentan como el negativo de una vida <em>logografiada</em> en la escritura a trav&eacute;s del tiempo, se&ntilde;ales marcadas en la arena de la existencia que la memoria trata de guardar y que el olvido, sin embargo, con su conducta har&aacute; desaparecer porque, como reconoce el propio poeta, &laquo;Inmisericorde con todo es el tiempo&raquo; (p. 18). As&iacute;, al igual que le ocurri&oacute; a aquel otro escritor que quer&iacute;a &laquo;dejar huella&raquo; y marcharse &laquo;entre aplausos&raquo;, la voz que escuchamos en <em>Huellas</em>, sabedora de su derrota, se rebela contra el arrollador paso del tiempo y el vendaval del olvido: &laquo;Somos una mascarada del olvido&raquo; (p. 63). Pero su triunfo, sin embargo, est&aacute; ah&iacute;, en la mera enunciaci&oacute;n, en la propuesta de un discurso capaz de detectar las aristas de una realidad fracturada en su ra&iacute;z.</p>
<p>Aforismos, axiomas, sentencias, interrogantes y huellas que van construyendo algunos fragmentos de la &laquo;vida de un hombre&raquo;, t&iacute;tulo con el que agrup&oacute; sus diferentes libros Giuseppe Ungaretti, un referente del aragon&eacute;s. Pero la construcci&oacute;n nunca es completa ya que, seg&uacute;n leemos en una de las p&aacute;ginas de <em>Huellas</em>, &laquo;Creamos a fuerza de aniquilaciones&raquo; (p. 46), esto es, la construcci&oacute;n del texto &mdash;vale decir, la arquitectura del mundo&mdash; deriva de una paradoja, se lleva a cabo siempre sobre la base de una determinada destrucci&oacute;n, no hay ganancia que no pague el peaje de un cierta p&eacute;rdida. De ah&iacute; el t&iacute;tulo de una de sus compilaciones: <em>La creaci&oacute;n po&eacute;tica es un acto de destrucci&oacute;n. Antolog&iacute;a (1980-2004)</em>. Aniquilaciones, demoliciones, el lenguaje po&eacute;tico parece arrasar todo aquello que nombra. En este sentido, leemos: &laquo;Tengo miedo a leer, tengo miedo a escribir. Las palabras aparecen para desaparecerme&raquo; (<em>Huellas</em>, 21). Las palabras del poeta prueban la desintegraci&oacute;n de su identidad, la disoluci&oacute;n de su propio ser en el ser propio del lenguaje, son el eco desvanecido de una voz apagada, el hueco en el que finalmente se oculta y es. De ah&iacute; la glosa de Rimbaud y la crisis de identidades que encontramos en este libro: &laquo;Yo es otros que no quieren ser yo&raquo; (<em>Huellas</em>, 22), un conflicto que encuentra su escenario en una realidad intempestiva, que act&uacute;a como un taladro ante cuya agresi&oacute;n el sujeto se resiste a claudicar.</p>
<p>El poeta de &Aacute;ngel Guinda es el albatros de Baudelaire. Al igual que le ocurre al pr&iacute;ncipe de las nubes, sus movimientos son torpes en el mundo en medio de unos gritos que ahogan su voz. Ese poeta, &laquo;cuya verdad las bestias nunca escuchan, lleva en sus pies las nubes, un abismo en la frente, y oye siempre otros pasos&raquo; (<em>Huellas</em>, 52), es capaz de intuir aquello que avista la mirada m&aacute;s all&aacute; de lo que los ojos miran y solo cuando por fin logra ver se da cuenta del prodigio: la mirada le revela un mundo secreto, ajeno al mundo que cre&iacute;a &uacute;nico, experimenta entonces una sensaci&oacute;n de v&eacute;rtigo que dif&iacute;cilmente puede controlar. Es preciso haber mirado con los ojos abrasados por el sol para ver la oscuridad: &laquo;He cerrado los ojos para ver&raquo; (<em>Toda la luz del mundo</em>, 110), afirma el poeta reescribiendo a Paul &Eacute;luard. En efecto, se trata de concentrarse, recogerse, volver sobre uno mismo para contemplar o, al menos, intuir aquello que no alcanza a apreciar la mirada que se limita a las cosas materiales; se trata, claro, de destapar lo oculto, de mirar no con los ojos del cuerpo sino del pensamiento: es la mirada que da paso a un viaje interior que permite abarcar la totalidad del mundo: sus formas, colores, texturas e im&aacute;genes concentradas en un punto milim&eacute;trico e infinito al mismo tiempo, un punto de luz donde la oscuridad es tal que nos ciega con su mirada. <em>Huellas</em> se cierra con el siguiente aforismo: &laquo;Se es lo que se hace. Y m&aacute;s lo que nos deshace&raquo; (p. 65). Y recordemos que el poeta hace textos y en esos mismos textos se diluye, traslada su cuerpo a la palabra, vive y se desvive en la escritura, es ya texto dispuesto para ser le&iacute;do. La escritura es as&iacute; salud y enfermedad, construcci&oacute;n y destrucci&oacute;n, amparo y desolaci&oacute;n.</p>
<p>&Aacute;ngel Guinda no ha dejado de explorar ese lenguaje llamado a desvelar la (in)consistencia de lo real; al margen de todo tipo de modas y consignas, ha entendido siempre la poes&iacute;a no tanto como una actividad reglada sino como una oportunidad para adentrarse en un espacio vital en el que plantear interrogantes de tipo metaf&iacute;sico, ontol&oacute;gico y &eacute;tico, un territorio caracterizado por la apertura hacia lo simb&oacute;lico e imaginario en el que el pensamiento se libera, sin adentrarse en lo irracional, de la sistematicidad y la l&oacute;gica de lo racional, en un proceso que culmina en un encuentro con la otredad donde el yo se construye a partir de una indomable rebeld&iacute;a. Asistimos a una estrategia con la que, m&aacute;s que buscar respuestas, se pone en tela de juicio <em>el orden</em> y <em>el sentido</em> de la realidad, someti&eacute;ndolos a un estado de tensi&oacute;n permanente, vaci&aacute;ndolos de paso de todo tipo de t&oacute;picos y prejuicios enquistados en el imaginario colectivo con el objetivo de crear un espacio vac&iacute;o a partir del cual quiz&aacute;s sea posible reinventar la vida.</p>
<p>As&iacute; las cosas, inteligencia, soledad, responsabilidad, silencio y dominio acaban siendo finalmente los compa&ntilde;eros de viaje de un poeta que ha optado por anteponer la cr&iacute;tica a cualquier otro objetivo. Leemos en &laquo;Disidencia&raquo;, poema de <em>Conocimiento del medio</em>: &laquo;Escucha / dentro de ti la voz de la conciencia / y &aacute;lzala como escudo contra / el mundo: ser&aacute; / temeridad, pero es tu triunfo&raquo; (p. 25). Es ah&iacute; &mdash;en ese lugar desapacible, inh&oacute;spito y alejado de todo gregarismo en el que es posible pensar otro mundo&mdash; donde la cr&iacute;tica puede encontrarse con la poes&iacute;a dado que esta, frente a otros g&eacute;neros de discurso, no consiste en contar historias o inventar situaciones sino en modificar con el lenguaje las relaciones que tenemos con la realidad; en ese sentido, poes&iacute;a, cr&iacute;tica y compromiso pueden compartir un aliento insurgente y perturbador basado en la transformaci&oacute;n de la escritura, el sentido, la vida.</p>
<p>En mi opini&oacute;n, &Aacute;ngel Guinda asume una idea de compromiso que va m&aacute;s all&aacute; de lo social, haciendo del lenguaje el lugar donde se materializa la crisis del imaginario ideol&oacute;gico y cultural, entendiendo la palabra po&eacute;tica como una factor&iacute;a de producci&oacute;n de preguntas, una oportunidad id&oacute;nea para tratar cuestiones relacionadas con la construcci&oacute;n de la identidad y, de paso, ahondar tanto en los intersticios de la <em>propia extra&ntilde;eza</em> como en las fisuras de la <em>otra familiaridad</em>, una extra&ntilde;eza que acaba result&aacute;ndonos pr&oacute;xima y natural, una familiaridad que se torna muchas veces incomprensiblemente rara y an&oacute;mala. En estas circunstancias, algunos textos permiten medir las rigurosas y muchas veces tensas relaciones que este poeta mantiene con el lenguaje a la hora de tratar, por ejemplo, las cuestiones identitarias, entendiendo ese lenguaje como un instrumento para la exposici&oacute;n de todo tipo de conflictos, profundizando en &eacute;l, yendo a la b&uacute;squeda de nuevos usos y sentidos, a una cierta distancia de la utilidad, inmediatez y rentabilidad que caracterizan su uso corriente; la poes&iacute;a, en estos casos, no consiste &uacute;nicamente en una cuesti&oacute;n de lenguaje (Mallarm&eacute; <em>dixit</em>), implica tambi&eacute;n unas maneras de afrontar y enfrentar la realidad. As&iacute;, contra la exclusi&oacute;n social que veta el desarrollo de ciertos lenguajes y por una reivindicaci&oacute;n de la palabra como elemento de cooperaci&oacute;n y de la poes&iacute;a como aut&eacute;ntico di&aacute;logo social, surgen propuestas como esta, contraria al establecimiento de cualquier tipo de pacto ling&uuml;&iacute;stico llamado a domesticar el potencial desestabilizador del lenguaje po&eacute;tico. En estas condiciones, una po&eacute;tica como esta ha elaborado sus respuestas en los extremos opuestos del culturalismo, el esteticismo y el realismo m&aacute;s blandos, all&iacute; donde se desdibujan los m&aacute;rgenes convencionales de nuestro <em>modus vivendi</em> y otro tipo de l&iacute;rica &mdash;otro tipo de mundo&mdash; es posible.</p>
<p>Guinda ha sabido mirar, ha visto: &laquo;Encendida en la luz hay otra luz. / Oscuridad adentro, lo visible&raquo; (p. 13), escribe en &laquo;Hay otra luz&raquo;, el poema que abre <em>Biograf&iacute;a de la muerte</em>, rastros de una po&eacute;tica que encontramos ya en su primer libro reconocido, <em>Vida &aacute;vida</em>: &laquo;la sola Claridad est&aacute; en lo Oscuro&raquo; (p. 37). Hay precedentes de esta mirada: en el &aacute;mbito del primer romanticismo alem&aacute;n, Novalis clama en los <em>Himnos a la noche</em>: &laquo;Hacia abajo, al seno de la tierra, / &iexcl;lejos del imperio de la luz!&raquo; (p. 73), y, m&aacute;s recientemente, Antonio Gamoneda en <em>Libro del fr&iacute;o</em>: &laquo;Veo una luz debajo de la niebla y la dulzura del error me hace cerrar los ojos&raquo;, &laquo;He atravesado las cortinas blancas: / ya solo hay luz dentro de mis ojos&raquo; (pp. 42 y 151). En medio de ese viaje a trav&eacute;s de la oscuridad, el poeta es un condenado a la claridad y al canto.</p>
<p>Guinda ha sabido mirar la nada de la muerte reflejada en la inmensidad de cada instante vital, no por m&aacute;s ef&iacute;mero menos intenso y extraordinario, ha mirado con los ojos del que ans&iacute;a saber y ha comprendido que la recompensa &mdash;como sucede en la &Iacute;taca de Cavafis&mdash; se halla en el mismo viaje, la vida, y que el futuro, la muerte, es solo una promesa o una realidad temporalmente demorada, un texto en todo caso a&uacute;n no escrito, met&aacute;fora del vac&iacute;o que el poema con su presencia trata de colmar. Esta es una idea recurrente, aparece ya en algunos textos de su particular prehistoria po&eacute;tica, por ejemplo, en &laquo;Raz&oacute;n de ser&raquo;, poema de <em>Las imploxiones</em>, un libro dedicado a Julio Antonio G&oacute;mez, poeta a quien Guinda siempre ha tenido en muy alta estima: &laquo;Cuando pens&eacute; matarme / fue / ya / tarde / me hab&iacute;a enamorado de la vida&raquo; (p. 17), o en &laquo;Vida mortal&raquo;, texto que abre <em>Entre el amor y el odio</em>: &laquo;Y que la muerte nos sorprenda vivos&raquo; (p. 15), o, por citar solo otro caso, en &laquo;Recuento&raquo;, poema incluido en <em>Despu&eacute;s de todo</em>: &laquo;Avanz&oacute; a trompicones, hasta / aqu&iacute;. Sin embargo &mdash;ni partir, / ni llegar: lo m&aacute;s bello / del viaje fue el camino&raquo; (p. 59).</p>
<p>La escritura era para Jacques Derrida, idea que fue en aumento hacia el final de su vida, una actividad crepuscular. En una de sus &uacute;ltimas intervenciones, recogida en <em>Aprender por fin a vivir</em>, se&ntilde;al&oacute;: &laquo;Cada vez que dejo que algo parta, que tal huella salga de m&iacute; [&hellip;], vivo mi muerte en la escritura&raquo; (p. 30), y algo parecido apunta Guinda en diversas ocasiones, para quien la poes&iacute;a, m&aacute;s que una respuesta, es una presencia ante la muerte, como si esta funcionara como una met&aacute;fora abarcadora de la totalidad, una imagen que a veces siente como una losa de la que quiere liberarse. En esa l&iacute;nea indagatoria, <em>Biograf&iacute;a de la muerte </em>(2001) supone una renovada vuelta de tuerca a un tema &mdash;la muerte&mdash; bastante frecuentado, el intento de poner rostro e imagen a esa realidad irreal que es la muerte. Escribir es entonces experimentar conciencia de una muerte que hermana el final con lo que precede al comienzo, el final &mdash;ese punto en el que las palabras se callan y las presencias de los otros se desvanecen&mdash; y lo que antecede al umbral, ese <em>instante</em> abonado de silencio y soledad. Construido sobre un contrasentido elemental muy del gusto del poeta (&iquest;c&oacute;mo escribir la biograf&iacute;a &mdash;esto es, el relato de una vida&mdash; de la muerte, es decir, de algo que todav&iacute;a no ha acontecido?), este libro es asumido como un &laquo;ejercicio espiritual&raquo;, como una pr&aacute;ctica preparatoria que ha de reconciliarle con la muerte de su propia biograf&iacute;a (con ese mismo t&iacute;tulo, en 1994, hab&iacute;a incluido ya un poema en <em>Despu&eacute;s de todo</em>).</p>
<p>En la escritura de<em> Claro interior</em> (2007) se aprecia con intensidad la apuesta moral y el compromiso cr&iacute;tico con la denuncia de una determinada realidad a menudo miserable y obscena, una escritura apegada a la existencia singular, marcada por el propio devenir vital aunque al mismo tiempo orientada hacia un lugar en el que el yo comparte tensiones, conflictos y aspiraciones con otros yoes. As&iacute;, ya desde el primer poema: &laquo;Cada palabra pesa / todo lo que la vida / ha pasado por ella. / [&hellip;] / Cada palabra pesa / su paso por la vida&raquo; (p. 11), una vida que no se entiende sin la presencia de su compa&ntilde;era inevitable, la muerte, porque hablar de la muerte consiste al final en hablar &mdash;<em>desde</em> la vida, no puede hacerse desde otro sitio&mdash; <em>de</em> la vida, en suplir el vac&iacute;o ontol&oacute;gico y la nada blanca de la muerte por la misteriosa e insurgente claridad que emana de las cosas del mundo: &laquo;Yo persigo la luz de lo profundo&raquo; (p. 19), declara la voz po&eacute;tica en &laquo;Otro mundo&raquo;, conocedora &mdash;como H&ouml;lderlin, Novalis, Blake y otros grandes poetas visionarios&mdash; de que el ascenso a las estrellas pasa por previos itinerarios abisales, lecci&oacute;n que Guinda aprendi&oacute; pronto de sus vates rom&aacute;nticos favoritos.</p>
<p>En un registro que recuerda, en parte, al de ciertos textos de los a&ntilde;os ochenta (<em>Vida &aacute;vida</em>, <em>Hielo en llamas</em>), algunos poemas de <em>Claro interior</em> (&laquo;Derribos y construcciones&raquo;, &laquo;El discurso&raquo;) dejan entrever el duende y la magia que con frecuencia han acompa&ntilde;ado a esta escritura, que no ha dejado nunca de explorar en las contradicciones, ant&iacute;tesis y paradojas del lenguaje, esto es, de la vida, una escritura que solo se entiende al calor de una imprescindible comunicaci&oacute;n: &laquo;Ser poema es ser nada / si no hace vida en nadie&raquo; (p. 13). Se trata de resistir y de subvertir la realidad para &mdash;desde sus ruinas&mdash; construir otro orden, levantar otro mundo y, en ese sentido, esta escritura contiene un valor &eacute;tico y pol&iacute;tico incuestionable. Si ahora &mdash;en un texto titulado &laquo;La realidad&raquo;&mdash; puede leerse: &laquo;A pesar de que escribo / contra ella / &mdash;sobre ella jam&aacute;s&mdash; / no s&eacute; en qu&eacute; consiste / la realidad&raquo; (p. 17), recordemos que en <em>Huellas</em> ya se hab&iacute;a referido al &laquo;taladro de la realidad&raquo; (p. 27), y que en &laquo;Arquitextura&raquo;, un poema de <em>Hielo en llamas</em>, hab&iacute;a declarado: &laquo;Escribo contra la realidad, / no sobre ella&raquo; (<em>Crep&uacute;scielo esplendor</em>, 67), verso que a su modo completaba aquel otro anterior de <em>Vida &aacute;vida</em> en el que aconsejaba: &laquo;Y a la vida agresiva agr&eacute;dele&raquo; (p. 38). Al fondo, el conocido lema acu&ntilde;ado por Cesare Pavese &mdash;un poeta recordado en el texto que cierra y da t&iacute;tulo al libro&mdash; en la entrada del 10 de noviembre de 1938 de su diario <em>El oficio de vivir</em>: &laquo;La literatura es una defensa contra las ofensas de la vida&raquo; (<em>El oficio de vivir. El oficio de poeta</em>, 185). Por cierto, casi nunca se menciona que en esa misma entrada Pavese habla del &laquo;silencio acumulado para el arrebato&raquo; como otra defensa id&oacute;nea frente a todas esas agresiones, un aviso a navegantes que tantos y tantos poetas se niegan a escuchar. Se trata entonces de resistir y de actuar en leg&iacute;tima defensa frente al agresor, de levantar una voz cr&iacute;tica, resistente e insumisa ante los esc&aacute;ndalos de la historia, confiando todav&iacute;a en que &laquo;Acaso hemos venido al mundo para destruirlo y de las ruinas levantar otro orden&raquo; (<em>Huellas</em>, 29), aforismo que, con una ligera variante, abr&iacute;a ya en 1983 su primera <em>summa</em> po&eacute;tica, <em>Crep&uacute;scielo esplendor</em>.</p>
<p>&laquo;Toda vida es errar&raquo; (<em>Claro interior</em>, 25), y el rastro de esa errancia se deja ver en los trazos de una escritura empe&ntilde;ada en dar aliento e imagen a nuestras miserias sociales, convencida de que la palabra debe contribuir a construir otro mundo sin duda m&aacute;s limpio, honesto y justo; con un registro muy pr&oacute;ximo al de algunos de los mejores bardos del realismo, afirma: &laquo;Si escribo para nada, para nadie, / me sobra la palabra&raquo; (p. 28). La autocr&iacute;tica (la composici&oacute;n se titula &laquo;Yo me acuso&raquo; e incluye una reescritura del poema de Gil de Biedma &laquo;No volver&eacute; a ser joven&raquo;) no puede expresarse con mayor claridad, y el poeta se encuentra entonces m&aacute;s cerca del <em>docere</em> o del <em>prodesse</em> que del <em>delectare</em> horacianos. Y habr&iacute;a que se&ntilde;alar tambi&eacute;n que estos poemas est&aacute;n escritos desde la situaci&oacute;n del que sabe que menos es m&aacute;s, del que es consciente de que solo en la p&eacute;rdida y la desposesi&oacute;n se encuentra la m&aacute;s luminosa y relevante de las conquistas: &laquo;Si lo he perdido todo ya soy un ganador&raquo; (p. 44). As&iacute;, la voz po&eacute;tica que en un poema como &laquo;Cuenta atr&aacute;s&raquo; se escucha &mdash;desde la ladera descendente de esa monta&ntilde;a que es final de una vida&mdash; podr&aacute; afirmar, armada de sabidur&iacute;a existencial, pertrechada tan solo con el deseo: &laquo;Quiero vivir. / [&hellip;] / Querer vivir / es ya una vida m&aacute;s&raquo; (p. 42). En ese sentido, hay en <em>Claro interior</em> algo de acci&oacute;n de gracias, algo de suma y recapitulaci&oacute;n de acciones ejecutadas y algo tambi&eacute;n de ajuste de cuentas con uno mismo, y ello desde la sensaci&oacute;n de que la identidad personal es un mito, una falacia, un espejismo que se desvanece con la aparici&oacute;n de la incertidumbre, la diferencia y la otredad, escenarios en donde el yo se juega sus reda&ntilde;os. Silencio y soledad, diferentes registros de una misma y aplastante realidad, esa que se muestra en este revelador y radical viaje de aprendizaje que es <em>Claro interior</em>.</p>
<p><em>Poemas para los dem&aacute;s</em> (2009) es un volumen atravesado de emoci&oacute;n, compromiso y reflexi&oacute;n que contin&uacute;a algunas l&iacute;neas abiertas en libros anteriores (<em>Breviario</em>, <em>Huellas</em>, <em>Claro interior</em>). A lo largo de su trayectoria, Guinda ha apostado reiteradamente por la necesidad de desarrollar una est&eacute;tica que no traicione a la &eacute;tica y, de este modo, muchos de sus poemas incorporan contenidos sociales, did&aacute;cticos y morales sin que se resienta por ello la potencia de sus im&aacute;genes, el valor art&iacute;stico y la plasticidad de sus s&iacute;mbolos. El conjunto se caracteriza por el desgaste y la erosi&oacute;n de los t&oacute;picos y los elementos ret&oacute;ricos m&aacute;s triviales y por la desactivaci&oacute;n del engranaje po&eacute;tico m&aacute;s com&uacute;n. En<strong> &laquo;</strong>Semillas&raquo; puede leerse: &laquo;Escribo con palabras / rotundas y sinceras, / con palabras de pan, / de aceite, vino, agua, / de casa, de la calle, / con ideas en bruto, / para que t&uacute; me entiendas. / [&hellip;] / Con palabras de vida, / con palabras de tiempo, / con palabras de amor, / con palabras de odio. / Escribo con semillas. / Sencillamente, escribo. / Escribo como vivo. / Escribo como soy&raquo; (pp. 15-16). De esta manera, quien en <em>Vida &aacute;vida</em> reformulara aquella sentencia can&oacute;nica del realismo po&eacute;tico espa&ntilde;ol de los cincuenta con el verso &laquo;No siempre la claridad viene del cielo&raquo; (p. 23), se inclina ahora por una escritura liberada de toda servidumbre ret&oacute;rica innecesaria, directa al coraz&oacute;n o a la raz&oacute;n, comprometida con la transformaci&oacute;n de algunos de nuestros valores ideol&oacute;gicos e imaginarios m&aacute;s arraigados: &laquo;No queremos poemas teoremas. / Poemas soluci&oacute;n a los problemas. / [&hellip;] / No escribamos impunemente a tientas. / Escribamos poemas herramientas&raquo; (<em>Poemas para los dem&aacute;s</em>, 19-20). Parece una historia que recuerda a la de aquel otro vate que un d&iacute;a baj&oacute; a la calle, vio lo que hab&iacute;a, rompi&oacute; todos sus versos y comenz&oacute; a escribir de otra manera.</p>
<p>En un registro similar al de ciertas composiciones anteriores, algunos&nbsp; de estos <em>Poemas para los dem&aacute;s</em> (&laquo;Nuevo orden&raquo;, &laquo;Deconstrucci&oacute;n&raquo;, &laquo;Nada es del todo&raquo;, &laquo;El peso de lo que pasa&raquo;) dejan entrever la fuerza expresiva que con frecuencia ha acompa&ntilde;ado a Guinda, un poeta que no ha dejado nunca de explorar en las contradicciones y paradojas del lenguaje, reescribiendo en ocasiones &mdash;como sucede en &laquo;Credo&raquo;, &laquo;Ave Mar&iacute;a&raquo;, &laquo;Gloria&raquo; o &laquo;Bienaventuranzas&raquo;&mdash; letan&iacute;as y oraciones propias del devocionario cristiano. <em>Poemas para los dem&aacute;s</em> supone asimismo una nueva inmersi&oacute;n en el tema de la muerte, cuya presencia planea en muchas composiciones de este libro, as&iacute; en &laquo;El superviviente&raquo;, &laquo;Devenir&raquo;, &laquo;El esc&eacute;ptico&raquo;, &laquo;Larga espera&raquo;, ese emotivo canto de despedida que es &laquo;Trasmoz&raquo; o esa suerte de epitafio que cierra el libro titulado &laquo;A pie de p&aacute;gina&raquo;, donde se lee: &laquo;El poeta &Aacute;ngel Guinda / desert&oacute; de este mundo. // De espaldas a la muerte / y abrazado a la vida&raquo; (p. 64). As&iacute;, el volumen se plantea como un lavado de est&oacute;mago y de conciencia con el que el poeta trata de ajustar cuentas consigo mismo, y ello en un escenario en el que, repito, hablar de la muerte consiste al final en sustituir el vac&iacute;o ontol&oacute;gico y la nada blanca y abisal de la muerte por la misteriosa e insurgente claridad que emana de las cosas del mundo: &laquo;La muerte es la verdad de haber vivido&raquo; (p. 52), una muerte que es ya solo una promesa o un aviso de certeza constantemente aplazada, un texto a&uacute;n no redactado: &laquo;Hace mucho que viene / lo que no viene&raquo; (p. 61), escribe quien, despu&eacute;s de haber vivido lo suyo, planta cara a la muerte con una mirada casi anhelante.</p>
<p>Y con todos esos materiales de derribo se van construyendo algunos fragmentos de&nbsp; una vida que no deja de proyectarse sobre los dem&aacute;s, sobre ese escenario en que el yo se diluye en un nosotros con el que comparte realidad, convive y <em>conmuere</em>: &laquo;Todo poema debe ser un &uacute;til / para arreglar el mundo / &mdash;el mundo propio y el de los dem&aacute;s; / incluso, si lo hay, el otro mundo&raquo; (p. 48). Escritura, pues, que sin dejar de constatar algunas certezas arraigadas en el ser humano &mdash;la muerte, por ejemplo, es un acontecimiento que hay que afrontar en soledad&mdash;, se desarrolla como un ejercicio de solidaridad compartida, un compromiso con aquellas voces y conciencias silenciadas, machacadas por un orden social radicalmente injusto y alienante, una pr&aacute;ctica de resistencia y actuaci&oacute;n en leg&iacute;tima defensa frente al agresor que sin desmayo golpea insistentemente nuestras existencias y pone a prueba nuestra cada vez m&aacute;s debilitada capacidad de reacci&oacute;n, una puesta en marcha de una voz cr&iacute;tica, resistente e insumisa ante los esc&aacute;ndalos de la Historia, todo ello en un mundo en el que &mdash;si Georges Moustaki hab&iacute;a declarado &laquo;l&acute;&eacute;tat de bonheur permanent&raquo;&mdash; se apuesta por un &laquo;Nuevo orden&raquo; en el que &laquo;Urge cambiar el desorden del mundo. / Se declara el estado de crisis permanente. / [&hellip;] / Se permite so&ntilde;ar con otra realidad&raquo; (pp. 21-22).</p>
<p>&Aacute;ngel Guinda no ha dejado de desarrollar en sus sucesivas entregas una est&eacute;tica literaria <em>comprometida</em> con la &eacute;tica y, de este modo, muchos de sus poemas contienen una gran carga de compromiso social, valores did&aacute;cticos y morales que, combinados con una imaginer&iacute;a pl&aacute;stica y un utillaje ret&oacute;rico muy bien manejado, apuntan hacia unos mismos objetivos art&iacute;sticos. El poeta que se adentra en esos territorios y lleva un vivir errabundo y desgarrado alcanza, como detallara Mar&iacute;a Zambrano en <em>Filosof&iacute;a y poes&iacute;a</em>, una &eacute;tica y un g&eacute;nero de conciencia tocado por la lucidez, una <em>&eacute;tica verbal</em> sostenida sobre una recurrente intratextualidad que parece impedir el avance de esta escritura pero que, en mi opini&oacute;n, habr&iacute;a que interpretar como la se&ntilde;al de un pensamiento imparable, no detenido, esto es, de <em>un pensar</em>, un proceso en marcha y no un acto consumado.</p>
<p>As&iacute;, encontramos en <em>Espectral</em> (2011) la escritura m&aacute;s caracter&iacute;stica de su autor, esa que, atemperada con una cierta actitud rom&aacute;ntica &mdash;&laquo;&iquest;Por qu&eacute; la luz me desorienta? &iquest;Por qu&eacute; me gu&iacute;o en la oscuridad?&raquo; (p. 78), o bien: &laquo;Atr&eacute;vete a cruzar el pasadizo que lleva de la luz a las tinieblas&raquo; (p. 84)&mdash;, ha hecho de este poeta un maestro consumado en el arte de la contradicci&oacute;n, la ant&iacute;tesis y la paradoja, una escritura que vuelve una y otra vez sobre s&iacute; misma sin dejar por ello de nombrar el mundo, sin dar la espalda a la realidad, una escritura que se presenta como la manifestaci&oacute;n de un sujeto que, sin renunciar al protagonismo de la enunciaci&oacute;n, no deja de cumplir una funci&oacute;n significativa en el enunciado: &laquo;un ni&ntilde;o cruza el mundo con un f&eacute;retro al hombro, y ese ni&ntilde;o soy yo&raquo; (p. 11). La poes&iacute;a emerge entonces para constatar y al mismo tiempo desmembrar el t&oacute;pico: la vida es una b&uacute;squeda, un proceso de aprendizaje, un viaje a trav&eacute;s del mundo que &mdash;como nos ense&ntilde;ara Borges en esa brev&iacute;sima y memorable historia a la que alude en el &laquo;Ep&iacute;logo&raquo; de <em>El hacedor</em> (1960)&mdash; encuentra su destino en uno mismo. Y el sujeto l&iacute;rico que aqu&iacute; surge se integra en esa misma tradici&oacute;n cuando confiesa: &laquo;He caminado tanto y aqu&iacute; estoy. &iexcl;Huimos siempre hacia nosotros mismos!&raquo; (pp. 22-23), una huida que se materializa al final como un enfrentamiento ante uno mismo, como una especie de <em>regressus ad uterum</em> que marca el paso inici&aacute;tico hacia una posterior renovaci&oacute;n.</p>
<p><em>Espectral</em> &mdash;enmarcado entre dos citas &iacute;gneas de Dante (&laquo;Poca favilla gran fiamma seconda&raquo;) y Gimferrer (&laquo;Quins ulls s&oacute;n la nit?&raquo;), dos autores de cabecera de nuestro poeta&mdash; <em>relata</em> un viaje al m&aacute;s all&aacute; interior de un sujeto l&iacute;rico que no deja de proyectarse sobre cada uno de los textos, y eso ya desde el que abre el poemario, donde lo ardiente desempe&ntilde;a un papel relevante: &laquo;&iquest;Qu&eacute; bobina de fuego flota en el horizonte? Ser c&iacute;rculo es ser un universo. &iexcl;Versos m&iacute;os, girad!&raquo; (p. 11). Podr&iacute;a se&ntilde;alarse que aqu&iacute; est&aacute;n ya &mdash;esbozados, al menos&mdash; algunos motivos recurrentes &mdash;esas <em>met&aacute;foras obsesivas</em>, en expresi&oacute;n de la psicocr&iacute;tica&mdash; que han circunvalado esta escritura desde sus inicios: la interrogaci&oacute;n sobre el (sin)sentido de la existencia, la pasi&oacute;n, la utop&iacute;a, la escritura po&eacute;tica como representaci&oacute;n de la identidad o, mejor, de los conflictos identitarios: &laquo;&iexcl;Para saber qui&eacute;n soy comienzo a dialogar con mis fantasmas!&raquo; (p. 15), y podr&iacute;a a&ntilde;adirse que esta entrega supone un nuevo giro de tuerca a un universo po&eacute;tico trazado y entrelazado a lo largo de casi cincuenta a&ntilde;os de escritura.</p>
<p>Lo visionario ti&ntilde;e algunos fragmentos: &laquo;&iquest;Soy un iceberg que desaf&iacute;a al sol? &iquest;Un volc&aacute;n que se extingue? &iexcl;Soy el poseso que raj&oacute; el espacio para ver m&aacute;s all&aacute;!&raquo; (pp. 30-31), como si el mundo se presentase como un escenario demasiado angosto e irrespirable. De paso, el conjunto se caracteriza por el desmontaje de algunos de los t&oacute;picos y elementos ret&oacute;ricos m&aacute;s banales del imaginario art&iacute;stico m&aacute;s extendido y, as&iacute;, la voz po&eacute;tica, animada por una cierta comuni&oacute;n pante&iacute;sta con la naturaleza y tocada por un acusado sentimiento vitalista, va declarando su solidaridad con todo ser vivo: &laquo;Estoy vivo desde hace mucho fuelle y, sin embargo, no quiero morir&raquo; (p. 38). Y la muerte, como no pod&iacute;a ser de otra manera en un poeta tan entregado a exprimir la vida como este, ocupa su lugar en este libro, una muerte que, de nuevo, vuelve a manifestarse en Trasmoz y la geograf&iacute;a monca&iacute;na (como ya hab&iacute;amos tenido oportunidad de leer en <em>Poemas para los dem&aacute;s</em>), un escenario que funciona aqu&iacute; como met&aacute;fora del destino definitivo y de la complicidad con el mundo natural: &laquo;Un d&iacute;a fulgurante, desatrapado de las garras del ruido, me adentrar&eacute; en senderos pedregosos&raquo; (p. 49).</p>
<p><em>Espectral</em>, como <em>(Rigor vitae)</em>, de 2013, tiene algo de laico libro de horas, <em>slides of life</em>, cuaderno de bit&aacute;cora o <em>breviario</em> organizado para recoger en &eacute;l apuntes, notas, fragmentos e im&aacute;genes de una vida, dispuesto para ser administrado en diferentes dosis y alcanzar con todo ello un escenario en el que la palabra sobreviva a la vida, ya biografiada. El lenguaje responde aqu&iacute; a algunos planteamientos que el poeta viene exponiendo desde hace alg&uacute;n tiempo en sus diferentes manifiestos: &laquo;Por m&aacute;s que las palabras sean semillas cargadas con el silencio de los mundos, debo escribir con algo m&aacute;s que con palabras. Escribir con verdad, con riesgo, para algo, para alguien&raquo; (p. 66), escribir <em>para los dem&aacute;s</em> y, a veces, en nombre de los dem&aacute;s. As&iacute;, en <em>(Rigor vitae)</em>, leemos: &laquo;&iexcl;Hablo en nombre de aquellos cuya vida es una encrucijada!&raquo; (p. 27). Sin descuidar en ning&uacute;n momento la densidad expresiva y el nivel de exigencia formal, es un rasgo permanente de esta escritura la complicidad con el <em>dictum</em> que entiende la poes&iacute;a como una herramienta necesaria y eficaz al servicio de la comunicaci&oacute;n y no como una actividad orientada por el solipsismo. Con materiales de muy diversa procedencia, el poeta va tejiendo su particular itinerario por lugares reales e imaginarios, describiendo con todos ellos objetos, seres, situaciones, acontecimientos y mundos con los que acaba integr&aacute;ndose tras haberles enfrentado su propio mundo.</p>
<p>Reconocerse en lo extra&ntilde;o, distanciarse hacia lo m&aacute;s pr&oacute;ximo, tal parece haber sido el objetivo esencial que &Aacute;ngel Guinda ha perseguido de manera incansable. Su escritura es un magn&iacute;fico ejemplo del conflicto que a veces surge entre una actividad de la emoci&oacute;n y una pr&aacute;ctica del pensar, como si la emoci&oacute;n y el pensamiento fuesen aristas de un mismo imaginario po&eacute;tico. Heredera y en parte deudora de la mejor tradici&oacute;n l&iacute;rica de la modernidad, la poes&iacute;a de Guinda ha reactualizado con una voz potente y singular algunos de los t&oacute;picos a los que esa tradici&oacute;n se ha aproximado: la soledad del ser humano y&nbsp; los abismos infranqueables de la conciencia. Y as&iacute;, con el transcurrir del tiempo, ha ido creciendo en intensidad, reflexi&oacute;n y actitud cr&iacute;tica. De ser en sus inicios una poes&iacute;a del arrebato ha pasado a ser la escritura de un ser humano arrebatado a la vida por la propia poes&iacute;a.</p>
<p>La poes&iacute;a, vivida como una <em>necesidad</em>, permite una meditaci&oacute;n sobre el lenguaje al tiempo que procura un cierto efecto salv&iacute;fico al afrontar la presencia del abismo. Guinda se ha mostrado siempre convencido de que uno de los objetivos prioritarios de la poes&iacute;a consiste en arrojar al ser humano al abismo para salvarlo del vac&iacute;o y ganar as&iacute;, por lo menos, el propio abismo; la palabra po&eacute;tica, un quehacer en el abismo, ser&iacute;a la condici&oacute;n para soportar ese lugar en lo que tiene de espacio sin fondo, lugar sin anclaje, denota tanto el intento de ir m&aacute;s all&aacute; de cualquier frontera como la intensidad de un movimiento que habr&iacute;a de llevarle a encontrarse con los intersticios del ser.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 11 Oct 2021 11:35:10 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La conexión Beat de Roberto Bolaño]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-conexion-beat-de-roberto-bolano/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas21/Octubre/bola_o_500.jpg" alt="" /></p>
<p>Se cumplen tres lustros de la muerte en Barcelona, a los cincuenta a&ntilde;os, de Roberto Bola&ntilde;o; no obstante, ahora disponemos de otro manuscrito m&aacute;s en traducci&oacute;n inglesa: un juvenil y a veces delirante <em>bildungsroman</em> titulado <em>El esp&iacute;ritu de la ciencia-ficci&oacute;n</em>. Como sucede con mucha de la obra de Bola&ntilde;o, el libro proviene de su archivo: escrito a mano en tres cuadernos de espiral diferentes (uno amarillo, otro naranja y otro rojo), y el original comparte p&aacute;ginas con poemas, garabatos, mapas, c&aacute;lculos y anotaciones militares sobre la Guerra Civil espa&ntilde;ola y las batallas de Stalingrado, Normand&iacute;a y Waterloo.<a title="" href="#_ftn1">[1]</a></p>
<p>Aunque Bola&ntilde;o fech&oacute; estos cuadernos en 1984, unas cuantas cartas enviadas a su amigo Antoni G. Porta (con quien escribi&oacute; su primera novela publicada, <em>Consejos de un disc&iacute;pulo de Morrison a un fan&aacute;tico de Joyce</em>, en 1984) y a Bruno Montan&eacute;, muestran que su intenci&oacute;n era darle unos retoques m&aacute;s. &ldquo;&iexcl;&iexcl;Mi novela debe estar terminada antes del 86!!&rdquo;, escribi&oacute;. &ldquo;&iexcl;&iexcl;&iexcl;San Philip K. Dick, api&aacute;date de m&iacute;!!!&rdquo;.<a title="" href="#_ftn2">[2]</a> Pero no hubo ninguna versi&oacute;n nueva aparte de la comentada, concluida durante la temporada tur&iacute;stica en Blanes, donde Bola&ntilde;o pas&oacute; el verano vendiendo bisuter&iacute;a en una tienda de su madre. En aquella &eacute;poca Bola&ntilde;o carec&iacute;a de ordenador, y estaba inmerso en varios otros proyectos, entre ellos dos novelas in&eacute;ditas: <em>Diorama</em> y <em>DF, La Paloma, Tobruk</em>. <em>El esp&iacute;ritu de la ciencia-ficci&oacute;n</em> constituye, tambi&eacute;n, un fascinante cianotipo de la po&eacute;tica de Bola&ntilde;o y de hasta qu&eacute; punto este hall&oacute; inspiraci&oacute;n en Wiliam S. Burroughs y Jack Kerouac.</p>
<p><em>El esp&iacute;ritu de la ciencia-ficci&oacute;n</em> se desarrolla fundamentalmente en la Ciudad de M&eacute;xico durante los a&ntilde;os setenta del pasado siglo. M&aacute;s que una novela de ciencia ficci&oacute;n, lo es de la Guerra Fr&iacute;a: predominan el espionaje, las tretas de las grandes potencias y la amenaza de guerra nuclear. Seguimos a un joven de veinti&uacute;n a&ntilde;os llamado Remo (un alter ego de Bola&ntilde;o presente en <em>La pista de hielo</em> y otras obras in&eacute;ditas, hasta la entrada de Arturo Belano) que, en su huida del Chile de Pinochet, llega a M&eacute;xico con su camarada de veintisiete a&ntilde;os de edad, Jan Schrella. Jan, que quiere ser autor de ciencia ficci&oacute;n, se pasa enviando cartas a novelistas estadounidenses del g&eacute;nero en las que les solicita ayuda para llamar la atenci&oacute;n sobre los efectos devastadores de las disputas por el poder sovi&eacute;tico-estadounidenses en Latinoam&eacute;rica. Es una parodia de la rep&uacute;blica de las letras de la ilustraci&oacute;n, una rep&uacute;blica metaf&iacute;sica convertida en una rep&uacute;blica burlesca de escritores de ciencia ficci&oacute;n en ambos lados de la frontera; contribuye a documentar en sus cartas el &ldquo;esp&iacute;ritu&rdquo; de los tiempos con el fin de influir as&iacute; en la cosa p&uacute;blica.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Jan es otro de los alter egos de Bola&ntilde;o &ndash;en cierta ocasi&oacute;n llega a firmar una de las cartas &ldquo;Jan Schrella, alias Roberto Bola&ntilde;o&rdquo;&ndash; y el tono de sus cartas oscila entre la plena extravagancia y lo serio. Al escribir a Ursula K. Le Guin, explica que sus cartas son como las naves NAFAL (acr&oacute;nimo de &ldquo;Casi Tan Veloces Como La Luz&rdquo; en ingl&eacute;s) del ciclo de novelas de la escritora norteamericana, las cuales permiten establecer relaciones diplom&aacute;ticas con civilizaciones remotas. Cuenta al autor James Tiptree, Jr. (pseud&oacute;nimo de Alice Sheldon, escritora cuya vida personal suscit&oacute; en Bola&ntilde;o mucha curiosidad. De hecho, Sheldon aparece en una iteraci&oacute;n temprana de <em>Estrella Distante.</em>) que si fracasan sus llamamientos a los autores de ciencia ficci&oacute;n podr&iacute;a pedir a los jubilados estadounidenses que &ldquo;enviaran cartas a la Casa Blanca pidiendo el cese de la pol&iacute;tica de agresi&oacute;n a Latinoam&eacute;rica&rdquo;.<a title="" href="#_ftn3">[3]</a> Y como cree que las guerras solo pueden atajarse por medio de la religi&oacute;n o el sexo, Jan plantea al escritor de ciencia ficci&oacute;n Philip Jos&eacute; Farmer descartar, por ahora, la religi&oacute;n: &ldquo;Nos queda el sexo. Intentemos darle un empleo &uacute;til.&rdquo; Y eso se har&aacute; a trav&eacute;s, por ejemplo, de una antolog&iacute;a de relatos titulada <em>Orgasmos americanos</em> <em>en el espacio</em> o <em>Un futuro radiante</em> donde cada relato tendr&aacute; &ldquo;por lo menos un acto sexual (o en su defecto de ardiente y devota camarader&iacute;a) entre latinoamericanos y norteamericanos.&rdquo; Por supuesto es &eacute;sa la carta que firma &ldquo;Jan Schrella, alias Roberto Bola&ntilde;o&rdquo;, no sin antes anunciar que &ldquo;Hace una semana dej&eacute; de ser virgen.&rdquo;<a title="" href="#_ftn4">[4]</a></p>
<p>Estas cartas se intercalan en las dos primeras secciones de la novela, entre dos l&iacute;neas argumentales entrelazadas. En la primera vemos que Remo y Jan viven en un cuarto destartalado en una azotea, conocen a un brillante poeta <em>underground</em> y motociclista llamado Jos&eacute; Arco y exploran el sospechoso auge de revistas po&eacute;ticas en la ciudad. En la segunda l&iacute;nea argumental, que tiene lugar en una fiesta literaria escandalosa, un premiado escritor latinoamericano de ciencia ficci&oacute;n (quiz&aacute; Jan en el futuro) relata la trama de una novela ucr&oacute;nica en la cual se lanza una contraofensiva sobre las tropas de Pinochet desde un lugar llamado la Universidad Desconocida. La tercera y &uacute;ltima secci&oacute;n, titulada &ldquo;Manifiesto mexicano&rdquo;, sigue los pasos de Remo y su novia Laura mientras exploran los ba&ntilde;os p&uacute;blicos de la ciudad. A menudo Bola&ntilde;o reciclaba material para recontextualizarlo en una especie de auto-<em>cut-up</em> &agrave; la Burroughs, y este mismo texto cierra la segunda parte de su poemario p&oacute;stumo, <em>La Universidad Desconocida</em> (empez&oacute; a escribirlo en Barcelona en 1979 y lo sigui&oacute; desarrollando en Gerona hasta 1985, cuando se traslad&oacute; a Blanes; estas &uacute;ltimas fechas en Gerona coinciden con la escritura de <em>El esp&iacute;ritu de la ciencia ficci&oacute;n; </em>Bola&ntilde;o vuelve nuevamente a<em> La Universidad Desconocida </em>de 1992 a 1995). A Bola&ntilde;o le gustaba forzar los l&iacute;mites y borrar la divisi&oacute;n entre poes&iacute;a y prosa, y <em>Amberes</em>, la novela que escribe en 1980 pero que s&oacute;lo publica finalmente en 2002, tambi&eacute;n forma parte de su colecci&oacute;n de poes&iacute;a.<a title="" href="#_ftn5">[5]</a></p>
<p>De 2008 a 2014, al tiempo que se produc&iacute;a la exuberante presencia de Bola&ntilde;o en traducci&oacute;n inglesa, trabaj&eacute; entre bastidores con los herederos del escritor leyendo buena parte de los aproximadamente 14.600 documentos de su archivo y ayudando a preparar su obra p&oacute;stuma. Bola&ntilde;o, es importante a&ntilde;adir, lo guardaba todo. Su archivo incluye cuadernos, diarios, cartas, revistas, juegos de estrategia, tarjetas postales, fotos, guiones, recortes de prensa, y una amplia biblioteca (&ldquo;Hasta encontr&eacute; una servilleta de papel de un bar de M&eacute;xico&rdquo;, dijo su viuda, Carolina L&oacute;pez, en una rueda de prensa)<a title="" href="#_ftn6">[6]</a>. La riqueza del material permite identificar las obsesiones de Bola&ntilde;o en determinado momento y seguir la estela de ellas, y mis esfuerzos se vieron en la necesidad de establecer una cronolog&iacute;a de la escritura de su obra, una cronolog&iacute;a creativa que tuvo un protagonismo central en la primera exposici&oacute;n dedicada a su archivo, de la que fui comisaria junto con el equipo del Centro de Cultura Contempor&aacute;nea de Barcelona, en 2013.</p>
<p>Esa cronolog&iacute;a tambi&eacute;n arroj&oacute; luz sobre lo mucho que <em>El esp&iacute;ritu de la ciencia-ficci&oacute;n</em> estaba permeada de poes&iacute;a, y en concreto de la lectura de los poetas Beat que Bola&ntilde;o ven&iacute;a haciendo desde su &eacute;poca en M&eacute;xico. En una entrevista con Orlando Guill&eacute;n para <em>El Nacional</em> a mediados de los setenta, cuando Bola&ntilde;o a&uacute;n era un joven, casi-in&eacute;dito poeta chileno de lo que &eacute;l mismo califica de la &ldquo;Generaci&oacute;n del 73&rdquo; (todos nacidos hacia los a&ntilde;os 50), se refiere a una poes&iacute;a &ldquo;clandestina&rdquo;: &ldquo;Hay actitudes vitales que tienen cierto paralelismo con las posiciones beatniks de la segunda gran posguerra. Ellos viajan. Contradicen as&iacute; la consigna primaria de la Junta que es: &ldquo;No se muevan&rdquo;.<a title="" href="#_ftn7">[7]</a> En este mismo art&iacute;culo Bola&ntilde;o habla del puritanismo deleznable de la Junta que no permite publicar poes&iacute;a amorosa. &ldquo;El amor tambi&eacute;n es clandestino --comenta Bola&ntilde;o--, y en este sentido mi generaci&oacute;n tambi&eacute;n es clandestina&rdquo;. Bola&ntilde;o mismo guard&oacute; estos art&iacute;culos a lo largo de una vida errante, y se hallan en su archivo en una carpeta de recortes de peri&oacute;dicos y revistas titulada &ldquo;Correspondencia Infra&rdquo;.<a title="" href="#_ftn8">[8]</a> Otro recorte guardado, de <em>Exc&eacute;lsior</em>, tiene el curioso titulo de &ldquo;Montan&eacute; y Ferlinghetti, en la &Uacute;ltima Revista de Bellas Artes&rdquo;. Se trata del n&uacute;mero 23 de dicha revista, correspondiente al bimestre septiembre-octubre. Bola&ntilde;o colabora, as&iacute; como Bruno Montan&eacute; y Sergio Mac&iacute;as, con su poema &ldquo;M&iacute;ster Invisible&rdquo;. De Ferlinghetti se reproduce el &ldquo;Manifiesto populista&rdquo;, lo cual el poeta norteamericano dedica &lsquo;a los poetas con amor&rsquo;.<a title="" href="#_ftn9">[9]</a> Es en el manifiesto de Ferlinghetti donde curiosamente encontramos diversas semejanzas con la obra incipiente de Bola&ntilde;o: &ldquo;todos vosotros polic&iacute;as de la poes&iacute;a / &iquest;d&oacute;nde est&aacute;n los ni&ntilde;os salvajes de Whitman?&rdquo; [&hellip;] &ldquo;la poes&iacute;a est&aacute; muerta, larga vida a la poes&iacute;a / de ojos terribles y fuerza de b&uacute;falo&rdquo;.<a title="" href="#_ftn10">[10]</a> El poema de Ferlinghetti ha servido como uno de los &ldquo;reversos&rdquo; que Bola&ntilde;o utilizaba, quiz&aacute;s un <em>contraire</em> desde el <em>Manifiesto infrarrealista</em> (entre otras muchas influencias, evidentemente). Como explic&oacute; a Mihaly Des en la revista <em>Lateral</em> sobre el cuento &ldquo;Detectives&rdquo; de <em>Llamadas telef&oacute;nicas</em> y el poema de Nicanor Parra, &ldquo;Saranguaco&rdquo;, &ldquo;todos mis textos me los planteo como un texto donde prima el argumento, pero tiene su reverso, su <em>contraire</em>.&rdquo;<a title="" href="#_ftn11">[11]</a> Aunque el reverso original del Manifiesto de Ferlinghetti es sin duda Walt Whitman y su &ldquo;Canto al Camino Abierto&rdquo;<a title="" href="#_ftn12">[12]</a>: &ldquo;&iexcl;Allons, seas quien seas, &iexcl;viaja conmigo! / Si viajas conmigo, encontrar&aacute;s lo que nunca cansa.&rdquo; [&hellip;] &ldquo;&iexcl;Camerado, te doy la mano! / Te doy mi amor, m&aacute;s preciado que el dinero&rdquo;.<a title="" href="#_ftn13">[13]</a> Durante los a&ntilde;os 1980 y 1983, el &uacute;ltimo a&ntilde;o de Bola&ntilde;o en Barcelona y los primeros en Gerona, Bola&ntilde;o desarroll&oacute; en varias libretas un proyecto inici&aacute;tico entre poes&iacute;a y prosa titulado &ldquo;Literatura para enamorados.&rdquo;<a title="" href="#_ftn14">[14]</a></p>
<p>Barcelona, 1978, en torno al momento en que Bola&ntilde;o comenz&oacute; en serio a probar suerte con la narrativa, anot&oacute; en su diario: &ldquo;Quiero escribir una novela pero me cuesta tanto empezar&rdquo; y &ldquo;Escribo versos, sue&ntilde;o con una novela&rdquo;<a title="" href="#_ftn15">[15]</a>. En 1980 hay una referencia en su &ldquo;Diario de Vida. Poemas Cortos. Vol. II&rdquo; que explica c&oacute;mo le&iacute;a a diario a William S. Burroughs &ldquo;&iexcl;Mi Burroughs!&rdquo;. Y tambi&eacute;n escribe <em>Amberes</em>, una primera novela que, como se ha dicho, es a la vez un poema titulado &ldquo;Gente que se aleja&rdquo; en su poemario <em>La Universidad Desconocida</em>. <em>Amberes</em> se public&oacute; en vida (2002) pero <em>La Universidad Desconocida</em> no sali&oacute; hasta despu&eacute;s de su muerte (2007). &ldquo;Escrib&iacute;<em> Gente que se aleja</em> en 1980 mientras trabajaba de vigilante nocturno en el camping Estrella de Mar, en Castelldefels. El poema, como es evidente, es deudor de mis entusiastas lecturas de William Burroughs,&rdquo;<a title="" href="#_ftn16">[16]</a> explica Bola&ntilde;o. En la introducci&oacute;n de <em>Amberes</em> nos dice que &ldquo;mi enfermedad, entonces, era el orgullo, la rabia y la violencia. Estas cosas (rabia, violencia) agotan y yo me pasaba los d&iacute;as in&uacute;tilmente cansado.&rdquo;<a title="" href="#_ftn17">[17]</a> Escribe en <em>Entre par&eacute;ntesis</em> que Burroughs era &ldquo;el hombre inconmovible, el trozo de hielo que no se derret&iacute;a jam&aacute;s, el ojo que nunca se cerraba&rdquo;<a title="" href="#_ftn18">[18]</a>. Tambi&eacute;n nos recuerda que Burroughs ten&iacute;a un virus, que es el lenguaje, &ldquo;un virus llegado del espacio exterior, es decir, una enfermedad, y durante toda su vida trat&oacute; de luchar contra esa enfermedad&rdquo;.<a title="" href="#_ftn19">[19]</a> Porque como sabemos de Bola&ntilde;o, <em>La literatura + la enfermedad = la enfermedad</em>. En una primera versi&oacute;n de <em>El esp&iacute;ritu de la ciencia-ficci&oacute;n</em>, Burroughs iba a ser la persona de contacto para los j&oacute;venes chilenos Remo y Jan.<a title="" href="#_ftn20">[20]</a> A Bola&ntilde;o tambi&eacute;n lo influy&oacute; la manera de Burroughs de abordar la estructura; le fascinaba <em>El almuerzo desnudo</em> y la experimentaci&oacute;n cut-up, el estilo <em>collage</em> de <em>Nova Express</em>. Incluso tom&oacute; prestados algunos de los m&eacute;todos de Burroughs, aprovechando en sus propios versos la t&eacute;cnica de recortes que empleara este, como veremos en adelante.</p>
<p>Burroughs no era el &uacute;nico foco de atenci&oacute;n de Bola&ntilde;o. Como ya demostramos, su inter&eacute;s en los Beats se remonta a principios de la d&eacute;cada de los setenta, cuando empez&oacute; a traducir varios &ldquo;cantos&rdquo; del poema-libro de Jack Kerouac, <em>Mexico City Blues</em>. Fue m&aacute;s o menos la misma &eacute;poca de la traducci&oacute;n que sali&oacute; publicada del <em>Manifiesto populista</em> de Ferlinghetti en la <em>Revista de Bellas Artes</em>, y Bola&ntilde;o volver&iacute;a a&ntilde;os m&aacute;s tarde a estas traducciones cuando conoce a una turista de la Isla de Man que estudiaba en Oxford, en 1977. Bola&ntilde;o ten&iacute;a veinticinco a&ntilde;os y era vigilante nocturno en el camping Estrella del Mar, en Casteldefells, a las afueras de Barcelona. (Fue all&iacute; donde conoci&oacute; a un joven &ldquo;huev&oacute;n tan bello&rdquo; checoslovaco llamado Jan Kula que pas&oacute; unos d&iacute;as en el camping, pero que despu&eacute;s no paraba de enviarle cartas, una probable iteraci&oacute;n real de su personaje &ldquo;Jan Schrella&rdquo;.) En estos a&ntilde;os, Bola&ntilde;o estaba preparando una antolog&iacute;a de poes&iacute;a traducida con el t&iacute;tulo &ldquo;Un mont&oacute;n de estrellas fracasadas&rdquo; que dedicaba a Lisa Johnson como un &ldquo;producto paralelo, juguet&oacute;n, de una buena historia de deseducaci&oacute;n sentimental&rdquo;.<a title="" href="#_ftn21">[21]</a></p>
<p>En la selecci&oacute;n de los ocho cantos de Kerouac, que con la adici&oacute;n de dos m&aacute;s traducidos tiempo despu&eacute;s por su novia entonces, Lola Paniagua, se dej&oacute; guiar, escribe, por la ternura que experiment&oacute; al leer los poemas.<a title="" href="#_ftn22">[22]</a> En 1978, Bola&ntilde;o prepar&oacute; una introducci&oacute;n a sus traducciones que titul&oacute; &ldquo;Jack Kerouac &amp; Los Hechizos de M&eacute;xico&rdquo;. En ella describe a Kerouac como un poeta que &ldquo;abre su cuerpo y su movimiento a los hechizos tiernos de M&eacute;xico D. F., y de repente es la ciudad (la locura mexicana) la que empieza a circular en &eacute;l, igual que un platillo volador so&ntilde;ado por David Cooper, el Antipsiquiatra [&hellip;] Improvisando con lo primero que aparec&iacute;a en el atardecer privilegiado del D.F.&rdquo;<a title="" href="#_ftn23">[23]</a> En sus poemas, dice, recuerda fiestas detenidas en el tiempo, habla de amigos, divaga sobre pel&iacute;culas de esp&iacute;as, un &ldquo;ni&ntilde;o-fill&rdquo; sencillo y solitario en un cuartito sencillo y solitario (aunque en compa&ntilde;&iacute;a constante de un amigo de Burroughs, como veremos en adelante). No resulta dif&iacute;cil hallar algo similar en <em>El esp&iacute;ritu de la ciencia-ficci&oacute;n</em>. Al principio, M&eacute;xico se resiste a nuestros j&oacute;venes refugiados chilenos, pero finalmente cede, absorbi&eacute;ndolos en su vida interior. Inocul&aacute;ndoles la enfermedad del lenguaje &agrave; lo Burroughs, hay una escena en la que Remo se queda contemplando su cara de alien&iacute;geno reflejada en el escaparate de un Sanborn&rsquo;s y con las palabras vemos su mundo en transformaci&oacute;n: "con panes y paltas,&rdquo; escribe Bola&ntilde;o, &ldquo;que en adelante y para siempre llamar&iacute;a aguacates, entre brazos, y un litro de leche Lala, y los ojos, no los m&iacute;os sino los que se perdieron en el negro de la vitrina, empeque&ntilde;ecidos como si hubiera sido visto por el desierto.&rdquo;<a title="" href="#_ftn24">[24]</a> Y el lector de Bola&ntilde;o puede ya entender esta referencia del desierto como un presagio de <em>Los detectives salvajes</em>.</p>
<p>Existen otros paralelismos m&aacute;s literales al fondo de <em>El esp&iacute;ritu de la ciencia ficci&oacute;n</em>. En 1955, Kerouac, como Remo y Jan, vivi&oacute; en un desvencijado cuarto de azotea de la Ciudad de M&eacute;xico que era de Burroughs, y con el amigo de &eacute;ste, el viejo ladr&oacute;n de Times Square y morfin&oacute;mano William Garver (el hombre real tras el pseud&oacute;nimo Bill Gains en <em>Junky</em>). Fue en esa azotea donde Kerouac compuso la mayor parte de <em>Mexico City Blues</em>, un libro de 242 cantos. En su introducci&oacute;n a las traducciones, Bola&ntilde;o narra la necesidad de Kerouac de &ldquo;trastornar los espacios neutros de la vida cotidiana, transform&aacute;ndose&rdquo;.<a title="" href="#_ftn25">[25]</a> Esto era parte de la c&eacute;lebre manera que los Beat ten&iacute;an de improvisar: el modo que Kerouac y sus contempor&aacute;neos ten&iacute;an de trasmutar lo prosaico. A Bola&ntilde;o le fascinaba c&oacute;mo Kerouac infund&iacute;a su verso con los registros y la musicalidad de la ciudad que lo rodeaba, y quer&iacute;a que <em>El esp&iacute;ritu de la ciencia-ficci&oacute;n </em>alcanzara un efecto similar. (Cuando escribi&oacute; la novela, en Espa&ntilde;a, a&uacute;n sent&iacute;a mucha nostalgia de M&eacute;xico.)<a title="" href="#_ftn26">[26]</a> Bola&ntilde;o no hac&iacute;a uso de la &ldquo;escritura autom&aacute;tica&rdquo; de los Beats, pero empleaba muchas t&eacute;cnicas espont&aacute;neas. Improvisaba largos poemas en sus notas y escuchaba <em>jazz</em> mientras escrib&iacute;a, permitiendo que el lenguaje bullera en su psiquis y pasara de ah&iacute; a la p&aacute;gina. Entonces extra&iacute;a los versos o met&aacute;foras que le gustaban y los revisaba minuciosamente.</p>
<p>En la exposici&oacute;n ofrecimos varios recortes de prensa del archivo de Bola&ntilde;o que demuestran c&oacute;mo utilizaba el sistema de cut-ups al estilo de los dada&iacute;stas, los OuLiPo, pero muy particularmente al estilo de Burroughs y Brian Gysin, en algunos de sus cuentos de la &eacute;poca, tanto publicados como in&eacute;ditos. Por ejemplo, en &ldquo;El contorno del ojo&rdquo;: &ldquo;Una curiosa criatura parecida a una vaca gigante pero que posee un pico de pato. Las palabras del peri&oacute;dico se ordenaron como un acertijo infantil dentro de mi cabeza.&rdquo;<a title="" href="#_ftn27">[27]</a> Durante esta &eacute;poca temprana cuando a&uacute;n le costaba trasladarse de la poes&iacute;a a la narrativa, parece que necesitaba estos movimientos generativos, sus reversos, para arrancar un texto; escrib&iacute;a &ldquo;contra&rdquo; algo, un poema, una imagen, una lista, de forma asociativa. El estudioso americano de cine y literatura, Bruce Morissette, lo define con referencia a la obra de Robbe-Grillet, <em>Topologie d&rsquo;une cit&eacute; fant&ocirc;me</em>, un libro que creo por algunas indicaciones que Bola&ntilde;o ley&oacute; (hay una edici&oacute;n en espa&ntilde;ol de 1978), como una t&eacute;cnica de &ldquo;intertextual assemblage as fictional generator&rdquo;: &ldquo;he uses a panoply of saussurian cultural <em>langue</em>, and by cutting them into pieces in a &ldquo;mouvement de r&eacute;trogradation&rdquo; makes of them his own <em>parole</em>, a new <em>&eacute;criture</em>.&rdquo;<a title="" href="#_ftn28">[28]</a></p>
<p>En una entrevista que dio Bola&ntilde;o junto con Jorge Alejandro Boccanera en <em>Plural</em> sobre &ldquo;La Nueva Poes&iacute;a Latinoamericana, &iquest;Crisis o Renacimiento?<a title="" href="#_ftn29">[29]</a> hace una referencia del Manifiesto de Ferlinghetti y tambi&eacute;n al <em>Aullido</em> de Allen Ginsberg cuando le preguntan por la posible vanguardia y su contexto sociopol&iacute;tico: &ldquo;la poes&iacute;a conversacional se queda muda cuando ve pasar por la calle a los ni&ntilde;os rojos, a los ni&ntilde;os salvajes de Whitman, a los que sin darse cuenta a&uacute;llan.&rdquo; En adelante nos proporciona otra referencia por si a los lectores esc&eacute;pticos a&uacute;n les faltara una prueba m&aacute;s: &ldquo;El n&uacute;cleo central de una posible vanguardia debe ser la aventura, creo yo. Y prefiero al muchacho que lee a De Rokha en vez de Val&eacute;ry, el que lee a Kerouac y no a Fuentes, el que escribe en una m&aacute;quina de sue&ntilde;os: Dinero Gratis o Thanatos Go Home.&rdquo;<a title="" href="#_ftn30">[30]</a> Tambi&eacute;n habla de los antecedentes de la nueva poes&iacute;a: &ldquo;una cadena de carnicer&iacute;as, una colecci&oacute;n de fotos de poetas surrealistas, una monoman&iacute;a por las carreteras, nuevamente una cadena de carnicer&iacute;as, informaciones enajenadas con el m&eacute;todo <em>cut-up</em>, complots experimentales, canciones de rock-&lsquo;n-roll (sobre todo <em>Simpat&iacute;a por el diablo</em>), Vietnam y la guerrilla [&hellip;].&rdquo;<a title="" href="#_ftn31">[31]</a> Y resume su postura diciendo &ldquo;Aventura de los nervios, aventura de los p&aacute;rpados, aventura del camino, aventura de la revoluci&oacute;n, aventura del amor.&rdquo;<a title="" href="#_ftn32">[32]</a> En <em>La Universidad Desconocida</em> se puede ver claramente c&oacute;mo Bola&ntilde;o aplica una versi&oacute;n &ldquo;cut-up&rdquo; &agrave; lo Burroughs al canto 75 de Kerouac.<a title="" href="#_ftn33">[33]</a></p>
<p>Bola&ntilde;o tambi&eacute;n a&ntilde;adi&oacute;, a su reelaboraci&oacute;n de los m&eacute;todos de los Beat, una dimensi&oacute;n pol&iacute;tica donde le parec&iacute;a que esta faltaba. En su introducci&oacute;n a &ldquo;Un mont&oacute;n de estrellas fracasadas&rdquo;, Bola&ntilde;o apunta que Kerouac, a pesar de todo su virtuosismo, era &ldquo;el muchacho apol&iacute;tico norteamericano que juntaba jazzistas negros, dioses indios y experiencias mexicanas, como otros juntan estampillas. Kerouac, elaborando el discurso del vac&iacute;o para llenar, de esa manera, los espacios hechos trizas por el amor&rdquo;.&nbsp;Buena parte de <em>El esp&iacute;ritu de la ciencia-ficci&oacute;n</em> puede leerse como una reacci&oacute;n a este vac&iacute;o. La novela tambi&eacute;n contiene ecos de <em>Tristessa</em> de Kerouac, que detalla el encuentro de este con la drogadicci&oacute;n y una prostituta empobrecida en la Ciudad de M&eacute;xico. Pero mientras que Kerouac llega del norte, los personajes de Bola&ntilde;o llegan del sur y no buscan la vida trepidante, sino refugio para no ser detenidos y torturados en Chile. Tambi&eacute;n ellos comienzan a integrarse en la contracultura bohemia de la ciudad, pero como un medio de afirmar la vida en vez de abrazar la autodestrucci&oacute;n como hicieron los Beat, aunque Bola&ntilde;o ve&iacute;a a trav&eacute;s de sus poetas &ndash;y par&oacute;dicamente sus escritores de ciencia ficci&oacute;n&ndash; que una Norteam&eacute;rica inocente pod&iacute;a vivir paralelamente a una Norteam&eacute;rica imperialista. A lo largo de la novela, Jan y Remo realizan intentos desesperados, si bien hilarantes, de hacer ver a los escritores estadounidenses que est&aacute;n devastando Latinoam&eacute;rica.</p>
<p>En suma, Bola&ntilde;o no es el escritor apol&iacute;tico que baja al sur a pas&aacute;rselo bien. En 1984, cuando escribi&oacute; <em>El esp&iacute;ritu de la ciencia-ficci&oacute;n</em>, a&uacute;n se alzaba el Muro de Berl&iacute;n y la carrera armament&iacute;stica estaba en su apogeo. Persist&iacute;an en Latinoam&eacute;rica varios ecos de agresiones extranjeras. Dos a&ntilde;os despu&eacute;s de la Matanza de Tlatelolco, en la Ciudad de M&eacute;xico, cuando la polic&iacute;a y el ej&eacute;rcito dispararon contra estudiantes y otras personas, la Guardia Nacional abr&iacute;a fuego contra los estudiantes estadounidenses que se manifestaban en las universidades de Kent State (Ohio) y de Jackson State (Mississippi). Un a&ntilde;o m&aacute;s tarde, en la Masacre de Corpus Christi, fuerzas de elite mexicanas dieron muerte a m&aacute;s de un centenar de estudiantes que se manifestaban, acontecimiento que describe el director Alfonso Cuar&oacute;n en su reciente pel&iacute;cula <em>Roma</em>. &ldquo;Era lo mismo Arizona, Sonora, Nuevo M&eacute;xico, Chihuahua, todo es lo mismo,&rdquo;<a title="" href="#_ftn34">[34]</a> escribi&oacute; Bola&ntilde;o en su novela <em>2666</em>. En &ldquo;Palingenesia&rdquo;, un poema de <em>La Universidad Desconocida</em>, Bola&ntilde;o charla con el poeta Archibald MacLeish mientras ambos toman unas tapas en Barcelona. All&iacute; escribe: &ldquo;para dos poetas, si bien de diferentes lenguas, del mismo ind&oacute;mito / Nuevo Mundo&rdquo;.</p>
<p>Este es el tema nuclear de <em>El esp&iacute;ritu de la ciencia-ficci&oacute;n</em>: la idea de que las Am&eacute;ricas est&aacute;n uncidas, unidas en la lucha. Para plantear esa cuesti&oacute;n, Bola&ntilde;o tom&oacute; prestada parte de la est&eacute;tica de la contracultura estadounidense, usando la espontaneidad, el humor y el juguet&oacute;n rechazo de la narraci&oacute;n propios de los Beat para estudiar los estragos del estado. El libro no es perfecto: a veces se pasa de listo, y a menudo hay frases excesivas o cacharrer&iacute;a sin ton ni son. Se trata de una novela primeriza, y el autor ya no est&aacute; entre nosotros para mejorarla. Pero tambi&eacute;n tiene pasajes estremecedoramente hermosos, y sus lecciones acerca del alcance de la forma de hacer pol&iacute;tica de los Estados Unidos resuenan con rabiosa actualidad. Un joven de enorme talento la escribi&oacute;, en (m&aacute;s o menos) 1984, creyendo que la verdad a la que se llega mediante el arte era el &uacute;nico medio para la revoluci&oacute;n. En este sentido, se lee como un mensaje de alguien de ultratumba: &ldquo;El alma del autor muerto est&aacute; presente en la novela junto con los otros fantasmas&rdquo;,<a title="" href="#_ftn35">[35]</a> escribi&oacute; Bola&ntilde;o.</p>
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<p>Traducci&oacute;n de Antonio Rivero Taravillo</p>
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<div><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;Los cuadernos se mostraron en la exposici&oacute;n <em>Archivo Bola&ntilde;o, 1977-2003</em>, inaugurada el 13 de marzo, 2013 en el CCCB de Barcelona y luego trasladada al Centro Recoleta en Buenos Aires y La Casa del Lector en Madrid. Se puede ver una imagen en uno de los cuadernos en el cat&aacute;logo de la exposici&oacute;n (ver la bibliograf&iacute;a). Tambi&eacute;n en el v&iacute;deo de la exposici&oacute;n aparece una selecci&oacute;n de algunos de los libros de Bola&ntilde;o de ciencia&nbsp; ficci&oacute;n, junto con los cuadernos arriba mencionados en el minuto 2.30: https://vimeo.com/65389047&nbsp; &nbsp;Y finalmente, en la secci&oacute;n de &ldquo;Apuntes de Roberto Bola&ntilde;o para la escritura de <em>El esp&iacute;ritu de la ciencia ficci&oacute;n&rdquo;</em>, al final de la novela, Alfaguara, pp. 225 &ndash; final del libro (sin n&uacute;mero).</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a>&nbsp;V&eacute;ase el art&iacute;culo de Elena Hevia en <em>El Peri&oacute;dico</em>, &ldquo;La novela &lsquo;abominable&rsquo; de Bola&ntilde;o&rdquo;, el 11 de junio, 2016. https://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20161106/bolano-el-espiritu-de-la-ciencia-ficcion-inedito-postumo-5611731</p>
<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a>&nbsp;Bola&ntilde;o, <em>El esp&iacute;ritu de la ciencia ficci&oacute;n</em>, p&aacute;gina 174.</p>
<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a>&nbsp;Bola&ntilde;o, <em>El esp&iacute;ritu de la ciencia ficci&oacute;n</em>, p&aacute;ginas 203-204.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a>&nbsp;Ver la Cronolog&iacute;a Creativa en el cat&aacute;logo de la exposici&oacute;n Archivo Bola&ntilde;o, 1977 &ndash; 2003, p&aacute;ginas 28 y 29.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a>&nbsp;Carles Geli, &ldquo;En la cocina in&eacute;dita de Roberto Bola&ntilde;o&rdquo;, El Pa&iacute;s, 6 marzo 2013. https://elpais.com/ccaa/2013/03/05/catalunya/1362510621_439980.html</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a>&nbsp;Orlando Guillen, <em>El Nacional</em>, &ldquo;El Amor Tambi&eacute;n es Clandestino&rdquo; recorte del archivo de Bola&ntilde;o, sin fecha.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref8">[8]</a>&nbsp;Nombre de la revista infrarrealista de muy pocos ejemplares en la que Bola&ntilde;o public&oacute; el primer Manifiesto Infrarrealista. <em>Correspondencia Infra, revista menstrual del movimiento infrarrealista</em>, n&uacute;mero 1, octubre / noviembre de 1977, p&aacute;ginas 5-11.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref9">[9]</a>&nbsp;Autor desconocido, <em>Exc&eacute;lsior</em>, M&eacute;xico, el 11 de diciembre, 1975. Recortado por Bola&ntilde;o y guardado en una carpeta de recortes de peri&oacute;dicos y revistas titulado&nbsp; &ldquo;Correspondencia Infra&rdquo;.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref10">[10]</a>&nbsp;Ferlinghetti, &ldquo;<em>Manifiesto Populista y Otros Poemas</em>. M&aacute;laga: Eds. Arbol de Poe, 2005.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref11">[11]</a>&nbsp;Mihaly Des, <em>Jornadas homenaje Roberto Bola&ntilde;o</em>, p&aacute;gina 150.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref12">[12]</a>&nbsp;Bola&ntilde;o escribe sobre Whitman en <em>Entre Par&eacute;ntesis</em>: &ldquo;todos los poetas americanos, para bien o para mal, tarde o temprano tienen que enfrentarse a Whitman. Neruda lo hace, siempre, como el hijo obediente. Vallejo lo hace como el hijo disobediente o como el hijo pr&oacute;digo. Borges, y aqu&iacute; radica su originalidad y su pulso que jam&aacute;s tiembla, lo hace como un sobrino, is siquiera muy cercano, un sobrino cuya curiosidad oscila entre la frialdad del entom&oacute;logo y el resignado ardor del amante. [&hellip;] Su poes&iacute;a, sin embargo es la m&aacute;s whitmaniana de todas: por sus versos circulan los temas de whitman, sin excepci&oacute;n, y tambi&eacute;n sus reflejos y contrapartidas, el reverso y anverso de la historia, la cara y la cruz de esa amalgama que es Am&eacute;rica&hellip;&rdquo; p&aacute;gina 186.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref13">[13]</a>&nbsp;Whitman, Hojas de hierba, edici&oacute;n y traducci&oacute;n de Eduardo Moga, p&aacute;ginas 452 y 465</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref14">[14]</a>&nbsp;Para ver la imagen de una de estas libretas, ver <em>Archivo Bola&ntilde;o, 1977 &ndash; 2003</em>, cat&aacute;logo de la exposici&oacute;n, p&aacute;gina 57.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref15">[15]</a>&nbsp;Ibid, p&aacute;gina 16.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref16">[16]</a>&nbsp;Bola&ntilde;o, La <em>Universidad Desconocida,</em> p&aacute;gina 443.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref17">[17]</a>&nbsp;Bola&ntilde;o, <em>Amberes</em>, p&aacute;gina 10.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref18">[18]</a>&nbsp;Bola&ntilde;o, <em>Entre Par&eacute;ntesis</em>, p&aacute;gina 147.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref19">[19]</a>&nbsp;Ibid, p&aacute;gina 148.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref20">[20]</a>&nbsp;Ver la secci&oacute;n de &ldquo;Apuntes de Roberto Bola&ntilde;o para la escritura de <em>El esp&iacute;ritu de la ciencia ficci&oacute;n&rdquo;</em>, al final de la novela, Alfaguara, pp. 225 &ndash; final del libro (sin n&uacute;mero)</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref21">[21]</a></p>
<p><a title="" href="#_ftnref22">[22]</a>&nbsp;Archivo de los herederos de Roberto Bola&ntilde;o, 33 / 218. Tambi&eacute;n ver el art&iacute;culo de Josep Massot, &ldquo;El d&iacute;a que Bola&ntilde;o decidi&oacute; ser novelista.&rdquo; <em>La Vanguardia</em>, 1 de enero, 2012.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref23">[23]</a>&nbsp;Ibid.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref24">[24]</a>&nbsp;Bola&ntilde;o, <em>El esp&iacute;ritu de la ciencia ficci&oacute;n</em>, p&aacute;gina 12.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref25">[25]</a>&nbsp;Archivo de los Herederos de Roberto Bola&ntilde;o, 33 / 218. Tambi&eacute;n ver el art&iacute;culo de Josep Massot, &ldquo;El d&iacute;a que Bola&ntilde;o decidi&oacute; ser novelista.&rdquo; <em>La Vanguardia</em>, 1 de enero, 2012.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref26">[26]</a>&nbsp;Bola&ntilde;o escribe en una carta a un tal Claudio m&aacute;s o menos en las navidades de 1978, que el D.F. tiene una est&eacute;tica (una est&eacute;tica con movimiento de ola), hay una m&uacute;sica, hay una forma de amar, hay una forma de autodestruirse, &ldquo;y aunque m&aacute;s de la mitad de este librito est&aacute; escrito en Barcelona, todos los poemas juegan, comienzan a jugar, en un espacio que es el de all&aacute;.&rdquo; Archivo de los herederos de Roberto Bola&ntilde;o, 35/15-48.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref27">[27</a>&nbsp; Bola&ntilde;o, &ldquo;El contorno del ojo&rdquo;, <em>Cuentos Completos</em>, p&aacute;gina 633. Se pueden ver en el v&iacute;deo de la exposici&oacute;n en el momento 2.49: http://www.cccb.org/es/multimedia/videos/archivo-bolano-1977-2003/210985</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref28">[28]</a>&nbsp;Bruce Morrissette, &ldquo;Intertextual Assemblage as Fictional Generator: Topologie d&rsquo;une cit&eacute; fant&ocirc;me.&rdquo; <em>The International Fiction Review</em>, 5, No 1 (1978), p&aacute;gina 1.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref29">[29]</a>&nbsp;La entrevista va de la p&aacute;gina 41 a la 49, pero en el recorte del archivo de Bola&ntilde;o no hay una fecha puesta en las p&aacute;ginas, aunque en las biograf&iacute;as menciona su poemario <em>Reinventar el amor</em> (1976), y que &ldquo;aparece en la antolog&iacute;a <em>Once j&oacute;venes poetas latinoamericanos, </em>de pr&oacute;xima aparici&oacute;n&rdquo; (que sali&oacute; con el t&iacute;tulo <em>Muchachos desnudos bajo el arco de iris de fuego </em>con Bola&ntilde;o ya en Espa&ntilde;a, en 1979). Es un art&iacute;culo escrito a cuatro manos, aunque toma formato de entrevista, del n&uacute;mero 68 de la revista <em>Plural,</em> entonces ya bajo la direcci&oacute;n de Jaime Labastida, en mayo de 1977. Lo interesante es que este texto sali&oacute; antes de la publicaci&oacute;n del <em>Manifiesto Infrarrealista</em> en 1976 y aqu&iacute; salen extractos que luego Bola&ntilde;o escribe en el Manifiesto.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref30">[30]</a>&nbsp;Ibid, p&aacute;gina 49. &ldquo;Dinero Gratis&rdquo; es una referencia a la canci&oacute;n &ldquo;Free Money&rdquo; de Patti Smith, y saldr&aacute; en unos meses esa misma referencia en su propio <em>Manifiesto Infrarrealista</em>, pero en su versi&oacute;n en ingl&eacute;s, Free Money&rdquo;que se puede ver en la recopilaci&oacute;n de los textos de Bola&ntilde;o en <em>A la intemperie</em>, p&aacute;gina 358.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref31">[31]</a>&nbsp;Ibid, p&aacute;gina 44. Aqu&iacute; podr&iacute;amos leer sin demasiada paranoia o creatividad una referencia al &ldquo;monoman&iacute;aco&rdquo; Capit&aacute;n Ahab, ya que <em>Moby Dick</em> de Herman Melville fue una novela fundamental para Bola&ntilde;o, dicho por &eacute;l mismo varias veces, y a la carretera de Kerouac.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref32">[32]</a>&nbsp;Ibid, p&aacute;gina 49.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref33">[33]</a>&nbsp;Canto 75 de Jack Kerouac, <em>Mexico City Blues</em>, p&aacute;gina 75 y poema de <em>La Universidad Desconocida</em>, p&aacute;gina 30.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref34">[34]</a>&nbsp;Bola&ntilde;o, <em>2666</em>, p&aacute;gina 527.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref35">[35]</a>&nbsp;Bola&ntilde;o, <em>El esp&iacute;ritu de la ciencia ficci&oacute;n</em>, p&aacute;gina XX.</p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 11 Oct 2021 04:45:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Selvada por el poema]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/selvada-por-el-poema/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/Celia-500.jpg" alt="" /></p>
<p>&laquo;El pozo y la estrella&raquo; fue el t&iacute;tulo que Octavio Paz dio a una breve nota necrol&oacute;gica que public&oacute; en <em>Vuelta</em> a ra&iacute;z de la muerte de Roberto Juarroz. Recuerdo esto porque se trata de dos poetas, dos pensadores del lenguaje po&eacute;tico convocados por Celia Carrasco Gil en diferentes momentos, y dos motivos, el pozo y la estrella, que, como se ver&aacute;, remiten a dos campos sem&aacute;nticos intensamente frecuentados por esta poeta.</p>
<p>Tras un sorprendente y s&oacute;lido primer libro titulado <em>Entre temporal y frente</em> (Olifante, 2020), Celia Carrasco publica ahora <em>Selvaci&oacute;n</em>, volumen con el que obtuvo el XXII Premio &laquo;Gloria Fuertes&raquo; de Poes&iacute;a Joven y con el que apuntala una l&iacute;nea de trabajo muy firme y consistente con la palabra, al margen del ruido y la sobrexposici&oacute;n medi&aacute;tica que suelen acompa&ntilde;ar &uacute;ltimamente a la poes&iacute;a m&aacute;s aplaudida en Espa&ntilde;a, un pa&iacute;s en el que este g&eacute;nero a menudo se somete a las reglas y servidumbres del espect&aacute;culo y el comercio m&aacute;s ins&iacute;pidos.</p>
<p>Celia Carrasco, sin prejuicios, atenta solo al poder ingobernable del lenguaje, ha ido a lo largo de estos a&ntilde;os dando forma a su singular taller de escritura, entendiendo desde el principio la actividad de hacer versos como un <em>juego </em>muy serio en el que las palabras, con sus interminables combinaciones, encierran tesoros y posibilidades que hay que explorar y descubrir; en este sentido, los dobles sentidos y la sugerente ambig&uuml;edad generada por el inteligente uso de la polisemia son mecanismos vehiculares recurrentes. As&iacute;, con <em>Entre temporal y frente</em> entreg&oacute; un libro medido hasta el &uacute;ltimo detalle en el que nada quedaba al azar, un poemario penetrante y hondo, dotado de una profunda coherencia y de una estructura org&aacute;nica muy bien ensamblada en el que las palabras eran cuidadosamente elegidas hasta el punto de configurar con ellas unos poemas sostenidos sobre unas envolventes cadencias r&iacute;tmicas, continuos hip&eacute;rbatos y un incontestable y perturbador tempo musical.</p>
<p>Rasgos que dan cuenta de una voz con una acusada y exigente conciencia expresiva que tambi&eacute;n brotan en este nuevo libro, <em>Selvaci&oacute;n</em>, t&eacute;rmino que responde a un procedimiento de creaci&oacute;n l&eacute;xica a partir de &laquo;selva&raquo; y &laquo;salvaci&oacute;n&raquo; con el que la poeta nombra el intersticio &laquo;de una vida / que se parte&raquo;, un escenario situado en un punto indeterminado, entre la ciudad desasosegante y la selva como emblema de lo sagrado, la vida natural y la libertad, motivo este esencial, me parece, en la idea que Celia Carrasco tiene de lo po&eacute;tico, imprescindible en el momento de lanzarse desde lo alto del acantilado al abismo de la creaci&oacute;n. Y creo que la poes&iacute;a podr&iacute;a nombrar ese espacio impreciso de refugio, ternura y proyecci&oacute;n. Como leemos en &laquo;Polifemo&raquo;: &laquo;Que la poes&iacute;a te cuaje y que te mime y te madure en soledad / dentro de su cueva por un tiempo. / Te meza en la caverna de su selva y te haga resistente&raquo;. <em>Selvada</em>, pues, por el poema.</p>
<p>Dividido en tres partes &mdash;&laquo;Ciudad&raquo;, &laquo;Hogueras cenicientas&raquo; y &laquo;San Silvestre&raquo;&mdash;, <em>Selvaci&oacute;n</em> incluye un total de treinta y nueve poemas, trece en cada una de las secciones, un dato nada fortuito que es indicio del inter&eacute;s arquitect&oacute;nico de esta poeta por armar un libro que sea algo m&aacute;s que una mera agrupaci&oacute;n de textos. Como su primera entrega, <em>Selvaci&oacute;n</em> tambi&eacute;n se abre con un soneto, esta vez de t&iacute;tulo hom&oacute;nimo al del libro, que contiene dos sonetos m&aacute;s, el extraordinario &laquo;Espeleolog&iacute;a&raquo; y &laquo;Panor&aacute;mica&raquo;. El volumen, ya desde el mismo t&iacute;tulo, responde al deseo de construir un <em>locus</em> que se encuentre m&aacute;s all&aacute; o al margen del t&oacute;pico &laquo;menosprecio de corte y alabanza de aldea&raquo;, tan reiterado a lo largo de nuestra tradici&oacute;n literaria, que aqu&iacute; se traduce en la confrontaci&oacute;n entre un territorio urbano amenazado por una cierta deshumanizaci&oacute;n y un espacio selv&aacute;tico e ind&oacute;mito propicio para que broten el amor y la libertad. Si en su primer libro Celia Carrasco encontraba en Miguel Hern&aacute;ndez un referente important&iacute;simo, alguien en quien vio aunadas la fuerza verbal y la confidencia entra&ntilde;able de las emociones recreadas, aqu&iacute; las autoridades convocadas se ampl&iacute;an a autores como Fray Luis de Le&oacute;n, J. Joubert, E. Dickinson, A. Machado, D. Agustini, G. Bachelard, R. Dar&iacute;o, Huidobro, Cernuda, Garc&iacute;a Lorca, Neruda, los ya citados Paz y Juarroz, B. de Otero, J. Hierro, J. &Aacute;. Valente o M. D&acute;Ors, entre otros, lo cual es indicio de un imaginario po&eacute;tico y cultural complejo y vers&aacute;til, se&ntilde;al de que los senderos por los que en este libro se transita son muchos y diferentes entre s&iacute;. Sin prejuicios, sin lentes ni quevedos de ning&uacute;n tipo, Celia Carrasco observa con los ojos del asombro dispuesta a abismarse en un mundo in&eacute;dito.</p>
<p>Como suced&iacute;a en su poemario anterior, <em>Selvaci&oacute;n</em> tambi&eacute;n se inicia con un texto en el que leemos una declaraci&oacute;n de amor y entrega incondicional a la poes&iacute;a frente a los embates tortuosos y falaces de la vida (la asombrosa potencia del simulacro, la espectacularidad de la apariencia, la formidable y ensordecedora detonaci&oacute;n de los ecos, la suplantaci&oacute;n de la realidad por la virtualidad y de la originalidad por la clonaci&oacute;n y el plagio). Y desde ah&iacute;, coloc&aacute;ndose en un lugar inc&oacute;modo e inestable, &laquo;sin suelo que pisar&raquo;, se dispone a recorrer el sendero incierto hacia su deseada e inquietante &laquo;selva sagrada&raquo;, el lugar del idilio y la emancipaci&oacute;n, el sitio donde &laquo;el silencio fecunda la palabra&raquo; y el poema nos cuida y acompa&ntilde;a con una desconcertante sensaci&oacute;n de escalofr&iacute;o. En esa selva, &laquo;lugar de comuni&oacute;n con la palabra&raquo; y, al mismo tiempo, espacio donde el mundo se invalida al pronunciarse, se adentra esta poeta con la ilusi&oacute;n de dar con el secreto del acontecimiento que desequilibra y conmueve.</p>
<p><em>Selvaci&oacute;n</em> dibuja escenarios urbanos y naturales configurados a partir de ins&oacute;litas expresiones metaf&oacute;ricas y en ellos se despliega un abanico de registros dotados de una alt&iacute;sima densidad imaginaria. En un primer momento, la voz que aqu&iacute; habla se ve a s&iacute; misma naufragando en una vida que la aprieta y constri&ntilde;e, obligada a &laquo;reptar por avenidas sucias en silencio&raquo; y a olvidarse de los p&aacute;jaros que, lejos del &laquo;n&uacute;cleo del suelo&raquo;, quiz&aacute;s son se&ntilde;ales de otra vida m&aacute;s vac&iacute;a y m&aacute;s plena. Asediada por una nader&iacute;a insulsa y repleta de banalidades, esa voz a&uacute;n tiene fuerzas para convivir con los desheredados y los desplazados del banquete social y compartir con ellos la verdad real e incontestable de sus existencias, como sucede, por ejemplo, en poemas como &laquo;La huella en el margen&raquo;, &laquo;Adoqu&iacute;n in&eacute;dito&raquo; o &laquo;El hombre de hojalata&raquo;, en donde encuentra, a pesar del evidente desamparo, motivos para la esperanza. Una voz que asimismo contempla con estupor un &laquo;rayo de sol que se ha hecho a&ntilde;icos / en la ma&ntilde;ana p&oacute;stuma de los viandantes / sin que nadie lo recoja&raquo;, un rayo de sol que muy bien podr&iacute;a ser s&iacute;ntoma de un mundo natural perdido y olvidado, ese que, por ejemplo, representan la Amazonia y las amazonas en poemas como &laquo;Ahorcado amaz&oacute;nico&raquo; y &laquo;Ensue&ntilde;o de filolog&iacute;a&raquo;. <em>Selvaci&oacute;n</em> necesita un <em>lector atento</em> y vigilante, dispuesto a acompa&ntilde;ar en ese viaje a quien con su palabra ha logrado dar voz a lo desaparecido &mdash;la figura del padre, por ejemplo, en poemas como &laquo;Chispa&raquo;, &laquo;Mudanza&raquo; o el memorable y ya citado &laquo;Espeleolog&iacute;a&raquo;&mdash;, trastrocar la vida convirti&eacute;ndola en una experiencia liberadora y luminosa, modelada aqu&iacute; por &laquo;el torno de alfarero del consumismo&raquo;, motivo tambi&eacute;n de cr&iacute;tica en otro poema, &laquo;Nueva le&ntilde;a&raquo;.</p>
<p>En estas circunstancias, como sugiere Celia Carrasco, se tratar&iacute;a de avanzar aireando la palabra, despoj&aacute;ndola de todas esas losas con las que hemos levantado el mausoleo en el que rendimos cuentas a la muerte, disolviendo los espectros de una lengua f&oacute;sil que se empe&ntilde;a en silenciar el canto &aacute;spero y luminoso con el que los muertos nombran al alba la distancia que se ensancha y el tiempo que se encoge. Se tratar&iacute;a de navegar sin una ruta marcada, de andar por andar, de caminar hacia cualquier sitio, hacia ning&uacute;n sitio, hacia todos los sitios, como hace esta poeta al desplazarse por el sendero que atraviesa sin dejar huella, recorre hacia lo m&aacute;s inquietante de s&iacute; misma y en el que genera un hueco donde respirar convirti&eacute;ndolo en una zona habitable desde la que poder contemplar las estrellas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Celia Carrasco Gil, <em>Selvaci&oacute;n</em>, Madrid, Torremozas, 2021.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 08 Sep 2021 11:53:09 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Inocencia, desamparo y erotismo en la poesía de Juan Sánchez Peláez]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/inocencia-desamparo-y-erotismo-en-la-poesia-de-juan-sanchez-pelaez/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/JUAN_S_NCHEZ_PEL_EZ_2.jpg" alt="" /></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/carta.jpg" alt="" /></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em>Sr. </em></p>
<p><em>Juan S&aacute;nchez Pel&aacute;ez</em></p>
<p><em>Caracas.</em></p>
<p><em>*</em></p>
<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Valencia, 9 de nov. De 1967</em></p>
<p><em>Querido Juan:</em></p>
<p><em>Tengo &aacute;nimo de hacer desde hace tiempo un trabajo sobre tu poes&iacute;a que precise para m&iacute; y para otros, ciertas valoraciones y revelaciones cuyo poder gravita demasiado t&aacute;citamente. M&aacute;s que una incursi&oacute;n amistosa o unas formulaciones r&iacute;gidas, quiero anotar con un pensamiento liberado de la ocasi&oacute;n, algunos estados capitales de tu decir po&eacute;tico, determinados &eacute;nfasis, zonas privilegiadas de comunicaci&oacute;n con el ser. </em></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>Las palabras transcritas y que acabo de leer, con las que he dado inicio a esta charla, pertenecen a una carta in&eacute;dita que Eugenio Montejo (1938-2008) le envi&oacute; a Juan S&aacute;nchez Pel&aacute;ez (1922-2003) en noviembre de 1967 y que poseo, en custodia, gracias a Malena Coelho, viuda de S&aacute;nchez Pel&aacute;ez. Para entonces el autor de <em>Elena y los Elementos </em>contaba con 44 a&ntilde;os y uno antes hab&iacute;a publicado su tercer libro de poes&iacute;a, <em>Filiaci&oacute;n oscura</em>. Por su parte, el joven Montejo ten&iacute;a 29 y acababa de publicar su primero, <em>&Eacute;legos<a title="" href="#_edn2"><strong>[ii]</strong></a>. </em>A mediados de esa d&eacute;cada hab&iacute;an comenzado su amistad, cuando S&aacute;nchez Pel&aacute;ez estuvo radicado en Valencia, Venezuela, donde trabaj&oacute; junto a Montejo en la Universidad de Carabobo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Comienzo estos breves apuntes sobre la obra de Juan S&aacute;nchez Pel&aacute;ez haciendo alusi&oacute;n a lo dicho por Montejo en esa carta, por varias razones. En primer lugar, por encontrar en esas palabras una identidad de prop&oacute;sitos respecto a mis intenciones. En segundo t&eacute;rmino, porque al tratarse de dos poetas tan dif&iacute;cilmente emparentables en sus b&uacute;squedas est&eacute;ticas, las cuales incluso podr&iacute;amos calificar como ubicadas en las ant&iacute;podas, adquiere mayor realce la confesada admiraci&oacute;n del joven por ese poeta de la generaci&oacute;n precedente, que ya comenzaba a hacerse leyenda en el campo po&eacute;tico venezolano. Y un tercer motivo estriba en el hecho cierto de que Eugenio Montejo es un nombre suficientemente conocido y reconocido fuera de Venezuela, y particularmente en Espa&ntilde;a, suerte con la que infortunadamente no ha corrido hasta ahora la obra de Juan S&aacute;nchez Pel&aacute;ez, la cual sigue siendo fundamentalmente una obra de culto para unos pocos y exigentes lectores, a pesar de la publicaci&oacute;n de su <em>Obra reunida, </em>por Lumen, en 2005, dos a&ntilde;os despu&eacute;s de su muerte, y, m&aacute;s recientemente, en 2018, de su <em>Antolog&iacute;a po&eacute;tica </em>publicada por Visor en coedici&oacute;n con la Fundaci&oacute;n de la Cultura Urbana, bajo el cuidado editorial de Marina Gasparini Lagrange y con pr&oacute;logo de Alberto M&aacute;rquez.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ofrecer una lectura de esta obra que dejara de lado &ldquo;la incursi&oacute;n amistosa&rdquo; y las &ldquo;formulaciones r&iacute;gidas&rdquo; fue lo que, en efecto, intent&oacute; Montejo algunos a&ntilde;os despu&eacute;s, cuando public&oacute; su ensayo titulado &ldquo;La aventura surrealista de Juan S&aacute;nchez Pel&aacute;ez&rdquo;. All&iacute;, al tiempo que busca caracterizar el &ldquo;sello propio&rdquo; de esta poes&iacute;a, nos previene sobre la dificultad de hacerlo dado el condicionamiento que la impronta surrealista, que en el mismo t&iacute;tulo del ensayo se destaca, pudiera tener sobre cualquier lectura que se quisiera hacer de ella. Al respecto, se&ntilde;alaba: &ldquo;conviene aproximarnos a su poes&iacute;a de modo <strong>que la interroguemos desde sus propios destellos</strong>, prescindiendo, hasta donde podamos de los atributos que le a&ntilde;ade el credo de su militancia&rdquo;. Para a&ntilde;adir luego: &ldquo;Advirtamos que no es f&aacute;cil indagar en una obra <strong>lo que s&oacute;lo debe a s&iacute; misma</strong>, ni dar con ese espacio secreto donde la palabra del poeta se torna irreductible en su entera desnudez&rdquo; (p. 156, subrayados nuestros).</p>
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<p>Antes de tantear la naturaleza de esa &ldquo;entera desnudez&rdquo;, deteng&aacute;monos en algunas consideraciones acerca de la significaci&oacute;n de la obra de Juan S&aacute;nchez Pel&aacute;ez dentro de la tradici&oacute;n po&eacute;tica venezolana, tomando en cuenta, especialmente, el contexto hist&oacute;rico en que apareci&oacute; y su singularidad. Ya es un lugar com&uacute;n, al referirse a Juan S&aacute;nchez Pel&aacute;ez, decir que durante su adolescencia vivi&oacute; en Chile, donde estableci&oacute; contacto con los integrantes de<em> Mandr&aacute;gora</em>, agrupaci&oacute;n militante del surrealismo, promotora de la denominada por ellos &ldquo;poes&iacute;a negra&rdquo;, declarada enemiga de los valores de la sociedad burguesa y defensora de la magia, la irrealidad, el placer y la libertad como elementos irrenunciables de su pr&aacute;ctica po&eacute;tica y vital, adem&aacute;s de revolucionaria en el orden social. El grupo estuvo conformado por Te&oacute;filo Cid (1914-1964), Braulio Arenas (1913-1988) y Enrique G&oacute;mez Correa (1915-1995), a los cuales se sum&oacute; luego su miembro m&aacute;s joven, Jorge C&aacute;ceres (1923-1949). Entre los blancos recurrentes de sus ataques, en el campo local, estuvieron Neruda y su <em>Residencia en la tierra</em>. Gonzalo Rojas (1916-2011), quien mantuvo una cercana amistad con S&aacute;nchez Pel&aacute;ez desde entonces y a lo largo de su vida, y quien tuvo tambi&eacute;n vinculaci&oacute;n con el grupo, luego se har&iacute;a cr&iacute;tico tanto de sus postulados como de sus realizaciones. Digamos que <em>Mandr&aacute;gora,</em> a pesar de su beligerante activismo verbal, propio de muchas iniciativas de ostentaci&oacute;n vanguardista, termin&oacute; siendo absorbida en el campo de la consuetudinaria &ldquo;guerrilla literaria&rdquo; chilena, sin logros relevantes en cuanto a obras individuales y sin m&aacute;s significaci&oacute;n que la que como gesto disruptivo dentro de la poes&iacute;a chilena y latinoamericana se le quiera asignar. Lo cierto es que mientras dur&oacute; la estad&iacute;a de S&aacute;nchez Pel&aacute;ez en Chile, que fue de menos de dos a&ntilde;os, entre 1940 y 1941, en Venezuela tambi&eacute;n ocurr&iacute;an cosas de inter&eacute;s en el mundo literario, tras la muerte del dictador Juan Vicente G&oacute;mez, en diciembre de 1935. Al a&ntilde;o siguiente, en 1936, se forma una agrupaci&oacute;n llamada <em>Viernes</em>, en cuyos postulados tambi&eacute;n se reclamaba la urgencia de renovar la poes&iacute;a venezolana, en consonancia con las tendencias de la &eacute;poca y con las iniciativas que a la par ven&iacute;an d&aacute;ndose en otros pa&iacute;ses del continente y de Europa. En <em>Viernes</em>, sin embargo, m&aacute;s que el surrealismo se promovi&oacute; una apertura bastante m&aacute;s plural, nutrida esencialmente del legado del romanticismo alem&aacute;n, ingl&eacute;s y franc&eacute;s y de las vanguardias en general, que fomentara una mayor libertad imaginativa, asociativa y simb&oacute;lica, no ajena tampoco a los dict&aacute;menes del inconsciente. No obstante, el marco de su actuaci&oacute;n fue distinto, pues desde su origen se hizo expreso, adem&aacute;s del deseo de buscar caminos de renovaci&oacute;n est&eacute;tica, un llamado a la reconciliaci&oacute;n, la amplitud y la tolerancia, como urgencia nacional al iniciarse el largo per&iacute;odo de transici&oacute;n pol&iacute;tica hacia la democracia de la era posgomecista. Tanto <em>Mandr&aacute;gora </em>como <em>Viernes</em> contaron con revistas. La primera public&oacute; 7 n&uacute;meros, entre julio de 1938 y octubre de 1943. La segunda, 22 en s&oacute;lo dos a&ntilde;os, entre mayo del 39 y del 41. De entre la larga lista de colaboradores de diversas partes del mundo que publicaron en ella, estuvieron, por mencionar s&oacute;lo a los chilenos: Vicente Huidobro (1893-1948), Eduardo Anguita (1914-1992), Rosamel del Valle (1901-1965) y &Aacute;ngel Cruchaga Santamar&iacute;a (1893-1964).</p>
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<p>Al concluir la existencia de <em>Viernes</em>, como contraposici&oacute;n a sus propuestas est&eacute;ticas, surgi&oacute; lo que se ha llamado en la historiograf&iacute;a po&eacute;tica venezolana la reacci&oacute;n <em>anti-viernista</em>, la cual abarc&oacute; buena parte de las d&eacute;cadas de 40 y 50.&nbsp; Fue al inicio de esa &eacute;poca &mdash;en la que se acentu&oacute; el cultivo de la poes&iacute;a costumbrista y de temas sociales y se rescat&oacute; la escritura de variadas formas m&eacute;tricas y r&iacute;tmicas propias de la tradici&oacute;n de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola&mdash; que Juan S&aacute;nchez Pel&aacute;ez volvi&oacute; a Venezuela ganado por concepciones po&eacute;ticas muy ajenas a las dominantes en su pa&iacute;s tras la extinci&oacute;n de la experiencia <em>viernista. </em>Durante todos esos a&ntilde;os, S&aacute;nchez Pel&aacute;ez, quien en realidad nunca particip&oacute; ni tuvo inter&eacute;s en formar parte de agrupaci&oacute;n alguna, ni en redactar o proclamar manifiestos est&eacute;ticos, sigui&oacute; trabajando silenciosamente en su poes&iacute;a. Ocho a&ntilde;os despu&eacute;s de su regreso al pa&iacute;s, una figura principal&iacute;sima del grupo <em>Viernes</em>, Vicente Gerbasi (1913-1992), ser&aacute; el primero en llamar la atenci&oacute;n, p&uacute;blicamente, sobre la singularidad de su existencia y su ardua exigencia. Al respecto afirm&oacute;, en una nota publicada en el <em>Papel literario</em> de <em>El Nacional</em> el 25 de junio de 1950, lo siguiente:</p>
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<p>Juan S&aacute;nchez Pel&aacute;ez, uno de los j&oacute;venes venezolanos mejor dotados para el ejercicio po&eacute;tico, viene trabajando desde hace m&aacute;s o menos diez a&ntilde;os en un silencio que resulta sorprendente en nuestro medio, donde toda persona que escribe un soneto, una copla o una cr&oacute;nica period&iacute;stica quiere lanzarse en la carrera literaria con la publicaci&oacute;n de un volumen.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Juan S&aacute;nchez Pel&aacute;ez, que a mi entender es uno de los mejores poetas con que actualmente cuenta Venezuela, apenas es conocido por un reducido grupo de poetas, escritores y artistas de Caracas [&hellip;], y de Santiago de Chile, donde estudi&oacute; y fue asistente a las pe&ntilde;as del grupo &laquo;Mandr&aacute;gora&raquo; [&hellip;] S&aacute;nchez Pel&aacute;ez trabaja diariamente, infatigablemente su poes&iacute;a. Hay en este joven artista una verdadera pasi&oacute;n creadora. Desde hace a&ntilde;os acumula cuartillas, cuadernos, libros. Sin embargo, hasta ahora no le ha sido posible publicar ni siquiera una &laquo;plaquette&raquo; (Gerbasi, p.15).&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El hecho de que Vicente Gerbasi &mdash;quien tras la publicaci&oacute;n de su libro <em>Mi padre, el inmigrante, </em>en 1945, se hab&iacute;a consolidado como una presencia central e indiscutible en la escena po&eacute;tica nacional&mdash; haya sido el primer mentor de Juan S&aacute;nchez Pel&aacute;ez no es un detalle menor. Como tampoco, que en ese a&ntilde;o de 1945 se hubiera publicado otro libro que vendr&iacute;a a iniciar el proceso de redescubrimiento y rescate de la obra de Jos&eacute; Antonio Ramos Sucre (1890-1930), <em>Las Piedras M&aacute;gicas: hacia una interpretaci&oacute;n de Jos&eacute; Antonio Ramos Sucre </em>(Caracas: Suma, Artes Gr&aacute;ficas), de Carlos Augusto Le&oacute;n (1914-1997). A nuestro entender, las obras de ambos poetas van a ser nutrientes fundamentales de la poes&iacute;a de S&aacute;nchez Pel&aacute;ez y lecturas reveladoras de una forma distinta de hacer poes&iacute;a en Venezuela, que descubrir&aacute; al poco tiempo de su vuelta de Chile.</p>
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<p>A <em>Viernes</em>, adem&aacute;s, estuvieron vinculados sus dos m&aacute;s cercanos y admirados poetas y amigos chilenos, sin contar a Gonzalo Rojas. Ellos fueron, justamente, Humberto D&iacute;az Casanueva (1906-1992), quien fue disc&iacute;pulo de Heidegger y traductor de H&ouml;lderlin, y Rosamel del Valle (1901-1965), cuya poes&iacute;a S&aacute;nchez Pel&aacute;ez public&oacute; e hizo conocer fuera de Chile cuando a&ntilde;os despu&eacute;s estuvo al frente de la gerencia editorial de Monte &Aacute;vila. D&iacute;az Casanueva vino a Venezuela en la segunda mitad de la d&eacute;cada de los 30, como parte de la misi&oacute;n pedag&oacute;gica chilena tra&iacute;da al pa&iacute;s por Mariano Pic&oacute;n Salas (1901-1965), tras la muerte de G&oacute;mez. A partir de entonces, tanto su relaci&oacute;n con Venezuela como con los &ldquo;viernistas&rdquo; fue muy activa e intensa y se prolong&oacute; por el resto de su vida.&nbsp;</p>
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<p>Un a&ntilde;o despu&eacute;s de la nota de prensa en la que Gerbasi anunciaba la existencia de S&aacute;nchez Pel&aacute;ez, aparecer&aacute; su primer libro, <em>Elena y los elementos. </em>Sin pancartas ni carteles que lo avalaran, este poemario se incorporar&aacute; a la tradici&oacute;n po&eacute;tica venezolana como la expresi&oacute;n de una b&uacute;squeda divergente y una voluntad manifiesta de ruptura, mediante la asunci&oacute;n de una imaginer&iacute;a desbordada, penetrada por un evidente af&aacute;n <em>surrealizante</em> que intenta poner de relieve el sustrato on&iacute;rico del que procede y en el que la experiencia verbal aspira ser encarnaci&oacute;n de la misma pasi&oacute;n er&oacute;tica que en el &aacute;mbito tem&aacute;tico da cohesi&oacute;n al libro. De este modo, la apuesta l&iacute;rica de S&aacute;nchez Pel&aacute;ez adquiere una tonalidad y una dimensi&oacute;n an&iacute;mica sin antecedentes en la poes&iacute;a venezolana, que se afilia de modo indudable con las b&uacute;squedas po&eacute;ticas emprendidas y promovidas varios a&ntilde;os antes por algunos miembros de <em>Viernes</em>, entre los cuales jug&oacute; un rol fundamental, como ya hemos se&ntilde;alado, el propio Gerbasi. Sus concepciones de la poes&iacute;a y del poeta, desde este primer libro y a lo largo de toda su obra, no ocultar&aacute;n su cercan&iacute;a con las nociones rom&aacute;nticas del vate demiurgo y visionario que responde ante el poema como una suerte de <em>m&eacute;dium</em> capaz de verbalizar<em> </em>l&uacute;cida y l&uacute;dicamente, a modo de r&aacute;fagas asombrosas y alucinantes, revelaciones trascendentes.</p>
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<p>Vistas las cosas desde la perspectiva hist&oacute;rica que nos otorga el tiempo, podr&iacute;amos afirmar a estas alturas que <em>Elena y los elementos </em>constituye una puerta de entrada a la modernidad po&eacute;tica venezolana, al inicio de la segunda parte del siglo XX. En ese libro se constata tanto la precoz madurez con que S&aacute;nchez Pel&aacute;ez asimila el aprendizaje de la breve salida al mundo &mdash;tras el r&aacute;pido contacto con otros campos literarios y otras motivaciones po&eacute;ticas, espec&iacute;ficamente durante su vivencia chilena&mdash; como del legado de la propia tradici&oacute;n venezolana y en particular de las obras de los dos hitos fundamentales de la primera mitad del siglo XX. Me refiero a <em>La torre de Tim&oacute;n, Las formas del fuego y El cielo de esmalte, </em>de Jos&eacute; Antonio Ramos Sucre, publicadas entre 1925 y 1929, y <em>Mi padre, el inmigrante</em>, de Gerbasi, de 1945. Podr&iacute;amos decir incluso que esa puerta es en dos direcciones, pues a trav&eacute;s de ella las generaciones posteriores a S&aacute;nchez Pel&aacute;ez pudieron acceder con otra mirada y leer de otro modo las obras de esas figuras tutelares de la primera mitad del siglo pasado. Una breve semblanza de S&aacute;nchez Pel&aacute;ez, escrita por Jes&uacute;s Sanoja Hern&aacute;ndez en 1972<a title="" href="#_edn3">[iii]</a>, cuando ya el autor de <em>Elena y los elementos </em>era una figura consagrada en el campo po&eacute;tico venezolano, nos habla de la forma en que fue apreciado en sus inicios y del modo como fue recibido su primer libro:</p>
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<p>Antes fue distinto. Se le miraba, en la Caracas del a&ntilde;o 50, como a un ser ca&iacute;do del infierno, con un rostro m&aacute;s parecido a la m&aacute;scara que al reconocimiento, eterno quejumbroso de los cinturones de castidad urbana, y de la indiferente matanza de los instintos. Apenas un grupo de amigos, iniciados y rituales, gozaban de aquellos versos de minor&iacute;a que luego entrar&iacute;an a formar volumen en <em>Elena y los elementos </em>(1951), y cuya repercusi&oacute;n inmediata fue de poco &aacute;mbito, pero cuya percusi&oacute;n en el tiempo, ampliada por los ecos expresivos que encontr&oacute; en los m&aacute;s j&oacute;venes, fue tan decisiva como la de <em>Mi padre el inmigrante</em>. Si acaso dos nombres han influido con suficiente y beneficiosa irradiaci&oacute;n, pueden anotarse de una vez: Gerbasi y S&aacute;nchez Pel&aacute;ez.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquella lengua sectaria y minorista vibr&oacute;, sin embargo, en el esp&iacute;ritu de los escogidos, y fue, como dije, extendi&eacute;ndose hacia quienes nac&iacute;an para la poes&iacute;a y buscaban un molde o un antecesor, de modo que para llegar a Ramos Sucre, a Rosamel del Valle, o a los surrealistas, siempre deb&iacute;a pagarse peaje en la poes&iacute;a de <em>Elena y los elementos </em>(pp. 55-56).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ese parentesco entre las figuras de Ramos Sucre y S&aacute;nchez Pel&aacute;ez tiene varias aristas. Una de ellas es la derivada de la extra&ntilde;eza de las obras de ambos y de la poca receptividad con que fueron acogidas inicialmente. La de Ramos Sucre tuvo que esperar 15 a&ntilde;os, despu&eacute;s de la muerte de su autor, para comenzar a ser revisitada y estimada desde otros presupuestos. La de S&aacute;nchez Pel&aacute;ez se vio beneficiada, tal vez, del hecho de que su aparici&oacute;n coincide con el momento de reivindicaci&oacute;n del raro Ramos Sucre y de las huellas dejadas por la experiencia <em>viernista</em>, m&aacute;s all&aacute; de la reacci&oacute;n en contrario que en una parcela del campo po&eacute;tico venezolano sus planteamientos produjeron. Ante las dificultades de la cr&iacute;tica para abordar estas singulares y extra&ntilde;as obras, claramente rupturistas dentro de la tradici&oacute;n po&eacute;tica venezolana, aunque desprovistas de carteles y de manifiestos confrontativos, se ha acudido al abuso de las etiquetas clasificatorias, incompetentes en definitiva para alcanzar una comprensi&oacute;n cabal de su naturaleza, pero &uacute;tiles para la confecci&oacute;n de manuales e historias literarias. La obra de Ramos Sucre ha sido clasificada de rom&aacute;ntica, modernista, vanguardista, pre-surrealista y hasta surrealista, al tiempo que su condici&oacute;n de poeta ha sido relativizada por quienes lo han le&iacute;do como cultor de narrativas breves (ese ha sido uno de los costos de haber introducido el poema en prosa en Venezuela). En el caso de S&aacute;nchez Pel&aacute;ez el remoquete de poeta surrealista ha predominado en la cr&iacute;tica, aunque su obra tambi&eacute;n ha sido vista como neorrom&aacute;ntica y existencialista.</p>
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<p>En el ensayo prometido en la carta que citamos al comienzo de estas p&aacute;ginas, Montejo explora el v&iacute;nculo entre estas dos obras. Al respecto, dice lo siguiente:</p>
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<p>S&aacute;nchez Pel&aacute;ez contaba en la poca eximia tradici&oacute;n po&eacute;tica de nuestro pa&iacute;s con la obra de un poeta de excepci&oacute;n, apenas reivindicado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os: Jos&eacute; Ramos Sucre. Advertir la necesidad de retomar, desde otros niveles expresivos, el intento de aquel poeta solitario, es ya un m&eacute;rito de visi&oacute;n que aclara y fortalece su intento creador. De &eacute;l heredar&aacute; un trazo enf&aacute;tico y suntuoso de la palabra, as&iacute; como una vigilancia tenaz que cuida la tensi&oacute;n de su poes&iacute;a. Claro est&aacute;, ser&aacute; otra la expresi&oacute;n de su sensibilidad, otro el universo que alimenta las formas de su imaginaci&oacute;n, y la sola presencia del deseo como una activa desnudez del yo l&iacute;rico, que alcanza en &eacute;l, como en los surrealistas mayores, un nivel m&iacute;tico, bastar&aacute; para diferenciarlo. Pero el celo que gobierna cada poema por medio de una selecci&oacute;n de palabra a menudo eficaz denota, no obstante, cierta fidelidad hacia el creador de <em>Las formas del fuego </em>(Montejo, 1974, pp. 157-158).</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>Ahora bien, adem&aacute;s del parentesco se&ntilde;alado entre la obra de Ramos Sucre y de S&aacute;nchez Pel&aacute;ez, espec&iacute;ficamente en lo atinente a lo que podr&iacute;amos denominar el acendrado ejercicio de orfebrer&iacute;a verbal patente en su poes&iacute;a, habr&iacute;a otro elemento que permitir&iacute;a relacionarlos junto a Gerbasi, en una suerte de tr&iacute;ada, pues en los tres casos, aunque se trata de obras que en su conjunto evidencian una profunda coherencia y unidad interna, sobre todo en lo relativo a los universos simb&oacute;licos que construyen, muestran, no obstante, ciertas variaciones en el plano estil&iacute;stico o de la <em>elocutio, </em>dentro del conjunto de libros que las conforman. Esto, sin duda, ayuda a evitar el predominio de una tonalidad monocorde.</p>
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<p>Eso lo observamos al contrastar el leguaje mucho m&aacute;s discursivo y hasta narrativo de <em>La Torre de Tim&oacute;n, </em>de Ramos Sucre, con respecto al constre&ntilde;imiento, el poder sint&eacute;tico y el mayor peso de la imagen en <em>Las formas del fuego. </em>Por su parte, a diferencia del lenguaje encantatorio, versicular y fuertemente r&iacute;tmico que Vicente Gerbasi despliega en <em>Mi padre, el inmigrante, </em>de 1945, en <em>Los espacios c&aacute;lidos, </em>publicado 7 a&ntilde;os despu&eacute;s, encontramos m&aacute;s bien versos detenidos, m&aacute;s pausados y mesurados, ganados por un lenguaje llano, aunque en lo sustantivo se acuda al mismo espacio metaf&oacute;rico. Otro tanto encontramos en la poes&iacute;a de S&aacute;nchez Pel&aacute;ez, quien ocho a&ntilde;os despu&eacute;s de la aparici&oacute;n de su primer libro, publica en 1959 su segundo, <em>Animal de costumbre, </em>en el que nos encontramos ante un hablante po&eacute;tico m&aacute;s di&aacute;fano y directo, menos proclive (y tambi&eacute;n m&aacute;s alerta) a la adopci&oacute;n de las f&oacute;rmulas ret&oacute;ricas artificiosas, al uso de los ep&iacute;gonos de un pretendido surrealismo asimilado s&oacute;lo en sus aspectos m&aacute;s superficiales y codificados, como ocurre ocasionalmente en <em>Elena y los elementos</em>. De este modo, sin desentenderse de los t&oacute;picos e intereses centrales de su primer libro<a title="" href="#_edn4">[iv]</a>, se evidencia un cambio significativo: el logro de una forma expresiva m&aacute;s &iacute;ntima y personal que derivar&aacute; tambi&eacute;n en el orden tem&aacute;tico en una mayor apertura e intensificaci&oacute;n de la propia experiencia vital.&nbsp;&nbsp; <em>&nbsp;</em></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>No m&aacute;s de 250 p&aacute;ginas conforman la totalidad de la obra publicada de S&aacute;nchez Pel&aacute;ez: siete poemarios en el lapso comprendido entre 1951 y 1989<a title="" href="#_edn5">[v]</a>. En ella se articulan una serie de campos tem&aacute;ticos, isot&oacute;picamente, en distintos planos: la dislocaci&oacute;n de la relaci&oacute;n yo-t&uacute;-ella, sometida a m&uacute;ltiples enmascaramientos; la invocaci&oacute;n a la amada y la pasi&oacute;n er&oacute;tica; la infancia, el entorno afectivo familiar y la continua nostalgia por los para&iacute;sos perdidos asociados a ellos; la urgencia del amor y la ternura como imperativos vitales; el tenso conflicto entre el ser y las imposiciones del deber ser; la percepci&oacute;n de un permanente exilio existencial y su consecuente sensaci&oacute;n de extra&ntilde;eza en el mundo; la elecci&oacute;n consciente de una apuesta verbal signada por la lucidez, el rechazo a la ret&oacute;rica, la veracidad de la palabra inmediata y el rescate de una oralidad entra&ntilde;able;&nbsp; la concepci&oacute;n de la poes&iacute;a como don y ritual que hace del poeta un visionario capaz de alcanzar atributos prof&eacute;ticos, mediante la enunciaci&oacute;n de inusitadas y oscuras simbolog&iacute;as. Todos estos asuntos estar&aacute;n presentes en el conjunto de su obra, d&aacute;ndole m&aacute;s &eacute;nfasis a uno u otro en determinadas parcelas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si pens&aacute;ramos en esa totalidad como un tejido, podr&iacute;amos imaginar que en la trama se dispondr&iacute;an en orden sucesivo los colores y motivos correspondientes a la combinaci&oacute;n de tonos y asuntos predominantes en cada uno de sus poemarios, mientras que los hilos que conformar&iacute;an la urdimbre, sobre cuya tensi&oacute;n se sostendr&iacute;a la integridad del tejido, estar&iacute;a determinada por los asuntos esenciales, que a nuestro modo de ver son, justamente: la inocencia, el desamparo y el erotismo. Todos los hilos de la trama se tejer&aacute;n sobre esta urdimbre para configurar una malla verbal, un lenguaje caracterizado por su condici&oacute;n enigm&aacute;tica, balbuceante, herm&eacute;tica, fragmentaria, l&uacute;dica y lujuriosa.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Basta con leer dos fragmentos de los dos primeros poemas de <em>Elena y los elementos,</em> para constatar c&oacute;mo desde el mismo inicio de esta obra estos asuntos se ponen de relieve:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; I</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Solo al fondo del furor. A Ella, que burla mi carne, que<br /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [desvela mi hueso, que solloza en mi sombra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A ella, mi fuerza y mi forma, ante el paisaje.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>T&uacute;, que no me conoces, ap&oacute;rtame el olvido.<br /> T&uacute; que resistes,<br /> resplandor de un grito, piernas en &eacute;xtasis, yo te destruyo,<br /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [sangre amiga, enemiga m&iacute;a, cruel lascivia. (p. 9)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; II</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al arrancarme de ra&iacute;z a la nada<br /> Mi madre vio, &iquest;qu&eacute;?, no me acuerdo.<br /> Yo sal&iacute;a del fr&iacute;o, de lo incomunicable.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una ma&ntilde;ana descubr&iacute; mi sexo, mis costados quemantes,<br /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [mis r&aacute;fagas de imposible primavera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A la sombra del &aacute;rbol<br /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [de mi gran nostalgia ya comenzar&iacute;an a devorarme,<br /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [ya comenzar&iacute;an. (p. 10)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esa pasi&oacute;n desbordada, ese deseo imperioso, ese erotismo irrefrenable cruza toda la obra de S&aacute;nchez Pel&aacute;ez sin temor a reiterarse, As&iacute;, por ejemplo, en un poema que no casualmente se llama &ldquo;Persistencia&rdquo;, del libro <em>Filiaci&oacute;n oscura,</em> acude a la misma an&aacute;fora:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A Ella (y en realidad sin ning&uacute;n l&iacute;mite). Con holgura y placer.</p>
<p><br /> A Ella, la v&iacute;bora y la abeja. La desnudez preciosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A Ella, mi transparencia, mi incoherente arrullo, el rumor <br /> &nbsp;&nbsp;&nbsp; [que sube en las ra&iacute;ces de mi lengua.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A Ella, cuando regreso de las inmensas naves que hay en <br /> &nbsp;&nbsp;&nbsp; [el cuerpo hura&ntilde;o con un sol inm&oacute;vil.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A Ella, mi ritual de beber en su seno porque quiero comenzar algo, en alguna direcci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A Ella, que abre el sobre de mis amuletos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A Ella, que en la balanza an&oacute;nima de la memoria y en las horas finales prolonga mi<br /> &nbsp;&nbsp;&nbsp; [presencia real y mi presencia ilusoria sobre la tierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A Ella, que con una frase insomne divaga en el umbral de mis l&aacute;mparas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A ella, a causa de un vocablo que me falta y a la vez usufructo de un breve viaje que<br /> &nbsp;&nbsp;&nbsp; [podr&iacute;a revelarme. (p. 94)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero como vemos, el impulso er&oacute;tico en esta obra no s&oacute;lo se encauza en la celebraci&oacute;n y posesi&oacute;n del cuerpo femenino, tambi&eacute;n hace del lenguaje, de la palabra revelada, de &ldquo;ese vocablo que falta&rdquo;, un cuerpo deseado, urgido. Por eso, en un poema de <em>Lo huidizo y permanente</em> (1969), dice: &ldquo;Aunque la palabra sea sombra en medio, hogar en el aire, soy otro, m&aacute;s libre, cuando me veo atado a ella, en el alba o la tempestad.//Por la palabra vivo en aguas pl&aacute;cidas y en fil&oacute;n extranjero, fuera del inmenso hueco&rdquo; (p. 16), o en otro del poemario <em>Rasgos comunes </em>(1975), afirma: &ldquo;Suenan como animales de oro las palabras.// Ahuyentando los l&iacute;mites mojar&aacute;s el todo y la nada para sofocar el v&eacute;rtigo, y ellas se convertir&aacute;n en muchachas de algod&oacute;n&rdquo; (p. 170). Ese erotismo que es alcance, realizaci&oacute;n en la otra y en lo otro, en la palabra y en lo femenino, se vuelve integridad, absoluta totalidad, disoluci&oacute;n de l&iacute;mites, amor, ternura, transparencia, despojamiento, en un poema dedicado a su esposa, Malena, en su &uacute;ltimo libro, <em>Aire sobre aire </em>(1989). All&iacute; dice:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo no soy hombre ni mujer<br /> yo s&oacute;lo tengo resplandor propio<br /> cuando no pierdo el curso del r&iacute;o<br /> cuando no pierdo su verdadero sol<br /> y puedo alejarme libre, girar, bogar,<br /> navegar dentro de lo absoluto y el mar blanco</p>
<p><br /> entonces s&iacute; soy<br /> el hombre rojo lleno de sangre</p>
<p><br /> y s&iacute; soy la mujer: una flor l&iacute;mpida, un <br /> lirio grande</p>
<p><br /> y tambi&eacute;n soy el alma</p>
<p><br /> y clarean los valles hondos<br /> en nuestro mudo abrazo eterno,<br /> amor fr&iacute;o</p>
<p><br /> &mdash;y qu&eacute; m&aacute;s<br /> qu&eacute; m&aacute;s por ahora<br /> piragua azul<br /> pirag&uuml;ita. (p. 226)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ese ser que se busca tambi&eacute;n en las palabras, ese que se siente arrancado &ldquo;de ra&iacute;z a la nada&rdquo;, salido de lo &ldquo;incomunicable&rdquo; ser&aacute; pose&iacute;do por innumerables desdoblamientos, m&aacute;scaras, por voces que lo atraviesan y circundan, por &ldquo;su animal de costumbre&rdquo;, pero tambi&eacute;n por diversas formas de despojamiento. Es significativo observar c&oacute;mo el &ldquo;Yo&rdquo; enf&aacute;tico a comienzo de verso &mdash;rasgo estil&iacute;stico que, por cierto, constituye uno de los m&aacute;s caracter&iacute;sticos de Ramos Sucre&mdash;, encontrado en 30 ocasiones en su primer libro, <em>Elena y los elementos</em>, va dejando de tener esa preponderancia en los siguientes libros, pues s&oacute;lo aparece en 6 oportunidades en <em>Animal de costumbre</em>, 1 en <em>Filiaci&oacute;n oscura </em>y espor&aacute;dicamente en los 4 restantes. Y en ese proceso de despojamiento del &ldquo;yo&rdquo;, justamente, las voces del entorno familiar, entre otras, van tomando mayor protagonismo, como figuras protectoras y amadas. Entre ellas est&aacute; la madre. As&iacute; nos dice en <em>Animal de costumbre</em>: &ldquo;Mi madre me dec&iacute;a:/ Hay que rezar por el &Aacute;nima Sola./ Hay que rezarle a San Marcos de Le&oacute;n&rdquo;. (p. 57). O:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mi madre charlaba en los largos vest&iacute;bulos,<br /> y paseaba en el aire<br /> un nav&iacute;o de plata,</p>
<p><br /> A su alrededor<br /> Y m&aacute;s all&aacute; de los balcones,<br /> Hab&iacute;a un extenso c&iacute;rculo<br /> con hermosos caballos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo quiero que Juan trasponga sus l&iacute;mites, y juegue como los otros ni&ntilde;os &mdash;dice mi madre; y con mi hermano salgo a la calle; voy a Par&iacute;s en veloc&iacute;pedo y a Par&iacute;s en la cola de un papagayo, y no provoco ning&uacute;n incendio, y me siento lleno de vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Libre alguna vez de mi tristeza.<br /> Libre de este sordo caracol. (p. 59)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero m&aacute;s all&aacute; de todas las exploraciones que en el orden ret&oacute;rico podamos consignar en esta poes&iacute;a (r&aacute;fagas de frases conformadas por im&aacute;genes asombrosas, en apariencia desarticuladas, entrecortadas, parat&aacute;cticas, ganadas por la ilogicidad, secuencias de si condicionales sin resoluci&oacute;n, aposiciones, abundancia de frases sin verbo, con sintagmas adjetivos, nominales o preposicionales, un lenguaje balbuceante, etc.), lo que impera detr&aacute;s de todo eso, en definitiva, es la presencia de un ni&ntilde;o que juega con las palabras, como forma de protegerse, de resguardarse del mundo exterior que lo amenaza, de defender su derecho a la indefensi&oacute;n, pues s&oacute;lo con ellas cuenta para enfrentarse al mundo, mientras vive en la nostalgia del para&iacute;so perdido, del espacio primigenio. Un ni&ntilde;o, que aunque parezca adulto, dice en un poema llamado &ldquo;Hora entre las horas&rdquo; de <em>Rasgos comunes</em>: &ldquo;atemos/ frases/ fragmentos/ nociones/ uno y otro equ&iacute;voco e hip&oacute;tesis habituales/ ensayemos&nbsp;&nbsp; m&aacute;scaras&nbsp;&nbsp; estilos/ gestos diversos/ dale y dale a tu campana en la inmensa tarde&rdquo; (p. 152). Ese ni&ntilde;o es el mismo que ante su padre, figura autoritaria y encarnaci&oacute;n del deber ser, no tiene m&aacute;s respuesta que afirmar, como podemos ver en dos poemas de <em>Animal de costumbre</em>:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ahora te digo:<br /> No tengo t&iacute;tulos<br /> Tiemblo cada vez que me abrazan<br /> A&uacute;n<br /> No cuelgo en la carnicer&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y esta es mi r&eacute;plica<br /> (Para ti):<br /> Un sentimiento di&aacute;fano de amor<br /> Una hermosa carta que no env&iacute;o. (p. 51)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>O de este modo, en otro poema:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo transformo la historia m&aacute;s simple,<br /> confiado al amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Escuch&eacute; esta frase:<br /> &laquo;De hijo a padre o bisabuelo&raquo;?<br /> &iquest;La escuch&eacute; dentro o fuera de m&iacute;?<br /> &iquest;Enarbolo tard&iacute;amente el arco y la flecha?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Estoy inerme ante las vocales<br /> Y vocablos;<br /> Del cuerpo malo que de all&iacute; deriva y la consiguiente soledad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Escucho el privilegio de continuar en ni&ntilde;o.<br /> No me se&ntilde;alan crecer, como antes dec&iacute;an:<br /> &laquo;Una pulgada m&aacute;s grande&raquo;.<br /> Ahora me reconocen,<br /> De una a varias pulgadas m&aacute;s peque&ntilde;o (pp. 43-44).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Baudelaire conceb&iacute;a al genio como aquel que viv&iacute;a en &ldquo;la infancia recuperada a voluntad&rdquo; y Rilke afirmaba que &ldquo;la verdadera patria del hombre es la infancia&rdquo;. Ambos poetas y ambas sentencias parecieran afines al esp&iacute;ritu y al ideario po&eacute;tico de S&aacute;nchez Pel&aacute;ez y al del sujeto que nos habla desde su poes&iacute;a, a pesar de que en alg&uacute;n momento diga: &ldquo;No regresar&eacute; nunca hasta mi &aacute;baco de madera/ Ya no tengo la inocencia de mis primeros a&ntilde;os&rdquo; (p. 25), o: &ldquo;volv&iacute; a o&iacute;r decir <em>ni&ntilde;o est&eacute;se quieto</em>&rdquo; (p. 137), o &ldquo;Alguna vez/ antes de dar forma a tu visi&oacute;n/ crece sin pausa/ el ni&ntilde;o que fuiste y que quiere unirse de nuevo a ti&rdquo; (p. 159). Este ni&ntilde;o presente en la obra de S&aacute;nchez Pel&aacute;ez, este sujeto eternamente infante, esmerado por siempre en aprender a hablar hurgando a fondo en las palabras, en su memoria y la memoria de ellas, de las palabras, jugando incesantemente con ellas, haciendo de ellas el motivo de su vida, es tambi&eacute;n un ni&ntilde;o nacido con una sin par sabidur&iacute;a, incluso dir&iacute;a que un ni&ntilde;o viejo antes que adulto, venido al mundo para vivirlo a plenitud y para despedirse de &eacute;l, para vivir su muerte, sabiamente y a su hora como se testimonia en el &uacute;ltimo poema de <em>Por cu&aacute;l causa o nostalgia</em>:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si fuera por m&iacute;<br /> al cumplir mi ciclo y mi<br /> plazo<br /> habr&iacute;a de estar solo<br /> calmo</p>
<p>Despiertas habr&iacute;an de estar<br /> la ma&ntilde;ana y la alborada<br /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pues<br /> al pasar<br /> al transcurrir yo<br /> muerto<br /> mover&aacute;n la luz<br /> &mdash;hoja y &aacute;rbol<br /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y habr&aacute; gorrioncitos de pie<br /> en los cables<br /> &mdash;quejas&nbsp; alegr&iacute;as&nbsp; chimeneas&nbsp;&nbsp; e incendios</p>
<p>&mdash;el tigre lamer&aacute; su p&oacute;mulo cubierto de <br /> rel&aacute;mpagos</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>los pa&iacute;ses inquietos tambi&eacute;n habr&aacute;n de quedarse calmos</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>luego de muchos sue&ntilde;os&nbsp;&nbsp; dios de los sue&ntilde;os<br /> muerto o vivo mi ciempi&eacute;s nocturno<br /> la plena selva ha de rodearme con grandes nubes y destellos</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>una tarde m&iacute;a en el olvido&nbsp;&nbsp; en mi d&iacute;a a&uacute;n por segar (p. 214).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No s&eacute; si con estas notas he logrado interrogar la poes&iacute;a de S&aacute;nchez Pel&aacute;ez, &ldquo;desde sus propios destellos&rdquo;, &ldquo;desde lo que s&oacute;lo debe a s&iacute; misma&rdquo;, como lo hizo Montejo en el ensayo que he se&ntilde;alado, y como lo volvi&oacute; a hacer en una nota titulada &ldquo;Adi&oacute;s a Juan S&aacute;nchez&rdquo;, publicada en <em>Letras libres </em>el 29 de febrero de 2004, a pocos meses del fallecimiento del poeta de <em>Elena y los elementos</em>. Ese texto finaliza con una cita de un escrito de Andr&eacute; Breton, en el que se refiere a su amistad con Benjamin P&eacute;ret. Montejo comenta que Juan Sanchez Pel&aacute;ez la &ldquo;sol&iacute;a repetir&rdquo; y la aprovecha para manifestar una vez m&aacute;s su afecto y gratitud por aquel poeta que en su juventud conoci&oacute; en aquella Valencia venezolana. La frase aludida es la siguiente: &ldquo;Hablo de &eacute;l como de una l&aacute;mpara demasiado pr&oacute;xima que durante cuarenta a&ntilde;os, d&iacute;a a d&iacute;a, ha embellecido mi vida&rdquo;. Esa admiraci&oacute;n y ese afecto se har&aacute; tambi&eacute;n manifiesto en un poema, &ldquo;Pavana del adi&oacute;s a Juan&rdquo;, suscitado por la misma circunstancia, publicado en el &uacute;ltimo libro de Montejo, <em>F&aacute;bula del escriba </em>(2006). Leamos algunos de sus versos:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se va, se fue la tierra a sus remotos mundos <br /> y Juan va adentro.<br /> Aqu&iacute;, junto a nosotros, por un instante se detuvo<br /> &mdash;casi sin detenerse&mdash;<br /> y abri&oacute; de pronto un hueco, un pozo, una ranura,<br /> la escotilla de alguno de sus flancos,<br /> una puerta sin puerta<br /> donde apenas si cabe la noche de un hombre,<br /> la noche y su memoria,<br /> y Juan entr&oacute; en silencio con sus palabras de oro,<br /> sigiloso, so&ntilde;ando&hellip;(p. 45)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">***</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En otra parte<a title="" href="#_edn6">[vi]</a> he comentado c&oacute;mo, gracias a la recomendaci&oacute;n de un amigo, el poeta eslovaco Peter Macsovsky &mdash;con quien compart&iacute; en el International Writing Program de la Universidad de Iowa en 1997&mdash; descubr&iacute; la poes&iacute;a de Charles Simic. Juan S&aacute;nchez Pel&aacute;ez fue el primer escritor venezolano que particip&oacute; en ese programa, en 1969. En enero de 1998, cuando volv&iacute; a Venezuela y le report&eacute; a Juan las lecturas y descubrimientos que hice durante mi estad&iacute;a literaria en las planicies norte&ntilde;as de los Estados Unidos, y le habl&eacute; de mi entusiasmo por la obra de Simic, entend&iacute; que esa pasi&oacute;n no era compartida por &eacute;l. En principio me sorprendi&oacute; su indiferencia ante una obra po&eacute;tica que a m&iacute; me parec&iacute;a notable. Despu&eacute;s, con el paso del tiempo, fui comprendiendo la raz&oacute;n de la lejan&iacute;a que Juan sent&iacute;a por a esa poes&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la &uacute;ltima entrega de la que fue una importante publicaci&oacute;n venezolana, la revista <em>Veintiuno</em>, hay una nota de Eugenio Montejo titulada &ldquo;Cifras de poemas futuros&rdquo;, referida a mi libro <em>Pasado en limpio. </em>Ese fue uno de los &uacute;ltimos escritos que Eugenio public&oacute; en su vida. Menos de un a&ntilde;o despu&eacute;s una repentina enfermedad se lo llevar&iacute;a. En ese texto Montejo se detiene, justamente, en un poema dedicado a Juan S&aacute;nchez Pel&aacute;ez quien hab&iacute;a muerto en el 2003. Al respecto, dec&iacute;a lo siguiente:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El dibujo que trazan los versos de Guti&eacute;rrez Plaza recrea la imagen del &uacute;ltimo Juan, ya octogenario y enfermo, obviamente distinto del que, hace m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os, atravesaba entonces el arco solar de la media vida cuando lo conocimos, aunque el encantamiento de los ojos y la extra&ntilde;eza de la mirada que parec&iacute;a haber afrontado visiones poco comunes, fuesen siempre los mismos. El poema de Guti&eacute;rrez Plaza se concreta en un apunte sobrio y preciso: &ldquo;Juan lee,/ Juan sabe que va a morir,/ Juan escucha el resoplido/ quejumbroso de sus pulmones&rdquo;. Corren los d&iacute;as finales del poeta, unos d&iacute;as en que, como en tantos otros, distra&iacute;damente, desde su aparente fragilidad y sin propon&eacute;rselo siquiera, da lecciones a sus amigos, esta vez acerca de c&oacute;mo encarar la muerte de modo imperturbable, casi sin dejar que el terrible acontecimiento altere demasiado su &aacute;nimo: &ldquo;Juan lee sin distraerse/ en lo que vendr&aacute;&rdquo;.&nbsp; (&hellip;)&nbsp; &ldquo;Respira hondo/ pero no puede/ no puede ni deja de leer./ Se despide de las visitas/ y llama a Malena/ con sus ojos grandes,/ repletos de adivinanzas&rdquo;. En otros versos del mismo poema se a&ntilde;ade este otro rasgo de precisi&oacute;n del retratado: &ldquo;No le gusta/ la poes&iacute;a objetiva./ Prefiere arropar cada palabra/ con el tacto de un animal nocturno&rdquo; (p. 6).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esos versos le dan pie para esta reflexi&oacute;n:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la compilaci&oacute;n de Guti&eacute;rrez Plaza hay varios otros poemas dedicados a diversos creadores como Eliseo Diego, Roberto Juarroz, Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente o su propio abuelo, el reconocido compositor Juan Bautista Plaza, cada uno visto desde alg&uacute;n &aacute;ngulo insinuado por la obra del personaje o por un dato af&iacute;n con que lo ha retenido la memoria. No obstante, en la observaci&oacute;n acerca de la &ldquo;poes&iacute;a objetiva&rdquo;, incorporada a los versos que dedica a S&aacute;nchez Pel&aacute;ez, parece hacer un gui&ntilde;o mediante el cual el autor sutilmente marca el terreno de su propia est&eacute;tica, m&aacute;s ce&ntilde;ida a cierto objetivismo, es decir, menos proclive a arropar sus palabras &ldquo;con el tacto de un animal nocturno&rdquo; (p. 6).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sobre esa tensi&oacute;n entre lo objetivo y lo subjetivo en el poema, Eugenio adelantaba en esa nota otra observaci&oacute;n. Identificaba, precisamente, esa dif&iacute;cil frontera que separara los gustos de Juan, respecto de la poes&iacute;a de Simic y de alg&uacute;n modo de la m&iacute;a. Montejo advert&iacute;a: &ldquo;Es verdad que no resulta f&aacute;cil deslindar del todo en una obra de arte lo que reconocemos como subjetivo de aquello que creamos su opuesto. El objetivismo, por lo dem&aacute;s, no niega los elementos subjetivos implicados en una escritura art&iacute;stica, sino que los subordina a sus componentes representativos&rdquo; (p. 6).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y creo que, ciertamente, cuando escrib&iacute; ese poema pens&eacute; tanto en el Juan que se nos iba, enfrentando con sabidur&iacute;a y ejemplaridad la muerte, como en aquel que tuvo esa inusitada reacci&oacute;n la noche que hablamos sobre Simic, en el momento en que se levant&oacute; del sof&aacute; en la sala de su apartamento y me pidi&oacute; que lo esperara unos minutos, antes de volver con un libro en la mano, extra&iacute;do de su biblioteca, para decirme: &ldquo;l&eacute;elo, te lo regalo, a ti te interesa m&aacute;s que a m&iacute;&rdquo;. El libro en cuesti&oacute;n es una antolog&iacute;a de la poes&iacute;a de Simic, publicada en M&eacute;xico por la UNAM, en 1994, titulada <em>El sue&ntilde;o del alquimista</em>, traducida por Rafael Vargas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me gustar&iacute;a que esta an&eacute;cdota pudiera leerse, sobre todo, como un homenaje a la memoria de dos grandes poetas, Juan S&aacute;nchez Pel&aacute;ez, motivo central de estas p&aacute;ginas, y Eugenio Montejo, uno de sus m&aacute;s fervorosos y admirativos disc&iacute;pulos, a pesar de la inmensas y obvias diferencias que hay en la configuraci&oacute;n verbal y simb&oacute;lica de sus obras. Y as&iacute; tambi&eacute;n, quisiera que sirviera como testimonio de una cualidad, a mi modo de ver bastante singular, de la poes&iacute;a venezolana: la vitalidad del di&aacute;logo intergeneracional y la fraternidad que naturalmente se da entre poetas. Luego de aparecer publicado el art&iacute;culo de Montejo en la revista <em>Veintiuno</em>, &eacute;l me llam&oacute; sorprendido y entusiasmado por la ilustraci&oacute;n que lo acompa&ntilde;aba. Ni &eacute;l ni yo conoc&iacute;amos al ilustrador. Me pidi&oacute; que hiciera gestiones para obtener una copia del original. Al a&ntilde;o siguiente, como dije, Eugenio muri&oacute;. Tiempo despu&eacute;s ca&iacute; en cuenta de mi falta, nunca hice nada por obtener esa copia. Al recordar esto, hace apenas un a&ntilde;o, me propuse cumplir la encomienda que me hiciera y tras merodear un tiempo por internet di con Pablo Iranzo, el ilustrador del art&iacute;culo, quien luego de conocer esta historia accedi&oacute; complacido a envi&aacute;rmela sin costo, de forma digital. Hoy esa imagen est&aacute; en una pared de la sala de mi casa. En ella llevo en el pecho el rostro de Juan y al fondo, difuminado, me acompa&ntilde;a el texto en el que Eugenio alude al poema con el que quise despedirme del &ldquo;poeta de ojos encantados&rdquo;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
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<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/Dibujo_Pablo_Iranzo.jpg" alt="" /></p>
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<p>Autora de la fotograf&iacute;a: Mar&iacute;a Magdalena Coelho</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ednref1">[i]</a> Conferencia dictada en la C&aacute;tedra Ramos Sucre, de la Universidad de Salamanca, en Espa&ntilde;a, el 28 de octubre de 2020.</p>
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<div>
<p><a title="" href="#_ednref2">[ii]</a> Caracas: Editorial Arte, 1967.</p>
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<p><a title="" href="#_ednref3">[iii]</a> <em>El Nacional, </em>Caracas, 10 de septiembre de 1972.</p>
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<p><a title="" href="#_ednref4">[iv]</a> As&iacute;, por ejemplo, en el poema VI de <em>Animal de costumbre </em>podemos leer: &ldquo;Elena es alga de la tierra/ Ola del mar./ Existe porque posee la nostalgia/ De estos elementos,/ Pero Ella lo sabe,/ Sue&ntilde;a,/ Y conf&iacute;a,// De pie sobre la roca y el coral de los abismos&rdquo;. (p. 47) <em>&nbsp;</em></p>
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<div>
<p><a title="" href="#_ednref5">[v]</a> Las primeras ediciones de los libros que conforman la obra po&eacute;tica de Juan S&aacute;nchez Pel&aacute;ez, sin considerar los vol&uacute;menes antol&oacute;gicos ni traducciones, son: <em>Elena y los elementos. </em>Caracas: Tipograf&iacute;a Garrido, 1951; <em>Animal de costumbre. </em>Caracas: Editorial Suma, 1959; <em>Filiaci&oacute;n oscura. </em>Caracas: Editorial Arte, 1966; <em>Rasgos comunes. </em>Caracas: Monte &Aacute;vila, 1972; <em>Por cual causa o nostalgia. </em>Caracas: Fundarte, 1981; <em>Aire sobre el aire. </em>Caracas: Tierra de Gracia, 1989. Adem&aacute;s, en la edici&oacute;n de Lumen, se recogen por primera vez nueve poemas en una secci&oacute;n denominada &ldquo;Poemas in&eacute;ditos&rdquo;. La paginaci&oacute;n de todos los poemas de S&aacute;nchez Pel&aacute;ez citados en este trabajo corresponden a esa edici&oacute;n.<em>&nbsp; </em>&nbsp;</p>
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<p><a title="" href="#_ednref6">[vi]</a> https://prodavinci.com/mi-pueblo-nomada/</p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Wed, 08 Sep 2021 11:47:30 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La tierra de Alfredo Castellón]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-tierra-de-alfredo-castellon/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas21/Agosto/ALFREDO_CASTELL_N.jpg" alt="" /></p>
<p>Alfredo Castell&oacute;n llamaba por tel&eacute;fono, solo por hablar un rato, por preguntar por los amigos zaragozanos. Me preguntaba si Eva estaba escribiendo, Eva Puy&oacute;, mi pareja, y nos le&iacute;a a todos con atenci&oacute;n. Se incorporaba de un modo natural a la charla de quienes &eacute;ramos m&aacute;s j&oacute;venes que &eacute;l, le ve&iacute;amos acercarse con sus zancadas grandes, su buena estampa y su sonrisa. En esa facilidad suya para dar lugar a un v&iacute;nculo amistoso, m&aacute;s all&aacute; de las generaciones, me recordaba a Jos&eacute; Antonio Labordeta, gente que ha vivido en residencias y que ha pasado por colegios mayores, envueltos en un activismo de funciones de teatro y en una avidez de lecturas y de cine, y que luego conservan para siempre un aire de camarader&iacute;a, como si toda su vida fuese una deriva de aquella explosi&oacute;n inicial e ininterrumpida. Ahora el tel&eacute;fono es para m&iacute; otra cosa, porque ya no est&aacute; Alfredo ni los amigos mayores que me llamaban.</p>
<p>A Alfredo, cuando viv&iacute;a F&eacute;lix Romeo, o cuando Eloy Fern&aacute;ndez Clemente dirig&iacute;a su colecci&oacute;n Biblioteca Aragonesa de Cultura, o durante tiempo despu&eacute;s, todos le insist&iacute;amos en que ten&iacute;a que escribir sus memorias, una demanda de la que quiz&aacute; &eacute;l acabase algo cansado. Su biograf&iacute;a &ndash;su labor de pionero en la televisi&oacute;n espa&ntilde;ola, el paso por Roma y su ciudad del cine, su trato con Mar&iacute;a Zambrano, su &uacute;ltima entrevista filmada con Azor&iacute;n&hellip;&ndash; estaba entre las m&aacute;s interesantes de nuestro pa&iacute;s. Las entrevistas con &eacute;l que nos dejaron Vicky Calavia, Ant&oacute;n Castro o Juan Dom&iacute;nguez Lasierra permiten que podamos asomarnos aunque solo sea un poco a su interesant&iacute;sima voz y a su experiencia. Unos y otros le hablaban de esas memorias pendientes mientras que &eacute;l, tras jubilarse y volcarse m&aacute;s en la tarea del escritor que en todo momento fue, cuando en los bares contaba lo que estaba escribiendo &ndash;&ldquo;mi obra&rdquo;, dec&iacute;a&ndash;, se refer&iacute;a a relatos, aforismos o piezas medio l&iacute;ricas, un poco para desesperaci&oacute;n de todos. Pasado el tiempo, y despu&eacute;s de haber le&iacute;do <em>El ruido de la memoria</em>, que es mi libro preferido suyo, o tras leer tambi&eacute;n los peque&ntilde;os textos de <em>Mis ap&oacute;logos</em>, uno entiende que Alfredo Castell&oacute;n estuviese realmente absorbido en aquella escritura, donde se expresa una voz y una visi&oacute;n del mundo que es todo un testamento y una escuela de vida. Hay un mundo entero en esas p&aacute;ginas, una verdad hond&iacute;sima. De modo que, si bien es cierto que a todos nos hubiese gustado leer aquellas memorias audiovisuales, comprendemos que Alfredo sab&iacute;a bien lo que hac&iacute;a, y que no se escabull&iacute;a. Como he o&iacute;do repetir a sus amigos mayores, Alfredo Castell&oacute;n era un poeta, por m&aacute;s que no escribiese poemas. El resultado es que &eacute;l quiso dar continuidad a esa vertiente suya hasta que la muerte, que ten&iacute;a siempre tan presente por sus referentes familiares, se lo llevara. No quiso escribir sobre Pilar Mir&oacute; sino sobre unos naranjales donde descubri&oacute; un cad&aacute;ver durante la guerra, ni sobre Antonioni, sino sobre un peque&ntilde;o viaje hecho en cami&oacute;n junto a su padre.</p>
<p>Es innegable, como alguna vez se ha se&ntilde;alado, que en su escritura se percibe la influencia de lo cinematogr&aacute;fico o de lo audiovisual, el &aacute;mbito profesional en que se desenvolvi&oacute; su vida. En sus relatos va a lo que considera esencial, y no parece preocuparse en las transiciones o en los modos elaborados de introducir los di&aacute;logos, por ejemplo. Esto da lugar a que algunos de sus relatos, sobre todo los breves, parezcan m&aacute;s ideas para un relato que relatos propiamente dichos, lo que forma parte de su particular estilo. Porque est&aacute; claro que no lo hac&iacute;a as&iacute; por descuido, Alfredo correg&iacute;a mucho y no despreciaba en absoluto la forma. Era su forma, por as&iacute; decirlo. Incluso algunos de sus aforismos parecen apuntes hechos para un desarrollo que alguien pudiese llevar a cabo despu&eacute;s. Se le ocurren de pronto ideas o situaciones que oscilan entre lo tierno y lo absurdo, entre lo trascentente y lo humor&iacute;sticamente negro, siempre con un fondo de sabidur&iacute;a. Parecen acumul&aacute;rsele y, como si necesitase muchas vidas para desarrollar cada una de ellas, las deja en su n&uacute;cleo, en su sinopsis. Esto no es as&iacute; en sus relatos m&aacute;s extensos, en aquellos donde, por ejemplo, desarrolla un recuerdo, con sus personajes secundarios, pero incluso entonces a m&iacute; me parece que lo recorre todo un aire de cine italiano, una b&uacute;squeda de lo po&eacute;tico a trav&eacute;s de una sucesi&oacute;n de escenas y de paisajes. Da lugar entonces a una secuencia de personajes y de lugares que desembocan en un sentimiento luminoso de melancol&iacute;a. Nunca se aparta Alfredo Castell&oacute;n del tono amistoso y de lo ligeramente humor&iacute;stico. Sus textos, publicados de un modo disperso, discreto y desordenado, acaban dejando que se descubra una voz de enorme talento y singularidad.</p>
<p>Nunca es ordinario o chabacano Alfredo Castell&oacute;n, hay en &eacute;l una b&uacute;squeda de lo cl&aacute;sico que se expresa por medio de un lenguaje que en cierto modo est&aacute; fuera del tiempo. Es un creador a quien le interesan mucho los cl&aacute;sicos, tanto de la literatura como de la pintura. Sus pel&iacute;culas no est&aacute;n rodadas en un lenguaje corriente o del todo realista, y junto a Alfredo Ma&ntilde;as recrea un modo de hablar del siglo de oro. Esto se ve tambi&eacute;n en las adaptaciones de Cervantes y de otros autores que llev&oacute; a cabo, o en la obra teatral que dedic&oacute; a Col&oacute;n, <em>Aquellos p&aacute;jaros anunciaban tierra</em>, donde se sirve de unas palabras que podr&iacute;an ser de su &eacute;poca, pero que realmente no son de ninguna, y que tienen mucho del lenguaje atemporal y simb&oacute;lico, on&iacute;rico, de las tablas del teatro.</p>
<p>En el pr&oacute;logo de <em>Solo con lo puesto</em> escribe Rosa Burillo que &ldquo;La poes&iacute;a era su religi&oacute;n, la forma de espiritualidad suprema. Era como rezar.&rdquo; Mariano Gista&iacute;n llama a Alfredo Castell&oacute;n &ldquo;dandy discreto&rdquo; y trata sobre el modo en que este autor desaf&iacute;a a la muerte. Alfredo creci&oacute; en un entorno donde lo religioso estaba muy presente, y hace amistad con una republicana cristiana, como era Zambrano, y lee a Unamuno, de quien escribi&oacute; junto a Julio Alejandro una adaptaci&oacute;n para el cine de <em>San Manuel Bueno, m&aacute;rtir</em>, y con todo aquello acaba haciendo una singular filosof&iacute;a de la trascendencia, donde es este mundo y ning&uacute;n otro el milagro, y es aqu&iacute;, y no en otro lugar, la eternidad. Recuerda aquella despedida de Azor&iacute;n, que no era &ldquo;hasta la eternidad&rdquo;, sino &ldquo;eternidad&rdquo;, sin m&aacute;s &ndash;aquel &ldquo;hasta&rdquo;, en cierto modo, hubiese sido propio de un descre&iacute;do&ndash;. Y me impresiona ese L&aacute;zaro resucitado de Alfredo Castell&oacute;n que no es capaz de decir nada del otro mundo y a quien de la boca no le sale m&aacute;s que tierra de enterrado, porque es en ella donde se contiene toda nuestra profunda verdad. O ese pasaje conmovedor en que se imagina a Jes&uacute;s de Nazaret a&ntilde;orando las caricias de su madre y los d&aacute;tiles del desierto, dando a entender que es aquel el para&iacute;so, y que lo que nos corresponde es vivir nuestra humanidad hasta el final.</p>
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      <pubDate>Wed, 04 Aug 2021 09:39:25 +0000</pubDate>
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      <title><![CDATA[El héroe ambivalente: “Amar a Olga”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-heroe-ambivalente-amar-a-olga/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/Gustavo500.jpg" alt="" /></p>
<p>Mi primera experiencia como lector de Gustavo Valle data de 2009 con <em>Bajo tierra</em>, que era tambi&eacute;n su primera novela. Desde entonces he estado persuadido de que la suya es una voz central de la narrativa venezolana. Celebro que la aparici&oacute;n de <em>Amar a Olga</em> (Valencia: Pre-Textos, 2021) le d&eacute; al p&uacute;blico espa&ntilde;ol la maravillosa oportunidad de conocerlo. No estamos ante un <em>bluff</em> comercial inventado en los laboratorios editoriales y promovido por la insistencia hipn&oacute;tica de la publicidad, sino ante un autor que por la consistencia est&eacute;tica de sus propuestas se seguir&aacute; leyendo cuando sus t&iacute;tulos figuren entre las novedades exhibidas en las cadenas de librer&iacute;as.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La an&eacute;cdota de <em>Bajo tierra</em> constitu&iacute;a una arqueolog&iacute;a moral tanto de la Venezuela m&aacute;s remota como de la que todav&iacute;a, a duras penas, sobrevive. Se relataba en clave fant&aacute;stica, con algo de H. G. Wells o Jules Verne, un descenso a las profundidades de Caracas donde habitaban sociedades con intenciones siniestras, arcaicas presencias que interfer&iacute;an desde la oscuridad en los sucesos cotidianos; todo eso rematado por los espantosos deslaves de 1999 que arrasaron al pa&iacute;s, particularmente las zonas adyacentes a la capital, con un saldo de millares de v&iacute;ctimas atribuibles a la confabulaci&oacute;n de la naturaleza hostil y la torpeza estatal. Diez a&ntilde;os despu&eacute;s de la cat&aacute;strofe, era evidente el retorno a Venezuela de una amenaza que se cre&iacute;a sepultada en los s&oacute;tanos de la historia: el autoritarismo de cu&ntilde;o militar. No costaba temer que el novelista estuviera emprendiendo una de esas &ldquo;met&aacute;foras totalizadoras&rdquo; o &ldquo;globales&rdquo; ―como las denomina la puertorrique&ntilde;a Ana Lydia Vega― con las que la literatura hispanoamericana una y otra vez ha insistido en reclamar funciones pedag&oacute;gicas, edificantes, prof&eacute;ticas... Ya en esa novela, sin embargo, Valle lograba lo que a m&iacute; me lo confirma como un magn&iacute;fico narrador: pese a la incitaci&oacute;n de su texto a que lo leamos aleg&oacute;ricamente, en este hay asimismo dispositivos que desbaratan los n&iacute;tidos paralelos de una alegor&iacute;a, donde A debe corresponder a 1, B debe corresponder a 2, C a 3, y as&iacute; sucesivamente. La trama de aventuras se dilu&iacute;a en la incertidumbre, la posibilidad de que nada de lo contado obedeciera a eventos, sino a una manera personal del protagonista, en su imaginaci&oacute;n de escritor, de lidiar con carencias afectivas: un padre experto en asuntos subterr&aacute;neos, hac&iacute;a mucho extraviado mientras trabajaba en la perforaci&oacute;n de t&uacute;neles del metro. En otras palabras, la actividad intelectual e ideol&oacute;gica, p&uacute;blica, a la que nos convida la alegor&iacute;a se rend&iacute;a al imperativo del sentimiento, cuya legitimidad la hallaremos en la esfera privada. En ella no hay tableros de significados exactos o colectivos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con <em>Amar a Olga</em> Valle le es fiel a su carrera, pero sus inclinaciones vienen potenciadas ahora por una mayor madurez. En esta novela su po&eacute;tica revela afinidades con aquello que en la narrativa angl&oacute;fona de unas d&eacute;cadas a esta parte se ha identificado como <em>New Sincerity</em>. David Foster Wallace, el autor que reflexion&oacute; m&aacute;s al respecto, subray&oacute; en los artificios posmodernos una sempiterna iron&iacute;a cuyo principal objetivo era exiliar o menguar nuestra entrega a los afectos. Wallace y otros narradores como Zadie Smith, Donna Tartt, Jonathan Franzen y Michael Chabon han intentado desviarse de esa impersonalidad, fruto de la cosmovisi&oacute;n mecanizada del capitalismo tard&iacute;o, invit&aacute;ndonos a redescubrir la inmediatez emocional, una sinceridad consciente, no obstante, de que los ideales rom&aacute;nticos pueden degenerar en f&oacute;rmulas, como ocurri&oacute; en el siglo XIX. Con esa memoria cultural a cuestas, la Nueva Sinceridad se esfuerza en recrear modos de vincularse con la realidad que superen la veneraci&oacute;n por el &ldquo;poshumanismo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si nos atenemos a Hispanoam&eacute;rica, <em>Amar a Olga</em> pertenece al linaje no abundante de la narrativa que resalta los conflictos de la vida interior de sus protagonistas, quienes, de esa manera, superan la &iacute;ndole de marionetas doctrinarias ―percance usual en las obras de autores ansiosos de captar la &ldquo;esencia&rdquo; de lo nacional, o radiografiar la sociedad para diagnosticar los males que la aquejan y convertirse en sus oblicuos salvadores―. A Valle no le interesan las poses magisteriales o mesi&aacute;nicas que, desde la &eacute;poca de Bartolom&eacute; Mitre hasta la del <em>Boom</em>, han facilitado carreras pol&iacute;ticas al escritor. Lo atraen, por el contrario, las criaturas de ficci&oacute;n cercanas a la condici&oacute;n humana, criaturas en las cuales, sin saber bien por qu&eacute;, reconocemos zonas de nuestra psique o la de nuestros allegados. Los suyos son personajes genuinos, no rudimentarios &ldquo;actantes&rdquo; cuyo prop&oacute;sito consiste en desempe&ntilde;ar un papel en el tinglado argumental o, peor, encarnar un principio abstracto.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El retrato convincente de los mecanismos de la mente humana exige, am&eacute;n de empat&iacute;a o vivencias acumuladas por el autor, un alto grado de pericia verbal. A fin de cuentas, los personajes no son personas, sino conjuntos de signos en un texto que causan efectos en nuestra percepci&oacute;n y movilizan datos almacenados en nuestra memoria. Pero no todos los escritores saben manipular esos signos para suscitar una impresi&oacute;n de verosimilitud. &iquest;C&oacute;mo lo consigue Valle? Mediante lo que Henry James, en la tradici&oacute;n flaubertiana de presentar y no analizar, sol&iacute;a denominar el &ldquo;m&eacute;todo esc&eacute;nico&rdquo;: no evaluando directamente una personalidad, sino haciendo que los gestos, las iniciativas, los parlamentos, los detalles del escenario y el encadenamiento de acciones nos concedan los materiales necesarios para sacar nosotros nuestras propias conclusiones. <em>Amar a Olga</em> tiene un narrador en primera persona: eso hace m&aacute;s enga&ntilde;osa nuestra tarea, porque la informaci&oacute;n se filtra sin intermediarios a trav&eacute;s de su perspectiva de mundo. Pronto, con una gran sutileza ―no del personaje narrador, sino del invisible autor impl&iacute;cito que a su vez lo crea―, al &ldquo;yo&rdquo; se le escapan suficientes elementos para que la imagen de h&eacute;roe rom&aacute;ntico que al comienzo reclama su pasi&oacute;n por Olga, un antiguo amor de juventud, no nos entusiasme tanto o no deje de sembrar en nosotros desconfianza. Despu&eacute;s de todo, vamos descubriendo que este cuarent&oacute;n incapaz de comunicarse con Marina, su mujer, y, fatalmente, en trance de divorcio, para colmo en un pa&iacute;s infernal ―&ldquo;inframundo&rdquo;, lo llama―, tiene un cuadro psicol&oacute;gico m&aacute;s que sospechoso, proclive al onanismo o a episodios amorosos en serie: s&iacute;ntomas regresivos o, quiz&aacute;, de una adolescencia que jam&aacute;s ha desaparecido. Su inconsciencia es tal que no le permite avizorar cu&aacute;ndo su pasi&oacute;n por Olga pondr&aacute; en peligro a ambos en el campo minado de un entorno sin m&aacute;s ley que la voluntad de los militares. En la disputa de Eros y T&aacute;natos acaso toque al segundo la &uacute;ltima palabra; nunca estaremos seguros.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las ambivalencias de un h&eacute;roe que podr&iacute;amos considerar antih&eacute;roe ―dependiendo de nuestras oscilantes apreciaciones de su conducta― llevan a su perfecci&oacute;n un modelo de novela cuya materia no son los acontecimientos, sino c&oacute;mo los sienten quienes participan en ellos: el &ldquo;tema&rdquo;, si pudiera hablarse de tal en las ficciones, se localiza en la percepci&oacute;n y el discernimiento o la falta de discernimiento de los personajes, no en un conjunto de acciones. La prioridad para el novelista la tiene la fabulaci&oacute;n de individuos. Estos se vuelven contradictorios, impredecibles, burlan la trampa de la moraleja. De su talante se derivan las acciones. Valle sabe que la literatura de la cual proviene ha sido f&eacute;rtil en catecismos laicos. Su misi&oacute;n en <em>Amar a Olga</em>, as&iacute; pues, parece ser combatir toda forma de serm&oacute;n incentivando en su protagonista la mayor autonom&iacute;a posible y, en consecuencia, autenticidad psicol&oacute;gica.</p>
<p>Como las personas de carne y hueso, el &ldquo;yo&rdquo; ―innominado hasta la l&iacute;nea final, para que podamos compenetrarnos mejor con &eacute;l― existe gracias al desencuentro de las versiones de s&iacute; mismo que prodiga. Por eso, justamente, nos depara una irreductible sensaci&oacute;n de vida.</p>
<p>Gustavo Valle, <em>Amar a Olga</em>, Valencia, Pre-Textos, 2021.</p>
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<div>Autor de la fotograf&iacute;a: Mart&iacute;n Castillo Morales.&nbsp;</div>
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      <pubDate>Wed, 04 Aug 2021 09:21:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los inviernos besan nuestras fotografías]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/los-inviernos-besan-nuestras-fotografias/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas21/Agosto/angelica500.jpg" alt="" /></p>
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<p>Estoy delante de tu recuerdo.</p>
<p>Miro aquella fotograf&iacute;a donde apareces vestida de negro</p>
<p>y la casa se ve al fondo.</p>
<p>Alguna vez vienen destellos de luz y cal blanca,</p>
<p>pero enseguida me oprime la garganta el dolor,</p>
<p>tu figura encorvada,</p>
<p>las hormigas trepando por tus piernas de carne acostumbrada y olvido.</p>
<p>Quer&iacute;as hablar con Dios antes de morirte</p>
<p>pero en su lugar apareci&oacute; un hombre viejo,</p>
<p>con la barba descuidada y un su&eacute;ter azul</p>
<p>que tom&oacute; tu mano y pronunci&oacute; tu nombre sin saber muy bien si eras t&uacute;</p>
<p>o si se trataba de un espectro.</p>
<p>T&uacute; lo miraste un momento y le preguntaste:</p>
<p>&iquest;Es usted Dios?</p>
<p>&Eacute;l contest&oacute;:</p>
<p>No, se&ntilde;ora A, soy el se&ntilde;or F.</p>
<p>Y ya no hubo m&aacute;s conversaci&oacute;n.</p>
<p>Cambiaste la direcci&oacute;n de tus ojos</p>
<p>y te quedaste pensando en los inviernos.</p>
<p>Qui&eacute;n sabe si conociste por primera vez los bosques de Dinamarca</p>
<p>o te diste de bruces en el sue&ntilde;o contra una muchacha con el ombligo roto</p>
<p>y un piercing en el coraz&oacute;n.</p>
<p>El caso es que no regresaste a la vida.</p>
<p>Respirabas pedacitos de ausencia y un sorbo de agua</p>
<p>que, de vez en cuando, una enfermera te obligaba a beber.</p>
<p>Permaneciste ida de tu cuerpo,</p>
<p>ida de tus huesos,</p>
<p>con la sangre revuelta en otro lugar,</p>
<p>con la tierra batiendo palmas cerca de tus vestidos,</p>
<p>con tus piernas echando ra&iacute;z en aquellas fotograf&iacute;as que empezaban a tener fiebre</p>
<p>y a besar el color amarillo.</p>
<p>Sencillamente cerraste el tel&oacute;n.</p>
<p>Recuerdo que no hab&iacute;a p&aacute;jaros cerca de la ventana</p>
<p>y que alguien puso la cafetera al fuego.</p>
<p>Pens&eacute; que la noche siempre trae muertos hermosos</p>
<p>y una maleta de plata donde meter el ruido.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 04 Aug 2021 08:16:48 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Doris Lessing, en su centenario]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/doris-lessing-en-su-centenario/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2019/DORIS_LESSING_4.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>Una pincelada biogr&aacute;fica</strong></p>
<p>Doris Lessing, que toma su apellido de su segundo marido, Gottfried Lessing, un jud&iacute;o ruso marxista, fue la primog&eacute;nita del matrimonio formado por Alfred Tayler, un ex oficial, combatiente en la primera guerra mundial, en la que se dej&oacute; una pierna, y una enfermera, Emily Maude&nbsp; Mc Veagh. Naci&oacute; en el seno de una familia de clase media inglesa y protestante, pero en un lugar bastante alejado de Gran Breta&ntilde;a, ya que vio la luz en Persia, en la ciudad de Kermanshah, el 22 de octubre de 1919.</p>
<p>&nbsp;Sus padres se hab&iacute;an conocido en el hospital en el que Emily trabajaba y Alfred convalec&iacute;a de la amputaci&oacute;n y de otras heridas. Tras casarse, se marcharon a Persia, hoy Ir&aacute;n, donde Alfred hab&iacute;a conseguido ser nombrado director de la sucursal del Banco Imperial de Persia en la ciudad de Kermanshah, m&aacute;s adelante adjunto al director del mismo banco en Teher&aacute;n. En Persia naci&oacute; tambi&eacute;n su hermano. De all&iacute; proceden sus primeros recuerdos, seg&uacute;n cuenta la primera parte de su autobiograf&iacute;a, <em>Dentro de m&iacute;, </em>publicada en castellano en 1997. En 1924, despu&eacute;s de pasar por Londres y prepararse para establecerse en &Aacute;frica como granjeros, la gran ilusi&oacute;n de su padre, la familia se march&oacute; a Rodesia del Sur, hoy Zimbabue.</p>
<p>&laquo;El gobierno blanco de Rodesia del Sur vend&iacute;a tierras a los antiguos soldados pr&aacute;cticamente por nada y el Land Bank apoyaba a los esforzados granjeros con pr&eacute;stamos a largo plazo&raquo;, escribe Lessing en las primeras p&aacute;ginas de su autobiograf&iacute;a. All&iacute;, en la granja levantada en una colina en la regi&oacute;n de Lomagundi, en el nordeste, una zona muy salvaje, con pocos habitantes, vivi&oacute; Doris parte de su infancia y de su adolescencia. Eso la marcar&aacute; para siempre y repercutir&aacute; de manera fundamental en su obra.</p>
<p>En la autobiograf&iacute;a, cuyo segundo volumen, <em>Un paseo por la sombra,</em> se public&oacute; en castellano en 1998, tan solo un a&ntilde;o despu&eacute;s de su aparici&oacute;n en lengua inglesa, abundan las referencias al paisaje de Lomagundi, de una enorme belleza, por supuesto salvaje, la jungla en la que, junto a su hermano, trata de internarse siempre que puede para observarlo todo. La curiosidad de Lessing, que conserv&oacute; hasta su muerte, el 17 de octubre de 2013, ser&aacute; uno de los rasgos m&aacute;s importantes de su car&aacute;cter. Muchos a&ntilde;os despu&eacute;s, al regresar a Lomagundi, consider&oacute; que, en realidad jam&aacute;s se hab&iacute;a ido &laquo;era como si formara parte del lugar&raquo;.</p>
<p>Tras una enfermedad de la que se repone fuera de casa, se ir&aacute;, siendo todav&iacute;a adolescente, a hacer de ni&ntilde;era en una granja. M&aacute;s tarde pasar&aacute; a Salinsbury, actual Harare. All&iacute; sobrevive trabajando de telefonista hasta que se casa, a los diecinueve a&ntilde;os, con un funcionario del gobierno brit&aacute;nico, Frank Charles Wisdon, un hombre diez a&ntilde;os mayor que ella, con el que tendr&aacute; dos hijos. El matrimonio no funciona.&nbsp; &laquo;Me sent&iacute;a esposada en las mu&ntilde;ecas y con cadenas en los tobillos&raquo;, escribe. Pronto se distancia de su esposo. Entra a formar parte de un grupo de izquierdas, donde conoce al que ser&aacute; su segundo marido. Antes se enamora de un sargento de la fuerza a&eacute;rea brit&aacute;nica, cuyas cartas se han publicado hace poco. Abandona el domicilio conyugal dejando a los ni&ntilde;os con su padre. Trabaja como mecan&oacute;grafa en el bufete de un abogado y milita en el Partido Comunista de Rodesia. Parte de su obra posterior, como<em> La buena terrorista,</em> refleja esos momentos en tanto que <em>Cerco de tierra y Al final de la tormenta</em> guardan un estrecho paralelismo con su relaci&oacute;n con Gottfried Lessing,&nbsp; con quien se casa en 1945 y se divorcia en 1949. Tambi&eacute;n en su libro <em>En busca de un ingl&eacute;s</em> se encuentran episodios de su vida real, un viaje a Ciudad del Cabo y un romance que tuvo all&iacute;. Pero todas estas obras las escribir&aacute; lejos de &Aacute;frica, en Inglaterra a donde se marcha en 1949, con el hijo de su segundo matrimonio, nacido en octubre de 1946. Antes solo hab&iacute;a escrito poemas y la novela, reelaborada una y otra vez, <em>Canta la hierba</em>, para la que no encuentra editor en Rodesia del Sur, donde&nbsp; solo consigue publicar algunas narraciones en las revistas <em>The Democrat </em>y <em>Trek</em>.</p>
<p>Entre 1952 y 1956 milita en el Partido Comunista&nbsp; de Gran Breta&ntilde;a y trabaja para este en Londres. Sin embargo, se distancia del PC y abandona el partido tras conocer los cr&iacute;menes de Stalin y la invasi&oacute;n de Hungr&iacute;a por los tanques rusos. Aunque se aparte del compromiso marxista jam&aacute;s abandonar&aacute; la necesidad de denunciar la injusticia y seguir&aacute; hasta el final levantando la voz y pidiendo que cada uno de nosotros la levante ante los abusos de los poderosos.</p>
<p>Las malas relaciones con su madre marcaron su vida y su literatura. En <em>Dentro de m&iacute;</em> asegura que su madre deseaba un ni&ntilde;o y, cuando ella naci&oacute;, ten&iacute;a preparada ropa de ni&ntilde;o. Se queja de que quiso siempre mucho m&aacute;s a su hermano menor, Harry, pero confiesa a su vez que en muchos momentos odiaba a su madre. Al final de su vida su actitud filial cambia, incluso en su &uacute;ltima novela <em>Alfred y Emily</em> trata de sus padres, con los que se reconcilia. No obstante, el no querer ser como ellos, &mdash;asegura en su autobiograf&iacute;a que le parecen pat&eacute;ticos&mdash; marca su vida. En especial, no quiere ser como su madre, cuya &uacute;nica misi&oacute;n, truncadas sus expectativas laborables como enfermera al dejar Inglaterra y casarse, es cuidar de su marido y de sus hijos. Algo que fue tambi&eacute;n el destino de muchas mujeres en toda Europa y en Am&eacute;rica y todav&iacute;a m&aacute;s concretamente en la Espa&ntilde;a de la posguerra. &laquo;La frase he sacrificado mi vida por los hijos&raquo;, que Doris pone en boca de su madre podr&iacute;a ser una referencia generacional.&nbsp; En muchas p&aacute;ginas de su autobiograf&iacute;a acusa a su madre de que no la quiere, asegura que de ni&ntilde;a fue muy desgraciada, que los ni&ntilde;os necesitan amor. Parad&oacute;jicamente, sin embargo, ella abandona en Rodesia a John y Jean, los dos hijos de su primer matrimonio con Frank Charles Wisdon, con el que estuvo casada entre 1939 y 1943.&nbsp; Lessing se refiere a que lo tuvo que hacer aunque fuera traum&aacute;tico. El hecho contrasta con los constantes reproches a su madre, vertidos de manera incansable en su autobiograf&iacute;a. En una entrevista que le hizo Rosa Montero para <em>El&nbsp; Pa&iacute;s</em> en 1997 reconoce:</p>
<p>&mdash;Fue una cosa terrible, pero tuve que hacerlo. No puedo decir que fuera una buena decisi&oacute;n, pero pudo haber salido mucho peor en todos los sentidos. Mis hijos fueron siempre extremadamente generosos, ni mi hijo ni mi hija me condenaron jam&aacute;s y siempre me apoyaron.</p>
<p>En cambio, se ocup&oacute; mucho de Peter, su tercer hijo, al que se llev&oacute; con ella a Inglaterra y al que cuid&oacute; con verdadera entrega cuando enferm&oacute;. A partir de 1949 en Londres emprende una nueva vida no exenta de dificultades. Est&aacute; sola con un ni&ntilde;o peque&ntilde;o que depende exclusivamente de ella, ya que el padre no le env&iacute;a dinero, pero se abre camino como escritora y consigue publicar con &eacute;xito <em>Canta la hierba.</em> Sus historias amorosas, logros y fracasos, sus experiencias sexuales de entonces se desmenuzan sin rubor en los dos vol&uacute;menes de su autobiograf&iacute;a y pasan ligeramente modificadas a su obra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Vida y literatura</strong></p>
<p>&nbsp;Como ya he se&ntilde;alado, la obra de Doris Lessing tiene mucho de autobiogr&aacute;fica. Tal vez la escritora necesitaba mirarse en el espejo de las p&aacute;ginas de sus libros para saber qui&eacute;n era y qu&eacute; deseaba. La literatura le permiti&oacute; seguir viviendo en la medida que cuanto le sucedi&oacute; qued&oacute; plasmado en sus textos, con pocas excepciones, de manera que en la escritura encontraba un punto de apoyo para continuar. Considero que las p&aacute;ginas escritas, a veces se convert&iacute;an en una experiencia psicoanal&iacute;tica.&nbsp; De ah&iacute; que en su obra, vida y literatura se imbriquen estrechamente. Su familia, su propia persona, sus&nbsp; maridos&nbsp; y amantes,&nbsp; sus amigos y amigas,&nbsp; el paisaje en el que se desarrolla su infancia,&nbsp; los barrios de Londres donde&nbsp; habita, el contraste entre el mundo de los blancos y el de los negros en Rodesia del Sur, su lucha&nbsp; contra el <em>apartheid</em>,&nbsp; su militancia en el Partido Comunista, su inter&eacute;s por un mundo m&aacute;s justo,&nbsp; su necesidad de amor, los problemas que entra&ntilde;an las relaciones amorosas entre hombres y mujeres, la amistad femenina, etc. etc., etc. Todo pasa a sus obras.</p>
<p>&nbsp;Muchas de las referencias que campan al desgaire entre las l&iacute;neas de sus novelas o se convierten incluso en tema fundamental de algunas de ellas, se encuentran en los dos vol&uacute;menes de su autobiograf&iacute;a, iniciada en 1993. Seg&uacute;n declara, su intenci&oacute;n es dar al traste con las falsedades que ya por entonces se han difundido sobre su vida y el horror que le produce que cinco bi&oacute;grafos norteamericanos&nbsp; est&eacute;n escribiendo sobre&nbsp; ella. Asegura adem&aacute;s que a menudo las entrevistas que le hacen, pese a ser grabadas, no reflejan lo que ha dicho: &laquo;Los datos &mdash;se&ntilde;ala Lessing con humor&mdash; cada vez importan menos, en parte porque los escritores son como perchas en las que colgar las fantas&iacute;as de la gente&raquo;.</p>
<p>Doris Lessing escribi&oacute; de manera incansable. Cultiv&oacute; todos los g&eacute;neros literarios, en una producci&oacute;n que incluye alrededor de setenta t&iacute;tulos, muchos traducidos al espa&ntilde;ol.&nbsp; Cada nueva obra es un reto. Una apuesta con ella misma de la que quiere salir vencedora. Primero con sus obras de denuncia social contra la discriminaci&oacute;n sufrida por los negros en Rodesia del Sur y, m&aacute;s adelante, con sus novelas sobre ciencia ficci&oacute;n, <em>Canopus en Argos</em>, que no gustaron a sus cr&iacute;ticos. Pese a ello, sigui&oacute; public&aacute;ndolas porque le apetec&iacute;a, aunque eso la apartara de la consideraci&oacute;n de ser una escritora de categor&iacute;a.&nbsp;</p>
<p>Su obra&nbsp; tiene siempre en cuenta&nbsp; sus intereses que&nbsp; conforman&nbsp; tres grandes bloques:</p>
<p>El primero, las novelas y cuentos que tratan de &Aacute;frica, de los conflictos coloniales, de la situaci&oacute;n miserable de los aut&oacute;ctonos. Lessing toma siempre partido a favor de los negros frente a los blancos colonizadores y muy a menudo nos muestra los malos tratos que estos infringen a aquellos. &Aacute;frica est&aacute; presente no solo en sus primeros relatos, que tienen &eacute;xito, precisamente por eso, porque su punto de vista es nuevo y revolucionario, sino tambi&eacute;n en la pentalog&iacute;a <em>Hijos de la violencia</em> (1952- 1969), en la que se incluye la novela <em>Marta Quest</em>, un alter ego de la escritora que le permite observar ya desde Inglaterra lo que ha supuesto el imperio colonial y las equivocaciones cometidas en nombre de la&nbsp; civilizaci&oacute;n blanca. Por sus criticas, en 1956 se le prohibi&oacute; visitar Rodesia.</p>
<p>El segundo, gira en torno a los aspectos de las relaciones humanas, en especial de las amorosas. Siempre necesit&oacute; gustar y ser amada. Fue una mujer liberada que no tuvo problemas en escoger o ser escogida como compa&ntilde;era de cama, aunque prefiri&oacute; aunar con el enamoramiento el deseo sexual. Uno de sus libros tard&iacute;os <em>De nuevo el amor</em>, plantea una relaci&oacute;n sentimental de senectud.</p>
<p>&nbsp;El tercero, tiene que ver con la ciencia ficci&oacute;n. <em>Canopus en Argos,</em> es un divertimento personal, que solo tuvo &eacute;xito con los aficionados al g&eacute;nero, pero que para ella, primero protestante, despu&eacute;s por un breve tiempo pr&oacute;xima al catolicismo, m&aacute;s adelante atea, supuso un acercamiento al sufismo.</p>
<p>He dejado fuera de esos&nbsp; bloques <em>El cuaderno dorado,</em> su obra m&aacute;s conocida e internacional, diferente al resto de su producci&oacute;n por su envergadura.&nbsp; Publicada en la ya remota fecha de 1962, en Londres, no fue traducida al espa&ntilde;ol hasta 1978, diez seis a&ntilde;os despu&eacute;s de su aparici&oacute;n ya que era absolutamente impensable que la censura franquista la dejara pasar. La editorial Noguer consigui&oacute; los derechos y la versi&oacute;n espa&ntilde;ola corri&oacute; a cargo de la tambi&eacute;n escritora Helena Valent&iacute;, afincada en Londres durante muchos a&ntilde;os.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;A mi entender, <em>El Cuaderno Dorado</em> es la gran obra de Doris Lessing, aunque hoy la leamos de manera distinta a cuando apareci&oacute;, ya que las mujeres hemos conquistado muchas de las demandas que aparecen en el libro, en todos los aspectos, desde los econ&oacute;micos, pese a que la precariedad femenina sea todav&iacute;a mucho mayor que la masculina, a los sexuales. En la actualidad, casi nadie ve con malos ojos, la libertad sexual conseguida por las mujeres. Las familias monoparentales femeninas, quiz&aacute; habr&iacute;a que escribir, con mayor propiedad, monomaternales, est&aacute;n a la orden del d&iacute;a y la sororidad, la ayuda mutua entre mujeres, creo que se da m&aacute;s que nunca. Todos estos asuntos, entre otros, se planteaban en el <em>Cuaderno Dorado</em> que fue acogido por las mujeres como un libro que tambi&eacute;n pod&iacute;a servirles de espejo. En Espa&ntilde;a, por lo menos, a finales de los setenta y durante los ochenta, muchas mujeres le&iacute;mos a otras mujeres para encontrarnos a nosotras mismas, para ver qu&eacute; pautas de comportamiento nos ofrec&iacute;an,&nbsp; necesitadas de referentes.</p>
<p>El <em>Cuaderno Dorado</em> es, en primer lugar, una novela experimental. No es, por supuesto, el <em>Ulises </em>de Joyce, pero s&iacute; guarda relaci&oacute;n con cierto tipo de literatura que tiende a innovar desde el punto de vista formal, como&nbsp; hicieron los franceses, Michael Butor, y Nathalie Sarraute. Creo que Lessing pretende crear una obra totalizadora y muy ambiciosa en la que las diversas partes se recompongan como en un rompecabezas. As&iacute; funcionan los distintos cuadernos que integran el texto. En el prefacio escrito por Doris Lessing para la edici&oacute;n de 1972, diez a&ntilde;os despu&eacute;s de la aparici&oacute;n del libro y cuando la obra ya hab&iacute;a sido divulgada en el mundo entero, da cuenta de sus intenciones en este sentido y nos advierte del entramado que su obra implica:</p>
<p>Tiene un armaz&oacute;n o marco titulado &laquo;Mujeres libres&raquo;, novela corta convencional que puede sostenerse por ella misma. Pero est&aacute; dividida en cinco partes y separada por los cinco per&iacute;odos de los cuatro diarios: negro, rojo, amarillo y azul. Los diarios los redacta Anna Wulf, un personaje importante en &laquo;Mujeres libres&raquo;. Lleva cuatro diarios en vez de uno, pues, como ella misma reconoce, los asuntos deben separarse unos de otros, a fin de evitar el caos, la deformidad..., el fracaso. Los diarios terminan a causa de presiones internas y externas. Se traza una gruesa raya negra que atraviesa la p&aacute;gina, un cuaderno tras otro. Pero una vez terminados, puede surgir de sus fragmentos algo nuevo: &laquo;El cuaderno dorado&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El pseud&oacute;nimo, una prueba arriesgada</strong></p>
<p>Cuando ya era una escritora de &eacute;xito internacional, quiso comprobar las dificultades que podr&iacute;a tener alguien desconocido para publicar y con el pseud&oacute;nimo de Janne Sommers, trat&oacute; de que vieran la luz dos novelas, pero su editor Jonathan Cape las rechaz&oacute;. De la primera, <em>El diario de una buena vecina</em>, consider&oacute; que era un buen libro, pero comercialmente inviable, una excusa reiterada hasta la saciedad. No obstante, Lessing consigui&oacute; que ambas se publicaran e hizo que se las enviaran a los cr&iacute;ticos, especialistas en su obra, que hab&iacute;an proclamado maravillas de su producci&oacute;n anterior. Ninguno de ellos se dio cuenta de que esas novelas pod&iacute;a haberlas escrito ella o, por lo menos, que la tal Janne Sommers la imitaba. En los suplementos literarios de los peri&oacute;dicos tampoco las tuvieron en cuenta. En algunos, como en el&nbsp; <em>Sunday Time</em> no las leyeron, algo que suele pasar con las obras de desconocidos, y no sali&oacute; rese&ntilde;a alguna. En el <em>The Observer</em> calificaron la primera novela de desigual. En cambio en <em>The Fiction Magazine</em> la elogiaron, como admirable e inolvidable, seg&uacute;n cont&oacute; la propia Lessing.</p>
<p>La autora del <em>Cuaderno Dorado,</em> que ten&iacute;a un gran sentido del humor, se divirti&oacute; con el enredo, que molest&oacute; mucho a su editor. Se propuso demostrar de manera fehaciente que solo el &eacute;xito llama al &eacute;xito.&nbsp; Suya es la frase: nada tiene tanto &eacute;xito como el &eacute;xito.</p>
<p>En la estupenda entrevista de Rosa Montero ya mencionada, declar&oacute; que lo del pseud&oacute;nimo:</p>
<p>me pareci&oacute; un experimento interesante. Adem&aacute;s, luego he descubierto que eso lo han hecho otros autores, s&oacute;lo que no se ha hecho p&uacute;blico. Simplemente pens&eacute;: voy a ver qu&eacute; pasa. Los cr&iacute;ticos dijeron que <em>El diario de una buena vecina</em> era una primera novela prometedora... Lo cual resulta curioso. Y tambi&eacute;n recib&iacute; cartas interesant&iacute;simas, como una que ven&iacute;a de una escritora de libros rom&aacute;nticos muy, muy conocida, que me dijo que llevaba publicados, no s&eacute;, pongamos que setenta y tres libros, y siempre era maravillosa y fant&aacute;stica y fenomenal para todo el mundo, y vend&iacute;a millones de ejemplares de cada uno; y entonces escribi&oacute; una novela m&aacute;s, pongamos que la n&uacute;mero setenta y cuatro, y puso un seud&oacute;nimo y la mand&oacute; a sus mismos editores, y se la devolvieron diciendo que no se pod&iacute;a publicar, que no les gustaba mucho, y que le suger&iacute;an que estudiara las obras de Fulana, o sea, de ella misma. Y entonces ella volvi&oacute; a enviar el manuscrito a sus editores, esta vez con su propio nombre, y le dijeron: oh, maravilloso, estupendo, querida, c&oacute;mo lo consigues, siempre escribes tan bien...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Un Nobel algo tard&iacute;o</strong></p>
<p>A los ochenta y siete a&ntilde;os consigui&oacute;, finalmente, ganar el Premio Nobel. Ya no lo esperaba. Le hab&iacute;an dicho que a los acad&eacute;micos suecos no les gustaban sus libros y que nunca lo conseguir&iacute;a. Tras recibir la noticia, declar&oacute; que se lo hab&iacute;an dado porque estaba muy mayor y brind&oacute; con agua delante de los periodistas, asegurando que era ginebra y quej&aacute;ndose, con humor, de que su intromisi&oacute;n, las llamadas y felicitaciones de sus amigos molestaba a su gato que se pon&iacute;a nervioso con tanto jaleo.</p>
<p>&nbsp;A causa de sus achaques no fue a Estocolmo a recibir el Premio. Se lo entreg&oacute; el embajador sueco en Londres en 2008. Uno de los momentos m&aacute;s destacados del acto y que m&aacute;s le gustaron a Doris Lessing fue el compromiso de donaci&oacute;n de 10.000 libros a diversas escuelas de Zimbabue por parte de sus editores Harper Collins, que quisieron de este modo contribuir a la lucha contra &laquo;la falta de libros y recursos educativos&raquo;. En el discurso de aceptaci&oacute;n se&ntilde;al&oacute; que recog&iacute;a el Nobel &laquo;en representaci&oacute;n de todos aquellos autores que han trabajado duro a lo largo de sus vidas pero no han recibido ning&uacute;n premio&raquo;. No fue su caso. Ella obtuvo muchos e importantes premios. El primero, que le permiti&oacute; comprarse una casa, fue el Somerset Maugham en 1954, despu&eacute;s el Medicis de Francia en 1977, en Espa&ntilde;a, el Premi Internacional Catalu&ntilde;a en el 1999 y, en 2001, el Pr&iacute;ncipe de Asturias de las Letras, antesala al Nobel. Rechaz&oacute; el t&iacute;tulo de Dama del Imperio Brit&aacute;nico, que otorga la reina Isabel II, alegando la inexistencia de tal imperio.</p>
<p>La concesi&oacute;n a Doris Lessing del Premio Nobel, que satisfizo a muchas mujeres feministas, admiradoras de su obra, no fue bien recibida por algunos cr&iacute;ticos. Harold Bloom consider&oacute; que se trataba de una decisi&oacute;n &laquo;pol&iacute;ticamente correcta&raquo; y a&ntilde;adi&oacute;: &laquo;Aunque la se&ntilde;ora Lessing al comienzo de su carrera tuvo algunas cualidades admirables, encuentro que su trabajo en los &uacute;ltimos quince&nbsp; a&ntilde;os es un ladrillo... ciencia ficci&oacute;n de cuarta categor&iacute;a&raquo;<em>. </em>El cr&iacute;tico alem&aacute;n Marcel Reich-Ranicki asegur&oacute; que la decisi&oacute;n hab&iacute;a sido decepcionante: &laquo;La lengua inglesa tiene escritores m&aacute;s importantes y m&aacute;s significativos como John Updike o Philip Roth&raquo;.</p>
<p><strong>Conoc&iacute; a Doris Lessing</strong></p>
<p>Tuve la fortuna de conocer a Doris Lessing, aunque quiz&aacute; Doris Lessing no me conociera a m&iacute;. Estuve con ella cuando fue a Barcelona en mayo de 1999 para recibir&nbsp; el premio que la Generalitat de Catalunya le otorg&oacute;.&nbsp; Si no recuerdo mal, Marta Pessarrodona, su traductora al catal&aacute;n y tambi&eacute;n al castellano, me la present&oacute;. Me pareci&oacute; una persona simp&aacute;tica, enormemente cort&eacute;s y muy seductora. Ser&iacute;a petulante por mi parte considerar que haber conversado con alguien un rato en un acto m&aacute;s bien multitudinario signifique conocerle. En cambio, s&iacute; puedo asegurar que conozco a Doris Lessing a trav&eacute;s de sus libros y tambi&eacute;n por personas interpuestas, algunas amigas que s&iacute; la trataron. Dos de ellas, la misma Marta Pessarrodona y Rosa Montero, gran admiradora suya, han insistido siempre en que Doris Lessing es una pionera, que abre camino a las mujeres, que se adelanta a su &eacute;poca y que es adem&aacute;s una luchadora, aunque su obra sea hoy, por lo menos en&nbsp; Espa&ntilde;a,&nbsp; poco le&iacute;da. Ojal&aacute; el centenario de su nacimiento, que se cumple en octubre de este 2019, sirva para acercarla de nuevo a los lectores.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 04 Aug 2021 05:01:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Arte de la memoria]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/arte-de-la-memoria/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/samir500.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;"><strong></strong>Escritura rota, fragmento, quiebra de la linealidad espacio temporal como manifestaci&oacute;n de un aliento con residencia en la singularidad y proyectado hacia lo eterno universal.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p>Habla la luz, claman los colores, las sinestesias bordan el mapa machadiano donde se inscriben los top&oacute;nimos de una aventura fant&aacute;stica y real. Una realidad &ndash;dolorosa realidad- cuyo rostro transformado exhibe las arrugas de los sue&ntilde;os &ndash;estamos hechos de la materia de los sue&ntilde;os, advirti&oacute; Shakespeare-, para mejor nombrar aquello que nos hace y nos deshace.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La escritura, nos dice Samir Delgado, en un sustancioso texto liminar, constituye una materializaci&oacute;n del sue&ntilde;o y la esperanza habita el tiempo de las islas del exilio. Exilio, el de Antonio Machado, como paradigma de la barbarie, pero exilio tambi&eacute;n el que todos vivimos por nuestra condici&oacute;n de extranjeros. Somos extranjeros incluso para nosotros mismos. Parece inoportuna esta &uacute;ltima observaci&oacute;n al contemplar la tragedia de Machado, mas tengo para m&iacute; que Samir prolonga la condici&oacute;n y extra&ntilde;eza del ser humano, desde una cr&iacute;tica social profunda y poco convencional,&nbsp; hacia territorios ontol&oacute;gicos donde muy bien podr&iacute;a resonar la palabra de otro gran desubicado, el poeta egipcio franc&oacute;fono y ciudadano franc&eacute;s, Edm&oacute;nd Jab&egrave;s. En <em>Un extranjero con, bajo el brazo, un libro de peque&ntilde;o formato, </em>proclama: &ldquo;Aquello que ve la luz es extranjero a la luz misma&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pedro Garfias, otro exiliado, escribe: &ldquo;Qu&eacute; cerca de tu tierra te has sabido quedar&rdquo;,&nbsp; y Delgado nos lo recuerda en el ep&iacute;grafe de <em>Retourner</em>,&nbsp; primera secci&oacute;n del libro <em>La carta de Cambridge</em>. Lo imposible que se vuelve inevitable, dice Juan Larrea en ese mismo ep&iacute;grafe. La proximidad, tan s&oacute;lo la cercan&iacute;a &ndash;una cercan&iacute;a indeterminada y fiada al albur que tropieza con fronteras y pasos clausurados- como &uacute;nico refugio y morada posibles. Las migajas como lecho para el descanso tras una b&uacute;squeda indesmayable.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero &iquest;qu&eacute; tierra es esa que te ha expulsado a la vecindad?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La poeta portuguesa, Ana Luisa Amaral, afirma que &ldquo;la misi&oacute;n de la poes&iacute;a, si tuviera alguna, ser&iacute;a preservar memorias&rdquo;. La escritura de Samir, no s&oacute;lo preserva las memorias, sino que las enciende, las aviva y claman frente a los terribles muros de silencio, frente al o&iacute;do ciego y el ojo sordo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; tierra es esta &ndash;otra vez y mil veces m&aacute;s- que te ha expulsado? &iquest;Qu&eacute; esperanza te queda? &iquest;Y qu&eacute; esperanza queda para aquellos que no sufren el sufrimiento de los otros?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Arte de la memoria, Delgado abre tambi&eacute;n, no ya una memoria individual, un espacio in&uacute;til de recuperaci&oacute;n de la experiencia solitaria de una subjetividad siempre precaria, sino que convoca a otras voces, una gran asamblea de &aacute;nimas, que conforman esa verdad que jam&aacute;s puede alcanzarse de una vez por todas, como nos ense&ntilde;&oacute; Esquilo en su <em>Prometeo</em>. Hasta sesenta y tres de aqu&eacute;llas comparecen en el libro para dar cuenta, para presentar los distintos matices, planos y facetas de un espacio donde, cabe al pensamiento, se excita el movimiento emocional, la purga del olvido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Corifeo en el centro de la <em>Orchestra</em>-escenario, Samir Delgado acuerda el registro de un contumaz desorden desde la&nbsp; conciencia clara de la magnitud del empe&ntilde;o que descansa en el ser del no ser, en la plenitud del vac&iacute;o, en la locuacidad del silencio, en el salpicado de notas para una sinfon&iacute;a que, desde siempre, se sabe incompleta, y, por eso mismo, tiende a la completitud. Esta es la inteligencia y la raz&oacute;n po&eacute;tica de quien, como Samir, puebla su universo con semejante generosidad. Otra paradoja m&aacute;s que nos atraviesa: la voz propia siempre se inscribe en lo com&uacute;n, en la expresi&oacute;n de lo colectivo. S&oacute;lo puede recibir quien sabe dar; s&oacute;lo sabe dar quien puede recibir; s&oacute;lo puede escribir quien se atreve a escuchar aun con el riesgo de ser tachado, borrado, diluido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Portbou. Antonio Machado. Corpus Barga. Dos fotograf&iacute;as para la desolaci&oacute;n. La imagen del sufrimiento callado, la vejez anticipada, el aniquilamiento. Ya no hay camino, piensa Concha Zardoya, para el poeta que hizo del camino existencia y met&aacute;fora universal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;El tiempo detenido de ayer en la frontera&rdquo;, escribe Samir, y contin&uacute;a: &ldquo;volver a sentir el periplo vital / frente a su r&eacute;plica en la pantalla //&nbsp; bajo el impulso inmediato de la mirada / hacia el horizonte de aquel mismo cielo / que fue el tragaluz del &uacute;ltimo mar // es la terateia: la maravilla del encuentro de la voz / en el eco de cada palabra revivida&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Respira la palabra. Autarqu&iacute;a de la palabra. Autarqu&iacute;a del mar y del poema. &ldquo;Y en cualquier instante puede llegar el poema / como un naufragio de Turner / / desde la autarqu&iacute;a del mar / anochece el hotel Bougnol&rdquo;, nos&nbsp; advierte el autor de <em>La carta de Cambridge.</em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p>Las palabras saben de nosotros lo que nosotros ignoramos de ellas, escribe Ren&eacute; Char. El poeta franc&eacute;s sabe tambi&eacute;n que la poes&iacute;a es palabra en el tiempo. &iquest;Un tiempo extinto o un tiempo no iniciado, o tal vez siempre reiniciado en el poema?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo est&aacute; siempre abierto a los d&iacute;as azules. Respira la palabra, y Samir Delgado acompa&ntilde;a ese flujo ling&uuml;&iacute;stico y, sencillamente, permite que se exprese. En la p&aacute;gina, &eacute;l es una tachadura. &iquest;Qu&eacute; movimiento es &eacute;ste que armoniza el caudal r&iacute;tmico con la materia conceptual? Todo tiene en <em>La carta de Cambridge </em>una lib&eacute;rrima naturaleza musical y pict&oacute;rica, que, afortunadamente, el poeta ha podido anotar. Y, sin embargo, en el libro conviven poes&iacute;a, prosa, art&iacute;culo y ensayo. Hasta la ficha art&iacute;stica de &ldquo;Antonio Machado, 1966&rdquo;, escultura del aragon&eacute;s Pablo Serrano, se hace un hueco sin estridencia, en un libro inclasificable y absolutamente necesario.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div>
<p>Acepten, por favor, esta aventura, este viaje inici&aacute;tico, exploren los l&iacute;mites de la palabra, del ser, de la existencia, gocen con la belleza de la mano de un poeta que honra, sin ninguna duda, la memoria de nuestro Antonio Machado m&aacute;s universal. Ojal&aacute; que los dioses concedan a Samir Delgado honra semejante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Samir Delgado, <em>La carta de Cambridge</em>, Zaragoza, Olifante, 2021</p>
</div>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 14 Jul 2021 07:02:51 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ana Muñoz y el cobijo del poema]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/ana-munoz-y-el-cobijo-del-poema/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/ana50.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Un golpe en prosa l&iacute;rica penetra agudamente en nuestro suelo. Resuena. Es la reverberaci&oacute;n de lo que ya no est&aacute;, de lo que ha dejado de ser y, sin embargo, permanece. Es el p&aacute;lpito de un sonido que germina, crece, brota y, despu&eacute;s de retumbar, hace nacer a un nuevo reto&ntilde;o que apunta con firmeza hacia el futuro de la luz en forma de poema. Es la palabra precisa de Ana Mu&ntilde;oz (Cuenca, 1987), una voz madura y verdecida que, tras ese dulce titubeo a caballo entre el deseo y la b&uacute;squeda que puebla las primeras p&aacute;ginas de su poemario <em>Madriguera</em>, se decanta por pasar a contemplar la profundidad que entra&ntilde;a el curso de la vida, as&iacute; como por permitir que el lenguaje arraigue en lo m&aacute;s hondo de la rutina cuando una p&eacute;rdida que no parece seguir las leyes de la naturaleza quiebra la superficie que hasta entonces hab&iacute;a sostenido el camino de su Redehuerta. As&iacute;, la poeta opta por encaminarse hacia el poema y all&iacute; comienza a excavar un agujero, se hace voz de masa madre que moldea la tierra fecunda en la que la escritura trabaja hasta socavar los espacios anteriormente frecuentados y desenterrar de ellos la hermosura que hasta entonces siempre hab&iacute;an albergado, hasta llegar a desconocerlos e incluso a renunciar a ellos al asegurar &laquo;ya no quiero volver ni a la luz ni al campo, ni al resto de cosas que me hac&iacute;an feliz&raquo; (Mu&ntilde;oz, 2021: 18).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La voz l&iacute;rica rompe en cierto modo con el pasado, pero a su vez lo conserva como patria a&ntilde;orada, como lugar de la evocaci&oacute;n y la escritura, como textualidad del soporte de memoria que sobrevive al paso del tiempo. Bajo la percepci&oacute;n de que &laquo;esta es la forma en la que acaba el mundo: con un poema&raquo; (Mu&ntilde;oz, 2021: 18), Ana Mu&ntilde;oz sin embargo invierte esta cadencia conclusiva de su propia letra porque considera que cada cambio es un transcurso de situaciones, que &laquo;nada sucede del todo hasta que se supera&raquo; (Mu&ntilde;oz, 2021: 19), y que por lo tanto es preciso continuar el trayecto iniciado; y as&iacute; es como empieza el recorrido de un libro en el que alcanza a guarecerse del dolor tan solo cuando lo taladra, cuando trepana el silencio tenso del suelo con la voz y profundiza con el tiempo en lo m&aacute;s hondo de la vida, en la ra&iacute;z de la belleza.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El ambiente l&iacute;rico del poemario, de este modo, var&iacute;a a lo largo de la obra. Se inaugura con la tendencia l&oacute;brega y nublada de una vida que se consume en momentos como los de &laquo;esa avanzadera de los d&iacute;as de quema que es el humo&raquo; (Mu&ntilde;oz, 2021: 20), de un mundo &laquo;que se est&aacute; muriendo&raquo; (Mu&ntilde;oz, 2021: 26) y en el que &laquo;todo ha pasado a ser algo aproximado, algo incierto, como los a&ntilde;os de este cipr&eacute;s longevo&raquo; (Mu&ntilde;oz, 2021: 21). Es este un entorno en el que se recuerda constantemente la fecha se&ntilde;alada de un mi&eacute;rcoles que, lejos de ser un anclaje temporal como otro cualquiera, se define como el instante del dolor por antonomasia, el comienzo del sufrimiento que implica la llegada de una p&eacute;rdida. Lo vemos en versos como &laquo;desde aquel mi&eacute;rcoles, el silencio es una forma m&aacute;s de violencia y se acumula demasiado ruido en las ideas que bordean, y bordan, tu nombre a lo largo de la zequia&raquo; (Mu&ntilde;oz, 2021: 18). Pero m&aacute;s adelante el yo l&iacute;rico abandona este espacio del duelo, ese inicial &laquo;No quiero que nada ni nadie pueda brotar a tu costa en la pr&oacute;xima primavera&raquo; (Mu&ntilde;oz, 2021: 26), y lo sustituye&nbsp; por un &laquo;Ya no suele inquietarme que la tierra en la que yaces pueda llegar a profanarse [&hellip;] As&iacute; ha sido y as&iacute; ha de ser siempre&raquo; (Mu&ntilde;oz, 2021: 35). Nuestra poeta se redefine as&iacute; en la convicci&oacute;n de que el recorrido vital no pasa por la posesi&oacute;n en cierto sentido ego&iacute;sta del cari&ntilde;o, ni tampoco consiste en un mero estado de presencia o ausencia, sino que se traduce en recorrido, en un proceso de renovaci&oacute;n constante en el que todo fluye y permanece pero en el que &laquo;Nada queda. Nada si es posesi&oacute;n&raquo; (Mu&ntilde;oz, 2021: 23), porque &laquo;La naturaleza es tr&aacute;nsito y misterio&raquo; (Mu&ntilde;oz, 2021: 23).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como traslaci&oacute;n de poes&iacute;a y pensamiento, la voz l&iacute;rica se injerta en sus nostalgias y las completa con la prolongaci&oacute;n y la uni&oacute;n permanentes que surgen de su recuerdo, llenando as&iacute; el vac&iacute;o de la ausencia con el lenguaje que nos traspone una nueva presencia, porque &laquo;La comunicaci&oacute;n aqu&iacute; es necesaria. Por consideraci&oacute;n. Por instinto. Por supervivencia&raquo; (Mu&ntilde;oz, 2021: 37). Ana Mu&ntilde;oz, consciente de que &laquo;Importa el fruto. Porque importan las ra&iacute;ces&raquo; (Mu&ntilde;oz, 2021: 32), cuida tanto de lo visible como de lo invisible en la traslaci&oacute;n de sus poemas, act&uacute;a como tallo que transita entre los rincones m&aacute;s oscuros y los espacios m&aacute;s iluminados, entre lo m&aacute;s hondo y lo m&aacute;s alto al mismo tiempo, como v&iacute;nculo entre los extremos, y acepta que el vac&iacute;o colme un nuevo lugar de la naturaleza, que pase &laquo;a ser pasto de la tierra para poder pertenecerle a ella&raquo; (Mu&ntilde;oz, 2021: 20). Es de este modo como nuestra poeta emprende el camino hacia las hojas renovadas de una existencia caduca que se sec&oacute; y se cay&oacute; en otro tiempo, y entonces se reconoce a s&iacute; misma &laquo;al borde de una vida nueva, desparram&aacute;ndome como el caf&eacute; que siempre echo de m&aacute;s&raquo; (Mu&ntilde;oz, 2021: 30), sali&eacute;ndose por completo de los l&iacute;mites del mundo conocido para as&iacute; explorar el otro lado y entender que al cuidar a las plantas &laquo;ese mimo es comunicaci&oacute;n con algo m&aacute;s que con ellas&raquo; (Mu&ntilde;oz, 2021: 38), es di&aacute;logo con lo que no est&aacute; y, sin embargo, permanece y se intuye cada vez m&aacute;s cerca.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y a medio camino entre el &ldquo;aqu&iacute;&rdquo; de su palabra y el &ldquo;all&iacute;&rdquo; de la tierra y del cielo, la voz de Ana Mu&ntilde;oz recorre la trascendencia de la vida como savia que fluct&uacute;a entre ambos extremos, y, considerando que &laquo;ser alguien o ser algo es aquello que pasa inmediatamente antes e inmediatamente despu&eacute;s de no ser nada y de no ser nadie&raquo; (Mu&ntilde;oz, 2021: 19), la poeta hace &ldquo;algo&rdquo; de la &ldquo;nada&rdquo;, hace presencia de l&iacute;rica desde el silencio violento de la ausencia. Y la traslada al injertar al presente su recuerdo como prolongaci&oacute;n futura, como una palabra nodriza que amamanta el curso de la vida desde el refugio del lenguaje, desde el cobijo del poema, desde un agujero inicial ahora ya poblado por su firme convicci&oacute;n de madriguera.</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ana Mu&ntilde;oz, <em>Madriguera</em>, Zaragoza, Olifante, 2021.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 14 Jul 2021 06:59:36 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Migas de una fisonomía nómada]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/migas-de-una-fisonomia-nomada/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/J500.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;"><em></em>La afor&iacute;stica de Jos&eacute; Luis Morante (El Bohod&oacute;n, &Aacute;vila, 1956), formada por los libros <em>Mejores d&iacute;as </em>(2009) y <em>Motivos personales </em>(2015) (a los que se acaba de unir <em>Planos cortos. Aforismos y cine</em>, 2021, publicado al albor de <em>Migas de voz)</em>, se da cita en un florilegio que re&uacute;ne textos de los dos primeros libros, a los que suma los de un in&eacute;dito: <em>A sorbos</em>. Una publicaci&oacute;n que sit&uacute;a a su autor en el &aacute;mbito del aforismo internacional.</p>
<p><em>Migas de voz</em> se presenta en la bell&iacute;sima colecci&oacute;n Esquirlas, coordinada por el aforista mexicano Hiram Barrios -muy conocido en Espa&ntilde;a por sus trabajos en este campo- en la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico. El volumen viene prologado por Carmen Canet, una de las voces clave en el resurgimiento del aforismo en Espa&ntilde;a en el siglo XXI, quien alude a estas migas morantianas como &ldquo;piezas inteligentes&rdquo; y &ldquo;escenas de lo cotidiano&rdquo;. En este sentido se apuntan dos de los axiomas que conforman el aforismo actual. Por un lado, su lado reflexivo, inherente a todo texto afor&iacute;stico, a medio camino entre el car&aacute;cter sentencioso de la filosof&iacute;a y el estupor melanc&oacute;lico de la poes&iacute;a; por otro, lo inteligente en el aforismo de Morante se fragua dentro de una concepci&oacute;n mixta, cercano a lo que Karl Kraus llamaba &ldquo;b&uacute;squeda civil de la verdad&rdquo;. En este sentido, procedimientos propios como la iron&iacute;a, la inteligencia, la paradoja, el humor o el sentido po&eacute;tico de la realidad convergen bajo el prisma de la afor&iacute;stica contempor&aacute;nea, de la que Jos&eacute; Luis Morante es destacado representante. Lo po&eacute;tico (la veta metaf&oacute;rica) subyace en el aforismo actual junto a lo conceptual. Jos&eacute; Luis Morante es un excelente poeta, y cabalga en la determinaci&oacute;n de una frase proteica cuyo fogonazo l&iacute;rico expresa siempre una idea, una conceptualizaci&oacute;n de una idea. La poes&iacute;a como verdad y como pensamiento. El decir breve, su opulencia metaf&iacute;sica, lo metaf&oacute;rico instalado en la cotidianidad. El aforismo sint&eacute;tico y punzante de Jos&eacute; Luis Morante pretende dar sentido a nuestros actos, a la existencia humana, al devenir esc&eacute;ptico que nos recompone d&iacute;a a d&iacute;a. Por esa raz&oacute;n el aspecto moral tiene tanto peso en su paradigma afor&iacute;stico. El poeta pensador da constancia de un personaje que reconstruye la realidad, con su visi&oacute;n esc&eacute;ptica e ir&oacute;nica, llena de media verdad o verdad y media, como quer&iacute;a el ya citado Karl Kraus. Por eso escribe: &ldquo;Alguien escribe. Soy parte de la trama. Un personaje epis&oacute;dico&rdquo;.</p>
<p>A lo largo de los tres libros seleccionados, se constata una formulaci&oacute;n de la identidad, una novelizaci&oacute;n de ideas identitarias, como vimos que titula el apartado final. El aforista ucraniano Leonid S. Sukhorukov, precisamente, defini&oacute; al aforismo como &ldquo;una novela de una sola l&iacute;nea&rdquo;. Las migas morantianas condensan -al modo del &ldquo;polen&rdquo; de Novalis, o de las &ldquo;hojas ca&iacute;das&rdquo; de Rozanov- una novela de ideas, un pensamiento en movimiento, migas certeras condensadas en un decir m&iacute;nimo, sint&eacute;tico, con que su autor formula &ldquo;una hip&oacute;tesis veros&iacute;mil&rdquo;, &ldquo;una verdad cre&iacute;ble&rdquo;, como se&ntilde;ala el propio escritor en un apartado final, a modo de po&eacute;tica afor&iacute;stica titulada &ldquo;Una novela de ideas. (Apuntes sobre el aforismo)&rdquo;.&nbsp; Ah&iacute; queda expl&iacute;cita la tradici&oacute;n afor&iacute;stica en una de las reflexiones de este apartado que titula &ldquo;Tradiciones&rdquo;. Se dan citas algunos de los nombres esenciales en su afor&iacute;stica: Nietzsche, Canetti, Wilde, Chesterton, a los que sumar&iacute;amos nosotros los moralistas franceses (sobre todo Joubert y Rivarol), o la monumental influencia que representa el edificio del aforismo tradicional: Georg Christoph Lichtenberg, o en el terreno hisp&aacute;nico: Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez.</p>
<p>Dec&iacute;amos al inicio de nuestras notas que la antolog&iacute;a se organiza en tres apartados, los dos libros publicados hasta la fecha: <em>Mejores d&iacute;as</em> y <em>Motivos personales</em>, m&aacute;s el in&eacute;dito <em>A sorbos</em>, que cierra la trilog&iacute;a. Los dos primeros formulan una colect&aacute;nea afor&iacute;stica compacta. Los afor&iacute;stica de Jos&eacute; Luis Morante se conjura en forma diar&iacute;stica. No en vano, en <em>Reencuentros</em> (diario publicado en 2007), aparece la s&iacute;ntesis afor&iacute;stica como una de las piedras arquitect&oacute;nicas de su narrativa. As&iacute; leemos: &ldquo;Cuando estoy solo ensamblo actividades que acent&uacute;an mi condici&oacute;n de solitario in&uacute;til&rdquo;, o bien: &ldquo;Alguien escribe. Soy parte de la trama. Un personaje epis&oacute;dico&rdquo;, que engarza con aquella &ldquo;novela de ideas&rdquo; que propone el posfacio final.</p>
<p>Los aforismos de <em>Migas de voces</em> vienen a ser una s&iacute;ntesis, una suma de instantes donde queda retratada la vivencia cotidiana, por eso la afor&iacute;stica de esta primera etapa se acerca al aforismo moral, puesto que radiograf&iacute;a la realidad con bistur&iacute; de entom&oacute;logo. En este sentido, podemos leer algunos textos muy sugerentes:</p>
<p>La cr&iacute;tica debe cultivar el pudor. El elogio gratuito suena a sarcasmo.</p>
<p>El ego&iacute;sta hace del yo ap&oacute;cope de nosotros.</p>
<p>Quehacer constante: acumula quejas.</p>
<p>Pero la afor&iacute;stica morantiana acumula una variedad grande de recursos. La iron&iacute;a est&aacute; presente como una forma de identidad propia: &ldquo;Ejemplos del vac&iacute;o, las estatuas carecen de secretos&rdquo; o &ldquo;Las virtudes se gastan; solo los defectos tienen voluntad de permanencia&rdquo;; tambi&eacute;n como paradoja es recurso &uacute;til: &ldquo;Eligi&oacute; ser testigo mudo&rdquo; o &ldquo;Cualquier soledad est&aacute; llena de encuentros&rdquo;. Mientras, la poes&iacute;a destella en unos pocos ejemplos de aforismo po&eacute;tico: &ldquo;Los derrumbes emiten destellos l&iacute;ricos&rdquo;, que a veces engasta con la greguer&iacute;a: &ldquo;Tampoco son id&eacute;nticas las sombras de los &aacute;rboles&rdquo;. Tampoco faltan las tenues referencias a la tradici&oacute;n, como cuando escribe: &ldquo;La poes&iacute;a no ha cambiado. Es un interrumpido di&aacute;logo con el tiempo: la suma de ayer, de hoy, de ma&ntilde;ana&rdquo;, que nos retrotrae al machadiano &ldquo;la poes&iacute;a es palabra esencial en el tiempo&rdquo;.&nbsp; E incluso, dentro de una preterida metapo&eacute;tica, no faltan textos que nos remiten al &aacute;mbito po&eacute;tico: &ldquo;Afronto la escritura defendiendo en com&uacute;n que menos es m&aacute;s; calculo estructuras para que nada sobre&rdquo; (con alusi&oacute;n a un t&iacute;tulo po&eacute;tico de Joan Margarit); con alusi&oacute;n al decir afor&iacute;stico, con la intenci&oacute;n de precisar lo indefinible de este g&eacute;nero en auge: &ldquo;Aforismo: un zumbido de avispas&rdquo;.</p>
<p>Sin duda, y esta es una impresi&oacute;n personal, el aforismo del poeta Jos&eacute; Luis Morante crece, se expansiona, al tiempo que se concreta, con la inclusi&oacute;n de los in&eacute;ditos de <em>A sorbos</em>, que sin duda se publicar&aacute; en fecha cercana en toda su extensi&oacute;n. Dentro de los textos que conforman la po&eacute;tica afor&iacute;stica que representa el apartado te&oacute;rico final, leemos: &ldquo;Lo m&iacute;nimo es el dardo&rdquo;. Estos nuevos aforismos, en efecto, quieren asemejarse, desde su mismo titular, a &ldquo;sorbos cortos&rdquo;, a dardos dial&eacute;cticos. Los textos tienden a una mayor concisi&oacute;n, donde redundan antiguos procedimientos, como la iron&iacute;a (&ldquo;el prudente convierte en coma cualquier punto final&rdquo;), el escepticismo (&ldquo;Que ra&iacute;z tiene la nada&rdquo;) o la paradoja (&ldquo;Ese empe&ntilde;o en acaparar bocanadas de aire bajo el agua&rdquo; o &ldquo;Hay una generosidad perif&eacute;rica, que regala lo que no tiene&rdquo;), si bien suma nuevas formulaciones, como el humor (mucho menos presente en los dos primeros vol&uacute;menes), detallado en estos ejemplos:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Cu&aacute;ntas v&iacute;sceras se movilizan a la hora del almuerzo.</em></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>&Uacute;ltimo refugio de la &eacute;pica contempor&aacute;nea, me he apuntado al gimnasio,</em></p>
<p>transformado en ocasiones en humor negro: &ldquo;Sus caricias restriegan&rdquo;.</p>
<p>Otros textos de este libro recalan en el aforismo l&iacute;rico o po&eacute;tico de una manera m&aacute;s pertinaz: &ldquo;Salgo fuera y me paro: la nieve desovilla su madeja de luz&rdquo;, o en el aforismo metaf&iacute;sico: &ldquo;El polen en suspensi&oacute;n de la vanidad degrada la espina dorsal de los espejos&rdquo;. Tambi&eacute;n es llamativo el aforismo que pretende la definici&oacute;n: &ldquo;Tristeza. Su matrimonio era un n&uacute;mero impar&rdquo;, &ldquo;Originalidad, cristales rotos que no repiten trazos&rdquo; o &ldquo;Las po&eacute;ticas son epitafios revisables&rdquo;, muy al estilo de lo que present&oacute; el fil&oacute;sofo y aforista Miguel Catal&aacute;n en su fundamental <em>Diccionario Lac&oacute;nico</em> (2019).</p>
<p>A esta recolecta de nuevos aforismos de <em>A sorbos</em>, se&ntilde;alamos alg&uacute;n homenaje expreso, y leemos entre l&iacute;neas a Borges ( &ldquo;Yo soy otro pero a la vez soy yo&rdquo; o &ldquo;Yo soy realmente yo, pero ellos son otros&rdquo;), &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez (&ldquo;El civismo de mi vista cansada practica inversiones pacifistas, empe&ntilde;adas&nbsp; en corregir el cuerpo de letra&rdquo;) o Gabriel Celaya (&ldquo;La poes&iacute;a es un arma cargada de futuro&rdquo;, solo si los versos emplean el exacto calibre&rdquo;), aunque tambi&eacute;n aparecen citados Oscar Wilde, Julio Ram&oacute;n Ribeyro y Alejandra Pizarnik, en perfecta comuni&oacute;n po&eacute;tica/afor&iacute;stica.&nbsp; Como afirma el final de uno de sus textos, &ldquo;s&eacute; que escribir es caminar&rdquo;. El camino afor&iacute;stico de Jos&eacute; Luis Morante presenta una clara simbiosis con su corpus po&eacute;tico. &ldquo;La escritura afor&iacute;stica no pasa de ser la sombra larga de una fisonom&iacute;a n&oacute;mada&rdquo;, dice en &ldquo;El yo plural&rdquo;, primer fragmento de sus apuntes metapo&eacute;ticos del apartado final. Una fisonom&iacute;a que deletrea una forma de mirar la cotidianidad que completa una &ldquo;novela de ideas&rdquo;, migas que son gotas de realidad en la voz de uno de nuestros aforistas mayores.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p><em>Migas de voz</em>, Jos&eacute; Luis Morante, Universidad Nacional Aut&oacute;noma de Ciudad de M&eacute;xico, Ciudad de M&eacute;xico, colecci&oacute;n Esquirlas, pr&oacute;logo de Carmen Canet, 2021.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 09 Jul 2021 07:19:26 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Silvia Cruz Lapeña o el arte de traducir urgencias]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/silvia-cruz-lapena-o-el-arte-de-traducir-urgencias/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/SILVIA_CRUZ_LAPE_A_.jpg" alt="" /></p>
<p>&ldquo;Yo considero que solo quienes buscan comprender a fondo lo que observan pueden explicarlo a otros de forma sencilla. Mis ojos son m&iacute;os y cualquiera puede ver, pero no mirar igual que yo&rdquo;. He ah&iacute; una declaraci&oacute;n de principios, una lecci&oacute;n que todo periodista deber&iacute;a aprender: una consigna capital. Todos vemos, pero no todos sabemos mirar. Lo dice Silvia Cruz Lape&ntilde;a (Barcelona, 1978) en uno de los pasajes incluidos en su primer libro, el extraordinario <em>Cr&oacute;nica jonda.</em> El texto termina as&iacute;: &ldquo;Creerse ciegamente lo que alguien cuenta y elogiar sin matizar y con locura son cosas que solo se hacen por amor. Y yo no escribo por eso&rdquo;.</p>
<p>Silvia Cruz recoge el testigo, en esa frase seminal, de la sentencia que dej&oacute; escrita Alejandra Pizarnik antes de morir: &ldquo;Solo quiero ir hasta el fondo de las cosas&rdquo;. Y eso es lo que ella hace: profundizar en los libros que lee, en la m&uacute;sica que escucha, en el perfil de los personajes que retrata, en la intimidad de sus entrevistados. Algo que se opone diametralmente al reporterismo superficial que se ejerce hoy en d&iacute;a. Y es que su manera de operar -su mirada l&iacute;rica, la defensa de su oficio- tiene m&aacute;s que ver con el periodismo narrativo (ese que utiliza las herramientas de la literatura como veh&iacute;culo de expresi&oacute;n) que con cualquier otra forma de trabajo o encargo.</p>
<p>La prosa precisa que Cruz escribe en las p&aacute;ginas de un peri&oacute;dico es la misma que exhibe en los libros que ha publicado hasta la fecha. Pocos periodistas &ndash; y pocos escritores- manejan el <em>tempo</em> de las narraciones como ella, pocos son capaces de dibujar sobre la p&aacute;gina un abanico tan extenso de recursos: met&aacute;foras audaces, an&aacute;foras, aliteraciones. He ah&iacute; su t&eacute;cnica, siempre revestida de emoci&oacute;n. Su debut literario, publicado hace cuatro a&ntilde;os, mostraba una variedad de enfoques y registros que daba cuenta de su versatilidad como creadora. <em>Cr&oacute;nica jonda</em>, una obra articulada en torno al flamenco, conten&iacute;a entrevistas disfrazadas de relatos, relatos que escond&iacute;an columnas de opini&oacute;n, columnas que eran cr&oacute;nicas de viajes y conciertos: piezas que ten&iacute;an algo de diario personal y de breviario.</p>
<p>Y personal, &iacute;ntimo y singular era lo que registraba en ellas. Desde recuerdos familiares y estampas de su infancia en Baena hasta episodios de su adolescencia en Barcelona. Desde viajes pasados, presentes y futuros hasta rutas por los escenarios m&aacute;s variopintos del pa&iacute;s. Esa confluencia de vivencias y trayectos, de curiosidad y conocimiento convert&iacute;a el libro en un retrato sociol&oacute;gico de la Espa&ntilde;a reciente. Una Espa&ntilde;a, en los albores del nuevo siglo, donde proliferan la corrupci&oacute;n y los esc&aacute;ndalos pol&iacute;ticos, la especulaci&oacute;n urban&iacute;stica y el independentismo, y donde la brecha social entre pobres y ricos se paga en forma de precariedad laboral, en especial en su gremio: el period&iacute;stico. Todo ese material estaba perfectamente documentado, narrado con la rotundidad y la rabia del flamenco, pero mostraba siempre el rev&eacute;s de ese itinerario: la belleza extraordinaria del perfil de Paco de Luc&iacute;a, vi&ntilde;etas cotidianas como &ldquo;Tres persianas bajadas y dos tajos de tijera&rdquo;, evocaciones y recuerdos de sus familiares m&aacute;s queridos. Todo tamizado por los ojos de una mujer que miraba dentro y fuera de s&iacute; misma espoleada por la m&uacute;sica: la m&uacute;sica de sus palabras.</p>
<p>Si el periodismo es un oficio que puede ser elevado a la categor&iacute;a de arte lo es gracias al buen hacer del periodista. Y eso sucede en las cr&oacute;nicas de Silvia Cruz y en ese ejercicio de reporterismo literario que es su &uacute;ltimo libro, <em>Lady Tiger</em>, un texto que puede leerse como un perfil de largo aliento o como una biograf&iacute;a de la boxeadora Marian Trimiar. En cualquier caso, y m&aacute;s all&aacute; del soporte gen&eacute;rico, el sello de la escritora queda impreso en cada tramo de la obra.</p>
<p>&ldquo;Yo suelo mirar, y despu&eacute;s buscar los datos&rdquo;, dice ella. Yo pienso que alguien escribe sobre alguien porque -consciente o inconscientemente- busca conexiones personales, puntos de encuentro, espejos. Si Silvia Cruz Lape&ntilde;a demuestra una cosa en <em>Lady Tiger</em> es empat&iacute;a con el personaje que retrata: una mujer negra de origen humilde. Unas credenciales que le permiten componer a lo largo de estas p&aacute;ginas -sin pretenderlo- un peque&ntilde;o tratado feminista, un relato que aborda el plano pol&iacute;tico y social de la Norteam&eacute;rica del siglo pasado. Y que, al mismo tiempo, le sirve para denunciar dos de las lacras m&aacute;s infames de aquella sociedad, de todas las sociedades: la discriminaci&oacute;n racial y el machismo.</p>
<p>Si Marian Trimiar consigui&oacute; su licencia de boxeadora profesional en 1978, Silvia Cruz consigue conformar aqu&iacute; un reportaje que se nutre de los elementos m&aacute;s genuinos del periodismo narrativo: un gran trabajo de documentaci&oacute;n que le lleva a reconstruir la historia de una mujer -una luchadora nata- con una prosa precisa y un rigor envidiable. Sensibilidad y empat&iacute;a, dec&iacute;amos antes. T&eacute;cnica y talento. Denuncia y compromiso. El subt&iacute;tulo del libro -no puede ser m&aacute;s elocuente- es tambi&eacute;n una declaraci&oacute;n de principios: &ldquo;Es mi cuerpo y es mi vida&rdquo;.</p>
<p>Ignoramos si Silvia Cruz Lape&ntilde;a ha boxeado alguna vez. Lo que s&iacute; sabemos es que lo hace con las palabras en cada uno de sus libros, en cada uno de sus perfiles y entrevistas. Sabemos que de ni&ntilde;a (igual que Lady Tiger) quiso estudiar Medicina y que ha trabajado de camarera y telefonista. Y sabemos que ha colaborado en peri&oacute;dicos y revistas, en medios escritos y audiovisuales. Hace unas semanas, en uno de sus textos de actualidad para Vanity Fair, publicaba una semblanza de Franco Battiato, un art&iacute;culo en el que dec&iacute;a adi&oacute;s al m&uacute;sico italiano que, a la vez, escond&iacute;a otra despedida. Y lo hac&iacute;a con la serenidad de una prosa pausada, reflexiva: como quien corta delicadamente con unas tijeras la fotograf&iacute;a de un amor que ya no es. Pura emoci&oacute;n contenida, rabia jonda y tristeza. Y es que todo el mundo puede ver, pero pocos auscultan la realidad y los sentimientos como ella.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
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<p>Silvia Cruz Lape&ntilde;a <em>Cr&oacute;nica jonda / Lady Tyger</em> , Madrid, Libros del K.O., 2017 y 2020.</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 09 Jul 2021 07:15:40 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carmen Berenguer: “Mi poesía está escrita en estado de sitio”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/carmen-bereguer-mi-poesia-esta-escrita-en-estado-de-sitio/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/CARMEN_BERENGUER.jpg" alt="" /></p>
<p>La altura de Carmen Berenguer (Santiago de Chile, 1946) roza el v&eacute;rtice del cipr&eacute;s m&aacute;s espigado y voluntarioso que un verso pudiera imaginar. No fue f&aacute;cil y espumeante su camino, pero abri&oacute; surco propio, combati&oacute; (con la palabra y con los actos) y finalmente el reconocimiento fue llegando finalista del Nacional de Literatura, Premio Iberoamericano de Poes&iacute;a Pablo Neruda &ndash;primera chilena en obtenerla&ndash;, presidenta de la Sociedad de Escritores de Chile&hellip; su po&eacute;tica es un grito contra la tortura, un grafiti encarnado, una obra visual en perpetua rebeli&oacute;n. Libros de la resistencia acaba de publicar La gran hablada, que contiene tres libros de Berenguer escritor en plena dictadura militar: <em>Bobby Sands desfallece en el muro</em>, <em>Huellas de siglo</em> y <em>A media asta</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Cuando vio las pruebas de <em>La gran hablada</em>, que re&uacute;ne sus tres primeros libros, aparecidos ya hace veinte a&ntilde;os, &iquest;se reconoce, se asombra, se extra&ntilde;a..?</p>
<p>- En los primeros a&ntilde;os le&iacute; una cr&oacute;nica de un joven que hace de su cuerpo una lucha como soporte &eacute;tico y pol&iacute;tico y pens&eacute; en esa org&aacute;nica de flujos corporales y escritura con excrementos en el muro de su prisi&oacute;n. Y escrib&iacute; un libro visual del hambre y a mano, 200 ejemplares. El sistema editorial en el Chile de la &eacute;poca era muy restringido y oficialista. La cultura hab&iacute;a sido desmantelada, las universidades intervenidas. En ese espacio, la producci&oacute;n del libro se comenz&oacute; a realizar en forma artesanal; de hecho, el libro que me hice fue <em>corcheteado</em>.</p>
<p>El segundo y el tercer libro de <em>La gran hablada</em> se inscriben en nacientes ediciones y un sello intentando proponer una modernidad editorial; se pens&oacute; en libros para m&aacute;quinas de pegado herm&eacute;tico, no obstante, <em>A media asta</em> result&oacute; un libro que al abrirlo las p&aacute;ginas se sal&iacute;an. Es importante esto, porque es en la instauraci&oacute;n del modelo capitalista neoliberal que logramos elaborar otro Chile reinventando la contracultura. De tal manera que realizamos el Primer Congreso Feminista en Chile desde ese margen de reflexi&oacute;n cultural interrgando la cultura. En ese contexto se editan quinientos ejemplares, pero en editoriales inestables e independientes.</p>
<p>Desde esa perspectiva actualizamos lecturas y ello me hace pensar en la idea de autor como productor, de Walter Benjamin, en la importancia entre la escritura y la materialidad como significancia en su realizaci&oacute;n a la reflexi&oacute;n en el objeto libro. Por ello tu pregunta a tantos a&ntilde;os, estos tres libros en uno, fue la intenci&oacute;n de obtener una recepci&oacute;n m&aacute;s amplia de una d&eacute;cada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Mi obra sigue siendo una poes&iacute;a asertiva&rdquo;</strong></p>
<p>- Tantos a&ntilde;os despu&eacute;s&hellip;</p>
<p>- S&iacute;. En ese sentido, se ampliaron las lecturas entorno a mi libro. Ha sido importante, ven&iacute;a creciendo una nueva generaci&oacute;n, que me ley&oacute;, y que ahora puede disponer de mi obra sin dificultad. Cuarenta a&ntilde;os atr&aacute;s, considero que sigue siendo una poes&iacute;a asertiva. Y puedo mirar y leer mis libros en la distancia del tiempo corrigiendo apenas alguna coma. No fue un escrito guiado por un romanticismo idealista; creo recoger en &eacute;l y en los textos que he escrito documentos que se lean por medio de su historia, de su contexto social pol&iacute;tico y cultural; m&aacute;s que literarios, escrituras escritas en estados de sitio.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Mi vida ha sido escribir, escribir y leer y leer y vivir y vivir en forma insurrecta y pasional&rdquo;</strong></p>
<p>- Pienso en el hecho que motiv&oacute; la escritura de <em>Bobby Sands desfallece en el muro</em>. &iquest;Por qu&eacute; cosas merece la pena entregar la vida?</p>
<p>- Fueron escritos bajo las balas. Fueron escritos en medio de simulacros de muerte, de enga&ntilde;os, obligada a crear otros, otras lecturas en rupturas textuales y obstinadas. Por ello dej&eacute; de lado una est&eacute;tica limpia y pura y quise recurrir en esa latencia a la memoria fundada en recuerdos de mis antepasados, en contra del olvido de aquellos que fueron obligados a atravesar este caos. Mi vida ha sido escribir, escribir y leer y leer y vivir y vivir en forma insurrecta y pasional. De esa manera leo mis libros. Por otro lado, siento respeto por una autonom&iacute;a humana una autoconciencia, un dise&ntilde;o de vida y de muerte, como propone Timoty Leary.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Entiendo el arte y lo pol&iacute;tico en su resistencia a la norma&rdquo;</strong></p>
<p>- Su poes&iacute;a siempre ha mantenido un alto compromiso pol&iacute;tico. &iquest;Cu&aacute;ndo se corre el riesgo de que el compromiso con lo pol&iacute;tico sea mayor que el compromiso con el poema?</p>
<p>- Entiendo el arte y lo pol&iacute;tico en su resistencia a la norma y en esa misma resistencia inherente al arte en contra de la norma, y de los flujos de control y sus mensajes desde el poder.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &laquo;Todo lo he perdido/ si es que alguna vez lo tuve&raquo;. &iquest;C&oacute;mo sabe uno de lo que s&iacute; tuvo?</p>
<p>- Huellas de siglo un carnaval de rock estridente un punki una pincelada de una imagen femenina en la urbe donde brilla la variet&eacute; barata de objetos brillantes a la deriva. Flujos de violencia, una lengua replica a Hitler trasmite el sonido de las botas vociferante todo el largo invierno y m&aacute;quinas de guerra, enlaces militares y camuflajes verde oliva, por medio de meg&aacute;fonos en las esquinas medios estridentes antirosarios&nbsp; y antisermones a la ma&ntilde;ana a las doce del d&iacute;a despu&eacute;s del ca&ntilde;&oacute;n que nos despierta en Santiago de Chile, atemorizante en la hora de las plegarias de los que tienen fe, oraciones de las escrituras sagradas, en ese entonces la iglesia era nuestro soporte para acompa&ntilde;ar a las v&iacute;ctimas de la violencia militar. Los flujos de control social, de pronto sale Punk Punk, sonido contracultural en el Chile de la escoria y el esti&eacute;rcol.&nbsp;</p>
<p>De qu&eacute; manojos de viejas vengo. As&iacute; es que lo que tuve fueron ellas y las perd&iacute;, como perd&iacute; un pa&iacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Escribir, cantar y bailar reviven los oficios del d&iacute;a&rdquo;</strong></p>
<p>- &laquo;Mi lengua te lav&oacute; entero enterito d&iacute;a y noche/ hasta el primer pendejo&raquo;. &iquest;De qu&eacute; sana la poes&iacute;a?</p>
<p>- Sana por su liberaci&oacute;n de sentidos reprimidos como dir&iacute;a Freud. Es que la escritura es ver, o&iacute;r, sentir, el sentido del oficio, escribir, cantar y bailar reviven los oficios del d&iacute;a.&nbsp; Uno de mis libros de cabecera es<em> La cl&iacute;nica y literatura</em>, de&nbsp; Giles Deleuze<em>.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo &laquo;se despierta a los son&aacute;mbulos?&raquo;</p>
<p>- &iexcl;Chile despert&oacute;!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Qu&eacute; pesa m&aacute;s en el poema, &iquest;los sue&ntilde;os o las intuiciones o los deseos o los recuerdos?</p>
<p>La escritura se escribe desde el o&iacute;do, los ojos, todos los sentidos en una l&iacute;nea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&iexcl;No solo de hambre se muere!</strong></p>
<p>- &iquest;Es el hambre la mayor fuerza incoativa para el hombre, para la lucha?</p>
<p>&iexcl;No solo de hambre se muere!</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; poetas espa&ntilde;oles lee, de hacerlo?</p>
<p>Los poetas de la Guerra Civil han sido gu&iacute;a en mi escritura. Antonio Machado, Federico Garc&iacute;a Lorca, Juan Ram&oacute;n Jimenez y Miguel Hern&aacute;ndez. Los he escuchado desde mi ni&ntilde;ez, han sido parte de mi vida, se escuchaban en las radios de Chile, en esos a&ntilde;os la radio fue fundamental en nuestra formaci&oacute;n literaria. Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Pablo de Rokha, Alberti, Le&oacute;n Felipe&hellip; memoric&eacute; a algunos. Y los cl&aacute;sicos, sobre todo G&oacute;ngora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo saber que lo que uno necesita expresar ha de hacerlo por medio de un poema o de una <em>performance</em>?</p>
<p>Los medios y modos de expresi&oacute;n son ilimitados, las <em>performances</em> que hice son visuales; el cuerpo, su soporte y su lectura son signos asignificantes y la escritura lo mismo, a-literaria. Se puede poetizar una l&aacute;mpara y no se trata de escoger un modo u otro, todos pueden decirnos mucho, me gusta la imagen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- El movimiento feminista tuvo un fort&iacute;simo impulso en las revueltas de 2019. &iquest;Sirvieron de algo? &iquest;Cu&aacute;l es la salud en estos momentos del movimiento feminista chileno, se reconoce usted en &eacute;l?</p>
<p>- Han sido a&ntilde;os de lucha, un siglo, de all&iacute; vienen las nuevas generaciones de mujeres, que son decididas y piensan tomar lo que consideran que les pertenece y les fue arrebatado demasiado tiempo. Somos millones en la calle, activistas, luchamos por el aborto, contra la violencia, contra el abuso laboral. El movimiento de mujeres es muy amplio y practicamos el feminismo desde diversos espacios: desde las hist&oacute;ricas desde donde vengo, hasta las que militan en partidos comunistas y Frente Amplio. En las &uacute;ltimas elecciones han ganado alcald&iacute;as y espacios importantes como la constituyente, pensando en una nueva constituci&oacute;n. Las tesis el grupo <em>perform&aacute;tico</em> han sintetizado las demandas y hecho una acusaci&oacute;n p&uacute;blica, como una funa (*), a las instituciones, universidades y pol&iacute;ticas, parlamento y presidente, como figuras patriarcales de mausoleo, completamente de museo. Las tesis <em>performancistas</em> se pueden leer desde los grupos activos de arte, durante la dictadura.&nbsp; Su antecedente inmediato son las &lsquo;Yeguas del Apocalipsis&rsquo; (**).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(*) Es el nombre dado en Chile a una manifestaci&oacute;n de denuncia y repudio p&uacute;blico contra una persona o grupo.</p>
<p>(**) Colectivo formado en la d&eacute;cada de los a&ntilde;os 80 por los poetas Pedro Lemebel y Francisco Casas, que practicaban un arte comprometido y contestario. Mediante sus <em>performances</em>.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 24 Jun 2021 09:11:54 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Antonio Colinas: “El poeta trabaja con lo que desconoce”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/antonio-colinas-el-poeta-trabaja-con-lo-que-desconoce/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2021/ANTONIO_COLINAS_2.jpg" alt="" /></p>
<p>El sal&oacute;n tiene tres ambientes: uno, en torno a una mesa, para departir, corregir textos o degustar un t&eacute;; otro, m&aacute;s reposado, con sof&aacute;s, mesa de centro, pantalla y gran ventanal; y un tercero, con ventanal mellizo, que hace las veces de despacho. Por todos pasa la biblioteca, abrigando la estancia en un largo abrazo. Los libros se encuentran adem&aacute;s fuera de la pared hasta dar la impresi&oacute;n de crecer como plantas silvestres por el suelo. Buena parte de los que nos rodean descansar&aacute; despu&eacute;s de verano en un Fondo Cultural, en La Ba&ntilde;eza. El poeta est&aacute; repensando su testimonio literario y vital, que se extiende a lo largo de m&aacute;s de cinco d&eacute;cadas: la escritura de sus primeros libros publicados data de 1967 -<em>Junto al lago</em> y <em>Poemas de la tierra y la sangre</em>-. Cincuenta y cinco a&ntilde;os casi de poes&iacute;a vivida y vida enso&ntilde;ada. Antonio Colinas revisa sus libros de creaci&oacute;n, sus ensayos, sus traducciones y rese&ntilde;as, pero tambi&eacute;n las antolog&iacute;as en las que figura o los estudios que le han practicado, uno de los &uacute;ltimos en la revista Poes&iacute;a, de Mil&aacute;n, a prop&oacute;sito del premio Dante, en 2019, concedido &uacute;nicamente a poetas que han tenido &ldquo;el arte como destino de vida&rdquo;. Tambi&eacute;n hay fotos, expurgadas por Mar&iacute;a Jos&eacute;, a quien dedica -ahora que de casi todo hace ya m&aacute;s de medio siglo, tambi&eacute;n del inicio de su relaci&oacute;n- su &uacute;ltimo libro can&oacute;nico: <em>En los prados sembrados de ojos</em> (2020). En una balda ha colocado todos los originales, &ldquo;la creaci&oacute;n en estado puro es a mano siempre, y en cuadernos&rdquo;, aunque tambi&eacute;n tiene, &ldquo;como Claudio Rodr&iacute;guez, fragmentos de poemas en billetes de avi&oacute;n y folios sueltos&rdquo;. No faltan epistolarios; recientemente ha recuperado parte de las cartas que le escribi&oacute; a Aleixandre desde Italia, proporcionadas por la viuda de Bouso&ntilde;o. Llegado el momento, podr&iacute;an editarse. &ldquo;&Eacute;l no destru&iacute;a, como se ha dicho, la correspondencia. Met&iacute;a algunas cartas en sobres en los que pon&iacute;a &lsquo;para conservar&rsquo;. &Eacute;se era su archivo&rdquo;. Igualmente habr&aacute; en La Ba&ntilde;eza pintura original y obra gr&aacute;fica, seguramente un retrato de Florencio Ma&iacute;llo, &ldquo;a&uacute;n no se sabe&rdquo;, puntualiza, y desv&iacute;a la mirada a una l&aacute;mina que Barry Flanagan le dedic&oacute;, rara, uno de los pocos grabados del escultor. Al lado, tres pinturas de Perejaume, una es la que sirvi&oacute; de cubierta para <em>Tiempo y abismo</em> (2002). En la pared norte, dos grabados de T&agrave;pies. &ldquo;He tenido que tranquilizar a mis hijos&rdquo;, comenta con humor, &ldquo;hay mucho fondo, pero ser&aacute; doloroso. Una prueba&rdquo;. O sea, una ascensi&oacute;n, una monta&ntilde;a. Probablemente en la entrada figuren sus <em>Catorce retratos de mujer</em> (2011) junto a los catorce grabados que el arquitecto Cis Lenaerts concibi&oacute;. Los detalles se ir&aacute;n viendo. Uno de los mayores dilemas es si estar&aacute; <em>El p&eacute;ndulo</em>, aquella litograf&iacute;a de Mir&oacute; con texto de Zambrano que &eacute;sta le regal&oacute; en Ginebra, cuando se conocieron, en 1984. &ldquo;Trae eso, Mariano&rdquo;, le dijo a su primo.</p>
<p>Mar&iacute;a Zambrano era experta en descensos. En <em>Misterios encendidos</em> (2019), Colinas explica c&oacute;mo en el proceso de conocimiento de la fil&oacute;sofa se hallaba &ldquo;la prueba m&aacute;s dif&iacute;cil: la del saber <em>descender</em>&rdquo;. Ella sab&iacute;a descender, elucida, &ldquo;para ascender&rdquo;. Estamos ante una idea clave del autor, robustecida los &uacute;ltimos a&ntilde;os: el ascenso atenuado con el descenso. No extra&ntilde;a que <em>En los prados sembrados de ojos</em> contenga varias subidas a una cima. Este libro, que le ha llevado seis a&ntilde;os, tiene algo de resumen de su trayectoria. Son seis tonalidades, una por cap&iacute;tulo, que podr&iacute;an haber sido el germen de seis libros. Est&aacute;n el Origen, Extremo Oriente, el Mediterr&aacute;neo, las artes pl&aacute;sticas, los maestros&hellip; y una coda, titulada &lsquo;Poema de la eterna dualidad&rsquo;, que resume su po&eacute;tica con un lenguaje sencillo. Muchas ascensiones, pocos descensos. Menos que en <em>Canciones para una m&uacute;sica silente</em> (2014). Entonces llamaba a ascender para &ldquo;dejar atr&aacute;s el mundo&rdquo;; y sent&iacute;a la muerte, si pensaba en ella, ascendiendo &ldquo;por las venas como una paz perpetua&rdquo;; y los cipreses, &ldquo;quiz&aacute; dedos de dios&rdquo;, ard&iacute;an en la nada &ldquo;se&ntilde;alando ansiosos, hacia arriba&rdquo;. En las primeras p&aacute;ginas advirti&oacute; de que no hay sabidur&iacute;a &ldquo;sin la iniciaci&oacute;n de abajarse&rdquo;. Un pensamiento que regresa en <em>Memorias del estanque</em> (2016): &ldquo;No es el ascender sino el descender&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La monta&ntilde;a es una escuela de vida&rdquo;</strong></p>
<p>- La monta&ntilde;a a estas alturas permanece inseparable de usted.</p>
<p>- La monta&ntilde;a posee un contrario fundamental. Es una escuela de vida. Arriba est&aacute;n la edad y los problemas acumulados, la existencia dom&eacute;stica&hellip; que el descenso permite dejar atr&aacute;s. En el descenso est&aacute; la aceptaci&oacute;n. Uno de los poemas que mejor lo recoge es &lsquo;Letan&iacute;a del ciego que ve&rsquo;, de <em>Tiempo y abismo</em>.</p>
<p>Ese libro naci&oacute; del af&aacute;n por superar la muerte de sus padres. La b&uacute;squeda de plenitud empujaba sus d&iacute;as. Fue un momento de crisis cuya intensidad qued&oacute; atrapada en el libro. Pero en Antonio Colinas todo est&aacute; conectado. En esa letan&iacute;a del ciego, la asunci&oacute;n funciona al modo en que lo hizo en el &lsquo;Canto XXXV&rsquo;, de <em>Noche m&aacute;s all&aacute; de la noche</em> (1981), que divide en dos su obra. &ldquo;Avanzaba en el libro y pensaba &lsquo;qu&eacute; salida le voy a dar&rdquo;. Lo cerr&oacute; acerc&aacute;ndose a la nada sanjuanista, no conducido por un episodio personal, sino por una reflexi&oacute;n continua de la Historia y de las tensiones que en la civilizaci&oacute;n se han producido. Su estado mental desemboc&oacute; en un deseo de fusi&oacute;n con el Todo percibido a trav&eacute;s de la respiraci&oacute;n, tema al que d&eacute;cadas despu&eacute;s dedicar&iacute;a un segmento del <em>Tercer tratado de armon&iacute;a</em> (2010), y que le llev&oacute; a la idea de respirar <em>en el silencio de la luz</em>. Tal fusi&oacute;n es posible suplementariamente en lo que denomina <em>el instante de oro</em>, algo as&iacute; como una &ldquo;expresi&oacute;n material de la plenitud&rdquo; que identificamos al t&eacute;rmino del mencionado &lsquo;Poema de la eterna dualidad&rsquo;. La <em>plenitud</em> responde a su definici&oacute;n actual de la poes&iacute;a, que cierra pero tambi&eacute;n abre su &uacute;ltimo libro: &ldquo;Y tus ojos ard&iacute;an en lo oscuro / contemplando / gozosamente, / m&aacute;s all&aacute; de la escarcha del ventano, / lo blanco de lo blanco, / la plenitud de ser en lo absoluto&rdquo; -&lsquo;La nieve en los ojos de Teresa&rsquo;-. Instantes de oro. De oro viejo, amarillo intenso, su color favorito. Igual que Paul Klee tiene su pez dorado, Colinas tiene su cipr&eacute;s de oro, y &ldquo;de oro es la noche cuando brilla&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El equilibrio se alcanza a trav&eacute;s del instante, que es el presente&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>- &iquest;El oro es un color asociable al descenso?</p>
<p>- Es un color con variantes. Asociable al descenso, pero tambi&eacute;n a la cima, ya que el equilibrio se alcanza a trav&eacute;s del instante, que es el presente.</p>
<p>- Uno de los versos al que acude es de Machado: &ldquo;El pasado est&aacute; muerto y el futuro no existe&rdquo;.</p>
<p>- Porque es una defensa del instante. Yo uno a Machado a la lecci&oacute;n de los maestros orientales: el presente es semilla de plenitud. &iquest;Qui&eacute;n no ha tenido un momento pleno, un d&iacute;a de verano, en un pinar, respirando a todo pulm&oacute;n? O frente al mar. Puede que los problemas regresen al llegar a casa, pero en aquel momento sabemos que hubo paz.</p>
<p>- Detr&aacute;s del ascenso, al que hay m&aacute;s de una decena de alusiones, &iquest;se encuentra el monte Carmelo?</p>
<p>- Bueno, s&iacute;, es una r&eacute;plica. Yo redescubr&iacute; la idea en los <em>Tratados de Armon&iacute;a</em>. Mis monta&ntilde;as se identifican plenamente con el monte de San Juan. &iquest;Conoce el dibujo?</p>
<p>- S&iacute;, el &lsquo;monte de la perfecci&oacute;n&rsquo;.</p>
<p>- &ldquo;Senda del alto monte de perfecci&oacute;n&rdquo;. La que vale para &eacute;l es la <em>senda angosta</em>, la que hay en medio, hacia arriba. El dibujo cuenta con otras a los lados, zigzagueantes, con dos leyendas: &ldquo;Tard&eacute; m&aacute;s y sub&iacute; menos porque no tom&eacute; la senda&rdquo;, que es el camino del esp&iacute;ritu imperfecto; y &ldquo;No pude subir al monte por llevar el camino errado&rdquo;, que coincide con el esp&iacute;ritu de la equivocaci&oacute;n.</p>
<p>- &ldquo;Camino sin camino&rdquo;, dice usted en un poema.</p>
<p>- Eso es cuando el destino se echa encima. Ah&iacute; ya no se camina porque la senda ha dejado de existir. Es la muerte, digamos. San Juan desglosa el proceso de ascensi&oacute;n en tres ramas: la imposible, la posible y la perfecta, en cuyo transcurso reza: &ldquo;Nada, nada, nada; y en el monte, nada&rdquo;. O sea, en la cima. Es un dibujo que se distribuy&oacute; en copias por los monasterios. En el fondo, es una idea, como tantas, que procede de Extremo Oriente. La idea de la cima de la monta&ntilde;a sagrada se encuentra all&iacute;. Piense en la monta&ntilde;a Kumgang, entre las dos Coreas.</p>
<p>- Sale varias veces en sus memorias. Una monta&ntilde;a ajena a la divisi&oacute;n de los pa&iacute;ses.</p>
<p>- Es un s&iacute;mbolo. Real, pero un s&iacute;mbolo. &Aacute;spera a la vista, poco transitable, pero irradia paz. La monta&ntilde;a, el camino, el r&iacute;o&hellip; son todos s&iacute;mbolos orientales. Sorprende c&oacute;mo a lo largo del tiempo se mantiene el esquema t&oacute;pico del poema chino de los or&iacute;genes. Espacialmente es siempre el mismo: un hombre a la orilla de un r&iacute;o, o de un lago, espera a la amada, que debe llegar por un camino adyacente. Alrededor, el firmamento, la luz, la sombra&hellip; la naturaleza. En tiempos de la dinast&iacute;a Tang casi todos deb&iacute;an de ser poetas [sonr&iacute;e] y fijaron para los restos el esquema, que transfiere la idea de contemplaci&oacute;n.</p>
<p>- &iquest;Ese hombre es el del &lsquo;Canto XXXV&rsquo;?</p>
<p>- &Eacute;se es. Desde el primer verso, sentado en el centro del bosque, respirando.</p>
<p>- &iquest;De d&oacute;nde surge la necesidad primera de este paradigma?</p>
<p>- Yo creo que del enfrentamiento de un grupo de escritores al belicismo y las tensiones que habitaron desde siempre all&iacute;. O sea, el paradigma surge como una respuesta. Mi teor&iacute;a es que el poeta, el pensador, el cal&iacute;grafo&hellip; buscaban la soledad huyendo de las guerras y la zozobra. Se alejaban para encontrar la tranquilidad.</p>
<p>- En el &uacute;ltimo libro hay una serie dedicada a Extremo Oriente, con un poema en el que el protagonista se plantea el suicidio por no haber logrado la senda de la v&iacute;a recta. &iquest;Tiene que ver con la bajada?</p>
<p>-Tiene mucho que ver. Es un retrato de un pintor, Wang Mian, que se debate entre el mundo p&uacute;blico de la ciudad y el retiro del campo o de las afueras. Los dos le sirven y le tientan. Se aparta, regresa&hellip; y acaba en la mayor desnudez.</p>
<p>- Los versos finales dicen: &ldquo;El &uacute;ltimo trago / del dulce vino de la sabidur&iacute;a / sabe a muerte&rdquo;. Es como una impugnaci&oacute;n de la experiencia. Todo para nada.</p>
<p>- Se pregunta de qu&eacute; le sirvi&oacute; su t&uacute;nica azul, para qu&eacute; la vida&hellip; est&aacute; huyendo de s&iacute; mismo, a diferencia de Li Bai -antes, Li Po-, al que dedico el poema previo, que tiene que huir de los enemigos. El emperador le regala un caballo, especificando que no es un caballo f&iacute;sico. &lsquo;Es para que huyas de los que te acosan&rsquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El viaje interior: ir al centro de uno para encontrar la paz&rdquo;</strong></p>
<p>- &ldquo;Cabalgando hacia el centro&rdquo;, una idea muy zambraniana.</p>
<p>- Es el viaje interior. Ir al centro de uno para encontrar la paz.</p>
<p>- San Juan no plantea una bajada. Se queda en la cima de la monta&ntilde;a.</p>
<p>- La ausencia de descenso tambi&eacute;n est&aacute; en Oriente.</p>
<p>San Juan entiende la cima como fin. Hay en &eacute;l una identificaci&oacute;n entre la cima y la nada. Una nada plenamente oriental, rastreable en Lao-Tse, en Chuang Tzu&hellip; y otros autores de cabecera de Colinas. Una nada que coincide con &lsquo;La nada plena&rsquo; del poema &uacute;ltimo de <em>Jard&iacute;n de Orfeo</em> (1988): &ldquo;Veo all&aacute; a lo lejos / (&hellip;) la nevada cumbre / (&hellip;) / una columna para nada alzada; / a la nada asciende la palmera / que cada d&iacute;a est&aacute; m&aacute;s azul; / arrancada de cuajo est&aacute; la reja / que para nada hincaron en el muro; / &hellip; Mas no me arrebat&eacute;is / de esta sublime e inaprensible nada. / (&hellip;) el coraz&oacute;n es nada y lo es todo. / (&hellip;) Si nada soy dejadme en la nada&rdquo;. <em>Jard&iacute;n de Orfeo</em> desarrolla la sencillez que anunci&oacute; el &lsquo;Canto XXXV&rsquo;. En este libro, el autor se desprende de los nombres y las referencias, en busca de un nuevo humanismo. Combina la poes&iacute;a en prosa y en verso, y consigue la plenitud a trav&eacute;s de la idea del jard&iacute;n cerrado, circuido por un muro. &lsquo;La nada plena&rsquo; no es, por tanto, una nada vac&iacute;a. &ldquo;La idea en San Juan puede tener connotaciones asc&eacute;ticas. La m&iacute;a es una nada plena porque puede contenerlo todo&rdquo;.</p>
<p>En el libro <em>Sobre Mar&iacute;a Zambrano</em>, comenta la reacci&oacute;n de &eacute;sta a dos cantos de <em>Noche m&aacute;s all&aacute; de la noche</em>, cuando introduce el dualismo, una preocupaci&oacute;n a partir de ese momento habitual. Esos cantos son el VIII y el XIII, y en ellos evoca dos temas de Dante. El segundo recrea &ldquo;el ideal de belleza y verdad de la amada como un medio hacia lo trascendente, un ideal divinal o de un amor en los l&iacute;mites&rdquo;. Y comenta: &ldquo;Ella pod&iacute;a haberse quedado en su contemplaci&oacute;n e indagaci&oacute;n en el bosque con ese s&iacute;mbolo de la luz, en ese l&iacute;mite del que no se puede retornar <em>per intendimento</em>. Sin embargo, teniendo acaso en su mente la imagen del monte sanjuanista, desciende de &eacute;ste, pues sabe que, en el fondo, en la vida lo importante no es ascender en pruebas y logros, sino <em>descender</em> utilizando v&iacute;as como las de la piedad frente a los imposibles&rdquo;. Es un extracto de la p&aacute;gina 195; diez antes hab&iacute;a proclamado: &ldquo;Ella va aceptando las pruebas con las que la existencia le sale al paso desde un ahondamiento en un vac&iacute;o purificador, desde ese descender que acaba siendo un ascender, que no conduce a la negaci&oacute;n sino a lo absoluto (&hellip;) Y ese ascenso a la cima (&hellip;) implica un descenso que salva (&hellip;) Con esta idea del saber <em>descender</em>, me refiero a que, habi&eacute;ndose elevado a lo m&aacute;s alto -a lo &ldquo;inaccesible&rdquo;, al &ldquo;abismo de la divinidad&rdquo;, a la &ldquo;acci&oacute;n del amor&rdquo; (&hellip;)-, Zambrano sabe retornar, nos reconduce a lo m&aacute;s concreto&rdquo;. Es la pensadora la que le anima a escribir <em>Jard&iacute;n de Orfeo</em>, siguiendo la estela de la <em>Vita nuova</em>, t&iacute;tulo que ya apareci&oacute; en <em>Astrolabio</em> (1979). La aportaci&oacute;n de Colinas es, pues, el descenso y adjudicar a ese descenso la nada. El abajamiento equivale a lo que en Confucio ser&iacute;a la V&iacute;a Recta, sita en el poema antes mencionado, de Wang Mian. &ldquo;El descenso -nos comenta- se corresponder&iacute;a libremente con esa idea de San Juan: &lsquo;tard&eacute; m&aacute;s y sub&iacute; menos porque no tom&eacute; la senda&rsquo;. No hay que ascender monte a trav&eacute;s&rdquo;. O sea, la V&iacute;a Recta en &eacute;l no es el camino directo, tambi&eacute;n aludido por Confucio &ndash;&ldquo;la v&iacute;a recta, alejada de los extremos&rdquo;-, sino el rodeo, el camino lateral.</p>
<p>En los &uacute;ltimos casi veinte a&ntilde;os Antonio Colinas ha dado tres libros poes&iacute;a, mientras en los treinta y cinco anteriores fueron diecisiete. Desnudez formal y paulatina apelaci&oacute;n al silencio que en 2014 sonaba as&iacute;: &ldquo;S&oacute;lo quisiera / escribir mis palabras con silencios: / escribir el poema sin palabras. / S&oacute;lo quisiera / musitar el poema / como plegaria de silencio / en el silencio&rdquo;. Son los versos finales de <em>Canciones</em>&hellip; Pero hay que se&ntilde;alar dos proclamas tan o m&aacute;s contundentes: &ldquo;Adi&oacute;s, palabra, adi&oacute;s&rdquo; -en <em>Tiempo y abismo</em>- y &ldquo;Adi&oacute;s a la palabra, escoria de la luz&rdquo;, en, de nuevo, <em>Noche m&aacute;s all&aacute; de la noche</em>.</p>
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<p><strong>&ldquo;Cuando sentimos que hemos dicho todo, o que nos repetimos, la palabra se sintetiza&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Es la llamada al silencio?, &iquest;son las limitaciones del lenguaje?, &iquest;o es una dificultad creciente del decir cuando se va acumulando palabra a la espalda?</p>
<p>- Es la llamada, pero tambi&eacute;n es una exigencia mayor: cuando sentimos que hemos dicho todo, o que nos repetimos, la palabra se sintetiza. La primera vez que sent&iacute; que no ten&iacute;a m&aacute;s que a&ntilde;adir fue, usted lo ha se&ntilde;alado, al terminar <em>Noche m&aacute;s all&aacute; de la noche</em>. Luego, el verso volvi&oacute;. Mi intenci&oacute;n desde entonces, cada vez que termino un libro, pr&aacute;cticamente es de cierre. Eso me ha llevado en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n a dar mi obra como <em>completa</em>.</p>
<p>- Lo normal es que, si no siente la llamada, no escriba, pero ha aceptado encargos.</p>
<p>- Pocos. Me cuestan mucho. Hay poetas que escriben cuando quieren. Yo no. Debe aparecer ese primer verso que d&eacute; lugar a otros versos, que den lugar al poema, que d&eacute; lugar a otros poemas, que den lugar al libro. &Eacute;se es el mecanismo. A veces pasan a&ntilde;os. Sobre todo me cuesta escribir despu&eacute;s de <em>Libro de la mansedumbre</em> (1997).</p>
<p>- Un momento de poes&iacute;a pura, aqu&eacute;l.</p>
<p>- S&iacute;, el libro fue un hito en la b&uacute;squeda de la pureza y del mundo interior. Aunque hubo poemas que adelantaron ese periodo: las formas breves de la serie &lsquo;Blanco/negro&rsquo;, en <em>Los silencios del fuego</em> (1992).</p>
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<p><strong>&ldquo;La nada es el instante pleno. Tiene que ver con la lucidez que ayuda a enfrentar las situaciones del d&iacute;a a d&iacute;a&rdquo;</strong></p>
<p>- En esa serie, unos versos dicen: &ldquo;que es nada / y que es todo&rdquo;, un problema que persiste en sus memorias, claro: la Nada concreta es el Todo. Pienso en Pessoa, en sus diarios. Incluy&oacute; entradas en las que reflejaba que no hab&iacute;a hecho nada tal o cual d&iacute;a, o que nada hab&iacute;a ocurrido. &iquest;Hay que dotar a las nadas de trascendencia o basta la inactividad -seg&uacute;n Leopardi, el estado natural-?</p>
<p>- Hace falta consciencia. La nada no es el aniquilamiento m&iacute;stico de un vac&iacute;o que reh&uacute;ye la realidad. Pessoa era un hombre profundo, no s&eacute;. Algunos han querido ver relaci&oacute;n entre mis nadas y el soneto de Hierro...</p>
<p>-&hellip; &iquest;el de <em>Cuaderno de Nueva York</em>? Nada que ver.</p>
<p>- [asiente, o sea, niega] La nada es el instante pleno y se alcanza mediante la conciencia y la consciencia. Tiene que ver con la lucidez que ayuda a enfrentar las situaciones del d&iacute;a a d&iacute;a.</p>
<p>- Me sorprendi&oacute; leer en <em>Poes&iacute;a, 1967-1980</em> (1982), poemas que formaron parte m&aacute;s tarde de <em>Noche m&aacute;s all&aacute; de la noche</em>, con t&iacute;tulo. Pensaba que se trataba de un libro concebido unitario, y me di con que el primer canto se titulaba &lsquo;Marem&aacute;gnum&rsquo;; el d&eacute;cimo, &lsquo;Pensando en Grecia&rsquo;; el und&eacute;cimo, &lsquo;A&ntilde;o 79 d. C&rsquo;, y as&iacute;.</p>
<p>- En efecto, ese libro estaba concebido como una reuni&oacute;n de poemas aut&oacute;nomos. Lo empec&eacute; a escribir a lo Hes&iacute;odo, situ&aacute;ndome en las laderas de un monte, contemplando la realidad, y progresivamente fui invadido por la Historia. Me vi recogiendo momentos del mundo grecolatino, del mundo romano, visitado por Rousseau, por el Romanticismo, por la m&iacute;stica por supuesto. A medida que avanzaba el libro me di cuenta de que admit&iacute;a una lectura canto a canto, como poema de poemas.</p>
<p>- Yo s&oacute;lo lo hab&iacute;a le&iacute;do as&iacute;, un poema.</p>
<p>- Es lo normal. Al borrar los t&iacute;tulos facilit&eacute; esa lectura. El profesor de la universidad de Pav&iacute;a Giovanni Caravaggi public&oacute; en &Aacute;nthropos un estudio al respecto. Le mand&eacute;, fotocopiados, los originales.</p>
<p>- O sea, hubo toda una elaboraci&oacute;n.</p>
<p>- Ten&iacute;a que dar soluci&oacute;n al libro, y esa soluci&oacute;n la dio el &lsquo;Canto XXXV&rsquo;.</p>
<p>- Que se llam&oacute; &lsquo;En la luz&rsquo;.</p>
<p>-Por poco. En seguida me di cuenta de que el tiempo hist&oacute;rico se deshac&iacute;a en los cuatro o cinco &uacute;ltimos cantos, en ellos la interiorizaci&oacute;n es radical. Pero, s&iacute;, me cost&oacute; registrar el texto como un poema.</p>
<p>-Tambi&eacute;n he le&iacute;do que <em>Sepulcro en Tarquinia</em> es otro poema. Eso me cuesta m&aacute;s.</p>
<p>- Algunos han pensado eso. Sarri&oacute;n, a partir de las dos partes finales, distingui&oacute; la idea de un todo, a veces surreal, a veces irracional. Factores como el de la eliminaci&oacute;n de may&uacute;sculas y puntos finales, ayudaron. Todo ello convive con cierto culturalismo al comienzo.</p>
<p>- Un poema de la serie Castra Petavonium no tiene ninguna puntuaci&oacute;n.</p>
<p>- Ah&iacute; es donde llev&eacute; m&aacute;s lejos mi obsesi&oacute;n por el poema como atm&oacute;sfera. Se me antojaba escaso el espacio f&iacute;sico y tend&iacute; a buscar el poema como un aroma m&aacute;s que un <em>texto</em> formado por palabras.</p>
<p>- &lsquo;Laderas de Pe&ntilde;a Trevinca&rsquo;, &iquest;puede ser una de las aproximaciones primeras a la ascensi&oacute;n? [&ldquo;vamos hacia el techo de las monta&ntilde;as, / a las praderas del cielo&rdquo;].</p>
<p>- S&iacute;. Tiene ese sentido. Es una monta&ntilde;a hermana. Hay tres cimas formando un tri&aacute;ngulo con el que he poetizado bastante.</p>
<p>- &iquest;Las del &lsquo;Tri&aacute;ngulo del origen&rsquo;, de <em>Canciones</em>&hellip;?</p>
<p>- Exacto. No las cito, pero est&aacute;n. Son el Teleno -que dispuso de un templo dedicado al dios Marte y que estuvo unido a la divinidad romana de la guerra-, Pe&ntilde;a Trevinca -v&eacute;rtice de Le&oacute;n, Zamora y Orense- y La Guiana -cima del Bierzo-. En medio, un territorio misterioso, arqueol&oacute;gico, unido a la romanizaci&oacute;n de esa zona, militarizada para proteger las minas de Las M&eacute;dulas, cuyo oro custodiaban miles de legionarios de Petavonium.</p>
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<p><strong>&ldquo;Mi inter&eacute;s por el budismo, el tao&iacute;smo y la poes&iacute;a china est&aacute; desde el inicio&rdquo;</strong></p>
<p>Toda su obra es la lucha entre dos mundos: el noroeste en el que naci&oacute; y est&aacute;n aposentadas su infancia y adolescencia, y el mundo Mediterr&aacute;neo, que vivi&oacute; de cerca veinti&uacute;n a&ntilde;os. Un ejemplo del primero es su &lsquo;Regreso a Petavonium&rsquo;, -<em>Jard&iacute;n de Orfeo</em>-: &ldquo;Qu&eacute; feliz ascensi&oacute;n por el sendero / (&hellip;) / Y en la cima, bravo como un espino, el viento / (&hellip;) / Es como el aliento de un dios&rdquo;. Del segundo podemos destacar &lsquo;Fe de vida&rsquo; -<em>Libro de la mansedumbre</em>-, donde la simbolog&iacute;a pertenece al mar, la luz y la noche. &ldquo;Ser s&oacute;lo la brisa en la copa del pino grande&rdquo;. Estos mundos -el origen e Italia- se comunican mediante la romanizaci&oacute;n, lo resalta Francisco Brines en la segunda edici&oacute;n de <em>Sepulcro en Tarquinia</em>, romanizaci&oacute;n que se dilata hasta hoy, en el poema que da t&iacute;tulo a su &uacute;ltimo libro: &ldquo;(&hellip;) la maleza ciega la calzada romana, / el musgo espeso cubre las piedras seculares&rdquo;. Poco a poco ir&aacute; emergiendo un tercer mundo, que aguardaba callado: &ldquo;Yo entro en Oriente a trav&eacute;s de las lecturas, que son muy tempranas. Mi inter&eacute;s por el budismo, el tao&iacute;smo y la poes&iacute;a china de los or&iacute;genes est&aacute; desde el inicio. Pensemos que China tiene poes&iacute;a ya en el siglo XX antes de Cristo; el siglo VI [a. C.] fue maravilloso. Pero no s&oacute;lo en China: en seguida llegan los presocr&aacute;ticos&rdquo;. En <em>La simiente enterrada</em> (2005) contar&aacute; las lecturas que le hab&iacute;an marcado antes de viajar por vez primera, invitado por cinco universidades: tres de Pek&iacute;n, una de Sangh&aacute;i y otra de Xian. Durante el segundo viaje, organizado por la Fundaci&oacute;n Manhae -dedicada a &ldquo;una especie de San Juan que hubo entre los siglos XIX y XX&rdquo;-, profundiz&oacute; en su teor&iacute;a del descenso. Quedar&iacute;a un tercer viaje, pero el paradigma del poeta que simplemente est&aacute; contemplando, ya decimos, ven&iacute;a de antiguo.</p>
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<p><strong>&ldquo;Lo sagrado es una presencia que est&aacute; en el origen de los tiempos&rdquo;</strong></p>
<p>- Hay cantos suyos que se han usado como oraciones.</p>
<p>- Sobre todo, dos: el XX, &ldquo;aqu&iacute;, en Arab&iacute;, el agua de la fuente&hellip;&rdquo;, y el XXXV. Este segundo hay gente que lo ha memorizado y yo, en un momento, tambi&eacute;n recomend&eacute; aprenderlo en vista de que resume el proceso de respiraci&oacute;n mediante el cual logramos la Unidad. Tiene un tono de plegaria heterodoxa.</p>
<p>- &hellip; de letan&iacute;a.</p>
<p>- De letan&iacute;a, s&iacute;. Lo sagrado se ha venido confundiendo con lo clerical, con lo ortodoxo, cuando lo sagrado es una presencia que est&aacute; en el origen de los tiempos. Lo sagrado est&aacute; en el tao&iacute;smo, que es una religi&oacute;n sin dios, lo mismo que en el budismo.</p>
<p>- &iquest;Todas las civilizaciones han tenido m&iacute;stica?</p>
<p>- Al menos, las grandes, las m&aacute;s notables. La cristiana, por supuesto; la suf&iacute; tambi&eacute;n; est&aacute;n las de Oriente Medio y Extremo Oriente; sin descontar los libros sapienciales de la Biblia&hellip; Hay un poeta indio, Kabir, a quien ahora ha traducido Jes&uacute;s Aguado, que intenta fusionar aspectos cristianos con aspectos hinduistas o budistas, es decir, lograr una sincronicidad dentro de la m&iacute;stica universal, que es la que a m&iacute; me interesa, sin&oacute;nimo de <em>mist&eacute;rico</em>, esto es, de lo que el ser humano desconoce. El misterio es un concepto muy unido a la poes&iacute;a. El alma del poeta se orienta hacia &eacute;l, dijo Machado. Pensemos igualmente en la definici&oacute;n de Saint-John Perse: &ldquo;Poes&iacute;a es profundizaci&oacute;n en el misterio de la vida&rdquo;. El poeta trabaja con lo que desconoce, que es mucho. Por eso la gran poes&iacute;a es de hallazgos.</p>
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<p><strong>&ldquo;El misterio va de la mano de la reflexi&oacute;n, no levanta una pared con ella&rdquo;</strong></p>
<p>- Ah&iacute; est&aacute; el poeta como visionario. La visi&oacute;n incluye preguntas, no es humo de paja ni un diagn&oacute;stico cerrado.</p>
<p>- Eso es, el misterio va de la mano de la reflexi&oacute;n, no levanta una pared con ella. Hacerse preguntas resulta inevitable desde el momento en que la gran poes&iacute;a se ocupa de los temas de siempre: el amor, el tiempo, lo profano, lo sagrado, el m&aacute;s all&aacute;&hellip; siempre esos, aunque cada vez se nos ofrezca una an&eacute;cdota para desarrollar cada cuesti&oacute;n.</p>
<p>- Hasta ahora, con la obra completa en Galaxia, a Saint-John Perse no se le hab&iacute;a publicado demasiado bien. Sin embargo, de tapadillo, se ha alzado como una influencia no s&oacute;lo en Eliade y Cioran, sino en poetas espa&ntilde;oles muy distintos de la segunda mitad del XX: Ferrer Ler&iacute;n, Antonio Gamoneda, usted mismo... <em>En los prados</em>&hellip; se abre con una cita suya -&ldquo;El hombre cierra sus p&aacute;rpados / y refresca su nuca en las edades&rdquo;-, pero es que ya <em>Truenos y flautas en un templo</em> (1970) nac&iacute;a de un verso de &eacute;l.</p>
<p>- A m&iacute; me marc&oacute; mucho, desde luego. En mi etapa de Par&iacute;s le&iacute; sobre todo a Baudelaire, a Rimbaud, a Lautr&eacute;amont y, por supuesto, a Saint-John Perse.</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo est&aacute;n de equilibrados el sentir y el pensar en &eacute;l?</p>
<p>- Bueno, la de Perse es una po&eacute;tica muy personal. Se dice que habla de lo &eacute;pico, no estoy muy de acuerdo: ese concepto se le queda corto, me parece circunstancial. En &eacute;l hay m&aacute;s presencia de una realidad empapada de cosmos, igual que en ciertas zonas de la obra de Neruda -los cantos de Machu Picchu-, en las que no se hace &eacute;pica, sino algo m&aacute;s. Es m&aacute;s profundo. Los dos sumergen, a trav&eacute;s de un uso del lenguaje diferente, al ser humano en una realidad tan <em>real</em> como irracional.</p>
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<p><strong>&ldquo;Leer y recitar produce consuelo, eso parece claro. Y, por supuesto, conduce a la nada&rdquo;</strong></p>
<p>- Hemos dicho que el &lsquo;Canto XXXV&rsquo; tiene algo de plegaria. Con Mar&iacute;a Zambrano habl&oacute; de la relaci&oacute;n entre la plegaria y la poes&iacute;a -ella animaba a &ldquo;orar con la poes&iacute;a&rdquo;-. Yo le pregunto cu&aacute;ndo &eacute;sta tiende a la meditaci&oacute;n y cu&aacute;ndo a la oraci&oacute;n. &iquest;En qu&eacute; se diferencian y parecen?</p>
<p>-Ah&iacute; habr&iacute;a que ir al libro que me recomienda Mar&iacute;a: <em>Poes&iacute;a y oraci&oacute;n</em>, de Henri Bremond. Leer y recitar produce consuelo, eso parece claro. Y, por supuesto, conduce a la nada.</p>
<p>- &Eacute;sta parece una conversaci&oacute;n monogr&aacute;fica&hellip;</p>
<p>- Se sale un poco de la norma, s&iacute; [sonr&iacute;e]. Aclaremos que leer, como recitar, conduce a una nada <em>f&eacute;rtil</em>, que nos vac&iacute;a introduciendo el silencio en el cuerpo. Son terrenos que comparten la meditaci&oacute;n y la oraci&oacute;n. Luego existe otra meditaci&oacute;n, m&aacute;s intelectual, tambi&eacute;n v&aacute;lida, de tipo <em>reflexivo</em>, que se aleja de la oraci&oacute;n, <em>consecuencia</em> de la poes&iacute;a, que no <em>es</em> la poes&iacute;a en s&iacute;; y que necesita el contrapeso de la m&uacute;sica. Las dos meditaciones deben producir sensaci&oacute;n y sentimiento.</p>
<p>La mezcla de los pensamientos filos&oacute;fico y po&eacute;tico fue reconocida en Mar&iacute;a Zambrano como <em>raz&oacute;n po&eacute;tica</em>. Colinas destaca este concepto frente a los dogm&aacute;ticos que gustan de separar ambas ramas, y sit&uacute;a los precedentes en el pensamiento primitivo oriental, en Plat&oacute;n, en Plotino, en algunos pensadores italianos del Renacimiento, entre los m&iacute;sticos de todas las culturas, &ldquo;as&iacute; como, de manera muy intensa y especial, en el primer Romanticismo europeo&rdquo;.</p>
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<p><strong>&ldquo;El Romanticismo es un periodo de gran poes&iacute;a&rdquo;</strong></p>
<p>- El t&oacute;pico asocia el Romanticismo a la exageraci&oacute;n.</p>
<p>- El Romanticismo es un periodo de gran poes&iacute;a. Con esa diferencia que Mar&iacute;a Zambrano recuerda en la entrevista que le hice: el Romanticismo &ldquo;de lat&oacute;n&rdquo; que detecta en Byron.</p>
<p>- Y que usted compara al practicado en Espa&ntilde;a.</p>
<p>- S&iacute;, como melodram&aacute;tico. El Romanticismo esencial centroeuropeo trabaja con el pensamiento. Los rom&aacute;nticos eran fil&oacute;sofos y te&oacute;logos, como H&ouml;lderlin. Ese romanticismo posee una visi&oacute;n global de la realidad. Est&aacute; haciendo poes&iacute;a por otros caminos, que a algunos les lleva a la ciencia.</p>
<p>- &iquest;Y coet&aacute;neos de Byron como Keats y Shelley? El primero sale en <em>Sepulcro en Tarquinia</em> y el segundo encabeza un poema de <em>En los prados</em>&hellip;</p>
<p>- S&iacute;, claro. A qui&eacute;n no le gustan. El propio Byron tiene momentos. Le incluyo en &lsquo;Percy Shelley busca el para&iacute;so en los jardines de la muerte&rsquo;. Pero prefiero a Keats y a Shelley, as&iacute; como a Schlegel y a Schelling.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El poema ideal es aquel en el que el poeta siente y piensa en la misma medida&rdquo;</strong></p>
<p>-Volvamos a la <em>raz&oacute;n po&eacute;tica</em>. Usted ha afirmado que el viaje del poeta es del sentir hacia el pensar.</p>
<p>- A la vez que el poema ideal es aquel en el que el poeta siente y piensa en la misma medida.</p>
<p>- El &lsquo;Poema de la eterna dualidad&rsquo;.</p>
<p>- No cabe otra [sonr&iacute;e], sentimiento y reflexi&oacute;n. Ah&iacute; hay un tono sentimental pero responde a las grandes preguntas. Con las debidas distancias, tiene que ver con el &lsquo;Canto nocturno del pastor errante&rsquo;, donde Leopardi se cuestiona: &ldquo;Ed io che sono?&rdquo;. No dice &ldquo;Y yo <em>qui&eacute;n</em> soy&rdquo;, dice &ldquo;Y yo <em>qu&eacute;</em> soy&rdquo;. Cuando se ve anulado por el pesimismo, recurre a las preguntas que se hicieron Virgilio y Rilke. Observamos el mismo proceso en Machado. Su poes&iacute;a no decae por pretensiones de fil&oacute;sofo, lo que ocurre es que al final su lenguaje adelgaza y se pone a pensar, m&aacute;s que a sentir. Lo mismo ocurre en Juan Ram&oacute;n: siempre es una misma voz, pero en la etapa final piensa m&aacute;s que siente.</p>
<p>- Luego est&aacute; el Unamuno de &ldquo;Piensa el sentimiento, siente el pensamiento&rdquo;, que rescata en <em>Canciones</em>...</p>
<p>- Pertenece al poema &lsquo;Credo po&eacute;tico&rsquo;, muy temprano en &eacute;l, y ya es una po&eacute;tica. Unamuno durante casi toda su obra est&aacute; pensando el poema.</p>
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<p><strong>&ldquo;El irracionalismo es otra componente, que aparece como un fogonazo en mi poes&iacute;a&rdquo;</strong></p>
<p>- Zambrano, Machado, Juan Ram&oacute;n, Unamuno, podr&iacute;amos a&ntilde;adir a Pessoa &ndash;&ldquo;lo que siente, piensa&rdquo;-, usted mismo&hellip; Parece que hay unanimidad. &iquest;Se rompe al traducir a Rimbaud?</p>
<p>- &Eacute;se es el encuentro con el irracionalismo, otra componente, que aparece como un fogonazo en mi poes&iacute;a, por ejemplo en el poema &lsquo;Ofrenda&rsquo; del &uacute;ltimo libro, un retrato de Pound y una semblanza de Venecia que habla de la caducidad del ser. Sin la referencia expl&iacute;cita no s&eacute; si se entiende, pero se entender&aacute; otra cosa.</p>
<p>- Tambi&eacute;n hay irracionalismo en el que da t&iacute;tulo al conjunto.</p>
<p>-Pues s&iacute;. Hay gente que me ha preguntado gente qu&eacute; quiero decir con <em>En los prados sembrados de ojos</em>. Hay que leer el poema. De vez en cuando me sale esa vena. Yo creo que lo irracional fecundo le viene bien al poetizar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;En el &aacute;nimo pesimista de Cioran est&aacute; lo grande de su obra&rdquo;</strong></p>
<p>- Mar&iacute;a Zambrano recomendaba a quienes viajaban a Par&iacute;s, visitar a Cioran. Me ha sorprendido. Y desconoc&iacute;a que &eacute;l le dedic&oacute; dos textos. No es un pensador, un diarista, reivindicado hoy.</p>
<p>- No lo es. En &eacute;l hay un nihilismo muy duro. Yo pienso que viv&iacute;a en un estado de depresi&oacute;n profunda. &Eacute;l trabaja tambi&eacute;n con las nadas, aunque las suyas ten&iacute;an que ver s&oacute;lo en parte con lo m&iacute;stico. Le gustaba Santa Teresa y estaba ligado al ascetismo espa&ntilde;ol.</p>
<p>- Usted le dedica un poema en <em>Tiempo y abismo</em>.</p>
<p>- Que nace de una insinuaci&oacute;n. Yo s&eacute; que viaj&oacute; a Ibiza un mes de agosto. &iquest;Qu&eacute; sentir&iacute;a en esa Ibiza tan t&oacute;rrida [sonr&iacute;e]? Hay un momento en el que va por un sendero que conduce hacia un acantilado, aunque tambi&eacute;n hacia el Cap Martinet, y la presencia nocturna de ese acantilado le sugiere el suicidio.</p>
<p>- &ldquo;Va ascendiendo el camino junto al mar&rdquo;. Ah&iacute; tenemos otra monta&ntilde;a.</p>
<p>- La idea del suicidio nos asalta en &eacute;l a cada momento, aunque no da el paso. En su &aacute;nimo pesimista est&aacute; lo grande de su obra.</p>
<p>- Igual el que piensa en el suicidio no lo acomete.</p>
<p>- Eso es. En su caso parece determinante. Su visi&oacute;n de la realidad nos conduce a pensar en los l&iacute;mites.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Todos llevamos un dep&oacute;sito de abismo y de sombra dentro&rdquo;</strong></p>
<p>- Y a usted, a decir: &ldquo;comprend&iacute; que el verdadero abismo / no estaba fuera sino en m&iacute;&rdquo;.</p>
<p>- Despu&eacute;s preciso que no me atrae el abismo, pero todos llevamos un dep&oacute;sito de abismo y de sombra dentro. En Cioran hab&iacute;a siempre una parte torturada, era una conciencia en carne viva. En cambio, con Mar&iacute;a Zambrano tuvo conexi&oacute;n, siendo dos mundos tan distantes: en ella hay una plenitud que viene de San Juan y de la m&iacute;stica heterodoxa de Miguel de Molinos, sobre el que pens&oacute; hacer la tesis. Cuando estuvo en Roma fue a la iglesia ortodoxa rusa y se encontr&oacute; con el cristianismo bizantino, es decir, con Oriente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Creo en el verso libre&rdquo;</strong></p>
<p>- Una curiosidad para acabar: &iquest;c&oacute;mo es su relaci&oacute;n con la m&eacute;trica? Parece que no mide el verso.</p>
<p>- Aqu&iacute; tenemos que hablar del sentido &oacute;rfico de mi poes&iacute;a. El poema va unido a una musicalidad que procede del ritmo. A un poema le podemos quitar la medida, la rima, incluso la imagen, pero no el ritmo porque, en tal caso, ser&iacute;a prosa cortada en trozos. Lo que distingue a esa prosa cortada de un poema es el ritmo, que yo consigo en parte a trav&eacute;s de cierta medida -heptas&iacute;labos, endecas&iacute;labos, alejandrinos-, siempre desde la libertad, y sobre todo a trav&eacute;s de la m&uacute;sica de las palabras. Creo en el verso libre.</p>
<p>- El orfismo, que adem&aacute;s de en la m&uacute;sica, se aprecia en la b&uacute;squeda de Unidad.</p>
<p>- Claro, en el mito de Orfeo la idea es armonizar.</p>
<p>- Lo que nos devuelve a sus <em>Tratados</em>.</p>
<p>- Yo trato de mostrar que la armon&iacute;a no es un estado de ataraxia ni de ingenuidad, sino un estado que llega despu&eacute;s de la dificultad. Lo que en el poema cuento sirvi&eacute;ndome, por ejemplo, de la monta&ntilde;a, en los <em>Tratados</em> lo hago a trav&eacute;s de peque&ntilde;as prosas explicativas. Y normalmente los frutos llegan con la superaci&oacute;n de pruebas.</p>
<p>- &iquest;Sin ella no es posible la paz?</p>
<p>- Quiz&aacute;s en <em>el instante de oro</em>.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 24 Jun 2021 06:06:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[ Carmen Laforet en su centenario. Una obra aún por descubrir]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/carmen-laforet-en-su-centenario-una-obra-aun-por-descubrir/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2021/laforet500.jpg" alt="" /></p>
<p>La noche del d&iacute;a de Reyes de 1945, Carmen Laforet, una joven desconocida de veintitr&eacute;s a&ntilde;os, obtiene el primer premio Nadal de 1944 en el curso de una cena celebrada en los salones del desaparecido Caf&eacute; Suizo de la Rambla. &laquo;La novela desde su publicaci&oacute;n obtuvo un &eacute;xito ruidoso que me sorprendi&oacute; y sorprendi&oacute; a todo el mundo. Creo que yo andaba aturdida. Me parec&iacute;a que un &eacute;xito literario no deb&iacute;a incluir el inter&eacute;s por la persona de su autora, pero me llov&iacute;an intervi&uacute;s y preguntas. Comprend&iacute; que no escribir&iacute;a nada m&aacute;s hasta que se pasase todo aquello y dejasen de preguntarme &ldquo;&iquest;qu&eacute; preparas ahora?&rdquo;&raquo;, comenta Laforet en un texto autobiogr&aacute;fico que redact&oacute; para su amiga y estudiosa Roberta Johnson en 1976, durante su estancia en Roma, y en el que manifiesta claramente su horror a la malsana curiosidad que implicaba el &eacute;xito p&uacute;blico.</p>
<p>La concesi&oacute;n de lo que ser&aacute; el premio de novela m&aacute;s importante de la posguerra espa&ntilde;ola a una mujer fue un aut&eacute;ntico fen&oacute;meno social y cultural. Es un hecho conocido que los premios literarios animaron el precario mercado editorial espa&ntilde;ol de los a&ntilde;os cuarenta y cincuenta del pasado siglo. Los editores se resist&iacute;an a publicar novelas de autores j&oacute;venes y estos tuvieron que acudir al complicado mecanismo de los galardones para darse a conocer. Adem&aacute;s, la circunstancia de que la primera beneficiaria del Eugenio Nadal (premio cuyo prestigio se increment&oacute; en la siguiente d&eacute;cada hasta la creaci&oacute;n del Biblioteca Breve) recayera en una mujer ser&aacute; un poderoso acicate para el devenir inmediato de la escritura femenina de posguerra, como demuestran las favorecidas en el decenio de 1950 por el Nadal (Elena Quiroga, Dolores Medio, Luisa Forrellad, Carmen Mart&iacute;n Gaite y Ana Mar&iacute;a Matute). Carmen Laforet abri&oacute; un camino y brind&oacute; un modelo, que era la ant&iacute;tesis de la novela rosa y de los estereotipos heroicos, a otras j&oacute;venes escritoras de la inmediata posguerra: &laquo;Aquella chica ten&iacute;a veintitr&eacute;s a&ntilde;os y le acababan de dar un premio que la descubr&iacute;a como escritora, porque antes de eso nadie hab&iacute;a o&iacute;do hablar de ella. Era, pues, posible. Yo quer&iacute;a escribir una novela y ganar el Nadal, aunque no se lo dije a nadie&raquo;, confesar&aacute; Carmen Mart&iacute;n Gaite en &laquo;La noche de Sof&iacute;a Veloso&raquo;. La misma Mart&iacute;n Gaite reconoci&oacute; desde <em>El cuarto de atr&aacute;s</em> c&oacute;mo el est&iacute;mulo que su voz narrativa aportaba iba acompa&ntilde;ado adem&aacute;s de una ins&oacute;lita imagen de modernidad con la que se retrataba la flamante y jovenc&iacute;sima escritora en 1945: &laquo;Recuerdo que cuando le dieron el primer premio Nadal a una mujer, lo que m&aacute;s revolucionario me pareci&oacute;, aparte del tono desesperanzado y nihilista que inauguraba con su novela, fue verla retratada a ella en la portada del libro, con aquellas gre&ntilde;as cortas y lisas&raquo;.&nbsp;</p>
<p><em>Nada </em>fue una novela abiertamente generacional y revel&oacute; en la Espa&ntilde;a del racionamiento y el estraperlo el nacimiento de un nuevo lector (juvenil, universitario y tambi&eacute;n femenino) que no buscaba una cura de olvido en un libro. Frente a la vacua palabrer&iacute;a, a la hinchaz&oacute;n ret&oacute;rica de los discursos caducos y al escamoteo de la experiencia viva de los llamados a&ntilde;os triunfales, <em>Nada</em> era una novela que hablaba &laquo;en claro y en nuevo&raquo;, reconoc&iacute;a con precisi&oacute;n Emilio Sanz de Soto en el homenaje que se tribut&oacute; a Laforet en el club Gandori de T&aacute;nger, el 6 de septiembre de 1959, y que al d&iacute;a siguiente recogi&oacute; el diario <em>Espa&ntilde;a</em>. La recepci&oacute;n tanto entre el p&uacute;blico en general (entre mayo de 1945 y abril de 1946 se imprimieron cinco ediciones), como entre los escritores del interior (Azor&iacute;n) y sobre todo los del exilio (Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, Francisco Ayala, Ram&oacute;n J. Sender, Am&eacute;rico Castro, Elena Fort&uacute;n, Arturo Barea) fue de un&aacute;nime entusiasmo. Pero si <em>Nada</em> despert&oacute; nuevas vocaciones, tambi&eacute;n Carmen Laforet se sinti&oacute; desbordada por las expectativas creadas por su primera novela y por tener que poner a prueba su talento. El sino de escritor p&uacute;blicamente notorio no se lo cre&iacute;a, ni era un papel que le agradase, en tal sentido fue la ant&iacute;tesis de Cela. &laquo;Lo que m&aacute;s me importa (lo &uacute;nico de verdad) es escribir con tranquilidad, a mi manera y lo mejor que sepa&raquo;, le escrib&iacute;a al mismo Emilio Sanz de Soto, el 16 de junio de 1961 (Archivo de la Residencia de Estudiantes). Nuestra escritora siempre dud&oacute; de la suerte del artista como profesi&oacute;n y del &eacute;xito como circunstancia favorable, ya que podr&iacute;a resultar una &laquo;suerte imperdonable a los otros&raquo; &mdash;confiesa en un art&iacute;culo de 1961 para <em>Pueblo</em> una Carmen Laforet conocedora de las envidias y miserias de la vida literaria&mdash;.</p>
<p class="NoSpacing">En 1946 contrae matrimonio con Manuel Cerezales con quien tendr&aacute; cinco hijos y del que se separar&aacute; en 1970. Durante estos a&ntilde;os tuvo que conciliar crear y procrear. La correspondencia con Elena Fort&uacute;n alude a esta cuesti&oacute;n en dos cartas de 1950 y 1951: &laquo;&iquest;Sabes que cuando yo iba a tener mi primera ni&ntilde;a cre&iacute;a que no volver&iacute;a a escribir? Cre&iacute;a que eso me servir&iacute;a lo mismo. Luego result&oacute; que no, que los hijos de carne y hueso son cosas aparte y que uno, por lo menos yo, no se puede entregar enteramente a ellos&raquo;; &laquo;Yo cuando espero un chico, no tengo la menor facultad creadora para otras cosas&raquo;. Sin embargo, entre 1946 y 1970, situamos el grueso de su obra: sus novelas <em>La isla y los demonios</em> (1952), <em>La mujer nueva</em> (1955), <em>La insolaci&oacute;n</em> (1963) y su narrativa breve, recogida en vol&uacute;menes como <em>La muerta</em> (1952), <em>La llamada</em> (1954) y <em>La ni&ntilde;a y otros relatos</em> (1970). A sus novelas, cuentos y <em>nouvelles</em> hay que a&ntilde;adir <em>Paralelo 35</em> (1967), la cr&oacute;nica de su primer viaje a Estados Unidos, invitada por el Departamento de Estado, as&iacute; como sus asiduas colaboraciones en prensa (recientemente se han reunido en un volumen sus art&iacute;culos semanales en la revista <em>Destino</em>, entre noviembre de 1948 y febrero de 1953, con el t&iacute;tulo de la columna que Josep Verg&eacute;s cre&oacute; ex profeso para ella: <em>Puntos de vista de una mujer</em>; pero a estos art&iacute;culos habr&iacute;a que a&ntilde;adir sus m&uacute;ltiples entregas dispersas en distintos medios &mdash;como <em>Informaciones</em>, <em>Pueblo</em>, <em>La Actualidad Espa&ntilde;ola, Arriba, </em><em>Abc</em>, entre otros&mdash;, cuya recuperaci&oacute;n podr&iacute;a constituir una valiosa autobiograf&iacute;a espiritual de la autora). Tales t&iacute;tulos, m&aacute;s su novela p&oacute;stuma, <em>Al volver la esquina</em>, confirman que Carmen Laforet no fue solo la autora de <em>Nada</em>, sino de una sostenida producci&oacute;n narrativa &mdash;al menos hasta <em>La insolaci&oacute;n</em>&mdash;, que es necesario valorar en su conjunto. Considero que esta es una tarea cr&iacute;tica a&uacute;n por hacer.</p>
<p>A finales de 1951, Laforet vivi&oacute; una crisis m&iacute;stica que la llev&oacute; a la conversi&oacute;n a la fe cat&oacute;lica y en la que tuvo mucho que ver su relaci&oacute;n con la deportista y escritora feminista Lil&iacute; &Aacute;lvarez. As&iacute; rememoraba esta conversi&oacute;n en 1966, en carta a Ram&oacute;n J. Sender, con la distancia de quien escribe despu&eacute;s de los hechos, tras un periodo vivido entre el error y la desproporci&oacute;n: &laquo;Para m&iacute; la cosa de Dios ha sido tremenda. Primero como algo que vino desde fuera. Luego una b&uacute;squeda de siete a&ntilde;os en que hice las mayores idioteces y las dej&eacute; y me met&iacute; por todos los vericuetos de nuestro catolicismo espa&ntilde;ol en lo que tiene de venero religioso y en lo que tiene de absurdo y enmohecido&raquo;. El resultado literario de esta conversi&oacute;n fue su tercera novela, <em>La mujer nueva</em>, con la que obtuvo el premio m&aacute;s dotado de la &eacute;poca, el Menorca, y el premio Nacional de Literatura. <em>La mujer nueva</em> es un libro inc&oacute;modo; y por inc&oacute;modo, m&aacute;s de una vez ha sido juzgado con displicencia no solo en la Espa&ntilde;a del medio siglo (donde los prejuicios ideol&oacute;gicos estaban m&aacute;s arraigados que los juicios cr&iacute;ticos), sino dentro de la totalidad de su obra (especialmente, la segunda y la tercera parte). Quiz&aacute; sea la novela que haya generado el escr&uacute;pulo infundado de que despu&eacute;s de <em>Nada</em> no hay nada en la narrativa de Carmen Laforet. <em>La mujer nueva</em> plantea conflictos pol&eacute;micos, como la necesaria abnegaci&oacute;n dentro del matrimonio, los nudos de la maternidad, el adulterio, la pr&aacute;ctica de la religi&oacute;n cat&oacute;lica, el error que comporta cualquier toma de decisi&oacute;n; pero, a su vez, demuestra los mejores valores t&eacute;cnicos de la novel&iacute;stica de Carmen Laforet: su agudeza para recrear ambientes, para recoger lo terriblemente cotidiano, prosaico e incomprensible desde una mirada interna y para hacer confluir en una misma trama muy dispares interpolaciones narrativas. Carmen Laforet fue tachada de beater&iacute;a a ra&iacute;z de este t&iacute;tulo, aunque <em>La mujer nueva</em> tuvo dos prestigiosos lectores, nada sospechosos de beatos, Gerald Brenan y Jos&eacute; Bergam&iacute;n, seg&uacute;n se desprende de las cartas dirigidas a la autora respectivamente, en 1956 y 1959. Este &uacute;ltimo concibi&oacute; las tres novelas publicadas por Laforet hasta entonces como una trilog&iacute;a: un &laquo;laberinto entra&ntilde;able de vida, de verdad [&hellip;]. Y s&iacute; quiero decirle &mdash;contra malas cr&iacute;ticas y falsos cr&iacute;ticos&mdash; que en este proceso novelesco que va de <em>Nada</em> a <em>La mujer</em>, pasando por <em>La isla</em> [...] no encuentro bache ni desmayo: todo lo contrario, encuentro algo que crece y se afirma cada vez con m&aacute;s seguridad y acierto, cada vez mejor&raquo;<em>.</em> Aunque en esta carta del 15 de enero de 1959, el fundador de <em>Cruz y Raya</em> siga manifestando su preferencia por <em>La isla y los demonios</em>.</p>
<p>Precisamente una trilog&iacute;a, &laquo;Tres pasos fuera del tiempo&raquo;, fue el siguiente proyecto narrativo de Carmen Laforet, que qued&oacute; esbozado desde el pr&oacute;logo a <em>La insolaci&oacute;n</em> (para algunos de los conocedores de su obra &mdash;Ignacio Soldevila y Agust&iacute;n Cerezales&mdash; su mejor novela) y el &uacute;nico t&iacute;tulo de la trilog&iacute;a que public&oacute; en vida. <em>Al volver la esquina</em> ver&aacute; la luz en mayo de 2004, aunque estuvo en galeradas desde finales de 1973 y la autora comenz&oacute; a hacer correcciones en busca de una segunda versi&oacute;n, pero sin decidirse a dar el definitivo visto bueno: lo har&iacute;a al final de su vida. De <em>Jaque mate</em>, por ahora no se tiene noticia de ning&uacute;n manuscrito, salvo que fue la matriz de la nueva serie. En carta fechada en 1973 a su amigo Bernardo Arrizabalaga, Laforet comenta: &laquo;Esta trilog&iacute;a [&hellip;] inaugura una nueva &eacute;poca en mi manera de escribir. <em>Nada</em>, <em>La isla y los demonios</em> y <em>La mujer nueva</em> fueron preguntas personales y recuento de hallazgos personales [&hellip;]. Ahora no cuento hallazgos ni hago preguntas. Ahora empiezo a dar un mundo de personajes que se mueven ellos solos sin que yo les lleve de la mano con ninguna de mis inquietudes. Tienen las suyas. Los veo de otra manera como si me asomara a una ventana, sin intervenir para nada&raquo;. Un rasgo muy acusado de su car&aacute;cter fue su tendencia a esconderse, a rodearse de un muro infranqueable contra el que cualquier croquis o simplificaci&oacute;n resultase infructuoso. Pero esa resistencia tenaz al intento de que se penetrase en su intimidad le result&oacute; casi imposible de conseguir como narradora. A pesar de esta tentativa de colocarse de antemano fuera de la ficci&oacute;n, la escritora afortunadamente convirti&oacute; en <em>suyos</em> a sus personajes, aunque fueran muy distintos a ella (como demuestran en sus &uacute;ltimos dos t&iacute;tulos Mart&iacute;n Soto, Anita Corsi y Soli).</p>
<p>A pesar de la sumisi&oacute;n y de la falta de libertad que Carmen Laforet parec&iacute;a sentir junto a su marido &laquo;en los &uacute;ltimos tiempos de convivencia&raquo;, su separaci&oacute;n en verano de 1970 no se tradujo en obras: parad&oacute;jicamente la va a conducir al bloqueo, a la desconfianza en s&iacute; misma, a lo inacabado: &laquo;No pudo pr&aacute;cticamente volver a escribir desde que se alej&oacute; de &eacute;l, aunque hizo varios intentos que no lleg&oacute; a culminar&raquo;, apunta Cristina Cerezales en <em>M&uacute;sica blanca</em>. El apartarse de ese camino de &laquo;recuento de hallazgos personales&raquo;, que mencionaba en su carta a Arrizabalaga, fue, a mi parecer, el acicate de su sequ&iacute;a creadora, junto a su sentido feroz de la autocr&iacute;tica, que se exacerb&oacute; en el &uacute;ltimo periodo de su vida y la condujo a una visi&oacute;n confusa de su obra y de su talento literario hasta destruir todo lo que escrib&iacute;a. Llama la atenci&oacute;n, a lo largo de toda su trayectoria, su reacci&oacute;n de irritaci&oacute;n y rechazo ante los comentarios cr&iacute;ticos sobre la posible ra&iacute;z autobiogr&aacute;fica de su obra y sobre todo ante la mec&aacute;nica confusi&oacute;n entre vida y literatura en la que sol&iacute;an caer sus entrevistadores, que buscaban a toda costa identificaciones inmediatas. Carmen Laforet tuvo que defenderse constantemente de autobiografismo, como si lo personal fuera un desdoro. Tras esta imputaci&oacute;n entrevemos un prejuicio de una mirada masculina que presupone la incapacidad de la escritora para remontarse a otros terrenos que no sean los de su propia biograf&iacute;a y, consiguientemente, su anclaje en un mundo corto, falto de imaginaci&oacute;n, excesivamente apegado a lo &iacute;ntimo. Sumergirse en s&iacute; misma a trav&eacute;s del mundo que la rodeaba fue la direcci&oacute;n verdadera de Carmen Laforet, como nos demuestra <em>Nada</em>. La prevenci&oacute;n tanto de su padre como de su marido ante la materia autobiogr&aacute;fica es un ejemplo de los prejuicios impuestos por la moral familiar del patriarcado. El padre, el arquitecto Eduardo Laforet Altolaguirre, en un reencuentro con su hija en 1953 le pidi&oacute; &laquo;que no escribiera nada referente a su vida, pero su vida era tambi&eacute;n la m&iacute;a. Y no es que yo quisiera contarla, pero esa petici&oacute;n era una mutilaci&oacute;n, una cortapisa a mi capacidad creadora que nunca deb&iacute; aceptar. Lo mismo ocurri&oacute; con Manolo [Cerezales] cuando abandon&eacute; la casa familiar, me fui con Juan Luis Ramos (amigo y notario) y su mujer, Laura (tambi&eacute;n amiga) a Gij&oacute;n unos d&iacute;as y arregl&eacute; el documento dando poder a Manolo para vender la casa de O&rsquo;Donnell y jurando no hablar por escrito en novelas ni en autobiograf&iacute;as de nuestro matrimonio &ldquo;luz de gas&rdquo;. A cambio, Manolo me dar&iacute;a un amplio permiso notarial para manejarme como soltera&raquo;, as&iacute; reproduce su voz Cristina Cerezales en la viva semblanza, <em>M&uacute;sica blanca</em>.</p>
<p>Si los dioses castigan a los hombres con sus deseos, Carmen Laforet, tras la separaci&oacute;n conyugal, pudo llevar a cabo su sue&ntilde;o juvenil de vagabundeo, de mujer humilde y errante, que formulara desde sus primeros relatos y en su art&iacute;culo de 1950, &laquo;La maleta&raquo;. (El vagabundeo es un t&eacute;rmino recurrente en sus declaraciones autobiogr&aacute;ficas y entre sus personajes de ficci&oacute;n. Estas ansias de errancia y de libertad fueron un aviso en su biograf&iacute;a del rechazo a la estabilidad emocional, o a cualquier otro acomodo, y de que en ning&uacute;n lugar de la realidad hallar&iacute;a el todo deseado: ni en la literatura ni en la vida, quiz&aacute; en los viajes s&iacute; consiguiera esa anhelada y precaria idea de libertad, de la aventura de ver como ejercicio vital: &laquo;Ese molimiento de huesos que tanto aligera el esp&iacute;ritu&raquo;, dilucida expresivamente en su correspondencia con Emilio Sanz de Soto.) En 1972 fija su residencia en el Trastevere romano y vuelve a Espa&ntilde;a cinco a&ntilde;os m&aacute;s tarde, con cambios continuos de domicilio y cargada de apuntes y proyectos literarios que no llegaron a cuajar: <em>Encuentros en el Trastevere</em>, <em>El gineceo</em>, <em>Rebelde en carroza</em>, adem&aacute;s de <em>Jaque mate</em>. El 29 de febrero de 2004 fallece en Madrid. Tres meses m&aacute;s tarde saldr&aacute; a la luz <em>Al volver la esquina</em> y un a&ntilde;o antes se public&oacute; su correspondencia con Ram&oacute;n J. Sender, quien en una de sus cartas nos dej&oacute; de Carmen Laforet esta interrogaci&oacute;n ret&oacute;rica que podr&iacute;a ser un escorzo moral de la autora, cuya luminosidad a&uacute;n es posible distinguir de forma velada o manifiesta en algunas de sus fotograf&iacute;as: &laquo;&iquest;T&uacute; sabes que tu mayor atractivo &mdash;digo, en cuanto a la persona exterior o visible al primer encuentro, que es lo que siempre cuenta m&aacute;s&mdash; es ver en tu expresi&oacute;n, viva y latente, una luz de infancia como cuando ten&iacute;as diez u once a&ntilde;os? Es milagroso y espero que no la perder&aacute;s nunca&raquo;. La afanosa b&uacute;squeda de la pureza infantil como verdad de la existencia fue tambi&eacute;n un <em>leitmotiv</em> que atraves&oacute; su vida y la de sus entes de ficci&oacute;n.</p>
<p><em>Nada</em> supuso, para una muchacha que a&uacute;n no hab&iacute;a elegido una direcci&oacute;n en la vida, la confirmaci&oacute;n de un destino de escritora y, como la propia Carmen Laforet reconoce en &laquo;Unas l&iacute;neas de la autora&raquo; &mdash;pr&oacute;logo a sus <em>Obras completas</em> (1957)&mdash; se asust&oacute;. Esta novela m&aacute;s que un &eacute;xito signific&oacute; para ella &laquo;una espantada&raquo; y &laquo;no el espanto de no poder hacer nada igual&raquo;, como se ha solido repetir hasta la saciedad, &laquo;sino el espanto de saber [&hellip;] el precio que se paga por una vocaci&oacute;n aut&eacute;ntica&raquo;. Su vocaci&oacute;n de escritora la vivi&oacute; como un sacrificio (el sacrificio de la vida que resulta imprescindible al artista), pero a la que inevitablemente no pudo renunciar: &laquo;Y durante esos seis a&ntilde;os en que no tom&eacute; la pluma segu&iacute; siendo escritora en un remordimiento apagado, constante. Cuando hice la segunda novela, comprend&iacute; que no hab&iacute;a remedio, que todo lo que floreciese en mi vida sufrir&iacute;a ese monstruoso proceso de elaboraci&oacute;n literaria necesario para inventar; y que con la angustia de mis huesos, todo se convertir&iacute;a en tinta, quisiese yo o no quisiese&raquo;, sigue explicando en este interesant&iacute;simo pr&oacute;logo de 1957, que recoge la tensa relaci&oacute;n que la autora mantuvo con su obra, con su vocaci&oacute;n de escritora y con el reconocimiento p&uacute;blico. En este prefacio como en el que redacta para <em>La insolaci&oacute;n</em> (&laquo;Por qu&eacute; de esta trilog&iacute;a&raquo;) sostiene que un escritor, aunque no quiera escribir ni publicar, en realidad est&aacute; escribiendo siempre: &laquo;Pero la verdadera vocaci&oacute;n de un narrador &mdash;vocaci&oacute;n que puede cuajar en algo interesante o en algo sin inter&eacute;s&mdash; no puede estar sometida a la preocupaci&oacute;n de un fracaso. Un d&iacute;a uno siente que tiene que escribir y continuar escribiendo&raquo;. &laquo;El arte es un demonio que empuja&raquo;, leemos en <em>La isla y los demonios</em>, donde la relaci&oacute;n atormentada del pintor Pablo con su obra pudo ser la de la autora. La relaci&oacute;n del arte con la vida es un dilema que atraviesa gran parte de la producci&oacute;n novel&iacute;stica de Carmen Laforet: en <em>Nada</em>, Juan y Rom&aacute;n son dos artistas fracasados y Andrea es, en el fondo, una aprendiz de escritora; en <em>La isla y los demonios</em>, Pablo es un pintor que experimenta la crisis de la creatividad unida a una atm&oacute;sfera cada vez m&aacute;s decadente; y en <em>La insolaci&oacute;n</em> y <em>Al volver la esquina</em> &mdash;sobre todo, en la primera&mdash;, Mart&iacute;n Soto es un pintor que reflexiona sobre la creaci&oacute;n y la voluntad art&iacute;stica. Carmen Laforet estuvo escribiendo y rompiendo lo escrito hasta que su salud se lo permiti&oacute;. El sacrificio de la vida que representa la creaci&oacute;n art&iacute;stica estuvo siempre presente en su biograf&iacute;a y en la de sus personajes.</p>
<p><em>Nada </em>tuvo el don de predecir el futuro de la novela espa&ntilde;ola de posguerra, pero tambi&eacute;n de servir a los lectores de su tiempo y de ahora (si hay una peculiaridad que distinga a <em>Nada</em> de la narrativa de aquellos a&ntilde;os es su actualidad). Aquella primera novela nos mostr&oacute; qu&eacute; hay detr&aacute;s de la intratable realidad: nada en absoluto, solo el vac&iacute;o. Otros autores de su &eacute;poca se atrevieron a mostrar las heridas y sus abismos, solo Carmen Laforet se atrevi&oacute; a narrar ese vac&iacute;o que anida en <em>nosotros</em> y nos aleja de cualquier redenci&oacute;n. A partir de <em>Nada</em> todas sus novelas aluden a un problema &eacute;tico y a la parte de error y de necesidad que supone una toma de decisi&oacute;n para alcanzar un conocimiento no sospechado de la realidad: el descubrimiento casual de la nada como fondo de todo.</p>
<p>Laforet inici&oacute; con <em>Nada</em> una singladura narrativa presidida por una despiadada capacidad de autocr&iacute;tica que se llev&oacute; todo por delante, incluso las ganas de escribir novelas. Su autoexigencia fue f&eacute;rrea como demuestra continuamente su correspondencia con Elena Fort&uacute;n, Ram&oacute;n J. Sender y Emilio Sanz de Soto (esta &uacute;ltima a&uacute;n in&eacute;dita). El silencio siempre la sedujo. A pesar de ello &mdash;y es importante recordarlo&mdash; su escritura se prolong&oacute; hasta <em>Al volver la esquina</em>, explorando nuevos caminos y demostrando de continuo un genuino talento para crear personajes vivos. Los narradores de sus relatos no ejercen la omnisciencia, sino que presentan la vida o sus vidas como un fluir haci&eacute;ndose. En toda la narrativa de Laforet hay un secreto &uacute;ltimo que reside en el modo: en la capacidad de su lenguaje narrativo para recrear objetos, ambientes, estados de &aacute;nimo, miradas. Laforet aten&uacute;a el suceso y expande su creaci&oacute;n po&eacute;tica, consiguiendo el equilibrio justo entre lo uno y lo otro (un equilibrio que no encontr&oacute; hist&oacute;ricamente la llamada novela l&iacute;rica). La estrategia narrativa de Laforet despliega la mirada interior de sus personajes, para narrar con una desarmante naturalidad de adentro a fuera. La mirada se convierte en introspecci&oacute;n. Tengo la firme convicci&oacute;n de que su obra no se agota en su primer t&iacute;tulo y de que Carmen Laforet es una escritora a&uacute;n por descubrir. Ser&aacute; este uno de los perentorios objetivos del centenario que celebramos.</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 24 Jun 2021 06:05:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[José Jiménez Lozano, un escritor sin carnet]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jose-jimenez-lozano-un-escritor-sin-carnet/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2021/lozano500.jpg" alt="" /></p>
<p>Es sabido que Jim&eacute;nez Lozano repiti&oacute; en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n que quer&iacute;a desaparecer de las portadas de sus libros. Consideraba que lo menos importante de lo que entregaba a los lectores era que su nombre apareciese en un lugar preeminente. Se pueden buscar muchas explicaciones a esta petici&oacute;n: &iquest;Era falsa modestia? &iquest;Se trataba de timidez? &iquest;Se apartaba de los intereses del mundo? No, no era falso pudor: era bien consciente de la importancia de su obra. Tampoco era timidez: los que le conocimos sabemos que se pon&iacute;a el mundo por montera. Tampoco era una huida: no huy&oacute; de los horrores de nuestro tiempo, sino que los mir&oacute; cara a cara. Entonces, &iquest;qu&eacute; sentido tiene? Si nos detenemos en la petici&oacute;n del autor, y no la descartamos por ins&oacute;lita o la pasamos por alto sin llegar a comprender el sentido de lo que ped&iacute;a, debemos dar cr&eacute;dito a la literalidad de lo que dice porque la intenci&oacute;n es sencilla y no tiene rev&eacute;s, aunque suene extra&ntilde;a por lo inusual: Jim&eacute;nez Lozano no quer&iacute;a ocupar el lugar que no le correspond&iacute;a, no quer&iacute;a presidir los mundos que sal&iacute;an de su pluma, sino hacer posible que estos tuviesen vida verdadera. Rechazaba la pretensi&oacute;n del escritor demiurgo, creador y due&ntilde;o de lo escrito. No es, pues, que con esa afirmaci&oacute;n renunciase a la responsabilidad de su tarea, buscaba donar lo que &eacute;l viv&iacute;a a su vez como un don: su escritura.&nbsp; La conciencia que ten&iacute;a sobre su obra era que lo esencial se le regalaba &mdash;los paisajes, las gentes, los argumentos, los pensamientos, los acontecimientos&mdash; luego quedaba el trabajo de pulir, que, en su caso, consist&iacute;a en despojar a la lengua de todo lo que fuese brillo, autocomplacencia o adorno.</p>
<p>El lugar que Jim&eacute;nez Lozano escogi&oacute; para hacerse presente fue la mirada. Ah&iacute; es donde prefiri&oacute; estar, y por eso se ve como se hace presente en su percepci&oacute;n. El escritor se asoma al mundo y su mirada puede estar llena de agradecimiento; o traspasada por la intenci&oacute;n de hacer memoria de los que han sido; o transmitir el dolor por los que sufren la injusticia. Su escritura no responde primordialmente a una ascesis, es una antropolog&iacute;a,&nbsp; una manera de concebirse. Jim&eacute;nez Lozano es consciente de que un yo no puede serlo sin un t&uacute;: &laquo;t&uacute; no puedes ser t&uacute;, enteramente un hombre, si no acoges a otro yo. Es la &eacute;tica de L&eacute;vinas, la &eacute;tica de los ojos: yo no puedo ser yo, un yo completo, sin los ojos de los otros&raquo; (<em>El Pa&iacute;s Semanal</em>, 16 de febrero de 2003). Los ojos de Jim&eacute;nez Lozano miran y as&iacute; se hace presente en la urdimbre de sus relatos, en la parquedad de sus versos, en las experiencias de los diarios o en las migajas que ha dejado la historia en sus ensayos, y siempre intentando no robarles el espacio que les corresponde solo a esos &laquo;t&uacute;&raquo; que le permiten ser &laquo;yo&raquo;. Su ideal es no interponer nada delante de lo que se le da, sino mirarlo, hacerlo suyo y escribirlo. De ah&iacute; deriva que dijese que la literatura fuese levantar vida con palabras. Y se comprende mejor que no le gustase la palabra escritor, que sent&iacute;a demasiado cargada de orgullos personalistas. Prefer&iacute;a denominarse <em>escribidor.</em> Como tampoco le gustaba la palabra creador, que reservaba solo para Aquel que hace y sostiene las cosas en torno. Incluso en el estilo personal del diario, buscaba ser un simple notario de su experiencia y ofrecerla a quien tuviese a bien recogerla. Nada m&aacute;s.</p>
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<p><strong>Nada m&aacute;s (y nada menos)</strong></p>
<p>Hay dos de sus cuentecillos, ligeros, encantadores, y al mismo tiempo muy serios, que pueden servir para comprender ese lugar que quer&iacute;a ocupar en su obra. Se trata de las historias de dos mujeres an&oacute;nimas, cuyas experiencias trasmiten dos intenciones fundamentales del autor cada vez que se pone a escribir: evitar el reflejo del yo y escribir desde la piedad por los que sufren.</p>
<p>El primero se titula &laquo;La analfabeta&raquo; y cuenta la historia de una mujer de cincuenta y nueve a&ntilde;os que asiste a clases nocturnas para aprender a leer y escribir (<em>Un dedo en los labios</em>, 1996). Empieza a hacerlo fascinada por el descubrimiento que supone nombrar el mundo. Est&aacute; contenta porque puede conocer de manera nueva las cosas a su alrededor, admirarse de que existan, hacerlas suyas, vivirlas por dentro. El estupor de la aplicada escribidora permite imaginar un proceso que, tal vez, haya quedado sepultado en la conciencia infantil de muchos lectores y escritores hodiernos, pero que, imaginado en una mujer madura, subraya el car&aacute;cter extraordinario de este aprendizaje. Leer y escribir son actividades descubridoras, de repente se cae en la cuenta de que las cosas est&aacute;n ah&iacute; y se dan, y pueden ser gustadas gracias a la experiencia que su nominaci&oacute;n permite. En esa inocencia primera est&aacute; la base de un escritor que sea digno de tal nombre. &iexcl;Ay!, pero a la aplicada estudiante nocturna hay una palabra que se le resiste y no sabe el porqu&eacute;. Es la palabra <em>espejo.</em> La palabra que le devuelve el reflejo de su yo, la palabra que se llena con su imagen. Tambi&eacute;n a Jim&eacute;nez Lozano, como a la mujer analfabeta del cuento, se le resisten las historias que se basan en el reflejo de un yo que ocupe todo y no deje espacio para el que es y acontece. As&iacute; se lo confiesa a Gurutze Galparsoro en 1998: &laquo;Un escritor tiene un enorme riesgo de perdici&oacute;n total: el que llene los cielos y la tierra con su &ldquo;yo&rdquo; o su nombre &mdash;que viene a ser lo mismo&mdash; hasta hacer que ese &ldquo;yo&rdquo; y ese nombre sean m&aacute;s grandes que su obra. Entonces se da ese espantoso espect&aacute;culo entre tr&aacute;gico y grotesco de un escritor mir&aacute;ndose directamente al ombligo o en el espejo de su p&uacute;blico y de su gloria; su escritura se convierte en un puro ejercicio de resonancia, palabras y m&aacute;s palabras huecas y cada vez m&aacute;s retorcidas&raquo;.</p>
<p>La sorpresa ante lo que existe recorre de manera inconfundible la obra de Jim&eacute;nez Lozano. Esa mirada agradecida tropieza l&oacute;gicamente con el dolor, la injusticia y la muerte. Las palabras del castellano se inclinan hacia lo despojado y lo inocente, pero no es ciego como para dejar de ver las heridas de este mundo. El odio, el sufrimiento de los inocentes, la falta de libertad&hellip; exigen un ajuste de la lente para una mejor visi&oacute;n y, por dem&aacute;s, una entrega a sus lectores de las preguntas que despierta un mundo embrutecido. Y es precisamente la peripecia de otro de sus personajes, tambi&eacute;n insignificante, la que nos aclara en qu&eacute; consiste este ajuste. Como en el relato anterior, la historia de &laquo;La ladrona&raquo; no llena m&aacute;s de dos p&aacute;ginas, su figura pasa como quien no quiere la cosa y, sin pretenderlo, deja huellas profundas. Nos cuenta la peripecia de una mujer sin nombre (&laquo;Era una viejecilla menudita, con el rostro muy blanco, el pelo muy blanco, las manos muy blancas (&hellip;) Y andaba como a saltitos, muy r&aacute;pido durante unos segundos, pero luego ten&iacute;a que apoyarse en seguida en el bast&oacute;n&raquo;, <em>Un dedo en los labios</em>, 1996). La sorprendemos buscando unas puntas en la ferreter&iacute;a. Las prueba clav&aacute;ndoselas en las yemas de los dedos, las pasa de un dedo a otro y comprueba su agudeza, le provocan escalofr&iacute;os. La viejecilla sale del comercio sin comprar ning&uacute;n clavo y se esconde tres de distinto grosor en el bolsillo; al poco adquiere una cinta de seda blanca en una mercer&iacute;a cercana. La ladronzuela vuelve a casa y llegamos a saber el para qu&eacute; de estas pruebas y esta compra. El cristo de la pared de su alcoba se ha ca&iacute;do y uno de sus brazos ha perdido la sujeci&oacute;n a la cruz. La anciana procede a probar las puntas que se ha llevado para restituir el brazo a la cruz, pero algo se resiste en ella: no puede hacerlo. Le duelen a ella las llagas de la imagen. Lo resuelve poniendo la cinta blanca alrededor de la mu&ntilde;eca para fijarla, tapa las heridas de las palmas de las manos con cera y se decide a devolver las tres puntas a la ferreter&iacute;a. Este personaje contribuye a aliviar el dolor del mundo. Nada de clavos y heridas sino cintas que alivien el peso del dolor del mundo, que ya ha sido asumido por una v&iacute;ctima, la definitiva parece decir Jim&eacute;nez Lozano, aunque no lo dice y ah&iacute; lo deja para que sus lectores, si queremos, hagamos cuentas con el horizonte que hace vislumbrar en su historia. No extra&ntilde;ar&iacute;a a nadie imaginar a este escritor, ya sea como la sorprendida analfabeta a la que se le resiste la palabra <em>espejo</em>, ya sea como la viejecilla intentando aliviar los dolores del mundo. En esas figuras an&oacute;nimas &mdash;ni siquiera tienen nombre&mdash; descubrimos la singularidad del escritor y su manera de querer hacerse presente.</p>
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<p><strong>El telar de Jos&eacute; Jim&eacute;nez Lozano</strong></p>
<p>Se podr&iacute;a objetar que el acceso a la obra de un escritor, le&iacute;do, traducido, premiado, sea por la puerta peque&ntilde;a &mdash;la de dos insignificantes cuentos&mdash; y que se hace rebajando la importancia de su escritura. Sin embargo, los dos relatos dan la medida de una mirada &uacute;nica en nuestra literatura. Esta puerta es un acceso a su estancia o al telar del que salen piezas urdidas con torzales seguros: la alegr&iacute;a porque las cosas sean y la compasi&oacute;n por los dolores del mundo. Es cierto que para descubrir sus historias hay que estar dispuesto a entrar en un taller que tiene mucho de variado quincallero, donde se ofrece de todo, como se ir&aacute; descubriendo en las p&aacute;ginas que siguen. Una variedad que implica una selecci&oacute;n de los materiales con los que se teje.&nbsp; No todo sirve. En este telar no se fabrican terciopelos, ni se usan hilos de oro, ni resultan sedas coloreadas. S&iacute; salen lanas de abrigo, algodones frescos, o lienzos consoladores; todos ellos tejidos con hebras sueltas y de colores, hilachas aprovechadas de entre los restos desechados en otros talleres e hilvanados con suavidad. Las tramas no deben estar apretadas sino resultar ligeras, transparentes, sueltas. A veces est&aacute; obligado a presentar pesados mantos del color de la p&uacute;rpura, pero incluso a estos se les ven las faltas del rev&eacute;s: pi&eacute;nsese en sus Inquisidores atados a procesos, en sus monarcas enfermos, en los obispos atormentados, en los gobernantes an&oacute;nimos o en los banales poderosos de este mundo. El escritor no quiere sus mantos granates, ni los oropeles en su telar y solo los nombra para dar fe de sus tropel&iacute;as, o para poner de manifiesto c&oacute;mo han querido cargar sobre los hombros de los m&aacute;s pobres pesados fardos. Pero ni toda la p&uacute;rpura ni el oro, ni los rasos y sedas del mundo logran destruir los libres movimientos de las pobres gentes de su escritura. Como tampoco los poderosos oscurecen los resplandores que ofrece la naturaleza cada d&iacute;a. Y ninguna orden oficial puede dominar los secretos y los silencios de las gentes.</p>
<p>Por eso no se puede esperar que de su telar salgan brillos y relucencias, sino que su oficio atiende y se empe&ntilde;a en el hilado ligero que no a&ntilde;ada peso a las historias sino que permita ver el secreto de su hermosura o de su drama, o los dos. Por otro lado, este taller se nutre de la conversaci&oacute;n y la charla: pi&eacute;nsese en varios textos donde se hace visible esta din&aacute;mica a trav&eacute;s de los comentarios de los escribas, los charladores, los caminantes, los que llevan noticias de un lado a otro y comentan lo ocurrido, o lo escuchado, o lo hallado, o lo le&iacute;do.</p>
<p>La mercanc&iacute;a se origina en estas <em>miradas</em> y estas <em>escuchadas</em>. Y es tan numerosa como variada. Al menor descuido, y sin pesar, regalaba un librito aut&oacute;grafo e ilustrado (conservo uno in&eacute;dito titulado <em>La guirnalda de Julia</em>), o se sacaba un poema para la red (&laquo;Atardecer de octubre&raquo;, escrib&iacute;a los pregones de las fiestas de Langa, su pueblo natal, (textos que recogen personajes e im&aacute;genes de su infancia) u obedec&iacute;a como un ni&ntilde;o a la petici&oacute;n de un ex&eacute;geta de recrear una figura b&iacute;blica (&laquo;El paseante, o Esther recontada&raquo;), daba un ensayo a requerimiento de una asociaci&oacute;n de profesores de espa&ntilde;ol (&laquo;La <em>paideia</em> y sus m&iacute;nimos&raquo;) o rellenaba cuadernos con <em>collages</em> que descansan en su biblioteca. Todav&iacute;a est&aacute;n sin recoger completamente los miles y miles de art&iacute;culos que public&oacute;: su firma ha aparecido en las cabeceras m&aacute;s importantes de la prensa espa&ntilde;ola (<em>El Norte de Castilla, El Pa&iacute;s, ABC, La Raz&oacute;n</em>, etc.) ininterrumpidamente desde 1954 hasta las v&iacute;speras de su fallecimiento. Eso s&iacute;, cambiando de grupos editoriales porque siempre busc&oacute; la libertad, esa evang&eacute;lica que dice: &ldquo;y si no os reciben&nbsp;ni os escuchan, al salir de la casa o del pueblo&nbsp;sacudid el polvo&nbsp;de vuestros pies&rdquo;.</p>
<p>Si se empieza a husmear entre los rollos de tela, al lado de piezas como las que se comentaban m&aacute;s arriba, que resulta muy dif&iacute;cil llamar <em>menores</em>, figuran novelas de la solidez de las iniciales: se estrena con <em>Historia de un oto&ntilde;o</em> en 1971. Se trata de un relato sobre la libertad, y sin embargo, no hubo cr&iacute;tico de la &eacute;poca &ndash;y por descontado ning&uacute;n censor&mdash; que supiese&nbsp; o quisiese ver el desaf&iacute;o que supon&iacute;a su publicaci&oacute;n en una Espa&ntilde;a en la que la libertad era conculcada. Con solo un a&ntilde;o de diferencia publica <em>El sambenito,</em> que cuenta los estertores de la Inquisici&oacute;n espa&ntilde;ola y el drama de sus v&iacute;ctimas. Y en seguida, en 1973, ofrece a sus lectores la voz dolorida que recoge La<em> salamandra</em> (1973): una atormentada y doliente perorata de un jubilado, Dami&aacute;n, que transmite con su voz repetitiva y angustiada las atrocidades de su formaci&oacute;n, los horrores de la guerra civil espa&ntilde;ola y la banalidad de algunos foros intelectuales en el Madrid de la posguerra. Con <em>Duelo en la casa grande</em> (1982) asistimos al retrato de los caciques rurales y de sus infamias, especialmente con las mujeres aplastadas. Ya solamente con estas cuatro primeras novelas, el visitador del telar sale bien cargado de la estancia. Textos que vieron la luz gracias al aliento de Delibes, el amigo y director de <em>El Norte de Castilla, </em>que anim&oacute; a que Jim&eacute;nez Lozano escribiese novela y apoy&oacute; sus primeras publicaciones fervorosamente ante el editor catal&aacute;n Jos&eacute; Verg&eacute;s. Editor y amigo coincidieron que estaban ante una gran promesa de la literatura espa&ntilde;ola, como ha se&ntilde;alado Santiago L&oacute;pez- R&iacute;os (<em>&Iacute;nsula</em>, 2020), mientras &eacute;l se resist&iacute;a: &laquo;Empec&eacute; tarde a escribir por miedo, porque hab&iacute;a le&iacute;do mucho y comparaba&raquo; (<em>El Pa&iacute;s Semanal, </em>1992).</p>
<p>Adem&aacute;s, la publicaci&oacute;n de sus primeras novelas coincide temporalmente con el trabajo vespertino en <em>El Norte de Castilla. </em>La amistad estrecha con Delibes, como se ha visto, no se limit&oacute; a las tareas propias del peri&oacute;dico, crearon una tertulia para conversar sobre la sociedad, la cultura, el pa&iacute;s y lo que pasaba en el mundo, de la que result&oacute; una secci&oacute;n del peri&oacute;dico: &laquo;se form&oacute; una secci&oacute;n de cr&iacute;tica pol&iacute;tica, bastante ins&oacute;lita para la &eacute;poca, que la llam&aacute;bamos inocentemente&nbsp;<em>El caballo de Troya</em>...[&eacute;ramos] Manuel Leguineche, C&eacute;sar Alonso de los R&iacute;os, Mart&iacute;n Descalzo, Javier P&eacute;rez Pell&oacute;n, Molero, un abogado de Valladolid, Campoy, que era el jefe de la Redacci&oacute;n..., Delibes, que entonces dirig&iacute;a el peri&oacute;dico...nos dio gran libertad... En realidad, quer&iacute;amos hacer inocentemente lo que hac&iacute;an los franceses. Eso lo dec&iacute;a Aranguren muy bien: &ldquo;Estamos haciendo aqu&iacute; los Sartre y los Mauriac de Francia, sin serlo&rdquo;&raquo;. Esta tertulia es clave para comprender que de la conversaci&oacute;n sobre lo que se ve y se escucha se llega al juicio y a la escritura.</p>
<p>De estos y otros pensamientos y&nbsp; reflexiones resultan dos espl&eacute;ndidos ensayos. El primero de ellos le granje&oacute; la amistad de Am&eacute;rico Castro. La relaci&oacute;n parti&oacute; de la libertad que el maestro exiliado reconoci&oacute; en el joven escritor entonces, al abordar desde su conciencia cristiana los desmanes de una cierta cristiandad hisp&aacute;nica. <em>Meditaci&oacute;n espa&ntilde;ola sobre la libertad religiosa</em> (1966) ofrece una dura cr&iacute;tica al sometimiento de la Iglesia al poder pol&iacute;tico y aboga por la libertad religiosa como fundamento de todas las libertades. Es un texto hist&oacute;rico porque se&ntilde;ala las razones de un menoscabo de la libertad en Espa&ntilde;a y muestra una comprensi&oacute;n temprana y l&uacute;cida del documento sobre la libertad religiosa del Concilio Vaticano II. Como fue en su d&iacute;a una obra valiente el ensayo titulado <em>Los cementerios civiles y la heterodoxia espa&ntilde;ola </em>(1978). Un cat&aacute;logo de cementerios civiles &mdash;tumbas en las que se enterraban a los que pensaban de manera diferente, a los suicidas y a los heterodoxos&mdash; que visit&oacute; con dolor e intentando recrear las vidas de las personas enterradas en los llamados <em>corralitos</em>. A estos dos textos fundamentales, habr&iacute;a que a&ntilde;adir otros menores, los llamo as&iacute; por la extensi&oacute;n que ocupan, pero no por ser menos importantes. Es obligado hablar de su op&uacute;sculo <em>Nosotros los jud&iacute;os</em> (1961), en el que reivindica el origen jud&iacute;o de nuestro ser y cultura, o el ensayo sobre <em>El ate&iacute;smo</em> (1969). Los conjuntos de art&iacute;culos, publicados en <em>El Norte de Castilla, </em>las revistas <em>Destino</em>, <em>El Ciervo</em>, <em>Vida Nueva </em>y en los primeros a&ntilde;os del diario <em>El Pa&iacute;s, </em>hacen miles de p&aacute;ginas escritas por este &ldquo;cristiano impaciente&rdquo; y &ldquo;en rebeld&iacute;a&rdquo;: Fruto de sus lecturas, de sus <em>conversaciones</em> con escritores, pensadores, te&oacute;logos y artistas europeos, americanos y orientales y en di&aacute;logo continuo con ellos fue fraguando un<em> </em>pensamiento propio y original, caracterizado por la libertad. Varias denuncias los recorren: las sinrazones de la injusticia, la injustificada imposici&oacute;n de la muerte de Dios, la conculcaci&oacute;n de la libertad, el odio a la hermosura, los tinglados de una cultura mercantilizada, la politizaci&oacute;n del lenguaje. Otros se centran en lecturas, que se ofrecen para alumbrar o acompa&ntilde;ar a sus lectores. Otros, escritos en el contraluz de la historia a la que hacen referencia, denuncian momentos y acontecimientos, de una Espa&ntilde;a que, rompiendo la convivencia, hace crecer lamentablemente el n&uacute;mero de las v&iacute;ctimas.</p>
<p>A ellas, a esas v&iacute;ctimas, a esas pobres gentes, a esos &ldquo;seres de desgracia&rdquo; dedica sus mejores esfuerzos y sus m&aacute;s hermosas y tristes historias. Por serles fiel pasa del ensayo al relato. La narraci&oacute;n le permite la aproximaci&oacute;n tierna y compasiva hacia las figuras que han quedado en los m&aacute;rgenes de la historia. En este sentido la escritura de cuentos ser&aacute; constante y numerosa a lo largo de su trayectoria. Se cuentan trece t&iacute;tulos para mostrar esas vidas olvidadas.&nbsp; El escritor y amigo Jos&eacute; &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez Sainz se&ntilde;ala c&oacute;mo envuelve esas existencias en &laquo;simbolog&iacute;as de una aparente simplicidad prodigiosa con el fin de serles fiel, de rescatar y preservar ese secreto, esas significaciones, de que esos seres y sus secretos pervivan en ellas, de resucitarlos por la memoria y el sentido, por esas vibraciones muchas veces indescifrables de significado que quedan aleteando tras cada final de relato, de esos relatos que son como si no fueran nada y dejan, al que sabe leerlos, una imponente sensaci&oacute;n de misterio, del misterio que es la vida del hombre&raquo; (&laquo;Para que todo no sea esto&raquo;, 1996). La primera entrega, <em>El santo de mayo</em>, de 1976, es un pu&ntilde;ado de&nbsp; narraciones &laquo;<em>llamada</em> y a la vez anuncio de revelaci&oacute;n, un <em>roce</em> de esa revelaci&oacute;n, pero nunca un contenido as&iacute; a secas ni un mensaje y menos un dogma&raquo; (Gonz&aacute;lez Sainz, 2003). A este primer t&iacute;tulo seguir&aacute; la publicaci&oacute;n de otras doce colecciones m&aacute;s, adem&aacute;s de narraciones sueltas en publicaciones ef&iacute;meras; parecer&iacute;a que los cuentos se le ca&iacute;an de los bolsillos sin m&aacute;s, si no fuese porque cada uno de ellos es &uacute;nico. <em>Los grandes relatos</em> (1991) es una serie de textos unidos por un narrador maduro que cuenta su infancia durante la posguerra en un pueblo de Castilla. Hay varias colecciones dedicadas a los desheredados que siempre gozan de su preferencia: las mujeres de <em>Un dedo en los labios </em>(1996); los pastores y fil&oacute;sofos del Norte en <em>El grano de ma&iacute;z rojo </em>(1988); las v&iacute;ctimas de los totalitarismos europeos en <em>El azul sobrante</em> (2009); desfilan por varias colecciones los &laquo;inocentes&raquo;, los ni&ntilde;os y las mujeres solas que ofrecen al lector una dignidad sin igual, en <em>La piel de los tomates </em>(2007) y <em>El ajuar de mam&aacute;</em> (2006). El escritor parece hacerse uno con los jud&iacute;os en el arte del <em>midr&aacute;s </em>y as&iacute; vuelve a contar las historias de la Biblia en <em>Abram y su gente </em>(2014) y en &laquo;El paseante, o Ester recontada&raquo; (2012).</p>
<p>Sus trece libros de cuentos hacen honor a uno de sus t&iacute;tulos, el de <em>El cogedor de acianos</em> (1993). La escritura es tan dram&aacute;tica como la del protagonista que arriesga su vida entera por alcanzar una flor silvestre, sencilla y de color azul. Recoge acianos y azulejos, dej&aacute;ndose la vida, para que no se cumpla la frase de la liturgia de los difuntos: <em>Et non erit in morte qui memor sit tui.</em> Cada pieza literaria es una batalla con Dios, al que exige que&nbsp; recuerde a sus pobres y haga honor a su nombre llev&aacute;ndolos hasta el final de los tiempos.</p>
<h3>A lo largo de los a&ntilde;os 80 se produce la floraci&oacute;n de la lectura temprana de la obra de Am&eacute;rico Castro y se hace visible la fecundidad de su amistad. Tuvo esta relaci&oacute;n una fecha de inicio: 1967; y pod&iacute;a haber terminado en 1972 con la muerte del fil&oacute;logo, disc&iacute;pulo de Men&eacute;ndez Pidal y admirador de Giner de los R&iacute;os, pero no fue as&iacute;. El pensamiento del amigo fue retomado y personalizado. Es dif&iacute;cil comprender la mirada del escritor sobre la Espa&ntilde;a del XVI y su anhelo de conversaci&oacute;n y convivencia, si no se tiene en cuenta el inter&eacute;s que despertaron en el abulense las tesis castristas sobre la larga y problem&aacute;tica convivencia entre las tres leyes que viv&iacute;an en nuestra tierra: jud&iacute;a, musulmana y cristiana. Varios de sus ensayos parten de este acercamiento a la historia y el arrastre de algunas consecuencias como la separaci&oacute;n por castas o la instrumentalizaci&oacute;n de la religi&oacute;n. Ver&aacute; desde dentro los desmanes de la Inquisici&oacute;n o la perpetuaci&oacute;n de los enfrentamientos civiles en la Espa&ntilde;a del siglo XIX. Adem&aacute;s mostrar&aacute; los signos de la anomal&iacute;a de la pen&iacute;nsula respecto a la Europa romanizada. Esta diferencia se refleja en cultemas y formas de vida, en ermitillas y torres, en costumbres y atuendos, en comidas y cantares. Restos a los que el escritor atiende y despu&eacute;s ordena para descubrir su significaci&oacute;n. Siguiendo los pasos de Am&eacute;rico Castro, que hall&oacute; en esta dif&iacute;cil convivencia algunas de las causas fundamentales del enfrentamiento civil que le llevaron al exilio, Jim&eacute;nez Lozano publicar&aacute; varias obras que nacen de una mirada a las huellas que de esta historia quedan en Castilla y no tuvo reparo en decir que la intransigencia de nuestro tiempo ven&iacute;a de lejos. <em>Sobre jud&iacute;os, moriscos y conversos</em> (1982), <em>Gu&iacute;a espiritual de Castilla </em>(1984) <em>y &Aacute;vila</em> (1988) son tres magn&iacute;ficos ejemplos de esto. Mantienen tesis sobre el ser de Castilla que se apoyan en esos restos que hablan de esa convivencia &mdash;hecha de concordias y desacuerdos&mdash; sobre los que escribi&oacute; con ojos nuevos: las pinturas de san Baudelio de Berlanga, los colores <em>fauvistas</em> de los Beatos, las iglesias que parecen mezquitas en el coraz&oacute;n de Castilla, los aljibes y los pozos, las v&iacute;rgenes costureras y los capiteles rom&aacute;nicos que hablan de los temores y miedos humanos, los cristos abandonados y la manera de recontar las historias b&iacute;blicas en escenas de piedra&hellip; El encuentro con estos restos le llev&oacute; a iniciar con Jos&eacute; Velicia las exposiciones de arte denominadas <em>Las Edades del Hombre</em>, con una &uacute;nica intenci&oacute;n: hacer gustar a las gentes de su rico patrimonio. Quisieron poner delante del visitante los testimonios art&iacute;sticos que condensan la experiencia de las generaciones precedentes. Los dos cre&iacute;an que sin ellos es m&aacute;s dif&iacute;cil conocer cr&iacute;ticamente nuestro ser espa&ntilde;oles (<em>Estampas y memorias</em>, 1990).&nbsp;</h3>
<p>La despedida del siglo XX y entrada en el siglo XXI traen novedades importantes: comienza un reconocimiento de su obra literaria. En 1988 recibe el Premio Castilla y Le&oacute;n de las Letras y el Nacional de la Cr&iacute;tica, al que seguir&aacute;n en 1992 el Premio Nacional de las Letras Espa&ntilde;olas&nbsp;y otros galardones (cfr. www.jimenezlozano.com) hasta culminar con el Premio Cervantes en 2002. Agradecido por tales distinciones, comenzar&aacute; a dar a sus lectores algunas de las razones y de los descubrimientos de su escritura, que en ning&uacute;n caso atribuir&aacute; a la genialidad o m&eacute;rito propios (&laquo;La reconstrucci&oacute;n del recuerdo&raquo;, 1990, &laquo;Por qu&eacute; se escribe&raquo;, 1994 y &laquo;Sobre este oficio de escribir&raquo;, 1996). Generalmente son textos que nacen para ser dichos, es decir, responden a invitaciones a dar conferencias o charlas (<em>El narrador y sus historias</em>, 2003, <em>La obstinaci&oacute;n del almendro</em>, 2012, <em>Siete parlamentos en voz baja</em>, 2015). Adem&aacute;s, se publican varios libros conversacionales, en los que, a trav&eacute;s del di&aacute;logo amistoso, el escritor cuenta en voz alta lo que le mueve al escribir (<em>Una estancia holandesa, conversaci&oacute;n con Gurutze Galparsoro </em>(1998) y<em> Las llagas y los colores del mundo. Conversaciones literarias con Jos&eacute; Jim&eacute;nez Lozano </em>(2011)). Describe en estos textos una po&eacute;tica del despojamiento que pone su oficio al servicio de lo que se le regala. As&iacute; concibe su misi&oacute;n de narrador y lo repite obstinadamente como en ese anhelo de hacerse transparente para dejar paso a lo que se le regala: &laquo;quien narra es,&nbsp;en realidad, muy poca cosa, se le regala todo, y, en &uacute;ltimo t&eacute;rmino, s&oacute;lo tiene que olvidarse de s&iacute; mismo, y ser fiel a los rostros que ve, a las voces que escucha, a las historias que en sus adentros se le cuentan.&nbsp;El escritor de historias no precisa de nada m&aacute;s que de un papel y un l&aacute;piz o una pluma (&hellip;) Ni precisa tampoco de reconocimientos de ning&uacute;n tipo, excepto de uno solo: que un &uacute;nico lector, uno s&oacute;lo, se sienta zarandeado en su inteligencia y en su coraz&oacute;n por una sola p&aacute;gina de una historia que el escritor le ha contado, o un poema que le ha entregado&raquo; (2010). Comenta el encuentro con los personajes &laquo;es con personas de carne y hueso, y tiene que escucharlas, comprobar c&oacute;mo sienten y se conducen, vivir &eacute;l sus vidas y sus muertes, y contarlo&raquo;. Y sigue la recomendaci&oacute;n de Boris Pasternak para comprobar si su lenguaje es verdadero: &laquo;recomendaba que, cuando se hac&iacute;a la revisi&oacute;n de un poema, deb&iacute;a quitarse de &eacute;l todo aquello que su autor estuviera seguro de ser capaz de volver a escribir, y dejar en el poema solamente aquello que no se sab&iacute;a de d&oacute;nde hab&iacute;a venido, pero parec&iacute;a que uno mismo no lo hab&iacute;a escrito y era incapaz de hacerlo&raquo;. Y vuelve a renunciar al papel de creador cuando trata de explicar qu&eacute; significa el argumento: &laquo;si la literatura es levantar vida con palabras, parece muy expuesta la pretensi&oacute;n de dise&ntilde;ar la vida y lo que en ella debe ocurrir; esto es, la historia y los personajes por parte de quien escribe, sin que el narrador se convierta en el demiurgo&raquo; (cfr. www.jimenezlozano.com)</p>
<p>Si seguimos husmeando en el telar, recogeremos poemas por los rincones. Como bien ha visto Ra&uacute;l Asencio, Jim&eacute;nez Lozano no es que sea un poeta tard&iacute;o: sus primeros poemas se publican en 1979 (<em>Oficio Parvo</em>, publicado en la revista <em>El Ciervo</em>), es decir, en los a&ntilde;os 70, d&eacute;cada en la que tambi&eacute;n comienza a publicar sus primeras novelas y relatos, pero s&iacute; es cierto que los ha dado tarde y muchas veces a rega&ntilde;adientes. En sus diarios aparecen espigados poemas y muchos de los vol&uacute;menes de <em>collages</em> (a&uacute;n in&eacute;ditos y sin estudiar) contienen versos sueltos y poemas.</p>
<p>No sabemos con certeza el porqu&eacute; de que Jim&eacute;nez Lozano fuese renuente a la publicaci&oacute;n de su poes&iacute;a. Aun as&iacute;, ya sea arrancados de las manos o dados a editores amigos, hoy se pueden encontrar nueve poemarios completos. S&iacute; se puede constatar que la resistencia a su publicaci&oacute;n se va deshaciendo al hilo de una depuraci&oacute;n progresiva del lenguaje. As&iacute;, si trazamos una l&iacute;nea cronol&oacute;gica, se puede interpretar que ese despojamiento con el que seguramente se sent&iacute;a m&aacute;s a gusto le lleva a acceder a la publicaci&oacute;n. Los cuatro primeros t&iacute;tulos, <em>Oficio parvo </em>(1979),<em> Tantas devastaciones </em>(1992),<em> Un fulgor tan breve </em>(1995)&nbsp;y <em>El tiempo de Eur&iacute;dice </em>(1996), re&uacute;nen poemas dolientes que acusan el paso irremediable del tiempo. &nbsp;Ya sea como plegaria a lo largo de las horas del d&iacute;a, como devastaci&oacute;n, como testimonio de esos fulgores de lo que dura poco o como esos tiempos que no vuelven. Pero es a partir de <em>P&aacute;jaros</em> (2000), delicioso poemario que le publican sus amigos para celebrar sus setenta a&ntilde;os, cuando descubrimos en la depuraci&oacute;n verbal, la brevedad l&iacute;mpida de las estrofas, el tono celebrativo o riente, la singular voz po&eacute;tica de Jos&eacute; Jim&eacute;nez Lozano. Parece que a partir de ese momento se identifica con su querida poeta americana: &laquo;me acuerdo entonces de Emily Dickinson tratando de explicar, a un desconcertado Higginson, un maestro en literaturas, que sus poemas s&oacute;lo eran una r&eacute;plica a una s&uacute;bita luz sobre el jard&iacute;n, o a un cierto modo de soplar el viento. Pero es que son as&iacute; las cosas, el escribidor no pone nada de su parte m&aacute;s que esa r&eacute;plica a lo real&raquo; (cfr. www.jimenezlozano.com). A ella le ten&iacute;a consagrado un rinc&oacute;n del jard&iacute;n en su casa de Alcazar&eacute;n. El poema deber inclinarse humildemente y ser fiel a la hermosura y precariedad de la realidad sin mediaciones ni interposiciones, parece sencillo, pero exige una mirada atenta para poder recoger en las palabras lo que es. El esfuerzo por deshacerse de lo innecesario aspira a lo m&aacute;s elevado, que la verdad reflejada se quede en los versos para siempre: &laquo;Si una flor de almendro/en mis poemas/ se helase, / no la abandonar&iacute;an mis versos, / se quedar&iacute;a en el libro/ para siempre&raquo; (&ldquo;Compa&ntilde;&iacute;a&rdquo;, de <em>Los retales del tiempo, </em>2015). La tensi&oacute;n por recoger lo hermoso caduco es lo que domina las entregas restantes (<em>Eleg&iacute;as menores</em>, 2002; <em>Elogios y celebraciones, </em>2005;<em> Anunciaciones</em>, 2008<em>, La estaci&oacute;n que gusta al cuco, </em>2010 y <em>Los retales del tiempo, </em>2015).</p>
<p>El g&eacute;nero que m&aacute;s cultiv&oacute; fue el de la novela &mdash;o al menos el que m&aacute;s t&iacute;tulos ha generado&mdash; aunque sea a veces dif&iacute;cil encorsetar en el mismo marbete textos muy diferentes. Las primeras novelas, que como se ha dicho contaron con la alta valoraci&oacute;n de Delibes y Verg&eacute;s, le permitieron tener editor y, aunque tuvo que afrontar la censura de esos a&ntilde;os, eran lo suficientemente originales como para que los informes de los censores resolvieran, con algunas sugerencias de cambios, la publicaci&oacute;n de sus textos. Pero su obra no termina con esa primera etapa y en 1989 sorprende a sus lectores con la novela <em>Sara de Ur</em>, un texto alegre que reduplica imaginariamente la risa de la mujer del Abraham b&iacute;blico. Con ella Jim&eacute;nez Lozano inicia una serie de relatos intertextuales a partir de la Biblia. Procede a la interpretaci&oacute;n libre de los huecos que dejan los relatos b&iacute;blicos y constituyen una de sus facetas con m&aacute;s aciertos narrativos. Cosa que &eacute;l mismo atribuye a la lectura de la Biblia, primera forma de narraci&oacute;n y que tanto enriquece el relato. &Eacute;l mismo se lamentaba de lo poco que en Espa&ntilde;a se ha le&iacute;do este texto y eso ten&iacute;a &laquo;desastrosas consecuencias para la literatura y el arte&raquo;<em> </em>(<em>Las llagas y los colores del mundo</em>, 2010). El tr&iacute;o formado por <em>Sara de Ur, El viaje de Jon&aacute;s </em>(2002)<em> y Libro de Visitantes </em>(2007) son un tr&iacute;ptico original de palimpsesto particular&iacute;simo en el que lo divino, fiel a su alianza con el pueblo jud&iacute;o, se mezcla tiernamente con lo cotidiano y ordinario.</p>
<p>Muy distintas son sus obras de corte imaginativo o fant&aacute;stico como <em>Relaci&oacute;n topogr&aacute;fica </em>(1992), <em>Maestro Huidobro </em>(1999) o <em>Un pintor de Alejandr&iacute;a </em>(2010). En estas tres novelas las referencias espaciales y temporales se pierden. El autor nos arrastra consigo al mundo de lo fabuloso, donde se anticipa el porvenir: se vislumbra el Juicio y el Para&iacute;so en <em>Un pintor de Alejandr&iacute;a;</em> se recrea el mundo sin l&iacute;mites del aprendizaje de la infancia, en <em>Maestro Huidobro</em>; o nos invita a la risa jugando con la personalidad de los pensadores que han querido definir nuestro mundo, y as&iacute; en <em>Relaci&oacute;n topogr&aacute;fica</em> don Carlos es Marx, don Renato es Descartes y don Federico es Nietzsche.</p>
<p>En 1992 fue nombrado director de <em>El Norte de Castilla</em> &mdash;era subdirector desde 1978 y se jubila en 1995&mdash; pero lejos de disminuir su actividad literaria, se multiplica. De 1992 a 2018 publica diecinueve novelas, adem&aacute;s de diez libros de cuentos, ocho entregas de diarios, ocho nuevos ensayos y dos recopilaciones de art&iacute;culos period&iacute;sticos. De entre las novelas de este periodo, cabe destacar tres t&iacute;tulos que dedica a tres de sus c&oacute;mplices literarios: <em>El mudejarillo</em> (1992), <em>Las gallinas del licenciado</em> (2005) y <em>Precauciones con Teresa </em>(2015). Tarda en darles un recorrido narrativo a estos tres autores con los que ha mantenido largas conversaciones: imaginarias y eruditas. A Juan de la Cruz le da vida despu&eacute;s de haber publicado un estudio de introducci&oacute;n cr&iacute;tica a su poes&iacute;a diez a&ntilde;os antes. A Cervantes lo intentar&aacute; rescatar, en charlas y conferencias, de los sambenitos acumulados a lo largo del tiempo, como el de ser pr&iacute;ncipe de los ingenios, modelo de estilo o incluso intelectual. Y a Teresa ya le hab&iacute;a dedicado varios cuentos antes de llegar a sus ir&oacute;nicas &laquo;precauciones&raquo;. Son pues tres escritores que le acompa&ntilde;an a lo largo de los a&ntilde;os hasta que se atreve a darles una vida de ficci&oacute;n. La complicidad con Juan de la Cruz, con Cervantes y con santa Teresa tiene adem&aacute;s una nota com&uacute;n y es que, en los tres casos, Jim&eacute;nez Lozano se siente reconfortado de que tres grandes maestros de la escritura fueran pobres y por eso ricos en nombrar con una lengua verdadera lo que ten&iacute;an alrededor o en el interior de sus almas. Juan de la Cruz es el &laquo;mudejarillo&raquo;, es decir, el nacido de una morisca y criado en la menesterosidad que busca en su entorno el agua que quite la sed &mdash;la fuente, el arroyo o regato, el c&aacute;ntaro o el tiesto h&uacute;medo&mdash;, aguas reidoras que alegren el desierto. Cervantes es visto de perfil, la novela es un homenaje a sus secretos y a sus entornos, as&iacute; parece que el escritor nos empuja a volver sobre su mundo, sobre su lengua, la del que escribe como habla. El perfil de Teresa no es el acostumbrado, no nos muestra ni su faceta m&iacute;stica, ni la monjil, sino la de la mujer de fe, nieta de conversos, andariega, temerosa de la Inquisici&oacute;n y de inteligencia pr&aacute;ctica. Eso s&iacute; todos sus afanes enredados en una lengua viva, alegre e inteligente. Estas tres recreaciones no son antiguallas a las que recurre el autor para rememorar el pasado, son vidas que muestran un modo de estar en el mundo siguiendo un ideal, sin caer en las trampas de la amargura por el rechazo o la incomprensi&oacute;n. Y as&iacute; hacen el mundo m&aacute;s habitable.</p>
<p>Otros personajes de sus novelas se hacen inolvidables: Pedro Lodares, de <em>Retorno de un cruzado</em>; la incansable luchadora Claudina, de <em>Ronda de noche</em>, la triste y enigm&aacute;tica Carolina, de <em>Se llamaba Carolina; </em>el bueno de Blas C&iacute;vicos, de <em>Las sandalias de plata</em>; las rotundas y exc&eacute;ntricas Clemencia y Constancia, de <em>Las se&ntilde;oras; </em>&Aacute;ngela y Tesa, de <em>La boda de &Aacute;ngela</em>; C&eacute;sar Lagasca, de <em>Un hombre en la </em>raya, el polic&iacute;a Valtodano, de <em>Agua de noria&hellip;, </em>y un largo etc&eacute;tera que es imposible abordar. Jim&eacute;nez Lozano ha levantado esas vidas que ha encontrado, las ha atesorado dentro y nos las ha dado envueltas en sus acontecimientos, comprometidas en sus afanes o confundidas en sus desgracias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un escritor sin carnet</p>
<p>Muchos sambenitos le cayeron encima a este escritor tan peculiar. Desde luego la amplitud de su obra, tanto o m&aacute;s que su anhelo de libertad, desconcertaron a la cr&iacute;tica. Y as&iacute; nos encontramos con una paradoja final, y es que el <em>escribidor </em>que quiso ser privado y desaparecer de las portadas de sus libros tuvo que soportar diferentes etiquetas. Su car&aacute;cter de heterodoxo no gustaba y tuvo que quitarse de encima varios atributos. El primero fue el de escritor jansenista, t&iacute;tulo que le procur&oacute;, no la adscripci&oacute;n a este movimiento que no le interes&oacute; ni en su contenido teol&oacute;gico, ni escol&aacute;stico ni dogm&aacute;tico, sino que le vino del momento hist&oacute;rico en el que sit&uacute;a su primera novela &mdash;la destrucci&oacute;n del monasterio de Port-Royal&mdash; y as&iacute; aparece como <em>miembro &uacute;nico</em> de lo que se consider&oacute; un <em>partido</em>. Tambi&eacute;n obtuvo el carnet de m&iacute;stico castellano, as&iacute; se le considera en 1992, y esta adscripci&oacute;n es dif&iacute;cil de justificar, aunque puede ser que provenga de que hubiese le&iacute;do a Teresa de Jes&uacute;s y a Juan de la Cruz, pero era f&aacute;cil arrinconarlo en algo que la cultura consideraba caduco. Y por fin le cay&oacute; tambi&eacute;n el marbete de escritor cat&oacute;lico, a tal denominaci&oacute;n &eacute;l contestaba con una carcajada y repet&iacute;a la frase de Mauriac. &laquo;No hay novelistas cat&oacute;licos, si lo sabr&eacute; yo que soy uno de ellos&raquo;. Y, en fin, no pocas veces he o&iacute;do comentarios de que era un escritor de pueblo. De hecho, as&iacute; lo consider&oacute; Rosa Rossi, pero no da fe de la intenci&oacute;n de la hispanista italiana si no se entiende&nbsp; lo que significaba pueblo para Rossi y c&oacute;mo se complementa esta adscripci&oacute;n&nbsp; con una mirada planetaria. Y probablemente la mayor biso&ntilde;ez se ensa&ntilde;&oacute; con el escritor margin&aacute;ndolo como escritor antiguo para no tener que hacer cuentas con su apertura y capacidad de ver con perspectiva nuestro tiempo. &iquest;La actualidad de su obra fue mejor comprendida en Italia, Rep&uacute;blica Checa o Francia?&nbsp;</p>
<p>No todos los cr&iacute;ticos aceptan estas trampas y hubo y hay lectores que saben no porque &eacute;l lo diga, sino porque es as&iacute; lo que resuena en sus palabras: &laquo;Y tambi&eacute;n me metieron en la cabeza muy pronto que en este mundo del esp&iacute;ritu no hay ah&iacute; ni primeras ni segundas filas &mdash;como en los entierros oficiales&mdash;, ni antiguo ni moderno, pero que, en todo caso, los edificios se levantaban sobre s&oacute;lidos cimientos, y por abajo. Y que quien pensaba, pensase lo que pensase, era mi m&aacute;s profundo pr&oacute;ximo, y el primer deber de la cultura era entregar lo que se me hab&iacute;a dado a quien todav&iacute;a no lo tuviese.&nbsp;Ven&iacute;a de una tradici&oacute;n cristiana, abierta y absolutamente tolerante, y nunca me ha costado el m&aacute;s m&iacute;nimo esfuerzo respirar, y a fondo, el aire de otras tradiciones, sino que, al contrario, he necesitado y necesito respirarlo. De manera que nunca he encontrado &ldquo;otros&rdquo; que me sean extra&ntilde;os y, desde que comenc&eacute; a entender estas cosas, tambi&eacute;n comenc&eacute; a sentirme, ahora s&iacute;, extra&ntilde;o a esa incapacidad hisp&aacute;nica para la diferencia; y, por lo tanto, tuve que ser espa&ntilde;ol no de la otra Espa&ntilde;a, porque s&oacute;lo hay una Espa&ntilde;a, yo al menos la necesito entera para poner los pies en m&iacute; mismo sencillamente&raquo; (<em>Unas cuantas confidencias</em>, 1993).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso en su ir&oacute;nica autobiograf&iacute;a, titulada <em>Memorias de un escribidor</em> (2018), nos pinta al escritor buscando la c&eacute;dula oficial de tal, un carnet que nadie le quiere dar. Un texto que &eacute;l mismo llam&oacute; <em>divertimento</em>, consciente de que se desped&iacute;a del mundo y lo hac&iacute;a con una sonrisa. &Eacute;l no sigui&oacute; los consejos del amigo cordelero, personaje de la obra y gran publicitario, que le anima a ser &laquo;transgresor para que as&iacute; le hicieran socio de alguna asociaci&oacute;n de escribidores, cr&iacute;ticos y profesores, y otra que llamaban <em>intelectuales</em> y deb&iacute;an ser muy importantes, porque hasta escrib&iacute;an al p&uacute;blico en general diciendo lo que &eacute;ste ten&iacute;a que pensar y c&oacute;mo ten&iacute;a que hablar de cualquier cosa&raquo;. Tampoco seguir&aacute; el del m&eacute;dico del Balneario: &laquo; &mdash;&iexcl;T&uacute; escribe sin carnet! O hazte dos o tres&raquo;.&nbsp; Lo rechaza porque es fiel a eso que ya en 1971, en carta a Miguel Delibes, ten&iacute;a claro sobre lo que quer&iacute;a hacer: &laquo;Pero yo miro mi tarea como humilde vocaci&oacute;n cristiana, como la de un pobre cura rural y quiero ser fiel a ella&raquo; (Archivo M. Delibes). Carta en la que por cierto rechazaba la direcci&oacute;n de <em>El Norte de Castilla</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso y para no aumentar el n&uacute;mero de carnets y clasificaciones esquem&aacute;ticas, tal vez convenga volver a entrar en la estancia de su taller. Nos volvemos y le preguntamos al trenzador de historias, embelesado con ordenar algunos libros, papeles, fotograf&iacute;as y legajos que nos ha ense&ntilde;ado: &laquo;Maestro, &iquest;y todo esto de d&oacute;nde ha salido?&raquo; Se vuelve y con ojillos rientes y muy azules, dice: &laquo;&hellip;todo mi imaginario y mi universo literario est&aacute;n urdidos en mi experiencia infantil y que lo que luego he hecho ha sido simplemente extender a Langa como un pa&ntilde;uelo y envolver ah&iacute; las otras cosas del mundo&raquo;. Parece cosa de ni&ntilde;os, o, verdaderamente, es cosa de ni&ntilde;os. Durante la infancia en Langa, ese pueblecito de La Mora&ntilde;a abulense que vio nacer a Jos&eacute; Jim&eacute;nez Lozano, se fragua un mundo riqu&iacute;simo. Y desde all&iacute;, viajar&aacute; y abrir&aacute; muchos caminos. Y esos mapas que recorri&oacute; aparecen en su obra porque de cada recorrido hizo tesoro. Llegar&aacute; a las murallas de &Aacute;vila, que las ve como las de Jeric&oacute;, las m&aacute;s antiguas del mundo; otras veces como las que rodearon la ciudad luminosa y lamida por el mar: la hermosa Constantinopla. Viajar&aacute; a los pa&iacute;ses de las nieves haci&eacute;ndose correo del Zar, con Miguel Strogoff por la estepa rusa o haciendo amistad con Tolstoi y Dostoievski. Transitar&aacute; los alrededores de Rello, Sig&uuml;enza, Osma, Olmedo, Berlanga, Tordesillas o Ar&eacute;valo viendo lo que dicen los restos de una convivencia y mezcla de modos de vida. Se har&aacute; amigo de escritoras inglesas y norteamericanas: las Bront&euml;, Flannery O&rsquo;Connor y Emily Dickinson. Pasar&aacute; temporadas en las estancias silenciosas de los pintores holandeses del XVII o iluminado por las candelas de La Tour. Visitar&aacute; a menudo, para quitarse adornos in&uacute;tiles, los monasterios cistercienses y subir&aacute; hasta Port-Royal para indagar en la fuerza de unas monjas que dijeron que no a la mentira. Bajar&aacute; desde las zonas septentrionales siguiendo las rutas de Periandro y Auristela, la historia de un escritor que se qued&oacute; manco. Le gustar&aacute; espiar la estancia de un Spinoza que no abultaba m&aacute;s que un pajarillo. Escuchar&aacute; y distinguir&aacute; las conversaciones que Kierkegaard manten&iacute;a: de complicidad con los p&aacute;jaros, de desaz&oacute;n con los periodistas. Buscar&aacute; los retratos de Erasmo en las iglesias castellanas. Se atrancar&aacute; en la carreta de la Teresa y se asomar&aacute; al r&iacute;o Zapardiel para ver si es verdad que en el regato viv&iacute;a una ballena, como pens&oacute; Juan, el <em>mudejarillo</em>. Rehar&aacute; los caminos de &laquo;Azor&iacute;n&raquo;, par&aacute;ndose en los zaguanes a beber y en las solanas a charlar. Visitar&aacute; la pensi&oacute;n segoviana en la que Antonio Machado pasaba sus fr&iacute;os en una habitaci&oacute;n con el cristal roto. Viajar&aacute; a los no lugares de Eur&iacute;dice y volver&aacute; la cabeza con la mujer de Lot. Llorar&aacute; con Nadiezhda Mandelstam y espiar&aacute; con horror a los m&uacute;sicos de Auschwitz. Har&aacute; homenaje a la Matriona de Solzhenitsin que desafi&oacute; un imperio con su pobreza y alegr&iacute;a. Ha mirado el cielo rosado con Homero y pastoreado con Virgilio. Y asisti&oacute; a varios juicios de la Inquisici&oacute;n o llor&oacute; la muerte de Ofelia. Viajes todos ellos que ha hecho con la seguridad de que la literatura no es un juego de clasificaciones sino algo mucho m&aacute;s serio, porque &laquo;la literatura<strong>, </strong>y ella sola, puede parar la historia entera&raquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 24 Jun 2021 06:03:00 +0000</pubDate>
    </item>
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      <title><![CDATA[Irene Vallejo: "Para transformar el mundo, hay que reformular los mitos antiguos"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/irene-vallejo-para-transformar-el-mundo-hay-que-reformular-los-mitos-antiguos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2021/IRENE_VALLEJO_2.jpg" alt="" /></p>
<div>Hay libros que pueden cambiar una vida. Llegan como un tsunami a la cotidianidad de su autor poniendo patas arriba rutinas, horarios, proyectos pendientes. Si el &eacute;xito crece como una bola de nieve, las exigencias de la industria editorial, las absorbentes campa&ntilde;as de promoci&oacute;n y el eco en medios period&iacute;sticos especializados o generalistas se sumar&aacute; y retroalimentar&aacute; la ola. Pero debajo de todo, en su n&uacute;cleo, brillar&aacute; lo m&aacute;s importante: la aquiescencia de lectores desde posiciones tan diversas como el mundo acad&eacute;mico o los clubes de lectura. Desde los pedestales de la erudici&oacute;n a los rincones hogare&ntilde;os de personas sin m&aacute;s curr&iacute;culum que el de su pasi&oacute;n por la letra impresa se celebra desde hace a&ntilde;o y medio una lectura que invita a la glotoner&iacute;a literaria, pero, m&aacute;s importante, que espolea a seguir indagando en un tiempo y un paisaje que, aunque lejanos, nos incitan a reconocer los ecos de un eterno retorno. Es el tiempo y el paisaje de la invenci&oacute;n de los libros.
<p class="LO-Normal">A Irene Vallejo (Zaragoza, 1979) el &eacute;xito de su ensayo <em>El infinito en un junco</em> le pill&oacute; por sorpresa. No solo es que funcionara el &lsquo;boca a oreja&rsquo;, sino que el libro empez&oacute; a ganar espacios en listas de &lsquo;mejores del a&ntilde;o&rsquo;, &lsquo;m&aacute;s vendidos en&hellip;&rsquo;, &lsquo;las librer&iacute;as escogen&hellip;&rsquo; y al tiempo fueron llegando los premios: El Ojo Cr&iacute;tico de Narrativa, el Acci&oacute;n C&iacute;vica en Defensa de las Humanidades, el Jos&eacute; Antonio Labordeta que iban acelerando el proceso hasta llegar al Nacional de Ensayo que vino coronar el fen&oacute;meno y a que siguiera abri&eacute;ndose paso en otros idiomas y culturas. Hasta entonces, esta doctora en Filolog&iacute;a Cl&aacute;sica, que cuando era ni&ntilde;a no quer&iacute;a aprender a leer para seguir disfrutando de la voz de su madre cont&aacute;ndole cuentos a la hora de dormir, era la columnista apasionada por el mundo de Grecia y Roma que se asomaba semanalmente a la contraportada del <em>Heraldo de Arag&oacute;n</em> comentando la actualidad con la vista puesta en su imaginario personal: las noticias de los telediarios se daban la mano con Safo o Marcial, con Tuc&iacute;dides o S&eacute;neca, con Graci&aacute;n o Montesquieu. Tambi&eacute;n era la autora de dos novelas, <em>La luz sepultada</em>, ambientada en los tiempos de la Guerra Civil en su Zaragoza natal, y <em>El silbido del arquero</em>, un relato de aventuras y enamoramientos anclado en ese mundo cl&aacute;sico que le es tan querido y que public&oacute; Contrase&ntilde;a, sello aragon&eacute;s donde tambi&eacute;n han aparecido las recopilaciones de sus columnas <em>Alguien habl&oacute; de nosotros</em> y el m&aacute;s reciente <em>El futuro recordado</em>. Su proyecto sobre la historia del libro dio el salto a la editorial Siruela que no para de cambiar la &lsquo;faja&rsquo; que rodea la cubierta del libro, pues solo en el tiempo que transcurri&oacute; entre la lectura para la preparaci&oacute;n de esta entrevista y su aparici&oacute;n ha pasado de 17 a 31 ediciones, y solo la pandemia ha retrasado su traducci&oacute;n, que ya est&aacute; pr&oacute;xima, tanto a las lenguas cooficiales del Estado como al portugu&eacute;s, ingl&eacute;s, alem&aacute;n, italiano, &aacute;rabe, chino&hellip; Est&aacute; prevista su aparici&oacute;n en 32 pa&iacute;ses.</p>
<p class="LO-Normal"><em>El infinito en un junco</em> es un viaje. Un viaje al pasado, pero tambi&eacute;n un viaje el&iacute;ptico que por instantes nos retrotrae al presente hasta que una pr&oacute;xima curva nos vuelve a poner en el camino de la Antig&uuml;edad. Incluso aquellos que acostumbran a abrir con recelo los libros se&ntilde;alados con la vitola de &lsquo;best seller&rsquo; muy probablemente quedar&aacute;n atrapados en una aventura que nos pone en la ruta de Alejandro Magno, que nos hace sentir la p&eacute;rdida de la majestuosa biblioteca de Alejandr&iacute;a, que nos hace espiar a los primeros bibliotecarios de la historia, que nos presenta a Hes&iacute;odo como a un adelantado de la autoficci&oacute;n y a Her&aacute;clito como el ascendiente de Proust.&nbsp; Que nos informa de que el primer autor del mundo que firma el texto con su propio nombre fue una mujer: &ldquo;Mil quinientos a&ntilde;os antes de Homero &ndash;leemos en uno de sus cap&iacute;tulos&mdash; Enheduanna, poeta y sacerdotisa, escribi&oacute; un conjunto de himnos cuyos ecos resuenan todav&iacute;a en los Salmos de la Biblia. Los rubric&oacute; con orgullo. Era hija del rey Sarg&oacute;n I de Acad, que unific&oacute; la Mesopotamia central y meridional en un gran imperio, y t&iacute;a del futuro rey Naram-Sm&rdquo; (p. 165). Y en este viaje de las tablillas al papiro y del papiro al pergamino podremos tropezarnos con Clint Eastwood o Tarantino, con Bob Dylan o Kurosawa.</p>
<p class="LO-Normal">La pandemia no solo ha retrasado algunos planes de traducci&oacute;n y presentaciones de <em>El infinito en un junco</em> sino que impone las pantallas a los encuentros en persona. La entrevista con Irene Vallejo tiene lugar v&iacute;a zoom en plena campa&ntilde;a de promoci&oacute;n del libro en Latinoam&eacute;rica. La escritora contesta dos o tres entrevistas diarias, escribe columnas (recientemente se ha incorporado a <em>El Pa&iacute;s</em>), atiende peque&ntilde;os compromisos que se multiplican a medida que el libro traspasa fronteras. Sin embargo, la imagen que devuelve la pantalla del ordenador es la misma imagen serena de la Irene Vallejo que sonr&iacute;e en las fotograf&iacute;as que estos d&iacute;as se multiplican en la prensa. La misma sonrisa dulce, y un tono de voz c&aacute;lido, pero sobre todo pausado, que desmiente la vor&aacute;gine en la que est&aacute; inmersa. Irene Vallejo no tiene prisa.</p>
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<p class="LO-Normal"><strong>&ldquo;La idea de <em>El infinito en un junco</em> fue del fil&oacute;sofo Rafael Argullol&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-Normal">- &iquest;C&oacute;mo surgi&oacute; la idea del libro? &iquest;Cu&aacute;l fue el momento inicial, si lo hubo, en que empez&oacute; a tirar del hilo con el que lo acabar&iacute;a tejiendo?</p>
<p class="LO-Normal">- Siempre digo que la idea del libro no fue m&iacute;a, fue del fil&oacute;sofo Rafael Argullol, que me anim&oacute; a escribirlo y me dio unas instrucciones precisas acerca de lo que pod&iacute;a hacer con estas historias. Hab&iacute;a venido a dar una conferencia a Zaragoza y yo era la persona que le hac&iacute;a las preguntas. Despu&eacute;s fuimos a cenar y me pregunt&oacute; por mis temas de investigaci&oacute;n y a qu&eacute; me hab&iacute;a dedicado en mi etapa acad&eacute;mica. Yo le cont&eacute; en l&iacute;neas generales y &eacute;l lo vio clar&iacute;simo. &lsquo;Tienes que escribir sobre este tema un ensayo, pero no un ensayo acad&eacute;mico sino un ensayo literario&rsquo;. Realmente no se me hab&iacute;a ocurrido dar ese salto desde unos materiales que yo hab&iacute;a reunido para mis investigaciones que, por supuesto, tienen otro lenguaje, otro ritmo, otra ret&oacute;rica, y traerlos a mi universo literario. Hasta entonces hab&iacute;a tenido dos facetas muy separadas. Gracias a esa intuici&oacute;n que tuvo Rafael me decid&iacute; a escribirlo. Y me di cuenta de que, no siendo realmente novedoso el tema porque ya existen muchos libros sobre libros y sobre historias de la lectura, lo que yo pod&iacute;a aportar era la estructura, la forma, el lenguaje y en eso me esforc&eacute; especialmente. Pas&eacute; mucho tiempo antes de escribir la primera l&iacute;nea construyendo una estructura y un mapa del libro, porque, sabiendo que iba a ser una obra muy digresiva, quer&iacute;a tenerla minuciosamente pensada. Y la verdad es que mientras estructuraba el libro con las idas y venidas constantes en el tiempo, con las an&eacute;cdotas entrelazadas y con esa l&iacute;nea argumental tan intrincada como <em>Las mil y una noches</em>, en el fondo me preguntaba si el libro iba a funcionar, si toda esa estructura se iba a sostener. Recordaba cuando en la Edad Media constru&iacute;an las catedrales y ten&iacute;an hecho el armaz&oacute;n de madera y las cimbras y solo cuando las retiraban sab&iacute;an si todo eso se iba a sostener o se vendr&iacute;a abajo. Y un poco me pasaba a m&iacute;: iba construyendo y construyendo, pero siempre con la duda de si el lector iba a tener una sensaci&oacute;n de un orden, de un sentido, de una direcci&oacute;n, o solo una especie de constante zigzag entre historias y &eacute;pocas. La verdad es que, hasta el ultim&iacute;simo momento, hasta el final del libro casi escrib&iacute; llena de dudas sobre si podr&iacute;a publicarse o tendr&iacute;a que considerarlo un experimento fallido.</p>
<p class="LO-Normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-Normal"><strong>&ldquo;Ten&iacute;a el deseo de que <em>El infinito en un junco</em> resultase tan apasionante de leer como una novela&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-Normal">- Y mientras lo constru&iacute;a &iquest;pensaba a qu&eacute; tipo de lector iba destinado?</p>
<p class="LO-Normal">- S&iacute;, s&iacute;. Pensaba en un lector de curiosidad e intereses amplios, pero no especializado. Esa es la diferencia principal con la escritura acad&eacute;mica. En esta, siempre tienes que suponer a un lector que, si no est&aacute; familiarizado con tu especialidad, al menos s&iacute; tiene una gran base de conocimientos. Y en este caso lo conceb&iacute; para el mismo tipo de lector para el que escribo mis art&iacute;culos de prensa. En una columna de contraportada no puedes dar nunca nada por sentado, ning&uacute;n conocimiento lo doy por hecho y de esa misma manera pens&eacute; el libro. No quer&iacute;a suponer que nadie tuviera relaci&oacute;n con la Historia Antigua o con la Codicolog&iacute;a, que era una posibilidad bastante remota, pero sobre todo ten&iacute;a el deseo de que este libro fuera un experimento formal y que resultase tan apasionante de leer como una novela. Mi b&uacute;squeda era c&oacute;mo contar esta historia del libro de una forma que pudiera hacerla apasionante. Pero como tampoco estaba convencida de que el libro se fuera a publicar, de que viera la luz, ni siquiera de que consiguiera acabarlo, porque las circunstancias en las que lo escrib&iacute; eran muy duras, hasta cierto punto lo consideraba como un experimento y como tal admit&iacute;a que pudiese ser fallido y que me sirviese de aprendizaje pero que lo tuviese que meter en el caj&oacute;n. Me interesaba jugar en los territorios fronterizos entre el ensayo y la narrativa y explorar tambi&eacute;n la versatilidad del ensayo. Porque habitualmente pensamos o decimos que la novela es el g&eacute;nero m&aacute;s amplio, el que lo admite todo, y yo siempre he pensado que el ensayo lo es a&uacute;n m&aacute;s porque puede ser narrativo y puede dejar de serlo en alg&uacute;n momento, algo que la novela no puede permitirse con la misma intensidad. Yo jugaba saltando constantemente de g&eacute;nero, con fragmentos m&aacute;s l&iacute;ricos, otros m&aacute;s period&iacute;sticos, usando la primera persona, derribando la cuarta pared y hablando con el lector en segunda persona, casi como si fuera un momento teatral. O sea, iba saltando de una opci&oacute;n a otra y probando si el lector dentro del g&eacute;nero del ensayo podr&iacute;a admitir ese mestizaje tan radical.</p>
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<p class="LO-Normal"><strong>&ldquo;El mundo antiguo todav&iacute;a tiene mucho que decirnos&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-Normal"><strong>-</strong> El ensayo presenta dos cuestiones de estilo que marcan su personalidad: las continuas referencias a la actualidad y el uso del yo. Vayamos con la primera. Por el relato desfilan directores de cine como Tarantino, cantantes como Pete Seeger o Bob Dylan, autores como Lovecraft, referencias al Guernica&hellip; &iquest;C&oacute;mo surgi&oacute; esta opci&oacute;n?</p>
<p class="LO-Normal">- Esa f&oacute;rmula la he explorado durante muchos a&ntilde;os en mi columna del Heraldo de Arag&oacute;n donde semana tras semana intento abordar un tema de actualidad en relaci&oacute;n con el mundo cl&aacute;sico, sea por paralelismo, por contraste, porque el t&eacute;rmino con el que nos referimos a una cuesti&oacute;n tiene una etimolog&iacute;a antigua, porque lo relaciono con un hito o con personajes del pasado y el desaf&iacute;o es precisamente intervenir en el espacio de opini&oacute;n de un peri&oacute;dico, de opini&oacute;n de actualidad, se entiende, buscando alg&uacute;n v&iacute;nculo con el pasado. Y es que han sido doce a&ntilde;os de hacer eso todas las semanas. Digamos que es una t&eacute;cnica que he probado, que he ensayado, que la he ido refinando a lo largo de todo este tiempo y, en general, creo que es muy eficaz porque el lector siempre entiende que lo que le est&aacute;s contando no es cuesti&oacute;n de mera erudici&oacute;n, sino que tiene que ver con el mundo en el que vive. De alguna forma explica la realidad que rodea, que preocupa y que emociona al lector. Hacer esos nexos muy expl&iacute;citos es una manera de probar que el mundo antiguo todav&iacute;a tiene mucho que decirnos y sirve tambi&eacute;n para que todo ese desfile de personajes antiguos, muchos muy desconocidos, no produzcan una sensaci&oacute;n de v&eacute;rtigo y extra&ntilde;eza, sino que a trav&eacute;s de personajes conocidos o de elementos de la cultura popular dar tranquilidad a los lectores hacerles regresar a un territorio muy familiar.</p>
<p class="LO-Normal">- Lo que requiere un manejo amplio y &aacute;gil de la actualidad en muchas facetas.</p>
<p class="LO-Normal">- En esto ha sido fundamental la ense&ntilde;anza del periodismo. Yo he tenido varias fases sucesivas profesionales, primero la acad&eacute;mica, despu&eacute;s la del periodismo y, simult&aacute;neamente, la ficci&oacute;n. Y lo que he aprendido en esos tres &aacute;mbitos he intentado hacerlo confluir en este ensayo. La parte de investigaci&oacute;n es el recuerdo de mis tiempos universitarios, de mi doctorado; el esfuerzo por ampliar el horizonte del ensayo y de hacerlo atractivo a un p&uacute;blico m&aacute;s amplio, la relaci&oacute;n entre el pasado y el presente, incluso ese darle m&aacute;s importancia al mundo contempor&aacute;neo que al antiguo porque todo lo que selecciono del pasado es porque trae luz al presente es la parte period&iacute;stica y, finalmente, est&aacute;n todas las herramientas de la narrativa puestas al servicio de la recreaci&oacute;n de momentos hist&oacute;ricos, de personajes, de las aventuras del suspense&hellip; Intentaba que fuera una s&iacute;ntesis de todo lo que hab&iacute;a aprendido hasta ahora. Y s&iacute; iba haciendo muchas lecturas al tiempo que lo escrib&iacute;a, estaba pendiente de la actualidad. Por ejemplo, Bob Dylan aparece en el ensayo cuando se produce la sorpresa de su premio Nobel&hellip; Y me parec&iacute;a interesante que fuera un libro poroso, abierto a lo que suced&iacute;a, a las redes sociales, al mundo de las series, a la ficci&oacute;n audiovisual&hellip; Y al final es lo que te ense&ntilde;a el periodismo: te obliga a estar constantemente apelando al hoy y al ahora y a los v&iacute;nculos que podemos establecer entre cuestiones muy complejas y los problemas que nos ata&ntilde;en.</p>
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<p class="LO-Normal"><strong>&ldquo;Mi modelo es el ensayo anglosaj&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-Normal">- En cuanto al uso del yo, no solo utiliza la primera persona, sino que da un paso m&aacute;s y aparecen notas autobiogr&aacute;ficas: el rito de la lectura de cuentos con su madre, las visitas a las librer&iacute;as de viejo con su padre&hellip;</p>
<p class="LO-Normal">- Mi modelo es el ensayo anglosaj&oacute;n. Creo que ellos hacen muy bien ese concepto de divulgaci&oacute;n que en el mundo brit&aacute;nico y estadounidense no tiene ning&uacute;n matiz peyorativo como aqu&iacute; s&iacute; lo tiene muchas veces. El que haya alg&uacute;n ingrediente autobiogr&aacute;fico suele ser com&uacute;n all&iacute;. Pero en general la idea es m&aacute;s bien presentar el c&oacute;mo se ha realizado la investigaci&oacute;n o el motivo por el cual ese ensayo lleg&oacute; a convertirse en un proyecto del autor. En definitiva, acompa&ntilde;ar con un &lsquo;making off&rsquo; el ensayo. Pero yo lo quise llevar m&aacute;s lejos incluso incluyendo pasajes de alto voltaje como el del acoso escolar y otros m&aacute;s humor&iacute;sticos como las andanzas en Oxford&hellip; En el fondo era un cuestionarme esa premisa b&aacute;sica que aqu&iacute; aceptamos sin dudar de que en el ensayo acad&eacute;mico el autor tiene que desaparecer y que todo tenga un aspecto de absoluta objetividad: nos consideramos cient&iacute;ficos que estamos tratando con datos, con hechos, con certezas y las exponemos con una intervenci&oacute;n m&iacute;nima de nuestra subjetividad. Lo cual es la teor&iacute;a, pero a m&iacute; me parece imposible&hellip; Cuando escribimos un ensayo, cuando realizamos una investigaci&oacute;n siempre estamos seleccionando los materiales, dando m&aacute;s importancia a unos problemas, o a unos testimonios o a unas fuentes que otras&hellip; Estamos conduciendo el discurso de una manera claramente argumentativa hacia unas conclusiones en la mayor parte de los casos previstas de antemano. Esa objetividad es hasta cierto punto una convenci&oacute;n del g&eacute;nero, pero no es real. Me pareci&oacute; que era m&aacute;s sincero decirle al lector qui&eacute;n eres, cu&aacute;l es tu situaci&oacute;n, de d&oacute;nde vienes, cu&aacute;les son tus or&iacute;genes, tu familia, las emociones que est&aacute;n presentes en ese ensayo y de esa manera tambi&eacute;n le das las herramientas para cuestionarte. T&uacute; est&aacute;s exhibiendo tus puntos de partida, tus ideas, tambi&eacute;n tus sesgos y eso el lector puede equilibrarlo, contrarrestarlo, le puede servir para identificar desde d&oacute;nde se gesta ese discurso. Tambi&eacute;n me serv&iacute;a para establecer una sensaci&oacute;n de cercan&iacute;a, porque yo estaba intentando introducir muchos recursos de la oralidad. Y la oralidad siempre establece una relaci&oacute;n muy directa, el narrador siempre est&aacute; muy presente haciendo sus observaciones, entablando una relaci&oacute;n con el auditorio y me parec&iacute;a interesante usar estas herramientas porque en el fondo todo el imaginario literario se forja en los siglos de la oralidad, de los que sabemos muy poco. Cuando aparece la escritura entre los griegos, todas esas mitolog&iacute;as orales les vienen como una herencia que hace que la literatura griega nazca con la apariencia de una absoluta madurez. Quer&iacute;a reivindicar la importancia de la oralidad integrando esos relatos heredados. Y me interesaba contar toda esta historia casi como si fuera una narradora oral.</p>
<p class="LO-Normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-Normal"><strong>&ldquo;Qu&eacute; antiguo puede llegar a ser el futuro&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-Normal">- De hecho, cuando se refiere al Nobel de Dylan lo pone en relaci&oacute;n con &ldquo;la multitud de bardos itinerantes agazapados&rdquo; detr&aacute;s del nombre de Homero, &ldquo;los andrajosos enviados de las musas&rdquo; que cantaban sus versos. Y escribe: &ldquo;Un Nobel para la oralidad. Qu&eacute; antiguo puede llegar a ser el futuro&rdquo;. Una idea que cruza toda la obra es la de que los cl&aacute;sicos est&aacute;n mucho m&aacute;s presentes de lo que pensamos.</p>
<p class="LO-Normal">- A m&iacute; me interesaba ese eterno retorno y tambi&eacute;n el asunto de la originalidad que tanto nos preocupa ahora. Ha habido periodos hist&oacute;ricos en el mundo antiguo en los que la originalidad no se valoraba en absoluto, en general lo nuevo se ve&iacute;a con desconfianza y casi todos los creadores acentuaban su deuda con el pasado y se llamaban a s&iacute; mismos &lsquo;el nuevo Homero&rsquo;, &lsquo;los nuevos S&oacute;focles&rsquo;, intentaban siempre reivindicar su parentesco con otros autores antiguos, ocultando lo que ten&iacute;an de innovadores. Y ahora ha dado un vuelco todo y omitimos la parte de deuda que tenemos con el pasado y nos obsesionamos por demostrar que todo es absolutamente novedoso cuando incluso lo que parece novedoso es una vuelta a un estadio anterior. Y yo con este ensayo he querido introducir ese legado de relatos e historias, episodios de vidas, de biograf&iacute;as&hellip; Algo que ya estaba presente en los primeros historiadores, en Her&oacute;doto en el mundo griego, y en otros como T&aacute;cito, Plutarco, Suetonio&hellip; la Historia se consideraba un g&eacute;nero literario y a ese g&eacute;nero se le ped&iacute;a un ritmo, un suspense&hellip; Ahora nos hemos llevado a la Historia a ese terreno aparentemente cient&iacute;fico donde se nos pide prescindir de esos elementos narrativos porque parecen restar rigor a la exposici&oacute;n.</p>
<p class="LO-Normal"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="LO-Normal"><strong>&ldquo;La hibridez de los&nbsp; g&eacute;neros es una vuelta a los or&iacute;genes&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-Normal">- En definitiva, que lo de crear un g&eacute;nero h&iacute;brido tampoco es tan novedoso.</p>
<p class="LO-Normal">- En realidad es una vuelta a los or&iacute;genes. Ah&iacute; estaba yo muy consciente de que el ensayo se lo invent&oacute; Montaigne, o al menos le puso nombre, y para m&iacute; ese nombre significa que ensayas, que pruebas, que buscas, que te preocupas por experimentar, por tantear nuevos caminos y en ese sentido toda la literatura es ensayo, incluso el relato, el teatro, toda la creaci&oacute;n es siempre ensayo. En la tradici&oacute;n hay muchas obras h&iacute;bridas, pienso en &lsquo;De Rerum Natura&rsquo; que es un libro de ciencia y al mismo tiempo un poema y en otras obras de la Antig&uuml;edad que hac&iacute;an esto que ahora nos parece tan novedoso de cruzar g&eacute;neros, difuminar las convenciones de cada f&oacute;rmula. Los griegos lo hab&iacute;an hecho ya de una manera muy desenvuelta. Muchas veces tenemos la sensaci&oacute;n de ser muy innovadores y es porque no hemos le&iacute;do suficiente a los cl&aacute;sicos.</p>
<p class="LO-Normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-Normal"><strong>&ldquo;Estamos invadidos en la educaci&oacute;n y en la vida en general por un pragmatismo mal entendido&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-Normal">- Aqu&iacute; es inevitable preguntarle su opini&oacute;n acerca del desapego hacia el mundo cl&aacute;sico en los planes educativos. Como usted misma ha dicho en<strong> </strong>alguna ocasi&oacute;n, estudiar Cl&aacute;sicas es hoy en d&iacute;a una originalidad y el Lat&iacute;n y el Griego son exotismos en las Ense&ntilde;anzas Medias.</p>
<p class="LO-Normal">- Estamos invadidos en la educaci&oacute;n y en la vida en general por un pragmatismo mal entendido que hace pensar que solo los conocimientos que son inmediatamente aplicables con proyecci&oacute;n laboral son valiosos y todo lo dem&aacute;s queda fuera. Pero yo creo que la educaci&oacute;n es m&aacute;s que eso. Es importante transmitir durante todo el periplo acad&eacute;mico otra serie de valores. Para la investigaci&oacute;n misma es muy necesario saber que muchas veces investigas o te interesas por un asunto por curiosidad y las aplicaciones pr&aacute;cticas las descubres despu&eacute;s. Si solo concedemos valor a aquello que parece tener una aplicaci&oacute;n inmediata y todo lo dem&aacute;s lo despachamos como un capricho de so&ntilde;adores veremos que un pragmatismo tan estrecho va a acabar perjudicando a la ciencia, a la investigaci&oacute;n, a la sociedad en su conjunto y muy especialmente a la democracia. Martha Nussbaum, la fil&oacute;sofa estadounidense que fue premio Pr&iacute;ncipe de Asturias hace unos a&ntilde;os, tiene una investigaci&oacute;n en la que dice que la democracia asienta sus cimientos en la Humanidades y que si se socavan las Humanidades se socava la democracia, porque muchas cualidades que son absolutamente imprescindibles para ella como la empat&iacute;a, la capacidad de di&aacute;logo, cierta conciencia de colectividad o la misma creatividad se aprenden y se cultivan con las Humanidades.</p>
<p class="LO-Normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-Normal"><strong>&ldquo;En todas las tribunas posibles hay que reclamar que las Humanidades son importantes&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-Normal">- Por no hablar de lo rentable que resulta a veces un buen conocimiento de los cl&aacute;sicos.</p>
<p class="LO-Normal">- Eso se comprueba claramente en la industria del entretenimiento en Hollywood donde se ve c&oacute;mo utilizan los guionistas del cine las aventuras de superh&eacute;roes que no son sino la actualizaci&oacute;n del h&eacute;roe antiguo&hellip; Todos estos guionistas de los grandes taquillazos norteamericanos y de las sagas m&aacute;s importantes tienen un gran conocimiento de las mitolog&iacute;as y a trav&eacute;s de ellas comprenden cu&aacute;les son los arquetipos que funcionan y que permiten construir un &eacute;xito. As&iacute; ha sido con J. K. Rowling que es fil&oacute;loga cl&aacute;sica y rom&aacute;nica y que gracias a esos conocimientos ha amasado una enorme fortuna con la saga de Harry Potter, una franquicia que ha alimentado a mucha gente. Lo mismo pasaba con &lsquo;<em>El se&ntilde;or de los Anillos</em>&rsquo;, de Tolkien, experto en Lenguas Antiguas, o con <em>Las Cr&oacute;nicas de Narnia</em> de C. S. Lewis, incluso <em>Star Wars</em> se basa en el trabajo de Joseph Campbell, que era experto en mitolog&iacute;as comparadas, y a quien George Lucas agradeci&oacute; en una comida homenaje toda la inspiraci&oacute;n recibida de sus libros. Se da la circunstancia de que todos estos conocimientos est&aacute;n m&aacute;s presentes en la sociedad que en la educaci&oacute;n y con ello estamos propiciando que la gente no est&eacute; preparada para acudir a las fuentes de primera mano y se conforme con la adaptaci&oacute;n de la adaptaci&oacute;n de la adaptaci&oacute;n que les llega por otros caminos. Y esta es una limitaci&oacute;n. Ser&iacute;a importante que en alg&uacute;n momento de la trayectoria educativa todos los alumnos, vayan a decidirse por ciencias o por letras, tengan alg&uacute;n contacto con la cultura cl&aacute;sica. Adem&aacute;s, se demuestra que todo parte de un prejuicio porque a la gente le interesan las pel&iacute;culas de ese mundo antiguo. Ah&iacute; est&aacute;n fen&oacute;menos como &lsquo;Gladiator&rsquo;, o el &eacute;xito de la novela hist&oacute;rica. La misma acogida de &lsquo;El infinito en un junco&rsquo; significa que hay m&aacute;s gente interesada en estas cuestiones de lo que en principio creemos. Hay un prejuicio de nuestros legisladores pensando que esto es algo innecesario y obsoleto, siendo que, en otros pa&iacute;ses de nuestro entorno, incluso en Alemania o Gran Breta&ntilde;a cuyas lenguas no son romances, se les da m&aacute;s espacio que aqu&iacute; y eso que en nuestro caso el Lat&iacute;n te ayuda a comprender la gram&aacute;tica del espa&ntilde;ol. Esto es un combate permanente: hay que estar siempre argumentando y armarse de paciencia y en todas las tribunas posibles reclamar que las Humanidades son importantes, que tienen mucho que ver con la &eacute;tica y que como se ha demostrado en las sucesivas crisis es una asignatura pendiente. En el futuro de nuestro planeta, en el cambio clim&aacute;tico, por ejemplo, est&aacute;n involucradas grandes cuestiones &eacute;ticas, como la capacidad de valorar las repercusiones de ciertas decisiones en un contexto complejo. Deber&iacute;amos formar equipos multidisciplinares para tener una visi&oacute;n m&aacute;s amplia, admitiendo que los cient&iacute;ficos tambi&eacute;n son humanistas.</p>
<p class="LO-Normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-Normal"><strong>&ldquo;El arte proporciona un apoyo enorme en las circunstancias m&aacute;s duras de la vida&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-Normal">- &iquest;Le sorprendi&oacute; la acogida del libro?</p>
<p class="LO-Normal">- Totalmente. Adem&aacute;s, yo lo escrib&iacute; en un momento muy duro, ten&iacute;a a mi hijo en la UCI neonatal y luego sali&oacute;, pero tuvieron que ingresarle con relativa frecuencia&hellip;&nbsp; Al final fue un libro terap&eacute;utico para m&iacute;. Era mi negativa a aceptar que la enfermedad y los cuidados de mi hijo monopolizaran mi vida. Yo quer&iacute;a mantener al menos un contacto con mi profesi&oacute;n. Quer&iacute;a vivir este periodo escribiendo, pensando, razonando&hellip; Y con ese enorme apoyo que significa la escritura de un libro. El arte proporciona un apoyo enorme en las circunstancias m&aacute;s duras de la vida. Cab&iacute;a la posibilidad de que al final, como vi que les ocurr&iacute;a a otras madres en mi situaci&oacute;n, tuviera que dejarlo y dedicarme solo a los cuidados del ni&ntilde;o, pero quer&iacute;a aplazarlo lo m&aacute;s posible y no renunciar f&aacute;cilmente. Yo era feliz cuando sacaba horas para escribir y no pensaba en absoluto en el &eacute;xito, ni en los lectores, ni en la repercusi&oacute;n. Estaba segura de que ser&iacute;a mi libro menos comercial, por ser un ensayo y por las dimensiones que iba tomando y por tratar del mundo cl&aacute;sico. Al final, todo fue una serie de peque&ntilde;os &eacute;xitos encadenados: el acabarlo, el que lo publicara Siruela&hellip; Porque la propaganda acerca del escaso inter&eacute;s por los cl&aacute;sicos hab&iacute;a terminado por convencerme a m&iacute; misma.</p>
<p class="LO-Normal"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="LO-Normal"><strong>&ldquo;Mary Beard ha sido una inspiraci&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-Normal">- El fen&oacute;meno de su libro me ha recordado &eacute;xitos pasados como &lsquo;El mundo de Sof&iacute;a&rsquo;, de Jostein Gaarder, en torno al mundo de la Filosof&iacute;a, y m&aacute;s reciente y m&aacute;s relacionado con su trabajo el &eacute;xito de &lsquo;S.P.Q.R.&rsquo; de la historiadora brit&aacute;nica Mary Beard, en torno a la historia de Roma. A Mary Beard la cita en varias ocasiones. &iquest;Ha sido una inspiraci&oacute;n?</p>
<p class="LO-Normal">- S&iacute;, s&iacute;, me ha interesado mucho esa postura que ella tiene tan irreverente respecto a los cl&aacute;sicos porque arrastramos una larga tradici&oacute;n desde el siglo XIX de veneraci&oacute;n a los cl&aacute;sicos a los que tenemos en un pedestal, los idealizamos y al mismo tiempo los distanciamos porque la idealizaci&oacute;n distancia. Por eso fue muy refrescante que una persona de una formaci&oacute;n acad&eacute;mica tan irreprochable se haya atrevido a dar algunas volteretas, como utilizar los cl&aacute;sicos en un ensayo de reivindicaci&oacute;n feminista en <em>Mujeres y poder</em>. Yo la le&iacute; cuando ya ten&iacute;a en marcha el ensayo y hab&iacute;a consultado otras fuentes precursoras como <em>El giro</em>, de Stephen Greenblatt, sobre <em>De Rerum Natura</em>, en el que cuenta c&oacute;mo ese manuscrito que sobrevivi&oacute; de forma milagrosa en un solo ejemplar a lo largo de la Edad Media acabar&iacute;a cambiando la ciencia europea a trav&eacute;s de Giordano Bruno hasta llegar a la Teor&iacute;a de la Relatividad de Einstein. Tambi&eacute;n es un libro escrito con una vocaci&oacute;n apasionada sin esa frialdad y distancia habitual. Esos eran mis referentes.</p>
<p class="LO-Normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-Normal"><strong>&ldquo;Estamos volviendo otra vez a los cl&aacute;sicos para dar otras versiones de los mismos mitos desde otros &aacute;ngulos&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-Normal">- &iquest;Se est&aacute; dando una relectura femenina/feminista de la Antig&uuml;edad?</p>
<p class="LO-Normal">- -En efecto. Hay muchas autoras que desde distintos g&eacute;neros est&aacute;n volviendo o estamos volviendo otra vez a los cl&aacute;sicos para dar otras versiones de los mismos mitos desde otros &aacute;ngulos. Desde luego Mary Beard, pero en la poes&iacute;a es muy interesante Anne Carson, que ha sido Princesa de Asturias este a&ntilde;o. O la premio Nobel Louise Gl&uuml;ck, que tiene varios poemarios donde sus experiencias contempor&aacute;neas se ponen en paralelo con personajes como Eur&iacute;dice, Pen&eacute;lope, Circe. La propia Margaret Atwood tiene un libro sobre <em>Pen&eacute;lope y las doce criadas</em> y en su novela <em>El cuento de la criada</em> recoge testimonios del mundo antiguo y los lleva a ese mundo dist&oacute;pico. Y ejemplos como Madeline Miller y su novela <em>Circe</em> y en Espa&ntilde;a Aurora Luque desde la poes&iacute;a y la italiana Loretta Minutilli que en <em>Helena de Esparta</em> hace una relectura del por qu&eacute; Helena abandona a su marido y se va con Paris y no tiene nada que ver con el deseo er&oacute;tico sino con el deseo de libertad... Son mitos que han cimentado toda una tradici&oacute;n y la forma de reconstruir esa tradici&oacute;n es cuestionar algunos lugares comunes muy s&oacute;lidos y volver a narrarlos desde otro punto de vista. Esto es muy interesante porque los propios autores antiguos ten&iacute;an varias versiones de los mismos mitos y ahora estamos generando nuevas versiones de los cl&aacute;sicos. Todav&iacute;a estamos atados a imaginarios que vienen de muy antiguo y que siguen definiendo nuestra forma de entender qu&eacute; es un hombre, qu&eacute; es una mujer, el mundo en el que vivimos, nuestras relaciones, la pareja, la familia. Este movimiento ya empez&oacute; con Christa Wolf que escribi&oacute; un libro maravilloso sobre Casandra. Es curioso que lo estemos haciendo precisamente mujeres y es interesante c&oacute;mo de nuevo se mezcla lo antiguo, c&oacute;mo para transformar el mundo de hoy hay que reformular los mitos antiguos.</p>
<p class="LO-Normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-Normal"><strong>&ldquo;Siempre he sentido que estoy trabajando para encontrar esa conversaci&oacute;n entre la memoria y el presente&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-Normal">- Hay una Irene Vallejo antes de <em>El infinito en un junco</em> que se conoce menos, pero que, adem&aacute;s de las columnas period&iacute;sticas, dio a la imprenta dos novelas y varios relatos infantiles y juveniles. &iquest;C&oacute;mo conviven en su trabajo el mundo de la ficci&oacute;n y la investigaci&oacute;n hist&oacute;rica?</p>
<p class="LO-Normal">- Yo siempre tengo varios libros en la cabeza, pero cada uno tiene su proceso de crecimiento y no necesariamente las primeras ideas son las que germinan antes. Lo que he intentado siempre es ir cambiando de g&eacute;nero. Escribir novelas, libros de periodismo, literatura infantil, ensayo&hellip; Y en estos saltos de g&eacute;nero intento abordar nuevos lenguajes para tratar una serie de temas que siempre me han interesado. En la novela sobre la Guerra Civil [<em>La luz sepultada</em>] me bas&eacute; en las estructuras de la tragedia antigua. En ella, muchas veces los personajes no est&aacute;n presentes cuando sucede lo m&aacute;s tr&aacute;gico sino que lo saben despu&eacute;s, y hay ese relativo estatismo de la tragedia antigua donde a menudo hay un mensajero que llega y cuenta la escena sin que la veamos directamente porque lo que vemos es la espera, la reflexi&oacute;n, la reacci&oacute;n ante lo que ha sucedido. Y como era una historia de retaguardia y de mujeres que intentan descubrir lo que est&aacute; sucediendo en un mundo al que tienen el acceso cerrado me inspir&eacute; en ese m&eacute;todo. As&iacute; que, ya sea de una manera m&aacute;s literal como en <em>El silbido del arquero</em>, donde me sit&uacute;o en el mundo antiguo y llevo a mis personajes por aquellas calles de la Roma antigua, o en otros libros donde lo utilizo de una manera m&aacute;s metaf&oacute;rica el mundo cl&aacute;sico est&aacute;. A pesar de que sean libros muy distintos siempre he sentido que estoy trabajando con las mismas preocupaciones, los mismos temas y buscando distintos lenguajes para encontrar esa conversaci&oacute;n entre la memoria y el presente. Para m&iacute; &lsquo;El infinito en un junco&rsquo; es la continuaci&oacute;n natural de todo ese trabajo. Aqu&iacute; la caracterizaci&oacute;n y presentaci&oacute;n de los personajes est&aacute; trabajada de una manera muy parecida a la narrativa. Asumo las diferencias entre g&eacute;neros y a unos libros los llamo ensayo y, a otros, novela, pero mi forma de trabajar no es tan distinta. Al final se trata de buscar el lenguaje m&aacute;s eficiente para contar ese tipo de reflexiones. El periodismo es una gimnasia permanente. E intento tener siempre un proyecto en marcha de m&aacute;s envergadura.</p>
<p class="LO-Normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-Normal"><strong>&ldquo;Soy una escritora lenta&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-Normal">- &iquest;Y c&oacute;mo lleva ese m&eacute;todo a la escritura diaria? &iquest;Escribe con esa facilidad que da a entender la lectura de su &uacute;ltimo libro?</p>
<p class="LO-Normal">- Soy una escritora lenta. Escribo, reescribo, medito, voy despacio. Esa apariencia de facilidad es el resultado de mucho trabajo. Hago algo que yo llamo la revisi&oacute;n mel&oacute;dica. Es decir, yo cuando escribo un texto me lo leo en voz alta para ver c&oacute;mo suena y el o&iacute;do me dice cu&aacute;ndo algo no est&aacute; fluyendo bien, cu&aacute;ndo algo se obstaculiza, cu&aacute;ndo algo rompe la limpieza de la lectura.</p>
<p class="LO-Normal">- &iquest;Cu&aacute;nto tiempo le llev&oacute; <em>El infinito en un junco</em>?</p>
<p class="LO-Normal">- Es una pregunta dif&iacute;cil porque ah&iacute; est&aacute;n muchas investigaciones del doctorado que al final fueron cuatro a&ntilde;os de un trabajo muy intenso sobre un tema que no era exactamente el mismo pero que estaba muy pr&oacute;ximo, tres a&ntilde;os m&aacute;s de escritura del ensayo y uno de trabajo con mis editores para pulirlo. Hay que sumar tambi&eacute;n el periodo que dediqu&eacute; a la revisi&oacute;n de la bibliograf&iacute;a porque hab&iacute;an pasado varios a&ntilde;os desde el doctorado y quer&iacute;a utilizar la bibliograf&iacute;a actualizada. Me encuentro con que pueden ser ocho o nueve a&ntilde;os de trabajo compagin&aacute;ndolo con otras cosas.</p>
<p class="LO-Normal">-&iquest;Tendr&aacute; continuaci&oacute;n?</p>
<p class="LO-Normal">- Tengo ideas, pero ahora me falta tiempo. Quedan muchos territorios por explorar y lamento que se haya quedado fuera toda la parte oriental. Hablo algo del Pr&oacute;ximo Oriente, pero no del Lejano, no hablo de China, de Jap&oacute;n, de la India que tienen grandes aportaciones. Quedaron algunos hilos que tuve que cortar para no desparramar y que se podr&iacute;an tratar con m&aacute;s detenimiento, pero tampoco querr&iacute;a escribir una segunda parte del &lsquo;junco&rsquo; ni supeditar un libro a otro. Si hay otro proyecto ser&aacute; independiente y ser&aacute; un experimento en s&iacute; mismo.</p>
<p class="LO-Normal"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="LO-Normal"><strong>&ldquo;Los libros son una forma especial de estar en el mundo&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-Normal">- A usted parece inevitable preguntarle por c&oacute;mo ve los &iacute;ndices de lectura en nuestro pa&iacute;s.</p>
<p class="LO-Normal">- Respecto a esta cuesti&oacute;n no puedo evitar situarme en una perspectiva hist&oacute;rica donde conceptos como mucho o poco son relativos. Me pregunto: leemos poco en relaci&oacute;n con qu&eacute; &eacute;poca. En qu&eacute; &eacute;poca se ha le&iacute;do m&aacute;s que ahora porque yo tengo serias dudas. A lo largo de muchos periodos hab&iacute;a gente que ten&iacute;a negado el acceso a la lectura simplemente por falta de educaci&oacute;n, por analfabetismo, porque los libros eran inaccesibles y patrimonio de una clase social, no estaban al alcance de los dem&aacute;s. Hemos conseguido vencer la mayor&iacute;a de esos obst&aacute;culos en la mayor parte del mundo. Es imposible comparar cifras porque no sabemos cuanta gente le&iacute;a en el pasado, pero en este mundo contempor&aacute;neo se lee m&aacute;s que en ninguna otra &eacute;poca. Yo soy optimista o pesimista, seg&uacute;n se mire. Pienso que los lectores nunca vamos a ser mayoritarios en la sociedad, no creo que llenemos estadios, pero generaci&oacute;n tras generaci&oacute;n somos muy leales, muy persistentes. Supongo que hay rasgos de car&aacute;cter que predisponen a la lectura y tambi&eacute;n la tradici&oacute;n familiar. Pero ahora tenemos m&aacute;s facilidad que nunca para empezar a ser lectores. Ahora hay m&aacute;s alternativas de ocio, s&iacute;, pero tambi&eacute;n m&aacute;s acceso a la lectura. Tenemos bibliotecas en cada barrio, en cada colegio, en cada instituto y todo el que realmente quiere leer ahora ya no tiene obst&aacute;culos ni econ&oacute;micos ni culturales que se lo impidan. Los libros son una forma especial de estar en el mundo y siempre interesar&aacute;n a un determinado tipo de personas.</p>
<p class="LO-Normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-Normal"><strong>&ldquo;El pasado siempre vuelve&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-Normal">- En su ensayo hay pasajes que muestran la fragilidad de los libros, la destrucci&oacute;n de la Biblioteca de Alejandr&iacute;a o la de Sarajevo ser&iacute;an dos ejemplos paradigm&aacute;ticos, al tiempo que su gran capacidad de supervivencia. &iquest;C&oacute;mo ve su futuro?</p>
<p class="LO-Normal">- A m&iacute; me llama la atenci&oacute;n que siempre estamos prediciendo la muerte del libro, algo que ha sucedido en todas las &eacute;pocas, y lo miremos con ojos enterradores y tom&aacute;ndole las medidas para el ata&uacute;d. Lo que nos dice la historia es que los libros son grandes supervivientes y eso es lo que he querido destacar en <em>El infinito en un junco</em>. Ahora se publican muchos m&aacute;s libros que nunca y me sorprende que en una &eacute;poca en la que el problema casi es el alud de libros que publica la industria y que no tenemos capacidad para absorber estamos pensando que los libros se acaban. Lo cierto es que proliferan sin tasa ni medida y no hay manera de frenarlos. Y en cuanto al formato, recientemente he visto una serie futurista pero ambientada en un futuro no muy lejano, <em>Years and years</em>, en la que por diversas razones la humanidad se enfrentaba a cortes de electricidad, faltaba la energ&iacute;a, y la gente se daba cuenta de que se perd&iacute;a mucha informaci&oacute;n de los ordenadores. Y entonces volv&iacute;an a archivar los documentos en papel porque de esa forma el conocimiento estaba m&aacute;s seguro. Qui&eacute;n sabe lo que nos traer&aacute; el futuro. Igual volvemos a confiar en el viejo papel. Cosas que parecen enterradas como los viejos rollos de papiro est&aacute;n inspirando avances tecnol&oacute;gicos: los nuevos prototipos de las pantallas m&oacute;viles se est&aacute;n planteando que sean enrollables, flexibles. Incluso lo remoto podr&iacute;a volver. El pasado siempre vuelve.</p>
<p class="LO-Normal"><strong>&nbsp;</strong></p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Thu, 24 Jun 2021 06:00:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[José Jiménez Lozano, un Premio Cervantes sin carnet, protagoniza la revista TURIA]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jose-jimenez-lozano-un-premio-cervantes-sin-carnet-protagoniza-la-revista-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2021/Junio/lozano500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando se cumple poco m&aacute;s de un a&ntilde;o de su muerte, la revista cultural TURIA ha querido rendir homenaje a un escritor esencial y con personalidad propia en el panorama de las letras espa&ntilde;olas de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Fue Jos&eacute; Jim&eacute;nez Lozano un Premio Cervantes sin carnet, un escritor &eacute;tico con inequ&iacute;vocas y arraigadas convicciones, que siempre busc&oacute; la libertad y que mantuvo que la literatura es levantar la vida con palabras. De ah&iacute; que no le gustase la palabra escritor, que sent&iacute;a demasiado cargada de orgullos personalistas y que prefiriera denominarse escribidor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Seg&uacute;n Guadalupe Arbona, coordinadora junto a Enrique Andr&eacute;s Ruiz del atractivo monogr&aacute;fico que TURIA le dedica, la obra de Jim&eacute;nez Lozano testimonia y da la medida de una mirada &uacute;nica en nuestra literatura. La de un autor que muestra &ldquo;la alegr&iacute;a porque las cosas sean y la compasi&oacute;n por los dolores del mundo&rdquo; y que siempre comprendi&oacute; que &ldquo;de la conversaci&oacute;n sobre lo que se ve y se escucha se llega al juicio y a la escritura&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A trav&eacute;s de un cuidado dossier que contiene 150 p&aacute;ginas de textos in&eacute;ditos, TURIA contribuye a fomentar la lectura de la obra de Jos&eacute; Jim&eacute;nez Lozano&nbsp;&nbsp; (Langa, &Aacute;vila, 1930 - Valladolid, 2020).&nbsp; Para&nbsp; conseguirlo,&nbsp; adem&aacute;s&nbsp; de publicar diversos trabajos originales&nbsp; que analizan las claves de su labor intelectual y sus libros principales, la revista ofrece un fragmento de una amplia y muy reveladora entrevista in&eacute;dita que tiene car&aacute;cter p&oacute;stumo por cuanto es fruto de las conversaciones mantenidas entre 2016 y 2018 con el periodista cultural Fernando del Val. En ella se habla del mundo de ayer desde el mundo de hoy y Jim&eacute;nez Lozano muestra sus opiniones con claridad y contundencia. As&iacute;, por ejemplo, reconoce que &ldquo;la posteridad es peor que la actualidad&rdquo; o que &ldquo;hay que aceptar con agrado, si es posible, la diferencia&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por otra parte, el monogr&aacute;fico de TURIA sobre Jos&eacute; Jim&eacute;nez Lozano se integra en un sumario de cerca de 500 p&aacute;ginas del que participan varios de los mejores autores de distintas generaciones, castellano-leoneses y/o radicados en Castilla y Le&oacute;n. As&iacute;, un total de treinta y dos escritores vinculados a esta Comunidad Aut&oacute;noma se distribuyen por las secciones de narrativa, poes&iacute;a, entrevistas y cr&iacute;tica literaria de la revista. Su presencia permite obtener una panor&aacute;mica representativa de la literatura que se escribe actualmente en Castilla y Le&oacute;n.</p>
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<p>TURIA es una revista de periodicidad cuatrimestral que tiene una edici&oacute;n en papel y otra&nbsp; digital (web y Facebook). Con casi 40 a&ntilde;os de trayectoria, est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero dedicado a Jos&eacute; Jim&eacute;nez Lozano sido posible gracias al apoyo de la Junta de Castilla y Le&oacute;n. En reconocimiento a su labor, el Gobierno de Espa&ntilde;a le concedi&oacute; el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>UN SUMARIO REPLETO DE TEXTOS IN&Eacute;DITOS Y AUTORES DE INTER&Eacute;S</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p>Adem&aacute;s del atractivo y completo monogr&aacute;fico dedicado a Jos&eacute; Jim&eacute;nez Lozano, el nuevo n&uacute;mero de TURIA brinda un sumario repleto de lecturas y autores de inter&eacute;s.&nbsp; As&iacute;,&nbsp; las p&aacute;ginas de la revista se enriquecen&nbsp; con&nbsp; textos&nbsp; originales&nbsp; de&nbsp; importantes&nbsp; autores&nbsp; internacionales. Entre ellos, citar una primicia en espa&ntilde;ol: el anticipo del libro de Claudio Magris, premio Pr&iacute;ncipe de Asturias y uno de los grandes intelectuales europeos actuales. Bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Tiempo curvo en Krems&rdquo;, este volumen re&uacute;ne cinco relatos conectados sutilmente por algunos temas compartidos: la vejez, la evocaci&oacute;n del pasado, el tiempo que adquiere una dimensi&oacute;n no lineal y una sensaci&oacute;n de desplazamiento, de extra&ntilde;amiento que de un modo u otro acompa&ntilde;a a los personajes.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Otros protagonistas de la nueva entrega de TURIA son autores como Carmen Laforet, Francisco Umbral y Karmelo Iribarren, sobre cuya obra se publican art&iacute;culos originales de Jos&eacute; Teruel, Manuel Llorente y Rafael Morales Barba.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tambi&eacute;n TURIA da a conocer narraciones in&eacute;ditas de Gustavo Mart&iacute;n Garzo, Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget, Sergio del Molino y Adolfo Garc&iacute;a Ortega. Tambi&eacute;n, entre otros contenidos relevantes, el nuevo n&uacute;mero de TURIA invita a leer de nuevo a Francisco Umbral, uno de los escritores y columnistas&nbsp; espa&ntilde;oles m&aacute;s originales y populares de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo pasado y primeros a&ntilde;os del siglo XXI. TURIA rescata tres textos de Umbral fechados en 1968 y que titula&nbsp; &ldquo;El d&oacute;lar, la democracia y todo lo dem&aacute;s&rdquo; y en los que ya se aprecia su inimitable y brillante estilo.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La revista ofrece igualmente a los lectores poemas in&eacute;ditos de, entre otros, Antonio Colinas, Amalia Iglesias, Carlos Ortega, Yolanda Casta&ntilde;o, Esperanza Ortega, Miguel Casado, Ver&oacute;nica Aranda, Raquel V&aacute;zquez y David Refoyo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la secci&oacute;n que TURIA dedica a Pensamiento, sobresale el texto titulado &ldquo;J.L. Rodr&iacute;guez Garc&iacute;a, escritura y verdad&rdquo;, del profesor Luis Beltr&aacute;n Almer&iacute;a. Como se dice en el art&iacute;culo, &ldquo;La obra de Jos&eacute; Luis Rodr&iacute;guez Garc&iacute;a (Le&oacute;n, 1949) fluye entre dos orillas: la filosof&iacute;a y la literatura. Su m&aacute;s reciente ensayo, <em>Postutop&iacute;a</em>, conecta esas dos orillas, pero tambi&eacute;n</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>conecta el origen de esa obra con su devenir actual. Tiene por ello cierto aire testamental, aunque se trate todav&iacute;a de un testamento abierto. La obra de Rodr&iacute;guez Garc&iacute;a es muy amplia. Consta de m&aacute;s de treinta libros y cultiva g&eacute;neros literarios como la novela, el cuento, la poes&iacute;a, el ensayo, el teatro y, por supuesto, el ensayo acad&eacute;mico. Tambi&eacute;n ha cultivado la pintura.</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>ENTREVISTAS EXCLUSIVAS CON ANTONIO COLINAS E IRENE VALLEJO </strong></p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Los lectores del nuevo n&uacute;mero de la revista TURIA, que se distribuye este mes de junio, podr&aacute;n disfrutar de dos entrevistas a fondo con protagonistas inolvidables: Antonio Colinas, uno de los poetas mas carism&aacute;ticos y de m&aacute;s s&oacute;lida trayectoria de la literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea y con la fil&oacute;loga y escritora Irene Vallejo, una de las autoras del momento debido al arrollador &eacute;xito de su libro sobre libros &ldquo;El infinito en un junco&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fiel a la fusi&oacute;n entre la experiencia de vivir y la experiencia de escribir, entre poes&iacute;a y vida, la obra del leon&eacute;s Antonio Colinas no se podr&iacute;a explicar sin sus largas estancias en aquellos lugares que han marcado su trayectoria y con los que ha mantenido una relaci&oacute;n intensa tanto a nivel personal como creativo: C&oacute;rdoba, Madrid, Mil&aacute;n, Ibiza o Salamanca. Si tenemos en cuenta que sus primeros libros publicados datan de 1967, puede afirmarse que son casi ya 55 a&ntilde;os de poes&iacute;a vivida y vida enso&ntilde;ada. Una brillante y fecunda labor que se ha extendido tambi&eacute;n a los campos del ensayo, la traducci&oacute;n y la cr&iacute;tica literaria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por su parte, la autora aragonesa Irene Vallejo ha sido capaz de obrar el milagro de convertir un libro de ensayo y de calidad indiscutible, predestinado en principio a un p&uacute;blico lector minoritario, en un fen&oacute;meno de multitudes. Y es que hay libros que pueden cambiar una vida. Bien lo sabe Irene Vallejo, para quien la escritura y publicaci&oacute;n en&nbsp; Siruela&nbsp; de&nbsp; &ldquo;El&nbsp; infinito en un&nbsp; junco&rdquo;&nbsp; ha&nbsp; llegado como un tsunami y revolucionado su cotidianidad como s&oacute;lo suele suceder cuando el &eacute;xito arrollador viene acompa&ntilde;ado por la sorpresa.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>LAS PALABRAS DE UN ESCRIBIDOR &Eacute;TICO</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Una&nbsp; aproximaci&oacute;n&nbsp; plural y rigurosa a la personalidad y la obra de Jos&eacute; Jim&eacute;nez Lozano es lo que realiza la revista cultural&nbsp; TURIA en su amplia secci&oacute;n monogr&aacute;fica denominada Cartapacio.&nbsp; Un&nbsp; conjunto de trabajos ensay&iacute;sticos, que a&uacute;nan an&aacute;lisis y divulgaci&oacute;n,&nbsp; en&nbsp; los que encontraremos como principal protagonista a uno&nbsp; de los m&aacute;s sugerentes&nbsp; autores espa&ntilde;oles de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Un escritor de enorme cultura y con opiniones propias sobre casi todo, que bien merecer&iacute;a seguir gozando, m&aacute;s all&aacute; de las modas, del favor de los buenos lectores. Porque la literatura no es un juego de clasificaciones sino algo mucho m&aacute;s serio, porque como &eacute;l mismo escribi&oacute;, &ldquo;la literatura, y ella sola, puede parar la historia entera&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y es que este cristiano impaciente y en rebeld&iacute;a, como podr&iacute;a defin&iacute;rsele, fue autor de miles de p&aacute;ginas en peri&oacute;dicos y revistas as&iacute; como de libros fundamentales como su</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Meditaci&oacute;n espa&ntilde;ola sobre la libertad religiosa&rdquo;, su op&uacute;sculo &ldquo;Nosotros los jud&iacute;os&rdquo;, en el que reivindica el origen jud&iacute;o de nuestro ser y cultura, o el ensayo titulado &ldquo;El ate&iacute;smo&rdquo;.&nbsp; No en vano, como subraya Guadalupe Arbona, &ldquo;fruto de sus lecturas, de sus conversaciones con escritores, pensadores, te&oacute;logos y artistas europeos, americanos y orientales y en di&aacute;logo continuo con ellos fue fraguando un pensamiento propio y original, caracterizado por la libertad&rdquo;. Conviene recordar, sin embargo, recordar que el g&eacute;nero que m&aacute;s cultiv&oacute; Jim&eacute;nez Lozano fue el de la novela, aunque a veces sea dif&iacute;cil aglutinar bajo esa etiqueta textos muy diferentes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De gran calado es el texto que Enrique Andr&eacute;s Ruiz dedica en TURIA a Jim&eacute;nez Lozano. En el se subraya &ldquo;la coloraci&oacute;n cultural y pol&iacute;tica que divide su obra en dos&rdquo; y se pregunta si esa circunstancia &ldquo;tuvo m&aacute;s bien un car&aacute;cter reactivo a los cambios producidos en el entorno del que se vio rodeado&rdquo;. Tambi&eacute;n se indica a la literatura como espacio de expresi&oacute;n de esa autenticidad existencial &ndash;de &ldquo;los adentros&rdquo;, como gustaba de escribir Jim&eacute;nez Lozano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Considera Enrique Andr&eacute;s Ruiz que ese Jim&eacute;nez Lozano &ldquo;cristiano en rebeld&iacute;a&rdquo;,&nbsp; autor de una primera y mejor novela, &ldquo;Historia de un oto&ntilde;o&rdquo;, ese autor de doliente y mordiente intimidad, &ldquo;se convertir&aacute; en una de las m&aacute;s profundas y singulares personalidades intelectuales de la Espa&ntilde;a contempor&aacute;nea, la &uacute;ltima, quiz&aacute;, para la cual Espa&ntilde;a fue una preocupaci&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No obstante, y como bien argumenta Enrique Andr&eacute;s Ruiz en TURIA, durante sus &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os fue &ldquo;un escritor extraterritorial, al menos para el sistema de contrase&ntilde;as vigentes en los debates de opini&oacute;n&rdquo;. Y as&iacute;, justo es decirlo, interpreta que &ldquo;el nervio cr&iacute;tico y la profundidad alcanzada por la obra de Jos&eacute; Jim&eacute;nez Lozano, pongamos que de 1965 a 1990, no fueron los de despu&eacute;s&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sobre sus logros como poeta, no cabe sino estar de acuerdo con Antonio Mart&iacute;nez Ill&aacute;n cuando escribe en TURIA que &ldquo;Jos&eacute; Jim&eacute;nez Lozano nos ofrece su mirada sobre el mundo y ese ofrecimiento espolea al lector y le obliga a detener su mirada en lo aparentemente nimio, ef&iacute;mero, conscientes de que solo eso, que no vale a los ojos del mundo, es lo m&aacute;s valioso. Este es el legado de Jos&eacute; Jim&eacute;nez Lozano, su mirada sobre el mundo, su sabidur&iacute;a y la conciencia de que la responsabilidad &uacute;ltima del escritor es escribir bien y esto se juega en la verdad de las palabras, desnudas luchando por levantar la niebla del mundo, sin m&aacute;s certeza que la del intento una y mil veces repetido de nombrar el mundo. Vivi&oacute; siempre fiel a la incertidumbre que conlleva toda escritura verdadera&rdquo;. &nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La profesora Guadalupe Arbona y el escritor Enrique Andr&eacute;s Ruiz, dos de los mayores estudiosos de su obra, han coordinado este magn&iacute;fico y completo monogr&aacute;fico sobre Jos&eacute; Jim&eacute;nez Lozano. Tambi&eacute;n participan con art&iacute;culos in&eacute;ditos autores y especialistas como Alfonso Armada (&ldquo;&iexcl;Y lo arquitectas!. Pepe Jim&eacute;nez Lozano en tres o cuatro brochazos con pincel fino&rdquo;), Julia Escobar (&ldquo;Los adentros de Jos&eacute; Jim&eacute;nez Lozano&rdquo;), Jos&eacute; Ram&oacute;n Gonz&aacute;lez (&ldquo;Resignificaci&oacute;n de Castilla: en torno a la &lsquo;Gu&iacute;a espiritual de Castilla&rsquo; de Jos&eacute; Jim&eacute;nez Lozano&rdquo;), Antonio Mart&iacute;nez Ill&aacute;n (De c&oacute;mo envejece el humus: Jos&eacute; Jim&eacute;nez Lozano poeta&rdquo;), J.&Aacute;. Gonz&aacute;lez S&aacute;inz (&ldquo;La patita del cl&eacute;rigo &ndash;vivir con el diferente-&ldquo;), Ferm&iacute;n Herrero (&ldquo;Palabra de escribidor&rdquo;), Juan Andr&eacute;s Garc&iacute;a Rom&aacute;n (&ldquo;Una batalla en un tendedero &ndash; A prop&oacute;sito de un pr&oacute;logo-), Jos&eacute; Bernardo San Juan (&ldquo;Jim&eacute;nez Lozano o el tortuoso camino de la fe&rdquo;), Ra&uacute;l Asencio Navarro (&ldquo;Liber Scriptus, un libro contra la historia&rdquo;), Eva Aladro Vico (Jos&eacute; Jim&eacute;nez Lozano: llevando la poes&iacute;a pura espa&ntilde;ola a los pies del siglo XXI&rdquo;), Roc&iacute;o Sol&iacute;s (&ldquo;Las huellas de Port-Royal en la biograf&iacute;a de Jos&eacute; Jim&eacute;nez Lozano&rdquo;). Adem&aacute;s, se publica la entrevista in&eacute;dita realizada por Fernando del Val: &ldquo;Jos&eacute; Jim&eacute;nez Lozano: nadie te debe un premio&rdquo;. Cierra el Cartapacio, una completa &ldquo;Biocronolog&iacute;a&rdquo; elaborada por Guadalupe Arbona y Antonio Mart&iacute;nez Ill&aacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;LA GUIRNALDA DE JULIA&rdquo;, POEMAS IN&Eacute;DITOS DE JIM&Eacute;NEZ LOZANO</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Destaca especialmente que TURIA publique un conjunto de poemas in&eacute;ditos del propio Jos&eacute; Jim&eacute;nez Lozano&nbsp; que pertenecen a un libro manuscrito e ilustrado&nbsp;titulado &ldquo;La guirnalda de Julia&rdquo;. El autor consider&oacute; esta obra un boceto de una historia de ambiente n&oacute;rdico y protestante. Los</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>protagonistas son la muchacha Sollitya y su novio Gunnar Bensi, un joven pastor kierkegaardiano. A este le llaman para que predique en una aldea del norte. Bensi pronuncia una serie de sermones a los muertos, mientras Sollitya hace una guirnalda: una cuidadosa enumeraci&oacute;n de flores que ordena seg&uacute;n su floraci&oacute;n de enero a diciembre, e imagina sermones sobre mujeres b&iacute;blicas. En el texto se alterna el griego, el lat&iacute;n, el franc&eacute;s, el espa&ntilde;ol y los nombres del norte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De esta obra dijo el autor: &ldquo;son notas para una narraci&oacute;n en&nbsp;ese ambiente n&oacute;rdico y protestante, nombres de personas y de pagos incluso y alg&uacute;n esquema, y no es que la sirva para nada, sino que la informa de que hubo un tiempo en que me interes&oacute;&nbsp;&nbsp;-y me interesan, mucho, estos pensares y vivires-, pero claro est&aacute; que, como dir&iacute;a Santayana, uno est&aacute; cautivo de la claridad cat&oacute;lica y papista&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Estos poemas se publican en TURIA gracias a la gentileza de los herederos de Jos&eacute; Jim&eacute;nez Lozano. En su transcripci&oacute;n han trabajado Ra&uacute;l Asencio y Guadalupe Arbona, a la que el escritor regal&oacute; el libro en 2012.</p>
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<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;NADIE TE DEBE UN PREMIO&rdquo;, UNA CONVERSACI&Oacute;N REVELADORA Y DESCONOCIDA</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Un contenido clave de este monogr&aacute;fico de TURIA es el extenso e ilustrativo fragmento que se publica de las conversaciones mantenidas Jos&eacute; Jim&eacute;nez Lozano y Fernando del Val. Llevado a cabo entre 2016 y 2018, ese di&aacute;logo iba a constituir un libro y son declaraciones que, le&iacute;das hoy, resultan muy reveladoras del pensamiento &uacute;ltimo de quien &ldquo;hablaba como escrib&iacute;a, con la punta fina del alma&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre otras argumentaciones, en la entrevista Jim&eacute;nez Lozano afirma que &ldquo;lo que hay que defender es que nadie obligue ni proh&iacute;ba&rdquo;. Tambi&eacute;n considera que &ldquo;las culturas pasadas fueron m&aacute;s libres que la actual&rdquo; o que &ldquo;el medievo fue m&aacute;s arm&oacute;nico de lo que se nos quiere hacer creer&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sobre los problemas de la educaci&oacute;n actual se muestra concluyente: &ldquo;el profesor es un payaso y la educaci&oacute;n no existe&rdquo; o &ldquo;s&oacute;lo puedo achacar que estemos como estamos a la liquidaci&oacute;n de la educaci&oacute;n&rdquo;.</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Sobre sus gustos literarios, defiende la concesi&oacute;n del premio Nobel a Svetlana Aleksi&eacute;vich (&ldquo;es formidable&rdquo;) y a Bob Dylan y asegura que &ldquo;Delibes ha escrito mejor que la mitad de premiados con el Nobel en las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong><strong>&ldquo;TURIA&rdquo;&nbsp; REIVINDICA A&nbsp; MIGUEL LABORDETA EN CENTENARIO DE SU NACIMIENTO</strong></p>
<p>Con rigor,&nbsp; capacidad&nbsp; de&nbsp; an&aacute;lisis&nbsp; y&nbsp; divulgativa,&nbsp; as&iacute;&nbsp; como con&nbsp; un&nbsp; evidente&nbsp; compromiso&nbsp; en la necesaria tarea de fomentar la lectura de Miguel Labordeta,&nbsp; la revista TURIA contribuye a la celebraci&oacute;n de la efem&eacute;rides del centenario del nacimiento (16 de julio de 1921 &ndash; 1 de agosto de 1969) del poeta aragon&eacute;s con un excelente art&iacute;culo reivindicativo que ratifica la validez e inter&eacute;s actual de su trabajo creativo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>Alfredo Salda&ntilde;a y Antonio P&eacute;rez Lasheras, expertos conocedores de la obra literaria de Miguel Labordeta, tienen muy claro los muchos m&eacute;ritos de &ldquo;una poes&iacute;a radicalmente desarraigada de sus propias circunstancias coyunturales de escritura, aunque nunca se desentendiera de ellas. <em>Sine die</em>, sin fecha, sin d&iacute;a, sin plazo, sin tiempo ni lugar marcados, esas podr&iacute;an ser las coordenadas de una poes&iacute;a que podr&iacute;a haberse escrito hoy, una poes&iacute;a que, antes que dar prueba de una determinada realidad o testimonio de un tiempo y un espacio concretos, emerge y nos interpela como evidencia o augurio de la posibilidad&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Resulta controvertido e injusto comprobar que, si bien Miguel Labordeta ha continuado siendo objeto de atenci&oacute;n editorial durante los a&ntilde;os transcurridos desde su muerte, su escritura &ldquo;no acaba de formar parte del canon po&eacute;tico espa&ntilde;ol contempor&aacute;neo, que no termina de cuajar como una obra de valor y de referencia de dicho canon&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por otra parte, TURIA avanza el contenido del nuevo y definitivo libro sobre la batalla de Teruel que ha elaborado Alfonso Casas Ologaray. Tras d&eacute;cadas de estudio sobre los diversos episodios ocurridos en torno a la guerra civil en nuestra provincia, ahora ver&aacute; la luz una obra que culmina a&ntilde;os de investigaci&oacute;n y an&aacute;lisis de lo sucedido en el invierno del a&ntilde;o 1937, cuando el nombre de Teruel ocup&oacute; las portadas de los peri&oacute;dicos de todo el mundo.&nbsp;</p>
<p>Estos dos trabajos citados se integran, respectivamente, en las secciones &ldquo;Sobre Arag&oacute;n&rdquo; y &ldquo;Cuadernos Turolenses&rdquo; de la revista.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Completan el sumario de TURIA, las secciones &ldquo;La isla&rdquo; (que contiene fragmentos del diario de Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas ilustrados por Isidro Ferrer) y &ldquo;La Torre de Babel&rdquo; (una cuidada y amplia secci&oacute;n de cr&iacute;tica de libros, en la que se analizan las m&aacute;s interesantes novedades editoriales en el &aacute;mbito de la narrativa, el ensayo y la poes&iacute;a).</p>
<p><br /> <strong>ILUSTRACIONES DE CRISTINA HUARTE </strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Una serie de once obras in&eacute;ditas de la artista Cristina Huarte (Zaragoza, 1988) se encargan de enriquecer gr&aacute;ficamente el nuevo n&uacute;mero de TURIA. Licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca en 2011, est&aacute; considerada una de las artistas aragonesas de mayor inter&eacute;s y proyecci&oacute;n de nuestros d&iacute;as. Resulta, por tanto evidente</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>que nadie mejor que ella para vincular a nivel art&iacute;stico Arag&oacute;n y Castilla y Le&oacute;n. Posee una brillante trayectoria creativa, premiada en 2019 por &ldquo;Heraldo de Arag&oacute;n&rdquo; y ha realizado estancias en Berl&iacute;n y Per&uacute;. Entre 2015 y 2018 obtuvo una beca de producci&oacute;n art&iacute;stica del Gobierno de Arag&oacute;n.</p>
<p class="LO-normal" align="center"><strong>UN FRAGMENTO&nbsp; DE LA ENTREVISTA IN&Eacute;DITA A JOS&Eacute; JIM&Eacute;NEZ LOZANO</strong></p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p>Entre los muchos tesoros literarios que contiene el monogr&aacute;fico de TURIA sobre Jos&eacute; Jim&eacute;nez Lozano, sobresale un fragmento de las conversaciones mantenidas entre dicho autor y el periodista Fernando del Val entre 2016 y 2018. El prop&oacute;sito era elaborar un libro que hablase del mundo de ayer desde el mundo de hoy. Eran siempre encuentros que discurr&iacute;an en Alcazar&eacute;n, Valladolid, &ldquo;a la hora de costumbre&rdquo;, las cinco de la tarde; indistintamente en invierno y en verano.</p>
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<p>Tres horas sin descanso que finalizaban con un paseo. A continuaci&oacute;n, ofrecemos una peque&ntilde;a pero significativa muestra de esas conversaciones que TURIA reproduce:</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>&ldquo;EN EL MUNDO MODERNO NO SABEMOS LO QUE ES LA LIBERTAD&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- El islam no tiene que ver con el terrorismo, pero el terrorismo que est&aacute; habiendo es de origen isl&aacute;mico, hay mucho escrito. Repasando <em>El mudejarillo</em>, encontr&eacute; el t&eacute;rmino <em>salamilla</em>. Fui a su significado concreto y di con un art&iacute;culo suyo de 2002 en el que defend&iacute;a el derecho de las mujeres a llevar velo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- En el mundo moderno no sabemos lo que es la libertad. Dec&iacute;an Chateaubriand y Dostoievksi que la libertad es cosa de arist&oacute;cratas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Y Nietzsche, me suena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Puede ser. Tambi&eacute;n se ha dicho que el ate&iacute;smo es aristocr&aacute;tico, pero eso viene de Robespierre. Pues no. La libertad no tiene que ver con la clase, es una cosa <em>de vida antigua</em>. Puede que la igualdad sea de dem&oacute;cratas, pero la libertad no es de arist&oacute;cratas. La salamilla no es m&aacute;s que un velo, el mant&oacute;n c&eacute;lebre de toda la cuenca mediterr&aacute;nea. &iquest;Y por qu&eacute; la salamilla? Primero, porque el valor er&oacute;tico, hablando claro, era la blancura. Fueron los americanos los que trajeron el moreno como signo de riqueza -o sea, de estar todo el d&iacute;a al sol-. Nadie dio importancia a la salamilla. Es m&aacute;s: hay una disposici&oacute;n del alcalde de Ar&eacute;valo -le hablo de tiempos de don Juan II-, en la que &eacute;ste avisa de que llega el calor, va a ser mayo y, respaldado por el im&aacute;n, pide que nadie tenga escr&uacute;pulos en quitarse el velo. No es verdad que sea una imposici&oacute;n religiosa, es una costumbre del que vive en el campo. En Marruecos, la salamilla contin&uacute;a en las zonas rurales, no en la ciudad. Son los europeos los que le dan importancia a esta prenda y hablan del dominio sobre las mujeres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Concediendo que pueda haber uso pol&iacute;tico, &iquest;no algo de sumisi&oacute;n?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Si sumisi&oacute;n igual hay. &iquest;Y qu&eacute;? De la mujer insumisa no hablamos. Que puede serlo y llevar velo. La cosa es no ser sumiso. Tampoco un hombre debe serlo con otro hombre. Est&aacute; de moda hablar del velo y de los delitos de odio. Que no me vengan con &eacute;sas, por favor. &iquest;C&oacute;mo yo puedo evitar odiar una cosa? Y c&oacute;mo, por odiar, voy a cometer un delito. Si es&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &hellip; &iquest;humano?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iexcl;Humano de primer orden! Tengo que odiar cosas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Igual que amar, odiar?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Pues claro. En el momento en el que apartamos la racionalidad, queda un mundo distorsionado.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 18 Jun 2021 07:59:12 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aforismos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/aforismos2/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/Canet500.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
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<p>Menos t&uacute;, todo est&aacute; en internet.</p>
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<p>Habr&iacute;a que vivir dos veces, pero no para no cometer los mismos errores, sino para terminar las lecturas pendientes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El desprecio, ese disfraz de la envidia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La escena m&aacute;s &iacute;ntima: cuando los libros se desnudan y te desnudan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A veces, un plato caliente viene mejor al coraz&oacute;n que al est&oacute;mago.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La vida es un borrador que no se puede pasar a limpio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las relaciones comienzan siendo s&oacute;lidas, luego se vuelven l&iacute;quidas y despu&eacute;s gaseosas. Como los estados de la materia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La feminidad es un arma que se puede malinterpretar. Pero el que se equivoca, ya viene confundido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sab&iacute;a de las s&iacute;labas de la vida, de la rima libre del tiempo y de la consonancia y asonancia del camino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se advert&iacute;a que sus luces eran de bajo consumo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Le preguntaban el presente, el pasado y el futuro del verbo amar. Respond&iacute;a en imperfecto.</p>
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<p>Me gusta la rima de cicatriz con olvido.</p>
<p>Las soledades pobladas de libros ya son otras soledades.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La fotograf&iacute;a es el insomnio de una imagen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo pensamiento abre su propio paisaje.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tengo ganas de llorar &ndash;me dijo la nube. Y yo de llover &ndash;le contest&eacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&ldquo;Todo fluye&rdquo;,&nbsp; hasta que deja de fluir her&aacute;clitamente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El aforismo es un pasillo estrecho que nuestra mente ensancha.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Le gritaron: la lectura o la vida, y sigui&oacute; leyendo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esos matrimonios que van cogidos del brazo para no caerse del todo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;Ya est&aacute; bien de tanto sentido com&uacute;n, utilicemos el propio!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las relaciones tormentosas deber&iacute;a partirlas un rayo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Decir &ldquo;hasta luego&rdquo; es m&aacute;s cercano que decir &rdquo;adi&oacute;s&rdquo;, &ldquo; a Dior&rdquo;, es m&aacute;s elegante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la vida y en los libros pasar p&aacute;ginas es avanzar.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Menos mal que nos queda la utop&iacute;a y el cuento de la lechera.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <strong></strong></p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 18 Jun 2021 07:47:10 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un homenaje al pasado y al presente que se va]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-homenaje-al-pasado-y-al-presente-que-se-va/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/castro500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;He aqu&iacute; un libro inolvidable, se dice el lector cuando concluye la lectura de <em>El cazador de &aacute;ngeles</em>, un libro al que le ten&iacute;a ganas y le&iacute; apenas tuve entre las manos, pero dej&eacute; para leer en profundidad m&aacute;s tarde pues sigo un orden temporal y antes estaban <em>Ensayo para una misi&oacute;n</em> de Fran Ignacio Mendoza, <em>Pavana del silencio</em> de Fernando Sarr&iacute;a, <em>Nadar hasta la orilla</em> de Nacho Escu&iacute;n y alg&uacute;n otro m&aacute;s. Ya en aquella primera lectura, peripat&eacute;tica pues fue mientras caminaba aquel d&iacute;a, hubo algo que me sorprendi&oacute;: la amenidad, algo inusitado en un poemario pues la mayor&iacute;a suelen ser pajas mentales, desahogos sentimentales, pataletas dial&eacute;cticas o juegos del intelecto. Aqu&iacute;, no. Ant&oacute;n Castro canta y cuenta la memoria y las gentes que construyeron su educaci&oacute;n sentimental y flaubertiana; realiza un homenaje al pasado y el presente que se va, comenzando de esta manera: &ldquo;S&eacute; d&oacute;nde est&aacute;s y qu&eacute; ves. / Puedo imaginarlo muy bien: / ese oc&eacute;ano verde, ahogado por un cielo/ gris y melanc&oacute;lico, el campo abierto / hacia un horizonte interminable&rdquo;, pues se desdobla en bilocaci&oacute;n sorprendente: es el poeta pero es tambi&eacute;n el objeto de su amor que mira el horizonte; es el lector a quien invita a que se meta entre sus brazos que son l&iacute;neas; escribe un epitalamio en el que nos fundimos todos. A partir de ah&iacute;, desgrana sus recuerdos desde su partida del para&iacute;so gallego: &ldquo;Cuando yo era chiquillo, / tras irme de la Arcadia / ideal, me dijeron / que ya hab&iacute;a perdido / a mi primer amor: / aquella carnicera / que me doblaba en a&ntilde;os / y quiz&aacute;s en picard&iacute;as&rdquo;, cazando la atenci&oacute;n del lector que ya no puede dejar de leer, como si el poeta fuera un ciego con zanfo&ntilde;a y el libro una plaza de piedra y lluvia, para despu&eacute;s presentarnos a Saturnino el mendigo que contaba estrellas, invocado por una tercera persona que es el padre del autor, algo que se repite en el libro como si el poeta quisiera ocultar su voz tras apariciones y conjuros, diciendo &ldquo;no soy yo quien habla, sino ellos&rdquo;, en un juego m&aacute;gico, no en vano declara &ldquo;soy de un pa&iacute;s de brujas y cuentos. Mi padre me dec&iacute;a que los aparecidos llegaban con la lluvia y que las salamandras de la fuente eran sagradas", declara para despu&eacute;s cantar a su madre en el poema titulado Medianoche, con versos emocionantes que mueven las l&aacute;grimas al final, pues esa es una de sus cualidades, saber cerrar los poemas con versos coherentes y maravillosos que deslumbran por su belleza; as&iacute;, tras evocar a su madre y recordar c&oacute;mo &eacute;l cazaba estrellas con tirachinas de ni&ntilde;o, mientras que ahora lo hace con el tel&eacute;fono m&oacute;vil, concluyendo: &ldquo;Mam&aacute;, o neno&rdquo;, pues m&aacute;gicamente se ha hecho ni&ntilde;o con el conjuro de los versos. Y es que las figuras de los padres, t&iacute;os, hijos, amores y amigos est&aacute;n presentes hasta convertirlos en familia de todos, pasando de lo singular a lo universal, como cuando canta la historia de su padre, emigrante en Suiza, que es la de media generaci&oacute;n de espa&ntilde;oles que tuvo que emigrar en los a&ntilde;os 50 y 60. Es as&iacute; c&oacute;mo, entre recordaciones y ensue&ntilde;os, Ant&oacute;n Castro nos va guiando por un mundo tel&uacute;rico y prodigioso; un mundo entreverado de homenajes a vivos y muertos, como hiciera, por ejemplo, Jorge Guill&eacute;n pero aqu&iacute; con vers&iacute;culos empapados de saudade y lluvia que calan al lector, pues no est&aacute;n dedicados a grandes personajes, sino a gente com&uacute;n como Ana y Diego, Jos&eacute; Terol, Vicente Almaz&aacute;n, Eva Armis&eacute;n y Miguel Sebasti&aacute;n&hellip;, gente sencilla y corriente a quien acaricia y, si se ha ido, resucita como a F&eacute;lix Romeo y Javier Delgado. &iquest;Hay algo m&aacute;s generoso? Creo que no. Un poeta cantando no al mecenas, sino a nadie, como Odiseo, es decir, a todos. As&iacute; es este libro sobre el que se podr&iacute;a escribir un ensayo, un libro donde caben relatos en prosa po&eacute;tica (Claro del bosque con mujer), poemas er&oacute;ticos (Ni&ntilde;a de nubes I), enigmas (Dices que te duele la cabeza) y sue&ntilde;os que acaso no lo son (Desvelados), repartidos en cinco secciones como cinco cofres de tesoros donde se guarda el ayer y el hoy; los que se fueron y los que a&uacute;n est&aacute;n; un libro bell&iacute;simo y de lectura imprescindible para quien ame la poes&iacute;a.</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Ant&oacute;n Castro, <em>El cazador de &aacute;ngeles</em>, Zaragoza, Olifante, 2021.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 04 Jun 2021 12:10:24 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El mundo sin nosotros]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-mundo-sin-nosotros/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas21/Junioi/OLGA_BERNAD_2.jpg" alt="" /></p>
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<p>No quiero ver un mundo sin nosotros<br /> aunque eso nos condene a vivir para siempre.&nbsp;<br /> De todo lo que hablamos no quedar&iacute;a nada.<br /> Apenas hay testigos.<br /> In&uacute;til fue la calle iluminada por un sol de verano<br /> y el ruido de otra gente,<br /> y tambi&eacute;n los tacones castigando la acera solitaria<br /> cuando corr&iacute;a a verte en medio del invierno.<br /> Mi coraz&oacute;n ardiendo y aquel ni&ntilde;o&nbsp;<br /> que comprendi&oacute; que yo me iba muy lejos<br /> y estaba desarmada<br /> y vino con su paso de peque&ntilde;o borracho<br /> a darme su pistola de juguete.&nbsp;<br /> (Deb&iacute; matarme entonces, mientras pude;<br /> deb&iacute; matarte entonces, mas qu&eacute; importa,<br /> si tampoco del arrepentimiento<br /> quedar&aacute; ni sospecha ni recuerdo).<br /> Faltar&aacute; mi dram&aacute;tica tristeza&nbsp;<br /> cuando no puedo verte.<br /> Y faltar&aacute; la noche,<br /> la noche acumulada,<br /> la noche entre tus ojos, la que t&uacute; no ve&iacute;as,<br /> la que t&uacute; no quer&iacute;as,<br /> la que yo no pod&iacute;a expulsar de mi cabeza.&nbsp;<br /> Y faltar&aacute; tu luz.&nbsp;<br /> La suave luz que meces mientras andas.<br /> Faltar&aacute; mi alegr&iacute;a de campana,<br /> de perro rastreando, de hambre, de codicia<br /> de ti, faltar&aacute; todo.<br /> No quiero ver un mundo sin nosotros.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 04 Jun 2021 12:03:50 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Antonio Méndez Rubio: un soplo de luz]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/antonio-mendez-rubio-un-soplo-de-luz/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/antonio_mendez_500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con una marcada tendencia hacia el verso de arte menor, cada palabra de Antonio M&eacute;ndez Rubio en <em>Hacia lo violento</em> es un soplo de luz, un p&aacute;lpito de imagen breve pero de inhalaci&oacute;n sumamente profunda que, una vez le&iacute;da, ya nunca m&aacute;s vuelve a desvanecerse, sino que desde el latido accede a lo patente y no solo permanece sino que tambi&eacute;n se amplifica a trav&eacute;s de la caja de resonancia del silencio. A medio camino entre la sombra y el albor, leemos versos como &laquo;la luz que ahora titila / a punto de apagarse, / traspasada, no ajena, / nos resume mejor / que cualquier claridad m&aacute;s verdadera&raquo; (M&eacute;ndez Rubio, 2021: 47), y en esta imagen que parece evocarnos el sue&ntilde;o de la vela bachelardiana, el autor insiste en esa &laquo;pregunta por la claridad&raquo; (M&eacute;ndez Rubio, 2021: 42) con la que a menudo renombra su incertidumbre. Es as&iacute; como el poeta deja abierto un interrogante que no parece pretender encontrar respuesta concreta y que sin embargo s&iacute; que la halla de alg&uacute;n modo en la forma en la que M&eacute;ndez Rubio concibe sus versos, permitiendo que la &laquo;nieve para la noche&raquo; (M&eacute;ndez Rubio, 2021: 67) del &laquo;hilo blanco&raquo; (M&eacute;ndez Rubio, 2021: 109) que vertebra el lenguaje ilumine en cada p&aacute;gina la contenci&oacute;n de lo accesorio y ascienda al otro lado de las cosas, a su verdad, consiguiendo as&iacute; ahondar m&aacute;s all&aacute; de lo que la vida a simple vista nos presenta.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El autor, consciente de las continuas hostilidades del mundo en el que vivimos, toma la palabra y, con ella, su propio partido contra el silencio, y muestra en varias ocasiones un paraje desolador en el que &laquo;todo bajo las nubes / de despu&eacute;s de la destrucci&oacute;n / es de por s&iacute; un peligro&raquo; (M&eacute;ndez Rubio, 2021: 57). En este ambiente no resuena sino el eco de la amenaza que, a menudo, por miedo, puede conducirnos a reprimirnos y contener ciertas ideas, clausurando a nuestras propias palabras dentro, y por eso leemos unos versos en los que el poeta nos advierte &laquo;Coge aire: te va a hacer falta / para llegar a callar eso&raquo; (M&eacute;ndez Rubio, 2021: 153). El mutismo ocupa entonces ese paisaje hostil en el que se intuye la tragedia y donde &laquo;Quienes se quedan no saben hablar. / Se inclinan solamente / como call&aacute;ndose en resto / de vida&raquo;. Este resto vinculado al silencio, que encontramos tambi&eacute;n en la inquietante se&ntilde;al de alarma de &laquo;Resto sin voz, &iquest;se oye?&raquo; (M&eacute;ndez Rubio, 2021: 61), es un t&eacute;rmino que nos conduce a la que en ocasiones da la impresi&oacute;n de ser la &uacute;nica certeza en estos poemas, que no es sino la de que &laquo;nada cierra / una mano vac&iacute;a&raquo; (M&eacute;ndez Rubio, 2021: 106), la de la carencia, la privaci&oacute;n, la p&eacute;rdida, la ausencia, la falta como &laquo;lugar / para aprender a perder&raquo; (M&eacute;ndez Rubio, 2021: 98), o lo que ser&iacute;a lo mismo: una experiencia del vac&iacute;o en la que cualquier indicio de posesi&oacute;n e identidad se ha disuelto y la b&uacute;squeda de algo a lo que aferrarse es lo que se&ntilde;aliza el camino.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De esta forma, M&eacute;ndez Rubio se resiste a la colonizaci&oacute;n de un discurso vac&iacute;o que emane de la palabra fundada por la creencia en la fabulaci&oacute;n del relato impuesto verticalmente desde arriba, y al mismo tiempo rechaza firmemente el mutismo absoluto de un mundo oprimido, el agujero dejado por &laquo;el hueco de las palabras / que no se dijeron / ni se dir&aacute;n&raquo; (M&eacute;ndez Rubio, 2021: 133). As&iacute;, en las diez partes que conforman <em>Hacia lo violento </em>que recogen textos de nueve libros publicados entre 2007 y 2017 y tambi&eacute;n una secci&oacute;n final de poemas in&eacute;ditos el autor logra llegar a establecerse precisamente en el justo punto medio entre estos dos extremos y busca la verdad, avanza hacia lo violento por medio de una creaci&oacute;n libre y subversiva que abre con la palabra una grieta en el mutismo dominante, comprometi&eacute;ndose con la entrega de su lenguaje como cuando reconoce &laquo;te puedo dar mi palabra&raquo; (M&eacute;ndez Rubio, 2021: 116) y permitiendo a su vez que la voz sea amparada en otras ocasiones en el silencio de la respiraci&oacute;n requerida por determinados poemas como cuando leemos &laquo;te hago justicia: / guardo silencio&raquo; (M&eacute;ndez Rubio, 2021: 98) .</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De ah&iacute; que, retomando la carencia y el aprendizaje de la p&eacute;rdida, leamos &laquo;para saber faltar: as&iacute; tambi&eacute;n el &aacute;rbol blanco: respira de verdad en la memoria&raquo; (M&eacute;ndez Rubio, 2021: 51), donde vemos c&oacute;mo se vincula la experiencia del vac&iacute;o con la apertura del espacio inmaculado a la profundidad del h&aacute;lito, a esa inhalaci&oacute;n del mundo que despu&eacute;s exhala la sinceridad en forma de donaci&oacute;n de aliento, de palabra e imagen de verdadera trascendencia. El autor entonces permite a sus poemas &laquo;ser / del abrir&raquo; (M&eacute;ndez Rubio, 2021: 62), y de esta forma cada verso se convierte en entrega, se vuelve donaci&oacute;n de libertad en el lugar abierto que ha traspasado quien ha decidido batallar entre la palabra y el silencio, y en este &aacute;mbito leemos &laquo;Palabra a palabra. / Manos abiertas: signo eterno / sin m&aacute;s seguridad / que la historia del aire / interrumpida solo por su propia inconstancia [&hellip;] Dan&raquo;. M&eacute;ndez Rubio nos ofrece sus versos y nos entrega su escritura con el riesgo y la naturalidad que acompa&ntilde;an a la profundidad de quien respira, y as&iacute; inspira la ausencia y la carencia de &laquo;la mano que&nbsp; no / llega hasta la mano que m&aacute;s / quiere alcanzar&raquo; (M&eacute;ndez Rubio, 2021: 147) y desde all&iacute; espira la presencia y la entrega de un gesto que &laquo;se abre contra el aire / en ofrenda&raquo; (M&eacute;ndez Rubio, 2021: 147).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Llegamos en este momento al afuera como exhalaci&oacute;n, a las &laquo;palabras fuera / de las palabras&raquo; (M&eacute;ndez Rubio, 2021: 123) que emanan muchas veces de la necesidad de huida, de la voluntad de extra&ntilde;arse y salirse de uno mismo, con la convicci&oacute;n de que &laquo;adentro de esa voz / todo est&aacute; fuera / de sitio, de plazo&raquo; (M&eacute;ndez Rubio, 2021: 121) y de que &laquo;cualquier fuga puede hablar&raquo; (M&eacute;ndez Rubio, 2021: 126) porque la ruptura de los l&iacute;mites es siempre el inicio del camino hacia el otro lado, hacia la realidad que se encuentra m&aacute;s all&aacute; de la apariencia de las ficciones disfrazadas de verdades y de todos aquellos datos subrepticiamente superficiales que podr&iacute;an conducirnos a &laquo;confundir / el mundo con la ilusi&oacute;n de un mundo&raquo; (M&eacute;ndez Rubio, 2021: 144). Se abre as&iacute; el espacio a la profundidad de la trascendencia, a esa voluntad de aprender a &laquo;faltar: hundirse como ra&iacute;z / del &aacute;rbol m&aacute;s visible y m&aacute;s seguro&raquo; (M&eacute;ndez Rubio, 2021: 63), y vemos de qu&eacute; forma el descenso del dinamismo vertical conduce al posterior ascenso de la palabra transmutada en imagen, como advertimos por ejemplo en el poema titulado &laquo;A todas las preguntas&raquo;, que se erige como respuesta que renombra la incertidumbre de un primer interrogante pero sin renunciar a ella, sin resistirse con ello a fundar otra nueva duda. As&iacute;, leemos &laquo;Hundi&eacute;ndose esa voz. / Haciendo un agujero / en la tierra inocente, entre la hierba fresca / con la mano que existe. Presintiendo / neblina que, mientras desciende, fulge [&hellip;] Aqu&iacute; sigue la mano, / la insegura. / Haciendo un agujero en la tierra con silencio&raquo; (M&eacute;ndez Rubio, 2021: 73). Es as&iacute; como esta &laquo;ra&iacute;z, la de mover los labios, la de los ojos demasiado abiertos&raquo; (M&eacute;ndez Rubio, 2021: 53) ahonda en la verdad, la excava, horada la tierra y deposita all&iacute; la voz a modo de simiente de los labios, del &laquo;cielo de la boca&raquo; (M&eacute;ndez Rubio, 2021: 133), y la imagen como semilla de mirada, descendiendo as&iacute; a la ra&iacute;z del germinar, al rayo del poema plantado, al fil&oacute;n de verdad de un tallo que crece desde las tinieblas del m&aacute;s silencioso ahondamiento, para acto seguido pasar a elevarse en el vuelo de la imagen como una presencia distinta, como una &laquo;ra&iacute;z del alzar, que a otro intento obedece&raquo; (M&eacute;ndez Rubio, 2021: 53). La palabra de albor de M&eacute;ndez Rubio procede entonces del abismo, de la oscuridad, no es esa &laquo;luz que se olvid&oacute; del fondo / para poder vivir&raquo; (M&eacute;ndez Rubio, 2021: 48) sino que permanentemente nos est&aacute; recordando que se ha originado en las profundidades del silencio y en los dinamismos de las semillas de la vida, como vemos tambi&eacute;n en &laquo;sube la hiedra negra, pero sube / hacia el &uacute;nico cielo / que, hecho de azar, nos / asiste&raquo; (M&eacute;ndez Rubio, 2021: 74).&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Son las de Antonio M&eacute;ndez Rubio en <em>Hacia lo violento</em>, por tanto, palabras que, tras haber ahondado en las tinieblas de un mundo hostil, reconocen que &laquo;la &uacute;nica sombra / que no es necesario olvidar / es la que nos acompa&ntilde;a&raquo; (M&eacute;ndez Rubio, 2021: 113) y nos hacen entrega de la luz de su ascenso po&eacute;tico, del vuelo libre de la imagen transmutada en exhalaci&oacute;n, en h&aacute;lito que logra elevarse hacia su verdadera y m&aacute;s l&iacute;rica trascendencia.</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Antonio M&eacute;ndez Rubio, <em>Hacia lo violento</em>, Madrid, Huerga y Fierro Editores, 2021.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 04 Jun 2021 11:55:29 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA entrevista a fondo a Antonio Colinas e Irene Vallejo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-entrevista-a-fondo-a-antonio-colinas-e-irene-vallejo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2021/Junio/ANTONIO_COLINAS_2.jpg" alt="" /></p>
<p>Los lectores del nuevo n&uacute;mero de la revista TURIA, que se distribuye este mes de junio, podr&aacute;n disfrutar de dos entrevistas a fondo con protagonistas inolvidables: Antonio Colinas, uno de los poetas mas carism&aacute;ticos y de m&aacute;s s&oacute;lida trayectoria de la literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea y con la fil&oacute;loga y escritora Irene Vallejo, una de las autoras del momento debido al arrollador &eacute;xito de su libro sobre libros &ldquo;El infinito en un junco&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;Se trata de dos conversaciones exclusivas, que permiten no s&oacute;lo conocerlos mejor, sino tambi&eacute;n descubrir sus opiniones sobre un amplio repertorio de temas de inter&eacute;s. Ambos son, por encima de todo, autores de una obra de marcada originalidad y relevancia en sus respectivos &aacute;mbitos.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;Fiel a la fusi&oacute;n entre la experiencia de vivir y la experiencia de escribir, entre poes&iacute;a y vida, la obra del leon&eacute;s Antonio Colinas no se podr&iacute;a explicar sin sus largas estancias en aquellos lugares que han marcado su trayectoria y con los que ha mantenido una relaci&oacute;n intensa tanto a nivel personal como creativo: C&oacute;rdoba, Madrid, Mil&aacute;n, Ibiza o Salamanca. Si tenemos en cuenta que sus primeros libros publicados datan de 1967, puede afirmarse que son casi ya 55 a&ntilde;os de poes&iacute;a vivida y vida enso&ntilde;ada. Una brillante y fecunda labor que se ha extendido tambi&eacute;n a los campos del ensayo, la traducci&oacute;n y la cr&iacute;tica literaria.</p>
<p>&nbsp;Por su parte, la autora aragonesa Irene Vallejo ha sido capaz de obrar el milagro de convertir un libro de ensayo y de calidad indiscutible, predestinado en principio a un p&uacute;blico lector minoritario, en un fen&oacute;meno de multitudes. Y es que hay libros que pueden cambiar una vida. Bien lo sabe Irene Vallejo, para quien la escritura y publicaci&oacute;n en&nbsp; Siruela&nbsp; de&nbsp; &ldquo;El&nbsp; infinito en un&nbsp; junco&rdquo;&nbsp; ha&nbsp; llegado como un tsunami y revolucionado su cotidianidad como s&oacute;lo suele suceder cuando el &eacute;xito arrollador viene acompa&ntilde;ado por la sorpresa.</p>
<p>&nbsp;Antonio Colinas e Irene Vallejo son, sin duda, dos personalidades muy atractivas y su opini&oacute;n nos enriquece a la hora de interpretar este tiempo tan dif&iacute;cil y complejo que vivimos.&nbsp; En&nbsp; TURIA&nbsp; nos&nbsp; hablan,&nbsp; con&nbsp; absoluta&nbsp; libertad&nbsp; y&nbsp; franqueza, de sus respectivas obras e itinerarios vitales. Y, sobre todo, con sus respuestas se ocupan tambi&eacute;n de abordar diversas cuestiones que nos afectan o interpelan.</p>
<p>&nbsp;Tambi&eacute;n, entre otros contenidos relevantes, el nuevo n&uacute;mero de TURIA invita a leer de nuevo a Francisco Umbral, uno de los escritores y columnistas&nbsp; espa&ntilde;oles m&aacute;s originales y populares de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo pasado y primeros a&ntilde;os del siglo XXI. As&iacute;, adem&aacute;s de un excelente art&iacute;culo panor&aacute;mico sobre su vida y obra, &ldquo;La escritura perpetua de Francisco Umbral, elaborado por Manuel Llorente, actual redactor jefe de cultura del peri&oacute;dico &ldquo;El Mundo&rdquo;, TURIA rescata tres textos de Umbral fechados en 1968 y que titula&nbsp; &ldquo;El d&oacute;lar, la democracia y todo lo dem&aacute;s&rdquo; y en los que ya se aprecia su inimitable y brillante estilo.&nbsp;</p>
<p class="LO-normal1">&nbsp;</p>
<p><strong>ANTONIO COLINAS: &rdquo;EL POETA TRABAJA CON LO QUE DESCONOCE&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;En la entrevista que TURIA publica con el escritor Antonio Colinas (La Ba&ntilde;eza, Le&oacute;n, 1946), &eacute;ste defiende el verso libre: &ldquo;El poema va unido a una musicalidad que procede del ritmo. A un poema le podemos quitar la medida, la rima, incluso la imagen, pero no el ritmo porque, en tal caso, ser&iacute;a prosa cortada en trozos. Lo que distingue a esa prosa cortada de un poema es el ritmo, que yo consigo en parte a trav&eacute;s de cierta medida -heptas&iacute;labos, endecas&iacute;labos, alejandrinos-, siempre desde la libertad, y sobre todo a trav&eacute;s de la m&uacute;sica de las palabras&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;Reconoce Antonio Colinas que &ldquo;el poeta trabaja con lo que desconoce&rdquo; y que &ldquo;todos&nbsp; llevamos un dep&oacute;sito de abismo y de sombra dentro. En Cioran hab&iacute;a siempre una parte torturada, era una conciencia en carne viva. En cambio, con Mar&iacute;a Zambrano tuvo conexi&oacute;n, siendo dos mundos tan distantes: en ella hay una plenitud que viene de San Juan y de la m&iacute;stica heterodoxa de Miguel de Molinos, sobre el que pens&oacute; hacer la tesis. Cuando estuvo en Roma fue a la iglesia ortodoxa rusa y se encontr&oacute; con el cristianismo bizantino, es decir, con Oriente.</p>
<p>&nbsp;Afirma Colinas que &ldquo;el poema ideal es aquel en el que el poeta siente y piensa en la misma medida&rdquo;. Y tambi&eacute;n que &ldquo;leer y recitar produce consuelo&rdquo;. Est&aacute; convencido, asimismo que &ldquo;el misterio es un concepto muy unido a la poes&iacute;a. El alma del poeta se orienta hacia &eacute;l, dijo Machado. Pensemos igualmente en la definici&oacute;n de Saint-John Perse: Poes&iacute;a es profundizaci&oacute;n en el misterio de la vida. El poeta trabaja con lo que desconoce, que es mucho. Por eso la gran poes&iacute;a es de hallazgos&rdquo;. De hecho, ah&iacute; est&aacute; el poeta como visionario: &ldquo;eso es, el misterio va de la mano de la reflexi&oacute;n, no levanta una pared con ella&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;No duda Colinas, en la conversaci&oacute;n con el periodista y tambi&eacute;n poeta Fernando del Val, que &ldquo;lo sagrado es una presencia que est&aacute; en el origen de los tiempos&rdquo;. De ah&iacute; que &ldquo;mi inter&eacute;s por el budismo, el tao&iacute;smo y la poes&iacute;a china est&aacute; desde el inicio&rdquo;. Y, aline&aacute;ndose con su admirada Mar&iacute;a Zambrano, subrayar&aacute; la importancia del viaje interior: &ldquo;ir al centro de uno para encontrar la paz&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>IRENE VALLEJO: &ldquo;LOS LIBROS SON UNA FORMA ESPECIAL DE ESTAR EN EL MUNDO&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;La fil&oacute;loga cl&aacute;sica y escritora Irene Vallejo (Zaragoza, 1979) es, por derecho propio, uno de los nombres m&aacute;s destacados&nbsp; de&nbsp; las&nbsp; letras&nbsp; espa&ntilde;olas de nuestros d&iacute;as gracias al &eacute;xito indiscutible de su libro &ldquo;El infinito en un junco&rdquo;, Premio Nacional de Ensayo 2020, entre otros muchos galardones y reconocimientos. Editada por una editorial de prestigio como Siruela, la &uacute;ltima obra de Irene Vallejo cautiva a los lectores y transmite la fascinaci&oacute;n por las bibliotecas, por las primeras y por las actuales, por el libro como tesoro. No en vano cree que &ldquo;los libros son una forma especial de estar en el mundo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;En la conversaci&oacute;n exclusiva que TURIA publica con la periodista cultural Ang&eacute;lica Tanarro, Irene Vallejo reconoce que &ldquo;El mundo antiguo tiene todav&iacute;a muchas cosas que decirnos&rdquo;. Tambi&eacute;n se habla de la necesidad de cultivar las Humanidades y de reclamar su importancia (&ldquo;estamos invadidos en la educaci&oacute;n y en la vida en general por un pragmatismo mal entendido&rdquo;)</p>
<p>&nbsp;Confiesa la autora que la idea de &ldquo;El infinito en un junco&rdquo; fue del fil&oacute;sofo Rafael Argullol y que su deseo era que el libro resultase tan apasionante de leer como una novela. Tambi&eacute;n asegura que su modelo es el ensayo anglosaj&oacute;n (&ldquo;Mary Beard ha sido una inspiraci&oacute;n&rdquo;) y que, por su propia experiencia personal, ha comprobado hasta qu&eacute; punto &ldquo;el arte proporciona un apoyo enorme en las circunstancias m&aacute;s duras de la vida&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;Adem&aacute;s, Irene Vallejo confirma que se est&aacute; dando una relectura femenina/feminista de la Antig&uuml;edad: &ldquo;Hay muchas autoras que desde distintos g&eacute;neros estamos volviendo otra vez a los cl&aacute;sicos para dar otras versiones de los mismos mitos desde otros &aacute;ngulos&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;Asegura, por &uacute;ltimo, que es una escritora lenta y que siempre ha sentido que &ldquo;estoy trabajando para encontrar esa conversaci&oacute;n entre la memoria y el presente&rdquo;. no sabe si estamos al final o al principio de une &eacute;poca: &ldquo;Est&aacute; claro que hay un mundo que lleva a&ntilde;os terminando, desde antes de la ca&iacute;da de las Torres Gemelas, si me apura, desde mediados del siglo XX, tras la Segunda Guerra Mundial&hellip; cada uno ponga la fecha que quiera. Pero, desde luego, en los &uacute;ltimos diez o quince a&ntilde;os, el cambio se ha acelerado&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;TURIA&rdquo; RESCATA VARIOS ART&Iacute;CULOS OLVIDADOS DE FRANCISCO UMBRAL </strong></p>
<p>&nbsp;Pocos nombres propios m&aacute;s reveladores que el de Francisco Umbral si queremos explicar la literatura y el columnismo period&iacute;stico de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas en Espa&ntilde;a. De ah&iacute; que TURIA realice en su nuevo n&uacute;mero una oportuna y completa aproximaci&oacute;n a Umbral a trav&eacute;s de un excelente texto elaborado por Manuel Llorente. Bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;La escritura perpetua de Francisco Umbral&rdquo;, se nos dan las claves del personaje y la obra: &ldquo;Pese a que a partir de la mitad de los a&ntilde;os 70 Francisco Umbral fue un escritor popular, siempre fue solitario. Se sinti&oacute; solo. Se abrig&oacute; del fr&iacute;o de ser hijo &uacute;nico de mujer soltera con el murmullo de las tertulias del Caf&eacute; Gij&oacute;n y escribi&oacute; tantos art&iacute;culos y novelas para entender al hombre y a s&iacute; mismo. Se acompa&ntilde;&oacute; de la Olivetti para ir edificando un mundo repleto de nombres, de citas, de libros, suyos y ajenos, para amueblar una casa donde cupiera su madre, la ausencia del padre y la orfandad que sinti&oacute; en Valladolid&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;Por otra parte, la revista ofrece a los lectores la ocasi&oacute;n de redescubrir tres interesantes art&iacute;culos suyos publicados originalmente en 1968 y nunca editados de nuevo y que hemos titulado &ldquo;El d&oacute;lar, la democracia y todo lo dem&aacute;s&rdquo;. Un rescate que ha corrido a cargo del escritor Manuel Neila, que aclara en TURIA el origen y caracter&iacute;sticas de estos textos que se publicaron en el semanario &ldquo;El Espa&ntilde;ol&rdquo; fechados en 1968: &ldquo;El d&oacute;lar, mito agujereado&rdquo;, &ldquo;Democracia <em>show</em>&rdquo; y &ldquo;Democracia <em>death</em>&rdquo;. El primero refiere la incierta metamorfosis del d&oacute;lar, que pasa de ser &ldquo;aquella hermosa moneda de oro que serv&iacute;a para invitar a todo el <em>sal&oacute;n</em>&rdquo;, a convertirse en &ldquo;un pobre papel arrugado que vive del pesimismo, la inversi&oacute;n, el sablazo, la codicia y el miedo&rdquo;. Los dos art&iacute;culos siguientes ponen al descubierto lo que sucede cuando &ldquo;el sistema tenido por m&aacute;s racional&rdquo; se resuelve &ldquo;mediante un expediente meramente emocional&rdquo;, vale decir, cuando la democracia se convierte en un <em>show</em>, a partir del momento en que cualquier propuesta de progreso, de democracia, de justicia, &ldquo;como la que encabezaban los Kennedy o Martin Lutero King&rdquo;, termina por ser silenciada bajo el estruendo y la furia de las armas.</p>
<p>&nbsp;TURIA es, con 38 a&ntilde;os de trayectoria y periodicidad cuatrimestral, una de las publicaciones culturales espa&ntilde;olas m&aacute;s consolidadas y reconocidas, por cuya labor obtuvo el Premio Nacional&nbsp; al Fomento de la Lectura. Desde hace un m&aacute;s de lustro, adem&aacute;s de su edici&oacute;n en papel, la revista TURIA tiene una versi&oacute;n digital a trav&eacute;s de una atractiva web y posee una p&aacute;gina en Facebook que est&aacute; obteniendo una muy favorable acogida.&nbsp; Editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, TURIA cuenta con el patrocinio del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Adem&aacute;s, en esta ocasi&oacute;n la revista ha contado con el apoyo de la Junta de Castilla y Le&oacute;n.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>UN FRAGMENTO DE LA ENTREVISTA EXCLUSIVA A IRENE VALLEJO <br /></strong></p>
<p>El nuevo n&uacute;mero de la revista TURIA publica una amplia y reveladora conversaci&oacute;n exclusiva con la escritora Irene Vallejo, autora de &ldquo;El infinito en un junco&rdquo; y uno de los &eacute;xitos editoriales m&aacute;s inesperados y arrolladores de los &uacute;ltimos tiempos. Se trata de un maravilloso ensayo sobre la historia de los libros que contagia la pasi&oacute;n por la lectura. De ese material in&eacute;dito, adelantamos hoy el siguiente fragmento:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="LO-normal1" style="text-align: left;" align="center"><strong>IRENE VALLEJO: &ldquo;EL PASADO SIEMPRE VUELVE&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-Normal">- &iquest;Cu&aacute;nto tiempo le llev&oacute; &ldquo;El infinito en un junco&rdquo;?</p>
<p class="LO-Normal">- Es una pregunta dif&iacute;cil porque ah&iacute; est&aacute;n muchas investigaciones del doctorado que al final fueron cuatro a&ntilde;os de un trabajo muy intenso sobre un tema que no era exactamente el mismo pero que estaba muy pr&oacute;ximo, tres a&ntilde;os m&aacute;s de escritura del ensayo y uno de trabajo con mis editores para pulirlo. Hay que sumar tambi&eacute;n el periodo que dediqu&eacute; a la revisi&oacute;n de la bibliograf&iacute;a porque hab&iacute;an pasado varios a&ntilde;os desde el doctorado y quer&iacute;a utilizar la bibliograf&iacute;a actualizada. Me encuentro con que pueden ser ocho o nueve a&ntilde;os de trabajo compagin&aacute;ndolo con otras cosas.</p>
<p class="LO-Normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-Normal">- &iquest;Tendr&aacute; continuaci&oacute;n?</p>
<p class="LO-Normal">- Tengo ideas, pero ahora me falta tiempo. Quedan muchos territorios por explorar y lamento que se haya quedado fuera toda la parte oriental. Hablo algo del Pr&oacute;ximo Oriente, pero no del Lejano, no hablo de China, de Jap&oacute;n, de la India que tienen grandes aportaciones. Quedaron algunos hilos que tuve que cortar para no desparramar y que se podr&iacute;an tratar con m&aacute;s detenimiento, pero tampoco querr&iacute;a escribir una segunda parte del &lsquo;junco&rsquo; ni supeditar un libro a otro. Si hay otro proyecto ser&aacute; independiente y ser&aacute; un experimento en s&iacute; mismo.</p>
<p class="LO-Normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-Normal">- En su ensayo hay pasajes que muestran la fragilidad de los libros, la destrucci&oacute;n de la Biblioteca de Alejandr&iacute;a o la de Sarajevo ser&iacute;an dos ejemplos paradigm&aacute;ticos, al tiempo que su gran capacidad de supervivencia. &iquest;C&oacute;mo ve su futuro?</p>
<p class="LO-Normal">- A m&iacute; me llama la atenci&oacute;n que siempre estamos prediciendo la muerte del libro, algo que ha sucedido en todas las &eacute;pocas, y lo miremos con ojos enterradores y tom&aacute;ndole las medidas para el ata&uacute;d. Lo que nos dice la historia es que los libros son grandes supervivientes y eso es lo que he querido destacar en &ldquo;El infinito en un junco&rdquo;. Ahora se publican muchos m&aacute;s libros que nunca y me sorprende que en una &eacute;poca en la que el problema casi es el alud de libros que publica la industria y que no tenemos capacidad para absorber estamos pensando que los libros se acaban. Lo cierto es que proliferan sin tasa ni medida y no hay manera de frenarlos. Y en cuanto al formato, recientemente he visto una serie futurista pero ambientada en un futuro no muy lejano, &ldquo;Years and years&rdquo;, en la que por diversas razones la humanidad se enfrentaba a cortes de electricidad, faltaba la energ&iacute;a, y la gente se daba cuenta de que se perd&iacute;a mucha informaci&oacute;n de los ordenadores. Y entonces volv&iacute;an a archivar los documentos en papel porque de esa forma el conocimiento estaba m&aacute;s seguro. Qui&eacute;n sabe lo que nos traer&aacute; el futuro. Igual volvemos a confiar en el viejo papel. Cosas que parecen enterradas como los viejos rollos de papiro est&aacute;n inspirando avances tecnol&oacute;gicos: los nuevos prototipos de las pantallas m&oacute;viles se est&aacute;n planteando que sean enrollables, flexibles. Incluso lo remoto podr&iacute;a volver. El pasado siempre vuelve.</p>
<p class="LO-Normal">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 04 Jun 2021 11:51:54 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Adversidad]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/adversidad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas21/CRISTINA_CERRADA.jpg" alt="" /></p>
<p>Durante mucho tiempo. Hab&iacute;a trabajado en el hospital por veinte a&ntilde;os. Ya no. Ahora ten&iacute;a su propia cl&iacute;nica. Ganaba dinero. No viv&iacute;an mal. De vez en cuando apostaba. Un poco en el casino. Un poco a los galgos. Tambi&eacute;n hac&iacute;a favores. Y por qu&eacute; no. El suyo era un trabajo humanitario, altruista. Algunos pacientes no pod&iacute;an pagar. Pobres diablos. Y qu&eacute;. &iquest;No se dec&iacute;a eso de los m&eacute;dicos? Altruistas. M&aacute;s que humanos. Dioses. Pues de vez en cuando, hac&iacute;a favores. Y qu&eacute;. No le costaba. En realidad le daba igual. La gente lo llamaba generosidad. Pero. Su madre hablaba de otra forma. Con las vecinas, temerosa. Siempre. Es un chico impulsivo, dec&iacute;a cuando &eacute;l era un chaval. No tiene mala intenci&oacute;n. Redistribu&iacute;a los juguetes que encontraba. A veces se guardaba algunos antes de ponerlos de nuevo en circulaci&oacute;n. Y qu&eacute;. Nunca consigui&oacute; que alguno lo tentara lo suficiente como para qued&aacute;rselo. Su madre no ten&iacute;a dinero. Una viuda. Mala salud. Joven, pero. Envejecida por el sufrimiento prematuro de la p&eacute;rdida de un marido. Y un hijo. Mam&aacute; no puede comprar juguetes. Haz los deberes. Juega con lo que encuentres por ah&iacute;. Pobre mam&aacute;. Cada vez que le daba la espalda al hijo, &eacute;l bat&iacute;a el r&eacute;cord de encontrar juguetes. O descubr&iacute;a un agujero. Su hermano imaginario y &eacute;l. Ambos. Dentro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Su mujer opinaba que estaba loco. Y eso en un m&eacute;dico no est&aacute; bien. No cobrar a sus enfermos. Animarles a operarse. Comprar regalos. Cosas inservibles. Para ella. Para el hijo. Para &eacute;l. Apostar. Exceso de imaginaci&oacute;n, dec&iacute;a. Su mujer. Que lo hab&iacute;a hecho todo por los dos en el pasado. Exceso de irresponsabilidad. Excesos que les estaban arruinando. En el presente. Hab&iacute;a estado enamorada de &eacute;l. Lo hab&iacute;a amado. Lo hab&iacute;a visto desnudo. Nadar en el mar en invierno, fuerte, poderoso, sin miedo. En verano hab&iacute;a cerrado puertas y ventanas para que nadie los oyese follar. Era ella. Entonces.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero.</p>
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<p>Ahora lo despreciaba. Se hab&iacute;a vuelto peque&ntilde;o. Se despertaba por las noches y la ve&iacute;a mir&aacute;ndolo. Sin comprender. Espantada de su peque&ntilde;ez. Qui&eacute;n es este hombre, parec&iacute;a insinuar. Suplicar. Los &uacute;ltimos a&ntilde;os no hab&iacute;a dejado de suplicar. Con la mirada. Con el cuerpo. Con las manos. Que vuelva el poderoso nadador. Que vuelva. Su silencio le reprochaba que la hubiera abandonado. Que practicase la medicina como si fuera una actividad vil. Como si ganar dinero fuese despreciable, parec&iacute;a decir. Lo avergonzaba. Su mujer lo avergonzaba. Adoraba sus miembros. Sus hombros. Su vientre. Sus pies. Pero por separado. A veces, se la imaginaba inerte. Descuartizada. V&iacute;ctima de un accidente. Con el cuerpo lleno de llagas. Entonces recurr&iacute;a a &eacute;l. Hab&iacute;a intentado explic&aacute;rselo. &iquest;Qu&eacute; suceder&iacute;a entonces si no tuvieses dinero con que pagarme? &iquest;C&oacute;mo puedes ser tan morboso?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero.</p>
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<p>No entend&iacute;a su falta de inter&eacute;s por el dinero. Y quer&iacute;a dejarle. Aunque. Eso lo estimulaba. Tambi&eacute;n sus pacientes ten&iacute;an miedo. De sus diagn&oacute;sticos. De los medicamentos. De las facturas. De una operaci&oacute;n. A veces parec&iacute;an odiarle. Sent&iacute;a piedad. Compasi&oacute;n. Por ellos. Por su mujer. Por todas las criaturas que se arrastraban en este mundo en busca de protecci&oacute;n y no la hallaban.</p>
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<p>&Eacute;l estaba tranquilo.</p>
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<p>Fue poco antes del decimocuarto cumplea&ntilde;os del hijo. Su abogado llam&oacute;. Ten&iacute;an un problema, dijo. Siempre. Es urgente que hablemos, esta vez es algo serio. De verdad. Siempre era urgente. Y serio. De verdad. &iquest;Y qu&eacute;? No le dio importancia. Tantas veces hab&iacute;a estado con el agua al cuello. Se re&iacute;a del agua, &eacute;l, el nadador. Y del cuello. Su&nbsp; madre le hab&iacute;a ense&ntilde;ado que el dinero era despreciable y que no hab&iacute;a que hablar de &eacute;l. Reuni&oacute; los objetos &iacute;ntimos de su hijo cuando muri&oacute;. Y los vendi&oacute;. A &eacute;l le habr&iacute;a gustado conservarlos. Las medallas de judo del hermano. Los libros de ingl&eacute;s. Los cromos. Los zapatos. Muchas cosas. Por las noches hab&iacute;a dormido en la cama del hermano, cuando muri&oacute;. Imaginado que era &eacute;l. Se ara&ntilde;aba el pecho con una cuchilla de su padre. Sangraba. La madre lloraba y clamaba al cielo en silencio. Se preguntaba por qu&eacute;. Por qu&eacute;. Primero un marido. Luego un hijo. Y ahora, &eacute;l.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Algunos pacientes no pod&iacute;an pagar. Otros tardaban en hacerlo. Y la gente no enfermaba como antes, le dijo a su abogado. No lo hac&iacute;an. Eran prudentes. Y listos. Enfermaban s&oacute;lo cuando se lo pod&iacute;an permitir. Asombroso, dijo el abogado. Pero y qu&eacute;. &iquest;Y qu&eacute;? Cuando se lo explicaba a su mujer, ella tampoco entend&iacute;a. Soriasis que curaban solas al segundo mes de tratamiento. Cataratas que dejaban de progresar. Leucopenias que remit&iacute;an tras meses de estacionamiento. No entend&iacute;an. El paciente que ten&iacute;a enfrente lo mir&oacute;. Estaba reci&eacute;n intervenido de urgencias. Un agujero en su cuello de lo m&aacute;s desagradable. Har&aacute; falta un milagro, dijo el abogado. No pagas al fisco. Apuestas. Vas a perder. Perder, se ri&oacute; &eacute;l. El paciente se revolvi&oacute; en el asiento. Ven a verme, dijo. Y colg&oacute; el tel&eacute;fono. Disc&uacute;lpeme. No se preocupe por nada. Ver&aacute; como todo se arregla. &iquest;Es necesario, doctor? &iquest;Si es necesario? &iquest;Operarse? S&iacute;. Lo es. El aire sali&oacute; de sus pulmones y se escap&oacute; por el agujero de su cuello. No era un hombre joven. Ni atractivo. Era un paciente normal. Como todos. Sin embargo. Si jugaba bien sus cartas. Si pod&iacute;a disponer de otra oportunidad. Ninguna mujer le susurrar&iacute;a al o&iacute;do con un agujero as&iacute; en su garganta. Eso no.</p>
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<p>Antes de marcharse, la recepcionista lo intercept&oacute;. Hab&iacute;an llamado del concesionario. La moto. El cumplea&ntilde;os. El regalo del hijo. Han dicho que puede ir a verla cuando quiera. La recepcionista era una chica joven. Lo mir&oacute; con extra&ntilde;eza. Sorprendida. Con una imperceptible mueca de iron&iacute;a en su expresi&oacute;n. Una moto no era para un hombre como &eacute;l. &iquest;Una moto no era para un hombre como &eacute;l? Es para mi hijo, le explic&oacute;. Ella se encogi&oacute; de hombros. Mastic&oacute; su chicle. Sonri&oacute;. Con la boca en forma de coraz&oacute;n. Le habr&iacute;a gustado desnudarse. Mostrarle su pecho de nadador. Arrancarle la ropa a ella y lamer su boca en forma de coraz&oacute;n. Entonces, cuando gimiese de placer, re&iacute;rse de su juventud. Qu&eacute; suerte, dijo ella alegremente. Ser&aacute; mejor que me marche a comer, Esther. Se llamaba Esther. Llevaba poco m&aacute;s de un mes trabajando all&iacute;. No sab&iacute;a hacer nada. No sab&iacute;a manejar el ordenador. Iba al instituto. Se pintaba corazones blancos en los extremos puntiagudos de las u&ntilde;as. Hablaba ingl&eacute;s. A m&iacute; nunca me han hecho un regalo as&iacute;, dijo. Elev&oacute; los ojos al techo. Una moto. Una moto, s&iacute;, dijo &eacute;l. Pero peque&ntilde;a. Para que se pasease por los alrededores. Cerca de la madre. Eso le hab&iacute;a hecho prometer su mujer. Si la ley lo permit&iacute;a, por qu&eacute; no ella. Tambi&eacute;n ella hab&iacute;a sido joven una vez. Tambi&eacute;n hab&iacute;a ido en moto. Utilizado la moto para experimentar. Para apretar los muslos e imaginar. Para aferrarse a la cintura del placer y morderse los labios en forma de coraz&oacute;n. &iquest;O acaso ya lo hab&iacute;a olvidado? Ella. Ella lo hab&iacute;a olvidado. La puta que se abr&iacute;a de piernas en la trasera de su coche despu&eacute;s del cine. Ella hab&iacute;a olvidado c&oacute;mo se deseaba. C&oacute;mo era nadar contra las olas. Lo hab&iacute;a olvidado a &eacute;l nadando contra corriente. En invierno. Hab&iacute;a rebatido casi todos sus argumentos. Hab&iacute;a hablado contra el dinero. Contra la madre. Contra su peque&ntilde;ez. Pero. &iquest;Cu&aacute;ndo empezar&iacute;a a pagarlo? Entre un perro y una moto siempre me quedar&eacute; con una moto, dijo Esther.</p>
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<p>Tom&oacute; el camino que llevaba al despacho del abogado. La calle gris. Brumosa. La lluvia fina. El tr&aacute;fico. Todo tan lento. Tan angustioso y tan lento. Fren&oacute; bruscamente ante una se&ntilde;al de stop. El coche de atr&aacute;s lo embisti&oacute; suavemente. Un muchacho asom&oacute; la cabeza por la ventanilla y se puso a gritar. Como su hermano. Pod&iacute;a verlo n&iacute;tido como ayer. Como el mismo d&iacute;a que sucedi&oacute;. La lluvia acolchaba los gritos. En la pensi&oacute;n. En el colegio. En la calle. En el cementerio, donde esper&oacute; que su madre gritase. Pero. La madre no grit&oacute;. No llor&oacute;. Y el hermano se fue. Un muchacho fuerte, escap&aacute;ndose por entre las gruesas losas de muerte. Elevando hacia los asistentes su dedo coraz&oacute;n. Jajaja. Quince a&ntilde;os.</p>
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<p>El chico del coche de atr&aacute;s arranc&oacute;. Pas&oacute; de largo. Su dedo levantado. Pens&oacute; en el hijo. Repet&iacute;a curso. No hac&iacute;a deporte. No le daba el sol. Pasaba las tardes en su cuarto. Con la Nintendo. Chateando. Con el m&oacute;vil. Con nadie de carne y hueso. Su mujer se preocupaba. Lo rega&ntilde;aba. Lo quer&iacute;a grande. No peque&ntilde;o. No un mu&ntilde;eco como &eacute;l. No quer&iacute;a que desperdiciara el tiempo. El tiempo. Pero. El hijo era manso. Sonre&iacute;a. Dejaba caer su cuerpo inmenso de hombre a&uacute;n peque&ntilde;o, prometedor, sobre el somier. &Eacute;l no quer&iacute;a estar presente. Iba. Ven&iacute;a. Cuando pasaba la tormenta, entraba en la habitaci&oacute;n. El hijo estaba enfrascado en el ordenador. Qu&eacute; haces. Ya ves. Pero. No ve&iacute;a, no. A veces probaba a hablarle del hermano. &iquest;El muerto? S&iacute;. Consigui&oacute; una moto. La arregl&oacute;. &iquest;D&oacute;nde? En un desguace. &iquest;En un desguace? S&iacute;. La arregl&oacute;. &Eacute;l solo. La desmont&oacute;. La limpi&oacute;. Volvi&oacute; a montarla de nuevo. El hijo se fue apartando del ordenador. Luego, su hermano se la regal&oacute; a &eacute;l. &iquest;Y d&oacute;nde est&aacute; ahora? No lo s&eacute;. &iquest;No lo sabes? Es mentira. No hab&iacute;a tratado de inculcar en el hijo su pasi&oacute;n por la medicina. Y el hijo&hellip; &iquest;qui&eacute;n iba a ser? &iquest;Qui&eacute;n era ahora? Volvi&oacute; la cara hacia el ordenador. Los tendones de su cuello tensos. Como los tallos de una planta. Es mentira. No es mentira, dijo &eacute;l. Debe de estar donde la abuela, dijo. La encontrar&eacute;.</p>
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<p>No la encontr&oacute;.</p>
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<p>Por encima de los edificios, hacia el oeste, una gruesa l&iacute;nea de nubes se iba ensanchando. Aparc&oacute; en zona prohibida. Cuando empuj&oacute; la puerta del despacho, oy&oacute; la tormenta tras de s&iacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo encontr&oacute; trabajando. Llevaba su traje azul y su corbata. Y su camisa de abogado. Se tomaba la vida muy en serio. El abogado. Como si la vida fuese algo cuyo rendimiento hubiese que demostrar. La vida no es un juego, dec&iacute;a. No se pod&iacute;a vivir despreocupadamente. Como si todo fuse un juego de bloques que hubiera que encajar. No se pod&iacute;a vivir como &eacute;l. Sin tratar de demostrar nada. &iquest;Qu&eacute; tengo que demostrar?, preguntaba &eacute;l. Que eres lo que dices ser. Solvente. Buen m&eacute;dico. Lo soy. Nadie lo dir&iacute;a en cuanto a la solvencia. En cuanto a lo de ser buen m&eacute;dico&hellip; En este juego se pierde con facilidad. Has dicho antes que la vida no es un juego. Pero. Lo era. Un juego de bloques que hab&iacute;a que encajar. Quito este bloque de aqu&iacute; y lo encajo all&aacute;. Un abogado encaja cosas dentro de otras cosas, se dijo. Si lo consigue, es feliz. Le gustaba sentarse en el despacho de su abogado. Y escucharlo. Sus esfuerzos por encajar los bloques. Sus razones. Sus esfuerzos por hacerlo encajar a &eacute;l. Mientras &eacute;l asent&iacute;a. Mientras &eacute;l fing&iacute;a que entend&iacute;a.</p>
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<p>Le ofreci&oacute; caf&eacute;. &iquest;Algo un poco m&aacute;s fuerte? No tengo nada m&aacute;s fuerte. Cogi&oacute; la fotograf&iacute;a que hab&iacute;a sobre el escritorio y la observ&oacute;. El abogado y su mujer. Y un beb&eacute;. El abogado sacudi&oacute; la cabeza. Se acabaron las apuestas, dijo. Le habl&oacute; de la auditor&iacute;a. De las irregularidades en las declaraciones de la renta. Vas a perder tu negocio. &iquest;La cl&iacute;nica? La cl&iacute;nica. La cl&iacute;nica es m&iacute;a. Es del banco. Una inc&oacute;moda verdad. Se levant&oacute; y camin&oacute; por la habitaci&oacute;n. No puede ser tan grave. Observ&oacute; de nuevo la foto. Est&aacute;s exagerando. El abogado y su mujer. Y el beb&eacute;. Hipotecar&eacute; la casa, dijo. Siempre est&aacute;s jugando a perder, dijo el abogado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ella lo llam&oacute; por tel&eacute;fono y lo anunci&oacute;. No fue una advertencia. No fue una celebraci&oacute;n. Simplemente lo anunci&oacute;. Y el hijo naci&oacute; nueve meses despu&eacute;s. &Eacute;l volv&iacute;a de su trabajo en el hospital y miraba la cuna donde dorm&iacute;a el hijo. A veces, lloraba. A veces, lo miraba llorar. Y otras, no pod&iacute;a mirar m&aacute;s. Pensaba en el hermano muerto. Pensaba en lo que le hab&iacute;a robado a su hermano. El hijo. La mujer. El trabajo en la cl&iacute;nica. La casa. Luego ella ven&iacute;a y lo rodeaba con sus brazos y &eacute;l olvidaba que era un mezquino y un bastardo. El que sobrevivi&oacute;. Desabrochaba su camisa con sus dedos como lazos. Los derramaba sobre su pecho. Y sus pezones se erizaban. Y su miembro se levantaba. Y ella gem&iacute;a y suspiraba y sus ojos se volv&iacute;an vidriosos cuando entraba dentro de ella y no pod&iacute;a dejar de pensar en la hinchaz&oacute;n de sus ojos anegados de deseo y de compasi&oacute;n y de amor. Y entonces, la madre enferm&oacute;. El c&aacute;ncer tom&oacute; posesi&oacute;n de la escena familiar. Manteni&eacute;ndolo todo a raya. Y qued&oacute; atado a una vida peque&ntilde;a de nadador cobarde. Cerca de la orilla. La madre era menos importante que la mujer. Pero. Morir&iacute;a tambi&eacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Condujo distra&iacute;do hasta el concesionario. La lluvia le hac&iacute;a sentir ingr&aacute;vido. Lento. No pod&iacute;a pensar. No quer&iacute;a perder la cl&iacute;nica. Pero. &iquest;Qu&eacute; pod&iacute;a hacer? &iquest;Hipotecar la casa? La casa era de ella. Su herencia. Todo ese maldito dinero que se fue. En la cl&iacute;nica. En las operaciones de la madre. En las apuestas. Maldito dinero de ella. Te juro que lo quemar&iacute;a. La casa, el dinero, todo. Y lo habr&iacute;a hecho de no ser por la &uacute;ltima apuesta. Aquella racha de buena suerte. El &uacute;ltimo y desesperado esfuerzo del nadador. Pero. La racha se hab&iacute;a terminado, al parecer. En el casino lo toleraban. Le dejaban jugar. Perder, m&aacute;s bien. Excepto alguna peque&ntilde;a ganancia, todo para ellos. Est&uacute;pido. Torpe. Ella ya s&oacute;lo ve&iacute;a en &eacute;l la mitad de un hombre. Y c&oacute;mo impedirlo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El vendedor lo esperaba en la puerta. Era un hombre con un solo brazo. Tard&oacute; unos segundos en reaccionar. La &uacute;ltima vez tambi&eacute;n le sorprendi&oacute;. Volvi&oacute; a presentarse como entonces, extendiendo el brazo izquierdo. &Eacute;l dud&oacute;. Se mir&oacute; las dos manos. &iquest;Qu&eacute; mano deb&iacute;a ofrecer? El otro volvi&oacute; a decirle su nombre, que ya no recordaba. Silas. Silas vest&iacute;a un buen traje. Sinti&oacute; admiraci&oacute;n por &eacute;l. Llevaba el pelo peinado hacia delante, con clase. Como un emperador. Me alegra volverlo a ver. A m&iacute; tambi&eacute;n. Silas meti&oacute; su &uacute;nica mano en el bolsillo. Vayamos a ver la moto. Ten&iacute;a una hilera de dientes perfectos. Dos arrugas en el entrecejo. Introdujo en la puerta una llave que entresac&oacute; de un manojo. Pero. No era esa. Lo siento, dijo. Nunca s&eacute; cu&aacute;l es. Del llavero sobresal&iacute;a una cosa con pelo. Una pata de conejo. La mir&oacute; un momento con asco. Silas lo advirti&oacute;. Dej&oacute; de moverla. Nunca me separo de ella, dijo. Le explic&oacute; que era su talism&aacute;n de la suerte. &Eacute;l no ten&iacute;a un talism&aacute;n, pens&oacute;. Hace a&ntilde;os tuve un accidente. Nadie daba un duro por m&iacute;. Se mir&oacute; la manga hueca de su americana y guard&oacute; silencio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entraron en el hangar. Aqu&iacute; est&aacute;, dijo. Hab&iacute;a unas cincuenta motocicletas aparcadas all&iacute;. Alineadas, limpias. Parec&iacute;an nuevas. Silas se detuvo ante una de color azul. Grande. En la foto no le hab&iacute;a parecido tan grande. El sill&iacute;n ancho. Las ruedas tan gruesas como las de un coche. Qu&eacute; le parece, pregunt&oacute; Silas. Demasiado grande para un chico. C&oacute;mo dice. A qu&eacute; chico se refiere. Al m&iacute;o. &iquest;Esta moto no es para usted? Es para mi hijo. Cumple catorce a&ntilde;os el domingo. Silas pesta&ntilde;e&oacute;. Extendi&oacute; la mano izquierda y la llev&oacute; hasta el lado derecho de su cr&aacute;neo, por encima de la cabeza. Se rasc&oacute;. La maniobra no result&oacute; natural. Eso cambia un poco las cosas, dijo. Aunque es una moto inofensiva para un adulto, a un chico podr&iacute;a impresionarlo. Ser&aacute; dif&iacute;cil de maniobrar. Es demasiado grande, s&iacute;. Demasiado grande para un chico. Y demasiado cara, le dijo al vendedor. Podr&iacute;a rebajarla un poco, eso no ser&iacute;a problema. Pero. No se trata de eso. Era demasiada moto para un chaval. &Eacute;l rode&oacute; la moto. Pas&oacute; la mano por el sill&iacute;n, mientras Silas guardaba silencio. S&oacute;lo cumplir&aacute; catorce a&ntilde;os una vez.</p>
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<p>So&ntilde;&oacute; con el d&iacute;a en que la madre los llev&oacute; al balneario. Un gran hotel anticuado, al lado del mar. Con la l&aacute;mpara del gran sal&oacute;n encendida. A su madre la hab&iacute;a invitado un se&ntilde;or que ven&iacute;a a casa algunas veces. Tambi&eacute;n ven&iacute;an otros. Tra&iacute;an regalos. Y chuletas. Cuando viv&iacute;a el hermano, se re&iacute;an de ellos a escondidas. Ahogando las risas con un almohad&oacute;n. Cuando muri&oacute;, &eacute;l dej&oacute; de re&iacute;rse. Intentaba hablar con ellos. Agradarlos. En el sue&ntilde;o, la madre le ped&iacute;a que fuera amable con el hombre que los hab&iacute;a invitado. &Eacute;l sonre&iacute;a y su cara, al mirarse en un espejo, era diferente. Vieja. Se contra&iacute;a en torno a un gran agujero en el centro del gaznate. Pero. A&uacute;n segu&iacute;a habiendo en ella algo familiar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;El domingo se levant&oacute; temprano. El d&iacute;a del cumplea&ntilde;os del hijo. Mientras ellos a&uacute;n dorm&iacute;an se duch&oacute;. Se abrig&oacute;. Fue al garaje en busca de la moto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Condujo deprisa. Sin casco. El aire le presionaba en la cara como si fuese algo s&oacute;lido. Le cerraba los ojos. Todo &eacute;l, gravedad. Carne blanda y mortal. &iquest;Y si mor&iacute;a? No hac&iacute;a falta rodear todo el pueblo para ir a la panader&iacute;a. Pero. Aceler&oacute;. Pod&iacute;a morir. Solo con apartar un poco la mano del manillar. Sinti&oacute; su peso contra el suelo. Contempl&oacute; la imagen. La posibilidad. Pero. Nada parec&iacute;a presagiarlo. La muerte s&uacute;bita, sin presagio, no ten&iacute;a emoci&oacute;n. Ni siquiera parec&iacute;a real. Qu&eacute; emoci&oacute;n ten&iacute;a estar vivo un instante y al instante siguiente no. La emoci&oacute;n estaba en el camino. En la transici&oacute;n. La m&uacute;sica, el crescendo, la conciencia, el redoble del tambor. Fren&oacute; con elegancia frente a la panader&iacute;a. Luego condujo despacio hacia casa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ella llevaba puesto el camis&oacute;n. Leb&oacute;n ha llamado, dijo. Lo mir&oacute;. &iquest;Vas a venir a recoger a mi madre?, dijo &eacute;l. Se hab&iacute;a puesto una sudadera encima del camis&oacute;n. Una imagen procaz. Evit&oacute; mirarla. Pero. La mir&oacute;. Ella apart&oacute; los ojos y bebi&oacute; de su taza de caf&eacute;. &iquest;Por qu&eacute; llama en domingo tu abogado?, quiso saber. No lo s&eacute;. Se acerc&oacute; y puso una mano en la cintura de su mujer. Ella se apart&oacute;. Qu&eacute; ha pasado esta vez. Nada, dijo &eacute;l sin mucho acaloramiento. No ha pasado nada. Es domingo. Es el cumplea&ntilde;os del ni&ntilde;o. Tengamos la fiesta en paz. Ella dej&oacute; su taza. Se abraz&oacute; la sudadera y sali&oacute; al jard&iacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Volvi&oacute; al dormitorio. Se lav&oacute; las manos en el lavabo y se masturb&oacute;. Se contempl&oacute; en el espejo mientras lo hac&iacute;a. Su rostro contra&iacute;do. Sus m&uacute;sculos en tensi&oacute;n. Ella sol&iacute;a decirle que la excitaba verlo as&iacute;. Sinti&oacute; los lametazos del placer en la base de la espalda. Pasando de largo. La rabia. &Eacute;l hab&iacute;a crecido hasta hacerse mayor. El hermano no. Pens&oacute; en ello y se puso a llorar. Pens&oacute; en ello y en que era imposible correrse y llorar a la vez.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El hijo lo acompa&ntilde;&oacute; a la estaci&oacute;n. A&uacute;n segu&iacute;a lloviendo. Las luces de las farolas dibujaban conos amarillos sobre el pavimento mojado. Tem&iacute;a el encuentro con la madre. La madre ser&iacute;a la misma de siempre, m&aacute;s vieja. M&aacute;s fr&aacute;gil. M&aacute;s peque&ntilde;a. Pero. El hijo conect&oacute; la radio. Hubiera querido apagarla. No estaba de humor. Le pidi&oacute; que no mencionase la moto delante de la abuela. Por qu&eacute; no, dijo el hijo. Mientras tecleaba en su aparato celular. Sin apartar la vista de &eacute;l. No lo hagas, dijo &eacute;l. Pero la ver&aacute;. No lo hagas. Su madre lo mirar&iacute;a con severidad. Sin sitio donde esconderse. No s&eacute; por qu&eacute; le tienes miedo a la abuela. No le tengo miedo a la abuela. Pero. Cuando vio sentada a su madre en uno de los bancos de la estaci&oacute;n, sola, junto a sus dos maletas viejas, sujetando un paraguas negro, supo que s&iacute;. De sus silencios. De su distancia. Del sonido de su voz. El hijo no se apresur&oacute;. Tir&oacute; de &eacute;l. La abuela los observ&oacute; acercarse. Hola mam&aacute;, dijo &eacute;l. Hola, contest&oacute; la madre poni&eacute;ndose en pie. &Eacute;l recogi&oacute; las maletas del suelo, mientras el hijo le hablaba a la abuela de la moto. Sinti&oacute; subirle el rencor a la garganta. A la cabeza. Hubiera querido golpearle. Al hijo. Pero. Se qued&oacute; callado. Paralizado. No pudo hablar. La madre no dijo nada. Tosi&oacute; y se encorv&oacute; sobre su bolso. No se parec&iacute;a a la mujer del balneario ni a la que vendi&oacute; las cosas del hermano. Apenas se parec&iacute;a a s&iacute; misma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La mujer los esperaba con la comida preparada. Comieron en silencio. De vez en cuando, el hijo dejaba escapar una risa mientras miraba la televisi&oacute;n. Llov&iacute;a. Su mujer le pregunt&oacute; a la madre por algunos detalles del viaje en tren. La madre contestaba sin mirarla. Mientras empujaba la carne en el plato con el tenedor. Tomaron la tarta en el sal&oacute;n. El hijo pregunt&oacute; por la moto. No pod&iacute;an salir con ella y tuvieron que conformarse con conducirla por el jard&iacute;n. Su mujer y su madre beb&iacute;an caf&eacute; en la cocina o sal&iacute;an al porche. No hablaban. Las observ&oacute; desde lejos. Como si fueran algo amenazador. La madre, sentada en la tumbona sacudi&eacute;ndose un hilo de la falda. Su mujer, de pie. Inmensa. Poderosa. Si &eacute;l hubiera tenido de ni&ntilde;o una amiga como ella, as&iacute; de fuerte. As&iacute; de fr&iacute;a. As&iacute; de poderosa. Si hubiera podido disfrutar de su favor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;La madre se fue a dormir temprano. Empez&oacute; a beber cuando el hijo y la mujer subieron a su habitaci&oacute;n. Ella mir&oacute; con asco la botella de Smirnov. Y a &eacute;l.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Le dol&iacute;a la cabeza. Ten&iacute;a la boca pastosa. Rigidez en la parte de atr&aacute;s del cuello. Llam&oacute; a la cl&iacute;nica. Le dijo a Esther que no ir&iacute;a hoy. &iquest;Puedo irme a casa?, pregunt&oacute; ella. No, contest&oacute; &eacute;l.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Delante del desayuno tuvo ganas de vomitar. Donde est&aacute; mam&aacute;, pregunt&oacute; a su mujer. Su mujer no contest&oacute;. Abri&oacute; una ventana. El olor de fuera penetr&oacute; en la cocina. El humo. El hedor de las hojas podridas. De la turba. De los cuervos y las tumbas. Se levant&oacute;. Llev&oacute; la taza al fregadero y dijo que se iba a dormir. Tu madre est&aacute; fuera, dijo ella, en el jard&iacute;n. Hace fr&iacute;o, dijo &eacute;l. Hay quince grados, dijo ella. Lo mir&oacute; un instante. Luego se dio media vuelta y se puso a fregar los platos. &Eacute;l la contempl&oacute;. Su silueta compacta. De una pieza. Sin fisuras o articulaciones. Sin huecos. Sinti&oacute; en la entrepierna el inicio de una erecci&oacute;n. Se acerc&oacute; a ella por detr&aacute;s. No tuvo tiempo de volverse. La empuj&oacute; contra el fregadero y la inmoviliz&oacute;. Tir&oacute; del pantal&oacute;n del pijama. De la goma de las bragas. Meti&oacute; la mano entre los muslos y los separ&oacute;. Ella se resisti&oacute;. O&iacute;a su respiraci&oacute;n jadeante, llena de rabia, cerca de su cara. Pero. No se detuvo. Abri&oacute; los labios del co&ntilde;o y la penetr&oacute; con el dedo. Estaba h&uacute;medo. Luego se baj&oacute; los pantalones y se masturb&oacute;, antes de met&eacute;rsela por detr&aacute;s. Mientras le aplastaba las tetas con las manos. Mientras la aplastaba contra su pecho de nadador. Mientras ella forcejeaba para zafarse de &eacute;l. El cami&oacute;n de la basura se detuvo al otro lado de la verja del jard&iacute;n y se march&oacute;. Ninguno de los dos dijo una palabra. Ella estaba llorando cuando la apart&oacute; de s&iacute;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una escena navide&ntilde;a. &Eacute;l y su hermano sacando las bicicletas del garaje para ir a jugar. La calle llena de nieve. Y un perro. Y montones de personas alrededor del pobre animal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En un banco, cambi&oacute; el cheque. Tom&oacute; la direcci&oacute;n del casino. No era la hora de mayor afluencia. Pero. Se sent&oacute; un rato en el bar, para abarcar todas las mesas de un vistazo. La gente que estaba reunida all&iacute; no parec&iacute;a temerle a la adversidad. Parec&iacute;an muertos. Mu&ntilde;ecos. Nadie permanec&iacute;a mucho rato en el mismo lugar. Todos quer&iacute;an lo mismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Perder.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Abandon&oacute; la barra y dej&oacute; atr&aacute;s el bar. Sali&oacute; a la terraza. El mar no se ve&iacute;a. Se o&iacute;a. Tras las dunas de arena. Se sent&oacute; en la barandilla y observ&oacute; a su espalda el interior tras el cristal. Como en una pel&iacute;cula muda. La mesa del black Jack. La ruleta. Todos iban solos al casino. Como &eacute;l. Hombres y mujeres solos, peque&ntilde;os, movi&eacute;ndose nerviosamente de un lugar a otro. Cuesti&oacute;n de tiempo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dio la espalda a la escena y contempl&oacute; el horizonte. Ancho. Oscurecido. Ante &eacute;l. Salt&oacute; la barandilla. Se descolg&oacute; por la pared rocosa, resbalando por ella, y lleg&oacute; al suelo. Comenz&oacute; a caminar por la arena. Primero se quit&oacute; los zapatos. Luego se quit&oacute; el abrigo y lo abandon&oacute; sobre unas rocas. Despu&eacute;s el resto de la ropa. No dej&oacute; de caminar. El mar segu&iacute;a sin verse. Pero. Se o&iacute;a. All&aacute;. Solo. Un poco m&aacute;s all&aacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 28 May 2021 06:50:29 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La verdad criminal de nuestra historia reciente]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-verdad-criminal-de-nuestra-historia-reciente/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2021/sands300.jpg" alt="" /></p>
<p>Entre 1945 y 1946 tuvo lugar en N&uacute;remberg el largo proceso que sent&oacute; en el banquillo a una veintena de nazis implicados, en diferentes grados, en las matanzas y todo g&eacute;nero de delitos de los que fue autor consciente un amplio elenco de alemanes encabezado, entre otros, por Adolf Hitler. En el banquillo se sentaba Hans Frank, abogado, ex ministro del reci&eacute;n derrocado r&eacute;gimen, y responsable, entre otras muchas acciones criminales, del asesinato de tres mil quinientos jud&iacute;os, ejecutados al borde de una fosa donde se enterraron, amontonados, los cad&aacute;veres, en las cercan&iacute;as de la ciudad entonces polaca conocida como Lwow, Lvov, Lviv o Lemberg. As&iacute; como de la deportaci&oacute;n de muchos m&aacute;s a los campos de exterminio.</p>
<p>De Lemberg, y de sus proximidades, donde ejerci&oacute; su letal dominio Frank como gobernador, proven&iacute;an, y all&iacute; hab&iacute;an residido y llevado a cabo parte de sus estudios, Hersch Lauterpacht, catedr&aacute;tico de derecho internacional afincado en Inglaterra; Rafael Lemkin, fiscal y abogado, que ejerci&oacute; la casi totalidad de su carrera profesional en Estados Unidos; y Leon Buchholz, abuelo por l&iacute;nea materna de Philippe Sands, autor de <em>Calle Este-Oeste</em>, un extraordinario trabajo que destaca por su cuidada y exhaustiva documentaci&oacute;n, y por su habilidad narrativa.</p>
<p>Sands (Londres, 1960) es profesor de derecho internacional en el University College de su ciudad natal; y ha jugado un importante papel en los juicios llevados a cabo en el Tribunal de Justicia de la Uni&oacute;n Europea y en la Corte Penal Internacional de La Haya, referidos al m&aacute;s reciente conflicto yugoslavo, al genocidio ruand&eacute;s, a la invasi&oacute;n de Irak, a Guant&aacute;namo, o al dictador chileno Pinochet. Ha escrito ensayos sobre la ilegalidad de la guerra de Irak o el uso de la tortura por parte del gobierno de Bush. Seis a&ntilde;os de arduo trabajo, seg&uacute;n explica al final de <em>Calle Este-Oeste</em>, le han llevado a elaborar una suerte de quest o de ensayo narrativo<em> </em>que tiene mucho de detectivesco, de thriller, de indagaci&oacute;n sobre el horror del siglo XX, lo que facilita su lectura pese al acopio de datos &ndash;el listado de las fuentes utilizadas, las notas, los cr&eacute;ditos de las m&aacute;s de setenta ilustraciones y mapas, y el &iacute;ndice anal&iacute;tico que acompa&ntilde;an la edici&oacute;n, ocupan casi un centenar de p&aacute;ginas.</p>
<p>Adem&aacute;s de reproducir una buena parte de los debates internos del juicio de N&uacute;remberg &ndash;haciendo hincapi&eacute; en las intervenciones de jueces, fiscales, abogados y de algunos de los acusados (G&ouml;ring, Ribbentrop, Rosenberg, Speer o el propio Frank, entre otros)-, Sands recoge opiniones y testimonios de descendientes directos de algunos de aquellos personajes. Uno de los m&aacute;s interesantes es el de Niklas Frank, que no s&oacute;lo abomina de su padre, sino que todav&iacute;a hoy mira cada d&iacute;a la foto de su cad&aacute;ver, efectuada instantes despu&eacute;s de ser ahorcado en N&uacute;remberg: &ldquo;Para acordarme, para asegurarme de que est&aacute; muerto&rdquo; (p. 493).</p>
<p>Pero sin duda hay tres componentes que colman el inter&eacute;s de este trabajo: la biograf&iacute;a y la descripci&oacute;n del quehacer intelectual y pol&iacute;tico de Lauterpacht y de Lemkin, y la indagaci&oacute;n en el pasado familiar del autor, a medida que, tard&iacute;amente, lo va descubriendo. Todo ello relacionado con la ra&iacute;z com&uacute;n en la regi&oacute;n de la Galitzia polaca &ndash;hoy ucraniana- donde Frank &ndash;del que tambi&eacute;n se nos dan muchos detalles de su vida personal, militar y pol&iacute;tica- ejerci&oacute; un poder destructivo. Lauterpacht y Lemkin, con sus seguidores en el campo de las ideas referentes a la aplicaci&oacute;n de la justicia universal, fueron los &ldquo;creadores&rdquo;, respectivamente, del concepto de cr&iacute;menes contra la humanidad y del de genocidio. Sands no elude cualquier aportaci&oacute;n que explique el auge merecido de ambos t&eacute;rminos y la importancia de su relevante aplicaci&oacute;n en muchas de las acciones y de los an&aacute;lisis ejercidos con posterioridad a la fecha de N&uacute;remberg. Un solo ejemplo: la noci&oacute;n de genocidio tiene sus antecedentes en la de &ldquo;V&ouml;lkermord&rdquo; (asesinato de pueblos), que ya formul&oacute; el poeta August Graf von Platen en 1831, y Friedrich Nietzsche en <em>El nacimiento de la tragedia</em>, cuatro d&eacute;cadas m&aacute;s tarde (p. 253). Lauterpacht y Lemkin enfrentaron ambos conceptos, intentando imponer cada uno la supremac&iacute;a del suyo, lo que hace que Sands concluya que en buena medida se complementan y revisten la misma vital importancia en la consecuci&oacute;n de un mundo m&aacute;s justo.</p>
<p>A esas indagaciones sobre personajes fundamentales en la construcci&oacute;n de nuestro universo judicial contempor&aacute;neo, se une, como ya he dicho, el descubrimiento progresivo de unos antecedentes familiares semitas, del que los ascendientes han preferido ocultar los detalles en un intento por superar la marca indeleble grabada en sus vidas. Sands averigua que una buena parte de sus predecesores perecieron v&iacute;ctimas de la Shoah. En cuanto a los que escaparon de ella, han preferido, como su abuelo Leon, adoptar el silencio, en un singular rescate de s&iacute; mismos que resulta imposible: &ldquo;Es solo que hace much&iacute;simo tiempo decid&iacute; que esa era una &eacute;poca que no deseaba recordar. No he olvidado. He decidido no recordar&rdquo; (p. 427), manifiesta el anciano, con delicada sutileza.</p>
<p>Sands ha viajado tambi&eacute;n a los lugares donde los hechos evocados tuvieron su desarrollo para constatar que, en muchos casos, se ha intentado cubrirlos de un velo que esconde la verg&uuml;enza o la ausencia de cr&iacute;tica, si no una rid&iacute;cula parodia. As&iacute;, cuando, de visita en la actual Lviv ucraniana, el autor descubre, cercano a las ruinas de la sinagoga construida a finales del siglo XVI y destruida por los nazis en 1941, un restaurante jud&iacute;o llamado Golden Rose en una ciudad donde no sobrevivi&oacute; ning&uacute;n representante de esta naci&oacute;n. Los comensales, a los que observa, cenan ataviados como jud&iacute;os de la d&eacute;cada de los veinte: sombreros negros y toda &ldquo;la parafernalia asociada a la comunidad jud&iacute;a ortodoxa. Nos quedamos horrorizados [le acompa&ntilde;a su hijo]; era un lugar para que se disfrazaran los turistas, que al entrar cog&iacute;an las caracter&iacute;sticas prendas y sombreros negros de unos colgadores situados justo dentro de la entrada principal. El restaurante ofrec&iacute;a comida jud&iacute;a tradicional &ndash;junto con salchichas de cerdo- en un men&uacute; en el que no figuraban los precios. Al final de la comida, el camarero invitaba a los comensales a regatear el precio&rdquo; (p. 505).</p>
<p>La supuesta comicidad de la interesada parodia no puede ser m&aacute;s ofensiva ni infame.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Philippe Sands, <em>Calle Este-Oeste. Sobre los or&iacute;genes de &ldquo;genocidio&rdquo; y &ldquo;cr&iacute;menes contra la humanidad&rdquo;</em>, traducci&oacute;n de Francisco J. Ramos Mena, Barcelona, Anagrama, 2017.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 28 May 2021 06:46:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Regreso a la Alcarria]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/regreso-a-la-alcarria/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/ors500.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo">&nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp; En 1949 Josep Pla publicaba <em>Viaje a pie</em>, un conjunto de cr&oacute;nicas con las que testimoniaba su proximidad al mundo rural del Ampurd&aacute;n, recreando parajes de eleg&iacute;aca configuraci&oacute;n y contemplativa mirada. Algunas d&eacute;cadas antes hab&iacute;a visto la luz el &uacute;nico libro en prosa de Federico Garc&iacute;a Lorca, <em>Impresiones y paisajes</em> (1918), donde relataba, con un ya inconfundible estilo po&eacute;tico, su viaje como estudiante universitario por diversas regiones peninsulares. Y Miguel de Unamuno captar&iacute;a el paisaje caracter&iacute;sticamente noventayochista en <em>Andanzas y visiones espa&ntilde;olas </em>(1922); sin olvidar la huella literaria de aquellos decimon&oacute;nicos viajeros rom&aacute;nticos. Toda una tradici&oacute;n narrativa, en suma, que ha nutrido la obsesiva "filosof&iacute;a de andar y ver", donde el viaje no supone el mero desplazamiento de un lugar a otro, sino que implica un recorrido &iacute;ntimo, un introspectivo peregrinaje que tiene mucho de cat&aacute;rtica experiencia personal. El viajero que observa, describe y medita se erige as&iacute; en un pensador de la existencia, inmerso en un periplo inici&aacute;tico, donde el entorno visitado cobra vida propia y sugestivo protagonismo literario. Con esta decantaci&oacute;n narrativa Camilo Jos&eacute; Cela publicaba <em>Viaje a la Alcarria</em> (1948), que &eacute;l mismo consideraba como "mi libro m&aacute;s sencillo, m&aacute;s inmediato y directo." Se recogen aqu&iacute; sus andariegas vivencias que, dos a&ntilde;os antes, le hab&iacute;an llevado a conocer <em>in situ </em>&nbsp;buena parte de la provincia de Guadalajara.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El narrador y periodista cultural, formado como historiador, Javier Ors, autor de los libros de relatos <em>Un tibur&oacute;n en la piscina</em> y <em>Cuarteto de cuerdas</em> y la novela <em>Los a&ntilde;os asesinos</em>, ha recorrido tambi&eacute;n sobre el terreno el mismo trayecto que en su d&iacute;a realizara el creador de <em>La colmena</em>, dando como resultado el volumen <em>Una aventura period&iacute;stica. Nuevo paseo por la Alcarria de Cela</em>. Este texto tiene la forma de un conjunto de reportajes, que pautan una ruta de mirada comparativa con su ya cl&aacute;sico antecedente viajero. El redactor, trasunto autorial, acompa&ntilde;ado de un fot&oacute;grafo (Alejandro Olea), se echa a andar siguiendo un referente literario, rese&ntilde;ando la pervivencia del mismo en un paisaje cada vez m&aacute;s urbano, industrial y tecnificado. Se rescata aqu&iacute; la figura del apenas conocido retratista del viaje celiano, Karl Wlasak, que aport&oacute; las im&aacute;genes de la primera edici&oacute;n del libro. Taciturno y distante, fugitivo acaso de la deprimida postguerra europea, retra&iacute;da figura que contrastar&iacute;a con la exultante presencia del escritor, su perfil y su trabajo aportar&iacute;an la impactante visualidad de una deprimida belleza. En <em>Una aventura period&iacute;stica</em>, el redactor y su acompa&ntilde;ante encaran su divergente y complementario car&aacute;cter: esc&eacute;ptico y desencantado el primero, grave y de lac&oacute;nica expresi&oacute;n el segundo. Encontr&aacute;ndose&nbsp;&nbsp; ambos con una variada tipolog&iacute;a humana, se radiograf&iacute;a aqu&iacute; certeramente el car&aacute;cter popular que oscila entre la abierta franqueza de trato y el consabido recelo ante el errabundo forastero. Se frecuenta al sentencioso lugare&ntilde;o, que ostenta sin saberlo una antigua filosof&iacute;a del coloquial sentido com&uacute;n; preguntado uno de ellos si queda muy lejos una determinada poblaci&oacute;n, precisa: "Lejos, no; solo es tiempo". Y es que en este recorrido viajero impera la impresi&oacute;n de un tiempo detenido, que gravita entre el de aquella novela de los a&ntilde;os cuarenta y un presente de constancia residual, con inevitables p&eacute;rdidas y puntuales recordatorios. Plazas de pueblo, recoletos rincones o empinadas callejuelas compiten ahora con rotondas o v&iacute;as r&aacute;pidas, que han desbancado a caminos vecinales o parsimoniosas majadas. Nuestros viajeros son continuamente confundidos con integrantes de una excursi&oacute;n de universitarios de varios pa&iacute;ses; la novelesca andadura convertida as&iacute; en ruta vagamente tur&iacute;stica y pintoresca. Los sonoros top&oacute;nimos de la regi&oacute;n van jalonando el camino: Taracena, Valdenoches, Torija, Cifuentes, Brihuega, Morandel, Trillo..., al tiempo que placas conmemorativas en algunos de estos lugares recuerdan el paso de aquel cachazudo y aplomado novelista. La memoria que del mismo pervive es aqu&iacute; desigual; campechano y dicharachero para unos, "un borde y un maleducado" para otros. Y muchos recuerdan, sobre todo, el regreso del escritor a esos parajes, que motivar&iacute;a el <em>Nuevo viaje a la Alcarria</em>, en Rolls Royce y&nbsp; con choferesa de color.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Este libro no es tan solo la cr&oacute;nica de unas vivencias viajeras, porque plantea tambi&eacute;n&nbsp; interesantes cuestiones de teor&iacute;a narrativa: el juego ficcional con la realidad, la distancia expresiva&nbsp; entre el redactor que ley&oacute; en su d&iacute;a el libro de Cela y el que ahora testimonia su viaje a la Alcarria, el modo en que leemos actualmente a los cl&aacute;sicos literarios, o la decisiva importancia del lenguaje descriptivo y adjetival. De la mano de esta bien templada prosa recorremos ventas, posadas, figones y paradores, en una geograf&iacute;a humana donde a&uacute;n perviven las huellas del escritor que aqu&iacute; es tambi&eacute;n justamente reivindicado: "&Eacute;l, que m&aacute;s tarde acarrear&iacute;a con el peso de hombre grosero, destemplado y tosco, una imagen que a&uacute;n ensombrece su nombre y perjudica su obra, tom&oacute; la ins&oacute;lita decisi&oacute;n de abandonar el confort de las bibliotecas para perseguir el idioma donde se habla, que es en la calle y en el campo, y no ce&ntilde;irse &uacute;nicamente al&nbsp; que consignan los libros." Por otro lado, y en claro ejercicio metaficcional, el autor entrega estas p&aacute;ginas, que figuradamente le ha pasado un amigo suyo -el redactor-, a un conocido de su confianza, cuyo nombre coincide con el de quien escribe esta rese&ntilde;a.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sabemos ya sobradamente que buena parte de la mejor literatura -de Chaves Nogales a Garc&iacute;a M&aacute;rquez- anida en la cr&oacute;nica period&iacute;stica, como un g&eacute;nero narrativo perfectamente consolidado y aut&oacute;nomo. Javier Ors se viene a sumar con este libro a la rica tradici&oacute;n del relato&nbsp; viajero de honda proyecci&oacute;n humana. Ha contado con una selecta documentaci&oacute;n bibliogr&aacute;fica sobre el libro de Cela, ha reconstruido aquella caminante experiencia, ha reflexionado sobre la veros&iacute;mil impostura de la libre fabulaci&oacute;n, consiguiendo con todo ello un libro de inteligente amenidad y comprometida excelencia literaria.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Javier Ors, <em>Una aventura period&iacute;stica. Nuevo paseo por la Alcarria de Cela</em>, Valencia, Calambur, 2020.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 28 May 2021 06:42:21 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA publica un texto inédito de Claudio Magris]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-publica-un-texto-inedito-de-claudio-magris/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2021/Mayo/magris500.jpg" alt="" /></p>
<p>La revista cultural TURIA publica en su nuevo n&uacute;mero, que se distribuir&aacute; este mes de junio&nbsp; en Espa&ntilde;a y otros pa&iacute;ses, un sumario con interesantes textos in&eacute;ditos protagonizados por grandes autores. As&iacute;, TURIA avanza, en primicia en espa&ntilde;ol, el nuevo libro de relatos del escritor italiano Claudio Magris, premio Pr&iacute;ncipe de Asturias y uno de los grandes intelectuales europeos actuales. Bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Tiempo curvo en Krems&rdquo;, este volumen re&uacute;ne cinco relatos conectados sutilmente por algunos temas compartidos: la vejez, la evocaci&oacute;n del pasado, el tiempo que adquiere una dimensi&oacute;n no lineal y una sensaci&oacute;n de desplazamiento, de extra&ntilde;amiento que de un modo u otro acompa&ntilde;a a los personajes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tambi&eacute;n TURIA da a conocer un amplio e interesante art&iacute;culo de Jos&eacute; Teruel en el que invita a redescubrir la personalidad y la obra de la escritora Carmen Laforet, de quien se subraya su car&aacute;cter de pionera de la literatura escrita por mujeres en Espa&ntilde;a tras la posguerra. Sin duda, que el primer Premio Nadal, que ser&aacute; el galard&oacute;n literario m&aacute;s importante durante d&eacute;cadas, fuera concedido en 1945 a su novela &ldquo;Nada&rdquo; cuando la autora era una desconocida de 23 a&ntilde;os, se convirti&oacute; en un aut&eacute;ntico fen&oacute;meno social y cultural. Resulta muy oportuno revisitar ahora su obra, adentrarnos en su trayectoria creativa cuando se cumple este a&ntilde;o el centenario de su nacimiento y confimar su vigencia e inter&eacute;s.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UN CLAUDIO MAGRIS DESLUMBRANTE E IR&Oacute;NICO</strong></p>
<p>Los protagonistas de &ldquo;Tiempo curvo en Krems&rdquo;, que ser&aacute; editado por Anagrama este pr&oacute;ximo oto&ntilde;o,&nbsp; son un hombre rico que se camufla interpretando un peculiar papel, un profesor de m&uacute;sica que recibe la visita de un antiguo alumno, un profesor que viaja a una ciudad para dar una conferencia sobre Kafka y all&iacute; se encuentra con una mujer que le lleva a pensar en otra mujer, un escritor jud&iacute;o que comparte coche y conversaci&oacute;n con un joven poeta, y un profesor que asiste al rodaje de una pel&iacute;cula basada en una novela que recreaba un episodio vivido en su juventud&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Claudio Magris despliega en estas piezas breves -aut&eacute;nticas <em>delicatessen</em>- toda su elegancia y sabidur&iacute;a literaria y algunas gotas de jugosa iron&iacute;a. Por sus p&aacute;ginas asoman el pasado no siempre glorioso de Europa, la memoria de lo que se ha dejado atr&aacute;s y Trieste, siempre Trieste, ciudad entre la realidad y el mito. El resultado es un libro bell&iacute;simo, repleto de matices y emociones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Seg&uacute;n el an&aacute;lisis de H&eacute;ctor Orestes Aguilar, &ldquo;el tiempo de los relatos de Magris es curvo, convexo, torcido, sinuoso, redondo&hellip;, nunca lineal. El pasado no es un pa&iacute;s remoto. Es el &uacute;nico lugar que alberga a&uacute;n cosas por descubrir. Para los ancianos protagonistas, no se trata &uacute;nicamente de la &uacute;nica patria recuperable sino de un terreno inc&oacute;gnito. Esperanzador. Recupear lo vivido es la mejor manera de reinventarse. De perpetuarse. La memoria es la ficci&oacute;n m&aacute;s depurada, fina y leg&iacute;tima&rdquo;, como puede pensar el buen lector de &ldquo;Tiempo Curvo en Krems&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La recepci&oacute;n de la nueva obra de Madrid entre la cr&iacute;tica italiana ha sido excelente. As&iacute;, Vittorio Panicara, en &ldquo;Girornatte di Lettura&rdquo;, afirma que &ldquo;recupera y fusiona la pasi&oacute;n por la cultura centroeuropea, el legado de Italo Svevo, el amor por Trieste, pero adem&aacute;s por fin lleva a cabo toda una reflexi&oacute;n sobre el tiempo, que en sus obras anteriores hab&iacute;an dejado incompleta&rdquo;. Ida Bozzi, en &ldquo;Il Corriere della Sera&rdquo;, asegura que &ldquo;Magris desarrolla una escritura vagamente irreal, atemporal pero evidentemente inspirada en lo contempor&aacute;neo y la iron&iacute;a&rdquo;. Mientras que, en &ldquo;La Stampa&rdquo; se nos dir&aacute; que &ldquo;en este libro, uno de los maestros de la literatura y la cultura italianas condensa con iron&iacute;a su po&eacute;tica narrativa&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Claudio Magris&nbsp;(Trieste, 1939), prestigios&iacute;simo germanista, ensayista y traductor de Ibsen, Kleist y Schnitzler, entre otros, es una de las figuras mayores de la literatura italiana contempor&aacute;nea. En Anagrama se han publicado sus obras narrativas&nbsp;<em>Conjeturas sobre un sable, El Danubio&nbsp;</em>(Premio Internacional Antico Fattore y Premio Bagutta),<em>&nbsp;Otro mar&nbsp;</em>(Premio Europeo Agrigento, Premio Palazzo al Bosco y Premio Pannunzio),&nbsp;<em>Microcosmos&nbsp;</em>(Premio Strega),&nbsp;<em>A ciegas&nbsp;</em>(PremioTomasi di Lampedusa),&nbsp;<em>As&iacute; que Usted comprender&aacute;</em>&nbsp;y&nbsp;<em>No ha lugar a proceder,</em>&nbsp;el libro de textos breves <em>Instant&aacute;neas</em>, la pieza teatral&nbsp;<em>La exposici&oacute;n,</em>&nbsp;as&iacute; como los ensayos recogidos en&nbsp;<em>Utop&iacute;a y desencanto, El infinito viajar, La historia no ha terminado, Alfabetos</em>&nbsp;y&nbsp;<em>La literatura es mi venganza&nbsp;(co</em>escrito con Mario Vargas Llosa) y <em>El secreto y no</em>. Claudio Magris ha recibido numerosos premios, entre los cuales el Premio Erasmus en 2001, el Premio Pr&iacute;ncipe de Asturias de las Letras en 2004, el Premio de la Paz de los Libreros Alemanes en 2009 y el Premio de la FIL de Guadalajara en 2014.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>CARMEN LAFORET, UNA AUTORA FASCINANTE QUE MERECE SER REDESCUBIERTA</strong></p>
<p>El sumario del nuevo n&uacute;mero de TURIA se abre con una aproximaci&oacute;n a la obra de Carmen Laforet (Barcelona, 1921 &ndash; Majadahonda, 2004), una de las escritoras m&aacute;s singulares de las letras espa&ntilde;olas del siglo XX. Cuando se cumple el primer centenario de su nacimiento, el profesor Jos&eacute; Teruel (que es titular de Literatura Espa&ntilde;ola en la Universidad Aut&oacute;noma de Madrid y es tambi&eacute;n uno de los principales conocedores de su obra) nos invita a redescubrir a la autora que fascin&oacute; en 1944 cuando gan&oacute; el Premio Nadal por su novela &ldquo;Nada&rdquo;, que obtuvo un &eacute;xito extraordinario de cr&iacute;tica y p&uacute;blico. Sin duda,&nbsp; Laforet abri&oacute; un camino y brind&oacute; un modelo, que era la ant&iacute;tesis de la novela rosa y de los estereotipos heroicos, a otras j&oacute;venes escritoras de la inmediata posguerra.&nbsp; Pero si <em>Nada</em> despert&oacute; nuevas vocaciones, tambi&eacute;n Carmen Laforet se sinti&oacute; desbordada por las expectativas creadas por su primera novela y por tener que poner a prueba su talento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como se dice en el art&iacute;culo: &ldquo;Laforet inici&oacute; con <em>Nada</em> una singladura narrativa presidida por una despiadada capacidad de autocr&iacute;tica que se llev&oacute; todo por delante, incluso las ganas de escribir novelas. Su autoexigencia fue f&eacute;rrea como demuestra continuamente su correspondencia con Elena Fort&uacute;n, Ram&oacute;n J. Sender y Emilio Sanz de Soto (esta &uacute;ltima a&uacute;n in&eacute;dita). El silencio siempre la sedujo. A pesar de ello &mdash;y es importante recordarlo&mdash; su escritura se prolong&oacute; hasta <em>Al volver la esquina </em>(2004), explorando nuevos caminos y demostrando de continuo un genuino talento para crear personajes vivos. Los narradores de sus relatos no ejercen la omnisciencia, sino que presentan la vida o sus vidas como un fluir haci&eacute;ndose. En toda la narrativa de Laforet hay un secreto &uacute;ltimo que reside en el modo: en la capacidad de su lenguaje narrativo para recrear objetos, ambientes, estados de &aacute;nimo, miradas. Laforet aten&uacute;a el suceso y expande su creaci&oacute;n po&eacute;tica, consiguiendo el equilibrio justo entre lo uno y lo otro (un equilibrio que no encontr&oacute; hist&oacute;ricamente la llamada novela l&iacute;rica). La estrategia narrativa de Laforet despliega la mirada interior de sus personajes, para narrar con una desarmante naturalidad de adentro a fuera. La mirada se convierte en introspecci&oacute;n. Tengo la firme convicci&oacute;n de que su obra no se agota en su primer t&iacute;tulo y de que Carmen Laforet es una escritora a&uacute;n por descubrir. Ser&aacute; este uno de los perentorios objetivos del centenario que celebramos&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>TURIA, que cuenta ya con treinta y ocho a&ntilde;os de trayectoria, ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. Tiene periodicidad cuatrimestral en papel y adem&aacute;s dispone tambi&eacute;n una versi&oacute;n digital (web y Facebook) muy apreciada por los lectores. Est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel y cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21" align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21" style="text-align: left;" align="center"><strong>UN IN&Eacute;DITO DE CLAUDIO MAGRIS</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">La revista TURIA difunde un avance del nuevo libro de Claudio Magris, &ldquo;Tiempo curvo en Krems&rdquo;, que ser&aacute; publicado por la editorial Anagrama el pr&oacute;ximo oto&ntilde;o. De ese material in&eacute;dito, adelantamos hoy el siguiente fragmento:</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Baj&oacute; del autob&uacute;s apoy&aacute;ndose en el pasamanos hasta que el pie, con alguna vacilaci&oacute;n, toc&oacute; el asfalto. Dud&oacute; un instante aferrado al brillante metal y se apart&oacute; justo antes de que la puerta volviera a cerrarse. Era agradable tocarlo, tan fr&iacute;o, todav&iacute;a no recalentado por muchas manos h&uacute;medas y sudadas. Por eso, para sentir unos segundos m&aacute;s aquel fresco contacto, hab&iacute;a descendido del autob&uacute;s lentamente, no porque tuviese dificultad. Mir&oacute; alrededor receloso. Siempre aquella est&uacute;pida idea de que el hijo o la nuera pudieran haberlo seguido. Adem&aacute;s, a esa hora estaban ocupados. Y quiz&aacute; ya lo supieran. En todo caso, le alegr&oacute; no ver ninguna cara conocida. La calle iba hacia el mar. Hab&iacute;a una claridad l&iacute;vida al fondo; gui&ntilde;&oacute; los ojos, como Mitzi Matzi cuando se le acurrucaba sobre las rodillas en el sill&oacute;n del estudio y levantaba el hocico hacia la l&aacute;mpara de la mesa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No le gustaban las calles perpendiculares al mar, que desembocaban en su gran luz; en la geometr&iacute;a de la ciudad, prefer&iacute;a las paralelas a la orilla, protegidas por esas casas altas entre las que hab&iacute;a m&aacute;s sombra y ca&iacute;a antes la oscuridad. Toda la ciudad, desde que la vio por primera vez al asomarse desde el Carso, le parec&iacute;a demasiado volcada sobre la gran llanura de agua. Tambi&eacute;n debieron de entenderlo as&iacute; los triestinos, puesto que hab&iacute;an construido una ret&iacute;cula de calles rectil&iacute;neas, un enrejado que proteg&iacute;a del golfo y de su inmensidad; por lo dem&aacute;s, muchos de ellos hab&iacute;an llegado del coraz&oacute;n del continente, como &eacute;l mismo de Moravia, aunque bastante tiempo atr&aacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando se encontraba frente al mar, se le dibujaba una sonrisa inc&oacute;moda que le levantaba imperceptiblemente el labio superior y descubr&iacute;a un poco en exceso los dientes, como Roll, el bulldog que tuvo muchos a&ntilde;os, al que, seg&uacute;n sus nietos, hab&iacute;a terminado por asemejarse. El mar, al final de aquellas calles, le parec&iacute;a cada vez m&aacute;s grande; a veces ten&iacute;a la sensaci&oacute;n de verlo alzarse, anegar las aceras, crecer y retumbar, un fragor que llegaba de lejos, de una oscuridad surcada por enormes olas blancas&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 28 May 2021 06:37:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El homo viator turolense]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-homo-viator-turolense/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/mario300.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En un tiempo a menudo vertebrado por la inmediatez y la creciente velocidad de la rutina, no es de extra&ntilde;ar el inter&eacute;s que en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas ha venido suscitando la tendencia hacia la brevedad, la concisi&oacute;n y la econom&iacute;a ling&uuml;&iacute;stica, que tradicionalmente ha encontrado su espacio en el microrrelato, pero que recientemente se ha manifestado a trav&eacute;s de g&eacute;neros tan novedosos como es el caso de la instaliteratura, que traslada la creaci&oacute;n a ese &aacute;mbito hipertextual que ya forma parte activa de la vida.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En su libro <em>Perchas</em>, Mario Hinojosa (Teruel, 1978), poeta, cronista y gu&iacute;a, hace una recopilaci&oacute;n de algunas de las publicaciones de su muro de Facebook o su feed de Instagram, y eso explica el t&iacute;tulo unitario que da a estas instant&aacute;neas colgadas en las redes. Es de este modo como de la Nube pasamos al objeto f&iacute;sico del libro, y nuestro poeta, que ha acostumbrado desde el a&ntilde;o 2009 a conducirnos con su voz por diferentes lugares en el programa de radio &laquo;A vivir Arag&oacute;n&raquo;, deja aqu&iacute; el micr&oacute;fono en favor de la palabra escrita y la imagen capturada, y de esta manera es como nos lleva a trav&eacute;s de su lenguaje y su fotograf&iacute;a por las instant&aacute;neas de enclaves, momentos y recuerdos en los que somos part&iacute;cipes de c&oacute;mo se va abriendo ante nuestra mirada perpleja la posibilidad de contemplaci&oacute;n de nuevos espacios l&iacute;ricos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ya desde la cubierta apreciamos la imagen de un <em>homo viator</em> en blanco y negro, una silueta detenida que se mimetiza con el entorno, una memoria andante con los recuerdos permanentemente cargados a la espalda, buscando renombrar la incertidumbre al otear el horizonte mientras se pregunta cu&aacute;l ser&aacute; el nuevo sendero de su vida. Y lo que sucede es que Mario Hinojosa en este libro opta por la errancia, por el nomadismo po&eacute;tico, por el apartamiento, por la evasi&oacute;n, por cierto <em>beatus ille</em>, as&iacute; como por el extra&ntilde;amiento que practica quien ha decidido disolverse con el entorno y hacer alpinismo en el Pico de Palomera, ascendiendo al otro lado de las cosas y trascendiendo m&aacute;s all&aacute; de lo meramente superficial, conoci&eacute;ndose con ello a s&iacute; mismo. De ah&iacute; que en este trayecto que recorre su imaginaci&oacute;n creadora reconozca precisamente &laquo;la b&uacute;squeda incansable de la belleza en lo m&aacute;s sencillo de la vida&raquo; (Hinojosa, 2021: 23).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y es que realmente es ah&iacute; donde se encuentra el origen de esta obra, de estas im&aacute;genes y textos decantados del repositorio global de quien ha sabido encontrar su poes&iacute;a en la emoci&oacute;n de lo esencial que sucede cada d&iacute;a. De esta manera, con una estructura ternaria constituida por las partes tituladas &laquo;Urdimbre&raquo;, &laquo;Sin red&raquo; e &laquo;Hilos de memoria&raquo;, en este libro advertimos un di&aacute;logo permanente entre imagen y texto que nos lleva desde lugares inexplorados y sobrecogedores hacia recuerdos de carne y hueso en la segunda parte y hasta una &uacute;ltima secci&oacute;n de homenajes a modo de despedida.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; As&iacute;, en la primera secci&oacute;n, por medio de este hilo narrativo, Hinojosa, con <em>Stairway to heaven</em> como m&uacute;sica de ambientaci&oacute;n, recorre lugares despoblados del realismo m&aacute;gico que es la vida, enclaves que recuerdan tanto a Comala como a Macondo, y eleva as&iacute; paisajes en su mayor&iacute;a turolenses a su proyecci&oacute;n m&iacute;tica e incluso a una categor&iacute;a literaria, al diseminar por sus textos analog&iacute;as con fragmentos de obras de Cervantes, Garc&iacute;a M&aacute;rquez o Juan Rulfo.&nbsp; Las im&aacute;genes presentan en esta primera parte cierto menosprecio de la urbe y alabanza del ambiente rural, con reba&ntilde;os de ovejas, pueblos perdidos, naturaleza, plantas, descensos al centro de la Tierra y con ello al abismo, salvamentos y sepulturas, lugares sobre los que se cierne inevitablemente &laquo;el golpe de la despoblaci&oacute;n&raquo; (Hinojosa, 2021: 12), im&aacute;genes l&iacute;quidas en las que el tiempo fluye manso en el cauce de los r&iacute;os, y hasta se&ntilde;ales que pretenden organizar de alguna manera el tr&aacute;fico de una sociedad desordenada que a veces parece salirse de s&iacute; misma.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En la segunda parte, el camino es ya de carne y hueso, de siluetas humanas que dan forma f&iacute;sica a la compa&ntilde;&iacute;a, al viaje de la infancia y la inocencia, y que construyen con su respiraci&oacute;n apacible y retirada los &laquo;castillos en el aire&raquo; (Hinojosa, 2021: 31) de la vida. Aqu&iacute; el ser humano se aparta de las aglomeraciones del mundanal ruido y se funde con el paisaje, abraz&aacute;ndose con la mirada al horizonte. La figura de espaldas es recurrente en estas instant&aacute;neas, y esto permite la universalizaci&oacute;n de la experiencia personal, la proyecci&oacute;n global de la an&eacute;cdota, y a su vez est&aacute; &iacute;ntimamente relacionado con lo que Mario Hinojosa ve de m&eacute;dula espinal en la naturaleza, como continuaci&oacute;n nerviosa de la propia vida. As&iacute;, buscando lugares apartados en los que encontrar la emoci&oacute;n sin redes, la esencia verdadera del momento, la espalda nos permite intuir al otro lado la visi&oacute;n sin interferencias entre la mirada y el entorno, la experiencia de la uni&oacute;n m&aacute;s &iacute;ntima. De ah&iacute; que el autor escriba &laquo;En vuestros ojos la belleza del paisaje de Teruel vuelve a levantarse del olvido&raquo; (Hinojosa, 2021: 34). Porque adem&aacute;s el recuerdo se fundamenta como textualidad en el soporte de memoria que constituye el libro.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y por &uacute;ltimo, enlazando con una imagen de la segunda parte en la que lo que se hace presente es una palpable ausencia, Mario Hinojosa, consciente de que &laquo;a veces los astros iluminan la Tierra con una intensidad que duele&raquo; (Hinojosa, 2021: 45), dedica el final de su libro a las despedidas, a los homenajes a personas que, de un modo u otro, han ido dejando huella en su camino. En estas p&aacute;ginas hace perdurar el recuerdo tanto de Parra como de Gimondi, Albert Uderzo, Ingmar Bergman, Maradona o John Berguer. De esta forma, pasa a convertir la evocaci&oacute;n de su muerte no en un estancamiento sino en &laquo;una sombra que volar&aacute; para siempre por las tortuosas carreteras de la memoria&raquo; (Hinojosa, 2021: 42), all&iacute; donde la palabra dialoga con im&aacute;genes de geograf&iacute;as &aacute;ridas pero de tonos radiantes, y de brumas umbr&iacute;as pero de atardeceres sosegados, a modo de r&eacute;quiem por el camino de encuentros y despedidas que nuestro <em>homo viator</em> sabe que es la vida.</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mario Hinojosa, <em>Perchas</em>, Zaragoza, Olifante, 2021.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 28 May 2021 06:29:14 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Antonio Méndez Rubio: “No hay vida sin escritura”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/antonio-mendez-rubio-no-hay-vida-sin-escritura/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/rubiio500.jpg" alt="" /></p>
<p>Est&aacute; rompi&eacute;ndose el lenguaje en cada verso escrito por Antonio M&eacute;ndez Rubio (Fuente del Arco, Badajoz, 1967). Sucede siempre. Una renovada rudeza que al tiempo es terneza y zarpazo. Luz. Enjambre. Nos interpela, sin dejarnos habitar el siguiente verso pidiendo tregua. La poes&iacute;a de M&eacute;ndez Rubio crece por entre los adoquines que la ra&iacute;z va levantando al crecer. Es lumbre, fragilidad. Belleza, compromiso. Voz de otros, de muchos, la misma, lo com&uacute;n de la voz humana. Y escribe como anuncia el t&iacute;tulo de su antolog&iacute;a en Huerga y Fierro: <em>Hacia lo violento</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;El mundo, o como m&iacute;nimo un mundo, desaparece cada vez que el poema se traiciona a s&iacute; mismo&raquo;</strong></p>
<p><strong>- &iquest;Qu&eacute; sucede si un poema no brota de la violencia que se ejerce sobre el lenguaje?</strong></p>
<p>- Que no hay poema. Que ser&iacute;a mejor no decir ni escribir nada antes que alimentar la ch&aacute;chara expresiva que estimula la mentira de que el mundo sigue ah&iacute;, como si nada, a nuestro alcance. El mundo, o como m&iacute;nimo un mundo&hellip; o m&aacute;s en concreto, otro mundo, desaparece cada vez que el poema se traiciona a s&iacute; mismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>- &iquest;No es asombroso que de esa violencia el resultado sea la belleza?</strong></p>
<p>- Es inevitable. No hay remedio. En psicolog&iacute;a social, el concepto de violencia termina resumi&eacute;ndose en producci&oacute;n de angustia. Entiendo por belleza la violencia necesaria de lo que no se entiende c&oacute;mo nos puede encadenar as&iacute;, una atracci&oacute;n que deja sin aire el aire y nos atraviesa la garganta con un im&aacute;n ciego. Es el asombro que llega de lo que nos arranca de nuestra mismidad, nos embelesa y no nos deja ya volver a ning&uacute;n punto de partida imaginable. La conjunci&oacute;n de belleza y violencia convierte nuestro pulso en la alegr&iacute;a de un sinvivir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El sistema nos ha envilecido m&aacute;s que nunca&rdquo;</strong></p>
<p><strong>- &laquo;En el fondo de esa agua no hay monedas&raquo;. &iquest;De qu&eacute; modo &ndash;si es que ha conseguido hacerlo- ha envilecido el sistema la poes&iacute;a? Parec&iacute;a que, al ser un territorio no rentable, permanec&iacute;a alejado de su voracidad, pero si se echa un vistazo a las listas de poemarios m&aacute;s vendidos, uno encuentra nombres ajenos por completo a la poes&iacute;a.</strong></p>
<p>- El sistema nos ha envilecido m&aacute;s que nunca, nos ha colonizado el coraz&oacute;n sustituy&eacute;ndolo por una coraza defensivo-agresiva (lo que W. Reich llamar&iacute;a una &ldquo;coraza caracteriol&oacute;gica&rdquo;). Ha sido subjetivado, interiorizado hasta el punto de volverse invisible de tan inmediato. Ya M. Foucault, en sus ensayos sobre el origen de la biopol&iacute;tica, detecta en el nacimiento del liberalismo moderno, hacia finales del siglo XVIII y sobre todo en el XIX, lo que se podr&iacute;a considerar un ideal del sujeto que es empresario de s&iacute; mismo. La poes&iacute;a, entendida como expresi&oacute;n l&iacute;rica de una subjetividad individual, o sea, como la entiende la sociedad moderna m&aacute;s oficial, se ve atra&iacute;da con fuerza por esa pulsi&oacute;n del sujeto orientado a convertirse en su propia empresa, a promocionarse como marca publicitaria&hellip; es como si la l&oacute;gica neoliberal y el lugar moderno de la poes&iacute;a estuvieran condenados a entenderse. Por lo dem&aacute;s, la poes&iacute;a entendida como salto al vac&iacute;o, punto de alto riesgo, pr&aacute;ctica de lenguaje al l&iacute;mite, no ha podido no verse condicionada por la oleada de conformismo que se ha apoderado del ambiente social y cultural desde hace al menos unos diez o doce a&ntilde;os, aunque ya A. Gramsci (hacia 1920) se&ntilde;alaba el conformismo como el mayor mal de su tiempo. Da la impresi&oacute;n de que se est&aacute; cerrando un bucle funcional entre los intereses inmediatamente comerciales de la industria editorial y los miedos inconscientes de cada vez m&aacute;s gente que se resiste a la sensaci&oacute;n de transgresi&oacute;n, de desconcierto. As&iacute; parece razonable pensar que se debilita la necesidad de atravesar lo desconocido, de impulsar la creatividad y la (auto)cr&iacute;tica sin la cual no puede haber un cambio de mundo. Cuando R. Vaneigem distingu&iacute;a entre sobrevivir y vivir apuntaba a reivindicar la relaci&oacute;n &iacute;ntima, irrenunciable, entre poes&iacute;a y querer vivir. Pero hoy d&iacute;a, tal como se presenta cotidianamente la realidad del estado de las cosas, la poes&iacute;a aparece en el espacio p&uacute;blico sobre todo como un elemento autoafirmativo, inercial, cuando no meramente decorativo. Es cosa de cada cual ponernos en medio de este circuito paralizante, exponernos a la intemperie de alguna manera decisiva, de infinitas maneras, de modo que produzcamos interferencias, ruido, temblor&hellip; que agujereemos este tejido de cobard&iacute;a en expansi&oacute;n y lo resituemos a nuestra escala microsc&oacute;pica, cu&aacute;ntica, pero tambi&eacute;n por esto mismo quiz&aacute; inapresable para los sistemas macro de monitorizaci&oacute;n que activa el orden cultural, comercial y tecnol&oacute;gico actual.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;La escritura va por necesidad hacia la violencia ilusa, sin fondo, del querer vivir&rdquo;</strong></p>
<p><strong>- &iquest;Hasta qu&eacute; punto vivir y escribir son una misma cosa?</strong></p>
<p>- La clave es Kafka: no hay vida sin escritura. Se dice una y otra vez que lo malo de la poes&iacute;a es que no se entiende, que no sigue ninguna l&oacute;gica. Vale. En el pen&uacute;ltimo p&aacute;rrafo de <em>El proceso</em> escribe Kafka: &ldquo;Sin duda, la l&oacute;gica es inconmovible, pero no se resiste a una persona que quiere vivir&rdquo;. La escritura va por necesidad hacia la violencia ilusa, sin fondo, del querer vivir. Esta condici&oacute;n es decisiva en la escritura y la lectura, en el lenguaje y la escucha, y lo es tanto m&aacute;s cuanto m&aacute;s cerca est&aacute; la ra&iacute;z de cada decisi&oacute;n de la de cada paso o acto que se cruza cuando llegamos a decir algo. Es como si el momento arb&oacute;reo de deci(di)r arraigara en una tierra imprevisible.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>- &iquest;Qu&eacute; se pierde si nos falta la atenci&oacute;n?</strong></p>
<p>- El mundo. Cualquier mundo. Todo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>- &iquest;Qu&eacute; se requiere para &laquo;arder con la fuerza del hambre&raquo;?</strong></p>
<p>- Sentirnos como madera creciendo por debajo de una tierra oscura, sin agua, sin alimento, que es como de hecho nos sentimos cuando estamos sin quien amamos. Cuando alguien se siente sin nadie, sin t&uacute;, sin ti, sabe responder a esta pregunta, aunque no sepa hacerlo con palabras, sabe lo que implica de pasi&oacute;n y dolor, de p&eacute;rdida que arde, como dir&iacute;a Gamoneda. S&eacute; que hay un hambre que no es m&iacute;a, s&eacute; que hay &ldquo;colas del hambre&rdquo;&hellip; s&eacute; que gracias al poema ofrezco para compartirla el hambre que s&iacute; tengo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Lo po&eacute;tico se nutre del encuentro con lo(s) otro(s)&rdquo;</strong></p>
<p><strong>- &iquest;Qu&eacute; porci&oacute;n de voluntad, de azar, de amor, de violencia hace falta para &laquo;hacer que el mundo no sea otra vez el mundo&raquo;?</strong></p>
<p>- Lo &uacute;nico que tengo claro es que, sea la porci&oacute;n que sea, sea una porci&oacute;n compartida, puesta en com&uacute;n. Que nos une justamente por no ser de nadie. Lo po&eacute;tico, en su sentido m&aacute;s abierto de creatividad com&uacute;n, an&oacute;nima, inscrita secretamente en nuestros cuerpos, se nutre del encuentro con lo(s) otro(s). Me acuerdo de un cap&iacute;tulo del libro <em>La vida secreta de los &aacute;rboles</em> que se titula &laquo;Juntos funciona mejor&raquo;, y donde se explica despacio c&oacute;mo los &aacute;rboles, desde la punta de cada rama hasta el principio de cada ra&iacute;z, se buscan, se cuidan rec&iacute;procamente y comparten &ldquo;la lucha por la luz&rdquo;. Es algo as&iacute;, con la poes&iacute;a sucede algo probablemente muy similar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>- &laquo;&ldquo;Eres verdad&rdquo; &ndash;y es no un poder&raquo;. &iquest;C&oacute;mo se reconoce lo aut&eacute;ntico en un momento en el que la verdad se ha devaluado, importa menos? En otras palabras, &iquest;cu&aacute;nto ilumina el azar en el poema?</strong></p>
<p>- Practico y estudio el I Ching casi a diario. Desde la perspectiva china antigua, tal como se sintetiza en el <em>Libro de las Mutaciones</em>, la verdad se equipara al vac&iacute;o interior, en el sentido de un estado de m&aacute;xima receptividad y disponibilidad. Es ah&iacute; donde el azar act&uacute;a como una semilla de verdad: el Sujeto, el Yo no puede manejar ni controlar eso, no se empodera ni se ense&ntilde;orea de las situaciones y los cambios que atraviesan su vida &iacute;ntima y com&uacute;n. No es una renuncia, es un anti-poder que deja huellas en un anti-discurso que se abre a vivir el mundo como un cruce el&eacute;ctrico de signos. El pensamiento moderno occidental exige la instituci&oacute;n de un Yo directivo, supuestamente aut&oacute;nomo y robinsoniano. Para combatir esto probablemente haya que entrar en una lucha personal y colectiva, po&eacute;tica y pol&iacute;tica (&ldquo;lo personal es pol&iacute;tico&rdquo;, como dec&iacute;a el grito de guerra feminista). Pero esa lucha parte del principio de que verdad y poder no se corresponden sino que, al contrario, todo aquello que bloquea la circulaci&oacute;n libre de energ&iacute;a, de deseo, se vuelve una forma de reproducir &laquo;la cuesti&oacute;n del mal&raquo;. Esta es la forma en que la cultura china de hace m&aacute;s de tres mil a&ntilde;os nos ayudar&iacute;a hoy a no seguir construy&eacute;ndonos corazas, ni en el poema ni en el d&iacute;a a d&iacute;a. Es deci(di)r: a dar el primer paso para emprender la ruta extraviada que nos ayude a ser de verdad antifascistas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Rezo por salir del miedo&rdquo;</strong></p>
<p><strong>- &iquest;A qu&eacute; teme y a qu&eacute; le reza el poeta?</strong></p>
<p>- En mi caso, y sin ning&uacute;n &aacute;nimo de generalizar, rezo por salir del miedo, por reconstruir mi vida sobre el apoyo incierto de aquello que me ponga ah&iacute;, que me exponga, que no sea miedo sino lo otro del miedo. Sin la poes&iacute;a no podr&iacute;a ni intentarlo. As&iacute; que eso ruego a los dioses existentes y tambi&eacute;n a los inexistentes, por si acaso&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>- Un &laquo;cuerpo que no piensa solo en s&iacute;&raquo;, &iquest;es un cuerpo m&aacute;s vivo?</strong></p>
<p>- S&iacute; o s&iacute;, &iquest;no?...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>- &laquo;Te puedo dar mi palabra&raquo;. &iquest;De qu&eacute; salva la poes&iacute;a?</strong></p>
<p>- De estar a salvo. &laquo;Todos estamos en peligro&raquo;, como avis&oacute; Pasolini poco antes de morir salvajemente asesinado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El poema es un lugar para aprender a escuchar&rdquo;</strong></p>
<p><strong>- El poema, &iquest;nos escucha o nos habla? Si &laquo;cualquier fuga puede hablar&raquo;, &iquest;hay algo que tenga que callar en el poema, algo que deba hacerlo?</strong></p>
<p>- Me parece que el poema no es un lugar para hablar sino para aprender a escuchar. Para hacer sitio donde se oiga(n) lo(s) otro(s). Por eso mismo lo po&eacute;tico requiere un lenguaje otro, una comunicaci&oacute;n otra, a la que se tiene miedo, o que directamente se desprecia como &laquo;oscuridad&raquo;, cuando eso es solamente un s&iacute;ntoma de las zonas de sombra que nos constituyen. Sin oscuridad no hay deseo, no hay seducci&oacute;n, no hay encuentro, creo&hellip; Esa especie de extranjer&iacute;a o exilio (im)propio de la pr&aacute;ctica po&eacute;tica es como una se&ntilde;al que nos marca el rumbo en medio de la tormenta de lo real. Hay un poema sin t&iacute;tulo de Hannah Arendt que apunta hacia esta apertura de/a la alteridad, y que dice as&iacute;: &laquo;Habi&eacute;ndome confiado por entero a lo que no me resulta familiar, / mostr&aacute;ndome cercana a lo for&aacute;neo / y pr&oacute;xima a lo remoto, / pongo mis manos en las tuyas&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 12 May 2021 10:06:36 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Circunvalar lo extraño]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/circunvalar-lo-extrano/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2021/arturo500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hablaba Szymborska, en su discurso despu&eacute;s de la concesi&oacute;n del premio Nobel, de la <em>duda</em>, de la necesidad de dudar para poder <em>entender.</em> Hablaba del <em>no s&eacute;</em> como respuesta inherente a la perpetua pregunta del poeta, en este caso. &iquest;C&oacute;mo resolver que no hay base firme, que el <em>tal vez</em> es m&aacute;s cierto que la certeza, que el vuelo se aproxima m&aacute;s a nuestra respiraci&oacute;n que el paso?, &iquest;cu&aacute;l es la reacci&oacute;n ante la perplejidad o la herida? Voy a responder sin demasiada rotundidad: <em>el silencio</em>. Hablar y callar acaso sean dos marabuntas igualmente violentas. Y esto, este impulso preparatorio para decir o no decir, genera <em>lo extra&ntilde;o. </em>Intuyo que la escritura de Arturo Borra es una escritura perpleja, esto es, hay extra&ntilde;eza en el <em>afuera</em> y en el <em>adentro</em>, por tanto, la palabra se comporta como esa extra&ntilde;a que intenta ser vestigio y memoria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Desde lejos </em>(Eolas ediciones, 2020), este inquietante y portentoso libro, nos embadurna de tiempo y de fisuras: el ser que se aleja &mdash;de s&iacute; y de sus lugares&mdash; y la acechanza de un desconcertante vac&iacute;o: &laquo;late en m&iacute; / el desfiladero&raquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El libro se inicia con dos acertad&iacute;simas citas de Simone Weil y Ren&eacute; Char, que abren el orificio de dos irrevocables agujas que el poeta hender&aacute; en los versos: extranjer&iacute;a e incertidumbre. Estos <em>topos</em> son la lanzadera de las <em>lesiones</em> que se van apelmazando en los versos: la inconsistencia, el miedo, la distante cordura, la suciedad pol&iacute;tica y social, etc.; y tambi&eacute;n, c&oacute;mo no nombrarlo, ese reducto que es el amor desde donde poder visitarse a uno mismo y mantener la dignidad &mdash;y la esperanza.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No hay secciones; la lectura se ofrece en su desbordamiento como una fronda repleta de alegor&iacute;as o de refuerzos sint&aacute;cticos desmembrados por la barra interna de muchos de los versos. As&iacute; mismo, los poemas encierran en corchetes sus t&iacute;tulos &mdash;concisos, esenciales, en su gran mayor&iacute;a una sola palabra&mdash;; visualmente act&uacute;an con tal rotundidad que la lectura que a continuaci&oacute;n se inicia ya proviene de un cierre, de una extenuaci&oacute;n. Cabr&iacute;a insinuar que los signos ortotipogr&aacute;ficos son actantes, no solo especifican sino que explican y se comportan como verdaderos nutrientes del contenido.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Intuyo, nuevamente, que de entre los bellos y perturbables hallazgos que podemos encontrar en la escritura de Arturo Borra est&aacute; esa atm&oacute;sfera reconocible e &iacute;ntima que se ancla al grumo desnudo de la inocencia. &iquest;C&oacute;mo, si no, las incesantes preguntas, la infancia en carne viva &mdash;y su expulsi&oacute;n&mdash;, el no retorno a <em>nada</em>, la extranjer&iacute;a ubicua o el dolor por aquellos que pierden la vida durante las extenuantes traves&iacute;as para, parad&oacute;jicamente, poderla mantener?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el magn&iacute;fico texto introductorio de Alfredo Salda&ntilde;a se trazan sabiamente las constantes que permanecen en la poes&iacute;a de Arturo Borra. Repasando alguno de los libros anteriores del poeta, leemos en <em>Para trazar lo imposible</em>: &laquo;[...]Hacer del tr&aacute;nsito / una patria oscura&raquo; o &laquo;Si no nos expusi&eacute;ramos al viento, &iquest;c&oacute;mo podr&iacute;amos sentirnos acariciados por lo lejano?&raquo;. El viento, efectivamente &mdash;y como tambi&eacute;n apunta Salda&ntilde;a&mdash;, actuaba como un desfibrilador reactivando la andadura, aun a pesar de la liviandad del paso. En <em>Desde lejos</em> tambi&eacute;n cruza &mdash;el viento&mdash; los versos como habitante interno, pero es el vac&iacute;o o el hueco la gran fosa que detona la palabra. &laquo;[...]Para no callar/, escribir la hendidura&raquo;, nos encontramos en <em>Todo tanto</em>; <em>&laquo;Que el vac&iacute;o se convierta en lugar de lo naciente.&raquo;</em>, o&iacute;mos en el primer poema de <em>Desde lejos.</em></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La palabra, que nombra y vac&iacute;a, su no lugar y sus ocultos desdoblamientos, &iquest;acaso puede deambular como un eco sorprendido en donde la sustancia &mdash;el <em>es&mdash;</em> pueda significarse?; &iquest;puede retener en su vastedad el preciso hematoma que produce <em>lo extra&ntilde;o</em>? La raz&oacute;n po&eacute;tica (Mar&iacute;a Zambrano), tal vez condensada en el intento, abre pozos en el pozo, hay en ella un &laquo;irse vaciando en el vac&iacute;o&raquo; (Clara Jan&eacute;s).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; No es en balde que Arturo Borra incluya cuatro Po&eacute;ticas en <em>Desde lejos</em> &mdash;hay que tener en cuenta sus ensayos publicados sobre el lenguaje po&eacute;tico y el exilio&mdash; y dos Sabidur&iacute;as. Las primeras articulan, curiosamente, un posicionamiento vital que deja &mdash;&iquest;al margen?&mdash; la reflexi&oacute;n sobre el lenguaje, de manera que el poeta, sabedor de su impostura pero tambi&eacute;n de la necesidad de este, la disemina, como si se tratase de perdigones, por todo el libro &mdash;as&iacute; el t&iacute;tulo de muchos de los poemas: [Idioma], [Lengua muerta], [Palabra desamarrada], etc&mdash;. En las Sabidur&iacute;as, volvemos a lo inicialmente apuntado, la duda: &laquo;yo no s&eacute; qui&eacute;n sabe qu&eacute; <strong>/</strong> qu&eacute; yo/ qui&eacute;n / decime vos que vas preguntando / sin voz&raquo;, en la primera; &laquo;&iquest;Y qui&eacute;n sabe morir?&raquo;, en la segunda. Es inevitable entrar en los Libros Sapienciales y leer lo siguiente: &laquo;De improviso hemos sido engendrados, | y despu&eacute;s de esto seremos como si no hubi&eacute;ramos sido [...]&raquo; (Sabidur&iacute;a 2,2). La muerte es ese paseante mudo que alumbra nuestro eco y del que no sabemos nada salvo su existencia cierta; as&iacute;, la desaparici&oacute;n sucede como un desalojo callado. Tambi&eacute;n la oscuridad &mdash;esa materia que se revela en el morir&mdash; es aliento en los versos de Arturo Borra: &laquo;No importa que la penumbra sea: / as&iacute; se confunden los pasos / que llegan desde lejos / como un ritual de despedida&raquo;. El poeta bordea el filo de la oquedad en la lengua e incesantemente pregunta, y se pregunta, c&oacute;mo se regresa, y qui&eacute;n lo hace.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pongamos que vuela, la palabra, como el jazm&iacute;n en noches lentas. Pongamos que, como apunt&oacute; Rilke, desemboca en silencio. Arturo Borra, extra&ntilde;o de s&iacute; mismo y de su voz, ausculta la naturaleza del ser, disecciona h&aacute;bilmente las incisiones dolorosas que nos perforan, deambula <em>lejos</em> para comprender que el <em>afuera</em> tambi&eacute;n convierte la palabra en hueco &mdash;&laquo;[...]todo barranco es m&aacute;s real / que la cercan&iacute;a.&raquo;&mdash;; de lejos delimita magistralmente los cercos de la memoria &mdash;lo expulsado que permanece&mdash; y, de lejos, da cuenta de los registros perdidos que le instan a reconocerse.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tambi&eacute;n desde <em>fuera</em> urde el recuerdo de la infancia &mdash;modismos y giros de su tierra natal e im&aacute;genes devueltas al ahora&mdash;. Con el lenguaje busca la casa en silencio: &laquo;un solcito/ un &aacute;rbol/ otra palabra / que abrazar/ manto verde / para cubrirse del desierto&raquo; y en esa distancia reconstruye la mirada: &laquo;aprendiendo a mirar / <em>desde lejos&raquo;</em>. Extra&ntilde;ar lo vivido acaso retumbe como una onda en el agua que agranda su movimiento, pues all&aacute; est&aacute;n los sonidos irrompibles que siguen acuciando al rumor del presente (es inevitable recordar aqu&iacute; aquellos matices consternados del <em>Libro del desasosiego,</em> de Pessoa).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta escritura limada en el v&iacute;nculo sobrecogedor de la propia imagen, que expone, apabullante y precisa, la carencia de abrigo, se refleja en el lector como si se tratara de un espejo. Solo cabe circunvalar los intensos poemas que nos brinda su autor y, acto seguido, estremecerse y asistir a un ritmo despiadado de lucidez, de belleza y, si acaso, de desaz&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &laquo;&iquest;Y qui&eacute;n no arrastra sus lechos secos, zonas bald&iacute;as donde depositamos las p&eacute;rdidas?&raquo;, nos dice Arturo Borra.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Qui&eacute;n no lo hace?</p>
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<p>Arturo Borra, <em>Desde lejos</em>, Le&oacute;n, Eolas Ediciones, 2020.</p>
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      <pubDate>Fri, 30 Apr 2021 12:31:47 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[ Las formas del tiempo y del espacio en “Los inmateriales” de Óscar Marcano]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/las-formas-del-tiempo-y-del-espacio-en-los-inmateriales-de-oscar-marcano/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2021/oscar500.jpg" alt="" /></p>
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<p style="text-align: left;" align="right"><em>On the wayward ways of this wayward town,</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>a smile becomes a smirk</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right">Cole Porter</p>
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<p>En su libro<em> Escuchar a Bajtin </em>(1986)<em> </em>Iris Zavala rescata el concepto cronotopo, &ldquo;una conexi&oacute;n esencial de relaciones temporales y espaciales asimiladas art&iacute;sticamente en la literatura&rdquo; (pp.116). Siguiendo al te&oacute;rico ruso, Zavala pone el acento en el espacio y el tiempo como formas de la realidad del g&eacute;nero novelesco, y vuelve sobre las premisas que buscan explicar los enlaces y desligues de los nudos argumentales; la g&eacute;nesis de nuevos cronotopos a partir del principal, y el cambio de posici&oacute;n del lector, quien se convierte en atrevido cart&oacute;grafo que traza el mapa de las distintas dimensiones de la historia.</p>
<p>Todo lo anterior nos ofrece una perspectiva desde la cual leer la nueva novela de &Oacute;scar Marcano, <em>Los inmateriales </em>(Pre-Textos, 2020). El centro del relato es la historia de Raimundo Lucio, mochilero caraque&ntilde;o que recala en Par&iacute;s, en 1985, luego de fracasar como poeta. Diversas circunstancias le persuaden de no continuar hacia Madrid, abandonar la aventura y permanecer en la capital francesa. Mundo, como le llama su amigo Thierry, trabaja como canguro para sobrevivir; cuida a varios ni&ntilde;os, entre ellos a Mirabelle, la peque&ntilde;a sin habla que trastocar&aacute; su vida.&nbsp; Cuando no est&aacute; trabajando, nuestro protagonista persigue la ciudad de su escritor fetiche, Henry Miller, y, como una suerte de Brassa&iuml; caribe&ntilde;o, dispara su Pentax mientras explora con id&eacute;ntica paciencia e inter&eacute;s la misma fila de caf&eacute;s, <em>cabarets</em> y cines retratada por el neoyorquino. El <em>fl&acirc;neur</em> pasea sin rumbo por la ciudad y la hace discurso en las conversaciones con los distintos personajes que marcan el tono y tempo de la novela.&nbsp;</p>
<p>Son inolvidables las largas charlas con Thierry sobre sus experiencias en Venezuela, y muy especialmente sobre Chet Baker y otros miembros del <em>cool-jazz</em>, cuyas interpretaciones, sones y fraseo acompasan la historia, desde el &ldquo;<em>to be cool</em>&rdquo; de la relaci&oacute;n del franc&eacute;s con Cazuza, hasta las notas del <em>hard bop</em>, cuyas improvisaciones a pleno pulm&oacute;n, sonidos c&aacute;lidos y ritmos explosivos, dan cuenta de los cambios vitales de nuestra pareja de amigos. Entre Mundo y el franchute no hay palabra sin respuesta, aunque esa respuesta sea el silencio, un secreto, un gesto de desaprobaci&oacute;n o una discusi&oacute;n grupal; como las que se suceden alrededor de la figura de Tricia: &ldquo;Inquieto, el franchute me patrulla con la vista. Quiere contener mi falta de tacto. No me mires as&iacute;, lo atajo. Si no lo digo, se me duermen las nalgas&rdquo; (pp.173).</p>
<p>Menci&oacute;n especial merece la amistad de Raimundo con El Compadre, el virtuoso hidroc&aacute;lido que estudia guitarra en Le Cim, &ldquo;una escuela de jazz del Dieciocho&rdquo; (pp.199).&nbsp; Con Cuauht&eacute;moc conoce otros aspectos de la vida parisina y disfruta una velada musical a la altura del Birldland, el Blue Note, el Village Vanguard o cualquiera de las catedrales del jazz (pp. 299).&nbsp;</p>
<p>Como ya hiciera en su primera novela, <em>Puntos de sutura</em> (2007), &Oacute;scar Marcano vuelve a sorprendernos en <em>Los inmateriales</em> con una historia en la que el olfato es pieza clave para desentra&ntilde;ar los significados ocultos tras diversos velos. Raimundo reconoce los olores y es su nariz una especie de nocturlabio que prefija el tiempo de vida de una estrella: abundan el recuerdo de <em>Je Reviens</em>, perfume que evoca el olor de su madre y que busca en cada mujer; pero tambi&eacute;n el barrunto de heces de los <em>clochard</em>, los aromas de <em>aluce, ilice, trilice, pondolo y minolo</em> de la dama de pies romanos; el acre aroma de la entrepierna de la mujer-holograma &ldquo;que [le] chup&oacute; el veneno&rdquo; (pp. 264), y&nbsp; el insoportable tufo de Pierrot que tanto excita a la garota</p>
<p>Sobre el privilegio de los sentidos llega el logos, como una memoria de extra&ntilde;os espacios que desde el origen est&aacute; conectada con aquella exposici&oacute;n &ldquo;que cur&oacute; Lyotard en el Pompidou&rdquo; (pp. 18), indagando sobre cualidades desconocidas de la materia.&nbsp;&nbsp; Al igual que en la arquitectura donde una obra no se completa sino cuando es habitada, el gran acierto de <em>Los inmateriales</em> es que se construye definitivamente al ser le&iacute;da. Emulando a&nbsp; <em>Rayuela</em>, la novela de Marcano es protagonista de s&iacute; misma, y puede comprenderse de varias maneras: secuencialmente, cap&iacute;tulo a cap&iacute;tulo, siendo testigos de la transformaci&oacute;n de Raimundo y de c&oacute;mo recupera el centro perdido al volver a Caracas e intentar desentra&ntilde;ar el misterio de la (in)existencia de &ldquo;Hugo&rdquo;, ese extra&ntilde;o compatriota que viaj&oacute; a Par&iacute;s en 1907 y conoci&oacute; &ldquo;a Modigliani, a Picasso y a Matisse&rdquo; (pp.493), estudi&oacute; pintura en la academia de la Grande-Chaumi&egrave;re, y dej&oacute; un legajo de memoria fragmentada solo inteligible tras la performance de Per&aacute;n.</p>
<p>Otra posibilidad es El Manuscrito que Casimir, el <em>brocanteur</em>, lega a Raimundo, y que explica tanto la novela como su contexto interno, gracias a las voces que pueblan El Mogador y el Caves Saint-Gilles, bares en los que nuestro protagonista alterna con interlocutores de paso y habitu&eacute;s. Como en un juego de espejos cuya representaci&oacute;n es fiel solo en apariencia, el espacio y tiempo conocido del Saint-Gilles perder&aacute; nitidez con los a&ntilde;os. Y los <em>errants</em> de El Mogador (el soldado colombiano, Fanny y Julliette, o el converso de Praga) ofrecer&aacute;n las &uacute;nicas pistas veros&iacute;miles con las que el narrador va trenzando el hilo invisible que une a Raimundo con &ldquo;Hugo&rdquo;. Si el pintor&nbsp; enlaza un objeto de estudio tras otro: la luz, el color, las texturas; las necesidades del cuerpo y las bondades de los personajes que le rodean en dos &ldquo;libros&rdquo; aparentemente incompletos: las cartas y la experiencia del viaje, &ldquo;con la letra hol&oacute;grafa sobre el papel trasl&uacute;cido&rdquo; (pp.9), y con el &ldquo;Dios te ama&rdquo; impreso sobre &ldquo;el objeto liso, chato, cuadrado, de horrible goma color hueso&rdquo; (pp.529), el joven arquitecto se detiene en las particularidades de su falta de afecto familiar, las costumbres de la poblaci&oacute;n y un cat&aacute;logo de ser curiosos y raros. Junto con ello se introducen reflexiones acerca de diversos temas filos&oacute;ficos, cient&iacute;ficos, pol&iacute;ticos, que lo conducen al conocimiento de s&iacute; mismo y al encuentro con su verdadera identidad, sin subterfugios ni miedos.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Hemos dicho que Bajtin llama la atenci&oacute;n sobre el cambio de posici&oacute;n del lector en la novela. Y tenemos que insistir en que este es precisamente uno de los mayores aciertos de &Oacute;scar Marcano en <em>Los inmateriales</em>: la historia que es contada, el c&oacute;mo se cuenta, pero tambi&eacute;n la experiencia de su lectura.&nbsp; Aunque nuestro narrador nos pasee por m&uacute;ltiples escenarios de la arquitectura parisina, por decenas de emociones representadas a trav&eacute;s de las piezas de jazz; por fragmentos inolvidables del cine de culto y la literatura; por las teor&iacute;as psicoanal&iacute;ticas que explican la vida sexual de los personajes. Aunque exponga los secretos de los Ap&oacute;crifos y repase parte importante de la historia pol&iacute;tica y pl&aacute;stica venezolana, nada es definitivo.&nbsp; Toda la puesta en escena a la que asistimos converge en un engranaje de piezas min&uacute;sculas donde se fraguan los cambios m&aacute;s grandes. Tenemos que aventurarnos a experimentar que &ldquo;el mejor cielo ser&aacute; siempre el del lector&rdquo;.</p>
<p>Sin ninguna duda, <em>Los inmateriales </em>consagra a &Oacute;scar Marcano en la s&oacute;lida trayectoria que iniciara en 1999 con el volumen de cuentos<em> Lo que Fran&ccedil;ois Villon no dijo cuando beb&iacute;a </em>(publicado despu&eacute;s con el t&iacute;tulo<em> Solo quiero que amanezca -2002-)</em>, y que ha crecido exponencialmente con <em>Inecuaciones</em> (1984), <em>Sonata para una avestruz</em> (1988), <em>Cuartel de Invierno</em> (1994) y <em>Puntos de sutura</em> (2007).</p>
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<p>&Oacute;scar Marcano, <em>Los inmateriales</em>, Valencia, Pre-Textos, 2020.</p>
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      <pubDate>Fri, 30 Apr 2021 12:27:15 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Entender el pasado de Teruel]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/entender-el-pasado-de-teruel/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2021/ALEJANDRO_R_OS_CONEJERO_-_LA_CABALLER_A_VILLANA_DEL_TERUEL_BAJOMEDIEVAL.png" alt="" /></p>
<p>&ldquo;La caballer&iacute;a villana del Teruel bajomedieval&rdquo; es una monograf&iacute;a que promete exactamente lo que da: un estudio de calidad sobre la &eacute;lite turolense de Teruel durante los siglos XIII-XV. Maravillosamente documentado, el autor a trav&eacute;s de un s&oacute;lido corpus metodol&oacute;gico aporta una mirada cr&iacute;tica y compleja a la medievalidad turolense, sin que, por ello, se pierda en ning&uacute;n instante una lectura fluida y asequible tanto para el historiador como para el que se inicia en estos menesteres. Esta fluidez se consigue, en gran medida, gracias a la decisi&oacute;n del autor, Alejandro R&iacute;os Conejero, de establecer cap&iacute;tulos diferenciados que exploran cada uno de los aspectos de la caballer&iacute;a villana. De esta forma, se consigue entender en toda su complejidad tanto el papel como la evoluci&oacute;n de este grupo a trav&eacute;s del tiempo, gracias a su definici&oacute;n y caracterizaci&oacute;n en todas las esferas.</p>
<p>La primera pregunta a responder es obvia &iquest;qu&eacute; es o qui&eacute;n puede ser parte de la caballer&iacute;a villana? La respuesta se encuentra en el cap&iacute;tulo dos: aquel que, con una propiedad intramuros de la ciudad, pudiera costearse tanto la panoplia militar como una montura. No es extra&ntilde;o ni a nadie sorprende que un caballero sea aquel que tenga un caballo y pueda ir con &eacute;l a la guerra. Y es que, es precisamente el contexto b&eacute;lico del siglo XIII, marcado por la expansi&oacute;n de los reinos cristianos sobre la pen&iacute;nsula, lo que tradicionalmente se ha llamado como &ldquo;reconquista&rdquo;, el que permite el crecimiento de este grupo. Teruel nace en 1177 como una villa de frontera, y como tal y siguiendo la norma de la &eacute;poca, es favorecida para facilitar la repoblaci&oacute;n de este enclave. Pero, los privilegios no s&oacute;lo se otorgan a la ciudad en s&iacute;, sino que habr&aacute; un grupo en su seno que saldr&aacute; ampliamente favorecido: la caballer&iacute;a, aquella que permita a los monarcas, Alfonso II y Jaime I, no solo defender Teruel sino tambi&eacute;n atacar a los territorios enemigos.</p>
<p>Pero el papel del caballero no s&oacute;lo se centra en el ejercicio b&eacute;lico, sino que tambi&eacute;n se desarrollar&aacute; intramuros y en el seno de la pol&iacute;tica. Pues uno de los privilegios de este grupo fue el acceso y posterior monopolizaci&oacute;n de los cargos p&uacute;blicos y del concejo turolense. Es as&iacute; como la caballer&iacute;a villana llega al poder desarrollando a su vez una cultura y una ideolog&iacute;a propia que justifica su predominancia. Bien como defensores de la ciudad frente al enemigo com&uacute;n o como intermediarios entre el poder real y la villa, los caballeros controlaron Teruel, enfrent&aacute;ndose, tal y c&oacute;mo lo narra el cap&iacute;tulo cuarto, y lo ejemplifica el quinto, los unos a los otros. Apasionante es el juego de poder y las din&aacute;micas que all&iacute; se tejen que involucran a los apellidos m&aacute;s famosos de aquel entonces, y que, a d&iacute;a de hoy, a&uacute;n resuenan.</p>
<p>En conclusi&oacute;n, esta obra es sin duda de lectura obligatoria no s&oacute;lo para los que quieran entender el pasado de Teruel, sino para aquel que sea amante de la Historia, ya que es un ejercicio hist&oacute;rico excelente no s&oacute;lo por sus tesis, sino por el gran ejercicio de archivo que hay detr&aacute;s de cada letra escrita.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alejandro R&iacute;os Conejero, <em>La caballer&iacute;a villana del Teruel bajomedieval, </em>Teruel, Instituto de Estudios Turolenses, 2021.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 30 Apr 2021 12:16:44 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una apuesta narrativa sólo apta para paladares exigentes]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-apuesta-narrativa-solo-apta-para-paladares-exigentes/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2021/rafael500.jpg" alt="" /></p>
<p>La experiencia de la lectura y la intensionalizaci&oacute;n de la extensi&oacute;n, bajo el amparo de la teor&iacute;a de los mundos posibles, tal y como destac&oacute; el Tom&aacute;s Albaladejo (y m&aacute;s all&aacute; de las relaciones sem&aacute;ntico intensionales, sint&aacute;cticas o estil&iacute;sticas del texto), encuentran su verdad narrativa en el pacto de ficci&oacute;n, si es que no queremos retrotraernos al asunto de la verosimilitud. Una cuesti&oacute;n compleja, objetivo de la cr&iacute;tica moderna y contempor&aacute;nea en asuntos de narratolog&iacute;a, y con particular peso en Dar&iacute;o Villanueva o Jos&eacute; Mar&iacute;a Pozuelo Yvancos, entre otros, dentro del per&iacute;metro nacional. En el fondo no deja de ser la novela una representaci&oacute;n y pacto entre los discursos y sus formas simb&oacute;licas, anal&oacute;gicas, o mundos generados como modelos posibles que su ficci&oacute;n propone y el lector reconstruye desde su pragm&aacute;tica vital. A veces, aquellos tiempos de la experimentaci&oacute;n proponen retos al lector acomodado, aunque sin ocultar el prop&oacute;sito de fondo.&nbsp; <em>El sue&ntilde;o de Torba </em>gira obsesivamente sobre un asunto y se hace alegor&iacute;a del mismo. Rafael Soler (1947) lo postula as&iacute; desde un recogido mundo de personajes (un breve pu&ntilde;ado solamente), o vidas que se ofrecen al lector, si bien marcadas por ese actante principal que iremos desvelando en parte. Son unos personajes cualesquiera, sin m&aacute;s, profesores de un instituto de ense&ntilde;anzas medias (no solo), de mujeres (Berta, Clara, Teresa&hellip;) y hombres (Jorge, Jaime, Vicente, Jos&eacute;&hellip;), profesionales que ejercen su labor en una ciudad desconocida (tambi&eacute;n en Laxe en la Costa de la Muerte, no elegida al azar precisamente), mar&iacute;tima sin duda. As&iacute; asistimos al proceso de la revelaci&oacute;n de su contrapunto y encuentro vital. O, si prefieren, a c&oacute;mo sabemos algo de sus vidas a trav&eacute;s de r&aacute;pidos di&aacute;logos (pero sobre todo del secreto imantador, abisal, o eje de la significaci&oacute;n), desnudos, donde se transparenta lo esencial para el lector y cuanto Bremond denomin&oacute; el momento estrat&eacute;gico&hellip;o breves r&aacute;fagas donde se anuncia la s&iacute;ntesis del prop&oacute;sito del autor, sabiamente velado. En los di&aacute;logos de Soler, a veces con los asideros justos, asistimos a los enigmas o <em>quid</em> (debemos estar muy atentos a ellos). Y a trav&eacute;s de ellos al ser, al asunto y acci&oacute;n de la novela, sin m&aacute;s, en su fenomenolog&iacute;a (pero tambi&eacute;n en su poes&iacute;a). As&iacute;, sin apenas espacio para la voz del narrador, esos di&aacute;logos y juegos, tambi&eacute;n peque&ntilde;as incursiones del mismo, diarios incluidos, surgen r&aacute;pidas escenas perfiladas con un estilete donde todo se concentra. Y espacio en el que se van revelando circunstancias, hechos, amores o sospechas, enfermedades y pulsiones (atenci&oacute;n a esto). O incluso, aunque no sea exacto, dejando espacio para un Rolls en su papel casi de Mcguffin hitchcockiano (aunque luego resulta mucho m&aacute;s relevante de lo esperado), y sin que pueda desvelar nada m&aacute;s all&aacute; de cuanto aqu&iacute; se insin&uacute;a (tambi&eacute;n hay una misteriosa manada de agresivos perros). No se deje enga&ntilde;ar el lector o desprecie esos gui&ntilde;os que ejercen de im&aacute;n o foco de extramuros. Finalmente adquirir&aacute;n una relevancia clave.</p>
<p>Rafael Soler, muy al hilo de cuanto escribi&oacute; Michel Butor, postula sus textos con vistas a ser le&iacute;do. Es decir, escribe con ese af&aacute;n y m&aacute;s all&aacute; de la novela experimental que tanto predicamento tuvo en Espa&ntilde;a, pues su prop&oacute;sito es el de contar historias. Y aunque <em>El sue&ntilde;o de Torba</em> es compleja, literaria, elaborada, no es una novela experimental, si bien el lector se encuentra de bruces con una apuesta narrativa solo apta para paladares exigentes. Y es que, si bien se ajusta a la legibilidad, guarda rastros del virtuosismo demostrativo de aquella mirada.&nbsp; El poeta y narrador valenciano, ya hab&iacute;a hecho incursiones en aquellos otros parajes llenos de espinas y dificultades, tan reclamados en aquel entonces de la transici&oacute;n a la democracia y aleda&ntilde;os. Tiempos de Miguel Espinosa y Juli&aacute;n R&iacute;os, que descolocaron mucho m&aacute;s al lector que el Vargas Llosa de <em>La casa verde</em>. Ahora Rafael Soler ha sabido sortear esos peligros, m&aacute;s bien entonces, pues no debemos olvidar que estamos ante una novela de 1983 y tra&iacute;da de nuevo al ruedo para suerte del lector, pues era inencontrable. Adem&aacute;s, y para gozo del lector, ha llegado en una cuidada edici&oacute;n. Se suele olvidar en demasiadas ocasiones ese buen hacer de algunas editoriales, como Ol&eacute; Libros, y cuya presencia es menor de la debida.</p>
<p>Sin duda Rafael Soler ha ido dando pistas de esa aventura de unos de los protagonistas y de la novela desde ese yo m&aacute;s o menos sugerido siempre donde se transparenta el protagonista. En la &uacute;ltima secci&oacute;n asistimos al sentido de todo a trav&eacute;s de Jaime Sarduy y un coche que va al agua. De ese agonismo donde la acci&oacute;n apenas existe, o la evoluci&oacute;n de sus protagonistas, frente a los matices y la red del sentido, no precisamente optimista, en ese torbellino de aspectos que giran sobre s&iacute; mismos. Dick Bogarde, el protagonista de Muerte en Venecia, del &ldquo;Hortera Visconti&rdquo; y de esa muerte con grandeza en una tumbona y que el protagonista, tal vez, emula. No se lo quiero desvelar. La novela de Rafael Soler, donde pasan cosas, solo habla en el fondo de una sola. Y lo hace muy po&eacute;ticamente.</p>
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<p>Rafael Soler, <em>El sue&ntilde;o de Torba</em>, Valencia, Ol&eacute; Libros, 2021.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 30 Apr 2021 12:12:13 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mortales viajeros]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/mortales-viajeros/</link>
      <description><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
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<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2021/poyuelogran.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo" align="right">&ldquo;<em>Viajero, &iquest;</em><em>qui</em><em>&eacute;n eres? Te veo proseguir tu camino, sin sarcasmo y sin amor, con tu mirada indescifrable; te veo ah&iacute; h&uacute;medo y triste, como la sonda que desde los profundos abismos asciende insatisfecha a la luz. &iquest;</em><em>Qu</em><em>&eacute; has ido a buscar a lo profundo?&rdquo; </em>Friedrich Nietzsche <em>M&aacute;</em><em>s all</em><em>&aacute; del bien y del mal</em>.</p>
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<p class="CuerpoA">En su primera obra,<em> Todos los gusanos de seda</em> &nbsp;(Olifante, 2015), Estela Puyuelo transitaba la metamorfosis que impulsa el resurgir a partir de los propios despojos, para liberarnos en las sucesivas &ldquo;mudas&rdquo;, descubrir y aprehender como ni&ntilde;os la realidad en su belleza y su fealdad. En estos tiempos de quietud impuesta da un paso adelante y se arriesga a embarcarnos en un nuevo viaje desde su poemario <em>Ahora que fuimos n&aacute;ufragos</em>.</p>
<p class="CuerpoA">La obra se divide en XXV cantos con la siguiente estructura: un poema prologal titulado &ldquo;A veces es mi&eacute;rcoles&rdquo;<em>,</em> tres partes diferenciadas que componen el cuerpo principal del mismo: <em>La Telemaquia</em>, <em>El regreso</em> y <em>La venganza</em>, y finaliza con un poema-ep&iacute;logo titulado &ldquo;Ahora que fuimos n&aacute;ufragos&rdquo;.</p>
<p class="CuerpoA">La autora abre ventanas en el poemario a numerosas reflexiones en torno a cuestiones universales de la filosof&iacute;a. Una de ellas es el viaje como alegor&iacute;a de la existencia: el fracaso al buscar refugio en la memoria, el regreso a lo irreconocible, la construcci&oacute;n y deconstrucci&oacute;n del yo, la imposibilidad del reconocimiento. En la primera parte, el poema &ldquo;Las musas en el estado de alarma&rdquo; nos pone en situaci&oacute;n: la voz de las musas creadas por Zeus, en palabras de P&iacute;ndaro, &ldquo;para alabar las grandes obras y la completa creaci&oacute;n en palabras y m&uacute;sica&rdquo; no existe en las emergencias. La pandemia provocada por el COVID-19 ha puesto patas arriba nuestro mundo provocando un vuelco en la existencia. Este momento de inflexi&oacute;n es el detonante que obliga a emprender un viaje no-viaje hacia las profundidades del ser, para hacerle frente a un mundo hostil que se ha presentado sin anunciarse, de la misma manera que el lector, en &ldquo;Cal&iacute;ope<em>&rdquo;</em>, es invitado a combatir la incertidumbre, el p&aacute;nico y la soledad de la p&aacute;gina en blanco.</p>
<p class="CuerpoA">El sujeto que emprende el viaje se retrata en el poema &ldquo;En suculento fest&iacute;n&rdquo; envuelto en una contingencia evanescente. No quiere cambiar el mundo, se conforma con sobrevivir en &eacute;l de forma acr&iacute;tica. La toma de conciencia de la mortalidad&nbsp; desvelada en el poema &ldquo;H&eacute;roes&rdquo; posibilita una meditaci&oacute;n sobre la existencia. Las fuerzas vitales del ser humano se abren paso hacia su conciencia y, a trav&eacute;s de ella, buscan el modo de expresarse. Vuelta tras vuelta, verso a verso, la poes&iacute;a coloca la vida en la encrucijada, ah&iacute; donde se abre la puerta a los infiernos y acometen las dudas, forz&aacute;ndola a representar un papel heroico a su pesar. En un primer momento, de la mano de Pen&eacute;lope, se encamina hacia el refugio en la memoria, sumergi&eacute;ndose en la trama rizom&aacute;tica de los recuerdos en los que solo encuentra nostalgia retrout&oacute;pica o angustia. All&iacute; el tiempo se deforma como los relojes dalinianos. La existencia misma y la conciencia de tener el mobiliario reconocible en su sitio desaparecen de esa cotidianeidad ya difuminada.</p>
<p class="CuerpoA">Desandada la ruta de la memoria, acomete la vuelta al yo originario. El regreso a esta identidad se construye en el conflicto. El individuo, elevado a la categor&iacute;a de totalidad suficiente y aut&oacute;noma, se revela hostil hacia la realidad y los otros. Afincado en ese individualismo irreductible no se reconoce en la realidad, que ha sufrido una alteraci&oacute;n tr&aacute;gica, ni en los otros; todo reconocimiento se esfuma. &ldquo;Y alargar, vac&iacute;as, / las cuencas de las manos, / para no alcanzar / ni suelo, ni cielo, ni horizonte / que te sit&uacute;e / en aquel lugar seguro / donde pod&iacute;as amar / aunque tambi&eacute;n fuera, / como ahora, / dando tumbos&rdquo;<em>. </em>Versos que podr&iacute;an acompa&ntilde;ar las l&aacute;grimas del prisionero del mito plat&oacute;nico en su vuelta a la caverna, al descubrir que ha perdido toda identificaci&oacute;n con el lugar y sus habitantes.</p>
<p class="CuerpoA">Ante la imposibilidad del retorno a lo mismo es la voz del poema &ldquo;Laertes&rdquo;<em> </em>la que no acepta la irreversibilidad de la cat&aacute;strofe y pone al caminante tras la pista de una nueva senda que transitar, esa que lleva del yo al nosotros y del nosotros al yo: &ldquo;celebrando el plural / el final de los n&uacute;meros primos, / la fiesta de los cuerpos / que se aman, / el nosotros&rdquo;. Tomar conciencia de que una vida nunca se basta a s&iacute; misma, es necesario renunciar al individualismo est&eacute;ril, descubrir que es imposible ser solo como individuo. El <em>yo</em> se desvela como el nido en el que se incuba la proyecci&oacute;n al <em>nosotros</em> entendido no como una suma de individualidades sino como la creaci&oacute;n de un espacio nuevo en el que desarrollar una tarea com&uacute;n. Traspasar los umbrales de las prisiones de lo posible<a title="" href="#_ftn1">[1]</a> que nos impiden imaginar un horizonte ut&oacute;pico a partir del cual moldear este mundo fenom&eacute;nico en el que aprender y desaprender a vivir juntos.&nbsp;</p>
<p class="CuerpoB">Ahora que fuimos n&aacute;ufragos ya conocemos lo que significa perder el rumbo muchas veces, que el destino se extrav&iacute;e sin remedio: <em>que se haga, otra vez, / sue&ntilde;o. / Y no llegar, </em>leemos en &ldquo;Itaca&rdquo;. Es el momento de la rebeld&iacute;a, vivir no es sobrevivir, es construir un nuevo presente, en palabras de Derrida: &ldquo;no como un imperativo categ&oacute;rico sino como la forma misma de la experiencia y del deseo irrenunciable&rdquo;<a title="" href="#_ftn2">[2]</a><em>.</em> Conquistar la propia vida; cargar con la verdad insoportable de ser s&oacute;lo una vida, &uacute;nica e irrepetible, solo podr&aacute; soportarlo quien sea capaz de crear. Este reto que Nietzsche impone obliga a ascender de lo m&aacute;s profundo, celebrar la vida, el encuentro, la cotidianeidad, ah&iacute; donde poes&iacute;a y vida se entretejen. Ligado a este planteamiento acaba el poemario con los versos: &ldquo;Y a los confines del mundo / trepar&eacute;, / asi&eacute;ndome a las rocas, /en feliz intento / por lograr la huida&rdquo;<em>.</em></p>
<p class="CuerpoB">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoB">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Estela Puyuelo, <em>Ahora que fuimos n&aacute;</em><em>ufragos,</em> Zaragoza, Olifante Ediciones de poes&iacute;a, 2021.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [1] Garc&eacute;s, Marina <em>Las prisiones de lo posible</em>. Ed. Bellaterra S.L., Barcelona 2002<br clear="all" /> &nbsp;</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [2] Derrida, Jacques. Entrevista de Catherine Paoletti a Jacques Derrida. Programa &ldquo;A voix nue&rdquo; 18 de diciembre de 1998.</p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Fri, 30 Apr 2021 12:00:20 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Minotauro]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/minotauro/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas21/Abril/Nuria500.jpg" alt="" /></p>
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<p>Sigo los pasos de las voces, los ecos de otros encuentros. Soy el hilo en la urdimbre negra. El laberinto tiene forma de o&iacute;do. Hay que saber escuchar para orientarse y no dejarse sorprender. Inesperados haces de luz cortan las tinieblas. Polvo de carb&oacute;n, &aacute;tomos de nogal, esporas fecundas flotan ante los ojos. No puedo retroceder. No hay delante ni detr&aacute;s, no hay izquierda ni derecha, no hay arriba ni abajo, no hay d&iacute;a ni noche, no hay aire ni tierra. No hay yo ni otro. S&oacute;lo anhelo. Un limo tembloroso de miedo y deseo. Un ruido sordo de pezu&ntilde;as se alza sobre el latido de la sangre, su olor sofoca el aire. La oscuridad se adensa, oprime, me lame. Lo recorro con mis dedos h&uacute;medos. De su piel emana un vaho negro. Acaricio con mi mano derecha su sexo de macho. Bajo su respiraci&oacute;n, mi respiraci&oacute;n. Luego, el eclipse.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 21 Apr 2021 06:19:27 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[ Ander Izagirre o la curiosidad crónica]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/ander-izaguirre-o-la-curiosidad-cronica/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2021/ander500.jpg" alt="" /></p>
<p>Un escritor no deja de ser un artesano que moldea palabras para crear una obra. El hecho de que su materia prima no sea un objeto tangible no quiere decir que sus creaciones no puedan emocionar a un lector, a una persona que penetra en las entra&ntilde;as del lenguaje -en este caso- y halla un placer est&eacute;tico semejante al del espectador que contempla la obra de un trabajador manual. Esto es lo que uno hace, con mayor o menor habilidad y desigual fortuna, cuando escribe, por ejemplo, una columna de prensa para un peri&oacute;dico.</p>
<p>Igual que hay buenos artesanos, hay buenos escritores y mejores y sobresalientes. El periodista Ander Izagirre (San Sebasti&aacute;n, 1976), que lleva muchos a&ntilde;os publicando cr&oacute;nicas y reportajes, pertenece a esta &uacute;ltima categor&iacute;a. Para comprobarlo, solo hay que acercarse a un libro que public&oacute; hace quince a&ntilde;os y que la editorial Libros del K.O. acaba de rescatar ahora: <em>Los s&oacute;tanos del mundo</em>.</p>
<p>El origen de esta obra est&aacute; en el viaje que el autor realiz&oacute;, junto a un grupo de expedicionarios en 2001 que, lejos de ascender las cumbres m&aacute;s altas del planeta, se propuso bucear en las depresiones geogr&aacute;ficas de los cinco continentes. Comandados por Josu Iztueta, los viajeros se internan en terrenos sometidos a condiciones climatol&oacute;gicas extremas y, a lo largo de nueve meses, se topan con un sinf&iacute;n de personajes de lo m&aacute;s variopinto: mineros, militares, maestras, expatriados. Vidas, en general, poco comunes como la del misionero que deja su existencia confortable y se establece en un poblado inh&oacute;spito de &Aacute;frica.</p>
<p><em>Los s&oacute;tanos del mundo</em> es un libro que mezcla la aventura de viajar con la tradici&oacute;n de las regiones exploradas y las vidas -a veces, al l&iacute;mite- de personas an&oacute;nimas. Hay en estas p&aacute;ginas una rigurosidad escrupulosa al abordar la intrahistoria de cada territorio, gran delicadeza a la hora de entrevistar a sus habitantes y precisi&oacute;n total en el aporte de datos. Estas cr&oacute;nicas trepidantes, perfectamente documentadas y escritas con una maestr&iacute;a compositiva sobresaliente, demuestran que el periodismo bien hecho es una forma excelsa de literatura.</p>
<p>Ander Izagirre ha declarado en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n que sus trabajos nacen de manera azarosa: lo mismo de un conflicto civil que de hechos denunciables como la explotaci&oacute;n infantil, un tema que estudi&oacute; en <em>Potos&iacute;</em>, su otro gran libro. Pero absolutamente todos tienen un com&uacute;n denominador: la curiosidad. Ella es la que le lleva de un continente a otro a conocer la existencia de diferentes culturas y, lo m&aacute;s importante, a ponerse por un momento en el lugar de los otros. De ah&iacute; nace el periodismo m&aacute;s genuino. Y tantas otras pasiones. Porque, &iquest;qu&eacute; le queda a una persona que carece de curiosidad?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ander Izagirre, <em>Los s&oacute;tanos del mundo</em>, Libros del K.O., 2020,</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 21 Apr 2021 06:16:14 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Javier Echalecu: «La vanidad es, además de ridícula, peligrosa»]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/javier-echalecu-la-vanidad-es-ademas-de-ridiculal-peligrosa/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/echalecu500.jpg" alt="" /></p>
<p>Hay maneras de escribir que saben a pan con membrillo, modos de pespuntar frases que resultan combas con las que saltar en ellas, formas de articular las historias que prenden una sonrisa que nos acompa&ntilde;a a&uacute;n de noche. Todo esto (tono, oficio, belleza, humor) tiene <em>Lo malo de una isla desierta</em> (Pre-Textos), el primer libro de relatos de Javier Echalecu (Madrid, 1981), un territorio en el que sin duda aventurarse dichoso. Atentos a esa portada de la poeta y collagista Tere Susmozas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>- &iquest;Compensa perder una sala de estar (extra&ntilde;&iacute;simo nombre, por m&aacute;s cotidiano que sea su uso) y encontrar una litograf&iacute;a de Kandinsky?</strong></p>
<p>- S&iacute;, efectivamente, tiene algo extra&ntilde;o el nombre de &laquo;sala de estar&raquo;, aunque se trata de uno de esos sintagmas usados con tanta frecuencia que, al final, no somos capaces de percibirlo (de percibir su extra&ntilde;eza, digo). De hecho, ahora que lo dices, me pregunto c&oacute;mo se habr&aacute; traducido a otros idiomas en los que no existe la distinci&oacute;n entre ser y estar. Seguramente tenga un nombre mucho menos sugerente. Hay que ver, con lo fabuloso que ser&iacute;a hablar de una &laquo;sala de ser&raquo;&hellip;</p>
<p>Perder una sala de estar es lo que le ocurre al matrimonio que protagoniza el relato. El d&iacute;a de su aniversario, al llegar a casa, se encuentran con que ha desaparecido esa habitaci&oacute;n y que, en su lugar, aparece una pared de la que cuelga la litograf&iacute;a de Kandinsky que mencionas. Puede parecer absurdo -y lo es, claro-, aunque menos de lo que parece si tenemos en cuenta que esa sala de estar ha ido, efectivamente, desapareciendo de la mayor&iacute;a de nuestras casas a causa de la presi&oacute;n inmobiliaria.</p>
<p>Y no compensa, desde luego, no compensa. El matrimonio lo tiene claro: por mucho que los dem&aacute;s (polic&iacute;a, bomberos, ayuntamiento, empresas de mudanzas o sus propios amigos) les aseguren que toda p&eacute;rdida tiene sus ventajas, y les recuerden que podr&iacute;an haber perdido algo peor (ponte que hubieran perdido el cuarto de ba&ntilde;o), ellos insisten en recordar la p&eacute;rdida de esa sala de estar en la que un d&iacute;a hicieron vida. Y de esto &uacute;ltimo trata en realidad el cuento. Vale que vivir sea perder cosas (la frase es de Ana Mar&iacute;a Matute). Hasta ah&iacute;, estamos de acuerdo. Pero, en fin, una cosa es que aceptes que a veces toca perder, y otra distinta es que te quiten tambi&eacute;n el derecho a ser escuchado. Esto es lo que verdaderamente le ha sido arrebatado al matrimonio. No tanto una sala de estar, como el derecho a la palabra.</p>
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<p><strong>&ldquo;La extra&ntilde;eza no es sino nuestra condici&oacute;n natural&rdquo;</strong></p>
<p><strong>- &laquo;Hoy nadie se acuerda de Le&oacute;nidas Gagarin&raquo;. Pens&eacute; al leer este arranque que tampoco nadie se acuerda de Le&oacute;nidas Lamborghini. &iquest;De qu&eacute; depende que uno se convierta en un extra&ntilde;o? &iquest;No siempre la justicia po&eacute;tica ejerce su cometido?</strong></p>
<p>- Me atrever&iacute;a a plantearlo al contrario. La extra&ntilde;eza no es tanto un estado al que nos pueda conducir el azar o ciertas decisiones, sino nuestra condici&oacute;n natural; es decir, que no se trata de evitar el riesgo de convertirse en un extra&ntilde;o, sino de tomar conciencia de que, en el fondo, somos eso: unos extra&ntilde;os, y extra&ntilde;os tanto para los dem&aacute;s como para nosotros mismos. Los malentendidos, a mi juicio, se generan al creer lo contrario.</p>
<p>Y por lo que se refiere a la fama, bueno, el otro d&iacute;a le&iacute; en internet una frase de Umbral que me viene como anillo al dedo. Dec&iacute;a que la gloria se acaba a la vuelta de la esquina, y que no soporta un trayecto de autob&uacute;s en extrarradio. Pues bien, ese trayecto es el que experimenta el pobre Le&oacute;nidas Gagarin, aunque en vez de en autob&uacute;s el trayecto lo hace en una nave espacial que llega al lado oscuro de la luna.</p>
<p>Por un tiempo, Le&oacute;nidas vive en la espuma de la fama. Te lo puedes imaginar: desfiles, genuflexiones, r&iacute;os de vodka. Y luego, pasado unos a&ntilde;os, cuando deja de ser una novedad, o sea, cuando la sed del espect&aacute;culo pone sus ojos en otros h&eacute;roes, acaba defenestrado, anunciando calzado barato, integrando la masa de los olvidados. El espect&aacute;culo debe continuar. El mismo espect&aacute;culo que glorifica a Le&oacute;nidas lo devora, lo digiere y lo evac&uacute;a. Como dice la canci&oacute;n: <em>The show must go on.</em></p>
<p>En resumen, en su caso no hay justicia po&eacute;tica. No niego que esta exista en algunas ocasiones. Pero si la justicia civil es ciega, quiz&aacute; la po&eacute;tica sea tuerta. Adem&aacute;s, ya sabemos que en la construcci&oacute;n del canon literario intervienen much&iacute;simos factores extraliterarios que nada tienen que ver con la justicia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>- &iquest;Qu&eacute; deber&iacute;amos de aprender, en el caso de que hubiera que aprender de ellos algo, de quien &laquo;se esconde de su propia grandeza&raquo;?</strong></p>
<p>- Tal vez su sentido de la protecci&oacute;n. La vanidad es, adem&aacute;s de rid&iacute;cula, peligrosa. Conviene esconderse lo mejor posible de ella y, si te encuentra &ndash;porque seamos sinceros: cada cierto tiempo nos encuentra&ndash; lo mejor es entregarle algo en prenda y aprovechar su distracci&oacute;n para volver a huir. La vanidad nos deforma. La vanidad, como en el cuento del emperador, nos hace pensar que llevamos un vestido precioso cuando en realidad vamos desnudos.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;No somos algo hecho de una vez por todas sino algo abierto: algo siempre pendiente de hacerse&rdquo;</strong></p>
<p><strong>- Para que uno, cualquiera, se parezca a su propia vida, &iquest;qu&eacute; conviene hacer?</strong></p>
<p>- Una persona a la que tengo mucho aprecio me dijo una vez: &iquest;y a qu&eacute; podemos aspirar si no a convertirnos en una met&aacute;fora de nosotros mismos? Es una frase que se me qued&oacute; grabada, que me vuelve cada cierto tiempo, y creo que porque se opone radicalmente al mantra que tanto se escucha de &laquo;ser uno mismo&raquo;.</p>
<p>Cuando pronunciamos esta &uacute;ltima frase, sugerimos que existe un &laquo;uno mismo&raquo;. O sea, que si conseguimos apartar las ramas del bosque, encontramos nuestra esencia. Y as&iacute;, todo el secreto de la felicidad consiste en localizar ese yo verdadero que estar&iacute;a esper&aacute;ndonos, como si se tratara de una flor con los p&eacute;talos desplegados que est&aacute; ah&iacute; esper&aacute;ndonos, oculta entre arbustos y matorrales.</p>
<p>Bueno, no voy a negar lo importante que es saber lo que queremos y lo que nos hace sentir inc&oacute;modos, pero lo cierto es que, si profundizamos un poco, nos daremos cuenta de que no somos una cosa que se pueda conocer. Y no lo es porque no somos algo &laquo;dado&raquo;. No somos algo hecho de una vez por todas sino algo abierto: algo siempre pendiente de hacerse. Lo que somos es aspiraci&oacute;n y posibilidad. Y quiz&aacute; esto entra, m&aacute;s que en el &aacute;mbito del conocimiento, en el de la revelaci&oacute;n.</p>
<p>Por eso creo que siempre hay como un desajuste entre nuestra vida y nuestro ser. Es contradictorio, lo s&eacute;, porque &iquest;qu&eacute; somos sino nuestra vida? Y, sin embargo, a veces parece que vida y ser no terminan de acoplarse. Como si al mismo tiempo fu&eacute;ramos y no fu&eacute;ramos nuestra vida. Supongo que a esto se refer&iacute;a Machado cuando hablaba de la &laquo;esencial heterogeneidad del ser&raquo;, o as&iacute; lo interpreto yo, al menos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>- Si uno, durante los momentos previos de una cita, guarda la certeza de que el mundo estallar&aacute; en mil pedazos, &iquest;conviene acudir a ella, llegar tarde o mantener el tipo y ser puntual?&nbsp; </strong></p>
<p>- Lo curioso es que uno puede imaginar el fin del mundo, pero no el final de uno mismo, a pesar de que la experiencia demuestra que suele ocurrir lo contrario: que es uno el que termina, y el mundo sigue adelante tan pancho. A veces, s&iacute;, imaginamos nuestra propia muerte, pero en realidad lo que hacemos es fantasear gozosamente con el dolor que nuestra ausencia provocar&aacute; en los dem&aacute;s. Por cierto, es ir&oacute;nico que, para poder imaginar el acto m&aacute;s personal de todos, el de nuestro propio final, necesitemos llenar nuestra fantas&iacute;a de los dem&aacute;s. Solo podemos ver nuestro final a trav&eacute;s de los ojos de otros.</p>
<p>Dicho lo cual, respondiendo a tu pregunta, yo actuar&iacute;a como el protagonista del cuento: aun sabiendo que va a llegar el fin del mundo, mantendr&iacute;a el tipo y tratar&iacute;a de robar un &uacute;ltimo beso. No se me ocurre mejor manera de despedirme del mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Sigo sinti&eacute;ndome un imitador de voces y me temo que siempre ser&aacute; as&iacute;&rdquo;</strong></p>
<p><strong>- Pensando en el relato &lsquo;Adverbios en mente&rsquo;, &iquest;cu&aacute;nto de genuino tiene Javier Echalecu como escritor y cu&aacute;nto de heredado?</strong></p>
<p>- Marco Aurelio comienza sus meditaciones indicando qu&eacute; ha aprendido de cada ser querido, qu&eacute; rasgos personales debe a cada cual. Es una muestra de agradecimiento a todos ellos con la que viene a decir: yo soy lo que soy gracias a vosotros. La protagonista de <em>Adverbios en mente</em>, sin embargo, hace lo contrario. Se pone a diseccionar obsesivamente su personalidad e identifica qu&eacute; rasgo de su personalidad es original suyo y cu&aacute;l viene de una influencia de los dem&aacute;s. Al final, claro, se da cuenta de que, si arranca de s&iacute; misma cada uno de esos rasgos que vienen de fuera, se queda sin nada, pues no somos sino una suma de los dem&aacute;s, o sea, que estamos hechos de influencias.</p>
<p>Pues bien, este deseo absurdo de originalidad de la protagonista me ha perseguido durante mucho tiempo como escritor. Siempre me ha obsesionado no tener una voz propia. Siempre he tenido la impresi&oacute;n de que mis relatos imitan la voz de otro autor. Que soy un &laquo;vampiro&raquo; de los estilos, como el personaje protagonista de <em>El congreso de literatura</em> de Aira. De hecho, cuando escribo, siempre tengo en la mesa los libros de los autores en los cuales me encaja ese tipo de cuento.</p>
<p>Esta venenosa obsesi&oacute;n la he tratado de exorcizar con la escritura de este relato, ri&eacute;ndome un poco de m&iacute; mismo, pero creo que solo lo he conseguido en parte. Sigo sinti&eacute;ndome un imitador de voces, y me temo que siempre ser&aacute; as&iacute;: hay autores que tienen una voz reconocible libro tras libro; en mi caso, tengo la impresi&oacute;n de que la voz cambia de relato en relato, y solo pasado un tiempo, cuando he tomado distancia, he podido descubrir ciertos temas que unen los relatos de este libro. Hasta hace poco el libro me parec&iacute;a algo descoyuntado. Ahora no, ahora empiezo a ver un ser vivo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>- V3* tiene cierta incapacidad para entender las se&ntilde;ales del otro. &iquest;C&oacute;mo se sabe cu&aacute;ndo una idea merece amasarla hasta convertirla en cuento? &iquest;C&oacute;mo se sabe que un cuento no funciona, que hay que dejarlo en el caj&oacute;n?</strong></p>
<p>- Me hace gracia que me plantees esto con un cuento que, de hecho, estuvo mucho tiempo en el caj&oacute;n y que al final resucit&eacute; por sugerencia de un par de amigos. Luego me he encontrado (lo que son las cosas), con que hay quien lo tiene por uno de los mejores del libro. Y algo parecido me ha pasado con el &uacute;ltimo cuento: <em>Imagen del futuro</em>. Lo encontr&eacute; de casualidad, mientras buscaba otro archivo, en la papelera de reciclaje del ordenador. Lo hab&iacute;a desechado porque no me gustaba. Y cuando lo encontr&eacute;, me dije que era un cierre estupendo del libro, y ahora es uno de los textos que m&aacute;s me gustan.</p>
<p>Te dir&iacute;a que uno puede estar seguro de que una idea merece ser amasada cuando, en contra de nuestra voluntad, a pesar de haberla rechazado, vuelve una y otra vez, como esos comerciales de las compa&ntilde;&iacute;as telef&oacute;nicas que insisten en llamar a casa. Cuando esto ocurre, lo que en realidad est&aacute; pidiendo la idea es que la enfoques de otra manera, que le des otra forma, que escribas el relato desde otra perspectiva y estilo. En todo caso, te confesar&eacute; que yo no suelo escribir tanto a partir de ideas como de una frase que me asalta. Y esto me lleva a tu segunda pregunta: el cuento acaba en el caj&oacute;n cuando tu intuici&oacute;n te dice que ah&iacute; debe acabar. Lo cual no obsta para que, por si acaso, preguntes a alg&uacute;n amigo. Mi intuici&oacute;n es un poco despiadada, y he de cuidar que no me juegue alguna mala pasada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>- &iquest;Cu&aacute;nto de S&iacute;sifo tiene el escritor? &iquest;Y el hombre?</strong></p>
<p>- Escribir un libro no se diferencia mucho de cargar con una roca hasta la cumbre. Luchas como un loco, con un empe&ntilde;o que roza lo absurdo, por escribir una buena frase, vas superando con dificultad p&aacute;rrafo tras p&aacute;rrafo, est&aacute;s cada vez m&aacute;s cerca del final de la monta&ntilde;a, y, sin embargo, cuando parece que est&aacute;s a punto de conseguirlo, llega el momento de la decepci&oacute;n: eso que estabas escribiendo deja de gustarte y la roca cae monta&ntilde;a abajo. Y vuelta a empezar. Y as&iacute; cada d&iacute;a. Se supone que uno va ganando experiencia cuanto m&aacute;s escribe, pero el otro d&iacute;a le&iacute;a una entrevista a un escritor famoso que reconoc&iacute;a que para &eacute;l escribir es siempre empezar de cero.</p>
<p>Adem&aacute;s, uno escribe buscando la obra redonda. La Obra con may&uacute;sculas. Una obra que no existe y que, gracias precisamente a esto, nos impulsa a seguir escribiendo pues nunca perdemos la esperanza de escribirla alg&uacute;n d&iacute;a. Ese d&iacute;a, como digo, no llegar&aacute; nunca. Y mejor que sea as&iacute;: porque si escribi&eacute;semos algo que nos satisficiera plenamente, algo rotundamente perfecto, inmediatamente dejar&iacute;amos de escribir. Esto vale no solo para el escritor sino para el hombre en general. Es de lo que habla el cuento de <em>S&iacute;sifo desencantado</em>. Es una reflexi&oacute;n sobre el deseo. No es S&iacute;sifo quien sostiene la roca: es la roca la que lo sostiene a &eacute;l.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>- S&iacute;sifo. Si &laquo;el verdadero peso de la roca no se halla en la roca&raquo;, &iquest;d&oacute;nde se coloca?</strong></p>
<p>- Hay una novela estupenda sobre la guerra de Vietnam, <em>Las cosas que llevaban los hombres que lucharon</em>, escrita por Tim O&rsquo;Brien. He dicho novela, pero en realidad es una suma heterog&eacute;nea de historias, podr&iacute;amos decir que un libro de relatos interconectados. En el primero de todos, un soldado describe obsesivamente las cosas que cargaban en los macutos convirti&eacute;ndolos en una carga tan pesada: las cacerolas, las cantimploras, las pastillas, las tabletas de sal, los repelentes antimosquitos. Pero luego, hacia el final, nos advierte que no son estas cosas las que volv&iacute;an pesadas aquellas mochilas. Era el bagaje de emociones que portaban esos hombres que pod&iacute;an morir. &laquo;Pena, terror, amor, a&ntilde;oranza&raquo;. Dice el autor: &laquo;Eran cosas intangibles, pero aun siendo intangibles ten&iacute;an una masa y una gravedad espec&iacute;fica propias, ten&iacute;an un peso intangible&raquo;. Tambi&eacute;n ah&iacute; est&aacute; el peso de la roca de S&iacute;sifo (el peso de las mochilas que llevamos cada uno). En las cosas intangibles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;No me arrepiento de haber esperado porque creo que eso me ha permitido salir con un libro del que me podr&eacute; sentir orgulloso dentro de unos a&ntilde;os&rdquo; </strong></p>
<p><strong>- Le devuelvo una pregunta: &laquo;&iquest;Hay satisfacci&oacute;n comparable a la de un hombre honrado que cumple con su destino cuando ya nadie lo espera?&raquo;</strong></p>
<p>- Te dir&iacute;a que me aplico la pregunta porque he publicado este libro, mi primero, a los casi 40 a&ntilde;os, y m&aacute;s de uno (yo mismo en los momentos de duda) pensaba que me iba a tirar toda la vida escribiendo y tachando, escribiendo y tachando. Hoy siento una satisfacci&oacute;n muy grande al verlo en las librer&iacute;as. Al verlo en una editorial como Pre-Textos. Una satisfacci&oacute;n casi tan grande como la que a&ntilde;os atr&aacute;s imaginaba que iba a sentir cuando me pon&iacute;a a fantasear con este momento (la felicidad que uno dibuja en su cabeza, claro, es inalcanzable en la realidad). Y te soy sincero: no me arrepiento de haber esperado tantos a&ntilde;os porque creo que eso me ha permitido salir con un libro del que m&aacute;s o menos, con todas sus virtudes y defectos, me podr&eacute; sentir orgulloso dentro de unos a&ntilde;os cuando eche la mirada atr&aacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>- &iquest;Conviene reconocer a un &aacute;ngel?</strong></p>
<p>- Se supone que los &aacute;ngeles son seres ingr&aacute;vidos, pero, la verdad, hay algunos bastante pesados. Si el que nos encontramos es como el del relato de <em>Mosaico</em>, es decir, uno que va de salvador y que, sin haber bajado jam&aacute;s el barro, sin haber puesto jam&aacute;s un clavo, pretende convencernos de que sabe de la vida m&aacute;s que nosotros mismos, casi mejor pasar de largo y hacer o&iacute;dos sordos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Lo que m&aacute;s detesto en la literatura es la &ntilde;o&ntilde;ez y la grandilocuencia&rdquo;</strong></p>
<p><strong>- &iquest;Cu&aacute;l es el escritor que m&aacute;s admira y el que m&aacute;s detesta?</strong></p>
<p>- Admiro a escritores y detesto estilos de escritura. Podr&iacute;a decirte que ese escritor m&aacute;s admirado es Marcel Proust y que lo que m&aacute;s detesto en la literatura es la &ntilde;o&ntilde;ez y la grandilocuencia. Alguno habr&aacute; que diga: pero &iquest;no representa Proust justamente esto? Para m&iacute;, no. Para m&iacute; Proust, como dijo Lawrence Durrell, es la anarqu&iacute;a con buenos modales. Con Proust el hombre empieza a fragmentarse, y no por otra raz&oacute;n Beckett lo ley&oacute; obsesivamente. Por cierto, tiene un estupendo ensayo sobre &eacute;l.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>- Pinchatripas, chupacharcos&hellip; &iquest;cu&aacute;nto de elegancia tiene el insulto?</strong></p>
<p>- Escuch&eacute; una vez a Hip&oacute;lito G. Navarro decir, en broma, que a &eacute;l lo que le gustaba era escribir t&iacute;tulos, pero que los editores les obligaban a a&ntilde;adir un cuento a continuaci&oacute;n. Me sirve la an&eacute;cdota para decir que el cuento de <em>X por X&rsquo;</em> es casi una excusa para poder traer de vuelta algunos de esos insultos tan sonoros que atesora la lengua espa&ntilde;ola. En ello influy&oacute; un buen compa&ntilde;ero de trabajo, hoy amigo, que ten&iacute;a un arsenal de artefactos verbales de esta clase (lo recuerdo acusando a uno de ser un pataliebre, a otro mascachapas&hellip;) y, por supuesto, el Mar&iacute;a Moliner. Si buscas la palabra &laquo;zascandil&raquo;, f&iacute;jate que cantidad de joyas aparecen: ligero de cascos, chafand&iacute;n, chiquilicuatre, cirigallo, danzante, danzar&iacute;n, enredador, saltabancos, saltabardales, saltaparedes, sonlocado, tarambana, tararita, t&iacute;tere, tontiloco, trafalmejas. Creo que us&eacute; varios de estos insultos en el cuento. Casi es un honor ser insultado as&iacute;.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Un ni&ntilde;o te quita tiempo, pero a cambio te da vida&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&iquest;Compensa, pues, marcharse a una isla desierta, a pesar de lo malo?</strong></p>
<p>- Yo no me ir&iacute;a, desde luego, pero as&iacute; dicho parece que hablamos de islas desiertas que se encuentran en rec&oacute;nditas latitudes, fuera de nosotros, y creo que el libro habla en realidad de las que podemos encontrar en nuestro interior. Me dijo un amigo, con buen criterio, que el libro estaba lleno de personajes obsesivos (adem&aacute;s de cretinos, lo que me hizo bastante gracia). Y son estos personajes obsesivos los que terminan en una isla desierta. En la isla de sus pensamientos. Nada bueno puede tener estar incomunicados con el exterior, y quiz&aacute; haya retratado varios de estos personajes, un poco llevados al extremo, precisamente para conjurar ese riesgo en mi vida, porque yo mismo tiendo a veces a practicar el escapismo interior. Dej&oacute; una c&aacute;scara ah&iacute; fuera, en la realidad, y me retiro a pensar mis pensamientos. Por suerte, hay cosas que tiran de ti e impiden que acabes en una isla. Que te devuelvan a la realidad. Una de ellas es un hijo. Un ni&ntilde;o, como ha escrito Eloy S&aacute;nchez Rosillo en su &uacute;ltimo libro, es un maestro de la felicidad. Un ni&ntilde;o te quita tiempo, pero a cambio te da vida.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 21 Apr 2021 06:12:26 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[ Calostro]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/calostro/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas21/Abril/BIBIANA_COLLADO_1.jpg" alt="" /></p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Nunca me ha gustado la leche:</p>
<p>el tacto del cuajo en el paladar,</p>
<p>su lento y caliente descenso</p>
<p>hacia el interior de la infancia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La fe nutricia de las madres</p>
<p>sostuvo a la m&iacute;a en la lucha</p>
<p>contra mi terca negativa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Monjas y pediatras se comportaron</p>
<p>como artilleros</p>
<p>en la perdida batalla del gusto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La insistencia del mundo reforzaba</p>
<p>la vehemencia de mi rechazo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sus tibias &oacute;rdenes tan solo</p>
<p>lograban adensar el l&iacute;quido</p>
<p>en mi garganta,</p>
<p>cerrar la esponjosa ni&ntilde;ez</p>
<p>de mi barriga,</p>
<p>incapaz de ingerir la l&aacute;ctea</p>
<p>blancura y su promesa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El recuerdo del hambre,</p>
<p>tenazmente agarrado a los huesos,</p>
<p>convert&iacute;a la mala digesti&oacute;n</p>
<p>en una variable inconcebible.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Quien hubiera tenido leche a mano</p>
<p>en aquella &eacute;poca-</p>
<p>susurra una de mis abuelas,</p>
<p>al fondo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pese a todo, el tiempo empuja</p>
<p>y mi peque&ntilde;o cuerpo alambrado</p>
<p>fue adquiriendo, poco a poco,</p>
<p>la fortaleza</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; destartalada</p>
<p>del imparable crecimiento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La juventud me libr&oacute; del regusto</p>
<p>fermentado de aquella infancia</p>
<p>y me hizo creer</p>
<p>que los blandos guardianes</p>
<p>de la primera edad</p>
<p>ya no eran necesarios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los huesos, que nada sab&iacute;an</p>
<p>entonces de falta de calcio</p>
<p>ni de vulnerabilidad</p>
<p>ni de lo que ser&aacute; quebrarse,</p>
<p>mostraban la pujanza de la vida,</p>
<p>el vibrante deseo de ser.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vinieron la sed y los viajes</p>
<p>y los cuerpos y las bifurcaciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Empec&eacute; a tener miedo,</p>
<p>no de los dragones y sus escamas</p>
<p>brillantes, sino de m&iacute; misma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Despu&eacute;s de deshacer el mundo,</p>
<p>decid&iacute; construirlo.</p>
<p>Madur&eacute;, qui&eacute;n sabe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo &uacute;nico cierto es que</p>
<p>nunca me ha gustado la leche,</p>
<p>tampoco ahora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y, sin embargo,</p>
<p>si aprieto muy fuerte los ojos,</p>
<p>solo pienso en cu&aacute;nto me gustar&iacute;a</p>
<p>escucharle decirme una vez m&aacute;s:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;un vasito de leche y a dormir&rdquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 14 Apr 2021 09:46:58 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[María Negroni: «Las palabras son criaturas tramposas e insuficientes, siempre»]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/maria-negroni-las-palabras-son-criaturas-tramposas-e-insuficientes-siempre/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/negroni500.jpg" alt="" /></p>
<p>El &uacute;ltimo poemario de Mar&iacute;a Negroni (Rosario, 1951) condensa una perplejidad ante la ausencia may&uacute;scula, la de Dios, al tiempo que reflexiona &ndash;una vez m&aacute;s&ndash; sobre la insuficiencia del lenguaje para el decir. <em>Oratorio</em> (Vaso Roto) est&aacute; pespuntado por un prontuario de preguntas imposibles formuladas desde una primera del plural, un nosotros que insiste en lo que de com&uacute;n tenemos, y que incide, asimismo, en el extra&ntilde;amiento compartido. &laquo;y he aqu&iacute; que se yergue/ en la canci&acute;n vencida/ y se desvive y clama/ por alcanzar el sentido/ de la voz carnal/ y despu&eacute;s cae/ y se levanta/ y vuelve a caer/ radiante en sus harapos / y lo que sigue es una fiesta/de perspectivas m&aacute;s que humanas/ &ndash;porque caer es una gracia&ndash;&raquo;.</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p><strong>Si <em>la atenci&oacute;n es la oraci&oacute;n natural del alma</em>, como proclama la cita que antecede al poemario, &iquest;cu&aacute;l es la del cuerpo?</strong></p>
<p>No lo s&eacute;, habr&iacute;a que preguntarle a Malebranche.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Hablando de atenci&oacute;n, cuando lo leemos, &iquest;el poema escucha o nos habla?</strong></p>
<p>Las dos cosas y m&aacute;s. El poema es una caja de resonancias donde conviven la voz de quien escribe, la voz de quien lee y proyecta en su propia caverna de obsesiones lo que cree entender y tambi&eacute;n la voz muda, es decir el silencio que rodea y sostiene lo dicho y lo no dicho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&iquest;Es, el poema, el <em>oratorio</em>, el lugar m&aacute;s adecuado para orar?</strong></p>
<p>Tomo la idea de &laquo;plegaria&raquo; de Malebranche en un sentido profano. Quiz&aacute; convendr&iacute;a recordar que toda palabra nace siempre de un deseo de mutismo y que detesta las normas, y, por eso, escribe frases que son plegarias y tambi&eacute;n ladridos. La plegaria que me interesa ser&iacute;a una manera de estar profundamente conectada con la vida, con sus regalos y sus pruebas, su demanda absoluta, tanto de obediencia como de insumisi&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El oratorio nos remite a un lugar &iacute;ntimo entre el creyente y dios; al tiempo, algunas preguntas que brotan en el poemario utilizan la primera del plural. &iquest;Hay una imposibilidad de escucha com&uacute;n?</strong></p>
<p>Ante todo, habr&iacute;a que aclarar que la palabra &laquo;oratorio&raquo; remite tambi&eacute;n a un g&eacute;nero musical dram&aacute;tico sin puesta en escena, ni vestuario ni decorados cuyo tema puede o no ser religioso. En cuanto a la primera persona del plural, creo que obedece a la conciencia cada vez m&aacute;s aguda de que el sufrimiento y el asombro y el miedo y la maravilla absoluta de la vida constituyen una posesi&oacute;n com&uacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;porque no ver es hermoso&raquo;, &iquest;cu&aacute;l es el nivel de incertidumbre que sostiene el poeta cuando escribe?</strong></p>
<p>Ese nivel de incertidumbre es total. Si uno pudiera &laquo;ver&raquo;, no habr&iacute;a escritura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Adem&aacute;s de la poes&iacute;a y de la fe, &iquest;hay alg&uacute;n otro camino que nos conduzca &laquo;al pa&iacute;s que anhelamos/ adentr&iacute;simamente&raquo;?</strong></p>
<p>Los caminos hacia &laquo;ese pa&iacute;s que anhelamos/adentr&iacute;simamente&raquo; son infinitos. Brotan unos de unos otros, se ramifican con cada encuentro y cada discrepancia, cada encrucijada, cada nueva dificultad, cada amor inesperado. &iquest;Por qu&eacute; reducirlo solo a la poes&iacute;a y la fe?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>En una b&uacute;squeda, &iquest;qu&eacute; papel cumple la desorientaci&oacute;n?</strong></p>
<p>La desorientaci&oacute;n es un don. Porque s&oacute;lo en ese sentirse extraviada aparece la posibilidad de encontrar algo que hasta entonces se desconoc&iacute;a, algo que se escape de lo consabido, del tedio de lo previsible.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;se vuelve equilibrista/ la intuici&oacute;n que piensa&raquo;. &iquest;C&oacute;mo se conjuga digamos el <em>sentido</em> del poema, es decir, el pensamiento del poema con la resistencia de toda poes&iacute;a a detenerse en el (un) significado?</strong></p>
<p>Creo que el verso lo dice mejor de lo que yo pueda explicar. Hay una especie de combinatoria &uacute;nica en el poema, entre la intuici&oacute;n y el pensamiento racional. Podr&iacute;a haber escrito tambi&eacute;n la emoci&oacute;n que piensa, solo que habr&iacute;a que aclarar que el pensamiento es &eacute;l mismo una emoci&oacute;n. &iquest;No son acaso las ideas emociones del pensamiento?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Tus versos &laquo;que no importa saber/ ignorar o saber&raquo; me llevan a los de Wallace Stevens, &laquo;el poema se revela solo al hombre ignorante&raquo;. &iquest;Se trata de eso, de desaprender cuando se escribe, cuando se lee?</strong></p>
<p>Claro, alguna vez escrib&iacute; que la poes&iacute;a es la epistemolog&iacute;a del no saber. Tambi&eacute;n escrib&iacute;: hay que ir en contra del saber porque cada saber produce su ignorancia propia. As&iacute; es: hay un conocimiento rar&iacute;simo, inexpresable, en ese tipo de ignorancia. Es como si una luz se encendiera cada vez que aceptamos nuestra precariedad y el car&aacute;cter perecedero de todo. Los m&iacute;sticos de todas las tradiciones lo han expresado de muchas maneras. En la entrega a esa vulnerabilidad reside una promesa. Fabulosa paradoja que no cesa de asombrar. En <em>Archivo Dickinson</em> escrib&iacute; un poema brev&iacute;simo titulado &laquo;Riqueza&raquo;, que dec&iacute;a: &laquo;Poseer es imposible. Ese es el premio&raquo;. Esto mismo podr&iacute;a aplicarse al verbo &laquo;saber&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>De nuevo el jard&iacute;n como uno de tus <em>leit motiv</em> po&eacute;ticos, pero en esta ocasi&oacute;n, adem&aacute;s de a la infancia, nos lleva a ese otro jard&iacute;n, el ed&eacute;nico, que nos recuerda nuestra condici&oacute;n mortal. De alguna manera, &iquest;el arte en general, la poes&iacute;a en concreto, no es sino la a&ntilde;oranza de ese lugar otro, del lugar <em>original</em>?</strong></p>
<p>S&iacute;, la a&ntilde;oranza de &laquo;ese lugar otro&raquo; est&aacute; en la poes&iacute;a y tambi&eacute;n en el arte en general y, en ese sentido, forma parte de nuestra preparaci&oacute;n para la muerte. Pero, una vez m&aacute;s, es algo que compartimos todos los seres, ya que la sensaci&oacute;n de escisi&oacute;n, de desamparo, de vulnerabilidad y de precariedad, son comunes a la vida misma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;tambi&eacute;n las cosas/ est&aacute;n en las palabras/ por su ausencia&raquo;. &iquest;Qu&eacute; don concede la ausencia que no se puede recibir sin ella?</strong></p>
<p>En realidad, este verso apunta m&aacute;s a una cierta limitaci&oacute;n cong&eacute;nita del lenguaje para dar cuenta del mundo. Las palabras son criaturas tramposas e insuficientes, siempre. Porque lo real siempre se escabulle cuando intentamos nombrarlo o, peor aun, queda congelado en la escritura misma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&iquest;Cu&aacute;nto de hambre de misterio empu&ntilde;a tu poes&iacute;a?</strong></p>
<p>Eso tendr&iacute;an que decirlo los y las lectoras, &iquest;no?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Siguen presentes huellas de algunas poetas muy queridas por ti, Pizarnik, por ejemplo (&laquo;en la palabra jard&iacute;n/ crecen manzanas&raquo;). A tu prol&iacute;fica cosecha po&eacute;tica, narrativa, intelectual, se a&ntilde;aden reconocimientos de muchos tipos, tesis doctorales incluidas. &iquest;Qu&eacute; pasa por tu cabeza cuando te das cuenta de que para otros t&uacute; habitas ese mismo lugar de poeta tutelar, por llamarlo de alguna manera, que ocup&oacute; Pizarnik para ti? </strong></p>
<p>No me lo he planteado y ni siquiera s&eacute; si me interesar&iacute;a plante&aacute;rmelo. Pizarnik fue, para m&iacute;, un deslumbramiento, claro (como lo fue para todas las poetas de mi generaci&oacute;n). Prefiero dejarlo ah&iacute;.</p>
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      <pubDate>Fri, 19 Mar 2021 07:37:57 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gonzalo Hidalgo Bayal protagoniza el nuevo número de TURIA]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/gonzalo-hidalgo-bayal-protagoniza-el-nuevo-numero-de-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2021/Marzo/GONZALO_HIDALGO_BAYAL_4.jpg" alt="" /></p>
<p>Tan original como excelente escritor, tan valorado por la cr&iacute;tica como todav&iacute;a poco conocido por un p&uacute;blico lector m&aacute;s mayoritario, el an&aacute;lisis y la mejor difusi&oacute;n de la figura y la obra de Gonzalo Hidalgo Bayal bien merec&iacute;an el espectacular monogr&aacute;fico que le dedica la revista cultural TURIA en su nuevo n&uacute;mero.</p>
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<p>Autor de culto para la cr&iacute;tica y para los buenos lectores, la calidad y singularidad de obra del escritor extreme&ntilde;o Gonzalo Hidalgo Bayal resulta indiscutible. Tanto en el &aacute;mbito narrativo, como en el ensay&iacute;stico y po&eacute;tico, sus libros lo convierten en merecedor del espectacular homenaje colectivo que le rinden en la revista TURIA un total de catorce escritores y especialistas que reivindican el inter&eacute;s de un autor fascinante, que cultiva una literatura nada convencional y que puede interpretarse como un sobresaliente ensayo sobre las grandezas y miserias de la condici&oacute;n humana.</p>
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<p class="Textoindependiente21">TURIA informa, por otra parte, de la suspensi&oacute;n de la presentaci&oacute;n prevista en el Auditorio San Francisco de C&aacute;ceres para ma&ntilde;ana martes d&iacute;a 23 de marzo. Ante la situaci&oacute;n creada por la epidemia del coronavirus y las actuales medidas de confinamiento perimetral auton&oacute;mico en Espa&ntilde;a, se ha considerado imprescindible tomar esta decisi&oacute;n como contribuci&oacute;n a la salvaguarda de la salud p&uacute;blica, prioridad absoluta en estos momentos. La tarea de presentar TURIA iba a corresponder al escritor Luis Landero y tambi&eacute;n se hab&iacute;a organizado un conversatorio entre Gonzalo Hidalgo Bayal y &Aacute;lvaro Valverde. Si la evoluci&oacute;n de la epidemia lo permite, se organizar&aacute; una nueva presentaci&oacute;n m&aacute;s adelante.</p>
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<p>A trav&eacute;s de un cuidado monogr&aacute;fico que contiene 150 p&aacute;ginas de textos in&eacute;ditos, TURIA desea contribuir a fomentar la lectura de la obra de Gonzalo Hidalgo Bayal&nbsp; (Higuera&nbsp; de&nbsp; Albalat,&nbsp; C&aacute;ceres,&nbsp; 1950).&nbsp; Para&nbsp; conseguirlo,&nbsp; adem&aacute;s&nbsp; de&nbsp; textos&nbsp; que analizan las claves de su labor creativa y sus libros principales, la revista ofrece una amplia entrevista exclusiva con Luis Landero, que conoce muy bien al autor de libros tan destacados como &ldquo;Paradoja del interventor&rdquo;,</p>
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<p>&ldquo;Nemo&rdquo; o &ldquo;El esp&iacute;ritu &aacute;spero&rdquo;.&nbsp; Tambi&eacute;n la revista publica un clarificador ensayo in&eacute;dito del propio Hidalgo Bayal (&ldquo;Las l&aacute;grimas de Miguel Strogoff&rdquo;) as&iacute; como una &uacute;til y reveladora biocronolog&iacute;a.</p>
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<p>Por otra parte, el monogr&aacute;fico de TURIA sobre Gonzalo Hidalgo Bayal se integra en un sumario de cerca de 500 p&aacute;ginas del que participan varios de los mejores autores de distintas generaciones, extreme&ntilde;os y/o radicados en Extremadura. As&iacute;, un total de treinta y tres escritores vinculados a esta Comunidad Aut&oacute;noma se distribuyen por las secciones de narrativa, poes&iacute;a, entrevistas y cr&iacute;tica literaria de la revista. Su presencia permite obtener una panor&aacute;mica representativa de la literatura que se escribe actualmente en Extremadura.</p>
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<p>TURIA es una revista de periodicidad cuatrimestral que tiene una edici&oacute;n en papel y otra&nbsp; digital (web y Facebook). Con casi 40 a&ntilde;os de trayectoria, est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero dedicado a Gonzalo Hidalgo Bayal ha sido posible gracias al apoyo de la Junta de Extremadura y de la Diputaci&oacute;n de C&aacute;ceres. En reconocimiento a su labor, el Gobierno de Espa&ntilde;a le concedi&oacute; el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>UN SUMARIO REPLETO DE TEXTOS IN&Eacute;DITOS Y AUTORES DE INTER&Eacute;S</strong></p>
<p>Adem&aacute;s del atractivo y completo monogr&aacute;fico dedicado a Gonzalo Hidalgo Bayal, el nuevo n&uacute;mero de TURIA brinda un sumario repleto de lecturas y autores de inter&eacute;s.&nbsp; As&iacute;,&nbsp; las p&aacute;ginas de la revista se enriquecen&nbsp; con&nbsp; textos&nbsp; originales&nbsp; de&nbsp; importantes&nbsp; autores&nbsp; internacionales.&nbsp; Entre&nbsp; ellos, citar una primicia en espa&ntilde;ol: el anticipo del libro de Carmen Maria Machado &ldquo;En la casa de los sue&ntilde;os&rdquo;. Se trata del nuevo libro autobiogr&aacute;fico de una autora norteamericana que est&aacute; considerada como la perturbadora reina de la literatura &ldquo;new weird&rdquo;, La obra testimonia una relaci&oacute;n t&oacute;xica que, en este caso, no tiene como agresor a un var&oacute;n heterosexual de mentalidad patriarcal y machista, sino a una lesbiana.</p>
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<p>Resulta dif&iacute;cil de explicar la escasa presencia editorial en Espa&ntilde;a del poeta portugu&eacute;s Ruy Belo (1933-1978). M&aacute;xime si tenemos en cuenta que su obra est&aacute; considerada como una de las m&aacute;s destacadas del canon po&eacute;tico portugu&eacute;s de la modernidad y, como nos recuerda Antonio S&aacute;ez Delgado en TURIA, la cr&iacute;tica ha situado su obra en la estela de la del mism&iacute;simo Fernando Pessoa. Para paliar esta injustificada ausencia, TURIA ofrece ahora una breve antolog&iacute;a po&eacute;tica que nos muestra su escritura desasosegante y de profundo aliento metaf&iacute;sico.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Otros protagonistas de la nueva entrega de TURIA son autores como Luis Sep&uacute;lveda, Manuel Chaves Nogales y Lucia Berlin, sobre cuya obra se publican art&iacute;culos originales de Teodosio Fern&aacute;ndez, Manuel Neila y Eugenia V&aacute;zquez.&nbsp;</p>
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<p>Tambi&eacute;n TURIA da a conocer narraciones in&eacute;ditas de Gabi Mart&iacute;nez, Javier Sebasti&aacute;n,Michelle Roche Rodr&iacute;guez, Susana Mart&iacute;n Gij&oacute;n y Jos&eacute; Antonio Llera. La revista ofrece igualmente a los lectores poemas in&eacute;ditos de, entre otros, Pureza Canelo,&nbsp; Basilio&nbsp; S&aacute;nchez,&nbsp; Javier Lostal&eacute;,&nbsp; Jordi Doce,&nbsp; Ada&nbsp; Salas,&nbsp; Nuria&nbsp; Barrios,&nbsp; Eugenio Fuentes, &Aacute;lex Chico, Irene S&aacute;nchez Carr&oacute;n, Jos&eacute; Antonio Zambrano y Jos&eacute; Antonio Conde.&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">En la secci&oacute;n que TURIA dedica a Pensamiento, sobresale el texto titulado &ldquo;Lo que est&aacute; en juego&rdquo;, del historiador alem&aacute;n Philipp Blom. Se trata de un avance de su pr&oacute;ximo nuevo libro en espa&ntilde;ol en el que Blom nos dir&aacute; que los profetas del Apocalipsis son un agotador fen&oacute;meno concomitante de las tensiones culturales, pero los &ldquo;optimistas ingenuos&rdquo; cansan a&uacute;n m&aacute;s. Y as&iacute; marca el tono de su nuevo ensayo, con el que aspira a explicarnos que tenemos que actuar r&aacute;pido y todos a la vez si no queremos vivir, dentro de no mucho tiempo, algo parecido al fin del mundo.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>ENTREVISTAS EXCLUSIVAS CON VICENTE ROJO Y &Aacute;LVARO VALVERDE</strong></p>
<p>Los lectores del nuevo n&uacute;mero de la revista TURIA podr&aacute;n disfrutar de dos entrevistas a fondo con el&nbsp; pintor, dise&ntilde;ador gr&aacute;fico y editor hispano mexicano Vicente Rojo y con el escritor espa&ntilde;ol &Aacute;lvaro Valverde. Se trata de dos conversaciones exclusivas, que permiten no s&oacute;lo conocerlos mejor, sino tambi&eacute;n descubrir sus opiniones sobre un amplio repertorio de temas de inter&eacute;s. Ambos son, por encima de todo, autores de una obra de marcada originalidad y relevancia en sus respectivos &aacute;mbitos.&nbsp;&nbsp;</p>
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<p>La brillante y fecund&iacute;sima labor de una leyenda viva de la cultura latinoamericana contempor&aacute;nea como Vicente Rojo deslumbra y emociona a cualquiera que se sumerja en su m&uacute;ltiple e intensa trayectoria creativa. Se ha dicho que la dilatada labor de Rojo representa como pocas el poder de la imaginaci&oacute;n y es verdad porque, adem&aacute;s, &ldquo;pinta la escritura&rdquo; y &ldquo;escribe la pintura&rdquo;.</p>
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<p>Por su parte, el extreme&ntilde;o &Aacute;lvaro Valverde es uno de los nombres indiscutibles de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola actual. Una reconocida labor creativa que se complementa con una fecunda tarea como cr&iacute;tico de poes&iacute;a en diferentes peri&oacute;dicos y revistas de difusi&oacute;n nacional. Observador y protagonista a un tiempo del quehacer literario contempor&aacute;neo, Valverde declara en TURIA&nbsp; que &ldquo;resulta imprescindible sentir la soledad para vivir la literatura&rdquo;.</p>
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<p><strong>UN MUNDO PROPIO CON HUELLAS DE KAFKA, BECKETT O CAMUS</strong></p>
<p>Una&nbsp; aproximaci&oacute;n&nbsp; plural,&nbsp; rigurosa&nbsp; y completa a Gonzalo Hidalgo Bayal es la propuesta que realiza la revista cultural&nbsp; TURIA en su amplia secci&oacute;n monogr&aacute;fica denominada Cartapacio.&nbsp; Un&nbsp; conjunto de trabajos, tanto creativos como&nbsp; ensay&iacute;sticos, de an&aacute;lisis y divulgaci&oacute;n,&nbsp; en&nbsp; los que encontraremos como principal protagonista a uno&nbsp; de los m&aacute;s sugerentes e singulares escritores espa&ntilde;oles de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Un autor secreto todav&iacute;a para muchos pero que bien merecer&iacute;a gozar de un p&uacute;blico lector m&aacute;s amplio que el que brinda el aprecio de la cr&iacute;tica especializada y los medios literarios.</p>
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<p>Aunque es cierto que la obra de Hidalgo Bayal debe mucho a autores como Kafka, Camus o&nbsp; Beckett,&nbsp; su&nbsp; riqueza&nbsp; creativa,&nbsp; su&nbsp; tem&aacute;tica y su estilo lo convierten en un autor que va m&aacute;s all&aacute; de ser s&oacute;lo su heredero. No en vano, el universo bayaliano posee un transfondo de humanismo metaf&iacute;sico de genuino cu&ntilde;o. Es decir, Bayal posee un mundo propio y, como escribe Concha D&rsquo;Olhaberriague en el magnifico art&iacute;culo que, con el t&iacute;tulo de &ldquo;Azar, paradoja y desolaci&oacute;n. Una lectura de la obra de Gonzalo Hidalgo Bayal&rdquo;, abre el monogr&aacute;fico que le dedica TURIA: es la suya una &ldquo;obra ambiciosa, compleja y de fuerte cohesi&oacute;n,&nbsp; concebida en sus l&iacute;neas b&aacute;sicas desde el comienzo como&nbsp; un gran drama humano de la solitud e incomunicaci&oacute;n, donde la vileza, la humillaci&oacute;n y la venganza andan al acecho, aunque tambi&eacute;n hay momentos alci&oacute;nicos de camarader&iacute;a, vislumbres de amistad y actos compasivos&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si hubiera que trazar un breve an&aacute;lisis de su obra literaria, dir&iacute;amos que su narrativa est&aacute;&nbsp; marcada&nbsp; por su capacidad de seducir al lector con atm&oacute;sferas enrarecidas, una prosa densa y clara, en la que explora de manera brillante y natural el lenguaje y que se caracteriza por su iron&iacute;a e intensidad. Entre sus temas predilectos est&aacute;n la fatalidad, el sentimiento de culpa o la incertidumbre. Fue, adem&aacute;s, gran amigo de Rafael S&aacute;nchez Ferlosio a quien le ha dedicado innumerables textos e intervenciones entre los que destaca &ldquo;Camino de Jot&aacute;n. La raz&oacute;n narrativa de Ferlosio&rdquo;, publicado en 1994.</p>
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<p>Seg&uacute;n Concha D&rsquo;Olhaberriague, en los libros de Hidalgo Bayal encontraremos siempre &ldquo;una prosa compacta, culta, conc&eacute;ntrica y ajustada, rica en sugerencias y n&iacute;tida&rdquo;. Una prosa en la que &ldquo;narrar, decir y evocar forman estrecha relaci&oacute;n&rdquo;. A estas caracter&iacute;sticas &ldquo;hay que a&ntilde;adir el humor (y el ingenio) y sus registros varios, preferentemente el ir&oacute;nico y la parodia, la potencia de lo simb&oacute;lico y el fulgor de una lengua morosa y contenida, de hondura po&eacute;tica, filos&oacute;fica y moral,&nbsp; que impele a detenerse, retroceder y releer por mor de la&nbsp; apreciaci&oacute;n cabal, a fin de&nbsp; no perder el hilo (o los hilos) ni desatender los frecuentes comentarios de metaficci&oacute;n y los juegos verbales, marca caracter&iacute;stica de su&nbsp; estilo&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La profesora Concha D&rsquo;Olhaberriague, una de las mayores estudiosas de su literatura, ha coordinado este magn&iacute;fico monogr&aacute;fico sobre Gonzalo Hidalgo Bayal. Tambi&eacute;n participan con art&iacute;culos in&eacute;ditos autores y especialistas como: Luis Landero, &Aacute;lvaro Valverde (&ldquo;La objetivaci&oacute;n de la tristeza. La raz&oacute;n po&eacute;tica de GHB&rdquo;), Ricardo Men&eacute;ndez Salm&oacute;n (&ldquo;Epitalamio y funerales de Roma con Cartago&rdquo;), Ana Calvo Revilla (&ldquo;La trayectoria narrativa de GHB&rdquo;), Pilar Gal&aacute;n (&ldquo;La subversi&oacute;n del h&eacute;roe: los cuentos de GHB&rdquo; , Juan Ram&oacute;n Santos, Fernando del Val (&ldquo;La misantrop&iacute;a como relaci&oacute;n social&rdquo;), Tom&aacute;s S&aacute;nchez Santiago (&ldquo;Vidas transfiguradas&rdquo;), Alfonso Ruiz de Aguirre (&ldquo;Un evangelio kafkiano y carnavalesco: <em>Paradoja del interventor</em>)&rdquo;, Fernando Parra Nogueras (&ldquo;Nemo o la sacralizaci&oacute;n del silencio&rdquo;), El&iacute;as Gonz&aacute;lez Cano (&ldquo;Una aproximaci&oacute;n al humor de GHB&rdquo;) y David Mat&iacute;as (&ldquo;Nosotras, sus alumnos&rdquo;). Cierra el Cartapacio, una completa &ldquo;Biocronolog&iacute;a&rdquo; elaborada por Miguel &Aacute;ngel Lama.&nbsp;&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>GONZALO HIDALGO BAYAL Y LUIS LANDERO</strong></p>
<p>Un tema clave de este monogr&aacute;fico de TURIA es el an&aacute;lisis de la profunda relaci&oacute;n de amistad que existe entre Gonzalo Hidalgo Bayal y Luis Landero. Son aut&eacute;nticos compa&ntilde;eros de esp&iacute;ritu. Y, adem&aacute;s, puede decirse que esa afinidad los engrandece a ambos. Sin duda, pocos ejemplos tan extraordinarios de amistad de escritores como la que los une desde hace d&eacute;cadas.</p>
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<p>Una relaci&oacute;n personal que se mantiene ya desde hace treinta a&ntilde;os pero que empez&oacute; antes como lectores de sus respectivas obras. Fue con sus primeras novelas. Landero lo cuenta as&iacute; en TURIA: &ldquo;a veces, a un escritor se le conoce de golpe. Basta leer unos cuantos p&aacute;rrafos, incluso unas l&iacute;neas, para conocerlo a fondo. A m&iacute; enseguida me sedujo su mundo, y cuando digo su mundo no me refiero s&oacute;lo a la creaci&oacute;n de una historia, de unos personajes, de un ambiente&hellip;, aunque tambi&eacute;n, por supuesto, sino a esa cosa indefinida que se capta al vuelo: el laboreo verbal, la impresi&oacute;n de que all&iacute; todas las palabras tienen un valor, la m&uacute;sica, el tono, el estilo&hellip; Entonces surge la amistad literaria. Cuando nos conocimos personalmente, de alg&uacute;n modo &eacute;ramos ya viejos amigos. Luego, con el trato, nuestra relaci&oacute;n adquiri&oacute; un tono sentimental. Yo a Gonzalo lo admiro y lo quiero desde hace mucho tiempo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sus v&iacute;nculos con Gonzalo Hidalgo Bayal son descritos as&iacute; en TURIA por Landero: &ldquo;nos conocemos muy bien, y nos entendemos con pocas palabras, como los h&eacute;roes de los westerns crepusculares. Ahora bien, en el trato cercano, Gonzalo se transforma. Es un gran conversador, una de las personas m&aacute;s sabias y divertidas que conozco. Es agudo, ingenioso, cordial, tiene muy buenos golpes&hellip; Creo que hubiera estado en su ambiente en el &aacute;gora ateniense, en tiempos de S&oacute;crates&rdquo;.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Adem&aacute;s, la revista TURIA publica un amplio y clarificador texto in&eacute;dito del propio Gonzalo Hidalgo Bayal titulado &ldquo;Las l&aacute;grimas de Miguel Strogoff&rdquo;. En &eacute;l, el autor extreme&ntilde;o nos dir&aacute; que sigue leyendo y que, si no lo hace con la misma voracidad de anta&ntilde;o, &ldquo;s&iacute; lo hace con la misma voluntad y con un punto de la antigua esperanza. Porque si a pesar de todo seguimos en el empe&ntilde;o es solo a la espera de que, mientras sigan los p&aacute;jaros cantando, en alg&uacute;n momento recuperemos de nuevo con emoci&oacute;n el mismo sentimiento de plenitud que escond&iacute;an las l&aacute;grimas de Miguel Strogoff, el llanto de Jos&eacute; ante sus hermanos, la angustia de Rask&oacute;lnikov, las voces de Darl, de Jewel, de Vardaman&hellip;, la intermitente sensaci&oacute;n de que a la postre todo est&aacute; bien hecho y de que, m&aacute;s all&aacute; de la brisa marina y de la brisa triste por los olivos, a&uacute;n perduran la antiguas ma&ntilde;anas de verano, la sobria y &aacute;spera brisa de la higuera, la ciencia del bien y del mal y las redundancias del car&aacute;cter&rdquo;.</p>
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<p><strong>&ldquo;TURIA&rdquo;&nbsp; REIVINDICA A&nbsp; RAM&Oacute;N J. SENDER EN EL 120 ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO</strong></p>
<p>En las dos secciones que TURIA dedica a temas y protagonistas aragoneses y/o turolenses, destaca un oportuno art&iacute;culo de Jos&eacute; Domingo Due&ntilde;as Lorente en el que se hace balance de la fama p&oacute;stuma de Ram&oacute;n J. Sender al celebrarse, este a&ntilde;o, el 120 aniversario de su nacimiento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Seg&uacute;n la opini&oacute;n de uno de los mayores especialistas en su obra, el lugar que ocupa Sender en la historia de Espa&ntilde;a y de su literatura &ldquo;se ha modificado en aspectos relevantes en los &uacute;ltimos lustros. En este tiempo, la literatura del aragon&eacute;s ha gozado de un inter&eacute;s constante por parte de no pocos estudiosos, nuevas promociones de analistas han accedido a sus textos y la resonancia de su obra se expande por distintas partes del mundo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para demostrar esa tesis de la vigencia de Ram&oacute;n J. Sender, el autor del art&iacute;culo que publica TURIA realiza un detallado y descriptivo recorrido por las nuevas aportaciones bibliogr&aacute;ficas que enriquecen el acervo de investigaciones cr&iacute;ticas sobre Sender, as&iacute; como las m&uacute;ltiples y diversas nuevas ediciones de varios de sus t&iacute;tulos que acreditar&iacute;an los avances en la esforzada difusi&oacute;n de una obra ingente y de singular inter&eacute;s literario. No en vano, concluye Jos&eacute; Domingo Due&ntilde;as Lorente; &ldquo;de este c&uacute;mulo de referencias parece inferirse que la producci&oacute;n senderiana ha accedido finalmente a una nueva etapa de sereno conocimiento y de profusa divulgaci&oacute;n; un periodo que presagia una consideraci&oacute;n consolidada y firme que hasta hace poco se negaba al autor. Claro que la solidez y la capacidad de sugerencia de su obra dejan escaso margen para la duda&rdquo;.</p>
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<p>Tambi&eacute;n en dichas secciones se publica un pormenorizado art&iacute;culo de Carlos Paterson sobre Rafael Angl&eacute;s (R&aacute;fales, Teruel, 1730 &ndash; Valencia, 1816), organista turolense de la catedral de Valencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Completan el sumario de TURIA, las secciones &ldquo;La isla&rdquo; (que contiene fragmentos del diario de Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas ilustrados por Isidro Ferrer) y &ldquo;La Torre de Babel&rdquo; (una cuidada y amplia secci&oacute;n de cr&iacute;tica de libros, en la que se analizan las m&aacute;s interesantes novedades editoriales en el &aacute;mbito de la narrativa, el ensayo y la poes&iacute;a).</p>
<p><br /> <strong>ILUSTRACIONES DE FERM&Iacute;N SOL&Iacute;S SOBRE LUIS BU&Ntilde;UEL</strong></p>
<p>Una serie de once obras in&eacute;ditas del ilustrador Ferm&iacute;n Sol&iacute;s (C&aacute;ceres, 1972), que tienen como protagonista a Luis Bu&ntilde;uel, se encargan de enriquecer gr&aacute;ficamente el nuevo n&uacute;mero de TURIA. Enmarcado en lo que se ha venido llamando la &ldquo;nueva ola espa&ntilde;ola&rdquo;, Ferm&iacute;n Solis es un dibujante de c&oacute;mics e ilustrador cuyas obras se han traducido y editado en Estados Unidos, Canad&aacute; y Francia por algunas de las editoriales independientes m&aacute;s importantes de estos pa&iacute;ses. Alterna su trabajo como dibujante de c&oacute;mics con ilustraciones para libros de texto o para prensa escrita (&ldquo;El Pa&iacute;s&rdquo;, &ldquo;El Mundo&rdquo;). Ha sido finalista del Premio Nacional de C&oacute;mic por su obra &ldquo;Bu&ntilde;uel en el laberinto de las tortugas&rdquo; (2019) que ha tenido adaptaci&oacute;n cinematogr&aacute;fica cosechando gran &eacute;xito de p&uacute;blico y cr&iacute;tica y varios premios en distintos festivales internacionales, entre ellos el Premio Goya en la categor&iacute;a de mejor pel&iacute;cula de animaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="LO-normal" style="text-align: left;" align="center"><strong>UN FRAGMENTO DEL</strong><strong> TEXTO IN&Eacute;DITO DE GONZALO HIDALGO BAYAL</strong></p>
<p class="LO-normal">Entre los muchos tesoros literarios que contiene el monogr&aacute;fico de TURIA sobre Gonzalo Hidalgo Bayal, sobresale el texto in&eacute;dito que el propio homenajeado ha escrito para la ocasi&oacute;n y que constituye un aut&eacute;ntico y revelador testimonio de su credo literario y de su opini&oacute;n sobre el papel de la lectura. Titulado &ldquo;Las l&aacute;grimas de Miguel Strogoff&rdquo;, facilitamos a continuaci&oacute;n dos fragmentos de ese hermoso texto exclusivo que publica la revista.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>LAS L&Aacute;GRIMAS DE MIGUEL STROGOFF </strong></p>
<p>&ldquo;(&hellip;) Desconozco los &iacute;ndices de analfabetismo funcional que pudieran tener los pueblos remotos en los a&ntilde;os cincuenta del siglo veinte, pueblos, adem&aacute;s de ocultos, terminales, pero supongo que en esa enga&ntilde;osa variedad de analfabetismo (es verdad que la vida era precaria, que eran otras las dificultades y otros los agobios) radicaba que los padres se conformaran con que los hijos no fueran t&eacute;cnicamente analfabetos. Bastaba con saber leer: la lectura no era un medio, sino un fin; no se trataba de saber leer para leer, se trataba solo de saber leer: el cultivo de una facultad inmanente. No creo, sin embargo, que fueran culpables los padres de la apat&iacute;a intelectual ni de la indigencia cultural, sino v&iacute;ctimas pasivas e inconscientes. Nadie entonces pensaba que leer y escribir sirviera para mucho m&aacute;s: bastaba con el almanaque y con las solo cuatro letras de las cartas familiares para decir que nosotros bien gracias a Dios. Siendo, pues, de tan corto alcance las aspiraciones de la instrucci&oacute;n, no ser&aacute; dif&iacute;cil comprender que no solo la econom&iacute;a era de subsistencia. Prueba de ello ser&iacute;a, adem&aacute;s, en lo que a mis aficiones posteriores se refiere, la desconfianza absoluta de los adultos ante los libros en general y ante las novelas en particular, una desconfianza inducida, naturalmente, que bajo argumentos mediocres, como considerarlas necias patra&ntilde;as o invenciones ajenas a la realidad, cuando no, como el ventero de <em>El Quijote,</em> historias verdaderas de la vida impresas con licencia del Consejo Real, ocultaban la ignorancia, la desidia o, peor, la nebulosa de un peligro moral predicado desde el p&uacute;lpito, o un peligro social alimentado con el miedo, y una desconfianza tambi&eacute;n singularmente parad&oacute;jica y de o&iacute;do, en tanto en cuanto quienes m&aacute;s desconfiaban eran precisamente quienes nunca en su vida hab&iacute;an le&iacute;do ni pensaban leer una sola novela (&hellip;)&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;(&hellip;) emplear la palabra <em>placer</em> para describir las sensaciones que puede producir la lectura no solo es un error sino una forma de menosprecio, como si se le concediera a la lectura una categor&iacute;a inferior, propia de los pecados capitales, la gastronom&iacute;a o el erotismo, un suced&aacute;neo de la sensualidad, una degradaci&oacute;n equivalente a la que se produce cuando se recurre a l&eacute;xico obrero o proletario para dignificar la torre de marfil en que se cincelan los sonetos. Pero sobre todo porque, al margen de las tristezas de la carne y aunque se hayan le&iacute;do ya todos los libros, uno sigue leyendo pese a todo y, si no lo hace con la misma voracidad de anta&ntilde;o, porque el entendimiento se va embotando con la edad, se atrofia el horizonte, se cansa m&aacute;s la vista, la letra empeque&ntilde;ece, las p&aacute;ginas se pasan m&aacute;s despacio, con m&aacute;s fatiga, tambi&eacute;n tal vez con mayor indolencia, como quien est&aacute; ya de vuelta de todo o al cabo de la calle, s&iacute; lo hace con la misma voluntad y con un punto de la antigua esperanza. Porque si a pesar de todo seguimos en el empe&ntilde;o es solo a la espera de que, mientras sigan los p&aacute;jaros cantando, en alg&uacute;n momento recuperemos de nuevo con emoci&oacute;n el mismo sentimiento de plenitud que escond&iacute;an las l&aacute;grimas de Miguel Strogoff, el llanto de Jos&eacute; ante sus hermanos, la angustia de Rask&oacute;lnikov, las voces de Darl, de Jewel, de Vardaman&hellip;, la intermitente sensaci&oacute;n de que a la postre todo est&aacute; bien hecho y de que, m&aacute;s all&aacute; de la brisa marina y de la brisa triste por los olivos, a&uacute;n perduran la antiguas ma&ntilde;anas de verano, la sobria y &aacute;spera brisa de la higuera, la ciencia del bien y del mal y las redundancias del car&aacute;cter&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 19 Mar 2021 07:32:18 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vicente Rojo: "No se acaba nunca de aprender, de descubrir, de inventar, de reinventar". ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/vicente-rojo-no-se-acaba-nunca-de-aprender-de-descubrir-de-inventear-de-reinventar/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas21/Marzo/VICENTE_ROJO_4.jpg" alt="" /></p>
<p>Vicente Rojo &mdash;pintor y escultor, genio de las artes pl&aacute;sticas, maestro en el dise&ntilde;o y la edici&oacute;n de libros, revistas, peri&oacute;dicos y suplementos literarios&mdash; escribi&oacute;: &laquo;crear zonas de sombra y duda es lo que da sentido al arte&raquo;.</p>
<p>La impronta de Vicente Rojo (Barcelona, 1932) en soportes de papel es innumerable: ese ni&ntilde;o que, todav&iacute;a en su ciudad natal, trataba de dibujar caballos, que jam&aacute;s abandon&oacute; los l&aacute;pices y muy pronto a&ntilde;adi&oacute; plumas y pinceles, a los que se han sumado todo tipo de herramientas y t&eacute;cnicas, ha compartido su talento y entusiasmo con miles, cientos de miles de personas, seg&uacute;n el caso: entre muchos otros proyectos pl&aacute;sticos, que en 1991 le merecieron el Premio Nacional de Ciencias y Artes de M&eacute;xico, dise&ntilde;&oacute; el diario <em>La Jornada</em> y el primer <em>Plural</em>. Rojo fue director art&iacute;stico de <em>M&eacute;xico en la Cultura</em>, <em>La Cultura en M&eacute;xico</em>, <em>Artes de M&eacute;xico</em>, la <em>Revista de la Universidad</em>, los <em>Cuadernos de Bellas Artes</em> y <em>Di&aacute;logos</em>, entre otras publicaciones.</p>
<p>Fundador y codirector de Ediciones Era &mdash;que en 2020 cumpli&oacute; sus primeras seis d&eacute;cadas de vida fruct&iacute;fera&mdash;, es hasta la fecha un apasionado confeso del papel en tanto soporte esencial del gesto de reproducir &mdash;y con ello aumentar&mdash; la realidad.</p>
<p>A lo largo de su carrera de pintor y escultor Rojo ha realizado m&uacute;ltiples exposiciones individuales y ha participado, en todo el mundo, en diversas muestras colectivas.</p>
<p>S&ograve;nia Hern&aacute;ndez &mdash;escritora nacida en Terrassa en 1976&mdash; y yo charlamos sobre <em>El hombre que se cre&iacute;a Vicente Rojo</em>, publicado por Acantilado. Le pregunt&eacute;:</p>
<p>&mdash; &iquest;C&oacute;mo influy&oacute; tu lectura de <em>Diario abierto</em> &mdash;libro excepcional del artista&mdash; en la escritura de <em>El hombre que se cre&iacute;a Vicente Rojo</em>?</p>
<p>&nbsp;&mdash; Tuve el privilegio de conocer a Vicente Rojo durante una de sus visitas a Barcelona. Cuando cay&oacute; en mis manos <em>Diario abierto</em>, publicado por Ediciones Era, fue un verdadero deslumbramiento. Al leer sus textos tuve otra mirada. Me ense&ntilde;&oacute; a ver y entonces pude conocer el valor del equilibrio, la conexi&oacute;n con una esencia muy antigua, el poder de la imaginaci&oacute;n.</p>
<p>Rojo me ha recibido en su estudio en Coyoac&aacute;n para conversar sobre su trabajo. Se ha dicho que Rojo &laquo;pinta la escritura&raquo; y &laquo;escribe la pintura&raquo;. A la vez defiende el espacio de la pl&aacute;stica como un refugio: lo considera el &uacute;ltimo reducto de la libertad individual. Su trabajo abarca distintos medios como pintura, libros de artista, ilustraci&oacute;n, grabado y escultura, una multitud de series pict&oacute;ricas y escult&oacute;ricas desarrolladas durante d&eacute;cadas. &laquo;He tratado de hacer una suerte de geometr&iacute;a, respetada por un lado y enriquecida por otro, sometida a nuevas pruebas visuales&raquo;, asevera.</p>
<p>El recinto, iluminado en su totalidad, revela pistas de las piezas que han compuesto diversas muestras. Hay rastros de su quehacer sobre sus mesas de trabajo, algunas esculturas colocadas en estantes, diversos objetos pertenecientes a su obra esparcidos por todo el lugar. Nacido el 15 de marzo de 1932 en Barcelona, Rojo viste una camisa vino, un su&eacute;ter azul, pantalones de pana gris, zapatos negros y un gorro de lana: su vestimenta le da un aire de Hemingway. Charlamos sobre las series que ha realizado desde 1952. <em>Aproximaciones</em>, <em>Se&ntilde;ales</em>, <em>Negaciones</em>, <em>Recuerdos</em>, <em>M&eacute;xico bajo la lluvia</em>, <em>Escenarios</em>, <em>Escrituras</em>.</p>
<p>Ha pasado su vida tratando de imaginar que siempre est&aacute; comenzando. Extrapolo la idea de levantamiento de Georges Didi-Huberman a los terrenos de la creaci&oacute;n de Vicente Rojo: el arte &laquo;es un gesto sin fin, recomenzado sin cesar, tan soberano como lo puedan ser el propio deseo o esta pulsi&oacute;n, este &ldquo;impulso de libertad&rdquo;&raquo;. Nos dirigimos al jard&iacute;n del estudio &mdash;que alberga esculturas de gran formato del artista&mdash;, al que casi nunca sale y que observa a trav&eacute;s de gigantescos ventanales.</p>
<p>Vicente Rojo &mdash;dise&ntilde;ador de la famosa portada blanca con rect&aacute;ngulos azules ochavados y la E invertida en la soledad de <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em> de Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez&mdash; concibe a la geometr&iacute;a como un lenguaje. Intuyo que piensa en el hombre occidental y la geometr&iacute;a, &laquo;cuyo rigor, figuras y lenguaje est&aacute;n presentes desde hace casi tres milenios en nuestros pensamientos, el espacio del mundo y la naturaleza de las cosas&raquo;. Comprende as&iacute; el movimiento del universo, de las estrellas. Rojo y yo nos levantamos de nuestros asientos y me muestra una serie de lienzos perfectamente cuadrados, que reposan en un &aacute;rea del estudio de techos alt&iacute;simos. El denominador com&uacute;n de la obra de Rojo es la idea de que la imaginaci&oacute;n &mdash;o asimilaci&oacute;n inmediata de las posibilidades de las cosas&mdash; es infinita.</p>
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<p><strong>&laquo;Paz y yo explor&aacute;bamos los v&iacute;nculos entre la obra pl&aacute;stica y la palabra escrita&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; &iquest;Cu&aacute;les son las caracter&iacute;sticas de tu sistema creativo?</p>
<p>&mdash; Cuando pinto siempre lo hago sobre doce o quince telas al mismo tiempo, para que cada una de ellas tenga un principio; pero los finales se van combinando. No me puedo concentrar en una sola pieza, tengo que tener un margen amplio.</p>
<p>&mdash; &iquest;C&oacute;mo percibes el v&iacute;nculo entre artes pl&aacute;sticas y literatura?</p>
<p>&mdash; Las formas inaugurales de mis cuadros se van transfigurando, de manera que, frecuentemente, los puntos de partida, al igual que los personajes de una ficci&oacute;n, se modifican.</p>
<p>&mdash; Tu vocaci&oacute;n se revel&oacute; de manera precoz.</p>
<p>&mdash; Se manifest&oacute;, lo he dicho en diversas ocasiones, por una obsesiva necesidad de tener en las manos todo tipo de materiales: l&aacute;pices de colores, papeles, tijeras, pegamento &mdash;premura que persiste hasta hoy; a veces creo no haber superado la infancia&mdash;. As&iacute; intent&eacute; imaginar una obra como pintor, como escultor. He aseverado que mis manos me representan desde la infancia: ellas simbolizan toda mi relaci&oacute;n con el mundo.</p>
<p>&mdash; Desde tu llegada a M&eacute;xico en 1949, despu&eacute;s de huir de la Espa&ntilde;a franquista, te convertiste, seg&uacute;n Amanda de la Garza y Cuauht&eacute;moc Medina en su ensayo &laquo;Escrito / Pintado. Vicente Rojo como agente m&uacute;ltiple&raquo;, en &laquo;un triple agente de la cultura mexicana&raquo;.</p>
<p>&mdash; As&iacute; ocurri&oacute;. Me absorbieron el dise&ntilde;o gr&aacute;fico, la edici&oacute;n y la pintura. Todo resultaba meditabundo y ponderado, a la vez se convert&iacute;a en algo impetuoso. Las tres vertientes converg&iacute;an en un punto irrefrenable. Desde lo apacible hasta lo ind&oacute;mito, explor&eacute; sin cesar las tres vetas mencionadas de mi quehacer art&iacute;stico.</p>
<p>&mdash; En 1968 creaste <em>Artefacto</em>. Se trataba de un ejercicio de apropiaci&oacute;n de un exhibidor comercial de libros en el que sustituiste los vol&uacute;menes impresos con cuadros manipulables. Exhibiste <em>Artefacto</em> en la Galer&iacute;a Juan Mart&iacute;n en 1969. &iquest;C&oacute;mo fue la experiencia?</p>
<p>&mdash; Grata. Los espectadores y lectores tomaban los libros-cuadros con la mano para contemplarlos de cerca y manipularlos. La experiencia t&aacute;ctil distorsionaba el acercamiento visual a la pieza o piezas. Tocaban los libros-cuadros como si de vol&uacute;menes reales se hubiese tratado. Buscaba una nueva experiencia est&eacute;tica.</p>
<p>&mdash; En 1967 te enteraste de que Octavio Paz preparaba un estudio sobre Marcel Duchamp, cuyo adelanto se iba a publicar en la <em>Revista de Bellas Artes</em>. V&iacute;a correo le propusiste a Paz, embajador de M&eacute;xico en la India, editar el texto en un libro de artista. &iquest;Qu&eacute; destacas de la colaboraci&oacute;n entre ambos en <em>Marcel Duchamp: libro maleta</em>, publicado por Ediciones Era en 1968?</p>
<p>&mdash; El proyecto creci&oacute;. Conceb&iacute; un objeto pensado como un libro-maleta a la manera de Marcel Duchamp, inserto en una caja con una cubierta en forma de un tablero de ajedrez. Paz qued&oacute; sumamente satisfecho con el resultado. Me escribi&oacute; inmediatamente para comunicarme que Duchamp estar&iacute;a encantado. Mientras se gestaba el libro-maleta, Paz y yo explor&aacute;bamos los v&iacute;nculos entre la obra pl&aacute;stica y la palabra escrita.</p>
<p>&mdash; En 1968 tambi&eacute;n publicaste <em>Discos visuales</em> en Ediciones Era con Octavio Paz. Destacaste el car&aacute;cter l&uacute;dico de la pieza, que contiene los poemas &laquo;Concorde&raquo;, &laquo;Juventud&raquo;, &laquo;Pasaje&raquo; y &laquo;Aspa&raquo;.</p>
<p>&mdash; En marzo de 1968 Octavio Paz, desde la India, me propuso el proyecto de realizar <em>Discos visuales</em>, una manera de poes&iacute;a en movimiento. Paz pensaba en el objeto po&eacute;tico como una creaci&oacute;n operable con las manos, como una aportaci&oacute;n cin&eacute;tica a la poes&iacute;a: el lector mover&iacute;a un objeto como un juguete. Paz hab&iacute;a concebido los <em>Discos visuales</em>, que permitir&iacute;an que los cuatro poemas mutaran, basado en una pieza de promoci&oacute;n de la l&iacute;nea a&eacute;rea Trans World Airlines. El movimiento era esencial. Se trataba de la experimentaci&oacute;n po&eacute;tica de Paz.</p>
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<p><strong>&laquo;Texto e imagen cohabitan los mismos espacios mentales en una vasta gama de correspondencias y complicidades&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; Los investigadores Amanda de la Garza y Cuauht&eacute;moc Medina sugieren que tus libros de artista se cuestionan desde un &aacute;ngulo particular: &laquo;qu&eacute; es un libro&raquo; y &laquo;qu&eacute; puede ser un libro&raquo;. &iquest;Qu&eacute; responder&iacute;as?</p>
<p>&mdash; El libro ha sido, es y ser&aacute; &mdash;siempre&mdash; un objeto sensible.</p>
<p>&mdash; Has colaborado con Alfonso Alegre Heitzmann, Mar&iacute;a Baranda, Alberto Blanco, Coral Bracho, Rafael-Jos&eacute; D&iacute;az, Olvido Garc&iacute;a Vald&eacute;s, Hugo Hiriart, David Huerta, B&aacute;rbara Jacobs, Arnoldo Kraus, Miguel Le&oacute;n Portilla, Pura L&oacute;pez Colom&eacute;, Carlos Monsiv&aacute;is, Jaime Moreno Villareal, &Aacute;lvaro Mutis, Jos&eacute; Emilio Pacheco, Fernando del Paso, Octavio Paz, Andr&eacute;s S&aacute;nchez Robayna, Francisco Serrano, Jos&eacute;-Miguel Ull&aacute;n, Nicanor V&eacute;lez, Enrique Vila-Matas y Juan Villoro, entre otros autores, como Joseph de Acosta (Medina del Campo, 1539-Salamanca, 1600), autor de <em>Historia natural y moral de las Indias</em> (1590), cuyo cap&iacute;tulo XXIV del libro tercero, &laquo;De los volcanes o bocas de fuego&raquo;, te cautiv&oacute;. &iquest;De qu&eacute; manera distingues los nexos literarios suscitados en tu quehacer art&iacute;stico?</p>
<p>&mdash; No existe una correspondencia particular o plenamente determinada entre las im&aacute;genes visuales que yo genero y las creaciones textuales de todos los autores que mencionas. Pero evidentemente hay m&uacute;ltiples vasos comunicantes entre los dos planos creativos: el de la pl&aacute;stica y el de la escritura. El trabajo con cada uno de ellos ha sido siempre distinto, pero ha resultado igualmente enriquecedor. El poeta vallisoletano Miguel Casado lo comprendi&oacute; muy bien. Escribi&oacute; que mi obra evita fungir como ilustraci&oacute;n de un texto, elude siempre la traducci&oacute;n visual de lo escrito. En este ejercicio de absoluta independencia yo no ilustro los textos ni &eacute;stos explican la imagen. Texto e imagen cohabitan los mismos espacios mentales en una vasta gama de correspondencias y complicidades.</p>
<p>&mdash; Las llamas <em>obras compartidas</em>.</p>
<p>&mdash; Exactamente. Colaboramos en la creaci&oacute;n de un corpus literario-art&iacute;stico.</p>
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<p><strong>&laquo;Le&oacute;n-Portilla fue la persona que m&aacute;s se aproxim&oacute; &mdash;desde la profunda erudici&oacute;n y la sensibilidad m&aacute;s refinada&mdash; a las complejidades del pensamiento y de las ideas del universo n&aacute;huatl&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; &laquo;La tinta negra y roja es expresi&oacute;n del g&eacute;nero de los difrasismos o vocablos pareados, muy abundantes en n&aacute;huatl, que metaf&oacute;ricamente connotan determinadas ideas y objetos. En este caso el se&ntilde;alamiento se dirige a los libros &mdash;los c&oacute;dices ind&iacute;genas con pinturas y signos gl&iacute;ficos&mdash; y tambi&eacute;n a las pinturas mismas que cubr&iacute;an muros en los templos, palacios y escuelas&raquo;, escribi&oacute; Miguel Le&oacute;n-Portilla. Coral Bracho y Marcelo Uribe aseveran que en <em>La tinta negra y roja. Antolog&iacute;a de poes&iacute;a n&aacute;huatl</em> Miguel Le&oacute;n-Portilla y t&uacute; ofrecieron una idea de la sensibilidad po&eacute;tica que permeaba la mirada de los nahuas. &iquest;Cu&aacute;l fue el origen del proyecto?</p>
<p>&mdash; Le propuse a Miguel Le&oacute;n-Portilla reunir un conjunto de composiciones de la antigua tradici&oacute;n en n&aacute;huatl, traducidas por &eacute;l al espa&ntilde;ol, con una nueva serie de pinturas. Los poemas son de los antiguos nahuas. As&iacute; nos acercamos a la poes&iacute;a n&aacute;huatl, traducida por &eacute;l y pintada por m&iacute;. Le&oacute;n-Portilla fue la persona que m&aacute;s se aproxim&oacute; &mdash;desde la profunda erudici&oacute;n y la sensibilidad m&aacute;s refinada&mdash; a las complejidades del pensamiento y de las ideas del universo n&aacute;huatl. Penetr&oacute; ese mundo como nadie lo ha sabido hacer hasta el d&iacute;a de hoy.</p>
<p>&mdash; &iquest;C&oacute;mo fue el desarrollo del lenguaje visual utilizado en <em>La tinta negra y roja</em> con Miguel Le&oacute;n-Portilla?</p>
<p>&mdash; Alguna vez escrib&iacute; que en realidad me hubiera gustado ser un an&oacute;nimo iluminador de manuscritos rom&aacute;nicos, aislado en alguna lejana monta&ntilde;a europea, o un tlacuilo dibujante y escritor &mdash;que en esa &eacute;poca eran lo mismo&mdash; de c&oacute;dices prehisp&aacute;nicos, oculto en la selva o en los llanos del territorio que m&aacute;s tarde se llamar&iacute;a M&eacute;xico. Ese es el origen del lenguaje visual utilizado en <em>La tinta negra y roja</em>. Me sent&iacute; como un dibujante y escritor de c&oacute;dices.</p>
<p>&mdash; En &laquo;Ordenar, destruir&raquo; Sergio Pitol evoc&oacute; dos grandes d&iacute;pticos llamados&nbsp;<em>C&oacute;dices</em>. En el primero rige la perturbaci&oacute;n. En el segundo&nbsp;<em>C&oacute;dice</em>&nbsp;la armon&iacute;a se ha recuperado. &laquo;Pero la paz recuperada dista mucho de ser la de los sepulcros. Rojo, el demiurgo, puede sentirse satisfecho. Sigue existiendo un ritmo. De la luz y el color se desprende una vibraci&oacute;n precisa y delicada&raquo;.</p>
<p>&mdash; Los <em>C&oacute;dices</em> destacados por Sergio Pitol contienen un sinn&uacute;mero de elementos pict&oacute;ricos que permiten una lectura similar a la que propician los fascinantes c&oacute;dices prehisp&aacute;nicos.</p>
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<p><strong>&laquo;Cuando Cardoza y Arag&oacute;n contempl&oacute; mi obra recurri&oacute; a Apollinaire para describir mi quehacer art&iacute;stico&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; &laquo;La veta que Rojo explora est&aacute; hecha de armon&iacute;as intuitivas o calculadas por sensibilidad para principios de las estructuras abstractas &mdash;proporciones, ritmos, contrastes&mdash;: unidad y equilibrio. La forma conquista plena autonom&iacute;a y m&aacute;s que lo original, lo originario&raquo;, escribi&oacute; Luis Cardoza y Arag&oacute;n en <em>Pintura contempor&aacute;nea de M&eacute;xico</em>. &iquest;C&oacute;mo recuerdas a Cardoza y Arag&oacute;n?</p>
<p>&mdash; Fue un hombre muy perspicaz. Luis Cardoza y Arag&oacute;n afirm&oacute; que la poes&iacute;a es la &uacute;nica prueba concreta de la existencia del hombre. Cuando Cardoza y Arag&oacute;n contempl&oacute; mi obra recurri&oacute; a Apollinaire para describir mi quehacer art&iacute;stico: me dijo y posteriormente escribi&oacute; &mdash;cito de memoria&mdash; que yo pinto conjuntos con elementos nuevos nunca tomados de la realidad visual, sino creados completamente por m&iacute; y dotados de poderosa realidad.</p>
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<p><strong>&laquo;La lluvia y los volcanes son dis&iacute;miles pero nunca son excluyentes&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; Has abordado naturalezas diferentes: la lluvia y los volcanes. &iquest;C&oacute;mo distingues las series dedicadas a ambos fen&oacute;menos?</p>
<p>&mdash; La lluvia y los volcanes son dis&iacute;miles pero nunca son excluyentes.</p>
<p>&mdash; En tus <em>Volcanes</em> convergen distintas perspectivas. &iquest;Qu&eacute; te atrae de ellos?</p>
<p>&mdash; Los volcanes tienen una imagen sumamente atractiva. Resultan siempre contradictorios porque son muy bellos pero a la vez pueden causar mucho dolor tras una erupci&oacute;n catastr&oacute;fica.</p>
<p>&mdash; &iquest;Cu&aacute;l es el origen de la serie&nbsp;<em>M&eacute;xico bajo la lluvia</em>, en la que percibo unidad y equilibrio, palabras utilizadas previamente por Cardoza y Arag&oacute;n?</p>
<p>&mdash; Tiene su origen en un viaje a Tonantzintla. Acompa&ntilde;&eacute; a Miguel Prieto al Observatorio a pintar un mural. Es el recinto donde el astr&oacute;nomo Guillermo Haro descubr&iacute;a estrellas Novas. Desde la colina se ve&iacute;a el valle de Cholula y vi dos lluvias: una a la izquierda del valle y otra a la derecha. Nunca hab&iacute;a visto dos lluvias simult&aacute;neamente. Ve&iacute;a que ambas avanzaban y retroced&iacute;an. Qued&eacute; estupefacto. Realic&eacute; notas en 1964, pero comenc&eacute; a pintar la serie en Par&iacute;s en 1980.</p>
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<p><strong>&laquo;En el sue&ntilde;o me convierto en un ni&ntilde;o&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; El gesto sin fin del arte se manifiesta tambi&eacute;n de manera on&iacute;rica. Abordas la vida secreta de los sue&ntilde;os. Tienes uno recurrente que sucede en un extraordinario y remoto escenario cercano al mar. &iquest;C&oacute;mo es el sue&ntilde;o?</p>
<p>&mdash; En el sue&ntilde;o me convierto en un ni&ntilde;o. Es de gran intensidad visual. Constituye una parte de los escenarios que, como un murmullo constante, atesoro en mi memoria.</p>
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<p><strong>&laquo;Percibo, sin duda, los dos vol&uacute;menes &mdash;<em>Diario abierto</em> y <em>Puntos suspensivos</em>&mdash; como una forma de constancia de vida&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; &laquo;S&oacute;lo perdura lo esencial&raquo;, escribiste en <em>Diario abierto</em>. En ese libro maravilloso abundan las frases afor&iacute;sticas.</p>
<p>&mdash; Otros destacados son: &laquo;Estoy lejos de conseguir la imagen que persigo&raquo; y &laquo;crear zonas de sombra y duda es lo que da sentido al arte&raquo;. Esas frases casi afor&iacute;sticas funcionan tambi&eacute;n en <em>Puntos suspensivos. Escenas de un autorretrato</em>, la automonograf&iacute;a de 432 p&aacute;ginas en las que se despliegan m&uacute;ltiples im&aacute;genes de mi trabajo en pintura y escultura. No se acaba nunca de aprender, de descubrir, de inventar, de reinventar.</p>
<p>&mdash; En <em>Diario abierto</em> revelas tus &laquo;v&iacute;as de escape&raquo;: <em>La diligencia</em> de John Ford, <em>Enamorada</em> de Emilio Fern&aacute;ndez y Gabriel Figueroa, <em>Coraz&oacute;n. Diario de un ni&ntilde;o</em> de Edmundo de Amicis, <em>Cumbres borrascosas</em> de Emily Bront&euml;, los hermanos Marx, Alfred Hitchcock, William Somerset Maugham, Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s e Ingrid Bergman.</p>
<p>&mdash; Quer&iacute;a vivir sin salir de la isla que era mi casa, realizar una especie de viaje alrededor de mi cuarto, a trav&eacute;s de dos libros que fueron mi refugio: <em>La isla misteriosa</em> de Jules Verne y <em>Robinson Crusoe</em> de Daniel Defoe, relato del n&aacute;ufrago enfrentado a la adversidad con gran imaginaci&oacute;n y eficacia.</p>
<p>&mdash; En el libro expresas que el origen de todo tu trabajo est&aacute; en tus dos infancias.</p>
<p>&mdash; Claro. Mi primera infancia, en mi Barcelona natal, est&aacute; construida en el recuerdo como un c&uacute;mulo de experiencias que fueron muy dif&iacute;ciles para m&iacute;. La segunda parte de mi juventud data de 1949, cuando llegu&eacute; a M&eacute;xico y la vida cambi&oacute;: se me ilumin&oacute;. Gradualmente comenc&eacute; mi desarrollo cultural como un mexicano ansioso de formarse.</p>
<p>&mdash; &laquo;Se dice que toda la obra de un creador, sea escritor o artista, es en realidad una forma de autobiograf&iacute;a&raquo;, escribiste en <em>Diario abierto</em> y en <em>Puntos suspensivos. Escenas de un autorretrato</em>.</p>
<p>&mdash; <em>Puntos suspensivos</em>, antolog&iacute;a de mi trabajo como pintor y escultor, se titula as&iacute; porque siempre quiero creer que mi obra sigue en proceso. Percibo, sin duda, los dos vol&uacute;menes &mdash;<em>Diario abierto</em> y <em>Puntos suspensivos</em>&mdash; como una forma de constancia de vida.</p>
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<p><strong>&laquo;He tratado de hacer una suerte de geometr&iacute;a, respetada por un lado y enriquecida por otro, sometida a nuevas pruebas visuales&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; En &laquo;&iquest;Rojo o rom&aacute;ntico?&raquo; Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez escribi&oacute;: &laquo;No era f&aacute;cil relacionar su complejidad con la pureza geom&eacute;trica de sus cuadros&raquo;.</p>
<p>&mdash; En ese extraordinario texto Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez asever&oacute; que siempre me he resistido a ser el &laquo;rom&aacute;ntico espl&eacute;ndido&raquo; que &eacute;l reconoc&iacute;a en m&iacute;. Fue enf&aacute;tico en la geometr&iacute;a como realidad pura de mi trabajo.</p>
<p>&mdash; En cada aspecto hay un principio geom&eacute;trico, todo posee una geometr&iacute;a intr&iacute;nseca. &iquest;C&oacute;mo lo percibes?</p>
<p>&mdash; Uso la geometr&iacute;a como un lenguaje: el que est&aacute; en los or&iacute;genes. He tratado de hacer una suerte de geometr&iacute;a, respetada por un lado y enriquecida por otro, sometida a nuevas pruebas visuales.</p>
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<p><strong>&laquo;Desde ni&ntilde;o, la conciencia del alborozo inseparable del dolor ha normado mi vida y mi trabajo&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; Otro lenguaje es el de la memoria. Construyes el pasado. Tu primer recuerdo se remonta al 19 de julio de 1936. Empiezas a ver el mundo a partir de esa doble imagen que tiene, seg&uacute;n la miras en aquel momento, &laquo;unidos en una sola visi&oacute;n el sentido de la fiesta y la tragedia&raquo;.</p>
<p>&mdash; La primera visi&oacute;n que guardo, como he dicho varias veces, es de mis cuatro a&ntilde;os. Recuerdo la reacci&oacute;n que hubo en Barcelona frente al alzamiento militar de Franco. Yo lo ve&iacute;a todo a trav&eacute;s de la ventana de mi casa. Sobre el Paseo de San Juan se abre paso una imagen fuerte, n&iacute;tida en t&eacute;rminos pl&aacute;sticos: los camiones que pasaban con gente gritando o cantando mientras levantaba armas y banderas. Comienzo a ver el mundo a partir de esa doble imagen que tiene &mdash;tal como evoco en el <em>Diario abierto</em>&mdash;, unidos en una sola visi&oacute;n el sentido de la celebraci&oacute;n y la tragedia. No olvido los brillantes colores, la euforia popular y, al mismo tiempo, est&aacute; la presencia de las armas. Desde ni&ntilde;o, la conciencia del alborozo inseparable del dolor ha normado mi vida y mi trabajo.</p>
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<p><strong>&laquo;Recuerdo mi primer acercamiento al papel a mis cuatro a&ntilde;os&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; En el texto &laquo;Hacer mella, cicatrizar, construir&raquo; Jos&eacute;-Miguel Ull&aacute;n cita un pasaje de Paracelso, m&eacute;dico que naci&oacute; en Einsiedeln, Suiza, en 1493: &laquo;La imaginaci&oacute;n es un universo en miniatura que puede crear sus formas invisibles y &eacute;stas materializarse&raquo;.</p>
<p>&mdash; Celebro que recuerdes ese extraordinario pasaje citado por Jos&eacute;-Miguel Ull&aacute;n, ya que Paracelso fue m&eacute;dico en el siglo XVI. Yo colaboro con Arnoldo Kraus, m&eacute;dico y escritor.</p>
<p>&mdash; Realizas con Arnoldo Kraus un formidable proyecto: <em>Apolog&iacute;as</em>. Es una serie literaria-visual compuesta por <em>Apolog&iacute;a del l&aacute;piz</em>, <em>Apolog&iacute;a del libro</em>, <em>Apolog&iacute;a de las cosas</em>, <em>Apolog&iacute;a del polvo</em> y <em>Apolog&iacute;a del papel</em>.</p>
<p>&mdash; Trabajamos bajo una premisa: las cosas, como las ideas y las palabras, tienen bagaje y memoria, acumulan historias. Cambiamos la palabra di&aacute;logo por la palabra danza. Una danza entre palabras e im&aacute;genes.</p>
<p>&mdash; <em>Apolog&iacute;a del papel</em> es el quinto libro de su proyecto dual. Subray&eacute; el siguiente pasaje de Kraus: &laquo;El papel abriga. Humaniza. Acerca. Abraza. Casa existencial para poetas, escritores, pintores&raquo;. &iquest;C&oacute;mo recuerdas tu primer contacto con el papel?</p>
<p>&mdash; Recuerdo mi primer acercamiento al papel a mis cuatro a&ntilde;os. En aquellos d&iacute;as ya me gustaba tener en las manos l&aacute;pices para trazar sobre &eacute;l algo que, obviamente, no llegaba a ser un dibujo. Pero ah&iacute; sigo, hasta la fecha. Tiempo despu&eacute;s ya me animaba a tratar de dibujar un caballo. Pero no sab&iacute;a hacerlo. Sigo igual, tambi&eacute;n hasta la fecha.</p>
<p>&mdash; Admiras el papel de china picado. Cito a Kraus: &laquo;Armado con tijeras, pegamentos y c&uacute;ters, Vicente Rojo dot&oacute; a las palabras de im&aacute;genes, cuyos trazos, per se, invitan.&raquo; &iquest;C&oacute;mo dilucidas esa invitaci&oacute;n?</p>
<p>&mdash; Desde que llegu&eacute; a M&eacute;xico y conoc&iacute; las fiestas en las que por encima de nuestras cabezas bailaba el papel de china, me sent&iacute; atra&iacute;do por &eacute;l. Me fascinaba igualmente si la fiesta era en un recinto cerrado que en la calle, por su geometr&iacute;a y sus colores. Era un verdadero alarde de la cultura popular.</p>
<p>&mdash; &laquo;Poes&iacute;a y ficci&oacute;n no son dogmas: las cosas sienten, viven en uno y con uno. Cobran vida al ser usadas. As&iacute; el papel&raquo;, dice Kraus. &iquest;De qu&eacute; manera sientes que el papel cobra vida cuando comienzan a utilizarlo?</p>
<p>&mdash; El papel me ha seguido acompa&ntilde;ando a lo largo de la vida. Y no &uacute;nicamente en mi trabajo con libros o revistas o carteles. Aun cuando Kraus dice que el papel cobra vida al usarlo, para m&iacute; ha sido siempre la vida misma. Y, por lo tanto, la representaci&oacute;n en s&iacute; de la poes&iacute;a.</p>
<p>&mdash; &laquo;La memoria encontr&oacute; una nueva morada y las ideas un h&aacute;bitat privilegiado&raquo;, escribi&oacute; Kraus sobre el origen del papel. &iquest;De qu&eacute; manera concibes el papel como soporte de recuerdos e ideas?</p>
<p>&mdash; El papel ha sido siempre el soporte de los monumentos que son los libros, en los que se ha reunido de manera &laquo;privilegiada&raquo; &mdash;la palabra es de Kraus&mdash; nada menos que la memoria y las ideas que nos abren al futuro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;<em>Versi&oacute;n celeste</em> fusiona el arte con m&eacute;todos t&eacute;cnicos <em>d&rsquo;avant-garde</em>&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; El simbolismo del papel est&aacute; ligado a la escritura, dibujo y pintura que&nbsp;<em>recibe</em>, recuerda el egipt&oacute;logo Georges Posener. La esencia de ese material deton&oacute;<em>&nbsp;Apolog&iacute;a del papel</em>. Del griego&nbsp;<em>p&aacute;pyros</em>, que dio la palabra &laquo;papel&raquo;, asevera Posener, el papiro es un&nbsp;<em>equivalente&nbsp;</em>del libro. La apolog&iacute;a de ese material primigenio coincide con la celebraci&oacute;n de la luz artificial &mdash;uno de los s&iacute;mbolos de la modernidad&mdash; que implica tu pieza titulada<em>&nbsp;Versi&oacute;n celeste</em>. Se trata de &laquo;la obra luminosa de Vicente Rojo en el Monte de Piedad&raquo;, como se lee en el subt&iacute;tulo del cat&aacute;logo realizado por el sello El Viso en 2019. Al encenderse, el vitral<em>&nbsp;cobra vida</em>. Al observar tu pieza luminosa pienso en una m&aacute;xima del autor franc&eacute;s Andr&eacute; Virel: &laquo;Dej&aacute;ndonos atraer por ella entramos en un camino que parece poder conducir m&aacute;s all&aacute; de la luz, es decir, m&aacute;s all&aacute; de toda forma, pero tambi&eacute;n m&aacute;s all&aacute; de toda sensaci&oacute;n y noci&oacute;n&raquo;. El pasaje ofrece una luz que se relaciona directamente con la evoluci&oacute;n de tu obra. En 2019 demostraste tu pasi&oacute;n por los dos m&eacute;todos creativos y te expresaste a trav&eacute;s de ambos: el papel antiqu&iacute;simo y un vitral iluminado con tecnolog&iacute;a novedosa.</p>
<p>&nbsp;&mdash; El vitral lum&iacute;nico<em>&nbsp;Versi&oacute;n&nbsp;celeste</em> ocupa el plaf&oacute;n del patio central de la casa matriz de Nacional Monte de Piedad. Los bocetos se transformaron en una estructura programada con tecnolog&iacute;a de punta. Pedro Romero de Terreros G&oacute;mez Mor&iacute;n &mdash;patrono secretario de esa instituci&oacute;n de asistencia privada y descendiente del fundador&mdash;, acompa&ntilde;ado por los arquitectos Armando Ch&aacute;vez y Gustavo Avil&eacute;s, me propusieron la creaci&oacute;n del vitral. La tarea era crear un cielo en movimiento, una b&oacute;veda celeste pero geom&eacute;trica, hecha de aluminio, luz y cristal. La periodista e historiadora Claudia Itzkowich lo abord&oacute; muy bien en el cat&aacute;logo. Vicente Rojo Cama &mdash;mi hijo, dise&ntilde;ador, fot&oacute;grafo y m&uacute;sico&mdash;, Karla Le&oacute;n &mdash;artista de la luz din&aacute;mica&mdash;, Avil&eacute;s y Ch&aacute;vez trabajaron arduamente.</p>
<p>&mdash; Itzkowich admira el vitral: es una autor&iacute;a tuya con &laquo;una tecnolog&iacute;a s&uacute;per avanzada en control y en sistemas de iluminaci&oacute;n&raquo;. Ella destaca tus habilidades y las de tu equipo &laquo;para utilizar las m&aacute;s finas t&eacute;cnicas contempor&aacute;neas con el fin de transformar la atm&oacute;sfera mediante nuevas configuraciones de los mismos elementos b&aacute;sicos: luz, cristal y color&raquo;.</p>
<p>&mdash; <em>Versi&oacute;n celeste</em>&nbsp;fusiona el arte con m&eacute;todos t&eacute;cnicos<em>&nbsp;d&rsquo;avant-garde</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;Las cosas nos dan identidad. Es el origen de mi <em>Autorretrato</em>. Las cosas cobran vida en nuestros recuerdos. Nosotros otorgamos significados&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; La reproducci&oacute;n de <em>Autorretrato</em> &mdash;t&eacute;cnica mixta sobre madera, 140 x 140 cm, 2016&mdash; est&aacute; en las p&aacute;ginas centrales de <em>Apolog&iacute;a de las cosas</em>. La Galer&iacute;a L&oacute;pez Quiroga, en Polanco, Ciudad de M&eacute;xico, alberg&oacute; <em>Abecedario</em>. Pinturas, esculturas, libros, grabados y el <em>Autorretrato</em>, es decir, estructuras o sistemas propios de la formalidad art&iacute;stica, elementos de tu lenguaje, compusieron la muestra. Laura &mdash;mi esposa&mdash; y yo llegamos a la sala donde se exhibi&oacute; <em>Autorretrato</em>. Signos. Objetos usados, cosas que igualmente pueden interpretarse en clave simb&oacute;lica. L&aacute;pices de colores, soldaditos de juguete, aviones en miniatura, tubos de pintura vac&iacute;os, diversos instrumentos de medici&oacute;n y trazo &mdash;que bien podr&iacute;an ser de navegaci&oacute;n&mdash;: reglas, transportadores, compases. La nostalgia envuelve tambi&eacute;n a Jos&eacute; Emilio Pacheco y a Carlos Fuentes, evocados con botones promocionales. Est&aacute;n tus lentes, instrumento primordial de tu quehacer; el espacio alberga postales, fotograf&iacute;as, recortes, brochas, tijeras, naipes, letras, un flex&oacute;metro. Una mezcla de texturas y colores. Plumas, canicas, crayones y piezas de rompecabezas dentro de un rompecabezas; pinceles de distintos grosores, un sello, clips, pinzas de madera, n&uacute;meros y letras impresos en diversos materiales. Tu firma est&aacute; deletreada con cubos de madera. Laura advirti&oacute; que todos esos fragmentos poseen algo en com&uacute;n: la guerra contra el olvido, la relaci&oacute;n con el pasado. Ella tambi&eacute;n te percibe como <em>homo ludens</em>: alguien que ve en el juego una funci&oacute;n cardinal como el pensamiento, seg&uacute;n el historiador holand&eacute;s Johan Huizinga. &iquest;Cu&aacute;l es el origen de tu<em> Autorretrato</em>?</p>
<p>&mdash; Las cosas nos dan identidad. Es el origen de mi <em>Autorretrato</em>. Las cosas cobran vida en nuestros recuerdos. Nosotros otorgamos significados. La pieza no representa mi rostro, sino objetos que pertenecen a diversas &eacute;pocas de mi vida. El juego &mdash;como dijo Laura, tu esposa, con mucha raz&oacute;n&mdash; es inherente a la concepci&oacute;n del <em>Autorretrato</em>. Los crayones, las plumas, los naipes, las piezas de rompecabezas, las canicas son s&iacute;mbolos de la parte l&uacute;dica de la existencia. Son elementos de mi lenguaje art&iacute;stico. Estoy de acuerdo con los planteamientos de Johan Huizinga. Las im&aacute;genes tradicionales del <em>homo sapiens</em> y el <em>homo faber</em> son insuficientes para explicar la complejidad del pensamiento. El car&aacute;cter l&uacute;dico de la cultura es percibido por el <em>homo ludens</em>.</p>
<p>&mdash; En un texto de <em>Cuaderno de escritura</em> Salvador Elizondo se aproxim&oacute; a la idea de lo l&uacute;dico en tu obra: &laquo;La pintura de Vicente Rojo se inscribe ya, ajust&aacute;ndose a ella con una congruencia perfecta, dentro de la extensi&oacute;n precisa de lo que abarca el mirar la pintura como una operaci&oacute;n o un juego puros&raquo;.</p>
<p>&mdash; Para Salvador Elizondo la forma resultaba una especie de ideal, en la que destac&oacute; un juego puro. Dijo que en mi obra el color mismo &mdash;trascendente en su mirada po&eacute;tica, en su concepci&oacute;n literaria del arte&mdash; es la m&aacute;s clara escritura de la emoci&oacute;n que genera la constataci&oacute;n de la forma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;El circo representa nuestra vida cotidiana: la belleza y el riesgo existentes&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; Contin&uacute;o con el car&aacute;cter l&uacute;dico de tu obra. La relectura de &laquo;Circo de noche&raquo; de Jos&eacute; Emilio Pacheco &mdash;conjunto de doce poemas publicado en el libro <em>El silencio de la Luna</em>&mdash; inspir&oacute; la exposici&oacute;n <em>Circo dormido</em>. Y el libro <em>Circos</em> contiene los poemas de Pacheco y tus construcciones fotografiadas por Vicente Rojo Cama, tu hijo, quien dise&ntilde;&oacute; el volumen. Tus im&aacute;genes y construcciones representan al circo una vez que los personajes de Pacheco ya han actuado y el circo se ha quedado dormido, en semioscuridad. Las construcciones fueron fotografiadas de noche, con luces especiales, para completar los poemas de Pacheco y, a su vez, crear una suerte de distancia.</p>
<p>&mdash; Quise dar la imagen de aquello que viene despu&eacute;s de la vitalidad y riesgo de una funci&oacute;n circense que ha lucido, emocionado, conmovido e inquietado: el circo que queda a la espera de la siguiente funci&oacute;n.</p>
<p>&mdash; &iquest;C&oacute;mo fue detonado el recuerdo?</p>
<p>&mdash; La construcci&oacute;n de los escenarios ocurri&oacute; como yo hac&iacute;a las cosas de peque&ntilde;o. Cuando era ni&ntilde;o me resultaba muy dif&iacute;cil obtener juguetes, por lo tanto ten&iacute;a que fabricarlos. Me vi construyendo los juguetes que hac&iacute;a de ni&ntilde;o, aunque en este caso son juguetotes.</p>
<p>&mdash; &iquest;C&oacute;mo sucede tu investigaci&oacute;n visual?</p>
<p>&mdash; Recuerdo que a un ni&ntilde;o que hab&iacute;a dibujado algo se le pregunt&oacute; &laquo;c&oacute;mo hiciste esto&raquo;, a lo que respondi&oacute; &laquo;lo hice de memoria&raquo;. Todo lo que he hecho a lo largo de mi vida ha sido &laquo;de memoria&raquo;. Tengo referencias muy concretas, no las reviso, no las repaso, no recupero im&aacute;genes, sino simplemente recuerdo c&oacute;mo eran, y a partir del recuerdo de las formas yo trabajo.</p>
<p>&mdash; &iquest;De qu&eacute; manera relacionas al circo con el espect&aacute;culo de la vida?</p>
<p>&mdash; Es un escenario paralelo. El circo representa nuestra vida cotidiana: la belleza y el riesgo existentes. Nos estamos viendo en el circo, somos nosotros mismos. El circo es un espect&aacute;culo alegre, divertido, din&aacute;mico, actuado por cirqueros que tienen los problemas que tenemos todos los dem&aacute;s. Ocurre un juego de espejos entre el espect&aacute;culo y lo que est&aacute; dentro del espect&aacute;culo.</p>
<p>&mdash; &iquest;Por qu&eacute; decidiste entablar un di&aacute;logo con los poemas de Pacheco?</p>
<p>&mdash; Siempre he sido cercano a su poes&iacute;a. Lo consult&eacute; con Jos&eacute; Emilio; me dijo que el conjunto ten&iacute;a una unidad muy especial y que le gustar&iacute;a que yo hiciera algo. Pens&eacute; que una serie de im&aacute;genes sobre papel no era lo &uacute;nico que quer&iacute;a realizar. Empec&eacute; a ver elementos que ten&iacute;a en mi estudio para hacer construcciones. Cre&iacute; que ser&iacute;an pocas, pero me di cuenta de que cada poema necesitaba una imagen abstracta, pero con referencias visuales concretas.</p>
<p>&mdash; &iquest;C&oacute;mo ocurre el juego de espejos entre las construcciones que aparecen fotografiadas en el libro y los gouaches de la exposici&oacute;n?</p>
<p>&mdash; Las dos series de elementos son opuestas y complementarias. Los gouaches fueron hechos a la par de las construcciones. Las construcciones cumplieron una funci&oacute;n muy precisa para el libro; realic&eacute; los gouaches con mayor libertad, abordando temas que no necesariamente est&aacute;n en el volumen. Es un juego de enfrentamiento, de oposici&oacute;n y de complemento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;En</strong><strong> </strong><strong><em>Rumbo al exilio final</em></strong><strong> B&aacute;rbara [Jacobs] escribi&oacute; sobre la existencia&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; B&aacute;rbara Jacobs, escritora excepcional y tu pareja, afirma: &laquo;Aqu&iacute; estoy otra vez, deseosa de aprender, adivinar, intuir c&oacute;mo logra Vicente Rojo ser una persona invariablemente de buen coraz&oacute;n, incapaz de herir voluntariamente a nadie, por ninguna raz&oacute;n, bajo ninguna circunstancia, aun cuando lo que fuera que en este sentido pidiera una respuesta suya se tratara de un ataque frontal. &iquest;C&oacute;mo logra Vicente responder con serenidad? Inclusive con una sonrisa. A todo. Siempre. No digo que ponga la otra mejilla, porque en esas situaciones lo que hace es, m&aacute;s bien, repito, sonre&iacute;r. Tampoco digo que no sea ingenioso y que, por lo tanto, no sea capaz de responder a la altura y hasta con creces a algo que lo pudiera molestar, incluso sublevar, o aun entristecer, porque sensible es y porque ingenioso es. Vicente es sumamente sensible; basta conocer su trato, o basta conocer su trabajo para confirmarlo, adem&aacute;s confirmarlo con &eacute;nfasis. Y Vicente es altamente ingenioso, desplegadamente ingenioso, muy desarrolladamente ingenioso, intuitivamente, instintivamente. Pero estas respuestas cargadas de ingenio que da (es decir, cargadas de malicia en su significado de picard&iacute;a, de travesura; es decir, cargadas de una magistral combinaci&oacute;n de humor con inteligencia) no las practica sino con quienes &eacute;l sabe que son capaces de reconocerlas como lo que son, juegos, juegos del intelecto, divertidos, alegres, hasta hilarantes&raquo;.</p>
<p>&mdash; Me alegra mucho que cites a B&aacute;rbara. Ella es experta en la combinaci&oacute;n del humor con inteligencia. Recuerdo que la entrevistaste hace tiempo y conversaron, entre muchos temas, sobre su libro <em>Nin re&iacute;r. La risa a lo largo de la historia, la ciencia, el arte, mi vida y la literatura</em>. En <em>Rumbo al exilio final</em> B&aacute;rbara escribi&oacute; sobre la existencia, sobre c&oacute;mo empez&oacute; a leer, cu&aacute;ndo comenz&oacute; a escribir, qu&eacute; lecturas la cautivaron, qu&eacute; personas le dieron momentos radiantes y qu&eacute; experiencias la han guiado en el camino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;Es el resplandor de las estrellas inherente a la poes&iacute;a&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; Cuentas que debes a la generosidad de Fernando Ben&iacute;tez la presentaci&oacute;n de tu primera exposici&oacute;n de pintura en 1958, hace m&aacute;s de seis d&eacute;cadas, en la que te defini&oacute; como un joven &laquo;tierno y l&iacute;rico, a veces desgarrado y violento&raquo;, y te atribuy&oacute; &laquo;la aurora, la inconformidad, la esperanza&raquo;.</p>
<p>&mdash; Fue una presentaci&oacute;n apasionante. Fernando Ben&iacute;tez escribi&oacute; esas generosas palabras cuando yo era joven.</p>
<p>&mdash; Yo te atribuyo la libertad y las estrellas que iluminan la densidad sombr&iacute;a del bosque que intentamos atravesar todos los d&iacute;as.</p>
<p>&mdash; Gracias. Tus palabras tambi&eacute;n son generosas.</p>
<p>&mdash; &iquest;C&oacute;mo fue tu selecci&oacute;n crom&aacute;tica para <em>Apolog&iacute;a del polvo</em>, uno de los libros realizados con Arnoldo Kraus?</p>
<p>&mdash; Pens&eacute;, al tratar el tema del polvo, que deb&iacute;a manejar tonos grises, usar el negro, dar una perspectiva l&uacute;gubre. Pero el texto de Kraus es luminoso. Por lo tanto, esa luz me permiti&oacute; pensar en lo colorido, en el polvo de estrellas. Los astros siempre tienen colores, las estrellas son luminosas. Eso plasm&eacute;. Muchos pensadores dicen que somos polvo de estrellas.</p>
<p>&mdash; &iquest;De qu&eacute; manera percibes la po&eacute;tica inherente a las estrellas?</p>
<p>&mdash; Mi padre lleg&oacute; a M&eacute;xico a&ntilde;os antes de que yo lo lograra. En Barcelona yo ve&iacute;a las estrellas pensando en que mi padre ve&iacute;a en M&eacute;xico las mismas estrellas que yo percib&iacute;a. Hay una canci&oacute;n titulada &laquo;Polvo de estrellas&raquo; que yo escuchaba en mi juventud. Tambi&eacute;n recuerdo <em>Mujeres alcanzando la luna</em> y <em>Hombre contemplando el firmamento</em>, piezas extraordinarias de Rufino Tamayo en las que las estrellas nos iluminan desde el cielo.</p>
<p>&mdash; En el ensayo &laquo;Un par&eacute;ntesis que se abre sin cesar&raquo; el pintor italiano Valerio Adami &mdash;nacido en Bolonia en 1935 y expositor reciente en The Mayor Gallery de Londres&mdash; explora la complejidad soterrada de tu expresi&oacute;n po&eacute;tica.</p>
<p>&mdash; Es el resplandor de las estrellas inherente a la poes&iacute;a. Cuando entr&eacute; a formar parte de El Colegio Nacional como creador y recreador de im&aacute;genes &mdash;es el medio en el que yo trabajo, no lo es la palabra&mdash; dije que era doloroso, porque mis ideas, m&aacute;s all&aacute; de las que logro concretar en el &aacute;mbito de las artes pl&aacute;sticas, nunca han hallado las palabras apropiadas para expresarse. En diversas ocasiones he sostenido que por un verso de un poema me atrever&iacute;a a cambiar toda mi obra.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 18 Mar 2021 08:53:16 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La melodía de una vida. Antón García Abril, un músico universal turolense]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-melodia-de-una-vida-anton-garcia-abril-un-musico-universal-turolense/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas21/Marzo/ANT_N_GARC_A_ABRIL500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;Cuando el maestro acaba de cumplir ochenta a&ntilde;os, la revista cultural <em>Turia</em> se suma a los m&uacute;ltiples homenajes que se le est&aacute;n tributando y presenta esta semblanza vital y profesional sin, como se pueden imaginar, pretender abarcar la enormidad de su persona y, ni mucho menos, analizar la vastedad de su obra. Nuestro compositor, director y pedagogo sigue en la brecha en plena producci&oacute;n y son ya m&aacute;s de setecientas las piezas que ha compuesto, con lo que la mera enumeraci&oacute;n de las mismas desbordar&iacute;a ampliamente las posibilidades de este art&iacute;culo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el momento de redactar estas p&aacute;ginas, se encuentra trabajando en la revisi&oacute;n de <em>La gitanilla,</em> un trabajo que hizo para el ballet nacional de Espa&ntilde;a sobre las novelas ejemplares de Cervantes. Adem&aacute;s est&aacute; inmerso en la composici&oacute;n de dos obras de piano para sus dos &uacute;ltimos nietos: "Siempre les he escrito [hijos y nietos] a todos una partitura de bienvenida al mundo".</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De la intensidad y la altura del presente momento creativo de Ant&oacute;n Garc&iacute;a Abril dan buena cuenta los m&uacute;ltiples encargos que recibe constantemente: la gran violinista americana, Hilary Hahn, ha paseado por un buen n&uacute;mero de ciudades europeas y de Estados Unidos su obra <em>Tres suspiros</em>, escrita a petici&oacute;n propia para ella por Ant&oacute;n; por su parte, el quinteto de metal Spanish Brass Luur Metalls,&nbsp; tras estrenar en el a&ntilde;o 2009 con gran &eacute;xito su primer encargo, <em>El vuelo del viento</em>, se apresur&oacute; a repetir experiencia el pasado a&ntilde;o con un nuevo estreno de turolense t&iacute;tulo, <em>Guadalaviar</em>, una composici&oacute;n largo tiempo gestada, escrita para quinteto de metales solista y orquesta de cuerda, dos pianos y percusi&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quien quiera aproximarse a su vida y a su producci&oacute;n musical deber&aacute; consultar las obras de Fernando J. Caba&ntilde;as Alam&aacute;n, <em>Ant&oacute;n Garc&iacute;a Abril. Sonidos en libertad </em>(Instituto Complutense de Ciencias Musicales. SGAE.1993); de Paula Coronas, <em>Est&eacute;tica y estilo en la obra de Ant&oacute;n Garc&iacute;a Abril </em>(Orquesta Filarm&oacute;nica de M&aacute;laga, 2001); de &Aacute;lvaro Zald&iacute;var, <em>Ant&oacute;n Garc&iacute;a Abril. Poeta de vanguardia</em> (Ediciones Maestro, 2003); de Andr&eacute;s Ruiz, <em>Ant&oacute;n Garc&iacute;a Abril, un inconformista. El compositor, visto y sentido, por sus int&eacute;rpretes</em> (Fundaci&oacute;n Autor. SGAE. 2005), as&iacute; como los diferentes estudios de Esther Sestelo dedicados a su obra. Para finalizar esta m&iacute;nima bibliograf&iacute;a que, de una u otra manera, gravita sobre el presente art&iacute;culo, recomendamos tambi&eacute;n la lectura del estudio de Pablo P&eacute;rez y Javier Hern&aacute;ndez, <em>Ant&oacute;n Garc&iacute;a Abril. El cine y la televisi&oacute;n</em> (Diputaci&oacute;n de Zaragoza, 2002), dedicado a su m&uacute;sica incidental.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El mundo compositivo de Ant&oacute;n Garc&iacute;a Abril es inmenso, se extiende desde las bandas sonoras, pasando por la canci&oacute;n de concierto, el poema sinf&oacute;nico, las obras orquestales, para piano, guitarra, ballet, las de car&aacute;cter did&aacute;ctico y pedag&oacute;gico, hasta llegar a la &oacute;pera. Todo un universo creativo, tan cicl&oacute;peo como ecl&eacute;ctico y polim&oacute;rfico, pero al mismo tiempo unitario, de obra en marcha, en constante construcci&oacute;n, fruto de una vida consagrada por entero a la m&uacute;sica que, como hemos anticipado, resulta imposible resumir en unas pocas p&aacute;ginas, por lo que nos limitaremos a recorrer su trayectoria vital deteni&eacute;ndonos brevemente en aquellos momentos fundamentales de la misma o de su producci&oacute;n, en los que Teruel, su patria chica, est&aacute; presente, bien sustentando e impulsando su trayectoria profesional, bien latiendo bajo sus composiciones: sus paisajes, sus gentes, sus familiares, sus amigos, sus recuerdos de infancia y adolescencia, etc., conforman un magma creativo que aflora en forma de homenajes continuos a su tierra, pues como anticip&aacute;bamos en el t&iacute;tulo, Ant&oacute;n Garc&iacute;a Abril es <em>un m&uacute;sico universal turolense</em>; un artista que no renuncia a sus ra&iacute;ces, al contrario, las posee en lo emotivo, en el fondo de su esp&iacute;ritu creador y las proyecta hacia el mundo convirti&eacute;ndolas en universales, demostrando una vez m&aacute;s la verdad de las palabras del escritor portugu&eacute;s Miguel Torga de que &ldquo;lo universal es lo local sin paredes&rdquo;, m&aacute;xima que alienta siempre en los grandes creadores e, incluso, en el esp&iacute;ritu de esta misma revista cultural.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Seguir la pista de su persona en el peri&oacute;dico local turolense (antiguo <em>Lucha,</em> en la actualidad <em>Diario de Teruel</em>) resulta apasionante y pronto se comprueba, sin ning&uacute;n g&eacute;nero de duda, el respeto y la admiraci&oacute;n que ha suscitado y suscita entre sus paisanos, as&iacute; como tambi&eacute;n se percibe con claridad meridiana la justa correspondencia del compositor, hijo agradecido que dedica a su tierra lo mejor de s&iacute; mismo: su trabajo, su m&uacute;sica, sus composiciones m&aacute;s sentidas.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>La banda de m&uacute;sica (1943)</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ant&oacute;n Garc&iacute;a Abril naci&oacute; en Teruel el 19 de mayo de 1933. Su padre, pintor industrial, ten&iacute;a vocaci&oacute;n de m&uacute;sico y cuando los menesteres de su trabajo se lo permit&iacute;an, tocaba el saxof&oacute;n en la banda de la ciudad. Ser&aacute; en ella donde a los diez a&ntilde;os descubra el encanto de la m&uacute;sica y nazca su vocaci&oacute;n. Ant&oacute;n Garc&iacute;a Abril reconoce su importancia siempre que se le pregunta: &ldquo;All&iacute; naci&oacute; mi amor por la m&uacute;sica y, desde entonces tengo un respeto extraordinario por las bandas, que son un veh&iacute;culo de cultura popular [&hellip;] En aquel medio descubr&iacute; el misterio de la m&uacute;sica como lenguaje [&hellip;]&rdquo; &ldquo;[&hellip;] y es que la banda, con esa gran tradici&oacute;n que tiene en Espa&ntilde;a, ha producido muchas aficiones musicales, entre ellas la m&iacute;a. Lo digo por los que piensan que tienen una importancia secundaria. Est&aacute;n equivocados. Como elemento de cultura popular tiene la misma importancia que una orquesta sinf&oacute;nica.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por su parte, la banda de Teruel lo reconoci&oacute; como &ldquo;Socio de Honor&rdquo; (2003)&nbsp; y como &ldquo;Director Honorario&rdquo;, d&aacute;ndole tambi&eacute;n su nombre a la Escuela de M&uacute;sica de la ciudad (2011).</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Primeras composiciones: <em>Canto a la madre</em> (1946) y <em>Angelines</em> (1947)</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En 1947, becado por la Diputaci&oacute;n Provincial, se traslad&oacute; a Valencia para ampliar sus conocimientos musicales bajo el magisterio de Consuelo Lapiedra. Tras un a&ntilde;o de duro trabajo, se examin&oacute; como libre de tres cursos de solfeo y de cuatro de piano, su haza&ntilde;a la recog&iacute;a el peri&oacute;dico (2-7-1948) de la siguiente elogiosa manera: &ldquo;Con notas sobresalientes aprob&oacute; en un solo curso, en el Conservatorio de Valencia, los tres de solfeo y cuatro de piano, el ni&ntilde;o Ant&oacute;n Garc&iacute;a Abril. Los profesores le dedicaron grandes elogios por su aplicaci&oacute;n y grandes condiciones para la m&uacute;sica&rdquo;. La ciudad lo adoptaba as&iacute; como su particular ni&ntilde;o prodigio. No la defraudar&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ya en estos a&ntilde;os iniciales de formaci&oacute;n, Ant&oacute;n comenz&oacute; a componer y, seg&uacute;n recoge Caba&ntilde;as, sus primeros trabajos ser&iacute;an su <em>Canto a la madre</em> (1946) y <em>Angelines</em> (1947), dedicada tambi&eacute;n a ella, partituras hoy en d&iacute;a perdidas, pero vivas a&uacute;n en la memoria y las manos del compositor.</p>
<p><strong><em>&nbsp;</em></strong></p>
<p><strong><em>Himno de &ldquo;La Vaquilla&rdquo;</em></strong><strong> (1950)</strong></p>
<p>Como no pod&iacute;a ser de otra manera, entre estas composiciones iniciales, se encuentra el <em>Himno de &ldquo;La Vaquilla&rdquo;</em> (1950), fruto de ese sentimiento tan turolense que es ser y sentirse &ldquo;vaquillero&rdquo;; sentimiento que se mantiene vivo durante toda la vida y que rememora el maestro siempre que se le pregunta al respecto recordando con nostalgia las fiestas de sus a&ntilde;os mozos, cuando con sus compa&ntilde;eros de colegio y otros j&oacute;venes trabajadores formaron la pe&ntilde;a de significativo nombre &ldquo;studtrab&rdquo; (de estudiantes y trabajadores) para vivirlas con camarader&iacute;a y sana intensidad. De esta forma, con su trabajo compositivo, el joven Ant&oacute;n comenz&oacute; a devolver a su ciudad lo que recib&iacute;a de ella, creando ese flujo de influencias y mutuo reconocimiento que se mantendr&aacute; a lo largo de toda su vida (en 1991 la Federaci&oacute;n de Interpe&ntilde;as turolense lo nombr&oacute;, junto a Antonio Ub&eacute; Casinos, autor de la letra, &ldquo;pe&ntilde;ista del a&ntilde;o&rdquo;).</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&Aacute;ngel Mingote (1952)</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Siguiendo los consejos del afamado pianista Leopoldo Querol, Ant&oacute;n tom&oacute; la determinaci&oacute;n de proseguir sus estudios en Madrid. Decisi&oacute;n que suscit&oacute; cierta preocupaci&oacute;n en su casa, pues no ve&iacute;an con buenos ojos emprender tama&ntilde;a aventura sin tener lo que en aquellos momentos se conoc&iacute;a como un &ldquo;valedor&rdquo; en la gran ciudad, figura que al fin y a la postre encontrar&iacute;a en &Aacute;ngel Mingote -padre del gran humorista gr&aacute;fico, turolense de adopci&oacute;n, Antonio Mingote- que hab&iacute;a vivido durante algunos a&ntilde;os en Teruel y que a la saz&oacute;n era profesor del conservatorio madrile&ntilde;o.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Apoyado de nuevo econ&oacute;micamente por la Diputaci&oacute;n de Teruel, Ant&oacute;n Garc&iacute;a Abril dio inicio a sus estudios superiores avalado por el m&uacute;sico darocense, fragu&aacute;ndose de inmediato entre ellos una s&oacute;lida amistad sustentada en el convencimiento del profesor en las grandes posibilidades del joven m&uacute;sico, confianza recogida por escrito &nbsp;en su art&iacute;culo titulado &ldquo;Ant&oacute;n Garc&iacute;a Abril, m&uacute;sico&rdquo;, publicado en el diario local (3-07-1955): &ldquo;Mi acierto, hasta hoy, en pron&oacute;sticos y augurios, me anima y decide a esta afirmaci&oacute;n: Garc&iacute;a Abril est&aacute; dotado de tal musicalidad, que puede llegar hasta donde los mejores lleguen [&hellip;]&rdquo;, para concluir solicitando a &ldquo;las m&aacute;s relevantes y oficiales personalidades de Teruel a que velen por &eacute;l y protejan a quien de seguro ha de rendir ciento por uno; a quien puede dar d&iacute;as de gloria a su regi&oacute;n.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El tiempo, el buen hacer del maestro y la cr&iacute;tica han confirmado su pron&oacute;stico, as&iacute;, casi cincuenta a&ntilde;os m&aacute;s tarde, el estudioso &Aacute;lvaro Zald&iacute;var afirmaba respecto de Garc&iacute;a Abril: &ldquo;es el compositor m&aacute;s robusto y solvente de la segunda mitad del siglo XX, heredando el lugar que cupo a Manuel de Falla en la primera mitad de ese siglo&rdquo;.</p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los deseos de &Aacute;ngel Mingote no cayeron en saco roto y como sucediera hasta ese momento, la Diputaci&oacute;n Provincial turolense sigui&oacute; apoyando con puntuales ayudas econ&oacute;micas al en ese momento aprendiz de composici&oacute;n a complementar sus estudios en los prestigiosos cursos de verano que organizaba la Academia Chigiana de Siena, donde asisti&oacute; a cursos de composici&oacute;n con Vito Frazzi, de direcci&oacute;n de orquesta con Paul van Kempen, de m&uacute;sica cinematogr&aacute;fica con Angelo Francesco Lavagnino y sobre el mundo del ballet con Alexander Sajarov.</p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el curso 1963-64, &nbsp;complet&oacute; su formaci&oacute;n en nuevas t&eacute;cnicas de composici&oacute;n en la Academia &ldquo;Santa Cecilia&rdquo; de Roma con el prestigioso maestro Gofreddo Petrassi.</p>
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<p><strong><em>Torrepartida </em></strong><strong>(1955)</strong></p>
<p>En el verano de 1955, se rodaba en escenarios turolenses <em>Torrepartida, </em>de Pedro Lazaga, con gui&oacute;n del entonces juez en Teruel, Jos&eacute; M&ordf; Belloch, una pel&iacute;cula de &ldquo;maquis&rdquo; ambientada en la capital turolense, la estaci&oacute;n del tren de Cella, Albarrac&iacute;n y su sierra. A propuesta de Belloch, amigo de la familia de Garc&iacute;a Abril, y tras una prueba al piano en la emisora local de Radio Nacional de Espa&ntilde;a, que disip&oacute; las reticencias del director, poco dispuesto a confiar la banda sonora a un principiante, el equipo del film encomend&oacute; la m&uacute;sica a la joven promesa turolense, quien confeccion&oacute;, seg&uacute;n sus propias palabras, una &ldquo;m&uacute;sica que los italianos llaman al <em>aperto</em>, donde la mayor&iacute;a de la acci&oacute;n se produc&iacute;a en las monta&ntilde;as y la m&uacute;sica ten&iacute;a una funci&oacute;n fundamental: dramatizar aquel aspecto, grande, abierto, que en el cine espa&ntilde;ol se hab&iacute;a visto poco o nada.&rdquo;</p>
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<p>&nbsp;Superadas las iniciales reservas del prol&iacute;fico realizador, su colaboraci&oacute;n se prolong&oacute; durante 22 a&ntilde;os y&nbsp; se materializ&oacute; en 68 pel&iacute;culas, algunas de ellas tan famosas como&nbsp;<em>Ana dice s&iacute;, La fiel infanter&iacute;a</em>&nbsp;(con esta banda sonora obtuvo el Premio Nacional del Sindicato de 1959, galard&oacute;n que volver&iacute;a a conseguir en 1968 con otra pel&iacute;cula de Lazaga,&nbsp;<em>No le busques tres pies</em>, y por tercera vez en 1975 con&nbsp;<em>Los p&aacute;jaros de Baden-Baden,&nbsp;</em>de Mario Camus. No ser&iacute;an estos los &uacute;nicos premios en el &aacute;mbito de la m&uacute;sica funcional, tambi&eacute;n le conceder&iacute;an la Medalla del C&iacute;rculo de Escritores Cinematogr&aacute;ficos al conjunto de su labor en el cine y el Premio &ldquo;Luis Bu&ntilde;uel&rdquo; de Cinematograf&iacute;a en 1977)<em>, Los tramposos, Los econ&oacute;micamente d&eacute;biles, La ciudad no es para m&iacute;,&nbsp;</em>etc.</p>
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<p>Ant&oacute;n Garc&iacute;a Abril se convirti&oacute; en un nombre fundamental de la composici&oacute;n musical aplicada al cine en la etapa que fue de mediados de los cincuenta hasta finales de los setenta, caracterizada principalmente por la producci&oacute;n de las denominadas &ldquo;comedias a la espa&ntilde;ola&rdquo; o &ldquo;espa&ntilde;oladas&rdquo;, muchas de ellas dirigidas por el citado Lazaga, Mariano Ozores o Vicente Escriv&aacute;, y producidas en su mayor parte por Jos&eacute; Luis Dibildos y Pedro Mas&oacute;, a las que Abril aport&oacute; ritmos de jazz, melod&iacute;as y canciones pegadizas en la mejor tradici&oacute;n de sus contempor&aacute;neos italianos:&nbsp;<em>Sor Citr&ouml;en, El turismo es un gran invento, &iexcl;Vente a Alemania, Pepe!, Abuelo made in Spain</em>,&nbsp;<em>Las Ib&eacute;ricas F.C., La llamaban&nbsp;la Madrina, Lo verde empieza en los Pirineos, Manolo la nuit,&nbsp;&nbsp;</em>etc. Tambi&eacute;n cultiv&oacute; el&nbsp;<em>thriller</em>&nbsp; en&nbsp;<em>El rostro del asesino </em>y&nbsp;<em>Culpable para un delito;</em> el <em>spaghetti-western,</em>&nbsp;en&nbsp;<em>&nbsp;Tierrra brutal</em> o <em>Adios, Texas</em>; el cine de terror&nbsp; en varias pel&iacute;culas de Le&oacute;n Klimovsky&nbsp; y de Amando Osorio, entre otros.</p>
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<p>Cuando este tipo de cine comercial decrece,&nbsp;&nbsp;la producci&oacute;n de Ant&oacute;n Garc&iacute;a Abril tambi&eacute;n desciende, pero, sin embargo,&nbsp;&nbsp;busca nuevos caminos musicales y sus partituras acusan un importante enriquecimiento sinf&oacute;nico y se hacen mucho m&aacute;s ambiciosas, logrando trabajos tan depurados como <em>La lozana andaluza</em>,&nbsp;<em>El perro</em>,&nbsp;&nbsp;<em>El crimen de Cuenca</em>, <em>La colmena</em>,&nbsp;<em>Los santos inocentes</em>,&nbsp;<em>La rusa,&nbsp;R&eacute;quiem por un campesino espa&ntilde;ol</em> o <em>Romanza final</em>. <em>Gayarre</em>, una banda sonora delicada y de gran nivel, para la que confeccion&oacute; una bella melod&iacute;a al piano, leitmotiv que se repite en diferentes momentos de la pel&iacute;cula, y para la que compuso tambi&eacute;n varias canciones de m&eacute;rito, como el bello zorcico <em>Vive </em>o el <em>Canto porque estoy alegre</em>, de las que un jovenc&iacute;simo Jos&eacute; Carreras hizo una interpretaci&oacute;n memorable.</p>
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<p>Como se&ntilde;ala Fernando J. Caba&ntilde;as, fue en 1986 cuando la actividad que Garc&iacute;a Abril desarrollaba para el cine alcanz&oacute; uno de sus momentos cumbres, pues la banda sonora de la pel&iacute;cula de Rodney Bennet,&nbsp;<em>Monsignor Quixote</em>&nbsp;(1985), le llev&oacute; a conseguir el premio &ldquo;The music Retailers Association Annual Awards for Excelennce&rdquo; (1986), al ser elegida, junto a otras de John Barry, John Williams o Maurice Jarre, para ser interpretada por&nbsp;la Orquesta Filarm&oacute;nica&nbsp;de Londres en el Albert May, espacio&nbsp;&nbsp;en el que se re&uacute;ne la m&uacute;sica cinematogr&aacute;fica m&aacute;s relevante en el panorama internacional de cada temporada.&nbsp;</p>
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<p>Ese mismo a&ntilde;o, en el &ldquo;I Encuentro Internacional de M&uacute;sica de Cine&rdquo;, celebrado en Sevilla, se le dedic&oacute; un ciclo especial a su obra y se grab&oacute; un disco homenaje, interpretado por&nbsp;la Orquesta Sinf&oacute;nica&nbsp;de Madrid, dirigida por el propio compositor, en el que se recogieron sus mejores bandas sonoras, tanto cinematogr&aacute;ficas&nbsp;&nbsp;como televisivas.</p>
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<p>En esta misma l&iacute;nea, y como reconocimiento a su labor,&nbsp;la Academia&nbsp;de las Artes y las Ciencias Cinematogr&aacute;ficas de Espa&ntilde;a le encarg&oacute; en 1987&nbsp;la&nbsp;&nbsp;<em>Obertura&nbsp;</em> con la que se abre desde ese a&ntilde;o el acto anual de entrega de los &ldquo;Premios Goya&rdquo;.</p>
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<p>&nbsp;La televisi&oacute;n es otro de los campos para los que ha compuesto partituras inolvidables, la mayor&iacute;a de las cuales permanecen de forma imborrable en el inconciente colectivo de los espa&ntilde;oles. Suya es la m&uacute;sica de <em>El hombre y&nbsp;la Tierra</em>,&nbsp;<em> Los camioneros, Fortunata y Jacinta, Anillos de Oro, Ram&oacute;n y Cajal, Cervantes, Segunda ense&ntilde;anza, Los desastres de la guerra,&nbsp;&nbsp;R&eacute;quiem por Granada, Brigada Central,&nbsp;</em>y un largo etc&eacute;tera, dejando a un lado, incluso, las sinton&iacute;as para cabeceras de programas tan c&eacute;lebres como L<em>a tarde, Deportes, Tarde de toros, Punto de encuentro</em>, etc.</p>
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<p>Dentro del &aacute;mbito de la m&uacute;sica incidental, nuestro compositor tambi&eacute;n colabor&oacute; en numerosos montajes teatrales: <em>Luces de bohemia, Tirano Banderas, Mariana Pineda, Do&ntilde;a Rosita la soltera, Cal&iacute;gula, Los intereses creados, </em>entre otros muchos.</p>
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<p>Menci&oacute;n aparte merece la comedia musical, <em>Un mill&oacute;n de rosas</em>, con texto de&nbsp; Joaqu&iacute;n Calvo Sotelo basado en una libre recreaci&oacute;n de la intensa vida de &ldquo;la bella Otero&rdquo;, por la que obtuvo el Premio Nacional de Teatro de 1971 y un gran &eacute;xito de p&uacute;blico y cr&iacute;tica.</p>
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<p>La m&uacute;sica funcional para teatro, cine y televisi&oacute;n le proporcion&oacute; una cercan&iacute;a con el p&uacute;blico, tanto cualitativa como, sobre todo, cuantitativa, pues muchas de estas pel&iacute;culas fueron verdaderos &eacute;xitos de taquilla y gozaron y gozan de una gran popularidad entre el p&uacute;blico espa&ntilde;ol (cualquiera de las protagonizadas por el inefable actor aragon&eacute;s Paco Mart&iacute;nez Soria son un buen ejemplo de ello).</p>
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<p>A pesar de que Ant&oacute;n Garc&iacute;a Abril abandon&oacute; a finales de los a&ntilde;os ochenta esta faceta creativa, en modo alguno reniega de sus partituras, todo lo contrario, se muestra satisfecho de su experiencia y reconoce cuando se le pregunta que &ldquo;la televisi&oacute;n y el cine fueron un taller de creaci&oacute;n, porque pensabas la m&uacute;sica, la escrib&iacute;as e inmediatamente pod&iacute;as escucharla en las grabaciones. Habr&iacute;a que pagar por disponer de un taller as&iacute;&rdquo;.</p>
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<p><strong>Concierto en el Cine Victoria (1955).</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Anunciado a bombo y platillo en la prensa local, el 23 de diciembre de 1955, organizado por la asociaci&oacute;n &ldquo;amigos del Arte&rdquo;, tuvo lugar en el Cine Victoria &ldquo;la presentaci&oacute;n formal de nuestro joven y ya famoso compositor Antonio Garc&iacute;a Abril, considerado como el m&aacute;ximo valor de esta hora entre la nueva generaci&oacute;n de m&uacute;sicos espa&ntilde;oles. Dar&aacute; a conocer a sus paisanos alguna de esas obras que le han dado renombre&hellip; El artista ha querido que su m&uacute;sica llegue al p&uacute;blico con todos los matices expresivos y contenido l&iacute;rico, de los que la interpretaci&oacute;n pian&iacute;stica podr&iacute;a &uacute;nicamente dar referencia.&rdquo; (<em>Lucha,</em> 21-12-1955). El concierto fue un &eacute;xito total, el joven compositor, al piano, se acompa&ntilde;&oacute; de la soprano y profesora en el Conservatorio de Valencia, Emilia Mu&ntilde;oz, y del violinista, Jos&eacute; Moret. En la primera y segunda parte present&oacute; composiciones propias (<em>Tres villancicos</em>, <em>Marinera</em>, <em>Canto a la madre</em>, <em>Ma&ntilde;anicas de Mayo, Arrojome las naranjicas, La zagala alegre, Capricho para viol&iacute;n y piano</em> y <em>Sonata de Siena</em>). En la tercera, interpret&oacute; obras de Rachmaninoff, Chopin, List y Turina, cerrando con dos obras propias m&aacute;s, <em>Danza aragonesa</em> y <em>Andaluza</em>. Para finalizar, regal&oacute; fuera ya de programa su <em>Nana,</em> primera parte de su composici&oacute;n titulada, <em>Dos piezas breves.</em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A esta actuaci&oacute;n siguieron otras muchas, as&iacute;, alg&uacute;n tiempo despu&eacute;s y en el Teatro Mar&iacute;n, se iniciar&iacute;a en el campo de la direcci&oacute;n con la Orquesta Municipal de Valencia para interpretar obras de Weber, Dvorak, Dukas y Rimsky-Korsakov.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En la d&eacute;cada de los cincuenta, inici&oacute; la composici&oacute;n del <em>Ballet de los Amantes de Teruel&nbsp; &nbsp;-</em>inconcluso hasta la fecha-, en colaboraci&oacute;n con sus paisanos, el citado juez Belloch, y el periodista y cineasta turolense, Clemente Pamplona, autores de la espectacular obra teatral representada en la Plaza del Seminario de la ciudad a principios de septiembre de 1955, con motivo del cuarto centenario del descubrimiento de las momias de los Amantes, seguramente con la intenci&oacute;n de que formara parte de la misma (inclu&iacute;a poemas de Federico Muelas).</p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En abril de 1961, tuvo lugar una conferencia-concierto en honor a los participantes en la I Asamblea Provincial de la Familia, que corri&oacute; a cargo del cr&iacute;tico musical, Antonio Fern&aacute;ndez Cid, la soprano M&ordf; Teresa Tourn&egrave; y la pianista Carmen D&iacute;ez Mart&iacute;n. El music&oacute;logo disert&oacute; sobre el tema &ldquo;La canci&oacute;n contempor&aacute;nea espa&ntilde;ola&rdquo;, a partir de Granados, pasando por Eduardo Toldr&aacute;, Ataulfo Argenta, Montsalvatge, Jes&uacute;s Leoz, Turina, Falla y Garc&iacute;a Abril, que se encontraba entre el p&uacute;blico y de quien se interpretaron, quiz&aacute; como estreno, sus <em>Diez canciones infantiles</em> (la parte literaria correspond&iacute;a al citado Federico Muelas). El compositor fue tan aclamado que se vio obligado a subir al escenario y acompa&ntilde;ar &eacute;l mismo al piano &ldquo;Pala y pico&rdquo;, una de sus canciones. Con ellas, el compositor turolense hab&iacute;a conseguido el acc&eacute;sit al Premio Nacional de M&uacute;sica del a&ntilde;o 1956, cuyo ganador fue su mentor y maestro, &Aacute;ngel Mingote. Ese a&ntilde;o la m&uacute;sica nacional tuvo acento aragon&eacute;s: un veterano y una joven promesa; el maestro y el alumno que cumple con su obligaci&oacute;n de intentar superarlo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Llevado de su amor por Teruel y siguiendo en esa l&iacute;nea compositiva, en 1965 dedic&oacute; el apunte coreogr&aacute;fico, <em>Jota del Torico</em>, al que quiz&aacute; sea el s&iacute;mbolo m&aacute;s emblem&aacute;tico de la ciudad.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Cruz de San Jorge. Mantenedor de las fiestas de la Vaquilla (1978)</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En abril de 1978 fue distinguido con la Cruz de San Jorge por la Diputaci&oacute;n Provincial de Teruel y en las fiestas de la Vaquilla ejerci&oacute; de mantenedor con un interesante discurso (recogido en el diario <em>Lucha</em> de los d&iacute;as 6 y 7 de julio) en el que recorri&oacute; los hitos musicales m&aacute;s importantes de la provincia turolense, desde Gaspar Sanz, pasando por la &oacute;pera de Bret&oacute;n dedicada a los Amantes de Teruel, hasta acabar exponiendo y destacando la importancia de su m&uacute;sica popular, relacionando la enorme variedad de cantos que se pueden encontrar en sus pueblos: gozos, albadas, villancicos, mayos, oliveras, cantos de bodegas, el &ldquo;reloj de la Pasi&oacute;n&rdquo;, la baraja o el arado, los Sacramentos, los Mandamientos, etc. Se detiene especialmente en el &ldquo;romance del arado&rdquo; de Torres de Albarrac&iacute;n, que narra la Pasi&oacute;n de Jes&uacute;s, y en los Mayos, para finalmente concluir solicitando la reedici&oacute;n del libro fundamental al respecto de Miguel Arnaudas, &nbsp;<em>Cancionero de la provincia de Teruel</em>, ofreciendo a la ciudad la posibilidad de escribir un ciclo de canciones de concierto sobre una selecci&oacute;n de textos premiados en las distintas ediciones del certamen po&eacute;tico que con motivo de estas fiestas se convoca, cuyo t&iacute;tulo anticipa como&nbsp; &ldquo;Cuaderno de los Amantes&rdquo;. Cerr&oacute; su intervenci&oacute;n con las siguientes palabras tan representativas de su forma de ser y de entender la m&uacute;sica y el mundo: &ldquo;Que el amor sea nuestra gu&iacute;a. Es suficiente con el amor hacia las peque&ntilde;as cosas. Amemos nuestra tierra, nuestra tradici&oacute;n, nuestros monumentos, nuestros hombres que con su trabajo diario contribuyen al desarrollo de nuestra tierra&hellip;&rdquo;</p>
<p><strong><em>&nbsp;</em></strong></p>
<p><strong><em>Sinfon&iacute;a del Guadalaviar</em></strong><strong> (1983)</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En marzo de 1982, Ant&oacute;n Garc&iacute;a Abril fue elegido acad&eacute;mico de la Real de Bellas Artes de San Fernando. En diciembre de 1983, ley&oacute; su discurso de ingreso en la Academia, cuyo t&iacute;tulo, <em>Defensa de la melod&iacute;a</em>, anticipa y resume a la perfecci&oacute;n su contenido e intenci&oacute;n: los principios esenciales de su m&uacute;sica, a los que siempre se ha mantenido fiel y, quiz&aacute;, tambi&eacute;n, de su forma de ser y de entender la vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Su ciudad natal no quiso permanecer ajena a este acontecimiento y durante ese a&ntilde;o se sucedieron diferentes homenajes. As&iacute;, en marzo, se le nombr&oacute; Hijo Predilecto de la ciudad. Agradecido, Ant&oacute;n, se comprometi&oacute; a hacer una gran sinfon&iacute;a dedicada a su tierra, Teruel y Arag&oacute;n, pero sin caer en populismos ni provincianismos vanos. &Eacute;l mismo anticipaba de la siguiente manera en el <em>Heraldo de Arag&oacute;n</em> (14-05-1985) sus intenciones compositivas: &ldquo;Hasta ahora no se ha hecho nada en este terreno. Querr&iacute;a hacer con la m&uacute;sica de mi tierra lo que hizo Falla con la de Andaluc&iacute;a. Una obra que, partiendo de las ra&iacute;ces, sea universal; estar&iacute;a estructurada en tres movimientos, correspondiendo cada uno de ellos a Zaragoza, Huesca y Teruel.&rdquo; Es el comienzo de un proyecto tit&aacute;nico, hasta la fecha inconcluso, que originariamente denomin&oacute; como <em>Sinfon&iacute;a Guadalaviar</em>, en el que integraba otros esbozos compositivos anteriores, inspirados en su tierra como la <em>Sinfon&iacute;a</em><em> aragonesa</em> y la <em>Sinfon&iacute;a</em><em> de &ldquo;los Amantes&rdquo;</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En v&iacute;speras de leer su discurso de ingreso, a finales de noviembre, la banda de m&uacute;sica Santa Cecilia de Teruel, en su habitual concierto anual, lo nombr&oacute; socio de Honor.</p>
<p><strong><em>&nbsp;</em></strong></p>
<p><strong><em>Seis Preludios de Mirambel</em></strong><strong> (1984-96)</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los&nbsp;<em>Preludios de Mirambel</em><em>&nbsp;</em>corresponden a una colecci&oacute;n de seis piezas para piano escritas en homenaje al peque&ntilde;o pueblo del Maestrazgo turolense que tal y como nos recuerda el mismo Ant&oacute;n Garc&iacute;a Abril, surgieron &ldquo;en un recorrido por todo el Maestrazgo, coincidiendo con la visita de nuestra reina, en el a&ntilde;o 1983, para hacer entrega del premio "Europa Nostra" al pueblo de Mirambel, sent&iacute; el deseo de ofrecer mi peque&ntilde;o homenaje como turolense.&rdquo; A&ntilde;ade que su pretensi&oacute;n fue la de enraizar su obra con la tradici&oacute;n pian&iacute;stica espa&ntilde;ola, cuesti&oacute;n que resulta evidente en los seis preludios, si bien, en el primero se aprecia tambi&eacute;n una cierta influencia raveliana y en el cuarto una mayor modernidad y variedad r&iacute;tmica.</p>
<p><strong><em>&nbsp;</em></strong></p>
<p><strong><em>Concierto mud&eacute;jar</em></strong><strong> (1985-86).</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En 1983 fue nombrado hijo predilecto de Teruel y en 1985, su amigo, el padre Jes&uacute;s Mar&iacute;a Muneta, a la saz&oacute;n Director del Instituto Musical Turolense, hombre fundamental en el devenir de la m&uacute;sica de la ciudad en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, estren&oacute; en su honor la obra significativamente titulada, <em>Abriliana. Homenaje al maestro Ant&oacute;n Garc&iacute;a Abril,</em> para orquesta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llevado de la gratitud ante esas continuas muestras de cari&ntilde;o de los turolenses, el maestro aprovech&oacute; el encargo del Ministerio de Cultura, con motivo del a&ntilde;o Europeo de la M&uacute;sica, para componer su <em>Concierto mud&eacute;jar</em>, espl&eacute;ndido homenaje al estilo arquitect&oacute;nico turolense por excelencia; una creaci&oacute;n en la que desarrolla su vena mel&oacute;dica en tres tiempos que, seg&uacute;n sus propias palabras, &ldquo;fluyen de manera expresiva para crear un mundo de equivalencias entre el mud&eacute;jar arquitect&oacute;nico y el sonoro&rdquo;, pues como aquel, la composici&oacute;n se realiza con una extraordinaria econom&iacute;a de medios: una guitarra y una orquesta de cuerda; m&uacute;sica sincera, grata y asequible a cualquier o&iacute;do, compuesta para perdurar en el tiempo, cl&aacute;sica ya a pesar de su modernidad, presente en todos los selectos repertorios de los grandes solistas mundiales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se estren&oacute; oficialmente el 1 de octubre de 1986 en la catedral de Teruel bajo su direcci&oacute;n y la interpretaci&oacute;n de Ernesto Bitetti y la Orquesta de C&aacute;mara I Solisti Aquilani. Ese mismo a&ntilde;o, el mud&eacute;jar turolense fue reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los actos de homenaje de su ciudad se han sucedido puntualmente casi todos los a&ntilde;os; las asociaciones m&aacute;s importantes lo han reconocido con sus distinciones m&aacute;s preciadas, as&iacute;, en 1988, fue nombrado &ldquo;Turolense del A&ntilde;o&rdquo; por el Centro de Iniciativas Tur&iacute;sticas. Casi al mismo tiempo, en el V Abrazo Andaluc&iacute;a Arag&oacute;n, la Casa de Andaluc&iacute;a en Teruel, le otorg&oacute; el t&iacute;tulo de &ldquo;Aragon&eacute;s del A&ntilde;o&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tambi&eacute;n por esas fechas, a petici&oacute;n de la Delegaci&oacute;n de Teruel de Manos Unidas, compuso para dicha organizaci&oacute;n su sinton&iacute;a. De igual forma, en 1993, el Gobierno de Arag&oacute;n, con motivo de la celebraci&oacute;n del d&iacute;a de San Jorge, le concedi&oacute; la medalla al M&eacute;rito Cultural. Por su parte, el Ministerio de Cultura reconoc&iacute;a su trayectoria profesional y su obra otorg&aacute;ndole el Premio Nacional de M&uacute;sica. La Universidad de Verano de Teruel lo homenajeaba dedic&aacute;ndole un curso de &ldquo;an&aacute;lisis est&eacute;tico e interpretativo de sus obras para piano y canto y piano&rdquo;, quiz&aacute; &uacute;nico en el panorama universitario espa&ntilde;ol, al tratarse de un m&uacute;sico vivo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como venimos destacando, Ant&oacute;n Garc&iacute;a Abril no dej&oacute; de componer obras alusivas a su tierra, as&iacute;, en 1999, estren&oacute; <em>Tres polifon&iacute;as turolenses</em>, basadas en el <em>Dance de Jorcas</em>, y en el 2002, con motivo de su lectura del preg&oacute;n de la Semana Santa, regal&oacute; a la ciudad su composici&oacute;n <em>Florecicas de la pasi&oacute;n</em>, inspirada en el mundo del folclore a trav&eacute;s de una jota aragonesa y en los toques de tambores y cornetas, aunando de esta forma el mundo popular y el de la Semana Santa.</p>
<p><strong><em>&nbsp;</em></strong></p>
<p><strong><em>Himno de Arag&oacute;n </em></strong><strong>(1989)</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A finales de 1987, la Mesa de las Cortes Regionales de Arag&oacute;n propuso encargarle la composici&oacute;n del himno oficial. Tras una serie de rocambolescos avatares, se decidi&oacute; designar a cuatro escritores representativos de diferentes generaciones y de otros tantos territorios aragoneses &ndash;Ildefonso Manuel Gil, &Aacute;ngel Guinda, Rosendo Tello y Manuel Vilas-, para que, en escasas pero maratonianas jornadas entorno a un piano en la ciudad de Daroca, escribieran su texto: treinta y tres versos dispuestos en dos estrofas de entrada, un estribillo y una estrofa de transici&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su estreno tuvo lugar el 22 de abril de 1989, en el Palacio de la Aljafer&iacute;a de Zaragoza, a cargo del Coro Fleta de Zaragoza (dirigido por Emilio Reina), la Coral Oscense (dirigida por Conrado Beltr&aacute;n), la Coral Polif&oacute;nica Turolense (dirigida por Jes&uacute;s Mar&iacute;a Muneta) y la Orquesta Sinf&oacute;nica de Madrid, todos, a su vez, dirigidos por el propio Garc&iacute;a Abril.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Arag&oacute;n cuenta pues con un Himno, heroico y&nbsp; solemne, de gran calidad, tanto en lo musical como en lo po&eacute;tico, pero que, sin embargo, no ha calado en la ciudadan&iacute;a, no se ha convertido en emblem&aacute;tico de la poblaci&oacute;n aragonesa, quiz&aacute; el problema radique en la falta de consenso pol&iacute;tico y en la nula difusi&oacute;n del mismo.</p>
<p><strong><em>&nbsp;</em></strong></p>
<p><strong><em>Divinas Palabras</em></strong><strong> (1986-1997)</strong></p>
<p>Escrita por encargo del Ministerio de Cultura casi al tiempo que se aprobaba la reconversi&oacute;n del Teatro Real, comenz&oacute; su composici&oacute;n en 1988. Casi diez a&ntilde;os despu&eacute;s se produc&iacute;a el estreno, un hito para la historia de la m&uacute;sica espa&ntilde;ola del siglo XX, tan escasa de &oacute;peras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Basada en la obra hom&oacute;nima de Valle-Incl&aacute;n, con libreto del escritor Francisco Nieva, direcci&oacute;n de Ros Marb&aacute; y con Pl&aacute;cido Domingo encabezando un reparto excepcional, Ant&oacute;n Garc&iacute;a Abril compuso tres horas de m&uacute;sica densa, sin relajo, sustancial, con dos papeles de gran extensi&oacute;n y vuelo cantable, otros cuatro muy importantes y hasta una docena m&aacute;s de cierta relevancia&hellip; M&aacute;s el coro-pueblo, un personaje fundamental tambi&eacute;n en esta &oacute;pera, de ah&iacute; la enorme masa coral que requiri&oacute; su puesta en escena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una creaci&oacute;n de esa magnitud supone la sublimaci&oacute;n de todo m&uacute;sico, la composici&oacute;n de una &oacute;pera, como espect&aacute;culo total, implica trabajar todas las t&eacute;cnicas: el manejo de la orquesta sinf&oacute;nica, el desarrollo de las partes corales, las solistas, d&uacute;os, tr&iacute;os, cuartetos, la escenograf&iacute;a, el espacio ac&uacute;stico visual&hellip; Y en el caso de <em>Divinas Palabras</em> m&aacute;s si cabe, pues se trata de una obra, en opini&oacute;n del director Eugene Kohn, &ldquo;muy compleja, no por la tesitura, sino por la especial concepci&oacute;n de la melod&iacute;a que posee el autor. La obra es muy rom&aacute;ntica en realidad, muy mel&oacute;dica, a pesar de esas armon&iacute;as complicadas, plenas de muchas notas, lo que las hace dif&iacute;ciles de escuchar, de identificar en una primera lectura&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En definitiva, <em>Divinas palabras</em> es una obra de madurez, un resumen de la trayectoria como compositor de Ant&oacute;n Garc&iacute;a Abril, a la que el mismo Pl&aacute;cido calific&oacute; de &ldquo;inconmensurable&rdquo;.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Concurso Internacional de Piano &ldquo;Ant&oacute;n Garc&iacute;a Abril&rdquo; (2004)</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con ocasi&oacute;n de su 70 cumplea&ntilde;os, un grupo de m&uacute;sicos (el tr&iacute;o&nbsp;<em>Ars Amandi&nbsp;</em>: Mar&iacute;a del Carmen Mu&ntilde;oz, Ignacio Lozano y Pedro Paterson) decidieron&nbsp;homenajear al maestro y crearon el Concurso Internacional de Piano que lleva su nombre<strong>, </strong>un verdadero motivo de satisfacci&oacute;n para el maestro como reconoc&iacute;a en estas mismas p&aacute;ginas en una entrevista de 2005<strong>: &ldquo;&hellip; </strong>el concurso me colma de satisfacci&oacute;n, porque ha sido a propuesta de j&oacute;venes m&uacute;sicos, apoyados por las instituciones&hellip;&rdquo; y que agradec&iacute;a ese mismo a&ntilde;o, en la inauguraci&oacute;n de la II edici&oacute;n del Concurso, con el estreno de <em>Tres piezas Amantinas</em>, ejecutadas por el pianista Leonel Morales, a las que seguir&iacute;an en otras ediciones posteriores <em>Lontananzas</em> (presentadas en la edici&oacute;n del a&ntilde;o 2006, se trata de seis piezas que rezuman juventud, romanticismo y arrebato, pues datan de 1953, y que el maestro rescat&oacute; y revis&oacute; especialmente para la ocasi&oacute;n), <em>Microprimaveras</em> (interpretadas por la pianista Ilona Timchenko, ganadora del concurso en su edici&oacute;n del a&ntilde;o 2009, y que hace un par de a&ntilde;os grab&oacute; la obra pian&iacute;stica m&aacute;s reciente del maestro) &nbsp;y <em>Di&aacute;logo con las estrellas </em>(2010).</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>A modo de conclusi&oacute;n</strong></p>
<p>Ant&oacute;n Garc&iacute;a Abril nos sigue sorprendiendo, no s&oacute;lo por su madurez y plenitud art&iacute;stica (en el a&ntilde;o 2006 le fue concedido el VII Premio Iberoamericano de la M&uacute;sica Tom&aacute;s Luis de Victoria, considerado el equivalente al Cervantes de la m&uacute;sica cl&aacute;sica, el mayor reconocimiento para autores vivos en el &aacute;mbito hispanoamericano), sino por su enorme actividad compositiva y por su fidelidad a s&iacute; mismo, por su forma de entender el arte en libertad, como una forma de comunicaci&oacute;n, de obra en marcha, en continuo hacerse y conformarse como parte de un todo unitario, plena de humanidad y mezcla de ra&iacute;ces, tradici&oacute;n y vanguardia, sin exclusiones de ning&uacute;n tipo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quiz&aacute;, quien mejor lo haya definido haya sido &Aacute;lvaro Zald&iacute;var con las siguientes hermosas palabras, a nuestro juicio definitorias del ser art&iacute;stico de nuestro paisano: &ldquo;Enraizado profundamente y por tanto abiertamente universal, turolense militante, aragon&eacute;s en ejercicio y espa&ntilde;ol orgulloso de serlo [&hellip;]&rdquo; Ese, sin duda, es Ant&oacute;n Garc&iacute;a Abril: una <em>melod&iacute;a </em>viva, con notas de siempre, pero siempre nuevas; un <em>m&uacute;sico universal turolense.</em> Sea as&iacute; por muchos a&ntilde;os.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 18 Mar 2021 08:44:43 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Semejanzas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/semejanzas/</link>
      <description><![CDATA[<p align="center"><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas21/Marzo/basilio500.jpg" alt="" /> </p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 600px;">Las luces de las casas</p>
<p style="padding-left: 600px;">atraviesan las ramas de los &aacute;rboles</p>
<p style="padding-left: 600px;">como dardos en un puesto de feria.</p>
<p style="padding-left: 600px;">Bru&ntilde;ida por la tarde,</p>
<p style="padding-left: 600px;">cada piedra refleja su porci&oacute;n de universo.</p>
<p style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 600px;">Nuestra ruina hace hermosos</p>
<p style="padding-left: 600px;">los viejos edificios,</p>
<p style="padding-left: 600px;">sobre nuestros despojos se levantan las ciudades antiguas.</p>
<p style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 600px;">Como la rosa &aacute;rabe</p>
<p style="padding-left: 600px;">que el vaho de las palabras hace crecer a ciegas</p>
<p style="padding-left: 600px;">desde las comisuras de los muertos,</p>
<p style="padding-left: 600px;">sobre la piedra roja del pasado</p>
<p style="padding-left: 600px;">cantan para nosotros las aves del futuro.</p>
<p style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 600px;">En los templos ocultos</p>
<p style="padding-left: 600px;">en las profundidades de las plazas</p>
<p style="padding-left: 600px;">nace el espino blanco de la melancol&iacute;a.</p>
<p style="padding-left: 600px;">En el cielo violeta de las torres,</p>
<p style="padding-left: 600px;">en las puntas doradas de todas las iglesias,</p>
<p style="padding-left: 600px;">revolotean los p&aacute;jaros</p>
<p style="padding-left: 600px;">con la misma piedad con que lo hacen,</p>
<p style="padding-left: 600px;">en tardes como esta,</p>
<p style="padding-left: 600px;">sobre la catedral de San Basilio en un verso de Milosz.</p>
<p style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 600px;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 12 Mar 2021 13:21:15 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La revista TURIA reivindica la trascendencia de Ramón J. Sender en el 120 aniversario de su nacimiento]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-revista-turia-reivindica-la-transcendencia-de-ramon-j-sender-en-el-120-aniversario-de-su-nacimiento/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2021/Marzo/sender500.jpg" alt="" /></p>
<p>El nuevo n&uacute;mero de la revista TURIA tiene, entre sus principales contenidos, un oportuno y amplio art&iacute;culo de Jos&eacute; Domingo Due&ntilde;as Lorente en el que se hace balance de la fama p&oacute;stuma de Ram&oacute;n J. Sender. No en vano, este a&ntilde;o se celebra el 120 aniversario de su nacimiento.</p>
<p>Seg&uacute;n la opini&oacute;n del profesor Due&ntilde;as Lorente, uno de los mayores especialistas en su obra, el lugar que ocupa Sender en la historia de Espa&ntilde;a y de su literatura &ldquo;se ha modificado en aspectos relevantes en los &uacute;ltimos lustros. En este tiempo, la literatura del aragon&eacute;s ha gozado de un inter&eacute;s constante por parte de no pocos estudiosos, nuevas promociones de analistas han accedido a sus textos y la resonancia de su obra se expande por distintas partes del mundo&rdquo;.</p>
<p>Para demostrar esa tesis de la vigencia de Ram&oacute;n J. Sender, el autor del texto que publica TURIA realiza un detallado y descriptivo recorrido por las nuevas aportaciones bibliogr&aacute;ficas que enriquecen el acervo de investigaciones cr&iacute;ticas sobre Sender, as&iacute; como las m&uacute;ltiples y diversas nuevas ediciones de varios de sus t&iacute;tulos que acreditar&iacute;an los avances en la esforzada difusi&oacute;n de una obra ingente y de singular inter&eacute;s literario. No en vano, concluye Jos&eacute; Domingo Due&ntilde;as Lorente; &ldquo;de este c&uacute;mulo de referencias parece inferirse que la producci&oacute;n senderiana ha accedido finalmente a una nueva etapa de sereno conocimiento y de profusa divulgaci&oacute;n; un periodo que presagia una consideraci&oacute;n consolidada y firme que hasta hace poco se negaba al autor. Claro que la solidez y la capacidad de sugerencia de su obra dejan escaso margen para la duda&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>RAM&Oacute;N J. SENDER, UNA PRESENCIA CONSTANTE EN &ldquo;TURIA&rdquo;</strong></p>
<p>Junto a Luis Bu&ntilde;uel, quiz&aacute; haya sido la figura y la obra de Ram&oacute;n J. Sender una de las m&aacute;s analizadas y divulgadas por TURIA. A lo largo de sus casi 40 a&ntilde;os de trayectoria, Sender ha ocupado centenares de p&aacute;ginas de la revista. Se le han dedicado inolvidables monogr&aacute;ficos y variados art&iacute;culos, as&iacute; como se ha descubierto material in&eacute;dito del escritor de Chalamera.</p>
<p>Entre las &uacute;ltimas aportaciones de TURIA a la divulgaci&oacute;n senderiana destacan los art&iacute;culos elaborados por Javier Barreiro. As&iacute;, en 2016 se difund&iacute;a en las p&aacute;ginas de la revista un relato de diciembre de 1916, cuando Sender ten&iacute;a solo quince a&ntilde;os, titulado &ldquo;Eco monta&ntilde;&eacute;s&rdquo; e insertado en el diario madrile&ntilde;o &ldquo;Los comentarios&rdquo;, &ldquo;el primer texto -en palabras de Barreiro- de Sender publicado en Madrid&rdquo;. El mismo estudioso localizaba y difund&iacute;a en otro n&uacute;mero de TURIA varias aportaciones del joven escritor como guionista de la serie &ldquo;Infancia y juventud de Cocoliche y Tragavientos&rdquo;, publicada en la revista barcelonesa &ldquo;Charlot. Semanario festivo&rdquo;, entre 1917 y 1918.</p>
<p>Por &uacute;ltimo, en 2018, Barreiro publicaba un reivindicativo texto en TURIA en el que escrib&iacute;a: &ldquo;conviene leer hoy a Sender porque es uno de los dos o tres novelistas m&aacute;s extensos e intensos de la pasada centuria; porque amenidad, informaci&oacute;n, defensa de la libertad, de la justicia y del individuo se juntan en sus ensayos y ficciones; por su cultura proteica que abarca las culturas europeas, las iberoamericanas y las angloamericanas. Y porque es, sin competencia, el m&aacute;s destacado escritor aragon&eacute;s desde los tiempos de Graci&aacute;n&rdquo;.</p>
<p>Quiz&aacute; la m&aacute;s valiosa contribuci&oacute;n de TURIA al estudio de Ram&oacute;n J. Sender fue el n&uacute;mero monogr&aacute;fico que public&oacute; en 2001, con motivo de conmemorarse entonces el centenario de su nacimiento. En aquella entrega, que se present&oacute; en Huesca y en la Biblioteca Nacional en Madrid, el prestigioso cr&iacute;tico literario Rafael Conte expresaba en TURIA, como nos recuerda el profesor Due&ntilde;as Lorente veinte a&ntilde;os m&aacute;s tarde, &ldquo;un justificado escepticismo sobre la posibilidad de que la celebraci&oacute;n lograra modificar &ldquo;el lugar que ocupa Ram&oacute;n J. Sender en la historia de Espa&ntilde;a y de su literatura&rdquo;.</p>
<p>En opini&oacute;n de Conte, &ldquo;las pompas conmemorativas no alterar&iacute;an el silencio que las modas comerciales inflig&iacute;an al escritor, pero tampoco esta postergaci&oacute;n lograr&iacute;a deslucir un &aacute;pice los m&eacute;ritos de una producci&oacute;n tan extensa y variada como la suya, susceptible de numerosas lecturas e interpretaciones&rdquo;. En suma, &ldquo;Conte contemplaba una obra literaria de incuestionable val&iacute;a, pero de escaso acceso al gran p&uacute;blico. Veinte a&ntilde;os despu&eacute;s de aquel vaticinio, habr&iacute;a que concluir que no se equivocaba, aunque tampoco acertaba del todo&rdquo;, asegura Due&ntilde;as Lorente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>RAFAEL ANGL&Eacute;S, ORGANISTA TUROLENSE DE LA CATEDRAL DE VALENCIA</strong></p>
<p>En la secci&oacute;n que TURIA denomina &ldquo;Cuadernos Turolenses&rdquo;, el n&uacute;mero que se distribuye este mes de marzo publica un pormenorizado art&iacute;culo de Carlos Paterson sobre Rafael Angl&eacute;s (R&aacute;fales, Teruel, 1730 &ndash; Valencia, 1816), organista turolense de la catedral de Valencia durante nada menos que cincuenta y cuatro a&ntilde;os.</p>
<p>Seg&uacute;n Carlos Paterson, el m&uacute;sico Rafael Angl&eacute;s es &ldquo;uno de los m&aacute;s claros exponentes del intenso intercambio de m&uacute;sicos que de siempre se ha dado entre dos de las principales escuelas organ&iacute;sticas espa&ntilde;olas, de un lado la aragonesa, con m&uacute;sicos de la talla de S. A. de Heredia, J. Xim&eacute;nez, A. de Sola, P. Bruna y J. de Nebra, y de otro lado la valenciana, con nombres como A. Peris, J. Cabanilles, V. Rodr&iacute;guez, F. Cabo y M. Narro. Ha sido tal el movimiento continuo de m&uacute;sicos, organistas y maestros de capilla entre ambas escuelas desde el siglo XVII que ha permitido generar una nueva identidad musical, la de todos aquellos m&uacute;sicos formados en diferentes seos aragonesas, que han exportado un estilo propio, una idiosincrasia com&uacute;n, y no solo a tierras valencianas, sino tambi&eacute;n al resto de Espa&ntilde;a, algunos de ellos incluso ocupando los m&aacute;s altos cargos musicales del pa&iacute;s, como es la Real Capilla&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>29 AUTORES ARAGONESES ESCRIBEN EN &ldquo;TURIA&rdquo;</strong></p>
<p>Cada nuevo sumario de TURIA es un claro ejemplo de integraci&oacute;n cultural de autores y textos de diversas procedencias geogr&aacute;ficas, est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas. Todo ello sin olvidar nunca el arraigo turolense/aragon&eacute;s de esta revista. Buena prueba de esa filosof&iacute;a de trabajo la constituyen los 29 autores aragoneses que publican textos in&eacute;ditos en las distintas secciones del sumario.</p>
<p>As&iacute;, los lectores de TURIA podr&aacute;n comprobar la creatividad del narrador Javier Sebasti&aacute;n o de los poetas Jos&eacute; Antonio Conde, Ana Mu&ntilde;oz y Enrique Villagrasa.</p>
<p>Otra de las secciones habituales de TURIA es &ldquo;La isla&rdquo;, que contiene fragmentos del diario de Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas ilustrados por Isidro Ferrer.</p>
<p>M&aacute;s all&aacute; de las aportaciones ya comentadas de Jos&eacute; Domingo Due&ntilde;as Lorente y Carlos Paterson, hay que subrayar la nutrida presencia de aragoneses en la secci&oacute;n &ldquo;La Torre de Babel&rdquo;. Es el apartado que TURIA dedica a la cr&iacute;tica de libros, y en &eacute;l se ofrecen cuidadas rese&ntilde;as de libros de ficci&oacute;n, de no ficci&oacute;n y de poes&iacute;a, tanto de autores espa&ntilde;oles como de otros idiomas traducidos al espa&ntilde;ol. La amplitud y calidad de esta secci&oacute;n han convertido a TURIA en una de las revistas que m&aacute;s y mejor practican la cr&iacute;tica literaria entre las publicaciones y suplementos culturales de Espa&ntilde;a. En esta ocasi&oacute;n, ejercen como cr&iacute;ticos, un total de 21 aragoneses y, entre ellos, podemos citar a Agust&iacute;n S&aacute;nchez Vidal, Jos&eacute; Luis Melero, Javier Barreiro, Jos&eacute; Luis Calvo Carilla, Mar&iacute;a &Aacute;ngeles Naval, Antonio P&eacute;rez Lasheras, Aurora Cruzado, David Mayor, Jos&eacute; Mar&iacute;a Ari&ntilde;o o Pablo P&eacute;rez Rubio.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 12 Mar 2021 13:11:12 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Turia entrevista a fondo a Vicente Rojo y Álvaro Valverde]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-entrevista-a-fondo-a-vicente-rojo-y-alvaro-valverde/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2021/Marzo/rojo500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;Los lectores del nuevo n&uacute;mero de la revista TURIA, que se distribuye este mes de marzo, podr&aacute;n disfrutar de dos entrevistas a fondo con el&nbsp; pintor, dise&ntilde;ador gr&aacute;fico y editor hispano mexicano Vicente Rojo y con el escritor espa&ntilde;ol &Aacute;lvaro Valverde. Se trata de dos conversaciones exclusivas, que permiten no s&oacute;lo conocerlos mejor, sino tambi&eacute;n descubrir sus opiniones sobre un amplio repertorio de temas de inter&eacute;s. Ambos son, por encima de todo, autores de una obra de marcada originalidad y relevancia en sus respectivos &aacute;mbitos.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La brillante y fecund&iacute;sima labor de una leyenda viva de la cultura latinoamericana contempor&aacute;nea como Vicente Rojo deslumbra y emociona a cualquiera que se sumerja en su m&uacute;ltiple e intensa trayectoria creativa. Se ha dicho que la dilatada labor de Rojo representa como pocas el poder de la imaginaci&oacute;n y es verdad porque, adem&aacute;s, &ldquo;pinta la escritura&rdquo; y &ldquo;escribe la pintura&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por su parte, el extreme&ntilde;o &Aacute;lvaro Valverde es uno de los nombres indiscutibles de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola actual. Una reconocida labor creativa que se complementa con una fecunda tarea como cr&iacute;tico de poes&iacute;a en diferentes peri&oacute;dicos y revistas de difusi&oacute;n nacional. Observador y protagonista a un tiempo del quehacer literario contempor&aacute;neo, Valverde declara en TURIA&nbsp; que &ldquo;resulta imprescindible sentir la soledad para vivir la literatura&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vicente Rojo y &Aacute;lvaro Valverde son, sin duda, dos personalidades muy atractivas y su opini&oacute;n nos enriquece a la hora de interpretar este tiempo tan dif&iacute;cil y complejo que vivimos.&nbsp; En&nbsp; TURIA&nbsp; nos&nbsp; hablan,&nbsp; con&nbsp; absoluta&nbsp; libertad&nbsp; y&nbsp; franqueza, de sus respectivas obras e itinerarios vitales. Y, sobre todo, con sus respuestas se ocupan tambi&eacute;n de abordar diversas cuestiones que nos afectan o interpelan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;Adem&aacute;s, entre otros contenidos relevantes, el nuevo n&uacute;mero de TURIA descubre al gran poeta portugu&eacute;s contempor&aacute;neo Ruy Belo, una de las voces m&aacute;s personales y singulares de la l&iacute;rica lusa del siglo XX. Y lo hace a trav&eacute;s de una breve antolog&iacute;a de textos y una nota introductoria a cargo del profesor extreme&ntilde;o Antonio S&aacute;ez Delgado, de la universidad portuguesa de &Eacute;vora.</p>
<p class="LO-normal1">&nbsp;</p>
<p><strong>VICENTE ROJO: &ldquo;NO SE ACABA NUNCA DE APRENDER, DE DESCUBRIR, DE INVENTAR, DE REINVENTAR&rdquo;</strong></p>
<p>En la entrevista que TURIA publica con Vicente Rojo (Barcelona, 1932), mantenida en su estudio mexicano de Coyoac&aacute;n, &eacute;ste defiende el espacio de la pl&aacute;stica como un refugio: lo considera el &uacute;ltimo reducto de la libertad individual. Quien fuera sobrino del general Rojo, &uacute;ltimo jefe del Estado Mayor del Ej&eacute;rcito republicano durante nuestra Guerra Civil, ha sido sin duda uno de los creadores m&aacute;s importantes no s&oacute;lo de M&eacute;xico, donde revolucion&oacute; tanto la pintura como el dise&ntilde;o gr&aacute;fico de los libros, sino uno de los m&aacute;s destacados artistas latinoamericanos. Su trabajo abarca distintos &aacute;mbitos como pintura, libros de artista, ilustraci&oacute;n, grabado y escultura, as&iacute; como una multitud de series pict&oacute;ricas y escult&oacute;ricas desarrolladas durante d&eacute;cadas. &laquo;He tratado de hacer una suerte de geometr&iacute;a, respetada por un lado y enriquecida por otro, sometida a nuevas pruebas visuales&raquo;, asevera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vicente Rojo, que ha pasado su vida tratando de imaginar que siempre est&aacute; comenzando, concibe a la geometr&iacute;a un lenguaje, mientras que el denominador com&uacute;n de su obra ser&iacute;a la idea de que la imaginaci&oacute;n &ndash;o asimilaci&oacute;n inmediata de las posibilidades de las cosas es- infinita.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No olvida, en la conversaci&oacute;n con el periodista Alejandro Garc&iacute;a Abreu, su trabajo como editor junto a Octavio Paz y c&oacute;mo juntos &ldquo;explor&aacute;bamos los v&iacute;nculos entre la obra pl&aacute;stica y la palabra escrita&rdquo;. Y es que, para Rojo, &ldquo;texto e imagen cohabitan los mismos espacios mentales en una vasta gama de correspondencias y complicidades&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A prop&oacute;sito del papel de la memoria en su tarea creativa, Vicente Rojo confiesa que &ldquo;desde ni&ntilde;o, la conciencia del alborozo inseparable del dolor ha normado mi vida y mi trabajo&rdquo;, Y comenta en TURIA c&oacute;mo su primer recuerdo se remonta al 19 de julio de 1936: Recuerdo la reacci&oacute;n que hubo en Barcelona frente al alzamiento militar de Franco. Yo lo ve&iacute;a todo a trav&eacute;s de la ventana de mi casa. Sobre el Paseo de San Juan se abre paso una imagen fuerte, n&iacute;tida en t&eacute;rminos pl&aacute;sticos: los camiones que pasaban con gente gritando o cantando mientras levantaba armas y banderas. Comienzo a ver el mundo a partir de esa doble imagen que tiene &mdash;tal como evoco en el <em>Diario abierto</em>&mdash;, unidos en una sola visi&oacute;n el sentido de la celebraci&oacute;n y la tragedia. No olvido los brillantes colores, la euforia popular y, al mismo tiempo, est&aacute; la presencia de las armas&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Preguntado por el car&aacute;cter l&uacute;dico de su obra, Rojo relaciona al circo con el espect&aacute;culo de la vida: &ldquo;el circo representa nuestra vida cotidiana: la belleza y el riesgo existentes&rdquo;. Y sobre su expresi&oacute;n</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>po&eacute;tica, se muestra concluyente: &ldquo;por un verso de un poema me atrever&iacute;a a cambiar toda mi obra&rdquo;.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&Aacute;LVARO VALVERDE: &ldquo;HAY UN PAISAJE SUPEDITADO A LA VIDA INTERIOR DEL QUE LO CONTEMPLA&rdquo;</strong></p>
<p>El escritor &Aacute;lvaro Valverde (Plasencia, C&aacute;ceres, 1959) es, por derecho propio, uno de los nombres m&aacute;s destacados&nbsp; de&nbsp; las&nbsp; letras&nbsp; espa&ntilde;olas de nuestros d&iacute;as y su dilatada e interesante obra po&eacute;tica lo sit&uacute;a entre lo mejor de nuestra l&iacute;rica contempor&aacute;nea. Colaborador habitual de TURIA y de numerosas revistas y peri&oacute;dicos en los que ejerce la cr&iacute;tica literaria, cuenta Valverde tambi&eacute;n con una larga y acreditada trayectoria como gestor de instituciones culturales y promotor del fomento de la lectura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la entrevista que TURIA publica con el tambi&eacute;n poeta y periodista Fernando del Val, &Aacute;lvaro Valverde reconoce que ciudad y naturaleza son conceptos que hablan de lo mismo, lugares en los que encontrar el silencio y sentirse extranjero. Adem&aacute;s, Valverde se define como un paseante y confiesa su rechazo a la impostura. Est&aacute; convencido, por otra parte que, &ldquo;la poes&iacute;a necesita poco para ser&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Preguntado por qu&eacute; la naturaleza no es un mundo frecuentado, Valverde lo tiene claro: &ldquo;Est&aacute; mal visto. Nos acusan de agropecuarios. Ahora no tanto, desde que existe la Espa&ntilde;a vaciada o vac&iacute;a -yo prefiero vac&iacute;a-. No es tan peligroso. Se ha puesto en valor el medio natural. Algunas poetas est&aacute;n haciendo carrera con la cosa campestre. La poes&iacute;a no es antigua por que hable del campo; la que habla de taxis, avenidas y sem&aacute;foros tampoco es necesariamente moderna; la modernidad la dan el lenguaje y la concepci&oacute;n del poema, no el decorado&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Reconoce, por &uacute;ltimo, que no sabe si estamos al final o al principio de une &eacute;poca: &ldquo;Est&aacute; claro que hay un mundo que lleva a&ntilde;os terminando, desde antes de la ca&iacute;da de las Torres Gemelas, si me apura, desde mediados del siglo XX, tras la Segunda Guerra Mundial&hellip; cada uno ponga la fecha que quiera. Pero, desde luego, en los &uacute;ltimos diez o quince a&ntilde;os, el cambio se ha acelerado&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;TURIA&rdquo; PUBLICA UNA BREVE ANTOLOG&Iacute;A DE POEMAS IN&Eacute;DITOS DE RUY BELO</strong></p>
<p>Resulta dif&iacute;cil de explicar la escasa presencia editorial en Espa&ntilde;a del poeta portugu&eacute;s Ruy Belo (1933-1978). M&aacute;xime si tenemos en cuenta que su obra est&aacute; considerada como una de las m&aacute;s destacadas del canon po&eacute;tico portugu&eacute;s de la modernidad y que, como nos recuerda Antonio S&aacute;ez Delgado en TURIA, la cr&iacute;tica ha situado su obra en la estela de la del mism&iacute;simo Fernando Pessoa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para paliar esta injustificada ausencia en espa&ntilde;ol de Ruy Belo, TURIA ofrece ahora una breve antolog&iacute;a po&eacute;tica que nos muestra su escritura desasosegante y de profundo aliento metaf&iacute;sico. Se trata de una selecci&oacute;n de poemas en los que Madrid cobra protagonismo. No en vano, Ruy Belo vivi&oacute; en la capital de Espa&ntilde;a entre 1971 y 1977. Un periodo durante el cual public&oacute; en Portugal traducciones de Jorge Luis Borges y Federico Garc&iacute;a Lorca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sus a&ntilde;os en Madrid le sirvieron a Ruy Belo, seg&uacute;n explica en TURIA el profesor S&aacute;ez Delgado, para experimentar &ldquo;con una profundidad irresistible la percepci&oacute;n de una cierta p&eacute;rdida o vac&iacute;o existencial que es marca constante en su poes&iacute;a, atravesada en este caso por la conciencia del extra&ntilde;amiento de un sujeto que con frecuencia se siente extranjero o exiliado&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>TURIA es, con 38 a&ntilde;os de trayectoria y periodicidad cuatrimestral, una de las publicaciones culturales espa&ntilde;olas m&aacute;s consolidadas y reconocidas, por cuya labor obtuvo el Premio Nacional&nbsp; al Fomento de la Lectura. Desde hace un m&aacute;s de lustro, adem&aacute;s de su edici&oacute;n en papel, la revista TURIA tiene una versi&oacute;n digital a trav&eacute;s de una atractiva web y de una p&aacute;gina en Facebook que est&aacute; obteniendo una muy favorable acogida.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>UN FRAGMENTO DE LA ENTREVISTA EXCLUSIVA CON VICENTE ROJO <br /></strong></p>
<p>El nuevo n&uacute;mero de la revista TURIA publica una amplia y reveladora conversaci&oacute;n exclusiva con el pintor, escultor, dise&ntilde;ador gr&aacute;fico y editor mexicano de origen espa&ntilde;ol Vicente Rojo, uno de los protagonistas m&aacute;s sobresalientes de la cultura latinoamericana de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. La entrevista, realizada por el periodista cultural mexicano Alejandro Garc&iacute;a Abreu, permite conocer a fondo su personalidad y su trayectoria, as&iacute; como sus opiniones sobre un amplio abanico de cuestiones de inter&eacute;s. De ese material in&eacute;dito, adelantamos hoy el siguiente fragmento:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="LO-normal1" align="center">VICENTE ROJO: &ldquo;S&Oacute;LO PERDURA LO ESENCIAL&rdquo;</p>
<p class="LO-normal1">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &laquo;S&oacute;lo perdura lo esencial&raquo;, escribiste en <em>Diario abierto</em>. En ese libro maravilloso abundan las frases afor&iacute;sticas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Otros destacados son: &laquo;Estoy lejos de conseguir la imagen que persigo&raquo; y &laquo;crear zonas de sombra y duda es lo que da sentido al arte&raquo;. Esas frases casi afor&iacute;sticas funcionan tambi&eacute;n en <em>Puntos suspensivos. Escenas de un autorretrato</em>, la automonograf&iacute;a de 432 p&aacute;ginas en las que se despliegan m&uacute;ltiples im&aacute;genes de mi trabajo en pintura y escultura. No se acaba nunca de aprender, de descubrir, de inventar, de reinventar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;- En <em>Diario abierto</em> revelas tus &laquo;v&iacute;as de escape&raquo;: <em>La diligencia</em> de John Ford, <em>Enamorada</em> de Emilio Fern&aacute;ndez y Gabriel Figueroa, <em>Coraz&oacute;n. Diario de un ni&ntilde;o</em> de Edmundo de Amicis, <em>Cumbres borrascosas</em> de Emily Bront&euml;, los hermanos Marx, Alfred Hitchcock, William Somerset Maugham, Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s e Ingrid Bergman.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Quer&iacute;a vivir sin salir de la isla que era mi casa, realizar una especie de viaje alrededor de mi cuarto, a trav&eacute;s de dos libros que fueron mi refugio: <em>La isla misteriosa</em> de Jules Verne y <em>Robinson Crusoe</em> de Daniel Defoe, relato del n&aacute;ufrago enfrentado a la adversidad con gran imaginaci&oacute;n y eficacia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- En el libro expresas que el origen de todo tu trabajo est&aacute; en tus dos infancias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Claro. Mi primera infancia, en mi Barcelona natal, est&aacute; construida en el recuerdo como un c&uacute;mulo de experiencias que fueron muy dif&iacute;ciles para m&iacute;. La segunda parte de mi juventud data de 1949, cuando llegu&eacute; a M&eacute;xico y la vida cambi&oacute;: se me ilumin&oacute;. Gradualmente comenc&eacute; mi desarrollo cultural como un mexicano ansioso de formarse.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &laquo;Se dice que toda la obra de un creador, sea escritor o artista, es en realidad una forma de autobiograf&iacute;a&raquo;, escribiste en <em>Diario abierto</em> y en <em>Puntos suspensivos. Escenas de un autorretrato</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- <em>Puntos suspensivos</em>, antolog&iacute;a de mi trabajo como pintor y escultor, se titula as&iacute; porque siempre quiero creer que mi obra sigue en proceso. Percibo, sin duda, los dos vol&uacute;menes &mdash;<em>Diario abierto</em> y <em>Puntos suspensivos</em>&mdash; como una forma de constancia de vida.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 04 Mar 2021 09:14:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Luis Sepúlveda, o la sombra de lo que fuimos (no todos).]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/luis-sepulveda-o-la-sombra-de-lo-que-fuimos-no-todos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2021/sepulveda500.jpg" alt="" /></p>
<p>Aunque en nada compense la p&eacute;rdida que ha significado su muerte, recordar la obra literaria de Luis Sep&uacute;lveda es contribuir a que su presencia siga viva de alg&uacute;n modo. Los muchos a&ntilde;os de residencia en Gij&oacute;n (desde 1997) no agotan su relaci&oacute;n con Asturias: en 1988 obtuvo el Premio Tigre Juan de Novela Corta con <em>Un viejo que le&iacute;a novelas de amor</em>, donde fijaba los recuerdos de sus experiencias cuando en 1978 vivi&oacute; en la Amazon&iacute;a ecuatoriana, y cuyo &eacute;xito habr&iacute;a de suponer alg&uacute;n tiempo despu&eacute;s la irrupci&oacute;n de su autor en el &aacute;mbito entonces prestigioso de la novela latinoamericana. &ldquo;Esquivando la escuela del realismo m&aacute;gico, tan en boga en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, la creaci&oacute;n de Luis Sep&uacute;lveda discurre por las nuevas corrientes de una escuela narrativa que hace hincapi&eacute; en la &laquo;magia de la realidad&raquo;&rdquo;<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>, se pod&iacute;a leer en el pr&oacute;logo a la primera edici&oacute;n. Lo cierto es que ni el realismo m&aacute;gico hab&iacute;a estado en boga en los a&ntilde;os precedentes (aunque el Premio Nobel adjudicado en 1982 a Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez hubiera actualizado la significaci&oacute;n de <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em> e incrementado su difusi&oacute;n internacional), ni <em>Un viejo que le&iacute;a novelas de amor </em>era ajena al registro hiperbolizante de aquella famosa novela, a su narraci&oacute;n imperturbable de sucesos incre&iacute;bles, como puede comprobar cualquiera que se acerque al relato protagonizado por Antonio Jos&eacute; Bol&iacute;var Proa&ntilde;o y advertir las reiteradas menciones de su difunta esposa Dolores Encarnaci&oacute;n del Sant&iacute;simo Sacramento Estupi&ntilde;&aacute;n Otavalo.</p>
<p>Sep&uacute;lveda volv&iacute;a a proponer al lector un mundo irreductible a los modos del pensamiento europeo y asociado con frecuencia a lo m&iacute;tico, a lo primitivo, a lo popular o no intelectualizado. Ciertamente, las diferencias eran notorias. La magia de la realidad parec&iacute;a acentuarse al recuperar espacios que la literatura hispanoamericana contempor&aacute;nea hab&iacute;a marginado en aras de su modernizaci&oacute;n. Al releer ahora <em>Un viejo que le&iacute;a novelas de amor</em> no he podido no recordar la selva devoradora de <em>La vor&aacute;gine</em>, de Jos&eacute; Eustasio Rivera, o a los j&iacute;baros y z&aacute;paros de <em>Cumand&aacute; o un drama entre salvajes</em>, de Juan Le&oacute;n Mera. Esa recuperaci&oacute;n inevitablemente result&oacute; condicionada por inquietudes ecologistas que actualizaban la imagen del buen salvaje y subrayaban su adaptaci&oacute;n a una naturaleza solo agresiva con los que pretend&iacute;an devastarla, estos decididamente ligados al capitalismo y al poder de quienes lo ejercen en Latinoam&eacute;rica por delegaci&oacute;n del imperialismo. Esta perspectiva hist&oacute;rica y pol&iacute;tica invalidaba cualquier interpretaci&oacute;n &ldquo;metaf&iacute;sica&rdquo;: el mundo latinoamericano no estaba al margen de la historia, m&aacute;s bien era su v&iacute;ctima<a title="" href="#_ftn2">[2]</a>. Adem&aacute;s, <em>Un viejo que le&iacute;a novelas de amor</em> ofrec&iacute;a otros aspectos de inter&eacute;s, acordes con orientaciones de la narrativa hispanoamericana que entonces parec&iacute;an novedosas y que esa novela ven&iacute;a a fortalecer: el t&iacute;tulo y la tal vez inveros&iacute;mil afici&oacute;n del casi analfabeto protagonista a leer melodram&aacute;ticas historias de amor &mdash;cabe suponer que en la l&iacute;nea de <em>El Rosario</em> (1909), la novela de Florence L. Barclay mencionada en el relato&mdash; se ajustaban a la entonces extendida pretensi&oacute;n de asimilar g&eacute;neros antes incompatibles con la calidad de la verdadera literatura.</p>
<p>Las novelas posteriores de Sep&uacute;lveda habr&iacute;an de ofrecer otras particularidades, pero las se&ntilde;aladas pueden servir para iniciar un acercamiento al conjunto de su obra. No es dif&iacute;cil advertir en <em>Yacar&eacute;</em>, relato que el diario madrile&ntilde;o <em>El Pa&iacute;s</em> public&oacute; por entregas en 1997, inquietudes similares a las mostradas por <em>Un viejo que le&iacute;a novelas de amor</em>, ahora al narrar la sucesi&oacute;n de asesinatos con curare cometidos por los &uacute;ltimos indios anar&eacute;, en venganza por las muertes de los miembros de la tribu perpetradas por quienes violan la prohibici&oacute;n de cazar yacar&eacute;s en El Platanal, la llanura aluvial del Mato Grosso brasile&ntilde;o y las zonas lim&iacute;trofes del Paraguay y Bolivia. Pero Sep&uacute;lveda ya hab&iacute;a encontrado otro &aacute;mbito sobre el que verter sus inquietudes ecologistas: el narrador de <em>Mundo del fin del mundo</em><a title="" href="#_ftn3">[3]</a> era alguien que en su juventud, animado por la lectura de <em>Moby Dick</em>, se embarc&oacute; en una ballenera y a&ntilde;os despu&eacute;s regresaba al sur de Chile como miembro de <em>Greenpeace</em> para enfrentarse a las faenas depredadoras de los pescadores japoneses, ahora fascinado por los territorios que parec&iacute;a haber descubierto con la lectura de <em>En la Patagonia</em>, de Bruce Chatwin. Quiz&aacute;s <em>Historia de una ballena blanca</em>, una de sus novelas &ldquo;para j&oacute;venes de 8 a 88 a&ntilde;os&rdquo;<a title="" href="#_ftn4">[4]</a> y la &uacute;ltima ficci&oacute;n que public&oacute;, ayuda a comprender mejor el sentir de Sep&uacute;lveda al respecto: una concha de loco permit&iacute;a al escritor escuchar y transcribir el relato narrado por una ballena, ocasi&oacute;n para dar cuenta de las distintas especies de cet&aacute;ceos y de sus problem&aacute;ticas relaciones con el hombre, y para recordar que los <em>lafkenche</em> o gente de mar no mostraban la actitud depredadora de los balleneros. Sep&uacute;lveda recuper&oacute; adem&aacute;s la leyenda mapuche de las <em>trempulkawe</em>, las cuatro ballenas nocturnas (durante el d&iacute;a se transforman en ancianas) encargadas de llevar las almas de los muertos desde la costa continental hasta la isla Mocha, lugar de reuni&oacute;n en el que esperar&aacute;n a la muerte del &uacute;ltimo <em>lafkenche </em>para iniciar hombres y ballenas la gran traves&iacute;a hacia el lugar m&aacute;s all&aacute; del horizonte al que no podr&aacute;n llegar los balleneros. Fue la forma en que Sep&uacute;lveda resolvi&oacute; reescribir <em>Moby Dick</em>, dando voz con <em>Mocha Dick </em>a la ballena blanca difamada por Melville y por el odio resentido de su capit&aacute;n Ahab. Esa referencia y una adecuada recuperaci&oacute;n de la leyenda mencionada dan a esta obra un inter&eacute;s indudable y no solo por su dramatismo, que culmina cuando el lector sabe que las <em>trempulkawe</em> han sido asesinadas por los balleneros y que el gran viaje jam&aacute;s se emprender&aacute;. No sin nostalgia, <em>Mundo del fin del mundo</em> ya hab&iacute;a dicho adi&oacute;s a la &eacute;pica de <em>Moby Dick</em> en favor de las inquietudes ecol&oacute;gicas que hasta los balleneros de aquel relato parec&iacute;an asumir.</p>
<p>Una tercera opci&oacute;n abordada por Sep&uacute;lveda, conjugada a veces con las ya se&ntilde;aladas, fue la que cabr&iacute;a relacionar con el relato neopolicial latinoamericano, si por tal se entiende aquella novela &ldquo;negra&rdquo; en la que la investigaci&oacute;n pone al descubierto el crimen o enigma y a la vez una dif&iacute;cil realidad pol&iacute;tica y social de la que el poder es el mayor responsable, y cuyo investigador, en consecuencia, act&uacute;a al margen de ese poder o frente a &eacute;l. Los cultivadores de esa novela mostraban as&iacute; su compromiso intelectual, su actitud reflexiva o cr&iacute;tica, lo que sin duda oper&oacute; decisivamente para que se fuera superando el desd&eacute;n acad&eacute;mico hacia obras antes consideradas ajenas a la aut&eacute;ntica literatura, aunque en el cambio de actitud tambi&eacute;n influyera una mayor exigencia &ldquo;literaria&rdquo; por parte de los escritores interesados en el g&eacute;nero. En ese contexto Sep&uacute;lveda desarroll&oacute; en <em>Nombre de torero</em> (1994) una historia de amor imposible y de misiones secretas que llevaban a Juan Belmonte a competir en la b&uacute;squeda de unas antiguas monedas de oro que en su d&iacute;a hab&iacute;an viajado desde la Alemania nazi hasta la Tierra del Fuego.</p>
<p>La alambicaba trama de <em>Nombre de torero </em>se enriquec&iacute;a con el pasado de Belmonte, sobre el que el autor proyect&oacute; episodios de su propia biograf&iacute;a, tal como la iba recuperando una memoria selectiva y propensa a imaginar: guerrillero en Bolivia tras las huellas de Ernesto Che Guevara<a title="" href="#_ftn5">[5]</a>, hab&iacute;a participado en actividades revolucionarias en Chile, hab&iacute;a pertenecido al GAP (Grupo de Amigos Personales) del presidente Salvador Allende, hab&iacute;a luchado con la Brigada Sim&oacute;n Bol&iacute;var al lado del Frente Sandinista de Liberaci&oacute;n<a title="" href="#_ftn6">[6]</a>. Aunque Sep&uacute;lveda mantuvo siempre la convicci&oacute;n satisfactoria de haber estado entre los protagonistas de &ldquo;los mil d&iacute;as m&aacute;s plenos, bellos e intensos de la historia de Chile"<a title="" href="#_ftn7">[7]</a>, los de la presidencia de Allende, su personaje parece ya de vuelta, lo que permite enriquecer su significaci&oacute;n a la luz de las citas de Ibn Battuta recogidas en el &ldquo;Intermedio&rdquo;, mediada la novela: como la del viajero &aacute;rabe del siglo XIV, su suerte es la de &ldquo;aquellos que suspiran contemplando el indefinible horizonte del mar&rdquo;, los que prefieren las tormentas y el rugir del viento, confiados en que Al&aacute; o el destino les procure un lugar en el orden del universo<a title="" href="#_ftn8">[8]</a>. Eso le evit&oacute; derivar sin m&aacute;s desde el buen salvaje al buen revolucionario, e incurrir en la simplificaci&oacute;n de plantear el mero conflicto entre buenos y malos que sus convicciones pol&iacute;ticas le exig&iacute;an.</p>
<p>Las razones hist&oacute;ricas de esa actitud pueden encontrarse en los fracasos de la izquierda en Latinoam&eacute;rica y en Europa, pero tambi&eacute;n en las contradicciones internas del proceso chileno hacia el socialismo, en la deriva del sandinismo y en los errores del comunismo europeo desde que se hizo con el poder y hasta que la ca&iacute;da del muro de Berl&iacute;n dio a sus ideales una significaci&oacute;n irreparablemente anacr&oacute;nica. <em>Nombre de torero</em>, por tanto, no hablaba solo del golpe militar de 1973 en Chile y de la represi&oacute;n que sigui&oacute; al fin del gobierno de la Unidad Popular, la v&iacute;a chilena hacia el socialismo. Transformar al revolucionario en detective exig&iacute;a justificaciones, y Sep&uacute;lveda las dio al tener en cuenta no solo la derrota sufrida con la muerte de Allende, sino tambi&eacute;n las deserciones y traiciones que no permit&iacute;an otra salida que el individualismo final, lo que adem&aacute;s dejaba bajo sospecha a la Cuba castrista, a la Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica Alemana y a la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica. Al margen de la verosimilitud, el g&eacute;nero negro parec&iacute;a ajustarse a esa evoluci&oacute;n desde las inquietudes colectivas a la dudosa salvaci&oacute;n personal: es el amor imposible de la desaparecida y ahora reaparecida Ver&oacute;nica, v&iacute;ctima de la dictadura de Augusto Pinochet, lo que recupera a Belmonte para la acci&oacute;n, una motivaci&oacute;n &iacute;ntima compatible con la visi&oacute;n amarga de la condici&oacute;n humana que el cinismo y el humor no pretenden disimular.</p>
<p>Lo cierto es que Sep&uacute;lveda se hab&iacute;a dejado ganar por el neopolicial, como prueba el mencionado relato <em>Yacar&eacute;</em>, resultado de la investigaci&oacute;n realizada en Mil&aacute;n por el chileno Dany Contreras para la compa&ntilde;&iacute;a Seguros Helv&eacute;tica. Tusquets Editores public&oacute; esa novela corta en 1998 junto con otra titulada <em>Diario de un killer</em> <em>sentimental</em>, historia de asesinatos por encargo aderezados con complicidades de droga y oeneg&eacute;s que hab&iacute;a aparecido por entregas en el diario madrile&ntilde;o <em>El Mundo</em> en 1996, otra muestra de que en aquellas &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XX los narradores no solo acercaban la literatura a su entorno subliterario: a veces lo subliterario invad&iacute;a el territorio de la literatura hasta sustituirla. Tal vez por eso Sep&uacute;lveda volvi&oacute; a la historia reciente de su pa&iacute;s natal en <em>Hot line</em> (2002) al proponer una investigaci&oacute;n a cargo del detective mapuche George Washington Caucam&aacute;n, en la atm&oacute;sfera a&uacute;n inquietante del retorno de Chile a la democracia, con el regreso sin causa de los exiliados y la amenazadora vigilancia de los militares, con el recuerdo de los horrores de la dictadura y la justicia po&eacute;tica que la novela consigue contra uno de los responsables de la represi&oacute;n. La versi&oacute;n inicial de <em>Hot line</em> hab&iacute;a aparecido en el peri&oacute;dico madrile&ntilde;o <em>El Pa&iacute;s</em>, en 1998, lo que resulta de inter&eacute;s si se tiene en cuenta que Sep&uacute;lveda parec&iacute;a haber descubierto los secretos del follet&iacute;n: &ldquo;ese g&eacute;nero tan bien cultivado por mis mayores del siglo XIX, como Alejandro Dumas (padre), impulsor de lo popular en la narrativa y al mismo tiempo popularizador de la literatura&rdquo;, valoraba en su &ldquo;&hellip;a manera de pr&oacute;logo&rdquo; a la edici&oacute;n de la novela<a title="" href="#_ftn9">[9]</a>, consciente de que su elaboraci&oacute;n por entregas para la prensa, con las exigencias que eso implicaba, supon&iacute;a recordar el follet&iacute;n y sus opciones, ahora como apuesta por la utilizaci&oacute;n de recursos &ldquo;subliterarios&rdquo; como salidas novedosas para la nueva narrativa latinoamericana.</p>
<p><em>La sombra de lo que fuimos </em>(2009) y <em>El fin de la historia </em>(2017) fueron otras consecuencias inevitables del fin de las utop&iacute;as de los a&ntilde;os sesenta que ya se anunciaba mediada la d&eacute;cada siguiente. No en vano los protagonistas de la primera de esas novelas son de los condenados &ldquo;a conservar lo mejor de sus recuerdos, esos pocos a&ntilde;os que iban del 68 al 73, marcados d&iacute;a a d&iacute;a por la sonrisa del m&aacute;s militante de los optimismos&rdquo;<a title="" href="#_ftn10">[10]</a>, como apunta Cacho Salinas, uno de ellos, sin duda por delegaci&oacute;n del autor. Aparecen en gran medida anclados en aquella &eacute;poca feliz que adem&aacute;s fue la de su juventud, y que ha pervivido bajo las experiencias del exilio interior (clandestinidad) o exterior, recordadas por ellos mismos y por alg&uacute;n otro, convirti&eacute;ndolos en inadaptados perpetuos. No es que Sep&uacute;lveda renunciara a ofrecer una nueva muestra de buenos revolucionarios, sucesores de Robin Hood en la tarea de robar a los ricos para ayudar a los pobres, pero ahora, con la distancia que daban los a&ntilde;os transcurridos, la recuperaci&oacute;n nost&aacute;lgica no consegu&iacute;a ocultar del todo las contradicciones del pasado ni permit&iacute;a alentar las esperanzas o proyectos de anta&ntilde;o. La fusi&oacute;n de humor o iron&iacute;a con desencanto no es el menor de los atractivos de <em>La sombra de lo que fuimos</em>, que recuerda las discrepancias entre el Partido Comunista chileno y los ultraizquierdistas adeptos al castrismo y al guevarismo del Ej&eacute;rcito de Liberaci&oacute;n Nacional, las actuaciones de los anarquistas y aun las inconveniencias del mao&iacute;smo. Ahora, en un tiempo sin ideales, insolidario y decadente, poco cabe esperar de esos personajes embarcados en una empresa descabellada, y que obtienen una suerte de justicia po&eacute;tica cuando consiguen hacerse con medio mill&oacute;n de d&oacute;lares oculto desde los tiempos de Allende y a la vez sacar a la luz p&uacute;blica documentos que confirman la corrupci&oacute;n de los militares. Quiz&aacute; no se hab&iacute;a perdido toda esperanza, esta vez gracias a la polic&iacute;a: los desmanes (en buena medida ecol&oacute;gicos) del gobierno y sus c&oacute;mplices quedaban de manifiesto para los lectores gracias a los recuerdos que el tambi&eacute;n desencantado inspector Manuel Crespo recupera para la joven detective Adelita Bobadilla. Por lo dem&aacute;s, no son pocos los nombres y sucesos de la historia de Chile incorporados por Sep&uacute;lveda a su ficci&oacute;n, que propone una soluci&oacute;n para el caso no resuelto de la desaparici&oacute;n de Kiko Barraza, instructor de guerrilleros en Chau&iacute;n cuando se intensificaba la campa&ntilde;a electoral que llev&oacute; a Allende a la presidencia. Tal vez la exaltaci&oacute;n del anarquismo que impregna la novela ―con el recuerdo de Clotario Blest, anarquista chileno fallecido en 1990, y con el protagonismo de Pedro Nolasco Gonz&aacute;lez, personaje cuya muerte absurda impulsa la superaci&oacute;n de las antiguas discordias― era una manifestaci&oacute;n del socialismo individualista derivado de la derrota y de la dispersi&oacute;n, lo que tambi&eacute;n hablaba del escritor y de su consciencia de los errores cometidos en aquellos a&ntilde;os de esperanza y de locura.</p>
<p>La sombra de lo que hab&iacute;a sido ya hab&iacute;a determinado la conducta de Juan Belmonte en <em>Nombre de torero</em>, en contraste con la deriva seguida por la mayor&iacute;a de los compa&ntilde;eros de anta&ntilde;o. Esa sombra explicar&iacute;a tambi&eacute;n all&iacute; que Carlos Cano, otro &ldquo;descolgado&rdquo; (y en su caso del todo), salvase la vida del antiguo revolucionario convertido en investigador. Gracias a ello, este pudo reaparecer en <em>El fin de la historia</em>, novela cuyo presente se sit&uacute;a en 2010, a&ntilde;o que vio el primer traspaso de la presidencia de Michelle Bachelet a Sebasti&aacute;n Pi&ntilde;era, y tambi&eacute;n el terremoto de 8,8 que sacudi&oacute; Chile el 27 de febrero, justo cuando Belmonte apuntaba a la cabeza de Miguel Krassnoff, uno de los militares encarcelados por los cr&iacute;menes cometidos durante la dictadura. La biograf&iacute;a novelesca de Belmonte da al lector otra oportunidad de revisar la riqueza del movimiento insurreccional latinoamericano de las d&eacute;cadas precedentes y las manifestaciones del mismo signo en otras partes del mundo; y la historia de Krassnoff y de sus antepasados permiti&oacute; a Sep&uacute;lveda repasar el papel de los cosacos desde que Le&oacute;n Trotsky perdon&oacute; la vida al derrotado atam&aacute;n Krasnov tras la victoria de los bolcheviques en Petrogrado, durante el proceso revolucionario iniciado en 1917 en Rusia, hasta los a&ntilde;os posteriores al final de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica en 1991 (con la corrupci&oacute;n que sigui&oacute;), con especial atenci&oacute;n para su colaboraci&oacute;n con los ej&eacute;rcitos de Hitler. El cinismo pesimista con que observa el presente hist&oacute;rico no impide a Belmonte actuar de nuevo como la sombra de lo que fue, ahora que el desencanto lo ha convertido en un investigador de la estirpe de Philip Marlowe o de Sam Spade, como no pocos de los que en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas han animado el relato policial hispanoamericano.</p>
<p>Las novelas mencionadas conforman apenas una parte de la obra de Sep&uacute;lveda, en cuya &ldquo;prehistoria&rdquo; hay referencias a publicaciones de las que aqu&iacute; prescindir&eacute;<a title="" href="#_ftn11">[11]</a>, as&iacute; como tambi&eacute;n de sus art&iacute;culos de opini&oacute;n publicados en la prensa y reunidos en libros, normalmente determinados por sus posiciones pol&iacute;ticas, convincentes para los ya convencidos de antemano. S&iacute; considero obligado llamar la atenci&oacute;n sobre los cuentos reunidos en <em>Desencuentros</em><a title="" href="#_ftn12">[12]</a>, entre los que se ofrecen algunas muestras de literatura fant&aacute;stica (&ldquo;Cambio de ruta&rdquo;, &ldquo;Una casa en Santiago&rdquo;) de notable inter&eacute;s. Sep&uacute;lveda tambi&eacute;n propendi&oacute; a escribir sobre sus viajes, que de alguna manera satisficieron la pasi&oacute;n por la vida n&oacute;mada que con frecuencia dej&oacute; patente al evocar personajes reales o al imaginar los ficticios. Buena prueba son las historias incluidas en <em>Patagonia Express</em> (1995), enmarcadas entre sus recuerdos de la ni&ntilde;ez con su abuelo anarquista y su llegada a Martos, el pueblo andaluz en el que aquel hab&iacute;a nacido, con especial atenci&oacute;n para la Patagonia y la Tierra del Fuego<a title="" href="#_ftn13">[13]</a>. Entre el testimonio y la ficci&oacute;n se desarrollan tambi&eacute;n sus <em>Historias marginales</em> (2000), inspiradas en lugares muy diversos, relacionadas con su pasado y con las inquietudes dominantes en su obra, y &uacute;tiles para recuperar ese per&iacute;odo iniciado en los irreverentes a&ntilde;os sesenta, cuyas esperanzas sufrieron el primer gran rev&eacute;s con &ldquo;la invasi&oacute;n sovi&eacute;tica de Checoslovaquia, el aplastamiento a sangre y fuego de la Primavera de Praga&rdquo;<a title="" href="#_ftn14">[14]</a>, en agosto de 1968. De esos libros un tanto miscel&aacute;neos prefiero <em>La l&aacute;mpara de Aladino</em> (2008), muestra destacada de la variedad de opciones que Sep&uacute;lveda cultiv&oacute;, borrando las fronteras entre lo escuchado y lo vivido, entre el recuerdo y la invenci&oacute;n, entre el realismo m&aacute;gico y la novela rosa, entre el testimonio sociopol&iacute;tico y el relato policial, entre la selva amaz&oacute;nica y los paisajes remotos de la Patagonia y de los canales magall&aacute;nicos. No est&aacute; mal como recuerdo del entusiasmo de un pasado a&uacute;n reciente, y sobre todo como testimonio del proceso que condujo a un tiempo en el que la esperanza apenas puede radicar en personajes a la deriva, para quienes Sep&uacute;lveda supo imaginar historias de indudable inter&eacute;s, dejando patentes tanto su necesidad de contarlas como su gran capacidad para atrapar la atenci&oacute;n de sus lectores.</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Juan Benito Arg&uuml;elles, &ldquo;A manera de pr&oacute;logo&rdquo;, en Luis Sep&uacute;lveda, <em>Un viejo que le&iacute;a novelas de amor</em>, Gij&oacute;n: J&uacute;car, 1989, pp. 7-9 (7)</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En &ldquo;Breve novela de una novela breve&rdquo; (<em>Moleskine. Apuntes y reflexiones</em>, Barcelona: Ediciones B, 2004, pp. 93-97), Sep&uacute;lveda record&oacute; haber pasado siete meses entre los shuar y atribuy&oacute; a esa &ldquo;novela de la selva&rdquo; una base autobiogr&aacute;fica: &ldquo;la &uacute;nica presencia del autor, y del yo narrador, que se me antoj&oacute; leg&iacute;tima, consisti&oacute; en otorgarle al personaje la m&aacute;s terrible de mis se&ntilde;as de identidad. As&iacute;, el Viejo, exiliado en dos mundos y habitante de una tierra de nadie, me permiti&oacute; contarme el largo d&iacute;a de mi vida y entender mi propio exilio&rdquo; (95).</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La public&oacute; el Ayuntament de D&eacute;nia en 1991, tras haber obtenido el Primer Premio de Novela Corta &ldquo;Juan Chab&aacute;s&rdquo; el a&ntilde;o anterior.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Barcelona: Tusquets, 2019. La intenci&oacute;n did&aacute;ctica no impide que los relatos que Sep&uacute;lveda imagin&oacute; para ni&ntilde;os y j&oacute;venes ofrezcan un notable inter&eacute;s, como tambi&eacute;n permiten comprobar <em>Historia de una gaviota y del gato que le ense&ntilde;&oacute; a volar</em> (1996), <em>Historia de un perro llamado Leal </em>(2016) e <em>Historia de un caracol que descubri&oacute; la importancia de la lentitud</em> (2018).</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En los episodios autobiogr&aacute;ficos reunidos en <em>Patagonia Express </em>(Barcelona: Tusquets, 1995) se apunta que a los dieciocho a&ntilde;os quiso seguir &ldquo;el ejemplo del hombre m&aacute;s universal que ha dado Am&eacute;rica Latina, el Che&rdquo; (p. 22). En &ldquo;Breve historia de un hombre digno&rdquo; (<em>Moleskine. Apuntes y reflexiones</em>, pp. 203-210), Sep&uacute;lveda se inclu&iacute;a entre los chilenos del ELN (Ej&eacute;rcito de Liberaci&oacute;n Nacional) que acudieron a Bolivia a reemplazar al Che Guevara, recordados por Osvaldo &ldquo;Chato&rdquo; Peredo en un encuentro en Mil&aacute;n, veinticinco a&ntilde;os despu&eacute;s: &ldquo;Ram&oacute;n, ese era el nombre de combate de Sergio Leiva; Gonzalo, ese era el nombre de combate de Agust&iacute;n Carrillo, campe&oacute;n de box panamericano de los pesos welter, e Iv&aacute;n, ese era mi nombre de combate aquella tarde de 1969&rdquo; (p. 204).</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En &ldquo;&hellip; 19 de julio de 1979&hellip;&rdquo; (<em>Historias de aqu&iacute; y de all&aacute;</em>, Barcelona: La Otra Orilla, 2010, pp. 81-83) Sep&uacute;lveda recordaba el triunfo de la revoluci&oacute;n sandinista y su participaci&oacute;n con la Brigada Internacional Sim&oacute;n Bol&iacute;var del paname&ntilde;o Hugo Spadafora.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Memorial de los a&ntilde;os felices&rdquo;, en Luis Sep&uacute;lveda, <em>El poder de los sue&ntilde;os</em>, Santiago de Chile: Editorial A&uacute;n Creemos En Los Sue&ntilde;os, 2004, pp. 27-32 (32).</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref8">[8]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Nombre de torero</em>, Barcelona: Tusquets, 1994, pp. 109-113.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref9">[9]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Barcelona: Ediciones B, 2002, p. 11.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref10">[10]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>La sombra de lo que fuimos</em>, Madrid: Espasa Calpe, 2009, p. 133.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref11">[11]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En &ldquo;La voluntad de escribir&rdquo; (<em>Moleskine. Apuntes y reflexiones</em>, pp. 259-264), Sep&uacute;lveda se refiri&oacute; a <em>Crepusculario de la tristeza</em>, poemario que Arancibia Hermanos le habr&iacute;a publicado en los a&ntilde;os sesenta, cuando &eacute;l militaba en las Juventudes Comunistas.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref12">[12]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La primera edici&oacute;n apareci&oacute; en Barcelona: Tusquets, 1997. Inclu&iacute;a relatos nuevos con otros extra&iacute;dos de <em>Los miedos, las vidas, las muertes y otras alucinaciones</em> (1985), <em>Cuaderno de viaje </em>(1986) y <em>Komplot I </em>(1995).</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref13">[13]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con fotograf&iacute;as de Daniel Mordzinski, Sep&uacute;lveda trat&oacute; de preservar esos territorios y a sus habitantes en <em>&Uacute;ltimas noticias del Sur</em> (2011).</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref14">[14]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; V&eacute;ase &ldquo;&laquo;68&raquo;&rdquo;, <em>Historias marginales</em>, Barcelona: Seix Barral, 2000, pp. 105-107 (106).</p>
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      <pubDate>Wed, 03 Mar 2021 08:08:10 +0000</pubDate>
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      <title><![CDATA[Azar, paradoja, desolación. Una lectura de la obra de Gonzalo Hidalgo Bayal]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/azar-paradoja-desolacion-una-lectura-de-la-obra-de-gonzalo-hidalgo-bayal/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2021/gayal500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;<strong>Las primeras novelas y la invenci&oacute;n de un mundo</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En uno de sus luminosos ensayos sobre Rafael S&aacute;nchez&nbsp; Ferlosio, dice Hidalgo Bayal&nbsp; que la obra literaria encierra en s&iacute; misma las claves (si las hubiere) para su lectura. Comparto en gran medida esta afirmaci&oacute;n o al menos tengo la certeza de que, salvo en el mundo acad&eacute;mico y sus angosturas, no hay un modelo previo que quepa aplicar con provecho ni tampoco m&eacute;todo predispuesto que permita recorrer, disfrutar e interpretar literatura alguna de fuste.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;C&oacute;mo proceder, entonces, cuando nos proponemos presentar y&nbsp; compartir los frutos de la lectura&nbsp; de una prosa tan compacta,&nbsp; culta, conc&eacute;ntrica y ajustada, rica en sugerencias y n&iacute;tida como la del propio Bayal, en la cual narrar, decir y evocar forman estrecha trabaz&oacute;n?&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A ello hay que a&ntilde;adir el humor (y el ingenio) y sus registros varios, preferentemente el ir&oacute;nico y la parodia, la potencia de lo simb&oacute;lico y el fulgor de una lengua morosa y contenida, de hondura po&eacute;tica, filos&oacute;fica y moral,&nbsp; que impele a detenerse, retroceder y releer por mor de la&nbsp; apreciaci&oacute;n cabal, a fin de&nbsp; no perder el hilo (o los hilos) ni desatender los frecuentes comentarios de metaficci&oacute;n y los juegos verbales, marca caracter&iacute;stica del estilo, de manera muy especial el pal&iacute;ndromo y la paronomasia, tan querida por nuestros cl&aacute;sicos barrocos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pues bien,&nbsp; en este caso, en mi opini&oacute;n, no procede buscar&nbsp; claves sino m&aacute;s bien leer, leer, y volver a leer, cada quien a su manera y con sus pertrechos, avanzando y mirando atr&aacute;s sin miedo, con el buen deseo de que el texto se&nbsp; desvele y nos&nbsp; revele su sentido latente, su resonancia y su cuento, ateni&eacute;ndonos a un escueto principio b&aacute;sico&nbsp; de la hermen&eacute;utica filos&oacute;fica.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A modo de preludio, sugerir&iacute;a al lector primerizo de GHB el&nbsp; poemario <em>Certidumbre de invierno</em> (1986), que, en sus diecisiete estrofas de&nbsp; endecas&iacute;labos con alg&uacute;n heptas&iacute;labo, permite vislumbrar en abreviatura&nbsp; un anticipo de la atm&oacute;sfera perturbada y la tristeza esencial que envolver&aacute; a las criaturas de toda la obra narrativa, as&iacute; como la elipsis de la efusi&oacute;n sentimental &ndash;aunque no la ausencia de sentimientos&ndash; que caracteriza a los personajes: &ldquo;Huele a desesperanza por las calles / mientras la lluvia hiende en el vac&iacute;o. / Reduce el mundo a ciega soledad, / rumor de agua aburre las esquinas, / un horizonte tenebroso y hondo / perfilando presagios y asechanzas&rdquo;. Son los primeros versos de la estrofa 4.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La felicidad no es literaria, ha dicho&nbsp; Hidalgo Bayal m&aacute;s de una vez. Algo muy similar debieron de pensar Franz Kafka, Albert Camus y Samuel Beckett. &ldquo;El dolor es la condici&oacute;n humana&rdquo;, leemos en<em> La sed de sal</em> (2013, p.96). &ldquo;No aspiro a ser feliz, me basta, dijo un poeta, con no ser desdichado&rdquo;, recuerda el personaje del escribano en <em>Nemo</em>, (2016, p.33).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desde luego que cada libro, siendo todos ellos exponentes de un mundo com&uacute;n, el mundo propio que levanta con ingenio, sabidur&iacute;a y potencia el escritor &ndash;ya delineado y hasta trazado en <em>M&iacute;sera fue, Se&ntilde;ora, la osad&iacute;a</em> (1988), primera novela de Bayal&ndash;&nbsp; requiere un trayecto, un ritmo y una disposici&oacute;n diferentes por parte del lector, quien, ante todo, ha de elegir si su inter&eacute;s se ci&ntilde;e a lo narrado, la trama &ndash;pausada y epis&oacute;dica por lo general&ndash; y sus lances, o desea asimismo &ndash;como ser&iacute;a altamente recomendable si no imprescindible&ndash; ser part&iacute;cipe del proceso de escritura y del constante decir&nbsp; del narrador (y del escritor de fondo) acerca de los aspectos parad&oacute;jicos del habla: &ldquo;[&hellip;] Decir o escribir mi mujer es una equivocaci&oacute;n, al menos socialmente, por los procedimientos (no por la calidad del v&iacute;nculo)&rdquo;, razona Lucas C&aacute;lamo (p.11), en <em>M&iacute;sera</em>. Y, veinte a&ntilde;os m&aacute;s tarde, el narrador del magn&iacute;fico&nbsp; relato (o novela corta) &ldquo;Reparaci&oacute;n&rdquo; (2008), incluido en el volumen <em>Conversaci&oacute;n</em> (2011), confiesa: &ldquo;Empiezo a divagar y me enredo en las palabras&rdquo; (p.172). Otro ejemplo, este de <em>Nemo</em>: &ldquo;No me gusta la palabra, porque la combinaci&oacute;n sem&aacute;ntica de desperdicio, carne in&uacute;til y repugnancia moral llevan la vileza del vocablo a extremos tan inefables como infames, pero en esta ocasi&oacute;n es la palabra justa: una piltrafa&rdquo; (p.29).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La primera novela, con sus momentos regocijantes, de humor irreverente, goliardesco a veces, pero tambi&eacute;n anticlerical, escatol&oacute;gico&nbsp; y sanchopancesco es la m&aacute;s er&oacute;tica &ndash;con <em>Amad a la dama </em>(2002), nueva versi&oacute;n de la novela cervantina<em> El celoso extreme&ntilde;o </em>y&nbsp; primera de las dos novelas de t&iacute;tulo palindr&oacute;mico&ndash;, y&nbsp; quiz&aacute; la m&aacute;s divertida e hilarante de todas, aunque no deja de tener pasajes de cruda brutalidad, como la violaci&oacute;n de la Venus del Bosque o la paliza inmisericorde que sufre el protagonista a manos de tipos feroces, alguno de ellos con rasgos humanoides. &ldquo;El hombre se define por lo que sufre y su actitud ante el dolor&rdquo;, sostiene Lucas C&aacute;lamo al final del libro (p.284).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Narrada en primera persona (mas&nbsp; no con una sola voz, pues el narrador interno ejerce de ventr&iacute;locuo en ocasiones, y tambi&eacute;n se vale de un manuscrito que dej&oacute; su padre), <em>M&iacute;sera fue, se&ntilde;ora, la osad&iacute;a </em>cuenta con un protagonista adicto al lat&iacute;n y a la poes&iacute;a, Lucas C&aacute;lamo, con nombre y apellido parlantes: algo de evangelista de pocos vuelos hay en su discurso febril en tanto que el C&aacute;lamo nos habla del oficio de plum&iacute;fero corrector de pruebas que desempe&ntilde;a en una editorial de Madrid.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Amante maltrecho, Lucas C&aacute;lamo &ndash;que tiene como el protagonista de la segunda novela, <em>El cerco oblicuo</em> (1993), Severo Llotas, un toque de loco racionalista&ndash;&nbsp; pretende encontrar alivio cordial al fin de su relaci&oacute;n con Myfairlady ideando&nbsp;&nbsp; una&nbsp; disparatada disciplina indagadora a la que se entrega con frenes&iacute; y garant&iacute;a de fracaso, tras bautizarla con el pedantesco nombre de &ldquo;querentolog&iacute;a&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para llevar a cabo su descabellado plan pesquisidor se traslada de Madrid a Murania, ciudad de ficci&oacute;n de la factor&iacute;a Bayal,&nbsp; donde transcurre el meollo de la trama y donde al final de la novela conoceremos a un personaje lateral,&nbsp; un profesor jubilado de Lat&iacute;n, don Gumersindo, quien, veinte a&ntilde;os despu&eacute;s,&nbsp; se alzar&aacute; como el h&eacute;roe moderno de la novela m&aacute;s monumental&nbsp; de GHB, la que compendia su universo literario y filos&oacute;fico, encarnado en un rico y variopinto elenco, discurre por los dos escenarios fundamentales, tierra de Murga&ntilde;os y Madrid, la ciudad de provincias, el pueblo&nbsp; y la gran ciudad, y nos permite, por a&ntilde;adidura, reencontrarnos con el bullicioso y brillante mundo literario madrile&ntilde;o de antes de la guerra, incluyendo una entrevista con Antonio Machado: <em>El esp&iacute;ritu &aacute;spero </em>(2008).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A diferencia de lo que ocurre en la segunda novela, en la primera, <em>M&iacute;sera fue, se&ntilde;ora, la osad&iacute;a</em>, hay p&aacute;rrafos,&nbsp; muy extensos ciertamente. He aqu&iacute; algo que percibimos a simple vista y que es relevante para el lector. En <em>El cerco oblicuo </em>tenemos un t&iacute;tulo aparentemente menos alambicado, m&aacute;s escueto y sobrio, cuyo significado, no obstante,&nbsp; dista de ser transparente a primera vista. De nuevo nos hallamos ante un sujeto masculino, solitario, obsesivo, claustrof&oacute;bico y melanc&oacute;lico que rememora y desgrana en primera persona, con un flujo de conciencia que a veces hace pensar en los mon&oacute;logos de ciertos personajes de Beckett, su condici&oacute;n de hombre desacoplado: Severo Llotas &ndash;nombre de pila provocador de juegos de ingenio similares a los que suscita el Ernesto de Oscar Wilde&ndash;,&nbsp; un loquinario intelectual, entregado a una peculiar geometr&iacute;a de la vida cotidiana presidida por el tres, con la que, como si fuera su bast&oacute;n particular, recorre la ciudad en la que reside, Madrid. Si en otras novelas&nbsp; el escenario de la aflicci&oacute;n es un mundo rural con un trasfondo de viejas y oscuras leyendas o la decadencia de una ciudad de provincias innominada cuya estaci&oacute;n de tren no se sabe si a&uacute;n tiene tren ni a qu&eacute; prop&oacute;sito sirve, aqu&iacute; la urbe se transfigura para Severo en el tablero de un juego casi odiseico, con obst&aacute;culos, laberinto, sendas que seguir y sendas vitandas, pero sin victoria &eacute;pica previa, ni &iacute;tacas ni lugar alguno&nbsp; de arribada, ni mujer a la espera, aunque s&iacute; hay alguna Circe en medio de la traves&iacute;a.</p>
<p>Siendo bastante m&aacute;s breve que la anterior, <em>El cerco oblicuo</em> &ndash;una de las mejores novelas urbanas y madrile&ntilde;as que conozco dentro de la posvanguardia, muy superior a <em>Tiempo de silencio</em>&ndash; exige una mayor atenci&oacute;n por parte del lector por su escritura compacta, sin un solo punto y aparte, con largos periodos e incisos parent&eacute;ticos frecuentes, rasgos que cabe interpretar como un&nbsp; correlato de la conciencia desasosegada y el delirio vivencial del alucinado protagonista y narrador, preso en la &ldquo;tribulaci&oacute;n de la apor&iacute;a&rdquo; (p.156),&nbsp; quien, con todo, no deja de ser un pariente cercano de Lucas C&aacute;lamo &ndash;empe&ntilde;ado, cada uno con su m&eacute;todo estrafalario: la querentolog&iacute;a y la geometr&iacute;a del tres, en acorralar al azar&ndash;,&ldquo;Nada dej&eacute; al azar&rdquo;, afirma C&aacute;lamo (p.27) a punto de emprender la b&uacute;squeda de ese personaje de nombre b&iacute;blico, Poncio, que lo llevar&aacute; a Murania.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por cierto, el nombre de Severo Llotas ya apareci&oacute; mencionado en el <em>Cuaderno de J. C&aacute;lamo</em> como uno de los compa&ntilde;eros del padre de Lucas. Se trataba de un t&iacute;o del protagonista de<em> El cerco oblicuo</em>, como descubrimos en esta novela.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Severo Llotas es, sin duda, a&uacute;n m&aacute;s caviloso y ensimismado que Lucas C&aacute;lamo y anda en una fase&nbsp; m&aacute;s&nbsp; avanzada en la senda&nbsp; hacia el aislamiento, la fractura y la misantrop&iacute;a plena por la que discurren, en distinto grado y por motivos y desazones dispares, los protagonistas bayalianos: &ldquo;(&hellip;) me declaro abiertamente mis&aacute;ntropo, odio a la gente en general y, a menudo, tambi&eacute;n en particular&rdquo; (p.42), confiesa mientras calibra la conveniencia de acudir a la cita con Gloria Fern&aacute;ndez,&nbsp; extra&ntilde;a mujer evanescente que viene del pasado. La historia de Severo, militante de un partido de izquierdas en el franquismo, se sit&uacute;a en la &eacute;poca de la transici&oacute;n, y su incapacidad para las relaciones interpersonales se debe, en parte, o al menos se agudiza de forma notable por estar aquejado&nbsp; de la enfermedad de Flaubert tal como la entiende Unamuno, a saber, una aguda e irrefrenable aversi&oacute;n a la estupidez humana, extremo sobre el que elucubra el fil&oacute;sofo vasco en distintas obras. As&iacute;, en &ldquo;Soledad&rdquo; (1905), ensayo de gran belleza po&eacute;tica, formula Unamuno esta incisiva paradoja: &ldquo;Mi amor a la muchedumbre es lo que me lleva a huir de ella&rdquo;. Al igual que a Flaubert y a varios de sus personajes, a Llotas le exaspera la gente que habla con frases manidas: &ldquo;Lo que no puede ser no puede ser y, adem&aacute;s, es imposible, dijo el circulano bajo, refiri&eacute;ndose a la dureza del mencionado ingreso, y lo odi&eacute; intensamente&rdquo; (p.43&ndash;44).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Palabras muy similares a las de Severo &ndash;en lo tocante al rechazo de las relaciones sociales&ndash;&nbsp; pronunciar&aacute; Travel, apodo del malhadado h&eacute;roe moderno (o antih&eacute;roe) de&nbsp; <em>La</em> <em>sed de sal</em>, la segunda obra de t&iacute;tulo palindr&oacute;mico: &ldquo;Con los a&ntilde;os, ha llegado un momento en que hasta el j&uacute;bilo particular se me ha hecho insoportable&rdquo; (p.22).&nbsp; Novela cinematogr&aacute;fica, policiaca a su manera y existencial como las otras, su protagonista, Travel, fugitivo de la vida, es v&iacute;ctima de un malentendido de dudoso azar al llegar a Murania desde Madrid &ndash;como Lucas C&aacute;lamo&ndash;, con el prop&oacute;sito de explorar los lugares que inspiraron el libro <em>Viaje a Murania </em>de un hispanista, quien vagamente pudiera evocar a un Gerald Brenan.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ese camino&nbsp; hacia la ruptura con el otro y en especial con el grupo,&nbsp; por v&iacute;as laterales, a veces&nbsp; peligrosas, rincones, cunetas, riscos, quioscos o a cara descubierta y por la puerta grande, que transitan los protagonistas bayalianos, varones, solitarios esenciales todos ellos, alcanza la culminaci&oacute;n con el silente voluntario y militante, h&eacute;roe y m&aacute;rtir, Nemo, inolvidable protagonista de la novela, f&aacute;bula o ap&oacute;logo&nbsp; del mismo t&iacute;tulo: <em>Nemo</em>, ganadora del&nbsp; Tigre Juan, premio que reconoce la excelencia rec&oacute;ndita.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay que reparar, no obstante, en la forma que adopta la escisi&oacute;n de este personaje, al que, a falta de nombre conocido, llamar&aacute;n Nemo &ndash;porque as&iacute; lo bautiza el viejo latinista&ndash;, en quien confluyen, por abreviar, el desterrado por y a s&iacute; mismo, el&nbsp; peregrino, el hu&eacute;sped, el mensajero parad&oacute;jico, el forastero que perturba con su llegada el orden establecido y suscita la curiosidad,&nbsp; la sa&ntilde;a y los bajos instintos de algunos, y el h&eacute;roe estoico de hechura tr&aacute;gica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nemo es un taciturno radical, un nihilista verbal que, con todo y con eso, no renuncia&nbsp; a una&nbsp; vida social <em>sui generis</em>. En lugar de retirarse a un sitio despoblado &ndash;en cuyo caso su mutismo no ser&iacute;a ni elocuente, ni significativo ni denunciador&ndash;, elige una peque&ntilde;a ciudad, propia de desterrados o proscritos &ndash;nos cuentan (p.49)&ndash;, en la que todos conocen su voluntad de silencio; el escribano y narrador&ndash;testigo acude, no sin un peque&ntilde;o contratiempo, a recibirlo a la estaci&oacute;n; tiene un ama que atiende el mantenimiento de su casona, acepta la invitaci&oacute;n de los muchachos que asan calbotes (p.62), y,&nbsp; sobre todo, acude, cuando lo estima oportuno, a la bodega, centro de reuni&oacute;n y control que hace las veces del casino provinciano de ciudades de m&aacute;s entidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;Adem&aacute;s, sin cruzar palabra, mas no sin dialogar, pues un intercambio de miradas es un inicio de di&aacute;logo &ndash;nos recuerda el narrador (p.62)&ndash;, traba amistad con un personaje doliente y afor&iacute;stico, apodado el Fiat, que morir&aacute; en sus brazos. Nemo es un h&eacute;roe que trasciende su tiempo, &ndash;que tampoco sabemos claramente cu&aacute;l es, pues la condici&oacute;n de f&aacute;bula moderna permite tan siquiera deducir que la historia ocurre en un siglo XX pretecnol&oacute;gico&ndash;, y emparenta por su f&eacute;rreo atenimiento a la palabra dada a s&iacute; mismo y a quienes lo albergan en la ciudad apartada con el protagonista del calderoniano <em>Pr&iacute;ncipe constante</em>, obra de la que Goethe dijo que atesoraba toda la poes&iacute;a del mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Un mundo propio: escenarios,&nbsp; personajes, formatos </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como apuntamos, ya en la primera novela &nbsp;entramos en el rico y complejo mundo del escritor Gonzalo Hidalgo Bayal, con un territorio propio que consta de dos &aacute;mbitos centrales: la urbe, Madrid, semillero de soledades, morada de tedios y campo de Marte donde el individuo pugna contra el anonadamiento y la brutalidad de la turba, y un mundo rural donde perviven historias ancestrales evocadoras de viejos romanceros, laten pendencias anta&ntilde;onas de ribetes b&iacute;blicos y el duelo siempre es posible: Tierra de Murga&ntilde;os, con sus montes (el pico Garabero o la sierra de Santa B&aacute;rbara), r&iacute;os (Murtes y Jay&oacute;n), y poblaciones: Murania, (seguramente inspirada en Plasencia, como puede comprobar el lector curioso), Casas del Juglar (probablemente r&eacute;plica del pueblo natal del escritor, Higuera de Albalat, cerca del cual hay una localidad llamada Casas de Miravete), y otros pueblos y parajes harto significativos como M&uacute;rida, Andar&oacute;n, Moga o Murga&ntilde;illos, nombres sonoros con aroma legendario y cervantino; la Venus del bosque, el holito, el anillo, el llano, la laguna, la fortaleza. Lugares, muchos de ellos, conocidos y vividos por el escritor, que al desprenderse de sus nombres geogr&aacute;ficos y revestirse de parajes imaginados se dotan de un car&aacute;cter ancestral y universal que trasciende la actualidad y adquiere una fuerza m&iacute;tica y simb&oacute;lica. No en vano por all&iacute; anduvieron en tiempos remotos tribus esdr&uacute;julas: h&uacute;rdalos (cuya huella qued&oacute; quiz&aacute; en el top&oacute;nimo Hurdes) y s&eacute;rbolos, y desde tiempo inmemorial se celebran en tierras tan cristianas y hervacianas &ndash;pues san Hervacio es santo muy principal con ermita y colegio, de ingrato recuerdo para S&iacute;n y los protagonistas de <em>Campo de amapolas blancas </em>(2002)&ndash; las muy paganas fiestas de las pandorgas y venerandas, en loor de la gula y la lascivia, como se&nbsp; colige de su&nbsp; elocuente nombre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una topograf&iacute;a de creaci&oacute;n propia a partir de unas vivencias, con una funcionalidad narrativa precisa, rica en sugestiones, con enclaves de fuerte evocaci&oacute;n, pero combinada con la gran ciudad que es, en exclusiva, Madrid. Ahora bien, nada tiene que ver este escenario doble, ciudadano y rural, con ninguna contraposici&oacute;n tradicional&nbsp; de campo frente a ciudad, a lo Gabriel y Gal&aacute;n, ni menosprecio de Corte y alabanza de aldea. Estos &aacute;mbitos est&aacute;n m&aacute;s bien al servicio de las penalidades y trabajos de los personajes que sustentan la literatura bayaliana. As&iacute;, Nemo ha de marcharse de la gran ciudad y elegir una localidad peque&ntilde;a para que&nbsp; su militancia en la alalia sea llamativa y eficaz, en tanto que la desaz&oacute;n de Severo Llotas con sus semejantes se agrava al entrar en contacto con el&nbsp; grupo urbanita al que con sarcasmo moteja como &ldquo;circulanos&rdquo;&ndash;entre ellos Gloria&ndash; l&uacute;cida parodia de una pandilla de frustrados aspirantes a Bellas Artes que, acogidos bajo el difuso marbete del mundo de la imagen, deambulan por galer&iacute;as art&iacute;sticas, promueven revistas publicitarias y organizan actividades sociales de corte estramb&oacute;tico&nbsp; con el principal prop&oacute;sito de practicar su grotesca jerga y perseverar en su inanidad art&iacute;stica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>En ambos escenarios principales&nbsp; padecen y alimentan sus tribulaciones&nbsp; los <em>dramatis</em> <em>personae</em> bayalianos, repertorio singular que el lector empieza a conocer en la primera novela y reencuentra en las siguientes con sus caracter&iacute;sticas personales inequ&iacute;vocas, de suerte que es f&aacute;cil familiarizarse con este o aquel car&aacute;cter que acabar&aacute; siendo un viejo conocido del frecuentador de esta literatura. Tal procedimiento, vivo en la novela decimon&oacute;nica de P&eacute;rez Gald&oacute;s o Julio Verne, por ejemplo, tambi&eacute;n est&aacute; presente en la vanguardia. As&iacute;, en Samuel Beckett, cuyo hombre Innombrable ve pasar desde su cepo a los protagonistas de otras novelas. En Bayal, a la postre, nos da la impresi&oacute;n de que don Gumersindo, Sa&uacute;l Ol&uacute;as o Foneto anduvieron, como los viejos actores de teatro,&nbsp; haciendo su carrera de mudos, meritorios y de car&aacute;cter, personajes con autor pero en busca de novela, hasta que les lleg&oacute; la saz&oacute;n, lo cual no obsta para que vuelvan a tener presencia secundaria en posteriores ocasiones, como es el caso de Sindo, al que reencontramos en&nbsp; <em>Nemo</em> como el viejo que perora latinajos o &ldquo;senectas&rdquo;. Alguno hay, que, hasta la fecha, no ha dejado de ser secundario: Crist&oacute;bal Ruiz, a quien, por petici&oacute;n propia &ldquo;llamadme Cristo&rdquo; todos nombraban as&iacute;. Pintoresco poeta &ldquo;at&oacute;mico&rdquo;, amante de la arqueolog&iacute;a y la filosof&iacute;a oriental, gracioso y vividor de poca monta, Cristo, como si de las siete estaciones se tratara, muestra las tabernas de la ciudad al desventurado interventor de<em> Paradoja del interventor </em>(2004) y es recordado con rencor por el brigada de la guardia civil, padre de H &ndash;uno de los dos amigos de <em>Campo de amapolas blancas</em>&ndash;, quien le atribuye, a partes iguales con su hom&oacute;nimo, la perdici&oacute;n de su hijo: &ldquo;Entre este Cristo y el otro Cristo me lo han jodido bien&rdquo; (p.78).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es muy notable, empero, que no ocurra lo mismo con Nemo, personaje de tal sustancia narrativa y metaf&iacute;sica que dif&iacute;cilmente hubiera podido figurar m&aacute;s que en calidad de h&eacute;roe solo y se&ntilde;ero de su epopeya existencial, cifra y s&iacute;ntesis de la dignidad humana. Otro tanto sucede con el interventor, palad&iacute;n del ascetismo, la abnegaci&oacute;n y la malaventura, n&aacute;ufrago existencial del tipo pac&iacute;fico y resignado por antonomasia. Tampoco el febril desasosegado Severo Llotas es part&iacute;cipe de ninguna otra&nbsp; historia que no sea la que &eacute;l protagoniza y expresa en <em>El cerco oblicuo</em>, y lo mismo le sucede, por el momento, a Travel.</p>
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<p>Entre los personajes bayalianos presentes en varias obras, mencionamos antes al escritor palindr&oacute;mico Sa&uacute;l Ol&uacute;as al que conocemos al final de<em> El cerco oblicuo</em> y regresa como protagonista en el cuento sobre los virajes de la vida&nbsp; &ldquo;Aquiles y la tortuga&rdquo; (2008), tras haber tenido su parte como alumno del desterrado don Gumersindo en<em> El esp&iacute;ritu</em> <em>&aacute;spero</em>. Nuevamente vemos algo similar en el caso de Foneto, sobrenombre estudiantil&nbsp; de un tipo muy filol&oacute;gico y simp&aacute;tico, evocado por Lucas C&aacute;lamo varias veces.&nbsp; Andando el tiempo, y tras asomarse aqu&iacute; y all&aacute; en varias obras, incluida<em> El cerco</em> <em>oblicuo&ndash;</em> donde el autor se inmiscuye en nota al pie de p&aacute;gina a la manera unamuniana de <em>Niebla</em> para decirnos c&oacute;mo conoci&oacute; a Foneto en la facultad y por qu&eacute; lo apodaron de esa guisa&ndash;, se erige en protagonista de <em>La escapada</em> (2019) y, solo entonces, nos enteramos de su desv&iacute;o del camino que parec&iacute;a estarle destinado y de su condici&oacute;n de hombre aislado, gerente de un quiosco, desva&iacute;do remedo de la torre de marfil. Ser&aacute; precisamente&nbsp; GHB o&nbsp; Bayal, otra criatura&nbsp; de la novel&iacute;stica&nbsp; bayaliana, a la que no se debe atribuir la sola condici&oacute;n de trasunto autobiogr&aacute;fico del escritor, quien nos cuente, desde el mirador del recuerdo, el encuentro fortuito con Foneto en una librer&iacute;a del viejo Madrid y el consiguiente descubrimiento de la vida retirada a la que se hab&iacute;a consagrado, desatendiendo la prosecuci&oacute;n de una carrera para la que parec&iacute;a estar especialmente dotado. Esta intromisi&oacute;n o desdoble del autor en su obra, convertido en un ente de ficci&oacute;n, es una pr&aacute;ctica que se remonta a la primera novela. Con el nombre de Gonzalo Hidalgo Bayal irrumpe al final de <em>M&iacute;sera</em> un secundario que se dedica a faenas filol&oacute;gicas e investiga acerca de un h&eacute;roe murecanense medieval, M&iacute;o Belardo, al que la iglesia cat&oacute;lica, cuya importancia es notoria y atosigante&nbsp; en el mundo bayaliano, &ndash;casi tanto como lo es en James Joyce&ndash; degrada d&aacute;ndole el afrentoso remoquete de besti&oacute;n mascariento.</p>
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<p>Hay otro personaje, el an&oacute;nimo narrador de <em>Campo de amapolas blancas</em>, en el que concurren, presumiblemente, muchos datos de la biograf&iacute;a del escritor, pues as&iacute; lo se&ntilde;ala &eacute;l mismo en el ensayo titulado &ldquo;El efecto M&rdquo;, y quiz&aacute; pudiera decirse algo parecido del narrador y compa&ntilde;ero de instituto del protagonista de <em>El esp&iacute;ritu &aacute;spero, </em>&nbsp;llamado Gonzalo Hidalgo. El recurso de bautizar a una de sus criaturas con su nombre y apellidos&nbsp; puede interpretarse&nbsp; como un divertimento, un gui&ntilde;o l&uacute;dico del autor al lector, o, tal vez,&nbsp; un reconocimiento t&aacute;cito de que, como dec&iacute;a Ortega, la realidad radical&ndash; tambi&eacute;n la del escritor&ndash; es la vida de cada cual. No olvidemos, por otra parte, que un escritor tan intelectual y contenido en la efusi&oacute;n de los afectos como Borges sosten&iacute;a que no hay obra literaria que no sea autobiogr&aacute;fica. De este parecer se muestra nuestro autor cuando, en <em>La escapada</em>, la obra m&aacute;s id&oacute;nea para conocer su po&eacute;tica y su artesan&iacute;a compositiva, evocando el conocido aserto de Flaubert: &ldquo;Madame Bovary c&rsquo;est moi&rdquo;, apostilla, &ldquo;es cierto, pero Charles Bovary tambi&eacute;n c&acute;est moi&rdquo;, me incluyo necesariamente en ellos&rdquo; (p.46).</p>
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<p>No muy diferente es, <em>mutatis mutandis,</em> el&nbsp; caso bien conocido de pintores como Goya, que aparece como uno m&aacute;s en ciertos cuadros suyos, o los directores de cine, alguno de campanillas, que han hecho otro tanto.</p>
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<p>La personalidad humana es una entidad problem&aacute;tica y la identidad tiene contornos l&aacute;biles en este universo literario en el que el personaje-autor irrumpe por el escotill&oacute;n en la novela <em>La escapada</em>, la &uacute;ltima hasta ahora, y se cuestiona dubitativo c&oacute;mo y por qu&eacute; camino se traslada o convierte en car&aacute;cter&nbsp; de ficci&oacute;n una persona conocida como el viejo amigo Foneto. Toda la secuencia 10 es un ejercicio de metaficci&oacute;n sumamente atractivo acerca de los l&iacute;mites entre persona y personaje y sobre las sutilezas y requisitos&nbsp; que entra&ntilde;a confeccionar un personaje recurriendo no solo a los materiales que proporciona la imaginaci&oacute;n, sino tambi&eacute;n a la experiencia.</p>
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<p>Por lo que ata&ntilde;e a los reparos del personaje&ndash;escritor&nbsp; en lo concerniente a dar nombres propios a sus protagonistas &ndash;ya que pueden &ldquo;caer como una losa&rdquo; y condicionar en demas&iacute;a&ndash;&nbsp; y su preferencia por los apodos, nombres comunes de oficio o la mera inicial, es muy esclarecedor el comentario que leemos en la p&aacute;gina 24 de <em>La escapada</em>: &ldquo;A menudo los hechos prevalecen sobre las palabras, el sobrenombre sobre el nombre y la memoria sobre la verdad&rdquo;. Observemos, a modo de ilustraci&oacute;n, c&oacute;mo Gumersindo, el nombre m&aacute;s contundente de toda la onom&aacute;stica bayaliana, se va reduciendo a fuerza de af&eacute;resis y ap&oacute;cope hasta dar en el ambiguo S&iacute;n, que en griego casi (solo le falta la y por la i) es &ldquo;con&rdquo;, a despecho de la paradoja interling&uuml;&iacute;stica que leemos en las palabras finales de la novela: &ldquo;S&iacute;n, preposici&oacute;n de todas las carencias&rdquo; (p.556).</p>
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<p>En otros casos, identificamos al profesor, a quien se llama G, por sus latines o se alude a &eacute;l meramente como el viejo sin m&aacute;s, en una suerte de desvanecimiento del nombre propio que est&aacute; a pique de tornarse apodo.</p>
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<p>Para concluir con&nbsp; el&nbsp; asunto del desdoble y el&nbsp; doble, tan fecundo en el orbe bayaliano, recordaremos&nbsp; las tres parejas de gemelos, distintas y memorables, que aparecen respectivamente en <em>Paradoja del interventor</em>, <em>La sed de sal </em>y <em>Nemo</em>.&nbsp;</p>
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<p>En cuanto a los formatos en los que se asienta la narrativa bayaliana, hay una gama amplia. As&iacute;, el volumen titulado <em>La princesa y la muerte </em>(2001&ndash;2017) consta de veinti&uacute;n cuentos medievales<em> </em>con alguno, &ldquo;La princesa feliz&rdquo;, del tama&ntilde;o de un microrrelato. Por otra parte, Alcanc&iacute;a (2004) edit&oacute; dos relatos; el primero, &ldquo;El maestro de billar&rdquo;, sigue el esquema de un duelo o pique varonil con reminiscencias del western; el segundo, &ldquo;El reloj de oro&rdquo;,&nbsp; es la historia de un crimen de autor incierto, motivado por un viejo agravio amoroso. Bajo el pertinente t&iacute;tulo de <em>Conversaci&oacute;n </em>(2011) vieron la luz cinco relatos: un entrem&eacute;s o sainete er&oacute;tico de regusto cl&aacute;sico y cervantino: &ldquo;Kal&eacute; hem&eacute;ra&rdquo;; la historia de tintes tr&aacute;gicos de un hombre emboscado, un solitario m&aacute;s de la familia bayaliana llamado &ldquo;Corzo&rdquo;; un cuento sobre el reencuentro de dos amigos, &ldquo;Aquiles y la tortuga&rdquo;; la novela corta, &ldquo;Reparaci&oacute;n&rdquo;, acerca de un misterioso local que suscita la curiosidad del narrador que observa desde la casa de enfrente; y &ldquo;Mon&oacute;logo del enemigo&rdquo;, con reminiscencias de <em>Confesi&oacute;n de un asesino</em> de Joseph Roth, donde un humillado habla&nbsp; de las huellas que deja en el alma y en la vida una afrenta. Por &uacute;ltimo,&nbsp; el volumen colectivo <em>Cinco lugares, cinco relatos, </em>de la Editora Regional de Extremadura&nbsp; (2009),&nbsp; incluy&oacute; un cuento de trasfondo autobiogr&aacute;fico, algo fant&aacute;stico y lleno de humor: &ldquo;Las zapatillas de Baroja&rdquo;, en el que el narrador, tras rememorar en Coria una hilarante an&eacute;cdota gramatical&nbsp; que cuenta Ortega en &ldquo;Ideas sobre Baroja&rdquo; de <em>El Espectador, </em>descubre al propio Baroja en un rinc&oacute;n de una tasca, a pesar de que la historia se sit&uacute;e&nbsp; en los a&ntilde;os ochenta del siglo XX.</p>
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<p>Un capricho de Per Abat inspir&oacute; a Hidalgo Bayal un cuentecillo que tiene la singularidad de estar ilustrado con un monigote del escritor. Se titula &ldquo;Los duendes de Per Abat&rdquo; y vio la luz el 2017 en Universitas Editorial de Badajoz. En fin, el cuento &ldquo;Sobre la nieve&rdquo;, incluido en <em>Doce relatos </em>(,)<em> maestros </em>(La navaja suiza, 2018), nos descubre la sutil relaci&oacute;n entre un profesor y un alumno de la estirpe bayaliana de los desligados, con querencia por el&nbsp; rinc&oacute;n, que se reencuentran casualmente al cabo de los a&ntilde;os.</p>
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<p>Un lugar intermedio entre el cuento largo o la novela breve ocupa el melanc&oacute;lico y bello&nbsp; relato de una generaci&oacute;n, <em>Campo de amapolas blancas,</em> que se&nbsp; inicia con una consideraci&oacute;n en torno a la memoria literaria&nbsp; y&nbsp; se cierra&nbsp; con un brillante ep&iacute;logo&ndash;pr&oacute;logo de Luis Landero. Filigrana rememorativa y po&eacute;tica, versi&oacute;n libre sobre <em>El Perseguidor </em>de Cort&aacute;zar, esta obrita puede considerarse un boceto de <em>El esp&iacute;ritu</em> <em>&aacute;spero</em>.</p>
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<p>Si pasamos a las narraciones m&aacute;s extensas, tenemos&nbsp; una conmovedora novela del absurdo existencial&nbsp; de corte camusiano y kafkiano, con un viajero desventurado que pierde el tren y el rumbo de su vida y se torna forastero y alma en pena, aferrado a una botella verde de n&aacute;ufrago y sumido en la abnegaci&oacute;n,&nbsp; la indigencia y la humillaci&oacute;n: <em>Paradoja del interventor</em>, seguramente, la obra que ha recibido mayor reconocimiento por parte de la cr&iacute;tica y de los lectores. Uno de los grandes aciertos de esta novela tan perturbadora, que conjuga con una armon&iacute;a ins&oacute;lita intencionalidad, narraci&oacute;n, expresi&oacute;n y tono, es el t&iacute;tulo, sutilmente parad&oacute;jico. El viajero al que llaman interventor no lo es en ninguna de las acepciones del vocablo.&nbsp;</p>
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<p>Otros estudiosos se inclinan por la narraci&oacute;n torrencial, s&iacute;ntesis de novela de aprendizaje, hist&oacute;rica, tr&aacute;gica y hasta picaresca, donde confluyen los mundos del escritor: la antedicha novela <em>El esp&iacute;ritu &aacute;spero.</em> A ello hemos de a&ntilde;adir las restantes novelas existenciales, de tama&ntilde;o intermedio, que se atienen al modelo cl&aacute;sico del forastero que llega a una poblaci&oacute;n rural&nbsp; con alg&uacute;n prop&oacute;sito, ya sea el indiano que retorna: <em>Amad a la dama, </em>la m&aacute;s cl&aacute;sica en su composici&oacute;n; el intelectual que busca rehacer la ruta de un libro: <em>La sed de sal</em>; un enigm&aacute;tico personaje, Nemo, que ha decidido no volver a hablar.</p>
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<p>Las&nbsp; caracter&iacute;sticas expuestas hasta ahora nos hablan de una obra ambiciosa, compleja y de fuerte cohesi&oacute;n,&nbsp; concebida en sus l&iacute;neas b&aacute;sicas desde el comienzo como&nbsp; un gran drama humano de la solitud e incomunicaci&oacute;n, donde la vileza, la humillaci&oacute;n y la venganza andan al acecho, aunque tambi&eacute;n hay momentos alci&oacute;nicos de camarader&iacute;a, vislumbres de amistad y actos compasivos. A partir de la materia ya perceptible y apreciable desde el m&iacute;nimo poemario <em>Certidumbre de invierno,</em> que nos da la atm&oacute;sfera, y las dos primeras novelas que configuran el centro, se va enriqueciendo el conjunto&nbsp; con las obras en&nbsp; prosa, novelas intelectuales, como&nbsp; se dijo en un tiempo de aquellas en las que narraci&oacute;n y reflexi&oacute;n van estrechamente enlazadas y a la par. No obstante, la poes&iacute;a de Hidalgo Bayal (aparte dejamos las numerosas alusiones y citas de poetas cl&aacute;sicos y de otras &eacute;pocas, especialmente de Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez) no se agota en el librito mencionado, ya que en la prosa hay entreverados&nbsp; poemas de registro diverso seg&uacute;n lo requiera la ocasi&oacute;n: goliardesco, jocoso, conceptista con ecos de Agust&iacute;n Garc&iacute;a Calvo &ndash;<em>La sed de sal </em>(p.77)&ndash;, eleg&iacute;aco o metaf&iacute;sico en <em>Nemo</em>, obra donde los versos cobran un significado especial, toda vez que muchas nemosines van encabezadas por una breve composici&oacute;n afor&iacute;stica y,&nbsp; en alguna ocasi&oacute;n, el poemilla por s&iacute; solo ocupa el lugar de una secuencia: &ldquo;No dir&eacute; que haya sido infeliz siempre, pero s&iacute; que no he sido feliz nunca&rdquo; (nemosine 26, p.74). En <em>La escapada</em> de nuevo nos sorprende un poema muy ampuloso, gamberro y trufado de estribillo griego,&nbsp; perge&ntilde;ado por Foneto y el narrador al alim&oacute;n (p.29).</p>
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<p><strong>Agones, lances, encuentros</strong></p>
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<p>Dondequiera que est&eacute;n, en la gran ciudad, Salamanca o Tierra de Murga&ntilde;os, los agonistas de la especie solitaria que interpretan la comedia dram&aacute;tica&nbsp; bayaliana han de enfrentar los designios divinos &ndash;o&nbsp; el azar, si se quiere&ndash;, en forma de infortunio, sortear las paradojas que comporta el trato con el otro y atenerse a la desolaci&oacute;n final. Al dolor, dice Watt, personaje de Beckett, siempre se le puede sumar dolor, m&aacute;xima que sintetiza&nbsp; con precisi&oacute;n la historia del interventor de <em>Paradoja, </em>y no solo la suya. La felicidad tampoco habita donde est&aacute;n C&aacute;lamo, Llotas, H, Travel, Sindo, Corzo o Foneto.</p>
<p><em>&nbsp; </em>&nbsp;</p>
<p>Los choques entre el hombre y el hombre , la burla desalmada de la pandilla de j&oacute;venes que arrebatan sa&ntilde;udamente&nbsp; la botella al interventor o la mofa a la que someten todos a una al afilador, la humillaci&oacute;n al Petirrojo (<em>Nemo) </em>y la fiera venganza&nbsp; del&nbsp; humillado y malherido; la agresividad linchadora de la turba que vocifera &ldquo;cabr&oacute;n, asesino&rdquo; al&nbsp; desventurado prisionero Travel, la crueldad del Can&iacute;cula afrentando a Genaro en las bre&ntilde;as de los Huranes (<em>El esp&iacute;ritu &aacute;spero)</em>,&nbsp; el odio sarc&aacute;stico a Nemo, &ndash;el egregio en sentido etimol&oacute;gico, que se sale de la grey parlante y contempla ensimismado la putrefacci&oacute;n de la materia&ndash;, v&iacute;ctima de tortura e&nbsp; iniquidades sin cuento, son episodios y lances de los que se desprende una mirada minuciosa y atrevida a los abismos de la condici&oacute;n humana, a los territorios&nbsp; de&nbsp; la maldad en acci&oacute;n, tema central en <em>Paradoja </em>que alcanza su m&aacute;xima expresi&oacute;n en <em>Nemo, </em>verdadera historia de la iniquidad, el odio y la miseria moral con un ejemplario dif&iacute;cil de repetir. Ahora bien, si el rigor de la expresi&oacute;n de la vileza suscita una impresi&oacute;n&nbsp; diferida e intensa&nbsp; en el lector, lo mismo sucede con las acciones piadosas y las muestras de compasi&oacute;n, plasmadas con una sobria y eficaz contenci&oacute;n verbal. Pienso en los gestos del muchacho de la estaci&oacute;n que guarda la botella del interventor o le deja, discreto, una chaqueta junto a su catre, en el barquillero o en la churrera que le obsequian con mesura o en el gemelo del afilador que lo acoge en su m&iacute;sero chamizo del r&iacute;o; o en la relaci&oacute;n afectiva, silente y fuerte, entre el Fiat y Nemo. No podemos desatender, en este campo de las relaciones y afectos bonancibles, la amistad truncada de H y el narrador de <em>Campo de amapolas, </em>compa&ntilde;eros de fatigas&nbsp; en el internado de los hervacianos, contra cuya perversi&oacute;n&nbsp; trenzan su complicidad y nutren su devoci&oacute;n por Cort&aacute;zar, <em>La n&aacute;usea </em>de Sartre y <em>Cal&iacute;gula </em>de Camus, la poes&iacute;a de Verlaine, Celan y Vallejo y la fascinaci&oacute;n por la&nbsp; pel&iacute;cula <em>Dos hombres y un destino,</em> t&iacute;tulo que cuestiona el narrador, persuadido de la singularidad de cada destino. Y as&iacute; es, en verdad, en su caso. El narrador estudia Filolog&iacute;a en tanto que H vacila entre la poes&iacute;a, la pintura o la filosof&iacute;a mientras busca aliviar su timidez y su desvalimiento d&aacute;ndose a la bebida y a las drogas de moda en los ambientes bohemios que rinden culto a Charlie Parker. Por ese camino, cae en la degradaci&oacute;n f&iacute;sica y moral,&nbsp; su&nbsp; c&aacute;ndida timidez de anta&ntilde;o&nbsp; se torna&nbsp; osad&iacute;a desma&ntilde;ada e inoportuna y&nbsp; provoca el&nbsp; alejamiento definitivo de su amigo de la infancia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Aquiles y la tortuga&rdquo; trata del reencuentro fortuito, en la madurez, del escritor Sa&uacute;l Ol&uacute;as y Petrus, apodo de los tiempos en que cursaron juntos preuniversitario. Entre&nbsp; ellos&nbsp; hubo una mera camarader&iacute;a, propia de la &eacute;poca estudiantil, sin lazos estrechos, de manera que la relaci&oacute;n se asent&oacute; con la distancia y el recuerdo, y, al coincidir en la entrega de unos premios que reciben, descubre Ol&uacute;as, que es por ende el narrador, que el apasionado fil&oacute;sofo, amante de los presocr&aacute;ticos, ser&aacute; reconocido como empresario textil, profesi&oacute;n a la que se vio abocado por azares de la vida, caso no muy distinto al de&nbsp; Foneto y el narrador de <em>La escapada </em>al que nos referimos&nbsp; anteriormente.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>As&iacute; pues, poemas, cuentos y novelas de personaje apartadizo y de elucubraci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica donde&nbsp; el hombre&nbsp; y el verbo comparten a partes iguales el protagonismo de este&nbsp; universo bayaliano con un trasfondo&nbsp; de humanismo metaf&iacute;sico&nbsp; de genuino cu&ntilde;o, caracterizado por una escritura experimental, tensa, con apresto barroco en su sintaxis, sumamente cuidada y n&iacute;tida, en la que retumba la tradici&oacute;n cl&aacute;sica griega y del Siglo de Oro, percibimos ecos de Cervantes, Spinoza, Graci&aacute;n, Calder&oacute;n,&nbsp; Cort&aacute;zar, Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, y reconocemos las voces y la impronta moral de los h&eacute;roes de Dostoievski,&nbsp; Kafka, Camus, Sartre, o Faulkner.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>C&aacute;lamo, Llotas, Carrizales, H, el interventor, Ol&uacute;as, Corzo, Travel,&nbsp; Sindo, Nemo y Foneto nos conmueven y suscitan, en diversa medida, nuestra simpat&iacute;a y compasi&oacute;n porque de su vida y obras&nbsp; se desprende el infortunio humano ineluctable, la dignidad y m&aacute;s que nada la &ldquo;solitud ontol&oacute;gica&rdquo;(<em>La escapada, </em>p.45)&nbsp; que, cual condena calderoniana, cobija al hombre de hoy y de ayer desde la cuna.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Confiemos, en fin, en que las l&aacute;grimas con que culmina la historia de Nemo no dejen de interpelarnos.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 03 Mar 2021 08:02:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vicente Rojo: “Uso la geometría como un lenguaje: el que está en los orígenes”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/vicente-rojo-uso-la-geometria-como-un-lenguaje-el-que-esta-en-los-origenes/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2021/rojo500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vicente Rojo &mdash;pintor y escultor, genio de las artes pl&aacute;sticas, maestro en el dise&ntilde;o y la edici&oacute;n de libros, revistas, peri&oacute;dicos y suplementos literarios&mdash; escribi&oacute;: &laquo;crear zonas de sombra y duda es lo que da sentido al arte&raquo;.</p>
<p>La impronta de Vicente Rojo (Barcelona, 1932) en soportes de papel es innumerable: ese ni&ntilde;o que, todav&iacute;a en su ciudad natal, trataba de dibujar caballos, que jam&aacute;s abandon&oacute; los l&aacute;pices y muy pronto a&ntilde;adi&oacute; plumas y pinceles, a los que se han sumado todo tipo de herramientas y t&eacute;cnicas, ha compartido su talento y entusiasmo con miles, cientos de miles de personas, seg&uacute;n el caso: entre muchos otros proyectos pl&aacute;sticos, que en 1991 le merecieron el Premio Nacional de Ciencias y Artes de M&eacute;xico, dise&ntilde;&oacute; el diario <em>La Jornada</em> y el primer <em>Plural</em>. Rojo fue director art&iacute;stico de <em>M&eacute;xico en la Cultura</em>, <em>La Cultura en M&eacute;xico</em>, <em>Artes de M&eacute;xico</em>, la <em>Revista de la Universidad</em>, los <em>Cuadernos de Bellas Artes</em> y <em>Di&aacute;logos</em>, entre otras publicaciones.</p>
<p>Fundador y codirector de Ediciones Era &mdash;que en 2020 cumpli&oacute; sus primeras seis d&eacute;cadas de vida fruct&iacute;fera&mdash;, es hasta la fecha un apasionado confeso del papel en tanto soporte esencial del gesto de reproducir &mdash;y con ello aumentar&mdash; la realidad.</p>
<p>A lo largo de su carrera de pintor y escultor Rojo ha realizado m&uacute;ltiples exposiciones individuales y ha participado, en todo el mundo, en diversas muestras colectivas.</p>
<p>S&ograve;nia Hern&aacute;ndez &mdash;escritora nacida en Terrassa en 1976&mdash; y yo charlamos sobre <em>El hombre que se cre&iacute;a Vicente Rojo</em>, publicado por Acantilado. Le pregunt&eacute;:</p>
<p>&mdash; &iquest;C&oacute;mo influy&oacute; tu lectura de <em>Diario abierto</em> &mdash;libro excepcional del artista&mdash; en la escritura de <em>El hombre que se cre&iacute;a Vicente Rojo</em>?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &mdash; Tuve el privilegio de conocer a Vicente Rojo durante una de sus visitas a Barcelona. Cuando cay&oacute; en mis manos <em>Diario abierto</em>, publicado por Ediciones Era, fue un verdadero deslumbramiento. Al leer sus textos tuve otra mirada. Me ense&ntilde;&oacute; a ver y entonces pude conocer el valor del equilibrio, la conexi&oacute;n con una esencia muy antigua, el poder de la imaginaci&oacute;n.</p>
<p>Rojo me ha recibido en su estudio en Coyoac&aacute;n para conversar sobre su trabajo. Se ha dicho que Rojo &laquo;pinta la escritura&raquo; y &laquo;escribe la pintura&raquo;. A la vez defiende el espacio de la pl&aacute;stica como un refugio: lo considera el &uacute;ltimo reducto de la libertad individual. Su trabajo abarca distintos medios como pintura, libros de artista, ilustraci&oacute;n, grabado y escultura, una multitud de series pict&oacute;ricas y escult&oacute;ricas desarrolladas durante d&eacute;cadas. &laquo;He tratado de hacer una suerte de geometr&iacute;a, respetada por un lado y enriquecida por otro, sometida a nuevas pruebas visuales&raquo;, asevera.</p>
<p>El recinto, iluminado en su totalidad, revela pistas de las piezas que han compuesto diversas muestras. Hay rastros de su quehacer sobre sus mesas de trabajo, algunas esculturas colocadas en estantes, diversos objetos pertenecientes a su obra esparcidos por todo el lugar. Nacido el 15 de marzo de 1932 en Barcelona, Rojo viste una camisa vino, un su&eacute;ter azul, pantalones de pana gris, zapatos negros y un gorro de lana: su vestimenta le da un aire de Hemingway. Charlamos sobre las series que ha realizado desde 1952. <em>Aproximaciones</em>, <em>Se&ntilde;ales</em>, <em>Negaciones</em>, <em>Recuerdos</em>, <em>M&eacute;xico bajo la lluvia</em>, <em>Escenarios</em>, <em>Escrituras</em>.</p>
<p>Ha pasado su vida tratando de imaginar que siempre est&aacute; comenzando. Extrapolo la idea de levantamiento de Georges Didi-Huberman a los terrenos de la creaci&oacute;n de Vicente Rojo: el arte &laquo;es un gesto sin fin, recomenzado sin cesar, tan soberano como lo puedan ser el propio deseo o esta pulsi&oacute;n, este &ldquo;impulso de libertad&rdquo;&raquo;. Nos dirigimos al jard&iacute;n del estudio &mdash;que alberga esculturas de gran formato del artista&mdash;, al que casi nunca sale y que observa a trav&eacute;s de gigantescos ventanales.</p>
<p>Vicente Rojo &mdash;dise&ntilde;ador de la famosa portada blanca con rect&aacute;ngulos azules ochavados y la E invertida en la soledad de <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em> de Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez&mdash; concibe a la geometr&iacute;a como un lenguaje. Intuyo que piensa en el hombre occidental y la geometr&iacute;a, &laquo;cuyo rigor, figuras y lenguaje est&aacute;n presentes desde hace casi tres milenios en nuestros pensamientos, el espacio del mundo y la naturaleza de las cosas&raquo;. Comprende as&iacute; el movimiento del universo, de las estrellas. Rojo y yo nos levantamos de nuestros asientos y me muestra una serie de lienzos perfectamente cuadrados, que reposan en un &aacute;rea del estudio de techos alt&iacute;simos. El denominador com&uacute;n de la obra de Rojo es la idea de que la imaginaci&oacute;n &mdash;o asimilaci&oacute;n inmediata de las posibilidades de las cosas&mdash; es infinita.</p>
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<p><strong>&laquo;Paz y yo explor&aacute;bamos los v&iacute;nculos entre la obra pl&aacute;stica y la palabra escrita&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; &iquest;Cu&aacute;les son las caracter&iacute;sticas de tu sistema creativo?</p>
<p>&mdash; Cuando pinto siempre lo hago sobre doce o quince telas al mismo tiempo, para que cada una de ellas tenga un principio; pero los finales se van combinando. No me puedo concentrar en una sola pieza, tengo que tener un margen amplio.</p>
<p>&mdash; &iquest;C&oacute;mo percibes el v&iacute;nculo entre artes pl&aacute;sticas y literatura?</p>
<p>&mdash; Las formas inaugurales de mis cuadros se van transfigurando, de manera que, frecuentemente, los puntos de partida, al igual que los personajes de una ficci&oacute;n, se modifican.</p>
<p>&mdash; Tu vocaci&oacute;n se revel&oacute; de manera precoz.</p>
<p>&mdash; Se manifest&oacute;, lo he dicho en diversas ocasiones, por una obsesiva necesidad de tener en las manos todo tipo de materiales: l&aacute;pices de colores, papeles, tijeras, pegamento &mdash;premura que persiste hasta hoy; a veces creo no haber superado la infancia&mdash;. As&iacute; intent&eacute; imaginar una obra como pintor, como escultor. He aseverado que mis manos me representan desde la infancia: ellas simbolizan toda mi relaci&oacute;n con el mundo.</p>
<p>&mdash; Desde tu llegada a M&eacute;xico en 1949, despu&eacute;s de huir de la Espa&ntilde;a franquista, te convertiste, seg&uacute;n Amanda de la Garza y Cuauht&eacute;moc Medina en su ensayo &laquo;Escrito / Pintado. Vicente Rojo como agente m&uacute;ltiple&raquo;, en &laquo;un triple agente de la cultura mexicana&raquo;.</p>
<p>&mdash; As&iacute; ocurri&oacute;. Me absorbieron el dise&ntilde;o gr&aacute;fico, la edici&oacute;n y la pintura. Todo resultaba meditabundo y ponderado, a la vez se convert&iacute;a en algo impetuoso. Las tres vertientes converg&iacute;an en un punto irrefrenable. Desde lo apacible hasta lo ind&oacute;mito, explor&eacute; sin cesar las tres vetas mencionadas de mi quehacer art&iacute;stico.</p>
<p>&mdash; En 1968 creaste <em>Artefacto</em>. Se trataba de un ejercicio de apropiaci&oacute;n de un exhibidor comercial de libros en el que sustituiste los vol&uacute;menes impresos con cuadros manipulables. Exhibiste <em>Artefacto</em> en la Galer&iacute;a Juan Mart&iacute;n en 1969. &iquest;C&oacute;mo fue la experiencia?</p>
<p>&mdash; Grata. Los espectadores y lectores tomaban los libros-cuadros con la mano para contemplarlos de cerca y manipularlos. La experiencia t&aacute;ctil distorsionaba el acercamiento visual a la pieza o piezas. Tocaban los libros-cuadros como si de vol&uacute;menes reales se hubiese tratado. Buscaba una nueva experiencia est&eacute;tica.</p>
<p>&mdash; En 1967 te enteraste de que Octavio Paz preparaba un estudio sobre Marcel Duchamp, cuyo adelanto se iba a publicar en la <em>Revista de Bellas Artes</em>. V&iacute;a correo le propusiste a Paz, embajador de M&eacute;xico en la India, editar el texto en un libro de artista. &iquest;Qu&eacute; destacas de la colaboraci&oacute;n entre ambos en <em>Marcel Duchamp: libro maleta</em>, publicado por Ediciones Era en 1968?</p>
<p>&mdash; El proyecto creci&oacute;. Conceb&iacute; un objeto pensado como un libro-maleta a la manera de Marcel Duchamp, inserto en una caja con una cubierta en forma de un tablero de ajedrez. Paz qued&oacute; sumamente satisfecho con el resultado. Me escribi&oacute; inmediatamente para comunicarme que Duchamp estar&iacute;a encantado. Mientras se gestaba el libro-maleta, Paz y yo explor&aacute;bamos los v&iacute;nculos entre la obra pl&aacute;stica y la palabra escrita.</p>
<p>&mdash; En 1968 tambi&eacute;n publicaste <em>Discos visuales</em> en Ediciones Era con Octavio Paz. Destacaste el car&aacute;cter l&uacute;dico de la pieza, que contiene los poemas &laquo;Concorde&raquo;, &laquo;Juventud&raquo;, &laquo;Pasaje&raquo; y &laquo;Aspa&raquo;.</p>
<p>&mdash; En marzo de 1968 Octavio Paz, desde la India, me propuso el proyecto de realizar <em>Discos visuales</em>, una manera de poes&iacute;a en movimiento. Paz pensaba en el objeto po&eacute;tico como una creaci&oacute;n operable con las manos, como una aportaci&oacute;n cin&eacute;tica a la poes&iacute;a: el lector mover&iacute;a un objeto como un juguete. Paz hab&iacute;a concebido los <em>Discos visuales</em>, que permitir&iacute;an que los cuatro poemas mutaran, basado en una pieza de promoci&oacute;n de la l&iacute;nea a&eacute;rea Trans World Airlines. El movimiento era esencial. Se trataba de la experimentaci&oacute;n po&eacute;tica de Paz.</p>
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<p><strong>&laquo;Texto e imagen cohabitan los mismos espacios mentales en una vasta gama de correspondencias y complicidades&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; Los investigadores Amanda de la Garza y Cuauht&eacute;moc Medina sugieren que tus libros de artista se cuestionan desde un &aacute;ngulo particular: &laquo;qu&eacute; es un libro&raquo; y &laquo;qu&eacute; puede ser un libro&raquo;. &iquest;Qu&eacute; responder&iacute;as?</p>
<p>&shy;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &mdash; El libro ha sido, es y ser&aacute; &mdash;siempre&mdash; un objeto sensible.</p>
<p>&mdash; Has colaborado con Alfonso Alegre Heitzmann, Mar&iacute;a Baranda, Alberto Blanco, Coral Bracho, Rafael-Jos&eacute; D&iacute;az, Olvido Garc&iacute;a Vald&eacute;s, Hugo Hiriart, David Huerta, B&aacute;rbara Jacobs, Arnoldo Kraus, Miguel Le&oacute;n Portilla, Pura L&oacute;pez Colom&eacute;, Carlos Monsiv&aacute;is, Jaime Moreno Villareal, &Aacute;lvaro Mutis, Jos&eacute; Emilio Pacheco, Fernando del Paso, Octavio Paz, Andr&eacute;s S&aacute;nchez Robayna, Francisco Serrano, Jos&eacute;-Miguel Ull&aacute;n, Nicanor V&eacute;lez, Enrique Vila-Matas y Juan Villoro, entre otros autores, como Joseph de Acosta (Medina del Campo, 1539-Salamanca, 1600), autor de <em>Historia natural y moral de las Indias</em> (1590), cuyo cap&iacute;tulo XXIV del libro tercero, &laquo;De los volcanes o bocas de fuego&raquo;, te cautiv&oacute;. &iquest;De qu&eacute; manera distingues los nexos literarios suscitados en tu quehacer art&iacute;stico?</p>
<p>&mdash; No existe una correspondencia particular o plenamente determinada entre las im&aacute;genes visuales que yo genero y las creaciones textuales de todos los autores que mencionas. Pero evidentemente hay m&uacute;ltiples vasos comunicantes entre los dos planos creativos: el de la pl&aacute;stica y el de la escritura. El trabajo con cada uno de ellos ha sido siempre distinto, pero ha resultado igualmente enriquecedor. El poeta vallisoletano Miguel Casado lo comprendi&oacute; muy bien. Escribi&oacute; que mi obra evita fungir como ilustraci&oacute;n de un texto, elude siempre la traducci&oacute;n visual de lo escrito. En este ejercicio de absoluta independencia yo no ilustro los textos ni &eacute;stos explican la imagen. Texto e imagen cohabitan los mismos espacios mentales en una vasta gama de correspondencias y complicidades.</p>
<p>&mdash; Las llamas <em>obras compartidas</em>.</p>
<p>&mdash; Exactamente. Colaboramos en la creaci&oacute;n de un corpus literario-art&iacute;stico.</p>
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<p><strong>&laquo;Le&oacute;n-Portilla fue la persona que m&aacute;s se aproxim&oacute; &mdash;desde la profunda erudici&oacute;n y la sensibilidad m&aacute;s refinada&mdash; a las complejidades del pensamiento y de las ideas del universo n&aacute;huatl&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; &laquo;La tinta negra y roja es expresi&oacute;n del g&eacute;nero de los difrasismos o vocablos pareados, muy abundantes en n&aacute;huatl, que metaf&oacute;ricamente connotan determinadas ideas y objetos. En este caso el se&ntilde;alamiento se dirige a los libros &mdash;los c&oacute;dices ind&iacute;genas con pinturas y signos gl&iacute;ficos&mdash; y tambi&eacute;n a las pinturas mismas que cubr&iacute;an muros en los templos, palacios y escuelas&raquo;, escribi&oacute; Miguel Le&oacute;n-Portilla. Coral Bracho y Marcelo Uribe aseveran que en <em>La tinta negra y roja. Antolog&iacute;a de poes&iacute;a n&aacute;huatl</em> Miguel Le&oacute;n-Portilla y t&uacute; ofrecieron una idea de la sensibilidad po&eacute;tica que permeaba la mirada de los nahuas. &iquest;Cu&aacute;l fue el origen del proyecto?</p>
<p>&mdash; Le propuse a Miguel Le&oacute;n-Portilla reunir un conjunto de composiciones de la antigua tradici&oacute;n en n&aacute;huatl, traducidas por &eacute;l al espa&ntilde;ol, con una nueva serie de pinturas. Los poemas son de los antiguos nahuas. As&iacute; nos acercamos a la poes&iacute;a n&aacute;huatl, traducida por &eacute;l y pintada por m&iacute;. Le&oacute;n-Portilla fue la persona que m&aacute;s se aproxim&oacute; &mdash;desde la profunda erudici&oacute;n y la sensibilidad m&aacute;s refinada&mdash; a las complejidades del pensamiento y de las ideas del universo n&aacute;huatl. Penetr&oacute; ese mundo como nadie lo ha sabido hacer hasta el d&iacute;a de hoy.</p>
<p>&mdash; &iquest;C&oacute;mo fue el desarrollo del lenguaje visual utilizado en <em>La tinta negra y roja</em> con Miguel Le&oacute;n-Portilla?</p>
<p>&mdash; Alguna vez escrib&iacute; que en realidad me hubiera gustado ser un an&oacute;nimo iluminador de manuscritos rom&aacute;nicos, aislado en alguna lejana monta&ntilde;a europea, o un tlacuilo dibujante y escritor &mdash;que en esa &eacute;poca eran lo mismo&mdash; de c&oacute;dices prehisp&aacute;nicos, oculto en la selva o en los llanos del territorio que m&aacute;s tarde se llamar&iacute;a M&eacute;xico. Ese es el origen del lenguaje visual utilizado en <em>La tinta negra y roja</em>. Me sent&iacute; como un dibujante y escritor de c&oacute;dices.</p>
<p>&mdash; En &laquo;Ordenar, destruir&raquo; Sergio Pitol evoc&oacute; dos grandes d&iacute;pticos llamados&nbsp;<em>C&oacute;dices</em>. En el primero rige la perturbaci&oacute;n. En el segundo&nbsp;<em>C&oacute;dice</em>&nbsp;la armon&iacute;a se ha recuperado. &laquo;Pero la paz recuperada dista mucho de ser la de los sepulcros. Rojo, el demiurgo, puede sentirse satisfecho. Sigue existiendo un ritmo. De la luz y el color se desprende una vibraci&oacute;n precisa y delicada&raquo;.</p>
<p>&mdash; Los <em>C&oacute;dices</em> destacados por Sergio Pitol contienen un sinn&uacute;mero de elementos pict&oacute;ricos que permiten una lectura similar a la que propician los fascinantes c&oacute;dices prehisp&aacute;nicos.</p>
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<p><strong>&laquo;Cuando Cardoza y Arag&oacute;n contempl&oacute; mi obra recurri&oacute; a Apollinaire para describir mi quehacer art&iacute;stico&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; &laquo;La veta que Rojo explora est&aacute; hecha de armon&iacute;as intuitivas o calculadas por sensibilidad para principios de las estructuras abstractas &mdash;proporciones, ritmos, contrastes&mdash;: unidad y equilibrio. La forma conquista plena autonom&iacute;a y m&aacute;s que lo original, lo originario&raquo;, escribi&oacute; Luis Cardoza y Arag&oacute;n en <em>Pintura contempor&aacute;nea de M&eacute;xico</em>. &iquest;C&oacute;mo recuerdas a Cardoza y Arag&oacute;n?</p>
<p>&mdash; Fue un hombre muy perspicaz. Luis Cardoza y Arag&oacute;n afirm&oacute; que la poes&iacute;a es la &uacute;nica prueba concreta de la existencia del hombre. Cuando Cardoza y Arag&oacute;n contempl&oacute; mi obra recurri&oacute; a Apollinaire para describir mi quehacer art&iacute;stico: me dijo y posteriormente escribi&oacute; &mdash;cito de memoria&mdash; que yo pinto conjuntos con elementos nuevos nunca tomados de la realidad visual, sino creados completamente por m&iacute; y dotados de poderosa realidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;La lluvia y los volcanes son dis&iacute;miles pero nunca son excluyentes&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; Has abordado naturalezas diferentes: la lluvia y los volcanes. &iquest;C&oacute;mo distingues las series dedicadas a ambos fen&oacute;menos?</p>
<p>&mdash; La lluvia y los volcanes son dis&iacute;miles pero nunca son excluyentes.</p>
<p>&mdash; En tus <em>Volcanes</em> convergen distintas perspectivas. &iquest;Qu&eacute; te atrae de ellos?</p>
<p>&mdash; Los volcanes tienen una imagen sumamente atractiva. Resultan siempre contradictorios porque son muy bellos pero a la vez pueden causar mucho dolor tras una erupci&oacute;n catastr&oacute;fica.</p>
<p>&mdash; &iquest;Cu&aacute;l es el origen de la serie&nbsp;<em>M&eacute;xico bajo la lluvia</em>, en la que percibo unidad y equilibrio, palabras utilizadas previamente por Cardoza y Arag&oacute;n?</p>
<p>&mdash; Tiene su origen en un viaje a Tonantzintla. Acompa&ntilde;&eacute; a Miguel Prieto al Observatorio a pintar un mural. Es el recinto donde el astr&oacute;nomo Guillermo Haro descubr&iacute;a estrellas Novas. Desde la colina se ve&iacute;a el valle de Cholula y vi dos lluvias: una a la izquierda del valle y otra a la derecha. Nunca hab&iacute;a visto dos lluvias simult&aacute;neamente. Ve&iacute;a que ambas avanzaban y retroced&iacute;an. Qued&eacute; estupefacto. Realic&eacute; notas en 1964, pero comenc&eacute; a pintar la serie en Par&iacute;s en 1980.</p>
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<p><strong>&laquo;En el sue&ntilde;o me convierto en un ni&ntilde;o&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; El gesto sin fin del arte se manifiesta tambi&eacute;n de manera on&iacute;rica. Abordas la vida secreta de los sue&ntilde;os. Tienes uno recurrente que sucede en un extraordinario y remoto escenario cercano al mar. &iquest;C&oacute;mo es el sue&ntilde;o?</p>
<p>&mdash; En el sue&ntilde;o me convierto en un ni&ntilde;o. Es de gran intensidad visual. Constituye una parte de los escenarios que, como un murmullo constante, atesoro en mi memoria.</p>
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<p><strong>&laquo;Percibo, sin duda, los dos vol&uacute;menes &mdash;<em>Diario abierto</em> y <em>Puntos suspensivos</em>&mdash; como una forma de constancia de vida&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; &laquo;S&oacute;lo perdura lo esencial&raquo;, escribiste en <em>Diario abierto</em>. En ese libro maravilloso abundan las frases afor&iacute;sticas.</p>
<p>&mdash; Otros destacados son: &laquo;Estoy lejos de conseguir la imagen que persigo&raquo; y &laquo;crear zonas de sombra y duda es lo que da sentido al arte&raquo;. Esas frases casi afor&iacute;sticas funcionan tambi&eacute;n en <em>Puntos suspensivos. Escenas de un autorretrato</em>, la automonograf&iacute;a de 432 p&aacute;ginas en las que se despliegan m&uacute;ltiples im&aacute;genes de mi trabajo en pintura y escultura. No se acaba nunca de aprender, de descubrir, de inventar, de reinventar.</p>
<p>&mdash; En <em>Diario abierto</em> revelas tus &laquo;v&iacute;as de escape&raquo;: <em>La diligencia</em> de John Ford, <em>Enamorada</em> de Emilio Fern&aacute;ndez y Gabriel Figueroa, <em>Coraz&oacute;n. Diario de un ni&ntilde;o</em> de Edmundo de Amicis, <em>Cumbres borrascosas</em> de Emily Bront&euml;, los hermanos Marx, Alfred Hitchcock, William Somerset Maugham, Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s e Ingrid Bergman.</p>
<p>&mdash; Quer&iacute;a vivir sin salir de la isla que era mi casa, realizar una especie de viaje alrededor de mi cuarto, a trav&eacute;s de dos libros que fueron mi refugio: <em>La isla misteriosa</em> de Jules Verne y <em>Robinson Crusoe</em> de Daniel Defoe, relato del n&aacute;ufrago enfrentado a la adversidad con gran imaginaci&oacute;n y eficacia.</p>
<p>&mdash; En el libro expresas que el origen de todo tu trabajo est&aacute; en tus dos infancias.</p>
<p>&mdash; Claro. Mi primera infancia, en mi Barcelona natal, est&aacute; construida en el recuerdo como un c&uacute;mulo de experiencias que fueron muy dif&iacute;ciles para m&iacute;. La segunda parte de mi juventud data de 1949, cuando llegu&eacute; a M&eacute;xico y la vida cambi&oacute;: se me ilumin&oacute;. Gradualmente comenc&eacute; mi desarrollo cultural como un mexicano ansioso de formarse.</p>
<p>&mdash; &laquo;Se dice que toda la obra de un creador, sea escritor o artista, es en realidad una forma de autobiograf&iacute;a&raquo;, escribiste en <em>Diario abierto</em> y en <em>Puntos suspensivos. Escenas de un autorretrato</em>.</p>
<p>&mdash; <em>Puntos suspensivos</em>, antolog&iacute;a de mi trabajo como pintor y escultor, se titula as&iacute; porque siempre quiero creer que mi obra sigue en proceso. Percibo, sin duda, los dos vol&uacute;menes &mdash;<em>Diario abierto</em> y <em>Puntos suspensivos</em>&mdash; como una forma de constancia de vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;He tratado de hacer una suerte de geometr&iacute;a, respetada por un lado y enriquecida por otro, sometida a nuevas pruebas visuales&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; En &laquo;&iquest;Rojo o rom&aacute;ntico?&raquo; Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez escribi&oacute;: &laquo;No era f&aacute;cil relacionar su complejidad con la pureza geom&eacute;trica de sus cuadros&raquo;.</p>
<p>&mdash; En ese extraordinario texto Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez asever&oacute; que siempre me he resistido a ser el &laquo;rom&aacute;ntico espl&eacute;ndido&raquo; que &eacute;l reconoc&iacute;a en m&iacute;. Fue enf&aacute;tico en la geometr&iacute;a como realidad pura de mi trabajo.</p>
<p>&mdash; En cada aspecto hay un principio geom&eacute;trico, todo posee una geometr&iacute;a intr&iacute;nseca. &iquest;C&oacute;mo lo percibes?</p>
<p>&mdash; Uso la geometr&iacute;a como un lenguaje: el que est&aacute; en los or&iacute;genes. He tratado de hacer una suerte de geometr&iacute;a, respetada por un lado y enriquecida por otro, sometida a nuevas pruebas visuales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;Desde ni&ntilde;o, la conciencia del alborozo inseparable del dolor ha normado mi vida y mi trabajo&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; Otro lenguaje es el de la memoria. Construyes el pasado. Tu primer recuerdo se remonta al 19 de julio de 1936. Empiezas a ver el mundo a partir de esa doble imagen que tiene, seg&uacute;n la miras en aquel momento, &laquo;unidos en una sola visi&oacute;n el sentido de la fiesta y la tragedia&raquo;.</p>
<p>&mdash; La primera visi&oacute;n que guardo, como he dicho varias veces, es de mis cuatro a&ntilde;os. Recuerdo la reacci&oacute;n que hubo en Barcelona frente al alzamiento militar de Franco. Yo lo ve&iacute;a todo a trav&eacute;s de la ventana de mi casa. Sobre el Paseo de San Juan se abre paso una imagen fuerte, n&iacute;tida en t&eacute;rminos pl&aacute;sticos: los camiones que pasaban con gente gritando o cantando mientras levantaba armas y banderas. Comienzo a ver el mundo a partir de esa doble imagen que tiene &mdash;tal como evoco en el <em>Diario abierto</em>&mdash;, unidos en una sola visi&oacute;n el sentido de la celebraci&oacute;n y la tragedia. No olvido los brillantes colores, la euforia popular y, al mismo tiempo, est&aacute; la presencia de las armas. Desde ni&ntilde;o, la conciencia del alborozo inseparable del dolor ha normado mi vida y mi trabajo.</p>
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<p><strong>&laquo;Recuerdo mi primer acercamiento al papel a mis cuatro a&ntilde;os&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; En el texto &laquo;Hacer mella, cicatrizar, construir&raquo; Jos&eacute;-Miguel Ull&aacute;n cita un pasaje de Paracelso, m&eacute;dico que naci&oacute; en Einsiedeln, Suiza, en 1493: &laquo;La imaginaci&oacute;n es un universo en miniatura que puede crear sus formas invisibles y &eacute;stas materializarse&raquo;.</p>
<p>&mdash; Celebro que recuerdes ese extraordinario pasaje citado por Jos&eacute;-Miguel Ull&aacute;n, ya que Paracelso fue m&eacute;dico en el siglo XVI. Yo colaboro con Arnoldo Kraus, m&eacute;dico y escritor.</p>
<p>&mdash; Realizas con Arnoldo Kraus un formidable proyecto: <em>Apolog&iacute;as</em>. Es una serie literaria-visual compuesta por <em>Apolog&iacute;a del l&aacute;piz</em>, <em>Apolog&iacute;a del libro</em>, <em>Apolog&iacute;a de las cosas</em>, <em>Apolog&iacute;a del polvo</em> y <em>Apolog&iacute;a del papel</em>.</p>
<p>&mdash; Trabajamos bajo una premisa: las cosas, como las ideas y las palabras, tienen bagaje y memoria, acumulan historias. Cambiamos la palabra di&aacute;logo por la palabra danza. Una danza entre palabras e im&aacute;genes.</p>
<p>&mdash; <em>Apolog&iacute;a del papel</em> es el quinto libro de su proyecto dual. Subray&eacute; el siguiente pasaje de Kraus: &laquo;El papel abriga. Humaniza. Acerca. Abraza. Casa existencial para poetas, escritores, pintores&raquo;. &iquest;C&oacute;mo recuerdas tu primer contacto con el papel?</p>
<p>&mdash; Recuerdo mi primer acercamiento al papel a mis cuatro a&ntilde;os. En aquellos d&iacute;as ya me gustaba tener en las manos l&aacute;pices para trazar sobre &eacute;l algo que, obviamente, no llegaba a ser un dibujo. Pero ah&iacute; sigo, hasta la fecha. Tiempo despu&eacute;s ya me animaba a tratar de dibujar un caballo. Pero no sab&iacute;a hacerlo. Sigo igual, tambi&eacute;n hasta la fecha.</p>
<p>&mdash; Admiras el papel de china picado. Cito a Kraus: &laquo;Armado con tijeras, pegamentos y c&uacute;ters, Vicente Rojo dot&oacute; a las palabras de im&aacute;genes, cuyos trazos, per se, invitan.&raquo; &iquest;C&oacute;mo dilucidas esa invitaci&oacute;n?</p>
<p>&mdash; Desde que llegu&eacute; a M&eacute;xico y conoc&iacute; las fiestas en las que por encima de nuestras cabezas bailaba el papel de china, me sent&iacute; atra&iacute;do por &eacute;l. Me fascinaba igualmente si la fiesta era en un recinto cerrado que en la calle, por su geometr&iacute;a y sus colores. Era un verdadero alarde de la cultura popular.</p>
<p>&mdash; &laquo;Poes&iacute;a y ficci&oacute;n no son dogmas: las cosas sienten, viven en uno y con uno. Cobran vida al ser usadas. As&iacute; el papel&raquo;, dice Kraus. &iquest;De qu&eacute; manera sientes que el papel cobra vida cuando comienzan a utilizarlo?</p>
<p>&mdash; El papel me ha seguido acompa&ntilde;ando a lo largo de la vida. Y no &uacute;nicamente en mi trabajo con libros o revistas o carteles. Aun cuando Kraus dice que el papel cobra vida al usarlo, para m&iacute; ha sido siempre la vida misma. Y, por lo tanto, la representaci&oacute;n en s&iacute; de la poes&iacute;a.</p>
<p>&mdash; &laquo;La memoria encontr&oacute; una nueva morada y las ideas un h&aacute;bitat privilegiado&raquo;, escribi&oacute; Kraus sobre el origen del papel. &iquest;De qu&eacute; manera concibes el papel como soporte de recuerdos e ideas?</p>
<p>&mdash; El papel ha sido siempre el soporte de los monumentos que son los libros, en los que se ha reunido de manera &laquo;privilegiada&raquo; &mdash;la palabra es de Kraus&mdash; nada menos que la memoria y las ideas que nos abren al futuro.</p>
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<p><strong>&laquo;<em>Versi&oacute;n celeste</em> fusiona el arte con m&eacute;todos t&eacute;cnicos <em>d&rsquo;avant-garde</em>&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; El simbolismo del papel est&aacute; ligado a la escritura, dibujo y pintura que&nbsp;<em>recibe</em>, recuerda el egipt&oacute;logo Georges Posener. La esencia de ese material deton&oacute;<em>&nbsp;Apolog&iacute;a del papel</em>. Del griego&nbsp;<em>p&aacute;pyros</em>, que dio la palabra &laquo;papel&raquo;, asevera Posener, el papiro es un&nbsp;<em>equivalente&nbsp;</em>del libro. La apolog&iacute;a de ese material primigenio coincide con la celebraci&oacute;n de la luz artificial &mdash;uno de los s&iacute;mbolos de la modernidad&mdash; que implica tu pieza titulada<em>&nbsp;Versi&oacute;n celeste</em>. Se trata de &laquo;la obra luminosa de Vicente Rojo en el Monte de Piedad&raquo;, como se lee en el subt&iacute;tulo del cat&aacute;logo realizado por el sello El Viso en 2019. Al encenderse, el vitral<em>&nbsp;cobra vida</em>. Al observar tu pieza luminosa pienso en una m&aacute;xima del autor franc&eacute;s Andr&eacute; Virel: &laquo;Dej&aacute;ndonos atraer por ella entramos en un camino que parece poder conducir m&aacute;s all&aacute; de la luz, es decir, m&aacute;s all&aacute; de toda forma, pero tambi&eacute;n m&aacute;s all&aacute; de toda sensaci&oacute;n y noci&oacute;n&raquo;. El pasaje ofrece una luz que se relaciona directamente con la evoluci&oacute;n de tu obra. En 2019 demostraste tu pasi&oacute;n por los dos m&eacute;todos creativos y te expresaste a trav&eacute;s de ambos: el papel antiqu&iacute;simo y un vitral iluminado con tecnolog&iacute;a novedosa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &mdash; El vitral lum&iacute;nico<em>&nbsp;Versi&oacute;n&nbsp;celeste</em> ocupa el plaf&oacute;n del patio central de la casa matriz de Nacional Monte de Piedad. Los bocetos se transformaron en una estructura programada con tecnolog&iacute;a de punta. Pedro Romero de Terreros G&oacute;mez Mor&iacute;n &mdash;patrono secretario de esa instituci&oacute;n de asistencia privada y descendiente del fundador&mdash;, acompa&ntilde;ado por los arquitectos Armando Ch&aacute;vez y Gustavo Avil&eacute;s, me propusieron la creaci&oacute;n del vitral. La tarea era crear un cielo en movimiento, una b&oacute;veda celeste pero geom&eacute;trica, hecha de aluminio, luz y cristal. La periodista e historiadora Claudia Itzkowich lo abord&oacute; muy bien en el cat&aacute;logo. Vicente Rojo Cama &mdash;mi hijo, dise&ntilde;ador, fot&oacute;grafo y m&uacute;sico&mdash;, Karla Le&oacute;n &mdash;artista de la luz din&aacute;mica&mdash;, Avil&eacute;s y Ch&aacute;vez trabajaron arduamente.</p>
<p>&mdash; Itzkowich admira el vitral: es una autor&iacute;a tuya con &laquo;una tecnolog&iacute;a s&uacute;per avanzada en control y en sistemas de iluminaci&oacute;n&raquo;. Ella destaca tus habilidades y las de tu equipo &laquo;para utilizar las m&aacute;s finas t&eacute;cnicas contempor&aacute;neas con el fin de transformar la atm&oacute;sfera mediante nuevas configuraciones de los mismos elementos b&aacute;sicos: luz, cristal y color&raquo;.</p>
<p>&mdash; <em>Versi&oacute;n celeste</em>&nbsp;fusiona el arte con m&eacute;todos t&eacute;cnicos<em>&nbsp;d&rsquo;avant-garde</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;Las cosas nos dan identidad. Es el origen de mi <em>Autorretrato</em>. Las cosas cobran vida en nuestros recuerdos. Nosotros otorgamos significados&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; La reproducci&oacute;n de <em>Autorretrato</em> &mdash;t&eacute;cnica mixta sobre madera, 140 x 140 cm, 2016&mdash; est&aacute; en las p&aacute;ginas centrales de <em>Apolog&iacute;a de las cosas</em>. La Galer&iacute;a L&oacute;pez Quiroga, en Polanco, Ciudad de M&eacute;xico, alberg&oacute; <em>Abecedario</em>. Pinturas, esculturas, libros, grabados y el <em>Autorretrato</em>, es decir, estructuras o sistemas propios de la formalidad art&iacute;stica, elementos de tu lenguaje, compusieron la muestra. Laura &mdash;mi esposa&mdash; y yo llegamos a la sala donde se exhibi&oacute; <em>Autorretrato</em>. Signos. Objetos usados, cosas que igualmente pueden interpretarse en clave simb&oacute;lica. L&aacute;pices de colores, soldaditos de juguete, aviones en miniatura, tubos de pintura vac&iacute;os, diversos instrumentos de medici&oacute;n y trazo &mdash;que bien podr&iacute;an ser de navegaci&oacute;n&mdash;: reglas, transportadores, compases. La nostalgia envuelve tambi&eacute;n a Jos&eacute; Emilio Pacheco y a Carlos Fuentes, evocados con botones promocionales. Est&aacute;n tus lentes, instrumento primordial de tu quehacer; el espacio alberga postales, fotograf&iacute;as, recortes, brochas, tijeras, naipes, letras, un flex&oacute;metro. Una mezcla de texturas y colores. Plumas, canicas, crayones y piezas de rompecabezas dentro de un rompecabezas; pinceles de distintos grosores, un sello, clips, pinzas de madera, n&uacute;meros y letras impresos en diversos materiales. Tu firma est&aacute; deletreada con cubos de madera. Laura advirti&oacute; que todos esos fragmentos poseen algo en com&uacute;n: la guerra contra el olvido, la relaci&oacute;n con el pasado. Ella tambi&eacute;n te percibe como <em>homo ludens</em>: alguien que ve en el juego una funci&oacute;n cardinal como el pensamiento, seg&uacute;n el historiador holand&eacute;s Johan Huizinga. &iquest;Cu&aacute;l es el origen de tu<em> Autorretrato</em>?</p>
<p>&mdash; Las cosas nos dan identidad. Es el origen de mi <em>Autorretrato</em>. Las cosas cobran vida en nuestros recuerdos. Nosotros otorgamos significados. La pieza no representa mi rostro, sino objetos que pertenecen a diversas &eacute;pocas de mi vida. El juego &mdash;como dijo Laura, tu esposa, con mucha raz&oacute;n&mdash; es inherente a la concepci&oacute;n del <em>Autorretrato</em>. Los crayones, las plumas, los naipes, las piezas de rompecabezas, las canicas son s&iacute;mbolos de la parte l&uacute;dica de la existencia. Son elementos de mi lenguaje art&iacute;stico. Estoy de acuerdo con los planteamientos de Johan Huizinga. Las im&aacute;genes tradicionales del <em>homo sapiens</em> y el <em>homo faber</em> son insuficientes para explicar la complejidad del pensamiento. El car&aacute;cter l&uacute;dico de la cultura es percibido por el <em>homo ludens</em>.</p>
<p>&mdash; En un texto de <em>Cuaderno de escritura</em> Salvador Elizondo se aproxim&oacute; a la idea de lo l&uacute;dico en tu obra: &laquo;La pintura de Vicente Rojo se inscribe ya, ajust&aacute;ndose a ella con una congruencia perfecta, dentro de la extensi&oacute;n precisa de lo que abarca el mirar la pintura como una operaci&oacute;n o un juego puros&raquo;.</p>
<p>&mdash; Para Salvador Elizondo la forma resultaba una especie de ideal, en la que destac&oacute; un juego puro. Dijo que en mi obra el color mismo &mdash;trascendente en su mirada po&eacute;tica, en su concepci&oacute;n literaria del arte&mdash; es la m&aacute;s clara escritura de la emoci&oacute;n que genera la constataci&oacute;n de la forma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;El circo representa nuestra vida cotidiana: la belleza y el riesgo existentes&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; Contin&uacute;o con el car&aacute;cter l&uacute;dico de tu obra. La relectura de &laquo;Circo de noche&raquo; de Jos&eacute; Emilio Pacheco &mdash;conjunto de doce poemas publicado en el libro <em>El silencio de la Luna</em>&mdash; inspir&oacute; la exposici&oacute;n <em>Circo dormido</em>. Y el libro <em>Circos</em> contiene los poemas de Pacheco y tus construcciones fotografiadas por Vicente Rojo Cama, tu hijo, quien dise&ntilde;&oacute; el volumen. Tus im&aacute;genes y construcciones representan al circo una vez que los personajes de Pacheco ya han actuado y el circo se ha quedado dormido, en semioscuridad. Las construcciones fueron fotografiadas de noche, con luces especiales, para completar los poemas de Pacheco y, a su vez, crear una suerte de distancia.</p>
<p>&mdash; Quise dar la imagen de aquello que viene despu&eacute;s de la vitalidad y riesgo de una funci&oacute;n circense que ha lucido, emocionado, conmovido e inquietado: el circo que queda a la espera de la siguiente funci&oacute;n.</p>
<p>&mdash; &iquest;C&oacute;mo fue detonado el recuerdo?</p>
<p>&mdash; La construcci&oacute;n de los escenarios ocurri&oacute; como yo hac&iacute;a las cosas de peque&ntilde;o. Cuando era ni&ntilde;o me resultaba muy dif&iacute;cil obtener juguetes, por lo tanto ten&iacute;a que fabricarlos. Me vi construyendo los juguetes que hac&iacute;a de ni&ntilde;o, aunque en este caso son juguetotes.</p>
<p>&mdash; &iquest;C&oacute;mo sucede tu investigaci&oacute;n visual?</p>
<p>&mdash; Recuerdo que a un ni&ntilde;o que hab&iacute;a dibujado algo se le pregunt&oacute; &laquo;c&oacute;mo hiciste esto&raquo;, a lo que respondi&oacute; &laquo;lo hice de memoria&raquo;. Todo lo que he hecho a lo largo de mi vida ha sido &laquo;de memoria&raquo;. Tengo referencias muy concretas, no las reviso, no las repaso, no recupero im&aacute;genes, sino simplemente recuerdo c&oacute;mo eran, y a partir del recuerdo de las formas yo trabajo.</p>
<p>&mdash; &iquest;De qu&eacute; manera relacionas al circo con el espect&aacute;culo de la vida?</p>
<p>&mdash; Es un escenario paralelo. El circo representa nuestra vida cotidiana: la belleza y el riesgo existentes. Nos estamos viendo en el circo, somos nosotros mismos. El circo es un espect&aacute;culo alegre, divertido, din&aacute;mico, actuado por cirqueros que tienen los problemas que tenemos todos los dem&aacute;s. Ocurre un juego de espejos entre el espect&aacute;culo y lo que est&aacute; dentro del espect&aacute;culo.</p>
<p>&mdash; &iquest;Por qu&eacute; decidiste entablar un di&aacute;logo con los poemas de Pacheco?</p>
<p>&mdash; Siempre he sido cercano a su poes&iacute;a. Lo consult&eacute; con Jos&eacute; Emilio; me dijo que el conjunto ten&iacute;a una unidad muy especial y que le gustar&iacute;a que yo hiciera algo. Pens&eacute; que una serie de im&aacute;genes sobre papel no era lo &uacute;nico que quer&iacute;a realizar. Empec&eacute; a ver elementos que ten&iacute;a en mi estudio para hacer construcciones. Cre&iacute; que ser&iacute;an pocas, pero me di cuenta de que cada poema necesitaba una imagen abstracta, pero con referencias visuales concretas.</p>
<p>&mdash; &iquest;C&oacute;mo ocurre el juego de espejos entre las construcciones que aparecen fotografiadas en el libro y los gouaches de la exposici&oacute;n?</p>
<p>&mdash; Las dos series de elementos son opuestas y complementarias. Los gouaches fueron hechos a la par de las construcciones. Las construcciones cumplieron una funci&oacute;n muy precisa para el libro; realic&eacute; los gouaches con mayor libertad, abordando temas que no necesariamente est&aacute;n en el volumen. Es un juego de enfrentamiento, de oposici&oacute;n y de complemento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;En</strong><strong> </strong><strong><em>Rumbo al exilio final</em></strong><strong> B&aacute;rbara [Jacobs] escribi&oacute; sobre la existencia&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; B&aacute;rbara Jacobs, escritora excepcional y tu pareja, afirma: &laquo;Aqu&iacute; estoy otra vez, deseosa de aprender, adivinar, intuir c&oacute;mo logra Vicente Rojo ser una persona invariablemente de buen coraz&oacute;n, incapaz de herir voluntariamente a nadie, por ninguna raz&oacute;n, bajo ninguna circunstancia, aun cuando lo que fuera que en este sentido pidiera una respuesta suya se tratara de un ataque frontal. &iquest;C&oacute;mo logra Vicente responder con serenidad? Inclusive con una sonrisa. A todo. Siempre. No digo que ponga la otra mejilla, porque en esas situaciones lo que hace es, m&aacute;s bien, repito, sonre&iacute;r. Tampoco digo que no sea ingenioso y que, por lo tanto, no sea capaz de responder a la altura y hasta con creces a algo que lo pudiera molestar, incluso sublevar, o aun entristecer, porque sensible es y porque ingenioso es. Vicente es sumamente sensible; basta conocer su trato, o basta conocer su trabajo para confirmarlo, adem&aacute;s confirmarlo con &eacute;nfasis. Y Vicente es altamente ingenioso, desplegadamente ingenioso, muy desarrolladamente ingenioso, intuitivamente, instintivamente. Pero estas respuestas cargadas de ingenio que da (es decir, cargadas de malicia en su significado de picard&iacute;a, de travesura; es decir, cargadas de una magistral combinaci&oacute;n de humor con inteligencia) no las practica sino con quienes &eacute;l sabe que son capaces de reconocerlas como lo que son, juegos, juegos del intelecto, divertidos, alegres, hasta hilarantes&raquo;.</p>
<p>&mdash; Me alegra mucho que cites a B&aacute;rbara. Ella es experta en la combinaci&oacute;n del humor con inteligencia. Recuerdo que la entrevistaste hace tiempo y conversaron, entre muchos temas, sobre su libro <em>Nin re&iacute;r. La risa a lo largo de la historia, la ciencia, el arte, mi vida y la literatura</em>. En <em>Rumbo al exilio final</em> B&aacute;rbara escribi&oacute; sobre la existencia, sobre c&oacute;mo empez&oacute; a leer, cu&aacute;ndo comenz&oacute; a escribir, qu&eacute; lecturas la cautivaron, qu&eacute; personas le dieron momentos radiantes y qu&eacute; experiencias la han guiado en el camino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&laquo;Es el resplandor de las estrellas inherente a la poes&iacute;a&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; Cuentas que debes a la generosidad de Fernando Ben&iacute;tez la presentaci&oacute;n de tu primera exposici&oacute;n de pintura en 1958, hace m&aacute;s de seis d&eacute;cadas, en la que te defini&oacute; como un joven &laquo;tierno y l&iacute;rico, a veces desgarrado y violento&raquo;, y te atribuy&oacute; &laquo;la aurora, la inconformidad, la esperanza&raquo;.</p>
<p>&mdash; Fue una presentaci&oacute;n apasionante. Fernando Ben&iacute;tez escribi&oacute; esas generosas palabras cuando yo era joven.</p>
<p>&mdash; Yo te atribuyo la libertad y las estrellas que iluminan la densidad sombr&iacute;a del bosque que intentamos atravesar todos los d&iacute;as.</p>
<p>&mdash; Gracias. Tus palabras tambi&eacute;n son generosas.</p>
<p>&mdash; &iquest;C&oacute;mo fue tu selecci&oacute;n crom&aacute;tica para <em>Apolog&iacute;a del polvo</em>, uno de los libros realizados con Arnoldo Kraus?</p>
<p>&mdash; Pens&eacute;, al tratar el tema del polvo, que deb&iacute;a manejar tonos grises, usar el negro, dar una perspectiva l&uacute;gubre. Pero el texto de Kraus es luminoso. Por lo tanto, esa luz me permiti&oacute; pensar en lo colorido, en el polvo de estrellas. Los astros siempre tienen colores, las estrellas son luminosas. Eso plasm&eacute;. Muchos pensadores dicen que somos polvo de estrellas.</p>
<p>&mdash; &iquest;De qu&eacute; manera percibes la po&eacute;tica inherente a las estrellas?</p>
<p>&mdash; Mi padre lleg&oacute; a M&eacute;xico a&ntilde;os antes de que yo lo lograra. En Barcelona yo ve&iacute;a las estrellas pensando en que mi padre ve&iacute;a en M&eacute;xico las mismas estrellas que yo percib&iacute;a. Hay una canci&oacute;n titulada &laquo;Polvo de estrellas&raquo; que yo escuchaba en mi juventud. Tambi&eacute;n recuerdo <em>Mujeres alcanzando la luna</em> y <em>Hombre contemplando el firmamento</em>, piezas extraordinarias de Rufino Tamayo en las que las estrellas nos iluminan desde el cielo.</p>
<p>&mdash; En el ensayo &laquo;Un par&eacute;ntesis que se abre sin cesar&raquo; el pintor italiano Valerio Adami &mdash;nacido en Bolonia en 1935 y expositor reciente en The Mayor Gallery de Londres&mdash; explora la complejidad soterrada de tu expresi&oacute;n po&eacute;tica.</p>
<p>&mdash; Es el resplandor de las estrellas inherente a la poes&iacute;a. Cuando entr&eacute; a formar parte de El Colegio Nacional como creador y recreador de im&aacute;genes &mdash;es el medio en el que yo trabajo, no lo es la palabra&mdash; dije que era doloroso, porque mis ideas, m&aacute;s all&aacute; de las que logro concretar en el &aacute;mbito de las artes pl&aacute;sticas, nunca han hallado las palabras apropiadas para expresarse. En diversas ocasiones he sostenido que por un verso de un poema me atrever&iacute;a a cambiar toda mi obra.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 03 Mar 2021 05:32:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Álvaro Valverde: “La poesía necesita poco para ser”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/alvaro-valverde-la-poesia-necesita-poco-para-ser/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2021/ALVARO_VALVERDE_3.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;No importa qu&eacute; libro abras, siempre encontrar&aacute;s un molino. El mismo que, en ruinas, adquirieron sus suegros entre La Vera y el Valle del Jerte. En ese para&iacute;so han transcurrido muchas horas de su vida. El molino fue reformado y convertido en una casa habitable, aunque prosigue sin luz el&eacute;ctrica. Un motor suple la necesidad. En aquel terreno aprendieron sus hijos a caminar, ha le&iacute;do todo lo que ha podido y ha escrito bastante, a veces <em>en caliente</em>, otras rememorando momentos pasados. Y no importa qu&eacute; libro abras, siempre encontrar&aacute;s Plasencia, una ciudad peque&ntilde;a rodeada de campo. No ha ido, pues, lejos a descubrirlo, de hecho, no se ha movido del espacio que describen sus murallas. El campo siempre estuvo al alcance de la mano, o del pie, que &eacute;l es un caminante, y m&aacute;s a&uacute;n: sabe lo que es hacerse a pata los treinta kil&oacute;metros que distan de Herv&aacute;s, subiendo y bajando por la sierra. Aprendi&oacute; a recorrer el campo de ni&ntilde;o, con su padre. Para &Aacute;lvaro Valverde, ciudad y naturaleza son conceptos que hablan de lo mismo, lugares en los que encontrar el silencio y sentirse extranjero. &ldquo;Basta con apartarse un poco de los otros, / con no participar de sus costumbres, / con ejercer sin m&aacute;s de solitario&rdquo; &ndash;&lsquo;Destierro&rsquo;-. La suya no es una naturaleza id&iacute;lica. Hay &aacute;rboles, no personas. Paisaje. Hablamos de un estado an&iacute;mico.</p>
<p>- Un novelista urbano y un poeta de la naturaleza. &iquest;D&oacute;nde, la persona?</p>
<p>- En poes&iacute;a, no distingo personaje poem&aacute;tico de persona. En la novela, s&iacute;, aunque nunca me he considerado novelista. Los poetas que m&aacute;s sigo suelen hablar desde lo autobiogr&aacute;fico, o cerca de lo autobiogr&aacute;fico. El poeta, dijo Valente, se constituye en torno a dos reinos: la memoria y la visi&oacute;n -yo prefiero decir mirada-. Bien, pues tanto mi mirada, en lo fundamental, como mi memoria est&aacute;n relacionadas con la naturaleza, que, en el caso de Plasencia, es lo mismo que la ciudad.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;La modernidad la dan el lenguaje y la concepci&oacute;n del poema, no el decorado&rdquo;</strong></p>
<p>- La naturaleza no es un mundo frecuentado en la poes&iacute;a espa&ntilde;ola.</p>
<p>- Est&aacute; mal visto. Nos acusan de agropecuarios. Ahora no tanto, desde que existe la Espa&ntilde;a vaciada o vac&iacute;a -yo prefiero vac&iacute;a-. No es tan peligroso. Se ha puesto en valor el medio natural. Algunas poetas est&aacute;n haciendo carrera con la cosa campestre. La poes&iacute;a no es antigua por que hable del campo; la que habla de taxis, avenidas y sem&aacute;foros tampoco es necesariamente moderna; la modernidad la dan el lenguaje y la concepci&oacute;n del poema, no el decorado.</p>
<p>- En otros pa&iacute;ses no existe ojeriza.</p>
<p>- Por eso me atrae la poes&iacute;a inglesa. Los rom&aacute;nticos, con Wordsworth a la cabeza, y de ah&iacute; en adelante: Tomlinson, Heaney... All&iacute; los poetas han seguido hablando del campo con naturalidad pasmosa. Pero tambi&eacute;n en Italia; en Estados Unidos no digamos.</p>
<p>- De entre los varios tipos de naturaleza, elige la deshabitada.</p>
<p>- Tiene una explicaci&oacute;n: nunca tuve pueblo por parte de padre o madre, lo que me hace distinguir entre rural y campestre. Mi poes&iacute;a puede ser de la naturaleza, pero nunca, por suerte o por desgracia, rural.</p>
<p>- &iquest;Rural no es un concepto administrativo, entonces?</p>
<p>- Entiendo rural como la vida propia del pueblo, donde hay civilizaci&oacute;n. Y yo, &iquest;qu&eacute; s&eacute; de la trilla, de los cultivos? Me atrae lo contrario que al campesino: el paisaje. El agricultor no presta atenci&oacute;n al horizonte, s&oacute;lo ve la cantidad de trabajo que su faena implica. Ni siquiera al pastor, con tan buena prensa l&iacute;rica, le interesa lo que a m&iacute;.</p>
<p>- Est&aacute;n los que denuestan esa poes&iacute;a, pero tambi&eacute;n los que entienden que es m&aacute;s pura.</p>
<p>- En mi noci&oacute;n de <em>lugar</em>, el correlato es Plasencia. Centro y afueras se confunden. La disposici&oacute;n alargada de la ciudad, por raz&oacute;n geogr&aacute;fica -el r&iacute;o que la envuelve-, ayuda a ello. Y no veo por qu&eacute; va a ser m&aacute;s espiritual la vida de las afueras que la del centro.</p>
<p>- O sea, que el g&eacute;nero no tira al monte.</p>
<p>- Creo que pensar as&iacute; es caduco. Lo que no hemos tenido es suerte con los planificadores, o sea, con los pol&iacute;ticos: han ido ampliando la ciudad sin la visi&oacute;n que hubo en C&aacute;ceres, por poner un ejemplo cercano. All&iacute; hay ensanche. Aqu&iacute; se hizo todo mal.</p>
<p>Su poes&iacute;a est&aacute; exenta de grandes ciudades y cuando parece lo contrario lo que hay son espacios verdes dentro de ellas, o lugares ajenos al devenir. <em>Desde fuera</em> (2008) tiene un cap&iacute;tulo entero dedicado a este tipo de observaciones. Cuando habla de Madrid, habla de sus jardines y del viento que bate los &aacute;rboles; cuando sale Brujas, hay hojas ca&iacute;das y agua negra; en el caso de Bruselas, &ldquo;l&iacute;neas de tranv&iacute;as / que rodean umbrosos, / densos bosques&rdquo;; en Toledo, vemos cipreses y una ciudad desierta, lo mismo que Rotterdam, detenida en el tiempo, igual que Deventer, bajo la lluvia. Unas p&aacute;ginas m&aacute;s all&aacute;, est&aacute; Los &Aacute;ngeles, pero podr&iacute;a ser otra ciudad porque, de todo, elige un convento; y de Sachseln, Suiza, se queda con &ldquo;la mole inmensa&rdquo; del monte Pilatus. En <em>El cuarto del siroco</em> (2018), Lisboa parece una pintura de Monet: &ldquo;En la casa de &Aacute;ngel, y aquel sol de poniente, / hundi&eacute;ndose, muy rojo, sobre el Tajo&rdquo;. Estas impresiones pudieran tener origen en su &lsquo;Meditaci&oacute;n en Londres&rsquo;, <em>Una oculta raz&oacute;n</em> (1991), donde inevitablemente se cuela Hyde Park. &ldquo;Que no est&aacute; escrito <em>en</em> [Londres] sino <em>desde</em>, &iquest;eh? Es un homenaje a Cernuda&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;No me gusta la impostura&rdquo;</strong></p>
<p>- No es habitual que escriba de lo que no conoce.</p>
<p>- &iquest;Sabe por qu&eacute;?: porque no me gusta la impostura. Pienso que si hablas de ti hay menos riesgo de caer en ella. Si hablas de otro se puede dar el plagio. Pero la peque&ntilde;a verdad de cada uno hace m&aacute;s dif&iacute;cil la mentira.</p>
<p>- Curiosamente, a Octavio Paz el libro le produjo una sensaci&oacute;n de soledad moderna, urbana.</p>
<p>- S&iacute;, baudelairiana, la del hombre solo rodeado de personas en medio de la multitud, un tema de la posmodernidad. &ldquo;El hombre frente a s&iacute; mismo&rdquo;, dijo. Yo la he padecido poco porque s&oacute;lo he estado en grandes ciudades de paso. En aquel libro volqu&eacute; una soledad intuida. En libros siguientes s&iacute; hay soledad sentida, la de la naturaleza, y nunca como padecimiento. Al contrario, me agrada. Aunque no s&eacute; si pertenece a la naturaleza o me pertenece a m&iacute;.</p>
<p>- Una soledad no adscrita a un espacio.</p>
<p>- Eso, &iacute;ntima. Propia del escritor o del poeta. Pienso en eso de Nietzsche que repite Trapiello: <em>nosotros, los solitarios</em>. El poeta por definici&oacute;n es un solitario. Creo yo. Eso no quita que tenga amigos. El poeta, no se olvide, s&oacute;lo lo es cuando escribe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Resulta imprescindible sentir la soledad para vivir la literatura&rdquo;</strong></p>
<p>- La soledad del escritor, la del lector, parecen m&aacute;s profundas que otras debido a que no necesitan escenario.</p>
<p>- El escenario es uno mismo. Resulta imprescindible sentir la soledad para vivir la literatura. Una acompa&ntilde;ada de silencio, dos cosas muy escasas hoy, pero cardinales en la poes&iacute;a digna de tal nombre. La soledad total, a la mayor&iacute;a, le agobia. Por eso la poes&iacute;a no encaja en este tiempo nuestro, de estr&eacute;s y prisa, en el que la gente no para quieta. Uno siente, al contrario, placer ante el detenimiento, ante la idea del monasterio, pongo por caso. En otra vida me hubiera gustado ser monje, consideraciones religiosas aparte.</p>
<p>- Tambi&eacute;n lo he pensado.</p>
<p>- Es que vivir la literatura de un modo &iacute;ntimo te lleva a estados mentales que nada tienen que ver con los de la vida cotidiana. Yo no ser&iacute;a trapense -y no me arrepiento de la relaci&oacute;n con mi mujer ni de haber tenido hijos-, pero acaso habr&iacute;a sido feliz en un convento franciscano [r&iacute;e].</p>
<p>- Cuando se puso de moda el microrrelato, se hizo hincapi&eacute; en que, por razones de extensi&oacute;n, pod&iacute;a ser le&iacute;do en el metro o en el autob&uacute;s. Nadie, claro, se acord&oacute; de la poes&iacute;a.</p>
<p>- Habiendo poemas con menos palabras. Pero imag&iacute;nese &lsquo;El infinito&rsquo;, de Leopardi, en su medida [echa a re&iacute;r]. Breve, pero su carga de profundidad, infinita.</p>
<p>Podr&iacute;amos dividir la obra de &Aacute;lvaro Valverde en dos etapas. La primera, formada por <em>Territorio</em> (1985), <em>Lugar del elogio</em> (1987) y <em>Las aguas detenidas</em> (1989); la segunda, en la que se encuentra, a partir de <em>Una oculta raz&oacute;n</em>. El autor no contempla reeditar su primer libro y duda si lo incluir&iacute;a en una obra completa. S&oacute;lo rescata de &eacute;l un poema: &lsquo;Mr. T. S. Eliot, Russell Square&rsquo;. En <em>Las aguas detenidas</em> &ldquo;hay seguramente demasiado <em>palabreo</em>&rdquo;. Dos libros fueron importantes entonces: <em>Claros del bosque</em> -Mar&iacute;a Zambrano- y <em>Noche m&aacute;s all&aacute; de la noche</em> -Antonio Colinas-. Desde el tercero, con treinta a&ntilde;os, &ldquo;las cosas cambian, pero poco&rdquo;. Hay ocho libros m&aacute;s. En ellos impera la cortedad del decir -Valente-. &ldquo;Uno elige la poes&iacute;a como forma de conocimiento o de expresi&oacute;n porque es el modo de contar m&aacute;s con menos&rdquo;. En la segunda etapa &ldquo;si no la voz, que ser&iacute;a mucho, est&aacute; el tono&rdquo;. La pretendida naturalidad se revela m&aacute;s dif&iacute;cil que el artificio. &ldquo;Pretendo ser un poeta racional, l&uacute;cido. Para el que la claridad sea un principio b&aacute;sico&rdquo;.</p>
<p>- &iquest;En la claridad, la profundidad?</p>
<p>- Si se asoma a cualquier garganta de mi tierra, ver&aacute; guijarros -rollos que decimos nosotros-. Ahora, si pretende cogerlos, porque piensa que est&aacute;n cerca, no podr&aacute;. Tendr&aacute; que meterse entero, y a veces ni as&iacute;. Pues la misma sensaci&oacute;n en poes&iacute;a: leer algo, creer que se entiende, digamos, y, al volver, darse cuenta de que no, de que era una falsa apariencia, de que tras lo que juzgaba cercano media un abismo. La verborrea de algunos, de tradici&oacute;n nerudiana, a lo Whitman, no va conmigo.</p>
<p>- &iquest;La torrencialidad de Pound...?</p>
<p>-&hellip; tampoco. Prefiero el Pound <em>oriental</em>.</p>
<p>Los intereses de Valverde est&aacute;n claros, pero su visi&oacute;n es panor&aacute;mica, seguramente aprendida de la naturaleza, en la que la contemplaci&oacute;n del detalle nace de una previa del conjunto. Se ve en mil ejemplos. Pensemos en la cubierta abstracta de Marta C&aacute;rdenas en <em>Una oculta raz&oacute;n</em>, ya con el cambio de tono practicado en la palabra; &eacute;l mismo la recort&oacute; de un cat&aacute;logo y la envi&oacute; a la editorial. Pensemos en la presencia de Willem de Kooning en <em>A debida distancia</em> (1993). Es verdad que la menci&oacute;n a este expresionista abstracto tiene que ver m&aacute;s con los problemas mentales que padeci&oacute; al final de su vida que con la pintura; se trata de un mon&oacute;logo dram&aacute;tico, igual que el dedicado a Ganivet, en &lsquo;C&oacute;nsul de Riga&rsquo; -<em>Desde fuera</em>-. &ldquo;La abstracci&oacute;n puede ser apasionante. Depende del autor. Pablo Palazuelo me gusta mucho. Emilio Ga&ntilde;&aacute;n, placentino, tambi&eacute;n&rdquo;. Y no olvidemos que Salvador Retana es &ldquo;m&aacute;s abstracto que concreto y, sobre todo, que realista&rdquo;. Cuatro de sus cinco portadas en Tusquets son suyas y, &ldquo;dios mediante, la pr&oacute;xima&rdquo;.</p>
<p>- Se ha quedado solo en la defensa del edificio del Palacio de Congresos.</p>
<p>- Eso parece. No estamos acostumbrados a buena arquitectura, y &eacute;sa es un alarde.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Se han burlado los principios b&aacute;sicos de la socialdemocracia&rdquo;</strong></p>
<p>- Sus porosidades hablan de una persona en absoluto reaccionaria.</p>
<p>- Siempre me he sentido socialdem&oacute;crata, y he votado en consecuencia. Ahora, al no haber partido que defienda esas ideas, no s&eacute; qu&eacute; votar&eacute; las pr&oacute;ximas elecciones. Soy un enga&ntilde;ado m&aacute;s de este se&ntilde;or [Pedro S&aacute;nchez], no me duelen prendas reconocerlo. Y gravemente porque todo lo que dijo que no iba a hacer, lo ha hecho. Para mi generaci&oacute;n, quiero pensar que tambi&eacute;n para las posteriores, es dif&iacute;cil entender su actitud ante el independentismo.</p>
<p>- La tensi&oacute;n ha llegado a la literatura.</p>
<p>- Es insoportable. Yo he admirado toda la santa vida la poes&iacute;a catalana. Qu&eacute; cerca me he sentido de algunos de sus representantes. El catal&aacute;n permite, como el ingl&eacute;s, una poes&iacute;a m&aacute;s despojada y cortante. En castellano, necesitamos de m&aacute;s palabras para decir lo mismo. Con Margarit hay abierta una pol&eacute;mica porque no ha renunciado al espa&ntilde;ol. Nunca votar&iacute;a a Vox y conservador soy lo justo, pero, igual fruto de la edad, algo me he hecho. Desde luego, se han burlado los principios b&aacute;sicos de la socialdemocracia, insisto, esa a la que le sienta bien un punto liberal, y por tal me estoy refiriendo al esp&iacute;ritu de la Constituci&oacute;n del 12, no se me malinterprete, a un liberalismo espa&ntilde;ol muy poco practicado.</p>
<p>- Hablaba yo desde un punto de vista m&aacute;s est&eacute;tico.</p>
<p>- Lo s&eacute;, por suerte, soy ecl&eacute;ctico. Leo de todo y de todos. No miro ni g&eacute;neros ni etiquetas. Me gusta la poes&iacute;a, lo dem&aacute;s&hellip; Yo he admirado al Vinyoli que renunci&oacute; al Premio Nacional porque depend&iacute;a del Ministerio de Cultura de Espa&ntilde;a. Si lo tiene es porque no pudo rechazarlo, hab&iacute;a fallecido. Si no, lo habr&iacute;a hecho por segunda vez.</p>
<p>- Ecl&eacute;ctico es igualmente hablando [bien] de Gamoneda y Caballero Bonald.</p>
<p>- Lo hago con mucha tranquilidad.</p>
<p>- En <em>M&aacute;s all&aacute;, T&aacute;nger</em> (2014) utiliza una cita introductoria de Bonald.</p>
<p>- Son autores clave. Caballero Bonald es ampuloso, algo barroco, pero bueno. <em>Descr&eacute;dito del h&eacute;roe</em> me parece fundamental.</p>
<p>- Un libro <em>hacia fuera</em>.</p>
<p>- No sobran versos. Otros libros me pueden haber atra&iacute;do menos, pero la poes&iacute;a de este autor la he le&iacute;do siempre con gusto. No me he metido en sus novelas -por mi retracci&oacute;n al g&eacute;nero-, pero s&iacute; en sus diarios, gust&aacute;ndome m&aacute;s el primero, <em>Tiempo de guerras perdidas</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Gamoneda es lo opuesto a un palabrero&rdquo;</strong></p>
<p>- Sobre la poes&iacute;a de Gamoneda acaba de escribir en <em>Turia</em>.</p>
<p>-Me ha costado sudor y sangre [risas]. Le admiraba, no lo oculto, pero hab&iacute;a desatendido su lectura. Su influencia en mi generaci&oacute;n era demasiado evidente, y eso&hellip; Yo pensaba que &eacute;l hab&iacute;a dicho todo lo importante, pero &iexcl;menudo hombre!: en el &uacute;ltimo libro hay una parte que es de lo mejor que ha escrito, y a una edad, &iquest;eh?, con lo dif&iacute;cil que es no repetirse, y m&aacute;s, due&ntilde;o de un mundo tan particular. Digamos que es lo opuesto a un palabrero.</p>
<p>-En sus diarios, <em>Porque olvido</em> (2020), recuerda su discurso sobre la pobreza en la aceptaci&oacute;n del Cervantes.</p>
<p>-La pobreza es fundamental. Yo he dicho siempre que el medio determina lo que somos, y uno&hellip; ha nacido en Extremadura. El despojamiento de esta tierra es decisivo en m&iacute;. Gamoneda vivi&oacute; una pobreza real, material; yo, por suerte, no. Me refiero a la pobreza en la palabra. Salvando las distancias, a una suerte de <em>arte povera</em>. La poes&iacute;a necesita poco para ser.</p>
<p>-Algo relacionable con las ruinas, tan presentes en sus libros.</p>
<p>-Esa es mi veta rom&aacute;ntica [se r&iacute;e]. En mi formaci&oacute;n, los rom&aacute;nticos ingleses, italianos y alemanes son capitales. Wordsworth, Leopardi, H&ouml;lderlin&hellip;</p>
<p>-Y el paisaje...</p>
<p>-&hellip; en el que se encuentra la ruina. Va todo unido. La enso&ntilde;aci&oacute;n becqueriana ya me interesa menos.</p>
<p>-&ldquo;Lo que ves / ha sido preservado / por la pobreza&rdquo;.</p>
<p>- Bendita casualidad, ayer tarde le&iacute; en el <em>Madrid</em> de Trapiello algo en sinton&iacute;a: &ldquo;La riqueza destruye y la pobreza preserva&rdquo;. En Extremadura, si se han mantenido los edificios y el paisaje [baja la voz, pero, a la vez, enfatiza] es debido a la puta pobreza. Si hubi&eacute;ramos sido ricos, habr&iacute;amos acabado con todo. &iquest;Qu&eacute; es lo primero que hac&iacute;a el emigrante, despu&eacute;s de venir de Alemania, de Holanda, de Francia?: tirar la casa del pueblo y levantarla alicatada de arriba abajo. En nuestros pueblos hay mucho bodrio por ese motivo. Con el primer dinero ahorrado, tiraban la casa bonita del pueblo. Ahora la quieren recuperar porque lo tur&iacute;stico es el balc&oacute;n de madera, la viga al aire... En C&aacute;ceres, la zona monumental est&aacute; por una parte y la ciudad, por otra; usted se mete en la parte antigua y pasa a otra &eacute;poca. Ni un coche, ni una casa nueva. En Plasencia, no existe separaci&oacute;n.</p>
<p>- &iquest;Con qu&eacute; volumen de las memorias de Gamoneda se queda?</p>
<p>- Con el primero. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>- Lo que hay en el segundo es un rosario de muertes&hellip; igual que en sus diarios, en los que he contado hasta cuarenta y nueve.</p>
<p>- Y he quitado alguna, m&aacute;s lejana. &iexcl;Es que han sido unos a&ntilde;os&hellip;! &Aacute;ngel Campos, Fernando P&eacute;rez, Santiago Castelo&hellip; acabando el libro falleci&oacute; Juli&aacute;n Rodr&iacute;guez.</p>
<p>- Los diarios acaban en 2019. La primera entrada de su blog, en el 20, es para Antonio Franco.</p>
<p>- Otro amigo del alma. Muchas muertes, y tempranas, en la cincuentena o poco m&aacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Nombrando la muerte, la conjuras&rdquo;</strong></p>
<p>- &ldquo;En frente de la casa hay un camino / que lleva al cementerio / (&hellip;) / all&iacute; est&aacute;n enterrados nuestros muertos&rdquo;, dice en un poema. &iquest;Qu&eacute; mueve a consignar un &oacute;bito? No es el simple recuerdo, tampoco el homenaje.</p>
<p>- Es una necesidad.</p>
<p>- Algo human&iacute;stico.</p>
<p>- S&iacute;. Miłosz dec&iacute;a que la poes&iacute;a forma parte de la tradici&oacute;n human&iacute;stica. Tengo un texto por alg&uacute;n sitio en el que hablo de la relaci&oacute;n entre poes&iacute;a y humanismo. Adem&aacute;s, la tradici&oacute;n cristiana, para qu&eacute; negarlo. En ella, est&aacute; presente el humanismo. En toda la poes&iacute;a occidental. Es una l&iacute;nea decisiva. Y hay otra cosa importante: nombrando la muerte, la conjuras. En el desahogo, aun torpe, hay una reacci&oacute;n en contra. En la poes&iacute;a hay mucho de alivio, en la de todos, lo que hay que intentar es que no se note, pero claro que consuela. Y hay que tratar estos temas con el tono debido. Con medida, con delicadeza. Ser&iacute;a imperdonable entregar algo que parezca impostado o sobredicho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;No s&eacute; si estamos al final o al principio de una &eacute;poca&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Puede que estemos asistiendo al fin del ser humano?</p>
<p>- Que estamos al final de una &eacute;poca parece ya obvio. No s&eacute; si al final de, o al principio de. Est&aacute; claro que hay un mundo que lleva a&ntilde;os terminando, desde antes de la ca&iacute;da de las Torres Gemelas, si me apura, desde mediados del siglo XX, tras la Segunda Guerra Mundial&hellip; cada uno ponga la fecha que quiera. Pero, desde luego, en los &uacute;ltimos diez o quince a&ntilde;os, el cambio se ha acelerado.</p>
<p>- Antes reconoc&iacute;a una veta rom&aacute;ntica. Gonzalo Torn&eacute;, en una antolog&iacute;a de poetas ingleses, dice que seguimos en las mismas aguas; Pierre Michon, parejo, que vivimos en un eterno romanticismo.</p>
<p>- Puede ser, mire: en el mencionado libro de Trapiello sobre Madrid, el emblema es el Museo Rom&aacute;ntico. De principio a fin. Defiende el romanticismo y se considera &eacute;l un rom&aacute;ntico. Cre&iacute;a que eso estaba mal visto. En su sentido genuino, a m&iacute; siempre me ha gustado, sin la contaminaci&oacute;n &ntilde;o&ntilde;a, sentimentaloide.</p>
<p>- Al romanticismo percibo que le afean un supuesto exceso verbal, ante el que esgrimen la socorrida contenci&oacute;n como dique. Pero leo a Keats y me parece contenido, no digamos en las odas.</p>
<p>- Creo que hay una poes&iacute;a rom&aacute;ntica que tiene actualidad: todo lo referido a las ruinas, a la melancol&iacute;a&hellip; cuya vigencia es absoluta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Muchos tics rom&aacute;nticos me parecen bien&rdquo;</strong></p>
<p>En &Aacute;lvaro Valverde transpira el romanticismo a trav&eacute;s del s&iacute;mbolo, de su admiraci&oacute;n por Wordsworth, de su amor por la naturaleza agreste&hellip; y de la figura de Friedrich, con quien, al menos, damos dos veces; una, en <em>Desde fuera</em>: &ldquo;Alguien, al que veo de espaldas / y contra el ventanal, / contempla a solas, / como un h&eacute;roe de Friedrich, / los restos a&uacute;n dorados del oto&ntilde;o&rdquo;; otra, en <em>Porque olvido</em>: &ldquo;Si alguien se toma la molestia de leerme, ver&aacute; que el campo que aparece en mis poemas est&aacute; vac&iacute;o: no hay, como en ciertos cuadros de la naturaleza, figuras humanas. Si se muestran, incluida la m&iacute;a, ser&aacute; casi siempre de soslayo, como los personajes del rom&aacute;ntico Caspar David Friedrich. De espaldas, a lo lejos. Mi poes&iacute;a es como yo: solitaria. Busca en la naturaleza, sobre todo, la soledad. Es el perfecto &aacute;mbito del retiro&rdquo;. Lo pat&eacute;tico, matiza, ser&iacute;a sentirse en 2021 un rom&aacute;ntico estricto, &ldquo;a estas alturas todos tenemos algo de modernidad, de posmodernidad y hasta de vanguardia. Debemos ser lo suficientemente variados y plurales. Si no, &iexcl;menuda tristeza! El romanticismo como viene en los manuales, quiz&aacute; ya no, pero muchos tics rom&aacute;nticos me parecen bien&rdquo;. Igual su car&aacute;cter libre le llev&oacute; a dejar de presentarse a premios, tras obtener el Ciudad de C&oacute;rdoba y el Loewe, y ser finalista en el Caf&eacute; de Gij&oacute;n de novela. Los premios se necesitan, asegura, para el primer libro, el segundo y, apurando, el tercero. &ldquo;Vale. Ya est&aacute;. Para ganar un dinerito y que la editorial sea buena. Pero llega un momento en el que uno debe desaparecer de ese panorama. Lo contrario no es est&eacute;tico. Algunos insisten porque no encuentran el editor que desean o porque los que tienen al alcance no colman sus expectativas, lo que, seg&uacute;n el caso, puede ser indicio de vanidad. Yo nunca he tenido prisa y los plazos en una colecci&oacute;n que publica tan poco son largos. No soy Luis Garc&iacute;a Montero ni Francisco Brines. Mi libro llega y se pone a la cola. Me parece bien: la poes&iacute;a y la prisa se llevan mal&rdquo;. En cuanto encontr&oacute; sello, se plant&oacute;. Bien es cierto que la confianza de Tusquets equivale a otro premio y que acumula trofeos intangibles, pienso en la reflexi&oacute;n que dej&oacute; por escrito Xavier Farr&eacute;, a prop&oacute;sito de su traducido Zagajewski: &ldquo;Si nos centramos en el &aacute;mbito de la producci&oacute;n en Espa&ntilde;a, el primer nombre que considero que persigue elementos comunes a los de Adam Zagajewski es el de &Aacute;lvaro Valverde, con su voz serena, con sus paisajes -muy diferentes, por otra parte, de los del poeta polaco- que acompa&ntilde;an en la reflexi&oacute;n, y la hondura moral que trasluce su poes&iacute;a&rdquo;. Zagajewski, cuyo sentido de la epifan&iacute;a, por cierto, nos remonta tambi&eacute;n, entre otros periodos, al rom&aacute;ntico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La contemplaci&oacute;n es un mirar atento que separa al poeta, como persona, del resto de mortales&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Lo que est&aacute; desde el comienzo en su obra es la contemplaci&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; la diferencia de la descripci&oacute;n?</p>
<p>- La contemplaci&oacute;n, yo creo, es un mirar atento que separa al poeta, como persona, del resto de mortales. Van cuatro en un coche a Montehermoso y s&oacute;lo uno repara, durante el camino, en una casa demolida, al lado de un &aacute;rbol en flor que contrasta con la ruina y que hace juego con la vida que contin&uacute;a detr&aacute;s. Al resto, la casa y el &aacute;rbol les importa un carajo.</p>
<p>- No los ven.</p>
<p>- La diferencia es la mirada. Eloy S&aacute;nchez Rosillo, escribi&oacute; un poema de <em>La rama verde</em> a partir de unas hormigas. El mirar atento ser&iacute;a lo contemplativo, con un plus de reflexi&oacute;n y de estado mental.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Si no hay sentimiento, por leve que &eacute;ste sea, lo fr&iacute;o se impone y el poema no mueve al lector&rdquo;</strong></p>
<p>- La contemplaci&oacute;n est&aacute; en lo impl&iacute;cito.</p>
<p>- Piense en el monje que insiste en el rezo, en su meditaci&oacute;n. El t&eacute;rmino poes&iacute;a meditativa lo utiliza Valente en un ensayo sobre Unamuno que est&aacute; en <em>Las palabras de la tribu</em>. Es una tradici&oacute;n, dentro de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola, que empieza en Manrique y llega hasta Brines. Se trata de aunar mirada y pensamiento, sin olvidar, lo valoro cada vez m&aacute;s, la emoci&oacute;n. Porque si no hay sentimiento, por leve que &eacute;ste sea, lo fr&iacute;o se impone y el poema no mueve al lector.</p>
<p>- &iquest;Y la raz&oacute;n no puede emocionar?</p>
<p>- Puede, yo, desde luego, soy m&aacute;s racional que otra cosa. Nunca escribo <em>en caliente</em> ni con dolor de cabeza; siempre, como Wordsworth, rememorando. Lo que te pasa hoy puede dar ocasi&oacute;n a un poema ma&ntilde;ana, pero si lo escribes como poes&iacute;a presente lo probable es que no resulte. Lo inmediato no funciona. En lo contemplativo hay, pues, tambi&eacute;n, un componente de duraci&oacute;n en el tiempo, de pasado; y puede que de hasta sentimiento de p&eacute;rdida.</p>
<p>- Lo descriptivo no le interesa.</p>
<p>- Leo descripciones que me dejan pasmado, en poetas y en narradores. Pero soy malo haci&eacute;ndolas.</p>
<p>- En su caso, m&aacute;s que descripciones, son impresiones.</p>
<p>- Eso s&iacute;. Para describir no sirvo. Para volcar impresiones, s&iacute;. Adem&aacute;s, en la descripci&oacute;n, el uso del adjetivo debe estar muy controlado. Los utilizo, pero si te pasas, el adjetivo se carga el poema. Borges es uno de los que lo ha advertido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me reconozco impresionista&rdquo;</strong></p>
<p>- Por lo tanto, tambi&eacute;n, m&aacute;s que de representar, se trata de mostrar a trav&eacute;s de la impresi&oacute;n.</p>
<p>- S&iacute;, en ese sentido, me reconozco impresionista.</p>
<p>A fe que lo es, y que cumple el mandato de Rilke: aproximarse a la naturaleza y decir, sin m&aacute;s, lo que siente y ve. <em>Solvitur ambulando</em>. En la introducci&oacute;n a sus diarios cita a Jos&eacute; Luis Melero: &ldquo;El diarista trabaja con las impresiones antes que con los recuerdos&rdquo;. Su dietario es continuaci&oacute;n de su verso, da igual de qu&eacute; libro, escojamos casi al azar estos ejemplos: &ldquo;Apenas un cipr&eacute;s y, desplazada, / la losa de una l&aacute;pida&rdquo; -<em>Ensayando c&iacute;rculos</em>-; &ldquo;Los chopos, las higueras, y esa lluvia / que vuelve del pasado: / triste, id&eacute;ntica&rdquo; -<em>Mec&aacute;nica terrestre</em> (2002)-; &ldquo;El mundo se despliega esta ma&ntilde;ana / como si fuera una ciudad&rdquo; -<em>Desde fuera</em>-; &ldquo;Un cielo cereal, de tierra extensa. / O almagre, como el tono de estos campos&rdquo; -<em>El cuarto del siroco</em>-. De <em>M&aacute;s all&aacute;, T&aacute;nger</em> podemos elegir cualquiera de sus cincuenta &oacute;leos: &ldquo;La ciudad, / desde el barco, / es una mancha blanca. / Una s&aacute;bana al sol&rdquo;; &ldquo;Las avispas en el vaso de t&eacute;&rdquo;; &ldquo;Vista de lejos, / la ciudad es roja&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Hay un paisaje supeditado a la vida interior del que lo contempla&rdquo;</strong></p>
<p>- Mostrando lo que hay fuera, demuestra lo que hay dentro, esa es, al final, la fusi&oacute;n entre paisaje y persona, &iquest;no?</p>
<p>- Hay un paisaje supeditado a la vida interior del que lo contempla. El paisaje expresa esa vida interior, s&iacute;. Todo lo que de naturaleza hay en mi poes&iacute;a puede reducirse a s&iacute;mbolos e im&aacute;genes que tienen que ver con situaciones an&iacute;micas m&iacute;as, o sea, conmigo. Si no, &iquest;qu&eacute; sentido tendr&iacute;an los poemas?</p>
<p>-Poca gente hay que ejerza tanto el s&iacute;mbolo: el muro, el jard&iacute;n, el estanque, la ruina, la memoria como concepto&hellip; no son pocos.</p>
<p>-O la palabra sombra, que tanto me gusta. Uso palabras como s&iacute;mbolo y como mera expresi&oacute;n, llanamente porque me gusta leerlas.</p>
<p>-Igual existe, entre quienes escriben, un temor al s&iacute;mbolo por lo que implica de repetici&oacute;n. Pero no ser&iacute;a <em>repetici&oacute;n</em>, sino <em>reiteraci&oacute;n</em>.</p>
<p>-&hellip; Es una cosa complicada que me planteo a menudo. &iquest;No estar&eacute; cargando el libro con tanta menci&oacute;n a lo mismo? Si escribo poco es por ese temor. No quiero hacer libros iguales. No hay que decir lo mismo, adem&aacute;s, de la misma forma. O escr&iacute;belo, pero no lo publiques. Como dice Gonzalo Hidalgo Bayal, somos rehenes de nuestras limitaciones. &Eacute;l no habla de obsesiones.</p>
<p>-Vuelta a la pobreza.</p>
<p>-Efectivamente, no publicar demasiado es otro rasgo de pobreza. Pero si decidimos hacerlo, que se note que no somos los mismos de hace dos libros. Estos temas los tengo muy presentes. Quiero ser consciente de lo que entrego al editor y veo imposible no evolucionar. &iquest;Soy otra persona desde que me jubil&eacute;? Sin lugar a dudas. &iquest;Soy otra persona desde la pandemia? Sin lugar a dudas. &iquest;Y eso se va a notar a la hora de escribir un poema? &iexcl;Sin duda!</p>
<p>- La m&uacute;sica tambi&eacute;n impone repeticiones.</p>
<p>- Obligatoriamente. Y fuera del poema. Piense en las variaciones como t&eacute;cnica formal, en una partitura, en un lienzo -con las series pict&oacute;ricas-. En esas disciplinas se valora, &iquest;por qu&eacute; no en poes&iacute;a? &ldquo;Es que el s&iacute;mbolo no es moderno&rdquo;. &iexcl;C&oacute;mo que no es moderno! &iexcl;Si no podemos dejar de ser modernos! A no ser que deliberadamente nos pongamos rancios y utilicemos palabros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Estamos participados por las dudas. Mis s&iacute;mbolos nacen de ellas, de la tensi&oacute;n que producen&rdquo;</strong></p>
<p>- Yo que en algunos aspectos soy muy cr&iacute;tico con la posmodernidad, me doy cuenta de que soy posmoderno.</p>
<p>- Pero no lo dude, se estar&iacute;a enga&ntilde;ando. Otra cosa es que lo sea en todo y todo el rato. Estamos participados por las dudas. Mis s&iacute;mbolos nacen de ellas, de la tensi&oacute;n que producen: &iquest;debo usar esta palabra aqu&iacute;?, &iquest;all&iacute;?, &iquest;en ning&uacute;n sitio? Lo que no empleo es la met&aacute;fora.</p>
<p>- De nuevo, la renuncia, aunque me temo que s&iacute; la emplea, incluso hay menciones expl&iacute;citas.</p>
<p>&nbsp;-&iquest;Qu&eacute; me dice?</p>
<p>-Son menciones aisladas pero que llaman la atenci&oacute;n precisamente porque uno no las espera tan definidas en un tipo de poes&iacute;a como el suyo. Las tengo apuntadas: en <em>El cuarto del siroco</em>, dice: &ldquo;Como el agua, met&aacute;fora y verdad&rdquo;; en <em>Desde fuera</em>: &ldquo;las ruinas / que son una met&aacute;fora del mundo&rdquo;. Y un poema de <em>Ensayando c&iacute;rculos</em> (1995) se titula &lsquo;Met&aacute;fora&rsquo;.</p>
<p>- F&iacute;jese.</p>
<p>- Y tambi&eacute;n aparecen <em>conjugadas</em>. En <em>Desde fuera</em>, un libro muy completo, las asocia al mismo &aacute;rbol: &ldquo;los olivos son la levedad / de estos parajes&rdquo; -139-; y: &ldquo;los olivos / son testigos / de alguna vaga idea / de la vida&rdquo; -161-; am&eacute;n de, por ejemplo: &ldquo;Las arrugas que cruzan por tu cara / son las l&iacute;neas del mapa de tu vida&rdquo; -25<strong>-</strong>.</p>
<p>- Pues no era uno muy consciente, f&iacute;jese [risas].</p>
<p>- A ver, hay muy pocas, no quiero hacer pensar lo contrario. Y son demostraci&oacute;n de flexibilidad.</p>
<p>- Tiene que haber pocas porque la met&aacute;fora entra en el campo de cierta ret&oacute;rica y en todo aquello que a m&iacute; me interesa menos.</p>
<p>- Eso le pasaba a Jim&eacute;nez Lozano: &ldquo;Como mucho, la comparaci&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>- Ah&iacute;, ah&iacute;. &iexcl;Otro poeta excelente! Aparte de ensayista&hellip; como novelista le conozco menos, pero aprecio sus diarios.</p>
<p>- Que tapan su poes&iacute;a.</p>
<p>- Estoy de acuerdo. Su poes&iacute;a merece reconocimiento. Empez&oacute; tarde, pero muy bien, por todo lo alto. Encima, no abus&oacute;, public&oacute; poca, la justa en una vida longeva [pausa] Me ha hecho recordar a Ferm&iacute;n Herrero: ah&iacute; tenemos a un poeta admirable y&hellip; rural.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Yo soy un paseante&rdquo;</strong></p>
<p>- A &eacute;l no le gusta esa etiqueta.</p>
<p>- Claro que no, pero es de pueblo. Detr&aacute;s de sus poemas est&aacute; la vida que a m&iacute; me falta: lo m&iacute;o es campestre, lo suyo campesino. &Eacute;l ha vivido el pueblo. Yo soy un paseante.</p>
<p>- Usted dice que guarda m&aacute;s relaci&oacute;n con Virgilio el que va a trabajar la tierra, que usted s&oacute;lo va a ver p&aacute;jaros. Pero, en realidad, en Virgilio tambi&eacute;n est&aacute; la contemplaci&oacute;n descansada. De hecho, en sus &eacute;glogas sale un campo t&oacute;pico y en las <em>Buc&oacute;licas</em> no aparece el sudor del que trabaja.</p>
<p>- En Virgilio est&aacute; todo, es verdad. Yo ah&iacute; quer&iacute;a resaltar lo admirable que es la gente que dobla la espalda. No se entienda mal. Dios me libre. Todo lo contrario. Sin iron&iacute;as. Y, por otra parte, quer&iacute;a admitir que desconozco los nombres de las aves y de los &aacute;rboles, aunque con los &aacute;rboles me defiendo, pero, p&aacute;jaros&hellip; distingo los justos, el mirlo&hellip; y poco m&aacute;s. No s&eacute; lo que es un ruise&ntilde;or [abre las manos].</p>
<p>- Eso da m&aacute;s vuelo a su poes&iacute;a, el no detenerse en lo t&eacute;cnico, en lo catalogador. Yo siempre he pensado que tiene a gala de carecer de imaginaci&oacute;n y no ser ornit&oacute;logo; en <em>El cuarto del siroco</em> dice expresamente que en sus poemas los p&aacute;jaros carecen de nombre.</p>
<p>-S&iacute;, no es que eche de menos saber los nombres de los p&aacute;jaros, pero tampoco estar&iacute;a de m&aacute;s, &iquest;eh? En ese poema que ha escogido me defiendo de mi propia acusaci&oacute;n. Antes de que me lo diga nadie, me lo digo yo. Y tambi&eacute;n hay resignaci&oacute;n. Lo que no quiero es pasar por la persona que no soy. Y, luego, la palabra p&aacute;jaro, tan amplia, pues&hellip; no me disgusta.</p>
<p>- Hace a&ntilde;os le&iacute; que Mondrian se inspiraba en la naturaleza, a partir de entonces en sus cuadros veo prados y monta&ntilde;as...</p>
<p>-&hellip; geom&eacute;tricos, claro.</p>
<p>- Eso es. &Eacute;l dice que el arte debe seguir a la naturaleza no en su <em>aspecto</em>, sino en lo que <em>es</em> realmente.</p>
<p>- Pues estoy muy de acuerdo.</p>
<p>- Yo les veo a los dos en la misma lucha: captar la esencia y, en la captaci&oacute;n, reducir la realidad al m&iacute;nimo n&uacute;mero de trazos, da igual sin son l&iacute;neas y colores, o palabras.</p>
<p>- Desde luego, no conoc&iacute;a la cita, pero me parece oportuna. Lo que tienen de verdad un cuadro y un poema no es la cosa ex&oacute;tica. Hay que ir m&aacute;s all&aacute;. Y si no aflora la parte que descansa en la oscuridad, no hemos conseguido nada. El misterio. A esa forma de trabajo te lleva el car&aacute;cter. El nacimiento, la educaci&oacute;n, el sitio&hellip; todo influye, todo juega a favor&hellip; y en contra. Hay una cita de Eliseo Diego -<em>En la calzada de Jes&uacute;s del Monte</em>- que dice: &ldquo;Aqu&iacute; no pasa nada, no es m&aacute;s que la vida&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La vida es la obra. Lo que pasa en la vida va al libro&rdquo;</strong></p>
<p>-Sus lecturas las suele empezar con &eacute;l.</p>
<p>- &ldquo;Un poema es una conversaci&oacute;n en la penumbra&rdquo;. Si tuviera que poner al frente de mi poes&iacute;a completa una cita, elegir&iacute;a &eacute;sa. Eso es la literatura: una conversaci&oacute;n. Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez dice lo mismo, con m&aacute;s palabras: que uno escribe lo que va viviendo -&ldquo;En realidad, voy haciendo mi poes&iacute;a en el curso de la existencia. Si ofrece unidad en su continuidad es la que le imprime, desde su centro, la vida misma&rdquo;-. La vida es la obra. Lo que pasa en la vida va al libro. Punto. Y en eso estamos. Salvo que hagas un esfuerzo -absurdo- por mentir, quedar&aacute;s reflejado en tu escritura&hellip; o salvo que seas novelista e inventes mundos ficticios y personajes irreales. Y con todo y con eso...</p>
<p>- Pues ya que la literatura es una conversaci&oacute;n, le dir&eacute; que <em>Ensayando c&iacute;rculos</em> me parece un t&iacute;tulo cubista.</p>
<p>- [lo concede, sin convicci&oacute;n] Yo me bas&eacute; en Vinyoli. Soy malo poniendo t&iacute;tulos y eleg&iacute; unos versos suyos para tomar el m&iacute;o. A &eacute;l acudo de vez en cuando.</p>
<p>Casi en <em>off</em>, le participo referencias contenidas en dicho libro: vuelos cortantes, estelas, cruces, lugares c&oacute;ncavos, c&uacute;pulas, arcos, lindes, m&aacute;rgenes, cosas alargadas, ramas verticales, palmeras, cipreses, perfiles, rincones, cercos, &aacute;ngulos, l&iacute;mites, ejes, l&iacute;neas&hellip; Soy consciente, digo, de que seleccionar una parte tan peque&ntilde;a del todo es manipulador, pero en los laboratorios tambi&eacute;n se manipula.</p>
<p>Valverde, prudente, calla.</p>
<p>- Todo eso, en cien p&aacute;ginas [insisto]. En el conjunto no se aprecia.</p>
<p>&nbsp;-No, si no me molesta. Me resulta curioso. &iexcl;Un libro cubista! &iquest;Ve c&oacute;mo el lector es importante?</p>
<p>- Aunque igual, m&aacute;s que delatarle a usted, ese tipo de lectura me delata a m&iacute;.</p>
<p>- Da igual: un libro no existe sin conversaci&oacute;n.</p>
<p>Antes de dar por concluida la presente, a&ntilde;adamos que para bautizar sus diarios se sirvi&oacute; de unos versos de <em>Territorio</em>, el libro del que medio abjura: &ldquo;Escribo hacia el pasado porque olvido&rdquo;. Sigamos manipulando: Valverde afirma que los comienza a escribir cuando descubre el blog, en 2005, una d&eacute;cada despu&eacute;s del libro <em>cubista</em>, cuyo poema &uacute;ltimo denota que, al menos, la pr&aacute;ctica le tent&oacute; en privado. Por si me desmiente, no le preguntar&eacute;. El caso es que se titula &lsquo;De un diario&rsquo; y <em>narra</em> la visita de alguien que le somete a preguntas. &ldquo;La ma&ntilde;ana habr&iacute;a sido como todas. / La visita anunciada, una de tantas / que vienen a romper de vez en cuando / el apacible ritmo en el que vivo&rdquo;. Pienso, desde los primeros versos, que refleja nuestra jornada. &ldquo;Hablamos de m&uacute;ltiples cuestiones. / A los dos nos preocupan, / como es obvio, / materias casi id&eacute;nticas; / la poes&iacute;a ante todas&rdquo;. Como una r&uacute;brica, los versos postreros: &ldquo;&lsquo;Toda verdad&rsquo;, me dije, &lsquo;es un di&aacute;logo&rsquo;&rdquo;. Y aqu&iacute; no hay manipulaci&oacute;n posible. S&oacute;lo hospitalidad. Y una prueba m&aacute;s de coherencia.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 03 Mar 2021 05:01:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Grandes autores protagonizan el nuevo número deTuria]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/grandes-autores-protagonizan-el-nuevo-numero-de-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2021/Febrero/sepulveda500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La revista cultural TURIA publica en su nuevo n&uacute;mero, que se distribuir&aacute; este mes de marzo en Espa&ntilde;a y otros pa&iacute;ses, un sumario con interesantes textos in&eacute;ditos protagonizados por grandes autores de la literatura contempor&aacute;nea. En primer lugar, rinde homenaje al escritor chileno Luis Sep&uacute;lveda, fallecido por coronavirus en abril de 2020 y que alcanz&oacute; celebridad internacional por su novela &ldquo;Un viejo que le&iacute;a novelas de amor&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por otra parte, TURIA centra tambi&eacute;n su atenci&oacute;n en analizar la enorme figura de un autor injustamente postergado durante demasiado tiempo: Manuel Chaves Nogales. Considerado hoy uno de los grandes periodistas y escritores espa&ntilde;oles del siglo XX, su b&uacute;squeda de la verdad por encima de cualquier ideolog&iacute;a hizo de &eacute;l una voz inc&oacute;moda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Junto a estos dos nombres propios de las letras en espa&ntilde;ol, la revista estudia&nbsp; tambi&eacute;n a la escritora norteamericana Lucia Berlin. Redescubierta en los &uacute;ltimos a&ntilde;os por el p&uacute;blico y la cr&iacute;tica, es uno de esos casos de justicia literaria hacia una autora cuya vida controvertida y dif&iacute;cil se refleja en sus relatos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>TURIA, ofrece adem&aacute;s a los lectores una primicia en espa&ntilde;ol: un avance de &ldquo;En la casa de los sue&ntilde;os&rdquo;, de la estadounidense Carmen Maria Machado. Se trata del nuevo libro autobiogr&aacute;fico de una autora muy apreciada por la cr&iacute;tica y cuyo debut con el volumen de relatos &ldquo;Su cuerpo y otras fiestas&rdquo; fue arrollador. Un &eacute;xito que ahora se ve confirmado con unas memorias sorprendentes, en las que narra una relaci&oacute;n t&oacute;xica que tiene como agresora a una lesbiana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otra novedad editorial que avanza TURIA es el libro in&eacute;dito del historiador alem&aacute;n Philipp Blom: &ldquo;Lo que est&aacute; en juego&rdquo;, Quien est&aacute; considerado uno de los mejores representantes de la intelectualidad europea actual, asegura que si bien los profetas del Apocalipsis son un fen&oacute;meno agotador, los &ldquo;optimistas ingenuos&rdquo; cansan a&uacute;n m&aacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LUIS SEP&Uacute;LVEDA, EJEMPLO DE COMPROMISO Y PASI&Oacute;N POR LA LITERATURA</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>En el art&iacute;culo que TURIA le dedica a Luis Sep&uacute;lveda (Ovalle, Chile, 1949 &ndash; Oviedo, Espa&ntilde;a, 2020) el profesor Teodosio Fern&aacute;ndez subraya que recordar su obra es &ldquo;contribuir a que su presencia siga viva de alg&uacute;n modo&rdquo;. M&aacute;xime ahora que se cumple un a&ntilde;o de la muerte por coronavirus de un escritor que que siempre crey&oacute; que su papel era &ldquo;contar bien una buena historia y no cambiar la realidad, porque los libros no cambian el mundo. Lo hacen los ciudadanos&rdquo;. &nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fue Sep&uacute;lveda un autor que alcanz&oacute; la celebridad por su novela <em>Un viejo que le&iacute;a novelas de amor</em>, editada originalmente en 1988, traducida a numerosos idiomas,&nbsp; que obtuvo ventas millonarias y que fue llevada al cine con gui&oacute;n del propio Sep&uacute;lveda. Fue un escritor muy comprometido pol&iacute;ticamente con las causas progresistas, autor de una amplia obra narrativa, as&iacute; como de guiones y ejerci&oacute; como director en varias pel&iacute;culas. Desde 1997 residi&oacute; en Gij&oacute;n, donde fund&oacute; y fue director de las catorce ediciones del Sal&oacute;n del Libro Iberoamericano de Gij&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Seg&uacute;n Teodosio Fern&aacute;ndez, Sep&uacute;lveda borr&oacute; &ldquo;las fronteras entre lo escuchado y lo vivido, entre el recuerdo y la invenci&oacute;n, entre el realismo m&aacute;gico y la novela rosa, entre el testimonio sociopol&iacute;tico y el relato policial, entre la selva amaz&oacute;nica y los paisajes remotos de la Patagonia y de los canales magall&aacute;nicos. No est&aacute; mal como recuerdo del entusiasmo de un pasado a&uacute;n reciente, y sobre todo como testimonio del proceso que condujo a un tiempo en el que la esperanza apenas puede radicar en personajes a la deriva, para quienes Sep&uacute;lveda supo imaginar historias de indudable inter&eacute;s, dejando patentes tanto su necesidad de contarlas como su gran capacidad para atrapar la atenci&oacute;n de sus lectores&rdquo;.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>MANUEL CHAVES NOGALES, UNA VOZ LIBRE E INC&Oacute;MODA</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>TURIA dedica un interesante art&iacute;culo a la enorme figura de un autor injustamente postergado durante demasiado tiempo: Manuel Chaves Nogales (Sevilla, 1897-Londres, 1944). Redescubierto en la d&eacute;cada de los noventa del pasado siglo, su fama no ha dejado de crecer desde entonces y actualmente es considerado uno de los grandes periodistas y escritores espa&ntilde;oles del siglo XX. Su b&uacute;squeda de la verdad por encima de cualquier ideolog&iacute;a hizo de &eacute;l una voz inc&oacute;moda en una Espa&ntilde;a dividida y en una Europa presa de los totalitarismos. Exiliado en Francia e Inglaterra desde poco despu&eacute;s del estallido de la Guerra Civil, all&iacute; escribir&iacute;a textos tan fundamentales como <em>A sangre y fuego</em> o <em>La agon&iacute;a de Francia</em>, antes de su prematura muerte en 1944.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sobre Chaves Nogales escribe en TURIA Manuel Neila: &ldquo;supo afrontar la encrucijada de entreguerras con una actitud, una lucidez y una coherencia dignas del mayor elogio, que muy pocos de sus coet&aacute;neos, los escritores de la llamada Edad de Plata de la cultura espa&ntilde;ola, consiguieron superar&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ahora, con la reciente publicaci&oacute;n de una extraordinaria edici&oacute;n de la obra completa de Manuel Chaves Nogales y en opini&oacute;n de Manuel Neila, &ldquo;se culmina el proceso de recuperaci&oacute;n de uno de los mejores reporteros espa&ntilde;oles, cuya obra narrativa y period&iacute;stica contribuy&oacute; a integrar el periodismo, el g&eacute;nero documental y testimonial, en el canon literario&rdquo;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>LUC&Iacute;A BERLIN, MAESTRA EN EL ARTE DE CONTAR LA VIDA</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Nadie mejor que Eugenia V&aacute;zquez, su traductora al espa&ntilde;ol, para explicarnos las claves de la escritora norteamericana Lucia Berlin y su celebrado y reciente redescubrimiento. Y es que Lucia Berlin (Juneau, Alaska, 1936 &ndash; Los &Aacute;ngeles, 2004) public&oacute; siete libros en vida, en editoriales independientes y con tiradas peque&ntilde;as y no fue hasta que en 2015 una de las editoriales norteamericanas m&aacute;s importantes, Farrar, Straus and Giroux, recopila una colecci&oacute;n con 43 de sus relatos en <em>Manual para mujeres de la limpieza</em> (editada por Stephen Emerson y auspiciada por varios escritores que la admiraban como Lydia Davis, que firma el pr&oacute;logo, o Barry Gifford) cuando obtuvo gran reconocimiento p&oacute;stumo y se convirti&oacute; en un &eacute;xito de p&uacute;blico y cr&iacute;tica, uno de esos casos de justicia literaria a una escritora rodeada por cierto halo de malditismo y una vida controvertida y dif&iacute;cil.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aunque en 1991 obtuviera el premio American Book, su biograf&iacute;a sentimental fue muy atormentada, tuvo problemas de alcoholismo y serias dificultades econ&oacute;micas que solvent&oacute; limpiando casas ajenas, adem&aacute;s de no pocos problemas de salud. Todo ello se refleja en sus textos. Muri&oacute; de c&aacute;ncer a los 68 a&ntilde;os y entre los datos singulares que aporta su dura vida de tres matrimonios (el primero con 17 a&ntilde;os) y cuatro hijos, conviene recordar que en 1955 fue alumna de Ram&oacute;n J. Sender en la Universidad de Nuevo M&eacute;xico. &nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Tiene raz&oacute;n Eugenia V&aacute;zquez cuando concluye su art&iacute;culo en TURIA afirmando que &ldquo;todo lo que no est&aacute; escrito desaparece, pero las historias perduran y la voz de Lucia Berlin seguir&aacute; resonando vivamente mientras&nbsp; las leamos&rdquo;.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>CARMEN MARIA MACHADO, PERTURBADORA REINA DE LA LITERATURA &ldquo;NEW WEIRD&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Siempre atenta a la mejor literatura internacional, esta nueva entrega de la revista TURIA publica un texto in&eacute;dito de la norteamericana Carmen Maria Machado. Nacida en 1986 en una peque&ntilde;a localidad al norte de Filadelfia, es una escritora de relatos, ensayista y cr&iacute;tica literaria cuya presencia es muy frecuente en revistas como <em>The New Yorker</em>, <em>The Paris Review</em> o <em>Granta</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El texto que TURIA dar&aacute; a conocer en rigurosa primicia en espa&ntilde;ol se trata de un avance del nuevo libro de Carmen Maria Machado: &ldquo;In the Dream House&rdquo; (En la casa de los sue&ntilde;os) que ser&aacute; publicado por la editorial Anagrama en los pr&oacute;ximos meses.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En espa&ntilde;ol se ha publicado su libro &ldquo;Su cuerpo y otras fiestas&rdquo;, que re&uacute;ne ocho cuentos perturbadores que giran alrededor de lo femenino, el cuerpo y la sexualidad y que ha sido considerado por la cr&iacute;tica como un debut arrollador. El libro fue finalista del Premio National Book y del Premio International Dylan Thomas. Carmen Maria Machado estudi&oacute; en el prestigioso Writers&rsquo;Workshop de la Universidad de Iowa y est&aacute; considerada una de las mejores representantes de la llamada literatura &ldquo;new weird&rdquo;, una mezcla de terror y fant&aacute;stico con elementos de realismo m&aacute;gico y ciencia ficci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Su nuevo libro &ldquo;En la casa de los sue&ntilde;os&rdquo; es el testimonio de una relaci&oacute;n t&oacute;xica, que en este caso no tiene como agresor a un var&oacute;n heterosexual de mentalidad patriarcal y machista, sino a una lesbiana. Y este es un primer elemento que da valor a este texto: la denuncia de la violencia de g&eacute;nero dentro de la comunidad &ldquo;queer&rdquo;. Pero la calidad excepcional de la propuesta de Machado va m&aacute;s all&aacute;: en lugar de quedarse en un mero ejercicio de testimonio personal, utiliza la historia vivida -y sufrida- para explorar m&aacute;s a fondo el tema jugando literariamente con &eacute;l. Y lo hace mediante la manipulaci&oacute;n de los g&eacute;neros narrativos -la novela rom&aacute;ntica, la er&oacute;tica, la de iniciaci&oacute;n, la de terror&hellip;-, lo cual le permite contar su historia y al mismo tiempo reflexionar sobre c&oacute;mo contamos las historias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El resultado es una nueva muestra del talento transgresor de Carmen Maria Machado, una de las voces femeninas m&aacute;s radicales y l&uacute;cidas del panorama de la literatura contempor&aacute;nea, capaz de combinar la exploraci&oacute;n formal con la profunda honestidad en el relato de la experiencia vivida y la sexualidad.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>CUANDO LA ESPERANZA PARECE UNA IMBECILIDAD, HAY QUE LEER A PHILIPP BLOM</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La secci&oacute;n de Pensamiento de TURIA la protagoniza un gran nombre propio de la actual intelectualidad europea: el historiador, novelista y traductor alem&aacute;n Philipp Blom. Nacido en Hamburgo en 1970 y formado en Viena y en Oxford, en cuya universidad se doctor&oacute; en Historia Moderna, ha vivido en Londres y en Par&iacute;s hasta fijar su residencia en Viena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Blom colabora regularmente en revistas especializadas y peri&oacute;dicos de Europa y Estados Unidos. En Espa&ntilde;a, la editorial Anagrama ha publicado cinco obras espl&eacute;ndidas: &ldquo;El coleccionista apasionado. Una historia &iacute;ntima&rdquo;, &ldquo;Encyclop&eacute;die. El triunfo de la raz&oacute;n en tiempos irracionales&rdquo;, &ldquo;A&ntilde;os de v&eacute;rtigo. Cultura y cambio en Occidente, 1900-1914&rdquo;, &ldquo;Gente peligrosa. El radicalismo olvidado de la Ilustraci&oacute;n europea&rdquo; y &ldquo;La fractura. Vida y cultura en Occidente 1918-1938&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ahora TURIA publica un avance de su nuevo libro in&eacute;dito en espa&ntilde;ol y que se titula &ldquo;Lo que est&aacute; en juego&rdquo;. En &eacute;l, Blom nos dir&aacute; que los profetas del apocalipsis son un agotador fen&oacute;meno concomitante de las tensiones culturales, pero los &laquo;optimistas ingenuos&raquo; cansan a&uacute;n m&aacute;s. Y as&iacute; marca el tono de su nuevo ensayo, con el que aspira a explicarnos que tenemos que actuar r&aacute;pido y todos a la vez si no queremos vivir, dentro de no mucho tiempo, algo parecido al fin del mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;El futuro?, se pregunta Blom. Cambio clim&aacute;tico, avance imparable de nuevas tecnolog&iacute;as que se revelan nefastas para el mercado laboral, crisis de la democracia, resurgimiento de los nacionalismos &eacute;tnicos y nuevas caras del fascismo&hellip;&nbsp; Pero aunque sea dif&iacute;cil ser optimista &laquo;cuando la esperanza parece una imbecilidad&raquo;, hacer frente a desaf&iacute;os tan grandes es hoy la asignatura pendiente de los gobiernos, de los poderes econ&oacute;micos y tambi&eacute;n, muy especialmente, de la sociedad civil.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong><span style="text-decoration: underline;">UN FRAGMENTO DEL LIBRO DE PHILIPP BLOM</span></strong></p>
<p><span style="text-decoration: underline;">&nbsp;</span></p>
<p>Uno de los textos in&eacute;ditos m&aacute;s interesantes que publica la revista TURIA es un avance del nuevo libro de ensayos de Philipp Blom: &ldquo;Lo que est&aacute; en juego&rdquo;. Ser&aacute; pr&oacute;ximamente publicado por la editorial Anagrama y en &eacute;l este historiador de la cultura traza un l&uacute;cido panorama de nuestro presente. Tambi&eacute;n analiza ese futuro pr&oacute;ximo del que tal vez todav&iacute;a nos podemos salvar. A continuaci&oacute;n ofrecemos un fragmento del libro:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>LO QUE EST&Aacute; EN JUEGO </strong></p>
<p>&ldquo;Imaginemos que dentro de cincuenta a&ntilde;os una joven historiadora estudia los primeros a&ntilde;os del siglo xxi. &iquest;Qu&eacute; le llamar&iacute;a la atenci&oacute;n? &iquest;Qu&eacute; factores considerar&iacute;a decisivos? &iquest;Qu&eacute; no comprender&iacute;a de los a&ntilde;os en que hemos vivido nosotros? &iquest;Hacia qu&eacute; volver&iacute;a la vista? No, sin duda, hacia los nombres de jefes de Estado, demagogos y empresarios, ni hacia los grupos terroristas, las estrellas del cine o de la m&uacute;sica o las guerras regionales. Desde su punto de vista, ser&aacute; otra cosa la que le parecer&aacute; importante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si la joven historiadora del futuro vive en un pa&iacute;s altamente desarrollado, es casi seguro de que pr&aacute;cticamente todo su trabajo lo har&aacute;n robots inteligentes, algoritmos y otras m&aacute;quinas. Tambi&eacute;n sus investigaciones mejorar&aacute;n gracias a algoritmos capaces de digerir y procesar cantidades enormes de datos. Eso tiene sus caprichos; al fin y al cabo, la historiadora conf&iacute;a impl&iacute;citamente en el juicio de los algoritmos, pero en invierno, si puede evitarlo, nunca se resfriar&aacute; mientras investiga en un archivo expuesto a las corrientes de aire. En cualquier caso, el antes fr&iacute;o archivo ser&aacute; un poco m&aacute;s acogedor, pues el clima de la tierra ya habr&aacute; experimentado un cambio considerable y Europa estar&aacute; en manos de la corriente del Golfo, de si sigue existiendo o no, pues de ello depende que tengamos un continente m&aacute;s c&aacute;lido o mucho m&aacute;s fr&iacute;o.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Qu&eacute; se preguntar&aacute;, pues, esa historiadora cuando investigue los primeros a&ntilde;os del siglo xxi? Es probable que tropiece con dos cosas que no entender&aacute;. Por una parte, ver&aacute; que hace tiempo que viene estudi&aacute;ndose y observ&aacute;ndose cient&iacute;ficamente el calentamiento de la tierra, pero que las sociedades de las d&eacute;cadas que se propone estudiar reaccionaron de manera lenta y vacilante ante tan enorme transformaci&oacute;n. Por la otra, ver&aacute; que la digitalizaci&oacute;n ya hab&iacute;a empezado a injerir profundamente en los contextos econ&oacute;micos y en las estructuras sociales y de poder pol&iacute;tico, y a darles nueva forma, pero que tambi&eacute;n ese cambio provoc&oacute; reacciones parciales y a menudo meramente simb&oacute;licas. En las sociedades de principios del siglo xxi, podr&iacute;a concluir, todo giraba, por motivos que resultan dif&iacute;ciles de aclarar, en torno a la gesti&oacute;n de las expectativas y la defensa de los privilegios. En esencia, el futuro estaba prohibido.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 26 Feb 2021 10:23:46 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Contracultura y divinidad en la poesía de Pedro Casariego Córdoba]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/contractura-y-divinidad-en-la-poesia-de-pedro-casariego-cordoba/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/PEDRO_CASARIEGO_C_RDOBA.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p align="right">regado por la pulcra saliva del cielo</p>
<p align="right"><em>Dra</em>, 1986 (2020: 397)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Una excepci&oacute;n</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>De la extra&ntilde;eza, de la rebeld&iacute;a, del dolor, de la ternura, de la b&uacute;squeda de un Dios esquivo, de la incomprensi&oacute;n en un mundo que no es el suyo brota la necesidad de decir que movi&oacute; toda la obra de Pedro Casariego C&oacute;rdoba (Madrid 1955-1993). Entre 1977 y 1987 Casariego concibi&oacute; los poemarios <em>La canci&oacute;n de Van Horne</em> (1977), <em>El hidroavi&oacute;n de K.</em> (1978), <em>La risa de Dios</em> (1978), <em>Maquillaje (Letan&iacute;a de p&oacute;mulos y p&aacute;nicos)</em> (1979), <em>La voz de Mallick</em> (1981) y <em>Dra</em> (1986), que ser&iacute;an agrupados en <em>Poemas encadenados</em> (Seix Barral, Barcelona, 2003; 2020, en edici&oacute;n ampliada). A este volumen habr&iacute;a que sumar sus poemas sueltos, su pintura, los textos y dibujos de <em>La vida puede ser una lata</em> (1988) o <em>Cuadernos amarillo, rojo, verde y azul</em> (1988). <em>Verdades a medias</em> (1998) recoge su obra escrita en prosa. El cuento ilustrado <em>Pernambuco, el elefante blanco</em> (1993) fue su despedida.</p>
<p>El poeta madrile&ntilde;o huy&oacute; de c&iacute;rculos literarios y de exposiciones p&uacute;blicas, entregado a su &ldquo;oficio solitario&rdquo;, a su &ldquo;manera de estar solo&rdquo;. Traicionando este deseo, podr&iacute;amos deslizar su obra po&eacute;tica por esa generaci&oacute;n intermedia del final del franquismo y los primeros a&ntilde;os de la Espa&ntilde;a constitucional. Dos antolog&iacute;as establecer&iacute;an el marco temporal: <em>Nueve nov&iacute;simos poetas espa&ntilde;oles </em>(1970) de Jos&eacute; Mar&iacute;a Castellet y <em>Postnov&iacute;simos</em>&nbsp;(1986) de Luis Antonio de Villena. Entre sesentayochistas, nov&iacute;simos, postnov&iacute;simos, posmodernos y &ldquo;poetas de la movida&rdquo;, entre otras tendencias, brilla su obra secreta. Si se ha hablado para estos a&ntilde;os de &ldquo;poetas venecianos&rdquo;, &ldquo;poetas puros&rdquo;, &ldquo;poetas de la experiencia&rdquo;, &ldquo;poetas yonkis&rdquo; o &ldquo;poetas secretos&rdquo;, sin duda Pe Cas Cor se alinear&iacute;a en una corriente unipersonal de secretismo. Es conocida su condici&oacute;n de abstemio y su distancia con respecto a las est&eacute;ticas estupefacientes. En su caso son absolutamente naturales, biol&oacute;gicos, los v&iacute;nculos con la poes&iacute;a neosurrealista o neovanguardista, con la cultura pop y, en definitiva, con lo que se puede llamar &ldquo;poes&iacute;a de la diferencia&rdquo;. Su obra est&aacute; m&aacute;s cerca de los <em>Poemas humanos</em> de C&eacute;sar Vallejo o <em>Poeta en Nueva York</em> de Federico Garc&iacute;a Lorca que de la obra de cualquiera de sus contempor&aacute;neos.</p>
<p>Isabel Bellido, Manuel Rico o Joaqu&iacute;n Ruano recogen en sus estudios de la &eacute;poca dos hechos culturales, ambos de 1984, que hablan de apertura y de nuevas formas en el arte: el Congreso Narrativa en la Posmodernidad, celebrado en el C&iacute;rculo de Bellas Artes de Madrid, y la aparici&oacute;n del n&uacute;mero 1 de la revista <em>La Luna de Madrid</em>, altavoz de la movida. En esta publicaci&oacute;n, muy pronto, Jos&eacute; Luis L&oacute;pez Aranguren puede escribir ya su desencanto ante una euforia superficial y sin demasiado sentido: &ldquo;Sumidos en el Paro, la Delincuencia, la Marginaci&oacute;n y la Pasi&oacute;n. Tambi&eacute;n viviendo en el Reencantamiento. En la Esperanza sin Fe. Esto es la Posmodernidad.&rdquo; (Bellido, 2017: 2)</p>
<p>Igualmente, Joaqu&iacute;n Ruano se refiere para los primeros a&ntilde;os 80 a la existencia de posmodernos y &aacute;cratas. Estos &uacute;ltimos optan, &ldquo;ante el desencanto de la realidad, por la fuga&rdquo;, por &ldquo;negar la mediocridad circundante&rdquo; y encuentran su salida en la promiscuidad, la locura, la drogadicci&oacute;n y la homosexualidad. (Bellido: 2017: 3) Al margen de la nueva libertad conquistada, entre los poetas sigue habiendo un orden oficial, el de los poetas que publican en editoriales de prestigio, que imponen un nuevo canon, y ese otro orden de las voces que se desmarcan por diferencias sociales, est&eacute;ticas o personales o que simplemente no constan. Este es el espacio de Casariego. A este respecto, es significativo el t&iacute;tulo del art&iacute;culo de Isabel Bellido: &ldquo;De c&oacute;mo la movida mat&oacute; a los poetas&rdquo;, que trata de explicar la cara b, el desasosiego ante la complacencia.</p>
<p class="Standard">Por acabar de trazar un contexto, diremos que fueron muchas las antolog&iacute;as que dieron cuenta de la poes&iacute;a de los a&ntilde;os 70 y 80. Casariego apenas aparece, y a destiempo, en <em>Despu&eacute;s de la modernidad</em> de Julia Barella (1987), <em>8 poetas raros</em> de Jos&eacute; Luis Gallero y Jos&eacute; Mar&iacute;a Parre&ntilde;o (1992) o <em>Poesia espanhola de agora</em> (Lisboa, 1997). Su presencia en los diferentes panoramas de la generaci&oacute;n es pr&aacute;cticamente inexistente. De forma general, en esas antolog&iacute;as de los a&ntilde;os 70 y 80, frente la generaci&oacute;n del medio siglo o los realistas, se reconocen algunos rasgos decisivos: cuidado del lenguaje, cercano a veces a lo intelectual, otras al simbolismo; obediencia exlusiva del poema a sus propias leyes internas, sin alusi&oacute;n directa a la realidad o la sociedad del momento; literatura autorreflexiva, metaliteraria, cuajada de polifon&iacute;as y alusiones intertextuales; regreso al irracionalismo y lo excepcional; regreso a lo experimental y a todas las rupturas versales, tipogr&aacute;ficas y r&iacute;tmicas; aparici&oacute;n de figuras del mundo medi&aacute;tico y de iconos pop. Estos rasgos no explican la obra singular de Pedro Casariego, pero al menos la sit&uacute;an en un ambiente creativo distinto, en ocasiones efervescente y de est&iacute;mulos rupturistas. Por lo dem&aacute;s, se sabe que las relaciones de Casariego con otros poetas fue m&iacute;nima y que no era lector de poes&iacute;a.</p>
<p class="Standard">Volviendo a la excepci&oacute;n, coincide la etapa creativa de Pedro Casariego C&oacute;rdoba con la de &ldquo;malditos&rdquo;, &ldquo;raros&rdquo; o &ldquo;heterodoxos&rdquo; como Eduardo Haro Ibars, Fernando Merlo, Leopoldo Mar&iacute;a Panero, An&iacute;bal N&uacute;&ntilde;ez o&nbsp;F&eacute;lix Francisco Casanova o con la irrupci&oacute;n brillante de Blanca Andreu con <em>De una ni&ntilde;a de provincias que se vino a vivir en un chagall</em> (Premio Adonais, 1980). Es esta tambi&eacute;n la &eacute;poca en que se pronuncian est&eacute;ticamente los poetas recogidos en <em>Poes&iacute;a Contracultura Barcelona </em>(2016)<em> </em>por David Castillo&nbsp;y&nbsp;Marc Balls y tantos otros que en diferentes lugares de la geograf&iacute;a espa&ntilde;ola ejercieron su individualismo y su disidencia. El neosurrealismo y lo contracultural, que ser&iacute;an dos de las aspiraciones del arte de esta &eacute;poca, se pueden asociar a la obra del madrile&ntilde;o. Por su parte, la poes&iacute;a de Eloy S&aacute;nchez Rosillo, que en 1978 da a la luz <em>Maneras de estar solo</em>, representar&iacute;a la otra dimensi&oacute;n, clara, eleg&iacute;aca y reflexiva, de toda esta modernidad.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard"><strong>Abrir el grifo</strong></p>
<p class="Standard"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>La corta estatura</p>
<p>de 3 de las operadoras camboyanas</p>
<p>precisamente sus 3 portavoces</p>
<p>que reclaman en correcto franc&eacute;s</p>
<p>la recompensa prometida</p>
<p>por la captura de Stirling</p>
<p>permite a Van Horne ver</p>
<p>el estallido de la primera bomba (2020: 27)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como una bomba estallan los primeros versos enlazados, encadenados, del primero de sus libros, <em>La canci&oacute;n de Van Horne</em>. Intentar explicar cu&aacute;l es el origen &uacute;nico, el arranque ins&oacute;lito de su poes&iacute;a nos obligar&iacute;a, en primera instancia, a escucharlo a &eacute;l mismo:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Consiste simplemente en abrir un grifo y dejar que manen de ese grifo todos los l&iacute;quidos y todos los cantos qu&iacute;micos posibles, tratando de hacer acopio de im&aacute;genes, robando palabras a los peri&oacute;dicos, expresiones a las gentes, t&eacute;rminos a los diccionarios, y luego bati&eacute;ndolos todos para hacer una bebida que no resulte totalmente imposible de digerir.&rdquo; (Entrevista, El Paseante, 1985: 99)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La obra po&eacute;tica de este &ldquo;cometa&rdquo;, que en palabras de Clara Jan&eacute;s cruz&oacute; nuestro firmamento &ldquo;ardiendo en &lt;hielo celeste&gt;&rdquo;, fue recogida en 2003, a los 10 a&ntilde;os de su muerte, en <em>Poemas encadenados</em> (Seix Barral), con pr&oacute;logo de &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez, al cuidado de sus hermanos y Pe Cas Cor Sociedad Imaginada. Como homenaje, esta vez en el 65 aniversario de su nacimiento, el volumen ha sido reeditado (Seix Barral, 2020), incluyendo algunos poemas in&eacute;ditos de la &uacute;ltima &eacute;poca, con un nuevo pr&oacute;logo de Javier Rodr&iacute;guez Marcos y con la intercesi&oacute;n de algunos escritores que coinciden en su entusiasmo por una obra cuando menos singular, imprescindible si nos adentramos en los circuitos m&iacute;nimos de la literatura de verdad. Antonio Gamoneda, Berta Vias Mahou, Enrique Vila-Matas, Marta Sanz o Ray Loriga, entre otros, firman los textos y escolios que acompa&ntilde;an esta edici&oacute;n y que subrayan el valor irrenunciable de esta explosi&oacute;n de creatividad y talento. &nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Visionario ciego</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;Roberts a&uacute;lla como una cometa</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp; y yo a&uacute;llo como esa misma cometa&nbsp; :</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;mis dedos definen</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp; su cuerpo de angustia&nbsp; :</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &eacute;l dice</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;que mi cintura es un crisantemo</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; cuya elegancia</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; nos santifica&nbsp; :</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;armoniza mi perfume</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; los naipes</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; de su tiempo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; S. 82.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; (<em>Maquillaje (Letan&iacute;a de p&oacute;mulos y p&aacute;nicos)</em>, 2020: 331)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como Tiresias, el poeta es un visionario ciego, capaz de ver m&aacute;s all&aacute; de nuestra propia ceguera. El precio de esta lucidez y de esta deserci&oacute;n de la realidad es alto:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay</p>
<p>muchos</p>
<p>mundos</p>
<p>pero yo no</p>
<p>estoy</p>
<p>en</p>
<p>ninguno.</p>
<p>&iquest;Sabr&eacute;</p>
<p>morir?</p>
<p>Vivir</p>
<p>no he sabido...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>As&iacute; se expon&iacute;a en <em>Cuadernos amarillo, rojo, verde y azul </em>(&Aacute;rdora, 1998: 41). En cada uno de sus libros mordemos la fruta de una imaginaci&oacute;n desbordante, irisada de hallazgos y transgresiones. Prometeo ha robado el fuego, lo ha transmutado en poliedro vivo de un mundo fant&aacute;stico, un bestiario hura&ntilde;o, una llamarada de desobediencia y sue&ntilde;o. Prometeo ha sufrido su castigo y ha luchado con todas sus fuerzas para desencadenarse y ser de nuevo el fuego. As&iacute;, en el mundo inabarcable de Pe Cas Cor cabr&aacute;n la risa de Dios, un aviador espartano, Marie &ldquo;que quisiera ser / una lib&eacute;lula de plata / y no una joven dama / de labios azules&rdquo; (2020: 163), los unicornios que enmudecen para siempre, el dolor, los sue&ntilde;os de Phil Kierkegaard, la espiga de trigo, Zimmermann y una metralleta descuidada, la fruta para los d&eacute;biles, el s&eacute;ptimo cielo de Paivarinta, los tigres de la felicidad, los aerolitos que son brujas embrujadas, la morfina, los sastres que visten de belleza la rabia, el pecho de Vanderbilt y una nadadora hawaiana y, por supuesto, los grandes carteles que anuncian el refresco Van-Cola. Parece infinito el paisaje siempre interior, infinita la escenograf&iacute;a alucinada, la geograf&iacute;a incendiaria de alguien que se esfuerza en decirlo todo desde la conciencia abrumadora de que las palabras son insuficientes:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nuestras palabras</p>
<p>nos impiden hablar.</p>
<p>Parec&iacute;a imposible.</p>
<p>Nuestras propias palabras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; N. 0.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; (<em>La risa de Dios</em>, 2020: 233)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una lectura cr&iacute;tica de sus formas y sus significados nos llevar&iacute;a a hablar de adanismo po&eacute;tico, de los contactos entre misticismo y postmodernidad, del inconformismo y el no pertenecer anarquistas (&ldquo;En algunos lugares la anestesia se ha convertido en la religi&oacute;n universal&rdquo; (&ldquo;Berl&iacute;n&rdquo;, 2020, 531)), del desencanto (&ldquo;Una enfermedad ven&eacute;rea / ha troceado el alma a los gorriones&rdquo; (2020: 407)), de la iluminaci&oacute;n y el desarreglo de los sentidos de Rimbaud y Lautr&eacute;amont, del estado de falencia o intersticialidad que nos ofrece el otro lado de las cosas, del desaprendizaje de los modos convencionales de vivir y escribir (&ldquo;Luchar&eacute; contra todos los que digan / lo que yo digo&rdquo; (2020: 459)), del mito y lo inconsciente (&ldquo;Regresemos a la sorpresa del templo griego.&rdquo; (&ldquo;Berl&iacute;n&rdquo;, 2020: 530)), de la disoluci&oacute;n de los g&eacute;neros, del collage y la fusi&oacute;n que transmiten la superposici&oacute;n existencial de planos, s&iacute;mbolos o realidades, del centro descentrado de Jacques Derrida y la escritura de los m&aacute;rgenes de Maurice Blanchot, del poeta como delirante que hay en Cort&aacute;zar, de las asociaciones salvajes de ideas (&ldquo;soy todo lo bondadoso que puede ser un buitre&rdquo; (2020: 438)), de la escritura autom&aacute;tica que no es <em>stricto sensu</em> autom&aacute;tica, de la visi&oacute;n irracional (&ldquo;mi salvaje peregrinaci&oacute;n por la nada m&aacute;s vac&iacute;a&rdquo;&nbsp; (2020: 375)) y de la contemplaci&oacute;n &oacute;rfica. Son m&uacute;ltiples las posibilidades de acercamiento a esta obra. Y, sin embargo, desde el sentido m&aacute;s com&uacute;n Antonio Gamoneda nos explica que &ldquo;m&aacute;s all&aacute; de la literatura&rdquo;, donde &ldquo;realidad po&eacute;tica&rdquo; y &ldquo;realidad vida/muerte&rdquo; no se distinguen, &ldquo;carece de sentido definir -poner l&iacute;mites- a la forma o los significados de la poes&iacute;a de Casariego. Todo es y deja de ser en la misma sucesi&oacute;n/convulsi&oacute;n/disoluci&oacute;n.&rdquo;&nbsp; (2020: 432) Marta Sanz habla, a prop&oacute;sito de <em>Maquillaje</em>, de &ldquo;rescoldo rom&aacute;ntico y anticipaci&oacute;n queer&rdquo; (2020: 286). &ldquo;Mi rostro es un antifaz. / Desenterrad mi segundo rostro&rdquo; pide Casariego en <em>La risa de Dios</em> (2020: 255). La literatura es maquillaje y m&aacute;scara y hueso y palabras. En palabras de Marcos Giralt, el poeta es &ldquo;capaz de sentir las sutiles relaciones que transitan por debajo de las cosas. Como si el tiempo hubiese sido abolido y toda la creaci&oacute;n se le mostrase transparente.&rdquo; (2020: 22)</p>
<p>De acuerdo con ellos, desde cierta inocencia hermen&eacute;utica, creo que podr&iacute;a ser un error, en casos como el de Casariego, abordar su poes&iacute;a desde lo que consideramos normal, racional, convencional. En su obra, desde el inicio, la normalidad es otra cosa, cercana a una exploraci&oacute;n abisal, delirada y nost&aacute;lgica del primer lenguaje, de aquel que a&uacute;n <em>era</em> la realidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>T&uacute; mi Dios</p>
<p>T&uacute; que conviertes al siervo en siervo</p>
<p>T&uacute; que conviertes el huerto en huerto</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; la piedra en piedra</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; el amor en amor</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>T&uacute; abrazando brujas y santos y hielos y otras naciones amigas</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>T&uacute; tan tormenta de vida y yo tan tormento de nada</p>
<p>necesito que me invadas despertando sue&ntilde;os</p>
<p>o apagando mis infiernos de fuego con Tus dragones de agua bendita.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; (&ldquo;T&uacute; mi Dios&rdquo;, 1980, 2020: 460)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La voz desbocada</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En Pedro Casariego C&oacute;rdoba la escritura fluye siempre, se enlaza o se desliga y se desencadena para precipitarse sobre nosotros como una catarata. De <em>La risa de Dios</em>, por ejemplo, dice que &ldquo;sali&oacute; como un torrente, muy libremente&rdquo; (1985:101). Y este torrente viene de un gran venero <em>original</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>record&eacute; que los cometas no se peinan nunca</p>
<p>&nbsp;y comprend&iacute; que el cometa no se hab&iacute;a distra&iacute;do</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; el cometa</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;se dirig&iacute;a</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp; inconsciente y certero como aguja de br&uacute;jula</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; a un lugar muy concreto</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp; del paisaje que me conten&iacute;a</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>tem&iacute; que el lugar fuera yo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; M. 61.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; (<em>La voz de Mallick</em>, 2020: 377)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En cualquier caso, estamos ante una escritura desatada, quiz&aacute; la &uacute;nica que se aproximar&iacute;a a traducir el mundo de dentro, el interior m&uacute;ltiple. En su viaje a las profundidades, en su extracci&oacute;n de la piedra interna, Casariego da la sensaci&oacute;n de estar mostrando, como si fuese el ruido de los campos magn&eacute;ticos que somos, el ruido de su propia consciencia, &ldquo;el silencio m&oacute;vil del alma&rdquo; (1985: 101). La sinfon&iacute;a rimbaudiana que se remueve en las profundidades, las criaturas inconscientes de Gustavo Adolfo B&eacute;cquer, las que pugnan por salir a la luz, est&aacute;n aqu&iacute; tambi&eacute;n y aparecen ante nosotros como un g&eacute;iser incre&iacute;ble.</p>
<p class="Standard">Ante una voz desbocada como la del poeta madrile&ntilde;o, la cr&iacute;tica no puede sino enmudecer. El poeta es un delirante. Una intuici&oacute;n m&iacute;stica o m&iacute;tica o trascendente o metaf&iacute;sica hay en la fuente de sus poemas, lo que se traduce consecuentemente en el lenguaje. Ya Jacques Maritain se hab&iacute;a referido en <em>La intuici&oacute;n creadora en la poes&iacute;a y el arte</em> al &ldquo;hecho de que los artistas modernos luchen por liberarse del lenguaje racional y de sus leyes l&oacute;gicas&rdquo;, insistiendo en que &ldquo;nunca como ahora prestaron tanta atenci&oacute;n a las palabras (&hellip;), pero ello s&oacute;lo a fin de poder transfigurarlas y quedar libres del lenguaje de la raz&oacute;n discursiva&rdquo; (1955: 126). La necesidad de deshacerse de la raz&oacute;n l&oacute;gica es uno de los tatuajes po&eacute;ticos de Casariego.</p>
<p class="Standard">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En la esfera de la intuici&oacute;n -contin&uacute;a Maritain-&nbsp; &ldquo;penetramos en el imperio nocturno de una pr&iacute;stina actividad del intelecto que, m&aacute;s all&aacute; de los conceptos y de la l&oacute;gica, se realiza en una conexi&oacute;n viva con la imaginaci&oacute;n y la emoci&oacute;n.&rdquo; (1955: 131).</p>
<p class="Standard">Esta &ldquo;conexi&oacute;n&rdquo; nos devuelve de nuevo a los dominios de Orfeo, al or&aacute;culo del conocimiento. Por su boca se pronuncian sin freno los dioses o las musas o las fuerzas lis&eacute;rgicas de la naturaleza y la ciudad. La poes&iacute;a es, como en la Sibila, adivinaci&oacute;n de las profundidades que hay m&aacute;s all&aacute; de la raz&oacute;n. Como explica Julio Cort&aacute;zar, &ldquo;ser poeta / escritor / novelista / narrador / es decir ficcionante, imaginante, delirante, mitopoy&eacute;tico, or&aacute;culo o ll&aacute;male equis&rdquo; es siempre algo m&aacute;s (2000: 157). Nunca la ret&oacute;rica ser&iacute;a suficiente para apresar la belleza impulsiva, desoladora, neur&aacute;lgica de estos poemas, ni la conciencia de este caudal, de esta fuente manida en secreto (&ldquo;&iexcl;Que bien s&eacute; yo la fonte que mana y corre, / aunque es de noche!&rdquo; canta San Juan de la Cruz (1992: 277)), venero, cascada que apenas obedece a una ley de gravedad emocional, a un impulso sagrado, secreto.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">Dios me ama</p>
<p class="Standard">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;Dios ama mi enloquecer</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; S. 73.</p>
<p class="Standard">(2020: 327)</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">&nbsp;&ldquo;Su origen -le o&iacute;mos decir a San Juan de nuevo- no lo s&eacute;, pues no le tiene, / mas s&eacute; que todo origen de ella viene&rdquo;. El poema de Casariego es un r&iacute;o, un poema r&iacute;o con afluentes y meandros y deltas; dif&iacute;cil entonces explicar con palabras las olas, las corrientes internas, la constante mutabilidad heraclitiana. De igual forma, el escritor chileno Jos&eacute; Donoso dec&iacute;a lo imposible o lo in&uacute;til de intentar explicar la belleza total de la <em>Historia de Genji</em> o la poes&iacute;a de John Keats. En Casariego el coraz&oacute;n subjetivo del s&iacute;mbolo acaba por instaurar un discurso oblicuo, irreductible, proteico, en continua transformaci&oacute;n, en el que los sentidos se cruzan, se revuelven, regresan o van en direcciones desconocidas, se amplifican o se retraen hasta algo muy esencial, esencialmente inexplicable.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">Un campo</p>
<p class="Standard">infestado de cr&aacute;neos de gorri&oacute;n y margaritas</p>
<p class="Standard">que perdi&oacute; el tesoro</p>
<p class="Standard">de su materia</p>
<p class="Standard">y ascendi&oacute;</p>
<p class="Standard">tan involuntariamente como un globo</p>
<p class="Standard">para convertirse</p>
<p class="Standard">en el ingr&aacute;vido</p>
<p class="Standard">delicad&iacute;simo pabell&oacute;n</p>
<p class="Standard">de Paivarinta</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; P. 7.</p>
<p class="Standard">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; (<em>Dra</em>, 2020: 398)</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">Tal vez esta irreductibilidad del hecho art&iacute;stico, su car&aacute;cter indomable ante la cr&iacute;tica o la ex&eacute;gesis, tenga que ver con las propias palabras, que no dejan de pertenecer al mundo de m&aacute;s all&aacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>el dolor</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; este rinoceronte que no distingue</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; y embiste</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; desde soledad</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; con la fiereza del desconcierto</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; y lleva un traje</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; de diamantes mal planchados</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; y su carrera ciega</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; de metros infinitos</p>
<p>llega al ritmo</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; blanco y honrado de la nieve</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Ahora hablas con el dolor&rdquo;, 1985 (2020: 515)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Standard">El rinoceronte del dolor embiste. &iquest;C&oacute;mo decirlo? La fuente escondida que diga esta embestida ser&aacute; fundamentalmente una fuente de sangre y conocimiento:</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">Mi sangre no es sabia;</p>
<p class="Standard">yo busco un manantial de sangre sabia:</p>
<p class="Standard">r&iacute;os de sangre sabia</p>
<p class="Standard">para regar mi cuerpo.</p>
<p class="Standard">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; (2020: 459)</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">Entre la b&uacute;squeda asc&eacute;tica y el sacrificio ritual, el hombre es un manantial y la escritura, &ldquo;la imitaci&oacute;n del torrente&rdquo;. Su obra entera traduce esta voluntad y esta necesidad ampl&iacute;simas de bautizarse en el r&iacute;o de palabras, en una apuesta contra las seguridades, los racionalismos, los realismos y las solideces, en una averiguaci&oacute;n del yo: &ldquo;porque yo soy sangre&rdquo; (2020: 459). &ldquo;Dejar que manen todos los l&iacute;quidos&rdquo; ser&aacute; la consigna l&iacute;quida de una obra po&eacute;tica &ldquo;rara&rdquo;. El manantial fluye contra el tiempo, contra la vulgaridad, al encuentro de un Dios, sea el que sea.</p>
<p class="Standard">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p class="Standard"><strong>El poeta secreto</strong></p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">No creo en los ovnis:</p>
<p class="Standard">he gastado mi fe</p>
<p class="Standard">viviendo como una serpiente.</p>
<p class="Standard">Mi pantal&oacute;n es azul:</p>
<p class="Standard">soy extra&ntilde;o y</p>
<p class="Standard">siento desprecio;</p>
<p class="Standard">me desprecio a m&iacute; mismo</p>
<p class="Standard">cuando hablo tanto de m&iacute;,</p>
<p class="Standard">porque yo desprecio a los que se desnudan.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; (&ldquo;Te quiero porque tu coraz&oacute;n es barato&rdquo;, 1980, 2020: 459)</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">Pe Cas Cor confiesa, desde un pudor radical, &ldquo;abrir el grifo&rdquo; y dejar que manen las sustancias del alma, el universo vol&aacute;til, et&eacute;reo, l&iacute;quido del interior, y tambi&eacute;n los &ldquo;cantos&rdquo;, las canciones preexistentes, la qu&iacute;mica de las sensaciones o las emociones. Para ello, para que esta transici&oacute;n sea lo m&aacute;s <em>verdadera</em> posible, se dispone a hacer acopio de cuantas im&aacute;genes, palabras, expresiones sea capaz, independientemente de cu&aacute;l sea su origen. Sabe remotamente que traiciona as&iacute; al arte, al artista secreto. El poeta reniega, descree de quienes exteriorizan su obra.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">&ldquo;Yo defiendo un arte que se destruye al ser creado. El artista que escribe un libro o compone m&uacute;sica est&aacute; ya efectuando un trasvase de su alma con lo exterior que la deforma, ya que es imposible describir lo que sucede dentro de uno mismo.&rdquo; (1985: 100)</p>
<p class="Standard">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p class="Standard">Trasvasar es traicionar. El propio acto de crear implica renunciar al arte. Desde la conciencia de esta renuncia, Casariego &ldquo;incurri&oacute;&rdquo; -como dice &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez- en diferentes poemarios.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">&ldquo;Siempre el artista ser&aacute; una persona que renuncia al silencio m&oacute;vil del alma, y ha tratado de reflejar con un espejo totalmente imperfecto aquello que es realmente un poema interior.&rdquo; (1985: 100)</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">Ese &ldquo;poema interior&rdquo; es el que atrae y exige toda su atenci&oacute;n. Visceralmente, adem&aacute;s.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p>&ldquo;El artista que no sabe que hace arte, realmente lo hace, porque el valor del arte es precisamente la espontaneidad, la fuerza, el entrechocar de c&eacute;lulas, el r&iacute;o de la sangre.&rdquo; (1985: 101)</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">Esta posici&oacute;n &ldquo;m&iacute;stica&rdquo; es la &uacute;ltima revoluci&oacute;n posible, la &uacute;ltima revancha contra el mundo, contra el espejo que nos distorsiona. Sus poemas se resisten con fiereza a todo intento de clasificaci&oacute;n, porque son el trasunto m&aacute;s fiel posible de la pureza de un &ldquo;alma m&oacute;vil&rdquo;, el reflejo m&aacute;s cercano del laberinto de soledad de donde proceden.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">esta soledad es hija de una altura equivocada</p>
<p class="Standard">yo tengo el vicio del cielo</p>
<p class="Standard">soy el &uacute;nico propietario</p>
<p class="Standard">del aire huesudo y de los p&aacute;jaros f&aacute;ciles</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; (&ldquo;Esta soledad&rdquo;, 2020: 464)</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">El lenguaje es clave en esta mediaci&oacute;n entre lo interior y lo exterior. Y Casariego lamenta sus alcances insuficientes, su distorsi&oacute;n de la voluntad original del poema interior. Ante esta situaci&oacute;n de irredenci&oacute;n, rebeld&iacute;a e ingenuidad extremas, el cr&iacute;tico de la literatura debe ser consciente de la imposibilidad de reducir a palabras &ldquo;el vicio del cielo&rdquo; (&ldquo;Estoy milagrosamente. / Estoy milagrosamente.&rdquo; (2020: 459)) o el dolor (&ldquo;ahora hablas con el dolor / &eacute;l te dejar&aacute; porque no te entiende&rdquo;, (2020: 514)) de sus poemas. Hay una fractura, una revoluci&oacute;n, un s&iacute;mbolo en el fondo del fondo que no admite su explicaci&oacute;n.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">soy el perro que en la luna escarba una hoguera de signos</p>
<p class="Standard">y</p>
<p class="Standard">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; s&oacute;lo</p>
<p class="Standard">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; la</p>
<p class="Standard">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; muerte</p>
<p class="Standard">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; me hace</p>
<p class="Standard">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp; la vida</p>
<p class="Standard">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp; imposible.</p>
<p class="Standard">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; (&ldquo;Tu mezquita y tu r&iacute;o&rdquo;, 1979, 2020: 439)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Contra el tiempo, que nos hace la vida imposible, contra la debilidad, contra el aburrimiento, contra la estricta realidad escribi&oacute; el poeta madrile&ntilde;o. Una met&aacute;fora de esta inquisici&oacute;n es la frecuencia con que inunda sus p&aacute;ginas lo divino: Dios, la oraci&oacute;n, el rezo, la plegaria, el salmo, las biblias. Cuando incluso el dolor nos abandona, porque no nos entiende, quiz&aacute; la incomunicaci&oacute;n sea una de las muertes de Dios, la muerte del lenguaje. La imposibilidad de hablar con el otro y la imposibilidad de hablar consigo mismo se convierten en est&iacute;mulo inicial de esta obra inaudita. Este hablar consigo mismo es posible desde el mon&oacute;logo interior po&eacute;tico del que hemos hablado. &ldquo;Quien habla solo -hab&iacute;a explicado Antonio Machado en su &ldquo;Retrato&rdquo;- espera hablar con Dios un d&iacute;a&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Standard">Dios nos ama</p>
<p class="Standard">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;oh Dios nos ama</p>
<p class="Standard">&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;Dios enronquece</p>
<p class="Standard">&nbsp;&nbsp; y disipa tu luz</p>
<p class="Standard">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp; Dios predica en tus aleluyas</p>
<p class="Standard">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; y en tus resta&ntilde;asangres</p>
<p class="Standard">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; y en tus volcanes</p>
<p class="Standard">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; y en tu pubis m&iacute;stico</p>
<p class="Standard">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; y nos ama</p>
<p class="Standard">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; y en mis misereres</p>
<p class="Standard">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; y en nuestras biblias</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; S. 93.</p>
<p class="Standard">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; (2020: 337)</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p>En la l&iacute;nea del intimismo m&aacute;s radical de la intraconciencia, el poeta se lanza a sus profundidades para ser, para buscar esa ra&iacute;z en que las palabras a&uacute;n nos permitan hablar. La estructura externa de esta lucidez mostrar&aacute; un mapa dislocado, en que se acumulan im&aacute;genes, conexiones, relaciones de palabras, correspondencias fatales o ins&oacute;litas o descoyuntadas. El &ldquo;raconte de r&ecirc;ves&rdquo; y la escritura autom&aacute;tica surreales -aunque en sus poemarios haya una especie de hilo narrativo- est&aacute;n muy cerca. Algo parecido ocurre en las <em>takes</em> del jazz. El m&uacute;sico se dejaba ir sobre un leitmotiv, desde un leitmotiv, y se convert&iacute;a en cadencia de lo nunca visto, de lo nunca revelado. Esta actitud excesiva, expansiva ante la creaci&oacute;n es la que encontrar&iacute;amos en escritores del confesionalismo m&aacute;s puro. Un buen ejemplo es Anne Sexton, quien se vale del &ldquo;desorden&rdquo; espont&aacute;neo y la naturalidad bruta en sus textos despojados, sin piel. Casariego, por su parte, puede decirnos:</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">La fatiga me tumba en este jard&iacute;n perfecto o en esta escombrera de cisnes encantados.</p>
<p class="Standard">Ma&ntilde;ana afeitar&eacute; el continuo anochecer de mi garganta.</p>
<p class="Standard">Torpes como jugadores de golf palpan el sue&ntilde;o mis dedos.</p>
<p class="Standard">Encima de m&iacute; las constelaciones tejen sus mon&oacute;tonas promesas.</p>
<p class="Standard">Mueve los abedules la ingenier&iacute;a f&aacute;cil que despide el para&iacute;so.</p>
<p class="Standard">Hay perros rom&aacute;nticos en todos los seres de cinco letras.</p>
<p class="Standard">No soy perezoso.</p>
<p class="Standard">Duermo.</p>
<p class="Standard">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; (&ldquo;Berl&iacute;n&rdquo;, 2020: 532)</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">En el fondo de todo esto, hay una idea clarividente: el lenguaje se interpone entre nosotros y lo que queremos decir. Desde una perspectiva similar, Juan Andr&eacute;s Garc&iacute;a Rom&aacute;n lamentaba la p&eacute;rdida de ese lenguaje ad&aacute;nico, primigenio, en que las cosas verdaderamente nombraban la realidad. Casariego es igualmente consciente de la pobreza que se deriva de un lenguaje que no es posibilidad, que vive adocenado en su convencionalismo.</p>
<p class="Standard">El artista secreto, interior, busca una comunicaci&oacute;n directa, visceral, contagiosa, con los otros, como en Paul Celan o Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">Vend&iacute; uno de mis bosques de petr&oacute;leo</p>
<p class="Standard">&nbsp;entregu&eacute; el precio a doce de mis lacayos</p>
<p class="Standard">&nbsp; y los envi&eacute; al mundo</p>
<p class="Standard">&nbsp;&nbsp; para que consiguieran</p>
<p class="Standard">&nbsp;&nbsp;&nbsp; todos los diccionarios</p>
<p class="Standard">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; incluso los de las lenguas m&aacute;s insensatas</p>
<p class="Standard">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; con la esperanza de que alg&uacute;n extranjero</p>
<p class="Standard">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; entendiera el himno</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; P. 58.</p>
<p class="Standard">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; (<em>Dra</em>, 2020: 423)</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">&iquest;Qui&eacute;n entender&iacute;a el himno? A la sem&aacute;ntica de un alma viva, en movimiento, se corresponde un lenguaje vivo, abierto, en movimiento. Casariego intenta en su obra restituir esa conexi&oacute;n perdida entre la emoci&oacute;n y el lenguaje. As&iacute;, su discurso ser&aacute; salvajemente intuitivo, ir&oacute;nico, fluido, dislocado, virginal. En su boca cobran sentido las experiencias po&eacute;ticas rupturistas de la contracultura y la exploraci&oacute;n de la metaf&iacute;sica del lenguaje.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">Isabel BELLIDO (2017): &ldquo;De c&oacute;mo la movida mat&oacute; a los poetas&rdquo;. Jot Down. https://www.jotdown.es/2017/01/la-movida-mato-los-poetas/ (diciembre de 2020)</p>
<p class="Standard">Pedro CASARIEGO C&Oacute;RDOBA (2020). <em>Poemas encadenados. </em>Barcelona.<em> </em>Seix Barral.</p>
<p>Pedro CASARIEGO C&Oacute;RDOBA (1985). Entrevista para El Paseante, n&ordm; 1, p&aacute;gs. 99-102. Cuestionario y edici&oacute;n de&nbsp;Jacobo Siruela. http://www.pedrocasariego.com/entrevista_paseante/</p>
<p>Pedro CASARIEGO C&Oacute;RDOBA (1998). <em>Cuadernos amarillo, rojo, verde y azul</em>. Madrid, &Aacute;rdora Ediciones</p>
<p class="Standard">Julio CORT&Aacute;ZAR (2000). <em>Un tal Lucas</em>. Madrid. Ed. Suma de Letras</p>
<p class="Standard">San Juan DE LA CRUZ (1992). <em>Poes&iacute;a</em>. Madrid. C&aacute;tedra Letras Hisp&aacute;nicas</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 22 Feb 2021 10:20:04 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Francisco Ferrer Lerín:  “En mi poesía el azar es el  conductor favorito”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/francisco-ferrer-lerin-en-mi-poesia-el-azar-es-el-conductor-favorito/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/ler_n500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sorprende siempre, desconcierta, atropella, como en ocasiones irrumpe violenta esa dicha sosegada que no despierta el recelo de los dioses.&nbsp; Francisco Ferrer Ler&iacute;n (Barcelona, 1942). Su &uacute;ltimo poemario, &laquo;Grafo pez&raquo; (Libros de la Resistencia) es un prontuario de obsesiones: el cine, lo on&iacute;rico, los elementos (en principio) ajenos al poema y una innovaci&oacute;n matem&aacute;tica que provoca una (desasosegante quiebra l&iacute;rica). Rien ne va plus.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- La poes&iacute;a &iquest;tiene m&aacute;s de matem&aacute;tica (grafo) o de sagrado (pez)?</p>
<p>- La colecci&oacute;n de Tusquets en la que he publicado tres libros de poemas se llama &laquo;Nuevos Textos Sagrados&raquo;. Parece que lo sagrado, lo oculto, lo magn&iacute;fico, forman parte indisoluble del concepto &laquo;poes&iacute;a&raquo;. Sin embargo, &laquo;Grafo Pez&raquo; no solo es el t&iacute;tulo del poema que da t&iacute;tulo al volumen, es un importante grafo de la teor&iacute;a de grafos, parte capital de la ciencia matem&aacute;tica, cuyos enunciados suponen, a menudo, indiscutibles versos si no poemas.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- La palabra &laquo;escrita con tinta de nuez moscada&raquo; que busca el poeta &iquest;cu&aacute;nto tiene de fracaso?</p>
<p>- La palabra escrita siempre constituye un fracaso, al no alcanzar nunca la plenitud de su significado. El sintagma citado pertenece al poema &laquo;La palabra&raquo; redactado para el cat&aacute;logo-libro de la exposici&oacute;n &laquo;Ferrer Ler&iacute;n. Un experimento&raquo;, evento en el que se delimitaba el contorno de mi actividad art&iacute;stica, quiz&aacute; regulada por la oralidad e incluso por la escritura.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>- </strong>&iquest;Existe <em>la palabra</em>, al estilo Dreyer, dadora de vida?</p>
<p>- Dreyer, como buen demiurgo, tuvo capacidad creadora y en &laquo;Ordet&raquo; otorg&oacute; al verbo toda posible carga transformadora. Mi <em>palabra</em> es mucho m&aacute;s modesta, carece, por definici&oacute;n, de recursos religiosos.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Pienso en &laquo;Hermana menor&raquo;, y en la importancia que a lo largo de su obra tiene el sue&ntilde;o (f&iacute;sico y simb&oacute;lico). &iquest;Pesa m&aacute;s lo on&iacute;rico en el poema que en la vida?</p>
<p>En mi caso, y ya s&eacute; que es de gente maleducada hablar de uno mismo, los sue&ntilde;os han constituido parte fundamental en la gestaci&oacute;n y parto de muchos textos, po&eacute;ticos y narrativos; caracter&iacute;sticas como la realidad, variedad y gratuidad, los convierten en material codiciado. En cuanto a la vida, he de decir que a estas alturas ya no recuerdo, cuando soy preguntado acerca de la procedencia de determinadas historias, si pertenecen al espacio on&iacute;rico, a mi biograf&iacute;a oficial o a la sarta de mentiras que he ido propagando.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &laquo;Glot&oacute;n de m&iacute;&raquo;. &iquest;De qui&eacute;n gustosamente tendr&iacute;a una <em>Gran comilona</em> po&eacute;tica sin importarle empacho alguno?</p>
<p>- Ahora que, con motivo de su muerte se reproduce la famosa declaraci&oacute;n de Jean-Claude Carri&egrave;re: &laquo;con Bu&ntilde;uel com&iacute; m&aacute;s de 2000 veces&raquo;, yo podr&iacute;a ensayar un t&iacute;mido &laquo;vi comer, de lejos, en Hy&egrave;res, en una ocasi&oacute;n, a Saint-John Perse&raquo;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Las analog&iacute;as que se establecen en la poes&iacute;a tienen m&aacute;s de voluntad, de alquimia, de azar, de arbitrariedad..?</p>
<p>- En mi poes&iacute;a (y en menor grado tambi&eacute;n en mi narrativa) el azar es el conductor favorito, establece sabios compromisos y abre v&iacute;as insospechadas. Claro, en alguna ocasi&oacute;n, para acallar la mala conciencia que se&ntilde;ala como poco serio el discurso, acudo a la voluntad, pomposo t&eacute;rmino, que fulmina el desvar&iacute;o y rebusca en el caj&oacute;n de sastre de la memoria y la cordura.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &laquo;(&hellip;) a&uacute;n resistas/ con esas lesiones/ incompatibles con la vida&raquo;. &iquest;De qu&eacute; cura la poes&iacute;a? &iquest;Cu&aacute;ndo la escritura comienza a convertirse en un inmenso sarc&oacute;fago de repeticiones y palabras muertas?</p>
<p>- Cuando la escritura comienza a convertirse en un inmenso sarc&oacute;fago de repeticiones y palabras muertas hay que apagar el ordenador, levantarse de la silla, salir del despacho, bajar a la calle y echarse bajo las ruedas de un tranv&iacute;a o de un deportivo de lujo dependiendo de cu&aacute;l sea tu orientaci&oacute;n pol&iacute;tica. Ah, y la poes&iacute;a no cura nada, simplemente a veces, si uno queda satisfecho de lo que ha escrito durante el d&iacute;a, la g&eacute;lida ceremonia nocturna de introducirse en el lecho resulta menos penosa.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;l es &laquo;la distorsi&oacute;n m&aacute;s peligrosa&raquo; a la que nos exponemos al leer poes&iacute;a?</p>
<p>- No he logrado a&uacute;n enloquecer (pero espero lograrlo) buscando la palabra justa, ese elemento &uacute;nico que consigue cerrar un verso, un p&aacute;rrafo, de modo triunfal. Hablo de escribir, no de leer, pero reconozco que llevo tan lejos mi esp&iacute;ritu perfeccionista que ante un sintagma defectuoso (en un marco de excelencia, se entiende) desespero, <em>me distorsiono</em>, si no logro corregirlo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; tiene Max Reinhartd que nunca tendr&aacute; Almod&oacute;var?</p>
<p>- &iexcl;Qu&eacute; dif&iacute;cil me lo pone, resultan tan parecidos! Ambos de la far&aacute;ndula, ambos nacidos en similares enclaves, Baden bei Wien el primero, Calzada de Calatrava el segundo, ambos de se&ntilde;orial porte. Puede que, y esto lo digo forzando un tanto las cosas, Pedro nunca consiga que corra sangre jud&iacute;a por su sistema circulatorio.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- A usted que usa las redes, &iquest;le resulta interesante la subjetividad l&iacute;quida, postmoderna?</p>
<p>- Es un cap&iacute;tulo que muchos quisieran final pero que, matizado, ha venido para quedarse. Pero no es nada nuevo; recuerdo mis comienzos en el mundo literario, en aquellos consejos editoriales, por ejemplo en los de Barral Editores, donde lo que se estilaba era decir la m&aacute;s espectacular <em>boutade</em>, como proponer estrafalarios t&iacute;tulos y autores, a ser posible lituanos, cuando, en una sesi&oacute;n, en la que ya no aguantaba m&aacute;s, solt&eacute;, &laquo;yo fui mujer&raquo; Tuve bastante &eacute;xito.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; decir &laquo;ante el rostro de quien se sienta en el trono&raquo;?</p>
<p>- Siempre me han subyugado los h&eacute;roes grandiosos, los popes lustrosamente uniformados. Y no es que desee usurpar sus tronos, prefiero permanecer en un escal&oacute;n inferior (obedecer es mucho m&aacute;s f&aacute;cil que mandar) y de refil&oacute;n contemplar su rostro, nunca de frente que no vaya a cegarme el brillo de sus pupilas. Estimo que sin &eacute;pica, sin excesos, no existir&iacute;a la poes&iacute;a, ni la novela, ni el cine, ni, desde luego la vida, la vida que valga la pena vivir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Pienso en la recreaci&oacute;n de &laquo;Hippogypoi&raquo;. &iquest;Qu&eacute; nos ense&ntilde;an los bestiarios antiguos?</p>
<p>- En principio los bestiarios medievales ten&iacute;an intencionalidad moralizadora, extra&iacute;an ejemplos de conducta a partir de las bestias que cabalgaban en el improbable campo de la realidad fant&aacute;stica, eran manuales que almacenaban ense&ntilde;anzas convenientes, encaminadas a desarrollar conductas dignas, correctas. Luego, su estructura moderna, de inventario, fue utilizada por autores proclives a la m&aacute;s desaforada digresi&oacute;n, sustituyendo la certeza que la ciencia aportaba sobre la imposibilidad de unicornios y sirenas, por el uso de arcaicas maneras de redactar e ilustrar las p&aacute;ginas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;l es el &uacute;ltimo libro que le ha emocionado?</p>
<p>- Sin duda <em>Los muertos y los vivos / The Dead an the Living</em>, de la extraordinaria poetisa (s&iacute;, &laquo;poetisa&raquo;) estadounidense Sharon Olds, en la versi&oacute;n biling&uuml;e (muy buena traducci&oacute;n al espa&ntilde;ol de J.J. Almagro Iglesias y Carlos Jim&eacute;nez Arribas) publicada en 2006 por Bartleby Editores. Libro que ya he destacado en otras ocasiones pero del que ahora he logrado coronar su lectura en ingl&eacute;s, de lo cual me siento sumamente orgulloso y gratificado.&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 22 Feb 2021 10:16:53 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pequeños equilibrios]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/pequenos-equilibrios/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/gines600.jpg" alt="" /></p>
<p><em>Antonov</em>, el &uacute;ltimo poemario de Antonio Luis Gin&eacute;s (Izn&aacute;jar, C&oacute;rdoba, 1967) nos habla de un balance vital, de quien se detiene y mira tanto al pasado como al futuro, sabiendo ya que muchos sue&ntilde;os se quedar&aacute;n en nada (&ldquo;Todos los deseos no van a cumplirse/ Con uno satisfecho bastar&iacute;a&rdquo;). Quiz&aacute;s por eso mismo, el sujeto l&iacute;rico constata que es el presente el lugar al que pertenece, su precario pero irrenunciable hogar. La experiencia no ha tra&iacute;do demasiadas certezas, pero s&iacute; la suficiente sabidur&iacute;a como para comprender (como se sugiere en el poema &ldquo;Hip&oacute;tesis del eje&rdquo;) en qu&eacute; precarios equilibrios se sustenta nuestro vivir. Estamos ante una poes&iacute;a llena de referencias biogr&aacute;ficas, incluso de an&eacute;cdotas, y, sin embargo, no se trata exactamente de una poes&iacute;a confesional: lo importante no son tanto los hechos concretos, como el rumor de fondo de lo que apenas aflora a la superficie y que convierte toda realidad en misterio. Como el sonido en plena noche de ese Antonov, que da t&iacute;tulo al libro (y que se refiere a un hecho aut&eacute;ntico, un avi&oacute;n de carga ruso que atraviesa diariamente el cielo de la ciudad). Ese visitante nocturno se nos presenta como una presencia que est&aacute; ah&iacute;, pero que no se puede ver y que, de pronto, recoge el saldo invisible de una vida: &ldquo;Todas las noches a las doce/ el viejo Antonov cruza el cielo hacia la costa./ Es el primer d&iacute;a de fr&iacute;o./ Casi todo lo que me pas&oacute; hoy/ pareci&oacute; intrascendente [&hellip;]/ Pienso entonces en todos los a&ntilde;os/ que puedo salvar de la quema./ Y este fr&iacute;o, por fin, pegado a la piel, evaporando todo el calor/ que a&uacute;n nos queda dentro&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;La importancia del yo en este libro es evidente, como sugiere tambi&eacute;n el propio t&iacute;tulo, que puede leerse asimismo como una referencia en clave al propio nombre del poeta, Antonio, cuyo rostro tal vez es (o no, qu&eacute; importa) ese que se nos muestra borroso en la portada del libro (&iquest;qu&eacute; rostro no es borroso al mirarse en el pasado?). Pero conviene no enga&ntilde;arse: estamos ante un yo que no se considera el centro de realidad alguna, sino acaso de su propia existencia (como cualquiera de nosotros). El yo se&ntilde;ala as&iacute; solo un punto de coordenadas, al que no es posible renunciar si no queremos equivocar la ruta. As&iacute;, en &ldquo;Ser&eacute;&rdquo;, el poeta evoca nombres prestigiosos (Whitman, Cernuda, Vallejo, Sexton, Machado&hellip;) para acabar constatando &ldquo;S&eacute;re mucho menos que todos ellos./ Pero ser&eacute; yo,/ y a eso me aferro&rdquo;. Se trata, con todo, de un sujeto que no se concibe a s&iacute; mismo sino en relaci&oacute;n a las fr&aacute;giles redes que teje hacia los otros, o que los otros tejen hacia &eacute;l. La paternidad, la vida en pareja&hellip;afloran as&iacute;, como puntos de apoyo en medio de la diaria desorientaci&oacute;n que supone vivir. Una presencia constante es tambi&eacute;n la de la naturaleza, no desde una concepci&oacute;n rom&aacute;ntica de un Ed&eacute;n perdido, sino como pura alteridad frente a la mirada del ser humano, que constata a trav&eacute;s de esos seres (animales, plantas&hellip;) la realidad irrenunciable de un mundo que est&aacute; m&aacute;s all&aacute; del yo. &Aacute;rboles, p&aacute;jaros sit&uacute;an al sujeto l&iacute;rico ante un mundo mudo, sin lenguaje, al que se intenta responder, no siempre con &eacute;xito, desde la palabra humana. De ah&iacute; el acertado despojamiento de un poema como &ldquo;Sobre la piedra&rdquo;, que tiene algo de haiku, no desde luego en su forma m&eacute;trica, sino en ese deseo, en unos pocos versos, de apresar el instante, en este caso de la perplejidad que le causa al poeta un estornino muerto. &ldquo;El p&aacute;jaro, su cad&aacute;ver ante m&iacute;:/ una se&ntilde;al sin respuesta/. He hecho una foto&rdquo;,&nbsp; escribe, como si solo la fotograf&iacute;a pudiera dar fe de la mudez no solo del mundo animal, sino de la muerte, otro enigma cotidiano, otro rumor de fondo que nos acompa&ntilde;a, como acompa&ntilde;an los muertos familiares en &ldquo;Reuni&oacute;n&rdquo;. El lenguaje no basta, y, sin embargo, son las palabras las que van tejiendo un di&aacute;logo del yo con los otros, con el mundo, consigo mismo. El cubano Eliseo Diego dec&iacute;a que la poes&iacute;a deb&iacute;a ser como una conversaci&oacute;n en la penumbra, y eso es <em>Antonov</em>, una conversaci&oacute;n en voz baja, de alguien ante el espejo, pero un espejo en que se nos invita a reflejarnos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Antonio Luis Gin&eacute;s, <em>Antonov</em>, Madrid, Bartleby, 2020</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 05 Feb 2021 09:00:26 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gatas pariendo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/gatas-pariendo-1/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas21/Febrero/GUADALUPE.jpg" alt="" /></p>
<p>As&iacute; escuchas las cosas de tu vida como el maullido de un gato al fondo del jard&iacute;n</p>
<p>Te despiertas de madrugada y oyes al fondo muy al fondo ese remoto maullido de gato reci&eacute;n nacido</p>
<p>Y un verano y otro y luego otro m&aacute;s hasta llegar a esta noche</p>
<p>Al fondo jard&iacute;n al fondo</p>
<p>As&iacute; escuchas las cosas de tu vida as&iacute; escuchas las cosas del mundo</p>
<p>a oscuras de noche palpando el susto de no entender o el de no querer hacerlo</p>
<p>y ese gato que no para de maullar y es una peque&ntilde;a herida no sabes de qu&eacute; no sabes de qui&eacute;n pero ah&iacute; est&aacute; insistiendo clamando de hambre y noche al borde del peligro al borde del abismo al borde del jard&iacute;n un coche un faro luego nada</p>
<p>y continuar&aacute;n los maullidos m&aacute;s obcecados que t&uacute; y si no al tiempo al pr&oacute;ximo verano hasta la pr&oacute;xima can&iacute;cula sonido desvalido como una onomatopeya tan poco l&iacute;rica que no la puedes escribir te dices</p>
<p>qu&eacute; pensar&iacute;a nadie y quien es nadie al leer esa onomatopeya tan l&iacute;ricamente escrita tan rid&iacute;culamente sonora tan de vi&ntilde;eta de posguerra</p>
<p>pero suena suena cada noche</p>
<p>y t&uacute; para bordear la herida te dices que as&iacute; empez&oacute; todo con una onomatopeya con un sonido tan innombrable como ahora el insistente maullido del gato reci&eacute;n nacido convoc&aacute;ndote a d&oacute;nde pidi&eacute;ndote qu&eacute;</p>
<p>O quiz&aacute; algo peor tal vez nada te convoque y tan solo te despiertas en medio de la noche para ser el precario testigo que no puede traducir una onomatopeya&nbsp;</p>
<p>Eso te dices para bordear la herida</p>
<p>Escuchas al gato Despu&eacute;s has visto un hombre con el torso descubierto y sin brazos al borde de la calle has rozado la pierna perdida en el pantal&oacute;n doblado sobre el muslo y has visto que la muerte es un ramo de rosas de pl&aacute;stico atado a un farol</p>
<p>y te has preguntado qu&eacute; palabra no es una onomatopeya indescifrable para seguir la sombra&nbsp;</p>
<p>Un verano y otro al fondo de la vida al fondo del jard&iacute;n al fondo del sonido</p>
<p>Y las gatas siguen pariendo sin parar y paren onomatopeyas que al fondo del jard&iacute;n resuenan como las tablas de la ley</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 02 Feb 2021 09:02:58 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un libro de frontera]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-libro-de-frontera/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/JON_BILBAO.jpeg" alt="" /></p>
<p>Desde que en 2008 Jon Bilbao publicase sus primeros libros (el volumen de relatos <em>Como una historia de terror </em>y la novela <em>El hermano de las moscas, </em>ambos en Salto de P&aacute;gina), se ha abierto a pico y pala un hueco dentro de la narrativa espa&ntilde;ola. Es la suya una obra cohesionada y perfectamente reconocible, tanto por sus temas como por su estilo. Fue un descubrimiento de un editor excelente, Pablo Mazo, quien le edit&oacute; tambi&eacute;n <em>Bajo el influjo del cometa </em>(2010, cuento), <em>Padres, hijos y primates </em>(2011, novela) y <em>F&iacute;sica familar </em>(2014, relato). Tras un brev&iacute;simo paso por Tusquets (<em>Shakespeare y la ballena blanca, </em>2013), Bilbao encontr&oacute; acomodo en otro hogar de lujo, Impedimenta, donde goza de la hospitalidad de dos exquisitos anfitriones Enrique Redel y Pilar Ad&oacute;n. Con ellos ha sacado <em>Estr&oacute;mboli </em>(2016, cuento), <em>El silencio y los crujidos </em>(2018, volumen que recoge tres <em>nouvelles</em>) y <em>Basilisco </em>(2020, novela). Se trata, como ven, de un narrador constante y vers&aacute;til, due&ntilde;o de un mundo propio.</p>
<p><em>Basilisco </em>es un libro de frontera. Y no lo digo solo porque buena parte de la obra se localice en el lejano Oeste, sino porque disuelve los l&iacute;mites entre dos subg&eacute;neros consolidados (la novela y el cuento) y entre planos distintos (realidad y fantas&iacute;a). El libro est&aacute; compuesto por ocho historias, que podemos dividir en dos bloques. Jon Bilbao juega con la t&eacute;cnica del relato enmarcado. Tenemos una narraci&oacute;n principal escrita en primera persona y que transcurre en la actualidad. La protagoniza un escritor de 40 a&ntilde;os (ingeniero de profesi&oacute;n) y su familia. Bilbao no pierde la ocasi&oacute;n de tratar asuntos espinosos, ya sean conyugales o filiales; algo a lo que nos tiene acostumbrados. En esta secci&oacute;n encontramos personajes de libros anteriores, que como en las novelas de Miguel de Unamuno, saltan de un texto a otro (me refiero a Manuel y Diana, sacados de la &ldquo;Cr&oacute;nica distanciada de mi &uacute;ltimo verano&rdquo;, insertada en <em>Estr&oacute;mboli</em>). Bilbao, adem&aacute;s, vuelve a localizar el lugar de trabajo de su <em>h&eacute;roe</em> en una refiner&iacute;a, al igual que hiciera en <em>El hermano de las moscas</em>. Estos amarres nos ayudan a transitar las resbaladizas p&aacute;ginas del libro. Dentro de este bloque, dec&iacute;a, tenemos varias narraciones enmarcadas. Un amigo del matrimonio, James, relatar&aacute; al novelista en Reno (estado de Nevada) las historias relacionadas con John Dunbar, un legendario pistolero del Oeste americano antepasado de su mujer (y a menudo, aquel ceder&aacute; la palabra a otros paranarradores, como Clement &ndash;un agudo y cr&iacute;tico dibujante documentalista del siglo XIX que deja por escrito en un diario sus impresiones&ndash; y su adinerado padre). Este segundo cuerpo de la narraci&oacute;n admite una triple lectura. Por un lado, la del mero entretenimiento. No en vano, se habla de expediciones cient&iacute;ficas en busca de f&oacute;siles marinos que demuestren la existencia del Diluvio Universal, de la profanaci&oacute;n de tumbas en pos de una sortija de diamantes&hellip; La segunda, y no menos interesante interpretaci&oacute;n, descansa en la parodia. Bilbao conoce los roles de los personajes del <em>western</em>, los elementos m&iacute;ticos que el cine de Hollywood ha grabado a fuego en nuestro imaginario, los rasgos indispensables que han esterotipado las novelas que abordan el <em>Far West</em>&hellip; y no duda en aludir a ellos para granjearse nuestra complicidad. Como el Kazuo Isihuro de <em>El gigante enterrado </em>(obra que revitaliza la novela de caballer&iacute;as con el empleo de t&oacute;picos de la materia de Breta&ntilde;a)<em>, </em>Bilbao realiza una versi&oacute;n moderna de un g&eacute;nero popular, mostrando sus costuras sin tapujos, pero ofreciendo a los lectores un crisol de novedades: la reflexi&oacute;n metaliteraria, la iron&iacute;a, la estructura experimental (un puzzle incompleto de piezas desorganizadas) y las varias vueltas de tuerca que admite el contenido de la obra. La tercera, y &uacute;ltima, de hecho, es para m&iacute; la m&aacute;s relevante: la simb&oacute;lica. La yuxtaposici&oacute;n temporal de los dos cuerpos de relatos (el presente-el pasado) nos invita a establecer una conexi&oacute;n entre los mismos. &iquest;No ser&aacute; el Oeste, la vida de frontera, el espejo donde se mira nuestra civilizaci&oacute;n contempor&aacute;nea? &iquest;No ser&aacute; su met&aacute;fora? &iquest;Qu&eacute; supone un desaf&iacute;o mayor: atravesar la tierra de los indios o las aguas revueltas de un matrimonio desilusionado? &iquest;Qu&eacute; produce mayor soledad: los ca&ntilde;ones de roca del desierto o la falta de comunicaci&oacute;n con los padres? &iquest;Qu&eacute; espeluzna m&aacute;s: el enfrentamiento con una desalmada banda de criminales o con un grupo de g&oacute;ticos delante de tu ni&ntilde;o? &iquest;Qu&eacute; produce un cansancio, una fatiga o un odio mayor: hacerte cargo de la vida de otro en medio de una guerra o la crianza de tus hijos con el subsiguiente aplazamiento de metas y proyectos (o incluso su abandono)? Parece que Jon Bilbao nos diga, en el fondo, que la gesta de las mujeres y hombres de hoy en d&iacute;a sea equivalente a la de los colonos y pistoleros que avanzaron hacia el Oeste un siglo y medio antes.</p>
<p>Sosten&iacute;a Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente<strong> </strong>que el desierto supone una experiencia extrema de interiorizaci&oacute;n, un espacio de lucha contra los demonios personales. No s&eacute; si ser&aacute; el c&eacute;lebre poeta m&iacute;stico (aunque laico) quien resuena detr&aacute;s de <em>Basilisco</em> &ndash;puede que lo haga Mircea Cartarescu<strong>, </strong>con sus pesadillas alucinadas&ndash;, pero lo cierto es que el ingeniero-<em>cowboy</em> de la obra se asoma a sus abismos, a la profundidad de su caverna, a su monstruo interior y cruza la frontera de s&iacute; mismo para salir m&aacute;s fuerte. Quiz&aacute;s para cambiarse.</p>
<p>Muy buena novela, <em>Basilisco. </em>Inquietante, punzante, y a ratos, estremecedora.</p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em>Basilisco, </em>Jon Bilbao. Madrid, Impedimenta, 2020.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 20 Jan 2021 07:08:36 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El "Des en canto"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-des-en-canto/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2021/mario500.jpg" alt="" /></p>
<p class="Poromisin"><em>Des en canto</em>, cuarto t&iacute;tulo po&eacute;tico, con marchamo de autenticaci&oacute;n, del poeta y cr&iacute;tico Mario Mart&iacute;n Gij&oacute;n (Villanueva de la Serena, 1979), lleg&oacute; hasta nosotros el pasado a&ntilde;o editado por otro extreme&ntilde;o, Francisco Najarro, que lo acogi&oacute; en una hermosa colecci&oacute;n del sello chileno-espa&ntilde;ol RIL. Mario Mart&iacute;n Gij&oacute;n es un escritor de singular trayectoria y uno de los intelectuales con m&aacute;s vocaci&oacute;n y con m&aacute;s camino por recorrer en el panorama literario espa&ntilde;ol e internacional. Baste recordar que como poeta ha publicado <em>Latidos y desplantes</em> (2011), <em>Rendicci&oacute;n</em> (2013 &mdash;acaba de aparecer su traducci&oacute;n inglesa en Shearsman Books&mdash;) y <em>Tratado de entra&ntilde;eza </em>(2014). Pero la l&iacute;rica no es el &uacute;nico campo en el que trasiega con pericia Mart&iacute;n Gij&oacute;n. Con los a&ntilde;os, ha desarrollado una vasta obra ensay&iacute;stica con t&iacute;tulos como <em>Una poes</em><em>&iacute;a de la presencia. Jos</em><em>&eacute; </em><em>Herrera Petere en el surrealismo, la guerra y el exilio</em> (2009), la edici&oacute;n, junto al profesor Joseba Buj, de la novela de Carlos Blanco Aguinaga <em>Viajes de ida </em>(Novela hist&oacute;rica) (2018),<em> </em>o el ensayo <em>Voces de Extremadura.</em><em> </em><em>El camino de Paul Celan hacia su Shibboleth espa&ntilde;ol </em>(2020). Tambi&eacute;n ha escrito narrativa, destacando <em>Un oto&ntilde;o extreme&ntilde;o</em> (ERE, 2017) o <em>Ut pictura poesis y otros tres relatos</em> (Pre-Textos, 2018).</p>
<p class="Poromisin">&nbsp;</p>
<p class="Poromisin" style="text-align: left;">&nbsp;Pero lo que nos ocupa en estas l&iacute;neas, perm&iacute;taseme el ox&iacute;moron, es un fascinante <em>Des en canto</em>. Me explico, lo que en los primeros libros de Mario Mart&iacute;n pudiera entenderse como una mera indagaci&oacute;n en el lenguaje basado en la ruptura de la morfolog&iacute;a del signo, en este poemario<em> </em>es ya un claro afianzamiento de un estilo depurado, de/cantado para remover,<em> </em>como sucede con los mejores caldos, los acallados sedimentos, aromas y texturas del lenguaje. No es habitual toparse en la poes&iacute;a espa&ntilde;ola actual con ejemplos que caminen por la senda de la <em>extra&ntilde;eza </em>y este libro<em> </em>es una clara excepci&oacute;n a esa regla. Antonio M&eacute;ndez Rubio, en la contracubierta, resume: <em>&ldquo;Mario Mart&iacute;n Gij&oacute;n vuelca as&iacute; <span style="text-decoration: line-through;">(en)</span> el poema (hacia) el cielo abierto de los significantes inseguros, del sentido como hemorragia de un lenguaje herido por la crisis com&uacute;n, epocal, ambiental.&rdquo;. </em>Tanto es as&iacute;, que el poeta profundiza en la forma escapando de la palabra como l&iacute;mite<em>, </em>como camisa de fuerza y focaliza su mirada, su canto en la idea de ser ritmo si dualidad amorosa. Ya desde el t&iacute;tulo, Mario Mart&iacute;n Gij&oacute;n, propone una decantaci&oacute;n del sentido de las palabras<em>, </em>multiplicando la pluralidad de sus posibles significaciones por medio de un casi silabeo ingenuo, de un casi balbuceo l&iacute;rico &mdash;<em>que des en canto / de lo perdido</em>&mdash;, pleno de un casi desprendimiento y entrega polis&eacute;mica: la vida, como la poes&iacute;a, es ofrecerse, entregarse y qu&eacute; mejor cauce de esa entrega des/interesada que el propio canto<em>, </em>que la propia musicalidad entre/cortada del poema para ensalzar el (en)canto de la persona amada. Pero a la vez, nuestra existencia, la del poeta, se nos re(b)vela en ocasiones con dureza, con la dureza de las aristas de la piedra, con la dureza de la ausencia y el dolor causado por la distancia. Con una estructura circular &mdash;pues los poemas par&oacute;nimos de inicio y cierre: &ldquo;dedic&aacute;logo&rdquo; y &ldquo;dec&aacute;[e]logo&rdquo; abrazan a las restantes sesenta y dos composiciones&mdash;, con juegos anaf&oacute;ricos, con pasajes cotidianos y abundantes detalles de magn&iacute;fico escritor, el libro nos hace entender la poes&iacute;a como oficio y como deseo, como juego de contrarios, como acto de generoso desprendimiento de uno mismo. Este eje amoroso, igual que el tronco de un &aacute;rbol bien trabajado desde la ra&iacute;z por la naturaleza, se ramifica en otros tantos temas: la cr&iacute;tica literaria en piezas que son verdaderas po&eacute;ticas y antipo&eacute;ticas; la cr&iacute;tica a una sociedad en decadencia; sentidos homenajes a poetas, amigos y familiares, destacando la figura de la compa&ntilde;era, del padre o del hijo. Y siempre, desde la reivindicaci&oacute;n de una comunicaci&oacute;n universal que nos sit&uacute;a ante las &ldquo;marcas&rdquo; del lenguaje, de lo semi&oacute;tico y lo afectivo, lindando con la tradici&oacute;n m&aacute;s genuina de nuestra poes&iacute;a culta y utilizando un abanico de recursos que revitalizan y refrescan el car&aacute;cter d&uacute;ctil de nuestra lengua. Si algo determina el lenguaje de este <em>Des en canto</em> de Mario Mart&iacute;n, es su af&aacute;n por superar la idea &mdash;casi momificada&mdash; de fondo y forma. El poeta, sin menoscabar las leyes de la comunicaci&oacute;n, libera el significante de su atadura denotativa (de corto recorrido) y lo lleva por el camino matricial de cierta asfixia, al tiempo que dota a las palabras de un nuevo <em>na(s/c)imiento. </em>Las palabras, como por mitosis, se dividen, cristalizan en multitud de prismas y los s&iacute;mbolos resultantes &mdash;en muchos casos ant&oacute;nimos&mdash; se atraen, se repelen, se aprietan, se abren y tambi&eacute;n sus significados, origin&aacute;ndose una crom&aacute;tica armon&iacute;a de campos asociativos. En el poema &ldquo;pe<em>ti</em>ci&oacute;n&rdquo;, con el pronombre de 2&ordf; persona en cursiva, incrustado como punta de flecha en el t&iacute;tulo, leemos: <em>mayor vida / bre / ve[o] / m&aacute;s c[l]ara y sin cera</em>. La dislocaci&oacute;n de palabras; la adici&oacute;n de fonemas (letras) y otros signos; el uso de una letra o de una s&iacute;laba a modo de bisagra para engendrar un neologismo uniendo t&eacute;rminos distantes; la utilizaci&oacute;n de la cursiva junto a la redonda; la fragmentaci&oacute;n de vocablos a lo cubista, a lo caligram&aacute;tico en un mismo plano de la p&aacute;gina o en cascada y la utilizaci&oacute;n de extranjerismos desencadenan la resemantizaci&oacute;n de las palabras. Estos recursos son la espina dorsal de la poes&iacute;a de Mario Mart&iacute;n Gij&oacute;n, son la se&ntilde;a de identidad de un estilo arb&oacute;reo que crece natural &mdash;a lo Huidobro&mdash; y se ramifica desde la firme voluntad de una expresi&oacute;n total, en la que trama y urdimbre hilan lo invisible con lo visible como hila el lenguaje de la vida lo decible con lo indecible. Es verdad que la poes&iacute;a d&iacute;scola de Mario Mart&iacute;n no se explica sin la distorsi&oacute;n de lo fon&eacute;tico-fonol&oacute;gico. Pero, en absoluto, se explica solo desde esta agitaci&oacute;n convulsa del lenguaje. El resultado de este <em>Des en canto </em>es suma/mente interesante, no porque llame de forma poderosa la atenci&oacute;n del lector, sino porque potencia y/o traspasa de forma exponencial el sentido de un discurso po&eacute;tico (actual) que se sabe trillado y banalizado en sus temas. En la poes&iacute;a de Mario Mart&iacute;n Gij&oacute;n, como ya escrib&iacute; en otro momento refiri&eacute;ndome a sus tres libros anteriores, la huella de lo <em>suced(ido) </em>es devuelta a la vida por medio de la palabra po&eacute;tica en el instante de una extra&ntilde;a entra&ntilde;eza. Por ello, cualquier lector ante este <em>des en canto / [de] lo que no fue / dich(o/a) </em>no debe erigirse en due&ntilde;o y se&ntilde;or del texto, m&aacute;s &mdash;a su pesar&mdash; debe batirse (lenta/mente) en retirada para que sea el propio dis/curso po&eacute;tico el que se abra camino desde su aparente enmara&ntilde;a/miento hacia el abrazo lector de nuestros ojos.&ndash;Javier P&eacute;rez Walias.</p>
<p class="Poromisin" style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p class="Poromisin" style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p class="Poromisin" style="text-align: left;"><br />&nbsp; Mario Mart&iacute;n Gij&oacute;n,&nbsp; <em>Des en canto</em><em><br /> &nbsp; </em>Espa&ntilde;a, RIL Editores, 2019.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 11 Jan 2021 08:12:41 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aforismos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/aforismos3/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas21/Cumbre_o450.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>EL RETROVISOR</p>
<p>A pesar de su tama&ntilde;o, es el m&aacute;s cruel de los espejos. O el m&aacute;s sincero, seg&uacute;n se mire. Su principal utilidad no es reflejar el rostro de quien lo contempla, sino mostrarle insistentemente, al tiempo que cree que avanza, lo que ha dejado atr&aacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>EL COLADOR</p>
<p>La mujer del pescador cuela el agua antes de beberla para no so&ntilde;ar por la noche con tempestades y naufragios.</p>
<p><span style="text-align: center;"><br /></span></p>
<p><span style="text-align: center;">LLAVE</span>&nbsp;</p>
<p>Instrumento que abre o cierra una puerta.</p>
<p>En plural (<em>las llaves</em>) hace referencia a las de casa.</p>
<p>Dos juegos.</p>
<p>Quedamos en que te pasar&iacute;as a recoger tus cosas cuando yo no estuviese.</p>
<p><em>Av&iacute;same antes.</em></p>
<p><em></em>Y que luego me las dejar&iacute;as encima de la mesa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>LA COMETA</p>
<p>Un antiguo emblema oriental sentencia que quien consigue hacerla volar se conoce mejor a s&iacute; mismo, pues la cometa ni se entrega por completo al viento ni abandona del todo el suelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>MENSAJES EN EL CONTESTADOR</p>
<p>Vivo solo.</p>
<p>Aunque a veces, en el trabajo, marco el n&uacute;mero de tel&eacute;fono de mi casa.</p>
<p>Y pregunto por m&iacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>EL HILO DE ARIADNA</p>
<p>Una vez que dio muerte a la bestia, Teseo decidi&oacute; cortar aquel hilo.</p>
<p>Y no regresar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>LO QUE T&Uacute; MIRAS</p>
<p>Me gusta mirarte cuando no sabes que te estoy mirando.</p>
<p>Entonces, para verte, miro lo que t&uacute; miras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>COMPRENDER</p>
<p>Para comprender a alguien es preciso cultivar con detenimiento todos sus defectos.</p>
<p><span style="text-align: center;"><br /></span></p>
<p><span style="text-align: center;">INERCIA</span></p>
<p>En el r&iacute;o, el agua es agua en movimiento.</p>
<p style="text-align: left;">La sed es una excusa.</p>
<p style="text-align: left;">Se bebe para ver el mar.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">ILESO</p>
<p style="text-align: left;">Aunque acordarse de algo ya no duela, del pasado nadie regresa ileso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>PIZARRA</p>
<p>Ninguna palabra o f&oacute;rmula que se copia en ella sobrevive a la clase siguiente.</p>
<p>Se borran por igual el problema y la soluci&oacute;n del problema.</p>
<p>Escribir todos los d&iacute;as en una pizarra es el mejor ant&iacute;doto contra la vanidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>AFILAR</p>
<p>Conseguir que una palabra haga sangrar los ojos de quien la lea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>MAESTRO</p>
<p>El maestro debe tener menos certezas que sus alumnos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>F&Oacute;RMULAS</p>
<p>El espacio que una persona deja al irse es igual a la velocidad con la que se marcha multiplicado por el tiempo que estuvo a nuestro lado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ESCALERAS</p>
<p>Sub&iacute;a los pelda&ntilde;os de dos en dos. Es decir, llegar&iacute;a arriba habiendo conocido s&oacute;lo la mitad de la escalera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ESCRIBIR</p>
<p>Enhebrar una aguja con los ojos cerrados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>LAS S&Aacute;BANAS Y LOS SUE&Ntilde;OS</p>
<p>Planchaba las s&aacute;banas porque quer&iacute;a quemar los sue&ntilde;os que hab&iacute;an quedado enredados en ellas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>LA PARTE POR EL TODO</p>
<p>Todas las casas se construyen con presencias y ausencias.</p>
<p>El ladrillo que se pone ser&aacute; un muro.</p>
<p>El ladrillo que no se pone ser&aacute; una puerta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 11 Jan 2021 08:01:42 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[ La continuación lírica de Ferrer Lerín: Grafo pez]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-continuacion-lirica-de-ferrer-lerin-grafo-pez/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2020/Noviembre/FRANCISCO_FERRER_LER_N_3.jpg" alt="" /></p>
<p>Significa esta obra la b&uacute;squeda incesante de Ler&iacute;n, que no se conforma con haber clausurado su segundo ciclo po&eacute;tico, seg&uacute;n la cr&iacute;tica, con aquel tr&iacute;ptico compuesto por <em>F&aacute;mulo, Hiela sangre y Libro de la confusi&oacute;n,</em> lugar donde finiquitaba las preocupaciones existenciales y donde nos mostraba parte de su amplio cat&aacute;logo de manufacturaci&oacute;n del poema.</p>
<p>Como rasgo primero, la obra ya nos lanza un acertijo, <em>Grafo pez,</em> en el t&iacute;tulo, que alude a la teor&iacute;a de grafos, una parte de la matem&aacute;tica que estudia los v&eacute;rtices y los nodos, y cuya representaci&oacute;n es este pez no ictiogr&aacute;fico, que se incluye entre las p&aacute;ginas del libro. Es esta una manera exol&iacute;rica de trabajar en poes&iacute;a, recogiendo material hallado en el largo devaneo cultural inagotable de la l&iacute;rica leriniana.</p>
<p>En su ininterrumpida obra, en su reticular y recursiva manera de escribir, mediante la teor&iacute;a l&iacute;rica de los reflejos especulares: obras, que, a su vez, dan otras obras posteriores, teniendo en cuenta que el tiempo, siempre ha sido algo l&aacute;bil en las l&iacute;neas heterodoxas del barcelon&eacute;s, ya que se estructuran sus textos como vasos comunicantes en busca de aquella p&aacute;gina magistral de la que hablaba en &ldquo;Bibliofilia 5&rdquo;, p&aacute;gina maestra, s&iacute;, que se pueda intercalar en cualquiera de sus textos, como una pieza aut&oacute;noma, y , a la vez, novedosa, que no haya sido escrita nunca, y que, al mismo tiempo, recuerde&nbsp; su particular tradici&oacute;n personal y &uacute;nica. Tal es la dificultad de la l&iacute;rica leriniana, problema irresoluble, dilema que acata las reglas antican&oacute;nicas fijadas por su autor a lo largo de todos estos a&ntilde;os.</p>
<p>Aparece entonces <em>Grafo Pez, </em>Libros de la Resistencia, (2020) breve&nbsp; libro que va a estar compuesto por 19 textos, los cuales, se dividen en dos partes: en primer&nbsp; lugar, los diez primeros poemas: &ldquo;La palabra&rdquo;, &ldquo;Tr&aacute;nsito&rdquo;, &rdquo;Hippogypoi&rdquo;, &rdquo;Grafo Pez&rdquo;, &ldquo;Hermana menor&rdquo;, &ldquo;Glot&oacute;n de m&iacute;&rdquo;, &rdquo;Hombre de futuro&rdquo;, &ldquo;Plastic World&rdquo;, m&aacute;s otros dos que se suman a esta primera parte y que el poeta introdujo m&aacute;s tard&iacute;amente en la configuraci&oacute;n general del libro: &ldquo;Aves Nobles&rdquo; y &ldquo;J&oacute;guar&rdquo;, que se ver&aacute;n m&aacute;s adelante, y que componen la novedad m&aacute;s reciente con respecto a otros poemas del volumen, algunos de los cuales hab&iacute;an ido apareciendo en publicaciones anteriores, como por ejemplo aquellos recogidos bajo el t&iacute;tulo de <em>Ciudad Corvina</em>,&nbsp; Banda Legendaria, (2018),Valencia, en donde dio algunos de los poemas que ahora agrupa en <em>Grafo Pez: </em>&ldquo;Definici&oacute;n de poema&rdquo;, &ldquo;Ciudad Corvina I, II y III&rdquo;, as&iacute; como &ldquo;Aparici&oacute;n / Desaparici&oacute;n de un capit&aacute;n Mascaraque&rdquo;, &ldquo;Caligraf&iacute;a&rdquo;, &ldquo;Tri&aacute;ngulo Gmail&rdquo;, &ldquo;Andie&rdquo;, &ldquo;Mujer molusco y sin fondo&rdquo;, a los que ahora, en <em>Grafo pez, </em>suma &ldquo;La hija de Cora&rdquo;, y &ldquo;T&eacute;rmino&rdquo;, junto con &ldquo;Nombre inane&rdquo; y &ldquo;Postcuervo&rdquo;.</p>
<p>La obra de Ferrer Ler&iacute;n bendice la confusi&oacute;n, la amalgama, o miscel&aacute;nea, cuyo principio regidor est&aacute; determinado por su voz l&iacute;rica. Desde su primera obra, hasta esta &uacute;ltima, donde puede comprobarse ese proceder por acumulaci&oacute;n, <em>horror vacui</em> tem&aacute;tico que aparece de forma org&aacute;nica en los diferentes libros del barcelon&eacute;s, que concede m&aacute;s importancia, como artista total, a la inclusi&oacute;n en sus vol&uacute;menes de sus mismas obsesiones en las que va profundizando paulatinamente, antes que definir cada libro como unidad cerrada y conclusa.</p>
<p>De nuevo, vuelven a rastrearse las obsesiones del autor: el cine, la belleza femenina, porque Ferrer Ler&iacute;n ha hecho de la descripci&oacute;n morfol&oacute;gica de distintas especies, humanas y animales, uno de los rasgos identificativos de su l&iacute;rica; as&iacute; como la profunda preocupaci&oacute;n por la naturaleza asistem&aacute;tica de su poes&iacute;a, conocedor de que su obra se encuentra siempre transitando los l&iacute;mites indefinibles de su producci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;Contin&uacute;a, por tanto, en esta entrega, con su sistema paleogr&aacute;fico de escritura, basada en textos antiguos, as&iacute; como los que proceden de recuerdos propios o el hallazgo ling&uuml;&iacute;stico en la historia de la literatura.</p>
<p>Las nuevas plataformas digitales, en las que difunde incasablemente su obra y donde tiene reservado un lugar predilecto. Su antigua preferencia por las actrices, por la belleza que bendice como el practicante de una religi&oacute;n er&oacute;tica.</p>
<p>Se observa tambi&eacute;n, en esta nueva entrega, su conocido inter&eacute;s por el cine que puede verse en &ldquo;Hombre del futuro&rdquo;, donde habla de la figura de Maximilian Goldmann, Max Reinhartd, creador del expresionismo cinematogr&aacute;fico y uno de los directores teatrales que se inclinaron m&aacute;s por el nuevo arte que por el teatro, sentando las bases de lo que ser&iacute;a el cine moderno.</p>
<p>En &ldquo;Hermana menor&rdquo;, se nos refiere la historia on&iacute;rica donde los procesos naturales toman un papel relevante; el sue&ntilde;o como un proceso fisiol&oacute;gico que depura mediante la experiencia est&eacute;tica del poema: &laquo;Los restos de los banquetes, suelo apenas manchado / de agua hervida / y luego enfriada con nieve, miel <em>decocta</em>[&hellip;]&raquo;.</p>
<p>Por otra parte, se muestran las definiciones morfol&oacute;gicas llevadas a cabo en los poemas &ldquo;Hippogypoi, sin anomalias&rdquo; o &ldquo;Grafo Pez&rdquo; donde describe la forma de un pez inexistente, conocida ya la pasi&oacute;n por ciertas especies necr&oacute;fagas, as&iacute; como por la herpetolog&iacute;a, y cuyo af&aacute;n descriptivo, lo lleva tambi&eacute;n a enunciar las caracter&iacute;sticas generales de esta especie, pero que, en el fondo, no es m&aacute;s que un trampantojo l&iacute;rico, ya que este &ldquo;Grafo Pez&rdquo; no tiene que ver con la morfolog&iacute;a de ning&uacute;n animal, sino con&nbsp; teor&iacute;as matem&aacute;ticas, y cuya representaci&oacute;n visual es un pez.&nbsp; Se basa en un material completamente ajeno a lo po&eacute;tico, para crear un resultado novedoso y que sorprende por la brutal desconexi&oacute;n con lo l&iacute;rico.</p>
<p>Nos adelanta una descripci&oacute;n detallada de la teor&iacute;a de grafos,(v&eacute;rtices y aristas), que es usada, entre otras cosas, para la computaci&oacute;n, las redes sociales y el almacenamiento de datos en la nueva sociedad macluhaniana, donde el hombre ha sido desplazado del centro habitual de atenci&oacute;n, convirti&eacute;ndose en un proletario cibern&eacute;tico, una mezcla inane de datos inform&aacute;ticos y complejas leyes de seguridad que no lo defienden en absoluto, sino que lo atrapan m&aacute;s en una cadena infinita de repercusiones legales, sociales y sentimentales, y cuya subjetividad, le est&aacute; siendo arrebatada en una sociedad globalizada.</p>
<p>Y es que este inter&eacute;s por lo cibern&eacute;tico se puede explicar desde el punto de vista de la confusi&oacute;n actual donde la rapidez se impone al reposo, de ah&iacute;, su inter&eacute;s por las publicaciones en Internet de sus <em>casos</em>, que conforma el aut&eacute;ntico laberinto post-gutembergiano, la biblioteca infinita a la que aludi&oacute; Borges en muchos de sus relatos, o la realidad sustituta del sue&ntilde;o de Kafka, lugares por los que nuestro poeta transita de forma reiterada.</p>
<p>La apoyatura en ciertas an&eacute;cdotas hist&oacute;ricas, como la desaparici&oacute;n del ni&ntilde;o Etan Kalil Patz en Nueva York, en &ldquo;La Palabra&rdquo;, poema que abre el libro y juega tambi&eacute;n a buscar el origen primitivo de la palabra, peque&ntilde;as historias de la historia que &eacute;l erige en monumentos, en hitos para apuntalar el edificio borroso de su memoria, procedente de la memoria colectiva.</p>
<p>El Simorg en &ldquo;Hippogypoi&rdquo;, ave fant&aacute;stica de la mitolog&iacute;a persa, que se ajusta a los gustos lerinianos por las aves y por los bestiarios fant&aacute;sticos, donde nos procura una definici&oacute;n de s&iacute; mismo, una imagen de un hombre confuso: &laquo;siempre lector de obras primigenias / atleta de las im&aacute;genes / aunque en bot&aacute;nica soy tan exiguo[&hellip;]&raquo;.</p>
<p>&ldquo;Glot&oacute;n de m&iacute;&rdquo; est&aacute; basada en la lectura, como frecuentemente hace, de la <em>Biblia, </em>en especial<em> </em>del<em> Antiguo Testamento, </em>donde hace la redefinici&oacute;n de la creaci&oacute;n del mundo natural y su natural traspaso a las ciudades, primer movimiento civilizador tras el paso del &aacute;rbol a la caverna, verdadera revoluci&oacute;n mundial, que conllev&oacute; la aparici&oacute;n de la soberbia y la primera confusi&oacute;n de voces, sonidos e idiomas.</p>
<p>&laquo;No destruy&oacute; la torre, que no le repugnaba, es que /confundi&oacute; el idioma,&nbsp; /confundir las lenguas, confundir a las gentes&raquo;.</p>
<p>En &ldquo;Plastic World, apud Sagrada Biblia&rdquo;, retoma de nuevo su inter&eacute;s por ese libro, que contiene, para nuestro poeta, el germen de todo lo escrito, el texto inagotable de la posmodernidad. Nos muestra aqu&iacute;, de nuevo, la comparaci&oacute;n de un mundo objetualizado y consumista, frente a un mundo simplificado y natural, el recogido por la <em>Biblia</em>, pero cuya confusi&oacute;n y cripticismo hemos heredado irresolublemente.</p>
<p>&laquo;Se hall&oacute; la sangre de todos los degollados / La sangre que ocupaba el mar / Que ocupaba los vientres de los peces /Y los vientres de la aves / Pero las tinieblas pasan&raquo;.</p>
<p>Los &uacute;ltimos poemas introducidos en la n&oacute;mina oficial de poemas de <em>Grafo Pez</em> son &ldquo;Aves nobles&rdquo;, sobre el tema conocido de la ornitolog&iacute;a del autor y que compone una de las fuentes m&aacute;s productivas de toda su carrera, as&iacute; como &ldquo;J&oacute;guar&rdquo;, poema que mezcla, por acumulaci&oacute;n, una fotograf&iacute;a que sirve como el detonante de todo este texto, todo ello mezclado con la lectura de Juan Bautista Avalle Arce <em>Temas hisp&aacute;nicos medievales</em>, de ah&iacute; el componente historicista del texto, que mediante la &ldquo;paleograf&iacute;a&rdquo;, vuelve a actualizar significados de sintagmas de cr&oacute;nicas antiguas, as&iacute; como vienen haciendo en otros libros de su producci&oacute;n; donde tambi&eacute;n planea la inquietud existencial y la preocupaci&oacute;n sobre la figura del padre.</p>
<p>&laquo;[&hellip;] dio muerte de herejes acusados de relapso / herejes con la tez dispuesta [&hellip;] Entre mucha polvareda un revuelo de cornejas / cornejas rojas que nunca fueron vistas[&hellip;]&raquo;.</p>
<p>O en &laquo;Aves nobles&raquo;, donde partiendo de la cita historicista, sobre el conocido verso de Garcilaso, que, a su vez, tom&oacute; de las <em>Metamorfosis</em> de Ovidio, quiz&aacute; esa continua transformaci&oacute;n es de la que se compone gran parte de la obra leriniana, la interminable metamorfosis de su hipertextualidad, una intertextualidad colindante con los cl&aacute;sicos. Proceso del cual parte, para combinarlo con una oraci&oacute;n que coincide con los versos tres y cuatro donde asoma el semiautomatismo de cu&ntilde;o leriniano.</p>
<p>&laquo;A Dafne ya los brazos le crec&iacute;an / convertidos en laurel, / presuntos marsupiales, / en el est&iacute;o polvoriento.[&hellip;]&raquo;</p>
<p>Y tambi&eacute;n una de las claves existenciales de nuestro poeta, la cercan&iacute;a a la muerte, la obsesi&oacute;n del poema que se repite en un verdadero poeta, as&iacute;:</p>
<p>&laquo;A mi capit&aacute;n Jarris, el verdadero poeta, / un verdadero poeta debe repetirse siempre, / le daba miedo morir, / ser un paciente indefenso, volverse repulsivo[&hellip;]&raquo;</p>
<p>Ferrer Ler&iacute;n juega a sustituir en la segunda parte, &ldquo;Ciudad Corvina&rdquo; la realidad por una realidad virtual y nos muestra ejemplos de comunicaciones reales an&oacute;nimas donde juega a sorprendernos en el inmenso ejercicio de la desaparici&oacute;n de la autor&iacute;a en el texto; queda patente tambi&eacute;n en las siguientes l&iacute;neas donde la escritura es sustituida por una caligraf&iacute;a esmerada que a su vez trata de remedar una letra de imprenta de un libro editado ya, como la versi&oacute;n de un palimpsesto que por azar se encontrara desterrando la importancia del autor actual para convertirlo en un amanuense de s&iacute; mismo.</p>
<p>As&iacute; dice: &laquo;Recibo correo de un cal&iacute;grafo[&hellip;] se ofrece a caligrafiar mis prosas y versos[&hellip;] Responde preguntando qu&eacute; poema prefiero. Contesto que el que &eacute;l quiera. Responde con una foto.&raquo; La obra escrita por todos, la respuesta en forma de imagen, la transformaci&oacute;n de los m&uacute;ltiples discursos convertida en una foto en un tipo de letra que no cambia el mensaje que ya no pertenece a nadie. Sobre el tema de la continua escritura de la obra, de la literatura incesante, que llega a ser una y la misma</p>
<p>En &ldquo;Mujer molusco y sin fondo&rdquo; nos muestra otra de las obsesiones de Ferrer Ler&iacute;n, el mundo de los sue&ntilde;os y su plasmaci&oacute;n por escrito, mezclado adem&aacute;s con el nuevo lenguaje inserto dentro de las nuevos medios de comunicaci&oacute;n que crea una nueva manera de conexi&oacute;n entre los internautas, un nuevo lenguaje en una nueva &eacute;poca:</p>
<p>&laquo;He so&ntilde;ado contigo. Estabas abierta en canal, pero no colgabas de un garfio. Ten&iacute;a fr&iacute;o y pens&eacute; que el interior de tu cuerpo, empapado en sangre, supondr&iacute;a un buen consuelo, pero no fue as&iacute;, el calor te hab&iacute;a abandonado.&raquo;</p>
<p>En &ldquo;La hija de Cora&rdquo;, nos presenta un texto de tipo realista, en la matriz subversiva del estilo leriniano, texto que supone una novedad en cuanto al material al que acompa&ntilde;a, puesto que no hab&iacute;a sido publicado tampoco con anterioridad, y que detalla el proceso&nbsp; degenerativo del c&aacute;ncer, quiz&aacute; un reflejo tem&aacute;tico de aquel temor de &ldquo;hombre sensato&rdquo; que teme a la muerte del <em>Libro de la confusi&oacute;n.</em></p>
<p>&laquo;[&hellip;] y me besa en la mejilla. Alguien dice "es la hija de Cora" y luego en la calle de la acequia, la de los ricos, la veo pasar con unas amigas, quiz&aacute; polacas o quiz&aacute; gitanas&raquo;.</p>
<p>Hay toda una gradaci&oacute;n tem&aacute;tica e intelectual del proceso l&iacute;rico de Ler&iacute;n que nos ofrece y que nos explica en el principio de la obra y que nos da una visi&oacute;n de su proceder l&iacute;rico, una obra basada en la palabra, en &rdquo;La palabra&rdquo;, o, por ser m&aacute;s espec&iacute;ficos, en el l&eacute;xico, que es la principal preocupaci&oacute;n del poeta, la exactitud calibrada que hace tan caracter&iacute;stica su poes&iacute;a no simb&oacute;lica, de ra&iacute;z org&aacute;nica. Hasta la &uacute;ltima pieza de la primera parte &ldquo;Definici&oacute;n de poema&rdquo; donde nos da una visi&oacute;n global&nbsp; de la suma de interacciones de vocablos hasta cristalizar en el texto poem&aacute;tico.</p>
<p>&laquo;[&hellip;]La Palabra se fue perdiendo / encog&iacute;a /al final solo qued&oacute; un resto / nada de importancia / una sombra / que nadie ya quer&iacute;a / qued&oacute; solo esa cosa laxa / esa cosa de materia fea / que ustedes pronto adivinan. ///</p>
<p>Hasta &ldquo;Definici&oacute;n de poema&rdquo;, donde parece que esa palabra queda encarnada: &laquo;Un poema es el espacio en el que el aire queda atrapado / en el que se conserva el habla de las aves / y donde habita el gran rey de los desiertos,[&hellip;] Un poema incomoda con la duda / a quien alimenta a las t&oacute;rtolas turcas /a quien seduce inc&oacute;lume al emisario, [&hellip;]hombres displicentes diestros como nosotros / en el ejercicio de la muerte sobre est&oacute;lidas masas[&hellip;]&raquo;</p>
<p>Ese es el trayecto, de la palabra al texto, recorrido ascendente, interminable, la m&uacute;sica &uacute;nica como c&oacute;mplice en contra del olvido en camino an&aacute;logo al de su producci&oacute;n l&iacute;rica, de la etimolog&iacute;a significativa al texto producido por acumulaci&oacute;n de espacios colindantes que cohabitan en alegre disyuntiva en la diacron&iacute;a textual de Ler&iacute;n.</p>
<p>&nbsp;<em>Grafo Pez</em>, es otra incursi&oacute;n en la profundidad herm&eacute;tica leriniana, un proceso estil&iacute;stico que nos devuelve la arriesgada labor de un poeta que sabe que su producci&oacute;n vino para mostrarnos una realidad diferente, ya que todo el proceso l&iacute;rico de nuestro autor, significa un antes y un despu&eacute;s en la poes&iacute;a espa&ntilde;ola y, cuyo discurso,&nbsp; ha sido construido sobre las exequias de la corriente hegem&oacute;nica castellana, su obra&nbsp; inaugura los caminos de la otra modernidad.</p>
<p>De lo imperecedero.</p>
<p>Tal vez la inmortalidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Francisco Ferrer Ler&iacute;n, <em>Grafo pez</em>, Madrid, Libros de la Resistencia, 2020.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 01 Dec 2020 08:24:41 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Luis García Montero: "Nada hay más tonto que un poeta sin conciencia crítica"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/luis-garcia-montero-nada-hay-mas-tonto-que-un-poeta-sin-conciencia-critica/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2020/LUIS_GARC_A_MONTERO_4.jpg" alt="" /></p>
<p class="normal">Se&ntilde;alaba &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez que la poes&iacute;a que le interesaba era la que &ldquo;vierte su luz dentro de las fronteras del reino de los hombres&rdquo;. Lo dijo y lo cultiv&oacute; en su obra el poeta asturiano, pero la frase podr&iacute;a suscribirla perfectamente Luis Garc&iacute;a Montero. El autor de entregas como <em>&Aacute;spero mundo</em> y <em>Tratado de urbanismo </em>es una de las fuentes de inspiraci&oacute;n del creador granadino, quien ha tenido la enorme suerte de ser amigo de algunos de sus admirados maestros (adem&aacute;s de Gonz&aacute;lez, Alberti, Gil de Biedma...), con quienes ha compartido charlas, paseos, viajes, cenas y conversaciones telef&oacute;nicas.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">Garc&iacute;a Montero (Granada, 1958), poeta, novelista, ensayista y cr&iacute;tico literario, ha creado su propia obra partiendo de un rico legado que no solo incluye lecturas, sino tambi&eacute;n experiencias. Su familia literaria es amplia y de ella forman parte aquellos a los que trat&oacute; personalmente y esos otros esp&iacute;ritus afines que, a trav&eacute;s de sus libros, le han comunicado verdades esenciales, con Lorca y Machado a la cabeza. La lista de complicidades es larga. Son muchas las deudas que reconoce el autor de <em>Habitaciones separadas </em>y muchos sus afanes por devolver el favor a quienes le han aportado tanto enriquecimiento personal y espiritual. A trav&eacute;s de ensayos, biograf&iacute;as, art&iacute;culos, conferencias, nuestro protagonista ha intentado contagiar sus pasiones, profundizar en los territorios que han marcado su rumbo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">Compartir conocimientos, lecturas y convicciones, define a quien ha ejercido la ense&ntilde;anza de la literatura como un camino de transmisi&oacute;n de saberes, de fruct&iacute;fero di&aacute;logo entre generaciones. Si algo es Garc&iacute;a Montero es un poeta cercano, amigable. A t&iacute;tulo personal, cuando pienso en su figura, recupero im&aacute;genes suyas en los lugares m&aacute;s diversos; por supuesto en todo tipo de encuentros culturales (recitales, conciertos, homenajes...), pero tambi&eacute;n en la calle: en manifestaciones, en actos de reivindicaci&oacute;n, en hist&oacute;ricas jornadas de votaci&oacute;n en el colegio del barrio madrile&ntilde;o de Malasa&ntilde;a, al que le corresponde acudir cuando las urnas lo reclaman, habitualmente junto a su compa&ntilde;era, la escritora Almudena Grandes.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">La cercan&iacute;a es tambi&eacute;n una de las se&ntilde;as de identidad de su poes&iacute;a. Sus versos buscan comunicarse con los hombres y mujeres de a pie a trav&eacute;s de un lenguaje abierto, cotidiano, que no oculta lo profundo, lo &iacute;ntimo, lo trascendente, sino que lo desnuda para que veamos lo cerca que est&aacute;, al alcance de la mano, en cosas, actos y gestos que pueden pasarnos desapercibidos en el ritmo de los d&iacute;as y los quehaceres. Hablar de Luis Garc&iacute;a Montero es hablar de poes&iacute;a de la experiencia y de &ldquo;nueva sentimentalidad&rdquo;. Es percibir la herencia de Machado, de Lorca, de los autores de la Generaci&oacute;n del 50, alejados de las torres de marfil y tan propensos al compromiso, al despertar de las conciencias.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">El compromiso define la vida y la obra del escritor granadino. Por compromiso lleg&oacute; incluso a presentarse como candidato por Izquierda Unida a la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Una experiencia agridulce que forma parte de su perfil como personaje p&uacute;blico, como hombre de la cultura que no reh&uacute;ye implicarse en los debates del d&iacute;a a d&iacute;a, en la pol&iacute;tica, en el trabajo institucional &ndash;actualmente dirige el tim&oacute;n del Instituto Cervantes&ndash;. Si hay una b&uacute;squeda, una l&iacute;nea que atraviesa toda su trayectoria, vital y creativa, esa l&iacute;nea tiene que ver con su anhelo por &ldquo;conseguir una alianza &eacute;tica entre el yo biogr&aacute;fico y el literario&rdquo;.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">A lo largo de esta entrevista, realizada a trav&eacute;s de correo electr&oacute;nico, Luis Garc&iacute;a Montero asegura que su &eacute;tica &ldquo;va unida al poeta que pretende ser&rdquo;. Confiesa que el mundo en el que vivimos cada vez es menos suyo (&ldquo;la manera de ser, de vivir, de comportarse en la sociedad, tiene cada vez menos que ver con mi forma de ser. Siento verg&uuml;enza ajena ante muchos espect&aacute;culos televisivos, culturales o pol&iacute;ticos&rdquo;, se&ntilde;ala) y asegura que, pese a todo, no cabe la rendici&oacute;n ni la equidistancia ante las injusticias.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">En estos tiempos en los que las mentiras ganan cada vez m&aacute;s terreno, &eacute;l no deja de ejercer la cr&iacute;tica a trav&eacute;s de sus columnas period&iacute;sticas, espacios para la reflexi&oacute;n sobre lo que acontece, sobre lo que le causa perplejidad. Y sigue creyendo en el reto de la poes&iacute;a de hallar la dignidad en medio de la confusi&oacute;n, del ruido, de la basura. En medio de las ruinas del pensamiento, pese a todo, &ldquo;mientras haya alguien que est&eacute; escribiendo poes&iacute;a en su lugar, por discreto que sea, tendremos motivos para la esperanza&rdquo;, declara.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;La literatura es un ajuste de cuentas con la realidad, una manera de comprometerse con el mundo&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Eres un hombre polifac&eacute;tico, una especie de renacentista teniendo en cuenta los muchos g&eacute;neros literarios que has tocado, los muchos quehaceres e inquietudes que han ocupado tu trayecto, pero podr&iacute;amos decir que, en tu caso, lo que une todos los caminos es la b&uacute;squeda de una manera de comprometerse con el mundo, de participar en el devenir del tiempo que se vive, de crear conciencia. &iquest;Qu&eacute; opinas? &iquest;Cu&aacute;les son los impulsos que te mueven? &iquest;Qu&eacute; se ha mantenido inalterable a lo largo de los a&ntilde;os?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Pienso en m&iacute;, como lector. Bajo mi dedicaci&oacute;n a la ense&ntilde;anza, a la escritura, est&aacute; el lector acostumbrado a entrar en mundos diversos. La lectura cultiva la imaginaci&oacute;n moral, la capacidad de ponerse en el lugar del otro, de comprender el dolor o el amor ajeno. Y en ese sentido tienes raz&oacute;n. La literatura es un ajuste de cuentas con la realidad, una manera de comprometerse con el mundo. La realidad exterior suele ser hostil. Escribir supone la b&uacute;squeda de un espacio en el que puedan coincidir sin trampas nuestro mundo interior con la realidad exterior. Se consigue a veces una emoci&oacute;n que podemos identificar con la verdad personal. La lealtad a la propia verdad es lo que un escritor intenta mantener a lo largo de los a&ntilde;os.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Hasta qu&eacute; punto la poes&iacute;a es la corriente que va por debajo de todo lo dem&aacute;s, la corriente que te ayuda a comprender los alrededores y a acceder a los espacios interiores, a lo que realmente eres?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Me siento, sobre todo, poeta. Es la tradici&oacute;n creativa que he heredado de una forma m&aacute;s &iacute;ntima. Es el g&eacute;nero en el que tambi&eacute;n me siento m&aacute;s seguro, pues hasta los errores pueden ser una decisi&oacute;n m&iacute;a. La poes&iacute;a para m&iacute; es el camino m&aacute;s directo de plantearme qu&eacute; digo cuando digo yo. Escrib&iacute; mi primera novela porque estaba haciendo una biograf&iacute;a del poeta &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez y me di cuenta que faltaba lo m&aacute;s emocionante. &Aacute;ngel viv&iacute;a los recuerdos de su infancia como si fuesen un presente o un pasado que no pasa. Nos contaba, con 80 a&ntilde;os, cosas que vivi&oacute; en la Guerra Civil y que le dol&iacute;an como si fuesen actuales. Entonces pens&eacute; que la mejor manera de escribir esa sensaci&oacute;n era contarla para que los lectores la vivieran con &eacute;l. As&iacute; que dej&eacute; el tono ensay&iacute;stico y apost&eacute; por la ficci&oacute;n. Qued&eacute; contento, pero dentro de una razonable inseguridad. En poes&iacute;a, como digo, estoy m&aacute;s seguro de la tradici&oacute;n elegida y de los recursos a mi alcance.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Imitar es una buena forma de aprendizaje&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;A Luis Garc&iacute;a Montero hay que buscarlo en el ni&ntilde;o que fue? &iquest;recuerdas im&aacute;genes de tu infancia, emociones, sentimientos, que anticipaban al futuro poeta? &iquest;Cu&aacute;les fueron tus primeros versos? &iquest;Qu&eacute; lecturas te marcaron especialmente?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- El azar de la vida, pensado desde hoy, parece que me fue acercando a la poes&iacute;a. A mi padre le gustaba leer en voz alta algunos poemas de <em>Las mil mejores poes&iacute;as de la lengua castellana</em>, cosas de Zorrilla, Espronceda, Campoamor. Recuerdo la emoci&oacute;n que sent&iacute; al descubrir en la biblioteca familiar, colocada en el Sal&oacute;n de las Visitas, las obras de Garc&iacute;a Lorca publicadas en la editorial Aguilar. Me sumerg&iacute; en un mundo donde las palabras, la luna, el lim&oacute;n, el jinete, el r&iacute;o, dec&iacute;an mucho m&aacute;s de lo que dec&iacute;an. Y recuerdo tambi&eacute;n una ma&ntilde;ana de colegio en la que un profesor nos puso en un tocadiscos los poemas de Antonio Machado que cantaba un joven Serrat. De ah&iacute; pas&eacute; a Alberti, Blas de Otero, Jaime Gil de Biedma&hellip; Ah, mis primeros versos fueron escritos para darle un final distinto a<em> El tren expreso</em> de Campoamor. Me cans&eacute; de que al final muriera la enamorada. Y despu&eacute;s escrib&iacute; poemas que son imitaciones adolescentes de Lorca. Imitar es una buena forma de aprendizaje.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Repasando los textos de tu libro biogr&aacute;fico <em>Luna del sur</em>, se hace evidente que los lugares donde nacemos nos construyen. &iquest;Qu&eacute; hay en ti de Granada? &iquest;C&oacute;mo ha ido cambiando la relaci&oacute;n que tienes con la ciudad? &iquest;C&oacute;mo la vives hoy, c&oacute;mo la ves?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Es verdad que pertenecemos a un paisaje sentimental, que construimos paisajes en los que ser. Los lugares nos construyen porque nosotros los construimos, los hacemos nuestros. Granada es mi infancia, es la ciudad que viv&iacute; como ni&ntilde;o sin miedo, porque cada cosa estaba en su sitio y el barrio era una parte m&aacute;s del domicilio. Recuerdo la sensaci&oacute;n de estar en un espacio en el que las orugas de los &aacute;rboles del Genil, los amigos del barrio, los pocos coches de entonces, el tranv&iacute;a y mi familia pertenec&iacute;an a un mundo que me quer&iacute;a y que yo quer&iacute;a. Despu&eacute;s, con Garc&iacute;a Lorca de la mano, me adentr&eacute; en la historia de la ciudad, me sent&iacute; heredero de su pasado dif&iacute;cil. Los a&ntilde;os de la universidad, los a&ntilde;os 70, marcaron otra &eacute;poca. Ya sabes lo que dijo Baudelaire de Par&iacute;s, que la ciudad que te hace se deshace. Bueno, Granada ha crecido mucho, ya no conozco muchos de sus lugares. Pero sigue siendo una ciudad universitaria, llena de fuerza cultural.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Granada es una ciudad que produce muchas ilusiones, pero tiene poco sost&eacute;n para realizarlas&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Tienes un poema bell&iacute;simo, <em>Sonata triste para la luna de Granada</em>, donde hablas de &ldquo;una ciudad cargada de paciencia&rdquo;. &iquest;A qu&eacute; te refieres?</p>
<p class="normal"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="normal">- Desde su pasado &aacute;rabe, hasta la muerte de Garc&iacute;a Lorca, la historia de Granada es melanc&oacute;lica, tiene que ver con la p&eacute;rdida. En ese poema hablo de la Granada anterior a la Guerra Civil, con Falla, Lorca, Fernando de los R&iacute;os... Una ciudad luminosa que despu&eacute;s fue muy humillada por la barbarie. Pero hay m&aacute;s cosas. Otras ciudades se venden muy bien, se hacen publicidad. Granada tiende a encerrarse en s&iacute; misma, tiene olor a plaza peque&ntilde;a, a misterio. Su mejor estaci&oacute;n es el oto&ntilde;o. Hablamos de una ciudad que produce muchas ilusiones, pero tiene poco sost&eacute;n para realizarlas. Todos los d&iacute;as nacen mil genios que luego se quedan en el vac&iacute;o. Para unos y para otros, la paciencia es una buena compa&ntilde;era.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;La comprensi&oacute;n familiar me vacun&oacute; contra el sectarismo&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Eras un joven de izquierdas dentro de una familia muy de derechas, con un padre militar franquista. &iquest;Tus principios ideol&oacute;gicos nacieron como rechazo? &iquest;Te result&oacute; dif&iacute;cil en ese ambiente seguir los pasos de la literatura, de la poes&iacute;a?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;, mis abuelos, mis padres, eran muy de derechas. Pero tuve suerte, sobre todo en la relaci&oacute;n con mi padre y mi madre. Soy el mayor de seis hermanos y me temo que fui un ni&ntilde;o mimado. Siempre sent&iacute; que m&aacute;s all&aacute; de la pol&iacute;tica, estaba el amor familiar. Mi compromiso con la izquierda no fue por rechazo al mundo familiar, sino por la educaci&oacute;n literaria, el conocimiento de lo que supon&iacute;a el franquismo, la agresi&oacute;n hist&oacute;rica al mundo republicano que yo admiraba. Eso se acentu&oacute; poco a poco, estaba en la &eacute;poca. En 1976 asist&iacute; al primer homenaje a Garc&iacute;a Lorca en Fuente Vaqueros. La universidad, mis profesores, mis amigos, se sent&iacute;an herederos de la lucha contra la dictadura. Yo tambi&eacute;n. Con mis padres no tuve problemas, salvo alguna t&iacute;pica discusi&oacute;n de sobremesa. En alguna ocasi&oacute;n me enter&eacute; de que mi padre me defend&iacute;a delante de otros militares. Una vez que particip&eacute; en la toma pac&iacute;fica del Consulado de El Salvador por el asesinato de Monse&ntilde;or Romero; otra vez que present&eacute; a Santiago Carrillo en la Universidad. S&eacute; que mi padre discuti&oacute; con alg&uacute;n compa&ntilde;ero para defenderme. La comprensi&oacute;n familiar, en un mundo querido en el que el raro era yo, me vacun&oacute; contra el sectarismo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Machado y Lorca est&aacute;n ah&iacute;, en mi mitolog&iacute;a personal, que va de sus poemas a sus biograf&iacute;as&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Machado, Lorca, Alberti, Gil de Biedma, &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez, Francisco Ayala... A todos los has le&iacute;do con intensidad; de muchos de ellos has escrito estudios, libros, art&iacute;culos; con la mayor&iacute;a has mantenido relaciones muy cercanas. &iquest;Te consideras un privilegiado? &iquest;Ser&iacute;as capaz de recordar una escena con cada uno de ellos: una lectura, una conversaci&oacute;n, una ense&ntilde;anza...?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Desde luego me considero afortunado. Todos los nombres que citas han sido fundamentales en mi formaci&oacute;n. Y ha sido una suerte que muchos de ellos, que yo ten&iacute;a en un altar literario, se bajasen a tierra para ser amigos m&iacute;os. La vocaci&oacute;n po&eacute;tica de Rafael, la lucidez de Francisco, la complicidad de Jaime y &Aacute;ngel, una verdadera fortuna. Machado y Lorca est&aacute;n ah&iacute;, en mi mitolog&iacute;a personal, que va de sus poemas a sus biograf&iacute;as. La suerte es que los otros amigos formaron parte de mi vida cotidiana, mis restaurantes, mis viajes y mis llamadas de tel&eacute;fono. Literariamente me ense&ntilde;aron mucho. Todav&iacute;a cuando acabo un poema me examino: qu&eacute; me dir&iacute;a Jaime, qu&eacute; &Aacute;ngel. Creo que conforme pasa el tiempo, les agradezco algo a&uacute;n m&aacute;s importante. Aprend&iacute; con ellos el respeto a los m&aacute;s j&oacute;venes, el negarme a ser un viejo cascarrabias, el abrir los ojos a lo que escriben quienes me siguen en el tiempo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Mi &eacute;tica va unida al poeta que pretendo ser&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Los identificas en el sustrato de tu propia obra? &iquest;Forman parte de tu aprendizaje como ciudadano?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Desde luego, un lector es un heredero. Un escritor es un heredero que se decide a continuar sus tradiciones. Las admiraciones est&aacute;n ah&iacute;, y muchas veces el trabajo de la escritura consiste m&aacute;s en ocultarlas que en resaltarlas. Si uno se acerca a un escritor que no tiene que ver con su mundo, no existe mucho peligro a sonar como &eacute;l. Pero con los autores &iacute;ntimos hay que tener cuidado para no perder la propia personalidad. Uno disfruta haciendo homenajes conscientes y cuidados, pero no se puede perder la vigilancia. Yo acabar&iacute;a sonando a Lorca, Jaime, &Aacute;ngel&hellip; Y, desde luego, todos forman parte de mi sentido c&iacute;vico. Yo s&eacute; que el yo biogr&aacute;fico es distinto al personaje literario, pero conviene al vivir procurar un acercamiento, una alianza &eacute;tica. Mi &eacute;tica va unida al poeta que pretendo ser.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;A&ntilde;adir&iacute;as alguna otra influencia clave en tu recorrido?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Muchas. Como profesor de literatura, estoy acostumbrado a pasar de Gonzalo de Berceo a Rosal&iacute;a de Castro y de San Juan de la Cruz a B&eacute;cquer. Autores como Gald&oacute;s, Borges, Cernuda, Garc&iacute;a M&aacute;rquez, Francisco Brines, Jos&eacute; Emilio Pacheco, Mario Vargas Llosa, forman parte de mi recorrido. La literatura se teje con muchos hilos.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Tan peligrosos son los viejos cascarrabias como los j&oacute;venes ad&aacute;nicos&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Los grandes maestros han sido esenciales en tu formaci&oacute;n. Se trata de pasar el relevo. &iquest;Qu&eacute; relaci&oacute;n, di&aacute;logos, mantienes con las nuevas generaciones de poetas? &iquest;Encuentras voces interesantes en la poes&iacute;a m&aacute;s actual?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Claro, la poes&iacute;a est&aacute; pegada a la piel de la vida, conviene mantener los ojos abiertos. S&oacute;lo los tontos pueden creerse que la poes&iacute;a se acaba en ellos. A cierta edad, tan importante es conservar la lecci&oacute;n de los mayores como reconocer a los maestros j&oacute;venes. Siempre digo que tan peligrosos son los viejos cascarrabias como los j&oacute;venes ad&aacute;nicos. Y es importante aprender no s&oacute;lo de los que se parecen a uno en la misma tradici&oacute;n, sino de los que siguen otras tradiciones. Yo he tenido buena relaci&oacute;n con los poetas de la generaci&oacute;n siguiente a la m&iacute;a. Buenos poetas, cada cual con sus matices: Raquel Lanseros, Carlos Pardo, Rafael Espejo, Mart&iacute;n L&oacute;pez Vega, Juan Carlos Abril, Fernando Valverde, Antonio Lucas, Andr&eacute;s Neuman, Erika Mart&iacute;nez, Elena Medel&hellip; Y ahora hay una generaci&oacute;n m&aacute;s joven que leo con inter&eacute;s: Elvira Sastre, Rosa Berbel, Roc&iacute;o Acebal, Carlos Catena&hellip; Y cito s&oacute;lo espa&ntilde;oles. Por fortuna nuestra lengua es muy rica y es normal que se establezcan tambi&eacute;n buenas lecturas y amistades con poetas latinoamericanos. En M&eacute;xico y en Colombia se escribe muy buena poes&iacute;a joven.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Has sido muy prol&iacute;fico. Da la impresi&oacute;n de que al principio del camino escrib&iacute;as poes&iacute;a como una necesidad, una urgencia. El ritmo de publicaci&oacute;n se ha ido moderando. &iquest;Los ritmos, las necesidades han cambiado?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Cuando uno empieza, resulta necesario encontrar el mundo propio. De ah&iacute; la prisa por escribir, borrar, buscar. Pasado el tiempo, el riesgo est&aacute; en repetirse, en volver a escribir el poema de siempre, explotar lo ya conseguido. Y eso es peligroso, porque acaba con el sentimiento de verdad que necesita la poes&iacute;a. De ah&iacute; que se vaya m&aacute;s lento. Como dec&iacute;a Machado, conviene sentarse a esperar a que suba la marea. Uno no puede traicionarse por las ganas de innovar, no puede escribir cosas que no sienta como propias. Tampoco puede repetirse. La escritura se hace m&aacute;s lenta.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Si tuvieras que elegir uno de tus libros de poes&iacute;a, &iquest;cu&aacute;l ser&iacute;a? &iquest;Qu&eacute; t&iacute;tulo recomendar&iacute;as a alguien que se acerque por primera vez a tu obra?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Lo m&aacute;s honesto es quedarse siempre con el &uacute;ltimo libro, ese que se est&aacute; escribiendo o se acaba de publicar. Ah&iacute; est&aacute; la intemperie, las ilusiones, la necesidad de decir y de decirse. Opino desde el punto de vista del propio autor, alguien que no quiere perder la conciencia cr&iacute;tica, que no se cree un genio. Nada hay m&aacute;s tonto que un poeta sin conciencia cr&iacute;tica. Por eso el inter&eacute;s y la inquietud propia est&aacute;n en juego siempre en el &uacute;ltimo libro. Despu&eacute;s se mira al pasado, es cierto, y se est&aacute; m&aacute;s c&oacute;modo con unos libros que con otros.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Lo mejor es convivir con los sue&ntilde;os, pero en habitaciones separadas&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Si hay un t&iacute;tulo que sobresale en tu trayectoria es <em>Habitaciones separadas</em>. Con &eacute;l ganaste el Nacional de Poes&iacute;a y lograste alcanzar a muchos lectores (creo que es el m&aacute;s vendido de tus libros). &iquest;Qu&eacute; supuso para ti? &iquest;Un punto de inflexi&oacute;n en el camino?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Es el libro en el que madur&eacute; ese mundo que estaba buscando y en el que encontr&eacute; esa conciencia de melancol&iacute;a optimista en la que me gusta situarme. Si uno expulsa a los sue&ntilde;os de casa, corre el peligro de convertirse en un c&iacute;nico. Si duerme con ellos, es posible que se comporte como un ingenuo, con una inocencia perversa. As&iacute; que lo mejor es convivir con los sue&ntilde;os, pero en habitaciones separadas. Tuve la suerte de ganar el Premio Loewe, de recibir el Premio Nacional de Poes&iacute;a. Y, despu&eacute;s, la suerte de que cantautores como Serrat o Quique Gonz&aacute;lez se fijaran en &eacute;l.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Es un libro muy confesional, en el que te refieres, en el poema que da t&iacute;tulo al conjunto, a &ldquo;ese acierto imprevisto / del que pudo vivir la propia vida / en el seguro azar su conciencia, / as&iacute;, naturalmente, sin deudas ni banderas...&rdquo; &iquest;hasta qu&eacute; punto estos versos te retratan?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Bueno, me parece un buen resumen de esa honestidad que identifico con la poes&iacute;a. Es la respuesta sin dogmatismos de una conciencia ante las demandas de la vida, la necesidad de vivir la propia vida, la voluntad de ser, pero no sometida a un destino dogm&aacute;tico. Todos los ejercicios de conciencia son confesionales. Pero siempre teniendo claro que la poes&iacute;a no es un desahogo, una expresividad incontrolada. Es pues el retrato &eacute;tico que uno quiere elaborar, con el mayor parecido posible.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;No puede haber ideas sociales sin democracia&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Me resulta muy significativo en el conjunto el poema titulado <em>El insomnio de Jovellanos</em>, del cap&iacute;tulo <em>Otro tiempo</em>. Es un poema sobre la derrota de los sue&ntilde;os que anima a caminar desde una postura m&aacute;s realista, m&aacute;s apegada al suelo. &ldquo;Porque s&eacute; que los sue&ntilde;os se corrompen / he dejado los sue&ntilde;os, / pero cierro los ojos y el mar sigue movi&eacute;ndose / y con &eacute;l mi deseo / y puedo imaginarme / mi libertad, las costas del Cant&aacute;brico, / los pasos que se alargan en la playa / o la conversaci&oacute;n de dos amigos&rdquo;... Te hablaba antes de un punto de inflexi&oacute;n, de un descubrimiento vital. &iquest;Marc&oacute; un antes y un despu&eacute;s <em>Habitaciones separadas</em>?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- La figura de Jovellanos est&aacute; presente en dos poemas de <em>Habitaciones separadas</em>. Su poema de despedida a los amigos de Sevilla late bajo <em>Life vest under your seat</em>, con la mezcla de las emociones y las incomodidades de un viaje. Y luego aparece en este poema que citas, <em>El insomnio de Jovellanos</em>. El ilustrado asturiano fue perseguido por la Inquisici&oacute;n, apost&oacute; por los ideales propios de la Revoluci&oacute;n Francesa, y luego vio como sus sue&ntilde;os se convert&iacute;an en guillotina y crueldad. Pero sigui&oacute; imaginando un mundo m&aacute;s justo. Fue un punto de referencia para un militante comunista que vio c&oacute;mo los sue&ntilde;os desembocaban en crueldad al corromperse y quiso denunciar esas injusticias sin abandonar sus ilusiones. Despu&eacute;s de viajar con Rafael Alberti por los pa&iacute;ses del Este tom&eacute; conciencia de su terrible realidad. No puede haber ideas sociales sin democracia. Pero despu&eacute;s en Espa&ntilde;a, con el famoso refer&eacute;ndum sobre la OTAN, asist&iacute; a la farsa democr&aacute;tica cuando est&aacute; en manos del cinismo y no de las ideas sociales. As&iacute; que entend&iacute; lo que significa la soledad de una conciencia. Es una crisis que se abre en un libro anterior, <em>Las flores del fr&iacute;o</em>, pero que marca la melancol&iacute;a optimista o el optimismo melanc&oacute;lico de <em>Habitaciones separadas</em>.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Cada libro intenta salvar esa emoci&oacute;n que une nuestro mundo interior con el exterior&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Despu&eacute;s llegaron <em>Completamente viernes</em>,<em> La intimidad de la serpiente</em>, <em>Vista cansada</em>... &iquest;Cada uno de esos libros marcan una etapa en tu vida? &iquest;Cu&aacute;ndo vuelves a ellos sientes tu crecimiento, tus transformaciones?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- <em>Completamente viernes</em> fue un libro de amor, porque lo escrib&iacute; cuando empec&eacute; a vivir con Almudena, pero tambi&eacute;n una respuesta po&eacute;tica a <em>Habitaciones separadas</em>. Quise reivindicar la felicidad como una aspiraci&oacute;n leg&iacute;tima de los seres humanos, tanto la felicidad p&uacute;blica como privada. Autoridad humana sobre el destino. Los humanistas del Renacimiento y los ilustrados se convirtieron en puntos de referencia. Tienes raz&oacute;n, cada libro es una respuesta a la propia vida, metiendo a la poes&iacute;a en la propia vida. Cada libro intenta salvar esa emoci&oacute;n que une nuestro mundo interior con el exterior. Una respuesta po&eacute;tica a la propia poes&iacute;a mezclada con nuestra realidad. Los libros conservan el paso de los a&ntilde;os de quien los escribe. Al releerlos, uno recuerda situaciones de cada tiempo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Siento verg&uuml;enza ajena ante muchos espect&aacute;culos televisivos, culturales o pol&iacute;ticos&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;A d&iacute;a de hoy te sientes a gusto en tu piel? &iquest;Con qu&eacute; disfrutas especialmente, donde sigues encontrando la alegr&iacute;a?</p>
<p class="normal"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="normal">- Supongo que me pasa como a cualquier persona que cumple a&ntilde;os y que se encuentra satisfecha en su profesi&oacute;n. Tener cierto &eacute;xito ayuda a no estar amargado con el mundo. A partir de ah&iacute;, pues voy equilibrando mis sensaciones y mis afectos familiares o de amistad ante un mundo cada vez menos m&iacute;o. La manera de ser, de vivir, de comportarse en la sociedad, tiene cada vez menos que ver con mi forma de ser. Siento verg&uuml;enza ajena ante muchos espect&aacute;culos televisivos, culturales o pol&iacute;ticos. Pero por otra parte est&aacute; el compromiso con los m&aacute;s j&oacute;venes, con mis hijos. Experiencia e iron&iacute;a ayudan a bailar.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Es el momento de reivindicar la cultura como un valor esencial, algo que por desgracia no se ha hecho en Espa&ntilde;a&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;C&oacute;mo te est&aacute;n afectando estos tiempos tan extra&ntilde;os, denominados de la &ldquo;nueva normalidad&rdquo; con la pandemia, por la que se recordar&aacute; siempre 2020 y sus alrededores?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Creo que la pandemia ha extremado muchas cosas que se ve&iacute;an venir y que ha situado una normalidad cada vez m&aacute;s notoria en el mundo raro de las mascarillas. La sociedad consumista ha generado tal narcisismo que ahora asusta la fragilidad, la presencia de la enfermedad y la muerte en una realidad cada vez m&aacute;s solitaria. Degradar los espacios p&uacute;blicos tiene sus consecuencias. Creo que es el momento de reivindicar la cultura como un valor esencial, algo que por desgracia no se ha hecho en Espa&ntilde;a. Estamos en una situaci&oacute;n que debe hacer compatible el fortalecimiento de los espacios p&uacute;blicos, la autoridad del Estado, y el respeto a la libertad individual y los derechos democr&aacute;ticos. Y eso s&oacute;lo se puede conseguir invirtiendo en educaci&oacute;n y en cultura.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Volvamos a la obra. &iquest;Qu&eacute; lugar ocupan las novelas? &iquest;Qu&eacute; han supuesto? &iquest;Hasta qu&eacute; punto ser la pareja de una novelista tan destacada como Almudena Grandes te ha afectado a la hora de acercarte al g&eacute;nero? &iquest;C&oacute;mo os relacion&aacute;is en el plano profesional; os influ&iacute;s de alguna manera?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Las parejas que tienen una profesi&oacute;n compartida suelen vivir el trabajo como un asunto m&aacute;s de conversaci&oacute;n. Est&aacute; muy bien tambi&eacute;n tener a un lector de confianza tan cerca. Como es normal, nos consultamos cosas durante la escritura y luego hacemos de primer lector para discutir errores o plantear dudas. Almudena es muy buena lectora de poes&iacute;a. Cuando he escrito novela, claro, me han servido sus consejos. Para convivir es necesaria la admiraci&oacute;n, y yo admiro y respeto mucho su trabajo. Como mi apuesta fundamental es la poes&iacute;a, nunca he sentido envidia de su &eacute;xito. No hemos competido, hemos compartido.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Son tantas las facetas de Luis Garc&iacute;a Montero que, a la hora de plantear una entrevista abarcadora, hay que ir a grandes zancadas, pasando de un tema a otro... &iquest;Qu&eacute; supuso para ti la experiencia de presentarte como candidato de Izquierda Unida a la Presidencia de la Comunidad de Madrid? &iquest;Perder fue una derrota? &iquest;Qu&eacute; aprendiste de esa experiencia?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Yo particip&eacute; en la fundaci&oacute;n de Izquierda Unida en los a&ntilde;os 80. Cuando me pidieron que me presentase, el partido viv&iacute;a una crisis interna muy fuerte que anunciaba su desaparici&oacute;n o su disoluci&oacute;n en otra cosa. Acept&eacute; por coherencia interna, sabiendo que estaba muy mal la situaci&oacute;n. La derrota fue que no pudi&eacute;semos desarrollar el acuerdo que pudiera permitir un Gobierno de Izquierdas en Madrid. La experiencia fue muy positiva por mi conocimiento de gente que luchaba por la sanidad p&uacute;blica, educaci&oacute;n p&uacute;blica, el sindicalismo. Y fue triste por el espect&aacute;culo de la pol&iacute;tica demag&oacute;gica y de ego&iacute;smos personales.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;No podemos olvidar la importancia de la dignidad pol&iacute;tica, y m&aacute;s en el mundo de hoy, con tantos mecanismos para generar odios y mover mentiras&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Eres de los que pisan la calle, opinan, se implican en la pol&iacute;tica, todo lo contrario al creador en su torre de marfil. Has defendido una y otra vez la dignidad del ejercicio pol&iacute;tico y eso es muy de agradecer frente a la idea tan extendida de que todos son iguales, de que el juego sucio es el sustrato de la pol&iacute;tica.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Es que la pol&iacute;tica es un valor imprescindible en la vida democr&aacute;tica. Un buen consejo de Antonio Machado a sus alumnos fue que tuviesen cuidado de la gente que les aconseja no meterse en pol&iacute;tica, porque lo que quer&iacute;an era hacer pol&iacute;tica sin ellos y a veces contra ellos. La pol&iacute;tica es una defensa social contra la ley del m&aacute;s fuerte. La actividad est&aacute; muy desacreditada por los constantes casos de corrupci&oacute;n, sectarismo y falta de preparaci&oacute;n. Pero no podemos olvidar la importancia de la dignidad pol&iacute;tica, y m&aacute;s en el mundo de hoy, con tantos mecanismos para generar odios y mover mentiras.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Es l&oacute;gico que mis poemas hayan querido huir del hermetismo y el experimentalismo&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- En este sentido hay una gran coherencia en el trayecto de Luis Garc&iacute;a Montero. Como poeta siempre has cre&iacute;do en la poes&iacute;a como puente para llegar a la gente, para crear conciencia, lejos del hermetismo, y como personaje p&uacute;blico y ciudadano, no has evitado los debates del d&iacute;a a d&iacute;a, no has dejado de cultivar el esp&iacute;ritu cr&iacute;tico. &iquest;Qu&eacute; opinas al respecto?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- La conciencia c&iacute;vica es necesaria en la vida de cualquier ciudadano. Y esa conciencia c&iacute;vica influye en todos los terrenos de la vida. Si yo creo en los espacios p&uacute;blicos y desde hace a&ntilde;os veo en peligro la autoridad del Estado dentro de la din&aacute;mica neoliberal, es l&oacute;gico que mis poemas hayan querido huir del hermetismo y el experimentalismo. Se trata de utilizar de la forma m&aacute;s personal un lenguaje de todos. Una vez m&aacute;s, libertad y convivencia. Como hemos hablado de mis referentes po&eacute;ticos, se comprender&aacute; de manera f&aacute;cil que no renuncie al esp&iacute;ritu cr&iacute;tico y a la defensa de valores que considero fundamentales.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Uno puede ser imparcial, tratar de ser justo, pero no puede mantener las distancias ante una injusticia&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Actualmente escasean los intelectuales comprometidos. &iquest;A qu&eacute; crees que se debe? &iquest;Por qu&eacute; el refugio m&aacute;s seguro para muchos creadores es la equidistancia?</p>
<p class="normal"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="normal">- Creo que se producen a la vez algunos fen&oacute;menos que tienen que ver con lo que me preguntas. Enumero unos cuantos. Uno: s&iacute; hay pensamiento cr&iacute;tico, pero en la sombra, porque los medios suelen darle protagonismo a los defensores del poder econ&oacute;mico m&aacute;s que a los que lo cuestionan. Dos: la derecha se ha cebado contra la cultura de izquierdas, llam&aacute;ndola pesebrera y con campa&ntilde;as duras contra determinados personajes. As&iacute; que hay miedo. Tres: el espect&aacute;culo medi&aacute;tico en las redes es tan vergonzoso que uno siente pudor a entrar en un guirigay de insultos. Cuatro: va triunfando una idea de la cultura que tiene m&aacute;s que ver con el entretenimiento barato que con la formaci&oacute;n de las conciencias y el esp&iacute;ritu cr&iacute;tico. Y cinco: el respetable p&uacute;blico de la actualidad da miedo, est&aacute; m&aacute;s acostumbrado a gritar que a pensar. Se habla de lo que no se sabe, as&iacute; que el saber no es una fuente de autoridad. La equidistancia no me parece una buena postura. Uno puede ser imparcial, tratar de ser justo, pero no puede mantener las distancias ante una injusticia.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;La cultura es la mejor imagen de Espa&ntilde;a. Y la lengua nos permite formar parte de una comunidad hisp&aacute;nica muy importante en el mundo&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Hablemos un poco de tu experiencia al frente del Instituto Cervantes. &iquest;Algunas aportaciones de las que te sientas especialmente orgulloso? &iquest;Cu&aacute;les son los retos de cara al futuro pr&oacute;ximo?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Estos dos a&ntilde;os han sido raros. Primero, hemos funcionado con presupuestos prorrogados, es decir, no se ha podido aumentar el presupuesto de las instituciones culturales, y segundo, cuando est&aacute;bamos viendo la luz, nos vino encima la pandemia. As&iacute; que m&aacute;s que logros, reconozco muchas tareas por hacer. La er&oacute;tica del poder en este caso tiene m&aacute;s que ver con la impotencia. La prioridad ha sido resistir y estar preparados para consolidar el Instituto Cervantes en cuanto se pueda. Creo que estamos en la din&aacute;mica de dignificar la diplomacia cultural espa&ntilde;ola y de extender la riqueza de nuestras lenguas y nuestra cultura, como una buena se&ntilde;a de identidad de los valores democr&aacute;ticos y de una creatividad muy avanzada. La cultura es la mejor imagen de Espa&ntilde;a. Y la lengua nos permite formar parte de una comunidad hisp&aacute;nica muy importante en el mundo. Pertenecer a esa comunidad nos hace fuertes como puente entre Europa, Am&eacute;rica y Asia.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Hoy la cultura rebaja su prestigio social al entretenimiento m&aacute;s zafio&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Tienes la sensaci&oacute;n de que Espa&ntilde;a, fundamentalmente destino tur&iacute;stico en el conjunto de Europa, no ha encontrado a&uacute;n la manera de brillar por su riqu&iacute;sima cultura? &iquest;Qu&eacute; es lo que sucede? &iquest;No ha interesado a los pol&iacute;ticos que nos han gobernado trabajar en este terreno?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Basta comparar los presupuestos de cultura en relaci&oacute;n con el PIB de Espa&ntilde;a y otros pa&iacute;ses como Reino Unido, Alemania, Francia o Italia para tomar conciencia de nuestra debilidad. La sociedad espa&ntilde;ola se toma poco inter&eacute;s en la cultura y eso se nota en los presupuestos municipales, auton&oacute;micos y gubernamentales. Dentro de la degradaci&oacute;n heredada, hubo un momento de apoyo muy notable durante la Segunda Rep&uacute;blica, se vivi&oacute; un verdadero resurgir de la educaci&oacute;n y la cultura, pero todo qued&oacute; cortado con el levantamiento militar de 1936. Los a&ntilde;os de democracia han supuesto una mejora, pero insuficiente. Tambi&eacute;n aqu&iacute; creo que debemos tener en cuenta varios factores. Nuestra lengua es tan fuerte como cultura hispana, que no hemos necesitado la inversi&oacute;n de Alemania o Francia en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Por otra parte, no hemos sabido, como en el Reino Unido, apostar por la fuerza econ&oacute;mica de nuestro idioma. Dec&iacute;a antes que vivimos malos momentos. Hoy la cultura rebaja su prestigio social al entretenimiento m&aacute;s zafio. Son malos tiempos para explicarle a la ciudadan&iacute;a la importancia de la cultura para un pa&iacute;s. Pero, en cualquier caso, ser&iacute;a conveniente un pacto nacional por la cultura. Ser&aacute; la mejor forma de tomarnos en serio como pa&iacute;s.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Hace m&aacute;s falta que nunca la educaci&oacute;n p&uacute;blica en las democracias. Sin ella, volveremos a la superstici&oacute;n, al fanatismo y a la desigualdad descarnada&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- En uno de tus art&iacute;culos recientes &ndash;publicado en el medio en el que colaboras habitualmente, <em>InfoLibre</em>&ndash;, titulado &ldquo;La incultura como programa pol&iacute;tico&rdquo;, planteas que el fanatismo y la incultura sirve a las &eacute;lites para mantener sus privilegios y haces una encendida reivindicaci&oacute;n de la educaci&oacute;n p&uacute;blica, en la l&iacute;nea de Machado, de Emilio Lled&oacute;, de tantos otros humanistas. &iquest;La educaci&oacute;n es el gran desaf&iacute;o de esta &eacute;poca? &iquest;Pueden todav&iacute;a las humanidades salvarnos como colectividad, ayudarnos a recuperar el lenguaje de la dignidad?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- No conviene perder la esperanza. La sociedad tiene hoy muchos modos de &ldquo;educar&rdquo;, de crear intereses, apetencias, instintos. Las redes han completado el proceso de invitar a la gente a decir lo que piensa sin pensar lo que dice. Pero todo lo malo ser&aacute; mucho peor si no existe una educaci&oacute;n p&uacute;blica fuerte y apoyada. Es la ra&iacute;z de la democracia. El camino que va de una casa a la escuela es la gran lecci&oacute;n de convivencia, la v&iacute;a que articula lo privado y lo p&uacute;blico. Ahora que existen poderos&iacute;simos medios de control de las conciencias hace m&aacute;s falta que nunca la educaci&oacute;n p&uacute;blica en las democracias. Sin ella, volveremos a la superstici&oacute;n, al fanatismo y a la desigualdad descarnada.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Para finalizar te invito a detenerte en otro art&iacute;culo, el titulado <em>&iquest;Pero de verdad vas a ponerte a escribir un poema?</em>. Me parece que define mucho a Luis Garc&iacute;a Montero. El texto parte de una frase de Adorno, quien dec&iacute;a que &ldquo;escribir poes&iacute;a despu&eacute;s de Auschwitz&rdquo; era &ldquo;un acto de barbarie&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; supone escribir poes&iacute;a hoy, en el reinado del dinero, el consumismo, la productividad por encima de todo?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Adorno dijo eso porque consideraba que la poes&iacute;a era el logro m&aacute;s depurado de una civilizaci&oacute;n que hab&iacute;a desembocado en los campos de exterminio, en el horror del asesinato industrializado. Tenemos motivos para dudar de nosotros, de nuestra civilizaci&oacute;n, de nuestra idea de progreso&hellip;, pero esas dudas no pueden significar una renuncia, sino una b&uacute;squeda, una nueva oportunidad para el ser humano. Para m&iacute; escribir poes&iacute;a significa aceptar el pacto con Prometeo. Nos dio el fuego para que sobrevivi&eacute;ramos. Es verdad que nos puede estallar una bomba at&oacute;mica. Pero mientras haya alguien que est&eacute; escribiendo poes&iacute;a en su lugar, por discreto que sea, tendremos motivos para la esperanza.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;El tiempo de la poes&iacute;a es el de la lentitud, no es un tiempo de usar y tirar, no es una mercanc&iacute;a&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Debe ser la poes&iacute;a un espacio para la verdad en una &eacute;poca marcada por las mentiras, donde la falta de reflexi&oacute;n y de an&aacute;lisis, es tan llamativa? &iquest;C&oacute;mo hacer frente al ruido, a la velocidad que imponen las redes sociales?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Ese es un reto. F&iacute;jate que la poes&iacute;a ha vivido siempre en una situaci&oacute;n fronteriza entre la intimidad, lo privado y lo p&uacute;blico. Es la situaci&oacute;n que ahora se ha impuesto con las redes sociales. Buscar ah&iacute; la dignidad humana es una tarea bien significativa en medio de tanta basura. El poeta representa a esa persona que busca su propia verdad y que quiere ser due&ntilde;a de sus palabras. Por eso su escritura tiene que ver con la lentitud. El tiempo de la poes&iacute;a no es un tiempo de usar y tirar, no es una mercanc&iacute;a. A veces decimos lo primero que se nos ocurre y repetimos lo que flota en el ambiente. Otras veces decimos lo que nos conviene para quedar bien y vendernos como mercanc&iacute;as. La palabra po&eacute;tica nos ense&ntilde;a a decir aquello que tiene que ver con nuestra conciencia, m&aacute;s all&aacute; de cualquier convenci&oacute;n o consigna.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Eres de los que creen que algo tendr&aacute; que cambiar tras la pandemia, que ya estamos pisando las ruinas de un sistema que se cae, o formas parte del grupo de los esc&eacute;pticos? &iquest;Qu&eacute; futuro imaginas?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez distingu&iacute;a entre porvenir y futuro. A corto plazo, soy poco optimista, no creo que el poder econ&oacute;mico vaya a cambiar generosamente, se buscar&aacute;n mil formas de hacer negocio con la situaci&oacute;n. De hecho ya se ha empobrecido la mayor&iacute;a social y se est&aacute;n enriqueciendo las grandes fortunas. La brecha mundial de la pobreza va a profundizarse mucho. A largo plazo, espero que el agua encuentre sus caminos para seguir avanzando. Si queremos que el planeta sobreviva, deberemos esperar a que los gobiernos se tomen en serio la realidad ecol&oacute;gica y la decencia humana. No podemos seguir avanzando en el siglo XXI siguiendo las imposiciones neoliberales de&nbsp; las &uacute;ltimas d&eacute;cadas.</p>
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<p class="normal">&nbsp;</p>
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<p class="normal">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 16 Nov 2020 06:50:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ángel Guinda: "Confesar los propios miedos es honrar la poesía"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/confesar-los-propios-miedos-es-honrar-la-poesia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2020/_NGEL_GUINDA_2.jpg" alt="" /></p>
<p class="NoSpacing">Su primer libro es de 1965, pero s&oacute;lo considera v&aacute;lido lo escrito a partir de 2007. Arrepentirse de un libro est&aacute; al alcance de cualquiera, de tantos s&oacute;lo de &Aacute;ngel Guinda. La primera contrici&oacute;n llega en 1991, cuando re&uacute;ne su poes&iacute;a en <em>Claustro</em> y deja fuera toda huella anterior a 1980. Ni rastro de <em>La pasi&oacute;n o la duda</em> (1972), <em>Las imploxiones</em> (1973), <em>Acechante silencio</em> (1973), <em>El pasillo</em> (1974), ni de <em>La senda</em> (1974), por citar algunos de los primeros. Tampoco incorporar&aacute; a la antolog&iacute;a <em>La creaci&oacute;n po&eacute;tica</em>&hellip; (2004) los de la d&eacute;cada consecutiva: <em>La ciudad interior</em> (1983), <em>&Eacute;poca opaca</em> (1985), <em>El almendro amargo</em> (1986), <em>Saz&oacute;n</em> (1988), <em>C&aacute;ntico corporal</em> (1989), <em>Lo terrible</em> (1990)&hellip;</p>
<p class="NoSpacing">Existe la intenci&oacute;n no inmediata de fijar su poes&iacute;a en edici&oacute;n can&oacute;nica. Este hecho le traer&aacute; dolores porque &ldquo;toda antolog&iacute;a es una amputaci&oacute;n&rdquo; pero, sobre todo, porque habr&aacute; de incluir &ldquo;algunos poemas del principio&rdquo;. No ser&aacute; m&aacute;s que una concesi&oacute;n. S&oacute;lo considera &ldquo;fiable&rdquo; lo escrito desde hace 13 a&ntilde;os, a los 59 suyos. <em>Claro interior</em> es el libro que inaugura esta etapa, &ldquo;la v&aacute;lida&rdquo;, en la que lo mismo guarda silencio que rompe el lenguaje, literalmente: &ldquo;Rom po la pa labra, desescombro&rdquo;. Pero no deconstruye: &ldquo;Desroto, me deshuyo. / Reconstruyo&rdquo;. Los versos ondean sincopados como notas de guitarra de Keith Richards: &ldquo;En la nada no hay muerte, en la vida no hay nada del todo no (&hellip;) suave serpiente la caricia (&hellip;) En, en. Vag&iacute;nala. El grito donde el ya. El ya disparo del &eacute;xtasis carnal&rdquo;. &Aacute;ngel Guinda sabe que una sustancia principal del g&eacute;nero es preguntar; otra, su capacidad de asombrar; y otra, su lenguaje a veces il&oacute;gico&rdquo;. En nuestro autor, las contradicciones acaban no diciendo lo contrario de lo que afirman. &ldquo;Estar fuera del mundo por llevar un mundo dentro&rdquo;. La contradicci&oacute;n refuerza el discurso de la vida que, de ser algo, ser&aacute; parad&oacute;jica. &ldquo;Algunos no encajamos y nos desencajamos&rdquo;. &Aacute;ngel Guinda conoce al dedillo los precipicios; por eso, dejaron de serlo. En este su <em>primer</em> libro, <em>Claro interior</em>, Guinda parafrasea a Jaime Gil y rebate a Pavese como en otros suscribir&aacute; a Casona y contradir&aacute; a Claudio Rodr&iacute;guez. No escribe poemas, sino desplantes. Y cose s&aacute;banas para los fantasmas, que, por qu&eacute; no, pudieran ser desplantes de carne y hueso invisibles. Lo que no existe act&uacute;a sobre lo que existe y la enfermedad es una sala de espera cutre y abandonada, lejos de las habitaciones tan blancas que los hospitales presentan en las nuevas series. &ldquo;La bolsa de basura es nuestra biograf&iacute;a&rdquo;. Blanca es tambi&eacute;n la p&aacute;gina despu&eacute;s de haberla manchado. &ldquo;&iquest;Esto es la vida o es la muerte? Dudo&rdquo;, y nosotros con &eacute;l.</p>
<p class="NoSpacing">Guinda se devora a s&iacute; mismo. Su patria es la soledad. Hablar de sus retractaciones, de por qu&eacute; ha dado comienzo hasta tres veces su carrera, le reporta un malestar f&iacute;sico. Su trayectoria, de m&aacute;s de medio siglo, reducida a poco m&aacute;s de una d&eacute;cada. Si lo pensamos bien, tal cosa le rejuvenece, le quita a&ntilde;os, le acoqueta. Pero &eacute;l no quiere quitarse a&ntilde;os, prefiere clavar en dios los codos. &ldquo;Desde hace a&ntilde;os padezco la obsesi&oacute;n juanramoniana por el af&aacute;n de perfecci&oacute;n&rdquo;. En consecuencia, no cesa de revocarse, como si esto fuera posible, como si pudiera extraer sus poemas de las p&aacute;ginas de los libros y llevarlos a la pared de un basurero, o de una m&aacute;quina incineradora, y dejar las p&aacute;ginas de los primeros inc&oacute;lumes. &ldquo;S&oacute;lo estoy satisfecho con la obra publicada desde 2007&rdquo;. Queda claro. Como tambi&eacute;n para m&iacute; que refundarse no es impugnarse, sino aplicar una enmienda parcial al conjunto: la mayor de las reescrituras, y el que no reescribe no vive. Su obsesi&oacute;n radical por ofrecer lo mejor de s&iacute; le hace arrepentirse demasiado, algunas veces intentando nada m&aacute;s que afianzar &ldquo;una voz propia y unitaria&rdquo;, como si en alg&uacute;n momento no la hubiera tenido, o como si no la hubiera alcanzado en estos versos remotos: &ldquo;Como una despedida llegu&eacute; a ti&rdquo;; &ldquo;Porque hab&eacute;is de morir, vivid / en vida&rdquo;.</p>
<p class="NoSpacing">En <em>La experiencia de la poes&iacute;a</em> (2016) dej&oacute; escrito que la palabra es un ser vivo, percepci&oacute;n compartida, entre otros, por F&eacute;lix Grande, que &eacute;l lleva m&aacute;s lejos: &ldquo;La palabra nace, crece, se reproduce, puede llegar a morir, a matar y a resucitar&rdquo;. Dej&oacute; escritas m&aacute;s cosas, por ejemplo, que la creaci&oacute;n de su obra es &ldquo;la obra en destrucci&oacute;n&rdquo;, y que toda retractaci&oacute;n &ldquo;es un suicidio&rdquo;, y que, en cada retractaci&oacute;n, &eacute;l se retrata. Los juegos de palabras no son juegos de palabras. Es la vida aplicando en sentido equ&iacute;voco cada una de sus acepciones, cambiando las letras de las palabras que conforman su zigzag. Guinda asume, con Enrique Urquijo, que ha muerto y ha resucitado, y le angustia ofrecer m&aacute;s explicaciones. Pasemos entonces a lo &uacute;ltimo, que es un libro menudo, &lsquo;<em>Los deslumbramientos</em> seguido de <em>Recapitulaciones</em>&rsquo;, donde ha enterrado seis a&ntilde;os, los mismos que en <em>Claro interior</em>. Primero hay que componer, luego hay que afinar. &ldquo;Cada libro alcanza la edad cuyo desarrollo exige y, a veces, los motivos son indescifrables&rdquo;. <em>Los deslumbramientos</em>&hellip; sali&oacute; en lo peor de la emergencia sanitaria, el 9 de abril de 2020. A la editora lleg&oacute; una semana m&aacute;s tarde, y, despu&eacute;s, se despach&oacute; en las tiendas virtuales. La presentaci&oacute;n fijada en el Paraninfo de la universidad de Zaragoza nunca se celebrar&aacute;. Estos meses ha escrito dos poemas que a&ntilde;adir&iacute;a: &lsquo;La aparecida&rsquo; y &lsquo;Cuando me muera&rsquo;. Ya est&aacute;, otra vez, de alguna manera, reescribiendo, impugn&aacute;ndose. Acaba de sacar un libro que ya es incompleto. Una retractaci&oacute;n sobre la marcha. Impenitente. Los libros son trenes que pasan una vez. Por eso le duelen las estaciones. Podr&aacute; reenganchar un vag&oacute;n cuando se reedite, mas ser&aacute; una trampa, probablemente &ldquo;la trampa de vivir&rdquo;.</p>
<p class="NoSpacing"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="NoSpacing"><strong>&ldquo;El arte siempre ayuda a sobrevivir: nos estimula, nos enriquece, nos redime&rdquo;</strong></p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Es obligado empezar hablando de la pandemia. &iquest;C&oacute;mo la ha llevado?</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Pues con resignaci&oacute;n y alevos&iacute;a: mejor que regular; por lo tanto, bastante bien.</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - El arte, &iquest;le ha servido de algo?</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - El arte siempre ayuda a sobrevivir: nos estimula, nos enriquece, nos redime. Como dec&iacute;a en el manifiesto <em>Poes&iacute;a &uacute;til</em> (1994), el arte, cualquier arte, le sirve al ser humano: moralmente, para vivir; est&eacute;ticamente, para gozar; y culturalmente, para aumentar el conocimiento del mundo y de nuestro propio mundo. Lo peor ha sido convivir cada d&iacute;a con el dolor por esos miles de v&iacute;ctimas que han perdido la vida.</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Y su descanso, &iquest;c&oacute;mo ha sido? Hubo problemas de sue&ntilde;o, en general.</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Un descanso discontinuo, con interrupciones y sobresaltos. Y, algunas noches, fatigoso. Cada vez que me desvelo, escucho la radio: duermo con el transistor debajo de la almohada. Si me levanto, a veces, veo a mi padre. Ya tumbado, medito, atizo el rescoldo de la memoria que son tantos recuerdos de cuando era ni&ntilde;o, adolescente, joven&hellip; as&iacute; fue como acced&iacute; a <em>Recapitulaciones</em>, esas recapacitaciones que van haciendo balance de una vida, mi vida.</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - La reparaci&oacute;n del sue&ntilde;o afecta a la faceta creativa.</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - En mi caso, se trata de una relaci&oacute;n inconstante. En la plena oscuridad misteriosa e inquietante de la noche, pienso mucho, demasiado. Y siempre tengo un l&aacute;piz y un papel en la mesilla para anotar cualquier circunstancia tem&aacute;tica que se me pueda presentar. Las sorpresas m&aacute;s recientes han sido el primer verso de un poema: &ldquo;No fotograf&iacute;es la tormenta&rdquo;; y los versos finales de otro, el &uacute;ltimo que he escrito. Me encontraba paseando, en medio de una pesadilla, por la Via degli Archi, en la localidad medieval italiana de Randazzo, Catania, y contempl&eacute; la erupci&oacute;n del Etna. Esos versos finales dicen: &ldquo;Y si muero a tu lado / me curar&aacute; la muerte&rdquo;.</p>
<p class="NoSpacing">- Hay quienes, durante el confinamiento, se mostraron atascados. Veo que no es su caso.</p>
<p class="NoSpacing">- Han surgido, desde luego, algunas ideas por desarrollar. Sobre todo, una: la de poetizar un triple concepto de la existencia: como herencia recibida e impuesta con el nacimiento; como deuda adquirida amortizable con vivencias; y, finalmente, como un pr&eacute;stamo a plazo variable que s&oacute;lo se puede cancelar con la muerte.</p>
<p class="NoSpacing"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="NoSpacing"><strong>&ldquo;Desde ni&ntilde;o, el miedo y la muerte me acompa&ntilde;an obsesivamente&rdquo;</strong></p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing">- &iquest;Desde cu&aacute;ndo ve a su padre por las noches?</p>
<p class="NoSpacing">- Desde ni&ntilde;o. El miedo y la muerte me acompa&ntilde;an obsesivamente. Mi madre muri&oacute; de mi parto y &eacute;l lo hizo en 2005. Contemplo, por ejemplo, una representaci&oacute;n fantasmag&oacute;rica de mi padre. Siento su mano que me roza un hombro cuando, al andar a oscuras por la casa, rebaso las puertas de las habitaciones que dan al pasillo.</p>
<p class="NoSpacing">- &iquest;Se han acrecentado estos episodios durante el confinamiento?</p>
<p class="NoSpacing">- Digamos que se mantienen los temores por presencias o apariciones que siempre me han acechado.</p>
<p class="NoSpacing">- En esta &eacute;poca, tan distra&iacute;da, &iquest;debi&eacute;ramos prestar m&aacute;s atenci&oacute;n a los fantasmas? Parece que s&oacute;lo la literatura se acuerda de ellos, da igual si Rulfo o Patti Smith.</p>
<p class="NoSpacing">- Es algo que pasa o no pasa. Yo, teniendo entre cinco y siete a&ntilde;os, a causa de mis terrores nocturnos, dorm&iacute;a con mi padre. En la percha de la puerta &eacute;l colgaba su chaqueta, su pantal&oacute;n, la camisa, la bufanda y su sombrero o boina. Pues bien, en ocasiones, sobre esas prendas ve&iacute;a ya sombras blancas envolviendo los bultos de las ropas. Y hasta el &Aacute;ngel de la Guarda, o su fantasma, lo ve&iacute;a yo con total nitidez y con alas.</p>
<p class="NoSpacing">- Y no estaba so&ntilde;ando.</p>
<p class="NoSpacing">- No, despierto con los ojos abiertos.</p>
<p class="NoSpacing">- Los fantasmas, aunque no los recordemos, &iquest;se acuerdan de nosotros?</p>
<p class="NoSpacing">- Los fantasmas nos recuerdan antes de que los olvidemos, o puede ser que nos olviden antes de que los recordemos.</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing"><strong>&ldquo;La vida es una sana enfermedad que no se cura sino con la muerte&rdquo;.</strong><strong></strong></p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing">&Aacute;ngel Guinda ha doblado la mano al c&aacute;ncer. Se encuentra con altibajos y una anemia casi cr&oacute;nica, pero el cielo aparece vac&iacute;o de nubes. Las rutinas durante el proceso de superaci&oacute;n de la enfermedad se redujeron casi a consultas y pruebas m&eacute;dicas, a recibir tratamiento y guardar reposo. Casi porque la enfermedad no fue obst&aacute;culo para la escritura cuando &eacute;sta le sobrevino, cuando determinadas vivencias le impel&iacute;an: &ldquo;&iexcl;Escr&iacute;beme!&rdquo;. Entre cada ciclo de tratamientos, descansaba veinte d&iacute;as. El malestar se lo han ido aliviando el cine y la literatura. De enero a junio del a&ntilde;o pasado, vio cuarenta y nueve pel&iacute;culas en sala, versi&oacute;n original subtitulada. Durante los primeros seis meses de &eacute;ste se ha embaulado, lo menos, quince biograf&iacute;as: Frida Khalo, Dora Maar, Tamara de Lempicka, Camille Claudel, Dorothea Lange, Assia Wevill, Tina Modotti, Picasso, Rilke, Charles Chaplin, Beethoven, Chopin&hellip; No tiene inconveniente en confesar que el c&aacute;ncer que padece es de pulm&oacute;n. &ldquo;He hecho m&eacute;ritos para contraerlo&rdquo;. Hace treinta y pico a&ntilde;os escribi&oacute; el poema &lsquo;Me he fumado la vida&rsquo;. Dieciocho sesiones de quimioterapia ha recibido, en seis ciclos de tres, y treinta de radioterapia. Para evitar la met&aacute;stasis, por protocolo preventivo, quince sesiones m&aacute;s de radioterapia en el cerebro, el &oacute;rgano &ldquo;predilecto&rdquo;, dice, socarr&oacute;n, &ldquo;de ese tipo de c&aacute;ncer para reproducirse&rdquo;. Guinda se encuentra bien, lo que no le salva de revisiones trimestrales, claro. Hablamos al poco de la &uacute;ltima. Hay bullas en la base de los pulmones, algo de bocio y dos peque&ntilde;os quistes en los ri&ntilde;ones. La nueva es que no hay recidiva. Pero contin&uacute;an las pruebas. Esta semana, un PET-TAC; la pr&oacute;xima, un an&aacute;lisis. Una vida poco po&eacute;tica que se echa a la espalda como si lo fuera. Guinda parece que saca fuerzas de la fuerza, no de la flaqueza. Su cabeza permanece intacta y me da por pensar que le tensan m&aacute;s sus retractaciones que sus citas con la onc&oacute;loga. &ldquo;&iquest;Se puede ser feliz cuando el cuerpo se echa a un lado?&rdquo;, pregunto. Dif&iacute;cil saber si vivimos o morimos en &eacute;l. Seguramente las dos cosas. Imposible discernir si nos queda piel despu&eacute;s de haber mudado la &uacute;ltima. &ldquo;La noci&oacute;n de felicidad -responde resuelto- la trat&oacute; inteligentemente a la gallega Leo Ferr&eacute; en su canci&oacute;n &lsquo;Madame&rsquo;, pregunt&aacute;ndose: <em>Le bonheur... qu&rsquo;est que c&rsquo;est</em>?&rdquo;. Lo dice a la francesa. De un modo que es, tambi&eacute;n, a la gallega. El secreto de la vitalidad de su obra es conocer la oscuridad y no esconderla. El autoenga&ntilde;o lo deja para los principiantes.</p>
<p class="NoSpacing">&lsquo;<em>Los deslumbramientos</em> seguido de <em>Recapitulaciones&rsquo;</em> es un libro que son dos libros, ambos conectados por la enfermedad. Se lo digo, y &eacute;l precisa que tienen la enfermedad &ldquo;como tema o sus efectos sicol&oacute;gicos como consecuencia tem&aacute;tica&rdquo;. S&iacute; concede que la enfermedad se le ha colado en <em>Los deslumbramientos</em> m&aacute;s que en ninguna otra entrega, pero la verdad es que los des&oacute;rdenes f&iacute;sicos, con distinta intensidad, son la sustancia de su obra la &uacute;ltima d&eacute;cada. Mira en un silencio que rompe para anotar de memoria: &ldquo;Hace mucho afirm&eacute; que la vida es una sana enfermedad que no se cura sino con la muerte&rdquo;.</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing"><strong>&ldquo;La vida de verdad es sed de siempre&rdquo;</strong></p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing">La memoria para &eacute;l es una herramienta, no un g&eacute;nero. <em>Espectral</em> (2011) es el libro de memorias de un autor que no tiene libro de memorias. En &eacute;l no descontamos las preguntas y los presagios: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; gritan los acantilados entre los quitamiedos de mi memoria?&rdquo;. Su cabeza es una nube a ras de suelo. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; otras vidas antes nos mataron?&rdquo;. El agua y el tiempo buscan caminos por los que huir, informa. &ldquo;La vida de verdad es sed de siempre&rdquo;. Andaba inmerso &eacute;l una tarde en Juan Ram&oacute;n, hidrat&aacute;ndose con la quinta relectura de <em>Espacio</em>, ba&ntilde;&aacute;ndose en la m&uacute;sica de las olas, los vientos y los perros de Moguer, tras la inmensa cristalera de una cafeter&iacute;a, en Madrid, cuando el libro se le apareci&oacute;. Primero, en verso. Escritura autom&aacute;tica; momentos hiperrealistas, alguno de realismo ut&oacute;pico. Alcanzada la mitad, al igual que Juan Ram&oacute;n, decidi&oacute; ofrecerlo en prosa fragmentada para facilitar la comprensi&oacute;n lectora. Iba camino de un poema-r&iacute;o, y eso era algo que no deseaba. Guinda nunca ha pensado escribir unas memorias, acaso marcado por Borges -&ldquo;La meta es el olvido y yo he llegado antes&rdquo;-, pero <em>Espectral</em> es lo m&aacute;s cerca que ha estado. En sus p&aacute;ginas pervive el &iacute;mpetu testimonial enfrentado al espejo de la memoria, &ldquo;un vaciado de interioridades&rdquo;, dice, una exteriorizaci&oacute;n de su interior traum&aacute;tico. &Aacute;ngel Guinda se ha llegado a ver convertido en fantasma. Las sombras tienen algo de espanto y alcanzan todas y cada una de las coces de la vida. &ldquo;No es preciso desnudar la sombra&rdquo;, dijo en <em>Vida &aacute;vida</em> (1980) -y seguimos con los libros anteriores-. Sin embargo, en <em>Catedral de la noche</em> (2015) se volc&oacute; sobre ella, sobre la penumbra, quit&aacute;ndole sus ropajes. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; cambi&oacute;? &iquest;El af&aacute;n por la luz?&rdquo;. &ldquo;<em>Catedral de la Noche</em> me parece un templo g&oacute;tico cuya c&uacute;pula es la b&oacute;veda celeste. Y el g&oacute;tico representa la elevaci&oacute;n, &iexcl;s&iacute;!, hacia la luz. Creo que ese libro supone, en mi poes&iacute;a, la exaltaci&oacute;n de aquel <em>Claro interior </em>que<em> </em>acert&eacute; a ver ocho a&ntilde;os antes&rdquo;. <em>Catedral de la noche</em> incluye dos fotos suyas: en una, apacible, casi un cura, debido al cuello de la americana; en la otra parece un detective, intentando que el humo del cigarrillo se confunda con la niebla. &ldquo;Morir joven es duro, / pero m&aacute;s duro es envejecer&rdquo;, proclama. Sabe que la noche existe en &ldquo;el aire puntiagudo&rdquo; que vuelve la luz puntiaguda. &ldquo;Deja el cielo caer por su semblante / caspa de luz&rdquo;. Las llamas conectan este libro con otro, <em>(Rigor vitae)</em> (2013). En el primero, sirven para moverse en la oscuridad; en el segundo son un saco al que echa las sombras: &ldquo;No s&eacute; qu&eacute; es un poema (&hellip;) &iquest;Es la soga de luz con la que ahorcarse uno?&rdquo;; &ldquo;&iexcl;Asesinar&eacute; a la muerte!&rdquo;; &ldquo;Todo caduca menos el dolor&rdquo;.</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing"><strong>&ldquo;Aspiro a conseguir una simbiosis entre tradici&oacute;n y originalidad; a recoger verdad, belleza, intensidad&rdquo;</strong></p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing">- En <em>Claro interior</em> hay tormentas. &ldquo;Escribir el poema / es sembrar el rel&aacute;mpago, / traducir el silencio&rdquo;. El que siembra rel&aacute;mpagos, &iquest;qu&eacute; aspira a recoger?</p>
<p class="NoSpacing">- En ese libro hay tormentas y tormentos. Sembrar rel&aacute;mpagos, en mi poes&iacute;a, equivale a escribir versos como quien funda caminos en la m&aacute;s alta luz, versos ricos en im&aacute;genes fulgurantes, met&aacute;foras, ox&iacute;moron, concatenaciones, paradojas, ant&iacute;tesis, s&iacute;miles, paralelismos, alegor&iacute;as, &eacute;nfasis, enumeraciones u otras figuras de realce expresivo que configuren una imaginer&iacute;a propia hacia un estilo personal. Teniendo presente que tradici&oacute;n es herencia, y que &eacute;sta enriquece m&aacute;s a quien mejor la asimila, y sabiendo que la originalidad consiste en el reconocimiento de los propios or&iacute;genes, yo aspiro a conseguir una simbiosis entre tradici&oacute;n y originalidad; a recoger verdad, belleza, intensidad.</p>
<p class="NoSpacing">- Tambi&eacute;n en ese libro establece que el poema no es nada si no hace vida en nadie y que, para escribir un poema &uacute;til, hay que considerar si lo que se dice en &eacute;l tiene inter&eacute;s, as&iacute; como si habr&aacute; editor que arriesgue su dinero. &iquest;Piensa lo mismo? &iquest;En serio tiene en cuenta al lector?</p>
<p class="NoSpacing">- Pienso lo mismo, no perder nunca de vista al lector. Jam&aacute;s me atrajeron el culturalismo ni el esteticismo decadente. Hay que &lsquo;escribir como se vive&rsquo; [t&iacute;tulo de la antolog&iacute;a que se edit&oacute; al conced&eacute;rsele el Premio de las Letras Aragonesas 2010], hay que escribir como se es; con claridad, de manera que cualquier lector pueda comprender el poema. Sustituir lo l&uacute;dico por lo l&uacute;cido. S&iacute;: escribo contra la realidad, no sobre ella.</p>
<p class="NoSpacing">- En <em>(Rigor vitae)</em> propuso &ldquo;escribir como se muere&rdquo;.</p>
<p class="NoSpacing">- Tambi&eacute;n revel&eacute; hablarme a dentelladas, no tengo nada que ocultar.</p>
<p class="NoSpacing">- La iluminaci&oacute;n, &iquest;tiene algo de erotismo?</p>
<p class="NoSpacing">- Al erotismo asocio la penumbra, la luz la relaciono m&aacute;s con el amor.</p>
<p class="NoSpacing">- La luz la ha juntado en un libro -<em>Toda la luz del mundo</em> (2002)- compuesto por poemas de un verso. &iquest;En qu&eacute; se diferencia un poema-verso de un verso-aforismo?</p>
<p class="NoSpacing">- Nacieron como poemas <em>universos</em>, antes de que existiesen los <em>whatsapps</em>. Los poemas-verso son poemas nacidos como unidades de texto sensitivo. Los aforismos son unidades de texto nacidos como paremia, pensamientos, reflexiones, sentencias, refranes, etc&eacute;tera. Gotas de la destilaci&oacute;n del pensamiento.</p>
<p class="NoSpacing">Sus explicaciones distan de ser caprichosas, pero muchos versos podr&iacute;an funcionar como poemas sueltos o reclamos cercanos al aforismo: &ldquo;Dime que la verdad a&uacute;n no es mentira&rdquo;; &ldquo;Los dientes del aire casta&ntilde;ean&rdquo;. De hecho, no es raro que los versos aparezcan en sus poemas separados mediante l&iacute;nea viuda. La raz&oacute;n hay que buscarla en la inusual intensidad de los mismos. La po&eacute;tica de Guinda est&aacute; compuesta por l&iacute;neas delgadas, pero fuertes como hilo de ara&ntilde;a. Es un autor de todo menos previsible. Comprob&eacute;moslo de igual forma repasando los autores que cita en sus libros: Edgar Lee Masters, Piero Manzoni, Yves Klein, Mart&iacute;n Ad&aacute;n, Joan Vinyoli, Anna de Noailles, Salah &lsquo;Abd al-Sabur, Manuel Ant&oacute;nio Pina, Ricardo Paseyro, Arabella Siles, Pilar Bastard&eacute;s, Josefina Vicens, Enrique Urquijo, Boc&aacute;ngel, Abdul Hadi Sadoun, Agust&iacute;n Porras, Fray Jer&oacute;nimo de San Jos&eacute;, Mahmud Darwish.</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing"><strong>&ldquo;No temo las contradicciones desde que acepto que la vida asoma a sus ojos las ventanas de la muerte&rdquo;</strong></p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing">- No teme las contradicciones. Para usted, el hambre y la guerra son formas de violencia, pero tambi&eacute;n la belleza y el amor.</p>
<p class="NoSpacing">- No temo las contradicciones desde que acepto que la vida asoma a sus ojos las ventanas de la muerte. La belleza y el amor tienen de violencia un irrefrenable instinto contraviolento, antiodio.</p>
<p class="NoSpacing">- &iquest;La violencia es un camino en el que perfeccionarse?</p>
<p class="NoSpacing">- No le digo que no. La Paz sufrida durante cuarenta a&ntilde;os fue una paz violenta: la paradoja siempre, tanto en la vida como en la poes&iacute;a. Una paz impuesta con el terror para aprender la obediencia. Santa Teresa escribi&oacute; su personal <em>Camino de perfecci&oacute;n </em>para las monjas carmelitas del Monasterio de San Jos&eacute; en &Aacute;vila, del que era priora<em>. </em>Y P&iacute;o Baroja escribi&oacute; tambi&eacute;n su particular <em>Camino de perfecci&oacute;n </em>-pasi&oacute;n m&iacute;stica-.</p>
<p class="NoSpacing">Guinda coge por los pies la poes&iacute;a y la zarandea en lo alto de un viaducto. En su af&aacute;n por ir m&aacute;s all&aacute; y dotar de sentido a las acciones, lleg&oacute; a colocar el t&iacute;tulo de los poemas al t&eacute;rmino de los versos. Esta manera de proceder s&oacute;lo la ha encontrado uno, m&aacute;s tarde, en Ferm&iacute;n Herrero. &ldquo;El t&iacute;tulo encabezador del poema es lo normal, una forma de presentaci&oacute;n tem&aacute;tica. Titular a pie de poema es como dar la conclusi&oacute;n. Es una cuesti&oacute;n m&aacute;s anecd&oacute;tica que trascendental. Si dej&eacute; de hacerlo supongo que fue para no resultar pesado&rdquo;. Una v&iacute;a de tantas exploradas. Otra es el aforismo puro, vertiente oculta por su labor de poeta, que, al fin y al cabo, la engloba. Sus aforismos viven en <em>Libro de huellas</em> (2014), un presente hist&oacute;rico en que el adobe parece material noble y las ruinas se ofrecen votivas. Incluso el autor parece dialogar con aquellos que le precedieron: &ldquo;Tu piel es la profundidad de mi deseo&rdquo; recuerda lejanamente el &ldquo;no hay nada m&aacute;s profundo que la piel&rdquo;, de V&aacute;lery; y su &ldquo;he cerrado los ojos para ver&rdquo; puede tener ecos del &ldquo;hemos venido a no ver&rdquo;, de san Juan. Sus aforismos, como el resto de su obra, se bate en duelo contra la realidad de un mundo que, m&aacute;s que no gustarle, le disgusta y lo hace &ldquo;gravemente&rdquo;. Por eso, tal vez, reclama en la poes&iacute;a un compromiso que sirva, literalmente, para vivir.</p>
<p class="NoSpacing">- Entonces, &iquest;es posible conciliar el objeto de belleza y el sujeto de conducta?</p>
<p class="NoSpacing">- Al menos, yo pretendo una realidad que sea objeto de belleza en cuanto a est&eacute;tica en la edici&oacute;n -cubierta, papel, tipograf&iacute;a (tipo y cuerpo de letra)-, y a realce expresivo mediante figuras literarias -met&aacute;fora, ant&iacute;tesis, hip&eacute;rbole o exageraci&oacute;n, comparaciones, paralelismos, etc&eacute;tera-; y que al mismo tiempo sea sujeto de conducta, s&iacute;, en cada momento, en poemas y libros distintos.</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing"><strong>&ldquo;Urge superar tantos h&aacute;bitos de banalidad&rdquo;</strong></p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing">Al principio, Guinda cit&oacute; su <em>Poes&iacute;a &uacute;til</em>. En aquel manifiesto afirmaba sentirse cansado y decepcionado con la poes&iacute;a escrita en la Espa&ntilde;a de fin de siglo. Apostaba por otra, salvaje, libre. Hoy afirma que, camino de cumplirse el primer cuarto del XXI, sigue instalada entre nosotros &ldquo;una amplia corriente de mediocridad&rdquo; y que esta &ldquo;grave dispersi&oacute;n&rdquo; afecta en la educaci&oacute;n, la cultura y las artes. &ldquo;Urge superar tantos h&aacute;bitos de banalidad y favorecer la m&aacute;xima concentraci&oacute;n para que la trascendencia eclipse la contingencia hasta borrarla&rdquo;. Esto que dice hoy, taxativo y bien formulado, es consonante con lo que dijo ayer: &ldquo;Toda la vida he sido un moribundo / a pu&ntilde;etazos con el vandalismo / de la banalidad&rdquo;<em> (Rigor vitae)</em>.</p>
<p class="NoSpacing">- &iquest;Apostaba entonces por una tercera v&iacute;a?</p>
<p class="NoSpacing">- Puede ser interesante una tercera v&iacute;a intransigente con la frivolidad, que arraigue en la voluntad humanitaria, intelectual y cultural, y que reforme nuestra actitud ante la vida, mejor&aacute;ndola.</p>
<p class="NoSpacing">-&iquest;Se edita mucho?</p>
<p class="NoSpacing">-Much&iacute;simo. Y muy poco, en poes&iacute;a al menos, con calidad suficiente para merecer lectura. Salvo a algunos editores, no beneficia nada publicar cualquier cosa cuyo autor est&eacute; dispuesto a costear; pero es parte del negocio, como medio de vida, en estos tiempos.</p>
<p class="NoSpacing">Guinda echa de m&aacute;s el amateurismo f&uacute;til, saco en el que, supongo, caben los <em>poetuiteros</em> y tuerce el gesto ante los mediocres con &iacute;nfulas. &ldquo;En una &eacute;poca enferma, la palabra ha de ser hospital&rdquo;, escribi&oacute;, le recuerdo, &iexcl;menudo verso! Guinda est&aacute; bendecido por una sincera gratitud y si se le pregunta por qui&eacute;nes se siente acompa&ntilde;ado, los nombres se le despe&ntilde;an, al rev&eacute;s, garganta arriba, saliendo por su boca, y si uno quiere apuntarlos, debe tomar aire para no perder la retah&iacute;la: &ldquo;Me acompa&ntilde;an batallones sagrados de poetas&rdquo;, dice, despacio, previo a lanzarse: Yamani, Emadi, Banddopadhyay, Hadi Sadoum, Baltadzhieva, Du&scaron;i&ccedil;a Nicolić Dann; Rosendo Tello, Gimferrer, Colinas, De Cuenca, Irigoyen &ndash;&ldquo;con su silencio ejemplar&rdquo;-, Garc&iacute;a Montero, Mestre, Yusta, Curiel, Luis Luna; Ant&oacute;n Castro, Salda&ntilde;a, Lostal&eacute;, Forega; Zelada, Garc&iacute;a Teresa, Agust&iacute;n Porras, Jos&eacute; Luis Rey, Linaje, Malv&iacute;s, Cereijo, Rodr&iacute;guez Abad, Jos&eacute; Luis de la Vega &ndash;&ldquo;pertinazmente mudo&rdquo;-; Raquel Lanseros, Olga Bernad, Marta Dom&iacute;nguez, Trinidad Ruiz Marcell&aacute;n, Davidova, Teresa Agust&iacute;n; Reyes Guill&eacute;n; y, entre las voces m&aacute;s j&oacute;venes: Trashumante, Escarpa, Carmen Aliaga, Elisa Berna, Mariuccia Licari, Ver&oacute;nica Aranda, Andrea Espada, Maty Sanz... Se detiene y concluye diciendo: &ldquo;&iexcl;Y m&aacute;s!&rdquo;. Guinda es muchas cosas, tambi&eacute;n excesivo. O, mejor, pasional.</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing"><strong>&ldquo;Los dones del silencio que m&aacute;s me interesan son la meditaci&oacute;n, el acompa&ntilde;amiento, la quietud y la contemplaci&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p class="NoSpacing"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="NoSpacing">- Acaba de referir como virtud la abstinencia en la palabra. &iquest;Me puede citar alg&uacute;n libro en el que haya aprendido los dones del silencio?</p>
<p class="NoSpacing">- Previo a esos dones, me atrae el mutismo propio del estupor melanc&oacute;lico o catat&oacute;nico. Los dones del silencio que m&aacute;s me interesan son la meditaci&oacute;n, el acompa&ntilde;amiento, la quietud y la contemplaci&oacute;n. El libro m&aacute;s reciente sobre la influencia del silencio en la meditaci&oacute;n es <em>Biograf&iacute;a del silencio</em>, de Pablo d&rsquo;Ors. Acerca del quietismo me parece fundamental la <em>Gu&iacute;a espiritual</em> de Miguel de Molinos. Hay libros que dicen mucho y bien en lo que dicen. Otros que dicen m&aacute;s en lo que callan y en lo que dejan decir al lector. Un ejemplo, en la l&iacute;nea afor&iacute;stica, es el libro<em> Cita&ccedil;&otilde;es</em> <em>e pensamentos </em>[<em>Citas y pensamientos</em>], de Agostinho da Silva. Y respecto de otros dones tangenciales al silencio, tal el misterio, pueden iluminarnos los libros grimorios o de conocimiento m&aacute;gico -el <em>Libro de las leyes</em>, atribuido a Plat&oacute;n-, los nigrom&aacute;nticos y otros misteriosos acerca de las sombras.</p>
<p class="NoSpacing">- En m&aacute;s de un libro sostiene haber venido a destruir el mundo.</p>
<p class="NoSpacing">- Desde el primer momento sent&iacute; venir a destruirlo y, de las ruinas, levantar otro orden. Procuro no desviarme de ese intencionado sentir.</p>
<p class="NoSpacing">- Acaba de reafirmarse en que hay que escribir con claridad. Los herm&eacute;ticos italianos figuran entre sus favoritos.</p>
<p class="NoSpacing">- Es un error considerar dif&iacute;ciles o incomprensibles a Ungaretti, Quasimodo, Montale&hellip; Antes bien hay que considerarlos misteriosos, <em>concentrados</em>.</p>
<p class="NoSpacing">- &iquest;Y qu&eacute; me dice de la abstracci&oacute;n?: &iquest;permite <em>utilidad</em>?</p>
<p class="NoSpacing">- M&aacute;s all&aacute; de la figuraci&oacute;n o de la abstracci&oacute;n, yo entiendo que es &uacute;til todo arte de calidad, sea literatura, pintura, escultura, m&uacute;sica, mimo, danza&hellip;</p>
<p class="NoSpacing">- Utilidad m&aacute;s all&aacute; de la funcionalidad.</p>
<p class="NoSpacing">- M&aacute;s all&aacute;.</p>
<p class="NoSpacing">- Ha escrito sobre Mal&eacute;vich. Se siente cerca de la pintura moderna.</p>
<p class="NoSpacing">- Estoy con la m&aacute;xima calidad de la pintura. Acerca del conflicto de preferencia entre figuraci&oacute;n -Antonio L&oacute;pez- o abstracci&oacute;n -T&agrave;pies-, hace tiempo manifest&eacute; mi preferencia por la abstracci&oacute;n.</p>
<p class="NoSpacing">- &iquest;Tiene pensado reunir sus art&iacute;culos sobre arte?</p>
<p class="NoSpacing">- Me lo han propuesto. No son muchos, pero s&iacute; suficientes: Mal&eacute;vich, pero tambi&eacute;n Modigliani, Klein, Manzoni, Picasso, Saura, Mir&oacute;...</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing"><strong>&ldquo;La poes&iacute;a es palabra de m&uacute;sica&rdquo;</strong></p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing">-&iquest;Qu&eacute; relaci&oacute;n halla entre la m&uacute;sica y la pintura?</p>
<p class="NoSpacing">- M&aacute;s all&aacute; del t&oacute;pico <em>ut pictura poesis</em>, considero que &lsquo;la poes&iacute;a es palabra de m&uacute;sica&rsquo; y &lsquo;la canci&oacute;n es palabra con m&uacute;sica&rsquo; [cita dos aforismos de <em>Arquitextura</em> (2015)]. La m&uacute;sica es esencial en la palabra po&eacute;tica. En la pintura, colores y formas equivalen a las palabras en literatura.</p>
<p class="NoSpacing">- <em>Vida &aacute;vida</em> se lo dedica a la Destrucci&oacute;n. All&iacute; leemos: &ldquo;Cuando ames, odiar&aacute;s&rdquo;. Supongo que admite m&aacute;s de una lectura, tambi&eacute;n carnal. Recuerdo unas declaraciones del fil&oacute;sofo Andr&eacute; Comte-Sponville: &ldquo;El sexo sin amor se parece al odio&rdquo;. En usted percibo, incluso en el sexo con amor, posibilidad de odio. &iquest;Estoy equivocado?</p>
<p class="NoSpacing">- Puede ser que usted est&eacute; equivocado, pero tampoco. Como en el caso de &lsquo;Je t&rsquo;aime moi non plus&rsquo; -&lsquo;Te quiero, pero tampoco&rsquo;-, aquella canci&oacute;n de Serge Gainsbourg cantada y grabada por el gran fumador franc&eacute;s: primero con Brigitte Bardot, despu&eacute;s con su mujer Jane Birkin. He vivido el sexo sin amor, el amor con sexo, e incluso estando el odio presente en ese mismo sexo con amor.</p>
<p class="NoSpacing">- Usted no le va a la zaga a Gainsbourg&hellip;: &ldquo;Me dan miedo las dosis de alquitr&aacute;n / que estrangulan el aire que respiro&rdquo; -<em>Claro interior</em>-. Aparte de un signo de valent&iacute;a, consignar sus miedos -otra constante-, &iquest;es una manera de conjurarlos?</p>
<p class="NoSpacing">- El poeta l&iacute;rico vive dentro de su yo, en la m&aacute;xima intimidad con su mundo interior. Escribe, mayoritariamente, en primera persona; y cuando lo hace en segunda, suele referirse a s&iacute; mismo. Identificar y confesar los propios miedos es, desde que era ni&ntilde;o, una obsesi&oacute;n. Es afirmarse en la sinceridad, en la transparencia; es honrar la poes&iacute;a.</p>
<p class="NoSpacing">- La otra gran fijaci&oacute;n es la muerte.</p>
<p class="NoSpacing">- Que me viene del fallecimiento de mi madre, en el parto.</p>
<p class="NoSpacing">-&iquest;Cu&aacute;ndo empez&oacute; a fumar?</p>
<p class="NoSpacing">- Siendo adolescente. A los treinta y tantos, pas&eacute; a dos cajetillas diarias.</p>
<p class="NoSpacing">-&iquest;Cu&aacute;ndo lo dej&oacute;?</p>
<p class="NoSpacing">- Dejar de fumar fue una necesidad urgente cuando un d&iacute;a, estando solo en casa, en la terraza, fumando, me qued&eacute; sin respiraci&oacute;n. Me esforc&eacute; en recuperarla haciendo profundas inspiraciones e inhalando alcohol. S&oacute;lo poco a poco, y por instinto de supervivencia, consegu&iacute; respirar. Diez a&ntilde;os antes me hab&iacute;an diagnosticado EPOC [Enfermedad Pulmonar Obstructiva Cr&oacute;nica]. Desde ese 2 de noviembre de 2018 no he vuelto a fumar. Luego, lleg&oacute; el diagn&oacute;stico m&aacute;s grave, del que hemos hablado.</p>
<p class="NoSpacing">- Parece tener un presentimiento duro de s&iacute; mismo, como si le costase una parte de usted. &ldquo;Muere&rdquo;.</p>
<p class="NoSpacing">- Ese <em>muere</em> exhortativo se dirige al t&uacute; que es el propio yo l&iacute;rico, cierto. Ya que mi obra es marcadamente autobiogr&aacute;fica, los obst&aacute;culos y dem&aacute;s conflictos me han estallado tanto en la vida como en la obra. En la etapa en que mi juventud fue m&aacute;s joven y alocada, me dej&eacute; arrollar por los excesos: pol&iacute;ticos, religiosos, de velocidad, con la bebida, el tabaquismo&hellip; y m&aacute;s.</p>
<p class="NoSpacing">&ldquo;Este vino que bebo no es la sangre de Cristo&rdquo; -<em>Claro interior</em>-. &ldquo;Las vidas que he bebido, las muertes que fum&eacute;&rdquo; -<em>(Rigor vitae)</em>-.</p>
<p class="NoSpacing">En la introducci&oacute;n a <em>La experiencia de la poes&iacute;a</em> (2016), estableci&oacute; que todo lo que hacemos en esta vida podr&iacute;amos haberlo hecho mejor. &Eacute;l est&aacute; satisfecho con su obra hasta cierto punto, o a partir de cierto momento. Su vida se limita a <em>aceptarla</em>, se&ntilde;al de inteligencia.</p>
<p class="NoSpacing">Ven&iacute;a de consumir farlopa, marihuana y &aacute;cido lis&eacute;rgico. Se liber&oacute; de las sustancias <em>exili&aacute;ndose</em> en Madrid. Fue en 1988 cuando particip&oacute; en un concurso de traslados y consigui&oacute; plaza en un colegio p&uacute;blico de Alcorc&oacute;n. La capital era la resaca de la Movida. Para alguien desprovisto de voluntad, deb&iacute;a de ser la representaci&oacute;n del para&iacute;so, pero, por muy incitante, la realidad choc&oacute; contra el plexo de &Aacute;ngel Guinda. &ldquo;Fue una resistencia monacal, de soledad buscada y solidaridad autorredentora&rdquo;. Sus d&iacute;as como profesor los acab&oacute; en el instituto de ense&ntilde;anza secundaria Luis Bu&ntilde;uel, tambi&eacute;n de Alcorc&oacute;n; y Madrid podemos afirmar que ha terminado influyendo en sus libros tanto como en su vida. Hasta tiene un poema dedicado a Lavapi&eacute;s, donde vive.</p>
<p class="NoSpacing">- A usted le caracteriza una mirada inclemente, m&aacute;s que hacia el paso del tiempo, hacia la vejez, a la que resta toda connotaci&oacute;n de sabidur&iacute;a. Es consciente de que el apagamiento afecta al f&iacute;sico y a la mente.</p>
<p class="NoSpacing">- Envejecer es &ldquo;un cat&aacute;logo de aver&iacute;as, un repertorio de reparaciones&rdquo; [se sabe sus versos y no teme la autocita]. Envejecer es un gran inconveniente. Una amenaza, un peligro irreversible. No creo poner pa&ntilde;os calientes. La vejez, en mi caso, la acepto y la afronto como consecuencia de haber vivido &aacute;vidamente.</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing"><strong>&ldquo;La memoria es una llave maestra para activar la evocaci&oacute;n y abrir los recuerdos&rdquo;</strong></p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing">- En su &uacute;ltimo libro expresa que la memoria &ldquo;es una llave maestra&rdquo;. Pareciera que acaba siempre en el fondo del mar. &iquest;Los libros son tal vez una mesilla en que posarla, mientras?</p>
<p class="NoSpacing">- La memoria es una llave maestra para activar la evocaci&oacute;n y abrir los recuerdos&hellip; mientras no est&eacute; oxidada ni presa del alzh&eacute;imer. Los libros, en estas circunstancias adversas, nos fundan, nos distraen y fortalecen. Nos hacen vivir m&aacute;s.</p>
<p class="NoSpacing">Hace unas respuestas, Guinda recomendaba escribir como se vive. En 1992, public&oacute; en <em>El Peri&oacute;dico de Arag&oacute;n</em> un art&iacute;culo titulado &lsquo;Clifford Still: pintar como se vive&rsquo;. La vida como gu&iacute;a, la realidad como cristal roto. Esta entrevista bien podr&iacute;a titularse &lsquo;Contestar como se vive&rsquo;, que es lo que ha hecho, con autoexigencia. Por cierto, como en los detalles no s&oacute;lo est&aacute; el demonio, sino la persona, vaya uno: al aludir a la <em>Gu&iacute;a espiritual</em> de Miguel de Molinos, terci&eacute; preguntando si conoc&iacute;a la de Castilla, de Jim&eacute;nez Lozano. &ldquo;Sinceramente, no&rdquo;. Seguimos a lo nuestro. Horas despu&eacute;s, en el correo me espera el siguiente mensaje: &ldquo;Acabo de encargarla, en dos formatos, en la librer&iacute;a Maxtor de Valladolid&rdquo;, ciudad en la que se cas&oacute; con su mujer actual hace ahora catorce a&ntilde;os, en la que tiene familia pol&iacute;tica y que visita cada dos o tres meses. &Aacute;ngel Guinda es lo contrario a la indiferencia. Por eso est&aacute; tan vivo. Tan despierto que lo normal es que se desvele por la noche. Quiere vivir, lo dijo en un poema de <em>Claro interior</em> -todo lo ha dicho en sus poemas- pero, sobre todo, lo demuestra con sus actos. Vive como lee. La vida s&iacute; le va a echar de menos.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 16 Nov 2020 06:49:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las lágrimas de la historia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/las-lagrimas-de-la-historia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2020/L_DIA_JORGE_-_Foto_Jo_o_Pedro_La_Umbr_a_y_la_Solana_.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El completo sentido de lo que se escribe, lo normal es que le sea inalcanzable al propio escritor. Lo contrario ser&iacute;a dar por hecho que su tarea, como la de los redactores de prospectos farmac&eacute;uticos o exhortos judiciales, se ajusta a alguna finalidad predeterminada, documental y mec&aacute;nica. Y lo cierto es que se escribe en estado de nebulosa, se camina a tientas, no se sabe muy bien lo que se quiere. De lo otro, de la perfecta conciencia de la propia labor, s&oacute;lo se puede decir que, si alguna vez se encuentra, su hallazgo en todo caso ser&aacute; retrospectivo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un buen d&iacute;a, cuando menos lo esperamos, mientras deambulamos por ah&iacute;, algo parecido a una voz ajena parece decirnos por fin qui&eacute;nes somos y lo que hacemos. Ya explicaba Ortega, acerca de las acciones, la diferencia entre sus causas y sus motivos: mientras las primeras son inaccesibles a quien se encuentra embarcado en la actividad (y su conocimiento ha de quedar, pues, en cosa de la ciencia), los segundos pueden conscientemente acompa&ntilde;ar a quien anda puesto a la tarea, tal como sucede en esas ocasiones en las que decimos de hacer algo <em>a conciencia</em>. Pero en sus ideaciones m&aacute;s puras, la acci&oacute;n y la reflexi&oacute;n es raro que caminen a tajo parejo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es tambi&eacute;n como si, de lejos, todo lo que parec&iacute;a confuso se volviera m&aacute;s claro, un poco como pasa en esos cuadros de Dal&iacute; cuya imagen total va compuesta en realidad por una multitud de peque&ntilde;as teselas independientes, que s&oacute;lo al perderse a la visi&oacute;n y a suficiente lejan&iacute;a, vuelven del todo clara la imagen del conjunto. En el campo literario, no se est&aacute; por lo general suficientemente lejos de s&iacute;. Y la modernidad de un autor creo que estriba, precisamente, de esa penosa circunstancia de escribir y de verse al mismo tiempo escribiendo, como dos personas distintas. A los modernos, o sea, a quienes abandonamos hace mucho y sin saberlo el ahora a&ntilde;orado para&iacute;so de la inocencia y la alegr&iacute;a de la acci&oacute;n, el mismo conocimiento de la p&eacute;rdida es lo que nos hace imposible el retorno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Estando no s&eacute; si en Bogot&aacute; con ocasi&oacute;n de la feria del Libro a la que acud&iacute;a para hacer visible la literatura de Portugal (de la que, tras la desaparici&oacute;n hace poco de otra mujer, Agustina Besa-Lu&iacute;s, quiz&aacute; sea el suyo el nombre m&aacute;s alto), la novelista portuguesa L&iacute;dia Jorge crey&oacute; descubrir, al responder a una pregunta, esa cifra o extracto esencial de su obra, el lema de su sentido: &ldquo;la literatura lava con l&aacute;grimas ardientes los ojos fr&iacute;os de la historia&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desde entonces, la frase ha sido pronunciada por ella unas cuantas veces y anotada por los periodistas con m&aacute;s o menos integridad. Recuerdo que Leo Strauss insist&iacute;a mucho en que no debemos creer que conocemos el sentido de las obras mejor que sus autores; ese ser&iacute;a el pecado de la soberbia hermen&eacute;utica. Pero, en realidad, y dada esa condici&oacute;n retrospectiva con la que el sentido de la acci&oacute;n se presenta a quienes luego reflexionan, lo raro ser&iacute;a lo contrario (&eacute;l hablaba m&aacute;s bien de fil&oacute;sofos <em>antiguos</em>). En el caso de L&iacute;dia Jorge tenemos, pues, esa f&oacute;rmula que ha venido a iluminar, desde el presente, la totalidad de una obra que tiene ya un bulto muy perfilado, en la que la literatura y la historia se encuentran mutuamente comprometidas. Por lo dem&aacute;s, las relaciones modernas entre esas dos modalidades de la palabra y la escritura no dejan de ser, como nos ense&ntilde;&oacute; a ver Baudelaire, profundamente inestables y conflictivas. Y lo escrito por LJ refleja esa modernidad <em>dif&iacute;cil </em>de una manera sintom&aacute;tica, a trav&eacute;s una de las obras m&aacute;s complejas y atentas de cuantas se han venido escribiendo en Europa entre los dos siglos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso mismo, aquella frase-clave no puede ser, pese a las apariencias, una frase pac&iacute;fica. En un primer momento, su sencillez nos invita a ver algo muy claramente, creemos saber pronto lo que nos dice: La literatura es una especie de b&aacute;lsamo, un consuelo, un pa&ntilde;o de l&aacute;grimas, mientras la historia apenas puede esconder su realidad de muela de hierro para los hombres. Aquella, enjuga; esta, hace llorar. Quiz&aacute; &mdash;pensamos&mdash; no debi&eacute;ramos ir nunca m&aacute;s all&aacute;; la frase de LJ es luminosa en su fulgor ef&iacute;mero y con el an&aacute;lisis no hacemos sino hurgar en la sombra de su foto fija, en su cad&aacute;ver, como sucede con todos los an&aacute;lisis. Quien se detiene en su rezo aprendido de memoria, suele perder el hilo de la oraci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero no podemos evitarlo; queremos ir m&aacute;s adentro. Y notamos primero que en la frase de LJ, la literatura aparece reconocida, en efecto, como una modalidad de la palabra, pero la historia todav&iacute;a no, la historia se presenta como una modalidad del tiempo, casi natural, pre cultural, pre art&iacute;stica. As&iacute; pues, &iquest;son las l&aacute;grimas &mdash;nos preguntamos&mdash; las de la literatura? Los ojos, &iquest;son los de la historia? &iquest;C&oacute;mo van a producir, esos mismos ojos fr&iacute;os, unas l&aacute;grimas ardientes? Los ojos y las l&aacute;grimas, &iquest;pertenecen al mismo sujeto, al mismo cuerpo? Nos parece ahora que hablamos de dimensiones diversas, incomparables.</p>
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<p>La literatura y la historia son cosas distintas, naturalmente. Pero llegan a compartir un &aacute;mbito com&uacute;n cuando alcanzan su condici&oacute;n escrita, cuando se convierten en g&eacute;neros literarios.&nbsp; Entonces, la historia, igual que la literatura, deja de parecernos naturaleza, una pura modalidad del tiempo, un hecho bruto de la realidad. Compartir la escritura supone habitar ese &aacute;mbito com&uacute;n que Paul Ricoeur llam&oacute; (m&aacute;s o menos, lo digo de memoria) &ldquo;nuestra end&eacute;mica constituci&oacute;n narrativa&rdquo;. Y nuestro pensamiento, como nuestra conciencia del tiempo y nuestra memoria, lo son; son narrativos inevitablemente, temporales.</p>
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<p>Cuando pienso en la frase de Lidia Jorge, me acuerdo de otra l&aacute;grima. La historia es fr&iacute;a, dec&iacute;amos; la literatura, ardiente. Al comienzo de <em>Los miserables</em>, que Hugo sit&uacute;a en 1815, o sea, el a&ntilde;o de Waterloo, cuando los nuevos vientos aliancistas parecen ir borrando la estela revolucionaria y napole&oacute;nica, hay un d&iacute;a en que el santo obispo de Digne, entre sus misericordiosas acciones, acude a visitar a un viejo ateo revolucionario que, pese a no haber votado en su d&iacute;a la ejecuci&oacute;n del rey, persiste en su filosof&iacute;a materialista y republicana, ya retirado en una caba&ntilde;a, en lo profundo del bosque. El anciano es un <em>esprit fort </em>&mdash;un &ldquo;convencional&rdquo;, dice el libro&mdash;, cabal, &iacute;ntegro, sus verdades son innegociables. El buen obispo lo escucha quiz&aacute; con admiraci&oacute;n, apenas logra contradecirle con unas cuantas interrupciones. El libro dice que de los ojos del viejo resbal&oacute; una l&aacute;grima, mientras exclama: &ldquo;&iexcl;Oh, ideal, t&uacute; s&oacute;lo existes!&rdquo;. Es entonces cuando la frialdad del obispo, pegada hasta entonces a una conversaci&oacute;n sobre la reciente historia francesa, gana temperatura emocional, el sentimiento de piedad enjuga con su pa&ntilde;uelo cordial el llanto por una historia que ha esparcido los cr&iacute;menes por los cuatro costados del tiempo.</p>
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<p>Mientras Hugo escribe su libro, a lo largo de m&aacute;s de treinta a&ntilde;os, de los veinte a los sesenta del siglo XIX, las relaciones entre la literatura y la historia registran una de sus modificaciones m&aacute;s decisivas. Fue entonces cuando sir Walter Scott lanz&oacute; sus m&aacute;s famosas novelas dando carta de naturaleza a ese g&eacute;nero o subg&eacute;nero de la novela hist&oacute;rica, que es una de las manifestaciones o derivas modernas de la trabaz&oacute;n entre la literatura y la historia. Al tal g&eacute;nero nunca le faltaron estudiosos, casi en sincron&iacute;a con su aparici&oacute;n, pero sobre todo cr&iacute;ticos, y a veces cr&iacute;ticos que conoc&iacute;an la materia de primera mano, puesto que hab&iacute;an sido, como Manzoni con su <em>I promessi sposi</em>, autores de alguna de aquellas novelas famosas. Pero &nbsp;Manzoni lo fue tambi&eacute;n del <em>Alegato contra las novelas hist&oacute;ricas</em>. A fin de cuentas, lo que se dirim&iacute;a con su defensa o su denuesto era una postulaci&oacute;n acerca de la verdad y, en concreto, de la verdad del tiempo, de la verdad <em>escrita </em>del tiempo, de su representaci&oacute;n, que no deb&iacute;a seg&uacute;n los cr&iacute;ticos ser tan condescendiente como para que los acontecimientos de la historia &ldquo;cient&iacute;fica&rdquo; pudieran ser contaminados por la imaginaci&oacute;n o la poes&iacute;a propias de las novelas. Fue en su <em>Ideas sobre la novela</em>, de 1925, donde el Ortega &ldquo;deshumanizado&rdquo; dec&iacute;a que en la novela hist&oacute;rica &ldquo;no se deja al lector so&ntilde;ar tranquilo la novela, ni pensar rigurosamente la historia&rdquo;. S&oacute;lo unos a&ntilde;os despu&eacute;s, Luk&aacute;cs publicar&iacute;a su famoso <em>La novela hist&oacute;rica</em>, una reflexi&oacute;n que se hace m&aacute;s valiosa si, m&aacute;s que como meditaci&oacute;n sobre el g&eacute;nero en cuesti&oacute;n, la leemos como la explicaci&oacute;n de que al novelista le sea exigible la conciencia hist&oacute;rica, en consonancia con el realismo que Luk&aacute;cs defend&iacute;a.</p>
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<p>Pero las relaciones entre la historia y la literatura &mdash;m&aacute;s bien, la poes&iacute;a&mdash; arrancan de mucho m&aacute;s atr&aacute;s y en una disposici&oacute;n que ser&iacute;a justamente la inversa a la del siglo XIX. Desde su origen filos&oacute;fico la diferencia se hizo estribar del grado de cercan&iacute;a de cada una de ellas con la verdad, es decir, de la condici&oacute;n de sus respectivas <em>escrituras</em> en el &aacute;mbito de la nueva racionalidad que pugnaba por abandonar el seno de la religi&oacute;n y la magia. As&iacute;, qued&oacute; establecida una jerarqu&iacute;a, seg&uacute;n la proximidad de cada una a lo eterno y necesario &mdash;es decir, lo verdadero&mdash; o, por el contrario, a lo puramente contingente y aleatorio. &ldquo;Incluso el tutor de Alejandro Magno &mdash;dec&iacute;a Karl L&ouml;with al comienzo de su excelente <em>Historia del mundo y salvaci&oacute;n</em>&mdash; no dedic&oacute; a la historia ning&uacute;n tratado por considerarla de menor valor que la poes&iacute;a, por el hecho de que aquella versa sobre acontecimientos &uacute;nicos y contingentes, mientras que la poes&iacute;a y la filosof&iacute;a se ocupan de &laquo;lo que siempre es as&iacute;&raquo;&rdquo;. No es de extra&ntilde;ar, pues, que en esa historia hayan pesado mucho las consideraciones y conceptos que Arist&oacute;teles elabor&oacute; en su <em>Po&eacute;tica</em> inacabada. Las tramas de la Poes&iacute;a, contenidas en la &eacute;pica y la tragedia, eran seg&uacute;n se dice all&iacute; concatenadas, causales, todo en ellas resultaba necesario y los agentes que las protagonizaban &mdash;los h&eacute;roes, para decirlo deprisa&mdash; se encargaban con sus acciones de conducirlas al destino, en cuyo alcance se pod&iacute;a justificar retrospectivamente toda la acci&oacute;n. Eran, pues, un espejo de la verdad, del orden de la verdad. La Historia, por el contrario, reflejaba el tiempo en su dimensi&oacute;n fortuita, fungible, pero adem&aacute;s en ella las tramas no eran tales, no iban atra&iacute;das hacia ning&uacute;n destino, muchas cosas quedaban deshilvanadas, eran innecesarias, superfluas, nada all&iacute; era perdurable y por tanto no pod&iacute;a ser verdadero. Nosotros, sin embargo, llamar&iacute;amos hoy a todo esto <em>la realidad</em>, y a aquello, los mundos ideales. (Pese a todo, un fil&oacute;sofo contempor&aacute;neo de la ciencia pol&iacute;tica, Eric Voegelin, titul&oacute; muy expresivamente su obra mayor <em>Order and History</em>, y aunque sea en realidad imperdonable decirlo as&iacute;, es claro que en su idea &ldquo;anti moderna&rdquo;, anti hegeliana y digamos que &ldquo;neo aristot&eacute;lica&rdquo;, la historia s&oacute;lo pod&iacute;a ser esa dimensi&oacute;n &mdash;esa <em>escritura</em>&mdash; del tiempo que no encuentra amparo en ning&uacute;n orden del Ser, que no est&aacute; ordenada a ning&uacute;n <em>t&eacute;los</em> receptor del sentido, de la verdad).</p>
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<p>Pues bien, apenas hay un libro de Lidia Jorge que no est&eacute; animado por este conflicto. Ninguno en que la experiencia del mismo no sea constitutiva de la obra y raz&oacute;n de la urgencia, como ha dicho ella misma, con la que esa obra ha sido escrita. En <em>Noticia de la ciudad silvestre</em>, la novela que en 1984 hizo advertir con m&aacute;s amplitud la envergadura de la escritora, se dice:</p>
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<p>Aquellos encuentros ocasionales eran apenas el simulacro de una cosa seria y, por eso, incluso las banalidades all&iacute; proferidas, no eran banalidades, ya que ninguna urgencia de acci&oacute;n las corromp&iacute;a en relaci&oacute;n a los fines.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pues bien, podr&iacute;amos decir que cualquier trama temporal justificada por sus fines y que se mantenga limpia as&iacute; de la urgencia de la acci&oacute;n o, lo que es lo mismo, de cualquier banalidad o futilidad de la realidad fortuita, ser&iacute;a &mdash;aristot&eacute;licamente&mdash; <em>po&eacute;tica</em> (estar&iacute;a a resguardo del <em>Order</em>, que dec&iacute;a Voegelin), mientras que lo ocasional de los encuentros, todo eso que no puede ser, por tanto, &ldquo;cosa seria&rdquo;, caer&iacute;a del lado desordenado de la historia.</p>
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<p>Esa historia tiene una materializaci&oacute;n precisa en la obra de Lidia Jorge; se refiere a un per&iacute;odo muy concreto, el que va desde los tiempos pre revolucionarios en el Portugal salazarista de los sesenta, a la normalizaci&oacute;n democr&aacute;tica tras la descolonizaci&oacute;n. &ldquo;Por esa &eacute;poca est&aacute;bamos en el sesenta y siete y por eso se hablaba bajo, con recelo de que las paredes oyeran&rdquo;, se dice en <em>Noticia&hellip;</em> acerca del momento en el que, una vez que las colonias africanas ganaron su independencia y con ello propiciaron la ca&iacute;da del r&eacute;gimen, montones de portugueses regresaron a la metr&oacute;poli en un proceso verdaderamente ca&oacute;tico y traum&aacute;tico. De manera que la historia, en la literatura de LJ, lo es primeramente en el sentido m&aacute;s real y concreto; se trata de una historia reciente, conocida. Ocurre sin embargo, y aqu&iacute; surge la cuesti&oacute;n detonante, que esa historia est&aacute; siempre <em>escrita</em> por la &ldquo;poes&iacute;a&rdquo; period&iacute;stica y la &ldquo;poes&iacute;a&rdquo; gubernamental, que no paran de <em>artistizar</em> la realidad para convertirla en &ldquo;cosa seria&rdquo;. Pues bien, la novelista se propone torcerle el cuello a la falsa seriedad de esa poes&iacute;a, un poco como los poetas de vanguardia quisieron torc&eacute;rselo al cisne evasivo y po&eacute;tico del modernismo. Ha descubierto y se propone hacernos descubrir que esa verdad &ldquo;po&eacute;tica&rdquo; de la historia no puede ser su &uacute;ltima verdad, que en realidad consiste en el olvido de la verdad, porque su seriedad es un simulacro, un encubierto sacrificio a ciertos fines empapados de intereses.</p>
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<p>Esa verdad que es a la vez revelada y ocultada, o solapada, por la escritura de la historia, es al mismo tiempo una verdad perdida sin remedio, porque lo que se pierde en aquella operaci&oacute;n poetizante o simuladora es, justamente, su memoria. Perdida como lo es la inocencia para el culpable, como la bendita ignorancia para el sabio, perdida como para todos lo es la infancia, la ingenuidad. La primera novela de LJ, <em>El d&iacute;a de los prodigios</em>, que le granje&oacute; un cierto prestigio de escritora realista-m&aacute;gica (en un momento en el que el realismo m&aacute;gico todav&iacute;a reten&iacute;a el prestigio del <em>boom</em> latinoamericano), consiste en parte en un canto a la vida perdida del campo natal, del Algarve at&aacute;vico en el que la ni&ntilde;a L&iacute;dia Jorge escuchaba las historias orales y le&iacute;a a los dem&aacute;s los libros heredados con el ritmo y la m&uacute;sica de aquella oralidad que en realidad su prosa nunca ha perdido. Leyendas, cuentos, magia. Al pensarlo, recuerdo las p&aacute;ginas de C.M. Cornford acerca de <em>La filosof&iacute;a no escrita</em>, como se titulaba la publicaci&oacute;n en castellano de sus estupendos ensayos plat&oacute;nicos, publicados por Guthrie en los a&ntilde;os cuarenta. El primero de ellos. &ldquo;El elemento inconsciente en literatura y filosof&iacute;a&rdquo;, no quer&iacute;a referirse, a pesar del t&iacute;tulo, a ning&uacute;n elemento psicoanal&iacute;tico (al menos directamente), sino a ese otro desechado por las mentes racionales como las nuestras y, a pesar de ello, retenido en forma de imagen o s&iacute;mbolo, metaf&oacute;ricamente. Aunque perdido, ese elemento &mdash;ese sentido o esa sabidur&iacute;a&mdash; no est&aacute;, pese a todo y pese a nosotros mismos, olvidado, sino que pervive, dec&iacute;a el sabio Cornford, &ldquo;en las capas ocultas de donde surgen los hontanares de la poes&iacute;a&rdquo;. Es inevitable, adem&aacute;s, que el recuerdo de Cornford, me haya tra&iacute;do el del mito de Theuth y Thamus que cuenta Plat&oacute;n en el Fedro y que contiene casi todo lo que se puede decir acerca de la suspicacia que la memoria y la oralidad sentir&aacute;n siempre hacia la escritura y la entrega que en ella se produce de alguna originaria verdad al olvido. Pues bien, cuando quiz&aacute; nadie lo esperaba, en 2018, L&iacute;dia Jorge public&oacute; su primer libro de versos &mdash;habr&iacute;a que decir, mejor, sus versos por primera vez&mdash;, <em>O Livro das Tr&eacute;guas</em>, que ten&iacute;a en este asunto de la palabra escrita su piedra de toque. Todos los poemas conservan, se puede decir que como en ausencia, algo de eso perdido pero no olvidado, algo que se pierde en la propia escritura, algo que, como dice all&iacute; ella misma, &ldquo;dar&aacute; noticia da origen, est&aacute; escrito na nuvem.&rdquo;</p>
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<p>As&iacute; pues, el idealismo de aquella &ldquo;cosa seria&rdquo; se defend&iacute;a de toda banalidad &ldquo;en relaci&oacute;n a los fines&rdquo; a trav&eacute;s de la escritura, pero la pureza contingente y banal de la vida en el tiempo, que es, para nosotros, toda su verdad, se pierde con ella. Esa verdad se ha perdido a manos de la historia que escribe quien detenta el poder (el poder pol&iacute;tico y econ&oacute;mico, pero sobre todo el poder cultural) y a manos de la raz&oacute;n hist&oacute;rica, constituida modernamente en exclusiva modalidad autorizada y vigente del tiempo. Frente a ella, &ldquo;Tenho a cabe&ccedil;a cheia de f&aacute;bulas&rdquo;, dice un poema. Y no nos sorprende que en otro aparezca el <em>Angelus Novus</em>, el &aacute;ngel espantado de la historia, cuya estampa a cargo de Paul Klee posey&oacute; Walter Benjamin.</p>
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<p>Pero adem&aacute;s de su dr&aacute;stica divisi&oacute;n entre lo permanente y lo perecedero, lo que importa y lo que no importa entre los g&eacute;neros de la escritura, Arist&oacute;teles expres&oacute; en el libro V de la <em>Metaf&iacute;sica</em> su idea del movimiento. Lo concibi&oacute; como paso de la potencia al acto, al menos as&iacute; lo explicaron luego los medievales. Pero se trata &mdash;de nuevo&mdash; del paso o pasos necesarios del antes al despu&eacute;s, en el camino que habr&aacute; de conducir a las cosas al alcance de los &ldquo;fines&rdquo; inscritos en sus respectivos modelos. Y &mdash;de nuevo&mdash; este recorrido no se produce sin p&eacute;rdida, sin privaci&oacute;n (<em>st&eacute;resis, &Sigma;&tau;&epsilon;&rho;&eta;&sigma;&iota;&sigmaf;</em>), sin dejar atr&aacute;s, en la cuneta del camino, lo superfluo, todo lo que no importa. Pues bien, eso que no importa, que no merece el duelo de quien, como los h&eacute;roes por el sendero de sus tramas, avanza con paso seguro hacia el destino de perfecci&oacute;n, todo eso, pues, que, como vienen a decir los poemas, la escritura condena a su p&eacute;rdida, es a lo que Lidia Jorge se propone hacer justicia, rescatar del paso de las ruedas de hierro de la historia, que tritura a los hombres. Y as&iacute; se nos dice en una p&aacute;gina de <em>Noticia&hellip;</em>:</p>
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<p>Hab&iacute;a quien estuviese haciendo la guerra por el mundo adelante y volviese a casa con el pecho lleno de costurones y media docena de historias extra&ntilde;as para contar y hacerse el h&eacute;roe. Otros y otros hab&iacute;a que, sin merecer relato alguno, pasaban por accidentes al aire libre&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No es nada casual que en el comienzo de la novela de Hugo, una novela fundacional de ese tiempo en el que la historia habr&iacute;a de suplantar a la poes&iacute;a en su lugar dominante, Jean Valjean, reci&eacute;n salido de la c&aacute;rcel, sucio, desharrapado, maloliente, haga su aparici&oacute;n por la misma calle por la que pas&oacute; el emperador en su camino de Cannes a Par&iacute;s y que descanse, ya que nadie lo admite ni en su posada ni en su casa, junto a la imprenta en la que se habr&iacute;an impreso los pasquines con las proclamas del h&eacute;roe regresado de Elba. Este entrecruzamiento, este contraste entre los h&eacute;roes que importan y los simples individuos a cuestas con sus aleatorias vidas sin destino, fue una de las piedras de toque de la novela del XIX, una de las tensas relaciones entre el tiempo y la verdad de la que sali&oacute; su particular modalidad literaria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Precisamente por ser una novela, si se puede decir as&iacute;, m&aacute;s primitiva, en la novela de Hugo todav&iacute;a no aparece desarrollado &mdash;del todo&mdash; el procedimiento m&aacute;s com&uacute;n y socorrido de relacionar literariamente las dos dimensiones del tiempo, la gran historia de los h&eacute;roes y la peque&ntilde;a historia de los miserables, tal como luego se hace notar, casi c&oacute;micamente, en los <em>Episodios</em> de Gald&oacute;s. (A m&iacute; me hacen gracia los <em>Episodios</em>. Aunque Dios me libre de mojar en esa profesionalizada discusi&oacute;n espa&ntilde;ola en la que a cualquier opini&oacute;n en su detrimento le cae encima, en cuanto se descuide, la ilustre tradici&oacute;n que fue fundada en su defensa por los exiliados espa&ntilde;oles y que es ahora absorbida como propia por quienes pretenden tambi&eacute;n absorber el prestigio de estos, m&aacute;s que de Gald&oacute;s. Pero me hacen gracia porque hay p&aacute;ginas en las que, parece mentira, el protagonista o la figura central del momento, un particular cualquiera, se las apa&ntilde;a para tomar parte, como perejil de todas las salsas, en todos los acontecimientos hist&oacute;ricos decisivos para la historia. El tiempo de los miserables en el tiempo de los dioses. La banalidad de la historia en el sal&oacute;n del trono de la poes&iacute;a. Sea en el Parlamento, en la Puerta del Sol, en el despacho del embajador, nuestro hombre o nuestra mujer parecen haber salido de su casa derechos al foco en el que se cuece la verdad, abandonando as&iacute; la irrelevante condici&oacute;n de quienes en la realidad de nuestras vidas s&oacute;lo pertenecemos al tiempo que se escapa. Y, s&iacute;, tambi&eacute;n Jean Valjean llega en ciertas p&aacute;ginas a cruzarse con el rey, en otras el emperador pisa la misma tierra que pisan los mortales, los acontecimientos marcan la misma hora que los relojes en las casas de alquiler. Pero los <em>Episodios</em> se parecen a esas series de televisi&oacute;n en las que una familia cualquiera &mdash;que tiene adem&aacute;s su mayor baza televisiva en ser eso, una familia cualquiera&mdash; se las arregla igualmente para que alguno de sus miembros se encuentre siempre en el meollo de la acci&oacute;n prestigiosa, con su golpe de Estado en Madrid, sus guerras de Irak&hellip;).</p>
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<p>El conflicto entre la historia y la literatura, que se presentaba a primera vista tan n&iacute;tido en la frase-clave de L&iacute;dia Jorge, se enreda, pues, en s&iacute; mismo si nos detenemos a pensarlo. La historia, llora; la poes&iacute;a enjuga sus l&aacute;grimas. Pero somos modernos, reflexivos, seres sin paz, sin sosiego. Se ha producido una inversi&oacute;n. Vemos que esas tramas que llam&aacute;bamos &ldquo;hist&oacute;ricas&rdquo; son ahora aquellas que Arist&oacute;teles hubiese llamado &ldquo;po&eacute;ticas&rdquo;, dada su condici&oacute;n necesaria, su causalidad inexorable, conducida hacia el destino mediante las acciones de los personajes que han de perdurar, al menos en la fama y la memoria, en la escritura del tiempo. Tras las guerras napole&oacute;nicas, no digo que la literatura inaugurase, pero s&iacute; que se comenz&oacute; a asentar sobre un nuevo territorio no poblado ya de h&eacute;roes sino de seres contingentes &mdash;de carne y hueso, dir&iacute;a Unamuno&mdash;. Es muy conocida la estampa que pinta a Hegel mientras ve, desde su ventana, pasar por Jena al emperador a caballo y d&aacute;ndose cuenta en ese momento de que la historia ha sustituido a la antigua poes&iacute;a, de que la poes&iacute;a moderna <em>es</em> ahora la historia y de que no hay otra dimensi&oacute;n del Ser a la que las tramas o los hombres puedan apelar para hallar su perduraci&oacute;n. Pero, por eso mismo, <em>el tiempo que vivimos</em> tambi&eacute;n puede de nuevo resultar po&eacute;tica o art&iacute;sticamente organizado por los fines, y lo perdurable y necesario, lo ef&iacute;mero y fortuito, quedar de nuevo jerarquizados. Eso puede muy bien ocurrir en ese tipo de novela que el propio Hegel llam&oacute; &ldquo;de la epopeya burguesa&rdquo;, sustituta de las tragedias y las epopeyas antiguas. En <em>La costa de los murmullos</em>, de L&iacute;dia Jorge, se dice: &ldquo;El capit&aacute;n habla siempre de peripecias con final feliz&rdquo;. Y ni que decir tiene que este &ldquo;final feliz&rdquo; puede ser el de cualquiera de los &ldquo;fines&rdquo; que mencionaba la novelista en su otra novela. La urgencia de las acciones, o sea, su aleatoriedad, su carencia de orden, las corrompe, ciertamente, &ldquo;en relaci&oacute;n a los fines&rdquo;, porque s&oacute;lo tras el horizonte de todos los acontecimientos puede brillar el sol de la felicidad, de la plenitud. El capit&aacute;n piensa, pues, en una historia cumplida, abocada a su final feliz, incorrupta ya de cualquier enfermedad del tiempo. Lo que desea, finalmente, es el olvido de la verdad, suplantada por alguna otra &ldquo;cosa seria&rdquo;.</p>
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<p>Esta impostura que consiste en la importaci&oacute;n o el simulacro de las maneras (las maneras, con eso es suficiente) de la &eacute;pica y la metaf&iacute;sica hasta mudar sus tragedias en farsas, me recuerda algunas alusiones que en la misma novela recuerdan los an&aacute;lisis de Ren&eacute; Girard sobre la violencia y la imitaci&oacute;n (adem&aacute;s, claro, de las conocidas frase de Marx sobre comedia y tragedia al comienzo de El <em>18 Brumario&hellip;)</em>. El alf&eacute;rez Lu&iacute;s Alex no para de imitar al capit&aacute;n Forza Leal &mdash;su nombre es suficiente&mdash;, quien quisiera ser a su vez, y cree serlo, un h&eacute;roe &eacute;pico:</p>
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<p>El alf&eacute;rez se hab&iacute;a vuelto, por imitaci&oacute;n, una figura de inspiraci&oacute;n c&oacute;mica, lo que nunca fue. Es la imitaci&oacute;n lo que hace cambiar al mundo, pero una vez representada, enseguida se vuelve asunto para cualquier comedia.</p>
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<p>En <em>Noticia de la ciudad silvestre</em>, hay continuas menciones a la conversi&oacute;n de la tragedia en farsa:</p>
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<p>Eran cinco los actos de las tragedias griegas y tambi&eacute;n de las comedias (&hellip;). Pero esos g&eacute;neros no se confund&iacute;an y, por contrario, el nuevo episodio de Anabela Cravo arrastra una mezcla revuelta, una escena de farsa ruin.</p>
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<p>Y ese revoltijo, esa farsa, esa ridiculez pone en solfa toda pretensi&oacute;n &eacute;pica, como sin ir m&aacute;s lejos y contra viento y marea &mdash;contra los muertos, los olvidados y los perdidos&mdash; la que el gobierno portugu&eacute;s decidi&oacute; sostener cuando, ante el estallido de la rebeli&oacute;n de la colonias, fabric&oacute; para uso diplom&aacute;tico la <em>poes&iacute;a</em> de que no se trataba de colonias sino de provincias.</p>
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<p><em>Helena de Troya</em>, el apelativo con el que es nombrada la mujer del capit&aacute;n Forza Leal en <em>La costa de los murmullos</em>, apenas es en el tiempo de la narraci&oacute;n un disfraz de carnaval. Su marido, que quisiera dar continuidad a la <em>Il&iacute;ada </em>con sus peripecias de final feliz, acaba en personaje c&oacute;mico porque precisamente ignora la nueva condici&oacute;n del tiempo. La propia novela <em>hace</em> la historia del tiempo mismo, de su idea, en la clase del profesor Milreu: primero, dice el cura, fue &ldquo;como un juguete para los dioses paganos sin forma geom&eacute;trica definida, m&aacute;s all&aacute; de un ovillo de hilo&rdquo;, &ldquo;despu&eacute;s se hab&iacute;a visto como una l&iacute;nea rota entre el bien y el mal&rdquo;, despu&eacute;s, &ldquo;en tiempo de soberbia, se hab&iacute;a visto como una l&iacute;nea recta sin fin como las rectas, pero dirigida a un sol brillante, corriendo ardiente, siempre delante de la l&iacute;nea del tiempo&rdquo;, despu&eacute;s &ldquo;se hab&iacute;a visto como una espiral, menos orgullosa que la recta pero m&aacute;s pusil&aacute;nime, dirigida tambi&eacute;n hacia un mar del que no se prever&aacute; el fin.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El tiempo, pues, ha sido partido en un antes y un despu&eacute;s, y esta es la ra&iacute;z de la p&eacute;rdida de la inocencia y de la imposibilidad de su restituci&oacute;n. Nuestro tiempo sigue siendo en cierto modo hist&oacute;rico, pero ya no a la manera en que lo era para aquellos historiadores que bajo el modelo de Michelet fueron llamados &ldquo;artistas&rdquo;. No es ya un tiempo vectorial. Se trata ahora de un tiempo sin arte, un tiempo que ning&uacute;n arte va a conseguir hilvanar seg&uacute;n el relato de trama alguna, en el que ning&uacute;n agente va a poder reclamar un destino de permanencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mientras tanto, la escritura de Lidia Jorge resiste a cualquier escritura del tiempo. A cualquier pretensi&oacute;n de que nuestro tiempo sea escrito en relaci&oacute;n a cualquier fin. &ldquo;Y ahora, &iquest;qu&eacute; concepto tenemos de tiempo? &iquest;Qu&eacute; concepto de Historia?&rdquo; &mdash;preguntaba el profesor Milreu, en <em>La costa&hellip;</em>&mdash;. Y Eva Lopo, persuadida de habitar en &ldquo;tiempos diferentes, que relativizan todos los tiempos&rdquo;, en un tiempo, por tanto, a&uacute;n no escrito, escucha al sacerdote con reticencia:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No sirve la espiral que conduce a la lucha de clases, no sirve la recta porque conduce a la soberbia, no sirve la l&iacute;nea quebrada porque conduce a la falta de iniciativa, mucho menos el ovillo de hilo, porque conduce a la arbitrariedad. El momento que pasa es de perplejidad y dispersi&oacute;n. No veo otra salida para el concepto de tiempo que el amor de Dios. El verbo es su persona. El tiempo es su regazo&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En <em>Noticia de la ciudad silvestre</em>, Anabela Cravo forma junto a J&uacute;lia Grey un d&uacute;o de mujeres, que son muy distintas. Una es viuda, con un hijo, inestable, temerosa, acuciada por las dificultades inmediatas; la otra, al menos aparentemente, decidida, eficiente, sin trabas, aunque con una &iacute;ntima realidad oculta y mordiente. Dos mujeres muy diferentes pero extra&ntilde;amente unidas en un desvalimiento que, primero, procede de su condici&oacute;n de mujeres (no precisamente sujetos de la historia <em>escrita</em>) y luego de la amenaza de lo real que parece cernirse sobre las dos (aunque no sea por lo mismo). La ciudad, como todos los espacios de las novelas de LJ, son territorios en cambio, inmersas en un tiempo en proceso, un tiempo urgente o, como dice la propia escritora en su &uacute;ltima novela hasta el momento, <em>Estuario</em>: &ldquo;&hellip;el sent&iacute;a en el aire esa atm&oacute;sfera de cambio (&hellip;). Que viv&iacute;a en un pliegue del tiempo.&rdquo; La ciudad en la que viven sus vidas extra hist&oacute;ricas las dos mujeres est&aacute; en un permanente cambio, en una irredimible banalidad sin fines. Es una ciudad extra&ntilde;a, s&oacute;rdida, una ciudad como subterr&aacute;nea o sub real dentro de esa otra ciudad prestigiosa que era capaz de fabricar la poes&iacute;a y la historia finalistas. Es vivida por ellas en su sordidez, su ruina, que son tambi&eacute;n las de las casas y los espacios vividos por otros personajes, por ejemplo los artistas hospedados en los penosos estudios de <em>Noticia&hellip;</em>, o los Galeano, en su vieja casa de <em>Estuario</em>. Casas sucias, cuartos de alquiler, sus pasillos, su olor a humedad, sus paredes pintadas de verde, el moho, la ceniza. Recuerdan, no creo que sea un extrav&iacute;o decirlo, las p&aacute;ginas barcelonesas de Carmen Laforet.</p>
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<p>Esta condenaci&oacute;n, esta ruina tras el movimiento entre el antes y el despu&eacute;s, moldea todas las novelas de LJ, impugnando, en realidad, con su denuncia la pretensi&oacute;n de cualquier escritura de constituir alguna privilegiada modalidad del tiempo, sea a la antigua o a la moderna. Una circunstancia a la que se tiene especialmente por hist&oacute;rica, como fue, el 25 de abril de 1974, la <em>Revolu&ccedil;&atilde;o dos Cravos</em>, aparece una y otra vez socavada por el otro tiempo, el de las horas perdidas, el del dolor, el deseo, la esperanza traicionada. &ldquo;Est&aacute;bamos en el setenta y seis, supongo &mdash;se dice en <em>Noticia&hellip;</em>&mdash;, todav&iacute;a un revuelo real en el aire, pero descontando el ruido que se marchitaba. Todo transcurr&iacute;a manso.&rdquo; As&iacute; que nada de lo que en el exterior sucede a todos, parece ser lo mismo que ocurre en el coraz&oacute;n de cada cual. La conciencia personal clausura para siempre el para&iacute;so colectivo. &ldquo;Era asombroso c&oacute;mo corr&iacute;a &nbsp;la vida, los peri&oacute;dicos eran otros y las personas cambiaban (&hellip;). Cuando a cierta altura empez&oacute; a pensar que ninguna metaf&iacute;sica se desprend&iacute;a de los acontecimientos&rdquo;.</p>
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<p>Toda <em>La costa de los murmullos</em> est&aacute; en realidad atravesada por la urgencia inestable e incierta de este tiempo sin salvaci&oacute;n, y por la pretensi&oacute;n contraria de darle una postiza solidez escrituraria. Esa impostaci&oacute;n, esa imitaci&oacute;n &eacute;pica, es adem&aacute;s con demasiada frecuencia fuente de cr&iacute;menes y, como poco, de una inmisericorde desatenci&oacute;n para con los olvidados, los muertos, los desahuciados: la vida de carne y hueso, que demanda del escritor memoria y esperanza.</p>
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<p>Busque en el Archivo Militar (&hellip;). Meta las manos en las nader&iacute;as de la Historia, vea c&oacute;mo empalidece implacablemente en las cajas, como muere y se marchita y sus int&eacute;rpretes se van (&hellip;). Muchos cr&iacute;menes imbuidos de deber que es lo que hace la gran historia.</p>
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<p>Al o&iacute;r las grandes frases mim&eacute;ticas del capit&aacute;n heroico, Eva Lopo, uno de los grandes protagonistas, siempre femeninos, de LJ, comenta:</p>
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<p>S&iacute;, lo dijo, pero podr&iacute;a haber dicho otra cosa opuesta, podr&iacute;a incluso haber hablado de Rommel, o de Napole&oacute;n en Egipto, o retrotraerse hasta C&eacute;sar en Tapsos&hellip; (&hellip;) &iquest;Por qu&eacute; insiste en alterar la materia real de que est&aacute;n hechas los seres?</p>
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<p>Y eso, la memoria y la esperanza, es justamente lo que una novela de LJ (es decir, una palabra, s&iacute;, literaria, escrita, pero capaz de sortear las celadas po&eacute;ticas antiguas y modernas) estar&aacute; en camino de lograr a trav&eacute;s de una profesi&oacute;n de misericordia, de obediencia y atenci&oacute;n a &ldquo;la materia real de que est&aacute;n hechos los seres&rdquo;, a su cuerpo de carne, dolor y gozo, las l&aacute;grimas vivas de su alegr&iacute;a y su llanto. Es ese cuerpo material, carnal, el que llora y canta. &Eacute;l es el objeto de la violencia, de la sobrecogedora violencia a la que asistimos, por ejemplo, en un relato ejemplar que ha acabado siendo mi preferido, &ldquo;Overbooking&rdquo;, incluido en <em>O Amor em Lobito Bay</em>, que se public&oacute; en Espa&ntilde;a como <em>Los tiempos del esplendor</em>. Terrible, la peripecia sufrida en &Aacute;frica por la hermana Alberta, cuyo destino no est&aacute; orientado a ning&uacute;n final (porque tambi&eacute;n son felices, literariamente felices, los finales tr&aacute;gicos), sino a la masacre de esa carne de la vida.</p>
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<p>Tambi&eacute;n Cristo sinti&oacute; que los esf&iacute;nteres de su cuerpo se distend&iacute;an y sal&iacute;a por su ano carnal, la materia que define nuestro miedo. Ese es el momento de la Historia cristiana de mayor humanidad. Las guerras hechas durante el tiempo cristiano pod&iacute;an, por lo menos esas, haber sido evitadas, si en vez de un cuerpo m&iacute;stico inmaterial, hubiesen <em>representado </em>a Cristo sentado, llorando en el mont&oacute;n de sus heces, entre &aacute;rboles y aceitunas.</p>
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<p>Estas son palabras de <em>La costa de los </em>murmullos; las recuerdo ahora para, finalmente, detenerme en esa &ldquo;representaci&oacute;n&rdquo; que he marcado en cursiva. Dir&eacute; por qu&eacute;. Ese elemento hace como de arco de b&oacute;veda del tiempo y del propio arte, los dos elementos a los que apunta lo que podr&iacute;amos llamar la est&eacute;tica cr&iacute;tica de L&iacute;dia Jorge. A un nivel ni siquiera especulativo, muchos de los personales de las novelas de LJ son artistas. Escultores, como Artur Salema, que pretenden salir, precisamente, de esa jaula del arte que en sentido antiguo consist&iacute;a en manejar normas y destrezas (&ldquo;Pero si te refieres al arte viejo (&hellip;) no me interesa estar toda la vida manejando las artes h&aacute;biles (&hellip;). Adoro a Vostell, Rotella, Del Pezzo&hellip;&rdquo;). Se trata sin duda de un artista al que podr&iacute;amos llamar <em>contempor&aacute;neo</em> &mdash;no de un artesano&mdash;, un artista cuya materia es la realidad y que, fundamentalmente, no acepta las exigencias de un oficio orientado hacia eso, la representaci&oacute;n. Este artista quisiera operar con la realidad como materia y que su obra consistiera en su transformaci&oacute;n. Este artista no acepta la mediaci&oacute;n del arte, no acata los requerimientos de un oficio que en realidad aleja, seg&uacute;n &eacute;l, de la vida, porque nos separa de ella con su opacidad. Este es el pensamiento de todos los artistas de las tardo vanguardias del siglo XX y de lo que llevamos del XXI. El artista contempor&aacute;neo, en su prestigiosa versi&oacute;n m&aacute;s radicalizada, se tiene por creador de una nueva realidad, no por imitador o representador de la que existe. Y hay m&aacute;s en la obra de LJ. Entre los inquilinos de la Casa de Arara, de <em>El jard&iacute;n sin l&iacute;mites</em>, est&aacute; el <em>performer</em> de la Baixa, y est&aacute; Falc&atilde;o, el cineasta-reportero, de quien se dice:</p>
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<p>No quer&iacute;a transformarse en un cineasta como Orson Welles (&hellip;). Esto es, ambicionaba ser un revolucionario. Y como s&oacute;lo cre&iacute;a en el cine a lo vivo, un nuevo cine directo capaz de recoger el arte de la brutalidad real de la vida, transformarse en un verdadero reportero. (&hellip;) la gran mudanza iba a estar en la cosecha bruta de la realidad, sin idea previa, sin <em>scriptum</em>, sin representaci&oacute;n. (&hellip;) Pues, &iquest;qu&eacute; es la representaci&oacute;n? Un acto postizo propio del tiempo en el que era necesario inventar.</p>
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<p>Los artistas de las novelas de LJ no pueden ser m&aacute;s expl&iacute;citos. Su raza es la de quienes confiaron (y por lo que vemos en nuestros centros de arte, siguen confiando) en revolucionar la vida suprimiendo ese inc&oacute;modo intermediario del arte, que ellos consideran incongruente, al que culpan, dir&iacute;amos, de <em>poetizar</em>, de ocultar la verdad. Ellos quisieran la gran mudanza definitiva, la &uacute;ltima y concluyente revoluci&oacute;n, aquella en la que, al fin, la acci&oacute;n directa conduce a la plenitud de los deseos. Eva Lopo, en <em>La costa&hellip;</em>, lo traslada al campo espec&iacute;ficamente literario, si es que esto, claro, se puede seguir diciendo as&iacute;, dado que ya no hay para ellos, propiamente, ni campos ni &ldquo;artes&rdquo; espec&iacute;ficos, con sus oficios y leyes particulares, sino un solo Arte may&uacute;sculo que consiste, precisamente, en esa transformaci&oacute;n revolucionaria de la realidad, a la que toman por materia pl&aacute;stica.</p>
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<p>&iexcl;Ah, Biblioteca de Alejandr&iacute;a c&oacute;mo te estimo una vez incendiada &mdash;dijo Eva Lopo. El conocimiento sutil de tus papiros amarillos, quemados, transformados en caracoles de humo (&hellip;). Estimo los pa&iacute;ses de vocaci&oacute;n metaf&iacute;sica total, los que no invierten en la fijaci&oacute;n de nada. Que queman o dejan volar, cuando las ventosas ma&ntilde;anas de oto&ntilde;o, todo lo que puede ser objeto de conocimiento.</p>
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<p>Y se lo dice, adem&aacute;s, a quien se dispone a escribir un libro &mdash;<em>Las langostas&mdash; </em>que est&aacute; dentro del libro, un libro que no debiera ser como los dem&aacute;s. Tambi&eacute;n Eduardo Galeano, el escritor de <em>Estuario</em>, quisiera escribir un libro que fuera como una esfera azul, transl&uacute;cida, ingr&aacute;vida, obra a la vez de la creaci&oacute;n y la destrucci&oacute;n, un libro total o libro del mundo en el que est&eacute; pudiera retener la pureza, la plenitud, la integridad de un sue&ntilde;o en el que coincidieran el origen y el futuro; un mundo salido, como se dice en la novela, de un Arca de No&eacute;: &ldquo;&eacute;l har&iacute;a emerger nuevos seres lavados y limpios, los verdaderos hombres a los que se espera desde siempre&rdquo;.</p>
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<p>Ahora bien, ni que decir tiene que esta raza de transformadores, de aniquiladores, acabar&iacute;a siendo naturalmente la de unos tiranos, si sus irreprimibles postulados salieran de las salas del centro de arte o de las p&aacute;ginas del libro y alcanzaran la implantaci&oacute;n en la vida, como ellos dicen pretender. <em>Fiat iustitia et pereat mundus.</em> Ellos son parte de la utop&iacute;a, son su sue&ntilde;o. Y su debacle. Son una cara, la m&aacute;s oscura, de nuestro deseo infinito (y una de las m&aacute;s oscuras caras, a mi modo de ver, de la obra de L&iacute;dia Jorge). Adem&aacute;s, la felicidad del sue&ntilde;o revolucionario se resquebraja cuando la supuesta subversi&oacute;n de la vieja idealidad de las representaciones muestra al fin un lado tenebroso, su propia traici&oacute;n. Todo sue&ntilde;o de plenitud es selectivo. Fue el sue&ntilde;o so&ntilde;ado anta&ntilde;o por la poes&iacute;a, modernamente por la historia. Todo arte que se postule como subversi&oacute;n del arte &mdash;como cosa seria&mdash; acaba por condenar a la aniquilaci&oacute;n a esa misma realidad deficiente a la que se propon&iacute;a hacer justicia. El libro que sue&ntilde;a Edmundo Galeano en la pureza de su esfera azul, como el reportaje de Falc&atilde;o o la escultura de Salema, quisiera recoger, redimir, todas las impurezas, los fracasos y las l&aacute;stimas, los cristales rotos de la vida y los cabos sueltos que impiden a su narraci&oacute;n asemejarse a aquellas tramas completas y redondas de las grandes &eacute;pocas ordenadas por la poes&iacute;a o por la historia. Pero lo que ve Edmundo desde la terraza de la Pra&ccedil;a do Mar traiciona su sue&ntilde;o. &Eacute;l quisiera <em>ver </em>tan s&oacute;lo la tersa y brillante lisura de la piel del r&iacute;o que pasa, pero no puede evitar <em>saber</em> que en su fondo hay &ldquo;zapatos, ratones, aceite, heces, orines, pedazos de neum&aacute;ticos, dientes humanos&hellip;&rdquo;. Y ese es el problema: que ver y saber son &mdash;para los modernos como nosotros&mdash; inseparables; que quien desea ver de nuevo la limpieza, perdida lo mismo que la inocencia, preferir&iacute;a no saber lo que sabe, porque lo que sabe lo convierte en un ciego. Como el &aacute;ngel de la historia, no puede mirar atr&aacute;s sin ver un paisaje de ruinas.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 16 Nov 2020 06:46:00 +0000</pubDate>
    </item>
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      <title><![CDATA[Mirad, es bello y es verdad. Sobre la poesía de Antonio Gamoneda]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/mirad-es-bello-y-es-verdad-sobre-la-poesia-de-antonio-gamoneda/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2020/ANTONIO_GAMONEDA_2.jpg" alt="" /></p>
<p>A la vista de la ingente y hasta apabullante bibliograf&iacute;a sobre la obra po&eacute;tica de Antonio Gamoneda, al ponerme a escribir este texto sobre su poes&iacute;a, consciente de mis limitaciones, he optado por trasladar al hipot&eacute;tico lector un <em>relato</em> lo m&aacute;s directo y cercano a lo le&iacute;do y, en consecuencia, ajeno al discurso acad&eacute;mico que tanto gusta a sus ex&eacute;getas. Una <em>lectura</em>, en suma, y s&oacute;lo eso; a sabiendas de que no soy fil&oacute;logo y, como dice nuestro autor, &ldquo;todas las lecturas son subjetivas&rdquo; y &ldquo;la realidad de una escritura se decide en la comprensi&oacute;n y el juicio de quien la lee&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>S&iacute; he tenido en cuenta sus dos libros de memorias, <em>Un armario lleno de sombra </em>y <em>La pobreza</em>, porque &ldquo;mi vida y mi escritura [&hellip;] son el mismo asunto&rdquo; y &ldquo;La poes&iacute;a no se parece a la vida o tiene que ver con la vida, sino que es la vida&rdquo;, as&iacute; como sus propias palabras, algunas de las muchas que ha dedicado a reflexionar, no sin estupor, sobre lo escrito, ya sea en sus libros (la primera parte de&nbsp;<em>La pobreza</em>&nbsp;se titula justamente&nbsp;&ldquo;La escritura&rdquo;), en art&iacute;culos o en las numerosas entrevistas que ha concedido, de las que s&oacute;lo conozco una m&iacute;nima parte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como la mayor&iacute;a de los lectores de mi generaci&oacute;n, descubr&iacute; el mundo po&eacute;tico de Gamoneda gracias a <em>Edad</em> (1987), la edici&oacute;n realizada por Miguel Casado para C&aacute;tedra donde reun&iacute;a poemas escritos entre 1947 y 1986. Con ese libro, Gamoneda pas&oacute; de ser un perfecto desconocido, o casi, a conseguir el favor de los lectores y de la cr&iacute;tica. Al a&ntilde;o siguiente obtuvo el Premio Nacional, inequ&iacute;voco anticipo de los numerosos e importantes galardones que han venido despu&eacute;s, incluido el Cervantes.</p>
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<p>Aunque Gamoneda es un enemigo declarado del orteguiano m&eacute;todo generacional, no por eso podemos soslayar lo an&oacute;malo de su caso. De entre las promociones po&eacute;ticas del siglo XX establecidas por la cr&iacute;tica, cabe que did&aacute;cticamente, el Grupo del 50, el de &ldquo;los ni&ntilde;os de la guerra&rdquo;, al que pertenece cronol&oacute;gicamente, era y es uno de los m&aacute;s consolidados en t&eacute;rminos de nomenclatura. Cuando vio la luz <em>Edad</em>, insisto, su nombre no estaba en la n&oacute;mina nuclear o can&oacute;nica, una lista que no estar&iacute;a completa si faltara. Es verdad que si por algo se caracteriza su voz es por su absoluta singularidad. Ajena a cualquier marco te&oacute;rico grupal, no sujeta a caracter&iacute;sticas compartidas o compatibles, s&oacute;lo suena, y no es t&oacute;pico, a ella misma. Ha sido forjada desde la fidelidad a unos pocos maestros: Lorca, Rimbaud, Mallarm&eacute;, Hikmet, Perse, Vallejo, Char, Trakl&hellip; Creadores de realidad, dir&iacute;a &eacute;l, como Juan de Yepes. Y a influencias como los veterotestamentarios, la tragedia griega, el jazz, los espirituales negros, el surrealismo...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Escrita en &ldquo;radical soledad y en resistencia&rdquo;, Tom&aacute;s S&aacute;nchez Santiago <em>dixit</em>, ha tenido imitadores, pero no disc&iacute;pulos. Estamos ante una voz grave y propia, en sentido estricto, que es inseparable de un mundo &uacute;nico: el suyo. En una entrevista publicada en <em>&Iacute;nsula</em> asegur&oacute;: &ldquo;Ya he dicho muchas veces que toda, absolutamente toda mi poes&iacute;a es autobiogr&aacute;fica&rdquo;. Por eso es necesario recurrir, ya se indic&oacute;, a los mencionados tomos de memorias donde ha escrito, dir&iacute;a &eacute;l, su infancia y su juventud. Entre otras cosas porque los considera parte de su poes&iacute;a, aunque sea en prosa.</p>
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<p>Antonio Gamoneda Lob&oacute;n, hijo de Antonio y Amelia, naci&oacute; en Oviedo en 1931. Su padre, &ldquo;poeta menor&rdquo; y periodista, autor de <em>Otra vida m&aacute;s alta</em>, muri&oacute; pronto y esa muerte marcar&aacute; para siempre la vida (&ldquo;jodida&rdquo;) de su hijo, que con tres a&ntilde;os viaja a Le&oacute;n con su madre, otra alma en pena, persona central en su existencia y protagonista de su poes&iacute;a como sombra tutelar. Del armario real y simb&oacute;lico que da t&iacute;tulo a sus memorias de infancia recupera el poeta &ldquo;los hechos&rdquo;. All&iacute;, el desv&aacute;n y las palomas, el olor de la lej&iacute;a, la m&aacute;quina de coser Singer, las enfermedades, la Guerra, los Agustinos, Sergia, el vecindario, el tren, los milicianos y los presos de la c&aacute;rcel, los zapatos de la abuela, el fr&iacute;o, las peleas y los amigos, el banco&hellip; Y el odio, las penurias, el sufrimiento, la verg&uuml;enza, el dolor, las humillaciones, la tristeza, el hambre, los sue&ntilde;os y la muerte, aquello que ha venido conformando lo sustancial del mundo a que alud&iacute;a, su &ldquo;cultura de la pobreza&rdquo;, tan cervantina. De ah&iacute; tambi&eacute;n su conciencia pol&iacute;tica, desde el accidente del obrero o la paliza de los falangistas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En 1945 entra a trabajar en un banco con un horario interminable y un sueldo de miseria. Como botones y meritorio. De primeras, calefactor. &ldquo;Yo vengo de la penuria y del trabajo alienado&rdquo;, dijo en su discurso del Cervantes. No pocas p&aacute;ginas de <em>La pobreza </em>le sirven para mencionar a los compa&ntilde;eros de aquel oficio del que al final deserta para dedicarse a tareas culturales de la Fundaci&oacute;n Sierra-Pambley. A diferencia de su &iacute;ntimo amigo Jorge Pedrero, el s&iacute; permaneci&oacute; en el sufrimiento, &ldquo;soport&aacute;ndolo como una necesidad de la conducta necesaria&rdquo;. Acosado durante a&ntilde;os por las depresiones (&ldquo;una sola y continuada&rdquo;) y por otras enfermedades (&ldquo;Qui&eacute;n sabe lo que es la enfermedad&rdquo;). Librando, adem&aacute;s, otra batalla silenciosa: la de la clandestinidad pol&iacute;tica, en trajines sindicales, vinculado al PCE. En medio, la familia: Angelines, su mujer (&ldquo;vivimos el uno en el otro&rdquo;), y sus hijas: Amelia, Ana y &Aacute;ngeles, adem&aacute;s de su adorada nieta Cecilia, a las que dedica l&iacute;neas emocionantes en la parte final de sus memorias y en uno de sus libros. Y la casa, ese refugio para un poeta de interiores. Y unos cuantos viajes. Y por encima de todo, la poes&iacute;a. Eje y raz&oacute;n de ser. Principio de incertidumbre. Temor m&aacute;s que deseo. Todo est&aacute; en <em>Esta luz</em>. Un libro, en rigor, <em>nuevo</em>. Por su af&aacute;n perfeccionista y juanramoniano de reescribir lo escrito. Si de por s&iacute; toda lectura es <em>nueva</em> &ndash;uno nunca lee el mismo libro&ndash;, m&aacute;s cuando el poeta modifica lo ya publicado, como hace al caso. &ldquo;No me atrevo a pensar que los poemas [&hellip;] sean absolutamente otros, pero tampoco creo que, &laquo;en el fondo&raquo;, sean los mismos y, a veces, sospecho que puedan ser la negaci&oacute;n de lo anterior&rdquo;, confiesa en el &ldquo;Avisos y explicaciones&rdquo; con que comienza el primer tomo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Y qu&eacute; es ese &ldquo;todo&rdquo; a que hago alusi&oacute;n? Pues a mi entender un continuo que abarca m&aacute;s de setenta a&ntilde;os de creaci&oacute;n po&eacute;tica. Una &ldquo;arquitectura po&eacute;tica&rdquo; unitaria, digamos, pero que atiende a un principio apuntado con agudeza por Gonzalo Hidalgo Bayal: &ldquo;no se trata, pues, de escribir el mismo libro, sino de tener el mismo centro&rdquo;. Lo que uno ha le&iacute;do, dejando para los tesinandos la laber&iacute;ntica faena de comparar las variantes de las sucesivas ediciones, cuando no de los originales. De ah&iacute; que en los t&iacute;tulos se se&ntilde;alen las fechas del entonces y del ahora, por transitorio que &eacute;ste sea. Y ya que de transitoriedad hablo, bien est&aacute; que se reconozca el impecable quehacer del editor, Jordi Doce, que ha cuidado hasta el detalle tanto la poes&iacute;a completa (de 1947 a 2019, con sendos ep&iacute;logos de M. Casado) como el segundo volumen de sus memorias. En &eacute;stas comenta sus primeros pinitos po&eacute;ticos, present&aacute;ndose a concursos provinciales, lo que le depar&oacute; &ldquo;una avergonzada notoriedad local&rdquo;. De ese periodo, donde identificamos con dificultad la voz del poeta, y bajo el r&oacute;tulo de &ldquo;Primeros poemas&rdquo;, se abre <em>Esta luz </em>con<em> </em>el libro <em>La tierra y los labios</em>, que, como suele ocurrir, sin ser del todo suyo, presagia todos los dem&aacute;s. Ya se anuncian en &eacute;l temas u obsesiones que ser&aacute;n luego recurrentes. &ldquo;Crece la muerte con la vida&rdquo;, leemos. O: &ldquo;Cu&aacute;nta luz, cu&aacute;nto hielo, cu&aacute;nta nada&rdquo;. Ni el amor (as&iacute; expresado) ni los sonetos volver&aacute;n. Con todo, es <em>Sublevaci&oacute;n inm&oacute;vil </em>su primer libro publicado. En la famosa colecci&oacute;n Adonais. En &eacute;l ya se atisba, y hasta se concreta, su lenguaje poderoso y versos que aluden de forma inequ&iacute;voca a su mundo: &ldquo;Mi coraz&oacute;n se oculta en la belleza&rdquo;. &ldquo;La belleza no es /un lugar donde van a parar los cobardes&rdquo;. &ldquo;Yo s&eacute; / que la belleza no necesita ser pensada&rdquo;. &ldquo;Me justifico en el dolor&rdquo;. &ldquo;Gira el mundo y nosotros / esperamos la muerte&rdquo;. M&aacute;s all&aacute; del sufrimiento y de la muerte (&ldquo;don de morir&rdquo;), tan presentes, la luz, la amargura, la melancol&iacute;a, la m&uacute;sica (de Bartok, por ejemplo).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Le sucede<em> Exentos</em>, donde sigue cantando al amor, como en toda su primera poes&iacute;a (el libro est&aacute; dedicado a Mar&iacute;a &Aacute;ngeles) y a la figura de la madre. &ldquo;La vida es / una inmensa, profunda compa&ntilde;&iacute;a&rdquo;, escribe.</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em>Blues castellano</em> est&aacute; escrito entre 1961 y 1966, aunque ve la luz en 1982. En principio se titul&oacute; <em>Actos </em>e iba a ser editado por Batll&oacute;; sin embargo, se publica mucho despu&eacute;s, un lapso de tiempo que lo lleva a enmudecer. El salto cualitativo es evidente. Ah&iacute;, la desolaci&oacute;n, la culpa, la pobreza, el cansancio (un asunto recurrente), el dolor (&ldquo;Aqu&iacute; no hay otra majestad que el dolor&rdquo;). El <em>blues </em>afroamericano inspira un canto triste: &ldquo;Mirad, es bello y es verdad&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En <em>Exentos II </em>(que fuera <em>Pasi&oacute;n de la mirada</em>) se acent&uacute;a la inventiva ling&uuml;&iacute;stica, que se barroquiza, sin que eso estorbe a una contemplaci&oacute;n rural: &ldquo;Vi / &aacute;speros pueblos, huertos silenciosos&rdquo;. &ldquo;Vivo sin padre&rdquo;, leemos, y: &ldquo;La geograf&iacute;a del final es blanca&rdquo;. &ldquo;Aqu&iacute; la muerte se reconcilia con la luz&rdquo;. &ldquo;No / hay mayor lentitud que esta paciencia&rdquo;. Versos de alguien que &ldquo;habita en la mirada / de la desolaci&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Descripci&oacute;n de la mentira</em> es acaso su libro m&aacute;s valorado o conocido. En &eacute;l adopta el vers&iacute;culo (&ldquo;d&oacute;tame de talento para componer frases largas&rdquo;, rog&oacute; Zbigniew Herbert), que va a ser en lo sucesivo su se&ntilde;a de identidad sint&aacute;ctica. Su tono es inconfundible. Su poes&iacute;a, inspirada, de aires b&iacute;blicos. &ldquo;Nuestra dicha es dif&iacute;cil&rdquo;, lamenta. &ldquo;Agradezco la pobreza para que la pobreza no me maldiga&rdquo;. &ldquo;Atravesamos las creencias&rdquo;, &ldquo;un pa&iacute;s sin verdad&rdquo;. Frente al olvido, &ldquo;mi fortaleza est&aacute; en recordar&rdquo;, aunque, confiesa, &ldquo;mi memoria es maldita&rdquo;. La soledad &ldquo;&aacute;vida&rdquo;, el miedo (&ldquo;He temido tanto a la vida como a la muerte&rdquo;), la destrucci&oacute;n, la cobard&iacute;a (&ldquo;el &uacute;nico don de la imposibilidad&rdquo;), la verg&uuml;enza, la indiferencia, la inutilidad, el arrepentimiento&hellip; &ldquo;De los desvanes baja un clamor de palomas. Es el sonido de la infancia&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>L&aacute;pidas </em>representa la continuidad de un lenguaje personal y distinguible: &ldquo;la lengua / se agota en la verdad&rdquo;, &ldquo;la pureza de las palabras in&uacute;tiles&rdquo;. Versos bell&iacute;simos como: &ldquo;Pasaban trenes en la tarde y su tristeza permanece en m&iacute;&rdquo;. La Guerra, Le&oacute;n, San Marcos&hellip; Tiene algo de cr&oacute;nica, de narraci&oacute;n y, claro, de memoria. Al fondo, la enfermedad, la convalecencia. &ldquo;La vejez es blanca&rdquo;. Y la melancol&iacute;a (de los tangos). &ldquo;Si&eacute;ntate ya a contemplar la muerte&rdquo;. C&oacute;mo suenan sus silencios. &ldquo;Edad, edad, tus venenosos l&iacute;quidos. // Edad, edad, tus animales blancos&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Libro del fr&iacute;o </em>vuelve a la naturaleza, pero humanizada. La segunda parte, &ldquo;El vigilante de la nieve&rdquo; est&aacute; inspirada en la vida de Jorge Pedrero, amigo del autor y personaje al que dedica no pocas p&aacute;ginas emocionantes en <em>La pobreza</em>. &ldquo;Es la ebriedad de la melancol&iacute;a&rdquo;, escribe. De nuevo la muerte en primer plano: &ldquo;No tengo miedo ni esperanza&rdquo;. &ldquo;Am&eacute; todas las p&eacute;rdidas&rdquo;, leemos, y: &ldquo;Am&eacute; las desapariciones&rdquo;.</p>
<p>Y ya que las mencionamos, el siguiente libro fue <em>Arden las p&eacute;rdidas</em>. A prop&oacute;sito de la iron&iacute;a, un rasgo de modernidad que Gamoneda apenas utiliza, escribe: &ldquo;la iron&iacute;a no pertenece al estilo de mi clase&rdquo;. Y a&ntilde;ade: &ldquo;Ten&iacute;amos cierto derecho al patetismo&rdquo;. Y por fin: &ldquo;La iron&iacute;a era una forma de elegancia&rdquo;. Usa entonces la palabra &ldquo;naturalidad&rdquo;. Habla de &ldquo;respirar el poema&rdquo;. Y matiza que algo no es poes&iacute;a &ldquo;si no se hace en un lenguaje de la especie po&eacute;tica&rdquo;. &ldquo;Todo es presagio&rdquo;. Misterio. Y de nuevo la locura (&ldquo;la locura es perfecta&rdquo;), el suicidio, la vejez (&ldquo;As&iacute; es la vejez: claridad sin descanso&rdquo;, &ldquo;Es la agon&iacute;a y la serenidad&rdquo;), la ira, la extra&ntilde;eza (&ldquo;Soy yo quien mira con mis ojos?&rdquo;, &ldquo;Vivir es extra&ntilde;eza&rdquo;), el desdoblamiento (&ldquo;Te habitas a ti mismo, pero te desconoces&rdquo;) y siempre la muerte (&ldquo;He gastado mi juventud ante una tumba vac&iacute;a&rdquo;, &ldquo;No s&eacute; qui&eacute;n pero alguien ha muerto en m&iacute;&rdquo;) o, mejor, la supervivencia de un muerto en vida que cree que &ldquo;la &uacute;nica sabidur&iacute;a es el olvido&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Cecilia </em>es un oasis en la obra po&eacute;tica gamonediana. Su t&iacute;tulo es el nombre de su nieta. Una persona fundamental en su vida. De la que habla, lo detallamos, en sus memorias, donde narra una curiosa an&eacute;cdota que protagoniz&oacute;, por la infantil invenci&oacute;n de un verso lorquiano. Brilla en <em>Cecilia</em> la alegr&iacute;a, un sentimiento impropio del poeta. &ldquo;No est&aacute;s en ning&uacute;n lugar y hablas con palabras cuyo significado desconoces. As&iacute; es tambi&eacute;n mi pensamiento&rdquo;. &ldquo;T&uacute; eres mi enfermedad y t&uacute; me salvas&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cierran el primer volumen de esta poes&iacute;a completa <em>Exentos II</em> y <em>Mudanzas</em>, una suerte de traducciones libres de versos de Hikmet, Mallarm&eacute; y de Plinio, Diosc&oacute;rides y otros, as&iacute; como espirituales negros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los textos de los griegos anticipaban <em>Libro de los venenos</em>, que se une por primera vez a la poes&iacute;a reunida y que justifica su aversi&oacute;n a los g&eacute;neros, pues que la poes&iacute;a va mucho m&aacute;s all&aacute; del encorsetamiento formal impuesto por la l&iacute;rica al uso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En <em>Canci&oacute;n err&oacute;nea</em> leemos: &ldquo;Definitivamente, me he sentado / a esperar la muerte / como quien espera noticias ya sabidas&rdquo;. Contin&uacute;a su incesante di&aacute;logo consigo mismo, esto es, con lo ya escrito. Y de nuevo las dudas: &ldquo;las palabras carecen de significado&rdquo;. &ldquo;No / est&aacute; pues clara la raz&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica&rdquo;. &ldquo;Sin miedo ni esperanza, / cesar&rdquo;. Y: &ldquo;Compr&eacute;ndelo: / no existe m&aacute;s que una palabra verdadera: / no&rdquo;. A lo Whitman: &ldquo;Amo mi cuerpo&rdquo;. &ldquo;Amo este cuerpo viejo y la sustancia / de su miseria cl&iacute;nica&rdquo;. Otra vez el cansancio: &ldquo;Ya he llegado. / No s&eacute; /a d&oacute;nde. Estoy / muy cansado&rdquo;. &ldquo;He vivido y no s&eacute; por qu&eacute;&rdquo;. &ldquo;Ahora / he de amar mi propia muerte / y no s&eacute; morir&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vuelven el fr&iacute;o, los recuerdos hermanos del olvido, las &ldquo;palabras inm&oacute;viles&rdquo;, su madre, Cecilia, la luz&hellip; &ldquo;&iexcl;Cu&aacute;nta ni&ntilde;ez bajo mis p&aacute;rpados!&rdquo;. Y una inquietante conclusi&oacute;n: &ldquo;haber / vivido sin / saber para qu&eacute; y / morir sin / saber para qu&eacute;&rdquo;. &ldquo;Elementalmente sufro&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>La prisi&oacute;n transparente </em>comienza: &ldquo;Estoy cansado&rdquo;. &ldquo;De m&iacute; mismo; de mi enemistad conmigo mismo&rdquo;. &ldquo;Estoy solo&rdquo;. Parecen anotaciones de un diario, el que esta poes&iacute;a refleja a lo largo. Se pregunta acerca de la verdad, que &ldquo;es improbable&rdquo;. Anota: &ldquo;Es principal saber que no se necesita la vida: se vive la escritura&rdquo;. Que &ldquo;las palabras no son ni significan: fingen&rdquo;. Que &ldquo;Yo quiero vivir en las palabras&rdquo;. Es &eacute;l &ldquo;el prisionero de m&iacute; mismo&rdquo;. &ldquo;He de huir&rdquo;. Porque &ldquo;Este no es el lugar&rdquo;. &ldquo;El error es mi realidad&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En <em>No s&eacute; </em>leemos: &ldquo;agonicemos simplemente, / agonicemos&rdquo;. Es un libro fragmentario. M&aacute;s que otros. Con espacios que habr&iacute;a que rellenar. Siguen all&iacute; los desvanes y las palomas. Ante &eacute;l, &ldquo;el vac&iacute;o y el v&eacute;rtigo&rdquo;, &ldquo;el &uacute;ltimo sosiego&rdquo;, &ldquo;la &uacute;ltima ebriedad&rdquo;. &ldquo;Me confundo en mi propia extra&ntilde;eza&rdquo;.</p>
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<p><em>Las venas comunales </em>es acaso la mayor sorpresa del volumen. Dice en <em>la pobreza </em>que &ldquo;no es el &uacute;ltimo libro que he escrito, pero lo parece&rdquo;. Regresa la mejor poes&iacute;a de Gamoneda. La m&aacute;s suya. &ldquo;Mi muerte est&aacute; ya prevista en la mirada de Angelines y en algunos silencios de mis hijas&rdquo;. &ldquo;Los lunes estoy loco: padezco de esperanza&rdquo;. &ldquo;A&uacute;n ahora, todav&iacute;a guardo / la s&aacute;bana negra de mi ni&ntilde;ez&rdquo;. &ldquo;Me excede la claridad&rdquo;, escribe, aunque &ldquo;He de entrar, sin embargo, / en la &uacute;ltima luz&rdquo;. &ldquo;Tiene que llover&rdquo;. &ldquo;me sorprendo de estar vivo y / de saberlo&rdquo;. &ldquo;Ya es dif&iacute;cil vivir. Ser&iacute;a excesivo // que fuese tambi&eacute;n dif&iacute;cil // morir&rdquo;. &ldquo;He aqu&iacute; la pobreza&rdquo;. Piensa que su &ldquo;tarea m&aacute;s urgente&rdquo; es &ldquo;aprender a morir&rdquo;. Y apunta: &ldquo;No te entristezcas. Quiz&aacute; la muerte sea la madre de la vida&rdquo;. &ldquo;Compruebo que no hay m&aacute;s que vejez en m&iacute;&rdquo;. &ldquo;En cualquier caso, yo prefiero cesar en mi propio silencio&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En <em>Mudanzas II</em> vierte a Trakl, los<em> Cantos del rey Nezahualc&oacute;yotl</em>, Mallarm&eacute;, Helder, algunos griegos...</p>
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<p>Este segundo volumen se cierra con <em>&Uacute;ltimos poemas</em>. Lo protagonizan la ancianidad (con toques escatol&oacute;gicos), alg&uacute;n viaje (a Lima) y la memoria (&ldquo;Recuerdo un verano&rdquo;). Con aires testamentarios, escribe: &ldquo;Por lo que a m&iacute; concierne // disiento de la vida y de la muerte&rdquo;. Con aliento p&oacute;stumo: &ldquo;Esta escritura es una casualidad&rdquo; &ldquo;O una f&aacute;bula&rdquo;. &ldquo;Ahora es otra edad&rdquo;. Al cabo, &ldquo;Cada uno supo que estaba solo y que iba a morir&rdquo;.</p>
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<p>Si tuviera que detallar, en un tono did&aacute;ctico, los asuntos que centran esta magna obra l&iacute;rica, empezar&iacute;a por su propio concepto, el que tiene de la poes&iacute;a. &ldquo;Pensamiento impensado&rdquo;, dice. Ni literatura ni ficci&oacute;n. &ldquo;la poes&iacute;a, la verdadera, la leg&iacute;tima [&hellip;] no es palabra ornamentada, sino, b&aacute;sicamente<em>, creaci&oacute;n</em> y <em>revelaci&oacute;n</em>&rdquo;. &ldquo;En poes&iacute;a, &laquo;se piensa lo que se dice&raquo;, al contrario que en la expresi&oacute;n convencional, en la que se &laquo;se dice lo que se piensa&raquo;&rdquo;. &ldquo;Cuando escribo poes&iacute;a &ndash;explica&ndash;, no soy consciente de lo que pienso hasta que lo he dicho&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es &ldquo;un arte de la memoria&rdquo;, &ldquo;antes sensible que inteligible&rdquo;, &ldquo;se cumple en la percepci&oacute;n&rdquo; (que es &ldquo;comprensi&oacute;n), &ldquo;s&iacute;mbolo&rdquo;. &ldquo;Identificable como un hecho existencial&rdquo;. &ldquo;Lenguaje &laquo;otro&raquo;&rdquo;. Es &ldquo;conciencia de la usura del tiempo vivido y &eacute;sta es una conciencia mortal&rdquo;. Son muchas las ocasiones en que el autor ha expresado que, a su entender, &ldquo;la poes&iacute;a existe porque existe la muerte&rdquo;, que &ldquo;est&aacute; concebida &ndash;al menos la suya&ndash; desde la perspectiva de la muerte&rdquo;, aunque aclare que &ldquo;mi contemplaci&oacute;n de la muerte se produce y alcanza su mayor intensidad [&hellip;] en el amor a la vida&rdquo;.</p>
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<p>&ldquo;Lenguaje insurgente&rdquo;, de resistencia, por seguir al fil&oacute;sofo Jos&eacute; Luis Pardo. Porque la poes&iacute;a tiene la posibilidad &ldquo;de <em>hacer existir lo que no existe</em>&rdquo;. Esto nos lleva a otro tema axial: el de la realidad, que no el realismo, &ldquo;que es una simple verosimilitud&rdquo; y no &ldquo;realidad objetiva&rdquo;. &ldquo;Porque en poes&iacute;a&nbsp;el realismo&nbsp;tiende a no ser nada&rdquo; y &ldquo;confundir el realismo con la realidad es una simpleza vagamente literaria&rdquo;. &ldquo;Est&aacute; generalizada &ndash;a&ntilde;ade&ndash; una visi&oacute;n demasiado simple de la realidad&rdquo; y dice necesitar &ldquo;la realidad como es y como no es&rdquo;.</p>
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<p>Por eso, en lo que respecta a la realidad, entendida en su m&aacute;s amplio sentido, tienen tanta importancia en sus versos (y en su vida, tanto da) los sue&ntilde;os, el duermevela, los sonambulismos, las alucinosis auditivas, los delirios... Esas &ldquo;visitas&rdquo; a las que hace referencia en <em>La pobreza</em>. Porque la poes&iacute;a, sostiene, &ldquo;es una realidad en s&iacute; misma y por s&iacute; misma&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La subjetividad prima. Cuando &ldquo;cesa en m&iacute; el dominio de la subjetividad, me extrav&iacute;o en textos y contextos y advierto la ausencia de poes&iacute;a&rdquo;. En otro lado revela: &ldquo;el conocimiento surg&iacute;a directamente de la experiencia y de una reflexi&oacute;n breve y sencilla de la experiencia&rdquo;.</p>
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<p>Cree que &ldquo;el lenguaje esencial po&eacute;tico es a su vez <em>instant&aacute;neamente</em> subjetivo&rdquo;. &Eacute;l lo enlaza con la &ldquo;cultura de la pobreza&rdquo; que caracteriza su discurso po&eacute;tico; as&iacute;, &ldquo;en nosotros, &laquo;los de la pobreza&raquo; [&hellip;], la subjetivaci&oacute;n radical y el patetismo resultar&aacute;n naturales y nuestro lenguaje no estar&aacute; &laquo;normalizado&raquo; porque [&hellip;] ser&aacute; un lenguaje po&eacute;tica y sem&aacute;nticamente subversivo&rdquo;. Y ya que del lenguaje hablamos, ser&aacute; pertinente aterrizar en un asunto redundante y espinoso: el del presunto hermetismo de esta poes&iacute;a tildada de irracionalista. En &ldquo;Escritura&rdquo;, confiesa que &ldquo;le asaltan&rdquo; esos dos calificativos. &ldquo;Discrepo. Discrepo cuando se trata de considerar lenguajes po&eacute;ticos <em>veraces</em>.&rdquo; Se refiri&oacute; antes a que &ldquo;el lenguaje de la poes&iacute;a ser&aacute; &ndash;ha de ser&ndash; veraz&rdquo;. Piensa que la democracia liberal &ldquo;engendra una escritura po&eacute;tica [po&eacute;tica y no po&eacute;tica] cuyo valor es un valor de mercado, no de <em>creaci&oacute;n</em> ni de <em>revelaci&oacute;n</em>&rdquo; (el subrayado es m&iacute;o). &ldquo;Desaparece el <em>sentido</em>, que se sustituye por el ingenio o por alg&uacute;n realismo f&aacute;cil y funcional&rdquo;. Y concluye: &ldquo;Instalarse en el pensamiento d&eacute;bil, en la proximidad de la no significaci&oacute;n, es una estupidez grotesca ante el hecho capital de que vivimos para la muerte y lo sabemos&rdquo;. En una conversaci&oacute;n con Javier Rodr&iacute;guez Marcos (<em>El Pa&iacute;s</em>) coment&oacute; que el lenguaje de la poes&iacute;a es &ldquo;un lenguaje distinto y como tal se opone al usual, que es propio del lenguaje del poder, aquel encargado de decir lo decible&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Este lector recuerda al ingl&eacute;s Geoffrey Hill, lo de &ldquo;somos dif&iacute;ciles&rdquo;. Gamoneda podr&iacute;a parafrasearlo: &ldquo;Creo que el arte tiene derecho &ndash;no la obligaci&oacute;n&ndash; de ser dif&iacute;cil si as&iacute; lo desea&rdquo;. En otro contexto, &eacute;ste ha escrito: &ldquo;Mi incoherencia consiste en ser consciente de mi incoherencia&rdquo;. Matiza: &ldquo;la poes&iacute;a es antes sensible que inteligible o, dici&eacute;ndolo de otra manera, es inteligible bajo condiciones de sensibilidad&rdquo;. Algo que se vincula de inmediato con la m&uacute;sica y el ritmo que esa poes&iacute;a conlleva, pues &ldquo;el pensamiento po&eacute;tico se produce tambi&eacute;n r&iacute;tmicamente&rdquo;, ya que &ldquo;su valor musical est&aacute; en el que sea estado original del pensamiento&rdquo;. Y asevera: &ldquo;La m&uacute;sica &ndash;la r&iacute;tmica al menos&ndash; es parte en las significaciones po&eacute;ticas&rdquo;. No en vano, &ldquo;El pensamiento po&eacute;tico es un pensamiento que canta&rdquo; y &ldquo;la escritura po&eacute;tica, aunque carezca de componentes mel&oacute;dicos, posee valores r&iacute;tmicos y estos son medularmente musicales&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es m&aacute;s la incertidumbre, ese ir a tientas (&ldquo;desconozco las causas de la escritura y padezco el desconocimiento&rdquo;), a la intemperie, ese &ldquo;he escrito lo que s&eacute; y lo que desconozco, y lo uno y lo otro es lo mismo&rdquo; o ese &ldquo;estoy hablando conmigo mismo antes que escribiendo&rdquo;, lo que dota a esta poes&iacute;a de esa alta dosis de indefinici&oacute;n o de apertura que s&oacute;lo el lector atento y paciente es capaz de discernir o siquiera vislumbrar. Ese &ldquo;no entender entendiendo&rdquo; del santo carmelita. Por expresarlo en los t&eacute;rminos ferlosianos, lo de Gamoneda es <em>genitum </em>(inspirado) y no <em>factum </em>(fabricado).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Su universalidad parte, como siempre que lo es de verdad, de su localismo: yo, mi casa y mi ciudad. La del que dice ser, qu&eacute; paradoja, &ldquo;prototipo de poeta provinciano&rdquo;. Un hombre que trae a la escritura &ldquo;una herida&rdquo;: &ldquo;Mi poes&iacute;a y mi vida se han formado llevando en s&iacute; las marcas del sufrimiento que, en la infancia, en la adolescencia y en la juventud, recay&oacute; en mi existencia y sobre la de tantos otros espa&ntilde;oles: el sufrimiento derivado de la orfandad, el desgarramiento de la guerra civil y la pobreza&rdquo;. De esa &ldquo;cultura&rdquo; proviene. De la que &ldquo;se genera en las carencias y en el cansancio&rdquo;. Donde habita la &ldquo;radical esencialidad po&eacute;tica&rdquo;. Gamoneda habla &ldquo;desde el interior de la pobreza&rdquo;. Esa pobreza es su verdadera po&eacute;tica. &ldquo;Lo po&eacute;tico, esa luz&rdquo;, escribi&oacute; Adam Zagajewski. <em>Esta luz</em>, la que irradia la poes&iacute;a original de Antonio Gamoneda.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 16 Nov 2020 06:43:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lídia Jorge protagoniza el nuevo número de Turia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/lidia-jorge-protagoniza-el-nuevo-numero-de-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2020/L_DIA_JORGE_3.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>Homenaje a la mejor escritora portuguesa actual</strong></p>
<p style="text-align: left;"><strong>El Instituto Cervantes acogi&oacute; en Madrid la presentaci&oacute;n de &ldquo;TURIA&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p><strong></strong><strong>La revista tambi&eacute;n publica in&eacute;ditos de Catherine Millet, Soledad Pu&eacute;rtolas, </strong><strong></strong><strong>Valerie Miles, C&eacute;sar Antonio Molina, Clara Jan&eacute;s, Sara Mesa y Manuel Vilas</strong></p>
<p>La gran escritora portuguesa L&iacute;dia Jorge, recientemente galardonada con el Premio de Literatura en Lenguas Romances que concede la FIL de Guadalajara, es la principal protagonista del nuevo n&uacute;mero de la revista cultural TURIA. Un homenaje colectivo que le rinden un total de doce autores espa&ntilde;oles y portugueses y que reivindica el inter&eacute;s de una autora fascinante, que cultiva una literatura de hondo sentido &eacute;tico y que cree &ldquo;en el poder subversivo de la belleza&rdquo;.</p>
<p>A trav&eacute;s de un espectacular monogr&aacute;fico que contiene 150 p&aacute;ginas de textos in&eacute;ditos, TURIA desea contribuir a la mayor y mejor difusi&oacute;n de la obra de una de las m&aacute;s valiosas autoras europeas de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, que ha obtenido numerosos reconocimientos internacionales y que merece ser m&aacute;s conocida por el lector espa&ntilde;ol. As&iacute;, adem&aacute;s de textos que analizan las claves de su labor creativa, la revista ofrece una amplia entrevista exclusiva con L&iacute;dia Jorge, publica un clarificador ensayo in&eacute;dito suyo sobre la actual pandemia del coronavirus y su impacto en nuestras sociedades, as&iacute; como una interesante selecci&oacute;n de su poes&iacute;a nunca publicada en Espa&ntilde;a</p>
<p>TURIA quiere, con esta iniciativa, continuar con su labor de divulgaci&oacute;n en espa&ntilde;ol de la excelente literatura portuguesa actual. Ya lo hizo en 2015 con un inolvidable n&uacute;mero dedicado a las &ldquo;Letras de Espa&ntilde;a y Portugal&rdquo; en el, por primera vez, una revista espa&ntilde;ola daba voz a cuarenta autores lusos para ofrecer as&iacute; una panor&aacute;mica exhaustiva y sugerente de las letras del pa&iacute;s vecino. Ahora, con el monogr&aacute;fico sobre L&iacute;dia Jorge, la revista TURIA contribuye la mayor y mejor difusi&oacute;n de la obra literaria de una de las m&aacute;s valiosas autoras europeas contempor&aacute;neas.</p>
<p>El nuevo n&uacute;mero de TURIA se present&oacute; el pasado 19 de noviembre en Madrid, en la sede del Instituto Cervantes, y cont&oacute; con la presencia de la propia L&iacute;dia Jorge. Dada la situaci&oacute;n provocada por la pandemia, el acto tuvo aforo limitado y puede visualizarse por streaming a trav&eacute;s de los canales del Instituto Cervantes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UN ALEGATO CONTRA EL TOTALITARISMO EN TODAS SUS&nbsp; FORMAS</strong></p>
<p>Una&nbsp; aproximaci&oacute;n&nbsp; plural,&nbsp; rigurosa&nbsp; y&nbsp; atractiva&nbsp; a L&iacute;dia&nbsp; Jorge es la propuesta que realiza la revista&nbsp; cultural&nbsp; TURIA.&nbsp; Un&nbsp; conjunto&nbsp; de&nbsp; trabajos,&nbsp; tanto&nbsp; creativos&nbsp; como&nbsp; ensay&iacute;sticos, de an&aacute;lisis y divulgaci&oacute;n, en los que encontraremos como principal protagonista a una&nbsp; de los m&aacute;s sugerentes e innovadoras escritoras europeas del siglo XX. No en vano, y como escribe Enrique Andr&eacute;s Ruiz en el art&iacute;culo que abre el monogr&aacute;fico que le dedica TURIA, existe una frase que define la esencia de su escritura: &ldquo;la literatura lava con l&aacute;grimas ardientes los ojos fr&iacute;os de la historia&rdquo;. Y es que, en la labor de la autora portuguesa &ldquo;la literatura y la historia se encuentran mutuamente comprometidas&rdquo; hasta el punto de reflejarse en una escritura capaz de sumergirnos en &ldquo;una de las obras m&aacute;s complejas y atentas de cuantas se han venido escribiendo en Europa entre los dos siglos&rdquo;.</p>
<p>El monogr&aacute;fico de TURIA sobre L&iacute;dia Jorge ha sido coordinado por el escritor Enrique Andr&eacute;s Ruiz. Tambi&eacute;n participan con art&iacute;culos in&eacute;ditos autores y criticos tanto portugueses como espa&ntilde;oles: Antonio Maura, Gustavo Mart&iacute;n Garzo, Jo&acirc;o de Melo, Filipa Soares, Carlos Reis, Mar&iacute;a Jes&uacute;s Fern&aacute;ndez, Pere Ferr&eacute;, Ana Paula Arnaut, Maria Jo&atilde;o Sim&otilde;es y Antonio S&aacute;ez Delgado.</p>
<p>Adem&aacute;s, la revista publica una amplia entrevista exclusiva con L&iacute;dia Jorge realizada por Luis S&aacute;ez Delgado, una selecci&oacute;n de su poes&iacute;a nunca traducida al espa&ntilde;ol y un clarificador ensayo sobre el impacto del coronavirus en nuestras sociedades, tambi&eacute;n in&eacute;dito en nuestro idioma, titulado &ldquo;El futuro que nos espera&rdquo;. En &eacute;l, la escritora enlaza la situaci&oacute;n de salud p&uacute;blica que atraviesa el pa&iacute;s y el mundo con la crisis de valores y modelos econ&oacute;micos experimentada por la civilizaci&oacute;n occidental desde, al menos, los a&ntilde;os ochenta del siglo pasado.</p>
<p>L&iacute;dia Jorge (Boliqueime, Portugal, 1946) ha sido uno de los autoras m&aacute;s apreciadas&nbsp; internacionalmente de la literatura lusa. Su original y amplia obra literaria le ha brindado el reconocimiento no s&oacute;lo entre los lectores, la cr&iacute;tica y las instituciones de su pa&iacute;s, sino en otros lugares de Europa y Am&eacute;rica. Buena prueba de ello son, entre otros, galardones como el premio Jean Monet de Literatura Europea, el de la Fundaci&oacute;n G&uuml;nter Grass, el Vergilio Ferreira por el conjunto de su obra o el Premio Luso-Espa&ntilde;ol de Arte y Cultura.</p>
<p>Sobre el aprecio que suscita la literatura de L&iacute;dia Jorge, basta recordar las palabras del jurado del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances 2020: posee &ldquo;una carrera literaria marcada por la originalidad y sutileza de su estilo, la independencia de criterio y una inmensa humanidad&rdquo;.</p>
<p>Sin duda, L&iacute;dia Jorge es un notabil&iacute;sima escritora que forma parte ya del canon literario de habla portuguesa pero que merece nuevas aproximaciones, as&iacute; como una mayor difusi&oacute;n entre el p&uacute;blico lector de habla hispana. Una tarea de fomento de la lectura a la que TURIA se ha sumado con entusiasmo porque, como subraya Gustavo Mart&iacute;n Garzo &ldquo;toda la obra de Lidia Jorge, nos ense&ntilde;a a aprehender el mundo como pregunta, por lo que supone un alegato&nbsp; contra&nbsp; el totalitarismo en todas sus formas. Todos los totalitarismos son mundos de de respuestas, no de preguntas. Frente a los que prefieren juzgar a comprender, contestar a preguntar, Lidia Jorge defiende el poder sanador de la novela como pregunta, que su voz se oiga en el estr&eacute;pito necio de las certezas humanas&rdquo;.</p>
<p>Tambi&eacute;n Mart&iacute;n Garzo asegura en TURIA que &ldquo;la obra de Lidia Jorge es comparable a la de todos los grandes moralistas, en el sentido que Camus da a esta palabra: los que tienen la pasi&oacute;n del coraz&oacute;n humano. La autora portuguesa forma parte de esa larga tradici&oacute;n de grandes moralistas, que desde Cervantes o Stendhal, se dan en el mundo de la novela. Se confunde con ellos porque busca al hombre en el entorno y la comunidad en que vive; y la verdad en donde se oculta, en sus rasgos particulares. Lidia Jorge suscribir&iacute;a sin dudarlo las palabras de Camus acerca de que el desprecio por los hombres constituye con frecuencia el estigma de un coraz&oacute;n vulgar&rdquo;.<strong> </strong></p>
<p>No parece aventurado pronosticar un largo futuro a L&iacute;dia Jorge en el mundo de la cultura espa&ntilde;ola, al que TURIA quiere contribuir con su atractivo monogr&aacute;fico. Son muchos ya y ser&aacute;n cada vez m&aacute;s los lectores que se dejen seducir por la obra de una escritora que siempre, en opini&oacute;n del jurado del Premio FIL 2020, ha destacado por la humanidad con que se acerca &ldquo;tanto a los temas tratados en su obra (la adolescencia, la descolonizaci&oacute;n, el lugar de la mujer, la emigraci&oacute;n, los sujetos de la Historia&hellip;) como en la presentaci&oacute;n de los personajes que la protagonizan&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>UN SUMARIO REPLETO DE TEXTOS Y AUTORES DE INTER&Eacute;S</strong></p>
<p>Adem&aacute;s del espectacular monogr&aacute;fico dedicado a L&iacute;dia Jorge, el nuevo n&uacute;mero de TURIA brinda un sumario repleto de lecturas y autores de inter&eacute;s.&nbsp; As&iacute;,&nbsp; las p&aacute;ginas de la revista se enriquecen&nbsp; con&nbsp; textos&nbsp; originales&nbsp; de&nbsp; importantes&nbsp; autores&nbsp; internacionales.&nbsp; Entre&nbsp; ellos, citar una primicia en espa&ntilde;ol: el anticipo del libro de Catherine Millet &ldquo;Amar a Lawrence&rdquo;, un celebrado ensayo de la conocida escritora y cr&iacute;tica de arte francesa en el que analiza la vida y la obra de D.H. Lawrence, autor de la novela ya cl&aacute;sica &ldquo;El amante de Lady Chatterley&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Otros protagonistas de la nueva entrega de TURIA son autores como Antonio Gamoneda y&nbsp; Rodrigo Fres&aacute;n, sobre cuya obra se publican art&iacute;culos originales de &Aacute;lvaro Valverde y Valerie Miles. Adem&aacute;s, Sara Mesa escribe un texto en el que da algunas claves de su escritura.&nbsp;</p>
<p>Tambi&eacute;n TURIA da a conocer narraciones in&eacute;ditas de Soledad Pu&eacute;rtolas, Jos&eacute; Carlos Cata&ntilde;o, Mar&iacute;a Tena, Carlos Cast&aacute;n y Miguel Pardeza. La revista ofrece igualmente a los lectores poemas in&eacute;ditos de, entre otros, Clara Jan&eacute;s, Jaime Siles, Andr&eacute;s Neuman, Manuel Vilas, Almudena Guzm&aacute;n, Julieta Valero, Antonio Rivero Taravillo, Francisco Javier Irazoki e Isabel Bono.&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">En la secci&oacute;n que TURIA dedica al ensayo, adem&aacute;s del ya citado texto de Catherine Millet, sobresalen dos art&iacute;culos: &ldquo;Ateos con Dios&rdquo;, de C&eacute;sar Antonio Molina y &ldquo;El cambio clim&aacute;tico y la crisis del coronavirus&rdquo;, de Emilio Trigueros.</p>
<p>Especialmente recomendables son las dos amplias entrevistas exclusivas que TURIA publica con dos nombres propios de la cultura muy relevantes: los escritores Luis Garc&iacute;a Montero y &Aacute;ngel Guinda.&nbsp; Ambos conversan acerca de un amplio repertorio de temas de inter&eacute;s. As&iacute;, mientras el director del Instituto Cervantes asegura que &ldquo;Nada hay m&aacute;s tonto que un poeta sin conciencia cr&iacute;tica&rdquo;, Guinda est&aacute; convencido de que &ldquo;confesar los propios miedos es honrar la poes&iacute;a&rdquo;.</p>
<p>En las dos secciones que TURIA dedica a temas y protagonistas aragoneses y/o turolenses, destaca un sugerente y emotivo art&iacute;culo que hab&iacute;a encargado al cantautor Joaqu&iacute;n Carbonell sobre Labordeta y en el que realiza una personal aproximaci&oacute;n a la trayectoria musical del autor del &ldquo;Canto a la libertad&rdquo;. Se trata de un texto original que, titulado &ldquo;Labordeta: la voz de un pueblo&rdquo;, Carbonell envi&oacute; a TURIA poco antes de su ingreso en la UCI del Hospital Cl&iacute;nico y con el que la revista quer&iacute;a rendir homenaje a Jos&eacute; Antonio Labordeta cuando este a&ntilde;o se cumple el d&eacute;cimo aniversario de su muerte. La iniciativa fue muy bien acogida por el tambi&eacute;n cantante y escritor pero, desgraciadamente, el coronavirus acab&oacute; con la vida de Carbonell y ese texto que escribi&oacute; sobre su gran amigo y maestro tendr&aacute; car&aacute;cter p&oacute;stumo.</p>
<p>Tambi&eacute;n en dichas secciones se publica el art&iacute;culo de Jes&uacute;s Rubio Jim&eacute;nez: &ldquo;El monumento a Gald&oacute;s de Pablo Serrano</p>
<p>Completan el sumario de TURIA, las secciones &ldquo;La isla&rdquo; (que contiene fragmentos del diario de Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas) y &ldquo;La Torre de Babel&rdquo; (una cuidada y amplia secci&oacute;n de cr&iacute;tica de libros, en la que se analizan las m&aacute;s interesantes novedades editoriales en el &aacute;mbito de la narrativa, el ensayo y la poes&iacute;a).</p>
<p>Obras del pintor Salvador Victoria (Rubielos de Mora, 1928 &ndash; Alcal&aacute; de Henares, 1994), uno de los protagonistas del arte abstracto espa&ntilde;ol del siglo XX, se encargan de enriquecer gr&aacute;ficamente el nuevo n&uacute;mero.</p>
<p><br /> TURIA es una revista de periodicidad cuatrimestral que tiene una edici&oacute;n en papel y otra&nbsp; digital (web y Facebook). Est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero dedicado a L&iacute;dia Jorge ha sido posible gracias al apoyo de la Embajada de Portugal en Espa&ntilde;a y del Instituto Cam&otilde;es.&nbsp; En su presentaci&oacute;n ha colaborado el Instituto Cervantes.</p>
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<p style="text-align: left;" align="center"><strong>UN FRAGMENTO DE LA ENTREVISTA A L&Iacute;DIA JORGE</strong></p>
<p>L&iacute;dia Jorge ha concedido a la revista TURIA una amplia entrevista exclusiva, realizada por Luis S&aacute;ez Delgado, en la que podemos conocer su opini&oacute;n sobre el momento excepcional que estamos viviendo. Tambi&eacute;n nos permite profundizar sobre las claves de una obra literaria que goza del aprecio de los lectores y la cr&iacute;tica. De ese material in&eacute;dito, adelantamos hoy el siguiente fragmento:</p>
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<p style="text-align: left;" align="center"><strong>L&Iacute;DIA JORGE: &ldquo;ESTE CONFINAMIENTO SE HA TRANSFORMADO EN LA MET&Aacute;FORA DEL FUTURO CERCANO&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-normal">- El instante en que recibe este cuestionario es diferente a cualquier otro de los que recordamos, porque parece como si el mundo se hubiese detenido. La literatura ha sido capaz, en momentos muy diferentes, de ofrecer una visi&oacute;n global de la humanidad y su peripecia, una perspectiva capaz de integrar lo personal y lo colectivo&hellip; &iquest;C&oacute;mo interpreta esta realidad una novelista?</p>
<p class="LO-normal">- Dice Musil que todos los d&iacute;as se inaugura una nueva era. Pero convengamos que sin dejar de ser verdad, hay momentos m&aacute;s inaugurales que otros. La pandemia que nos asola nunca fue tan global y simult&aacute;nea; como si hubiese sido insuflado un reactivo hist&eacute;rico a los acontecimientos, los elementos que hasta ahora hab&iacute;an anunciado una nueva &eacute;poca se han acelerado de un d&iacute;a para otro: estamos viviendo en un acelerador de part&iacute;culas. Lo m&aacute;s evidente es que, alrededor de la Tierra, se est&aacute; instalando un nuevo planeta sin masa f&iacute;sica, de configuraci&oacute;n indefinida, llamado Ciberespacio. Y, ahora, s&iacute;, se percibe que la gente va a continuar viviendo en la Tierra pero podr&aacute;, sin embargo, prescindir de sus balizas f&iacute;sicas. Es curioso, en sentido inverso, c&oacute;mo con la paralizaci&oacute;n de la actividad la Naturaleza nos ha mostrado qu&eacute; prescindibles somos, c&oacute;mo la Tierra seguir&aacute;, gloriosamente, sin nosotros, animales sanguinarios que en los &uacute;ltimos dos siglos no hacemos m&aacute;s que devorarla. Durante estos d&iacute;as, all&iacute; donde las calles y las plazas han quedado desiertas, regresan los animales del bosque, cantando y riendo, y ocupan el espacio que era nuestro. Entre centenas de aviones posados en los aeropuertos vuelan gaviotas y mirlos. Corren conejos salvajes. Dentro de las casas cerradas la vida hierve, pero las calles son la imagen del desierto y de la muerte.</p>
<p class="LO-normal">Probablemente este confinamiento se ha transformado en la met&aacute;fora del futuro cercano, cuando la subjetividad individual est&eacute; conectada colectivamente, pero la individualidad quede restringida a la menor expresi&oacute;n posible. El deambular del esp&iacute;ritu va a contrastar con el aislamiento y la sedentarizaci&oacute;n del cuerpo. No niego que tenga esperanza en el horror que los seres humanos alimentan contra la anomia y la inmaterialidad. Nos gustan los objetos f&iacute;sicos, deseamos disfrutar de la presencia palpable y, en el trabajo, queremos sentir que hemos dejado un surco biogr&aacute;fico en el suelo. Estamos viviendo en pocas semanas todos los elementos de esta nueva contradicci&oacute;n. Es tremendo y, al mismo tiempo, hermoso. Un momento de oscuridad que, en s&iacute; mismo, llega con una claridad que no ha de ser solo dolorosa.</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 12 Nov 2020 11:54:32 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Autobiografía lírica]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/autobiografia-lirica/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2020/Noviembre/BEATRIZ_RUSSO.jpg" alt="" /></p>
<p>Tras <em>En la salud y en la enfermedad </em>(Pr&oacute;l. Juan C. Mestre, Fugger Libros/Sial, 2004), <em>La prisi&oacute;n delicada</em> (Calambur, 2007), <em>Aprendizaje</em> (Pr&oacute;l. P. Luque, Polibea, 2010) y <em>Nocturno insecto</em> (Tigres de Papel, 2014), acaba de publicar Beatriz Russo <em>La Llama inversa</em> en Huerga&amp;Fierro (2020), en su reciente Colecci&oacute;n Rayo Azul, que, de la mano de Oscar Ayala y Enrique Villagrasa, apunta a convertirse en una compilaci&oacute;n selecta de referencia con obras de autores de la altura l&iacute;rica de Alejandro C&eacute;spedes, Enrique Falc&oacute;n o la propia Russo, entre otros. Despu&eacute;s de aparecer en el panorama po&eacute;tico de inicios de siglo con un libro prologado por el Premio Nacional de Poes&iacute;a Juan Carlos Mestre, Beatriz Russo definitivamente se instituye con <em>La prisi&oacute;n delicada</em> como una poeta de voz ins&oacute;lita, con una imaginer&iacute;a desbordante de singular lucidez. Superados experimentos materno-filiales que se sit&uacute;an en el orden de lo vivencial m&aacute;s &iacute;ntimo, en <em>Aprendizaje</em>, posteriormente report&oacute; otra obra de notable altura, <em>Nocturno insecto</em>, donde la autora manifiesta un centro l&iacute;rico ya plenamente definido en lo formal, mediante un poema en prosa de exquisita urdimbre, as&iacute; como en su t&oacute;pica, ya afianzada desde el sustrato de la revelaci&oacute;n, desde el subconsciente originario y siempre conformando los grandes temas de la existencia.</p>
<p>La poeta Russo se inserta en la tradici&oacute;n de poes&iacute;a culta de elaborado discurso y adecuada figuraci&oacute;n del lenguaje, que bebe las fuentes del gran P&eacute;rez Estrada &ndash; y en esta l&iacute;nea igualmente de Gamoneda y ulteriormente Mestre&ndash;; sin embargo, tambi&eacute;n una notable formaci&oacute;n como Ling&uuml;ista e Hispanista le reporta a la autora otras firmes influencias desde el Surrealismo a Cernuda y el 27, tambi&eacute;n asumiendo los frutos pict&oacute;ricos e ideol&oacute;gicos prerrafaelitas y de otras corrientes for&aacute;neas. Y es que hay en el estilo de Russo una transcendencia de ra&iacute;z rom&aacute;ntica que se observa desde su gusto por el Prerrafaelismo de raigambre m&aacute;s libertario &ndash;que cree en la espiritualidad del Arte&ndash;, hasta en la expresi&oacute;n de la emoci&oacute;n, la preferencia por la b&uacute;squeda de la integridad creativa en referentes tempranos, el idealismo opuesto al materialismo y al realismo &ndash;tan agotados en la poes&iacute;a espa&ntilde;ola que reproduce patrones mim&eacute;ticamente desde hace medio siglo&ndash;, la referencia a lo tel&uacute;rico que vuelve a su esencia al poeta, etc. Del Romanticismo ingl&eacute;s es obvia lectora la autora, de Keats y especialmente de Shelley, de quienes se observan pulsiones en su obra, de la tradici&oacute;n germana se observa hom&oacute;loga influencia por parte de H&ouml;lderling y m&aacute;s claramente de Rilke.</p>
<p>Es de se&ntilde;alar la elecci&oacute;n del poema en prosa -creado y concebido por el Romanticismo-, &uacute;nico g&eacute;nero po&eacute;tico de creaci&oacute;n moderna, &aacute;mbito en el que se concreta desde su origen en el Romanticismo germ&aacute;nico para dar notables frutos m&aacute;s tarde en Baudelaire, Rimbaud o Mallarm&eacute; entre una larga lista de autores franceses. En nuestra tradici&oacute;n present&oacute; sus m&aacute;s tempranas apariciones rom&aacute;nticas en las prosas po&eacute;ticas de B&eacute;cquer, Somoza o incluso Gil y Carrasco. El Surrealismo espa&ntilde;ol brind&oacute; los poemarios en prosa de Hinojosa y especialmente dos de Juan Larrea, otro autor referente de Russo, una de cuyas citas abre el libro. La Generaci&oacute;n del 27 produjo igualmente el poema en prosa, especialmente Jorge Guill&eacute;n, Emilio Prados o Cernuda, en su memorable <em>Ocnos </em>(1942) &ndash;ser&iacute;a adem&aacute;s Cernuda el responsable del primer an&aacute;lisis formal realizado acerca del g&eacute;nero en nuestra cultura&ndash;. Posteriormente, Cirlot y Valente brindaron m&aacute;s que notables muestras del poema en prosa como tambi&eacute;n advierte Aull&oacute;n de Haro. Indica, asimismo, el cr&iacute;tico y epistem&oacute;logo que en el poema en prosa adquiere preeminencia el ritmo de pensamiento, lo que en Russo alcanza elevadas cotas por cuanto a&uacute;na pensamiento, emoci&oacute;n y Esp&iacute;ritu.</p>
<p>Una vez recogida la tradici&oacute;n tem&aacute;tico-formal en la cual se inserta el corpus po&eacute;tico de la autora, hemos de profundizar en <em>La llama inversa</em>, seguramente el mejor libro de Russo, lo que era dif&iacute;cil despu&eacute;s del deslumbrante discurso l&iacute;rico acogido en <em>La prisi&oacute;n delicada</em>. Observemos, pues, los aspectos formales de su <em>elocutio</em> y la forma en que desenvuelve aqu&iacute; la autora su particular t&oacute;pica.</p>
<p>De un lado, los contenidos elocutivos del texto se conforman en torno a dos casi sim&eacute;tricas partes, la primera es &ldquo;La edad de los incendios&rdquo;, e incluye veintiocho composiciones; la segunda, &ldquo;Lo ef&iacute;mero humano&rdquo; re&uacute;ne veintis&eacute;is. La primera se ve precedida por tres citas de Aleixandre, Huidobro y Larrea, que claramente exponen la tradici&oacute;n de revelador irracionalismo en la que se inserta esta obra. La segunda parte se ve introducida por otra cita de Larrea y por una de Louis Aragon por motivaciones similares. Casi todas las citas incluyen referencias al fuego-incendio por su car&aacute;cter simb&oacute;lico purificador en asociaci&oacute;n al origen, aqu&iacute; la infancia, lo primigenio en la biograf&iacute;a de la autora: &laquo;Primero los cantos, su fricci&oacute;n, luego las chispas, y por siempre el fuego, su holl&iacute;n, las brasas desde el principio&raquo;. El fuego es renovaci&oacute;n y origen tras la necesaria purificaci&oacute;n, tambi&eacute;n intensidad y vivencia; en consecuencia, el campo asociativo del fuego determina parte del l&eacute;xico que recorre el texto, donde aparecen <em>brasas</em>, <em>mecha</em>, <em>encendedor</em>, <em>chispas</em>, <em>holl&iacute;n</em>, <em>cenizas</em>, <em>combusti&oacute;n</em>, <em>crepitar</em>, <em>incandescencia</em>, <em>pira</em>... As&iacute; se sirve la autora ya desde el t&iacute;tulo, de uno de los grandes s&iacute;mbolos antropol&oacute;gicos m&aacute;s arquet&iacute;picos para ilustrar el &iacute;mpetu de la ni&ntilde;ez, luego la revoluci&oacute;n contenida de su juventud, la intensidad, el amor y su consumaci&oacute;n, para m&aacute;s tarde se&ntilde;alar la redenci&oacute;n a trav&eacute;s de la renovaci&oacute;n de la identidad, al conformarse como adulta que se enfrenta al mundo.</p>
<p>Desde el inicio del libro, formalmente sobresale uno de los rasgos que en el poema en prosa manifiesta su posibilidad &ndash;con el trazo de un poeta h&aacute;bil, lo que aqu&iacute; s&iacute; hay&ndash; de mantener cierta prosodia interna que reencauce la prosa en el discurso del g&eacute;nero l&iacute;rico, se trata de la plena identificaci&oacute;n de frases y versos que son metros perfectamente construidos, as&iacute; en forma de endecas&iacute;labos como &laquo;se posa en una pila abigarrada&raquo; o &laquo;abajo brillo de sudor y sombras&raquo; o heptas&iacute;labos &laquo;quiz&aacute; de nuevo el llanto&raquo; o &laquo;un &uacute;ltimo suspiro&raquo;, as&iacute; como octos&iacute;labos, etc., versos que se enhebran en la prosa y otorgan el necesario ritmo requerido por el subg&eacute;nero.</p>
<p>Si bien el poema en prosa es una composici&oacute;n en donde la idea, el pensamiento, presenta unas mayores posibilidades de desarrollo, tambi&eacute;n lo hace la narratividad, que sin duda permite la presentaci&oacute;n de lo que a todas luces es una autobiograf&iacute;a l&iacute;rica de Beatriz Russo; no obstante, consideramos que gana la autora en los poemas en prosa en donde predomina la sugerencia, en donde los juegos metaf&oacute;ricos son m&aacute;s abundantes, como en &laquo;Desertar es como llevarse la boca al coraz&oacute;n&raquo; o en &laquo;Rodar como hierbajos en un p&aacute;ramo sin l&iacute;mites&raquo;, donde late cierta reivindicaci&oacute;n por construir la identidad propia al margen de grupos, haciendo ruta en soledad, que culmina en la siguiente composici&oacute;n con un afianzamiento individual ya pleno: &laquo;Atr&aacute;s quedaban las cenizas de un ave herida que aprendi&oacute; a librarse de la d&uacute;ctil idiosincrasia de la manada&raquo;.</p>
<p>Otra singularidad formal que refuerza el valor de la obra es la manera en que cada composici&oacute;n po&eacute;tica se abre a trav&eacute;s de una m&aacute;xima o aforismo: &laquo;Lo terrible habita a unos minutos de nuestra voz&raquo;, &laquo;Yo he jugado con las sombras sin temerle al sol&raquo;, &laquo;Habitamos la tragedia de un solo hombre&raquo;, &laquo;Desertar es como llevarse la boca al coraz&oacute;n&raquo; o &laquo;La boca es el s&iacute;mbolo&raquo;. O los versos que en s&iacute; constituyen un &uacute;nico poema, el m&aacute;s breve del conjunto y m&aacute;s acorde a este referido estilo afor&iacute;stico, que sirve de impecable cierre a la obra: &laquo;Ver nacer produce nostalgia. Ver morir es el principio del v&eacute;rtigo&raquo;.</p>
<p>Los campos sem&aacute;nticos o asociativos crean un peculiar ropaje de significaci&oacute;n natural al texto, que se enra&iacute;za en lo tel&uacute;rico natural, en la vivencia carnal. As&iacute; el l&eacute;xico presenta el hiper&oacute;nimo <em>aves</em> y <em>p&aacute;jaros,</em> que recogen los sustantivos hip&oacute;nimos <em>albatros</em>, <em>papagayo</em>, <em>ruise&ntilde;or</em>, <em>trinos</em> y <em>parvadas</em> de <em>aves</em>, <em>gorriones</em>, <em>palomas, pichones</em> y <em>vencejos</em>. Pero el <em>bestiario</em> expl&iacute;cito acoge tambi&eacute;n hip&oacute;nimos animales acu&aacute;ticos como <em>crust&aacute;ceos</em>, <em>truchas</em>, <em>erizo</em>, <em>cefal&oacute;podos</em>, <em>molusco</em>; o terrestres como <em>colmena</em>, <em>escarabajos</em>, <em>grillos</em>, <em>moscas</em>, <em>insectos</em>, <em>reptiles</em>, <em>orugas</em>, <em>gusanos</em>, <em>perros. </em>El orden vegetal tambi&eacute;n halla su lugar en el l&eacute;xico: <em>hierba</em>, <em>hoja</em>, <em>ra&iacute;ces</em>, <em>sauces</em>, <em>bosque</em>, <em>musgo</em>, <em>l&iacute;quenes. </em>Lo mismo sucede con el orden de la tierra propiamente dicha: <em>arena</em>, <em>pe&ntilde;ascos</em>, <em>tierra</em>, <em>mar</em>, <em>rocas</em>, y m&aacute;s reiteradamente, la <em>piedra </em>por su enorme simbolismo inaugural y de asentamiento<em>. </em>Sin embargo, esta sobreabundancia l&eacute;xica acerca de la naturaleza permanece casi imperceptible en el orden de lo tem&aacute;tico, no es este un libro buc&oacute;lico, ni es &lsquo;lo natural&rsquo; el <em>topos</em> primero, se trata de una cuesti&oacute;n de estilo, de recuperar lo tel&uacute;rico a la manera rom&aacute;ntica, como base de inspiraci&oacute;n del poeta, que se asienta en lo sensible de su naturaleza para elevarse desde all&iacute; a la revelaci&oacute;n: &laquo;Algo tramar&aacute;n los dioses tel&uacute;ricos para salvaguardar el trono de los &aacute;rboles&raquo;, &laquo;Si un &aacute;rbol desecha su hoja, ya no servir&aacute; de n&eacute;ctar a las simientes tras esta cortina de humo y polvo&raquo;, &laquo;silencian la labor de las abejas&raquo; o &laquo;Los bosques ya no recuerdan el peso de la lluvia&raquo;. La naturaleza, lejos de la divinidad, nos salva: &laquo;No importa el soplar del viento y el regular pacto del sol con el paisaje; la calma se extiende con feroz distancia manteni&eacute;ndose a salvo de todo lo divino&raquo;, &laquo;(...) convivir, al fin y al cabo, con el mar en blanco sin hacerle m&aacute;s preguntas&raquo;.</p>
<p>Respecto a la t&oacute;pica de la autora, esta envoltura formal de tratamiento del l&eacute;xico le sirve a Beatriz Russo para presentar lo que defin&iacute;amos como su autobiograf&iacute;a l&iacute;rica. Tal ser&iacute;a el principal eje de la isotop&iacute;a narrativa en tanto algunos de los poemas en prosa suceden argumentativamente al anterior relatando fases de la vida, como realiza en las composiciones dedicadas en la primera parte al parvulario, la infancia con sus juegos en la calle, la soledad de la adolescente distinta, que sufre la envidia &laquo;el suplicio de pedradas&raquo; o &laquo;Un paseo de labios encendidos maldec&iacute;a la suerte de mi rostro&raquo;, las tardes de cine con proyector, las pipas de girasol, la tienda de barrio, los bocadillos desde el balc&oacute;n, los perros, el barro... Constituye curiosamente una infancia de sabor legendario, m&aacute;s propia de una pel&iacute;cula de Vittorio de Sica, Fran&ccedil;ois Truffaut o de la posguerra espa&ntilde;ola, que de la infancia capitalina de quien debi&oacute; de vivir como adolescente la movida madrile&ntilde;a con una probable camiseta de <em>Amarras</em>. Tal rememoraci&oacute;n de la infancia mediante dicho tono de sabor antiguo otorga una interesante atm&oacute;sfera al texto que, en nuestra opini&oacute;n, atraer&aacute; particularmente al lector.</p>
<p>La autobiograf&iacute;a vital l&iacute;rica prosigue en esta primera parte con poemas acerca de un accidente de esqu&iacute; que oblig&oacute; a la autora a realizar una dolorosa y lenta recuperaci&oacute;n que dur&oacute; casi cuatro a&ntilde;os &ndash;sorprende la serenidad del relato&ndash;. Tambi&eacute;n incluye poemas sobre el fin de la infancia-adolescencia y sobre la p&eacute;rdida de la ingenuidad primera tras el amor m&aacute;s doliente. Amor y miedo, amor fallido: &laquo;Miraba su rostro con el v&eacute;rtigo de una oruga pendiente de una rama&raquo;. Y la libertad tras la separaci&oacute;n: &laquo;Pero mi celda ya era fungible por unanimidad. Afuera me esperaba el infinito con su brillo de esquirlas redimidas&raquo;; y tras la superaci&oacute;n del dolor, los recuerdos amables: &laquo;Reliquias de amor en la faz del tiempo, tributos que permanecen en nuestro afecto ya sellado tras el duelo y su combusti&oacute;n primera&raquo;. Mas hay siempre duda y aprehensi&oacute;n ante la nueva posibilidad de un nuevo amor: &laquo;&uml;El amor es cosa de los otros&uml;, pienso, y me resigno (...)&raquo;.</p>
<p>Si en la parte primera la autobiograf&iacute;a l&iacute;rica era puramente vivencial, de sucesos existenciales de la autora, la parte segunda presenta la subsiguiente evoluci&oacute;n moral o espiritual de la misma, los valores que restan tras el desenga&ntilde;o humano consustancial a la vida, y a los cuales se aferra la autora. As&iacute;, tras la renovaci&oacute;n y superaci&oacute;n de los sucesos vitales previos, queda el amor al hijo y la menci&oacute;n directa a la transmigraci&oacute;n de su alma o la metempsicosis del mismo. La madre regresa desde el otro lado: &laquo;Te miro desde mi rinc&oacute;n cercano, caverna de hiedra donde aquel agosto te devolv&iacute; a la luz. Ocurres en mi vida como un ser extra&ntilde;o sin apenas margen para recordarte en tu apariencia anterior&raquo;, y m&aacute;s adelante, &laquo;Alma recicl&aacute;ndose en el abismo. Un &uacute;ltimo suspiro, un empuj&oacute;n hacia lo oscuro y despu&eacute;s, quiz&aacute; de nuevo el llanto. Luz que nos nace ciegos. Neonato adorado desde su primer latido&raquo;; sin el amparo de la religi&oacute;n: &laquo;Siempre se hacen dioses con la palabra y se colocan sobre la c&uacute;spide como se coronan los tejados con la &uacute;ltima piedra. Somos descendientes de la orfandad. Nuestro padre fue el primero de una estirpe de vates impuestos por desorientaci&oacute;n. A algunos les cae la fe del cielo (...)&raquo;. Asimismo, cuenta igualmente con la amistad, aun mediatizada por la tecnolog&iacute;a. Mas siempre defiende Russo el margen para la superaci&oacute;n: &laquo;Regres&eacute; al lugar de la cat&aacute;strofe y donde hab&iacute;a sangre ahora crec&iacute;a una flor&raquo;; &laquo;Pero yo tengo la destreza de darle la vuelta al mundo&raquo;. Hay finalmente asunci&oacute;n de la madurez, de la calma ante la espera &uacute;ltima, la muerte: &laquo;Ya solo aguardan el retorno a su &uacute;ltima cuna. La carne entumecida, sin el candor de la piel de larva. Eclosi&oacute;n de la edad siniestra, fervor en su breve distancia hacia el vac&iacute;o&raquo;.. Luego tambi&eacute;n la enfermedad senil o la vejez serena en sendos poemas dedicados al padre y a la madre; tambi&eacute;n la tierra y el amor redimen: &laquo;Pero as&iacute; como el amor comienza desde la tierra, con su sabor de barro y de simiente, as&iacute; ha de surgir todo aquello que se erige tras su oscuridad remota&raquo;. Y de nuevo, la voluntad de regresar al origen, retroceder desde la ancianidad al nacimiento e incluso a un estado anterior.</p>
<p>Sobresale en este sentido la voluntad metaf&iacute;sica, de reflexi&oacute;n de lo vital, que articula el libro y se&ntilde;ala <em>el origen</em>: &laquo;La p&eacute;rdida es el regreso inmediato a la inexistencia. Tener y despu&eacute;s ya no tener era una cuesti&oacute;n de fuego&raquo;, &laquo; (&hellip;) un retorno que se repite como el p&aacute;lido vuelo luminoso de los fuegos fatuos sobre esta orilla&raquo;. A veces desde la bajeza de lo sensorial m&aacute;s abyecto y lo escatol&oacute;gico: &laquo;Ya no es el lodo que hizo a los hombres, sino el excremento en el que poco a poco nos vamos reproduciendo; amalgama de cenizas apiladas sobre un p&aacute;ramo atestado de gusanos&raquo;. La escatolog&iacute;a se refiere en tanto que ancla a la bajeza natural al hombre: <em>orines</em>, <em>heces</em>, <em>sudor</em>, <em>excremento</em>, &laquo;un barrizal de miedo y sombra&raquo;. En oposici&oacute;n a ello, el agua &ndash;en dial&eacute;ctico juego con el fuego&ndash; que redime: &laquo;Porque existimos pese a todo y pese a nada, con una explicaci&oacute;n que en realidad no importa. Simulemos que nuestras venas son como los r&iacute;os y que su caudal de sangre se dirige al mar. All&iacute;, donde el agua no discute su procedencia, ni la g&eacute;nesis de su composici&oacute;n ni su compromiso&raquo;. Obvia la referencia a los cl&aacute;sicos versos manrique&ntilde;os, que sin embargo conten&iacute;an la misma idea que Li Po &ndash;o Li Bai&ndash; recogiera en un poema siete siglos atr&aacute;s: &laquo;Los hechos y los hombres viajan hacia el morir/ como pasan las aguas del R&iacute;o Azul / a perderse en el mar...<em>&raquo;</em></p>
<p>La voluntad de reflexi&oacute;n se observa desde el poema primero, donde cita la figura de <em>el pensador</em>. Por otra parte, se&ntilde;ala la pobreza del pensamiento contempor&aacute;neo al advertir que &laquo;tambi&eacute;n el hombre se inmola con su pensar minado&raquo;. Adem&aacute;s de las referencias al logos, son destacables las alusiones al <em>Verbum</em>, la palabra generadora del origen o a su usurpaci&oacute;n por los escritores banales: &laquo;Porque el verbo es el soplido que apaga la primera llama&raquo;, &laquo;Hemos ca&iacute;do en la red de los ventr&iacute;locuos&raquo;, &laquo;Yo soy testigo de la voz herida y de su canto&raquo;. Notabil&iacute;simo en este orden el poema de la p&aacute;gina cincuenta y ocho, en donde critica el mal entendido epigonismo de la poes&iacute;a coet&aacute;nea y dicta a los poetas: &laquo;Los senderos m&aacute;s certeros se adoquinan con las piedras del verbo y su conciencia&raquo;.</p>
<p>Adem&aacute;s de la libertad y el regreso al origen ante la barbarie de los nuevos tiempos y la depauperaci&oacute;n espiritual del ser humano, Beatriz Russo propugnaba el refugio mediante la palabra y sus posibilidades creadoras-redentoras, pero tambi&eacute;n mediante la alteridad y la agrupaci&oacute;n: &laquo;Nos cogemos de la mano para protegernos de la redondez del mundo&raquo;, &laquo;Nos arrimamos al de al lado sin conocer su procedencia&raquo; o &laquo;Un aterrizaje forzoso con toda la humanidad herida cogida de la mano&raquo;. El trasunto de lo social se observa adem&aacute;s cuando refiere &laquo;la miseria humana&raquo;, &laquo;los ni&ntilde;os de las clases bajas&raquo;, los &laquo;pir&oacute;manos pol&iacute;ticos&raquo;, los ni&ntilde;os de Ghana que &laquo;transitan vertederos&raquo; o &laquo;Ancianos descomponi&eacute;ndose entre los cubos de basura se nutren de las sobras&raquo;, y a prop&oacute;sito de la naturaleza, incluye un poema dedicado al deterioro medioambiental.</p>
<p>Finalmente, hemos de insistir en el notorio uso que de la met&aacute;fora hace Beatriz Russo, quien claramente ilustra el poder de narratividad que tambi&eacute;n posee la imagen. Se agradece la brevedad mediante la que siempre desenvuelve la autora sus obras, de usual densidad metaf&oacute;rica, con lo que la brevedad se ve compensada, y favorece as&iacute; la m&aacute;s c&oacute;moda intelecci&oacute;n del lector. La brevedad ser&iacute;a, para Luj&aacute;n y Cerrillo uno de los principales rasgos que distancia la Poes&iacute;a de otros g&eacute;neros &ndash;y aqu&iacute; se ejemplifica con gran acierto&ndash;, algo que tambi&eacute;n manifestara y afianzara la calidad de su obra <em>La prisi&oacute;n delicada</em>. El rico poder condensador de la met&aacute;fora le permite, incluso desde la relativa brevedad del libro, construir un discurso que acoge y desarrolla, bajo los temas principales, otros subtemas de no menos importancia: de inter&eacute;s social o espiritual, como la pobreza, el medio ambiente, el regreso a la naturaleza, la b&uacute;squeda de la verdad a trav&eacute;s de la palabra y de la poes&iacute;a.</p>
<p>Desde luego, sobresale <em>La llama inversa</em> en tiempos de tan d&eacute;bil poes&iacute;a reinante, cuando los medios amparan, difunden y enaltecen libros donde la ausencia de figuraci&oacute;n del lenguaje de la <em>poetica infirma</em> se completa con burdas cacofon&iacute;as, aliteraciones chirriantes, mediante el discurso descriptivo y explicativo a la manera de la prosa, pero en renglones cortos que pretenden emular la disposici&oacute;n material de los versos; tiempos estos cuando la met&aacute;fora es ausente o grotesca en su simpleza, las redundancias son constantes, los as&iacute;ndeton mal urdidos, ripiosa la sobreabundancia de asonancias internas o irregularidades en las rimas si las hay, y, por a&ntilde;adidura, se renuncia a la parte m&aacute;s sensorial de la poes&iacute;a, que la acercaba a la m&uacute;sica a trav&eacute;s de su prosodia o ritmos internos. Contrasta por tanto una obra en donde se aprecia una l&uacute;cida voluntad de construcci&oacute;n de un libro notablemente bien estructurado en lo formal y en lo tem&aacute;tico, de tono coherente y &uacute;nico, con una figuraci&oacute;n del lenguaje ejemplar y una proyecci&oacute;n emocionante y universalizadora de la reveladora y abundante sustancia est&eacute;tica po&eacute;tica que posee.</p>
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<p>Beatriz Russo, <em>La llama inversa</em>, Huerga &amp; Fierro, Madrid, 2020.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 12 Nov 2020 11:10:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA analiza el cambio climático y la crisis del coronavirus]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-analiza-el-cambio-climatico-y-la-crisis-del-coronavirus/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2020/EMILIO_TRIGUEROS.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>EL RETO INMEDIATO SER&Aacute; LA TRANSFORMACI&Oacute;N DE NUESTRA ECONOM&Iacute;A HAC&Iacute;A UN MODELO RESPETUOSO CON EL MEDIO AMBIENTE</strong></p>
<p><strong>EMILIO TRIGUEROS DEFIENDE EN LA REVISTA LA NECESIDAD DE VIVIR DE OTRA MANERA, DE INVERTIR EN LAS TECNOLOG&Iacute;AS SOSTENIBLES </strong></p>
<p>La revista cultural TURIA publica en su nuevo n&uacute;mero un interesante art&iacute;culo titulado &ldquo;El cambio clim&aacute;tico y la crisis del coronavirus&rdquo;, elaborado por el qu&iacute;mico y escritor Emilio Trigueros. Seg&uacute;n explica este especialista,&nbsp; como v&iacute;a de salida a la actual crisis del coronavirus deben priorizarse aquellos programas de recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica que tengan como eje la lucha contra el cambio clim&aacute;tico. No hay otra opci&oacute;n si no queremos pasar de una devastaci&oacute;n pand&eacute;mica universal a otra a&uacute;n m&aacute;s grave y definitiva: la muerte medioambiental del planeta.</p>
<p>La revista cultural TURIA publica en su nuevo n&uacute;mero un interesante art&iacute;culo titulado &ldquo;El cambio clim&aacute;tico y la crisis del coronavirus&rdquo;, elaborado por el qu&iacute;mico y escritor Emilio Trigueros. Seg&uacute;n explica este especialista,&nbsp; como v&iacute;a de salida a la actual crisis del coronavirus deben priorizarse aquellos programas de recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica que tengan como eje la lucha contra el cambio clim&aacute;tico. No hay otra opci&oacute;n si no queremos pasar de una devastaci&oacute;n pand&eacute;mica universal a otra a&uacute;n m&aacute;s grave y definitiva: la muerte medioambiental del planeta.</p>
<p>Recuerda Trigueros en su art&iacute;culo, que es un avance de su futuro libro &ldquo;La revoluci&oacute;n de vivir&rdquo;, las palabras de la canciller alemana &Aacute;ngela Merkel en la sesi&oacute;n que celebr&oacute; a finales del pasado mes de abril el Foro de Di&aacute;logo de Petersberg sobre Acci&oacute;n Clim&aacute;tica. En ese escenario de alto nivel, su intervenci&oacute;n por videoconferencia fue clarificadora. En primer lugar, admiti&oacute; que reparar los da&ntilde;os de la grav&iacute;sima crisis de salud p&uacute;blica mundial obligar&iacute;a a los gobiernos a tomar decisiones dif&iacute;ciles sobre los presupuestos p&uacute;blicos y, en esa l&iacute;nea, a&ntilde;adi&oacute;: &ldquo;resulta m&aacute;s importante que nunca que, al lanzar los programas econ&oacute;micos de recuperaci&oacute;n, dejemos claro que no vamos a recortar en protecci&oacute;n del clima, sino al contrario, que vamos a invertir en las tecnolog&iacute;as sostenibles&rdquo;.</p>
<p>Debemos encaminarnos, por tanto, hacia una transici&oacute;n verde y justa. En palabras del vicepresidente de la Comisi&oacute;n Europea, Franz Timmermans: &ldquo;Esta crisis nos enfrenta a una cuesti&oacute;n existencial: &iquest;vamos a reconstruir las mismas cosas que ten&iacute;amos antes? &iquest;O vamos a aprovechar la oportunidad para que surjan los nuevos empleos necesarios para el cambio en las pr&oacute;ximas d&eacute;cadas?&rdquo;</p>
<p>De acuerdo con esas tesis, Emilio Trigueros se&ntilde;ala en TURIA la idoneidad del camino marcado por Merkel y el conjunto de medidas que convendr&iacute;a seguir: &ldquo;dar un salto radical de escala en la implantaci&oacute;n de las energ&iacute;as renovables; fijar sistemas regionales de precios del di&oacute;xido de carbono; invertir en eficiencia en motores, electrodom&eacute;sticos, aislamientos; y asegurar que la financiaci&oacute;n de gobiernos y bancos llegue hasta las empresas y los ciudadanos, porque las tecnolog&iacute;as sostenibles requieren mayores inversiones de partida&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UNA OPORTUNIDAD DE TRANSFORMACI&Oacute;N </strong></p>
<p>Afrontar con decisi&oacute;n los retos del cambio clim&aacute;tico se muestra, a la vista de lo que est&aacute; ocurriendo con la crisis del coronavirus, como una v&iacute;a irreversible si queremos tener una oportunidad de futuro. Y para esa transformaci&oacute;n deberemos conjurarnos en soslayar los ingentes obst&aacute;culos que a d&iacute;a de hoy se plantean.</p>
<p>No obstante, y a pesar de esas dificultades, Emilio Trigueros confirma que &ldquo;muchas de las tecnolog&iacute;as para el cambio verde est&aacute;n disponibles hoy: la energ&iacute;a solar y e&oacute;lica, o los coches el&eacute;ctricos. Otras tecnolog&iacute;as, desafortunadamente, a&uacute;n se hallan en una fase muy temprana de investigaci&oacute;n, como las redes de hidr&oacute;geno, o los parques de bater&iacute;as (que, por ejemplo, almacenan la electricidad solar y permiten disponer de ella en los d&iacute;as nublados). En el crucial lado del apoyo pol&iacute;tico y financiero, la financiaci&oacute;n de las inversiones, a pesar de que la regulaci&oacute;n est&aacute; muy desarrollada en algunas regiones, como Europa o California, no se ha conseguido vincular a suficientes pa&iacute;ses a la fijaci&oacute;n de un precio internacional para las emisiones de di&oacute;xido de carbono&rdquo;.</p>
<p>Ante este carrusel de quebrantos de la normalidad que vivimos hoy, Emilio Trigueros defiende en TURIA que es en la sociedad donde debe tener lugar la revoluci&oacute;n verde, la transici&oacute;n a lo digital. Y hay que hacerlo a trav&eacute;s del debate, de la acci&oacute;n, de la toma de decisiones porque a medio plazo, tras la mitigaci&oacute;n de los da&ntilde;os m&aacute;s duros del coronavirus, &ldquo;s&iacute; se vislumbra una oportunidad de transformaci&oacute;n&rdquo;. Es hora ya de tener claro que &ldquo;entre el futuro y el pasado, entre la incertidumbre de las crisis y el camino que buscamos, entre el miedo al porvenir y la maravilla de estar aqu&iacute;, la vida, dicen, se pasa en un soplo&rdquo;.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>UN FRAGMENTO DEL ART&Iacute;CULO DE EMILIO TRIGUEROS</strong></p>
<p>El nuevo n&uacute;mero de la revista TURIA publica un interesante y oportuno art&iacute;culo in&eacute;dito del qu&iacute;mico y escritor Emilio Trigueros sobre &ldquo;El cambio clim&aacute;tico y la crisis del coronavirus&rdquo;. De ese material in&eacute;dito, adelantamos hoy el siguiente fragmento:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ANTE LA INCERTIDUMBRE: COMPROMISO Y ACCI&Oacute;N</p>
<p>La incertidumbre se ha hecho m&aacute;xima incluso para lo habitual en este carrusel de quebrantos de la normalidad en que consiste el mundo contempor&aacute;neo, con la Historia y la histeria, con la nostalgia de un ayer m&aacute;s cierto y la aceleraci&oacute;n hacia un futuro elusivo, en duelo permanente. Cada cual sobrelleva la sensaci&oacute;n de perpetuo cambio y zozobra como puede, echando cuentas de saldos ante el calendario, o procurando no pensar mucho. Nadie parece tener idea de ad&oacute;nde conduce el c&uacute;mulo de crisis ─sanitaria, econ&oacute;mica, medio ambiental&hellip;─ que convergen en estos extra&ntilde;os ─y por ahora no exactamente felices─ a&ntilde;os veinte del siglo XXI; nadie se atreve a pronosticar cu&aacute;nto desempleo, d&eacute;ficit, ajustes, habr&aacute; en cada pa&iacute;s. Ignoramos si volveremos alg&uacute;n d&iacute;a a viajar como antes, a comprar ropa como antes, a salir de casa sin preocupaci&oacute;n como antes. Sectores enteros penden de un hilo. La propensi&oacute;n a ahorrar ha crecido. Quiz&aacute;s se ha reducido algo la presi&oacute;n comercial y psicol&oacute;gica para lanzarse a por las novedades de temporada, tener lo &uacute;ltimo, cambiar de, necesitar para, compararse con. S&oacute;lo quiz&aacute;s.</p>
<p>Echando la mirada atr&aacute;s sobre estos meses, las fuerzas en juego ganan definici&oacute;n. Ante el colapso del coronavirus, los bancos centrales han comprado tiempo. Al hacerlo, han otorgado una tregua para que las empresas abocadas a cerrar porque los nuevos tiempos las dejen atr&aacute;s se desmantelen gradualmente, en tanto que crecen y se consolidan las empresas que marcar&aacute;n la nueva era. Desafortunadamente, los bancos centrales pueden comprar tiempo, pero no productos reales; s&oacute;lo reordenan deudas, ni compran cosas ni las producen. Arbitran entre la destrucci&oacute;n de capital por la crisis ─los aeropuertos con terminales vac&iacute;as, los negocios que cierran─ y la creaci&oacute;n de nuevo capital ─en la revoluci&oacute;n verde, en la transici&oacute;n a lo digital─. No eligen lo que la sociedad quiere ser o puede hacer. La financiaci&oacute;n para los sectores que crezcan, de las telecomunicaciones a la energ&iacute;a, va a estar m&aacute;s disponible que antes, &eacute;sa es la noticia alentadora que cabe leer en la pol&iacute;tica de los bancos centrales. Es en la sociedad donde debe tener lugar ahora el debate, la acci&oacute;n, las decisiones. A medio plazo, tras la mitigaci&oacute;n de los da&ntilde;os m&aacute;s duros, s&iacute; se vislumbra una oportunidad de transformaci&oacute;n.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 06 Nov 2020 07:51:24 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las mil caras de Orson Welles]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/las-mil-caras-de-orson-welles/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2020/Octubre/ORSON_WELLES.jpg" alt="" /></p>
<div>
<p class="LO-Normal">&nbsp; Muchos creen que la obra de Orson Welles es de las m&aacute;s importantes de la historia del cine, porque representa un acto de libertad y de creatividad que no tuvieron muchos directores. B&aacute;rbara Galway es una joven periodista que, fascinada por la obra del genial director, se propone hacer la biograf&iacute;a del cineasta. Se da cuenta, a lo largo de la entrevista, que Welles tiene dos obsesiones: llevar a cabo la dif&iacute;cil empresa de hacer una cinta definitiva sobre El <em>Quijote</em>, novela que le fascina. La otra es su amor a Espa&ntilde;a que visit&oacute; con su padre porque este era amigo de Juan Belmonte, de ah&iacute; su afici&oacute;n al toreo desde muy joven, que luego sigui&oacute; cultivando cuando fue &iacute;ntimo amigo de Antonio Ordo&ntilde;ez.</p>
<p class="LO-Normal">&nbsp; Welles est&aacute; empe&ntilde;ado en que Steven Spielberg produzca la pel&iacute;cula pero este le da largas, en esta otra obsesi&oacute;n anida este libro magn&iacute;ficamente escrito, una investigaci&oacute;n que el reputado y gran estudioso de la generaci&oacute;n del 27 y de Bu&ntilde;uel, va trazando. Me refiero a Agust&iacute;n S&aacute;nchez Vidal, que va dejando su prosa rica y elaborada para que podamos ver, como si de una c&aacute;mara se tratase, el mundo de la Mancha, todo lo que rodea a ese espacio de luz que fascin&oacute; a Cervantes y que obsesion&oacute; a Welles. Como dice S&aacute;nchez Vidal cuando se enfrenta al Quijote: &ldquo;A diferencia de tantos libros cl&aacute;sicos, el Quijote no es un residuo arqueol&oacute;gico de mundos ya abolidos. Est&aacute; tan vivo como sus gentes, fatalistas y sentenciosas, con sus conversaciones oblicuas, enristradas de refranes&rdquo;.</p>
<p class="LO-Normal">&nbsp; En el libro se alternan diferentes paisajes, el de la Mancha, que va describiendo un S&aacute;nchez Vidal en estado de gracia que recuerda y evoca esos p&aacute;ramos donde Quijote y Sancho han transitado: &ldquo;El rustico talonea impaciente buscando a su burro&rdquo;, pero tambi&eacute;n el mundo de Welles, el de Hollywood, lo que nos cuenta sobre Rita Hayworth, una mujer fracasada por los maltratos de su padre y de tantos que aparecieron en su vida, pero tambi&eacute;n de sus rodajes, de las pel&iacute;culas que rod&oacute; en Espa&ntilde;a, como das a <em>Campanadas a Medianoche</em> y <em>Mister Arkadin</em>. Hay otro paisaje presente, el de la imaginaci&oacute;n de Welles, siempre activa, siempre en claroscuros, donde viven seres fantasmag&oacute;ricos que pasan del Otelo al Quijote, pasando por <em>Mister Arkadin</em> o el Harry Lime de <em>El tercer hombre</em>.</p>
<p class="LO-Normal">&nbsp; Merece la pena destacar las cartas que personas afamadas del cine espa&ntilde;ol como Mar&iacute;a Asquerino o Gil Parrondo env&iacute;an a B&aacute;rbara Galway, &uacute;tiles para su libro. En ellas vemos al Welles egoc&eacute;ntrico, airado, que trata mal a los t&eacute;cnicos, que pide incluso, de una forma soez, acostarse con la famosa actriz espa&ntilde;ola, la cual le rechaza, provocando la ira del genio. Aqu&iacute; vemos a un Welles que solo viv&iacute;a para su grandeza, para su genialidad, para sus pel&iacute;culas. &Eacute;l mismo confiesa que la mayor&iacute;a de ellas fueron destrozadas en el montaje, lo que le alej&oacute; de Hollywood.</p>
<p class="LO-Normal">&nbsp;&nbsp; Se alternan los mundos en el libro, la entrevista que va respirando poco a poco, donde vemos al verdadero Welles, el universo del Quijote y la Mancha, que va trazando S&aacute;nchez Vidal poco a poco en magn&iacute;ficas descripciones, pero tambi&eacute;n ese amor por Espa&ntilde;a, que est&aacute; presente en todo el libro.</p>
<p class="LO-Normal">&nbsp; Me quedo con esa imagen de Ronda que transmite S&aacute;nchez Vidal, la ciudad que enamor&oacute; al cineasta y que le llev&oacute; a elegirla como lugar de descanso final: &ldquo;Y, por encima de todos los lugares, Ronda. La ciudad m&aacute;gica y ensimismada, la m&aacute;s hermosa que vieron sus ojos&rdquo;.</p>
<p class="LO-Normal">&nbsp;&nbsp; Hay en el libro rica informaci&oacute;n sobre todo el cine de Welles, pero el mayor logro es esa forma de trazar paralelismos entre ese mundo que imagina, el que proyecta La Mancha y el que produce el cine.</p>
<p class="LO-Normal">&nbsp; Yo creo que el mayor objetivo de S&aacute;nchez Vidal es trazar una l&iacute;nea donde Quijote y Welles son una misma persona, ambos buscan una quimera, un deseo que est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de lo alcanzable. Es ah&iacute; donde el libro triunfa, entre el personaje real (Welles) y el imaginado (el Quijote) hay un mimetismo que lo envuelve todo.</p>
<p class="LO-Normal">&nbsp; Gran esfuerzo el que ha hecho el gran investigador aragon&eacute;s para plasmar tantos mundos paralelos, al leer este <em>Quijote-Welles</em> (editado con gran elegancia por la editorial <em>F&oacute;rcola </em>con una fotograf&iacute;a de portada donde aparecen Orson Welles y Akim Tamiroff en el rodaje de la pel&iacute;cula) vemos a dos grandes que buscan lo mismo:&nbsp; trascender aquello que crean, hacer que sus sue&ntilde;os se conviertan en realidad, desde el mundo de las caballer&iacute;as al mundo del cine hay un paso en este libro. Todo un reto que S&aacute;nchez Vidal ha conseguido. Un libro necesario para conocer mejor a Welles y ver en &eacute;l al Quijote que siempre fue.</p>
<p class="LO-Normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-Normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-Normal">Agust&iacute;n S&aacute;nchez Vidal, <em>Quijote Welles</em>, Madrid, F&oacute;rcola, 2020</p>
<p class="LO-Normal">&nbsp;</p>
</div>]]></description>
      <pubDate>Wed, 28 Oct 2020 13:38:28 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA entrevista a fondo a Luis García Montero y Ángel Guinda]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-entrevista-a-fondo-a-luis-garcia-montero-y-/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2020/LUIS_GARC_A_MONTERO_3.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;<strong>El director del Instituto Cervantes lo tiene claro: &ldquo;Nada hay m&aacute;s tonto que un poeta sin conciencia cr&iacute;tica&rdquo;.</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong><strong>Guinda, por su parte, afirma: &ldquo;Confesar los propios miedos es honrar la poes&iacute;a&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong><strong>Tambi&eacute;n publica un in&eacute;dito de Catherine Millet sobre D.H. Lawrence</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los lectores del nuevo n&uacute;mero de la revista TURIA, que se distribuye este mes de noviembre, podr&aacute;n disfrutar de dos entrevistas a fondo con los escritores Luis Garc&iacute;a Montero y &Aacute;ngel Guinda. Se trata de dos conversaciones exclusivas, que permiten no s&oacute;lo conocerlos mejor, sino tambi&eacute;n descubrir sus opiniones sobre un amplio repertorio de temas de inter&eacute;s. Ambos son, por encima de todo, poetas y su obra se encuentra entre lo m&aacute;s interesante de la literatura espa&ntilde;ola actual.</p>
<p>Adem&aacute;s de escritor, profesor y director del Instituto Cervantes, el granadino Luis Garc&iacute;a Montero tiene una indudable proyecci&oacute;n social. En &eacute;l se percibe la herencia de Machado, de Lorca, de los autores de la Generaci&oacute;n del 50, alejados de las torres de marfil y tan propensos al compromiso, al despertar de las conciencias. Es un hombre de la cultura que nunca ha rehuido implicarse en los debates del d&iacute;a a d&iacute;a, en la pol&iacute;tica. De ah&iacute; que, en esta entrevista en TURIA no dude en afirmar que &ldquo;nada hay m&aacute;s tonto que un poeta sin conciencia cr&iacute;tica&rdquo;.</p>
<p>Por su parte, &Aacute;ngel Guinda es una leyenda viva de las letras aragonesas que, pese a llevar&nbsp; publicando desde m&aacute;s de cinco d&eacute;cadas, s&oacute;lo considera fiable lo escrito desde hace 13 a&ntilde;os. Ese nivel de autoexigencia, esa capacidad de reinvenci&oacute;n, de reconstruirse, s&oacute;lo est&aacute; al alcance de los que, como &eacute;l, creen que la palabra es un ser vivo. No en vano, como declara en TURIA,&nbsp; &ldquo;confesar los propios miedos es honrar la poes&iacute;a&rdquo;.</p>
<p>Luis Garc&iacute;a Montero y &Aacute;ngel Guinda son, sin duda, dos personalidades muy atractivas y su opini&oacute;n nos enriquece a la hora de interpretar este tiempo tan dif&iacute;cil y complejo que vivimos.&nbsp; En&nbsp; TURIA&nbsp; nos&nbsp; hablan,&nbsp; con&nbsp; absoluta&nbsp; libertad&nbsp; y&nbsp; franqueza, de sus respectivas obras y trayectorias. Y, sobre todo, con sus respuestas se ocupan tambi&eacute;n de abordar diversas cuestiones que nos afectan o interpelan.</p>
<p>Adem&aacute;s, entre otros contenidos relevantes, el nuevo n&uacute;mero de TURIA publica un texto in&eacute;dito de la autora francesa Catherine Millet sobre el escritor ingl&eacute;s D.H. Lawrence. Se trata de un anticipo del libro &ldquo;Amar a Lawrence&rdquo;, que ser&aacute; pr&oacute;ximamente publicado en Espa&ntilde;a por Anagrama. Tras impactar internacionalmente hace unos a&ntilde;os con su libro &ldquo;La vida sexual de Catherine M&rdquo;, en el que hablaba abiertamente de su adicci&oacute;n al sexo, se vuelca ahora sobre la vida y la obra de otro escritor que en su tiempo tambi&eacute;n caus&oacute; esc&aacute;ndalo por su franqueza a la hora de tratar la sexualidad femenina en su ya cl&aacute;sica novela &ldquo;El amante de Lady Chatterley&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="LO-normal1">&nbsp;</p>
<p><strong>LUIS GARC&Iacute;A MONTERO: &ldquo;LA LITERATURA ES UN AJUSTE DE CUENTAS CON LA REALIDAD&rdquo;</strong></p>
<p class="LO-normal1">En la entrevista que TURIA publica con Luis Garc&iacute;a Montero (Granada, 1958) conversamos ampliamente sobre ese compromiso social que define su vida y obra. Y es que, si&nbsp; hay una b&uacute;squeda, una l&iacute;nea que atraviesa toda su trayectoria, vital y creativa, esa l&iacute;nea tiene que ver con su anhelo por &ldquo;conseguir una alianza &eacute;tica entre el yo biogr&aacute;fico y el literario&rdquo;.</p>
<p class="LO-normal1">Tambi&eacute;n asegura a la periodista Emma Rodr&iacute;guez que su &eacute;tica &ldquo;va unida al poeta que pretende ser&rdquo;. Confiesa que el mundo en el que vivimos cada vez es menos suyo (&ldquo;la manera de ser, de vivir, de comportarse en la sociedad, tiene cada vez menos que ver con mi forma de ser. Siento verg&uuml;enza ajena ante muchos espect&aacute;culos televisivos, culturales o pol&iacute;ticos&rdquo;, se&ntilde;ala) y asegura que, pese a todo, no cabe la rendici&oacute;n ni la equidistancia ante las injusticias.</p>
<p class="LO-normal1">En estos tiempos en los que las mentiras ganan cada vez m&aacute;s terreno, &eacute;l no deja de ejercer la cr&iacute;tica a trav&eacute;s de sus columnas period&iacute;sticas, espacios para la reflexi&oacute;n sobre lo que acontece, sobre lo que le causa perplejidad. Y sigue creyendo en el reto de la poes&iacute;a de hallar la dignidad en medio de la confusi&oacute;n, del ruido, de la basura. En medio de las ruinas del pensamiento, pese a todo, &ldquo;mientras haya alguien que est&eacute; escribiendo poes&iacute;a en su lugar, por discreto que sea, tendremos motivos para la esperanza&rdquo;, declara.</p>
<p>Cree tambi&eacute;n Garc&iacute;a Montero que &ldquo;la literatura es un ajuste de cuentas con la realidad, una manera de comprometerse con el mundo&rdquo;. Y reconoce, adentr&aacute;ndose en su biograf&iacute;a, que la comprensi&oacute;n familiar le vacun&oacute; contra el sectarismo. Sobre sus grandes maestros no hay duda: &ldquo;Machado y Lorca est&aacute;n ah&iacute;, en mi mitolog&iacute;a personal, que va de sus poemas a sus biograf&iacute;as&rdquo;. Preguntado por la poes&iacute;a m&aacute;s actual, nos dir&aacute;: &ldquo;a cierta edad, tan importante es conservar la lecci&oacute;n de los mayores como reconocer a los maestros j&oacute;venes. Siempre digo que tan peligrosos son los viejos cascarrabias como los j&oacute;venes ad&aacute;nicos&rdquo;.</p>
<p class="LO-normal1">Sobre este 2020 tan extra&ntilde;o y cruel, Luis Garc&iacute;a Montero asegura que la pandemia &ldquo;ha extremado muchas cosas que se ve&iacute;an venir y que ha situado una normalidad cada vez m&aacute;s notoria en el mundo raro de las mascarillas. La sociedad consumista ha generado tal narcisismo que ahora asusta la fragilidad, la presencia de la enfermedad y la muerte en una realidad cada vez m&aacute;s solitaria. Degradar los espacios p&uacute;blicos tiene sus consecuencias. Creo que es el momento de reivindicar la cultura como un valor esencial, algo que por desgracia no se ha hecho en Espa&ntilde;a. Estamos en una situaci&oacute;n que debe hacer compatible el fortalecimiento de los espacios p&uacute;blicos, la autoridad del Estado, y el respeto a la libertad individual y los derechos democr&aacute;ticos. Y eso s&oacute;lo se puede conseguir invirtiendo en educaci&oacute;n y en cultura&rdquo;.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&Aacute;NGEL GUINDA: &ldquo;EL ARTE SIEMPRE AYUDA A SOBREVIVIR&rdquo;</strong></p>
<p>El escritor &Aacute;ngel Guinda (Zaragoza, 1948) es, por derecho propio, uno de los nombres m&aacute;s destacados&nbsp; de&nbsp; las&nbsp; letras&nbsp; aragonesas y su dilatada e interesante obra po&eacute;tica lo sit&uacute;a entre lo mejor de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Este a&ntilde;o ha publicado dos poemarios que se integran en un &uacute;nico libro: &ldquo;Los deslumbramientos&rdquo;, seguido de &ldquo;Recapitulaciones&rdquo;. En la conversaci&oacute;n sin desperdicio que mantiene con el tambi&eacute;n poeta Fernando del Val nos dir&aacute; &ldquo;desde hace a&ntilde;os padezco la obsesi&oacute;n juanramoniana por el af&aacute;n de perfecci&oacute;n&rdquo;. Esa postura radical de reinventarse, de refundarse, ha provocado que s&oacute;lo considere fiable lo escrito desde hace 13 a&ntilde;os y desde&ntilde;e los m&uacute;ltiples poemarios anteriores.</p>
<p>Guinda no s&oacute;lo ha venido ejerciendo como poeta que cree que la palabra es un ser vivo, tambi&eacute;n ha traducido a autores con los que siente afinidad como Teixeira de Pascoaes, Alex Susanna o Antonio Sagredo. Asimismo, ha publicado libros de aforismos, manifiestos po&eacute;ticos y un ensayo sobre Leopoldo Mar&iacute;a Panero. En reconocimiento a su dilatada y valiosa trayectoria creativa, recibi&oacute; el Premio de las Letras Aragonesas 2010. El galard&oacute;n le supuso, a un autor y profesor de literatura que lleva m&aacute;s de tres d&eacute;cadas residiendo en Madrid, &ldquo;una reconciliaci&oacute;n con mi tierra&rdquo; y confirmaba, una vez m&aacute;s y por fortuna, que la cultura no conoce fronteras.&nbsp;</p>
<p>Preguntado por la actual pandemia, Guinda cree que &ldquo;el arte siempre ayuda a sobrevivir, nos estimula, nos enriquece, nos redime&rdquo;. Quien sabe bien lo que es luchar contra el c&aacute;ncer, declara en TURIA que &ldquo;la vida es una sana enfermedad que no se cura sino con la muerte&rdquo;. Adem&aacute;s, reconoce que &ldquo;desde ni&ntilde;o, el miedo y la muerte me acompa&ntilde;an obsesivamente&rdquo;.</p>
<p>En sus libros, confiesa &Aacute;ngel Guinda que aspira &ldquo;a conseguir una simbiosis entre tradici&oacute;n y originalidad; a recoger verdad, belleza e intensidad&rdquo;. En definitiva, y como se nos asegura en TURIA: &ldquo;&Aacute;ngel Guinda es lo contrario a la indiferencia. Por eso est&aacute; tan vivo. Tan despierto que lo normal es que se desvele por la noche. Quiere vivir, lo dijo en un poema de <em>Claro interior</em> -todo lo ha dicho en sus poemas- pero, sobre todo, lo demuestra con sus actos. Vive como lee. La vida s&iacute; le va a echar de menos&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;TURIA&rdquo; PUBLICA UN TEXTO IN&Eacute;DITO DE CATHERINE MILLET</strong></p>
<p>Una de las principales autoras de las letras francesas de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, Catherine Millet, abre la secci&oacute;n que TURIA dedica al ensayo con un atractivo texto in&eacute;dito. Se trata de un fragmento de &ldquo;Amar a Lawrence&rdquo;, que ser&aacute; pr&oacute;ximamente editada en Espa&ntilde;a por Anagrama. En esta nueva obra, la controvertida escritora y cr&iacute;tica de arte prosigue su indagaci&oacute;n sobre los misterios del deseo femenino, en esta ocasi&oacute;n a partir de la vida y la obra del ingl&eacute;s D.H. Lawrence.&nbsp;</p>
<p>&iquest;Por qu&eacute; Lawrence? Porque el brit&aacute;nico explor&oacute; como pocos el tema del deseo desde el punto de vista de la mujer y cuestion&oacute; la moral de su &eacute;poca. Pero, al indagar en la vida de este, Millet acaba hablando tambi&eacute;n de s&iacute; misma, y el libro se convierte en una estimulante mezcla de ensayo y autobiograf&iacute;a en la que confluyen dos autores &ndash;la estudiosa y el estudiado&ndash; separados por el tiempo, pero unidos por el inter&eacute;s en indagar en los misterios de las pasiones femeninas. &nbsp;</p>
<p>&ldquo;El amante de Lady Chatterley&rdquo;, la novela m&aacute;s c&eacute;lebre de D.H. Lawrence, es uno de los grandes cl&aacute;sicos del siglo XX. Estuvo prohibida en su tiempo por la forma expl&iacute;cita y nada habitual entonces con que se refer&iacute;a a las relaciones sexuales. El libro se public&oacute; por primera vez en Florencia en 1928 pero en Inglaterra hubo que esperar a 1960.</p>
<p>Seg&uacute;n Catherine Millet, Lawrence &ldquo;revel&oacute; las dificultades para mujeres muy brillantes de entregarse al amor. El amor es un sometimiento, y una mujer que se encuentra en una situaci&oacute;n social, si no de poder o de dominio, al menos de afirmaci&oacute;n de su personalidad, puede vivir de una manera muy contradictoria su sentimiento amoroso, ya que puede hacerle sentir temor por perder una autonom&iacute;a que piensa haber ganado a un alto precio&rdquo;. Y, seg&uacute;n sostiene Millet, &ldquo;esta contradicci&oacute;n revelada por Lawrence sigue siendo v&aacute;lida hoy en d&iacute;a&rdquo;.</p>
<p>TURIA es, con 37 a&ntilde;os de trayectoria y periodicidad cuatrimestral, una de las publicaciones culturales espa&ntilde;olas m&aacute;s consolidadas y reconocidas, por cuya labor obtuvo el Premio Nacional&nbsp; al Fomento de la Lectura. Desde hace un m&aacute;s de lustro, adem&aacute;s de su edici&oacute;n en papel, la revista TURIA tiene una versi&oacute;n digital a trav&eacute;s de una atractiva web y de una p&aacute;gina en Facebook que est&aacute; obteniendo una muy favorable acogida.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>UN FRAGMENTO DE LA ENTREVISTA EXCLUSIVA CON LUIS GARC&Iacute;A MONTERO <br /></strong></p>
<p>El nuevo n&uacute;mero de la revista TURIA publica una amplia y reveladora conversaci&oacute;n exclusiva con el escritor, profesor y director del Instituto Cervantes Luis Garc&iacute;a Montero, uno de los nombres m&aacute;s sobresalientes de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea. La entrevista, realizada por la periodista cultural Emma Rodr&iacute;guez, permite conocer a fondo su personalidad y su trayectoria, as&iacute; como sus opiniones sobre un amplio abanico de cuestiones de inter&eacute;s. De ese material in&eacute;dito, adelantamos hoy el siguiente fragmento:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>LUIS GARC&Iacute;A MONTERO: &rdquo;NO PODEMOS SEGUIR AVANZANDO EN EL SIGLO XXI SIGUIENDO LAS IMPOSICIONES NEOLIBERALES&rdquo;</p>
<p class="LO-normal1">- &iquest;Debe ser la poes&iacute;a un espacio para la verdad en una &eacute;poca marcada por las mentiras, donde la falta de reflexi&oacute;n y de an&aacute;lisis, es tan llamativa? &iquest;C&oacute;mo hacer frente al ruido, a la velocidad que imponen las redes sociales?</p>
<p class="LO-normal1">&nbsp;</p>
<p class="LO-normal1">- Ese es un reto. F&iacute;jate que la poes&iacute;a ha vivido siempre en una situaci&oacute;n fronteriza entre la intimidad, lo privado y lo p&uacute;blico. Es la situaci&oacute;n que ahora se ha impuesto con las redes sociales. Buscar ah&iacute; la dignidad humana es una tarea bien significativa en medio de tanta basura. El poeta representa a esa persona que busca su propia verdad y que quiere ser due&ntilde;a de sus palabras. Por eso su escritura tiene que ver con la lentitud. El tiempo de la poes&iacute;a no es un tiempo de usar y tirar, no es una mercanc&iacute;a. A veces decimos lo primero que se nos ocurre y repetimos lo que flota en el ambiente. Otras veces decimos lo que nos conviene para quedar bien y vendernos como mercanc&iacute;as. La palabra po&eacute;tica nos ense&ntilde;a a decir aquello que tiene que ver con nuestra conciencia, m&aacute;s all&aacute; de cualquier convenci&oacute;n o consigna.</p>
<p class="LO-normal1">&nbsp;</p>
<p class="LO-normal1">- &iquest;Eres de los que creen que algo tendr&aacute; que cambiar tras la pandemia, que ya estamos pisando las ruinas de un sistema que se cae, o formas parte del grupo de los esc&eacute;pticos? &iquest;Qu&eacute; futuro imaginas?</p>
<p class="LO-normal1">&nbsp;</p>
<p class="LO-normal1">- &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez distingu&iacute;a entre porvenir y futuro. A corto plazo, soy poco optimista, no creo que el poder econ&oacute;mico vaya a cambiar generosamente, se buscar&aacute;n mil formas de hacer negocio con la situaci&oacute;n. De hecho ya se ha empobrecido la mayor&iacute;a social y se est&aacute;n enriqueciendo las grandes fortunas. La brecha mundial de la pobreza va a profundizarse mucho. A largo plazo, espero que el agua encuentre sus caminos para seguir avanzando. Si queremos que el planeta sobreviva, deberemos esperar a que los gobiernos se tomen en serio la realidad ecol&oacute;gica y la decencia humana. No podemos seguir avanzando en el siglo XXI siguiendo las imposiciones neoliberales de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 28 Oct 2020 13:32:56 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Antón Castro: España se ha empobrecido y retrocede en ámbitos de libertad y tolerancia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/anton-castro-espana-se-ha-empobrecido-y-retrocede-en-ambitos-de-libertad-y-tolerancia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2020/Octubre/castro500.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;">Seducci&oacute;n es el t&iacute;tulo de su mejor poemario. Seducir es lo que hace cuando escribe, cuando habla. Leer sus libros y conversar con &eacute;l es entrar en un mundo donde los recuerdos se mezclan con las emociones, las canciones con el cine, las an&eacute;cdotas personales con la historia. Si hay alguien capaz de atesorar infinitos datos y referencias y compartir su saber con los dem&aacute;s es &eacute;l. Si hay dos palabras que definen su trabajo y su personalidad son estas: sensibilidad y pasi&oacute;n.</p>
<p>El escritor gallego, afincado en Zaragoza, Ant&oacute;n Castro (A Coru&ntilde;a, 1959) pasa por ser uno de los nombres m&aacute;s destacados del periodismo de este pa&iacute;s; no en vano, el a&ntilde;o 2013 recibi&oacute; el Premio Nacional de Periodismo Cultural. Autor de una treintena de t&iacute;tulos que abarcan todos los g&eacute;neros (novela, relato, teatro, poes&iacute;a), Castro acaba de publicar un libro que re&uacute;ne un centenar de perfiles de personajes famosos que, a lo largo del siglo XX, cruzaron las tierras de Arag&oacute;n. Fruto de un intenso trabajo de documentaci&oacute;n y de una exposici&oacute;n certera de los hechos narrados, <em>Pasaron por aqu&iacute; </em>(Editorial Pregunta) es un volumen escrito con af&aacute;n divulgativo y estilo vigoroso que oscila entre la cr&oacute;nica y el reportaje. Desde directores de cine hasta m&uacute;sicos de renombre pasando por literatos y estrellas del celuloide, la obra presenta un extenso cat&aacute;logo de celebridades como Ava Gardner, Maurice Ravel, G&uuml;nter Grass o Bruce Springsteen. Todos ellos retratados por la mano impresionista de Castro, que, con lenguaje preciso y prosa trepidante, nos ofrece un abanico de relatos plagados de an&eacute;cdotas e historias semidesconocidas.</p>
<p>El pasado verano, el escritor particip&oacute; en la decimotercera edici&oacute;n del Festival Expoes&iacute;a de Soria, una ciudad que no visitaba -seg&uacute;n sus palabras- desde hac&iacute;a cuarenta a&ntilde;os. All&iacute; habl&oacute; de uno de los escritores de su vida, Gustavo Adolfo B&eacute;cquer, y de otras querencias vitales y literarias. El encuentro con los lectores propici&oacute; un reencuentro muy especial con un pu&ntilde;ado de amigos. All&iacute;, en la c&aacute;lida noche de la capital castellana, tuvimos ocasi&oacute;n de departir con &eacute;l distendidamente, de disfrutar de su sabidur&iacute;a enciclop&eacute;dica y de su profunda humanidad, de re&iacute;r y escuchar de su voz melanc&oacute;licas canciones gallegas; todo ello regado con buen vino, orujo de la tierra e irrefrenable alegr&iacute;a.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Cuando te zambulles en un tema, compruebas que hay una verdad oculta&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo surgi&oacute; la idea de la serie <em>Pasaron por aqu&iacute;</em>?</p>
<p>- Siempre me han interesado mucho las personas de la cultura, del deporte o de cualquier aspecto de la vida social, con personalidad, que hab&iacute;an estado en Arag&oacute;n y especialmente por Zaragoza, que es la ciudad donde vivo desde 1978&hellip; Ensanchan el imaginario. Hab&iacute;a escrito a menudo sobre ello, por ejemplo sobre las 50 horas de Albert Einstein en 1923, y surgi&oacute; un poco azarosamente. Era algo que estaba ah&iacute;, y a Ana Usieto, coordinadora de un suplemento de s&aacute;bado de moda y nuevas tendencias, le interes&oacute; el tema. Y as&iacute; empezamos. Era una p&aacute;gina completa, salvo la luna de miel de Nino Bravo y su mujer Mar&iacute;a Amparo en Gallur, que fue doble. Hice casi 100 entregas.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; es lo que m&aacute;s le fascina de los personajes que ha retratado, m&aacute;s all&aacute; de que todos hayan pasado por Arag&oacute;n? &iquest;Qu&eacute; hilo com&uacute;n los une?</p>
<p>- En primer lugar, c&oacute;mo viven las ciudades, los pueblos, los paisajes. Por lo regular, salvo Unamuno y Lobo Antunes (a quienes no les gust&oacute; Zaragoza), lo que vieron les emocion&oacute; y hablaron de ello. C&oacute;mo se adaptan, c&oacute;mo conectan con la gente o sencillamente como se a&iacute;slan para hacer bien su trabajo. No es f&aacute;cil saber qu&eacute; hilo les une: se interesaron por los monumentos, por la jota, por algunas tradiciones, por la gente, y de otros se sabe poco. Por lo general dejan una aureola, un feliz recuerdo, y de muchos se sigue hablando todav&iacute;a: de Tyrone Power, de Uma Thurman, de Einstein, de Anthony Quinn, de Dal&iacute;, de Josephine Baker, y de multitud de cantantes. Su presencia tambi&eacute;n coloca a Arag&oacute;n en el mundo de una cierta modernidad.</p>
<p>-<strong> </strong>Hay en el libro un gran trabajo de documentaci&oacute;n.</p>
<p>- Cada texto alienta desde tres lugares: la documentaci&oacute;n del peri&oacute;dico, que ha sido capital y nos permiti&oacute; descubrir cosas que apenas sab&iacute;amos; las documentalistas Elena de la Riva y Mapi Rodr&iacute;guez fueron mis mejores c&oacute;mplices y me regalaron hallazgos incluso sospechosos: en el diario <em>Heraldo</em> se dec&iacute;a que Charlot hab&iacute;a estado en Zaragoza. Era, en realidad, uno de sus muchos imitadores profesionales. Luego, he estudiado la historia de la comunidad a trav&eacute;s de libros, cr&oacute;nicas, v&iacute;deos y b&uacute;squeda en archivos y consultas con expertos. Y en tercer lugar tambi&eacute;n he buscado testimonios, gente que hubiera vivido tal o cual visita: Jeanne Moreau en el Teatro Principal, El Guerrouj en un colegio, el acompa&ntilde;ante de Uma Thurman a comprar unas botas, el bancario que atendi&oacute; a Nino Bravo en Gallur, antes de un concierto. Una cosa que compruebas siempre cuando te zambulles en un tema es la cantidad de inexactitudes y de lugares comunes que hay y que hay una verdad oculta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;No hay nada m&aacute;s sorprendente, con m&aacute;s matices, que la realidad&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;l es el secreto para escribir un buen perfil o un reportaje?</p>
<p>- Investigar, buscar todos los datos, elaborar el contexto, no conformarte con poco o lo inmediato, y luego contarlo con precisi&oacute;n, con imaginaci&oacute;n y ritmo. Como se cuenta un cuento o una buena historia. Con pasi&oacute;n y sin traicionar un &aacute;pice la verdad. No hay nada m&aacute;s sorprendente, con m&aacute;s matices, que la realidad, que a menudo parece un sue&ntilde;o o resulta completamente inveros&iacute;mil.</p>
<p>- En sus libros se da un continuo trasvase de g&eacute;neros: su narrativa contiene buenas dosis de lirismo, sus poemas toman -a veces- la forma del relato, sus cr&oacute;nicas beben de lo que en Latinoam&eacute;rica se denomina periodismo literario. &iquest;C&oacute;mo definir&iacute;a su &uacute;ltimo libro?</p>
<p>- En este libro hay un poco de todo: la cr&oacute;nica, la investigaci&oacute;n (por ejemplo, esa historia de amor de un joven Julio Iglesias en Barbastro; se le col&oacute; una mujer en su hotel y pas&oacute; la noche con &eacute;l), el retrato, el cuento, y s&iacute; hay un trasvase constante de g&eacute;neros. Lo importante es acercarnos al personaje, qu&eacute; vio, qu&eacute; hizo, qu&eacute; sinti&oacute;, etc., y construir un texto que parece invitarte a decir: &ldquo;Quiero saber m&aacute;s&rdquo;. Yo me he formado leyendo a Cunqueiro y Manuel Vicent, especialmente. <em>Pasaron por aqu&iacute;</em> es un libro entretenido, de curiosidades, de detalles, de grandes personajes, y creo que en el fondo es una cr&oacute;nica cultural y social de la vida espa&ntilde;ola, no solo aragonesa, de los &uacute;ltimos 120 a&ntilde;os. Hay, agazapada, una peque&ntilde;a historia del mundo: la ley de la gravedad, el music hall, el teatro, el circo, Hollywood, el arte, el rock and roll, el ballet, la pol&iacute;tica, muchos aspectos del franquismo, la transformaci&oacute;n de Espa&ntilde;a que se abre a los grandes conciertos...</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; supuso para usted la concesi&oacute;n -el a&ntilde;o 2013- del Premio Nacional de Periodismo Cultural?</p>
<p>- Hab&iacute;a estado una vez en el jurado y ni se me hab&iacute;a pasado por la cabeza que un d&iacute;a pudiera ser el elegido. Fue para m&iacute; completamente inesperado y precioso&hellip; Cuando me llamaron del Ministerio de Cultura pensaba que me iban a pedir un texto o que integrase alg&uacute;n jurado. Cuando me comunicaron el premio, me sent&eacute; y me ech&eacute; a llorar como un ni&ntilde;o. Era un premio a 26 a&ntilde;os de trabajo en <em>El D&iacute;a de Arag&oacute;n</em>, en <em>El Correo Gallego</em>, en <em>El Peri&oacute;dico de Arag&oacute;n</em><span style="text-decoration: underline;">,</span> en <em>ABC Cultural</em> y en <em>Heraldo de Arag&oacute;n</em>, en la televisi&oacute;n auton&oacute;mica y muchas revistas que me han acogido: <em>E&ntilde;e, Libr&uacute;jula, Turia, Mercurio. </em>Y lo sent&iacute; como una mirada hacia la periferia y como un premio coral que distingu&iacute;a suplementos literarios, programas de televisi&oacute;n como <em>El Paseo de las Artes y las Letras, Viaje a la luna,</em> <em>Borradores</em>, ciclos literarios, etc., y a mucha gente que hab&iacute;a trabajado con entusiasmo desde Arag&oacute;n. Me hizo sumamente feliz y me ha dado un poco m&aacute;s de visibilidad. Y tambi&eacute;n de responsabilidad. Cada vez que releo un trabajo m&iacute;o pobre, descuidado, rutinario, me siento fatal&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me gusta medirme constantemente en todos los g&eacute;neros&rdquo;</strong></p>
<p>Un periodista que escribe novelas. Un narrador que escribe poes&iacute;a. Un divulgador de la cultura. &iquest;Qu&eacute; es Ant&oacute;n Castro? &iquest;Qui&eacute;n es? Si seguimos las huellas biogr&aacute;ficas que aparecen en sus libros, encontraremos autorretratos como este: <em>Vivo en la cuerda floja. Mi &aacute;nimo pende de un hilo invisible, soy fatalista y enfermizo. </em>La cita est&aacute; extra&iacute;da de su poema <em>Amor y bricolaje. </em>En la misma obra, <em>Seducci&oacute;n</em>, deslumbra <em>Amor de madre</em>: una carta que retrata a un ni&ntilde;o enamoradizo y silencioso, apasionado del cine y la literatura. Una carta que es una despedida de la patria de la infancia. Si los relatos de <em>Golpes de mar</em> est&aacute;n llenos de naufragios y destinos inciertos, su novela <em>Cari&ntilde;ena</em> documenta la huida de su Galicia natal: los trabajos precarios en tierras aragonesas, las lecturas iniciales y las fantas&iacute;as er&oacute;ticas, su llegada al mundo del periodismo. Se establece definitivamente en Zaragoza en 1978: vive all&iacute; desde hace m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os. Desde hace veinte dirige el suplemento <em>Artes y letras</em> de <em>Heraldo de Arag&oacute;n</em>. En medio quedan infinitas notas de blog, programas de televisi&oacute;n, un buen pu&ntilde;ado de libros.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; le queda por explorar a un escritor que ha publicado m&aacute;s de treinta obras?</p>
<p>- A veces tengo la sensaci&oacute;n de que a&uacute;n no he empezado. Me gustar&iacute;a hacer una novela ambiciosa, de aliento, de personajes, ese libro al que le doy vueltas y que no encuentro el tiempo de enfrentarme a &eacute;l. Y tras seis poemarios desde 2010, quisiera hacer uno objetivamente bueno, sin prisa, muy meditado, sin ansiedad. Creo que me quedan muchas por explorar, y me gusta medirme constantemente en todos los g&eacute;neros.</p>
<p>- Siendo la suya una literatura de inspiraci&oacute;n autobiogr&aacute;fica, &iquest;le tientan g&eacute;neros como el diario? &iquest;Se ha planteado avanzar en esas memorias de juventud que son <em>Cari&ntilde;ena</em>?</p>
<p>- He intentado hacer un diario sistem&aacute;tico y lo hice durante un tiempo a trav&eacute;s de mi blog, pero soy tan desordenado y disperso que me cuesta mucho culminar proyectos. Soy lector de dietarios, me apasionan. El &uacute;ltimo que me conmovi&oacute; ha sido el de H&eacute;ctor Abad Faciolince. Me sent&iacute; reflejado en muchos momentos. Y s&iacute;, he empezado la continuaci&oacute;n de <em>Cari&ntilde;ena</em>: mis seis meses de camarero de bingo cuando iba a ser padre, con apenas 21 a&ntilde;os, entre octubre de 1980 y abril de 1981. Ando con ello y quiero que sea tambi&eacute;n una peque&ntilde;a historia de esa &eacute;poca, y un viaje a mi propia memoria, cuando apenas ten&iacute;a donde caerme muerto. El d&iacute;a que naci&oacute; mi hijo Daniel, se acababa mi contrato y me mandaron a la calle.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo; El periodismo ense&ntilde;a a mirar el mundo, a ser cr&iacute;ticos&rdquo;</strong></p>
<p>- En estos tiempos dif&iacute;ciles que vivimos, &iquest;debe ser el periodismo, adem&aacute;s de un canal de informaci&oacute;n, un instrumento de denuncia?</p>
<p>- M&aacute;s que nunca. El periodismo es una tentativa constante de intentar decir lo que pasa desde la verdad, que siempre admite matices e interpretaciones, pero no manipulaciones, falsedades o infamias. Y si observas eso, si cultivas la honestidad, la denuncia sale porque es un mundo sumamente injusto. Lo vemos en la pandemia: importan m&aacute;s las trifulcas de partido que el deseo de solucionar los problemas de la gente en lo esencial como es el miedo, la muerte, el desamparo, la absoluta incertidumbre. El periodismo ense&ntilde;a a mirar el mundo, a ser cr&iacute;ticos, y si eres honesto la denuncia y la cr&iacute;tica salen solas.</p>
<p>- &iquest;D&oacute;nde acaba la libertad del articulista que trabaja para un medio p&uacute;blico?</p>
<p>- Uno de los principales problemas es que ahora se han instalado m&aacute;s que nunca diversas censuras. Hay muchos periodistas que quieren hacer bien su trabajo con responsabilidad y libertad, y se arriesgan. Y son los m&aacute;s. Pero la censura ahora llega de muchos frentes: de tu propio medio, del Gobierno, de la publicidad. Un periodista, ante todo, se debe a la informaci&oacute;n y al respeto a sus lectores. Espa&ntilde;a se ha empobrecido y retrocede en &aacute;mbitos de libertad y tolerancia, y por ello tambi&eacute;n se resiente la profesi&oacute;n.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Hemos hecho el mundo m&aacute;s estrecho y m&aacute;s reaccionario&rdquo;</strong></p>
<p>- Especialmente en algunas manifestaciones art&iacute;sticas, y al contrario de lo que pudiera parecer, la censura sigue existiendo.</p>
<p>- Hemos hecho el mundo m&aacute;s estrecho y m&aacute;s reaccionario. Las conquistas de la libertad de expresi&oacute;n que se consiguieron en la primera transici&oacute;n se est&aacute;n viniendo abajo. Todo el mundo se siente agredido por algo. Y no eso: tenemos que ganar en libertad y no ser prisioneros de la suspicacia, de lo pol&iacute;ticamente correcto y de la intolerancia.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; es lo m&aacute;s gratificante de un oficio -a veces, ingrato- como el periodismo?</p>
<p>- Aprendes a diario y debes estar en alerta. El mundo no se para jam&aacute;s y la informaci&oacute;n tampoco. Siempre aparece algo o alguien que te conmueve y quieres contar.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; reto tiene pendiente en este campo?</p>
<p>- Ha cambiado tanto nuestro oficio, se tiene que trabajar tan deprisa, que ahora lo que me gustar&iacute;a es recuperar tiempo y sosiego para que la calidad de los textos sea impecable. Me gustar&iacute;a intentar escribir textos que pudiese leer alguien dentro de un siglo o dos. Y me gustar&iacute;a editar algunas de las series de verano de personajes que he publicado. Aprendo todos los d&iacute;as de los j&oacute;venes, y me doy cuenta de cu&aacute;nto me falta por llegar. Intento seguir en el camino cargado de ilusiones y de curiosidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Creo que me han faltado lectores&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; balance hace de su trabajo period&iacute;stico y literario despu&eacute;s de tantos a&ntilde;os?</p>
<p>- Nunca se est&aacute; contento con lo que se hace. A veces, repaso mi obra, lo que he escrito, y me doy cuenta de que he hecho muchas cosas con entrega, con pasi&oacute;n y con placer. Que he disfrutado y que he buscado belleza y emoci&oacute;n. Creo que he escrito dos libros de cuentos aceptables, <em>El testamento de amor de Patricio Julve</em> y <em>Golpes de mar,</em> los dos han tenido varias ediciones y aparecieron en Destino, me retrata mi novela corta <em>Cari&ntilde;ena, </em>en proceso de adaptaci&oacute;n al cine, y hay algunas p&aacute;ginas bonitas en mis poemarios <em>Seducci&oacute;n</em> y <em>El musgo del bosque</em>, en <em>Mujeres so&ntilde;adas</em> y <em>El dibujante de relatos</em>, etc. Y me ha gustado mucho escribir literatura infantil y juvenil, especialmente <em>El tango de Doroteo.</em> El balance para m&iacute; es bueno, ha sido muy provechoso, pero pienso sinceramente que lo mejor est&aacute; por llegar. O al menos me hago esa ilusi&oacute;n. Y, como me dijo Manuel Vilas tras publicar el libro de Lou Reed, creo que me han faltado lectores. Pero eso creo que lo dir&iacute;a cualquier escritor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 26 Oct 2020 07:53:08 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA publica un texto inédito de Joaquín Carbonell sobre Labordeta]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-publica-un-texto-inedito-de-joaquin-carbonell-sobre-labordeta/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2020/JOAQU_N_CARBONELL_Y_JOS_ANTONIO_LABORDETA500.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;<strong>L</strong><strong>a revista recibi&oacute; el original poco antes de que el cantautor turolense recientemente fallecido ingresara en la UCI</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;<strong>En el art&iacute;culo se rinde homenaje a la labor musical del autor del &ldquo;Canto a la libertad&rdquo;</strong></p>
<p>La revista cultural TURIA publica en su nuevo n&uacute;mero, que se distribuye este pr&oacute;ximo mes de noviembre en Espa&ntilde;a y otros pa&iacute;ses, un sumario con interesantes textos in&eacute;ditos elaborados por conocidos escritores y otros protagonistas de la actualidad cultural. Entre ellos, TURIA publica un sugerente y emotivo art&iacute;culo que hab&iacute;a encargado al cantautor Joaqu&iacute;n Carbonell sobre Labordeta y en el que realiza una personal aproximaci&oacute;n a la trayectoria musical del autor del &ldquo;Canto a la libertad&rdquo;.</p>
<p>Se trata de un texto original que Carbonell envi&oacute; a TURIA poco antes de su ingreso en la UCI del Hospital Cl&iacute;nico y con el que la revista quer&iacute;a rendir homenaje a Jos&eacute; Antonio Labordeta cuando este a&ntilde;o se cumple el d&eacute;cimo aniversario de su muerte. La iniciativa fue muy bien acogida por el tambi&eacute;n cantante y escritor pero, desgraciadamente, el coronavirus acab&oacute; con la vida de Carbonell y ese texto que escribi&oacute; sobre su gran amigo y maestro tendr&aacute; car&aacute;cter p&oacute;stumo.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>LABORDETA: LA VOZ DE UN PUEBLO</strong></p>
<p>Bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Labordeta: la voz de un pueblo&rdquo;, Joaqu&iacute;n Carbonell describe y analiza la trayectoria de Jos&eacute; Antonio Labordeta en el mundo de la m&uacute;sica. De sus inicios nos recuerda c&oacute;mo, en septiembre de 1968 y ejerciendo como profesor de historia en el Instituto Ib&aacute;&ntilde;ez Mart&iacute;n de Teruel, a Labordeta le lleg&oacute; la oportunidad de grabar su primer disco. Ten&iacute;a cuatro canciones: &ldquo;R&eacute;quiem por un peque&ntilde;o burgu&eacute;s&rdquo;. &ldquo;Los le&ntilde;eros&rdquo;, &ldquo;Los masoveros&rdquo; y &ldquo;Las arcillas&rdquo;, &ldquo;la m&aacute;s natural e interesante de las cuatro&rdquo;, seg&uacute;n Carbonell.</p>
<p>En el art&iacute;culo se nos recuerda c&oacute;mo las canciones de Labordeta eran &ldquo;el fruto de un esfuerzo que nac&iacute;a de la observaci&oacute;n y los viajes por ese Teruel interior y profundo, ese Teruel desolado&rdquo;. Fue Jos&eacute; Sanch&iacute;s Siniesterra quien le sugiri&oacute; escribir sus propias canciones y pronto Labordeta descubri&oacute; que &ldquo;componer consist&iacute;a en traer a la guitarra exactamente lo que suced&iacute;a a nuestro alrededor, acompasado con el dibujo de los paisajes y los sonidos de la gente. Si es eso, no es dif&iacute;cil, se dijo el aprendiz de vate, el aspirante a emular aquellos grandes versos llegados de Francia en la voz de Paco Ib&aacute;&ntilde;ez, o el lirismo de ese chico catal&aacute;n que en su propia lengua relata la muerte de su abuelo, es decir, Serrat&rdquo;.</p>
<p>Si Labordeta encontr&oacute; pronto &ldquo;no s&oacute;lo un camino, sino una voz&rdquo;, Carbonell confirma que la verdadera consagraci&oacute;n aragonesa y espa&ntilde;ola le lleg&oacute; con su primer LP: &ldquo;Cantar i callar&rdquo;. Era el suyo un lenguaje sencillo, directo y eficaz y en ese disco encontraremos ya canciones que dieron a su compositor un perfil m&aacute;s universal porque sus letras aparentemente locales trascend&iacute;an fronteras y comportamientos: &ldquo;el emigrante aragon&eacute;s que escog&iacute;a Badalona o Valencia como destino a su desesperaci&oacute;n, era el mismo que el gallego, el andaluz o el extreme&ntilde;o. Las mismas gentes con distintos idiomas, con ropajes distintos, a los que mov&iacute;a exactamente la misma incertidumbre, el mismo miedo&rdquo;.</p>
<p>Subraya Carbonell &ldquo;inagotable capacidad para retratar paisajes y paisanajes&rdquo; que pose&iacute;a Labordeta y c&oacute;mo, entre 1974 y 1979, grabar&iacute;a un disco por a&ntilde;o. Fueron tiempos en los que los cantautores vivieron un momento dulce: &ldquo;Entre esos discos se encuentran joyas como &lsquo;Rosa, rosae&rsquo;<em>, &lsquo;</em>Qui&eacute;n te cerrar&aacute; los ojos&rsquo; o &lsquo;Albada&rsquo;<em>,</em> esta &uacute;ltima, todo un s&iacute;mbolo de la esencia aragonesa, de la forma de ser, que nadie como Labordeta ha sabido describir. En estos versos se condensa toda una filosof&iacute;a que retrata esa amargura, que consiste en saber que un d&iacute;a u otro tendr&aacute;s que tomar el camino del exilio. Son los sinos indiscutibles de algunos pueblos: emigrar&rdquo;.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>F&Oacute;RMULAS PARA PONER AL P&Uacute;BLICO DE PIE</strong></p>
<p>Tambi&eacute;n se nos dir&aacute; en el art&iacute;culo que Labordeta descubri&oacute; desde sus comienzos que existen tres f&oacute;rmulas irresistibles que lograban poner al p&uacute;blico de pie. La primera, que el espectador disfruta con las canciones de amor a la tierra. Tambi&eacute;n que, como ocurre con su c&eacute;lebre &ldquo;Canto a la libertad&rdquo;, el p&uacute;blico se entusiasma con aquellos temas que animan a levantar el &aacute;nimo, &ldquo;a seguir en la lucha contra la dictadura o&hellip; contra los infortunios de un sistema que por esencia se olvida de los m&aacute;s d&eacute;biles&rdquo;. Y, sobre todo, Labordeta comprobar&iacute;a cada vez que se subi&oacute; a un escenario que a la audiencia, tanto en Arag&oacute;n como fuera de &eacute;l, le gustaba su interpretaci&oacute;n somarda, ir&oacute;nica, burlona de la realidad&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Cuenta Carbonell que si los a&ntilde;os 70 fueron los a&ntilde;os de mayor repercusi&oacute;n social de los cantautores, la d&eacute;cada de los 80 produjo un cambio radical de costumbres, usos y culturas y se consagra un predominio del divertimento. Se colocar&iacute;a entones a los cantautores el cartel de pasados de moda y cargantes. Esa coyuntura ocasion&oacute; que muchos profesionales colgaran la guitarra sin remedio. Labordeta tambi&eacute;n soport&oacute; de mala manera el vendaval e intent&oacute; reinventarse con la actividad period&iacute;stica, con colaboraciones en radio y televisi&oacute;n. Lleg&oacute; incluso a instalarse en Madrid y jug&aacute;rsela a todo y nada: El modelo m&aacute;s celebrado en esa &eacute;poca fue Joaqu&iacute;n Sabina, &ldquo;un hombre que intuy&oacute; lo que llegaba y cre&oacute; una canci&oacute;n centrada en el amor personal, antes que en los asuntos sociales. El propio Labordeta lo confes&oacute; sin remilgos: &ldquo;He pasado de atender los temas de los dem&aacute;s a fijarme m&aacute;s a fondo en m&iacute; mismo&rdquo;.</p>
<p>Pero Labordeta no era Sabina y el intento de emular su f&oacute;rmula de &eacute;xito no funcion&oacute; y las ventas de sus discos no remontaban el vuelo. As&iacute;, por ejemplo, en 1989 invierte su dinero en producir &ldquo;Trilce&rdquo; pero el disco pasa desapercibido en Espa&ntilde;a. Al a&ntilde;o siguiente tomar&iacute;a la decisi&oacute;n de despedirse oficialmente: &ldquo;&Eacute;l mismo me llam&oacute; para comunicarme la noticia: &lsquo;Joaqu&iacute;n, que me despido, Me voy de este tinglado donde no estoy a gusto. Dar&eacute; un concierto en la plaza del Pilar y si puedes me acompa&ntilde;as&rsquo;. As&iacute; se hizo ante una multitud que se acerc&oacute; a agradecer a &ldquo;su cantante&rdquo; los a&ntilde;os de dicha y melod&iacute;as que les hab&iacute;a regalado durante toda su juventud&rdquo;, recuerda Carbonell en TURIA.</p>
<p>Sin embargo, afortunadamente Labordeta sigui&oacute; el consejo de Paco Ib&aacute;&ntilde;ez y volvi&oacute; a sus or&iacute;genes. A tomar la guitarra y a regresar a los peque&ntilde;os pueblos en solitario, sin m&uacute;sicos. Cree Carbonell que esa decisi&oacute;n fue eficaz y terap&eacute;utica: &ldquo;Labordeta se reconcili&oacute; consigo mismo y con el p&uacute;blico que siempre le acompa&ntilde;&oacute;. Volvi&oacute; a cantar sin esfuerzo, sin compromiso, sin la responsabilidad de mantener ese tinglado que se le hab&iacute;a ido de las manos. Por placer&rdquo;</p>
<p>Concluye Carbonell su art&iacute;culo afirmando que Labordeta goz&oacute; durante sus &uacute;ltimos a&ntilde;os de una etapa inolvidable &ldquo;al aceptar mi propuesta para formar una caravana modesta con la que ofrecer el repertorio de los tres cantautores: La Bullonera, Carbonell y Labordeta. Volver a los or&iacute;genes, a aquellos conciertos multitudinarios donde reinaba el buen humor y el afecto que desprend&iacute;a el p&uacute;blico era palpable. Grabamos un disco en directo en octubre de 2006, en la sala Multiusos, <em>Cantautores en directo</em>, que conten&iacute;a tambi&eacute;n un DVD, como un regalo a las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes que nunca presenciaron ese tipo de actos, esos recitales que recordaban a menudo sus padres. Recorrimos numerosos pueblos y ciudades de Arag&oacute;n y algunas de Espa&ntilde;a. Volvimos a perge&ntilde;ar otro disco de nueva composici&oacute;n, con el t&iacute;tulo sugerido por &eacute;l <em>Vaya tres</em>, que se gan&oacute; un subt&iacute;tulo desenfadado y sonoro como <em>Los tres terrore</em>s, a imitaci&oacute;n de los tenores famosos. Fue, esta, probablemente, la etapa m&aacute;s confortable y divertida de su amplia carrera&rdquo;. Sin duda, Labordeta disfrut&oacute; de sus compa&ntilde;eros y de la gente, los pas&oacute; muy bien y, al menos, pudo despedirse con alegr&iacute;a.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 26 Oct 2020 07:30:57 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La mirada de Ángel Guinda a la vida]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-mirada-de-angel-guinda-a-la-vida/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2020/Octubre/guinda500.jpg" alt="" /></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>&nbsp; &Aacute;ngel Guinda es uno de los poetas que ha ido dejando una trayectoria de gran sensibilidad, uno de esos poetas que al leer sus versos parece que ya te comunicas con el hombre afable y bueno que lleva dentro.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Ahora llega <em>Los deslumbramientos</em> <em>seguido de Recapitulaciones</em>, editado por Olifante, una editorial que ha ido dejando su sello en muchos poetas con el esmero y el cuidado de sus libros accesibles y bien editados, de la mano de Trinidad Ru&iacute;z Marcell&aacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; <em>Los deslumbramientos</em> se convierten en destellos donde vive el verso, una luz germinal que encuentra su propio espejo. En el poema &ldquo;Las desapariciones&rdquo; ya vemos ese caminar a la muerte, nuestro &uacute;nico sendero tras el tr&aacute;nsito vital, el poeta lo dice con la certeza de su madurez, de su paso cierto ante la vida.</p>
<p>&ldquo;La vida es nuestra. / Nosotros somos de la muerte./ (Cuando la vida se va como un borr&oacute;n / el sol se esparce como un huevo roto) / A cada uno acallar&aacute; el silencio, / arrasar&aacute; el olvido a cada uno. / &iquest;Desaparecer&aacute; todo lo aparecido? / As&iacute; fue, as&iacute; es, as&iacute; ser&aacute;&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Envueltos en la madeja de la tela del tiempo, somos solo seres ef&iacute;meros, que vamos caminando a la muerte sin remisi&oacute;n. En la sencillez de los versos hay tambi&eacute;n un destello de ese tiempo que se va y que nos recuerda al Cernuda&nbsp; de &ldquo;Donde habite el olvido&rdquo;, seremos solo huellas que el tiempo borrar&aacute; y cuando ya nadie pronuncie nuestros nombres, todo lo envolver&aacute; el silencio definitivo.</p>
<p>&nbsp; &Aacute;ngel Guinda sabe que toda presunci&oacute;n es vana, somos seres en derrota, que nos creemos todo pero que en el fondo no somos nada, como dice muy bien en el poema &ldquo;La sencillez&rdquo;:</p>
<p>&ldquo;Nos creemos colosos. / &iexcl;Somos insignificantes! / Tenemos esta vida en alquiler&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; No nos pertenece nada, porque en el fin el contrato se termine y volvemos a la nada de donde vinimos, lo que me recuerda al poema &ldquo;Lo fatal&rdquo; de Rub&eacute;n Dar&iacute;o, donde expresa esta realidad que nos amenaza:</p>
<p>&ldquo;Dichoso el &aacute;rbol que es apenas sensitivo / y m&aacute;s la piedra dura, porque esa ya no siente/ Pues dolor m&aacute;s grande que el dolor de ser vivo / ni mayor pesadumbre que la vida consciente&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; La vida va tejiendo en sus hilos nuestro ser, nuestra capacidad de amar pero el dolor est&aacute; siempre presente y nos persigue hasta el final de nuestros d&iacute;as. Lo sabe bien &Aacute;ngel Guinda porque los deslumbramientos son tambi&eacute;n certezas, como la familia (en el poema del mismo t&iacute;tulo), que ya no es aquel primer fogonazo de luz de la ni&ntilde;ez, que todo lo descubre y nos hace felices, como nos recordaba en su poes&iacute;a Francisco Brines, sino un quejido, una fractura, una huella en la derrota:</p>
<p>&ldquo;&iexcl;Hasta lo m&aacute;s compacto acaba disgreg&aacute;ndose!&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Y el desencanto que late en el libro, que se respira en sus hojas, al pasarlas vamos viendo una vida, un hombre que ya sabe que el espejo que le mira le dice verdades, ya no hay sue&ntilde;os a los que aferrarse. En el poema &ldquo;Espejismo&rdquo;, Guinda ya sabe que est&aacute; al otro lado, donde ya no hay quimeras, sino certezas de un tiempo que quema en las manos:</p>
<p>&ldquo;Yo so&ntilde;aba de joven / con un mundo mejor. / (El sue&ntilde;o no se hizo realidad)&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp; El poema termina con ese eco que le dice que jam&aacute;s alcanzar&aacute; el mundo so&ntilde;ado, al igual que el poema titulado &ldquo;El viejo&rdquo;, donde este ya no espera nada de nadie. La vida ha ido abriendo grietas, fisuras, que nos hacen m&aacute;s fr&aacute;gil, nos vamos preparando hacia la nada que es la muerte.</p>
<p>&nbsp; En las recapitulaciones nos deja consejos, advertencias, miradas a la vida que va cediendo en su paso inexorable hacia el final.</p>
<p>&nbsp; Todo el libro asume esa condici&oacute;n, el poeta ya est&aacute; en el reverso de la vida y consciente de ello nos regala un testimonio que se hace luz y sombra cuando leemos sus versos. Guinda nos abre una ventana al tiempo y sabe que este ya se va cumpliendo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; A trav&eacute;s del libro navegamos hacia ese espacio donde la luz se hace sombra y el ni&ntilde;o que fue ya ha dejado sus sue&ntilde;os en la nada del tiempo. Un libro donde la emoci&oacute;n est&aacute; siempre presente porque late en versos verdaderos. <em>Los deslumbramientos</em> son los destellos que han dejado en el poeta una luz que siempre contiene sombras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&Aacute;ngel Guinda, <em>Los deslumbramientos. Recapitulaciones</em>, Zaragoza, Olifante, 2020.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 13 Oct 2020 10:07:17 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tres nuevos cuentos cortos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/tres-nuevos-cuentos-cortos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2020/Octubre/EVE_FERRIOLS500.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Como una vieja Sherezade</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Una noche m&aacute;s obligada a inventar una nueva historia que le permitir&aacute; seguir viviendo. Sobre un papel, lentamente, inicia un relato cuyo inter&eacute;s prolongar&aacute; unas horas m&aacute;s su vida. Resistir el v&eacute;rtigo, sostenida por la fiebre de encontrar un final aceptable para el enigma planteado.</p>
<p>Como una vieja Sherezade que cada madrugada se enga&ntilde;a, ya solo a si misma, aplazando el destino que tiene adjudicado, desafiando la necesidad con el deseo, resistiendo, refugiada en un papel, la certeza de que ser&aacute; finalmente abatida. Alcanzar el amanecer es la victoria. No hay m&aacute;s recompensa que el j&uacute;bilo de quien siendo peque&ntilde;o ha logrado parecer fuerte.</p>
<p>No hay misterios que desvelar, solo la alegr&iacute;a de saberse diestro en el juego, de saber amagar contra la parte m&aacute;s oscura de uno mismo. Como el ni&ntilde;o que es feliz ganando con trampas sus partidas solitarias. Enga&ntilde;ar al enga&ntilde;o en el que, sin salida, nos sumerge el tiempo.</p>
<p>Poder mirarse al espejo sabiendo que queda siempre por levantar otro velo y descubrir algo nuevo, quiz&aacute;s una sorpresa, en el rostro cansado que ve todos los d&iacute;as.</p>
<p>No ha sido capaz de encontrar m&aacute;s que cuentos para escapar del presente inexorable, en el que cada noche, como un tit&aacute;n, tiene que abrir un par&eacute;ntesis.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Horizonte</strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p>Instintivamente volvi&oacute; a acercarse a la ventana y a mirar la pared que era su horizonte constante desde que se mud&oacute; a aquel piso. Encendi&oacute; el pen&uacute;ltimo cigarro de la tarde, llevaba seis meses viendo cada d&iacute;a ese muro que, en un primer momento, no imagin&oacute; que pudiera llegar a convertirse en una presencia continua. Hab&iacute;a llegado a conocer cada uno de los cambios de color que a lo largo del d&iacute;a la luz iba dibujando en la pintura gris, cada sombra producida por las antenas de los tejados vecinos al interponerse en el camino del sol, y el lugar exacto en el que aparecer&iacute;an las manchas de humedad los d&iacute;as de lluvia seg&uacute;n soplara el viento.</p>
<p>Incomprensiblemente, su casa estaba construida frente a la pared medianera de otro edificio en lugar de pegada a &eacute;l; nadie parec&iacute;a conocer la raz&oacute;n.</p>
<p>Pasaba horas en su ventana como si en lugar de un muro pudiera ver la ciudad entera desde su casa. El desinter&eacute;s acerca de las vidas de los dem&aacute;s, de nada que no fueran sus densos recuerdos, hac&iacute;a que el panorama le resultara tan atractivo como el que hubiera podido contemplar desde el &aacute;tico m&aacute;s caro de la ciudad.</p>
<p>Cerca de los setenta, y habiendo viajado por el mundo le bastaba aquella pared para consumir su tiempo mir&aacute;ndola. Lo que casi todos considerar&iacute;an aburrimiento era para ella un privilegio y agradec&iacute;a intensamente la falta de deseo que la alejaba del resto del mundo, estaba cansada y solo necesitaba peque&ntilde;as comodidades y vecinos discretos. Hab&iacute;a decidido ocultarse de todos aquellos a quienes hab&iacute;a conocido y casi olvidado.</p>
<p>Algunas veces tambi&eacute;n miraba sus manos, que se iban haciendo extra&ntilde;as, cada vez m&aacute;s, eran las manos de una vieja. Recordaba el tiempo en el que la vejez parece que no vaya a alcanzarte nunca, como la enfermedad o la muerte, el tiempo en el que miras al mundo con ojos altivos y a los adultos con condescendencia, y de pronto, casi sin aviso previo, all&iacute; estaba. Ya era como ella recordaba a su abuela, las mismas arrugas, las manchas en la piel, las canas, un ligero temblor en la voz... No ten&iacute;a espejos en la casa, solo se pod&iacute;a ver de pasada reflejada en los cristales de la ventana, no quer&iacute;a sentirse obligada a llevar la cuenta de los desperfectos. En cambio, por las noches contemplaba su sombra proyectada en el muro por el flexo de su mesa. Su sombra apenas hab&iacute;a cambiado, en ella s&iacute; se reconoc&iacute;a, reconoc&iacute;a la imagen en negro de sus dedos largos, el movimiento de su pelo al levantar la cabeza, sus gestos con el brazo mientras fumaba... Durante unos minutos recuperaba la seguridad que, durante a&ntilde;os, le dio su belleza y que al final hab&iacute;a resultado tan in&uacute;til como todo lo dem&aacute;s. Jugaba un rato sabiendo que alg&uacute;n vecino pod&iacute;a observar sus juegos, beb&iacute;a unas copas, algunas noches bailaba un poco y cuando se cansaba apagaba la luz. El d&iacute;a siguiente volver&iacute;a a ser igual, horas que pasan sin traer novedades, la vida siguiendo su curso fuera, sin llegar a salpicarla, mientras ella no la miraba a trav&eacute;s de su ventana. Estaba segura de que no le quedaba nada por hacer y comenzaba a pensar que un d&iacute;a, cuando se cansara de contemplar ese gris incesante, se decidir&iacute;a a abrir la ventana y salir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>&iquest;C&oacute;mo puedo excusarme yo por no ser capaz de no leerlas?</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Qu&eacute; agradable resulta olvidar qui&eacute;n eres y disfrazarte con la piel de otro; aunque ese otro no sea mucho m&aacute;s afortunado que t&uacute;. La tristeza que siento al leer sus cartas no es la m&iacute;a y, por ello, resulta m&aacute;s soportable. &iexcl;Pobre hombre! Despu&eacute;s de los cuarenta, uno ya no deber&iacute;a sentir ciertas cosas. Y menos a&uacute;n escribir sobre ellas.</p>
<p>&iquest;Pero c&oacute;mo hubiera podido adivinar que la fr&iacute;a admiraci&oacute;n de los eruditos acabar&iacute;a public&aacute;ndolas?</p>
<p>&iquest;C&oacute;mo puedo excusarme yo por no ser capaz de no leerlas?</p>
<p>Me conmueve su amor en vilo, pendiente del correo, de barcos que cruzaban el Atl&aacute;ntico y trenes que atravesaban Europa. No quiero llegar al final porque s&eacute; que, a pesar del esfuerzo y el amor convertidos en miles de palabras, esa pasi&oacute;n cay&oacute; derrotada y se hundi&oacute; en amargura y dolor para &eacute;l, y casi en indiferencia para ella.</p>
<p><em>Otras en su lugar se hubieran sentido afortunadas.</em></p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 13 Oct 2020 10:02:18 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El sol del más allá y  El reflujo de los sentidos ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-sol-del-mas-alla-y-el-reflujo-de-los-sentidos/</link>
      <description><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas20/octubre/ANA_BLANDIANA_4.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="center">Traducci&oacute;n y nota previa de Viorica Patea y Natalia Carbajosa</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>Ana Blandiana (n. 1942), poeta de excepci&oacute;n, es una figura legendaria de la literatura rumana, en la que ocupa un lugar comparable al de Anna Ajm&aacute;tova o Vaclav Havel en las letras rusas o checas. Destacada opositora al r&eacute;gimen de Ceau?escu, Blandiana forma parte del grupo de escritores que concibieron su vocaci&oacute;n literaria como la de ser testigos de su tiempo y la literatura como una forma de resistencia moral.</p>
<p>Autora de catorce libros de poes&iacute;a, dos vol&uacute;menes de relatos fant&aacute;sticos, nueve de ensayos y una novela, es la poetisa rumana actual m&aacute;s internacional. De su obra se han traducido hasta la fecha sesenta y nueve libros a veinticuatro lenguas.</p>
<p>Despu&eacute;s de 1989, Blandiana reorganiz&oacute; el PEN Club rumano. Adem&aacute;s de haber recibido numerosos galardones literarios, nacionales e internacionales, en 2009, Blandiana fue condecorada con la m&aacute;s alta distinci&oacute;n de la Rep&uacute;blica Francesa, la<em> </em>L&eacute;gion d&rsquo;Honneur por su contribuci&oacute;n a la cultura europea y su lucha contra la injusticia. El Departamento de Estado de EE.UU le ha concedido el Premio Mujeres Rumanas Valientes (2014).</p>
<p>Ana Blandiana es Ciudadana de Honor de cuatro ciudades de Ruman&iacute;a: <em>Sighet, Boto?ani, Timi?oara y Oradea, y ha recibido el Doctor Honoris Causa de la Universitatea de Vest, Timi?oara (2014) y de la Universidad de Cluj (2015). Desde 2012, se celebra anualmente el Festival Nacional Ana Blandiana para la Creaci&oacute;n e Interpretaci&oacute;n (FAB), bajo los auspicios del Ministerio de Educaci&oacute;n y el Consejo de Ense&ntilde;anza Media de Braila.</em></p>
<p><em>Ana Blandiana ha sido nominada para el premio Poeta Europeo de la Libertad (2016) por su libro de poemas Mi Patria A4 (2010, publicado por Pre-Textos 2015).</em></p>
<p>De naturaleza rom&aacute;ntica, contemplativa y visionaria, su poes&iacute;a aspira hacia un lirismo de las esencias y cultiva un tono sincero y espont&aacute;neo de inflexiones metaf&iacute;sicas. Su po&eacute;tica, basada en el sentimiento tr&aacute;gico de la existencia, se perfila como un arte que revela a la vez que esconde los significados de las cosas.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Los dos vol&uacute;menes <em>El Sol del m&aacute;s all&aacute;</em> (2000) y <em>El reflujo de los sentidos</em> (2004) nacen de la &eacute;poca de efervescente activismo c&iacute;vico de la autora posterior a la Revoluci&oacute;n de 1989 y a su subsiguiente desilusi&oacute;n, al ver c&oacute;mo los principios &eacute;ticos eran cada vez m&aacute;s arrinconados en las agendas pol&iacute;ticas de todos los partidos. Asumi&oacute; su destino solitario, el de ser una Casandra que no renuncia a formular en alto las verdades fundamentales de la existencia, incluso cuando resultan inc&oacute;modas o impopulares.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Fluyo, fluyo</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Soy el primer hombre que envejece</p>
<p>Bajo el sol de estos cielos ardientes.</p>
<p>Solo descubro,</p>
<p>Sin ayuda de nadie,</p>
<p>Este enorme asombro</p>
<p>De un cuerpo que, aun siendo m&iacute;o,</p>
<p>Se ha quedado atr&aacute;s,</p>
<p>Como una orilla asolada,</p>
<p>Mientras que yo fluyo,</p>
<p>Fluyo sobre el mar</p>
<p>Hasta que dejo de verme.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Prendidos en las ramas</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Prendidos en las ramas,</p>
<p>Algunos casi secos,</p>
<p>Otros comenzando a madurar,</p>
<p>Pero todos con los vestidos ajados,</p>
<p>De estambre,</p>
<p>Y las alas enredadas en el viento.</p>
<p>Hace tiempo que dejaron de intentar soltarse</p>
<p>Y caer,</p>
<p>Como sabiendo</p>
<p>Que m&aacute;s abajo existen otras ramas</p>
<p>En las que se marchitan</p>
<p>Otros &aacute;ngeles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Dos cruces</strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p>T&uacute; fuiste mi cruz</p>
<p>Alta y delgada,</p>
<p>Capaz de crucificarme</p>
<p>Viga sobre viga.</p>
<p>Yo he sido tu cruz</p>
<p>Ni&ntilde;a</p>
<p>Reflejada en el espejo.</p>
<p>El mismo movimiento</p>
<p>Para el abrazo y</p>
<p>La crucifixi&oacute;n,</p>
<p>Para el novio</p>
<p>Y la novia.</p>
<p>Deja que el tiempo</p>
<p>fluya dos veces,</p>
<p>Desde el ocaso y desde el alba,</p>
<p>Para uno y para otro,</p>
<p>Para que se nos asemeje</p>
<p>Y, sombr&iacute;o, nos</p>
<p>cubra de flores.</p>
<p>Entre las que miraremos hacia el cielo</p>
<p>Adornado con dos cruces gemelas:</p>
<p>Una de ellas, de sombra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>El nav&iacute;o de los poetas </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los poetas creen que es un nav&iacute;o</p>
<p>Y se embarcan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dejadme subir al nav&iacute;o de los poetas</p>
<p>Que avanzan por las olas del tiempo</p>
<p>Sin mecer su m&aacute;stil</p>
<p>Y sin tener que moverse</p>
<p>(Pues el tiempo se mueve alrededor</p>
<p>Cada vez m&aacute;s r&aacute;pido.)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los poetas esperan y declinan dormir,</p>
<p>Se niegan a morir,</p>
<p>Para no perderse ese &uacute;ltimo instante</p>
<p>Cuando el barco se separe de la orilla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero &iquest;qu&eacute; es la eternidad</p>
<p>Sino este nav&iacute;o de piedra,</p>
<p>Esperando con obstinaci&oacute;n</p>
<p>Algo que nunca suceder&aacute;?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Lamento </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es dif&iacute;cil estar sola</p>
<p>Con los dem&aacute;s, amargura</p>
<p>En las hojas, su color nuevo</p>
<p>Se apaga mientras caen</p>
<p>Y bajo los rancios muros encalados</p>
<p>Asoman las muecas de antes de la guerra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo peor deja arena en los dientes,</p>
<p>Lo mejor fermenta rimas agrias,</p>
<p>Me es dif&iacute;cil estar sola</p>
<p>E incluso m&aacute;s en medio de la gente,</p>
<p>Me es dif&iacute;cil callar</p>
<p>Y m&aacute;s dif&iacute;cil a&uacute;n gritar</p>
<p>Una verdad hecha a&ntilde;icos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero, sobre todo, tengo miedo y me es dif&iacute;cil</p>
<p>Arrastrar a Dios</p>
<p>De regreso al cielo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Estos poemas forman parte de los libros <em>El sol del m&aacute;s all&aacute; </em>y <em>El reflujo de los sentidos</em>, de pr&oacute;xima publicaci&oacute;n por la editorial Pre-Textos)</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 13 Oct 2020 06:37:02 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Echado en la cama, telefonea]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/echado-en-la-cama-telefonea/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas20/septiembre/Carbonell500.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">(Natalia Ginzburg, sobre Sandro Penna)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me va creciendo la tristeza</p>
<p>d&iacute;a a d&iacute;a</p>
<p>en mi caparaz&oacute;n de pl&aacute;stico,</p>
<p>se me refleja insomne</p>
<p>en las pupilas, en la orejas</p>
<p>y en cada paso que se ahoga en la silla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Por la ventana</p>
<p>&nbsp;&nbsp; sesgo el vaiv&eacute;n de la inmodestia</p>
<p>&nbsp;&nbsp; cada noche a las tres,</p>
<p>&nbsp;&nbsp; poco m&aacute;s o menos,</p>
<p>&nbsp;&nbsp; en que repaso el aire</p>
<p>&nbsp;&nbsp; que no remueve ni un &aacute;tomo de boca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>S&oacute;lo la paza,</p>
<p>lujosa soledad del equilibrio</p>
<p>inestable y desnudo. Ni siquiera</p>
<p>un brillo, un peque&ntilde;o destello de almohadas</p>
<p>me incita ya a escarbar un afluente. No</p>
<p>me atrae la obstinaci&oacute;n de las truchas,</p>
<p>el discurso anodino y meliloto</p>
<p>del arco iris amor azanahoriado</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Callo y esp&iacute;o</p>
<p>&nbsp;&nbsp; echado en la cama, telefoneo.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 14 Sep 2020 06:42:58 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una novela inspirada en la generación beat]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-novela-inspirada-en-la-generacion-beat/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2020/fabrellas500.jpg" alt="" /></p>
<p><em>El imposible lenguaje de la noche </em>(2020)<em> </em>es la primera novela de Joaqu&iacute;n Fabrellas (Ja&eacute;n, 1975), autor que hasta la fecha ha publicado una serie de libros de poemas &mdash;<em>Estertor en las piedras </em>(2003), <em>Oficio de silencio </em>(2003), <em>Animal de humo </em>(2005), <em>No hay nada que huya </em>(2014), <em>Rep&uacute;blica del aire </em>(2015) y <em>Metal</em> (2017)&mdash;, adem&aacute;s de la<em> plaquette Clara incertidumbre </em>(2017). A su labor creadora cabe sumar sus aportaciones cr&iacute;ticas aparecidas en importantes revistas nacionales e internacionales, a prop&oacute;sito, principalmente, de la poes&iacute;a contempor&aacute;nea en lengua espa&ntilde;ola: Juan Antonio Bernier, Francisco Ferrer Ler&iacute;n, Francisco G&aacute;lvez o Manuel Lombardo Duro, entre otros, han suscitado su inter&eacute;s. Asimismo, en la actualidad se desempe&ntilde;a como profesor de Secundaria y Bachillerato en la especialidad de Lengua Castellana y Literatura. Las tres facetas, de uno u otro modo, se vinculan con el lenguaje, un problema recurrente en su literatura que tambi&eacute;n forma parte, como veremos, de la novela que nos ocupa, avalada por el sello de Cham&aacute;n Ediciones dentro de su firme apuesta por &laquo;publicar textos de calidad literaria que muestren autores conocidos o desconocidos para el p&uacute;blico lector&raquo;, tal como especifica su p&aacute;gina web (&lt;<a href="https://chamanediciones.es/conocenos/">https://chamanediciones.es/conocenos/</a>&gt; [26/8/2020]).</p>
<p>La obra se articula a trav&eacute;s de un relato de complicada s&iacute;ntesis, compuesto como est&aacute; de fragmentos que se entrelazan, m&aacute;s o menos directamente, para constituir una trama m&uacute;ltiple. Esta implica de manera concreta a Paul Demut &mdash;&laquo;miembro de la Generaci&oacute;n Beat, cronista de la noche de Nueva York. (1933-1985)&raquo; (p. 199)&mdash;, cuya identidad constituye una de las claves que la novela encierra. En el interior descubrimos cartas, entrevistas, cr&oacute;nicas y otros documentos que se atienen a una mutua interdependencia y una cierta cohesi&oacute;n que nace, en t&eacute;rminos narrativos, de su yuxtaposici&oacute;n de acuerdo con su avance cronol&oacute;gico. A fin de unir estos documentos y llegar a construir una imagen completa del todo, ser&aacute; especialmente importante la colaboraci&oacute;n del lector.</p>
<p>A esto &uacute;ltimo contribuye la organizaci&oacute;n del conjunto del libro en torno a unas secciones determinadas: tres centrales &mdash;&laquo;El manuscrito imposible de una noche (1955-1965)&raquo;, &laquo;Vidas salvajes. Halcones de la noche (1965-1975)&raquo; y &laquo;Enterrad la ceniza (1975-1985)&raquo;&mdash; a las que se unen un pasaje introductorio de Demut, donde se percibe la voz de un hombre cansado de su propia existencia que se entrega a una &laquo;novela que nunca acaba&raquo; (p. 16), y una elocuente nota final. Esta concede una l&oacute;gica sorprendente a la serie de escenas desarrolladas a lo largo de las tres d&eacute;cadas a que aluden los t&iacute;tulos anteriores, prop&oacute;sito semejante al que cumple el primer texto de Demut, y ambos esenciales para el funcionamiento global de la obra.</p>
<p>As&iacute;, encontramos informaci&oacute;n detallada de toda una generaci&oacute;n, que es la de Demut, a trav&eacute;s de los dichos documentos. Por ejemplo, se hace al lector part&iacute;cipe del contenido de una carta de Jack Kerouac al propio Demut o de detalles &iacute;ntimos de Allen Ginsberg. Tambi&eacute;n se reproducen entrevistas a Thelonious Monk, Bill Evans, Dylan Thomas, Lou Reed o Johnny Cash o est&aacute;n presentes, de una u otra forma, Charlie Parker, Lee Krasner, Miles Davis, Andy Warhol o Norma Jean-Marilyn Monroe, pues se explora esta doble vertiente nominal. Numerosos personajes de la realidad hist&oacute;rica se filtran en la novela, donde entrar&aacute;n en contacto con los enteramente ficticios. Unos y otros refuerzan la cohesi&oacute;n del todo a partir de su aparici&oacute;n en m&aacute;s de un segmento textual, con singularidades como la de que un personaje que vive en un segundo plano una cierta escena puede pasar en otra al primero, como lo revela este t&iacute;tulo: &laquo;3.- <em>Bitches Brew </em>(Hablan las chicas que coincidieron con Antoine esa noche)&raquo; (p. 32). Un extracto interesante, adem&aacute;s, porque ejemplifica el funcionamiento general de los t&iacute;tulos de los fragmentos, importantes de cara a la orientaci&oacute;n del lector: llevan los n&uacute;meros correspondientes, consecutivos en cada parte; una denominaci&oacute;n, y normalmente un subt&iacute;tulo.</p>
<p>Tambi&eacute;n merecen atenci&oacute;n otros elementos textuales significativos, como son las citas que se insertan en unos lugares espec&iacute;ficos: una de Jack Kerouac en el umbral de la primera parte, una de Virgilio en el de la segunda y una de Roland Barthes en el de la tercera, que se encuentran precedidas de una m&aacute;s de Witold Gombrowicz. Las cuatro coadyuvan a suscitar la atm&oacute;sfera que se busca en la novela, que puede condensarse en la m&aacute;xima de recrear el ambiente cultural en que se mov&iacute;a la generaci&oacute;n <em>beat </em>y todo lo que la rodea, con lo cual debe ponerse el foco en el contexto de Nueva York y la noche, tan caracter&iacute;stico de esta como de las acciones que se hilvanan en nuestro relato. Por tanto, en consonancia con la cita que se aduce de Barthes &mdash;&laquo;La modernidad comienza con la b&uacute;squeda de una Literatura imposible&raquo; (p. 127)&mdash;, en <em>El imposible lenguaje de la noche</em> se impone la tarea de explorar v&iacute;as expresivas que difieran de modelos bien conocidos que ofrece la tradici&oacute;n literaria, como pueden ser las novelas con un narrador omn&iacute;modo a la manera decimon&oacute;nica. Fabrellas persigue una mirada caleidosc&oacute;pica, incompatible con aprehensiones &uacute;nicas de la realidad, en la estela de paradigmas como los representados por William Faulkner o John Dos Passos, entre otros.</p>
<p>No extra&ntilde;a, as&iacute; pues, que la novela se asimile a un mosaico, donde muchos personajes toman la palabra desde unas perspectivas y unos pareceres que se complementan entre s&iacute; en la reconstrucci&oacute;n que se lleva a cabo. Conviven, incluso, denominaciones de distinto cariz para id&eacute;ntico referente, como ocurre con la misma generaci&oacute;n <em>beat</em>, cuyos miembros y seguidores son designados en varias ocasiones con el despectivo nombre de <em>beatniks</em>, de amplia difusi&oacute;n durante las d&eacute;cadas en cuesti&oacute;n, como es bien sabido. Y es que no poco tiene <em>El imposible lenguaje de la noche</em> de ensayo, cuyo contenido se orienta hacia una cultura y unos protagonistas que comparten el talento y una infatigable dedicaci&oacute;n a las disciplinas en que se consagraron como artistas destacados y figuras de una &eacute;poca, en un ascenso jalonado de no escasos ni leves sufrimientos. De los m&uacute;sicos antes mencionados, baste pensar que Bill Evans muri&oacute; apenas superados los cincuenta a&ntilde;os o Charlie Parker sin haber cumplido los treinta y cinco, con sendas carreras tempranamente interrumpidas. Lo mismo podr&iacute;a decirse de otra personalidad de ese entonces, pues uno de los fragmentos se titula &laquo;Escrito en la muerte de Billie Holliday&raquo;, el cual rezuma frustraci&oacute;n y angustia: &laquo;La voz m&aacute;s bonita del mundo, eso dijeron de m&iacute;, eso dijo Sinatra de esa chiquita de cara afable que iba a comerse el mundo y aqu&iacute; me ten&eacute;is, no puedo ni recordar ninguna canci&oacute;n ahora, ninguna...&raquo; (p. 91). Son artistas que alimentan sus ideales frente a la masa social, que la novela muestra atrapada en los patrones que se le imponen e incapaz de disfrutar de una libertad propia.</p>
<p>Se desarrolla en estos t&eacute;rminos una historia impregnada de evocaciones culturales: est&aacute; la literatura, pero tambi&eacute;n la pintura &mdash;con una notable inclinaci&oacute;n por el expresionismo abstracto&mdash;, el cine o, principalmente, la m&uacute;sica. Tendr&aacute;n lugar, de hecho, en el Port Moresby, un bar y local de conciertos, algunos de los sucesos m&aacute;s agitados de la novela, incluidos significativos incidentes que se concatenar&aacute;n en interesantes intrigas, con un detective que desempe&ntilde;a un papel importante al respecto. Pasar&aacute;n all&iacute; la noche, en un clima de alcoholismo, drogadicci&oacute;n y prostituci&oacute;n, celebridades de la cultura, sobre todo escritores y m&uacute;sicos, particularmente relacionados con el <em>jazz</em>. G&eacute;nero este en torno al cual, durante toda la novela, se entreteje una tupida red de referencias que evidencian un vasto conocimiento de la materia.</p>
<p>Pero la presencia del <em>jazz</em> resulta fundamental no solo por las alusiones que recibe, sino tambi&eacute;n, entre otras razones, por una cuesti&oacute;n formal nada desde&ntilde;able que lo implica. Y es que los textos iniciales de la primera de las tres partes centrales muestran en nota al pie, nada m&aacute;s comenzar, una recomendaci&oacute;n musical que conviene escuchar mientras son le&iacute;dos, estableciendo as&iacute; una singular conexi&oacute;n con los receptores del libro. La primera de estas notas nos pone sobre aviso, y las posteriores remitir&aacute;n a los discos hom&oacute;nimos de los t&iacute;tulos, como el ya mentado &laquo;<em>Bitches Brew</em>&raquo;, o &laquo;<em>Kind of Blue</em>&raquo;, &laquo;<em>So What</em>&raquo;, &laquo;<em>In a Silent Way&raquo;,</em> etc. Al respecto, cabe decir que Fabrellas ha creado una lista de reproducci&oacute;n en la plataforma musical Spotify con las canciones de la novela, muchas alrededor del <em>bebop</em>, que est&aacute; muy presente en general: &lt;<a href="https://open.spotify.com/playlist/4YsrREr7M4sKtYoNmuRjwF?si=Yx3e-ukDT8mykrPoCGXmTQ&amp;fbclid=IwAR2qtnkUm2_rfQGeYHwqpo9OI75dT-0GG0S-0dT9Qs-ljnBW9EHYencPP7A">https://open.spotify.com/playlist/4YsrREr7M4sKtYoNmuRjwF?si=Yx3e-ukDT8mykrPoCGXmTQ&amp;fbclid=IwAR2qtnkUm2_rfQGeYHwqpo9OI75dT-0GG0S-0dT9Qs-ljnBW9EHYencPP7A</a>&gt; [26/8/2020].</p>
<p>Es m&aacute;s, ha llegado el escritor a confesarme que la obra se fundamenta, desde el punto de vista constructivo, en la idea de la improvisaci&oacute;n, aplicada en la pintura, la literatura o, como me interesa destacar ahora, el <em>jazz</em>. En virtud de esta noci&oacute;n, en el caso presente, se busca una entrega sin restricciones a la escritura, buscando liberar con ella, sobre el blanco del papel, el impulso creativo, lo cual no quiere decir que el autor no establezca con anterioridad, en mayor o menor precisi&oacute;n, lo que se propone, por ejemplo acerca del argumento. De alguna forma, a lo que aspira es a escribir como se vive y a que el pensamiento pueda desatarse en armon&iacute;a con lo que se escribe. Es una t&eacute;cnica de la que, por ejemplo, se sirvi&oacute; Kerouac, y que, como he anticipado, se relaciona con el <em>jazz</em>, tanto en el pasado como en la actualidad. As&iacute; las cosas, no sorprender&aacute; que Fabrellas tambi&eacute;n me precise, a prop&oacute;sito de <em>El imposible lenguaje de la noche</em>, una canci&oacute;n relevante en la historia del g&eacute;nero musical: <em>Solar</em>. Me se&ntilde;ala, en particular, la interpretaci&oacute;n que de ella hizo, en compa&ntilde;&iacute;a de Scott LaFaro y Paul Motian, Bill Evans para el disco <em>Sunday at the Village Vanguard</em> (1961). En esta &uacute;ltima, mejor conseguida que otras seg&uacute;n su criterio, los sonidos de los instrumentos se suceden en cadena y se re&uacute;nen al final, din&aacute;mica que no es ajena al armaz&oacute;n estructural de nuestra novela.</p>
<p>Junto a lo anterior, la improvisaci&oacute;n, como se puede esperar, tendr&aacute; una incidencia decisiva sobre el uso de la lengua. Principalmente, a modo de ecos est&eacute;ticos de la generaci&oacute;n <em>beat</em>, que tienen continuidad aqu&iacute; a trav&eacute;s de una expresi&oacute;n, con frecuencia, cruda, directa y cargada de espontaneidad y dosis de coloquialismo. Coordenadas estas desde las que se hacen abundantes alusiones al sexo, el alcohol o las drogas, en pasajes como el siguiente: &laquo;Me lo encontr&eacute;, me mir&oacute; con indiferencia, me insult&oacute;, me dijo: chulo de mierda, me gritaba que qu&eacute; hac&iacute;a por su barrio, como si la ciudad fuese suya, o esa parte infecta de la ciudad, cerca del Port Moresby, yo sab&iacute;a que ese bar era una tapadera de la pasma, pero Antoine, ni puta idea, no sab&iacute;a si jugaba a dos bandas, de todas formas, iba a darle una paliza por levantarme a mi zorra, que casi la mata de un chute y no pude sacarle durante unos cuantos d&iacute;as, el muy cabr&oacute;n, si me empieza a tocar las putas, ad&oacute;nde vamos a llegar&raquo; (p. 65). Estos se enlazan con otros m&aacute;s contenidos, sobrios, algunos de especial plasticidad: &laquo;La imagen devuelve un plano general de un interior, una ventana que se dobla sobre s&iacute; misma. Los dos amantes no saben que estamos hablando de ellos como lo estamos haciendo, est&aacute;n repletos, cansados, medio envueltos en las s&aacute;banas. Podr&iacute;an formar parte de un cuadro barroco, ser un cuadro; la luz pasa por la persiana interior medio recogida, entra a raudales, pero no molesta&raquo; (p. 69). No cabe duda, as&iacute; pues, de la atenci&oacute;n por la lengua como componente de relieves, vigor y ritmo propios. Es una realidad tan viva como los personajes, y al igual que ellos alberga muchos matices.</p>
<p>En suma, estamos ante una personal aportaci&oacute;n narrativa. En esta se consigue aquilatar la atm&oacute;sfera que antes mencionaba, y ello se une a ricas evocaciones culturales e hist&oacute;ricas y un sugestivo uso de la lengua. Adem&aacute;s, entre otras cosas, destacar&iacute;a la estructura y un valor que solo apunto: las conexiones entre ficci&oacute;n y realidad. Veremos si Joaqu&iacute;n Fabrellas prosigue en el cultivo de la novela, g&eacute;nero que se le presenta propicio para articular tramas significativas desde su habitual detenimiento en las cuestiones ling&uuml;&iacute;sticas, que atestiguan su poes&iacute;a y ahora <em>El imposible lenguaje de la noche</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Joaqu&iacute;n Fabrellas, <em>El imposible lenguaje de la noche</em>, Albacete, Cham&aacute;n Ediciones, 2020.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 04 Sep 2020 07:27:26 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Leyendas patrias]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/leyendas-patrias/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2020/Septiembre/terrones500.jpg" alt="" /></p>
<p>Esa noche, todos los televisores transmitieron la misma se&ntilde;al: en primer plano aparec&iacute;a la cara de quien muchos hab&iacute;amos alentado, solo que ya no sonre&iacute;a con suficiencia. Mostraba cierta forma de perplejidad, como si de pronto se hubiera despertado en una tierra remota, algo hostil. M&aacute;s a&uacute;n cuando en la pantalla apareci&oacute; Alberto Fujimori, el triunfador de las elecciones. Entre los gritos del p&uacute;blico y los flashes, Fujimori y Vargas Llosa declararon ante la prensa nacional y extranjera, se tomaron las manos y las alzaron en se&ntilde;al de victoria. Pocas horas despu&eacute;s el escritor subir&iacute;a al avi&oacute;n que, por fin, lo llevar&iacute;a de regreso a Europa, y abandonaba as&iacute; a los peruanos en ese sue&ntilde;o que, sin que nadie lo advirtiera, ya comenzaba a convertirse en delirio. Uno de esos delirios donde todo ser&iacute;a posible, y que nadie sabr&iacute;a c&oacute;mo contrarrestar, ni tan siquiera contar. Porque, seg&uacute;n afirman, las palabras resultar&iacute;an demasiado justas.</p>
<p>Recuerdo que subimos a la azotea con mi padre. El cielo estaba cubierto y sin estrellas, pero pudimos ver el avi&oacute;n haci&eacute;ndose cada vez m&aacute;s chiquito hasta desaparecer en el horizonte. Quisimos creer que era el avi&oacute;n que se llevaba al escritor; sin embargo, de inmediato otro avi&oacute;n surc&oacute; el cielo. Y luego otro. De hecho, nos acostumbrar&iacute;amos a ver aviones sobrevolar la superficie de ladrillos, mont&iacute;culos de arena y piedras. Parec&iacute;an ballenas repletas de n&aacute;ufragos dispuestos a comenzar desde cero, m&aacute;s all&aacute; de esa humedad que oxidaba y carcom&iacute;a sin descanso. Cuando bajamos de la azotea, todos dorm&iacute;an, no se o&iacute;a ruido alguno a no ser por las voces que sal&iacute;an de la pantalla. El comentarista vaticinaba un gran futuro para nuestro pa&iacute;s; por fin, hab&iacute;amos elegido un presidente que, con honradez, tecnolog&iacute;a y trabajo, nos sacar&iacute;a del abismo.</p>
<p>Pese a las admoniciones de mi madre &mdash;hab&iacute;a que abrir los ojos, deb&iacute;amos irnos mientras fuera posible&mdash;, mi padre decidi&oacute; que nos quedar&iacute;amos a dar batalla, hasta que uno de los dos fuese derrotado. No entend&iacute; muy bien a qui&eacute;n se refer&iacute;a. Tampoco busqu&eacute; comprenderlo. Me preocupaba m&aacute;s lo que ocurr&iacute;a en el barrio. Finalmente, hab&iacute;amos llegado a la final del campeonato interbarrial. Est&aacute;bamos ansiosos por levantar la copa, que hablaran de nosotros por todas partes; eso s&iacute;, sab&iacute;amos que iba a estar tranqu&iacute;sima. Los de San Jos&eacute;, nuestros rivales, hab&iacute;an encontrado un refuerzo inesperado. Se llamaba Perico y jugaba en los calichines de Cantolao. Lo hab&iacute;amos visto jugar en la semifinal: t&eacute;cnico, veloz y quimboso, &eacute;l solito pod&iacute;a ganarle a todo aquel que se le cruzara en el camino.</p>
<p>Si mal no recuerdo, poco despu&eacute;s, mi padre se lanz&oacute; a la construcci&oacute;n del segundo y tercer piso. Sin que &eacute;l se diera cuenta mi madre se acostumbr&oacute; a mirarlo desde el marco de la puerta. Otra vez estaba perdido en las nubes, como ella siempre dec&iacute;a, alg&uacute;n d&iacute;a por fin se estrellar&iacute;a. Mi padre apenas advert&iacute;a sus comentarios o admoniciones. Frente a &eacute;l ten&iacute;a extendidos los planos de la casa, aqu&iacute; estar&iacute;a el cuarto de los chicos; al lado, el de ambos; ac&aacute; tendr&iacute;amos un jardincito, hasta una terraza en la que podr&iacute;amos hacer parrilladas. En este mismo lugar, se&ntilde;alaba con el &iacute;ndice, acondicionar&iacute;a su consultorio particular. &iquest;Se imaginaba? Por fin, podr&iacute;a recibir a los pacientes del barrio, del distrito, de la ciudad entera. En lugar de responderle, mi madre se daba media vuelta y regresaba a sus ocupaciones.</p>
<p>Conforme pasaron los d&iacute;as, las semanas y los meses, cedimos a esa expresi&oacute;n demasiado prolongada de lo provisorio: los colchones por el suelo; el bid&oacute;n de agua para cocinar, lavarse las manos, evacuar el ba&ntilde;o; los hierros desnudos y doblados que ya empezaban a enmohecerse. En el fondo sab&iacute;amos que los obreros hab&iacute;an dejado de venir, no tanto porque el sindicato estuviera en huelga, como por falta de pago. Nadie dec&iacute;a nada, dej&aacute;bamos a mi padre partir cada ma&ntilde;ana rumbo a la cl&iacute;nica donde trabajaba. Bajo la excusa de falta de liquidez ya no le remuneraban una parte del sueldo. Lo poco que ganaba apenas nos daba para comer y cancelar las mensualidades de los colegios. Una vez que mi padre se iba mi madre guardaba los planos en el ropero. Una pel&iacute;cula de polvo recubr&iacute;a la mesa. Ella se apuraba en pasarle una esponja h&uacute;meda para que pudi&eacute;ramos posar nuestras tazas y cuadernos. Siempre hac&iacute;amos las tareas a &uacute;ltima hora.</p>
<p>Cuando comenz&oacute; la guerra con el vecino Ecuador hac&iacute;a varios d&iacute;as que los planos ya no sal&iacute;an del armario. Cada noche, frente al televisor, mi padre maldec&iacute;a, qu&eacute; carajos, por un miserable pedazo de tierra morir&iacute;an cientos. &iquest;Por qu&eacute; no regal&aacute;bamos de una vez ese terreno a los ecuatorianos? En la pantalla, aparec&iacute;a el presidente Fujimori: hablaba de valor y sacrificio. En medio de la selva m&aacute;s inh&oacute;spita, se&ntilde;alaba un mapa, indicando que se encontraban en territorio liberado de manos enemigas. All&iacute; mismo la historia levantar&iacute;a el edificio de su orgullo nacional. En el cielo oscuro los aviones Mirage sobrevolaban nuestras cabezas, haciendo sonar las alarmas de los carros, y rajaban una que otra ventana. Pero a nadie, salvo a mi padre, parec&iacute;a importarle. Los comentaristas destacaban la potencia de nuestras Fuerzas Armadas, el final de la guerra era inminente, dec&iacute;an, el pa&iacute;s entero celebrar&iacute;a una gran victoria. Mi padre estuvo de un humor de perros durante esos d&iacute;as, pero ya hab&iacute;a empezado a calmarse con unos sorbos de cerveza o ron o pisco, lo que fuera. Le deb&iacute;an no s&eacute; cu&aacute;ntos meses en la cl&iacute;nica y cuando se le ocurri&oacute; reclamar le respondieron que no ten&iacute;a m&aacute;s que renunciar. Y sanseacab&oacute;.</p>
<p>Tiempo despu&eacute;s, perdimos otro campeonato, una vez m&aacute;s frente a los de San Jos&eacute;. Diez minutos antes del final el &aacute;rbitro nos anul&oacute; un gol. Despu&eacute;s, el maldito de Perico nos meti&oacute; dos. El segundo fue anotado con una clar&iacute;sima mano que, como era de esperarse, el &aacute;rbitro nunca vio. Ni siquiera despu&eacute;s de que pitara ese gol nos descompusimos. Al contrario, batallamos con todo hasta que, un par de minutos antes de que terminara el partido, el &aacute;rbitro se neg&oacute; a cobrar un penal que me hicieron en el &aacute;rea chica. &ldquo;&Aacute;rbitro vendido, pito regalado&rdquo;, salt&oacute; todo el barrio en las tribunas. Terminamos en pelea con el &aacute;rbitro, el equipo contrario, el barrio de San Jos&eacute; enterito. &ldquo;&iquest;Ya te viste la rodilla?&rdquo;, dijo mi padre en el carro, con cara que no anunciaba nada bueno. No le respond&iacute;, la radio hablaba del &eacute;xito nacional en el conflicto contra el Ecuador, ahora ser&iacute;amos un pa&iacute;s no solo pacificado, sino que, tambi&eacute;n, unido. Al rato llegamos a la cl&iacute;nica, detr&aacute;s del Palacio de Justicia. Mientras &iacute;bamos a que me hicieran la radiograf&iacute;a, nos dej&aacute;bamos saludar por las enfermeras, administrativos y colegas de mi padre con una mezcla de estupor y distancia. No s&eacute; por qu&eacute; raz&oacute;n mi padre me pareci&oacute; uno de esos comediantes que pierden la careta en medio de la escena y frente a todos los espectadores. Quiz&aacute; en ese momento, sin ser consciente, empec&eacute; a comprender muchas cosas acerca de &eacute;l.</p>
<p>Mientras esper&aacute;bamos a que me dieran de alta &mdash;fractura de r&oacute;tula&mdash;, me anim&eacute; a pasear por la cl&iacute;nica. Tendr&iacute;a que utilizar muletas, as&iacute; que lo mejor era aprender de una vez a caminar con ellas. El m&eacute;dico me hab&iacute;a prescrito varias semanas de reposo y despu&eacute;s rehabilitaci&oacute;n, si es que quer&iacute;a seguir jugando al f&uacute;tbol. La verdad, nunca m&aacute;s volver&iacute;a a jugar. Y me pregunto hasta qu&eacute; punto fue determinante ese paseo que di en la cl&iacute;nica, aprovechando que mi padre se atareaba en cancelar la cirug&iacute;a y terapias posoperatorias. Hab&iacute;a escuchado decir que all&iacute; estaba internado Teodoro &ldquo;Lolo&rdquo; Fern&aacute;ndez, el m&iacute;tico ca&ntilde;onero, quien campeon&oacute; con Universitario, triunf&oacute; en los Bolivarianos y nos llev&oacute; a la victoria en las Olimpiadas de Berl&iacute;n. Mi padre me hab&iacute;a contado que met&iacute;a unos pelotazos tan fuertes que desgarraban las redes de los arcos. Con algo de suerte encontrar&iacute;a su habitaci&oacute;n al cabo de transitar por tantos pasillos y patios.</p>
<p>Avanc&eacute; con mis muletas entre monjas y sacerdotes, enfermeros y convalecientes, por pasadizos cada vez m&aacute;s sombr&iacute;os y olvidados. Conforme me perd&iacute;a por los corredores se desvanec&iacute;a la esperanza de encontrar al m&iacute;tico ca&ntilde;onero. No obstante, por una raz&oacute;n que no entend&iacute;a, no dejaba de seguir adelante hasta que llegu&eacute; a una especie de patio detr&aacute;s de otro patio, un patio vac&iacute;o y h&uacute;medo, donde apenas entraba la luz y se amontonaban varios objetos que la desidia y el desd&eacute;n parec&iacute;an haber olvidado, sin resolverse por fin a arrojarlos. Estaba viendo las revistas y los peri&oacute;dicos cuando, de pronto, escuch&eacute; una radio encendida. La m&uacute;sica proven&iacute;a de una habitaci&oacute;n con la puerta entreabierta. Apenas la empuj&eacute; un ruido de bisagras desvencijadas agit&oacute; lo que hubiera en la cama. Tard&eacute; unos instantes en acostumbrarme a esa penumbra. Desde lo m&aacute;s hondo de la cama, detr&aacute;s de un plato donde reposaba una papa rellena, un se&ntilde;or viej&iacute;simo me clav&oacute; la mirada. No respondi&oacute; a mi saludo, parec&iacute;a absorto, como si estuviera en otra dimensi&oacute;n, un lugar sin lugar, una regi&oacute;n sin fronteras, y no en esa habitaci&oacute;n estrecha, con olor a sudor, remedios y naftalina. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; te pas&oacute; en la pierna?&rdquo;, escuch&eacute; de pronto, y vi que con un dedo, que parec&iacute;a un l&aacute;piz mordido, se&ntilde;alaba mi rodilla.</p>
<p>Cuando me di cuenta, mi padre me empujaba fuera de la habitaci&oacute;n, mientras se deshac&iacute;a en disculpas.</p>
<p>&ldquo;&iquest;Pap&aacute;, qui&eacute;n era ese se&ntilde;or?&rdquo;, atin&eacute; a decir en el carro.</p>
<p>&ldquo;Es un poeta, hijo. Se llama Emilio Adolfo Westphalen&rdquo;.</p>
<p>El verano siguiente, mientras los del barrio part&iacute;an de vacaciones a Cerro Azul, San Bartolo, o cualquier otra playa, nosotros nos quedamos en casa. Apenas recuerdo un fin de semana en Huaral, donde fuimos con la excusa de ver a la abuelita. Estaba chocha, apenas nos reconoc&iacute;a, pero ni as&iacute; hab&iacute;a olvidado su antipat&iacute;a hacia mi padre. Esa vez fue peor que nunca, pues lo acusaba de haber malogrado la vida de su hija y sus nietos, era un bueno para nada, ten&iacute;a la cabeza en otra parte. Mam&aacute; se terminar&iacute;a quedando con ella los tres meses que duraban las vacaciones. Pobre abuelita, viv&iacute;a sola con sus gatos, necesitaba que alguien se ocupara de ella, al menos por un tiempo. En el camino de regreso mi padre no par&oacute; de maldecir su mala suerte, jurar que pronto se desquitar&iacute;a de todos, ya ver&iacute;an, ya ver&iacute;an. Apenas le hicimos caso. Detr&aacute;s de la ventana, bajo un sol insoportable, desfilaba lo que quedaba de la ciudad, unos perros flacos, los vendedores ambulantes, unos ni&ntilde;os que corr&iacute;an detr&aacute;s de una llanta.</p>
<p>De hecho casi ni vimos a mi padre durante esas semanas. Part&iacute;a temprano por la ma&ntilde;ana, dejando el olor de su colonia, y regresaba a las quinientas, cuando yo ya me hab&iacute;a acostado. Mis hermanos apenas se dieron cuenta: aprovecharon de la inesperada libertad para jugar S&uacute;per Nintendo, alquilar motocicletas, salir en mancha a otros barrios. Seg&uacute;n cuentan, ese fue el verano en el que aprendieron a fumar, tuvieron sus primeras borracheras, se mandaron a sus flacas. Cuando los amigos regresaron de la playa encontraron demasiados cambios, como si todos hubiesen alcanzado algo similar a la vida adulta. Todos menos yo. Al menos no de la misma manera. Esas fueron mis primeras vacaciones despu&eacute;s de terminar la secundaria. Deb&iacute;a sacarles el jugo si quer&iacute;a pasar el examen de ingreso en la universidad. Fue entonces cuando, sin que nadie lo hubiese anticipado, otro drama deton&oacute; en la casa tras el regreso de mi madre.</p>
<p>Al cabo de tantos a&ntilde;os, ya de vuelta en el Per&uacute;, me digo que muchas familias vivieron lo mismo. Lo &uacute;nico diferente era el desenlace. Casi siempre el joven irreflexivo termina sometido, estudia Derecho, Ingenier&iacute;a, Arquitectura, cualquiera de esas carreras para un futuro promisorio. Pese a la oposici&oacute;n de mi mam&aacute; &mdash;desde su regreso, algo hab&iacute;a cambiado en ella para siempre&mdash;, en mi caso no ocurri&oacute; de esa manera. Nunca podr&eacute; decir que entend&iacute; la poes&iacute;a de Emilio Adolfo Westphalen, pero s&iacute; que tras leerla busqu&eacute; la de C&eacute;sar Vallejo, C&eacute;sar Moro, Blanca Varela y la de muchos otros. <em>En Lima todos sabemos que otros van a morirse/mucho antes que nosotros,/y que sus ojos en los nuestros nos dir&aacute;n:/&ldquo;Hasta nunca&rdquo;</em>. Inesperadamente, mi padre me apoy&oacute; en mi decisi&oacute;n de estudiar Literatura. Replic&oacute; a mi madre que me dejara tranquilo, esa era la carrera que &eacute;l siempre hab&iacute;a querido estudiar; al menos, uno de sus hijos la seguir&iacute;a. Por lo dem&aacute;s, &iquest;alguien no deb&iacute;a contar, sin temor alguno, lo que hab&iacute;amos sido en este pa&iacute;s? Mi mam&aacute; le respondi&oacute; que por qu&eacute; demonios siempre se hab&iacute;a empe&ntilde;ado en hacer lo opuesto a lo que hac&iacute;an los dem&aacute;s. Hab&iacute;a tenido la vida que quiso y la hab&iacute;a arruinado, pero no ten&iacute;a derecho a hacer lo mismo conmigo. As&iacute;, mi padre gan&oacute; en la pen&uacute;ltima pelea que tuvieron, la que sell&oacute; mi destino. Tiempo despu&eacute;s, cuando le record&eacute; el episodio con el poeta de la cl&iacute;nica, mi padre se alz&oacute; de hombros, no recordaba nada de eso.</p>
<p>Es necesario confesar que ya nadie segu&iacute;a creyendo en la casa de tres pisos. Viv&iacute;amos en algo parecido a una ruina dom&eacute;stica en la que los a&ntilde;os, el ingenio y algo parecido a la versatilidad, acumularon comodidades como un tanque de agua donde tuvo que ir la parrilla, un tendedero en lo que debi&oacute; haber sido el jard&iacute;n, un cuarto de estar en lo que pudo haber sido un comedor. Desde hac&iacute;a mucho tiempo, hab&iacute;amos armado nuestras camas, apropi&aacute;ndonos cada uno de un espacio que segu&iacute;a siendo provisorio, pero que necesit&aacute;bamos, y que, por fin, hab&iacute;amos hecho nuestro. Un d&iacute;a, buscando lugar para mis libros universitarios abr&iacute; un viejo armario. Adentro, encontr&eacute; los planos de la casa. Estaban amarillos en ciertas partes; en otras, la tinta hab&iacute;a desaparecido. Lo que quedaba hac&iacute;a pensar m&aacute;s en uno de esos mapas de ciudades siniestradas, enterradas por el olvido. Me llam&oacute; la atenci&oacute;n reconocer lo que tuvo que haber sido el consultorio de mi padre, rayado con algo m&aacute;s que ensa&ntilde;amiento. Tambi&eacute;n reconocer, con otra tinta, su caligraf&iacute;a en una esquina: &ldquo;Proyecto aplazado, aunque de inminente concretizaci&oacute;n&rdquo;. &iquest;Todav&iacute;a segu&iacute;a creyendo que terminar&iacute;a la casa? Al cabo de los a&ntilde;os, mi mam&aacute; termin&oacute; por instalarse en esa habitaci&oacute;n, sin importarle que estuviera del lado de la calle ni que fuera la m&aacute;s h&uacute;meda. Mis libros quedaron bien en ese armario, pese a que ahora, tras mi regreso, los haya encontrado, junto con los planos, convertidos en polvo de polillas.</p>
<p>Mis padres hab&iacute;an dejado de hablarse para lo que no fuera indispensable. Cualquiera que los hubiese visto habr&iacute;a cre&iacute;do que tantos a&ntilde;os de matrimonio hab&iacute;an cristalizado en un idioma secreto, de solo dos locutores, en el que los gru&ntilde;idos, los sobreentendidos, las indirectas eran m&aacute;s elocuentes que cualquier frase. Sin embargo era algo peor que eso. Recuerdo muy bien una tarde. Tuvo que haber sido despu&eacute;s de que ingresara a la universidad, pues en mi recuerdo me veo leyendo un libro de Julio Ram&oacute;n Ribeyro. O uno de Luis Loayza. En fin, poco importa. En mi recuerdo el tel&eacute;fono suena y mi mam&aacute; responde. Se queda callada, deja entrar la voz del otro lado, en su o&iacute;do, en su intimidad, all&iacute; donde nadie m&aacute;s tuvo que haber penetrado. Despu&eacute;s, mi madre cuelga y la escucho sollozar, maldecir a mi padre, no ten&iacute;a derecho para hacerla sufrir de esa manera, gracias a ella hab&iacute;a sacado adelante su profesi&oacute;n. Cuando mi padre regres&oacute;, le reproch&oacute; sin dejarlo responder, como si de repente hubiera liberado un torrente durante mucho tiempo reprimido. Esa fue la &uacute;ltima vez que pelearon.</p>
<p>Arriba, uno tras otro, segu&iacute;an pasando los aviones, cargados de otros escritores, ingenieros, psic&oacute;logos, inform&aacute;ticos, muchos arquitectos. Tambi&eacute;n familias, padres y madres que llevaban con ellos a sus hijos, en ocasiones sus padres, sin esperanza de regresar a la ciudad. De haber sido posible los peruanos se habr&iacute;an ido hasta caminando; all&aacute; lejos, donde el trabajo los esperaba, las casas eran relucientes, los jardines siempre daban frutos. Podr&iacute;a decir que lo &uacute;nico que nunca cambi&oacute;, a lo largo de todos esos a&ntilde;os, fueron los aviones. En nuestro barrio, por ejemplo, los primeros en volar fueron los vecinos, los Allende. Vendieron todo antes de partir, la tienda, el carro, la casa, cada una de sus pertenencias. Primero, se hab&iacute;a ido una de sus hijas, la Graciela, para cuidar ni&ntilde;os y ancianos. Despu&eacute;s, se fue la otra con el marido. Al final, quedaron los dos viejecitos esperando que alguien los recogiera. Cuando por fin ocurri&oacute;, ambos se despidieron de nosotros entre l&aacute;grimas. Tiempo despu&eacute;s, nos lleg&oacute; el parte de fallecimiento de don Gustavo. Lo enterraron no s&eacute; d&oacute;nde, en Espa&ntilde;a.</p>
<p>Otros amigos del barrio se fueron a Estados Unidos, Chile, Argentina, incluso a Ecuador. Mi padre maldijo cuando escuch&oacute; que Alberto Fujimori se presentar&iacute;a por tercera vez a la presidencia. Hab&iacute;a tomado no s&eacute; cu&aacute;ntos pr&eacute;stamos en el banco para pagar las pensiones universitarias, le deb&iacute;an varios meses en la cl&iacute;nica, los pacientes pasaban y promet&iacute;an pagar m&aacute;s tarde, cuando no le ped&iacute;an que les regalase la consulta. Con generosa resignaci&oacute;n, mi padre aceptaba. Una y otra vez. No era culpa de ellos, sino de la barbarie en la que viv&iacute;amos y de la que nadie hablaba en la televisi&oacute;n, en los peri&oacute;dicos. Cada vez que lo escuchaba decir eso, me fijaba en las arrugas alrededor de los ojos, las canas en sus sienes, la curva de su espalda cada vez m&aacute;s pronunciada. Entonces, record&eacute; su frase de &ldquo;hasta que uno de los dos sea derrotado&rdquo;. Quise creer que se hab&iacute;a referido al pa&iacute;s en el que nos hab&iacute;a tocado vivir, al cual hab&iacute;a declarado una guerra sin cuartel, perdida de antemano, pero de todos modos encarnizada. Cu&aacute;nto me equivocaba era algo que descubrir&iacute;a m&aacute;s tarde.</p>
<p>No era el momento para descubrimientos sino para meterme en el vientre de otra ballena. Despu&eacute;s de haber terminado la carrera, contra todo pron&oacute;stico, aceptaron mi inscripci&oacute;n en una universidad parisina. Podr&iacute;a continuar<strong> </strong>mis estudios en un pa&iacute;s, una ciudad nuevos, en los cuales incluso podr&iacute;a ser alguien nuevo. &ldquo;Aprovecha para quedarte a vivir en Europa&rdquo;, me dijo mi padre esa ma&ntilde;ana en el aeropuerto, antes de abrazarme. &ldquo;Este pa&iacute;s no tiene arreglo&rdquo;, a&ntilde;adi&oacute; antes de soltarme. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; tonter&iacute;as le est&aacute;s diciendo? Si para cuando regrese la casa ya estar&aacute; lista&rdquo;, corrigi&oacute; mi madre con un tono que exclu&iacute;a la r&eacute;plica. Sonre&iacute; por el extempor&aacute;neo intercambio de personalidades, mientras arrastraba la maleta por la zona de vuelos internacionales. Apenas despeg&oacute; el avi&oacute;n, quise ver el techo de mi casa. No lo encontr&eacute; entre tantos escombros. Me di cuenta de que Lima entera era un techo de hierros herrumbrosos y estirados al cielo, muebles despanzurrados, un sinf&iacute;n de objetos que me hicieron pensar en la caligraf&iacute;a de un idioma secreto. De pronto, la ciudad despareci&oacute; debajo del manto de nubes, densas y blanqu&iacute;simas.</p>
<p>Mi vida en Par&iacute;s fue como ir a la zaga de una quimera, pero con los ojos bien abiertos. Apenas me di cuenta, ya llevaba varios meses en la capital, hab&iacute;a cambiado de apartamento una y otra vez, as&iacute; como hab&iacute;a encontrado varios trabajitos. Uno de ellos fue el de alba&ntilde;il en la empresa de unos libaneses. Conoc&iacute; a argelinos, turcos, marroqu&iacute;es y muchos otros que llegaron a Francia por las mismas razones, aunque con distintos medios. Renov&aacute;bamos apartamentos de familias francesas. Se iban un mes, nos dejaban trabajar tranquilos, en las paredes, gasfiter&iacute;as y acabados. Cuando regresaban encontraban un apartamento radiante, listo para acoger una vida de hogar, con la torre Eiffel en el horizonte. Estuve un verano en ese trabajo, antes de encontrar una plaza de profesor de espa&ntilde;ol en la academia donde, sin saberlo, trabajar&iacute;a durante tantos a&ntilde;os. Entretanto, defender&iacute;a una tesis, as&iacute; como tambi&eacute;n partir&iacute;a a vivir a otras ciudades, solo para regresar de nuevo a Par&iacute;s. Ah, tambi&eacute;n ver&iacute;a a Mario Vargas Llosa a lo lejos, un anochecer de verano. Grit&eacute; su nombre, volte&oacute;, sonri&oacute; con su dentadura perfecta y alz&oacute; la mano tal y como recordaba haberlo visto hacer en la televisi&oacute;n. Luego desapareci&oacute;.</p>
<p>Mientras tanto, en el lejano Per&uacute; ocurrieron muchos sucesos. Poco despu&eacute;s de mi partida, Alberto Fujimori se atribuy&oacute; la victoria en una nueva elecci&oacute;n. No dur&oacute; mucho en su tercer mandato como presidente. Se descubri&oacute; que hab&iacute;a inscrito su partido con firmas falsas. Tambi&eacute;n se difundieron videos de su asesor Montesinos comprando votos de los congresistas de oposici&oacute;n. Mi padre me contaba que en el noticiero de la noche pasaban videos del asesor entrevist&aacute;ndose con pol&iacute;ticos, futbolistas, periodistas, historiadores, abogados, empresarios, animadores de la televisi&oacute;n; en suma, el pa&iacute;s entero. El punto culminante de cada entrevista era cuando entregaba fajos de d&oacute;lares, entre sonrisas y abrazos. Tras el esc&aacute;ndalo el asesor fug&oacute; en un velero, mientras que Fujimori present&oacute; su renuncia a la presidencia por medio de un fax enviado desde Jap&oacute;n. As&iacute; hab&iacute;a terminado la dictadura en mi pa&iacute;s. Con unas cuantas letras que pretend&iacute;an escamotear tantas injusticias, atrocidades y corruptelas. A pesar de las penurias que le hab&iacute;a ocasionado, y contra todo pron&oacute;stico, mi padre era capaz de tomar las cosas con humor. &ldquo;La casa estar&aacute; terminada antes de que la situaci&oacute;n en este pa&iacute;s mejore&rdquo;, dijo y ambos re&iacute;amos antes de colgar.</p>
<p>Al inicio regresaba al Per&uacute; cada a&ntilde;o o dos. Despu&eacute;s me cas&eacute;. Tuve un par de hijos. Me hubiera gustado escribir que viajaba seguido con ellos para que pasaran momentos con sus abuelos. Sin embargo, ocurri&oacute; lo que deb&iacute;a pasar. Conoc&iacute; a otra mujer, me fui un tiempo con ella, lo que duraba el sue&ntilde;o. A veces nos enamoramos m&aacute;s por prolongar una fantas&iacute;a, que por la otra persona. Tambi&eacute;n porque necesitamos creer que todav&iacute;a es posible evadirse de la aspereza, aplazar lo inevitable. Recib&iacute; la llamada de uno de mis hermanos, poco despu&eacute;s de que se dictara el divorcio. Mi padre se hab&iacute;a puesto mal, le hab&iacute;a dado un infarto. No quisieron cont&aacute;rmelo la &uacute;ltima vez, pero desde hac&iacute;a mucho tiempo hab&iacute;a tenido problemas de salud. Record&eacute; que, pese a deberle muchos a&ntilde;os de servicios, lo hab&iacute;an despedido de la cl&iacute;nica. Cuando colgu&eacute; el tel&eacute;fono, mir&eacute; alrededor, las maletas abiertas, las botellas desperdigadas, los cuadernos desgarrados. Eso era lo &uacute;nico que hab&iacute;a obtenido al cabo de tantos a&ntilde;os en Francia.</p>
<p>Hab&iacute;a transcurrido demasiado tiempo. Despu&eacute;s de Alberto Fujimori, los peruanos hab&iacute;amos tenido varios presidentes, incluso hab&iacute;amos reelegido a Alan Garc&iacute;a. Emilio Adolfo Westphalen, el primer poeta que vi en mi vida, falleci&oacute; en la misma cl&iacute;nica sin escribir m&aacute;s. Entretanto Mario Vargas Llosa hab&iacute;a regresado al Per&uacute; con uno, dos, varios libros. Poco a poco los lime&ntilde;os dejar&iacute;an de cultivar esa antipat&iacute;a que se hab&iacute;a convertido en la &uacute;nica manera de relacionarse con &eacute;l. Es m&aacute;s, despu&eacute;s de que ganara el premio Nobel, lo celebraron con excesivo orgullo. Alan Garc&iacute;a lo recibi&oacute; en el aeropuerto, le colg&oacute; una medallita en la solapa, entre los flashes de los periodistas y los hurras de sus partidarios. En las fotos, ambos parec&iacute;an haber olvidado esa enemistad que con minuciosa pasi&oacute;n se hab&iacute;an dedicado a mantener. Sin embargo, eso ya es literatura, forma parte de otra historia, una mitolog&iacute;a donde existe una revancha, en la que los individuos ingresan en la historia nacional entre v&iacute;tores y aplausos. Tantas palabras gastadas y vueltas a gastar sin remedio, arrojadas en un pozo silencioso y sombr&iacute;o donde, en cualquier momento, estallar&iacute;a un fulgor. Pero no habr&iacute;a nadie para verlo.</p>
<p>Llegu&eacute; demasiado tarde. Mi padre hab&iacute;a muerto horas antes, acompa&ntilde;ado de mis hermanos y, desde luego, mi mam&aacute;. Lo que encontr&eacute; fue un cuerpo despojado de pensamientos, afectos; de repente lleno de cicatrices. Pese al estado de su cad&aacute;ver, el rostro ten&iacute;a un semblante apacible. &ldquo;Parece dormido&rdquo;, pens&eacute; o intent&eacute; convencerme. Le tom&eacute; la mano y despu&eacute;s no pens&eacute; en nada m&aacute;s. En cierta forma, hab&iacute;a regresado a su lado y estaba seguro de que &eacute;l lo sab&iacute;a. Felizmente, pude apoyar a mis hermanos con los innumerables tr&aacute;mites necesarios para asegurar el velorio y el entierro. El d&iacute;a del sepelio, apareci&oacute; una jovencita a quien nadie conoc&iacute;a. Bast&oacute; verla para que la reconoci&eacute;ramos y entendi&eacute;ramos tantas cosas, tantos silencios, reproches y vac&iacute;os. Con voz apagada, nos cont&oacute;, nos confes&oacute; que era hermana nuestra. La primera en abrirle los brazos fue mi mam&aacute;. No ser&iacute;a la primera sorpresa que me dar&iacute;a porque, contra toda expectativa, en los d&iacute;as sucesivos no dejar&iacute;a de manifestar lo buen hombre que hab&iacute;a sido mi padre, cu&aacute;nto la hab&iacute;a amado. Para ese entonces, ya no buscaba coherencia alguna. Adem&aacute;s, esta no existe en el recuerdo de quienes nos fueron cercanos.</p>
<p>Al terminar la ceremonia les dije que regresar&iacute;a a pie a casa. Uno de mis hermanos se propuso acompa&ntilde;arme, pero me negu&eacute;. Pese a que me dol&iacute;an las rodillas a causa de la humedad, necesitaba estar solo. Fue en ese momento que entend&iacute; a qui&eacute;n se hab&iacute;a referido mi padre tantos a&ntilde;os atr&aacute;s con eso de que dar&iacute;a batalla, hasta que uno de los dos fuese derrotado. No se hab&iacute;a referido a ninguna persona en especial, sino a algo m&aacute;s, algo que nunca conocimos, pero que desde el inicio sufrimos. &iquest;Qui&eacute;n gan&oacute; esa batalla? No lo s&eacute;, pero mi padre no fue derrotado. El viento sopl&oacute; m&aacute;s fuerte, se llev&oacute; la tierra, el polvo, las briznas que se hab&iacute;an asentado sobre su l&aacute;pida. Pod&iacute;a haber sido golpeado, humillado, incluso pod&iacute;a haber traicionado a los suyos, pero nadie lo hab&iacute;a derrotado, eso no. Uno de los ni&ntilde;os que merodeaba por el lugar se me acerc&oacute;, &iquest;quer&iacute;a que me mantuviera limpiecita la losa? Le di unas monedas, antes de despedirme de mi viejo en su flamante casa. Y aqu&iacute; dejo su historia, la historia de un h&eacute;roe muy distinto a los dem&aacute;s, un h&eacute;roe ordinario que no se encuentra en ninguna enciclopedia ni tratado, un h&eacute;roe an&oacute;nimo ca&iacute;do en el mismo combate para el que nos reclutaron a todos.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 04 Sep 2020 06:20:25 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aguja de navegar]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/aguja-de-navegar/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2020/Septiembre/reina_500.jpg" alt="" /></p>
<p>Quienes en tiempos disfrutaron con <em>Santepar, </em>la <em>Trilog&iacute;a del Renacimiento</em> o los <em>Relatos completos</em> de Campos Reina (1946-2009) no pueden dejar de leer <em>Parques cerrados </em>(editado por Debolsillo en 2019), t&iacute;tulo bajo el que, en triple degustaci&oacute;n, se acoge una exquisitez m&aacute;s de este celebrado autor de culto. Una exquisitez compuesta&nbsp; por el ya conocido y jugoso ensayo <em>De Camus a Kioto </em>(2010)<em>, </em>por su <em>Poes&iacute;a completa </em>y<em>,</em> sobre todo<em>, </em>por el<em> Diario del Renacimiento, </em>los dos &uacute;ltimos in&eacute;ditos<em>. </em>Exquisitez con la que, adem&aacute;s de saborear de nuevo la delicada y ajustada prosa de Campos Reina, se ahonda tanto en sus entresijos vitales y creativos, como en su mundo referencial o en sus tem&aacute;ticas centrales, porque <em>Parques cerrados</em>, tal como se confiesa a comienzo del diario, es ante todo &ldquo;un enfrentamiento conmigo mismo&rdquo; (p. 27) y porque, sin duda, funciona como &ldquo;una aguja de navegar&rdquo; en la obra del autor que partiendo desde el despertar a la vida y a la literatura del autor en el para&iacute;so infantil de Puente Genil y tras atravesar otros espacios cardinales como, por ejemplo, Sevilla o M&aacute;laga, desemboca de lleno en el epicentro mismo de su actividad vital y de su sabroso universo literario.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Parques cerrados</em> supone de entrada&nbsp; una aut&eacute;ntica delicia para el lector que ama y gusta de la buena literatura. No s&oacute;lo por lo que en s&iacute; representa tal publicaci&oacute;n al otorgar visibilidad y vida literaria a obras hasta ahora desconocidas, sino porque ayuda mucho a comprender la personalidad creativa de Campos Reina dada la honda y plural red de reflexiones sobre la que se sustenta el <em>Diario del Renacimiento </em>o por el humus que emana desde <em>Poes&iacute;a completa</em>. El arco (sobre todo, de comprensi&oacute;n) que se abre con ambas es enorme, pues permite ir desde la m&aacute;s oculta y min&uacute;scula sensaci&oacute;n hasta la m&aacute;s inimaginable meditaci&oacute;n, accionadas todas ellas por la pluralidad de circunstancias (desde el impacto del paisaje infantil a que se conforma como esencial en la obra del de Puente Genil, por ejemplo) que movieron al autor durante su fecundo proceso creativo. Ideolog&iacute;a,&nbsp; filosof&iacute;a, est&eacute;tica, interpretaci&oacute;n art&iacute;stica... se dan la mano con emociones &iacute;ntimas y realidades cotidianas, enmarcadas siempre por los temas siempre esenciales&nbsp; en Campos Reina&nbsp; como el amor y la muerte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sustanciosa y b&aacute;sica es la &ldquo;Breve rese&ntilde;a de mi vida&rdquo; que abre el <em>Diario del Renacimiento. </em>Una<em> </em>rese&ntilde;a que avisa y que saca a la luz la &ldquo;extra&ntilde;a red de circunstancias que me hab&iacute;a conducido hasta donde estoy&rdquo; (p. 9) y por la que asoma resplandeciente un autobiografismo reflexivo como ense&ntilde;a del quehacer creativo posibilitando as&iacute; el uso de la intimidad al desnudo como explicaci&oacute;n del ideal&nbsp; y del pensamiento art&iacute;sticos de Campos Reina. Hay mucha valent&iacute;a en esa desnudez que camina en&nbsp; pos de la comprensi&oacute;n que permite explicaciones claves tras vencer el recato y asumir los riesgos.&nbsp; En ella, abundan los recuerdos (&rdquo;Florecen incendiados/ recuerdos de mi vida&rdquo; confesar&aacute; en el poema &ldquo;Carreteras polvorientas&rdquo;, <em>Poes&iacute;a completa</em>, p. 21&rdquo;), aportados por una memoria que se ejerce desde el mirador de la madurez y con asideros bien asumidos y justificados. Recuerdos capaces, sobre todo, de recuperar el tiempo ido (&ldquo;el tiempo es una luz lejana&rdquo;. Afirma en el autor en el poema en prosa &ldquo;Visiones de las quebradas&rdquo; de <em>Poes&iacute;a completa,</em> p. 121). Una recuperaci&oacute;n que, las m&aacute;s de las veces, ofrece instant&aacute;neas muy n&iacute;tidas y no exentas de un contenido cr&iacute;tico que tiende a manar subterr&aacute;neo tal como ocurre con el existir y comportamiento de los espa&ntilde;oles en los a&ntilde;os 50 del pasado siglo XX (a&ntilde;os de hambre, de silencio, de sumisi&oacute;n y de manipulaci&oacute;n religiosa, por ejemplo), frente a otras veces que se tintan de suculenta melancol&iacute;a, aunque siempre bajo el tim&oacute;n de la reflexi&oacute;n que proporciona el hallazgo juicioso con el que todo adquiere sentido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si<em> De Camus a Kioto </em>supuso para el lector adentrase en el universo de referencias claves que se muestran como b&aacute;sicas en la obra de Campos Reina,<em> </em>la<em> Poes&iacute;a completa</em> muestra el valor de la intimidad y de lo vital como elemento que acciona sensaciones que posibilitan y sustentan el acto creativo, complementados por el <em>Diario del Renacimiento</em> que permite visualizar un recorrido paralelo a la redacci&oacute;n de la saga de los Maruj&aacute;n, protagonistas de la<em> Trilog&iacute;a del Renacimiento,</em> al abarcar con jugosas y alimenticias p&iacute;ldoras perfectamente destiladas (es lo que, a la postre, son los aquilatados fragmentos del diario) el trecho temporal que va desde 1989 a 2001. Un trecho temporal que da fe de c&oacute;mo se siente el quehacer creativo, los materiales que sirven de quicio a &eacute;ste, las dudas en los enfoques, los pulimentos necesarios para que la prosa, adem&aacute;s de ser precisa, brille intensa sin obviar, por supuesto, la dolorosa conmoci&oacute;n que conlleva la poda&hellip; Es decir, colocar ante los ojos del lector, la ardua y solitaria tarea del d&iacute;a a d&iacute;a del escritor que, en definitiva, acaba siendo todo un testamento vital y art&iacute;stico. Sin duda,&nbsp; un acierto editorial dar&nbsp; tal primicia al p&uacute;blico lector amante de las buenas hechuras literarias que desarrollan tem&aacute;ticas vividas e inquietantes como las del a&ntilde;orado Campos Reina. Para devorar. <em>&nbsp;</em></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Campos Reina. <em>Parques cerrados. </em>Barcelona, Debolsillo, 2019.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 03 Sep 2020 11:33:28 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El hombre que se parecía a Enrique Bunbury]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-hombre-que-se-parecia-a-enrique-bunbury/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2020/MIGUEL_SERRANO_LARRAZ.jpg" alt="" /></p>
<p>En su nuevo libro de relatos, <em>R&eacute;plica</em>, Miguel Serrano Larraz ensaya los l&iacute;mites de la cotidianidad y la extra&ntilde;eza, al tiempo que ofrece al lector una suerte de retrato generacional en el que la nostalgia adquiere tintes negativos.</p>
<p><em>R&eacute;plica </em>es un libro ante el que resulta muy dif&iacute;cil permanecer indiferente, en el que el lector se enfrenta a una colecci&oacute;n de relatos aut&oacute;nomos, pero no totalmente desconectados entre s&iacute;. Su autor, Miguel Serrano Larraz (Zaragoza, 1977), es una de las m&aacute;s firmes apuestas de la editorial Candaya, pues este es ya el tercer t&iacute;tulo que publica en su cat&aacute;logo tras el libro de relatos <em>&Oacute;rbita</em> (2009) y la novela <em>Autopsia</em> (2013, Premio Estado Cr&iacute;tico de Novela 2015)<em>.</em> De todas maneras, los editores ya sab&iacute;an que se trataba de una apuesta segura, pues el nombre de Miguel Serrano lleg&oacute; a ellos a trav&eacute;s de Juan Villoro, y a Villoro a trav&eacute;s de Roberto Bola&ntilde;o, nada menos.</p>
<p>El autor de <em>R&eacute;plica </em>ya no es un autor novel o una promesa de la literatura, sino un escritor de larga y contrastada trayectoria, tanto en poes&iacute;a como en narrativa. A su faceta como escritor hemos de sumar las de fil&oacute;logo y traductor, si bien estudi&oacute; tambi&eacute;n Ciencias F&iacute;sicas, algo que los lectores pueden rastrear en sus obras. Antes de publicar <em>Autopsia</em>, ya hab&iacute;a dado a las prensas otras dos novelas, <em>Un breve adelanto de las memorias de Manuel Troyano</em> (Eclipsados, 2008) y la parodia <em>Los hombres que no ataban a las mujeres</em> (1001 ediciones, 2010, firmada con el pseud&oacute;nimo de Ste Arsson). Adem&aacute;s, hab&iacute;a publicado tres vol&uacute;menes de poes&iacute;a, <em>Me aburro</em> (Harakiri, 2006), <em>La secci&oacute;n r&iacute;tmica</em> (Aqua, 2007) e <em>Insultus morbi primus</em> (Lola Ediciones, 2011), y hab&iacute;a sido incluido en diferentes antolog&iacute;as de narrativa breve.</p>
<p>Su libro m&aacute;s reciente, <em>R&eacute;plica</em>,<em> </em>es una colecci&oacute;n de doce relatos de diferente extensi&oacute;n, repartidos en cuatro partes que conforman una estructura bien trabada. La primera parte consta de cinco relatos; la segunda incluye solo uno; y esa misma pauta se repite en la tercera, con cinco relatos, y la cuarta, que cierra el volumen con el relato que da t&iacute;tulo al conjunto, &ldquo;R&eacute;plica&rdquo;, aunque en alg&uacute;n momento el autor lleg&oacute; a plantearse la posibilidad de titular el volumen <em>Bunbury</em>.</p>
<p>El problema de los g&eacute;neros literarios y la disoluci&oacute;n de las fronteras entre los mismos es algo ya inherente a la obra de Miguel Serrano y constituye una de sus marcas de estilo. <em>R&eacute;plica </em>es un buen ejemplo y hay en sus p&aacute;ginas un verdadero ejercicio de memoria, m&aacute;s que de nostalgia. Quienes rondamos la cuarentena hemos visto desaparecer un mundo, y no necesariamente tenemos por qu&eacute; echarlo de menos, pero, desde luego, percibimos que las generaciones posteriores ya no han conocido ese mundo sin ordenadores, sin m&oacute;viles, sin internet. Lo ins&oacute;lito y lo desconcertante forman parte del relato de ese mundo perdido.</p>
<p>As&iacute;, el primer relato da muy bien el tono del conjunto. En &ldquo;Recalificaci&oacute;n&rdquo;, la enorme sombra de un inminente centro comercial se proyecta sobre la vida del due&ntilde;o de una ferreter&iacute;a de barrio. En muchas capitales de provincia todav&iacute;a se recuerda la fusi&oacute;n y reconversi&oacute;n de los antiguos hipermercados, o el momento en que se proyect&oacute; el primer gran centro comercial ante la estupefacci&oacute;n y el escepticismo de los vecinos, que pensaban que se trataba de un modelo de negocio que jam&aacute;s triunfar&iacute;a en un pa&iacute;s como el nuestro.</p>
<p>Los deportes y las competiciones escolares son el tema del segundo relato, &ldquo;Un tiempo muerto&rdquo;, en el que, a trav&eacute;s del mon&oacute;logo interior, conocemos los recuerdos de aquellos a&ntilde;os de colegio que, poco a poco, se van convirtiendo en un ajuste de cuentas con el pasado por parte de un personaje a quien siempre eleg&iacute;an el &uacute;ltimo en todas las competiciones escolares y que acab&oacute; jugando al baloncesto al ser descartado del equipo de futbito.</p>
<p>Genial resulta la estructura de &ldquo;Oxitocina&rdquo;, donde una tragedia familiar queda en <em>off</em>, pero, de alguna manera, accedemos a ella a trav&eacute;s de la historia de dos mu&ntilde;ecos de trapo: Feldespato y Patol&oacute;gica. Y as&iacute; podr&iacute;amos seguir relato a relato, hasta completar la docena, pero es mucho mejor que los lectores se adentren en las p&aacute;ginas de &ldquo;Central&rdquo;, &ldquo;El payaso&rdquo;, &ldquo;La disoluci&oacute;n&rdquo;, &ldquo;La tabla peri&oacute;dica&rdquo;, &ldquo;Media res&rdquo;, &ldquo;Azrael&rdquo;, &ldquo;La frontera&rdquo;, &ldquo;Logos&rdquo; y &ldquo;R&eacute;plica&rdquo; con la menor informaci&oacute;n posible.</p>
<p>&nbsp;La forma en que se trata el tiempo narrativo y la utilizaci&oacute;n de la primera y la tercera persona son dos de los grandes aciertos de <em>R&eacute;plica</em>. Lo ve&iacute;amos ya en el primer relato, &ldquo;Recalificaci&oacute;n&rdquo;, pero resulta fundamental para entender otros, como &ldquo;El payaso&rdquo;, &ldquo;La disoluci&oacute;n&rdquo; o &ldquo;Logos&rdquo;. De la misma manera, Zaragoza es el escenario de fondo y algunos momentos del a&ntilde;o, como la Navidad, aparecen en m&aacute;s de una pieza. Hay un tono de soledad, de fracaso, de un tiempo perdido irremisiblemente que impregna todo el volumen y convierte en extra&ntilde;o incluso el relato m&aacute;s cotidiano. Hay tambi&eacute;n cierto patetismo, como el del novelista que trata de hacer una parodia y todo el mundo lee su novela en serio, algo que ocurre en el ya mencionado &ldquo;El payaso&rdquo;, donde se rompen, no solo los l&iacute;mites de los g&eacute;neros, sino tambi&eacute;n los de la ficci&oacute;n y la autoficci&oacute;n.</p>
<p>Los relatos tienen una extensi&oacute;n variable: los diez m&aacute;s breves se reparten entre la primera y la tercera parte, y van desde las cuatro p&aacute;ginas de &ldquo;La tabla peri&oacute;dica&rdquo; hasta las dieciocho de &ldquo;Media res&rdquo;. Los dos m&aacute;s largos, &ldquo;La disoluci&oacute;n&rdquo;, de veinticuatro p&aacute;ginas, y &ldquo;R&eacute;plica&rdquo;, de treinta y nueve, ocupan, respectivamente, la segunda y la cuarta parte. Aunque ya hemos hablado de c&oacute;mo Miguel Serrano Larraz cruza las fronteras entre g&eacute;neros literarios, de vez en cuando flirtea de forma nada disimulada con ellos: as&iacute;, hay un componente central de novela de aprendizaje en el extra&ntilde;o relato de infancia que es &ldquo;La disoluci&oacute;n&rdquo;; de la misma manera, el relato negro se abre paso en &ldquo;Media res&rdquo; y la ciencia‑ficci&oacute;n en &ldquo;Logos&rdquo;. Los temas del doble, las apariencias y los parecidos m&aacute;s o menos razonables son muy importantes a lo largo de todo el libro, pero lo m&aacute;s llamativo es, con diferencia, el tratamiento del tiempo y la presentaci&oacute;n de las relaciones interpersonales, especialmente cuando se producen entre los miembros de una misma familia.</p>
<p>&nbsp;En cierto modo, todo ello queda quintaesenciado en &ldquo;R&eacute;plica&rdquo;, relato que cierra el volumen y le da t&iacute;tulo. En &eacute;l, al protagonista lo confunden reiteradamente con diferentes m&uacute;sicos, pero, en una etapa determinada de su vida, lo confund&iacute;an con Enrique Bunbury, algo que, al residir en Zaragoza en el momento de mayor esplendor de H&eacute;roes del silencio, adquir&iacute;a proporciones de tragedia, o m&aacute;s bien de tragicomedia. Al protagonista de &ldquo;R&eacute;plica&rdquo; lo pod&iacute;an confundir (si bien en diferentes momentos de su vida) con Bunbury o con Santiago Segura, por mencionar &uacute;nicamente dos parecidos casi antag&oacute;nicos. Hay algo en este relato que recuerda, en cierto modo, a <em>Zelig</em>, ese &ldquo;hombre camale&oacute;n&rdquo; creado por Woody Allen en un falso documental o <em>mockumentary</em>. Y, del alguna manera, tambi&eacute;n hay algo de falso relato de autoficci&oacute;n en <em>R&eacute;plica</em>, un volumen que, sin duda, deparar&aacute; muchas alegr&iacute;as tanto a su autor como a sus editores.- JOAQU&Iacute;N JUAN PENALVA.</p>
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<p>Miguel Serrano Larraz, <em>R&eacute;plica</em><strong>, </strong>Avinyonet del Pened&egrave;s, Candaya, 2017.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 03 Sep 2020 11:28:43 +0000</pubDate>
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      <title><![CDATA[Bajo un cielo de mármol. Pensamientos sobre “Otelo”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/bajo-un-cielo-de-marmol-pensamientos-sobre-otelo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2020/Julio/WILLIAM_SHAKESPEARE.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;1. De Dante a Shakespeare. Las l&aacute;grimas por Paolo y Francesca no pueden ser las mismas que derramamos por Otelo y Desd&eacute;mona. &iquest;Lloraremos por Otelo? Dante se desmaya despu&eacute;s de aquel relato, por mucho que los amantes est&eacute;n condenados al c&iacute;rculo de los lujuriosos.<a title="" href="#_ftn2">[2]</a>&nbsp; El Infierno no es un capricho de su autor, sino un lugar real, no gobernado por afectos privados. El misterio de la <em>Divina comedia</em> reside en su persuasiva impersonalidad: antes que creer a Dante hab&iacute;a que creer en Dios. &iquest;Y no hay que creer a Dante para leer su obra? La fe es el salvoconducto para visitar los lugares de los que habla el poeta; sin fe, el artificio es tan maravilloso como insostenible. As&iacute; que entramos en Dante m&aacute;s de lo que abrimos o cerramos su libro; o digamos que entramos en el mundo de Dante, que al mismo tiempo existe y no existe para nosotros. La visi&oacute;n moderna de la <em>Divina comedia</em> relativiza el valor absoluto que proclama, como ocurre con las tragedias griegas: el problema es que la mitolog&iacute;a de Dante, como dir&iacute;a C. S. Lewis, se ha hecho real, profundiza el mito que se ha encarnado en la historia. Europa es la historia de un mito encarnado, el m&aacute;s extra&ntilde;o e insostenible ensayo de fusi&oacute;n cultural. La de Dante pretende ser la poes&iacute;a del cristianismo, cuyos h&eacute;roes ya no son Jas&oacute;n ni Ulises, sino Santo Tom&aacute;s y San Francisco.<a title="" href="#_ftn3">[3]</a> Los h&eacute;roes de nuestro tiempo est&aacute;n m&aacute;s cerca de Otelo y Hamlet. Pero &iquest;c&oacute;mo pasamos de Dante a Shakespeare? En cierto momento de <em>Otelo</em>, Emilia le hace ver a Desd&eacute;mona que, una vez nos hemos apoderado del mundo, somos los due&ntilde;os de nuestra culpa.<a title="" href="#_ftn4">[4]</a> El infierno estar&iacute;a en nuestros &ldquo;malos sue&ntilde;os&rdquo;.<a title="" href="#_ftn5">[5]</a> Seg&uacute;n Yago, el hombre es libre para cultivar ese terreno o dejar que quede asilvestrado. &iquest;Qu&eacute; tipo de matrimonio forman Yago y Emilia?</p>
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<p>2. El porqu&eacute; de los celos. Yago hablaba as&iacute; para ganarse a Rodrigo, su c&oacute;mplice, al que acabar&aacute; asesinando; Emilia, para calmar a Desd&eacute;mona, antes de hacerle ver que las mujeres son iguales a los hombres en lo que respecta a su debilidad y, por tanto, excusables en igual medida. (Sus preguntas &ldquo;a la baja&rdquo; son un eco de las c&eacute;lebres preguntas de Shylock sobre los jud&iacute;os en <em>El mercader de Venecia</em>.)<a title="" href="#_ftn6">[6]</a> Pero Emilia ser&aacute; un instrumento, aunque involuntario, para la perdici&oacute;n de la &ldquo;malhadada&rdquo; Desd&eacute;mona. Recordemos que otros personajes de <em>Otelo</em> est&aacute;n atrapados por los celos: Rodrigo, Yago, Blanca. Es el clima que se respira desde el comienzo, con aquel oscuro intercambio entre Yago y Rodrigo. Fij&eacute;monos tambi&eacute;n en el di&aacute;logo inicial entre Otelo y Yago en el acto IV, que vuelve a confundir al espectador. Algo va mal desde el principio, advertimos, algo que tiene que ver con Yago, que es el personaje que mejor se conoce a s&iacute; mismo.<a title="" href="#_ftn7">[7]</a> (&iquest;No hay una insinuaci&oacute;n shakesperiana sobre la maldad propia del uso que puede hacerse de ese tipo de conocimiento? &iquest;No es peor Yago que Otelo, que no se conoce a s&iacute; mismo porque a&uacute;n no ha conocido &mdash;en su matrimonio&mdash; a Desd&eacute;mona? Sin embargo, Yago no es la causa de los celos de Otelo.<a title="" href="#_ftn8">[8]</a> (&ldquo;Causa&rdquo; ser&aacute; la palabra preliminar en boca de Otelo antes de acabar con Desd&eacute;mona.) No hay decididamente causalidad en la conducta de Otelo.<a title="" href="#_ftn9">[9]</a> El amor se experimenta como causa de s&iacute; mismo y, en consecuencia, el amor enloquecido, los celos, no ha de buscar un motivo m&aacute;s all&aacute; de s&iacute; mismo. Stanley Cavell explica que Otelo no puede soportar la imperfecci&oacute;n en Desd&eacute;mona, la p&eacute;rdida de su integridad o virginidad. Todo hace pensar que la noche nupcial no ha llegado a consumarse, ni en Venecia ni en Chipre. &iquest;No supone esto, adem&aacute;s, cierta impotencia en el belicoso Otelo? La impotencia en Otelo es un reflejo y una manera de expresar la impotencia de la sociedad veneciana para aceptarlo m&aacute;s all&aacute; de su condici&oacute;n de mercenario. Otelo es el elegido para enfrentarse al turco en Chipre. Pero su experiencia en la guerra resulta inservible en la ciudad en paz. Otelo es admirado por el mismo motivo por el que Desd&eacute;mona llega a enamorarse de &eacute;l, por el hero&iacute;smo que envuelve su figura. Otelo es el narrador de su historia, el poeta rom&aacute;ntico de s&iacute; mismo ante Desd&eacute;mona, cuya declaraci&oacute;n de amor (&ldquo;un mundo de suspiros&rdquo;) no hab&iacute;a sido directa (<em>Otelo</em>, I, iii). Tambi&eacute;n podemos suponer en Desd&eacute;mona cierta inexperiencia o incapacidad para comportarse en el mundo de Otelo. Quiere dar el paso de acompa&ntilde;arle a Chipre, donde se desencadenar&aacute; la tragedia. Desd&eacute;mona ha sido el p&uacute;blico de Otelo, pero Otelo no puede saber c&oacute;mo actuar&aacute; una vez casados, cuando est&eacute;n en pie de igualdad respecto a sus verdaderas pasiones. En esa ignorancia o temor al conocimiento estar&iacute;a el origen de sus celos, antes que las insinuaciones de Yago.</p>
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<p>3. Yago y las apariencias. Conviene prestar atenci&oacute;n a la prioridad de las influencias para no desenfocar la maldad de Yago, la cual tiene un cariz mis&oacute;gino, como advertimos en sus r&eacute;plicas a Desd&eacute;mona y Emilia en el acto II; quiere medrar en el servicio y considera que la promoci&oacute;n de Casio&nbsp; es humillante. Adem&aacute;s, est&aacute; dispuesto a vengarse del rumor sobre la infidelidad de su esposa con Otelo (un asunto que se menciona dos veces). En boca de Yago ha puesto Shakespeare cierto saber incontestable, lo que le gana el aprecio de quienes lo tratan. Es su intenci&oacute;n la que demuestra su perversidad, como si el poeta dijera: el car&aacute;cter no debe ser interpretado de manera literal, sino genial<a title="" href="#_ftn10">[10]</a> El juego de las apariencias no estar&iacute;a completo sin la parte de Otelo, cuya raza es una apariencia de la naturaleza sometida a un juicio convencional que &eacute;l mismo acaba por compartir.<a title="" href="#_ftn11">[11]</a> Desd&eacute;mona hab&iacute;a afirmado conocer a Otelo no solo por su rostro. El problema es que la intimidad de Otelo y Desd&eacute;mona es inviable, como vemos en los dos primeros actos, como si Shakespeare nos advirtiera de que un romance privado no puede nutrir una felicidad duradera. Brabancio es el primer personaje enga&ntilde;ado o exaltado por Yago: por boca del padre de Desd&eacute;mona parece hablar la misma Venecia, y solo la humanidad emancipada de Desd&eacute;mona se atreve a contradecirla. (Recu&eacute;rdese la opini&oacute;n sobre las mujeres venecianas que Yago desliza en el o&iacute;do de Otelo.) La obra se mueve sobre el carril de las opiniones, mientras suponemos que el matrimonio entre los esposos no se ha consumado.<a title="" href="#_ftn12">[12]</a> Esto es crucial para encender la llama de los celos en Otelo. &iquest;C&oacute;mo podr&iacute;a haberse salvado la desigualdad entre los esposos? La prosperidad de Venecia depende de la virtud militar de Otelo, pero el testimonio de su amor no consigue arrancar del Dux sino unas manidas palabras de consuelo para Brabancio, de las que este se burla. La tragedia se debe a que la sociedad veneciana es como es: u Otelo es capaz de cambiarla o la sociedad habr&aacute; de purgar a Otelo, hasta hacer que se vea a s&iacute; mismo con la mirada enajenada y descubra una monstruosidad.<a title="" href="#_ftn13">[13]</a> Para Brabancio, es cuesti&oacute;n de magia que su hija haya podido enamorarse de Otelo. (El tema de la magia frente a la &ldquo;naturaleza&rdquo; es recurrente.) Yago, por su parte, afirmaba que todo queda bajo el dominio de la voluntad en los hombres, incluso el amor: es el juicio m&aacute;s antinatural que pronuncia nadie en la obra. A Desd&eacute;mona podr&iacute;a hacerle falta conocer el mundo para reconducir y mejorar su amor por Otelo: se ha enamorado de &eacute;l como de quien ha o&iacute;do hablar; a Otelo le conven&iacute;a suponer los l&iacute;mites de la inexperiencia de Desd&eacute;mona. Su edad hace pensar que no deb&iacute;a enga&ntilde;arse respecto al tipo de pasi&oacute;n que ha despertado en ella. &ldquo;Sacrificarla&rdquo; puede ser el modo de negarse a permitir que lo vea como realmente es, que es otra manera de verla a ella tal como Otelo quiere que sea siempre. Los esposos hab&iacute;an de cambiar, pero el cambio de Desd&eacute;mona es el primero que supone una amenaza para su matrimonio.<a title="" href="#_ftn14">[14]</a></p>
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<p>4. La sociedad m&aacute;s libre. Advertimos que Venecia no va a hacer nada por Otelo y Desd&eacute;mona, como no iba a hacer nada por el mercader ante la exigencia de Shylock. En aquella obra era la sabia Porcia, la mujer que viene de un reino ut&oacute;pico, la que resolv&iacute;a la contradicci&oacute;n de una sociedad en que la fuerza de los contratos se antepone a la piedad. La Venecia de Otelo, como la de Shylock, es el arquetipo de la rep&uacute;blica moderna, en que la ley no puede prohibir, sin embargo, la discriminaci&oacute;n de la que son v&iacute;ctimas el moro o el jud&iacute;o o la mujer. El l&iacute;mite del liberalismo nos permite reconocer la tarea de la filosof&iacute;a, que solo admite las ense&ntilde;anzas fundadas en una naturaleza &ldquo;no democratizable&rdquo;. Siempre habr&aacute; cierto desajuste, incluso en la sociedad m&aacute;s respetuosa con los derechos individuales, entre las costumbres &mdash;la &ldquo;tirana costumbre&rdquo;, dice Otelo&mdash; y los principios de la raz&oacute;n natural. Sin embargo, Otelo no es un fil&oacute;sofo como Porcia, y la suya no es una comedia, sino una tragedia. Otelo sentencia que Desd&eacute;mona debe morir o enga&ntilde;ar&aacute; a otros hombres: ha sido enga&ntilde;ado o, como dir&iacute;a Emerson, se ha enga&ntilde;ado a s&iacute; mismo. Pero <em>Otelo</em> no es una comedia filos&oacute;fica, sino la tragedia de la sociedad m&aacute;s libre, o de una sociedad preferible, en todo caso, a la de sus enemigos. Vale la pena recordar que tambi&eacute;n la nave de Otelo, como la flota de los turcos, est&aacute; a punto de naufragar en la tempestad.</p>
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<p>5. Voces y ecos. Somos espectadores capaces de distinguir la vela de Otelo y alegrarnos de su llegada. Una vela, repiten las voces en Chipre; luz, luz, clama al principio Brabancio; sangre, sangre, sangre, insistir&aacute; Otelo.<a title="" href="#_ftn15">[15]</a> La obra est&aacute; llena de ecos y, de otra manera, pide distinguir las voces de los ecos. Yago se hace eco de Otelo para confundirlo. Otelo enloquece cuando desconf&iacute;a de la identidad de los dem&aacute;s. Yago le har&aacute; creer que Casio no es de fiar al afirmar que Casio es un hombre honrado (tal como Antonio dec&iacute;a de Bruto ante los romanos en <em>Julio C&eacute;sar</em>). En el momento m&aacute;s majestuoso de la tragedia, Desd&eacute;mona parece presagiar su muerte cuando pide que Emilia le prepare su cama con las s&aacute;banas nupciales. Se ha extraviado el pa&ntilde;uelo con un bordado &ldquo;moteado de fresas&rdquo;, un pa&ntilde;uelo &ldquo;manchado&rdquo; que ser&iacute;a la prueba de su virginidad. Desd&eacute;mona, sin saber c&oacute;mo, sin que Otelo sepa c&oacute;mo, ha perdido su virginidad. &iquest;No se sabe Desd&eacute;mona inmersa en el tipo de relatos que le contaba Otelo? &iquest;No aspiraba a convertirse en el personaje que ahora es? Cuando Otelo entra en la habitaci&oacute;n, ella duerme. &iquest;C&oacute;mo puede dormir, despu&eacute;s de la ofensa que hab&iacute;a recibido? Otelo la hab&iacute;a insultado y golpeado ante Ludovico. Desd&eacute;mona duerme no solo por su conciencia tranquila, sino con la convicci&oacute;n de que el cambio en Otelo es irreversible. La transformaci&oacute;n de Otelo es verbal. Le vemos, al fin, convertido en el poeta de sus propios &ldquo;azares desastrosos&rdquo; y &ldquo;accidentes pat&eacute;ticos&rdquo;, como ejecutor y consiguiente v&iacute;ctima de un cruel enga&ntilde;o. No podr&aacute; acabar con Yago (al que intenta herir por dos veces), solo consigo mismo. El suicidio de Otelo es la reconversi&oacute;n del esposo en el general que mataba a su enemigo con sus propias manos.<a title="" href="#_ftn16">[16]</a> La de su muerte es, en efecto, la &uacute;ltima historia que cuenta. Ha pasado a ser, desde el acto III, el autor de su obra, en la que el papel de Yago se vuelve secundario.<a title="" href="#_ftn17">[17]</a> Otelo exige que Yago le d&eacute; la &ldquo;prueba ocular&rdquo; de la culpabilidad de Desd&eacute;mona: quiere asistir a una representaci&oacute;n. Ambos han jurado arrodillados las muertes de Casio y Desd&eacute;mona. &iquest;Son ya un mismo personaje? &iquest;Lo eran antes, como si las maquinaciones de Yago fueran el presentimiento de Otelo sobre la infidelidad de Desd&eacute;mona? &iquest;No asiste Yago en Chipre, como un Otelo, al galanteo de Casio?</p>
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<p>6. Una tragedia de enredo matrimonial. Otelo exige a Yago que le revele sus pensamientos: los de Otelo. En la pel&iacute;cula de George Cukor, <em>A Double Life</em> (Doble vida, 1947) Anthony John (Ronald Colman) interpreta a un Otelo sin Yago. &iquest;No es esa una sugerencia de que, por diab&oacute;lica que sea, la existencia misma de Yago es prescindible cuando Otelo ocupa todo el espacio de la tragedia?<a title="" href="#_ftn18">[18]</a>&nbsp; Tony es el doble personaje, Tony y Otelo, pero tambi&eacute;n Yago y Otelo. En la pel&iacute;cula, viene de representar en una comedia, <em>A Gentleman&rsquo;s Gentleman</em>, el papel de un criado que acaba fug&aacute;ndose con la esposa del se&ntilde;or: un Casio que roba a Desd&eacute;mona. Tony despierta diversidad de pareceres entre quienes lo conocen. &iquest;Es un actor alguien de fiar? &iquest;C&oacute;mo podemos gobernar la hipocres&iacute;a de nuestras vidas? Tony le confiesa al productor que no fue su padre, sino su mujer, Brita, quien le ense&ntilde;&oacute; a &ldquo;hablar, moverse, pensar&rdquo;, y que qued&oacute; hecho pedazos y reconstruido (&ldquo;I had to tear myself apart and put myself together, again and again&rdquo;) hasta convertirse en el actor que es. &iquest;Hasta d&oacute;nde no llega la responsabilidad de la mujer que ha forjado as&iacute; a un hombre? &iquest;No se siente a su vez &ldquo;deconstruido&rdquo; Otelo por el amor de Desd&eacute;mona? Cukor hab&iacute;a dirigido <em>Historias de Filadelfia</em> (con su propio trasfondo shakesperiano), una comedia de enredo matrimonial, seg&uacute;n la denomina Cavell.<a title="" href="#_ftn19">[19]</a> Tony y Brita responden al paradigma de una pareja que no ha superado su divorcio, como Tracy y Dexter (Katherine Hepburn y Cary Grant) en <em>Historias de Filadelfia</em>. Pero sabemos que Brita no est&aacute; dispuesta a casarse de nuevo. Brita sabe que no hay arreglo o recomposici&oacute;n posible, que Tony es un hombre roto. &iquest;C&oacute;mo no va a saberlo el propio Tony, empe&ntilde;ado en sacar adelante el proyecto de <em>Otelo</em> con algunos arreglos propios? El principal es el de estrangular a Desd&eacute;mona con un beso. (&ldquo;El beso de la muerte&rdquo;, que sirve en <em>Doble vida</em> como un titular para la prensa, ser&iacute;a el t&iacute;tulo de una pel&iacute;cula <em>noir</em> de Henry Hathaway [<em>Kiss of Death</em>, 1947], protagonizada por Victor Mature, &iexcl;un actor de origen italiano! <em>El beso de la muerte</em> involucra tambi&eacute;n una historia de venganza. Orson Welles reproducir&iacute;a el velado &ldquo;beso de la muerte&rdquo; en su propia adaptaci&oacute;n de <em>Otelo</em> en 1952.) El fracaso de la comedia de enredo matrimonial implica la tragedia, como si el director advirtiera: el cine negro ser&aacute; una tragedia en (para) el cine.<a title="" href="#_ftn20">[20]</a> &iquest;Por qu&eacute; Shakespeare muestra la muerte de Desd&eacute;mona? &iquest;No era hasta entonces esa muerte, la de la mujer a manos de su esposo, algo excesivamente obsceno?&nbsp; (En ninguna otra tragedia suya asistimos a un uxoricidio.) &iquest;Qu&eacute; tipo de advertencia quiere hacernos el poeta, cuando sabemos que hay una recomendaci&oacute;n de prudencia que puede leerse entre l&iacute;neas en todas sus tragedias?<a title="" href="#_ftn21">[21]</a> &iquest;Ser prudentes para no acabar como Otelo y Desd&eacute;mona?&nbsp; Sin embargo, hay algo en el amor incondicional de Otelo y Desd&eacute;mona, como en el de Antonio y Cleopatra, que desoye la recomendaci&oacute;n, como si el momento de la prudencia hubiera pasado, en el sentido de que tendr&iacute;a que haberse evitado el idilio. Traspasado ese l&iacute;mite, el amor desconoce la prudencia, tal como Desd&eacute;mona negaba que Otelo fuera celoso. (&iquest;No es esta una prueba de que no conoce a Otelo suficientemente? &iquest;Y no es ese el mismo caso de Otelo cuando le habla a Yago de Desd&eacute;mona?)<a title="" href="#_ftn22">[22]</a> El enamoramiento hab&iacute;a de ceder el paso al amor, a fin de que los esposos pudieran desenga&ntilde;arse respecto a su verdadera identidad. La comedia de enredo matrimonial iluminar&iacute;a estos rincones de la tragedia, cuya segunda mitad tiene, como se ha se&ntilde;alado, un ritmo de farsa.<a title="" href="#_ftn23">[23]</a> &iquest;No es esto perceptible en la manera en que Yago hace hablar a Casio de la prostituta, Blanca, mientras el negro Otelo escucha escondido los comentarios y las risas?</p>
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<p>7. &ldquo;Dejad eso anotado&rdquo;. El genio de Shakespeare se aquilata a la hora de componer esas escenas en que Yago improvisa las trampas en que hace caer a los dem&aacute;s personajes. De fondo vemos c&oacute;mo el lenguaje de Otelo, desde sus &ldquo;ambages ampulosos&rdquo;, se desmorona y vuelve a levantarse &mdash;o &ldquo;excavarse&rdquo;&mdash; con tintes sombr&iacute;os. La naturaleza del amor de Otelo fue verbal antes que sensual, as&iacute; que el habla de Otelo es la primera v&iacute;ctima de su locura. Al comienzo del acto IV, es Otelo el que se hace eco de Yago, sometido por completo a su hechizo. Y exclamar&aacute;: &ldquo;&iexcl;No son vanas las palabras que as&iacute; me estremecen!&rdquo;. Hay cierta sensatez en la vanidad frente a la locura de la enajenaci&oacute;n. Enfermo de celos, la vida de Otelo resulta insoportable. Como en sue&ntilde;os, como si no hubiera diferencia entre el sue&ntilde;o y la vigilia, acabar&aacute; con la vida de Desd&eacute;mona. Volvemos a que es notable que Desd&eacute;mona duerma, lo que en Shakespeare es se&ntilde;al de su inocencia, mientras que ya no hay descanso para Otelo hasta su propia muerte. Y as&iacute; como el caso del amor empeora por Otelo enga&ntilde;ado por Yago &mdash;con las pruebas del fingido sue&ntilde;o de Cassio, el pa&ntilde;uelo extraviado y lo dicho sobre Blanca (por Desd&eacute;mona), sue&ntilde;o, vista y o&iacute;do abarcando el mundo entero de los sentidos&mdash;, queda resarcido cuando Desd&eacute;mona expira negando haber sido asesinada por Otelo. Otelo la oye decir, antes de conocer la prueba de su inocencia por Emilia, que ella misma hab&iacute;a cometido el crimen. El &ldquo;crimen&rdquo; para Otelo en ese momento era el adulterio, la palabra que no soportaba decir (IV, ii), antes que su propio asesinato, seg&uacute;n descubrir&aacute; demasiado tarde, urgido a decir &ldquo;una palabra o dos&rdquo; antes de partir. Otelo es aqu&iacute; un eco de Hamlet cuando el pr&iacute;ncipe le ped&iacute;a a Horacio que se abstuviera de la &ldquo;felicidad&rdquo; del suicidio para contar su historia (&ldquo;cuando relat&eacute;is estos sucesos desafortunados&rdquo;), de manera similar a como Ofelia, muerta tras haber perdido la raz&oacute;n, habr&iacute;a sido el prototipo de Desd&eacute;mona al entonar la canci&oacute;n del sauce.<a title="" href="#_ftn24">[24]</a> El suicidio de Otelo se pliega sobre el &ldquo;suicidio&rdquo; de Desd&eacute;mona, que muere declar&aacute;ndose inocente, pero sin acusar a su esposo, que al final vuelve a besarla en el lecho. Cleopatra, tras la muerte de Antonio, har&aacute; por amor lo que Otelo no puede hacer por s&iacute; mismo, cuando pide ser arrebatado &ldquo;sin reposo entre los vientos&rdquo;. (&iquest;No habr&iacute;a aqu&iacute; cierto sesgo racial por el que se antepone la pasi&oacute;n a toda raz&oacute;n, una recepci&oacute;n shakesperiana de Oriente sin la que, por convencional que resulte, el propio mundo &mdash;Venecia o Inglaterra o Europa&mdash; no puede entenderse a s&iacute; mismo por completo?). El silencio que guarda Yago tras haber sido descubierto es el l&iacute;mite de la maldad, el ejecutor de la desgracia, mientras que a Otelo hemos de o&iacute;rlo hasta el final pedir &ldquo;morir bes&aacute;ndote&rdquo;, tras confesar que se ha dejado arrebatar por la locura. &ldquo;Dejad eso anotado&rdquo; quiere decir que la traici&oacute;n de Yago no sea la &uacute;ltima palabra: el mal ha de ser silenciado. La cara siniestra del amor que ofrecen los celos, dir&iacute;amos, tambi&eacute;n es del amor, m&aacute;s que del amante (El propio Otelo declaraba no haber sido &ldquo;dado a los celos&rdquo;). Nadie estar&iacute;a libre de la locura a la que puede arrastrarnos la naturaleza; la obra extiende sus luces y sombras, por fin, a la sociedad que ha asistido a la &ldquo;tr&aacute;gica carga de este hecho&rdquo;. &iquest;C&oacute;mo no creer que haya de ser respetada la &uacute;ltima voluntad de Otelo, una vez se ha destapado la culpa de Yago? &iquest;Y no ser&aacute; la sociedad misma, que debe hablar de Otelo sin disculparle ni agravar su falta, la &uacute;ltima en ser encausada? No es en Venecia, sino en Chipre, donde ha ocurrido la tragedia: una distancia que nos ayudar&aacute; a juzgarla, entre el &ldquo;lascivo viento&rdquo; y las &ldquo;castas estrellas&rdquo;.<a title="" href="#_ftn25">[25]</a></p>
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> Este texto responde a una conferencia sobre <em>Otelo</em> en el seminario sobre <em>Psicolog&iacute;a literaria</em> prevista para el 17 de marzo de 2020 en la Biblioteca Regional de Murcia. El comienzo est&aacute; en deuda con la sesi&oacute;n anterior sobre Dante. Se escribe para los ojos como se habla al o&iacute;do. <em>Videte quid audiatis</em>.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> Dante Alighieri, <em>La divina comedia</em>, en <em>Obras completas</em>, trad. de N. Gonz&aacute;lez Ruiz, BAC, Madrid, 1994: &ldquo;Mientras que un esp&iacute;ritu dec&iacute;a esto, el otro lloraba de tal modo que de piedad sent&iacute; un desfallecimiento de muerte y ca&iacute; como los cuerpos muertos caen&rdquo; (Infierno, V, 139-142).</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a> Cf. Infierno, XVIII, 83-99, y XXVII, 79-142, con Para&iacute;so, X, 82-137, y XI, 73-139.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a> William Shakespeare, <em>Otelo</em>, en <em>Obras completas</em>, trad. de L. Astrana Mar&iacute;n, Aguilar, M&eacute;xico, 1994, p. 418: &ldquo;&iexcl;Bah!, la iniquidad no es una iniquidad sino para el mundo, y teniendo al mundo por haberla cometido, no ser&iacute;a una iniquidad en un mundo vuestro, lo que os permitir&iacute;a bien pronto repararla&rdquo;. (Cito en adelante por esta traducci&oacute;n. Seg&uacute;n Inmaculada Ser&oacute;n Ord&oacute;&ntilde;ez, las traducciones de Astrana &ldquo;marcaron un antes y un despu&eacute;s, y a d&iacute;a de hoy siguen constituyendo la &uacute;nica colecci&oacute;n completa de obras de Shakespeare en espa&ntilde;ol de un mismo traductor&rdquo;. V&eacute;ase el estudio bibliogr&aacute;fico &ldquo;Shakespeare en castellano: traducciones y ediciones disponibles&rdquo;, en el recomendable breviario de Mario Praz, <em>Unas tardes con Shakespeare</em>, trad. de T. Lanero y C. Torres, Confluencias, 2014.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a> La expresi&oacute;n paradigm&aacute;tica est&aacute; en <em>Hamlet</em> (II, ii), p. 241: &ldquo;Dios m&iacute;o, podr&iacute;a estar yo encerrado en una c&aacute;scara de nuez, y me tendr&iacute;a por rey del espacio infinito, si no fuera por los malos sue&ntilde;os que tengo&rdquo;.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a> William Shakespeare, <em>El mercader de Venecia</em> (III, i): &ldquo;&iquest;Es que un jud&iacute;o no tiene ojos?&rdquo;. Cf. con <em>Otelo</em> (IV, iii), p. 419: &ldquo;Sepan los maridos que sus mujeres gozan de sentidos como ellos: ven, huelen, tienen paladares capaces de distinguir lo que es dulce de lo que es agrio, como sus esposos. &iquest;Qu&eacute; es lo que procuran cuando nos cambian por otras? &iquest;Es placer? Yo creo que s&iacute;. &iquest;Es el afecto lo que les impulsa? Creo que s&iacute; tambi&eacute;n. &iquest;Es la fragilidad, que as&iacute; desbarata? Creo tambi&eacute;n que es esto. &iquest;Y es que no tenemos nosotras afectos, deseos de placer y fragilidad como tienen los hombres? Entonces que nos traten bien, o sepan que el mal que hacemos son ellos quienes nos lo ense&ntilde;an&rdquo;.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a> Los dos primeros actos acaban con mon&oacute;logos de Yago. Sobre Yago, v&eacute;ase <em>Otelo</em> (I, i), p. 362: &ldquo;No todos podemos ser amos, ni todos los amos est&aacute;n fielmente servidos&hellip; A semejante categor&iacute;a confieso pertenecer. Porque, se&ntilde;or, tan verdad como sois Rodrigo, que, al ser yo el moro, no quisiera ser Yago. Al servirlo, soy yo quien me sirvo&rdquo;. V&eacute;ase Allan Bloom with Harry V. Jaffa, <em>Shakespeare&rsquo;s Politics</em>, Basic Books, Nueva York y Londres, 1964, p. 63: &ldquo;Le&iacute;dos desapasionadamente, los discursos de Yago lo muestran como el pensador m&aacute;s claro de la obra&hellip; Yago trata de vivir su vida libre del dominio de otros hombres y en especial de los pensamientos de otros hombres&hellip; Para Yago, el hombre solo puede liberarse por el pensamiento&hellip; No puede fundar su vida en el autoenga&ntilde;o, como hace Otelo&rdquo;.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref8">[8]</a> Stanley Cavell, <em>Disowning knowledge in seven plays of Shakespeare</em>, Cambridge UP, Cambridge, 2003, p. 133: &ldquo;Afirmo que debemos comprender que Otelo, por el contrario, quiere creer a Yago, que intenta, contra lo que sabe, creerle&rdquo;.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref9">[9]</a> Stephen Greeenblatt, <em>El espejo de un hombre. Vida, obra y &eacute;poca de William Shakespeare</em>, trad. de T. de Lozoya y J. Rabasseda, Penguin, Barcelona, 2016, p. 396: &ldquo;Shakespeare descubri&oacute; que pod&iacute;a profundizar enormemente el efecto de sus obras&hellip; si eliminaba&hellip; el fundamento racional, la motivaci&oacute;n o principio &eacute;tico que justificaba la acci&oacute;n que estaba a punto de desarrollarse. Ese principio no consist&iacute;a en elaborar un enigma que hubiera que resolver, sino en crear una <em>opacidad estrat&eacute;gica</em>&rdquo;.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref10">[10]</a> La distinci&oacute;n est&aacute; en Emerson. Toda la psicolog&iacute;a literaria de <em>Otelo</em> se concentra en la escena situada en el centro de la obra, que consta de 15 escenas, si tenemos en cuenta la irrelevancia de la escena ii del acto III. <em>Otelo</em>, III, iii, p. 393: &ldquo;Yago: Por lo que toca a Miguel Cassio, me atrever&iacute;a a jurarlo, pienso que es un hombre honrado. Otelo: Y yo tambi&eacute;n. Yago: Los hombres debieran ser lo que parecen. &iexcl;Ojal&aacute; ninguno de ellos pareciese lo que no es! Otelo: Cierto es que los hombres debieran ser lo que parecen&rdquo;. Poco despu&eacute;s, Yago se indigna: &ldquo;&iquest;Revelar mis pensamientos?.. &iquest;Qui&eacute;n tiene un coraz&oacute;n tan puro donde las sospechas odiosas no tengan sus audiencias y se sienten en sesi&oacute;n con las meditaciones permitidas?&rdquo;.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref11">[11]</a> <em>Otelo</em>, p. 399: &ldquo;&iexcl;Quiero tener alguna prueba! Su nombre, que era tan puro como el semblante de Diana, est&aacute; ahora tan embadurnado y negro como mi propio rostro&rdquo;.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref12">[12]</a> <em>Otelo</em>, I, ii: &ldquo;Yago: Pero os lo ruego, se&ntilde;or, &iquest;os hab&eacute;is casado de veras?&rdquo;.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref13">[13]</a> Una sombra monstruosa o grotesca recorre esta tragedia, descrita como &ldquo;una comedia dom&eacute;stica que se tuerce&rdquo; (Charles Boyce, &ldquo;Othello&rdquo;, en <em>Dictionary of Shakespeare</em>, Wordsworth Reference, Nueva York, 1990, p. 474). V&eacute;anse las citas siguientes en boca de diversos personajes. <em>Otelo</em>, p. 393: &ldquo;Otelo: &iexcl;Por el Cielo, me sirve de eco, como si encerrara en su pensamiento alg&uacute;n monstruo demasiado horrible para mostrarse!&rdquo;; p. 394: &ldquo;Yago: Es el monstruo de ojos verdes que se divierte con la vianda que le nutre&rdquo;; p. 398: &ldquo;Yago: &iexcl;Oh mundo monstruoso!&rdquo;; p. 404: &ldquo;Emilia: Los celos son un monstruo que se engendra y nace de s&iacute; mismo&rdquo;; p. 407: Otelo: &iexcl;Un hombre cornudo es un monstruo y una bestia!&rdquo;.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref14">[14]</a> <em>Otelo</em>, pp. 371-372: &ldquo;Desd&eacute;mona: El estr&eacute;pito franco de mi conducta y la tempestad afrontada de mi suerte lo proclaman a son de trompeta en el mundo&hellip; Se me priva de participar en los ritos de esta religi&oacute;n de la guerra por la cual le he amado&rdquo;.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref15">[15]</a> <em>Otelo</em>, pp. 364, 376, 400, 422.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref16">[16]</a> Charles Boyce, &ldquo;Othello&rdquo;, en <em>Dictionary of Shakespeare</em>, p. 471: &ldquo;Al final Otelo se iguala a s&iacute; mismo con los enemigos paganos a los que sol&iacute;a vencer&hellip; El simp&aacute;tico retrato de Shakespeare de una figura extranjera, combinado con la compasiva presentaci&oacute;n de su arrepentimiento y suicidio al final de la obra, enfatiza que el potencial para el fracaso tr&aacute;gico es universal&rdquo;. Esta lectura contrasta con la cr&iacute;tica a la dimensi&oacute;n cosmopolita de Otelo en Allan Bloom, <em>Shakespeare&rsquo;s Politics</em>, p. 43: &ldquo;El moro de Shakespeare, despu&eacute;s de tomar los desv&iacute;os del hombre civilizado y manifestar una profundidad inesperada, vuelve al final a la barbarie que el p&uacute;blico esperaba originalmente&rdquo;.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref17">[17]</a> Allan Bloom, <em>Shakespeare&rsquo;s Politics</em>, p. 65: &ldquo;Yago no tiene idea de lo que quiere&hellip; Es un ejemplo de lo que a menudo se dice que ocurrir&aacute; cuando los hombres ya no crean en Dios; es un ateo&rdquo;. &ldquo;El personaje de Yago es una de las supererogaciones del genio de Shakespeare&rdquo;, comenta William Hazlitt en <em>Characters of Shakespeare&rsquo;s Plays</em> (1817), Oxford UP, Londres y Nueva York, 1952, pp. 44-49.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref18">[18]</a> Contra la &ldquo;hip&oacute;tesis del Yago-Satanas&rdquo;, Lampedusa advirti&oacute; que &ldquo;la &oacute;pera <em>Otelo</em> ha matado a la tragedia <em>Otelo</em> para los italianos&rdquo;. V&eacute;ase Giuseppe Tomasi di Lampedusa, <em>Shakespeare</em>, trad. de R. B. Bradaschia, Nortesur, Barcelona, 2009, p. 80: &ldquo;El que estalle la tragedia se debe solo al temperamento de Otelo y a su extrema tendencia al desequilibrio. El personaje tr&aacute;gico es Otelo; Yago es la despreciable chispa que hace deflagrar la mina&hellip; Era tan poco el temor que Shakespeare ten&iacute;a a Yago que no dud&oacute; en confiarle numeros&iacute;simos golpes de humor&hellip; Aunque humor, huelga decirlo, melanc&oacute;lico, amargo y muy deprimente&rdquo;.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref19">[19]</a> Stanley Cavell, <em>Ciudades de palabras</em>, trad. de J. Alcoriza y A. Lastra, Pre-Textos, Valencia, 2007, p. 66: &ldquo;La causa general de la intervenci&oacute;n en las comedias de enredo matrimonial &mdash;pues el hecho de estos matrimonios significa que la pareja conversa&mdash; es educar; comenzar con responder a la falta de educaci&oacute;n de la mujer, a su exigencia de conocer algo que cambie su insatisfacci&oacute;n con las cosas como son, o revele su papel en ellas, o su, al cabo, mayor satisfacci&oacute;n con una manera que con ninguna otra&hellip; Tracy puede, como Porcia [en <em>El mercader de Venecia</em>], elegir entre tres hombres; en su caso la elecci&oacute;n reside en determinar qui&eacute;n puede ayudarla a responder a esa exigencia, lo que significa hallar a alguien con quien hablar, en quien creer&hellip; El g&eacute;nero del enredo matrimonial habla de la exigencia de la mujer de ser educada y de educar, es decir, de ser escuchada&rdquo;.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref20">[20]</a> L&eacute;ase esta apreciaci&oacute;n de Cavell con la mente puesta en la degeneraci&oacute;n que supondr&iacute;a el paso de la comedia matrimonial al cine negro: &ldquo;El periodo en la cultura americana en que se formaban la sensibilidad y la educaci&oacute;n de los responsables de una pel&iacute;cula como <em>Historias de Filadelfia</em>, en especial la confianza con que se esperaba que la alusi&oacute;n y el intercambio sofisticado fueran comprendidos por un n&uacute;mero considerable de ciudadanos, no ha sido igualado, supongo, ni antes ni despu&eacute;s&rdquo; (<em>Ciudades de palabras</em>, p. 67).</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref21">[21]</a> George Anastaplo, <em>The Artist as Thinker. From Shakespeare to Joyce</em>, Ohio University Press, Athens, Ohio, 1983, p. 26: &ldquo;&iquest;Es el universo moral de las tragedias de Shakespeare, tal como se ha dicho, fr&iacute;o y prohibitivo? Shakespeare nos sugiere lo que la prudencia exige en varias circunstancias. &iquest;No es esto reconfortante, en lugar de amenazador? &iquest;No nos instruye, a trav&eacute;s de las tragedias, sobre los muchos modos en que los hombres se equivocan? &iquest;No nos sentimos animados por las tragedias, debidamente comprendidas, a creer que los hombres no han de ser necesariamente solo v&iacute;ctimas del capricho y la irracionalidad? En lugar de preocuparnos por una privaci&oacute;n improbable [en el sentido de que, si los hombres se comportaran como debieran, no se escribir&iacute;an tragedias], &iquest;no deber&iacute;amos comprender precisamente c&oacute;mo el juicio err&oacute;neo conduce a aberraciones de las que hace uso la tragedia?&rdquo;. Sobre <em>Otelo</em>, en particular, Anastaplo se&ntilde;ala &mdash;en contraste con la conclusi&oacute;n de Allan Bloom sobre Emilia como el personaje &ldquo;dispuesto a morir por la verdad&rdquo;&mdash;, que Emilia, que habr&iacute;a colaborado con los tortuosos planes de su esposo demasiado a menudo, &ldquo;se equivoca al revelar la verdad sobre Yago en su presencia mientras va armado&hellip; Ya no hab&iacute;a necesidad de apresurarse&rdquo;.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref22">[22]</a> <em>Otelo</em> (III, iv), p. 401: &ldquo;Emilia: &iquest;No es celoso? Desd&eacute;mona: &iquest;Qui&eacute;n, &eacute;l? Pienso que el sol bajo el cual ha nacido sec&oacute; en &eacute;l semejantes humores&rdquo;. <em>Otelo</em> (IV, i), p. 409: &ldquo;Otelo: &iexcl;Que la ahorquen!... Solo digo lo que es&hellip; &iexcl;Tan delicada con la aguja!... &iexcl; Tan admirable en la m&uacute;sica!... &iexcl;Oh! &iexcl;Cuando canta, har&iacute;a desaparecer la ferocidad de un oso!... &iexcl;De ingenio tan agudo y f&eacute;rtil! &iexcl;Y tan ocurrente!... La har&eacute; trizas!... &iexcl;Ponerme los cuernos!&rdquo;.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref23">[23]</a> Stanley Cavell, <em>Disowning knowledge in seven plays of Shakespeare</em>, p. 132.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref24">[24]</a> Giuseppe Tomasi di Lampedusa, <em>Shakespeare</em>, p. 81: &ldquo;La muerte de Otelo ser&iacute;a la m&aacute;s grande escena f&uacute;nebre de Shakespeare de no existir el precedente de la muerte de Hamlet, y si unos meses m&aacute;s tarde no hubiera concebido la muerte voluptuosa y mordaz de Cleopatra-Fitton&rdquo;.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref25">[25]</a> Wilson G. Knight, <em>The Wheel of Fire. Interpretation of Shakespeare&rsquo;s Tragedy</em>, The World Publishing Company, Cleveland, 1964, p. 105: &ldquo;La separaci&oacute;n es la regla por todo <em>Otelo</em>&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Fri, 10 Jul 2020 08:07:33 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un despliegue audaz de la conciencia narrativa]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-despliegue-audaz-de-la-conciencia-narrativa/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2020/Julio/_LVARO_GARC_A_3.jpg" alt="" /></p>
<p>Los personajes de <em>Discurso de boda</em> est&aacute;n inmersos en una cotidianeidad abrumadora en la que nos identificamos con un personaje y tambi&eacute;n con el que menos se le parece; con uno y con su opuesto. La narraci&oacute;n es aqu&iacute; valiente, sin convencionalismos o falsos pudores. Quiz&aacute;s por eso habla al coraz&oacute;n, suena a verdad. Siempre con el exquisito dominio del lenguaje que caracteriza toda la obra de Garc&iacute;a. He disfrutado mucho con esta novela y tratar&eacute; de explicar por qu&eacute;. &ldquo;La crueldad natural de las parejas&rdquo; est&aacute; al lado de frases crueles y de pareja como las que canta Marifranci en copla. De lo m&aacute;s sublime y elevado a lo cotidiano y humor&iacute;stico. Este es el vaiv&eacute;n de emociones con el que, entre Woody Allen y James Salter, atrapa al lector &Aacute;lvaro Garc&iacute;a en su nueva y rotunda novela<em>. </em>El poeta ganador de los premios Hiperi&oacute;n y Loewe da con madurez el paso a la narrativa, iniciado con <em>El tenista argentino</em>, premio Ciudad de Barbastro en 2018. Como ya ocurr&iacute;a en aquella, la de <em>Discurso de boda</em> es una escritura valiente, fresca, sin clich&eacute;s, profunda y reflexiva en el tratamiento del amor, de la soledad y de la muerte.</p>
<p><em>Discurso de boda</em> se dir&iacute;a resultado de una b&uacute;squeda constante de nuevas formas de expresi&oacute;n, ahora encontradas en un g&eacute;nero que Ezra Pound se&ntilde;alaba como el heredero de la poes&iacute;a en algo crucial: la captaci&oacute;n de la complejidad moral y de lenguaje, testigo que seg&uacute;n <em>il miglior fabbro</em> la novela toma en el momento en que la poes&iacute;a pierde matices para conformarse con la musicalidad de expresiones morales fijas, esclerotizaci&oacute;n que Pound data en el Renacimiento. Con Jane Austen y despu&eacute;s Flaubert y despu&eacute;s Henry James llegar&iacute;a para Pound el cauce nuevo de la poes&iacute;a, gracias a la cantidad pero sobre todo a la riqueza del despliegue en matices de observaci&oacute;n desde la conciencia. J.A. Juristo ha escrito (<em>Cuadernos Hispanoamericanos, </em>febrero de<em> </em>2019) que la construcci&oacute;n narrativa de &Aacute;lvaro Garc&iacute;a es po&eacute;tica en el sentido en que lo son las de Lawrence o Faulkner: no basta con la apariencia de los hechos. La huida de la captaci&oacute;n lineal o fija da lugar en <em>Discurso de boda</em> a algo que considero muy de agradecer: en personajes entre s&iacute; distintos e incluso dispares, puede el lector encontrar trozos de s&iacute; mismo.</p>
<p><em>Discurso de boda</em> es una novela divertida, llena de humor. Puede uno re&iacute;rse a carcajadas en momentos como el del biquini fosilizado o el de la salida de Otom al jard&iacute;n con el cazo de comida, buscando a Katia, como quien va a darle de comer al perro. O en los di&aacute;logos con Marifranci cuando los dos hermanos protagonistas eran peque&ntilde;os. Pero tambi&eacute;n ese humor est&aacute; a veces lleno de amargura, de melancol&iacute;a, como en la evocaci&oacute;n del parecido entre el padre y el jardinero vestido con un traje cedido (en todos los sentidos) por el padre. O en la asimilaci&oacute;n entre el novio de Marifranci y el enano reci&eacute;n casado de la canci&oacute;n que canta ella. No sabe uno si re&iacute;r cuando el trucaje fotogr&aacute;fico de la cara de la t&iacute;a monja muerta, a la que nadie pudo fotografiar con toca por ser de clausura. Los personajes buscan una salida a la soledad a la que est&aacute;n abocados como correlatos que son de seres humanos complejos. &Aacute;lvaro Garc&iacute;a, poeta de prestigio, pod&iacute;a haber elegido una manera c&oacute;moda, comercial, de novelar. Su b&uacute;squeda del fundamento literario, aludido en alg&uacute;n momento de la propia novela, lo lleva en cambio a arriesgar con un lenguaje sorprendente al servicio de la trama y de los personajes. La narraci&oacute;n en primera persona por Otom inserta magistralmente los di&aacute;logos en estilo directo sin signos de acotaci&oacute;n, atento al fluir de la conciencia y de los rompimientos externos que consiguen la austeniana <em>storm in a teacup. </em>La <em>teacup</em> ser&iacute;a aqu&iacute; un microcosmos en el que se va integrando la vida de la ciudad; en el que se van introduciendo casi cada una de las inquietudes humanas. No falta la reflexi&oacute;n sobre la manera o la dificultad de comunicarlas. Esta novela despliega y aporta perspectivas a las im&aacute;genes, a las voces, a los ruidos, como cuando Otom recuerda haberle dicho &lsquo;te quiero&rsquo; en dos ocasiones a la bailarina In&eacute;s, sin que ella llegara a o&iacute;r la declaraci&oacute;n en ninguno de los dos casos, uno por tener puestos los auriculares, otro por el ruido de la m&aacute;quina de caf&eacute; del restaurante del propio Otom.</p>
<p>En su imprescindible ensayo sobre el lenguaje literario <em>Poes&iacute;a sin estatua. Ser y no ser en po&eacute;tica</em> (2005), defendi&oacute; &Aacute;lvaro Garc&iacute;a cierta huida de lo que &eacute;l llamaba el &ldquo;co&aacute;gulo del yo&rdquo;, para transmutar las palabras. La convicci&oacute;n que logra <em>Discurso de boda</em> no deja de tener la misma naturaleza que la poes&iacute;a: el extra&ntilde;amiento del lenguaje, la atenci&oacute;n a los matices, sobre todo en el tratamiento del sexo. La humedad y el calor est&aacute;n por toda la novela. La excitaci&oacute;n sexual y la ciudad se funden en eso, ya presente en <em>El tenista argentino</em>. Est&aacute;n las chanclas h&uacute;medas y todav&iacute;a calientes de las chicas que se van, chanclas que Otom saca a secar al sol y que un d&iacute;a se pondr&aacute; Katia. A pesar de la modernidad y de tantas vanguardias e ismos, todav&iacute;a hay cierto pudor a hablar de sexo en novela, y menos de una forma tan directa y natural, al menos en las novelas consideradas de cierta categor&iacute;a intelectual. Esta no es la &uacute;nica muestra de valent&iacute;a y clarividencia de <em>Discurso de boda</em>: en unos tiempos marcados por el pensamiento fijo &ndash;que en literatura comprobamos como una vuelta a la musicalidad del lugar com&uacute;n sentimental, moral y hasta pol&iacute;tico-, en <em>Discurso de boda</em>, desde los juegos de conciencia que marcan el discurso improvisado por Otom en la boda de su hermano y Katia, hay pensamiento m&uacute;ltiple. Resulta m&aacute;s que audaz la verbalizaci&oacute;n de una transgresi&oacute;n paralela a la del mandamiento de rechazar deseos y realidades <em>impuras</em>: tambi&eacute;n la moral social de nuestras ciudades y sus depilaciones, sus consignas medi&aacute;ticas, sus compromisos pol&iacute;ticos desde el tel&eacute;fono m&oacute;vil, es reflejada en im&aacute;genes que contribuyen a la identificaci&oacute;n m&uacute;ltiple que vengo refiriendo, conseguida por el despliegue de una conciencia narrativa atenta &ldquo;a realidades m&aacute;s concretas que la palabra mundo&rdquo;. Despliegue mental al que en esta novela le sigue fielmente una capacidad de lenguaje que quiz&aacute; por eso parece tan natural.</p>
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<p>&Aacute;lvaro Garc&iacute;a, <em>Discurso de boda</em>, Jerez de la Frontera, Libros Canto y Cuento, 2020.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 10 Jul 2020 07:26:38 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Alfredo Castellón protagoniza el nuevo número de TURIA]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/alfredo-castellon-protagoniza-el-nuevo-numero-de-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2020/ALFREDO_CASTELL_N.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: justify;" align="center">&nbsp;<strong>22 AUTORES RINDEN HOMENAJE AL CINEASTA&nbsp; QUE SIEMPRE SE SINTI&Oacute; ESCRITOR </strong></p>
<p class="Textoindependiente21" style="text-align: justify;" align="center"><strong>&ldquo;TURIA&rdquo; TAMBI&Eacute;N PUBLICA TEXTOS IN&Eacute;DITOS DE LUIS LANDERO, LUIS ALBERTO DE CUENCA, LUIS GARC&Iacute;A MONTERO, JOS&Eacute; MAR&Iacute;A CONGET, IGNACIO MART&Iacute;NEZ DE PIS&Oacute;N, MARTA SANZ Y ELOY TIZ&Oacute;N</strong> </p>
<p>El nuevo n&uacute;mero de la revista cultural TURIA tiene como principal objetivo rendir un necesario y merecido homenaje al cineasta y escritor Alfredo Castell&oacute;n. Un atractivo y sincero reconocimiento colectivo que le rinden un total de 22 autores y que reivindica el inter&eacute;s y la vigencia de una obra literaria, cinematogr&aacute;fica y televisiva que supone una de las contribuciones m&aacute;s originales a la cultura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea.</p>
<p>A trav&eacute;s de 200 p&aacute;ginas de textos in&eacute;ditos, TURIA pone en valor la figura y la obra de Alfredo Castell&oacute;n, el cineasta que siempre se sinti&oacute; escritor. Fue la suya una personalidad fascinante, a un tiempo insondable y transparente. Capaz de convertirse en un fiel amigo y un verdadero admirador de la gran Mar&iacute;a Zambrano y de deslumbrar a una entonces jovenc&iacute;sima Marta Sanz, hasta parecerle &ldquo;el hombre que parec&iacute;a reci&eacute;n llegado de las monta&ntilde;as&rdquo;. Fue tambi&eacute;n Alfredo Castell&oacute;n el realizador que cambi&oacute; la forma de hacer cultura en televisi&oacute;n, con programas como &ldquo;Estudio 1&rdquo; o &ldquo;Mirar un cuadro&rdquo; o el director de cine que cosech&oacute; &eacute;xito internacional con su pel&iacute;cula &ldquo;Las gallinas de Cervantes&rdquo;, adaptaci&oacute;n de un cuento de Ram&oacute;n J. Sender sobre la vida de Cervantes y sus mujeres.</p>
<p>TURIA pretende redescubrir a los lectores tanto la original obra literaria, cinematogr&aacute;fica&nbsp; televisiva, como la singular vida de Alfredo Castell&oacute;n. No en vano, y como escribe Rosa Burillo en el art&iacute;culo que abre el monogr&aacute;fico que le dedica TURIA, &ldquo;Alfredo era un so&ntilde;ador. Pero tambi&eacute;n era un superviviente, un hombre pr&aacute;ctico y equilibrado en el d&iacute;a a d&iacute;a, que ten&iacute;a perfectamente ordenadas las carpetas azules donde guardaba su obra&rdquo;. Adem&aacute;s, escrib&iacute;a por necesidad, por un profundo sentido de la justicia y, a pesar de su agnosticismo, camin&oacute; siempre hacia la luz, quiz&aacute; como un eco de la espiritualidad de Zambrano que sin duda Alfredo Castell&oacute;n comparti&oacute;.</p>
<p>TURIA informa, por otra parte, de la cancelaci&oacute;n provisional de la presentaci&oacute;n prevista en Zaragoza. Si la situaci&oacute;n de la pandemia de coronavirus lo permite, se intentar&aacute; llevar a cabo antes del mes de noviembre o se suspender&aacute; definitivamente.</p>
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<p class="Textoindependiente21"><strong>UN SUMARIO REPLETO DE TEXTOS Y AUTORES DE INTER&Eacute;S</strong></p>
<p>Adem&aacute;s del espectacular monogr&aacute;fico dedicado a Alfredo Castell&oacute;n, el nuevo n&uacute;mero de TURIA brinda un sumario repleto de lecturas y autores de inter&eacute;s.&nbsp; As&iacute;,&nbsp; las p&aacute;ginas de la revista se enriquecen &nbsp;con &nbsp;textos &nbsp;originales &nbsp;de &nbsp;importantes &nbsp;autores &nbsp;internacionales. &nbsp;Entre &nbsp;ellos, citar la selecci&oacute;n de la correspondencia in&eacute;dita del gran escritor brit&aacute;nico Philip Larkin o la presencia de un nuevo valor de la narrativa en lengua inglesa, Isabella Hammad, que ha conquistado a la cr&iacute;tica norteamericana y brit&aacute;nica con su primera novela &ldquo;El parisino&rdquo; y de la que TURIA ofrece en primicia un fragmento en espa&ntilde;ol.</p>
<p class="Textoindependiente21">Otros protagonistas de la nueva entrega de TURIA son autores como Mario Benedetti y Miguel Delibes, sobre cuya obra se publican art&iacute;culos originales de Eva Valero y Mario Crespo L&oacute;pez.&nbsp;</p>
<p>Tambi&eacute;n da a conocer textos narrativos in&eacute;ditos de Luis Landero, Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget, Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n, Eloy Tiz&oacute;n, Elvira Navarro y Joaqu&iacute;n Berges.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA ofrece igualmente a los lectores poemas in&eacute;ditos de, entre otros, Luis Alberto de Cuenca, Luis Garc&iacute;a Montero, Chantal Maillard, Manuel Rico, Francisco Ferrer Ler&iacute;n, Mart&iacute;n L&oacute;pez-Vega, Carlos Pardo, Basilio S&aacute;nchez, Fernando Sanmart&iacute;n y David Mayor.</p>
<p>Especialmente recomendables son las dos amplias entrevistas exclusivas que TURIA publica con dos nombres propios de la cultura muy relevantes: los escritores Ana Blandiana y Sergio del Molino.&nbsp; Ambos conversan acerca de un amplio repertorio de temas de inter&eacute;s. As&iacute;, mientras la rumana Blandiana asegura que &ldquo;hay que luchar contra la censura interior&rdquo;, del Molino est&aacute; convencido de que &ldquo;la literatura autobiogr&aacute;fica ayuda a expiar culpas&rdquo;.</p>
<p>La artista pl&aacute;stica zaragozana Lina Vila, una de las creadoras de mayor proyecci&oacute;n y consolidada trayectoria, es la encargada en esta ocasi&oacute;n de enriquecer gr&aacute;ficamente TURIA.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA ha conseguido convertirse, tras 37 a&ntilde;os de vida, en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. Tiene difusi&oacute;n nacional e internacional y por sus p&aacute;ginas han pasado m&aacute;s de mil autores de diversas procedencias est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas, lo que da idea de la riqueza y pluralidad de sus contenidos. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA es una revista de periodicidad cuatrimestral que tiene una edici&oacute;n en papel y otra&nbsp; digital (web y Facebook). Est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel y patrocinada por el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n.</p>
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<p><strong>ALFREDO CASTELL&Oacute;N: UN SO&Ntilde;ADOR DE IM&Aacute;GENES</strong></p>
<p>Una aproximaci&oacute;n plural, rigurosa y sugerente a Alfredo Castell&oacute;n (Zaragoza, 1930 &ndash; Madrid, 2017) es la propuesta que realiza la revista cultural TURIA. Un amplio conjunto de trabajos, tanto creativos como ensay&iacute;sticos, as&iacute; como de testimonios reveladores, brindan las claves de su personalidad y de su obra. Adem&aacute;s, permiten ofrecer al lector una imagen &iacute;ntegra y completa de quien siempre matiz&oacute; su sabidur&iacute;a, su entusiasmo y su creatividad con una sobredosis de elegante timidez. Esa postura vital de honradez y discreci&oacute;n sin duda le granje&oacute; un injusto desconocimiento que merece ser reparado. Y a esa tarea se aplica ahora la revista TURIA y sus colaboradores.</p>
<p>Nadie mejor que la profesora Rosa Burillo, aragonesa como Alfredo Castell&oacute;n pero al igual que &eacute;l residente en&nbsp; Madrid &nbsp;y titular &nbsp;de &nbsp;Literatura &nbsp;Norteamericana &nbsp;en &nbsp;la &nbsp;Universidad Complutense, para coordinar este espectacular monogr&aacute;fico que valora y sit&uacute;a en el lugar que le corresponde a un hombre de grandes y diversas inquietudes creativas que siempre tuvo por norma la sencillez y la humildad. Rosa Burillo no s&oacute;lo conoc&iacute;a perfectamente la obra sino que siempre mantuvo una estrecha relaci&oacute;n con Alfredo Castell&oacute;n, que se intensific&oacute; a&uacute;n m&aacute;s durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os de vida de &eacute;ste. As&iacute;, en el art&iacute;culo introductorio que publica en TURIA, y que titula &ldquo;El ni&ntilde;o prisionero de las ara&ntilde;&aacute;s&rdquo;, traza un perfil muy completo de Alfredo Castell&oacute;n y analiza las caracter&iacute;sticas del ingente trabajo que desarroll&oacute; hasta su muerte. Una tarea que realiz&oacute; con determinaci&oacute;n y naturalidad durante las distintas etapas de su vida. No en vano, parece que Alfredo Castell&oacute;n siempre se acogi&oacute; a esa m&aacute;xima de su admirada Mar&iacute;a Zambrano: &ldquo;La pregunta es el despertar del hombre&rdquo;.&nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>
<p>El monogr&aacute;fico es muy completo y est&aacute;n tratados todos los temas que entendemos fundamentales para comprender la importancia de la obra de Alfredo Castell&oacute;n. Y quienes se ocupan de ello son personas que conocieron muy bien su trabajo. Tambi&eacute;n TURIA aporta valiosos testimonios y textos in&eacute;ditos de y sobre el propio Alfredo. Se trata as&iacute; su labor en el cine y la televisi&oacute;n (con art&iacute;culos de C&eacute;sar Gil Covarrubias y Vicky Calavia, Emilio Casanova, y Jos&eacute; Luis Orozco), en la narrativa y el teatro (sobre la que escribe Ant&oacute;n Castro), su etapa en Italia (de la que se ocupa su amigo Silvio Maestranzi) y un amplio y plural repertorio de temas y testimonios de quienes le conocieron bien, como la que fuera su pareja sentimental durante alg&uacute;n tiempo, la italiana Marienza Binetti o la escritora Marta Sanz.</p>
<p>Especial inter&eacute;s ofrece el art&iacute;culo de Pedro Chac&oacute;n Fuertes en el que se analiza su relaci&oacute;n fundamental con Mar&iacute;a Zambrano a trav&eacute;s de los testimonios epistolares. Una correspondencia que se aporta en TURIA y que confirma la sinton&iacute;a de Castell&oacute;n con ella, desde que se conocieron en 1954 en Roma hasta la muerte de la brillante e inolvidable fil&oacute;sofa malague&ntilde;a. As&iacute;, en una carta fechada el 23 de abril de 1983, Alfredo Castell&oacute;n escribe: &ldquo;Mar&iacute;a, en todos estos a&ntilde;os no he dejado de recordarla con cari&ntilde;o, con mucho cari&ntilde;o. Los a&ntilde;os de Roma fueron para m&iacute; de enorme importancia, quiz&aacute; los a&ntilde;os m&aacute;s felices de mi vida, y sin duda alguna usted y su hermana Araceli contribuyeron a que lo fueran. A veces en estos a&ntilde;os cuando alguna vez he paseado en Roma por la Piazza del Popolo me he entrado en el caf&eacute; que hay en su antigua casa, y he recordado sus palabras, sus consejos. Y me doy cuenta de la suerte que tuve al conocerla y de lo mucho que influy&oacute; en mi vida&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Completan el monogr&aacute;fico una estimable serie de art&iacute;culos originales cuyos autores, tanto espa&ntilde;oles como italianos, contribuyen con testimonios reveladores acerca del trabajo y la rica personalidad de Alfredo Castell&oacute;n: Silvio Maestranzi, Eloy Fern&aacute;ndez Clemente, &Aacute;ngel Guinda, Luis Alegre, Ismael Grasa, Pablo P&eacute;rez RubioJos&eacute; Luis Gracia Mosteo, Eva Puyo, Mariano Gista&iacute;n, Javier Cinca Monterde, Chuz&eacute; Inazio Felices Maicas y Feliciano Llanas.</p>
<p>Adem&aacute;s, TURIA reproduce una selecci&oacute;n de poemas, microrrelatos y aforismos in&eacute;ditos de Alfredo Castell&oacute;n realizada por Rosa Burillo.</p>
<p class="Textoindependiente21">Cierra el homenaje una &uacute;til y pormenorizada biocronolog&iacute;a elaborada por el periodista Juan Dom&iacute;nguez Lasierra, muy vinculado a Alfredo Castell&oacute;n.</p>
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<p class="Textoindependiente21"><strong>MARIO BENEDETTI Y MIGUEL DELIBES</strong></p>
<p>El&nbsp; sumario&nbsp; de&nbsp; TURIA&nbsp; se&nbsp; abre,&nbsp; en&nbsp; esta&nbsp; ocasi&oacute;n,&nbsp; con&nbsp; un&nbsp; oportuno art&iacute;culo sobre Mario Benedetti (Paso de los Toros, Uruguay, 1920 &ndash; Montevideo, Uruguay, 2009), con motivo de cumplirse el centenario de su nacimiento. En &eacute;l, la profesora Eva Valero revalida un argumento indiscutible: Benedetti &ldquo;es un referente de la literatura latinoamericana de la segunda mitad del siglo XX, al tiempo que un ejemplo paradigm&aacute;tico de civismo y de resistencia ante la dictadura, la de su pa&iacute;s, que determin&oacute; su exilio y su tr&aacute;nsito vital por diversas geograf&iacute;as&rdquo;</p>
<p>Otro centenario importante, el del nacimiento de Miguel Delibes, permite a TURIA analizar su obra. Y lo hace a trav&eacute;s del art&iacute;culo titulado &ldquo;Miguel Delibes: claves de su vigencia&rdquo;. En &eacute;l, el profesor Mario Crespo L&oacute;pez subraya que Delibes es un &ldquo;punto fundamental desde el que observar medio siglo de literatura espa&ntilde;ola (el que va entre 1948 de &ldquo;La sombra del cipr&eacute;s es alargada&rdquo; y 1998 de &ldquo;El hereje&rdquo;). Adem&aacute;s, en Delibes se aprecia un triple compromiso: &eacute;tico, social y est&eacute;tico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>TEXTOS IN&Eacute;DITOS DE LUIS LANDERO, ISABELLA HAMMAD, PHILIP LARKIN, JOS&Eacute; MAR&Iacute;A CONGET E IGNACIO MART&Iacute;NEZ DE PIS&Oacute;N </strong></p>
<p>Entre el buen surtido de lecturas in&eacute;ditas que ofrece TURIA sobresale un avance de lo que ser&aacute; la correspondencia in&eacute;dita en espa&ntilde;ol del gran escritor brit&aacute;nico Philip Larkin: &ldquo;Cartas a Monica Jones&rdquo;, que aparecer&aacute; editada por La Umbr&iacute;a y la Solana. Este conjunto de cartas es util&iacute;simo para conocer mejor la verdadera personalidad de uno de los poetas m&aacute;s aclamados del pasado siglo.</p>
<p>Tambi&eacute;n la revista ofrece en primicia en nuestro idioma a un nuevo valor de la narrativa en lengua inglesa, Isabella Hammad, que ha conquistado a la cr&iacute;tica norteamericana y brit&aacute;nica con su primera novela &ldquo;El parisino&rdquo;, que ser&aacute; publicada el pr&oacute;ximo a&ntilde;o por Anagrama. El lector encontrar&aacute; aqu&iacute; una historia deslumbrante, inspirada en el bisabuelo paterno de la autora, en torno a las peripecias vitales de un palestino afrancesado. Pero el argumento va m&aacute;s all&aacute; y permite adentrarse en las claves de los seculares conflictos de Oriente Medio.</p>
<p>Adem&aacute;s, TURIA publica textos narrativos in&eacute;ditos de relevantes autores espa&ntilde;oles como Luis Landero, Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget, Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n, Eloy Tiz&oacute;n, Elvira Navarro y Joaqu&iacute;n Berges.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UNA SELECCI&Oacute;N DE LA MEJOR POES&Iacute;A ESPA&Ntilde;OLA ACTUAL</strong></p>
<p>La n&oacute;mina de poetas espa&ntilde;oles actuales que participan con textos in&eacute;ditos en TURIA es espectacular por su cantidad y calidad. Todos ellos representan la diversidad y riqueza de las distintas generaciones y est&eacute;ticas que conviven hoy en nuestro panorama po&eacute;tico: Luis Alberto de Cuenca, Luis Garc&iacute;a Montero, Chantal Maillard, Manuel Rico, Francisco Ferrer Ler&iacute;n, Mart&iacute;n L&oacute;pez-Vega, Carlos Pardo, Basilio S&aacute;nchez, Mar&iacute;a Alcantarilla, Vanesa P&eacute;rez-Sauquillo, Juan Manuel Mac&iacute;as&hellip;</p>
<p>&nbsp;En el &aacute;mbito aragon&eacute;s, citar los nombres de Fernando Sanmart&iacute;n, David Mayor, Jes&uacute;s Jim&eacute;nez Dom&iacute;nguez y Marta Dom&iacute;nguez Alonso, entre otros.</p>
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<p><strong>LA VIGENCIA DEL NIHILISMO DE CIORAN</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">En el apartado que TURIA dedica al ensayo, merece una atenta lectura el art&iacute;culo de Manuel Arranz sobre la actualidad del pensamiento de uno de los grandes ensayistas europeos de nuestra &eacute;poca: Emil Cioran. Este a&ntilde;o, adem&aacute;s, se cumple el 25 aniversario de la muerte de este escritor y fil&oacute;sofo rumano en lengua francesa. Un autor al que Fernando Savater contribuy&oacute; enormemente a dar a conocer en Espa&ntilde;a. La lectura de Cioran no deja indiferente a nadie que lea sus reflexiones sobre sus temas favoritos: el destino de los pueblos, la decadencia, el fanatismo, el suicidio, la imposibilidad necesaria de la filosof&iacute;a, etc. Su nihilismo y su manera afor&iacute;stica de filosofar, nos deber&iacute;an seguir fascinando hoy.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>ENTREVISTAS EXCLUSIVAS A ANA BLANDIANA Y SERGIO DEL MOLINO</strong></p>
<p>Ana Blandiana (Timi&ccedil;oara, Ruman&iacute;a, 1942) es ya una figura legendaria de la literatura rumana, en la que ocupa un lugar comparable al de Anna Ajm&aacute;tova o Vaclav Havel en las letras rusas o checas. Destacada opositora al r&eacute;gimen dictatorial que gobern&oacute; muchos a&ntilde;os su pa&iacute;s, Blandiana es una de los escritoras m&aacute;s sugestivas y originales del panorama de la cultura en Europa. Autora de libros de poes&iacute;a, narrativa y ensayo, su obra ha sido traducida a veinticinco idiomas y ha obtenido numerosos y relevantes premios en distintos pa&iacute;ses.</p>
<p class="Cuerpo">Blandiana se muestra cr&iacute;tica con el presente que vivimos. As&iacute;, en la conversaci&oacute;n que TURIA publica y que ha sido realizada por el tambi&eacute;n poeta Jordi Doce, nos dir&aacute;: &ldquo;el arte y la literatura de consumo de nuestro tiempo han creado una forma de subcultura que sale en todos los medios, la televisi&oacute;n, las redes sociales, y que aniquila la cultura de una forma semejante. Hoy sigue siendo imperativo luchar por la verdadera cultura&rdquo;.</p>
<p>El escritor Sergio del Molino (Madrid, 1979) es, por derecho propio, uno de los nombres m&aacute;s destacados&nbsp; de&nbsp; las&nbsp; letras&nbsp; y el periodismo espa&ntilde;ol&nbsp; de&nbsp; nuestros&nbsp; d&iacute;as.&nbsp; Cuando&nbsp; acaba&nbsp; de&nbsp; llegar a las librer&iacute;as una nueva novela, &ldquo;La piel&rdquo;, y todav&iacute;a est&aacute; muy reciente su biograf&iacute;a&nbsp;&nbsp; &ldquo;Calomarde.&nbsp;&nbsp; El&nbsp;&nbsp; hijo&nbsp;&nbsp; bastardo&nbsp;&nbsp; de&nbsp;&nbsp; las&nbsp;&nbsp; luces&rdquo;&nbsp;&nbsp; mantiene&nbsp; para&nbsp; TURIA&nbsp; una conversaci&oacute;n sin desperdicio con el tambi&eacute;n periodista y escritor Juan Carlos Soriano.&nbsp;&nbsp; Gracias a ese di&aacute;logo intenso y revelador conocemos m&aacute;s a fondo a a este madrile&ntilde;o trasplantado a Zaragoza, ciudad en la que reside.</p>
<p>Si hay un libro que marc&oacute; un antes y un despu&eacute;s en la obra de Sergio del Molino es &ldquo;La hora violeta&rdquo;. La leucemia que acab&oacute; con la vida de su hijo Pablo poco antes de que cumpliera dos a&ntilde;os le condujo a escribir ese libro que conquist&oacute; a miles de lectores. Reconoce que lo escribi&oacute; en condiciones muy desesperadas: &ldquo;En trance y casi, casi, sin ninguna pretensi&oacute;n literaria. O s&iacute;. O con todas las pretensiones literarias del mundo. Ah&iacute; desarrollo una idea para m&iacute; elemental: que la literatura es una misma cosa con la vida. Y la literatura es significativa en la medida en que exprese bien todas las rarezas y las asperezas de vivir&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;En 2016, con &ldquo;La Espa&ntilde;a vac&iacute;a&rdquo;,<em> </em>inaugur&oacute; una serie de libros y reportajes sobre el &eacute;xodo rural en nuestro pa&iacute;s y el desequilibrio de la balanza demogr&aacute;fica<em>. </em>Sergio del Molino, que dio el pistoletazo de salida a otros autores, considera espantosa e innecesaria la correcci&oacute;n &ldquo;vaciada&rdquo; que han impuesto, despu&eacute;s de publicado su libro, los movimientos sociales y medios de comunicaci&oacute;n.</p>
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<p><strong>JAVIER SIERRA ESCRIBE SOBRE CRIST&Oacute;BAL SERRA</strong></p>
<p>TURIA publica un sugerente art&iacute;culo de Javier Sierra sobre Crist&oacute;bal Serra, uno de los autores m&aacute;s raros y geniales de las letras espa&ntilde;olas. Bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Crist&oacute;bal Serra, profeta de la ocultura&rdquo; se analiza la obra de un autor de prestigio pero poco le&iacute;do y que, seg&uacute;n el ganador del Premio Planeta 2017, hay que situar como una de las estrellas de dif&iacute;cil clasificaci&oacute;n que brillan dentro de la inconmensurable galaxia de la literatura espa&ntilde;ola &ldquo;a las que solo un t&eacute;rmino de cu&ntilde;o reciente &ndash;&lsquo;ocultura&rsquo;- ayuda a entender mejor&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Adem&aacute;s de los anteriores contenidos, TURIA ofrece al lector&nbsp; la secci&oacute;n habitual denominada &ldquo;La isla&rdquo;, con fragmentos del diario de Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas enriquecidos gr&aacute;ficamente por Isidro Ferrer. Tambi&eacute;n se mantienen las dos secciones dedicadas a temas y protagonistas aragoneses. Cierra el sumario de la revista una amplia secci&oacute;n de cr&iacute;tica de libros, &ldquo;La Torre de Babel&rdquo;, donde se analizan las novedades editoriales de mayor inter&eacute;s en materias como narrativa, ensayo y poes&iacute;a, tanto de autores espa&ntilde;oles como de otros pa&iacute;ses.</p>
<p class="Textoindependiente21" align="center"><strong>&nbsp;<br /></strong></p>
<p class="Textoindependiente21" style="text-align: left;" align="center"><strong>AFORISMOS IN&Eacute;DITOS DE ALFREDO CASTELL&Oacute;N</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">El nuevo n&uacute;mero TURIA publica un espectacular conjunto de textos in&eacute;ditos de y sobre Alfredo Castell&oacute;n. Entre ellos destaca una amplia muestra de sus originales aforismos, nunca publicados hasta ahora y de los facilitamos hoy una breve selecci&oacute;n muy reveladora del pensamiento y la capacidad de escritura de su autor.</p>
<p class="Cuerpo">&ldquo;Tu talento mejorar&aacute; si tienes la generosidad de reconocer el del pr&oacute;jimo.</p>
<p class="Cuerpo">El mundo est&aacute; acatarrado y cualquier d&iacute;a estornuda y nos lanza a todos al espacio sin cord&oacute;n umbilical alguno.</p>
<p class="Cuerpo">Es una pena que las personas que nacen sensibles no cultiven su esp&iacute;ritu. Si no lo hacen, todos perdemos algo.</p>
<p class="Cuerpo">La agricultura peinaba a la tierra con cari&ntilde;o, pero lleg&oacute; la industria y le despein&oacute; la entra&ntilde;a.</p>
<p class="Cuerpo">No conf&iacute;es en lo exacto, en el hombre exacto, en el tiempo exacto, en la vida exacta...</p>
<p class="Cuerpo">Hay personas que se afanan en aparentar. &iquest;Pero el qu&eacute;? Como no sea su imbecilidad.</p>
<p class="Cuerpo">No debes de privar nunca a una mujer de su primer deseo.</p>
<p class="Cuerpo">Si el esp&iacute;ritu tuviera brazos al primero que abrazar&iacute;a ser&iacute;a al solitario.</p>
<p class="Cuerpo">El insensible es un enfermo del alma.</p>
<p class="Cuerpo">En el inconsciente de don Quijote estaba la vida, en cuanto lleg&oacute; su consciente desapareci&oacute;.</p>
<p class="Cuerpo">Los labios comen de todo, bueno, malo... pero cuando ya no lo hacen, mastican tierra.</p>
<p class="Cuerpo">No esperes el grito del &aacute;rbol, la rosa, el laurel, hasta que despierten del sue&ntilde;o.</p>
<p class="Cuerpo">La apariencia es el vicio de la clase media.</p>
<p class="Cuerpo">Cuantos m&aacute;s &ldquo;demonios&rdquo; tenga el hombre escondidos en su barriga m&aacute;s originalidad transmitir&aacute; a su digesti&oacute;n.</p>
<p class="Cuerpo">Perteneces a una familia, has crecido con ella, los quieres, pero... despr&eacute;ndete de los cari&ntilde;os posesivos, empobrecen.</p>
<p class="Cuerpo">Aprend&iacute; a poner el odio a la distancia deseada, pues el amor ya tiene tomada esa medida.</p>
<p class="Cuerpo">Debemos ser part&iacute;cipes de todo, convivir con todo. Que todo nos invada.</p>
<p class="Cuerpo">Y dentro de la velocidad de la luz, la palabra amor se alargar&aacute; hasta desintegrarse en granitos de alegr&iacute;a.</p>
<p class="Cuerpo">Yo me arrodillar&iacute;a para humillarme ante la naturaleza, esperando la bendici&oacute;n de un olmo o un manzano, por ejemplo.</p>
<p class="Cuerpo">La felicidad es mon&oacute;tona, por eso no conviene alargarla demasiado.&rdquo;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 10 Jul 2020 07:09:32 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una especie de rabia mezclada con un cariño infinito]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-especie-de-rabia-mezclada-con-un-carino-infinito/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2020/Gumucio500.jpg" alt="" /><br />Fue Marta Gonz&aacute;lez Rivas quien decidi&oacute; que su nieto iba a ser escritor, y fue ella la que determin&oacute; cu&aacute;les no iba a ser: &ldquo;Kafka no, Joyce ni cagando, Tolstoi no seas loco, Sartre ni a palos. &iquest;T&uacute; conoces esa parte en <em>La gaviota</em>, la del reflejo de la luna en el vidrio roto? As&iacute; hay que escribir, como la luna cuando se refleja&rdquo;, le exigi&oacute;, y el ni&ntilde;o que Rafael Gumucio era escribi&oacute; como el reflejo de la luna en el vidrio roto hasta que su abuela decidi&oacute; que carec&iacute;a de talento para la literatura. &ldquo;&iquest;Para qu&eacute; escribir si no vas a ser Proust?&rdquo;, le dijo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Marta Gonz&aacute;lez Rivas naci&oacute; en Santiago de Chile en 1914 y muri&oacute; all&iacute; en 2009, pero pas&oacute; buena parte de su vida en el exilio, la primera vez acompa&ntilde;ando a su padre y en la segunda ocasi&oacute;n junto a su marido tras el sangriento golpe de Estado de septiembre de 1973. Quiz&aacute;s sus excentricidades y contradicciones se debieran a una existencia repartida entre Santiago de Chile, Par&iacute;s, Constantinopla y Roma, pero tambi&eacute;n es probable que estuviesen arraigadas en su clase de pertenencia (la &ldquo;aristocracia chilena&rdquo;), que siempre consider&oacute; cursi y falsa pero a la que nunca abandon&oacute; a pesar de tener ideas marxistas. A Marta Gonz&aacute;lez Rivas le irritaba la pacater&iacute;a, pero ella misma pod&iacute;a ser pacata a veces; era partidaria del aborto, del divorcio y la eutanasia pero no llev&oacute; a cabo ninguna de las tres cosas. Escribi&oacute; un libro acerca de la importancia del caso Dreyfus en la obra de Marcel Proust, pero consideraba a la escritura una &ldquo;huevada&rdquo; (tonter&iacute;a), y algo &ldquo;latero&rdquo; (aburrido). &ldquo;La gente que escribe se vuelve agria. Te caga el car&aacute;cter escribir tanto&rdquo; (190), le dijo una vez a su nieto, promoviendo su vocaci&oacute;n literaria s&oacute;lo para cancelarla con un gesto: &ldquo;No seas tonto&rdquo;, d&eacute;jalo ya de una vez.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&Eacute;ste no lo dej&oacute;, por supuesto. Nacido en Santiago de Chile en 1970, Rafael Gumucio es periodista y autor de tres novelas, <em>Memorias prematuras</em> (1999), <em>Comedia nupcial</em> (2002) y <em>La deuda</em> (2009), al igual que de la no ficci&oacute;n reunida en <em>Los platos rotos. Historia personal de Chile</em> (2003 y 2013), <em>P&aacute;ginas coloniales </em>(2006) y <em>La situaci&oacute;n</em> (2010), entre otros libros. <em>Mi abuela, Marta Gonz&aacute;lez Rivas</em> (2013) contin&uacute;a el singular proyecto iniciado por su autor con la publicaci&oacute;n <em>Los platos rotos</em>, la historia de una &ldquo;provincia cagona y muerta de miedo&rdquo; llamada Chile que se convirti&oacute; en un hito por la contundencia con la que su autor echaba por tierra los mitos nacionales, desde <em>La Araucana</em> de Alonso de Ercilla hasta la inmolaci&oacute;n de Salvador Allende. Su nuevo libro contin&uacute;a ese proyecto, pero lo hace de tal manera que las implicaciones de la demolici&oacute;n de la historia chilena conciernan tambi&eacute;n a su autor y a la profesi&oacute;n que ha escogido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De a ratos testimonio, por momentos carta, a veces diario: <em>Mi abuela, Marta Gonz&aacute;lez Rivas</em> narra la historia de una mujer adelantada a su tiempo, una mujer contradictoria, prepotente y manipuladora pero capaz de ser generosa, subyugante y conmovedoramente sincera, una mujer que fue esposa e hija de dos de los pol&iacute;ticos m&aacute;s importantes de la historia chilena del siglo XX pero nunca hizo ning&uacute;n esfuerzo por permanecer a su sombra, que fue amiga de Jos&eacute; Donoso (con quien rompi&oacute; cuando el autor de <em>El lugar sin l&iacute;mites</em> le pidi&oacute; que conformaran un &ldquo;matrimonio de conveniencia&rdquo;), que pint&oacute;, estudi&oacute; teatro y acu&ntilde;&oacute; una docena de frases extraordinarias: &ldquo;La vida del ser humano limita al norte con su cabeza y al sur con sus pies. Lo dem&aacute;s son pa&iacute;ses vecinos&rdquo;, &ldquo;Por puro miedo a los rotos [pobres], los caballeros se volvieron rotos&rdquo;, &ldquo;Pequ&eacute; mucho, pero ahora no voy a pecar m&aacute;s porque no tengo con qui&eacute;n&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aunque Marta Gonz&aacute;lez Rivas es uno de esos personajes que s&oacute;lo se pueden definir como &ldquo;inolvidables&rdquo;, este no es s&oacute;lo un libro acerca de la abuela de su autor, sino tambi&eacute;n sobre un sector minoritario de la clase alta chilena que decidi&oacute; oponerse activamente a las desigualdades existentes en la &ldquo;provincia cagona y muerta de miedo&rdquo; a sabiendas de que esto supon&iacute;a poner fin a sus privilegios, as&iacute; como un libro, no exactamente acerca del pasado familiar, sino acerca de c&oacute;mo ese pasado nos conforma. En ese sentido tambi&eacute;n es un libro sobre Rafael Gumucio, quien comparti&oacute; con su abuela el exilio parisino y hered&oacute; de ella la necesidad de vivir fuera para poder regresar peri&oacute;dicamente a Chile, la vocaci&oacute;n literaria (que su abuela tuvo la generosidad de disuadir para que esa vocaci&oacute;n se manifestase en el mejor &aacute;mbito en el que puede hacerlo, que es el de la disidencia), la imposibilidad de &ldquo;separar la historia de la geograf&iacute;a&rdquo; y la tendencia a &ldquo;comprender la historia como una an&eacute;cdota de familia&rdquo;. &ldquo;Mi abuela, que hab&iacute;a vivido un exilio antes, sab&iacute;a que el verdadero sentido de esa condena no era separarte de tu territorio sino disgregar tu tribu, acabar con esa fuerza ante todo pol&iacute;tica: la familia, la pareja, los hijos, la herencia improbable&rdquo;, escribe. &ldquo;Tem&iacute;a mi abuela que nos sucediera lo mismo a sus nietos; que, m&aacute;s all&aacute; de los a&ntilde;os en Par&iacute;s, qued&aacute;ramos para siempre apartados de toda referencia, sin casa en el mundo, sin otro pa&iacute;s que una especie de rabia mezclada con un cari&ntilde;o infinito. Antes de que las olas subieran de nuevo, antes de que alg&uacute;n coronel o general resentido volviera a exiliarnos, le importaba a mi abuela convertir la grieta en un abrazo y a esta familia esparcida e inc&oacute;moda en el &uacute;nico pa&iacute;s posible&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;Una familia, una literatura para entenderla: &eacute;sa fue la herencia al tiempo que el mandato que Marta Rivas Gonz&aacute;lez deposit&oacute; en Rafael Gumucio; de su &uacute;ltimo libro, Lorena Amaro escribi&oacute; que es &ldquo;uno de los mejores libros autobiogr&aacute;ficos escritos en los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os en Chile&rdquo;, y el influyente cr&iacute;tico chileno Camilo Marks sostuvo que, &ldquo;si no es el mejor libro de Rafael Gumucio, est&aacute; muy cerca de serlo&rdquo;. Ambos tienen raz&oacute;n.- PATRICIO PRON.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rafael Gumucio, <em>Mi abuela, Marta Rivas Gonz&aacute;lez, </em>Santiago de Chile, Ediciones Universidad Diego Portales, 2013.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 02 Jul 2020 06:24:59 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[José María Álvarez: “Europa se está suicidando culturalmente”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jose-maria-alvarez-europa-se-esta-suicidando-culturalmente/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2020/alvarez500.jpg" alt="" /></p>
<p class="Standard"><strong>Estamos aqu&iacute; reunidos con motivo de la presentaci&oacute;n oficial de una nueva y celebrada antolog&iacute;a sobre tu poes&iacute;a. Me estoy refiriendo a &ldquo;La mirada de la esfinge&rdquo;, editada por la editorial valenciana Ol&eacute; Libros, una antolog&iacute;a consolidada por Noelia Ill&aacute;n Conesa, una joven poeta, tambi&eacute;n murciana, quien se confiesa amante de tu prosa y tu poes&iacute;a desde que ten&iacute;a 14 a&ntilde;os.</strong></p>
<p class="Standard">S&iacute;. Yo creo que ella antes de leer los poemas m&iacute;os, empez&oacute; con prosa, con una novela, <em>La esclava instruida</em>, que fue premio La Sonrisa Vertical. Y ah&iacute; fue donde ella empez&oacute;. Y unos a&ntilde;os, luego, pues un d&iacute;a, me localiz&oacute; y ella es muy lectora de esos libros y, bueno, empez&oacute; una amistad y ahora es una colaboradora m&iacute;a en muchas cosas &iquest;no?</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard"><strong>Es una secretaria &aacute;urea, &iquest;no? (aludiendo a una conversaci&oacute;n previa)</strong></p>
<p class="Standard">S&iacute; (risas).</p>
<p class="Standard"><strong>Cu&eacute;ntanos qu&eacute; te pareci&oacute; el proyecto cuando Noelia te lo ofreci&oacute; y qu&eacute; piensas de su original planteamiento y acabado final.</strong></p>
<p class="Standard">Bien, hombre. Digamos, a m&iacute;, bien, de siempre. Cuando alguien se interesa por los poemas, que al fin y al cabo es una cosa que uno hace sin que nadie se lo haya pedido, sino porque uno lo hace, pues, que alguien se interese, pues siempre es un motivo, digamos, de alegr&iacute;a &iquest;no?</p>
<p class="Standard">Pero yo lo que siempre hago cuando se seleccionan mis cosas, &iquest;no? Es que no me meto. No me meto porque yo creo que el poeta es el que menos debe &mdash;o sea&mdash; intervenir, esto hay que dejarlo al lector, lo que el lector piensa que le funciona, ese es su libro &iquest;no?</p>
<p class="Standard">Y entonces, lo que estuvimos viendo, porque ella estaba muy interesada en hacer una antolog&iacute;a, sobre todo, en algo que en mi obra, digamos, en fin, es m&aacute;s extensa, pero tiene un lugar bastante grande, que son los poemas&hellip; Yo no dir&iacute;a tanto de amor, porque de lo que yo entiendo por amor, yo puedo tener cinco, seis o siete poemas, pero s&iacute; poemas de deseo, poemas de deslumbramiento sexual, dig&aacute;moslo as&iacute;. Entonces, eso lo entendi&oacute; bien y yo creo que es una antolog&iacute;a que ha quedado bien.</p>
<p class="Standard">La otra que ella hab&iacute;a hecho, hace ya cuatro a&ntilde;os, o no s&eacute;, era sobre ciudades. Igual. Cogi&oacute; poemas sobre ciudades que yo amo mucho y a las que voy, y tal, y para m&iacute; tienen un significado extraordinario &iquest;no?</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard"><strong>Noelia nos cuenta en su pr&oacute;logo a esta antolog&iacute;a que el itinerario que trazan los textos que ha escogido se corresponde al recorrido emocional que a trav&eacute;s del deseo en tus poemas ella descubri&oacute;. Es decir, el libro se estructura en dos partes, la primera, dedicada a una percepci&oacute;n carnal del sentimiento amoroso, y la segunda, a su experiencia m&aacute;s rom&aacute;ntica y menos material. Sin duda, este planteamiento hace de esta antolog&iacute;a un paso original para todo aquel que no conozca tu poes&iacute;a.</strong></p>
<p class="Standard">S&iacute;. S&iacute;, s&iacute;. Y adem&aacute;s, f&iacute;jate, hay poemas que tienen entre s&iacute; cuarenta a&ntilde;os de diferencia, puede haber entre un poema y otro. Yo, los poemas m&iacute;os, esto que llam&aacute;is poemas `rom&aacute;nticos&acute;, yo creo que eso no es lo que abunda. Yo soy muy poco rom&aacute;ntico. O hay algunos poemas de verdadero amor, y esos son hondos, m&aacute;s hondos, y luego, los otros, tienen muy poco de rom&aacute;nticos.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard"><strong>&iquest;C&oacute;mo debemos interpretar ese deseo? &iquest;De una forma f&iacute;sica y materialista de posesi&oacute;n cartesiana o como esa utop&iacute;a que nos hace anhelar aquello que conocemos pero no tenemos? Deduzco de los poemas que entiendes el deseo tambi&eacute;n como un motor que nos mueve, y por tanto, como un positivo incitador a ponernos en marcha e ir en busca de nuestros sue&ntilde;os.</strong></p>
<p class="Standard">No, no, yo creo que es mucho m&aacute;s simple. Es simplemente el deseo que una mujer puede despertar en un hombre. Es eso. Luego la intensidad de eso depender&aacute; de la irradiaci&oacute;n de la mujer y digamos, de la percepci&oacute;n del hombre &iquest;no?</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard"><strong>&iquest;Qu&eacute; opini&oacute;n te merece que una editorial valenciana &mdash;relativamente joven y peque&ntilde;a&mdash; haya apostado fuerte por una colecci&oacute;n como Vuelta de Tuerca, en la que se inscribe esta antolog&iacute;a, una colecci&oacute;n que pretende compendiar las antolog&iacute;as de los mejores poetas a nivel nacional? Hay que decir que detr&aacute;s de semejante proyecto se encuentra Toni Alcolea, valiente editor que en Valencia est&aacute; haciendo una labor impagable en favor de la poes&iacute;a.</strong></p>
<p class="Standard">Hombre, yo creo, y sobre todo en estos momentos, yo creo que las antolog&iacute;as est&aacute;n bien. Por dos motivos. Uno de ellos es que no hay tanto tiempo, o la gente no dedica tanto tiempo, en general, a leer. Entonces, enfrentarse con una obra, y sobre todo, esta m&iacute;a, una obra muy extensa, pues, puede ser un h&aacute;ndicap &iquest;no? En cambio, en una antolog&iacute;a, que se supone que est&aacute; de lo mejor, uno escribe muchas cosas que no son &mdash;precisamente&mdash; lo mejor, ah&iacute; est&aacute;n m&aacute;s seleccionados y entonces le pueden dar una idea al lector.</p>
<p class="Standard">S&iacute;, me parece bien. Y el discurso que est&aacute; teniendo Ol&eacute; Libros con esta colecci&oacute;n, yo creo que est&aacute; bien, porque yo he visto ah&iacute; los t&iacute;tulos que va habiendo y son considerables. El anterior a este ha sido el de Paca Aguirre.&nbsp;</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard"><strong>Casualmente, este a&ntilde;o 2020 conmemoramos los 50 a&ntilde;os de la aparici&oacute;n de la famosa y pol&eacute;mica &mdash;a partes iguales&mdash; antolog&iacute;a de Jos&eacute; Mar&iacute;a Castellet &ldquo;Nueve nov&iacute;simos poetas espa&ntilde;oles&rdquo; en la que fuiste incluido. &iquest;Te has sentido siempre c&oacute;modo bajo la etiqueta de `poeta nov&iacute;simo&acute;? </strong></p>
<p class="Standard">Bueno. En realidad es que me da igual. Lo que s&iacute; creo es que los que intervinimos all&iacute; hemos sido muy afortunados. Muy afortunados porque en un momento, aquello signific&oacute; como un reclamo enorme y nos dio acceso, quiz&aacute;, a puestos que todav&iacute;a no nos los merec&iacute;amos. Entonces creo que tuvimos una gran fortuna en esto.</p>
<p class="Standard">Pero claro, el tema de los nov&iacute;simos tambi&eacute;n se podr&iacute;a plantear de, si realmente esa antolog&iacute;a era una antolog&iacute;a sobre un determinado gusto, una forma de hacer. Y eso es lo que yo he discutido siempre, porque fuimos nueve, como pudimos ser doce. Yo nunca he entendido por qu&eacute; Luis Antonio &mdash;aunque no ten&iacute;a casi poemas&mdash; no est&aacute;, por ejemplo. Pero no ten&iacute;amos que ver unos con otros. Porque si t&uacute; coges, realmente, tanto lo que sale en ese libro, como lo que cada uno ha hecho luego, han sido caminos muy diferentes. Pero bueno, supongo que Jos&eacute; Mar&iacute;a lo que hizo entonces fue elegir lo que le pareci&oacute; a &eacute;l que pod&iacute;a sonar, y bueno,</p>
<p class="Standard"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Standard"><strong>Podr&iacute;amos decir que Castellet fall&oacute; como ant&oacute;logo, entre comillas, per acert&oacute; en que hubo un cambio de mentalidad en la poes&iacute;a espa&ntilde;ola.</strong></p>
<p class="Standard">S&iacute;. Claro que lo hubo. Lo que pasa es que, lo que te dec&iacute;a antes, que ese cambio, probablemente, se daba tambi&eacute;n en m&aacute;s poetas de los que estaban en esa antolog&iacute;a.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard"><strong>Barnat&aacute;n, por ejemplo &iquest;no?</strong></p>
<p class="Standard">Marcos. Pero bueno, Marcos, hubo un problema. Yo tampoco lo s&eacute;. No supe entonces por qu&eacute;, bien. Pero luego he estado viendo y no se incluy&oacute;, aun siendo del mismo grupo nuestro y tal, porque es que no era espa&ntilde;ol a&uacute;n, era argentino. Algo de eso.</p>
<p class="Standard"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Standard"><strong>&iquest;Consideras que el culturalismo, en la poes&iacute;a espa&ntilde;ola, goza de buena salud en la actualidad?</strong></p>
<p class="Standard">No lo s&eacute; muy bien. Yo creo que hoy, hoy, la poes&iacute;a, sobre todo la que se hace hoy por la gente m&aacute;s joven va por otros lados. Lo que pasa es que tampoco he entendido nunca muy bien lo de `culturalismo&acute;, porque &iquest;qu&eacute; significa el culturalismo? Yo puedo entender qui&eacute;n es culto, pero culturalismo, no. De hecho, por ejemplo, all&iacute; hab&iacute;a poetas, por ejemplo, Manolo V&aacute;zquez, que dif&iacute;cilmente pod&iacute;an entrar ah&iacute;. Manolo V&aacute;zquez era un poeta militante e incluso con ideolog&iacute;a de izquierda y tal, etc&eacute;tera, etc&eacute;tera. Luego, hay otros que realmente no hab&iacute;an escrito. Y no han escrito luego, despu&eacute;s. Y Castellet escogi&oacute;. Quiero decir, fue una amalgama.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard"><strong>S&eacute; que uno mismo es el peor lector y cr&iacute;tico de su obra pero&hellip;</strong></p>
<p class="Standard">Sin duda</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard"><strong>&iquest;Consideras <em>Museo de cera </em>como tu gran obra maestra? </strong></p>
<p class="Standard">Bueno, en &uacute;ltimo caso, digamos, va a ser la &uacute;nica obra al final, y te lo voy&nbsp; a decir por qu&eacute;. Yo empec&eacute; a escribir <em>Museo</em> en el a&ntilde;o 60. Estuve all&iacute;, en Par&iacute;s, y all&iacute; comenz&oacute; el libro. Yo lo que s&iacute; tuve desde el principio era la idea, no de hacer un libro de poemas suelto, y luego otro, etc&eacute;tera, sino que desde el principio yo s&iacute; tuve la idea de un libro que era como una arquitectura. Por eso en este momento la &uacute;ltima edici&oacute;n, la octava, la que sac&oacute; Renacimiento, ya es libro de cerca de novecientas p&aacute;ginas. Y despu&eacute;s de ese han venido m&aacute;s libros, sueltos, pero que para m&iacute;, esos libros, en una edici&oacute;n que se haga un d&iacute;a, ir&aacute;n incluidos en la parte que le corresponden de <em>Museo</em>. O sea, que al final <em>Museo</em> puede ser un libro de mil seiscientas p&aacute;ginas. Entonces, yo ten&iacute;a la idea de construir un libro, pues como una catedral, al cual se iba incorporando, incorporando incluso diversas partes, etc&eacute;tera, etc&eacute;tera. Con todo su aparato de citas que, por ah&iacute; me han acusado muchas veces de culturalismo, cuando en realidad las citas para m&iacute; eran, eran dos cosas: primero, una diversi&oacute;n; y por otro lado, una manera de encuadrar el libro dentro de una tradici&oacute;n. Referencias, como, o sea, diciendo: la poes&iacute;a no es algo que hoy se nos ocurra una cosa y hace un siglo, no. Podemos tener unas variantes pero formamos parte de un mismo club. Y si ahora mismo t&uacute; lees a Safo, o lees a quien quieras, a Te&oacute;crito, los antiguos y tal, te das cuenta, o Catulo, que pod&iacute;a haber escrito esta ma&ntilde;ana.</p>
<p class="Standard"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Standard"><strong>Algunos han comparado <em>Museo de cera</em> con el <em>C&aacute;ntico</em> de Jorge Guill&eacute;n, para m&iacute; es una especie de <em>Libro de Aleixandre</em>, me recuerda a <em>Los cantos</em> de Pound, un compendio enciclop&eacute;dico de saberes, de experiencias, de viajes. &iquest;Has pretendido cartografiar tu experiencia en la vida, en la palabra po&eacute;tica con este libro?</strong></p>
<p class="Standard">S&iacute;, claro, claro. Todo junto. Pero lo que yo siempre he discutido y defendido es que lo uno escribe, porque, ahora, por ejemplo, hay una manera de ver la poes&iacute;a, y eso se nota mucho en la poes&iacute;a joven, de ver la poes&iacute;a como una manera de testimoniar lo que le pasa. Esto yo siempre quise huir de eso. Quiero decir, yo, claro que hablo de lo que me pasa o no me pasa, a veces invento, hago mil historias, pero hasta lo que me pasa, al llegar a la p&aacute;gina no es lo que me pasa directamente, es lo que me pasa despu&eacute;s de haberse ido a un mundo, en donde todo se reviste de significaciones est&eacute;ticas. Ya no tienen que ver ni siquiera con el poeta, ni siquiera con el autor. Muchas veces me han dicho: &laquo;es que usted aqu&iacute; habla de tal persona&raquo;, o a veces salen, o sea, en situaciones, y digo: &laquo;no, no, no, son como la criatura del doctor Frankenstein, es decir, yo puedo aludir a alguien&nbsp; y esa persona tiene el pelo de A, los ojos de B, la mirada de C e incluso si esa situaci&oacute;n es, qu&eacute; te voy a decir, en Alejandr&iacute;a, si a m&iacute; en el poema me conviene mucho m&aacute;s, po&eacute;ticamente, que eso suceda en Budapest, eso sucede en Budapest. Y ah&iacute; se va englobando todo.</p>
<p class="Standard"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Standard"><strong>Hablando de Pound. En el a&ntilde;o 1985 fuiste presidente del homenaje mundial que se hizo a Ezra Pound en Venecia &iquest;qu&eacute; recuerdos tienes de aquel momento? Imagino que ser&iacute;a emocionante para ti, Pound era un poeta admirado al que hab&iacute;as traducido. </strong></p>
<p class="Standard">S&iacute;. Yo lo organic&eacute; y lo presid&iacute; porque ese homenaje se hizo desde mi casa, mi mesa, con el tel&eacute;fono. Y as&iacute; empez&oacute; la historia. A Pound lo he traducido muy poco, pero Pound para m&iacute;, no solo era un enorme poeta, aunque haya muchos aspectos en <em>Los cantos</em> que no me resultan, o sea, que no me impresionan, en directo, o no me interesan mucho. Me interesa m&aacute;s el Pound primero, el Pound de <em>A lume spento</em>, el Pound de sus libros primeros, que los <em>Cantos</em>. Pero lo que <em>Los cantos</em>, bueno, la obra entera, s&iacute; son, para m&iacute; es la columna vertebral, digamos, con Eliot, de la poes&iacute;a moderna. Sobre todo, para los ingleses todav&iacute;a m&aacute;s que para nosotros, porque el idioma po&eacute;tico de Ezra Pound modifica totalmente el discurso del ingl&eacute;s, de la poes&iacute;a inglesa.</p>
<p class="Standard"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Standard"><strong>Como sabemos, al culturalismo tambi&eacute;n se le llam&oacute; y se le llama venecianismo &iquest;qu&eacute; representa hoy para ti la eterna ciudad de Venecia?</strong></p>
<p class="Standard">Para m&iacute;, Venecia es algo muy unido a mi vida. Ha representado, y he vivido all&iacute; mucho, primero, yo te dir&iacute;a, una ciudad donde me sent&iacute;a muy bien y me siento bien. El hecho de que no haya coches, el hecho de que sea una ciudad muy peque&ntilde;a, andas, es el trato de la gente, una cierta elegancia que todav&iacute;a quedaba en los venecianos, etc&eacute;tera.</p>
<p class="Standard">Venecia ha ido evolucionando, en estos momentos, digamos, mi Venecia, te puedo hablar de la Venecia de los a&ntilde;os setenta, ochenta, no tiene nada que ver con lo que actualmente es Venecia. Venecia, pues como casi todo en nuestro mundo, desgraciadamente, se est&aacute; convirtiendo en, pues eso que les gusta tanto hoy, en un centro tem&aacute;tico, o casi. Entonces, ya es un sitio donde no puedes caminar, de gente. Una ciudad que est&aacute;n destruyendo, pero destruyendo f&iacute;sicamente, todo lo de los transatl&aacute;nticos que entran constantemente est&aacute;n destruyendo, claro. Pero, en fin, es una ciudad en donde a&uacute;n me siento bien, porque para m&iacute;, quiz&aacute; estoy mirando una cosa que ya no es lo que yo&hellip; Pero sigue siendo, de alguna manera.</p>
<p class="Standard"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Standard"><strong>&iquest;Eres un viajero empedernido?</strong></p>
<p class="Standard">Bueno, m&aacute;s que empedernido, desde siempre me han gustado mucho una serie de sitios a los cuales he vuelto, porque s&iacute; que me muevo mucho, pero muchas veces me muevo volviendo a la misma ciudad, una y otra vez, una y otra vez. Lo que me pasa, por ejemplo, con Budapest. Budapest es una ciudad que desde el a&ntilde;o 76, o por ah&iacute;, yo no s&eacute; las veces que he vuelto. He conocido todos los Budapest, desde el Budapest aquel comunista cerrado, a lo que hoy es &iquest;no? O es lo que me pasa con Par&iacute;s. Pero bueno, claro, Par&iacute;s era, ha sido todo, mi juventud. Ahora, de eso hace ya un mont&oacute;n de a&ntilde;os, que ya, porque yo viv&iacute;a en hoteles, hoteles, hoteles, pues como hemos vivido all&iacute; todos y al final, acabe ya, compr&aacute;ndome all&iacute; una casa, junto a Notre Dame. Y bueno, Par&iacute;s es eso, es mi mundo de librer&iacute;as, de librer&iacute;as de viejo, porque yo soy m&aacute;s de las librer&iacute;as de viejo, de libro usado, que de las librer&iacute;as de ahora. Es lo que me pasa con Egipto, por ejemplo, que he ido muchas veces. Alejandr&iacute;a es otra ciudad que tambi&eacute;n ya no es lo que era, en absoluto.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard"><strong>Recuerdo ahora que en Par&iacute;s, en el Caf&eacute; Danton, fue donde comenzaste a escribir <em>Museo de cera</em>.</strong></p>
<p class="Standard">S&iacute;. En ese peque&ntilde;o caf&eacute; que hay justo en Ode&oacute;n, all&iacute; empec&eacute; en el verano del 60. En agosto, julio o agosto, agosto me parece que era.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard"><strong>Dicen que la diferencia entre el turista y el viajero es que el viajero vuelve transformado por el lugar que visita &iquest;no?</strong></p>
<p class="Standard">S&iacute;, bueno. T&uacute; f&iacute;jate. Yo eso lo sigo sintiendo. Yo vuelvo siempre con algo. Una ciudad que por ejemplo, que adem&aacute;s, ya te digo, es tan peque&ntilde;a que me la conozco hasta el &uacute;ltimo rinc&oacute;n, como puede ser, o sea, Venecia &iquest;no? Bueno, pues por calle, por puentes, por sitios que haya pasado cientos de veces, sigo pasando y descubriendo algo que no hab&iacute;a visto: un detalle en una fachada, en una puerta. Yo soy muy poco turista, en ese sentido.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard"><strong>&iquest;Qu&eacute; viaje marc&oacute; tu vida?</strong></p>
<p class="Standard">&iexcl;Uf! No s&eacute;. Ciudades que desde la primera vez me hayan causado una impresi&oacute;n f&iacute;sica brutal, ha sido, por ejemplo, Estambul. Ahora, desde que dio el golpe de estado Erdogan no he vuelto porque ya est&aacute; pasando cosas que no me agradan.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard"><strong>&iquest;Qu&eacute; opinas sobre el papel de la cultura en la sociedad actual? &iquest;Crees que todo se ha desvirtuado por culpa de una generalizada p&eacute;rdida de valores, por la llegada masiva de soci&oacute;patas al poder, por la democratizaci&oacute;n de la cultura llevada a cabo por los <em>mass media</em>?</strong></p>
<p class="Standard">S&iacute;. Bueno. Yo creo que se est&aacute; produciendo un fen&oacute;meno en el mundo, porque esto no es aqu&iacute; en Espa&ntilde;a, quiero decir, en Francia, Estados Unidos, est&aacute; tal cual, y en Alemania y en Italia, que es &iquest;c&oacute;mo te dir&iacute;a yo? Lo que hab&iacute;a sido, hasta nosotros, quiz&aacute;, ansia de saber, de conocer, de buscar lo excelente, ha estado dando vuelta, reculando e incluso quiz&aacute; esa b&uacute;squeda de lo excelente hasta hay, en este momento mucha gente a la que eso le tira para atr&aacute;s, lo acusan: &laquo;elitismo, no s&eacute; qu&eacute;, tal y cual&raquo;. Y entonces eso lo que produce es un proceso de incultura generalizada. Esa incultura generalizada, esa amnesia hist&oacute;rica, pues lleva a que evidentemente los productos que salen de ah&iacute; para m&iacute; tengan bastante menos valor. Entonces, lo que sucede es que yo soy bastante pesimista. Claro. El pesimismo no deja de ser otra tonter&iacute;a, porque en cinco minutos el mundo cambia. El mundo cambia y de pronto, sucede algo y resulta que empezamos un renacimiento de cualquier cosa, pero s&iacute; soy pesimista porque no lo veo venir todav&iacute;a &iquest;no? No lo veo. Y lo que estoy viendo, ya te digo, en toda Europa, no solo aqu&iacute; y en Estados Unidos, estoy viendo Universidades que para m&iacute; eran importantes focos, pues convertidas en un desastre. Arrastradas por la ideolog&iacute;a de g&eacute;nero, arrastradas por el multiculturalismo, arrastradas por, incluso que no reconoces. Una Universidad con la que tuve mucho contacto, bueno, he dado all&iacute; una conferencia e incluso estuve all&iacute; en un <em>college</em>, como era Cambridge, en estos momentos Cambridge no tiene nada que ver. Pero el problema, adem&aacute;s, es que estas cosas no tienen que ver con lo que eran hace diez a&ntilde;os, quince a&ntilde;os, quiero decir que el paso ha sido violent&iacute;simo, en muy poco tiempo, y eso es lo que casi ni nos permite poder ni analizarlo.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard"><strong>&iquest;Crees que vivimos en un tiempo de mediocridad, de mentira, el tiempo del plagiador, del arribista, un tiempo que canta a lo vulgar y decadente?</strong></p>
<p class="Standard">Totalmente de acuerdo.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard"><strong>&iquest;Por qu&eacute; estamos como estamos? &iquest;A qui&eacute;n podr&iacute;amos culpar?</strong></p>
<p class="Standard">Es que, yo no creo, quiero decir, hay muchos enemigos &iquest;no? Pero, &iquest;cu&aacute;l ser&iacute;a el principal? El principal, probablemente, es esa extra&ntilde;a sensaci&oacute;n que ha entrado en much&iacute;sima gente, yo te dir&iacute;a que de suicidio. Como le est&aacute; pasando a Europa, se est&aacute; suicidando, culturalmente, se est&aacute; suicidando vitalmente, se est&aacute; suicidando, aqu&iacute; el problema todav&iacute;a es, en fin, menor, pero por ejemplo, en Francia, lo del islamismo, eso ya es una cosa&hellip; Entonces, asistimos a modificaciones de formas de ser, de formas de comportarse, a modificaciones, incluso, ling&uuml;&iacute;sticas, que nos sumergen en un extra&ntilde;o, en una pesadilla &iquest;no?</p>
<p class="Standard">Y lo que has dicho antes estoy conforme con todo: mediocridad, etc. son los reyes de este momento.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard"><strong>En alguna ocasi&oacute;n te has manifestado en contra del mundillo intelectual espa&ntilde;ol.&nbsp; </strong></p>
<p class="Standard">No. Del mundillo intelectual espa&ntilde;ol, del mundillo intelectual franc&eacute;s, del mundillo intelectual norteamericano y del que quieras.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard"><strong>&iquest;Qu&eacute; motiv&oacute; en ti esta opini&oacute;n?</strong></p>
<p class="Standard">Pues porque creo, por lo que dec&iacute;amos, que todos estos problemas que se han ido transformando en una, como en una opresi&oacute;n, que es lo que conduce a esa mediocridad, etc. todo esto ha sido municionado por la intelectualidad. Quiero decir, cuando estamos viendo en todos los pa&iacute;ses, porque no hay ninguno que se salve, unos gobiernos abyectos, o sea, unos gobiernos que uno no se imaginar&iacute;a ni, vamos, ni cuando Idi Amin Dada, o sea. Cuando estamos viendo, incluso gente de una indigencia mental absoluta ocupando unos poderes que modifican nuestras vidas, o nos las hacen insoportables, lo que no nos damos cuenta es que a ninguna de esas turbias cabezas se les ha ocurrido. Todo lo que nos est&aacute; pasando se les ha ocurrido a los intelectuales. No todos, claro, hay muchos que no, pero son los que municionan a los poderes de todas estas justificaciones. Y por eso es mi desprecio, en general, hacia la intelectualidad, con sus excepciones, claro, muy nobles, pero que est&aacute;n siendo arrasadas, o a las Universidades, que han ca&iacute;do todas bajo esa misma historia.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard"><strong>&iquest;Qu&eacute; te hubiese gustado ser de no ser escritor?</strong></p>
<p class="Standard">No lo s&eacute;. Pirata (risas).</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard"><strong>&iquest;Qu&eacute; libro tuyo salvar&iacute;as de la hoguera? </strong></p>
<p class="Standard">Bueno, si yo tuviese que coger solo uno, no coger&iacute;a un libro m&iacute;o. Me coger&iacute;a <em>La divina comedia</em>, me coger&iacute;a a Shakespeare. Y si fuese m&iacute;o, no lo s&eacute;, porque no he tenido la sensaci&oacute;n, como te dec&iacute;a antes, de un libro y luego otro y luego otro. He tenido la sensaci&oacute;n de un libro, entonces, no lo s&eacute;, puede que hay alg&uacute;n poema m&iacute;o que, o sea, intentara salvar de esa quema.</p>
<p class="Standard"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Standard"><strong>&iquest;Cu&aacute;l arrojar&iacute;as al fuego?</strong></p>
<p class="Standard">&iexcl;Uy! &iquest;Yo? El noventa por ciento de lo que he escrito (risas).</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard"><strong>&iquest;Qu&eacute; libro de otro autor jam&aacute;s quemar&iacute;as? </strong></p>
<p class="Standard">Pues ya te lo he dicho: <em>La divina comedia</em>, <em>La Il&iacute;ada</em>, la obra de Shakespeare. No, muchos, muchos. Ah&iacute; s&iacute; habr&iacute;a muchos que salvar&iacute;a, me tirar&iacute;a a la hoguera (risas) para salvar el libro.</p>
<p class="Standard"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Standard"><strong>&iquest;Qu&eacute; libro de otro autor te producir&iacute;a deleite si lo vieras arder?</strong></p>
<p class="Standard">&iquest;Pues qu&eacute; te voy a decir? El noventa y ocho por ciento de lo que se est&aacute; escribiendo en Espa&ntilde;a ahora mismo. Por no irnos a otros pa&iacute;ses, porque si fuera de Francia, te dir&iacute;a que el noventa y cinco.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard"><strong>&iquest;Lees a alg&uacute;n poeta contempor&aacute;neo por el que sientas especial inter&eacute;s? </strong></p>
<p class="Standard">&iquest;Espa&ntilde;oles?</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard"><strong>S&iacute;</strong></p>
<p class="Standard">S&iacute;. Mira. Por ejemplo, todos son amigos, un poeta que adem&aacute;s, ten&eacute;is la inmensa suerte de que es un poeta hijo de esta tierra, que es Francisco Brines. Francisco Brines, yo creo que en estos momentos, pondr&iacute;a mi mano en el fuego, porque es el poeta m&aacute;s alto de Europa. Yo no conozco en este momento en Italia, Alemania, Francia ning&uacute;n poeta de la altura de Brines. Bueno, estamos hablando de vivos, porque podr&iacute;amos hablar de, pero vamos, que hablamos de vivos. Otro poeta, tambi&eacute;n de Valencia, que me interesa es por ejemplo Vicente Gallego. Y luego, por ejemplo, te voy a decir dos o tres poetas espa&ntilde;oles a los cuales leo y somos muy buenos amigos: Luis Antonio de Villena, podr&iacute;a ser uno, Felipe Ben&iacute;tez, podr&iacute;a ser otro, y por ejemplo, Mesanza, podr&iacute;a ser tambi&eacute;n otro.</p>
<p class="Standard"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Standard"><strong>&iquest;Qu&eacute; piensas del panorama po&eacute;tico espa&ntilde;ol actual? &iquest;Qu&eacute; crees que le espera a la poes&iacute;a espa&ntilde;ola?</strong></p>
<p class="Standard">Bueno, yo ya te he dicho los que yo leo y me interesan. Lo veo pesimista y muy flojo, pero lo que est&aacute; pasando aqu&iacute; es lo que est&aacute; pasando en todo el mundo. Quiero decir, yo creo que un poeta es alguien, primero, que no sabe por qu&eacute; es poeta. Siente una necesidad de escribir eso de esa manera y unos temas, etc&eacute;tera y no sabe, se obsesiona, lo hace peor o lo hace mejor, corrige mejor o no. Y sobre todo, quiere hacerlo cada vez mejor, los modelos que se pone, es esto, hablamos de Shakespeare, del otro, o sea, grandes modelos a los cuales jam&aacute;s uno llega, pero al menos se queda un poco m&aacute;s cerca. Y lo que ahora mismo yo estoy viendo es que, primero, en general, y sobre todo en los m&aacute;s j&oacute;venes que me mandan libros, me mandan cosas y no se puede leer. Primero, son profundamente incultos, no han le&iacute;do, no leen, y se leen entre ellos cuatro. Luego, se les ha puesto como modelo, por ejemplo, no la alta poes&iacute;a, sino &iquest;c&oacute;mo te dir&iacute;a yo? Letras de canciones. Y luego lo peor, es lo que te dec&iacute;a yo, que de eso he pretendido yo huir siempre, es lo que sientes en ese momento. Entonces estamos en un nivel pues que podr&iacute;a ser lo que antiguamente en el colegio o en el instituto un chico o una chica escrib&iacute;an en el pupitre unos poemas por el amiguito que les gustaba, y claro, eso no es. Sobre todo, un infantilismo, una falta de buscar lo que de verdad es hondo, lo que de verdad nos significa. Por eso te digo mi opini&oacute;n sobre lo que leo, yo ahora mismo a veces entro en una librer&iacute;a, veo la secci&oacute;n de poes&iacute;a y empiezo a ver una serie de libros, la mayor&iacute;a escritos por mujeres, muy curioso, en grandes sellos y vendiendo, adem&aacute;s mucho, y abro el libro y no puedo pasar del segundo verso. Porque digo, esto es lo que se le ocurr&iacute;a a Pepita en segundo de Bachiller, que se enamoraba de su compa&ntilde;erito aquel. Esto a m&iacute;, la verdad que no me interesa.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard"><strong>&iquest;Qu&eacute; crees que le espera ahora a la poes&iacute;a espa&ntilde;ola?</strong></p>
<p class="Standard">No lo s&eacute;. No lo s&eacute;. Creo que pueden seguir escribiendo estos e incluso muchos m&aacute;s que se unan a esto, porque claro, ya no exige nada, es lo que se me ocurre en este momento &iquest;no? La ingeniosidad que se me ocurra en este momento, eso no tiene ning&uacute;n valor. Y lo que pasa es lo que te he dicho, la historia puede cambiar en cinco minutos. Puede cambiar. A lo mejor en estos momentos hay, no s&eacute;, en Lugo, o en Crevillente &iquest;no? (risas) hay un poeta que est&eacute; escribiendo algo que no conocemos y que va a ser el Rimbaud de este momento. Ojal&aacute;.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard"><strong>&iquest;Qu&eacute; te queda por hacer como poeta?</strong></p>
<p class="Standard">Seguir intentando encontrar ese verso que no muera. Es que no, no hay otra cosa. Seguir vivo. Seguir.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p class="Standard"><strong>BIOGRAF&Iacute;A DE JOS&Eacute; ANTONIO OLMEDO L&Oacute;PEZ-AMOR</strong></p>
<p class="Standard">Escritor, cr&iacute;tico literario, poeta y editor valenciano. Estudia Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica en la Universidad de Valencia. Codirector de la revista literaria <em>Cr&aacute;tera</em>. Miembro de la Academia Norteamericana de Literatura Moderna Internacional. Publica&nbsp; los libros de poes&iacute;a:<em> Luces de antimonio</em> (2011), <em>El testamento de la rosa</em> (2014), <em>La soledad encendida</em> (2015), <em>La flor de la vida</em> (2016), <em>Maldito y bienamado bibelot </em>(2017), <em>Nubes rojizas</em> (2019) y <em>Actos sucesivos</em> (2020). Publica en 2017 su libro de ensayo y cr&iacute;tica <em>Polifon&iacute;a de lo inmanente. Apuntes sobre poes&iacute;a espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea (2010-2017)</em>. En breve publicar&aacute; <em>El monstruo en el camerino</em>, su primer libro de aforismos, en Ediciones Trea.</p>
<p class="Standard">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 02 Jul 2020 06:19:26 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Del exilio al “desexilio”: Mario Benedetti y las “patrias interinas”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/del-exilio-al-desexilio-mario-benedetti-y-las-patrias-interinas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2020/MARIO_BENEDETTI_4.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em>lo raro lo incre&iacute;ble es que a pesar</em></p>
<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; de mi desamparada expectativa</em></p>
<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; no s&eacute; qu&eacute; dice el viento del exilio</em></p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>Escribir sobre Mario Benedetti tiene para m&iacute; un peso emotivo por el recuerdo de los a&ntilde;os consecutivos en que el escritor uruguayo estuvo en la Universidad de Alicante, el Doctorado Honoris Causa por la misma en 1997, la cesi&oacute;n de su nombre para nuestro Centro de Estudios Iberoamericanos Mario Benedetti y, finalmente, en 2006, la &uacute;ltima cesi&oacute;n, generos&iacute;sima, de una parte esencial de su legado: su biblioteca personal de Madrid, que a d&iacute;a de hoy se encuentra en el CeBaB para consulta de todo usuario<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>.</p>
<p>El t&iacute;tulo del presente art&iacute;culo proviene del propio Benedetti, de su idea de exilio y de lo que &eacute;l llam&oacute; &ldquo;desexilio&rdquo;, para referirse al periodo en que pudo regresar a su pa&iacute;s una vez concluida la dictadura militar en Uruguay; tambi&eacute;n lo que denomin&oacute; &ldquo;patrias interinas&rdquo;, que son las que lo acogieron en su peregrinar por el mundo. Pero comencemos por el principio. Como es bien sabido, el uruguayo es un referente de la literatura latinoamericana de la segunda mitad del siglo XX, al tiempo que un ejemplo paradigm&aacute;tico de civismo y de resistencia ante la dictadura, la de su pa&iacute;s, que determin&oacute; su exilio y su tr&aacute;nsito vital por diversas geograf&iacute;as. Recordemos que el golpe militar que se perpetr&oacute; en Uruguay en 1973 supuso el gran &eacute;xodo de la historia del pa&iacute;s y, para Benedetti, una nueva forma de posicionarse ante la vida y ante la escritura. Su exilio, iniciado en 1974 y finalizado en 1985, dur&oacute; por tanto doce a&ntilde;os que transcurrieron entre Argentina, Per&uacute;, Cuba y Espa&ntilde;a. Son estos pa&iacute;ses esas &ldquo;patrias interinas&rdquo; en las que fue adquiriendo una conciencia y, consecuentemente, lo que bien podemos denominar, en su caso, una cultura del exilio, cifrada en buena medida en aquel verso de &ldquo;Otra noci&oacute;n de patria&rdquo;: &ldquo;el exilio tambi&eacute;n tiene barrotes&rdquo;.</p>
<p>Al igual que otros escritores latinoamericanos que sufrieron esta dolorosa experiencia, Benedetti puso todo su talento para escribir en dicha etapa algunas obras de intenso compromiso social, como los ensayos titulados <em>El escritor latinoamericano y la revoluci&oacute;n posible </em>(1974), <em>Notas sobre algunas formas subsidiarias de la penetraci&oacute;n cultural </em>(1979) o <em>El recurso del supremo patriarca </em>(1979). Preciso es se&ntilde;alar que desde esta posici&oacute;n comprometida incidi&oacute; en sus escritos en los posibles riesgos que se corren al practicar un tipo de escritura muy ligada al recuerdo, a la memoria y a la nostalgia. Por un lado, porque la ausencia del pa&iacute;s y de los seres queridos dejados atr&aacute;s podr&iacute;a dar lugar a una literatura de aflicci&oacute;n que nada aportar&iacute;a a la reconstrucci&oacute;n personal y social; por otro lado, por el hecho de que las dif&iacute;ciles circunstancias en las que vive un escritor exiliado pueden propiciar &ldquo;facilismo panfletario&rdquo;, como advirti&oacute; en <em>La cultura, ese blanco m&oacute;vil</em> (1989). Con la voluntad de evitar estos riesgos, Benedetti se sum&oacute; a un &ldquo;exilio combatiente&rdquo;, como dijo el escritor argentino Julio Cort&aacute;zar, consistente en plantearse ese desplazamiento forzoso desde una visi&oacute;n positiva que superara los pesimismos. Su conclusi&oacute;n fue clara y signific&oacute; un posicionamiento sobre la controvertida relaci&oacute;n entre literatura y compromiso social: el deber primordial de todo escritor exiliado es contribuir a la cultura de su pa&iacute;s, pero sin perder de vista la dimensi&oacute;n est&eacute;tica de lo literario, fundamentada en el coloquialismo po&eacute;tico caracter&iacute;stico de su generaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;Como no pod&iacute;a ser de otro modo, el golpe militar de 1973 marc&oacute; una nueva etapa en su obra literaria, en la que el exilio se canaliz&oacute; a trav&eacute;s de la idea de una soledad comunicante. No obstante, la visi&oacute;n desde el exilio sin duda le proporcion&oacute; perspectivas diferentes, lo que contribuy&oacute; a la inclusi&oacute;n de un l&eacute;xico renovado en su po&eacute;tica, que sirviera para transmitir los nuevos estados de &aacute;nimo. Una de estas perspectivas o enfoques ser&iacute;a l&oacute;gicamente la memoria, cardinal en sus escritos de esta etapa, que llevar&iacute;a asociada palabras como nostalgia, as&iacute; como el convencimiento de que todo olvido est&aacute;, y debe estar, lleno de memoria (recordemos que uno de sus poemarios se titula <em>El olvido est&aacute; lleno de memoria</em>). El mejor ant&iacute;doto para superar la nostalgia y no s&oacute;lo vivir de la memoria ser&iacute;a nuevamente la escritura y en estos a&ntilde;os Benedetti escribi&oacute; una de sus m&aacute;s memorables novelas, <em>Primavera con una esquina rota </em>(1982); dos libros de cuentos, <em>Con y sin nostalgia</em> (1977) y <em>Geograf&iacute;as</em> (compuesto tambi&eacute;n de poemas, 1984) y public&oacute; cuatro libros fundamentales de su trayectoria po&eacute;tica: <em>Poemas de otros </em>(1974), <em>La casa y el ladrillo </em>(1977), <em>Cotidianas </em>(1979) y <em>Viento del exilio </em>(1981).</p>
<p>&nbsp;Estar en continua alerta y mantener viva la esperanza son estados vitales que se despliegan en los relatos, art&iacute;culos y poemas de esta etapa. Benedetti se aferr entonces a la memoria de su pa&iacute;s y esta memoria se convierte en el testigo que sostiene la ilusi&oacute;n del regreso. As&iacute;, la idea del retorno, a pesar de los momentos de desesperaci&oacute;n, se har&aacute; cada d&iacute;a m&aacute;s fuerte y presente en vida y obra del autor. Como la mayor&iacute;a de intelectuales latinoamericanos exiliados, el escritor entiende esta experiencia como un hecho vivencial que pasa por la aceptaci&oacute;n y por su an&aacute;lisis; es decir, que dicha experiencia pasar&aacute; a ser parte insoslayable de la propia identidad personal y, consecuentemente, de su literatura.</p>
<p>En concreto, Benedetti comienza su exilio el 1 de enero de 1974. Su destino primero fue la ciudad de Buenos Aires, donde consigui&oacute; un empleo en dos casas editoriales. Pero recordemos que en la capital argentina tambi&eacute;n los tiempos pol&iacute;ticos eran predictatoriales y al poco tiempo Benedetti entr&oacute; a formar parte, como persona <em>non grata</em>, de una lista confeccionada por la AAA (Asociaci&oacute;n Anticomunista Argentina). Ante esta cr&iacute;tica situaci&oacute;n que le pod&iacute;a costar la vida, Benedetti ya hab&iacute;a cambiado de residencia: Lima ser&iacute;a su nuevo destino, aunque tampoco por mucho tiempo, pues en agosto del 75 ser&iacute;a nuevamente deportado a Buenos Aires hasta comienzos de 1976, cuando decidi&oacute;, finalmente, viajar a un pa&iacute;s que le ofreciera seguridad. As&iacute;, Cuba se convertir&iacute;a en su nueva patria.</p>
<p>Cabe recordar, para el trazado de este itinerario, que en su exilio cubano Benedetti dirigi&oacute; el Centro de Investigaciones Literarias de Casa de las Am&eacute;ricas, fund&oacute; la serie Valoraci&oacute;n M&uacute;ltiple, el Archivo de la Palabra y la colecci&oacute;n Palabra de esta Am&eacute;rica; compil&oacute; antolog&iacute;as, organiz&oacute; ciclos de conferencias, ofreci&oacute; lecturas p&uacute;blicas de sus textos, particip&oacute; en jurados y revistas cubanas y su presencia se hizo habitual en la isla. Poco antes del tiempo cubano, y a pesar de los cambios de residencia y los continuos controles policiales, hab&iacute;an aparecido nuevos libros de su amplia bibliograf&iacute;a: en 1974 public&oacute; sus <em>Poemas de otros</em>, el libro po&eacute;tico m&aacute;s conocido del autor, y el ensayo <em>El escritor latinoamericano y la revoluci&oacute;n posible</em>.</p>
<p><em>Poemas de otros</em> &ndash;poemario en el que los protagonistas de sus versos son personajes ficticios a partir de los cuales en realidad &eacute;l construye su propio yo&ndash; abre en la vida de Benedetti el tiempo del destierro, que dar&aacute; paso a poemas en los que la tristeza y la indignaci&oacute;n, as&iacute; como la solidaridad, ser&aacute;n tema y tono de su literatura. El ritmo y la musicalidad son una marca de estilo de estos poemas, que se acercan hacia las fuentes orales de la poes&iacute;a. Sin duda, las composiciones pertenecientes a este libro son paradigm&aacute;ticas de gran parte de su producci&oacute;n po&eacute;tica porque es aqu&iacute; donde el poeta ha conseguido encontrar un tipo de expresi&oacute;n amorosa que ser&aacute;, ya, &ldquo;benedettiana&rdquo;, a trav&eacute;s de una aparente sencillez, de un lenguaje claro, de im&aacute;genes directas, juegos de contrarios, de refranes y expresiones coloquiales modificadas, en construcciones muy elaboradas. Con este mecanismo nacer&iacute;an poemas tan conocidos como &ldquo;T&aacute;ctica y estrategia&rdquo;, &ldquo;Los formales y el fr&iacute;o&rdquo;, &ldquo;Hagamos un trato&rdquo; o &ldquo;No te salves&rdquo;. Tambi&eacute;n perteneciente a este libro es el archiconocido &ldquo;Te quiero&rdquo;, musicalizado por Favero y cantado por Nacha Guevara; un poema en el que imbrica el amor con la militancia, subrayando la significaci&oacute;n de estos t&eacute;rminos y tambi&eacute;n su complejidad. Pero la insistencia en las relaciones amorosas no ir&iacute;a nunca en detrimento de que el poeta expresara abiertamente el sentimiento de soledad y desamparo en esos primeros tiempos del exilio (as&iacute;, por ejemplo, de <em>Poemas de otros</em>, el poema titulado &ldquo;Hombre que mira a su pa&iacute;s desde el exilio&rdquo;).</p>
<p>En esta direcci&oacute;n, en el ensayo <em>El autor latinoamericano y la revoluci&oacute;n posible</em> Benedetti subray&oacute; la necesidad de que el intelectual, especialmente el latinoamericano, se conviertiera en un int&eacute;rprete de la realidad, dejando constancia de que toda revoluci&oacute;n constituye para la cultura un tremendo desaf&iacute;o. Tambi&eacute;n en agosto de 1974 se estrenar&iacute;a una pel&iacute;cula, dirigida por Sergio Ren&aacute;n, basada en su novela <em>La tregua</em>, que fue nominada para el Oscar al mejor film en lengua extranjera. Tres a&ntilde;os despu&eacute;s, Benedetti, instalado en tierras cubanas, public&oacute; otro libro de poemas, <em>La casa y el ladrillo</em>, y los cuentos <em>Con y sin nostalgia</em>, ambos en 1977. Es en los poemas de <em>La casa y el ladrillo </em>donde se definieron con claridad las primeras vertientes del exilio. De hecho, la dedicatoria hace alusi&oacute;n a dicha experiencia, vivida tanto desde fuera como desde dentro: &ldquo;<em>A los que adentro y afuera viven y se desviven mueren y se desmueren</em>&rdquo;<em>.</em> Y hay que subrayar que es en este libro donde Benedetti escribi&oacute;: &ldquo;Uno va fundando las patrias interinas&rdquo;, patrias que ya ven&iacute;an ocupando desde 1974 una buena parte de su producci&oacute;n po&eacute;tica. Las composiciones se articulan con versos de larga tirada que prolongan la extensi&oacute;n del poema y el nombre del pa&iacute;s de origen y de los escritores y amigos que acompa&ntilde;aron al poeta se suceden, porque parece que la menci&oacute;n de lo propio aporta al poeta mayores se&ntilde;as de identidad. Benedetti, como poeta exiliado, tambi&eacute;n funda po&eacute;ticamente una ciudad, cre&aacute;ndola a partir de sus recuerdos para, a trav&eacute;s de la literatura, seguir viviendo en ella. Lejos del pa&iacute;s de origen, el tiempo queda suspendido entre un pasado al que se recurre para no olvidar y un futuro entrevisto como liberaci&oacute;n. Pero ese presente, puesto entre par&eacute;ntesis, ser&aacute; la dura realidad cotidiana. Unos a&ntilde;os despu&eacute;s, ya en los 80, en <em>Viento de exilio</em> y en <em>Geograf&iacute;as</em> el tema no ser&iacute;a tanto la partida del pa&iacute;s, la ida (como en <em>La casa y el ladrillo</em>), sino el regreso; as&iacute;, por ejemplo, en los poemas &ldquo;La casa y el ladrillo&rdquo; y &ldquo;Otra noci&oacute;n de patria&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;De &iacute;ndole m&aacute;s social ser&aacute;n sus relatos <em>Con y sin nostalgias</em>, donde encontramos muestras de esos h&eacute;roes positivos que despu&eacute;s aparecer&iacute;an en <em>Primavera con una esquina rota </em>(1982); h&eacute;roes que anteponen los intereses colectivos a los personales, prefiriendo la tortura o la muerte antes que traicionar a sus compa&ntilde;eros. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La lucha, en estos cuentos, se afronta con el optimismo que se desprende de la capacidad de la reacci&oacute;n popular contra la dictadura. En resumidas cuentas, este conjunto de relatos supone un reconocimiento a todos los que lucharon por la libertad, y un llamamiento contra las injusticias que se vivieron en Uruguay y en tantos pa&iacute;ses de la Am&eacute;rica Latina de aquellos a&ntilde;os.</p>
<p>De 1979 es el siguiente libro de poemas, <em>Cotidianas</em>, as&iacute; como <em>Pedro y el capit&aacute;n</em>, la obra teatral que ha sido tan representada hasta la actualidad. Tambi&eacute;n dos libros de ensayos, uno de cr&iacute;tica literaria, <em>El recurso al supremo patriarca</em>, y otro propiamente ensay&iacute;stico, <em>Notas sobre algunas formas subsidiarias de la penetraci&oacute;n cultural</em>. El poeta, por su situaci&oacute;n, se ve forzado a convivir con la ausencia, en un deambular vital que quedar&iacute;a reflejado en sus poemas, no s&oacute;lo de <em>Cotidianas</em>, sino tambi&eacute;n de libros posteriores como <em>Viento del exilio</em> y buena parte de las composiciones de <em>Geograf&iacute;as</em>.</p>
<p>Siguiendo el itinerario del exilio, tras la intensa actividad cubana el escritor decidi&oacute; cambiar de pa&iacute;s, otra patria desde la cual poder ayudar de forma m&aacute;s directa a sus compatriotas: Palma de Mallorca ser&iacute;a el nuevo destino. En 1980 lleg&oacute; a la isla mediterr&aacute;nea y, con el tiempo, empez&oacute; a colaborar semanalmente con un art&iacute;culo de opini&oacute;n en <em>El Pa&iacute;s</em>, una actividad period&iacute;stica que ir&iacute;a unida a su traslado de Palma de Mallorca a Madrid, ciudad que, desde el fin de la dictadura en Uruguay, fue su lugar de residencia compartida con Montevideo hasta 2006, cuando se traslad&oacute; definitivamente, dejando atr&aacute;s el Madrid que le acogi&oacute; durante tantos a&ntilde;os.</p>
<p>En 1981 public&oacute; un nuevo libro de poemas, <em>Viento del exilio</em>, en el que evoc&oacute; con intensidad no s&oacute;lo lo montevideano, sino lo latinoamericano en su globalidad. Los espacios afectivos, materializados en nombres propios, se combinan con los temas de la tortura y el horror de la dictadura, as&iacute; como con los rostros de los desaparecidos y con otros temas que comienzan a adquirir importantica, tales como el paso del tiempo y la muerte, tras los cuales el amor siempre aparece como fuerza vital insoslayable. Recordemos, por ejemplo, algunos versos del poema &ldquo;Viento del exilio&rdquo;:</p>
<p>Un viento misionero sacude las persianas</p>
<p>no s&eacute; qu&eacute; jueves trae</p>
<p>no s&eacute; qu&eacute; noche lleva</p>
<p>ni siquiera el dialecto que propone</p>
<p>[...]</p>
<p>no abro hospitalidad</p>
<p>no ofrezco resistencia</p>
<p>simplemente lo escucho</p>
<p>arrinconado</p>
<p>mientras en el recinto vuelan nombres</p>
<p>papeles y cenizas</p>
<p>[&hellip;] lo raro lo incre&iacute;ble es que a pesar</p>
<p>de mi desamparada expectativa</p>
<p>no s&eacute; qu&eacute; dice el viento del exilio</p>
<p>&nbsp;Entre la producci&oacute;n novel&iacute;stica de estos a&ntilde;os, Benedetti ofreci&oacute; un testimonio de excepcional significaci&oacute;n en su citada novela <em>Primavera con una esquina rota</em> (publicada en 1982, a&ntilde;o en el que se le concedi&oacute; en Cuba la Orden F&eacute;lix Varela), una historia de represi&oacute;n en el contexto de la dictadura, protagonizada por un preso que es s&iacute;mbolo para todos aquellos que sufrieron c&aacute;rcel, exilio y <em>desexilio</em>, y que, por tanto, tiene una honda carga autobiogr&aacute;fica, como la tienen tambi&eacute;n los libros de <em>Con y sin nostalgia</em> (1977) y <em>Geograf&iacute;as</em> (1984).</p>
<p>1984 ser&iacute;a un a&ntilde;o clave para los uruguayos de dentro y de afuera. En noviembre se celebraron las elecciones y democr&aacute;ticamente sali&oacute; elegido Julio Mar&iacute;a Sanguinetti, del Partido Colorado. Uruguay volvi&oacute; a la democracia con un &iacute;ndice elevad&iacute;simo de desempleo, con una enorme deuda exterior y con miles de uruguayos a la espera de regresar a su pa&iacute;s. Se reestableci&oacute; la libertad de prensa, se produjo la legalizaci&oacute;n de la CNT y del Partido Comunista y se procedi&oacute; a la liberaci&oacute;n de los presos pol&iacute;ticos. Tras meses de indecisi&oacute;n, por la situaci&oacute;n a&uacute;n inestable de Uruguay, Benedetti regres&oacute; en 1985 a reencontrarse con su gente, con sus paisajes, con sus vivencias. Y es as&iacute; como el duro exilio dar&iacute;a lugar a la no menos dura etapa del <em>desexilio</em>, neologismo acu&ntilde;ado por el autor y que consiste en la necesidad de hacer un ejercicio de comprensi&oacute;n por parte de todos &ndash;los de afuera y los de adentro&ndash;, y una aguda reflexi&oacute;n cr&iacute;tica sobre lo ocurrido.</p>
<p>Por &uacute;ltimo, hay que recordar que durante este peregrinaje Benedetti viaj&oacute; con una patria interina que nunca le abandon&oacute;: su biblioteca del exilio, que tendr&iacute;a en Madrid su hogar, y que Benedetti, como ya he avanzado, don&oacute; en 2006 a la Universidad de Alicante; donaci&oacute;n que gestion&oacute; la entonces directora del CeMaB, la profesora Carmen Alemany. Fue en aquel a&ntilde;o cuando, desde la casa de Mario Benedetti, en la calle Ramos Carri&oacute;n de Madrid, los m&aacute;s de 6000 libros que fueron la parte principal del hogar del poeta, viajaron hacia Alicante para encontrar una nueva residencia en el campus alicantino. La Universidad de Alicante se convert&iacute;a a partir de entonces en depositaria de la colecci&oacute;n de libros que responde a los a&ntilde;os del prolongado exilio del escritor, vivido en Espa&ntilde;a, como hemos evocado, desde 1980. Tras la posibilidad de regresar a su pa&iacute;s en 1985, Benedetti prolong&oacute; su vida en Madrid durante varios meses cada a&ntilde;o, en los que la biblioteca continu&oacute; creciendo hasta el a&ntilde;o de su donaci&oacute;n a la UA. Son por tanto m&aacute;s de treinta a&ntilde;os los que ocupan esta biblioteca en la vida de Benedetti.</p>
<p>Sus libros reflejan su atenci&oacute;n permanente a la literatura y la sociedad, que son las materias que la forman principalmente. Ediciones dedicadas de muchos creadores, libros comprados que demuestran sus preocupaciones e intereses, anotaciones en los m&aacute;rgenes de no pocos ejemplares que expresan su atenci&oacute;n por la poes&iacute;a contempor&aacute;nea y por la sociedad en que viv&iacute;a, vol&uacute;menes propios reci&eacute;n editados e inmediatamente sometidos a correcciones y variaciones que se&ntilde;alan su inquietud por el texto; todos ellos conforman esta biblioteca que es reflejo de una parte sustancial de la vida del escritor. Discos y v&iacute;deos completan esta donaci&oacute;n que revela tambi&eacute;n la vida cotidiana de Benedetti. Como las bibliotecas suelen ser la historia intelectual de sus propietarios, adentrarnos en la biblioteca de Mario Benedetti es, pues, una aventura de descubrimiento de un escritor en su etapa vital del exilio al <em>desexilio</em> que he recorrido en estas p&aacute;ginas.</p>
<p>En ese adentramiento, es posible descubrir los &ldquo;vasos comunicantes&rdquo; que le unieron con toda una generaci&oacute;n, la de la poes&iacute;a coloquial o conversacional, cuyos integrantes (Juan Gelman, Nicanor Parra, Jos&eacute; Emilio Pacheco, Roberto Fern&aacute;ndez Retamar, Eliseo Diego, etc.) fueron entrevistados por Benedetti en el libro <em>Los poetas comunicantes </em>(1971). Este grupo de escritores tiene, obviamente, una presencia destacada en la biblioteca personal madrile&ntilde;a de Mario Benedetti, en libros que atesoran un valios&iacute;simo material de investigaci&oacute;n para comprender mejor las relaciones que mantuvieron estos poetas entre ellos y en especial con Benedetti, a la luz de las dedicatorias y de los subrayados y anotaciones con que el uruguayo dej&oacute; marcada esta parte sustancial de su legado.</p>
<p>En el mencionado libro, Benedetti insiste en los &ldquo;vasos comunicantes&rdquo; que se reiteran en todas y cada una de las entrevistas. &iquest;Por qu&eacute; esta insistencia? Por un lado, la idea de &ldquo;vasos comunicantes&rdquo; contiene en s&iacute; misma la voluntad de continuidad en la poes&iacute;a latinoamericana del siglo XX y de visibilizaci&oacute;n de la misma, frente al parricidio generacional propio de la sucesi&oacute;n de movimientos literarios y generaciones de la historia de la literatura. Benedetti destaca esa continuindad desde el pr&oacute;logo. En otro sentido, los &ldquo;vasos comunicantes&rdquo; se refieren a la voluntad de comunicaci&oacute;n con el lector que caracteriz&oacute; a estos poetas, de modo que la afirmaci&oacute;n de esos &ldquo;vasos&rdquo; significaba encontrar un elemento com&uacute;n entre ellos y, al tiempo, diferenciador de lo que se configuraba, as&iacute;, como una generaci&oacute;n. Por tanto, insistir en los &ldquo;vasos comunicantes&rdquo; con la tradici&oacute;n, y con el lector, no parece una simple fijaci&oacute;n del poeta. Con ello Benedetti estaba intentando configurar en su libro un grupo po&eacute;tico, precisamente porque todas las direcciones de dichos &ldquo;vasos&rdquo; (con la tradici&oacute;n, con el lector y entre los poetas coloquiales) finalmente potenciaban y universalizaban no solo a esta generaci&oacute;n, sino la tradici&oacute;n po&eacute;tica latinoamericana del siglo XX:</p>
<p>Una cosa es cierta: la poes&iacute;a latinoamericana no necesit&oacute; del <em>boom </em>para situarse en un nivel &oacute;ptimo. Pero ese nivel no es una novedad de estos &uacute;ltimos a&ntilde;os. Antes de Parra y Cardenal, de Octavio Paz y Eliseo Diego, de Gelman y Fern&aacute;ndez Retamar, est&aacute; la formidable columna vanguardista (Vallejo, Neruda, Huidobro, Guill&eacute;n, Girondo), y antes de los vanguardistas est&aacute;n nada menos que Delmira, Dar&iacute;o y Mart&iacute;&hellip; [Neruda despu&eacute;s] (Benedetti 1981, 14)</p>
<p>En suma, con la publicaci&oacute;n de este libro Benedetti estar&iacute;a construyendo esa comunidad po&eacute;tica a trav&eacute;s de la visualizaci&oacute;n de los elementos comunes que hay entre los autores de esta generaci&oacute;n (y en relaci&oacute;n tambi&eacute;n con las generaciones anteriores), salvando distancias m&aacute;s que evidentes que &eacute;l atribuye en el pr&oacute;logo a las &ldquo;diferentes coyunturas&rdquo;, para poner las bases de esa nueva po&eacute;tica &ldquo;coloquial o conversacional&rdquo;, que Carmen Alemany descifra en su libro de 1997 titulado <em>Po&eacute;tica coloquial hispanoamericana</em>. En este punto resulta interesante la opini&oacute;n de Retamar en la entrevista que le realiza Benedetti incluida en <em>Los poetas comunicantes</em>: &ldquo;no conozco ning&uacute;n poeta honrado que diga lo contrario (que no le importa la comunicaci&oacute;n) y siga escribiendo y publicando. Pues publicar es hacer p&uacute;blico, es ir hacia el p&uacute;blico&rdquo; (en Benedetti 1981, 179). Y Benedetti, con la publicaci&oacute;n de este libro de entrevistas, quiso llevar esta idea de grupo hacia el p&uacute;blico.</p>
<p>Desde mi punto de vista, la clave fundamental de ese elemento com&uacute;n que puede extraerse de las entrevistas est&aacute; en las respuestas acerca no s&oacute;lo de la preocupaci&oacute;n por la &ldquo;comunicaci&oacute;n&rdquo; con el lector sino sobre el &ldquo;posible&rdquo; sacrificio est&eacute;tico en aras del compromiso o de la revoluci&oacute;n. Todos responden que no sienten la b&uacute;squeda del registro coloquial como una concesi&oacute;n est&eacute;tica, sino que en realidad la plantean como una nueva est&eacute;tica. Es muy significativa en este sentido la respuesta de Gelman: &ldquo;Si me pregunt&aacute;s si me quiero comunicar, te contexto que s&iacute;; si me pregunt&aacute;s si estoy dispuesto a sacrificar algo para comunicarme, te digo que tambi&eacute;n. Pero lo que estoy dispuesto a sacrificar para esa comunicaci&oacute;n no es cuesti&oacute;n po&eacute;tica, sino una cuesti&oacute;n de vida [...]. Pero de ninguna manera pienso renunciar a lo que aparentemente pueda ser dif&iacute;cil de entender&rdquo; (Gelman, en Benedetti 1981, 189).</p>
<p>En definitiva, con este libro Benedetti estaba intentando poner el foco no solo en el grupo po&eacute;tico &ldquo;comunicante&rdquo;, sino en la idea del mismo como exponente de la potent&iacute;sima tradici&oacute;n po&eacute;tica latinoamericana, que ocupa todo el siglo XX y que a lo largo de las d&eacute;cadas permaneci&oacute; en constante renovaci&oacute;n. Fundamental resulta el siguiente p&aacute;rrafo para completar la reflexi&oacute;n:</p>
<p>Hoy (escribo esto en junio de 1972) la ola del <em>boom </em>virtualmente se ha retirado. Y, por supuesto, en la orilla no queda &uacute;nicamente la resaca [<em>Cien a&ntilde;os de soledad</em>, <em>Rayuela</em>, <em>La casa verde</em>, <em>Pedro P&aacute;ramo</em>]. Pero tampoco, al retiro de la ola [y<strong> </strong>al fin llegamos al sentido de este libro] queda all&iacute;, como reci&eacute;n llegada, como reci&eacute;n hallada, la gran poes&iacute;a latinoamericana. El <em>boom </em>se olvid&oacute; de traerla, quiz&aacute; porque los editores m&aacute;s mercantiles llevan su contabilidad-ficci&oacute;n, y a partir de sus asientos y contrasientos, llegaron a autoconvencerse de que la poes&iacute;a no es negocio. &iquest;C&oacute;mo saberlo exactamente? &iquest;Acaso alg&uacute;n editor se anim&oacute;, en relaci&oacute;n con un libro de poes&iacute;a, a bombardear propagand&iacute;sticamente un mercado con el mismo empuje que generalmente dedica a sus novelistas? (Benedetti 1981, 13).</p>
<p>En este sentido, quiero concluir se&ntilde;alando lo obvio, y es que, con los a&ntilde;os, el propio Benedetti lograr&iacute;a vencer las barreras de las minor&iacute;as de lo po&eacute;tico (y las barreras aludidas del mercado editorial) para llegar a la gran mayor&iacute;a, esa a la que hoy d&iacute;a sigue llegando, precisamente porque la poes&iacute;a no es un negocio.</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> <a href="https://web.ua.es/es/centrobenedetti/la-biblioteca-madrilena-de-mario-benedetti.html">https://web.ua.es/es/centrobenedetti/la-biblioteca-madrilena-de-mario-benedetti.html</a></p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Wed, 01 Jul 2020 05:57:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sergio del Molino: "La literatura autobiográfica ayuda a expiar culpas"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/sergio-del-molin-la-literatura-autobiografica-ayuda-a-expiar-culpas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2020/sergio500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;Hay libros no buscados que cambian el rumbo de un escritor. A veces se imponen por capricho; la creaci&oacute;n literaria tiene su cuota de azar. Pero otros los dictan las circunstancias y el autor, por mucho que se resista, ya no vuelve a ser el mismo.</p>
<p>A Sergio del Molino le sucedi&oacute; con <em>La hora violeta</em> (Mondadori, 2013), en el que describe la enfermedad y muerte de su hijo Pablo. Ese relato testimonial torci&oacute; sus coqueteos con el realismo sucio y la pretensi&oacute;n de escribir humor al m&aacute;s puro estilo ingl&eacute;s. Del mismo modo, <em>La Espa&ntilde;a vac&iacute;a</em> (Turner, 2016) revalid&oacute; su labor como ensayista al tiempo que desbrozaba el camino a otros autores en la denuncia de la desestructuraci&oacute;n econ&oacute;mica y poblacional de nuestro pa&iacute;s.</p>
<p>Ya cumplidos los cuarenta, este madrile&ntilde;o trasplantado a Zaragoza ha publicado una docena de libros, a ritmo de uno por a&ntilde;o, y es voz conocida en las columnas de prensa y&nbsp; tertulias radiof&oacute;nicas. Hay que cazarlo al vuelo, aprovechando su viaje de los viernes a Madrid, por lo que quedamos en un restaurante cercano a la emisora desde la que aconseja libros y pel&iacute;culas; incluso resuelve a los oyentes peque&ntilde;as dudas morales. Disponemos de una hora para comer y hacer la entrevista. El AVE no espera.</p>
<p>&nbsp;El restaurante tiene nombre de copla. A Estrellita Castro le temblaba el caracolillo cuando cantaba que la gitana protagonista fue desgraciada porque antepuso el dinero al amor. En las paredes, fotos taurinas en blanco y negro de Anya Bartels-Suermondt; punto andaluz que, sin rayar en lo ca&ntilde;&iacute;, se extiende a la carta. Sergio del Molino la conoce bien y me dejo llevar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me gusta jugar con la realidad y el mito. Es la funci&oacute;n del escritor&rdquo;</strong></p>
<p>Mientras aguardamos la <em>esperanza rusa </em>(no deja de ser una ensaladilla, pero de textura m&aacute;s suave. Casi hummus. Parece un gui&ntilde;o a Sevilla. La forma de contentar a los devotos de las dos Esperanzas: la Macarena y la de Triana), hablamos de su libro m&aacute;s reciente, <em>Calomarde. El hijo bastardo de las luces </em>(Libros del K.O), donde profundiza en la biograf&iacute;a del turolense que fue ministro de Gracia y Justicia con Fernando VII, al que presenta como iniciador de las &ldquo;cloacas del Estado&rdquo; en Espa&ntilde;a. &ldquo;No he pretendido hacer un ensayo acad&eacute;mico, sino un retrato literario y period&iacute;stico, porque me gusta jugar con la realidad y el mito. Es la funci&oacute;n del escritor. Para desmitificar ya est&aacute;n los historiadores. Y Calomarde es un ministro muy importante en el momento en el que se est&aacute; fundando el Estado Espa&ntilde;ol, con la estructura que hoy conocemos. Una de mis querencias por &eacute;l es porque representa muy bien la figura del arribista. En el fondo es un intruso, que no deb&iacute;a estar ah&iacute;, y eso explica todos sus movimientos. Fernando VII es un tirano muy extra&ntilde;o, porque ejerce la tiran&iacute;a de forma un tanto pasiva. Calomarde le es muy af&iacute;n y aguanta casi diez a&ntilde;os como valido suyo, como su mano derecha, porque los dos est&aacute;n un poco a verlas venir. No se creen su papel. A m&iacute; me parece que Fernando VII se sorprende de aguantar tanto en el trono sin merecerlo. Ya que, en contra de lo que se cree, no es un gran conspirador. De la misma forma que Calomarde tampoco lo es. Pero saben mantenerse teniendo un perfil muy discreto y dejando que sus enemigos se maten entre ellos. Se compara a Calomarde, y yo tambi&eacute;n lo hago, con Fouch&eacute;. Sin embargo, en ese sentido, se parece m&aacute;s a un Rajoy; una persona por la que nadie apuesta, siempre en segundo plano, que no es percibida como amenaza, porque a Calomarde lo ve&iacute;an como un labriego sin m&eacute;ritos, y acab&oacute; matando a todos sus enemigos por la v&iacute;a lenta.</p>
<p>- La respuesta al soplamocos que le dio la Infanta Carlota por reinstaurar la Ley S&aacute;lica: &ldquo;Manos blancas no ofenden. Se&ntilde;ora&rdquo;, ser&iacute;a ap&oacute;crifa, seg&uacute;n usted.</p>
<p>- As&iacute; lo creo, porque le presupondr&iacute;a mayor intelecto del que tuvo. Calomarde supo manejar los resortes del poder pero no era, ni mucho menos, un hombre cultivado.</p>
<p>- Al leer el libro queda claro que Gald&oacute;s, con toda su perspicacia, no habr&iacute;a calado al personaje.</p>
<p>-Gald&oacute;s hace una caricatura de forma intencionada. Javier Cercas, recordemos la pol&eacute;mica que ha mantenido con Mu&ntilde;oz Molina a cuenta de don Benito, tiene raz&oacute;n en que es un escritor muy parcial. Su versi&oacute;n de la Historia de Espa&ntilde;a est&aacute; completamente sesgada hacia el Liberalismo, y pinta a todos los personajes que tienen relaci&oacute;n con el Absolutismo con rasgos muy esperp&eacute;nticos. A Calomarde lo retrata como un monstruo, como un buf&oacute;n, de la misma forma que trata mal a Floridablanca o a Fernando VII y a todos sus ministros. Pero Calomarde, a pesar de lo abyecto que resulta, no era ese comparsa que describe Gald&oacute;s. Resultaba m&aacute;s interesante y complejo, ten&iacute;a muchos pliegues.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Creo mucho en la obra en marcha. En la imperfecci&oacute;n y el ir probando&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>El primer libro de Sergio del Molino, cuando se ganaba la vida como periodista<em>,</em> fue un volumen de relatos: <em>Malas influencias </em>(Tropo Editores, 2009). Heredero del realismo sucio, sus protagonistas, alguno de carne y hueso como la escritora Sylvia Plath, son seres inadaptados y v&iacute;ctimas de la frustraci&oacute;n. Un rasgo que se repetir&aacute; en obras posteriores, cuando ya frecuente la ficci&oacute;n autobiogr&aacute;fica. &ldquo;Yo borrar&iacute;a mis primeros libros. No tienen ning&uacute;n inter&eacute;s para el lector, si acaso para alg&uacute;n estudioso. Cuando escribes uno que destaca, repescan los anteriores, pero casi con intenci&oacute;n arqueol&oacute;gica. Es verdad que las obsesiones de un escritor vienen de lejos. Algunas entroncan ya en la infancia y las vas desplegando poco a poco. Yo creo mucho en la obra en marcha. En la imperfecci&oacute;n y el ir probando. Hay escritores que no se lanzan a la piscina hasta que no lo tienen absolutamente claro. En ese sentido, yo soy muy imprudente y pienso que todos mis libros se encuentran ya insinuados en los anteriores. Por ejemplo, <em>La Espa&ntilde;a vac&iacute;a e</em>staba esboz&aacute;ndose ya en mi novela anterior, <em>Lo que a nadie le importa. </em>Y as&iacute;, unos libros llevan a otros&rdquo;.</p>
<p>- <em>Soldados en el jard&iacute;n de la paz</em> (Prames, 2009) fue su primera incursi&oacute;n en el ensayo narrativo. La historia de esos alemanes, procedentes de Camer&uacute;n, que llegaron a Zaragoza durante la Gran Guerra y se establecieron entre las &eacute;lites de la ciudad, podr&iacute;a haber dado tambi&eacute;n para una novela.</p>
<p>- Probablemente. De la misma forma que no me reconozco en <em>Malas influencias,</em> &eacute;ste es para m&iacute; un libro muy importante y quisiera rescatarlo en alg&uacute;n momento. Pero necesita una reescritura absoluta para sacarlo del localismo; porque, aunque es una historia de Zaragoza, resulta muy espa&ntilde;ola. Bastante de lo que luego cuento en <em>La Espa&ntilde;a vac&iacute;a </em>ya est&aacute; ah&iacute;. Y el tema central, el de los extra&ntilde;os desubicados, despu&eacute;s ha sido una constante en mi obra. Es una idea que me fascina.</p>
<p>- Con <em>No habr&aacute; m&aacute;s enemigo </em>(Tropo Editores, 2012) dio el salto a la novela. Es una historia de suspense, protagonizada por personajes atrapados en la gran ciudad, donde, por no faltar, no falta ni el sexo duro. A pesar de ese ritmo de thriller, Jos&eacute; Luis Mu&ntilde;oz escrib&iacute;a en <em>Calibre 38</em>: &ldquo;Abundan destellos de literatura reflexiva que brillan con luz propia&rdquo; Literatura reflexiva&hellip;O sea que el Sergio del Molino que hemos conocido despu&eacute;s asomaba la patita.</p>
<p>- La verdad es que tampoco me reconozco ya en esa novela. Est&aacute; escrita por alguien que muri&oacute;, con una noci&oacute;n de la literatura y de la narraci&oacute;n que ahora no comparto. La escrib&iacute; antes de la enfermedad y muerte de Pablo, aunque se public&oacute; despu&eacute;s. La rehice en un estado que yo calificar&iacute;a de trastorno mental grave y no he vuelto sobre ella. Temo que est&aacute; escrita por alguien que no soy yo.</p>
<p>- Cuando se abre la puerta a una literatura reflexiva, pasa como con el sue&ntilde;o de la raz&oacute;n: aparecen monstruos. Y lo vemos en esas supuestas memorias familiares de <em>Lo que a nadie le importa</em> (Random House, 2014). La sentencia que dirige el abuelo a su esposa en el lecho de muerte: &ldquo;Calla, que de ti no quiero ni que me cierres los ojos&rdquo;, como dicen los italianos: &ldquo;Se non &egrave; vero, &eacute; ben trovato&rdquo;.</p>
<p>- &Egrave; vero, &egrave; vero&hellip;</p>
<p>- La pronuncia su abuelo materno. Perteneci&oacute; al bando de los que ganaron la guerra y, sin embargo, tambi&eacute;n arrastr&oacute; miedos y silencios. Al leer la historia, da la sensaci&oacute;n de que los que nacieron inmediatamente despu&eacute;s de la muerte de Franco, usted es de 1979, heredaron esas lacras. Obviamente transformadas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;</p>
<p>- En el caso de mi generaci&oacute;n, ya m&aacute;s que miedos y silencios, ser&iacute;an tics culturales. La sombra del franquismo ha sido largu&iacute;sima. Acabamos de desenterrarlo y volverlo a enterrar.&nbsp; A la hora de revisar nuestra historia, la gente de mi edad se encuentra con unos padres que vivieron la Transici&oacute;n y dieron por finiquitado aquel trauma, hicieron borr&oacute;n y cuenta.&nbsp; Por eso nos fijamos en los abuelos, que no lo llegaron a superar. Desde una perspectiva <em>benjaminiana, </em>me interesaba m&aacute;s ese di&aacute;logo intergeneracional en el que la historia va condicionando el presente. Por eso me fij&eacute; en mi abuelo. Buscaba el legado que pudiera quedar de sus silencios. No estoy seguro de que los traumas se hereden, pero una sombra y una cierta forma de mirar y de enfrentarte a las cosas creo que s&iacute; quedan. Y eso se manifiesta a trav&eacute;s de la cultura pol&iacute;tica, pero sobre todo de la familia en la que has crecido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La literatura es el intento de reflejar la incomodidad de vivir que todos tenemos&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El camarero acaba de servirnos las <em>croquetas de pring&aacute;</em>. P&iacute;ldoras de puchero andaluz en cucurucho de papel. Como casta&ntilde;as asadas. Hay que cocer a fuego lento magro, pollo, morcilla, chorizo y tocino, desmenuzarlos y fundirlos con la bechamel que lleva caldo del propio cocido. De Despe&ntilde;aperros para abajo nunca prob&eacute; bocado tan sabroso.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En <em>Lo que a nadie le importa</em> aparece otro de los elementos que luego se repetir&aacute;n en la obra de Sergio del Molino: el sentimiento de culpa. &ldquo;La literatura autobiogr&aacute;fica es una forma de confesi&oacute;n. Te ayuda a expiar las culpas. Y s&oacute;lo desde la perspectiva de la culpa tiene sentido el indulto que obtenemos al escribir. No hablo de culpa tal como la concibe la cultura judeocristiana, porque he sido criado en un ambiente ajeno a la religi&oacute;n y a la Iglesia, sino mucho m&aacute;s intimista y vinculada, por ejemplo, a la filosof&iacute;a de Hannah&nbsp; Arendt. Para m&iacute; es una gu&iacute;a &eacute;tica muy clara. No est&aacute; vinculada a los remordimientos ni la necesidad de purgar tus pecados, sino con la suciedad que vas dejando al vivir. Y te obliga constantemente a enfrentarte a ti mismo. Para m&iacute; la literatura va de eso: es el intento de reflejar la incomodidad de vivir que todos tenemos y que escapa por completo de la geograf&iacute;a y de la celebraci&oacute;n de uno mismo. Por eso veo la culpa como un requerimiento &eacute;tico, muy vinculado a la vida en sociedad y a la autocr&iacute;tica constante de c&oacute;mo nos enfrentamos los unos a los otros.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;<em>La hora violeta</em> probablemente sea el m&aacute;s literario de todos mis libros&rdquo;</strong></p>
<p>- <em>Lo que a nadie le importa</em> lo escribi&oacute; despu&eacute;s de <em>La hora violeta</em>,<em> </em>que marc&oacute; un antes y un despu&eacute;s en su obra. Cuando planeaba otras historias, la leucemia que acab&oacute; con la vida de su hijo Pablo, poco antes de cumplir los dos a&ntilde;os, le condujo a ese libro. Y dice que todav&iacute;a no sabe por qu&eacute; encuentra lectores.</p>
<p>- Para m&iacute; es un misterio, porque lo escrib&iacute; en condiciones muy desesperadas. En trance y casi, casi, sin ninguna pretensi&oacute;n literaria. O s&iacute;. O con todas las pretensiones literarias del mundo. Ah&iacute; desarrollo una idea para m&iacute; elemental: que la literatura es una misma cosa con la vida. Y la literatura es significativa en la medida en que exprese bien todas las rarezas y las asperezas de vivir. En ese sentido, una obra escrita de forma demasiado autoconsciente, demasiado pretenciosa, me parece antiliteraria y la veo condenada al fracaso. Si <em>La hora violeta</em> lleg&oacute; a ser significativa es porque se escribi&oacute; desde la inconsciencia. Yo creo. Y, por eso mismo, probablemente sea el m&aacute;s literario de todos mis libros. Aunque algunos cr&iacute;ticos digan lo contrario. Es una obra rara, lo reconozco, pero perfectamente coherente con esa idea de la literatura como reacci&oacute;n a la vida. Una reacci&oacute;n que intenta ordenar y situarte en el mundo. Por eso hay gente que se identifica, aunque no haya pasado por nada parecido, con lo que cuenta el libro.&nbsp;</p>
<p>Nos retiran los platos. En el cucurucho queda la croqueta de la verg&uuml;enza. &iexcl;No, hay dos! Estamos de suerte. As&iacute; evitamos el espect&aacute;culo hip&oacute;crita de ced&eacute;rsela al otro, cuando a los dos nos apetece. La pring&aacute;, en el nombre lo lleva, no es tan popular como otros cocidos espa&ntilde;oles, pero puede medirse con cualquiera de ellos.&nbsp;</p>
<p>- Como parte de ese discurso, usted reivindica tambi&eacute;n el valor de los sentimientos en la obra literaria. Jam&aacute;s del sentimentalismo. Eso hubiera hecho naufragar a <em>La hora violeta</em>. &iquest;Lo escribi&oacute; m&aacute;s con la cabeza que con el coraz&oacute;n?</p>
<p>- Con mucha cabeza, con mucha consciencia. Porque es un esfuerzo por mantenerme en el mundo e indagar en ese dolor. Es un libro muy cerebral que intenta ser fiel al dolor que est&aacute; expresando. Y, en ese sentido, ten&iacute;a que ser necesariamente contenido y austero. No pod&iacute;a desbordarse por el melodrama, porque entonces fracasar&iacute;a por completo. Esa es la paradoja del libro: que fue escrito en trance pero con una autoconsciencia muy, pero que muy, exacerbada.</p>
<p>Sergio del Molino ha explicado muchas veces que <em>La hora violeta</em> no fue una terapia, sino una necesidad. La necesidad -como escribe en el libro- de dar nombre. Pero hay silencios, elipsis, en los que cuenta m&aacute;s que con muchas palabras. &ldquo;Sin duda, la literatura calla. Est&aacute; mucho m&aacute;s en los silencios y en las sugerencias que en la expresi&oacute;n. En el fondo, es una especie de elegancia. Me parece muy burdo contarlo todo. Vila-Matas, en un art&iacute;culo sobre Bola&ntilde;o que he le&iacute;do hace poco, dice que la literatura fracasa cuando hace eso. Y tiene raz&oacute;n. Yo creo que lo m&aacute;s dif&iacute;cil de conseguir es una elipsis. Me sorprendieron algunas cr&iacute;ticas, que eran muy elogiosas con el libro pero dec&iacute;an que lo contaba todo pormenorizadamente, que era muy detallista. No estoy de acuerdo: soy tremendamente elusivo. Es como si te asomaras por una mirilla a ese mundo hospitalario. Observas, pero apenas ves nada. Es evidente para cualquier lector que oculto much&iacute;simo. Por eso me sorprende tambi&eacute;n que, en algunas universidades de Latinoam&eacute;rica, se da en clases de periodismo como ejemplo de cr&oacute;nica. De cr&oacute;nica intimista, pero cr&oacute;nica. Cuando la cr&oacute;nica cuenta cosas y este libro intenta contar las menos posibles&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>- En &eacute;l explica, tambi&eacute;n, c&oacute;mo fue su relectura de <em>Mortal y rosa</em>, de Francisco Umbral.</p>
<p>- Decepcionante. Bastante, adem&aacute;s. Porque me encuentro una obra elusiva hasta el punto que me incomoda. Pero no hablo de elusi&oacute;n literaria, con la que estar&iacute;a de acuerdo, sino&nbsp; elusi&oacute;n cobarde. Umbral, en vez de indagar en su dolor, creo que est&aacute; intentando huir de &eacute;l. Y hace terapia cuando usa la literatura como tapadera en lugar de como penetraci&oacute;n. La convierte en un trampantojo constante: el hecho de que no llame al hijo por su nombre, que apenas se perciba el momento en que muere Pincho, o que sea a veces casi una trama secundaria dentro del libro. Percib&iacute; que utilizaba la escritura como escapismo, justo lo contrario de lo que yo conceb&iacute;a que debe ser la literatura y lo que hab&iacute;a entendido en un primer momento de <em>Mortal y Rosa.</em> Esa relectura a m&iacute; me deja devastado y me hace pensar mucho en lo que quiero hacer y c&oacute;mo lo quiero contar. Por eso lo inclu&iacute; en <em>La hora violeta.</em></p>
<p><em>La mirada de los peces</em> (Random House, 20017)<em> </em>parte de otra p&eacute;rdida, aunque muy diferente, para Sergio del Molino. Su profesor Antonio Aramayona, coherente con la &Eacute;tica y Filosof&iacute;a que imparti&oacute; en las aulas, opt&oacute; por quitarse la vida. En este libro, que no es propiamente una reflexi&oacute;n sobre el suicidio, &uacute;ltimo tab&uacute; de nuestra sociedad, el autor parece acentuar ese sentimiento de culpa que rige gran parte de su obra.&nbsp; &ldquo;Puede ser. La verdad es que no lo he pensado. Pero uno de los hilos es el arrepentimiento que siento porque creo que no he estado a la altura del personaje de Antonio. Realmente no lo he entendido en algunos momentos de la vida y no he sabido estar donde deb&iacute;a. Es posible que haya una reflexi&oacute;n sobre la culpa entendida como crecimiento de la vida. Porque es algo consustancial a crecer y desmontar los mitos de nuestra adolescencia. A gente que cre&iacute;amos que eran santos y puros, pero luego descubrimos que no lo son. Y no sabemos estar a la altura de su humanidad. Una cosa que me gusta mucho de la literatura de Cercas, y esto lo he hablado mucho con &eacute;l, es que sus libros persiguen la construcci&oacute;n de un h&eacute;roe pero se acaban encontrando al ser humano. Se ve en <em>Soldados de Salamina</em> pero, sobre todo, en <em>El monarca de las sombras.</em> Cercas intenta estar a la altura del hombre y en <em>La mirada de los peces</em> yo sigo un proceso inverso: ten&iacute;a un h&eacute;roe, casi un santo, que era mi profesor Antonio Aramayona, y, conforme voy creciendo, me voy encontrando a una persona. Una persona con sus contradicciones, debilidades, miserias y peque&ntilde;eces. A m&iacute; me va decepcionando y no estoy a la altura de esa decepci&oacute;n. Porque en lugar de ver al ser humano, que es mucho m&aacute;s interesante y grande, me refugio en el mito. Y &eacute;se es un poco el juego que hila toda la relaci&oacute;n entre los dos personajes&rdquo;.</p>
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<p><strong>&ldquo;La s&aacute;tira me sigue pareciendo la mejor forma de narrar&rdquo;</strong></p>
<p>Cuando empez&oacute; a escribir, Sergio del Molino quer&iacute;a ser un autor humor&iacute;stico, de los que cuentan historias con sarcasmo e iron&iacute;a. Tipo ingl&eacute;s. Pero la muerte de Pablo dio un giro de 180 grados a ese prop&oacute;sito inicial. Sin embargo, hay cr&iacute;ticos que ven destellos de humor en obras posteriores a <em>La hora violeta </em>y, por extra&ntilde;o que parezca, tambi&eacute;n en ese libro. Manuel Hidalgo habla de &ldquo;humor torcido&rdquo; a prop&oacute;sito de <em>En el Pa&iacute;s del Bidasoa</em> (IPSO Ediciones, 2018), donde Sergio del Molino recuerda c&oacute;mo marcaron su juventud las novelas de Baroja. &ldquo;En mis comienzos quer&iacute;a hacer parodia de todo y no tomarme nada en serio. La verdad es que, a d&iacute;a de hoy, la s&aacute;tira me sigue pareciendo la mejor forma de narrar y, especialmente, de hacer cr&oacute;nica pol&iacute;tica. Pero, claro, me siento incapaz porque me he vuelto solemne. Aunque la solemnidad no tiene por qu&eacute; estar re&ntilde;ida con la iron&iacute;a. La iron&iacute;a es necesaria y basal para la literatura y para la vida. Permea y ayuda a evacuar.&rdquo;</p>
<p>El camarero ha escuchado las &uacute;ltimas palabras. S&iacute;, fuera de contexto, se explica su mueca. Pero sirve campechano el <em>bacalao en tempura</em>. En rigor, es rebozado. Un bienmesabe sin vinagre, crujiente y dorado al punto. Nada que objetar, salvo el nombre. La tempura es otra cosa. Sergio del Molino retoma el hilo de la iron&iacute;a: &ldquo;En mis libros est&aacute; muy presente. Incluso en <em>La hora violeta</em> hay momentos con trasfondo ir&oacute;nico, donde dejo de tomarme en serio ciertas cosas. Si es una herramienta esencial para cualquier escritor, en el caso de los autobiogr&aacute;ficos con mayor motivo. Porque, si no, caes en el autobombo, en la autocomplacencia, y acabas haciendo una cosa absolutamente hueca. La iron&iacute;a es el arma que nos permite ser complejos y ser conscientes de que en las cosas nada, absolutamente nada, tiene importancia. Y luego, en mi vida diaria, yo no sabr&iacute;a convivir con alguien sin sentido del humor&rdquo;.</p>
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<p><strong>&ldquo;Si tuviera un sentido muy acusado del pudor no escribir&iacute;a una sola l&iacute;nea&rdquo;</strong></p>
<p>- Su literatura no es estrictamente autobiogr&aacute;fica, porque deja espacio para la invenci&oacute;n, pero el sustrato b&aacute;sico son experiencias vividas por el autor y sus familiares. &iquest;El uso de la primera persona, predominante en sus libros, le ha obligado a vencer el pudor?</p>
<p>- Lo venc&iacute; en <em>La hora violeta, </em>de forma inconsciente, y no es un debate que me haga. Si tuviera un sentido muy acusado del pudor no escribir&iacute;a una sola l&iacute;nea. Y tengo la suerte, adem&aacute;s, de que esa impudicia la comparte mi entorno, mi familia, a la que tengo de c&oacute;mplice. El uso de la primera persona para m&iacute; es algo muy natural. Y, adem&aacute;s, instrumental porque la uso para ocultarme. Una de las maneras m&aacute;s &uacute;tiles de esconderse es hacer creer al lector que est&aacute;s hablando de ti mismo cuando en realidad no lo haces. Estoy fijando la atenci&oacute;n, pero mis libros son muy poco intimistas. Hay intimidades, hay confesiones, aunque, en el fondo, uso el personaje que me construyo sobre m&iacute; mismo para llevar la narraci&oacute;n a ramas y a cerros de &Uacute;beda que son los que a m&iacute; me interesan. No deja de ser una estrategia narrativa.</p>
<p>-&iquest;Y descarta volver alg&uacute;n d&iacute;a a la ficci&oacute;n pura y dura?</p>
<p>-En buena medida ya lo hago en mi pr&oacute;ximo libro, que se titula <em>La piel. </em>Tiene parte de narraci&oacute;n autobiogr&aacute;fica, parte de ensayo y otra de ficci&oacute;n. En &eacute;l incluyo una serie de relatos can&oacute;nicamente ficticios, basados en personajes hist&oacute;ricos, y en los que no aparezco yo. Aqu&iacute;, el narrador me ped&iacute;a aparecer en tercera persona. O sea que no descarto en absoluto volver a la ficci&oacute;n total.</p>
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<p><strong>&ldquo;Me preocupa que est&eacute; en peligro la construcci&oacute;n de la convivencia en Espa&ntilde;a&rdquo;</strong></p>
<p><em>La Espa&ntilde;a vac&iacute;a </em>(Turner, 2016) inaugur&oacute; una serie de libros y reportajes sobre el &eacute;xodo rural en nuestro pa&iacute;s y el desequilibrio de la balanza demogr&aacute;fica<em>. </em>Sergio del Molino, que dio el pistoletazo de salida a otros autores, considera espantosa e innecesaria la correcci&oacute;n <em>vaciada</em> que han impuesto, despu&eacute;s de publicado su libro, los movimientos sociales y medios de comunicaci&oacute;n. Antonio Mu&ntilde;oz Molina, en una entusiasta cr&iacute;tica, escribe que la mirada del narrador est&aacute; m&aacute;s pr&oacute;xima a la de Machado que a la de un Azor&iacute;n o un Unamuno. &ldquo;Estoy de acuerdo y, adem&aacute;s, lo digo en el libro. Machado es mucho m&aacute;s nuestro contempor&aacute;neo. A Azor&iacute;n hoy no lo lee nadie. Es ilegible para la sensibilidad del lector actual, porque tiene un sentido de la poes&iacute;a en el paisaje que nos es completamente ajeno. Cuesta entrar en sus obras. Hay una barrera est&eacute;tica. Y Unamuno parece excesivamente contempor&aacute;neo. Interpela constantemente a su tiempo y muchos de los presupuestos desde los que escribe, no todos, resultan extra&ntilde;os o antiguos en este momento. Su nacionalismo cae antip&aacute;tico. Cuando habla de la raza, las esencias y cierto ecumenismo hisp&aacute;nico, nos suena a chirigota. Luego hay otras cosas, mucho m&aacute;s intimistas, que s&iacute; que nos llegan. Sin embargo, Machado es un paseante que est&aacute; plenamente inserto dentro la sensibilidad de hoy. Y no me pasa solo a m&iacute;. De los tres, es el &uacute;nico que sobrevive y podemos leer su obra como si estuviera reci&eacute;n escrita.&rdquo;</p>
<p>En el fondo, todos los libros de Sergio del Molino, ya sea a trav&eacute;s de pueblos abandonados, islas dentro de un continente o la literaturizaci&oacute;n de su propia familia, acaban hablando de Espa&ntilde;a. &ldquo;Creo que hay dos perfiles que est&aacute;n contaminados dentro de m&iacute; como ensayista. Pero a la vez se diferencian mucho. Hay uno m&aacute;s intelectual, del escritor que interviene p&uacute;blicamente en su tiempo, a trav&eacute;s de ensayos, art&iacute;culos, tertulias o conferencias. Y a &eacute;se le preocupa que est&eacute; en peligro la construcci&oacute;n de la convivencia en Espa&ntilde;a. Pero como escritor m&aacute;s solipsista, que quiere crear una obra literaria al margen de la utilidad que pueda tener en el momento y de c&oacute;mo interpele a sus contempor&aacute;neos, me intereso por lo invisible, lo oculto, los espacios innominados y los yermos. Algo que tiene que ver tambi&eacute;n con los silencios de las familias. Por lo tanto, en ensayos como <em>La Espa&ntilde;a vac&iacute;a </em>y <em>Lugares fuera de sitio</em> intento llamar la atenci&oacute;n sobre realidades que son banales y que no se perciben como conflictivas, pero que para m&iacute; lo son mucho en lo que afecta a la articulaci&oacute;n de la convivencia y la cultura de un pa&iacute;s. Y en la obra m&aacute;s estrictamente narrativa, aqu&iacute; est&aacute; la contaminaci&oacute;n de los dos perfiles, hago lo mismo: fijarme en lo banal, en lo que a nadie le importa, de ah&iacute; el t&iacute;tulo de mi novela, para desentra&ntilde;ar las historias que guardan&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Yo, aunque solo literariamente, tambi&eacute;n persigo fantasmas&rdquo;</strong></p>
<p>Jos&eacute; Tom&aacute;s y Juan Jos&eacute; Padilla, retratados por Anya Bartels-Suermondt, observan, desde el muro de ladrillo visto, el pase&iacute;llo de los <em>Huevos camperos con jam&oacute;n de bellota 5J</em> desde cocinas a nuestra mesa. Romper bien la yema, para que impregne m&aacute;s las patatas que el pernil, tambi&eacute;n es un lance. Le reservo ese quiebro a Sergio del Molino.&nbsp;&nbsp;</p>
<p><em>Lugares fuera de sitio </em>fue galardonado con el premio Espasa de ensayo en 2018 y se ley&oacute; como la secuela de <em>La Espa&ntilde;a vac&iacute;a</em>. Porque enclaves como el Condado de Trevi&ntilde;o, el Rinc&oacute;n de Ademuz, Ll&iacute;via o Gibraltar no dejan de ser peque&ntilde;os laboratorios donde se ensaya la convivencia. En <em>La Espa&ntilde;a vac&iacute;a</em>, mientras tanto, hay una pasi&oacute;n por la estela que dejan las cosas al marcharse. Me recuerda a los cuadros de Amalia Avia, a esos comercios cerrados o puertas desvencijadas de lugares por los que -como escribi&oacute; sobre ellos Cela- &ldquo;alguna vez pas&oacute; la vida.&rdquo;&nbsp; &ldquo;Me gusta la comparaci&oacute;n. S&iacute;, busco ese eco, la fantasmagor&iacute;a. Yo vengo de una familia muy esot&eacute;rica. Mi madre no cre&iacute;a en Dios, pero s&iacute; en los fantasmas. Y en las brujas. Yo, aunque solo literariamente, tambi&eacute;n persigo fantasmas. Esa reverberaci&oacute;n de los espacios siempre me ha sugerido mucho, porque hay ecos del pasado que se pueden trastear. Es una obsesi&oacute;n est&eacute;tica que luego he convertido en un discurso &eacute;tico&rdquo;.</p>
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<p><strong>&ldquo;Ha reverdecido un periodismo narrativo, del que hay mucha tradici&oacute;n en Espa&ntilde;a&rdquo;</strong></p>
<p>- Usted se curti&oacute; en el mundo de las letras como periodista de <em>Heraldo de Arag&oacute;n </em>y, entre la docena de libros publicados, tiene uno, <em>El restaurante favorito de Nina Hagen</em> (Anorak Ediciones, 2011), que recopila, aunque me consta que hay mucha reescritura, art&iacute;culos y entradas de su p&aacute;gina personal. En el pr&oacute;logo dice que el periodismo ha renunciado a su sustancia narrativa. &nbsp;&iquest;Necesitamos en Espa&ntilde;a un periodismo m&aacute;s entroncado con la literatura como el que practica la Nueva Cr&oacute;nica Latinoamericana?</p>
<p>- Est&aacute; d&aacute;ndose. Por pura necesidad. El periodismo, al entrar en esa hecatombe que fue la crisis, tuvo que buscar nuevos espacios y formas. As&iacute; ha reverdecido un periodismo narrativo, del que hay mucha tradici&oacute;n en Espa&ntilde;a. Est&aacute; Chaves Nogales, pero tenemos ejemplos m&aacute;s pr&oacute;ximos en el tiempo&nbsp; como Manu Leguineche y los grandes cronistas de la Transici&oacute;n, que est&aacute;n muy olvidados. Aqu&iacute; el gran escaparate period&iacute;stico estuvo dominado casi siempre por la opini&oacute;n. Por una opini&oacute;n, adem&aacute;s, banal, efectista y centrada en el estilo. Muy <em>umbraliana</em>, para entendernos. Y la cr&oacute;nica, que conlleva ir, ver y contar cosas desde una particular mirada, siempre ha ocupado un segundo plano. Sigue ocup&aacute;ndolo. Lo que s&iacute; es verdad es que, a consecuencia de la crisis, han ido apareciendo buenos documentalistas. Ahora hay cierto auge de libros de periodistas y de periodismo que durante tiempo estuvieron opacados en muchos sentidos. Las editoriales ten&iacute;an colecciones de cr&oacute;nica, pero se vend&iacute;an en el fondo de la librer&iacute;a. Y ahora, por poner dos ejemplos, Anagrama publica, como libros narrativos, los de Leila Guerriero o <em>El colgajo,</em> donde Philippe Lan&ccedil;on cuenta c&oacute;mo renaci&oacute; tras el atentado a la revista sat&iacute;rica <em>Charlie Hebdo</em>. O sea, que tienen un prestigio en la industria editorial que todav&iacute;a no les concede la period&iacute;stica. Ah&iacute;, en su propia casa, se sigue considerando un g&eacute;nero segund&oacute;n.</p>
<p>- Existi&oacute; una escuela de <em>El Norte de Castilla,</em> a trav&eacute;s de la cual algunos periodistas derivaron en grandes escritores. Si miramos a <em>Heraldo de Arag&oacute;n</em>, encontramos nombres como el suyo, Manuel Vilas, Ant&oacute;n Castro, Irene Vallejo... Algunos ya llegaron siendo escritores y otros no han ejercido propiamente el periodismo, pero &iquest;se podr&iacute;a hablar de una escuela del <em>Heraldo</em>?</p>
<p>- No sabr&iacute;a responder. <em>Heraldo de Arag&oacute;n, </em>a pesar de que le faltaba el estilismo de <em>El Norte de Castilla</em>, porque no ten&iacute;a a Delibes como director, ha sido un peri&oacute;dico que tradicionalmente, ya no, ten&iacute;a unas p&aacute;ginas culturales muy bien cuidadas. Y ha sido refugio de buenas plumas. Eso es verdad. Pero no s&eacute; si ha sido tanto escuela como veh&iacute;culo de expresi&oacute;n. Hubiera hecho falta alguien que orientara, como Delibes, ya digo. Por tanto, creo que los que salimos fue de forma espont&aacute;nea. M&aacute;s que ense&ntilde;arnos, nos dejaron hacer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;En este pa&iacute;s se confunde muchas veces la independencia de criterio con la animadversi&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sergio del Molino ejerce tambi&eacute;n como divulgador cultural a trav&eacute;s de la radio, donde lo mismo comenta un libro o una pel&iacute;cula como interviene en ese g&eacute;nero tan denostado que es el de la tertulia. &ldquo;No quiero hacer tertulia pol&iacute;tica, sino la relacionada con temas culturales, o sociales, porque en este pa&iacute;s se confunde muchas veces la independencia de criterio con la animadversi&oacute;n. Se hace una opini&oacute;n de trinchera. Sin embargo, reconozco que en el columnismo s&iacute; me decanto mucho m&aacute;s. Tengo una posici&oacute;n muy esc&eacute;ptica con el poder en general y con el discurso de los poderosos. Creo que tanto el escritor p&uacute;blico, el que se expresa en los peri&oacute;dicos, como el periodista deben delatar las imposturas de ese discurso, encontrarle las fallas para re&iacute;rse de &eacute;l, y ser un poco bufones. En ese sentido, los partidos, cuanto m&aacute;s ideologizados est&aacute;n, m&aacute;s motivos dan para la risa. Son carne de parodia. Sin embargo, los de perfil m&aacute;s tecnocr&aacute;tico provocan menos chanzas&rdquo;.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Teruel Existe ha hecho un flaco favor al movimiento de la Espa&ntilde;a vac&iacute;a&rdquo;</strong></p>
<p>A Sergio del Molino le gusta decir que a los veinte era un anciano descre&iacute;do y que, con los a&ntilde;os, se ha vuelto m&aacute;s joven e ingenuo. Le pregunto, para acabar la entrevista, c&oacute;mo ve desde esa ingenuidad y su escepticismo pol&iacute;tico, la llegada de Teruel Existe al parlamento nacional. &iquest;Cree que habr&aacute; una segunda, y m&aacute;s legislaturas? &ldquo;Para m&iacute;, el peor escenario es que tuviera &eacute;xito. Uno de los movimientos pol&iacute;ticos que con m&aacute;s entusiasmo han celebrado esa llegada al Congreso y el Senado ha sido el independentismo catal&aacute;n. Porque ha visto refrendados en el discurso de Teruel Existe su idea victimista del Estado. Entonces, si lo parasitan, ser&aacute; el germen de algo nefasto para las reivindicaciones de la Espa&ntilde;a vac&iacute;a. Si terminaran expres&aacute;ndose de forma nacionalista y esencialista, con el reproche por arma, ser&iacute;a terrible. Creo que est&aacute; muy lejos de suceder porque Teruel Existe es una plataforma ciudadana donde, evidentemente, cabe de todo. Lo &uacute;nico que les une es la indignaci&oacute;n por el abandono de la provincia. Nada m&aacute;s. Es muy dif&iacute;cil que ese discurso cale hasta transformarla en fuerza pol&iacute;tica. Imagino que se ir&aacute; desinflando, pero, curiosamente, creo que el salto a la pol&iacute;tica de Teruel Existe ha hecho da&ntilde;o a un movimiento que estaba en un momento muy dulce. Porque hab&iacute;a conseguido copar todos los espacios p&uacute;blicos con su discurso transversal de oposici&oacute;n al poder y de demanda ciudadana. Creo que han jodido&hellip;&rdquo;</p>
<p>-&hellip; &iquest;Pongo esa palabra en la transcripci&oacute;n?</p>
<p class="NoSpacing">- Por supuesto. Creo que han jodido parte de lo que les hac&iacute;a fuertes e indispensables. Adem&aacute;s, se perpet&uacute;a una forma de hacer pol&iacute;tica vinculada al caciquismo y el conseguidismo. Algo a lo que nos ten&iacute;an acostumbrados el PNV y los nacionalistas catalanes. El movimiento de la Espa&ntilde;a vac&iacute;a pierde una oportunidad muy buena de intentar vertebrar el Estado de otra forma para que haya m&aacute;s igualdad y prevalezca la solidaridad. Si en las pr&oacute;ximas elecciones Cuenca obtiene un diputado por esa v&iacute;a y sale otro de Soria, cuando cada uno reclame en el Parlamento qu&eacute; hay de lo suyo, estaremos perdidos. Esto ser&iacute;a un neocarlismo. Creo que Teruel Existe ha hecho un flaco favor al movimiento de la Espa&ntilde;a vac&iacute;a. S&eacute; que mi opini&oacute;n es dura, y que la comparte muy poca gente, pero me parece que han tomado la peor de las decisiones.<em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </em></p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El entrevistado consulta el reloj. Los viernes por la tarde, Madrid se convierte en un infierno para el tr&aacute;fico y tiene que coger el taxi ahora mismo si quiere llegar con tiempo a la estaci&oacute;n de Atocha. Regresa a Zaragoza, como hace todas las semanas, tras su colaboraci&oacute;n en la radio. &ldquo;Dejamos la<em> torrija de brioche con helado</em> para la siguiente comida&rdquo;. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Me hab&iacute;an dicho que con ese pan dulce y de corteza dorada las torrijas quedan acorchadas en su punto. Ni duras ni hechas un sufl&eacute;. Toda una tentaci&oacute;n para el laminero que reprimo desde hace tiempo. Queda pendiente, por tanto. Nada hace barruntar que, d&iacute;as despu&eacute;s, el Gobierno decretar&aacute; el estado de alarma y Madrid se va a quedar tan vac&iacute;a como esa Espa&ntilde;a moribunda a la que tom&oacute; el pulso Sergio del Molino.</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 01 Jul 2020 05:52:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El niño prisionero de las arañas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-nino-prisionero-de-las-aranas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2020/ALFREDO_CASTELL_N.jpg" alt="" /></p>
<p class="CuerpoA" align="right"><em>T&uacute; siempre&nbsp; mirabas hacia afuera, por encima de las fronteras de la patria.</em></p>
<p class="CuerpoA" align="right"><em>Los muros de la casa te oprim&iacute;an.</em></p>
<p class="CuerpoA" align="right"><em>&nbsp;</em></p>
<p class="CuerpoA" align="right"><em>Ten&iacute;as pensamientos encerrados en tu frente; pensabas.</em></p>
<p class="CuerpoA" align="right"><em>&nbsp;</em></p>
<p class="CuerpoA" align="right"><em>Ten&iacute;as ideas. Ideas que nac&iacute;an y crec&iacute;an dentro de tu pecho.</em></p>
<p class="CuerpoA" align="right"><em>Andabas siempre pensando.<a title="" href="#_ftn1"><sup>*</sup></a></em></p>
<p class="PoromisinA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">El recuerdo de Alfredo aparece asociado en mi memoria con aquellas reuniones en casa del profesor C&aacute;ndido P&eacute;rez G&aacute;llego, en el n&uacute;mero cuatro de la calle Comandante Zorita. All&iacute; acud&iacute;an tambi&eacute;n, Emilio Escart&iacute;n, colega de la Complutense, la escritora aragonesa Ana Mar&iacute;a Navales cada vez que pasaba por Madrid (aquello era otro pretexto m&aacute;s para reunirse), y su marido redactor jefe de Cultura del <em>Heraldo de Arag&oacute;n</em>, Juan Dom&iacute;nguez Lasierra. Era el a&ntilde;o 1992. Yo acababa de entrar como profesora en el departamento donde hab&iacute;a le&iacute;do la tesis en relato norteamericano. Inmediatamente todos se interesaban por la norteamericana... A m&iacute; lo que verdaderamente me gustaba era escucharles porque aprend&iacute;a mucho. Eran trabajadores y muy cultos. C&aacute;ndido hab&iacute;a escrito 29 libros, Ana Mar&iacute;a era una escritora consagrada con t&iacute;tulos traducidos a varias lenguas. De Alfredo sab&iacute;a menos porque hablaba poco de sus cosas. &ldquo;Oye, &iquest;qu&eacute; has escrito &uacute;ltimamente?, &iquest;qu&eacute; est&aacute;s leyendo?&rdquo;</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">Se interesaban genuinamente por el trabajo de los otros pero sobre todo eran amigos y a C&aacute;ndido le gustaba homenajear a las personas que recib&iacute;a, para &eacute;l todos eran <em>dioses</em> y <em>reinas</em>, &ldquo;la <em>reina</em> Ana Mar&iacute;a, el <em>dios</em> Alfredo...&rdquo;. Pon&iacute;a encima de la mesa las tostadas requemadas por los bordes, al tiempo que animaba, &ldquo;Rosita, prueba el caviar...&rdquo; De&nbsp; Castell&oacute;n dec&iacute;a siempre, &ldquo;es un gran director de cine, sale en el <em>Hola</em>&rdquo;, y se&ntilde;alaba la foto del realizador de televisi&oacute;n saliendo de la &oacute;pera con Pilar Mir&oacute;. Con un gesto de la mano, Alfredo intentaba eludir el cumplido. Vest&iacute;a siempre de forma parecida, jersey de pico azul marino o verde, y chaqueta de espiguilla. Era amable y equilibrado en el hablar, y coservaba intacto el marcado acento aragon&eacute;s que siempre le caracteriz&oacute; a pesar de los viajes y la distancia. Su aspecto delataba<em> </em>una elegancia que resid&iacute;a en el interior, una cierta <em>finezza</em>, ojos azules vivos y una voz potente y sandunguera. Hab&iacute;a mucho juego, mucha esgrima entre ellos. Se respiraba el cari&ntilde;o, les un&iacute;a la tierra y&nbsp; un&nbsp; entusiasmo genuino por la creatividad art&iacute;stica. El grupo de fumadores charlaba animadamente en la escalera. &ldquo;Aqu&iacute; menos fumar se puede hacer de todo, hasta ponerse en cueros...&rdquo;, y todos sonre&iacute;an ante la ocurrencia de C&aacute;ndido. Conoc&iacute;amos su esp&iacute;ritu delicado y su extrema sensibilidad, quiz&aacute; porque era esa una constante entre los amigos. Lo que m&aacute;s valoraban eran las noticias de Zaragoza. A las nueve y media en punto C&aacute;ndido se pon&iacute;a en pie y con cara de sue&ntilde;o nos invitaba amablemente a salir, &ldquo;no puedo m&aacute;s&rdquo;, dec&iacute;a a modo de disculpa aquel <em>fellow</em> de la universidad de Harvard, nacido en Zaragoza y residente en Madrid. Los de siempre y alg&uacute;n otro invitado que se un&iacute;a, a menudo acab&aacute;bamos en el caf&eacute; de la esquina.</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">El primer d&iacute;a que la conoc&iacute;, Ana Mar&iacute;a me invit&oacute; a cenar, al tiempo que me dedicaba tres de sus libros. A&uacute;n recuerdo lo que escribi&oacute; en<em> Tres Mujeres</em>: &ldquo;...ella es la cuarta mujer con la que merece la pena esa dif&iacute;cil amistad entre f&eacute;minas.&rdquo; Me sorprend&iacute;a su generosidad. Y a Alfredo Castell&oacute;n le empec&eacute; a frecuentar en los caf&eacute;s, aparec&iacute;a siempre con una revista llena de recortes de prensa que extend&iacute;a entusiasmado encima de la mesa, mientras yo advert&iacute;a con preocupaci&oacute;n c&oacute;mo los vasos de cerveza, el plato de morcilla o la croqueta quedaban peligrosamente desplazados en el borde. &ldquo;Los papeles, Alfredo, se te van a mojar...&rdquo;, pero &eacute;l segu&iacute;a argumentando entusiasmado. No le importaba nada, nada. Con el tiempo, ese tipo de comentarios me vali&oacute; el apodo con el que a veces se dirig&iacute;a a m&iacute;, &ldquo;se&ntilde;ores, ha llegado la <em>tiquismiquis</em>...&rdquo;, y risas. Pasados exactamente tres cuartos de hora, recog&iacute;a sus cosas y se marchaba. Comprend&iacute;a muy bien a la escritora Marta Sanz cuando hace poco me contaba, &ldquo;Alfredo era un hombre veloc&iacute;simo&rdquo;. De todos ellos me deslumbr&oacute; desde el principio su inteligencia, dedicaci&oacute;n al trabajo y&nbsp; naturalidad.&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">La primera vez que visit&eacute; la casa de Castell&oacute;n, un &aacute;tico en la calle Infanta Mar&iacute;a Teresa (a Alfredo le gustaban las alturas), enseguida pasamos a la terraza. Se acababa de fallar un premio de cortos cinematogr&aacute;ficos. Las tazas de caf&eacute; todav&iacute;a humeantes encima de la mesa, &ldquo;Mira, en tiempos desde aqu&iacute; se ve&iacute;a el Bernab&eacute;u&rdquo;. Le gustaban las plantas, las ten&iacute;a todas apiladas en una de las paredes laterales creando sensaci&oacute;n de boscaje, era su particular gui&ntilde;o a la naturaleza. Si olvidaba las llaves dentro, cosa que ocurr&iacute;a de cuando en cuando, sol&iacute;a pedir permiso a los vecinos y no dudaba en saltar de la terraza de ellos a su casa. Aquella peque&ntilde;a aventura que Alfredo practicaba con aplomo y sin vacilar, era pr&aacute;cticamente un salto en el vac&iacute;o, que ejecutaba siempre con la naturalidad de un juego. &ldquo;Me es f&aacute;cil&rdquo;, dec&iacute;a sonriendo y sin darle importancia. &ldquo;Yo conf&iacute;o mucho en m&iacute; mismo, en mi fuerza.&rdquo; Y eso lo hac&iacute;a con setenta a&ntilde;os, con setenta y cinco...</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">El riesgo hab&iacute;a sido una constante en su vida. Quiz&aacute; le recordara los tiempos de Atletismo y su especialidad, los 400 metros vallas, prueba en la que a menudo llegaba el primero. Y es precisamente esa determinaci&oacute;n, ese tes&oacute;n, el que marca las distintas etapas de su vida y constituye el hilo conductor de <em>El Ruido de la Memoria</em>, su libro m&aacute;s autobiogr&aacute;fico, que Juan Mar&iacute;a Mar&iacute;n y Javier Cinca editan en 2012. La portada, una fotograf&iacute;a de la estaci&oacute;n de Canfranc cubierta por la nieve, supone un anticipo a la segunda historia, &ldquo;Nunca M&aacute;s una Flor&rdquo;, su experiencia de juventud en la monta&ntilde;a elaborada literariamente. Se palpa la belleza del escenario, las bromas de los chavales, &ldquo;Valle de Ordesa, Clavijas de Cotatuero, Llanos de Millares y, por &uacute;ltimo, la Gruta de Casteret y regreso por Soaso...&nbsp; la ca&iacute;da era mortal. Emoci&oacute;n a tope y canguelo asegurado. Aquella noche no peg&oacute; ojo nadie.&rdquo; Recrea todo un universo de sensaciones: &ldquo;...sacamos los bocadillos y nos pusimos a comer. Algunos se quitaron las camisas y se tumbaron al sol. Yo los imit&eacute; e incluso me adormil&eacute; un poco.&rdquo; Despu&eacute;s de tantos a&ntilde;os, Alfredo conservaba el carnet de la federaci&oacute;n de monta&ntilde;a de FET y de las JONS, tal y como se exped&iacute;a entonces. Escrito a bol&iacute;grafo, &ldquo;Alfredo Carlos Castell&oacute;n&rdquo;. Pocas veces firma con ese segundo nombre de pila que pocos conoc&iacute;an y que el autor elige para el protagonista de la &ldquo;Trenza&rdquo;, una sofisticada historia de amor.</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">En &ldquo;Nunca M&aacute;s una Flor&rdquo;, la ilusi&oacute;n de la marcha y el humor entre compa&ntilde;eros contin&uacute;a en los escarceos amorosos con las tuberculosas de aquel sanatorio de monta&ntilde;a, &ldquo;Por la noche, las m&aacute;s atrevidas, intentaban refrotarse con nosotros a trav&eacute;s de las rejas&rdquo;, y juegan a ver si las reconocen por las toses, &ldquo; &lsquo;Esa es la de Mahoma, esa la del Tagalo...&rsquo; (...)/_Me han dicho que la del Tagalo tiene tres cruces (...) /_El grado de enfermedad. Cuando pasan de cuatro, <em>kaput</em>.&rdquo; <em>Mahoma</em>, era el apodo que los amigos le pusieron a Alfredo y en cuanto al <em>Tagalo, </em>se refiere a su amigo Julito Ferrer que lleg&oacute; a general, y sigui&oacute; llam&aacute;ndole por tel&eacute;fono a casa al menos una vez al mes, siempre con el mismo saludo, &ldquo;hola, <em>rojo</em>&rdquo;. Cada vez que Alfredo volv&iacute;a a Zaragoza, cog&iacute;a el tranv&iacute;a hasta la &uacute;ltima parada norte, para visitar a su amigo en la residencia de mayores donde el <em>Tagalo</em> termin&oacute; sus d&iacute;as.</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">En el cuento, la viveza de la narraci&oacute;n se entremezcla con la ternura en lo que constituye el nudo central de la historia, la amistad entre el escritor y Berto el <em>melanc&oacute;lico</em>, que &ldquo;se dejaba traer y llevar como si fuera una hermosa perdiz de reclamo. A veces abr&iacute;a la jaula y desaparec&iacute;a una temporada, pero siempre volv&iacute;a.&rdquo; Y por la descripci&oacute;n, <em>melanc&oacute;lico</em>, <em>fuerte</em>, <em>tenaz</em>... parece como si estuviera retratando el <em>alter ego </em>del joven narrador al que Berto conf&iacute;a su secreto: Para aspirar a convertirse en la familia mod&eacute;lica propuesta por el r&eacute;gimen, en casa decidieron fingir que no ten&iacute;a padre, que hab&iacute;a muerto, pero Berto sabe que est&aacute; vivo. El viaje a la monta&ntilde;a esconde su determinaci&oacute;n de escapar cruzando la frontera por pasajes abruptos, para llegar a Francia y acudir a su encuentro. La tensi&oacute;n se incrementa admirablemente entretejida en los di&aacute;logos (Alfredo ten&iacute;a especial o&iacute;do para el di&aacute;logo). El aura de misterio, el silencio que rodea la desaparici&oacute;n de Berto, se mantiene inexpresada, sucinta; y se barrunta la tragedia.</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">Castell&oacute;n aborda el mismo sentimiento en otro <em>ruido</em> breve y contundente. La familia regresa a Zaragoza reci&eacute;n acabada la Guerra Civil espa&ntilde;ola. Han ingresado en prisi&oacute;n a su padre: &ldquo;A&uacute;n recuerdo el ruido de la llave al girar en molinillo una y otra vez. Mi madre lloraba con amargura. Yo puse mi mano sobre la de ella y la cerr&eacute; de un portazo fuerte, muy fuerte. Entonces dej&oacute; de llorar, pero al mismo tiempo not&eacute; c&oacute;mo se cerraba tambi&eacute;n, lenta, muy lentamente, la puerta de mi coraz&oacute;n.&rdquo;</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">Tristeza y alegr&iacute;a conviven en <em>El Ruido de la Memoria </em>casi al cincuenta por ciento. El dolor ha dejado su lastre a pesar de la juventud, el esfuerzo, las risas, el empecinamiento. El libro refleja las carencias que toda la <em>Generaci&oacute;n de los 50 </em>debi&oacute; sentir en la posguerra espa&ntilde;ola y es ese sufrimiento el que configura el mon&oacute;logo interior de Alfredo: &ldquo;No, en Jap&oacute;n no hab&iacute;a realmente hambre, el hambre... en la posguerra espa&ntilde;ola, en la posguerra espa&ntilde;ola... [insiste]&rdquo;. Es por eso que el cuento &ldquo;Tres Colores&rdquo; ocupa un lugar destacado al inicio del libro. Comienza la Guerra Civil y la familia se traslada de Barcelona (donde los bombardeos les sorprenden cuando veraneaban en casa de los t&iacute;os) al Grao de Burriana. El ni&ntilde;o que todav&iacute;a permanece vivo en &eacute;l, describe la sensaci&oacute;n en el cuento: &ldquo;apoyado en uno de los naranjos junto a la parte trasera de las mas&iacute;as, percib&iacute; de golpe esos tres colores que con tanta intensidad invad&iacute;an mis sue&ntilde;os: el azul del mar, el verde de los naranjales y el rojo de la sangre de tantos y tantos muertos impresionados en mis pupilas.&rdquo; La imagen corre pareja al razonamiento que puesto en boca de una mujer mayor, repite intermitentemente el narrador a modo de conjuro u oraci&oacute;n: &lsquo; &ldquo;Esto es una locura, matarse por un pensamiento, son como animales.&rdquo; &ldquo;Peor que animales&rdquo; (...) &ldquo;Se matan por un pensamiento, &iexcl;Dios m&iacute;o!, &iquest;por qu&eacute; habremos nacido en este pa&iacute;s? &iexcl;Matarse por un pensamiento!&rdquo; &rsquo; Los ni&ntilde;os inmersos en sus juegos, pronto se familiarizan con la situaci&oacute;n, s&oacute;lo les impresiona aquello que conmueve su peque&ntilde;o universo como cuando descubren en la playa el delf&iacute;n muerto: &ldquo;Al lado del cet&aacute;ceo un par de hombres cavaban dentro de un gran agujero en el que, poco despu&eacute;s, arrojaron al animal cubri&eacute;ndole enseguida con una capa de cal viva. A mi hermana se le saltaron las l&aacute;grimas y nos tuvimos que marchar. &lsquo;&iexcl;Pobre pez!&rsquo;, dec&iacute;a, y despu&eacute;s &lsquo;&iquest;A los muertos de Barcelona tambi&eacute;n les echaban eso blanco?&rsquo;. &lsquo;No lo s&eacute;&rsquo;, le respond&iacute; y caminamos hacia nuestra nueva casa tristes y en silencio.&rdquo;</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">El resto de las historias son experiencias para recuperar al <em>ni&ntilde;o </em>entre los naranjos, presente siempre en la memoria de Alfredo: &ldquo;Esa sensaci&oacute;n de libertad, yo creo que el ni&ntilde;o que fui, el ni&ntilde;o que somos y seguimos siendo en el fondo, se fue ganando en los &uacute;ltimos d&iacute;as de la Guerra Civil, cuando los ni&ntilde;os de Burriana, yo era un ni&ntilde;o de cuatro o cinco a&ntilde;os, viv&iacute;amos en libertad, metidos en los bosques de naranjos y volv&iacute;amos a casa solamente al final del d&iacute;a y ese contacto con la guerra lejana pero cercana, y esa libertad que ten&iacute;as y ese riesgo que pod&iacute;as tener, yo creo que influy&oacute; mucho en que despu&eacute;s cuando eres adulto y ves que vas a entrar en un momento de la vida en el cual ya no tienes salida porque empiezas a trabajar y te va a aprisionar seguro como ha aprisionado a tu padre, ha aprisionado a los amigos de tu padre, o el contorno, dices, yo tengo que escapar de todo esto y por lo menos saber qu&eacute; pasa m&aacute;s all&aacute;, antes de caer en esto (...) la muerte de mi padre influye mucho en el regreso y el pensar que estaba prisionero ya, que la muerte de mi padre me aprisionaba y ten&iacute;a que ganar dinero suficiente para poder ayudar. Todo eso fue muy muy importante, por eso me apresur&eacute; a la muerte de mi padre a venderlo todo y dejar a mi madre con la posibilidad de una renta que la salvara, que la dejara tranquila. Y yo entonces pude escapar, pude marcharme. Ya era tarde, pero no importa, lo hice. A fin de cuentas fueron dos a&ntilde;os en una primera etapa y un a&ntilde;o en la segunda, tampoco es demasiado tiempo.&rdquo; &ldquo;Tres Colores&rdquo; elabora el razonamiento de manera po&eacute;tica: &ldquo;Y los ni&ntilde;os de esa guerra nos hicimos de piedra, nos pusieron un coraz&oacute;n de piedra que ya no pudimos arrancarnos jam&aacute;s... su mirada se qued&oacute; parada en la indiferencia y su alma serpe&oacute; a ras de tierra sin reposar en ninguna parte el tiempo suficiente para enraizarse.&rdquo;</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">Cuando le conoc&iacute;, planeaba en su discurso la din&aacute;mica de querer escapar continuamente de ese confinamiento. Repet&iacute;a a menudo &ldquo;me escapo&rdquo;. Y lo hac&iacute;a disimulando el dolor, con convicci&oacute;n y entusiasmo. Siendo muy joven, hacia 1941, realiz&oacute; un dibujo de corte mironiano pintado en tonos naranjas que titula &ldquo;Prisionero de las ara&ntilde;as&rdquo;. Me lo ense&ntilde;aba como queriendo revelarme su significado, &ldquo;mi hermano Antonio, cuando lo descubri&oacute;, lo valor&oacute; mucho y lo mostraba orgulloso a los amigos.&rdquo; En los &uacute;ltimos tiempos Alfredo a menudo me preguntaba, &ldquo;&iquest;qui&eacute;n cuidar&aacute; de mi <em>ni&ntilde;o </em>cuando yo no est&eacute;?&rdquo; Al observar los peque&ntilde;os ar&aacute;cnidos que rodean la cabeza del muchacho en el cuadro, se advierte la necesidad que ten&iacute;a de escapar de todo estancamiento. Alfredo odiaba la rutina. <em>Mis Ap&oacute;logos </em>(STI, 2017) elabora la idea de nuevo con parecidas reflexiones, &ldquo;Vitalidad: Me revelo ante la vida que se para en espera de la muerte. Creo en la edad de la muerte y en su realidad, pero odio el agua estancada. Alerta pues y siempre dispuestos para abrir el cauce.&rdquo; En &ldquo;Viaje interminable&rdquo; contin&uacute;a, &ldquo;Ya he dado m&aacute;s de ochenta vueltas al Sol y estoy muy cansado. Lo malo es que ese girar continuar&aacute; despu&eacute;s de mi muerte y qui&eacute;n sabe si podr&eacute; resistir.&rdquo; &ldquo;Enemigos&rdquo; insiste socarr&oacute;n, &ldquo;La vida, para que no sea frustrante, hay que adornarla con abundantes enemigos. Los amigos, a menudo, suelen ser demasiado repetitivos...&rdquo;</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">Se marcha siempre. Se escapa del amor, y cuando le pregunto &ldquo;&iquest;prefieres vivir solo?&rdquo;, afirma de manera contundente, &ldquo;S&iacute;, s&iacute;, prefiero vivir solo. He hecho intentos de convivir pero no estoy preparado, ya te lo dije alguna vez, no sirvo. En la convivencia hay que ceder mucho, hay que perder mucho tiempo, hay que ser muy generoso y no llegaba a ser tan generoso como para convivir con nadie. Para convivir con alguien tienes que ser muy generoso y siempre he pensado que ten&iacute;a que escribir, que mi tiempo no pod&iacute;a compartirlo, que necesitaba todo mi tiempo, todo mi tiempo [repite] y mi ego&iacute;smo no me permit&iacute;a dar nada. He probado y no sirvo, y lo s&eacute;. He estado cinco a&ntilde;os conviviendo y me canso de la rutina y me escapo. Es lo que he hecho siempre y lo sigo haciendo ahora [sonr&iacute;e].&rdquo; Obviamente se refer&iacute;a a la relaci&oacute;n que mantiene con Marienza Binetti, juntos estrenaron el piso de Infanta Mar&iacute;a Teresa. Un buen d&iacute;a Alfredo lleg&oacute; lleno de euforia diciendo: &ldquo;Una perla, te he encontrado una perla...&rdquo;, se refer&iacute;a al pintor Jorge Castillo con el que Marienza termin&oacute; por formalizar.</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">Infanta Mar&iacute;a Teresa continu&oacute; siendo el lugar donde Alfredo hab&iacute;a de regresar siempre. Su avidez intelectual, su deseo de saber, segu&iacute;a siendo inmenso pero, &iquest;se puede escapar del amor? A esa pregunta ya nunca podr&aacute; respondernos pero confirma nuestras sospechas en otro de los ap&oacute;logos: &ldquo;Con su sombra: Disimulando el amor se vive entrecortado. Las palabras resuenan en tu o&iacute;do, pero no les des m&aacute;s importancia que a lo involuntario, lo inconfesado, lo escondido entre los p&aacute;rpados.&rdquo; En una carta dirigida a Mar&iacute;a Zambrano, Alfredo expresa el temor de verse limitado por la relaci&oacute;n, cuando su verdadera vocaci&oacute;n es el conocimiento, que &eacute;l interpreta de manera rigurosa y hasta excluyente: &ldquo;...voy a Espa&ntilde;a con un anillo que me defienda un poco de la f&aacute;cil aventura y me siente al trabajo... &iquest;Pero tendr&eacute; despu&eacute;s la fuerza de romper y empezar de nuevo en la soledad? Pienso mucho en mi regreso a Roma, pero antes querr&iacute;a publicar una serie de cosas.&rdquo; A Marienza Binetti siempre le hab&iacute;a dicho, &ldquo;yo no me casar&eacute; nunca y jam&aacute;s tendr&eacute; hijos.&rdquo;</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">Y es precisamente esa resoluci&oacute;n, la que le incita a viajar aceptando el dolor de la separaci&oacute;n y asumiendo los riesgos. Esa forma de estar en el mundo prevalece como una constante en su vida que le proporciona la seguridad y el criterio de quien ha vivido de acuerdo a sus principios. Los viajes, el mundo de la imagen y la literatura son los retos que asume con mucho sacrificio, con <em>rasmia</em> aragonesa, con empecinamiento. En todo ello, Alfredo era enormemente riguroso y hasta obsesivo. De esa actitud deriva su vitalidad, una juventud rabiosamente contagiosa que le imprime car&aacute;cter incluso en los &uacute;ltimos momentos cuando ya estaba enfermo. Seguramente era aquello a lo que se refer&iacute;a su prima Pilar Molina, hija del t&iacute;o Alejandro a quien Alfredo adoraba, y tan poco convencional como &eacute;l, cuando repet&iacute;a: &ldquo;Era genial, Alfredo era genial&rdquo;. Pili se nos fue a los pocos meses de despedir a Alfredo en el cementerio de Torrero.</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA"><em>El Ruido de la Memoria</em> contiene dos de los cuentos donde el sentimiento de amor aflora casi sin propon&eacute;rselo. Son historias sofisticadas y elegantes como un claroscuro, donde prevalecen los silencios, el misterio. &ldquo;Un Abrigo de Guepardo&rdquo; es el rito inici&aacute;tico que parte de un hecho real, el viaje que hace a Madrid con su padre, con diecisiete a&ntilde;os reci&eacute;n cumplidos. Ven&iacute;an a la capital a gestionar la venta de un cami&oacute;n de madera. Secretamente don Manuel albergaba la esperanza de que su hijo primog&eacute;nico aprendiera el oficio y heredara el negocio familiar. Mientras, Alfredo se extasiaba contemplando los cuadros del Museo del Prado donde descubre a la mujer envuelta en un maravilloso abrigo de guepardo. Cuando le pregunto si aquello ocurri&oacute; realmente, comenta... &ldquo;pues es verdad que alguna vez encontr&eacute; a una mujer que llevaba un abrigo de guepardo. Siempre se parte de un elemento realista, luego te dejas ir, y son los cuentos que mejor salen en el fondo.&rdquo; La mujer, su poder de seducci&oacute;n y la fuerza del guepardo se repiten en la imagen que Castell&oacute;n convierte en <em>leitmotiv</em> del texto. El miedo a la rutina, como en un desdoblamiento de la personalidad del autor, lo focaliza en la mujer convirti&eacute;ndola en espejismo alcanzable, estandarte epic&uacute;reo o <em>bandera </em>de la naturalidad que practic&oacute; siempre: &ldquo;De esta forma se distra&iacute;a de la pesantez del matrimonio. Y despu&eacute;s me dijo algo que me llam&oacute; la atenci&oacute;n: el ser humano es ante todo animal. Su tendencia natural era la curiosidad, la aventura y esas tendencias las ten&iacute;a ella enormemente acentuadas y las practicaba siempre que pod&iacute;a, sobre todo en los viajes.&rdquo; El cuento es una maravillosa insinuaci&oacute;n, una invitaci&oacute;n a seguir los dictados que gu&iacute;an nuestra imaginaci&oacute;n. Ya se lo dec&iacute;a el abuelo Tom&aacute;s, &ldquo;no, no debes analizar las fantas&iacute;as o terminar&aacute;s siendo un hombre vulgar.&rdquo; Y vaya si se lo aprendi&oacute;.</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">&ldquo;La Trenza&rdquo; recorre otro misterio. &Eacute;l es el joven inquieto que trabaja en Par&iacute;s con el <em>ramassage de journaux</em> y se deja deslumbrar por Violeta. Con un argumento casi de novela negra que incluye polic&iacute;as y alg&uacute;n novio muerto, la chica parece insinuarse cuando en repetidas ocasiones le pide que le haga una sola trenza dejando el resto del cabello en libertad. El desconcierto de &eacute;l queda de manifiesto en una imagen que a menudo le recorre como una presencia: &ldquo;...penetr&eacute; en aquel espongiario como atravesando una pantalla cinematogr&aacute;fica. Iba hacia ella, hacia sus brazos, y cuando casi la pod&iacute;a tocar, despu&eacute;s de haber esquivado cinco o seis de aquellos extra&ntilde;os corales, se escabull&oacute; tras una alt&iacute;sima madr&eacute;pora.&rdquo; El protagonista se enreda pose&iacute;do por aquella tupida trenza. La resoluci&oacute;n de la historia est&aacute; contada con humor pero las im&aacute;genes suscitan el enigma poblando los silencios de una intensidad a&uacute;n mayor. El cuento est&aacute; dedicado a Marienza Binetti.</p>
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<p class="CuerpoA">El v&iacute;nculo m&aacute;s evidente en Alfredo es quiz&aacute; la lealtad a los amigos. Enrique G&oacute;mez Padr&oacute;s, <em>Harry</em>, el chico de Barbastro, compa&ntilde;ero de la facultad de Derecho &ldquo;<em>que con tanto cari&ntilde;o pellizcaba la yugular del amigo</em>&rdquo;. Sus compa&ntilde;eros de juegos de la infancia, Andr&eacute;s y Buil, entre los que posa en una fotograf&iacute;a, y tantos otros que sin duda me dejo. Son cuentos entra&ntilde;ables y cargados de poes&iacute;a, &ldquo;Sonatina para Piano, Clarinete y Tapa de Madera&rdquo;, dedicado a sus amigos de Televisi&oacute;n Enrique Pinilla y Blanca &Aacute;lvarez, y &ldquo;Amarillo&rdquo; que cuenta la historia de Vicentico, el utillero que ayudaba cuidando de que el bal&oacute;n, las botas... estuvieran a punto para los partidos. &ldquo;&iquest;Y aquello le gustaba?&rdquo; &ldquo;Uy, &eacute;l era feliz ayudando al equipo&rdquo;. &ldquo;&iquest;Y le trat&aacute;bais bien?&rdquo;, &ldquo;Claro, mejor que a ninguno, mejor que a ninguno (...) Muri&oacute;.&rdquo; La injusticia se cebaba con aquellas personas sensibles que se hac&iacute;an poco de notar, para las que Alfredo guarda su sonrisa m&aacute;s atenta y toda la ternura. Por eso ya mayor, cada vez que volv&iacute;a a Zaragoza, llamaba a Vicentico y le invitaba a tomar una tapa por las proximidades de su casa. &ldquo;Porque en ese momento yo pod&iacute;a y &eacute;l no tanto...&rdquo;, resume al referirse al sastrecillo, que describe en el cuento: &ldquo;Pero el ni&ntilde;o de Zaragoza del que yo quiero hablar, pese a los a&ntilde;os transcurridos, hab&iacute;a conservado en su cara la misma dulzura e ingenuidad de aquellos tiempos... Vicentico naci&oacute; con una peque&ntilde;a joroba que con los a&ntilde;os se fue acentuando... haciendo que aquel cuerpo, de 13 &oacute; 14 a&ntilde;os, ya no se desarrollara con normalidad y no se alzara m&aacute;s de metro y medio.&rdquo;</p>
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<p class="CuerpoA">Amistad y admiraci&oacute;n conviven en un todo cuando conoce y frecuenta a la fil&oacute;sofa Mar&iacute;a Zambrano y a su hermana Araceli en su casa de Roma, en <em>Piazza del Poppolo.</em> Se la present&oacute; Diego de Mesa. El encuentro para Alfredo es todo un revulsivo, el argumento necesario que afianzar&aacute; su vocaci&oacute;n art&iacute;stica. Hasta entonces hab&iacute;a estudiado Cine atendiendo a la t&eacute;cnica (asist&iacute;a a los montajes de los compa&ntilde;eros de curso para ver el trucaje, los planos, el &aacute;ngulo de c&aacute;mara...), pero a partir de esos encuentros comienza a concentrarse en el papel decisivo del gui&oacute;n literario en la filmaci&oacute;n cinematogr&aacute;fica. Mar&iacute;a crey&oacute; en &eacute;l y aunque Castell&oacute;n ya hab&iacute;a publicado alguna cosa corta en <em>Blanco y Negro</em> antes de su llegada a Roma, las conversaciones y tertulias en casa de la fil&oacute;sofa (donde superada la timidez inicial Alfredo empieza a intervenir) le hacen entrever hacia d&oacute;nde quiere proyectar su vida. A Zambrano le habl&oacute; entonces de una idea que le rondaba, sobre un c&iacute;rculo de luz que pondr&iacute;a en comunicaci&oacute;n en un tiempo infinito el mundo de los vivos y el de los muertos. Mar&iacute;a le sugiri&oacute; que aquello lo dejara para m&aacute;s adelante y no hace mucho se decidi&oacute; por fin a desarrollarlo en una pieza corta que no ha llegado a estrenarse, &ldquo;Aquella Despedida&rdquo;. De Mar&iacute;a me dijo una vez, &ldquo;era muy lista y al mismo tiempo un ser tremendamente espiritual, llena de cari&ntilde;o por el ser humano... de ella aprend&iacute; a ser normal, &iquest;qu&eacute; quiere decir ser normal?, no ser vanidoso pero tampoco humilde sino digno. Eso es lo que ella era, una persona digna. Y era una persona cristiana. La gente de mi edad pensaba que todos los republicanos eran <em>rojos</em>. Vas conociendo a republicanos y son gente tan triste, tan normal, por ejemplo Mar&iacute;a.&rdquo;</p>
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<p class="CuerpoA">Mantiene de por vida el v&iacute;nculo con los compa&ntilde;eros de deporte de Zaragoza. Jos&eacute; Luis L&oacute;pez Zubero, cirujano oftalm&oacute;logo y padre de los nadadores ol&iacute;mpicos, que viv&iacute;a en Estados Unidos ayuda a Alfredo a expulsar la tenia equinococus que hab&iacute;a contraido en la India comiendo carne en mal estado en casa del c&oacute;nsul espa&ntilde;ol en Bombay. Se la diagnostican en Jap&oacute;n. En Tokio tuvo que trabajar seis meses dando clases de espa&ntilde;ol para obtener el visado de entrada a Estados Unidos. Se enrola como grumete a bordo del carguero noruego <em>Toreador</em>, donde su misi&oacute;n consiste en rascar el &oacute;xido de la cubierta a lo largo de toda la traves&iacute;a. La dedicatoria escrita en un libro de entonces hace alusi&oacute;n a la experiencia donde como &eacute;l mismo confiesa, &ldquo;tuve que trabajar como un negro&rdquo;. Una vez en Estados Unidos, se libera de la tenia tomando unas pastillas. Al neur&oacute;logo Alberto Portera le frecuenta en Madrid. En la casa de <em>Mataborricos</em>, Portera y su mujer Catherine, invitaban adem&aacute;s de a Alfredo y Marienza, a Antonio Saura, a veces tambi&eacute;n iban Carlos Saura y Geraldine Chaplin, Canogar, Salvador Salazar, Gin&eacute;s Li&eacute;bana..., esp&iacute;ritus con sensibilidades afines que reun&iacute;a alrededor de una buena paella.</p>
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<p class="CuerpoA">Pero a pesar de los amigos, Alfredo busca obsesivamente la soledad que le permita cultivar su vocaci&oacute;n intelectual y art&iacute;stica. Con veintipocos a&ntilde;os se vino a Madrid, viv&iacute;a en el colegio mayor <em>Xim&eacute;nez de Cisneros</em>. Aquello supon&iacute;a el encuentro diario con los hermanos Summers, Valente, Costafreda, con el propio director del colegio, Antonio Lago Carballo, una charla con Emilio Lled&oacute;...&nbsp; Milagros La&iacute;n Entralgo me dec&iacute;a no hace tanto: &ldquo;era amigo de mi marido Jos&eacute; Luis Alem&aacute;n en el colegio Cisneros, le llamaban <em>Ren&eacute; </em>y pertenec&iacute;a al grupo de los estetas.&rdquo; Todo aquello supon&iacute;a un intercambio de ideas y Alfredo me contaba sus sensaciones: &ldquo;Al colegio llevaba el mundo de la escuela de Cine, tan diferente. Entraba en mi cuartito, hab&iacute;a un lavabo y un catre, tan &iacute;ntimo y tan de verdad. Cuanto m&aacute;s se reduc&iacute;a el espacio, m&aacute;s personalidad ten&iacute;as. Dibujos en la pared. En la tapa del control de luz dej&eacute; un dibujito, pens&eacute;: eso se quedar&aacute; para siempre. Bajabas sin corbata al comedor y alguien que ya hab&iacute;a comido te pasaba la suya. En el comedor se daban las corbatas con el lazo hecho. Aprender a comer la fruta con cuchillo y tenedor...&rdquo; Fue entonces cuando se coment&oacute; que necesitaban gente para Televisi&oacute;n, Alfredo dec&iacute;a que todo el colegio entusiasmado quer&iacute;a entrar pero al final s&oacute;lo quedaron los Summers y &eacute;l. En aquel entonces s&oacute;lo hab&iacute;a entre cincuenta y cien receptores de televisi&oacute;n en toda Espa&ntilde;a, eran los comienzos de Paseo de la Habana cuyo edificio ha sido derruido recientemente. Fue Alfredo quien hizo la gesti&oacute;n para que al menos el monolito que recuerda los inicios de la Televisi&oacute;n se trasladara a Prado del Rey, Ant&oacute;n Castro le ayud&oacute; publicando un reportaje con fotos en <em>El Heraldo de Arag&oacute;n</em>.</p>
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<p class="CuerpoA">Su actitud de querer pasar desapercibido le vali&oacute; alg&uacute;n que otro disgusto. Amigos como Eloy Fern&aacute;ndez Clemente, catedr&aacute;tico de la universidad de Zaragoza y director de <em>Andal&aacute;n</em>, se sorprend&iacute;an ante la sencillez de Alfredo, &ldquo;llamaba siempre como pidiendo audiencia, sin saber las alegr&iacute;as que nos daba verle, escucharle, pasear con &eacute;l. Y hablaba de sus much&iacute;simos trabajos maravillosos sin la menor vanidad, como algo simplemente profesional.&rdquo; Alfredo pon&iacute;a de manifiesto que para &eacute;l la televisi&oacute;n era sobre todo trabajo. Un trabajo que en repetidas ocasiones le hizo sufrir. Como todas las personas con criterio, pronto pudo comprobar que la instituci&oacute;n dejaba poco margen a la&nbsp; creatividad. Hace a&ntilde;os me mandaba una postal con uno de los tapices de <em>La Seo</em> y escrito a mano, el siguiente texto que a&uacute;n conservo: &ldquo;En realidad s&oacute;lo quiero que tengas una muestra de estos maravillosos tapices de los que un d&iacute;a, muy pasado, quise hacer un documental, pero la indocumentaci&oacute;n de los dirigentes de TVE lo impidi&oacute; y tantas cosas m&aacute;s.&rdquo;</p>
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<p class="CuerpoA">A punto de estrenarse <em>San Manuel Bueno, M&aacute;rtir</em>, la versi&oacute;n que hizo para Televisi&oacute;n con Julio Alejandro de Castro (guionista de Bu&ntilde;uel), hubo un cambio en la direcci&oacute;n de programas y aquello nunca lleg&oacute; a emitirse. Juntos trabajaban el gui&oacute;n en la casa de Julio Alejandro en Javea, y con la ternura que le caracterizaba, &eacute;ste sol&iacute;a decirle: &ldquo;hijo m&iacute;o, qu&eacute; raro eres...&rdquo;. &ldquo;No tengo suerte&rdquo;, se lamentaba Alfredo recordando, con la sonrisa amable que dejaba entrever un poso de melancol&iacute;a. Compart&iacute;an la misma sinton&iacute;a. Miren lo que Julio Alejandro escribe: &ldquo;Quisiera decir Espa&ntilde;a/ en el &uacute;ltimo minuto de mi vida/ pero quiz&aacute;/ en grito desgarrado/ diga s&oacute;lo dolor.&rdquo; La Diputaci&oacute;n de Arag&oacute;n publica la adaptaci&oacute;n del cl&aacute;sico de Unamuno en 1991. Las acotaciones son la literatura que complementa de manera magistral el dramatismo de los di&aacute;logos: &ldquo;<em>De la puerta del fondo aparece el secretario del Obispo... Parece muy atareado. Se cruza con un capitoste de aspecto prepotente que llega apresurado y rodeado de varias personas que caminan con aire de superioridad. El secretario, simplemente, inclina la cabeza a su paso... El grupo entra en el despacho del Obispo. Tanto al salir el secretario como ahora, al entrar el personaje y su s&eacute;quito, o&iacute;mos m&uacute;sica de Bach</em>.&rdquo; Y al inicio de la secuencia 27, &ldquo;<em>L&aacute;zaro tiene sobre la mesa un &iacute;dolo azteca de barro de aspecto duro, casi amenazador. Con un cepillo y un l&iacute;quido lo est&aacute;n limpiando, lo hace con sumo cuidado, como si se tratara de un objeto precioso. La puerta, que da a un pasillo est&aacute; abierta a lo oscuro.</em>&rdquo; Alfredo cuidaba mucho aquellas indicaciones que clarifican el gui&oacute;n. Admiraba por ejemplo la novela de Graham Greene <em>El Tercer Hombre</em>, donde el escritor confiesa haberla dise&ntilde;ado para su visualizaci&oacute;n. A partir de ah&iacute; se construye la pel&iacute;cula.</p>
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<p class="CuerpoA">Castell&oacute;n inicia el programa <em>Biograf&iacute;as </em>en Televisi&oacute;n. Poco antes de la muerte de Azor&iacute;n, Alfredo le entrevista en la casa donde resid&iacute;a a espaldas del Congreso, cerca del restaurante <em>Edelweiss.</em> Todo transcurri&oacute; con normalidad con Azor&iacute;n y tambi&eacute;n con Ram&oacute;n y Cajal.<em> </em>Del documental que hizo sobre Antonio Machado, hay un completo y triste anecdotario que cuenta en una entrevista realizada para la Academia de Televisi&oacute;n: &ldquo;Ya estaba introducido en Televisi&oacute;n Ros&oacute;n y Adolfo Su&aacute;rez, no todav&iacute;a como director pero Televisi&oacute;n hab&iacute;a alquilado oficinas en la calle Herreros de Tejada, muy cerca de donde yo vivo ahora y ah&iacute; estaban ellos. Influ&iacute;an sobre Toledano que era el director de programas para que me autorizara y me autorizaron a hacer Antonio Machado. Pero despu&eacute;s, de hecho, el censor pudo m&aacute;s que ellos y se cort&oacute; de Antonio Machado lo menos ocho o diez minutos. Entre lo que cortaron, fueron unas im&aacute;genes de &eacute;xodo que estaban al final de la biograf&iacute;a y que yo hab&iacute;a comprado con mi dinero en la BBC de Londres. Y esas im&aacute;genes el censor las mand&oacute; quitar y no es que quedaran en el archivo, no. Desaparecieron para siempre.&rdquo;</p>
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<p class="CuerpoA">Debutan con Alfredo Castell&oacute;n por primera vez en la peque&ntilde;a pantalla, Emma Penella en <em>Sabor a Miel</em> donde tambi&eacute;n interviene Tina Sainz, y Rafael Rivelles en <em>La Mala Ley</em>, con Lola Cardona. En <em>Visto para Sentencia</em>, hab&iacute;a tres partes, una de plat&oacute; fija, otra de escenarios teatrales y otra filmada en exteriores. De los dram&aacute;ticos, Castell&oacute;n se siente especialmente orgulloso de <em>Mirando hacia Atr&aacute;s sin Ira</em>, de Osborne. Su bagaje human&iacute;stico y el inter&eacute;s por los libros le hizo apostar por autores emblem&aacute;ticos y recordaba satisfecho el papel de Berta Riaza en <em>Dama Inger de Ostrat</em>. Ibsen en televisi&oacute;n y tantos otros <em>Estudios 1</em>. En Roma hab&iacute;a contado con un excelente profesor de gui&oacute;n, Prosperi, que era a su vez guionista de teatro. De &eacute;l Alfredo recuerda c&oacute;mo les estimulaba a desarrollar su creatividad, &ldquo;diga, diga, la <em>prima stupidit&aacute; </em>que le venga en mente...&rdquo;.</p>
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<p class="CuerpoA"><em>&iexcl;Eh! Joe </em>del escritor irland&eacute;s Samuel Beckett, merece una menci&oacute;n m&aacute;s minuciosa. No es extra&ntilde;o que a Castell&oacute;n le entusiasmara esta pieza existencialista, la primera que Beckett escribe para&nbsp; televisi&oacute;n en versi&oacute;n original francesa. Alfredo conservaba una fotograf&iacute;a del dramaturgo irland&eacute;s cercana a la cabecera de su cama. Elige como protagonista a Agust&iacute;n Gonz&aacute;lez (magistral en el papel) con la voz en <em>off </em>de Charo L&oacute;pez que marca el flujo de conciencia del personaje. Rodada toda ella en una sola toma, Castell&oacute;n parte del plano general inicial al plano corto y de &eacute;ste la c&aacute;mara avanza en nueve movimientos hasta el gran primer plano final. Alfredo dijo sonriendo que lo que m&aacute;s le cost&oacute; fue traducir el gui&oacute;n del franc&eacute;s y encontrar al actor id&oacute;neo para su representaci&oacute;n. El texto deja en evidencia, como dice C&aacute;ndido P&eacute;rez G&aacute;llego, el poder de &ldquo;la memoria como juez brutal&rdquo;. Castell&oacute;n resume el argumento, &ldquo;Es una de las amantes que le recrimina, con su incisiva voz que no puede olvidar.&rdquo; La fuerza del gui&oacute;n de Beckett y esa iluminaci&oacute;n amarga que es el lugar a donde camina el personaje, queda de manifiesto en el siguiente fragmento: &ldquo;Ese infierno, esa baratija que t&uacute; llamas cerebro... Es ah&iacute; donde me escuchas &iquest;no?... (...) y donde o&iacute;as tambi&eacute;n a tu padre... (...) Una fosa abierta... Detr&aacute;s de tus ojos... Aunque al final lograste estrangularla... Un asesinato mental, como t&uacute; dec&iacute;as... Era tu frase favorita... Si no todav&iacute;a estar&iacute;a martiriz&aacute;ndote... Luego tu madre, tambi&eacute;n le lleg&oacute; su hora. &ldquo;El cielo, Joe, el cielo, en el que pones tus ojos&rdquo;... Cada vez m&aacute;s d&eacute;bil hasta que acabaste con ella... Y con todas las dem&aacute;s... &iexcl;Con todo el amor que te dieron! Dios sabe por qu&eacute;... Un amor lleno de compasi&oacute;n... El mejor, el m&aacute;s s&oacute;lido. Y m&iacute;rate ahora... Una sola obsesi&oacute;n en tu mente... Estrangular a tus muertos.&rdquo;</p>
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<p class="CuerpoA">La pel&iacute;cula <em>Las Gallinas de Cervantes</em>, con gui&oacute;n de Alfredo Ma&ntilde;as y del propio Castell&oacute;n, que Alfredo dirigi&oacute; bas&aacute;ndose en el texto de Ram&oacute;n J. Sender, recibi&oacute; el prestigioso Premio Europa en 1988. Nadie le invit&oacute; a recoger el premio en Berl&iacute;n y al Acto s&oacute;lo acudieron representantes de Televisi&oacute;n Espa&ntilde;ola. &Eacute;l lament&oacute; siempre que su pel&iacute;cula no se proyectara m&aacute;s en nuestro pa&iacute;s mientras en Francia, se visionaba con frecuencia en cert&aacute;menes y era considerada pieza significativa del cine de autor. Castell&oacute;n recuerda c&oacute;mo llega a sus manos el cuento de Sender, &ldquo;Me encontr&eacute; en una librer&iacute;a de viejo de Zaragoza un libro de cuentos muy antiguo en el cual estaba la historia. Yo me la le&iacute;, me di cuenta de que era muy divertida y la propuse&nbsp; en Televisi&oacute;n. Al principio, pues la vieron muy disparatada pero despu&eacute;s alguien la vio de otra manera y pude ir adelante y pude empezar a rodar, pese a la gran oposici&oacute;n, enorme oposici&oacute;n, por parte de gente... Pero sali&oacute; bien, terminamos bien, gastamos muy poco dinero y lo pasamos muy bien (...) La presentaron. No s&eacute; por qu&eacute; la presentaron pero la presentaron. La prueba de que no iban con muchas ganas, es que no me dijeron nada. O sea que fue un directivo a recoger el premio y todo eso. Yo no fui, yo me qued&eacute; en Madrid. Es como si no hubiera recibido nada y a la larga el premio m&aacute;s importante que tiene Televisi&oacute;n es ese premio Europa. Al ser premio Europa se ha pasado en todas las televisiones p&uacute;blicas de Europa y de Estados Unidos. Y se ha pasado en Francia hasta tres o cuatro veces. Aqu&iacute;, s&oacute;lo pas&oacute; una vez, nunca jam&aacute;s la han repetido [risas].&rdquo;</p>
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<p class="CuerpoA">Hac&iacute;a de <em>gallina</em> la actriz Marta Fern&aacute;ndez Muro, con Miguel Rell&aacute;n en el papel de Cervantes, Josep Mar&iacute;a Pou, Tito Valverde, Francisco Merino y Pedro Sempson que interpreta al escritor Ram&oacute;n J. Sender. Castell&oacute;n a&ntilde;ade vitalidad al texto de Sender, cercan&iacute;a y un enorme sentido del humor. La distancia narrativa propia del relato se convierte en la pel&iacute;cula en di&aacute;logo dramatizado, divertido y sat&iacute;rico. Subyace una delicada y contundente cr&iacute;tica social que alude a la necedad y&nbsp; cerraz&oacute;n de las <em>buenas</em> <em>gentes</em>, en definitiva a la Espa&ntilde;a de entonces, el lugar com&uacute;n con el que todav&iacute;a nos identificamos. Desde esa perspectiva, lo &uacute;nico que muestra con rigor el sin sentido, es el uso del disparate en un tono mitad sonrisa mitad ternura como en <em>Milagro en Mil&aacute;n</em> (Vitorio de Sicca, 1953), una de sus pel&iacute;culas preferidas.</p>
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<p class="CuerpoA">En la boda de Do&ntilde;a Catalina con Don Miguel de Cervantes las gallinas corretean por la iglesia mientras el cura, t&iacute;o de la protagonista, increpa a los fieles desde el p&uacute;lpito record&aacute;ndoles sus obligaciones para con Dios y el matrimonio. A partir de ese momento todo se convierte en un tremendo desprop&oacute;sito que va <em>in crescendo</em> hasta que la protagonista termina por convertirse en gallina. La pel&iacute;cula es surrealista y advertimos todo el bagaje intelectual que aporta su experiencia y aprendizaje en el Centro Experimental de Cine de Roma. En Italia tuvo como vecino al austr&iacute;aco Peter Kubelka que ya hab&iacute;a hecho alguna cosita corta y que con Mekas eran los dos directores de culto de la vanguardia. Todos se alojaban al final de la V&iacute;a Tuscolana cerca de <em>Cinecitt&agrave;</em>. Adem&aacute;s a su llegada a Roma pudo asistir al rodaje de interiores de <em>Amici</em>, la pel&iacute;cula de Antonioni, mediante una carta de recomendaci&oacute;n de Luis Garc&iacute;a Berlanga. Todo eso imprime car&aacute;cter.</p>
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<p class="CuerpoA">Pudo hacer poco cine. El trabajo constante para Televisi&oacute;n y los costes de producci&oacute;n se lo impidieron. Y eso que siendo todav&iacute;a muy joven, le llega la oportunidad de dirigir su primer largometraje. Era el a&ntilde;o 1964. A&uacute;n viv&iacute;a Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez cuando se inician los tr&aacute;mites para la venta de <em>Platero y Yo </em>al americano Eduardo Mann y a un profesor de la Universidad de Columbia. Muerto Juan Ram&oacute;n, estos se&ntilde;ores pagan un mill&oacute;n de pesetas de entonces a Pizarro, su sobrino, por adquirir los derechos. Produce la pel&iacute;cula el italiano Eduardo de Santis que conoc&iacute;a a Castell&oacute;n por lo que le pide que colabore haciendo las modificaciones pertinentes para adaptar el gui&oacute;n. Algo ocurre y de un d&iacute;a para otro falla el director Eduardo Mann, por lo que ofrecen a Alfredo la direcci&oacute;n del rodaje: &ldquo;A la semana de haber llegado a Huelva empiezo a trabajar, y poco a poco van saliendo las cosas bien a pesar de las amenazas que constantemente tengo de que van a venir a sustituirme si no hago lo que el productor espa&ntilde;ol quiere que haga...&rdquo;</p>
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<p class="CuerpoA">La pel&iacute;cula se realiza rodeada de contratiempos. Alfredo me contaba que la comunidad gitana, comprendiendo lo esencial que era el burro en el rodaje, pide cada d&iacute;a m&aacute;s por el alquiler, incluso amenazan con llev&aacute;rselo. Termina de filmarse al a&ntilde;o siguiente pero el nuevo material nunca se incorpora. Hay cinco cortes de censura y una vez decidido que la pel&iacute;cula no ha de ser apta para menores, <em>Platero y Yo </em>jam&aacute;s llega a estrenarse en salas de Madrid. Por pudor, Castell&oacute;n nunca mencion&oacute; a la persona responsable de una decisi&oacute;n que iba a dar al traste con su carrera como cineasta. Por aquel entonces, el otro todav&iacute;a no hab&iacute;a iniciado su andadura como director. No obstante, la pel&iacute;cula se proyecta en Sevilla, Estados Unidos y M&eacute;jico. En Televisi&oacute;n no se pasa hasta 1980, una vez que Alfredo incorpora los cortes de censura. En 2008 negocia con los responsables de la Junta de Andaluc&iacute;a y publica el gui&oacute;n en formato libro que incluye el DVD de la pel&iacute;cula. Y es en su presentaci&oacute;n en el <em>Ateneo</em> en 2011 cuando se exhibe por primera vez en Madrid.</p>
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<p class="CuerpoA">De la pel&iacute;cula me impresion&oacute; su luminosidad y as&iacute; se lo dije a Alfredo, &ldquo;es que ten&iacute;a un buen operador&rdquo;, me contest&oacute; con la modestia que le caracterizaba. Las panor&aacute;micas de la playa de Cartaya cercana a Moguer, quedan para siempre en la retina del espectador. Marienza Binetti acompa&ntilde;&oacute; a Castell&oacute;n en aquella ocasi&oacute;n y seguramente pueda hablar mucho mejor que yo de la experiencia. El gui&oacute;n est&aacute; lleno de poes&iacute;a y las im&aacute;genes delatan su mirada de so&ntilde;ador. Se cuidan mucho los detalles con tomas singularmente hermosas, como cuando Juan Ram&oacute;n lleva al burrito en brazos hasta la orilla para mojarle las patas con agua de mar y evitar as&iacute; la infecci&oacute;n de la herida. La visi&oacute;n hace referencia a todas las <em>heridas </em>que se suceden en la pel&iacute;cula. La loquita <em>Aguedilla</em>, interpretada por Mar&iacute;a Cuadra, es un grito a la naturalidad incomprendida. Dominan los mangantes sin un &aacute;pice de sensibilidad. Los di&aacute;logos son una constante fricci&oacute;n que debate entre raz&oacute;n po&eacute;tica y necedad. Lamentablemente triunfa la mediocridad de la mayor&iacute;a.</p>
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<p class="CuerpoA">Igual mediocridad caracteriza el personaje de Cre&oacute;n en <em>La Tumba de Ant&iacute;gona</em> de Mar&iacute;a Zambrano que en versi&oacute;n de Castell&oacute;n, interpreta de manera esclarecedora la tragedia de vivir entre gente menor, aut&eacute;nticos ego&iacute;stas que se r&iacute;en de la justicia para mantenerse en el poder, oprimiendo a la mayor&iacute;a. Haro Tecglen escribe el pr&oacute;logo del texto alfrediano: &ldquo;...veo en ella muchas confesiones personales, muchas de las balas trazadoras que han ido persiguiendo su vida: el exilio, las guerras, las rep&uacute;blicas, las tiran&iacute;as, los idiomas.&rdquo; Mar&iacute;a siempre so&ntilde;&oacute; con verla representada y estuvo al tanto del gui&oacute;n que enriqueci&oacute; con su criterio. Castell&oacute;n dirige <em>La Tumba...</em> en el Teatro Romano de M&eacute;rida, el 16 de agosto de 1992, con Victoria Vera de protagonista y Elena Arnau como ayudante de direcci&oacute;n. Mar&iacute;a hab&iacute;a fallecido un a&ntilde;o antes, el 6 de febrero de 1991. No pudo asistir a la representaci&oacute;n.</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">La obra de Zambrano arranca donde termina la de S&oacute;focles, en el interior de la tumba que en Ant&iacute;gona es una puerta entreabierta donde &ldquo;dispondr&aacute; de un tiempo infinito para &lsquo;vivir su muerte&rsquo;.&rdquo; (...) &ldquo;Llora la muchacha como han llorado sin ser o&iacute;dos todos los enterrados vivos en sepulcros de piedra o en la soledad. Silencios propicios para la revelaci&oacute;n, para el arrepentimiento.&rdquo; La Guerra Civil marca el destino de Mar&iacute;a como marca el destino de Alfredo y a la injusticia de Ant&iacute;gona, se suma la de Mar&iacute;a y la del propio Alfredo. De nuevo la prisi&oacute;n como marco permanente de la tragedia que les arrebat&oacute; la infancia, la tierra, el poder y la vida. Una sensaci&oacute;n que apenas aciertan a expresar, salvo como experiencia art&iacute;stica.</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">Ant&iacute;gona, una vez en su tumba, jam&aacute;s se plantea el regreso al mundo de los vivos porque en &eacute;l impera la injusticia. En su contexto universal, la obra reproduce el mito del jud&iacute;o errante, de los desacoplados de la vida. El di&aacute;logo que Ant&iacute;gona mantiene con su hermana Ismene (Berta G&oacute;mez) deriva en silencio. Juntas han vivido el horror de sucumbir al poder de Cre&oacute;n. Al dialogar con Ana la nodriza, Ant&iacute;gona se queja, &ldquo;Me dejas sola con mi memoria, como la ara&ntilde;a. A ella le sirve para hacer su tela. Esta tumba es mi telar. No saldr&eacute; de ella, no se me abrir&aacute; hasta que yo acabe, hasta que yo haya acabado mi tela.&rdquo; Y en ese parlamento vislumbramos al joven Alfredo cuando pint&oacute; su cuadro &ldquo;Prisionero de las Ara&ntilde;as&rdquo;. Otro lugar para el recuerdo, para la reflexi&oacute;n.</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">En Ant&iacute;gona, la &uacute;nica expresi&oacute;n posible es el v&iacute;nculo espiritual y as&iacute; lo expresa al dirigirse a Ismene, &ldquo;Nuestro secreto. Todos sab&iacute;an que lo ten&iacute;amos. Pero nosotras nunca alud&iacute;amos a &eacute;l. Y ahora yo no sabr&iacute;a tampoco dec&iacute;rtelo. No es de decir.&rdquo; Y corrobora ella: &ldquo;Eso es. Era de jugar, de jugar nuestro juego interminable.&rdquo; La evoluci&oacute;n de la obra se encarga de mostrar ese juego de silencios, de horrores compartidos, la voz de Ana la nodriza que canta su canci&oacute;n <em>a bocca chiusa, </em>porque &iquest;qui&eacute;n puede a&ntilde;adir algo al susurro del silencio? Castell&oacute;n recoge la idea en otro <em>ruido</em> que, dedicado a Araceli Zambrano, empieza: &ldquo; &lsquo;No se concibe la Guerra Civil espa&ntilde;ola sin canciones&rsquo;, y empez&oacute; a tararear una que conoc&iacute;an casi todos y la siguieron: Mar&iacute;a, Diego, Alberto, Agust&iacute;n, Rafael, Piero... Cantaban con la nostalgia y el dolor de los perdedores. Yo trataba de seguirlos pero mi coraz&oacute;n no irradiaba la tristeza necesaria... y me fui callando. Cantaban a la guerra perdida, a la patria perdida, sus casas, sus amigos. Por eso yo call&eacute;, escuch&eacute; y comprend&iacute;.&rdquo;</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA"><em>La Tumba... </em>pone en boca de unos desconocidos, el concepto de culpa y el arrepentimiento, &ldquo;La dejasteis partir creyendo que con ello ya ser&iacute;ais dichosos y que la ciudad quedaba libre de culpa. (...) Sois as&iacute;. Rechaz&aacute;is al inocente en su ca&iacute;da y luego os disput&aacute;is su tumba.&rdquo; Resuelto el anti cl&iacute;max, revelada la condici&oacute;n de la tragedia, la&nbsp; voz de Castell&oacute;n susurra entre bastidores: &ldquo;A OSCURO TOTAL MUY LENTAMENTE&rdquo;. La figura de Ant&iacute;gona acaba enaltecida. Recobrada su dignidad, recuerda la imagen de Mar&iacute;a vestida con el abrigo blanco en el aeropuerto de Barajas donde al fin aterriza aquel 20 de noviembre de 1984, cumpliendo as&iacute; el destino que evocaba <em>la Ant&iacute;gona</em>, &ldquo;Y la Tierra es negra y tiene en sus adentros, en sus entra&ntilde;as, luz. Tiene entra&ntilde;as de luz la Tierra.&rdquo; Porque como dec&iacute;a Mar&iacute;a y recuerda luego Castell&oacute;n, &ldquo;&iquest;Habr&aacute; Perd&oacute;n para Quien Estrangula una Paloma?&rdquo;</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">A pesar de su agnosticismo, Alfredo camina siempre hacia la luz, sensaci&oacute;n que expresa uno de sus Ap&oacute;logos al recordar: &ldquo;C&oacute;mo pod&iacute;a yo, en mi juventud romana, 22 a&ntilde;os apenas... pasarme horas enteras delante de ese enigm&aacute;tico Cristo de Mantegna que hay en el altar de la iglesia romana de Santa Mar&iacute;a en Montesanto, en la de <em>Piazza del Popolo</em>...&rdquo;. <em>La Luz No Romper&aacute; tu Silencio </em>es el t&iacute;tulo de otro compendio de aforismos todav&iacute;a por publicar. Ecos de la espiritualidad de Zambrano que sin duda Alfredo comparti&oacute;. La luz es tambi&eacute;n motivo recurrente de sus cuentos para ni&ntilde;os, <em>Lucindo Iluminado</em> y <em>El M&aacute;s Peque&ntilde;o del Bosque</em>. &Eacute;ste &uacute;ltimo, con m&uacute;sica de Crist&oacute;bal Halffter y pr&oacute;logo de Zambrano, que en la edici&oacute;n de Alfaguara tuvo que colocar como Ep&iacute;logo por requerimiento de la censura. En 1982 Mar&iacute;a&nbsp; a&uacute;n no hab&iacute;a regresado del exilio, habitaba <em>el mundo de los muertos</em>. Espa&ntilde;a habitaba todav&iacute;a <em>el reino de Cre&oacute;n.</em></p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">El libro es una explosi&oacute;n de vitalidad, un bell&iacute;simo derroche de gracia e ingenio. El autor a menudo corta la intensidad emocional con peque&ntilde;os toques de humor que nos bajan bruscamente al suelo. Y es que, &iquest;c&oacute;mo podemos definir la luz?, &iquest;c&oacute;mo hablar del amor? Ecos de su adorado Matsh&uacute;o Basho en: &ldquo;Silba la brisa,/ ma&ntilde;ana pura;/ canta el arroyo,/ agua de luna&rdquo;&nbsp; y de inmediato la chanza que mezcla la reflexi&oacute;n y el juego: &ldquo;Tar&aacute;ntula de cristal,/ mira bien/ si &eacute;ste es el mar./ Tar&aacute;ntula de serr&iacute;n, / baila bien,/ que eso es vivir.&rdquo;</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">El bueno del panadero regala al enanito Chin un pan de luz &ldquo;en cuyo alimento se encontraba mucha vista&rdquo; para poder observar algo m&aacute;s que la campana de los hombres que &eacute;l supon&iacute;a de oro. Confundido como est&aacute; por cierto aire de grandeza, se mezcla en muchos l&iacute;os que le hacen recurrir inevitablemente a su conjuro: En el &aacute;rbol duermes,/ en el aire est&aacute;s;/ yo soy de la tierra/ y como azafr&aacute;n./ Y mi sangre tiene/ sabor a cebollas,/ sabor a pimienta,/ y si t&uacute; me comes,/ revientas, revientas.&rdquo; Como Chin, Alfredo era un superviviente.</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">La prisi&oacute;n aparece en el cuento de dos formas bien distintas. Chin deseaba una barba que le convierte en rey de los enanos pero &ldquo;cientos de gusanos... empezaron a tejer una red, entrecruzando los pelos y aprision&aacute;ndolo como en una jaula.&rdquo; &iquest;Por qu&eacute; no puedo evitar pensar en Alfredo y en su paso por la Televisi&oacute;n, la rutina de una relaci&oacute;n, el estancamiento? En otro episodio el malvado enano Pescador ha capturado a los gusanillos de luz y los despelleja de maneras diversas para conseguir su luz y la de las estrellas. Adem&aacute;s tiene tratos con un hombre que experimenta para destruir la estabilidad del bosque. La denuncia y el deseo de justicia ante la falta de sensibilidad de los hombres, se a&uacute;nan en este texto para ni&ntilde;os que deber&iacute;a ser igualmente de lectura obligada para&nbsp; muchos adultos. Alfredo nunca consigui&oacute; reeditarlo y no queda ni un solo ejemplar.</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">Hay alusiones al viaje, a la experiencia. Escribe el cuento cuando regresa de su primer periplo alrededor del mundo. Una vez en Estados Unidos, Alfredo se traslad&oacute; al sur surcando el Amazonas en una barcaza donde su misi&oacute;n es hacer de oteador. &Eacute;l y el piloto viajan solos, de noche, y duermen durante el d&iacute;a por miedo a la incursi&oacute;n de los piratas que acechan. De ah&iacute; contin&uacute;a hasta la costa de Bariloche en Tierra del Fuego. Penurias, todas. Pero milagrosamente en Argentina consigue trabajar en su profesi&oacute;n. La necesidad de contemplar <em>las Am&eacute;ricas</em> para alcanzar <em>algo de luz</em> queda perfectamente reflejada en la figura de Col&oacute;n, protagonista de la obra que escribe en 2011, <em>Aquellos P&aacute;jaros Anunciaban Tierra. </em>Se document&oacute; a fondo. Recuerdo el fragmento que mi amiga Carmen Calvo catedr&aacute;tica de griego, le tradujo en su momento: &ldquo;Pasados los a&ntilde;os vendr&aacute;n tiempos nuevos/ en los que el Oc&eacute;ano desatar&aacute; sus lazos/ y aparecer&aacute; una inmensa tierra/ y Tifis descubrir&aacute; nuevos mundos/ y no ser&aacute; ya Thule el fin del Orbe.&rdquo;</p>
<p class="CuerpoB"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="CuerpoB">El viaje siempre estuvo entre las prioridades de Alfredo. Comprend&iacute;a muy bien el esp&iacute;ritu so&ntilde;ador de Col&oacute;n al que retrata minuciosamente en el mon&oacute;logo cargado de lirismo que cierra el Cuadro Cuarto del texto. Me sorprendi&oacute; que eligiera un personaje tan manido y se lanzara a &eacute;l con el entusiasmo del primer dram&aacute;tico y es que, se parec&iacute;a tanto a &eacute;l... &ldquo;Esas olas. Machacan mis o&iacute;dos. Me retan. Conozco su ferocidad. Allende, tras los primeros horizontes, basta que una nubecilla disipe el sol para que se enfurru&ntilde;en y te amenacen, y piensas que la culpa es de la nube y no tuya, pero contigo se ensa&ntilde;an. (...) Yo quiero viajar hacia las Indias, pero Dios sabe ad&oacute;nde me llevar&aacute;n sus furores una vez que me pose sobre su superficie. (<em>Pausa</em>) La verdad es que el hombre navega siempre en soledad por el mar de su mente y casi siempre en tormenta, o en tormento, que para el caso es lo mismo.&rdquo; El punto socarr&oacute;n suaviza la tragedia dando un respiro a la situaci&oacute;n. Contin&uacute;a con ideas que son una constante en sus textos, el silencio y la luz: &ldquo;Muchas, muchas veces he pensado en esas noches marinas estrelladas, repletas del silencio que, como ahora, acent&uacute;an la monoton&iacute;a de las olas. Su ritmo machac&oacute;n y continuado y, tan repetido, produce silencio. Silencio, que tambi&eacute;n est&aacute; en mi mirada cuando se posa en los cientos de estrellas andarinas de mi pasado. Yo voy a este viaje para descubrir caminos, y lo lograr&eacute;, &iquest;de lo contrario para qu&eacute; me ha servido el perderme tanto en la vida? Dormir con mi imaginaci&oacute;n en aquel templo de Serapis en busca de sue&ntilde;os premonitorios que me dejaran ver la realidad de esa tierra lejana que tan firmemente tengo asumida.&rdquo;</p>
<p class="CuerpoB">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoB">Como un cristiano m&aacute;s, la referencia b&iacute;blica. El &ldquo;desierto de agua&rdquo; lo compara con el de Galilea, con el prop&oacute;sito de alcanzar el Ed&eacute;n de la luz: &ldquo;Gu&iacute;ame ahora a m&iacute;, que busca, y d&eacute;jame la ruta trazada.&rdquo; La historia se resuelve as&iacute; como un peregrinaje que deja atr&aacute;s seres interesados o incomprensivos pero tambi&eacute;n a aquellos que le ayudaron y reivindica la justa intervenci&oacute;n del rey Fernando de Arag&oacute;n. Abandonando la vieja trinidad de corte antiguo &ldquo;Oro, espada y poder&rdquo;, pone en boca de Fray Juan el parlamento que hace justicia a su fe y raz&oacute;n: &ldquo;El hombre de las quimeras, os han llamado, sin comprender que sin ellas no habr&iacute;a habido progreso.&rdquo; La trayectoria de corte jerem&iacute;aco, incluye el reconocimiento de su condici&oacute;n y el sacrificio, en la figura del inocente <em>veedor</em>, el sant&oacute;n que describe con cierta guasa, pero tambi&eacute;n con ternura y aprecio. Disfrut&oacute; escribi&eacute;ndola, de eso estoy segura. &iquest;Conseguir&aacute; representarse alg&uacute;n d&iacute;a? Se la dej&oacute; a su amigo Juanjo Puigcorb&eacute; pero hasta ahora no ha habido noticias. La obra est&aacute; pensada para que los actores, a excepci&oacute;n de Col&oacute;n, puedan doblar el papel, reduciendo los costes de producci&oacute;n.</p>
<p class="CuerpoB">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoB">Quiz&aacute; fuera esa mezcla de g&eacute;neros que siempre practic&oacute; lo que hizo que la cr&iacute;tica se ocupara menos de &eacute;l. Era dif&iacute;cil encasillarlo. Alfredo era un so&ntilde;ador, del tipo que describe su amigo Silvio Maestranzi, compa&ntilde;ero de la Escuela Experimental de Cine de Roma: &ldquo;Todav&iacute;a despu&eacute;s de la guerra [la escuela de Cine] estaba conectada con el centro de la ciudad por un tranv&iacute;a de color azul, lo tom&aacute;bamos los j&oacute;venes de veinte a&ntilde;os como Alfredo y yo, y alumnos y alumnas de diversas nacionalidades y lenguas: lo llam&aacute;bamos <em>El Tranv&iacute;a de los Sue&ntilde;os</em>. Y cualquier transe&uacute;nte que pasaba lo miraba con sonrisas ir&oacute;nicas y nos llamaba ilusos.&rdquo; Pero tambi&eacute;n era un superviviente, un hombre pr&aacute;ctico y equilibrado en el d&iacute;a a d&iacute;a, que ten&iacute;a perfectamente ordenadas las carpetas azules donde guardaba su obra. Guardaba en orden el cine, la narrativa, los libros de poes&iacute;a... Iba a la compra y se hac&iacute;a la comida con regularidad. Recorr&iacute;a el parque de Berl&iacute;n a diario hasta completar el ejercicio que le permit&iacute;a mantener a raya el estado de las arterias. En presencia de sus sobrino nietos, los ni&ntilde;os Ana y Manuel, gritaba ilusionado &ldquo;<em>Mirloooooo, saca tus alas grandes...</em>&rdquo; Ellos le segu&iacute;an por el jard&iacute;n de los t&iacute;os. Y en aquella mirada hab&iacute;a luz.</p>
<p class="CuerpoB">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">Como ni&ntilde;os de la guerra y la posguerra, aquella <em>Generaci&oacute;n de los 50</em>, que ha quedado ensombrecida cuando la comparamos con la<em> del 27</em>, ten&iacute;a mucho que decir del sufrimiento y&nbsp; confusi&oacute;n de unos a&ntilde;os donde ser de derechas era <em>&nbsp;bueno</em> y haber estado en el bando republicano, ya fuera por casualidad o por convencimiento, se castig&oacute; con represalias, pena de muerte o c&aacute;rcel, y en el mejor de los casos con un ostracismo social que hab&iacute;a de perdurar en el recuerdo. La respuesta del bando perdedor fue la del silencio, el disimulo y el miedo. &ldquo;Y ahora con los a&ntilde;os me pregunto... por qu&eacute; mi padre hab&iacute;a elegido para mi educaci&oacute;n el colegio de los jesuitas siendo &eacute;l, sus ideas, m&aacute;s de instituto y todo eso. Pues seguramente porque hab&iacute;a cosas que limpiar... Franco era un dictador serio, muy serio, que asesinaba, que met&iacute;a en prisi&oacute;n a la gente... Al final de la guerra llegaron dos camiones. En uno viajaba el ingeniero, los contables, mi padre, nosotros... y en otro bien distinto viajaron los obreros, pueden imaginar hacia qu&eacute; siniestro lugar.&rdquo;</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">El contacto con la guerra, la posguerra y su propia experiencia personal, hacen que desarrolle un profundo sentido de la justicia. El colegio de <em>El Salvador</em> salpica con sus dichos algunos episodios de su obra, &ldquo;En la mano la varita de fresno con la que enderezaban los culitos de sus &lsquo;colegiales&rsquo;. <em>Ni&ntilde;o malo, lo castigar&eacute;</em>.&rdquo; Su paso por los jesuitas le facilit&oacute; tambi&eacute;n el gusto por la reflexi&oacute;n y cierta inclinaci&oacute;n hacia los episodios b&iacute;blicos que a menudo revisita en sus narraciones distorsion&aacute;ndolos, como cuando un reba&ntilde;o de ovejas la emprende a lametones con la mujer de Lot convertida en estatua de sal. Alfredo recurr&iacute;a a menudo a par&aacute;metros estructurales cristianos, y es que el colegio dej&oacute; en &eacute;l su impronta. La culpa, el remordimiento y la consiguiente expiaci&oacute;n subyace en muchos de sus libros. El propio camino hacia la luz, como en la fil&oacute;sofa Zambrano, incluye el rito inici&aacute;tico cristiano. Alfredo reconoce sentir cierta fascinaci&oacute;n por el ritual que para &eacute;l entraba en el terreno de la fantas&iacute;a y el misterio. Aquel juego esc&eacute;nico le entusiasmaba. Recreaba las historias de la Biblia y sus personajillos. De hecho <em>El Ruido de la Memoria </em>&nbsp;inicia la andadura con un &ldquo;Introito&rdquo; que simula el inicio de la misa. De <em>El Salvador </em>conserva una fotograf&iacute;a sobre la mesa de camilla que ten&iacute;a junto a la cocina. En ella aparecen sus compa&ntilde;eros de curso posando en el patio del colegio. Escrito a bol&iacute;grafo, los nombres de los amigos, Andr&eacute;s, Buil, Castellet...</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">Aunque no era un ni&ntilde;o aplicado, sacaba siempre sobresaliente en <em>Historia Sagrada</em>, y eso que creer, cre&iacute;a m&aacute;s bien poco. Una vez me contaba, &ldquo;A veces pienso que lo &uacute;nico inmortal en este mundo es el universo. &iquest;Sabes en lo que yo podr&iacute;a quiz&aacute; creer si me apuraras un poco? En la transformaci&oacute;n del hombre en otra cosa, en la reencarnaci&oacute;n digamos [ecos de Zambrano]. No creo. Pero podr&iacute;a creer... No es que t&uacute; te vas a reencarnar en &aacute;guila. Eso ser&iacute;a muy bonito [risas]. Ser&iacute;a un &aacute;guila preciosa, un elefante maravilloso due&ntilde;o de una manada... Pero s&iacute; que nada se destruye como t&uacute; dices... Todo est&aacute; ah&iacute; siempre, o sea que lo &uacute;nico que puede morir es el universo. Si el universo no muere, eres eterno...&rdquo;, y yo segu&iacute;a elucubrando,<em> </em>&ldquo;&iquest;Hay algo de tu capacidad, de tu cerebro?&rdquo; Y contestaba: &ldquo;No. No hay. Muy poquito, muy poquito. Podr&iacute;a haber algo, s&iacute;. Podr&iacute;a haber algo.&rdquo; Y de esa guisa, daba vueltas y vueltas al misterio porque estaba construido con la fibra de la sensibilidad, y ante algunas se&ntilde;ales Alfredo era receptivo.</p>
<p class="PoromisinA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoB">Escrib&iacute;a por necesidad, por un sentido de la justicia, como en <em>Contrapunto de Europa.</em> Escrito a mano en su cuaderno apunta: &ldquo;Para incluir en <em>Contrapunto</em>...: &iquest;Qu&eacute; vale un hombre muerto? ...la muerte siempre es la victoria de lo ef&iacute;mero. Y eso lo saben bien los &lsquo;mandantes&rsquo; que no vemos.&rdquo; La obra se represent&oacute; en los colegios mayores de Madrid. Su hermano Antonio que se especializ&oacute; luego en el teatro de las vanguardias, se encargaba de la direcci&oacute;n. Actuaba una jovenc&iacute;sima Rosa Montero que tambi&eacute;n escribe el pr&oacute;logo del libro. Alfredo y su madre estaban sentados en el patio de butacas, se corri&oacute; la voz de que alguien hab&iacute;a avisado y ven&iacute;an <em>los grises</em>: &ldquo;Hijo m&iacute;o, hijo m&iacute;o, &iquest;qu&eacute; le va a pasar a tu hermano?&rdquo;. &ldquo;De m&iacute; no se preocupaba&rdquo;, resum&iacute;a &eacute;l entre risas.</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoB">Su compromiso social tan evidente en <em>Contrapunto de Europa</em>, llega a&uacute;n m&aacute;s lejos en <em>Escombros Selectos </em>(Huerga y Fierro, 2018), el libro de&nbsp; madurez donde la denuncia es demoledora y utiliza la fantas&iacute;a para mostrar lo s&oacute;rdido, lo inconfesado de ciertos comportamientos humanos, nuestros peores vicios y verg&uuml;enzas. &ldquo;La Mano&rdquo; describe la injusticia que supone para una viuda descubrir el cuerpo fusilado de su marido. Con un cuchillo grande ella le corta de un solo tajo una mano que atrae junto a su coraz&oacute;n. Esto es s&oacute;lo el inicio de la historia; cruda y sin paliativos. La imagen recurrente del cuento muestra el dolor de quien ha vivido toda la vida atormentada por esa carencia y subraya el abandono de los muertos olvidados, consecuencia de la Guerra Civil espa&ntilde;ola. Paralelamente la mano depositada entre alambiques en los s&oacute;tanos de la facultad de Medicina de Plaza Para&iacute;so en Zaragoza, ha quedado conservada en formol. La singular presencia espera irredenta. La emoci&oacute;n pura, seca, va a precipitar la acci&oacute;n.</p>
<p class="CuerpoB">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoB">En &ldquo;El Caminito de los Abetos Joviales&rdquo; un burgu&eacute;s visita la casa de los marqueses de Tur&iacute; que animan a sus invitados: &ldquo;...cojan una varita de &eacute;sas. Les ense&ntilde;ar&eacute; c&oacute;mo se maneja. Miren, m&iacute;renme a m&iacute;. Si se le pega con fuerza, el criado salta armonioso. Es un espect&aacute;culo divertid&iacute;simo. Miren. Y empez&oacute; a golpear a un grupo de muchachos negros completamente desnudos que se apelotonaban en c&iacute;rculo protegi&eacute;ndose unos con otros. Los invitados re&iacute;an sin cesar al tiempo que fustigaban a sus v&iacute;ctimas. _An&iacute;mese mi querido bar&oacute;n, pegue, pegue usted sin miedo. Es un gran espect&aacute;culo (...) _Entre las nalgas, entre las nalgas_, gritaba la marquesa de Tur&iacute; enloquecida de satisfacci&oacute;n...&rdquo; En estos cuentos, a menudo surrealistas, el toque de humanidad (cuando aparece) construido con im&aacute;genes elegantes y alg&uacute;n que otro <em>&aacute;ngel</em> (Alfredo adoraba los &aacute;ngeles de Rilke), suaviza el tono general que es demoledor. Nunca se priv&oacute; de decir lo que pensaba. En &ldquo;Dulce Compa&ntilde;&iacute;a&rdquo; por ejemplo, el &aacute;ngel penetra cada noche en el dormitorio conyugal y arrebata la ropa interior a la mujer, mientras el marido asiste pasmado a tan sagrada violaci&oacute;n de la intimidad.</p>
<p class="CuerpoB">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoB">&ldquo;Itinerario sentimental&rdquo; el cuento que abre el libro, evoca al grupo de intelectuales que a bordo de un globo aerost&aacute;tico se dispone a probar las sensaciones que experimentara con la escritura de <em>El Principito</em>, Antoine de Saint- Exup&eacute;ry, pero &iexcl;cuidado! porque la nave viaja a la deriva...&nbsp; Alfredo quiso que la historieta de textura compleja, iniciara la narraci&oacute;n como homenaje a sus amigos, F&eacute;lix Romeo (al que dedica el cuento <em>in memoriam</em>), Ram&oacute;n Ac&iacute;n, Mariano Gista&iacute;n, Ismael Grasa, Ant&oacute;n Castro, Ana Mar&iacute;a Navales, Juan Dom&iacute;nguez Lasierra, Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n y algunos otros que sin duda me dejo. Un apunte: &ldquo;Durante la conversaci&oacute;n que casi era a voces, por la distancia de la balconada a la barquilla del globo, nuestros amigos lograron liberarnos [clara alusi&oacute;n a Stevenson en <em>La Isla del Tesoro</em>]. Pero en vez de bajar, el viento se nos llev&oacute; con tal rapidez que ni siquiera nos dio tiempo a despedirnos. La rondalla de la Plaza y sus copleros al vernos subir, nos despidieron con una cancioncilla cuyos versos recordaban a Lope de Vega: <em>&iexcl;Oh libertad preciosa, no comparada al oro, ni al bien mayor de la espaciosa Tierra! </em>&rdquo;</p>
<p class="CuerpoB">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoB">Zaragoza es para Alfredo la entra&ntilde;a del recuerdo. La figura de la madre recortada junto al tel&eacute;fono de baquelita, espera siempre la llamada del hijo. &ldquo;Cuando llego a mi ciudad, el viento del Moncayo (all&aacute; le llaman cierzo) calienta mi alma&rdquo;, sol&iacute;a decir. &ldquo;Mi ciudad es muy hermosa para m&iacute; (para los dem&aacute;s debe de ser corriente...) porque tiene mi juventud, es un aire especial que nadie lo sabe ver m&aacute;s que t&uacute;. Est&aacute; unido a las cosas, a los fragmentos, a las calles, a los inviernos, a los veranos... es donde captas el tiempo con m&aacute;s profundidad. Esa es tu ciudad.&rdquo; &ldquo;A veces te pierdes por las calles donde has vivido, donde has sido feliz o donde viviste un tiempo. La casa todav&iacute;a est&aacute; pero no es casa ya [clara alusi&oacute;n a la vivienda de la calle La Paz, n&uacute;mero 20 donde vivi&oacute; de ni&ntilde;o]. A veces recuerdas el arbolito que plant&oacute; tu padre en un trocito de huerto que hab&iacute;a y cuando te asomas todav&iacute;a est&aacute;, es una tienda pero al fondo han conservado el jardincito donde hab&iacute;a gallinas, conejos y toda esa serie de cosas que era importante en la posguerra.&rdquo;</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoB">Con el tiempo su escritura fue haci&eacute;ndose m&aacute;s esquem&aacute;tica y precisa, en una evoluci&oacute;n natural de la prosa que por momentos roza la poes&iacute;a. Hizo suyo el consejo de John Gardner, &ldquo;Si puedes expresarlo en quince palabras en vez de hacerlo en veinte o treinta, expr&eacute;salo en quince&rdquo;. Eso explica su evoluci&oacute;n narrativa, del cuento al aforismo. En cuanto a la poes&iacute;a, le ten&iacute;a tal respeto que jam&aacute;s se atrevi&oacute; a publicar nada. Pensaba como Mar&iacute;a Zambrano que un poeta no es s&oacute;lo un escritor de poemas y contaba que Zambrano cuando le iban a presentar a alguien preguntaba siempre con voz esperanzada, &ldquo;&iquest;es poeta?&rdquo;. Con ese gesto Mar&iacute;a se interesaba por la sensibilidad de la persona, por la sinceridad de su alma. La fil&oacute;sofa y &eacute;l nunca dejaron de cartearse. De su libro p&oacute;stumo <em>S&oacute;lo con lo Puesto</em> (STI, 2018), dos pensamientos, el socarr&oacute;n y el sensible; tan ingeniosos y ocurrentes como era &eacute;l: &ldquo;Si el vagabundo pasa por tu vida inv&iacute;tale a tomar un paisaje contigo.&rdquo; &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; no eliminamos de una vez para siempre esa mentirosa palabra, pureza? &iquest;Y qui&eacute;n no tropieza dos mil veces en la misma piedra? Y el que no lo hace ser&aacute; porque es alado.&rdquo;</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, por convicci&oacute;n art&iacute;stica y debido a su dolencia, le gustaba colocarse flirteando con la muerte en la tangente de la eternidad. En parte ten&iacute;a prisa por volver a viajar&hellip; Alfredo es <em>Manuel Bueno</em> en &ldquo;...no se puede tener tanta prisa en ver a Dios sin pensar en el camino m&aacute;s corto.&nbsp; &iquest;No crees? Decirle a ese &aacute;ngel de la nada, que me acecha hace tiempo, que me lleve a su reino lo antes posible. Pero me parece que tiene sus alas calcinadas y se quedar&aacute; en la tierra. Infeliz.&rdquo; Se inmola en el &ldquo;Introito&rdquo; a <em>El Ruido...</em>, &ldquo;El alivio, si he de tenerlo, que me llegue por contrici&oacute;n p&uacute;blica, con abluciones previas, rasgadura de t&uacute;nica y al ver de todos. Y despu&eacute;s, como colof&oacute;n de ese examen de conciencia, me preguntar&eacute; una vez m&aacute;s: &iquest;qu&eacute; esperas de la vida?&rdquo; Es adem&aacute;s el vagabundo del espejo cuando barrunta su despedida, &ldquo;adi&oacute;s hombre feliz, adi&oacute;s cuerpo, adi&oacute;s alma, adi&oacute;s universo, y me marchar&eacute; para siempre lleno de paz. Eso es todo.&rdquo; Y como indicar&iacute;a Alfredo Castell&oacute;n el cineasta, el realizador de Televisi&oacute;n, el director de<em> La Tumba de Ant&iacute;gona</em> en el XXXVIII Festival de Teatro Cl&aacute;sico de M&eacute;rida, bajamos &ldquo;a oscuro total muy lentamente&rdquo; y que el silencio se deje o&iacute;r.</p>
<p class="CuerpoA"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="CuerpoA"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="CuerpoA" align="right">&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1"><em><sup>*</sup></em></a> <em>La Tumba de Ant&iacute;gona</em>, Mar&iacute;a Zambrano, versi&oacute;n de Alfredo Castell&oacute;n. Madrid: SGAE, 1997.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Wed, 01 Jul 2020 05:05:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ana Blandiana: “Hay que luchar contra la censura interior”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/ana-bandiana-hay-que-luchar-contra-la-censura-interior/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2020/blandiana500.jpg" alt="" /></p>
<p>Ana Blandiana (Timișoara, 1942) es una figura legendaria de la literatura rumana<a title="" href="#_ftn1">[&dagger;]</a>. Destacada opositora del r&eacute;gimen de Ceaușescu, forma parte del grupo de escritores que concibieron su vocaci&oacute;n literaria como una forma de resistencia moral. Autora de libros de poes&iacute;a, narrativa y ensayo, es actualmente la poeta rumana m&aacute;s internacional &ndash;sus libros han sido traducidos a veinticinco idiomas&ndash;, adem&aacute;s de candidata al Premio Nobel.</p>
<p>Blandiana pertenece al neomodernismo, grupo de poetas que debuta a mitad de la d&eacute;cada de 1960. Sus poemarios &ndash;<em>La primera persona del plural</em> (1964), <em>El tal&oacute;n de Aquiles</em> (1966), <em>El tercer sacramento</em> (1969), <em>Octubre, noviembre, diciembre</em> (1972), <em>El sue&ntilde;o dentro del sue&ntilde;o</em> (1977), <em>El ojo del grillo</em> (1981) y <em>Estrella predadora</em> (1985)&ndash; la consagran como la figura m&aacute;s destacada de su generaci&oacute;n. Sus textos se copian a mano y circulan por miles de manera clandestina: son los primeros poemas en <em>samizdat</em> de la literatura rumana.</p>
<p>En 1982 es la escritora m&aacute;s joven galardonada con el Premio Gottfried Herder de la Universidad de Viena. Por esos mismos a&ntilde;os escribe tambi&eacute;n dos libros de narrativa fant&aacute;stica, <em>Las cuatro estaciones</em> (1977) y <em>Proyectos de pasado</em> (1982). Este &uacute;ltimo, el m&aacute;s traducido de los suyos, es una cr&oacute;nica de la historia de Ruman&iacute;a en la segunda mitad del siglo XX y una reflexi&oacute;n sobre el totalitarismo.</p>
<p>Gran parte de las obras que escribi&oacute; en la d&eacute;cada de los ochenta vio la luz tras la revoluci&oacute;n de 1989, como el poemario <em>La arquitectura de las olas</em> (1990). A &eacute;l le han seguido <em>El sol del m&aacute;s all&aacute;</em> (2000), <em>El reflujo de los sentidos</em> (2004) o <em>Variaciones sobre un tema dado</em> (2018), as&iacute; como la novela <em>El caj&oacute;n de los aplausos</em> (1992) y los ensayos <em>Miedo a la literatura</em> (2006) y <em>Falso tratado de manipulaci&oacute;n</em> (2013).</p>
<p>Tras la ca&iacute;da del r&eacute;gimen comunista, Blandiana fund&oacute; y presidi&oacute; la Alianza C&iacute;vica (1991-2001), organizaci&oacute;n independiente que luch&oacute; por la democracia e hizo posible la entrada de Ruman&iacute;a en la Uni&oacute;n Europea. Al amparo del Consejo de Europa, Blandiana ha creado en la ciudad de Sighet el Memorial de las V&iacute;ctimas del Comunismo y de la Resistencia (1993), museo, centro de investigaci&oacute;n y escuela de verano que lleva por lema una frase suya: &laquo;Mientras la justicia no logre ser una forma de memoria, la memoria en s&iacute; misma puede ser una forma de justicia&raquo;. Por su contribuci&oacute;n a la cultura europea y su lucha en pro de los derechos humanos, Blandiana fue nombrada Ch&eacute;valier de la L&eacute;gion d&rsquo;Honneur (2009), la m&aacute;s alta distinci&oacute;n de la Rep&uacute;blica Francesa. Recientemente ha recibido el Premio &laquo;Poeta Europeo de la Libertad&raquo; (Gdansk, 2016) y el Griffin Excellence in Poetry Award (Toronto, 2017) como reconocimiento a toda su obra.</p>
<p>En espa&ntilde;ol han visto la luz <em>Mi patria A4</em> (2014), <em>El sol del m&aacute;s all&aacute; &amp; El reflujo de los sentidos</em> (2016) y <em>Octubre, noviembre, diciembre</em> (2017), todos en la editorial Pre-Textos, as&iacute; como los libros en prosa <em>Proyectos de pasado</em> (2008) y <em>Las cuatro estaciones</em> (2011), ambos en Perif&eacute;rica. Galaxia Gutenberg tiene previsto publicar en 2020 el volumen <em>Un arc&aacute;ngel manchado de holl&iacute;n</em>, en el que se re&uacute;nen &ndash;en traducci&oacute;n de Viorica Patea y Natalia Carbajosa&ndash; tres libros centrales de su trayectoria: <em>Estrella predadora</em> (1985), escrito durante los intervalos en que su obra no fue prohibida por la dictadura de Ceaușescu; <em>La arquitectura de las olas</em> (1990), el primero publicado en libertad; y <em>El reloj sin horas</em> (2016), que expresa su respuesta al viejo sufrimiento desde un aqu&iacute; y ahora tocado por la alienaci&oacute;n y la extra&ntilde;eza.</p>
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<p><strong>Un nombre prohibido</strong></p>
<p>En los poemas de Ana Blandiana, por lo com&uacute;n breves, suceden muchas cosas y se imaginan otras tantas. O, mejor dicho, cada elemento baila con los dem&aacute;s en una coreograf&iacute;a incesante de causas y consecuencias, de mutaciones vertiginosas que se&ntilde;alan el camino de la extra&ntilde;eza y el asombro: los p&aacute;rpados caen &laquo;como la cuchilla de una guillotina / sobre el cuello del mundo exterior&raquo;; &laquo;las iglesias / se deslizan sobre el asfalto / como nav&iacute;os / cargados de terror&raquo;; o, en fin, &laquo;el horizonte se parece a / una bola de &aacute;mbar / en la que / fosilizados dioses / y proyectos inconclusos de &aacute;ngeles / se transparentan / con asombrosa exactitud / y casi se mueven&raquo;. Si, como quer&iacute;a Elias Canetti, el poema &laquo;es el custodio o garante de la metamorfosis&raquo;, esto es, el modo en que el mundo se reinventa y se recrea sin cesar para eludir la c&aacute;rcel de nuestras definiciones conceptuales, de nuestros dogmas, la escritura de Blandiana es un ejemplo supremo de esta energ&iacute;a transformadora, de esta fuerza de la imaginaci&oacute;n que establece relaciones y analog&iacute;as y revela el modo en que las cosas, para persistir en su ser, se convierten en otras y aceptan &ndash;sin reproches, con una paciencia que ha sido puesta a prueba cientos de veces&ndash; lo que les toca en suerte.</p>
<p>Lo dice su traductora Viorica Patea en un texto reciente: &laquo;Antes de ser un nombre conocido, Ana Blandiana fue un nombre prohibido&raquo;. Hija de un sacerdote ortodoxo que hab&iacute;a sido preso pol&iacute;tico &ndash;y &laquo;enemigo del pueblo&raquo;, nada menos&ndash;, la poeta fue castigada a los diecisiete a&ntilde;os por publicar su primer poema en una revista. Esta primera prohibici&oacute;n fue quiz&aacute; la m&aacute;s dura, la m&aacute;s determinante de las que tres que fueron impuestas por el r&eacute;gimen: no solo dur&oacute; cuatro a&ntilde;os, sino que supuso &laquo;la privaci&oacute;n del derecho de cursar estudios universitarios&raquo; y la oblig&oacute; a trabajar por un tiempo como pe&oacute;n de la construcci&oacute;n.</p>
<p>Su regreso como poeta en 1964, con la publicaci&oacute;n de <em>La primera persona del plural</em>, supuso su confirmaci&oacute;n como parte del grupo de j&oacute;venes poetas que tra&iacute;an la renovaci&oacute;n est&eacute;tica a la poes&iacute;a rumana: una poes&iacute;a que oscilaba entre un tono intimista y el vuelo imaginativo, el impulso subjetivo y la tensi&oacute;n &oacute;rfica, y que conectaba con la escritura vanguardista de entreguerras. De estos a&ntilde;os data <em>Octubre, noviembre, diciembre</em>, en el que el sentimiento amoroso &ndash;te&ntilde;ido de pante&iacute;smo y hasta de misticismo&ndash; encarna en una escritura llena de plasticidad, de im&aacute;genes sugerentes y oblicuas, de viveza.</p>
<p>Con los a&ntilde;os, y conforme el r&eacute;gimen de Ceacescu fue estrechando su cerco represor, la poes&iacute;a de Blandiana fue haci&eacute;ndose m&aacute;s limpia y reflexiva, tambi&eacute;n m&aacute;s ir&oacute;nica. Lo resume muy bien Viorica Patea: &laquo;Sus temas recurrentes son el compromiso &eacute;tico, el sentido de culpa y la confrontaci&oacute;n de la pureza con los registros simb&oacute;licos de la degradaci&oacute;n&raquo;. Sus libros de la d&eacute;cada de 1980 dan cuenta de ese esfuerzo ingente del individuo por mantener su dignidad y una imagen ecu&aacute;nime de s&iacute; mismo en la atm&oacute;sfera sofocante de una sociedad manchada por la mentira, la sospecha y la verg&uuml;enza. M&aacute;s recientemente, sus libros testimonian el viaje de su autora hacia una mayor sencillez o depuraci&oacute;n verbal. El resultado es una escritura sabia y crepuscular, llena de preguntas sin respuesta y de respuestas provisionales. Una escritura perpleja, obsesionada por el estatuto de la verdad en un tiempo de imposturas y suced&aacute;neos, de reclamos mendaces.</p>
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<p><strong>&ldquo;La poes&iacute;a la poes&iacute;a es como una aureola que, para ser entendida y aceptada, intenta tomar la forma de un sombrero&raquo;</strong></p>
<p>Se podr&iacute;a hacer un peque&ntilde;o compendio con las reflexiones, llenas de lucidez, que Blandiana ha hecho sobre su arte. Quiz&aacute; la m&aacute;s importante sea su defensa de la inspiraci&oacute;n y su retrato del poeta como un servidor atento: &laquo;La poes&iacute;a &ndash;dice&ndash; no se puede inventar, hay que descubrirla. La poes&iacute;a depende solo en cierta medida del que la compone. [&hellip;] Esta dependencia de una voz que a veces puede permanecer callada mucho tiempo [&hellip;], me hace sentir feliz como ante un milagro que me sucede, a la vez que humillada por esta dependencia de la que no puedo librarme&raquo;.</p>
<p>Claro que estamos ante una poeta que descree de las definiciones y las cajitas conceptuales, menos a&uacute;n cuando se habla de algo tan misterioso como la poes&iacute;a: &laquo;Dec&iacute;a Lao-Tse, refiri&eacute;ndose a la realidad suprema, que quien no la ha conocido no habla de ella, y que quien lo hace es porque no la ha conocido. As&iacute; es. Una vez di una definici&oacute;n algo c&oacute;mica, pero veraz: dije que la poes&iacute;a es como un halo, una aureola que, para ser entendida y aceptada, intenta tomar la forma de un sombrero&raquo;.</p>
<p>Y, por &uacute;ltimo: &laquo;Siempre he so&ntilde;ado con un texto que tiene varios planos, perfectamente inteligibles, cada uno aut&oacute;nomo y distinto, parecido a los murales de los monasterios medievales en cuyos paisajes se vislumbran, desde ciertos &aacute;ngulos, las figuras de los santos&raquo;. As&iacute;, como los frescos de las iglesias bizantinas de su pa&iacute;s, esta poes&iacute;a: un crisol de im&aacute;genes y formas, de ideas pintadas y met&aacute;foras que piensan, de extra&ntilde;ezas que acompa&ntilde;an y compa&ntilde;&iacute;as que no dejamos de extra&ntilde;ar.</p>
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<p class="Cuerpo"><strong>&ldquo;Siempre he pensado que el deber de un escritor es el de expresarse a s&iacute; mismo&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p class="Cuerpo">&ndash; Me pregunto si no est&aacute; cansada de que las preguntas de los entrevistadores giren casi siempre en torno a la dimensi&oacute;n pol&iacute;tica o &eacute;tica de su poes&iacute;a. Lo digo porque esa insistencia nuestra en definirla o encasillarla como una figura ejemplar de la literatura rumana reciente puede parecer un reduccionismo, una forma de menospreciar la fuerza est&eacute;tica de su poes&iacute;a en beneficio de sus aspectos, digamos, testimoniales o hist&oacute;ricos.</p>
<p class="Cuerpo">&ndash; La verdad es que hasta 1989 mi intenci&oacute;n fue siempre la de mirar las cosas desde una perspectiva pol&iacute;tica; en otras palabras, no pod&iacute;a pasar por alto la oscuridad y la represi&oacute;n que padec&iacute;amos. Pero he tenido la gran suerte de que mi poes&iacute;a ha sabido defenderse de m&iacute; misma. Con la excepci&oacute;n de <em>La arquitectura de las olas</em>, que es un cuerpo extra&ntilde;o dentro de mi obra, porque es la ilustraci&oacute;n de ese periodo atroz de nuestra historia reciente que fueron los a&ntilde;os 1988-1989, lo cierto es que la dimensi&oacute;n pol&iacute;tica no llega a penetrar en mi poes&iacute;a. Otra cosa es la visi&oacute;n que otros han tenido sobre mi vida, del porqu&eacute; de mi protesta, y es posible que este punto de vista se haya trasladado de manera abusiva a la poes&iacute;a.</p>
<p class="Cuerpo">Lo que siempre me ha disgustado, y hasta ofendido, es que la gente dijera que era muy valiente, porque yo no era valiente, solo hac&iacute;a lo que pensaba que era normal hacer. Me habr&iacute;a sido mucho m&aacute;s dif&iacute;cil escribir odas a Ceaușescu. Yo solo cumpl&iacute;a con mi deber. Y siempre he pensado que el deber de un escritor es el de expresarse a s&iacute; mismo.</p>
<p class="Cuerpo">En realidad, el problema ten&iacute;a m&aacute;s que ver con el tiempo que nos toc&oacute; vivir. Era un problema de la &eacute;poca misma. Porque la vida era tan falsa que todo lo que fuera aut&eacute;ntico, todo lo genuino, sobresal&iacute;a.</p>
<p class="Cuerpo">Dar&eacute; un ejemplo: uno de nuestros grandes poetas de entreguerras fue George Bacovia, que empez&oacute; como un poeta simbolista y luego evolucion&oacute; hacia posiciones de izquierdas. Ya antes incluso de la llegada de los comunistas, hab&iacute;a escrito versos incendiarios. Pero cuando los sovi&eacute;ticos tomaron el poder, lo prohibieron. Y durante veinte a&ntilde;os fue un poeta prohibido. En cambio, durante este mismo periodo, el poeta por antonomasia, el poeta que dominaba los foros literarios, era un versificador de &uacute;ltima fila, un poeta sin ning&uacute;n talento llamado Alexandru Toma. Toma se hab&iacute;a hecho conocido antes de la guerra por traducir y escribir paneg&iacute;ricos de las obras de la reina. Pero los comunistas se fijaron en &eacute;l porque lo pod&iacute;an manipular. Eso no pasaba con George Bacovia, que era un gran poeta y adem&aacute;s de izquierdas, pero que era un hombre aut&eacute;ntico.</p>
<p class="Cuerpo">&ndash; Bueno, el oportunismo y el servilismo no saben de ideolog&iacute;as.</p>
<p class="Cuerpo">&ndash; La autenticidad estorbaba mucho. Dicho de otra manera, cualquier verdad de cualquier naturaleza era subversiva <em>per se</em>, no era una cuesti&oacute;n pol&iacute;tica. Hablamos de una &eacute;poca en la que realmente la &uacute;nica materia prima que exist&iacute;a en abundancia era la mentira. Hay que decir tambi&eacute;n que cuando las tropas sovi&eacute;ticas entraron en Ruman&iacute;a, no hab&iacute;a comunistas: el Partido ten&iacute;a menos de cien afiliados. Esto explica tambi&eacute;n por qu&eacute; m&aacute;s tarde no hubo disidentes, porque los disidentes eran los antiguos comunistas ya arrepentidos.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo"><strong>&ldquo;L</strong><strong>o m&aacute;s grave y terrible que est&aacute; sucediendo hoy en d&iacute;a en el mundo es la correcci&oacute;n pol&iacute;tica&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p class="Cuerpo">&ndash; Me resulta impactante la idea de la prohibici&oacute;n total&hellip; Esa noci&oacute;n de que un autor no pueda publicar durante a&ntilde;os, de borrarlo como figura p&uacute;blica. En Espa&ntilde;a, durante la dictadura, existi&oacute; una censura en&eacute;rgica, pero en general se centraba en los libros y no en sus autores. Con la ventaja, es un decir, de que, si te censuraban un libro, pod&iacute;as optar por publicarlo en M&eacute;xico o en Argentina. Pero la idea de que un escritor desaparezca p&uacute;blicamente implica una violencia feroz, casi un ensa&ntilde;amiento. Me pregunto en qu&eacute; medida esa vigilancia, esa censura totalitaria tuvo consecuencias en la escritura y en su propia autoestima como poeta. Durante esas tres d&eacute;cadas de censura totalitaria, &iquest;c&oacute;mo sustraerse a esa presencia opresiva? &iquest;Qu&eacute; estrategias se pueden desarrollar para sortear la vigilancia asfixiante del poder y no caer en la desesperaci&oacute;n?</p>
<p class="Cuerpo">&ndash; La primera medida de autodefensa es no admitir ninguna forma de censura interior. La censura interior es lo que m&aacute;s me asustaba. Es algo que no acept&eacute; jam&aacute;s. Precisamente porque he vivido esa experiencia, me parece que lo m&aacute;s grave y lo m&aacute;s terrible que est&aacute; sucediendo hoy en d&iacute;a en el mundo es la correcci&oacute;n pol&iacute;tica, porque la correcci&oacute;n pol&iacute;tica es la m&aacute;xima forma de censura interior y de lavado de cerebro.</p>
<p class="Cuerpo">Yo nunca me he censurado a m&iacute; misma. Nunca me he dicho: &laquo;esto no lo puedo escribir porque no se puede publicar, porque no se acepta&raquo;. Yo siempre he escrito lo que he querido. Desde el punto de vista psicol&oacute;gico, esto es muy importante.</p>
<p class="Cuerpo">Por otra parte, y esto puede sonar extra&ntilde;o, la censura nos obligaba a escribir de una manera que estaba en sinton&iacute;a con la definici&oacute;n que damos a la poes&iacute;a. Es decir, ten&iacute;amos que amplificar los recursos de la imagen y la met&aacute;fora, adoptar un lenguaje m&aacute;s cifrado, y justamente por esto la poes&iacute;a sal&iacute;a adelante.</p>
<p class="Cuerpo">Yo no viv&iacute; los a&ntilde;os m&aacute;s duros del estalinismo. No tuve que escribir durante la &eacute;poca del <em>proletkult</em>, ese empe&ntilde;o sovi&eacute;tico en crear un arte nuevo, una est&eacute;tica de la clase obrera revolucionaria&hellip; No era tanto que los poetas tuvieran que manejar un bagaje ideol&oacute;gico determinado, sino que estaban obligados a escribir para los analfabetos, ten&iacute;an que escribir estupideces para que las entendiera todo el mundo. El resultado fue una literatura vac&iacute;a por completo de arte.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo"><strong>&ldquo;</strong><strong>Hoy sigue siendo imperativo luchar por la verdadera cultura&rdquo;</strong></p>
<p class="Cuerpo">&ndash; Est&aacute; el caso de Anna Ajm&aacute;tova, por ejemplo, que hacia 1949-50 se vio forzada a escribir poemas celebrando la construcci&oacute;n de carreteras, la construcci&oacute;n de embalses, los logros tecnol&oacute;gicos del r&eacute;gimen de Stalin&hellip; Lo hizo para liberar a su hijo Lev del campo de concentraci&oacute;n, y yo dir&iacute;a incluso que para blindarse contra posibles represalias.</p>
<p class="Cuerpo">&ndash; El problema no es que Ajm&aacute;tova escribiera poemas semejantes para liberar a su hijo de la c&aacute;rcel, el problema es que Mihai Beniuc, Dan Deşliu y tantos otros, sin tener esa obligaci&oacute;n, escribieron odas a Stalin.</p>
<p class="Cuerpo">Voy a hacer un par&eacute;ntesis. El fin de semana pasado tuvimos un debate en el Memorial de las V&iacute;ctimas del Comunismo y de la Resistencia de Sighet, en el norte del pa&iacute;s, con distintos hombres de letras de los pa&iacute;ses del Este, y el tema del coloquio fue la resistencia a trav&eacute;s de la cultura. Y llegamos a la conclusi&oacute;n de que, as&iacute; como el <em>proletkultismo</em>, mediante la represi&oacute;n, aniquilaba la cultura porque obligaba a los escritores a escribir para todos, apelando al grado m&aacute;s bajo de comprensi&oacute;n de los lectores, el arte y la literatura de consumo de nuestro tiempo han creado una forma de subcultura que sale en todos los medios, la televisi&oacute;n, las redes sociales, y que aniquila la cultura de una forma semejante. Hoy sigue siendo imperativo luchar por la verdadera cultura.</p>
<p class="Cuerpo">Quiero a&ntilde;adir otra cosa. Y es que una caracter&iacute;stica de nuestra evoluci&oacute;n como creadores es una cierta decepci&oacute;n, un sentimiento de desenga&ntilde;o. Porque los lectores recib&iacute;an los poemas de una manera que ahora no se da y que hasta parece inconcebible. Que no se puede imaginar si no se ha vivido, porque el p&uacute;blico le&iacute;a con tanta atenci&oacute;n y escudri&ntilde;aba el texto de tal manera que terminaba encontrando muchos m&aacute;s sentidos de los que el artista hab&iacute;a ideado inicialmente. Y esto es as&iacute; porque el arte se encuentra a medio camino entre la creaci&oacute;n y la recepci&oacute;n.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;&ndash; Esto tambi&eacute;n ha ocurrido en Espa&ntilde;a con algunos poetas y escritores prohibidos por el franquismo. Se les le&iacute;a con una atenci&oacute;n y un inter&eacute;s que ahora resultan sorprendentes.</p>
<p class="Cuerpo">&ndash; No s&eacute; si recuerda mi poema &laquo;Todo&raquo;, que es una enumeraci&oacute;n bastante libre de realidades banales, las realidades inmediatas de la vida cotidiana bajo el r&eacute;gimen. El poema lo public&oacute; en la revista <em>Amfiteatru</em> Alexandru Paleologu, que fue escritor, fil&oacute;logo, acad&eacute;mico e incluso diplom&aacute;tico. Lo nombraron embajador al poco de caer el r&eacute;gimen comunista, pero enseguida lo defenestraron. Pas&oacute; mucho tiempo en la c&aacute;rcel con Nicolae Steinhardt, y despu&eacute;s de la revoluci&oacute;n lo hicieron embajador, pero dur&oacute; poco. En fin, fue &eacute;l quien recibi&oacute; el poema &laquo;Todo&raquo;, y sucedi&oacute; que despu&eacute;s de publicarlo el poema empez&oacute; a crecer. Lleg&oacute; a hacerse el doble o el triple de largo, porque los lectores se lo iban pasando unos a otros y le a&ntilde;ad&iacute;an su propia lista de cosas. El poema era una enumeraci&oacute;n e invitaba a la gente a que pusiera de su parte.</p>
<p class="Cuerpo">&ndash; Es una an&eacute;cdota preciosa, desde luego.</p>
<p class="Cuerpo">&ndash; Me gustar&iacute;a hacer un inciso: antes habl&oacute; de las diferencias entre la censura que hubo en Espa&ntilde;a y la que sufrimos en Ruman&iacute;a. No s&eacute; si puedo a&ntilde;adir algo en esa comparaci&oacute;n entre las dos dictaduras, una de derechas y la otra de izquierdas.</p>
<p class="Cuerpo">Hace diez a&ntilde;os organizamos un congreso en el Memorial titulado &laquo;Entre la libertad de dentro y la libertad de afuera&raquo;, y cursamos algunas invitaciones a poetas. La mayor&iacute;a de los poetas proven&iacute;an de los pa&iacute;ses del Este. Pero dio la casualidad de que el Embajador de Portugal en aquel entonces era tambi&eacute;n poeta y hab&iacute;a sido encarcelado durante la &eacute;poca de Salazar. No recuerdo su nombre. Creo que tambi&eacute;n fue Ministro de Cultura. As&iacute; que decidimos invitarlo.</p>
<p class="Cuerpo">De modo que por un lado ten&iacute;amos a un poeta que hab&iacute;a sido detenido en su pa&iacute;s por una dictadura de derechas, y por el otro a poetas que hab&iacute;an estado presos en los pa&iacute;ses del antiguo bloque comunista. Y cuando &eacute;l empez&oacute; a contar sus vivencias, que ciertamente hab&iacute;an sido dram&aacute;ticas, la conversaci&oacute;n lleg&oacute; a ser c&oacute;mica, porque hab&iacute;a una diferencia tan espectacular entre su experiencia y la de los dem&aacute;s que hasta &eacute;l se dio cuenta del contraste y se sinti&oacute; inc&oacute;modo. A partir de ah&iacute; todo fluy&oacute; con normalidad y todos empezamos a hablar libremente, sin reservas.</p>
<p class="Cuerpo">Para empezar, est&aacute; el dato demoledor de que los detenidos en las c&aacute;rceles de Ruman&iacute;a, por ejemplo, no ten&iacute;an derecho siquiera a un trozo de l&aacute;piz ni de papel. Sin embargo, en las c&aacute;rceles se escrib&iacute;a masivamente. Para que un poema existiera se necesitaban tres personas. A veces esas tres personas eran una sola, pero en todo caso hac&iacute;an falta tres autores: uno que compon&iacute;a, otro que memorizaba el poema y un tercero que lo trasmit&iacute;a en morse.</p>
<p class="Cuerpo">En 1965, con la muerte de Gheorghe Gheorghiu-Dej y la apertura &ndash;temporal&ndash; de las c&aacute;rceles, todos los que volvieron a casa empezaron a escribir lo que ten&iacute;an en la cabeza, lo que hab&iacute;an memorizado. Ahora que empezaba una nueva vida, era importante no olvidar. Y en 1989, cuando el r&eacute;gimen comunista cay&oacute;, hubo una avalancha de publicaciones de poemas escritos en la c&aacute;rcel durante aquellos a&ntilde;os.</p>
<p class="Cuerpo">Me gustar&iacute;a aclarar que esos poemas no los escrib&iacute;an solo poetas, sino hombres de cultura, personas letradas, con una educaci&oacute;n cl&aacute;sica. Y lo hac&iacute;an en metros tradicionales, como un ejercicio para no enloquecer. En el Memorial de Sighet hay una sala dedicada a la poes&iacute;a de las c&aacute;rceles, y lo que decidimos es que esos poemas tapizaran las paredes de la sala.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo"><strong>&ldquo;En mi generaci&oacute;n &eacute;ramos incapaces de imaginar que el comunismo se acabar&iacute;a alguna vez&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p class="Cuerpo">&ndash; Desde luego, dentro del llamado bloque comunista, parece que el r&eacute;gimen de Ruman&iacute;a fue el m&aacute;s duro y represivo, o al menos el que tuvo un control m&aacute;s f&eacute;rreo de la poblaci&oacute;n. Quiz&aacute; tambi&eacute;n, econ&oacute;micamente, uno de los m&aacute;s precarios. El nombre de Ceaușescu ha quedado asociado para siempre a la historia de la infamia.</p>
<p class="Cuerpo">&ndash; Peor que Ceaușescu fue el r&eacute;gimen de Gheorghiu-Dej, del 45 al 65. Y esa primera oleada de poetas que surgieron en la c&aacute;rcel pertenece a la generaci&oacute;n de mi padre. Las c&aacute;rceles se abrieron en 1965 con la llegada de Ceaușescu.</p>
<p class="Cuerpo">En realidad, el periodo de Ceaușescu se percibe como m&aacute;s dif&iacute;cil de soportar que el anterior, pero no hab&iacute;a represi&oacute;n f&iacute;sica. Con una diferencia. La generaci&oacute;n de mis padres eran personas que hab&iacute;an nacido en un r&eacute;gimen de libertad y pensaban que el comunismo se acabar&iacute;a; ten&iacute;an la esperanza de vencerlo. Mientras que mi generaci&oacute;n &eacute;ramos todos individuos que hab&iacute;amos nacido durante la represi&oacute;n; &eacute;ramos incapaces de imaginar que el comunismo se acabar&iacute;a alguna vez.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo"><strong>&ldquo;En Ruman&iacute;a nos hemos visto forzados a reinventarnos y continuar la tradici&oacute;n po&eacute;tica por nuestra cuenta&rdquo;</strong></p>
<p class="Cuerpo">&ndash; &iquest;Qu&eacute; comunicaci&oacute;n ten&iacute;an con el exterior? &iquest;Qu&eacute; literatura de fuera pod&iacute;an leer, qu&eacute; clase de poes&iacute;a llegaba?</p>
<p class="Cuerpo">&ndash; En Ruman&iacute;a hubo una revista llamada <em>Siglo XX</em> que publicaba traducciones de literatura extranjera. Y esa revista daba a conocer o al menos introduc&iacute;a la poes&iacute;a de otros pa&iacute;ses. Pero creo que no ha habido una continuaci&oacute;n&hellip; No hemos sido influenciados por la poes&iacute;a que se traduc&iacute;a y la poes&iacute;a que se escrib&iacute;a en Occidente, sino que hemos tenido que reinventarnos a nosotros mismos. En otras palabras: nosotros conoc&iacute;amos la literatura moderna del periodo de entreguerras y la poes&iacute;a que sigui&oacute; a la eclosi&oacute;n del surrealismo; y la tradici&oacute;n a la que recurr&iacute;amos era la poes&iacute;a de entreguerras, lo que conoc&iacute;amos de ella, tanto la europea como la rumana de entreguerras. Al principio, con la llegada de Ceaușescu al poder, hubo una t&iacute;mida apertura y el r&eacute;gimen invit&oacute; a algunas personalidades de la izquierda europea como Umberto Eco o Rafael Alberti, pero esto tambi&eacute;n se acab&oacute;. As&iacute; que no tenemos la impresi&oacute;n de haber crecido o de habernos formado con la poes&iacute;a contempor&aacute;nea. Lo m&aacute;s que conocemos es la poes&iacute;a de entreguerras. Y creo que por eso la l&iacute;rica rumana tiene otros acentos y otras formas expresivas. Nos hemos visto forzados a reinventarnos y continuar la tradici&oacute;n po&eacute;tica por nuestra cuenta.</p>
<p class="Cuerpo">&ndash; Sin ser un experto en la literatura de su pa&iacute;s, s&iacute; parece que hay en su obra un di&aacute;logo muy intenso con figuras y modelos de la poes&iacute;a popular rumana, empezando por la elecci&oacute;n de su pseud&oacute;nimo&hellip;</p>
<p class="Cuerpo">&ndash; Bueno, la literatura rumana nace en el siglo XIX o finales del XVIII. Es verdad que antes hubo una tradici&oacute;n oral extraordinariamente rica. La gran obra popular de nuestra literatura, la que cifra nuestra identidad, es el <em>Mesterul Manole</em>. Hay otros&hellip; A pesar de ser poemas populares, tienen una gran carga filos&oacute;fica. Tengo una gran conexi&oacute;n con esos poemas, pero no, como es obvio, con su forma, su estilo. Mis maestros inmediatos son poetas modernos como Mihai Eminescu y Lucian Blaga.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo"><strong>&ldquo;Ceaușescu pod&iacute;a aterrorizar a mis compatriotas, pero no ten&iacute;a derecho a representarlos&rdquo;</strong></p>
<p class="Cuerpo">&ndash; &iquest;Nunca sinti&oacute; la tentaci&oacute;n de irse, de marchar al exilio? Entiendo que la idea de quedarse en Ruman&iacute;a era importante. &iquest;Fue por miedo al desarraigo vital, a perder el contacto con la lengua?</p>
<p class="Cuerpo">&ndash; En primer lugar, el problema no era que no pudieras irte; el problema era que no pod&iacute;as regresar jam&aacute;s, y esto me horrorizaba.</p>
<p class="Cuerpo">Por otra parte, estaba tambi&eacute;n mi madre, a la que no quer&iacute;a abandonar, como es l&oacute;gico. Y ten&iacute;a miedo de romper con todo, en especial por algo que no entend&iacute;a&hellip; No estaba segura de si rompiendo esos lazos con Ruman&iacute;a y con la cultura rumana iba a poder seguir escribiendo.</p>
<p class="Cuerpo">Tambi&eacute;n hab&iacute;a otro motivo. Un motivo oculto que era mi secreto personal. Me parec&iacute;a rid&iacute;culo confesarlo porque pensaba que todo el mundo se iba a re&iacute;r de m&iacute;. Pero la idea de irme y de que Ceaușescu se quedara me parec&iacute;a inaceptable, porque de ah&iacute; se deducir&iacute;a que &eacute;l representaba m&aacute;s a los rumanos que yo. El pod&iacute;a aterrorizar a mis compatriotas, pero no ten&iacute;a derecho a representarlos.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo"><strong>&ldquo;Todos hemos tenido que inventarnos nuestra propia modernidad&rdquo;</strong></p>
<p class="Cuerpo">&ndash; Por lo que he podido leer en espa&ntilde;ol y en ingl&eacute;s, podr&iacute;a decirse que su escritura ha hecho un viaje desde los juegos de la imaginaci&oacute;n de su escritura inicial, los libros de los a&ntilde;os sesenta y setenta, a una escritura m&aacute;s sencilla, m&aacute;s pegada a tierra, en los recientes. La imaginaci&oacute;n sigue estando muy presente, s&iacute;, pero han cobrado fuerza el prosa&iacute;smo, el impulso reflexivo, las atm&oacute;sferas urbanas&hellip; No s&eacute; hasta qu&eacute; punto es consciente usted de ese cambio, o si es un viaje planeado o programado con deliberaci&oacute;n&hellip;</p>
<p class="Cuerpo">&ndash; Me parece una buena pregunta, porque es algo que no hab&iacute;a pensado y siempre es interesante ver la opini&oacute;n que otra persona tiene de mi obra. Es posible que la influencia posmoderna haya propiciado una mayor presencia de lo cotidiano en mi poes&iacute;a. Lo que dec&iacute;a antes es que la generaci&oacute;n de los sesenta, que es mi generaci&oacute;n, de la que formo parte, est&aacute; representada por poetas muy importantes, pero ning&uacute;n poeta se parece a otro. Por eso digo que todos, cada uno por su lado, hemos tenido que inventarnos nuestra propia modernidad. Mientras que las generaciones posteriores han tenido m&aacute;s contacto con el exterior y han sentido de manera &iacute;ntima, digamos, la influencia de otros movimientos literarios, europeos, americanos, como el posmodernismo&hellip; Y quiz&aacute;, con el tiempo, esos movimientos tambi&eacute;n hayan influido en m&iacute;. As&iacute; que estoy de acuerdo, es posible que mi poes&iacute;a tienda ahora hacia formas m&aacute;s depuradas, m&aacute;s esenciales&hellip; Y que el resultado sea m&aacute;s sencillo. Pero tambi&eacute;n es una poes&iacute;a m&aacute;s pesimista que la de hace a&ntilde;os, porque entonces el mal parec&iacute;a estar encajado o delimitado por un contexto hist&oacute;rico, por un contexto pol&iacute;tico muy concreto, mientras que ahora el mal parece la semilla del universo.</p>
<p class="Cuerpo">Me acuerdo mucho de algo que dijo una vez Lech Wałęsa y que me impresion&oacute; mucho, y es que despu&eacute;s de 1989 se dio cuenta de que en condiciones de libertad el mal saca m&aacute;s provecho que el bien de la libertad. El mal es m&aacute;s ventajista, y esto es algo muy deprimente, porque si te pasas la vida esperando conseguir la libertad y descubres que el mal se aprovecha de ella&hellip;</p>
<p class="Cuerpo">&ndash; Dir&iacute;a que antes ten&iacute;an ustedes una noci&oacute;n pol&iacute;tica o ideol&oacute;gica del mal, mientras que ahora es una noci&oacute;n metaf&iacute;sica, como parte del tejido mismo del universo.</p>
<p class="Cuerpo">&ndash; Exactamente.</p>
<p class="Cuerpo">&ndash; Recuerdo que hace a&ntilde;os Adam Zagajewski se lamentaba con cierta iron&iacute;a de que los j&oacute;venes poetas polacos se pasaban el d&iacute;a imitando a John Ashbery; los ve&iacute;a sumidos en un papanatismo cultural y un entreguismo a la cultura pop estadounidense que supon&iacute;a, en &uacute;ltima instancia, un desprecio de su propia tradici&oacute;n europea.</p>
<p class="Cuerpo">Pasando a su propia obra, es interesante ver que sus poemas tienden a ser breves, pero de una brevedad vertiginosa, en la que suceden muchas cosas. Son textos que suelen arrancar de un elemento concreto, pero ese elemento empieza de inmediato a transformarse, a sufrir una metamorfosis muy peculiar: una iglesia se convierte en barco, pongamos, y pronto esa met&aacute;fora genera nuevas im&aacute;genes y ocurrencias. El resultado tiene algo de monta&ntilde;a rusa que somete al yo l&iacute;rico a todo tipo de mutaciones en el espacio de unos pocos versos. &iquest;Hasta qu&eacute; punto controla usted ese proceso?</p>
<p class="Cuerpo">&ndash; No lo hab&iacute;a pensado, pero eso que dice resulta interesante&hellip; Yo creo que soy una persona bastante racional, y prueba de ello es que escribo muchos ensayos y prosa anal&iacute;tica. Pero tengo un sentimiento muy fuerte de que la poes&iacute;a no es m&iacute;a, de que se me trasmite de alguna forma para que yo canalice y aproveche esa trasmisi&oacute;n. En realidad, creo que es algo que todos los poetas han sentido. Y eso te vuelve humilde.</p>
<p class="Cuerpo">Lo que sucede es que te vienen a la mente unos versos que no tienen relaci&oacute;n alguna con lo que haces, y no sabes &ndash;no entiendes&ndash; por qu&eacute; vienen; parece algo sobrenatural, casi. Y entonces uno toma esos versos y les da continuaci&oacute;n, escribe el poema, pero a lo mejor al escribirlo desciendes a otro plano m&aacute;s a ras de tierra. Quiz&aacute; lo que sucede es eso, pero no soy capaz de explicarlo.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo"><strong>&ldquo;La prosa me he convertido en una escritora profesional&rdquo;</strong></p>
<p class="Cuerpo">&ndash; &iquest;Por qu&eacute; se pas&oacute; a finales de los a&ntilde;os setenta y en los ochenta a la prosa, tanto la de ficci&oacute;n como la memorial&iacute;stica? &iquest;Qu&eacute; le aportaron esos libros que no hallaba un cauce de expresi&oacute;n en la poes&iacute;a? &iquest;C&oacute;mo lleva esa convivencia entre g&eacute;neros?</p>
<p class="Cuerpo">&ndash; La prosa me ha dado mucho. En primer lugar, me ha dado la certeza de que escribir est&aacute; en mi mano, que depende de m&iacute;, porque cuando escribo poes&iacute;a siempre tengo la sensaci&oacute;n de que el impulso viene de fuera y de que nunca volver&eacute; a escribir. La prosa me he convertido en una escritora profesional y me ha dado mucha certitud, mucha seguridad. No conozco un sentimiento m&aacute;s placentero y al mismo tiempo m&aacute;s capaz de infundirme &aacute;nimos: saber que paras de escribir porque te duele la mano, te duele la espalda, te vas a dormir, pero que al d&iacute;a siguiente ver&aacute;s la &uacute;ltima frase y retomar&aacute;s la escritura.</p>
<p class="Cuerpo">Esto lo he descubierto a posteriori, pero no fue el motivo por el que empec&eacute; a escribir prosa. Ten&iacute;a la sensaci&oacute;n de que no pod&iacute;a llegar a la realidad mediante la poes&iacute;a; o, mejor dicho, de que, si reflejaba toda la realidad, la realidad en toda su densidad y su peso material, destruir&iacute;a la poes&iacute;a. Era como poner trozos de mineral o de hierro en un barco de papel. Me hac&iacute;an falta otros medios para reflejar o abarcar toda la realidad que me interesaba.</p>
<p class="Cuerpo">&ndash; Me pregunto si esa mayor presencia de lo cotidiano, ese prosa&iacute;smo &ndash;en el mejor sentido de la palabra&ndash; que se&ntilde;alaba antes en su poes&iacute;a reciente, no viene quiz&aacute; de que la prosa ha ido contaminando o condicionando un poco, para bien, sus poemas.</p>
<p class="Cuerpo">&ndash; Yo dir&iacute;a m&aacute;s bien que ocurri&oacute; lo contrario. Es la poes&iacute;a la que ha pasado a la prosa, porque yo me propuse escribir sobre la realidad, pero acab&eacute; escribiendo narrativa fant&aacute;stica.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo"><strong>&ldquo;Vivimos en un mundo en el que ya no hay criterios&rdquo;</strong></p>
<p class="Cuerpo">&ndash; La imagen del &laquo;reloj sin horas&raquo; de su &uacute;ltimo libro me hace pensar en los cambios que ha experimentado nuestra relaci&oacute;n con el tiempo: parece como si vivi&eacute;ramos tan velozmente que el tiempo ha perdido peso. Estamos lanzados en una carrera fren&eacute;tica a ning&uacute;n sito y no hay manera de bajarnos del tren en marcha. Y a fuerza de ir tan r&aacute;pido el tiempo se ha desvanecido. &iquest;Qu&eacute; papel pueden seguir jugando la poes&iacute;a, la literatura imaginativa, la literatura de creaci&oacute;n en esta sociedad de mercado ultra-capitalista? Lo digo porque usted ha vivido la mayor parte del tiempo en un sistema diametralmente opuesto, y tengo curiosidad por conocer su opini&oacute;n.</p>
<p class="Cuerpo">&ndash; No s&eacute; si puedo contestar a su pregunta, pero s&iacute; querr&iacute;a decir algo sobre esa imagen del &laquo;reloj sin horas&raquo;. Es una imagen que aparece de manera recurrente en mi prosa; en <em>Falso tratado de manipulaci&oacute;n</em>, por ejemplo. Y recuerdo aquella vieja pel&iacute;cula de Ingmar Bergman, <em>Fresas salvajes</em>, en la que los relojes hab&iacute;an perdido las manecillas, y uno ten&iacute;a la sensaci&oacute;n de que eran los personajes los que estaban fuera del tiempo, los que se hab&iacute;an salido de &eacute;l. Aunque para m&iacute; lo terrible era que esas manecillas inexistentes ya no ten&iacute;an ning&uacute;n sitio al que apuntar.</p>
<p class="Cuerpo">Respondiendo m&aacute;s en concreto a su pregunta, creo que la manipulaci&oacute;n es muy importante en esta sociedad globalizada en la que vivimos. Lo que interesa es crear una poblaci&oacute;n cada vez m&aacute;s controlable, m&aacute;s manipulable, que no sea capaz de descubrir ni desarrollar sus propios puntos de vista. Esto hace que el arte o la literatura de calidad tengan un marco de acci&oacute;n cada vez m&aacute;s reducido, apenas una franja estrecha por donde transita con dificultades. Por otro lado, el eco de la gran literatura se oye y se reproduce en un n&uacute;mero creciente de festivales literarios que antes no exist&iacute;an; no, al menos, cuando yo viv&iacute;a en una dictadura. Pero creo tambi&eacute;n que, en esta nueva sociedad, en la sociedad en la que vivimos, el escritor se siente cada vez m&aacute;s solo y aislado, m&aacute;s carente de significado. De ah&iacute; que todo lo que hace le proporcione un sentimiento de futilidad.</p>
<p class="Cuerpo">Vivimos en un mundo en el que ya no hay criterios. En este sentido, creo que en ning&uacute;n momento de la historia hab&iacute;a sido tan dif&iacute;cil decidir qu&eacute; est&aacute; bien y qu&eacute; est&aacute; mal. Antes ten&iacute;amos a las religiones, que distingu&iacute;an con firmeza el bien del mal (las dictaduras, por cierto, hac&iacute;an lo mismo), con el resultado de que el ser humano no se ve&iacute;a en el trance de decidir por s&iacute; mismo. Mientras que ahora, con esta confusi&oacute;n enorme que hay en las noticias, las llamadas <em>fake news</em>, se hace muy dif&iacute;cil elegir, discriminar. En estas circunstancias, el papel del escritor ser&iacute;a meditar sobre el mundo y sugerir conclusiones, pero esto tampoco parece muy posible. Lo vemos incluso en el caso de los premios Nobel: antes, hace a&ntilde;os, el premio Nobel significaba algo. Pero son tantos los escritores mediocres que han sido galardonados, tantos los escritores que han demostrado a la larga su poca val&iacute;a, que el Nobel ha dejado de ser un valor absoluto. En realidad, ya no hay valores absolutos. Es cierto que la t&eacute;cnica, la ciencia, siempre van a m&aacute;s y no dejan de progresar, pero en los asuntos del alma las cosas son distintas. Ese equilibrio en los asuntos del alma se ha perdido, y a lo peor los escritores, que deber&iacute;an hacer de contrapeso, no cumplen con su deber.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hay una raz&oacute;n muy concreta, una cuesti&oacute;n de orden objetivo, por la cual el humanismo pierde terreno ante los intereses del gran mercado y su necesidad de crear poblaciones manipulables y que no piensen, y esa raz&oacute;n es la falta de tiempo. &iquest;Qui&eacute;n tiene tiempo para leer? Y encima cuando la educaci&oacute;n cl&aacute;sica ha dejado de existir. Antes se estudiaba lat&iacute;n y griego y la educaci&oacute;n human&iacute;stica ten&iacute;a un peso. Pero en la actualidad no hay m&aacute;s que ordenadores, matem&aacute;ticas, t&eacute;cnica, que lo ocupan y lo monopolizan todo, hasta el tiempo. En esas condiciones, &iquest;qui&eacute;n va a hacer tiempo para leer <em>Guerra y Paz</em>? Lo mismo ha ocurrido en el campo del arte cinematogr&aacute;fico, convertido ya definitivamente en una gran industria. En los a&ntilde;os sesenta el arte de la imagen era m&aacute;s sint&eacute;tico y se acercaba a la filosof&iacute;a y la poes&iacute;a. Pensamos en las pel&iacute;culas de Antonioni, de Bergman&hellip;</p>
<p class="Cuerpo">&ndash; Quiz&aacute;, como hizo usted al principio de esta entrevista, cabr&iacute;a definir la poes&iacute;a como el lugar donde es imposible mentir. Como el lugar por excelencia de la autenticidad.</p>
<p class="Cuerpo">&ndash; Es una observaci&oacute;n excelente. Adem&aacute;s, la poes&iacute;a es el arte verbal m&aacute;s sint&eacute;tico, en mucho mayor grado que la novela, y esto permite que en los buenos festivales, que existen, uno pueda charlar y entablar contacto con gente interesante.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo"><strong>&ldquo;En la Antig&uuml;edad la poes&iacute;a estaba en el centro del mundo. No podemos olvidarlo&rdquo;</strong></p>
<p class="Cuerpo">&ndash; Es tambi&eacute;n un arte muy humilde. La poes&iacute;a es muy poca cosa, en realidad: se hace con una mano, con la mente, con la voz&hellip; Y se produce ese contacto humano en mucha mayor medida que en otras artes: una necesidad at&aacute;vica del cuerpo, de la voz. Muchos de los que van a sus recitales, por ejemplo, quieren o&iacute;rla leer en rumano, un idioma que no conocen.</p>
<p class="Cuerpo">&ndash; Ese es el camino, s&iacute;. Recuerdo que en la d&eacute;cada del 2000 se fund&oacute; la Academia Mundial de Poes&iacute;a en Verona. Fue una iniciativa de la alcaldesa de Verona, que ten&iacute;a una gran personalidad. A la UNESCO le gust&oacute; el proyecto, pero luego no fue posible sacarlo adelante. Eso s&iacute;, se hizo una proclamaci&oacute;n oficial, y en ella se dec&iacute;a que la finalidad de la Academia era la de recolocar la poes&iacute;a en el centro del mundo. Lo que a m&iacute; me pareci&oacute; muy interesante fue la utilizaci&oacute;n de esa palabra, <em>recolocar</em>. Porque as&iacute; era: en la Antig&uuml;edad lejana la poes&iacute;a estaba en el centro del mundo. De hecho, la poes&iacute;a y la religi&oacute;n se confund&iacute;an. No podemos olvidarlo.</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[&dagger;]</a> Doy las gracias a Viorica Patea por su trabajo como int&eacute;rprete y mediadora, y a Paula Doce por su labor de transcripci&oacute;n de las grabaciones originales.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Wed, 01 Jul 2020 05:02:18 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bajo la sombra de Octavio Paz]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/bajo-la-sombra-de-octavio-paz/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2020/Junio/octavio500.jpg" alt="" /></p>
<p>Octavio Paz ha sido uno de los ensayistas m&aacute;s grandes de la historia, pero tambi&eacute;n investigador, poeta, uno de los estudiosos que mejor ha entendido el sentido del lenguaje, su poder para explicar el mundo.</p>
<p>Juan Malpartida, poeta, narrador y director de la prestigiosa revista <em>Cuadernos Hispanoamericanos</em>, logra entrar en la mirada de Paz, en su huella, a trav&eacute;s de un estudio profundo titulado Octavio Paz, un camino de convergencias, editado por F&oacute;rcola, una editorial que ha cuidado siempre los textos y de la que han salido muy interesantes estudios de gran profundidad.</p>
<p>Paz es el amanuense, el traductor del profundo universo que late en las palabras, cuando se pronuncian por primera vez. La consideraci&oacute;n que hace Malpartida de Paz tiene que ver con el poder anunciador de la imaginaci&oacute;n donde late el pensamiento del mexicano, como nos recuerda en el libro:</p>
<p>&ldquo;Por el otro, el autor de <em>Piedra de sol</em> fue construyendo una po&eacute;tica en la que sit&uacute;a la imaginaci&oacute;n como fundamento de lo sagrado, y no al rev&eacute;s&rdquo;. (p.31)</p>
<p>Muy cierto, porque para Paz el mundo de los sentidos que expresa el lenguaje va consolidando un poder evocador, toda palabra lleva un eco, un espacio donde el lenguaje cobra un espacio de pensamiento que no muere.</p>
<p>Como dice Malpartida en Paz hay una &ldquo;meditaci&oacute;n po&eacute;tica y prot&eacute;ica sobre la palabra que gira, como los mismos sentidos, alrededor de la transparencia. El poema mismo es esa transparencia&rdquo;. (p. 95).</p>
<p>En Paz, las palabras nos llevan a la intensificaci&oacute;n de los sentidos, la palabra blanco en un poema de Paz nos lleva a la imagen como un espacio sagrado que nadie ha de ocupar.</p>
<p>Para Juan Malpartida el universo de Paz es tambi&eacute;n la b&uacute;squeda del otro, donde el poeta se completa, somos seres que vivimos en la penumbra de la vida, oscurecidos por nuestra incertidumbre ante la muerte y en el lenguaje encontramos un motivo para estar vivos y creer en la eternidad del tiempo.</p>
<p>&nbsp;<em>El mono gram&aacute;tico</em>, <em>La llama doble</em>, <em>El arco y la lira</em>, todos son esfuerzos que evocan el lenguaje inici&aacute;tico, el que crea el mundo. Es Paz el demiurgo que nos abre una nueva luz para entender el mundo no solo en su poes&iacute;a, sino en sus ensayos.</p>
<p>&nbsp;Para Paz el poema no es una ventana a la realidad, sino la realidad misma y en ese mundo de convergencias que plantea este brillante ensayo sabemos que el pensador mexicano lo abarca todo, no es un creyente a la manera ortodoxa pero s&iacute; cree en el poder del lenguaje y de la cultura para que vivamos plenamente el instante al crear o a al leer a otros creadores.</p>
<p>&nbsp;Malpartida destaca cinco palabras que definen al Paz pensador: tiempo, significado, negaci&oacute;n, deseo, presencia. Son estas las que conforman ese espacio donde transita el mexicano, buscando siempre en los laberintos del ser la verdad a&uacute;n no nombrada. Nos hallamos ante un libro que avanza sobre las sombras de Paz, de su recorrido vital pero tambi&eacute;n del pulso de su creaci&oacute;n que ha dejado muchas influencias por su eruditismo sin ser realmente erudito, porque cada vez que Paz escribe nos ilumina con su pensamiento. Un libro necesario que abre nuevas lecturas de Paz, todas ellas apasionantes para descubrir el poder evocador del lenguaje como traductor del universo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Juan Malpartida, <em>Octavio Paz. Un camino de convergencias</em>. Madrid, F&oacute;rcola, 2020.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 26 Jun 2020 10:10:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El mundo es más hondo que extenso]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-mundo-es-mas-hondo-que-extenso/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas20/Junio/JOS_MAR_A_CONGET.jpg" alt="" /></p>
<p>Extra&ntilde;amente, Borges estaba convencido de que hab&iacute;a dos categor&iacute;as de escritores: los que proced&iacute;an de la vida y los que proced&iacute;an de la propia literatura. El capit&aacute;n del primer equipo era Whitman. El del segundo Emerson. El, por supuesto, militaba en el segundo equipo. Si es evidente que no todo lo vivido es literatura lo es tambi&eacute;n que todo lo le&iacute;do es vida, y sin embargo, como si la literatura fuese un pa&iacute;s que se ha independizado, que pudiera independizarse, Borges manten&iacute;a esa distinci&oacute;n que, falazmente, igualaba a los dos elementos. Esa afirmaci&oacute;n sirvi&oacute; apenas para que sus enemigos m&aacute;s ac&eacute;rrimos constataran que en la literatura de Borges, tan brillante, faltaba vida, como si de verdad fuera posible que la literatura&nbsp; anduviera por su cuenta fuera de la vida, como si pasar las noches de farra, por alguna raz&oacute;n inexplicable, tuviera que ver con vivir m&aacute;s que pasar la noche leyendo a Dante. Para leer, lamento la obviedad, hace falta estar vivo: no hace falta estar vivo para ser le&iacute;do, pero s&iacute; para leer y la literatura tiene m&aacute;s que ver con la lectura que con la escritura, lo que es f&aacute;cil de probar: ma&ntilde;ana mismo el gobierno podr&iacute;a prohibir la escritura de libros y ese decreto no acabar&iacute;a con la literatura, pero si prohibiese la lectura de libros, la literatura estar&iacute;a muerta, de donde es f&aacute;cil deducir que no puede haber literatura separada de la vida, ni siquiera aquella que nace de la propia literatura: la divisi&oacute;n es un t&oacute;pico barato para que Bukowski -vida- y Azor&iacute;n -literatura- no jueguen en el mismo equipo. El t&oacute;pico hizo fama, y todav&iacute;a hay quien reprocha a los textos de Borges la desventaja de ser demasiado literarios y poco vividos: se ve que en alguna parte hay un term&oacute;metro que decide qu&eacute; es&nbsp; vida, y decide tambi&eacute;n que la literatura, por s&iacute; sola, no lo es.</p>
<p>En cualquier caso, por seguir jugando a la entomolog&iacute;a, hay quienes en esa artificial y triunfante divisi&oacute;n entre escritores de la vida y escritores de la literatura andan a medio camino, en una s&iacute;ntesis en la que la una y la otra son perfectas colaboradoras para producir los efectos que pretendan hacer circular quienes los ponen en danza. Creo que Conget es uno de los mejores ejemplos a nuestro alcance de escritor que sabe combinar ambas esencias para producir una fragancia particular, una voz reconocible en la que lo vivido y lo leido (habiendo sido por fuerza lo le&iacute;do parte inesquivable de lo vivido, una regi&oacute;n grande de ese pa&iacute;s inmenso, grande y potente s&iacute;, pero de independencia imposible) se enlazan como instrumentos sustanciales en una sinfon&iacute;a. El modo en que, en su obra, funciona la idea de ciudad es evidencia de c&oacute;mo se conjugan vida y literatura si aceptamos hacer esa distinci&oacute;n que, extra&ntilde;amente, hac&iacute;a Borges. Pero resulta en cierta medida hasta artificial estudiar -o hacer el intento de estudiar- el modo en c&oacute;mo funciona esa idea en los textos de Conget porque eso dar&iacute;a por hecho que, de partida, hay una idea, una intenci&oacute;n, y no creo que ni siquiera en los libros en los que parece evidente que esa idea est&aacute; impl&iacute;cita -pues son libros dedicados a homenajear ciudades amadas: <em>Cincuenta y Tres y Octava</em>, su libro sobre Manhattan,&nbsp; o <em>Pont de L'Alma</em>, su libro sobre Par&iacute;s-, sea la que sustente los textos. Si se compara el tono y los logros, el modo de narrar y la meta, de esos libros con los de otros -el que recoge sus escritos sobre comics, <em>Espectros, parpadeos y Shazam</em>!, o el que dedica a unas canciones, <em>Vamos a contar canciones</em>-, ser&aacute; f&aacute;cil comprobar que no var&iacute;an: las ciudades, como las canciones, o los tebeos, son para Conget cosas que le han pasado, trampolines donde la experiencia ha pisado lo suficientemente fuerte como para dar el salto a la literatura -a veces de ficci&oacute;n y a veces de no ficci&oacute;n, sin que importe mucho por fortuna d&oacute;nde se puede encasillar un texto. Conget sabe que la vida es m&aacute;s grande que la literatura y que &eacute;sta no puede, ni en el mejor de sus sue&ntilde;os, igualarse a aquella: lo que s&iacute; puede hacer es retener su comp&aacute;s, homenajearla, alimentarse de ella y de todo lo que ella ofrece, y entre las cosas que ofrece est&aacute; la literatura, la de los otros, claro, de donde, sin asomo de pedanter&iacute;a -pues puede que Conget sea el tipo menos pedate que yo haya conocido, y a la vez, el azote m&aacute;s incansable de la pedanter&iacute;a al que me haya sido dado escuchar-, sus textos contengan m&uacute;ltiples homenajes literarios. En la divisi&oacute;n entre autores procedentes de la literatura y autores procedentes de la vida, Conget estar&iacute;a fuera de sitio, porque, sabiamente, el ni&ntilde;o que le&iacute;a a Salgari -y todo lo que cayera en sus manos- y el lector incansable que es han alimentado al escritor tanto como sus muy "congetianas" experiencias por las ciudades en las que ha ido trazando su biograf&iacute;a: Lima, Londres, Nueva York, Par&iacute;s...En un precioso art&iacute;culo sobre Raymond Carver escribe Conget: "Y sobrevino esa felicidad que regala la literatura. Es el gusto por el lenguaje y la obra bien hecha, pero tambi&eacute;n, y m&aacute;s que nada, una intensificaci&oacute;n del deseo de vivir, como si se descubriera que las puertas que nos encerraban en un s&oacute;tano estaban en realidad abiertas desde siempre y afuera nos aguardaba por fin la aventura del mundo. Algo muy juvenil, lo reconozco sin sonrojo, pero ese es el est&iacute;mulo que yo hab&iacute;a encontrado antes en los libros y que me hab&iacute;a abandonado." Los libros como est&iacute;mulo para zambullirse en la aventura del mundo, la literatura como camino a la vida, no como su enemiga : es, precisamente, una de las lecciones del Quijote, que sale a los caminos de la vida impulsado por la magia de la lectura, una magia que para hacerse real tiene que demostrarse como insuficiente, necesitada de completarse con lo que haya m&aacute;s all&aacute; de los propios libros.</p>
<p>Es f&aacute;cil pues advertir cu&aacute;n llenos de vida est&aacute;n los libros de Conget y por lo tanto, tanto si estos unifican sus textos para hablar de canciones o de c&oacute;mics o de ciudades, cu&aacute;n llenos de vida, de experiencia &iacute;ntima e identificativa, est&aacute;n los objetos que se utilizan de trampol&iacute;n. Conget es un erudito del tebeo pero puede uno asomarse a cualquiera de sus textos sobre esa materia para no sentirse expulsado por su erudici&oacute;n: es un alquimista que convierte cualquiera de sus experiencias en literatura. A m&iacute;, que s&eacute; de tebeos lo mismo que de halterofilia, o sea, muy poco, sus textos sobre el asunto me llegan porque los protagoniza -hasta el m&aacute;s erudito de ellos- un ni&ntilde;o asombrado que descubre el mundo y descubre que el mundo es un cachorro ansioso que est&aacute; deseando que salgamos a jugar por &eacute;l. Este amor constante a lo vivo, a la vida, es lo que hace impagables tantas p&aacute;ginas de Conget, m&aacute;s all&aacute; de cu&aacute;l sea el pretexto utilizado para elaborarlas. Tambi&eacute;n, claro, las p&aacute;ginas escritas sobre las ciudades que tan bien conoce. No dir&iacute;a que Conget es un escritor viajero: no es alguien que va a los sitios a contar lo que hay en los sitios para satisfacer una demanda de quienes pueden decidir, a trav&eacute;s de esos textos, si les apetece ir a esos sitios. Es alguien que vive all&iacute;, son textos, no de un extranjero que utiliza su mirada for&aacute;nea, sino de un vecino que a veces lo es de Par&iacute;s y otras de Londres y otras de Nueva York. El ejemplo m&aacute;s id&oacute;neo para demostrarlo es el espl&eacute;ndido <em>Pont de L'alma </em>donde Par&iacute;s no es esa colecci&oacute;n de cromos m&aacute;s o menos pomposos y recurrentes que suele ser en tantas obras que la tienen por musa, sino algo medio fantasmal que est&aacute; al otro lado de las vidrieras, una especie de promesa a la que el protagonista de las p&aacute;ginas del libro no consigue entregarse nunca, atareado como est&aacute; con una vida que no le permite dejarse fascinar por la ciudad fascinante. Lo que me lleva a pensar que el azar ha podido elegir los destinos a los que Conget ha tenido que ir desplaz&aacute;ndose por razones profesionales, pero s&oacute;lo le ha prestado al escritor escenario m&aacute;s o menos prestigiados por la tradici&oacute;n sin imponerle ning&uacute;n otro requisito ni variarle el tono: me parece que si el azar lo hubiera mandado a El Cairo o a Berl&iacute;n o a Mosc&uacute;, el tono de sus libros hubiera sido el que es, el de alguien al que le pasan cosas y decide contarlas y a la par que las cuenta va recordando de d&oacute;nde viene creando una po&eacute;tica sustancia hecha de memoria y encanto.</p>
<p>En el texto que le dedica a Londres, <em>10 Rillington Place</em>, direcci&oacute;n en la que entre 1943 y 1953 al menos diez mujeres fueron asesinadas y en la que a&ntilde;os despu&eacute;s le toc&oacute; vivir a nuestro autor, se ve bien&nbsp; algo de lo que estoy tratando de decir: comienza el narrador por desmentir a quienes aseguran que la niebla de Londres es un invento de Hollywood, le encuentra antecedentes que alcanzan a Whistler y Dickens, pero enseguida nos lleva a su infancia, en la que se recuerda ni&ntilde;o difuminando las esquinas del Soho en las historietas del Inspector Dan, y a los ocho o nueve a&ntilde;os confirma, con la pel&iacute;cula <em>A 23 pasos de Baker Street</em>, que el principal atractivo de Londres resid&iacute;a en su fecunda producci&oacute;n de maldad. Conget llega a los sitios en los que va a vivir bien armado de amigos y referencias que le acompa&ntilde;an desde una infancia llena de tebeos, pel&iacute;culas y libros. Y no hay el menor obst&aacute;culo para que esa cabalgata de compa&ntilde;eros de ficci&oacute;n le entorpezcan las ganas de echarse a la vida (hasta el punto de que, en el magn&iacute;fico final de su texto parisino, comentando un poema de Guillermo Carnero en el que el poeta dice, emocionado ante la m&uacute;sica de un &oacute;rgano que suena en una hermosa iglesia, "Nunca hizo tanto por m&iacute; ning&uacute;n ser vivo", Conget ri&ntilde;e: "Qu&eacute; falacia, pens&eacute;. La m&aacute;s leve caricia del m&aacute;s humilde ser vivo me engancha a la existencia con mayor vigor que la m&aacute;s espl&eacute;ndidas de las catedrales construida para durar"), porque, precisamente, no hay mejorr lugar para dejarse empapar por la literatura (la le&iacute;da y la que est&aacute; por escribir, o escrivivir, como dec&iacute;a en uno de sus mejores neologismos Juli&aacute;n R&iacute;os).</p>
<p>En un espl&eacute;ndido art&iacute;culo sobre las ciudades de Conget, Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n escrib&iacute;a sobre las tres grandes capitales sobre las que ha escrito o en las que ha escrito Conget:&nbsp; "Esas tres ciudades son tambi&eacute;n tres momentos en la vida de un hombre. Londres es todav&iacute;a la ciudad en la que el futuro est&aacute; por escribirse y parece que todo ser&aacute; siempre posible. Nueva York tiene todos los rasgos de la plenitud, pero una plenitud no exenta de melancol&iacute;a: de ah&iacute; la necesidad de retener sensaciones, de ah&iacute; esa nostalgia anticipada de quien sabe que no podr&aacute; vivir eternamente en esa ciudad. Y cerrando el ciclo est&aacute; Par&iacute;s, una ciudad que, narrada a lo largo de tres cojeras sucesivas, se nos presenta finalmente como el lugar en el que el autor cobra conciencia del paso del tiempo y del irrevocable acceso a la edad madura." Pero si las echamos a pelear, haciendo que la obra de Conget sea un ring de catch, donde los golpes entre los contendientes no pueden sino ser simulados, quiz&aacute; la vencedora de entre las tres ciudades sea Nueva York: cuando se decidi&oacute; a dedicarle un libro, muy en su l&iacute;nea de autobiografiarse a trav&eacute;s de los otros -sean estos tebeos, pel&iacute;culas, libros o ciudades-, decidi&oacute; con muy buen tino retratar su calle. Pero tambi&eacute;n resulta indispensable Nueva York en su &uacute;ltima y a mi parecer m&aacute;s potente novela, <em>La Bella Cubana</em>: una Nueva York que no presta sus prestigiosos escenarios por casualidad y que deja ver, en su efecto en los j&oacute;venes protagonistas que forman la pareja principal de la novela, tanto su capacidad para deslumbrar con sus bellezas y luces como la dureza extraordinaria de su rutina, de manera que sea a la vez -y siempre a trav&eacute;s de sus efectos en una vida- sue&ntilde;o y pesadilla, ilusi&oacute;n y realidad. Es en esa excepcional novela donde con m&aacute;s emoci&oacute;n y agilidad -sin descartas uno de los ingredientes que consigue que se mantengan tan frescos los textos de Conget: el humor- se relata el proceso de putrefacci&oacute;n que llamamos madurez, c&oacute;mo el cinismo y la amargura de las miradas maduras acaban corrompiendo la ins&oacute;lita alegr&iacute;a de una inmadurez que tiene los d&iacute;as contados y las noches incontables. Uno, le&iacute;da la novela, no puede imaginarla en otra ciudad que no sea Nueva York, pero eso no quiere decir que la novela sostenga en modo alguno la novela y sabe bien que sucede al contrario: son las andanzas de los personajes las que vuelven tan verdadera la ciudad por la que esas andanzas se desarrollan. La prueba de que la novela no necesita a la ciudad para golpearnos es que, comenzando como comienza en las pestilencias del Hotel Evans, culmina muy lejos de Nueva York, mucho antes de Nueva York, en uno de los finales m&aacute;s emocionantes que recordemos.</p>
<p>Conget ha ido completando el c&iacute;rculo m&aacute;gico. Ha hecho gran literatura de su vida -&iquest;con su vida? &iquest;por su vida? &iquest;en su vida? &iquest;contra su vida?: no s&eacute; qu&eacute; preposici&oacute;n poner, creo que habr&iacute;a que ponerlas casi todas: una vida que llen&oacute; primero de literatura para devolverle a &eacute;sta lo que &eacute;sta le dio: asombro, emoci&oacute;n, humor, la sensaci&oacute;n, la certeza, de que el mundo es m&aacute;s hondo que extenso. Sin que eso le hiciera sentir que estaba encerrado en ninguna torre de marfil. Porque si hay dos categor&iacute;as de escritores -los procedentes de la literatura y los procedentes de la vida- Conget es de los que no podr&iacute;an, de ninguna de las maneras, quedar encerrado en ninguno de los dos sin perder parte esencial de lo que es, de lo que nos ha dado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 26 Jun 2020 10:05:22 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA entrevista a fondo a Ana Blandiana y Sergio del Molino]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-entrevista-a-fondo-a-ana-blandiana-y-sergio-del-molino/</link>
      <description><![CDATA[<p style="text-align: left;" align="center"><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2020/blandiana500.jpg" alt="" />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>TAMBI&Eacute;N PUBLICA UN IN&Eacute;DITO DE LUIS LANDERO</strong></p>
<p style="text-align: justify;" align="center"><strong>LA PRESTIGIOSA ESCRITORA RUMANA ASEGURA: &ldquo;HAY QUE LUCHAR CONTRA LA CENSURA INTERIOR&rdquo; </strong></p>
<p style="text-align: justify;" align="center"><strong>SERGIO DEL MOLINO LO TIENE CLARO: &ldquo;LA&nbsp; LITERATURA AUTOBIOGR&Aacute;FICA AYUDA A EXPIAR CULPAS</strong>&rdquo;</p>
<p>Los lectores del nuevo n&uacute;mero de la revista TURIA, que se distribuye este pr&oacute;ximo mes de julio, podr&aacute;n disfrutar de dos entrevistas a fondo con los escritores Ana Blandiana y Sergio del Molino. Se trata de dos conversaciones exclusivas, que permiten no s&oacute;lo conocerlos mejor, sino tambi&eacute;n descubrir sus opiniones sobre un amplio repertorio de temas de inter&eacute;s. Ambos son dos de los m&aacute;s valiosos protagonistas de nuestra actualidad cultural: la escritora rumana Ana Blandiana, es toda una referencia de la mejor literatura europea y siempre concibi&oacute; su vocaci&oacute;n creativa como una forma de resistencia moral. Por su parte, Sergio del Molino es uno de los escritores y periodistas del momento, posee una personalidad cercana y vivaz, un sentido cr&iacute;tico muy acusado y una imperiosa necesidad de atrapar en sus libros y colaboraciones en prensa y radio cuanto nos ocurre y reflexionar sobre ello.</p>
<p>Ana Blandiana y Sergio del Molino son, sin duda, dos personalidades muy atractivas y su opini&oacute;n nos enriquece a a la hora de interpretar este tiempo tan complejo y dif&iacute;cil que vivimos. En TURIA nos hablan, con absoluta libertad y franqueza, de sus respectivas obras y trayectorias. Y, sobre todo, con sus respuestas se ocupan tambi&eacute;n de abordar diversas cuestiones que nos afectan o interpelan.</p>
<p>Por ejemplo, con Ana Blandiana conversamos sobre ampliamente sobre literatura y pol&iacute;tica, sobre la necesidad de reflexionar sobre el totalitarismo (&ldquo;en mi generaci&oacute;n &eacute;ramos incapaces de imaginar que el comunismo se acabar&iacute;a alguna vez&rdquo;). Adem&aacute;s, en la entrevista se analiza el papel de la poes&iacute;a y lo importante que ser&iacute;a recolocarla en en centro del mundo: &ldquo;en la Antig&uuml;edad lejana la poes&iacute;a estaba en el centro del mundo. De hecho, la poes&iacute;a y la religi&oacute;n se confund&iacute;an. No podemos olvidarlo&rdquo;.</p>
<p>Sergio del Molino es una de las voces espa&ntilde;olas m&aacute;s autorizadas para hablar de nuestro presente. As&iacute;, su libro &ldquo;La Espa&ntilde;a vac&iacute;a&rdquo; revalid&oacute; su labor como ensayista pionero en denunciar la actual desestructuraci&oacute;n econ&oacute;mica y poblacional de nuestro pa&iacute;s. Unos pocos a&ntilde;os antes, su libro &ldquo;La hora violeta&rdquo;, en el que describe la enfermedad y muerte de su hijo Pablo&rdquo; marc&oacute; su rumbo de escritor y permiti&oacute; que numerosos lectores accedieran a su obra. En la entrevista que publica TURIA, reconoce que le &ldquo;gusta jugar con la realidad y el mito&rdquo; y que esa es la funci&oacute;n del escritor. Y tambi&eacute;n asegura creer &ldquo;en la obra en marcha, en la imperfecci&oacute;n y el ir probando&rdquo;. Para &eacute;l, &ldquo;la literatura es el intento de reflejar la incomodidad de vivir que todos tenemos&rdquo;.</p>
<p>Por otra parte, y entre otros contenidos relevantes, el nuevo n&uacute;mero de TURIA publica un texto in&eacute;dito de Luis Landero, que es la versi&oacute;n actual de un cap&iacute;tulo de su nuevo libro. Una obra que est&aacute; previsto aparezca el pr&oacute;ximo a&ntilde;o. Sin duda, la presencia de un original de Landero enriquece el inter&eacute;s que ofrece la revista al lector. M&aacute;xime teniendo en cuenta que se trata de uno de los autores m&aacute;s apreciados por el p&uacute;blico y la cr&iacute;tica, como prueba la elecci&oacute;n de su novela &ldquo;Lluvia fina&rdquo; como la mejor de 2019.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ANA BLANDIANA: &ldquo;VIVIMOS EN UN MUNDO EN EL QUE YA NO HAY CRITERIOS&rdquo;</p>
<p>Ana Blandiana (Timi&ccedil;oara, Ruman&iacute;a, 1942) es ya una figura legendaria de la literatura rumana, en la que ocupa un lugar comparable al de Anna Ajm&aacute;tova o Vaclav Havel en las letras rusas o checas. Destacada opositora al r&eacute;gimen dictatorial que gobern&oacute; muchos a&ntilde;os su pa&iacute;s, Blandiana es una de los escritoras m&aacute;s sugestivas y originales del panorama de la cultura en Europa. Autora de libros de poes&iacute;a, narrativa y ensayo, su obra ha sido traducida a veinticinco idiomas y ha obtenido numerosos y relevantes premios en distintos pa&iacute;ses.</p>
<p>Fue el Ana Blandiana, durante mucho tiempo, un nombre prohibido en su pa&iacute;s y sus textos circularon de manera clandestina. Otros ver&iacute;an la luz tras la revoluci&oacute;n democr&aacute;tica de 1989. Tras la ca&iacute;da del r&eacute;gimen comunista, Blandiana fund&oacute; y presidi&oacute; la Alianza C&iacute;vica (1991-2001), organizaci&oacute;n independiente que luch&oacute; por la democracia e hizo posible la entrada de Ruman&iacute;a en la Uni&oacute;n Europea. Al amparo del Consejo de Europa, Blandiana ha creado en la ciudad de Sighet el Memorial de las V&iacute;ctimas del Comunismo y de la Resistencia (1993), museo, centro de investigaci&oacute;n y escuela de verano que lleva por lema una frase suya: &laquo;Mientras la justicia no logre ser una forma de memoria, la memoria en s&iacute; misma puede ser una forma de justicia&raquo;.</p>
<p class="Cuerpo">Blandiana se muestra cr&iacute;tica con el presente que vivimos. As&iacute;, en la conversaci&oacute;n que TURIA publica y que ha sido realizada por el tambi&eacute;n poeta Jordi Doce, nos dir&aacute;: &ldquo;el arte y la literatura de consumo de nuestro tiempo han creado una forma de subcultura que sale en todos los medios, la televisi&oacute;n, las redes sociales, y que aniquila la cultura de una forma semejante. Hoy sigue siendo imperativo luchar por la verdadera cultura&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo">Tambi&eacute;n asegura Ana Blandiana que &ldquo;vivimos en un mundo en el que ya no hay criterios (&hellip;). En realidad, ya no hay valores absolutos. Es cierto que la t&eacute;cnica, la ciencia, siempre van a m&aacute;s y no dejan de progresar, pero en los asuntos del alma las cosas son distintas. Ese equilibrio en los asuntos del alma se ha perdido, y a lo peor los escritores, que deber&iacute;an hacer de contrapeso, no cumplen con su deber&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p>SERGIO DEL MOLINO: &ldquo;EN ESTE PA&Iacute;S SE CONFUNDE MUCHAS VECES LA INDEPENDENCIA DE CRITERIO CON LA ANIMADVERSI&Oacute;N&rdquo;.</p>
<p>El escritor Sergio del Molino (Madrid, 1979) es, por derecho propio, uno de los nombres m&aacute;s destacados de las letras y el periodismo espa&ntilde;ol de nuestros d&iacute;as. Cuando acaba de llegar a las librer&iacute;as una nueva novela, &ldquo;La piel&rdquo;, y todav&iacute;a est&aacute; muy reciente su biograf&iacute;a &ldquo;Calomarde. El hijo bastardo de las luces&rdquo; mantiene para TURIA una conversaci&oacute;n sin desperdicio con el tambi&eacute;n periodista y escritor Juan Carlos Soriano. Gracias a ese di&aacute;logo intenso y revelador conocemos m&aacute;s a fondo a este madrile&ntilde;o trasplantado a Zaragoza, ciudad en la que reside.</p>
<p>Autor de doce libros, entre novelas y ensayos, Sergio del Molino es tambi&eacute;n columnista de prensa y tertuliano radiof&oacute;nico. Sobre su inter&eacute;s por un personaje hist&oacute;rico tan controvertido como Calomarde, asegura que &ldquo;no he pretendido hacer un ensayo acad&eacute;mico, sino un retrato literario y period&iacute;stico, porque me gusta jugar con la realidad y el mito. Es la funci&oacute;n del escritor. Para desmitificar ya est&aacute;n los historiadores. Y Calomarde es un ministro muy importante en el momento en el que se est&aacute; fundando el Estado Espa&ntilde;ol, con la estructura que hoy conocemos. Una de mis querencias por &eacute;l es porque representa muy bien la figura del arribista&rdquo;.</p>
<p>Si hay un libro que marc&oacute; un antes y un despu&eacute;s en la obra de Sergio del Molino es &ldquo;La hora violeta&rdquo;. La leucemia que acab&oacute; con la vida de su hijo Pablo poco antes de que cumpliera dos a&ntilde;os le condujo a escribir ese libro que conquist&oacute; a miles de lectores. Reconoce que lo escribi&oacute; en condiciones muy desesperadas: &ldquo;En trance y casi, casi, sin ninguna pretensi&oacute;n literaria. O s&iacute;. O con todas las pretensiones literarias del mundo. Ah&iacute; desarrollo una idea para m&iacute; elemental: que la literatura es una misma cosa con la vida. Y la literatura es significativa en la medida en que exprese bien todas las rarezas y las asperezas de vivir&rdquo;.</p>
<p>En 2016, con &ldquo;La Espa&ntilde;a vac&iacute;a&rdquo;,<em> </em>inaugur&oacute; una serie de libros y reportajes sobre el &eacute;xodo rural en nuestro pa&iacute;s y el desequilibrio de la balanza demogr&aacute;fica<em>. </em>Sergio del Molino, que dio el pistoletazo de salida a otros autores, considera espantosa e innecesaria la correcci&oacute;n &ldquo;vaciada&rdquo; que han impuesto, despu&eacute;s de publicado su libro, los movimientos sociales y medios de comunicaci&oacute;n.</p>
<p>En el fondo, todos los libros de Sergio del Molino, ya sea a trav&eacute;s de pueblos abandonados, islas dentro de un continente o la literaturizaci&oacute;n de su propia familia, acaban hablando de Espa&ntilde;a. &ldquo;Creo que hay dos perfiles que est&aacute;n contaminados dentro de m&iacute; como ensayista. Pero a la vez se diferencian mucho. Hay uno m&aacute;s intelectual, del escritor que interviene p&uacute;blicamente en su tiempo, a trav&eacute;s de ensayos, art&iacute;culos, tertulias o conferencias. Y a &eacute;se le preocupa que est&eacute; en peligro la construcci&oacute;n de la convivencia en Espa&ntilde;a&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;TURIA&rdquo; PUBLICA UN TEXTO IN&Eacute;DITO DE LUIS LANDERO</p>
<p>Uno de los principales autores de las letras espa&ntilde;olas de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, Luis Landero, abre la secci&oacute;n que TURIA dedica a la creaci&oacute;n literaria con un atractivo texto in&eacute;dito. Se trata de la versi&oacute;n actual de un cap&iacute;tulo de la obra que est&aacute; escribiendo en estos momentos y cuya publicaci&oacute;n est&aacute; programada para el pr&oacute;ximo a&ntilde;o.</p>
<p>En este original de Luis Landero, que TURIA publica bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Viajar, so&ntilde;ar, contar&rdquo;, el autor nos dir&aacute;:<strong> &ldquo;</strong>Yo cre&iacute;a que mis padres, mis abuelos, mis t&iacute;os, mis primos mayores, y en general toda la gente mayor, hab&iacute;an viajado mucho. Hablaban de lugares que yo me imaginaba lejanos y llenos de prodigios. Nombres casi m&aacute;gicos, como Montemayor, Valle oscuro, Bacoco, la sierra de la Carava, Chandavila, el Z&aacute;ngano, o simplemente &ldquo;donde Pache&rdquo;. Cuando fuese mayor, pensaba, tambi&eacute;n yo viajar&iacute;a mucho, porque no hab&iacute;a en el mundo nada tan hermoso y apasionante como viajar y correr aventuras, y llegar&iacute;a a ser un hombre con experiencias, con cosas propias que contar. Luego pas&oacute; el tiempo, me hice mayor, y un d&iacute;a descubr&iacute; sin apuro que a m&iacute; en realidad no me gusta viajar. Me gust&oacute; de muy joven, m&aacute;s que por vocaci&oacute;n por empe&ntilde;o rom&aacute;ntico, pero finalmente acept&eacute; mi secreta condici&oacute;n sedentaria y me sent&iacute; como aliviado de un deber sentimental francamente enojoso.</p>
<p>A pesar de eso, me he visto forzado a viajar mucho, primero cuando anduve de guitarrista en la far&aacute;ndula, y luego de escritor, que no deja de ser tambi&eacute;n otra manera de far&aacute;ndula. Pero de todos mis viajes, los que he vivido con m&aacute;s emoci&oacute;n e intensidad, los buenos, los inolvidables, los esenciales, los he hecho con Julio Verne, con Defoe, con Homero, con Stevenson, con Humboldt, con Darwin, con Kapuscinski, con Shackleton y con tantos otros. Pocos lectores habr&aacute;n disfrutado tanto como yo con los libros de viajes y las novelas de aventuras. Desde mi madriguera de lector, he acompa&ntilde;ado a los h&eacute;roes de papel en sus maravillosas andanzas, y cuando digo acompa&ntilde;ar quiero decir que he hecho presente con la imaginaci&oacute;n cada una de las peripecias, he visto los paisajes, he sobrevivido a naufragios y terremotos, me he enfrentado a fieras y a bandidos, he pasado hambre y fr&iacute;o, me he extraviado en selvas y desiertos, he sufrido el escorbuto y la malaria, y todo lo he vivido con una convicci&oacute;n casi tan fuerte y real como la de don Quijote en la soledad alucinada de su biblioteca. Y es que yo soy como Quijana, y me conformo con mi roc&iacute;n flaco y mi galgo corredor, y por supuesto con mi biblioteca y mi locura.&rdquo;</p>
<p>TURIA es, con 36 a&ntilde;os de trayectoria y periodicidad cuatrimestral, una de las publicaciones culturales espa&ntilde;olas m&aacute;s veteranas y reconocidas, por cuya labor obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura. Desde hace un m&aacute;s de lustro, adem&aacute;s de su edici&oacute;n en papel, la revista TURIA tiene una versi&oacute;n digital a trav&eacute;s de una atractiva web y de una p&aacute;gina en Facebook que est&aacute; obteniendo una muy favorable acogida. &nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">UN FRAGMENTO DE LA ENTREVISTA EXCLUSIVA CON ANA BLANDIANA</p>
<p>El nuevo n&uacute;mero de la revista TURIA publica una amplia y reveladora conversaci&oacute;n exclusiva con &nbsp;Ana Blandiana, la escritora rumana m&aacute;s internacional y cuyo nombre suele ser siempre citado anualmente entre las candidaturas al Premio Nobel de Literatura. La entrevista, realizada por el tambi&eacute;n poeta Jordi Doce, permite conocer a fondo su personalidad y su trayectoria, as&iacute; como sus opiniones sobre un amplio abanico de cuestiones de inter&eacute;s. De ese material in&eacute;dito, adelantamos hoy el siguiente fragmento:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ANA BLANDIANA: &ldquo;LO M&Aacute;S GRAVE Y TERRIBLE QUE EST&Aacute; SUCEDIENDO HOY EN EL MUNDO ES LA CORRECCI&Oacute;N POL&Iacute;TICA&rdquo;</p>
<p class="Cuerpo">- Me resulta impactante la idea de la prohibici&oacute;n total&hellip; Esa noci&oacute;n de que un autor no pueda publicar durante a&ntilde;os, de borrarlo como figura p&uacute;blica. En Espa&ntilde;a, durante la dictadura, existi&oacute; una censura en&eacute;rgica, pero en general se centraba en los libros y no en sus autores. Con la ventaja, es un decir, de que, si te censuraban un libro, pod&iacute;as optar por publicarlo en M&eacute;xico o en Argentina. Pero la idea de que un escritor desaparezca p&uacute;blicamente implica una violencia feroz, casi un ensa&ntilde;amiento. Me pregunto en qu&eacute; medida esa vigilancia, esa censura totalitaria tuvo consecuencias en la escritura y en su propia autoestima como poeta. Durante esas tres d&eacute;cadas de censura totalitaria, &iquest;c&oacute;mo sustraerse a esa presencia opresiva? &iquest;Qu&eacute; estrategias se pueden desarrollar para sortear la vigilancia asfixiante del poder y no caer en la desesperaci&oacute;n?</p>
<p class="Cuerpo">&ndash; La primera medida de autodefensa es no admitir ninguna forma de censura interior. La censura interior es lo que m&aacute;s me asustaba. Es algo que no acept&eacute; jam&aacute;s. Precisamente porque he vivido esa experiencia, me parece que lo m&aacute;s grave y lo m&aacute;s terrible que est&aacute; sucediendo hoy en d&iacute;a en el mundo es la correcci&oacute;n pol&iacute;tica, porque la correcci&oacute;n pol&iacute;tica es la m&aacute;xima forma de censura interior y de lavado de cerebro.</p>
<p class="Cuerpo">Yo nunca me he censurado a m&iacute; misma. Nunca me he dicho: &laquo;esto no lo puedo escribir porque no se puede publicar, porque no se acepta&raquo;. Yo siempre he escrito lo que he querido. Desde el punto de vista psicol&oacute;gico, esto es muy importante.</p>
<p class="Cuerpo">Por otra parte, y esto puede sonar extra&ntilde;o, la censura nos obligaba a escribir de una manera que estaba en sinton&iacute;a con la definici&oacute;n que damos a la poes&iacute;a. Es decir, ten&iacute;amos que amplificar los recursos de la imagen y la met&aacute;fora, adoptar un lenguaje m&aacute;s cifrado, y justamente por esto la poes&iacute;a sal&iacute;a adelante.</p>
<p class="Cuerpo">Yo no viv&iacute; los a&ntilde;os m&aacute;s duros del estalinismo. No tuve que escribir durante la &eacute;poca del <em>proletkult</em>, ese empe&ntilde;o sovi&eacute;tico en crear un arte nuevo, una est&eacute;tica de la clase obrera revolucionaria&hellip; No era tanto que los poetas tuvieran que manejar un bagaje ideol&oacute;gico determinado, sino que estaban obligados a escribir para los analfabetos, ten&iacute;an que escribir estupideces para que las entendiera todo el mundo. El resultado fue una literatura vac&iacute;a por completo de arte.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 26 Jun 2020 09:23:47 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Diez poemas de "Paradas"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/diez-poemas-de-paradas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas20/Junio/ANNE_CARSON.jpg" alt="" /></p>
<p><em>Imaginar la cadena del sue&ntilde;o</em>es para Anne Carson (Canad&aacute;, 1950) crearla de nuevo a partir de la primera vez, cuando los eslabones todos rechinaron a un mismo tiempo, como si cada uno de los engranajes fuera un sue&ntilde;o so&ntilde;ado por alguien m&aacute;s, un alguien a quien conocemos por, y a trav&eacute;s de, la literatura.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Supongamos Homero, el ciego, de quien poco sabemos pero creemos conocer tan bien como la palma de nuestra mano con tan solo leer a Carson. Ella nos lo presenta tan real como nuestro propio pasado, con todo y sus fantasmas. Los de Ulises, los de Carson, los nuestros. Ella misma personifica a Ulises, el viaje, el sue&ntilde;o: iron&iacute;a pura, brillo de alba.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Decreaci&oacute;n </em>es de-crear para recuperar el ser. Ella lo hace a partir de la batalla con la desmemoria: Circe, el canto de las sirenas, los sue&ntilde;os, y lo que cada noche el sue&ntilde;o calla. Y en ese silencio surgen las contradicciones que en Anne Carson se inclinan hacia la misma noche del alma. Clasicista como se ha pronunciado desde sus primeros libros, Anne Carson prescinde de lo que no es esencial. Desnuda la palabra como el viento desnuda la fr&iacute;a roca ante la cual todos debemos orar, suplicar, rogar. Una s&uacute;plica por el retorno a la primera voz, a la primera vez en donde el recuerdo se instaura en la mente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En estos poemas, parte de &laquo;Cadena de los sue&ntilde;os&raquo; (que a su vez es la secci&oacute;n inicial de <em>Decreaci&oacute;n</em>, publicado en 2005 y que Vaso Roto Ediciones editar&aacute; pr&oacute;ximamente en espa&ntilde;ol), ella toma a la madre como la lengua, como la fuerza, como el inicio del mar en el que hay que zambullirnos para hallar (inventar) el recuerdo que inunda de agua la casa, esa en la que no podemos estar a&uacute;n, la que estamos por habitar, la creada y descreada, en un intento de Ser.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">*</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Anne Carson naci&oacute; en Toronto (Canad&aacute;) en 1950 y durante su infancia residi&oacute; en distintos pueblos y ciudades de la regi&oacute;n de Ontario. Despu&eacute;s de estudiar cl&aacute;sicas en las Universidades de Toronto y St. Andrews (Escocia), regres&oacute; a Toronto en 1981 para escribir su tesis doctoral sobre Safo, publicada en 1986 con el t&iacute;tulo de <em>Eros the Bittersweet</em>. En la actualidad ense&ntilde;a cl&aacute;sicas en la Universidad de Michigan, en Ann Arbor.</p>
<p>Ha publicado varios vol&uacute;menes miscel&aacute;neos de poemas y ensayos, entre ellos <em>Plainwater: Essays and Poetry</em> (1995), <em>Glass, Irony and God</em> (1995), <em>Men in the Off Hours</em> (2000), <em>The Beauty of the Husband</em> (2000, Premio T. S. Eliot de poes&iacute;a) y <em>Decreation</em> (2005), as&iacute; como una novela en verso, <em>Autobiography of Red</em> (1998), el ensayo <em>Economy of the Unlost</em> (2002) y un volumen con sus versiones de la poes&iacute;a de Safo, <em>If Not, Winter</em> (2002). Adem&aacute;s, ha sido dos veces finalista del National Book Critics Circle Award. En espa&ntilde;ol se han publicado dos libros suyos: <em>La belleza del marido (un ensayo narrativo en 29 tangos)</em> (Lumen, 2003, trad. Ana Becciu) y Hombres en sus horas libres (Pre-Textos, 2007, trad. Jordi Doce).- JEANNETTE L. CLARIOND.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong><em>Paradas</em></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>Cadena de sue&ntilde;os</strong></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">Qui&eacute;n puede dormir cuando ella...</p>
<p align="center">a cientos de millas oigo ese vasto aliento</p>
<p align="center">avivar sus cubiertas agitadas.</p>
<p align="center">Cicatriz tras cicatriz</p>
<p align="center">los eslabones</p>
<p align="center">rechinan una vez.</p>
<p align="center">Navegamos madre en un oc&eacute;ano sin barcos.</p>
<p align="center">Piedad por nosotros, piedad por el oc&eacute;ano, navegamos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong><br clear="all" /> </strong></p>
<p align="center"><strong>L&iacute;neas</strong></p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 150px;">Mientras hablo con mam&aacute; ordeno cosas. Lomos de libros junto al tel&eacute;fono.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 150px;">Clips</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 150px;">en un cuenco de porcelana. Residuos de goma manchan la mesa. Ella habla</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 150px;">con nostalgia</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 150px;">de la muerte. Empiezo a girar los clips en la direcci&oacute;n contraria.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 150px;">Fuera</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 150px;">de la ventana la nieve cae en l&iacute;neas rectas. A mi madre,</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 150px;">amor</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 150px;">de mi vida, le cuento lo que almorc&eacute;. Las l&iacute;neas caen ahora</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 150px;">m&aacute;s</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 150px;">de prisa. El destino a&ntilde;ade peso en los extremos (para apresurarnos)</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 150px;">quisiera</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 150px;">decirle: es se&ntilde;al de la misericordia de Dios<em>. </em>Ella<em> no me retendr&aacute;</em></p>
<p style="text-align: left; padding-left: 150px;">dice, ella</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 150px;"><em>no me pasar&aacute; factura. </em>Los milagros se escurren sin darnos cuenta. Los</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 150px;">clips</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 150px;">est&aacute;n eternamente alineados. &iexcl;La misericordia de Dios! Cu&aacute;nto tiempo</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 150px;">la sentir&eacute;</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 150px;">arder, dijo la ni&ntilde;a intentando ser</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 150px;">amable.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 150px;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 150px;">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>Nuestra fortuna</strong></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">En una casa al atardecer la lecci&oacute;n final de una madre</p>
<p align="center">devasta el poniente y sella el pacto.</p>
<p align="center">Mira por las ventanas al anochecer y ver&aacute;s gente de pie.</p>
<p align="center">Somos as&iacute;, ten&iacute;amos un pretexto para estar dentro.</p>
<p align="center">Lleg&oacute; el d&iacute;a, cortamos el fruto (cortamos</p>
<p align="center">el &aacute;rbol). Ahora estamos fuera.</p>
<p align="center">Aqu&iacute; hay una deuda</p>
<p align="center">saldada.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>Sin puerto alguno</strong></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">En la antigua lucha entre h&aacute;lito y muerte, se concede un &uacute;ltimo sue&ntilde;o.</p>
<p align="center">Aceptamos una oferta por la casa.</p>
<p align="center">En la suma de las partes,</p>
<p align="center">&iquest;d&oacute;nde est&aacute;n las partes?</p>
<p align="center">En silencio (all&iacute;) aguardan hojas y ventanas.</p>
<p align="center">Nuestro tendedero desnudo corta la inclinaci&oacute;n de la noche.</p>
<p align="center">Y en su grito por el perdido atuendo de la luz celestial</p>
<p align="center">&aacute;ngeles y detritus nos reclaman al flotar por nuestra cancela a&uacute;n cerrada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>Ella celebrar&iacute;a hoy el 50&ordm; aniversario de su boda</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 150px;">El fr&iacute;o implora ante un muro romano.</p>
<p style="padding-left: 150px;">La luz es intensa (atrapada)</p>
<p style="padding-left: 150px;">y las sombras esperan como</p>
<p style="padding-left: 150px;">capuchas a punto de caer.</p>
<p style="padding-left: 150px;">El cerebro llama</p>
<p style="padding-left: 150px;">dos veces</p>
<p style="padding-left: 150px;">por sal.</p>
<p style="padding-left: 150px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 150px;">Acaso fue Ovidio quien dijo, Tanto viento enmudece las piedras.</p>
<p style="padding-left: 150px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 150px;">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>Ciertas tardes ella no atiende el tel&eacute;fono</strong></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">Febrero. Hielo por todas partes. Pueden sentirse distintas densidades del hielo.</p>
<p align="center">Sus tonos &ndash;azul blanco marr&oacute;n a gris-pardo plateado&ndash; var&iacute;an.</p>
<p align="center">Parte del hielo tiene grava en el centro o sombras en su interior.</p>
<p align="center">Otra parte es lisa como una ladera, no podr&iacute;a sostenerte.</p>
<p align="center">De pie sentir&iacute;as que el viento se aten&uacute;a, se deshila.</p>
<p align="center">Todo cuanto hemos deseado, se deshila.</p>
<p align="center">Los peque&ntilde;os no pueden sostenerse sobre el hielo.</p>
<p align="center">Ni una carta, ni un esbozo de letra, puede sostenerse.</p>
<p align="center">Cegadoramente, lo que all&iacute; hay de mundo, quema.</p>
<p align="center">Febrero. Hielo por todas partes. Pueden sentirse distintas densidades del hielo.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p align="center"><strong>Esa fuerza</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 150px;">Esa fuerza, madre: desenterrada. Martillada, encadenada,</p>
<p style="padding-left: 150px;">sombr&iacute;a, agrietada, sollozante, arrolladora, encerrada</p>
<p style="padding-left: 150px;">en sus lamentos, martillada, martillando residuos</p>
<p style="padding-left: 150px;">de muerte. Aferrada y contenida,</p>
<p style="padding-left: 150px;">informe y voraz. Cuchillo.</p>
<p style="padding-left: 150px;">Sin desangrar la m&eacute;dula</p>
<p style="padding-left: 150px;">esa fuerza, madre,</p>
<p style="padding-left: 150px;">se detuvo.</p>
<p style="padding-left: 150px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 150px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 150px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 150px;" align="center"><strong>Pienso que el pobre pueblo ha sido muy maltratado</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 150px;">Luz contra los muros de ladrillo y un viento boreal ennegrece las ramas.</p>
<p style="padding-left: 150px;">La sombra extrae las entra&ntilde;as de la luz ya secas en su palma.</p>
<p style="padding-left: 150px;">Come tu sopa, madre, dondequiera que est&eacute; tu mente.</p>
<p style="padding-left: 150px;">Despunta el mediod&iacute;a invernal. Fr&aacute;giles soles</p>
<p style="padding-left: 150px;">a&uacute;n vivos alivian los soles de aquel d&iacute;a.</p>
<p style="padding-left: 150px;">Pues el pobre pueblo sue&ntilde;a</p>
<p style="padding-left: 150px;">con rendirse, madre</p>
<p style="padding-left: 150px;">nunca insensible,</p>
<p style="padding-left: 150px;">madre valiente</p>
<p style="padding-left: 150px;">y feliz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>A pesar de su dolor, otro d&iacute;a</strong></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">La niebla del r&iacute;o (7 AM) se dispersa y comienza, se estremece y comienza</p>
<p align="center">en las rocas oto&ntilde;ales del molino.</p>
<p align="center">Restos de hojas resplandecen. He hallado mi cordura.</p>
<p align="center">La evidencia (7 PM): ella toma sus medicamentos, yo doy un paseo por el r&iacute;o.</p>
<p align="center">La rueda de molino huele a h&uacute;meda hoja de ma&iacute;z.</p>
<p align="center">Detr&aacute;s de m&iacute; (2:38 AM) en la oscuridad del Motel Dorset oigo el clic del calentador</p>
<p align="center">y a ella, que se despierta en el otro extremo de la ciudad</p>
<p align="center">en un cuarto peque&ntilde;o y c&aacute;lido</p>
<p align="center">aferr&aacute;ndose a un rosario que brilla en lo oscuro.</p>
<p align="center">No importa qu&eacute; se diga del tiempo, la vida va en una sola direcci&oacute;n,</p>
<p align="center">es una verdad que resplandece.</p>
<p align="center">La niebla del r&iacute;o (7 AM) es plata desollada</p>
<p align="center">cuando el alba oscurece</p>
<p align="center">el d&iacute;a de mi partida.</p>
<p align="center">PELIGRO NO LEVAR NI ECHAR ANCLAS</p>
<p align="center">dice el letrero justo en la orilla.</p>
<p align="center">La no conciencia nos engulle.</p>
<p align="center">Ella en la cama como ramita doblada.</p>
<p align="center">Yo, como siempre, ida.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>Nada que hacer</strong></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">Tu viento vidrioso rompe contra la muda orilla y agita la rosa.</p>
<p align="center">Mirad como</p>
<p align="center">antes de una gran nevada,</p>
<p align="center">antes de que el vac&iacute;o deslizante de la noche caiga sobre nosotros,</p>
<p align="center">nuestras linternas proyectan</p>
<p align="center">formas de antiguas compa&ntilde;&iacute;as</p>
<p align="center">y</p>
<p align="center">luego una fr&iacute;a pausa.</p>
<p align="center">Qu&eacute; cuchillo desoll&oacute;</p>
<p align="center">esa hora.</p>
<p align="center">Hundi&oacute; las boyas.</p>
<p align="center">Sopla sobre lo que fue nuestra casa.</p>
<p align="center">Nada que hacer solo rema.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p align="right">(Traducci&oacute;n de Jeannette L. Clariond)</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 19 Jun 2020 06:18:39 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Reivindicación de la humildad]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/reivindicacion-de-la-humildad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2020/Junio/ANTONIO_PASCUAL_PAREJA.jpg" alt="" /></p>
<p>Hay que saludar con gratitud la publicaci&oacute;n de <em>Historias de la peque&ntilde;a ciudad</em>: obra audaz, valiente e inesperada, alejada de las modas dominantes, escrita con el esmerado rigor que sabe imprimir a su quehacer el orfebre escrupuloso, y cuyo mayor y m&aacute;s genuino m&eacute;rito reside probablemente en el insobornable af&aacute;n de autenticidad que desprenden sus p&aacute;ginas m&aacute;s inspiradas y luminosas. Quien conozca algo de su itinerario literario sabr&aacute; que el abulense Antonio Pascual Pareja no es ave del &laquo;nuevo gay-trinar&raquo;. Es el suyo un universo creativo regido por criterios est&eacute;ticos que no pocos se aprestar&aacute;n a tildar de anticuados, cuando no plenamente superados; sin embargo, el escritor, enteramente consciente de que su labor no pasa por someterse con docilidad a los dictados de las tendencias en boga, prosigue su propia b&uacute;squeda, perseverante, tenaz, apasionada de la belleza, siempre atento a su vertiente m&aacute;s cercana &mdash;y acaso por ello, m&aacute;s secreta&mdash;; avanzando con paso decidido en la tarea de dar encarnadura literaria a todas aquellas impresiones que han ido forjando su peculiar forma de sentir la inmediata realidad que lo circunda.</p>
<p>En la estela de su muy estimable <em>Invisible Pablo, </em>esta &uacute;ltima obra se inscribe tambi&eacute;n en un &aacute;mbito un tanto ambiguo, de incierta adscripci&oacute;n gen&eacute;rica. Bien parece acomodarse Antonio Pascual al principio de que el g&eacute;nero literario ha de ponerse siempre al servicio de las necesidades creativas de cada escritor. Por de pronto, en una primera aproximaci&oacute;n &mdash;a todas luces insuficiente&mdash; basta decir que <em>Historias de la peque&ntilde;a ciudad </em>se integra en su mayor parte por una colecci&oacute;n de piezas narrativas breves, que tienen como denominador com&uacute;n la presencia de un mismo marco provinciano, en el que &mdash;solo en apariencia&mdash; predominan la monoton&iacute;a y el tedio. Con todo, ante las sombras de algunos posibles prejuicios, el propio creador decide anticiparse y, con precisas palabras, aclara la sustancia inspiradora de la obra:</p>
<p>&ldquo;&iquest;Qu&eacute; pasa en la peque&ntilde;a ciudad? Nada. Nada pasa en ella. Todo lo que es digno de contar, lo decisivo, ocurre en las grandes ciudades. En los lugares peque&ntilde;os, el rostro de la vida es anodino y gris. [&hellip;] Y, sin embargo, todo lo realmente valioso es parvo. [...] Todo lo importante es peque&ntilde;o y, por ello, f&aacute;cil de perder.&rdquo;</p>
<p>El poeta abulense se erige, pues, en cantor de ciertas realidades humildes, an&oacute;nimas, modestas, injustamente ignoradas; se afana en hacer visible lo invisible, en recuperar la sustancia est&eacute;tica que se halla oculta en nuestras peripecias m&aacute;s mundanas. Desde un lugar vital y espiritual propio, desde su <em>locus standi</em> &mdash;seg&uacute;n la c&eacute;lebre expresi&oacute;n del fil&oacute;sofo George Santayana&mdash; nos va desvelando la trascendencia que palpita en los hechos m&aacute;s prosaicos, y a los que rara vez otorgamos la atenci&oacute;n requerida: &laquo;Pero, como nada ocurre en la peque&ntilde;a ciudad, las cosas nimias acaban teniendo aqu&iacute; su importancia&raquo;.</p>
<p>Su escritura participa de ese mismo ideal: se elude la afectaci&oacute;n expresiva, se desde&ntilde;an los artificios narrativos sofisticados y complejos. Hay que elogiar su prosa: austera, exacta, contenida; probablemente madurada en fecundos ratos de soledad y silencio. En conjunto, sobresale de nuevo el inextinguible magisterio de Azor&iacute;n, tan vivo y pujante, como cualquiera de nuestros cl&aacute;sicos, ya omnipresente en <em>Invisible Pablo</em>, y que reaparece confirm&aacute;ndose como deidad tutelar de Antonio Pascual Pareja, al que incluso dedica un personal homenaje en &laquo;El hombre que lee&raquo;.</p>
<p>Esta filiaci&oacute;n noventayochista, muy acusada, por ejemplo, en lo tocante a la evocaci&oacute;n del paisaje o a la intensa conciencia de la temporalidad, puede llegar a opacar la presencia de otros relevantes veneros. Claro est&aacute; que la localizaci&oacute;n provinciana de la obra no es &oacute;bice para que el autor demuestre, sin &eacute;nfasis innecesarios ni infatuado exhibicionismo, poseer un vasto bagaje cultural, en el que tienen cabida escritores del fuste de Tolst&oacute;i, Shakespeare, Emily Dickinson, John Keats o Rilke; e incluso otros raramente frecuentados, como la malograda Maria Messina. Personajes y motivos literarios, cumple subrayarlo, que se integran a veces con total naturalidad en el microuniverso contempor&aacute;neo de su ciudad. De esta manera, Jacinto, por m&aacute;s se&ntilde;as el poeta Jacinto Herrero Esteban (1931-2011), a&ntilde;ora a su amigo, el tambi&eacute;n poeta Antonio Mu&ntilde;oz Rojas (1909-2009), en &laquo;<em>El reguerillo</em>&raquo;. Natalia Goncharova y Alexandr Pushkin aparecen transmutados en los Alejandro y Natalia de la peque&ntilde;a ciudad en la breve historia titulada &laquo;La florecilla&raquo;. La solitaria y abatida Elena, evoca, sin duda, a la bien conocida H&eacute;l&egrave;ne, destinataria de los sonetos que concedieron la inmortalidad literaria a Pierre de Ronsard. Sabemos, adem&aacute;s, que el bohemio del cuento hom&oacute;nimo se llama Alejandro, y su mujer Juana, en clara alusi&oacute;n a Alejandro Sawa y a su mujer Jeanne Poirier; este recita versos de Rub&eacute;n Dar&iacute;o y emplea su inconfundible y delatora muletilla: &iexcl;admirable!</p>
<p>&nbsp;Especial atenci&oacute;n reclama, asimismo, la notable influencia que ejerce sobre nuestro autor el mundo cinematogr&aacute;fico. Dejando a un lado alusiones a ciertas pel&iacute;culas fetiche (<em>Once upon a time in America </em>o <em>&iexcl;Qu&eacute; bello es vivir!) </em>y a consagrados directores como Raoul Walsh o Nicholas Ray, contenidas en el cuento &laquo;Alicia&raquo;, importa destacar curiosos paralelismos m&aacute;s rec&oacute;nditos. Sobresalen, de forma llamativa, ciertas concomitancias de <em>Historias la peque&ntilde;a ciudad</em> con <em>M&aacute;s all&aacute; de las nubes</em>, pel&iacute;cula un tanto infravalorada, que un veterano Michelangelo Antonioni dirigi&oacute; con Wim Wenders a mediados de los a&ntilde;os noventa del cada vez m&aacute;s lejano siglo XX. Similitudes observables tanto en el sosegado tempo narrativo, como en algunas historias &mdash;recu&eacute;rdese la protagonizada por Ir&egrave;ne Jacob&mdash;. Pero, como es natural, la pasi&oacute;n cin&eacute;fila no se agota en un pu&ntilde;ado de referencias. Se observan, por otra parte, ecos del cuidado intimismo de realizadores como Y. Ozu, Ingmar Bergman o V&iacute;ctor Erice, por ce&ntilde;irnos solamente a las referencias m&aacute;s ilustres. Otro nombre ineludible es el de Charles Chaplin, con el que comparte nuestro escritor una singular predilecci&oacute;n por &laquo;los universales del sentimiento&raquo;.</p>
<p>Pero <em>Historias de la peque&ntilde;a ciudad</em> es un t&iacute;tulo enga&ntilde;oso: ciertos cap&iacute;tulos son eminentemente descriptivos. He aqu&iacute; la pervivencia natural de su veta po&eacute;tica &mdash;recu&eacute;rdese que Pascual Pareja es autor del poemario <em>El viento y la casa </em>(2007)&mdash;. En general, son brev&iacute;simos <em>intermezzos </em>en los que el autor alcanza su m&aacute;s elevado vuelo l&iacute;rico. Logra una estremecedora limpidez en algunos pasajes pre&ntilde;ados de una fuerza po&eacute;tica incontestable, en los que, junto al antes mencionado Azor&iacute;n, se percibe la influencia de Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez o un no muy lejano parentesco con ese tono evocador y nost&aacute;lgico del <em>Ocnos </em>de Luis Cernuda. Instantes de trance po&eacute;tico, aut&eacute;nticas hierofan&iacute;as, momentos en los que eclosiona una fina sensibilidad: el amanecer, la puesta de sol, el paisaje oto&ntilde;al, el est&iacute;o, los primeros signos que anuncian el cambio de estaci&oacute;n, cuando la ciudad vuelve a cobrar todo su protagonismo: &laquo;Cae la noche de verano sobre la peque&ntilde;a ciudad. Se derrama sobre ella como tibio roc&iacute;o. Empapa primero lo alto y desciende enseguida, con lenta prisa, sobre las cosas de los hombres&raquo;.</p>
<p>A pesar de su estructura libre, dos personajes perduran y confieren cierta cohesi&oacute;n al conjunto: el primero &mdash;y el m&aacute;s relevante&mdash;&nbsp; es la inmutable ciudad, en la que no es dif&iacute;cil entrever los inconfundibles trazos de su amada &Aacute;vila natal; en segundo lugar, acaso menos evidente, la del poeta, que aparece y reaparece fugazmente; ya como personaje protagonista de algunas historias, como &laquo;El poeta y la rosa&raquo;, &laquo;El muro de cristal&raquo; o &laquo;El camino del poeta&raquo;; ya como discret&iacute;simo observador de esas peripecias cotidianas, que inspiran buena parte de las historias.</p>
<p>&nbsp;En <em>Historias de la peque&ntilde;a ciudad </em>se<em> </em>describe cabalmente un apasionante itinerario de formaci&oacute;n espiritual y vital, que tiene como nervio central el mundo de las emociones y las cuestiones de alcance universal: el amor, la familia, la fugacidad temporal, la frustraci&oacute;n, la vejez o la vocaci&oacute;n literaria. Temas que son tratados desde la intimidad, desde el secreto mundo interior de unos personajes vistos siempre con comprensi&oacute;n y ternura. Como abulense de pura cepa, sabedor de que la mirada debe proyectarse siempre hacia ese m&iacute;stico &laquo;hond&oacute;n interior&raquo;, Pascual Pareja ha tratado de elaborar una aut&eacute;ntica historia de almas humanas y, al mismo tiempo, ha querido salvar e iluminar la memoria de todos esos seres desconocidos para la mayor&iacute;a, pero decisivos en su proceso de maduraci&oacute;n, pertenecientes a su propia &laquo;intrahistoria&raquo; personal. El escritor logra su ambicioso empe&ntilde;o apoy&aacute;ndose en una suerte de <em>sabidur&iacute;a contemplativa</em>, en un modo concreto de situarse ante la realidad. Es la suya una aut&eacute;ntica pedagog&iacute;a de la mirada. Se trata de una forma de sentir y de observar indisociable de una concepci&oacute;n antropol&oacute;gica y aun existencial genuinamente cristiana. Porque, llegados a este punto, habr&aacute; que manifestarlo sin ambages: <em>Historias de la peque&ntilde;a ciudad </em>se presenta como una obra hondamente religiosa. Sirva de ejemplo ilustrativo el tono eleg&iacute;aco que preside la emocionante semblanza a Jos&eacute; Antonio, protagonista de &laquo;Un hombre bueno&raquo;, perfecto ejemplo de un <em>ars moriendi </em>cristiano, que se opone a la g&eacute;lida mentalidad cl&iacute;nica que domina en la secularizada sociedad de nuestros d&iacute;as.</p>
<p>Terminada la lectura, un imperativo est&eacute;tico y vital se impone: el necesario regreso a la autenticidad, la restauraci&oacute;n urgente de sacralidad de lo cotidiano.&nbsp; Antonio Pascual nos ense&ntilde;a que el milagro es vivir, y que este acontece aqu&iacute; y ahora, ante nuestra superficial indiferencia. Reivindica el autor el sentido de todos los peque&ntilde;os gestos, m&iacute;nimos y mundanos; de una preciada liturgia de la parvedad, desde una &oacute;ptica personalista. Y, por a&ntilde;adidura, el amor a sus seres m&aacute;s queridos, a los habitantes desconocidos de la peque&ntilde;a ciudad.</p>
<p>En realidad, <em>Historias de la peque&ntilde;a ciudad, </em>bajo su enga&ntilde;osa apariencia de obra conformista y modesta, ha sido concebida como una aut&eacute;ntica <em>reprobatio</em> contra cierta literatura, obstinada en la exaltaci&oacute;n de lo s&oacute;rdido, pl&aacute;cidamente entregada a una vacua y nihilista celebraci&oacute;n de las miserias humanas en sus aspectos m&aacute;s degradantes; como bals&aacute;mico ant&iacute;doto contra el solipsismo deshumanizador que invade la sociedad de nuestros d&iacute;as y que ha ido permeando de forma paulatina en la creaci&oacute;n literaria. Antonio Pascual Pareja se sabe peregrino de su tiempo, <em>rara avis </em>en el parnaso contempor&aacute;neo; mas, a pesar de esta condici&oacute;n de escritor confinado a la incomprensi&oacute;n, se afana en mostrarnos la posibilidad de otros cauces literarios igualmente leg&iacute;timos.</p>
<p>En efecto, cabr&iacute;a colegir, asumiendo todo lo que se ha comentado hasta aqu&iacute;, que <em>Historias de la peque&ntilde;a ciudad</em> brilla como creaci&oacute;n singular, casi inaudita en el actual panorama literario, extempor&aacute;nea tanto en lo que ata&ntilde;e a sus fuentes literarias como a sus firmes convicciones est&eacute;ticas. Aboga Pascual Pareja por una literatura de la gratitud y del bien, enraizada en una concepci&oacute;n cristiana de la persona. En suma, una certeza ilumina las p&aacute;ginas m&aacute;s sublimes de <em>Historias de la peque&ntilde;a ciudad</em>: el retorno a la patria de lo invisible, a la aut&eacute;ntica morada de los poetas verdaderos. As&iacute; se dice a las claras por boca de Francisco: &laquo;La vida nunca cesa. Siempre ocurren cosas. En cada lugar lo hacen de una forma distinta, &uacute;nica. Aqu&iacute; la luz es otra. La ceguera es cosa de los hombres&raquo;.</p>
<p>&nbsp;Parece casi una par&aacute;frasis del conocid&iacute;simo cap&iacute;tulo XXI de<em> Le Petit Prince</em>: &laquo;<em>L&rsquo;essentiel est invisible pour les yeux</em>&raquo;. Escuchemos nosotros, ingenuos pero apasionados lectores, sus sabias exhortaciones; salgamos, pues, de nuestra ceguera y vayamos al encuentro de lo invisible, celebremos el don siempre subyugante de la existencia; el aut&eacute;ntico milagro, el m&aacute;s luminoso y el m&aacute;s rec&oacute;ndito, la dicha de vivir y de sentirnos vivos, ante la realidad, misterio incesante, inabarcable.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Antonio Pascual Pareja. <em>Historias de la peque&ntilde;a ciudad</em>. Valencia, Pre-Textos, 2019.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 18 Jun 2020 11:02:20 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Grandes autores protagonizan el nuevo número de TURIA]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/grandes-autores-protagonizan-el-numero-de-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2020/MARIO_BENEDETTI_4.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>LA REVISTA RINDE HOMENAJE A MARIO BENEDETTI, MIGUEL DELIBES Y EMIL CIORAN</strong></p>
<p><strong>TAMBI&Eacute;N PUBLICA LA CORRESPONDENCIA IN&Eacute;DITA DE PHILIP LARKIN Y UN AVANCE DE LA NOVELA &ldquo;EL PARISINO&rdquo;, DE ISABELLA HAMMAD, QUE TRIUNFA EN REINO UNIDO Y USA</strong></p>
<p>La revista cultural TURIA publica en su nuevo n&uacute;mero, que se distribuir&aacute; este pr&oacute;ximo mes de julio en Espa&ntilde;a y otros pa&iacute;ses, un sumario con interesantes textos in&eacute;ditos protagonizados por grandes autores de la literatura contempor&aacute;nea. En primer lugar, TURIA rinde homenaje a Mario Benedetti y Miguel Delibes, de quienes este a&ntilde;o se celebra el centenario de su nacimiento, y lo hace a trav&eacute;s de sendos art&iacute;culos originales que permiten constatar la vigencia y el inter&eacute;s de su obra, as&iacute; como la ejemplaridad c&iacute;vica que mostraron a trav&eacute;s de sus respectivas trayectorias personales.</p>
<p>Junto a estos dos nombres propios de la literatura en espa&ntilde;ol del siglo XX, TURIA dedica tambi&eacute;n una especial atenci&oacute;n a Philip Larkin, uno de los m&aacute;s notables escritores brit&aacute;nicos del pasado siglo y de quien la revista publica una selecci&oacute;n de su correspondencia in&eacute;dita.&nbsp;</p>
<p>Por otra parte, TURIA centra tambi&eacute;n su atenci&oacute;n en resaltar el inter&eacute;s permanente que suscita la obra de Emil Cioran, uno de los m&aacute;s singulares ensayistas europeos de nuestra &eacute;poca. Y lo hace cuando se cumple el 25 aniversario de la muerte de escritor y fil&oacute;sofo rumano en lengua francesa. Es Cioran un autor que ha ejercido una profunda influencia sobre la cultura occidental y cuyos textos &ldquo;han ayudado &ndash;por la v&iacute;a negativa- a pensar a muchos&rdquo;, como asegura Fernando Savater, su gran introductor en Espa&ntilde;a.</p>
<p>TURIA ofrece adem&aacute;s a los lectores un avance de &ldquo;El parisino&rdquo;, la primera novela de la escritora inglesa Isabella Hammad, que est&aacute; obteniendo una sobresaliente acogida por la cr&iacute;tica y el p&uacute;blico tanto en el Reino Unido como en los USA. La novela es mucho m&aacute;s que la historia de un palestino afrancesado, tambi&eacute;n es la de una geograf&iacute;a en conflicto desde las Cruzadas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>MARIO BENEDETTI, UN EJEMPLO DE CIVISMO Y DE RESISTENCIA</strong></p>
<p>En el art&iacute;culo que TURIA le dedica a Mario Benedetti (Paso de los Toros, Uruguay, 1920 &ndash; Montevideo, Uruguay, 2009) la profesora Eva Valero revalida un argumento indiscutible: Benedetti &ldquo;es un referente de la literatura latinoamericana de la segunda mitad del siglo XX, al tiempo que un ejemplo paradigm&aacute;tico de civismo y de resistencia ante la dictadura, la de su pa&iacute;s, que determin&oacute; su exilio y su tr&aacute;nsito vital por diversas geograf&iacute;as&rdquo;</p>
<p>Bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Del exilio al &lsquo;desexilio&rsquo;: Mario Benedetti y las &lsquo;patrias interinas&rsquo;&rdquo;, se analiza la obra elaborada durante los doce a&ntilde;os que transcurrieron desde que el autor abandonara</p>
<p>Uruguay tras el golpe militar y que lo llevaron a una itinerancia por Argentina, Per&uacute;, Cuba y Espa&ntilde;a. &ldquo;Son estos pa&iacute;ses esas &ldquo;patrias interinas&rdquo; en las que fue adquiriendo una conciencia y, consecuentemente, lo que bien podemos denominar, en su caso, una cultura del exilio, cifrada en buena medida en aquel verso de &ldquo;Otra noci&oacute;n de patria&rdquo;: &ldquo;el exilio tambi&eacute;n tiene barrotes&rdquo;.</p>
<p>Benedetti siempre se plante&oacute; su exilio desde una visi&oacute;n positiva que superara los pesimismos. De ah&iacute; que fuera para &eacute;l una etapa en la que la escritura se convirti&oacute; en el mejor ant&iacute;doto para superar la nostalgia y no s&oacute;lo vivir de la memoria. De ah&iacute; que, en esos a&ntilde;os, escribiera una de sus m&aacute;s memorables novelas, dos libros de cuentos y cuatro libros fundamentales de su trayectoria po&eacute;tica. Fue, por tanto, una etapa muy productiva que le permiti&oacute; estar en continua alerta y mantener viva la esperanza.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>MIGUEL DELIBES: CLAVES DE SU VIGENCIA</strong></p>
<p>En su art&iacute;culo &ldquo;Miguel Delibes: claves de su vigencia&rdquo;, el profesor Mario Crespo L&oacute;pez subraya que Delibes es un &ldquo;punto fundamental desde el que observar medio siglo de literatura espa&ntilde;ola (el que va entre 1948 de &ldquo;La sombra del cipr&eacute;s es alargada&rdquo; y 1998 de &ldquo;El hereje&rdquo;). Adem&aacute;s, en Delibes se aprecia un triple compromiso: &eacute;tico, social y est&eacute;tico.</p>
<p>Cien a&ntilde;os despu&eacute;s del nacimiento, se asegura en TURIA, la obra de Delibes &ldquo;goza de unas caracter&iacute;sticas que van a facilitar su vigencia, es decir, su lectura y estudio a trav&eacute;s del tiempo. Para empezar, por haberse hecho eco, desde una raigambre cervantina, de la noble causa de los d&eacute;biles y de la libertad de conciencia de sus h&eacute;roes o antih&eacute;roes. Su literatura, profundamente castellana, se nutre de unos temas universales (la infancia, el ideal de justicia y libertad, la naturaleza, las contradicciones del progreso, la muerte&hellip;) que justifican el inter&eacute;s que ha tenido y tiene en los lectores en castellano (a trav&eacute;s de inn&uacute;meras ediciones, acrecentadas en este a&ntilde;o conmemorativo) y allende nuestras fronteras ling&uuml;&iacute;sticas. Por otro lado, su literatura es tan extensa y variada como cuidada, con una prosa magistral, llena de hallazgos y matices, con personajes cre&iacute;bles de profunda complejidad. Quien lo lea va a leer a un cl&aacute;sico nuestro de las letras universales&rdquo;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>EL INTER&Eacute;S DE LAS CARTAS DE PHILIP LARKIN A MONICA JONES</strong></p>
<p>TURIA publica una selecci&oacute;n de la correspondencia de Philip Larkin (Conventry, Reino Unido, 1922 &ndash; Hull, Reino Unido, 1985), uno de los m&aacute;s notables poetas ingleses del siglo XX. Se trata de un valioso material in&eacute;dito en espa&ntilde;ol y que formar&aacute; parte de un libro que, con el t&iacute;tulo de&nbsp; &ldquo;Cartas a Monica Jones&rdquo;, ser&aacute;&nbsp; editado por La Umbr&iacute;a y la Solana.</p>
<p>En una clarificadora nota introductoria, el profesor D&aacute;maso L&oacute;pez Garc&iacute;a subraya en TURIA la importancia de estas cartas a Monica Jones, que abarcan un per&iacute;odo de tiempo de casi cuarenta a&ntilde;os y de las que se conservan 1421 cartas y&nbsp; m&aacute;s de medio millar de postales. Su lectura nos permite conocer mucho mejor a Larkin en tres dimensiones: su vida cotidiana; la informaci&oacute;n que brindan sobre literatura, lecturas y comentarios de otros autores y el hecho de que Monica Jones fue la persona con la que Larkin intercambi&oacute; mayor n&uacute;mero de reflexiones sobre literatura y sobre su poes&iacute;a. De ah&iacute; el atractivo de este conjunto de cartas para conocer mejor la verdadera personalidad de uno de los poetas m&aacute;s aclamados del pasado siglo.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>CIORAN O LA SUPERVIVENCIA DEL PENSAMIENTO CR&Iacute;TICO</strong></p>
<p>Junto a Eug&eacute;ne Ionesco y Mircea Eliade, Emil Cioran (Rasinari, Ruman&iacute;a, 1911 &ndash; Par&iacute;s, Francia, 1995) integra la n&oacute;mina de creadores rumanos que ejercieron, desde Par&iacute;s y desde la lengua francesa, una enorme influencia en la cultura occidental contempor&aacute;nea. Leer a Cioran es, ayer y hoy un ejercicio recomendable y necesario para todo aquel que quiera tener otra mirada frente a la realidad. Es el suyo un pensamiento cr&iacute;tico al que rindieron reconocimiento p&uacute;blico creadores e intelectuales tan destacados como Samuel Beckett, Octavio Paz o Susan Sontag. En Espa&ntilde;a, fue su principal y m&aacute;s entusiasta divulgador del fil&oacute;sofo Fernando Savater.</p>
<p>Con motivo de cumplirse 25 a&ntilde;os de su muerte, TURIA dedica a Cioran un art&iacute;culo elaborado por Manuel Arranz en el que se invita a la lectura de quien escribiera que &ldquo;vivir es sobrevivir&rdquo;. De alguna manera, Cioran fue un santo al que le falt&oacute; la fe, anota Arranz a prop&oacute;sito de quien fuera uno de los m&aacute;ximos exponentes de la filosof&iacute;a del siglo XX. Y, sin duda, la lectura de Cioran no deja indiferente a nadie que lea sus reflexiones sobre sus temas favoritos: el destino de los pueblos, la decadencia, el fanatismo, el suicidio, la imposibilidad necesaria de la filosof&iacute;a, etc. Su nihilismo y su manera afor&iacute;stica de filosofar, nos deber&iacute;an seguir fascinando hoy.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>ISABELLA HAMMAD: UNA PRIMERA NOVELA DESLUMBRANTE </strong></p>
<p>El nuevo n&uacute;mero de TURIA publica tambi&eacute;n un avance de lo que ser&aacute; &ldquo;El parisino&rdquo;, primera novela de la brit&aacute;nica Isabella Hammad, que aparecer&aacute; en espa&ntilde;ol el pr&oacute;ximo a&ntilde;o editada por Anagrama. El lector encontrar&aacute; aqu&iacute; una historia deslumbrante, inspirada en el bisabuelo paterno de la autora, en torno a las peripecias vitales de un palestino afrancesado. Pero el argumento va m&aacute;s all&aacute; y permite adentrarse en las claves de los seculares conflictos de Oriente Medio.</p>
<p>La historia narrada en &ldquo;El parisino&rdquo; se inicia en 1914, a comienzos de la Primera Guerra Mundial. Los pa&iacute;ses &aacute;rabes de Oriente Medio no existen a&uacute;n. El palestino Midhat viaja a Francia para estudiar medicina y se enamora de la hija de su anfitri&oacute;n franc&eacute;s, pero durante una conversaci&oacute;n se produce un malentendido y el joven se va a Par&iacute;s y se convierte en un hombre de mundo. Terminada la guerra, Midhat vuelve a Palestina, pero no ha olvidado a su amada francesa. Tampoco ella lo ha olvidado, y le escribe una carta que Midhat no recibe. Mientras tanto, Francia y Gran Breta&ntilde;a se reparten el control de Oriente Medio, y para contener las reivindicaciones &aacute;rabes inventan pa&iacute;ses como Irak, L&iacute;bano, Jordania, Palestina y Siria, y facilitan la inmigraci&oacute;n de miles de jud&iacute;os, que se van apoderando del suelo palestino. Midhat se ha casado, tiene un comercio de telas, todo parece ir bien. Pero el pasado vuelve cuando encuentra la carta de la amada francesa, que hab&iacute;a sido interceptada y escondida por su padre. Midhat enloquece. Su locura dura lo que la huelga general de 1936, que marc&oacute; el inicio de la rebeli&oacute;n &aacute;rabe de Palestina contra la inmigraci&oacute;n jud&iacute;a y el imperialismo brit&aacute;nico que la apoyaba.</p>
<p>Isabella Hammad naci&oacute; en Londres en 1992 y estudi&oacute; en Oxford, Harvard y la Universidad de Nueva York, ciudad donde pasa parte del tiempo en la actualidad. En 2013 obtuvo una beca para escritores de la Universidad de Cambridge. En 2016-2017 fue escritora residente de la Axinn Foundation de la Universidad de Nueva York. Ha publicado cuentos y otros textos en las revistas &ldquo;Conjunctions&rdquo; y &ldquo;The Paris Review&rdquo;<em>, </em>y ha sido galardonada con el Plimpton Prize for Fiction 2018.</p>
<p>La recepci&oacute;n obtenida por &ldquo;El parisino&rdquo; ha sido muy favorable entre la cr&iacute;tica y los lectores. Buen ejemplo de ello son las palabras de Zadie Smith, una de las escritoras brit&aacute;nicas m&aacute;s valiosas de nuestros d&iacute;as: &ldquo;Delicada, contenida, de una inteligencia aventajada y un equilibrio inhabitual, y hermosa de verdad. Isabella Hammad tiene un talento enorme, y su libro es una maravilla&rdquo;.</p>
<p>TURIA, que cuenta ya con treinta y seis a&ntilde;os de trayectoria, ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. Tiene periodicidad cuatrimestral en papel y adem&aacute;s dispone tambi&eacute;n una versi&oacute;n digital (web y Facebook) muy apreciada. La edita el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel y cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21" align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21" style="text-align: left;" align="center"><strong>DOS CARTAS IN&Eacute;DITAS DE &nbsp;PHILIP LARKIN </strong></p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">La revista TURIA difunde una selecci&oacute;n de la correspondencia de Philip Larkin, &nbsp;avance del libro &rdquo;Cartas a Monica Jones&rdquo;, que ser&aacute; publicado por la editorial La Umbr&iacute;a y la Solana en los pr&oacute;ximos meses. De ese material in&eacute;dito, adelantamos hoy los fragmentos de dos de esas cartas:</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>24 de julio de 1952</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>30 Elmwood Ave, Belfast</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>[...] Hablando en serio, creo que en la vida es una falta grave desperdiciar mucho tiempo en asuntos sociales, porque no solo te quita tiempo para dedicarlo a tus cosas privadas, sino que te impide acopiar energ&iacute;a ps&iacute;quica que luego puedes liberar para crear arte o lo que sea. Es terrible la manera en que acallamos el silencio y la soledad a cada paso, bastante suicida todo. No s&eacute; c&oacute;mo evitarlo, sin ser demasiado rico ni demasiado impopular, y me preocupa de veras, ya que el tiempo pasa y no hacemos nada. No es como si se ganase algo con esta frivolidad social. No es eso, es solo una p&eacute;rdida de tiempo. [...]</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>8 de noviembre de 1952</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>30 Elmwood Ave, Belfast&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>[&hellip;] Es gracioso, uno empieza pensando que es retra&iacute;do, sensible, inteligente, siempre humilde y un paso por detr&aacute;s y todo lo dem&aacute;s; y entonces resulta que, a los treinta, descubre que es un gran bruto integral, incapaz de apreciar algo m&aacute;s sutil que un beso o una patada, que ruge sus hipocres&iacute;as a voz en grito, con la piel tan gruesa e insensible como un rinoceronte. Al menos, en mi caso. Por eso nunca debes pensar que te critico a ti. T&uacute; siempre tienes raz&oacute;n, incluso cuando no es agradable tenerla. Ahora, a trabajar, &iexcl;Tocinito!</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con amor desde la pocilga,&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; P.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 18 Jun 2020 10:58:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿A dónde iré que no tiemble?]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/a-donde-ire-que-no-tiemble/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2020/Junio/arranz500.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 390px; text-align: left;" align="right"><em>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em>A mi hija Clara</em>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Solemnes banalidades.</p>
<p>El pensamiento m&aacute;s transparente casi siempre es la ausencia de pensamiento.</p>
<p>No juzgar. Pero condenar.</p>
<p>Los hombres peque&ntilde;os no crecen, s&oacute;lo crecen los grandes.</p>
<p>La curiosidad que tiene el hombre por conocer, nunca suele ir m&aacute;s all&aacute; de querer saber lo que se cuece en la cocina de su vecino.</p>
<p>Es dif&iacute;cil saber si el hombre destruye para poder construir, o si por el contrario construye para as&iacute; poder destruir.</p>
<p>Los &eacute;xitos, para ser completos, deben ser inmerecidos.</p>
<p>La raz&oacute;n siempre admite componendas. El coraz&oacute;n, jam&aacute;s.</p>
<p>Ocultar los pensamientos. Pero no tanto que no volvamos a encontrarlos.</p>
<p>La mediocridad, como la incompetencia con la que tiene tanto en com&uacute;n, si quiere triunfar tiene que ser ostentosa.</p>
<p>Pensar y opinar no son sin&oacute;nimos, aunque pueda parecerlo. Son precisamente ant&oacute;nimos.</p>
<p>El conocimiento que no tiene l&iacute;mites ni siquiera es conocimiento.</p>
<p>Disparar contra gigantes fue siempre deporte favorito de enanos.</p>
<p>El hombre hace el bien por inter&eacute;s. El mal en cambio lo hace desinteresadamente.</p>
<p>La verdad se reconoce por la longitud de la frase. Si es demasiado larga es que es mentira.</p>
<p>"La belleza inexplicable de una obra" (Valery), reside tantas veces en su cualidad de inexplicable.</p>
<p>La justicia es la belleza perfecta.</p>
<p>Clamoroso silencio.</p>
<p>Si una verdad necesita demostraci&oacute;n, es que es mentira.</p>
<p>Lo que no depende de ti, es de lo que t&uacute; dependes.</p>
<p>"Qu&eacute; grande es el pensamiento de que verdaderamente nada se nos debe" (Pavese). Pero m&aacute;s grande todav&iacute;a es el pensamiento de que lo debemos todo.</p>
<p>La &uacute;nica idea que parece tener alg&uacute;n futuro, es la idea de que no tenemos futuro.</p>
<p>Cuando se tiene raz&oacute;n, hay que actuar como si no se tuviera, a fin de no perderla del todo.</p>
<p>No todas las metas del hombre est&aacute;n en la misma direcci&oacute;n.</p>
<p>Cuanto m&aacute;s se esforzaba por alcanzar la meta, m&aacute;s se alejaba de ella. Porque la ten&iacute;a a sus espaldas.</p>
<p>Recelo de quien dice ser de mi opini&oacute;n.</p>
<p>La aut&eacute;ntica libertad de opini&oacute;n es no tener ninguna</p>
<p>La mayor&iacute;a de los hombres tenemos m&aacute;s de qu&eacute; arrepentirnos por lo que dejamos de hacer que por lo que hicimos.</p>
<p>Pon&iacute;a en sus libros toda su ignorancia.</p>
<p>S&oacute;lo sigue un camino recto quien teme perderse.</p>
<p>Donde hay ingenio no suele haber genio.</p>
<p>&iexcl;Qu&eacute; pocos libros necesita el hombre! &iexcl;Pero cu&aacute;ntos debe leer para llegar a darse cuenta!</p>
<p>Tengo la sensaci&oacute;n cuando no leo de que me falta algo. Pero cuando leo, entonces tengo la certeza de que algo me falta.</p>
<p>Hay libros que influyen tan poderosamente en nosotros que hasta nos olvidamos de que los hemos le&iacute;do.</p>
<p>No escribe m&aacute;s que sandeces. &iexcl;Pero con qu&eacute; estilo!</p>
<p>Pensar no es m&aacute;s que sacar conclusiones propias de pensamientos ajenos.</p>
<p>Tener ideales. Pero no creer en ellos.</p>
<p>Todo lo que leemos por alg&uacute;n motivo, es prescindible.</p>
<p>Su mejor pensamiento, con el tiempo, result&oacute; ser una perogrullada.</p>
<p>S&oacute;lo las deudas imaginarias nos atan de por vida.</p>
<p>La inocencia no se pierde, se gana.</p>
<p>Convertir una derrota en una victoria s&oacute;lo es una cuesti&oacute;n de estilo.</p>
<p>Quien comprende las razones del enemigo, est&aacute; vencido de antemano.</p>
<p>Era tan austero que hasta se prohib&iacute;a tener pensamientos propios.</p>
<p>Llevaba una vida tan privada que acab&oacute; muriendo en la indigencia.</p>
<p>A veces se olvidaba de pensar.</p>
<p>Pronto echaremos de menos lo que tuvimos de m&aacute;s.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 12 Jun 2020 06:44:26 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un descenso a los infiernos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-descenso-a-los-infiernos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2020/Junio/Mart_nez500.jpg" alt="" /><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; El periodista y poeta murciano Jos&eacute; Antonio Mart&iacute;nez Mu&ntilde;oz es un caso tan singular en el panorama po&eacute;tico espa&ntilde;ol que solo una &ldquo;poes&iacute;a reunida&rdquo; permite apreciarlo en su totalidad. No ha sido hasta 2019 cuando, gracias a la apuesta de la joven editorial albacete&ntilde;a Cham&aacute;n Ediciones, ha visto la luz el primero de los dos vol&uacute;menes de <em>Hasta que nada quede,</em> el que recoge la obra publicada a lo largo de 40 a&ntilde;os. Con la pr&oacute;xima publicaci&oacute;n del segundo, formado por in&eacute;ditos, se cerrar&aacute; el proyecto de ofrecer al lector una obra diferente, atravesada por la m&uacute;sica y la literatura y capaz de explorarlas de la mano del lenguaje y sus silencios.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Los primeros libros comparten un humus musical y po&eacute;tico donde los versos de Octavio Paz, Vallejo, Celan o Lorca se confunden con Mahler, el blues, Clapton y Led Zeppelin, y mezclan amor, ceguera, muerte, la negaci&oacute;n existencial, el uso de tachaduras, el silencio de las p&aacute;ginas en blanco, la noche, el alcohol, el anhelo y la desesperanza.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; En esa misma estela est&aacute; <em>moanin&rsquo; (some blues)</em>, que afronta la extra&ntilde;eza de quien no se reconoce en la imagen que le devuelve el espejo: <em>otro hombre se afeita en mi espejo,</em> mientras la gente sigue con su vida a espaldas de esta metamorfosis que desgrana un estribillo machac&oacute;n e hipn&oacute;tico de pena, de p&eacute;rdida, de final.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; <em>nocturno para saxo </em>conjura la melod&iacute;a de los cuerpos con un ac&uacute;mulo de sensaciones donde sobra cualquier tipo de regla. Quien manda es el j&uacute;bilo de la creaci&oacute;n que enumera a sus criaturas en un canto &aacute;vido, sensorial que se ir&aacute; volviendo desva&iacute;do cuando los cuerpos pierdan la armon&iacute;a y quede solo una historia de desamor que deja a las espaldas una letan&iacute;a de im&aacute;genes de fr&iacute;o y perplejidad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; En libros posteriores Jos&eacute; Antonio Mart&iacute;nez Mu&ntilde;oz combinar&aacute; la vanguardia con una bien le&iacute;da tradici&oacute;n cl&aacute;sica. Lo advertimos en <em>silva del alba maleva</em><em>, </em>donde sus viejos temas arrastran ya p&eacute;rdidas y escepticismo, matizado con un tono ir&oacute;nico, coloquial pero desencantado, de un viajero consciente de que va perdiendo el control de su ruta<em>.</em></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; En esa l&iacute;nea abunda <em>uno, </em>un &ldquo;uno&rdquo; empe&ntilde;ado en ajustar cuentas con el tiempo. Los juguetes rotos de la juventud, la soledad y la muerte llenan el petate de este viajero consciente de que <em>ya se le va haciendo a uno tarde, </em>y donde fluyen constantes las referencias y pr&eacute;stamos, alientos cruzados de aquellos gigantes a cuyos hombros se a&uacute;pa: Gil de Biedma, Conrad, Allan Ginsberg y tantos otros.</p>
<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp; la lluvia en el cristal </em>se inclina tanto hacia el microrrelato como se vuelve aforismo, apunte inacabado, reflexi&oacute;n breve<em>.</em> Los puntos de vista son diversos, las voces se suceden, las horas ma&uacute;llan, la niebla tiene forma de gato, las algas suenan como chopos, el rock and roll se ondula como una v&iacute;bora y todo es una f&aacute;bula que sucede en el san Barand&aacute;n de las letras que tanto parece gustar a este poeta enemigo de la ortodoxia, de los g&eacute;neros trazados con regla y cartab&oacute;n, de la camisa de fuerza de la norma.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>el hombre atardecido</em> se adentra en un hondo infierno existencial. Quiz&aacute;s sea a partir de este momento cuando la deuda cl&aacute;sica del poeta se exhibe con mayor evidencia. El rockero que se beb&iacute;a las noches, el enamorado con la miel en los labios, el amante</p>
<p>arrojado a la cuneta se funden en un hom&eacute;rico Nadie<strong> </strong>al que acompa&ntilde;ar de naufragio en naufragio a trav&eacute;s de fragmentos, poemas, relatos m&iacute;nimos, enumeraciones antit&eacute;ticas, par&eacute;ntesis y preguntas de respuesta imposible.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El viajero, desprovisto de los sue&ntilde;os de la juventud, es una sombra que envejece en el silencio mientras navega errante por un <em>mar vinoso y cruel. </em>Todo es fracaso recurrente, yermos lun&aacute;ticos; todo incita a sentarse <em>a esperar el fin del mundo</em>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aquel viaje lleno de promesas y aventura parece haber desembocado en un Comala fantasmag&oacute;rico. La forma, a su vez, se estira y se encoge, se omite entre par&eacute;ntesis y renace, se hace eco, marejada, huesos sobre la playa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>el viento de la Gehena</em> se hunde en la noche eterna del infierno. Pero el peregrino no lo hace solo: las voces de los poetas acuden de nuevo para formar un coro de consuelo y palabras. Los di&aacute;logos subterr&aacute;neos se suceden y hay, entre nada y olvido <em>de donde no hay regreso</em>, muletas de Celan, remos de Pound, redes de Eliot, velas al&iacute;geras de Quasimodo, Vallejo, Basho, Ungaretti y tantos otros que tambi&eacute;n escucharon el canto de Tiresias.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tanto <em>sextina</em> como en <em>luz almagra</em> evocan el viaje fugaz de la vida humana que cumple con su destino hasta extinguirse en la muerte. Lo que queda es la vida como lev&iacute;simo intervalo entre dos cantos: <em>Ya canta el gallo / pronto responder&aacute; / oscuro el grillo.</em></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La &uacute;ltima parte del libro la compone un anticipo de in&eacute;ditos:<em> fragmenta,</em> <em>oscurana </em>y <em>sofoclea</em>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El primero transmite, a trav&eacute;s de la elipsis y la fragmentariedad simb&oacute;licas, c&oacute;mo el tiempo y el salitre van royendo la capacidad de decir. Quedan palabras sueltas, frases inacabadas, desapego verbal y existencial.</p>
<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Oscurana, </em>por su parte, rinde homenaje al conflicto de la identidad, tan caro al autor como lo es Pessoa: <em>empiezo a conocerme. No existo. </em>Consta de un di&aacute;logo dram&aacute;tico entre ser y sombra cuyo juego metaf&iacute;sico evidencia el verso: <em>pessoa&nbsp;&nbsp; persona&nbsp;&nbsp; m&aacute;scara</em></p>
<p><em>personne&nbsp;&nbsp; nadie. </em>Toda una vida empe&ntilde;ada en el viaje de averiguarse para concluir en el desconocimiento de uno mismo. Uno es, definitivamente, nadie: <em>Yo soy todos estos hombres / todos estos rostros, estas voces soy / y no existo.</em></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta edici&oacute;n termina con <em>Sofoclea</em>, una reescritura m&aacute;s o menos traicionera del est&aacute;simo I de la <em>Ant&iacute;gona</em> de S&oacute;focles que reivindica su espacio vital en el universo de <em>El hombre atardecido</em>, ese viajero:<em> que</em> <em>cruza las espumas // voraces de los mares / bajo el l&aacute;tigo helado//de los vientos feroces. </em></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Todo se abraza en esta obra: la tradici&oacute;n con la vanguardia, el yo y el no yo, la noche y el d&iacute;a, el viaje con el regreso al punto de partida, el hombre con sus contradicciones y fidelidades, la palabra con el silencio.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para seguir apurando la vida y su misterio hasta que nada quede<strong>. </strong>Para alcanzar, con la lectura de este libro y de otros como &eacute;l, toda la calidad de incandescencia con la que Aldo Pellegrini define la aut&eacute;ntica poes&iacute;a, esa que no est&aacute; hecha para los imb&eacute;ciles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Hasta que nada quede</em>. Jos&eacute; Antonio Mart&iacute;nez Mu&ntilde;oz. Albacete, Cham&aacute;n Ediciones 2019.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 12 Jun 2020 06:40:17 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Televisar las emociones]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/televisar-las-emociones/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2020/Junio/Oyuki500.jpg" alt="" /></p>
<p>&iquest;De qu&eacute; manera puede explicarse el &eacute;xito mundial de las telenovelas latinoamericanas? &iquest;Est&aacute; la realidad reflejada en las telenovelas o es que las telenovelas definen esa realidad? &iquest;C&oacute;mo se ha desarrollado, a partir de los a&ntilde;os cincuenta, la tradici&oacute;n telenovelesca? &iquest;Qu&eacute; distingue las telenovelas mexicanas de las colombianas, las brasile&ntilde;as, las argentinas y dem&aacute;s? &iquest;En qu&eacute; medida la presencia de Netflix y otras plataformas ha cambiado el modelo de creaci&oacute;n en cada uno de estos pa&iacute;ses? El cr&iacute;tico cultural Ilan Stavans, autor de <em>Spanglish</em> (2002) y <em>Lengua Fresca</em> (2015), entre otros libros, y el director de teatro y cine Benjam&iacute;n Cann, que estuvo a cargo de las telenovelas <em>El pecado de Oyuki</em> (1988) y <em>Rub&iacute;</em> (2004), entre otras, ambos mexicanos, exploran estos y otros temas en un di&aacute;logo que se centra en el papel de las emociones.</p>
<p align="center">***</p>
<p><strong>&ldquo;La culpa, en el melodrama mexicano, suele ser sin&oacute;nimo de bondad&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>Benjamin Cann: Una mujer, Betsy, de unos 30 a&ntilde;os. Casada con un hombre de unos 32. Un hombre guapo, varonil. Un buen hombre. Esto es, un hombre decente, trabajador. De buenos sentimientos, a la manera que nuestras madres nos educaron: incapaz de herir a una mujer con sus palabras. Incapaz de hacerle una &ldquo;peladez&rdquo;, ofenderla, insultarla. Decirle &ldquo;gorda.&rdquo;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Porque Betsy es obesa. No es una mala persona tampoco: quiere a su marido, est&aacute; enamorada de &eacute;l. Lo trata con cari&ntilde;o, lo consiente. Betsy no trabaja. Es una mujer &ldquo;t&iacute;pica&rdquo; mexicana de los a&ntilde;os ochenta: su marido trabaja, ella atiende al marido. Es obesa. Hoy dir&iacute;amos que es incorrecto juzgar a una mujer por su figura. Sin embargo, en los a&ntilde;os ochenta, noventa... aun hoy en algunos estratos socio-econ&oacute;micos, ser obesa podr&iacute;a ser considerado como un defecto. En la televisi&oacute;n de esa &eacute;poca era, sin duda, un defecto, una caracter&iacute;stica dram&aacute;tica para de all&iacute; construir un personaje antagonista. Una mujer obesa no ser&iacute;a nunca una protagonista. La telenovela manejaba estereotipos: la mujer ideal era esbelta. Nunca obesa. En M&eacute;xico, en el 2019, un reporte de salud dice que el 72.5% de los adultos tiene sobrepeso u obesidad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En fin, Betsy era obesa. Se dec&iacute;a de ella &ldquo;gorda.&rdquo; Su marido, guapo, esbelto, conoci&oacute; a Lorna: esbelta. Se gustan. &ldquo;Amor a primera vista.&rdquo; Betsy empieza a sentir algo raro en el comportamiento de su marido. Su marido, que es una buena persona, siente culpa hacia Betsy pero no puede evitar sentir la atracci&oacute;n que siente hacia Lorna. La culpa, en el melodrama mexicano, suele ser sin&oacute;nimo de bondad. Quien siente culpa, es bueno.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Curioso que, como hacen muy bien las telenovelas, si sientes culpa est&aacute;s en del lado correcto&rdquo;</strong></p>
<p>Ilan Stavans: La culpa, seg&uacute;n el <em>Diccionario de la Lengua Espa&ntilde;ola</em>, es &ldquo;una acci&oacute;n u omisi&oacute;n que provoca un sentimiento de responsabilidad por un da&ntilde;o causado&rdquo;.&nbsp; En otras palabras, ser culpable es sentirse deudor. Para que una persona sienta culpa, debe haber procesado el sentimiento de responsabilidad. Un beb&eacute; no siente culpa. Claro que una vez que sientes culpa por vez primera, est&aacute;s marcado para siempre.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ahora bien, &iquest;es cierto que quien siente culpa es bueno? Las religiones occidentales basan su esencial en el concepto de culpa. Pero ninguna promueve la culpa como una soluci&oacute;n. Curioso que eso&mdash;ya lo dijiste t&uacute;&mdash;sea lo hacen muy bien las telenovelas: si sientes culpa, est&aacute;s del lado correcto.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>BC: Aqu&iacute; la encrucijada: &eacute;l las ama a las dos. Betsy, celosa, reclama. Se vuelve insoportable. Le hace la vida &ldquo;de cuadritos&rdquo; al marido, que se siente inmensamente culpable: no puede escapar a su destino, a su suerte: se ha enamorado de otra mujer, pero la culpa, esa culpa judeo-cristiana tan caracter&iacute;stica de nuestra educaci&oacute;n cultural mexicana, le impide enfrentar la verdad.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mientras tanto, Lorna decide alejarse de &eacute;l aunque lo ama: ella nunca le arrebatar&iacute;a a otra mujer nada. Mucho menos su hombre. Si no estuvieran casados, tal vez. Pero ya casados ante la ley de Dios...</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un hombre, dos mujeres: el tri&aacute;ngulo t&iacute;pico de una telenovela. En esta que te cuento, aparentemente no hay &ldquo;malos.&rdquo; &Eacute;l y Lorna son esbeltos. Ella est&aacute; segura de haber sido traicionada: su hombre, al parecer, se ha enamorado de otra mujer estando casado con ella. &Eacute;l, es cierto, se ha enamorado de otra. Pero es un amor imposible, porque &eacute;l es un hombre cabal: no se ir&aacute; con Lorna pues est&aacute; casado con Betsy. Betsy, que adem&aacute;s de gorda es celosa, se vuelve intransigente, paranoica, desconfiada: intolerable. Sufre la traici&oacute;n, pero no tiene armas intelectuales para enfrentarla, solo sus emociones. Estas la hacen volverse un personaje negativo: antagonista: su conducta har&aacute; imposible el amor entre Lorna y &eacute;l.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al transmitir la historia, es clara la preferencia de los espectadores por la relaci&oacute;n entre Lorna y el marido. Los espectadores prefieren que el guapo se vaya con la guapa y no se quede con la gorda. Afortunadamente para la expectativa de los espectadores, la gorda se descompone: deja de ser buena y empieza a ser la mala de la historia, al perseguir obsesivamente a su marido, al que la traicion&oacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Algo en la expectativa del espectador justifica la traici&oacute;n porque Betsy es gorda...y digo &ldquo;afortunadamente&rdquo; porque de esta manera el espectador no tiene conflicto moral: puede, sin culpa, elegir la historia de amor de los guapos. Si la gorda fuera buena, habr&iacute;a un conflicto para el espectador. Haci&eacute;ndola &ldquo;mala,&rdquo; antagonista, el espectador escoger&aacute; lo &ldquo;correcto.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El mundo telenovelesco es otra manera de catalogar las emociones, de estudiarlas con ah&iacute;nco&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>IS: Las emociones humanas son un tema muy estudiado pero poco entendido. &iquest;Cu&aacute;ntas hay? &iquest;Han sido catalogadas alguna vez? &iquest;Existe una lista exhaustiva? &iquest;Qui&eacute;n les dio nombre? &iquest;Todas las lenguas y culturas del mundo tienen el mismo n&uacute;mero? &iquest;C&oacute;mo se relaciona una emoci&oacute;n con las otras? Por ejemplo, &iquest;c&oacute;mo distinguir d&oacute;nde termina la envidia y empiezan los celos? &iquest;El afecto y el amor? &iquest;El odio y el rencor?&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Acaso el fil&oacute;sofo que mejor ha explicado la constelaci&oacute;n emocional sea Spinoza (1632-1677). Esto es curioso porque Spinoza era un hombre h&iacute;per intelectual, que sol&iacute;a no tener paciencia con sus propias emociones. Su <em>&Eacute;tica</em> es un libro exquisito donde explica las emociones una por una, del amor a la pena.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando yo pienso en las telenovelas&mdash;y lo hago con frecuencia. Pues soy un aficionado a ellas&mdash;Spinoza me sirve de gu&iacute;a. Me da la impresi&oacute;n que, desde otra perspectiva, el mundo telenovelesco es otra manera de catalogar las emociones, de estudiarlas con ah&iacute;nco.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El resultado, por supuesto, es distinto. Spinoza es un pensar cient&iacute;fico: su an&aacute;lisis de las emociones tiene como objeto controlarlas. Las telenovelas buscan lo puesto: crear situaciones a trav&eacute;s de las cuales las emociones se desbordan hasta confundirse.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me gusta la manera en que tu an&eacute;cdota supone roles t&iacute;picos, o llam&eacute;moslos modelos. Esa base estructural la tienen no solamente las telenovelas sino tambi&eacute;n Spinoza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El modelo de las telenovelas es el mismo de los cuentos infantiles&rdquo;</strong></p>
<p>BC: Las telenovelas hicieron un modelo de los roles, de las conductas t&iacute;picas. Ellas no inventaron esas conductas. Se basaron en ellas, las simplificaron y las expusieron de manera esquem&aacute;tica, clara, simple. Las telenovelas no inventaron el mundo, obviamente, que se muestra en ellas. Lo arquetipificaron.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El modelo es el mismo de los cuentos infantiles: en el mundo hay buenos, malos y los que colaboran con ambos. En ese mundo es deseable que triunfe el bien. En los cuentos el bien se identifica con conceptos morales arraigados en las costumbres de quienes los escuchan. As&iacute;, es correcto en el mundo unirse ante la ley: casarse. Es un bien que lleva a la felicidad. Es correcto obedecer los diez mandamientos. Obedecerlos te hace una buena persona. Quien desobedece alguno de ellos es malo. Afecta el bien general y ofende a la sociedad y a Dios.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El bien y el mal son evaluados desde el mundo emotivo, en las telenovelas. No desde el cerebro racional, desde la evaluaci&oacute;n racional. En las telenovelas todo lo que sucede afecta las emociones de sus habitantes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;No</strong><strong> todos los adultos nos dejamos manipular por la vor&aacute;gine emocional que proponen las telenovelas&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>IS: Si el pensamiento infantil depende de opuestos&mdash;los buenos y los malos, los bonitos y los feos, los ni&ntilde;os y los adultos&mdash;&iquest;ser&iacute;a juicioso pensar que, al imitarlo para el p&uacute;blico adulto, &iquest;la estrategia resulta en una infantilizaci&oacute;n de los espectadores? No quiero, en lo absoluto, aparentar ser cr&iacute;tico. Para m&iacute;, las telenovelas no son un universo en el que reine la raz&oacute;n sino el sentimiento. No todos los ni&ntilde;os sobre enfatizan los sentimientos. Ni tampoco todos los adultos nos dejamos manipular por la vor&aacute;gine emocional que proponen las telenovelas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>BC: Tal vez s&iacute; juicioso, mas no justo. Las telenovelas cuentan un cuento, considerando varios factores: quien atiende al cuento no presta su total atenci&oacute;n a la narraci&oacute;n. Mientras atiende el cuento hace otras cosas. La estructura de una telenovela considera este factor. Otro a considerar, es que no todos los espectadores podr&aacute;n seguir el cuento todas las noches durante algunos meses. Por eso las telenovelas han optado por estructuras repetitivas y f&aacute;ciles de seguir. El m&aacute;s importante: las telenovelas van primordialmente dirigidas a un p&uacute;blico de escasa escolaridad. El p&uacute;blico que la telenovela ha perseguido generalmente es el que no cuenta con muchas otras opciones de entretenimiento, pues no es un p&uacute;blico con capacidad econ&oacute;mica suficiente para procurarse muchas opciones de entretenimiento, y tampoco es un p&uacute;blico cuyo h&aacute;bito de entretenimiento incluya generalmente la lectura. En muchos casos, no lee en absoluto. De manera que los temas que toca una telenovela deben ser tratados de maneras simples y comprensibles para espectadores, como dije antes, de poca escolaridad y pocos recursos econ&oacute;micos. No son, obviamente, exclusivas de este p&uacute;blico. Muchas otras audiencias han seguido las telenovelas desde siempre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Las telenovelas permiten que el p&uacute;blico se tome unas vacaciones de s&iacute; mismo&rdquo;</strong></p>
<p>IS: Hay algo m&aacute;s: es un p&uacute;blico deseo de escape, acaso aburrido por el traj&iacute;n diario. Las telenovelas, se ha dicho muchas veces, son un escape. Permiten que el p&uacute;blico se tome unas vacaciones de s&iacute; mismo. Al nivel de las emociones, este aspecto es fundamental. La vor&aacute;gine de las telenovelas es una excusa para vivir porque individualmente la gente vive aburrida, sin aliciente. Estas narraciones brindan la oportunidad de insertarse en vidas ajenas, de tomarse unas vacaciones de s&iacute; mismo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me parece esencial el tema que sugieres: puede que las telenovelas sean para un p&uacute;blico sencillo, pero tambi&eacute;n permiten entender c&oacute;mo las emociones b&aacute;sicas se repiten en narraciones primarias en todas las civilizaciones. Amamos, odiamos, sentimos envidia, celos, rivalidad. No importa cu&aacute;n educado seas, estos sentimientos nos definen a todos. En ese sentido, yo creo que hacer telenovelas es una tarea dif&iacute;cil: &iquest;c&oacute;mo contar un cuento multidimensional que se repita constantemente mientras explota las coordenadas b&aacute;sicas de nuestra condici&oacute;n humana?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hay telenovelas buenas y telenovelas malas. Las buenas siguen siendo b&aacute;sicas pero empujan la narraci&oacute;n a un nivel de sofisticaci&oacute;n que no olvida a su p&uacute;blico primario al tiempo que las eleva a otra esfera. Las malas son meras f&oacute;rmulas. Conf&iacute;o que en un tendremos una telenovela con el alcance del <em>Quijote</em> o <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em>, es decir, una obra maestra que rebase el tiempo y espacio en que fue escrita. &iquest;No crees?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La telenovela tiene reglas tan definitivas como, por ejemplo, un partido de futbol&rdquo;</strong></p>
<p>BC: Hacer telenovelas es sumamente dif&iacute;cil, complicado. La cantidad de condicionantes que debes tener en cuenta para desarrollar una historia de telenovela limita las posibilidades creativas. La telenovela tiene reglas tan definitivas como, por ejemplo, un partido de futbol: cada &ldquo;partido&rdquo; tiene una duraci&oacute;n definitiva. Se divide en dos tiempos y sabes que en cada tiempo &ldquo;chutas&rdquo; para un lado, as&iacute; como sabes que si la pelota sale por la banda la regresas al campo con un &ldquo;saque de manos&hellip;&rdquo; As&iacute; en una telenovela: cada cap&iacute;tulo tiene una duraci&oacute;n l&iacute;mite y reglas precisas. Cada cap&iacute;tulo debe iniciar y terminar con un golpe dram&aacute;tico importante, de preferencia tan fuerte que haga pensar al espectador que pasar&aacute;n cosas nuevas e importantes y que afectar&aacute;n de maneras importantes las vidas de los personajes. Cada cap&iacute;tulo debe prolongar la expectativa de que los protagonistas est&aacute;n a punto de resolver un problema y los antagonistas de impedirlo. Debe respetar el pre-conocimiento de que como no todos los espectadores pueden seguir las an&eacute;cdotas todo el tiempo, es importante repetir constantemente ciertas informaciones que hagan al espectador saber que, aunque no vio el cap&iacute;tulo anterior, puede seguir la trama sin perderse&hellip;</p>
<p>Adem&aacute;s, el director debe tener cuidado en buscar que sus personajes sean siempre emp&aacute;ticos, aun sin saber con precisi&oacute;n qu&eacute; pasar&aacute; en sus vidas, pues nunca tiene la posibilidad de leer los cap&iacute;tulos completos: la trama completa. Cuando empiezas a grabar una telenovela, la historia no ha sido terminada de escribir. Algunos productores incluso llegan al extremo de escribir sus novelas d&iacute;a a d&iacute;a, para ir siguiendo las reacciones diarias de su p&uacute;blico, e ir tratando de seguir sus preferencias.</p>
<p>Y de acuerdo: hay telenovelas &ldquo;buenas&rdquo; y telenovelas &ldquo;malas.&rdquo; Y aunque no hay f&oacute;rmula para predecir si ser&aacute;n unas u otras, las empresas establecen par&aacute;metros que intentan protegerlas del fracaso y asegurar un &eacute;xito m&iacute;nimo. Con esto, han logrado que todas tengan un cierto nivel &ldquo;seguro&rdquo; de &eacute;xito con el p&uacute;blico, y pueden predecir un promedio de espectadores. Antes hab&iacute;a telenovelas que literalmente paralizaban la vida de una ciudad. Romp&iacute;an records de espectadores, lograban ser vistas por tanta gente que su &eacute;xito llegaba a reflejarse en el poco tr&aacute;fico de la ciudad a horas pico. O las hab&iacute;a tan poco favorecidas por el inter&eacute;s de los espectadores que era mejor sacarlas del aire para evitar cat&aacute;strofes en el rating. Hoy tienen todas un cierto promedio y ya no es frecuente ver &eacute;xitos arrolladores ni fracasos rotundos. Las televisoras lograron un promedio, digamos &ldquo;estable,&rdquo; y sacrificaron los &ldquo;extremos:&rdquo; &eacute;xito o fracaso rotundo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y la gente reacciona como ante un tsunami. Cuando pas&oacute; al aire en M&eacute;xico el final de <em>Rub&iacute;</em>, ese viernes, la ciudad se paraliz&oacute;. No hab&iacute;a tr&aacute;fico en las calles, en esa gran v&iacute;a del Distrito Federal, el Anillo Perif&eacute;rico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;N</strong><strong>o hay duda que en Am&eacute;rica Latina expresamos nuestras emociones, en comparaci&oacute;n por ejemplo con Alemania o Inglaterra, como un performance&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>IS: Me pregunto si hay culturas que son m&aacute;s temperamentales que otras. Es peligroso afirmarlo porque esa aseveraci&oacute;n sugiere que las emociones no son experimentadas de manera id&eacute;ntica por todos, que algunas culturas viven &ldquo;a flor de piel&rdquo;, por decirlo de alguna forma. &iquest;Por qu&eacute; la civilizaci&oacute;n hisp&aacute;nica es una m&aacute;quina de telenovelas? Su sobreproducci&oacute;n, &iquest;es un s&iacute;ntoma de que, en el mundo de habla espa&ntilde;ola, as&iacute; como en Brasil, odiamos m&aacute;s vehementemente, con m&aacute;s fuerza?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Luego de estudiar a fondo nuestra cultura, digamos en mi libro <em>&iquest;Qu&eacute; es la hispanidad?</em> (FCE, 2013), creo que no hay duda que en Am&eacute;rica Latina expresamos nuestras emociones, en comparaci&oacute;n por ejemplo con Alemania o Inglaterra, como un performance. Acaso esto se deba a nuestra historia, repleta de altibajos, en la que hay m&aacute;s derrotas que triunfos. Pero este no es un ingrediente irremplazable porque los altibajos est&aacute;n presentes en muchas otras tradiciones. Y hay telenovelas fascinantes en otras lenguas. Yo m&aacute;s bien creo que esa esencia, atada a la herencia mediterr&aacute;nea que tenemos, nos define categ&oacute;ricamente.</p>
<p>BC: Curiosamente, las telenovelas tienen &eacute;xito en otras culturas: los pa&iacute;ses &aacute;rabes en general. Turqu&iacute;a hace hoy telenovelas muy exitosas. Pa&iacute;ses con conflictos internos v&iacute;vidos. Culturas en donde el odio es latente. La discriminaci&oacute;n, las diferencias sociales abismales. La percepci&oacute;n de la justicia mal o nulamente aplicada, o la impunidad. La corrupci&oacute;n. Me llama mucho la atenci&oacute;n que es en estos pa&iacute;ses en donde las telenovelas se ven con mayor inter&eacute;s.</p>
<p>IS: Eso me llevar a preguntar: &iquest;qu&eacute; es el melodrama? Yo creo que Cien a&ntilde;os de soledad, por ejemplo, es una novela melodram&aacute;tica. Lo mismo las de V&iacute;ctor Hugo y Charles Dickens. Ocurre que esas narraciones nos llegan en formato libro, lo que nos hace pensar que son mejores para nuestra salud. Pero <em>Los miserables</em> es un roll&oacute;n.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;La cadena Televisa </strong><strong>era una f&aacute;brica de sue&ntilde;os para los que no tienen opci&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>BC: &iexcl;<em>Los miserables</em> es un gran melodrama! Lo de Dickens ni se diga. Estoy de acuerdo contigo: el que nos haya llegado en un libro nos hace creer que son &ldquo;mejores.&rdquo; Si bien no es el formato el que hace a esas obras &ldquo;mejores,&rdquo; si es, supongo, la profundidad del tratamiento lo que las hace m&aacute;s complejas. Dickens, o V&iacute;ctor Hugo abordan el comportamiento humano, al igual que una telenovela, a partir de las percepciones que sus personajes tienen del mundo desde sus emociones y sus pasiones. El melodrama narra un mundo de emociones y pasiones. Nunca sus personajes son seres eminentemente racionales, intelectuales, anal&iacute;ticos. Responden a los est&iacute;mulos que reciben desde sus &ldquo;cojones&rdquo; o desde sus &ldquo;corazones.&rdquo;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Yo conoc&iacute; a don Emilio Azc&aacute;rraga Milmo, que ten&iacute;a en sus manos la cadena Televisa. Una vez fui invitado a su oficina y tuve el honor de ser rega&ntilde;ado fuertemente por &eacute;l, por mi falta de capacidad para entender cu&aacute;l era el compromiso de su televisora con sus espectadores. Me dijo&mdash;o deber&iacute;a yo decir, me ense&ntilde;&oacute;&mdash;que &eacute;l hac&iacute;a televisi&oacute;n para la gente que no tiene oportunidad de divertirse de otras maneras. Su televisi&oacute;n, algo as&iacute; me ense&ntilde;&oacute;, es para los que no salen de compras porque no tienen dinero. Para los que no pueden salir de vacaciones porque apenas les alcanza para sobrevivir todos los d&iacute;as. Su televisi&oacute;n era una f&aacute;brica de sue&ntilde;os para los que no tienen opci&oacute;n.</p>
<p>Dice una cierta teor&iacute;a, frecuentemente achacada a los indios Coras que habitan--aunque casi ya extintos&mdash;en Nayarit, pero hasta donde he podido averiguar nunca comprobada, que el ser humano tiene tres cerebros. Considerando que el ser humano utiliza su cerebro para relacionarse con el mundo y responder a los problemas cotidianos que la vida en sociedad le plantea, voluntariamente o inconscientemente responde con alguno de estos tres: el visceral, el emotivo, o el racional. El primero est&aacute; ubicado en el &aacute;rea genital, incluido el ano. Con este cerebro respondemos a los est&iacute;mulos de manera definitiva, certera e inmediata: por ejemplo, si veo cruzar a una mujer cuyas formas f&iacute;sicas me atraen, tengo deseo por ella. Deseo f&iacute;sico. O tal vez deseo platicar con ella porque siento atracci&oacute;n emp&aacute;tica. O dudo si ser&aacute; conveniente acercarme a ella porque tal vez ya tiene otro compromiso, o tal vez me rechace, o tal vez yo no le sea atractivo&hellip;cada ejemplo corresponde a cada uno de los cerebros.</p>
<p>Cuando estructuramos personajes en una telenovela, debemos decidir c&oacute;mo responden a los est&iacute;mulos que constantemente recibir&aacute;n. Sus vidas en la telenovela b&aacute;sicamente consistir&aacute;n en ser expuestas a recibir est&iacute;mulos, de preferencia en cada episodio. Los personajes en un melodrama constantemente se caracterizan porque responden con sus cerebros viscerales y/o emotivos. Sea Dickens, o sea una telenovela. Ciertamente Dickens, Garc&iacute;a M&aacute;rquez o V&iacute;ctor Hugo desarrollan maneras m&aacute;s complejas. Pero ciertamente, tambi&eacute;n, al escribir fomentan que el lector imagine el mundo completo. Desde el rostro de sus habitantes hasta sus formas de hablar: entonaciones, inflexiones&hellip;es el lector el que define y decide y caracteriza a cada uno de sus personajes. En la televisi&oacute;n, el medio ha preseleccionado, y con esto, limitado la imaginaci&oacute;n del espectador. El mundo del lector, en este sentido, es mucho m&aacute;s rico, amplio, creativo y hasta m&aacute;s aut&eacute;ntico que el del espectador. El g&eacute;nero, en todo caso, puede ser el mismo. La experiencia es radicalmente diferente.</p>
<p>Cuando hice <em>El pecado de Oyuki</em>, conoc&iacute; a Yolanda Vargas Dulch&eacute;: gran conocedora del gusto popular, gran escritora de la cotidianeidad mexicana, gran retratista del melodrama mexicano. Oyuki era japonesa, pero con un lenguaje y una cosmovisi&oacute;n de las clases media y baja mexicanas. Yolanda, el primer encuentro que tuve con ella, en su casa, se visti&oacute; de Geisha para contarme la historia. Es decir, transpuso la autenticidad de un contexto nacional a otro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Vivimos vicariamente a trav&eacute;s de los personajes con los cuales nos identificamos&rdquo;</strong></p>
<p>IS: A m&iacute; me suena a inautenticidad. Sea como sea, me pregunto qu&eacute; pasa cuando las emociones se televisan. O bien las neutralizamos en nosotros mismos o las emulamos. El que nuestra hero&iacute;na ame locamente nos libera de hacer lo mismo. O quiz&aacute;s no empuja a hacerlo de igual manera. Siempre he pensado que las telenovelas nos ense&ntilde;an a vivir.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No ofrezco esta afirmaci&oacute;n de forma pasajera. De hecho, yo creo que el arte en general nos ense&ntilde;a a vivir: la literatura, el cine, el teatro, la TV, la pintura, la danza, etc. Vivimos vicariamente a trav&eacute;s de los personajes con los cuales nos identificamos: si ellos r&iacute;en, nosotros tambi&eacute;n; lo mismo si lloran o anhelan o envidian. Obviamente, la TV juega un papel gigantesco en el presente que eclipsa a todos los otros medios. El televisor est&aacute; encendido a toda hora el d&iacute;a y en cualquier lugar: la cocina, el gimnasio, la oficina, nuestro iPhone y as&iacute;. Nosotros lo vemos y &eacute;l nos ve a nosotros. La relaci&oacute;n es simbi&oacute;tica, a grado tal que en alg&uacute;n momento borramos la l&iacute;nea que nos separa: somos personajes en una telenovela que observan telenovelas para entender su propia condici&oacute;n. Esa es nuestra verdad: la <em>performativa</em>, la virtual, la escapista. Porque a fin de cuentas, aunque lo debata Plat&oacute;n, la verdad es relativa.</p>
<p>BC: Pienso que &ldquo;la verdad&rdquo; sucede en la cabeza del espectador. Es el espectador el que completa la historia que la telenovela le plantea, pues es quien decide en &uacute;ltima instancia si lo que le contamos es cierto, es verdad, o no. El espectador puede conmoverse al ver a un personaje llorar por la manera en la que lo ve llorar, o por el conflicto que lo hizo llorar. Cuando las emociones se televisan, inevitablemente se &ldquo;ilustran.&rdquo; Elegimos las im&aacute;genes para que el espectador se emocione. No lo dejamos libre. Le ponemos m&uacute;sica a las emociones, les damos forma. Y el espectador decide: les creo o no les creo.</p>
<p>No s&eacute; si estoy de acuerdo contigo con que las telenovelas nos &ldquo;ense&ntilde;an a vivir.&rdquo; Nos ense&ntilde;an, eso s&iacute;, una forma de responder a los est&iacute;mulos que la vida nos presenta. Nos ejemplifican formas de responder a los est&iacute;mulos. Nos presentan personas y situaciones que ciertamente se parecen a las de la vida diaria del espectador, pero las telenovelas operan desde los extremos. No son atractivos los personajes que son exactamente como yo, el espectador. Son atractivos los que son expuestos a los extremos y desde los extremos responden. En los extremos hay h&eacute;roes, tr&aacute;gicos o c&oacute;micos. En las telenovelas los personajes hacen cosas que yo no har&iacute;a nunca. Yo, por ejemplo, nunca me enamorar&iacute;a pasionalmente de mi madre al grado de no poder evitar hacerle el amor, y al descubrirlo sacarme los ojos. Tampoco s&eacute; si yo, espectador, me atrever&iacute;a a dar mi vida literalmente, no metaf&oacute;ricamente, para que la persona que amo sea feliz, aunque no sea conmigo.</p>
<p>Las telenovelas, o el melodrama, en el mejor de los casos, ejemplifican formas de asumir la vida. Digo en el mejor de los casos porque podr&iacute;an hacernos reflexionar mediante el ejemplo acerca de otras maneras de ver la vida. O ense&ntilde;arnos que vale la pena luchar por un ideal. En el peor de los casos, nos pueden ense&ntilde;ar a qu&eacute; si no tienes un mejor auto o una mejor casa, o una novia m&aacute;s bella, o m&aacute;s dinero, no puedes ser feliz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La felicidad es una ficci&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>IS: La felicidad es una ficci&oacute;n. Las telenovelas la televisan: nos muestran c&oacute;mo estar alegras o tristes, qu&eacute; so&ntilde;ar y cu&aacute;ndo. Eduardo Galeano dijo en alg&uacute;n sitio que el f&uacute;tbol es el opio de las masas en el mundo en general y en Am&eacute;rica Latina en particular. Tiene raz&oacute;n, pero en ese caso las telenovelas son la coca&iacute;na. Somos cocain&oacute;manos. Sin las telenovelas, no somos nadie. No me refiero exclusivamente a quienes las miran sino a todos, los espectadores y los que las resisten. Porque la coca&iacute;na no solamente tiene efecto en quien la consume sino en todo el entorno. Me pregunto, por ejemplo, que pasar&iacute;a si por un d&iacute;a, una semana, un mes, un a&ntilde;o, de pronto no existieran las telenovelas. La ansiedad, el bochorno, la desorientaci&oacute;n, la rebeld&iacute;a y la sedici&oacute;n nos acechar&iacute;an con mayor fuerza.&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 12 Jun 2020 06:36:16 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Leer a Pedro Almodóvar. Apuntes de ficción y dicción en “Dolor y gloria”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/leer-a-pedro-almodovar-apuntes-de-ficcion-y-diccion-en-dolor-y-gloria/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2020/Junio/dolor500.jpg" alt="" /></p>
<p>Aunque estoy b&aacute;sicamente de acuerdo con el planteamiento te&oacute;rico de que, de todos los participantes en la comunicaci&oacute;n literaria, el menos fiable en la interpretaci&oacute;n de la obra es el propio autor (demasiadas exigencias, demasiada venda antes de la herida, demasiadas pulsiones, demasiadas &iacute;nfulas, demasiadas presiones, demasiado yo, demasiado supery&oacute;, demasiado Freud, casi siempre), no tengo tantas reticencias en relaci&oacute;n a la capacidad de muchos de ellos para la reflexi&oacute;n, no tanto en torno a la intenci&oacute;n autorial &ndash;tan vol&aacute;til, tan inalcanzable, tan interesada, tan falaz‒ como veh&iacute;culo infalible para insuflar un sentido en la obra, como para explicitar de manera objetiva los dispositivos, los mecanismos, las t&eacute;cnicas narrativas utilizadas en la construcci&oacute;n del relato, para mostrar los fundamentos est&eacute;ticos del mismo, para explicitar, en definitiva, su &ldquo;po&eacute;tica&rdquo; en relaci&oacute;n al g&eacute;nero y la individualizaci&oacute;n de la misma en cada obra concreta.</p>
<p>Leo a Almod&oacute;var despu&eacute;s de haber visto a Almod&oacute;var (la persona, el personaje). Leo sus palabras que ya han sido im&aacute;genes. Resulta algo il&oacute;gico y, en cierto sentido, perturbador &ldquo;leer&rdquo; una pel&iacute;cula, realizar el camino inverso, de la imagen a la palabra, que ha realizado el autor. Si resulta inevitable proyectar una imagen mental de personajes y espacios al leer un texto literario, &iquest;qu&eacute; decir del proceso en el que leemos un texto literario (el guion, dig&aacute;moslo cuanto antes, lo es para m&iacute;: al menos los de Almod&oacute;var) que ya ha fijado previamente, mediante otro formato, mediante su desarrollo audiovisual, las im&aacute;genes &ldquo;reales&rdquo; en nuestra mente?.</p>
<p>Leer un guion despu&eacute;s de ver la pel&iacute;cula resultante del mismo es tratar de a&ntilde;adir una mirada de falsa ingenuidad en el proceso de intercambio art&iacute;stico. No es momento para profundizar en las razones por las que el lector de ficciones se hace espectador de esas mismas ficciones adaptadas para la pantalla: insistencia en un tema, placer de la repetici&oacute;n, ritual de comparaci&oacute;n, afianzamiento de criterios, valoraci&oacute;n t&eacute;cnica, juicio de formatos, <em>hooliganismo</em> en obras y autores, etc.; pero &iquest;vamos de vuelta al guion por los mismos motivos?, &iquest;queremos de verdad leer una pel&iacute;cula ya vista? (ni siquiera me plantear&eacute; aqu&iacute; si queremos de verdad leer una pel&iacute;cula que no hemos visto).</p>
<p>Pero volvamos a Almod&oacute;var, al escritor. Volvamos a &eacute;l en el pacto de confianza de que la &ldquo;Memoria de las historias&rdquo;, texto que incluye como cierre de la edici&oacute;n del guion literario de <em>Dolor y gloria</em>, es una puerta para entender esta historia de historias y para entender al autor y a sus hip&oacute;stasis. P&aacute;ginas que hablan de los impulsos creativos y personales, de las pulsiones, que han conducido a este relato: la autoficci&oacute;n (que le recrimina al personaje la madre, tan autoconsciente), el deseo y la ficci&oacute;n cinematogr&aacute;fica (para formar una trilog&iacute;a con <em>La ley del deseo</em> y <em>La mala educaci&oacute;n</em>), el dolor y el deseo que acompa&ntilde;an a la vida, la necesidad de integrar &ldquo;dos historias que amor que han marcado al protagonista&rdquo; (el ni&ntilde;o Salvador que despierta al deseo y el adulto Salvador de los ochenta que vive el deseo proyectado y encarnado en Federico: ambas historias han descansado en el caj&oacute;n del autor a la espera de integrarse en el mejor espacio del tetris creativo, &ldquo;porque mis guiones son siempre un compendio de diferentes fragmento&rdquo;), la necesidad de contar todo esto (el personaje de Salvador actual le regala la autor&iacute;a al int&eacute;rprete del mon&oacute;logo, para que no se le reconozca, para no ser &eacute;l mismo), las adicciones (as&iacute; se llama el mon&oacute;logo teatral), la pantalla (escribe Almod&oacute;var: &ldquo;La pantalla blanca lo representa todo, el cine que Salvador vio en su infancia, su memoria adulta, los viajes con Federico para huir de Madrid y de la hero&iacute;na, su forja como escritor y como cineasta. La pantalla como testigo, compa&ntilde;&iacute;a y destino&rdquo;).</p>
<p>Pedro Almod&oacute;var hace autobiograf&iacute;a en esta &ldquo;Memoria de las historias&rdquo;. Nos lo recuerda a cada paso: &ldquo;Adem&aacute;s de que soy del tipo de directores que lo deciden todo, hay mucho de mi biograf&iacute;a detr&aacute;s de personajes que en apariencia no tienen ning&uacute;n parecido conmigo&rdquo;. En esta vuelta al origen que es este relato (m&uacute;ltiple, desdoblado, plurisignificativo, autoconsciente, enrevesado, sorpresivo, desestabilizador para quien pretende acceder a los distintos niveles), el autor, como no pod&iacute;a ser de otra manera, toma conciencia de que <em>decirse</em> es <em>desdecirse</em>, de que el yo es tambi&eacute;n una construcci&oacute;n social y cultural. As&iacute; lo manifiesta Almod&oacute;var:</p>
<p>&ldquo;Pero una vez superado el primer escalofr&iacute;o, cuando estoy escribiendo el guion y me doy cuenta de que si quiero continuar debo despojarme de todo pudor y encarnarme en la escritura, fundirme con ella, superado el primer momento de v&eacute;rtigo, la propia entrega me distancia de lo que estoy escribiendo. Es como cuando he escrito partiendo de hechos reales, en el momento en que empiezan a definirse como materia de ficci&oacute;n el origen desaparece. Quiero decir que bien avanzado el guion no ten&iacute;a la sensaci&oacute;n de estar escribiendo sobre m&iacute;&rdquo;.</p>
<p>En este juego entre ficci&oacute;n y dicci&oacute;n, para el escritor Pedro Almod&oacute;var (creo que esta es una de las claves de Dolor y gloria, la autorreivindicaci&oacute;n como escritor: &ldquo;Soy un novelista o escritor de relatos frustrado y suelo escribir piezas de diferente duraci&oacute;n sin una finalidad concreta&rdquo;, dice de s&iacute; mismo), gana la ficci&oacute;n por goleada, porque &ldquo;la ficci&oacute;n es el mejor modo de indagar acerca de la realidad, incluida la realidad propia&rdquo;.</p>
<p>&iquest;Los guiones son literatura? La pregunta es irresoluble, claro. Son literatura, creo, a los que muchos directores (e incluso guionistas) les quitan la literatura a prop&oacute;sito. Una paradoja. Herramienta de trabajo o texto literario. Parece que en el caso de Pedro Almod&oacute;var esto es intercambiable. &ldquo;Todas mis pel&iacute;culas est&aacute;n en los espacios en blanco de los libros que leo&rdquo;, afirma. Cita a Borges, a Pessoa, a Coetzee, a Bola&ntilde;o, a Kafka, a Virginia Woolf, a Luc&iacute;a Berlin, a Emmanuel Carr&egrave;re, a Joan Didion, a Capote.</p>
<p>Infancia, mirar atr&aacute;s, primera persona, autorreferencia, soledad, primer deseo, geograf&iacute;a, anatom&iacute;a, dolor, enfermedad, adicciones, libros, el perd&oacute;n, m&uacute;sica. <em>Dolor y gloria</em>, el relato que leemos (otra cosa es la pel&iacute;cula, que leemos de otra manera porque sus lenguajes son distintos) es la ficci&oacute;n y la dicci&oacute;n de Pedro Almod&oacute;var.</p>
<p>Pedro Almod&oacute;var: <em>Dolor y gloria</em>, Madrid, Penguin Random House (Reservoir Books), 2019.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 12 Jun 2020 06:31:04 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El hombre palo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-hombre-palo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas20/Junio/SERGIO_GALARZA.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Estos insectos utilizan su forma de rama como camuflaje, una t&eacute;cnica que les sirve para mantenerse a salvo de los predadores, lee Eder en el panel de informaci&oacute;n del insecto palo. Luego tarda un poco en descubrirlo en su jaula de cristal. Si no tuviera hijos no habr&iacute;a vuelto a pisar un zool&oacute;gico, un acuario o un parque de insectos como en el que est&aacute; ahora. Los animales ya no le inspiran nada. La &uacute;ltima vez que vio un perro muerto en una carretera, con las tripas a&uacute;n frescas, se dio cuenta de que esa misma imagen que lo conmov&iacute;a hasta hac&iacute;a unos a&ntilde;os, no era m&aacute;s que una de esas fotos de nuestro &aacute;lbum sentimental que puede extraviarse sin dramas.</p>
<p>Recuerda cuando era peque&ntilde;o y atrapaba todos los insectos que encontraba en el jard&iacute;n trasero del chal&eacute; de sus padres. Met&iacute;a moscas sin alas, cucarachas, ara&ntilde;as, chanchitos, tijeras y lombrices en un tarro de cristal, esperando que las leyes de la naturaleza desencadenaran una matanza. Sonr&iacute;e por primera vez en la ma&ntilde;ana. Nunca pasaba nada, pero &eacute;l siempre volv&iacute;a a intentarlo, met&iacute;a m&aacute;s tijeras y ara&ntilde;as creyendo que su leyenda de insectos asesinos ser&iacute;a suficiente para provocar una pelea. Como &uacute;ltimo recurso prend&iacute;a fuego a un trozo de papel peri&oacute;dico y lo tiraba dentro. Los insectos trataban de escapar. Las moscas y los chanchitos, siempre las moscas y los chanchitos, mor&iacute;an achicharrados. El fuego se apagaba al tapar el tarro. Otras veces, aburrido de la apat&iacute;a de su ej&eacute;rcito animal, llenaba el tarro de agua y lo enterraba en el jard&iacute;n. Si bien se sent&iacute;a como un director de cine fracasado, su fama de torturador lo recompensaba. Con el asco que le dan las cucarachas, trata de imaginar c&oacute;mo hac&iacute;a para capturarlas. &iquest;Le dar&aacute;n asco a sus hijos? &iquest;Extinguir&aacute;n alguna especie de bicho cuando repitan las salvajadas de su infancia?</p>
<p>Su hijo mayor estira los brazos para que lo cargue, no alcanza a distinguir al insecto palo desde abajo. Su mujer carga al menor. Se llevan menos de un a&ntilde;o de diferencia. Eder y su mujer son hijos &uacute;nicos y no quer&iacute;an que su primer hijo creciera de la misma manera, sin un compa&ntilde;ero de juegos real, o sea alguien casi de su misma edad. &iexcl;C&oacute;mo les hubiera gustado tener mellizos! Tiene grabada en su cabeza la hora en que su mujer rompi&oacute; aguas la primera vez: 5:28. Se ducharon juntos y salieron a tomar una taxi. Conduc&iacute;a un rumano que activ&oacute; su GPS porque no sab&iacute;a el camino. Aquella madrugada Eder se dio cuenta de lo poco que se hab&iacute;a interesado por el embarazo de su mujer, s&oacute;lo le preocupaba que el ni&ntilde;o no naciera con ning&uacute;n retraso, porque un ni&ntilde;o con S&iacute;ndrome de Down u otro problema pod&iacute;a ser peor que pagar una hipoteca de por vida. Del segundo parto no recuerda la hora a la que su mujer rompi&oacute; aguas, pero s&iacute; que llamaron un taxi y ella se fue sola.</p>
<p>El hijo mayor le saca media cabeza al menor, es un ni&ntilde;o grueso, tierno y violento. Eder teme que haya heredado su incapacidad para controlar sus impulsos. Lo levanta y sus dolores de espalda despiertan, siente como si fuera una planta a la que est&aacute;n arrancado de ra&iacute;z. Esta temporada su equipo de f&uacute;tbol no se apunt&oacute; a ning&uacute;n torneo y desde entonces se ha lesionado tres veces los gemelos de las piernas, dos jugando pachangas y la otra empujando el cochecito de sus hijos cuesta arriba. Cree que la falta de ejercicio provoca sus males. Si al menos entrenara dos veces por semana estar&iacute;a en forma para cargar a sus hijos. &iexcl;D&oacute;nde est&aacute;!, pregunta su hijo mayor pegando la nariz a la jaula de cristal. Eder se&ntilde;ala los insectos palo. A ver, dice el ni&ntilde;o, no veo, pap&aacute;. A Eder le encanta la cadencia en la voz de su hijo, c&oacute;mo estira la &uacute;ltima s&iacute;laba y se queda con la lengua fuera. Si la paternidad estuviera compuesta de escenas para contemplar como cuadros en un museo, pasar&iacute;a por alto ese dolor de espalda que s&oacute;lo alivia tumb&aacute;ndose en la alfombra del sal&oacute;n.</p>
<p>Entonces, como suele ocurrir desde que alguien celebr&oacute; la gracia, su hijo le pega un manotazo en la cara. &iexcl;Mierda!, grita Eder sin verg&uuml;enza, sujetando fuerte las dos manos del ni&ntilde;o, que empieza a llorar. Su mujer se acerca con el hijo menor zaf&aacute;ndose de sus brazos. &iexcl;Contr&oacute;late!, le pide entre dientes. Y empieza una discusi&oacute;n en la que Eder sabe que lleva las de perder, pero se defiende repitiendo otra vez que un d&iacute;a de estos el ni&ntilde;o le va a sacar un ojo, como a ese escritor con todos sus hermanos escritores al que su hijo le provoc&oacute; un desprendimiento de retina. Ella lo llama exagerado, le recuerda que se trata de ni&ntilde;os que no son conscientes del peligro, su intenci&oacute;n no era hacerle da&ntilde;o y deber&iacute;a pedirle perd&oacute;n a su hijo. El escritor con todos sus hermanos escritores tuvo que permanecer cuatro meses boca abajo en cama para que la retina volviera a su lugar. Eder reconoce que el argumento resulta in&uacute;til con el ni&ntilde;o llorando y tratando de estirar sus manitas presas hacia su madre, y calla. Su mujer le quita al ni&ntilde;o y vuelve a decirle que a esa edad no son conscientes de lo que hacen. Luego lo repetir&aacute; un par de veces m&aacute;s, como es su costumbre, aprovechando que hay gente alrededor y que &eacute;l no la mandar&aacute; a callar en p&uacute;blico.</p>
<p>El siguiente bicho es el insecto hoja, que tambi&eacute;n aprovecha su forma para camuflarse en los &aacute;rboles. Desde que una mariquita se meti&oacute; por la ventana de la cocina a su piso, sus hijos se volvieron fan&aacute;ticos de los insectos. Tienen tres a&ntilde;os, pero pronto el mayor cumplir&aacute; cuatro. El mes siguiente empieza el colegio. Eder y su mujer prefieren no mirar el calendario, es verano en Madrid y los d&iacute;as son una cadena perpetua de comidas infantiles. El tiempo se mide por bocados, ya no por las p&aacute;ginas que lee. El cansancio tambi&eacute;n. Si por lo menos comieran solos no gastar&iacute;an tanta energ&iacute;a en enfadarse.&iquest;Cu&aacute;ndo fue la &uacute;ltima vez que pudieron ver una pel&iacute;cula de corrido en el sal&oacute;n? Una noche &eacute;l le habl&oacute; de Las Hurdes, el documental de Bu&ntilde;uel del que siempre hab&iacute;a escuchado hablar a un compa&ntilde;ero de trabajo. Ella lo descarg&oacute;, desconfiada como suele serlo con sus recomendaciones cinematogr&aacute;ficas. Y su desconfianza se reconfirm&oacute;. Aquello era un inframundo. Cuando llegaron a la escena del ni&ntilde;o muerto ella par&oacute; el documental. No necesitaba ver esa mierda, &iquest;acaso no sab&iacute;a que desde que hab&iacute;a sido madre todo lo que tuviera que ver con ni&ntilde;os maltratados, desnutridos o muertos la afectaba m&aacute;s que cualquier cosa? S&iacute;, claro que lo sab&iacute;a, le dijo Eder, record&aacute;ndole esa tarde en una terraza del barrio, cuando una yonqui se acerc&oacute; a contarle la historia de sus desgracias con una beb&eacute; sin nada que comer.</p>
<p>-Le diste los cinco euros que nos quedaban.</p>
<p>-Al menos me qued&eacute; tranquila.</p>
<p>-Y ella m&aacute;s, con el chutazo que se meti&oacute;.</p>
<p>Es domingo, el &uacute;nico d&iacute;a de descanso para Eder. Trabaja de lunes a s&aacute;bado y a veces los domingos seg&uacute;n el turno que se le antoje a los jefes. Su mujer trabaja por las ma&ntilde;anas de lunes a viernes. Fue ella quien tuvo la idea de visitar El Escorial y en el camino han parado en el Insectpark al verlo desde la carretera. Cocin&oacute; a &uacute;ltima hora la noche anterior y por la ma&ntilde;ana se encarg&oacute; de alistar todas las cosas. Siempre lo hace, dice que si Eder tuviera que hacer la maleta de los ni&ntilde;os para un viaje o la comida para un picnic, lo m&aacute;s seguro es que faltar&iacute;a la mitad de lo necesario. Eder no se queja. Es c&oacute;modo delegar y esa clase de cr&iacute;ticas las aguanta sin problema. Otras no.</p>
<p>La mayor&iacute;a de los visitantes son familias con hijos peque&ntilde;os y alguna pareja joven. Eder se fija en las familias. Ninguna tiene ni&ntilde;os de la edad de los suyos, o son muy peque&ntilde;os para andar y a&uacute;n van en su cochecito, o ya son grandes y no necesitan que los carguen en brazos para ver mejor a los insectos en las jaulas. Se compadece de los que tienen que seguir empujando el cochecito. Este verano ellos se lo quitaron de encima. El d&iacute;a que lo dejaron en la calle abrieron una botella de vino blanco para celebrarlo. El plan era follar como si se acabaran de conocer, esa &eacute;poca en la que se emborrachaban sin importar el d&iacute;a de la semana, pero despu&eacute;s de la primera copa se dieron cuenta de que sus bostezos eran m&aacute;s grandes que sus ganas y lo aplazaron para la noche siguiente.</p>
<p>Su hijo mayor le pide que lo cargue otra vez. Los ni&ntilde;os no son rencorosos, olvidan con la misma velocidad con la que &eacute;l pierde la paciencia si llega de trabajar por la noche y encuentra la cocina sin recoger. Su cabeza es una olla a presi&oacute;n que va a explotar. Limpia la mesa donde comen sus hijos, barre la comida que ha ca&iacute;do al suelo y luego pasa la fregona. &iquest;Por qu&eacute; siempre hay comida en el suelo cuando su mujer les da de comer? &iquest;Por qu&eacute; no puede hacer las cosas como &eacute;l, con el mismo cuidado para que el otro no tenga que limpiar despu&eacute;s? Se lo pregunta a ella. Sabe que hacerlo es prender la mecha de una noche que acabar&aacute; excitada como un animal salvaje por los reproches y las amenazas. Sabe que la tapa de la olla a presi&oacute;n va a salir volando y va a hacer da&ntilde;o, mucho da&ntilde;o. Antes, arrepentido por la malas horas durmiendo sin rozarse siquiera despu&eacute;s de discutir a gritos, se preguntaba por qu&eacute; no le hab&iacute;a dado unas cuantas vueltas a lo que iba a decir si sab&iacute;a de antemano las consecuencias. Ahora se pregunta por qu&eacute; ya no le importan los gritos y el sinsabor de la ma&ntilde;ana siguiente con la boca agria y el est&oacute;mago revuelto. Eres un maltratador, le dijo ella la &uacute;ltima vez. &iquest;C&oacute;mo puede un maltratador ser un hombre que juega con sus hijos persigui&eacute;ndolos por los parques aullando como un lobo? &iquest;C&oacute;mo puede un maltratador limpiar su casa hasta desaparecer toda huella de caos y preparar la comida y decirle a su mujer que se tome la tarde libre porque &eacute;l se encargar&aacute; de los ni&ntilde;os?&iquest;C&oacute;mo puede un maltratador abrazar a su mujer mientras miran fotos de sus hijos y r&iacute;en al recordar sus primeros pasos y tratan de imaginar c&oacute;mo ser&aacute;n en el futuro y se quejan porque dentro de nada ya no podr&aacute;n cargarlos en brazos ni achucharlos como beb&eacute;s? &iquest;No dicen siempre los vecinos que el maltratador era una buena persona?</p>
<p>Hay unas hormigas gigantes que le gustar&iacute;a tener en casa como decoraci&oacute;n. Las visualiza en su jaula de cristal encima de la estanter&iacute;a peque&ntilde;a donde coloca sus c&oacute;mics. Su hijo apenas le deja observarlas, quiere pasar r&aacute;pido a la siguiente jaula y as&iacute; casi corren de una a otra. &iexcl;Mira!, dice el ni&ntilde;o con voz gutural, se&ntilde;alando a una tar&aacute;ntula. Eso enternece a Eder. Los gestos de sus hijos y los nombres que inventan como chichisauro, lo hacen sentir peor que a la ma&ntilde;ana siguiente de pelear con su mujer, se averg&uuml;enza por ser incapaz de controlar la furia que desata una estupidez como la cocina sucia. A veces, solo en casa, ha pensado que la &uacute;nica forma de eliminar esos arranques es desapareciendo &eacute;l mismo. Siente otra vez que le arrancan un pedazo de la espalda igual que si fuera una planta. El dolor se expande como una crema que, en vez de curar, mata. Ruega porque esa noche sus hijos no exijan con lloriqueos que los saque en brazos a los dos juntos de la ba&ntilde;era.</p>
<p>&iquest;Por qu&eacute; las otras familias parecen alegres? Nadie le avis&oacute; que su vida dejar&iacute;a de pertenecerle cuando nacieran los ni&ntilde;os. Al comienzo intentaban hacer planes para verse con los amigos, pero de repente la fiebre llegaba y los condenaba a pasar la tarde en Urgencias, as&iacute; que renunciaron a parte de su vida social y empezaron a quedar s&oacute;lo con padres para compartir sus virus y miserias. Eder se r&iacute;e cada vez que suena en su cabeza la voz de la matrona de las clases de preparto: &ldquo;Los primeros meses son como entrar en un t&uacute;nel hasta que llega el momento en el que por fin se ve la luz&rdquo;. Lo repet&iacute;a siempre en cada sesi&oacute;n. Pero c&oacute;mo explicarle a esa se&ntilde;ora que el t&uacute;nel es &eacute;l mismo.</p>
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<p>Mientras su mujer saca los platos, los baberos y las cucharas, Eder vigila que sus hijos no se pinchen los ojos jugando con unas ramas. El resto de familias han montado un banquete sobre sus mesas si las compara con la suya. Ni siquiera tiene una lata de cerveza para refrescarse, s&oacute;lo agua para los ni&ntilde;os. Su hijo mayor va desechando cada rama que recoge por una m&aacute;s grande. &iexcl;Este es pal&iacute;simo!, grita al encontrar una que apenas puede levantar. El menor corre a ayudarlo. Su mujer los llama a comer. Esa especie de bosque que el Insectpark ha acondicionado para los visitantes se parece mucho al club campestre al que Eder iba con sus padres. El club pertenec&iacute;a a la empresa estatal para la que trabajaba su viejo. Nunca llevaban comida, hab&iacute;a varios restaurantes alrededor en los que iban probando porque el del club s&oacute;lo vend&iacute;a bebidas, patatas fritas, galletas y caramelos. Le cuesta convencer a los ni&ntilde;os para que se sienten a comer. El mayor no ha soltado la rama y chilla cuando Eder pretende quit&aacute;rsela. Forcejean y Eder vence al dar un tir&oacute;n. El ni&ntilde;o llora fuerte. Su mujer lo increpa, qu&eacute; le pasa, por qu&eacute; tiene esas reacciones. &iquest;No lo entiende?, es su &uacute;nico d&iacute;a libre, ella no sabe lo que es descargar cajas, agacharse a cada rato y aguantar los comentarios de los jefes casi siete horas durante seis d&iacute;as a la semana, y que esa rutina no tenga un final a la vista. Es su excusa, le echa la culpa de su mal car&aacute;cter al trabajo. Pero esta vez elige decir s&oacute;lo que est&aacute; agotado, para qu&eacute; m&aacute;s explicaciones in&uacute;tiles. Me lo hubieras dicho antes y nos qued&aacute;bamos en casa, replica ella. &iexcl;Te lo dije!, estalla Eder, y enumera las veces que ella insisti&oacute; el s&aacute;bado para que hicieran un paseo en familia. Su hijo menor lo mira con la cabeza agachada. &iquest;En qu&eacute; se ha convertido?</p>
<p>Deja, ya les doy yo de comer, dice su mujer, vete a dar una vuelta.</p>
<p>Eder abraza a su hijo mayor, quiere consolarlo. Cuando el ni&ntilde;o se enfada a la hora de comer golpea la mesa como lo ha visto hacer a &eacute;l. Siempre crey&oacute; que ser&iacute;a un padre m&aacute;s comprensivo y dedicado que los otros que ha visto gritando y maltratando a sus hijos en la calle, en las tiendas, en el metro. &iquest;Es que la paternidad transforma a los hombres en monstruos? No, &eacute;l siempre ha sido un tipo violento, acostumbrado a resolver sus problemas por la fuerza. Estar&iacute;an mejor sin &eacute;l.</p>
<p>Voy a la gasolinera a comprar una cerveza, &iquest;te traigo una sin alcohol?, pregunta a su mujer antes de darle un beso a sus hijos.</p>
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<p>Eder bebe una cerveza a la entrada del Insectpark, aparcado bajo la sombra de unos &aacute;rboles. Ha olvidado comprar una sin alcohol para su mujer. Es lo que suele pasar, que se olvida de las cosas, aunque tenga la lista de la compra en el bolsillo. Siempre se ufana de su buena memoria en el trabajo. Pero si supieran que es una desgracia en casa. Si supieran que a menudo pierde la paciencia con los ni&ntilde;os y golpea la mesa con los pu&ntilde;os para obligarlos a tragar la comida cuando ellos s&oacute;lo hacen caso a sus dibujos animados. Si supieran que por las noches llora imaginando que pierde a su familia y que sus hijos ya adolescentes reniegan de &eacute;l. Si supieran la verdad. Acaba su cerveza y abre otra lata. Baja del coche. Hace un d&iacute;a estupendo. No es el mismo calor de Madrid. Aqu&iacute; refresca m&aacute;s, no se siente como un gato atropellado en la carretera, seco. Camina unos metros y logra ver a sus hijos esquivando las cucharadas de su mujer. Se siente como un soldado cobarde que, en vez de auxiliar a un compa&ntilde;ero a punto de ser rematado, elige huir. Cuando &eacute;l les da de comer la comida es una lucha que desgasta su amor o lo que sea que siente por ellos. Porque ya no lo sabe. &iquest;C&oacute;mo llamar a eso que cambia tan r&aacute;pido del amor al odio? &iquest;C&oacute;mo llamar a un hombre que fantasea con desaparecer de la vida de su familia creyendo que es lo mejor para todos?</p>
<p>Recoge unas ramas y las tira de inmediato. &iquest;Por qu&eacute; le gustan tanto a sus hijos? Sube al coche otra vez. Lo enciende y busca alguna emisora que ponga algo de rock. Antes viv&iacute;a pendiente de las nuevas bandas extranjeras y se informaba sobre sus conciertos en Madrid. Quer&iacute;a ser el primero de sus amigos en verlas en vivo. Si se enteraba de alg&uacute;n concierto casi secreto s&oacute;lo se lo comentaba a un par de ellos. &iquest;Qu&eacute; imagen tendr&aacute;n de &eacute;l? Es el Hombre Palo. Como los bichos palo que se camuflan entre la arquitectura de los &aacute;rboles, &eacute;l lo hace entre gente buena confiando en que nunca perder&aacute; los papeles porque el miedo a la censura inhibir&aacute; sus descargas de violencia. Enciende el coche. Cambia de emisora buscando una se&ntilde;al divina que rescate su fe infantil, la misma a la que acud&iacute;a de peque&ntilde;o si no hab&iacute;a estudiado para un examen o si el jefe de disciplina de su colegio lo pillaba en el ba&ntilde;o faltando a clase. No encuentra ninguna canci&oacute;n conocida que &eacute;l pueda interpretar como el mensaje salvador que apague su olla a presi&oacute;n. Aprieta el embrague y en un acto reflejo sube el volumen a la radio.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 05 Jun 2020 10:14:31 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La voz de Virginia Woolf. Un mundo de imágenes]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-voz-de-virginia-woolf-un-mundo-de-imagenes/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas20/Junio/wolf400.jpg" alt="" /></p>
<p>C&aacute;ndido P&eacute;rez G&aacute;llego ve la escritura de Virginia Woolf como <em>stream of consciousness</em> como la explosi&oacute;n de la conciencia, fruto de la desmedida angustia existencial de la autora (2006). Releo a Malcolm Bradbury y su visi&oacute;n del Modernismo con un compendio de obras que tienen como denominador com&uacute;n <em>transcend</em>, la transcendencia, la excelencia, la b&uacute;squeda de la perfecci&oacute;n mediante el conocimiento, la b&uacute;squeda de verdad de la que habla Henry James en <em>The Art of Fiction. </em>Pienso en Harold Bloom y lo que &eacute;l le pide a la escritura, que le ayude a paliar la soledad, a combatir los embates de la vida cotidiana_e intuyo que la rutina_con el placer de la obra bien hecha, el libro como objeto est&eacute;tico y de belleza. Recuerdo los comentarios de Max Weber cuando habla del poder inusitado que tiene el capitalismo y la necesidad del hombre de expresar su singularidad, su sentir en el mundo y hacer de ello una obra de creaci&oacute;n. Thoreau construye su casa <em>Walden</em>, junto al lago del mismo nombre, pr&oacute;ximo a Concorde (Massachusetts) y es una obra de creaci&oacute;n, en palabras del cr&iacute;tico norteamericano Stanley Cavell, la construcci&oacute;n como el acto mismo de la escritura, y creo que el Romanticismo americano de Emerson renace a principios del siglo XX ahogado en el ambiente burgu&eacute;s_y bastante desorientado_de la ciudad.</p>
<p>Virginia Woolf era una ni&ntilde;a bien, hija de un padre de fuerte temperamento, que se justificaba a s&iacute; mismo los arranques de ira porque pensaba que, en un genio, todo es disculpable. La idea la recoge Mar&iacute;a Lozano en su edici&oacute;n de <em>Mrs. Dalloway</em> en C&aacute;tedra. Angustiada o no, pienso sinceramente que a Virginia Woolf le preocupaba el conocimiento y hacia &eacute;l se encamin&oacute; con una educaci&oacute;n esmerada. Vive en el mundo en una &eacute;poca paralela a T. S. Eliot, se mueve en ambientes intelectuales y elitistas, y quiero pensar que se impregna del esp&iacute;ritu de la Cr&iacute;tica de Cambridge, porque uno se contagia del momento (tambi&eacute;n del momento literario) que le toca vivir.</p>
<p>T. S. Eliot busca y define el correlato objetivo, la idea de conseguir con relaciones de palabras la imagen o el sentir que m&aacute;s se ajuste a la visi&oacute;n del mundo que el escritor intenta transmitir. Ezra Pound lo busc&oacute; hasta la saciedad escribiendo palabras en todas las lenguas posibles_hasta en s&aacute;nscrito_con el &uacute;nico fin de lograr la pureza del texto, la adecuaci&oacute;n inmediata y esencial de pensamiento y texto. En su versi&oacute;n menos grata esto desemboc&oacute; en Norteam&eacute;rica en los <em>New Critics</em>, el Nuevo Criticismo, donde lo &uacute;nico que importaba era el texto; en su manifestaci&oacute;n m&aacute;s apasionante y precisa, la poes&iacute;a modernista de T. S. Eliot. A partir de ah&iacute; veamos d&oacute;nde colocamos a Virginia Woolf.</p>
<p>Ralph Freedman la define dentro de novela l&iacute;rica, un g&eacute;nero a caballo entre la poes&iacute;a y la novela argumental propiamente dicha. Recuerdo la preocupaci&oacute;n de Raymond Williams en un interesante art&iacute;culo sobre novela realista y sus consecuencias, que intuye la direcci&oacute;n <em>atmosf&eacute;rica</em> a la que se dirige la novela, al proyectar en exceso la obsesi&oacute;n subjetiva del personaje en la escenograf&iacute;a, en el mundo de ficci&oacute;n. Freedman alude a la forma de hacer de la escritora y la define como un modelo din&aacute;mico que intenta mantener el equilibrio entre el mundo de ficci&oacute;n y sus pernonajes, las distintas <em>personae</em> en que se desdobla la voz de la autora.</p>
<p>Seg&uacute;n Freedman, Virginia Woolf es muy consciente de la relaci&oacute;n mente y mundo como espacio f&iacute;sico; de hecho, dice que a ella le repele la forma de hacer de Joyce, demasiado enclaustrada en su pensamiento vital y sin tener en cuenta el mundo que le rodea.</p>
<p>Virginia Woolf se plantea la singularidad de sus personajes y c&oacute;mo compaginar esa singularidad con la realidad del entorno, los puentes que establece y las actitudes al respecto; sensaciones, asociaciones, memorias, &ldquo;El acto mental estalla en relaciones&rdquo; (1972: 256). En <em>Mrs. Dalloway </em>y <em>To the Lighthouse </em>(<em>El Faro</em>)<em> </em>el mundo de ficci&oacute;n es m&aacute;s evidente y hasta retoma la tradici&oacute;n costumbrista de Jane Austen, aunque de un modo extremadamente personal. En <em>Las Olas </em>(<em>The Waves</em>, en el original ingl&eacute;s), en opini&oacute;n de muchos su mejor obra, utiliza una voz cada vez m&aacute;s distanciada de la realidad f&iacute;sica y encuentra en ella su expresi&oacute;n m&aacute;s excelsa y m&aacute;s pura.</p>
<p>Dec&iacute;a Thomas Mann que uno debe ser consciente del ambiente al que pertenece<a title="" href="#_ftn1">[1]</a><strong> </strong>y qu&eacute; duda cabe de que a la escritora le preocupaba su adecuaci&oacute;n al mundo y propone personajes que participan de &eacute;l, que buscan en los otros paliar su propio desconcierto existencial y que se agarran a la imagen para buscar su base de sustentaci&oacute;n y tambi&eacute;n por amor a esa existencia que, confusa o no, celebran y recrean. La voz de Virginia Woolf explota a cada instante en forma de estallido arrebatado que intenta entusiasmarse con la sucesi&oacute;n de im&aacute;genes que la rodean, su visi&oacute;n exquisita del mundo. El sentir de los personajes se proyecta en la elecci&oacute;n de los objetos que se convierten en s&iacute;mbolos unidos unos a otros formando una relaci&oacute;n intensa y entusiasta, un componer el mundo de acuerdo con su estar en &eacute;l, un mundo de im&aacute;genes que ratifican el sentir interior y tambi&eacute;n, en &uacute;ltimo t&eacute;rmino, subraya los grandes s&iacute;mbolos que configuran la expresi&oacute;n del pensamiento de la autora, su din&aacute;mina interior.</p>
<p>En <em>Mrs. Dalloway</em> y <em>To the Lighthouse </em>su preocupaci&oacute;n es compatibilizar el escenario costumbrista con la mente, en <em>The Waves</em> la voz se torna et&eacute;rea, y tambi&eacute;n m&aacute;s pura. Me viene a la memoria la conocida reflexi&oacute;n de Ortega, &ldquo;Yo soy yo y mi circumstancia&rdquo; y la continuaci&oacute;n de la frase, menos extendida popularmente &ldquo;...y si no la salvo a ella no me salvo yo.&rdquo; Me parece que a Virginia Woolf le preocupa salvar su circunstancia, delimitar el elemento de ficci&oacute;n con lexemas que a fuerza de relacionarse_incluso an&aacute;rquicamente_unos con otros, den lugar a una forma est&eacute;tica, a un significado elevado y admirable. En palabras de Freedman en cuanto a novela l&iacute;rica se refiere: &ldquo; Su objetividad radica&nbsp; en una forma que fusiona el yo y el otro, un cuadro que separa al escritor de su <em>persona</em> en un mundo aparte y formal (1972: 15)&rdquo;. En su definici&oacute;n se encuentra la clave y la voz de la escritura.</p>
<p>Virginia Woolf selecciona objetos exquisitos y los relaciones de la forma m&aacute;s sencilla posible, mediante <em>and&hellip;and&hellip;and</em> (<em>y&hellip;y&hellip;y&hellip;</em>) y compone con ellos un cuadro que ratifica la expresi&oacute;n mental y de sentimiento de las distintas <em>personae</em> que forman su narrativa. Esta configuraci&oacute;n pl&aacute;stica de la realidad, en la intenti&oacute;n recuerda el correlato objetivo de T. S. Eliot y hasta la idea de Gertrude Stein de construir una prosa sencilla y natural. De fondo, se adivina la personal&iacute;sima actitud de la escritora que busca entusiasmarse con las gentes y con las cosas con dos prop&oacute;sitos, uno, paliar su angustia existencial, su manifiesto vac&iacute;o y otro, componer de forma muy visual mediante grandes s&iacute;mbolos y peque&ntilde;as im&aacute;genes su pensamiento y su sentir, de ella y con el mundo. El resultado es una expresi&oacute;n pl&aacute;stica de exquisita belleza, muy visual, un verdadero cuadro repleto de color, su concepci&oacute;n de la vida. Hablamos de literatura y pienso a la vez en m&uacute;sica, por los tiempos, por la cadencia, y en pintura, por el color, por los objetos recreados en los que se advierte el tono nacarado a trav&eacute;s de su voz. Veamos algunos ejemplos de todo ello.</p>
<p>En <em>Mrs. Dalloway</em>, correlatos objetivos est&aacute;ticos y din&aacute;micos surgen de su voz casi a borbotones concatenados por ese <em>y</em> (<em>and)</em>: &ldquo;Devonshire House, Bath House&hellip;y recordaba a Silvia, Fred Sally Seton_tal cantidad de gente; y bailando toda la noche; y los vagones traqueteando de camino al mercado; y volver en coche a casa por el parque (Woolf, 2003:155)&rdquo;.<a title="" href="#_ftn2">[2]</a></p>
<p>Vuelvo al correlato objetivo, a T.S. Eliot, a Gertrude Stein, a Hemingway_salvando las distancias_en &ldquo;Soldier&acute;s Home&rdquo;. En la emoci&oacute;n, en la contemplaci&oacute;n del cuadro, en los <em>y</em> que se suceden para concatenar unas im&aacute;genes con otras y contagiar entusiasmo o nostalgia, una recuerda el cierre de &ldquo;Goodbye, My Brother&rdquo; (&ldquo;Adi&oacute;s, Hermano M&iacute;o&rdquo;) de John Cheever).<a title="" href="#_ftn3">[3]</a></p>
<p>El color, el mundo de los objetos de que Virginia Woolf se rodea y que constituyen su ligaz&oacute;n al mundo, su expresi&oacute;n art&iacute;stica, su recreo y tambi&eacute;n su apreciaci&oacute;n de la realidad, se ve precisado en m&uacute;ltiples ejemplos. La naturaleza adquiere aqu&iacute; su expresi&oacute;n m&aacute;s dom&eacute;stica, se convierte en una naturaleza de ciudad, m&aacute;s exquisita, m&aacute;s suave_tambi&eacute;n m&aacute;s<em> atmosf&eacute;rica</em>_, tonalidades irisadas, m&uacute;ltiple colorido:&nbsp;</p>
<p>...y era el momento, entre las seis y las siete, cuando todas las flores_rosas, claveles, lirios, lilas_brillan; cada una de las flores parecen una llama que arde por su cuenta, suave y pura, en los arriates brumosos; y &iexcl;c&oacute;mo le gustaban las polillas blancogr&iacute;s que en remolinos rondaban los heli&oacute;tropos, las pr&iacute;mulas de la noche! (Woolf, 2003: 160)<a title="" href="#_ftn4">[4]</a></p>
<p>Con una imagen la escritura plasma una idea o un sentimiento, el matrimonio, los celos; y es de nuevo una imagen pict&oacute;rica, de una determinada cadencia, una imagen animada, percibida casi para el cine. En Mrs. Dalloway, Clarissa Dalloway ve escrito en el bloc de notas junto al tel&eacute;fono que Lady Bruton, invita a su marido a que la acompa&ntilde;e para comer, a su marido, no a ella; y los celos aparecen de inmediato: &ldquo;&hellip;como la planta en el lecho del r&iacute;o se estremece al sentir la onda de un remo: tal fue su temblor, tal fue su estremecimiento (Woolf: 2003: 177).&rdquo;<a title="" href="#_ftn5">[5]</a></p>
<p>Los personajes que elige, las distintas personas que animan en &uacute;ltima instancia las ideas y sentimientos de la autora, no siempre evolucionan, algunas, como en el caso de Septimus, ejemplifican tendencias y constituyen en s&iacute; mismos verdaderos s&iacute;mbolos de la idea apuntada. Septimus es m&aacute;s una actitud ante el mundo que una persona compleja y parad&oacute;jica, real. Con su descripci&oacute;n, configura de un solo trazo una actitud mental, un posicionamiento frente a la realidad en estado puro, casi un objeto est&eacute;tico en s&iacute; mismo, digno de admiraci&oacute;n, de belleza, incluso digno de ser salvajemente amado: &ldquo;Septimus Warren Smith&hellip;con sus zapatos marrones, y su abrigo ra&iacute;do y sus ojos casta&ntilde;os temerosos que provocaban temor a su vez en los ojos de los desconocidos. El mundo ha levantado su l&aacute;tigo; &iquest;d&oacute;nde restallar&aacute;? (Woolf, 2003: 162)&rdquo;<a title="" href="#_ftn6">[6]</a>. Septimus con sus dos apellidos, porque la autora subraya su personalidad defendida a ultranza, incluso en su poco adecuada vestimenta, pero sobre todo subrayando la idea de la marginalidad, la inadecuaci&oacute;n al mundo, la vulnerabilidad; otras tantas facetas desdobladas de la personalidad de la escritora.</p>
<p>Creo ver en la voz narrativa de Virginia Woolf un cierto halo, la luz del faro y a la vez el faro como objeto amado, la imagen que da nombre a su obra <em>To The Lighthouse</em>, la casa de la luz, otra gran met&aacute;fora de su b&uacute;squeda de conocimiento, de claridad, de saber cient&iacute;fico. Y con todo, la m&aacute;xima expresi&oacute;n simb&oacute;lica de su actitud ante el mundo, la imagen que mejor define, en mi opini&oacute;n, la actitud de la escritora y su posici&oacute;n en la realidad, es la que cierra su novela <em>Las Olas</em>, <em>The Waves </em>&nbsp;y que no me resisto a citar en estas p&aacute;ginas porque corresponden al m&aacute;s puro estilo <em>Woolf</em>, las olas, el renacer a cada rato y el morir como la m&aacute;xima expresi&oacute;n art&iacute;stica del ser humano y su dif&iacute;cil andadura:</p>
<p>&nbsp;&ldquo;Y tambi&eacute;n en m&iacute; se alza la ola. Se incha, arquea el lomo. Una vez m&aacute;s tengo conciencia de un nuevo deseo, de algo que surge en el fondo de m&iacute;, como el altivo caballo cuando el jinete pica espuelas y despu&eacute;s lo refrena con la brida. &iquest;Qu&eacute; enemigo percibimos ahora avanzando hacia nosotros, t&uacute;, sobre quien ahora cabalgo, mientras piafamos en este pavimento? Es la muerte. La muerte es el enemigo. Es la muerte contra la que cabalgo, lanza en ristre y melena al viento, como un hombre joven, como Percival cuando galopaba en la India. Pico espuelas. &iexcl;Contra t&iacute; me lanzar&eacute;, entero e invicto, oh Muerte!&rdquo;&nbsp;</p>
<p><em>Las olas romp&iacute;an en la playa</em>.<a title="" href="#_ftn7">[7]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; (Woolf, 1983: 266)&nbsp;&nbsp;</p>
<p>La imagen con la que la escritora termina <em>Las Olas</em>, constituye una visi&oacute;n est&eacute;tica de la vida llena de precisi&oacute;n y belleza, tambi&eacute;n la objetivaci&oacute;n art&iacute;stica de la realidad, que refleja como en un espejo, su paso por el mundo. En palabras de Ana Mar&iacute;a Navales en su introducci&oacute;n a los <em>Cuentos de Bloomsbury</em>, &ldquo;un momento de plenitud creadora&rdquo; (1991: 6).</p>
<p>Me viene a la memoria Marina Tsvietaieva, ese terrible existir entre el sometimiento como garant&iacute;a de supervivencia y la necesidad de arriesgarse, aunque el peligro nos conduzca a la muerte. En la introducci&oacute;n a su obra: &ldquo;No la persona sino la necesidad de estar enamorada es lo fundamental. No la esencia&hellip; sino el ritmo, el ritmo intenso&hellip;&rdquo; (21) y tambi&eacute;n: &ldquo;el deseo&hellip;y la promesa&hellip;de&hellip;vivir para siempre en una eterna infancia, han de considerarse no como una prueba de inmadurez&hellip;sino de la lucidez con que desde sus primeros versos hab&iacute;a visto la oposici&oacute;n entre su mundo de intimidad radical y armon&iacute;a liberadora y la inaceptable ceguera de la exteriorizaci&oacute;n, limitaci&oacute;n y monoton&iacute;a del de los adultos.&rdquo; &ldquo;El deseo&hellip;de impedir la entrada en su vida del mundo prosaico de los adultos.&rdquo; (12) <a title="" href="#_ftn8">[8]</a></p>
<p>Recuerdo a David Riesman en <em>La Muchedumbre Silenciosa</em> (<em>The Lonely Crowd</em>), los tres tipos posibles de personas, las tres tendencias ante el mundo, la persona tradicional, la introspectiva (tipo Hemingway) y la que busca en lo otro y en los otros, en el mundo, el sentido de uno mismo como conocimiento m&aacute;s sublime y supremo. Virginia Woolf pertenece en mi opini&oacute;n a &eacute;ste &uacute;ltimo y su b&uacute;squeda, por encima de su atormentada personalidad, es siempre cient&iacute;fica, la expresi&oacute;n pl&aacute;stica del conocimiento, la voz transformada en imagen y la imagen amada, buscada, a la que recurre una y otra vez porque necesita estabilidad y tambi&eacute;n orden. John Irving dice en <em>Las Normas de la Casa de la Sidra</em> (<em>Cider House Rules</em>) que el hu&eacute;rfano necesita un sentido del orden y hasta de la rutina. Clarissa Dalloway, en su casa y en su matrimonio y a la vez, la imperiosa necesidad de escapar de todo ello.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>OBRAS CONSULTADAS</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bradbury, Malcolm and McFarlane, James (ed.) (1991) (1976)<em> Modernism. A Guide to European Literature 1890-1930</em>. London: Penguin.</p>
<p>Elliot, Emory (ed) (1991) <em>Historia de la Literatura Norteamericana</em>. Madrid: C&aacute;tedra.&nbsp;</p>
<p>Freedman, Ralph (1963) <em>The Lyrical Novel _Studies in Hermann Hesse, Andr&eacute; Gide and Virginia Woolf</em>. Princeton: Princeton University Press. Trad.: Jose Manuel Llora (1972) <em>Ralph Freedman. La Novela L&iacute;rica...</em> Barcelona: Barral Editores.&nbsp;</p>
<p>Navales, Ana Mar&iacute;a (1991). <em>Cuentos de Bloomsbury</em>. Barcelona: Edhasa.</p>
<p>P&eacute;rez G&aacute;llego, C&aacute;ndido (2006) &ldquo;Conversaciones con el profesor Dr. P&eacute;rez G&aacute;llego&rdquo;, (25 octubre, 2006).&nbsp;</p>
<p>Riesman, David (1961) <em>The Lonely Crowd</em><em>:A Study of the Changing American Character</em>. New Haven.&nbsp;</p>
<p>Tsvietaieva, Marina (1997) <em>Antolog&iacute;a Cien Poemas</em>. Trad.: Jos&eacute; Luis Reina Palaz&oacute;n. Madrid: Visor.&nbsp;</p>
<p>Williams, Raymond (1992) (1985) &ldquo;The Metropolis and The Emergence of Modernism&rdquo; en <em>Modernism/ Postmodernism</em>. Peter Brooker (ed.). Singapore: Longman (1998) (1992 1&ordf; ed.).&nbsp;</p>
<p>Woolf, Virginia (1992) (1&ordf; ed.: 1925) <em>Mrs. Dalloway</em>. Londres: Penguin Books.&nbsp;</p>
<p>Woolf, Virginia (2003) <em>La Se&ntilde;ora Dalloway</em>. Edici&oacute;n de Mar&iacute;a Lozano. Madrid: C&aacute;tedra.&nbsp;</p>
<p>Woolf, Virginia (1963) (1&ordf; ed.: 1931) <em>The Waves</em>. London: The Hogarth Press.&nbsp;</p>
<p>Woolf, Virginia (1983)&nbsp; (1&ordf; ed.: <em>The Waves</em>, 1931) <em>Las Olas</em>. Traducci&oacute;n de Andr&eacute;s Bosch. Lumen.</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> Thomas Mann reproduce la idea en una traves&iacute;a por el Atl&aacute;ntico donde escribe entre otros ensayos &ldquo;Viaje por Mar con Don Quijote,&rdquo; para las p&aacute;ginas literarias del&nbsp; peri&oacute;dico de Zurich.&nbsp;</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> &ldquo;Devonshire House, Bath House&hellip; and remembered Sylvia, Fred, Sally Seton_such hosts of people; and dancing all night; and the waggons plodding past to market; and driving home across the Park.&rdquo; (Woolf, 1992: 9).&nbsp;</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a> &ldquo;El mar aquella ma&ntilde;ana estaba iridiscente y oscuro. Mi mujer y mi hermana nadaban_Diana y Helen_y ve&iacute;a sus melenas al viento, negro y oro en el agua oscura. Las ve&iacute;a salir y ve&iacute;a que estaban desnudas, desinhibidas, hermosas, y llenas de gracia, y observ&eacute; a las mujeres desnudas salir del mar.&rdquo;&nbsp; &ldquo;The sea that morning was iridescent and dark. My wife&nbsp; and my sister were swimming_Diana and Helen_and I saw their uncovered heads, black and gold in the dark water. I saw them come out and I saw that they were naked, unshy, beautiful, and full of grace, and I watched the naked women walk out of the sea. (23) En <em>Stories </em>de John Cheever, de 1978, New York: Ballantine Books, 1995.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a> &hellip;and it was the moment between six and seven when every flower_roses, carnations, irises, lilac_glows; white, violet, red, deep orange; every flower seems to burn by itself, softly; purely in the misty beds; and how she loved the grey white moths spinning in and out, over the cherry pie, over the evening primroses! (Woolf, 1992: 14).&nbsp;</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a>&nbsp; &ldquo;&hellip;as a plant on the river-bed feels the shock of a passing oar and shivers: so she rocked: so she shivered. (Woolf, 1992: 32)&rdquo;.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a> &ldquo;Septimus Warren Smith&hellip;brown shoes and a shabby overcoat, with hazel eyes which had that look of apprehension in them which makes complete strangers apprehensive too. The world has raised its whip; where will it descend?&rdquo; (1992: 15)</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a> &ldquo;And in me too the wave rises. It swells; it arches its back. I am aware once more of a new desire, something rising&nbsp; beneath me like the proud horse whose rider first spur and then pulls him back. What enemy do we know perceive advancing against us, you whom I ride now, as we stand pawing this stretch of pavement? It is death. Death is the enemy. It is death against whom I ride with my spear couched and my hair flying back like a young&acute;s man, like Percival&acute;s, when he galloped in India. I strike spurs into my horse. Against you I will fling myself, unvanquished and unyielding, O Death!&rdquo; /<em>The Waves broke on the shore.</em> (Woolf, 1963: 211)</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref8">[8]</a> El final de <em>Las Olas</em> recuerda los versos de Marina Tsvietaieva: &ldquo;yo soy de la perecedera espuma del mar/Uno creado de carne, otra del barro del suelo_/a ellos tumba y l&aacute;pida memorial&hellip;/en la pila del mar bautizada_y en el vuelo/soy_oleaje que estalla perennal.&rdquo; Y tambi&eacute;n: &ldquo;Desmembrada en rodillas de granito volver&iacute;a,/ en cada ola voy_a resucitar./ Alabada sea la espuma,_la espuma de alegr&iacute;a_/ la elevada espuma del mar.&rdquo; Corresponden al poema &ldquo;Una Creada de Piedra y otra de Arcilla Fina&rdquo; fechado el 23 de mayo de 1920. Su propia vida, su actitud ante el mundo recuerda la de Virginia Woolf. Marina Tsvietaieva nace en Mosc&uacute; en 1892 y pone fin a su vida en 1941.</p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Fri, 05 Jun 2020 10:11:54 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los procedimientos líricos de Ferrer Lerín]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/los-procedimientos-liricos-de-ferrer-lerin/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2020/Junio/FRANCISCO_FERRER_LER_N_3.jpg" alt="" /></p>
<p>Se trata de explicar aqu&iacute; los procedimientos que Ferrer Ler&iacute;n utiliza para construir ciertos textos, que es, a la postre, una de las caracter&iacute;sticas diferenciadoras con respecto a otro tipo de poes&iacute;a que predominaba en el panorama l&iacute;rico castellano en los sesenta, hasta la actualidad.</p>
<p>No se trata de se&ntilde;alar sus temas, que son variados y que, a veces, pueden coincidir con los procedimientos l&iacute;ricos que utiliza, pero me refiero a un lenguaje procedente de esos lugares, vetados para la poes&iacute;a ortodoxa tradicional. Ler&iacute;n no enmascara esos otros lenguajes ni procedimientos, ajenos, en un principio, a la labor de la l&iacute;rica tradicional, cuyo paisaje humano y sentimental, corresponde con el objeto y con el sujeto del propio poema, Ler&iacute;n, en este caso, utiliza esos materiales ajenos y los incorpora sin prejuicios formales o t&eacute;cnicos y los transforma en poema.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Paleograf&iacute;as</strong></p>
<p>Este proceso puede advertirse claramente en <em>F&aacute;mulo</em>. Es un proceso consciente mediante el cual, el autor, utiliza un material externo, en un principio, a la propia pr&aacute;ctica po&eacute;tica, pero relacionado con el lenguaje. En este caso, el libro <em>F&aacute;mulo</em>, y su texto hom&oacute;nimo, que est&aacute; basado en el libro: <em>Calzada de Valdunciel. Palabras, cosas y memorias de un pueblo de Salamanca, </em>de Pascual Riesco Chueca, donde utiliza palabras y expresiones de aquel lugar:</p>
<p>&laquo;Bollo maim&oacute;n / pan de farinato / cazador de tendencias /(no se empleaba entonces la palabra viento) / garbanzos torrados / piedra de manteca / lanzaban su relincho / mujeres relinchando /ese jirijeo grito de la fiesta[&hellip;]&raquo;</p>
<p>Palabras que mezcla tambi&eacute;n con el recuerdo de sus a&ntilde;os de estudiante. Le ha servido esta modalidad dialectal del habla castellano-leonesa para construir un poema sobre el pasado.</p>
<p>Este proceso de recuperaci&oacute;n de material escrito puede verse en toda la secci&oacute;n de Paleograf&iacute;as de <em>F&aacute;mulo</em>, porque no solo le sirve este material &eacute;dito, como en el caso anterior, sino que tambi&eacute;n le sirve alg&uacute;n texto encontrado (similar al trabajo de recogida de muestras, A.C.) olvidado por alguien en una nota aparentemente sin importancia, como puede ser la que escribi&oacute; su hijo, Miguel Ferrer Jim&eacute;nez, en una hoja. En el texto &ldquo;Cotas de excelencia&rdquo;, donde el autor juega a escondernos lo que ha escrito &eacute;l y lo que dej&oacute; escrito su hijo, dice:</p>
<p>&laquo;No hab&iacute;a nacido. / &Eacute;poca nefasta pues por no conocer la vitalidad de las creaciones art&iacute;sticas / &eacute;poca de &ldquo;Prolongaci&oacute;n de Claudia&rdquo; / o &ldquo;Eres un &uacute;nico&rdquo;. / Se agrupan los cautivos. / Una de las ciudades de Calvino.//</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Libros antiguos</strong></p>
<p>Es otro procedimiento habitual en Ferrer Ler&iacute;n, (y una variante de las paleograf&iacute;as), con la diferencia de que, en este caso, solo se basa en libros antiguos: Diccionarios, <em>Libro de la ca&ccedil;a de Alfonso X, Libro de la Cadena</em>, <em>Libro de cetrer&iacute;a del rey Dancos</em> entre otros y cumple, fundamentalmente, una labor de inter&eacute;s sem&aacute;ntico, el rastreo met&oacute;dico en busca de palabras no halladas previamente, los h&aacute;pax, donde puede verse la pasi&oacute;n filol&oacute;gica de Ferrer Ler&iacute;n, v&eacute;ase <em>Bestiario de Ferrer Ler&iacute;n</em>, donde se vierte parte de su inconclusa tesis doctoral.</p>
<p>La belleza expresiva del lenguaje antiguo, con un alto valor sincr&oacute;nico, mediante la transcripci&oacute;n del poeta, lo convierte en un discurso desactualizado por su componente diacr&oacute;nico, pero, cuyo resultado es de una fuerza inigualable que transforma en poema un texto desvinculado de la intenci&oacute;n po&eacute;tica, forzando el autor, la pertenencia de un texto extra&ntilde;o a un g&eacute;nero para el que no hab&iacute;a sido dise&ntilde;ado en ning&uacute;n momento, de ah&iacute;, que se produzca esa extra&ntilde;eza recurrente en ciertas piezas de Ferrer Ler&iacute;n, al tratar de trasladar, (esa es la labor del poeta, el trasvase de contenidos), materia ajena a lo l&iacute;rico y lo convierte en un texto mejorado, desubicado, al extirparlo de su matriz original donde cobraba sentido pleno. En <em>F&aacute;mulo</em> hay dos textos que reflejan lo que se ha dicho antes: &ldquo;Inscripta&rdquo; y &ldquo;Segmenta&rdquo; que utilizan como fuente el <em>Libro de los sellos redondos de hierro </em>o<em> Libro de la cadena, </em>que recoge los fueros de la ciudad de Jaca.</p>
<p>En &ldquo;Inscripta&rdquo; dice: &laquo;Illo anno quando rex Garsias venit super Iaca et cremavit illo burgo novo /[&hellip;]las tierras a comprar qui es Iacca en lo barri de Burnau fueron tasadas/ [&hellip;]</p>
<p>El poeta vierte en el texto moderno las oraciones en lat&iacute;n medieval y los mezcla con otras frases en castellano de su propia producci&oacute;n po&eacute;tica, procedimiento de palimpsestaci&oacute;n l&iacute;rica que utiliza material desechado y lo usa en su nuevo texto, mientras va descubriendo capas l&eacute;xicas de la superficie, explicaci&oacute;n de que nuestra forma de escribir no es m&aacute;s que una constante actualizaci&oacute;n idiom&aacute;tica de nuestro primer lenguaje, el barro l&eacute;xico que Ler&iacute;n somete a una hidrataci&oacute;n textual y convierte en&nbsp; moderno tras un proceso de catalogaci&oacute;n arqueol&oacute;gica urgente.</p>
<p>Como producto de ese estudio y lectura en libros anteriores al S. XX, que puede verse en diferentes lugares de su obra, surge el hallazgo, donde Ler&iacute;n procede como el cient&iacute;fico atento, en busca de nuevas &eacute;timos para catalogar su desaparici&oacute;n. Iron&iacute;a textual ya que al escribirse el h&aacute;pax desaparece y se actualiza. Rizo idiom&aacute;tico al que acostumbra Ler&iacute;n.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>H&aacute;pax (leg&oacute;mena)</strong></p>
<p>Literalmente, h&aacute;pax leg&oacute;mena significa: &ldquo;lo que se dijo una vez&rdquo;, procede de manera parecida a aquello que en el arte sacro se ha denominado <em>Acheropita</em>, lo que no se ha hecho a mano, sino de forma involuntaria, lo digo, porque los h&aacute;pax estuvieron tambi&eacute;n muy relacionados con la traducci&oacute;n de los textos sagrados hebreos y griegos paleocristianos que tuvieron una traducci&oacute;n problem&aacute;tica o incorrecta, y que se vertieron al idioma incipiente y se fosilizaron all&iacute;. En este caso que mostramos a continuaci&oacute;n, Ler&iacute;n nos devuelve un h&aacute;pax relacionado con los animales donde nos ofrece una erudita lecci&oacute;n de geo-etimol&oacute;gica que cristaliza en el texto &ldquo;Lorra&rdquo;, en <em>Hiela sangre. </em>[pp. 95-96]:</p>
<p>&laquo;Una <em>lorra </em>/ no evita siempre al humano / se sabe/ autora de burlas provocantes a risa /porque / no hablamos de la zorra&nbsp; de carne[&hellip;]No identifico el poema, &iquest;a qu&eacute; libro pertenece? / Ferrer Ler&iacute;n: No tiene llibro a&uacute;n; es un homenaje a <em>lorra, </em>un h&aacute;pax. [&hellip;] En el famoso op&uacute;sculo Sobre el animal cebra que se criabaen Espa&ntilde;a (1752) del Padre Sarmiento se dice que &laquo;los Golpejares son sitios en que abundan de Lorras&raquo;.</p>
<p>Y nos ofrece a continuaci&oacute;n una explicaci&oacute;n filol&oacute;gico-topon&iacute;mica sobre el posible origen del &eacute;timo errante.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Traducci&oacute;n err&oacute;nea</strong></p>
<p>Muy relacionado con esta t&eacute;cnica textual del hallazgo, algo que siempre llam&oacute; poderosamente la atenci&oacute;n de Ler&iacute;n son las traducciones err&oacute;neas, el mismo Ler&iacute;n, como hemos dicho, traduce una obra tan dif&iacute;cil como la de Tzara, as&iacute; como <em>Tres cuentos</em> de Flaubert u <em>Ossi di sepia</em> de Montale. La traducci&oacute;n como esa parte en el reverso de la creaci&oacute;n literaria, por ello llama tanto la atenci&oacute;n al autor, porque hace derivar al idioma y sus recursos sintagm&aacute;ticos que construyen la comunicaci&oacute;n directa. En este caso que ofrecemos de <em>Hiela sangre</em>, se trata de una traducci&oacute;n sobre un pueblo ind&iacute;gena, los botocudos, palabra con la que los portugueses se refer&iacute;an a los habitantes de Brasil&nbsp; por llevar botoques, es decir, aros de metal o madera en los labios y en los l&oacute;bulos de las orejas.</p>
<p>&laquo;Eran amplios y planos / los cheekbones altos / la nariz bridgeless peque&ntilde;a / las ventanas de la nariz anchas / y la proyecci&oacute;n de las quijadas leve.[&hellip;] Era n&oacute;mada cazador-gatherers / el vagar desnudo en las maderas y vida del bosque [&hellip;]su solamente armas eran ca&ntilde;a[&hellip;] bamb&uacute; nariz flauta[&hellip;] (p. 87-88)</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Enumeraciones y censos</strong></p>
<p>Aqu&iacute; re&uacute;ne dos modalidades, la pasi&oacute;n por los libros antiguos y la confecci&oacute;n de censos y enumeraciones que act&uacute;an como enumeraciones ca&oacute;ticas. Las enumeraciones se pueden comprobar sobre todo en su vertiente m&aacute;s relacionada con la actividad orn&iacute;tica, pero tambi&eacute;n se extrae de la lectura de libros de caza que Ler&iacute;n rastrea con lente filol&oacute;gica. En el caso que mostraremos a continuaci&oacute;n se pueden ver tanto el material ling&uuml;&iacute;stico antiguo, como la enumeraci&oacute;n y el orden alfab&eacute;tico con que opera en algunos textos, influencia quiz&aacute; de aquel azar objetivo que rige otra gran parte de su l&iacute;rica y que es capaz de estructurar en ocasiones su l&iacute;rica.</p>
<p>En &ldquo;Solemn&iacute;simo vocabulista&rdquo;, p. 89-90: &laquo;Animale / Agua&amp; humidad. / Bestes. / Bosq[es] y la[s] otras cosas saluaticas&raquo;, donde sigue una copiosa lista de objetos al azar.</p>
<p>En &ldquo;Libro de cetrer&iacute;a del rey Dancos&rdquo; nos ofrece otra lista pero, esta vez, repite en aliteraci&oacute;n el comienzo y recoge el &iacute;ndice de contenidos de dicho libro seg&uacute;n la edici&oacute;n de Jos&eacute; Manuel Fradejas Rueda.</p>
<p>&laquo;El XIII cap&iacute;tulo es quando &aacute; funda&ccedil;ion et non quieren comer / el XIIII cap&iacute;tulo es de fazer los ffalcones osados.&raquo; p. 91.</p>
<p>El <em>Libro de la confusi&oacute;n</em> se abre con un texto que opera de manera similar, en &ldquo;Culminaci&oacute;n del patronazgo de San Benito de Nursia, donde dice: &laquo;De los caminantes de llanura / De los mercaderes de comestibles, especialmente de carne / De los archiveros / De os agricultores / De los ingenieros / De los curtidores[&hellip;] p. 15.</p>
<p>Uno de los m&aacute;s caracter&iacute;sticos de la producci&oacute;n leriniana es el soberbio texto a continuaci&oacute;n donde se dan una serie de lugares propicios, que en un principio, pueden entenderse como ideales para la contemplaci&oacute;n de aves, pero que tienen un fin m&aacute;s nihilista, ya que se trata de lugares para practicar el suicidio:</p>
<p>&ldquo;Ababuj (Teruel). Partida de Ablaque. Viga en la Caseta del Sordo. (Practicable).</p>
<p>Abertura (C&aacute;ceres). Campo de Custodio. Olivos centenarios. (Prcticable).[&hellip;]</p>
<p>Caborriu (Gerona). Mas&iacute;a Pons. Viga madrina en iglesia. (Riesgo de rotura)(Practicable).[&hellip;]</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&Aacute;rboles geneal&oacute;gicos</strong></p>
<p>Tambi&eacute;n emparentado con la confecci&oacute;n de censos, el estudio de su propia familia, le lleva a proceder de igual manera con otras, en este caso que ofrecemos, es un relato de invenci&oacute;n propia, pero que mistifica la veracidad de un expurgo en un libro geneal&oacute;gico, en <em>Libro de la confusi&oacute;n, &ldquo;</em>Descendencia&rdquo;, p 49: &laquo;Descendencia de Josefa Engracia P&eacute;rez Oliveta (1884-1921), casada con Jos&eacute; Juan Abilio Casta&ntilde;a Seraf&iacute;n (1881-1934)[&hellip;]&raquo;</p>
<p>Otro ejemplo de esta manera de proceder leriniana puede verse en el texto &ldquo;F.F.&rdquo;,&nbsp; (p. 103), de F&aacute;mulo, donde afirma, en este caso, el texto es autobiogr&aacute;fico: &laquo;Francsico Ferrer Mascar&oacute;, notario, natural de Balaguer, L&eacute;rida, viaja destinado a Puigcerd&aacute;, Gerona, a mediados del XIX[&hellip;]Mar&iacute;a de las Mercedes Auger Massanet, natural de Barcelona contrae matrimonio con Abilio Ferrer Morer, la recuerda sentada, ella siempre de negro, la abuelita Mercedes[&hellip;] Mar&iacute;a Luisa Ler&iacute;n Falc&oacute;, natural de Barcelona contrae matrimonio con Francisco Ferrer Auger en la ciudad de ambos, a su &uacute;nico hijo se le bautiza Francisco gracias a quien no lo sabemos.[&hellip;]</p>
<p>Aqu&iacute; trata de explicar su pasado mediante la presentaci&oacute;n de su &aacute;rbol geneal&oacute;gico, determinando todas las variantes que existieron hasta llegar a &eacute;l y a su descendencia.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Ornitolog&iacute;a</strong></p>
<p>Estos textos aparecen por doquier en sus libros, es en <em>C&oacute;nsul </em>cuando empieza a reflejarse este inter&eacute;s por las aves, donde ya nos ofrece el texto &ldquo;Corvus corax&rdquo;, relato en donde aparecen diferentes aves que alimentan su particular cosmogon&iacute;a natural: &laquo;Las lomas desde el vi&ntilde;edo hasta el cantil y el mismo cantil en toda su extensi&oacute;n. Luego las eventuales zonas de aventura tr&oacute;fica. Las playas y los vertederos de la ciudad donde compiten con otras aves. [&hellip;] Llegan a la cresta y&nbsp; el macho azuzado por el falso celo de oto&ntilde;o gira ciento ochenta grados[&hellip;]&raquo; Aqu&iacute; se puede ver una descripci&oacute;n de un cient&iacute;fico de campo, la intenci&oacute;n no es conmovedora, sino descriptiva. Esa va ser una de sus principales caracter&iacute;sticas como escritor, la utilizaci&oacute;n de una forma de escribir que no se corresponde con lo esperado en un poeta. No hay emoci&oacute;n alguna que pueda despertar este texto, su intenci&oacute;n no es esa, sino la de ser preciso.</p>
<p>La emoci&oacute;n de este texto consiste tal vez en darnos cuenta de que el protagonista de este relato no es el autor, sino un cuervo que contempla desde lo alto la decadencia de la ciudad, la rapi&ntilde;a a la que se ve sometido, la capacidad de sobrevivir del animal frente a la fragilidad del hombre: &laquo;El suelo aparece sembrado de cad&aacute;veres. Cad&aacute;veres humanos que las ratas cubren mientras los perros trajinan pedazos y el mundo alado se mantiene sobre mi cabeza. La muerte.&raquo;</p>
<p>Un lenguaje que nada tiene que ver con lo l&iacute;rico ni con sus tropos. De hecho es narraci&oacute;n, algo que ya introduce en el segundo libro y que en este tercer volumen se asienta sin complejos de transgredir entre un lugar y otro, como lo va&nbsp; a hacer en el resto de sus libros.</p>
<p>En <em>F&aacute;mulo</em>, hay una secci&oacute;n, &ldquo;Ornithologiae&rdquo;, dedicada a tal disciplina, con tres piezas, las especies m&aacute;s importantes para Ler&iacute;n: &ldquo;Aguilucho cenizo&rdquo;, &ldquo;Quebrantahuesos&rdquo; y &ldquo;Cuervo&rdquo;,pp. 93-97. En <em>Hiela sangre</em> hay diferentes piezas que se refieren al mundo de la naturaleza y tambi&eacute;n a la ornitolog&iacute;a: &ldquo;Talpa&rdquo;, p. 23; &ldquo;Buitre leonado&rdquo;, p. 59.</p>
<p>Dice en &ldquo;Quebrantahuesos&rdquo;: &laquo;Contemplad el vuelo, flecha / de dimensi&oacute;n desconocida, garras / sobre hueso fr&iacute;o, la m&eacute;dula mordida [&hellip;] planea lejos, se aleja / entre el chasquido de plumas secas que cortan / el aire.&raquo; p. 95</p>
<p>En &ldquo;Buitre leonado&rdquo; en <em>Hiela sangre</em>: &laquo;[&hellip;] traer a colaci&oacute;n / al sin par necr&oacute;fago. / Se recuerda el verso / &ldquo;la espalda comida por el Gyps&rdquo; / en un poema &aacute;spero[&hellip;]&raquo; Donde coinciden el rescate de unos versos de c&oacute;nsul y su pasi&oacute;n orn&iacute;tica.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Monstruos</strong></p>
<p>La descripci&oacute;n de la naturaleza lo ha llevado a desarrollar tambi&eacute;n un gusto est&eacute;tico por la morfolog&iacute;a de lo horrendo, por el monstruo, por las bestias que describe tambi&eacute;n en su novela <em>Familias como la m&iacute;a</em>, donde hay una detallada descripci&oacute;n de la B&ecirc;te de Guevaudan, descripci&oacute;n que hace con todo lujo de detalles.</p>
<p>&nbsp;En <em>La hora oval</em> contamos con la descripci&oacute;n de &ldquo;El monstruo&rdquo;: &laquo;Tambi&eacute;n las orejas y la longitud del pelo impresionaban. Adem&aacute;s surg&iacute;a de un modo constante una llama verdosas de las fauces semicerradas que pude vislumbrar como huidizas&raquo;[&hellip;]</p>
<p>O &ldquo;Viejo circus&rdquo; donde se describe el aspecto de una bestia decadente (un viejo oso) en un circo antiguo. &laquo;Cog&iacute; un extra&ntilde;o animal y lo levant&eacute; por encima de nuestras cabezas. El acto me permiti&oacute; clavar las u&ntilde;as en la blanca piel del payaso. No brot&oacute; sangre y el no not&oacute; la maniobra.&raquo;</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>El juego</strong></p>
<p>Otro de los lugares poco propicios para la l&iacute;rica es el que pertenece al tema del juego de azar, algo que fue muy importante en su&nbsp; juventud, pero que fue abandonado al llegar a Jaca como ha contado en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n al dejar sin dinero al padre de un compa&ntilde;ero de clase de su hijo, y del que da cuenta en &ldquo;Casino en provincias&rdquo; en <em>C&oacute;nsul</em>, quiz&aacute; unos de los poemas m&aacute;s reconocidos de Ferrer Ler&iacute;n, donde explica su relaci&oacute;n con el juego: &laquo;Hay una mesa hexagonal, / verde como la risa, que nos re&uacute;ne. / La&nbsp;&nbsp; madera del borde, donde los cigarros / queman, soporta, horas / m&aacute;s horas, nuestros codos. / As&iacute;, bajo la escayola / y sobre el crujiente suelo / paso las tardes[&hellip;]&raquo;</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>El sue&ntilde;o</strong></p>
<p>&nbsp;Como heredero del surrealismo franc&eacute;s, Ferrer Ler&iacute;n se ha dedicado en muchas de&nbsp; sus composiciones a trasladar, utilizando el proceso de la narraci&oacute;n del sue&ntilde;o, toda su carga on&iacute;rica desde sus primeros libros; este inter&eacute;s por el sue&ntilde;o y su proceso semiautom&aacute;tico es patente, ya que hay mucho de trabajo detr&aacute;s de la aparentemente sencilla redacci&oacute;n de los sue&ntilde;os, de todo aquello que es prosaico, pulir y dejar solo lo que es verdaderamente on&iacute;rico, no los espacios intermedios, por lo tanto, se puede decir que es un proceso de montaje y expurgo para crear un texto &uacute;nico. Este sistema de producci&oacute;n es tan patente que se public&oacute; <em>Mansa chatarra</em> reuniendo toda su producci&oacute;n on&iacute;rica. Las muestras son numerosas: &ldquo;Mansa chatarra&rdquo;, &ldquo;El monstruo&rdquo;, &ldquo;La historia preferida&rdquo;, &ldquo;Se describe una vida extra&ntilde;a&rdquo;, &ldquo;La dama que vive&rdquo; de <em>La hora oval</em>; &ldquo;Madre estaba all&iacute;, o &ldquo;La casa&rdquo;, &ldquo;Pesadilla&rdquo;, &ldquo;Otra vez ella&rdquo; de <em>Hiela sangre, </em>donde se combinan tambi&eacute;n esa experiencia del sue&ntilde;o con la libido<em> </em>sexual.</p>
<p>Dice en &ldquo;Mansa chatarra&rdquo;: &laquo;[&hellip;] Estaba lejos de la meta con un paraguas absurdamente in&uacute;til con una fuerte alteraci&oacute;n nerviosa secuela de tanto mal y las calles parec&iacute;an hoscas parodiando mi entrega[&hellip;] Tuve fuerzas para agacharme y dar migas de queso al muchacho fornido que me acuciaba restregarle la chepa a mi madre e intentar una vez m&aacute;s abrir el aparato&raquo;[&hellip;]</p>
<p>Donde la utilizaci&oacute;n de un l&eacute;xico deslavazado predomina sobre una sintaxis pulcra, pero cuya situaci&oacute;n carece de un significado realista. Influencia de los surrealistas franceses, toda vez que en Espa&ntilde;a apenas se hizo esto. En Ferrer Ler&iacute;n la influencia directa del surrealismo es fundamental y puede verse en el uso del vers&iacute;culo extenso sin ajustarse a la rima o la tem&aacute;tica simb&oacute;lico-sentimental tan arraigada en Europa y en Espa&ntilde;a, como veremos tambi&eacute;n m&aacute;s adelante en las t&eacute;cnicas de automatizaci&oacute;n empleadas en el texto por Ferrer Ler&iacute;n.</p>
<p>O en este texto de <em>Hiela sangre</em> donde el lenguaje descriptivo es de nuevo el veh&iacute;culo usado por Ferrer Ler&iacute;n para comunicar un estado on&iacute;rico, sin por ello pensar que esto es una t&eacute;cnica usada sin consecuencias, recordar un sue&ntilde;o es siempre cercenarlo, recrearlo, y de eso hay mucho en esta t&eacute;cnica on&iacute;rica: &laquo;Regres&eacute; a los treinta a&ntilde;os de mi muerte. La casa, vieja, sin aquella mano de pintura que nunca pudimos dar; los libros, sepultados por el polvo; los muebles, devorados por la carcoma. Ni rastro de los m&iacute;os. Mi mujer enterrada lejos, en el sur seco y amarillo. Mis dos hijos, a los que tanto quise, irremisiblemente borrados[&hellip;] no queda nadie de aquel tiempo. Y no puedo preguntar a esta gente extra&ntilde;a, porque no me oyen, y quiz&aacute;, ni me ven. No deb&iacute; volver.&raquo; p. 79</p>
<p>O en <em>Edad del insecto</em>, donde se da este texto &ldquo;HUNFJKOERDBMBHGjhfutir&rdquo; donde afirma: &laquo;[&hellip;] las f&aacute;bricas principales est&aacute;n en madrid barcelona y valencia y los trapecistas sobre ella que caen estos d&iacute;as a menudo y siempre desde entonces cada vez prefiero no ver ni o&iacute;r ni gustar solo en paladeando la palabra que es gesto ya tiemblo como los primeros apareamientos alum&iacute;nicos mas lun&aacute;ticos de los escuerzos.&raquo;</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Sexualidad </strong></p>
<p>La libido se traduce mediante la descripci&oacute;n del deseo en los textos de Ferrer Ler&iacute;n.</p>
<p>Puede verse&nbsp; en la serie de textos sobre Rinola Cornejo en <em>C&oacute;nsul: </em>&laquo;Rinola aparece echada. El lecho resulta confuso, camino de humedad, vaso profano o simplemente una depresi&oacute;n en el firme[&hellip;]El amor como una escenograf&iacute;a teatral.</p>
<p><em>Edad del insecto</em> &ldquo;A mi Charlota Ramplin&rdquo;, donde dice: &laquo;te vi bailar sobre las llamas con tus bragas blancas / virgen desnuda / cristo / escupiendo sangre ante el atleta.//</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>El proceso automatizador</strong></p>
<p>En el texto Port Royal de <em>La hora oval</em> este texto est&aacute; hecho sobre una base autom&aacute;tica donde mezcla, en la primera parte del verso, un sintagma creado por el propio autor, y la segunda, que corresponde a fragmentos escogidos al azar de un libro de piratas. Muestra de ese azar objetivo que defend&iacute;an los surrealistas y del que Ferrer Ler&iacute;n nos da aqu&iacute; una muetsra:</p>
<p>&laquo;Nostalgia inusitada. Cosario moteado. / Divino caminar. Dobl&oacute;n &aacute;ureo./ H&uacute;meda grandilocuencia. Abordar. / Yo. Pedazo de historia. Philip. / Arrancado al trasunto. Gosse./ [&hellip;]</p>
<p>En <em>Edad del insecto</em> aparece tambi&eacute;n hay un buen n&uacute;mero de piezas que siguen este proceso automatizador, y componen este libro, precisamente aquellos textos que resultaron excluidos de sus tres primeros libros, precisamente, los que eran algo m&aacute;s complicados a la hora de articular su articular modo de trabajar, como en &ldquo;Troquel embudo de buril&rdquo; : &laquo;67&nbsp; alop&eacute;cicas doncellas presentaron as ofrendas rituales al supremo canciller / 84 black bass relampaguean dulce y at&aacute;vicamente / 16 amigos aman / 98 son los a&ntilde;os que / 36 es un n&uacute;mero / [&hellip;]&raquo;</p>
<p>&ldquo;Och, he revives. See how he raises&rdquo;, donde aparece una comprometida composici&oacute;n que rinde tributo a los poemas creacionistas, que siguen su proceso, pero a&uacute;n rizando m&aacute;s el experimento en cuanto que dispone el texto en diferentes campos tipogr&aacute;ficos, lecciones aprendidas en la vanguardia europea y que &eacute;l traslada a estos pagos.</p>
<p>&nbsp;&raquo;O ahs&iacute;ya-resucitavedc&oacute;moselevanta / O estuve ensangrent&aacute;ndome durante 9 horas / O / O / O al fin devolv&iacute; el cordero [&hellip;] y tener que aguardar la regurgitaci&oacute;n de tardes l&uacute;bricas / soy como p&aacute;jaro en llama [&hellip;] su nr ty mo / ft nm mn lo / &raquo;.</p>
<p>Donde asistimos a un proceso de automatizaci&oacute;n hasta casi llegar al impulso mec&aacute;nico de la mano en la m&aacute;quina de escribir recorriendo inconsciente las teclas. Un proceso en el cual el poeta transcribe su pensamiento objetivo directo que asalta desde la creaci&oacute;n hasta que se convierte solo en movimiento, en mecanograf&iacute;a inconsciente de los dedos golpeando al azar.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Escritores. Cine</strong></p>
<p>Tiene tambi&eacute;n la obra de Ferrer Ler&iacute;n un componente culturalista, entendido como la explicaci&oacute;n de aquellas obras art&iacute;sticas que han supuesto un hito en su educaci&oacute;n intelectual, por ello, aparecen distintos textos a lo largo de toda su obra que tiene que ver con el visionado de pel&iacute;culas cl&aacute;sicas, de escritores que han supuesto un referente en su trayectoria o de las piezas musicales que han influido en su gustos o que le han obsesionado&nbsp;</p>
<p>Uno de los primeros textos que explica esta relaci&oacute;n directa con la literatura o con el arte, en particular, aparece en <em>La hora oval</em>, se trata de la composici&oacute;n &ldquo;Tzara&rdquo;, que sirve a modo de declaraci&oacute;n de intenciones l&iacute;ricas: &laquo;Luchar contra el anquilosamiento de las palabras / moverlas disponiendo muevas mallas sacudir la estructura del poema / despertarlo / se trata de agarrar un objeto ver su nombre pesarlo, medirlo / olerlo observarlo / darle libertad para que se manifieste / para que se realice totalmente[&hellip;]&raquo;</p>
<p>Pero las referencias a otros autores son constantes en su obra, en <em>F&aacute;mulo</em>, hay un poema dedicado a un perro que toma el nombre del actor norteamericano <em>Glu Gulaguer</em> del Hollywood dorado; en <em>Libro de la confusi&oacute;n</em>, hay una secci&oacute;n, Agradecimientos, donde dedica tres poemas a Moravia, a Frank Sherwood Taylor, y a Henry Miller:</p>
<p>&laquo;Yo era, por esencia, una contradicci&oacute;n, / fan&aacute;tico del sexo / y con vocaci&oacute;n de enamorado / buscaba en los muslos heridas de sagapeno, esa gomorresina leonada[&hellip;]carest&iacute;a, / Jud&iacute;o Errante, tambi&eacute;n los Tr&oacute;picos, / [&hellip;] Lascivo inv&aacute;lido, colocaba la lengua seborreica / en el jard&iacute;n sombr&iacute;o, por ignorancia [&hellip;]&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 05 Jun 2020 10:08:44 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carmen Berenguer: espuma debajo de la lengua]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/carmen-berenguer-espuma-debajo-de-la-lengua/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2020/Junio/CARMEN_BERENGUER.jpg" alt="" /></p>
<p class="NoSpacing">&nbsp; &ldquo;20 siglos en vigilia no volver&aacute;n a dormirme/ Porque cada sue&ntilde;o es una espuma debajo de la lengua&rdquo;. As&iacute; leemos en un fragmento de &ldquo;La gran hablada (MM) La loca del paisaje&rdquo;, dentro del libro <em>A media asta</em>, que, junto a <em>Bobby Sands desfallece en el muro</em> y <em>Huellas de siglo</em> conforman el volumen. En estos versos llama la atenci&oacute;n c&oacute;mo sobre la palabra &ldquo;lengua&rdquo; gravita toda la polisemia del vocablo: lengua como parte del cuerpo, pero asimismo lengua como idioma, como habla. Ese ir y venir entre lenguaje y corporalidad constituye uno de los motivos m&aacute;s poderosos de la escritura de Berenguer. No en balde esta edici&oacute;n se abre con un homenaje a un preso en huelga de hambre, donde igualmente la palabra &ldquo;hambre&rdquo; alude a m&uacute;ltiples sentidos, no solo al acto de protesta, sino tambi&eacute;n a la miseria material y pol&iacute;tica, a todo lo incumplido, sobre lo que el cuerpo tiene mucho que decir. En boca de Bobby Sands escribe la poeta chilena: &ldquo;Alguien podr&iacute;a escribir un poema/ de las tribulaciones del hambre./ Yo podr&iacute;a, pero &iquest;C&oacute;mo terminarlo?&rdquo;.</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp; Quiz&aacute; la poes&iacute;a que todav&iacute;a nos concierne es aquella que nace de esa sensaci&oacute;n de impotencia, de no poder decir. Todo poema es, por definici&oacute;n, inacabado. Todo poema linda as&iacute;, por un extremo, con el silencio y, por otro, con una corriente verbal que no quiere callarse: la poes&iacute;a es, as&iacute;, la gran hablada. Y, a la vez, la gran silenciosa. El enigm&aacute;tico t&iacute;tulo que nos propone la autora se presta as&iacute; tambi&eacute;n a diversas lecturas. En pa&iacute;ses como M&eacute;xico, &ldquo;hablada&rdquo; es sin&oacute;nimo de lo que en espa&ntilde;ol peninsular llamar&iacute;amos &ldquo;habladur&iacute;a&rdquo; (pero tambi&eacute;n &ldquo;fanfarronada&rdquo;). No as&iacute; en Chile, y, sin embargo, en el habla coloquial chilena, no son raras las sustantivaciones como la que se nos presenta aqu&iacute; a trav&eacute;s del verbo &ldquo;hablar&rdquo;. En esa y otras marcas de oralidad, me parece percibir una cierta desacralizaci&oacute;n del lenguaje po&eacute;tico. O m&aacute;s bien, habr&iacute;a que hablar una dial&eacute;ctica constante de desacralizaci&oacute;n y resacralizaci&oacute;n, puesto que, a la vez que se percibe la condici&oacute;n mestiza del lenguaje, su radical impureza, la lengua asume la funci&oacute;n de marcar un territorio sagrado, el de una dignidad humana pisoteada una y otra vez por la l&oacute;gica de un poder (econ&oacute;mico, pol&iacute;tico,&hellip;), que tiene como referente principal (pero no &uacute;nico) el r&eacute;gimen de Pinochet, bajo el cual se escriben y publican todos los libros recogidos en este volumen. Bajo la capa de modernidad que convirti&oacute; el r&eacute;gimen pinochetista en uno de los alumnos m&aacute;s aventajados del neoliberalismo, se adivina la violencia ancestral, las figuras arcaicas que convoca el fascismo. As&iacute;, en poemas como &ldquo;Santiago Punk&rdquo;, no se esconde la fascinaci&oacute;n por la sociedad de consumo, pero tampoco sus espejismos y trampas: &ldquo;Punk, Punk/ War, war. Der Krieg, Der Krieg/ Bailecito color obispo/ La libertad pechitos al aire [&hellip;] FMI, la horca chilito en prietas/ Tanguito revolucionario/ Punk, Punk, paz Der Krieg/ Whiskicito arrabalero/ Un autito por cabeza/ y una cabeza por un autito&rdquo;. La escritura asume el dif&iacute;cil reto de no caer en la banalizaci&oacute;n de todos los discursos, pero tampoco en una ret&oacute;rica de lo sublime, tan f&aacute;cil de asimilar por los reg&iacute;menes autoritarios. Hay que insistir en esas huellas de oralidad, que asoma aqu&iacute; y all&aacute;, no solo por la presencia de coloquialismos, sino tambi&eacute;n por esa impresi&oacute;n de una suerte de incontinencia verbal, que es a la vez celebraci&oacute;n y denuncia. Frente a la violencia ejercida sobre los cuerpos y sobre el lenguaje, frente a la imposici&oacute;n de callar y de no decir, la poes&iacute;a quiere ser, de nuevo, la gran hablada, la charlatana que desoye la orden de guardar silencio (&ldquo;Esto que te escribo&nbsp; chiiit&nbsp; no se lo digas a nadie&nbsp;&nbsp; calladita porque si me escuchan me cuelgan: chiiit son las ventajas de la escritura&rdquo;).</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp; Hablar por hablar tiene mala prensa. Parece pertenecer a la <em>Geschw&auml;tz</em> (&ldquo;ch&aacute;chara&rdquo;, &ldquo;parloteo&rdquo;) que Heidegger denunciara como un hablar inaut&eacute;ntico (el mismo Heidegger, por cierto, que crey&oacute; encontrar la autenticidad en la ret&oacute;rica del nacionalsocialismo). Quiz&aacute; no es casual que dicha charlataner&iacute;a tradicionalmente se haya atribuido a las mujeres. Resulta llamativo el hecho que el mismo orden patriarcal (uno de los pilares de toda ideolog&iacute;a fascista) que durante siglos impuso una desigualdad social, pol&iacute;tica, ling&uuml;&iacute;stica (hay tambi&eacute;n un reparto del discurso, de lo que pueden decir y no decir las mujeres), al mismo tiempo ha resaltado con fuerza el estereotipo de la mujer charlatana, que no deja hablar a los hombres. Hay algo de provocador en el gesto de Berenguer de convocar esas voces femeninas que caen como un torrente, como si acabaran de romper un dique. No hay que olvidar que la violencia que deja su huella en tantas p&aacute;ginas se ejerce sobre cuerpos (golpeados, violados, heridos&hellip;) que obviamente no son asexuados, y, con harta frecuencia, son cuerpos de mujer: &ldquo;Desnuda la maldecida/ nosotros sangrante vulva: Mueca/ Mim&eacute;tica la rojita/ se acerca/ Sangrantecercadalasangran/ Eran hartos/ me lo hicieron/ me amarraron/ me hicieron cruces/ y bramaban/ como la mar&rdquo;. As&iacute;, en los poemas de &ldquo;Lamentaci&oacute;n&rdquo; de <em>A media asta</em> (como el que acabamos de citar), la vulva tiene un especial protagonismo, en una din&aacute;mica que convoca los fantasmas del deseo, de la agresi&oacute;n y el miedo, en una inquietante mezcolanza. No es casual que lo corporal cierre esa serie po&eacute;tica, con la polisemia de la lengua que mencion&aacute;bamos al principio, lengua-lenguaje, lengua-m&uacute;sculo que lame las heridas, en un gesto piadoso y, con todo, potencialmente amenazante: &ldquo;Es lengua que desea herirte y limpiarte/ aunque la maldici&oacute;n recaiga sobre ella la due&ntilde;a de la lamentaci&oacute;n&rdquo;.</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp; Como explica Soledad Bianchi en el l&uacute;cido pr&oacute;logo que cierra el libro, el trabajo sobre el lenguaje de Berenguer busca explorar los m&aacute;rgenes, aquello que ha sido arrojado a la periferia de lo sin voz y lo inexistente: &ldquo;En <em>A media asta</em>, esa marginalidad se expande y aparece tambi&eacute;n, nuestro pasado, cuando habla de la mujer ind&iacute;gena, la despojada, adolorida, hist&oacute;ricamente violada&rdquo;. Bianchi no deja de resaltar que no nos encontramos ante una poes&iacute;a pol&iacute;tica al uso, y as&iacute; es. Puesto que la lengua no renuncia a dar testimonio, pero tampoco a su riqueza, a una desmesura que pone en entredicho los discursos autoritarios, como una fiesta en medio de las balas, vida contra la muerte. La poes&iacute;a: la gran hablante-hablada.</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing">Carmen Berenguer, <em>La gran hablada</em>, Madrid, Libros de la resistencia, 2019</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 05 Jun 2020 10:04:56 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hombre al agua]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/hombre-al-agua/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas20/mayo/CARLOS_CAST_N_3.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;El a&ntilde;o 2010 empez&oacute; en Par&iacute;s, con un vaso de pl&aacute;stico en la mano, bajo una torre Eiffel iluminada en un cegador azul el&eacute;ctrico. Miles de personas fotografiaban el fr&iacute;o met&aacute;lico y el efecto de los rayos l&aacute;ser sobre el hierro y el cielo, al tiempo que contra cada pared se alineaban decenas de j&oacute;venes con buzos y pasamonta&ntilde;as para ser cacheados por la polic&iacute;a. En las calles aleda&ntilde;as ard&iacute;an los coches entre sonidos de sirenas y charcos de champ&aacute;n. Al d&iacute;a siguiente hac&iacute;a un fr&iacute;o inhumano. Bajo los copos de nieve que ca&iacute;an lentamente, estuve recorriendo una vez m&aacute;s el cementerio de Montparnase, deteni&eacute;ndome en las mismas tumbas de siempre: Duras, Cort&aacute;zar, Vallejo, Baudelaire, y tambi&eacute;n Serge Gainsbourg y Jeanne Seberg, la cazadora solitaria. Ponerme en cuclillas frente a cada una de ellas, rozar con los dedos las losas mojadas, indagar vagamente sobre el sentido y volverme a preguntar por qu&eacute; mis deseos m&aacute;s hondos se formulan siempre entre signos de interrogaci&oacute;n. Sentir el perfume de las rosas negras. Que Par&iacute;s no era m&aacute;s que un bulevar de sombras, eso musitaba Moustaki al adolescente que fui desde un radiocassette de pl&aacute;stico rojo, y eso exactamente fueron para m&iacute; las calles hasta llegar al puente de Mirabeau. No sab&iacute;a por cu&aacute;l de los dos lados se hab&iacute;a arrojado Paul Celan la noche del 19 al 20 de abril de 1970, de manera que decid&iacute; uno y estuve un buen rato all&iacute; mirando el agua. Mentir&iacute;a si dijera que mis pasos me hab&iacute;an conducido hasta aquel lugar azarosamente. Asomarme por esa barandilla hab&iacute;a sido el motivo principal de mi viaje a Par&iacute;s. Es extra&ntilde;o c&oacute;mo escogemos a veces los sitios donde obtener respuestas o b&aacute;lsamo, a qu&eacute; vencidos dioses les rogamos luz, de qu&eacute; modo incomprensible vamos buscando en el mundo de reclinatorios e instantes sagrados, miradas que nos fotograf&iacute;en desde un cielo roto. El caso es que, contemplando la corriente desde ese punto, imaginando el estruendo de un cuerpo que a peso desde la balaustrada a la hora en que todos duermen, pretend&iacute;a yo averiguar si quer&iacute;a o no seguir viviendo, si iba o no a seguir viviendo. Para eso estaba all&iacute; aunque no sepa decir por qu&eacute;, ni ahora ni entonces.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hac&iacute;a poco tiempo que me hab&iacute;a separado. Mi estado afectivo era atroz, mi econom&iacute;a hac&iacute;a aguas por todas partes y el cuerpo empezaba a pasarme factura, propenso a morir como siempre he sido, de los excesos de anta&ntilde;o y las noches de angustia de entonces. Hay sue&ntilde;os que te destrozan vivo, mil veces peores que cualquier insomnio, por sudoroso y taquic&aacute;rdico que sea. Siempre, como lector o como observador de la vida, hab&iacute;a sentido fascinaci&oacute;n por las situaciones en que alguien tiene que volver a empezar de cero: presidiarios que salen con lo puesto, desterrados que regresan al viejo barrio, viudos extranjeros, gente que de la noche a la ma&ntilde;ana cambia de costumbres y de pasaporte. En cambio, ahora que era yo quien me encontraba en un trance parecido, no pod&iacute;a quitarme de la cabeza la sensaci&oacute;n de haber quedado varado en la cuneta, enfermo y sin fuerzas para nuevos cap&iacute;tulos. Se dispar&oacute;, eso s&iacute;, mi vieja pulsi&oacute;n de huida, la misma que cada verano me hab&iacute;a llevado a conducir horas y horas por las carreteras de Espa&ntilde;a, sin rumbo ni destino fijo, escuchando country, parando en las gasolineras, anotando vaguedades en un peque&ntilde;o cuaderno. S&oacute;lo que esta vez se dispar&oacute; de una forma mucho m&aacute;s descontrolada y dolorosa porque el asunto ya no ten&iacute;a que ver con emborronar mapas o buscar moteles desolados y cinematogr&aacute;ficos donde pasar la noche. Todo lo que antes era mansa melancol&iacute;a se hab&iacute;a convertido ahoraen telara&ntilde;a y temblor. Entre aquellas escapadas de miles de kil&oacute;metros y esta especie de fuga hab&iacute;a m&aacute;s o menos la misma diferencia que entre un ni&ntilde;o que juega a que le matan de un disparo y otro que se muere de verdad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero hay algo de oscuramente placentero en quemar las naves y ver c&oacute;mo arde sobre las aguas la posibilidad del regreso. Una vez que se ha pensado es dif&iacute;cil decir que no a la tentaci&oacute;n de romper con todo, a la querencia de ceder ante el v&oacute;rtice que tira de nosotros, y cortar los hilos y apagar las luces &uacute;ltimas, lanzar al mar retratos y ramos. Es como pegar a un hermano. Imposible detener esa vieja atracci&oacute;n por lo irreversible que viene acompa&ntilde;ada de la autocompasi&oacute;n m&aacute;s dulce y de un v&eacute;rtigo como el que est&aacute; detr&aacute;s, por ejemplo, de los suicidios infantiles, o, sin necesidad de ir tan lejos, del impulso que nos lleva a pronunciar palabras del tipo &ldquo;p&uacute;drete&rdquo; o &ldquo;no vuelvas a pensar mi nombre&rdquo; o &ldquo;para m&iacute; est&aacute;s muerto&rdquo;. Y hablando de estar muerto, qu&eacute; sensaci&oacute;n de ultratumba la que tuve al ver en el suelo mis zapatos cuando sub&iacute; a mi antigua casa a recoger unas cosas. Hab&iacute;a visto esa escena antes, de ni&ntilde;o, en casas de familiares lejanos a los que &iacute;bamos a dar el p&eacute;same, y me hab&iacute;a hecho pensar en todos los pasos que se quedaron sin dar y que el final verdadero de todo camino es siempre un par de zapatos abandonados.. De repente mi punto de vista se troc&oacute; y por un instante mis ojos fueron los de un familiar del finado que rebusca disimuladamente entre sus enseres ropas de parecida talla u objetos que puedan serle de alguna utilidad. Esos zapatos negros en el suelo, con una fin&iacute;sima capa de polvo, asomando por debajo de la mesilla de noche, constataban que alguien hab&iacute;a muerto en esa habitaci&oacute;n, hac&iacute;a nada, y tuve el impulso de abrir las ventanas de par en par. Para irme, para poder terminar de irme. Contempl&eacute;, por as&iacute; decirlo, mi ausencia desde fuera, cosa que me produjo un extra&ntilde;o mareo. Esa misma sensaci&oacute;n de muerte propia he tenido al regresar a ciudades o barrios del pasado, lugares de donde me borr&eacute; de golpe, y que han seguido su vida como si nada, el ajetreo de cada d&iacute;a, locales que cambian de due&ntilde;o, tiendas que se cierran, calles que se ensanchan. No es dif&iacute;cil verse como un fantasma entre los vecinos que ya no nos reconocen, los escasos tenderos que siguen en su puesto, entra&ntilde;ables y envejecidos, los grupos de ni&ntilde;os surgidos de la nada que regresan del colegio respirando la algarab&iacute;a de coles hirviendo en cada ventana, corros de se&ntilde;oras hablando en la acera y el grito lastimero de iguales para hoy. Aquellos zapatos en el suelo de lo que hab&iacute;a sido mi cuarto me hicieron comprender que, a todos los efectos, acababa de morir para mucha gente. Sin dolor, sin rito alguno, pero con exactamente el mismo resultado. Me ven&iacute;an a la mente los nombres de personas a las que ya no volver&iacute;a a ver, salvo casualidad extrema, todas esos individuos que sin haber llegado nunca a ser verdaderos amigos constitu&iacute;an el paisaje humano en el que se desarrollaban mis d&iacute;as. Sin el foco de su mirada sobre m&iacute;, todo cobraba una tonalidad de pesadilla. &iquest;Qu&eacute; es de la vida de uno cuando ya nadie la mira? Toda vida es un relato y todo relato necesita un lector. De lo contrario, la realidad circundante se diluye, no hay m&aacute;s que percepciones fragmentarias, instantes como islas, momentos inconexos. La verdadera orfandad se produce cuando se cierran o se evaporan los ojos que miraban tu vida.</p>
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<p>Estuve viviendo en un noveno piso desde el que se ve&iacute;an varias c&uacute;pulas de la ciudad. Un lugar acogedor, con mucha madera y adornos japoneses. La calle estaba en cuata y los autobuses urbanos pasaban por abajo a toda velocidad. A veces, por la noche, su ruido se confund&iacute;a con el de un barranco que se desboca. Algunos viernes vienen los ni&ntilde;os. Llegan aqu&iacute; con un mont&oacute;n de bultos a pasar el fin de semana. La nevera vac&iacute;a, yo sin poder apenas pronunciar palabra. Lo miran todo a su alrededor, luego se miran entre ellos y por &uacute;ltimo a m&iacute;. Creo que la pregunta que flota en el aire es algo as&iacute; como qu&eacute; hacemos ahora, pero no referida a este preciso instante, sino m&aacute;s bien de ahora en adelante, qu&eacute; vamos a hacer, c&oacute;mo vamos a apa&ntilde;&aacute;rnoslas si cuanto &eacute;ramos se ha roto. Con todas esas maletas por ah&iacute; en medio, bolsas de viaje, mochilas con los deberes del colegio, abrigos amontonados, parecemos una familia de refugiados. Es como si su madre hubiera muerto en un bombardeo y los tres, antes de huir, hubi&eacute;ramos visto su cuerpo asomar entre las ruinas, los labios blancos pegados a la tierra, la nube confusa de moscas y polvo. Me pregunto si tengo derecho a que respiren el aire de este mundo m&iacute;o atormentado, si puedo darles algo que no sea dolor. Salimos a dar una vuelta. Camino con mi bufanda sin saber bien hacia d&oacute;nde. Ellos vienen detr&aacute;s, siguen a mam&aacute; pata. Al peque&ntilde;o a veces le doy la mano y aprieto fuerte. Todo amor es llanto.</p>
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<p>&iquest;Cu&aacute;nto tarda en morir un hombre que se tiende en la cama con esa idea, mirando al techo, decidido a no moverse ya del sitio, a no comer, a no contestar a timbres ni tel&eacute;fonos?, &iquest;cu&aacute;nto tardan en sec&aacute;rsele las l&aacute;grimas del rostro?, &iquest;en qu&eacute; momento justo dejan de brotar? La locura es una n&aacute;usea negra que tiende a subir hacia el cerebro. A veces se produce a tal velocidad que adquiere la forma del arrebato. Eso es lo que les ocurre a los suicidas y tambi&eacute;n a alg&uacute;n que otro asesino de esos que se arrepienten en seguida y se preguntan qu&eacute; han hecho y se comen a besos al cad&aacute;ver tendido en el suelo y lo llenan de mocos y palabras. En mi caso es algo bastante m&aacute;s sereno, si puede utilizarse esta palabra. Nace en las tripas y avanza en oleadas lentas que so como de sobra, y luego se queda a anidar entre las grietas viscosas de los sesos, las convierte en verdaderos pozos de calaveras y recuerdos y mete en cada pensamiento la palabra muerte con todo su temblor. Y as&iacute; no hay quien pueda levantar cabeza. A algunas mujeres, por ejemplo, no puedo dejar de verlas no como son el momento, sino como creo que ser&aacute;n cuando lleguen a ancianas. Por debajo de la piel actual, veo asomarse ya a una vieja que suspira agotada en la cola del supermercado y a la que alguien, quiz&aacute; yo mismo, le deja preparadas las medicinas sobre la mesilla de noche. Algunas arrugas incipientes anticipan un rostro que a&uacute;n no es pero que a m&iacute; se me impone de manera irremediable, y afecta tambi&eacute;n a su aliento, a su modo de moverse y de estar callada. En el caso de Alba, la cosa iba todav&iacute;a un poco m&aacute;s all&aacute;: me era imposible estar a su lado sin pensar en su calavera y en la tumba a la que ir&iacute;an a parar todos esos huesos, la pelvis que a veces luchaba contra la m&iacute;a, los f&eacute;mures que me rodeaban la cintura, la quijada que en la noche atacaba mi boca.</p>
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<p>El cuerpo sin vida de Paul Celan fue recogido once kil&oacute;metros Sena abajo, en un remanso del r&iacute;o. Yo me sent&iacute;a ya a mitad de camino de un recorrido semejante. S&oacute;lo me faltaba esperar a ver en qu&eacute; rama cercana a la orilla se enredaban mis piernas. Seguramente se desprender&iacute;a un zapato que continuar&iacute;a su rumbo, como un peque&ntilde;a embarcaci&oacute;n f&uacute;nebre, hasta el Atl&aacute;ntico. Pensaba en alguien recogiendo el cad&aacute;ver y en la posibilidad de una bocanada de aliento que me resucitase. Esa noche me acost&eacute; temprano en el Hotel du Nord, mientras segu&iacute;a cayendo aguanieve en el patio interior al que daba mi habitaci&oacute;n y los informativos de la televisi&oacute;n pon&iacute;an todo el tiempo las mismas im&aacute;genes de coches incendiados la noche anterior. Recuerdo que tras cerrar los ojos me acariciaba el pelo imaginando que mi mano de era de otra persona, de cualquiera. De alguien que sabe que mi coraz&oacute;n est&aacute; lleno de pozos amargos a los que no quiere asomarse, y me dice mientras llega el sue&ntilde;o que hay ciudades en el mundo en las que ya es de d&iacute;a y que poco a poco ir&eacute; reuniendo los pedazos para componer, con lo poco que quede, algo parecido a un ser humano. Y me voy quedando dormido a pocas manzanas de un r&iacute;o, bajo un cielo roto, en un cuarto donde nadie sabe que estoy, en un bulevar de sombras y coches calcinados. Descansar significa que nadie me vea.</p>
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      <pubDate>Fri, 29 May 2020 11:39:58 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sol menor]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/sol-menor/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas20/mayo/ANTONIO_CASTELLOTE.jpg" alt="" /></p>
<p>Fue en mitad de uno de los&nbsp;<em>fireworks</em>&nbsp;de Haendel que ten&iacute;an que interpretar tres veces por semana durante todo el verano. Se equivoc&oacute; de nota, en mitad de una fanfarria, menos mal, porque si hubiese sido un solo de oboe se habr&iacute;a notado como se nota un gallo en un tenor. Tan solo, si acaso, podr&iacute;a haberlo notado el fagot, siempre detr&aacute;s de ella, respir&aacute;ndole en la nuca. Pero el fagot era un caballero ingl&eacute;s incapaz de decirle a una dama que se hab&iacute;a equivocado.&nbsp;</p>
<p>Daba igual. Aunque solo lo supiese ella, aunque al astuto Breshkovski, el director, se le hubiera pasado por alto en mitad de los petardos. Pero a Violeta no le preocupaba haberse equivocado, esas cosas pasan. Era posible incluso que, como Violeta era m&aacute;s alta que la media, los m&uacute;sicos&nbsp;la hubieran visto incluso sonrojarse.&nbsp;Lo que le preocupaba era el modo. Estaba muy pendiente de la partitura, era un Mi mayor nada forzado, ve&iacute;a complacida c&oacute;mo sus dedos segu&iacute;an la fuga con suavidad, pero con la misma delicadeza, como si formase parte de una conexi&oacute;n exclusiva entre las notas negras y las yemas de los dedos, hab&iacute;a dado un Sol menor. El error no era desliz. Hab&iacute;a que cambiar de posici&oacute;n todos los dedos de ambas manos para cometerlo. Era una falsa orden, un despiste de los dedos, del cerebro, de lo que fuera, pero no suyo.</p>
<p>El error no volvi&oacute; a aparecer en toda la gira de verano. A Violeta le segu&iacute;a costando pensar que lo hubiera cometido&nbsp;<em>ella</em>. El error se cometi&oacute; a s&iacute; mismo y, por absurda que resultase, esa era la &uacute;nica explicaci&oacute;n convincente que se le ocurr&iacute;a. No hubo sobresaltos, pero le costaba mucho m&aacute;s esfuerzo. Ya no se atrev&iacute;a a tocar sin partitura por m&aacute;s que se la supiese de memoria. Desconfiaba de la relaci&oacute;n que se hab&iacute;a establecido entre sus ojos y sus dedos, de manera que rehabilit&oacute; al cerebro en sus funciones de vigilancia, y a&uacute;n tuvo que hacer un esfuerzo suplementario para que tanta concentraci&oacute;n no afectase al fluir de la m&uacute;sica, no la empastase ni la&nbsp;sincopase sino que siguiera siendo la que era cuando no necesitaba tanta atenci&oacute;n.</p>
<p>Hab&iacute;an empezado los ensayos de la temporada de oto&ntilde;o, los programas triples con los que exprim&iacute;an a los miembros de la Windsor Baroque, las giras por barcazas inestables, las piezas de c&aacute;mara y la &oacute;pera&nbsp;<em>Dido y Eneas</em>&nbsp;como broche final a mediados de octubre, en Londres, en la Royal Opera House. La &oacute;pera no estaba prevista, porque las partituras originales de Purcell no incluyen oboes, pero Breshkovski hab&iacute;a decidido incorporarlos en detrimento del protagonismo del viol&iacute;n, y Violeta terminaba los ensayos tan exhausta como un corredor de fondo que se hubiera visto obligado a ser consciente de los movimientos de sus piernas. De hecho hab&iacute;a retrocedido hasta el terreno vulgar en el que no cabe hablar de una interpretaci&oacute;n sino de&nbsp;una reproducci&oacute;n. Atr&aacute;s quedaron esos trinos casi involuntarios que sus compa&ntilde;eros de la secci&oacute;n de viento aplaud&iacute;an por su frescura. Todo era seg&uacute;n dec&iacute;a la partitura reescrita por Breshkovski, seg&uacute;n el cerebro administraba las tareas, seg&uacute;n los dedos obedec&iacute;an sin rechistar.</p>
<p>Quiz&aacute; por culpa del cansancio los efectos volvieron a reproducirse a finales de septiembre, a tres semanas escasas del estreno de la &oacute;pera. En mitad de una sonata de Zelenka que estaban interpretando en un&nbsp;<em>college</em>&nbsp;de Oxford, volvi&oacute; a confundirse aparatosamente, y esta vez el p&uacute;blico quiz&aacute; no se dio cuenta (el resultado no hab&iacute;a sonado mal y Zelenka es un m&uacute;sico desconocido), pero sus cuatro compa&ntilde;eros elevaron las cejas o abrieron los ojos, casi por instinto, como si el error hubiese sido un codazo,&nbsp;o un mal recuerdo.</p>
<p>Despu&eacute;s, en el pub, tuvo que sincerarse. &ldquo;No s&eacute; por qu&eacute; he dado ese Sol menor, ser&aacute; que estoy cansada&rdquo;. Pero luego, en la soledad de su apartamento de Londres, se arroj&oacute; en brazos de la obsesi&oacute;n. Ley&oacute; todo lo que fue capaz sobre enfermedades asociadas a la diston&iacute;a, la bestia negra de los m&uacute;sicos de viento, capaz de arruinarles la carrera e incluso de condenarlos a una silla de ruedas para el resto de sus d&iacute;as, si no a efectos devastadores en su equilibrio mental y emocional. Si la diston&iacute;a era el problema, pod&iacute;a empezar a despedirse de la m&uacute;sica.&nbsp;</p>
<p>Se fij&oacute; un plazo, hasta el estreno del&nbsp;<em>Dido y Eneas</em>. Seg&uacute;n como fueran las cosas para entonces, tomar&iacute;a algunas decisiones: acudir a un neur&oacute;logo, someterse a una terapia o, si fuera necesario, abandonar la profesi&oacute;n. Siempre podr&iacute;a tocar en orquestas que no abusasen de ese modo de sus m&uacute;sicos, en Alemania, en Italia o en Espa&ntilde;a, en alguna banda municipal, en alguna charanga de pueblo, en alg&uacute;n tanatorio. La m&uacute;sica segu&iacute;a estando por encima de todo.</p>
<p>Durante los ensayos no se volvieron a cometer los errores pero era imposible librarse del miedo a cometerlos. Los compa&ntilde;eros empezaron a darse cuenta, no tanto por el resultado de sus interpretaciones sino por su actitud personal. Ya no tomaba la pinta de despu&eacute;s de los ensayos en el Steel&rsquo;s con el fagot ingl&eacute;s, prefer&iacute;a pasear con la flautista japonesa en los descansos entre los &aacute;rboles de Regent&rsquo;s Park, o sola, sin nadie que le hiciese pensar. En su casa com&iacute;a cualquier cosa y se pasaba el tiempo ejercitando con mancuernas los m&uacute;sculos del labio y practicando yoga. De vez en cuando, un par de veces por semana &mdash;tampoco pod&iacute;a permitirse m&aacute;s&mdash;, contrataba a un fisioterapeuta que le relajase los m&uacute;sculos del cuello.</p>
<p>Si al tiempo de recuperarse le sumaba el tiempo de ensayar por su cuenta y el de dormir lo necesario, no le quedaba un minuto para dejar el cuidado de su cuerpo y dedicarse un poco a s&iacute; misma. Pero hab&iacute;a notado que solo en un punto concreto de la tranquilidad, poco antes de entrar en la despreocupaci&oacute;n pero todav&iacute;a consciente de todo, era donde menos esfuerzo le costaba mantener los dedos a raya, ordenarles sus movimientos e incluso, en ocasiones de especial seguridad, dejarse llevar como antes.</p>
<p>El precio era bastante alto, pero ya llegar&iacute;an las vacaciones. Los fines de semana permanec&iacute;a en casa, estudiando, y cuando el fagot ingl&eacute;s o la flautista japonesa o el clarinetista b&uacute;lgaro la llamaban para salir, para cenar, ir al cine o pasear por la campi&ntilde;a inglesa, ella estaba siempre ocupad&iacute;sima, hab&iacute;a venido de Madrid su madre a verla y ten&iacute;a que ense&ntilde;arle Londres. En parte, solo en parte, era verdad, porque su madre iba una vez al mes &mdash;tampoco pod&iacute;a permitirse m&aacute;s&mdash; y le fregaba la casa. Rara vez sal&iacute;an. La madre ya sab&iacute;a d&oacute;nde estaba el supermercado y le hac&iacute;a la compra del mes, de modo que ella pod&iacute;a reproducir un s&aacute;bado el horario de un martes sin la m&aacute;s m&iacute;nima perturbaci&oacute;n. Cualquier perturbaci&oacute;n empeorar&iacute;a las cosas.</p>
<p>Para cuando Breshkovski, el director, le pidi&oacute; que fuese a su despacho, Violeta sinti&oacute; un cierto alivio. Era el final. El meticuloso Breshkovski estaba a punto de poner fin a esa consciencia tormentosa. Cuando el director, un tipo calvo, muy moreno, georgiano del mar Negro, ancho y chaparrudo, con bigotazo, llamaba a alguien con esa mueca de servilismo, era para decirle que no lo estaba haciendo bien. Nada m&aacute;s terminar el&nbsp;<em>Dido y Eneas</em>media orquesta ten&iacute;a que renovar contrato, incluido el propio Breshkovski, que hab&iacute;a sido contratado para un a&ntilde;o con opci&oacute;n a otro. Su perfeccionismo met&aacute;lico, sovi&eacute;tico, y su o&iacute;do de gato mont&eacute;s captaban los m&aacute;s m&iacute;nimos deslices del &uacute;ltimo viol&iacute;n, y sol&iacute;a corregirlos en privado. Cada d&iacute;a, al terminar la &uacute;ltima sesi&oacute;n, hab&iacute;a media docena de agraciados que deb&iacute;an esperar turno para ir a su despacho. Si lo hubiera hecho en medio del ensayo, como todo el mundo, no habr&iacute;a sido tan humillante. Los que repet&iacute;an dos d&iacute;as seguidos, algunos de sesenta a&ntilde;os, m&uacute;sicos magn&iacute;ficos la mayor&iacute;a, jugaban a burlarse de la situaci&oacute;n haciendo como que eran ni&ntilde;os peque&ntilde;os a los que el maestro hab&iacute;a castigado,&nbsp;pero otros lo pasaban mal.&nbsp;</p>
<p>Violeta era del grupo &mdash;bastante amplio, por otra parte&mdash; de m&uacute;sicos a los que Breshkovski no hab&iacute;a llamado nunca la atenci&oacute;n. Cuando escuch&oacute; su nombre, sinti&oacute; en el hombro la mano de Adam, el fagot ingl&eacute;s, no estaba claro si de &aacute;nimo, de solidaridad o de condolencia; seguramente con la mejor intenci&oacute;n. Era un hombre m&aacute;s o menos de su edad, cerca ya de los cuarenta, exageradamente ingl&eacute;s, con el pelo rubio ondulado, color rosa p&aacute;lido, gafas muy gruesas y piernas muy largas, que m&aacute;s de una vez la hab&iacute;a invitado a fotografiar los amaneceres de Morgate sin que Violeta mostrase demasiado inter&eacute;s.</p>
<p>El suplicio dur&oacute; casi cuarenta y cinco minutos, los que tardaron en entrar y salir del despacho de Breshkovski el chelo italiano, la trompa checa, el clave portugu&eacute;s y la flauta argentina, que fueron pasando delante de ella, la obo&iacute;sta espa&ntilde;ola. Los ingleses nunca eran llamados a cap&iacute;tulo. Eran los tiempos del<em>&nbsp;Brexit</em>, un largo s&aacute;bado de incertidumbre.</p>
<p>Cuando entr&oacute; al despacho, Breshkovski se deshizo en agasajos y la invit&oacute; a que se sentase con una sonrisa de dientes enormes que Violeta no hab&iacute;a visto nunca. Para su sorpresa, no la hab&iacute;a llamado para recriminarle nada sino para felicitarla por su trabajo. Violeta no daba cr&eacute;dito. &iquest;De veras no hab&iacute;a notado nada? &iquest;Tan metal&uacute;rgico era su sentido de la perfecci&oacute;n que no hab&iacute;a notado siquiera una leve merma en la fluidez interpretativa? Con su ingl&eacute;s estropajoso, Breshkovski dijo que, si decidiera quedarse al frente de la orquesta el a&ntilde;o siguiente, cosa que ya le hab&iacute;a propuesto el consejo de administraci&oacute;n de la Windsor Baroque, y que &eacute;l a&uacute;n ten&iacute;a que estudiar porque hab&iacute;a sobre su mesa ofertas muy interesantes de las orquestas de Delaware, M&oacute;naco y Qatar, no dudar&iacute;a en ascenderla al puesto de primer oboe, porque el repertorio en el que estaba pensando se ajustaba m&aacute;s a la sobriedad precisa de Violeta que a la inclinaci&oacute;n a la filigrana del obo&iacute;sta primero, de origen vietnamita. &iquest;Y no me pod&iacute;a haber dicho eso sin ponerme en la cola de los tontos?, pens&oacute; Violeta, pero ni se le ocurri&oacute; decirlo.&nbsp;</p>
<p>Al final de tanto piropo sospechoso sali&oacute; el peine. Breshkovski le dijo que su hija hab&iacute;a venido a pasar unos d&iacute;as a Londres, que &eacute;l estaba muy ocupado con los preparativos de la &oacute;pera (el contratenor irland&eacute;s le llevaba por la calle de la amargura, la mezzosoprano rumana era un desastre) y que le har&iacute;a un gran favor, ya que eran m&aacute;s o menos de la misma edad, y ella, Violeta, era una mujer simp&aacute;tica y muy responsable, &ldquo;como todas las espa&ntilde;olas&rdquo;, si sacaba un poco a su hija del hotel, a que le diera el aire.</p>
<p>En un mundo de relaciones laborales justas Violeta le habr&iacute;a dicho que no, le habr&iacute;a recriminado la vejaci&oacute;n p&uacute;blica y le habr&iacute;a amenazado con demandarlo por chantaje. Pero los m&uacute;sicos de la Windsor Baroque, al menos los extranjeros, dependen de los informes de los directores. Violeta sali&oacute; de all&iacute; m&aacute;s indignada que otra cosa. Se ten&iacute;a que arrastrar, perder horas de estudio, de ejercicio y de relajaci&oacute;n, perturbar su sistema nervioso para mantener un puesto de trabajo que la estaba volviendo loca y que amenazaba con dejarla paral&iacute;tica.</p>
<p>Natalia no result&oacute; ser tan antip&aacute;tica como su padre. Todo lo contrario. Era una muchacha t&iacute;mida y generosa, menuda en comparaci&oacute;n con la envergadura de Violeta, una de esas chicas altas y cabizbajas que si va deprisa tiene andares&nbsp;caballunos. &nbsp;Cada vez que ve&iacute;a que estaba en su mano hacer algo por Violeta, no lo dudaba un momento. Violeta se preguntaba si es que en el mar Negro se confunde buena educaci&oacute;n con servilismo, como en Espa&ntilde;a, porque a todas horas Natalia estaba d&aacute;ndole las gracias por haberla llevado a un sitio tan bonito, o a un teatro, casi como si Violeta fuera la actriz principal de la comedia, o a una exposici&oacute;n de arte, como cuando fueron a la Tate Modern y Natalia empez&oacute; a re&iacute;rse de puro entusiasmo al ver la instalaci&oacute;n de Ai Wei-Wei en la Sala de Turbinas, el suelo cubierto por millones de pipas de girasol hechas de cer&aacute;mica y pintadas a mano, una por una, por otro mill&oacute;n de artesanos chinos, o como cuando la llev&oacute; a pasear por Candem y cada vez que entraban en una tienda Natalia iba cambiando de aspecto, ahora con unas botas Doctor Maertens, luego con un piercing en la nariz, m&aacute;s tarde con una camiseta negra de Sex Pistols, por no hablar de cuando pregunt&oacute; a Violeta de qu&eacute; color deber&iacute;a te&ntilde;irse el pelo, aquel casta&ntilde;o suyo del mar Negro, y no dud&oacute; un momento, cuando encontr&oacute; el frasco adecuado, en comprar un tinte del color de la madera del oboe, que tambi&eacute;n era violeta.</p>
<p>Le hizo perder bastantes horas de ensayo, y cuando acab&oacute; el primer fin de semana de turismo londinense Violeta no hab&iacute;a dedicado ni un minuto a la partitura del&nbsp;<em>Dido y Eneas</em>. Llegaba tan cansada de las inacabables excursiones con Natalia que ca&iacute;a redonda en la cama. El ensayo del lunes fue un desastre, no estaba concentrada y en un par de ocasiones los dedos interpretaron lo que les dio la gana, no lo que su cerebro les hab&iacute;a ordenado. Breshkovski no la llam&oacute; a cap&iacute;tulo, pero sus compa&ntilde;eros de la secci&oacute;n de viento, sobre todo los que formaban con ella el cuarteto, se alarmaron considerablemente. El &uacute;nico que trat&oacute; de quitar hierro al asunto, c&oacute;mo no, fue el fagot, que se ofreci&oacute; a acompa&ntilde;ar a Violeta hasta su casa y en el camino le propuso&nbsp;un fin de semana&nbsp;en Morgate.</p>
<p>Violeta no sab&iacute;a si estar&iacute;a disponible, ten&iacute;a que recuperar el tiempo despilfarrado el fin de semana anterior, volver a sus asanas, sus mancuernas, su c&uacute;pula de nieve artificial. Pero fue imposible. Nada m&aacute;s llegar a casa, son&oacute; el timbre y era otra vez Natalia, dulce y sonriente, lista para visitar un par de galer&iacute;as del Bricklane que no cerraban hasta tarde. Violeta no pudo hacer nada para impedirlo: Natalia era joven, fresca, entusiasta, era muy agradable charlar con ella en esa lengua franca que es el ingl&eacute;s b&aacute;sico. A pesar de su peinado punki, Violeta se la imaginaba con un pa&ntilde;uelo a la cabeza, trabajando en el sovjoz. Era delgada y fibrosa, de ojos muy claros y piel muy blanca. Ni siquiera los labios eran oscuros, como si toda ella estuviera cubierta por una veladura de bondad. Era la primera persona en Londres con la que pasaba tanto tiempo seguido sin tocar un instrumento, divirti&eacute;ndose a pesar de la responsabilidad que la atenazaba, pero eso no lo hac&iacute;a porque se hubiesen conocido en una exposici&oacute;n o montando en bicicleta, sino porque, por encima de todo, Natalia era la hija del director. No atenderla significaba caer en desgracia, pero atenderla tambi&eacute;n porque su capacidad de concentraci&oacute;n estaba hecha jirones.&nbsp;</p>
<p>De modo que Violeta se li&oacute; la manta a la cabeza y ni esa semana ni la siguiente dedic&oacute; apenas tiempo al estudio. No hubo ensayo en el que no se equivocase un par de veces, siempre fallos absurdos, notas ni remotamente parecidas a las que deb&iacute;a interpretar. Lo &uacute;nico que consegu&iacute;a era&nbsp;<em>no terminar de darlas</em>, anticiparse a las consecuencias del error, y eso despu&eacute;s de que, tras una sesi&oacute;n de Zelenka con el cuarteto en la que estuvo particularmente desafortunada, Violeta llegase a casa y, nada m&aacute;s abrirle la puerta a Natalia, cuando esta la abraz&oacute; y le pregunt&oacute; qu&eacute; le hab&iacute;a pasado, por qu&eacute; hab&iacute;a estado llorando, liber&oacute; una cascada de lamentaciones que no ces&oacute; hasta bien entrada la noche.&nbsp;</p>
<p>Esa noche Natalia se qued&oacute; a dormir en la casa, en el sof&aacute; cama que usaba su madre cuando ven&iacute;a a verla. Por la ma&ntilde;ana, nada m&aacute;s despertarse, Violeta ten&iacute;a un espl&eacute;ndido desayuno macrobi&oacute;tico encima de la mesa. Natalia tambi&eacute;n le hab&iacute;a preparado una fiambrera de pl&aacute;stico con un par de s&aacute;ndwiches para el almuerzo y un botell&iacute;n de zumo de papaya, y mientras Violeta miraba, con m&aacute;s miedo que otra cosa, la partitura que hab&iacute;a de ensayar esa ma&ntilde;ana, Natalia se dedic&oacute; a darle masajes en las manos, a separarle los metacarpianos y relajar las articulaciones de las falanges, y aun antes de permitir que se fuese a duchar y arreglarse para el ensayo la hizo tumbarse encima de la cama y le dio un masaje en la columna y en el cuello.&nbsp;</p>
<p>Ese d&iacute;a no hubo fallos, ni en la sesi&oacute;n de Zelenka con el cuarteto, en la que fue felicitada por Konstantin, el clarinete b&uacute;lgaro, que aprovech&oacute; para besuquearla, y por Shizu, la flautista japonesa, con su sonrisa de cuento infantil, y no digamos por Adam, el fagot ingl&eacute;s, que se deshizo en halagos y en sonrisas; ni tampoco en el ensayo de&nbsp;<em>Dido y Eneas</em>, donde por fin pudo soltarse y no mirar como una gallina hipnotizada la evoluci&oacute;n de sus dedos, sino concentrarse, si acaso, en la pasi&oacute;n de Dido, dibujarla, llevar el sentimiento al mismo grado de pasi&oacute;n desatada (era el primer acto), en intervenciones casi siempre secundarias, pero llenas de energ&iacute;a. Por primera vez en mucho tiempo tocaba sin miedo.&nbsp;</p>
<p>Nada m&aacute;s salir del ensayo y conectar el tel&eacute;fono llam&oacute; a Natalia. En su ingl&eacute;s sin opciones se felicitaron mutuamente y se dieron las gracias y cambiaron de planes y al final fue Violeta la que se acerc&oacute; hasta el hotel donde Natalia viv&iacute;a con su padre y le ayud&oacute; a hacer las maletas y a venirse a vivir con ella. Aquello lo propuso Natalia, y para Violeta fue otro gran alivio porque habr&iacute;a sonado un poco ego&iacute;sta proponerlo ella, era como traerse al fisio a casa para no tener que caminar hasta la cl&iacute;nica. Pero Natalia estaba cansada de la vida de hotel y del sieso de su padre, que se pasaba el d&iacute;a encerrado en su cuarto, aporreando el piano y estudiando partituras. Con un solo d&iacute;a no tendr&aacute;s bastante, Violeta, mejor me voy a tu casa. Esas fueron sus palabras,&nbsp;y Violeta lo acept&oacute; encantada.&nbsp;</p>
<p>Violeta lo recordar&iacute;a despu&eacute;s como la &eacute;poca m&aacute;s feliz de su vida. Natalia era un &aacute;ngel venido del mar Negro que la hab&iacute;a sacado del pozo, del trabajar por nada, de luchar sin m&aacute;s ambici&oacute;n que la de seguir luchando y contemplar el futuro como un territorio calcinado que ya se puede abarcar con la mirada. Sus habilidades fisioterap&eacute;uticas eran lo de menos. Lo importante era la voz com&uacute;n de sus conversaciones, como un &uacute;nico mon&oacute;logo a dos voces, la confianza sin l&iacute;mites que se desarroll&oacute; entre ellas, el afecto sin reservas. Hablaba con Natalia m&aacute;s de lo que hab&iacute;a hablado nunca con nadie, y siempre, al escoger las formulaciones m&aacute;s simples, el territorio compartido, daba con una idea mucho m&aacute;s clara de la que se pod&iacute;a extraer de las largas, po&eacute;ticas y alambicadas p&aacute;ginas de su diario. Natalia le obligaba a reducirlo todo a t&eacute;rminos reales, con tan exiguo vocabulario no hab&iacute;a sitio para la mentira.</p>
<p>Con sus altibajos, porque una afecci&oacute;n neuronal, por peque&ntilde;a que sea, no desaparece de la noche a la ma&ntilde;ana, Violeta lleg&oacute; al estreno de&nbsp;<em>Dido y Eneas</em>&nbsp;en perfectas condiciones. Los conciertos de Zelenka fueron un &eacute;xito y tambi&eacute;n la &oacute;pera, y Violeta se hab&iacute;a instalado en su nuevo r&eacute;gimen de vida como en el modelo de existencia que estaba dispuesta a seguir para siempre. Entre ellas todo fue tan natural que resulta imposible decir en qu&eacute; momento la expresi&oacute;n del afecto ya pod&iacute;a considerarse relaci&oacute;n &iacute;ntima. El sexo lleg&oacute; como la consecuencia natural de vivir en pareja, pocos d&iacute;as antes del estreno, despu&eacute;s de un d&iacute;a agotador en el que los nervios hab&iacute;an vuelto a aparecer, nervios de alegr&iacute;a que sin embargo afectaban al dominio de sus dedos, cuando, despu&eacute;s de cenar, Natalia dio a Violeta un &uacute;ltimo masaje antes de dormir y en otro movimiento impensado, cuando iba a decirle a Natalia que por favor le masajeara suavemente la zona del bulbo raqu&iacute;deo, sus labios pronunciaron por su cuenta otras palabras,&nbsp;<em>eres lo mejor que me ha pasado</em>, que Natalia sell&oacute; con un beso.</p>
<p>El d&iacute;a del concierto era divertido verlas salir de casa, Violeta de tiros largos, alta, grande, poderosa,&nbsp;con un vestido negro que hab&iacute;an elegido entre las dos, y Natalia con sus botas de militar, sus vaqueros rotos, su camiseta negra, su chupa de cuero y el pelo te&ntilde;ido de malva. Eran la princesa de la noche y la guerrera de Fem&eacute;n. No se separaron en los d&iacute;as que siguieron, durante las siete actuaciones que hab&iacute;a previstas en la Royal Opera House hasta el fin de temporada. Violeta iba a las exposiciones remotas que Natalia visitaba como si estuviera buscando un tesoro escondido, y Natalia redoblaba sus artes terap&eacute;uticas, su afecto y su hablar apasionado, de ojos muy abiertos, como si le fuera la vida en todo pero nada fuera para tanto. La madre de Violeta vino a verla varias veces e hizo tambi&eacute;n muy buenas migas con Natalia, capaz de caer bien a cualquiera en cualquier circunstancia, por m&aacute;s que la madre de Violeta solo quisiera la felicidad de su hija, cuya sonrisa no hab&iacute;a sido tan sincera desde que era ni&ntilde;a.</p>
<p>Y era verdad. Si en ese tiempo sus dedos la hab&iacute;an desobedecido alguna vez, hab&iacute;a aprendido a quitarle importancia. Si sus labios hab&iacute;an dicho lo que no quer&iacute;an, el error solo hab&iacute;a sido motivo para la risa. Viv&iacute;a en un mundo ingr&aacute;vido, con frecuencia perd&iacute;a el sentido del tiempo y se sorprendi&oacute; en actitudes propias de mujer enamorada, en no avergonzarse de sus instintos protectores, en sentir admiraci&oacute;n por las virtudes de Natalia y un inmenso cari&ntilde;o hacia sus defectos.</p>
<p>Cuando termin&oacute; la &uacute;ltima representaci&oacute;n en el Royal Opera House, Breshkovski reuni&oacute; a los m&uacute;sicos para darles las gracias y pedirles perd&oacute;n por su car&aacute;cter exigente, y para anunciarles (si es que esto pod&iacute;a considerarse una buena noticia, dijo entre sonrisas) que la London Baroque hab&iacute;a renovado su contrato para las pr&oacute;ximas dos temporadas.&nbsp;Aparte de eso, les deseaba unas felices vacaciones.&nbsp;</p>
<p>Hubo aplausos y hurras y protocolos falsos, y los cuatro compa&ntilde;eros de la secci&oacute;n de viento brindaron por el fin de temporada con unas pintas en Steel&rsquo;s, y se alegraron de que Violeta volviese por fin a beber cerveza, aunque fuera poca. Pero cuando Violeta volvi&oacute; a casa Natalia ya no estaba, ni ella ni sus pertenencias. No contest&oacute; a los mensajes ni mucho menos cogi&oacute; el tel&eacute;fono. Breshkovski ya no estaba alojado en el hotel, y por m&aacute;s que intent&oacute; localizarlo fue completamente in&uacute;til. Esa noche la pas&oacute; en vela, mirando al techo. No ten&iacute;a fuerzas ni para ordenar la casa. El primer mensaje que lleg&oacute; a su tel&eacute;fono fue a las ocho de la ma&ntilde;ana del d&iacute;a siguiente. Era un breve correo de la London Baroque en el que se le informaba de que hab&iacute;a sido despedida.</p>
<p>En medio de un dolor que la desgarraba intent&oacute; pedir explicaciones a la junta directiva del London Baroque, aunque solo fuese para que le dieran un motivo. Despu&eacute;s de algunas vacilaciones y secretismos de sal&oacute;n, lo &uacute;nico que consigui&oacute; fue que un directivo le confirmara en persona que los informes sobre ella eran desfavorables, el mismo que, antes de dar por zanjada la cuesti&oacute;n, le recomend&oacute; visitar a un buen neur&oacute;logo.</p>
<p>Violeta pas&oacute; algunos d&iacute;as m&aacute;s en Londres, deshecha, sin fuerzas para salir a la calle o hacerse la comida, desastrada, indiferente. Dio por hecho que todo hab&iacute;a terminado, no solo su relaci&oacute;n con Natalia sino su vida en Londres, porque no estaba dispuesta a presentarse a ninguna otra audici&oacute;n de ninguna otra orquesta. Con las pocas fuerzas que le quedaban decidi&oacute; volver a Madrid y agarrarse a lo primero que saliese, aunque tuviera que guardar para siempre el oboe.&nbsp;<em>Ad gloriam per insaniam</em>, dec&iacute;a, en lat&iacute;n, un tatuaje que un obo&iacute;sta italiano llevaba en el antebrazo. Violeta ya hab&iacute;a pasado por la gloria. Ahora solo le quedaba la locura.</p>
<p>Una tarde, cuando estaba, a fuerza de sacrificio, resolviendo todas las cuestiones legales que la un&iacute;an a Londres, los suministros de la casa, las direcciones postales, cualquier huella que quedase de su presencia, Violeta entr&oacute; en la boca de metro de Belsize Park y despu&eacute;s de bajar por largas escaleras mec&aacute;nicas en una fila de gente silenciosa vio que por la escalera de subida iba ascendiendo lentamente la figura de Natalia.&nbsp;</p>
<p>La vio sin verla. Natalia gritaba y gesticulaba desde el otro lado. &iquest;D&oacute;nde vas? Esp&eacute;rame abajo, le dec&iacute;a. Y Violeta quiz&aacute; quiso entonces decir algo, acercase a ella, desandar la escalera para reunirse con Natalia. Sin embargo, lo &uacute;nico que sali&oacute; de su cuerpo fue la orden de mirar al suelo. Las escaleras siguieron su curso y la voz de Natalia desapareci&oacute; como un sonido incomprensible y lejano. Cuando lleg&oacute; al and&eacute;n incluso dud&oacute; de que la hubiera visto, pero no de que su cuerpo no le dejara emitir ning&uacute;n sonido porque a&uacute;n ahora era incapaz de pronunciar palabra o de gritar siquiera o de echarse a correr. Se sent&oacute; en uno de los bancos del and&eacute;n y se recost&oacute; en la pared tubular. &iquest;Era ella? &iquest;Seguro que era ella? Y, si as&iacute; era, &iquest;por qu&eacute; no hab&iacute;a vuelto a bajar por las escaleras? No, su cuerpo hab&iacute;a hecho lo correcto. Poco a poco empez&oacute; a sentirse m&aacute;s tranquila, incluso pronunci&oacute; en voz alta algunas frases que tampoco extra&ntilde;aron a los vecinos de and&eacute;n. Si por ella hubiese sido, habr&iacute;a bajado de dos en dos los peda&ntilde;os y vuelto a subir los otros hasta encontrar a Natalia y gritarle o besarla o ambas cosas, llorar seguramente, pero en el momento de la humillaci&oacute;n de la amante abandonada su cuerpo hab&iacute;a dicho que no. Empez&oacute; a pensar entonces en todos los errores involuntarios que hab&iacute;a cometido, y que el nivel que hab&iacute;a alcanzado con Zelenka o con Purcell no lo hab&iacute;a conseguido nunca antes, era como una esfera superior para la que no basta con ser un buen instrumentista, un lugar tan et&eacute;reo como los d&iacute;as que pas&oacute; con Natalia. De no haberse producido alguno de aquellos errores gruesos, lo m&aacute;s seguro es que no hubiese visitado el para&iacute;so. Los mismos errores, su terrible amenaza, eran los que, si ella se dejaba llevar,&nbsp;la librar&iacute;an del infierno.&nbsp;</p>
<p>Tan solo aguant&oacute; dos paradas, entre Belsize Park y Hamstead Heath. Necesitaba respirar. Empezaba a sentirse muy d&eacute;bil y ten&iacute;a que recordar d&oacute;nde estaba igual que cuando los s&iacute;ntomas empezaron deb&iacute;a recordar a cada momento qu&eacute; nota era la siguiente. Las palabras no se fijaban en sus circunstancias, y eran esas mismas circunstancias las que quedaban reducidas a una imagen sin significado. Si algo sirvi&oacute; para despabilarla fue la conciencia de que iba a perder el sentido de un momento a otro, pod&iacute;a caer de bruces a un and&eacute;n vac&iacute;o, quedarse tirada en un banco hasta que un empleado la despertase a empujones, o un polic&iacute;a la detuviese.</p>
<p>Al salir al parque y ver el cielo gris y sentir la lluvia fina respir&oacute; hondo y trat&oacute; de volver a la vida. El tel&eacute;fono volv&iacute;a a tener cobertura y en &eacute;l solo hab&iacute;a un mensaje del fagot ingl&eacute;s: &ldquo;I&rsquo;ve been fired&rdquo;, me han despedido. Esas cuatro palabras, y el intercambio de mensajes que sigui&oacute; a ellas, sirvieron al menos para recomponer las ruinas de su equilibrio. No solo Adam, el fagot ingl&eacute;s, sino tambi&eacute;n Konstantin, el clarinetista b&uacute;lgaro, y a Shizu, la flautista japonesa. Despu&eacute;s de amargarles la existencia metiendo vientos donde no los hab&iacute;a, en la &oacute;pera de Purcell, ahora prescind&iacute;a de un plumazo de toda la secci&oacute;n, casi seguro que para incorporar nuevos m&uacute;sicos tra&iacute;dos del mar Negro, o, m&aacute;s bien, que solo fuesen brit&aacute;nicos, o que cobrasen menos. Adam, en este caso, hab&iacute;a sido, seg&uacute;n Konstantin, la coartada para que no pareciera un acto de xenofobia.</p>
<p>El final de la conversaci&oacute;n fue, como casi siempre, una invitaci&oacute;n a Morgate, &ldquo;para lamernos las heridas&rdquo;. Los dedos de Violeta teclearon la respuesta m&aacute;s precisa: &ldquo;Ok&rdquo;. Siempre hab&iacute;a rechazado las invitaciones del fagot porque sab&iacute;a que tarde o temprano aprovechar&iacute;a para ir un paso m&aacute;s all&aacute;, pero esa vez Adam dijo que all&iacute; se reunir&iacute;an con Shizu y Konstantin. A fin de cuentas se hab&iacute;an quedado todos sin trabajo, y Konstantin sab&iacute;a de un bar donde sol&iacute;an contratar orquestas de c&aacute;mara para amenizar los cielos de Turner.&nbsp;</p>
<p>Una fila de tr&iacute;podes aguardaba como una l&iacute;nea de ametralladoras la salida del sol. Sus due&ntilde;os tomaban caf&eacute; en vasos de pl&aacute;stico y se frotaban las manos. Los cuatro m&uacute;sicos desayunaron, a&uacute;n de noche,&nbsp;en la terraza del restaurante, y cuando el negro empez&oacute; a te&ntilde;irse de azul apartaron un poco las sillas e interpretaron el adagio de la sonata 6 de Zelenka. Violeta sinti&oacute; el calor de la madera cuando cogi&oacute; la campana con la mano derecha, y el fr&iacute;o de las llaves cuando sostuvo&nbsp;&nbsp;con la izquierda el cuerpo inferior. Su cuerpo gir&oacute; para que encajasen las llaves y las espigas. Hac&iacute;a fr&iacute;o, el cielo iba tom&aacute;ndose de rosa, en otros tiempos hab&iacute;a sido un acto de lujuria sujetar con los dedos el tudel, cuando sent&iacute;a en los labios el tacto de la ca&ntilde;a, esa que, c&iacute;nicamente, se llama estrangul. Sonaba Zelenka sin partitura, y fue como si no hubiera tenido m&aacute;s que acercar su cuerpo a un instrumento que necesitaba aire, como si hubiese abierto un grifo de agua tibia que a medida que soplaba iba derram&aacute;ndose por su interior. Tocaba sin miedo, le parec&iacute;a imposible que alguna vez le hubiesen podido desobedecer los dedos. Esta vez era ella quien llevaba el primer oboe, y Konstantin el segundo, era ella la que ahora revoloteaba por las notas con delicadeza. El aire hac&iacute;a vibrar las llaves, como una corriente diminuta que le acariciaba las yemas de los dedos. El cielo se ti&ntilde;&oacute; de violentos amarillos y ella sent&iacute;a firmes los labios, libres las v&iacute;as. Era la rana feliz que hincha su cuello y ve los sonidos volar. Era la reina con su carroza, e iba levantando mariposas cansadas como un soplo de viento levanta los papeles, lentas alas desva&iacute;das que al principio aleteaban apesadumbradas, hasta que una corriente de sonidos favorables les permit&iacute;a un tupido aleteo de tonos alegres, brillantes, los profundos azules que escapaban a la luz del sol. Necesitaba el cuerpo entero para mover los dedos, otra vez, con unas torsiones que har&iacute;an equivocarse a Adam, pero lo necesitaba para que fueran ellos, los dedos, los que se expresasen sin las dudas de su voluntad, y lo hiciesen con el tempo que necesitaba. Alargaba unas notas, acortaba otras, como si unas fueran rectas y otras girasen en pleno vuelo, y era veloz en los escaques y lenta cuando planeaba, y al final del movimiento repleg&oacute; las alas y su mente se volvi&oacute; a posar encima de aquel cielo manchado. Desde all&iacute; Violeta se vio respirar desmadejada, con el oboe derecho sobre el muslo, los labios entreabiertos y el cansancio satisfecho de los que&nbsp;han vuelto a vivir.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 29 May 2020 11:37:36 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Excursión con hijo adolescente]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/excursion-con-hijo-adolescente/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas20/mayo/IRENE_S_NCHEZ_CARR_N.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em>A Pedro, a punto de cumplir 18 a&ntilde;os</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Porque abrieron el telediario con la noticia de que sufr&iacute;amos</p>
<p>otra ola de calor en pleno mes de julio</p>
<p>te propusimos pasar la tarde en una playa artificial cercana.</p>
<p>Y, sorprendentemente, aceptaste.</p>
<p>Con el GPS del m&oacute;vil, desde el asiento de atr&aacute;s,</p>
<p>guiaste nuestro viaje. Sigue la nacional</p>
<p>y gira a la derecha en el pr&oacute;ximo cruce.</p>
<p>Se deja un pueblo a un lado y se atraviesa otro.</p>
<p>La playa est&aacute; al final, en las afueras.</p>
<p>Al volver una curva el agua del pantano</p>
<p>nos inund&oacute; los ojos.</p>
<p>El ambiente era alegre o est&aacute;bamos alegres.</p>
<p>Los colores, los mismos que en las playas aut&eacute;nticas,</p>
<p>chiringuitos, tumbonas y sombrillas de paja.</p>
<p>Te hizo gracia que hubiera vendedor ambulante</p>
<p>de gafas y sandalias. T&uacute; tambi&eacute;n</p>
<p>te pediste un caf&eacute; y comentaste</p>
<p>que de un tiempo a esta parte</p>
<p>te gustaba m&aacute;s bien solo y cargado.</p>
<p>Dijimos que te hac&iacute;as mayor</p>
<p>y admiramos la playa de cemento y arena,</p>
<p>midiendo con los ojos la hondura de las aguas.&nbsp;</p>
<p>Conversamos de pesca, de tus planes.</p>
<p>Prometimos volver alg&uacute;n fin de semana</p>
<p>y, mediada la tarde, nadamos hasta el l&iacute;mite</p>
<p>marcado por las boyas intentando ignorar</p>
<p>la dura realidad de los relojes.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>En el viaje de vuelta&nbsp;&nbsp;</p>
<p>probamos a ensayar otro camino</p>
<p>y acabamos perdidos, cuando ca&iacute;a el sol,</p>
<p>por pistas asfaltadas en medio de canales</p>
<p>donde tu GPS no recib&iacute;a datos.</p>
<p>En silencio pens&eacute;</p>
<p>que as&iacute; ha de ser sin duda el para&iacute;so:</p>
<p>retenerte, extraviados por siempre,</p>
<p>en cualquier carretera sin destino.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 600px;" align="right">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 29 May 2020 11:34:33 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Robert Walser protagoniza el nuevo número de TURIA]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/robert-walser-protagoniza-el-nuevo-numero-de-turia1/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2020/ROBERT_WALSER_2.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21" style="text-align: left;" align="center"><strong>HOMENAJE AL ESCRITOR&nbsp; SUIZO, UNO DE LOS M&Aacute;S IMPORTANTES AUTORES EN LENGUA ALEMANA DEL SIGLO XX </strong></p>
<p class="Textoindependiente21" style="text-align: left;" align="center"><strong>&ldquo;TURIA&rdquo; TAMBI&Eacute;N PUBLICA TEXTOS IN&Eacute;DITOS DE&nbsp; MAHVASH SABET, AM&Eacute;LIE NOTHOMB, VICENTE MOLINA FOIX Y PATRICIO PRON</strong></p>
<p class="Textoindependiente21" style="text-align: left;" align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><span style="color: #ff0000;"><strong>CANCELADA LA PRESENTACI&Oacute;N EN EL GOETHE INSTITUT DE MADRID</strong></span></p>
<p class="Textoindependiente21" align="center">&nbsp;</p>
<p>El gran escritor suizo Robert Walser es el principal protagonista del nuevo n&uacute;mero de la revista cultural TURIA. Un homenaje colectivo que le rinden un total de diecis&eacute;is autores espa&ntilde;oles y suizos y que reivindica el inter&eacute;s y la actualidad de un autor fascinante y m&aacute;s all&aacute; de las modas. TURIA pone en valor la figura y la obra de Robert Walser a trav&eacute;s de un espectacular monogr&aacute;fico que contiene m&aacute;s de 150 p&aacute;ginas de textos in&eacute;ditos. Tambi&eacute;n se da a conocer un poema original de Walser, as&iacute; como una interesante selecci&oacute;n de su correspondencia nunca publicada en Espa&ntilde;a.</p>
<p>TURIA pretende redescubrir a los lectores en espa&ntilde;ol tanto la original obra literaria como la singular vida de Walser. No en vano, y como escribe Isabel Hern&aacute;ndez en el art&iacute;culo que abre el monogr&aacute;fico que le dedica TURIA, Robert Walser fue un escritor &uacute;nico, que pretendi&oacute; &ldquo;a un tiempo ser reconocido y pasar desapercibido como autor y como persona&ldquo;. Un autor que, si bien no cont&oacute; con el favor mayoritario del p&uacute;blico, s&iacute; goz&oacute; del aprecio de una parte de la cr&iacute;tica y de otros autores relevantes de su &eacute;poca. Adem&aacute;s, Walser contin&uacute;a siendo a d&iacute;a de hoy un autor le&iacute;do y traducido por su capacidad para hacernos part&iacute;cipes de unos textos en los que plasma, de manera sutil y exquisita, su original mirada sobre la vida, su belleza y el absurdo de las convenciones sociales.</p>
<p>TURIA informa, por otra parte, de la cancelaci&oacute;n definitiva de la presentaci&oacute;n de este monogr&aacute;fico dedicado a Robert Walser que deb&iacute;a haberse celebrado el pasado mes de marzo en Madrid, en la sede del Goethe Institut y que iba a contar con la intervenci&oacute;n de&nbsp; Jos&eacute; Mar&iacute;a Ridao, escritor, diplom&aacute;tico y adjunto a la direcci&oacute;n del diario &ldquo;El Pa&iacute;s&rdquo;.</p>
<p>Esta nueva entrega de TURIA supone el retorno de la revista a las librer&iacute;as, tras las limitaciones impuestas por el estado de alarma. Durante estos &uacute;ltimos meses s&oacute;lo hab&iacute;a podido llegar a los suscriptores y compradores on line y ahora, gracias al progresivo desconfinamiento, ya est&aacute; accesible al p&uacute;blico lector en general.</p>
<p class="Textoindependiente21" align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>UN SUMARIO REPLETO DE TEXTOS Y AUTORES DE INTER&Eacute;S</strong></p>
<p>Adem&aacute;s del atractivo monogr&aacute;fico dedicado a Robert Walser, el nuevo n&uacute;mero de TURIA brinda un sumario repleto de lecturas y autores de inter&eacute;s.&nbsp; As&iacute;,&nbsp; las p&aacute;ginas de la revista se enriquecen &nbsp;con &nbsp;textos &nbsp;originales &nbsp;de &nbsp;importantes &nbsp;autores &nbsp;internacionales. &nbsp;Entre &nbsp;ellos,destacan&nbsp; la&nbsp; escritora&nbsp; iran&iacute; Mahvash Sabet y o la escritora belga en lengua francesa Am&eacute;lie Nothomb.</p>
<p class="Textoindependiente21">Otros protagonistas de la nueva entrega de TURIA son autores como Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s y Siri Hustvedt, sobre cuya obra se publican art&iacute;culos originales de Jos&eacute;-Carlos Mainer y Yolanda Morat&oacute;.&nbsp;</p>
<p>Tambi&eacute;n da a conocer textos narrativos in&eacute;ditos de Vicente Molina Foix, Patricio Pron, Juan Carlos M&eacute;ndez Gu&eacute;dez, Pilar Ad&oacute;n, Patricia Esteban Erl&eacute;s y Francisco L&oacute;pez Serrano.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA ofrece igualmente a los lectores poemas in&eacute;ditos de, entre otros, Amalia Bautista, Enrique Andr&eacute;s Ruiz, Javier Lostal&eacute;, Ben Clark, Mariano Peyrou, Jorge Gimeno, Mercedes Cebri&aacute;n, Jos&eacute; &Aacute;ngel Cilleruelo, Rafael Fombellida, Cecilia Qu&iacute;lez y Jos&eacute; Luis Morante, Alejandro Sim&oacute;n Partal y Ana Mu&ntilde;oz.</p>
<p>Especialmente recomendables son las dos amplias entrevistas exclusivas que TURIA publica con dos nombres propios de la cultura muy relevantes: los escritores Cees Nooteboom y Marta Sanz.&nbsp; Ambos conversan acerca de un amplio repertorio de temas de inter&eacute;s. As&iacute;, mientras el holand&eacute;s Nooteboom asegura que &ldquo;escribo libros para que alguien los mejoren con su lectura&rdquo;, Sanz est&aacute; convencida de que &ldquo;la mirada feminista tiene la posibilidad de cerrar todas las brechas de desigualdad&rdquo;.</p>
<p>El creador oscense afincado en Madrid Antonio Santos, uno de los ilustradores aragoneses de mayor proyecci&oacute;n y consolidada trayectoria, es el encargado de enriquecer con sus im&aacute;genes el nuevo n&uacute;mero de la revista.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA ha conseguido convertirse, tras 36 a&ntilde;os de vida, en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. Tiene difusi&oacute;n nacional e internacional y por sus p&aacute;ginas han pasado m&aacute;s de mil autores de diversas procedencias est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas, lo que da idea de la riqueza y pluralidad de sus contenidos. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA es una revista de periodicidad cuatrimestral que tiene una edici&oacute;n en papel y otra&nbsp; digital (web y Facebook). Est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel y patrocinada por el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n.Este nuevo n&uacute;mero tambi&eacute;n ha contado con el apoyo del Pro Helvetia y el mecenazgo de la Universidad Complutense.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p><strong>LA MODERNIDAD DE ROBERT&nbsp; WALSER</strong></p>
<p>Una aproximaci&oacute;n plural, rigurosa y atractiva a Robert Walser es la propuesta que realiza la revista cultural TURIA. Un conjunto de trabajos, tanto creativos como ensay&iacute;sticos, de an&aacute;lisis y divulgaci&oacute;n, en los que encontraremos como principal protagonista a uno de los m&aacute;s valiosos e innovadores escritores europeos del siglo XX.&nbsp; Y es que, en Walser, los l&iacute;mites entre realidad y ficci&oacute;n se difuminaron en su vida y en su obra hasta lo irreconocible, como si de una sola se tratara.&nbsp;</p>
<p>Robert Walser (1878-1956) ha sido uno de los autores m&aacute;s apreciados&nbsp; internacionalmente de la literatura suiza. Sin duda Walser es, junto a Max Frisch o Friedrich D&uuml;rrenmatt (a quienes TURIA ya dedic&oacute; sendos monogr&aacute;ficos apoyados tambi&eacute;n por Pro-Helvetia), uno de los grandes escritores suizos de lengua alemana del siglo XX.</p>
<p>Fue Walser un autor capaz de diseccionar la realidad con la m&aacute;s suave iron&iacute;a, autodidacta, errante, marcado por una locura de origen hereditario a la que termin&oacute; por sucumbir.&nbsp; Escritor minoritario en su tiempo, elabor&oacute; una obra renovadora e influyente en otros grandes autores contempor&aacute;neos y que, a d&iacute;a de hoy, sigue edit&aacute;ndose y traduci&eacute;ndose en distintos idiomas. Entre sus admiradores hay que citar a ilustres nombres propios de las letras universales como Franz Kafka, Robert Musil, Thomas Mann, Walter Benjamin o Hermann Hesse. Tambi&eacute;n otros prestigiosos autores de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas como Thomas Bernhard, W.G. Sebald o Enrique Vila-Matas, han declarado su entusiasmo por la literatura de Walser,</p>
<p>Como subraya Fernando J. Palacios en las p&aacute;ginas de la revista, &ldquo;La modernidad de Walser reside en que previ&oacute; la crisis del individuo en la sociedad de su tiempo y de la venidera, y que puso el foco de atenci&oacute;n en la intimidad de la incertidumbre, en la cotidianeidad y en las impresiones de las vidas de sus personajes&rdquo;. Y es que leer a Robert Walser humaniza.</p>
<p>En ese sentido, destaca el interesante an&aacute;lisis que realiza en TURIA Reto Sorg, director del Robert Walser Zentrum de Berna, sobre uno de sus libros m&aacute;s celebrados: &ldquo;El paseo&rdquo;. De &eacute;l se nos dir&aacute; que esa breve narraci&oacute;n se ha convertido en una referencia literaria de la modernidad y que transforma la percepci&oacute;n est&eacute;tica del paseo para convertirlo en &ldquo;una postura po&eacute;tica, tranquila, ir&oacute;nica, art&iacute;stica, sencilla, reflexiva y consciente de s&iacute; misma, que convierte el tiempo en espacio de forma obsesiva&rdquo;.</p>
<p>Seg&uacute;n Mercedes Monmany, Walser es un &ldquo;genio de la literatura sin parang&oacute;n, al nivel de Kafka y los m&aacute;s grandes de su siglo&rdquo;. Un creador que vivi&oacute; en la pobreza, la sencillez y la libertad. &ldquo;Un caminante, un enamorado ferviente de la naturaleza, que ha escogido borrarse voluntariamente del mundo exterior y visible&rdquo;</p>
<p class="Textoindependiente21">Completan el monogr&aacute;fico una estimable serie de art&iacute;culos originales, cuyos autores son tanto espa&ntilde;oles como suizos: Beatrice von Matt, Gertrud Leutenegger, Patricia Cifre Wibrow, Berta Vias Mahou, Anna Fattori, Rafael Narbona, Matthias Zschokke, Lorena Silos Ribas, Carlos Fortea, Teesa Vinardell Puig, Peter von Matt y Peter Utz. Cierra el homenaje una &uacute;til biocronolog&iacute;a sobre Robert Walser.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>GALD&Oacute;S Y SIRI HUSTVEDT</strong></p>
<p>El&nbsp; sumario&nbsp; de&nbsp; TURIA&nbsp; se&nbsp; abre,&nbsp; en&nbsp; esta&nbsp; ocasi&oacute;n,&nbsp; con&nbsp; un&nbsp; oportuno art&iacute;culo sobre la huella de Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s en nuestras letras, elaborado por Jos&eacute;-Carlos Mainer, historiador, cr&iacute;tico literario y catedr&aacute;tico em&eacute;rito de la Universidad de Zaragoza. En &eacute;l se nos da noticia, en este a&ntilde;o en el que conmemoramos el centenario de su muerte, de &ldquo;lo que se ha llamado muchas veces el largo purgatorio de la valoraci&oacute;n de Gald&oacute;s&rdquo;.</p>
<p>Que Siri Hustvedt (Minnesota, USA, 1955) era mucho m&aacute;s que la segunda esposa del c&eacute;lebre escritor Paul Auster, hace tiempo que lo sabemos. S&oacute;lo los miopes o los sectarios m&aacute;s recalcitrantes pod&iacute;an negar ya la potencia e inter&eacute;s de su abrumadora trayectoria intelectual. Y de recorrer esa intensa biograf&iacute;a a trav&eacute;s de sus libros se ocupa en TURIA la profesora Yolanda Morat&oacute;.</p>
<p>Seg&uacute;n ella, &ldquo;Hustvedt pertenece a la estirpe de esos grandes magos a los que no solo no les importa desvelar sus trucos, sino que una vez que quedan a la vista del p&uacute;blico, pueden repetir el n&uacute;mero con toda la elegancia del mundo y hacer que sus espectadores vuelvan a casa&nbsp; con&nbsp; la&nbsp; sensaci&oacute;n&nbsp; de haber pasado una buena tarde y de ser un poco m&aacute;s listos que cuando entraron horas antes en la sala&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>IN&Eacute;DITOS DE AM&Eacute;LIE NOTHOMB, VICENTE MOLINA FOIX, PATRICIO PRON, JUAN CARLOS M&Eacute;NDEZ GU&Eacute;DEZ Y PILAR AD&Oacute;N</strong></p>
<p>Entre el buen surtido de lecturas in&eacute;ditas que ofrece TURIA sobresale un avance de lo que ser&aacute; &ldquo;Los nombres epicenos&rdquo;, el pr&oacute;ximo libro de Am&eacute;lie Nothomb en espa&ntilde;ol y que aparecer&aacute; editado por Anagrama. El lector encontrar&aacute; aqu&iacute;&nbsp; El lector encontrar&aacute; aqu&iacute; un deslumbrante cuento cruel sobre amor, odio y venganza, protagonizado por una hija que jam&aacute;s cont&oacute; con el cari&ntilde;o de su padre</p>
<p>Adem&aacute;s, TURIA publica textos narrativos de Vicente Molina Foix, Patricio Pron, Juan Carlos M&eacute;ndez Gu&eacute;dez, Pilar Ad&oacute;n, Patricia Esteban Erl&eacute;s y Francisco L&oacute;pez Serrano.</p>
<p>Menci&oacute;n destacada en el sumario de TURIA merece la publicaci&oacute;n, por primera vez en espa&ntilde;ol, de la poes&iacute;a de la escritora iran&iacute; Mahvash Sabet, que obtuvo en 2017 el premio Pen Internacional y que fue injustamente represaliada en su pa&iacute;s con casi diez a&ntilde;os de c&aacute;rcel por profesar el bahaismo o fe bah&aacute;&rsquo;i, una religi&oacute;n perseguida en Ir&aacute;n y que cuenta con unos siete millones de practicantes en todo el mundo. Durante esa etapa de estancia en prisi&oacute;n, Sabet escribi&oacute; sus &ldquo;Poemas enjaulados&rdquo; como un testimonio de sus convicciones y reflexiones acerca de la condici&oacute;n humana. De ese libro, que ser&aacute; pr&oacute;ximamente editado por Pre-Textos, TURIA ofrece una selecci&oacute;n de siete poemas y el pr&oacute;logo, elaborado por la abogada Mahnaz Parakan.</p>
<p>Tambi&eacute;n se ofrecen versos originales de, entre otros: Amalia Bautista, Enrique Andr&eacute;s Ruiz, Javier Lostal&eacute;, Raquel Lanseros, Ben Clark, Mariano Peyrou, Jorge Gimeno, Mercedes Cebri&aacute;n, Jos&eacute; &Aacute;ngel Cilleruelo,&nbsp; Rafael Fombellida, Cecilia Qu&iacute;lez y Jos&eacute; Luis Morante, Alejandro Sim&oacute;n Partal y Ana Mu&ntilde;oz.</p>
<p class="Textoindependiente21">En el apartado que TURIA dedica al ensayo, merece una atenta lectura el art&iacute;culo de German Cano en homenaje a Jacobo Mu&ntilde;oz (Valencia, 1942 - Madrid, 23 de febrero de 2018) fil&oacute;sofo, traductor y catedr&aacute;tico de Filosof&iacute;a de la Universidad Complutense. Traza Cano un clarificador estudio de su obra y de su influencia en sucesivas generaciones de fil&oacute;sofos y asegura que, si &ldquo;lucha, trabajo, amor&rdquo; fueron los ejes que guiaron la acci&oacute;n de Mu&ntilde;oz, no son un mal lema de vida.</p>
<p class="Textoindependiente21">Completa la secci&oacute;n un brillante y cr&iacute;tico an&aacute;lisis elaborado por Daniel Gasc&oacute;n de las tesis que abonan el libro &ldquo;<em>Mediocracia. Cuando los mediocre</em>s <em>toman el poder</em>&rdquo;, un<em> </em>ensayo del fil&oacute;sofo canadiense Alain Deneault recientemente editado en Espa&ntilde;a.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>ENTREVISTAS EXCLUSIVAS A CEES NOOTEBOOM Y MARTA SANZ</strong></p>
<p>Cees Nooteboom (La Haya, Holanda, 1933) es, sin duda, uno de los escritores&nbsp; m&aacute;s sugestivos y originales del panorama de la cultura en Europa. Autor de novelas, poes&iacute;a, ensayos y libros de viaje, su obra ha sido traducida a m&aacute;s de veinte idiomas y ha obtenido innumerables premios en distintos pa&iacute;ses. Sin embargo, Nooteboom es ahora un monje que, de finales de primavera a principios de oto&ntilde;o, se recluye en su casa de Menorca. All&iacute; le entrevist&oacute; a fondo el periodista Fernando del Val, en exclusiva para TURIA.</p>
<p>Si le preguntamos por su visi&oacute;n sobre nuestro presente, Nooteboom nos dir&aacute; que &ldquo;vivimos en un mundo menos asilvestrado. Pero a veces soy pesimista y me ataca la impresi&oacute;n de que los cerebros menguan&rdquo;. Una de las constantes de su obra ha sido la reflexi&oacute;n sobre Europa y el nacionalismo. Y es que Nooteboom est&aacute; convencido de que &ldquo;el europe&iacute;smo no atenta contra la identidad particular&rdquo;. Por eso, &ldquo;El Brexit es un fracaso social y una irresponsabilidad pol&iacute;tica. Deber&iacute;a servir de escarmiento ante quienes juegan con los sentimientos identitarios.</p>
<p>La escritora Marta Sanz (Madrid, 1967) es, por derecho propio, uno de los nombres m&aacute;s destacados&nbsp; de&nbsp; las&nbsp; letras&nbsp; espa&ntilde;olas&nbsp; de&nbsp; nuestros&nbsp; d&iacute;as. Ahora, y gracias a la amplia conversaci&oacute;n que mantiene con la periodista Emma Rodr&iacute;guez, conoceremos m&aacute;s y mejor a una mujer en la que la fragilidad de su apariencia f&iacute;sica contrasta con la solidez de sus ideas. Porque Sanz ha ido levantando una obra en la que la poes&iacute;a, la narrativa y el ensayo nos muestran su capacidad para contar lo que quiere contar. Y es que su literatura corre en paralelo a lo que observa, a lo que vive, a lo que intuye que se avecina.</p>
<p>Marta Sanz reconoce en la entrevista que para ella la escritura es una necesidad: &ldquo;Yo no s&eacute; lo que es la p&aacute;gina en blanco y tengo unas ganas constantes de contar cosas. Esto probablemente es as&iacute; porque siempre tengo las ventanas abiertas&rdquo;. Mujer feminista y de izquierdas, considera Marta Sanz que &ldquo;la violencia contra el cuerpo de las mujeres est&aacute; directamente relacionada con la violencia que se ejerce econ&oacute;micamente&rdquo; y tambi&eacute;n reconoce que &ldquo;me revienta ese estereotipo de la mujer que puede con todo y no se queja por nada&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Adem&aacute;s de los anteriores contenidos, TURIA ofrece al lector&nbsp; la secci&oacute;n habitual denominada &ldquo;La isla&rdquo;, con fragmentos del diario de Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas enriquecidos gr&aacute;ficamente por Isidro Ferrer. Tambi&eacute;n se mantienen las dos secciones dedicadas a temas y protagonistas aragoneses. Cierra el sumario de la revista una amplia secci&oacute;n de cr&iacute;tica de libros, &ldquo;La Torre de Babel&rdquo;, donde se analizan las novedades editoriales de mayor inter&eacute;s en materias como narrativa, ensayo y poes&iacute;a, tanto de autores espa&ntilde;oles como de otros pa&iacute;ses.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21" style="text-align: left;" align="center">&nbsp;<strong>UNA CARTA IN&Eacute;DITA DE&nbsp; ROBERT&nbsp; WALSER</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">El nuevo n&uacute;mero TURIA publica un espectacular conjunto de textos in&eacute;ditos de y sobre Robert Walser. Entre ellos destaca una selecci&oacute;n de su correspondencia, nunca editada en espa&ntilde;ol y de la que facilitamos la siguiente carta dirigida a su hermana Lisa Walser:</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>A Lisa Walser, </strong></p>
<p class="AUTOR12BRKOPFZRECHTS">Z&uacute;rich, 30 de julio de 1897</p>
<p class="AUTOR2ANREDE">Mi querida Lisa:</p>
<p class="AUTOR2ANREDE">&nbsp;</p>
<p class="AUTOR2ANREDE">Estaba&nbsp; pensando en tu &uacute;ltima carta, tan bonita, que&nbsp; me&nbsp; ha&nbsp; hecho&nbsp; suspirar&nbsp; una&nbsp; o&nbsp; incluso</p>
<p class="AUTOR2ANREDE">quiz&aacute; dos veces. Aparte de los suspiros, tu carta era muy amable y me ha alegrado mucho. Y &iquest;c&oacute;mo est&aacute;s t&uacute;? &iquest;Qu&eacute; planes tienes ya para el futuro m&aacute;s pr&oacute;ximo? &iquest;Cu&aacute;ndo comenzar&aacute;s tus estudios y d&oacute;nde, en qu&eacute; ciudad piensas estudiar? Y &iquest;qu&eacute; otras flores brotar&aacute;n de las ramas de tus planes? &iexcl;Tengo muchas ganas de saberlo! &iquest;Vendr&aacute;s a Z&uacute;rich? &iquest;Tiene que ser Berna? Cu&eacute;ntame algo, por favor.</p>
<p class="AUTOR3BRTXTmEinzug">Tengo hambre. Y siempre que tengo hambre me entran ganas de escribir una carta. A quien sea. Es f&aacute;cil de comprender. Con el est&oacute;mago lleno pienso solo en m&iacute;, no en los dem&aacute;s. Porque con el est&oacute;mago lleno soy m&aacute;s feliz. Claro, quien a&ntilde;ora algo lejano, no es muy afortunado. Y, as&iacute;, he llegado al tema del que me gustar&iacute;a hablarte en esta carta, me gustar&iacute;a mucho, si pudiera. Lo intentar&eacute;: Veamos, en relaci&oacute;n con la a&ntilde;oranza, pienso, en primer lugar, que es algo superfluo, en segundo lugar, que es algo tangible y, por &uacute;ltimo, algo intangible. Es superflua porque solo molesta, es tangible como lo es una enfermedad o los pecados; e intangible, porque muchas personas no pueden vivir sin ella, sin la superflua a&ntilde;oranza; muchas personas se regodean en ella, permiten que las consuma y no la abandonan, pues sienten en ella una cierta dulzura. Que tanta gente se deleite en algo tan ingrato, algo tan a&ntilde;orante como la a&ntilde;oranza, es un mal del que no podemos liberarnos. Y el cristianismo es la religi&oacute;n de la a&ntilde;oranza. Ya solo por este motivo esta religi&oacute;n es algo tan poco natural y tan indigno. Aquel que se ha liberado de la a&ntilde;oranza, ha hecho mucho m&aacute;s que aquel que ha escrito cien canciones de hermosa rima, repletas de nostalgia. Esas canciones no deber&iacute;an publicarse. La polic&iacute;a tendr&iacute;a que intervenir. Con Uhland y toda esa gente. Pero basta por hoy. Ay, &iquest;y qu&eacute; podr&iacute;a cenar hoy? Una pregunta compleja ante estas tristes circunstancias alimentarias. &iquest;Ves? Tampoco la a&ntilde;oranza me ayuda en este sentido. &iquest;O es que la a&ntilde;oranza puede proporcionarme un jugoso asado y una copa de Veltliner? &iquest;Impide acaso la a&ntilde;oranza que yo deba comer algo tan aburrido, como es el caso? Aqu&iacute; solo ayudan los hechos. La pr&oacute;xima vez hablar&eacute; de ellos. &iexcl;Adi&oacute;s!</p>
<p class="AUTOR3BRTXToEinzug">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 29 May 2020 11:28:02 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Estrínver, o el prejuicio del sonido]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/estrinver-o-el-prejuicio-del-sonido/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2020/MIGUEL_NGEL_MANZANAS.png" alt="" /></p>
<p>Era el a&ntilde;o 1999, o el 2001; acababa de cumplir veinte a&ntilde;os, o estaba a punto. Mi amigo el escritor Daniel Barredo y yo jug&aacute;bamos a los poetas: vest&iacute;amos de gab&aacute;n y bufanda blanca, el pelo tirando a largo, sobrios casi nunca, cigarrillo siempre. Por aquellas fechas, escuch&aacute;bamos hasta el agobio un poema de Luis Antonio de Villena que el propio autor hab&iacute;a colgado en formato de audio en su p&aacute;gina web. El poema en cuesti&oacute;n, bell&iacute;simo y extenso, narraba las peripecias de un enigm&aacute;tico personaje austriaco llamado Paulik. Entre otras muchas cosas, dec&iacute;a lo siguiente:</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em>Paulik era tan hermoso,</em></p>
<p><em>tan incre&iacute;blemente bello,</em></p>
<p><em>que no fue necesario ense&ntilde;arle las t&eacute;cnicas del &oacute;leo,</em></p>
<p><em>las vidas de Plutarco o el alma de Strindberg...</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Estr&iacute;nver</em>. Yo lo pronunciaba con petulancia, echando el humo del Lucky Strike con un gesto falsamente amanerado, como si supiera de qui&eacute;n se trataba. Era una palabra potente, lejana, sonoramente poderosa: <em>estr&iacute;nver</em>. Supongo que ser&iacute;an varios factores: lo muy culturalista del poema, mi juventud, mi ignorancia. La inmediatamente anterior referencia a Plutarco, a quien tampoco conoc&iacute;a y que me sonaba a hel&eacute;nico y a muerte. O mis pesquisas en un reci&eacute;n inaugurado Internet: &ldquo;August Strindberg, escritor y dramaturgo sueco nacido en 1849&hellip;&rdquo;; s&oacute;lo s&eacute; que, de pronto, aquella sensaci&oacute;n difusa e inc&oacute;moda, aquel desasosiego que llevaba ya alg&uacute;n tiempo viajando alrededor de mi cr&aacute;neo, gan&oacute; sentido y se materializ&oacute; en mi mente. Fueron varios factores, pero fue sobre todo esa palabra, <em>estr&iacute;nver,</em> tan alejada de mi comprensi&oacute;n y mi dominio. &iquest;C&oacute;mo un chaval del sur de Madrid, cuyo sue&ntilde;o, escasos a&ntilde;os antes, hab&iacute;a sido debutar como delantero centro en el Moscard&oacute;, iba a ser capaz de entender la literatura de un dramaturgo sueco del siglo XIX que, para colmo, se llamaba <em>Estr&iacute;nver</em>? &iquest;C&oacute;mo me iba a atrever siquiera a degustar las mieles sobrantes de su complej&iacute;simo pensamiento? Mucho mejor seguir leyendo a Quevedo, a Paco Umbral, a Rosal&iacute;a de Castro, que eran unos escritores estupendos y que ten&iacute;an unos nombres que no parec&iacute;an atesorar unas cosmovisiones de las que nunca ser&iacute;a capaz de participar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>As&iacute; segu&iacute; durante un par de a&ntilde;os, entregado al prejuicio del sonido, hasta que unas lecturas de Charles Bukowski, sugeridas por algunos amigos de fiar, empezaron a modificar mi opini&oacute;n. &iexcl;Pero si se dedica a hablar de tipos normales, de borracheras y de relaciones amorosas de una noche! Mucho m&aacute;s dif&iacute;cil era Pedro Calder&oacute;n de la Barca, que ten&iacute;a un nombre y un apellido de andar por casa pero que no se andaba con peque&ntilde;eces. O Lorca, ese f&aacute;cil bis&iacute;labo que encerraba unos meandros y unas turbulencias que, poco a poco, comenzaba a distinguir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me puse manos a la obra. Cog&iacute; la lista de los Premios Nobel. Maurice Mauterlinck: con ese nombre, cualquiera se atreve. Pero... &iexcl;si resulta que tiene un libro que se llama &ldquo;La vida de las abejas&rdquo;! No ser&aacute; para tanto. Winston Churchill... &iexcl;si es el pol&iacute;tico! Isaac Bashevis Singer. Yasunari Kawabata. Knut Hansum: &iexcl;pero si habla del hambre, como casi todos! Me di cuenta de que esos nombres tan fascinantes y tan ajenos no quer&iacute;an decir nada; era mi sinestesia y mi imaginaci&oacute;n la que los elevaba a la categor&iacute;a de semidioses, la que los situaba en un estadio que pensaba inefable y que, felizmente, result&oacute; no serlo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fueron llegando lecturas de autores que muy poco antes me eran temibles, novelistas con los que no me hab&iacute;a atrevido por el simple hecho de tener unos nombres incomprensibles y a los que atribu&iacute;a una escritura mucho m&aacute;s cercana al pensamiento abstracto que a la pura narrativa. As&iacute; lleg&oacute; Guy de Maupassant y su Horla. Fiodor Dostoievski y su Raskolnikov. Guillaume Apollinaire y sus Once mil vergas. Nathaniel Hawthorne y su Wakefield. Y, c&oacute;mo no, Strindberg, el gran dramaturgo sueco nacido en 1849 Johan August Strindberg.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todav&iacute;a hoy, cuando descubro a alg&uacute;n autor de nombre rimbombante, experimento un breve p&aacute;nico y me acuerdo de ese joven de veinte a&ntilde;os que le ten&iacute;a miedo a la palabra extra&ntilde;a. Pero he acabado por superarlo: Michel Houellebecq, Ferenc Karinthy, Joyce Carol Oates, Gregor von Rezzori, no os tengo miedo. He vencido al sonido y al complejo. Qui&eacute;n sabe en qu&eacute; neuronas, en qu&eacute; lugar del alma residir&aacute; esa r&eacute;mora: alg&uacute;n d&iacute;a, quiz&aacute;s, la neurociencia tenga algo que decir. En cualquier caso, si de repente me diera por aprender a tocar un instrumento y dedicarme a la m&uacute;sica, creo que preferir&eacute; presentarme con un nombre sencillo como Bob Dylan que como Robert Allen Zimmerman, tambi&eacute;n os digo.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 25 May 2020 07:54:53 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aprendizaje de lo fugaz]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/aprendizaje-de-lo-fugaz/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2020/Conde500.jpg" alt="" /></p>
<p>Con estos <em>Pasos m&iacute;nimos</em> pero rotundos que da Jos&eacute; Antonio Conde en su nuevo libro de poemas leemos a un autor m&aacute;s cercano y accesible que en anteriores entregas, m&aacute;s volcado en el espinoso problema de la identidad, m&aacute;s reflexivo acerca del dif&iacute;cil camino que configura una voz, m&aacute;s consciente de ser un yo po&eacute;tico en continuo devenir. &ldquo;Rumor de ser&rdquo;, anuncia Conde en el segundo poema, ser a trav&eacute;s de un lenguaje que no llega a definir, un simple acercamiento al aqu&iacute; y ahora, ese momento vivido que posee, como el poema, m&uacute;ltiples lecturas, diferentes posibilidades que lo reescribir&aacute;n en cada lector, con un sinf&iacute;n de confluencias y desencuentros. La palabra po&eacute;tica es, en este sentido, &ldquo;tr&aacute;nsito&rdquo; y &ldquo;hueco&rdquo;, soliloquio que subraya el peligro de no ser, una p&eacute;rdida de esperanza o un resto al que te aferras para no hundirte en la indiferencia.</p>
<p>Un paso m&iacute;nimo es, seg&uacute;n esta l&oacute;gica discursiva, tan solo un acercamiento, nunca definitivo, necesariamente incompleto, el signo que pueda poner por escrito lo que uno es. Conde se sit&uacute;a, como no pod&iacute;a ser de otro modo, en la intemperie, en las afueras de una palabra que busca inventar, reinventar y reinventarse desde la incertidumbre, tambi&eacute;n desde la necesidad de que hay que llegar a ser &ldquo;algo m&aacute;s que una duda&rdquo;. La realidad, ese monstruo de las mil caras, se presenta para ser convertida en ficci&oacute;n, en escritura sublimada, una forma de supervivencia que devuelve de continuo a la incertidumbre.</p>
<p>La escritura, la palabra, es lo que se acerca, lo que no se elige, algo sobrevenido que se impone como un hallazgo y que acabar&aacute; configurando, con sus trampas y sus fragmentaciones, la memoria del poema, una huella imperceptible. Este lenguaje po&eacute;tico, que Jos&eacute; Antonio Conde martillea en sus posibilidades con cada nuevo libro, surge de una voluntad firme, de un deseo inequ&iacute;voco, y tambi&eacute;n de una dificultad desmedida. Es un acercamiento, un yo incompleto a la luz y a la sombra del poema. El lenguaje, al fin y al cabo, no deja de ser un reflejo, una insistencia en los matices, un punto de partida para lo nuevo o sencillamente renovado.</p>
<p>La poes&iacute;a de Jos&eacute; Antonio Conde, inconfundible en sus propuestas, siempre se ha caracterizado por un di&aacute;logo de la forma y esta vez declara conocer sus causas y sus consecuencias, un hecho que implica, entre otras cosas, &ldquo;aceptaci&oacute;n&rdquo;, &ldquo;desenga&ntilde;o&rdquo;, &ldquo;andadura&rdquo;, &ldquo;acto interminable&rdquo;, &ldquo;distancia&rdquo;, &ldquo;resistencia&rdquo; y un aprendizaje de lo fugaz que el autor siempre ha manejado con maestr&iacute;a. Desnudez, que no sencillez, as&iacute; es su poes&iacute;a, m&iacute;nima, sincr&eacute;tica y esencial. En este libro queda a un lado el simbolismo herm&eacute;tico que defin&iacute;a a otros t&iacute;tulos anteriores para hacerse visiblemente m&aacute;s reflexivo. La ruptura entre signo y significado que antes parec&iacute;a consciente es ahora sobrevenida. Un estilo, una est&eacute;tica, es una forma de decir que no se elige, un camino personal hacia un &ldquo;saber oculto&rdquo;, el modo de desentra&ntilde;ar la realidad propia mediante el desbroce de las evidencias.</p>
<p>Si la poes&iacute;a es trayecto, palabra que tiende a un fin, lo esencial que deshace las incertidumbres, signo que debe estar &ldquo;m&aacute;s all&aacute; del signo&rdquo;, estos <em>Pasos m&iacute;nimos</em> quieren poner por escrito el curso de lo vivido. Es una obligaci&oacute;n impuesta. La referencia a la escritura como viaje es constante, un conjunto de momentos fugitivos en continua mudanza; la voz es &ldquo;tr&aacute;nsito&rdquo;, &ldquo;rumor&rdquo;, &ldquo;eco&rdquo;, &ldquo;huella&rdquo;; la palabra, r&iacute;o, &ldquo;cauce equivocado&rdquo;, &ldquo;tormenta&rdquo; y &ldquo;desprendimiento&rdquo;, &ldquo;grito y escolio&rdquo;. Las sucesivas alusiones a este camino que es la escritura repiten una y otra vez la dificultad de retener lo esencial, un hecho que sin embargo ha sido siempre norma en la poes&iacute;a de Conde. Hay una cierta idea de solipsismo ling&uuml;&iacute;stico, una p&eacute;rdida de fe en la capacidad que tiene el lenguaje de decir algo cierto sobre las cosas, una noci&oacute;n reiterada, por otra parte, en un buen n&uacute;mero de poetas contempor&aacute;neos.</p>
<p>La paradoja, en este caso, se da en un Orfeo que no mira hacia atr&aacute;s o que, despu&eacute;s de haber mirado, una vez convertido en estatua de sal, asume esa condici&oacute;n y se sabe arrojado a la incertidumbre del poema. &ldquo;No basta Eur&iacute;dice&rdquo;, avisa Conde, avanzar es vencer los obst&aacute;culos de la mirada, saber que la certeza est&aacute; en el origen, lo uno que se constituye en forma y sentido. Su Arcadia particular, esa escritura ideal que nunca llegar&aacute; pues est&aacute; condenada al fracaso por naturaleza, recupera la est&eacute;tica rom&aacute;ntica, es lo acorde a s&iacute; mismo. Solo se retorna avanzando. Por eso la palabra nunca dejar&aacute; de ser &ldquo;promesa&rdquo;, &ldquo;lastre&rdquo;, &ldquo;testimonio&rdquo;, &ldquo;referencia&rdquo;, &ldquo;ceniza&rdquo;, &ldquo;intuici&oacute;n&rdquo;. La vida se comprende en su movimiento, en su car&aacute;cter circunstancial. La altura de la poes&iacute;a est&aacute; en su profundidad. He le&iacute;do a pocos poetas que sean capaces de hacer de esta m&aacute;xima un momento intenso. Jos&eacute; Antonio Conde es uno de ellos.- JUAN ANTONIO TELLO.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jos&eacute; Antonio Conde, <em>Pasos m&iacute;nimos</em>, Oca&ntilde;a, Lastura, 2017.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 25 May 2020 07:50:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una de espías]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-de-espias/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2020/echoz500.jpg" alt="" /></p>
<p>Firm&aacute;ndola Jean Echenoz, ese gran escritor franc&eacute;s actual, esta novela, la &uacute;ltima que aparece (por ahora) traducida, es algo, o mucho m&aacute;s, que una de esp&iacute;as, que tambi&eacute;n lo es. Es, s&iacute;, o tambi&eacute;n, una parodia del g&eacute;nero, pero ojo con hacer de la palabra &ldquo;parodia&rdquo;, un lugar com&uacute;n; o si lo es, si se quiere ver as&iacute;, que sea una parodia, es una inteligent&iacute;sima novela de esp&iacute;as, con todos los matices que se quiera, y enriqueci&eacute;ndola -<em>Enviada especial</em>, la novela- con una sutil&iacute;sima l&iacute;nea de humor. Los lectores fieles de Echenoz recordar&aacute;n seguro otra novela, <em>Lago</em> (1991, 2016, Anagrama), en la que ya trataba este g&eacute;nero de esp&iacute;as, quiz&aacute; de forma m&aacute;s disparatada, y con un humor de mayor calibre, que esta que nos ocupa. As&iacute; que, vayamos por partes. Uno como lector no vive nunca en una c&aacute;psula de aire, aislado, y uno desde su capricho, y desde su juego de dados con el azar, se ha encontrado, en este caluroso mes de julio, cuando la env&iacute;o a la revista, cumpliendo los plazos establecidos, leyendo a Echenoz a la vez que disfrutaba (re)leyendo a Boris Vian y&nbsp; a&nbsp; Jean-Patrick Manchette, esos dos estupendos escritores que, si&eacute;ndolo ambos, escritores, han engrandecido desde siempre la novela policiaca a la manera francesa. Pues lo mismo ocurre con esta novela, una de esp&iacute;as, del gran Echenoz, un autor emparentado con, entre otros, dentro de la &oacute;rbita del pa&iacute;s vecino, Pierre Michon (por cierto, a Michon le entrevistan en el canal franc&eacute;s internacional TV5, que la protagonista femenina de la novela encuentra en la capital de la herm&eacute;tica Corea del Norte, a lo de Corea voy enseguida: lo de TV5 no s&eacute; si es sano y a&ntilde;ejo chauvinismo, Echenoz sabr&aacute;, pero al parecer se ve en Pyongyang). Echenoz&nbsp; es autor de un buen n&uacute;mero de novelas largas y, muchas, cortas, muy abundantemente publicado en Espa&ntilde;a (en Anagrama, sobre todo) y en mi reciente memoria de lector est&aacute; esa trilog&iacute;a -estupenda- de vidas noveladas dedicadas a <em>Ravel </em>-el m&uacute;sico-, al corredor checo Tras el Tel&oacute;n Z&aacute;topek -<em>Correr</em>- y al desde&ntilde;ado y recuperado Hombre de Luces, Tesla -<em>Rel&aacute;mpagos</em>-, adem&aacute;s de una brev&iacute;sima y hermos&iacute;sima historia sobre la Gran Guerra -<em>14</em>: no cabe m&aacute;s precisi&oacute;n minimalista&hellip;-. Estas, en fin, han sido mis lecturas de Echenoz m&aacute;s recientes, en la fresquera me quedan otras, aguardando la ocasi&oacute;n propicia, hasta encontrarme, ahora, con esa sutil y elegante novela de esp&iacute;as, no excesivamente par&oacute;dica -que s&iacute;- y levemente humor&iacute;stica -que tambi&eacute;n. &iquest;Y Manchette y Vian? No tiene esta de Echenoz la violencia y la rabia de las de Boris Vian, ni la carga pol&iacute;tica de las de Manchette, pero de los dos algo tiene, s&iacute;, <em>Enviada especial. </em>Una novela que, como las cl&aacute;sicas del g&eacute;nero -insisto, una de esp&iacute;as-, sigue m&aacute;s o menos la plantilla que est&aacute; obligado a usar, para desde la primera p&aacute;gina no dejar de ser Echanoz, de ir por su cuenta. Se nos muestra, s&iacute;, una leve intriga, una cierta -y disparatada, acaso inveros&iacute;mil, tambi&eacute;n- operaci&oacute;n encubierta de los servicios secretos franceses, o un empecinamiento de un general de esos SSF que aspira a hacer m&eacute;ritos sin encomendarse ni a dios ni al diablo -ojo, que esto no es un <em>spoiler-</em>. Tal vez a Echenoz del g&eacute;nero, de los servicios secretos, de las operaciones encubiertas le atra&iacute;a lo disparatado que ayer y hoy se esconde tras el mundo del espionaje: uno, este lector, el que no vive en una campana de cristal, ha sido muy partidario, estos meses de atr&aacute;s, de las dos temporadas de <em>Oficina de infiltrados</em>, las peripecias de los servicios secretos franceses &ldquo;en tiempo real&rdquo; en Siria e Ir&aacute;n: una serie estupenda, un aut&eacute;ntico <em>succ&egrave;s </em>televisivo en Francia. Pues bien ese sutil humor, convenientemente subrayado y nada grueso, que uno ve&iacute;a en esa serie, lo encuentro, magnificado por el oficio literario de Echenoz, en esta estupenda novela. Una novela que tiene tres partes, la captaci&oacute;n del personaje femenino para que haga de matahari en Pyongyang, el secuestro-preparaci&oacute;n de la misma y la puesta en escena de sus encantos all&aacute; lejos, en la capital norcoreana. Echenoz utiliza ciertas (m&iacute;nimas) convenciones del g&eacute;nero para manejarlas en su terreno (literario). Le interesa m&aacute;s el ir y venir de sus personajes literarios por Par&iacute;s, que la acci&oacute;n puramente aventurera. Y ciertamente ninguno del elenco tiene papel (insignificante) sin palabra de relieve. Todos, gracias a la pericia del autor, quedan atrapados en la tela de ara&ntilde;a del lector o m&aacute;s bien este queda atrapado en la de Echenoz. Este se nos presenta todo el rato a pie de calle, literalmente a pie de obra, mezcl&aacute;ndose con sus personajes, como si fuera uno m&aacute;s, omnisciente, eso s&iacute;, al modo decimon&oacute;nico, qued&aacute;ndose ora con el lector, ora con uno de los personajes, al que le toque la china. Este acercamiento algo forzado &ndash;algo: hay que decirlo- le sienta bien a la postre al texto, levemente parodiado, como si Echenoz se burlara de las convenciones del g&eacute;nero. Este car&aacute;cter par&oacute;dico, este uso, que no abuso, del humor se muestra m&aacute;s claro y evidente en la apoteosis final, la frustrada &ndash;y no digo m&aacute;s, que vivimos en tiempos de <em>spoiler</em>- operaci&oacute;n norcoreana. No s&eacute; si Echenoz conoce de primera mano Corea del Norte, si ha estado <em>all&iacute;, </em>o se ha documentado a fondo, pero describiendo esa realidad, ese artificio de pa&iacute;s, parece como si se hubiera divertido ante tanto disparate a mayor gloria del <em>Niet&iacute;simo</em>, el L&iacute;der Supremo (tambi&eacute;n es verdad que ayuda mucho a tanta risa esa pareja tan <em>tintinesca</em>, con algo de Hern&aacute;ndez y Fern&aacute;ndez, que son los dos guardaespaldas de la matahari inmovilizados por las estrictas normas norcoreanas). Estas p&aacute;ginas, por cierto, me han recordado mucho un viaje tolerado, organizado y controlado que realiz&oacute; el escritor portugu&eacute;s Jos&eacute; Luis Peixoto a aquel pa&iacute;s y que con el t&iacute;tulo de <em>Dentro del secreto. Un viaje por Corea del Norte </em>edit&oacute; no hace tanto Xordica Editores. En el libro de Peixoto, como en el de Echanoz la realidad es mucho m&aacute;s par&oacute;dica que la ficci&oacute;n. Y de esto trata, entre otras cosas, esta novela, una de esp&iacute;as. No solo.- JAVIER GO&Ntilde;I</p>
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<p>Jean Echenoz, <em>Enviada especial</em>, Barcelona, Anagrama, 2017.</p>
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      <pubDate>Mon, 25 May 2020 07:46:52 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una novela redonda]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-novela-redonda/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2020/Trueba_500.jpg" alt="" /></p>
<p>Uno conoce a pocos tipos tan endiabladamente vers&aacute;tiles como David Trueba. Como hombre de cine, ha escrito guiones para otros directores (<em>Amo tu cama rica</em>, <em>Los peores a&ntilde;os de nuestra vida</em>, <em>Two much</em>, <em>La ni&ntilde;a de tus ojos&hellip;</em>) y ha dirigido pel&iacute;culas como <em>La buena vida</em>, que ya ha cumplido m&aacute;s de veinte a&ntilde;os, <em>Obra maestra</em>, <em>Soldados de Salamina</em>, <em>Bienvenido a casa</em>, <em>La silla de Fernando</em>, <em>Madrid 1987&hellip;</em>, hasta llegar a <em>Vivir es f&aacute;cil con los ojos cerrados</em>, que gan&oacute; seis Goyas -entre ellos el de mejor pel&iacute;cula y mejor director- y que es una de las m&aacute;s hermosas pel&iacute;culas espa&ntilde;olas de los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Es tambi&eacute;n un hombre de televisi&oacute;n, para la que ha realizado distintos programas y series, como aquel recordado &ldquo;El peor programa de la semana&rdquo;, que dirigi&oacute; junto con Jos&eacute; Miguel Monz&oacute;n, <em>El Gran Wyoming</em>, o la serie &ldquo;Qu&eacute; fue de Jorge Sanz&rdquo;, la mejor serie espa&ntilde;ola de televisi&oacute;n de todos los tiempos en opini&oacute;n de la mayor&iacute;a de los cr&iacute;ticos. Es asimismo un hombre de prensa, pues ha escrito mucho en los peri&oacute;dicos y desde hace a&ntilde;os ejerce de colaborador en <em>El Pa&iacute;s</em>, con una columna semanal que tiene miles de seguidores. Y es, en lo que ahora nos interesa, un grand&iacute;simo escritor y narrador, que ha publicado hasta la fecha cinco novelas, todas ellas en Anagrama: <em>Abierto toda la noche</em>, <em>Cuatro amigos</em>, <em>Saber perder</em>, (que obtuvo el Premio de la Cr&iacute;tica y fue para &ldquo;El Cultural&rdquo; de <em>El Mundo</em> el mejor libro del a&ntilde;o), <em>Blitz</em> y esta maravillosa <em>Tierra de Campos</em>, que es sin duda su libro m&aacute;s ambicioso y que va a consagrar definitivamente a David Trueba como uno de los m&aacute;s grandes escritores espa&ntilde;oles.</p>
<p><em>Tierra de Campos</em> comienza con un coche f&uacute;nebre en la puerta de la casa del protagonista, Dani Campos -o Dani Mosca, como tambi&eacute;n se le conoce por haber formado parte del grupo &ldquo;Las Moscas&rdquo;-, un m&uacute;sico, cantante y compositor de 45 a&ntilde;os, que ha obtenido un cierto reconocimiento a su trabajo, ha grabado diez discos en treinta a&ntilde;os de carrera, y algunas de cuyas canciones han llegado a ser grandes &eacute;xitos en las voces de int&eacute;rpretes como Luz Casal o Ana Bel&eacute;n. Dani, que ha sido tambi&eacute;n telonero de Joan Manuel Serrat en una larga gira, va a iniciar un viaje en ese coche f&uacute;nebre para cumplir el deseo de su padre y llevarlo a enterrar a su pueblo natal, Garrafal de Campos, en la comarca castellano-leonesa de Tierra de Campos. A lo largo de ese viaje y en compa&ntilde;&iacute;a de Jairo -el ch&oacute;fer ecuatoriano que conduce el coche f&uacute;nebre, un tipo simp&aacute;tico y parlanch&iacute;n que acabar&aacute; convirti&eacute;ndose en uno de los grandes personajes de la novela-, Dani repasa su vida, desde su infancia y adolescencia hasta esos mismos d&iacute;as, y recuerda a sus amigos, sus amores, su pasi&oacute;n por la m&uacute;sica&hellip; y nos entrega un daguerrotipo perfecto de c&oacute;mo fue la vida de tantos y tantos m&uacute;sicos espa&ntilde;oles a partir de los a&ntilde;os ochenta.</p>
<p>De haber sido una pel&iacute;cula, <em>Tierra de Campos</em> estar&iacute;a en la l&iacute;nea de las grandes comedias de la historia del cine, &eacute;sas entre las que por ejemplo &ldquo;El Apartamento&rdquo; de Billy Wilder o &ldquo;El Verdugo&rdquo; de Berlanga son el buque insignia. Es decir, el humor s&iacute;, pero con un fondo de melancol&iacute;a, de amargura o incluso de tragedia. Y no solo el humor por el humor, que eso no le gustaba a Rafael Azcona ni nos gusta a sus muchos admiradores, sino el humor como veh&iacute;culo para transmitir unas ideas, unos principios y unos valores. &iquest;Cu&aacute;les son las ideas y los valores que nos transmite Trueba en esta novela? Pues bastantes y variados. Por ejemplo, la estrecha relaci&oacute;n entre la vida y el arte, la imperiosa necesidad de construirnos una identidad, la fuerza imparable del amor y el deseo, la lealtad en la amistad, el amor a los padres, o el coste a pagar, a veces atroz, de la vida libre, desinhibida y desordenada de muchos m&uacute;sicos y artistas de aquellos a&ntilde;os.</p>
<p>El libro tiene dos cap&iacute;tulos, o dos grandes partes, como si se tratara de las dos caras de un viejo disco de vinilo: la cara A (que comienza con los recuerdos de la infancia y la creaci&oacute;n de &ldquo;Las Moscas&rdquo;, pasa por la revelaci&oacute;n del gran secreto del libro y la pasi&oacute;n por Oliva -que fue su primer gran amor-, y termina tr&aacute;gicamente con la muerte del mejor de sus amigos) y la cara B, con el viaje al pueblo para enterrar a su padre, su carrera en solitario como Daniel Mosca y el amor por la japonesa Kei.</p>
<p><em>Tierra de Campos</em> se asienta s&oacute;lidamente sobre seis grandes pilares: la importancia de la infancia y la adolescencia como etapas de formaci&oacute;n y aprendizaje; la relaci&oacute;n del protagonista con sus padres y el descubrimiento de un secreto que le dejar&aacute; conmocionado; el descubrimiento de la m&uacute;sica como raz&oacute;n de vivir y como oficio del que vivir; su biograf&iacute;a sentimental, con un largo inventario de pasiones y amor&iacute;os; el valor de la amistad, que har&aacute; que tres amigos que se conocieron en el colegio sigan juntos hasta que la muerte de uno de ellos rompa esa relaci&oacute;n; y la fuerza insondable y devastadora del amor, con dos relaciones apasionadas como son las que Daniel mantiene con Oliva y Kei.</p>
<p>Una de las principales caracter&iacute;sticas del libro, como ya hemos dicho, es el humor, que recorre todas sus p&aacute;ginas. Veamos tres ejemplos: acaba de morir el padre de Dani en el hospital y llega del pueblo la t&iacute;a Dorina. &Eacute;sta dice desde la puerta de la habitaci&oacute;n: &ldquo;&iquest;A lo mejor no vengo en buen momento?&rdquo; Parece una frase extra&iacute;da de un gui&oacute;n de Rafael Azcona para Berlanga, y no es dif&iacute;cil imaginar a Rafaela Aparicio o a Gracita Morales interpretando el papel de la t&iacute;a Dorina. En otro momento, Jairo est&aacute; explic&aacute;ndole a Dani su vida como empleado de la funeraria, y le cuenta c&oacute;mo una vez, en un entierro, hab&iacute;a una corona que no ten&iacute;a bien estirada la banda y en lugar de leerse &ldquo;Tus familiares nunca te olvidaremos&rdquo;, se le&iacute;a &ldquo;Tus familiares te olvidaremos&rdquo;. Jairo la estir&oacute; y coment&oacute;: &ldquo;mejor que se lea bien, que no es d&iacute;a para ponerse sinceros&rdquo;. Y en el homenaje que se le tributa en el pueblo, cuando Dani trata de convencerles de que no tiene m&eacute;ritos para que le pongan su nombre al Centro Cultural, la mujer del alcalde le corta: &ldquo;ya nos gustar&iacute;a que Madonna fuera hija del pueblo, pero esto es lo que hay&rdquo;.</p>
<p>Y el libro tiene tambi&eacute;n muchos momentos de ternura, de melancol&iacute;a y de amargura (el recuerdo que hace Dani del beso de buenas noches de su madre y c&oacute;mo y en qu&eacute; momento se perdi&oacute;), y est&aacute; lleno de agudas reflexiones, de esas ideas y valores a los que antes nos refer&iacute;amos: &ldquo;No le pidas a tu amigo algo que tu amigo no pueda darte y tendr&aacute;s amigo durante muchos a&ntilde;os. Nunca intercambiemos la sangre de nuestros pulgares&rdquo;, &ldquo;Nunca trabajes para ricos. No conocen el sacrificio que cuesta ganar dinero&rdquo; o &ldquo;A&uacute;n no sab&iacute;a que es m&aacute;s f&aacute;cil perdonar a los enemigos que a los amigos&rdquo;.</p>
<p>Una novela redonda, esta <em>Tierra de Campos</em>. Una obra maestra.- JOS&Eacute; LUIS MELERO.</p>
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<p>David Trueba,<strong> </strong><em>Tierra de Campos</em>,&nbsp; Anagrama, Barcelona, 2017.</p>
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      <pubDate>Mon, 25 May 2020 07:42:49 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Paisaje con festín campesino]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/paisaje-con-festin-campesino/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas20/mayo/IRENE_VALLEJO_2.jpg" alt="" /></p>
<p align="right">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em> <br /></em></p>
<p align="right"><em>En compa&ntilde;&iacute;a, Brueghel era divertido</em></p>
<p align="right"><em>&nbsp;y le gustaba asustar a la gente o sus aprendices</em></p>
<p align="right"><em>&nbsp;con historias de fantasmas y cientos de otras diabluras</em></p>
<p align="right">Carel van Mander</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p>El pintor despert&oacute; con la cabeza pesada. El sopor era como un mal vino, le enturbiaba la mente. Sent&iacute;a el cuerpo impregnado todav&iacute;a de un olor agrio. Sobre todo, lamentaba haber gastado dos monedas de esa forma. Ahora tendr&iacute;a que darse prisa en acabar otro cuadro en medio de la neblina de sus ideas. Se figur&oacute; que alguien le pon&iacute;a los pu&ntilde;os en las sienes y apretaba para hacerle da&ntilde;o. Las pinturas campesinas siempre se pagaban bien. Se sent&oacute; a pensar junto a la ventana. Ve&iacute;a incordiar las moscas all&aacute; en el cielo opaco del norte.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>El camino cruzaba entre campos de paja corta y enteramente dorada. Al caminar saltaban las piedrecillas en el suelo y volaba algo de polvo: un polvo sucio y blanquecino. La camisa del carnicero, limpia por la ma&ntilde;ana, ten&iacute;a lamparones a causa del vino, del sudor y del capricho de escupir continuamente al suelo. Adem&aacute;s estaba su buen apetito: hiladas de la sopa de ajo y jud&iacute;as del almuerzo hab&iacute;an resbalado de su boca antes de gotear por la camisa.</p>
<p>Ya no era el calor del mediod&iacute;a, pero a&uacute;n cansaba el sol. Gem&iacute;an los pasos. En el cielo firme, los p&aacute;jaros cruzaban planos y melanc&oacute;licos como hachas, abriendo surcos en el aire justo encima de los campos arados. La saliva se anudaba y se agarraba a la boca. La lengua en cambio estaba inm&oacute;vil como un sapo. Al fondo, poniendo oscuridad en los ojos, sobresal&iacute;an las curvas alegres de unas colinas. Y no era sombra, sino el color de la tierra por la podredumbre y la humedad, el barro de hojas descompuestas y la penumbra, donde paseaban las ara&ntilde;as. All&iacute; hab&iacute;a encuentros al llegar la noche.</p>
<p>El carnicero era un bruto jovial que ya empezaba a echar carnes. Andaba animadamente y cantaba porque su voz hac&iacute;a volver la cabeza a las mujeres de las granjas y seguirlo con ojos redondos y d&oacute;ciles de vaca.</p>
<p>Bajo el sombrero de paja, su brillante pelo casta&ntilde;o se apelmazaba al cr&aacute;neo. Si sal&iacute;a al paso alg&uacute;n perro, lo pateaba. Miraba las franjas rosadas del terreno y las moscas en las cintas de plata de las acequias. Respiraba con satisfacci&oacute;n. La primera bocanada de bruma le hizo mirar al cielo, donde se encend&iacute;an los bordes de las nubes. En una de las casonas desperdigadas distingui&oacute; la superficie bru&ntilde;ida de dos culos. Los campesinos, arrimados a la ventana del cobertizo, charlaban y cagaban sobre la charca. Era alegre y pl&aacute;cido.</p>
<p>El carnicero quer&iacute;a acercarse a la feria anual de ganaderos para curiosear y ver a cu&aacute;nto vend&iacute;an las piezas. Al pueblo ya no llegaba esa misma noche, pero conoc&iacute;a una posada en el camino. Ser&iacute;a cuesti&oacute;n de madrugar la ma&ntilde;ana siguiente con el alba.</p>
<p>En un lateral aparecieron los tallos cabizbajos de los girasoles que tanto abundan por la zona. El sol ca&iacute;a y los ruidos llegaban todos desde lejos, tra&iacute;dos por el airecillo del crep&uacute;sculo. Ya no se distingu&iacute;an las cercas donde los perros ladraban y la silueta de los &aacute;rboles se iba haciendo m&aacute;s y m&aacute;s negra. El carnicero solo vio a un tipo meando contra una cerca con los pies amordazados por los calzones. Pens&oacute; en acercarse y mear sobre &eacute;l, pero llegaba ya a la posada y estaba de buen humor.</p>
<p>En las alforjas sonaban las dos monedas que dos j&oacute;venes ignorantes le hab&iacute;an pagado esa ma&ntilde;ana por diez onzas de carne podrida. Recordar el timo le hac&iacute;a re&iacute;r y cantar. El carnicero silbaba y gritaba a plena voz si se acordaba de la letra. As&iacute; se hace en la impunidad del campo. De rato en rato pon&iacute;a los brazos en jarras, avanzaba ligero una pierna y brincaba. &iexcl;Y con qu&eacute; gracia! La gente sol&iacute;a opinar que era un buen y alegre muchacho.</p>
<p>En el cielo terminaron de apagarse los fuegos de la puesta. Las nubes formaban una cortina turbia colgando ante la luna; debajo, los campos llanos como la palma de una mano. Ahora, todos p&aacute;lidos, se parec&iacute;an poco al amarillo de hace unas horas. Gris y confuso, el paisaje llamaba a las lechuzas y sus largos gemidos.</p>
<p>El carnicero pensaba en alcanzar la posada para comer y beber, y en nada m&aacute;s.</p>
<p>Hab&iacute;a llegado a los cuarenta a&ntilde;os a&uacute;n lleno de apetitos y fuerte. Degollaba a los animales de una sola cuchillada. En invierno, su &uacute;ltimo aliento era una niebla flotante cuando se derrumbaban. Adem&aacute;s ten&iacute;a un re&ntilde;idero de gallos. Las calzas amarillas le ca&iacute;an bien todav&iacute;a, a pesar de que engordaba. Siempre hab&iacute;a estado orgulloso de sus muslos y por eso le gustaba ense&ntilde;arlos a las mujeres despu&eacute;s de meterles las manos tan a gusto por sus camisas de blonda.</p>
<p>El sombrero de paja estaba viejo y lleno de ventanas al cielo puro de la noche. El carnicero apret&oacute; la marcha por los campos lisos. Cielo, tierra y brotes eran como una mujer que pesa pero es agradable encima de uno. Las estrellas acariciaban el aire de terciopelo. Los hierbajos ya no se pod&iacute;an distinguir. Ara&ntilde;aban las pantorrillas del carnicero. Primero o&iacute;a troncharse las ramillas de espino contra sus piernas, inmediatamente le trepaba un escozor bien placentero. No era oscuro el viento que hinchaba su camisa mugrienta, sino tibio como la tripa de un animal.</p>
<p>El horizonte se apoyaba en una celos&iacute;a de arbustos y matas. Por fin, a un lado del camino descubri&oacute; la posada de piedra gris y remates de madera. A la entrada hab&iacute;a un banco y en &eacute;l un viejo arrodillado descansaba el pecho. Ten&iacute;a los brazos abiertos como un crucificado y las mejillas descarnadas. Estaba quieto y muy p&aacute;lido en su piadoso retiro. Si hac&iacute;a penitencia o se hab&iacute;a dormido no le import&oacute; al carnicero cuando le dio un puntapi&eacute; en las costillas. Ululaban los perros. Entr&oacute;.</p>
<p>Tres tipos estaban en una de las mesas, haciendo pu&ntilde;etas con las manos. El posadero y su ayudante cargaban unas angarillas llenas de comida. El due&ntilde;o iba detr&aacute;s con un cuchar&oacute;n de madera metido en el sombrero, que era de ala remangada. Se frotaba la mano en el delantal por un lado y por otro, y luego lo usaba para servir remetiendo el brazo y li&aacute;ndose la tela alrededor. Una cortina recia cerraba el paso a la cocina. Por la sala hab&iacute;a jarras tumbadas e hilillos de vino corr&iacute;an sobre la madera. El carnicero se sent&oacute;. Vio luz huidiza en las l&aacute;mparas.</p>
<p>El primero en hablar fue un hombre con el sombrero y el traje guarnecidos de gamuza vieja. Llevaba barba, pero se afeitaba cuidadosamente los carrillos y el bigote. Era un negociante que tambi&eacute;n se dirig&iacute;a a la feria de ganado.</p>
<p>&ndash;Amigo, &iquest;no habr&aacute;s visto a un lisiado por el camino? &shy;&ndash;dijo.</p>
<p>El carnicero neg&oacute;.</p>
<p>&ndash;Estamos esperando al Juan&oacute;n, uno que lleva los pies a la espalda &ndash;a&ntilde;adi&oacute; jocosamente el segundo, con bolsas en los ojos, afeitado casi hasta el cr&aacute;neo y coronado de bocio. Era del pueblo&ndash;. Palabra que se arrastra como una culebra, de pechos en el suelo. Se qued&oacute; as&iacute; porque le pas&oacute; un carro por encima. El desgraciado camina con una especie de caballetes que agarra con las manos. Pero te mueres de risa cuando menea los deditos por encima de la espalda, lo mismo que un gallo meneando las plumas del trasero.</p>
<p>&ndash;Le gusta beber &shy;&shy;&ndash;terci&oacute; el que quedaba, que ten&iacute;a una costra negruzca en vez de dientes&ndash;. Solo que no sabe c&oacute;mo sentarse a la mesa.</p>
<p>Enseguida com&iacute;an y brindaban todos alegremente.</p>
<p>Para servir y ayudar en la cocina hab&iacute;a, c&oacute;mo no, una muchacha. Se sentaba aparte, con una jarra a los pies, por si alguno echaba de menos m&aacute;s vino. El vino lam&iacute;a el interior de la jarra y sonaba como leng&uuml;etazos cuando ella la apoyaba sobre el vientre. Estaba sentada y se rascaba las piernas ech&aacute;ndoles salivazos y unt&aacute;ndose la piel con esa baba reluciente a causa de las luces. Era como poner miel en un pan de miga fresca. Con la cabeza reclinada, los mechones de un pelo negr&iacute;simo le tocaban el pecho y dos teticas finas asomaban al escote. Ten&iacute;a en las u&ntilde;as un arcoiris negro.</p>
<p>El carnicero le tir&oacute; un hueso al del bocio, y entonces se dio cuenta de que era tuerto.</p>
<p>&ndash;Una vez le jugu&eacute; una buena a un cocinero, que iba a casa del conde nosequ&eacute; en Namur. Como &eacute;l tampoco se daba cuenta de que soy medio ciego, le apost&eacute; una partidita de tabas con un ojo tapado. Tres camisas le saqu&eacute; &ndash;y con una reverencia muy seria, el tuerto canturre&oacute; &ldquo;Perdone su se&ntilde;or&iacute;a si el cocinero de su Gracia ense&ntilde;a la pelambre del pecho&rdquo;.</p>
<p>Hubo buenas risas, toses y esputos de ave mezclada con el tinto. En la pared mancharon unas gavillas de trigo trenzadas para adorno.</p>
<p>La muchacha levant&oacute; unos ojuelos oscuros y picarones. Ante eso el carnicero fingi&oacute; con much&iacute;sima gracia que se ruborizaba como una doncella, haciendo toda clase de melindres y tonter&iacute;as. Finalmente le dedic&oacute; un gui&ntilde;o, con unas gotillas de grasa tembl&aacute;ndole en la barbilla.</p>
<p>El tuerto era hablador: &ldquo;Yo, si la se&ntilde;ora me permite, es mi ocasi&oacute;n de mojar mis penas. Amigos, me he casado como un hombre de bien y no he visto hora buena desde entonces. No he sido m&aacute;s que un desgraciado sin un momento de alegr&iacute;a&rdquo;. Se acab&oacute; la jarra de un solo trago.</p>
<p>El negociante dijo:</p>
<p>&ndash;Las mujeres son como animales y, a m&aacute;s viejas, m&aacute;s bestias &ndash;Gui&ntilde;aba los ojos&shy;&ndash;. Ved lo que pas&oacute; en mi hacienda. Ten&iacute;a yo un criado fuerte y buen trabajador, pero como era feo de cara y algo simple, se daba el caso de que no encontraba esposa &iexcl;Cu&aacute;ntas veces ven&iacute;a el pobre muchacho a quejarse! Es como si lo viera aqu&iacute; mismo. Pues en esto que un d&iacute;a en el camino le dieron un alto unos salteadores y solo por divertirse, porque el desgraciado no llevaba nada encima, le cortaron la lengua y le saltaron encima de la cabeza. Al menos eso cre&iacute;mos entender por sus figuras de loco. Ni que decir tiene que se qued&oacute; tonto del todo, babeando y con las manos colgantes. Desde entonces, amigos, las criadas viejas y la despensera se lo llevan bajo los chopos prometi&eacute;ndole cualquier chucher&iacute;a, un dulce o cintillo, que cualquier cosa vale para servirse de &eacute;l. &ldquo;Como no habla y de nada se entera&rdquo;, dicen, &ldquo;no se har&aacute; lenguas del desliz.&rdquo;</p>
<p>El de los dientes podridos a&ntilde;adi&oacute;: &ldquo;Eso es porque no les sirven idiotas a medias, los quieren enteros&rdquo;.</p>
<p>Estaban tan congestionados que se re&iacute;an sin voz, resoplando. Todos juraron a su turno que las mujeres se merec&iacute;an mano dura y pocas contemplaciones. El tuerto promet&iacute;a, en cambio, que &eacute;l a su esposa no le pegaba nunca, salvo cuando estaba sobrio.</p>
<p>Las moscas se apareaban sobre el pan del cestillo. Rastros de tizne, huesos y cart&iacute;lagos nacarados como ostras manchaban la madera de la mesa. Brillaba el pringue de la salsa. En la mesa las nerviaduras de la madera buscaban abrazarse.</p>
<p>El aldeano de dentadura podrida se rehundi&oacute; en la silla y acurruc&oacute; la cabeza como un palomo. Bajo la camisa sobresal&iacute;an sus piernas desnudas porque no vest&iacute;a otra cosa. &Eacute;l mismo descubri&oacute; sus verg&uuml;enzas colgando, y con sorpresa que era alegre y era tambi&eacute;n afectuosa, se las meneaba, solo por v&eacute;rselas mover.</p>
<p>&ndash;Compa&ntilde;eros &ndash;musit&oacute;&ndash;, no os cre&aacute;is otra cosa. Con el beber la amiga mea mucho, pero corre poco.</p>
<p>Al estallar en carcajadas, el carnicero sent&iacute;a v&eacute;rtigo y se mareaba. Tambi&eacute;n quiso contar una historia:</p>
<p>&ndash;En mi lugar hay una buena moza, redondita como una manzana. Quiso su padre casarla con un molinero, y el caso es que ella le tom&oacute; m&aacute;s afici&oacute;n al aprendiz de molienda que a las harinas y las barbas nevadas del marido. &ldquo;&iquest;A qu&eacute; te vas ahora al molino?&rdquo;, le dec&iacute;a el molinero al sinverg&uuml;enza del aprendiz. &ldquo;Se atasc&oacute; la corredera&rdquo;, contestaba, o bien: &ldquo;Es la tolva, que no quiero que se ciegue&rdquo;. La esposa, que entre tanto esperaba en la tiniebla del molino, a poco no se conten&iacute;a la risa que le daba el asno del marido. Y de verdad que era una mujercita muy fina y apetitosa.</p>
<p>El carnicero le hizo una galanter&iacute;a a la muchacha: le rindi&oacute; un aler&oacute;n de pollo que ten&iacute;a agarrado en la mano y meneaba en el aire al hablar. Continu&oacute;:</p>
<p>&ndash;Un d&iacute;a desapareci&oacute; el aprendiz, sin darle aviso siquiera a su anciana madre, con la que era muy afectuoso. Todos pensaron que el marido lo hab&iacute;a ahogado como a un gato y que yac&iacute;a enterrado en campo abierto. Hay que ver c&oacute;mo lloraba la &ldquo;viudita&rdquo; y c&oacute;mo ciza&ntilde;eaba la vieja: &ldquo;&iexcl;Me han matado a mi hijito! &iexcl;Justicia con el molinero!&rdquo;. En &eacute;stas est&aacute;bamos, y el viejo con un pie en la horca, cuando regresa el aprendiz, vivito y tan ufano. Una viuda de otro pueblo lo hab&iacute;a querido para ciertos... &uacute;tiles que necesitaba que le lubricasen, y el chiquillo acudi&oacute; sin decir nada porque era de natural discreto y servicial. El caso es que el marido se puso tan contento de verlo sano y de salvar el cuello, que le dec&iacute;a: &ldquo; Juanillo, ven, que se me atasc&oacute; la corredera&rdquo;, &ldquo;Juanillo, la tolva, que no me corre&rdquo;. De ah&iacute; veis que para volver m&aacute;s llevadero el pecado, lo que hay que hacer es pecar m&aacute;s.</p>
<p>Los tres apreciaron el cuentecillo. &ldquo;Hay que cobrarle caro el pescuezo a maese Pedro Botero&rdquo;, termin&oacute; el de los dientes negros, que despu&eacute;s de todo lo que hab&iacute;a comido se acababa de encaprichar de unos huevos.</p>
<p>Brindaron.</p>
<p>Otro comensal, que llevaba un gorro verde y ten&iacute;a una verruga surcada de venas, sali&oacute; a mear, meneando las garrillas ligeras y murmurando: &ldquo;que se me va, que se me va&rdquo;. Los ecos de sus pasos sobresaltaron el patio. Era noche cerrada y en las acequias nadaban las estrellas. Un soplo fresco venido de fuera dobl&oacute; las llamas de las velas y torci&oacute; de golpe la luz. Se pod&iacute;a sentir un cierto tufo y opresi&oacute;n.</p>
<p>El carnicero vio acercarse las mejillas bailonas del tuerto. Le puso una mano en el hombro porque con la otra quer&iacute;a tener sujeta una jarra de vientre mellado. Respiraban asqueados uno muy cerca del otro. El tuerto abarc&oacute; al ausente con sus cejas: &ldquo;Ah&iacute; donde lo ves, lleva gorro por un buen motivo&rdquo;. Su tono ten&iacute;a much&iacute;sima intenci&oacute;n. Hasta la joven se inclin&oacute;, intrigada.</p>
<p>&ndash;Su madre sabr&aacute; lo que hac&iacute;a con el porquero cuando se escap&oacute; un cerdo y le comi&oacute; la oreja en la misma cuna.</p>
<p>El carnicero lo encontr&oacute; una gran cosa: el mordisco de un marrano en la oreja.</p>
<p>&ndash;El cura resulta que cuando iba a estirarle de la oreja al cr&iacute;o, se encontraba con el mu&ntilde;&oacute;n. &lsquo;Ya tengo bastante castigo, padre&rsquo;, le dec&iacute;a el muy tunante. Pero el se&ntilde;or padre, que hab&iacute;a sido muy bruto en sus a&ntilde;os j&oacute;venes, le daba en la frente diciendo: &ldquo;&iexcl;Ah, hi de puta puta!&rdquo;.</p>
<p>Regres&oacute; el desorejado, y la alegr&iacute;a se diluy&oacute; un poco. El carnicero quer&iacute;a levantarle el gorro verde para ver el mu&ntilde;&oacute;n de oreja. Vinieron los eructos vinosos, sobrevino una cierta pesadez. Los huevos se enfriaban en la fuente de barro: espumosos y tibios.</p>
<p>El carnicero empez&oacute; a mirar dentro de su jarrita de metal, irrit&aacute;ndose porque su ojo se ba&ntilde;aba en las sombras perpetuas que hab&iacute;a dentro. Mientras el carnicero la meneaba, la luz besaba el metal de la jarra. El tuerto inclinaba la cabeza y en cuanto al negociante, a &eacute;se se le ca&iacute;a la barbilla sobre el pecho. Ten&iacute;a el rostro congestionado y los p&aacute;rpados blandos como la carne de una almeja.</p>
<p>El aldeano sac&oacute; una cajita de los pliegues de su ropilla. &ldquo;Son frutas confitadas&rdquo;, dijo, pero era m&aacute;s bien una baba de az&uacute;car prendida del fondo de la cajita.</p>
<p>Se figuraron que la hab&iacute;a robado.</p>
<p>A continuaci&oacute;n el aldeano, con una cereza dulce entre los labios, llam&oacute; a la muchacha intentando en vano que se la tomase de la misma boca, porque hab&iacute;a visto hacerlo a los pajarillos menudos del campo. Frunc&iacute;a los labios y hac&iacute;a como si le dedicase tiernos besos de ave. Sonre&iacute;a con el pico inm&oacute;vil y agitando sus patitas de canario. Entonces asomaban los dientes negruzcos y sanguinolentos como las entra&ntilde;as de un pez. Nadie pudo resistirse: era lo m&aacute;s repugnante que hab&iacute;an visto. Ante la indiferencia de la muchacha, el carnicero agarr&oacute; el cr&aacute;neo del aldeano con las dos manos y le dio de sopet&oacute;n un sonoro beso. La juerga fue completa: hac&iacute;a tiempo que no se divert&iacute;an as&iacute;.</p>
<p>Cuando el carnicero decidi&oacute; acostarse, la joven le precedi&oacute; para alumbrarle el camino. Llevaba una cinta que arrebujaba su falda bajo el culo. Cada paso suyo descubr&iacute;a unas pantorrillas firmes y tensas y hac&iacute;a temblar un gran cerco de luz por los escalones. Las paredes, de piedra pobre, recib&iacute;an sus sombras. Ante la puerta del cuarto los ojos de ella se re&iacute;an y un mech&oacute;n ca&iacute;do le ara&ntilde;aba la boca. El carnicero dese&oacute; acariciar con intensidad la medialuna de su cr&aacute;neo hasta la nuca.</p>
<p>&ndash;Te dar&eacute; dos monedas si pasas la noche conmigo &ndash;le dijo, y la bes&oacute; de un modo tan inopinado que se dieron de narices y entraron en el cuarto riendo su torpeza y frot&aacute;ndose la cara con las manos.</p>
<p>Mientras la desnudaba, ella bostez&oacute;. En las aguas de su mirada acechaba una lejana expresi&oacute;n de cansancio.</p>
<p>Durante horas hicieron todas las malicias que conoc&iacute;an.</p>
<p>A trav&eacute;s de un ventanuco les llegaba la voz de herrumbre del aire. Hab&iacute;a vigas por encima de las paredes desnudas. Las velas columpiaban su luz. Faltaban tejas fuera, en el tejado. La primera vez que hicieron el amor, &eacute;l le cant&oacute; varios sones, como &ldquo;&iquest;D&oacute;nde vas, bella muchacha?&rdquo; o &ldquo;El tamboril de mi Mariana&rdquo;. Se hab&iacute;a sentado sobre el jerg&oacute;n con las piernas largas y ella se fij&oacute; en que le crec&iacute;an pelos como un remolinillo alrededor del ombligo y en los dedos de los pies, justo debajo de las u&ntilde;as. Sonaron risas. Ella se enred&oacute; con sus mechones negros, que la acariciaban con mucha dulzura, como las plantas debajo del agua. El carnicero, mientras, le pellizcaba los carrillos del culo.</p>
<p>Cabalgaron, aguijaron, frotaron las carnes, se abrazaron, se persiguieron hasta dormirse uno en brazos del otro.</p>
<p>La ma&ntilde;ana que sigui&oacute; fue clara y desle&iacute;da. Apenas al alba, &eacute;l le susurr&oacute;: &ldquo;Amor m&iacute;o, amor m&iacute;o&rdquo;, y la bes&oacute; con ternura, pero a boca llena. Ella present&oacute; un rostro contra&iacute;do por el sue&ntilde;o. Con una mano detr&aacute;s de las caderas &eacute;l la manten&iacute;a cerca y con la otra mano totalmente abierta la palpaba, a ver si ten&iacute;a firmes las carnes. &ldquo;Corderita&rdquo;, le dec&iacute;a, y en efecto la sujetaba como a las cr&iacute;as suculentas que degollaba a cuchillo. Una blancura vaporosa se pos&oacute; en el aire, en la habitaci&oacute;n casi vac&iacute;a. Ella se desasi&oacute;, lo bes&oacute;, se acerc&oacute; a un taburete de tijera y se anim&oacute; al contacto del cuero tenso y curtido en su trasero. Empez&oacute; a vestirse.</p>
<p>El carnicero le pag&oacute; las dos monedas y a&uacute;n la llam&oacute; &ldquo;chiquilla&rdquo;.</p>
<p>Cerr&oacute; la puerta y se empez&oacute; a preparar &eacute;l tambi&eacute;n para salir. El suelo estaba fr&iacute;o a pesar de la paja desperdigada. La cama y el taburete eran los &uacute;nicos muebles. Las ventanas eran estrechas y el cielo no se abarcaba desde el tri&aacute;ngulo que dibujaba la puertecilla de madera.</p>
<p>El comedor estaba despejado, algo oscuro y con trapos h&uacute;medos en el suelo. El carnicero se sinti&oacute; a disgusto. Unas gallinas a medio desplumar se contoneaban a la luz lechosa y entre los reflejos de plata del agua en el suelo. Una de ellas picote&oacute; el cuello de la otra. El carnicero pens&oacute; que la piel de las gallinas se parece a la de los ti&ntilde;osos.</p>
<p>El posadero &ndash;cara ancha, nariz de rojo subido, manos serviles&ndash; le detuvo para pedirle el pago. Se sinti&oacute; francamente a disgusto.</p>
<p>&ndash;&iexcl;C&oacute;mo, se&ntilde;or! Si le di dos monedas a la muchacha y ni siquiera me ha devuelto el cambio.</p>
<p>Todo se resolvi&oacute; enseguida: llamaron a la muchacha, que no pudo esconder sus dos monedas y tuvo que entregarlas.</p>
<p>El carnicero sali&oacute; al camino con el alma m&aacute;s ligera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La mirada de Pieter Brueghel dej&oacute; de deambular por el paisaje al otro lado de la ventana. Empez&oacute; a pintar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 25 May 2020 07:35:40 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nubes de oro y azogue]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/nubes-de-oro-y-azogue/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas20/mayo/JOS_MANUEL_CABALLERO_BONALD.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Escribir construyendo un c&aacute;lido edificio en cuyas habitaciones reverbera una luz nunca usada ni vista en nuestro entorno es lo que viene haciendo desde siempre, desde que comenz&oacute; a fraguar su obra (po&eacute;tica,&nbsp; narrativa y ensay&iacute;stica), toda ella gloriosa, Jos&eacute; Manuel Caballero Bonald. Jam&aacute;s renunci&oacute; a escribir como si urdiera un tapiz enhebrado con palabras diamantinas, de &oacute;nice y &oacute;palo, a veces de antracita,&nbsp; que evocan ideas y emociones sugerentes de un modo genuino que solo &eacute;l sabe perge&ntilde;ar construyendo un hermoso discurso literario donde el lector sensible se recrea como si caminase dentro de un palacio o una catedral vestida por la luz.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mientras que otros autores afamados y conocidos, o reconocidos, dejan de escribir o de publicar llegada cierta edad, Caballero Bonald viene ofreciendo estos a&ntilde;os &uacute;ltimos libros de una calidad insoslayable en el campo de la prosa o la poes&iacute;a, como, por ejemplo, su <em>Desaprendizajes</em>, donde el Premio Cervantes ofrece un manojo de poemas en los que destellan la &eacute;tica y la est&eacute;tica, el compromiso social y el pensamiento, la belleza emotiva y la reflexi&oacute;n. Es curioso como el autor ha conseguido en los &uacute;ltimos tiempos dotar a su obra literaria, todo lo que escribe, de una p&aacute;tina gozosa en la que se funde su ancestral sabidur&iacute;a con una hondura po&eacute;tica esencial, tamizada por una hermosa rebeld&iacute;a que se nos antoja limpia y juvenil. Aqu&iacute; en este nuevo libro memorable, &ldquo;Examen de ingenios&rdquo;, de t&iacute;tulo acertado, el autor jerezano disecciona, hace recuento, traza y dibuja un mapa de almas y caracteres, de rostros y de nombres afamados y prestigiosos que su pluma afilada, &aacute;gil y cristalina, consigue dotar de un aliento intemporal no exento de melancol&iacute;a, algunas veces, y otras, no obstante, de c&aacute;lida iron&iacute;a, de humor sutil&iacute;simo, e incluso de amargor. Dividido en breves cap&iacute;tulos o estancias, el libro en el fondo es un racimo de retratos, todos ellos agud&iacute;simos, espl&eacute;ndidos, di&aacute;fanos, de escritores, pintores, m&uacute;sicos o artistas que el autor ha tratado o conocido de alg&uacute;n modo a lo largo de su dilatada vida, ofreciendo un mosaico o una colmena bulliciosa de rostros y de nombres cl&aacute;sicos, esenciales en el transcurrir cultural del siglo XX, personajes sublimes algunos (Blas de Otero, Fernando Qui&ntilde;ones, Jos&eacute; Hierro, Francisco Rabal, Antonio L&oacute;pez o Paco Umbral), algunos m&aacute;s repelentes o engolados (Azor&iacute;n, Castilla del Pino, Jes&uacute;s Aguirre, Antonio Gala o V&iacute;ctor Garc&iacute;a de la Concha), y algunos incluso entra&ntilde;ables (&Aacute;ngel Gonz&aacute;lez, Pablo Garc&iacute;a Baena, Paco Brines o Emilio Lled&oacute;). Todos los retratos, no obstante, resplandecen como nubes de oro y azogue sobre un cielo literario y art&iacute;stico donde, a veces, las estrellas aparentemente m&aacute;s medi&aacute;ticas, de m&aacute;s fama y renombre, han sido dibujadas con un trazo sutil de brutal delicadeza en la que se bambolea, a pesar de todo, relampagueando en la estela del papel, un tono mordaz vestido de iron&iacute;a que consigue al final la sonrisa del lector, como vemos aqu&iacute;: &ldquo;&hellip;te solicita un art&iacute;culo como si se tratara de un mensaje transmitido por el correo del zar, cuid&aacute;ndose mucho de no levantar la voz para no alertar a los esp&iacute;as o suscitar ajenas intromisiones&rdquo; (p. 445), dice Caballero Bonald refiri&eacute;ndose a Garc&iacute;a de la Concha. Y unas l&iacute;neas m&aacute;s adelante a&ntilde;ade esto: &ldquo;tiene ademanes de proc&oacute;nsul y una mirada trasl&uacute;cida de ave de presa. Iba para obispo de una di&oacute;cesis principal y se qued&oacute; en seglar con mando en plaza&rdquo; (p. 446). Frases centelleantes, rotundas, como &eacute;stas se van salpicando de forma generosa, siempre con buen tino, a lo largo del volumen deleitando a quienes valoramos y admiramos el estilo incisivo, esbelto, rutilante del autor jerezano a la hora de esbozar o describir de forma magistral las caracter&iacute;sticas f&iacute;sicas y morales de cualquier personaje sea verdadero o de ficci&oacute;n, como ya ha demostrado en sus novelas y sus memorias.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Del centenar de figuras relevantes aqu&iacute; dibujadas, podr&iacute;amos destacar por la belleza emotiva del retrato, tambi&eacute;n literaria, aunque no resulta f&aacute;cil debido al nivel prodigioso del conjunto, la del poeta Blas de Otero: &ldquo;Era limpio de coraz&oacute;n y atormentado de alma. Sufri&oacute; depresiones acumulativas y felicidades fr&aacute;giles, y esa alternancia bipolar de decaimientos y exaltaciones se convirti&oacute; en el nutriente de unas de las poes&iacute;as m&aacute;s reales, surreales, interiorizadas, desveladoras, radiantes de la literatura espa&ntilde;ola del siglo XX&rdquo; (p. 186), o de Emilio Lled&oacute;: &ldquo;Cuando se re&iacute;a, que era muchas veces, te miraba con fijeza&hellip; La voz se le volv&iacute;a entonces infantil y tr&eacute;mula y la continuidad argumental de su discurso se ramificaba de pronto en nuevas rutas dial&eacute;cticas, preferentemente te&ntilde;idas de una especie de pedag&oacute;gico lirismo&rdquo; (p. 384) En frases como &eacute;stas relumbra la ternura, la emoci&oacute;n y el afecto, incluso la delicadeza, de un modo elegante, sin excesos o desmesuras. Sin duda el lector que se adentre en este espacio tintado de nubes de oro y tenue azogue sentir&aacute; dentro de &eacute;l, como si le traspasase, el melodioso susurro de una lluvia de palabras sutiles, f&eacute;rtiles, fragantes, y adjetivos no usados, te&ntilde;idos por la p&aacute;tina de un tono po&eacute;tico esbelto y seductor: pocos escriben en este pa&iacute;s una prosa as&iacute;, tan pulcra y celeste, tan tersa y elegante, como la de Jos&eacute; Manuel Caballero Bonald. Por ello tal vez, aunque no solo por esto, quien se acerque a este libro y lo tenga entre sus dedos gozar&aacute; de una ins&oacute;lita experiencia en el plano emotivo, pues percibir&aacute; de entrada, y lo seguir&aacute; sintiendo a cada instante, un d&oacute;cil relampagueo de sensaciones, de palabras que vuelan&nbsp; &aacute;giles, gozosas, como esbeltos vencejos en mitad de una tormenta donde el viento -el lenguaje- nos sacude el interior: &ldquo;Las gafas de Luis Rosales parec&iacute;an sonre&iacute;r con independencia del usuario&rdquo; (p. 125). Frases tan sugerentes como &eacute;sta hilvanan un libro hermoso y diferente, una galer&iacute;a genuina de retratos y nombres ya eternos, imposible de olvidar, esculpida y trazada -nos atrevemos a decirlo- por un gran mago de las letras, el mejor prosista sin duda de este pa&iacute;s.- ALEJANDRO L&Oacute;PEZ ANDRADA.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jos&eacute; Manuel Caballero Bonald, <em>Examen de ingenios</em>, Barcelona, Seix Barral, 2017.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 19 May 2020 11:29:06 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tierra, triste patria de la muerte]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/tierra-triste-patria-de-la-muerte/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2020/canetti500.jpg" alt="" /></p>
<p>La obra de Elias Canetti (1905-1994) est&aacute; marcada por tres obsesiones centrales: la masa, el poder y la muerte. A las dos primeras dedic&oacute; la que consideraba su obra capital: <em>Masa y poder</em>. Y desde comienzos de la d&eacute;cada de los cuarenta fue tomando apuntes para llevar a cabo su otro gran texto, el libro contra la muerte. Sin embargo, no lleg&oacute; a acabarlo. Es m&aacute;s, ni siquiera lo empez&oacute;. Esto es lo curioso que resalta el escritor suizo Peter von Matt en su excelente postfacio: &laquo;Canetti nunca escribi&oacute; la primera frase de su libro &ndash;se&ntilde;ala&ndash;. Este mero hecho ya plantea un enigma. Durante d&eacute;cadas tuvo la mirada puesta en esa obra, escribi&oacute; estenogr&aacute;ficamente apunte tras apunte al respecto en sus peque&ntilde;os blocs, utiliz&oacute; cientos de l&aacute;pices, pero nunca redact&oacute; la primera frase.&raquo; Quedaron, pues, un sinf&iacute;n de ideas, aforismos, anotaciones y citas, todos destinados, en principio, a ese libro; con el paso del tiempo, varios fueron incluidos en <em>La provincia del hombre </em>(1973), por ejemplo, o luego en <em>El coraz&oacute;n secreto del reloj</em> (1987); otros permanecieron sin publicar, recogidos, de forma ora agrupada, ora dispersa, en el inmenso legado. Lo que hizo el editor alem&aacute;n fue reunir esos apuntes, tanto los publicados como los in&eacute;ditos, someterlos a una criba para evitar excesivas repeticiones y para respetar el rigor que caracteriza a la escritura del autor y darles una forma cronol&oacute;gica. As&iacute; pues, lo que el lector espa&ntilde;ol tiene en las manos es una recopilaci&oacute;n prolija y cabal de cuanto Elias Canetti escribi&oacute; preparando ese gran libro que pensaba escribir contra la muerte. La edici&oacute;n espa&ntilde;ola cuenta, adem&aacute;s, con la colaboraci&oacute;n de Ignacio Echevarr&iacute;a, una de las personas que mejor conoce la obra de Canetti en el mundo; &eacute;l se encarg&oacute; de revisar y de anotar el texto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una y otra vez insist&iacute;a Elias Canetti en su proyecto y en su programa. En 1943, por ejemplo, escrib&iacute;a: &laquo;Desde hace muchos a&ntilde;os nada me ha inquietado ni colmado tanto como el pensamiento de la muerte. El objetivo serio y concreto, la meta declarada y expl&iacute;cita de mi vida es conseguir la inmortalidad para los hombres. Hubo un tiempo en el que quise prestar este objetivo al personaje central de una novela al que, para mis adentros, llamaba el &ldquo;Enemigo de la Muerte&rdquo;. Pero durante esta guerra me he dado cuenta de que es preciso expresar directamente y sin disfraces las convicciones de este tipo, que constituyen propiamente una religi&oacute;n. Por eso ahora voy anotando todo lo que guarda relaci&oacute;n con la muerte tal y como quiero comunic&aacute;rselo a los dem&aacute;s, y he dejado totalmente de lado al &ldquo;Enemigo de la Muerte&rdquo;. No pretendo decir con esto que las cosas vayan a quedar as&iacute;; tal vez el personaje resucite en a&ntilde;os venideros de manera distinta a como yo me lo hab&iacute;a imaginado. En la novela deb&iacute;a fracasar en su desmesurada empresa; pero le estaba reservada una muerte honrosa: un meteoro iba a ser el encargado de liquidarlo. Quiz&aacute; lo que m&aacute;s me moleste hoy sea el hecho de que tuviera que fracasar. No puede fracasar, no le est&aacute; permitido. Si bien tampoco puedo dejar que triunfe mientras los hombres siguen muriendo por millones...&raquo; Y veinte a&ntilde;os despu&eacute;s anotaba: &laquo; ... mi actitud respecto a la muerte &hellip; la preocupaci&oacute;n m&aacute;s importante de mi vida ...&raquo; La fuente del proyecto son tanto las experiencias personales como las sacudidas producidas por el presente pol&iacute;tico que le toc&oacute; vivir: ah&iacute; est&aacute;n la muerte repentina y prematura del padre, la muerte de la madre, luego la terrible guerra mundial, la campa&ntilde;a de exterminio de la poblaci&oacute;n jud&iacute;a en Europa. Canetti estaba habitado por sus muertos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se trata desde luego de una empresa singular, &uacute;nica, gigantesca: oponerse radicalmente a la muerte, combatirla sin descanso, conseguir que deje de existir. &Eacute;l habla de un &laquo;odio a la muerte&raquo;. &laquo;Nunca podr&aacute;s hacer las paces con la muerte&raquo;, escrib&iacute;a. Y a&ntilde;ad&iacute;a: &laquo;cualquier cosa menos morir&raquo;. A pesar de lo ins&oacute;lito y radical de la empresa, esta arraiga en corrientes profundas del siglo XX. Est&aacute; relacionada con el cambio que se produjo en la pol&iacute;tica del poder, el cual se traslada de uno centrado en la muerte a otro centrado en la vida. Canetti no es ajeno a ese proceso, si bien su visi&oacute;n es radicalmente personal (como lo es, por cierto, su concepto de la masa, la cual tambi&eacute;n fue profusamente estudiada en el siglo XX, por Le Bon, por Ortega, por Freud, por Reich y otros).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con la nitidez deslumbrante de su escritura insiste &eacute;l en la relaci&oacute;n del poder con la muerte: &laquo;Un hombre tiene a gente a su alrededor para que se muera antes que &eacute;l. &iquest;No es esa la esencia m&aacute;s profunda del poderoso?&raquo;, apunta. Y: &laquo;La condena a muerte de todos al principio del G&eacute;nesis contiene en el fondo cuanto puede decirse sobre el poder, y no hay nada que no se deduzca de ello.&raquo; As&iacute;, acerc&aacute;ndose a nuestros d&iacute;as, describe a Sadam Hussein como ejemplo del poderoso, del &laquo;superviviente&raquo;, de aquel que basa su poder en la muerte de los otros.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Canetti es una pensador de la &laquo;vida&raquo;, hace hincapi&eacute; en el &laquo;car&aacute;cter sagrado de cada vida&raquo;. Un pensador moderno, emparentado en este sentido con Nietzsche, con quien no siempre coincide y a quien hasta a veces rechaza. Aun as&iacute;, es af&iacute;n a &eacute;l tambi&eacute;n en su forma eruptiva de pensar, en su tendencia a la plasmaci&oacute;n afor&iacute;stica del pensamiento.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>El libro contra la muerte</em> est&aacute; colmado de percepciones geniales: &laquo;A los alemanes, los seis millones de jud&iacute;os asesinados les han impregnado el cuerpo y el alma; nunca m&aacute;s habr&aacute; un alem&aacute;n que no sea tambi&eacute;n jud&iacute;o.&raquo; Y de reflexiones sobre otros escritores, como Thomas Bernhard, a quien consider&oacute; por un momento un disc&iacute;pulo, pero de quien luego se distanci&oacute;, precisamente por su relaci&oacute;n con la muerte. Canetti opinaba que Bernhard &laquo;ced&iacute;a&raquo; en vez de oponerse a ella.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hemos se&ntilde;alado al comienzo que el hecho de que nunca llegara a empezar ese libro que era la obsesi&oacute;n de su vida resulta &laquo;curioso&raquo;. Quiz&aacute; no lo sea tanto; quiz&aacute; el Gran Libro consista precisamente en esto: en una serie infinita de apuntes, cada uno de los cuales lo contiene Todo. Este es el caso de <em>El libro contra la muerte</em> de Elias Canetti.- ADAN KOVACSICS</p>
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<p>Elias Canetti, <em>El libro contra la muerte</em>, traducci&oacute;n de Juan del Solar y Adan Kovacsics, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2017.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 19 May 2020 11:26:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Contar para sobrevivir]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/contar-para-sobrevivir/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas20/mayo/Ortuno500.jpg" alt="" /></p>
<p>El siglo XXI cargado de posibilidades multidisciplinares ofrece nuevas perspectivas en la narrativa hispanoamericana que, con diferentes puntos de vista, se acerca a conceptos tradicionales, evita la renuncia a la tradici&oacute;n, o se adapta a un presente con esa docilidad que posibilita una nuestra singular de los vicios en cualquiera de los &aacute;mbitos literarios; y si concretamos el espacio geogr&aacute;fico en M&eacute;xico una generaci&oacute;n nacida en los setenta acusa en sus textos un costumbrismo con visos de cr&iacute;tica, muestra una abulia formal, o un exceso de provincianismo, aunque voces disidentes orientan su literatura hacia tramas que reproducen atm&oacute;sferas opresivas, situaciones de extrema violencia, odio y abominaciones que se concretan y fundamentan en el valor mismo de la palabra. Gerardo Sifuentes (1974), Luis Felipe Lomeli (1975) y Antonio Ortu&ntilde;o (1976), liderar&iacute;an esa denominada &ldquo;generaci&oacute;n del apocalipsis mexicano&rdquo;.</p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Antonio Ortu&ntilde;o (Zapopan, Jalisco (M&eacute;xico), 1976) ha publicado las colecciones de cuentos, <em>El jard&iacute;n japon&eacute;s</em> (2007), historias que recurren a la iron&iacute;a, la violencia, la s&aacute;tira y se cargan de melancol&iacute;a como resultados de una estrategia narrativa que provocan un sentimiento aditivo en el lector. <em>La Se&ntilde;ora Rojo</em> (2010) que se divide en dos apartados de una profundidad textual: &ldquo;La carne&rdquo;, ocho cuentos de variada extensi&oacute;n, y con un distanciamiento ir&oacute;nico donde la crueldad aflora por doquier;&nbsp; y un segundo, &ldquo;El mundo&rdquo; de contenido m&aacute;s metaf&oacute;rico, incluso paranoico, bastante ambicioso; propone otros temas de &aacute;mbito americano: la represi&oacute;n, el nacionalismo, el hero&iacute;smo, o la Historia y sus maneras de ser abordada, en el mejor ejemplo de los reg&iacute;menes totalitarios. Y la antolog&iacute;a personal <em>Agua corriente</em> (2015), trece cuentos, muchos breves: historias sobre padres e hijos, matrimonios en declive, o acerca el mundo de la enfermedad. Cr&iacute;tica social y pol&iacute;tica, realismo frente a elementos fant&aacute;sticos, en urbes reconocidas y espacios inciertos, como en un Oriente m&iacute;tico. Y con cada cuento, Ortu&ntilde;o proporciona una sorpresa, e insiste con esa intenci&oacute;n de renovarse con cada historia.<em> La vaga ambici&oacute;n </em>(2017), su &uacute;ltima y cuarta entrega, ha obtenido el V Ribera del Duero. Una vez m&aacute;s, Ortu&ntilde;o demuestra que conoce y maneja el microcosmos de la condici&oacute;n humana y ambienta sus historias en escenarios controlados, donde la gravedad se manifiesta con mayor o menor intensidad, en un considerable abanico de grandezas y de miserias, de ilusiones o frustraciones que despiertan nuestro inter&eacute;s lector. La prosa de Ortu&ntilde;o transita por diversos registros, heredero de la corriente latinoamericana cl&aacute;sica, concreta su exploraci&oacute;n en un contexto individual, y as&iacute; concibe una proyecci&oacute;n m&aacute;s universal, afirma su compromiso pol&iacute;tico e hist&oacute;rico, y resalta esa inequ&iacute;voca identidad de una considerable responsabilidad. Completan su visi&oacute;n narrativa, el ejemplo de sus novelas, <em>El buscador de cabezas </em>(2006), <em>Recursos humanos</em> (Finalista Premio Herralde, 2007),&nbsp; <em>&Aacute;nima</em> (2011), <em>La fila india</em> (2013), <em>Blackboy</em> (2014), <em>M&eacute;jico</em> (2015) y <em>El rastro</em> (2016).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La vitalidad que subyace en los cuentos que componen el volumen <em>La vaga ambici&oacute;n</em> desemboca en aut&eacute;nticas tragedias pese a la ir&oacute;nica visi&oacute;n que Ortu&ntilde;o presta a sus relatos porque el tono que el mejicano contempla en sus historias es de un fin&iacute;simo humor negro, o de la s&aacute;tira m&aacute;s descarnada porque la crueldad y la malicia est&aacute;n presentes en los seis cuentos que componen el volumen y esa innegable amargura que el narrador explota desde su misma infancia, &ldquo;Un trago de aceite&rdquo;, hasta que se convierte en un escritor cuarent&oacute;n, actitud que compensa el microcosmos ensayado para constatar la suma de calamidades que conlleva el dif&iacute;cil oficio de escribir, seg&uacute;n manifiesta su protagonista Arturo Murray. La creaci&oacute;n del personaje le permite a Ortu&ntilde;o transcribir experiencias propias y hacer que estas complementen el significado literario de su vida, aunque en ocasiones se trate de lejanas y olvidadas an&eacute;cdotas de verano, problemas familiares, o la mayor de las aversiones a la insensatez de toda una vida. Estos cuentos ofrecen una especie de ejercicio terap&eacute;utico que permite a su personaje principal sobrellevar las m&uacute;ltiples humillaciones que la sociedad le adjudica, sobre todo cuando el escritor pretende cierto renombre de un selecto club de destacados profesionales, o la petici&oacute;n del Ayuntamiento de su ciudad natal de nombrarle ciudadano notable, y la admiraci&oacute;n de una actriz de un popular show nocturno; todo un listado de vanidades que un Murray &ldquo;atrapado&rdquo; constata como si el &eacute;xito literario conllevara el quebrantamiento de ese esp&iacute;ritu benefactor que siempre lo animaba a escribir. Y es as&iacute; como su carrera literaria se convierte en un entramado de trampas y de equ&iacute;vocos.</p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La cohesi&oacute;n de los cuentos, de una calculada extensi&oacute;n, conforma una s&oacute;lida unidad que obliga a leer el libro en su conjunto, como cap&iacute;tulos aislados de una biograf&iacute;a doliente, aut&eacute;nticos ap&oacute;logos de la formaci&oacute;n de un escritor, o de su perseverancia para sobrevivir en el dif&iacute;cil mundo de la literatura, y constatan el rencor acumulado que lleva a la venganza, como en el relato &ldquo;El caballero de los espejos&rdquo;, con un final inmisericorde asociado al &eacute;xito literario y la posibilidad del desprecio; o como si el escritor fuese tildado de un aut&eacute;ntico t&iacute;tere en esas presentaciones, &ldquo;El pr&iacute;ncipe con mil enemigos&rdquo;, donde Murray advierte que nadie de los presentes &ldquo;ten&iacute;an la menor idea de mi obra o de mi existencia&rdquo; e, incluso, &ldquo;el organizador compart&iacute;a su ignorancia&rdquo;. Antonio Ortu&ntilde;o ha sido capaz de diseccionar ese terrible mundo de los egos literarios, de soberbia y cinismo que acompa&ntilde;a al mundo de la creaci&oacute;n literaria, porque su finalidad es constatar la iron&iacute;a misma con esa mirada visceral que conlleva la suma de h&aacute;bitos de los autores, sus fobias y sus man&iacute;as que de la mano del mejicano se convierten en una observaci&oacute;n tan tierna como demoledora. El mejor ejemplo, &ldquo;La batalla de Hastings&rdquo;, una historia sobre un autor saturado que ense&ntilde;a a escribir y parafrasea para sus alumnos las verdades y las mentiras de la literatura,&nbsp; y se resume cuando al final del mismo les pide a sus alumnos que &ldquo;mientan y enga&ntilde;en&rdquo;, que &ldquo;mientan m&aacute;s&rdquo; porque, &eacute;l mismo, despu&eacute;s de tan extenuante sesi&oacute;n lo que har&aacute; es &ldquo;sentarse, respirar hondamente, y mentir y mentir&rdquo;.- Pedro M. DOMENE.</p>
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<p>Antonio Ortu&ntilde;o, <em>La vaga ambici&oacute;n,</em> Madrid, P&aacute;ginas de Espuma, 2017.&nbsp; V Premio Ribera del Duero.</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 13 May 2020 10:59:38 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En ausencia de Luis Izquierdo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/en-ausencia-de-luis-izquierdo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas20/mayo/LUIS_IZQUIERDO_2.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;">Fue un compa&ntilde;ero de facultad, a principios del curso de 1996 y en el patio de letras de la Universidad de Barcelona, quien primero me habl&oacute; de Luis Izquierdo, dici&eacute;ndome que era poeta y que en sus clases no se ce&ntilde;&iacute;a tan s&oacute;lo al programa sino que hablaba de otros escritores europeos, como Hofmannsthal o Kafka. A pesar de que yo cursaba entonces otra filolog&iacute;a y aburrido como estaba de aquella facultad en tantos aspectos decepcionante, decid&iacute; acudir de oyente a una de sus clases sobre poes&iacute;a contempor&aacute;nea. El inmediato deslumbramiento me llev&oacute; a matricularme en todas las asignaturas que dio aquellos a&ntilde;os &ndash;sobre novela espa&ntilde;ola o hispanoamericana, tanto daba, puesto que sus clases, aunque te&oacute;ricamente adscritas al departamento de filolog&iacute;a hisp&aacute;nica, discurr&iacute;an en el &aacute;mbito de la <em>Weltliteratur</em>, de la literatura universal, a cuyo cosmopolitismo se plegaba mejor su temperamento.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aunque los aplicados las llamaban ca&oacute;ticas, sus lecciones eran s&oacute;lo digresivas, atentas a los autores obligatorios pero con puntuales excursiones a otros pa&iacute;ses y a otras disciplinas, principalmente a la pintura, la arquitectura o el cine. Era evidente su gusto por las vanguardias y su predilecci&oacute;n por la cultura urbana, a cuya expresi&oacute;n, tanto en arte como en novela o en poes&iacute;a dedic&oacute; buena parte de su estudio. La seducci&oacute;n que ejerc&iacute;a en tantos de nosotros se deb&iacute;a seguramente a su inagotable capacidad asociativa. Recuerdo el d&iacute;a en que nos descubri&oacute; a Wallace Stevens, a prop&oacute;sito de unas versiones que Jorge Guill&eacute;n hab&iacute;a hecho de algunos de sus poemas, convirtiendo una clase sobre la generaci&oacute;n del 27 en un ejercicio de verdadera cr&iacute;tica literaria. Siempre generoso con sus pasiones, sab&iacute;a contagiarnos su inquietud intelectual, provoc&aacute;ndonos a menudo. Acostumbrados a la mon&oacute;tona pr&eacute;dica doctoral de aquellos a&ntilde;os, nos encantaba y nos divert&iacute;a que un profesor se atreviera a argumentar sus reticencias, con autoridad y sentido del humor, sobre poetas intocables como Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez o Vicente Aleixandre. El legado m&aacute;s &uacute;til, pol&iacute;tico en un sentido lato, que puede dejar un profesor quiz&aacute; sea el de haber despertado el sentido cr&iacute;tico en sus alumnos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; F&iacute;sicamente, Luis se parec&iacute;a un poco al &uacute;ltimo Yeats, con esa pelambrera gris&aacute;cea siempre un tanto despeinada. M&aacute;s tarde supe adem&aacute;s que el poeta irland&eacute;s era uno de sus predilectos. &ldquo;My King a lost King, and lost soldiers my men&rdquo; (&ldquo;Mi rey, un rey vencido y soldados muertos mis hombres&rdquo;), sol&iacute;a citar a menudo para ilustrar el cometido b&aacute;sico de la poes&iacute;a, cantar lo que se pierde. Con su atuendo oxoniense &ndash;la pipa, el malet&iacute;n y las corbatas de lana&ndash; recordaba tambi&eacute;n a un profesor europeo exiliado en alg&uacute;n campus norteamericano, una caracterizaci&oacute;n que se aven&iacute;a muy bien con su formaci&oacute;n ecl&eacute;ctica y su nobleza de esp&iacute;ritu. Aunque siempre reivindicaba sus or&iacute;genes humildes &ndash;su padre, a quien perdi&oacute; siendo muy joven, hab&iacute;a sido peluquero en el Paseo de Gracia&ndash;, Luis ten&iacute;a un porte aristocr&aacute;tico, inducido por la destreza con que manejaba su castellano materno y por esa mueca sard&oacute;nica &ndash;<em>a grin</em>, en ingl&eacute;s, palabra tan precisa como intraducible&ndash; que a menudo acompa&ntilde;aba sus comentarios y en general su actitud ante la vida.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;Luis era un <em>outsider</em> en el departamento de hisp&aacute;nicas, reclutado en la filolog&iacute;a m&aacute;s por necesidad que por vocaci&oacute;n. Despu&eacute;s de dejar la carrera de derecho, hab&iacute;a estudiado filosof&iacute;a y letras, en la especialidad de germ&aacute;nicas, licenci&aacute;ndose con una tesina sobre <em>La muerte de Virgilio</em> de Hermann Broch, un autor al que nunca dej&oacute; de volver. Ampli&oacute; luego estudios de alem&aacute;n en Rothenburg ob der Tauber y en la Universidad de T&uuml;bingen, donde conoci&oacute; a Claudio Magris, con quien siempre mantuvo una buena amistad. En sus conversaciones sol&iacute;a recordar el impacto que le hab&iacute;an causado las conferencias de Ernst Bloch. Yo creo que el mundo germ&aacute;nico era el fundamento de su cultura, luego matizado o enriquecido por la aportaci&oacute;n anglosajona, sin olvidar su afici&oacute;n, muy propia de todos los de su edad, por la literatura francesa, adoptada como compensaci&oacute;n de nuestras carencias. Seguramente su &uacute;nico maestro reconocido fue Jos&eacute; Mar&iacute;a Valverde, con quien, adem&aacute;s de la vocaci&oacute;n comparatista, compart&iacute;a un sentido &eacute;tico de ra&iacute;z cristiana.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En 1961, Luis se cas&oacute; con Anna Ram&oacute;n, madre de sus tres hijos. Hay en la vida pocas experiencias tan gratas y humanamente reconfortantes como conocer a un matrimonio feliz y bien compenetrado. Anna y Luis eran, para los dem&aacute;s, m&aacute;s ellos mismos cuando estaban juntos. Su constelaci&oacute;n de buenos amigos &ndash;en Madrid como en Barcelona&ndash;, la variedad de sus intereses culturales, la seriedad de su compromiso pol&iacute;tico o su c&eacute;lebre hospitalidad &ndash;en el piso de la calle Girona como en la casa de Sant Vicen&ccedil; de Montalt&ndash; eran un reflejo de esa armon&iacute;a interior de la pareja que ni siquiera la enfermedad de los dos, en los &uacute;ltimos tiempos, pudo empa&ntilde;ar. Reci&eacute;n casados, se fueron a vivir a Estados Unidos, en lo que fue uno de los per&iacute;odos m&aacute;s intensos y enriquecedores de su vida. Gracias a Xavier Rubert de Vent&oacute;s, que le recomend&oacute; en el puesto, Luis pudo dar clases de literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea en Cincinnati (Ohio) y en Washington, una experiencia que siempre recordaba con nostalgia y gratitud. Huir de la sacrist&iacute;a franquista, disfrutando adem&aacute;s del refugio que la cultura europea hab&iacute;a encontrado en las universidades norteamericanas despu&eacute;s de la segunda guerra mundial, fue un privilegio y un est&iacute;mulo, una gran suerte. Luis siempre recordaba una conferencia de Harry Levin &ndash;no s&eacute; si en Cincinnati o en Washington&ndash; sobre Shakespeare. &ldquo;Era como escuchar m&uacute;sica&rdquo;, dec&iacute;a. A su paso por Nueva York, por iniciativa de Anna, fueron a visitar en su apartamento a Hannah Arendt, que les recibi&oacute; muy amablemente. Arendt era entonces presidente de los exiliados espa&ntilde;oles republicanos en la ciudad, seg&uacute;n me cont&oacute; Luis. Y estuvieron hablando, sobre todo, de Hermann Broch, a quien Arendt hab&iacute;a conocido y sobre quien hab&iacute;a escrito estupendos ensayos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los a&ntilde;os en Estados Unidos convirtieron a Luis en una especie de eterno ciudadano mental de Nueva York. De alguna manera, hizo suyo el mundo de Hannah Arendt, de Mary McCarthy y Edmund Wilson, de Auden y de Joseph Brodsky, del <em>New York Review of Books</em>, revista a la que estaba suscrito. Los autores por los que siempre se interes&oacute; son pr&aacute;cticamente los mismos que estudia Wilson en <em>El castillo de Axel </em>(1931), con la excepci&oacute;n de Kafka, a quien Wilson no entendi&oacute; y cuya obra era para Luis como un breviario. De Baudelaire y Flaubert hasta Yeats y Eliot, sus reflexiones literarias transcurrieron siempre dentro de lo que Cyril Connolly llam&oacute; el movimiento moderno, lo mejor que dio la literatura europea m&aacute;s o menos entre 1850 y 1960. Recuerdo, por ejemplo, una clase suya en la que analiz&oacute; la escena de los comicios agr&iacute;colas en <em>Madame Bovary</em> que nunca olvidar&eacute;, por la fruici&oacute;n con que comentaba cada uno de los detalles. O una conferencia que dio en el Institut d&rsquo;Humanitats de Barcelona, del que era vicepresidente &ndash;gracias a la generosidad y el sentido de la jerarqu&iacute;a de Jordi Llovet, otro gran maestro&ndash;, sobre <em>Lolita</em> de Nabokov y que ya est&aacute; para siempre asociada a mi lectura de esa novela.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A su regreso de Estados Unidos y gracias a su amigo Joaquim Marco, Luis entr&oacute; en la universidad de Barcelona. Como a&uacute;n no exist&iacute;a un departamento de literatura comparada &ndash;lo crear&iacute;a Llovet, contra viento y marea, much&iacute;simos a&ntilde;os despu&eacute;s&ndash;, Luis se doctor&oacute; en hisp&aacute;nicas con una tesis sobre Jos&eacute; Moreno Villa. Por aquellos a&ntilde;os, compagin&oacute; su labor docente con trabajos editoriales, lo que le permiti&oacute; conocer a poetas como Joan Oliver y Joan Vinyoli, correctores a sueldo, o a Carlos Barral en su &uacute;ltima vida como editor. De todos contaba siempre an&eacute;cdotas muy divertidas. En 1988 gan&oacute; finalmente una c&aacute;tedra de literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea, de la que se jubilar&iacute;a en el a&ntilde;o 2007. En un gesto t&iacute;picamente suyo, se neg&oacute; a ser catedr&aacute;tico em&eacute;rito por lo excesivo de la burocracia que exig&iacute;a el honor.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero m&aacute;s que catedr&aacute;tico o cr&iacute;tico literario, Luis era sobre todo poeta. Para &eacute;l la poes&iacute;a era una forma insustituible de pensar, hasta el punto de que realmente pensaba en verso. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, no era raro que sus amigos recibi&eacute;ramos sobres con tres o cuatro poemas improvisados &ndash;ripios, los llamaba &eacute;l&ndash; sobre alg&uacute;n pol&iacute;tico impresentable, la Iglesia o sobre cualquier libro que acabara de leer, desahogos y divertimentos que ilustraban hasta qu&eacute; punto la poes&iacute;a era para &eacute;l un fen&oacute;meno mental que le ayudaba a respirar. As&iacute; como su prosa cr&iacute;tica es para mi gusto demasiado envarada y conserva&nbsp; poco de la vivacidad y el humor de su conversaci&oacute;n o de sus clases, su poes&iacute;a es la justa estilizaci&oacute;n de su habla y de su inteligencia. Recuerdo perfectamente el impacto que me produjo el primer poema suyo que le&iacute;. Estaba en una librer&iacute;a de Barcelona y di por casualidad con <em>Se&ntilde;ales de nieve</em> (1995), entonces su t&iacute;tulo m&aacute;s reciente, publicado en Pamiela gracias a nuestro com&uacute;n amigo Ram&oacute;n Andr&eacute;s. Abr&iacute; el libro y empec&eacute; a leer el primer poema, titulado &ldquo;Letan&iacute;as profanas&rdquo;:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; He querido escribir un poema</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; de amor un claro vast&iacute;simo</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; poema de amor</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Durante muchos d&iacute;as con sus (ojos</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; de lince) noches he</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; querido escribir este amor</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; sus mel&oacute;dicas piernas y sus labios</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; encendidos y</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; sus pechos sosegados</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; elocuentes cadenciosos</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; que he custodiado (celoso,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; por supuesto)</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; sin otras concesiones</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; que no fueran las de la pasi&oacute;n</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; m&aacute;s desordenada</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; que atraves&eacute; rozando las salmodias</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Rosa Mystica Turris Eburnea</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Speculum Maiestatis</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [&hellip;]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desde entonces me lo s&eacute; de memoria y ha quedado ah&iacute;, como una parte de m&iacute; mismo, como s&oacute;lo ocurre con los pocos poemas o fragmentos de poema que se convierten en carne propia. Sigo creyendo que &ldquo;Letan&iacute;as profanas&rdquo; es uno de los mejores poemas de amor de la segunda mitad del siglo XX, de una especie de amor, adem&aacute;s, a la que pocas veces atiende la poes&iacute;a, m&aacute;s acostumbrada a cantar la exaltaci&oacute;n del enamoramiento o a lamentar su extinci&oacute;n. Como &ldquo;Pand&eacute;mica y Celeste&rdquo; de Jaime Gil de Biedma, pero con una propuesta &eacute;tica y vivencial muy distinta,&nbsp; &ldquo;Letan&iacute;as profanas&rdquo; habla del amor largo, del amor de muchos d&iacute;as, dif&iacute;cil y sostenido en el tiempo. El final es de una elevaci&oacute;n genuinamente eliotiana:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y hasta el olvido en que arder&aacute; el deseo</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; trasunto de nosotros sin historia</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; te dir&aacute; en toda piedra y en el blanco</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; que efunde el sol eterno de los cuerpos</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; resueltos a unidad cu&aacute;nto mi amor</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; te quer&iacute;a sin fin y te ten&iacute;a</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; y te quer&iacute;a</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; como quieren los astros silenciosos</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; y el diamante de arcilla que quemamos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Se&ntilde;ales de nieve</em> sigue siendo a mi juicio su mejor libro, el que contiene un mayor n&uacute;mero de poemas excelentes y en el que uno puede hacerse una idea m&aacute;s cabal del tipo de poeta que era. De alguna manera, ese poemario intensifica las virtudes y corrige los defectos de los tres anteriores, <em>Supervivencias</em> (1970), <em>El ausente</em> (1979) y <em>Calendario del n&oacute;mada</em> (1983). Desde el punto de vista del o&iacute;do, no hay en <em>Se&ntilde;ales de nieve</em> ni rastro de la tendencia al sonsonete que a veces le perd&iacute;a, por su talento para la versificaci&oacute;n f&aacute;cil. Y todas sus influencias est&aacute;n ah&iacute; ya bien integradas y domesticadas. Tanto su gusto como su dicci&oacute;n se hab&iacute;an educado con Antonio Machado y Pedro Salinas, un bagaje al que luego fue incorporando algo de la poes&iacute;a alemana &ndash;de Brecht y Gottfried Benn, principalmente&ndash; y bastante de la anglosajona, sobre todo de Robert Frost, Wallace Stevens, Auden o Philip Larkin. Con respecto a sus contempor&aacute;neos, Luis fue un poeta sin generaci&oacute;n que en realidad pertenec&iacute;a al grupo del 50. Ninguno de su edad supo asimilar mejor algunos aspectos de la poes&iacute;a de Carlos Barral, de Jaime Gil de Biedma o de Gabriel Ferrater, cuya descripci&oacute;n de Barcelona, en lo moral como en lo social, estudi&oacute; muy de cerca. Recuerdo siempre una clase que dedic&oacute; a comentar &ldquo;<em>Barcelona ja no &eacute;s bona</em> o mi paseo solitario en primavera&rdquo;, el poema de Gil de Biedma, admirando el virtuosismo t&eacute;cnico y compositivo (&ldquo;es una pieza flaubertiana&rdquo;), el ensamblaje de lo &iacute;ntimo y familiar con lo hist&oacute;rico y pol&iacute;tico, la administraci&oacute;n de los silencios. Fue para m&iacute; un precedente inolvidable.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No es f&aacute;cil, su poes&iacute;a. El tono casi siempre meditativo tiende a sintetizar la reflexi&oacute;n y a proyectarla en las im&aacute;genes que la acompa&ntilde;an, en un trasunto de su pensamiento en acto que muchas veces prescinde de la aclaraci&oacute;n al lector. Y ah&iacute; es donde mejor se aprecia la influencia de Barral o de Ferrater, menos preocupados que Gil de Biedma por evidenciar la an&eacute;cdota que inspira el poema. Algunos de sus asuntos recurrentes son la lectura, el padre ausente, el amor conyugal, los viajes, por supuesto la ciudad, la pintura y el cine. Quiz&aacute; sea frente a los cuadros, entre los libros y estando de viaje donde su verso adquiere mayor profundidad y mayor encanto. Hay por ejemplo una &eacute;cfrasis en <em>Se&ntilde;ales de nieve</em>, titulada &ldquo;Vue de Gen&egrave;ve&rdquo;, sobre una pintura de Jean-&Eacute;tienne Liotard, que es sencillamente magistral, por la manera en que logra describir a un tiempo el cuadro, el pensamiento que genera, su recuerdo y el viaje que hizo al lugar en el que se expon&iacute;a. Y sin duda su mejor comentario sobre su autor predilecto est&aacute; en &ldquo;Franz Kafka y el desierto&rdquo;, un poema de <em>No hay que volver</em> (2003), el primer libro que le publicamos en Lumen.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Muchos de sus poemas tienen tambi&eacute;n una dimensi&oacute;n pol&iacute;tica y demuestran que la poes&iacute;a, a trav&eacute;s de la resistencia de la memoria, ha sido a menudo el &uacute;ltimo refugio contra el totalitarismo. Es la &ldquo;conciencia de los incurables&rdquo;, de la que habl&oacute; en su poema sobre Brodsky, tambi&eacute;n en <em>No hay que volver</em>. Anna y Luis tuvieron desde muy j&oacute;venes un agudo sentido de la justicia y de la solidaridad. Ya en la democracia, pertenecieron a los c&iacute;rculos socialdem&oacute;cratas de Barcelona, reunidos en torno a la familia Maragall &ndash;Jordi Maragall i Noble, el <em>pater familias</em>, fue como un segundo padre para Luis&ndash; y en el que tambi&eacute;n estaban el rector Josep Maria Bricall, Joan Ravent&oacute;s o Jos&eacute; Antonio Gonz&aacute;lez Casanova, representantes todos ellos, cada uno en su &aacute;mbito, de una sociedad posible que fue marginada por el pujolismo y que ahora ya ha sido aniquilada por el independentismo. Como hab&iacute;a dicho Juan Garc&iacute;a Hortelano &ndash;tan querido por Luis&ndash; de los poetas de la generaci&oacute;n del 50, todos ellos fueron &ldquo;convictos de pertenecer a un pa&iacute;s b&aacute;rbaro&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuesta mucho, parafraseando a Saul Bellow, entregar a la muerte a un ser humano como Luis Izquierdo. Ni siquiera cuando enferm&oacute; de c&aacute;ncer dej&oacute; de dar muestras de generosidad y de atenci&oacute;n, de gratitud y de bondad. Luis ten&iacute;a una cualidad que he visto en muy pocas personas &ndash;otra de ellas fue su amiga Carmen Balcells&ndash; y era la capacidad limpia de admirar. Aunque tambi&eacute;n sab&iacute;a denostar con sarcasmo y malicia, si algo le entusiasmaba corr&iacute;a a felicitar al responsable y avisaba de ello a todo su c&iacute;rculo. Releyendo una carta que me envi&oacute; cuando est&aacute;bamos editando el que ser&iacute;a su &uacute;ltimo poemario, <em>La piel de los d&iacute;as</em> (2013), encuentro unas l&iacute;neas que definen perfectamente su talante: &ldquo;haber vivido y respirar todav&iacute;a, compartirlo y viajar con Anna, no perder hijos y ganar amigos &ndash;tampoco demasiados&ndash; me parece un privilegio&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ndash;y lo es&ndash; que no merezco, pero estoy por ello muy reconocido&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En una de las comidas que hac&iacute;amos a menudo con amigos &ndash;con Jordi Llovet, con Ana Mar&iacute;a Moix&ndash; recuerdo que le coment&eacute; c&oacute;mo me hab&iacute;a impresionado una reflexi&oacute;n de Walter Benjamin en <em>Direcci&oacute;n &uacute;nica</em>. Dice Benjamin &ndash;el fragmento se titula &ldquo;A media asta&rdquo;&ndash; que cuando perdemos a un ser querido sufrimos una serie de transformaciones que sentimos la necesidad de comunicarle a esa persona, hasta que nos damos cuenta de que esos cambios s&oacute;lo han sido posibles gracias a su ausencia. Y al final, dice Benjamin, le saludamos en una lengua que ya no entiende. Nunca olvidar&eacute; el gesto de &iacute;ntimo reconocimiento que hizo Luis al escuchar esas palabras. Ahora pienso que debi&oacute; identificarse por completo con esa observaci&oacute;n, pues toda su poes&iacute;a fue de alg&uacute;n modo un di&aacute;logo p&oacute;stumo con su padre ausente, al que quiso mucho. Alguna vez me hab&iacute;a comentado que cuando conduc&iacute;a por una carretera mar&iacute;tima de la costa catalana, al pasar por una determinada curva, le parec&iacute;a ver la figura de su padre, salud&aacute;ndole. Siempre le dec&iacute;a que ten&iacute;a que escribir un poema sobre eso, pero, claro, nunca hab&iacute;a dejado de hacerlo. Desde que muri&oacute;, cada vez que paso en coche por una curva al filo del mar, no importa d&oacute;nde, soy yo quien imagina a Luis salud&aacute;ndome, hasta que me doy cuenta de que ahora somos nosotros quienes le hablamos en un idioma que ya no entiende.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Andreu Jaume</p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 06 May 2020 07:58:14 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La primera página]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-primera-pagina/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2020/valero500.jpg" alt="" /></p>
<p align="right"><em>&nbsp;</em></p>
<p style="text-align: left; padding-left: 180px;" align="right"><em>a Vicente Valero</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todas las noches, a la misma hora, se despertaba, y mientras apoy&aacute;ndose en las dos manos se iba incorporando poco a poco en la cama, trataba de recordar el sue&ntilde;o. A continuaci&oacute;n se deslizaba&nbsp; hacia un lado, el izquierdo, y se dejaba caer, hasta que sus pies daban con las zapatillas. Entonces se pon&iacute;a en pie. Encend&iacute;a el m&oacute;vil. Las cinco y treinta, buena hora pensaba, ning&uacute;n mensaje. No te levantes a oscuras, me preocupa que un d&iacute;a te caigas, le hab&iacute;a dicho antes de colgar. Puedes tropezar, tienes la casa llena de trastos. Hazme el favor de encender la luz. Todav&iacute;a no hab&iacute;a amanecido. No corr&iacute;a las cortinas a pesar de su insistencia. S&oacute;lo cuando ella se quedaba a dormir. Dormir&aacute;s mejor, hazme caso, no se cansaba de repetirle. Tampoco hab&iacute;a luz en la gran v&iacute;a, excepto, de cuando en cuando, las luces de alg&uacute;n coche. &iquest;Qui&eacute;n conducir&iacute;a aquellos coches? &iquest;Un hombre? &iquest;Una mujer? &iquest;J&oacute;venes o viejos? &iquest;De d&oacute;nde ven&iacute;an a estas horas? &iquest;A d&oacute;nde iban? Ten&iacute;a la boca seca y ganas de mear. Primero la cocina, se dijo. &iquest;Por qu&eacute; no te llevas un vaso de agua a la cama, como todo el mundo? Mejor a&uacute;n, ll&eacute;vate la botella. La dejas en la mesita y as&iacute; no tienes que levantarte a beber. Ya, respond&iacute;a &eacute;l, pero se calienta, y a m&iacute; me gusta el agua fr&iacute;a. Abri&oacute; la nevera y ech&oacute; un trago directamente de la botella. Beb&iacute;a m&aacute;s para refrescarse la boca que para saciar la sed. Luego se dirigi&oacute; al ba&ntilde;o, y, sin encender la luz, se sent&oacute; a orinar. Se lav&oacute; meticulosamente las manos. Volvi&oacute; a la cama. Encendi&oacute; la l&aacute;mpara. En la mesa hab&iacute;a varias pilas de libros, fichas, l&aacute;pices, una piedra de la Selva Negra que le serv&iacute;a de pisapapeles. Cogi&oacute; un libro maquinalmente y un l&aacute;piz. <em>Enfermos antiguos</em> de Vicente Valero. Me gusta este tipo pens&oacute;, me gusta lo que escribe y me gusta c&oacute;mo escribe. Y se dispuso a leer la primera p&aacute;gina mientras pensaba en la sabidur&iacute;a de los viejos. La sabidur&iacute;a de los viejos murmur&oacute; para s&iacute; mismo, otro cuento m&aacute;s. La sabidur&iacute;a de los viejos no es sabidur&iacute;a, es sencillamente vejez, es resignaci&oacute;n, es resentimiento, la sabidur&iacute;a de los viejos es despertarte todos los d&iacute;as a las cinco de la ma&ntilde;ana y tomar catorce pastillas diarias. Resumiendo, una putada, una enorme putada. S&iacute;, ya s&eacute; que en la vejez la vida se remansa y el deseo se muda en afecto, ya s&eacute; que m&aacute;s vale aceptar lo imponderable, someterse voluntariamente. Por no hablar de ese esp&iacute;ritu que en algunas personas se mantiene siempre joven, o del valor de la amistad, de la aut&eacute;ntica y desinteresada amistad. En fin, si eso le consuela, me alegrar&eacute; por usted. Empez&oacute; a leer:</p>
<p>&ldquo;En uno de mis primeros recuerdos veo a un hombre con barba que est&aacute; sentado en una butaca al lado de una estufa. Este hombre, de quien no puedo decir nada m&aacute;s, si era viejo o joven, cu&aacute;l era su nombre, d&oacute;nde estaba su casa, no habla: lo hacen por &eacute;l tres &mdash;o quiz&aacute; dos, o cuatro&mdash; mujeres que parecen discutir entre ellas, que se interrumpen a gritos, que tratan de explicarse ante otra mujer que acaba de llegar, conmigo, y que &mdash;la reconozco&mdash; es&nbsp; mi madre&rdquo;.</p>
<p>Ley&oacute; la primera p&aacute;gina hasta el final y cerr&oacute; el libro. Sabes, le hab&iacute;a dicho tambi&eacute;n aquella noche por tel&eacute;fono, para m&iacute; la primera p&aacute;gina es muy importante, si la primera p&aacute;gina me gusta, s&eacute; que me va a gustar el libro. Y me cuenta que antes, cuando se compraba un libro (ahora ya no se los compra, los saca de la biblioteca, o se los presto yo), generalmente una novela, aunque pod&iacute;a ser otra cosa, cualquier cosa, porque alguien le hab&iacute;a hablado del libro, o hab&iacute;a le&iacute;do algo sobre &eacute;l, y cuando empezaba a leerlo, cuando le&iacute;a la primera p&aacute;gina, pues, no s&eacute; c&oacute;mo decirlo, pero si no me enganchaba, sabes &iquest;entiendes lo que te digo?, pues lo dejaba para otro momento. As&iacute; que ya no compro ning&uacute;n libro sin haber le&iacute;do antes la primera p&aacute;gina. Te entiendo, le dije, pero &iquest;no has pensado que a lo mejor era el libro el que te dejaba a ti?, &iquest;Y eso qu&eacute; importa? Tienes raz&oacute;n, no importa. Valero &iquest;qu&eacute; tal est&aacute;?, me pregunt&oacute;. El anterior, el del ajedrez, recuerdas, me gust&oacute;. <em>Duelo de alfiles</em>, s&iacute;. A m&iacute; tambi&eacute;n me gust&oacute;. Valero, le dije, est&aacute; escribiendo una obra de bastante m&aacute;s calado que todo lo que a&ntilde;o tras a&ntilde;o se nos anuncia como &ldquo;obra maestra&rdquo;, o &ldquo;un nuevo Proust&rdquo;, (no se lo deb&iacute; de decir as&iacute;, como comprender&aacute;n, &ldquo;calado&rdquo; no quiere decir nada, pero no recuerdo las palabras exactas). Con cada nuevo libro Valero ahonda (no, nada de ahonda, tachen esto tambi&eacute;n). Con cada nuevo libro Valero da un paso m&aacute;s&hellip;, s&iacute;, esto est&aacute; bien, un paso. Levant&oacute; la vista. Estaba amaneciendo. Pens&oacute;, luego seguir&eacute;. Antes de apagar la luz vio c&oacute;mo una franja luminosa, cada vez m&aacute;s ancha, cada vez m&aacute;s luminosa, se perfilaba en el horizonte, vio la c&uacute;pula de la iglesia saliendo poco a poco de la oscuridad, vio los tejados, las antenas, todo cada vez m&aacute;s n&iacute;tido, el cielo, el color del cielo ti&ntilde;&eacute;ndose de rojo, de azul, de anaranjado. Dej&oacute; el libro en la mesa, el l&aacute;piz se call&oacute; al suelo. Cerr&oacute; los ojos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">*</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando una hora m&aacute;s tarde se despert&oacute; y se puso a escribir esta p&aacute;gina el cielo era azul. Una vez m&aacute;s record&oacute; la cita de Salter: &ldquo;&hellip; y todo es absurdo excepto el honor, el amor y lo poco que el coraz&oacute;n conoce&rdquo;. Debe de estar en <em>Quemar los d&iacute;as</em>, su autobiograf&iacute;a, la hab&iacute;a buscado varias veces &uacute;ltimamente pero no la hab&iacute;a encontrado. Escribi&oacute; a continuaci&oacute;n: el mundo es como lo vemos, y no lo vemos igual con diez a&ntilde;os que con setenta. Escribi&oacute;: la verdad no est&aacute; en lo que contamos, ni est&aacute; en lo que recordamos, la verdad est&aacute; en una mirada, en el temblor de una mano. Escribi&oacute;: la verdad est&aacute; en una mentira dicha por amor. Todo esto le sonaba haberlo escrito en otras ocasiones. A prop&oacute;sito de otros libros. O tal vez lo hab&iacute;a le&iacute;do. Se repet&iacute;a. Hac&iacute;a tiempo que se repet&iacute;a. Pero no, no me he ido del tema trat&oacute; de convencerse a s&iacute; mismo, esto no es una digresi&oacute;n, esto es el tema, esto es <em>Enfermos antiguos</em>, el &uacute;ltimo libro de Vicente Valero. Volver la vista atr&aacute;s y mirar a lo lejos. Otra frase: &ldquo;La literatura, cuando ocurre, es la correspondencia entre dos soledades&rdquo;. (Lorrie Moore, a prop&oacute;sito de John Cheever.) La soledad del lector y la soledad del escritor. Ella no escribi&oacute; &ldquo;soledades&rdquo; sino &ldquo;agorafobias&rdquo;, pero est&aacute; claro lo que quiso decir. Hacemos lo que podemos, dijo tambi&eacute;n. Valero no se ha propuesto contarnos su vida, ni siquiera se ha propuesto rescatar del olvido un pasado que no volver&aacute;. Pero, &iquest;puedo estar seguro de esto? &iquest;C&oacute;mo saberlo? <em>Enfermos antiguos</em>, y su libro anterior,<em> Las transiciones</em>, no son sus memorias; como tampoco es su particular b&uacute;squeda del tiempo perdido. &iquest;Qu&eacute; son entonces? La vida no cabe en una biograf&iacute;a, aunque &ldquo;todo trabajo serio de creaci&oacute;n debe tener un fondo autobiogr&aacute;fico&rdquo;. Los recuerdos no vuelven en el orden en que sucedieron ni como sucedieron. Y tampoco vuelven todos. &iquest;Qui&eacute;n hace la selecci&oacute;n? Pero no estamos reconstruyendo un crimen. Lo estamos perpetrando. No estamos volviendo al pasado. Es el pasado el que vuelve a nosotros. Ese pasado que no est&aacute; muerto. &ldquo;Ese pasado que ni siquiera est&aacute; pasado&rdquo;. En puridad <em>Las transiciones</em> es posterior a <em>Enfermos antiguos</em>. Al menos los hechos que all&iacute; se narran son posteriores, cronol&oacute;gicamente posteriores. No hay una causa primera, ni eficiente ni final. Los recuerdos no acuden cronol&oacute;gicamente, nos los explicamos a nosotros y a los dem&aacute;s cronol&oacute;gicamente, porque nuestra raz&oacute;n necesita que una causa preceda a un efecto y que no haya efecto sin causa. Pero la memoria no tiene en cuenta la cronolog&iacute;a. La mente se rige por otras jerarqu&iacute;as invisibles cuya raz&oacute;n ignoramos. El mundo no habla, no nos habla, somos nosotros los que hablamos por &eacute;l. Todo en este mundo es contingente, todo puede ser y todo puede no ser, todo pudo y no pudo ser.</p>
<p>Y escribe Valero, ya hacia el final del libro: &ldquo;Todo estaba cambiando y de aquellos cambios &mdash;de sus consecuencias m&aacute;s visibles&mdash;&nbsp; se hablaba, pero nunca del cambio mismo&nbsp; &mdash;de su causa m&aacute;s profunda&nbsp; &mdash;ni tampoco mucho&mdash;&nbsp; algo m&aacute;s y siempre con inquietud sincera &ndash; de hacia d&oacute;nde nos llevaban. Nadie en la isla echaba de menos tiempos mejores, simplemente porque nadie los hab&iacute;a conocido&hellip;&rdquo;</p>
<p>Personalmente creo que es m&aacute;s dif&iacute;cil terminar que empezar. Parar a tiempo. Poner punto final.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">*</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No acaba bien, me dijo aquel mismo d&iacute;a despu&eacute;s de leerlo. Las dos l&iacute;neas finales est&aacute;n bien, esas tienes que dejarlas, pero la cita de Valero, esa cita en concreto me refiero, no digo que no est&eacute; bien, pero aqu&iacute; no viene a cuento. Tienes que buscar otra. Ten&iacute;a raz&oacute;n. Tienes raz&oacute;n, le dije, pero ten&iacute;a que acabar con una cita de Valero. Sobre todo ten&iacute;a que acabar, porque aquella primera p&aacute;gina se hab&iacute;a convertido ya en tres. Tienes raz&oacute;n, repet&iacute;. Pues busca otra, me dijo. S&iacute;, voy a buscar otra. Y otra cosa m&aacute;s. Estar&iacute;a bien que el narrador volviera a hacer acto de presencia, &iquest;no crees? &iquest;El narrador? S&iacute;, el tipo del principio, el que se levanta a media noche a mear. Pues no es mala idea, pens&eacute;. &iquest;C&oacute;mo no se me hab&iacute;a ocurrido? Pi&eacute;nsalo, repiti&oacute;. S&iacute;, lo pensar&eacute;, voy a pensarlo ahora mismo. Y mientras se lo dec&iacute;a, se me ocurri&oacute; de repente. La cita no tiene que ser de <em>Enfermos antiguos</em>. La cita tiene que ser de <em>Las transiciones</em>. Esta noche te llamo, &iquest;de acuerdo? Claro, llama cuando quieras cari&ntilde;o. Y fui a por <em>Las transiciones</em>. No necesit&eacute; buscar mucho.</p>
<p>&ldquo;Han pasado ya casi veinte a&ntilde;os desde aquel d&iacute;a y, sin embargo, lo recuerdo como si hubiera sucedido ayer, puedo a&uacute;n oler mi aliento &aacute;cido, o&iacute;r los ruidos de mi est&oacute;mago, sentir las punzadas de mi dolor de cabeza y de mi v&eacute;rtigo. Anduve un rato perdido o desorientado por aquellas calles desangeladas y h&uacute;medas sin encontrarlo, hasta que por fin di con el cementerio, donde m&aacute;s pronto o m&aacute;s tarde, pens&eacute; en aquel momento, tambi&eacute;n ir&iacute;an a parar mis huesos, mis recuerdos y mis pensamientos, mis tristezas y mis alegr&iacute;as, ya nada importar&iacute;a entonces&hellip;&rdquo;</p>
<p>El final siempre es anterior al final. El final nos deja hu&eacute;rfanos. El final nos hace enmudecer, nos nubla la vista. Nos gustar&iacute;a pensar que el final nos prepara para el final. Pero no es as&iacute;. Personalmente creo que es m&aacute;s dif&iacute;cil terminar que empezar. Parar a tiempo. Poner punto final.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>_______________________________________________________________________________________________</p>
<p>Vicente Valero, <em>Enfermos antiguos</em>, C&aacute;ceres, Perif&eacute;rica, 2020.</p>
<p>--<em>Las transiciones</em>, C&aacute;ceres, Perif&eacute;rica, 2016.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 06 May 2020 07:55:15 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La plaga]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-plaga/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas20/mayo/DALILA_ESLAVA.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left; padding-left: 60px;" align="center">&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;El m&eacute;dico establece mi periodo de cura</p>
<p style="padding-left: 510px;">y s&oacute;lo soy capaz de hacer extra&ntilde;as muecas.</p>
<p style="padding-left: 510px;">Fr&aacute;gil la palabra cuando estoy lejos de casa.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">Un vestido blanco tejido con hilos bendecidos</p>
<p style="padding-left: 510px;">cubre el cuerpo ajeno que me nutre y me palpita.</p>
<p style="padding-left: 510px;">Me santiguo mojando los dedos en mi propia sangre.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">Me mantengo en la silla tambaleante pero firme</p>
<p style="padding-left: 510px;">encima de un suelo lleno de pesta&ntilde;as de desconocidos</p>
<p style="padding-left: 510px;">que rasgan la planta de mis pies y duele.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">Bebo del l&iacute;quido t&oacute;xico de cada una de las m&aacute;quinas</p>
<p style="padding-left: 510px;">que soportar&aacute;n a los padres de mis padres,</p>
<p style="padding-left: 510px;">y a mis padres, posponiendo la tierra en la cara.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">Toco la piel virgen tras saltar la costra</p>
<p style="padding-left: 510px;">y reto a cada desamor a presentarse</p>
<p style="padding-left: 510px;">para decir que s&iacute; y rasgarla de nuevo.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">El m&eacute;dico establece mi periodo de cura</p>
<p style="padding-left: 510px;">y dudo de cada uno de los motivos:</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">Pues se&ntilde;or m&eacute;dico,</p>
<p style="padding-left: 510px;">una flor con pulg&oacute;n</p>
<p style="padding-left: 510px;">acaba siendo s&oacute;lo enfermedad.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 06 May 2020 07:51:41 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El sillín de Rocinante]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-sillin-de-rocinante/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2020/mena500.jpg" alt="" />&nbsp;</p>
<p>Hace unos meses lleg&oacute; a mi buz&oacute;n un libro que resulta atractivo ya desde la preciosa portada de David Guirao, <em>Un viaje aragon&eacute;s, </em>del escritor Miguel Mena, y como si de un encantamiento de alg&uacute;n bellaco malandr&iacute;n se tratase, al tenerlo entre mis manos enseguida pens&eacute; en Alonso Quijano, y me lo imagin&eacute; a lomos de una bicicleta desfaciendo entuertos y salvando a doncellas en apuros. Este libro que est&aacute; hecho de dos almas, correspondientes a las dos obras que lo forman, <em>Paisaje del ciclista </em>y<em> Nada m&aacute;s lejos</em>, y su autor, tienen mucho de la voluntad f&eacute;rrea del caballero de la Mancha y tambi&eacute;n algo de su locura. Cuando alg&uacute;n lector del futuro se pregunte como era Arag&oacute;n en 1991, y veinticinco a&ntilde;os despu&eacute;s, la respuesta la tendr&aacute; esta obra coral que une a tres protagonistas indisolubles sin los cuales no se entender&iacute;a el libro, el narrador, la naturaleza y el paisaje humano. De alguna manera se podr&iacute;a decir que <em>Un viaje aragon&eacute;s, </em>editado por Prensas Universitarias de Zaragoza(PUZ), es un compendio inclasificable entre las cr&oacute;nicas de viajes, las peque&ntilde;as haza&ntilde;as deportivas, los retos inici&aacute;ticos, o las reflexiones intimistas. Mena se propuso a principios de los noventa conocer mejor la cartograf&iacute;a silente de Arag&oacute;n, siguiendo una l&iacute;nea imaginaria trazada entre el norte en Torla, valle de Ordesa y el sur en la estaci&oacute;n de Mora de Rubielos de Teruel, ese reto se plasm&oacute; en 1991 en su libro <em>Paisaje del ciclista</em>, veinticinco a&ntilde;os despu&eacute;s se reproducir&iacute;a la odisea con alguna insignificante variaci&oacute;n y quedar&iacute;a reflejado en <em>Nada m&aacute;s lejos</em>, un compendio que viene a ser un fascinante juego de idas y vueltas en el espacio y el tiempo.</p>
<p>Se podr&iacute;a decir que esta obra est&aacute; formada por dos grandes vueltas por etapas, una llevada a cabo cuando el autor ten&iacute;a treinta y dos a&ntilde;os y la otra con cincuenta y siete, un recorrido casi gemelo f&iacute;sico, como el autor se encarga de recordar: &ldquo;He querido repetir el mismo viaje, en las mismas fechas y en las mismas condiciones, veinticinco a&ntilde;os despu&eacute;s&rdquo;. Un an&aacute;lisis pormenorizado nos llevar&aacute; a apreciar que en<em> Paisaje del ciclista</em>, se condensa una pasi&oacute;n juvenil por una tierra abrupta, salvaje y cuyo descubrimiento y su comprensi&oacute;n en primera persona sobrecoge. El lector siente el esfuerzo del ciclista en cada cuesta, el calor asfixiante, el p&eacute;simo estado de conservaci&oacute;n de algunos elementos del patrimonio y de las carreteras, ve con una impresi&oacute;n n&iacute;tida y directa el car&aacute;cter de la buena gente, que son la mayor&iacute;a, y la multitud de proyectos ilusionantes que pretenden llevar a cabo. Por decirlo de alguna manera, es un trabajo realizado desde una proximidad tierna, con un humor delicado&nbsp; que se siente a flor de piel, lleno de vitalidad, de curiosidad por descubrir con minuciosidad cada detalle, elementos que llegan como un fogonazo a la epidermis del lector. En el fondo, subyace una pasi&oacute;n palpable por el paisaje f&iacute;sico que se conquista a base de grandes gestas y grandes p&aacute;jaras se dir&iacute;a en argot ciclista, es un texto lleno de energ&iacute;a, optimismo y sencillez en el que se puede tocar cada escena, en el que somos part&iacute;cipes de cada di&aacute;logo. Autor y lector son uno, planifican juntos, van en la misma bicicleta montados, sudan, sienten los mismos infortunios y celebran la amistad y la vida. Sin embargo, veinticinco a&ntilde;os despu&eacute;s, con <em>Nada m&aacute;s lejos</em>, y aunque el itinerario y los lugares van coincidiendo, el tono es otro muy diferente, el ritmo ya no es el de un escalador, es el de un rodador que conoce sus limitaciones y sabe que la clave de las aventuras est&aacute; en disfrutarlas sin excesos. Se podr&iacute;a decir que esta pieza tiene un sesgo intelectual m&aacute;s marcado, con un esp&iacute;ritu did&aacute;ctico y cr&iacute;tico encomiable y se vislumbra un notable esfuerzo de documentaci&oacute;n, con interesantes reflexiones. Pasar sus p&aacute;ginas requiere atenci&oacute;n y concentraci&oacute;n, es un frondoso estudio enciclop&eacute;dico en el que Mena sube a los lectores para hacerles part&iacute;cipes de la gran riqueza cultural de un &aacute;rea por descubrir, as&iacute; el ciclista no solo exprime las piernas de los lectores,&nbsp; sino que tambi&eacute;n exprime la curiosidad de los que se adentran en cada etapa.</p>
<p>Si<em> Paisaje del ciclista,</em> se acercaba m&aacute;s al libro de aventuras, <em>Nada m&aacute;s lejos</em>, es un ejercicio metaf&iacute;sico, se convierte a medida que se coronan las p&aacute;ginas en un cara a cara con la existencia. Resulta gratificante sentir como el lector es c&oacute;mplice de la expresi&oacute;n pedag&oacute;gica de las historias que se suman a este mosaico hist&oacute;rico, en el que como no puede ser de otra manera en Miguel Mena, no falta su particular sentido del humor, atentos a la sucesi&oacute;n de pinchazos y al desternillante episodio del Hostal de la Trucha en Villarluengo, y tambi&eacute;n hay tiempo para la ternura, la nostalgia de los d&iacute;as vividos veinticinco a&ntilde;os atr&aacute;s en Cantavieja con Ant&oacute;n Castro y su familia, o los momentos de soledad elegida. <em></em></p>
<p><em>Nada m&aacute;s lejos</em>, es un relato conmovedor en el que el aliento del deportista es m&aacute;s meditabundo y donde sobrevuela el esp&iacute;ritu de dos sombras luminosas, F&eacute;lix Romeo y Jos&eacute; Antonio Labordeta<strong>,</strong> que de alguna manera son los faros que gu&iacute;an al autor en esta experiencia. Adem&aacute;s aparecen temas de m&aacute;ximo inter&eacute;s como la despoblaci&oacute;n, las oportunidades perdidas, los falsos b&aacute;lsamos de Fierabr&aacute;s en los Monegros, y tambi&eacute;n el futuro, las posibilidades de progreso o la esperanza. Y todo se articula mediante un lenguaje &aacute;gil, coherente, efectivo y que trasmite verosimilitud con argumentos palpables y mensurables, a esto Mena aporta una serie de testimonios gr&aacute;ficos que subrayan que en veinticinco a&ntilde;os las cosas no son lo que eran.</p>
<p>En definitiva, dos libros cuya belleza radica en un mismo punto, el amor a lo cercano. En ellos Mena logra proyectar una construcci&oacute;n mental sobre el plano de la realidad de forma paradigm&aacute;tica, y muestra de una manera luminosa y visual un universo m&aacute;gico inmediato, se podr&iacute;a decir que pone ante los ojos del espectador un imperfecto para&iacute;so en la tierra. De un conf&iacute;n a otro conf&iacute;n, de norte a sur, Arag&oacute;n surge como un hallazgo fascinante, cautivador y salvaje.</p>
<p>Al final el ciclista llega a la meta, cumplido el objetivo se retira victorioso aunque nadie le aplaude ni la primera vez en la estaci&oacute;n de Mora, ni la segunda veinticinco a&ntilde;os despu&eacute;s en Fuen del Cepo, su premio, al igual que el del lector, es saber que ha tomado un territorio, que ha ganado un destino.- MARIO HINOJOSA.</p>
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<p>Miguel Mena, <em>Un viaje aragon&eacute;s</em>, Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2018.</p>
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      <pubDate>Thu, 30 Apr 2020 09:59:21 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una vida en cartas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-vida-en-cartas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2020/LUIS_BU_UEL_2.jpg" alt="" />&nbsp;</p>
<p>Hay libros que se convierten en obras imprescindibles pr&aacute;cticamente desde el mismo momento de su publicaci&oacute;n y, sin lugar a dudas, este es el caso de <em>Luis Bu&ntilde;uel. Correspondencia escogida, </em>editado en C&aacute;tedra por los profesores e investigadores Jo Evans y Breixo Viejo. Tal y como se&ntilde;alan en su introducci&oacute;n, mientras en el &aacute;mbito de la Literatura, el Arte o la Historia la publicaci&oacute;n de epistolarios es algo habitual, en todo lo relacionado con el Cine, los libros recopilando cartas vinculadas a profesionales o pel&iacute;culas son todav&iacute;a una excepci&oacute;n. Estamos por tanto ante una obra valiosa por su rareza, que es, adem&aacute;s, un regalo para la historiograf&iacute;a en torno a la figura de Luis Bu&ntilde;uel. Treinta y cinco a&ntilde;os despu&eacute;s de la muerte del cineasta esta publicaci&oacute;n se suma a los monogr&aacute;ficos escritos por Agust&iacute;n S&aacute;nchez Vidal, Ian Gibson, Paul Hammond, Rom&aacute;n Gubern, Fernando Gabriel Martin, Francisco Aranda o Max Aub como un nuevo instrumente mediante el que seguir ahondando en el perfil de Luis Bu&ntilde;uel y enriqueciendo el conocimiento de su obra.</p>
<p>En esta publicaci&oacute;n de cerca de 800 p&aacute;ginas, se compilan aproximadamente 1000 cartas y algunos otros escritos como tarjetas postales, peque&ntilde;as notas o dedicatorias de libros. Ordenadas cronol&oacute;gicamente desde1908 a1983 en esta correspondencia escogida se suceden los textos compartidos entre el cineasta y m&aacute;s de 200 interlocutores, familiares, amigos, compa&ntilde;eros de profesi&oacute;n e incluso admiradores. Todo esto acompa&ntilde;ado por un cuidado glosario y por algunas ilustraciones que ayudan al lector a situarse en el contexto del epistolario gracias a la reproducci&oacute;n de documentos, fotogramas de pel&iacute;culas y algunas fotograf&iacute;as intencionadamente infrecuentes y poco conocidas. En este libro se compilan y combinan colecciones de cartas ya publicadas, como las de los vizcondes de Noailles, Urgoiti, Rubia Barcia, Larrea y Paco Rabal, con otras muchas in&eacute;ditas y en algunos casos de dif&iacute;cil acceso, al encontrarse en archivos personales o en colecciones p&uacute;blicas dispersas en muy diferentes pa&iacute;ses.</p>
<p>Evans y Viejo han resuelven inteligentemente el dif&iacute;cil ejercicio de selecci&oacute;n de materiales. Han optado por prescindir de los documentos de car&aacute;cter m&aacute;s &iacute;ntimo, dejando fuera, con elegante discreci&oacute;n, algunos asuntos familiares para centrar as&iacute; el foco en lo esencial, en la aproximaci&oacute;n al Bu&ntilde;uel creador. Se han propuesto hacer valer la Historia frente al mito, procurando que los textos seleccionados ofreciesen, adem&aacute;s de datos, todo tipo de matices, para corregir as&iacute; algunos falsos hist&oacute;ricos y poner en cuesti&oacute;n t&oacute;picos c&oacute;modos pero inciertos, como el de la inveterada tosquedad de Bu&ntilde;uel.</p>
<p>De este modo consiguen que este libro sea mucho m&aacute;s que una fuente documental imprescindible para las investigaciones que en adelante se hagan sobre Luis Bu&ntilde;uel. Funciona tambi&eacute;n como un relato fragmentario en el que se adivinan entre l&iacute;neas sus b&uacute;squedas personales y sus actitudes y aspiraciones profesionales. En &eacute;l se traza un itinerario que va desde la nota redactada en 1908 retando a sus compa&ntilde;eros de colegi&oacute;, hasta las breves misivas en tono de despedida dirigidas entre 1981 y 1983 asu hijo Juan Luis, Carlos Saura -su hijo intelectual-, Eduardo Ducay, Agust&iacute;n S&aacute;nchez Vidal o Jean-Claude Carri&egrave;re &ldquo;cuando apenas puedo leer o escribir&rdquo;. Y en el trayecto de m&aacute;s de setenta a&ntilde;os que media entre estos textos nos encontramos con otras muchas historias: los v&iacute;nculos negados con Epstein; la estrecha y decisiva relaci&oacute;n con los Noailles -con el vizconde hasta finales de los setenta-; los encuentros y desencuentros con Salvador Dal&iacute;; la confianza y admiraci&oacute;n por Iris Barry, la amiga que no solo le abri&oacute; las puertas de MoMA, sino que tambi&eacute;n propici&oacute; su decisivo viaje a M&eacute;xico; la complicidad profesional y personal con Rubia Barcia, o el respeto casi reverencial con el que se dirigen al &eacute;l personalidades de la pol&iacute;ticas -Alfredo Guevara, por ejemplo- o del cine, entre ellos David O&rsquo;Selznick, Dalton Trumbo y el mism&iacute;simo Firtz Lang, que hab&iacute;a sido uno de los inspiradores de su vocaci&oacute;n cinematogr&aacute;fica. El recorrido por todas estas cartas permite asimismo ver c&oacute;mo se van gestando sus proyectos, los que salieron adelante y los que se quedaron en el camino -<em>Montserrat </em>o<em> Divinas palabras</em>.</p>
<p>Pero tambi&eacute;n en todas ellas queda sugerido y en algunos casos muy expl&iacute;cito el Bu&ntilde;uel m&aacute;s personal. El hombre que maneja distintos grados de confianza, cortes&iacute;a, o enfado en sus misivas, un h&aacute;bil negociador, que sabe adaptarse en cada caso a las circunstancias y a la relaci&oacute;n que mantiene con su interlocutor. El lector puede encontrarse con el Bu&ntilde;uel que va de frente, pero no para discutir, sino para solventar malentendidos personales o profesionales, tal y como se advierte en las cartas que escribi&oacute; a Mu&ntilde;oz Suay. En otras ocasiones lo intuimos escurriendo el bulto, procurando que sean los dem&aacute;s quienes den la cara por &eacute;l, como hizo Octavio Paz con<em> Los Olvidados</em> en el Festival de Cannes. Pero, sobre todo, lo descubrimos aferrado a sus amigos, a los que pide ayuda o a los que auxilia personal y econ&oacute;micamente haciendo gala de una discreta generosidad, sin alardes, cuid&aacute;ndolos fielmente: a Jos&eacute; Bergam&iacute;n le paga derechos de autor por el t&iacute;tulo de <em>El &aacute;ngel exterminador</em>, sin que fuera necesario, para aliviar su dif&iacute;cil situaci&oacute;n econ&oacute;mica, mientras procura apoyar a las hijas de Ram&oacute;n Ac&iacute;n, treinta a&ntilde;os despu&eacute;s de la filmaci&oacute;n de las Hurdes, devolvi&eacute;ndoles el dinero que su padre invirtieran en la producci&oacute;n de esta pel&iacute;cula.</p>
<p>Todo esto se encuentra en las cartas que Bu&ntilde;uel escribi&oacute; o recibi&oacute; a lo largo de su vida. Evans y Viejo han decidido conscientemente seleccionar aquellas que sirven para situar profesionalmente a Bu&ntilde;uel o para entender los medios art&iacute;sticos en los que se movi&oacute; y las condiciones econ&oacute;micas en las que tuvo que trabajar. Y lo han conseguido, proporcion&aacute;ndonos, de paso, nuevas piezas para descubrir otros aspectos m&aacute;s personales. Estamos ante un rompecabezas en el que siempre faltaran algunos fragmentos, pero gracias a este libro podemos ir entreviendo un perfil cada vez m&aacute;s pr&oacute;ximo al Bu&ntilde;uel original.- AMPARO MART&Iacute;NEZ HERRANZ. <strong></strong></p>
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<p>Jo Evans y Breixo Viejo, <em>Luis Bu&ntilde;uel</em>.<em> Correspondencia escogida, </em>Madrid, C&aacute;tedra, 2018.</p>
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<p><strong>&nbsp;</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 30 Apr 2020 09:52:25 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las sillas de Vicente Verdú]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/las-sillas-de-vicente-verdu/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2020/VICENTE_VERD_.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="center">Henry David&nbsp;Thoreau&nbsp;dec&iacute;a tener en su caba&ntilde;a &ldquo;tres sillas; una para la soledad, otra para la amistad, y una tercera para la sociedad&rdquo;. Aunque no vive en el lago Walden, a pesar de no ser un estadounidense del siglo XIX, Vicente Verd&uacute; (Elche, 1942) parece disponer de un mobiliario parecido. En su &uacute;ltimo libro, el autor de <em>El Planeta Americano</em>&nbsp;(1997) aborda, entre otros temas, la soledad (&ldquo;Estar solo es la manera m&aacute;s seria y productiva de mirar&rdquo;, afirma), la amistad (&ldquo;Los amigos son como saludables porciones del yo, muy repartido&rdquo;) y la vida social: &ldquo;Nos necesitamos tanto unos a otros que nos turbamos todos en la soberbia de la soledad&rdquo;.</p>
<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tazas de caldo</em> re&uacute;ne los aforismos que Vicente Verd&uacute; ha venido publicando en las redes sociales desde su llegada a ellas algunos a&ntilde;os atr&aacute;s; en la apropiaci&oacute;n de una tecnolog&iacute;a de transmisi&oacute;n de ideas que se remonta (por lo menos) al siglo VI antes de Cristo para su uso en los nuevos entornos digitales hay tanto un gesto de &eacute;poca como la manifestaci&oacute;n de cierta voluntad de pensar &ldquo;con&rdquo; el presente a la que debemos textos ya cl&aacute;sicos como <em>El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficci&oacute;n</em>&nbsp;(2003), <em>No ficci&oacute;n</em> (2008) y <em>El capitalismo funeral </em>(2009). Verd&uacute; lleva d&eacute;cadas asumiendo con aparente indolencia la tarea de comprender un presente en el que confluyen la propiedad privada de los medios de producci&oacute;n, la manipulaci&oacute;n de los afectos y una emotividad exacerbada que se expresa, tambi&eacute;n, en lo pol&iacute;tico. Su nuevo libro regresa una y otra vez sobre los asuntos de la actividad humana (&ldquo;Una de las mayores alegr&iacute;as se obtiene del trabajo. Una de las mayores desdichas tambi&eacute;n&rdquo;, concluye), el conocimiento y la mentira, la cual (afirma Verd&uacute;) &ldquo;encierra tantas complicaciones que enaltece la inteligencia&rdquo;. Vivimos un presente, se nos dice en <em>Tazas de caldo</em>, en el que &ldquo;la infatuaci&oacute;n del libro es la decadente fenomenolog&iacute;a de nuestro tiempo cultural&rdquo;, en el que hay &ldquo;escritores que poseen un alto valor de uso pero un bajo valor de cambio&rdquo; y en el que &ldquo;Hay quienes son algo por la instituci&oacute;n que tienen tras de s&iacute;&rdquo;, al tiempo que &ldquo;los valiosos son [&hellip;] quienes no tienen m&aacute;s cargo (y carga) que ellos mismos&rdquo;. &ldquo;La decadencia de la asistencia al cine es el gran declive de la colectividad so&ntilde;ando junta&rdquo;, sostiene Verd&uacute;. &ldquo;Hay m&aacute;s tontos de lo que uno se piensa. [&hellip;]&rdquo; y la fe es, por consiguiente, el nombre ofuscado del hero&iacute;smo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los temas m&aacute;s frecuentemente abordados en los textos de este libro presentan la aparente contradicci&oacute;n de constituirse en asuntos p&uacute;blicos por tener lugar casi exclusivamente en el &aacute;mbito de lo privado: el amor (&ldquo;[&hellip;] la forma de soborno perfecta&rdquo;), la decadencia f&iacute;sica (&ldquo;En la vejez deber&iacute;a ser cada uno mejor que en la juventud. Lo contrario es una mamarrachada&rdquo;), la enfermedad (&ldquo;El mundo se ve tan diferente con buena o con mala salud que, al cabo, la realidad es un producto cl&iacute;nico&rdquo;) y la muerte: &ldquo;[&hellip;] morir es mucho m&aacute;s f&aacute;cil que nacer&rdquo;, &ldquo;Tener mucha vida por delante es soslayar el fin. La mucha vida por detr&aacute;s es lo que nos termina&rdquo;, &ldquo;La muerte acaba con toda decepci&oacute;n. Nunca defrauda&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Los pesimistas echan sus sombras sobre el plato del d&iacute;a&rdquo;, afirma Verd&uacute;; para evitar ser incorporado a sus filas, el autor advierte: &ldquo;Lejos de m&iacute; la man&iacute;a de lamentar. Las cosas no son malas. Son tan arbitrarias como c&aacute;ndidas&rdquo;. En &uacute;ltima instancia, &ldquo;La esperanza es lo que mejor nos conduce, y la desesperanza nos extrav&iacute;a&rdquo;: en <em>Tazas de caldo</em> hay espacio para cierto humorismo caprichoso (&ldquo;Lo malo de las parejas es que hay que ser por lo menos dos, cuando con uno mismo es ya insoportable&rdquo;, &ldquo;Estar sano es el estado ideal para ponerse enfermo&rdquo;) y tambi&eacute;n, inevitablemente, para el goce del mundo. As&iacute;, &ldquo;La felicidad depende mucho de la almohada&rdquo; (lo cual es rigurosamente cierto), &ldquo;Los ni&ntilde;os son como arroyuelos&rdquo; (pero, agrega el autor, &ldquo;los adultos, como caimanes&rdquo;), &ldquo;La palabra se presenta como la insignia de la humanidad. Somos humanos mediante la palabra&rdquo; y la pintura (a la que Verd&uacute; ha dedicado los &uacute;ltimos a&ntilde;os con notable &eacute;xito) es &ldquo;la s&iacute;ntesis entre el pensamiento y la emoci&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No son pocos los escritores espa&ntilde;oles que en tiempos recientes han encontrado en el aforismo el g&eacute;nero m&aacute;s apropiado a sus intenciones; significativamente, &eacute;stas parecen haberse centrado (de forma general) en la producci&oacute;n de efectos po&eacute;ticos; lo que distingue a <em>Tazas de caldo</em> de otros libros de aforismos es, por el contrario, una vocaci&oacute;n de an&aacute;lisis y una mirada ensay&iacute;stica no muy diferente a la de otras obras de su autor. Para Verd&uacute;, &ldquo;estamos tan distra&iacute;dos con nosotros que nos perdemos el mismo mundo&rdquo;. A modo de correctivo, el autor se dice (y nos dice): &ldquo;Ser mejor no lleva a ninguna parte. Lo que hace viajar es la mejora de los dem&aacute;s&rdquo;. Mientras viaja, lo que Verd&uacute; propone a sus lectores es &ldquo;No rendirse, no cejar, no cerrar los ojos, no arredrarse, no aceptar las riendas&rdquo;. Para todo ello ha sido escrito este libro.- PATRICIO PRON.</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Vicente Verd&uacute;, <em>Tazas de caldo</em>, Barcelona, Anagrama, 2018</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 30 Apr 2020 09:47:36 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nada suena mejor que el silencio. Sobre la poesía y la vida de Blanca Varela]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/nada-suena-mejor-que-el-silencio-sobre-la-poesia-y-la-vida-de-blanca-varela/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas20/abril/blanca500.jpg" alt="" /></p>
<p class="NoSpacing" style="text-align: left;" align="center"><strong>Coronada de moscas</strong></p>
<p>La oficina principal de las librer&iacute;as del Fondo de Cultura en Per&uacute; est&aacute; ubicada en Miraflores en una casa estilo tudor, con un frente amplio, en una de las calles m&aacute;s comerciales llamada Berl&iacute;n. Blanca Varela durante los a&ntilde;os 70 y 80 llegaba todos los d&iacute;as, sub&iacute;a las escaleras que a&uacute;n ahora crujen tenebrosamente, y se instalaba en su parco escritorio solo invadido de colores por una peque&ntilde;a escultura de un &Aacute;rbol de la Vida mexican&iacute;simo. Una de esas ma&ntilde;anas se descubri&oacute; que en el terreno bald&iacute;o al lado viv&iacute;an una caterva de ni&ntilde;os indigentes. Blanca llegaba a la oficina y ante el bullicio y la presencia de la polic&iacute;a se impresion&oacute;. Y la vio: era una ni&ntilde;a algo mayor, el cabello recortado casi con hachazos, la mugre pegada al cuerpo. Viv&iacute;a con una docena de ni&ntilde;os de todas las edades. Llevaba un embarazo avanzado, de unos siete u ocho meses, y una mirada brumosa, como perdida. Una mujer mayor, quiz&aacute;s la madre de alguno de esos ni&ntilde;os que por las noches se drogaban con pegamento, quiso golpear a la ni&ntilde;a, pero el vecindario entero la protegi&oacute;: &ldquo;podr&iacute;a describirla / &iquest;ten&iacute;a nariz ojos boca o&iacute;dos? / &iquest;ten&iacute;a pies cabeza? / &iquest;ten&iacute;a extremidades? // s&oacute;lo recuerdo al animal m&aacute;s tierno/ llevando a cuestas como otra piel/ aquel halo de sucia luz&hellip; [&hellip;] &iquest;era una ni&ntilde;a un animal una idea? // ah se&ntilde;or /qu&eacute; horrible dolor en los ojos [&hellip;] a mi lado / coronada de moscas / pas&oacute; la vida&hellip;&rdquo; (Ternera acosada por t&aacute;banos).</p>
<p>Esa es una clara forma en que la injusticia y el requerimiento &eacute;tico trasuntan con urgencia a la poes&iacute;a, procesados de alguna manera inconsciente como un chorro de dolor, pero muy contenido y muy elaborado, a trav&eacute;s de la fineza del lenguaje. Ese es el mejor ejemplo del estilo de la poes&iacute;a de Blanca Varela: el uso de un lenguaje parco para dar un golpe certero como el de un garfio en la pulpa del coraz&oacute;n del lector.</p>
<p>La poes&iacute;a de Varela puede describirse como una implosi&oacute;n: demasiados significados concentrados en tan pocas y exactas palabras. Personalmente he le&iacute;do sus poemas de forma constante, los he aprendido de memoria, los he estudiado y casi he cometido el sacrilegio de diseccionarlos para intentar descubrir c&oacute;mo, por qu&eacute;, de qu&eacute; manera. &iquest;Cu&aacute;l es el mecanismo por el cual la poeta logra hincar cada palabra con el rigor de un entom&oacute;logo y extraerle toda su esencia posible? Nunca se me han revelado, por el pretendido m&eacute;todo cient&iacute;fico, nada m&aacute;s que algunas pistas cercanas a mis propias intuiciones pues frente a poemas de tal intensidad, como &ldquo;Ternera acosada por t&aacute;banos&rdquo;, solo es preciso presentarse como una lectora desnuda ante el simple fulgor de la palabra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Tu voz persiste </strong></p>
<p>La poes&iacute;a de Blanca Varela es una de las grandes aventuras literarias latinoamericanas. No se trata solo de poemas bien escritos o textos rigurosos de medidas exactas y dimensiones precisas, estamos hablando de una autora cuya caracter&iacute;stica principal es el riesgo y esta estrategia, en un espacio tan susceptible como el po&eacute;tico, puede convertir al poeta en un productor de fuegos artificiales sin m&aacute;s fondo que la oscuridad de la nada. Varela, en cambio, se conecta con cada una de sus obsesiones, de sus trabajos anteriores y de su propia trayectoria para, en cada uno de sus libros, plantear una propuesta est&eacute;tica diferente, radical, incluso contradiciendo a su obra anterior y, por lo tanto, complet&aacute;ndola en un audaz juego de ant&iacute;tesis. Esta forma de encarar el trabajo po&eacute;tico es el producto de un encuentro frontal con la vida, de una honradez art&iacute;stica sostenida a trav&eacute;s de los a&ntilde;os, de una lucha inflexible con eso que algunos llaman estilo.</p>
<p>Si &ldquo;Camino a Babel&rdquo; o &ldquo;Valses&rdquo; son poemas que apuestan por la imagen sobre la met&aacute;fora, por la extensi&oacute;n pros&iacute;stica frente a la contenci&oacute;n, &ldquo;Casa de Cuervos&rdquo; recorre aleg&oacute;ricamente el tema de la maternidad desde una entrada no tradicional y &ldquo;Concierto Animal&rdquo;, concentra sus pliegues en la agudeza del dolor y del silencio frente a la muerte de lo m&aacute;s amado: el hijo.&nbsp; El &uacute;ltimo libro de Varela, "Falso Teclado", regresa sobre la contenci&oacute;n de las palabras para darles un retru&eacute;cano m&aacute;s y volverlas inequ&iacute;vocamente atroces y exactas.</p>
<p class="NoSpacing">Este comedimiento con el lenguaje, al final de su vida, se traslad&oacute; a su cuerpo: debido a una embolia que le produjo un derrame cerebral fue perdiendo poco a poco la capacidad de nombrar, perdi&oacute; totalmente el habla. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os Blanca Varela solo "nombraba la palabra" al leer poes&iacute;a en voz alta, porque la rectitud de lo escrito le permit&iacute;a transitar por ese laberinto de im&aacute;genes y significados que debe haber sido, desde siempre, su sinapsis y sus razonamientos.</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing"><strong>Blanca una tarde de octubre del 2006 </strong></p>
<p class="NoSpacing">Recuerdo que en el a&ntilde;o 2006 le llev&eacute; tres libros de j&oacute;venes poetas lime&ntilde;as. Ella, que ya no quer&iacute;a conversar, ley&oacute; varios poemas en voz alta como si hubiera recuperado el sonido a trav&eacute;s de otras voces. Esa tarde, en su departamento frente al mar, una epifan&iacute;a nos devolvi&oacute; ese sonido exasperadamente lento de su voz Caminaba despacito y estaba sobriamente vestida, con un pantal&oacute;n kaki y una chompa de color camel. Ella siempre se vest&iacute;a as&iacute;: colores oscuros o ceniza, lacres, piezas tono sobre tono, ropa holgada, zapatos de taco bajo o cinco cent&iacute;metros. Esa sobriedad que la distingu&iacute;a en la poes&iacute;a, esa elegancia de las palabras justas, la viv&iacute;a a diario con su estilo corporal y en el minimalismo de su casa que era tambi&eacute;n un reflejo de su personalidad.</p>
<p class="NoSpacing">Ella era una escritora insular y una persona insular, un poco distante y muy discreta, m&aacute;s bien recluida en su extra&ntilde;a y poderosa casa de Barranco, junto al mar, acompa&ntilde;ada de cuadros de Fernando de Szyszlo, de colores azules y g&eacute;lidos, gustos de una personalidad m&aacute;s que introvertida francamente esquiva. Esta forma de evadir a los otros, por supuesto, nunca desdijo de su generosidad y honestidad intelectuales a prueba de fuegos, tornados y tormentas variopintas.</p>
<p class="NoSpacing">Pienso que ese d&iacute;a de octubre de2006 mipresencia fue el acontecimiento del d&iacute;a. Quiz&aacute;s pueda ser mi narcisismo, mi est&uacute;pida manera de creerme una persona cercana, pero me esperaban para llevarla a la sala. As&iacute; que la acompa&ntilde;&eacute; y nos sentamos frente al malec&oacute;n, mirando la tarde de una primavera que no terminaba de cuajar. No pod&iacute;a hablar con la locuacidad de antes. Y yo, anonadada, escuchaba como ella iba repitiendo la &uacute;ltima palabra que yo pronunciaba. Me sent&iacute; perturbada. Entonces, solas en medio de ese silencio de plomo, le pregunt&eacute; si quer&iacute;a leer poes&iacute;a. Y abri&oacute; las alas.</p>
<p class="NoSpacing">Pudo leer y pronunciar perfectamente los poemas de los libros que le llev&eacute; (Cecilia Podest&aacute;, Victoria Guerrero, Romy Sord&oacute;mez) e incluso repetir aquellos que le hab&iacute;an llamado m&aacute;s la atenci&oacute;n. Le gust&oacute; m&aacute;s el libro de Podest&aacute;, como lo supon&iacute;a, por las referencias b&iacute;blicas y el tempo lento del ritmo de su poes&iacute;a. Y luego conversamos un poco de esto y aquello, del premio Lorca, y de la imposibilidad de hacer un viaje al otro lado del Atl&aacute;ntico, y por lo mismo, de dejar en manos de su hijo Vicente el atravesar la burocracia de una ceremonia de tal &iacute;ndole. A Blanca no le gustaban las ceremonias. Yo me atrev&iacute; cambiar de tema a boca de jarro:</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing">&mdash;&iquest;Est&aacute;s escribiendo algo? &mdash; le pregunt&eacute;</p>
<p class="NoSpacing">&mdash;No, no, no&mdash; repet&iacute;a.</p>
<p class="NoSpacing">&mdash;&iquest;Y el libro sobre tu madre?</p>
<p class="NoSpacing">&mdash;No, no, no sali&oacute;&mdash; me dijo, pero sin pena, sin frustraci&oacute;n, simplemente como acontece.</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing">En una reuni&oacute;n de alg&uacute;n tiempo antes, en casa de la poeta y cr&iacute;tica literaria Ana Mar&iacute;a Gazzolo &mdash;en donde compartimos cous-cous preparado por la misma mano de la anfitriona&mdash; Blanca nos cont&oacute; que estaba pensando escribir un libro en homenaje a su madre, Serafina Quinteras, muerta meses antes. Ese vac&iacute;o la hab&iacute;a golpeado. Ella siempre habl&oacute; de su madre como una persona muy alegre, dicharachera, una mujer que hab&iacute;a sido el s&iacute;mbolo de un criollismo de sal&oacute;n lime&ntilde;o, y a pesar de que en este punto disent&iacute;an tremendamente, su madre le hab&iacute;a ense&ntilde;ado que a la vida hay que tomarla por las astas. &ldquo;Ya tengo el nombre&rdquo; nos coment&oacute; esa vez &ldquo;se va a llamar Rimmel, porque mi madre era tan coqueta&rdquo;.</p>
<p class="NoSpacing">No lo escribi&oacute;. Tampoco pudo corregir una novela que, muchos a&ntilde;os antes, perge&ntilde;&oacute; en unos papeles blancos. Porque Blanca correg&iacute;a mucho, era tremendamente exhaustiva y sumamente autocr&iacute;tica. Y pose&iacute;a una lucidez especial para decir basta tambi&eacute;n a la correcci&oacute;n (porque tanta poda, a veces convierte al &aacute;rbol en arbusto).&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing">Esa tarde no pude ver la muerte del sol, se nos escap&oacute;, no nos dimos cuenta. Ella como siempre muy amable, me pregunt&oacute; por mi hija y por lo que yo hac&iacute;a, por mis amores y mis desamores. Algo pude decirle, pero la not&eacute; agotada. Quer&iacute;a moverse del sitio y yo pens&eacute; que era hora de partir&hellip; pero me cogi&oacute; la mano. Quer&iacute;a seguir escuchando, quer&iacute;a mantener ese momento del d&iacute;a. Entonces le cont&eacute; que por el Premio Garc&iacute;a Lorca hab&iacute;a competido con Benedetti, con Cardenal, con Cisneros, y ella sacando el filo de luz de esos ojos siempre agudos, sonri&oacute; y me dijo: "y les he ganado".</p>
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<p><strong>Un poco de su vida: Lima, Paris, Nueva York, Lima </strong></p>
<p>No es solo un dato el que Blanca Varela haya nacido en Lima (10 de agosto de 1926) porque su vida y estilo estuvieron muy vinculados con esta ciudad tan evanescente. Hija de una de las m&aacute;s prestigiosas compositoras de valses criollos, Serafina Quinteras<a title="" href="file:///C:/Users/USER/Downloads/TURIA/30%20abril/ART%C3%8DCULO%20DE%20ROC%C3%8DO%20SILVA%20SANTISTEBAN%20PARA%20TURIA%20127.doc#_ftn1">[1]</a>, durante toda su vida Varela luch&oacute; contra esa herencia criolla para instituirse en una modernidad que, junto con la Generaci&oacute;n del 50, pretend&iacute;a ser secular, laica, innovadora, democr&aacute;tica, pol&iacute;tica en el mejor sentido, y alejarse de la sensibilidad mediadora de esa cultura criolla producto de la discriminaci&oacute;n colonial. Por eso escondi&oacute; entre sus memorias m&aacute;s ocultas todos esos momentos en que, junto con su madre, particip&oacute; de concursos radiales declamando poes&iacute;a cuando era ni&ntilde;a. Blanca Varela reneg&oacute; de la declamaci&oacute;n y cuando le&iacute;a su propia poes&iacute;a sol&iacute;a hacerlo sin adornos, sin artificios, sin entonaciones especiales, solo la simple voz limpia contra el silencio.</p>
<p>Varela, en un mundo masculino y mis&oacute;gino como lo fue el intelectual peruano durante la II Guerra Mundial, decidi&oacute; ingresar en 1943 ala Escuela de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, la universidad p&uacute;blica, en cuyos claustros pudo encontrar a una generaci&oacute;n de poetas, escritores, autores de teatro, intelectuales que compartir&iacute;an sus preocupaciones. En el Patio de Letras de la Casona de San Marcos, Blanca Varela conocer&iacute;a a Jorge Eduardo Eielson, a Javier Sologuren, a Mario Vargas Llosa pero, sobre todo, a Sebasti&aacute;n Salazar Bondy, el gran l&iacute;der de esa propuesta de modernidad, cuyas ideas marcaron a toda su generaci&oacute;n y fueron posteriormente convertidas en el famoso ensayo <em>Lima, la horrible</em>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Varela particip&oacute; activamente de las propuestas de esta generaci&oacute;n de intelectuales peruanos escribiendo art&iacute;culos y participando de las tertulias del caf&eacute; Pancho Fierro al que tambi&eacute;n asist&iacute;a en esa &eacute;poca el escritor Jos&eacute; Mar&iacute;a Arguedas, Emilio Adolfo Wetphalen, S&eacute;rvulo Guti&eacute;rrez, las hermanas Bustamante, entre otros escritores y pintores indigenistas y surrealistas. La amistad que tuvieron Varela y Szyszlo con Arguedas fue determinante para su sensibilidad art&iacute;stica: precisamente fue el autor de <em>Los R&iacute;os Profundos</em> quien invit&oacute; a Varela a la famosa casita de playa en Puerto Supe, en donde encontr&oacute; &ldquo;un lecho ardiente en donde lloro a solas&rdquo;.</p>
<p>Es por esos a&ntilde;os que Varela escribe diversos poemas que no circulan sino en copias manuscritas entre los amigos de su c&iacute;rculo. Reci&eacute;n ser&aacute; en 1957 que Salazar Bondy y el poeta Alejandro Romualdo incluyeron dos poemas de Varela en su famosa <em>Antolog&iacute;a de la poes&iacute;a peruana</em>. La nota que precede a los textos presenta un primer libro llamado "Primer baile", pero al parecer el t&iacute;tulo fue luego descartado por el de <em>Puerto Supe</em> que, a su vez, fue descartado por el de <em>Ese puerto existe</em>. El 18 de marzo de 2014 se public&oacute; la versi&oacute;n facs&iacute;mil del cuaderno manuscrito <em>Puerto Supe</em> con vi&ntilde;etas de Fernando de Szyszlo. En esa ocasi&oacute;n en la Librer&iacute;a El Virrey de Lima, Mario Vargas Llosa ley&oacute; el poema &ldquo;Ternera acosada por t&aacute;banos&rdquo; que no se encuentra en ese libro sino en Ejercicios Materiales (1993). Vargas Llosa fue un amigo inseparable de Blanca Varela, se conocieron en la universidad y mantuvieron contacto y encuentros frecuentes hasta el final de sus d&iacute;as. &ldquo;Lo impresionante del poema es la conmiseraci&oacute;n, tanta ternura, la compasi&oacute;n, la piedad, la solidaridad que nos contagia sobre este indefenso animal [&hellip;] Al final del poema uno descubre que ese animal no es un animal, sino un s&iacute;mbolo de la condici&oacute;n humana&hellip; de la vida&rdquo; dijo el Premio Nobel en aquella ocasi&oacute;n.</p>
<p>En 1949 Varela viaja a Francia reci&eacute;n casada con el pintor Fernando de Szyszlo, en un largo viaje en barco. Llevaban en s&iacute; la aventura por el cl&aacute;sico sue&ntilde;o parisino de todos los intelectuales latinoamericanos del siglo XX. Se establecen en Par&iacute;s en el momento de mayor apogeo del existencialismo, compartiendo caf&eacute;s y vino en el Caf&eacute; Le Flore con sus principales representantes: Albert Camus y Simone de Beauvoir, el mismo Sartre, as&iacute; como con Octavio Paz, Elena Garro, Carlos Mart&iacute;nez Rivas, entre otros. Precisamente fue Paz quien, al leer algunos de poemas sueltos de Varela, la anima a organizarlos bajo la forma de un libro. Bajo el calor de las discusiones de esos a&ntilde;os, los poemas que ya ten&iacute;a escritos y otros que va decantando con paciencia, forman Ese Puerto Existe (&ldquo;Aqu&iacute; en la costa escalo un negro pozo, / voy de la noche hacia la noche honda, / voy hacia el viento que recorre ciego/ pupilas luminosas y vac&iacute;as&rdquo;).</p>
<p>Blanca Varela publica su primer libro tard&iacute;amente en comparaci&oacute;n con sus contempor&aacute;neos de la Generaci&oacute;n Po&eacute;tica del 50 en el Per&uacute;. Auspiciado por Octavio Paz, quien escribe el pr&oacute;logo, <em>Ese Puerto Existe</em>, se edita bajo el sello de la Universidad Veracruzana en 1959. &ldquo;Blanca Varela es una poeta que no se complace en sus hallazgos ni se embriaga con su canto&rdquo; advierte Paz a los lectores sobre esta radical propuesta de sospechar de la propia obra. Y esta sospecha, al mismo tiempo, permite a Varela una b&uacute;squeda &eacute;tica dentro de sus propuestas est&eacute;ticas: no arruinar la palabra detr&aacute;s de pretensiones megal&oacute;manas, de silencios c&oacute;mplices o de baratijas al servicio del mercado. Escuchar la poes&iacute;a de los otros, trabajar en silencio la realidad, a&uacute;n en su sordidez, y evita el ruido, eso la ha caracterizado durante toda su vida.</p>
<p>Pero es Octavio Paz quien, a su vez, pretendiendo hacerle un favor, &ldquo;saca&rdquo; a Varela del espacio infravalorado de la poes&iacute;a femenina, calificando su condici&oacute;n como la de &ldquo;un poeta, un verdadero poeta&rdquo;, en ese pr&oacute;logo que a&uacute;n hoy marca el derrotero androcentrado de la cr&iacute;tica: &ldquo;nada menos &lsquo;femenino&rsquo; que la poes&iacute;a de Blanca Varela; al mismo tiempo, nada m&aacute;s valeroso y mujeril&rdquo; sostiene Paz (Ese Puerto Existe, 1959: p. 13). Al respecto, Blanca Varela sol&iacute;a se&ntilde;alar que cuando viv&iacute;a en Par&iacute;s con Szyszlo se sent&iacute;a &ldquo;asexuada como los &aacute;ngeles&rdquo; y asume racionalmente su identidad femenina con el nacimiento de sus hijos, Vicente y Lorenzo.</p>
<p>Desde 1958 hasta 1960 Blanca Varela se establece, junto con su esposo, el pintor Fernando de Szyszlo, en Washigton D.C., donde escribe algunos de los poemas que luego formar&aacute;n parte de <em>Luz de D&iacute;a</em> (Lima, 1963), <em>Valses y otras falsas confesiones </em>(Lima, 1972) y <em>Canto Villano</em> (Lima, 1978). Es en Washington donde Varela reflexiona sobre la lejana Lima, en un poema a dos estilos que comentaremos m&aacute;s adelante.</p>
<p>Desde la d&eacute;cada del 60, Blanca Varela vive en Lima dedic&aacute;ndose al periodismo cultural en diversos semanarios y colabora constantemente con la famosa revista Amaru, dirigida por su amigo Emilio Adolfo Westphalen. Es en esta revista y en diarios de circulaci&oacute;n nacional que, bajo el seud&oacute;nimo de Cosme, escribe cr&iacute;ticas de cine. Hace poco en Lima se realiz&oacute; un homenaje a Varela cin&eacute;fila con una programaci&oacute;n de sus pel&iacute;culas italianas favoritas. En la d&eacute;cada del 70 y durante los aduros a&ntilde;os 80 del conflicto armado peruano, Varela dirige la filial del Fondo de Cultura Econ&oacute;mica en Lima, y durante 20 a&ntilde;os seguidos, as&iacute; como algunas de las secciones del PEN Club Internacional, como un favor especial a Vargas Llosa que era su presidente. Desde 1978, y a pesar de la publicaci&oacute;n de dos antolog&iacute;as (<em>Camino a Babel</em>, Lima, 1986 y <em>Poes&iacute;a Escogida</em> Madrid 1993) y de un libro con su poes&iacute;a reunida (<em>Canto Villano, Poes&iacute;a Reunida 1949-1983</em>, M&eacute;xico, 1986), no publica un libro nuevo. <em>Ejercicios Materiales</em> sale publicado despu&eacute;s de quince a&ntilde;os de silencio en 1993 bajo el sello de Jaime Campod&oacute;nico.</p>
<p>Aqu&iacute; quisiera detenerme brevemente porque considero este libro como uno de los magn&iacute;ficos poemarios de Varela: se trata del reconocimiento de la animalidad el ser humano a trav&eacute;s de la constataci&oacute;n de los l&iacute;mites de los corporal, incluyendo el mundo de adentro: v&iacute;sceras, fluidos y elementos escatol&oacute;gicos. <em>Ejercicios Materiales</em> es una vuelta de tuerca a la m&iacute;stica ignaciana: no se trata del esp&iacute;ritu en juego con lo sagrado sino con lo corporal. La muerte se presenta como un encuentro con una divinidad cruel que espera la entrega del cuerpo como si se tratara de una res que se entrega al camal para ser sacrificada: &ldquo;enfrentarse al matarife/ entregar dos orejas/ un cuello/ cuatro o cinco cent&iacute;metros de piel/ moderadamente usada/ un atadillo de nervios/ algunas onzas de grasa/ una pizca de sangre/ y un vaso de sanguaza/ sin mayor condimento que un dolor/ casi humano&hellip;&rdquo;. El poema que le da t&iacute;tulo al libro, con sus violentos encabalgamientos, nos presenta la necesidad de &ldquo;cortar&rdquo; con las diferencias del adentro/afuera del cuerpo para habitarlo no como una prisi&oacute;n plat&oacute;nica sino como una forma de constituci&oacute;n del esp&iacute;ritu: &ldquo;lo exterior jam&aacute;s ser&aacute; interior/ el reptil se despoja de sus bragas de seda/ y conoce la felicidad de penetrarse/ a s&iacute; mismo&hellip;&rdquo; Solo el aprendizaje del deterioro del cuerpo, del cad&aacute;ver en potencia que somos, en esta r&eacute;plica fisiol&oacute;gica de los ejercicios espirituales es la constataci&oacute;n de la fuerza de la materia como forma de predisponernos al escarnio de nuestra carne en permanente estado de descomposici&oacute;n: &ldquo;he dejado la puerta entreabierta/ soy un animal que no se resigna a morir&rdquo; (Escena Final). Blanca Varela reconoce al cuerpo como el espacio del menoscabo y la reflexi&oacute;n, del da&ntilde;o y la plenitud, del quebranto y la resistencia.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>El mismo a&ntilde;o de la publicaci&oacute;n de <em>Ejercicios Materiales</em>, Varela publica en Madrid <em>El Libro de Barro</em> (Ediciones del Tapir, 1993), una serie de poemas en prosa que siguen incidiendo en la insularidad de la identidad del sujeto pero esta vez desde los paisajes cl&aacute;sicos de la poes&iacute;a vareliana: el mar, la arena, las islas sin p&aacute;jaros, la ola sobre la ola. <em>Concierto Animal</em> se publica simult&aacute;neamente en Madrid y Lima (Pretextos/Peisa, 1999) luego de un acontecimiento que produce un quiebre, tanto en la historia personal como en la poes&iacute;a de Varela: la muerte en un accidente a&eacute;reo de su segundo hijo Lorenzo. <em>Concierto animal</em> es un aullido en silencio.</p>
<p><em>El Falso Teclado</em>, su &uacute;ltimo libro, se public&oacute; en Madrid como parte de la edici&oacute;n del libro <em>Donde todo termina abre las alas</em> (Galaxia Gutemberg/C&iacute;rculo de Lectores, 2001) una recopilaci&oacute;n de toda su obra po&eacute;tica. Premonitoriamente la &uacute;ltima l&iacute;nea del libro dice: &ldquo;y oler lo ya vivido/ y dar la vuelta/ sencillamente/ dar la vuelta&rdquo; (Nadie nos dice).</p>
<p>Blanca Varela, en un intento de continuar con la tradici&oacute;n de la famosa antolog&iacute;a <em>Laurel</em>, junto con Jos&eacute; Angel Valente, Andr&eacute;s S&aacute;nchez Robayna y el cr&iacute;tico uruguayo Eduardo Mill&aacute;n, editaron una pol&eacute;mica antolog&iacute;a de poes&iacute;a hispanoamericana titulada <em>Las &iacute;nsulas extra&ntilde;as, antolog&iacute;a de poes&iacute;a en lengua espa&ntilde;ola (1950-2000)</em>. Fue la &uacute;nica vez que Varela ejerci&oacute;, de cierta manera, como cr&iacute;tica literaria.</p>
<p>Reci&eacute;n en el a&ntilde;o 2001 la gran poeta Blanca Varela recibe un primer premio por su obra reunida, el Premio Octavio Paz de Poes&iacute;a y Ensayo. Ese mismo a&ntilde;o el gobierno peruano le otorga la Orden del Sol por su trayectoria intelectual. En el a&ntilde;o 2006 gana el III Premio Lorca que otorga la ciudad andaluza de Granada y en 2007 se le otorga el Premio Reina Sof&iacute;a de Poes&iacute;a Iberoamericana, uno de los m&aacute;s prestigiosos de la lengua, auspiciado por el Patronato Nacional de Espa&ntilde;a y la Universidad de Salamanca. Tras algunos a&ntilde;os de silencio por un severo problema de lenguaje y una enfermedad cardiaca, Varela muere en su casa de Barranco en marzo de 2009. No hay una tumba donde recordarla: sus restos fueron cremados en una ceremonia &iacute;ntima.</p>
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<p><strong>Los cr&iacute;ticos </strong></p>
<p>Al principio algunos pocos cr&iacute;ticos leyeron y comentaron la poes&iacute;a de Blanca Varela con mayor profundidad que las simples rese&ntilde;as period&iacute;sticas: son de alguna manera textos fundacionales que significaron, para quienes vinimos despu&eacute;s, puertas de entrada a la recepci&oacute;n de una poes&iacute;a compleja, abstracta, aparentemente f&aacute;cil, pero de significaciones m&uacute;ltiples, densa y, a veces, oscura. Adem&aacute;s del pr&oacute;logo de Octavio Paz, estos textos son trabajos pioneros de Jos&eacute; Miguel Oviedo, Roberto Paoli, Ana Mar&iacute;a Gazzolo, James Higgins, Adolfo Casta&ntilde;&oacute;n, y David Sobrevilla. A su vez, el poeta Javier Sologuren, public&oacute; una antolog&iacute;a de la poes&iacute;a de Blanca Varela titulada <em>Camino a Babel</em> en las ediciones populares que fomentaba la Municipalidad de Lima bajo el r&eacute;gimen socialista de Alfonso Barrantes. El libro signific&oacute; la difusi&oacute;n a nivel popular de una autora que, en ese entonces, comienzos de la dura d&eacute;cada del 80, empezaba a considerarse como una poeta &ldquo;de culto&rdquo; entre los poetas j&oacute;venes y los estudiantes de literatura.</p>
<p>En el a&ntilde;o 2007 junto con mi colega Mariela Dreyfus pudimos concluir un largo y deseado proyecto: un libro con un conjunto de ensayos cr&iacute;ticos sobre Blanca Varela, adem&aacute;s de fotos in&eacute;ditas, poemas escogidos por la autora y una bibliograf&iacute;a bastante completa a la fecha. El libro lo hab&iacute;amos comenzado a organizar ocho a&ntilde;os antes y conforme avanz&aacute;bamos con los ensayos, encontr&aacute;bamos que m&aacute;s admiradores de Varela, estaban entusiasmados en participar. Por supuesto que contamos con el entusiasmo t&iacute;mido de la propia Blanca quien, desde su desinter&eacute;s tradicional por sus propios asuntos, nos permiti&oacute; el acceso &iacute;ntegro a su archivo personal y fotogr&aacute;fico. <em>Nadie sabe mis cosas. Ensayos en torno a la obra de Blanca Varela</em> recuper&oacute; cr&iacute;ticas iniciales como las de Paz, Oviedo o Gazzolo, aquellos que la nombraron cuando el resto de antologadores y cr&iacute;ticos prefer&iacute;an invisibilizarla, hasta textos de j&oacute;venes y en&eacute;rgicas poeta y cr&iacute;ticas literarias como Victoria Guerrero o Susana Reisz. Quer&iacute;amos que el libro sea un homenaje del Per&uacute; a Varela: fue publicado en una hermosa edici&oacute;n por el Fondo Editorial del Congreso del Per&uacute; y, adem&aacute;s, Blanca Varela recibi&oacute; la Orden del Congreso, en una ceremonia a la que asisti&oacute;, pero en silencio.</p>
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<p><strong>Propuesta est&eacute;tica: el doblez</strong></p>
<p>La poes&iacute;a, a contrapelo de la idea vulgar que se tiene sobre ella, no es el resultado de un ejercicio ocioso o un producto para las elites; muy por el contrario, desde los poetas an&oacute;nimos de los <em>harauis</em> quechuas hasta C&eacute;sar Vallejo y pasando, por cierto, por la intensidad y fortaleza de los poemas de Blanca Varela, la poes&iacute;a ha significado una agencia cultural que fortalece la identidad de las naciones. En efecto, los diversos premios obtenidos por Varela casi al final de su vida son tambi&eacute;n la afirmaci&oacute;n del ejercicio literario de una poeta rigurosa, descarnada, sincera y cuya fuerza se distingue de la ret&oacute;rica com&uacute;n de la poes&iacute;a contempor&aacute;nea. Sin embargo, tambi&eacute;n son un reconocimiento de la cr&iacute;tica a una propuesta literaria que se fortaleci&oacute; en el grupo, entre sus pares, tanto de la Generaci&oacute;n del 50, como con las voces coet&aacute;neas m&aacute;s j&oacute;venes. Blanca Varela, huyendo de las academias &mdash;rechaz&oacute; ser miembro de la filial peruana de la RAE&mdash; ha urdido una obra l&uacute;cida y estoica, cuyo prop&oacute;sito fundamental es transmitir al lector el aprendizaje de la muerte en medio de la voracidad de la vida.</p>
<p>Con s&oacute;lo siete libros publicados en toda su vida, Blanca Varela ha logrado concentrar la densidad de la experiencia vital y est&eacute;tica en pocas y preciadas palabras. Cuando tuvo que callar prefiri&oacute; el silencio a la vocaci&oacute;n rutinaria de repetir un mismo estilo. Sus propuestas po&eacute;ticas son muy variadas: en toda su poes&iacute;a la autora lucha contra s&iacute; misma en momentos previos, y luego vuelve a reconciliarse con sus expresiones, pero rearmadas, deconstruidas, relocalizadas.</p>
<p>Tienen sus versos tonos pict&oacute;ricos; un tempo lento por momentos, grave en otros; sus temas var&iacute;an desde la experiencia m&iacute;stica (aunque distante y seca) hasta los diversos e insospechados retru&eacute;canos de la maternidad, pasando, como lo hemos se&ntilde;alado, por la reflexi&oacute;n sobre el cuerpo y la muerte. Varela logra transmitir a sus lectores la exacta sensaci&oacute;n de lo que fuimos y tal vez un vago acercamiento a la experiencia sensible de lo que seremos: &ldquo;la belleza final es cruenta y onerosa/ inesperada como la muerte/ bala tras el humo de la zarza&rdquo; (Ejercicios Materiales). En cada uno de sus poemas, adem&aacute;s, hay una invitaci&oacute;n al lector a que se abisme m&aacute;s all&aacute; de toda s&oacute;lida y aburrida certeza, a trav&eacute;s de caminos alternos, entrecruzados, oscuros pero empapados de brillo e intensidad. Ha dialogado vivamente con la pintura &mdash;el caso de la obra de Chirico y del mismo Szyszlo&mdash; y con autores como Simone Weil, la m&iacute;stica laica, de quien siempre admir&oacute; su templanza y resistencia. Como sostiene Ethel Barja en el ep&iacute;logo a la &uacute;ltima edici&oacute;n de Canto Villano (2017): &ldquo;Por eso el &eacute;nfasis de su poes&iacute;a en el cuerpo sufriente, condenado a una inmolaci&oacute;n inexplicable&rdquo;. Varela ha logrado mantener la distancia po&eacute;tica necesaria para escribir alegor&iacute;as sobre el despojo, sobre la pobreza, sobre la maldad o sobre el hambre.</p>
<p><em>Concierto Animal</em>, su pen&uacute;ltimo libro, concentra sus recursos en un trabajo con los desplazamientos iniciando un camino &aacute;spero hacia una propuesta po&eacute;tica visionaria (Bouso&ntilde;o) sobre la agudeza del dolor y del silencio (&ldquo;si me escucharas/ t&uacute; muerto y yo muerta de ti/ si me escucharas [...] viva insepulta de ti/ con tu o&iacute;do postrero/ si me escucharas&rdquo; 19). Se podr&iacute;a se&ntilde;alar que ante la poes&iacute;a de Varela nos encontramos con un proyecto est&eacute;tico que usa &ldquo;el doblez&rdquo; como la forma de apartarse de los c&oacute;modos nichos simb&oacute;licos. El doblez en el sentido que lo plantea Gilles Deleuze, es decir, como la continuidad del derecho y del rev&eacute;s, de tal modo que el sentido en la superficie se distribuya en los dos lados a la vez. Digamos que se tratar&iacute;a de una po&eacute;tica que da la vuelta a lo ya dicho, expresa la experiencia por dentro, busca en el rev&eacute;s de las cosas para voltearlo hacia afuera y presentarlo de las dos maneras a la vez. Esa ha sido la forma de caminar entre el precipicio de las palabras y el silencio sin resbalar ni caer: asumir las obsesiones tem&aacute;ticas de su obra anterior e irlas anteponiendo, estil&iacute;sticamente, a las mismas formas con las que fueron escritas.</p>
<p>Como alimento de esta &ldquo;estrategia del doblez&rdquo; Varela insiste en escuchar la poes&iacute;a de los otros, leer a los poetas y a las poetas j&oacute;venes y, sin embargo, trabajar en silencio y muchas veces con cierta distancia a las corrientes po&eacute;ticas de moda. Varela siempre fue reticente a participar de recitales o conversatorios sobre poes&iacute;a. Por esta raz&oacute;n, durante la d&eacute;cada del 80 en que no public&oacute; nada, cada vez que le&iacute;a en p&uacute;blico era un acontecimiento, al que intent&aacute;bamos asistir los j&oacute;venes de ese entonces, por ejemplo, el c&eacute;lebre recital que dio en el Instituto Peruano Sovi&eacute;tico, organizado por el poeta proletario Ces&aacute;reo Mart&iacute;nez. Varela estuvo m&aacute;s all&aacute; de la insubstancial discusi&oacute;n entre poetas puros y poetas sociales de todos esos a&ntilde;os.</p>
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<p><strong>No s&eacute; si te amo o te aborrezco: Lima y la patria</strong></p>
<p>Para mostrar la fuerza y la originalidad de la poes&iacute;a de Varela propongo al lector o lectora acompa&ntilde;arme en el an&aacute;lisis de un poema que cruza experiencias vitales, est&eacute;ticas, posiciones en torno a la propia poes&iacute;a (prosa po&eacute;tica o verso), discursos sobre la modernidad y las experiencias percibidas por la autora como pre-modernas (lo criollo), as&iacute; como la nostalgia por la ciudad natal que se deja (Lima), la urbe descabellada y desolada que se habita (Washington) y los amores desgarrados hacia la propia madre. El poema es &ldquo;Valses&rdquo; y se inicia con unos versos que recuerdan un bolero: "No s&eacute; si te amo o te aborrezco..."</p>
<p>Algunas investigadoras, como la cr&iacute;tica literaria argentina Susana Reisz, consideran que una de las estrategias m&aacute;s sugestivas de las poetas en Am&eacute;rica Latina es la resemantizaci&oacute;n (cargar de nuevas significaciones) de las canciones populares como el bolero, el vals, la ranchera, el tango o la murga. Se trata de una forma de reapropiaci&oacute;n ir&oacute;nica de &ldquo;g&eacute;neros menores&rdquo;. Considero que esta "resemantizaci&oacute;n" puede servir de marco para entender este poema que forma parte del libro <em>Valses y otras falsas confesiones</em> (1971). La autora inicia el libro con &ldquo;Valses&rdquo;, poema en el que, utilizando la tradicional forma de baile popular en Lima y a partir de una lectura descarnada de la realidad, parodia el sentimiento de nostalgia de la migraci&oacute;n a otras tierras para describir sus recuerdos incluyendo elementos at&iacute;picos y la descripci&oacute;n de su entorno a trav&eacute;s de una mirada dura y c&aacute;ustica. Se tratar&iacute;a de una de las pioneras en resemantizar este g&eacute;nero menor que es el &ldquo;vals peruano&rdquo;. Plantea una parodia del vals pero no para proponer, desde la esfera de lo literario, una nueva forma de canto ni una manera criolla de escribir l&iacute;rica, simplemente se ensaya una manera diferente de asumir la nostalgia &mdash;sentimiento muy presente en los valses y las canciones populares en general&mdash; distante de la tradici&oacute;n, como propuesta est&eacute;tica, apropi&aacute;ndose de los postulados de la modernidad.</p>
<p>El poema, que tiene cuatro p&aacute;ginas de extensi&oacute;n, est&aacute; construido en dos instancias: las estrofas impares est&aacute;n vinculadas con el &ldquo;tono&rdquo; del vals y las pares con el &ldquo;tono&rdquo; de la poes&iacute;a vanguardista, sobre todo, de la poes&iacute;a coloquial. En las primeras estrofas encontramos los referentes cl&aacute;sicos melodram&aacute;ticos del vals, pero en ese contexto, de inmediato producen una lectura ir&oacute;nica en el lector. &ldquo;No s&eacute; si te amo o te aborrezco/ como si hubieras muerto antes de tiempo/ o estuvieras naciendo poco a poco/ penosamente de la nada&rdquo;. Las estrofas pares, por el contrario, est&aacute;n escritas en prosa y contienen di&aacute;logos y frecuentes referencias espaciales de una ciudad considerada como la encarnaci&oacute;n de lo &ldquo;moderno&rdquo;: Nueva York. El contrapunto entre ambas secciones del texto, as&iacute; como del propio contenido narrado en &eacute;l, esto es, la historia de una Lima que se deja y la vivencia de una ciudad cosmopolita que se sufre (con su Bronx, sus suicidas y su indiferencia), proponen finalmente una ruptura esencial: cortar con la tradici&oacute;n criolla e instaurar una propuesta &eacute;tica y est&eacute;tica que surja de la modernidad para &ldquo;hablar de lo propio&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;Aparentemente todo el mundo cree que yo me burlo de los valses cuando escribo un vals; es una especie de nostalgia y de transposici&oacute;n, y de ascenso tambi&eacute;n, de esos sentimientos. Yo creo que al vals trat&eacute; de darle otro valor. Yo no escribo valses, pero el vals es indudablemente algo que ha marcado particularmente a la gente de Lima...&rdquo; se&ntilde;ala Blanca Varela al explicar precisamente la g&eacute;nesis de este poema, cuyo protagonista principal no es el yo po&eacute;tico sino el referente de la pertenencia: Lima la horrible, Lima la neblinosa, Lima la falsa. Y Lima como met&aacute;fora de mujer, por otro lado, vincula el texto con un componente especial que se encuentra, digamos, fuera de &eacute;l: la filiaci&oacute;n directa con una de las m&aacute;s representativas autoras de valses criollos: su propia madre. &ldquo;No s&eacute; si te amo o te aborrezco/ porque vuelvo s&oacute;lo para nombrarte desde adentro (...) imp&uacute;dica/ amada a la distancia/ remordimiento y caricia/ leprosa desdentada/ m&iacute;a&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Este poema no es un vals: estamos ante un juego po&eacute;tico que busca expresamente crear una ruptura y desenmascarar la falsedad de lo criollo. Pero inesperadamente la afectividad de lo criollo se cuela entre los significantes creando nuevas significaciones. En el poema el contraste entre Lima y Washington salpica a todo el texto de afectividad. La racionalidad de los intelectuales de la generaci&oacute;n del 50 es limitada por esta impronta: &ldquo;lo he dicho ya, la mujer se atreve a mirar los rincones, las manchas de las paredes, la suciedad, el dolor pero de otra manera&rdquo; comenta la autora. La vitalidad de la mujer permite una reconciliaci&oacute;n con las otras formas del sentir, con la intuici&oacute;n, con el plano de lo afectivo sin &ldquo;l&aacute;grimas&rdquo;, sin sentimentalismo.</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="file:///C:/Users/USER/Downloads/TURIA/30%20abril/ART%C3%8DCULO%20DE%20ROC%C3%8DO%20SILVA%20SANTISTEBAN%20PARA%20TURIA%20127.doc#_ftnref1">[1]</a> Serafina Quinteras (Lima, 1902-2004) fue el seud&oacute;nimo de Esmeralda Gonzales Castro, periodista y catautora, compositora de numerosos valses criollos entre ellos el famoso &ldquo;Mu&ntilde;eca Rota&rdquo;.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Thu, 30 Apr 2020 09:42:57 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Principio del tiempo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/principio-del-tiempo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas20/abril/ROGER_SANTIV_EZ.jpg" alt="" /></p>
<p align="center">&nbsp;<strong>Verano [ Picnic House]</strong></p>
<p style="padding-left: 600px;">1</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">El sol perla detr&aacute;s de las nubes repujadas</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">Humus del cielo &amp; aqu&iacute; en la grama del viento</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">Agrada la ma&ntilde;ana de luz &amp; rayos estrellados</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">No hay otro tema sino la brisa tan feliz</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">Corriendo por estas landas ya iluminadas</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">Por un dorado verdor cuyas briznas se</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">Baten en las peque&ntilde;as r&aacute;fagas s&uacute;bitamente</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;"><em>Stronger </em>&nbsp;calma del amor lejano planeo del</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">Ave sobre la l&iacute;mpida b&oacute;veda intimidad</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">Que en la sombra de la orilla se aposenta</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">&amp; provoca un Caribe particular l&iacute;nea es</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">Pl&eacute;ndida fotografiada en la memoria</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">Tan clara que ha roto el mant&oacute;n de nubes</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">Con el disco quemando a todo dar la dicha</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">De las aguas rebrillando superficie impoluta</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">Que s&oacute;lo ha de tocar tu cuerpo de ninfa</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">India en el <em>collage</em> del poema marcado</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">Por la ausencia del amor salvaje incrus</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">T&aacute;ndose en furtivos horarios limensis hoy</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">Divina musa que me dicta estos versos</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">Recre&aacute;ndose sin fin entre los sauces</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Humedecidos de la orilla</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">2</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">Vientos fuertes recorren la realidad</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">Mientras deambulo por los repletos</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">Bordes del r&iacute;o rebals&aacute;ndose desde</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">Ayer por la tormenta frente a m&iacute;</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">Se desbord&oacute; la corriente anegando</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">Los jardines perpetuos donde ahora</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">Reina el agua &amp; los destellos son</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">Estrellas instant&aacute;neas flotando</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">Bellamente en la tersura solar</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">El espect&aacute;culo del r&iacute;o es fascinante</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">Poderosa su visi&oacute;n acaudalada en</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">La amplitud de su dominio total</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">Pero Amor corroe mi alma esta</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">Ma&ntilde;ana m&aacute;s que otras horas</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">Perdidas en el tiempo azul</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">De mi sola escritura recogida</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">En estos vientos rebeldes tras</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">La sombra de una perfecci&oacute;n</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">Que se desvanece &amp; me ahueca</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">El coraz&oacute;n ribera llorada e in</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">Finita cuyos juncos se remecen</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">Pero quedan erguidos ante mi</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Canci&oacute;n</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;"><em>&nbsp;</em></p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;"><em>&nbsp;</em></p>
<p class="NoSpacing" style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 23 Apr 2020 11:19:29 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aquel país sin voz]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/aquel-pais-sin-voz/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2020/molino500.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo" style="text-align: left;" align="center">Desde siempre ha habido otro pa&iacute;s, que mir&aacute;bamos unas veces con desprecio o indulgencia, otras como Arcadia ideal, y que casi siempre ignor&aacute;bamos. Se le han dado varios nombres. El m&aacute;s popular, aunque no el m&aacute;s amable, Espa&ntilde;a profunda. Se ha escrito mucho sobre ella, pero nunca como en este libro, que en apenas seis meses va camino de su tercera edici&oacute;n. En otro tiempo &ndash;y no hace falta remontarse al 98, basta con mirar unas d&eacute;cadas atr&aacute;s&ndash;, un escritor, cuando dejaba a un lado la novela o la poes&iacute;a para dedicarse a asuntos m&aacute;s cercanos a lo terreno, se remangaba la camisa de pr&oacute;cer literario y acomet&iacute;a el santo ejercicio de &ldquo;pensar el pa&iacute;s&rdquo; o de abordar &ldquo;el problema de Espa&ntilde;a&rdquo;. Esa actitud todav&iacute;a est&aacute; presente en algunos tertulianos reconvertidos en pseudohistoriadores o pseudoensayistas de dudosa solvencia intelectual. Sergio del Molino est&aacute; muy lejos de &eacute;stos, pero tambi&eacute;n lo est&aacute; de Azor&iacute;n, Unamuno y otros autores del 98 &ndash;salvo, tal vez, de Machado&ndash;, as&iacute; como del Cela de <em>Viaje a la Alcarria.</em> Sin embargo, ni su vastedad de conocimientos ni haber sabido adoptar la distancia justa bastan para acreditar el valor de <em>La Espa&ntilde;a vac&iacute;a</em>. El gran acierto de este libro est&aacute; en la forma de mirar y de contarlo.</p>
<p class="Cuerpo">En <em>La Espa&ntilde;a vac&iacute;a </em>Sergio del Molino hila su discurso a partir de observaciones hist&oacute;ricas, de citas de sucesos, de m&uacute;ltiples y oportunas referencias literarias, y lo hace siempre con habilidad y hasta con humor. Un humor, sin embargo, polifac&eacute;tico y algo turbio: es consciente de que habla de algo pr&aacute;cticamente irreversible. No se trata tanto de un viaje literario al uso como de un recorrido reflexivo y cr&iacute;tico por una geograf&iacute;a f&iacute;sica y cultural. Un recorrido personal, desde su experiencia y su propio viaje a los lugares y a las ideas.</p>
<p class="Cuerpo">El subt&iacute;tulo &ndash;<em>Viaje por un pa&iacute;s que nunca fue</em>&ndash; ya sugiere un viaje al interior y a lo interior de este pa&iacute;s, la narraci&oacute;n de las complejas relaciones entre la Espa&ntilde;a de la meseta y la urbana. &iquest;Y cu&aacute;l es ese interior? Lo que el autor define como &ldquo;Espa&ntilde;a vac&iacute;a&rdquo; abarca m&aacute;s de la mitad de la superficie del territorio nacional, en la que vive poco m&aacute;s del 15 por ciento de la poblaci&oacute;n total de Espa&ntilde;a. Aunque sus fronteras son difusas, se corresponde en gran parte con las comunidades aut&oacute;nomas de Arag&oacute;n, ambas Castillas, Extremadura, Madrid (exceptuando la capital) y La Rioja, as&iacute; como amplias zonas del interior de otras regiones que limitan con las citadas. La historia de las relaciones entre la Espa&ntilde;a vac&iacute;a y la urbana est&aacute; marcada por la desigualdad socioecon&oacute;mica, la falta de entendimiento y la manipulaci&oacute;n. La pobreza del interior y el <em>boom</em> econ&oacute;mico derivaron en el &eacute;xodo rural de mediados del siglo pasado, al que aqu&iacute; se refiere como Gran Trauma. Media Espa&ntilde;a se vaci&oacute;, y lo que eso supuso todav&iacute;a condiciona las dos caras opuestas del Jano que es nuestro pa&iacute;s. Nunca se miraron frente a frente, y construyeron la imagen del otro a partir de estereotipos, idealizaciones, deformaciones. Pero toda relaci&oacute;n es una relaci&oacute;n de poder, y siempre hay quien ejercita el poder con m&aacute;s intensidad a la hora de dar una versi&oacute;n de la realidad que aceptamos como v&aacute;lida. La Espa&ntilde;a vac&iacute;a es la m&aacute;s vulnerable de ambas, y sobre ella han pesado t&oacute;picos de dif&iacute;cil disoluci&oacute;n. Lo ilustran algunos mitos que narra este ensayo, como los cr&iacute;menes de la Espa&ntilde;a negra (Fago, Puerto Hurraco, pero antes de ellos Casas Viejas, y tantos otros), pero tambi&eacute;n esa Espa&ntilde;a grotesca y bu&ntilde;uelesca, como ha ocurrido con la mancomunidad de Las Hurdes, ejemplo de construcci&oacute;n de una imagen en la que los propios habitantes nunca tuvieron voz. Esa Espa&ntilde;a que ha sobrellevado el estigma del analfabetismo y la incultura es, parad&oacute;jicamente, la misma que se construye como fuente de cultura ancestral y como paisaje literario, desde el desprecio y el distanciamiento. Por una parte, fue objeto de atenci&oacute;n de los pedagogos de la Instituci&oacute;n Libre de Ense&ntilde;anza y de las misiones pedag&oacute;gicas que trataron de llevar la alta cultura a los pueblos del interior. La victoria del bando sublevado en la guerra civil acab&oacute; con ellas. Hoy, ese af&aacute;n permanece, como subraya el autor, en los maestros y profesores interinos que, sin instalarse a vivir en los pueblos de la Espa&ntilde;a vac&iacute;a, acuden a diario con su entusiasmo y sus ganas de formar, llevando consigo un soplo de ciudad. La misma ciudad que, por otra parte, ha creado el paisaje de la Espa&ntilde;a vac&iacute;a desde el rechazo y la incomprensi&oacute;n. La sacralizaci&oacute;n del gran libro espa&ntilde;ol, el <em>Quijote</em>, ha condicionado asimismo nuestra visi&oacute;n del paisaje mesetario: lo percibimos como una Maritornes, fea y hombruna, aunque a menudo idealizada con los ojos del viejo hidalgo. En cualquier caso, siempre con una mirada externa y desde arriba. Porque ah&iacute; radica la impotencia del interior frente a la Espa&ntilde;a urbana, en la construcci&oacute;n e imposici&oacute;n del relato desde fuera. &ldquo;La Espa&ntilde;a vac&iacute;a nunca se ha contado a s&iacute; misma&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo">Hay un aliento com&uacute;n entre este libro y otros grandes ensayos que abordan la cuesti&oacute;n de la dominaci&oacute;n cultural y la construcci&oacute;n de la realidad. Ley&eacute;ndolo no he podido evitar recordar <em>Orientalismo</em> o <em>Cultura e imperialismo</em>, de Edward Said. Dejando aparte el hecho de la propia conquista imperialista, que no es el caso de la Espa&ntilde;a vac&iacute;a, existe un claro fondo com&uacute;n. Said sosten&iacute;a con acierto que Oriente fue una construcci&oacute;n de Occidente, no s&oacute;lo con la fuerza de las armas o la pol&iacute;tica, sino sobre todo con los mitos creados y las obras de la alta cultura que la retrataban. Cuanto sabemos de esa Espa&ntilde;a cada vez m&aacute;s vac&iacute;a es un relato ajeno, contado por los due&ntilde;os de la palabra. S&oacute;lo en los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha empezado a ser narrada desde otro punto de vista, ajeno a la mentalidad prepotente hasta ahora dominante. Son algunos nietos y bisnietos de los que protagonizaron el Gran Trauma quienes, en sus escritos, pero tambi&eacute;n con su m&uacute;sica y su forma de vivir, se han reapropiado de esa Espa&ntilde;a vac&iacute;a desde las capitales a las que emigraron sus antepasados. Sin idealizaciones, sin estereotipos externos.- DANIEL PELEGR&Iacute;N.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Sergio del Molino. <em>La Espa&ntilde;a vac&iacute;a. Viaje por un pa&iacute;s que nunca fue</em>, Madrid, Turner, 2016.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 23 Apr 2020 11:14:18 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Prohibido mirás atrás]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/prohibido-mirar-atras/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2020/magris500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp; Existir, existi&oacute;. Y se hac&iacute;a anunciar con chocantes anuncios en los peri&oacute;dicos de comienzos de los a&ntilde;os 60 en Italia. Muy concretamente en la ciudad de Trieste. &ldquo;Submarinos usados: compro y vendo&rdquo;. Parecer&iacute;a un chiste, si no fuera por la incre&iacute;ble historia que, a partir de una inspiraci&oacute;n real, el escritor Claudio Magris m&aacute;s tarde desarrolla a lo largo de 400 p&aacute;ginas en la forma de&nbsp; una apasionante y estremecedora&nbsp; historia de historias. Una novela, <em>No ha lugar a proceder</em>, de laber&iacute;nticos tent&aacute;culos, un duro panfleto acusatorio en torno a las guerras y&nbsp; el instinto de destrucci&oacute;n del ser humano desde el comienzo de los tiempos. Eslabones de una cadena que parece no tomarse nunca un respiro ligando, ensamblando e &ldquo;inspir&aacute;ndose&rdquo; unos en otros, a base de persecuciones, matanzas, racismo, colonizaci&oacute;n o asesinatos sin castigo. Para ello, esta l&uacute;gubre cadena utilizar&aacute; poderosas armas a posteriori. Entre ellas, la impunidad y el olvido social, pol&iacute;tico e hist&oacute;ricamente aconsejable y <em>terap&eacute;utico</em>, una vez pasados los conflictos, como defienden algunos. Como a&uacute;n se debate, en carne y memoria viva, en no pocos pa&iacute;ses de Europa, ya sea con restos abandonados en las cunetas, ya sea con defensores de la libertad torturados y masacrados en celdas an&oacute;nimas, m&aacute;s tarde &ldquo;raspados de la conciencia&rdquo; por los sobrevivientes, culpables o no. Y si no, con gente convertida en cenizas, gente sin tumba, a la que jam&aacute;s se les har&aacute; justicia.</p>
<p>&nbsp; &nbsp;Expedientes supurantes de la Historia que, una y otra vez, s&oacute;lo merecer&aacute;n ser definidos en procesos hipot&eacute;ticamente emprendidos con la f&oacute;rmula &ldquo;no ha lugar para proceder&rdquo;. Un arma, el olvido, contra la que luchar&aacute; hasta su misteriosa desaparici&oacute;n un h&eacute;roe, entre coleccionista man&iacute;aco y desorbitado, y &aacute;ngel custodio de una justicia que, una y otra vez, es interesadamente borrada, obstaculizada, esquivada o &ldquo;distra&iacute;da&rdquo; con argucias. Con las argucias de un Estado de Derecho, llegada por fin la paz y el imperio de la ley. El olvido ser&aacute; -como nos recuerda Magris en esta magn&iacute;fica obra <em>No ha lugar a proceder</em>- ser&aacute; siempre esa casa &uacute;ltima o refugio de todo tipo de criminales, muy pronto c&iacute;nicos y &ldquo;convencidos&rdquo; constructores de las nuevas democracias.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El profesor Diego de Henr&iacute;quez realmente existi&oacute;. Desde hac&iacute;a a&ntilde;os se hab&iacute;a dedicado a recoger armas de toda clase y tama&ntilde;o, desde sumergibles, Panzer o dragaminas. Empujado por las deudas tuvo que poner en venta &ldquo;alguna reliquia de considerables dimensiones&rdquo;. Y existi&oacute; en una bella ciudad, Trieste, cantada por poetas como Umberto Saba, narradores universales como Svevo o visitantes de lujo como Joyce. Una ciudad que a&uacute;n viv&iacute;a del mito austroh&uacute;ngaro, &ldquo;que recordaba todas las an&eacute;cdotas sobre Franz Joseph y todos los detalles sobre la llegada de los Bersaglieri, pero poco sobre la Risiera y sobre los que se disolvieron sobre el f&eacute;tido humo de su horno crematorio&rdquo;. Porque si aquel estrafalario Coleccionista del Mal y la destrucci&oacute;n existi&oacute;, tambi&eacute;n existi&oacute; en Trieste otra cumbre real de la infamia llamada La Risiera di San Sabba. El &uacute;nico campo de exterminio nazi en suelo italiano. Una t&eacute;trica construcci&oacute;n industrial &ndash;hoy Museo- utilizada como campo de tr&aacute;nsito, detenci&oacute;n, tortura y eliminaci&oacute;n de miles de partisanos, antifascistas y jud&iacute;os. Unas veces, gaseados en su horno crematorio, otras sometidos a suplicio o asesinados a martillazos. Aunque no s&oacute;lo se tortur&oacute; all&iacute; durante el fascismo y la Segunda Guerra Mundial. Tambi&eacute;n se hizo en otros lugares diseminados por la ciudad, como &nbsp;las c&aacute;rceles del Coroneo, o en la tristemente c&eacute;lebre Villa Triste, &nbsp;nido de los fascistas locales conocidos como &ldquo;la banda Collotti&rdquo;. Una banda, como se nos dice en la novela, &ldquo;que tortur&oacute; hasta el &uacute;ltimo momento&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Tienen caducidad los cr&iacute;menes ocurridos durante guerras y conflictos, no s&oacute;lo los militares, sino los de car&aacute;cter represivo y civil? En este apartado, el escritor Claudio Magris, que a lo largo de toda su obra, desde el ensayo, la ficci&oacute;n, el teatro o desde su constante presencia como articulista en numerosas publicaciones, se ha convertido en una implacable e insustituible conciencia &eacute;tica y moral de nuestros d&iacute;as, una conciencia en absoluto&nbsp; conformista, se muestra en esta obra, una y otra vez, pesimista. Con la victoria, se nos dice en uno de los m&aacute;s espl&eacute;ndidos cap&iacute;tulos del libro -el dedicado a la dif&iacute;cil y ca&oacute;tica liberaci&oacute;n de Trieste, enclave ferozmente disputado por partisanos yugoslavos y por italianos-, una vez acabada la guerra, s&oacute;lo hay lugar para &ldquo;las felicitaciones&rdquo;. El resto, r&aacute;pidamente, &ldquo;es agua pasada&rdquo;. Ni siquiera al siniestro coronel Ernst Lerch, en cuya &ldquo;hermosa villa luego se vuelven a ver <em>todos</em>&rdquo; &ndash;se nos dice en las &uacute;ltimas p&aacute;ginas de estas amargas recapitulaciones de hechos hist&oacute;ricos- encargado de separar a los prisioneros de la Risiera, designando qui&eacute;n iba a las c&aacute;maras o a Alemania, &ldquo;le dio mucha pena que el F&uuml;hrer hubiera perdido la guerra&rdquo;. Todo pasa, todo se olvida. Una vez regresado a su austriaco Klagenfurt natal, su Caf&eacute; Lerch ir&aacute; viento en popa. Es alguien sumamente respetado y se convierte muy pronto en el presidente de la asociaci&oacute;n de peque&ntilde;os empresarios de la ciudad. La ciudad de grandes gigantes de la literatura como Robert Musil y de escritoras no menos notables como Ingeborg Bachmann. Aunque no contento con esto, como se nos avisa en el relato de Magris &ndash;la cantidad de an&eacute;cdotas demoledoras, de <em>carcajadas</em> insolentes del Mal que llaman al esc&aacute;ndalo y la estupefacci&oacute;n de las &ldquo;buenas voluntades&rdquo; de cualquier &eacute;poca, es incesante en esta obra- Lerch, como cualquier criminal dignificado por el paso del tiempo y la impunidad,&nbsp; regresar&aacute; al lugar de la infamia: a Trieste. En una bella villa del Carso, monte cercano a Trieste, el exnazi Lerch &ldquo;celebra veladas con funcionarios y oficiales angloamericanos y con el coronel Bowman, primer comandante del Gobierno Militar Aliado en Trieste&rdquo;. Un hombre de mundo &eacute;ste, Bowman, de quien &ldquo;se comenta&rdquo; que tiene una amante eslava y que no le gustan demasiado los italianos. &ldquo;Todos fascistas&rdquo;, y encima, ahora, poco efectivos &ldquo;contra los comunistas&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;Arca de No&eacute; de una humanidad que sin cesar se reencarna no siempre en lo mejor, grandiosa y casi enciclop&eacute;dica suma de historias sobre la furiosa batalla de la vida contra la muerte, de la civilizaci&oacute;n contra la barbarie, de la verdad contra la mentira, del amor contra el odio, esta&nbsp; &uacute;ltima novela de Magris, como ya suced&iacute;a con su anterior, no menos dura y magn&iacute;fica, <em>A ciegas</em>,&nbsp; vuelve a decantarse por una adictiva y zigzagueante polifon&iacute;a de voces. Esa multiplicidad de historias encadenadas, de hechos, de gestos fulminantes, de detalles dejados caer aparentemente al margen y arrastrados por un caudal de existencias y aconteceres que se niegan a reducir &ldquo;la prolijidad del mundo, la inmensidad de los espacios, los abismos del coraz&oacute;n&rdquo;, como dec&iacute;a este mismo autor en su no menos fascinante viaje que era <em>Microcosmos</em>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como si estuviera inmerso en una especie de macro-thriller detectivesco, en una iracunda&nbsp; &ldquo;caza&rdquo; contra esta impunidad y olvido que se r&iacute;e del presente (&ldquo;no lucho contra el olvido, sino contra el olvido del olvido, contra la culpable ignorancia de haber olvidado, de haber querido olvidar&rdquo;) Henr&iacute;quez, cuyo nombre no aparece en la novela, s&oacute;lo los fragmentos de sus diarios, una vez ya ha fallecido, dice haber transcrito los grafitis que dejaron algunos prisioneros en las paredes de La Risiera, antes de ser cubiertas con cal viva. Unas listas de nombres que quiz&aacute; se&ntilde;alaban a sus verdugos. A los carniceros de las SS m&aacute;s reconocibles pero tambi&eacute;n a sus m&aacute;s ocultos y &ldquo;honorables&rdquo; c&oacute;mplices locales. Muchos en la ciudad de Trieste est&aacute;n alarmados. Otros dicen que tan s&oacute;lo es fruto de la calenturienta imaginaci&oacute;n de &ldquo;un falsario, un alucinado&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tras la desaparici&oacute;n de este curioso personaje, una joven, Luisa Brooks, es la encargada de organizar, sala por sala, el futuro Museo. Tambi&eacute;n ser&aacute; la responsable de interpretar e ir comentando, a la luz de lo vivido por su familia, a la luz de la Historia oficial y de los diarios de Diego, los borrones y cuentas nuevas elegidos para seguir viviendo en paz, para afrontar nuevos ciclos de m&aacute;s o menos interesados e hip&oacute;critas entendimientos. &ldquo;Toda la Historia de la Humanidad es un raspado de la conciencia, sobre todo de lo que ha desaparecido&rdquo;, se nos dice en este relato narrado a trav&eacute;s de dos voces. Por un lado, la voz del presente, encarnado Luisa, una mestiza hija de una jud&iacute;a cuya abuela fue asesinada y de un oficial negro llegado con el Ej&eacute;rcito de los Estados Unidos; &nbsp;y por otro lado, la voz casi m&iacute;tica, de alguien ya desaparecido, el fundador del Museo, que ha dejado escritos unos diarios.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Avanzando fragmentariamente a trav&eacute;s de historias (&ldquo;las historias van y vienen&rdquo;, dir&aacute; Luisa) que se engarzan unas con otras entre el horror y la fascinaci&oacute;n -desde el Caribe y los interrogatorios de la Inquisici&oacute;n en el siglo XVI a cr&iacute;menes racistas sucedidos en un Londres bombardeado durante la Guerra Mundial; desde&nbsp; fant&aacute;sticos personajes como ese h&eacute;roe checo V&aacute;clav Mor&aacute;vek que enviaba postales al sanguinario Heydrich despu&eacute;s de cada atentado a infames torturadores como el polic&iacute;a Collotti de la siniestra Villa Triste, condecorado post-mortem por las nuevas autoridades italianas- la novela de Magris se convierte a cada paso en un bello o apestoso palimpsesto que fluye de forma acompasada, natural, simult&aacute;nea, conformando un gran y mestizo humus. Un humus donde el bien y el mal, la cobard&iacute;a y el hero&iacute;smo, las v&iacute;ctimas y los verdugos, el espanto y el amor, se confunden entre &ldquo;reba&ntilde;os humanos&rdquo; en ocasiones indistinguibles. Una tupida mara&ntilde;a de zonas intermedias, ambiguas, de dif&iacute;cil comprobaci&oacute;n y frecuentes enmascaramientos. De vacilante justicia terrenal y aberrantes ocultamientos como ya suced&iacute;a &nbsp;en otras novelas de este autor como <em>Otro mar</em>, <em>Conjeturas sobre un sable</em>, <em>A ciegas</em>o en esta&nbsp; actual. Algo que, con el tiempo, una y otra vez, ha ido caracterizado siempre su literatura. Una literatura que engarza de forma embriagadora e&nbsp; hipn&oacute;tica un gran n&uacute;mero de relatos y destinos humanos cruzados y complementarios, se trate del escenario del que se trate. Una escritura de enorme potencia y de deslumbrantes hallazgos metaf&oacute;ricos, de contundente ferocidad y escaso acomodamiento, de penetrante y l&uacute;cida indignaci&oacute;n, a mitad de camino entre el ensayo y la pura narraci&oacute;n, entre el atestado y la investigaci&oacute;n, entre el puro relato de aventuras y el cautivador y terrible poema &eacute;pico.- MERCEDES MONMANY.</p>
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<p>Claudio Magris, <em>No ha lugar a proceder</em>, Claudio Magris, traducci&oacute;n de Pilar Gonz&aacute;lez Rodr&iacute;guez, Barcelona, &nbsp;Anagrama. Barcelona, 2016.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 23 Apr 2020 06:23:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuanto sé de mí]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/cuanto-se-de-mi/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2020/aramburu500.jpg" alt="" />&nbsp;</p>
<p>Si en lugar de haber publicado <em>Patria </em>a los 57 a&ntilde;os de edad, con un pu&ntilde;ado de libros a sus espaldas y un acreditado prestigio en el panorama literario hispano, el &eacute;xito extraordinario obtenido por esa novela le hubiera pillado a Fernando Aramburu con veintitantos y esa hubiera sido, pong&aacute;monos estupendos, su &oacute;pera prima, los lectores y la cr&iacute;tica habr&iacute;an estado esperando su siguiente obra con la punzante intriga, mezcla de fervor y mala uva, que suele caracterizar el car&aacute;cter patrio. Las cosas, sin embargo, no se han desarrollado as&iacute;. Tras 27 ediciones y 700.000 ejemplares vendidos, seg&uacute;n las &uacute;ltimas estad&iacute;sticas, a <em>Patria </em>le ha sucedido un libro que habr&aacute; desconcertado a m&aacute;s de uno. La jugada estaba calculada. Aramburu no es un aficionado. A aqu&eacute;lla le sucede en su ya extensa lista de t&iacute;tulos <em>Autorretrato sin m&iacute;</em>, una paradoja en sus t&eacute;rminos, sesenta y una piezas en prosa que, no obstante, pueden ser calificadas de po&eacute;ticas. Por la poes&iacute;a empez&oacute; su andadura el escritor vasco afincado en Alemania. De la mano de CLOC de Arte y Desarte. &ldquo;Contraje la poes&iacute;a a edad temprana&rdquo;, confiesa. Al parecer fue Lorca quien le contagi&oacute; &ldquo;la enfermedad incurable de la poes&iacute;a&rdquo;. Para demostrar que &eacute;sta no le es ajena, reuni&oacute; en <em>Yo quisiera llover</em>&nbsp;(Demipage, 2010) versos escritos entre 1977 y 2005. Antes, ya hab&iacute;a afirmado: &ldquo;Yo, con todos mis respetos, creo que hoy por hoy la poes&iacute;a prefiere que la exprese cierto g&eacute;nero de prosistas&rdquo;.&nbsp;&Eacute;l es uno de ellos. Y eso ha hecho. No con la sutileza que ha usado en su narrativa, corta o larga. En este <em>autorretrato</em> la apuesta l&iacute;rica ha sido otra y no en vano el libro aparece en Nuevos Textos Sagrados, la colecci&oacute;n po&eacute;tica de su editorial de toda la vida, Tusquets, aunque no con el dise&ntilde;o que la caracteriza. Basta con leer &ldquo;Polvo de hombre&rdquo;, &ldquo;El hueco&rdquo;, &ldquo;El hilo&rdquo;, &ldquo;R&eacute;quiem por el tiempo&rdquo;, &ldquo;P&aacute;jaros&rdquo;, &ldquo;La medusa&rdquo;, &ldquo;El sable&rdquo; o &ldquo;Mirlo&rdquo;. Hasta la disposici&oacute;n tipogr&aacute;fica lo delata.</p>
<p>A prop&oacute;sito de esta entrega, Aramburu ha declarado: &ldquo;Es un ejercicio literario de introspecci&oacute;n pero lo que ofrece no es una sucesi&oacute;n de datos autobiogr&aacute;ficos sino un paisaje en el que conf&iacute;o que cualquier lector se pueda reconocer. Me propuse verbalizar lo que me constituye como ser humano&rdquo;. S&iacute;, la palabra &ldquo;hombre&rdquo; abunda en estas p&aacute;ginas. Su humanismo, digamos, en ineludible. Desde la primera l&iacute;nea: &ldquo;Habito desde que nac&iacute; en un hombre llamado Fernando Aramburu&rdquo;. Y m&aacute;s adelante: &ldquo;No he sido nada del otro mundo, un simple hombre&nbsp;atareado en juntar signos frente a la noche&rdquo;. O: &ldquo;Yo, simple hombre de soledad y libros&rdquo;. Tambi&eacute;n: &ldquo;Ser humano es mi vocaci&oacute;n, mi tozudez y mi condena&rdquo;.</p>
<p>El de la identidad es un asunto central en este empe&ntilde;o. &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n, de todos los que he sido, soy yo en verdad?&rdquo;, se pregunta. Y a&ntilde;ade: &ldquo;De m&iacute; podr&aacute;n decir cualquier cosa salvo que fui definitivo&rdquo;. Del primer al &uacute;ltimo cap&iacute;tulo, el borgeano tema del &ldquo;otro&rdquo; est&aacute; omnipresente. Ese &ldquo;otro&rdquo; que es, por seguir el t&iacute;tulo del libro del poeta argentino, &ldquo;el mismo&rdquo;. Ese yo que es otro y, adem&aacute;s, los otros, sin cuya concurrencia aqu&eacute;l no existir&iacute;a. Una identidad, cabe precisar, sustanciada en la soledad (&ldquo;escogida&rdquo;), en la cualidad del solitario, ya se dijo. En &ldquo;Concha de caracol&rdquo; leemos: &ldquo;Yo no tengo m&aacute;s alma que estar solo&rdquo;. Y: &ldquo;Yo apenas me alejo de mi soledad&rdquo;. O: &ldquo;Yo estoy tan solo a solas como en presencia de los otros&rdquo;. Y, por fin: &ldquo;Soy de mi soledad&rdquo;. En otra parte leemos: &ldquo;&iquest;De d&oacute;nde eres? Soy de mi soledad, el pa&iacute;s que jam&aacute;s abandono vaya a donde vaya&rdquo;.</p>
<p>Ya se ve que &ldquo;yo&rdquo; es una palabra que, como es l&oacute;gico, se repite. Este es un relato de autoafirmaci&oacute;n. Pero es un <em>yo </em>rodeado. Quiero decir que en su soledad y, por ende en su ensimismamiento, participan otras personas muy cercanas al autor de esta suerte de meditaci&oacute;n con trazos de memorias. As&iacute;, su padre. Aparece pronto en escena, en el tercer fragmento de este puzle que, una vez terminado, da en un fiel retrato de quien lo concibi&oacute;. Hablo de &ldquo;Viejo&rdquo;. Y su madre, a la que dedica una pieza con ese t&iacute;tulo. Y su mujer, claro, &ldquo;la Guapa&rdquo;, la misma que llam&oacute; al timbre de un piso de Zaragoza y cambi&oacute; para siempre la vida de Aramburu (a la que dedica una de sus novelas m&aacute;s po&eacute;ticas, <em>Viaje con Clara por Alemania</em>). De la que dice: &ldquo;Hasta hoy (me est&aacute; esperando a la vuelta de la esquina) permanecer&aacute;s con la mujer, sin la cual tu vida entera, cr&eacute;eme, no tendr&iacute;a m&aacute;s consistencia que el barro seco&rdquo;. L&eacute;ase &ldquo;Beso&rdquo;.</p>
<p>Y sus hijas: Cecila, la del piano, e Isabel (ha explicado que &ldquo;sufri&oacute; una meningitis que le dej&oacute; secuelas&rdquo;), con la que aprende la compasi&oacute;n: &ldquo;Nadie me ha conferido tanta forma como t&uacute;&rdquo;. Y la inocencia.</p>
<p>En &ldquo;Amor&rdquo; escribe: &ldquo;Amar, lo que se dice amar, he amado a pocos; pero jurar&iacute;a que a esos pocos los he amado mucho&rdquo;.</p>
<p>El que en 1985 dijo: &ldquo;La sintaxis soy yo&rdquo;, no puede olvidar que, al final, es alguien que escribe. &ldquo;Yo me afan&eacute; con las comunes palabras del idioma castellano&rdquo;. Palabras &ldquo;baratas&rdquo;, &ldquo;de todos&rdquo;. De una lengua que se ha convertido en &ldquo;la m&aacute;s firme y duradera de mis pasiones&rdquo;. &ldquo;He sido (&hellip;) un hombre entregado al arte laborioso (que es oficio y es pasi&oacute;n y es juego) de expresarme por escrito&rdquo;. De ah&iacute; que el lenguaje sea sustento b&aacute;sico y necesario de un libro que basa su existencia, m&aacute;s all&aacute; de lo testimonial, en su vocaci&oacute;n de estilo, otro rasgo distintivo de Aramburu. De ah&iacute; que dedique no pocas p&aacute;ginas a indagar sobre su oficio, que empieza por su destino de lector (&ldquo;La bofetada de1971&rdquo;).</p>
<p>&ldquo;Constato solamente&rdquo;. &ldquo;A m&iacute; me basta la realidad&rdquo;, declara, y en lo que tiene de cotidiana sustenta algunos aspectos de su intimidad como cuando se refiere a su cara, a sus manos, a su perro, a la cama, a la &ldquo;manzana matutina&rdquo; que se come a diario o a ese terrible diagn&oacute;stico que, por suerte, result&oacute; equivocado. En pos del &ldquo;arte tranquilo de morir&rdquo;. Pero cuidado, &ldquo;Que lo raro es vivir&rdquo;. &ldquo;Ardua es su tarea no elegida de existir&rdquo;. Se constata f&aacute;cilmente. A esa perplejidad dedica el autor de <em>&Aacute;vidas pretensiones</em> tal vez lo mejor de sus creaciones. Desde la posici&oacute;n de un melanc&oacute;lico vitalista: &ldquo;Me gusta la vida, qu&eacute; se le va a hacer&rdquo;. A pesar del miedo (&ldquo;Grande es la noche, negra y sin consuelo&rdquo;). &ldquo;Feliz de ser feliz&rdquo;.</p>
<p>Ve la vida Aramburu desde la ventana de su estudio que da a los abedules (&ldquo;Mi ventana y mi vida dan al norte&rdquo;) o desde las orillas del mar Cant&aacute;brico, en su natal Donostia-San Sebasti&aacute;n. Pero sobre todo desde la calle, en medio de los dem&aacute;s. Su humanidad as&iacute; lo exige. &ldquo;Vengo a decirme la verdad&rdquo;, leemos, y podemos dar fe de que as&iacute; ha sido.- &Aacute;LVARO VALVERDE.</p>
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<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>Fernando Aramburu, <em>Autorretrato sin m&iacute;</em>, Tusquets Editores, Barcelona, 2018.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 17 Apr 2020 07:36:56 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Langoy]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/langoy/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas20/abril/trelles500.jpg" alt="" /></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p><em>&nbsp;</em><em>&nbsp;</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>Y va a llegar un demonio at&oacute;mico y te va a limpiar</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right">H&eacute;ctor Lavoe y Willie Col&oacute;n</p>
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<p>Ya te lo he dicho, ni&ntilde;a, no empieces...</p>
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<p>Mejor ni le des m&aacute;s vueltas al asunto: ac&eacute;ptalo y agradece.</p>
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<p>Hoy tuviste suerte. No, no te hablo de la suerte del casino o la del bingo, no. Es una suerte distinta. Algo mucho m&aacute;s m&iacute;stico, mucho m&aacute;s m&aacute;gico y espiritual. Cosa de no creerse. Y es muy extra&ntilde;o que sea yo el que tenga que explicarte estas cosas, ni&ntilde;a, pero no importa, aqu&iacute; estoy, resignado y dispuesto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Te sorprender&aacute; por ejemplo saber que detesto las barriadas. Te preguntar&aacute;s por qu&eacute;, c&oacute;mo es posible que no me gusten si aqu&iacute; estamos &iquest;no? La respuesta es tan simple que asusta. Estoy aqu&iacute; por ti, ni&ntilde;a. Hice el esfuerzo de venir para verte pero no las soporto. &iquest;Por qu&eacute;? Porque son sucias. Porque huelen a caca y est&aacute;n llenas de piojos y de putas. No s&eacute; si me explico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El Centro de Lima, por ejemplo, sobre todo a estas horas, es casi un zool&oacute;gico humano, solo le faltan las jaulas&hellip; No, espera... Humano, no, &iquest;eh?, humano no, &iexcl;qu&eacute; va! Este muladar, esta pocilga sin puertas no es otra cosa que un matadero de bestias, &iquest;te diste cuenta? Mira por la ventana si quieres: as&oacute;mate y mira. &iquest;Los ves? &iquest;Ves a esa gentuza fea y maloliente? Detr&aacute;s de ese vidrio que nos protege, ni&ntilde;a, est&aacute; el infierno. Pira&ntilde;as. Cucarachas. Ratas. Chacales. Ni&ntilde;os idiotizados por el terokal. Putas gordas y chancrosas. Maricones con tetas. Chusma animalizada, cochina, pestilente. En este Reino del Se&ntilde;or hay de todo, ni&ntilde;a, porque Lima, la otrora Ciudad de los Reyes, no es otra cosa que la peste.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Te pongo un ejemplo. Piensa pues, digamos, en los turistas. Piensa en esos gringos hediondos con pelos en el sobaco que vienen a aparearse al Jir&oacute;n de la Uni&oacute;n. Seguro que los viste. Est&aacute;n sonriendo con su camarita al pecho, haci&eacute;ndose los cojudos con sus chuyos, sus ojotas y sus polos de Inca Kola, &iquest;no? Los muy cerdos. Vienen directito del Jorge Ch&aacute;vez al Centro, &iquest;para qu&eacute;? &iquest;Para conocer las Catacumbas? &iquest;Para ver la Catedral? &iquest;Para chequear el cambio de guardia en Palacio? &iexcl;Ja! &iexcl;Las huevas! Esos ojetes vienen al Centro para levantarse indias; cuanto m&aacute;s apestosas, mejor. Seguro los viste. Con ellos desde luego, no es. A estos cojudos les encanta la caca &mdash;no, espera, no les encanta la caca: les fascina, los aloca, los <em>desespera</em> la caca, y revolcarse y contagiarse y alimentarse de ese ganado de monstruos que apestan a caca, &iquest;no?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una vez&hellip; (&iexcl;ja!, no me lo vas a creer), una vez vino un colorado flaquito con cara-de-mongo a pedirme carrera. Estaba borracho y llevaba de la mano a una mocosa en minifalda y a un chibolo con pinta de pira&ntilde;a. &laquo;Quiero ir a un hotel decente&raquo;, me dijo el cojudito. &laquo;Oye, sinverg&uuml;enza&raquo;, le contest&eacute; bien serio, &laquo;&iquest;ad&oacute;nde quieres que te lleve con ese guanaco con falda que traes contigo? &iquest;Al <em>Sheraton</em> o al Parque de las Leyendas?&raquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No entendi&oacute; el chiste. Se qued&oacute; tieso, esperando algo. La que s&iacute; entendi&oacute; fue la chibola que me quiso pegar. Arranqu&eacute; nom&aacute;s. &iexcl;Za-za!, putita majadera, &iquest;o qu&eacute; cosa quieren conmigo estas recuas? &iquest;A m&iacute; con cojudeces? No&hellip; Y mira, te digo ni&ntilde;a, que si no me baje a pegarle fue porque iba apurado. Lo peor de todo, lo m&aacute;s odioso, es que luego manejando me dieron n&aacute;useas. Despu&eacute;s de ese d&iacute;a me dije: ya no m&aacute;s, Wilmer, ni cagando, al Centro ni cagando, nunca, nunca, <em>nunca</em> m&aacute;s.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y es que yo ni de mocoso, ni&ntilde;a, qu&eacute; te puedo decir. Sencillamente no iba, &iexcl;nunca iba! Ni siquiera conoc&iacute;a. &iquest;Qu&eacute; iba a hacer alguien como yo metido ah&iacute;, dime? No era pues, no era... A ver, para que me entiendas: mi familia era de billete. Viv&iacute;amos en Surco, por Velasco Astete, una zona residencial con parques, piscina ol&iacute;mpica, juegos y canchas de tenis. Un lugar hermoso, segur&iacute;simo, con guachim&aacute;n las 24 horas del d&iacute;a, con ni&ntilde;eras y jardinero y chofer y hasta dobermans entrenados para protegernos. &iquest;Qu&eacute; mierda iba a hacer un chibolo-bien como yo en el Centro de Lima, dime? &iquest;Para qu&eacute;? A mi viejita, de seguro, le hubiera dado un infarto. Y raz&oacute;n no le faltaba &iquest;ah? Mira nom&aacute;s a la chola. Ten&iacute;amos una chola all&aacute; en Surco y la muy mierda ja, ja, ja&hellip; &iquest;Sabes lo que hac&iacute;a la muy mierda? Yo te voy a contar lo que hac&iacute;a esta zorra pendeja. Se pon&iacute;a los zapatos de mi hermana; unos zapatos finos, car&iacute;simos, italianos, te volteabas y &iexcl;plum! la chola mosca se los guardaba y los domingos, calladita, se los llevaba a sus tonos chicha. Y mi hermana como una cojuda busca y busca los benditos zapatos y nada, y como esa huevona viv&iacute;a todo el santo d&iacute;a drogada, despu&eacute;s de cinco minutos se olvidaba. Ya aparecer&aacute;n dec&iacute;a y el lunes ah&iacute; estaban los zapatos con la pezu&ntilde;a maloliente de la chola y mi hermana ni cuenta, a&ntilde;os de a&ntilde;os hasta que un d&iacute;a la agarro. Un domingo. Llega de noche, no s&eacute; lo que le pas&oacute; pero lleg&oacute; de noche y yo estaba solo en casa. No soy ning&uacute;n huev&oacute;n te digo, ya le hab&iacute;a manyado la jugada con esa carteraza negra que parec&iacute;a mochila de tropa. &iquest;Qu&eacute; mierda hace una empleada maloliente con esa bolsa de frutas en un concierto chicha, me puedes decir? Chola pendeja, pens&eacute;: aqu&iacute; mancas. Le cerr&eacute; el paso en la cocina, la serrana era grande, maceta, tetona, yo era chibolo, flaquito, f&aacute;cil me tumbaba de un pedo pero no hizo nada. D&eacute;jeme pasar joven, por favor, me dijo, y ah&iacute; justito le jalo la cartera de un manazo y cuando cae se abre y &iquest;qu&eacute; veo?, los zapatos.</p>
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<p>Te imaginar&aacute;s c&oacute;mo se puso. &iexcl;Te vas presa chola ratera!, le grit&eacute; y empez&oacute; a chillar. No joven, por favor. &iquest;No joven por favor? &iquest;T&uacute;-t&aacute;s huevona oe? &iexcl;O sea que piensas que le vas a contaminar los pies a mi hermana gratis! Yo, pues, aunque era medio ahuevonado en el cole hab&iacute;a chequeado c&oacute;mo la trataba mi viejita, peor que al perro, y me sorprend&iacute;, me sali&oacute; s&uacute;per natural: vamos a tu cuarto, le dije, vamos a tu cuarto y hablamos y si mam&aacute; se levanta por tu culpa te jodes doble. Le ment&iacute; y atrac&oacute;. La muy pendeja. Eran las siete, mi viejita se dorm&iacute;a a las once y la pendeja lo sab&iacute;a pero asinti&oacute;. Abre la puerta de su cuarto (un asco esa huevada) y ni bien la cierra me dice: &iquest;no le va a decir a su mam&aacute;, no joven? Oye mamita, le digo, &iquest;t&uacute; crees que yo podr&iacute;a meter algo limpio en esa sarna-con-pelos que tienes ah&iacute;? Ya quisieras ya. No te voy a dar el gusto &iquest;o t&uacute; crees que he venido a premiarte? (No dije eso. En realidad no me acuerdo qu&eacute; le dije. F&aacute;cil no le dije nada). Me la vas a chupar. Te me sacas la huevada esa espantosa de flores que traes encima tambi&eacute;n. Y cuando me venga en tu boca y en tus tetas me vas a decir &laquo;s&iacute; joven&raquo; o &laquo;m&aacute;s joven, m&aacute;s&raquo; y si te atoras mejor, por chora.</p>
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<p>Aunque, de repente, no dije eso. A lo mejor solo lo pens&eacute;. A veces me pasa &iquest;sabes? Tengo esa rara virtud de creer que he dicho cosas que solo pienso. No importa. La cosa es que, desde ese d&iacute;a, me di cuenta, la pendeja esperaba a que mis viejitos salieran. O sea, le hab&iacute;a gustado la vaina, &iquest;manyas? Digo&hellip; no te estoy contando esto para amenizarte el viaje, ni&ntilde;a, no. Hay toda una filosof&iacute;a muy interesante y compleja detr&aacute;s. Una filosof&iacute;a de vida. Te estoy hablando&hellip; &iquest;C&oacute;mo decirlo?... Te hablo por&hellip;<em> debajo</em>, no s&eacute; si me entiendes. Es como raspar las palabras, como deformarlas, como ara&ntilde;arlas para ver lo que encuentras...</p>
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<p>&iquest;Me oyes o no?</p>
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<p>S&iacute;, s&iacute; me oyes, claro que me oyes pero te haces la que no. Te haces la loca, la dormida, la zonza. No importa. Finge si quieres. Yo igual tengo una pregunta especial para ti. La pregunta del mill&oacute;n, espera... T&oacute;mala como quieras porque igual te la voy a hacer. Y es que me rompo el cerebro pensando, ni&ntilde;a, me pierdo. A veces los pasajeros me hablan y me hablan pero yo estoy en otra, pensando, divagando, charlando solo, buscando un motivo, una f&oacute;rmula, una respuesta l&oacute;gica y&hellip; no pues... no llego, intento e intento y no me sale nada.</p>
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<p>Por si acaso, te estoy hablando de la paridera aqu&iacute;. No s&eacute; si me explico. De la compulsi&oacute;n esa que tienen ustedes para parir como bestias. &iexcl;Qu&eacute; necesidad esa de reproducirse por docenas, dime! De a cuatro y de a seis y de a diez y de a veinte y siguen y siguen carajo y no paran nunca. Se la pasan pariendo nom&aacute;s. Pueblan y afean m&aacute;s esta fea ciudad pero con ustedes no es&hellip; Y es que cuando estaba el Chino, no s&eacute; si te acuerdas del Fuji pero el Fuji, ayayay mamita, &iexcl;ese Fuji era la muerte! Te voy a decir lo que hizo: en dos patadas lo arregl&oacute; toditito. &iquest;C&oacute;mo? F&aacute;cil: les cosi&oacute; la papa. As&iacute;, de una, sin asco, a todas las mamachas que no entienden de condones y de pastillas, que ni leen las pobres, va el Chino y les opera la chucha gratis y les da su propina y los cholos felices porque ya pueden cruzarse tranquilos. Todo excelente, problema solucionado: no m&aacute;s pira&ntilde;as, no m&aacute;s animalito suelto ensuciando las calles de Lima, no m&aacute;s sobras.</p>
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<p>Ahora, esto es algo que yo vengo meditando desde hace un tiempo, no te creas que soy un improvisado en el tema. Incluso empec&eacute; un librito que hab&iacute;a imaginado como un tratado, algo as&iacute; como un ensayo sobre los peruanos modestos. El t&iacute;tulo es genial, espera que ya te lo digo&hellip; No quiero tampoco hablarte en dif&iacute;cil, ni&ntilde;a, no; y lo de modestos es un eufemismo, claro, no s&eacute; si lo captaste pero mejor me anticipo: te toca preguntarme que qu&eacute; es un &lsquo;eufemismo&rsquo;, y yo te lo dir&eacute; porque tiempo hay de sobra, ni&ntilde;a, a&uacute;n no amanece. <em></em></p>
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<p>Un eufemismo es decir una cosa por otra. O sea, es aludir a algo feo usando una palabra que suene educada &iquest;me sigues? Seguro que no. A ver: cuando, por ejemplo, los soci&oacute;logos peruanos, cuando estos pobres necios y pretenciosos hablan del cholo emergente, &iquest;de qu&eacute; o de qui&eacute;n crees que est&aacute;n hablando en el fondo? Del serrano, del inmigrante animalizado que invade Lima para trabajar como mula, comportarse como mula y procrear como mula &iquest;Y c&oacute;mo se les ocurre llamarlo a estos mierdas? &lsquo;Cholo emergente&rsquo;, que suena, pues, a emprendedor, a decente, a <em>hard working class</em> y no a lo que son. Porque cholo, digo... &iquest;Qu&eacute; se creen estos huevones, que porque les ponen un adjetivo noble les est&aacute;n haciendo un favor? No saben, pues, <em>nada</em> y la pregunta es de una simpleza que ofende&hellip;</p>
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<p>Qui&eacute;n, ni&ntilde;a, dime por favor&hellip; &iquest;Qui&eacute;n mierda quiere ser cholo en Lima?</p>
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<p>&iexcl;&iquest;Qui&eacute;n?! Nadie, absolutamente nadie. Ni el presidente que es cholo y bruto y terco para concha. Ni siquiera ese pendejo quiere ser cholo aqu&iacute;. Yo mismo he conocido a un par de esos barbones y te digo: &iquest;t&uacute; crees que estos cojudos que se gastan hojas de hojas hablando de lo lindas que son las mamachas, de lo aut&eacute;nticas que son sus polleras, t&uacute; crees que estos c&iacute;nicos sinverg&uuml;enzas van a casarse con una? Anda, ve y mira a sus esposas: belgas o gringas que aprendieron quechua en Harvard y te hablan como-en-su-casa de la energ&iacute;a de la tierra y del poder c&oacute;smico de la raza y del karma andino mientras ah&iacute;, como sin querer, ya le est&aacute;n ofreciendo su culo rosado al inca m&aacute;s sarnoso del Cusco... Y es que, carajo, &iexcl;c&oacute;mo les encanta la mierda! No hay nada m&aacute;s seductor para estas cerdas que el sudor y las liendres de esos animalitos pelucones que les dicen mentiras en quechua&hellip;</p>
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<p>A m&iacute;, pues, ni&ntilde;a, como ya te habr&aacute;s dado cuenta, me cuesta entender a la humanidad. Es as&iacute; de angustiante pero no puedo por menos. De hecho, creo que la odio y eso lo comprob&eacute; por donde fui. T&uacute;, claro, me ves blanco y pint&oacute;n y aunque estoy sentado, se me nota grande &iquest;no? Mis ojos son azules, mi pelo no era blanco, no, &iexcl;ja!... yo era rubio y bello como un angelito renacentista, era tan rubio que los gringos m&aacute;s mongos juraban que era alem&aacute;n. Y he viajado mucho &iquest;ah? &iexcl;U f, ni te imaginas! He estado largas temporadas en el extranjero, en pa&iacute;ses remotos que te sorprender&iacute;as que existen. T&uacute; me ves ahora manejando este taxi y ni se te ocurre que tengo un doctorado gringo en <em>Political Science</em> y que lo perd&iacute; todo por mi honradez, por mis principios, por decirle la verdad a esa gentuza bruta, a esa caterva de infames y pajeros que solos se escuchan a s&iacute; mismos... Ah, pues, fue as&iacute;. Y tengo esta an&eacute;cdota para que lo entiendas mejor&hellip;</p>
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<p>&iexcl;No te duermas, ni&ntilde;a, escucha!</p>
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<p>Yo iba para escritor &iquest;me oyes? S&iacute;, escritor como el que m&aacute;s. Pas&eacute; una temporada en Europa escribiendo una novela que nunca se public&oacute;. Le ten&iacute;a mucha fe. Era una novelita decente y decid&iacute; postularla a uno de esos premios espa&ntilde;oles que se saben ama&ntilde;ados desde el principio. No ten&iacute;a mucho dinero. Iba para Barcelona con mis manuscritos y una mochila y, como un pobre cojudo, pens&eacute; que ganaba.</p>
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<p>Desde luego, no gan&eacute; ni un carajo. &iexcl;Qu&eacute; iba a ganar si yo escrib&iacute;a sobre la realidad y gracias al puto de Garc&iacute;a M&aacute;rquez todos esperaban vicu&ntilde;as volando! No gan&eacute; y dej&eacute; de escribir pero por ah&iacute; no va la cosa, ni&ntilde;a; yo te dec&iacute;a que iba para Barcelona en uno de estos trenes r&aacute;pidos &iquest;no? y ah&iacute; me hago amigo de esta <em>hippie</em> francesa medio narizona con su pelo cortado como hombre y pelos en el ala, ya sabes: una de esas vegetarianas-mal-cachadas que se creen importantes porque comen pasto y reciclan&hellip; y d&eacute;jame aqu&iacute; hacer un breve par&eacute;ntesis para decirte que si tuviera que elegir entre asesinar a un nazi o a un <em>hippie</em>, yo los fusilo a los dos...</p>
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<p>Bueno, &iquest;de qu&eacute; hablaba?, ah, s&iacute;, de esta mujer que me cuenta un par de cojudeces de su arte l&eacute;sbico y yo que escucho un poco por educaci&oacute;n y otro poco porque no sab&iacute;a qu&eacute; mierda hacer en el tren, y como le digo que voy a Barcelona sin dinero y a probar suerte con una novela, la franchute se entusiasma y pensando en lo miserables que somos los artistas latinoamericanos, me invita a su casa.</p>
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<p>Yo, pues, verdaderamente agradecido le dije que s&iacute;, &iquest;no? Pero ahora viene lo bueno, ni&ntilde;a, porque la <em>hippie</em> me dice que vive en un piso con otra gente: dos italianos, un holand&eacute;s y una sueca, todos hablando un espa&ntilde;ol bastardo en una cocina mugrosa y yo pregunt&aacute;ndome si existe algo m&aacute;s desagradable que eso. Y, para mi desgracia, s&iacute; que exist&iacute;a porque los mism&iacute;simos due&ntilde;os de la pensi&oacute;n no s&oacute;lo eran peruanos sino que adem&aacute;s &iexcl;eran cholos! &iquest;Te imaginas? No salen a saludar, no aparecen por ning&uacute;n lado, les dicen que hay un peruano y s&oacute;lo quieren que se largue como si peruano fuera sin&oacute;nimo de lepra en Espa&ntilde;a. Yo, pues, ni&ntilde;a, prefer&iacute;a la hoguera antes que permitir que un cholo apestoso me dejase en la calle en Barcelona. No dije nada. Los europeos dialogaron con la vicu&ntilde;a gorda de la mujer y la vieja, asintiendo, se acerca a palmearme la espalda como si me estuviese dando caridad. Si hubiera tenido un machete, te lo juro, le parto el brazo.</p>
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<p>Hay, pues, un hombre mayor que no sale de su habitaci&oacute;n y yo adivino su historia. Fue el primero en llegar. Lustr&oacute; los zapatos de los franquistas cuando la inmigraci&oacute;n era bien vista y luego con la democracia se trajo a su ganado, una recua grosera de marrones que ya hablaban como espa&ntilde;oles desde el Jorge Ch&aacute;vez. Te pregunto ahora: &iquest;t&uacute; crees que yo iba a permitir que ese cholo verraco hijo de la gran puta me hiciera el pare? Ese indio aberrante que en Lima limpiar&iacute;a mi <em>water,</em> &iquest;iba a decidir mi suerte? Nooooo, ni&ntilde;a, &iexcl;JAM&Aacute;S! Duermo mal en el cuartito con pulgas de la francesa hombruna. Me levanto. Salgo a hacer mis cosillas para el premio y dejo mi mochila en la pensi&oacute;n. Cuando regreso, toco el intercomunicador y, a ver, &iquest;qui&eacute;n crees que me contesta? El viejo, que me alza la voz. &laquo;<em>&iquest;Qui&eacute;n ez uzted, qu&eacute; oz ofreze?</em>&raquo; me dice como si fuera un terrateniente catal&aacute;n y cree que me asusta porque cecea cuando s&eacute; que del otro lado hay un esclavo que se piensa libre. No quiero, desde luego, perder mis cosas. Le pido por favor que me deje entrar, le ofrezco las disculpas m&aacute;s hip&oacute;critas que he dado en toda mi vida. Cuando abre la puerta, subo. Me fijo que no haya nadie pero una mocosa toda babeada juega en el pasillo. Me imagino que es retrasada mental pero yo a todos los veo iguales as&iacute; que no sabr&iacute;a decirte. Estoy pues, ni&ntilde;a, de nuevo frente al intercomunicador y ya tengo la mochila conmigo. As&iacute; que toco una, dos, siete, veinte veces hasta que el viejo furioso levanta el auricular queriendo atarantarme a gritos, &iquest;no? Oye basura, le digo, &iquest;t&uacute; crees que porque cruzaste el charco como mula y hablas como espa&ntilde;ol vas a dejar de ser un serrano de mierda? &iquest;&iexcl;Ah!? &iexcl;T&uacute; y toda tu fauna de bestias nacieron para sirvientes y van a ser sirvientes toda su puta vida, y la pr&oacute;xima vez que me alces la voz juro que regreso y te mato a golpes delante de la mongolita de tu nieta!</p>
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<p>El viejo se qued&oacute; mudo, yo me fui silbando y luego empec&eacute; a re&iacute;rme solo y a exagerar mi risa sin saber muy bien por qu&eacute;. Creo que me re&iacute;a de su silencio. Imaginaba al anciano llorando frente a la nieta tarada y me sent&iacute;a bien.</p>
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<p>Y aqu&iacute; pues, ni&ntilde;a, justo aqu&iacute;, tras esta historia, te descubro uno de los axiomas fundamentales de estos peruanos modestos.</p>
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<p>&Oacute;yelo bien: el cholo odia al blanco pero odia m&aacute;s, much&iacute;simo m&aacute;s, a otro cholo. En el fondo es una forma de decirte que el cholo se odia a s&iacute; mismo y que si se le abre un espacio para aparentar no serlo, para inventarse a un otro, ser&aacute; m&aacute;s abusivo que el blanco, y esto, ni&ntilde;a m&iacute;a, no es un defecto del cholo o del negro o del marr&oacute;n o del chino sino de la humanidad entera que es odiosa y est&uacute;pida y merece lo que tiene... S&eacute; que ahora me vas a preguntar que qu&eacute; es un &lsquo;axioma&rsquo; pero ya no puedo responderte, ni&ntilde;a. El tiempo corre y estoy agotado de manejar. Tendremos que detenernos pronto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Te digo mejor el t&iacute;tulo de mi obra? &iquest;Ah? &iquest;Te gustar&iacute;a escucharlo? A ver&hellip; Mi libro se llama <em>Langoy</em>, adivina por qu&eacute;&hellip; &iquest;Lo entiendes o no? Claro que lo entiendes, no te hagas la huevona. T&uacute; sabes de sobra lo que es el &lsquo;Langoy&rsquo;: la comida de los cerdos, las sobras de los chifas, la basura que nadie quiere meterse al hocico, piensa: &iquest;no es esa una buena met&aacute;fora para hablar de ustedes? No me vengas ahora a joder con qu&eacute; es una &lsquo;met&aacute;fora&rsquo; porque me he quedado pensando en lo del axioma y ya encontr&eacute; una manera muy simple de explic&aacute;rtelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A ver: aqu&iacute; estamos los dos, en este taxi por la Panamericana y sin rumbo fijo &iquest;no?, y sabes que antes de subirte me observaste con esa desconfianza que no tuviste la primera vez que te cagaron&hellip;. yo s&eacute; pues, ni&ntilde;a, yo s&eacute; muy bien la historia, me la s&eacute; todita, de Pe a Pa, no necesito pregunt&aacute;rtelo... &iquest;A qu&eacute; edad fue?, &iquest;a los siete, quiz&aacute; ocho? Da igual, qu&eacute; mierda importa, lo que importa es lo que pas&oacute; despu&eacute;s. D&eacute;jame adivinar. Te volviste une pendejita cuando te fuiste de casa y al bastardo ese al que pariste seguro no le dijiste nada. Seguro ni siquiera sabe lo que haces con la concha por las noches. Seguro es hijo del perverso de su abuelo, no tengo dudas, y a lo mejor hasta tambi&eacute;n te sali&oacute; retrasado el pobre miserable, futuro delincuente... Y es un poco como t&uacute;, &iquest;no ni&ntilde;a?</p>
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<p>&iquest;O crees que no s&eacute; lo que llevas oculto en esa horrenda carterita de flores? &iquest;Me crees huev&oacute;n? &iquest;Otro cojudito m&aacute;s al que puedes cagar? &iquest;Piensas que no s&eacute; de lo que eres capaz? &iquest;Crees que no s&eacute; lo que har&iacute;as si pudieras moverte? Debiste pensar eso antes, ni&ntilde;a, cuando me viste llegar pero no... &iquest;Sabes por qu&eacute;? Por cojuda, por acomplejada, por ambiciosa, por puta y, sin ir m&aacute;s lejos, por chola... T&uacute; dijiste el auto bonito, mis ojos azules, el se&ntilde;or buena gente. T&uacute; viste guita, ni&ntilde;a, viste billete y pensaste que los blancos en el Per&uacute; no hacen estas cosas. Y eso que era una verdad evidente para ti, eso que era un &lsquo;axioma&rsquo; y te lo ense&ntilde;&oacute; tu dolor, ya no es del todo cierto ahora que amanece y salimos de la autopista y estaciono en medio de esta nada que nos envuelve y empiezo en silencio a orar por ti, ni&ntilde;a, esc&uacute;chame, presta mucha atenci&oacute;n, todav&iacute;a queda un poquito de tiempo. Deja ya de temblar. No tengas miedo. Lo que llega de estas manos piadosas ser&aacute; menos doloroso. Ya te he dicho que hoy tuviste suerte. No le des m&aacute;s vueltas al asunto: ac&eacute;ptalo y agradece...</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 17 Apr 2020 07:33:38 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mujeres de América]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/mujeres-de-america/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas20/abril/AURORA_LUQUE.jpeg" alt="" /></p>
<p>Mujeres de Am&eacute;rica, mujeres de Manhattan, mujeres de Arizona, mujeres de Missouri, mujeres en Alaska, mujeres de Florida, mujeres de Alburquerque, de Chicago, de los &Aacute;ngeles, mujeres de Vermont; son buenos tiempos, s&iacute;, para la &eacute;pica. Son buenos, muy buenos tiempos ya. Porque es vuestro momento whitmaniano. Sin miedo sin pavor sin grilletes tra&iacute;dos de casa de pap&aacute; sin cadenas de amor sin deudas ancestrales sin carritos de compra adosados al talle sin l&iacute;quenes de l&aacute;stimas sin tacones debidos la voz a m&iacute; debida- la voz a m&iacute; de vida. Hora en punto de cabalgar en larga expedici&oacute;n hacia un oeste intacto hacia el oeste que da al lejano oeste que da al m&iacute;tico oc&eacute;ano que da a los horizontes que da a la libertad que da a la proa altiva que cabalga las olas galopantes que da vueltas al mundo al universo que procrea submundos y sat&eacute;lites y lunas mutadoras como las fantas&iacute;as que se anhelan cuando hay amor de mundos liberados amor que arranca p&aacute;lpito y verdades de las fosas ignotas de las fosas copiosas de sirenas del plancton de los sue&ntilde;os de estrellas&nbsp; de tritones de yeguas exultantes que surgir&aacute;n del mar como pegasos verdes femeninos, libertad que da proa vigorosa y cortante hacia las cuevas mojadas donde la vida anhela renombrarse redecirse morir nunca desangrada degollada ante dioses iracundos la vida pide &eacute;pica oh mujeres de Am&eacute;rica la &eacute;pica de Frida galopando la &eacute;pica de Emily alada como &Iacute;caro la &eacute;pica de Sontag la &eacute;pica de Sylvia que desea volver y aspirar el olor de los campos inmensos sin deudas de amor viejo sin deudas extra&iacute;das de l&aacute;pidas de viejas mecedoras ni de biblias de hojosas telara&ntilde;as. Como yeguas aladas como centauras como arquitectas que deslaberintizan los confusos huertos abandonados tras las casas.</p>
<p>El tiempo es noble y vuestro, los relojes marcan para vosotras las horas vehementes del destino: es hora de vivir y de andamiar los sue&ntilde;os secundarios en los viejos programas, es hora de bajar la v&iacute;a l&aacute;ctea a iluminar las calles de portal a portal, es hora de invitar a instalarse a la luz definitivamente en vuestros cuerpos y bocas y palabras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 17 Apr 2020 07:29:55 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una geografía de la memoria]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-geografia-de-la-memoria/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas20/abril/chirbes500.jpg" alt="" />&nbsp;</p>
<p>Curiosamente, en la muy interesante entrevista que para el n&uacute;mero 803 (noviembre 2013) de la revista <em>&Iacute;nsula&nbsp;</em>mantuvieron dos profesores de instituto catalanes, Teresa Barjau y Joaqu&iacute;m Parellada, con Rafael Chirbes, &eacute;ste se deja dar la vuelta como un calcet&iacute;n, y habla con detalle de vida y literatura, de libros escritos y de lecturas, pasando de puntillas, como sin darle importancia, a hechos iniciales de su actividad literaria, el cr&iacute;tico literario que fue, su trabajo en librer&iacute;as y ferias del libro, sus primeros rechazos literarios, esa novela anterior a <em>Mimoum, </em>su primer libro que le public&oacute; Anagrama &ndash;algo habr&iacute;a hecho su gran amiga Carmen Mart&iacute;n Gaite-, una novela breve, para lo que acostumbra, que sit&uacute;a en Marruecos, donde vivi&oacute; un tiempo como profesor, y que yo rese&ntilde;&eacute; en su momento: acaso en la revista <em>Cambio 16</em>, pudo ser (lo que s&iacute; s&eacute; es que en las solapas de sus libros hasta hace poco aparec&iacute;a a veces con la contundencia que utilizan los editores para estas &ldquo;campa&ntilde;as publicitarias de animaci&oacute;n a la lectura y a ese autor en cuesti&oacute;n&rdquo;, un par de palabras m&iacute;as, laudatorias, de aquella rese&ntilde;a, que por alguna carpeta de papeles propios tendr&eacute;).</p>
<p>Lo cierto es que en los tiempos de la Santa Transici&oacute;n, en revistas libertarias &ndash;aquellos a&ntilde;os- como <em>Ozono</em> o en la jesu&iacute;tica <em>Rese&ntilde;a </em>(el adjetivo precisa pero no (des)califica: fue una estupenda revista cultural de entonces, donde hab&iacute;a gente muy valiosa en la parte de rese&ntilde;as de libros, que es lo que ahora me importa, lo mismo podr&iacute;a decirse del cine, al que los jesuitas siempre han sido tan aficionados, o del teatro: en libros, entre otros Francisco Solano y, desde luego, el nunca olvidado Santos Alonso, de cuya muerte en 2012 se hace eco en la entrevista citada Chirbes; y otros), Rafael Chirbes se hizo notar por la independencia y el rigor con que enjuiciaba sus rese&ntilde;as, nada complacientes ni superficiales, habiendo adquirido, entonces, una justa fama de acerado cr&iacute;tico. O yo as&iacute; lo recuerdo, al menos. Acerado y temible, en muchas ocasiones. Cr&iacute;ticas que no ha recogido nunca en libro, como s&iacute; ha hecho con sus acercamientos a escritores que son de su agrado &ndash;empezando por nuestro com&uacute;n Max Aub-, y que originados para conferencias, que prefiere escribir para leerlas (y no improvisarlas, por tanto), o para encargos period&iacute;sticos ha ido recogiendo en algunos libros.</p>
<p>Pero a m&iacute; me toca hablar, en este n&uacute;mero de <em>Turia, </em>de otra actividad que en Chirbes siempre me ha interesado mucho (su importante obra narrativa queda aparte: mi aprecio por sus novelas, como el valor a los militares en la frase hecha, se supone: como miembro del Premio de la Cr&iacute;tica he tenido la suerte de colaborar en darle el galard&oacute;n en dos ocasiones por sus dos &uacute;ltimas novelas, aquellas por las que, quiz&aacute;s, estemos ahora hablando del Chirbes que es hoy en la narrativa espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea; un Chirbes, desde luego, que no est&aacute; tan alejado del narrador anterior, pero los parabienes empezaron, quiz&aacute;s, con <em>Crematorio</em>).</p>
<p>Me refiero al periodista de viaje, o si se prefiere (en mi caso as&iacute; es) al escritor de viajes. Hubo a finales de los ochenta y hasta bien entrados los noventa, una revista de viajes, de vinos, de gastronom&iacute;a y de literatura, soporte en papel de un club de selecci&oacute;n de vinos: estuve abonado entonces, y me le&iacute;a la revista, y me beb&iacute;a los vinos del mes, y en ocasiones las viandas regionales ofrecidas: son buenos recuerdos aquellos, los de la mezcla de licores, viandas y literatura (estaban tambi&eacute;n Constantino B&eacute;rtolo y Manuel Rodr&iacute;guez Rivero, y otros que no recuerdo, pues apelando a la memoria me excuso de otros olvidos y saboreo o paladeo el momento: cada mes escrib&iacute;a un narrador un texto literario, e incluso uno mismo, y perd&oacute;n por meterme en el extenso par&eacute;ntesis, hizo un sobrio recuento de c&oacute;mo se com&iacute;a entonces, en pleno auge de la narrativa espa&ntilde;ola actual, la de esos a&ntilde;os primorosos, en algunas de las novelas de Pombo, Mill&aacute;s, Soledad Pu&eacute;rtolas, y otros <em>nombres </em>del firmamento aquel: en las novelas espa&ntilde;olas de entonces, y cierro, s&iacute;, cierro, se com&iacute;a muy poco, hab&iacute;a muy pocas descripciones de comidas o de cenas, al contrario, es sabido, de las series televisivas espa&ntilde;olas donde se desayuna mucho, aunque solo se le d&eacute; un sorbo al vaso repleto de zumo de naranja, &iquest;lo han notado, no? Cierro).</p>
<p>La revista se llamaba <em>Sobremesa </em>y en ella Rafael Chirbes, en lo que uno considera no un forzoso ganap&aacute;n, escribir de encargo, sino una suerte de iniciaci&oacute;n a la escritura, de empezar a ser el escritor que ha llegado a ser, y que entonces ya apuntaba &ndash;<em>tambi&eacute;n </em>en esos encargos-, fue publicando numerosos y espl&eacute;ndidos reportajes o art&iacute;culos de viajes, donde en una suerte de geograf&iacute;a de la memoria Chirbes iba contando lo que ve&iacute;a, lo que hab&iacute;a le&iacute;do y lo que aquello le evocaba, porque el viajero, como se etiquetaba para pasar desapercibido, para integrarse en el paisaje, nunca dejaba a un lado los temas, la ideolog&iacute;a, sus gustos literarios, todo lo que ha ido conformando su obra narrativa. Sus aprecios, sus intereses, sus inquietudes, sus (acaso) obsesiones.</p>
<p>En su momento, mes a mes, en la revista <em>Sobremesa</em> le&iacute; aquellos relatos de viajes, de China a Par&iacute;s, de lejos a cerca (Valencia: los paisajes de su infancia, los olores, los sabores de su ni&ntilde;ez, y tambi&eacute;n sus sinsabores), los fui leyendo, muchos de ellos, casi todos, y los fui dejando inevitablemente orillados en mi propia memoria. Y fue entonces, en la primavera del 14 (es importante no s&eacute; bien para qu&eacute; fechar las cosas), cuando el director de <em>Turia, </em>Ra&uacute;l Maicas, acert&oacute; con el encargo: que me ocupara del Rafael Chirbes viajero nada sedentario (aunque ahora lo parezca varado en la tierra valenciana de su ni&ntilde;ez, en aquel paisaje que protagonizan ahora sus novelas: &iquest;no son <em>Crematorio </em>y <em>En la orilla </em>un viaje al pasado reciente, al de la corrupci&oacute;n, al de la destrucci&oacute;n urban&iacute;stica, al de la guerra y sus consecuencias mal enterradas? &iquest;No son sus otras novelas viajes sin retorno al tiempo de la transici&oacute;n, a los estertores de un tardofranquismo que alarg&oacute; su agon&iacute;a mucho m&aacute;s all&aacute; que la agon&iacute;a real del Caudillo? &iquest;No es un viaje peligroso o audaz el que hizo en esas novelas del espejismo del 92 del pasado siglo? &iquest;No es siempre Chirbes escritor, un viajero permanentemente alerta, que no renuncia a ver, anotar y a contarlo despu&eacute;s?).</p>
<p>Ese viajero, que reuni&oacute; buena parte de esos relatos de viaje de la revista <em>Sobremesa </em>en dos libros (tambi&eacute;n en Anagrama): <em>El viajero sedentario. Ciudades </em>(2004) y <em>Mediterr&aacute;neos </em>(2008); dos libros, debo confesarlo, que aguardaban a ser le&iacute;dos, en formato libro, adquiriendo sentido en su conjunto (tiene raz&oacute;n Chirbes: en libro tienen otro sabor aquellos viajes de revista, saben de forma diferente: ganan al ser agrupados y m&aacute;s o menos maquillados para la ocasi&oacute;n), aguardaban, en mi biblioteca, digo, a que Ra&uacute;l Maicas encarg&aacute;ndome este texto me los hiciera desempolvar.</p>
<p>Y as&iacute; ha sido.</p>
<p>Vayamos por partes. El libro m&aacute;s extenso es <em>El viajero sedentario</em>, subtitulado <em>Ciudades. </em>Efectivamente, re&uacute;ne all&iacute; Chirbes algo m&aacute;s de cuarenta paisajes urbanos, unos agrupados geogr&aacute;ficamente y otros por afinidades. Un conjunto ser&aacute; el de las ciudades orientales, comenzando en China, con Pek&iacute;n y otras tres m&aacute;s, incluyendo Hong Kong para pasar luego a Bangkok y Sidney. Luego Am&eacute;rica, Canad&aacute;, M&eacute;xico y Colombia (nada m&aacute;s). Dos ciudades n&oacute;rdicas europeas (el resto del libro es Europa, con la excepci&oacute;n marroqu&iacute;: no s&eacute; si fue una raz&oacute;n presupuestaria o una manifestaci&oacute;n de eurocentrismo): Oslo y (entonces) Leningrado. Adem&aacute;s los puertos hanse&aacute;ticos, de Amberes a Hamburgo. Francia, claro, la de &ldquo;el mal franc&eacute;s&rdquo;, donde se muestra el viajero muy c&oacute;modo: un pu&ntilde;ado de ciudades, elegidas al azar; me llama la atenci&oacute;n especialmente el hermoso relato de Estrasburgo, y tres conseguid&iacute;simas miradas fragmentadas de otros tantos paisajes urban&iacute;sticos de Par&iacute;s &ndash;Par&iacute;s no cabe en una sola entrega, lo sabe cualquiera-. Acaso llevado por sus conocidos gustos literarios por la <em>Mitteleuropa</em>, aqu&iacute; est&aacute; un pu&ntilde;ado de ciudades alemanas, austriacas, suizas y polacas: lo mejor de la casa (Berl&iacute;n, no, Dresde, s&iacute;). No olvida la balsa ib&eacute;rica de Saramago, por un lado Coimbra, Lisboa y &Eacute;vora, por el otro lado, Madrid (pero solo ese gran Canal seco otrora navegable, en la invenci&oacute;n de Rafael Reig en una de sus novelas y que es el eje de la Castellana), Salamanca, petrificada, la Ciudad Vieja de Barcelona y, claro est&aacute; Valencia, &ldquo;la malquerida&rdquo; (de una y otra forma, el viajero est&eacute; donde est&eacute;, &nbsp;en esta geograf&iacute;a de memoria hecha papel, siempre tiene una mirada hacia atr&aacute;s hacia ese paisaje urbano de su infancia, esa mirada de ni&ntilde;ez).</p>
<p>El viaje de papel prosigue por Italia, se asoma &ndash;el autor de <em>Mimoum</em>- a Marruecos y acaba, el viajero sedentario, en Ibiza, viendo ese mar color de vino, que dir&iacute;a Leonardo Sciascia, y que antes de todos lo dijo el autor de <em>La Il&iacute;ada, </em>pongamos que hablamos de Homero. Viendo desde una terraza lo que es &ndash;o en lo que se ha convertido- Ibiza y a lo lejos, en el horizonte, ba&ntilde;ados todos por el mismo mar color de vino, lo que es su paisaje levantino, la tierra de su ni&ntilde;ez.</p>
<p>Ese mar color de vino, esos mediterr&aacute;neos, que acuden a estas p&aacute;ginas de <em>Mediterr&aacute;neos, </em>un pu&ntilde;ado de reportajes viajeros que no son muy diferentes de los del libro anterior pero que en este caso est&aacute;n atrapados por este viejo mar de culturas y de civilizaciones y que es un homenaje, con texto previo, a ese viejo libro que los universitarios de la generaci&oacute;n de Chirbes &ndash;y antes y despu&eacute;s- le&iacute;amos en los a&ntilde;os de entonces: <em>El Mediterr&aacute;neo y el mundo mediterr&aacute;neo en la &eacute;poca de Felipe II</em>, del historiador franc&eacute;s Fernand Braudel, del que toma prestado, porque le viene como anillo al dedo, este p&aacute;rrafo: &ldquo;Pero, por desgracia o por fortuna, nuestro oficio no tiene ese margen de admirable agilidad de la novela. El lector que desee abordar este libro como a m&iacute; me gustar&iacute;a que lo abordase, har&aacute; bien en aportar a &eacute;l sus propios recuerdos, sus visiones precisas del mar Interior, coloreando mi texto con sus propias tintas y ayud&aacute;ndome activamente a recrear esta vasta presencia&rdquo;.</p>
<p>Ya digo, como anillo al dedo. Entiendo muy bien que a Chirbes le guste esta idea, pues quiz&aacute;s en este estupendo <em>Mediterr&aacute;neos </em>Chirbes, sin dejar de ser el viajero, el periodista gastron&oacute;mico que es, que fue &ndash;entonces: cuando escribi&oacute; estos textos para la revista <em>Sobremesa</em>-, es m&aacute;s que nunca el escritor que &ndash;entonces- empezaba a ser y que es hoy. En los dos libros, no obstante, es viajero, narrador y protagonista, uno u otro le ponen el adjetivo feliz, la met&aacute;fora conseguida &ndash;ese r&iacute;o de bicicletas silenciosas, iluminadas por el sol que da paso a la calima, en el texto de Pek&iacute;n, prefiere todav&iacute;a, a&ntilde;os noventa, escribir-, y uno u otro lo ve, disfruta de lo que ve &ndash;Chirbes es un viajero muy atento, que observa sin aspavientos, que reflexiona- y lo anota. El viajero, en uno u otro libro, compara, superpone lo que ve, lo que anota, con lo que vio, anot&oacute;, en otros viajes, en otros momentos de su vida, que en ocasiones, en m&aacute;s de una, desembocan en su ni&ntilde;ez, ya est&aacute; repetido. En los dos libros, en instantes diferentes, en ciudades diferentes, el viajero anota en su cuaderno, y este lector &ndash;viajero de sill&oacute;n forzoso- anota a su vez: &ldquo;el viajero infectado de melancol&iacute;a&rdquo;, &ldquo;el virus de la melancol&iacute;a&rdquo;.</p>
<p>El viajero siempre tiene una mirada cr&iacute;tica, observa pausadamente lo que ve, pero no se deja enga&ntilde;ar por falsos cantos de sirenas, est&eacute; en el viejo Mediterr&aacute;neo o en otros mares m&aacute;s lejanos: observa bien el mundo que le rodea, lo que la historia aporta, lo que la historia esconde, lo que fuimos, a lo que hemos llegado. Unos, otros, <em>hunos, otros</em>. Se acaba de marchar de Amberes, ese emporio comercial, mar&iacute;timo, ese burgo cargado de historia y anota: &ldquo;una bella met&aacute;fora de la historia del capitalismo&rdquo;. Pues eso.</p>
<p>Ya se ha insistido tambi&eacute;n en esta otra idea. El viaje que ha emprendido, del que apunta las cosas que le van a servir para el reportaje, en m&aacute;s de un ocasi&oacute;n le lleva a otros viajes, a otros recuerdos, a otras edades y es que -anota igualmente- &ldquo;las ciudades reci&eacute;n conocidas avivan los recuerdos de las que se conocieron tiempo atr&aacute;s&rdquo;. Y los libros que se leyeron en otro momento, y el ni&ntilde;o que fue, y que se fue. En esto insiste, s&iacute;: en <em>Mediterr&aacute;neos </em>comienza en Creta y en Estambul (Estambul deslumbrante, y deslumbrante el texto), aqu&iacute; en esta ciudad de cambiante nombre, de acumulaci&oacute;n de civilizaciones se encuentra con un viejo restaurante <em>demod&eacute; </em>y con la due&ntilde;a, viuda de un ruso blanco: solo unas pinceladas, unas l&iacute;neas, pero dar&iacute;a para relato cosmopolita (no ser&aacute;, no, el estilo de Chirbes, pero el lector gusta de aparentar ser caprichoso). En Estambul, en un bazar le hacen ver, ante el paisaje de ensue&ntilde;o de las especias, que ya no existen las antiguas rutas de las especias, que ahora todo viene por el mismo sitio y en contenedor. Y al viajero le sienta como un tiro que se lo cuenten, que se le rompa el sue&ntilde;o de ni&ntilde;o aventurero que todo viajero debe conservar. Desde la orilla de G&eacute;nova, el viajero cree que el Mediterr&aacute;neo es un mar agonizante que ya no es coraz&oacute;n de casi nada. Y eso que &eacute;l, infectado del virus de la melancol&iacute;a, el que aqueja a ciertos viajeros, en todas estas p&aacute;ginas no ha renunciado al consejo del historiador Braudel, ha coloreado este mar de color vino con sus propias tintas, y el resultado es excelente, sea el Mediterr&aacute;neo u otros mares m&aacute;s lejanos, otras ciudades. Ahora pienso que pr&aacute;cticamente todas las p&aacute;ginas est&aacute;n atravesadas por el mar, sea el que sea, por uno o dos r&iacute;os, sean los que sean. Siempre el agua. Incluso cuando visita Lyon (qui&eacute;n no ha pasado alguna vez por Lyon, pero qui&eacute;n realmente ha ido ex profeso a Lyon, pregunta sin malicia, sino para situar a la ciudad en su geograf&iacute;a). Una ciudad que tiene, descubre -&iquest;descubre?-, no un r&iacute;o, sino dos.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 17 Apr 2020 07:27:15 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Baroja viaja a Aragón]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/baroja-viaja-a-aragon/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2023/P_O_BAROJA_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>El viaje ha sido siempre un elemento axial en la narrativa de P&iacute;o Baroja (y no s&oacute;lo en los ciclos aventureros; recordemos su primera novela <em>Camino de perfecci&oacute;n</em><em>,</em> 1902), y desde el momento en que el escritor se aleja de Madrid para recluirse en la casona de Vera del Bidasoa los libros de viaje ocupan su tiempo, como para contrarrestar en la literatura el mayor sedentarismo de la vida.</p>
<p>Ahora se rescata uno de esos libros, <em>Las horas solitarias</em> (1918), posiblemente el que de entre todos ellos &mdash;y en especial la tercera parte del mismo: &ldquo;Primavera&rdquo;&mdash;&nbsp; contenga mayor n&uacute;mero de impresiones campestres del caminante solitario, hasta el punto de hallarse en &eacute;l una cierta armaz&oacute;n o cohesi&oacute;n estructural a partir de un hilo narrativo que comienza con la &ldquo;llegada al pueblo&rdquo; y culmina con &ldquo;la noche de San Juan&rdquo;. Y ello incluso a pesar de la heterogeneidad de los asuntos aqu&iacute; tratados y de que, a ratos, el libro parece decantarse hacia su formato diar&iacute;stico, con la puntual anotaci&oacute;n del sucederse de las jornadas, muy diversas entre s&iacute; a veces, pero tambi&eacute;n reiterativas o c&iacute;clicas, seg&uacute;n se percibe en las estampas de la vida cotidiana transcurridas en la huerta dom&eacute;stica, que se extienden a otras partes del libro y constituyen un verdadero <em>leit motif.</em> <em>Las horas solitarias</em> se articula en torno al dual movimiento de la observaci&oacute;n&ndash;contemplaci&oacute;n&ndash;impresi&oacute;n, en primer lugar, seguida de la reflexi&oacute;n, marcadamente inclinada hacia cuestiones metaf&iacute;sicas, y combina cap&iacute;tulos que dan cuenta de las andanzas cotidianas con otros que constituyen una verdadera etolog&iacute;a del entorno que habita Baroja: Vera del Bidasoa y sus alrededores.</p>
<p>Entre los primeros, los hay de car&aacute;cter est&aacute;tico, reflexivo, de espacios interiores o breves paseos por la huerta, que siempre generan excelentes p&aacute;rrafos de observaci&oacute;n y meditaci&oacute;n sobre la Naturalezay la darwiniana <em>struggle for life</em>, consciente como es el narrador de que &ldquo;el campo es como un fondo al que hay que ir animando con las representaciones propias. [...] A medida que uno vive en el campo se le acercan los objetos y se acortan las distancias, lo contrario de lo que pasa en las grandes ciudades&rdquo;. En otros cap&iacute;tulos el &ldquo;hombre fantasma, que se pasa la vida entre la biblioteca y la huerta&rdquo;, sale de casa y se convierte en &ldquo;el se&ntilde;or de cierta edad que intenta a veces ser amable y se las echa de razonador&rdquo;. Y relata sus &ldquo;peque&ntilde;os viajes&rdquo;, como la escapada a San Sebasti&aacute;n (relato circular que incluye los elementos m&aacute;s caracter&iacute;sticos del g&eacute;nero: salida, trayecto, medio de transporte, pintura de los compa&ntilde;eros del vag&oacute;n, impresiones paisaj&iacute;sticas, llegada, actividades y regreso) &nbsp;o la excursi&oacute;n a Arizacun &mdash;que le sirve para hablar de los agotes, en un cap&iacute;tulo de inter&eacute;s &eacute;tnico&ndash;cultura&mdash;; un simple paseo por los alrededores de Vera, que da pie a hablar de los desertores del bando aliado durantela Primera Guerra Mundial; o la caminata por Illecueta que le conduce ante las ruinas de una antigua f&aacute;brica.</p>
<p>La segunda parte del libro &mdash;&ldquo;Una excursi&oacute;n electoral&rdquo;&mdash; puede ser calificado de reportaje pol&iacute;tico&ndash;social, que arranca de una an&eacute;cdota precisa: el intento de Baroja de ser nombrado diputado por Fraga para las elecciones de 1905,&nbsp; animado por su amigo el pintor Miguel Viladrich &mdash;que viv&iacute;a retirado en un castillo de la localidad&mdash; y otros compa&ntilde;eros de redacci&oacute;n. El relato, entre narrativo y dram&aacute;tico, dado que abundan las escenas dialogadas, recoge las peripecias de esta aventura y, junto a los elementos caracter&iacute;sticos de la literatura de viajes, contiene una viva cr&oacute;nica del presente. El narrador, tras un r&aacute;pido resumen de las circunstancias que desencadenaron dicha &ldquo;excursi&oacute;n electoral&rdquo;, relata las sucesivas etapas del viaje, los medios empleados y los establecimientos donde se aloja. De Madrid a Zaragoza va en tren, y all&iacute; pernocta en un hotel, para luego proseguir hasta Huesca, donse se aloja en la fonda Petit Fornos que le lleva a exclamar: &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; nombres m&aacute;s rid&iacute;culos encuentra esta gente para sus cosas!&rdquo;. Desde las primeras l&iacute;neas, junto a las pinceladas cr&iacute;ticas recogidas al sesgo del mirar, se percibe el tono desenfadado y humor&iacute;stico que preside la narraci&oacute;n de esta disparatada aventura, pues algo de absurdo &mdash;o de fantas&iacute;a, seg&uacute;n opina Alaiz, otro compa&ntilde;ero de la singular excursi&oacute;n&mdash; hay en este proyecto de presentar como diputado por Fraga a alguien que hab&iacute;a hablado mal de la jota aragonesa y de Joaqu&iacute;n Costa.</p>
<p>De Huesca a Sari&ntilde;ena marchan los viajeros en un tren de mercanc&iacute;as, con cambio en Tardienta, pausa que en la escritura se traduce como interrupci&oacute;n del relato que el narrador aprovecha para recoger el perfil de los tipos con que se cruza y esbozar, en pinceladas sombr&iacute;as, escenario y ambientes. Desde aqu&iacute;, el trayecto hasta Fraga se narra casi puntill&iacute;sticamente, entrando en el relato personajes que, como Petiforro el troglodita (el tartanero malhablado que los lleva desde Sari&ntilde;ena a Candasnos), suman, al marco paisaj&iacute;stico, el paisanaje. El verdadero reportaje social &mdash;con sus notas de tinte regeneracionista o noventayochista&mdash; se encuentra en estas siluetas apresadas al paso, como la viejecita que comparte trayecto de Castej&oacute;n de Monegros a Bujaraloz y que tiene un hijo que se ha marchado a Francia, las compa&ntilde;eras de viaje de Fraga a L&eacute;rida, o estas dos siluetas encontradas por los campos yermos en donde cae el sol sin encontrar apenas una mata: &ldquo;A lo lejos se divisa un carromato destartalado que viene bambole&aacute;ndose, tirado por un mulo escu&aacute;lido y un borriquillo. Van a pie, cerca del carro,&nbsp; un muchachito moreno y un hombre de calzones y sombrero ancho, con los ojos inflamados, sin duda, del sol y el polvo&rdquo;. Hay m&aacute;s denuncia en la aridez escueta de estas im&aacute;genes &mdash;as&iacute; como en las notas paisaj&iacute;sticas que recogen la desolaci&oacute;n tr&aacute;gica con que cae el sol sobre aquellas tierras o en el vac&iacute;o y el abandono, el sin sentido pues, de ciertos espacios&mdash; que en p&aacute;rrafos donde el atraso, la ignorancia, la pobreza material o las p&eacute;simas condiciones de vida se explicitan -&ldquo;Dice [el carretero] que por esta tierra hay muy poca gente que sepa leer y escribir. &Eacute;l supone que de cada veinte mozos que vayan al servicio habr&aacute; uno que sepa de letras&rdquo;-, o en aquellos otros donde, a prop&oacute;sito del objetivo electoral que motiva la excursi&oacute;n, se registra la corrupci&oacute;n pol&iacute;tica vigente, o en las sucesivas entrevistas con los personajes influyentes del lugar, al margen de la distinta filiaci&oacute;n de unos y otros. Insisto, es este fondo de paisaje y paisanaje, de figuras como de segundo plano, lo que deja al lector una honda y m&aacute;s aut&eacute;ntica visi&oacute;n de la realidad. El verdadero reportaje est&aacute; en esas l&iacute;neas escritas como al sesgo, m&aacute;s que en las escenas de primer plano. Y desde luego, tiene mucho m&aacute;s valor que el del mero pintoresquismo anecd&oacute;tico que le atribuye el narrador al concluir su relaci&oacute;n: &ldquo;Si uno tomara las cuestiones del r&eacute;gimen parlamentario en serio, esta experiencia ser&iacute;a una nota m&aacute;s que servir&iacute;a para demostrar el artificio y la mistificaci&oacute;n de las elecciones; pero como yo creo hace tiempo que el sufragio, en la pr&aacute;ctica, es una farsa, este relato no puede tener m&aacute;s que el peque&ntilde;o valor de una an&eacute;cdota pintoresca&rdquo;. &ndash; ANA RODR&Iacute;GUEZ FISCHER.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>P&iacute;o Baroja, <em>Las horas solitarias,</em> edici&oacute;n de Jes&uacute;s Alfonso Bl&aacute;zquez Gonz&aacute;lez, Madrid, Ediciones del 98, 2011.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>*Fotograf&iacute;a de P&iacute;o Baroja: Retrato de P&iacute;o Baroja realizado por Juan de Echevarr&iacute;a</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 08 Apr 2020 10:53:26 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Marta Sanz: "La mirada feminista tiene la posibilidad de cerrar todas las brechas de desigualdad"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/marta-sanz-la-mirada-feminista-tiene-la-posibilidad-de-cerrar-todas-las-brechas-de-desigualdad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2020/marta600.jpg" alt="" /></p>
<p>Marta Sanz es capaz de hablar de su propia escritura desde una posici&oacute;n te&oacute;rica, como si ejerciera de cr&iacute;tica literaria de s&iacute; misma. Su capacidad de autoexploraci&oacute;n, de autoconocimiento, es sorprendente y no habitual. En ella se percibe un don especial para leer a los dem&aacute;s y para leerse en el m&aacute;s amplio sentido. Nada escapa a la mirada de esta mujer de constituci&oacute;n liviana, vivaz, cercana, feminista y de izquierdas. La fragilidad de su apariencia f&iacute;sica contrasta con la solidez de sus convicciones. La realidad se cuela por la ventana de su habitaci&oacute;n propia cada d&iacute;a. En un retrato apresurado no puede faltar la menci&oacute;n a un sentido de la colectividad muy acusado, a una imperiosa necesidad de apresar con el lenguaje los movimientos del presente.</p>
<p>Lentamente, sin hacer grandes aspavientos, pero con paso perseverante, seguro, Sanz (Madrid, 1967) ha ido levantando una obra capaz de contar historias muy diferentes entre s&iacute;, pero que entablan intensos di&aacute;logos y comparten coordenadas. La poes&iacute;a, el ensayo y la narrativa confluyen en una trayectoria f&eacute;rtil donde asoman t&iacute;tulos como <em>La lecci&oacute;n de anatom&iacute;a</em>, <em>Daniela Astor y la caja negra</em>, <em>Far&aacute;ndula</em> y <em>Clav&iacute;cula</em>, entre otros. Su &uacute;ltima publicaci&oacute;n hasta el momento es <em>Monstruas y centauras</em>, un ensayo donde reflexiona sobre cuestiones cercanas a la &uacute;ltima oleada feminista, la surgida en torno al <em>Me too</em>. Y est&aacute; a punto de llegar a las librer&iacute;as una nueva novela, <em>Peque&ntilde;as mujeres rojas</em>, en cuyas p&aacute;ginas entra el discurso retr&oacute;grado de la ultraderecha sobre las mujeres y la memoria hist&oacute;rica. Marta Sanz no necesita tomar una larga distancia para contar lo que quiere contar. Su literatura corre en paralelo a lo que observa, a lo que vive, a lo que intuye que se avecina.</p>
<p>Cuando se le plantea si para ella la escritura es una necesidad la respuesta es un s&iacute; rotundo. &ldquo;Yo no s&eacute; lo que es la p&aacute;gina en blanco y tengo unas ganas constantes de contar cosas. Esto probablemente es as&iacute; porque siempre tengo las ventanas abiertas; porque siempre miro hacia el patio de luces; porque siempre observo dentro y fuera y quiero establecer el v&iacute;nculo que une lo de dentro con lo de fuera&rdquo;, argumenta con pasi&oacute;n. &ldquo;Probablemente es as&iacute; porque siempre estoy d&aacute;ndole vueltas a los libros que ya escrib&iacute; y a c&oacute;mo se me han quedado hilos pendientes de los que tirar, tramas tangenciales que hacen que unos puedan dialogar con los otros&rdquo;, prosigue.</p>
<p>La inquietud permanente define a la escritora. Perfeccionista y meticulosa, disfruta buscando diferentes maneras de narrar, experimentando con el estilo una y otra vez. Cuesta entender c&oacute;mo esta mujer encuentra el tiempo para sumergirse en la escritura entre sus m&uacute;ltiples ocupaciones: talleres en la Escuela de Escritores de Madrid; colaboraciones de prensa; asistencia a clubes de lectura y a institutos; giras promocionales... En m&aacute;s de una ocasi&oacute;n ha confesado sentirse una trabajadora aut&oacute;noma sobreexplotada por las condiciones de precariedad de la cultura. Lo asume y dice estar encantada con todos los trabajos asociados a su oficio que le permiten desarrollarlo y que son s&iacute;ntoma de la aceptaci&oacute;n de su papel en la comunidad. No le resulta f&aacute;cil encontrar los espacios para sentarse a escribir, lo reconoce. Pero lo consigue. Sus publicaciones son la mejor prueba de que lo hace.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;Siempre he tenido muy claro que si quer&iacute;a desarrollar una obra literaria necesitaba persistencia, disciplina y much&iacute;sima voluntad&rdquo;.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso me atrevo a preguntarle cu&aacute;ntas horas duerme, pensando que tal vez ah&iacute; est&eacute; el secreto. He aqu&iacute; su respuesta: &ldquo;Procuro dormir siete y debo decir que padezco de insomnio. Pero esos insomnios no los utilizo para escribir, los utilizo para procurar relajarme, porque soy muy consciente de que el cuerpo y la mente deben descansar. &iquest;Secretos? Tengo la suerte de ser una mujer a la que el tiempo le cunde much&iacute;simo. Debe ser que un hada madrina me ha dado ese don con su varita m&aacute;gica. Y lo m&aacute;s importante: Siempre he tenido muy claro que si quer&iacute;a desarrollar una obra literaria necesitaba persistencia, disciplina y much&iacute;sima voluntad&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>- </strong>&iquest;D&oacute;nde surgi&oacute; esa energ&iacute;a, ese tes&oacute;n, tal vez en la infancia? En <em>La</em> <em>lecci&oacute;n de anatom&iacute;a</em> asoman las distintas edades de Marta Sanz. Se ve a la ni&ntilde;a, a la joven, a la mujer madura. &iquest;C&oacute;mo eras de ni&ntilde;a? &iquest;C&oacute;mo te recuerdas? En la novela hablas de los cines de verano, a los que ibas con tu t&iacute;a, de profesoras castrantes...</p>
<p>- Bueno, pues te puedo contar, como an&eacute;cdota curiosa, que un amigo de mis padres, Alfredo Castell&oacute;n, que fue realizador de televisi&oacute;n y tambi&eacute;n escrib&iacute;a cuentos, cuando me conoci&oacute; de peque&ntilde;a, les dijo a mis padres: &ldquo;esta ni&ntilde;a est&aacute; endemoniada&rdquo; (risas). Lo dijo con cari&ntilde;o, refiri&eacute;ndose a ese nervio o esa manera de ver las cosas que no era com&uacute;n en alguien de mi edad. Siempre fui una ni&ntilde;a bastante precoz y esto ten&iacute;a que ver con mis padres. Ambos, tanto &eacute;l como ella, eran dos personas involucradas en todo lo que tiene que ver con la cultura y con la pol&iacute;tica. Los dos eran muy buenos lectores y ten&iacute;an un car&aacute;cter muy festivo. Yo viv&iacute; en una casa en la que las puertas estaban abiertas para todo el mundo, en la que entraba y sal&iacute;a mucha gente. Ten&iacute;a la suerte de estar en contacto con muchos adultos curiosos y divertidos. Y creo que eso me marc&oacute; de dos maneras diferentes. Por una parte me hizo ser permeable a todo ello sin darme cuenta y por la otra me despert&oacute; una cierta agresividad, porque lo que yo quer&iacute;a era ser normal. Quer&iacute;a ser una ni&ntilde;a completamente normal.</p>
<p class="normal"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Soy la mujer que soy porque me form&eacute; en la escuela p&uacute;blica&rdquo;</strong></p>
<p class="normal"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="normal">- En tus libros m&aacute;s biogr&aacute;ficos haces referencia tambi&eacute;n a los cambios de ciudad, de residencia.</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Eso fue importante y tiene que ver con la sensaci&oacute;n de la que hablaba de sentirme diferente a los otros ni&ntilde;os y ni&ntilde;as y con un cierto desarraigo. Mis primeros a&ntilde;os los viv&iacute; en Madrid. A los tres a&ntilde;os y medio, cuatro, nos fuimos a Benidorm y en mi adolescencia regresamos a Madrid. Ese desarraigo est&aacute; muy presente, pero tambi&eacute;n hay otras cosas muy positivas, como el haber asistido a la escuela p&uacute;blica. Es una circunstancia a la que estoy muy agradecida. Creo que soy la mujer que soy porque me form&eacute; ah&iacute;, sin ning&uacute;n tipo de privilegio, dentro de esa especie de buena median&iacute;a que se busca en las escuelas p&uacute;blicas.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Hablas de la singularidad de tus padres. &iquest;A qu&eacute; se dedicaban?</p>
<p class="normal">- Mi padre empez&oacute; su vida laboral como soci&oacute;logo urbanista. Luego se ha dedicado casi toda su vida a la pol&iacute;tica, como diputado en la Asamblea de Madrid por Izquierda Unida. Pero su condici&oacute;n de soci&oacute;logo fue lo que nos llev&oacute; a Benidorm. De hecho nos trasladamos all&iacute; de la mano de otro soci&oacute;logo muy famoso, Mario Gaviria, que acaba de morir. Fue justo en la &eacute;poca en que la ciudad estaba creciendo a marchas forzadas y se necesitaban estudios para regular su estructura, su ret&iacute;cula. Lo que ocurri&oacute; es que fuimos all&iacute; pensando que mi padre iba a hacer un trabajo de tres meses y el trabajo se prolong&oacute; ocho o nueve a&ntilde;os. Fue un cambio de vida radical. En cuanto a mi madre, era ATS y asistenta social y form&oacute; parte de la primera promoci&oacute;n de fisioterapeutas en Espa&ntilde;a. A lo mejor por eso, por su influencia, yo tengo esa conciencia del cuerpo tan grande y he escrito tanto sobre ello. Mi madre renunci&oacute; a su carrera, en la que le iba maravillosamente bien, para que nos fu&eacute;ramos juntos a Benidorm, para criarme a m&iacute; y para estar con mi padre. Y yo creo que esa renuncia tambi&eacute;n marc&oacute; mi manera de interpretar la vida y las relaciones. De alguna forma eso tambi&eacute;n se ha quedado dentro de m&iacute;.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Siempre tuve la sensaci&oacute;n de vivir en comunidad&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Supongo que la condici&oacute;n de hija &uacute;nica tambi&eacute;n ha sido decisiva.</p>
<p class="normal">- S&iacute;, pero una hija &uacute;nica bastante peculiar, porque, como te dec&iacute;a antes, mi casa siempre estaba llena de gente. Y no solo adultos, tambi&eacute;n hab&iacute;a ni&ntilde;os, primos, primas. Yo soy la mayor de todos los menores de mi familia. Por eso no tengo la impresi&oacute;n de ser una ni&ntilde;a solitaria, sin amistades. Y en la escuela siempre me integr&eacute; muy bien y ten&iacute;a muchas amigas. No he tenido el s&iacute;ndrome, si es que eso existe, de la hija &uacute;nica, y del mismo modo tampoco he echado nunca de menos hermanos y hermanas, porque siempre tuve la sensaci&oacute;n de vivir en comunidad.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Ten&iacute;as una leonera donde refugiarte, como la protagonista de <em>Daniela Astor y la caja negra</em>?</p>
<p class="normal">- S&iacute;, ten&iacute;a una leonera donde refugiarme, pero fue antes de ir a Benidorm. Era en la &eacute;poca en la que viv&iacute;amos a&uacute;n en Madrid y en la que mi madre iba a tratar, como cuento en <em>La lecci&oacute;n de anatom&iacute;a</em>, a ni&ntilde;os y ni&ntilde;as con par&aacute;lisis cerebral y otro tipo de enfermedades. Me dejaba al cuidado de mi abuela paterna en una casa de la que guardo recuerdos magn&iacute;ficos. Estaba en la calle de Gutenberg, en la zona de la Avenida Ciudad de Barcelona, y ten&iacute;a un balc&oacute;n donde me recuerdo corriendo. Entonces ten&iacute;a la sensaci&oacute;n de que el balc&oacute;n era inmenso, pero para nada... Lo que pasa es que yo era muy peque&ntilde;a. En ese piso hab&iacute;a una habitaci&oacute;n donde mi abuela me dejaba jugar y tirar todos los juguetes al suelo. Me dec&iacute;a: &ldquo;<em>al&aacute;, ya est&aacute;s en la leonera</em>&rdquo; y eso era maravilloso.</p>
<p class="normal"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Fui una ni&ntilde;a curiosa. Para m&iacute; escribir fue una forma de jugar&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Tambi&eacute;n fuiste precoz literariamente? &iquest;Empezaste a escribir pronto?</p>
<p class="normal">- No. Fui una ni&ntilde;a curiosa. Me gustaba bailar, dibujar y escrib&iacute;a para divertirme. Ten&iacute;a conciencia, probablemente, de que manejaba el lenguaje mejor que otras ni&ntilde;as de mi edad, pero, como cuento en <em>La lecci&oacute;n de anatom&iacute;a</em>, lo que yo quer&iacute;a era ser cajera de supermercado, ladrona, bailarina... De peque&ntilde;a jugaba con las palabras, me gustaba su sonido, entend&iacute;a lo que es su sentido l&uacute;dico y memorizaba para los ex&aacute;menes escribiendo determinados temas. Es verdad que mi madre tiene poemas guardados m&iacute;os muy tempranos, pero creo que eran una forma de practicar la escritura casi mim&eacute;tica, imitando lo que ve&iacute;a en mi casa. Mi padre ten&iacute;a cuadernitos Moleskine donde tomaba sus notas (siempre ha escrito sus poemas y le gustaba pintar cuadros). Y mi madre le&iacute;a mucho y comentaba las lecturas. En Benidorm los dos formaban parte de un club de teatro amateur. Como te dec&iacute;a era una casa culturalmente muy viva y yo intentaba reflejar todo eso en lo que hac&iacute;a. Para m&iacute; escribir era una forma de jugar. Recuerdo poemas que se titulaban <em>Valentina tienes nombre de traidora</em> y cosas mucho peores... Y tambi&eacute;n que me encantaban las redacciones del colegio. No me sent&iacute;a nada castigada cuando llegaba el mes de septiembre y nos dec&iacute;an que escribi&eacute;ramos un texto sobre las vacaciones. Eso me parec&iacute;a lo mejor del mundo. Ya en la &eacute;poca del instituto no hab&iacute;a cosa que me hiciera m&aacute;s feliz que hacer un comentario de texto y a poder ser de un texto barroco, abigarrado, del que yo pudiera sacar todas las figuras ret&oacute;ricas como quien disecciona un cuerpo y ve el h&iacute;gado. Fue justo despu&eacute;s, con las primeras relaciones sentimentales, cuando empezaron los poemas amorosos. Pero la idea de convertirme en escritora fue algo muy posterior. Y para eso fue muy importante el paso por la Escuela de Letras de Madrid, que se produjo cuando acababa de finalizar la carrera de Filolog&iacute;a. Hasta entonces era una lectora y no escrib&iacute;a mucho m&aacute;s all&aacute; de esos t&iacute;picos y malditos poemas de amor para purgar lo que ahora se llaman las relaciones t&oacute;xicas.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;En la Escuela de Letras empec&eacute; a forjar mi sentido cr&iacute;tico hacia los textos&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Recordemos un poco esa etapa en la Escuela de Letras.</p>
<p class="normal">- Fue all&iacute; donde tom&eacute; verdadera conciencia de que escribir no es escribir bonito, de que las cosas que sistem&aacute;ticamente a m&iacute; me hab&iacute;an gustado conectaban con una especie de conciencia kitsch de lo que puede ser la literatura o el arte. Ah&iacute; fue donde creo que empec&eacute; a forjar mi sentido cr&iacute;tico hacia los textos de los dem&aacute;s y hacia mis propios textos.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Con qui&eacute;nes te encontraste, qu&eacute; profesores o compa&ntilde;eros te influyeron especialmente?</p>
<p class="normal">- Bueno, fui muy privilegiada porque llegu&eacute; en los inicios, justo el primer a&ntilde;o en el que se mont&oacute; la Escuela de Letras en Madrid, en una &eacute;poca en la que no hab&iacute;a pr&aacute;cticamente este tipo de centros en Espa&ntilde;a. Ahora levantas una piedra y hay 525. Pero aquella fue la primera, o de las primeras, y tuve la suerte de formar parte de un grupo de gente muy heterog&eacute;neo. Hab&iacute;a personas muy j&oacute;venes y otras de m&aacute;s de 60 a&ntilde;os. Hab&iacute;a gente con formaci&oacute;n literaria y otra sin formaci&oacute;n. Hombres y mujeres de Madrid, de Canarias, de todas partes. Era una oportunidad &uacute;nica. Nosotros est&aacute;bamos experimentando, pero los profesores tambi&eacute;n. Para ellos era igualmente su primera vez. En el grupo fundacional estaban el escritor Alejandro G&aacute;ndara, Juan Carlos Su&ntilde;&eacute;n, que era poeta, y Constantino B&eacute;rtolo, que ejerc&iacute;a como editor. Eran los tres socios fundadores. Y luego hab&iacute;a profesores invitados que ven&iacute;an a darnos lecciones sobre diferentes temas. Juan Jos&eacute; Mill&aacute;s daba cursos de relato breve; Jos&eacute; Mar&iacute;a Guelbenzu hablaba de poes&iacute;a y tambi&eacute;n nos daba clases Rosa Montero. Los viernes ten&iacute;amos invitados que impart&iacute;an una especie de conferencia magistral. Normalmente eran escritores y escritoras muy esc&eacute;pticos respecto a las posibilidades de aprender a escribir. No puedo olvidar a &Aacute;lvaro Pombo, que nos ech&oacute; una diatriba cr&iacute;tica tan terrible que nos dieron a todos ganas de desmatricularnos en ese mismo instante. Y tampoco la suerte de asistir a una conversaci&oacute;n entre Juan Benet y Garc&iacute;a Hortelano, que fue todo un lujo. Entre los momentos m&aacute;s destacables, recuerdo una charla sobre poes&iacute;a de Clara Jan&eacute;s. Nos dej&oacute; a todos hipnotizados, en trance. Por ella como poeta, por su personalidad y su manera de leer, y tambi&eacute;n porque nos habl&oacute; de poetas de los que no ten&iacute;amos ni idea. Nos abri&oacute; un mundo nuevo y salimos todos de la sala como en estado de semi levitaci&oacute;n. La Escuela de Letras fue una experiencia muy bonita. No solamente eran las clases, era lo que hab&iacute;a fuera de las clases. Lo que habl&aacute;bamos cuando nos tom&aacute;bamos el caf&eacute; de antes de empezar o la cerveza cuando sal&iacute;amos; las fiestas a las que &iacute;bamos, las discusiones, los v&iacute;nculos que se establecieron. Fue una &eacute;poca absolutamente maravillosa de mi vida, en la que aprend&iacute; much&iacute;simo y por la que nunca dejar&eacute; de estar agradecida tanto a los compa&ntilde;eros de la escuela como a los docentes.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Es muy dif&iacute;cil encontrar a un editor que se implique realmente con el texto&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Tras la experiencia viste claro que quer&iacute;as dedicarte a la escritura?</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Y tambi&eacute;n reconozco que me lo pusieron muy f&aacute;cil. Tras los dos primeros a&ntilde;os de docencia, m&aacute;s o menos convencionales, el tercer a&ntilde;o en la Escuela de Letras era el a&ntilde;o de proyectos. Y en ese a&ntilde;o yo empec&eacute; a escribir una novela de desamor, muy vinculada con mi experiencia personal, que se titulaba <em>El fr&iacute;o</em>. Mi tutor era Constantino B&eacute;rtolo y mientras iba leyendo me dijo que me la iba a publicar en una colecci&oacute;n de nuevos narradores en Debate, lo que luego pas&oacute; a ser Caballo de Troya. Tuve la inmensa suerte de estar escribiendo un libro que sab&iacute;a que iba a ser publicado y eso marc&oacute; para m&iacute; una relaci&oacute;n muy especial con Constantino B&eacute;rtolo, que era al mismo tiempo mi editor y mi profesor. Es algo muy raro y en mi aprendizaje del oficio de escribir fue estupendo, aunque posteriormente tuvo su contrapartida. Siempre fui buscando ese tipo de conexi&oacute;n y es muy dif&iacute;cil encontrar a un editor que se implique realmente con el texto, m&aacute;s all&aacute; de decirte si encaja o no con su l&iacute;nea editorial. Solamente lo recuper&eacute; al aterrizar en Anagrama, cuando conoc&iacute; a Jorge Herralde y ahora a Silvia Ses&eacute;, que es una mujer muy comprometida con los libros que publica.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;C&oacute;mo surgi&oacute; <em>El fr&iacute;o</em>? &iquest;C&oacute;mo fue el proceso de escritura de esa primera novela?</p>
<p class="normal">- Pues al mismo tiempo muy emocional y muy intelectual. Por una parte <em>El fr&iacute;o</em> es un libro que sali&oacute; de lo m&aacute;s profundo de mi tripa, de la necesidad que ten&iacute;a de curarme de un amor muy desgraciado y poner orden en el dolor. Y, por otra parte, como alumna que era de la Escuela de Letras, estaba en un momento en el que tend&iacute;a a intelectualizar todo lo que ten&iacute;a que ver con los procesos constructivos de la literatura. Esa mezcla define este artefacto narrativo en el que una voz rebota en otra voz que es extremadamente distinta. Cuando alguien lee esta novela se da cuenta de que hay algo que puede emocionarle, algo muy aut&eacute;ntico, muy de verdad, pero que est&aacute; encerrado en una especie de caja, en una estructura narrativa muy s&oacute;lida, pensada milim&eacute;tricamente. M&aacute;s adelante, en otros libros, consigo que esa simbiosis que tiene que existir entre lo emocional y lo conceptual, se logre de una manera m&aacute;s org&aacute;nica, m&aacute;s natural.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Somos las propias mujeres las que tenemos el deseo de amar y ser amadas de una manera que algunas veces acaba con nuestra vida&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Aqu&iacute; hablas de un amor enfermizo, obsesivo, posesivo. El tema del amor vuelve a aparecer en<em> Amor fou,</em> que se puede entender como una prolongaci&oacute;n. Como si se te hubieran quedado muchas cosas sin decir, sin tratar, o como si tu propia evoluci&oacute;n te hubiese mostrado la otra cara del asunto. En realidad todos los libros de Marta Sanz se combinan unos con otros, por parejas, por tr&iacute;os.</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Yo creo que todos los libros que he escrito se comunican unos con otros y que en ese sentido podemos hablar de una especie de orfe&oacute;n donostiarra, o de donde sea. Pero s&iacute; creo que tienes toda la raz&oacute;n en que hay textos que dialogan m&aacute;s de t&uacute; a t&uacute; y en el caso de estas dos novelas es evidente. En <em>El fr&iacute;o</em> hab&iacute;a una especie de necesidad de reflejar esa idea vamp&iacute;rica y posesiva del amor. Es algo que tiene mucho que ver con el concepto rom&aacute;ntico del amor como sufrimiento; con el aprendizaje del amor a trav&eacute;s de las fuentes culturales, que visto desde una mirada ya m&aacute;s feminista ha resultado devastador para muchas mujeres. En esta novela se muestra que somos las propias mujeres las que tenemos el deseo de amar y ser amadas de una manera que algunas veces acaba con nuestra vida. Cuando la escrib&iacute;, en el a&ntilde;o 1995, ten&iacute;a esa intuici&oacute;n. Y lo que me parece m&aacute;s interesante de ella es que aprend&iacute; algo esencial mientras la desarrollaba. Aprend&iacute; que la responsable de mis temores no ten&iacute;a nada que ver con el chico que me dej&oacute;, sino que era yo misma. Era yo la que estaba pidiendo y exigiendo esas ataduras y esa posesi&oacute;n enfermiza en la que hab&iacute;a sido educada.</p>
<p class="normal"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Las mujeres estamos deconstruyendo toda una antropolog&iacute;a de lo que tienen que ser las relaciones sentimentales, el amor, los cuidados. Y no es una tarea f&aacute;cil&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- <em>Amor fou</em> es todo lo contrario, la superaci&oacute;n de esa idea rom&aacute;ntica y la reivindicaci&oacute;n del amor basado en la complicidad y la igualdad de los dos miembros de la pareja.</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Podr&iacute;amos decir que en <em>Amor fou</em> hay un intento de dibujar lo que ser&iacute;a el buen amor, no el buen amor desde el punto de vista del Arcipreste de Hita, sino en el sentido del compa&ntilde;erismo, del entenderse, de ser capaces de forjar un proyecto de vida com&uacute;n, una relaci&oacute;n en la que t&uacute; de verdad te comprometas con el otro sin miedo, sabiendo que es alguien que te va a proteger sin invadirte. <em>El fr&iacute;o</em> y <em>Amor fou </em>son dos textos que dialogan en torno al amor, s&iacute;. Y tambi&eacute;n se puede incluir un poemario, <em>C&iacute;ngulo y estrella</em>. Es un cancionero donde lo que pretendo es desdecir los t&oacute;picos de esa ideolog&iacute;a amorosa que nos ha hecho tant&iacute;simo da&ntilde;o desde Petrarca. Se trata de contraponerla a una ideolog&iacute;a amorosa que tiene que ver con la cotidianidad: con el caf&eacute; que nos tomamos juntos, con hacer la compra, ver la televisi&oacute;n o leer juntos un p&aacute;rrafo de un libro... En fin, todas esas cosas anti rom&aacute;nticas. Todo esto tambi&eacute;n tiene que ver con el hecho de que las mujeres estamos deconstruyendo, por utilizar la palabra m&aacute;s pedante, pero probablemente la m&aacute;s exacta, toda una antropolog&iacute;a de lo que tienen que ser las relaciones sentimentales, el amor, los cuidados. Y no es una tarea f&aacute;cil. Ya he contado muchas veces que yo siempre quise ser la musa, la vampiresa, la mujer fatal. Ser colocada en un altar para que un hombre me adorara me pareci&oacute; durante un tiempo algo admirable, hasta que me di cuenta de que lo que ten&iacute;a que hacer era tomar las riendas de mi propia vida, convertirme en sujeto de mis propias narraciones.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Bueno, aqu&iacute; hay algo que est&aacute; muy presente en tus libros, el hecho de que ha sido la mirada masculina la que ha forjado la imagen, la identidad y los deseos de la mujer durante much&iacute;simo tiempo.</p>
<p class="normal">- S&iacute;, por supuesto. Es algo que forma parte de nosotras y de lo que tenemos que ser conscientes, con inteligencia y sensibilidad. Hay una frase de Adrienne Rich que dice: &ldquo;es el lenguaje del opresor, pero lo necesito para hablarte&rdquo;. Pues s&iacute;, resulta que el lenguaje del opresor es mi lenguaje y forma parte de m&iacute;. Y ante esto lo que toca es tener la suficiente conciencia cr&iacute;tica para saber cu&aacute;les de esas miradas nos hacen mal y cu&aacute;les podemos rentabilizar y reconvertir, complement&aacute;ndolas con visiones que han sido silenciadas, obviadas y pisoteadas a lo largo del tiempo, evidentemente las de las mujeres, que han sido permanentemente extirpadas del canon, porque lo universal siempre fue lo masculino.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Lo que resulta llamativo es que a d&iacute;a de hoy estas miradas siguen presentes en las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes. Por una parte est&aacute; la &uacute;ltima oleada del movimiento feminista, que es muy potente y esperanzadora, y por la otra, hay movimientos conservadores, de reacci&oacute;n al cambio, muy evidentes.</p>
<p class="normal">- Bueno, esto es verdad, pero yo quiero quedarme con el lado optimista. El hecho de que haya una reacci&oacute;n tan beligerante ante la &uacute;ltima ola feminista tiene que ver con el miedo a asumir cambios. Lo veo muchas veces cuando voy a dar charlas a institutos, por parte de mujeres y tambi&eacute;n de chavales j&oacute;venes, que sienten que les est&aacute;n quitando un lugar que les correspond&iacute;a por derecho. Ellos no se dan cuenta de que ese lugar es un privilegio hist&oacute;rico que ahora hay que cuestionar. En mi opini&oacute;n es de ah&iacute; de donde parten esas reacciones tan encendidas y tan beligerantes. Son un indicador de que verdaderamente la mirada feminista tiene la posibilidad de cerrar todas las brechas de desigualdad. Eso est&aacute; calando y hay gente que l&oacute;gicamente tiene miedo. Yo quiero verlo as&iacute;, aunque tambi&eacute;n s&eacute; que esa posici&oacute;n nos coloca a las mujeres feministas en el centro de una diana que es muy peligrosa.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;La violencia contra el cuerpo de las mujeres est&aacute; directamente relacionada con la violencia que se ejerce econ&oacute;micamente&rdquo;</strong></p>
<p class="normal"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="normal">- Las cifras de violencia de g&eacute;nero no son nada alentadoras, ni la aparici&oacute;n de partidos de extrema derecha absolutamente retr&oacute;grados.</p>
<p class="normal">- S&iacute;, pero, en cualquier caso, hay una cosa a la que me refiero en <em>Monstruas y centauras</em> y en la que me gusta insistir, que tiene mucho que ver con esa presencia constante del cuerpo en mi literatura. Creo que la violencia contra el cuerpo de las mujeres, que se puede ejercer desde un punto de vista sexual tanto dentro como fuera de la casa, y desde un punto de vista f&iacute;sico &ndash;te matan, te violan, te agreden&ndash; est&aacute; directamente relacionada con la violencia que se ejerce econ&oacute;micamente contra nuestro cuerpo. Cuando digo esto me estoy refiriendo a las cifras de paro, a la desigualdad, a los techos de cristal... Yo no entiendo una cosa sin la otra. Creo que los feminicidios son un s&iacute;ntoma cultural, un s&iacute;ntoma sociol&oacute;gico de esa violencia econ&oacute;mica que se ceba muy especialmente, y desde hace mucho tiempo, sobre el cuerpo de las mujeres. Si no lo entendemos as&iacute; creo que nos estaremos equivocando.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Como colectivo, como sociedad, no hemos sido capaces de avanzar, de dar ese paso que hay entre <em>El fr&iacute;o</em> y <em>Amor fou</em>. La no superaci&oacute;n de esa idea de las relaciones como posesi&oacute;n, como dominio, es muy llamativa.</p>
<p class="normal">- No, no hemos sido capaces de avanzar, pero yo vuelvo a querer ser muy optimista, y pienso que el d&iacute;a en que las diferencias de las mujeres no sean desventajas, tanto en el espacio p&uacute;blico como en el privado, ese d&iacute;a ser&aacute; cuando las mujeres y los hombres podamos decidir hacer en el &aacute;mbito de nuestra intimidad lo que nos d&eacute; la gana, sin que nadie pueda interferir. Porque si no has partido de esas desventajas b&aacute;sicas, si no has asumido la sumisi&oacute;n hist&oacute;rica, s&iacute; que estar&aacute;s capacitada para decidir lo que te gusta, y esto lo digo porque en ocasiones al movimiento feminista se le acusa de inquisitorial, de puritano. No, no es puritanismo, no es inquisici&oacute;n. Se trata de que los m&uacute;ltiples g&eacute;neros seamos verdaderamente iguales y a partir de ah&iacute; decidamos si somos partidarias de la violencia en el sexo o si somos partidarias de la castidad o de que nos toquen una oreja. Pero todo ello en condiciones de igualdad.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;La literatura que me interesa es esa en que la inventiva literaria tiene que ver con c&oacute;mo se combinan las palabras, no solamente para iluminar la realidad sino para construirla&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Otros dos libros que dialogan en tu obra son <em>La Lecci&oacute;n de anatom&iacute;a</em> y <em>Clav&iacute;cula</em>. Ambos son libros con una gran cantidad de elementos autobiogr&aacute;ficos y ambos nos llevan a otro tema clave en la narrativa de Marta Sanz: el cuerpo y el dolor. Sueles decir que el cuerpo es un texto en el que quedan marcadas todas las cosas que vivimos.</p>
<p class="normal">- As&iacute; es. Parto de la reivindicaci&oacute;n de la palabra autobiograf&iacute;a frente a autoficci&oacute;n. El pacto que firmo con los lectores y lectoras no es un pacto con la verosimilitud. Es un pacto ambicioso que intenta iluminar la verdad, el conocimiento, a trav&eacute;s de las posibles combinaciones del lenguaje. La literatura que me interesa es esa en que la inventiva literaria tiene que ver con c&oacute;mo se combinan las palabras, no solamente para iluminar la realidad sino para construirla. Tanto en <em>La lecci&oacute;n de anatom&iacute;a</em> como en <em>Clav&iacute;cula</em> sucede esto y por eso los reivindico como libros autobiogr&aacute;ficos, no autoficcionales. En cuanto a la met&aacute;fora del cuerpo, me gusta mucho que establezcas ese t&aacute;ndem entre estos dos libros. En <em>La lecci&oacute;n de anatom&iacute;a</em> se activa esa comparaci&oacute;n de que el cuerpo es el texto en el que se quedan impresos los momentos de la vida, los vividos y los no vividos, porque las frustraciones tambi&eacute;n se pueden quedar grabadas en el cuerpo. Mientras que en <em>Clav&iacute;cula</em> lo que sucede es que el texto es el que funciona como un cuerpo roto. Ambas novelas son como el anverso y el reverso de la misma moneda.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- El punto de partida de una y de otra es muy diferente.</p>
<p class="normal">- S&iacute;. <em>La lecci&oacute;n de anatom&iacute;a</em> es un texto narrativo m&aacute;s convencional. Empieza en el momento en que a una ni&ntilde;a le ense&ntilde;an a leer las manecillas de un reloj y en el momento del parto de su madre, y acaba en un desnudo integral, en esa etapa en la que, al cumplir 40 a&ntilde;os, ya es posible realizar un ejercicio retrospectivo para analizar por qu&eacute; eres la mujer que eres en funci&oacute;n de los relatos cotidianos que han compartido generosamente contigo otras mujeres de tu entorno. Es la construcci&oacute;n de todo el cuerpo a partir del relato. Sin embargo, en <em>Clav&iacute;cula</em> no hay ese proceso extensivo, sino que es una pieza intensa, una pieza que se concentra en un solo punto de la anatom&iacute;a que es la clav&iacute;cula. De alguna manera <em>La lecci&oacute;n de anatom&iacute;a</em> es un libro centr&iacute;fugo, en el que lo que importa mucho no es la singularidad de una mujer, sino lo que esa mujer tiene en com&uacute;n con todas las mujeres de su generaci&oacute;n, con el entorno social, con el entorno pol&iacute;tico. El escritor Javier P&eacute;rez de And&uacute;jar me lleg&oacute; a decir que no era una lecci&oacute;n de anatom&iacute;a sino una lecci&oacute;n de geograf&iacute;a e historia. Mientras que en <em>Clav&iacute;cula</em> hay una especie de ejercicio centr&iacute;peto, donde a trav&eacute;s de esa concentraci&oacute;n desmedida en un dolor que no se entiende afloran todos los miedos, de nuevo sociales, pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos. Lo que he buscado aqu&iacute; es indagar en la idea de que yo personalmente, como ser humano, no puedo desvincular mis miedos f&iacute;sicos, ps&iacute;quicos, sociales y pol&iacute;ticos. He dicho ser humano, y deber&iacute;a hablar de mis miedos como mujer; aunque debo reconocer que <em>Clav&iacute;cula</em> es un libro que ha gustado a muchos hombres. Evidentemente hay cosas que compartimos en esta etapa de capitalismo salvaje en la que nos encontramos.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Tengo una visi&oacute;n muy amorosa, muy fraterna de la palabra escrita. Creo que si no fuera as&iacute; no escribir&iacute;a&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- En el libro est&aacute; la idea del dolor individual como reflejo del dolor colectivo. El dolor f&iacute;sico que sentimos no puede separarse del dolor por todo lo que acontece a nuestro alrededor. Es decir, cuando vemos tanta injusticia eso se refleja en el cuerpo. Y comentamos, por ejemplo: &ldquo;<em>Me dan ganas de vomitar&rdquo;</em>. - Esa sensaci&oacute;n de que lo f&iacute;sico y lo emocional van de la mano, as&iacute; como lo individual y lo colectivo, es muy interesante en <em>Clav&iacute;cula</em>.</p>
<p class="normal">- As&iacute; es. Una de mis obsesiones siempre ha sido ver c&oacute;mo se desdibuja el l&iacute;mite entre el dentro y el fuera. No puedo pensar en un texto sin pensar en su contexto. No puedo pensar en un ser humano individual desvincul&aacute;ndolo de las coordenadas del mundo que le ha tocado vivir. Eso est&aacute; ah&iacute;. Esa empat&iacute;a con el dolor que pueden experimentar otras personas con las que compartes un momento hist&oacute;rico est&aacute; en mi obra y es muy importante. De alg&uacute;n modo creo que refleja una concepci&oacute;n de la literatura gramsciana. Me explico: yo soy muy pesimista respecto al diagn&oacute;stico, respecto a las cosas que pasan. Tiendo a ver la botella medio vac&iacute;a, porque creo que es la &uacute;nica manera de ponerse en la tesitura de llenarla. Si la ves medio llena eso te conduce a la conformidad, a la complacencia... Esa mirada pesimista est&aacute; en m&iacute;, pero, por otra parte, soy una gran entusiasta del optimismo de la voluntad. Me paso la vida escribiendo libros porque de verdad creo, sinceramente, que la palabra literaria, que los libros, sirven para intervenir en el espacio de lo real, sirven para construir una realidad alternativa y sirven para crear v&iacute;nculos fuertes con los seres humanos, a los que necesitamos. Tengo una visi&oacute;n muy amorosa, muy fraterna y muy sorora de la palabra escrita. Creo que si no fuera as&iacute; no escribir&iacute;a. Si no tuviera esa conciencia comunicativa del relato, si solamente fuera por mi propio ombligo y por mi propia vanidad, no creo que lo hiciera.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Todos tus libros son pol&iacute;ticos, de una u otra manera. Frente a los que dicen no saber nada de pol&iacute;tica, habr&iacute;a que reivindicar tambi&eacute;n la idea de que la pol&iacute;tica est&aacute; en todas partes, en todo lo que hacemos y vivimos...</p>
<p class="normal">- Bueno, s&iacute;, pero aqu&iacute; yo quiero hacer un matiz en lo que se refiere a los artefactos culturales. No todos los libros, pel&iacute;culas y dem&aacute;s actos creativos son pol&iacute;ticos, pero s&iacute; ideol&oacute;gicos. Casi siempre pongo el mismo ejemplo: <em>Cuando Harry encontr&oacute; a Sally</em>. Claramente no es una pel&iacute;cula pol&iacute;tica, pero s&iacute; fuertemente ideol&oacute;gica. Es evidente que est&aacute; perpetuando un modelo de relaci&oacute;n sentimental y afectiva que, adem&aacute;s, est&aacute; en conformidad con lo que es el sistema y las ideas dominantes. Si la comparamos, por ejemplo, con un trabajo como <em>Z </em>de Kosta Gavras, comprendemos lo que es cine pol&iacute;tico. Para que haya un artefacto cultural que se pueda calificar de pol&iacute;tico tiene que haber una intencionalidad de intervenir y de interferir en lo que es el discurso dominante, las frases hechas del poder, la ideolog&iacute;a invisible que no vemos porque la tenemos naturalizada. Ah&iacute; est&aacute;n los textos pol&iacute;ticos.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Me revienta ese estereotipo de la mujer que puede con todo y no se queja por nada&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- En <em>Clav&iacute;cula</em> tambi&eacute;n resulta muy interesante la defensa de la queja. Tenemos todo el derecho a quejarnos de nuestros dolores, por m&iacute;nimos que sean, tanto f&iacute;sicos como sociales, pero cada vez es m&aacute;s frecuente escuchar que si vivimos en Occidente somos unos privilegiados, que no deber&iacute;amos quejarnos cuando en otros lugares hay tanta gente pas&aacute;ndolo mal.</p>
<p class="normal">- Efectivamente. Y en este caso he querido afrontar el derecho a la queja en clave feminista. Desde el punto de vista de g&eacute;nero a las mujeres, y eso se dice expl&iacute;citamente en el libro, siempre se nos suele dibujar en la cultura en polos antag&oacute;nicos y excluyentes: la madre y esposa y la puta; la mujer fatal y la novia abnegada... Y con la queja pasa lo mismo: o la princesa guisante o la mujer que puede con todo y no se queja por nada y se sacrifica por sus hijos y es callada, modesta y estupenda. A m&iacute; ese estereotipo me revienta. Yo no me siento ni una cosa ni otra. Ni la princesa guisante, ni esa mujer que puede con todo y que por lo tanto puede ser sobreexplotada dentro de la casa, fuera de la casa y en el tramo que va de fuera a dentro de la casa. Me parece una cosa terrible.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Las personas que verdaderamente tienen todos los motivos del mundo para quejarse no tienen voz y no podr&aacute;n quejarse nunca jam&aacute;s&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Cuanta m&aacute;s pobreza y miseria hay alrededor, menos podemos quejarnos. &iquest;C&oacute;mo romper con esa idea que a la larga conduce a la sumisi&oacute;n, al conformismo?</p>
<p class="normal">- Exacto. Es muy significativo. Yo he ido a clubes de lectura a hablar de <em>Clav&iacute;cula </em>y ha habido un cincuenta por ciento de mujeres que se sent&iacute;an muy identificadas y quer&iacute;an quejarse, mientras que el otro cincuenta por ciento me llamaban pija. &ldquo;Te quejas por cualquier cosa. Si t&uacute; hicieras lo que yo hago...&rdquo;, me dec&iacute;an. Y yo les contestaba: &ldquo;Pues precisamente, si yo me quejo por cualquier cosa, como t&uacute; dices, es para que t&uacute; te puedas quejar. En mi queja te incluyo a ti, que ni siquiera te lo permites&rdquo;. Debajo del &ldquo;t&uacute; no te quejes, que eres una privilegiada&rdquo;, que tanto escuchamos, asoma algo estremecedor, el hecho de que las personas que verdaderamente tienen todos los motivos del mundo para quejarse no tienen voz y no podr&aacute;n quejarse nunca jam&aacute;s. Por eso en <em>Clav&iacute;cula</em> est&aacute; el poema <em>La ni&ntilde;a de Manila</em>. Esa inclusi&oacute;n de la materia poem&aacute;tica tiene que ver con el hecho de que yo estoy segura de que esa ni&ntilde;a jam&aacute;s va a tener la oportunidad de abrir la boca y quejarse. Entonces me pongo a mirarla desde ese ojo occidental que se permite ser condescendiente, compasivo, caritativo, y que lo que tendr&iacute;a que hacer es intentar actuar pol&iacute;ticamente para que no haya jam&aacute;s en la vida ni&ntilde;as as&iacute;. Y volviendo a la pregunta, creo que ya est&aacute; bien. Yo estoy muy harta de que me digan: &ldquo;No, como t&uacute; tienes una casa no te puedes quejar&rdquo;. Perdona, &iquest;c&oacute;mo que no me puedo quejar; el hecho de que yo tenga una casa y mi vida econ&oacute;mica m&aacute;s o menos resuelta implica que no pueda tener sentido cr&iacute;tico? &iquest;Qu&eacute; pasa? &iquest;Qu&eacute; el hecho de que tengas unos m&iacute;nimos de dignidad te invalida para la cr&iacute;tica, para la acci&oacute;n pol&iacute;tica, para la solidaridad? Pues va a ser que no.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Todos tenemos cuentas pendientes con la Transici&oacute;n como un momento vital important&iacute;simo en nuestras biograf&iacute;as porque no nos sentimos identificados con el relato oficial&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Otro tema muy presente en tu obra es la Transici&oacute;n. Est&aacute; en <em>Daniela Astor,</em> en <em>Amor fou</em> tambi&eacute;n... Seguramente aparece en otros de tus libros...</p>
<p class="normal">- S&iacute;. En un libro anterior que se llama <em>Los mejores tiempos, </em>el pen&uacute;ltimo libro que edit&eacute; con Debate.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Es otra realidad de este pa&iacute;s que no acabamos de superar. La Transici&oacute;n parece intocable. La Constituci&oacute;n no puede cambiarse. Es como una piedra en el camino, una especie de asignatura pendiente.</p>
<p class="normal">- A los escritores y las escritoras de mi generaci&oacute;n es un asunto que nos preocupa. Estoy pensando en voces muy distintas, en diferentes &aacute;ngulos desde los que se aborda el tema, desde Cercas hasta Cristina Fallar&aacute;s, pasando por Orejudo, por Manuel Vilas, Clara Us&oacute;n, Rafael Reig o yo misma. Somos la generaci&oacute;n de los 60, de los &ldquo;baby boomer&rdquo;, los que en la &eacute;poca de la Transici&oacute;n &eacute;ramos adolescentes o j&oacute;venes. Funciona, y esto lo digo en <em>Daniela Astor y la caja negra</em>, la met&aacute;fora hist&oacute;rica ideol&oacute;gica que coloca en paralelo nuestros cuerpos en transformaci&oacute;n, con sus miedos y sus esperanzas, con el cuerpo en transformaci&oacute;n de un pa&iacute;s que tambi&eacute;n estaba lleno de miedo a los militares, a todo ese fascio que hab&iacute;a por detr&aacute;s, y a la vez ten&iacute;a esperanzas en el cambio. Todos estos autores que he citado, y muchos m&aacute;s, representamos a gran parte de la ciudadan&iacute;a. Todos tenemos cuentas pendientes con la Transici&oacute;n como un momento vital important&iacute;simo en nuestras biograf&iacute;as porque no nos sentimos identificados con el relato oficial, ese relato que, como dec&iacute;a Javier Pradera, es un crecepelo exportable que nadie se terminaba de creer. Desde la literatura, cada uno de nosotros, estamos levantando nuestro propio relato. Esa obsesi&oacute;n por intentar entender lo que pas&oacute; en aquellos a&ntilde;os, desde diversos puntos de vista ideol&oacute;gicos, tiene mucho que ver con un discurso pol&iacute;tico, period&iacute;stico, hist&oacute;rico homog&eacute;neo en el que nadie termina de estar c&oacute;modo. En mi caso, el t&iacute;tulo de<em> Los mejores tiempos</em> ya dice mucho. El t&iacute;tulo es la iron&iacute;a de que ni muchas infancias ya son los mejores tiempos ni la Transici&oacute;n, entendida en su globalidad, supuso los mejores tiempos para mucha gente que se qued&oacute; en la calle, en una manifestaci&oacute;n, con una bala en la cabeza.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;No hay que tener miedo a los cambios&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Es algo que ha ca&iacute;do en el olvido.</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Se ha extirpado de la Transici&oacute;n una parte tr&aacute;gica que naturalmente existi&oacute;.&nbsp; Hubo bastante gente que se dej&oacute; muchas cosas en el camino para llegar a una democracia de la que yo no abomino, pero que se puede perfeccionar en muchos aspectos. No hay que tener miedo a los cambios. <em>Los mejores tiempos </em>refleja todo esto y <em>Daniela Astor y la caja negra</em> mira a la Transici&oacute;n a trav&eacute;s de unos ojos desde los que habitualmente no es contada, los ojos de las ni&ntilde;as que &eacute;ramos adolescentes o p&uacute;beres en ese momento. En esta novela lo que quer&iacute;a contar era como mi modelo de lo que era una mujer admirable estaba condicionado por las representaciones de mujeres admirables que me rodeaban en ese momento, que eran las musas de la Transici&oacute;n y las musas del destape. Todo eso se te queda y despu&eacute;s tienes que ir intentando quitarte esa grasilla poco a poco. Ese proceso es el que se aborda en <em>Daniela Astor.</em></p>
<p class="normal"><em>&nbsp;</em></p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;La literatura nos ayuda a aproximarnos a los acontecimientos hist&oacute;ricos desde esa visi&oacute;n de que lo personal es pol&iacute;tico&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Normalmente el argumento que se utiliza para no introducir modificaciones es el de que en esa &eacute;poca no se pudo hacer de otra manera. Pero, &iquest;ese pacto establecido tiene que durar eternamente?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Bueno, lo que yo creo es que se ha producido una sacralizaci&oacute;n de la legalidad constitucionalista que obvia el hecho de que muchas veces para que se produzcan transformaciones progresistas dentro de una sociedad hay que cambiar las leyes. En el caso del p&aacute;nico que produce cualquier tipo de reforma constitucional me parece que es absolutamente desmesurado y que se podr&iacute;a hacer sin repercusiones traum&aacute;ticas para nadie, a no ser que la gente sea carpetovet&oacute;nica en el peor sentido de la palabra. Lo terrible ahora en nuestro pa&iacute;s es ese rebrote de una ultraderecha tremenda que est&aacute; conectando, a nivel global, con un pensamiento hegem&oacute;nico imperial trumpiano, con una derecha pragm&aacute;tica que lo relativiza todo y que fomenta los bulos y las mentiras, las denominadas &ldquo;fake news&rdquo;. Todo eso est&aacute; aqu&iacute; y se mezcla con nuestra particular&iacute;sima derecha patria. Una derecha que tiene sus ra&iacute;ces en ese se&ntilde;or que ha salido recientemente del Valle de los Ca&iacute;dos, suscitando pol&eacute;mica, algo absolutamente impresionante. Se quiere vender la fantas&iacute;a de que todos somos iguales y no, se&ntilde;ores, no todos somos iguales. En este sentido me parece interesante insistir en que, cuando se aspira en la literatura y en las artes a lo universal, hay determinados temas que no se pueden abordar desde esa perspectiva. Si t&uacute; hablas desde una perspectiva universal de las guerras, las guerras ya sabemos todos que son malas; que hay muertos y hay sangre en un bando y en el otro; que los seres humanos se animalizan y sacan lo peor de s&iacute; mismos... Pero a m&iacute; lo que me interesa de las guerras no es lo universal. Me interesa qui&eacute;n las declara; qui&eacute;n las motiva y contra qu&eacute; se rebelan; qui&eacute;nes fueron los vencedores, qui&eacute;nes fueron los vencidos... Me interesan las cosas particulares y creo que la literatura nos ayuda a aproximarnos a los acontecimientos hist&oacute;ricos desde esa visi&oacute;n de que lo personal es pol&iacute;tico, desde esa visi&oacute;n intrahist&oacute;rica que nos ayuda a interpretar y a entender las cosas m&aacute;s all&aacute; de la abstracci&oacute;n y de las vulgaridades.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">&ldquo;Me paso la vida escribiendo libros porque creo que sirven para construir una realidad alternativa&rdquo;.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">&ldquo;La empat&iacute;a con el dolor de otras personas con las que compartes momento hist&oacute;rico es importante en mi obra&rdquo;.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 20 Mar 2020 11:50:44 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En la concha del caracol]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/en-la-concha-del-caracol/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2020/walser600.jpg" alt="" /></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Nadie tiene derecho a tratar conmigo como si me conociera&rdquo;: la afirmaci&oacute;n intimida y pone a todo aquel que quiera intentar una aproximaci&oacute;n al escritor suizo ante una dif&iacute;cil tesitura. Tal vez la soluci&oacute;n sea precisamente conocerlo, meti&eacute;ndose para ello en la concha de caracol desde la que siempre escribi&oacute; y utilizando como &eacute;l un l&aacute;piz, un sencillo l&aacute;piz como los que su padre vend&iacute;a en la tienda de art&iacute;culos de papeler&iacute;a y encuadernaci&oacute;n que regentaba en Biel y que, visto en perspectiva, bien puede entenderse como una premonici&oacute;n de aquello que m&aacute;s tarde se convertir&iacute;a en esencial para el sexto de los siete hijos de los Walser. El negocio en aquellos a&ntilde;os funcionaba bien y la numerosa familia viv&iacute;a de manera desahogada, aunque poco despu&eacute;s, a finales de la d&eacute;cada de los 80, la gran depresi&oacute;n acabar&iacute;a con la pr&aacute;ctica totalidad de los peque&ntilde;os negocios, tambi&eacute;n con el suyo. Para obtener ingresos, la familia se vio obligada entonces a alquilar algunas habitaciones de su casa y, al final, acab&oacute; por trasladarse a un barrio m&aacute;s pobre de la ciudad. La madre, melanc&oacute;lica y con una marcada tendencia a las crisis depresivas y emocionales, que heredar&iacute;an algunos de sus hijos (el propio Robert, adem&aacute;s de Ernst, fallecido en 1916 en Waldau, donde estaba ingresado por una enfermedad ps&iacute;quica, y Hermann, que se suicid&oacute; en 1919), nunca lleg&oacute; a superar el fracaso econ&oacute;mico, enferm&oacute; y muri&oacute; pronto, en 1894. Lisa, la hermana mayor, se encarg&oacute; de cuidarla durante los a&ntilde;os de la enfermedad y tambi&eacute;n de llevar la casa mientras la situaci&oacute;n econ&oacute;mica empeoraba de d&iacute;a en d&iacute;a. Robert y su hermano Karl, el futuro dibujante, se vieron obligados a abandonar la escuela un a&ntilde;o antes de terminar el bachiller, un brusco cambio de su situaci&oacute;n vital que dejar&iacute;a en el futuro escritor una huella indeleble, la cual revirti&oacute; en su escritura de manera singular, distanci&aacute;ndola, volvi&eacute;ndola casi esquiva a medida que intentaba alejarse cada vez m&aacute;s de un mundo que le resultaba ajeno, de un mundo en el que sus anhelos de vivir de la literatura se ver&iacute;an truncados una y otra vez, de un mundo en el que solo encontr&oacute; protecci&oacute;n en la distancia.</p>
<p>As&iacute; fue como en 1892 Walser empez&oacute; a trabajar como aprendiz en la filial de Biel del Banco Cantonal de Berna. Los problemas econ&oacute;micos y la falta de cari&ntilde;o materno van creando un vac&iacute;o en la vida del futuro escritor, que no se llenar&aacute; ya nunca m&aacute;s. En realidad el trabajo en el banco no es m&aacute;s que un intento de encontrar una estructura para una biograf&iacute;a que ha empezado a tambalearse en sus cimientos, tal como puede comprobarse en los numerosos mon&oacute;logos interiores que recorren la novela <em>Los hermanos Tanner</em> (1907), a trav&eacute;s de los que Simon intenta dar forma a su existencia. Es Walser el que habla consigo mismo y este recurso, que le permite establecer una conversaci&oacute;n solitaria, sin respuesta, ser&aacute; en todo momento el favorito de su escritura, la forma que, como su concha, lo proteger&aacute; del exterior. El trabajo no es para &eacute;l un medio de vida, sino simplemente un papel que debe desempe&ntilde;ar, otro m&aacute;s de entre los muchos que represent&oacute; siempre en casa, un disfraz, en el fondo, como los que utilizaba para estas actuaciones y de los que nos ha quedado un magn&iacute;fico testimonio en un dibujo que su hermano Karl le hizo en el papel de Karl Moor, el protagonista de <em>Los bandidos</em> de Friedrich Schiller. El peque&ntilde;o Walser parece encontrarse a gusto en este juego de papeles que, con el tiempo, se convertir&aacute; en una constante, pues los l&iacute;mites entre realidad y ficci&oacute;n se difuminan en su vida y en su obra hasta lo irreconocible, como si de una sola se tratara: &ldquo;&iquest;Quieres cambiar la vida real por la apariencia, el cuerpo por su reflejo?&rdquo;, escribe en 1902. Pero a pesar de la atracci&oacute;n que siente por la escena, y a pesar tambi&eacute;n de la decepci&oacute;n que le supuso no haber conseguido un papel en una obra que se iba a representar en el Teatro Real de Stuttgart (su expresi&oacute;n era poco &aacute;gil), pronto se convence de que esa profesi&oacute;n no le ofrece la intimidad que necesita para llevar a cabo su juego con el otro. A la ciudad suaba hab&iacute;a llegado en 1895, siguiendo a Karl, que aprend&iacute;a all&iacute; a pintar interiores, aunque un a&ntilde;o despu&eacute;s, tras la fallida experiencia teatral y haber trabajado en una librer&iacute;a, decide regresar a Suiza, andando, para establecerse en Z&uacute;rich con el firme prop&oacute;sito de ser escritor.</p>
<p>Walser estaba convencido de que el torrente de emociones que pod&iacute;a expresarse a trav&eacute;s del lenguaje y la m&iacute;mica, la expresi&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica en su totalidad, debia tener su mejor espacio de manifestaci&oacute;n en el teatro. Pero no fue capaz de llevarlo a la pr&aacute;ctica, pues los primeros intentos dram&aacute;ticos no resultaron en textos comparables a su prosa posterior. No obstante, dan testimonio de un joven autor en busca de su identidad, que reflexiona a la vez sobre las numerosas posibilidades que ofrece la escritura, jugando incluso con los g&eacute;neros, como puede verse en un cuento en verso, <em>Cenicienta </em>(<em>Aschenbr&ouml;del, </em>1901), en el que trata de armonizar la anhelada fusi&oacute;n entre realidad y ficci&oacute;n, convirtiendo al g&eacute;nero literario en un personaje m&aacute;s y desarticulando su forma cl&aacute;sica y su final feliz: la protagonista no pretende una vida de princesa, pues lo que el pr&iacute;ncipe le ofrece no cuadra con sus ideales de emancipaci&oacute;n. Junto a ello la defensa que aqu&iacute; se hace del hecho de servir a otras personas, vista no como humillaci&oacute;n, sino como resistencia frente a la com&uacute;n idea de actuaci&oacute;n pasiva, hace de este breve drama una clave para la comprensi&oacute;n de la posterior obra walseriana. Algo similar es lo que ocurre con <em>Blancanieves </em>(<em>Schneewittchen</em>), publicada tambi&eacute;n ese mismo a&ntilde;o, una continuaci&oacute;n del cuento original que desarticula el texto cl&aacute;sico convirtiendo en pasi&oacute;n lo que en este es amor. Blancanieves no anhela otra cosa m&aacute;s que regresar a su mundo sin emociones de la casa de los enanos, pero, como no puede hacerlo, se inventa otro y, con &eacute;l, un final conciliador. La moraleja del cuento es, por tanto, sospechosa, pues responde, en realidad, a una moral concreta con la que Walser nunca lleg&oacute; a estar del todo de acuerdo: la del mundo burgu&eacute;s.</p>
<p>Y eso que cuando dio sus primeros pasos como escritor a&uacute;n la aceptaba y respetaba sus convenciones, intentando lograr la aceptaci&oacute;n de sus futuros lectores. Tiene solo veinte a&ntilde;os en el momento en que sus primeros poemas ven la luz en un peri&oacute;dico local. Josef Viktor Widmann lo hab&iacute;a hecho posible, y &eacute;l mismo escribe una rese&ntilde;a en la que constata &ldquo;tonos verdaderamente nuevos&rdquo;. Al escritor Franz Blei le llamaron la atenci&oacute;n y le introdujo en el c&iacute;rculo de la revista <em>Die</em> <em>Insel</em>, donde Walser publicar&iacute;a sus textos a partir de entonces. Asimismo promovi&oacute; su colaboraci&oacute;n en otras revistas como <em>Der blaue Vogel </em>y <em>Die Opale</em>. Los c&iacute;rculos de escritores reconocidos van abri&eacute;ndose para recibir al nuevo poeta: Frank Wedekind, Alfred Kubin, Marcus Behmer, los dos &uacute;ltimos tambi&eacute;n conocidos ilustradores. Pero Walser parece no sentir demasiado inter&eacute;s por relacionarse con estos representantes de una vida establecida, ante la cual, el poeta parece ahora asustarse. Necesita su autonom&iacute;a, no como gesto de resistencia ante la moral burguesa, sino como requisito para la propia existencia. Las condiciones para dedicarse a la literatura son en M&uacute;nich m&aacute;s favorables que en ning&uacute;n otro sitio, pero le siguen faltando los recursos econ&oacute;micos y regresa a Suiza. Los trabajos que desempe&ntilde;ar&aacute; a partir de entonces ser&aacute;n muchos, pero tambi&eacute;n de corta duraci&oacute;n: empleado en diferentes empresas, en una editorial, en una compa&ntilde;&iacute;a de seguros, en un banco, ayudante de un ingeniero&hellip; Son espacios en los que escribe mientras simula trabajar, espacios que, al igual que sus constantes cambios de residencia, suponen un nomadismo existencial, una fuga constante, ya sea de alojamiento, ciudad, taberna u oficio, en un intento continuo de evitar &ldquo;llevar una vida ociosa y angustiada junto a la estufa de casa&rdquo;, en palabras de Jakob von Gunten. Durante la I Guerra Mundial prest&oacute; el servicio militar y, al final, trabaj&oacute; tambi&eacute;n como bibliotecario. Pero lo m&aacute;s importante para &eacute;l eran sus textos. Y as&iacute;, tras una larga correspondencia con Rudolf von Poellnitz, entonces director de la editorial Insel, <em>Los cuadernos de Fritz Kocher </em>(<em>Fritz Kochers Aufs&auml;tze</em>) vieron la luz en diciembre de 1904. Se trata de una colecci&oacute;n de redacciones escolares que un editor ficticio publica tras la muerte de su joven autor. El volumen trae consigo una nueva est&eacute;tica, la de la escritura sin un tema concreto, la que no tiene un contenido espec&iacute;fico: &ldquo;Me gusta escribir sobre todo sin diferencia alguna. No me atrae la b&uacute;squeda de una trama determinada, sino elegir palabras hermosas, delicadas&rdquo;. Los textos no tienen un orden aparente y el estudiante va perdi&eacute;ndose poco a poco en diferentes argumentos y reflexiones, que conforman el marco para las opiniones de un joven respecto de su entorno (la escuela, la familia, el bosque, la patria&hellip;), expuestas con esa aparente ingenuidad que oculta tras de s&iacute; la mordaz iron&iacute;a walseriana.</p>
<p>Despu&eacute;s de <em>Los cuadernos</em> y en un periodo de tiempo de escasos tres a&ntilde;os, Walser escribe la trilog&iacute;a de novelas que lo har&aacute; famoso: <em>Los hermanos Tanner </em>(<em>Geschwister Tanner, </em>1907), <em>El ayudante </em>(<em>Der Geh&uuml;lfe, </em>1908) y <em>Jakob von Gunten </em>(1909). Compuestas durante su estancia en Berl&iacute;n, son un recorrido por la tem&aacute;tica inherente al conjunto de su obra, y que se convertir&aacute; con el tiempo en una categor&iacute;a propia, la de la identidad, articulada en la l&iacute;nea del proceso de reflexi&oacute;n sobre el tema que domina de principio a fin toda su producci&oacute;n literaria. El papel dominante lo desempe&ntilde;a, en su caso, el juego ir&oacute;nico con la idea burguesa del yo inalterable del individuo, a trav&eacute;s del cual Walser ofrece una visi&oacute;n desilusionante del proceso de formaci&oacute;n y desarrollo, que conlleva a su vez una nueva visi&oacute;n de los conceptos de &ldquo;individuo&rdquo; e &ldquo;identidad&rdquo;, los cuales han ido variando su significado en el proceso hist&oacute;rico que ha contribuido a la transformaci&oacute;n de la sociedad de clases. La identidad es ahora una tarea individual, aislada. Klaus Tanner, el m&eacute;dico establecido y de buena reputaci&oacute;n, representa de forma m&aacute;s pura el modelo de identidad del siglo XIX, ese modelo ahora sin valor, que Walser describe con una iron&iacute;a provocadora, como si de una caricatura se tratara. Su hermano Simon, el menor, se agota en numerosos intentos fracasados de conseguir formar parte de esa sociedad, presentados en una linealidad fragmentada que prefigura ya la nueva novela moderna. Y Kaspar, el artista, que ve su trabajo como la &uacute;nica posibilidad de una vida aut&eacute;ntica, fracasa igualmente en un entorno lleno de clich&eacute;s, que no comprende que alguien pueda vivir una vida libre, sin ataduras sociales. Para evitar el fracaso, Klaus, el mayor de los hermanos, lo anima a ir a Italia, el &uacute;nico lugar donde, desde su punto de vista convencional, podr&aacute; conseguir la madurez necesaria para dedicarse al arte. Pero el mito de Italia se desmonta en esta novela a trav&eacute;s de los ojos de este artista que no considera en absoluto que en ese pa&iacute;s del sur puedan existir m&aacute;s bellezas que en cualquier otra parte. Interesante aqu&iacute; es el hecho de que las conversaciones entre los hermanos, aunque contradictorias, responden, sin duda, al discurso modernista.</p>
<p>Walser hab&iacute;a llegado a Berl&iacute;n en 1905, pues la capital alemana le parec&iacute;a el lugar m&aacute;s adecuado para desarrollarse como escritor. Berl&iacute;n era el centro pol&iacute;tico de Alemania, pero tambi&eacute;n el centro de las ansias de poder y expansi&oacute;n del imperio alem&aacute;n. Militarismo e imperialismo se respiraban en cada esquina. All&iacute; estaba ya su hermano Karl, ahora un ilustrador famoso, con una reputaci&oacute;n que posibilit&oacute; a Robert nuevos contactos, entre los que se contaba el editor Bruno Cassirer, quien le anim&oacute; a escribir su primera novela. Pero la vida de la bohemia berlinesa tampoco parece ajustarse a &eacute;l y, aun consciente de las posibilidades que se le ofrecen para dedicarse a la literatura, no est&aacute; dispuesto a aceptar sus condiciones y entra en una escuela para mayordomos en un intento de escaparse una vez m&aacute;s de un entorno que le es ajeno y recogerse y diluirse en &eacute;l hasta pasar totalmente desapercibido. Incapaz de adaptarse a las exigencias de la sociedad, se esconde ahora tras el uniforme de la escuela, desde donde no puede verse su escaso, o quiz&aacute; nulo, instinto social. Y as&iacute;, tras concluir su formaci&oacute;n, entra en 1905 al servicio de la casa Dambrau en Silesia. La experiencia al servicio de otros resultar&iacute;a despu&eacute;s en una constante que dar&aacute; forma a esa categor&iacute;a &ldquo;identidad&rdquo; con la que nunca dej&oacute; de experimentar en sus textos. Tal vez porque el hecho de servir a otros ocultaba sus aspiraciones reales y le daba la oportunidad de perderse tras un yo en el que poder realizar actividades que de otra forma le hubiera resultado imposible llevar a cabo.</p>
<p>En la atm&oacute;sfera berlinesa, en la que todo es grande y monumental, desarrolla Walser su amor por lo peque&ntilde;o, por lo insignificante. Pero es un amor heredado. Heredado de la tradici&oacute;n helv&eacute;tica. Y ser&aacute; precisamente en el contraste con la gran ciudad, cuando Suiza empiece a revelarse como la aut&eacute;ntica concha de caracol, que dar&aacute; refugio al poeta en todos los sentidos. Valora cada vez m&aacute;s el inc&oacute;gnito y, sin quererlo, har&aacute; de &eacute;l uno de los<em> </em>motivos por excelencia de la literatura modernista: el papel del escritor que se oculta en sus palabras, sus posibilidades y perspectivas, se convierten en tema de reflexi&oacute;n en muchos de sus textos en prosa, tal como se refleja en<em> El ayudante</em>, su novela de mayor &eacute;xito. Publicada en 1908, las referencias autobiogr&aacute;ficas son obvias, pues recogen las experiencias del autor durante el tiempo que trabaj&oacute; como ayudante del ingeniero Carl Dubler en W&auml;denswil. El personaje de Joseph Marti es, sin duda, uno de los m&aacute;s representativos de la obra de Walser, tanto por su especial significado como testigo del ocaso de la conciencia burguesa como por el magn&iacute;fico juego de perspectivas narrativas en el que se enmarca su historia y que hace de esta obra un paradigma de la modernidad. Nada cambia en la vida de Joseph desde que entra al servicio de Tobler, de forma que abandonar&aacute; la casa exactamente igual que ha llegado, sin haber experimentado ning&uacute;n tipo de evoluci&oacute;n. Adem&aacute;s, su incapacidad a la hora de escribir sus memorias niega, por otro lado, el significado de su propia persona, de su ser como individuo. Pero a partir de este momento, el ayudante, el sirviente que est&aacute; a disposici&oacute;n de otros, se convierte en uno de los personajes definitivos en sus textos, aunque el hecho de &ldquo;servir&rdquo; no deja de ser, en realidad, m&aacute;s que una forma oculta de dominio que, precisamente en el contexto del fin de siglo, puede leerse tambi&eacute;n, en una dimensi&oacute;n filos&oacute;fica, como una f&oacute;rmula contraria a la postulada por Nietzsche. Sus j&oacute;venes protagonistas centran todos sus esfuerzos en una &uacute;nica cosa, el cumplimiento del deber, la obediencia, pues creen que &uacute;nicamente obedeciendo pueden escapar a la responsabilidad que conlleva la existencia, ya que, en realidad, no quieren ser nadie. La obsesi&oacute;n por la insignificancia que domin&oacute; al autor durante toda su vida encuentra aqu&iacute; una de sus mejores expresiones.</p>
<p>Frente a la crisis de la identidad individual los personajes de Walser representan nuevas perspectivas para el yo: el Instituto que se describe en <em>Jakob von Gunten</em>, la tercera de las novelas, en s&iacute; un modelo de Estado autoritario, ve desmitificado su supuesto poder por la actitud de los personajes, caracterizados por la iron&iacute;a inmanente a la propia obra, la m&aacute;s abstracta de la trilog&iacute;a, y, sin embargo, la m&aacute;s valorada por Kafka: &ldquo;Conozco <em>Jakob von Gunten</em>, un buen libro&rdquo;. Siendo as&iacute;, era de esperar que los lectores de aquel momento no lo entendieran del mismo modo. Y hasta el propio Walser supo siempre que su forma de narrar lo cotidiano sin a&ntilde;adir a lo narrado ning&uacute;n tipo de emoci&oacute;n no se correspond&iacute;a en absoluto con las expectativas del p&uacute;blico de una &eacute;poca demasiado acostumbrada a&uacute;n a los tonos realistas. Adem&aacute;s, la novela supone una cr&iacute;tica radical a los fundamentos de la identidad moderna esto es, a la autonom&iacute;a y a la autosuficiencia del individuo, que se ve obligado a renunciar al &ldquo;yo&rdquo; hasta hacerlo desparecer convirti&eacute;ndolo en un &ldquo;encantador cero a la izquierda&rdquo;, que no pretende otra cosa m&aacute;s que alcanzar el estatus de sirviente, socialmente despreciado a todos los niveles, situ&aacute;ndolo en la m&aacute;s absoluta mediocridad y haciendo as&iacute; que se diluya cualquier aspiraci&oacute;n a tener un papel en la sociedad, a la que sirve con absoluto desinter&eacute;s personal, libre del deseo de encumbrarse en ella.</p>
<p>Justo un a&ntilde;o antes del estallido de la guerra, Walser abandona Berl&iacute;n. Es probable que all&iacute; escribiera tres novelas m&aacute;s que acab&oacute; desechando y quemando. No se ha conservado ning&uacute;n borrador, tal vez porque su despedida de la capital supuso tambi&eacute;n su despedida (por el momento) del g&eacute;nero novelesco, con el que hab&iacute;a estado obsesionado durante todo el tiempo de su estancia en la gran ciudad y que ya no se correspond&iacute;a con la forma &ldquo;peque&ntilde;a y reducida&rdquo; de Suiza. Se refugi&oacute; entonces en lo que &eacute;l denominaba como &ldquo;la concha del caracol del relato breve&rdquo;, un refugio que, aunque no lo proteg&iacute;a de la cr&iacute;tica, al menos s&iacute; lo hac&iacute;a de cualquier tipo de comparaci&oacute;n desmedida, y le permit&iacute;a reducirse, desvanecerse, desaparecer. Fue tambi&eacute;n la despedida de su hermano Karl, a quien hab&iacute;a seguido siempre que hab&iacute;a podido y a quien admiraba sobremanera. De vuelta en la Confederaci&oacute;n, en la buhardilla del hotel &laquo;Zum blauen Kreuz&raquo;, en la que vivir&aacute; hasta 1921, Walser da forma a un breve relato, <em>Vida de un pintor (Leben eines Malers)</em>, que ver&aacute; la luz en enero de 1916 en la <em>Neue Rundschau</em>. Por primera vez desarrolla la forma en la que, a partir de ahora, dar&aacute; expresi&oacute;n a nuevos textos: cuadros en prosa. El relato es un montaje de descripciones de diversos cuadros de Karl Walser, pintados todos en 1900 y expuestos en el museo Neuhaus de Biel, y que el narrador va describiendo al hilo de la historia del artista. No obstante, el personaje no desempe&ntilde;a aqu&iacute; el papel principal, aunque posee un significado muy peculiar en tanto que los cuadros sirven de superficie sobre la que se proyecta la imagen de un artista poco seguro de s&iacute; mismo. Ese mismo a&ntilde;o publica el relato <em>Vida de poeta </em>(<em>Poetenleben</em>), un relato que sigue manteniendo la estructura y el estilo en los que Walser parece encontrarse c&oacute;modo: la descripci&oacute;n de un retrato, una biograf&iacute;a con referencias claramente autobiogr&aacute;ficas, que el narrador intenta esconder utilizando la forma del plural. En la obra, el uso del lenguaje administrativo que el poeta se ha visto obligado a utilizar en sus numerosos puestos de trabajo le otorga el anonimato tan valorado por Walser al tiempo que se convierte en el veh&iacute;culo de expresi&oacute;n para el fracaso del prop&oacute;sito de la escritura: describrir una vida real. El modelo ya lo hab&iacute;a perfilado en 1905 en el relato <em>Vida de un escritor </em>(<em>Leben eines Dichters</em>), donde recoge momentos concretos de la vida de un poeta y construye con ellos diferentes escenas que resultan en una biograf&iacute;a. Pero en una biograf&iacute;a fuera de lo com&uacute;n, ficticia, a trav&eacute;s de la que el trabajo del poeta se convierte en la met&aacute;fora de otra forma de escribir, en la po&eacute;tica del propio Walser, reconocible aqu&iacute; ya en todos sus contornos. Los retratos, en los que siempre habr&aacute; una relativa autorreferencialidad, se acumulan tambi&eacute;n a lo largo de los siguientes a&ntilde;os: <em>Kleist en Thun </em>(1907), <em>Brentano </em>(1910), <em>Dickens </em>(1911), <em>Lenz </em>(1912), <em>Kotzebue</em> (1912), <em>La huida de B&uuml;chner </em>(1912), <em>Lenau (I) </em>(1914-15), <em>H&ouml;lderlin </em>(1915), <em>Hauff </em>(1917), por nombrar tan solo algunos, en los que Walser parece buscar sus modelos, sus referentes.</p>
<p>Los textos de este periodo ponen de manifiesto que se siente a gusto de vuelta en Suiza. El escritor recorre bosques y pueblos, y pinta cuadros, cuadros mentales, de las gentes con las que se encuentra. Pero tambi&eacute;n de la naturaleza. Sus <em>Prosas breves </em>(<em>Kleine Dichtungen</em>), publicadas en 1915 en la editorial de Kurt Wolff, son testimonio de la intensidad con la que observa su entorno, y con ellas ganar&aacute; Walser el &uacute;nico premio que obtuvo en su vida. Fueron a&ntilde;os productivos, durante los que escribi&oacute; varios vol&uacute;menes de prosa breve y una narraci&oacute;n de mayor extensi&oacute;n, <em>El paseo </em>(<em>Der Spaziergang</em>), publicada en su versi&oacute;n definitiva en 1920, en la que el relato se orienta a la forma del movimiento del paseante como veh&iacute;culo de expresi&oacute;n y alimento existencial de una vida atormentada. Pero tambi&eacute;n son a&ntilde;os en los que el autor conoce una cara m&aacute;s negativa de la vida: la del soldado de infanter&iacute;a. Walser es reclutado con cierta regularidad; a veces no le dan bien de comer, aunque vino no falta nunca en el sur de la Confederaci&oacute;n. En cualquier caso, la situaci&oacute;n no le agrada, pues no le deja tiempo para escribir. Los textos en los que refleja vivencias de este periodo ponen de manifiesto una situaci&oacute;n inusitada: c&oacute;mo el servicio militar puede llegar a ser un refugio para el individuo e incluso darle la oportunidad de tener un hogar. Porque, aunque el pa&iacute;s no participa directamente en la guerra, la vida en Suiza experimenta cambios que se reflejan tambi&eacute;n en la situaci&oacute;n pol&iacute;tica posterior al conflicto. Pero Walser prefiere seguir al margen, en su concha, pues las transformaciones pol&iacute;ticas no le ofrecen ninguna garant&iacute;a: &ldquo;Lo pol&iacute;tico me aburre&rdquo;, escribe en1919 a uno de sus editores. La situaci&oacute;n repercute tambi&eacute;n en la vida cotidiana de los individuos: los alimentos se racionan y Walser se ve obligado con frecuencia a pedir ayuda a Frieda Mermet, la &uacute;nica mujer que, en este periodo en el que ha vivido tan solo, ha conseguido despertar su atenci&oacute;n. La ha conocido en Bellelay, donde trabaja como regente de una lavander&iacute;a. Con ella mantendr&aacute; una larga correspondencia, en la que hablar&aacute; de amor e incluso de matrimonio; pero la perspectiva de futuro no resulta muy halag&uuml;e&ntilde;a debido a la falta de ingresos econ&oacute;micos con los que poder mantener una familia. Tambi&eacute;n con Johanna L&uuml;thy, que vivi&oacute; en su mismo edificio en Z&uacute;rich entre 1896 y 1897, mantuvo Walser una estrecha relaci&oacute;n que se refleja en reflexiones, personajes y escenas que recuerdan los meses que pasaron juntos. El sentimiento se cuela de este modo entre las l&iacute;neas de sus textos, y as&iacute;, tanto en cartas como en esbozos, el escritor deja hablar al amor que &eacute;l concibe como algo tan poderoso, de tal grandeza, que es imposible vivirlo. Pero, al escribir sobre ello, Walser coloca a las mujeres en el centro de su creaci&oacute;n, haciendo ver que, en cuestiones de amor, aunque sea con las camareras de las tabernas que frecuenta, incluso el fracaso conlleva felicidad.</p>
<p>Aunque durante este tiempo haya habido alg&uacute;n peque&ntilde;o rayo de esperanza, los a&ntilde;os de la guerra han dejado tambi&eacute;n su huella en el escritor. En 1917 Walser hab&iacute;a dejado de utilizar la pluma como instrumento de escritura. La tinta no le otorga suficiente confianza, le parece sospechosa. Pero, en realidad, este cambio coincide con las primeras manifestaciones de ciertos trastornos psicosom&aacute;ticos que le provocaron calambres en su mano derecha, y que &eacute;l quiso atribuir a una animosidad inconsciente hacia el &uacute;til de escritura. El lapicero, que ya siempre le acompa&ntilde;ar&aacute;, trae consigo un cambio en su letra, pues hace que los rasgos de su graf&iacute;a pierdan el contorno y se hagan m&aacute;s &aacute;giles. Por otro lado, lo escrito a l&aacute;piz sugiere transitoriedad, parece perecedero y le ayuda en su voluntad de empeque&ntilde;ecimiento y desaparici&oacute;n en el entorno que lo rodea. La mala situaci&oacute;n que atraviesa el autor repercute tambi&eacute;n en su f&iacute;sico. Walser, que nunca ha tenido en mucho su aspecto, contin&uacute;a abusando del alcohol, sin prestarle ahora ninguna atenci&oacute;n. Las experiencias l&iacute;mite que est&aacute; viviendo desembocar&aacute;n en una grave crisis. Su hermana Lisa le propone ingresar por un tiempo en la cl&iacute;nica de Bellelay. Durante el invierno de 1918 Walser vuelve a trabajar en una novela: <em>Tobold</em>. El manuscrito est&aacute; listo en 1919 y lo env&iacute;a a Rascher, el editor, pero tambi&eacute;n en el mundo editorial la guerra ha dejado sus huellas y nadie parece interesarse por el texto, de manera que no se sabe pr&aacute;cticamente nada de esta obra perdida. En 1922 vuelve a intentar conseguir un editor para otra novela: <em>Theodor</em>. Pero Walser ya no interesa. Tan solo consigue publicar unas pocas p&aacute;ginas al a&ntilde;o siguiente en <em>Wissen und Leben</em>, la revista que dirige Max Rychner. De nuevo un texto en el que, con el topos de la b&uacute;squeda de un empleo como trasfondo, el protagonista ocupa un puesto secundario como secretario de una asociaci&oacute;n de artistas y acaba siendo despedido por el rico comerciante con cuya esposa mantiene una relaci&oacute;n.</p>
<p>A comienzos de 1921 Walser se traslada de Biel a Berna. Ocupa aqu&iacute; un puesto como bibliotecario en el Archivo Municipal y, por fin, puede disponer de unos ingresos regulares. El ritmo de la vida en la capital no desagrada al escritor. Pero todo ha cambiado, y ahora tiene menos ideas y menos tiempo para escribir. El nuevo puesto, sin embargo, le da seguridad. Frieda Mermet sigue siendo su mejor amiga, su mejor corresponsal. Tambi&eacute;n su mayor ayuda, pues le env&iacute;a alimentos desde Bellelay y, a pesar de sus muchas quejas, lo cierto es que durante el tiempo que pasa en Berna Walser compone un buen n&uacute;mero de textos. A pesar de no encontrar editor, consigue publicar en los suplementos de peri&oacute;dicos como la <em>Neue Z&uuml;rcher Zeitung </em>o el <em>Basler Nachrichten.</em> Su trato con editores y redactores se vuelve cada vez m&aacute;s complicado, es desconfiado, cuidadoso, siempre preocupado por que le paguen lo que lo corresponde. Ser&aacute; su &uacute;ltimo gran periodo creativo.</p>
<p>En 1925 aparece el que ser&aacute; su &uacute;ltimo libro, <em>La rosa </em>(<em>Die Rose</em>), una colecci&oacute;n de peque&ntilde;os esbozos en prosa. Es el balance de su vida literaria: retratos de autores, de obras, recuerdos de infancia, de lecturas, impresiones de representaciones teatrales, todo ello expuesto sin ning&uacute;n tipo de emoci&oacute;n, como siempre ha hecho. Aun siendo as&iacute;, este volumen supone el autorretrato m&aacute;s l&uacute;cido de su autor, el retrato abstracto de una existencia solitaria que explica su rechazo a que nadie pudiera tratarlo como si lo conociera, su deseo de seguir refugiado en su concha. A <em>La rosa</em> regresan todos los temas que han configurado su obra y su vida, pero tan solo uno puede definirse como su aut&eacute;ntico <em>leitmotiv</em>: la b&uacute;squeda de una forma para seguir viviendo en las diferentes posibilidades de su identidad. La vida solo puede hacerse comprensible gracias a la abstracci&oacute;n, este es el programa de la colecci&oacute;n, y tal vez por ello, al igual que <em>Jakob von Gunten</em>, result&oacute; un absoluto fracaso en unos tiempos en los que el individuo necesitaba aferrarse a la realidad. Es evidente que Walser ha perdido el inter&eacute;s del p&uacute;blico, y con &eacute;l tambi&eacute;n el de los editores. Pero ello no le quita las ganas de escribir. Y, aunque parezca que sus textos no cesan de dar vueltas sobre las mismas cuestiones de anta&ntilde;o, sobre su identidad, en definitiva, por sus propios comentarios es posible intuir que la imagen que el autor tiene de s&iacute; mismo ha cambiado. Su estilo tambi&eacute;n es diferente, se ha vuelto m&aacute;s metaf&oacute;rico, m&aacute;s artificioso, m&aacute;s vanguardista. Sus largos paseos y sus viajes a pie (de Berna a Biel, incluso a Ginebra) aumentan en &eacute;l la sensibilidad para percibir el paisaje, la naturaleza. Caminar, vagar, es su manera de vivir, su recurso ante las exigencias de la existencia, el necesario alimento para sus sentidos. Los colores y los sonidos se han convertido ahora en su cotidianeidad, las im&aacute;genes po&eacute;ticas se vuelven m&aacute;s abstractas, los retratos se convierten casi en caricaturas de personajes m&iacute;nimos, an&oacute;nimos, seguramente porque la convivencia entre paseante y naturaleza incrementa la relaci&oacute;n sujeto-objeto.</p>
<p>En 1926 empieza a trabajar en una nueva novela. Se trata en realidad de la descripci&oacute;n del proceso ficticio de configuraci&oacute;n de un texto, o lo que es lo mismo, de una nueva reflexi&oacute;n sobre el proceso de escritura. Aunque conoce la forma, el resultado no es ahora el mismo. El marco para este nuevo intento es la vida en Berna, y a trav&eacute;s de ella, en acumulaciones graduales, en la desarticulaci&oacute;n de la estructura y el contenido, se prefigura ya la crisis que el g&eacute;nero vivir&aacute; durante el siglo XX. La ilusi&oacute;n de la ficcionalidad desaparece y lo que se lee aqu&iacute; no es m&aacute;s que la articulaci&oacute;n de un texto literario sin m&aacute;s, el escritor situado frente al papel.</p>
<p>Pero la novela no ver&aacute; nunca su fin y Walser comenzar&aacute; paulatinamente a escribir menos, y tambi&eacute;n a retirarse definitivamente de la vida social. No escribe pensando en un posible lector y su escritura, igual que su persona, se reduce, se minimaliza, como si quisiera ocultarse incluso a sus propios ojos. Walser siente la necesidad de esconderse de todo lo que lo rodea disminuy&eacute;ndose a s&iacute; mismo en la escritura, en una nueva escritura sin contornos, diminuta, imperceptible, en la que llevar a t&eacute;rmino su po&eacute;tica de la reducci&oacute;n. Los textos de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, escritos de manera microgr&aacute;fica, no tienen contorno, pero s&iacute; estructura. No pueden ordenarse siguiendo modelos racionales, pero reflexionan sobre su propio proceso de composici&oacute;n. Son, en este sentido, mucho m&aacute;s radicales que los trabajos en prosa de los primeros a&ntilde;os, y tambi&eacute;n su consecuencia l&oacute;gica, la expresi&oacute;n de su peculiar individualidad, pues la propia biograf&iacute;a sigue siendo la fuente de la que el autor se abastece, aunque se oculte tras las m&aacute;scaras m&aacute;s diversas. En los microgramas, para los que el autor utiliza todo papel que encuentra disponible (m&aacute;rgenes de pruebas, sobres, facturas, telegramas, formularios de impuestos&hellip;), juega con los g&eacute;neros, con el lenguaje y se recrea en artificios y rimas que a veces confunden, pero los temas se repiten, aparecen una y otra vez configurando as&iacute; una unidad tem&aacute;tica en la que el quehacer literario en s&iacute; desempe&ntilde;a un papel fundamental. Walser vuelve a escribir una novela: <em>El bandido (Der R&auml;uber)</em>. Para ello utiliza, sin embargo, cuartillas escogidas, no cualquier papel que pueda tener a su disposici&oacute;n, y la cuidada caligraf&iacute;a, toda una obra maestra, permite ver el inter&eacute;s que el autor ten&iacute;a en la composici&oacute;n de este texto. La constelaci&oacute;n de personajes y espacios es conocida: un entorno burgu&eacute;s en el que &ldquo;el bandido&rdquo; no tiene posibilidad alguna de supervivencia, situ&aacute;ndose as&iacute; en la estela dejada por sus predecesores Simon Tanner, Joseph Marti y Jakob von Gunten.</p>
<p>Pero poco a poco Walser va haci&eacute;ndose cada vez menos perceptible, tanto a nivel personal como literario. A simple vista resulta imposible descifrar lo que escribe. El tama&ntilde;o medio de su letra no supera los dos o tres mil&iacute;metros. Esta desaparici&oacute;n progresiva de la visualizaci&oacute;n de sus textos supone en cierto modo tambi&eacute;n el inicio de una larga despedida. Aunque sigue clamando por una consideraci&oacute;n digna como escritor, como si la iron&iacute;a se personificase en s&iacute; mismo pretendiendo a un tiempo ser reconocido y pasar desapercibido como autor y como persona, Walser ha perdido a su p&uacute;blico. Sus textos solo ven la luz en un peri&oacute;dico checo, la <em>Prager Presse</em>. Max Brod es uno de sus editores. Est&aacute; ahora m&aacute;s solo que nunca. No sale demasiado, a veces al teatro, a veces a la &oacute;pera, aunque mantiene a&uacute;n su correspondencia con Frieda Mermet, con su hermana Lisa, con algunos editores, e incluso inicia una nueva con la joven Therese Breitbach, quien se hab&iacute;a puesto en contacto con &eacute;l para hablarle de su hermano, el tambi&eacute;n escritor Joseph Breitbach. En sus cartas, quiz&aacute; debido al anonimato que le da la falta de conocimiento personal, Walser habla abiertamente de c&oacute;mo se siente y las descripciones de sus estados de &aacute;nimo permiten acercarse no solo a la vida interior de Walser, sino al sentir de toda una generaci&oacute;n, a un ambiente que el escritor sabe describir hasta en sus m&aacute;s m&iacute;nimos detalles. Contienen adem&aacute;s numerosos recuerdos de su infancia y de los a&ntilde;os pasados en Berl&iacute;n, escritos con un tono de grata confianza, en realidad un testimonio m&aacute;s de la soledad que se hab&iacute;a adue&ntilde;ado del autor.</p>
<p>Los recuerdos se convierten ahora en otra constante m&aacute;s que a&ntilde;adir al resto de motivos que pueblan sus textos. Walser ha cumplido 50 a&ntilde;os y el paso del tiempo, la vejez, ocupan cada vez un espacio mayor en sus pensamientos. Quiz&aacute; por ello en los microgramas hace a menudo balance de lo pasado como si de alguna manera previera un cercano final. Y, ciertamente, al a&ntilde;o siguiente, en 1929, Walser experimenta una crisis aguda que los m&eacute;dicos del sanatorio de Waldau diagnostican como esquizofrenia. Aunque dice sentirse bien, ha ingresado all&iacute; por consejo de su hermana. La consecuencia inmediata del cambio de estado es el abandono de la escritura. Incluso las cartas, que ahora firma de manera decidida y reivindicativa como el &ldquo;escritor Robert Walser&rdquo;, empiezan a ser m&aacute;s escasas y su correspondencia cesar&aacute; definitivamente, al igual que la escritura, cuando el 19 de junio de 1933 sea ingresado contra su voluntad en Herisau: &ldquo;Es absurdo y cruel plantearme la exigencia de que escriba tambi&eacute;n en el sanatorio [&hellip;]. &iquest;Para qu&eacute;? Mi mundo fue destruido por los nazis&rdquo;. Tan solo siete cartas se han conservado de los primeros dos a&ntilde;os que pas&oacute; all&iacute;, pero el tiempo de escribir hasta quedarse sin fuerzas ha quedado definitivamente atr&aacute;s. La &uacute;ltima carta tiene fecha del 10 de julio de 1949 y est&aacute; dirigida a Carl Seelig, su &uacute;nica compa&ntilde;&iacute;a desde que lo conociera en la instituci&oacute;n en 1936. Son los a&ntilde;os de la guerra, los a&ntilde;os del caos y el horror que Walser, sin embargo, vive de lejos, aunque empiezan a manifestarse en &eacute;l ya s&iacute;ntomas claros de la enfermedad: alucinaciones, miedos, voces.</p>
<p>Seelig, editor y mecenas, se interesa por sus textos y quiere que se publiquen. Al principio Walser se alegra, pero r&aacute;pidamente se da cuenta de que ello supondr&iacute;a un trabajo &iacute;mprobo y pierde toda esperanza de poder hacerlo. Seelig va a verlo con frecuencia y mantienen largas conversaciones, dan largos paseos. Hablan de recuerdos, de conflictos acallados tras el silencio de cada uno de los pacientes de Herisau, de comida, de literatura: adora los textos de Gottfried Keller y aprecia mucho el estilo de Conrad Ferdinand Meyer; sobre los colegas alemanes, Thomas Mann o Eduard von Keyserling, las opiniones no son tan buenas. Con el paso del tiempo Seelig se convirti&oacute; en su tutor, se ocup&oacute; de sus finanzas y consigui&oacute; siempre fuentes de financiaci&oacute;n que evitaron al escritor una de sus mayores preocupaciones: depender de la caridad en el asilo de Teufen.</p>
<p>Como era su costumbre, tambi&eacute;n el d&iacute;a de Navidad de 1956 Walser sali&oacute; a dar un paseo tras el almuerzo. Al empezar a subir una cuesta su coraz&oacute;n fall&oacute;. Poco despu&eacute;s unos ni&ntilde;os lo encontraron tendido en la nieve. La polic&iacute;a hizo una foto de ese momento, reproducida hoy en numerosas ocasiones. Al verla, el lector de su primera novela recordar&aacute; sin duda la imagen del cad&aacute;ver del desafortunado poeta Sebastian, a quien Simon Tanner encuentra muerto sobre la nieve. Con otra premonici&oacute;n cumplida el c&iacute;rculo se ha cerrado, el c&iacute;rculo de una vida y una obra que discurrieron como si de una sola se tratara, al margen de un mundo hostil que llev&oacute; a ambas a ocultarse en el lugar en el que permanecieron hasta llegar a nuestros d&iacute;as para, contraviniendo el mayor de sus deseos (&ldquo;No quiero felicidad, quiero olvido&rdquo;) hablar ahora m&aacute;s alto y m&aacute;s fuerte que nunca: ese lugar &iacute;ntimo que &eacute;l llam&oacute; su &ldquo;concha de caracol&rdquo;.</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 20 Mar 2020 11:38:29 +0000</pubDate>
    </item>
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      <title><![CDATA[Nietzsche]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/nietzsche/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas20/marzo/_NGEL_PETISME_2.jpg" alt="" /></p>
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<p>&iquest;Y qu&eacute; importa que se r&iacute;an cuando nos ven bailar</p>
<p>borrachos de amor por las calles,</p>
<p>en los andenes del metro, sobre la pureza</p>
<p>de los sentimientos y la moral de los d&iacute;as aut&eacute;nticos?</p>
<p>&iquest;Y qu&eacute; importa que nos llamen locos?</p>
<p>No te des mal.&nbsp;Dec&iacute;a&nbsp;Nietzsche:</p>
<p><em>Ellos no pueden escuchar la m&uacute;sica</em>.</p>
<p>Somos radiograf&iacute;as sobre la nieve,</p>
<p>tal vez no hacemos m&aacute;s que disfrutar</p>
<p>de cosas que a los dem&aacute;s asustan.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Ellos no pueden o&iacute;r nuestra m&uacute;sica,</p>
<p>disparan en las peceras y sospechan de todo.</p>
<p>Yuriko, yo te amo cuando cae la nieve</p>
<p>sobre nuestras radiograf&iacute;as y suena de nuevo</p>
<p>nuestra canci&oacute;n; la m&aacute;s hermosa e invisible</p>
<p>canci&oacute;n de un mundo misterioso que susurra:</p>
<p>si temes a la vida nunca la vivir&aacute;s.&nbsp;</p>
<p>Y entonces descubro que he ganado mi reino</p>
<p>bajo el sol, abrazado a un espejo con el que bailo</p>
<p>por las calles, borracho de amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Del libro <em>Buscadme en los columpios</em>)</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 20 Mar 2020 08:25:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cees Nooteboom: “Escribo libros para que alguien los mejore con su lectura”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/cees-nooteboom-escribo-libros-para-que-alguien-los-mejore-con-su-lectura/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2020/cees600.jpg" alt="" /></p>
<p>Cees Nooteboom es un monje que, de finales de primavera a principios de oto&ntilde;o, se recluye en su casa de Menorca. El verano pasado se desenclaustr&oacute; &uacute;nicamente para ser investido Honoris Causa por la University College. Es la cuarta distinci&oacute;n de este tipo que recibe. No permiti&oacute; m&aacute;s salidas y s&oacute;lo consinti&oacute; la entrada de <em>Turia</em>. El mundo exterior existe como la tierra firme al otro lado del oc&eacute;ano. &ldquo;No creo que nadie se haga aqu&iacute; con una revista literaria de quinientas p&aacute;ginas, aunque siempre alguien se entera. Yo estoy aqu&iacute; para aislarme del mundo. De vez en cuando dan conmigo. Hubo un ministro que intent&oacute; un congreso... &lsquo;Perd&oacute;n: no quiero hacer lo del resto del a&ntilde;o&rsquo;. El descanso forma parte de la vida y, en mi caso, el descanso consiste en seguir trabajando. Es muy absurdo que a los escritores se nos intente impedir hacerlo: que si prensa, que si una conferencia, una inauguraci&oacute;n... no hay m&aacute;s que distracciones. Tengo 86 a&ntilde;os. Yo soy el que marca los tiempos. Acept&eacute; ir a Londres y me trataron muy bien. Tres d&iacute;as y adi&oacute;s. Necesito silencio. Estar a solas conmigo. Aqu&iacute;. En esta habitaci&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>- Como una celda de monje.</p>
<p>- Exacto.</p>
<p>Frente al t&oacute;pico que no lo saca de su perfil viajero, Nooteboom ha dedicado m&aacute;s p&aacute;ginas a reflexionar sobre la esencia de las cosas y la necesaria soledad. Aquella desde la que proyecta la mirada sobre el mundo, incluso estando en movimiento. Parece que lleva una celda consigo. A la espalda. En <em>Hotel N&oacute;mada</em> (2002) explic&oacute; que en el interior del ojo &ldquo;reina la calma, tal vez la misma que en la celda de un monje&rdquo;. Reclusi&oacute;n y silencio. Zurbar&aacute;n. A &eacute;l le dedic&oacute; un poema, en <em>El rostro del ojo</em> (1989): &ldquo;Un mismo camino hacia el blanco, / un extremo rigor / hasta el silencio. / Y luego nada&rdquo;. La reclusi&oacute;n no es un agente pasivo, sino una zona que irradia actividad, desde la que es posible la contemplaci&oacute;n, incluso el <em>espionaje</em>. Muchas de sus preocupaciones est&aacute;n contenidas en <em>El enigma de la luz</em> (2007): &ldquo;Siento pudor al sorprender a dos personas &ndash;pintadas- en un instante de intimidad. El pintor es un <em>voyeur</em> -y me convierte a m&iacute; en lo mismo-&rdquo;. Descarta que ning&uacute;n personaje posara ante Vermeer. Ojo y silencio. Y cien p&aacute;ginas despu&eacute;s: &ldquo;La t&eacute;cnica de Hopper, su <em>voyeurismo</em> y el nuestro. El aislamiento. En <em>Morning sun</em> la mujer est&aacute; sola: la expresi&oacute;n de su rostro as&iacute; nos lo indica. El enigma reside en eso precisamente. Produce inquietud. En <em>Empty room</em>, la cosa es peor (&hellip;) Algunos pintores inventan su propia luz, una luz inexistente en la naturaleza&rdquo;. Nooteboom moja su contemplaci&oacute;n en tinta de luz. Sabe que a Leonardo le daba por seguir a un individuo si despertaba su inter&eacute;s. Dudamos si la correcci&oacute;n actual lo comprender&iacute;a. &ldquo;Se dedicaba a espiar de todas las maneras posibles, memorizaba su aspecto y por la noche lo retrataba&rdquo;. A&ntilde;adamos a P&eacute;rez Siquier: varias veces lo llevaron detenido por tirar fotos, hoy patrimonio, en las playas del Mediterr&aacute;neo, all&aacute; por los setenta. A su modo, otro monje. El arte tiene su din&aacute;mica. Luego requiere quietud. En una celda cabe el mundo. Desde dentro se puede actuar con efectos que exceden su per&iacute;metro. Al final de toda contemplaci&oacute;n est&aacute; la idea de la muerte. &ldquo;Monjes son / al servicio / de mi monasterio. / Yo soy / su exhaustivo / y asesino &aacute;ngel / con mi boca / de &aacute;ngel&rdquo;.</p>
<p>Cualquier motivo puede contener eco de trascendencia. Un d&iacute;a, al abrir la barrera de olivo que cierra su casa, hall&oacute; una polilla del tama&ntilde;o de una mano de ni&ntilde;o. &ldquo;Sin duda, un animal de belleza insolente, un dise&ntilde;o de la Escuela de Viena: eficiente, sobrio como un monje, severo al modo moderno&rdquo;. Lo cuenta en <em>533 d&iacute;as</em> (2018). Su polilla, le explicaron, era depredadora. &ldquo;Suntuosidad oculta bajo el h&aacute;bito de monje&rdquo;. La vida<em> como un complot de dios</em>. Pegando a la celda, unos cactus tra&iacute;dos de Chile que resplandecen &ldquo;como si quisieran decir algo&rdquo;. Hay unas tablillas en el suelo y unos &aacute;rboles en el cielo que, en su copa, separan su celda de la casa. El jard&iacute;n se halla en el camino de la luna. &ldquo;No soy un monje japon&eacute;s &ndash;dice en <em>Lluvia roja</em> (2009)-, de modo que no les hago reverencias a mis &aacute;rboles, pero s&iacute; los amo&rdquo;. En ese mismo libro, confiesa que le impresiona el sonido agudo, imp&uacute;dico, de las tortugas cuando se ponen a copular cerca de casa. &ldquo;Siempre que lo oigo salgo corriendo como si fuera el padre de todos los <em>voyeurs</em>&rdquo;. Un escritor es su ojo. Los libros mencionados son mezcla de diario, relato y ensayo; en el &uacute;ltimo recuerda que fue en una escuela de monjes donde aprendi&oacute; a leer, les estar&aacute; eternamente agradecido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Igual los escritores necesitamos recluirnos en una habitaci&oacute;n por una inclinaci&oacute;n autista&rdquo;</strong></p>
<p>Lo ha recordado tambi&eacute;n en el discurso que practic&oacute; en Londres. Un escritor es igualmente su gratitud. &lsquo;De ni&ntilde;o experiment&eacute; la ocupaci&oacute;n y la guerra. Los cohetes alemanes contra Inglaterra se lanzaban muy cerca de nuestra casa. Los bombarderos estadounidenses dirigidos a Hamburgo, Leipzig y Berl&iacute;n, volaban por la noche sobre nuestro pa&iacute;s, un sonido que nunca olvidar&eacute;. La liberaci&oacute;n lleg&oacute; para m&iacute; en forma de tropas canadienses. Europa estaba devastada, pod&iacute;a verlo en todas partes. En mi primera novela, cre&eacute; un mundo de fantas&iacute;a probablemente para no lidiar con la realidad&rsquo;. Perdi&oacute; a su padre en los &uacute;ltimos d&iacute;as de la guerra y su madre lo envi&oacute; a un monasterio franciscano&rdquo;. En sus siete primeros a&ntilde;os de vida, conoci&oacute; ocho domicilios y, con once, un invierno de hambruna en La Haya. &ldquo;Las relaciones con los monjes no eran buenas. Me derivaron a un internado agustino, que era m&aacute;s intelectual. Ellos no arrojaban la toalla, pero yo s&iacute;: sal&iacute; y empec&eacute; a trabajar a los diecisiete en un banco, un trabajo est&uacute;pido. Luego recorr&iacute; Europa haciendo autostop&rdquo;, como refleja <em>El para&iacute;so est&aacute; aqu&iacute; al lado</em> (1955), novela tambi&eacute;n conocida como <em>Philip y los otros</em> (1999 y 2011). &ldquo;Me quedo con la relaci&oacute;n que trab&eacute; con los camioneros. De vez en cuando me escriben, el otro d&iacute;a lo hizo uno: &lsquo;He le&iacute;do su libro sobre Espa&ntilde;a. Soy autista y siempre quise trabajar solo. Llevo toda la vida viajando de Espa&ntilde;a a Holanda, y de Holanda a Espa&ntilde;a&rsquo;. Me conmovi&oacute;. Le respond&iacute;. Igual los escritores necesitamos recluirnos en una habitaci&oacute;n por una inclinaci&oacute;n autista. Me lo he pasado muy bien con los camioneros, he dormido en sus casas, he pescado cangrejos con ellos en el Guadalquivir&hellip; otros tiempos, los caminos eran m&aacute;s primitivos y el concepto que se ten&iacute;a del extranjero era otro. Si uno tomaba un tren, se le ofrec&iacute;a comida. Los espa&ntilde;oles hablaban de Europa como algo m&aacute;s all&aacute; de los Pirineos -hoy una ciudad alemana es como una espa&ntilde;ola-. Lo primero que cambi&oacute; las cosas fue la televisi&oacute;n, la globalizaci&oacute;n vino despu&eacute;s&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Vivimos en un mundo menos asilvestrado. Pero a veces soy pesimista y me ataca la impresi&oacute;n de que los cerebros menguan&rdquo;</strong></p>
<p>En la escuela hab&iacute;a tres idiomas obligatorios: ingl&eacute;s, franc&eacute;s y alem&aacute;n. En su caso, a&ntilde;adimos lat&iacute;n y griego. Cuatro a&ntilde;os estuvo sumergido en las lenguas cl&aacute;sicas. Con el neerland&eacute;s, el n&uacute;mero de idiomas llega a seis. &ldquo;Posiblemente el s&eacute;ptimo fue el espa&ntilde;ol, a medias con el italiano&rdquo;. Los planes de estudio han rebajado la exigencia. &ldquo;Creo que por una buena causa: la extensi&oacute;n del saber. Vivimos en un mundo menos asilvestrado. Pero a veces soy pesimista y me ataca la impresi&oacute;n de que los cerebros menguan. En Holanda obligatorio s&oacute;lo queda el ingl&eacute;s. Luego puedes elegir un segundo entre alem&aacute;n, franc&eacute;s y espa&ntilde;ol. Cuando me viene el pesimismo pienso que se puede seguir formando aquel que lo desea, y mejor que antes. Pero no s&eacute; si la actualidad anima al conocimiento...&rdquo;. Le pesa no haberse recluido m&aacute;s. &ldquo;Me he perdido parcialmente la vida interior, que tira mucho de m&iacute;. A los alumnos de Londres les cont&eacute; que me puse a llorar en la biblioteca de mi amigo R&uuml;diger Safranski, pensando que &eacute;l hab&iacute;a le&iacute;do cosas que a m&iacute; no me dar&aacute; tiempo. &lsquo;&iquest;Pero cu&aacute;ndo has le&iacute;do todo esto?&rsquo;. Me mir&oacute; y me dijo: &lsquo;Cuando estabas leyendo en el libro del mundo&rsquo;. La vida es corta&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;No s&eacute; qu&eacute; va a quedar de mi obra, pero no me importar&iacute;a que fuera <em>Una canci&oacute;n del ser y la apariencia</em>&rdquo;</strong></p>
<p>Y como la vida es corta dedica los veranos a leer y a escribir. S&oacute;lo se despega para pegarse a Simone [Sassen, fot&oacute;grafa y esposa]. Es su modo de conciliar el ser y la apariencia, es decir, de encontrarse, de seguirse encontrando, a s&iacute; mismo. Los d&iacute;as los pasa encerrado en una habitaci&oacute;n amplia, sin otra comodidad que un aire acondicionado. La construcci&oacute;n tiene aspecto de ermita auster&iacute;sima, o me lo parece. La mand&oacute; construir en un espacio adosado a su parcela, en la que mora ya desde hace m&aacute;s de medio siglo. Era propiedad de un vecino que guardaba all&iacute; cerdos. Su hija decidi&oacute; casarse y &eacute;l necesitaba el dinero. La normativa de la isla es estricta: hubo de aguardar dos d&eacute;cadas para obtener permiso y levantar su <em>celda</em>, dentro unas limitaciones igualmente severas. &ldquo;Hace unos d&iacute;as, leyendo a Jeanette Winterson, me fui a <em>Una canci&oacute;n del ser y la apariencia</em> (1981). Y me dije: &lsquo;Han pasado 38 a&ntilde;os y trata el mismo tema que ahora estoy leyendo en ella. Yo escrib&iacute; aquel libro sin plan. Mi editor ingl&eacute;s lo rechaz&oacute;. Fue publicado en Estados Unidos y volvi&oacute; a rechazarlo. Yo no s&eacute; qu&eacute; va a quedar de mi obra, pero no me importar&iacute;a que fuera ese peque&ntilde;o libro&rdquo;.</p>
<p>En el estudio, adem&aacute;s de la biblioteca oportuna, hay una mesa de madera que usa de expositor. Es una fuente en la que se refresca. Va cambiando los t&iacute;tulos, que descansan en bloques de dos, tres y hasta cuatro cuerpos. La mesa est&aacute; apartada, pero este entrevistador siente una curiosidad de <em>voyeur</em> y pide permiso para desplazarse. En primer t&eacute;rmino veo: un vadem&eacute;cum de Montaigne; dos Borges &ndash;<em>Historia de la eternidad</em> y las conferencias sobre arte po&eacute;tica en Harvard-; dos Diderot &ndash;<em>Suppl&eacute;ment au voyage de</em> <em>Bougainville </em>y las <em>Euvres esth&eacute;tiques</em>-, dos Benjamin -<em>Angelus novus</em> y <em>Kritiken und rezensionen</em>-; dos L&aacute;szl&oacute; F. F&ouml;ld&eacute;nyi -<em>Dostoyevski lee a Hegel en Siberia y rompe a llorar</em> y <em>Orte des lebendigen Todes</em>-; el Rousseau de Starobinski -<em>Eine welt von widerst&auml;nden</em>-; y hasta una <em>Menorca tayol&iacute;tica</em>. Por supuesto, poes&iacute;a: una antolog&iacute;a de Adam Zagajewski -<em>Without end</em>-, el libro sexto de la <em>Eneida</em> de Heaney; las <em>Po&eacute;sies</em> de Mallarm&eacute; en Gallimard; y por ah&iacute;, tambi&eacute;n, el <em>Libro del fr&iacute;o</em> de Gamoneda. Si una biblioteca proporciona informaci&oacute;n sobre su due&ntilde;o, no digamos los libros que tiene m&aacute;s a mano. Aunque cambien. La relaci&oacute;n es, en s&iacute; misma, una entrevista completa. Pero sigamos. Se queja de no conocer &ldquo;tantos poetas espa&ntilde;oles vivos&rdquo;. Le recuerdo que una cita de Guillermo Carnero abre un bloque de <em>El rostro del ojo</em>, y le pregunto por Gamoneda. Vincula el arranque de ese libro, &lsquo;tengo fr&iacute;o junto a los manantiales&rsquo;, con &ldquo;los famosos versos del poeta medieval Fran&ccedil;ois Villon: &lsquo;Muero de sed junto a la fuente&rdquo;, cita los dos de memoria. Vive en la poes&iacute;a, &ldquo;es lo m&aacute;s importante&rdquo;. Ella ha sido su luz en mitad de tanto viaje y tantas ficciones. A ella se refiri&oacute; en el discurso londinense. Quien le quiera conocer, que acuda a <em>Ojo de monje</em> (2018), &uacute;ltima aportaci&oacute;n, traducida, de momento, a seis idiomas; en breve llegar&aacute; al franc&eacute;s. Es dif&iacute;cil mantener el control de su obra.</p>
<p>La biblioteca real la tiene en &Aacute;msterdam. &ldquo;Cuando vengo a Espa&ntilde;a, traigo demasiado. Los cl&aacute;sicos griegos y latinos los paseo de aqu&iacute; para all&aacute;. Y en &Aacute;msterdam necesito libros que dejo aqu&iacute;. Solemos venir en coche hasta Barcelona, all&iacute; tomamos el barco. En 2018 paramos en Langres, Francia, para ver el Museo Diderot. Cog&iacute; cinco libros que luego dej&eacute; aqu&iacute; y ech&eacute; de menos en Holanda. Me pasa constantemente&rdquo;. En su cabeza est&aacute;n, a un lado, Diderot y, al otro, Her&oacute;doto. Ellos son sus referentes desde los catorce, cuando comenz&oacute; a leerlos en la escuela. Ahora relee a Her&oacute;doto en una traducci&oacute;n reci&eacute;n practicada en holand&eacute;s, salida junto a todo Tuc&iacute;dides, a quien tambi&eacute;n ha vuelto. De la escapada londinense trajo m&aacute;s Her&oacute;doto: <em>The man who invented history</em>, de Justin Marozzi.</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo encontr&oacute; Londres?</p>
<p>- En mi <em>speech</em> no quise hablar de pol&iacute;tica, no merec&iacute;a la pena: era un d&iacute;a festivo y dispon&iacute;a de cinco minutos, en ese tiempo es imposible. Les dije otras cosas: que yo no pis&eacute; la universidad, por ejemplo.</p>
<p>- Pero se transmut&oacute; en profesor, en <em>La historia siguiente</em> (1992).</p>
<p>- Mussert, &ldquo;el hombre feo que amaba la belleza&rdquo;&hellip; aquel era un libro sobre el cambio de identidad, sobre el peso del mundo cl&aacute;sico en el moderno. La inmortalidad y lo mezcladas que se presentan realidad y ficci&oacute;n.</p>
<p>- Preocupaciones habituales en usted.</p>
<p>- Descubro que siempre me han interesado las mismas cosas&hellip; aquel profesor lidiaba con treinta alumnos. En Londres hab&iacute;a 427 graduados. A todos les estrech&eacute; la mano. &iexcl;427! No s&eacute; cu&aacute;nto dur&oacute; el acto. Hab&iacute;a ingleses, pero tambi&eacute;n africanos, chinos, japoneses, alemanes...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El Brexit es un fracaso social y una irresponsabilidad pol&iacute;tica. Deber&iacute;a servir de escarmiento ante quienes juegan con los sentimientos identitarios&rdquo;</strong></p>
<p>- Algo comentar&iacute;a del Brexit.</p>
<p>- A estas alturas, lo veo posible. Qu&eacute; decepci&oacute;n. Les dije: &ldquo;Los tiempos que vivimos no son sencillos. Si realmente es cierto que dejar&aacute; la Uni&oacute;n Europea, con lo que quiero decir nosotros, entonces aqu&iacute; tiene un nuevo doctor que lo encontrar&iacute;a muy, muy triste&rdquo;. Tengo la impresi&oacute;n de que si Reino Unido deja Europa, Europa me deja a m&iacute;. Es un fracaso social y una irresponsabilidad pol&iacute;tica.</p>
<p>- En <em>El enigma de la luz</em> dec&iacute;a que el sentimiento nacionalista qued&oacute; desacreditado por rid&iacute;culo.</p>
<p>- Nunca estamos a salvo de nuestro comportamiento. El nacionalismo ha repuntado en todo el continente y de maneras muy diversas: no es igual en Francia que en Italia, ni en Italia es lo mismo que en Alemania. Ni en Europa se da con las mismas caracter&iacute;sticas que en Am&eacute;rica. En Espa&ntilde;a la mezcla es original: por un lado, el fen&oacute;meno catalanista; por otro, Vox. El Brexit deber&iacute;a servir de escarmiento ante quienes juegan con los sentimientos identitarios.</p>
<p>- No hay una causa pero se cita mucho la inmigraci&oacute;n. El islam. En <em>533 d&iacute;as</em> se&ntilde;ala que hay temor hasta donde no residen musulmanes: Dresde.</p>
<p>- La cuesti&oacute;n afecta, sobre todo, al mundo isl&aacute;mico. En Holanda no hay tanto problema, lo que no ha impedido el surgimiento de un se&ntilde;or rubio que culpa a esta religi&oacute;n de todo. La realidad es que hay m&aacute;s musulmanes practicantes que cristianos -los protestantes han dejado de acudir al templo-, pero constituyen una minor&iacute;a.</p>
<p>- En todos los pa&iacute;ses ha ca&iacute;do la iglesia. Pocos bautismos, pocas uniones.</p>
<p>- Y pocos sacerdotes: &iquest;qui&eacute;n va a sacrificar, hoy, su libertad? Una diferencia que aporta la mezquita es que sirve de lugar de reuni&oacute;n. Dudo que todos los que van sean tan creyentes. Se sienten a menudo discriminados y se buscan all&iacute; los unos a los otros. Cuando los musulmanes llegaron a Holanda, lo hicieron en pos de trabajo y dinero. Luego se quedaron. La actitud general es: &lsquo;Si nos dejan en paz&hellip;&rsquo;. No hay un movimiento social en contra, pero s&iacute; en el gobierno, despu&eacute;s de descubrir mezquitas que recib&iacute;an dinero de Arabia Saud&iacute;, y viajes de salafistas e imanes radicales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Hay que evitar que se aproveche nadie del Estado de Derecho&rdquo;</strong></p>
<p>- Giovani Sartori dijo que el islam es incompatible con Occidente. Parecido se pronunci&oacute; el poeta &aacute;rabe Adonis. &iquest;Exageran?</p>
<p>- No lo s&eacute;: ustedes han vivido juntos. Islamistas, cristianos y jud&iacute;os. El Califato Omeya de C&oacute;rdoba sustituy&oacute; a un emirato y pervivi&oacute; un siglo de manera pac&iacute;fica. Siempre habr&aacute; quien no quiera la coexistencia. Lo importante es que haya ley, y prevalezca, y las partes se ajusten a ella. &iquest;Escuelas no participadas por el gobierno que recaudan fuera? Se corta. &iquest;Libros de texto que incluyen contenidos inapropiados? Se corta. Ante esas cosas, en Holanda, se act&uacute;a. Hay que evitar que se aproveche nadie del Estado de Derecho. Pero a menudo me doy con el mismo episodio, que volqu&eacute; en un libro [<em>Cosas que no tienen nada que ver unas con otras</em> (2004)]: yo estoy en una tienda y entra un musulm&aacute;n; &eacute;l no sabe una palabra y, frecuentemente, es una ni&ntilde;a, su hija supongo, de siete y ocho a&ntilde;os, la que le asiste y traduce. Esos hombres, algunos ultraconservadores, han perdido la autoridad. Est&aacute;n indefensos. Habr&aacute; que ver a esas hijas cuando tengan 24.</p>
<p>- Algunos atentados que padeci&oacute; Francia fueron perpetrados por franceses de segunda y tercera generaci&oacute;n, bien es cierto que residentes en guetos y que pudieron ser espoleados por yihadistas buscando un efecto rebote contra las mezquitas. Pero, desde que se prohibi&oacute; el velo, hubo como tres a&ntilde;os de atentados en cadena.</p>
<p>- Y llevamos cuatro en paz. Holanda no es un espacio celestial, pero hay pol&iacute;ticos que vienen de Francia para estudiar nuestra organizaci&oacute;n, que se ha demostrado efectiva, y nuestro trabajo sobre el terreno. Poco m&aacute;s se puede hacer ante fen&oacute;menos imparables. En nuestra tradici&oacute;n lograron vivir juntas dos religiones. Tardamos en lograrlo, pero lo conseguimos. Hay iglesias cat&oacute;licas medievales sin im&aacute;genes porque los protestantes las destruyeron. Hubo casos importantes, no ya de iconoclastia, sino de una especie de <em>hurac&aacute;n</em> destructor de im&aacute;genes. Ocurri&oacute; despu&eacute;s de Lutero y Calvino. La pugna dur&oacute; siglos.</p>
<p>- Esa destrucci&oacute;n la refiere en <em>El Bosco</em> (2016) [&ldquo;En la catedral en la que en su d&iacute;a se expusieron obras del Bosco, estall&oacute; en 1566 la furia, y el edificio g&oacute;tico se convertir&iacute;a poco despu&eacute;s en un templo protestante (&hellip;) &iquest;Acaso puede verse el futuro en cuadros que, junto a la felicidad de los primeros hombres, transmiten inquietud y perturbaci&oacute;n? El Bosco no ha dejado palabras, s&oacute;lo im&aacute;genes&rdquo;].</p>
<p>- La necesidad pol&iacute;tica trajo la paz. Siempre es as&iacute;. Necesidad pol&iacute;tica. El siglo pasado, los cristianos se dieron cuenta de lo que les un&iacute;a a los partidos socialistas. Yo mismo fui testigo, con 20 a&ntilde;os, de gobiernos de romanos y rojos, o sea, de cristianos y socialistas.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Acabamos describiendo una verdad que no existe porque no sabemos manejar el pasado&rdquo;</strong></p>
<p>- Pero su optimismo ha ca&iacute;do. En <em>C&oacute;mo ser europeos</em> (1995) volc&oacute; un aliento de confianza imperceptible en el libro del Bosco.</p>
<p>- &iquest;Lo dice por la foto final: la del ni&ntilde;o sirio muerto, en la costa del Egeo?</p>
<p>- Y m&aacute;s cosas, f&iacute;jese en el subt&iacute;tulo: <em>Un oscuro presentimiento</em>. Y, partiendo de <em>Las tentaciones de san Antonio</em>, habla de personas con cabeza de animal, no s&eacute; si con pensamientos de animal; una cita de Barthes le lleva a afirmar que desfiguramos hasta los recuerdos.</p>
<p>- Que es como decir hasta la memoria, y sin memoria, ya se sabe&hellip; S&iacute;: la idea es que acabamos describiendo una verdad que no existe porque no sabemos manejar el pasado, teniendo en cuenta que no siempre se reproducen los patrones del mismo modo. La exageraci&oacute;n sirve para reflexionar pero, en determinado contexto, es una tentaci&oacute;n que delata nuestro miedo pol&iacute;tico y nuestra propia ignorancia. Europa tiene que estar por encima de las circunstancias. &iquest;Que hoy no tenemos los mejores pol&iacute;ticos? Es cierto que los que tuvimos construyeron la paz mediante la cultura, no echaron le&ntilde;a al fuego. Algunos populistas se acercan a la calle para sembrar tensiones. Son incultos. Tampoco disponemos de los mejores ciudadanos, &iquest;eh? Los pretendidamente inteligentes reaccionan, frente al nacionalismo ajeno, con nacionalismo propio. S&iacute; hay que resistir. Eso s&iacute;. En el panel central de <em>La Adoraci&oacute;n de los Magos</em> tenemos al Ni&ntilde;o, y en el <em>San Crist&oacute;bal</em>, est&aacute; a la espalda de un hombre que lo lleva a la otra orilla. Y yo me preguntaba: &ldquo;&iquest;Otra vez?&rdquo;. El soldado turco tiene el mismo gesto que el polic&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El europe&iacute;smo no atenta contra la identidad particular&rdquo;</strong></p>
<p>- Y termina diciendo: &ldquo;No existe Europa&rdquo;.</p>
<p>- Es verdad. De vez en cuando se me escapan cosas. El europe&iacute;smo no atenta contra la identidad particular. Europa debe ser un dique contra la gula y la tortura presentes en <em>El jard&iacute;n</em>&hellip; Este cuadro debiera funcionar como advertencia. Hay objetos en &eacute;l propios de una pesadilla futurista. Yo cog&iacute;a las deformaciones del Bosco, portentosas, y lo que llamo <em>vejaciones infernales</em>, y trasladaba todo al presente con la foto del polic&iacute;a recogiendo el cuerpo del ni&ntilde;o, a modo de extra, como un final despu&eacute;s del final.</p>
<p>- O sea, &iquest;como el &uacute;ltimo verso de cada poema en <em>Ojo de monje</em>?</p>
<p>- (pensativo) No se me habr&iacute;a ocurrido relacionarlo.</p>
<p>- Luego iremos a la poes&iacute;a. &iquest;Fue una exageraci&oacute;n, entonces?</p>
<p>- Si quiere, s&iacute;. Yo creo que s&iacute; existe Europa.</p>
<p>- &iquest;Un lamento ret&oacute;rico?</p>
<p>- Seamos honestos: hay momentos en que te obligan a pensar que no existe. Y eso es porque no funciona. Pero sin Europa, &iquest;qu&eacute; habr&aacute;?: China, EEUU -con ese poderoso idiota en estos momentos- y Rusia sinti&eacute;ndose amenazada.</p>
<p>- Una capital de la cultura es &Aacute;msterdam. &ldquo;Ca&oacute;tica&rdquo;, la define en <em>El d&iacute;a de todas las almas</em> (1998), a trav&eacute;s de un personaje.</p>
<p>- En &Aacute;msterdam hay anarquistas en bicicleta. Es bella y dif&iacute;cil. Motos, tranv&iacute;as, coches, bicis, autobuses, patines&hellip; Como peat&oacute;n, prefiero Venecia.</p>
<p>- Donde los peatones generan su propio caos.</p>
<p>-Bueno, a eso hemos llegado. El turismo es un problema a regular.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Nunca me han interesado los porros. Prefiero el vino&rdquo;</strong></p>
<p>- &Aacute;msterdam, &iquest;es integradora o individualista? He ido dos veces y las dos me pareci&oacute; fr&iacute;a.</p>
<p>- Depende de con qui&eacute;n se encuentre. Nosotros estamos hartos, a causa del turismo, y eso dificulta la interrelaci&oacute;n. Yo vivo en una casa del siglo XVIII, 1730: &iquest;se puede creer que algunas ma&ntilde;anas me despiertan las voces de fuera? La calle es peatonal y, en ausencia de tr&aacute;fico rodado, atrae a los gu&iacute;as. Algunos, con meg&aacute;fono. Y, vivir en la parte m&aacute;s vieja significa tener a cinco minutos los <em>coffee shop</em>.</p>
<p>- He le&iacute;do que, en veinte a&ntilde;os, ha cerrado la mitad.</p>
<p>- Quieren alejarlos, al menos, trescientos metros de los centros educativos. Por fin han elaborado una ordenanza. Pero el fen&oacute;meno no desaparecer&aacute;. Es demasiado grande. Al rev&eacute;s: nos toman de referencia. Ha habido libertad&hellip; y criminalidad: la droga se produce de un modo clandestino, en casas privadas. Se puede vender, no fabricar. As&iacute; que hay criminales <em>a pie de calle</em> y otros que, desde una posici&oacute;n <em>alta</em>, se lucran: abogados&hellip; gente as&iacute;. Pensaron que la permisividad eliminar&iacute;a la zona oscura, y no. Las autoridades han percibido que la pr&aacute;ctica, en lugar de moderarse o estancarse, se dispara. Y en otros pa&iacute;ses empiezan a legalizar el consumo. Nunca me han interesado los porros. Prefiero el vino.</p>
<p>- Tambi&eacute;n he le&iacute;do que &Aacute;msterdam se ha constituido como un centro del tr&aacute;fico de coca&iacute;na y presenta rasgos de narcoestado &ndash;<em>El Pa&iacute;s</em>, 20 de agosto de 2019-, con m&aacute;s de veinte mil transacciones financieras sospechosas, y peticiones de un FBI <em>a la holandesa</em>.</p>
<p>- Yo ante esas cifras reacciono como usted: con incredulidad. Pero no las niego. Hay un mundo oscuro, sin duda. Los holandeses hemos sido comerciantes. Sucede parecido -no tanto- en Francia, con las colonias. Y en Galicia, con los narcos. Anoche la polic&iacute;a espa&ntilde;ola se hizo con un narcosubmarino abandonado, repleto de coca&iacute;na. Suelen viajar dos o tres personas y el espacio se usa para almacenar droga. Los holandeses hemos vendido de todo, y hemos tenido colonias en el sur de Am&eacute;rica. Hay una conexi&oacute;n innegable. Colombia est&aacute; pr&aacute;cticamente al lado de las islas Curazao, que formaron parte de las Antillas Neerlandesas hasta 2010. En este momento son aut&oacute;nomas, pero contin&uacute;an dependiendo de Pa&iacute;ses Bajos, es decir, forman parte del reino.</p>
<p>- El a&ntilde;o pasado vi un documental, <em>Paso corto, mala leche</em>, de Mabel Lozano, de no excesiva calidad, pero que contaba con el testimonio de un importante due&ntilde;o de clubes de alterne espa&ntilde;ol, condenado por trata y que ahora colabora con la polic&iacute;a. Dice que a los proxenetas les favorece la legalizaci&oacute;n para traficar m&aacute;s libres con carne humana.</p>
<p>- Me han puesto varias veces en la tesitura de Jes&uacute;s en el templo. Yo s&oacute;lo escribo poemas y libros&hellip; El Distrito Rojo no dio problemas hasta que lleg&oacute; el turismo de masas. Las ventanas de las prostitutas eran poco m&aacute;s que una curiosidad. Ahora hay ingleses que, por diez libras, cogen un avi&oacute;n dispuestos a cometer todo tipo de excesos: cuando volv&iacute; de Londres, en Easyjet, me sentaron al lado a un tipo enorme en pantal&oacute;n corto que vest&iacute;a una falda de seda, de ni&ntilde;a de cinco a&ntilde;os. Era tan rid&iacute;culo que no pude evitar qued&aacute;rmelo mirando. Sus amigotes iban normal. Eran cinco. &ldquo;Vamos a Menorca para mi <em>stag party</em>&rdquo;, dijo. Su despedida de soltero. &ldquo;&iquest;<em>Este</em> viene a <em>mi</em> Menorca para emborracharse cinco d&iacute;as y proferir sonidos de mono por la calle? &iquest;Qu&eacute; van a decir los menorquines?&rdquo;. Es lo que pens&eacute;. Pues de esa guisa se plantan frente a los escaparates del Barrio Rojo. La ciudad quiere terminar con la prostituci&oacute;n, pero c&oacute;mo. Una amiga diplom&aacute;tica, ahora en Mosc&uacute;, compr&oacute; una casa en ese distrito, cosa que yo nunca habr&iacute;a hecho, y ahora la tiene que vender. No aguanta. Me cuenta las escenas, su dificultad para entrar en casa. La confunden con una prostituta y le preguntan cu&aacute;nto cuesta.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Fui feliz por Espa&ntilde;a debido a que me acerqu&eacute; a la idea de viaje que ten&iacute;a Stendhal&rdquo;</strong></p>
<p>- Pasemos a algo m&aacute;s amable: &iquest;ha padecido alguna vez el s&iacute;ndrome de Stendhal?</p>
<p>- Pienso que fui feliz por Espa&ntilde;a debido a que me acerqu&eacute; a la idea de viaje que ten&iacute;a Stendhal. &Eacute;l era un viajero atento. Respecto a verse superado por el arte, no es extra&ntilde;o...</p>
<p>- Pero perder el conocimiento&hellip;</p>
<p>- Una impresi&oacute;n, una noticia&hellip; te pueden marear. Esta misma semana perd&iacute; la consciencia en casa de una amiga, mientras acced&iacute;a a su biblioteca. Me baj&oacute; la tensi&oacute;n, o yo qu&eacute; s&eacute; qu&eacute;, y me ca&iacute;. He visto muchas bibliotecas y, en todo caso, mi reacci&oacute;n no es comparable a la de Stendhal, pero tiene <em>algo</em>. Fue un momento raro ver aquellos libros&hellip; Sab&iacute;a d&oacute;nde iba, pero, por alguna raz&oacute;n, no esperaba lo que vi. No hay que darle m&aacute;s vueltas: me impresion&oacute; la estampa y al suelo. Ca&iacute; muy bien, tuve suerte. Me hice esta herida en la nariz, nada m&aacute;s. La se&ntilde;ora, preocupada, me quiso coger &iexcl;y se me cay&oacute; encima! &iexcl;Vaya situaci&oacute;n! La primera vez que voy a su casa y los dos por el suelo. Menos mal que Simone lleg&oacute; a rescatarnos. Si me hubiera pasado en el Louvre igual hab&iacute;a escrito sobre ello&hellip; &iexcl;un &eacute;xtasis! (r&iacute;e). Es posible que fuera s&oacute;lo un mareo, pero a veces ocurren <em>cosas</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Lo fundamental es escribir la vivencia bien para que otros la perciban&rdquo;</strong></p>
<p>- En W&uuml;rzburg, le vino uno viendo mitras y coronas, &iquest;lo recuerda? Lo puso por escrito: &ldquo;El espect&aacute;culo es tan impresionante que me causa desaz&oacute;n (&hellip;) Como si yo tambi&eacute;n estuviera flotando encima una nube (&hellip;) no puedo m&aacute;s (&hellip;) Miro hacia fuera (&hellip;) Ya no soy capaz de asimilar nada. Trato de ver mi propia persona, pero no me encuentro&rdquo;.</p>
<p>- S&iacute;, es parecido. Son momentos de desbordamiento que, si no te pillan sobrado de energ&iacute;as, te pueden debilitar seriamente. Lo fundamental es escribir la vivencia bien para que otros la perciban.</p>
<p>- Lo importante es siempre escribir bien.</p>
<p>-&iexcl;Cu&aacute;ntas veces quiero escribir m&aacute;s de lo que puedo!: Teresa de &Aacute;vila y Casanova comparten un cap&iacute;tulo del libro sobre Venecia. Yo vuelco una experiencia en una iglesia en la que habr&iacute;a deseado ver cosas que estaban fuera de mi alcance, bien porque la vista no me daba, bien porque su situaci&oacute;n espacial me las hac&iacute;a invisibles. Y me apeteci&oacute; ser un colibr&iacute;: ascender y quedarme inm&oacute;vil batiendo las alas para poderlas contemplar. As&iacute; lo escrib&iacute;. A un cr&iacute;tico holand&eacute;s parece que no le gust&oacute; mi sinceridad: los holandeses son muy literales, muy realistas. &ldquo;&iexcl;Pero qu&eacute; hace Nooteboom queriendo ser un p&aacute;jaro!&rdquo;. No tienen mucho sentido de la fantas&iacute;a.</p>
<p>- Y de la capilla de San Francisco, en Arezzo, sali&oacute; &ldquo;como borracho&rdquo; sin haber ingerido una gota.</p>
<p>- Lo mismo. Veo que tengo precedentes. No conceder&eacute; importancia al episodio de la biblioteca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Hay cuadros que he mirado horas&rdquo;</strong></p>
<p>- Hablemos de Giorgio De Chirico en Santa Crocce, de nuevo en Florencia. &ldquo;Una experiencia que, durante un instante, le apart&oacute; de la realidad visible, permiti&eacute;ndole un mundo de im&aacute;genes metaf&iacute;sico&rdquo;, dijo Wieland Schmied. &ldquo;Lo que me sucedi&oacute; resulta imposible de explicar. Sigue siendo un misterio para m&iacute;&rdquo;, dijo &eacute;l. &iquest;Otro s&iacute;ndrome?, &iquest;un arrobo?</p>
<p>- No lo recordaba, mi vida se est&aacute; haciendo muy larga para retenerlo todo. De Chirico crea pinturas de realidad muy extra&ntilde;a. Si operas &ndash;siendo pintor, m&uacute;sico, escritor- en zonas de la experiencia alternativas a las de la realidad ramplona y mundana, te expones a situaciones de ese tipo. Tu propia actividad te sugestiona. Te hace estar en <em>otro lugar</em>. Esto no es tan raro que ocurra, pienso. En un ensayo sobre De Chirico le llam&eacute; &lsquo;El fil&oacute;sofo sin ojos&rsquo;. Tiene una imagen a la que le faltan.</p>
<p>- Eso lo ha escrito cu&aacute;ndo. &iquest;Ahora?</p>
<p>- No, por qu&eacute;.</p>
<p>- En varios textos suyos, se hallan figuras sin ojos. Parece que tiene un im&aacute;n.</p>
<p>- (r&iacute;e) No. Lo que hago es mirar largo tiempo. Hay cuadros que he mirado horas. Y todos tenemos obsesiones. Es posible que hable de rostros sin ojos. Me interesa el tema. Porque los rostros son muy importantes y porque yo he sentido miedo ante la expresi&oacute;n de objetos con ojos. En el filme de Bu&ntilde;uel, no puedo mirar. Simone me ha informado del problema: &ldquo;&iquest;Sabes qu&eacute; significa?: ansiedad por miedo a la castraci&oacute;n&rdquo;. Y yo le dije: &ldquo;Pues me parece una reacci&oacute;n muy sana ante esa posibilidad&rdquo;.</p>
<p>- (re&iacute;mos).</p>
<p>- &iquest;Ojos y castraci&oacute;n?... igual existe como patolog&iacute;a obsesiva. Pero el temor a que ocurra me parece l&oacute;gico (de nuevo risas).</p>
<p>Efectivamente, la detecci&oacute;n de figuras sin ojos no es inusitada en Nooteboom y, de alguna forma, complementa su apelaci&oacute;n al <em>ojo</em> y a la figura del<em> monje</em>, &lsquo;regiones&rsquo; desde las que se distingue lo esencial de lo f&uacute;til y en cuyo interior situamos la calma. &ldquo;&iquest;Acaso ve menos un monje cuya vida transcurre entre las paredes de un monasterio?&rdquo;. Gracias a la contemplaci&oacute;n, Nooteboom es capaz de percibir como un ideograma un cuadro de De Chirico. &ldquo;Al fin y al cabo, la definici&oacute;n de <em>idea</em> no es exclusivamente la transmitida por Plat&oacute;n, sino &lsquo;la imagen &oacute;ptica del <em>ojo</em> del esp&iacute;ritu&rsquo;. La palabra <em>idea</em> significa <em>ser visible</em>&rdquo;. Ya en un poema, &lsquo;Silusio sue&ntilde;a&rsquo;, se&ntilde;al&oacute; que el alma dispon&iacute;a de dos ojos: &ldquo;Uno mira las horas, el otro / ve a su trav&eacute;s&rdquo;. Y en un poema dedicado a Borges, coment&oacute; que el escritor <em>arroj&oacute; su obra al tiempo</em> y &eacute;sta fue hundi&eacute;ndose &ldquo;perdida, corro&iacute;da / por mil ojos a&uacute;n no nacidos&rdquo;. La mirada se transforma en visi&oacute;n, gracias a lo cual Nooteboom percibe delirio en el rococ&oacute; y distingue en telas de Zurbar&aacute;n pinturas abstractas. Zurbar&aacute;n, el mismo a quien encontr&oacute; en el Museo del Prado, a los veintiuno, por vez primera. Aquel a quien dedica <em>El pintor del misticismo</em> (2011). Pero un ojo es siempre un ojo superpuesto. Un ojo pegado a m&aacute;s ojos, invisibles. Sobre una mujer de De Chirico, proclam&oacute;: &ldquo;Su cabeza sin rostro (&hellip;) Lo que m&aacute;s me llama la atenci&oacute;n es la cabeza vac&iacute;a, que, a pesar de su vac&iacute;o, es expresiva (&hellip;) No tiene nariz, ni ojos, ni boca. Lo que lo convierte en rostro de mujer es la manera en que reposa sobre la mano. S&iacute;, es eso. Pintar un rostro sin ojos y pintar, al mismo tiempo, la expresi&oacute;n que esos ojos tendr&iacute;an de haber existido, eso es lo que yo llamo magia&rdquo; -<em>El enigma de la luz</em>-. <em>El rostro del ojo</em> est&aacute; lleno de cuencas: ojo de pintor, ojo maligno, ojo que abandona el cuerpo&hellip; El sentido con que los ojos perciben mediante la acci&oacute;n de la luz puede llegar a ser insoportable. &ldquo;Nuestra vista. Qu&eacute;date fuera si no la soportas. / Somos m&aacute;s que tu ojo temporal&rdquo;; &ldquo;Ciego en el sendero, / en busca de sus sentidos, / cay&oacute; por la trampilla / de la luz&rdquo;. En Brueghel abundan los ciegos. &ldquo;El pintor vio con sus propios ojos las diversiones populares, pero las debi&oacute; de ver a distancia, as&iacute; lo delata su ojo cl&iacute;nico&rdquo;. Ojos. Ojos. Y ojos. Volvemos a Zurbar&aacute;n: &ldquo;Las im&aacute;genes y las personas son y no son reales (&hellip;) casi cad&aacute;veres. Casi, pues, de estos rostros con los ojos muy abiertos, sale un resplandor (&hellip;) que tiene que ver con un &eacute;xtasis mudo, con una devoci&oacute;n m&iacute;stica que ya no es de este mundo&rdquo;. Tampoco son de este mundo las personas que salen en las viejas fotos. Que portan ojos ciegos: &ldquo;Hay algo ah&iacute; que nos impide cerrar el &aacute;lbum de golpe: <em>voyeurismo</em>, curiosidad, melancol&iacute;a&rdquo; dice en <em>El tiempo detenido</em> (1996). Y en <em>Fresas salvajes. El tiempo recobrado</em> (1995) rememora &ldquo;los &uacute;ltimos y feroces grabados de Picasso, realizados cuando ten&iacute;a m&aacute;s de noventa a&ntilde;os, siempre el mismo viejo que, escondido detr&aacute;s de las cortinas, observa en secreto a una pareja que se ama en la cama, otra ansia, la misma tensi&oacute;n&rdquo;. Lo mismo, en <em>El d&iacute;a de todas las almas</em>: &ldquo;Muy por encima de ellos hab&iacute;a, agit&aacute;ndose y bailando, estatuas de mujeres con pechos desnudos y ropajes henchidos que, a simple vista, eran de escayola. &lsquo;No tienen rostro, &iquest;no lo ves? (&hellip;) Esas esculturas fueron creadas as&iacute;. Esferas sin ojos&rsquo;. &iexcl;Cu&aacute;nto temor a la castraci&oacute;n! Pero no nos alejemos de ese libro. Recojamos dos ideas: &ldquo;Si ten&iacute;as paciencia para quedarte sentado el tiempo suficiente, pod&iacute;as ver actuar a todo el mundo&rdquo;, p&aacute;gina 55, y p&aacute;gina 72: Arthur se atreve a comentar un proyecto secreto e inacabado, consistente en &ldquo;fragmentos filmados en muchos a&ntilde;os que, a primera vista, no guardaban una l&oacute;gica, fragmentos en ocasiones muy breves&rdquo;. Estos fragmentos inclu&iacute;an escenas de prisioneros de guerra en largas filas, monjes griegos y escenas callejeras de &Aacute;msterdam. &ldquo;Se trataba de un mundo en pedazos, marginal, lento, contemplativo, sin an&eacute;cdotas, fragmentos&rdquo;. De <em>Room in New York</em>, de Hopper, dice en <em>El enigma de la luz</em>: &ldquo;Los rostros de ese hombre y esta mujer no son rostros verdaderos. El pintor los ha dejado inacabados. Es m&aacute;s, es como si los hubiera borrado, desdibujando sus rasgos m&aacute;s esenciales&rdquo;. El rostro sin ojos como obra inacabada. Hay obras inacabadas. Kafka tiene relatos inacabados. La cita que abre <em>El d&iacute;a de todas las almas</em>: &ldquo;Las sirenas poseen ahora un arma a&uacute;n m&aacute;s terrible que el canto, a saber: su silencio&rdquo;, procede de un volumen de relatos, en parte, inconclusos de Kafka: <em>El silencio de las sirenas</em>. El relato que da nombre al conjunto empieza: &ldquo;Para protegerse, Odiseo se tapon&oacute; los o&iacute;dos con cera y se hizo encadenar al m&aacute;stil&rdquo;. Da la impresi&oacute;n de que Odiseo tampoco ten&iacute;a ojos. Se los habr&iacute;a tapado. Un rostro, el suyo, inacabado. Tambi&eacute;n hay sinfon&iacute;as inacabadas. Esculturas, &eacute;l se ha referido a una de Francesco Sforza. Y pinturas. Incluso las aparentemente acabadas: pensemos cuando, en El Prado, guiado por una restauradora, El Bosco le suscit&oacute;: &ldquo;Gracias a la reflectograf&iacute;a infrarroja (&hellip;) podemos ver la aut&eacute;ntica letra del pintor (&hellip;) quiz&aacute; sea este el momento estelar de mi viaje. Veo al pintor en aquello que ha cambiado, veo c&oacute;mo piensa. El cuadro ya no es aqu&iacute; un objeto terminado, perfecto, casi inaccesible (&hellip;) De repente est&aacute; mucho m&aacute;s cerca de m&iacute; el m&aacute;s misterioso de todos los pintores&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Dejar una obra inacabada, saber cu&aacute;ndo hay que abandonar, es un talento&rdquo;</strong></p>
<p>- Lo inacabado posee el encanto de la imperfecci&oacute;n. Usted ha experimentado, pero siempre termina lo que empieza. &iquest;No le habr&iacute;a gustado dejar una obra inacabada?</p>
<p>- No tengo talento para ello (r&iacute;e). Una obra inacabada tiene que dar impresi&oacute;n de inacabada. Es decir: o no supiste ponerle fin o paraste en seco sin permitirte una conclusi&oacute;n. Dejar una obra inacabada, saber cu&aacute;ndo hay que abandonar, es un talento.</p>
<p>- &iquest;Lo que no vale es dejar inacabado algo <em>adrede</em>?</p>
<p>- Al final toda decisi&oacute;n se produce adrede, pero entiendo lo que dice. Puede quedar bien <em>adrede</em>, si la historia contempla tal posibilidad. Ha de tener sentido. No vale la pereza ni hacerlo a lo tonto, como una gracieta. Creo que no he sentido necesidad verdadera de dejar una obra inacabada. Cada a&ntilde;o, en la Semana del Libro de Holanda, le piden a un escritor 25.000 palabras para regalar a quienes entran en librer&iacute;as a por un libro de, al menos, doce euros. Lo primero que necesita la organizaci&oacute;n es saber cu&aacute;ntos ejemplares piden los libreros. En mi caso fueron 540.000.</p>
<p>- &iquest;540.000?</p>
<p>- S&iacute;. Ahora son m&aacute;s, de esto hace veinticinco a&ntilde;os. En todo caso, acept&eacute; sin tener la menor idea de sobre qu&eacute; escribir. Nunca tengo ideas. La diferencia es que entonces ten&iacute;a un plazo. Aquella vez pude dejar inacabada la novela antes de empezarla.</p>
<p>- Alguna fuerza le llevar&aacute; a escribir.</p>
<p>- Cuando me pongo con un libro no s&eacute; en qu&eacute; consiste. S&iacute; hay una fuerza que me lleva, pero no s&eacute; a d&oacute;nde. Y hay pausas. Vac&iacute;os horribles. La &uacute;nica vez que tuve un plan de escritura fue a los 21 a&ntilde;os. Me sent&eacute; y escrib&iacute; un cap&iacute;tulo de una sentada. Se lo pas&eacute; a un escritor conocido, y a &eacute;l se le ocurri&oacute; llevarlo a su editorial. Entonces, me vinieron dos mujeres: &ldquo;Si lo termina, le damos 300 florines&rdquo;. Y lo termin&eacute;. Fue mi primer libro. Han pasado 66 a&ntilde;os. 1954.</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo logr&oacute; dar curso al encargo?</p>
<p>-Le dije a Simone: &ldquo;Vamos a Lisboa, a ver si despierto&rdquo;. Lo miraba todo all&iacute;. Luego vinimos a Menorca, no dispon&iacute;a a&uacute;n de este estudio, y sali&oacute; <em>La historia siguiente</em>. Un libro, para ser tan improvisado, que no qued&oacute; mal. Tiene la densidad necesaria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Portugal es un gran pa&iacute;s y Lisboa es encantadora&rdquo;</strong></p>
<p>- Lisboa ejerce de despertador para usted: cuando le ofrecieron participar en el documental sobre El Bosco, tambi&eacute;n fue a desatascarse.</p>
<p>- Es verdad. Portugal es un gran pa&iacute;s y Lisboa es encantadora. En ese caso la raz&oacute;n estaba justificada: el tr&iacute;ptico <em>Las tentaciones de San Antonio</em> reposa all&iacute;, y necesitaba verlo en persona. Luego segu&iacute; viajando. Me aloj&eacute; en el hotel que sale en <em>La hora siguiente</em>, ahora ya sabe por qu&eacute;... En la novela me desatasqu&eacute; demasiado y me fui a las 27.500 palabras. &ldquo;Esto va a costar un mont&oacute;n de dinero en papel&rdquo;, me dijeron. Nunca hab&iacute;a pensado en eso. Al final lo que hicieron fue imprimir m&aacute;s palabras por p&aacute;gina y no qued&oacute; bonito. &iquest;Habr&iacute;a sido mejor cortar el final? (sonr&iacute;e) O adelantarlo. Intent&eacute; varias veces cortar y me fue del todo imposible. No sobraba nada. Tampoco habr&iacute;a a&ntilde;adido ni un p&aacute;rrafo. Es de esas veces que dices <em>as&iacute;</em>. Lo tradujeron en Alemania y fue un &eacute;xito: el Papa de la literatura lo cit&oacute; en su programa de televisi&oacute;n.</p>
<p>- &iquest;Ranicki?</p>
<p>- Ranicki, s&iacute;. Falleci&oacute; hace unos a&ntilde;os. Yo no s&eacute; por qu&eacute; le gust&oacute; tanto, la verdad, creo que tengo cosas mejores. Bueno. No s&eacute;. Las &uacute;ltimas palabras son: &ldquo;Y entonces te cont&eacute; <em>La historia siguiente</em>&rdquo;. Esas palabras circulares son lo m&aacute;s cerca que he estado de inacabar un libro. Aunque igual el libro m&aacute;s inacabado ser&aacute; el de mis diarios&hellip; si consigo acabarlos. Nunca estar&aacute;n enteros.</p>
<p>- &iquest;Por qu&eacute;?, &iquest;hay a&ntilde;os sin cubrir?</p>
<p>- Hay a&ntilde;os sin cubrir. Lo digo por un robo. Tengo muchos cuadernos, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os he avanzado. El robo se produjo en los Pirineos. &Iacute;bamos en coche y paramos a comer. Carretera 13. Saliendo de L&eacute;rida a Puigcerd&aacute;. Alguien abri&oacute; la puerta y se los llev&oacute;.&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Y qu&eacute; inter&eacute;s puede tener un ladr&oacute;n en ellos?</p>
<p>- Sin duda, ninguno. Le tuvo que costar sacarlos, eran unos cuadernos enormes, en tapa dura. Recog&iacute;an experiencias antiguas, precisamente, relativas a Espa&ntilde;a. El equipaje no se lo llevaron, debi&oacute; de ser ya demasiado pesado, pero, entre otras cosas, se hicieron con una c&aacute;mara de fotos de Simone. Supongo que mis diarios los tirar&iacute;an al poco en la basura. Mucho esfuerzo triturado (habla bajo y socarr&oacute;n). Lo m&aacute;s interesante fue visitar la comisar&iacute;a. El polic&iacute;a interrumpi&oacute; mi declaraci&oacute;n para salir a fumar. &ldquo;Estoy fatigado&rdquo;, dijo. &ldquo;Ah&rdquo;. Me di cuenta de que no iba a conseguir nada. Cuando entr&oacute; las preguntas eran: <em>objeto</em> y<em> valor</em>. &ldquo;&iquest;Una c&aacute;mara?, &iquest;cu&aacute;nto cuesta?&rdquo;. En la lista de cosas, &eacute;l estaba empe&ntilde;ado en no incluir el diario, &iexcl;pensaba que era un peri&oacute;dico!, me di cuenta despu&eacute;s. Yo insist&iacute;a y &eacute;l, nada: &ldquo;No tiene valor&rdquo;. Le tuve que explicar qu&eacute; clase de diario era. Fue peor. Reaccion&oacute; ofendido: &ldquo;Pero eso no le interesa a nadie, no se puede ni tasar&rdquo;. &ldquo;Pues es muy importante para m&iacute;&rdquo;. &Eacute;l segu&iacute;a sin entender. &ldquo;&iquest;Pero qu&eacute; es?: &iquest;donde apunta las cosas pendientes?&rdquo;. &ldquo;No es una agenda, es un diario. Apunto las cosas ya hechas. Tiene que ver con la literatura&rdquo;. Cuantas m&aacute;s explicaciones ofrec&iacute;a, sus miradas eran peores. Tuve que llegar a decirle que igual pod&iacute;a hacer con ello un libro &ldquo;o dej&aacute;rselo como herencia a mi mujer&rdquo;. Aquello lo encendi&oacute;, relacionarlo con una herencia le molest&oacute;, creo que pens&oacute; que estaba loco, o que me re&iacute;a de &eacute;l.</p>
<p>- &iexcl;Qu&eacute; incompetencia!.</p>
<p>- As&iacute; que con gran seriedad y levantando los brazos, sentenci&oacute;: &ldquo;Entendido. Ya est&aacute;. Ponemos <em>sin valor</em>. &iquest;De acuerdo? S&iacute;: ponemos <em>sin valor</em>. No se hable m&aacute;s&rdquo;. Me dieron ganas de llorar. Y de re&iacute;r.</p>
<p>- Lo tr&aacute;gico es c&oacute;mico.</p>
<p>-En cierto modo. Para m&iacute; era una peque&ntilde;a tragedia, desde luego. Supe que nunca aparecer&iacute;a. Encima, estaba escrito en holand&eacute;s (sonr&iacute;e): eso no se lo dije para no desesperarle.</p>
<p>- &iquest;Y qu&eacute; recog&iacute;a?</p>
<p>- No quiero pensar en ello&hellip; eran diarios muy antiguos escritos en Espa&ntilde;a, mientras viajaba, estampas, descubrimientos; y sobre Par&iacute;s, ciudad en la que resid&iacute;a. Bueno. A&ntilde;ada otro desastre: en el barco, viniendo de Barcelona a Menorca, me dej&eacute; otro volumen, ese recog&iacute;a tambi&eacute;n un periodo interesante. Cuando est&aacute;s mayor, bebes un poco y te despistas. Qu&eacute; se va a hacer. Tengo que hacerme a la idea de que he perdido unos cuadernos buenos. Me debo conformar con los que me quedan.</p>
<p>- Transcribirlos debe de ser una tarea poco emocionante.</p>
<p>- Es un trabajo aburrido. Pasarlos al ordenador, seleccionar los textos. La parte bonita es la del pasado redivivo, pero la tarea mec&aacute;nica es penosa.</p>
<p>- Toda correcci&oacute;n lo es.</p>
<p>-Toda, pero todav&iacute;a una novela... Aqu&iacute; son muchos cuadernos, no encuentro el objetivo del proyecto y no veo el fin.</p>
<p>-&iquest;Sigue escribi&eacute;ndolos?</p>
<p>-Unos a&ntilde;os, s&iacute;; otros no. Las &uacute;ltimas veces he utilizado moleskines, que son m&aacute;s manejables. Casi todo lo tengo ya en el ordenador. Algo har&eacute;, no s&eacute; si fundirlos en un volumen o presentar varios. Est&aacute;n en holand&eacute;s, lo que dificulta su salida. Si salen, ser&aacute; en Holanda. Ignoro si interesan. No puedo ense&ntilde;arle a nadie el trabajo, nadie puede leerlo. Ni en Londres, ni en Par&iacute;s, ni en Berl&iacute;n. Tenemos un idioma secreto. El holand&eacute;s siempre piensa que nadie le puede entender. Eso es peligroso: hace unos meses, en Lisboa, estaba con un amigo periodista portugu&eacute;s -pero que habla holand&eacute;s-, y entr&oacute; una cuadrilla de las l&iacute;neas a&eacute;reas sudafricanas. Hablaban en africano, que es el holand&eacute;s del siglo XVII. Total, que una azafata alta y rubia mir&oacute; a mi amigo y dijo a sus compa&ntilde;eros: &ldquo;Con este peque&ntilde;o jud&iacute;o me pasar&iacute;a muy bien esta noche&rdquo;, a lo que &eacute;l reaccion&oacute;: &ldquo;Se&ntilde;orita, cada hora estar&eacute; a su servicio&rdquo;. &iexcl;Qu&eacute; mal lo pas&oacute;! Qu&eacute; corte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Destruir Venecia es posible, pero seguir&iacute;a siendo eterna&rdquo;</strong></p>
<p>Ciudades. Lisboa. Venecia. Nooteboom ha vuelto a unir su pluma a los pinceles de Tintoretto. La ciudad italiana como lugar invencible sali&oacute; en &lsquo;G&oacute;ndolas&rsquo;, primer relato de <em>Los zorros vienen de noche</em> (2009): &ldquo;Las ciudades eternas tienden a la inmutabilidad, somos nosotros quienes desaparecemos, quienes abandonamos la escenograf&iacute;a de nuestras vidas&rdquo;. Advirti&oacute; de que las g&oacute;ndolas son at&aacute;vicas y que el atavismo &ldquo;siempre vence&rdquo;. La variante de <em>Estampas venecianas</em> (1998) era m&aacute;s dubitativa: &ldquo;Una ciudad que existe desde hace m&aacute;s de mil a&ntilde;os es una forma comprensible de eternidad (&hellip;) Son caminos de agua en el agua (&hellip;) Tal vez, si la ciudad vuelve a hundirse, como un Titanic infinitamente retardado, en el blando terreno en el que ahora parece flotar como si el mundo hubiera so&ntilde;ado algo, una cosa imposible, un sue&ntilde;o de palacios e iglesias, de poder y dinero, de dominio y decadencia, un para&iacute;so de belleza que ha sido expulsado de s&iacute; mismo porque la tierra no pod&iacute;a soportar tan grande maravilla (&hellip;) La eternidad no podemos imaginarla (&hellip;) El anacronismo es en Venecia la esencia misma de las cosas&rdquo;.</p>
<p>- Su libro sobre Venecia ha salido en varios pa&iacute;ses. He acudido a internet para saber de &eacute;l y tengo la impresi&oacute;n de que regresa a una vieja idea: si es Venecia destruible.</p>
<p>- Destruirla es posible, pero seguir&iacute;a siendo eterna. Ya lo es. Ser&iacute;a una ruina bell&iacute;sima, o una ciudad bell&iacute;sima perdida en el recuerdo, en los libros, en el pante&oacute;n del arte.</p>
<p>- &ldquo;La Galer&iacute;a de los Uffizi es un vest&iacute;bulo de estaci&oacute;n donde el autocar japon&eacute;s y el ch&aacute;rter alem&aacute;n se disputan sitio delante de Botticelli&rdquo;.</p>
<p>- El problema es ese: para ver el Palacio de los Dogos, hay que hacer una gran cola. No es agradable, pero merece la pena. Hay soluciones t&eacute;cnicamente posibles de contener el agua, pero muy caras. Junto a ellas hacen falta pol&iacute;ticas concretas que restrinjan el n&uacute;mero de visitantes. No seamos necios e impidamos el turismo desbocado. Por lo dem&aacute;s, hay que ir en febrero, cuando el clima no es agradable. Giorgone, las iglesias, el agua, la piedra&hellip; Simone la ha retratado muy bien. Venecia es otra cosa en el mundo. La visit&eacute; por primera vez en 1964. Su arte es diez veces superior al de &Aacute;msterdam.</p>
<p>- En el diario suizo <em>Neve Zurcher Zeitung</em> comentan, a prop&oacute;sito, que la idea de los lugares que nos atrae suele ser inexacta porque est&aacute; mezclada de memoria y alucinaci&oacute;n. Pero eso es lo que la hace interesante, &iquest;no?</p>
<p>- Eso es cierto. Yo intento no referirme a nada textualmente. Hay muchos planos del realismo que no me interesan. Estamos a falta de ambig&uuml;edad. Y es precisamente en las zonas de sombra donde resplandece aquello que nos invita a pensar en la verdad de las cosas o, al menos, aquello por lo que nos sentimos apelados y que identificamos con la verdad.</p>
<p>- Tambi&eacute;n he le&iacute;do declaraciones suyas sobre el libro. En una confiesa haber entendido algunas im&aacute;genes tras &ldquo;cientos de veces contempl&aacute;ndolas sin estar preparado&rdquo;. &iquest;Se puede morir sin estarlo?</p>
<p>- S&iacute;. Lo que pasa es que el que no est&aacute; preparado no lo sabe. &iexcl;Yo no lo sab&iacute;a! Me he percatado ahora, al entenderlas. De haber fallecido en 2015, no habr&iacute;a percibido mi incapacidad. No s&eacute; si la edad me ha tranquilizado y hecho m&aacute;s sensible. Yo creo que la edad, en general, contagia indiferencia y cansancio.</p>
<p>- Le ha pasado m&aacute;s veces: en <em>El Bosco</em> refiere que vio <em>El jard&iacute;n de las Delicias</em> en 1954 y que no fue hasta mucho despu&eacute;s cuando descubri&oacute; el misterio de esa pintura.</p>
<p>- Jeanette Winterson dice que, estando en &Aacute;msterdam, visit&oacute; una galer&iacute;a y sinti&oacute; que nunca antes hab&iacute;a penetrado en la pintura, que nunca hab&iacute;a entendido el arte. Al menos, de la forma en que, en ese momento, estaba entendiendo o sintiendo. Decidi&oacute; quedarse unos d&iacute;as m&aacute;s y repartir el tiempo visitando museos por la ma&ntilde;ana y galer&iacute;as por la tarde. De ese modo, en ese viaje, entr&oacute; en el arte, como por una iluminaci&oacute;n. Esa an&eacute;cdota tambi&eacute;n me hizo entender <em>Una canci&oacute;n del ser y la apariencia</em>. El libro parte de una cita de Van Eeden, un poeta nacido en el siglo XIX que habl&oacute; del &ldquo;extra&ntilde;o enga&ntilde;o&rdquo; que hay entre lo que percibimos y lo que es. Muchas veces descubre uno tarde lo que hizo o lo que trat&oacute; de hacer -sin ser consciente del todo-. Yo hice el libro, est&aacute; firmado por m&iacute;, pero escribo libros que alguien pueda mejorar con su lectura. Esos son los buenos. No me refiero a las claves objetivas de una obra: un japon&eacute;s no entiende menos a Patinir por que se le escape el significado de un capelo. No. Pero el m&eacute;rito, contra lo que se piensa, no es tanto del lector que encuentra ese libro cuanto de las posibilidades que el autor dej&oacute; en &eacute;l.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El poder del escritor es m&aacute;s limitado que el de sus escritos&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;- Vuelvo a <em>Los zorros</em>&hellip;: all&iacute; dice que hay algo en Piero della Francesca que le resulta inaccesible. &iquest;La literatura debe aprender del arte? En el arte se otorga m&aacute;s espacio al espectador. Se ha hablado de la muerte del autor en literatura, pero normalmente un autor literario es m&aacute;s celoso o propietario de su idea; o de la que piensa que le gui&oacute;, y que ve como &uacute;nica posible.</p>
<p>- Totalmente. Pero esa es una ingenuidad. &iquest;Sabe todo escritor las &uacute;ltimas consecuencias de lo que ha escrito?, &iquest;conoce los puntos de vista desde los que se puede contemplar? &iquest;Es consciente de que, incluso, su escritura ampara interpretaciones contrarias a las que &eacute;l tiene del mundo como persona? El poder del escritor es m&aacute;s limitado que el de sus escritos. Mi amigo R&uuml;diger Safranski, bi&oacute;grafo de Schiller, Schopenhauer, Rousseau&hellip;, me lo demostr&oacute; en <em>Ten&iacute;a mil vidas y eleg&iacute; una sola</em> (2008).</p>
<p>- &iquest;Se entendi&oacute; en el libro de Safranski?</p>
<p>- S&iacute;, la cabeza da vueltas. Enriquece que alguien elija pasajes de tu obra conforme a su gusto. Dentro de un cuento significan una cosa; fuera, otra. Usted mismo, en sus preguntas, me lleva por territorios que no hab&iacute;a imaginado. Safranski ha hecho el mismo trabajo para un editor franc&eacute;s, incorporando cosas m&iacute;as de libros traducidos en ese pa&iacute;s. El libro equivale al que usted conoce en un ochenta por ciento. &iquest;Soy diferente dependiendo del idioma?</p>
<p>- Usted habr&iacute;a trazado una autoantolog&iacute;a distinta. &iquest;Es imposible la objetividad en arte?</p>
<p>- Pregunta dif&iacute;cil. A bote pronto dir&iacute;a que s&iacute;, que es imposible. Aunque hay acuerdo sobre las obras significativas de no pocos autores. Pero tambi&eacute;n diferencias de criterio notables. Yo mismo la semana pasada ten&iacute;a una perspectiva distinta de m&iacute;. En este momento, a partir de la lectura de Winterson, <em>Una canci&oacute;n del ser y la apariencia</em> (1981) me satisface. La semana pasada no le habr&iacute;a tenido en cuenta al valorar m&aacute;s de seis d&eacute;cadas. Lea <em>Art objetcs</em> o cualquier otro de ella.</p>
<p>- Si dio en la diana hace casi cuarenta a&ntilde;os. &iquest;Para qu&eacute; sigui&oacute; escribiendo?</p>
<p>- Es usted muy &aacute;cido (r&iacute;e). No s&eacute; si he dado alguna vez, &iquest;eh?</p>
<p>Cees Nooteboom defiende un presente que no da la espalda al pasado y un mundo que no ignora lo que lo trasciende. En <em>533 d&iacute;as</em>, advierte de que si ponemos en su sitio al malentendido rom&aacute;ntico &ldquo;y desnudamos los mitos, nos quedar&aacute; un mundo un poco vac&iacute;o&rdquo;. En <em>El enigma de la luz</em> consigna que los mitos &ldquo;son por esencia misteriosos&rdquo;. Si unimos ambos pensamientos entenderemos que un mundo sin mitos lo ser&aacute; menos misterioso y, por tanto, menos humano. Nooteboom se muestra interesado por el arte al que el tiempo somete a interpretaci&oacute;n continua: &ldquo;Otros siglos traer&aacute;n otras interpretaciones&rdquo; &ndash;<em>El enigma de la luz</em>-. &ldquo;El gran arte se crea continuamente de nuevo porque siempre se crean de nuevo personas que lo contemplan&rdquo; &ndash;<em>Mi visi&oacute;n de Delft</em> (2002)-. Y concede: &ldquo;No hay nada que envejezca m&aacute;s que el estilo&rdquo; -<em>533 d&iacute;as</em>-.</p>
<p>- &iquest;Hay que traducir cada equis tiempo los t&iacute;tulos? No digo de lengua, sino el estilo. &iquest;Cada generaci&oacute;n debe traducir lo precedente? En Espa&ntilde;a ha salido una versi&oacute;n m&aacute;s contempor&aacute;nea, menos espinosa, de la <em>Comedia</em> de Dante [Jos&eacute; Mar&iacute;a Mic&oacute;] y otra de los <em>Cantos</em> de Pound [Jan de Jager].</p>
<p>- Yo a Dante lo leo en varios idiomas, me da igual en cu&aacute;l. Los <em>Cantos</em> los leo en alem&aacute;n. &iquest;Son menos <em>Cantos</em>?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Estoy enamorado de Proust&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Hay que liberarse de la atadura del idioma?</p>
<p>- Leer un libro en su idioma es emocionante. Pero el paso del tiempo nos aleja del idioma &ndash;y ahora me refiero al estilo- en que fue escrito hasta hacerlo poco reconocible. Acaba aportando menos como fuente de conocimiento y es menos disfrutable. Le voy a decir algo: yo soy proustiano. Estoy enamorado de Proust.</p>
<p>- Lo supon&iacute;a, le dedica un pliego: <em>Sobre Proust. En busca del tiempo perdido</em> (1999) y le condecora como el autor m&aacute;s grande del siglo XX; y la portada de la edici&oacute;n noble de <em>Tumbas</em>, al menos la espa&ntilde;ola.</p>
<p>- Ten&iacute;a 42 a&ntilde;os cuando una chica me abri&oacute; los ojos: &ldquo;Yo leo Proust cada d&iacute;a&rdquo;. &ldquo;&iquest;Cada d&iacute;a?&rdquo;. &ldquo;S&iacute;, es como si tuviera una vida paralela. Siempre puedo entrar en su mundo&rdquo;. Me puse a la labor. Empec&eacute; con traducciones en ediciones baratas, <em>paperbacks</em>, ahora los tengo todos en franc&eacute;s, anotados. El de Proust no es un franc&eacute;s f&aacute;cil, pero lo leo. Me ha dado mucho. Y un d&iacute;a mi editor franc&eacute;s me pregunta: &ldquo;Oye, &iquest;c&oacute;mo has le&iacute;do a Proust?&rdquo;. &ldquo;Pues en franc&eacute;s&rdquo;, remarco lo obvio. &ldquo;&iquest;Y por qu&eacute; no en ingl&eacute;s?&rdquo;. &ldquo;Bueno, tambi&eacute;n lo tengo en ingl&eacute;s, pero se supone que&hellip;&rdquo;. &ldquo;&iexcl;T&uacute; eres tonto! Nosotros s&oacute;lo tenemos un Proust, el viejo Proust, y los ingleses, en el &uacute;ltimo siglo, ya disponen de tres nuevos&hellip;&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;No hay mayor respeto para un cl&aacute;sico que ponerlo al d&iacute;a&rdquo;</strong></p>
<p>- Muy interesante.</p>
<p>- Esto hay que pensarlo, &iquest;eh? Ese es el problema. Lo mismo ha pasado con <em>Genji monogatari</em>, de Murasaki. Los japoneses modernos no pueden leer el libro. Imposible. Lo han tenido que ir traduciendo. En ese caso, transcurridos mil a&ntilde;os, es m&aacute;s f&aacute;cil de entender que precisa actualizaci&oacute;n. Pero, &iquest;se va a poner usted con Virgilio en lat&iacute;n? &iquest;Por placer?, fant&aacute;stico. Pero un cl&aacute;sico debe estar vivo, no congelado. No hay mayor respeto que ponerlo al d&iacute;a. Tengo los vol&uacute;menes de Terence Kilmartin &iexcl;y est&aacute;n muy bien! Hay tres traducciones recientes y habr&aacute; m&aacute;s. Estar&aacute; bien que as&iacute; sea. Yo a usted no le puedo exigir, ni insinuar, que aprenda franc&eacute;s para leerlo. A Murasaki no lo podr&iacute;a leer hoy nadie. A Proust, s&iacute;. Pero sepamos que incluso al franc&eacute;s le cuesta. No es una experiencia c&oacute;moda. Hay que ser muy buen lector. No podemos aplicar ese est&aacute;ndar a toda la poblaci&oacute;n.</p>
<p>- Lo mejor, entonces, es Proust en el original seguido de la traducci&oacute;n &uacute;ltima.</p>
<p>- No creo que mucha gente pueda hacer eso. S&iacute; afirmo que la esencia de Proust est&aacute;, sin duda, en una buena traducci&oacute;n. Y a eso debemos tender en casi todo: ir a la esencia. Eliminemos las man&iacute;as y las obsesiones. Se lo dice alguien que aprende idiomas y lee en ellos. Usted lea a Proust en espa&ntilde;ol, y punto. Sin duda hay traducciones buenas. No las mejores -&iquest;ve?, ser&iacute;an necesarias otras-, pero en ellas est&aacute; Proust. Es imposible no darse cuenta.</p>
<p>- Y el ciudadano franc&eacute;s, har&iacute;a bien en reclamar una actualizada.</p>
<p>-Hay formas en el franc&eacute;s de Proust, como el subjuntivo de futuro, que hoy no se emplean. &iquest;Cu&aacute;l es la aportaci&oacute;n de esas formas, m&aacute;s all&aacute; de saber que existieron y &eacute;l las emple&oacute;? Relativa. Un joven franc&eacute;s coge a Proust y lo aparta. &ldquo;Demod&eacute;&rdquo;. &ldquo;Demasiado&rdquo;. Tengo confirmaciones. Y eso que los franceses cuidan la cultura y hacen sus esfuerzos, pero a un joven le supone demasiado. Lo malo no es leer un Proust actual, sino no leer a Proust. Proust hoy habr&iacute;a escrito como se escribe hoy, no seamos m&aacute;s papistas que el Papa. Con su forma, con su estilo, pero en el idioma actual. &Eacute;l escribi&oacute; as&iacute; no porque entendiera superior aquel registro, sino porque estaba instituido cuando viv&iacute;a. Y de haberlo en el siglo XV habr&iacute;a utilizado, sin duda, el del XV.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La cultura ha de estar en movimiento. Apartemos los miedos. Dejar como est&aacute;n las cosas es alejar del conocimiento a gente que lo quiere tener&rdquo;</strong></p>
<p>- Del <em>Quijote</em> s&iacute; hay una versi&oacute;n actual (2015) a manos de Andr&eacute;s Trapiello.</p>
<p>- Buena labor. Yo he le&iacute;do el <em>Quijote</em> en holand&eacute;s porque tenemos buenas traducciones. Y ha salido una, de un joven poeta, a la que quiero acudir. &iquest;Ve?, no lo leo en <em>aquel</em> espa&ntilde;ol. Podr&iacute;a, pero para qu&eacute;.</p>
<p>- Fue pol&eacute;mica.</p>
<p>-Resistencia siempre va a haber, la cultura tiende a la preservaci&oacute;n, o al menos necesita preservaci&oacute;n. Y la gente confunde ese impulso con actitudes conservadoras. La cultura ha de estar en movimiento. Apartemos los miedos. Dejar como est&aacute;n las cosas es alejar del conocimiento a gente que lo quiere tener. Para qu&eacute; alejarla m&aacute;s de lo que ya est&aacute;. Eso s&oacute;lo interesa a los <em>viejos</em>.</p>
<p>La necesidad de traducir idioma y estilo dialoga internamente con su certeza, contenida en <em>El Bosco</em>, de que un objeto se transforma con cada mirada. Y no s&oacute;lo eso, quiz&aacute; tenga que ver con su afirmaci&oacute;n de que &ldquo;escribo libros para que alguien los mejore con su lectura&rdquo;. Se acaba de definir proustiano, tal cosa podr&iacute;a entenderse como una demostraci&oacute;n de melancol&iacute;a o de manierismo, ya que el manierista es &ldquo;un individuo que vive en una etapa posterior a un periodo importante, cuya grandeza hace que sea consciente de la nada que le envuelve y de su propia insignificancia. Con esa nada, construye un discurso con que se dota de significaci&oacute;n a s&iacute; mismo. Todos los manieristas andan en busca del tiempo perdido. No un tiempo perdido, sino un tiempo eterno (&hellip;) Ahora bien, resulta ya imposible conciliar un tiempo eterno con la realidad&rdquo;. Salvo quiz&aacute;s en Venecia, cabr&iacute;a a&ntilde;adir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Una premisa de la poes&iacute;a es que no hay que entenderlo todo&rdquo;</strong></p>
<p>- La poes&iacute;a, &iquest;necesita traducci&oacute;n?</p>
<p>- Ah, la poes&iacute;a es un g&eacute;nero aparte.</p>
<p>- A veces es como mirar un cuadro.</p>
<p>- S&iacute;, da igual no entender. Una premisa del g&eacute;nero es que no hay que entenderlo todo. Es m&aacute;s: el que entiende todo probablemente no entiende nada. Depende del tipo de poes&iacute;a, tambi&eacute;n es verdad: hay alguna en la que no hay m&aacute;s remedio que entender. Y a pies juntillas.</p>
<p>- Dice Gamoneda que la poes&iacute;a funciona aut&oacute;noma, que ni siquiera es un g&eacute;nero.</p>
<p>- S&iacute;, es una cosa especial. Independiente. Aunque puede estar en todo.</p>
<p>- Quiz&aacute; por eso mismo, por independiente. En este caso, la traducci&oacute;n no aporta comprensi&oacute;n en sentido estricto. Yo leo sus poemas en las dos versiones. A un lado, m&uacute;sica; al otro, palabra. Es perfecto.</p>
<p>- La poes&iacute;a necesita traducci&oacute;n, como todo. Est&aacute; hecha con palabras, y las palabras significan, y alg&uacute;n sentido aportan. Hay que tener algo a que agarrase. Pero el conjunto, debe quedar claro, no se atiene a las reglas b&aacute;sicas de significaci&oacute;n, y el sonido y las pausas son fundamentales. Algo que olvidamos un poco en nuestro idioma. Usted lee a un poeta en espa&ntilde;ol y no repara tanto en el sonido. Pero las palabras sin sonido jam&aacute;s ser&aacute;n poes&iacute;a.</p>
<p>- En <em>Ojo de monje</em> los poemas acaban con un &uacute;ltimo verso, desplazado, como negativo.</p>
<p>- &iquest;Negativo? No creo&hellip;</p>
<p>- Igual no&hellip; &iquest;existencial? Veamos uno&hellip; p&aacute;gina 39: &ldquo;Hasta que le llega la muerte&rdquo;.</p>
<p>- Bueno&hellip; es una peque&ntilde;a sorpresa al final, que exprime el poema. No lo hab&iacute;a hecho nunca, o eso pensaba antes de que me hablase de la foto del ni&ntilde;o sirio. En poes&iacute;a no cabe duda de que nunca hice algo semejante. Surgi&oacute; as&iacute;. V&iacute; que encajaba. Me gusta c&oacute;mo queda.</p>
<p>- Junto al sonido hemos dicho que hay significado, pero la virtud de ese &uacute;ltimo verso es que ayuda a clarificar el sentido o el poema, no lo<em> </em>clarifica. Es m&aacute;s bien un estado mental.</p>
<p>- No puede haber nada mejor que eso que me dice. Para que el significado funcione no debe estar del todo manifiesto. Tampoco es una operaci&oacute;n matem&aacute;tica. Quiero decir: o sale o no sale. Veamos otro. A ver, fragmento 22. Ll&aacute;meme melanc&oacute;lico, es sobre mi padre. &ldquo;No hay c&oacute;digo / para recordar a los muertos, / (&hellip;) / la casa / vac&iacute;a que es un nombre, contemplo al hombre / de la cubierta. &iquest;Oir&aacute; &eacute;l el mar? &iquest;Estar&aacute; oyendo &eacute;l / el mar como yo, aqu&iacute;&rdquo;. Vi una foto de &eacute;l. &Eacute;l est&aacute; muerto. Pienso en &eacute;l. Ahora yo soy un anciano. &Eacute;l nunca fue tan viejo como yo lo soy ahora.</p>
<p>- Un anciano &ldquo;que &eacute;l nunca vio&rdquo;.</p>
<p>- Si yo estuviera contando una historia, ese fin ser&iacute;a un golpe que abre el significado.</p>
<p>- Veamos otros &uacute;ltimos versos: &ldquo;caer&aacute;s como una piedra&rdquo;; &ldquo;muere sin m&aacute;s&rdquo;; &ldquo;en la arena&rdquo;, &ldquo;lo que se pierde&rdquo;; &ldquo;cuando yo no estaba&rdquo;&hellip;</p>
<p>- [calla]</p>
<p>- Uno no sabe siempre lo que ha puesto.</p>
<p>- No, yo s&iacute; s&eacute; lo que yo he puesto (sonr&iacute;e), pero en ese momento no supe por qu&eacute; lo pon&iacute;a. Por qu&eacute; ah&iacute;, por qu&eacute; esas palabras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Reflexionas en torno a las palabras y la conclusi&oacute;n es el silencio&rdquo;</strong></p>
<p>- &ldquo;Una palabra no es sino traducci&oacute;n&rdquo;, dijo en su &lsquo;Libro de horas&rsquo; -<em>Abierto como una concha</em>&hellip; (1978)-.</p>
<p>- Reflexionas en torno a las palabras y la conclusi&oacute;n es el silencio. &ldquo;Todos los idiomas callan lo mismo&rdquo;. Acabas teniendo una idea <em>un poco</em> m&aacute;s definida. No deja de ser vaga. &iquest;Te ayuda a conocerte? Supongo.</p>
<p>- A su traductor al espa&ntilde;ol, Fernando Garc&iacute;a de la Banda, le confes&oacute; no saber siempre lo que quiso decir con una determinada expresi&oacute;n.</p>
<p>- Es que si lo supiera igual no era poes&iacute;a.</p>
<p>- Y le pide que se aleje del original, como usted mismo hace cuando colabora con artistas pl&aacute;sticos: ni usted describe la obra de ellos, ni ellos ilustran sus versos.</p>
<p>- [Asiente]</p>
<p>- Vallejo y Kouwenaar est&aacute;n entre sus favoritos.</p>
<p>- Hay muchos. Montale&hellip; Es la poes&iacute;a que no se entiende pero se percibe.</p>
<p>- Antes dijo que un japon&eacute;s no entiende peor a Patinir por que se le escape el significado occidental de un detalle.</p>
<p>- Es que una idea no tiene por qu&eacute; expresar entendimiento. Una idea puede ser una sugerencia. Yo lo que digo, a prop&oacute;sito de Vallejo y de Kouwenaar, es que entiendo lo que dicen sin estar envenenado por la interpretaci&oacute;n. Digo que, en pintura, la parte iconogr&aacute;fica no siempre es deseable. Conduce a saber demasiado. La escasez de conocimientos desata la imaginaci&oacute;n. &iquest;Que, en <em>La dama y el unicornio</em> de Cluny, en Par&iacute;s, el unicornio es la muerte? &iquest;Y? &iquest;Que fuera del marco esperan una cazadores con sus flechas? Pues igual disfrutar&iacute;a m&aacute;s sin saberlo. En ese tipo de im&aacute;genes, a partir de un cierto punto, no hay misterio que resolver. &iexcl;Qu&eacute; obsesi&oacute;n, con entender las cosas! Tambi&eacute;n lo digo: prefiero a Barthes, incapaz de explicar por qu&eacute; le gusta Schumann.</p>
<p>-Tampoco ha acertado a resolver el misterio de <em>El jard&iacute;n de las Delicias</em>. Y eso que lleva toda la vida mir&aacute;ndolo.</p>
<p>- Creo que respondo con Harry Mulisch: &ldquo;Lo mejor es acrecentar el misterio&rdquo;.</p>
<p>- Los poemas de <em>Ojo de monje</em> le visitaron con misterio.</p>
<p>- Me rompieron los planes. Yo pensaba hacer otras cosas. Nada me daba vueltas en la cabeza.</p>
<p>- Fue un hachazo.</p>
<p>- Algo as&iacute;. Me tuve que poner a ello. Yo estaba en un peque&ntilde;o hotel al norte de Holanda, en una isla de ochocientas personas, a dos horas de la costa. Schiermonnikoog. Y no ten&iacute;a ganas de escribir. Fui pensando en descansar. Hac&iacute;a malo. All&iacute; residen peque&ntilde;as comunidades que han vivido, durante siglos, de las ballenas. Es un sitio fant&aacute;stico para ver una vez. Igual en verano el clima es agradable&hellip; Este a&ntilde;o hubo temperaturas como las de Menorca, incre&iacute;ble. Pero en diciembre el fr&iacute;o es crudo.</p>
<p>- &iquest;Por qu&eacute; el &uacute;ltimo verso del libro no tiene punto? Es el &uacute;nico. &iquest;El mar no tiene punto final?</p>
<p>- Exactamente. El mar contin&uacute;a sin puntos.</p>
<p>- Y en el mar situamos lo que sea: muerte, memoria, arte, amor...</p>
<p>-... el mismo mar. La naturaleza es mar. Usted es el primero que ha visto esto. En un pa&iacute;s estropearon el poema a&ntilde;adiendo un punto. &iexcl;Pensaron que se me hab&iacute;a olvidado!. Lo v&iacute; cuando estaba en la calle. Y eso que trabajo estrechamente con los traductores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Los momentos en que leo y escribo poes&iacute;a son de plenitud&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;La poes&iacute;a es una forma de pisar la realidad desde fuera de ella?</p>
<p>- Es de relativa normalidad sentir eso. Dif&iacute;cil de expresar ante el com&uacute;n, como el s&iacute;ndrome de Stendhal, pero pasa. Sin salir de m&iacute; no concibo la experiencia est&eacute;tica.</p>
<p>- Y eso le conecta al ser.</p>
<p>- Dir&iacute;a que s&iacute;. Son preguntas muy graves, resbaladizas. Para m&iacute; los momentos en que leo y escribo poes&iacute;a son de plenitud, en los que todo <em>coincide</em>. Momentos de <em>unidad</em>. En los que la experiencia interna se estira y parece no encontrar l&iacute;mite. Quisiera que en mis poemas se percibiera esa sensaci&oacute;n. A veces tienes una y, en el momento, se escapa. Grandes poetas con vida larga: &iquest;cu&aacute;nta obra han dejado? No tanta. No es sencillo exprimir el estilo.</p>
<p>&ldquo;El centro del mundo est&aacute; en todas partes al mismo tiempo, pero en el lugar en que est&aacute;s temporalmente s&oacute;lo existe ese lugar&rdquo;. Lo dijo en &lsquo;El buda tras la empalizada&rsquo; &ndash;<em>Mokusei</em>, 1982-. &ldquo;Los fen&oacute;menos m&aacute;s peque&ntilde;os del mundo reflejan la totalidad&rdquo;. Lo dijo en <em>El desv&iacute;o a Santiago</em> (1992). &ldquo;&iquest;Y si de pronto / abandon&aacute;ramos nuestro yo?&rdquo;. <em>As&iacute; pudo ser</em> (1999). Casi al mismo tiempo que su primera novela, Nooteboom public&oacute; los primeros poemas. 1956. Probablemente en la poes&iacute;a se forme &ldquo;una isla de silencio y significado&rdquo; equivalente a la que &eacute;l ve en la zona inferior del panel izquierdo de <em>El jard&iacute;n de las delicias</em>, donde Ad&aacute;n y Eva descansan junto a Cristo, ajenos al ruido de la muchedumbre. Probablemente la poes&iacute;a sea una celda. Un ojo. &ldquo;Encontr&eacute; a mi madre / pero ella no me vio&rdquo;. Probablemente un agujero negro, &ldquo;materia amontonada tan densamente en alg&uacute;n lugar del cosmos&rdquo; del que Nooteboom no puede ya escapar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Ha llegado el tiempo de los libros raros&rdquo;</strong></p>
<p>- <em>Ojo de monje</em> me parece un libro sobre fantasmas y sobre el entendimiento de la realidad. Pero tambi&eacute;n sobre la propia poes&iacute;a.</p>
<p>- Eso s&iacute;. Es importante para m&iacute;. Por eso cuando le&iacute; a Winterson, que escribe libros raros, revisit&eacute; <em>Una canci&oacute;n del ser y la apariencia</em>. Creo que ha llegado el tiempo de los libros raros. Es algo bueno. Hay gente empecinada contra lo moderno. Llevamos mucho anclados en el XIX. Igual ahora que se lee menos logramos que se lea, si no mejor, s&iacute; libros que respondan a la mentalidad de nuestro tiempo, que lo fue de buena parte del XX y que es, sin duda, la del XXI.</p>
<p>- Esa es una motivaci&oacute;n que siempre ha acompa&ntilde;ado a su exigencia. La novela, el g&eacute;nero m&aacute;s estabulado, en su caso tampoco es com&uacute;n: <em>Philip y los otros</em>, <em>El caballero ha muerto</em> (1963), <em>Rituales</em> (1980), <em>Una canci&oacute;n del ser</em>&hellip;, <em>El d&iacute;a de todas las almas...</em></p>
<p>- A m&iacute; la escritura com&uacute;n nunca me ha interesado. Ni como lector ni como escritor. Hay gente sentenciosa que intenta, mediante la claridad, adquirir un poso cl&aacute;sico. Ese es un error. Lo hemos visto hablando de Proust. Esa gente habla desde las traducciones que maneja. El estilo pasa y la obra queda. Hay que intentar hacer una gran obra sin portazgos. No es un programa que yo me autoimponga. Es que debe ser as&iacute;. Si no, no hay obra. Hace poco, le&iacute; en Babelia que con el cierre de las f&aacute;bricas llegaba el momento de una literatura sociol&oacute;gica. &iquest;? Yo no lo veo. Ocurrir&aacute;. Sin duda. Alguien har&aacute; eso como tantos hacen tantas cosas. Igual al mercado le conviene durante un espacio no largo de tiempo. Y al lector vago. Pero ah&iacute; no est&aacute; lo interesante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;La literatura no est&aacute; en cualquier parte y no es una se&ntilde;al de tr&aacute;fico&rdquo;</p>
<p>- Hay que experimentar.</p>
<p>- Eso siempre. Si no, &iquest;a qu&eacute; te dedicas?: &iquest;a poner tornillos? Poner tornillos es algo necesario, y que ya hacen las m&aacute;quinas, pero que no tiene que ver con la escritura.</p>
<p>- Con la escritura literaria.</p>
<p>- Ah&iacute; est&aacute; el problema: la gente quiere escritura no literaria. Si el autor eleva un poco el nivel, la encuentran afectada o aburrida. La escritura est&aacute; en cualquier parte: en una se&ntilde;al de tr&aacute;fico. La literatura no est&aacute; en cualquier parte y no es una se&ntilde;al de tr&aacute;fico. <em>Una canci&oacute;n del ser y la apariencia</em> no la escrib&iacute; del todo consciente, como un estudio o un ensayo. Han dicho que es novela. Bien. Como lleg&oacute; la present&eacute;. Creo que el secreto de lo que hago est&aacute; en que no me importa c&oacute;mo se presente, que normalmente no se ajusta a la forma instituida.</p>
<p>-Yo digo que a m&iacute; lo entretenido me aburre.</p>
<p>- A m&iacute; tambi&eacute;n me pasa. Tampoco trabajo en un laboratorio, no me considero experimental, pero es dif&iacute;cil que, en lo que hago, no se mezclen dos o tres g&eacute;neros siempre. Me parece lo normal. En Holanda ese libro tuvo peor acogida por no ser realista. Winterson escribe sobre libros que no tienen <em>plot</em> [trama]. Eso me atrae y me concierne. <em>Orlando</em>, de Virginia Woolf, persiste a trav&eacute;s de los siglos, mientras un mont&oacute;n de libros con un <em>plot</em> fabuloso, incluso buenos, desaparecen. Woolf sigue. Proust sigue. Y hablo de autores realistas en cierto modo. Pero se salen del carril. Proust pone ante el lector escenas humanas, nada m&aacute;s. No hay <em>plot</em>. El &uacute;nico <em>plot</em>, si acaso, es su propia vida. A m&iacute; el <em>plot</em> no me interesa.</p>
<p>- A m&iacute; tampoco. Y, como lector, lo agradezco en sus libros. La trama puedo verla cada noche en televisi&oacute;n.</p>
<p>- La trama da&ntilde;a. Si cogemos un libro es para alejarnos de la televisi&oacute;n. Quiero apartar lo razonable dentro de los par&aacute;metros sociales, tan severos. <em>533 d&iacute;as</em> y <em>Ojo de monje</em> no han recibido cr&iacute;ticas ni en Holanda ni en Espa&ntilde;a &ndash;salvo un apunte de Alberto Manguel-. Los periodistas repiten que soy traducido en todo el mundo, pero hay que saber tambi&eacute;n lo que acabo de decir: ni una cr&iacute;tica: ser traducido no equivale a tener repercusi&oacute;n. Para compensar, en Italia ha habido decenas de rese&ntilde;as. Cosa que tampoco me explico. All&iacute; fui aceptado tard&iacute;amente. &iquest;Los italianos conectan conmigo? Ni siquiera hablo italiano. Cuando voy all&iacute; lo comprendo todo, pero cuando tengo que hablar, me sale el espa&ntilde;ol. En Alemania tambi&eacute;n est&aacute; publicado todo y hay reacciones. Son pa&iacute;ses muy distintos Alemania e Italia. Acepto que no vendo mucho, qu&eacute; m&aacute;s da. Hago lo que siento que debo hacer. De <em>Una canci&oacute;n del ser y la apariencia</em> hay seis ediciones en Italia, en Espa&ntilde;a s&oacute;lo una, dos pa&iacute;ses de cuya base poblacional cabr&iacute;a esperar una actuaci&oacute;n parecida. Los ingleses prefieren los libros de viajes y <em>Rituales</em> y <em>La historia siguiente</em>. No les interesa <em>El d&iacute;a de todas las almas</em>. La recepci&oacute;n es muy distinta, seg&uacute;n el pa&iacute;s. No hay quien entienda nada. Hablo de recepci&oacute;n, las ventas me da igual. Escribir es otra cosa.</p>
<p>- Y escribir es posible sin moverse desde el sof&aacute;. En <em>El Bosco</em> refiere que Jer&oacute;nimo Bosch pint&oacute; unos pe&ntilde;ascos que nunca vio porque no exist&iacute;an y porque nunca viaj&oacute;. Si un escritor no crea, qu&eacute; podemos esperar de &eacute;l.</p>
<p>- En una ocasi&oacute;n invent&eacute; una historia y a&ntilde;ad&iacute; unos datos sobre Bulgaria tomados de una gu&iacute;a. Alguien me pregunt&oacute; cu&aacute;nto estuve en el pa&iacute;s. &ldquo;Nunca he estado&rdquo;. &ldquo;Y, entonces, &iquest;c&oacute;mo es posible ese libro?&rdquo;. Hombre, porque hay que saber escribir. &ldquo;Usted no me ha preguntado si estuve en el siglo anterior o si pis&eacute; las calles de Roma, y tambi&eacute;n he escrito de eso&rdquo;.</p>
<p>- Unas preguntas breves para terminar. Vuelvo a la poes&iacute;a: &iquest;qu&eacute; opina del coloquialismo?</p>
<p>- Todo es posible [gira la cabeza].</p>
<p>- &iquest;Cabe la iron&iacute;a?</p>
<p>- Puede. Puntualmente. La poes&iacute;a solamente ir&oacute;nica es para diarios.</p>
<p>- &iquest;Y la sentencia?</p>
<p>- Con mesura. La excusa de los sentenciosos &ndash;cuanto m&aacute;s lo son, m&aacute;s van de humildes- es que las sentencias que profieren, en realidad, se las dicen a s&iacute; mismos.</p>
<p>- &iquest;Toda poes&iacute;a debe tener un punto de hermetismo?</p>
<p>- Para m&iacute;, s&iacute;. Pero la poes&iacute;a es de todo el mundo. Lo que a m&iacute; me interesa es que usted ha le&iacute;do mis poemas en holand&eacute;s y en espa&ntilde;ol.</p>
<p>- Si la poes&iacute;a es una experiencia est&eacute;tica, &iquest;se acerca m&aacute;s al arte que a la filosof&iacute;a?</p>
<p>- Para m&iacute; lo mejor ser&iacute;a hablar de una mezcla. Las dos disciplinas est&aacute;n presentes. Hay que tener im&aacute;genes y pistas.</p>
<p>- &iquest;Se siente m&aacute;s que se comprende?</p>
<p>- No soy te&oacute;rico. Yo hago lo que puedo y luego descubro que hay gente como usted que me pide respuestas que no est&aacute;n a mi alcance.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 11 Mar 2020 07:07:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Marta Sanz: "No hay que tener miedo a los cambios"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/marta-sanz-no-hay-que-tener-miedo-a-los-cambios/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2020/marta600.jpg" alt="" /></p>
<p class="normal">Marta Sanz es capaz de hablar de su propia escritura desde una posici&oacute;n te&oacute;rica, como si ejerciera de cr&iacute;tica literaria de s&iacute; misma. Su capacidad de autoexploraci&oacute;n, de autoconocimiento, es sorprendente y no habitual. En ella se percibe un don especial para leer a los dem&aacute;s y para leerse en el m&aacute;s amplio sentido. Nada escapa a la mirada de esta mujer de constituci&oacute;n liviana, vivaz, cercana, feminista y de izquierdas. La fragilidad de su apariencia f&iacute;sica contrasta con la solidez de sus convicciones. La realidad se cuela por la ventana de su habitaci&oacute;n propia cada d&iacute;a. En un retrato apresurado no puede faltar la menci&oacute;n a un sentido de la colectividad muy acusado, a una imperiosa necesidad de apresar con el lenguaje los movimientos del presente.</p>
<p class="normal">Lentamente, sin hacer grandes aspavientos, pero con paso perseverante, seguro, Sanz (Madrid, 1967) ha ido levantando una obra capaz de contar historias muy diferentes entre s&iacute;, pero que entablan intensos di&aacute;logos y comparten coordenadas. La poes&iacute;a, el ensayo y la narrativa confluyen en una trayectoria f&eacute;rtil donde asoman t&iacute;tulos como <em>La lecci&oacute;n de anatom&iacute;a</em>, <em>Daniela Astor y la caja negra</em>, <em>Far&aacute;ndula</em> y <em>Clav&iacute;cula</em>, entre otros. Su &uacute;ltima publicaci&oacute;n hasta el momento es <em>Monstruas y centauras</em>, un ensayo donde reflexiona sobre cuestiones cercanas a la &uacute;ltima oleada feminista, la surgida en torno al <em>Me too</em>. Y est&aacute; a punto de llegar a las librer&iacute;as una nueva novela, <em>Peque&ntilde;as mujeres rojas</em>, en cuyas p&aacute;ginas entra el discurso retr&oacute;grado de la ultraderecha sobre las mujeres y la memoria hist&oacute;rica. Marta Sanz no necesita tomar una larga distancia para contar lo que quiere contar. Su literatura corre en paralelo a lo que observa, a lo que vive, a lo que intuye que se avecina.</p>
<p class="normal">Cuando se le plantea si para ella la escritura es una necesidad la respuesta es un s&iacute; rotundo. &ldquo;Yo no s&eacute; lo que es la p&aacute;gina en blanco y tengo unas ganas constantes de contar cosas. Esto probablemente es as&iacute; porque siempre tengo las ventanas abiertas; porque siempre miro hacia el patio de luces; porque siempre observo dentro y fuera y quiero establecer el v&iacute;nculo que une lo de dentro con lo de fuera&rdquo;, argumenta con pasi&oacute;n. &ldquo;Probablemente es as&iacute; porque siempre estoy d&aacute;ndole vueltas a los libros que ya escrib&iacute; y a c&oacute;mo se me han quedado hilos pendientes de los que tirar, tramas tangenciales que hacen que unos puedan dialogar con los otros&rdquo;, prosigue.</p>
<p class="normal">La inquietud permanente define a la escritora. Perfeccionista y meticulosa, disfruta buscando diferentes maneras de narrar, experimentando con el estilo una y otra vez. Cuesta entender c&oacute;mo esta mujer encuentra el tiempo para sumergirse en la escritura entre sus m&uacute;ltiples ocupaciones: talleres en la Escuela de Escritores de Madrid; colaboraciones de prensa; asistencia a clubes de lectura y a institutos; giras promocionales... En m&aacute;s de una ocasi&oacute;n ha confesado sentirse una trabajadora aut&oacute;noma sobreexplotada por las condiciones de precariedad de la cultura. Lo asume y dice estar encantada con todos los trabajos asociados a su oficio que le permiten desarrollarlo y que son s&iacute;ntoma de la aceptaci&oacute;n de su papel en la comunidad. No le resulta f&aacute;cil encontrar los espacios para sentarse a escribir, lo reconoce. Pero lo consigue. Sus publicaciones son la mejor prueba de que lo hace.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Siempre he tenido muy claro que si quer&iacute;a desarrollar una obra literaria necesitaba persistencia, disciplina y much&iacute;sima voluntad&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">Por eso me atrevo a preguntarle cu&aacute;ntas horas duerme, pensando que tal vez ah&iacute; est&eacute; el secreto. He aqu&iacute; su respuesta: &ldquo;Procuro dormir siete y debo decir que padezco de insomnio. Pero esos insomnios no los utilizo para escribir, los utilizo para procurar relajarme, porque soy muy consciente de que el cuerpo y la mente deben descansar. &iquest;Secretos? Tengo la suerte de ser una mujer a la que el tiempo le cunde much&iacute;simo. Debe ser que un hada madrina me ha dado ese don con su varita m&aacute;gica. Y lo m&aacute;s importante: Siempre he tenido muy claro que si quer&iacute;a desarrollar una obra literaria necesitaba persistencia, disciplina y much&iacute;sima voluntad&rdquo;.</p>
<p class="normal"><strong>- </strong>&iquest;D&oacute;nde surgi&oacute; esa energ&iacute;a, ese tes&oacute;n, tal vez en la infancia? En <em>La</em> <em>lecci&oacute;n de anatom&iacute;a</em> asoman las distintas edades de Marta Sanz. Se ve a la ni&ntilde;a, a la joven, a la mujer madura. &iquest;C&oacute;mo eras de ni&ntilde;a? &iquest;C&oacute;mo te recuerdas? En la novela hablas de los cines de verano, a los que ibas con tu t&iacute;a, de profesoras castrantes...</p>
<p class="normal">- Bueno, pues te puedo contar, como an&eacute;cdota curiosa, que un amigo de mis padres, Alfredo Castell&oacute;n, que fue realizador de televisi&oacute;n y tambi&eacute;n escrib&iacute;a cuentos, cuando me conoci&oacute; de peque&ntilde;a, les dijo a mis padres: &ldquo;esta ni&ntilde;a est&aacute; endemoniada&rdquo; (risas). Lo dijo con cari&ntilde;o, refiri&eacute;ndose a ese nervio o esa manera de ver las cosas que no era com&uacute;n en alguien de mi edad. Siempre fui una ni&ntilde;a bastante precoz y esto ten&iacute;a que ver con mis padres. Ambos, tanto &eacute;l como ella, eran dos personas involucradas en todo lo que tiene que ver con la cultura y con la pol&iacute;tica. Los dos eran muy buenos lectores y ten&iacute;an un car&aacute;cter muy festivo. Yo viv&iacute; en una casa en la que las puertas estaban abiertas para todo el mundo, en la que entraba y sal&iacute;a mucha gente. Ten&iacute;a la suerte de estar en contacto con muchos adultos curiosos y divertidos. Y creo que eso me marc&oacute; de dos maneras diferentes. Por una parte me hizo ser permeable a todo ello sin darme cuenta y por la otra me despert&oacute; una cierta agresividad, porque lo que yo quer&iacute;a era ser normal. Quer&iacute;a ser una ni&ntilde;a completamente normal.</p>
<p class="normal"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Soy la mujer que soy porque me form&eacute; en la escuela p&uacute;blica&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- En tus libros m&aacute;s biogr&aacute;ficos haces referencia tambi&eacute;n a los cambios de ciudad, de residencia.</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Eso fue importante y tiene que ver con la sensaci&oacute;n de la que hablaba de sentirme diferente a los otros ni&ntilde;os y ni&ntilde;as y con un cierto desarraigo. Mis primeros a&ntilde;os los viv&iacute; en Madrid. A los tres a&ntilde;os y medio, cuatro, nos fuimos a Benidorm y en mi adolescencia regresamos a Madrid. Ese desarraigo est&aacute; muy presente, pero tambi&eacute;n hay otras cosas muy positivas, como el haber asistido a la escuela p&uacute;blica. Es una circunstancia a la que estoy muy agradecida. Creo que soy la mujer que soy porque me form&eacute; ah&iacute;, sin ning&uacute;n tipo de privilegio, dentro de esa especie de buena median&iacute;a que se busca en las escuelas p&uacute;blicas.</p>
<p class="normal">- Hablas de la singularidad de tus padres. &iquest;A qu&eacute; se dedicaban?</p>
<p class="normal">- Mi padre empez&oacute; su vida laboral como soci&oacute;logo urbanista. Luego se ha dedicado casi toda su vida a la pol&iacute;tica, como diputado en la Asamblea de Madrid por Izquierda Unida. Pero su condici&oacute;n de soci&oacute;logo fue lo que nos llev&oacute; a Benidorm. De hecho nos trasladamos all&iacute; de la mano de otro soci&oacute;logo muy famoso, Mario Gaviria, que acaba de morir. Fue justo en la &eacute;poca en que la ciudad estaba creciendo a marchas forzadas y se necesitaban estudios para regular su estructura, su ret&iacute;cula. Lo que ocurri&oacute; es que fuimos all&iacute; pensando que mi padre iba a hacer un trabajo de tres meses y el trabajo se prolong&oacute; ocho o nueve a&ntilde;os. Fue un cambio de vida radical. En cuanto a mi madre, era ATS y asistenta social y form&oacute; parte de la primera promoci&oacute;n de fisioterapeutas en Espa&ntilde;a. A lo mejor por eso, por su influencia, yo tengo esa conciencia del cuerpo tan grande y he escrito tanto sobre ello. Mi madre renunci&oacute; a su carrera, en la que le iba maravillosamente bien, para que nos fu&eacute;ramos juntos a Benidorm, para criarme a m&iacute; y para estar con mi padre. Y yo creo que esa renuncia tambi&eacute;n marc&oacute; mi manera de interpretar la vida y las relaciones. De alguna forma eso tambi&eacute;n se ha quedado dentro de m&iacute;.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Siempre tuve la sensaci&oacute;n de vivir en comunidad&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Supongo que la condici&oacute;n de hija &uacute;nica tambi&eacute;n ha sido decisiva.</p>
<p class="normal">- S&iacute;, pero una hija &uacute;nica bastante peculiar, porque, como te dec&iacute;a antes, mi casa siempre estaba llena de gente. Y no solo adultos, tambi&eacute;n hab&iacute;a ni&ntilde;os, primos, primas. Yo soy la mayor de todos los menores de mi familia. Por eso no tengo la impresi&oacute;n de ser una ni&ntilde;a solitaria, sin amistades. Y en la escuela siempre me integr&eacute; muy bien y ten&iacute;a muchas amigas. No he tenido el s&iacute;ndrome, si es que eso existe, de la hija &uacute;nica, y del mismo modo tampoco he echado nunca de menos hermanos y hermanas, porque siempre tuve la sensaci&oacute;n de vivir en comunidad.</p>
<p class="normal">- &iquest;Ten&iacute;as una leonera donde refugiarte, como la protagonista de <em>Daniela Astor y la caja negra</em>?</p>
<p class="normal">- S&iacute;, ten&iacute;a una leonera donde refugiarme, pero fue antes de ir a Benidorm. Era en la &eacute;poca en la que viv&iacute;amos a&uacute;n en Madrid y en la que mi madre iba a tratar, como cuento en <em>La lecci&oacute;n de anatom&iacute;a</em>, a ni&ntilde;os y ni&ntilde;as con par&aacute;lisis cerebral y otro tipo de enfermedades. Me dejaba al cuidado de mi abuela paterna en una casa de la que guardo recuerdos magn&iacute;ficos. Estaba en la calle de Gutenberg, en la zona de la Avenida Ciudad de Barcelona, y ten&iacute;a un balc&oacute;n donde me recuerdo corriendo. Entonces ten&iacute;a la sensaci&oacute;n de que el balc&oacute;n era inmenso, pero para nada... Lo que pasa es que yo era muy peque&ntilde;a. En ese piso hab&iacute;a una habitaci&oacute;n donde mi abuela me dejaba jugar y tirar todos los juguetes al suelo. Me dec&iacute;a: &ldquo;<em>al&aacute;, ya est&aacute;s en la leonera</em>&rdquo; y eso era maravilloso.</p>
<p class="normal"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Fui una ni&ntilde;a curiosa. Para m&iacute; escribir fue una forma de jugar&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;Tambi&eacute;n fuiste precoz literariamente? &iquest;Empezaste a escribir pronto?</p>
<p class="normal">- No. Fui una ni&ntilde;a curiosa. Me gustaba bailar, dibujar y escrib&iacute;a para divertirme. Ten&iacute;a conciencia, probablemente, de que manejaba el lenguaje mejor que otras ni&ntilde;as de mi edad, pero, como cuento en <em>La lecci&oacute;n de anatom&iacute;a</em>, lo que yo quer&iacute;a era ser cajera de supermercado, ladrona, bailarina... De peque&ntilde;a jugaba con las palabras, me gustaba su sonido, entend&iacute;a lo que es su sentido l&uacute;dico y memorizaba para los ex&aacute;menes escribiendo determinados temas. Es verdad que mi madre tiene poemas guardados m&iacute;os muy tempranos, pero creo que eran una forma de practicar la escritura casi mim&eacute;tica, imitando lo que ve&iacute;a en mi casa. Mi padre ten&iacute;a cuadernitos Moleskine donde tomaba sus notas (siempre ha escrito sus poemas y le gustaba pintar cuadros). Y mi madre le&iacute;a mucho y comentaba las lecturas. En Benidorm los dos formaban parte de un club de teatro amateur. Como te dec&iacute;a era una casa culturalmente muy viva y yo intentaba reflejar todo eso en lo que hac&iacute;a. Para m&iacute; escribir era una forma de jugar. Recuerdo poemas que se titulaban <em>Valentina tienes nombre de traidora</em> y cosas mucho peores... Y tambi&eacute;n que me encantaban las redacciones del colegio. No me sent&iacute;a nada castigada cuando llegaba el mes de septiembre y nos dec&iacute;an que escribi&eacute;ramos un texto sobre las vacaciones. Eso me parec&iacute;a lo mejor del mundo. Ya en la &eacute;poca del instituto no hab&iacute;a cosa que me hiciera m&aacute;s feliz que hacer un comentario de texto y a poder ser de un texto barroco, abigarrado, del que yo pudiera sacar todas las figuras ret&oacute;ricas como quien disecciona un cuerpo y ve el h&iacute;gado. Fue justo despu&eacute;s, con las primeras relaciones sentimentales, cuando empezaron los poemas amorosos. Pero la idea de convertirme en escritora fue algo muy posterior. Y para eso fue muy importante el paso por la Escuela de Letras de Madrid, que se produjo cuando acababa de finalizar la carrera de Filolog&iacute;a. Hasta entonces era una lectora y no escrib&iacute;a mucho m&aacute;s all&aacute; de esos t&iacute;picos y malditos poemas de amor para purgar lo que ahora se llaman las relaciones t&oacute;xicas.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;En la Escuela de Letras empec&eacute; a forjar mi sentido cr&iacute;tico hacia los textos&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">-&nbsp; Recordemos un poco esa etapa en la Escuela de Letras.</p>
<p class="normal">- Fue all&iacute; donde tom&eacute; verdadera conciencia de que escribir no es escribir bonito, de que las cosas que sistem&aacute;ticamente a m&iacute; me hab&iacute;an gustado conectaban con una especie de conciencia kitsch de lo que puede ser la literatura o el arte. Ah&iacute; fue donde creo que empec&eacute; a forjar mi sentido cr&iacute;tico hacia los textos de los dem&aacute;s y hacia mis propios textos.</p>
<p class="normal">-&nbsp; &iquest;Con qui&eacute;nes te encontraste, qu&eacute; profesores o compa&ntilde;eros te influyeron especialmente?</p>
<p class="normal">- Bueno, fui muy privilegiada porque llegu&eacute; en los inicios, justo el primer a&ntilde;o en el que se mont&oacute; la Escuela de Letras en Madrid, en una &eacute;poca en la que no hab&iacute;a pr&aacute;cticamente este tipo de centros en Espa&ntilde;a. Ahora levantas una piedra y hay 525. Pero aquella fue la primera, o de las primeras, y tuve la suerte de formar parte de un grupo de gente muy heterog&eacute;neo. Hab&iacute;a personas muy j&oacute;venes y otras de m&aacute;s de 60 a&ntilde;os. Hab&iacute;a gente con formaci&oacute;n literaria y otra sin formaci&oacute;n. Hombres y mujeres de Madrid, de Canarias, de todas partes. Era una oportunidad &uacute;nica. Nosotros est&aacute;bamos experimentando, pero los profesores tambi&eacute;n. Para ellos era igualmente su primera vez. En el grupo fundacional estaban el escritor Alejandro G&aacute;ndara, Juan Carlos Su&ntilde;&eacute;n, que era poeta, y Constantino B&eacute;rtolo, que ejerc&iacute;a como editor. Eran los tres socios fundadores. Y luego hab&iacute;a profesores invitados que ven&iacute;an a darnos lecciones sobre diferentes temas. Juan Jos&eacute; Mill&aacute;s daba cursos de relato breve; Jos&eacute; Mar&iacute;a Guelbenzu hablaba de poes&iacute;a y tambi&eacute;n nos daba clases Rosa Montero. Los viernes ten&iacute;amos invitados que impart&iacute;an una especie de conferencia magistral. Normalmente eran escritores y escritoras muy esc&eacute;pticos respecto a las posibilidades de aprender a escribir. No puedo olvidar a &Aacute;lvaro Pombo, que nos ech&oacute; una diatriba cr&iacute;tica tan terrible que nos dieron a todos ganas de desmatricularnos en ese mismo instante. Y tampoco la suerte de asistir a una conversaci&oacute;n entre Juan Benet y Garc&iacute;a Hortelano, que fue todo un lujo. Entre los momentos m&aacute;s destacables, recuerdo una charla sobre poes&iacute;a de Clara Jan&eacute;s. Nos dej&oacute; a todos hipnotizados, en trance. Por ella como poeta, por su personalidad y su manera de leer, y tambi&eacute;n porque nos habl&oacute; de poetas de los que no ten&iacute;amos ni idea. Nos abri&oacute; un mundo nuevo y salimos todos de la sala como en estado de semi levitaci&oacute;n. La Escuela de Letras fue una experiencia muy bonita. No solamente eran las clases, era lo que hab&iacute;a fuera de las clases. Lo que habl&aacute;bamos cuando nos tom&aacute;bamos el caf&eacute; de antes de empezar o la cerveza cuando sal&iacute;amos; las fiestas a las que &iacute;bamos, las discusiones, los v&iacute;nculos que se establecieron. Fue una &eacute;poca absolutamente maravillosa de mi vida, en la que aprend&iacute; much&iacute;simo y por la que nunca dejar&eacute; de estar agradecida tanto a los compa&ntilde;eros de la escuela como a los docentes.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Es muy dif&iacute;cil encontrar a un editor que se implique realmente con el texto&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;Tras la experiencia viste claro que quer&iacute;as dedicarte a la escritura?</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Y tambi&eacute;n reconozco que me lo pusieron muy f&aacute;cil. Tras los dos primeros a&ntilde;os de docencia, m&aacute;s o menos convencionales, el tercer a&ntilde;o en la Escuela de Letras era el a&ntilde;o de proyectos. Y en ese a&ntilde;o yo empec&eacute; a escribir una novela de desamor, muy vinculada con mi experiencia personal, que se titulaba <em>El fr&iacute;o</em>. Mi tutor era Constantino B&eacute;rtolo y mientras iba leyendo me dijo que me la iba a publicar en una colecci&oacute;n de nuevos narradores en Debate, lo que luego pas&oacute; a ser Caballo de Troya. Tuve la inmensa suerte de estar escribiendo un libro que sab&iacute;a que iba a ser publicado y eso marc&oacute; para m&iacute; una relaci&oacute;n muy especial con Constantino B&eacute;rtolo, que era al mismo tiempo mi editor y mi profesor. Es algo muy raro y en mi aprendizaje del oficio de escribir fue estupendo, aunque posteriormente tuvo su contrapartida. Siempre fui buscando ese tipo de conexi&oacute;n y es muy dif&iacute;cil encontrar a un editor que se implique realmente con el texto, m&aacute;s all&aacute; de decirte si encaja o no con su l&iacute;nea editorial. Solamente lo recuper&eacute; al aterrizar en Anagrama, cuando conoc&iacute; a Jorge Herralde y ahora a Silvia Ses&eacute;, que es una mujer muy comprometida con los libros que publica.</p>
<p class="normal">- &iquest;C&oacute;mo surgi&oacute; <em>El fr&iacute;o</em>? &iquest;C&oacute;mo fue el proceso de escritura de esa primera novela?</p>
<p class="normal">- Pues al mismo tiempo muy emocional y muy intelectual. Por una parte <em>El fr&iacute;o</em> es un libro que sali&oacute; de lo m&aacute;s profundo de mi tripa, de la necesidad que ten&iacute;a de curarme de un amor muy desgraciado y poner orden en el dolor. Y, por otra parte, como alumna que era de la Escuela de Letras, estaba en un momento en el que tend&iacute;a a intelectualizar todo lo que ten&iacute;a que ver con los procesos constructivos de la literatura. Esa mezcla define este artefacto narrativo en el que una voz rebota en otra voz que es extremadamente distinta. Cuando alguien lee esta novela se da cuenta de que hay algo que puede emocionarle, algo muy aut&eacute;ntico, muy de verdad, pero que est&aacute; encerrado en una especie de caja, en una estructura narrativa muy s&oacute;lida, pensada milim&eacute;tricamente. M&aacute;s adelante, en otros libros, consigo que esa simbiosis que tiene que existir entre lo emocional y lo conceptual, se logre de una manera m&aacute;s org&aacute;nica, m&aacute;s natural.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Somos las propias mujeres las que tenemos el deseo de amar y ser amadas de una manera que algunas veces acaba con nuestra vida&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Aqu&iacute; hablas de un amor enfermizo, obsesivo, posesivo. El tema del amor vuelve a aparecer en<em> Amor fou,</em> que se puede entender como una prolongaci&oacute;n. Como si se te hubieran quedado muchas cosas sin decir, sin tratar, o como si tu propia evoluci&oacute;n te hubiese mostrado la otra cara del asunto. En realidad todos los libros de Marta Sanz se combinan unos con otros, por parejas, por tr&iacute;os.</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Yo creo que todos los libros que he escrito se comunican unos con otros y que en ese sentido podemos hablar de una especie de orfe&oacute;n donostiarra, o de donde sea. Pero s&iacute; creo que tienes toda la raz&oacute;n en que hay textos que dialogan m&aacute;s de t&uacute; a t&uacute; y en el caso de estas dos novelas es evidente. En <em>El fr&iacute;o</em> hab&iacute;a una especie de necesidad de reflejar esa idea vamp&iacute;rica y posesiva del amor. Es algo que tiene mucho que ver con el concepto rom&aacute;ntico del amor como sufrimiento; con el aprendizaje del amor a trav&eacute;s de las fuentes culturales, que visto desde una mirada ya m&aacute;s feminista ha resultado devastador para muchas mujeres. En esta novela se muestra que somos las propias mujeres las que tenemos el deseo de amar y ser amadas de una manera que algunas veces acaba con nuestra vida. Cuando la escrib&iacute;, en el a&ntilde;o 1995, ten&iacute;a esa intuici&oacute;n. Y lo que me parece m&aacute;s interesante de ella es que aprend&iacute; algo esencial mientras la desarrollaba. Aprend&iacute; que la responsable de mis temores no ten&iacute;a nada que ver con el chico que me dej&oacute;, sino que era yo misma. Era yo la que estaba pidiendo y exigiendo esas ataduras y esa posesi&oacute;n enfermiza en la que hab&iacute;a sido educada.</p>
<p class="normal"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Las mujeres estamos deconstruyendo toda una antropolog&iacute;a de lo que tienen que ser las relaciones sentimentales, el amor, los cuidados. Y no es una tarea f&aacute;cil&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- <em>Amor fou</em> es todo lo contrario, la superaci&oacute;n de esa idea rom&aacute;ntica y la reivindicaci&oacute;n del amor basado en la complicidad y la igualdad de los dos miembros de la pareja.</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Podr&iacute;amos decir que en <em>Amor fou</em> hay un intento de dibujar lo que ser&iacute;a el buen amor, no el buen amor desde el punto de vista del Arcipreste de Hita, sino en el sentido del compa&ntilde;erismo, del entenderse, de ser capaces de forjar un proyecto de vida com&uacute;n, una relaci&oacute;n en la que t&uacute; de verdad te comprometas con el otro sin miedo, sabiendo que es alguien que te va a proteger sin invadirte. <em>El fr&iacute;o</em> y <em>Amor fou </em>son dos textos que dialogan en torno al amor, s&iacute;. Y tambi&eacute;n se puede incluir un poemario, <em>C&iacute;ngulo y estrella</em>. Es un cancionero donde lo que pretendo es desdecir los t&oacute;picos de esa ideolog&iacute;a amorosa que nos ha hecho tant&iacute;simo da&ntilde;o desde Petrarca. Se trata de contraponerla a una ideolog&iacute;a amorosa que tiene que ver con la cotidianidad: con el caf&eacute; que nos tomamos juntos, con hacer la compra, ver la televisi&oacute;n o leer juntos un p&aacute;rrafo de un libro... En fin, todas esas cosas anti rom&aacute;nticas. Todo esto tambi&eacute;n tiene que ver con el hecho de que las mujeres estamos deconstruyendo, por utilizar la palabra m&aacute;s pedante, pero probablemente la m&aacute;s exacta, toda una antropolog&iacute;a de lo que tienen que ser las relaciones sentimentales, el amor, los cuidados. Y no es una tarea f&aacute;cil. Ya he contado muchas veces que yo siempre quise ser la musa, la vampiresa, la mujer fatal. Ser colocada en un altar para que un hombre me adorara me pareci&oacute; durante un tiempo algo admirable, hasta que me di cuenta de que lo que ten&iacute;a que hacer era tomar las riendas de mi propia vida, convertirme en sujeto de mis propias narraciones.</p>
<p class="normal">- Bueno, aqu&iacute; hay algo que est&aacute; muy presente en tus libros, el hecho de que ha sido la mirada masculina la que ha forjado la imagen, la identidad y los deseos de la mujer durante much&iacute;simo tiempo.</p>
<p class="normal">- S&iacute;, por supuesto. Es algo que forma parte de nosotras y de lo que tenemos que ser conscientes, con inteligencia y sensibilidad. Hay una frase de Adrienne Rich que dice: &ldquo;es el lenguaje del opresor, pero lo necesito para hablarte&rdquo;. Pues s&iacute;, resulta que el lenguaje del opresor es mi lenguaje y forma parte de m&iacute;. Y ante esto lo que toca es tener la suficiente conciencia cr&iacute;tica para saber cu&aacute;les de esas miradas nos hacen mal y cu&aacute;les podemos rentabilizar y reconvertir, complement&aacute;ndolas con visiones que han sido silenciadas, obviadas y pisoteadas a lo largo del tiempo, evidentemente las de las mujeres, que han sido permanentemente extirpadas del canon, porque lo universal siempre fue lo masculino.</p>
<p class="normal">- Lo que resulta llamativo es que a d&iacute;a de hoy estas miradas siguen presentes en las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes. Por una parte est&aacute; la &uacute;ltima oleada del movimiento feminista, que es muy potente y esperanzadora, y por la otra, hay movimientos conservadores, de reacci&oacute;n al cambio, muy evidentes.</p>
<p class="normal">- Bueno, esto es verdad, pero yo quiero quedarme con el lado optimista. El hecho de que haya una reacci&oacute;n tan beligerante ante la &uacute;ltima ola feminista tiene que ver con el miedo a asumir cambios. Lo veo muchas veces cuando voy a dar charlas a institutos, por parte de mujeres y tambi&eacute;n de chavales j&oacute;venes, que sienten que les est&aacute;n quitando un lugar que les correspond&iacute;a por derecho. Ellos no se dan cuenta de que ese lugar es un privilegio hist&oacute;rico que ahora hay que cuestionar. En mi opini&oacute;n es de ah&iacute; de donde parten esas reacciones tan encendidas y tan beligerantes. Son un indicador de que verdaderamente la mirada feminista tiene la posibilidad de cerrar todas las brechas de desigualdad. Eso est&aacute; calando y hay gente que l&oacute;gicamente tiene miedo. Yo quiero verlo as&iacute;, aunque tambi&eacute;n s&eacute; que esa posici&oacute;n nos coloca a las mujeres feministas en el centro de una diana que es muy peligrosa.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;La violencia contra el cuerpo de las mujeres est&aacute; directamente relacionada con la violencia que se ejerce econ&oacute;micamente&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Las cifras de violencia de g&eacute;nero no son nada alentadoras, ni la aparici&oacute;n de partidos de extrema derecha absolutamente retr&oacute;grados.</p>
<p class="normal">- S&iacute;, pero, en cualquier caso, hay una cosa a la que me refiero en <em>Monstruas y centauras</em> y en la que me gusta insistir, que tiene mucho que ver con esa presencia constante del cuerpo en mi literatura. Creo que la violencia contra el cuerpo de las mujeres, que se puede ejercer desde un punto de vista sexual tanto dentro como fuera de la casa, y desde un punto de vista f&iacute;sico &ndash;te matan, te violan, te agreden&ndash; est&aacute; directamente relacionada con la violencia que se ejerce econ&oacute;micamente contra nuestro cuerpo. Cuando digo esto me estoy refiriendo a las cifras de paro, a la desigualdad, a los techos de cristal... Yo no entiendo una cosa sin la otra. Creo que los feminicidios son un s&iacute;ntoma cultural, un s&iacute;ntoma sociol&oacute;gico de esa violencia econ&oacute;mica que se ceba muy especialmente, y desde hace mucho tiempo, sobre el cuerpo de las mujeres. Si no lo entendemos as&iacute; creo que nos estaremos equivocando.</p>
<p class="normal">- Como colectivo, como sociedad, no hemos sido capaces de avanzar, de dar ese paso que hay entre <em>El fr&iacute;o</em> y <em>Amor fou</em>. La no superaci&oacute;n de esa idea de las relaciones como posesi&oacute;n, como dominio, es muy llamativa.</p>
<p class="normal">- No, no hemos sido capaces de avanzar, pero yo vuelvo a querer ser muy optimista, y pienso que el d&iacute;a en que las diferencias de las mujeres no sean desventajas, tanto en el espacio p&uacute;blico como en el privado, ese d&iacute;a ser&aacute; cuando las mujeres y los hombres podamos decidir hacer en el &aacute;mbito de nuestra intimidad lo que nos d&eacute; la gana, sin que nadie pueda interferir. Porque si no has partido de esas desventajas b&aacute;sicas, si no has asumido la sumisi&oacute;n hist&oacute;rica, s&iacute; que estar&aacute;s capacitada para decidir lo que te gusta, y esto lo digo porque en ocasiones al movimiento feminista se le acusa de inquisitorial, de puritano. No, no es puritanismo, no es inquisici&oacute;n. Se trata de que los m&uacute;ltiples g&eacute;neros seamos verdaderamente iguales y a partir de ah&iacute; decidamos si somos partidarias de la violencia en el sexo o si somos partidarias de la castidad o de que nos toquen una oreja. Pero todo ello en condiciones de igualdad.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;La literatura que me interesa es esa en que la inventiva literaria tiene que ver con c&oacute;mo se combinan las palabras, no solamente para iluminar la realidad sino para construirla&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Otros dos libros que dialogan en tu obra son <em>La Lecci&oacute;n de anatom&iacute;a</em> y <em>Clav&iacute;cula</em>. Ambos son libros con una gran cantidad de elementos autobiogr&aacute;ficos y ambos nos llevan a otro tema clave en la narrativa de Marta Sanz: el cuerpo y el dolor. Sueles decir que el cuerpo es un texto en el que quedan marcadas todas las cosas que vivimos.</p>
<p class="normal">- As&iacute; es. Parto de la reivindicaci&oacute;n de la palabra autobiograf&iacute;a frente a autoficci&oacute;n. El pacto que firmo con los lectores y lectoras no es un pacto con la verosimilitud. Es un pacto ambicioso que intenta iluminar la verdad, el conocimiento, a trav&eacute;s de las posibles combinaciones del lenguaje. La literatura que me interesa es esa en que la inventiva literaria tiene que ver con c&oacute;mo se combinan las palabras, no solamente para iluminar la realidad sino para construirla. Tanto en <em>La lecci&oacute;n de anatom&iacute;a</em> como en <em>Clav&iacute;cula</em> sucede esto y por eso los reivindico como libros autobiogr&aacute;ficos, no autoficcionales. En cuanto a la met&aacute;fora del cuerpo, me gusta mucho que establezcas ese t&aacute;ndem entre estos dos libros. En <em>La lecci&oacute;n de anatom&iacute;a</em> se activa esa comparaci&oacute;n de que el cuerpo es el texto en el que se quedan impresos los momentos de la vida, los vividos y los no vividos, porque las frustraciones tambi&eacute;n se pueden quedar grabadas en el cuerpo. Mientras que en <em>Clav&iacute;cula</em> lo que sucede es que el texto es el que funciona como un cuerpo roto. Ambas novelas son como el anverso y el reverso de la misma moneda.</p>
<p class="normal">- El punto de partida de una y de otra es muy diferente.</p>
<p class="normal">- S&iacute;. <em>La lecci&oacute;n de anatom&iacute;a</em> es un texto narrativo m&aacute;s convencional. Empieza en el momento en que a una ni&ntilde;a le ense&ntilde;an a leer las manecillas de un reloj y en el momento del parto de su madre, y acaba en un desnudo integral, en esa etapa en la que, al cumplir 40 a&ntilde;os, ya es posible realizar un ejercicio retrospectivo para analizar por qu&eacute; eres la mujer que eres en funci&oacute;n de los relatos cotidianos que han compartido generosamente contigo otras mujeres de tu entorno. Es la construcci&oacute;n de todo el cuerpo a partir del relato. Sin embargo, en <em>Clav&iacute;cula</em> no hay ese proceso extensivo, sino que es una pieza intensa, una pieza que se concentra en un solo punto de la anatom&iacute;a que es la clav&iacute;cula. De alguna manera <em>La lecci&oacute;n de anatom&iacute;a</em> es un libro centr&iacute;fugo, en el que lo que importa mucho no es la singularidad de una mujer, sino lo que esa mujer tiene en com&uacute;n con todas las mujeres de su generaci&oacute;n, con el entorno social, con el entorno pol&iacute;tico. El escritor Javier P&eacute;rez de And&uacute;jar me lleg&oacute; a decir que no era una lecci&oacute;n de anatom&iacute;a sino una lecci&oacute;n de geograf&iacute;a e historia. Mientras que en <em>Clav&iacute;cula</em> hay una especie de ejercicio centr&iacute;peto, donde a trav&eacute;s de esa concentraci&oacute;n desmedida en un dolor que no se entiende afloran todos los miedos, de nuevo sociales, pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos. Lo que he buscado aqu&iacute; es indagar en la idea de que yo personalmente, como ser humano, no puedo desvincular mis miedos f&iacute;sicos, ps&iacute;quicos, sociales y pol&iacute;ticos. He dicho ser humano, y deber&iacute;a hablar de mis miedos como mujer; aunque debo reconocer que <em>Clav&iacute;cula</em> es un libro que ha gustado a muchos hombres. Evidentemente hay cosas que compartimos en esta etapa de capitalismo salvaje en la que nos encontramos.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Tengo una visi&oacute;n muy amorosa, muy fraterna de la palabra escrita. Creo que si no fuera as&iacute; no escribir&iacute;a&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- En el libro est&aacute; la idea del dolor individual como reflejo del dolor colectivo. El dolor f&iacute;sico que sentimos no puede separarse del dolor por todo lo que acontece a nuestro alrededor. Es decir, cuando vemos tanta injusticia eso se refleja en el cuerpo. Y comentamos, por ejemplo: &ldquo;<em>Me dan ganas de vomitar&rdquo;</em>. - Esa sensaci&oacute;n de que lo f&iacute;sico y lo emocional van de la mano, as&iacute; como lo individual y lo colectivo, es muy interesante en <em>Clav&iacute;cula</em>.</p>
<p class="normal">- As&iacute; es. Una de mis obsesiones siempre ha sido ver c&oacute;mo se desdibuja el l&iacute;mite entre el dentro y el fuera. No puedo pensar en un texto sin pensar en su contexto. No puedo pensar en un ser humano individual desvincul&aacute;ndolo de las coordenadas del mundo que le ha tocado vivir. Eso est&aacute; ah&iacute;. Esa empat&iacute;a con el dolor que pueden experimentar otras personas con las que compartes un momento hist&oacute;rico est&aacute; en mi obra y es muy importante. De alg&uacute;n modo creo que refleja una concepci&oacute;n de la literatura gramsciana. Me explico: yo soy muy pesimista respecto al diagn&oacute;stico, respecto a las cosas que pasan. Tiendo a ver la botella medio vac&iacute;a, porque creo que es la &uacute;nica manera de ponerse en la tesitura de llenarla. Si la ves medio llena eso te conduce a la conformidad, a la complacencia... Esa mirada pesimista est&aacute; en m&iacute;, pero, por otra parte, soy una gran entusiasta del optimismo de la voluntad. Me paso la vida escribiendo libros porque de verdad creo, sinceramente, que la palabra literaria, que los libros, sirven para intervenir en el espacio de lo real, sirven para construir una realidad alternativa y sirven para crear v&iacute;nculos fuertes con los seres humanos, a los que necesitamos. Tengo una visi&oacute;n muy amorosa, muy fraterna y muy sorora de la palabra escrita. Creo que si no fuera as&iacute; no escribir&iacute;a. Si no tuviera esa conciencia comunicativa del relato, si solamente fuera por mi propio ombligo y por mi propia vanidad, no creo que lo hiciera.</p>
<p class="normal">- Todos tus libros son pol&iacute;ticos, de una u otra manera. Frente a los que dicen no saber nada de pol&iacute;tica, habr&iacute;a que reivindicar tambi&eacute;n la idea de que la pol&iacute;tica est&aacute; en todas partes, en todo lo que hacemos y vivimos...</p>
<p class="normal">- Bueno, s&iacute;, pero aqu&iacute; yo quiero hacer un matiz en lo que se refiere a los artefactos culturales. No todos los libros, pel&iacute;culas y dem&aacute;s actos creativos son pol&iacute;ticos, pero s&iacute; ideol&oacute;gicos. Casi siempre pongo el mismo ejemplo: <em>Cuando Harry encontr&oacute; a Sally</em>. Claramente no es una pel&iacute;cula pol&iacute;tica, pero s&iacute; fuertemente ideol&oacute;gica. Es evidente que est&aacute; perpetuando un modelo de relaci&oacute;n sentimental y afectiva que, adem&aacute;s, est&aacute; en conformidad con lo que es el sistema y las ideas dominantes. Si la comparamos, por ejemplo, con un trabajo como <em>Z </em>de Kosta Gavras, comprendemos lo que es cine pol&iacute;tico. Para que haya un artefacto cultural que se pueda calificar de pol&iacute;tico tiene que haber una intencionalidad de intervenir y de interferir en lo que es el discurso dominante, las frases hechas del poder, la ideolog&iacute;a invisible que no vemos porque la tenemos naturalizada. Ah&iacute; est&aacute;n los textos pol&iacute;ticos.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Me revienta ese estereotipo de la mujer que puede con todo y no se queja por nada&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- En <em>Clav&iacute;cula</em> tambi&eacute;n resulta muy interesante la defensa de la queja. Tenemos todo el derecho a quejarnos de nuestros dolores, por m&iacute;nimos que sean, tanto f&iacute;sicos como sociales, pero cada vez es m&aacute;s frecuente escuchar que si vivimos en Occidente somos unos privilegiados, que no deber&iacute;amos quejarnos cuando en otros lugares hay tanta gente pas&aacute;ndolo mal.</p>
<p class="normal">- Efectivamente. Y en este caso he querido afrontar el derecho a la queja en clave feminista. Desde el punto de vista de g&eacute;nero a las mujeres, y eso se dice expl&iacute;citamente en el libro, siempre se nos suele dibujar en la cultura en polos antag&oacute;nicos y excluyentes: la madre y esposa y la puta; la mujer fatal y la novia abnegada... Y con la queja pasa lo mismo: o la princesa guisante o la mujer que puede con todo y no se queja por nada y se sacrifica por sus hijos y es callada, modesta y estupenda. A m&iacute; ese estereotipo me revienta. Yo no me siento ni una cosa ni otra. Ni la princesa guisante, ni esa mujer que puede con todo y que por lo tanto puede ser sobreexplotada dentro de la casa, fuera de la casa y en el tramo que va de fuera a dentro de la casa. Me parece una cosa terrible.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Las personas que verdaderamente tienen todos los motivos del mundo para quejarse no tienen voz y no podr&aacute;n quejarse nunca jam&aacute;s&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Cuanta m&aacute;s pobreza y miseria hay alrededor, menos podemos quejarnos. &iquest;C&oacute;mo romper con esa idea que a la larga conduce a la sumisi&oacute;n, al conformismo?</p>
<p class="normal">- Exacto. Es muy significativo. Yo he ido a clubes de lectura a hablar de <em>Clav&iacute;cula </em>y ha habido un cincuenta por ciento de mujeres que se sent&iacute;an muy identificadas y quer&iacute;an quejarse, mientras que el otro cincuenta por ciento me llamaban pija. &ldquo;Te quejas por cualquier cosa. Si t&uacute; hicieras lo que yo hago...&rdquo;, me dec&iacute;an. Y yo les contestaba: &ldquo;Pues precisamente, si yo me quejo por cualquier cosa, como t&uacute; dices, es para que t&uacute; te puedas quejar. En mi queja te incluyo a ti, que ni siquiera te lo permites&rdquo;. Debajo del &ldquo;t&uacute; no te quejes, que eres una privilegiada&rdquo;, que tanto escuchamos, asoma algo estremecedor, el hecho de que las personas que verdaderamente tienen todos los motivos del mundo para quejarse no tienen voz y no podr&aacute;n quejarse nunca jam&aacute;s. Por eso en <em>Clav&iacute;cula</em> est&aacute; el poema <em>La ni&ntilde;a de Manila</em>. Esa inclusi&oacute;n de la materia poem&aacute;tica tiene que ver con el hecho de que yo estoy segura de que esa ni&ntilde;a jam&aacute;s va a tener la oportunidad de abrir la boca y quejarse. Entonces me pongo a mirarla desde ese ojo occidental que se permite ser condescendiente, compasivo, caritativo, y que lo que tendr&iacute;a que hacer es intentar actuar pol&iacute;ticamente para que no haya jam&aacute;s en la vida ni&ntilde;as as&iacute;. Y volviendo a la pregunta, creo que ya est&aacute; bien. Yo estoy muy harta de que me digan: &ldquo;No, como t&uacute; tienes una casa no te puedes quejar&rdquo;. Perdona, &iquest;c&oacute;mo que no me puedo quejar; el hecho de que yo tenga una casa y mi vida econ&oacute;mica m&aacute;s o menos resuelta implica que no pueda tener sentido cr&iacute;tico? &iquest;Qu&eacute; pasa? &iquest;Qu&eacute; el hecho de que tengas unos m&iacute;nimos de dignidad te invalida para la cr&iacute;tica, para la acci&oacute;n pol&iacute;tica, para la solidaridad? Pues va a ser que no.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Todos tenemos cuentas pendientes con la Transici&oacute;n como un momento vital important&iacute;simo en nuestras biograf&iacute;as porque no nos sentimos identificados con el relato oficial&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Otro tema muy presente en tu obra es la Transici&oacute;n. Est&aacute; en <em>Daniela Astor,</em> en <em>Amor fou</em> tambi&eacute;n... Seguramente aparece en otros de tus libros...</p>
<p class="normal">- S&iacute;. En un libro anterior que se llama <em>Los mejores tiempos, </em>el pen&uacute;ltimo libro que edit&eacute; con Debate.</p>
<p class="normal">- Es otra realidad de este pa&iacute;s que no acabamos de superar. La Transici&oacute;n parece intocable. La Constituci&oacute;n no puede cambiarse. Es como una piedra en el camino, una especie de asignatura pendiente.</p>
<p class="normal">- A los escritores y las escritoras de mi generaci&oacute;n es un asunto que nos preocupa. Estoy pensando en voces muy distintas, en diferentes &aacute;ngulos desde los que se aborda el tema, desde Cercas hasta Cristina Fallar&aacute;s, pasando por Orejudo, por Manuel Vilas, Clara Us&oacute;n, Rafael Reig o yo misma. Somos la generaci&oacute;n de los 60, de los &ldquo;baby boomer&rdquo;, los que en la &eacute;poca de la Transici&oacute;n &eacute;ramos adolescentes o j&oacute;venes. Funciona, y esto lo digo en <em>Daniela Astor y la caja negra</em>, la met&aacute;fora hist&oacute;rica ideol&oacute;gica que coloca en paralelo nuestros cuerpos en transformaci&oacute;n, con sus miedos y sus esperanzas, con el cuerpo en transformaci&oacute;n de un pa&iacute;s que tambi&eacute;n estaba lleno de miedo a los militares, a todo ese fascio que hab&iacute;a por detr&aacute;s, y a la vez ten&iacute;a esperanzas en el cambio. Todos estos autores que he citado, y muchos m&aacute;s, representamos a gran parte de la ciudadan&iacute;a. Todos tenemos cuentas pendientes con la Transici&oacute;n como un momento vital important&iacute;simo en nuestras biograf&iacute;as porque no nos sentimos identificados con el relato oficial, ese relato que, como dec&iacute;a Javier Pradera, es un crecepelo exportable que nadie se terminaba de creer. Desde la literatura, cada uno de nosotros, estamos levantando nuestro propio relato. Esa obsesi&oacute;n por intentar entender lo que pas&oacute; en aquellos a&ntilde;os, desde diversos puntos de vista ideol&oacute;gicos, tiene mucho que ver con un discurso pol&iacute;tico, period&iacute;stico, hist&oacute;rico homog&eacute;neo en el que nadie termina de estar c&oacute;modo. En mi caso, el t&iacute;tulo de<em> Los mejores tiempos</em> ya dice mucho. El t&iacute;tulo es la iron&iacute;a de que ni muchas infancias ya son los mejores tiempos ni la Transici&oacute;n, entendida en su globalidad, supuso los mejores tiempos para mucha gente que se qued&oacute; en la calle, en una manifestaci&oacute;n, con una bala en la cabeza.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;No hay que tener miedo a los cambios&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Es algo que ha ca&iacute;do en el olvido.</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Se ha extirpado de la Transici&oacute;n una parte tr&aacute;gica que naturalmente existi&oacute;.&nbsp; Hubo bastante gente que se dej&oacute; muchas cosas en el camino para llegar a una democracia de la que yo no abomino, pero que se puede perfeccionar en muchos aspectos. No hay que tener miedo a los cambios. <em>Los mejores tiempos </em>refleja todo esto y <em>Daniela Astor y la caja negra</em> mira a la Transici&oacute;n a trav&eacute;s de unos ojos desde los que habitualmente no es contada, los ojos de las ni&ntilde;as que &eacute;ramos adolescentes o p&uacute;beres en ese momento. En esta novela lo que quer&iacute;a contar era como mi modelo de lo que era una mujer admirable estaba condicionado por las representaciones de mujeres admirables que me rodeaban en ese momento, que eran las musas de la Transici&oacute;n y las musas del destape. Todo eso se te queda y despu&eacute;s tienes que ir intentando quitarte esa grasilla poco a poco. Ese proceso es el que se aborda en <em>Daniela Astor.</em></p>
<p class="normal"><em>&nbsp;</em></p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;La literatura nos ayuda a aproximarnos a los acontecimientos hist&oacute;ricos desde esa visi&oacute;n de que lo personal es pol&iacute;tico&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Normalmente el argumento que se utiliza para no introducir modificaciones es el de que en esa &eacute;poca no se pudo hacer de otra manera. Pero, &iquest;ese pacto establecido tiene que durar eternamente?</p>
<p class="normal">- Bueno, lo que yo creo es que se ha producido una sacralizaci&oacute;n de la legalidad constitucionalista que obvia el hecho de que muchas veces para que se produzcan transformaciones progresistas dentro de una sociedad hay que cambiar las leyes. En el caso del p&aacute;nico que produce cualquier tipo de reforma constitucional me parece que es absolutamente desmesurado y que se podr&iacute;a hacer sin repercusiones traum&aacute;ticas para nadie, a no ser que la gente sea carpetovet&oacute;nica en el peor sentido de la palabra. Lo terrible ahora en nuestro pa&iacute;s es ese rebrote de una ultraderecha tremenda que est&aacute; conectando, a nivel global, con un pensamiento hegem&oacute;nico imperial trumpiano, con una derecha pragm&aacute;tica que lo relativiza todo y que fomenta los bulos y las mentiras, las denominadas &ldquo;fake news&rdquo;. Todo eso est&aacute; aqu&iacute; y se mezcla con nuestra particular&iacute;sima derecha patria. Una derecha que tiene sus ra&iacute;ces en ese se&ntilde;or que ha salido recientemente del Valle de los Ca&iacute;dos, suscitando pol&eacute;mica, algo absolutamente impresionante. Se quiere vender la fantas&iacute;a de que todos somos iguales y no, se&ntilde;ores, no todos somos iguales. En este sentido me parece interesante insistir en que, cuando se aspira en la literatura y en las artes a lo universal, hay determinados temas que no se pueden abordar desde esa perspectiva. Si t&uacute; hablas desde una perspectiva universal de las guerras, las guerras ya sabemos todos que son malas; que hay muertos y hay sangre en un bando y en el otro; que los seres humanos se animalizan y sacan lo peor de s&iacute; mismos... Pero a m&iacute; lo que me interesa de las guerras no es lo universal. Me interesa qui&eacute;n las declara; qui&eacute;n las motiva y contra qu&eacute; se rebelan; qui&eacute;nes fueron los vencedores, qui&eacute;nes fueron los vencidos... Me interesan las cosas particulares y creo que la literatura nos ayuda a aproximarnos a los acontecimientos hist&oacute;ricos desde esa visi&oacute;n de que lo personal es pol&iacute;tico, desde esa visi&oacute;n intrahist&oacute;rica que nos ayuda a interpretar y a entender las cosas m&aacute;s all&aacute; de la abstracci&oacute;n y de las vulgaridades.</p>
<p class="normal">&ldquo;Me paso la vida escribiendo libros porque creo que sirven para construir una realidad alternativa&rdquo;</p>
<p class="normal">&ldquo;La empat&iacute;a con el dolor de otras personas con las que compartes momento hist&oacute;rico es importante en mi obra&rdquo;</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 11 Mar 2020 07:06:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cien años después: sobre la fama póstuma de Galdós (1843-1920)]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/cien-anos-despues-sobre-la-fama-postuma-de-galdos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2020/galdos600.jpg" alt="" /></p>
<div>&nbsp;&iquest;GALD&Oacute;S EN EL PURGATORIO?</div>
<div>&nbsp;</div>
<div>Lo que se ha llamado muchas veces el largo purgatorio de la valoraci&oacute;n de Gald&oacute;s empez&oacute; pronto, incluso antes de su muerte, cuando su notoriedad p&uacute;blica tuvo demasiado que ver con las rebati&ntilde;as pol&iacute;ticas: el estreno del drama <em>Electra</em> en enero de 1901, que fue un &eacute;xito internacional y marc&oacute; un hito en la campa&ntilde;a anticlerical espa&ntilde;ola, y poco despu&eacute;s, su apoyo a la coalici&oacute;n republicano-socialista de 1909, de la que fue presidente junto al socialista Pablo Iglesias. Sin embargo, Gald&oacute;s era un escritor popular y logr&oacute; apoyos de casi todos los flancos de la opini&oacute;n en las candidaturas al Premio Nobel de 1912 y 1913. La excepci&oacute;n fue la ignominiosa iniciativa del peri&oacute;dico <em>El Siglo Futuro</em> que aconsejaba a los cat&oacute;licos espa&ntilde;oles que telegrafiaran a la Academia Sueca -se&nbsp; facilitaba al efecto un texto redactado en franc&eacute;s macarr&oacute;nico- para que el galard&oacute;n se atribuyera a Marcelino Men Victyorio Macho para el parte del Retiroo de la inaururacila eminentena atrevida suposicis espa&ntilde;oles que pidieron a la Academia&eacute;ndez Pelayo, buen amigo de Gald&oacute;s y ajeno, por cierto, a aquel dislate&hellip; No obtuvo el Nobel, como no lo ganaron ni Zola, ni Ibsen, ni Tolstoi, ni Strindberg, ni siquiera Henry James, que fue otro candidato de 1912, porque la Academia sueca era mucho m&aacute;s cauta y conservadora que ahora.</div>
<p>Los dineros del premio n&oacute;rdico no hubieran venido mal a quien estaba muy acosado por las deudas, que muchos conoc&iacute;an y que aconsejaron la creaci&oacute;n de una bienintencionada (y poco eficaz) Junta Nacional de Homenaje a Gald&oacute;s en la que estuvieron pol&iacute;ticos y escritores (aunque faltaron Antonio Maura y, por recelos antimon&aacute;rquicos, los republicanos y los socialistas). Su &uacute;ltima jornada de gloria literaria fue el estreno de <em>Santa Juana de Castilla</em> (8 de mayo de 1918), que era una apasionada dramatizaci&oacute;n de los &uacute;ltimos a&ntilde;os de la reina Juana la Loca, con gui&ntilde;os muy expl&iacute;citos a la <em>democr&aacute;tica</em> Espa&ntilde;a de los comuneros y donde formulaba la atrevida suposici&oacute;n de que la reina hab&iacute;a sido erasmista. El estreno a Margarita Xirgu en el Fontalba como posible sucesora de la eminentena atrevida suposicis espa&ntilde;oles que pidieron a la Academia&oacute; coron&oacute; a la joven actriz Margarita Xirgu como posible sucesora de la eminente Mar&iacute;a Guerrero. Y Gald&oacute;s falleci&oacute; menos de dos a&ntilde;os despu&eacute;s, el 4 de enero de 1920, en el aniversario de la inauguraci&oacute;n del monumento que esculpi&oacute; Victorio Macho para el parque del Retiro y cuya oportunidad tambi&eacute;n fue muy discutida. El entierro fue solemne y oficial pero algo hip&oacute;crita, como suelen serlo estas cosas. Lo presidi&oacute; el jefe del gobierno, Manuel Allendesalazar, conservador y maurista, y unas treinta mil personas desfilaron ante su cad&aacute;ver en una jornada en la que cerraron todos los teatros madrile&ntilde;os.</p>
<p>Jos&eacute; Ortega y Gasset -que en 1915 hab&iacute;a escrito una emotiva necrol&oacute;gica de Giner de los R&iacute;os y en 1918, la del institucionista Gumersindo de Azc&aacute;rate- asumi&oacute; otra vez la tarea de despedir con honor a lo que quedaba de la dignidad del siglo XIX hispano. &ldquo;La muerte de Gald&oacute;s&rdquo; se public&oacute; sin firma en <em>El Sol</em> (5 de enero de 1920) pero sus lectores sab&iacute;an qui&eacute;n amonestaba a &ldquo;la Espa&ntilde;a oficial, fr&iacute;a, seca y protocolaria&rdquo; que acudi&oacute; al sepelio pero no estuvo en la casa mortuoria, &ldquo;en las listas de p&eacute;same donde han firmado ya los hijos espirituales de don Benito, los leg&iacute;timos descendientes de la duquesa Amaranta, de Gabrielillo Araceli, de Solita, de Misericordia y del doctor Centeno [&hellip;]. El protocolo entiende poco de distancias, y equipara a Gald&oacute;s con Campoamor [&hellip;]. Gald&oacute;s era el genio. Campoamor era el ingenio. La Espa&ntilde;a oficial une a ambos a la hora de los falsos homenajes&rdquo;.</p>
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<p>&ldquo;DON BENITO EL GARBANCERO&rdquo;</p>
<p>Y no tard&oacute; en comparecer el coro de la descalificaci&oacute;n y de la befa. Valle-Incl&aacute;n lo hab&iacute;a le&iacute;do con admiraci&oacute;n y guardaba, desde 1914, la escocedura de la negativa de Gald&oacute;s a estrenar su tragedia <em>El embrujado</em> en el Espa&ntilde;ol. Pero solamente recogi&oacute; una opini&oacute;n com&uacute;n cuando hizo recordar al deslenguado ultra&iacute;sta Dorio de G&aacute;dex -siempre armando bulla en &ldquo;La Bu&ntilde;oler&iacute;a Modernista&rdquo;- que en la Real Academia &ldquo;ahora est&aacute; vacante el sill&oacute;n de Don Benito el Garbancero&rdquo; (<em>Luces de bohemia</em> [1920], escena IV). El n&uacute;mero 1 de <em>Revista de Occidente</em> (julio de 1923) pretend&iacute;a, seg&uacute;n las palabras de salutaci&oacute;n escritas por Ortega y Gasset, &ldquo;un poco de claridad, otro poco de orden y suficiente jerarqu&iacute;a en la informaci&oacute;n&rdquo;. Pero no es f&aacute;cil averiguar a cu&aacute;l de esas pautas correspond&iacute;a un art&iacute;culo feroz de Antonio Espina donde, bajo el titulo de &ldquo;Libros de otro tiempo&rdquo;, se rese&ntilde;aban unas novelitas del zaragozano Jos&eacute; Mar&iacute;a Matheu, <em>Los tres dioses y otras narraciones</em>, y un volumen, <em>Fisonom&iacute;as sociales</em>, primero de los diez que Alberto Ghiraldo compil&oacute; a la muerte de Gald&oacute;s con su obra dispersa, aunque lo hizo bajo el enga&ntilde;oso r&oacute;tulo de <em>Obras in&eacute;ditas</em> (1923-1930). La rese&ntilde;a dec&iacute;a bien poca cosa de Matheu en las doce contadas l&iacute;neas que le concern&iacute;an y tampoco mucho m&aacute;s de aquellos &ldquo;art&iacute;culos y restos galdosianos&rdquo; de &ldquo;medio tono bajo en cuanto al estilo y seguramente un tono entero en cuanto al p&aacute;nfilo comentario&rdquo;. &nbsp;Las otras cuatro p&aacute;ginas del texto de Espina se iban en confesar con fingido pesar que &ldquo;Gald&oacute;s no es un Dickens, ni siquiera un Balzac&rdquo; y que &ldquo;fue en literatura lo que fue Letamendi en biolog&iacute;a, Sagasta en pol&iacute;tica y Pradilla en pintura. Una &ldquo;enorme median&iacute;a&rdquo; como dijo Clar&iacute;n de C&aacute;novas del Castillo&rdquo;. Y, de a&ntilde;adidura, &ldquo;un compendio y s&iacute;ntesis de aquella literatura [&hellip;] [de] novelista de y para la clase media, que durante un cuarto de siglo ha devorado sus libros en la mesa camilla familiar, al calor del brasero, despu&eacute;s de la cena&rdquo;&hellip;</p>
<p>En 1970 se cumpl&iacute;a medio siglo del &oacute;bito de Galdmero﷽﷽﷽﷽﷽﷽la buena idea de celebrarlos con un ns libros en la mesa camilla familiar, al calor del brasero, despuon a la Academia&oacute;s y la revista progresista <em>Cuadernos para el Di&aacute;logo</em> tuvo la buena idea de celebrarlo con un n&uacute;mero de homenaje al escritor (n&uacute;m. XIII Extraordinario, diciembre de 1970). Era el a&ntilde;o de publicaci&oacute;n del <em>Manifiesto subnormal</em>, de Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n, y de los <em>Nueve nov&iacute;simos poetas espa&ntilde;oles</em>, antologados por Jos&eacute; Mar&iacute;a Castellet, y Juan Benet, fruto tard&iacute;o de la generaci&oacute;n de los cincuenta, se afianzaba &ndash;con toda raz&oacute;n (y muerto tempranamente Luis Mart&iacute;n-Santos)- como el m&aacute;s importante de los novelistas espa&ntilde;oles del momento. Fue invitado a escribir un art&iacute;culo sobre Gald&oacute;s pero prefiri&oacute; responder en una carta (fechada en marzo) dirigida al director de <em>Cuadernos</em>, Pedro Altares, que se public&oacute; como &ldquo;Reflexiones sobre Gald&oacute;s&rdquo;. Confesaba en ella que &ldquo;mi aprecio por Gald&oacute;s es muy escaso, solamente comparable -en t&eacute;rminos cuantitativos- al desconocimiento que tengo de su obra&rdquo;. Cree poder afirmar, sin embargo, que mucho de su prestigio lo debe &ldquo;a la todav&iacute;a vigente alineaci&oacute;n de Gald&oacute;s a la <em>in illo tempore</em> izquierda espa&ntilde;ola [&hellip;]. Si Gald&oacute;s es pasto para esa clase de soci&oacute;logos es porque literariamente emociona poco y representa mucho. Bien mirado, aparte de una imagen &ndash;bastante discutible- de la sociedad de que pint&oacute;, logr&oacute; poca cosa [&hellip;]. Carec&iacute;a de un lenguaje bello, su imaginaci&oacute;n era litogr&aacute;fica y tan solo se desvivi&oacute; por poblar las estanter&iacute;as de la burgues&iacute;a con un innumerable censo de personajes que algunos cr&iacute;ticos &ndash;haciendo uso de un t&eacute;rmino que produce muchas sospechas- calificar&aacute;n luego de &ldquo;muy humanos&rdquo;&rdquo;. Gald&oacute;s, como otros novelistas de su tiempo, solamente consigui&oacute; que &ldquo;la gran novela se convierta en una cosa tan indispensable como las fuerzas armadas, la marina mercante o la red telef&oacute;nica. Un &iacute;ndice del pa&iacute;s. Esa clase de patri&oacute;tica convicci&oacute;n &ndash;incluso compartida por aquellos que han renunciado a vivir en un pa&iacute;s influyente pero todav&iacute;a alimentan la esperanza de que pueda producir genios- que no pod&iacute;a sufrir que Espa&ntilde;a no contribuyese a la gran corriente naturalista con un nombre se&ntilde;ero".</p>
<p>Con apenas cincuenta a&ntilde;os de diferencia, dos escritores progresistas &ndash;Antonio Espina era republicano; Benet, antifranquista probado- denostaban en nombre de los valores literarios en alza &ndash;la joven literatura de los albores del 27; la reprobaci&oacute;n del caduco &rdquo;realismo social&rdquo;- el legado galdosiano y la calderilla de popularidad mesocr&aacute;tica que le hab&iacute;a granjeado al escritor. Ninguno de los dos sab&iacute;a -o quiso recordar- que Gald&oacute;s hab&iacute;a le&iacute;do muy bien a sus contempor&aacute;neos extranjeros, que conoc&iacute;a al dedillo la obra de Shakespeare, que hab&iacute;a viajado por toda Europa y que sab&iacute;a algo de m&uacute;sica y le entusiasmaban Mozart y Beethoven, aunque tampoco desde&ntilde;aba a Verdi y a Wagner.</p>
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<p>EL RESCATE</p>
<p>Pero recordemos tambi&eacute;n que en cada uno de aquellos momentos de mengua de estimaci&oacute;n hubo voces m&aacute;s favorables, por supuesto&hellip; En 1935 y en una conferencia impartida en el Ateneu Enciclop&egrave;dic de Barcelona, Federico Garc&iacute;a Lorca hab&iacute;a recordado &ldquo;a aquel gran maestro del pueblo, don Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s, a quien yo vi de ni&ntilde;o en los m&iacute;tines sacar unas cuartillas y leerlas, teniendo como ten&iacute;a la voz m&aacute;s profunda y grande de Espa&ntilde;a. Y eran aquellas cuartillas lo m&aacute;s verdadero, lo m&aacute;s n&iacute;tido, lo m&aacute;s exacto al lado de la engoladura y de las otras voces llenas de bigotes y manos con sortijas&rdquo;. En <em>Los encuentros</em> (1958), donde Vicente Aleixandre recogi&oacute; evocaciones de sus mejores amigos escritores, record&oacute; haber aprendido a leer en las p&aacute;ginas de <em>El doctor Centeno</em> y evoc&oacute; con emoci&oacute;n haber asistido al estreno de <em>Sor Simona</em>, en 1915. En sus &uacute;ltimos a&ntilde;os, Luis Cernuda, siempre riguroso censor de las letras espa&ntilde;olas y m&aacute;s a&uacute;n, de sus coet&aacute;neos, escribi&oacute; los emocionantes versos de &ldquo;D&iacute;ptico espa&ntilde;ol&rdquo;, incluido en <em>Desolaci&oacute;n de la Quimera</em> a modo de amargo testamento patrio. En la primera parte hab&iacute;a escrito que &ldquo;Si yo soy espa&ntilde;ol, lo soy / a la manera de aquellos / que no pueden ser otra cosa&rdquo;. Pero la segunda parte empieza por preguntarse desde cu&aacute;ndo fue &ldquo;amigo de Gald&oacute;s&rdquo;, al que conoci&oacute; cuando ten&iacute;a once o diez a&ntilde;os, y trab&oacute; relaci&oacute;n con &ldquo;Gabriel, In&eacute;s, Amaranta, / Soledad, Salvador, Genara&rdquo;, en los <em>Episodios</em> <em>nacionales</em> de las dos primeras series, antes de pasar a la lectura de las novelas, donde le esperaban &ldquo;Rosal&iacute;a, Elo&iacute;sa, Fortunata, / Mauricia, Federico Viera, / Mart&iacute;n Muriel, Moreno Isla&rdquo;. Y all&iacute; supo de &ldquo;El escondido drama de un vivir cotidiano. / la pl&aacute;cida existencia real y, bajo ella, / el humano tormento, la paradoja de estar vivo&rdquo;. Gald&oacute;s fue -como quiz&aacute; el mismo Cernuda sea en estos versos- un &ldquo;tolerante de lealtad contraria, / seg&uacute;n la tradici&oacute;n generosa de Cervantes&rdquo;.</p>
<p>Y fue precisamente en la &eacute;poca de los provocativos desahogos de Juan Benet cuando comenz&oacute; una nueva lectura de Gald&oacute;s en el &aacute;mbito de los estudios literarios acad&eacute;micos. Fue precursora la tarea de benem&eacute;ritos hispanistas anglosajones -brit&aacute;nicos y americanos- con quienes los estudios galdosianos estar&aacute;n siempre en deuda. Ya en 1948 la Universidad de Wisconsin public&oacute; p&oacute;stumamente la biograf&iacute;a escrita por Hyman Chonon Berkowitz, un jud&iacute;o lituano que emigr&oacute; a Am&eacute;rica a principios de siglo: su libro tiene un t&iacute;tulo revelador, <em>P&eacute;rez Gald&oacute;s. Spanish Liberal Crusader</em>, y fue la obra de toda su vida. Pero no tardaron en incorporarse al fil&oacute;n galdosiano cr&iacute;ticos espa&ntilde;oles con m&aacute;s o menos larga experiencia internacional. As&iacute; y en la editorial espa&ntilde;ola Taurus, Ricardo Gull&oacute;n public&oacute; un libro trascendente, <em>Gald&oacute;s, novelista moderno</em> (1966), que revelaba la complejidad espiritual de <em>El amigo Manso</em> y propon&iacute;a una nueva pauta de lectura para el escritor. Y el exiliado Jos&eacute; Fern&aacute;ndez Montesinos, que inici&oacute; sus personal&iacute;simos y perspicaces estudios sobre la novela espa&ntilde;ola en los a&ntilde;os cuarenta, lleg&oacute; al estudio de nuestro escritor en 1968 cuando public&oacute; -tambi&eacute;n en las prensas espa&ntilde;olas de Castalia- el primer volumen de su <em>Gald&oacute;s</em>, que trataba desde sus inicios a <em>La familia de Le&oacute;n Roch</em>, al que siguieron dos entregas m&aacute;s bajo el mismo y lac&oacute;nico t&iacute;tulo de la primera: la que estudiaba las &ldquo;novelas pedag&oacute;gicas&rdquo; y las &ldquo;novelas de la locura cremat&iacute;stica&rdquo; (1969) y una postrera, de 1972, sobre las tres &uacute;ltimas series de <em>Episodios nacionales</em>.</p>
<p>Los libros de Montesinos siguen siendo s&iacute;ntesis fundamentales pero, cuando aparecieron, el <em>galdosismo</em> ten&iacute;a ya una jurisdicci&oacute;n propia en el territorio de la hispan&iacute;stica. En 1966, el entusiasmo de Rodolfo Cardona, un estudioso norteamericano nacido en Costa Rica, le llev&oacute; a publicar la revista <em>Anales Galdosianos</em>, que est&aacute; todav&iacute;a en activo (como su veterano fundador), hoy vinculada a una Asociaci&oacute;n Internacional de Galdosistas que se constituy&oacute; en 1980. Los congresos galdosianos de Las Palmas -convocados por la Casa-Museo del escritor y ahora dirigidos por la estudiosa grancanaria Yolanda Arencibia- empezaron en 1971 con periodicidad cuatrienal (el &uacute;ltimo tuvo lugar en 2017: &ldquo;La hora de Gald&oacute;</p>
<p>ico﷽﷽﷽﷽﷽﷽idente de muchos espa&ntilde;oles y su destino inevitable de estudio acadd que le hab&ntilde;ia grangeago.ese a la gran corriente na&oacute;&oacute;s&rdquo;). &nbsp;</p>
<p>Ya no se volvi&oacute; a bromear a costa de &ldquo;don Benito el Garbancero&rdquo;&hellip; A Gald&oacute;s se le le&iacute;a sin mala conciencia y los estudios sobre su obra han permanecido a salvo -lo que es casi milagroso- de los excesos hermen&eacute;uticos de la nueva bibliograf&iacute;a a la moda. Un bello poema del escritor y profesor Luis Garc&iacute;a Montero, &ldquo;Realismo&rdquo; (incluido en <em>La intimidad de la serpiente</em>, 2003), ha sabido enlazar muy h&aacute;bilmente la perpetuaci&oacute;n de Gald&oacute;s como confidente literario de muchos espa&ntilde;oles, la vivacidad del mundo que cre&oacute; y su afortunado destino como objeto de estudio acad&eacute;mico. El poeta ha llegado de Am&eacute;rica a Madrid, en avi&oacute;n, leyendo <em>Fortunata y Jacinta</em>. Y de repente, azafatas y viajeros, aspeados y medio dormidos, parecen mezclarse con &ldquo;gentes de antiguo oficio, / se&ntilde;ores de una turbia inconsistencia, / feligreses, busconas y cesantes&rdquo;, como en la novela que acaba de releer. Y el mayor de los espejismos es ver por un momento &ldquo;el mant&oacute;n humillado / de la pobre muchacha que quiso ser un &aacute;ngel&rdquo;: &ldquo;la mirada infeliz de Fortunata&rdquo;. Todo aquel viaje -imagina Garc&iacute;a Montero- pudo acabar en un accidente final, en otro ep&iacute;logo, en medio del cual &ldquo;tampoco supo nadie / el misterio de aquella aparici&oacute;n, / un cuerpo entre las v&iacute;ctimas / desconocido por los documentos, / sin tarjeta de embarque, / y con ojos de nieve y de jazm&iacute;n, / extra&ntilde;amente limpios al borde la muerte&rdquo;.</p>
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<p>EL ESCRITOR <em>NACIONAL</em></p>
<p>A despecho de la mala opini&oacute;n de Juan Benet sobre el calificativo, Gald&oacute;s hab&iacute;a encarnado esa condici&oacute;n de <em>escritor nacional</em>, que est&aacute; ligada estrechamente a la voluntad de <em>contarnos</em> qui&eacute;nes somos a sus lectores y compatriotas. Puede que los g&eacute;neros literarios de prestigio del siglo XIX fueran todav&iacute;a los esc&eacute;nicos, como el drama o la &oacute;pera, tal como apunt&oacute; Pierre Bourdieu. Pero, al lado de ellos, avanzaron con ventaja dos &aacute;giles formas discursivas nacidas en el siglo XVIII -la prensa peri&oacute;dica de opini&oacute;n y la novela-, mucho m&aacute;s libres de ataduras gen&eacute;ricas, dispuestas a acomodar a su servicio el humor o la tragedia, la descripci&oacute;n o el di&aacute;logo, la emotividad, el sarcasmo o el razonamiento, sin cuidarse demasiado de las convenciones y muy atentas a los p&uacute;blicos emergentes.</p>
<p>Esa funci&oacute;n la desempe&ntilde;aron narradores como Balzac en Francia, que se atrevi&oacute; a competir con Dante al escribir una <em>Comedia Humana</em> y cuya figura, herc&uacute;lea y retadora, represent&oacute; a las mil maravillas el cincel de Auguste Rodin al final de la centuria. Charles Dickens fue, a su vez, un or&aacute;culo cr&iacute;tico de la vida moral del Reino Unido en la era victoriana y gan&oacute; buenos dineros, al final de su vida, con las lecturas p&uacute;blicas de sus obras que le llevaron a todos los rincones de Gran Breta&ntilde;a y a Estados Unidos, antes de encontrar su &uacute;ltimo reposo en el <em>Poets Corner</em> de la abad&iacute;a de Westminster. Tolstoi fue el insomne int&eacute;rprete de la Rusia moderna pero, a finales de siglo, el <em>tolsto&iacute;smo</em> era ya una fe y un culto universales. Y su muerte expiatoria conmovi&oacute; al mundo y fue narrada de modo inolvidable en el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de <em>Momentos estelares de la Humanidad</em> (1927), el nunca olvidado libro de Stefan Zweig. Esa representatividad de la <em>literatura nacional</em> se retribu&iacute;a siempre de forma solemne y ritual: la muerte de Alessandro Manzoni (1873), padre de la moderna literatura italiana (y autor de la novela <em>Los novios</em>), fue seguida de un entierro multitudinario en Mil&aacute;n y, un a&ntilde;o despu&eacute;s, evocada en las notas del hermoso <em>R&eacute;quiem</em> de Giuseppe Verdi. Victor Hugo tuvo su entierro patri&oacute;tico en 1885, que concluy&oacute; en la m&aacute;s espectacular de las <em>panth&eacute;onissations</em> en el grandioso templo desafectado de la monta&ntilde;a parisina de Sainte Genevi&egrave;ve: su legado inclu&iacute;a memorables poemas y dramas pero, sobre todo, dos novelas, <em>Nuestra Se&ntilde;ora de Par&iacute;s</em> y <em>Los miserables</em>.</p>
<p>En Espa&ntilde;a no hay consagraciones, ni <em>panteonizaci&oacute;n</em>, ni rinc&oacute;n de los poetas, ni una espaciosa iglesia que, como la de Santa Croce de Florencia, acoja los restos de los grandes hijos de la patria. No conservamos m&aacute;s domicilio galdosiano que el familiar de la calle de Cano, que custodia con mimo la ciudad de Las Palmas desde que se acondicion&oacute; en 1964; de su casa de verano en El Sardinero santanderino, la incuria de la ciudad s&oacute;lo ha dejado el muro que la circunda y la placa con el nombre de la propiedad, &ldquo;San Quint&iacute;n&rdquo; (pues el escritor invirti&oacute; en la finca las ganancias de su obra teatral <em>La de San Quint&iacute;n</em>, en 1893). Quiz&aacute; el recuerdo m&aacute;s emocionante de Gald&oacute;s ande en los fotogramas temblorosos de un filme que se redescubri&oacute; en 2005, al ser depositado el original en la Filmoteca Valenciana y restaurado despu&eacute;s por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales. <em>Qu&eacute; es Espa&ntilde;a</em> (1929-1930) fue buena idea del escritor socialista Luis Araquist&aacute;in y es, en gran medida, un homenaje a la nueva pedagog&iacute;a vinculada de la Instituci&oacute;n Libre de Ense&ntilde;anza: la primera parte, &ldquo;Los precursores&rdquo;, incluye fotos de Francisco Giner de los R&iacute;os, que aparece &ldquo;merendando frugalmente en [el monte de] El Pardo&rdquo;; Joaqu&iacute;n Costa, que evoca el regeneracionismo de veta radical cifrado en &ldquo;despensa y escuela&rdquo;; Marcelino Men&eacute;ndez Pelayo, que -m&aacute;s all&aacute; de su significado neocat&oacute;lico- encarn&oacute; la imagen del archivero mayor de la cultura espa&ntilde;ola, y Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s (al que se dedican las &uacute;nicas im&aacute;genes cinematogr&aacute;ficas de este apartado), a quien vemos ya ciego, acariciando la cabeza de un gran mast&iacute;n blanco, en el jard&iacute;n de su casa (la web de Film-Affinity permite disfrutar de los veinte minutos de esta emotiva pel&iacute;cula).</p>
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<p>LA NACI&Oacute;N DE GALD&Oacute;S</p>
<p>Todos los citados fueron hijos de la revoluci&oacute;n de 1868. Gald&oacute;s vivi&oacute; desde finales de 1862 -reci&eacute;n cumplidos los diecinueve a&ntilde;os- en el clima febril de Madrid, donde -abandonados los estudios de Derecho- se ganaba la vida como periodista y so&ntilde;aba tener alg&uacute;n &eacute;xito en el teatro. Tras el triunfo de la Gloriosa, acompa&ntilde;&oacute; al general Serrano en su viaje por Espa&ntilde;a&hellip; De aquellos a&ntilde;os de esperanzas y de la sensaci&oacute;n de empezar a vivir otra Historia, surgi&oacute; su vocaci&oacute;n de narrador, que empez&oacute; por conjurar el pasado cercano: los errores pol&iacute;ticos de los conspiradores antifernandinos (<em>La Fontana de Oro</em>), los maximalismos revolucionarios de finales del XVIII (<em>El audaz</em>) y la dureza del conflicto eterno entre el fanatismo montaraz del carlismo y la raz&oacute;n liberal (<em>Do&ntilde;a Perfecta</em>). Paralelamente, los <em>Episodios Nacionales</em>, que inici&oacute; en 1873, fueron hijos del follet&iacute;n de su tiempo, tanto como de la necesidad de establecer los antecedentes morales de una sociedad divida y perpleja. Por un lado, se le hizo evidente, como escribi&oacute; al rese&ntilde;ar los <em>Proverbios ejemplares</em> de Ventura Ruiz Aguilera (1870), la necesidad de estudiar la clase media y sus conflictos: el escenario social que dar&iacute;a las claves del futuro patrio. Y, por otro lado, los <em>Episodios Nacionales</em> le descubrieron la evidencia de la <em>naci&oacute;n</em> como proyecto colectivo, o si se prefiere, como <em>nacionalismo democr&aacute;tico</em> que inclu&iacute;a en su abrazo a las clases m&aacute;s humildes.</p>
<p>En <em>Trafalgar</em>, Gabriel Araceli contempla el nav&iacute;o &ldquo;Sant&iacute;sima Trinidad&rdquo; cuando intuy&oacute; que la patria no eran</p>
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<p>Las personas que gobernaban la naci&oacute;n, tales como el rey y su c&eacute;lebre ministro, a quienes no consideraba con igual respeto. Como yo no sab&iacute;a otra historia que la que aprend&iacute; en la Caleta, para m&iacute; era de ley que deb&iacute;a uno entusiasmarse al o&iacute;r que los espa&ntilde;oles hab&iacute;an matado muchos moros primero, y gran pacotilla de ingleses y franceses despu&eacute;s [&hellip;]. En aquel momento que precedi&oacute; al combate comprend&iacute; todo lo que aquella divina palabra significaba y la idea de nacionalidad se abri&oacute; paso en mi esp&iacute;ritu, ilumin&aacute;ndolo y descubriendo infinitas maravillas, como el sol que disipa la noche y saca de la oscuridad un hermoso paisaje. Me represent&eacute; a mi pa&iacute;s como una inmensa tierra poblada de gentes, todos fraternalmente unidos; me represent&eacute; la sociedad dividida en familias, en las cuales hab&iacute;a esposas que mantener, hijos que educar, hacienda que conservar, honra que defender; me hice cargo de un pacto establecido entre tantos seres para ayudarse y sostenerse contra un ataque de fuera, y comprend&iacute; que por todos hab&iacute;an sido hechos aquellos barcos para defender la patria, es decir, el terreno en que pon&iacute;an sus plantas, el surco regado por su sudor, la casa donde viv&iacute;an sus ancianos padres, el huerto donde jugaban sus hijos&hellip;</p>
<p>Unos a&ntilde;os despu&eacute;s, Gald&oacute;s, aunque partidario del laicismo, liberal y progresista, acept&oacute; la Restauraci&oacute;n de 1874 y sus inevitables rebajas del ideal. Y vino a concluir que estas obedec&iacute;an tambi&eacute;n a la &iacute;ndole so&ntilde;adora, desordenada e impulsiva de los espa&ntilde;oles. De esa decepci&oacute;n previa y de sus deseos de remediarla surgieron sus temas predilectos&hellip; A Gald&oacute;s le obsesion&oacute; la educaci&oacute;n como &uacute;nico control de los deseos locos y las debilidades de la naturaleza humana: tal es el drama de Isidora Rufete -la protagonista de <em>La desheredada</em>- que quiere ser marquesa de Aransis y va de amante en amante para lograrlo. O de la desdichada <em>Marianela</em>, enamorada de un muchacho ciego y rico que nunca podr&aacute; ser suyo. Y del pobre Celip&iacute;n Centeno que anhela ser m&eacute;dico (<em>El doctor Centeno</em>) y no pasar&aacute; de criado de un estudiant&oacute;n que quiere ser dramaturgo, y de la pobre muchacha que es amante de un cura (<em>Tormento</em>). Pero tambi&eacute;n la educaci&oacute;n y la filosof&iacute;a fracasan en la persona de <em>El amigo Manso</em> al confrontarse con el inter&eacute;s y la marruller&iacute;a de su disc&iacute;pulo. Tambi&eacute;n tendr&aacute; en cuenta la santurroner&iacute;a de los hermanos Mar&iacute;a Egipciaca y Luisito Sudre que amargan la vida de su marido y cu&ntilde;ado (<em>La familia de Le&oacute;n Roch</em>). Y hablar&aacute; del dinero y su fatalidad &ndash;esa pesadilla que empez&oacute; cuando se hicieron tantas fortunas con la desamortizaci&oacute;n de Mendiz&aacute;bal- al narrar los malos pasos de Jos&eacute; Mar&iacute;a Bueno de Guzm&aacute;n en <em>Lo prohibido</em>, o cuando el usurero Torquemada -protagonista de cuatro relatos y figura secundaria de algunos otros m&aacute;s- vea que sus &eacute;xitos econ&oacute;micos no remedian el fracaso de su vida. Pero peor todav&iacute;a ser&aacute; el desastre de aquellos que gastan lo que no tienen (la Rosal&iacute;a Pipa&oacute;n, de <em>La de Bringas</em>) o viven la tragedia de la cesant&iacute;a, como la familia Villaamil (<em>Miau</em>). Y, por supuesto, como todos los novelistas de su tiempo, habl&oacute; del adulterio y de la libertad de la mujer. Aquel solter&oacute;n impenitente tuvo amantes y, sobre sus modelos vivos, se invent&oacute; inolvidables tipos de mujer <em>deshonrada</em>: desde Amparo S&aacute;nchez Emperador, la v&iacute;ctima redimida de <em>Tormento</em>, y Fortunata, la amante con vocaci&oacute;n de esposa leg&iacute;tima, en el prodigioso tapiz de humanidad que es <em>Fortunata y Jacinta</em>, hasta <em>Tristana</em>, que cree vivir la libertad pero regresa pronto a su triste rutina, y la Augusta Cisneros, de <em>Realidad</em>, en el tri&aacute;ngulo tolstoyano que completan su amante Viera y su marido Orozco.</p>
<p>En los a&ntilde;os noventa del siglo antepasado Gald&oacute;s padeci&oacute; una crisis de valores que fue com&uacute;n a la mejor narrativa del momento: apareci&oacute; por doquier el misticismo laico, la desconfianza por el progreso, la piedad por los pobres (en 1887 lo se&ntilde;al&oacute; el cr&iacute;tico conservador Ferdinand Bruneti&egrave;re en los libros recientes del propio Zola: era la &ldquo;bancarrota del naturalismo&rdquo; y el inicio del espiritualismo). Gald&oacute;s mostr&oacute; parecidos s&iacute;ntomas al contar la historia de un antiguo revolucionario desenga&ntilde;ado (<em>&Aacute;ngel Guerra</em>), o la de un cura quijotesco y turbador (<em>Nazar&iacute;n</em>), o la caridad de una duquesa (<em>Halma</em>), y sobre todo, al escribir de una criada cercana a la santidad (la Benina, de <em>Misericordia</em>). En el teatro galdosiano del momento y en las nuevas novelas, como en las tres &uacute;ltimas series de <em>Episodios</em> (desenga&ntilde;adas y humor&iacute;sticas, llenas de mani&aacute;ticos l&uacute;cidos), las mujeres empiezan a ser un fermento de redenci&oacute;n (<em>La de San Quint&iacute;n</em>, <em>Amor y ciencia</em>, <em>Casandra</em>, <em>Sor Simona</em>) y el fracaso de su querida clase media le lleva a a&ntilde;orar los valores de la verdadera aristocracia (<em>El abuelo</em>), la ambici&oacute;n tesonera de un criado catal&aacute;n que se ha hecho rico (<em>La loca de la casa</em>), e incluso cavila la posible fusi&oacute;n redentora de aristocracia y pueblo (<em>Alma y vida</em>).</p>
<p>Una novela aleg&oacute;rica de 1909, <em>El caballero encantado</em>, cerr&oacute; admirablemente el ciclo patri&oacute;tico que hab&iacute;a iniciado el descubrimiento de la naci&oacute;n por el grumete Gabriel Araceli en <em>Trafalgar</em>: vale la pena volver sobre la fantas&iacute;a postrera de un Gald&oacute;s arcaizante y progresista, so&ntilde;ador e inquieto&hellip; Azor&iacute;n (que hab&iacute;a sido anarquista y luego compatibiliz&oacute; la devoci&oacute;n por Antonio Maura y por Francisco Giner de los R&iacute;os) escribi&oacute; en <em>Lecturas espa&ntilde;olas</em> (1912) algo muy cierto acerca del &uacute;ltimo Gald&oacute;s: "Este hombre ha hecho que la palabra Espa&ntilde;a no sea una abstracci&oacute;n, algo seco y sin vida, sino una realidad; este hombre ha dado a ideas y sentimientos que estaban flotantes, dispersos, inconexos, una firme solidaridad y unidad [&hellip;]. Don Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s, en suma, ha contribuido a crear una conciencia nacional: ha hecho vivir Espa&ntilde;a con sus ciudades, sus pueblos, sus monumentos, sus paisajes". &iquest;No convendr&iacute;a volver -en tiempos de tribulaci&oacute;n- a pensar un poco en todo eso?</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 11 Mar 2020 07:05:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Robert Walser: En la concha del caracol]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/robert-walser-en-la-concha-del-caracol/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2020/walser600.jpg" alt="" /></p>
<p>&ldquo;Nadie tiene derecho a tratar conmigo como si me conociera&rdquo;: la afirmaci&oacute;n intimida y pone a todo aquel que quiera intentar una aproximaci&oacute;n al escritor suizo ante una dif&iacute;cil tesitura. Tal vez la soluci&oacute;n sea precisamente conocerlo, meti&eacute;ndose para ello en la concha de caracol desde la que siempre escribi&oacute; y utilizando como &eacute;l un l&aacute;piz, un sencillo l&aacute;piz como los que su padre vend&iacute;a en la tienda de art&iacute;culos de papeler&iacute;a y encuadernaci&oacute;n que regentaba en Biel y que, visto en perspectiva, bien puede entenderse como una premonici&oacute;n de aquello que m&aacute;s tarde se convertir&iacute;a en esencial para el sexto de los siete hijos de los Walser. El negocio en aquellos a&ntilde;os funcionaba bien y la numerosa familia viv&iacute;a de manera desahogada, aunque poco despu&eacute;s, a finales de la d&eacute;cada de los 80, la gran depresi&oacute;n acabar&iacute;a con la pr&aacute;ctica totalidad de los peque&ntilde;os negocios, tambi&eacute;n con el suyo. Para obtener ingresos, la familia se vio obligada entonces a alquilar algunas habitaciones de su casa y, al final, acab&oacute; por trasladarse a un barrio m&aacute;s pobre de la ciudad. La madre, melanc&oacute;lica y con una marcada tendencia a las crisis depresivas y emocionales, que heredar&iacute;an algunos de sus hijos (el propio Robert, adem&aacute;s de Ernst, fallecido en 1916 en Waldau, donde estaba ingresado por una enfermedad ps&iacute;quica, y Hermann, que se suicid&oacute; en 1919), nunca lleg&oacute; a superar el fracaso econ&oacute;mico, enferm&oacute; y muri&oacute; pronto, en 1894. Lisa, la hermana mayor, se encarg&oacute; de cuidarla durante los a&ntilde;os de la enfermedad y tambi&eacute;n de llevar la casa mientras la situaci&oacute;n econ&oacute;mica empeoraba de d&iacute;a en d&iacute;a. Robert y su hermano Karl, el futuro dibujante, se vieron obligados a abandonar la escuela un a&ntilde;o antes de terminar el bachiller, un brusco cambio de su situaci&oacute;n vital que dejar&iacute;a en el futuro escritor una huella indeleble, la cual revirti&oacute; en su escritura de manera singular, distanci&aacute;ndola, volvi&eacute;ndola casi esquiva a medida que intentaba alejarse cada vez m&aacute;s de un mundo que le resultaba ajeno, de un mundo en el que sus anhelos de vivir de la literatura se ver&iacute;an truncados una y otra vez, de un mundo en el que solo encontr&oacute; protecci&oacute;n en la distancia.</p>
<p>&nbsp;As&iacute; fue como en 1892 Walser empez&oacute; a trabajar como aprendiz en la filial de Biel del Banco Cantonal de Berna. Los problemas econ&oacute;micos y la falta de cari&ntilde;o materno van creando un vac&iacute;o en la vida del futuro escritor, que no se llenar&aacute; ya nunca m&aacute;s. En realidad el trabajo en el banco no es m&aacute;s que un intento de encontrar una estructura para una biograf&iacute;a que ha empezado a tambalearse en sus cimientos, tal como puede comprobarse en los numerosos mon&oacute;logos interiores que recorren la novela <em>Los hermanos Tanner</em> (1907), a trav&eacute;s de los que Simon intenta dar forma a su existencia. Es Walser el que habla consigo mismo y este recurso, que le permite establecer una conversaci&oacute;n solitaria, sin respuesta, ser&aacute; en todo momento el favorito de su escritura, la forma que, como su concha, lo proteger&aacute; del exterior. El trabajo no es para &eacute;l un medio de vida, sino simplemente un papel que debe desempe&ntilde;ar, otro m&aacute;s de entre los muchos que represent&oacute; siempre en casa, un disfraz, en el fondo, como los que utilizaba para estas actuaciones y de los que nos ha quedado un magn&iacute;fico testimonio en un dibujo que su hermano Karl le hizo en el papel de Karl Moor, el protagonista de <em>Los bandidos</em> de Friedrich Schiller. El peque&ntilde;o Walser parece encontrarse a gusto en este juego de papeles que, con el tiempo, se convertir&aacute; en una constante, pues los l&iacute;mites entre realidad y ficci&oacute;n se difuminan en su vida y en su obra hasta lo irreconocible, como si de una sola se tratara: &ldquo;&iquest;Quieres cambiar la vida real por la apariencia, el cuerpo por su reflejo?&rdquo;, escribe en 1902. Pero a pesar de la atracci&oacute;n que siente por la escena, y a pesar tambi&eacute;n de la decepci&oacute;n que le supuso no haber conseguido un papel en una obra que se iba a representar en el Teatro Real de Stuttgart (su expresi&oacute;n era poco &aacute;gil), pronto se convence de que esa profesi&oacute;n no le ofrece la intimidad que necesita para llevar a cabo su juego con el otro. A la ciudad suaba hab&iacute;a llegado en 1895, siguiendo a Karl, que aprend&iacute;a all&iacute; a pintar interiores, aunque un a&ntilde;o despu&eacute;s, tras la fallida experiencia teatral y haber trabajado en una librer&iacute;a, decide regresar a Suiza, andando, para establecerse en Z&uacute;rich con el firme prop&oacute;sito de ser escritor.</p>
<p>Walser estaba convencido de que el torrente de emociones que pod&iacute;a expresarse a trav&eacute;s del lenguaje y la m&iacute;mica, la expresi&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica en su totalidad, debia tener su mejor espacio de manifestaci&oacute;n en el teatro. Pero no fue capaz de llevarlo a la pr&aacute;ctica, pues los primeros intentos dram&aacute;ticos no resultaron en textos comparables a su prosa posterior. No obstante, dan testimonio de un joven autor en busca de su identidad, que reflexiona a la vez sobre las numerosas posibilidades que ofrece la escritura, jugando incluso con los g&eacute;neros, como puede verse en un cuento en verso, <em>Cenicienta </em>(<em>Aschenbr&ouml;del, </em>1901), en el que trata de armonizar la anhelada fusi&oacute;n entre realidad y ficci&oacute;n, convirtiendo al g&eacute;nero literario en un personaje m&aacute;s y desarticulando su forma cl&aacute;sica y su final feliz: la protagonista no pretende una vida de princesa, pues lo que el pr&iacute;ncipe le ofrece no cuadra con sus ideales de emancipaci&oacute;n. Junto a ello la defensa que aqu&iacute; se hace del hecho de servir a otras personas, vista no como humillaci&oacute;n, sino como resistencia frente a la com&uacute;n idea de actuaci&oacute;n pasiva, hace de este breve drama una clave para la comprensi&oacute;n de la posterior obra walseriana. Algo similar es lo que ocurre con <em>Blancanieves </em>(<em>Schneewittchen</em>), publicada tambi&eacute;n ese mismo a&ntilde;o, una continuaci&oacute;n del cuento original que desarticula el texto cl&aacute;sico convirtiendo en pasi&oacute;n lo que en este es amor. Blancanieves no anhela otra cosa m&aacute;s que regresar a su mundo sin emociones de la casa de los enanos, pero, como no puede hacerlo, se inventa otro y, con &eacute;l, un final conciliador. La moraleja del cuento es, por tanto, sospechosa, pues responde, en realidad, a una moral concreta con la que Walser nunca lleg&oacute; a estar del todo de acuerdo: la del mundo burgu&eacute;s.</p>
<p>Y eso que cuando dio sus primeros pasos como escritor a&uacute;n la aceptaba y respetaba sus convenciones, intentando lograr la aceptaci&oacute;n de sus futuros lectores. Tiene solo veinte a&ntilde;os en el momento en que sus primeros poemas ven la luz en un peri&oacute;dico local. Josef Viktor Widmann lo hab&iacute;a hecho posible, y &eacute;l mismo escribe una rese&ntilde;a en la que constata &ldquo;tonos verdaderamente nuevos&rdquo;. Al escritor Franz Blei le llamaron la atenci&oacute;n y le introdujo en el c&iacute;rculo de la revista <em>Die</em> <em>Insel</em>, donde Walser publicar&iacute;a sus textos a partir de entonces. Asimismo promovi&oacute; su colaboraci&oacute;n en otras revistas como <em>Der blaue Vogel </em>y <em>Die Opale</em>. Los c&iacute;rculos de escritores reconocidos van abri&eacute;ndose para recibir al nuevo poeta: Frank Wedekind, Alfred Kubin, Marcus Behmer, los dos &uacute;ltimos tambi&eacute;n conocidos ilustradores. Pero Walser parece no sentir demasiado inter&eacute;s por relacionarse con estos representantes de una vida establecida, ante la cual, el poeta parece ahora asustarse. Necesita su autonom&iacute;a, no como gesto de resistencia ante la moral burguesa, sino como requisito para la propia existencia. Las condiciones para dedicarse a la literatura son en M&uacute;nich m&aacute;s favorables que en ning&uacute;n otro sitio, pero le siguen faltando los recursos econ&oacute;micos y regresa a Suiza. Los trabajos que desempe&ntilde;ar&aacute; a partir de entonces ser&aacute;n muchos, pero tambi&eacute;n de corta duraci&oacute;n: empleado en diferentes empresas, en una editorial, en una compa&ntilde;&iacute;a de seguros, en un banco, ayudante de un ingeniero&hellip; Son espacios en los que escribe mientras simula trabajar, espacios que, al igual que sus constantes cambios de residencia, suponen un nomadismo existencial, una fuga constante, ya sea de alojamiento, ciudad, taberna u oficio, en un intento continuo de evitar &ldquo;llevar una vida ociosa y angustiada junto a la estufa de casa&rdquo;, en palabras de Jakob von Gunten. Durante la I Guerra Mundial prest&oacute; el servicio militar y, al final, trabaj&oacute; tambi&eacute;n como bibliotecario. Pero lo m&aacute;s importante para &eacute;l eran sus textos. Y as&iacute;, tras una larga correspondencia con Rudolf von Poellnitz, entonces director de la editorial Insel, <em>Los cuadernos de Fritz Kocher </em>(<em>Fritz Kochers Aufs&auml;tze</em>) vieron la luz en diciembre de 1904. Se trata de una colecci&oacute;n de redacciones escolares que un editor ficticio publica tras la muerte de su joven autor. El volumen trae consigo una nueva est&eacute;tica, la de la escritura sin un tema concreto, la que no tiene un contenido espec&iacute;fico: &ldquo;Me gusta escribir sobre todo sin diferencia alguna. No me atrae la b&uacute;squeda de una trama determinada, sino elegir palabras hermosas, delicadas&rdquo;. Los textos no tienen un orden aparente y el estudiante va perdi&eacute;ndose poco a poco en diferentes argumentos y reflexiones, que conforman el marco para las opiniones de un joven respecto de su entorno (la escuela, la familia, el bosque, la patria&hellip;), expuestas con esa aparente ingenuidad que oculta tras de s&iacute; la mordaz iron&iacute;a walseriana.</p>
<p>Despu&eacute;s de <em>Los cuadernos</em> y en un periodo de tiempo de escasos tres a&ntilde;os, Walser escribe la trilog&iacute;a de novelas que lo har&aacute; famoso: <em>Los hermanos Tanner </em>(<em>Geschwister Tanner, </em>1907), <em>El ayudante </em>(<em>Der Geh&uuml;lfe, </em>1908) y <em>Jakob von Gunten </em>(1909). Compuestas durante su estancia en Berl&iacute;n, son un recorrido por la tem&aacute;tica inherente al conjunto de su obra, y que se convertir&aacute; con el tiempo en una categor&iacute;a propia, la de la identidad, articulada en la l&iacute;nea del proceso de reflexi&oacute;n sobre el tema que domina de principio a fin toda su producci&oacute;n literaria. El papel dominante lo desempe&ntilde;a, en su caso, el juego ir&oacute;nico con la idea burguesa del yo inalterable del individuo, a trav&eacute;s del cual Walser ofrece una visi&oacute;n desilusionante del proceso de formaci&oacute;n y desarrollo, que conlleva a su vez una nueva visi&oacute;n de los conceptos de &ldquo;individuo&rdquo; e &ldquo;identidad&rdquo;, los cuales han ido variando su significado en el proceso hist&oacute;rico que ha contribuido a la transformaci&oacute;n de la sociedad de clases. La identidad es ahora una tarea individual, aislada. Klaus Tanner, el m&eacute;dico establecido y de buena reputaci&oacute;n, representa de forma m&aacute;s pura el modelo de identidad del siglo XIX, ese modelo ahora sin valor, que Walser describe con una iron&iacute;a provocadora, como si de una caricatura se tratara. Su hermano Simon, el menor, se agota en numerosos intentos fracasados de conseguir formar parte de esa sociedad, presentados en una linealidad fragmentada que prefigura ya la nueva novela moderna. Y Kaspar, el artista, que ve su trabajo como la &uacute;nica posibilidad de una vida aut&eacute;ntica, fracasa igualmente en un entorno lleno de clich&eacute;s, que no comprende que alguien pueda vivir una vida libre, sin ataduras sociales. Para evitar el fracaso, Klaus, el mayor de los hermanos, lo anima a ir a Italia, el &uacute;nico lugar donde, desde su punto de vista convencional, podr&aacute; conseguir la madurez necesaria para dedicarse al arte. Pero el mito de Italia se desmonta en esta novela a trav&eacute;s de los ojos de este artista que no considera en absoluto que en ese pa&iacute;s del sur puedan existir m&aacute;s bellezas que en cualquier otra parte. Interesante aqu&iacute; es el hecho de que las conversaciones entre los hermanos, aunque contradictorias, responden, sin duda, al discurso modernista.</p>
<p>Walser hab&iacute;a llegado a Berl&iacute;n en 1905, pues la capital alemana le parec&iacute;a el lugar m&aacute;s adecuado para desarrollarse como escritor. Berl&iacute;n era el centro pol&iacute;tico de Alemania, pero tambi&eacute;n el centro de las ansias de poder y expansi&oacute;n del imperio alem&aacute;n. Militarismo e imperialismo se respiraban en cada esquina. All&iacute; estaba ya su hermano Karl, ahora un ilustrador famoso, con una reputaci&oacute;n que posibilit&oacute; a Robert nuevos contactos, entre los que se contaba el editor Bruno Cassirer, quien le anim&oacute; a escribir su primera novela. Pero la vida de la bohemia berlinesa tampoco parece ajustarse a &eacute;l y, aun consciente de las posibilidades que se le ofrecen para dedicarse a la literatura, no est&aacute; dispuesto a aceptar sus condiciones y entra en una escuela para mayordomos en un intento de escaparse una vez m&aacute;s de un entorno que le es ajeno y recogerse y diluirse en &eacute;l hasta pasar totalmente desapercibido. Incapaz de adaptarse a las exigencias de la sociedad, se esconde ahora tras el uniforme de la escuela, desde donde no puede verse su escaso, o quiz&aacute; nulo, instinto social. Y as&iacute;, tras concluir su formaci&oacute;n, entra en 1905 al servicio de la casa Dambrau en Silesia. La experiencia al servicio de otros resultar&iacute;a despu&eacute;s en una constante que dar&aacute; forma a esa categor&iacute;a &ldquo;identidad&rdquo; con la que nunca dej&oacute; de experimentar en sus textos. Tal vez porque el hecho de servir a otros ocultaba sus aspiraciones reales y le daba la oportunidad de perderse tras un yo en el que poder realizar actividades que de otra forma le hubiera resultado imposible llevar a cabo.</p>
<p>En la atm&oacute;sfera berlinesa, en la que todo es grande y monumental, desarrolla Walser su amor por lo peque&ntilde;o, por lo insignificante. Pero es un amor heredado. Heredado de la tradici&oacute;n helv&eacute;tica. Y ser&aacute; precisamente en el contraste con la gran ciudad, cuando Suiza empiece a revelarse como la aut&eacute;ntica concha de caracol, que dar&aacute; refugio al poeta en todos los sentidos. Valora cada vez m&aacute;s el inc&oacute;gnito y, sin quererlo, har&aacute; de &eacute;l uno de los<em> </em>motivos por excelencia de la literatura modernista: el papel del escritor que se oculta en sus palabras, sus posibilidades y perspectivas, se convierten en tema de reflexi&oacute;n en muchos de sus textos en prosa, tal como se refleja en<em> El ayudante</em>, su novela de mayor &eacute;xito. Publicada en 1908, las referencias autobiogr&aacute;ficas son obvias, pues recogen las experiencias del autor durante el tiempo que trabaj&oacute; como ayudante del ingeniero Carl Dubler en W&auml;denswil. El personaje de Joseph Marti es, sin duda, uno de los m&aacute;s representativos de la obra de Walser, tanto por su especial significado como testigo del ocaso de la conciencia burguesa como por el magn&iacute;fico juego de perspectivas narrativas en el que se enmarca su historia y que hace de esta obra un paradigma de la modernidad. Nada cambia en la vida de Joseph desde que entra al servicio de Tobler, de forma que abandonar&aacute; la casa exactamente igual que ha llegado, sin haber experimentado ning&uacute;n tipo de evoluci&oacute;n. Adem&aacute;s, su incapacidad a la hora de escribir sus memorias niega, por otro lado, el significado de su propia persona, de su ser como individuo. Pero a partir de este momento, el ayudante, el sirviente que est&aacute; a disposici&oacute;n de otros, se convierte en uno de los personajes definitivos en sus textos, aunque el hecho de &ldquo;servir&rdquo; no deja de ser, en realidad, m&aacute;s que una forma oculta de dominio que, precisamente en el contexto del fin de siglo, puede leerse tambi&eacute;n, en una dimensi&oacute;n filos&oacute;fica, como una f&oacute;rmula contraria a la postulada por Nietzsche. Sus j&oacute;venes protagonistas centran todos sus esfuerzos en una &uacute;nica cosa, el cumplimiento del deber, la obediencia, pues creen que &uacute;nicamente obedeciendo pueden escapar a la responsabilidad que conlleva la existencia, ya que, en realidad, no quieren ser nadie. La obsesi&oacute;n por la insignificancia que domin&oacute; al autor durante toda su vida encuentra aqu&iacute; una de sus mejores expresiones.</p>
<p>Frente a la crisis de la identidad individual los personajes de Walser representan nuevas perspectivas para el yo: el Instituto que se describe en <em>Jakob von Gunten</em>, la tercera de las novelas, en s&iacute; un modelo de Estado autoritario, ve desmitificado su supuesto poder por la actitud de los personajes, caracterizados por la iron&iacute;a inmanente a la propia obra, la m&aacute;s abstracta de la trilog&iacute;a, y, sin embargo, la m&aacute;s valorada por Kafka: &ldquo;Conozco <em>Jakob von Gunten</em>, un buen libro&rdquo;. Siendo as&iacute;, era de esperar que los lectores de aquel momento no lo entendieran del mismo modo. Y hasta el propio Walser supo siempre que su forma de narrar lo cotidiano sin a&ntilde;adir a lo narrado ning&uacute;n tipo de emoci&oacute;n no se correspond&iacute;a en absoluto con las expectativas del p&uacute;blico de una &eacute;poca demasiado acostumbrada a&uacute;n a los tonos realistas. Adem&aacute;s, la novela supone una cr&iacute;tica radical a los fundamentos de la identidad moderna esto es, a la autonom&iacute;a y a la autosuficiencia del individuo, que se ve obligado a renunciar al &ldquo;yo&rdquo; hasta hacerlo desparecer convirti&eacute;ndolo en un &ldquo;encantador cero a la izquierda&rdquo;, que no pretende otra cosa m&aacute;s que alcanzar el estatus de sirviente, socialmente despreciado a todos los niveles, situ&aacute;ndolo en la m&aacute;s absoluta mediocridad y haciendo as&iacute; que se diluya cualquier aspiraci&oacute;n a tener un papel en la sociedad, a la que sirve con absoluto desinter&eacute;s personal, libre del deseo de encumbrarse en ella.</p>
<p>Justo un a&ntilde;o antes del estallido de la guerra, Walser abandona Berl&iacute;n. Es probable que all&iacute; escribiera tres novelas m&aacute;s que acab&oacute; desechando y quemando. No se ha conservado ning&uacute;n borrador, tal vez porque su despedida de la capital supuso tambi&eacute;n su despedida (por el momento) del g&eacute;nero novelesco, con el que hab&iacute;a estado obsesionado durante todo el tiempo de su estancia en la gran ciudad y que ya no se correspond&iacute;a con la forma &ldquo;peque&ntilde;a y reducida&rdquo; de Suiza. Se refugi&oacute; entonces en lo que &eacute;l denominaba como &ldquo;la concha del caracol del relato breve&rdquo;, un refugio que, aunque no lo proteg&iacute;a de la cr&iacute;tica, al menos s&iacute; lo hac&iacute;a de cualquier tipo de comparaci&oacute;n desmedida, y le permit&iacute;a reducirse, desvanecerse, desaparecer. Fue tambi&eacute;n la despedida de su hermano Karl, a quien hab&iacute;a seguido siempre que hab&iacute;a podido y a quien admiraba sobremanera. De vuelta en la Confederaci&oacute;n, en la buhardilla del hotel &laquo;Zum blauen Kreuz&raquo;, en la que vivir&aacute; hasta 1921, Walser da forma a un breve relato, <em>Vida de un pintor (Leben eines Malers)</em>, que ver&aacute; la luz en enero de 1916 en la <em>Neue Rundschau</em>. Por primera vez desarrolla la forma en la que, a partir de ahora, dar&aacute; expresi&oacute;n a nuevos textos: cuadros en prosa. El relato es un montaje de descripciones de diversos cuadros de Karl Walser, pintados todos en 1900 y expuestos en el museo Neuhaus de Biel, y que el narrador va describiendo al hilo de la historia del artista. No obstante, el personaje no desempe&ntilde;a aqu&iacute; el papel principal, aunque posee un significado muy peculiar en tanto que los cuadros sirven de superficie sobre la que se proyecta la imagen de un artista poco seguro de s&iacute; mismo. Ese mismo a&ntilde;o publica el relato <em>Vida de poeta </em>(<em>Poetenleben</em>), un relato que sigue manteniendo la estructura y el estilo en los que Walser parece encontrarse c&oacute;modo: la descripci&oacute;n de un retrato, una biograf&iacute;a con referencias claramente autobiogr&aacute;ficas, que el narrador intenta esconder utilizando la forma del plural. En la obra, el uso del lenguaje administrativo que el poeta se ha visto obligado a utilizar en sus numerosos puestos de trabajo le otorga el anonimato tan valorado por Walser al tiempo que se convierte en el veh&iacute;culo de expresi&oacute;n para el fracaso del prop&oacute;sito de la escritura: describrir una vida real. El modelo ya lo hab&iacute;a perfilado en 1905 en el relato <em>Vida de un escritor </em>(<em>Leben eines Dichters</em>), donde recoge momentos concretos de la vida de un poeta y construye con ellos diferentes escenas que resultan en una biograf&iacute;a. Pero en una biograf&iacute;a fuera de lo com&uacute;n, ficticia, a trav&eacute;s de la que el trabajo del poeta se convierte en la met&aacute;fora de otra forma de escribir, en la po&eacute;tica del propio Walser, reconocible aqu&iacute; ya en todos sus contornos. Los retratos, en los que siempre habr&aacute; una relativa autorreferencialidad, se acumulan tambi&eacute;n a lo largo de los siguientes a&ntilde;os: <em>Kleist en Thun </em>(1907), <em>Brentano </em>(1910), <em>Dickens </em>(1911), <em>Lenz </em>(1912), <em>Kotzebue</em> (1912), <em>La huida de B&uuml;chner </em>(1912), <em>Lenau (I) </em>(1914-15), <em>H&ouml;lderlin </em>(1915), <em>Hauff </em>(1917), por nombrar tan solo algunos, en los que Walser parece buscar sus modelos, sus referentes.</p>
<p>Los textos de este periodo ponen de manifiesto que se siente a gusto de vuelta en Suiza. El escritor recorre bosques y pueblos, y pinta cuadros, cuadros mentales, de las gentes con las que se encuentra. Pero tambi&eacute;n de la naturaleza. Sus <em>Prosas breves </em>(<em>Kleine Dichtungen</em>), publicadas en 1915 en la editorial de Kurt Wolff, son testimonio de la intensidad con la que observa su entorno, y con ellas ganar&aacute; Walser el &uacute;nico premio que obtuvo en su vida. Fueron a&ntilde;os productivos, durante los que escribi&oacute; varios vol&uacute;menes de prosa breve y una narraci&oacute;n de mayor extensi&oacute;n, <em>El paseo </em>(<em>Der Spaziergang</em>), publicada en su versi&oacute;n definitiva en 1920, en la que el relato se orienta a la forma del movimiento del paseante como veh&iacute;culo de expresi&oacute;n y alimento existencial de una vida atormentada. Pero tambi&eacute;n son a&ntilde;os en los que el autor conoce una cara m&aacute;s negativa de la vida: la del soldado de infanter&iacute;a. Walser es reclutado con cierta regularidad; a veces no le dan bien de comer, aunque vino no falta nunca en el sur de la Confederaci&oacute;n. En cualquier caso, la situaci&oacute;n no le agrada, pues no le deja tiempo para escribir. Los textos en los que refleja vivencias de este periodo ponen de manifiesto una situaci&oacute;n inusitada: c&oacute;mo el servicio militar puede llegar a ser un refugio para el individuo e incluso darle la oportunidad de tener un hogar. Porque, aunque el pa&iacute;s no participa directamente en la guerra, la vida en Suiza experimenta cambios que se reflejan tambi&eacute;n en la situaci&oacute;n pol&iacute;tica posterior al conflicto. Pero Walser prefiere seguir al margen, en su concha, pues las transformaciones pol&iacute;ticas no le ofrecen ninguna garant&iacute;a: &ldquo;Lo pol&iacute;tico me aburre&rdquo;, escribe en 1919 a uno de sus editores. La situaci&oacute;n repercute tambi&eacute;n en la vida cotidiana de los individuos: los alimentos se racionan y Walser se ve obligado con frecuencia a pedir ayuda a Frieda Mermet, la &uacute;nica mujer que, en este periodo en el que ha vivido tan solo, ha conseguido despertar su atenci&oacute;n. La ha conocido en Bellelay, donde trabaja como regente de una lavander&iacute;a. Con ella mantendr&aacute; una larga correspondencia, en la que hablar&aacute; de amor e incluso de matrimonio; pero la perspectiva de futuro no resulta muy halag&uuml;e&ntilde;a debido a la falta de ingresos econ&oacute;micos con los que poder mantener una familia. Tambi&eacute;n con Johanna L&uuml;thy, que vivi&oacute; en su mismo edificio en Z&uacute;rich entre 1896 y 1897, mantuvo Walser una estrecha relaci&oacute;n que se refleja en reflexiones, personajes y escenas que recuerdan los meses que pasaron juntos. El sentimiento se cuela de este modo entre las l&iacute;neas de sus textos, y as&iacute;, tanto en cartas como en esbozos, el escritor deja hablar al amor que &eacute;l concibe como algo tan poderoso, de tal grandeza, que es imposible vivirlo. Pero, al escribir sobre ello, Walser coloca a las mujeres en el centro de su creaci&oacute;n, haciendo ver que, en cuestiones de amor, aunque sea con las camareras de las tabernas que frecuenta, incluso el fracaso conlleva felicidad.</p>
<p>Aunque durante este tiempo haya habido alg&uacute;n peque&ntilde;o rayo de esperanza, los a&ntilde;os de la guerra han dejado tambi&eacute;n su huella en el escritor. En 1917 Walser hab&iacute;a dejado de utilizar la pluma como instrumento de escritura. La tinta no le otorga suficiente confianza, le parece sospechosa. Pero, en realidad, este cambio coincide con las primeras manifestaciones de ciertos trastornos psicosom&aacute;ticos que le provocaron calambres en su mano derecha, y que &eacute;l quiso atribuir a una animosidad inconsciente hacia el &uacute;til de escritura. El lapicero, que ya siempre le acompa&ntilde;ar&aacute;, trae consigo un cambio en su letra, pues hace que los rasgos de su graf&iacute;a pierdan el contorno y se hagan m&aacute;s &aacute;giles. Por otro lado, lo escrito a l&aacute;piz sugiere transitoriedad, parece perecedero y le ayuda en su voluntad de empeque&ntilde;ecimiento y desaparici&oacute;n en el entorno que lo rodea. La mala situaci&oacute;n que atraviesa el autor repercute tambi&eacute;n en su f&iacute;sico. Walser, que nunca ha tenido en mucho su aspecto, contin&uacute;a abusando del alcohol, sin prestarle ahora ninguna atenci&oacute;n. Las experiencias l&iacute;mite que est&aacute; viviendo desembocar&aacute;n en una grave crisis. Su hermana Lisa le propone ingresar por un tiempo en la cl&iacute;nica de Bellelay. Durante el invierno de 1918 Walser vuelve a trabajar en una novela: <em>Tobold</em>. El manuscrito est&aacute; listo en 1919 y lo env&iacute;a a Rascher, el editor, pero tambi&eacute;n en el mundo editorial la guerra ha dejado sus huellas y nadie parece interesarse por el texto, de manera que no se sabe pr&aacute;cticamente nada de esta obra perdida. En 1922 vuelve a intentar conseguir un editor para otra novela: <em>Theodor</em>. Pero Walser ya no interesa. Tan solo consigue publicar unas pocas p&aacute;ginas al a&ntilde;o siguiente en <em>Wissen und Leben</em>, la revista que dirige Max Rychner. De nuevo un texto en el que, con el topos de la b&uacute;squeda de un empleo como trasfondo, el protagonista ocupa un puesto secundario como secretario de una asociaci&oacute;n de artistas y acaba siendo despedido por el rico comerciante con cuya esposa mantiene una relaci&oacute;n.</p>
<p>A comienzos de 1921 Walser se traslada de Biel a Berna. Ocupa aqu&iacute; un puesto como bibliotecario en el Archivo Municipal y, por fin, puede disponer de unos ingresos regulares. El ritmo de la vida en la capital no desagrada al escritor. Pero todo ha cambiado, y ahora tiene menos ideas y menos tiempo para escribir. El nuevo puesto, sin embargo, le da seguridad. Frieda Mermet sigue siendo su mejor amiga, su mejor corresponsal. Tambi&eacute;n su mayor ayuda, pues le env&iacute;a alimentos desde Bellelay y, a pesar de sus muchas quejas, lo cierto es que durante el tiempo que pasa en Berna Walser compone un buen n&uacute;mero de textos. A pesar de no encontrar editor, consigue publicar en los suplementos de peri&oacute;dicos como la <em>Neue Z&uuml;rcher Zeitung </em>o el <em>Basler Nachrichten.</em> Su trato con editores y redactores se vuelve cada vez m&aacute;s complicado, es desconfiado, cuidadoso, siempre preocupado por que le paguen lo que lo corresponde. Ser&aacute; su &uacute;ltimo gran periodo creativo.</p>
<p>En 1925 aparece el que ser&aacute; su &uacute;ltimo libro, <em>La rosa </em>(<em>Die Rose</em>), una colecci&oacute;n de peque&ntilde;os esbozos en prosa. Es el balance de su vida literaria: retratos de autores, de obras, recuerdos de infancia, de lecturas, impresiones de representaciones teatrales, todo ello expuesto sin ning&uacute;n tipo de emoci&oacute;n, como siempre ha hecho. Aun siendo as&iacute;, este volumen supone el autorretrato m&aacute;s l&uacute;cido de su autor, el retrato abstracto de una existencia solitaria que explica su rechazo a que nadie pudiera tratarlo como si lo conociera, su deseo de seguir refugiado en su concha. A <em>La rosa</em> regresan todos los temas que han configurado su obra y su vida, pero tan solo uno puede definirse como su aut&eacute;ntico <em>leitmotiv</em>: la b&uacute;squeda de una forma para seguir viviendo en las diferentes posibilidades de su identidad. La vida solo puede hacerse comprensible gracias a la abstracci&oacute;n, este es el programa de la colecci&oacute;n, y tal vez por ello, al igual que <em>Jakob von Gunten</em>, result&oacute; un absoluto fracaso en unos tiempos en los que el individuo necesitaba aferrarse a la realidad. Es evidente que Walser ha perdido el inter&eacute;s del p&uacute;blico, y con &eacute;l tambi&eacute;n el de los editores. Pero ello no le quita las ganas de escribir. Y, aunque parezca que sus textos no cesan de dar vueltas sobre las mismas cuestiones de anta&ntilde;o, sobre su identidad, en definitiva, por sus propios comentarios es posible intuir que la imagen que el autor tiene de s&iacute; mismo ha cambiado. Su estilo tambi&eacute;n es diferente, se ha vuelto m&aacute;s metaf&oacute;rico, m&aacute;s artificioso, m&aacute;s vanguardista. Sus largos paseos y sus viajes a pie (de Berna a Biel, incluso a Ginebra) aumentan en &eacute;l la sensibilidad para percibir el paisaje, la naturaleza. Caminar, vagar, es su manera de vivir, su recurso ante las exigencias de la existencia, el necesario alimento para sus sentidos. Los colores y los sonidos se han convertido ahora en su cotidianeidad, las im&aacute;genes po&eacute;ticas se vuelven m&aacute;s abstractas, los retratos se convierten casi en caricaturas de personajes m&iacute;nimos, an&oacute;nimos, seguramente porque la convivencia entre paseante y naturaleza incrementa la relaci&oacute;n sujeto-objeto.</p>
<p>En 1926 empieza a trabajar en una nueva novela. Se trata en realidad de la descripci&oacute;n del proceso ficticio de configuraci&oacute;n de un texto, o lo que es lo mismo, de una nueva reflexi&oacute;n sobre el proceso de escritura. Aunque conoce la forma, el resultado no es ahora el mismo. El marco para este nuevo intento es la vida en Berna, y a trav&eacute;s de ella, en acumulaciones graduales, en la desarticulaci&oacute;n de la estructura y el contenido, se prefigura ya la crisis que el g&eacute;nero vivir&aacute; durante el siglo XX. La ilusi&oacute;n de la ficcionalidad desaparece y lo que se lee aqu&iacute; no es m&aacute;s que la articulaci&oacute;n de un texto literario sin m&aacute;s, el escritor situado frente al papel.</p>
<p>Pero la novela no ver&aacute; nunca su fin y Walser comenzar&aacute; paulatinamente a escribir menos, y tambi&eacute;n a retirarse definitivamente de la vida social. No escribe pensando en un posible lector y su escritura, igual que su persona, se reduce, se minimaliza, como si quisiera ocultarse incluso a sus propios ojos. Walser siente la necesidad de esconderse de todo lo que lo rodea disminuy&eacute;ndose a s&iacute; mismo en la escritura, en una nueva escritura sin contornos, diminuta, imperceptible, en la que llevar a t&eacute;rmino su po&eacute;tica de la reducci&oacute;n. Los textos de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, escritos de manera microgr&aacute;fica, no tienen contorno, pero s&iacute; estructura. No pueden ordenarse siguiendo modelos racionales, pero reflexionan sobre su propio proceso de composici&oacute;n. Son, en este sentido, mucho m&aacute;s radicales que los trabajos en prosa de los primeros a&ntilde;os, y tambi&eacute;n su consecuencia l&oacute;gica, la expresi&oacute;n de su peculiar individualidad, pues la propia biograf&iacute;a sigue siendo la fuente de la que el autor se abastece, aunque se oculte tras las m&aacute;scaras m&aacute;s diversas. En los microgramas, para los que el autor utiliza todo papel que encuentra disponible (m&aacute;rgenes de pruebas, sobres, facturas, telegramas, formularios de impuestos&hellip;), juega con los g&eacute;neros, con el lenguaje y se recrea en artificios y rimas que a veces confunden, pero los temas se repiten, aparecen una y otra vez configurando as&iacute; una unidad tem&aacute;tica en la que el quehacer literario en s&iacute; desempe&ntilde;a un papel fundamental. Walser vuelve a escribir una novela: <em>El bandido (Der R&auml;uber)</em>. Para ello utiliza, sin embargo, cuartillas escogidas, no cualquier papel que pueda tener a su disposici&oacute;n, y la cuidada caligraf&iacute;a, toda una obra maestra, permite ver el inter&eacute;s que el autor ten&iacute;a en la composici&oacute;n de este texto. La constelaci&oacute;n de personajes y espacios es conocida: un entorno burgu&eacute;s en el que &ldquo;el bandido&rdquo; no tiene posibilidad alguna de supervivencia, situ&aacute;ndose as&iacute; en la estela dejada por sus predecesores Simon Tanner, Joseph Marti y Jakob von Gunten.</p>
<p>Pero poco a poco Walser va haci&eacute;ndose cada vez menos perceptible, tanto a nivel personal como literario. A simple vista resulta imposible descifrar lo que escribe. El tama&ntilde;o medio de su letra no supera los dos o tres mil&iacute;metros. Esta desaparici&oacute;n progresiva de la visualizaci&oacute;n de sus textos supone en cierto modo tambi&eacute;n el inicio de una larga despedida. Aunque sigue clamando por una consideraci&oacute;n digna como escritor, como si la iron&iacute;a se personificase en s&iacute; mismo pretendiendo a un tiempo ser reconocido y pasar desapercibido como autor y como persona, Walser ha perdido a su p&uacute;blico. Sus textos solo ven la luz en un peri&oacute;dico checo, la <em>Prager Presse</em>. Max Brod es uno de sus editores. Est&aacute; ahora m&aacute;s solo que nunca. No sale demasiado, a veces al teatro, a veces a la &oacute;pera, aunque mantiene a&uacute;n su correspondencia con Frieda Mermet, con su hermana Lisa, con algunos editores, e incluso inicia una nueva con la joven Therese Breitbach, quien se hab&iacute;a puesto en contacto con &eacute;l para hablarle de su hermano, el tambi&eacute;n escritor Joseph Breitbach. En sus cartas, quiz&aacute; debido al anonimato que le da la falta de conocimiento personal, Walser habla abiertamente de c&oacute;mo se siente y las descripciones de sus estados de &aacute;nimo permiten acercarse no solo a la vida interior de Walser, sino al sentir de toda una generaci&oacute;n, a un ambiente que el escritor sabe describir hasta en sus m&aacute;s m&iacute;nimos detalles. Contienen adem&aacute;s numerosos recuerdos de su infancia y de los a&ntilde;os pasados en Berl&iacute;n, escritos con un tono de grata confianza, en realidad un testimonio m&aacute;s de la soledad que se hab&iacute;a adue&ntilde;ado del autor.</p>
<p>Los recuerdos se convierten ahora en otra constante m&aacute;s que a&ntilde;adir al resto de motivos que pueblan sus textos. Walser ha cumplido 50 a&ntilde;os y el paso del tiempo, la vejez, ocupan cada vez un espacio mayor en sus pensamientos. Quiz&aacute; por ello en los microgramas hace a menudo balance de lo pasado como si de alguna manera previera un cercano final. Y, ciertamente, al a&ntilde;o siguiente, en 1929, Walser experimenta una crisis aguda que los m&eacute;dicos del sanatorio de Waldau diagnostican como esquizofrenia. Aunque dice sentirse bien, ha ingresado all&iacute; por consejo de su hermana. La consecuencia inmediata del cambio de estado es el abandono de la escritura. Incluso las cartas, que ahora firma de manera decidida y reivindicativa como el &ldquo;escritor Robert Walser&rdquo;, empiezan a ser m&aacute;s escasas y su correspondencia cesar&aacute; definitivamente, al igual que la escritura, cuando el 19 de junio de 1933 sea ingresado contra su voluntad en Herisau: &ldquo;Es absurdo y cruel plantearme la exigencia de que escriba tambi&eacute;n en el sanatorio [&hellip;]. &iquest;Para qu&eacute;? Mi mundo fue destruido por los nazis&rdquo;. Tan solo siete cartas se han conservado de los primeros dos a&ntilde;os que pas&oacute; all&iacute;, pero el tiempo de escribir hasta quedarse sin fuerzas ha quedado definitivamente atr&aacute;s. La &uacute;ltima carta tiene fecha del 10 de julio de 1949 y est&aacute; dirigida a Carl Seelig, su &uacute;nica compa&ntilde;&iacute;a desde que lo conociera en la instituci&oacute;n en 1936. Son los a&ntilde;os de la guerra, los a&ntilde;os del caos y el horror que Walser, sin embargo, vive de lejos, aunque empiezan a manifestarse en &eacute;l ya s&iacute;ntomas claros de la enfermedad: alucinaciones, miedos, voces.</p>
<p>Seelig, editor y mecenas, se interesa por sus textos y quiere que se publiquen. Al principio Walser se alegra, pero r&aacute;pidamente se da cuenta de que ello supondr&iacute;a un trabajo &iacute;mprobo y pierde toda esperanza de poder hacerlo. Seelig va a verlo con frecuencia y mantienen largas conversaciones, dan largos paseos. Hablan de recuerdos, de conflictos acallados tras el silencio de cada uno de los pacientes de Herisau, de comida, de literatura: adora los textos de Gottfried Keller y aprecia mucho el estilo de Conrad Ferdinand Meyer; sobre los colegas alemanes, Thomas Mann o Eduard von Keyserling, las opiniones no son tan buenas. Con el paso del tiempo Seelig se convirti&oacute; en su tutor, se ocup&oacute; de sus finanzas y consigui&oacute; siempre fuentes de financiaci&oacute;n que evitaron al escritor una de sus mayores preocupaciones: depender de la caridad en el asilo de Teufen.</p>
<p>Como era su costumbre, tambi&eacute;n el d&iacute;a de Navidad de 1956 Walser sali&oacute; a dar un paseo tras el almuerzo. Al empezar a subir una cuesta su coraz&oacute;n fall&oacute;. Poco despu&eacute;s unos ni&ntilde;os lo encontraron tendido en la nieve. La polic&iacute;a hizo una foto de ese momento, reproducida hoy en numerosas ocasiones. Al verla, el lector de su primera novela recordar&aacute; sin duda la imagen del cad&aacute;ver del desafortunado poeta Sebastian, a quien Simon Tanner encuentra muerto sobre la nieve. Con otra premonici&oacute;n cumplida el c&iacute;rculo se ha cerrado, el c&iacute;rculo de una vida y una obra que discurrieron como si de una sola se tratara, al margen de un mundo hostil que llev&oacute; a ambas a ocultarse en el lugar en el que permanecieron hasta llegar a nuestros d&iacute;as para, contraviniendo el mayor de sus deseos (&ldquo;No quiero felicidad, quiero olvido&rdquo;) hablar ahora m&aacute;s alto y m&aacute;s fuerte que nunca: ese lugar &iacute;ntimo que &eacute;l llam&oacute; su &ldquo;concha de caracol&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 11 Mar 2020 07:01:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El responsable]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-responsable/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas20/marzo/lozano500.jpg" alt="" /></p>
<p><strong></strong>Jos&eacute; Gonz&aacute;lez Bayas era uno de esos chicos listos de pueblo peque&ntilde;o o aldea, que parecen tener la sensaci&oacute;n de haber nacido y vivir en una tierra ajena y tener que esperar a que alguien venga a recogerlos, porque tampoco acompa&ntilde;an a quienes buscan un trabajo en la ciudad. Ellos esperan salir de aqu&iacute; y, de ir a alguna parte, ir&iacute;an mejor a las Indias, como sus abuelos, que trajeron tanto oro; pero no en todos los pueblos de Espa&ntilde;a existe, como un aire dorado, como polvillo de mariposa, que se pega desde generaciones a algunos elegidos y los marca para ser toreros y vestir oro y seda,&nbsp; o ser se&ntilde;ores de la sierra y los caminos por todas partes, como Jos&eacute; Mar&iacute;a el Tempranillo que incluso hac&iacute;a pagar al rey de Espa&ntilde;a un derecho de paso para que las postas en las que iban los correos pudieran hacer su recorrido sin ser atacados por partidas de aquellos se&ntilde;ores bandoleros.&nbsp;</p>
<p>Pero este polvillo dorado no exist&iacute;a ya en toda Espa&ntilde;a, y hac&iacute;a a&ntilde;os que ven&iacute;a alguien de la capital esparciendo peri&oacute;dicos y hojas volanderas o maestros oradores que hablaban de lo que nunca se hab&iacute;a hablado en una aldea desde que se hablaba de los turcos o de los indianos: nada menos que de cambiar el mundo con ideas. Y buscaba hombres y mujeres j&oacute;venes que tuvieran ideas y quisieran llevarlas a la pr&aacute;ctica.&nbsp;</p>
<p>Y as&iacute; fue como&nbsp; Jos&eacute; Gonz&aacute;lez Bayas, el Rubio, a sus veintid&oacute;s o veintitr&eacute;s a&ntilde;os, cuando estaba a punto de enterrarse en la bebida o de irse a la partida de los amos de los caminos, se fue a Madrid, y dej&oacute; del todo que su padre, que era quien sacaba adelante la peque&ntilde;a labranza de su casa, con un criado m&aacute;s fijo que temporero, se arreglase como pudiese, aunque fuera cada vez de peor manera.</p>
<p>Unos a&ntilde;os antes, cuando el maestro y el cura del pueblo hab&iacute;an dicho al padre del Rubio que a &eacute;ste parec&iacute;an llamarle la atenci&oacute;n las cosas de la mec&aacute;nica, y pod&iacute;a irse preparando con alg&uacute;n estudio, el Rubio no se neg&oacute; a ello, y le enviaron a la capital de la provincia a alguna academia o con alg&uacute;n maestro mec&aacute;nico, pero, o no puso el ah&iacute;nco necesario en aprender, o estuvo picando en esto y en lo otro,&nbsp; como abeja en muchas flores, y no se decidi&oacute; por oficio alguno,&nbsp; y a lo &uacute;ltimo hablaba de hacer oposiciones a cartero o telegrafista, prepar&aacute;ndose desde el pueblo, y en una academia de Madrid por correspondencia.</p>
<p>Y entonces fue cuando, estando en ese aquel tiempo de dudas de no saber qu&eacute; hacer o qu&eacute; camino tomar,&nbsp; comenz&oacute; a hacer amistad con un&nbsp; fot&oacute;grafo y tambi&eacute;n apa&ntilde;ador o componedor que vino por aquellos pueblos, y el Rubio&nbsp; dijo un d&iacute;a, a su padre y a&nbsp; quien quisiese o&iacute;rle que aquel amigo le llamaba a Madrid, con una buena colocaci&oacute;n en una imprenta; y. fuese verdad o no, lo que parec&iacute;a cierto era que, por fin, se dedicar&iacute;a a alg&uacute;n oficio en relaci&oacute;n con las imprentas y los papeles impresos y peri&oacute;dicos,&nbsp; e iba a ser, seg&uacute;n le hab&iacute;a ense&ntilde;ado ese retratista que tambi&eacute;n ten&iacute;a el oficio de componedor, y no parec&iacute;a sino que no hab&iacute;a nada que no pudiera arreglar.&nbsp;</p>
<p>-&iexcl;Pues, si se quiere, as&iacute; se arregla el mundo, como estos chismes, y hasta m&aacute;s f&aacute;cilmente! &ndash;dijo un d&iacute;a.</p>
<p>Luego callaba unos instantes, pensando quiz&aacute;s en lo que acababa de decir, y casi todos los del pueblo vieron entonces que el Rubio enderezar&iacute;a por fin su vida y dejar&iacute;a de ser un desaprovechado. Y el hecho fue que, pasados&nbsp; tres o cuatro a&ntilde;os, volvi&oacute; el Rubio, muy bien vestido, y realmente hecho un se&ntilde;orito.</p>
<p>Pero lo que, luego, hablara con su padre, no se sabe, y tampoco lo que tambi&eacute;n habl&oacute; con los maestros del pueblo, y el se&ntilde;or Francisco el ebanista, pero por lo que el Rubio se dej&oacute; caer, parece que&nbsp; no s&oacute;lo se hab&iacute;a hecho socio de un negocio de imprenta, sino que estaba preparando con esos o con otros socios unas escuelas especiales en Barcelona, donde el negocio del peri&oacute;dico que tiraban en la imprenta tendr&iacute;a m&aacute;s clientes,&nbsp; y el asunto de la ense&ntilde;anza moderna estaba mejor mirado que en Madrid.</p>
<p>Y seguramente le fue bien en estos negocios porque el Rubio no volvi&oacute; por all&iacute; hasta bastantes a&ntilde;os despu&eacute;s, y con una embajada que a todo el mundo le produjo extra&ntilde;eza, porque vino a poner una imprenta en el pueblo, que era grandecillo, pero al fin y al cabo, en el que el Rubio mismo&nbsp; deb&iacute;a de preguntarse c&oacute;mo iba a vender la mercanc&iacute;a. Aunque enseguida se comprob&oacute; que la mercanc&iacute;a no la vend&iacute;a, sino que la regalaba. Y &eacute;sta era&nbsp; una&nbsp; gran cantidad de papelotes ya impresos para pegarlos por la noche en las paredes del pueblo grande que estaba cercano, o para entreg&aacute;rselos a quienes ven&iacute;an por ellos hasta de la capital, y en los que anunciaba que iba a abrir all&iacute; una escuela moderna, aunque en peque&ntilde;o, pero como la de Barcelona a la que ir&iacute;an a trabajar el Manco, que era primo del Rubio, y el Marian&iacute;n, cuando hicieran por aqu&iacute; el aprendizaje. Y as&iacute; estuvieron las cosas poco m&aacute;s de unos seis&nbsp; meses, hasta que un d&iacute;a se present&oacute; all&iacute;&nbsp; uno de los jefes de la Sociedad de Barcelona y dijo al Rubio que hab&iacute;a que cerrar y deprisa, porque no hab&iacute;a sido buena idea hacer esas tiradas de carteles ni pod&iacute;an pensar en abrir esas escuelas modernas por estas tierras.</p>
<p>Y el de Barcelona no dijo m&aacute;s, pero, inclin&aacute;ndose al o&iacute;do del Rubio le susurr&oacute; que no les vendr&iacute;an mal all&iacute; un hombre tan discreto como su primo el Manco y este Marian&iacute;n medio idiota, que ser&iacute;a incapaz de traicionar a nadie que le echara un trozo de pan de tiempo en tiempo. Y entonces fue cuando el Rubio los invit&oacute;, a los dos y luego llev&oacute; &eacute;l mismo a Marian&iacute;n a la Sociedad, le arrastr&oacute; hasta ella y le forz&oacute; a entrar, llev&aacute;ndole&nbsp; al centro directivo de aquella Sociedad que estaba en el piso de arriba de la taberna &ldquo;Las tres cepas&rdquo;, al que se sub&iacute;a tanto por la escalera de la taberna como por la de la casa de al lado que era el taller de un zapatero que se llamaba Alcib&iacute;ades, y ven&iacute;a de una familia de federales. Al Centro de la Sociedad, que ten&iacute;a dos entradas y salidas, pod&iacute;an acceder c&oacute;modamente a las reuniones los tres fourerieristas y los dos tolstoianos masones de entre los siete miembros directivos de la Sociedad, porque era un lugar acogedor y discreto,&nbsp; y tal como le hab&iacute;an elegido no podr&iacute;a decirse que era un antro de envilecimiento del pueblo, porque no se despachaban bebidas espirituosas ni se fumaba, ni tampoco se com&iacute;a carne.&nbsp;</p>
<p>Y,&nbsp; cuando el Rubio lleg&oacute; all&iacute; con Marian&iacute;n, los miembros de la directiva de la Sociedad que asist&iacute;an y estaban sentados en torno a una mesa muy tosca, como las que se utilizaban en Castilla para matar los cerdos, con algunos papeles en las manos y dos carburos encendidos sobre la mesa.</p>
<p>- El compa&ntilde;ero recadero est&aacute; comiendo abajo - dijo el Rubio a los otros tres compa&ntilde;eros de la direcci&oacute;n, refiri&eacute;ndose a Marian&iacute;n -. Es completamente idiota, pero de buena pasta, y adem&aacute;s es muy beato. Se le podr&iacute;a cargar con una bomba y enviarle a una iglesia con ella, sin que supiera lo que llevaba encima, y sin sospechar que, al explotar, se le llevar&iacute;a a &eacute;l mismo por delante.</p>
<p>- Pero no habr&aacute;s pensado en serio, poner una bomba en una iglesia y sacrificando, adem&aacute;s a un compa&ntilde;ero &iquest;verdad Rubio? Pues que ni se te ocurra mentar algo semejante.</p>
<p>Y entonces baj&oacute; el Rubio al piso bajo de la taberna donde Marian&iacute;n hab&iacute;a acabado de comerse una raci&oacute;n de callos, le dijo que subiera un momento con &eacute;l y que enseguida volver&iacute;an a bajar y podr&iacute;a seguir comiendo.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; piensas comer ahora, Marian&iacute;n?</p>
<p>- M&aacute;s morcilla y m&aacute;s callos.</p>
<p>- Pero que no se te ocurra beber alcohol.</p>
<p>- Ya sabes que no bebo ni fumo.</p>
<p>- &iexcl;Buen muchacho! Como debe ser.</p>
<p style="text-align: left;">Subieron Marian&iacute;n y el Rubio hasta el primer piso, se acercaron a la mesa donde estaban sentados los otros directivos de la Sociedad, y dijo el Rubio:</p>
<p style="text-align: left;">-Este es el compa&ntilde;ero Carriles, pero os obedecer&aacute; como si fuera yo mismo en lo que le mand&eacute;is, como si fuera yo mismo quien se lo mandara.</p>
<p>- S&iacute; se&ntilde;ores&nbsp; - contest&oacute; Marian&iacute;n. -</p>
<p>- Pues tanto gusto, y ya nos veremos en los pr&oacute;ximos d&iacute;as&nbsp;&nbsp; &ndash; dijo uno de aquello hombres.</p>
<p>Marian&iacute;n ya no contest&oacute;, y el Rubio le tom&oacute; de nuevo del brazo, como cuando hab&iacute;an subido, bajaron la escalera y le volvi&oacute; a llevar hasta la silla y la mesa de donde le hab&iacute;a levantado antes, y le advirti&oacute;:</p>
<p>&nbsp;- Ya est&aacute; todo pagado; come lo que te d&eacute; la gana.</p>
<p>&nbsp; Luego le dijo:</p>
<p>&nbsp;- Me he enterado de que ha estado aqu&iacute; en Barcelona mi primo el Manco a comprarse un brazo, una mano o una cabeza, y que has estado con &eacute;l.</p>
<p>&nbsp;Y as&iacute; era, y hab&iacute;a estado precisamente en la imprenta, y cuando pregunt&oacute; el Rubio, por qu&eacute; no se lo hab&iacute;a dicho, Marian&iacute;n contest&oacute;&nbsp; que se lo hab&iacute;a intentado decir, pero que en cuando hab&iacute;a comenzado a informarle de&nbsp; que el Manco hab&iacute;a&nbsp; venido porque una sobrina suya se hac&iacute;a monja y ya no saldr&iacute;a del convento hasta que se muriese, le hab&iacute;a dicho que no dijese tonter&iacute;as, le hab&iacute;a parado los pies de malos modos y no le hab&iacute;a dejado hablar. Y el Rubio dijo finalmente:</p>
<p>&nbsp; - &iexcl;Bueno! Eso de no salir del convento ser&iacute;a seg&uacute;n y c&oacute;mo.</p>
<p>&nbsp;Y lo dijo sonri&eacute;ndose, con mucho retint&iacute;n,&nbsp; y dejando ver el colmillo que ten&iacute;a cariado y casi negro. Y concluy&oacute; advirti&eacute;ndole a Marian&iacute;n de que, en adelante, all&iacute; en la imprenta, no admitiese ninguna visita de nadie, o se le acababa su amistad con &eacute;l y el trabajo all&iacute;, y &eacute;l, y Marian&iacute;n, tendr&iacute;a que ver c&oacute;mo se buscaba la vida en Barcelona o arregl&aacute;rselas para volver al pueblo a nada. Aunque lo que no sab&iacute;a el Rubio es que al d&iacute;a siguiente Marian&iacute;n ir&iacute;a a despedir al Manco a la estaci&oacute;n y le contar&iacute;a todo esto.</p>
<p>- Yo que t&uacute; &ndash; le dijo el Manco &ndash; me ir&iacute;a para el pueblo, y all&iacute; ya tratar&iacute;amos c&oacute;mo fuera de arreglarnos. Ya te digo yo que hasta el Rubio va a tener que volver un d&iacute;a, y con la cabeza bien baja, y ya puedes tener cuidado no sea que te contagie el Rubio su maldad de coraz&oacute;n, porque es malo, muy malo, Marian&iacute;n.</p>
<p>Y esto &uacute;ltimo estuvo en un tris que se lo dijera tambi&eacute;n luego Marian&iacute;n al Rubio, pero no abri&oacute; la boca, porque ya le hab&iacute;a convencido el Manco de volverse al pueblo con &eacute;l.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;Pero el que volvi&oacute; unos meses despu&eacute;s fue ciertamente&nbsp; el mismo Rubio. Y lo primero que hizo al d&iacute;a siguiente de llegar al pueblo, antes de que se enterase nadie de que hab&iacute;a vuelto, fue encerrarse en la casa del Pinar Grande, y ponerse a malderretir, en una lumbre que encendi&oacute;&nbsp; en una especie de poza, los plomos de imprenta con los que hab&iacute;a venido cargado, mientras al mismo tiempo machacaba las piedras litogr&aacute;ficas que tambi&eacute;n hab&iacute;a tra&iacute;do&nbsp; hasta hacerlas arenilla. Y su primo el Manco le dijo:</p>
<p>- &iquest;Y para destrozarlo has venido con todo esto tan cargado hasta aqu&iacute;? &iquest;Es que en Barcelona, en el barrio en el que vives, no hay un mal horno o, por lo menos, cerillas y unas tablas para hacer una lumbre, y un martillo para hacer harina las piedras? Yo creo que te hubieras evitado el venir tan cargado, y llamando la atenci&oacute;n, o incluso suscitando las peores sospechas &ndash; dijo el&nbsp; Manco</p>
<p>Pero &eacute;l, el Rubio, no hab&iacute;a ido all&iacute; con ning&uacute;n saco a cuestas, como su primo dec&iacute;a, sino que en otras manos hab&iacute;a dejado el asunto y ellas se lo hab&iacute;an entregado a domicilio, y lo que le asegur&oacute; al Manco fue que s&oacute;lo le hab&iacute;a llamado para decirle esa noche dos palabras, all&iacute; en aquella casa del Pinar Grande, que era del abuelo, y era simplemente una casucha para guardar unos aperos, unos arreos, un pico y una pala, cuatro herramientas m&aacute;s, y hacer un poco de lumbre los d&iacute;as muy fr&iacute;os.</p>
<p>Hizo un silencio, como si estuviera recogiendo dentro de s&iacute; mismo las palabras que iba a decir a&ntilde;adi&oacute; que, al fin y al cabo, de lo que se trataba era de que &eacute;l, su primo el Manco, ten&iacute;a que pensar &eacute;l tambi&eacute;n y enseguida si se iba a buscar un escondite, pero que no pensase que el escondite iba a ser aquel lugar donde ahora estaban hablando, sino que el escondite estaba en un pa&iacute;s de Am&eacute;rica y, antes del fin de la semana siguiente deber&iacute;an estar en el barco con rumbo hacia all&iacute;.</p>
<p>- Y &iquest;por qu&eacute; tengo que irme yo, Rubio?</p>
<p>- &iquest;Ah no? &iquest;Es que no te has enterado todav&iacute;a que yo puedo decir que fuiste t&uacute; quien enzarzaste a Carriles para que se fuera a Madrid o a Barcelona, el mismo d&iacute;a que enterramos a su madre, y que fuiste t&uacute; quien le llevaste a Barcelona, y que puedo decir todo esto y mucho m&aacute;s, ahora que la justicia le ha ordenado fusilar y ya le deben de haber&nbsp; fusilado?</p>
<p>- &iquest;A&nbsp; un pobre idiota como Marian&iacute;n, m&aacute;s bueno que el pan, le han fusilado, o le van a fusilar? No me lo creo, &iquest;qu&eacute; ha hecho?, &iquest;qu&eacute; ha podido haber hecho Marian&iacute;n?</p>
<p>Luego call&oacute;, reflexion&oacute; un momento en voz baja, que seguro que hab&iacute;a pagado por otros, y pregunt&oacute;, muy serio, al Rubio.</p>
<p>- &iquest;Me quieres decir qu&eacute; es lo que pudo hacer el pobre Marian&iacute;n?</p>
<p>- Pues ni te lo puedes imaginar, pero el d&iacute;a de la Revoluci&oacute;n que ha habido, aunque no te hayas enterado todav&iacute;a por lo que veo, se puso a bailar tranquilamente en medio de una plaza de Barcelona con una momia, o sea con una monja desenterrada. &iquest;Me oyes lo que te digo?</p>
<p>Entonces hubo un silencio enorme que parec&iacute;a llenar toda la peque&ntilde;a casa rodeada de encinas y donde hab&iacute;a cuatro sillas y una mesa&nbsp; de madera sin cepillar, y el sol entraba por el &uacute;nico ventanuco que hab&iacute;a porque aqu&eacute;l estaba ya muy bajo, y &eacute;sta era como su despedida del d&iacute;a, y el &uacute;nico momento que entraba en aquella caseta de labranza. Y entonces el Manco, tras echar una brazada de hojas secas de pino, se sent&oacute; y se retir&oacute; un tanto del hogar de la lumbre para poder aguantar la llamarada, y luego se dirigi&oacute; a su primo, que buscaba algo en una de las dos peque&ntilde;as alacenas que hab&iacute;a a uno y a otro lado del hogar.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>- No me vayas a decir, t&uacute;, ahora, que, si el Marian&iacute;n hizo esa locura, no fuiste t&uacute; el que le mand&oacute; que la hiciera, al igual que&nbsp; le obligaste a irse a Barcelona.</p>
<p>- &iexcl;Hombre! Yo no le dije exactamente que bailara con una momia. Esto no se le ocurre m&aacute;s que a un idiota como Marian&iacute;n.</p>
<p>- Ya me lo imagino. A nosotros tampoco nos dec&iacute;as, cuando por las noches ten&iacute;amos aqu&iacute; lo que t&uacute; llamabas &ldquo;la clase&rdquo;, que mat&aacute;semos a nadie, s&oacute;lo dec&iacute;as que hab&iacute;a que eliminar a medio mundo o poco menos, cuando llegase la revoluci&oacute;n. Y, por lo visto, ya lo hab&eacute;is hecho, y ahora veo claro que nos llamaste a unos cuantos para ir de parapetos, por si sal&iacute;an mal las cosas; pero lo de desenterrar monjas ya es lo &uacute;ltimo.</p>
<p>Call&oacute;, pero antes de que el Rubio pudiera contestar, dijo el Manco todav&iacute;a:</p>
<p>- Menos mal que entonces fue cuando alguien que lo ten&iacute;a todo claro, al saber que me hab&iacute;a negado a ir contigo, me dijo exactamente:</p>
<p>- Has hecho mal. &iexcl;Has debido de ir all&iacute; y darle cuatro tiros y luego pisotearle la cabeza como se hace con una culebra!</p>
<p>- Ser&iacute;a el cura aqu&eacute;l que era tu vecino, y quien mandaba por todos estos contornos y en cien leguas a la redonda.</p>
<p>-&iexcl;Pues no! Te equivocas much&iacute;simo, porque fue tu padre, mi t&iacute;o, que parece que te conoc&iacute;a como nadie.</p>
<p>-&iexcl;Pues lo siento! Pero, ahora si te vienes, te vienes. Y, si no, hacemos cuentas ahora mismo, y cada uno por su lado.</p>
<p>Hizo un peque&ntilde;o silencio el Rubio, se sent&oacute; frente al Manco y de lado al fuego del hogar y, como dispuesto a cobrarse esas cuentas atrasadas, pregunt&oacute;:</p>
<p>&nbsp;- No habr&aacute;s tra&iacute;do ning&uacute;n arma &iquest;verdad?</p>
<p>- &iquest;Para qu&eacute;? Yo no soy un mat&oacute;n y t&uacute; no tienes ni una mala bofetada, Rubio.</p>
<p>- Por eso yo s&iacute; me he tra&iacute;do un arma. Te lo digo claramente.</p>
<p>- La trajiste, pero ya no la tienes, Rubio. Me lo imagin&eacute; en cuanto atravesaste el umbral de la puerta; pero te quitaste la chaqueta y ya no tienes la pistola; est&aacute; en mi poder, pero no tengas ning&uacute;n miedo porque, pase lo que pase, no pienso utilizarla. No te pegu&eacute; dos tiros entonces, y no te los voy a dar ahora. Ahora ya es tarde, ya has hecho el mal y ser&aacute;n otros lo que te tuerzan el pescuezo.</p>
<p>- Pues prepara tambi&eacute;n el tuyo, porque tal y como son las cosas, t&uacute; tambi&eacute;n est&aacute;s en la causa. Tu ibas a la imprenta de aqu&iacute; con Carriles, y, en principio, aunque luego cambiaras de opini&oacute;n, tambi&eacute;n quer&iacute;as ir a Barcelona, acompa&ntilde;&aacute;ndole.</p>
<p>Era una tal mentira que el Manco se call&oacute; un buen trecho de tiempo, y parec&iacute;a que iba a estallar, aunque s&oacute;lo dijo, con bastante tranquilidad:</p>
<p>- Lo &uacute;nico que siento es que no viva Marian&iacute;n, y a lo mejor por mi culpa, porque fui yo el que fue a buscarle al convento de las monjas con el carro, cuando se muri&oacute; su madre, para que viniera al entierro. Pero, &iquest;por qu&eacute; se me ocurrir&iacute;a a m&iacute; ir a buscarle? Porque era su madre, naturalmente; para que la dijera adi&oacute;s. &iquest;Y c&oacute;mo iba yo a pensar que ese d&iacute;a precisamente te ibas a enroscar a &eacute;l como una serpiente venenosa e ibas a llev&aacute;rtelo?</p>
<p>- Mira, primo Andr&eacute;s, o&nbsp; Manco si quieres que te llame as&iacute;, porque para m&iacute; y para todo el mundo toda la vida ser&aacute;s &ldquo;el Manco&rdquo;. &iexcl;Escucha, escucha! &iexcl;Atiende y ver&aacute;s que, quieras o no quieras, estamos embarcados juntos en el mismo barco y, que si se va a pique, los dos nos ahogamos! Porque yo no voy a callarme, si me aprietan la garganta.</p>
<p>- Y &iquest;crees que no s&eacute; yo tambi&eacute;n que vosotros, t&uacute; o tu Sociedad le comprasteis a Carriles una peluca y les vestisteis de mujer, y que un d&iacute;a entr&oacute; en una iglesia diciendo obscenidades a las mujeres que hab&iacute;a all&iacute;? &iquest;Y crees que no s&eacute; que en Barcelona se le antojaron cabezas y piernas de maniqu&iacute;es de mujer, y se las comprasteis? &iquest;Acaso no le quer&iacute;ais para cosas as&iacute; o peores, como llevar dinamita y panfletos y, si le cog&iacute;a la polic&iacute;a, all&aacute; por su cuenta? Aunque tambi&eacute;n s&eacute; que le cogi&oacute; alguna vez, pero que, cuando descubrieron que era un idiota le dejaron. Y otra cosa hubiera sido, si &eacute;l hubiera hablado; porque te hubieran echado mano a ti, y lo hubieras pasado muy mal, Rubio. Pero no habl&oacute;.</p>
<p>- Pero t&uacute; tampoco lo vas a pasar bien, Manco; porque al Marian&iacute;n le han fusilado, o le van a fusilar, como te digo y andan busc&aacute;ndonos a sus conocidos, amigos y paisanos.</p>
<p>- Pues yo, si te callaras un momento - dijo el Rubio -, a lo mejor te pod&iacute;a explicar por qu&eacute; ahora, precisamente, a los dos meses de la que llaman &ldquo;La Semana Tr&aacute;gica&rdquo;, est&aacute; el peligro encima, contest&oacute; el Rubio.</p>
<p>Porque el Manco no ten&iacute;a ni idea de tal cosa, pero ya hab&iacute;a empezado la represi&oacute;n y por eso hab&iacute;a venido &eacute;l al pueblo, a destrozar y enterrar lo que quedaba de la imprenta y a avisarle a &eacute;l, al Manco, repet&iacute;a el Rubio. Porque no creer&iacute;a que pod&iacute;a estar despreocupado el Manco sin saber a las claras lo que Marian&iacute;n hab&iacute;a dicho en el proceso si es que hab&iacute;a dicho otra cosa que repetir, seg&uacute;n un escribiente les hab&iacute;a contado, que la momia de la monja con cuyo esqueleto hab&iacute;a bailado era guapa, guapa, guapa.</p>
<p>- &iquest;Te est&aacute;s enterando de lo que te digo, Manco?</p>
<p>- S&iacute;, me estoy enterando de que ahora tienes miedo y quieres desaparecer.</p>
<p>- S&iacute;, pero es el mismo miedo que deb&iacute;as tener t&uacute;, porque lo que no sab&iacute;amos nadie era que Marian&iacute;n ten&iacute;a papeles de los recados que hab&iacute;a hecho que ten&iacute;a que hacer antes de aquel d&iacute;a o despu&eacute;s de &eacute;ste, y esos papeles acaban de aparecer, y tanto a ti como a m&iacute; nos acusan de haber estado en la fabricaci&oacute;n de octavillas y panfletos, y de guardar en diversos lugares de los barrios de Barcelona.</p>
<p>- Pues no s&eacute; qu&eacute; te diga, pero a m&iacute; me da igual, porque yo hace tres a&ntilde;os que no falto un solo d&iacute;a del pueblo, y es f&aacute;cil de probar.</p>
<p>- Pero, Manco, &iquest;y antes? Porque es que no te has enterado, pero has estado ayudando en una imprenta, y guardando octavillas y planes y planos de los revolucionarios, crey&eacute;ndote que hac&iacute;amos cartillas para ense&ntilde;ar a leer, porque no le&iacute;as lo que repart&iacute;as, que es el colmo.</p>
<p>- S&iacute;, porque yo era demasiado joven y me enga&ntilde;aste como a Marian&iacute;n, pero luego alguien muy cercano a ti me descubri&oacute; qui&eacute;n eras y me dijo que te diera cuatro tiros. Ya te lo he dicho. Pero &iquest;qu&eacute; cre&iacute;as que hab&iacute;a hecho Marian&iacute;n en la Sociedad antes de que lo fusilaran? Pues, por lo pronto no hacer nada de lo que le encargaban, porque sab&iacute;a que le enga&ntilde;abais, y al final estoy seguro de que fuiste t&uacute; quien le obligaste a bailar con la momia.</p>
<p>- Eres un traidor, Manco.</p>
<p>- Alguien ten&iacute;a que decir las cosas claras, Rubio.</p>
<p>Entonces el Rubio se lanz&oacute; contra el Manco, y se inici&oacute; una lucha entre ellos, que no dur&oacute; mucho y concluy&oacute; con la victoria del Manco, que le dio al Rubio el plazo del tiempo que tardase en levantarse para irse de all&iacute; y no volver; si era que la Guardia Civil no estaba a la misma puerta de la casa y le deten&iacute;a.</p>
<p>- &iquest;Y se puede saber por qu&eacute; me has denunciado, Manco?</p>
<p>- &iquest;D&oacute;nde est&aacute; Marian&iacute;n? Te lo pregunto.</p>
<p>- Fusilado o a medio fusilar por imb&eacute;cil. &iquest;Es que no era imb&eacute;cil? &iquest;A qui&eacute;n se le puede ocurrir bailar con una momia m&aacute;s que a &eacute;l? Seguro que el imb&eacute;cil de &eacute;l cre&iacute;a que eran carnavales. &iquest;Y qui&eacute;n le dominaba a Marian&iacute;n, si se le met&iacute;a algo en la cabeza? Ten&iacute;a una fuerza como H&eacute;rcules.</p>
<p>- Y &iquest;qui&eacute;n es &eacute;se H&eacute;rcules?</p>
<p>- T&uacute;, Manco, como eres el fruto de una educaci&oacute;n clerical, dir&iacute;as Sans&oacute;n. Y el fruto de una educaci&oacute;n clerical era tambi&eacute;n Marian&iacute;n.</p>
<p>- Pero a vosotros os vino estupendamente la educaci&oacute;n clerical, por lo visto. Y ahora te pregunto, Rubio,&nbsp; qu&eacute; es lo que hicisteis vosotros de &eacute;l para que se pusiera a bailar con una momia de monja como dices. &iquest;A qui&eacute;n crees t&uacute; que pod&iacute;a arrimarse Marian&iacute;n sino a una monja viva o muerta? -&nbsp; dijo el Manco.</p>
<p>Y entonces se percat&oacute; de que el Rubio ten&iacute;a en sus manos la badila grande de la cocina, y al instante salt&oacute; sobre &eacute;l, pero en medio del ruido de la ca&iacute;da de los dos y el golpe de la mesa que derribaron, creyeron o&iacute;r la voz de Marian&iacute;n, y se pusieron a escuchar.</p>
<p>Pero s&oacute;lo eran el silencio, y el miedo. Y dijo el Rubio:</p>
<p>-&iquest;Y por qu&eacute; te importa tanto el Marian&iacute;n que&nbsp; no era nadie y nadie sab&iacute;a si exist&iacute;a en el mundo?</p>
<p>Y cuando sal&iacute;an por la puerta de la casuca, todav&iacute;a no hab&iacute;a claridad, pero algunos gallos de las casas del pueblo ya la anunciaban. Y el fr&iacute;o de la madrugada les hizo a los dos que se les encogiera la espalda y el alma como en un calambre. As&iacute; que se subieron el cuello de las chaquetas y comenzaron a bajar del monte, mientras&nbsp; el Manco repet&iacute;a:</p>
<p>&iexcl;Cu&aacute;nto siento no haberte matado como a una rata, seg&uacute;n me dec&iacute;a tu padre, Responsable! Pero Marian&iacute;n no me ha dejado, &iexcl;ya le has o&iacute;do!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 09 Mar 2020 12:45:30 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA entrevista a fondo a Cees Nooteboom y Marta Sanz]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-entrevista-a-fondo-a-cees-nooteboom-y-marta-sanz/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2020/CEES_NOOTEBOOM_2.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>EL AUTOR E HISPANISTA HOLAND&Eacute;S ASEGURA: &ldquo;ESCRIBO LIBROSPARA QUE ALGUIEN LOS MEJORE CON SU LECTURA&rdquo;</strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>MARTA SANZ LO TIENE CLARO: &ldquo;LA&nbsp; MIRADA FEMINISTA TIENE LA POSIBILIDAD DE CERRAR TODAS LAS BRECHAS DE DESIGUALDAD&rdquo;</strong></p>
<p>Los lectores del nuevo n&uacute;mero de la revista TURIA, que se distribuye este mes de marzo, podr&aacute;n disfrutar de dos entrevistas a fondo con los escritores Cees Nooteboom y Marta Sanz. Se trata de dos conversaciones exclusivas, que permiten no s&oacute;lo conocerlos mejor, sino tambi&eacute;n descubrir sus opiniones sobre un amplio repertorio de temas de inter&eacute;s. Ambos son dos de los m&aacute;s valiosos protagonistas de nuestra actualidad cultural: el hispanista holand&eacute;s Cees Nooteboom, aunque retirado en su casa de Menorca,&nbsp; es toda una leyenda viva de la cultura europea contempor&aacute;nea y se mantiene todav&iacute;a intelectualmente muy activo a sus 86 a&ntilde;os. Por su parte, Marta Sanz posee una personalidad cercana y vivaz, un sentido de lo colectivo muy acusado y una imperiosa necesidad de atrapar en sus libros y colaboraciones periodist&iacute;cas los movimientos del presente.</p>
<p>Cees Nooteboom y Marta Sanz son, sin duda, dos personalidades muy atractivas y su opini&oacute;n nos enriquece a a la hora de interpretar el tiempo convulso que vivimos . En TURIA nos hablan, con absoluta libertad y franqueza, de sus respectivas obras y trayectorias. Y, sobre todo, con sus respuestas se ocupan tambi&eacute;n de abordar diversas cuestiones que nos afectan o interpelan.</p>
<p>Por ejemplo, con Cees Nooteboom conversamos sobre ampliamente sobre literatura y pol&iacute;tica, sobre la necesidad de viajar o de aislarse del mundo (&ldquo;igual los escritores necesitamos recluirnos en una habitaci&oacute;n por una inclinaci&oacute;n autista&rdquo;). Exploramos tambi&eacute;n su inter&eacute;s por cuestionar el sentimiento nacionalista o fen&oacute;menos como el Brexit. &nbsp;Adem&aacute;s, en la entrevista se analiza la evoluci&oacute;n de la sociedad actual, el europe&iacute;smo &nbsp;o la capacidad de influencia del escritor: &ldquo;el poder del escritor es m&aacute;s limitado que el de sus escritos&rdquo;.</p>
<p>Marta Sanz es una de las voces espa&ntilde;olas m&aacute;s autorizadas para hablar de la trascendencia del feminismo. As&iacute;, en la entrevista que publica TURIA, defiende la superaci&oacute;n de la idea rom&aacute;ntica del amor y reivindica otra: la basada en la complicidad y la igualdad de los dos miembros de la pareja. Y tambi&eacute;n argumenta la idea del dolor individual como reflejo del dolor colectivo: &ldquo;esa empat&iacute;a con el dolor que pueden experimentar otras personas con las que compartes un momento hist&oacute;rico est&aacute; en mi obra y es muy importante&rdquo;.</p>
<p>Por otra parte, y entre otros contenidos relevantes, el nuevo n&uacute;mero de TURIA publica un art&iacute;culo original sobre la huella Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s en nuestras letras, elaborado por Jos&eacute;-Carlos Mainer, historiador, cr&iacute;tico literario y catedr&aacute;tico em&eacute;rito de la Universidad de Zaragoza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>CEES NOOTEBOOM: &ldquo;EL EUROPE&Iacute;SMO NO ATENTA CONTRA LA IDENTIDAD PARTICULAR&rdquo;</p>
<p>Cees Nooteboom (La Haya, Holanda, 1933) es, sin duda, uno de los escritores&nbsp; m&aacute;s sugestivos y originales del panorama de la cultura en Europa. Autor de novelas, poes&iacute;a, ensayos y libros de viaje, su obra ha sido traducida a m&aacute;s de veinte idiomas y ha obtenido innumerables premios en distintos pa&iacute;ses. Sin embargo, Nooteboom es ahora un monje que, de finales de primavera a principios de oto&ntilde;o, se recluye en su casa de Menorca. Le gusta marcar los tiempos y evitar esas distracciones innecesarias que le alejan de su dedicaci&oacute;n favorita: leer y escribir. Reconoce incluso cierto pesar por no haberse recluido m&aacute;s: &ldquo;me he perdido parcialmente la vida interior, que tira mucho de m&iacute;&rdquo;.</p>
<p>Nooteboom, que de joven recorri&oacute; Europa haciendo autoestop, guarda un grato recuerdo de su relaci&oacute;n con los camioneros: me lo he pasado muy bien con ellos, he dormido en sus casas, he pescado cangrejos con ellos en el Guadalquivir&hellip; otros tiempos, los caminos eran m&aacute;s primitivos y el concepto que se ten&iacute;a del extranjero era otro&rdquo;.</p>
<p>Si le preguntamos por su visi&oacute;n sobre nuestro presente, Nooteboom nos dir&aacute; que &ldquo;vivimos en un mundo menos asilvestrado. Pero a veces soy pesimista y me ataca la impresi&oacute;n de que los cerebros menguan&rdquo;.</p>
<p>Una de las constantes de su obra ha sido la reflexi&oacute;n sobre Europa y el nacionalismo. Y es que Nooteboom est&aacute; convencido de que &ldquo;el europe&iacute;smo no atenta contra la identidad particular&rdquo;. Por eso, &ldquo;El Brexit es un fracaso social y una irresponsabilidad pol&iacute;tica. Deber&iacute;a servir de escarmiento ante quienes juegan con los sentimientos identitarios.</p>
<p>Sobre si es islam es incompatible con Occidente, Nooteboom se muestra partidario de la coexistencia: &ldquo;lo importante es que haya ley, y prevalezca, y las partes se ajusten a ella&rdquo;. Eso s&iacute;, &ldquo;hay que evitar que se aproveche nadie del Estado de Derecho&rdquo;.</p>
<p>Se confiesa Nooteboon &ldquo;enamorado de Proust&rdquo; y defiende que &ldquo;no hay mayor respeto para un cl&aacute;sico que ponerlo al d&iacute;a&rdquo;. Por eso postula que &ldquo;la cultura ha de estar en movimiento. Apartemos los miedos. Dejar como est&aacute;n las cosas es alejar del conocimiento a gente que lo quiere tener&rdquo;.</p>
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<p>MARTA SANZ: &ldquo;ME REVIENTA ESE ESTEREOTIPO DE LA MUJER QUE PUEDE CON TODO Y NO SE QUEJA POR NADA&rdquo;</p>
<p>La escritora Marta Sanz (Madrid, 1967) es, por derecho propio, uno de los nombres m&aacute;s destacados&nbsp; de&nbsp; las&nbsp; letras&nbsp; espa&ntilde;olas&nbsp; de&nbsp; nuestros&nbsp; d&iacute;as.&nbsp; Cuando&nbsp; acaba&nbsp; de&nbsp; llegar a las librer&iacute;as una nueva novela, &ldquo;Peque&ntilde;as mujeres rojas&rdquo;, mantiene para TURIA una conversaci&oacute;n sin desperdicio con la periodista Emma Rodr&iacute;guez. Gracias a ella conocemos m&aacute;s y mejor a una mujer en la que la fragilidad de su apariencia f&iacute;sica contrasta con la solidez de sus ideas. Porque Sanz ha ido levantando una obra en la que la poes&iacute;a, la narrativa y el ensayo nos muestran su capacidad para contar lo que quiere contar. Y es que su literatura corre en paralelo a lo que observa, a lo que vive, a lo que intuye que se avecina.</p>
<p>Marta Sanz reconoce en la entrevista que para ella la escritura es una necesidad: &ldquo;Yo no s&eacute; lo que es la p&aacute;gina en blanco y tengo unas ganas constantes de contar cosas. Esto probablemente es as&iacute; porque siempre tengo las ventanas abiertas&rdquo;. Inquieta, perfeccionista y meticulosa, la autora de &ldquo;Monstruas y centauras&rdquo;, nos dir&aacute;: &ldquo;siempre he tenido muy claro que si quer&iacute;a desarrollar una obra literaria necesitaba persistencia, disciplina y much&iacute;sima voluntad&rdquo;.</p>
<p>Preguntada por el origen de esa energ&iacute;a, de ese tes&oacute;n, Sanz confiesa que &ldquo;siempre fui una ni&ntilde;a bastante precoz y esto ten&iacute;a que ver con mis padres. Ambos eran dos personas involucradas en todo lo que tiene que ver con la cultura y con la pol&iacute;tica&rdquo;. Y tambi&eacute;n tiene claro que &ldquo;soy la mujer que soy porque me form&eacute; en la escuela p&uacute;blica&rdquo;.</p>
<p>En el origen de su labor como escritora fue muy importante el paso por la Escuela de Letras de Madrid, cuando acababa de finalizar la carrera de Filolog&iacute;a: &ldquo;all&iacute; empec&eacute; a forjar mi sentido cr&iacute;tico hacia los textos&rdquo;. No en vano, para ella, &ldquo;la literatura nos ayuda a aproximarnos a los acontecimientos hist&oacute;ricos desde esa visi&oacute;n de que lo personal es pol&iacute;tico&rdquo;.</p>
<p>Mujer feminista y de izquierdas, considera Marta Sanz que &ldquo;la violencia contra el cuerpo de las mujeres est&aacute; directamente relacionada con la violencia que se ejerce econ&oacute;micamente&rdquo; y tambi&eacute;n reconoce que &ldquo;me revienta ese estereotipo de la mujer que puede con todo y no se queja por nada&rdquo;.</p>
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<p>CIEN A&Ntilde;OS DE GALD&Oacute;S: CREAR UNA CONCIENCIA NACIONAL</p>
<p>Uno de los principales estudiosos de la literatura espa&ntilde;ola, Jos&eacute; Carlos Mainer, abre el sumario del nuevo n&uacute;mero de TURIA con un atractivo y riguroso art&iacute;culo sobre Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s: &ldquo;Cien a&ntilde;os despu&eacute;s: sobre la fama p&oacute;stuma de Gald&oacute;s (1843-1920)&rdquo;. En &eacute;l se nos da noticia, en este a&ntilde;o en el que conmemoramos el centenario de su muerte, de &ldquo;lo que se ha llamado muchas veces el largo purgatorio de la valoraci&oacute;n de Gald&oacute;s&rdquo;.</p>
<p>Tal y como recuerda Mainer en TURIA, frente a su incuestionable dimensi&oacute;n de escritor muy popular en su &eacute;poca, no han faltado las descalificaciones contra Gald&oacute;s de Valle-Incl&aacute;n, Antonio Espina o Juan Benet, por citar algunos de sus cr&iacute;ticos m&aacute;s ilustres. El primero se refiri&oacute; a &eacute;l, en la c&eacute;lebre &ldquo;Luces de Bohemia&rdquo;, como &ldquo;Don Benito el Garbancero&rdquo;. M&aacute;s tarde, Antonio Espina aseguraba en &ldquo;Revista de Occidente&rdquo; que &ldquo;Gald&oacute;s no es un Dickens, ni siquiera un Balzac&rdquo;. Y Benet se despach&oacute; a gusto contra Gald&oacute;s porque &ldquo;literariamente emociona poco&rdquo;.</p>
<p>Pero tambi&eacute;n ha habido, a lo largo de estos cien a&ntilde;os, incuestionables voces que han salido al rescate de Gald&oacute;s. Entre ellos, Mainer cita en TURIA las palabras de Federico Garc&iacute;a Lorca (&ldquo;aquel gran maestro del pueblo, don Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s, a quien yo vi de ni&ntilde;o en los m&iacute;tines sacar unas cuartillas y leerlas, teniendo como ten&iacute;a la voz m&aacute;s profunda y grande de Espa&ntilde;a&rdquo;), y tambi&eacute;n a Vicente Aleixandre o Luis Cernuda.</p>
<p>Subraya Mainer que la nueva lectura de Gald&oacute;s en el &aacute;mbito de los estudios literarios, siempre estar&aacute; en deuda con la ingente labor de los hispanistas anglosajones y de cr&iacute;ticos espa&ntilde;oles como Ricardo Gull&oacute;n o Jos&eacute; Fern&aacute;ndez Montesinos. Desde entonces, a Gald&oacute;s ya se le lee sin mala conciencia y los estudios sobre su obra han permanecido a salvo de los excesos.</p>
<p>Termina Mainer su art&iacute;culo con una acertada referencia a lo que Azorin escribi&oacute; a prop&oacute;sito del &uacute;ltimo Gald&oacute;s: &ldquo;&rsquo;Don Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s, en suma, ha contribuido a crear una conciencia nacional: ha hecho vivir Espa&ntilde;a con sus ciudades, sus pueblos, sus monumentos, sus paisajes&rsquo;. &iquest;No convendr&iacute;a volver &ndash; en tiempos de tribulaci&oacute;n &ndash; a pensar un poco en todo eso?&rdquo;.</p>
<p>TURIA es, con 36 a&ntilde;os de trayectoria y periodicidad cuatrimestral, una de las publicaciones culturales espa&ntilde;olas m&aacute;s veteranas y reconocidas, por cuya labor obtuvo el Premio Nacional&nbsp; al Fomento de la Lectura. Desde hace un m&aacute;s de lustro, adem&aacute;s de su edici&oacute;n en papel, la revista TURIA tiene una versi&oacute;n digital a trav&eacute;s de una atractiva web y de una p&aacute;gina en Facebook que est&aacute; obteniendo una muy favorable acogida. &nbsp;</p>
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<p style="text-align: left;" align="center">UN FRAGMENTO DE LA ENTREVISTA EXCLUSIVA CON CEES NOOTEBOOM</p>
<p>El nuevo n&uacute;mero de la revista TURIA contiene una extensa y antol&oacute;gica entrevista a Cees Nooteboom, el m&aacute;s importante escritor holand&eacute;s de nuestra &eacute;poca y uno de los grandes autores europeos. La conversaci&oacute;n mantenida permite conocer a fondo su personalidad y su trayectoria, as&iacute; como sus opiniones sobre un amplio abanico de cuestiones de inter&eacute;s. De ese material in&eacute;dito, adelantamos hoy el siguiente fragmento:</p>
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<p>CEES NOOTEBOOM: &ldquo;DESTRUIR VENECIA ES POSIBLE, PERO SEGUIR&Iacute;A SIENDO ETERNA&rdquo;</p>
<p>- Su libro sobre Venecia ha salido en varios pa&iacute;ses. He acudido a internet para saber de &eacute;l y tengo la impresi&oacute;n de que regresa a una vieja idea: si es Venecia destruible.</p>
<p>- Destruirla es posible, pero seguir&iacute;a siendo eterna. Ya lo es. Ser&iacute;a una ruina bell&iacute;sima, o una ciudad bell&iacute;sima perdida en el recuerdo, en los libros, en el pante&oacute;n del arte.</p>
<p>- &ldquo;La Galer&iacute;a de los Uffizi es un vest&iacute;bulo de estaci&oacute;n donde el autocar japon&eacute;s y el ch&aacute;rter alem&aacute;n se disputan sitio delante de Botticelli&rdquo;.</p>
<p>- El problema es ese: para ver el Palacio de los Dogos, hay que hacer una gran cola. No es agradable, pero merece la pena. Hay soluciones t&eacute;cnicamente posibles de contener el agua, pero muy caras. Junto a ellas hacen falta pol&iacute;ticas concretas que restrinjan el n&uacute;mero de visitantes. No seamos necios e impidamos el turismo desbocado. Por lo dem&aacute;s, hay que ir en febrero, cuando el clima no es agradable. Giorgone, las iglesias, el agua, la piedra&hellip; Simone la ha retratado muy bien. Venecia es otra cosa en el mundo. La visit&eacute; por primera vez en 1964. Su arte es diez veces superior al de &Aacute;msterdam.</p>
<p>- En el diario suizo <em>Neve Zurcher Zeitung</em> comentan, a prop&oacute;sito, que la idea de los lugares que nos atrae suele ser inexacta porque est&aacute; mezclada de memoria y alucinaci&oacute;n. Pero eso es lo que la hace interesante, &iquest;no?</p>
<p>- Eso es cierto. Yo intento no referirme a nada textualmente. Hay muchos planos del realismo que no me interesan. Estamos a falta de ambig&uuml;edad. Y es precisamente en las zonas de sombra donde resplandece aquello que nos invita a pensar en la verdad de las cosas o, al menos, aquello por lo que nos sentimos apelados y que identificamos con la verdad.</p>
<p>- Tambi&eacute;n he le&iacute;do declaraciones suyas sobre el libro. En una confiesa haber entendido algunas im&aacute;genes tras &ldquo;cientos de veces contempl&aacute;ndolas sin estar preparado&rdquo;. &iquest;Se puede morir sin estarlo?</p>
<p>- S&iacute;. Lo que pasa es que el que no est&aacute; preparado no lo sabe. &iexcl;Yo no lo sab&iacute;a! Me he percatado ahora, al entenderlas. De haber fallecido en 2015, no habr&iacute;a percibido mi incapacidad. No s&eacute; si la edad me ha tranquilizado y hecho m&aacute;s sensible. Yo creo que la edad, en general, contagia indiferencia y cansancio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 09 Mar 2020 07:00:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los bolsillos del revés]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/los-bolsillos-del-reves/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas20/marzo/martha500.jpg" alt="" /></p>
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<p>Hay un gesto que acecho en mis mujeres</p>
<p>desde que tengo en rabia el coraz&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>Tiene el peso del aire: lo respiran.&nbsp;</p>
<p>Y es un gesto m&aacute;s hondo que la rueda,</p>
<p>tallado a dentelladas en el s&iacute;lex&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>de la palabra&nbsp;<em>tribu.</em>&nbsp;</p>
<p>Tocan la ropa sucia igual que se hace el pan.&nbsp;</p>
<p>Comprueban los bolsillos del rev&eacute;s</p>
<p>de los hombres que aman.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&iquest;Es amor si cuidamos m&aacute;s de lo que nos cuidan?&nbsp;</p>
<p>&iquest;Es amor si otras manos nos muestran lo que ocultan?&nbsp;</p>
<p>No es amor porque limpie.&nbsp;</p>
<p>Ni siquiera es amor porque se herede el gesto en los pulmones.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Es amor si, pudiendo madriguera, elige</p>
<p>lo contrario a los dobleces.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 06 Mar 2020 12:19:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA publica, por primera vez en español, a la escritora iraní Mahvash Parakan]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-publica-por-primera-vez-en-espanol-a-la-escritora-irani-mahvash-parakan/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2020/MAHVASH_S_BET.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>FUE REPRESALIADA CON DIEZ A&Ntilde;OS DE C&Aacute;RCEL POR PRACTICAR LA FE BAH&Aacute;&rsquo;I</strong></p>
<p><strong>SUS POEMAS ESCRITOS EN PRISI&Oacute;N OBTUVIERON EL PREMIO</strong><strong> PEN INTERNACIONAL EN 2017</strong></p>
<p>La revista cultural TURIA publica en su nuevo n&uacute;mero, que se distribuir&aacute; este mes de marzo en Espa&ntilde;a y otros pa&iacute;ses, un sumario con interesantes textos in&eacute;ditos protagonizados por grandes autores internacionales. As&iacute;, TURIA da a conocer por primera vez en espa&ntilde;ol la poes&iacute;a de la escritora iran&iacute; Mahvash Sabet, que obtuvo en 2017 el premio Pen Internacional y que fue injustamente represaliada en su pa&iacute;s con casi diez a&ntilde;os de c&aacute;rcel por profesar el bahaismo o fe bah&aacute;&rsquo;i, una religi&oacute;n perseguida en Ir&aacute;n y que cuenta con unos siete millones de practicantes en todo el mundo. Durante esa etapa de estancia en prisi&oacute;n, Sabet escribi&oacute; sus &ldquo;Poemas enjaulados&rdquo; como un testimonio de sus convicciones y reflexiones acerca de la condici&oacute;n humana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>TURIA ofrece adem&aacute;s a los lectores un avance de &ldquo;Los nombres epicenos&rdquo;, la nueva novela de la escritora belga en lengua francesa Am&eacute;lie Nothomb, una de las autoras de ese idioma m&aacute;s populares y de mayor proyecci&oacute;n. Su amplia obra narrativa ha sido asimismo objeto del elogio de la cr&iacute;tica porque sus novelas son un &ldquo;exquisito combinado de misterio, fantas&iacute;a y absurdo siempre con una guinda de talento en su interior&rdquo;. &nbsp;</p>
<p>Tambi&eacute;n TURIA da a conocer un amplio art&iacute;culo original de Yolanda Morat&oacute; sobre otra autora de indiscutible protagonismo en nuestros d&iacute;as: la norteamericana Siri Hustvedt, una de las escritoras m&aacute;s fascinantes de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, veterana militante por los derechos de la mujer y premio Princesa de Asturias en 2019.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>MAHVASH SABET: HABLAR CUANDO SE NIEGAN LAS PALABRAS</strong></p>
<p>Los &ldquo;Poemas enjaulados&rdquo; de Mahvash Sabet (Ardestan, Ir&aacute;n, 1953),&nbsp; son una prueba del coraje y la desesperaci&oacute;n, la miseria y las esperanzas de miles de iran&iacute;es que luchan por sobrevivir a las condiciones de extrema opresi&oacute;n. De ah&iacute; el inter&eacute;s de un libro del que TURIA publica ahora un anticipo integrado por una selecci&oacute;n de siete poemas y que ser&aacute; pr&oacute;ximamente editado en espa&ntilde;ol por Pre-Textos.</p>
<p>Los poemas de Sabet le han permitido hablar cuando se niegan las palabras, hablar cuando nadie la escuchaba. De ah&iacute; que, para conocer bien la historia de esta mujer perseguida por el r&eacute;gimen teocr&aacute;tico que gobierna Ir&aacute;n, resulte muy revelador leer atentamente el pr&oacute;logo que la abogada Manhnaz Parakan ha escrito a sus &ldquo;Poemas enjaulados&rdquo; y que la revista TURIA publica &iacute;ntegramente en su nuevo n&uacute;mero.&nbsp;</p>
<p>En esas palabras introductorias, Parakan elogia la valent&iacute;a, audacia y amabilidad de una mujer emprendedora y decidida, que se licenci&oacute; en psicolog&iacute;a y que, antes del actual gobierno islamista, ejerc&iacute;a como profesora y directora de varias escuelas. Incluso trabaj&oacute; estrechamente con el Comit&eacute; nacional de alfabetizaci&oacute;n de Ir&aacute;n. Miembro de la comunidad bah&aacute;&rsquo;i de su pa&iacute;s, Mahvash Sabet tambi&eacute;n sirvi&oacute; como secretaria de un consejo informal de siete personas conocido como los Yar&aacute;n, que han sido responsbles de coordinar los asuntos de la comunidad bah&aacute;&rsquo;i iran&iacute;.</p>
<p>Sin embargo, &ldquo;tras el establecimiento de la Rep&uacute;blica Isl&aacute;mica, fue expulsada de su puesto y se le prohibi&oacute; permanentemente ejercer en cualquier cargo educativo relacionado con el Estado. Durante los siguientes quince a&ntilde;os, se implic&oacute; en la gesti&oacute;n del Instituto Bah&aacute;&rsquo;&iacute; de Educaci&oacute;n Superior, que proporcionaba oportunidades educativas alternativas a los j&oacute;venes bah&aacute;&rsquo;&iacute;s a los que el Estado hab&iacute;a negado el acceso a la educaci&oacute;n.</p>
<p>El 5 de marzo de 2008, Mahvash Sabet fue detenida en Mashhad por representantes del Ministerio de Inteligencia y Seguridad Nacional. Posteriormente, fue trasladada a la secci&oacute;n de seguridad del centro de detenci&oacute;n de Ev&iacute;n, en Teher&aacute;n, donde los seis miembros restantes de los Yar&aacute;n se unieron a ella, tras las redadas realizadas en sus casas durante la madrugada del&nbsp; 14 de mayo. Como ellos, fue encarcelada durante dos a&ntilde;os y medio sin ning&uacute;n tipo de juicio, y fue recluida en aislamiento o con su compa&ntilde;era Fariba Kamalabadi, en los centros penitenciarios de Evin, Ghohardasht y Gharchak. Con ellos, tambi&eacute;n fue sometida a juicios el 12 de enero, el 7 de febrero y el 12 de abril de 2010, todos los cuales se anularon por irregularidades constitucionales. Finalmente, el 12 de junio de 2010 fue declarada culpable y condenada, como todos ellos, a 20 a&ntilde;os de prisi&oacute;n&rdquo;</p>
<p>Tuvieron que transcurrir diez a&ntilde;os de encarcelamiento injusto para que los Yar&aacute;n fueran puestos en libertad progresivamente por el gobierno iran&iacute; durante los &uacute;ltimos meses de 2017. Y lo hicieron, seg&uacute;n nos cuenta su abogada Mahnaz Parakan, &ldquo;con la cabeza bien alta y con un sentido de victoria. Ellos han dejado un recuerdo duradero, a nivel moral y humano, en la memoria de sus compa&ntilde;eros de celda, tanto de los presos pol&iacute;ticos como de los recluidos por otros delitos. El encarcelamiento de estos amigos no s&oacute;lo no les ha privado de su dignidad, sino que ha aumentado el respeto que todos sienten por ellos&rdquo;.</p>
<p>Los &ldquo;Poemas enjaulados&rdquo; de Mahvash Sabet son, a diferencia de otros textos&nbsp; escritos en prisi&oacute;n, mucho m&aacute;s que un cat&aacute;logo de esperanzas y miedos. Son un testimonio revelador y lleno de sensibilidad, una cr&oacute;nica de lo ocurrido a los bah&aacute;&rsquo;is en su encarcelamiento. Y, en ocasiones, tambi&eacute;n constituyen una valiosa serie de retratos de otras mujeres atrapadas en la c&aacute;rcel como ella. A veces son, asimismo, meditaciones sobre la impotencia o la soledad. Pero siempre son textos escritos con la convicci&oacute;n y la seguridad de quienes, cualquiera que sea la acusaci&oacute;n en su contra, sienten que sus creencias les protegen y les dan fuerzas para luchar por la vida y las causas justas.</p>
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<p><strong>UNA AM&Eacute;LIE NOTHOMB DESLUMBRANTE </strong></p>
<p>El nuevo n&uacute;mero de TURIA publica tambi&eacute;n un avance de lo que ser&aacute; &ldquo;Los nombres epicenos&rdquo;,&nbsp; el&nbsp; pr&oacute;ximo&nbsp; libro&nbsp; de&nbsp; Am&eacute;lie&nbsp; Nothomb&nbsp; en espa&ntilde;ol y que aparecer&aacute; editado por</p>
<p>Anagrama. El lector encontrar&aacute; aqu&iacute; un deslumbrante cuento cruel sobre amor, odio y venganza, protagonizado por una hija que jam&aacute;s cont&oacute; con el cari&ntilde;o de su padre. Los nombres epicenos son aquellos que, como Claude o Dominique, pueden utilizarse tanto en masculino como en femenino. En esta historia &eacute;l (Claude) despliega un gran empe&ntilde;o en casarse con ella (Dominique), y despu&eacute;s en dejarla embarazada. Al fin logra su objetivo y como resultado nace una hija llamada &Eacute;pic&egrave;ne. Sin embargo, en cuanto se produce el nacimiento la obsesi&oacute;n procreadora del padre se torna indiferencia absoluta hacia su hija. Entre tanto, Claude y Dominique se han instalado en Par&iacute;s, y &eacute;l convence a su mujer de entablar amistad con una pareja de la alta burgues&iacute;a cuya hija va al colegio con &Eacute;pic&egrave;ne. Una pareja con la que Claude tiene un secreto v&iacute;nculo &ndash;en forma de agravio&ndash; que viene de a&ntilde;os atr&aacute;s&hellip; La novela narra la historia de un doble rechazo y una doble venganza, con unos personajes a los que no mueve el amor sino el odio.</p>
<p>En definitiva, Am&eacute;lie Nothomb (Kobe, Jap&oacute;n, 1967), una de las grandes figuras de la literatura francesa contempor&aacute;nea, nos propone en su libro una mirada al desprop&oacute;sito del amor, el noviazgo, el matrimonio y la paternidad. De las mentiras que somos capaces de contarnos a nosotros mismos para simular o autoconvencernos de que hicimos las cosas bien, alguien nos eligi&oacute;, ergo, somos felices.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>SIRI HUSTVEDT, UNA AUTORA FEMINISTA Y MULTIDISCIPLINAR</strong></p>
<p>Que Siri Hustvedt (Minnesota, USA, 1955) era mucho m&aacute;s que la segunda esposa del c&eacute;lebre escritor Paul Auster, hace tiempo que lo sabemos. S&oacute;lo los miopes o los sectarios m&aacute;s recalcitrantes pod&iacute;an negar ya la potencia e inter&eacute;s de su abrumadora trayectoria intelectual. Y de recorrer esa intensa biograf&iacute;a a trav&eacute;s de sus libros se ocupa en TURIA la profesora Yolanda Morat&oacute;.</p>
<p>Afortunadamente, Siri Hustvedt es una autora cuya obra se encuentra traducida al espa&ntilde;ol casi en su totalidad. Son m&aacute;s de &ldquo;una docena de novelas, obras de ensayo sobre arte, literatura, psicolog&iacute;a y neurociencias y un primer y &uacute;ltimo, seg&uacute;n declara siempre que se le pregunta, libro de poemas&rdquo;.</p>
<p>Por otra parte, y seg&uacute;n Morat&oacute;, &ldquo;todo en la obra de Hustvedt se revisita, se reelabora, se fragmenta y se reconstruye, dejando en manos de los lectores la interpretaci&oacute;n &uacute;ltima de unas novelas en las que los grandes protagonistas son el tiempo y la memoria&rdquo;&nbsp;</p>
<p>Hustvedt se declara feminista, pero ese compromiso no lo puso en marcha recientemente, al contrario: &ldquo;lleva d&eacute;cadas desplegando en sus p&aacute;ginas su militancia por los derechos de la mujer&rdquo;.&nbsp; Como nos recuerda en TURIA Yolanda Morat&oacute;, Hustvedt &ldquo;ya jug&oacute; con el papel de la identidad de la mujer y su recepci&oacute;n en su primer libro, <em>Los ojos vendados</em> (1992)&rdquo;</p>
<p>En definitiva, &ldquo;Hustvedt pertenece a la estirpe de esos grandes magos a los que no solo no les importa desvelar sus trucos, sino que una vez que quedan a la vista del p&uacute;blico, pueden repetir el n&uacute;mero con toda la elegancia del mundo y hacer que sus espectadores vuelvan a casa&nbsp; con&nbsp; la&nbsp; sensaci&oacute;n&nbsp; de haber pasado una buena tarde y de ser un poco m&aacute;s listos que cuando entraron horas antes en la sala&rdquo;.</p>
<p>TURIA, que cuenta ya con treinta y seis a&ntilde;os de trayectoria, ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. Tiene periodicidad cuatrimestral en papel y adem&aacute;s dispone tambi&eacute;n una versi&oacute;n digital (web y Facebook) muy apreciada. La edita el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel y cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>
<p class="Textoindependiente21" align="center">&nbsp;<strong> <br /></strong></p>
<p class="Textoindependiente21" style="text-align: left;" align="center"><strong>UN POEMA IN&Eacute;DITO DE MAHVASH SABET </strong></p>
<p class="Textoindependiente21">La revista TURIA difunde un avance del libro de la escritora iran&iacute; Mahvash Sabet, &ldquo;Poemas enjaulados&rdquo;, que ser&aacute; publicado por la editorial Pre-Textos esta a&ntilde;o. De ese material in&eacute;dito, adelantamos hoy el siguiente poema:</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">GORRI&Oacute;N</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>Hoy,</p>
<p>al pasar por el patio de la c&aacute;rcel</p>
<p>me encontr&eacute; a un gorri&oacute;n.</p>
<p>Picoteaba un trozo de pan bien congelado,</p>
<p>una migaja fr&iacute;a, en la nieve.</p>
<p>&laquo;T&uacute; y yo somos los dos prisioneros hambrientos&raquo;, le dije.</p>
<p>Y as&iacute;, en aquel instante, abandon&oacute; la miga y se alej&oacute; volando.</p>
<p>Ante eso pens&eacute;:</p>
<p>&laquo;&iquest;Acaso eres t&uacute; menos que este pobre gorri&oacute;n?</p>
<p>Dime, &iquest;por qu&eacute; no sueltas el pan igual que el p&aacute;jaro?</p>
<p>Deja esa miga y vuela</p>
<p>aunque te roa el hambre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p class="Textoindependiente21"><em>&nbsp;</em></p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 27 Feb 2020 09:13:42 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sociedades abiertas o guettos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/sociedades-abiertas-o-guettos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas20/febrero/VALENT_PUIG.jpg" alt="" />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Las oleadas migratorias han impactado el devenir hist&oacute;rico en el curso de los siglos, con car&aacute;cter transcontinental o por movimientos de poblaci&oacute;n en cada continente, como el efecto innovador que represent&oacute; la penetraci&oacute;n cultural germ&aacute;nica en la Europa oriental. En el curso del siglo XIX, la Irlanda de m&aacute;s de ocho millones de habitantes acab&oacute; &ndash;seg&uacute;n el censo de 1961- con una poblaci&oacute;n de tres millones. Este precedente no es excepcional sino un caso manifiesto de una inmigraci&oacute;n de m&aacute;s del setenta por ciento en medio siglo. En este siglo XXI inicial, por el momento la inmigraci&oacute;n ya ha alterado el mapa pol&iacute;tico de la Uni&oacute;n Europea y algo tiene que ver con la elecci&oacute;n de Donald Trump. En <em>Historia port&aacute;til del mundo</em> (2016), Alexander Von Sch&ouml;nburg recuerda hasta qu&eacute; punto las olas migratorias del primer milenio producen en Europa un notable mestizaje &eacute;tnico en el que las cartas se barajan de nuevo: los b&aacute;rbaros germanos se ponen toca y se adjudican t&iacute;tulos nobiliarios del antiguo Imperio Romano. Es as&iacute; como surge la Europa moderna, consecuencia de la llegada de advenedizos y con el retroceso del Imperio Romano a favor de nuevos reinos y Estados, j&oacute;venes y potentes. Actualmente, en la Europa comunitaria la obstinaci&oacute;n en infravalorar los riesgos de una inmigraci&oacute;n tan dilatada y creciente provino del buenismo de la socialdemocracia que, en sus zonas tangenciales con el progresismo irrealista,&nbsp; tuvo acomplejado al centro derecha que a lo largo y ancho de Europea no quer&iacute;a ser acusado de xenofobia y racismo. La pol&iacute;tica de Estado cedi&oacute; ante la pol&iacute;tica de las emociones en una Europa que envejece y desciende en natalidad. Tanto la elisi&oacute;n como la nostalgia de las lealtades nacionales, &iquest;habr&iacute;a avanzado al mismo ritmo sin el efecto migratorio de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas? La relativizaci&oacute;n de las nociones de comunidad y arraigo proviene en parte de la cultura post-moderna, visiblemente hostil con la tan baqueteada identidad de las patrias y matrias, porque para el relativismo post-moderno toda identidad es sospechosa. Las &eacute;lites desarraigadas y cosmopolitas han desestimado el valor de las lealtades a un paisaje, a los antepasados, a las costumbres o a v&iacute;nculos que no se fundamentasen en la racionalidad ubicua, lo que deteriora -seg&uacute;n las zonas de mayor intensidad inmigratoria- unos sistemas cohesivos ya de por si decrecientes. Es una constante hist&oacute;rica la necesidad peri&oacute;dica de un &ldquo;juste milieu&rdquo; en todas las expansiones o retracciones de la acci&oacute;n humana. En ese l&iacute;mite est&aacute; Occidente, de una parte abierto al potencial que representa la inmigraci&oacute;n y, por otras, desconcertado ante las consecuencias de una inmigraci&oacute;n desordenada que genera zonas de saturaci&oacute;n que f&aacute;cilmente se configuran como guettos y provocan conflictos.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Del &ldquo;gap&rdquo; al p&aacute;nico</strong></p>
<p><strong></strong>Una pluralidad de pertenencias o identidades que no alcanzan a ser no ya compartidas sino complementarias distorsiona el sentido cl&aacute;sico de comunidad social y pol&iacute;tica. En realidad, seg&uacute;n la demograf&iacute;a, el potencial cuantitativo de los impulsos migratorios a&uacute;n tiene mucho trecho por delante. Dif&iacute;cilmente concebimos la dimensi&oacute;n que pueden llegar a tener las masas de inmigrantes que se agolpan en las lindes de Europa. Nuestra percepci&oacute;n puede ser tanto sobredimensionada como infravalorada y de ah&iacute; lo que algunos analistas consideran el &ldquo;gap&rdquo;&nbsp; creciente entre las &eacute;lites europeas y las clases con menor poder adquisitivo y menor movilidad social. Impactado en su l&iacute;nea de flotaci&oacute;n, el orden post-guerra fr&iacute;a ensombreci&oacute; con la amenaza del radicalismo islamista y, de modo si se quiere indirecto, por la gradual confusi&oacute;n de identidades en aquellas zonas en las que la saturaci&oacute;n migratoria superaba el umbral de absorci&oacute;n. De ah&iacute; las tensiones actuales en Europa. Conviene precaverse de los dict&aacute;menes apocal&iacute;pticos que facilitan nuevos despliegues de una demagogia que no aporta soluciones e incentivan los bajos instintos de las sociedades y provocan una polarizaci&oacute;n que a menudo no corresponde a la realidad sino a la una virtualidad ama&ntilde;ada por el populismo. Eso es un riesgo para la democracia y para las libertades. La polarizaci&oacute;n tiene un &ldquo;tempo&rdquo; fulminante y en estos momentos su turborreactor es&nbsp; la migraci&oacute;n. Como dice Yuval Levin, estamos viviendo en una &eacute;poca de p&aacute;nico pol&iacute;tico. Es deducible que Donald Trump tuvo muchos votos por su promesa de construir un muro para atajar la inmigraci&oacute;n ilegal mejicana. Pero ahora, ya en la Casa Blanca sabe, si es que no&nbsp; lo sab&iacute;a, que esa era una promesa impracticable, aunque la verdad es que los Estados Unidos siguen afectados por el problema de cientos de miles de sin papeles.</p>
<p>&nbsp;A principios de 2005, la crisis de los refugiados &ndash;tambi&eacute;n crisis de migraci&oacute;n- sumaba factores complementarios: la guerra de Siria increment&oacute; las peticiones de asilo; la mayor&iacute;a de llegados eran musulmanes; los sistemas fronterizos de la Uni&oacute;n Europea se vieron desbordados a pesar de las previsiones. Como puerta de entrada, Italia y luego Grecia. Algunos pa&iacute;ses suspendieron temporalmente las normas fronterizas de Schengen. Las peticiones de asilo se multiplicaron por dos. Los inmigrantes quer&iacute;an llegar hasta Alemania o Suecia, preferentemente. Desde entonces, las estrategias de control fronterizo en el Mediterr&aacute;neo tanto como la persecuci&oacute;n de los traficantes &ndash;una industria altamente rentable- o la redistribuci&oacute;n por cuotas, han paliado los efectos de 2005 pero con lentitud y sin suavizar el primer impacto que tuvo en Alemania. No siempre interact&uacute;an con fluidez las normas de Schengen, la Convenci&oacute;n de 9151 y la muy posterior Convenci&oacute;n de Dublin &ndash;de 1990 y de trazo exclusivamente europeo- como m&eacute;todo para examen de las solicitudes de asilo. Esta Convenci&oacute;n de Dublin ha sido criticada tanto por quienes la consideran insuficientemente protectora de los refugiados y lenta en su tramitaci&oacute;n como por quienes &ndash;especialmente los pa&iacute;ses fronterizos, desbordados por las oleadas migratorias- la ven como excesivamente imprecisa e inoperante en su aplicaci&oacute;n. De hecho, durante la crisis de 2015 con los refugiados sirios, pa&iacute;ses como Hungr&iacute;a o la Rep&uacute;blica Checa decidieron su suspensi&oacute;n parcial. Luego vino el problema de las cuotas, todav&iacute;a sin resolver.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Asilo y efecto llamada</strong></p>
<p><strong></strong>Dada la carga emocional de las pateras a punto de fundirse, las escenas de Calais o de las ruinas b&eacute;licas de Siria,&nbsp; la distinci&oacute;n entre inmigrante econ&oacute;mico y solicitante de refugio ha pasado muy a segundo t&eacute;rmino, con una aceleraci&oacute;n medi&aacute;tica que transcurre ajena a los esfuerzos de los pa&iacute;ses miembros de la Uni&oacute;n Europea en busca del &ldquo;juste milieu&rdquo;: es decir, inmigraci&oacute;n s&iacute;, pero por v&iacute;as legales y leg&iacute;timo control de fronteras. Un rasgo definitorio de la crisis migratoria ha sido y es negarse a formular y asumir que el inmigrante econ&oacute;mico y el extranjero con petici&oacute;n de asilo pol&iacute;tico no son la misma cosa. Es m&aacute;s: incluso a la hora de definir los par&aacute;metros de una pol&iacute;tica &ldquo;ad hoc&rdquo; para los refugiados los instrumentos no son los m&aacute;s adecuados, como se constata cada d&iacute;a al aplicar las normas de la Convenci&oacute;n para los Refugiados aprobada por las Naciones Unidas en 1951. En aquel momento, se trataba de solventar en la medida de lo posible la situaci&oacute;n europea de postguerra, con grandes masas desplazadas y sin identificaci&oacute;n. La Convenci&oacute;n, al definir la figura del refugiado no contempl&oacute;, por supuesto, unas futuras migraciones del continente africano a Europa del sur, por ejemplo, ni la llegada de la emigraci&oacute;n turca a Alemania, ni la saturaci&oacute;n holandesa, el multiculturalismo brit&aacute;nico o el debilitamiento de la identidad republicana en Francia. Si en las circunstancias de 1951 ya era dif&iacute;cil gestionar la Convenci&oacute;n &iquest;c&oacute;mo no iba a ser lo a&uacute;n m&aacute;s cuando en los l&iacute;mites de la Uni&oacute;n Europea se hacinasen gentes en solicitud de un status de refugiado que era pr&aacute;cticamente imposible de certificar?&nbsp; &iquest;Se puede hablar de la crisis de asilados como una disfunci&oacute;n elaborada? Lo m&aacute;s evidente es que no ha habido una revisi&oacute;n sem&aacute;ntica del concepto de asilo, lo cual se sumaba a la incertidumbre ocasionada por la previa confusi&oacute;n entre inmigrantes econ&oacute;micos y refugiados pol&iacute;ticos. En cualquier punto de llegada de inmigrantes en las fronteras europeas, dilucidar al reci&eacute;n llegado con derecho a asilo es una tarea de mucha complicaci&oacute;n. La mayor&iacute;a llegan sin documentaci&oacute;n, -en algunos casos, con&nbsp; documentaci&oacute;n falsa- lo que se a&ntilde;ade a la falta de int&eacute;rpretes dada la dimensi&oacute;n del flujo s&uacute;bito.</p>
<p>Tanto la posibilidad de acceder a los niveles de vida que la televisi&oacute;n da a conocer en todo el mundo como la necesidad de huir de Estados fallidos fue inicialmente acogida por pol&iacute;ticas asistenciales humanitarias que luego, en la vida concreta, provocaron que amplios sectores de la poblaci&oacute;n europea se sintieran amenazados en sus estilos de vida, en su seguridad, cohesi&oacute;n, oportunidades de trabajo y la incertidumbre de identidades nacionales que no han sido suplidas por sistemas de pertenencia que garanticen formas de vida en com&uacute;n. Aparece entonces el efecto de los vasos comunicantes, por el que el voto de la extrema izquierda acaba pas&aacute;ndose a la extrema derecha trucando la oportunidad de rigurosos debates sobre la inmigraci&oacute;n y sus crisis.&nbsp; Al margen del &ldquo;dictum&rdquo; de las &eacute;lites tecnocr&aacute;ticas, franjas populosas de la sociedad europea comenzaron a tener miedo con la saturaci&oacute;n migratoria y en pa&iacute;ses como Francia o Alemania est&aacute; en curso un debate intelectual de altura sobre identidades y fronteras, mientras que en Estados-miembro como Hungr&iacute;a la reacci&oacute;n ha sido dr&aacute;stica. Es un debate intelectual cuyos manifiestos &ndash;sean razonados o panfletarios- han sido y sus &ldquo;bestsellers&rdquo; de larga duraci&oacute;n especialmente dada la secuencia de atentados de Londres a Bruselas pasando por Barcelona o Par&iacute;s. Algunas de las previsiones m&aacute;s sombr&iacute;as parecen confirmarse. Sin el reconocimiento expl&iacute;cito de las consecuencias de la crisis de los refugiados y de las pol&iacute;ticas migratorias laxas de cada vez se har&aacute; m&aacute;s dif&iacute;cil entender lo que pasa y eludir la ruptura entre las &eacute;lites tecnocr&aacute;ticas y la gente de la calle. Es m&aacute;s, la puesta en cuesti&oacute;n de los procesos democr&aacute;ticos puede ser de cada vez m&aacute;s honda, algo m&aacute;s flagrante que la crisis de la pol&iacute;tica: el debilitamiento del sistema representativo.</p>
<p>Con lucidez perif&eacute;rica, Ivan Krastev, presidente del Centro para Estrategias Liberales de Sof&iacute;a, en <em>Despu&eacute;s de Europa</em> (2017) ha trazado una panor&aacute;mica poco convencional de la Uni&oacute;n Europa actual. Es improbable que la inmigraci&oacute;n &ndash;dice- provea a Europa con una soluci&oacute;n para su debilidad demogr&aacute;fica porque para el inmigrante se trata de cambiar de pa&iacute;s para tener un trabajo y prosperar, hasta el punto de que la democracia, en un sombr&iacute;o cambio cualitativo, dejar&iacute;a de ser un sistema inclusivo. Krastev supone que, desde el primer impacto de la recesi&oacute;n global de 2008, ni la crisis de la eurozona, el Brexit o Ucrania han sido tan determinantes como la inmigraci&oacute;n, hasta el punto de convertirse intr&iacute;nsecamente en la crisis paneuropea, por excelencia, en el coraz&oacute;n de la indeterminaci&oacute;n existencial de Occidente. Otros intelectuales europeos rechazan la correcci&oacute;n pol&iacute;tica y advierten que el inmigracionismo &ndash;la ideolog&iacute;a &ldquo;sin papeles&rdquo;, Europa como culpable de todos los males ajenos- est&aacute; convirti&eacute;ndose en la &uacute;ltima utop&iacute;a buenista.</p>
<p>La reflexi&oacute;n occidental ha sido intelectualmente profunda pero los pol&iacute;ticos o bien temer a verse acusados de xenofobia o se dedican a proponerla como soluci&oacute;n. <em>&iquest;Qui&eacute;nes somos?</em> ( 2004) del historiador Samuel Huntington habl&oacute; abiertamente de desaf&iacute;os a la identidad nacional estadounidense, a partir de la tesis de que, desde finales del siglo XX, el credo americano hasta entonces compartido se enfrent&oacute; al desaf&iacute;o de una nueva oleada de inmigrantes llegado desde Asia e Iberoam&eacute;rica. En 2010, Thilo Sarrazin, miembro del Partido Social Dem&oacute;crata alem&aacute;n, public&oacute; <em>Alemania desaparece</em>, afrontando pol&eacute;micamente el espejismo de una inmigraci&oacute;n integrada multiculturalmente.&nbsp; El consenso buenista apart&oacute; a Sarrazin de los debates centrales pero, desafortunadamente, no pocas de sus advertencias han ido siendo corroboradas por la realidad, como puede comprobarse con la aparici&oacute;n del partido &ldquo;Alternativa por Alemania&rdquo;. En 2016, cuando Angela Merkel toma la arriesgada decisi&oacute;n de dar paso a los inmigrantes sirios que se hab&iacute;an ido aglomerando en la frontera h&uacute;ngara, Sarrazin advirti&oacute; que se dar&iacute;a una situaci&oacute;n incontrolable y que la canciller -aunque alabada por el humanitarismo oficial- actuaba a contracorriente de todos los sondeos de la opini&oacute;n alemana. Ilustraba el temor a la p&eacute;rdida de identidad cultural al hecho de que &ndash;por ejemplo- un 25 por ciento de los beb&eacute;s que nacen en Berl&iacute;n son musulmanes.</p>
<p>La sangrienta barbarie de los atentados del Daesh y los jihadistas en Europa ha sido un nuevo elemento para que las poblaciones europeas sientan miedo y lo identifiquen espec&iacute;ficamente con el Islam. A inicios de 2018, theglobalist.com presentaba un informe sobre el estado de la inmigraci&oacute;n en los pa&iacute;ses de la Uni&oacute;n Europea. Seg&uacute;n proyecciones demogr&aacute;ficas, incluso con una disminuci&oacute;n en el n&uacute;mero de inmigrantes, el total de musulmanes ir&aacute; en aumento en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os. De modo complementario, el Pew Research Center daba tres escenarios posibles: si el influjo de los inmigrantes musulmanes persiste seg&uacute;n el alto nivel que se dio entre los a&ntilde;os 2010 y 2016, su presencia demogr&aacute;fica en 2050 ir&aacute; del 4.9 al 14 por ciento en la conjunto de Europa &ndash;y en Alemania, del 6.1 al 20 por ciento. Incluso en caso de bajar el influjo, para&nbsp; 2050 la poblaci&oacute;n musulmana alcanzar&aacute; el 11.2 en la zona europea. Ese incremento a&uacute;n en caso de mejor influyo va a ser consecuencia de la alta tasa del fertilidad de la mujer musulmana, en una Europa con tan bajas tasas de natalidad y un progresivo envejecimiento dadas las mayores expectativas de vida. Eso significar&iacute;a un total de 36 millones de musulmanes en Europa. En otro escenario, de mantener el actual nivel de influjo, en Gran Breta&ntilde;a, Alemania o Francia es previsible un promedio del 2O por ciento mientras que en Suecia pudiera ser de un tercio. Los efectos de tales influjos y permanencias en el Estado de bienestar, tanto como en la percepci&oacute;n de inseguridad y temor ser&iacute;an notables.</p>
<p>Tras los atentados del Daesh en Paris -2015- y Bruselas -2916- volvimos a hablar de Europa, a&ntilde;o cero. Un a&ntilde;o despu&eacute;s, ocurri&oacute; el atentado en las Ramblas de Barcelona &ndash;ins&oacute;litamente olvidado a causa la vor&aacute;gine independentista-. El jihadismo, habiendo declarado una guerra global contra Occidente, no tendr&iacute;a un v&iacute;nculo directo con los n&uacute;cleos de inmigraci&oacute;n musulmana en Occidente si no hubiese enrolado a inmigrantes de tercera generaci&oacute;n, tanto para luchar en Siria, como para ejecutar masacres en grandes ciudades de Europa. La cuesti&oacute;n, simple, es que las sociedades abiertas no pueden defenderse como lo hicieron los sistemas totalitarios: en ese dilema moral, Occidente busca a tientas y a ciegas un &ldquo;juste milieu&rdquo; que algunos expertos dan por imposible. Los captados por las redes jihadistas en Europa en m&aacute;s de un 70 por ciento provienen de la clase media. A la espera de un Islam tolerante que no existe o teme expresarse, &iquest;qu&eacute; otra actitud cabe que no tolerar la intolerancia?</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>La &ldquo;Douce France&rdquo; de Trenet</strong></p>
<p><strong></strong>En 1992, Hans Magnus Enzensberger hab&iacute;a publicado un breve ensayo, <em>La gran migraci&oacute;n</em>, con argumentos premonitorios sobre los conflictos que desencadena cualquier migraci&oacute;n: &ldquo;Tanto el ego&iacute;smo de grupo como la xenofobia son constantes antropol&oacute;gicas previas a cualquier justificaci&oacute;n, cuya difusi&oacute;n universal permite pensar que fueron anteriores a cualquier otra forma social conocida&rdquo;. La consecuencia era que, a pesar de todo, los tab&uacute;es y los ritos de hospitalidad ideados para aligerar esos conflictos eran mecanismos que no suprimen el estatus de forastero sino que, al contrario, lo consolidan. En Francia, el debate intelectual sobre los efectos de la inmigraci&oacute;n ha abierto en canal presunciones ideol&oacute;gicas que en el pasado se hab&iacute;an ido convirtiendo en el consenso pol&iacute;ticamente correcto. Con los datos de una encuesta del Instituto Montaigne en 2016, un 20 por ciento de los musulmanes en Francia, con casi un 50 por ciento entre 15 y 25 a&ntilde;os, han adoptado &ldquo;un sistema de valores claramente opuesto al de la Rep&uacute;blica&rdquo;. Puede hablarse, salvo excepciones, de un Islam rupturista. En aquellos ayuntamientos en los que la presencia musulmana es m&aacute;s densa, los alcaldes &ndash;como Xavier Lemoine, alcalde de Montferneil- hablan de una tendencia a la organizaci&oacute;n de comunidades aut&aacute;rquicas y contrapuestas lo que da&ntilde;a significativamente &ndash;por ejemplo- el aprendizaje de la lengua francesa. Esa constataci&oacute;n parece contribuir a las tesis del riesgo multiculturalista del que ya habl&oacute; Giovanni Sartori en <em>La sociedad multi&eacute;tnica</em> (2001) al contraponerle los valores pluralistas de una sociedad abierta. Es un grave desaf&iacute;o para la tolerancia porque &ndash;dec&iacute;a Sartori- el pluralismo est&aacute; obligado a respetar la multiplicidad cultural con la que se encuentra, pero no est&aacute; obligado a fabricarla porque lo contrario entramos en procesos de desintegraci&oacute;n y de guettos. En Francia los intelectuales m&aacute;s opuestos a la inmigraci&oacute;n sostienen que la vida en los barrios perif&eacute;ricos y en zonas rurales transcurre empapada de un gran miedo: sentirse extranjero en su propio pa&iacute;s. En Francia los innegables efectos de una inmigraci&oacute;n ya concret&oacute; un efecto sociol&oacute;gico que ha traspasado los votos del partido comunistas al Frente Nacional. Eric Zemmour tuvo una gran &eacute;xito de ventas con <em>El suicidio franc&eacute;s</em> (2014) y una observadora de la integraci&oacute;n, Malika Sorel-Sotter, de origen magreb&iacute;, habla de &ldquo;descomposici&oacute;n francesa&rdquo;. El dilema identitario es profundo y m&aacute;s a&uacute;n despu&eacute;s de los ataques jihadistas de los &uacute;ltimos tiempos.&nbsp; &iquest;Qu&eacute; ha pasado con la &ldquo;douce France&rdquo; que cantaba Jacques Trenet? Es como si de repente, buena parte de los intelectuales franceses hubiesen decidido que el a&ntilde;ejo consenso buenista &ndash;por el que la izquierda pod&iacute;a acusar de racismo a un centro-derecha acomplejado- derivaba de falacias voluntaristas del todo alejadas del sentir de la &ldquo;banlieu&rdquo; cuya capacidad de absorci&oacute;n de inmigrantes hab&iacute;a sido desbordada hacia tiempo, como ocurre en otros tantos pa&iacute;ses de Occidente. La&nbsp; Francia republicana que consolidaba un z&oacute;calo de laicidad y cristiandad estaba siendo prejuzgada como xen&oacute;foba y excluyente.</p>
<p>Thilo Sarrazin detalla los tres criterios necesarios para actuar razonablemente cuando los inmigrantes piden entrada en un pa&iacute;s de la Uni&oacute;n Europea. En primer lugar, sopesar las posibilidades del sistema de protecci&oacute;n social. En segundo lugar, calcular que probabilidades tienen de encontrar un trabajo y desde este punto de vista las tasas de paro son muy determinantes. Y citaba el caso de Francia, con cerca de un 80 por ciento de parados de minor&iacute;a &eacute;tnica. Y luego, en tercer lugar, los inmigrantes se dirigen al pa&iacute;s a donde previamente se han instalado sus familiares o conocidos. Es por tal raz&oacute;n que la ponderaci&oacute;n eficaz &ndash;por ejemplo- de pol&iacute;ticas de vivienda protegida o los ritmos del reagrupamiento familiar es fundamental para mantener los niveles de cohesi&oacute;n y de identidad. En el peor de los casos, una nueva crisis econ&oacute;mica agravar&iacute;a el recelo anti-inmigratorio de las clases medias bajas, con translaci&oacute;n pol&iacute;tica s&uacute;bita y de signo m&aacute;s que previsible seg&uacute;n los &uacute;ltimos precedentes. Dada su falta de preparaci&oacute;n profesional y en un contexto de paro o trabajo temporal, &iquest;cu&aacute;ntos inmigrantes tendr&aacute;n la oportunidad de un trabajo? Esa es una gran incertidumbre que eleva el coste de las prestaciones del Estado de bienestar. Cada inmigrante incrementa ese coste, indefectiblemente, y mucho m&aacute;s si consideramos los &iacute;ndices de reagrupamiento familiar. Como todas las pol&iacute;ticas que requiere de una concertaci&oacute;n a la europea, tarda notablemente el proceso de dise&ntilde;ar para toda la Uni&oacute;n Europea una pol&iacute;tica com&uacute;n de asilo e inmigraci&oacute;n. Avanza a un ritmo pausado&nbsp; la organizaci&oacute;n de una polic&iacute;a europea fronteriza que complemente los esfuerzos de los pa&iacute;ses que lindan con zonas de entrada &ndash;sean terrestres o mar&iacute;timas-.</p>
<p>La Uni&oacute;n Europea, con sus letargos y sus ventajas es la heredera de una Europa refundada despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial desde principios comunes como la paz entre naciones &ndash;modulaci&oacute;n cualitativa de la paz de Westfalia de 1648 fundamentada en los soberan&iacute;as nacionales-, la libre circulaci&oacute;n del personas y bienes, el consenso del Estado de bienestar y el crecimiento econ&oacute;mico, entre otros. Esos son los arquitrabes de la Uni&oacute;n Europea que la laxitud y descoordinaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas migratorias est&aacute;n afectando, del mismo modo que ha trastocado los sistemas pol&iacute;ticos nacionales. Para atajar los nuevos guettos, frente a la opci&oacute;n equilibrada, la ideolog&iacute;a multiculturalista puede acabar siendo una nueva religi&oacute;n pol&iacute;tica que contribuir&iacute;a &ndash;tan negativamente- a la versi&oacute;n culpabilizadora de Occidente, ya m&aacute;s all&aacute; de la relativizaci&oacute;n de sus valores. Es la paradoja de un Occidente pr&oacute;spero a pesar de la crisis, en paz a pesar de los conflictos regionales y libre en su estabilidad institucional pero al que el cuarteamiento multiculturalista convierte en elemento antag&oacute;nico, al que hay que hostigar, con la desafecci&oacute;n herm&eacute;tica o, en sus caso extremo, con el terror. Incluso las sociedades de mayor acogida pueden ser interpretadas como obst&aacute;culo para la multiculturalidad prospere, ajena a las normas y valores que son la energ&iacute;a y el legado de las sociedades abiertas. En Occidente, este factor est&aacute; generando un exceso de autoflagelaci&oacute;n.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 18 Feb 2020 11:27:33 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[César Vallejo, en nuestro presente]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/cesar-vallajo-en-nuestro-presente/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas20/febrero/C_sar500.jpg" alt="" /></p>
<p>La ocasi&oacute;n que me brinda la revista <em>Turia </em>de escribir sobre C&eacute;sar Vallejo, con el requerimiento de abordar la lectura que desde la actualidad podemos hacer de su obra, exige un esfuerzo de reflexi&oacute;n que permita plantear lo que en la actualidad Vallejo sigue transmitiendo a sus lectores. En este sentido, resulta fundamental recordar que ese mismo esfuerzo de actualizaci&oacute;n fue realizado por diversos poetas a lo largo del siglo XX, en textos a los que es interesante acudir para bosquejar una breve y selectiva historia ilustrativa de la significaci&oacute;n de Vallejo en la posteridad. Me referir&eacute; a Mario Benedetti, que en 1967 escribi&oacute; un art&iacute;culo revelador sobre los dos grandes paradigmas po&eacute;ticos de la literatura hispanoamericana del siglo XX, bajo el t&iacute;tulo &ldquo;Vallejo y Neruda, dos modos de influir&rdquo;; al poeta peruano Jorge Eduardo Eielson, autor del art&iacute;culo &ldquo;Actualidad de C&eacute;sar Vallejo&rdquo;, publicado en revista <em>Debate</em>, n&ordm; 69,<em> </em>en 1992; y, por &uacute;ltimo, a algunos fragmentos del poeta chileno Ra&uacute;l Zurita, de su ensayo &ldquo;Poes&iacute;a y Nuevo Mundo&rdquo;, compilado en el libro <em>Sobre el amor, el sufrimiento y el nuevo milenio</em>, del a&ntilde;o 2000. Recoger algunas de las ideas principales vertidas en estos textos, as&iacute; como realizar algunas calas en la obra de nuestro autor, me permitir&aacute; sugerir, desde la humildad de quien apostilla a estos grandes escritores en 2018, lo que significa &ldquo;leer a C&eacute;sar Vallejo, hoy&rdquo;.</p>
<p>Comencemos por el texto de Benedetti. La segunda parte de su t&iacute;tulo, &ldquo;dos modos de influir&rdquo;, no debe interpretarse &ndash;como el texto revela despu&eacute;s&ndash; &uacute;nicamente en el sentido de influencia sobre los escritores posteriores, sino tambi&eacute;n sobre los lectores, entendiendo la influencia en este caso como la marca profunda que Vallejo introduce en su forma de leer, en su pensamiento y, finalmente, en su visi&oacute;n del mundo. Con la marca en la forma de leer me refiero a que Vallejo obliga a acostumbrarse a su &ldquo;lenguaje seco a veces, irregular, entra&ntilde;able y estallante, vital hasta el sufrimiento&rdquo;, como acierta a definir Benedetti con palabras exactas. Precisamente una de las palabras de esta enumeraci&oacute;n la escuch&eacute; pronunciar a Ra&uacute;l Zurita en conferencia sobre &ldquo;poes&iacute;a y holocausto&rdquo; para referirse a nuestro poeta: &ldquo;Vallejo hace estallar el lenguaje&rdquo;, dijo al hablar del sufrimiento humano en la poes&iacute;a universal y colocar a Vallejo en la cumbre de la poetizaci&oacute;n del dolor.</p>
<p>Esa cumbre tiene multitud de ejemplos en poemas paradigm&aacute;ticos, como &ldquo;Espa&ntilde;a aparta de m&iacute; este c&aacute;liz&rdquo;, que da t&iacute;tulo al poemario &uacute;ltimo de Vallejo, y que forma parte de sus poemas p&oacute;stumos publicados en 1939 (<em>Poemas humanos</em>, 95 composicione, a las que se a&ntilde;aden las quince de <em>Espa&ntilde;a aparta de m&iacute; este c&aacute;liz</em>). En este poema Vallejo exclam&oacute;, desde el dolor sentido ante la Guerra Civil espa&ntilde;ola, el memorable verso: &ldquo;&iexcl;C&oacute;mo vais a bajar las gradas del alfabeto / hasta la letra en que naci&oacute; la pena!&rdquo;. En este sentido, repetir&eacute; con el gran poeta peruano Eduardo Chirinos, que &ldquo;Vallejo expres&oacute; mejor que nadie lo que significa proponerse hacer hablar al dolor en vez de hablar del dolor&rdquo;<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>. Vida y dolor se al&iacute;an en Vallejo a partir del yo personal, pero desde ese yo virar&aacute; en direcci&oacute;n hacia el dolor universal, tal y como sucede en el poema &ldquo;Los nueve monstruos&rdquo;, en el que la imposible inversi&oacute;n del c&oacute;mputo del tiempo intensifica la celeridad del dolor que asola al mundo y que es obsesi&oacute;n de Vallejo a partir del primer viaje a la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica en 1928:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y, desgraciadamente,</p>
<p>el dolor crece en el mundo a cada rato,</p>
<p>crece a treinta minutos por segundo, paso a paso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Regresando al estallido se&ntilde;alado por Benedetti y por Zurita, que Vallejo produce en el lenguaje al doblegarlo y violentarlo, el poeta &ldquo;se ha constituido &ndash;escribe Benedetti&ndash; en motor y est&iacute;mulo de los nombres m&aacute;s aut&eacute;nticamente creadores de la actual poes&iacute;a hispanoamericana&rdquo;. Es en esa autenticidad en la que Benedetti cifra la diferencia con Neruda en cuanto al modo de &ldquo;influir&rdquo;: si el chileno produce imitadores, el peruano crea poetas aut&eacute;nticos, en el sentido de poetas que encuentran su propia voz, &ldquo;una voz propia, inconfundible&rdquo;, que para el uruguayo &ldquo;revela la marca vallejiana&rdquo;.</p>
<p>M&aacute;s adelante, habla Benedetti de las v&iacute;as por las que llega &ldquo;el legado vallejiano&rdquo; a sus destinatarios, una de las principales la que ata&ntilde;e al uso el lenguaje: el poeta &ndash;escribe&ndash; &ldquo;lucha denodadamente con el lenguaje, y muchas veces, cuando consigue al fin someter la ind&oacute;mita palabra, no puede evitar que aparezcan en esta las cicatrices del combate&rdquo;. Vallejo &ldquo;obliga a la palabra a ser&rdquo;, precisamente a trav&eacute;s del sentido m&aacute;s medular del acto creador que implica el hecho po&eacute;tico, la <em>poiesis</em> (la creaci&oacute;n). La palabra &ldquo;es&rdquo; en el poema en tanto que se nos presenta no como &ldquo;lujo&rdquo; sino como &ldquo;disputada necesidad&rdquo; &ndash;a&ntilde;ade Benedetti&ndash;, y porque el artista la crea como algo nuevo, capaz de contradecir el diccionario para transmitir los sentidos m&aacute;s personales de un yo desde el que horadar en lo humano universal. Son esas cicatrices del combate con la palabra que se producen en el lector las que al tiempo originan su fascinaci&oacute;n, pues desde ellas surge el &ldquo;espect&aacute;culo humano (y no solo como ejercicio puramente art&iacute;stico)&rdquo; creado por quien es el m&aacute;ximo exponente de la poes&iacute;a peruana y una de las m&aacute;s altas cumbres de la poes&iacute;a en espa&ntilde;ol del siglo XX.</p>
<p>La palabra fascinaci&oacute;n, que Benedetti utiliza para referirse al lector de Vallejo en 1967, se refuerza en su texto con el contrapunto de otra palabra que aparece negada: no le &ldquo;encandila&rdquo;, porque &ldquo;cada poema es un campo de batalla, es preciso ir m&aacute;s all&aacute;, buscar el fondo humano, encontrar al hombre, y entonces s&iacute;, apoyar su actitud, participar en su emoci&oacute;n, asistirlo en su compromiso, sufrir con su sufrimiento&rdquo;. Es por ello que el amor al ser humano, a sus &ldquo;hermanos hombres&rdquo;, se expresa en su obra en la poetizaci&oacute;n del vivir como un sobrevivir desesperanzado, v&iacute;a que Vallejo utiliza en muchos de sus poemas para transmitir su amor definitivo hacia el ser humano. El tan conocido poema &ldquo;Considerando en fr&iacute;o, imparcialmente&hellip;&rdquo; resulta paradigm&aacute;tico. En &eacute;l, el tono fr&iacute;o e impersonal del lenguaje judicial que recorre parte del poema en sus gerundios repetidos (considerando, explicando, comprendiendo) es estrategia textual que va a dar finalmente en una exposici&oacute;n de &ldquo;considerandos&rdquo; con la que, por contraste, Vallejo logra la comunicaci&oacute;n m&aacute;s radical sobre su sentido de lo humano: &ldquo;Considerando en fr&iacute;o, imparcialmente,/ que el hombre es triste, tose y, sin embargo,/ se complace en su pecho colorado;/ que lo &uacute;nico que hace es componerse/de d&iacute;as;/que es l&oacute;brego mam&iacute;fero y se peina&hellip;&rdquo;. El estilo enumerativo llega a la estrofa en la que el gerundio &ldquo;considerando&rdquo; es sustituido por un &ldquo;examinando&rdquo; que deviene en la aniquilaci&oacute;n del hombre: &ldquo;Examinando, en fin, /sus encontradas piezas, su retrete,/su desesperaci&oacute;n, al terminar su d&iacute;a atroz, /borr&aacute;ndolo&hellip;&rdquo;. Finalmente, el &uacute;ltimo gerundio, el &ldquo;comprendiendo&rdquo;, dar&aacute; voz rotunda y definitiva a la expresi&oacute;n del amor al pr&oacute;jimo, hasta la emoci&oacute;n m&aacute;s intensa: &ldquo;Comprendiendo /que &eacute;l sabe que le quiero, /que le odio con afecto y me es, en suma, / indiferente&hellip;/ Considerando sus documentos generales /y mirando con lentes aquel certificado /que prueba que naci&oacute; muy peque&ntilde;ito&hellip;/le hago una se&ntilde;a,/ viene, /y le doy un abrazo, emocionado. / &iexcl;Qu&eacute; m&aacute;s da! Emocionado&hellip; Emocionado&hellip;&rdquo;.</p>
<p>Como vemos, efectivamente Vallejo fascina y penetra, pero no encandila, por los motivos expuestos por Benedetti y por el tratamiento de temas que son universales y que son atemporales. De modo que leer a Vallejo, hoy, implica asistir a la emoci&oacute;n m&aacute;s desgarrada por el sufrimiento del hombre, de la que emana el radical amor a la humanidad que el vate nos sigue transmitiendo. Concluyamos con Benedetti afirmando que Vallejo &ldquo;luch&oacute; a brazo partido con la palabra pero extrajo de s&iacute; mismo una actitud de incanjeable calidad humana, est&aacute; milagrosamente afirmado en nuestro presente, y no creo que haya cr&iacute;tica, o esnobismo, o mala conciencia, que sean capaces de desalojarlo&rdquo;.</p>
<p>Quince a&ntilde;os despu&eacute;s, en 1992, cuando se cumpl&iacute;a el centenario del nacimiento de Vallejo, Eielson publicaba el citado art&iacute;culo &ldquo;Actualidad de C&eacute;sar Vallejo&rdquo;. Resulta revelador traer a colaci&oacute;n algunas de sus ideas, en tanto que nos permiten avanzar sentidos de esa afirmaci&oacute;n de presente realizada por Benedetti que nos va a conducir hasta 2018. Eielson incide en la idea cardinal de la poes&iacute;a de Vallejo: &ldquo;Hay en Vallejo, m&aacute;s que un padecimiento f&iacute;sico,&nbsp;personal, individual, un padecimiento an&iacute;mico, universal. El poeta siente al hombre &mdash;a la especie humana&mdash; a trav&eacute;s de su propio pueblo, a trav&eacute;s de la desventura peruana, que hoy es tambi&eacute;n la desventura latinoamericana y, por extensi&oacute;n, el drama del sur del mundo&rdquo;. La expresi&oacute;n de ese drama tendr&aacute; su expresi&oacute;n m&aacute;s &aacute;lgida en los poemas p&oacute;stumos (escritos en su madurez parisina, despu&eacute;s de tantos a&ntilde;os de lucha pol&iacute;tica y poetizaci&oacute;n existencial), en los que dicho sentimiento, como se&ntilde;ala Eielson, ir&iacute;a &ldquo;compensado por un pensamiento ut&oacute;pico, fraternal, comunitario, gracias al cual la humanidad entera alcanzar&iacute;a su salvaci&oacute;n. Un primer paso deber&iacute;a ser, en este sentido, la redenci&oacute;n del pobre sobre la tierra&rdquo;.</p>
<p>El poema &ldquo;Tel&uacute;rica y magn&eacute;tica&rdquo; es sin duda un texto cardinal para la construcci&oacute;n de este canto que nutre la idea de Vallejo seg&uacute;n la cual la poes&iacute;a es en esencia una expresi&oacute;n de humanidad (&ldquo;&iexcl;Oh campos humanos!&rdquo;, comienza la tercera estrofa). Es decir, una naturaleza que tambi&eacute;n aparece humanizada, descrita desde un punto de vista geogr&aacute;fico, que nos lleva por cerros, surcos, papales, cebadales y otros campos de cultivo, climas, etc. Por ellos llegamos en este poema hasta un &ldquo;campo intelectual de cordillera&rdquo;, que abunda en el sentido de los citados &ldquo;campos humanos&rdquo;: &ldquo;&iexcl;Mec&aacute;nica sincera y peruan&iacute;sima/ la del cerro colorado!/ &iexcl;Suelo te&oacute;rico y pr&aacute;ctico!/[&hellip;]&nbsp; &iexcl;Cuaternarios ma&iacute;ces, de opuestos natalicios, / los oigo por los pies c&oacute;mo se alejan, / los huelo retomar cuando la tierra/ tropieza con la t&eacute;cnica del cielo! /&iexcl;Mol&eacute;cula exabrupto! &iexcl;&Aacute;tomo terso!/ &iexcl;Oh campos humanos!/ &iexcl;Solar y nutricia ausencia de la mar,/ y sentimiento oce&aacute;nico de todo!/ &iexcl;Oh climas encontrados dentro del oro, listos!&rdquo;. Partiendo de esta humanizaci&oacute;n, nos encontramos ante la idea del canto a la humanidad, y al pr&oacute;jimo, que preside los <em>Poemas</em> <em>humanos</em>, pues no se trata solo de la &ldquo;sierra de mi Per&uacute;&rdquo;, sino del &ldquo;Per&uacute; del mundo&rdquo; y &ldquo;Per&uacute; al pie del orbe&rdquo; al que declara: &ldquo;Yo me adhiero&rdquo;. Es decir, un Per&uacute; universalizado con el que se identifica.</p>
<p>Regresando al planteamiento de Eielson, su argumentaci&oacute;n deriva hacia esa &ldquo;actualidad&rdquo; propuesta en el propio t&iacute;tulo de su art&iacute;culo: &ldquo;Vallejo no ha podido ver con sus propios ojos el fin de la utop&iacute;a comunista, pero ha sabido diagnosticar la dram&aacute;tica deshumanizaci&oacute;n de la sociedad actual, que amenaza hasta su propia integridad f&iacute;sica&rdquo;. Sin embargo, &ldquo;es pues con el fin de la utop&iacute;a que su voz se dilata m&aacute;s all&aacute; de todo l&iacute;mite social, pol&iacute;tico, temporal, hist&oacute;rico. Y esto porque su poes&iacute;a no fue nunca deliberadamente pol&iacute;tica, en la medida en que no son pol&iacute;ticos el padecimiento ni la felicidad humanas&rdquo;. Eielson cifra esa dilataci&oacute;n de la voz vallejiana por encima de los acontecimientos hist&oacute;ricos en su potencial para interpretar el mundo actual, sus perpetuas injusticias y desigualdades, reforzadas por las nuevas formas de opulencia y exhibici&oacute;n de la misma, en suma, por el afianzamiento del materialismo m&aacute;s radical sobre la miseria y el dolor humano: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; escribir&iacute;a Vallejo, por ejemplo, de la abyecta, s&oacute;rdida, violenta realidad de las grandes metr&oacute;polis contempor&aacute;neas? &iquest;Qu&eacute; dir&iacute;a de tanta opulencia material exhibida por una parte, cuando las otras dos terceras partes de nuestro mundo se debaten en la miseria? &iquest;En d&oacute;nde encontrar&iacute;a al &laquo;hombre nuevo&raquo; por &eacute;l anunciado, sino entre los pobres del llamado Tercer Mundo?&rdquo;.</p>
<p>Por &uacute;ltimo, quiero tambi&eacute;n rescatar del art&iacute;culo de Eielson lo que denomina el &ldquo;<em>pathos</em>&nbsp;vallejiano&rdquo;, que pone en relaci&oacute;n con los estoicos y los m&iacute;sticos castellanos (&ldquo;Quevedo y Unamuno, hasta los grandes rusos de fin de siglo&rdquo;), y tambi&eacute;n con ese uso del lenguaje que, una vez traspasada la etapa modernista de <em>Los Heraldos Negros</em> (1918), se construye sobre la invenci&oacute;n &ldquo;para mejor expresar tan dolorosa sustancia po&eacute;tica&rdquo; en el periodo en que se interna en los caminos inaugurales de la vanguardia de&nbsp;<em>Trilce </em>(1922). Es all&iacute; donde la renovaci&oacute;n del lenguaje comienza el derrotero apuntado, desde el hermetismo hasta el despojamiento de la palabra que ser&aacute; en <em>Poemas humanos </em>tan seca como intensa, tan nueva como clarividente: &ldquo;Un lenguaje visual desnudo, escueto, corrosivo, sin ninguna concesi&oacute;n a las dulzuras terrenales, pero con una capacidad de s&iacute;ntesis que no excluye el m&aacute;s crudo realismo ni la m&aacute;s honda ternura&rdquo;. Por fin, como lo hiciera Benedetti, concluye Eielson sobre la actualidad de Vallejo:</p>
<p>Una palabra, la suya, que nos llega desde su milenario pasado, atraviesa la lengua espa&ntilde;ola, la desbarata y la renueva, y contin&uacute;a dilat&aacute;ndose hasta ocupar el espacio planetario de nuestra &eacute;poca, unidos como estamos hoy &mdash;no por la solidaridad cantada en sus poemas&mdash; sino, m&aacute;s prosaicamente, por los&nbsp;<em>mass-media</em>&nbsp;imperantes. Justo a cien a&ntilde;os de su venida al mundo, en esta fecha que coincide con el descubrimiento, la invasi&oacute;n, el encuentro, o como se quiera llamar a la llegada de Col&oacute;n a tierras americanas, ojal&aacute; que su voz resuene m&aacute;s fuerte y sea de auspicio para una mayor generosidad y una vida m&aacute;s digna para todos.</p>
<p>De 1992 pasamos a las puertas del siglo XXI, para recoger lo escrito por Ra&uacute;l Zurita sobre Vallejo en su ensayo &ldquo;Poes&iacute;a y Nuevo Mundo&rdquo; (2000), en el que realiza un recorrido por los grandes nombres de la historia de la literatura hispanoamericana desde 1492. Vallejo tendr&aacute; un protagonismo indiscutible en esa historia, precisamente desde una perspectiva que afianza su actualidad:</p>
<p>La <em>Historia general </em>&ndash;se refiere a la del Inca Garcilaso de la Vega&ndash;<em> </em>termina con el relato de la ejecuci&oacute;n del &uacute;ltimo descendiente del trono Inca en la ciudad del Cuzco. Esa muerte re&uacute;ne en s&iacute; todas las muertes [&hellip;]. Pero esas exequias ser&aacute;n sobre todo una condici&oacute;n futura y la ejecuci&oacute;n relatada por Garcilaso significar&aacute; tambi&eacute;n, trescientos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, el sacrificio de los poemas de C&eacute;sar Vallejo.</p>
<p>Como vemos, Zurita lanza un v&iacute;nculo iluminador desde el relato realizado por el Inca sobre el ajusticiamiento de T&uacute;pac Amaru I en 1572, hasta los poemas de Vallejo, en los que el dolor del Per&uacute; que se encuentra en la historia del Inca se actualiza y, finalmente, se universaliza.</p>
<p>Como hemos podido advertir en los poemas mencionados, si de actualidad de Vallejo hablamos, los <em>Poemas humanos</em> permiten la reafirmaci&oacute;n de su anclaje en el presente en tanto que muestran lo que bien podemos denominar una amplia geograf&iacute;a del amor, como sentimiento c&oacute;smico que, en sus diferentes manifestaciones, puebla, vivifica, desgarra, entrelaza, compacta sus versos: desde el amor carnal y espiritual, al amor a la naturaleza; desde el amor al ser humano en general, a la expresi&oacute;n m&aacute;xima y global del amor a la vida. Pero el sentimiento del amor siempre estuvo vinculado con el dolor, no solo como tema sino como ra&iacute;z m&aacute;s profunda de toda su obra. Los sentidos que se derivaron de ello, y los modos en que se transmiten, poseen la dimensi&oacute;n de lo sempiterno que se cifra, asimismo, en la modernidad de un decir po&eacute;tico &uacute;nico.</p>
<p>&nbsp;Y si hablamos de lo sempiterno, resulta fundamental comentar en este punto el tratamiento del amor a la mujer y el erotismo, por ejemplo en el poema &ldquo;Dulzura por dulzura corazona&rdquo;, en el que el erotismo m&aacute;s carnal de <em>Los heraldos negros </em>y de <em>Trilce</em> se transforma en el sentimiento del amor que apunta al sentido c&oacute;smico: &ldquo;&iexcl;Dulzura por dulzura corazona!/ &iexcl;Dulzura a gajos, eras de vista,/ esos abiertos d&iacute;as, cuando mont&eacute; por &aacute;rboles ca&iacute;dos!/ As&iacute; por tu paloma palomita,/por tu oraci&oacute;n pasiva,/ andando entre tu sombra y el gran tez&oacute;n corp&oacute;reo de tu sombra./ Debajo de ti y yo,/ t&uacute; y yo, sinceramente,/ tu candado ahog&aacute;ndose de llaves&rdquo;. Versos con los que el poeta expresa la doble dimensi&oacute;n del ser, material y espiritual, esta &uacute;ltima invisible y escondida &ldquo;debajo&rdquo; de la primera, acompa&ntilde;ada de ese adverbio, &ldquo;sinceramente&rdquo;, que le aporta toda la carga sem&aacute;ntica de la autenticidad, y cuyo sentido se remacha en el verso &ldquo;tu candado ahog&aacute;ndose de llaves&rdquo;, con el que expresa la carga er&oacute;tica nunca eludida. De este pensamiento surge la imagen que sit&uacute;a, en un mismo nivel, lo material y lo espiritual &ndash;sexo y amor&ndash; identificados metaf&oacute;ricamente en la paloma y su vuelo: &ldquo;Mucho pienso en todo esto conmovido, perduroso/ y pongo tu paloma a la altura de tu vuelo/ y, cojeando de dicha, a veces,/ rep&oacute;some a la sombra de ese &aacute;rbol arrastrado&rdquo;. La fusi&oacute;n en el espacio po&eacute;tico de ambos extremos genera la exultaci&oacute;n m&aacute;xima, expresada en esa imagen superlativa, &ldquo;cojeando de dicha&rdquo;, con la que Vallejo materializa el peso de la felicidad hasta la cojera metaf&oacute;rica.</p>
<p>Por supuesto, en esta geograf&iacute;a del amor, el prodigado a la vida tendr&aacute; un protagonismo esencial. Unos versos del poema titulado &ldquo;Los anillos fatigados&rdquo;, perteneciente al primer poemario, <em>Los Heraldos negros</em>,<em> </em>nos dan la entrada perfecta: &ldquo;Hay ganas de volver, de amar, de no ausentarse,/ y hay ganas de morir, combatido por dos/ aguas encontradas que jam&aacute;s han de istmarse&rdquo;. La imposibilidad de conciliar el deseo de vivir (a trav&eacute;s del amor) y el de morir, se expresan en la imagen de &ldquo;las aguas que jam&aacute;s han de istmarse&rdquo;, que concentra la imposibilidad m&aacute;s absoluta en tanto que esta es doble, pues la imposible fusi&oacute;n de las aguas se potencia con la utilizaci&oacute;n del motivo geogr&aacute;fico del istmo cuya esencia es terrestre.</p>
<p>Un poema en prosa titulado &ldquo;Hallazgo de la vida&rdquo; es tambi&eacute;n muy significativo para adentrarnos en esta idea, pues se trata de un canto a la vida que se presenta como un hallazgo absoluto e in&eacute;dito: &ldquo;&iexcl;Se&ntilde;ores! Hoy es&nbsp;la primera vez que me doy cuenta de la presencia de la vida. &iexcl;Se&ntilde;ores! Ruego a ustedes dejarme libre un momento, para saborear esta emoci&oacute;n formidable, espont&aacute;nea y reciente de la vida, que hoy, por la primera vez, me extas&iacute;a y me hace dichoso hasta las l&aacute;grimas. Mi gozo viene de lo in&eacute;dito de mi emoci&oacute;n. Mi exultaci&oacute;n viene de que antes no sent&iacute; la presencia de la vida&rdquo;. Y concluye categ&oacute;rico con la reaparici&oacute;n de la muerte que vivifica la vida: &ldquo;Nunca, sino ahora, supe que exist&iacute;a una puerta, otra puerta y el canto cordial de las distancias.&nbsp;&iexcl;Dejadme! La vida me ha dado ahora en toda mi muerte&rdquo;.</p>
<p>Por este camino po&eacute;tico de vida, amor, muerte y dolor, como temas universales del poeta, llegamos hasta este 2018 en el que bien podemos reafirmar, con Benedetti, que Vallejo sigue &ldquo;afirmado en nuestro presente&rdquo;. A lo que cabe agregar el requerimiento de Eielson para que &ldquo;su voz resuene m&aacute;s fuerte&rdquo;, en aras de una mayor generosidad entre los pueblos y de la necesidad reivindicativa de la dignidad humana, presente asimismo en la reflexi&oacute;n de Zurita. Concluyamos, con todo, que Vallejo sintetiz&oacute; su conmovido amor a la vida y a la humanidad con una llamada a la solidaridad y al di&aacute;logo entre los hombres, desde una poes&iacute;a esperanzada ante el ser humano al que dedic&oacute; todo su esfuerzo de poeta comprometido en el sentido m&aacute;s profundo del t&eacute;rmino. Este le llevar&iacute;a a convertirse en una de las voces m&aacute;s intensas, originales y definitivas de la poes&iacute;a escrita en espa&ntilde;ol en el siglo XX. Por ello, leer a Vallejo, hoy, sigue significando una puerta de acceso irrepetible al &ldquo;sentimiento oce&aacute;nico de todo&rdquo;, a veces &ldquo;cojeando de dicha&rdquo;, las m&aacute;s, sintiendo en sus versos el dolor que sigue creciendo &ldquo;en el mundo a cada rato&rdquo;, que &ldquo;crece a treinta minutos por segundo, paso a paso&rdquo;, humanamente eterno.</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [1] Entrevista a Eduardo Chirinos, por Jorge Eslava, &ldquo;Vallejo, el poeta que nos eriza&rdquo;. En file:///C:/Users/USUARIO/Downloads/1381-4896-1-PB%20(1).pdf.</p>
<br clear="all" />
<p>&nbsp;</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Tue, 18 Feb 2020 11:24:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El afán memorialístico de Luis Antonio de Villena]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-afan-memorialistico-de-luis-antonio-de-villena/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2020/LUIS_ANTONIO_DE_VILLENA_3.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;Llega el tercer libro de memorias de Luis Antonio de Villena (editado de forma magistral por Pre-Textos), donde Luis Antonio va trenzando recuerdos, personajes que han pasado por su vida, en ese af&aacute;n del amanuense que va escribiendo con letra esmerada ese rengl&oacute;n de su vida, por si acaso puede alcanzar notoriedad. Aunque todo acabe en el polvo y en nada, en el af&aacute;n del escritor madrile&ntilde;o no hay ajuste de cuentas sino el deseo de revivir, rememorar, echar un vistazo al antiguo paisaje del pasado, con sus&nbsp; personajes olvidados e inolvidables.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el cap&iacute;tulo &ldquo;Trazos sobre el fin de la Edad Feliz&rdquo;, Luis Antonio nos habla de una etapa de dicha donde escrib&iacute;a en El Mundo, colaboraba en la Ser, publicaba en Visor, con el estimado Chus, que tantos hemos conocido. Ten&iacute;a entonces incluso a esa madre que le cuidaba y le proteg&iacute;a, en los desmanes del chico irresponsable que siempre fue Luis Antonio su madre siempre fue la cordura y la raz&oacute;n. Hay un anhelo de ese tiempo en el libro, ya que todo ha ido degrad&aacute;ndose definitivamente, tanto culturalmente como socialmente. El melanc&oacute;lico que ha sido el escritor madrile&ntilde;o recuerda su pasado, sus momentos de gloria, sus citas con chicos en bares, sus encuentros con grandes escritores.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Todo un mundo cabe en esta obra. Como dice Luis Antonio, son los tiempos actuales: &ldquo;Tiempo de b&aacute;rbaros, tiempo de terrible miseria, sin estudios nobles, sin humanidades, sin educaci&oacute;n&rdquo; (p. 57). La idea que prevalece es que la generaci&oacute;n de Luis Antonio fue el &uacute;ltimo basti&oacute;n de humanismo, antes de la barbarie actual.</p>
<p>&nbsp; El libro habla de grandes amigos como Paco Brines, siempre tan querido, Pepe Hierro y tantos otros, en el camino nos habla de Gala, de esa relaci&oacute;n que nunca lleg&oacute; a la intimidad, de esa lengua viperina del escritor cordob&eacute;s. Pero tambi&eacute;n de Ricardo Defarges, de Guillermo Carnero, en esa relaci&oacute;n de encuentros y desencuentros con &eacute;l. Tambi&eacute;n respiran en las p&aacute;ginas escritores m&aacute;s j&oacute;venes como Luis Mu&ntilde;oz, Jos&eacute; Luis Rey y tantos otros.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Hay un deseo de rememorar, de recordar aquello que nos hizo felices, aquellos momentos er&oacute;ticos con j&oacute;venes que ya han pasado por su vida, algunos amantes de la literatura, otros efebos conocidos en los bares, como si fuera Cavafis entregado al roce de los cuerpos, el libro emana esa sensaci&oacute;n de fugacidad, todo ha ocurrido y ahora ya no queda nada. En ese af&aacute;n de convertir la vida en un ef&iacute;mero pasar, Luis Antonio novela su pasado, cuenta an&eacute;cdotas, habla de amigos y de enemigos, pero al final, queda solo el resplandor ido, la sombra de una luz antigua que ya se extingui&oacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hay un cap&iacute;tulo &ldquo;Mis libros&rdquo; dedicado a su obra, porque al salir sus segundas memorias le reprocharon que solo hablaba de amigos y de momentos amorosos, &iquest;es acaso la obra otro momento de amor? Quiz&aacute; si, en este apartado Luis Antonio habla de la poes&iacute;a y de la prosa, que siempre le han perseguido en la vida. Se detiene al final en <em>Mam&aacute;</em>, porque en este libro exorciza ese dolor materno-filial que le ha ido llevando por muchos derroteros, como una se&ntilde;al imperecedera que permanece en &eacute;l para siempre.</p>
<p>&nbsp; Cuando leemos este tercer tomo, nos preguntamos, &iquest;Ha sido feliz el poeta? La pregunta vuela en las p&aacute;ginas, los momentos de dicha, donde el sexo cobra altura, se combinan&nbsp; con la melancol&iacute;a del tiempo ido. Creo que con este libro, Luis Antonio cierra una etapa y en sus textos nos vemos a nosotros mismos viviendo, entre luces y sombras de la vida.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Luis Antonio de Villena, <em>Las ca&iacute;das de Alejandr&iacute;a</em>, Valencia, Pre-Textos, 2019.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 07 Feb 2020 07:03:44 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La posmodernidad bellamente horadada]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-posmodernidad-bellamente-horadada/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2020/MANUEL_RUIZ_ZAMORA_-_NOTAS_A_PIE_DE_P_GINA.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En un brillante ejercicio de estilo, algo grandilocuente en ocasiones, Manuel Ruiz Zamora aborda, en su colecci&oacute;n de fragmentos filos&oacute;ficos titulada <em>Notas a pie de p&aacute;gina</em>, un objetivo imposible de lograr: argumentar en el resbaladizo terreno de la posmodernidad. De ah&iacute; que su intento recurra a una estrategia, no especialmente novedosa, pero que &eacute;l ejecuta con gran maestr&iacute;a: intentar que, como en el sofisticado arte marcial japon&eacute;s moderno <em>Aikido</em>, la, en este caso, escasa fuerza del atacante sea utilizada por el defensor para neutralizarlo, sin renunciar a la posibilidad de que los papeles se intercambien; aunque, dada la debilidad del monto total de energ&iacute;a en cuesti&oacute;n, el golpe argumentativo est&aacute; muy lejos de ser definitivo; m&aacute;s bien, se tiene la paz como horizonte. De ah&iacute; que la fortaleza de Ruiz Zamora sea m&aacute;s bien la belleza del estilo con que intenta revolverse contra la posmodernidad desde el interior de ella misma.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El lector aprovechar&aacute; la iluminaci&oacute;n que encierra cada fragmento, m&aacute;s efectiva si comparte la fuente aludida en cada uno, menos efectiva en caso de que la alusi&oacute;n le quede algo m&aacute;s lejana; pero notar&aacute; siempre que lo que el autor le ofrece es un delicado destilado de sus omn&iacute;voras lecturas; nada de regurgitaciones de casi citas sin comillas, que suele ser recurso com&uacute;n, sino aut&eacute;ntica quintaesencia de la fuente le&iacute;da o de la problem&aacute;tica abordada. Y como la impresi&oacute;n que da el libro es efectivamente la de una colecci&oacute;n de las habituales notas que van surgiendo en la mente de todo lector en su brega diaria con los textos, queden estas escritas o meramente apuntadas, es acertada su inclusi&oacute;n en la colecci&oacute;n Levante, que la editorial reserva, oportunamente, a Diarios.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los fragmentos &mdash;no exactamente aforismos, como se aclara en el Pr&oacute;logo&mdash; carecen de orden aparente, por lo que pueden ser le&iacute;dos en cualquier sentido, aunque, como la poes&iacute;a, es recomendable que se lean durante cortos periodos de tiempo. Salvo algunos fragmentos que forman una corta serie con un hilo determinado, cada uno aborda un punto esencial transportable a otro punto esencial de cualquier otra p&aacute;gina. Ni hay gu&iacute;a, ni se echa en falta. La gu&iacute;a es el lector, y los ecos que en &eacute;l produzcan estas condensadas reflexiones filos&oacute;ficas, situadas voluntariamente al margen, pero porque el centro de la vida filos&oacute;fica se ha alejado de su centro, valga decir.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De modo que se adivina f&aacute;cilmente que el texto al que corresponden estas <em>Notas a pie de p&aacute;gina</em> es el de la posmodernidad. En concreto, son dos las grandes cuestiones que dominan: el arte y la pol&iacute;tica. De su &iacute;ntima relaci&oacute;n, algo diluida en el romanticismo, ya sabemos desde la <em>Rep&uacute;blica</em> plat&oacute;nica, pero aqu&iacute; aparecen en toda la riqueza de sus distintos, e interrelacionados, aspectos. No en vano Ruiz Zamora ha dedicado ya un libro al Post-arte, <em>Escritos sobre post-arte</em>, y muestra que las cuestiones pol&iacute;ticas le han debido de ser consustanciales desde siempre. Cabe imaginar que su formaci&oacute;n ha sido a base de cl&aacute;sicos, digamos pensamiento fuerte, &mdash;los griegos por puesto, junto a Hegel, Marx, Nietzsche, Ortega&mdash;, y que, enfrentado a los libros de moda que encontraba en las librer&iacute;as, su lectura se le ha ido diluyendo en la boca como si fueran gusanitos, sin dejar tras de s&iacute; m&aacute;s que un leve aroma a no se sabe exactamente qu&eacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo que cabr&iacute;a se&ntilde;alar es la inoportunidad, que llega al hartazgo, del afijo antepuesto <em>pos</em> o <em>post</em>. Porque, en realidad, supone una l&iacute;nea temporal &uacute;nica en los movimientos culturales que es inexistente, por m&aacute;s que sea muy c&oacute;moda para ser dibujada en una pizarra metaf&oacute;rico-pedag&oacute;gica. La realidad se parece m&aacute;s bien a la de un pentagrama, donde distintos movimientos culturales van en paralelo disput&aacute;ndose el primer lugar en la atenci&oacute;n de la mayor&iacute;a; pero, cuando alguna l&iacute;nea domina, no anula las dem&aacute;s; estas quedan a la espera de que llegue su hora. En particular, respecto a la posmodernidad, sus argumentos pueden f&aacute;cilmente retrotraerse al origen mismo de la modernidad; de modo que a lo que se asisti&oacute; en las d&eacute;cadas finales del siglo pasado no fue a la superaci&oacute;n de la modernidad, en el contexto de la expansi&oacute;n del llamado Estado del Bienestar, sino a la hegemon&iacute;a de ciertas ideas que fueron gestadas varias d&eacute;cadas atr&aacute;s. Del mismo modo, lo posmoderno est&aacute; ya mostrando claros s&iacute;ntomas de que pasa a tercer plano y que otras ideas, m&aacute;s adecuadas seguramente a los fuertes retos actuales, recuperan el primer plano.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Porque, en cultura, nada se supera, nada caduca. &iquest;Qu&eacute; era el dada&iacute;smo, arte o posarte? Josep Maria Pou encarnando a Ahab en <em>Moby Dick</em> es arte, <em>pace</em> animalismo. &iquest;Qu&eacute; eran las distintas tesis esgrimidas por las naciones potentes en torno a la Gran Guerra, verdad o posverdad? Recu&eacute;rdese la sorpresa con que Ortega y Gasset ley&oacute; el libro de su admirado Max Scheler <em>Der Genius des Kriegs und der Deutsche Krieg</em> (1915) &mdash;admirado por ser Scheler y por ser alem&aacute;n&mdash;, pero que provoc&oacute; su enojo al ver c&oacute;mo su formalismo de los valores se rellenaba de un material nacionalista bastante burdo, e impropio de un fil&oacute;sofo serio. Un gobierno de ciudadanos iguales y libres es pol&iacute;tica, <em>pace</em> populismos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para volver a nuestro autor, conviene recoger algunos de sus dichos. Por ejemplo: &laquo;al renunciar a la metaf&iacute;sica, el arte renuncia, sin saberlo, igualmente a s&iacute; mismo, o dicho de otra forma: se suicida por amor a la realidad. &iquest;Para qu&eacute; queremos ver una olla en un museo, si, con un sencillo proceso de reeducaci&oacute;n de nuestras disponibilidades est&eacute;ticas, podemos verla cada d&iacute;a en nuestra cocina&raquo; (p. 59). O, en otra de sus perlas: &laquo;la instrumentalizaci&oacute;n interesada e inteligente de la idea de Bien engendra a menudo m&aacute;s monstruos que el sue&ntilde;o de la raz&oacute;n, porque aquellos que son capaces de patrimonializarla, es decir, de arrogarse la representatividad de la misma, habr&aacute;n logrado una cuota de poder que tan solo se sustenta en el propio principio que pide ese anhelo y que es, por tanto, independiente de cualquier necesidad espec&iacute;fica de verdad&raquo; (p. 274). Aunque no siempre son tiradas largas sus frases: &laquo;Hemos dejado de creer en Dios, pero creemos en Steve Jobs&raquo; (p. 279). Ni todo son aparentes certezas: &laquo;&iquest;c&oacute;mo rebelarse contra aquello que nos ense&ntilde;&oacute; alguien a quien am&aacute;bamos y admir&aacute;bamos sin medida? &iquest;C&oacute;mo admitir, sin un <em>sentimiento</em> de traici&oacute;n, que aquello que ese alguien nos ense&ntilde;&oacute; no era, finalmente, sino una patra&ntilde;a sin m&aacute;s fundamento que la fe que nos despertaba alguien que nos parec&iacute;a admirable? &iquest;C&oacute;mo aceptar, por el contrario, el sentido com&uacute;n de aquello que nos fue transmitido a trav&eacute;s de la crueldad o la sordidez? &iquest;C&oacute;mo lograr, si no una reconciliaci&oacute;n intelectual, s&iacute; al menos una cierta comprensi&oacute;n de aquello otro que nos fue transmitido a trav&eacute;s de esa crueldad y sordidez?&raquo; (p. 148)</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Quiz&aacute; los otros dos libros ya publicados por Ruiz Zamora den la pista del autor que le sirve actualmente de apoyo, tras tanto resbalar. Me refiero a su edici&oacute;n de textos del pensador hispano-norteamericano Jorge/George Santayana <em>George Santayana. Ejercicios de autobiograf&iacute;a intelectual</em> y a la colecciones de ensayos propios titulada <em>El poeta fil&oacute;sofo y otros ensayos sobre George Santayana</em>. Porque, efectivamente, se percibe un aroma santayaniano en gran parte del argumentario que Ruiz Zamora opone sutilmente a las modas filos&oacute;ficas. Dado que estas hunden sus ra&iacute;ces en el idealismo y en Heidegger, nuestro autor le opone un materialismo razonable <em>&agrave; la Santayana</em>, con visos de sistema que, sin incoherencias, ancle las grandes cuestiones filos&oacute;ficas sobre el ser, la raz&oacute;n, la verdad, lo espiritual, la vida, la belleza. Y no est&aacute; solo en el empe&ntilde;o de recuperar, ya como cl&aacute;sico, el pensamiento de Santayana. Otro libro reciente, <em>Democracia, Islam, Nacionalismo</em>, del prol&iacute;fico Ignacio G&oacute;mez de Lia&ntilde;o, incluye dos cap&iacute;tulos sobre Santayana como ayuda para entender las religiones pol&iacute;ticas que azotaron, y azotan, los derechos democr&aacute;ticos de los individuos: uno dedicado a la novela <em>El &uacute;ltimo puritano</em> &mdash;novela que, dicho sea de paso, est&aacute; pidiendo a gritos desde hace a&ntilde;os una reedici&oacute;n&mdash;, donde Santayana reconstruye las debilidades del puritanismo, y otro dedicado a su concepci&oacute;n est&eacute;tica del catolicismo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como colof&oacute;n, citar&eacute; una de las cuarenta y tres notas al pie que incluyen estas doscientas diez <em>Notas</em> &mdash;s&iacute;, no hay error: la notas llevan sus propias notas&mdash;: &laquo;Existe una insistente apolog&iacute;a del libro como fuente de tolerancia, pero se elude identificar su frecuente presencia en la fenomenolog&iacute;a del fanatismo&raquo; (p. 78). &iquest;Qu&eacute; lector resiste la tentaci&oacute;n de a&ntilde;adir una nota a esta nota sobre su nota?</p>
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<p align="left">Manuel Ruiz Zamora, <em>Notas a pie de p&aacute;gina [Fragmentos filos&oacute;ficos]</em>, La Isla de Siltol&aacute;, Colecci&oacute;n Levante, Sevilla, 2018.</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 07 Feb 2020 06:59:24 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[José María Conget: pura memoria]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jose-maria-conget-pura-memoria/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas20/enero/JOS_MAR_A_CONGET_2.jpg" alt="" /></p>
<p class="Poromisin">&ldquo;S&oacute;lo la niebla era real&rdquo;, escribi&oacute; Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget en <em>La bella cubana</em>. Llevamos tres d&iacute;as en Zaragoza sin ver el sol y la realidad de la niebla se ha impuesto sobre las dem&aacute;s realidades. A cuatro horas en AVE de la niebla zaragozana, en Sevilla, Conget responde a las preguntas y cuenta los d&iacute;as que le faltan para entrar en el quir&oacute;fano. Van a operarle la rodilla y tardar&aacute; meses en volver a Zaragoza, la ciudad a la que siempre acaba regresando.</p>
<p class="Poromisin">&nbsp; Si Luis Mart&iacute;n Santos escribi&oacute; en <em>Tiempo de silencio</em> el <em>Ulises</em> de Madrid, Conget escribi&oacute;, en <em>Comentarios (marginales) a la guerra de las Galias</em> y en <em>Gaudeamus</em>, el <em>Ulises</em> de Zaragoza.</p>
<p class="Poromisin">&nbsp;</p>
<p class="Poromisin"><strong>Memoria de Zaragoza</strong></p>
<p class="Poromisin">- &iquest;Qu&eacute; queda de tu Zaragoza?</p>
<p class="Poromisin">- De mi Zaragoza, como t&uacute; dices, poco queda, o nada m&aacute;s bien. Es ya pura memoria y sospecho que desfigurada, como la mayor&iacute;a de los recuerdos.</p>
<p class="Poromisin">- Hace a&ntilde;os que cerr&oacute; el caf&eacute; Gambrinus y ahora ha cerrado el cine El&iacute;seos. Pero Los Espumosos se han reproducido y extendido por toda la ciudad.</p>
<p class="Poromisin">- Hay ciudades cuya estructura misma impide cambios radicales, como le ocurre a Manhattan. Toda gran urbe es un palimpsesto y el distrito estrella de Nueva York se reescribe sobre un plano que admite pocas transformaciones: cambian, s&iacute;, los establecimientos de comercio, algunos edificios, los h&aacute;bitos de sus ciudadanos. Pero si una m&aacute;quina del tiempo me transportara a 1925, pongo por caso, y me depositara en la calle 53 con la Octava avenida, donde yo viv&iacute;a, no tendr&iacute;a ning&uacute;n problema para ir caminando hasta el Village. Vale, tampoco me perder&iacute;a en la Zaragoza de 1925 si quisiera ir desde mi casa hasta el Pilar, o quiz&aacute; s&iacute; porque en 1925 donde se alza ahora mi casa hab&iacute;a un descampado. Zaragoza ha crecido por barrios que me son totalmente ajenos. Para m&iacute; terminaba en el Ebro, o no, un poco despu&eacute;s de cruzar el puente, donde abr&iacute;a el cine Norte, que de vez en cuando programaba pel&iacute;culas perdidas. Ahora a cu&aacute;nta gente le cobija el Actur, un barrio impersonal que sin duda ofrece buenos servicios pero que es similar a docenas de barrios en los extrarradios de Cuenca, C&aacute;ceres o Pamplona. Y no es que eche en falta la atm&oacute;sfera zaragozana de los cincuenta, mi infancia, o de los sesenta, mi juventud: era una ciudad casposa, puritana, mediocre, inculta y dirigida por una clase patricia que concentraba toda la vulgaridad del franquismo, que ya es decir. La nostalgia, si existe, es por mi propia inocencia y por algunos lugares concretos que redim&iacute;an -o eso cre&iacute;a yo- de la cutrez generalizada, el cine El&iacute;seos, que t&uacute; mencionas por ejemplo, que con su marchamo selecto de Arte y Ensayo nos regalaba el espejismo de que por fin ten&iacute;amos acceso al gran cine mundial y nos hab&iacute;amos vuelto definitivamente europeos. Y luego hay que mencionar el apego afectivo a unas esquinas, unos rincones del parque, unos bares -todos desparecidos, de Los Espumosos, donde tom&eacute; mi primera cerveza (con lim&oacute;n) solo queda el nombre de una franquicia-, unas librer&iacute;as, ciertas calles y plazas que se encierran en peque&ntilde;as burbujas de la memoria por estar asociadas a episodios que me conmovieron (o me destrozaron) en mi pasado. Zaragoza sale en todos mis libros -a veces de manera camuflada- como un impuesto sentimental que pago a la persona que fui, quiz&aacute;s en un intento ingenuo de no perder la fr&aacute;gil identidad. Pero la Zaragoza actual poco tiene que ver con la de mi recuerdo -aparte de mi casa, sigo viviendo en el edificio del Paseo Mar&iacute;a Agust&iacute;n donde nac&iacute;-, es mejor en muchos aspectos (como el resto del pa&iacute;s, por otro lado), ya no te pueden llevar a comisar&iacute;a por besar a una chica en un banco del Cabezo y los j&oacute;venes poseen un nivel de informaci&oacute;n que, por razones obvias, nosotros no pod&iacute;amos alcanzar; ahora bien, no consigo casi nunca la <em>madeleine</em> necesaria para conectarme con aquellos espacios que el tiempo ha devorado. Te acordar&aacute;s de aquel soneto de Quevedo -o que tradujo Quevedo de un poeta siciliano que lo escribi&oacute; en lat&iacute;n-, aquel de "Buscas en Roma a Roma, oh, peregrino"... y a Zaragoza misma no la hallas. El Ebro sigue ah&iacute;, es verdad.</p>
<p class="Poromisin">- Los escenarios en los que suceden tus novelas y relatos son siempre urbanos. O casi siempre. En <em>Comentarios</em> y en <em>Palabras de familia</em> aparece un escenario rural: Borja.</p>
<p class="Poromisin">- Soy un escritor de poca imaginaci&oacute;n, sin capacidad para situar la acci&oacute;n de un relato en un lugar donde yo no haya vivido. Eso que los ingleses llaman <em>spirit of place</em> para m&iacute; no tiene que ver con la historia, el folklore, los monumentos de una localidad, o al menos no esencialmente, sino con lo que yo he captado a trav&eacute;s de una cotidianidad sensorial: olores, sombras, formas, sonidos. He dicho en otras ocasiones que escribo de memoria y me refiero a eso, al intento de recobrar fragmentos de emociones del pasado. Y es cierto, soy muy urbano pero tengo recuerdos muy v&iacute;vidos y numerosos de mis veranos infantiles en Borja. Mi padre trabajaba all&iacute; de oficial de notar&iacute;a y los domingos se sacaba un modest&iacute;simo sobresueldo ejerciendo de secretario del ayuntamiento de Malej&aacute;n; esos pueblos y enclaves aleda&ntilde;os, Ainz&oacute;n, Ag&oacute;n, donde mi abuelo ten&iacute;a una carpinter&iacute;a, el Santuario de Misericordia, est&aacute;n asociados a sensaciones muy intensas relacionadas con personajes -la t&iacute;a Pedorra, el practicante Patricio, el enano violento, la muda que trabajaba en la f&aacute;brica de jab&oacute;n-, terrores nocturnos, estampas fijas, en blanco y negro, de callejas y plazas, todo matizado por las fabulaciones de la memoria, como he podido comprobar despu&eacute;s. El &uacute;ltimo verano que pas&eacute; all&iacute; fue el de mis nueve a&ntilde;os, el verano de 1957. Borja aparece en alguna p&aacute;gina m&iacute;a autobiogr&aacute;fica pero s&oacute;lo t&uacute; te has dado cuenta de que se inmiscuye en varias ficciones, yo ni me acuerdo.</p>
<p class="Poromisin">&nbsp;</p>
<p class="Poromisin"><strong>&ldquo;L</strong><strong>e debo a Proust el hallazgo de caminos de la sensibilidad hacia la recuperaci</strong><strong>&oacute;</strong><strong>n emotiva del pasado&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p class="Poromisin">- Alguna vez he pensado que la carretera de Malej&aacute;n, de la que hablas en <em>Comentarios</em> y en <em>Vamos a contar canciones</em>, es de alg&uacute;n modo tu camino de Swann.&nbsp;</p>
<p class="Poromisin">- Como tantos otros lectores, le debo a Proust el hallazgo de caminos de la sensibilidad hacia la recuperaci&oacute;n emotiva del pasado. Pero no puedo identificar su mundo burgu&eacute;s, refinado y parisino con ning&uacute;n aspecto de mi infancia en una familia de clase media baja, que viv&iacute;a en un pueblo donde no hab&iacute;a agua corriente y ni un solo libro abultaba un rinc&oacute;n de la casa de mis padres (a&ntilde;os despu&eacute;s s&iacute; tuvieron su peque&ntilde;a biblioteca). Por la carretera de Malej&aacute;n no se ve&iacute;a avanzar a ning&uacute;n sofisticado Swann; la recorr&iacute;amos los domingos mi padre, mi hermano y yo cantando a grito pelado cuando volv&iacute;amos a Borja, y no precisamente una melod&iacute;a que se aproximara a un adagio de Vinteuil o similar. Es uno de mis emblemas de la felicidad. Sin mezcla de Swann ni de literatura.</p>
<p class="Poromisin">- Uno de tus libros se titula <em>El olor de los tebeos</em>. &iquest;A qu&eacute; te ol&iacute;an los tebeos cuando eras ni&ntilde;o y a qu&eacute; te huelen ahora?</p>
<p class="Poromisin">- Tal vez porque me adorna un ap&eacute;ndice nasal considerable (parecido al del actor Karl Malden), poseo un olfato poderoso y sutil. De ni&ntilde;o jugaba con mis hermanos a que era capaz, con los ojos cerrados, de adivinar la editorial a la que pertenec&iacute;a la novela de Salgari (mi autor favorito entonces) que me acercaban a la nariz: las de Calleja se distingu&iacute;an perfectamente de las m&aacute;s modernas de Molino, y no digamos de las chilenas Zig-Zag, a las que atribu&iacute;a yo un aroma oce&aacute;nico. Lo mismo ocurr&iacute;a con los tebeos. <em>El Guerrero del antifaz</em> y <em>El Capit</em><em>&aacute;n Trueno</em>, el <em>Jaimito </em>y el <em>Pulgarcito</em> no s&oacute;lo representaban dos modos diversos de entender las aventuras y las historietas de humor -el estilo de la editorial Valenciana y el de la editorial Bruguera, tan diferentes para el lector como para el cin&eacute;filo el <em>look</em> de una pel&iacute;cula de la Universal de otra de la Metro-, es que adem&aacute;s, en raz&oacute;n del papel o la tinta utilizados, ol&iacute;an de manera distinta, por no hablar del olor peculiar de los tebeos mexicanos de Novaro, los m&aacute;s caros del quiosco y los de aroma m&aacute;s potente. Pero en mi libro el olor de los tebeos es el olor del tiempo. Y el tiempo no ha pasado por los tebeos actuales.</p>
<p class="Poromisin">&nbsp;</p>
<p class="Poromisin"><strong>&ldquo;Un olor feliz de la ni&ntilde;ez es el de los cines de Zaragoza&rdquo;</strong></p>
<p class="Poromisin">- Al comienzo de <em>Comentarios</em> se habla del perfume de la ni&ntilde;ez. Toda tu obra est&aacute; llena de olores, unos agradables, melanc&oacute;licos, y otros no tanto. &iquest;Qu&eacute; olores, felices e infelices, han marcado tu vida?</p>
<p class="Poromisin">- Un olor feliz de la ni&ntilde;ez es el de los cines de Zaragoza, el de los de estreno y tambi&eacute;n el de los de barrio -a pipas, chicle, orines-, y a su vez hab&iacute;a muchos matices diferenciadores seg&uacute;n las empresas. La casa de mis padres en la Rochapea de Pamplona no desped&iacute;a un olor a desdicha sino a fr&iacute;o en invierno, el fr&iacute;o huele y los de mi quinta lo saben muy bien. Otro olor alegre es el del cuerpo de la persona amada, no el de su colonia o su perfume sino el olor inconfundible de su piel. Y un olor espantoso: el de la mili, y m&aacute;s si se tiene en cuenta que el cuartel donde la padec&iacute; albergaba cuadras de mulas y caballer&iacute;a.</p>
<p class="Poromisin">- Con treinta y muy pocos a&ntilde;os publicaste, en Hiperi&oacute;n, <em>Q</em><em>uadrupedumque</em>, la primera entrega de una ambiciosa trilog&iacute;a novel&iacute;stica en la que hab&iacute;a una voz, un tono (entre humor&iacute;stico y melanc&oacute;lico), un ritmo sint&aacute;ctico y una aglutinante manera de contar ya definidas. &iquest;Cu&aacute;ndo empezaste a escribir? &iquest;Qu&eacute; hab&iacute;as publicado antes de <em>Q</em><em>uadrupedumque</em>? &iquest;Por qu&eacute; caminos llegaste a la <em>Trilog&iacute;</em><em>a de Zabala</em>?</p>
<p class="Poromisin">- Antes de<em> </em><em>Q</em><em>uadrupedumque </em>no hab&iacute;a visto impresa ni una l&iacute;nea de la que fuera autor, ni siquiera en la prensa local, y ten&iacute;a treinta y tres a&ntilde;os cuando Hiperi&oacute;n edit&oacute; mi primera novela. Comparado con otros escritores de mi generaci&oacute;n, fui un publicador tard&iacute;o, pero escrib&iacute;a desde siempre; en ingreso de bachillerato par&iacute; una novela b&eacute;lica que se titulaba <em>El refugiado</em> (la conservo, es muy graciosa) y con otros tres compa&ntilde;eros del colegio compon&iacute;amos un tebeo, <em>Los cuatro Rebeldes</em>, cuyo &uacute;nico guionista -he sido siempre un torp&iacute;simo dibujante- era yo. Adem&aacute;s durante el verano contaba cada noche a mis hermanos un cuento de aventuras que se continuaba hasta principios de octubre, cuando yo me volv&iacute;a a Zaragoza. Creo que con esos relatos nocturnos, que plagiaban pel&iacute;culas, tebeos y novelas juveniles, aprend&iacute; ciertas cosas sobre la narraci&oacute;n oral a las que he vuelto de mayor. En la adolescencia me invent&eacute; un <em>a</em><em>lter ego</em>, Zabala, que protagoniz&oacute;&nbsp; sucesivas novelas cortas: <em>Algo sobre Zabala</em>, <em>Algo sobre Zabala 2</em>, <em>Algo m&aacute;</em><em>s sobre Zabala</em> y as&iacute;, me falt&oacute; s&oacute;lo <em>Zabala ataca de nuevo</em>. En fin, cumplidos los veinte comenc&eacute; un novel&oacute;n que me llev&oacute; dos lustros de sudores; se llamaba <em>Utis</em>, t&iacute;tulo que remite, con ambici&oacute;n petulante, a cierto libro de Joyce de lejana inspiraci&oacute;n hom&eacute;rica (el m&iacute;o tambi&eacute;n transcurr&iacute;a en un d&iacute;a pero zaragozano en vez de dublin&eacute;s). Al terminarla me di cuenta de que era infumable; las primeras p&aacute;ginas adolec&iacute;an de una ingenuidad aplastante y, aunque mejoraba conforme avanzaba, carec&iacute;a de unidad de estilo y hasta de prop&oacute;sito. Aparte de que yo hab&iacute;a le&iacute;do mucho m&aacute;s y la lectura me hab&iacute;a vuelto humilde rebajando mis pretensiones. Luego ya vino <em>Q</em><em>uadrupedumque</em>, que escrib&iacute; en nueve meses, un embarazo. El ni&ntilde;o me sali&oacute; tan pedante como el t&iacute;tulo. No pensaba que iniciaba una trilog&iacute;a hasta redactar las &uacute;ltimas p&aacute;ginas, entonces me apeteci&oacute; seguir con el personaje -al fin y al cabo hab&iacute;a pasado toda mi vida aliment&aacute;ndolo- para trazar una especie de retrato generacional, algo que se acentu&oacute; en la tercera entrega, la m&aacute;s autobiogr&aacute;fica, que transcurre a lo largo del curso 1968-69 en la Universidad de Zaragoza. Hab&iacute;a observado c&oacute;mo mis contempor&aacute;neos estaban construyendo <em>a posteriori</em> un sesentayochismo heroico de lucha antifranquista -y algunos de verdad se jugaron el pellejo-, cuando yo hab&iacute;a conocido a muchos de ellos en la Babia pol&iacute;tica, como yo mismo, que s&oacute;lo en la mili tom&eacute; conciencia plena de lo que pasaba en mi pa&iacute;s.</p>
<p class="Poromisin">&nbsp;</p>
<p class="Poromisin"><strong>El ambiente universitario de finales de los a&ntilde;os sesenta</strong></p>
<p class="Poromisin">- En <em>Gaudeamus</em> retrataste el ambiente universitario de la Zaragoza de finales de los sesenta. &iquest;Qu&eacute; amistades y magisterios de entonces te ayudaron a forjar tu vocaci&oacute;n? &iquest;Qu&eacute; libros y pel&iacute;culas y discos compartisteis y os marcaron para bien o para mal? &iquest;C&oacute;mo ves ahora, desde la distancia, aquellos a&ntilde;os, aquellos sue&ntilde;os?</p>
<p class="Poromisin">- Creo que a los dos meses de entrar en la universidad me hab&iacute;a dado cuenta ya de que aquello era una gran tomadura de pelo. Hab&iacute;a profesores ogro-fascistas, profesores gandules, profesores majaras y alguno alcoh&oacute;lico; lo dif&iacute;cil de encontrar era un catedr&aacute;tico que respondiese a la idea (plat&oacute;nica) de conocimiento, vocaci&oacute;n docente y capacidad de transmisi&oacute;n del saber que yo esperaba ingenuamente de la profesi&oacute;n. Claro que recuerdo alg&uacute;n caso aparte, como el bondadoso se&ntilde;or Frutos, apegado todav&iacute;a a la escol&aacute;stica pero tolerante con los alumnos que &iacute;bamos por otros derroteros. Y tuve la suerte de que me impartiera un curso Mainer, que estaba iniciando su carrera y era ya un sabio en materia literaria. Empec&eacute; Rom&aacute;nicas, me aburr&iacute; pronto y me pas&eacute;, sin saber ingl&eacute;s, a Filolog&iacute;a Moderna, que me ofrec&iacute;a un futuro en el que podr&iacute;a leer en original a muchos escritores que admiraba. En fin, iba al cine todos los d&iacute;as con Manuel Aguirre, amigo desde los seis a&ntilde;os, y devoraba toda clase de libros, incluidos unos cuantos esot&eacute;ricos por influencia de otro amigo, Luis Salete, que estaba entonces bajo la fascinaci&oacute;n de un pintoresco gur&uacute; ma&ntilde;o que "pod&iacute;a abandonar su cuerpo como nosotros dejamos la chaqueta". M&aacute;s o menos fabulado, cont&eacute; todo esto en <em>Gaudeamus</em>. Aprend&iacute; mucho m&aacute;s leyendo por mi cuenta y en las salas de cine que en las aulas. En cuanto a la m&uacute;sica, yo era un chico raro. Nunca me interes&oacute; el rock, y ah&iacute; sigo, los Beatles me dejaban indiferente -ahora los oigo con la melancol&iacute;a que proporciona la p&aacute;tina del tiempo- y escuchaba sobre todo cl&aacute;sica, canci&oacute;n francesa y el <em>folk</em> angloamericano que empezaba a llegar, los Chieftains, Joan Baez, Pete Seeger, esas cosas. Tard&eacute; en aficionarme al jazz, debo mi apertura musical a Maribel. Los libros que significaron algo para m&iacute;... una lista interminable. Mi introducci&oacute;n a la literatura seria comenz&oacute; en la primera adolescencia con los narradores eduardianos -Chesterton, Wells, Kipling, que hoy contin&uacute;o apreciando-, los novelistas rusos, Dostoyevski a la cabeza, la generaci&oacute;n del 98 y los cl&aacute;sicos espa&ntilde;oles, Cervantes, la Celestina, el Lazarillo&hellip;, que no dejan de maravillarme hasta ahora mismo, nada original, como ves. Y la poes&iacute;a de los siglos de oro, por supuesto. No soporto, sin embargo, nuestro glorioso teatro nacional. Y all&aacute; por&nbsp; el 67 o 68 el fogonazo deslumbrante de los latinoamericanos y el paulatino descubrimiento de nuestros exiliados. Y tantos m&aacute;s, toda la gran novela burguesa del XIX, Gald&oacute;s, Dickens, Flaubert, Clar&iacute;n...Ya no he vuelto a leer con aquella pasi&oacute;n, aunque recientemente he regresado a <em>Rojo y negro</em>,&nbsp;<em>Ana Kar&eacute;nina </em>y <em>Little Dorrit </em>y qu&eacute; asombro y qu&eacute; placer renovados.</p>
<p class="Poromisin">&nbsp;</p>
<p class="Poromisin"><strong>Los <em>collages</em> que confecciona el recuerdo</strong></p>
<p class="Poromisin">- &ldquo;El recuerdo confecciona <em>collages</em> peregrinos&rdquo;, se lee en <em>Comentarios</em>. Tu obra est&aacute; hecha de esos <em>collages</em> que confecciona el recuerdo y tambi&eacute;n has utilizado el <em>collage</em> como t&eacute;cnica narrativa.&nbsp;</p>
<p class="Poromisin">- Dices que he utilizado el <em>collage</em> como t&eacute;cnica narrativa. Pues no he sido consciente de ello. Es verdad que los cap&iacute;tulos de mis tres primeras novelas no se redactaron en el orden que se publicaron; yo los iba escribiendo seg&uacute;n las apetencias del momento o las ganas de experimentar con un estilo determinado, a veces me propon&iacute;a pastiches voluntarios y secretos (son f&aacute;ciles de percibir) de autores que le&iacute;a en la &eacute;poca, Benet, por ejemplo, o Garc&iacute;a Hortelano. Esa forma de componer produce un efecto&nbsp; de<em> collage</em>, tienes raz&oacute;n. Luego me he sometido a unas estructuras narrativas menos aleatorias y que en realidad son m&aacute;s dif&iacute;ciles.&nbsp; Aunque lo de los pastiches me tienta de vez en cuando. En <em>La bella cubana</em> hay uno de Cort&aacute;zar; volv&iacute; a leer<strong><em> </em></strong><em>Rayuela</em>, que hab&iacute;a sido un antes y un despu&eacute;s en mi juventud, no me gust&oacute; casi nada y me dio tanta pena, porque a su autor le tengo un aprecio especial, que decid&iacute; compensar el desapego con una imitaci&oacute;n. Tonter&iacute;as con las que se divierte uno.</p>
<p class="Poromisin">- Tambi&eacute;n a ti, como al autor de la c&eacute;lebre novela de inspiraci&oacute;n hom&eacute;rica, te marcaron los jesuitas...</p>
<p class="Poromisin">- Fui a los jesuitas por el esnobismo de mi abuela. Pasaba con mis padres y hermanos el verano y las navidades, pero durante el curso viv&iacute;a con mi abuela materna y mi t&iacute;a, que dirig&iacute;an un taller de alta costura de bastante prestigio en Zaragoza. Y mi abuela, sin duda deseando lo mejor para m&iacute;, me matricul&oacute; en el colegio adonde sus clientas, todas de la burgues&iacute;a local, llevaban a sus reto&ntilde;os. De modo que yo compart&iacute;a pupitre con los hijos de la clase dirigente que deb&iacute;an recibir una educaci&oacute;n encaminada a que ocupasen con los a&ntilde;os los puestos de sus progenitores. Fue un flaco favor, la verdad. Me sent&iacute; siempre como un infiltrado y aprend&iacute; a ocultar mi "inferior" condici&oacute;n social desde peque&ntilde;o, me convert&iacute; en un disimulador. Por otro lado, si atendemos a lo acad&eacute;mico, la formaci&oacute;n era muy deficiente y en muchos casos oscurantista. &iexcl;Y la obsesi&oacute;n de los curas por el pecado!..., o sea, por el sexo, que alcanzaba su culminaci&oacute;n en los siniestros ejercicios espirituales de la Quinta Julieta, esos que mimetiz&oacute; a la perfecci&oacute;n el irland&eacute;s famoso. A la maldad de los directores de las congregaciones marianas -los Kostkas y los Luises en el lenguaje ignaciano- s&oacute;lo les encuentro la excusa de la estupidez que luego percib&iacute; en ellos. Dos excepciones. En cuarto y sexto de bachillerato me dio clase de literatura un jesuita joven de superior inteligencia que me inst&oacute; a que escribiera y con el que mantuve amistad y una correspondencia epistolar hasta su muerte; se llamaba Jos&eacute; Joaqu&iacute;n Alemany y dentro del campo de la teolog&iacute;a era una eminencia. Le guardo un cari&ntilde;o y una gratitud inalterables. Y tuve un magn&iacute;fico y estrafalario profesor de Lat&iacute;n en Preuniversitario, el padre Garayoa, que me hizo traducir media <em>Eneida<strong> </strong></em>y coger gusto por la poes&iacute;a latina; tambi&eacute;n dirig&iacute;a el coro del colegio con talante wagneriano, entusiasta e irascible.</p>
<p class="Poromisin">&nbsp;</p>
<p class="Poromisin"><strong>&ldquo;La conciencia del paso del tiempo es lo que me pone un nudo en la garganta&rdquo;</strong></p>
<p class="Poromisin">- &iquest;Te ha ocurrido con alg&uacute;n director de cine lo mismo que con Cort&aacute;zar? &iquest;A cu&aacute;les, por el contrario, vuelves siempre con "asombro y placer renovados&rdquo;?</p>
<p class="Poromisin">- Ojo, no me desencant&oacute; Cort&aacute;zar sino <em>Rayuela</em>, y con todo hay cap&iacute;tulos de la novela que sigo disfrutando. Pero yo la hab&iacute;a mitificado y por eso mismo me resist&iacute;a a su relectura, me daba miedo descubrirle defectos a un libro que hab&iacute;a supuesto mucho para m&iacute;. De cualquier modo su influencia fue beneficiosa. Y hay cuentos de Cort&aacute;zar que he le&iacute;do repetidamente y la magia permanece intacta. Con el cine es distinto. No s&eacute; cu&aacute;ntas veces he visto<strong><em> </em></strong><em>Shane</em> (<em>Ra&iacute;</em><em>ces profundas </em>se llam&oacute; aqu&iacute;) o <em>El tercer hombre</em> y no dejan de conmoverme, pero no estoy seguro de que la emoci&oacute;n proceda de las pel&iacute;culas mismas y no de&nbsp; las emociones acumuladas a lo largo de los a&ntilde;os, como si fuera la conciencia del paso del tiempo -de los yoes que he sido cada vez que las ve&iacute;a- lo que me pone un nudo en la garganta. Me pasa con unas cuantas m&aacute;s, con <em>V&eacute;</em><em>rtigo</em>, por ejemplo, con <em>Los paraguas de Cherburgo</em>. Ya ves que hablo de t&iacute;tulos y no de directores. Es un campo en el que he sido muy fiel a los amores juveniles...y a mis fobias. Hombre, claro que hay &eacute;pocas en las que valoras ciertas novedades que luego una perspectiva m&aacute;s amplia coloca en su sitio. Pienso en el cine de Almod&oacute;var, que hizo visible en el mundo nuestra cinematograf&iacute;a y s&oacute;lo por eso hay una deuda contra&iacute;da con &eacute;l. Pero he vuelto a ver sus primeras pel&iacute;culas, que me parec&iacute;an tan frescas, y aun juzg&aacute;ndolas m&aacute;s interesantes que lo que hace ahora, creo que han envejecido mal. O el que ha envejecido mal soy yo, todo puede ser.</p>
<p class="Poromisin">- En <em>Vamos a contar canciones</em>, publicada en 1999, dec&iacute;as que Maribel y t&uacute; hab&iacute;ais contabilizado cerca de dos docenas de domicilios a lo largo de vuestra vida en com&uacute;n, n&uacute;mero que, supongo, se habr&aacute; incrementado desde entonces. &iquest;De qu&eacute; casas os ha costado m&aacute;s separaros?</p>
<p class="Poromisin">- Hubo otro domicilio, en la rue de l'Universit&eacute; de Par&iacute;s, pero ah&iacute; terminaron las mudanzas. De todas las ciudades donde he vivido me ha costado despedirme, bueno, de Glasgow no demasiado, era tan deprimente, pero la vivienda que m&aacute;s me apen&oacute; dejar fue la &uacute;ltima que tuvimos en Londres, en el &aacute;rea de Notting Hill, a unos metros de Portobello. Y fue desgarrador marcharnos de Nueva York, no tanto por la ciudad, que por supuesto, como por separarnos de nuestra hija, que se qued&oacute; all&aacute; y sab&iacute;amos que no volver&iacute;amos a vivir juntos salvo en vacaciones o de visita, era un fin de etapa en m&aacute;s de un sentido y todo fin de etapa constituye un recordatorio del car&aacute;cter pasajero de nuestra existencia, de que no hay billete de vuelta y que lo &uacute;nico que permanece es lo que cargamos en la memoria.</p>
<p class="Poromisin">- Me da la sensaci&oacute;n de que cada una de las ciudades en las que has vivido representa, dentro de tu obra, un estado de &aacute;nimo diferente.</p>
<p class="Poromisin">- En el terreno personal yo dir&iacute;a que m&aacute;s que una diferencia de estado de &aacute;nimo hay una diferencia de edad. Y de circunstancias. A Glasgow llegu&eacute; con 24 a&ntilde;os y dej&eacute; Par&iacute;s con 55. Nos presentamos en Per&uacute; sin trabajo y sin pensar que, una vez transcurrido el plazo de permanencia como turistas, ser&iacute;amos ilegales; a otros pa&iacute;ses fui respaldado por contratos desde mi pa&iacute;s. &iquest;Se refleja eso en mi obra? No sabr&iacute;a responderte. Los personajes masculinos de mis relatos suelen ser tipos frustrados, condenados a la soledad y pesimistas, vivan donde vivan. Sin embargo los textos de no ficci&oacute;n que he dedicado a las ciudades en las que he residido reflejan a una persona bastante mejor instalada en su realidad. Dejo a un aficionado al sicoan&aacute;lisis la explicaci&oacute;n de estas peculiaridades. Yo tengo la m&iacute;a pero no es interesante.</p>
<p class="Poromisin">&nbsp;</p>
<p class="Poromisin"><strong>&ldquo;</strong><strong>Buscar la naturalidad de una forma expresa puede ser un impedimento para conseguirla&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p class="Poromisin">- Me acuerdo de F&eacute;lix Romeo, a la salida de la presentaci&oacute;n en la librer&iacute;a Ant&iacute;gona de <em>Espectros, parpadeos y Shazam</em><em>!</em> Est&aacute;bamos en la terraza de un bar y F&eacute;lix nos le&iacute;a fragmentos de tu libro y, elevando su ya de por s&iacute; elevado tono de voz y aporreando la mesa con el libro, nos dec&iacute;a: "As&iacute; quiero escribir yo, con esta naturalidad". &iquest;C&oacute;mo se llega a escribir con naturalidad? &iquest;Y c&oacute;mo se transmite esa naturalidad al lector?</p>
<p class="Poromisin">- El inolvidable F&eacute;lix ejerc&iacute;a la virtud, entre otras, de ser muy generoso con los amigos; &eacute;l escrib&iacute;a como hablaba, no pod&iacute;a ser m&aacute;s natural. Yo empec&eacute; cultivando una prosa con tendencia a periodos sint&aacute;cticos muy complejos, y con los a&ntilde;os, sin que haya desaparecido del todo ese rasgo de estilo, me he ido aproximando a un registro coloquial culto, quiz&aacute; como resultado de la oralidad impuesta a muchos de mis relatos, que se ci&ntilde;en a historias que alguien cuenta a otra persona. Buscar la naturalidad de una forma expresa puede ser un impedimento para conseguirla; es como recomendar a alguien que, antes de una entrevista de trabajo o con vistas a seducir a un tercero, sea espont&aacute;neo, imposible ser espont&aacute;neo si tratas de serlo. En mi caso la supuesta naturalidad surge de otro planteamiento, el del punto de vista del narrador: si se renuncia a la omnisciencia, &iquest;qui&eacute;n cuenta el cuento y por qu&eacute;? La mayor&iacute;a de las novelas espa&ntilde;olas que escogen la primera persona no justifican esa elecci&oacute;n, aparte de la comodidad del escritor con ese yo narrativo. Por eso en mis libros los personajes escriben cartas o se enfrentan a un interlocutor y yo transcribo su conversaci&oacute;n o mon&oacute;logo. Lo que no deja de ser convencional asimismo, pero es un m&eacute;todo que apacigua mis escr&uacute;pulos. Ahora bien, en los ensayos o art&iacute;culos procuro expresarme como lo har&iacute;a de viva voz, con la ventaja de que pueden evitarse los latiguillos o incoherencias.</p>
<p class="Poromisin">&nbsp;</p>
<p class="Poromisin"><strong>&ldquo;Ir al cine me gusta m&aacute;s que ver pel&iacute;culas&rdquo;</strong></p>
<p class="Poromisin">- El cine, una de las grandes pasiones de tu vida, est&aacute; presente de un modo u otro en todos tus libros.</p>
<p class="Poromisin">- En no s&eacute; qu&eacute; novela m&iacute;a el protagonista afirma que su verdadera patria es el cine. Tendr&iacute;a que haber dicho las salas de cine, que conforman una geograf&iacute;a internacional, multiling&uuml;&iacute;stica y sin fronteras. Ahora que el cine, como lo conceb&iacute;amos, est&aacute; desapareciendo y cada d&iacute;a cierran salas en todo el mundo, creo que <em>ir al cine</em> me gusta m&aacute;s que ver pel&iacute;culas. Por muy grande que sea la pantalla dom&eacute;stica y muy completa la oferta de cadenas de televisi&oacute;n a la carta, ver una pel&iacute;cula en casa carece del car&aacute;cter entre misterioso y bals&aacute;mico que para m&iacute; presenta el consultar la cartelera, salir a la calle, sacar tu entrada, esperar a que se apaguen las luces y sentir que los conflictos personales, las obligaciones enojosas, la discusi&oacute;n con el vecino quedan marginados durante un par de horas en las que ese <em>refugium peccatorum</em> te protege de la realidad. As&iacute; lo experimentaba de ni&ntilde;o. "El cine es m&aacute;s hermoso que la vida", asegura Truffaut, o un personaje de Truffaut, en<em> La noche americana.</em> Yo ahora pienso lo contrario, aunque el cine contin&uacute;a creando un grato par&eacute;ntesis, con un tiempo distinto, en medio de las turbulencias del otro tiempo, el exterior.</p>
<p class="Poromisin">&nbsp;</p>
<p class="Poromisin"><strong>&ldquo;L</strong><strong>a literatura y el cine son dos lenguajes distintos y las influencias mutuas son referenciales&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p class="Poromisin">- &iquest;Te has servido deliberadamente de t&eacute;cnicas cinematogr&aacute;ficas para componer pasajes de tus novelas o alg&uacute;n relato?</p>
<p class="Poromisin">- En efecto, mis libros est&aacute;n llenos de referencias cinematogr&aacute;ficas, ahora bien, jam&aacute;s he pretendido utilizar una t&eacute;cnica de cine porque, entre otros motivos, es imposible. En la d&eacute;cada de los veinte del siglo pasado hubo una ingenua aspiraci&oacute;n por parte de las vanguardias a reproducir en verso o en prosa <em>travellings</em>, primeros planos, fundidos, etc y se escribieron poemas cinem&aacute;ticos y cuentos f&iacute;lmicos (Jarn&eacute;s, por ejemplo, public&oacute; un par de ellos). Juegos infantiles, analog&iacute;as que han servido para entretener a profesores y a m&iacute; mismo. Pero repito la perogrullada: la literatura y el cine son dos lenguajes distintos y las influencias mutuas son referenciales. Se dice que el montaje de Griffith invent&oacute; el suspense y luego los novelistas hemos aprendido, gracias al cine, a "montar" nuestras historias. Bien, Griffith se inspira de hecho en Dickens y ya en los folletines del XIX se utilizaba la t&eacute;cnica del suspense como m&eacute;todo de enganche del lector. Lo que s&iacute; es cierto es que la fascinaci&oacute;n por el cine ha llevado a algunos autores a tratar de plasmar con palabras ciertas im&aacute;genes que le conmocionaron en la pantalla, y as&iacute;, cuando una p&aacute;gina describe c&oacute;mo un coche de ventanillas oscuras dobla una esquina, el lector avispado&nbsp; percibe que el narrador quiere conseguir la misma reacci&oacute;n que sinti&oacute; viendo&nbsp; el coche de Bogart doblar una esquina, lo que no deja de ser un tanto pueril.</p>
<p class="Poromisin">- &iquest;Nunca te ha tentado la idea de escribir un gui&oacute;n o de ejercer la cr&iacute;tica cinematogr&aacute;fica?</p>
<p class="Poromisin">- No, nunca he escrito un gui&oacute;n de cine, ni siquiera lo he deseado. Tampoco he asistido a un rodaje cuando alg&uacute;n director me lo ha ofrecido. Ser&iacute;a como perder la inocencia. Durante unos meses tuve en prensa una columna semanal sobre cuestiones cinematogr&aacute;ficas; ser&iacute;a abusar de la palabra "cr&iacute;tica" encasillar dentro de ese g&eacute;nero period&iacute;stico las opiniones que yo vert&iacute;a all&iacute;. Con los a&ntilde;os he llegado a la conclusi&oacute;n de que nuestras reacciones est&eacute;ticas son viscerales, aunque luego las embadurnemos de argumentos razonables; el gusto es una facultad arbitraria, por eso es absurdo querer convencer a alguien de que la pel&iacute;cula que le ha gustado es una porquer&iacute;a o viceversa. Entiendo que mucha gente inteligente se encandile con el cine de Lars Von Trier pero sus "razones" no me valen frente al rechazo que yo experimento hacia los productos de ese se&ntilde;or, y mis "razones" para rechazarlos son tal vez las que ellos esgrimen para ensalzarlos. Ya ves, soy un visceral esc&eacute;ptico.</p>
<p class="Poromisin">&nbsp;</p>
<p class="Poromisin"><strong>&ldquo;La poes&iacute;a es el g&eacute;nero literario m&aacute;s intenso&rdquo;</strong></p>
<p class="Poromisin">- Rastreaste la huella del cine en la poes&iacute;a espa&ntilde;ola y editaste una preciosa antolog&iacute;a: <em>Viento de cine</em>. Hay momentos, adem&aacute;s, en que tu prosa adquiere una indudable intensidad po&eacute;tica. &iquest;Qu&eacute; relaci&oacute;n mantienes con la poes&iacute;a?</p>
<p class="Poromisin">- He sido lector de poes&iacute;a toda mi vida, hasta hace unos a&ntilde;os. Ahora leo muy poca, la que escriben los amigos y de vez en cuando retomo a los cl&aacute;sicos. No deja de maravillarme la abundancia nacional de l&iacute;ricos. Aqu&iacute;, en Andaluc&iacute;a, levantas una piedra y sale un poeta, "como los escorpiones", que dec&iacute;a Quevedo, "y a pesar de todo hermanos en Cristo". Se leen entre ellos, se maldicen entre ellos, se cotillean entre ellos. Algunos no han perdido ese rid&iacute;culo aire sacramental cuando leen sus versos en p&uacute;blico. Quiz&aacute;s un empacho de poetas me ha alejado de los poemas. Pero es verdad, mi obra contiene citas y parafraseos de muchos poemas amados. A veces, sobre todo al principio, supuraba una especie de prosa po&eacute;tica que hoy me averg&uuml;enza. La poes&iacute;a es el g&eacute;nero literario m&aacute;s intenso y que puede emocionar m&aacute;s hondamente. La prosa tambi&eacute;n consigue a veces esa intensidad, s&oacute;lo que para ello no debe utilizar las t&eacute;cnicas del verso; hay narradores que para lograr cierto ritmo escriben sin darse cuenta en endecas&iacute;labos, eso es un error y genera un estilo pastelero. Si alguna vez he conseguido en un texto parecidos resultados a los de un buen poema, me alegro, pero&nbsp;no convierte mi prosa en po&eacute;tica, Al&aacute; me libre.</p>
<p class="Poromisin">&nbsp;</p>
<p class="Poromisin"><strong>&ldquo;Me irritan los dogmas est&eacute;ticos tanto como el canon, ese invento siniestro del gremio acad&eacute;mico&rdquo;</strong></p>
<p class="Poromisin">- Uno de los mejores relatos de la literatura espa&ntilde;ola reciente se titula "Una investigaci&oacute;n literaria" y forma parte de <em>Bar de anarquistas</em>. No es la &uacute;nica pieza magistral que hay en tus libros de relatos. &iquest;Cu&aacute;l ser&iacute;a tu dec&aacute;logo del cuento?</p>
<p class="Poromisin">- &iquest;Te gust&oacute; ese cuento? Tengo la impresi&oacute;n de que mis libros de relatos pasan sin pena ni gloria y tampoco estoy seguro de que se merezcan una u otra. Durante a&ntilde;os me resist&iacute; a publicar relatos cortos, ten&iacute;a el objetivo contundente de la novela, a pesar de que en todas ellas introduc&iacute;a de poliz&oacute;n un cuento (o varios). Fui encontrando tanto placer en la brevedad que me impuse por fin el prop&oacute;sito de componer un volumen de cuentos; tambi&eacute;n ayud&oacute; que me bloque&eacute; tras los primeros cap&iacute;tulos de una novela, <em>La bella cubana. </em>Ahora espero, si las musas no son hostiles,&nbsp;alternar las dos distancias narrativas. Y no, no tengo un dec&aacute;logo. Hay escritores cuyo <em>ars poetica</em>, por llamarlo de alg&uacute;n modo, se corresponde exactamente a lo que ellos hacen. No es mi caso, mis gustos son muy cat&oacute;licos y disfruto igual con Nabokov que con Dostoyevski, a quien el primero detestaba, con Borges que con Gald&oacute;s, al que el argentino supongo que despreciaba tanto que jam&aacute;s lo nombra. Me irritan los dogmas est&eacute;ticos (en cine el grupo Dogma me produce urticaria) tanto como el canon, ese invento siniestro del gremio acad&eacute;mico. Aparte de que ya sabes que los dec&aacute;logos se crean para transgredirlos.</p>
<p class="Poromisin">&nbsp;</p>
<p class="Poromisin"><strong>&ldquo;El maestro supremo del relato corto es Chejov&rdquo;</strong></p>
<p class="Poromisin">- En algunos de tus cuentos asoman sus cabezas escritores como Borges, Cort&aacute;zar o Monterroso y en otros se percibe el aroma de los maestros norteamericanos del relato breve. &iquest;Qui&eacute;nes son tus cuentistas?</p>
<p class="Poromisin">- Los tres latinoamericanos que mencionas, por supuesto, un grupo al que habr&iacute;a que sumar a Bioy y a Onetti. De los estadounidenses contempor&aacute;neos, Carver y Tobias Wolff, bueno, y Cheever, que queda un poco m&aacute;s lejos. Para m&iacute; el maestro supremo del relato corto es Chejov. Hay muchos otros, los americanos del XIX, Kipling cuando no hace propaganda del Imperio... Entre los espa&ntilde;oles actuales me parecen excelentes Hip&oacute;lito G. Navarro y Juan Bonilla; y lamento que Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n se haya apartado un tanto de un g&eacute;nero en el que consigui&oacute; logros magn&iacute;ficos. Quiero citar dos de mis cuentos favoritos porque me hicieron re&iacute;r a carcajadas, y eso no tiene precio: "Teniente Bravo", de Juan Mars&eacute;; y "Muerte de Sevilla en Madrid", de Bryce Echenique.</p>
<p class="Poromisin">&nbsp;</p>
<p class="Poromisin"><strong>Sobre la editorial Pre-Textos</strong></p>
<p class="Poromisin">- Publicaste tu primera, segunda y tercera novelas en Hiperi&oacute;n y has publicado en Alfaguara, en Xordica, en Renacimiento y en Point de Lunnettes, pero tu editorial es Pre-Textos. &iquest;Qu&eacute; te une a ella?</p>
<p class="Poromisin">- He publicado ocho libros con Pre-Textos y el noveno est&aacute; en capilla, aparte de colaborar en el volumen colectivo que celebraba los 25 a&ntilde;os de la editorial. Sus ediciones son casi artesanales de tan cuidadas, no contienen erratas, la atenci&oacute;n a los aspectos materiales del libro es m&aacute;xima. Y han depositado en mi obra -y en el talento de mi hijo Miguel, que ha dise&ntilde;ado las &uacute;ltimas portadas- una fe y una confianza dignos de mejor causa pues mis ventas no justifican que contin&uacute;en public&aacute;ndome. Hay otro aspecto que destaco: su independencia, ahora que casi todo est&aacute; mediatizado por intereses ajenos a lo literario. Manuel Borr&aacute;s, la persona que selecciona las publicaciones, no tiene que aceptar presi&oacute;n externa porque Pre-Textos no pertenece a un grupo multinacional o asociado a los <em>media</em> de prensa y televisi&oacute;n, y sus decisiones se basan en la honradez de su criterio, el de un hombre de extensa cultura y aguda sensibilidad literaria. Y vaya, no trato de ensalzar mi obra indirectamente sino de se&ntilde;alar una realidad objetiva y mi satisfacci&oacute;n por estar integrado en ella, o como dir&iacute;a Guillermo Brown, s&oacute;lo hago constar un hecho. Ah, y tampoco me mueve la amistad personal; tengo un gran aprecio por el tr&iacute;o directivo de Pre-Textos pero a dos de ellos s&oacute;lo les he visto un par de veces en tantos a&ntilde;os, y con Borr&aacute;s he coincidido en dos ocasiones m&aacute;s. Me publicaron sin conocerme, fue sugerencia del poeta sevillano Fernando Ortiz que les enviara una novela, <em>Palabras de familia</em>, y el resto es historia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p class="Poromisin">&nbsp;</p>
<p class="Poromisin"><strong>Maribel Cruzado, mi compa&ntilde;era</strong></p>
<p class="Poromisin">- Destinataria de varios de tus libros, Maribel Cruzado tambi&eacute;n es uno de los personajes principales de tu obra, y no s&oacute;lo de la parte de no ficci&oacute;n.</p>
<p class="Poromisin">- Maribel Cruzado es mi compa&ntilde;era desde que yo ten&iacute;a veinte a&ntilde;os. El &uacute;nico libro m&iacute;o de ficci&oacute;n en el que aparece es <em>La bella cubana.</em> En la trilog&iacute;a primera sirvi&oacute; de modelo parcial para la protagonista femenina, pero hay un mont&oacute;n de detalles objetivos que las diferencian: la novia de Zabala rompe con &eacute;l, no tiene hijos y su peripecia sentimental es bien distinta a la de mi mujer. El car&aacute;cter, sobre todo eso que en Arag&oacute;n llamamos rasmia, las identifica y cierta manera valerosa de enfrentarse a las dificultades, tal vez sea lo mismo. En <em>La bella cubana</em> salimos brevemente los dos con la intenci&oacute;n, no s&eacute; si lograda, de crear distancia entre mi propia vida y la de los personajes principales, para evitar la tentaci&oacute;n de las interpretaciones autobiogr&aacute;ficas. En las obras de no ficci&oacute;n es normal que, si hablo de viajes, amistades, h&aacute;bitos cotidianos, cumpla un papel la persona con la que comparto todo.</p>
<p class="Poromisin">- &iquest;Qu&eacute; opinas de las series de televisi&oacute;n? &iquest;Compartes el entusiasmo que despiertan algunas de ellas? &iquest;Crees que son, como se dice, el presente y el futuro del cine?</p>
<p class="Poromisin">- La &uacute;ltima serie de televisi&oacute;n que segu&iacute; fue <em>Los intocables</em>, a mediados de los 60 del siglo pasado, creo. Encendemos poco el televisor y por tanto no veo series. No tengo nada contra ellas salvo que, de engancharme a alguna, me quitar&iacute;a tiempo para ir al cine. Es f&aacute;cil imaginar un futuro no muy lejano en el que la gente se queda todas las tardes y noches en casa frente a una pantalla considerable, pues las salas de cine est&aacute;n condenadas a desaparecer, y &eacute;sa es para m&iacute; una imagen del apocalipsis de una &eacute;poca, y as&iacute; lo trat&eacute; de expresar en uno de mis relatos. Cada uno es hijo de su tiempo y yo lo soy del tiempo del cine, o mejor dicho, de los cines. Debo a&ntilde;adir que nuestro hijo, que es un experto en series, nos regal&oacute; <em>Los Soprano</em><strong><em> </em></strong>completa, la fuimos viendo a lo largo de un a&ntilde;o y estaba muy bien, aunque no es comparable a la capacidad de s&iacute;ntesis y la ausencia de otra clase de compromisos de <em>El Padrino</em>, por citar un ejemplo pr&oacute;ximo a esa historia de mafiosos. Tambi&eacute;n nuestra hija, que trabaja desde hace casi veinte a&ntilde;os en la distribuci&oacute;n de cine extranjero en Estados Unidos, nos insiste en que veamos otras series destacadas. Pero ya te digo, es un placer para cuyo disfrute no dispongo de tiempo.</p>
<p class="Poromisin">&nbsp;</p>
<p class="Poromisin"><strong>&ldquo;En mis clases no quer&iacute;a que asociaran la literatura con el estudio sino con el placer&rdquo;</strong></p>
<p class="Poromisin">- Has trabajado muchos a&ntilde;os como profesor. &iquest;Podr&iacute;a ense&ntilde;arse mejor la literatura? &iquest;C&oacute;mo?</p>
<p class="Poromisin">- No tengo certezas sobre los m&eacute;todos m&aacute;s adecuados para ense&ntilde;ar literatura pero s&iacute; acerca de los negativos: los que se suelen utilizar en Espa&ntilde;a, y me refiero a la ense&ntilde;anza media, que conozco bien y que es donde se cuecen los rechazos de los chicos. Ocurre que en nuestro pa&iacute;s no se ense&ntilde;a literatura sino historia de la literatura a base de memorizar manuales, sin que los adolescentes tengan un contacto directo con las obras y menos todav&iacute;a con obras accesibles. Este verano me contaba una sobrina la preparaci&oacute;n de Lengua y Literatura para la selectividad, donde sac&oacute; la m&aacute;xima nota sin haber le&iacute;do apenas y sin entender lo poco que hab&iacute;a le&iacute;do. Eso s&iacute;, se sab&iacute;a perfectamente lo que el profesor les hab&iacute;a dictado sobre el espacio y el tiempo en el <em>Romancero gitano</em>, que le parec&iacute;a incomprensible. En mis clases yo prescind&iacute;a de los libros de texto -un ahorro necesario para los padres- y no permit&iacute;a a los alumnos que tomaran apuntes; propon&iacute;a obras, las le&iacute;an, las discut&iacute;amos, les obligaba a pensar, a expresar oralmente lo que pensaban y a escribir luego esas reflexiones, que yo correg&iacute;a y comentaba minuciosamente. No quer&iacute;a que asociaran la literatura con el estudio sino con el placer. Por eso nunca suspend&iacute; a un alumno. Si al final Cernuda o Valle-Incl&aacute;n les segu&iacute;an resultando indiferentes -yo procuraba que no fuera as&iacute; pero no siempre lo consegu&iacute;a-, qui&eacute;n era yo para impedir que trabajaran de cajeros en un banco o estudiasen Qu&iacute;micas. Era una labor de seducci&oacute;n, y de seducci&oacute;n apasionada aunque no lo dejara traslucir. La pr&aacute;ctica de esta materia no deber&iacute;a caer en manos de funcionarios con mentalidad de tales, sino en astutos donjuanes.</p>
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      <pubDate>Fri, 24 Jan 2020 07:25:21 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Onetti: vicio, pasión y desgracia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/onetti-vicio-pasion-y-desgracia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas20/enero/JUAN_CARLOS_ONETTI_2.jpg" alt="" /></p>
<p>Cuando estaba haciendo mis primeros intentos de escribir cuentos, hace m&aacute;s de treinta y cinco a&ntilde;os, Onetti me atra&iacute;a menos que Borges o Quiroga, que Kafka y Poe. Pero estaba all&iacute;, inquiet&aacute;ndome a partir de su imagen vista en fotograf&iacute;as que lo mostraban serio, hosco y fumador, con algo f&uacute;nebre e indefinidamente melanc&oacute;lico instalado detr&aacute;s de los lentes. Digamos que acced&iacute; a Onetti menos por lo que escrib&iacute;a que por su pinta de maldito, de turbio fraguador de la propia leyenda que lo preced&iacute;a. Luego, a partir de la inevitable lectura de <em>Bienvenido, Bob</em> y <em>El posible Baldi</em>, la inquietud se consolid&oacute;, con el agregado de una sorda sensaci&oacute;n de impotencia. Era posible disfrutar de la prosa borgeana sin sufrir la incapacidad de emularla; no era posible leer a Onetti sin ser agobiado por lo que no se ha de lograr. Probablemente, el aspirante a escritor que yo era entonces sufri&oacute; lo que Onetti ante Faulkner, con la diferencia de que el <em>profundo Sur</em> era algo lejano, crepuscular y extranjero, mientras que los habitantes del mundo onettiano andaban por ah&iacute;, a la vuelta de cualquier esquina montevideana o bonaerense.</p>
<p>Para el joven veintea&ntilde;ero que yo era, leer a Onetti signific&oacute; un cataclismo y un prolongado padecimiento. Tambi&eacute;n contribuy&oacute;, justo es decirlo aqu&iacute;, un libro cuyo t&iacute;tulo me descoloc&oacute; cuando lo v&iacute;: <em>Las trampas de Onetti</em> de Fernando A&iacute;nsa, editada por Alfa en 1970. Fue el primer ensayo que le&iacute; sobre el escritor &ndash;y el primero importante que alguien le dedic&oacute;- y en &eacute;l encontr&eacute; las claves de mi fascinaci&oacute;n por Onetti a la par que me permiti&oacute; decodificar no solo sus &ldquo;trampas&rdquo; &ndash; que A&iacute;nsa consignaba con rigor y l&uacute;cido abordaje cr&iacute;tico- sino los componentes humanos y el basamento existencial de su literatura. No obstante, lo m&aacute;s importante de ese testimonio de A&iacute;nsa estaba en la dedicatoria gen&eacute;rica de la obra: <em>&ldquo;A quienes, como Onetti, todav&iacute;a creen en el destino propio de la novela&rdquo;. </em>Esa creencia todav&iacute;a me habita.</p>
<p>Hoy, Juan Carlos Onetti es quiz&aacute; uno de los autores uruguayos menos le&iacute;dos en su propio pa&iacute;s y no se cu&aacute;ntos j&oacute;venes, aspirantes a escritores o simples lectores, pueden sentir lo que yo sent&iacute; cuando abr&iacute; por primera vez uno de sus libros. Onetti fue siempre poco le&iacute;do, pero en vida su merecida fama de personaje hosco y de autor profundamente admirado por sus colegas, en especial los extranjeros, lo puso a salvo de las exigencias del mercado. Era lo que se dice un verdadero outsider, un frontera que vino a pisotear el jard&iacute;n de lo establecido en el momento que aparece. Es fama que buena parte de la primera edici&oacute;n de su novela <em>El pozo</em> (1940) &ndash; la primera que public&oacute;- tard&oacute; a&ntilde;os en venderse y permaneci&oacute; olvidada en los dep&oacute;sitos de la librer&iacute;a Barreiro &amp; Ramos de Montevideo hasta que a comienzos de la d&eacute;cada del 60 se pusieron a la venta 49 ejemplares en una liquidaci&oacute;n. Si se entra a cualquier librer&iacute;a importante del Uruguay es dif&iacute;cil ver a primera vista ejemplares de las obras de Onetti exhibidos. Los que existen por lo general se apilan con discreci&oacute;n en alg&uacute;n sector de las mesas de autores nacionales, pero sin el lugar preeminente que merecer&iacute;an. No disfrutan sus libros de la exposici&oacute;n de los de Eduardo Galeano o los del mismo Mario Benedetti, que hasta dispone para su vasta obra de exhibidores exclusivos en alg&uacute;n puto de venta. Las reediciones existentes de cuentos y novelas de Onetti son pocas &ndash;editores amigos me han comentado que es dif&iacute;cil la negociaci&oacute;n de los derechos de reedici&oacute;n con su viuda y dem&aacute;s herederos- y m&aacute;s all&aacute; de la presencia de los excelentes tomos de sus obras completas, editadas por Galaxia Gutemberg y ofrecidas al desalentador precio de 75 d&oacute;lares cada uno, la literatura de Onetti no merece espacios notorios para los libreros compatriotas. Ni que hablar de elementos recordatorios o promocionales como suelen ser fotograf&iacute;as, posters o un lugar destacado en vidriera. Esos espacios pertenecen a Paulo Coelho, J.K. Rowling, Ken Follet o, en lo dom&eacute;stico, a cualquier cr&oacute;nica sobre hechos de la historia reciente, usos y costumbres de los uruguayos o las reiteradas biograf&iacute;as sobre gente que todav&iacute;a vive. En las librer&iacute;as uruguayas Onetti es invisible.</p>
<p>La cara opuesta de esta carencia es la venerada memoria de Onetti, que en Uruguay es custodiada por un grupo inorg&aacute;nico de fieles intelectuales que, habi&eacute;ndolo conocido y tratado o no habi&eacute;ndolo visto nunca, asumen un conocimiento total sobre vida y obra del maestro, lo que emparenta su misi&oacute;n con la de guardianes de algo que podr&iacute;a definirse como la Santa Iglesia Onettiana. Tambi&eacute;n est&aacute;n, por supuesto, los amigos que lo han sobrevivido y que celan del anecdotario o la correspondencia. En este a&ntilde;o del siglo de Onetti, ellos habr&aacute;n de ser sin duda los primeros en integrar las mesas de futuros coloquios que se realizar&aacute;n en homenaje al maestro, para evitar desviaci&oacute;n alguna en ese culto que ha determinado que Onetti sea pr&aacute;cticamente inabordable para los legos. Es cierto, Onetti es un autor arduo y que exige lectores atentos, por lo cual ha sido m&aacute;s admirado que le&iacute;do, condici&oacute;n que comparte con Borges, por ejemplo. Pero si se sigue restringiendo la difusi&oacute;n de su obra &ndash;que en Uruguay no se consigue en su totalidad- a especialistas o fans y acotando el marco de participaci&oacute;n del p&uacute;blico a eventos puramente acad&eacute;micos para iniciados, el homenajeado seguir&aacute; siendo un agujero negro para las generaciones actuales de uruguayos.</p>
<p>En Uruguay el cine nacional est&aacute; en auge y hasta gana premios internacionales, pero los cineastas uruguayos en general no encuentran en Onetti inspiraci&oacute;n para los guiones de sus pel&iacute;culas. Es notable que &ldquo;Mal d&iacute;a para pescar&rdquo;, largometraje basado en el cuento <em>Jacob y el otro</em>, dirigido por Alvaro Brechner, y que quiz&aacute; se estrene este a&ntilde;o, sea la primera obra de Onetti que se adapta al cine en territorio uruguayo. Hace diecisiete a&ntilde;os, el realizador Pablo Dotta incluy&oacute; en <em>El dirigible</em>, referencias e im&aacute;genes de Onetti en un filme muy peculiar y personal pero que no se inspiraba en ning&uacute;n cuento o novela del autor, pese a lo cual era una pel&iacute;cula indudablemente onettiana. Un poco antes, en 1980, el argentino Ra&uacute;l de la Torre hab&iacute;a filmado <em>El infierno tan temido</em>, con Alberto de Mendoza como protagonista. A comienzos de los 70, en M&eacute;xico, una versi&oacute;n de <em>El astillero</em> qued&oacute; inconclusa &iquest;Es filmable Onetti? Claro que lo es y ofrezco dos ejemplos de historias que podr&iacute;an ser magn&iacute;ficas pel&iacute;culas en manos de directores inteligentes, capaces de captar toda la humanidad y ambig&uuml;edad de <em>Bienvenido, Bob</em> o <em>Los adioses</em>.</p>
<p>En Montevideo es escasa la presencia del nombre Onetti en el nomencl&aacute;tor ciudadano. No existe una avenida o siquiera una calle que recuerde al gran acostado de nuestras letras. Apenas hay una plaqueta recordatoria en el legendario edificio de la calle Gonzalo Ram&iacute;rez, donde Onetti vivi&oacute; y escribi&oacute; muchas de sus obras. Ignoro si hay algo similar en la casa de la calle Bonpland, &uacute;ltima morada que habit&oacute; en Uruguay antes de marchar al exilio. Y consigno: <em>&ldquo;</em><em>Decreto N&ordm; 31168: Plaza Juan Carlos Onetti; La Junta Departamental de Montevideo Decreta: Art&iacute;culo 1&ordm;. -Des&iacute;gnase con el nombre de Juan Carlos Onetti la plaza que se encuentra al Norte de la calle Santa Luc&iacute;a y al Sur de la calle Emancipaci&oacute;n, delimitada por la intersecci&oacute;n de la calles Timote y Anagualpo. Art&iacute;culo 2&ordm;.-Comun&iacute;quese.&rdquo;</em> El decreto est&aacute; fechado el 24 de febrero de 2005 y en su municipal redacci&oacute;n suenan como bofetadas los nombres imposibles de esas calles, para nada onettianas salvo que hubieran cambiado de Santa y le hubieran puesto Mar&iacute;a. Confieso que no he pasado nunca por esa plaza ubicada en un remoto lugar del oeste de la capital, pero ojal&aacute; la Junta (que no <em>Junta </em>Larsen) mejore este a&ntilde;o la recordaci&oacute;n y le conceda al &uacute;nico Premio Cervantes uruguayo un espacio m&aacute;s se&ntilde;alado y visible.</p>
<p>Este breve inventario de la ausencia consigna una realidad: Onetti es nuestro h&eacute;roe olvidado, nuestro m&aacute;s grande escritor no le&iacute;do y nuestro gran misterio existencial. Como escritor uruguayo que creci&oacute; a la sombra del autor de <em>Un sue&ntilde;o realizado</em>, reflexiono hoy sobre esa condici&oacute;n de olvido y desconocimiento que parece reducir la figura de Onetti a mito m&aacute;s que a autor bisagra en la literatura uruguaya y latinoamericana del siglo XX. Es sabido que ya a finales de la d&eacute;cada del 40 Onetti era reconocido y admirado por un grupo de amigos e intelectuales que r&aacute;pidamente advirtieron el peso espec&iacute;fico de su escritura, en especial luego de publicar su obra maestra, <em>La vida breve</em>, novela que instala el m&iacute;tico espacio de Santa Mar&iacute;a con la misma autoridad y contundencia que su maestro Faulkner hab&iacute;a dado existencia al condado de Yoknapatawpha.</p>
<p>Lo que sobrevino luego fue la empe&ntilde;osa construcci&oacute;n de un mundo literario propio y la creaci&oacute;n &ndash; gestada a partir de la publicaci&oacute;n de la nouvelle <em>El pozo</em>, diez a&ntilde;os antes- de la moderna novela urbana rioplatense en comarcas dominadas hasta entonces por el costumbrismo y el criollismo. Por supuesto que en paralelo a esa traves&iacute;a literaria, Onetti autor dar&iacute;a vida al otro Onetti: el personaje inolvidable, el seductor distante y manejador, el bebedor impenitente, el depresivo intratable, el implacable pesimista, el lector voraz, el indiferente profesional, el amante torturado y torturante, el tierno oculto debajo del c&iacute;nico y del cruel, el lolitista confeso, el l&uacute;cido odiador de lo burgu&eacute;s, el padre distante, el testigo inm&oacute;vil y horizontal y, por supuesto, el exiliado por excelencia que ni con invitaciones presidenciales acept&oacute; dejar su cama en la Avenida Am&eacute;rica de Madrid para regresar a la patria.</p>
<p>&iquest;Por qu&eacute; los uruguayos no leen a Onetti? Tal vez porque no quieren enterarse de que detr&aacute;s de ellos no hay nada y que aquel famoso pasaje de <em>El pozo</em> que nos remite a &ldquo;un gaucho, dos gauchos, treinta y tres gauchos&rdquo; sigue teniendo la contundencia de una verdad devastadora. Porque su prosa es compleja y exige dedicaci&oacute;n. Porque sus historias no implican un mensaje o la c&oacute;moda gram&aacute;tica del bienpensar pre masticado, que tanto nos ha abrumado desde el clich&eacute; del escritor comprometido. Porque no quiere agradar, ni ser ejemplar, ni ense&ntilde;arnos nada. Tampoco leen a Rod&oacute;, que en el novecientos fue s&iacute;mbolo del escritor nacional por excelencia y hoy solo es visible en los billetes que estampan su efigie. No es casual que, al igual que Onetti, Rod&oacute; muriera lejos, en Palermo, Sicilia, mugriento y en el ocaso luego de haber iluminado el horizonte de Latinoam&eacute;rica con el ideario contenido en su <em>Ariel</em>. A un siglo de nacido, Onetti marca un antes y un despu&eacute;s en las letras americanas. Anterior al boom &ndash;que fue una creaci&oacute;n editorial- no particip&oacute; del esplendor de aquellas tiradas de miles de ejemplares que sus integrantes disfrutaron, pero, admirado y reconocido por varios de sus integrantes es quiz&aacute;, junto con el otro Juan, Rulfo, el menos glamoroso y el m&aacute;s respetado a medida que pasan los a&ntilde;os.</p>
<p>Para algunos autores uruguayos contempor&aacute;neos, Onetti sigue siendo un faro, un desaf&iacute;o y un ant&iacute;doto contra las tentaciones de lo inmediato y la b&uacute;squeda del &eacute;xito f&aacute;cil. Su manera de encarar el acto de escribir no reconoce otras razones para hacerlo que la del propio placer y una imperiosa necesidad de salvaci&oacute;n por la imposible tarea de emular a Dios mediante la escritura. Inclinados ante su magisterio &ndash;enumero de manera arbitraria y sin autorizaci&oacute;n de ellos- algunos autores de mi pa&iacute;s como Milton Fornaro, Hugo Fontana, Juan Carlos Mondrag&oacute;n &ndash;que adem&aacute;s ha escrito una tesis doctoral sobre el maestro-, Omar Prego Gadea -que fue su amigo-, Henri Trujillo y quien esto escribe, en mayor o menor grado reconocemos en Onetti, m&aacute;s que influencias tem&aacute;ticas o de ambientes &ndash;ni siquiera rozamos su talento- una actitud ante el misterio de escribir que tiene mucho que ver con una &eacute;tica. Suscribimos, sin duda, esta frase que Onetti estamp&oacute; alguna vez en un art&iacute;culo titulado <em>Literatura ida y vuelta</em>: &ldquo;Cuando un escritor es algo m&aacute;s que un aficionado, cuando pide a la literatura algo m&aacute;s que los elogios de honrados ciudadanos que son sus amigos, o de burgueses con mentalidad burguesa que lo son del arte con may&uacute;scula, podr&aacute; verse obligado en la vida a hacer cualquier clase de cosa, pero seguir&aacute; escribiendo. No porque tenga un deber a cumplir consigo mismo ni una urgente defensa cultural que hacer, ni un premio ministerial para cobrar. Escribir&aacute; porque s&iacute;, porque no tendr&aacute; m&aacute;s remedio que hacerlo, porque es su vicio, su pasi&oacute;n y su desgracia.&rdquo;&nbsp;</p>
<p>Pese a los libreros que no lo exhiben ni lo ofrecen &ndash;es m&aacute;s f&aacute;cil vender autoayuda o prosa light a la moda- y a los lectores que se lo pierden por ignorancia o pereza, el monstruo todav&iacute;a nos mira con esos ojos encapotados finales, desprovistos ya de los anteojos de armaz&oacute;n gruesa y oscura, hace un amago de sonrisa con la boca desde&ntilde;osa y amenaza mostrarnos un solo diente, brindar con el vaso abundante de whisky, mover un hombro para indicarnos que ya no importa o afirmar con indiferencia que llover&aacute; siempre. El ha podido resucitar a Larsen, incendiar Santa Mar&iacute;a y hacer nacer a D&iacute;az Grey con m&aacute;s de 30 a&ntilde;os y sin pasado: puede hacer cualquier cosa porque, como ya dijo, en la escritura entran solo &eacute;l y Dios.</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 24 Jan 2020 07:21:53 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Simone Weil: "la virgen roja"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/simone-weil-la-virgen-roja/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas20/enero/SIMONE_WEIL.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;El gran dolor del hombre, que empieza desde la infancia y sigue hasta la muerte, es que mirar y comer sin dos operaciones distintas&rdquo;. Estas palabras de Simone Weil, contenidas en los <em>Cuadernos</em>, bien podr&iacute;an servirnos de hilo rojo para evocar su pensamiento, una reflexi&oacute;n tensada al m&aacute;ximo entre el mirar y el comer, entre el desprecio a lo natural y la urgente perentoriedad del salto a la transcendencia, entre la animadversi&oacute;n frente a la voracidad del yo y la apertura generosa a una alteridad siempre despreciada o ignorada.<strong> </strong></p>
<p>Comer o mirar, no hab&iacute;a t&eacute;rmino medio para Weil, ciertamente. Se cuenta la an&eacute;cdota de que Weil, teniendo apenas cinco a&ntilde;os, no dud&oacute; en privarse voluntariamente de unas golosinas al ver a unos ni&ntilde;os pobres que no pod&iacute;an compr&aacute;rselas. Si el dato es cierto, habr&iacute;a una profunda l&iacute;nea de continuidad hasta su muerte.<strong> </strong>A causa del exceso de trabajo y su conducta asc&eacute;tica &mdash;se impone severas restricciones alimenticias como acto de solidaridad con sus conciudadanos franceses&mdash;, su estado de salud sufre un r&aacute;pido deterioro durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os de su vida. Ingresada en el sanatorio de Ashford, muere exiliada en 1943 con apenas 34 a&ntilde;os. Incluso en el hospital se neg&oacute; a consumir los alimentos que su enfermedad requer&iacute;a. No es casualidad por ello que uno de los especialistas de su obra, Carlos Ortega, haya definido precisamente su figura en t&eacute;rminos parecidos al &ldquo;artista del hambre&rdquo; de Kafka, &ldquo;[&hellip;] un personaje que despierta un s&uacute;bito inter&eacute;s no bien se conocen cuatro detalles de sus &lsquo;capacidades&rsquo;, y al que luego se olvida por la avidez de nuevos espect&aacute;culos o porque el inter&eacute;s se muda en &lsquo;repulsi&oacute;n hacia el espect&aacute;culo del hambre&rsquo;, mientras el artista adelgaza y adelgaza hasta lo ins&oacute;lito, hasta confundirse y ser barrido con la paja de la jaula en la que se le exhibe. Los dos exhalan la misma queja de que nadie vaya a recoger el legado de los secretos de su vocaci&oacute;n&rdquo;<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>.</p>
<p>Sin embargo, aunque en cierto modo la trayectoria intelectual y biogr&aacute;fica de Weil, cuyo centenario se conmemora por estas fechas (1909-1943),&nbsp; se asemeja a la lucha de un alma orientada a morar en las alturas y en pugna contra la gravedad de la tierra, esta ascesis no dej&oacute; de comprometerse nunca con la tarea de erradicar la miseria de este mundo. De ah&iacute; que su peculiar misticismo religioso conviva no sin fricciones con un planteamiento que si bien desborda el horizonte pol&iacute;tico tradicional tambi&eacute;n lo completa en algunos puntos fundamentales.<strong> </strong>La reciente corriente de pensamiento &ldquo;impol&iacute;tico&rdquo; francesa e italiana (Agamben, Esposito, Nancy, Cacciari&hellip;) hunde aqu&iacute; precisamente sus ra&iacute;ces.<strong> </strong>No en vano el peculiar cristianismo existencial y profundamente heterodoxo de<strong> </strong>Weil ha sido reconocido como una de las experiencias intelectuales m&aacute;s singulares del siglo XX. Para Susan Sontag su vida, un s&iacute;mbolo extremo de coherencia, representa el precio que tuvo que pagar el intelectual del siglo pasado por reconciliar vida y doctrina. Tambi&eacute;n fue el modelo del que se sirvi&oacute; Roberto Rossellini para realizar <em>Europa 51</em>, una de sus pel&iacute;culas m&aacute;s conmovedoras. La pel&iacute;cula narra la historia de Irene, esposa de un diplom&aacute;tico extranjero en Roma, cuyo car&aacute;cter fr&iacute;volo se ver&aacute; zarandeado a ra&iacute;z del suicidio de su hijo de doce a&ntilde;os. Desorientada ante esta tragedia, Irene busca un nuevo sentido a su vida, pero queda decepcionada con la pol&iacute;tica. S&oacute;lo su aproximaci&oacute;n a los pobres y su contacto con la gente necesitada le abren un camino hacia una espiritualidad inc&oacute;moda: su voluntad de entrega ser&aacute; incomprendida por el entorno, quien s&oacute;lo percibe en su actitud extravagante indicios de locura. Examinada por los m&eacute;dicos, que no son capaces de comprender que sus actos son el fruto de una inaudita exigencia moral, acabar&aacute; siendo internada en una instituci&oacute;n psiqui&aacute;trica.</p>
<p>No pocas veces fue calificada Weil a lo largo de su vida de &ldquo;demente&rdquo;. Hasta el propio De Gaulle lleg&oacute; a afirmar que &ldquo;estaba loca&rdquo; ante su extravagante propuesta de que la mandaran en paraca&iacute;das a la Francia ocupada. En <em>Le bleu du ciel, </em>Bataille empleaba t&eacute;rminos parecidos para describirla: &ldquo;Llevaba vestidos negros, mal cortados y sucios. Daba la impresi&oacute;n de no ver delante de s&iacute;, y con frecuencia se tropezaba con las mesas al pasar. Sin sombrero, sus cabellos cortos, tiesos y mal peinados, semejaban alas de cuervo a ambos lados de su cara. Ten&iacute;a una nariz grande de jud&iacute;a delgada en medio de una piel macilenta, que sobresal&iacute;a de las alas por debajo de unas gafas de acero. Te desazonaba: hablaba lentamente con la serenidad de un esp&iacute;ritu ajeno a todo; la enfermedad, el cansancio, la desnudez o la muerte no contaban para ella... Ejerc&iacute;a cierta fascinaci&oacute;n, tanto por su lucidez como por su pensamiento alucinado&rdquo;.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Nacida en Par&iacute;s en 1909, Weil comenzar&aacute; a estudiar filosof&iacute;a e historia bajo el magisterio del brillante pensador &Eacute;mile Chartier, m&aacute;s conocido como &ldquo;Alain&rdquo;, que le introduce en el estudio de Spinoza, a partir de ese momento una de sus grandes referencias filos&oacute;ficas. All&iacute; donde la &eacute;tica spinoziana trataba de desprenderse de los lastres de una subjetividad tendente continuamente a recaer en el error y la imaginaci&oacute;n Weil&nbsp; buscar&aacute; un espacio de pureza lejos de esa voracidad hambrienta del yo. Desde el a&ntilde;o 1931 ense&ntilde;a en diversas escuelas francesas y, sin militar en partido alguno &mdash;instalada en la tradici&oacute;n libertaria Weil siempre abomin&oacute; de la adaptaci&oacute;n a las normas de cualquier organizaci&oacute;n burocr&aacute;tica&mdash;, se mueve siempre en ambientes pr&oacute;ximos a la izquierda. En esa &eacute;poca, en la que se afilia al movimiento pacifista de la Liga de los Derechos Humanos e imparte clases en el marco de las organizaciones obreras parisinas, un tema brilla sobre los dem&aacute;s: el prop&oacute;sito de definir las &ldquo;condiciones de una cultura obrera&rdquo; a la luz de una reconsideraci&oacute;n cr&iacute;tica de la categor&iacute;a de trabajo. De un trabajo que es s&oacute;lo alienante, puesto que ha perdido su vertebraci&oacute;n humana y social. &ldquo;La sociedad menos mala &mdash;afirmar&aacute; en <em>Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresi&oacute;n social</em>&mdash; es aqu&eacute;lla donde el com&uacute;n de los hombres se encuentra m&aacute;s a menudo en la obligaci&oacute;n de pensar al actuar, tiene las mayores posibilidades del control sobre el conjunto de la vida colectiva y posee mayor independencia. Adem&aacute;s, las condiciones necesarias para disminuir el peso opresivo del mecanismo social se contrar&iacute;an entre s&iacute; desde que se pasa cierto l&iacute;mite; as&iacute;, no se trata de avanzar lo m&aacute;s lejos posible en una direcci&oacute;n determinada sino, lo que es mucho m&aacute;s f&aacute;cil, de encontrar un cierto equilibrio &oacute;ptimo&rdquo;.</p>
<p>Aunque el tono y el marco de preocupaciones intelectuales de Weil pone de manifiesto una indudable continuidad tem&aacute;tica, suele habitualmente destacarse en su obra dos etapas: una primera de contenido m&aacute;s pol&iacute;tico, que tendr&iacute;a lugar entre los a&ntilde;os 1930 y 1937; y una segunda, m&aacute;s religiosa, aunque igual de heterodoxa, que abarcar&iacute;a desde 1937 hasta su muerte en agosto de 1943. Aunque ella misma se sinti&oacute; inc&oacute;moda para definir su cambio de orientaci&oacute;n con la expresi&oacute;n &ldquo;conversi&oacute;n&rdquo; al cristianismo, el pensamiento de Weil se acerca en esta etapa al campo de la m&iacute;stica: &ldquo;[&hellip;] en un momento de intenso dolor f&iacute;sico, mientras me esforzaba en amar, pero sin creerme en el derecho de dar un nombre a este amor, sent&iacute;, sin estar en absoluto preparada para ello, una presencia m&aacute;s personal, m&aacute;s cierta, m&aacute;s real que la de un ser humano&rdquo; (<em>Pensamientos desordenados</em>).</p>
<p>La raz&oacute;n de este giro se ha atribuido habitualmente a una serie de experiencias personales. Entre ellas, la insatisfacci&oacute;n ante la idea marxista de revoluci&oacute;n y sus propias frustraciones en la Guerra Civil de Espa&ntilde;a, a d&oacute;nde viaja en 1936 para luchar brevemente como miliciana anarquista en el frente de la famosa &ldquo;columna Durruti&rdquo;. A&ntilde;os m&aacute;s tarde, un encuentro<strong> </strong>m&iacute;stico acaecido durante su estancia en el monasterio de Solesmes ahonda en su compromiso religioso, un lazo, dicho sea de paso, siempre heterodoxo: Weil nunca lleg&oacute; a bautizarse ni a integrarse en el marco institucional de la Iglesia.</p>
<p>Los &uacute;ltimos a&ntilde;os de la &ldquo;virgen roja&rdquo; &mdash;as&iacute; era llamada despectivamente por uno de sus profesores de filosof&iacute;a en el Liceo&mdash; siguen marcados por una alta exigencia espiritual, el sentido de la justicia y por su inter&eacute;s por la problem&aacute;tica social. A causa de la ocupaci&oacute;n alemana se traslada, primero, a Marsella &mdash;periodo fruct&iacute;fero que abarca hasta 1942, y m&aacute;s tarde a Estados Unidos e Inglaterra, donde colabora con el &ldquo;Comit&eacute; nacional de la Francia libre&rdquo;.</p>
<p>Sus escritos m&aacute;s importantes, en su mayor parte ensayos, diarios y anotaciones, se publicar&aacute;n p&oacute;stumamente bajo diversos t&iacute;tulos, entre los que destacan <em>La pesanteur et la gr&acirc;ce</em> [<em>La gravedad y la gracia</em>] (1947), <em>L&rsquo;Enracinement</em> [<em>Echar ra&iacute;ces</em>] (1949), <em>Attente de Dieu</em> [<em>A la espera de Dios</em>] (1950), <em>La connaissance surnaturelle</em> [<em>El conocimiento sobrenatural</em>] (1950), <em>La condition ouvri&egrave;re</em> [<em>La condici&oacute;n obrera</em>] (1951), <em>Intuitions pr&eacute;-chr&eacute;tiennes</em> [<em>Intuiciones precristianas</em>] (1951), <em>Lettre &agrave; un religieux</em> [<em>Cartas a un religioso</em>] (1951), <em>Cahiers</em> [<em>Cuadernos</em>] (1951), <em>La source gr&egrave;cque</em> [<em>La fuente griega</em>] (1953), <em>Oppr&eacute;sion et libert&eacute;</em> [<em>Opresi&oacute;n y libertad</em>] (1955), en la que se incluye el importante ensayo, redactado en 1934, &ldquo;R&eacute;flexions sur les causes de la libert&eacute; et de l&rsquo;oppression sociale&rdquo; [&ldquo;Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresi&oacute;n social&rdquo;], <em>&Eacute;crits historiques et politiques</em> [<em>Escritos hist&oacute;ricos y pol&iacute;ticos]</em> (1960), <em>&Eacute;crits de Londres et derni&egrave;res lettres</em> [<em>Escritos de Londres y &uacute;ltimas cartas</em>] (1957) y <em>Pens&eacute;es sans ordre concernant l&rsquo;amour de Dieu</em> [<em>Pensamientos desordenados sobre el amor de Dios</em>] (1964).</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Gnosticismo y funesta gravedad</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Acierta Jos&eacute; Jim&eacute;nez Lozano en definir la posici&oacute;n de Simone Weil como la de alguien que se sit&uacute;a irreversiblemente en el paisaje nihilista posnietzscheano de la &ldquo;muerte de Dios&rdquo;, esto es, en el escenario de &ldquo;[&hellip;] la modernidad total, en la que ya no hay ni calvos ardiendo [&hellip;], es alguien que se entrega a lo Real &uacute;ltimo, no ya &lsquo;ut soi Deus non daretur&rsquo;, sino &lsquo;etsi Deus non datur&rsquo;, y podr&iacute;amos decir que estaba siendo expelido como humo en los crematorios de Auschwitz, y como materia org&aacute;nica en Gulag&rdquo;<a title="" href="#_ftn2">[2]</a>.</p>
<p>En lo concerniente al problema del sentido, como es conocido, el mundo moderno se define cada vez m&aacute;s por la experiencia del declive del Dios Padre y su sustituci&oacute;n por un Dios todopoderoso y paulatinamente m&aacute;s distante del mundo. Weil, sin embargo, en este espacio gn&oacute;stico del pensamiento contempor&aacute;neo, marca distancias con toda tentaci&oacute;n prometeica. Justo lo contrario de la tendencia m&aacute;s recorrida por el pensamiento del siglo XX. &ldquo;Dios, al crear el mundo &mdash;sostiene Weil&mdash;, se retir&oacute; de &eacute;l para venir solo como un mendigo, necesitado y sin fuerza. Pensar a Dios es, pues, pensar su ausencia, su silencio. En este mundo, Dios calla, o lo que es lo mismo, all&iacute; donde reina la necesidad, al bien le est&aacute; como prohibido reinar directamente. Sin embargo, Dios no deja de llamar a los hombres, y un rayo de su luz llega a traspasar a veces la opacidad del mundo tocando a aquel que vac&iacute;a su yo, que consiente y espera. Esta gracia de Dios no puede evitar la subordinaci&oacute;n aplastante del mundo a la necesidad, a la gravedad y a la fuerza; pero puede hacer que el alma no ceje de amar&rdquo;.</p>
<p>En un decisivo texto para comprender este paso gn&oacute;stico contempor&aacute;neo, &ldquo;Imitaci&oacute;n de la Naturaleza&rdquo;<a title="" href="#_ftn3">[3]</a>, Hans Blumenberg analiza en cambio c&oacute;mo la entronizaci&oacute;n de la libertad humana como valor absoluto no s&oacute;lo implic&oacute; la p&eacute;rdida de la ejemplaridad de la Naturaleza, sino que rebaj&oacute; a &eacute;sta a mera condici&oacute;n de objeto o instrumento del progreso. La obra humana no hace referencia a otro ser que le preceda, denotado y presentado por ella, sino que, en la porci&oacute;n de ser que le corresponde en el mundo del hombre, constituye ahora algo originario. Curiosamente, es entonces cuando la dimensi&oacute;n normativa de la Naturaleza &ldquo;implosiona&rdquo; y se transforma en el mero tel&oacute;n de fondo <em>contra</em> el que se desarrolla, por un lado, <em>la voracidad</em> infinita de la voluntad &mdash;el gui&oacute;n humano de la voluntad ilimitada prometeica&mdash; y, por otro, la experiencia de cu&ntilde;o <em>existencialista</em> de crear continuamente <em>ex nihilo </em>el gui&oacute;n de la singularidad, una nueva experiencia de <em>poder</em> que no est&aacute; tan alejada de la idea de la <em>excepcionalidad</em> humana sobre el mundo.</p>
<p>Para Simone Weil, siguiendo aqu&iacute; a Pablo, en el momento en el que Dios se vac&iacute;a en la creaci&oacute;n surge tambi&eacute;n el peligro de que las criaturas se magnifiquen a la luz de una <em>falsa divinidad</em>. En lugar de propiciar este se&ntilde;or&iacute;o, Weil acent&uacute;a actitudes como el abandono y la restituci&oacute;n. La &uacute;nica forma de relacionarse justamente con Dios es, pues, actuar como esclavo. Dicho de otro modo: si la tendencia gn&oacute;stica contempor&aacute;nea parte de este escenario ilimitado para legitimar el &ldquo;se&ntilde;or&iacute;o&rdquo; humano &mdash;si Dios es libre para inventar otros mundos, es evidente que la facticidad no agota las posibilidades del Ser y que el hombre no tiene como misi&oacute;n la reproducci&oacute;n de lo ya dado, sino la honda insatisfacci&oacute;n hacia ello&mdash;, Weil desestima este horizonte constructivista, as&iacute; como su consecuencia: la idea de que el hombre es un <em>ser de excepci&oacute;n</em>, esa declaraci&oacute;n de independencia metaf&oacute;rica que se retrotrae a Pico de la Mir&aacute;ndola: el hombre ad&aacute;nico como autor absoluto del gui&oacute;n del mundo. &ldquo;El abandono en que Dios nos deja es su modo de acariciarnos. El tiempo, nuestra &uacute;nica miseria, es el toque de su mano. La abdicaci&oacute;n mediante la cual&nbsp; nos hace existir&rdquo;.</p>
<p>Contra esta supuesta &ldquo;excepcionalidad&rdquo; antropol&oacute;gica Weil reacciona desde un doble frente. Por un lado, recusando de ra&iacute;z la idea de naturaleza, funesto marco gravitatorio que conduce a una voluntad de poder insaciable e infinita; por otro apelando a una suerte de &ldquo;adelgazamiento&rdquo; de la categor&iacute;a tradicional de subjetividad, ciega por definici&oacute;n a la diferencia y la alteridad. Rechazando las demandas de &ldquo;lo propio&rdquo;, Weil se embarca aqu&iacute; en una lucha de tono muy pascaliano contra ese &ldquo;odioso yo&rdquo; que s&oacute;lo es capaz de metabolizar la realidad al precio de destruirla. &ldquo;Uno se enorgullece <em>siempre</em> de algo de lo que pueden privarle las circunstancias, de manera que el orgullo es una mentira. Ser consciente de esa&nbsp; mentira es lo que constituye la virtud de la humildad. (La desnudez de esp&iacute;ritu.) &Uacute;nicamente los dones de la gracia escapan a las circunstancias, y uno no puede&nbsp; enorgullecerse de tales dones, al menos no en el momento de recibirlos. Contemplar las virtudes que uno posee como un producto exclusivo de las&nbsp; circunstancias y del pasado que ya no le pertenece a uno&rdquo; (<em>Cuadernos</em>).</p>
<p>Para Weil, la salvaci&oacute;n, dada la distancia infinita entre naturaleza y gracia, no puede salvar el abismo m&aacute;s que en un <em>salto</em> al margen del mundo. La indiferencia y la nada del mundo desde el punto de vista ontol&oacute;gico s&oacute;lo pueden ser compensadas por la interioridad absoluta de la dignidad moral. En este sentido toda salvaci&oacute;n constituye un movimiento <em>dram&aacute;tico</em> de renuncia del yo.</p>
<p>Por otro lado, en un mundo definido por el abandono de Dios, Weil concluye que el &ldquo;Mal&rdquo; pasa a ser lo que efectivamente &ldquo;existe&rdquo;, mientras que el &ldquo;Bien&rdquo; s&oacute;lo puede ser algo excepcional. De ah&iacute; tambi&eacute;n que la redenci&oacute;n implique un rechazo del mundo, esto es, sea una repetici&oacute;n de la des-creaci&oacute;n [<em>d&eacute;cr&eacute;ation</em>] de Dios. Dicho de otro modo: el vaciamiento del hombre ha de estar&nbsp; la altura del vaciamiento de Dios. &ldquo;La desdicha est&aacute; realmente en el centro del cristianismo [...] Lo primero que se nos ordena amar es la desdicha: la desdicha del hombre, la desdicha de Dios&rdquo; (<em>A la espera de Dios</em>).</p>
<p>En este marco gn&oacute;stico, de exilio de Dios, si la tendencia natural de la subjetividad es caer por la fuerza de gravedad &mdash;o por &ldquo;necesidad&rdquo;&mdash;, la ascesis del alma ha de consistir en una levitaci&oacute;n capaz de sustraerse al peso de la existencia. A esta capacidad Weil la denomina &ldquo;gracia&rdquo;, un concepto religioso que es declinado por ella desde unas claves muy singulares. &ldquo;Todos los movimientos <em>naturales </em>del alma &mdash;se afirma en el comienzo de <em>La gravedad y la gracia</em>&mdash;se rigen por leyes an&aacute;logas a las de la gravedad f&iacute;sica. La &uacute;nica excepci&oacute;n la constituye la gracia. Siempre hay que esperar que las cosas sucedan conforme a la gravedad, salvo que intervenga lo sobrenatural. Dos fuerzas reinan en el universo: luz y gravedad&rdquo;.</p>
<p>Como muy bien ha se&ntilde;alado Jos&eacute; Luis Pardo: &ldquo;El demonio contra el que Weil se debat&iacute;a con todos los medios a su alcance no es otra cosa que la naturaleza, esa naturaleza que, desde su descubrimiento griego en la sentencia de Anaximandro de Mileto, tiende al equilibrio, a la estabilidad, a la soportabilidad, a rellenar todos los vac&iacute;os y a colmar todas las ausencias. La sorprendente lectura moral de las leyes de la f&iacute;sica que opera Simone Weil hace de la propiedad m&aacute;s caracter&iacute;stica de lo terrestre, su gravedad, la m&aacute;s cabal met&aacute;fora de la presencia del mal en el mundo: &lsquo;Si no existiera gravedad, el bien ser&iacute;a natural, y el mal ser&iacute;a fortuito, sorprendente; en virtud de la gravedad, es al rev&eacute;s&rsquo;. Todos los cuerpos caen. Y todas las almas. El mal no solamente es natural, es la ley de la naturaleza. Y el bien, por el contrario, es excepcional, es incluso una objeci&oacute;n contra las leyes de la f&iacute;sica, como ese milagro por el cual los cuerpos de los santos y de los sabios consiguen <em>levitar</em>, desafiando la ley de la gravedad. Frente a una tradici&oacute;n milenaria que identifica el ser con el bien y el mal con la nada, Simone Weil sostiene que el mal est&aacute; emparentado con la fuerza y con el ser, mientras que el bien pertenece a la familia de la debilidad y de la nada&rdquo;<a title="" href="#_ftn4">[4]</a>. De ah&iacute; que el alma que est&aacute; tocada por la gracia deba dar frutos sobrenaturales, o bien secarse; no le est&aacute; permitido dar simplemente frutos naturales.</p>
<p>En el &aacute;mbito concreto de la redenci&oacute;n de la gravedad weiliana, el umbral de la gracia no conoce m&aacute;s que una experiencia activa de <em>impotencia</em> similar al &ldquo;milagro&rdquo;: el cambio s&uacute;bito de todas las apreciaciones de valor, la renuncia s&uacute;bita a todas las costumbres, la inclinaci&oacute;n inmediata e irresistible hacia personas y objetos nuevos. El m&iacute;stico considera este acto de renacimiento como una intervenci&oacute;n directa de Dios, no de su voluntad, por definici&oacute;n impura. De tal forma que todo entrenamiento en torno al poder de la virtud &mdash;o toda sensaci&oacute;n de orgullo o bienestar&mdash; le resultar&aacute; secundaria.</p>
<p>Dicho esto, lo interesante del caso de Weil es que su &ldquo;sacrificio&rdquo; no desemboca, sin embargo, en ninguna actitud aristocr&aacute;tica de indiferencia hacia el mundo, sino una acentuaci&oacute;n de compromiso con la situaci&oacute;n de los &ldquo;esclavos&rdquo;: &ldquo;Tuve de pronto la certeza de que el cristianismo es por excelencia la religi&oacute;n de los esclavos, que los esclavos no pod&iacute;an dejar de seguirla&nbsp; [...] y yo entre ellos&rdquo;. Con veinticinco a&ntilde;os consigue una licencia de su profesi&oacute;n de maestra y decide conocer de primera mano el mundo obrero. A partir de ah&iacute; trabajar&aacute; como operaria manual en varias f&aacute;bricas, entre ellas la <em>Renault</em>, donde, seg&uacute;n confiesa, recibi&oacute; &ldquo;la marca del esclavo&rdquo;.</p>
<p>Tras sus experiencias personales con la revoluci&oacute;n obrera, sobre todo, en su degeneraci&oacute;n estalinista, y la guerra civil espa&ntilde;ola, Weil considerar&aacute; el poder como una &ldquo;fatalidad&rdquo; que pesa por igual sobre los se&ntilde;ores y los esclavos. La soluci&oacute;n pol&iacute;tica quedar&aacute; paulatinamente difuminada en la soluci&oacute;n religiosa. Como ella misma reconocer&aacute;: &ldquo;[&hellip;] los privilegios, por s&iacute; mismos, no bastan para determinar la opresi&oacute;n. La desigualdad podr&iacute;a ser f&aacute;cilmente suavizada por la resistencia de los d&eacute;biles y el esp&iacute;ritu de justicia de los fuertes, no har&iacute;a surgir una necesidad aun m&aacute;s brutal que las mismas necesidades naturales, si no interviniera otro factor, a saber, la lucha por el poder&rdquo; (<em>Reflexiones sobre las causas de la libertad y la opresi&oacute;n social</em>).<strong> </strong></p>
<p>En virtud de una argumentaci&oacute;n sugerentemente simular a la denuncia nietzscheana del &ldquo;resentimiento&rdquo;, Weil interpreta los sucesos de violencia acaecidos en el siglo como reca&iacute;das constantes en un c&iacute;rculo vicioso. &ldquo;El periodo actual es de aqu&eacute;llos en que en que todo lo que normalmente parece constituir una raz&oacute;n para vivir se desvanece, en que, bajo pena de perderse en la confusi&oacute;n o en la inconsciencia, se debe replantearlo todo. El hecho de que el triunfo de los movimientos autoritarios y nacionalistas que destruye un poco en todas partes la esperanza que las buenas gentes hab&iacute;an puesto en la democracia y en el pacifismo no es m&aacute;s que una parte del mal que sufrimos. Ese mal es mucho m&aacute;s profundo y est&aacute; mucho m&aacute;s difundido&rdquo; (<em>Reflexiones sobre las causas de la libertad y la opresi&oacute;n social</em>).</p>
<p>Asimismo, desconfiada con las reformas del sistema sovi&eacute;tico, Weil llega a la conclusi&oacute;n de que las formas de opresi&oacute;n son m&aacute;s profundas de lo que considera el marxismo e independientes del r&eacute;gimen legal de propiedad del capitalismo. Nada cambia si a las formas tradicionales de opresi&oacute;n les sustituye otra dominaci&oacute;n, la ejercida burocr&aacute;ticamente en nombre de la funci&oacute;n del Partido.</p>
<p>El problema radica en el hecho de que, a causa de su situaci&oacute;n de continua opresi&oacute;n, el hombre se ve &ldquo;obligado&rdquo; naturalmente a desear el mal a quienes desprecia para compensar imaginariamente el desequilibrio causado por la desgracia que &eacute;l mismo padece. Es decir, cuando sufre, intenta extender a otros su malestar, aunque sea por medio de una ficci&oacute;n, para as&iacute; hacer m&aacute;s soportable el suyo. &ldquo;Pues por el hecho mismo de que nunca hay poder sino carrera por el poder y que esta carrera es sin t&eacute;rmino, sin l&iacute;mites, sin medida, ya no hay m&aacute;s l&iacute;mite ni medida en los esfuerzos que exige. Los que se libran a estos esfuerzos, obligados siempre a hacer m&aacute;s que sus rivales, que a su vez se esfuerzan por hacer m&aacute;s que ellos, deben sacrificar la existencia no s&oacute;lo de esclavos, sino la propia y la de los seres m&aacute;s queridos. As&iacute; Agamen&oacute;n inmolando a su hija revive en los capitalistas que, para mantener sus privilegios, aceptan sin preocuparse demasiado guerras capaces de quitarles sus hijos. De este modo la carrera por el poder esclaviza a todo el mundo, a los poderosos como a los d&eacute;biles&rdquo; (<em>Reflexiones sobre las causas de la libertad y la opresi&oacute;n social</em>). Bajo este punto de vista la lucha entre amo y esclavo no tiene desenlace natural, sino &ldquo;innatural&rdquo;. S&oacute;lo la gracia puede salvarnos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>De la l&oacute;gica de los derechos a la l&oacute;gica de las obligaciones</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el contexto de esta aceptaci&oacute;n weiliana del diagn&oacute;stico pascaliano sobre la &ldquo;abominaci&oacute;n&rdquo; del yo cabe tambi&eacute;n entender su reivindicaci&oacute;n de los deberes frente a los derechos. Ha de se&ntilde;alarse en este sentido que Weil en los momentos finales de su existencia (1943) fue invitada por el gobierno en el exilio londinense de De Gaulle a participar en un grupo de trabajo que, dirigido por Louis Closon, elaborara un borrador que sentara las futuras bases pol&iacute;ticas y jur&iacute;dicas de la Francia liberada. Todas estas ideas quedaron recogidas en dos de sus &uacute;ltimas obras <em>&Eacute;crits de Londres et&nbsp; derni&eacute;res lettres </em>y <em>L&rsquo;enracinement </em>(<em>Echar ra&iacute;ces</em>), obra esta &uacute;ltima que Albert&nbsp; Camus &mdash;uno de los principales valedores y editores de la obra de Weil&mdash; consideraba &ldquo;imprescindible&rdquo; para la reconstrucci&oacute;n del futuro de la nueva Europa.</p>
<p>Como puede deducirse de su incesante pol&eacute;mica con la figura &ldquo;soberana&rdquo; del individuo, el planteamiento de Weil contra los derechos parte de su cr&iacute;tica a la construcci&oacute;n de la teor&iacute;a pol&iacute;tica ligada a la emergencia del sujeto burgu&eacute;s y su insuficiente problematizaci&oacute;n del problema de la justicia social. Desde la implantaci&oacute;n de la l&oacute;gica individual de los derechos, el horizonte de la comunidad deja de definirse como un conjunto de personas vinculadas por un deber, por una deuda, por una obligaci&oacute;n de dar, incluso por un &ldquo;sacrificio&rdquo;, para devenir un cuerpo positivo mayor o aglutinante que sus miembros s&oacute;lo tienen ahora &ldquo;en com&uacute;n&rdquo; en calidad de <em>propietarios individuales</em>. Como es conocido, toda la teor&iacute;a pol&iacute;tica desde Hobbes parte de este horizonte. Desde este punto de vista, Weil considera que el marco legislativo de los derechos implica una l&oacute;gica de privilegios &mdash;de &ldquo;inmunidad&rdquo;&mdash; en virtud de la cual el sujeto queda privado de obligaciones o deberes. Los miembros dejan, pues, de tener en com&uacute;n ya una deuda, no est&aacute;n unidos por un deber que los priva de ser due&ntilde;os de s&iacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Weil entiende en cambio que la comunidad no puede pensarse como corporaci&oacute;n de individuos receptores pasivamente de derechos, sino como una invitaci&oacute;n activa a la &ldquo;exposici&oacute;n&rdquo;. Ahora bien, con la implantaci&oacute;n de los derechos el individuo deviene absoluto al ser liberado de la deuda originaria que le vincula a la alteridad, que ahora es contemplada no s&oacute;lo como condici&oacute;n de posibilidad de existencia, sino como &ldquo;amenaza&rdquo; de su identidad falsamente autoconstituida. Weil argumenta por tanto que si las obligaciones tienen que ver con los seres humanos y el sentido impersonal de la justicia, el derecho s&oacute;lo afecta a las &ldquo;personas&rdquo;. De ah&iacute; que haya que asegurarse e inmunizarse mediante un contrato, que diluye la fuerza del originario vivir en com&uacute;n.</p>
<p>El llamado <em>Leviat&aacute;n</em>, pues, disuelve todo v&iacute;nculo distinto del intercambio protecci&oacute;n-obediencia. Lo sacrificado es la relaci&oacute;n entre los hombres, o sea, los hombres mismos, en funci&oacute;n de otro marco, su <em>necesidad</em> &mdash;otro t&eacute;rmino criticado por Weil&mdash;, esto es, su autoconservaci&oacute;n y mera supervivencia. Por ello el problema, seg&uacute;n ella, radica en que la reivindicaci&oacute;n exclusiva de &ldquo;derechos&rdquo;, por muy democr&aacute;tica que sea, no s&oacute;lo no&nbsp; garantiza en absoluto que las necesidades vitales de&nbsp; los m&aacute;s desfavorecidos sean cubiertas &mdash;por lo habitual uno reclama <em>en primer lugar</em> derechos para uno mismo y en segundo lugar para los dem&aacute;s&mdash;, sino que tambi&eacute;n impone una perspectiva subjetivista, ensimismada y, por tanto, ciega ante la demanda de la alteridad. Reconocer p&uacute;blicamente por el contrario las obligaciones hacia el otro implica ser lo suficientemente noble como para atender la perspectiva del otro en su espacio propio, una mirada que s&oacute;lo es&nbsp; posible si el yo se ha vaciado previamente de su obsesi&oacute;n narcisista por reclamar derechos &ldquo;propios&rdquo;.</p>
<p>Por todo lo dicho no es extra&ntilde;o que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os el denominado pensamiento &ldquo;impol&iacute;tico&rdquo; italiano (Giorgio Agamben, Roberto Esposito, Massimo Cacciari, entre otros) haya visto en la figura de Weil un referente indiscutible. Siguiendo la argumentaci&oacute;n de la pensadora de <em>La gravedad y la gracia</em>, ha sido Roberto Esposito quien m&aacute;s ha profundizado en esta estela con resultados harto fruct&iacute;feros. Partiendo de la idea weiliana de la inutilidad de nuestro vocabulario pol&iacute;tico tradicional &mdash;&ldquo;se pueden tomar casi todos los t&eacute;rminos, todas las expresiones de nuestro vocabulario pol&iacute;tico y abrirlos. En su centro se encontrar&aacute; el vac&iacute;o&rdquo;&mdash;, el fil&oacute;sofo italiano ha sometido en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas<strong> </strong>las categor&iacute;as pol&iacute;ticas de la modernidad a una deconstrucci&oacute;n intensa, comparable a la que emprendi&oacute; Weil en su &eacute;poca. Para ambos, las categor&iacute;as pol&iacute;ticas modernas (soberan&iacute;a, poder o libertad, entre otras) han entrado en una zona de insignificancia o, mejor a&uacute;n, de contradicci&oacute;n consigo mismas, para lo cual es necesario tener una mirada diferente &mdash;precisamente &ldquo;impol&iacute;tica&rdquo;, aunque no por ello ni mucho menos apol&iacute;tica ni antipol&iacute;tica&mdash;, capaz no de reactivarlas, sino de llevarlas a su agotamiento definitivo. Ese obst&aacute;culo provendr&iacute;a de una dificultad que inviste la categor&iacute;a misma de &ldquo;representaci&oacute;n&rdquo;, tanto en el sentido (teol&oacute;gico-pol&iacute;tico) de la representaci&oacute;n-imagen del Bien por el poder, como en el sentido (moderno) de la representaci&oacute;n-delegaci&oacute;n de la mayor&iacute;a por una instancia soberana &uacute;nica. De este modo, la perspectiva &ldquo;impol&iacute;tica&rdquo; no es una actitud apol&iacute;tica ni impol&iacute;tica, sino antes bien la pol&iacute;tica considerada desde su frontera exterior, su determinaci&oacute;n, en el sentido de que define los "t&eacute;rminos": las palabras y los l&iacute;mites. De un modo muy parecido a Weil Esp&oacute;sito considera que lo &ldquo;impol&iacute;tico&rdquo; es precisamente el espacio que marca la imposibilidad del pensamiento de adherirse completamente a la realidad de la pol&iacute;tica, imposibilidad radicalmente debida al hecho de que el mal no est&aacute; s&oacute;lo en la realidad de la &rsquo;polis&rsquo; sino inserto en el hombre mismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Experiencia y pobreza</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es esa depurada ascesis orientada a una vida &ldquo;lo m&aacute;s desnuda y herida&rdquo; posible de Weil lo que tambi&eacute;n le acerca una de nuestras mejoras pensadoras: Mar&iacute;a Zambrano. En el acercamiento fenomenol&oacute;gico que ambas realizan al mundo se observa esa incesante voluntad de sacrificio que jam&aacute;s se puede resolver en el pensar. En esta abdicaci&oacute;n subjetiva que para el fil&oacute;sofo tradicional es pura tiniebla ellas encuentran huellas, rel&aacute;mpagos de lucidez&hellip; luz. Y esta luz no aparece sino a quien se vac&iacute;a de la voluntad de poder. Si Weil resplandece ante nosotros en su centenario es por su inmensa fragilidad&hellip; por su <em>fracaso</em>. &ldquo;Se escribe para reconquistar la derrota sufrida siempre que hemos hablado largamente&rdquo;, comentaba Zambrano. Lo mismo vale para Weil: es justo su debilidad lo que la convierte en contempor&aacute;nea necesaria. En cierto modo, su modesto e inc&oacute;modo gesto de apertura al vac&iacute;o creador.</p>
<p>Es un dato bien conocido que Weil era muy hostil en general al discurso est&eacute;tico. Estimaba las tragedias de Esquilo y S&oacute;focles, los poemas de Villon, la Il&iacute;ada y, sobre todo, el <em>Rey Lear</em> de Shakespeare. En cierto sentido la heterodoxa ubicaci&oacute;n de Weil en el escenario filos&oacute;fico contempor&aacute;neo no se encuentra por otro lado muy lejos del mensaje &ldquo;alqu&iacute;mico&rdquo; del &ldquo;Lear&rdquo; shakespeareano: es preciso viajar a los bajos fondos y lugares m&aacute;s desolados del alma para redimirnos. Al final de la obra asistimos al proceso de c&oacute;mo el cuerpo desnudo en la intemperie del monarca provoca la transmutaci&oacute;n de su coraz&oacute;n de piedra en fluido humano. S&oacute;lo su fracaso como rey poderoso le humaniza, le acerca al sufrimiento de su pueblo. Mientras analizaba las heridas infligidas al narcisismo humano tambi&eacute;n Freud, en clara alusi&oacute;n al Lear, recomendaba al iluso que se jactaba de ser soberano de su alma descender a los estratos m&aacute;s profundos de &eacute;sta para llegar a conocerse. En el fondo, la imagen de ese monarca desterrado que desciende a los abismos de la experiencia para comprender el valor de la humanidad, &iquest;no es la imagen de la propia filosof&iacute;a de Weil, obligada a descender a lo singular y a justipreciar la obstinada presencia de las cosas, esa <em>pasividad </em>continuamente mancillada por la &ldquo;vigorexia&rdquo; filos&oacute;fica de la era moderna? &iquest;No reta del mismo modo el discurso de Weil, en tanto que ejercicio de verdad viva, al discurso filos&oacute;fico tradicional, ese monarca, como Lear, con pies de barro y coraz&oacute;n de piedra? Tal vez por ello &ldquo;conectar&rdquo; con la palabra de Weil equivale a alcanzar un nivel de pobreza y de sencillez incomparables, acceder a una econom&iacute;a expresiva muy poco com&uacute;n. Deleuze hablaba de la elegancia &ldquo;involutiva&rdquo; de algunos escritores, de una anorexia que avanza simplificando, economizando hasta tocar el hueso mismo de las cosas. En cierto modo los escritos de Weil parecen revelar este mismo desbordamiento por sobriedad.</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Carlos Ortega, &ldquo;Introducci&oacute;n&ldquo; a <em>La gravedad y la gracia</em>, Madrid, Trotta, 1999,&nbsp; p. 23.</p>
</div>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Jim&eacute;nez Lozano, J., &ldquo;Querid&iacute;sima e irritante Simone Weil&rdquo;, en <em>Archipi&eacute;lago</em>, n&ordm; 43/2000, p. 19</p>
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<div>
<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Imitaci&oacute;n de la Naturaleza&rdquo;, en <em>Las realidades en que vivimos</em>, Barcelona, Paid&oacute;s, 1999.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pardo, J. L. &ldquo;&iquest;Todos los cuerpos caen?&rdquo;, en <em>Babelia</em>, suplemento cultural de <em>El Pa&iacute;s</em>, 16 de junio de 2001, p. 16.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Fri, 24 Jan 2020 07:18:20 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hippogypoi, sin anomalías]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/hippogypoi-sin-anomalias/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas20/enero/FRANCISCO_FERRER_LER_N_3.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 540px;">No hab&iacute;a elegido ninguna profesi&oacute;n concreta</p>
<p style="padding-left: 540px;">quiz&aacute; buscador</p>
<p style="padding-left: 540px;">de pucheros repletos de tierra quemada y monedas de oro</p>
<p style="padding-left: 540px;">Berthold</p>
<p style="padding-left: 540px;">extra&ntilde;o nombre ubicado en lo m&aacute;s alto de la sierra</p>
<p style="padding-left: 540px;">donde se recuerda el paso de inmensos reba&ntilde;os de ovejas</p>
<p style="padding-left: 540px;">por el Puente Pasotierra</p>
<p style="padding-left: 540px;">uno de los cinco pasos, el central,</p>
<p style="padding-left: 540px;">la voz del hombre</p>
<p style="padding-left: 540px;">una voz ya hoy no productiva</p>
<p style="padding-left: 540px;">y en concreto</p>
<p style="padding-left: 540px;">la idea de disminuci&oacute;n</p>
<p style="padding-left: 540px;">la disminuci&oacute;n del flujo</p>
<p style="padding-left: 540px;">del caudal de ganado</p>
<p style="padding-left: 540px;">y de todos nosotros</p>
<p style="padding-left: 540px;">quiz&aacute; el diminutivo, los diminutivos,</p>
<p style="padding-left: 540px;">pero siempre el Simorg</p>
<p style="padding-left: 540px;">en el que ellos se anulaban</p>
<p style="padding-left: 540px;">el Simorg eran ellos</p>
<p style="padding-left: 540px;">y yo la destrucci&oacute;n del mundo</p>
<p style="padding-left: 540px;">por tres veces</p>
<p style="padding-left: 540px;">alma agobiada</p>
<p style="padding-left: 540px;">siempre lector de obras primigenias</p>
<p style="padding-left: 540px;">atleta de las im&aacute;genes</p>
<p style="padding-left: 540px;">aunque en bot&aacute;nica soy tan exiguo</p>
<p style="padding-left: 540px;">como abundante en otros conocimientos</p>
<p style="padding-left: 540px;">como la raz&oacute;n de la miel</p>
<p style="padding-left: 540px;">los vientos desobedientes</p>
<p style="padding-left: 540px;">o el rastro de la gelatina en el h&iacute;gado gigante.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">A m&iacute;</p>
<p style="padding-left: 540px;">deben imaginarme como a un hombre moreno</p>
<p style="padding-left: 540px;">al que se le atribuyen ciertos inventos</p>
<p style="padding-left: 540px;">(s&eacute; dar vida a las panteras)</p>
<p style="padding-left: 540px;">hombre del futuro</p>
<p style="padding-left: 540px;">supergordo sentado en cama</p>
<p style="padding-left: 540px;">cr&aacute;neo modificado</p>
<p style="padding-left: 540px;">que dej&oacute; de andar</p>
<p style="padding-left: 540px;">de manipular</p>
<p style="padding-left: 540px;">de proferir discursos de aparato</p>
<p style="padding-left: 540px;">soy Berthold a&uacute;n</p>
<p style="padding-left: 540px;">pero no conduzco ya el reba&ntilde;o</p>
<p style="padding-left: 540px;">de ahora en adelante</p>
<p style="padding-left: 540px;">rememoro la impostura</p>
<p style="padding-left: 540px;">sanciono los encomios (<em>Elogio de la mosca</em>)</p>
<p style="padding-left: 540px;">capturo peces con sabor a vino</p>
<p style="padding-left: 540px;">y me enjuago en las fuentes de la sabidur&iacute;a</p>
<p style="padding-left: 540px;">pero</p>
<p style="padding-left: 540px;">la verdad</p>
<p style="padding-left: 540px;">es que en esta larga tarde de domingo</p>
<p style="padding-left: 540px;">&eacute;poca patria</p>
<p style="padding-left: 540px;">s&oacute;lo pienso</p>
<p style="padding-left: 540px;">en c&oacute;mo ser&aacute; mi muerte</p>
<p style="padding-left: 540px;">si la profec&iacute;a fiel se cumple</p>
<p style="padding-left: 540px;">y en edad muy avanzada</p>
<p style="padding-left: 540px;">soy devorado por perros.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 24 Jan 2020 07:11:36 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En torno a Lev Tolstói. Una vez más]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/en-torno-a-lev-tolstoi-una-vez-mas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2020/tolstoi500.jpg" alt="" /></p>
<p>No hace mucho, sobre la mesa de novedades de una librer&iacute;a me sorprendi&oacute; la cubierta de un grueso libro: era una vieja fotograf&iacute;a de Le&oacute;n Tolst&oacute;i, ya anciano, dando un paseo entre la nieve. Esa imagen, reclamo escogido por los editores del volumen de V. B. Shklovski, <em>Lev Tolst&oacute;i</em> (2019), viv&iacute;a en mis recuerdos desde que, hace muchos a&ntilde;os, la descubr&iacute; en uno de los libros que conservo con mayor cari&ntilde;o, adquirido a un precio irrisorio entre los entonces importados de la URSS por la antigua Librer&iacute;a Rubi&ntilde;os, lamentablemente desaparecida hace tiempo. Reci&eacute;n licenciado entonces y metido a&uacute;n en mi tesis doctoral, frecuentaba yo aquella librer&iacute;a, interesado por una revista mensual de literatura sovi&eacute;tica y el fondo ruso de excelentes obras de arte o literatura al alcance de cualquier bolsillo. Aquel hermoso libro versaba sobre Y&aacute;snaya Polyana y la vida del famoso novelista, y estaba dotado con abundant&iacute;simas fotograf&iacute;as de una y otra (<em>Ясная Поляна</em>. Москва 1978 / Y&aacute;snaya Poly&aacute;na, Mosc&uacute; 1978). Pues bien, como he podido comprobar, en su p&aacute;gina 153 se publicaba la que, un tanto recortada, ilustra ahora las cubiertas y solapas de esta biograf&iacute;a de Tolst&oacute;i. No s&eacute; por qu&eacute;, aquella antigua foto se qued&oacute; prendada en mis recuerdos y, cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s, repetida en la edici&oacute;n de <em>Casus Belli</em>, me ha empujado a abrir las p&aacute;ginas del volumen, enfrascarme en su lectura y dedicarle estas l&iacute;neas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como bien saben los especialistas, V&iacute;ktor Bor&iacute;sovich Shklovsli (1893-1984) fue el m&aacute;s destacado representante del Formalismo ruso, movimiento pionero que, en las primeras d&eacute;cadas del pasado siglo, se alz&oacute; en pro de una teor&iacute;a cient&iacute;fica moderna sobre la cr&iacute;tica literaria. Cierto que &eacute;sta pose&iacute;a ya una larga tradici&oacute;n (D. Vi&ntilde;as, <em>Historia de la cr&iacute;tica literaria</em>, Barcelona 2017) y que, durante la segunda mitad del siglo XIX, con el celeb&eacute;rrimo Charles A. Saint-Beuve (1804-1869), el Positivismo y la obra de Gustave Lanson (1857-1934), comenz&oacute; a asentarse como pr&aacute;ctica respetada. Pero, de todas formas, crear una verdadera ciencia fue objetivo original del Formalismo ruso, que marc&oacute; &ldquo;<em>los principales caminos seguidos por la cr&iacute;tica literaria en el siglo XX</em>&rdquo; (D. Vi&ntilde;as 2017: 357). Luego vendr&iacute;an la correcci&oacute;n marxista, el Realismo socialista, Mija&iacute;l Batj&iacute;n (1895-1975) y todas las teor&iacute;as defendidas durante el siglo XX. Y el mismo Shklovsky, que con apenas treinta a&ntilde;os public&oacute; su teor&iacute;a de la prosa (<em>Теории прзы</em>, Москва 1925 / <em>Sobre la prosa literaria</em>, Barcelona 1971), hab&iacute;a evolucionado bastante cuando casi cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s escribi&oacute; la biograf&iacute;a que consideramos (<em>Лев Толстой,</em> Москва 1963). Por eso, esta obra no es una exposici&oacute;n combativa, sino un libro ameno y lleno de datos interesantes y novedosos. Sin embargo, su estructura y l&iacute;neas revelan el alma te&oacute;rica de su autor quien, dej&aacute;ndola traslucir, revela al tiempo que, con los a&ntilde;os transcurridos, hab&iacute;a asumido no pocas de las virtudes que Leopoldo Alas-Clar&iacute;n (<em>Mezclilla</em>, Barcelona 1987) confer&iacute;a a la buena cr&iacute;tica. Porque, al fin y al cabo, este libro es fruto de la espl&eacute;ndida madurez de uno de los mejores te&oacute;ricos de la cr&iacute;tica literaria del siglo XX.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La relevancia de Lev Tolst&oacute;i en la literatura europea y mundial es tan notoria, que cualquier nuevo estudio sobre su obra y vida ha de ser bienvenido. M&aacute;s a&uacute;n por ser &eacute;sta rusa, cuando la forzada anglosajonizaci&oacute;n del actual panorama editorial omite casi la traducci&oacute;n de ensayos no escritos en ingl&eacute;s, mientras que el obligado William C. Faulkner se reivindica como padre de cuanta hispana vocaci&oacute;n literaria se precie. Y ello, pese a que su lenguaje e inquietudes tengan tan poco que ver con nuestro mundo y nuestros horizontes mentales y f&iacute;sicos. Si Emilia Pardo Baz&aacute;n o Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s levantaran la cabeza quedar&iacute;an asombrados. Sin embargo, no ocurre lo mismo con Lev Tolst&oacute;i, pues siendo ruso y profundamente ruso, sus temas y sus sentimientos calaron hondo en nuestra Europa, pues nos reconocemos en &eacute;l. Por eso influy&oacute; tanto en muchos autores del continente y es todo un cl&aacute;sico de la mejor cultura europea. Asombran por tanto algunas distorsiones debidas a inexplicables razones: 6 p&aacute;ginas dedicadas al ruso Tolst&oacute;i frente a las 26 (<em>sic</em>) consagradas al polaco A. Mickiewiz, en una gruesa <em>Historia de las literaturas eslavas</em> (F. Presa Gonz&aacute;lez, ed., 1997: 1141-1147 y 693-719 respectivamente). Notable. M&aacute;s all&aacute; de lo &ldquo;nacional&rdquo;, Lev Tolst&oacute;i vive en el alma de las literaturas europea y rusa. Y en &eacute;sta, porque como se ha escrito antes, sin el realismo de Pushkin, G&oacute;gol o L&eacute;rmontov, Tolst&oacute;i &ldquo;<em>no habr&iacute;a dado frutos como La guerra y la paz y Anna Kar&eacute;nina</em>&rdquo; (E. Lo Gatto, <em>La literatura rusa moderna</em>, Buenos Aires 1972: 338-339): pero sin &eacute;l, yo creo que tampoco Korolenko, Ch&eacute;jov, Gorki, Bulg&aacute;kov, Sh&oacute;lojov, Grossman, Ryb&aacute;kov o Aksi&oacute;nov habr&iacute;an tenido el mismo suelo firme bajo sus pies.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No abundan las buenas biograf&iacute;as sobre Lev Tolst&oacute;i en espa&ntilde;ol, aparte la excelente y ya cl&aacute;sica de Henri Troyat <em>Tolst&oacute;i </em>(Bruguera, Barcelona 1984, 3 vols.: la francesa en 1965). Ruso emigrado en la ni&ntilde;ez a Francia -su nombre real era Lev Aslan&oacute;vich Tar&aacute;sov-, escribi&oacute; una semblanza muy amena, amparada en fuentes originales. Sin embargo, algo me dice que pudo tener sobre su mesa el libro de Shklovski, publicado en Mosc&uacute; dos a&ntilde;os antes, por m&aacute;s que no aparezca citado en las notas finales. A&ntilde;os antes, la Editorial Prensa Espa&ntilde;ola hab&iacute;a publicado una biograf&iacute;a menor, pero muy did&aacute;ctica, en su colecci&oacute;n <em>Los Gigantes de la Literatura</em> (1972) -traducci&oacute;n de la editada en Italia por Mondadori, sin constancia de autor-, y m&aacute;s tarde, apareci&oacute; otra muy breve pero curiosa, de la mano de E. Aparicio Cort&eacute;s (<em>L. N. Tolst&oacute;i (1828-1910)</em>, Ediciones del Orto, Madrid 1998). Con alguna m&aacute;s, tambi&eacute;n hay estudios y evocaciones (M. Wiesenthal: 2010) o entrevistas reunidas (J. Bustamante, ed..: 2012). Pero lo disponible sabe a poco. Ser&iacute;a estupendo contar con una recopilaci&oacute;n crono-biogr&aacute;fica de documentos, como la que Igor N. Sujij dedicara a Ch&eacute;jov (<em>Ch&eacute;jov en vida. Una biograf&iacute;a en documentos</em>, Alba Editorial, Barcelona 2011): pero no la hay. As&iacute; que, por todas estas razones y su propia entidad, esta edici&oacute;n espa&ntilde;ola es una grata nueva.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desde la primera p&aacute;gina, con la dedicatoria del libro a Bor&iacute;s M. Eijenbaum (1886-1959), su camarada en la lucha por el formalismo, m&aacute;s la inclusi&oacute;n de una cita de Lenin sobre la grandeza de Tolst&oacute;i a partir de las memorias de M. Gorki (p. 7), comprendemos el m&eacute;todo y circunstancias del estudio de Shklovski: un cierto sincretismo fruto de la evoluci&oacute;n de su propia vida. Las reservas que a muchos lectores pueda causarles esa y otras citas de Lenin desaparecen en cuanto se inicia la lectura de las 802 p&aacute;ginas del libro, seguidas con la avidez del cazador tras la aventura vital y literaria del maestro ruso. As&iacute; que nada de abrumador infolio acad&eacute;mico, sino un libro de esos que, cuando se acaban, producen una &iacute;ntima sensaci&oacute;n de abandono y nostalgia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De obligada lectura es la breve introducci&oacute;n de los traductores y editores, G. Luki&aacute;nina y J. M&ordf; Ca&ntilde;adas (pp. 9-13). En contadas p&aacute;ginas desmenuzan la esencia del m&eacute;todo aplicado por Sklovski: sincretismo -formalismo, vida de Tolst&oacute;i, documentaci&oacute;n exhaustiva en los 90 tomos de las obras completas, cartas y diarios incluidos- e inter&eacute;s por el proceso de creaci&oacute;n de las obras de Lev Mij&aacute;ilovich m&aacute;s que por las obras en s&iacute;. Y en cuanto a su vida, atenci&oacute;n no s&oacute;lo a los hechos en relaci&oacute;n con las obras, sino tambi&eacute;n a lo que los editores llaman temas transversales mantenidos: el sentimiento de huida, la liberaci&oacute;n de las presiones externas, la lucha contra los prejuicios y el inter&eacute;s por las cosas cotidianas. Una vez entendido esto, el lector puede saborear plenamente una biograf&iacute;a fuera de lo com&uacute;n. Por lo dem&aacute;s, salvo inexplicables errores tipogr&aacute;ficos en el &iacute;ndice y alguna m&iacute;nima cuesti&oacute;n discutible en la traducci&oacute;n -como repetir el viejo error de las ediciones espa&ntilde;olas, que hablan de &ldquo;<em>kanes</em>&rdquo; mongoles en lugar de <em>janes</em> -aqu&iacute;, &ldquo;<em>kanato</em>&rdquo; de los &ldquo;avares&rdquo; (mejor, &aacute;varos) del C&aacute;ucaso (p. 702)-, por influencia de la versi&oacute;n inglesa, &ldquo;<em>khan</em>&rdquo;. Aunque en ruso se escriba correctamente <em>ханство</em> (transcripto &ldquo;janstbo&rdquo;, janstba para nuestro o&iacute;do&rdquo;: nuestro <em>janato</em>) y <em>хан</em>, que suena &ldquo;jan&rdquo;, como deber&iacute;a siempre escribirse en espa&ntilde;ol: <em>jan</em>. Pero minucias aparte, la empresa de los editores ha sido colosal y de resultados magn&iacute;ficos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cinco densas partes -por s&iacute; mismas, verdaderos libros- comienzan con una primera (pp. 15-178) dedicada a la familia y su entorno, la &eacute;poca de estudiante, sus primeras lecturas serias y la incorporaci&oacute;n al ej&eacute;rcito del C&aacute;ucaso tras su hermano Nikol&aacute;i, oficial de artiller&iacute;a. En la Segunda Parte (pp. 179-356), adem&aacute;s de seguir experiencias vitales que tallaron su alma de forma tan intensa, como la Guerra de Crimea (1853-1856), sus viajes por Europa y su amistad con A. I. H&eacute;rzen o Iv&aacute;n S. Turg&eacute;niev, las experiencias docentes con sus campesinos y su matrimonio, Sklovski considera obras como <em>Infancia</em>, <em>Los cosacos</em>, <em>Sebast&oacute;pol</em> o <em>El diablo</em>, aplicando su particular m&eacute;todo de analizar el proceso y el entorno de la obra m&aacute;s que describirla. Y ley&eacute;ndole, nos damos cuenta de que estamos ante algo realmente diferente a las biograf&iacute;as y los estudios literarios al uso. La impresi&oacute;n se fortalece m&aacute;s a&uacute;n en la Tercera Parte (pp. 357-511), en la que a m&aacute;s de los pensamientos y dudas de Tolst&oacute;i -atenci&oacute;n a la celeb&eacute;rrima noche de Arzamas (pp. 400-402)-, se consideran obras tan especiales como <em>Guerra y paz</em>, <em>El Abecedario</em> o <em>Anna Kar&eacute;nina</em>. En cuanto a &eacute;sta, creo que por vez primera un analista destaca algo esencial: la brevedad de sus cap&iacute;tulos y el desarrollo de temas completos y en lugares determinados en cada uno de &eacute;stos (p. 467), lo que confiere al relato y sus avatares un car&aacute;cter &uacute;nico. Ya en la Cuarta Parte (pp. 513-646) asistimos a la vida de Tolst&oacute;i con Sof&iacute;a, las viviendas familiares, sus congojas espirituales y remordimientos -la riqueza y las tierras, la propiedad literaria-, el encuentro con Vlad&iacute;mir G. Chertkov o la implicaci&oacute;n en la lucha contra la hambruna de 1891. Adem&aacute;s, Shklovski aborda consideraciones de enorme inter&eacute;s, como las que dedica a &ldquo;<em>c&oacute;mo nac&iacute;a un libro</em>&rdquo; (pp. 584-590), precisamente en torno a una de las obras m&aacute;s debatidas de Lev Nikol&aacute;yevich, <em>La sonata a Kreutzer</em>: y en fin, somete a un an&aacute;lisis desmenuzado una obra estremecedora: <em>La muerte de Iv&aacute;n Ilich</em>. En fin, en la quinta y &uacute;ltima parte (pp. 647-799) considera Shklovski las &uacute;ltimas grandes novelas como <em>Resurrecci&oacute;n</em> &ndash;&ldquo;<em>relato del amor, m&aacute;s poderoso que el relato sobre el arrepentimiento</em>&rdquo; (p. 660) o la tr&aacute;gica aventura de <em>Jady&iacute; Murat</em>. Pero tambi&eacute;n el paso del tiempo, los cambios y la naturaleza en Mosc&uacute; o Y&aacute;snaya Poly&aacute;na, su extra&ntilde;amiento de las clases dominantes de Rusia y su conversi&oacute;n progresiva en figura admirada, polo de atracci&oacute;n de pacifistas y luchadores del mundo, como Gandhi (pp. 723-724). Y con las luchas por la herencia, su huida y muerte, esta obra monumental se cierra en la p&aacute;gina 799, dejando en nosotros la sensaci&oacute;n que arriba evocaba y a la vez, la certeza de que tenemos en nuestras manos una biograf&iacute;a &uacute;nica. En resumen, una excelente y novedosa biograf&iacute;a.</p>
<p align="right"><em>&nbsp;</em></p>
<p>V&iacute;ctor Shklovski, <em>Lev Tolst&oacute;i</em>. Traducci&oacute;n, introducci&oacute;n y notas de Galina Luki&aacute;nina y Jos&eacute; M&ordf; Ca&ntilde;adas, Ediciones Casus-Belli, Madrid 2019.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 16 Jan 2020 08:56:46 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La  trinidad venezolana]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-trinidad-venezolana/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2020/Danilo500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;<strong>1.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No s&eacute; c&oacute;mo fue que respond&iacute;:</p>
<p>&ndash;No se preocupe, abogado, puedo viajar.</p>
<p>Realmente estaba harto del trabajo en ese bufete de abogados tras casi un a&ntilde;o cumpliendo con todo tipo de encargos para esos que te miran como si estuvieran haci&eacute;ndote un favor. No me parec&iacute;a verdad que me pidieran que me fuera de viaje y adem&aacute;s solo. Tal vez deber&iacute;a haber prestado m&aacute;s atenci&oacute;n. De hecho, el jefe hab&iacute;a mencionado:</p>
<p>&mdash;Encontramos un pasaje de avi&oacute;n y el hotel &ndash;incluye las comidas&ndash; ya est&aacute; pagado por diez d&iacute;as. All&iacute; te explicar&aacute;n c&oacute;mo moverte. El traslado desde y hacia el aeropuerto est&aacute; reservado. Ten mucho cuidado: Caracas es una ciudad peligrosa, no salgas de noche. Este dinero es para gastos peque&ntilde;os. Nos mantenemos en contacto por Internet.</p>
<p>Pero la misi&oacute;n, aunque fuera muy imprecisa, casi para un detective, me intrigaba:</p>
<p>&mdash;Nuestro cliente es muy rico. De hecho, no le interesan los bienes del pariente fallecido, que se pele&oacute; con la familia y hac&iacute;a much&iacute;simo tiempo que no sab&iacute;an nada de &eacute;l. Quiere saber qu&eacute; pas&oacute; exactamente, c&oacute;mo viv&iacute;a y si dej&oacute; descendencia en Venezuela. Es in&uacute;til ir a la Embajada. S&oacute;lo mandaron el certificado de defunci&oacute;n, que por otro lado consiguieron de casualidad, pero no saben nada m&aacute;s. Giuseppe Foglienzi no era miembro de ning&uacute;n club italiano, probablemente no le importaba su patria. En este dossier est&aacute;n los pocos datos que tenemos.</p>
<p>Adem&aacute;s de saber espa&ntilde;ol, me preguntaba por qu&eacute; habr&iacute;an elegido a un reci&eacute;n graduado en Derecho. Ahora lo entiendo. Nadie querr&iacute;a venir aqu&iacute; y no esperaban ning&uacute;n resultado. Pero aquel cliente era demasiado importante para negarle ni siquiera un capricho.</p>
<p>&mdash;Acu&eacute;rdate de sacarte <em>selfies</em> en los lugares y con la gente. Solo tenemos que demostrar que lo intentamos. Si puedes descubrir cualquier cosa, tanto mejor.</p>
<p>Desde el aeropuerto de Maiquet&iacute;a hay una autopista que ha visto mejores tiempos: sube por la monta&ntilde;a, luego la deja a la izquierda, muy verde, bajo un cielo esplendoroso y entra en la ciudad entre filas de edificios alt&iacute;simos. El taxista me dibuja un panorama bastante aterrador. En el hotel hay guardias armados, me repiten que no puedo por nada salir solo, menos que menos por la noche y que el hotel tiene un piano bar y televisi&oacute;n con canales en todos los idiomas. Por suerte, durante el Erasmus de Barcelona, conoc&iacute; a un venezolano, Luis Alberto. &Eacute;l estudi&oacute; Ciencias Sociales. No es que fu&eacute;semos muy unidos, pero de vez en cuando nos escrib&iacute;amos. S&eacute; que es investigador en una universidad, est&aacute; casado y tiene un hijo. Luis Alberto me hab&iacute;a anticipado la misma informaci&oacute;n que todos me repiten, pero me dijo que viniera de todas formas, que debo ver Caracas ahora, que se ocupar&aacute; de m&iacute;. No ten&iacute;a muchas opciones y aqu&iacute; estoy. Le avis&eacute; por <em>WhatsApp</em> y ya est&aacute; en camino al hotel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>2. </strong></p>
<p>Luis Alberto y su esposa Flor&aacute;ngela viven en un peque&ntilde;o apartamento. Est&aacute; en un gigantesco condominio en ruinas. Sus habitaciones dan la sensaci&oacute;n de una mudanza en curso: todo est&aacute; en cajas, con muebles improvisados, salvo por las paredes &ndash;cubiertas de pinturas y dibujos: Flor&aacute;ngela es pintora&ndash; y por las pilas ordenadas de libros. La cocina tambi&eacute;n est&aacute; bien equipada, pero no hay casi nada para comer. O mejor dicho: todo lo que hay es para el ni&ntilde;o.</p>
<p>&mdash;A Dios gracias los padres de Flor&aacute;ngela viven en el campo y a veces nos traen algo. Aqu&iacute;, si es que encuentras comida, los precios son imposibles. &iexcl;Estamos todos flacos, todos a dieta!</p>
<p>Luis Alberto resuelve mi problema de pagar en un pa&iacute;s sin dinero en efectivo al darme su tarjeta de cr&eacute;dito local, pero me advierte que no tiene mucho saldo y le llevar&aacute; un par de d&iacute;as cambiar mis euros en el mercado negro y depositarlos all&iacute;. Con la tarjeta de cr&eacute;dito italiana me aplicar&iacute;an el tipo de cambio oficial. Infinitamente m&aacute;s bajo que el real, lo publica diariamente la p&aacute;gina <em>dolartoday.com</em> y sube de hora en hora.</p>
<p>Fuimos a la direcci&oacute;n que dio Giuseppe Foglienzi en el hospital, pero el n&uacute;mero no existe. En las casas cercanas nos dijeron que no lo conoc&iacute;an. Despu&eacute;s fuimos directamente al hospital, bastante destartalado, donde un joven m&eacute;dico nos dice que es imposible hacer la b&uacute;squeda. En medio de los enormes problemas que tienen no hay suministros y no saben con qu&eacute; tratar a la gente, enferma por la propagaci&oacute;n de las epidemias. Pero luego busc&oacute; en unos archivos de la computadora y encontr&oacute; que Foglienzi lleg&oacute; al final de su vida y se le expidieron dos certificados de defunci&oacute;n: uno para la embajada italiana &ndash;porque lo hab&iacute;an registrado como italiano&ndash; y otro para la familia, que lo hab&iacute;a retirado. As&iacute; que hay una familia que buscar.</p>
<p>Logramos convencer al doctor de que se tome un caf&eacute; con nosotros. Me viene a la mente mi t&iacute;o: muy izquierdista, quien antes de partir me cont&oacute; varias cosas sobre Venezuela, as&iacute; que en la conversaci&oacute;n saco la historia de los m&eacute;dicos cubanos que llegaron por solidaridad. Me miran sorprendidos:</p>
<p>&mdash;Se fueron, muchos no volvieron a su pa&iacute;s, aqu&iacute; s&oacute;lo quedan los militares y los esp&iacute;as cubanos. Hasta buenas personas eran algunos, pero los estudios de Medicina en Venezuela no est&aacute;n para nada atrasados. Y como quiera que sea le pagamos a los cubanos con una gran cantidad de barriles de petr&oacute;leo.</p>
<p>En el camino, de regreso a su casa, Luis Alberto sigue:</p>
<p>&mdash;Somos un pa&iacute;s colonizado por Cuba: controlan la seguridad nacional, los servicios secretos, las fuerzas especiales. Fidel Castro condicion&oacute; y dirigi&oacute; todos los movimientos de Ch&aacute;vez. Parec&iacute;a imposible terminar peor que Cuba, pero lo hemos conseguido: ahora estamos peor que ellos tras la ca&iacute;da del Muro de Berl&iacute;n.</p>
<p>Luego me cuenta sobre sus clases en la universidad: a veces falta el agua o la luz y cada semana algunos de los estudiantes o colegas salen de Venezuela y se van de repente.</p>
<p>&mdash;Muchos amigos est&aacute;n en el extranjero, con mejor o peor suerte.</p>
<p>Caracas est&aacute; hecha polvo, por decir lo menos, se puede entender que en otros tiempos debi&oacute; ser rica, bella, efervescente de cultura y diversi&oacute;n. Ahora parece una ciudad muy triste, recorrida por gente preocupada y asustada, con largas colas frente a tiendas casi vac&iacute;as. Analizamos el problema de movernos por la ciudad. Luis Alberto le pregunta a su esposa qui&eacute;n puede llevarme.</p>
<p>&mdash;Mi hermana puede hacerlo &mdash;responde Flor&aacute;ngela.</p>
<p>&mdash;&iquest;Tilta? No s&eacute; qui&eacute;n es m&aacute;s peligrosa, Caracas o tu hermana.</p>
<p>&mdash;&iquest;Conoces a alguien m&aacute;s que vaya a cualquier parte cuando le da la gana? Hablar&eacute; con ella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>3.</strong></p>
<p>Tilta viste de motociclista. Sobre el casco, un destello dorado. La cara llena de pecas, ojos muy oscuros, pelo corto y rubio claro. Me escruta. Es tan alta como yo.</p>
<p>&mdash;No tienes v&iacute;nculos con Venezuela, es la primera vez que vienes aqu&iacute;, &iquest;no?</p>
<p>Y cuando se lo confirmo, acepta:</p>
<p>&mdash;Se puede arreglar.</p>
<p>As&iacute; que me subo a la silla de su motocicleta de gran cilindrada, de marca imprecisa, probablemente fruto de la combinaci&oacute;n de varias motocicletas.</p>
<p>&mdash;No hay m&aacute;s piezas de repuesto. Solo funcionan los motores de quienes los saben arreglar. En cambio la gasolina no cuesta nada.</p>
<p>Me muestra que en el r&iacute;o Guaire &ndash;un torrente pestilente que atraviesa la ciudad, una cloaca al aire libre&ndash; hombres y ni&ntilde;os con tamices o con las manos buscan joyas, pero tambi&eacute;n se conforman con piezas de metal para vender.</p>
<p>&mdash;Rebuscan tambi&eacute;n en la basura, por supuesto, pero ah&iacute; no se encuentra casi nada.</p>
<p>Luego sube una colina desde donde se puede ver la inmensa ciudad de edificios y favelas extendidas sobre el valle a 900 metros. Le digo que me gustar&iacute;a buscar la tumba de Giuseppe Foglienzi y le pregunto si sabe d&oacute;nde podr&iacute;a preguntar.</p>
<p>Sacude la cabeza:</p>
<p>&mdash;D&eacute;jamelo a m&iacute;. &iquest;Tienes la tarjeta de cr&eacute;dito de mi cu&ntilde;ado? Bueno, vamos a comprar harina.</p>
<p>Descendemos por una bajada a una velocidad poco recomendable y &ndash;saltando sobre parterres e islas de tr&aacute;fico&ndash; acabamos en una zona de barracas detr&aacute;s de un paso elevado. All&iacute; Tilta entra en un patio, regatea un poco con un <em>bachaquero</em> &ndash;un comerciante de productos del mercado negro&ndash; y mete en las alforjas de la motocicleta varios paquetes de harina de ma&iacute;z precocida marca Pan.</p>
<p>&mdash;Es para las arepas y las empanadas. Ya las probaste, &iquest;verdad?</p>
<p>Como no las conozco, me lleva a probar estas frituras y <em>focaccinas</em> rellenas.</p>
<p>Luego, con moto y todo, entramos al Cementerio General del Sur. Tilta va directo a un grupo de personas. Podr&iacute;an ser sepultureros, a juzgar por las palas y otras herramientas, aunque tienen unas caras poco recomendables. Negocia la b&uacute;squeda de la tumba de Giuseppe Foglienzi, enterrado hace poco. Promete primero dos paquetes de harina, luego llega a tres. Nos hacemos a un lado y esperamos a que la encuentren.</p>
<p>&mdash;Es el cementerio m&aacute;s grande de Caracas, no est&aacute; lejos del hospital que dijiste, los traen despu&eacute;s aqu&iacute; cuando est&aacute;n apurados, pues ni controles hay.</p>
<p>En ese momento me doy la vuelta y capto algo muy extra&ntilde;o: los monumentos funerarios est&aacute;n casi todos rotos, varias fosas est&aacute;n abiertas, pueden verse escombros y restos de ata&uacute;des alrededor de nosotros. Caminamos entre las sepulturas y es as&iacute; en todas partes: hay hasta huesos dispersos.</p>
<p>&mdash;Abren las tumbas en busca de objetos preciosos, o el oro de los dientes y anillos, o quiz&aacute;s incluso para rituales de brujer&iacute;a... el cr&aacute;neo porque piensa y el f&eacute;mur porque camina... Es una l&aacute;stima a lo que nos han reducido... imag&iacute;nate, hasta la tumba de R&oacute;mulo Gallegos la profanaron...&mdash;comenta Tilta.</p>
<p>Nos llaman y juran que nos llevar&aacute;n a los restos de Giuseppe Foglienzi. Vamos en motocicleta y no soltamos la harina hasta que veamos la l&aacute;pida. Est&aacute;, en efecto, en una esquina apartada. Es muy sencilla: el nombre y las fechas. Pero est&aacute; intacta.</p>
<p>&mdash;Saben que los que mueren ahora no llevan nada consigo. As&iacute; que las muertes recientes valen menos.</p>
<p>Me arrodillo, acaricio la escritura y dedico un pensamiento al desconocido que me mandaron a buscar. Soy demasiado torpe para decir una oraci&oacute;n, pero hago como si lo hiciera. Luego tomo varias fotos con mi tel&eacute;fono m&oacute;vil y hago un mapa del lugar, anotando todo lo que pueda servir para volver a encontrar la tumba.</p>
<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; dices que tuvieron que enterrarlo r&aacute;pidamente? &mdash;le pregunto a Tilta.</p>
<p>&mdash;Porque me parece que tu difunto no era de Caracas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>4.&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong></p>
<p>Luis Alberto me lleva a visitar el Centro Hist&oacute;rico, donde est&aacute; la casa natal del Libertador. Un puesto embanderado vende discos de Ch&aacute;vez cantando canciones tradicionales. En la tapa: el &ldquo;comandante eterno&rdquo; a caballo, como un aut&eacute;ntico llanero, sonriente y vencedor.</p>
<p>No s&eacute; si comprarle un disco a mi t&iacute;o.</p>
<p>Luis Alberto me explica algo m&aacute;s:</p>
<p>&mdash;Al principio, Ch&aacute;vez, indudablemente, ten&iacute;a carisma para los venezolanos. Pero luego identific&oacute; el socialismo con el estatismo, nacionaliz&oacute; sin ton ni son y le entreg&oacute; las empresas a corruptos incompetentes, por no mencionar el militarismo y la impunidad general, puesto que el Poder Judicial est&aacute; en manos de los chavistas. Pero el colapso final vino con Maduro. Hoy solo una minor&iacute;a apoya al gobierno, ese apoyo lo obtienen por coerci&oacute;n en el caso de los trabajadores estatales, o por chantaje, te dan bolsas de comida s&oacute;lo si tienes el <em>carnet de la patria</em>, que te define como oficialista. El aparato militar y la polic&iacute;a, adem&aacute;s de reprimir, est&aacute; involucrado en redes de asuntos il&iacute;citos. Maduro permite a la alta direcci&oacute;n del Ej&eacute;rcito enriquecerse descaradamente con el mercado negro y los sobornos a las importaciones, pero tambi&eacute;n con una empresa militar espec&iacute;fica para la explotaci&oacute;n ilimitada de la riqueza mineral del subsuelo. La apertura de nuevos territorios a las multinacionales provocar&aacute; un genocidio de los nativos y destruir&aacute; el medio ambiente. Ya ahora buena parte de Venezuela, sobre todo el sur &ndash;los estados Amazonas, Gu&aacute;rico, Apure, Bol&iacute;var y Delta Amacuro&ndash; est&aacute; en manos de delincuentes, mafiosos, narcotraficantes, irregulares armados, guerrilleros colombianos y paramilitares.</p>
<p>M&aacute;s tarde regreso al sill&iacute;n trasero de Tilta: cruzamos la ciudad a una velocidad vertiginosa, haciendo un espeluznante eslalon entre los autom&oacute;viles y entramos en Petare (al extremo este de la ciudad): peque&ntilde;as casas de ladrillo, a veces reducidas a bloques de cemento, madera, pl&aacute;stico, todo apilado entre la mugre. Con la moto, Tilta se desliza por senderos y sube escalones, al final entra en un garaje improvisado. Lo cierra inmediatamente con un candado. Bajamos y tomamos un sendero muy estrecho entre indefinibles tufos h&uacute;medos y miserables. Llegamos a una sala donde nos espera Gelson sentado frente a un altar con muchas estatuillas de cer&aacute;mica que representan santas coquetas, bronceados ind&iacute;genas con arcos y flechas, madonas, generales, negros con machetes, ni&ntilde;itos Jes&uacute;s... tambi&eacute;n hay un tipo con bata de m&eacute;dico, un piel roja y un vikingo barbudo. Una gran vela azul arde. Gelson me hace sentarme, me ofrece un cigarro &ndash;lo enciendo por cortes&iacute;a&ndash; y un vaso de licor. Es muy fuerte y seco, huele a hierba o a madera macerada, tiene un vago toque de tequila.</p>
<p>&mdash;Es cocuy, un destilado de agave, un poco menos de 50&deg; &mdash;dice Tilta.</p>
<p>Veo a Gelson mir&aacute;ndome a trav&eacute;s del humo de su cigarro. Para romper el hielo, utilizo las sugerencias de mi t&iacute;o y pregunto si la vida en esos barrios pobres ha mejorado con el chavismo.</p>
<p>&mdash;De vez en cuando ha llegado algo de asistencia social y mucha ret&oacute;rica. Pero tambi&eacute;n han armado y protegido a los colectivos. Son unas bandas que ahora act&uacute;an por su cuenta. La diosa dijo muy pronto que Ch&aacute;vez estaba enga&ntilde;ando al pueblo. Al principio, en la Corte Libertadora, junto a Sim&oacute;n Bol&iacute;var, Antonio Jos&eacute; de Sucre, Rafael Urdaneta y R&oacute;mulo Betancourt, estaba su retrato, pero lo quitaron. La poblaci&oacute;n ahora est&aacute; hambrienta y sedienta. Falta todo, incluso medicamentos y los servicios p&uacute;blicos m&aacute;s b&aacute;sicos. Nadie cree en el gobierno, lleno de gente corrupta, que adem&aacute;s env&iacute;a peri&oacute;dicamente a la polic&iacute;a para reprimir a los que tienen el valor de protestar. Aqu&iacute; los ni&ntilde;os dejan la escuela para convertirse en carteristas o narcotraficantes...</p>
<p>Pregunto qui&eacute;n es la diosa.</p>
<p>&mdash;Ella, la reina, Mar&iacute;a Lionza &mdash;dice Tilta, se&ntilde;al&aacute;ndola.</p>
<p>En el centro del altar la estatuilla m&aacute;s grande representa a una mujer morena; semidesnuda, cubierta s&oacute;lo por un velo celeste, coronada y montada en una danta, levanta en alto <em>algo</em>.</p>
<p>&mdash;Es un hueso p&eacute;lvico femenino. A su lado est&aacute;n el Indio Guaicaipuro y el Negro Felipe. Juntos forman la Trinidad venezolana. Ellos son los Tres Poderes.</p>
<p>Tilta intercambia una mirada con Gelson y a&ntilde;ade:</p>
<p>&mdash;T&uacute; tienes que encontrar la pista de tu italiano. Nosotros queremos hacerle unas preguntas a la diosa. T&uacute; puedes ser el intermediario y todos tendremos las respuestas que buscamos.</p>
<p>Esa noche la motociclista burla a la guardia del hotel y &ndash;comi&eacute;ndose un sem&aacute;foro tras otro&ndash; me lleva por avenidas casi desiertas. Luego frena frente a una librer&iacute;a en la Plaza Altamira.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&mdash;Esta es la resistencia. Salen aunque no se pueda, aunque s&oacute;lo hayan cenado una sopa. Esta noche celebran a un escritor especial, Jos&eacute; Balza. Le han publicado una colecci&oacute;n de cuentos. &Eacute;l nos ense&ntilde;&oacute; a leer, escribir, escuchar m&uacute;sica y ver pel&iacute;culas. Ven, entremos.</p>
<p>Tilta saluda a todos y sonr&iacute;e feliz. Es muy bonita cuando sonr&iacute;e. La acera frente a la librer&iacute;a est&aacute; iluminada por cientos de velas multicolores. La gente conversa en la calle, con un libro o un vaso en la mano, en un desaf&iacute;o para recuperar cent&iacute;metro a cent&iacute;metro la noche de Caracas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>5.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong></p>
<p>Me encuentro con un correo electr&oacute;nico del bufete: agradecen las fotos del cementerio y me env&iacute;an la direcci&oacute;n de un empresario venezolano que recordaron. Dicen que est&aacute; muy conectado &ndash;metido en todas partes&ndash; y podr&iacute;a serme &uacute;til. Pero Tilta se niega a llevarme all&iacute;, juzg&aacute;ndolo como un espantoso <em>bolichico</em>, es decir, un exponente de la burgues&iacute;a bolivariana desenfrenada nacida con el chavismo, y tengo que ir en taxi. El edificio es gris y est&aacute; muy bien custodiado: hay un ascensor que s&oacute;lo conduce a las plantas superiores, donde se encuentra la oficina financiera. Sigo al guardia armado que me acompa&ntilde;a a trav&eacute;s de un laberinto de pasillos y habitaciones con puertas abiertas. En una hay un tipo durmiendo, en otra los soldados est&aacute;n jugando domin&oacute; y otra m&aacute;s est&aacute; llena de paquetes. Luego llegan las secretarias y finalmente la sala de espera frente a la oficina del jefe, custodiada por un ujier. Iv&aacute;n Gabriel me recibe de lo m&aacute;s cordial. Es lo contrario de lo que esperaba: joven, robusto, unos a&ntilde;os mayor que yo, vestido casualmente (casi modesto), la energ&iacute;a le sale por todos los poros. Detr&aacute;s del escritorio hay tres grandes retratos: un Bol&iacute;var casi mulato, Ch&aacute;vez con el pu&ntilde;o en alto y el Che Guevara pescando. Aqu&iacute; s&iacute; que las f&oacute;rmulas de mi t&iacute;o pueden serme &uacute;tiles. Me pregunta c&oacute;mo me pareci&oacute; Caracas. Por supuesto que no le digo. Al contrario: le suelto lo de las dificultades de un pa&iacute;s sometido a la guerra econ&oacute;mica por el Imperio. Pero me corta en seco:</p>
<p>&mdash;Es apenas un per&iacute;odo. Hacemos y haremos buenos negocios con todos, hasta con los Estados Unidos.</p>
<p>Le doy la informaci&oacute;n que tengo sobre Giuseppe Foglienzi y le pido en nombre de la empresa que rastree a la familia. Llama a un colaborador y le pasa la tarea. M&aacute;s all&aacute; de las ventanas de la oficina se puede ver el valle de Caracas, la gran monta&ntilde;a, el cielo cubierto de nubes blancas.</p>
<p>&mdash;Vas a conocer esta ciudad. Har&eacute; que te recojan en el hotel hacia las siete.</p>
<p>Otro que no tiene miedo de salir por la noche.</p>
<p>La lujosa <em>Hummer</em> en la que se mueve Iv&aacute;n Gabriel tiene un equipo de discoteca y suena Guaco, la &ldquo;S&uacute;per Banda de Venezuela&rdquo;. Esta &ldquo;todo terreno&rdquo; es precedida y seguida por dos carros llenos de guardaespaldas. Iv&aacute;n Gabriel me presenta a su novia, una delicada chica envuelta en sedas vaporosas. Tambi&eacute;n &eacute;l est&aacute; bien vestido. Cenamos en la urbanizaci&oacute;n Las Mercedes, en un restaurante de carnes &ndash;especializado en asado a la llanera&ndash; con finos vinos argentinos y chilenos. Hay de todo y m&aacute;s. Y se nota m&aacute;s a&uacute;n en el contexto de la carest&iacute;a. Iv&aacute;n Gabriel es muy simp&aacute;tico, bromea sobre cualquier cosa, hasta sobre Maduro, a qui&eacute;n no le ahorra ni una burla. Hace re&iacute;r hasta a su et&eacute;rea novia. Luego vamos a un bar de moda con m&uacute;sica bailable e Iv&aacute;n Gabriel me lleva aparte y me pide un favor: debo seguirle el juego y confirmar que al d&iacute;a siguiente tenemos que salir de Caracas juntos por negocios confidenciales, volveremos al d&iacute;a siguiente. La novia es de la alt&iacute;sima sociedad y el proyecto personal de Iv&aacute;n Gabriel no la incluye. No me gusta mentir, &iquest;pero puedo decirle que no?</p>
<p>Nuestra caravana blindada recorre la ciudad fantasmag&oacute;rica, llevamos a la novia a casa y cuando estamos solos Iv&aacute;n Gabriel saca un <em>pendrive</em> y me muestra en la pantalla interior de la <em>Hummer</em> su &ldquo;proyecto personal&rdquo;: una morena muy grande, que parece salir de un c&oacute;mic escabroso, retratada con un bikini microsc&oacute;pico. Confortado por la perspectiva de tal compa&ntilde;&iacute;a, me concede con generosidad que le pregunte qu&eacute; quiero. Y yo, con mi inefable carota, le digo que siento no poder moverme por el pa&iacute;s y que he o&iacute;do hablar tanto del Parque Nacional Canaima, la gran indicaci&oacute;n tur&iacute;stica de mi t&iacute;o.</p>
<p>&mdash;Claro &mdash;dice sin pesta&ntilde;ear&mdash;, si ah&iacute; est&aacute;n las fuentes del Caron&iacute;, el r&iacute;o que nos da electricidad. Tienes suerte, realmente tengo que enviar a uno de los m&iacute;os para que considere comprar una casa de campo y un pedazo de tierra. Ahora no hay casi turismo ya, pero volver&aacute; y hay que estar preparado. Puedes ir con &eacute;l. En un vuelo regular hasta Puerto Ordaz y luego en una avioneta.</p>
<p>Es una locura, pero en realidad dos d&iacute;as despu&eacute;s llego a Canaima, al pie del Macizo Guayan&eacute;s. El peque&ntilde;o aeropuerto est&aacute; medio vac&iacute;o. Dicen que solo vienen algunos en los fines de semana. Pero en cuanto se llega al borde de la laguna el espect&aacute;culo es imponente y suave al mismo tiempo: el rugido de las gigantescas cascadas del r&iacute;o Carrao, las aguas oscuras y espumosas, la selva fluvial, a lo lejos los tepuyes &shy;&ndash;monta&ntilde;as de cima plana&ndash; con las finas y muy altas cascadas que descienden a lo largo de sus paredes rocosas, las palmeras que germinan en el agua, los arco&iacute;ris entre las salpicaduras y las nubes. Wilmar, representante de Iv&aacute;n Gabriel, pide mi opini&oacute;n sobre el hotel ecol&oacute;gico, que me parece magn&iacute;fico, a pesar del descuido, con ese incre&iacute;ble paisaje frente a &eacute;l. Busco un gu&iacute;a con canoa, pero me dicen que falta gasolina. &iquest;C&oacute;mo es posible, si Venezuela tiene las mayores reservas de petr&oacute;leo del mundo? Parece que llega poca y va a parar a las minas de oro ilegales. Al final, gracias a Wilmar, conseguimos algunos bidones. Salgo de Ucaima y me quedo fuera todo el d&iacute;a, alrededor del Auyantepui. Por la noche estoy rendido, pero a&uacute;n no me recupero de la maravilla. El &uacute;nico lugar abierto es una caba&ntilde;a con un grupo de rusos gritando, bebiendo y cantando. Es el &uacute;nico ruido bajo las estrellas sin fin. Salimos al d&iacute;a siguiente muy temprano en el avi&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong></p>
<p>Hay unos 350 kil&oacute;metros para llegar desde Caracas al estado Yaracuy, en la monta&ntilde;a de Sorte, el palacio natural de Mar&iacute;a Lionza. Los caminos son buenos y no dan miedo, pero Tilta corre como un demonio y adelanta a todo el mundo. Por suerte cada tanto nos detenemos. Entonces puedo preguntarle sobre el ritual.</p>
<p>&mdash;El hermano Gelson dice que puedes servir, pareces el tipo justo. Necesita una persona de afuera de Venezuela y extra&ntilde;a al culto. Te vamos a velar mientras duermes. No te preocupes, no correr&aacute;s ning&uacute;n riesgo.</p>
<p>&mdash;&iquest;Pero t&uacute; crees en eso?</p>
<p>&mdash;Yo no creo en nada &mdash;me contesta con una mueca&mdash;. Vamos a entendernos: Ch&aacute;vez era supersticioso, con &eacute;l se puso de moda la santer&iacute;a cubana, su tumba es un destino de peregrinaci&oacute;n. Pero quiero que la dictadura termine y si la diosa habla, eso ayudar&aacute;. Que una cosa quede clara: la diosa es s&oacute;lo luz y bondad. No tiene nada que ver con la brujer&iacute;a.</p>
<p>&mdash;H&aacute;blame de Mar&iacute;a Lionza.</p>
<p>&mdash;Viene de la madre ind&iacute;gena del agua y de la selva, la Yara, pero es un culto sincr&eacute;tico, es tambi&eacute;n la anaconda, Yemay&aacute;, la Virgen Mar&iacute;a y qui&eacute;n sabe qu&eacute; m&aacute;s. La <em>onza</em> que la protege es el yaguarondi, un felino salvaje. La pintan a horcajadas sobre una danta, es decir, un tapir. Guaicaipuro fue un cacique de la resistencia ind&iacute;gena contra los conquistadores, Felipe un negro antiesclavista rebelde del siglo XVI. Creo que simbolizan las razas que se han mezclado en los venezolanos. Luego est&aacute;n las Cortes de Esp&iacute;ritus que los acompa&ntilde;an, pero es una larga historia.</p>
<p>Por fin llegamos a la monta&ntilde;a de Sorte. Encontramos altares bajo cortinas y marquesinas y tambi&eacute;n en mamposter&iacute;a. Hay una colorida explosi&oacute;n de estatuas, bustos e im&aacute;genes, como las que vi en Petare, con velas multicolores encendidas, ofrendas de flores y frutas. Cruzamos un r&iacute;o y encontramos al grupo de Gelson esper&aacute;ndonos. All&iacute; dejamos la motocicleta y subimos la selva, hacia el portal sagrado, en una fuente, en medio de la espesura del monte. Nos encontramos con peque&ntilde;as casas de metal y madera, tan grandes como colmenas, con im&aacute;genes en su interior &ndash;y otras estatuas al pie de grandes &aacute;rboles&ndash; y dibujos realizados con ceniza o yeso en los espacios abiertos del suelo. Cuando llegamos al lugar elegido, esperamos a que llegara la noche fumando puros y bebiendo cocuy. Los fieles cantan canciones acompa&ntilde;ados por una guitarra. Al caer la luz dibujan una gran figura en el suelo con talco blanco y me hacen acostar dentro de ella, rode&aacute;ndome con velas encendidas.</p>
<p>&mdash;Es la capilla magn&eacute;tica, o sea, el or&aacute;culo desde donde le vas a prestar tu voz a la diosa &mdash;dijo Tilta&mdash;. No hay nada que me preocupe. Rellenan con p&eacute;talos de flores y semillas algunos espacios donde las l&iacute;neas del dibujo se cruzan.</p>
<p>Tilta me dio un t&eacute; de hierbas mezclado con cocuy. Luego me recita susurrando, como una nana, los nombres de los esp&iacute;ritus de las Cortes de la Reina, empezando por la ind&iacute;gena:</p>
<p>&mdash;Urimare, Yoraco, Cayaurima, Naiguat&aacute;, Tamanaco, Sorocaima, Baruta, Churuguara, Terepaima, Arichuna, Tiuna, Paramaconi, Barquisimeto, Guaicamacuto, Jirajara, Maracay, Catia, Nurach&iacute;, Coromoto, Guaicamacuare, Yar&uacute;a, Arichuna, Paramacay&hellip;</p>
<p>La oigo y no la oigo, pero la veo sonre&iacute;r y es muy bonita cuando sonr&iacute;e. Tambi&eacute;n hay una Corte de los Juanes:</p>
<p>&mdash;Don Juan del Tabaco, Don Juan de los Caminos, Don Juan de las Aguas, Don Juan de los Suspiros, Don Juan de los Cuatro Vientos, Don Juan del Amor, Don Juan del Desespero, Don Juan de los Encantos, Don Juan de la Luz, Don Juan del Dinero, Don Juan del Borracho, Don Juan de los Tesoros...</p>
<p>Y con esta letan&iacute;a en la boca, me quedo dormido.</p>
<p>Me despierto en medio de la noche fresca y suenan muchos tambores alrededor, salidos de qui&eacute;n sabe d&oacute;nde. Estoy en una hamaca amarrada entre dos &aacute;rboles. Veo, no muy lejos, la figura dibujada en el suelo donde yo estaba, todav&iacute;a llena de velas y ahora tambi&eacute;n de botellas y frutas. Bajo y me encuentro ante Tilta.</p>
<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo fue todo? &mdash;le pregunto.</p>
<p>&mdash;Maravilloso. Hablaste, la familia de tu italiano difunto est&aacute; en Juan Griego, en la isla de Margarita, en la costa del Caribe. Te llevar&aacute; a ellos el padre Tiburcio, en el santuario de la Virgen del Valle.</p>
<p>&mdash;Caray, no ser&aacute; f&aacute;cil llegar all&iacute;...</p>
<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute;? Tu amigo <em>bolichico</em> te encontrar&aacute; un pasaje de avi&oacute;n.</p>
<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; hay de ti?</p>
<p>&mdash;Te lo resumo, porque no te interesa el resto, el r&eacute;gimen caer&aacute; y ser&aacute; doloroso. Maduro debe asumir su segundo mandato en enero del a&ntilde;o que viene, ahora sabemos que no lo completar&aacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>7.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong></p>
<p>De Iv&aacute;n Gabriel me llega la noticia de que el &uacute;nico rastro de Giuseppe Foglienzi es una pizzer&iacute;a de su propiedad en la localidad margarite&ntilde;a de Juan Griego. Parece que estoy destinado a excursiones muy r&aacute;pidas en mis d&iacute;as venezolanos. En el santuario de la Virgen del Valle encuentro al Padre Tiburcio. Viejo y casi sordo, recuerda bien a Giuseppe. Sabe que ha fallecido y me da una direcci&oacute;n. As&iacute; me topo frente a Migdalia y a su hijo. No es f&aacute;cil superar sus recelos, pero me esfuerzo y al final conf&iacute;an en m&iacute;. Giuseppe tuvo un infarto fulminante en Caracas, donde hab&iacute;an ido a acompa&ntilde;ar a su otro hijo, que se marchaba a vivir al extranjero. La pizzer&iacute;a ahora est&aacute; a nombre de sus hijos: llevan su apellido, pero tuvieron que cerrarla por la crisis. Foglienzi no quer&iacute;a saber nada de Italia, no ten&iacute;a ning&uacute;n v&iacute;nculo all&iacute;. Pero ella hab&iacute;a preparado una carpeta con algunas hojas en italiano. Echo un vistazo: cartas, documentos antiguos y algunas fotos descoloridas.</p>
<p>&mdash;Era para Italia, en caso de que alguien apareciera, as&iacute; que puedes llev&aacute;rsela.</p>
<p>Es mucho m&aacute;s de lo que esperaba. Les aseguro que nadie los molestar&aacute;. Y no me hago un <em>selfie</em> con ellos. De hecho, lo decido inmediatamente: no dir&eacute; que los conoc&iacute;. La casa es bonita, desde las ventanas se puede ver el mar. Sus rostros tambi&eacute;n son serenos. Les cuento que vi la tumba de Giuseppe en Caracas.</p>
<p>&mdash;Esa fue una formalidad. Lo incineramos y esparcimos sus cenizas aqu&iacute; en el mar abierto.</p>
<p>Juan Griego es una hermosa bah&iacute;a con lagunas y una fortaleza y monta&ntilde;as al fondo &ndash;en la parte norte de la isla&ndash; cerca de hermosas playas. No ser&aacute; dif&iacute;cil recuperarse cuando los turistas regresen. Quiz&aacute;s el otro hijo emigrante regrese tambi&eacute;n para dirigir la pizzer&iacute;a.</p>
<p>Vuelvo r&aacute;pidamente a la capital porque se me acab&oacute; el tiempo. Luis Alberto y Flor&aacute;ngela est&aacute;n muy contentos de que haya cumplido mi misi&oacute;n y sobre todo de que no me haya topado con ning&uacute;n <em>malandro</em>, los famosos criminales locales. Hasta el ni&ntilde;o agita las manos y grita de alegr&iacute;a. Bien, si es as&iacute;, quiere decir que hay alg&uacute;n futuro. Tilta aparece en el &uacute;ltimo momento. Bloquea el taxi con su motocicleta para darme una botella de cocuy artesanal.</p>
<p>&ndash;El a&ntilde;o que viene habr&aacute; una celebraci&oacute;n. As&iacute; que tal vez la pr&oacute;xima vez no invites a las chicas a un cementerio.</p>
<p>Ni siquiera se quita el casco, que tiene la visera baja. Pero s&eacute; que sonr&iacute;e.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Nota:</strong> El relato, escrito en 2018, se public&oacute; en italiano en la revista &ldquo;Limes&rdquo; n.3 de 2019. Ha sido traducido por dos venezolanos: Sandra Caula, que vive en Espa&ntilde;a, y otro que, por vivir en Venezuela, prefiere quedar en el anonimato.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 16 Jan 2020 08:45:46 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cincinnati]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/cincinnati/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas20/enero/vilas500.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 540px;">Llegu&eacute; casi a la medianoche a Cincinnati,</p>
<p style="padding-left: 540px;">media hora de taxi desde el aeropuerto hasta el hotel,</p>
<p style="padding-left: 540px;">y las luces de la ciudad al final de la autopista.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">Al d&iacute;a siguiente vi el r&iacute;o Ohio y mi alma se alegr&oacute;.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">Desde una colina vi el r&iacute;o dividiendo dos Estados,</p>
<p style="padding-left: 540px;">a un lado Kentucky, al otro Ohio,</p>
<p style="padding-left: 540px;">con sus puentes, sus barcos, sus camiones,</p>
<p style="padding-left: 540px;">y abajo, el agua turbia, y los rascacielos de la ciudad.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">Me dec&iacute;a a m&iacute; mismo la palabra Cincinnati,</p>
<p style="padding-left: 540px;">como una oraci&oacute;n, como una palabra sagrada</p>
<p style="padding-left: 540px;">que le robara a la oscuridad un sol merecido.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">Llam&eacute; a mi hijo peque&ntilde;o a Espa&ntilde;a para decirle que estaba aqu&iacute;,</p>
<p style="padding-left: 540px;">en esta ciudad y al lado de este r&iacute;o,</p>
<p style="padding-left: 540px;">y nadie descolg&oacute; el tel&eacute;fono.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">Vi que llevaba cuarenta llamadas realizadas.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">Com&iacute; en un restaurante asi&aacute;tico,</p>
<p style="padding-left: 540px;">com&iacute; arroz y un pez de agua dulce,</p>
<p style="padding-left: 540px;">era un d&iacute;a primaveral, con brisa y luz,</p>
<p style="padding-left: 540px;">y pens&eacute;: ojal&aacute; encontrara trabajo aqu&iacute;,</p>
<p style="padding-left: 540px;">una casa, una familia, unos hijos, un perro.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">Ojal&aacute; encontrar&aacute; aqu&iacute; un sol merecido.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">Y dec&iacute;a todo el rato Cincinnati,</p>
<p style="padding-left: 540px;">porque parec&iacute;a una palabra sanadora,</p>
<p style="padding-left: 540px;">porque parec&iacute;a una palabra italiana,</p>
<p style="padding-left: 540px;">porque parec&iacute;a la palabra perfecta</p>
<p style="padding-left: 540px;">para decir adi&oacute;s a quien fui.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">Despu&eacute;s de comer hice la llamada cuarenta y uno.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">Me aloj&eacute; en el Fairfield, un hotel agradable</p>
<p style="padding-left: 540px;">en el barrio de la universidad, hab&iacute;a gente joven</p>
<p style="padding-left: 540px;">por las calles, gente alegre, bebiendo cerveza,</p>
<p style="padding-left: 540px;">di un paseo y otra vez</p>
<p style="padding-left: 540px;">dije Cincinnati, porque es una fiesta</p>
<p style="padding-left: 540px;">esa palabra, un desfile de &iacute;es que bailan en mi alma.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">Quiero vivir treinta a&ntilde;os m&aacute;s, Cincinnati,</p>
<p style="padding-left: 540px;">quiero llegar a ser octogenario.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">Necesito toda la vida del planeta Tierra.</p>
<p style="padding-left: 540px;">No puedo morir ahora,</p>
<p style="padding-left: 540px;">cuando me quedan tantas cosas por hacer.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">Hice otra llamada.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">Hola, hijo, estoy en Cincinnati,</p>
<p style="padding-left: 540px;">es una ciudad preciosa,</p>
<p style="padding-left: 540px;">&iquest;qu&eacute; quieres que te compre, cari&ntilde;o?,</p>
<p style="padding-left: 540px;">termin&eacute; dici&eacute;ndole a la recepcionista</p>
<p style="padding-left: 540px;">afroamericana del Fairfield en espa&ntilde;ol,</p>
<p style="padding-left: 540px;">y ella no entendi&oacute; ni una palabra,</p>
<p style="padding-left: 540px;">pero al menos me escuchaba,</p>
<p style="padding-left: 540px;">y me mir&oacute; con ojos incr&eacute;dulos,</p>
<p style="padding-left: 540px;">pero tambi&eacute;n apenados.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">Abril del a&ntilde;o dos mil dieciocho,</p>
<p style="padding-left: 540px;">tengo cincuenta y cinco a&ntilde;os,</p>
<p style="padding-left: 540px;">y dije mil veces la palabra Cincinnati.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 09 Jan 2020 08:00:28 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Recuerdos del Olimpo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/recuerdos-del-olimpo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas20/enero/vega500.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 450px;">Alguno de nosotros hab&iacute;a le&iacute;do<br /> los usos y costumbres del Olimpo<br /> en alg&uacute;n volumen infantil<br /> prestado del bibliob&uacute;s.<br /> Llegamos a la playa<br /> con una cesta llena de uvas<br /> y otros celestiales manjares afanados<br /> en las cocinas de casa<br /> y en el recodo junto a la roca,<br /> donde el charco grande y la r&iacute;a,<br /> nos pusimos hojas entre el pelo,<br /> nos desnudamos&nbsp;<br /> y nos pusimos a hablar en griego.</p>
<p style="padding-left: 450px;">Lo mejor es el agua, dijo uno<br /> mientras se lanzaba desde la roca<br /> ignorando que los dioses<br /> suelen tener poca filosof&iacute;a.</p>
<p style="padding-left: 450px;">El celestial empleo no acarreaba mucha tarea<br /> as&iacute; que tras un rato de hablar en jerigonza<br /> y compararnos disimuladamente las pollas<br /> el Olimpo se volv&iacute;a algo aburrido.<br /> Alguien volvi&oacute; al idioma de casa<br /> y a toda prisa nos pusimos el ba&ntilde;ador,<br /> abandonamos los aperos divinos<br /> y corrimos hacia el escondrijo de la r&iacute;a<br /> donde ellas se ba&ntilde;aban desnudas.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 09 Jan 2020 07:56:59 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Habitable", de Pureza Canelo: la ráfaga perseverante de la escritura]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/habitable-de-pureza-canelo-la-rafaga-perseverante-de-la-escritura/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2019/noviembre/PUREZA_CANELO_-_HABITABLE.jpg" alt="" /></p>
<p>Con el simb&oacute;lico t&iacute;tulo de <em>Habitable</em>, espacio que&nbsp; los versos llenan y referencia&nbsp; ineludible a su primera po&eacute;tica de trasfondo juanramoniano (tanto en el juego de la intertextualidad como en la concepci&oacute;n de la obra <em>work in progress</em>), se presenta esta antolog&iacute;a cuidada y esclarecedora&nbsp; del profesor Jos&eacute; Teruel, publicada por la editorial Renacimiento, que recoge composiciones que van desde su inicial <em>Celda verde</em> (1971) hasta su reciente <em>Retirada </em>(2018), junto a in&eacute;ditos de un poemario titulado <em>Aire donde estuvo una casa</em> , que alude irremisiblemente a lo que fue aquella <em>celda</em> juvenil de una poetisa que da sus primeros pasos bajo las im&aacute;genes de lo familiar y la naturaleza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Habitable es el universo po&eacute;tico, habit&aacute;culo o residencia de salvaci&oacute;n por la poes&iacute;a donde se unen vida y literatura, para luego, en esa reflexi&oacute;n sobre ese espacio emotivo de la creaci&oacute;n (el poema dentro del poema como mundo y organismo vivo) se llegue a una etapa de cuestionamiento de la literatura misma, pasando por la insatisfacci&oacute;n, la negaci&oacute;n y el vaci&oacute; (<em>No escribir</em> y <em>Dulce nadie</em>), hasta alcanzar el desaf&iacute;o metapo&eacute;tico, la autocr&iacute;tica y el asedio a los l&iacute;mites del lenguaje, caracterizados &eacute;stos por la dial&eacute;ctica que supone la libertad creativa y la constante meditaci&oacute;n sobre la escritura desde la <em>otredad</em>&nbsp; (esa experiencia de poetisa &ldquo;ex-c&eacute;ntrica&rdquo; del discurso moderno imbuido en su visi&oacute;n unitaria del poema) que amaga desconfianza y pulsi&oacute;n de muerte, buen ejemplo es esa &ldquo;retirada&rdquo; de su &uacute;ltima publicaci&oacute;n, que es en s&iacute; un alejamiento de todo lo creado para indagar en algo m&aacute;s puro, constatable en poemas in&eacute;ditos como &ldquo;Aire&rdquo; o &ldquo;Es lo invisible ya&rdquo;, que nos acercan aquella desnudez de perfecci&oacute;n juanramoniana, o mejor, a la transparencia del grado <em>zero</em> barthiano.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Caracterizada pues su poes&iacute;a por el constante cuestionamiento y exploraci&oacute;n de la labor po&eacute;tica que abarcan sus sucesivas est&eacute;ticas (<em>Habitable</em>, <em>Tendido verso, Tiempo y espacio de emoci&oacute;n</em> &hellip;) se inicia la antolog&iacute;a con composiciones pertenecientes a<em> Celda Verde</em> que profundizan en el recuerdo pasado y la infancia como libertad, por ejemplo &ldquo;A&ntilde;os de internado&rdquo; o &ldquo;Ni&ntilde;ez ayer&rdquo;, mientras en &ldquo;El&nbsp; verso&rdquo; aparece la poes&iacute;a en di&aacute;logo consigo misma y como conocimiento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La preocupaci&oacute;n metapo&eacute;tica por el proceso de la escritura -que recorre su obra- est&aacute; presente ya en &ldquo;En esta noche, salv&aacute;ndome&rdquo; que pertenece a <em>Lugar com&uacute;n</em> (1971), poemario con el que gan&oacute; el Premio Adonais en 1970, toda una letan&iacute;a existencial en conversaci&oacute;n con los elementos de la naturaleza (la luz, el viento, la noche&hellip;) y con los recuerdos de la ni&ntilde;ez que llevan a ver la palabra y el poema como un ser vivo consciente que la escritura crea siempre un poso de melancol&iacute;a por su finitud:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Ah, la palabra, qu&eacute; miedo me da de su constancia en m&iacute;,</em></p>
<p><em>de su alboroto que me llega y son lugares</em></p>
<p><em>en su pompa de vida,</em></p>
<p><em>l&aacute;grimas sueltas ahora mismo, en formaci&oacute;n, </em></p>
<p><em>creci&eacute;ndome,</em></p>
<p><em>grandes manchas de poemas y matarlos</em></p>
<p><em>es morir m&aacute;s ac&aacute; de la muerte misma</em></p>
<p><em>sin destierro posible y sin ojos.</em>&nbsp; (pp.44-45)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esta misma tensi&oacute;n metapo&eacute;tica aparece referenciada en la imagen de <em>El barco de agua</em>, obra de 1974 y cuyo poema seleccionado bajo el mismo t&iacute;tulo trata el tema de la penetraci&oacute;n en la escritura, vista como juego de espejos y pozo &ldquo;que nos mira desde arriba&rdquo;, para en &ldquo;Contra moda&rdquo;, perteneciente a <em>Pasi&oacute;n in&eacute;dita</em> (1990), se exponga una po&eacute;tica que choca con los dict&aacute;menes al uso del neorrealismo y la poes&iacute;a de la experiencia de finales de siglo, de la mano de la autocr&iacute;tica y preocupaci&oacute;n semi&oacute;tica (temas afines a la Generaci&oacute;n del 70 a la que pertenece), an&aacute;lisis que hace que su est&eacute;tica se encamine cada vez m&aacute;s hacia una reflexi&oacute;n sobre el discurso literario: toma de conciencia sobre la diversidad de sentidos que es la poes&iacute;a, la libertad creativa y la profundizaci&oacute;n en la vida bajo disquisiciones art&iacute;sticas (<em>mi ambici&oacute;n sagrada / materia es el alma / libertad en los versos</em> p.68), que tras la inflexi&oacute;n de <em>Dulce nadie</em> (2008), poemario necesario en su trayectoria para que en soledad rilkeana la autora medite sobre la depuraci&oacute;n de la obra y su urgente revisi&oacute;n, su labor adquiera cierto misticismo que alcanzar&aacute; en <em>Cuatro Po&eacute;ticas</em> (2011) su punto &aacute;lgido, a la vez que presenta cierto tono combativo; as&iacute;, en composiciones como &ldquo;Y de todo habr&aacute;&rdquo; aparece la idea de la poes&iacute;a como libertad total bajo la experiencia de lo humano, porque ese espacio <em>habitable</em> -que se confunde con la obra misma y su reinterpretaci&oacute;n constante- ofrece una ausencia de l&iacute;mites, es huida de la estabilidad y de la permanencia inherente al objeto art&iacute;stico, para sobrepasar ese discurso cerrado hacia un universo sin dominios, pues <em>habitar es ir perdiendo el rumbo</em> en busca de la libertad imaginativa, donde la poetisa <em>trae cerezas del oc&eacute;ano vegetativo</em> porque no hay barreras, parte de cero y se abre a infinitas posibilidades; son otros lugares no marcados por otras po&eacute;ticas contempor&aacute;neas, de la cual la autora se destierra para ir profundizando en la vertiente existencial, como expone en &ldquo;Poema del exilio voluntario&rdquo;, toda una fe de vida en la desposesi&oacute;n y desvinculaci&oacute;n de otras concepciones po&eacute;ticas, idea critica que presenta mediante interrogaciones ret&oacute;ricas, pues. &ldquo;&iquest;<em>Qui&eacute;n puede vencer lo humano?</em>&rdquo;, o &ldquo; <em>&iquest;Y qu&eacute; verbo ser&aacute; perecedero / en la laguna hollada / si va mirando despacio / su mol&eacute;cula?</em> &ldquo;, hasta llegar al di&aacute;logo con el propio poema, ese <em>T&uacute;</em> que con tono imprecatorio se identifica con su exilio; intenci&oacute;n de reproche hacia est&eacute;ticas de la vac&iacute;a cotidianeidad, de la deshumanizaci&oacute;n objetiva que conlleva el juicio de creaci&oacute;n como suma, tema que expone en la magn&iacute;fica composici&oacute;n &ldquo;Poema de cuando estudio matem&aacute;ticas bellas&rdquo; bajo la ir&oacute;nica met&aacute;fora de la cantidad, o aquel piar arm&oacute;nico de tantos cantos po&eacute;ticos, pues el operador es neutro y lo importante es la calidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De <em>Tendido verso</em> (1986) destacan poemas como &ldquo;Puedo esta noche&rdquo; que presenta ecos intertextuales al Neruda de la canci&oacute;n desesperada, pero que en Canelo se trastoca en cr&iacute;tica hacia esa l&iacute;rica neorrom&aacute;ntica que cae en la desolaci&oacute;n y hacia la poes&iacute;a pura de verso medido pero insustancial,&nbsp; todo bajo im&aacute;genes de un escritor que medita sobre la palabra, la personificaci&oacute;n de la escritura -&ldquo;<em>animal que ense&ntilde;a los dientes ocultos para que una mano sepa contarlos de blancura extrema</em>&rdquo; (p. 98)- y la toma de distanciamiento necesaria para componer y as&iacute;, desde lo lejano, cercar lo ilimitado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Estos temas sobre el cuestionamiento de la creaci&oacute;n literaria centran tambi&eacute;n &ldquo;Tendido verso&rdquo;, donde se censura el poema unitario de perfecci&oacute;n finita (<em>roca que abunda en la calle</em>) en pos de un espacio intacto e infinito que tiene en la luz o el camino su metaf&oacute;rica representaci&oacute;n. Las alusiones intertextuales que nos remiten a maestros de la literatura y el uso del juego metapo&eacute;tico est&aacute;n presentes en &ldquo;Querido libro&rdquo; y &ldquo;Moguer&rdquo;, donde la autora se sumerge en la realidad que las palabras encarnan, entonces el libro es ya el sol o las nubes del pueblo gaditano, mientras intenta no caer en t&oacute;picos superfluos, porque la realidad po&eacute;tica es m&uacute;ltiple e ilimitada; de este modo, sobrepasando las palabras y negando la escritura llegamos a los poemas de <em>No escribir</em> (1999), que corresponder&iacute;an a su tercera po&eacute;tica. Aqu&iacute; vemos como ausencia y negaci&oacute;n definen la Literatura, mediante una tensi&oacute;n parad&oacute;jica que implica una nueva valoraci&oacute;n del hecho literario, muestra de esa est&eacute;tica de la postmodernidad que se caracteriza por la apertura y la discontinuidad. &ldquo;No escribir&rdquo; es no participar de ese acto creativo tradicional para nacer a otro &aacute;mbito m&aacute;s amplio de la realidad que se expande libremente y, sobre todo,&nbsp; tiene conciencia de ello: ese vivir hacia dentro, porque la poetisa prefiri&oacute; &ldquo;<em>olvidar palabra, instinto, oraci&oacute;n, cauce que iba a devorarme</em>&rdquo;, por una m&iacute;stica realidad total, ya no se trata de <em>extractar el para&iacute;so</em>, como hacen tantas po&eacute;ticas, sino de:</p>
<p><em>vivir sin otra ambici&oacute;n</em></p>
<p><em>que el paisaje interior</em></p>
<p><em>y su conjunto, </em></p>
<p><em>como este viento circular de hiedra</em></p>
<p><em>en el altar de una soledad perfecta</em> (p. 110)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>desde esta perspectiva, aparece la autocr&iacute;tica y la evocaci&oacute;n de su pasado bajo el tono confidencial y la m&aacute;scara del otro en el magn&iacute;fico &ldquo;Una mujer escribe su primer libro de versos y me lo env&iacute;a&rdquo;, tema de la experiencia de lo que ha sido el propio quehacer po&eacute;tico, correlato de vida y ficci&oacute;n, pero tambi&eacute;n alegato a cantar desde otras est&eacute;ticas, ese &ldquo;<em>entra en otra espuela del vivir</em>&rdquo; que le aconseja a la joven, aunque sabe que ella no le escuchar&aacute;, porque ha ca&iacute;do fascinada por esos &ldquo;<em>insectos grandes</em>&rdquo; que nos evocan aquella&nbsp; verbosidad ret&oacute;rica del imaginario rom&aacute;ntico. El camino elegido es hacia la &ldquo;Depuraci&oacute;n&rdquo;, como expone en esta composici&oacute;n perteneciente a <em>Todo lo no amado</em> (2011), toda una catarsis de purificaci&oacute;n donde creaci&oacute;n po&eacute;tica implica una situaci&oacute;n pushkiana de sufrimiento y destierro, bajo el espejo metapo&eacute;tico de la lectura que es el espacio en que coinciden autor y lector, part&iacute;cipe &eacute;ste tambi&eacute;n del acto de la composici&oacute;n: &ldquo;T&uacute;&rdquo;, bajo las im&aacute;genes del espejo y el agua que son los versos donde se refleja y muere ese poeta/lector Narciso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con los poemas de <em>Oeste</em> (2013) y <em>Retirada</em> (2018) se entra en una prosa po&eacute;tica en que el fluir de la conciencia se abre hacia la digresi&oacute;n. Libros juanramonianos en lo que a la revisi&oacute;n y autocr&iacute;tica de la obra en marcha significan, pero tambi&eacute;n est&eacute;ticamente en el uso de una l&iacute;rica emocional cercana al maestro de <em>Espacio</em>, estilo definido por ese fluir en libertad de la conciencia an&iacute;mica, donde asoman preocupaciones existenciales sobre el devenir o la creaci&oacute;n, pero desde su posici&oacute;n solitaria en la naturaleza -o exiliada del mundanal ruido- siente el latido de lo cercano que abre la puerta a la reflexi&oacute;n, se trata de poemas como &ldquo;Coros&rdquo;, en que se vislumbra el reproche a ese &ldquo;croar de cultura superpuesta&rdquo;, de &ldquo;Madera&rdquo;, donde se profundiza en la labor creativa, idea que tambi&eacute;n aparece en &ldquo;Ese charco&rdquo; bajo la experiencia atenta al m&aacute;s m&iacute;nimo detalle de la realidad y, sobre todo,&nbsp; del poema &ldquo;El fruto&rdquo;, una composici&oacute;n magistral, met&aacute;fora sobre el artefacto po&eacute;tico y su imitaci&oacute;n de la realidad. Esta vertiente m&aacute;s reflexiva y melanc&oacute;lica por su carga desolada y cr&iacute;tica sigue en <em>Retirada</em> (2018), bagaje de vida y escritura: &ldquo;Esta l&iacute;nea puede existir si se entrega a la confesi&oacute;n&hellip;&rdquo;, aqu&iacute; se augura el vac&iacute;o y la desposesi&oacute;n como acercamiento a la verdad del poema, v&iacute;a casi m&iacute;stica de sufrimiento para llegar al conocimiento en su inefabilidad, como se&ntilde;ala en &ldquo;Tantas veces la escritura se vac&iacute;a&hellip;&rdquo; de la mano de s&iacute;mbolos de la existencia como el &aacute;rbol o el camino, para concluir en la imposibilidad de captar la realidad y su sentido, pues la vida es como una r&aacute;faga breve.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con su siguiente obra todav&iacute;a in&eacute;dita, <em>Aire donde estuvo una casa</em>, de tintes rosalianos, nuestra poetisa muestra como la escritura sigue siendo un ancla de fe frente a la nada, mediante el s&iacute;mbolo de la casa -tan presente desde sus inicios po&eacute;ticos-, imagen de refugio rilkeano. Este espacio habitable sigue siendo un baluarte de creaci&oacute;n, parang&oacute;n de lo que son las obras, como en &ldquo;Cuadrado m&iacute;o esta noche&rdquo;,&nbsp; pero aparece tambi&eacute;n ya derrumb&aacute;ndose en &ldquo;&iquest;Qu&eacute; haces fiel a lo perdido&hellip;&rdquo;, donde el habit&aacute;culo que fue su universo creativo desaparece y est&aacute; ya s&oacute;lo en la memoria. La escritura permanece en el &ldquo;Aire&rdquo;, &ldquo;Es lo invisible ya&rdquo;, como se&ntilde;ala en el poema del mismo t&iacute;tulo, pues se deriva hacia la inaprensibilidad del hecho po&eacute;tico, inefabilidad que conduce a lo m&iacute;stico, a lo eterno.&nbsp; Y en esa esfera et&eacute;rea coloca Pureza la poes&iacute;a, pues como se&ntilde;ala en &ldquo;Escribir sin mano tambi&eacute;n&rdquo;, en un acto de desposesi&oacute;n de esa &ldquo;manifestaci&oacute;n&rdquo; del ser que es lo escrito: <em>El Aire puede cambiar de esfera y no se rompe jam&aacute;s, as&iacute; el destino del que vive plegado a &eacute;l, nada puede hacerle frente en la noche de los tiempos</em> (p.159).</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 29 Nov 2019 09:33:36 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La hondura de Harold Bloom, sus luces y sombras]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-hondura-de-harold-bloom-sus-luces-y-sombras/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2019/noviembre/harold500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp; Pocos cr&iacute;ticos han mirado la obra de Shakespeare con la hondura del recientemente fallecido Harold Bloom, su obra se ilumina como un destello en el infinito panorama de cr&iacute;ticos que han asolado el panorama de la literatura contempor&aacute;nea.</p>
<p>&nbsp; Bloom ha sido un gran profesor, pero tambi&eacute;n ha sabido mirar a trav&eacute;s del <em>Canon Occidental</em> la obra de muchos de los grandes: Dante, Tolstoi, Montaigne, Moliere, Whitman, Milton, Joyce o Virginia Woolf. Era Bloom un pensador que enriquec&iacute;a, como un creador, con sus opiniones el texto, haciendo que la semblanza de muchos de los estudiados cobrar&aacute; nueva resonancia, precisamente por venir de su mano.</p>
<p>&nbsp; Por decirlo de otro modo, miraba con la hondura del humanista que perpetra a trav&eacute;s de sus opiniones un nuevo magisterio, haciendo que el lector quede atrapado en esa senda, es decir, que vaya a los grandes novelistas con ojos nuevos, entrenados.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para Bloom, Shakespeare y Dante est&aacute;n en el centro del can&oacute;n, cito al cr&iacute;tico:</p>
<p>&ldquo;Shakespeare y Dante son el centro del canon porque superan a todos los dem&aacute;s escritores occidentales en agudeza cognitiva, energ&iacute;a ling&uuml;&iacute;stica y poder de invenci&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Es sin duda alguna esta apreciaci&oacute;n una apuesta arriesgada, porque deja fuera o al margen el poder impresionante de Cervantes en su Quijote para inventar personajes que cobran vida y que tienen un psicologismo indudable, tanto es as&iacute; que la novela abre la senda de la narrativa moderna porque la invenci&oacute;n de estos personajes se convierte en universal, pero tambi&eacute;n deja fuera a otros, que han generado espacios de gran agudeza cognitiva, como Dostoievski o Tolstoi, sin olvidar a Thomas Mann y la grandeza de sus propuestas en novelas inmensas como La monta&ntilde;a m&aacute;gica.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; En mi opini&oacute;n, Bloom acierta en parte, abre una senda, porque es dif&iacute;cil emular a Shakespeare, tan hondo que traspasa cualquier apreciaci&oacute;n, en sus obras cabe toda la dimensi&oacute;n humana, esa capacidad de ver&nbsp; todos los espejos que tiene un ser humano, logrando personajes que son diseccionados en m&uacute;ltiples matices: Hamlet, Otelo, Macbeth. Lo que Bloom simplifica es precisamente lo que hace al canon un artificio dudoso, no podemos entrar en un ejercicio de protagonismos, sin entrar en lo que es meramente opini&oacute;n. Es, sin duda, una opini&oacute;n muy bien argumentada, pero opini&oacute;n al fin y al cabo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; La opini&oacute;n de Bloom sobre Dante tambi&eacute;n es cuestionable, Dante era un transgresor, su <em>Divina Comedia</em> es un l&uacute;cido artificio sobre el ser humano, convertido en un mosaico de diferentes voces que resuenan en el eco de un silencio. Dante es el espejo de una &eacute;poca, donde la met&aacute;fora todav&iacute;a no es un recurso literario pero que cobra en el italiano una fuerza impresionante, de ah&iacute; al s&iacute;mbolo hay un paso.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Bloom es, sin duda alguna, un entom&oacute;logo que busca, bucea y disecciona, pero deja de lado miradas, ecos como los que produce la literatura de D.H. Lawrence, imaginativa y sensual, apenas cita a los espa&ntilde;oles en el Canon, sin tener en cuenta a Baroja, Gald&oacute;s o tantos otros, que han dado al idioma no solo perfiles, sino tambi&eacute;n retratos poderosos, que siguen vigentes en nuestro tiempo.</p>
<p>&nbsp; En mi opini&oacute;n, Bloom se centra demasiado en Shakespeare, un artista de la palabra y un jugador aventajado del idioma, pero olvida el vuelo de escritores que han abierto brechas a la narrativa como Malcolm Lowry o el citado Lawrence.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Es consciente el gran cr&iacute;tico de la fuerza de una Virgina Woolf o de George Eliot, pero deja en ese canon la mirada de muchas escritoras americanas que son de un prodigio verbal inusitado como Carson McCullers. La voz de la espa&ntilde;ola Emilia Pardo Baz&aacute;n para explicar el naturalismo en <em>Los pazos de Ulloa</em> es olvidada porque Bloom se centra en el mundo anglosaj&oacute;n principalmente. Se agradece que cite a Whitman y lo analice, con esa capacidad de ver en <em>Hojas de Hierba</em> un canto a la libertad que pocas veces se ha dado en la literatura.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Concluyo con esta idea: Bloom abre pol&eacute;micas, enciende discusiones y plantea nuevos prismas donde mirar la literatura, es esencial su legado porque podemos no estar de acuerdo, pero da a la cr&iacute;tica razones apasionadas (era muy conocido por su prodigiosa memoria para recitar en sus excelentes clases a los grandes). Muere un hombre de gran estatura que, de alguna forma, aunque haya dialogado con unos m&aacute;s que con otros, conoci&oacute; y vivi&oacute; el amor por los libros como un legado universal.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 28 Nov 2019 12:31:12 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La canción de la muerte de lo oculto]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-cancion-de-la-muerte-de-lo-oculto/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2019/noviembre/Rascayu500.jpg" alt="" /></p>
<p><em>Rascay&uacute;</em>, canci&oacute;n que abordaba el tema de la novia enterrada y que el franquismo censur&oacute; pensando en alusiones veladas al r&eacute;gimen, contiene una letra que anuncia a modo de romance, como en el caballero de Olmedo, el destino tr&aacute;gico de una villa sombr&iacute;a, esperp&eacute;ntica. Es el <em>leitmotiv</em> que estructura el paralelismo par&oacute;dico de la muerte que se conecta con numerosas obras literarias, estilos y g&eacute;neros que el autor hace suyos con un eclecticismo que es capaz de generar un mundo literario real en su extra&ntilde;eza, cercano en su onirismo, tr&aacute;gico en su comicidad. Hay un car&aacute;cter casi de par&aacute;bola que encubre en su deformaci&oacute;n expresionista una acerada revisi&oacute;n de nuestras comunidades, su violencia, odio y oscuridad, abordado desde una iron&iacute;a que alcanza el relato de todo lo que la comunidad calla y forma parte de una realidad oscura cercana y &ldquo;semi-conocida&rdquo;, aunque silenciada por el poder del miedo de quienes sucumben a este. Hay una distancia sarc&aacute;stica presente en acotaciones en las que la voz del narrador interpela tanto al autor como a los personajes, lo que recrea un interesante juego de realidad y ficci&oacute;n en los que el puente del <em>Myse en abyme</em> entre ambas permite comunicar ambas perspectivas en una sola mirada.</p>
<p>Hay algo que acerca la narraci&oacute;n al realismo m&aacute;gico en la inserci&oacute;n de lo fant&aacute;stico en lo m&aacute;s cotidiano. As&iacute; aparecen personajes como Mulhac&eacute;n que relata con normalidad su metamorfosis&nbsp; al ser atacado por dos hombres lobos. Sin embargo, el tono es siempre desmitificador, ya que es una revisi&oacute;n desde el humor la que permite actualizar los t&oacute;picos de dichos g&eacute;neros para ofrecer una perspectiva burlesca. Al ser condenado por sus delitos, sus d&iacute;as en la c&aacute;rcel los pasar&aacute; con su nueva afici&oacute;n: cantar jotas. La burla de lo fantasmag&oacute;rico asume ecos de Oscar Wilde y su <em>Fantasma de Canterville</em>. Al no ser identificado su cad&aacute;ver y confundida su identidad con la de otro, Capdep&oacute;n Mombiela se manifiesta en las v&iacute;as principales de las formas m&aacute;s hilarantes: marcando un gol en propia puerta en un partido decisivo, como cliente de cabaret, bailarina, guardia urbano dirigiendo el tr&aacute;fico, taxista con acento pakistan&iacute;. La hip&eacute;rbole deformadora de la tradici&oacute;n literaria llega a referencias hist&oacute;ricas <em>semi-m&iacute;ticas</em> como el Or&aacute;culo de Delfos. Las informadoras-pitonisas son alcahuetas que dicen poseer poderes sobrenaturales y dotan al inspector de las pistas que este requiere. El regidor y su extra&ntilde;a historia de la sirvienta enana, vinculada al nazismo, que desde su llegada ha hecho de &eacute;l un ser siniestro que no sale con la luz del sol, rememora desde la comicidad y el humor del absurdo las leyendas vamp&iacute;ricas. Incluso hay un espacio de homenaje al western, a <em>La balada de cable hogue de </em>Sam Peckinpah. Como en esta el protagonista se resiste a la llegada del progreso, sigue yendo a caballo cuando los veh&iacute;culos de motor se han ido instaurando en la sociedad. En uno de los momentos el comandante le dice a Porrocho que procure no leer, ya que hacer esto lo convierte en sospechoso, esta aseveraci&oacute;n aislada recuerda Fahrenheit 451 y la prohibici&oacute;n de la lectura por su valor subversivo.</p>
<p>Las interacciones con el lector son continuas, juego de <em>Mise en abyme</em> que recuerdan las apelaciones de Augusto P&eacute;rez de <em>Niebla</em> al autor y a los lectores de la novela de Unamuno: &ldquo;Isa&iacute;as salt&oacute; y emiti&oacute; un sonoro taco (para que el lector a&ntilde;ada en esta parte el que le parezca conveniente eludimos concretarlo)&rdquo;. Tambi&eacute;n se hace uso de dicho recurso, entre muchos otros momentos, cuando Rogelio, uno de los ni&ntilde;os que casi es secuestrado, narra c&oacute;mo sucedi&oacute; todo. Entonces aparecen interpelaciones del narrador que son reflexiones sobre su declaraci&oacute;n:&rdquo;me tropec&eacute; con ellos bueno en realidad con &eacute;l y ella porque eran dos [&iquest;fueron dos tus asaltantes?]&rdquo;.</p>
<p>Hay un uso expresionista, tanto en la visi&oacute;n deformante de la sociedad y sus miserias, retratadas desde esta visi&oacute;n grotescamente delirante, en ciertas descripciones po&eacute;ticas que destruyen la imagen real y desde su m&aacute;xima deformaci&oacute;n nos invitan a mirarla de otra manera, percibiendo las oquedades que no queremos ver. Esta violencia desautomatizadora aparece, entre muchos otros ejemplos, en la descripci&oacute;n de las faldas removidas al aire como v&oacute;mitos de color.</p>
<p>La desaparici&oacute;n de los ni&ntilde;os es una <em>micro-f&aacute;bula</em> que critica la sociedad violenta que educa a una infancia sin referentes de afecto y empat&iacute;a. Es tan terrible como la pel&iacute;cula de Chicho Ib&aacute;&ntilde;ez Serrador titulada <em>&iquest;Qui&eacute;n puede matar a un ni&ntilde;o?</em> En dicho film tambi&eacute;n se ofreci&oacute; una cr&iacute;tica soterrada de la rebeld&iacute;a de la infancia en una sociedad enferma, aunque los ni&ntilde;os son los que generaban el terror y no las v&iacute;ctimas, hay algo que recuerda en este pasaje la visi&oacute;n cr&iacute;tica en la que la violencia se extiende entre todas las generaciones de forma rec&iacute;proca. El circo que tiene en uno de sus miembros a una de las v&iacute;ctimas, tambi&eacute;n contiene un homenaje al Quijote, ya que el forzudo se llama Sans&oacute;n Carrasco. Al igual que sucede en el proemio, en el que el autor desde el perspectivismo inherente a las novelas de caballer&iacute;as y presente tambi&eacute;n en la obra de Cervantes, afirma que un editor ha hecho p&uacute;blica una novela que &eacute;l dice no haber escrito, por lo que dice que rebuscar&aacute; en manuscritos para que pueda existir dicha obra ap&oacute;crifa que debe ser real.</p>
<p>Lo absurdo de nuestra realidad se manifiesta en una obra que se r&iacute;e de todos los g&eacute;neros, que parodia en algunos pasajes incluso elementos culturales e hist&oacute;ricos, que realiza un c&oacute;mico e irracional retrato ingenioso sobre nuestro mundo y sus perversidades. El lenguaje se desnuda de libertad y arroja su ropajes de lo grotesco al lector que se convierte en voyeur de un desfile de imposibles l&oacute;gicos en la racionalidad del logos pero que se integran a la perfecci&oacute;n en lo narrado, una par&aacute;bola que vislumbra el escenario de nuestras perversiones sociales m&aacute;s ocultas, siempre vestidas de humanidad y progreso c&iacute;vico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ra&uacute;l Herrero, <em>Rascay&uacute;</em>, Zaragoza, Limbo Errante, 2018.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 28 Nov 2019 12:24:24 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Amar el cine]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/amar-el-cine/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2019/noviembre/alfredo500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hace a&ntilde;os, cuando estudiaba la carrera, hab&iacute;a una asignatura de Historia del Arte (aunque fueras de otra titulaci&oacute;n, como era mi caso, pod&iacute;as elegirla como &ldquo;libre elecci&oacute;n&rdquo;) que impart&iacute;a Agust&iacute;n S&aacute;nchez Vidal, con el nombre de <em>Historia del cine y de otros medios audiovisuales</em> y en la que, durante todo un a&ntilde;o, se pod&iacute;a aprender sobre la historia del cine, sus g&eacute;neros y sus caracter&iacute;sticas esenciales. Entonces, hab&iacute;a un manual del propio profesor que completaba tus apuntes y que ven&iacute;a muy bien, pues era una s&iacute;ntesis de la historia del cine bastante completa y detallada. No s&eacute; si la asignatura existe todav&iacute;a o qu&eacute; bibliograf&iacute;a recomiendan, pero estoy seguro de que <em>Hermosas mentiras. T&oacute;picos y clich&eacute;s en el cine</em>, &uacute;ltimo libro de Alfredo Moreno, fant&aacute;sticamente editado por la zaragozana Limbo errante (con mucho gusto y cuidado y con una preciosa portada a cargo de Juan Luis Borra), deber&iacute;a formar parte de los libros obligatorios que todo buen estudiante de cine ha de leer (s&iacute;, se ha de leer y no s&oacute;lo <em>googlear</em>). Y no es una <em>boutade</em> o un gui&ntilde;o de complicidad hacia un escritor y cr&iacute;tico cinematogr&aacute;fico a quien leo y sigo desde hace a&ntilde;os en su blog <em>39 escalones</em> (como mucha m&aacute;s gente, pues es una de las bit&aacute;coras de cine m&aacute;s le&iacute;das), sino una afirmaci&oacute;n que viene de la lectura de un libro riguroso, a la par que ameno, did&aacute;ctico, claro y que propone una visi&oacute;n sobre el cine basada en los t&oacute;picos, las repeticiones o los clich&eacute;s. Es un libro que transmite amor al cine y, sobre todo, un poso de conocimiento y sabidur&iacute;a hacia el objeto de an&aacute;lisis, con ese estilo cada vez m&aacute;s depurado y claro - <em>suaviter in modo, fortiter in re</em>, podr&iacute;a decirse-, necesario en un ensayo de este tipo, que se va a las casi 400 p&aacute;ginas. Pero es que, adem&aacute;s, de repente, en medio de un an&aacute;lisis certero y documentado sobre los personajes de una pel&iacute;cula <em>suelta</em> algo as&iacute; como &ldquo;cuyos protagonistas [&hellip;] y cuadros de baile parecen haber sido escogidos de acuerdo con alg&uacute;n oscuro proceso de selecci&oacute;n racial&rdquo; y es entonces cuando, como lector, se agradece el par&eacute;ntesis, el humor &ndash;a veces algo grueso, como cuando se refiere a los monjes de <em>El nombre de la rosa</em>- y el descaro, tan necesario en estos tiempos en los que mucha gente guarda opiniones y teme herir sensibilidades demasiado <em>sensibles</em>, o en los que sucede lo contrario, y las opiniones sin filtro ni criterio abroto&ntilde;an por todos lados (sobre todo los digitales).</p>
<p>El libro est&aacute; dividido en cuatro grandes bloques (<em>La tradici&oacute;n</em>, <em>Propaganda y moral</em>, <em>Geograf&iacute;as f&iacute;sicas y humanas</em> y <em>Eternos retornos</em>) y un ep&iacute;logo, junto a un prefacio e introducci&oacute;n y la bibliograf&iacute;a (reducida, pues estoy seguro de que ha manejado numerosas referencias). Desde el inicio plantea una tesis que es la con la que creo que Alfredo viene entendiendo el cine desde sus primeros libros (<em>39 estaciones. De viaje entre el cine y la vida</em>, publicado por Eclipsados en 2011 y m&aacute;s recientemente con la novela <em>Cartago Cinema</em>, en Mira editores en 2017) y es que el cine viene a explicar nuestra vida, y que cuando hablamos de cine hablamos de nosotros mismos; y tambi&eacute;n, por qu&eacute; no decirlo, el cine es &ldquo;nuestra vida de repuesto&rdquo; (frase de Jos&eacute; Luis Garci; por cierto, el libro concluye con una referencia a <em>El crack</em>). Y en esa vida el clich&eacute;, el lugar com&uacute;n, la repetici&oacute;n, juega un papel determinante, pues forma parte esa verdad que necesitamos asumir, de las certezas que queremos que nos cuenten. El misterio, el cambio de rumbo, la ruptura de la norma son los elementos que hacen avanzar el cine.</p>
<p>Como reza uno de los subcap&iacute;tulos incluidos dentro del primero (&ldquo;La tradici&oacute;n&rdquo;), el inicio de todo est&aacute; en Grecia, en la <em>Historia eti&oacute;pica</em> de Heliodoro de &Eacute;mesa (siglo III d. C.), en el inicio de la novela hist&oacute;rica y la de viajes (o aventuras). Y sobre los esquemas b&aacute;sicos que la narraci&oacute;n de ese tipo novelas proponen se sustenta una secuencia l&oacute;gica que el lector (o espectador) recuerda y prev&eacute;, pues, en el fondo, &ldquo;todas las historias son la misma historia&rdquo;. Y de esas historias que son siempre las mismas es de donde surge el conocimiento compartido entre autor/creador y p&uacute;blico (lector o espectador), es decir, de los t&oacute;picos, de los lugares habituales que ambos poseen y que se presentan en diferentes formas y combinaciones. Las distintas narraciones no son sino diferentes formas de combinar y repetir los mismos esquemas y patrones, con diferentes formas y estilos, pero siguiendo un mismo modelo. En la base de los t&oacute;picos y clich&eacute;s en el cine se hallan los seriales, novelas por entregas y folletines, que fueron superados poco a poco en los inicios del cine (que Alfredo sit&uacute;a en Hollywood en torno a 1914), cuando el cine empezaba a ser cultura y espect&aacute;culo, arte e industria. En la narrativa visual nos hemos acostumbrado a no sorprendernos ante la trama de las series o pel&iacute;culas y tenemos esa sensaci&oacute;n de que ya lo hemos visto, de que sabemos c&oacute;mo se va a desarrollar (con sus variantes). En la capacidad de salirse de la tangente, de superar los clich&eacute;s y los t&oacute;picos, est&aacute; la novedad y la sorpresa y tambi&eacute;n la manera de evolucionar y presentar propuestas nuevas, que se rebelen contra esos clich&eacute;s y t&oacute;picos que han servido (y sirven) para rodar pel&iacute;culas. El cine es una constante evoluci&oacute;n en la que la lucha contra el estereotipo o la &ldquo;monoforma&rdquo; marca la renovaci&oacute;n y la novedad y la capacidad de jugar con la sorpresa hacia el espectador. Aquellos que han mostrado su oposici&oacute;n o su novedad ante el clich&eacute; son los que han hecho evolucionar el cine, cuestionar las verdades asumidas y hacer evolucionar el cine, la cultura y nuestra propia concepci&oacute;n del mundo y de la vida.</p>
<p>Dentro de esta historia del cine a partir de los t&oacute;picos y clich&eacute;s que presenta Alfredo Moreno, merece una especial atenci&oacute;n el largo cap&iacute;tulo titulado &ldquo;Propaganda y moral&rdquo;, en el que se explica de manera detallada, con numerosos ejemplos, c&oacute;mo los diversos g&eacute;neros cinematogr&aacute;ficos &ldquo;asumen la l&iacute;nea oficial de pensamiento y de moral patri&oacute;tica&rdquo;, sobre todo a trav&eacute;s del g&eacute;nero b&eacute;lico y del western. Destacan tambi&eacute;n las p&aacute;ginas dedicadas a la figura del presidente Abraham Lincoln en el cine (en el subcap&iacute;tulo &ldquo;La necesidad de h&eacute;roes&rdquo;), quien se convierte en &ldquo;la conciencia de Hollywood, su gu&iacute;a espiritual&rdquo; y es una presencia constante en la filmograf&iacute;a del m&aacute;s grande de los directores, John Ford; o el an&aacute;lisis de los a&ntilde;os sesenta como los de los intentos de ruptura del clich&eacute; y el t&oacute;pico. Asimismo, las pel&iacute;culas de juicios de los a&ntilde;os cincuenta y sesenta o los melodramas de Douglas Sirk son analizados en clave ideol&oacute;gica como producto de un tiempo y de una defensa de un sistema de valores determinado. Y es entre estas formas cinematogr&aacute;ficas y las pel&iacute;culas en las que se muestra la domesticaci&oacute;n de la mujer, su confinamiento a una determinada esfera personal y p&uacute;blica y se establece mediante la ligaz&oacute;n entre los diversos subcap&iacute;tulos del libro (muy folletinesco esto de dejar tensi&oacute;n al final de cada parte). En las p&aacute;ginas del libro se explicita tambi&eacute;n una de las ideas que Alfredo repite en varias ocasiones (y que los lectores de su blog ya conocer&aacute;n), que es la infantilizaci&oacute;n y mercantilizaci&oacute;n del cine en los ochenta, la sumisi&oacute;n a los c&aacute;nones de lo pol&iacute;ticamente correcto, que todav&iacute;a hoy colean. El orden y la moral no se cambian, sino quienes osan cambiarlo o rebelarse contra &eacute;l y eso lo vemos en pel&iacute;culas en las que el abuso econ&oacute;mico, el adulterio o la infidelidad son castigados.</p>
<p>El cap&iacute;tulo &ldquo;Geograf&iacute;as f&iacute;sicas y humanas&rdquo; aborda las pel&iacute;culas ambientadas en lugares extra&ntilde;os o ex&oacute;ticos para Hollywood, c&oacute;mo se proyecta la mirada exterior sobre ellos (con todos los t&oacute;picos y clich&eacute;s necesarios) y c&oacute;mo perviven la visi&oacute;n occidental sobre su historia. A lo largo de los m&aacute;s de cien a&ntilde;os de vida del cine, se ha creado una mirada conservadora, paternalista, que no ha ahondado en los problemas de esos otros lugares que no son Hollywood; de este modo, la visi&oacute;n que sobre &Aacute;frica se transmite resulta interesante por cuanto nos dice de c&oacute;mo vemos este continente, desde unos presupuestos coloniales, que se extienden tambi&eacute;n a otras partes del mundo (muy recomendables las p&aacute;ginas dedicadas a Espa&ntilde;a y lo espa&ntilde;ol, por cierto). Cuando Hollywood ha reflejado su pa&iacute;s, lo ha hecho sobre todo a trav&eacute;s de tres grandes g&eacute;neros, que son la esencia del cine: el musical, el melodrama y el western, siendo este &uacute;ltimo, a juicio de muchos, el m&aacute;s inequ&iacute;vocamente norteamericano (es &ldquo;su&rdquo; historia) y aquel que, frente a todas las adversidades, cambios de mentalidad, gustos o f&oacute;rmulas repetidas, sigue ah&iacute;, es el &ldquo;alma de Am&eacute;rica&rdquo;.</p>
<p>El cuarto cap&iacute;tulo, &ldquo;Eternos retornos&rdquo;, est&aacute; m&aacute;s centrado en el presente, en nuestra sociedad actual y va desarrollando ideas que pod&iacute;amos ir espigando en otras p&aacute;ginas. Es aqu&iacute;, cuando habla de la <em>hiperconexi&oacute;n</em>, de la sociedad espect&aacute;culo, de la posverdad, del &eacute;xito inmediato y ef&iacute;mero y de la prisa, cuando uno cree ver una cierta nostalgia hacia otro tiempo del cine (y de la vida, quiz&aacute;s), no exento de rigor a la hora de desgranar los males que nos afligen. En este tiempo el clich&eacute; pervive, tranquilo y seguro, adaptado a los nuevos tiempos y demandas de p&uacute;blico y productores. La misi&oacute;n, el desarraigo, la inadaptaci&oacute;n, el buen salvaje, &ldquo;los detectives de s&iacute; mismos&rdquo; o el cambio de patr&oacute;n u orden social son los clich&eacute;s que van siendo comentados a trav&eacute;s de un numeroso grupo de pel&iacute;culas que cubren un espectro temporal ampl&iacute;simo, ofreciendo de este modo mayor objetividad y muestran c&oacute;mo el clich&eacute; pervive, se adapta (con alguna mutaci&oacute;n) y sigue siendo la base del cine.</p>
<p>Finalmente, en el ep&iacute;logo, se establecen una serie de ideas en torno al presente y al futuro del cine (otro clich&eacute; en s&iacute; mismo, si se quiere), donde vemos que el diagn&oacute;stico que ha ido permeando en diversos fragmentos del libro cobra m&aacute;s sentido y cuerpo. El agotamiento, la falta de ideas, la repetici&oacute;n, la excesiva proliferaci&oacute;n de sagas, la infantilizaci&oacute;n, la sobrevaloraci&oacute;n&hellip;todo aquello que ha hecho que un tipo de cine quede relegado al circuito dom&eacute;stico o a los canales y medios poco comerciales, son los elementos que perduran en el cine actual. De todo ello, el culto a la juventud (p&aacute;gina 378 y siguientes) y la reducci&oacute;n de propuestas que llegan a las salas &ndash;con mucha est&eacute;tica de videojuego y videoclip musical, claro- son los s&iacute;ntomas m&aacute;s evidentes y los retos a los que se enfrenta el cine (quiz&aacute;s la batalla est&eacute; perdida), junto a la p&eacute;rdida de espectadores que termina refugi&aacute;ndose en las plataformas digitales, en sus casas. Es necesario tambi&eacute;n que el cine adquiera una mayor consideraci&oacute;n como cultura y pensamiento, no solo entretenimiento (p&aacute;gina 385), que el p&uacute;blico est&eacute; m&aacute;s formado cr&iacute;ticamente, y que, aunque no es objeto del estudio, la pirater&iacute;a sea castigada con mayor dureza (existe un cierto <em>laissez faire</em> en este sentido, y m&uacute;sica y cine, entre otras artes, son saqueadas impunemente). En su reivindicaci&oacute;n como arte, como &ldquo;hecho cultural&rdquo;, est&aacute; su supervivencia. El resto, por desgracia, no es m&aacute;s que juegos de artificio, entretenimiento huero, como cualquier otro.</p>
<p><em>Hermosas mentiras</em> &ndash;genial t&iacute;tulo- es un libro que nos hace pensar y que nos plantea hip&oacute;tesis, ofrece caminos por los que nuestro inter&eacute;s como espectadores o lectores puede transitar m&aacute;s adelante, y que, a mi juicio, contiene peque&ntilde;os ensayos en cada cap&iacute;tulo, que quiz&aacute;s, en futuros libros, se podr&iacute;an desarrollar mucho m&aacute;s (creo que Alfredo har&iacute;a un fant&aacute;stico libro sobre el western, por ejemplo). Creo que hay temas o ideas que quiz&aacute;s se hayan quedado fuera del libro o que no se ha querido profundizar en ellos, para dejar un debate abierto y no tratar de abrumar al lector. Hay querencia por el cine cl&aacute;sico, que es el &ldquo;cine de verdad&rdquo;, junto con las pel&iacute;culas que, con cuentagotas, se van saliendo de las l&iacute;neas trazadas en la actualidad. Y hay tambi&eacute;n una nostalgia en estas p&aacute;ginas por ese cine al que no se le ve&iacute;an las costuras, que era, con sus t&oacute;picos y clich&eacute;s, un cine que ofrec&iacute;a respuestas, conocimiento o descubrimientos al espectador, no solo entretenerlo. Alfredo Moreno ha escrito un libro fant&aacute;stico, muy documentado sin que se note, claro, did&aacute;ctico y con un prop&oacute;sito, como ha de hacerse en un ensayo de este tipo. Lo &uacute;nico que uno lamenta es que solo tenga la extensi&oacute;n que tiene; sucede como cuando lo escuchas por la radio en un programa semanal de cultura de Arag&oacute;n Radio, que te saben a poco los diez o quince minutos que tiene para hablar y explicar algunas pel&iacute;culas. El debate, por tanto, sobre la supervivencia del cine est&aacute; abierto; el problema es que no sabemos si al cine, tal y como lo hemos entendido muchos, le queda mucho tiempo.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>Alfredo Moreno. <em>Hermosas mentiras. T&oacute;picos y clich&eacute;s en el cine</em>. Zaragoza, Limbo errante, 2018.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 25 Nov 2019 07:52:04 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El romanticismo pulcro de Virgínia Victorino]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-romanticismo-pulcro-de-virginia-victorino/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2019/noviembre/vifginia500.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>&nbsp;</strong>&nbsp;</p>
<p>Virg&iacute;nia Victorino nace en Alcoba&ccedil;a, ciudad portuguesa famosa por su monasterio cisterciense, el 13 de agosto de 1895, y fallece en Lisboa el 21 de diciembre de 1967. Mujer de gran erudici&oacute;n, fil&oacute;loga, pol&iacute;glota y valiosa pianista, fue profesora de idiomas en el Conservatorio Nacional de Portugal. Su obra po&eacute;tica se compone de&nbsp;<em>Namorados</em>&nbsp;(1920),&nbsp;<em>Apaixonadamente</em>&nbsp;(1923) y&nbsp;<em>Ren&uacute;ncia</em>, publicado en 1926, a&ntilde;o en el que abandona la poes&iacute;a para dedicarse a la dramaturgia. Sus libros alcanzaron una notable repercusi&oacute;n en su tiempo, contando con el respaldo de la cr&iacute;tica y con la cercan&iacute;a de figuras como la de Almada Negreiros, quien dise&ntilde;&oacute; algunas de las portadas de sus obras. Su poes&iacute;a, engendrada principalmente en forma de soneto, se puede definir como de un romanticismo directo y exento de ret&oacute;rica, moderna y a la vez devota de la tradici&oacute;n, de un lenguaje sencillo a la par que rotundo. Presentamos aqu&iacute; a continuaci&oacute;n, por primera vez en castellano, seis poemas de su autor&iacute;a, seis muestras del alcance literario de la injustamente olvidada Virg&iacute;nia Victorino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p><strong>CENIZAS</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un gran amor en poco se resume.</p>
<p>&iquest;Y el nuestro, c&oacute;mo fue? Grande y peque&ntilde;o.</p>
<p>Dur&oacute; lo que la sombra de un perfume.</p>
<p>Fue mal y bien. Un b&aacute;lsamo, un veneno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quedan cenizas, y ni fuego fue.</p>
<p>&iexcl;C&oacute;mo recuerdo aquel ameno encanto!</p>
<p>Si muda en un perd&oacute;n cada lamento,</p>
<p>&iexcl;qu&eacute; bien me siento yo si te condeno!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Te mir&eacute;, sonre&iacute;&hellip; &iquest;ser&aacute; eso amor?</p>
<p>No pude hablar, porque perd&iacute; el color;</p>
<p>te quedaste mirando, triste y mudo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nos amamos. La prueba est&aacute; aportada.</p>
<p>Era todo este amor, pero ahora es nada.</p>
<p>Es nada ahora, siendo todo a&uacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>EN LA VENTANA</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sola te espero en la ventana, sola.</p>
<p>Vendr&aacute;s a hablarme aqu&iacute;. Pienso, medito.</p>
<p>Noche de azul, tranquila. En cada estrella,</p>
<p>como si fuese en ti, los ojos fijo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y hasta me asusto. &iquest;Mas por qu&eacute; no evito</p>
<p>o retraso la hora grande y bella?</p>
<p>Esta alegr&iacute;a explotar&aacute; en un grito,</p>
<p>en el que mi alma toda se revela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y estoy sola de nuevo. Lloro. Lloras.</p>
<p>&iexcl;Qu&eacute; insondable misterio el de las horas!</p>
<p>Te vas. Escucho pasos. Noche fr&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;Qu&eacute; ausencia! &iquest;Volver&aacute;s? &iexcl;Se&ntilde;or! &iexcl;Se&ntilde;or!</p>
<p>&iexcl;Para el dolor, tan grandes son las horas</p>
<p>como peque&ntilde;as para la alegr&iacute;a!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>MIEDO</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;Escucha el gran silencio de estas horas!</p>
<p>Oh, cu&aacute;nto tiempo sin decirnos nada&hellip;</p>
<p>&iexcl;En tu sonrisa, una expresi&oacute;n doliente,</p>
<p>l&aacute;grimas en los ojos, y no lloras!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tus manos se demoran en las m&iacute;as</p>
<p>con elocuencia muda, apasionada&hellip;</p>
<p>Si mi mirada triste de amargura</p>
<p>busca la tuya, p&aacute;lido sucumbes&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El momento m&aacute;s triste de la vida</p>
<p>es el momento de la despedida:</p>
<p>ve c&oacute;mo el miedo crece en m&iacute;, latente&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;Qu&eacute; asustadora, enorme sombra oscura!</p>
<p>He aqu&iacute; al final, amor, toda tortura:</p>
<p>te veo a&uacute;n, y ya te siento ausente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>MAR</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;Mar! &iexcl;Viejo mar ansioso y palpitante!</p>
<p>Cuando elevas tus olas a los cielos,</p>
<p>&iquest;es furia lo que sientes, oh gigante,</p>
<p>o es el deseo de ascender a Dios?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;Mar! &iexcl;Viejo mar perturbador, vibrante,</p>
<p>de tan inciertos nervios como yo!</p>
<p>&iexcl;Mar tempestuoso, aventurero, errante,</p>
<p>que eres tumba de reyes y plebeyos!</p>
<p><br /> Abrigo azul con miles de volantes&hellip;</p>
<p>&iexcl;Tu voz no hay nadie, no, que la comprenda,</p>
<p>mar caprichoso, esf&iacute;ngico, profundo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tantas veces, inconsolable, lloras&hellip;</p>
<p>&iexcl;De qu&eacute; dolor y angustia te lamentas,</p>
<p>oh mar, inmensa l&aacute;grima del mundo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&Eacute;XTASIS</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No sufras m&aacute;s, amor. No digas nada.</p>
<p>Ven conmigo. &iexcl;Te llevo! Noche densa:</p>
<p>la exaltaci&oacute;n del mar qued&oacute; suspensa</p>
<p>en parada durmiente, prolongada&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No tardar&aacute; en abrir la madrugada.</p>
<p>&iexcl;Ven conmigo! &iexcl;No pienses! &iexcl;No se piensa!</p>
<p>&iexcl;Acude en pos de la aventura inmensa,</p>
<p>escucha mi ternura apasionada!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ve qu&eacute; grande es el sue&ntilde;o que persigo&hellip;</p>
<p>No sufras m&aacute;s, amor. Y recorramos</p>
<p>otro pa&iacute;s m&aacute;s bello y m&aacute;s distante&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;Vay&aacute;monos detr&aacute;s de la quimera,</p>
<p>donde la primavera no termine,</p>
<p>donde cante la voz de las estrellas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>MEDIANOCHE</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;&hellip;y si no acudiese a hablar contigo antes de medianoche, no me esperes. Ya no ir&eacute;.&rdquo;</p>
<p>(De una carta)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya empezaron las horas a caer;</p>
<p>la una, las dos&hellip; &iquest;Vendr&aacute;? Vendr&aacute;, seguro.</p>
<p>Yo, conmovida, as&iacute; como el que reza,</p>
<p>las horas voy contando, entre sonrisas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y tres, y cuatro&hellip; cinco&hellip; &iexcl;Y sin venir!</p>
<p>Si no viene, &iquest;por qu&eacute; ser&aacute;? &iquest;Frialdad?</p>
<p>Seis&hellip; siete&hellip;&nbsp; &iexcl;No ser&aacute;! &iexcl;Yo sigo presa,</p>
<p>sin saber nada, sin poder salir!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ocho&hellip; nueve&hellip; Minti&oacute;. &iquest;D&oacute;nde estar&aacute;?</p>
<p>Oigo pasos. &iexcl;Es &eacute;l, est&aacute; llegando!</p>
<p>Me confund&iacute;&hellip; No s&eacute;&hellip; No viene nadie.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Diez&hellip; once&hellip; &iexcl;Oh, por Dios, cu&aacute;nta demora!</p>
<p>Y mi alma sucumbe, tiembla, llora&hellip;</p>
<p>&iexcl;Se acab&oacute;! Medianoche: ya no viene.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 25 Nov 2019 07:46:24 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Plantas de interior]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/plantas-de-interior/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/noviembre/tello500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Por la noche riego las plantas de interior, me ocupo de ellas, no hay sombra que las haga morir en la memoria sin llamar la atenci&oacute;n. Resuelvo el horizonte y tambi&eacute;n la ca&iacute;da donde debe existir el mundo en el presente. Elogio las ruinas en un texto, el espacio fruct&iacute;fero del poema.&nbsp;</p>
<p>Tomamos posesi&oacute;n de un campo de escritura, los hombres cotidianos ocupados en la mudanza. No hay h&eacute;roes ni vencidos, no podemos borrar al due&ntilde;o del relato, sus m&aacute;scaras, la parte de una vida que sigue deshaci&eacute;ndose y deja tras ella su cola de cristales. El porqu&eacute; de un suceso vive en cada momento su trama tartamuda, la extensi&oacute;n de un desastre.&nbsp;</p>
<p>Estoy entre nosotros buscando lo posible con fecha se&ntilde;alada en su acepci&oacute;n vulgar. He elegido a un actor, revocado su herida para hacerla real. La huida es el camino hacia un espejo que he quebrado. De esta decisi&oacute;n surge lo que no hay que repetir. El tiempo que lleva tu nombre est&aacute; iluminado.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 25 Nov 2019 07:41:13 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El aburrimiento]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-aburrimiento/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/noviembre/KARMELO_IRIBARREN_2.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 690px;">Natural de Babia</p>
<p style="padding-left: 690px;">-aunque otros dicen que de la Inopia-</p>
<p style="padding-left: 690px;">y de gustos muy ecl&eacute;cticos</p>
<p style="padding-left: 690px;">-le gusta Heidegger, por ejemplo,</p>
<p style="padding-left: 690px;">pero no le hace ascos</p>
<p style="padding-left: 690px;">a la t&iacute;pica comedia espa&ntilde;ola-,</p>
<p style="padding-left: 690px;">lo normal es que te lo encuentres&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 690px;">varias a veces al d&iacute;a,</p>
<p style="padding-left: 690px;">y que, aunque haga amago de quedarse,</p>
<p style="padding-left: 690px;">puedas quit&aacute;rtelo de encima</p>
<p style="padding-left: 690px;">sin que oponga demasiada resistencia.</p>
<p style="padding-left: 690px;">Pero conviene no fiarse de &eacute;l,</p>
<p style="padding-left: 690px;">no siempre resulta tan inofensivo.</p>
<p style="padding-left: 690px;">En ocasiones -estoy asistiendo</p>
<p style="padding-left: 690px;">a una de ellas- puede llegar a ser</p>
<p style="padding-left: 690px;">de una extrema crueldad.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 690px;">&iquest;Que no me crees? M&iacute;ralo, ah&iacute;, en la mesa</p>
<p style="padding-left: 690px;">del fondo, frot&aacute;ndose las manos, con esa</p>
<p style="padding-left: 690px;">media sonrisa c&iacute;nica, esperando</p>
<p style="padding-left: 690px;">tranquilamente su hora, la de asomarse</p>
<p style="padding-left: 690px;">a la mirada de ese par de enamorados</p>
<p style="padding-left: 690px;">que, como todos, tambi&eacute;n</p>
<p style="padding-left: 690px;">se iban a amar toda la vida.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 25 Nov 2019 07:35:47 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Zbigniew Herbert, un autor de nuestro tiempo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/zbigniew-herbert-autor-de-nuestro-tiempo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/noviembre/ZBIGNIEW500.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: center;" align="center">1</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se ha convertido casi en un lugar com&uacute;n afirmar que la poes&iacute;a polaca de la segunda mitad del siglo XX ocupa una posici&oacute;n que muy pocas poes&iacute;as digamos &ldquo;perif&eacute;ricas&rdquo; pueden haber tenido a lo largo de la historia. Pasa a ser la poes&iacute;a que ejerce m&aacute;s influencia y tiene un impacto mayor en otras literaturas, principalmente del &aacute;mbito anglosaj&oacute;n, aunque tambi&eacute;n en el alem&aacute;n (en el franc&eacute;s y en el espa&ntilde;ol tardar&iacute;a un poco m&aacute;s, aunque las repercusiones en este &uacute;ltimo a&uacute;n se pueden percibir hoy en d&iacute;a). En el marco de ese fen&oacute;meno, y siguiendo tal vez con los lugares comunes, siempre se cita a una tr&iacute;ada de autores, aunque ser&iacute;an algunos m&aacute;s los que configuran ese grupo po&eacute;tico de calidad poco com&uacute;n en un momento determinado. Claro que est&aacute;n los acme&iacute;stas rusos, los poetas de la generaci&oacute;n del 27 en Espa&ntilde;a, los poetas griegos, o los herm&eacute;ticos italianos, autores que representan en cada una de sus respectivas tradiciones literarias un cambio enorme en la poes&iacute;a, y tras los cuales ya nada es lo mismo que unos a&ntilde;os antes. Pero se podr&iacute;a afirmar que la repercusi&oacute;n de los autores polacos llega a ser m&aacute;s duradera, al menos hasta el momento en el que todav&iacute;a arden un poco los rescoldos del modernismo literario. Despu&eacute;s, cuando han desaparecido ya los grandes relatos, son autores que tienen tal vez una menor importancia, especialmente el mayor del grupo, el poeta Czesław Miłosz, aunque tambi&eacute;n Zbigniew Herbert, y en menor medida Tadeusz R&oacute;żewicz, que sigue siendo el gran autor a descubrir, tal vez porque su discurso sea de un planteamiento radical en cuanto a lo que nos ha dejado la cultura occidental. Adem&aacute;s, este &uacute;ltimo no forma parte de la tr&iacute;ada, ya que ese lugar lo ocupa la poeta Wisława Szymborska. Estos ser&iacute;an los autores que m&aacute;s han contribuido a formar lo que el propio Czesław Miłosz denomin&oacute; la &ldquo;Escuela de poes&iacute;a polaca&rdquo;, un nombre generalizador que agrupaba varias est&eacute;ticas en su seno y que tuvo mucha fortuna en los c&iacute;rculos americanos. Los cimientos de esa escuela se encuentran en una famosa antolog&iacute;a de poes&iacute;a polaca de posguerra que public&oacute; con traducciones propias en los Estados Unidos en el a&ntilde;o 1965, es de &eacute;l mismo el pr&oacute;logo donde relata la simplicidad de la frase, la iron&iacute;a, la falta de estructuras de ritmo o de rima cl&aacute;sicas, y un discurso claro que no perd&iacute;a muchos elementos o caracter&iacute;sticas al ser trasladado a otra lengua. De entre los autores que selecciona, y que configuran el canon de la poes&iacute;a polaca de la segunda mitad del siglo XX (de capital importancia es el hecho de que ha sido realizado desde fuera, en el exilio), destaca la figura de Zbigniew Herbert, que encarnar&iacute;a todos estos elementos. Aparte de los elementos mencionados, las alusiones y referencias al mundo cl&aacute;sico y la construcci&oacute;n de poemas en forma de par&aacute;bola hacen de &eacute;l el autor ideal para encarnar la confrontaci&oacute;n con el r&eacute;gimen pol&iacute;tico existente en Polonia a la par de ser un poeta de calidad indiscutible que sabe d&oacute;nde establecer la frontera en el texto para que no caiga o en un discurso moralizador o en un pathos excesivo.</p>
<p>A partir de ah&iacute;, Zbigniew Herbert se iba a erigir como el poeta por antonomasia no solo de ese tipo de poes&iacute;a sino de la poes&iacute;a polaca en general. Hasta el punto de que cuando Miłosz recibe el premio Nobel de literatura en el a&ntilde;o 1980, en su faceta de poeta, que era la que m&aacute;s le interesaba, era mucho m&aacute;s conocido como traductor de Herbert que por su propia producci&oacute;n. Este elemento, que hoy en d&iacute;a podr&iacute;amos calificar de anecd&oacute;tico, reviste gran importancia para poder ver la repercusi&oacute;n de Herbert, as&iacute; tambi&eacute;n como una serie de caracter&iacute;sticas (las que ya apuntaba all&iacute; Miłosz) que se han ido repitiendo hasta la saciedad y que han dado como resultado una visi&oacute;n parcial de la obra del autor de Don Cogito.</p>
<p>No se detiene aqu&iacute; la clasificaci&oacute;n de Herbert, puesto que a&ntilde;os m&aacute;s tarde, con el poema &ldquo;Tornada de don Cogito&rdquo; (tal vez uno de los poemas m&aacute;s sobrevalorados de su producci&oacute;n, y que ha tenido mucha m&aacute;s importancia en su lectura en clave de resistencia en Polonia que en el extranjero) y tambi&eacute;n con el poema &ldquo;Informe de la ciudad sitiada&rdquo; (en este caso, un poema soberbio, como muchos otros que tiene Zbigniew Herbert) pasa a convertirse en el poeta que encarna todos los valores de la oposici&oacute;n durante la &eacute;poca del estado de guerra en Polonia (1981-1983). De este segundo poema dir&aacute; Sven Birkerts: &ldquo;las principales estrategias de Herbert: el desplazamiento del tono y una visi&oacute;n hist&oacute;rica distante confluyen ambas en el poderoso t&iacute;tulo del poema&rdquo;. Ese rol, el del vate de la oposici&oacute;n, despu&eacute;s va a cargar su biograf&iacute;a, y va a convertirlo en una especie de s&iacute;mbolo, que &eacute;l mismo acentu&oacute; y que, a causa de desafortunadas intervenciones posteriores del poeta (debidas a estados cr&iacute;ticos de su enfermedad) tuvo como resultado que algunas tendencias conservadoras quisieran apropiarse de su figura. Pero eso ser&iacute;a otro tema, la cuesti&oacute;n de los poetas nacionales, que en este caso se disputar&iacute;an entre Herbert y Miłosz (y tambi&eacute;n la relaci&oacute;n de ambos poetas da para todo un art&iacute;culo por separado).</p>
<p>As&iacute; las cosas, la obra de Herbert se ha tenido que enfrentar varias veces a intentos de clasificaci&oacute;n y de reducci&oacute;n, en algunos casos se ha mantenido una imagen del poeta concreto, como la del poeta de la oposici&oacute;n, que a&uacute;n rige en varios c&iacute;rculos de Polonia. Otra de las clasificaciones y reducciones se derivan de la creaci&oacute;n de ese personaje totalmente iconoclasta, a veces un alter ego del autor, a veces una creaci&oacute;n moral, que es Don Cogito. En cuanto a estos aspectos, un lector de una lucidez poco com&uacute;n como el premio Nobel J. M. Coetzee, afirma que &ldquo;en un grado importante, Don Cogito es como Don Quijote (con quien est&aacute; expl&iacute;citamente asociado en el primero de los poemas de Don Cogito, &ldquo;Las dos piernas de Don Cogito&rdquo;): es una criatura cuyo creador solo puede llegar a darse gradualmente de hasta qu&eacute; punto puede sobrellevar el peso po&eacute;tico&rdquo;. Herbert como el autor de Don Cogito, cuando si repasamos sus poes&iacute;as completas veremos que ese personaje no aparece hasta el a&ntilde;o 1974, con el t&iacute;tulo del libro del mismo personaje, y anteriormente ya hab&iacute;a publicado &iexcl;4 libros de poemas! y a partir del libro <em>Eleg&iacute;a para la partida </em>(1990) su aparici&oacute;n va siendo cada vez m&aacute;s tenue. S&iacute;, un personaje que tiene una importancia capital en su obra, pero no se puede encerrar la figura de Herbert en el encasillamiento de Don Cogito.</p>
<p>Por suerte, el lector espa&ntilde;ol tiene a su disposici&oacute;n buena parte de la obra de Zbigniew Herbert, tanto los poemas, en la espl&eacute;ndida edici&oacute;n de Xaverio Ballester de la <em>Poes&iacute;a completa, </em>como en los ensayos, donde est&aacute;n los principales del autor: <em>Un b&aacute;rbaro en el jard&iacute;n, Naturaleza muerta con brida </em>y <em>El laberinto sobre el mar</em>, aparte del volumen de prosas <em>El rey de las hormigas</em>. Con todas estas traducciones ya imposible es, despu&eacute;s de una lectura atenta, reducir a Zbigniew Herbert a una o dos l&iacute;neas, a uno o dos temas. Es una obra considerable en la que aparece una serie de motivos recurrentes, bajo una forma u otra, sea bajo la figura de Don Cogito, en la forma de un ensayo o en los otros poemas (en los que utiliza y en los que no utiliza el concepto de la m&aacute;scara) de toda su producci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">2</p>
<p>Como traductor de algunos ensayos de Herbert, mientras llevaba a cabo la ardua tarea de pasarlo al espa&ntilde;ol, me encontr&eacute; varias veces con la idea de que la lengua que utilizaba Herbert en esos ensayos era m&aacute;s elaborada que la de los poemas, que en los ensayos aportaba el lirismo que hab&iacute;a abandonado en la propia poes&iacute;a. Desde entonces, no dej&oacute; de asaltarme esa idea cada vez que volv&iacute;a a los textos del autor polaco, tanto en poes&iacute;a como en prosa. En un art&iacute;culo sobre la vertiente po&eacute;tica de Herbert, Krystyna Pietrych afirma: &ldquo;Herbert, por elecci&oacute;n, de manera consciente y consecuente, no quer&iacute;a ser un poeta l&iacute;rico. Ya en su primer libro present&oacute; una autoafirmaci&oacute;n importante. En el poema &ldquo;A los poetas ca&iacute;dos&rdquo; escribi&oacute; de manera un&iacute;voca: &ldquo;termina el canto&rdquo;, anunciando de esta manera el fin de la poes&iacute;a cantada y pasando a la posici&oacute;n de un anti-cantor&rdquo;. No obstante, eso no quiere decir que su poes&iacute;a sea del todo privada de lirismo, es un tipo de voz diferente que permite transmitir ese mensaje moral pero que muchas veces aparece <em>&agrave; rebours</em> a trav&eacute;s de la iron&iacute;a del autor, a veces un cinismo directo o burla, como lo exige m&aacute;s el tipo de poema-par&aacute;bola que muchas veces pone en funcionamiento. Es un aspecto muy particular que una diatriba tal como la presenta el autor aqu&iacute; hacia la poes&iacute;a m&aacute;s convencional, o la que proviene a&uacute;n de un cierto modernismo, se realice a trav&eacute;s de un poema que mantiene una estructura r&iacute;tmica silabot&oacute;nica y con una serie de rimas inexactas que aportan a&uacute;n el elemento l&iacute;rico al poema del que intentar&aacute; desprenderse m&aacute;s tarde el autor de <em>Un b&aacute;rbaro en el jard&iacute;n. </em></p>
<p>Para entender este cambio, o esta apuesta de Herbert, que compartir&aacute; tambi&eacute;n con los otros poetas, como R&oacute;żewicz o Szymborska, pero que ya no alcanza a Miłosz, hay que mirar un poco la tradici&oacute;n de la poes&iacute;a polaca, aparte del giro copernicano que representa el final de la II Guerra Mundial para la concepci&oacute;n del mundo y tambi&eacute;n para toda la poes&iacute;a, con el abandono en algunas tradiciones (entre ellas, la polaca) de las formas m&aacute;s cl&aacute;sicas o can&oacute;nicas. En el momento que publica Herbert su primer libro (para algunos un debut tard&iacute;o, con 32 a&ntilde;os), en el a&ntilde;o 1956, las est&eacute;ticas de las generaciones anteriores se hab&iacute;an agotado por completo, tanto la poes&iacute;a de la Joven Polonia como la del movimiento de Skamandra hab&iacute;an quedado anacr&oacute;nicos. Y no obstante, Herbert, tal como indica Pietrych, tiene sus primeros intentos po&eacute;ticos siguiendo modelos de la Joven Polonia. Pero en los a&ntilde;os 40-50 hay un cambio de modelo radical, y los nuevos autores buscan sus fuentes en las vanguardias que hab&iacute;an tenido un eco m&aacute;s d&eacute;bil anteriormente, entre los autores de las vanguardias destaca la figura de Julian Przyboś. Los postulados est&eacute;ticos de la poes&iacute;a de Przyboś pod&iacute;an permitir buscar nuevos caminos de expresi&oacute;n para los autores que empezaban a escribir y a publicar en esos a&ntilde;os, especialmente en lo que se refiere a las experiencias de la guerra (y no olvidemos que la II Guerra Mundial se ensa&ntilde;&oacute; de manera especialmente cruel en Polonia). De ah&iacute; que en el primer libro de Herbert, que ser&iacute;a el de evoluci&oacute;n hacia su propio tono po&eacute;tico, se encontraran a&uacute;n poemas que presentaban estructuras de rimas y ritmos, pero que despu&eacute;s ir&aacute; abandonando. En cuanto a las l&iacute;neas tem&aacute;ticas, ya se ve plenamente en este su primer libro <em>Cuerda de luz</em> que est&aacute;n establecidas y con una madurez muy perceptible. En poemas como &ldquo;Cementerio de Varsovia&rdquo; o &ldquo;Profec&iacute;a&rdquo; la experiencia de la guerra aparece a partir de ese lenguaje sincopado, sin puntuaci&oacute;n que ser&aacute; una de las se&ntilde;as de identidad de su poes&iacute;a, y tambi&eacute;n los versos sangrados que establecen una especie de di&aacute;logo dentro del mismo poema, una polifon&iacute;a o un coro muy particular que da visiones, aporta elementos, incisos: &ldquo;antes de la invasi&oacute;n de los vivos / los muertos se colocan m&aacute;s abajo / m&aacute;s hondo&rdquo; dice en el primero de estos poemas. El catastrofismo de Czesław Miłosz (pero especialmente, en la versi&oacute;n de J&oacute;zef Czechowicz, en lo que se llama la Segunda Vanguardia) tambi&eacute;n ti&ntilde;e el tono de estos poemas, aunque el catastrofismo alertara sobre la desgracia y en tiempos de Herbert ya ha acaecido. Con todo, el uso rico de la met&aacute;fora y las im&aacute;genes en Miłosz hace que la relaci&oacute;n no pueda ser tan directa.</p>
<p>Otro tema que ya aparece en el primer libro es el de la mitolog&iacute;a familiar, o la automitolog&iacute;a, porque no se centra tanto en las figuras de los miembros de la familia sino en s&iacute; mismo, y surgir&aacute; un Herbert con tintes de un patriotismo tambi&eacute;n muy propio, que se deja traslucir en sus poemas. En el aspecto personal, ser&aacute; uno de los caballos de batalla de Herbert, especialmente en cuanto a la visi&oacute;n del Levantamiento de Varsovia, y uno de los principales puntos de conflicto con su admirado Czesław Miłosz, a quien le uni&oacute; una amistad profunda y un desencuentro que lleg&oacute; hasta el final de sus d&iacute;as. En cuanto a la mitolog&iacute;a personal, no se puede descartar que Don Cogito participe en un grado muy alto de la misma. En este primer libro, en el poema &ldquo;Mam&aacute;&rdquo; surge la visi&oacute;n del mismo poeta: &ldquo;lejos de tus ojos / perforados de ciego amor / es m&aacute;s f&aacute;cil soportar la soledad // a la semana / en un cuarto fr&iacute;o / con la garganta encogida / leo su carta // carta donde / las letras permanecen separadas // como amorosos corazones.&rdquo; En la &uacute;ltima estrofa a&uacute;n se deja llevar por un cierto sentimentalismo que desbancar&aacute; por completo a partir del segundo libro y que no volver&aacute; a aparecer, de manera bastante sorprendente, hasta el &uacute;ltimo libro que public&oacute;, <em>Ep&iacute;logo de la tormenta </em>(1998), quiz&aacute;s el libro de poemas m&aacute;s personal de Herbert.</p>
<p>El tercer libro de poemas de Herbert lleva un t&iacute;tulo muy significativo <em>Estudio del objeto </em>(1961), y en &eacute;l encontramos el punto culminante de la focalizaci&oacute;n del poema en el objeto, en las cosas. Es otra de las v&iacute;as de funcionamiento de los poemas de Herbert, antes de Don Cogito, centrarse en el objeto, mirar desde el objeto, valorarnos desde el objeto, un cambio de perspectiva que da una sensaci&oacute;n de objetividad, de esa mirada sin condicionantes que quer&iacute;a simular en su poes&iacute;a. A la vez, es el objeto el que define no a su poseedor sino a todo lo que lo rodea, damos nombre al objeto pero es &eacute;l el que nos determina, viene a decir Herbert. Sin abandonar a&uacute;n este primer libro en el que exploramos las l&iacute;neas tem&aacute;ticas de su poes&iacute;a, en el poema &ldquo;Taburete&rdquo; dice Herbert &ldquo;acudes siempre que te convoca mi mirada / con tu inmovilidad extrema explic&aacute;ndote por se&ntilde;as / al pobre entendimiento: somos verdaderos &ndash; / al final la fidelidad de los objetos nos abre los ojos&rdquo;. Al final, incluso el vac&iacute;o, la inexistencia es lo que llega a la m&aacute;xima expresi&oacute;n, a su zenit, desaparecer y mantenerse en el anonimato es el objetivo, tanto para nosotros como para los objetos: &ldquo;el objeto m&aacute;s bello es / el que no existe&rdquo; afirma en el poema &ldquo;Estudio del objeto&rdquo;. Y si uno se mantiene entre lo animado y lo inanimado, entre una muerte y una vida, entonces puede terminar como el p&aacute;jaro de madera del poema bajo el mismo t&iacute;tulo: &ldquo;vive ahora / en el imposible conf&iacute;n / entre la materia animada / y la imaginada / entre el helecho del bosque / y el helecho del Larousse&nbsp; [&hellip;] en aquello que aun separado de la realidad/ no tiene bastante coraz&oacute;n / bastante fuerza // que no se convierte / en una imagen.&rdquo; En este mismo libro aparece el poema &ldquo;El guijarro&rdquo; que &ldquo;hasta el final nos mirar&aacute;n / con su ojo calmo y clar&iacute;simo&rdquo;. En los objetos radica la esencia de nuestra humanidad, funcionan como elementos metaf&oacute;ricos de nosotros mismos. En &ldquo;Casas de los suburbios&rdquo;, &ldquo;tan solo las chimeneas sue&ntilde;an&rdquo;, las propias casas no van al teatro, mastican corteza de pan, seguramente dura, y est&aacute;n siempre en venta. La capacidad de personificaci&oacute;n de la poes&iacute;a de Herbert no se limita tan solo a los objetos, aunque estos formen una parte importante de su producci&oacute;n, sino que alcanza a los acontecimientos, de ah&iacute; esa fuerza evocadora que tiene que puede llegar incluso a movilizar toda una sociedad.</p>
<p>La visi&oacute;n exteriorizada a trav&eacute;s del objeto o a trav&eacute;s de un acontecimiento o un animal tiene una plasmaci&oacute;n directa en la secci&oacute;n de los poemas en prosa del libro <em>Hermes, el perro y la estrella </em>(1957), que en este caso remite con m&aacute;s intensidad a la poes&iacute;a de Francis Ponge. En esta secci&oacute;n, en el poema &ldquo;Objetos&rdquo; el autor se pregunta por qu&eacute; no ha visto actuar, hacer cosas a los objetos, para concluir: &ldquo;Sospecho que los objetos hacen estas cosas por razones did&aacute;cticas: para no dejar de recordarnos nuestra inconstancia&rdquo;.</p>
<p>Todos estos temas, y otros que aparecer&aacute;n, a la vez que esa manera de relatarlos, de enfocarlos, son absolutamente personales, pertenecen a una voz &uacute;nica. Tal vez esto fuera lo que permiti&oacute; que estos autores polacos pudieran tener esa enorme repercusi&oacute;n allende de sus fronteras. Y tambi&eacute;n dentro, cada uno de los poetas resulta de una voz inconfundible y que pocas veces ha tenido continuadores (quiz&aacute;s m&aacute;s en el caso de R&oacute;żewicz). Piotr Śliwiński cita una de las primeras cr&iacute;ticas que aparecieron de ese primer libro de Herbert, su autor es Jerzy Kwiatkowski: &ldquo;Herbert ha venido al mundo con una armadura de un clasicismo doble: el antiguo, y el vanguardista-rozewicziano. Es un creador de un intelecto y una erudici&oacute;n inauditas, un poeta doctus con ambiciones filos&oacute;ficas, dotado a la vez del encanto de un ir&oacute;nico magn&iacute;fico. [&hellip;] Tiene madera de ser un poeta excelente. Y adem&aacute;s, es un moralista; a diferencia de Białoszewski, vive en la contemporaneidad. Es m&aacute;s joven de edad que R&oacute;żewicz, y no tan solo, tambi&eacute;n m&aacute;s joven en su actividad de escritor, &iquest;podr&iacute;a, pues, convertirse en un dirigente po&eacute;tico de la generaci&oacute;n, en un dictador del gusto, en el poeta central de su generaci&oacute;n? No. Puesto que la poes&iacute;a de Herbert contin&uacute;a y perfecciona muchos valores. No crea ninguno y no destruye ninguno. Su poes&iacute;a se libera lentamente de las sugerencias de varios maestros, es conservadora y fr&iacute;a: ya no va a alcanzar la generaci&oacute;n que es diez a&ntilde;os m&aacute;s joven que &eacute;l, no crea ning&uacute;n &ldquo;nuevo escalofr&iacute;o&rdquo;.</p>
<p>Aunque hayan pasado muchos a&ntilde;os de aquella rese&ntilde;a que ten&iacute;a un car&aacute;cter inmediato, claro est&aacute;, alguna afirmaci&oacute;n sigue siendo vigente. Zbigniew Herbert, a pesar de no crear esa l&iacute;nea nueva, un &ldquo;nuevo escalofr&iacute;o&rdquo;, se convierte en el poeta central de su generaci&oacute;n. &iquest;O tal vez ese &ldquo;escalofr&iacute;o&rdquo; lleg&oacute; con la creaci&oacute;n de Don Cogito?</p>
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<p>Lw&oacute;w, Lviv, Lemberg, Le&oacute;polis es la ciudad donde nace Zbigniew Herbert en 1924, y donde reside hasta el a&ntilde;o 1944, cuando est&aacute; a punto de ser tomada por el Ej&eacute;rcito Rojo. Ciudad m&iacute;tica, enclave de mezcla de culturas y de lenguas, ciudad de suma importancia para todo el desarrollo cultural de Polonia durante la &eacute;poca de entreguerras, cuando formaba parte de aquel pa&iacute;s que resurgi&oacute; despu&eacute;s de la I Guerra Mundial. Despu&eacute;s, Polonia pierde todos esos territorios y Herbert no volver&aacute; a la ciudad. Pero acudir&aacute; a ella varias veces a lo largo de toda su obra: &ldquo;Nunca de ti me atrevo a hablar / inmenso cielo de mi barriada / ni de vosotros tejados que conten&eacute;is la cascada del aire&rdquo; dice en el poema &ldquo;Nunca de ti&rdquo; del libro <em>Hermes, el perro y la estrella. </em>Le&oacute;polis ser&aacute; su ciudad perdida, otro mito al que a&ntilde;adir a su historia, hasta que al final pueda afirmar &ldquo;tan solo hablamos a las cosas con ternura por su nombre de pila&rdquo;, aunque sea que &ldquo;cada noche / me paro descalzo / ante el cerrado port&oacute;n / de mi ciudad&rdquo; (&ldquo;Mi ciudad&rdquo;, tambi&eacute;n de <em>Hermes, el perro y la estrella</em>). En algunos momentos, la sensaci&oacute;n de p&eacute;rdida alcanza cotas de dolor y de desganada resignaci&oacute;n, como en &ldquo;Un pa&iacute;s&rdquo; en la secci&oacute;n de los poemas en prosa: &ldquo;Justo en un rinc&oacute;n de este viejo mapa hay un pa&iacute;s que a&ntilde;oro [&hellip;] Por desgracia una gran ara&ntilde;a teji&oacute; sobre &eacute;l su tela y con su viscosa saliva cerr&oacute; las aduanas del sue&ntilde;o&rdquo;, como si incluso el retorno de la imaginaci&oacute;n fuera una tarea f&uacute;til e infructuosa.</p>
<p>Casi en cada uno de los libros de poemas que publica Herbert la ciudad de Le&oacute;polis es como un espectro que planea all&iacute;, que es el origen de todo, el lugar al que se sue&ntilde;a llegar, pero lo que queda es el intento imaginario, nada m&aacute;s. Por eso, incluso Don Cogito lo intenta, reforzando la imagen identificadora de Cogito-Herbert. Y cuando habla del regreso a la patria tanto puede ser a Polonia como a su Le&oacute;polis, tal como se ve en &ldquo;Don Cogito &ndash; El regreso&rdquo;: &ldquo;Don Cogito / ha decidido regresar / al p&eacute;treo seno / de la patria [&hellip;] no puede ya sin embargo / soportar esos giros coloquiales / <em>&nbsp;&ndash; comment allez-vous / wie geht&rsquo;s / &ndash; how are you </em>[&hellip;]&rdquo; Es paradigm&aacute;tico este poema de la postura del poeta ante el gobierno con el que le toc&oacute; vivir y lidiar, bajo ese yugo comunista. Aunque sali&oacute; varias veces del pa&iacute;s (y dio como resultado sus espl&eacute;ndidos libros de ensayos), Herbert decidi&oacute; quedarse en &eacute;l. No opt&oacute; por la v&iacute;a del exilio, como el caso de Czesław Miłosz. No vamos a buscar paralelismos con otras literaturas, porque las circunstancias hist&oacute;ricas son siempre diferentes y particulares, pero puede venir a la mente la figura de Vicente Aleixandre en la poes&iacute;a espa&ntilde;ola.</p>
<p>En el a&ntilde;o 1974, en el libro <em>Don Cogito</em> vuelve a aparecer el tema con el personaje que crea el autor: &ldquo;Don Cogito medita sobre el regreso a su ciudad natal&rdquo;: &ldquo;Si all&iacute; regresara / con certeza no encontrar&iacute;a yo / ni siquiera una sombra de mi casa / ni los &aacute;rboles de mi ni&ntilde;ez / ni la cruz con el r&oacute;tulo de hierro&rdquo;</p>
<p>Y finalmente, uno de los poemas m&aacute;s directos de Herbert sobre la ciudad de Le&oacute;polis se encuentra en el &uacute;ltimo libro que publica, el poema lleva el t&iacute;tulo &ldquo;En la ciudad&rdquo;: &ldquo;En la ciudad fronteriza a la cual ya no he de regresar / hay una alada piedra ligera y enorme [&hellip;] en mi ciudad que no est&aacute; en ning&uacute;n mapa / del mundo existe un pan que puede alimentar / toda una vida&rdquo;. Tanto en este poema como en el anterior el lector puede detectar algunos ecos de la poes&iacute;a de Czesław Miłosz, especialmente del poema &ldquo;En mi patria&rdquo;: &ldquo;En mi patria, a la que no he de volver / hay un lago forestal enorme, / anchas nubes, rotas, maravillosas / lo recuerdo cuando vuelvo la vista&rdquo;. No es de extra&ntilde;ar esta coincidencia, al tener los dos autores una ciudad perdida (la ciudad sin nombre lleg&oacute; a denominar Czesław Miłosz a su Vilna natal), de un territorio tambi&eacute;n perdido despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial, y un periplo vital que los ha alejado y ha impedido el regreso a esas zonas. La combinaci&oacute;n de historia presente en la poes&iacute;a es otro elemento que caracteriza a&nbsp; la escuela de poes&iacute;a polaca y que raramente encontramos en poetas de otras literaturas que se encontraban en la otra parte del tel&oacute;n de acero. Poes&iacute;as tan potentes como la checa o la h&uacute;ngara no acuden a este condicionante como s&iacute; lo hacen los poetas polacos.</p>
<p>En no pocas ocasiones, los poemas de Herbert hacia la ciudad natal se mezclan con los poemas sobre la patria, sobre Polonia renacida en el siglo XX, sobre la disoluci&oacute;n del imperio (en un tiempo pasado y en un tiempo futuro; se trata, pues, de dos imperios diferentes), no siempre es as&iacute;, aunque representa un intento de identificaci&oacute;n que no encontramos en otros poetas, donde existen o una o la otra. Uno de los m&aacute;s desgarradores poemas acerca de este tema es el que abre el libro <em>Inscripci&oacute;n</em>, &ldquo;Pr&oacute;logo&rdquo;, una sensaci&oacute;n de desgarro que se ve m&aacute;s acentuada porque es de los pocos poemas en los que Herbert se acerca m&aacute;s al car&aacute;cter l&iacute;rico del poema, con rimas que ya son claramente evidentes. &iquest;No se hab&iacute;a desprendido a&uacute;n de la r&eacute;mora del modernismo como &eacute;l mismo podr&iacute;a haber llegado a considerar? &iquest;Era una manera de hacer que ese contraste entre la realidad, la crueldad del tema y la belleza de la expresi&oacute;n fuera m&aacute;s marcada y agudizara m&aacute;s en las sensaciones que pudiera transmitir al lector? &iquest;Con la creaci&oacute;n del coro, daba voz a una comunidad, y adem&aacute;s a partir del lirismo? No se puede saber qu&eacute; movi&oacute; a Herbert a utilizar unas rimas y esa forma en el poema, pero logra un efecto muy profundo, por ser casi una excepci&oacute;n en su producci&oacute;n este tipo de estrategia, y entonces la identificaci&oacute;n entre ciudad y patria pueden tener un significado pleno (en la traducci&oacute;n no se mantienen las rimas, seguramente porque provocar&iacute;an un distanciamiento mayor en el tema, pero s&iacute; se conserva ese lirismo tan particular de este poema): &ldquo;La ciudad &ndash; / (Coro) Ya no hay tal ciudad / Se hundi&oacute; bajo la tierra [&hellip;] A la zanja por la que navega un turbio r&iacute;o / llamo V&iacute;stula. Es duro reconocerlo: / a un tal amor nos condenaron / con una patria tal nos han perforado&rdquo;</p>
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<p>Czesław Miłosz y Zbigniew Herbert, relaci&oacute;n de admiraci&oacute;n y de enemistad, de enfrentamiento y de amistad, todo a la vez. La chispa salt&oacute; en una cena en casa de los Carpenter, reputados traductores de poes&iacute;a polaca. Parece ser que la discusi&oacute;n fue por motivos ideol&oacute;gicos, por la visi&oacute;n que cada uno ten&iacute;a del papel de Polonia durante la guerra, en el Levantamiento de Varsovia, de sus actuaciones, y tambi&eacute;n de la pertenencia a un patriotismo m&aacute;s laxo o m&aacute;s decisivo. El enfriamiento de la relaci&oacute;n se puede seguir en la correspondencia que mantuvieron ambos autores, que se mantuvo incluso despu&eacute;s de la discusi&oacute;n, aunque de manera m&aacute;s espaciada. Y la discusi&oacute;n pas&oacute; a otros &aacute;mbitos, a la literatura. En el libro <em>El a&ntilde;o del cazador</em> Czesław Miłosz se atreve a poner en tela de juicio la figura de Henryk Elzenberg, fil&oacute;sofo y principal mentor de Herbert. Como este &uacute;ltimo reconoce en el poema &ldquo;A Henryk Elzenberg, en el centenario de su nacimiento&rdquo;, del libro <em>Rovigo </em>(1992): &ldquo;Qu&eacute; habr&iacute;a sido de m&iacute; de no haberte encontrado &ndash; mi maestro Henryk / A quien ahora por primera vez me dirijo por el nombre de pila / con la veneraci&oacute;n y respeto debidos a las Sombras Largas&rdquo;. Elzenberg imprimi&oacute; una profunda huella en la tem&aacute;tica cl&aacute;sica, as&iacute; como una valoraci&oacute;n &eacute;tica de la poes&iacute;a del poeta de Le&oacute;polis. Como respuesta, Zbigniew Herbert ataca en varios frentes, por una parte el poema (que no se public&oacute; en vida de Herbert) &ldquo;He vuelto a so&ntilde;ar con Miłosz&rdquo;, por otra, la creaci&oacute;n de un contra-libro, como indica Andrzej Franaszek, cuyo t&iacute;tulo ser&iacute;a <em>El a&ntilde;o del cordero</em>, en el que discutir&iacute;a principalmente la figura de Miłosz, y por una tercera, la v&iacute;a m&aacute;s virulenta, la publicaci&oacute;n, en el mismo libro <em>Rovigo, </em>del poema &ldquo;Chodasiewicz&rdquo;, un ataque despiadado a toda la figura del autor otrora admirado. El poema no menciona directamente a Czesław Miłosz pero se puede entender perfectamente, cualquier lector que conozca la obra del autor nacido en Vilna detectar&aacute; todos los ataques, desde los poemas hasta el exilio pasando por la prosa y tambi&eacute;n como venganza la cr&iacute;tica al mentor de Miłosz, su t&iacute;o Oscar Vladislas de Lubicz Miłosz.</p>
<p>No menciono esta situaci&oacute;n como si fuera una curiosidad, una an&eacute;cdota del mundo literario polaco, sino como uno de los elementos cruciales para entender las dos grandes figuras que dominaron la poes&iacute;a en su lengua a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, y que a pesar de sus diferencias y de sus ataques, les un&iacute;an m&aacute;s elementos de los que los separaban, al menos en el &aacute;mbito de la creaci&oacute;n.</p>
<p>En el poema &ldquo;Tres estudios sobre el realismo&rdquo; Herbert presenta tres tipos de pintura que plantean la cuesti&oacute;n de la realidad y el arte, otra de las l&iacute;neas de su poes&iacute;a, la reflexi&oacute;n sobre la creaci&oacute;n art&iacute;stica, sobre la capacidad de esta no ya de evocar sino de presentar otros mundos de manera aut&oacute;noma. En otro poema posterior, del libro <em>Estudio del objeto</em>, &ldquo;En el taller&rdquo;, el mundo que crea el pintor resulta ser m&aacute;s real, m&aacute;s aut&eacute;ntico que el del Creador: &ldquo;en cambio / el mundo del pintor / es bueno / y est&aacute; lleno de errores / el ojo se pasea / de una mancha a otra / de una fruta a otra.&rdquo; El problema de la realidad, de la creaci&oacute;n es compartida tambi&eacute;n en no pocos poemas de Czesław Miłosz. De hecho, ambos autores se encuentran en un momento de divergencia de la ciencia y la literatura, de dos mundos escindidos, donde hay la fe y la esperanza que la segunda pueda seguir cumpliendo la tarea de crear un mundo paralelo, o de crear el mundo m&aacute;s real. Por eso, ambos est&aacute;n anclados en un modernismo que solo Herbert en algunos momentos de su poes&iacute;a final podr&iacute;a empezar a cuestionar. Se pueden apreciar estas concomitancias en el inicio de uno de los poemas de Czesław Miłosz del ciclo &ldquo;Seis conferencias en verso&rdquo; apunta: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; hacemos con la realidad? &iquest;D&oacute;nde est&aacute; en las palabras? / Apenas titila y ya desaparece. Vidas incalculables / Que nadie recuerda. Ciudades en los mapas&rdquo; El af&aacute;n del arte, en todas sus manifestaciones para poder alcanzar lo que es la realidad. En el caso de Miłosz es la b&uacute;squeda, la duda; en el caso de Herbert es m&aacute;s la concreci&oacute;n, la existencia, la posibilidad.</p>
<p>En uno de sus textos sobre poes&iacute;a, publicados p&oacute;stumamente, Herbert indica la relaci&oacute;n con la realidad: &ldquo;la esfera de la actividad del poeta, si tiene alguna relaci&oacute;n seria con su trabajo, no es la contemporaneidad, que entiendo como el estado actual de conocimiento pol&iacute;tico-social y cient&iacute;fico, sino <em>la realidad</em>, un tenaz dialogo del hombre con la realidad concreta que le rodea, con ese taburete, con un pr&oacute;jimo, con esa parte del d&iacute;a, cultivar esa habilidad que est&aacute; desapareciendo de la contemplaci&oacute;n&rdquo;.</p>
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<p>Herbert abre otros caminos en el debate del arte, como si quisiera presentar todo un enorme panorama donde cada uno de los detalles estalla en una nueva reflexi&oacute;n. Pero ya, pasados los desenga&ntilde;os y decepciones que le ha brindado la historia, a pesar de que pueda creer en una realidad m&aacute;s concreta en el mundo de la pintura (y aqu&iacute; cabe mencionar de nuevo los dos libros de ensayos en los que las otras artes diferentes a la literatura juegan un papel primordial), no lo cree as&iacute; en el lenguaje, en el canto, lo que le aproxima en este punto de nuevo a Miłosz. El poema cl&aacute;sico, ya antol&oacute;gico de Herbert, &ldquo;Apolo y Marsias&rdquo; va en esa direcci&oacute;n. Como apunta el gran cr&iacute;tico polaco Jan Błoński: &ldquo;Toda la poes&iacute;a de Herbert est&aacute; desgarrada por la oposici&oacute;n entre la Arcadia de la virtud y de la belleza por una parte, y el Apocalipsis de la contemporaneidad por otra: las alucinaciones, las obsesiones y los ataques de p&aacute;nico se contraponen de manera muy frecuenta a la felicidad apacible de la sabidur&iacute;a humanista (a veces epic&uacute;rea, a veces moralista). No por casualidad el rival de Apolo no es para Herbert Dionisos, como era habitual, sino el despellejado Marsias: es su destino el que no deja de visitar la conciencia del poeta.&rdquo; El canto se ve impotente, el lenguaje y la propia poes&iacute;a. A trav&eacute;s de la iron&iacute;a, o incluso el sarcasmo, la poes&iacute;a se ve relegada a un rinc&oacute;n in&uacute;til, aunque todo se exprese parad&oacute;jicamente a trav&eacute;s de la propia poes&iacute;a. Volvemos al punto de la poes&iacute;a no l&iacute;rica, de la desconfianza ante el lenguaje. En &ldquo;Aldaba&rdquo; dice &ldquo;doy un golpe en el tabl&oacute;n / y &eacute;l me va apuntando / mi &aacute;rido poema moralista / s&iacute; &ndash; s&iacute; / no &ndash; no&rdquo;, un tabl&oacute;n que es su instrumento, en clara contraposici&oacute;n con la lira. La sequedad de la oraci&oacute;n se convierte en el tono m&aacute;s fidedigno del poeta en cuanto a las valoraciones de la poes&iacute;a, la sola s&iacute;laba de Marsias puede recrear todo el dolor, no es necesario el adorno, la filigrana, el lirismo. En el a&ntilde;o 1972 Herbert da cuenta de su propio programa po&eacute;tico: &ldquo;Los poemas que m&aacute;s me gustan de la poes&iacute;a contempor&aacute;nea son aquellos en los que percibo lo que denominar&iacute;a como la caracter&iacute;stica de la transparencia sem&aacute;ntica (termino recogido de la l&oacute;gica de Husserl). Esa transparencia sem&aacute;ntica es la propiedad del signo que consiste que en el momento en el que se utiliza la atenci&oacute;n se centra en el objeto destacado y no es el mismo signo el que capta la atenci&oacute;n. La palabra es una ventana abierta a la realidad. Por otra parte, me gustan menos (y a veces, en absoluto) los poemas cargados de met&aacute;foras con una sintaxis extra&ntilde;ada, los &ldquo;poemas objeto&rdquo; tras los cuales no se ve nada, y cuyo objetivo es mantener la atenci&oacute;n del lector hacia la maestr&iacute;a del autor&rdquo;.</p>
<p>De manera tambi&eacute;n completamente expl&iacute;cita la visi&oacute;n de la poes&iacute;a Herbert la transmite a los poetas polacos que son de una generaci&oacute;n posterior, unos poetas que buscaban desenmascarar la falsedad del lenguaje del poder, un discurso de enfrentamiento que hab&iacute;a iniciado el propio Herbert. Se dirige a Ryszard Krynicki, uno de los poetas m&aacute;s importantes del movimiento &ldquo;Nueva Ola&rdquo;, con una carta en verso: &ldquo;Poco quedar&aacute; Ryszard en verdad poco / de la poes&iacute;a de este siglo enloquecido con certeza Rilke Eliot / y algunos&nbsp; otros venerable chamanes que conocieron el secreto / de hechizar palabras bajo una forma inmune a la acci&oacute;n del tiempo sin lo cual / no hay frase digna de ser recordada sino que el habla es como la arena&rdquo; (&ldquo;Carta a Ryszard Krynicki&rdquo;, <em>Informe desde la ciudad sitiada y otros poemas</em>).&nbsp; Eliot y Rilke, y un par de chamanes, curiosa selecci&oacute;n, dos modernistas con planteamientos muy diferentes, como si el propio Herbert quisiera conciliar tendencias con la ruptura de uno y la continuidad de otro, como un debate en su propia poes&iacute;a, o en la tradici&oacute;n de su propia lengua. Pero lo que importa es la forma inmune a la acci&oacute;n del tiempo, que quede por lo menos alguna certeza en la que poder confiar, y esa ser&iacute;a la palabra, aunque muy pocos pueden llegar a conseguirlo. La poes&iacute;a lucha contra el tiempo y contra la historia, con el momento, con el loco siglo XX, y con todos los siglos anteriores y los que tienen que llegar. El final del poema rompe con todo el tono de meditaci&oacute;n, de resignaci&oacute;n, amargura y decepci&oacute;n anteriores, esa manera de romper el discurso es lo que salva a los poemas de Herbert del discurso moralizador, una vuelta de tuerca en la que todo se convierte en tal vez una broma. Es el descenso de la filosof&iacute;a a la realidad m&aacute;s dura, como en el caso del poema &ldquo;Don Cogito relata la tentaci&oacute;n de Spinoza&rdquo;, dej&eacute;monos de esas cuestiones, lo importante son las cuestiones m&aacute;s vitales, las necesidades perentorias, las convenciones que nos pide la sociedad. Una enorme burla. Es particular tambi&eacute;n la f&oacute;rmula de despedida de este poema-carta, que coincide con los juegos que llevaba a cabo en sus relaciones epistolares (basta con ver las cartas con Wisława Szymborska o con Czesław Miłosz), as&iacute; que la sombra no tendr&iacute;a aqu&iacute; un elemento simb&oacute;lico (&iquest;y d&oacute;nde encontramos los simbolismos en su poes&iacute;a, si precisamente quiere alejarse de las mismas?) sino un doble juego que acent&uacute;a la iron&iacute;a al final del poema.</p>
<p>De Adam Zagajewski recibe una postal, y le responde con un nuevo poema, tiene un tono muy amistoso, de una charla sobre lo que ven en las ciudades, sobre cosas nimias, aunque sea la fealdad compartida de los bloques construidos bajo la &eacute;poca sovi&eacute;tica, todo en un tono muy ligero, conversacional, de cr&iacute;tica ir&oacute;nica, y en este contexto una invectiva contra la famosa afirmaci&oacute;n de Adorno no es nada sorprendente, incluso casi racional, s&iacute;, as&iacute; deber&iacute;a ser: &ldquo;Me imagino exactamente lo que est&aacute;s haciendo ahora &ndash; / les est&aacute;s leyendo a un pu&ntilde;ado de fieles porque a&uacute;n quedan fieles [&hellip;] Bueno y ya ves a pesar de lo que ide&oacute; el tr&aacute;gico Adorno (&ldquo;Una postal de Adam Zagajewski&rdquo;, <em>Rovigo</em>)</p>
<p>Parece otra vez la risa burlona de un descre&iacute;do que, no obstante, afirma. Marek Zaleski, en una interpretaci&oacute;n muy interesante en la que defiende que la obra de Herbert, as&iacute; como los intentos de identificaci&oacute;n identitaria, se encuentran en el dominio de la figura de un<em> trickster, </em>un impostor, dice: &ldquo;El juego, tal como destaca Agamben (quien, por otra parte, cita a Emile Benveniste) &ldquo;aparta y libera a la humanidad de la esfera del sacrum, pero sin acabar de derribar esa esfera&rdquo;. Devuelve lo que es hier&aacute;tico, por tanto petrificado, a lo que es vivo, as&iacute; pues librado a la invenci&oacute;n y a la fantas&iacute;a. Herbert sol&iacute;a ser un despreocupado participante del juego, pero con m&aacute;s frecuencia la risa esconde en &eacute;l el horror, mientras que el humor suele ser una rebuscada forma de adoraci&oacute;n de la derrota de la belleza, y a la vez asegura un campo de maniobra, un espacio de libertad&rdquo;. En ese sacrum ya se podr&iacute;a incluir perfectamente a Adorno, puesto que hace referencia a todo lo que ha sido elevado a un estadio de casi inmovilidad cultural irrefutable.</p>
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<p>&ldquo;Los antiguos maestros / se las arreglaban sin nombres&rdquo; (&ldquo;Los Antiguos Maestros&rdquo;, <em>Informe desde la ciudad sitiada y otros poemas</em>), directa declaraci&oacute;n de intenciones. El arte en el dominio an&oacute;nimo, sin la personalidad del artista, sin nombre, pero con sello propio que no se tiene que llegar a conocer. Con dos versos, Herbert echa abajo todos los cimientos del romanticismo, de la autor&iacute;a en el mundo occidental, se permite subvertir un orden establecido en el arte que pide una voz original. En el poema, los autores quedan ensombrecidos en la obra, se funden en ella, la belleza los salva y hace que perduren. En el ensayo &ldquo;El maestro de Delft&rdquo;<a title="" href="#_ftn1">[1]</a> no publicado en vida, y que iba a forma parte de un libro dedicado a Vermeer y a pintores m&aacute;s desconocidos de la pintura holandesa, Herbert reitera m&aacute;s de una vez su fascinaci&oacute;n por lo poco que nos ha llegado sobre la vida de Vermeer, que deja una brecha para la imaginaci&oacute;n, aunque tambi&eacute;n para centrarse en lo que realmente interesa, que es la obra. Dice el autor del ensayo &ldquo;En realidad, sabemos de &eacute;l muy poco, como si perteneciera a ese grupo de flamencos primitivos que llevaban bellos y misteriosos nombres: el Maestro del follaje bordado, el Maestro de la Lluvia de Man&aacute;, el Maestro de la Sangre Sagrada.&rdquo; Una afirmaci&oacute;n que entronca con el final del poema que he citado. Si hacemos un repaso a los dos libros de ensayos principales que dedic&oacute; a la pintura, <em>Un b&aacute;rbaro en el jard&iacute;n</em> y <em>Naturaleza muerta con muerta</em> bajo este prisma, se puede observar la presencia mayoritaria de las obras an&oacute;nimas, de los autores desconocidos, aparte de que el hecho de que Herbert se centrara en unas &eacute;pocas determinadas de la historia del arte ya facilitaba poder encontrarse con tal situaci&oacute;n. Desde el primero &ldquo;Lascaux&rdquo;, como si ya el arte fuera por naturaleza propia el dominio de lo an&oacute;nimo, y el arte fundacional principalmente.</p>
<p>Antiguos maestros, an&oacute;nimos maestros y peque&ntilde;os maestros. Este &uacute;ltimo era el t&iacute;tulo bajo el cual iba a agrupar Herbert a los otros pintores en el libro de ensayos, inclu&iacute;a a figuras relevadas a un segundo plano en la historia del arte, en los m&aacute;rgenes de la grandeza, pero de una importancia fundamental. Herbert se pregunta repetidas veces por qu&eacute; motivo toda una multitud de pintores quedaron relegados a ese concepto, y lo que quiere destacar es que cada uno de ellos representa un mundo propio y particular, una visi&oacute;n del arte. De hecho, el concepto de peque&ntilde;os maestros est&aacute; fijado para referirse a esos pintores, pero en el caso de Herbert conllevan una reflexi&oacute;n que va mucho m&aacute;s all&aacute; de esta selecci&oacute;n de autores y sirve para establecer un abanico m&aacute;s amplio no solo de pintores sino que pasa al campo de la la literatura. Por otra parte, como dice Magdalena Śniedziewska, Herbert se encuentra atrapado entre dos visiones (y ya es otra vez que presenciamos en toda su obra este dilema), por una parte, la que proviene todav&iacute;a del siglo XIX acerca de los peque&ntilde;os maestros, y por ende, el repite las caracter&iacute;sticas que se les atribuyen, pero por otra parte, quiere actuar en defensa de esos peque&ntilde;os maestros. Y despu&eacute;s afirma la misma autora: &ldquo;Herbert, sensible siempre al destino de los que hab&iacute;an quedado olvidados, empujados a los m&aacute;rgenes de la gran historia, escucha atentamente sus palabras. Pero sus esfuerzos no tienen como objetivo ponerlos en la corriente principal de la historia, sino en formar una nueva manera de pensar. No se trata pues, de buscar afinidades por doquier, relaciones l&oacute;gicas o llegar a una descripci&oacute;n en categor&iacute;as de una totalidad. Seg&uacute;n Herbert, hay que aceptar que no se puede abarcar toda la historia, encerrarla en un orden a cualquier precio, enmarcarla en los l&iacute;mites fijos de las corrientes est&eacute;ticas, conceptos, jerarqu&iacute;as.&rdquo; &iquest;No es exactamente lo mismo que intenta alcanzar en su propia obra? Los poemas de Herbert pueden dar la sensaci&oacute;n de que mantienen una jerarqu&iacute;a, pero precisamente lo que pretenden es desbancarla, otorgarle otro punto de vista, no es una jerarqu&iacute;a fija y estipulada, una jerarqu&iacute;a de valores que hay que seguir a pies juntillas, es una manera de establecer las relaciones y que a trav&eacute;s del acercamiento que tengamos hacia las mismas estableceremos de una u otra manera. As&iacute;, Don Cogito, y todos los personajes de las m&aacute;scaras de Zbigniew Herbert, y los cl&aacute;sicos, y los objetos, indican la importancia de subvertir, de burlarse de esas estructuras fijas. Pero lo m&aacute;s importante, y lo que lo alejar&iacute;a del otro gran poeta de la subversi&oacute;n en la literatura polaca, Tadeusz R&oacute;żewicz, es que esas estructuras existen, no se pueden derribar por completo, hay que hacer un ejercicio para poder repensarlas. Como hay que hacer un ejercicio para repensar el lugar que ocupan los peque&ntilde;os maestros para el receptor contempor&aacute;neo.</p>
<p>Por una parte, el restablecimiento de &oacute;rdenes diferentes; por la otra, el anonimato del autor que se funde en la obra de arte en el momento de buscar la belleza, ese es el camino que hay que seguir. Posturas dif&iacute;ciles de conciliar, al igual que las otras parejas de conceptos, de planteamientos que se encuentran en la obra de Herbert. Siempre Herbert entre dos fuegos, como indican James L. Foy y Stephen Rojcewicz: &ldquo;nos hallamos ante un poeta que usa particulares concretos, pero que valora los universales, que mantiene la tradici&oacute;n cl&aacute;sica pero que se centra en la vida cotidiana, que alaba y describe lo mundano y lo simple, pero que blande la iron&iacute;a y domina la filosof&iacute;a.&rdquo;</p>
<p>La obra de Herbert bascula entre un mundo de valores que se ha derrumbado y se ha hecho a&ntilde;icos, y a los que a&uacute;n se intentan aferrar los autores como tablas de salvaci&oacute;n y unas dudas que aparecen con los nuevos sistemas en los que hay que replantearse la validez de esos antiguos valores. Una estrategia de debate para estar en el filo de ambos y no acabar cayendo es la iron&iacute;a. En Herbert el uso marcado de esta responde (no siempre, claro est&aacute;) a un intento de reforzar y rebatir a la vez las certezas (de la historia, del pensamiento occidental, de los conceptos como patria o identidad) que cada vez se van debilitando m&aacute;s en el transcurso del siglo XX.</p>
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<p>Si en los primeros libros de poes&iacute;a de Zbigniew Herbert ya ten&iacute;amos de manera casi program&aacute;tica las principales preocupaciones de las que iba a tratar a lo largo de toda su creaci&oacute;n, una voz consolidada, y un tipo de construcci&oacute;n propia del poema, en el &uacute;ltimo libro que publica, <em>Ep&iacute;logo de la tormenta </em>(1998), sorprende a todos los lectores con un tono mucho m&aacute;s confidencial, &iacute;ntimo. No abandona su manera de construir el poema, pero la ampl&iacute;a con una dicci&oacute;n menos seca, como buscando un consuelo en la palabra que hab&iacute;a estado bregando hasta ese momento, y parece como un ajuste cuentas consigo mismo, sin abandonar la iron&iacute;a que refuerza un decaimiento que rezuma en varios instantes, como en el poema &ldquo;Tel&eacute;fono&rdquo;, en el que relata una conversaci&oacute;n con el monje trapense Thomas Merton (con quien, curiosamente, y vuelve a aparecer en la relaci&oacute;n, Miłosz mantuvo una intensa correspondencia), al final del poema dice la voz po&eacute;tica: &ldquo;vaya guardi&aacute;n de la nada / estoy hecho / nunca en mi vida / he conseguido / crear / una abstracci&oacute;n decente&rdquo;.</p>
<p>De este libro destacan, por su car&aacute;cter de cuestiones definitivas, por su simbolog&iacute;a cristiana, por su tono de contrici&oacute;n (no necesariamente hacia Dios, o el dios de Herbert, no tan cercano del cristiano), y de aspiraci&oacute;n, el ciclo de poemas &ldquo;Breviario&rdquo;. Con el t&iacute;tulo puede remitir tambi&eacute;n al <em>Libro de horas</em> de Rilke. En este ciclo hay un compendio de lo que lleg&oacute; a conseguir Herbert en su obra, de lo que aspiraba, las intenciones program&aacute;ticas de los primeros libros desaparecen, claro est&aacute;, hasta fundirse en este mirar hacia atr&aacute;s. Aparece el estilo, la belleza, el debate de los contrarios que quiere conciliar, las enumeraciones a las que sent&iacute;a tanto apego y lleg&oacute; a dominar y a fundir entre los salmos y Homero o la tradici&oacute;n greco-latina, los objetos. Hay una evoluci&oacute;n desde &ldquo;Breviario (I)&rdquo; que arranca con una iron&iacute;a, y el lector piensa que se adentra en el mundo herbertiano al que est&aacute; tan acostumbrado, despu&eacute;s pasa a la enumeraci&oacute;n de los objetos, con un detallismo y una selecci&oacute;n que se centran en pocas esferas de la vida del poeta, especialmente la de la creaci&oacute;n, y de repente, sin dejar la iron&iacute;a, que se va volviendo cada vez m&aacute;s amarga, el lector presencia el mundo de la enfermedad, hasta que termina con las pastillas para el sue&ntilde;o que &ldquo;son estupendas, porque reclaman, recuerdan, reemplazan la muerte&rdquo;. Magistral uso de los tres verbos en que las diferentes fases de la vida y la muerte se funden en el hombre.</p>
<p>Los otros breviarios pasan de la creaci&oacute;n a la belleza y a un tono de resignada aceptaci&oacute;n, aunque tambi&eacute;n de rebeld&iacute;a, por las circunstancias de la vida. En &ldquo;Breviario (II) el autor empieza pidiendo un largo aliento de la frase para poder encerrar todo el mundo, aspecto del que se ha hablado poco acerca de la creaci&oacute;n de Herbert, en algunos poemas uno puede tener la sensaci&oacute;n de que hay una ambici&oacute;n de querer describir la totalidad del mundo (de ah&iacute; que esas contradicciones que quer&iacute;a conciliar pudieran llegar a ese acuerdo), de manera similar a como lo pretend&iacute;a Jorge Luis Borges. Pero no nos adentraremos en esos derroteros. Al principio del poema dice: &ldquo;Se&ntilde;or, / d&oacute;tame de talento para componer frases largas, cuya l&iacute;nea sea la l&iacute;nea de una respiraci&oacute;n, extendida como los puentes, como el arco iris, como el alfa y el omega del oc&eacute;ano&rdquo;. Desaparece la iron&iacute;a del primer poema del ciclo, y Herbert aspira a la totalidad, a tener la frase larga: &ldquo;por frases largas rezo, pues, por frases que modele el esfuerzo, tan extensas que en cada una de ellas pueda encontrarse el reflejo especular de una catedral, de un gran oratorio, de un tr&iacute;ptico&rdquo;. Esfuerzo tit&aacute;nico es el que pide el autor, y una visi&oacute;n deudora a&uacute;n del modernismo del que no se liberar&aacute; en ning&uacute;n momento, la intenci&oacute;n de crear la obra total. Curiosa conclusi&oacute;n, al final de los d&iacute;as, de un autor que hab&iacute;a buscado siempre el detalle. O quiz&aacute;s en el detalle m&aacute;s absoluto se encierra la transcendencia de lo superior que intentaba alcanzar.</p>
<p>El m&aacute;s confesional de los poemas es el &ldquo;Breviario (IV)&rdquo;, donde el repaso a la vida se hace directo, cruel, ensa&ntilde;ado, austero hasta lo m&aacute;s rec&oacute;ndito de cada espacio de verso: &ldquo;la vida m&iacute;a / deber&iacute;a cerrarse en un c&iacute;rculo / terminarse como una sonata bien compuesta / mas ahora veo con claridad / en el momento previo a la coda / acordes rotos / colores mal combinados y tambi&eacute;n palabras / algarab&iacute;as disonancias / los lenguajes del caos&rdquo;. Juicio severo el que se impone el autor, pero esas algarab&iacute;as, esas disonancias, &iquest;no son las que impone la historia, la cruel historia del siglo XX? Y en su mundo, en toda su creaci&oacute;n, la po&eacute;tica y la ensay&iacute;stica, Herbert expres&oacute; esa algarab&iacute;a con un punto de consolaci&oacute;n a pesar (o gracias) a la iron&iacute;a para el lector de ese siglo, para que pudiera asirse a unas peque&ntilde;as certezas. Tal vez ser&aacute;n los lenguajes del caos, de una historia de ruido y furia a la que el autor de Don Cogito ha puesto un orden de belleza y de reflexi&oacute;n.</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El lector puede encontrar dicho ensayo en este mismo n&uacute;mero de <em>Turia</em>.</p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Tue, 19 Nov 2019 07:12:05 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Leila Guerriero: “El periodista, además de escuchar y transcribir, debe usar otros sentidos” ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/leila-guerriero-el-periodista-ademas-de-escuchar-y-transcribir-debe-usar-otros-sentidos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas21/Marzo/leila500.jpg" alt="" /></p>
<p>Los etiquetadores literarios definen la Nueva Cr&oacute;nica Latinoamericana como el Boom de la No Ficci&oacute;n. Una de las exponentes de este periodismo regenerado, que vuelve a entroncar con la literatura, es la argentina Leila Guerriero (Jun&iacute;n, 1967). Mario Vargas Llosa ha encomiado, desde las p&aacute;ginas del diario <em>El Pa&iacute;s,</em> c&oacute;mo compone cada perfil o retrato de sus personajes: &ldquo;Es un objeto precioso, armado y escrito con la persuasi&oacute;n, originalidad y elegancia de un cuento o un poema logrados.&rdquo;</p>
<p>Dicho por el &uacute;ltimo sobreviviente de aquel grupo, que deton&oacute; la novela latinoamericana desde la Barcelona franquista, Leila Guerriero no necesita m&aacute;s presentadores.</p>
<p>Estudi&oacute; la carrera de Turismo, pero no la lleg&oacute; a ejercer. Le pudo m&aacute;s la pasi&oacute;n por las letras, y observar lo variado de la condici&oacute;n humana, que organizar cruceros por el Perito Moreno o veladas de tango para guiris en El Viejo Almac&eacute;n.&nbsp; Con 25 a&ntilde;os envi&oacute; un cuento, titulado <em>Kil&oacute;metro cero</em>, al diario bonaerense <em>P&aacute;gina/12</em> y, cuatro d&iacute;as despu&eacute;s, el director, Jorge Lanata, la contrat&oacute; como redactora. Su firma no tard&oacute; en aparecer en los peri&oacute;dicos de mayor tirada en el Cono Sur, como <em>La Naci&oacute;n </em>y <em>El Mercurio</em>, y fue revalidada en Espa&ntilde;a por <em>El Pa&iacute;s</em>, del que es actualmente columnista.</p>
<p>Autora, adem&aacute;s, de una docena de libros en los que prevalece el perfil de personajes y la cr&oacute;nica narrativa, Guerriero desempe&ntilde;a tambi&eacute;n la labor de editora para Am&eacute;rica Latina de la revista mexicana <em>Gatopardo,</em> en la que se ha fraguado una parte importante de esa Nueva Cr&oacute;nica Latinoamericana.</p>
<p>Con una vida profesional tan intensa, no viaja a Espa&ntilde;a todo lo que desear&iacute;a. Por eso, esta conversaci&oacute;n tiene lugar entre Buenos Aires y Royuela (Teruel) mediante llamada de WhatsApp. Sin im&aacute;genes. Entrar por primera vez en casa de alguien, a trav&eacute;s del objetivo de un tel&eacute;fono, es un allanamiento de morada. Tiene algo de obscenidad.&nbsp;</p>
<p>Tarde de paseo por este rinc&oacute;n de Espa&ntilde;a; amanecer borrascoso en Buenos Aires. El entrevistador juega con ventaja. Aunque no la conoce en persona, ha visto fotos suyas, de cuerpo espigado y melena salvaje; puede imaginarla en el sal&oacute;n de su domicilio porte&ntilde;o. Sin embargo, descubre ahora el tono expansivo, campechano y jovial de su voz.&nbsp;</p>
<p>- Te agradezco que hayas aceptado esta v&iacute;a (la norma manda no tutear a los entrevistados, pero entre periodistas es lo que impera), porque imagino que, atenta como est&aacute;s al m&iacute;nimo detalle de quien tienes enfrente, t&uacute; nunca lo hubieras hecho.</p>
<p>- Al contrario. Cuando se interpone la distancia y el tiempo, me ha tocado. Como a todos los que trabajamos en esto. En ocasiones, claro que he tenido que hacer de este modo alguna entrevista, m&aacute;s bien corta, si quer&iacute;a obtener un testimonio, no del todo central, para un perfil o nota m&aacute;s larga. Pero eran por tel&eacute;fono o Skype. Aunque no me apasiona la tecnolog&iacute;a, son herramientas &uacute;tiles para nuestro trabajo. Ahora, WhatsApp tengo desde hace muy poco tiempo y &eacute;sta es la primera.</p>
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<p><strong>El entorno familiar</strong></p>
<p>- Pues ya somos dos. Cuando afrontas un perfil, o retrato period&iacute;stico en profundidad, de un personaje necesitas empezar por el principio. Independientemente de la estructura que le des luego al relato. No puedes comprender a ese hombre o mujer, con el que llegar&aacute;s a conversar durante meses, sin conocer su pasado. &iquest;C&oacute;mo era tu entorno familiar en Jun&iacute;n?</p>
<p>- Mi pap&aacute; es ingeniero qu&iacute;mico. Una persona que se lee de tres a cuatro libros por semana. Y mi mam&aacute;, que falleci&oacute; en 2009, era maestra, pero nunca ejerci&oacute; el magisterio, sino que se dedic&oacute; al rol tradicional de ama de casa. A criar a los hijos. Tambi&eacute;n le&iacute;a mucho, aunque a ella una novela le duraba dos meses. Era muy devota de las revistas. No de &eacute;sas de la far&aacute;ndula.&nbsp; La recuerdo leyendo una para mujeres que se llamaba <em>Claudia </em>(se public&oacute; entre 1957 y 1973), muy avanzada, muy de vanguardia. Tra&iacute;a reportajes, cr&oacute;nicas, cuentos y muy buenas firmas. En casa hab&iacute;a libros y revistas de historietas por doquier, y se recib&iacute;an, qu&eacute; s&eacute; yo, cinco diarios por d&iacute;a. Cuando ven&iacute;amos a Buenos Aires, como a pap&aacute; le gusta mucho el teatro y a mam&aacute; le gustaba el cine, &iacute;bamos todo el tiempo de espect&aacute;culos. Eran dos personas ilustradas y, aunque se hablaba de literatura, no puedo decir que viviera en una casa de intelectuales. Pero s&iacute; muy estimulante desde el punto de vista cultural.</p>
<p>Jun&iacute;n, en plena pampa h&uacute;meda y rodeada de un entorno lacustre, es una de las ciudades m&aacute;s activas y aplacibles de la provincia de Buenos Aires. Alg&uacute;n pr&oacute;cer local la bautiz&oacute; con el pomposo nombre de <em>La Perla del Noroeste</em>. Pero la peque&ntilde;a Leila se aislaba de aquel ambiente tur&iacute;stico, administrativo e industrial en la biblioteca familiar. Le gustaban los relatos de terror y ciencia ficci&oacute;n. &ldquo;Sobre todo los de Horacio Quiroga y Ray Bradbury, que fueron los que me hicieron empezar a escribir. Porque yo escribo desde que soy chiquitita. Cuando ten&iacute;a siete u ocho a&ntilde;os. Pero el primer relato que entregu&eacute; a <em>P&aacute;gina/12</em>&nbsp; ya no ten&iacute;a nada que ver con esos g&eacute;neros, ni cosa por el estilo. Era una historia muy cruda, de realismo sucio, digamos. Una mujer roba un banco con su novio y, cuando escapa de la Justicia, se da cuenta de que se ha subido al proyecto de &eacute;l, que acept&oacute; convertirse en ladrona porque estaba enamorada. Est&aacute; escrito con una voz muy bestial, nada rom&aacute;ntica. Porque yo tampoco lo soy. Es curioso, s&iacute;, que haya sido un texto de ficci&oacute;n el que me haya abierto la puerta del periodismo&rdquo;.</p>
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<p><strong>Sobre el periodismo narrativo</strong></p>
<p>- Radio Nacional de Espa&ntilde;a emite un programa en el que sus seguidores no se reclaman oyentes, sino escuchantes. En el caso del periodismo narrativo &iquest;ocurre igual? &iquest;Sois periodistas que, m&aacute;s que ver, est&aacute;is observando, escrutando?</p>
<p>- Todo el periodismo debiera definirse de esa manera. Vamos a entrevistar a la gente, la escuchamos y transcribimos lo que nos dicen. Pero usamos poco los otros sentidos. Qu&eacute; se yo: la mirada, el olfato&hellip;Tenemos que estar atentos a las gesticulaciones de los entrevistados, el entorno que los rodea, sus casas, sus formas de decir: &ldquo;Buenos d&iacute;as&rdquo;, &ldquo;Buenas tardes&rdquo;, &rdquo;Perd&oacute;n&rdquo; y &ldquo;Gracias&rdquo;. El periodismo tradicional deja un poco de lado esos detalles que aqu&iacute; se trabajan mucho.</p>
<p>- &iquest;Y, precisamente esos detalles, te han permitido descubrir en alg&uacute;n personaje m&aacute;s de lo que aportaban sus palabras?</p>
<p>- Siempre sucede. No se deben sacar conclusiones r&aacute;pidas; por eso al hacer un perfil nos quedamos tanto tiempo con el entrevistado. Puede ser que un d&iacute;a esa persona est&eacute; de mal humor y responda mal; pobre, se le enferm&oacute; la suegra. Qu&eacute; se yo. Ahora me viene a la cabeza la escritora Aurora Venturini. Yo la entrevist&eacute; cuando ten&iacute;a 87 a&ntilde;os y falleci&oacute; a los 92. Fui varias veces a su casa, en La Plata, y le ped&iacute; permiso para sacar fotos. No quer&iacute;a publicarlas, pero estaba tan abigarrada de objetos que, a la hora de describirla, me iba a resultar muy dif&iacute;cil, por m&aacute;s que tomara notas. Yo, adem&aacute;s de grabar, siempre tomo notas con la libreta. Saqu&eacute; fotos de su biblioteca y, cuando llegu&eacute; a mi casa, les hice un zoom y descubr&iacute; un mont&oacute;n de libros con t&iacute;tulos muy extra&ntilde;os. Como <em>Los brujos</em>, <em>La Luna Negra de nosequ&eacute;</em>&hellip; Parec&iacute;a de magia negra. Justo despu&eacute;s, hago una entrevista con una de sus disc&iacute;pulas y me dice: &ldquo;&iquest;Viste que Aurora, si le haces un da&ntilde;o, te hace una brujer&iacute;a?&rdquo; Y me empez&oacute; a hablar de su faceta digamos paranormal. La siguiente vez que fui a verla, le pregunt&eacute; y me dijo que era muy creyente, muy cat&oacute;lica, y que, as&iacute; como exist&iacute;a Dios, exist&iacute;a el Demonio. Y me empez&oacute; a contar que ella lo hab&iacute;a visto. Su mejor amigo era un cura exorcista. Habl&eacute; con &eacute;l y nada de lo que dijo Aurora era descabellado ni para mofarse. El cura dec&iacute;a que, si aseguraba haber visto algo, hab&iacute;a que darle cierto cr&eacute;dito. Surgi&oacute; este tema de conversaci&oacute;n que, fantas&iacute;a o no, formaba parte de sus creencias. Luego ella me cont&oacute; cosas que pasaron. Como que hab&iacute;a abierto el peri&oacute;dico y hab&iacute;a visto una necrol&oacute;gica de alguien que todav&iacute;a no se hab&iacute;a muerto y se muri&oacute; poco despu&eacute;s. No digo con esto que yo crea en esas cosas. Digo que ella las contaba de esta manera. Y todo sali&oacute; de una foto a su biblioteca. S&iacute;, esos peque&ntilde;os detalles, que nadie mira o pasan desapercibidos, pueden echar luz sobre zonas de la gente a la que uno entrevista.</p>
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<p><strong>Historias en primera persona</strong></p>
<p>Escribir en primera persona es un clavo ardiendo al que el periodista se aferra en casos de extrema necesidad. Leila Guerriero s&oacute;lo lo ha hecho en tres de sus libros: <em>Los suicidas del fin del mundo </em>(2005)<em>, Una historia sencilla</em> (2013) y <em>Opus Gelber </em>(2019). &ldquo;Uso la primera persona en mis columnas de <em>El Pa&iacute;s</em>, aunque no siempre, para que se entienda que la que opina soy yo. Tambi&eacute;n en mis conferencias sobre la escritura o el periodismo, porque es lo que a m&iacute; me pasa, pero que no tiene por qu&eacute; ser una verdad. En el caso de esos tres libros recurro a ella por diferentes razones. En <em>Los suicidas del fin del mundo,</em> cuando yo llegu&eacute; a Las Heras, un pueblo perdido en la Meseta Patag&oacute;nica, donde hab&iacute;a un excesivo n&uacute;mero de suicidios entre j&oacute;venes, vi que esa gente viv&iacute;a en un estado de aislamiento y de precariedad terrible. Les cortaban la ruta los piqueteros, porque protestaban por tal cosa, y el pueblo se quedaba aislado cuarenta d&iacute;as. Sin recibir combustible, sin v&iacute;veres, sin recibir nada. O el viento tumbaba los cables del tel&eacute;fono y se quedaban diez d&iacute;as sin poder usarlo. Les daba igual, pero yo me desesperaba, porque me sent&iacute;a encerrada. Pensaba: &ldquo;No voy a poder salir de ac&aacute; nunca m&aacute;s&rdquo;. La cita con mis entrevistados era en el &uacute;nico caf&eacute; del pueblo que, a su vez, era un burdel. Y todo esto, que para ellos era normal, para m&iacute; no lo era. Esa primera persona es la mirada del forastero que no ve tan natural lo que ellos consideran cotidiano. En <em>Una historia sencilla</em> me inclu&iacute; yo porque hab&iacute;a cosas que me costaba mucho dilucidar. Como el hecho de que Rodolfo Gonz&aacute;lez Alc&aacute;ntara, el protagonista, se dirigiera con tanto entusiasmo hacia su propia aniquilaci&oacute;n. Porque &eacute;l iba a ganar el premio del Festival Nacional de Malambo de Laborde. El malambo es un baile tradicional de los gauchos. Si lograba ganar, como pas&oacute;, supon&iacute;a el fin de su arte, porque en las bases figuraba que no podr&iacute;a presentarse a ning&uacute;n otro concurso como solista. Y tampoco entend&iacute;a el alt&iacute;simo grado de prestigio que ten&iacute;a este festival, absolutamente desconocido por entonces. Me parec&iacute;a que era indispensable esa primera persona. De todas formas, creo que <em>Opus Gelber</em> es donde aparezco m&aacute;s expuesta de todos los libros que he escrito. Porque la personalidad del pianista Bruno Gelber se comprende y se explica s&oacute;lo en relaci&oacute;n con un otro. En la forma que manipula, ejerce su magnetismo e interpela a ese otro que tiene enfrente, que soy yo. Bruno me pone contra las cuerdas. Es superinquisitivo. Me hace preguntas incomod&iacute;simas. Juega un poco conmigo: me encuentra parecidos graciosos con actrices y me pregunta c&oacute;mo me llevo con mi marido; si me acost&eacute; con mujeres&hellip;y qu&eacute; pienso yo de los celos. En buena parte del libro, Bruno me entrevista a m&iacute; de alguna forma. Por supuesto, muchas de mis respuestas no aparecen, porque no interesan a nadie. Pero hay una faceta de la personalidad de Bruno que s&oacute;lo se puede mostrar en ese juego como el gato y el rat&oacute;n con la persona que tiene enfrente. No hab&iacute;a manera de escribirlo si no era en primera persona&rdquo;.</p>
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<p><strong>&ldquo;Me molesta cuando se confunde sarcasmo con inteligencia&rdquo;</strong></p>
<p>A pesar de lo que cuenta, Leila Guerriero sostiene que la entrevista no debe concebirse como un combate. No hay que ense&ntilde;ar las armas. Pero tampoco mostrarse c&oacute;mplice. Echando la vista atr&aacute;s, se reprocha haber sido &ldquo;un poco sobona&rdquo; con algunos entrevistados y ha intentado dosificar la iron&iacute;a y el sarcasmo. &ldquo;Son recursos de alto impacto que se pueden transformar en un vicio. Si se convierten en el &uacute;nico medio que ten&eacute;s para subrayar lo rid&iacute;culo, lo indignante, lo absurdo, lo contradictorio, lo parad&oacute;jico, blablabl&aacute;&hellip; de una situaci&oacute;n, te mostrar&aacute;s como un narrador de pocos recursos. Viendo hacia atr&aacute;s, encuentro algunos perfiles y cr&oacute;nicas recargadas en ese sentido. Sin embargo, uso mucho la iron&iacute;a en las columnas de <em>El Pa&iacute;s.</em> Incluso llego al sarcasmo. Hay autores que utilizan ambos recursos con mucha frecuencia y me encantan, pero ahora me parece m&aacute;s interesante buscar otras cosas. Lo que s&iacute; me molesta es cuando se confunde, que se confunde mucho, sarcasmo con inteligencia.&rdquo;</p>
<p>- Cuando empezaste en este oficio, todav&iacute;a marcaba la pauta el Nuevo Periodismo estadounidense, pero ya empezaba a haber grandes maestros latinoamericanos.</p>
<p>- S&iacute;, eran casi todos, como vos dec&iacute;s, gringos. Aunque para m&iacute; siempre fue un referente muy importante ac&aacute; Mart&iacute;n Caparr&oacute;s. Y despu&eacute;s, los que fueron mis editores Homero Alsina Thevenet y Elvio Gandolfo, o Tom&aacute;s Eloy Mart&iacute;nez. Eran gu&iacute;as m&aacute;s asequibles y cercanos. La posibilidad de que yo conociera a Tom Wolfe era una en ocho millones. En cambio, Homero me llamaba por tel&eacute;fono a mi casa. Y Elvio Gandolfo me dec&iacute;a: &ldquo;La nota est&aacute; buen&iacute;sima, pero ac&aacute; tal cosa y ac&aacute; tal otra&rdquo;. Y le&iacute;a a Caparr&oacute;s y dec&iacute;a: &ldquo;Ah, bueno, entonces este art&iacute;culo &eacute;l lo resolvi&oacute; as&iacute;. Qu&eacute; bien, no se me hab&iacute;a ocurrido esta soluci&oacute;n.&rdquo; Y lo mismo puedo decir de Rodrigo Fres&aacute;n. Luego, cuando hubo Internet y pod&iacute;as entrar en revistas de Colombia, M&eacute;xico o Chile, se ampli&oacute; ese mapa de gur&uacute;es, que terminaron siendo colegas y, algunos de ellos, amigos muy queridos.&nbsp;</p>
<p>Durante la carrera de Turismo, Leila Guerriero tuvo que estudiar Historia del Arte y, cuando se le pregunta si hay similitudes entre un perfil period&iacute;stico y el retrato de un pintor, tras ruborizarse (se intuye en la voz) reconoce que s&iacute;. &ldquo;De hecho, viste, el subt&iacute;tulo de <em>Opus Gelber </em>es <em>Retrato de un pianista.</em> Yo siempre tiendo a creer que un perfil, una cr&oacute;nica, son el equivalente a un documental s&oacute;lo que escrito. Aunque cada pintor tiene su t&eacute;cnica, parte de un esbozo, de una idea seminal, y, a medida que avanza en la pintura, va descubriendo qu&eacute; retrato quiere hacer. En la escritura hay primero un embri&oacute;n, medio deforme, de lo que va a ser despu&eacute;s; luego un pulido, a partir de esa materia desbordada, y, finalmente, se liman las rebabas. En ese sentido, pod&iacute;amos pensar tambi&eacute;n en el material de la escultura. S&iacute;, creo que la escritura y varias artes, entre ellas la m&uacute;sica, comparten un poco esa b&uacute;squeda. El acercamiento primigenio, hasta despu&eacute;s llegar a una forma m&aacute;s o menos final.&nbsp; Que siempre podr&iacute;a ser distinta, porque es una decisi&oacute;n un poco arbitrar&iacute;a: &iexcl;Termin&eacute;! Ja,ja. Podr&iacute;a seguir al infinito.&rdquo;</p>
<p>- Las figuras, muchas veces, se insertan en un paisaje. Hemos hablado antes de la importancia de ese fondo en el caso de Aurora Venturini. Pero tambi&eacute;n existe un paisanaje. &iquest;Esas relaciones personales, en torno al retratado de un perfil period&iacute;stico, abren puertas que el protagonista puede mantener infranqueables?</p>
<p>- S&iacute;. Por ejemplo, el perfil de Bruno Gelber no puede tener s&oacute;lo su voz. Hacen falta otras que hablen sobre &eacute;l. Primero porque es interesante ver versiones contrastadas de un mismo hecho. O sea, Bruno cuenta su infancia de una manera y Munina, su hermana, la cuenta parecida, pero distinta en algunos puntos. Los testimonios laterales echan luz sobre cosas que la gente no dice de s&iacute; misma. A veces ni siquiera por ocultamiento, sino por pudor. Qu&eacute; se yo, nadie dice: &ldquo;Soy un genio&rdquo;, salvo que tenga un ego tipo Dal&iacute;. Estos testimonios se&ntilde;alan contradicciones, paradojas, traen recuerdos que el protagonista no menciona. Y abren toda una rama, una l&iacute;nea de conversaci&oacute;n. Yo vi mucho a Bruno a lo largo de todo un a&ntilde;o, y lo segu&iacute; viendo despu&eacute;s, pero nunca lo encontr&eacute; angustiado o melanc&oacute;lico. Puede perder la paciencia y enojarse, sin embargo, nunca lo vi abajo. Esteban, el hombre que vive con &eacute;l pero que no es su pareja, aunque el departamento est&aacute; a su nombre, me coment&oacute; que la &uacute;nica vez en la que vio mal a Bruno, angustiado y muy metido para dentro, fue cuando se quebr&oacute; la mano y tuvo que estar enyesado seis meses, a principios de los dosmiles. Despu&eacute;s que tuvo un accidente de auto. Ah&iacute; hay una revelaci&oacute;n, porque Bruno le quitaba importancia a ese accidente. Se re&iacute;a un poco&hellip; Y, sin embargo, viene Esteban y me dice: &ldquo;Mira, no. Cuando se accident&oacute;, s&iacute; lo vi mal. Lo vi preocupado.&rdquo;</p>
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<p><strong>&ldquo;Uno no puede darle voz a un monstruo para que limpie su imagen o pretenda hacerlo&rdquo;</strong></p>
<p>- Adem&aacute;s de perfiles escritos por ti, has publicado, como editora, dos libros de ese g&eacute;nero elaborados por otros periodistas: <em>Cuba en la encrucijada </em>(2017) y <em>Los malos </em>(2015). En este &uacute;ltimo aparecen retratos de criminales, torturadores y genocidas, como Ingrid Olderock, la oficial chilena que vejaba sexualmente con perros a los detenidos. &iquest;Debemos los periodistas dar voz a esa gente?</p>
<p>- Nunca termino de entender esta pol&eacute;mica. Hay que darles voz, pero de determinada manera. Uno no puede darle voz a un monstruo, a un sujeto siniestro, para que limpie su imagen o pretenda hacerlo. Eso no. Pero todos los perfiles de <em>Los malos</em>, que es un libro que demand&oacute; mucho trabajo,<em> </em>est&aacute;n muy bien tratados por sus autores. Yo les dije, como editora, que no quer&iacute;a un libro indignado. Con el dedito levantado, diciendo: &ldquo;Este sujeto es un monstruo&rdquo;, sino que me contaran la vida de estos sujetos, tan siniestros como son, de forma que pudi&eacute;ramos entender lo que pasaba por su cabeza.&nbsp; Algunos son tremendos.&nbsp; Sin ir m&aacute;s lejos, el <em>Mamo</em> Contreras, director de la DINA de Pinochet. Tortur&oacute;, mat&oacute;, hizo desastres&hellip;Pero el texto est&aacute; muy bien armado por su autor, Crist&oacute;bal Pe&ntilde;a; cuenta toda la vida del tipo, habla con su hijo&hellip;hasta que llega a verlo a la c&aacute;rcel y lo que encuentra es un viejo medio perdido, medio demente, que est&aacute; estudiando los ovnis, rodeado por sus nietas: la imagen de la decadencia.&nbsp; Y, despu&eacute;s de leer todo el retrato, por supuesto que uno no siente ninguna l&aacute;stima. Si Crist&oacute;bal hubiera empezado por ese arranque, poniendo al viejo en la c&aacute;rcel, medio perdido y qu&eacute; s&eacute; yo, el perfil hubiera sido otro. Yo no creo que se trate de darle voz, como vos dec&iacute;s, porque parece que los vamos a dejar contar sus versiones. Se trata de contar lo que hicieron, c&oacute;mo se transformaron en lo que han sido, las decisiones que tomaron, hablar con sus amigos&hellip; &iquest;Qui&eacute;nes son los amigos de estas personas? &iquest;C&oacute;mo se puede ser amigo de alguien as&iacute;? Es muy f&aacute;cil reducir a esta gente a la idea de monstruo. Si uno dice: &ldquo;Ah, son monstruos,&rdquo; los saca de la especie humana y es un pensamiento muy tranquilizador. Porque un monstruo se reconoce f&aacute;cilmente. Lo siniestro, lo perverso, lo aterrador es que est&aacute;n camuflados y viven entre nosotros como hijos de vecinos cualquiera. Y, como periodistas, debemos tratar de comprender el ecosistema de la cabeza de estas personas, as&iacute; como tratamos de comprender tambi&eacute;n otros: a gente m&aacute;s buena, completamente buena o talentosa. Utilizando las mismas herramientas period&iacute;sticas.&nbsp; No, no creo que se trate de darles voz, sino de entender.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Argentina ha sido modelo de Memoria Hist&oacute;rica&rdquo; </strong></p>
<p>- Ya que hablamos de cr&iacute;menes, Ra&uacute;l Alfons&iacute;n lleg&oacute; a la Casa Rosada y se propuso juzgar a los genocidas de las Junta Militares con el calor de sus posaderas todav&iacute;a reciente en el sill&oacute;n presidencial. En Espa&ntilde;a, casi medio siglo despu&eacute;s de la muerte de Franco, se le rinde homenaje en un monumento de titularidad p&uacute;blica. &iquest;No fuisteis demasiado r&aacute;pido en Argentina y nosotros muy lento?&nbsp;</p>
<p>- Yo no me voy a meter a opinar de la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola, porque creo que all&iacute; hay mucha opini&oacute;n y muy bien fundada al respecto. Me remito a hablar de la pol&iacute;tica de ac&aacute;, de lo que m&aacute;s conozco. Creo que Alfons&iacute;n hizo lo que hab&iacute;a que hacer y con un riesgo muy alto; la dictadura, como dec&iacute;s, todav&iacute;a estaba present&iacute;sima. No pas&oacute; casi tiempo y empezaron los juicios. El informe <em>Nunca M&aacute;s </em>sac&oacute; a la luz la historia soterrada de las torturas y desapariciones. No veo ning&uacute;n motivo para tener que esperar a hacer esas cosas si es que se hacen bien, como se hicieron. Fue ejemplar. Despu&eacute;s hubo, como sab&eacute;s, leyes de Punto Final y de Obediencia Debida, de Impunidad, y se reabrieron los juicios por lesa humanidad. Hace poco tiempo, se pretendi&oacute; dictar una ley que beneficiara a esos condenados por cr&iacute;menes de lesa humanidad y la gente sali&oacute; a la calle. Generaciones de argentinos, desde abuelos hasta nietos y bisnietos, se congregaron frente a la Plaza de Mayo exigiendo que no se hiciera. Y no se hizo. Temas como la Memoria y la Justicia, en t&eacute;rminos de Derechos Humanos, son algo muy arraigado en la gente. Se empez&oacute; a crear conciencia desde muy iniciada la democracia.&nbsp; Si hay algo que me conmueve de este pa&iacute;s es eso. Creo que es la &uacute;nica cosa que ha funcionado, con ires y venires, pero ha funcionado bien. La memoria nunca es un error.</p>
<p>El reportaje de Leila Guerriero <em>La voz de los huesos,</em> que en Am&eacute;rica se public&oacute; como <em>El rastro de los huesos,</em> cuenta el trabajo del Equipo Argentino de Antropolog&iacute;a Forense para reconstruir los cr&iacute;menes de la dictadura. Obtuvo el premio Nuevo Periodismo Cemex y la Fundaci&oacute;n Nuevo Periodismo Iberoamericano, que presid&iacute;a Garc&iacute;a M&aacute;rquez. La voz de la cronista va apartando, como hacen ellos con la tierra, el manto de olvido con que cubrieron los militares su programa de exterminio. De aquella convivencia surgi&oacute; una amistad que perdura. &ldquo;Los periodistas entrevistamos a mucha gente y no podemos hacernos amigos de toda. Ni todo el mundo se presta, o no nos apetece a nosotros. Pero aqu&iacute; se dio, despu&eacute;s de pasar muchas horas con ellos. Y no s&oacute;lo en el laboratorio. Porque no pod&iacute;a terminar la cr&oacute;nica sin ver una exhumaci&oacute;n y los acompa&ntilde;&eacute; al cementerio de La Plata a exhumar tres cuerpos. No hab&iacute;a nada morboso. Fue duro, pero me parec&iacute;a fundamental verlo y contarlo.&rdquo;</p>
<p>- He le&iacute;do en alguna parte que te ocurre lo que a Ernst J&uuml;nger: que te gusta visitar los mercados y los cementerios de las ciudades a las que llegas. &Eacute;l se hac&iacute;a idea de c&oacute;mo era esa sociedad en funci&oacute;n del trato que daba a sus vivos y a sus muertos.</p>
<p>- Me parece interesante lo que dec&iacute;a J&uuml;nger, pero yo no siento ning&uacute;n atractivo especial por los cementerios. Quiz&aacute; se haya extrapolado de alg&uacute;n comentario que hice a otros colegas sobre&nbsp; aquella cr&oacute;nica. Tampoco siento rechazo por esos lugares urbanos. Ac&aacute;, en Buenos Aires, vivo cerca del cementerio de La Chacarita y es curioso porque uno puede entrar con el auto. Tiene calles adentro y una arquitectura alucinante&hellip;una atm&oacute;sfera de calma, tranquila, nada que atemorice. Aunque tampoco es un lugar para hacer una fiesta. Si tengo que ir a un cementerio, voy sin ning&uacute;n problema. Por lo que dec&iacute;s de J&uuml;nger, yo estuve como veinte mil millones de veces en Santiago o en M&eacute;xico y no tengo ni idea de donde est&aacute;n los cementerios de esas ciudades. Pero s&iacute; conozco sus mercados.</p>
<p>En <em>Plano americano </em>(2013) Leila Guerriero traza perfiles de escritores, fot&oacute;grafos, m&uacute;sicos, pintores, cineastas y otros creadores latinoamericanos. Lo public&oacute; la Universidad Diego Portales, de Santiago de Chile, y a pesar del corto recorrido que suelen tener las ediciones universitarias, uno de los ejemplares cay&oacute; en manos de Mario Vargas Llosa. Lo escogi&oacute; al azar entre la pir&aacute;mide de libros que le env&iacute;an a su domicilio y, al ver en el &iacute;ndice de retratados a Pedro Henr&iacute;quez Ure&ntilde;a (1884-1946), por quien siente verdadera devoci&oacute;n, le pudo la curiosidad. El erudito dominicano fue el cabo de la madeja que le llev&oacute; a leer el libro completo y dedicarle a la autora su columna semanal en el diario <em>El Pa&iacute;s</em>: &ldquo;Muestra de manera fehaciente que el periodismo puede ser tambi&eacute;n una de las bellas artes y producir obras de alta val&iacute;a, sin renunciar para nada a su obligaci&oacute;n primordial, que es informar.&rdquo; Guerriero no era ninguna debutante, ya destacaba entre los periodistas de su generaci&oacute;n, pero aquello le hizo rozar la gloria. &ldquo;Para m&iacute; fue un shock. Una conmoci&oacute;n, esa es la palabra. La columna de Vargas Llosa aqu&iacute; la tiene sindicada el diario <em>La Naci&oacute;n</em> y, con la diferencia horaria, la publica cuatro horas m&aacute;s tarde. Yo estaba trabajando, porque no vivo pegada a las ediciones digitales de los peri&oacute;dicos todo el tiempo, ni tengo una alerta de Google con mi nombre. No, no hago esas cosas. Y me llam&oacute; mi amigo, y editor de opini&oacute;n de <em>La Naci&oacute;n,</em> Jorge Fern&aacute;ndez D&iacute;az. Cuando me lo cuenta, digo: &ldquo;Jorge, me acaba de bajar la presi&oacute;n. No puedo creerlo.&rdquo; Y me la ley&oacute; al tel&eacute;fono, porque no me atrev&iacute;a a entrar en <em>El Pa&iacute;s.</em> Obviamente, yo hab&iacute;a le&iacute;do a Vargas Llosa desde chica, pero no lo conoc&iacute;a personalmente ni ten&iacute;a ninguna relaci&oacute;n con &eacute;l. Luego entabl&eacute; contacto y lo conoc&iacute; en un restaurante de Madrid, gracias a nuestro com&uacute;n amigo Juan Cruz Ru&iacute;z, pero en aquel comento me cost&oacute; entender qu&eacute; me pasaba. Apenas abr&iacute; el mail, fue el mismo efecto que cuando te ganas un premio muy importante. &iquest;Entend&eacute;s? Te escriben, y te llaman, desde todos lados: amigos, colegas&hellip;Era un poco eso de <em>&iquest;Qu&eacute; hace una chica como yo en un lugar como &eacute;ste</em>?&rdquo;</p>
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<p><strong>&ldquo;El papa Francisco me parece contradictorio y manipulador&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;Los dos argentinos vivos con m&aacute;s proyecci&oacute;n internacional son Messi y el papa Francisco. El primero se muestra parco en palabras. Cualquier perfil sobre el futbolista devendr&iacute;a en un elogio del silencio. El pont&iacute;fice ha concedido muchas m&aacute;s entrevistas que todos sus antecesores juntos, y en ellas se muestra locuaz, chistoso&hellip;terrenal, en una palabra. Pero los periodistas apenas han podido compartir con &eacute;l una hora de conversaci&oacute;n. Un perfil llevar&iacute;a meses, por eso Leila Guerriero lo considera inaccesible. &ldquo;Claro que me parece interesante Bergoglio, pero me resulta un sujeto muy poco loable. Si un periodista tiene que deponer muchos prejuicios antes de entrevistar a una persona, yo creo que con Francisco me costar&iacute;a much&iacute;simo hacer ese trabajo. Me genera antipat&iacute;as. Es uno de los sujetos que tiene m&aacute;s poder en el mundo, adem&aacute;s jefe de Estado, y muy contradictorio. Hay un consenso de simpat&iacute;a, o hab&iacute;a por lo menos, en los inicios, con esa imagen de estar dispuesto a terminar con ciertas cosas de la Iglesia, y en realidad es tan conservador o m&aacute;s que todos. Hizo muy poco para cambiar de ra&iacute;z los abusos sexuales, por ejemplo. Cuando vino al Sur, a Chile, fue muy poca gente a verlo. Sent&oacute; a su lado al obispo Juan Barros, que estaba acusado de haber encubierto el caso Karadima, una historia tremenda de abusos sexuales a menores. Sostuvo ante los periodistas que no hab&iacute;a ninguna prueba de la complicidad de ese obispo, cuando los abusados hab&iacute;an presentado decenas. Incluso enviaron cartas al Vaticano que jam&aacute;s fueron contestadas. Bergoglio, despu&eacute;s de apoyar a Barros, tuvo que salir pidiendo disculpas. Mirando su comportamiento de aquellos d&iacute;as, creo que es un hombre de convicciones muy aterradoras. Pero, por otro lado, se lo ve como un tipo con cierta cercan&iacute;a terrenal. Parece tener m&aacute;s conocimiento que otros miembros de la Iglesia de lo complicada que es la vida de la gente en el d&iacute;a a d&iacute;a. Ya digo, me parece interesante, muy contradictorio, y, por supuesto, inaccesible para hacerle un perfil period&iacute;stico tal y como yo me los planteo.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;Leila Guerriero parece sentirse m&aacute;s en su salsa con personajes desconocidos, como la se&ntilde;ora que envenen&oacute; a&nbsp; amigas agregando cianuro al t&eacute;, el ilusionista manco o un cardi&oacute;logo convertido en el doble Freddie Mercury. Seres humanos que, por lo general, tuvieron su breve rese&ntilde;a en la prensa y a los que ella, con las herramientas del periodismo, redime de la an&eacute;cdota para contarnos su historia. Las m&aacute;s interesantes, junto a reflexiones sobre su oficio y la &uacute;ltima entrevista a Homero Alsina Thevenet antes de morir, las recopil&oacute; en <em>Frutos extra&ntilde;os</em> (2009). &ldquo;La base del libro es la famosa frase que dice que, visto de cerca, nadie es normal. Y eso se puede extrapolar un poco a toda la gente que uno ha retratado. Me cuesta encontrar, si es que lo hay, un denominador com&uacute;n a esas personas. Son muy diversas. Sin embargo, a pesar de que utilizara ese t&iacute;tulo para un libro concreto, lo que me mueve no es la extra&ntilde;eza de la gente, sino la curiosidad que me genera. Porque, si no, tendr&iacute;a una colecci&oacute;n de frikis y no va por ah&iacute; lo que me interesa.&rdquo;</p>
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<p><strong>&ldquo;A los periodistas nos encanta la &eacute;pica del perdedor&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Te tienta la &eacute;pica del perdedor? Porque quiz&aacute; se vislumbre algo en <em>La voz de los huesos</em>, <em>Los suicidas del fin del mundo</em>&hellip; incluso el Rodolfo de <em>Una historia sencilla</em>, pese a ganar el concurso de baile, tiene una dosis de perdedor.</p>
<p>-A los periodistas nos encanta esa &eacute;pica del perdedor, del <em>loser.</em> Lo que vos dec&iacute;s es cierto.&nbsp; Pero en estos casos no la veo para nada. El Equipo Argentino de Antropolog&iacute;a Forense reconstruye la historia de personas que han sido v&iacute;ctimas. Y los j&oacute;venes suicidas de La Patagonia, yo tampoco dir&iacute;a que un suicida sea un perdedor. En ambos casos hay un quiebre, son historias de horror, no de perdedores. Y Rodolfo no s&eacute; si tiene algo de perdedor, porque siempre se sobrepone a todo lo que le pasa: los primeros a&ntilde;os de pobreza, ac&aacute; en Buenos Aires, y luego da todo por conseguir ese campeonato de baile. Aunque la condici&oacute;n sea no volver a presentarse a ning&uacute;n otro. Finalmente gana. Va tras un sue&ntilde;o y lo consigue. &iquest;Algo de perdedor? Yo m&aacute;s bien lo veo como una especie de &Iacute;caro.</p>
<p>-Muchos escritores de ficci&oacute;n dicen que, a veces, no son ellos los que dominan a los personajes, sino que se les rebelan y conducen al autor a donde les da la gana. &iquest;Te ha ocurrido que fueras en busca de un entrevistado y se te cruzara otro m&aacute;s interesante por el camino?</p>
<p>- No&hellip;(duda). No. Aunque el libro <em>Plano americano</em> funciona como una especie de vasos comunicantes. De pronto, en el perfil de un dise&ntilde;ador de joyas, aparecen, qu&eacute; se yo, los testimonios laterales de una cronista de moda y un dise&ntilde;ador de afiches. Despu&eacute;s, la cronista de moda ha despertado en m&iacute; el suficiente inter&eacute;s para convertirla en protagonista del siguiente perfil. Pero toparme con alguien impensado (vuelve a dudar. Como queriendo cerciorarse) creo que no me ha pasado nunca.</p>
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<p><strong>&ldquo;No es sencillo comentar situaciones complejas en pocas l&iacute;neas&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;La conversaci&oacute;n concluye hablando de su faceta como columnista. La editorial Libros del Asteroide acaba de publicar <em>Teor&iacute;a de la gravedad</em>, un libro recopilatorio de las columnas de prensa escritas por Leila Guerriero a lo largo de m&aacute;s de cinco a&ntilde;os. Reflexiones entreveradas de lecturas y recuerdos que demuestran que todav&iacute;a se puede hacer literatura en los peri&oacute;dicos. Le pregunto si la columna es la destilaci&oacute;n &uacute;ltima del periodismo. Si algunas le han costado m&aacute;s tiempo de escribir que, por ejemplo, un perfil de veinte p&aacute;ginas. &ldquo;No s&eacute; si m&aacute;s. Porque un perfil de ese tipo cuesta much&iacute;simo. Lo complicado de la columna es cuando se publica con una periodicidad alta. Si es dif&iacute;cil tener una idea por a&ntilde;o, imag&iacute;nate tener una idea todas las semanas. Cuando quiero hablar de alg&uacute;n asunto pol&iacute;tico, social o econ&oacute;mico, normalmente de Am&eacute;rica Latina, recojo mucha informaci&oacute;n. Armo un documento grande, con cantidad de notas de archivo, y lo cruzo con libros que he le&iacute;do. Depuro lo accesorio y, con lo que resta, armo la columna. Me lleva tiempo, no es sencillo comentar situaciones complejas en pocas l&iacute;neas. Hay que evitar el reduccionismo y que todo sea blanco o negro. Para hacer un perfil me paso meses. Tambi&eacute;n es necesario separar lo esencial de lo accesorio; pero buscar una estructura, que tenga clima, una atm&oacute;sfera, es igualmente trabajoso. Cada g&eacute;nero tiene su propia dificultad.</p>
<p>Sobrepasado, con creces, el tiempo de la entrevista, Leila Guerriero prolonga la conversaci&oacute;n en tono m&aacute;s personal. Encarna la antidiva en un oficio donde proliferan las estrellas rutilantes. Ya lo advirti&oacute; Vargas Llosa tras leer <em>Plano americano</em>: &ldquo;No interfiere jam&aacute;s, nunca usa a sus personajes para auto promocionarse, practica aquella invisibilidad que exig&iacute;a Flaubert de los verdaderos creadores.&rdquo; Se ofrece para completar, cualquier otro d&iacute;a, lo que sea necesario. No reclama leer el texto antes de la publicaci&oacute;n. &iexcl;Ser&iacute;a ofender a un colega! Pero pide un peque&ntilde;o favor:</p>
<p>- Si pod&eacute;s, no me hagas hablar de t&uacute;. Porque yo no utilizo esa forma. Puesto que soy argentina, hablo de vos.</p>
<p>- Por supuesto. Ser&iacute;a como tergiversar tus palabras.</p>
<p>- Pero a veces lo hacen. &iquest;Viste?... &iexcl;&iexcl;Y, al leerlo, uno se encuentra hablando como en el doblaje de una pel&iacute;cula!! (WhatsApp devuelve met&aacute;lico el son de su risotada).</p>
<p>&nbsp;Hace 75 a&ntilde;os, Homero Alsina Thevenet, que firmaba HAT las cr&iacute;ticas de cine, ya denunci&oacute; en el semanario <em>Marcha</em> c&oacute;mo se profana, de ese modo, la integridad art&iacute;stica de un largometraje. <em>Dec&iacute;amos ayer&hellip;</em></p>
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      <pubDate>Tue, 19 Nov 2019 06:41:25 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Juan Arnau: “Los problemas generados por un mundo en brazos de la técnica sólo podrán resolverse mediante el humanismo”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/juan-arnau-los-problemas-de-un-mundo-en-brazos-de-la-tecnica-solo-podran-resolverse-mediante-el-humanismo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2019/Arneu600.jpg" alt="" /></p>
<p>Juan Arnau es astrof&iacute;sico y doctor en Filosof&iacute;a S&aacute;nscrita, pero, sobre todo, es escritor. En poco m&aacute;s de tres lustros ha publicado casi una veintena de t&iacute;tulos, algunos referenciales en el panorama actual. Para &eacute;l, la filosof&iacute;a es el cultivo del asombro y no pasa d&iacute;a sin que se pregunte, como una oraci&oacute;n, para qu&eacute; estamos aqu&iacute;. El af&aacute;n por saber lo personifica en Leibniz, al que acaba de dedicar el tercer volumen -<em>El sue&ntilde;o de Leibniz</em> (2019)- de una trilog&iacute;a que comprende <em>El cristal de Spinoza</em> (2012) y <em>El efecto Berkele</em>y (2015). Spinoza supone la <em>amistad</em>, &ldquo;clave de la vida filos&oacute;fica tanto para el Buda como para el sefard&iacute;; la esencia del primer <em>ay</em> fundamental&rdquo; y Berkeley, <em>el mago irland&eacute;s</em>, significa la <em>percepci&oacute;n</em>, &ldquo;sin la que no habr&iacute;a curiosidad ni amistad&rdquo;. La vida, defiende, es eso: percepci&oacute;n; lo dem&aacute;s son &ldquo;conjeturas metaf&iacute;sicas&rdquo;.</p>
<p>Hay otras obras que aspiran al entretenimiento y usan personajes atractivos, como Leonardo, en busca de una excusa para levantar una intriga huera en lo literario; hace no tanto, Irvin D. Yalom sirvi&oacute; un descafeinado en <em>El problema Spinoza</em>, cuyo punto de partida era la ocupaci&oacute;n nazi de Pa&iacute;ses Bajos en 1940 -el nazismo, todo un fetiche del <em>best seller</em>-. El uso y disfrute de la figura hist&oacute;rica con &aacute;nimo comercial es visible en muchos libros, no as&iacute; en los de Arnau, aunque confiesa que le acompa&ntilde;a el deseo de conquistar al gran p&uacute;blico. La trilog&iacute;a mencionada se sustenta en un estilo inequ&iacute;vocamente literario. No desarrolla ficciones <em>agradables</em>; no s&oacute;lo da cuenta de los hechos, los explica. A este g&eacute;nero, ya practicado, &eacute;l lo llama <em>ficci&oacute;n filos&oacute;fica</em>. Se basa en volcar conversaciones, confidencias y anhelos de los protagonistas. <em>El cristal Spinoza</em> es un guion cinematogr&aacute;fico, <em>El efecto Berkeley</em> adopta forma dram&aacute;tica y <em>El sue&ntilde;o de Leibniz</em> funciona como diario de duermevela, &ldquo;sin adornos ni sentimentalismos&rdquo;. Es la filosof&iacute;a en un escenario en el que todo est&aacute; dispuesto para escuchar la voz de los personajes y del paisaje o, como &eacute;l dice, &ldquo;el drama real de la vida y el pensamiento en su circunstancia&rdquo;. Son sucesos de las vidas de Spinoza, Berkeley y Leibniz que, en cierto sentido, forman una colecci&oacute;n de postales. Para Arnau el m&aacute;s importante de los tres es Berkeley. &ldquo;Sostuvo que el mundo est&aacute; hecho de impresiones. Que ser es percibir&rdquo;. Nada mejor, pues, que el teatro para su cr&iacute;tica de las abstracciones, a las que despu&eacute;s volveremos. No hay un yo frente al mundo, hay una participaci&oacute;n mutua del mundo y del yo. &ldquo;Es un elogio de la atenci&oacute;n. De la luz y los sonidos. De la vida como apariencia verdadera. Las sensaciones no son duplicados de las cosas, sino las cosas mismas. Sujeto y objeto se confunden. Y, disculpe la l&iacute;rica, es una inmersi&oacute;n en el agua clara de la sensibilidad&rdquo;.</p>
<p>- &ldquo;La naturaleza est&aacute; escrita en lenguaje matem&aacute;tico&rdquo; parece un eslogan de marketing. &iquest;Es as&iacute; o, como propon&iacute;a Einstein, dios juega a los dados con el universo?</p>
<p>- Einstein, como todos aquellos formados en matem&aacute;tica, cre&iacute;a que hab&iacute;a unas leyes inmutables en la naturaleza, algo que, por otro lado, considera la mayor parte de f&iacute;sicos, y se ha convertido en un dogma de esta ciencia. Es decir, &eacute;l cre&iacute;a en un universo en evoluci&oacute;n, donde todo cambia&hellip; salvo unas leyes escritas en un lenguaje de car&aacute;cter simb&oacute;lico que, por as&iacute; decir, habitaban un &ldquo;cielo matem&aacute;tico&rdquo;. En este sentido, era seguidor de Spinoza y de la tradici&oacute;n jud&iacute;a -cabal&iacute;stica y filos&oacute;fica-, que hizo, y hace, de los s&iacute;mbolos entes eternos; y que son aquellos que no cambian pero hacen que todo cambie. No deja de ser curioso que el genio y la imaginaci&oacute;n de Einstein, que abrieron las puertas a la f&iacute;sica cu&aacute;ntica, no supiesen aceptar una consecuencia cu&aacute;ntica: el universo abierto y unas leyes del mundo mutables.</p>
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<p><strong>&ldquo;El padre hace al hijo tanto como el hijo al padre&rdquo;</strong></p>
<p>- Un dios simb&oacute;lico no es un dios hecho.</p>
<p>- Se va<em> </em>haciendo a medida que se van haciendo sus criaturas. De manera inconsciente, Einstein prefer&iacute;a un mundo acabado, en el que la partida ya estuviera jugada, aunque no conoci&eacute;ramos su desenlace -s&oacute;lo Dios lo sab&iacute;a-. El fil&oacute;sofo budista Nāgārjuna lo dec&iacute;a de un modo elocuente: &ldquo;El padre hace al hijo tanto como el hijo al padre&rdquo;. Esa participaci&oacute;n radical, impl&iacute;cita en la filosof&iacute;a de Spinoza, es la que me interesa. A ella est&aacute; dedicada <em>La invenci&oacute;n de la libertad</em> (2016).</p>
<p>- En el libro siguiente, <em>La fuga de dios</em> (2017), afirma que el paradigma dominante en la ciencia nos ha robado la voluntad y que vivimos en un mundo dominado por tecn&oacute;cratas.</p>
<p>- El mundo de hoy libra una batalla, m&aacute;s o menos expl&iacute;cita, entre tecn&oacute;cratas y humanistas. Los primeros detentan el poder de lo cuantitativo: los n&uacute;meros que rigen la econom&iacute;a y la riqueza de las sociedades. Ellos creen tener ganada la batalla. Los segundos abogan por lo cualitativo y lo creativo. Pero, en el fondo del motor interno del aparato financiero, ese que hoy devora la econom&iacute;a real, en su ra&iacute;z m&aacute;s profunda, no encontramos los algoritmos de los ordenadores que controlan los mercados burs&aacute;tiles, sino pasiones humanas como la codicia o la envidia. Y sobre &eacute;stas, los tecn&oacute;cratas apenas saben nada, simplemente se dejan arrastrar.</p>
<p>- Por ellas.</p>
<p>- Por ellas. Sobre las pasiones los expertos son los humanistas. De modo que los problemas generados por un mundo en brazos de la t&eacute;cnica s&oacute;lo podr&aacute;n resolverse mediante el humanismo.</p>
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<p><strong>&ldquo;Escribir es una forma, entre otras, de aprender y organizar el pensamiento&rdquo;</strong></p>
<p>- Creer&aacute; en la inspiraci&oacute;n.</p>
<p>- Siempre y cuando me pille trabajando. Lo que no es tradici&oacute;n es plagio y todo escritor, cuando practica el ensayo, escribe tanto para los dem&aacute;s como para s&iacute; mismo. Escribir es una forma, entre otras, de aprender y organizar el pensamiento. Por ejemplo, lo esencial en el proceso de escritura del <em>Manual</em><em> de filosof&iacute;a port&aacute;til</em> (2014) fue ponerme en el pellejo de los grandes pensadores y ver el mundo desde &eacute;l. Hemos abusado de la filosof&iacute;a cr&iacute;tica, es hora de una filosof&iacute;a de la empat&iacute;a, de ver con los ojos del otro. De congeniar. La filosof&iacute;a deber&iacute;a ser un arte de la simpat&iacute;a. Y, en ese sentido, para m&iacute;, como para cualquier lector, la vida y las ideas de los fil&oacute;sofos sirven para trazar un camino filos&oacute;fico propio.</p>
<p>El <em>Manual de filosof&iacute;a port&aacute;til</em> fue finalista del Premio Nacional de Ensayo y es su obra m&aacute;s conocida. Surgi&oacute; de la necesidad de <em>regresar a casa</em>. Algunos viran a Oriente hartos de Occidente. &Eacute;l hizo casi el trayecto inverso: despu&eacute;s de una d&eacute;cada investigando el budismo, sinti&oacute; que necesitaba redescubrir su propia tradici&oacute;n. Primero, de forma espont&aacute;nea, casi l&uacute;dica, eligi&oacute; a los pensadores que m&aacute;s le interesaban. Poco a poco, se encontr&oacute; recorriendo la historia de la filosof&iacute;a con ojos budistas. &ldquo;Lo que ve&iacute;a no era lo que nos hab&iacute;an contado y quise ofrecer mi perspectiva&rdquo;. Una m&aacute;xima de ese libro es que la filosof&iacute;a es <em>algo</em> que <em>ocurre en la vida</em>, no es la vida la que est&aacute; encerrada en la filosof&iacute;a. Tenemos en &eacute;l un acercamiento a las facetas de los fil&oacute;sofos no estrictamente filos&oacute;ficas, sino vitales: la correspondencia, los apegos, los viajes, el sedentarismo, el modo de ganarse un sustento. &ldquo;Tengo un amigo lo ve como un <em>libro de lecturas</em>, y creo que acierta&rdquo;.</p>
<p>No hay normas de conducta aplicables a los diecinueve personajes elegidos, pero s&iacute; es verdad que todos ellos desarrollan unas vidas que podr&iacute;amos llamar <em>filos&oacute;ficas</em>. El libro se centra en varias categor&iacute;as, sin mencionarlas; la primera, la vida afectiva. &ldquo;Es asombroso comprobar cu&aacute;ntas personas fueron solitarias, o eligieron la solter&iacute;a. Ello no significa que carecieran de relaciones personales&rdquo;: Spinoza tuvo amigos; Leibniz, a sus princesas; Plotino, disc&iacute;pulos; Plat&oacute;n, alumnos; Kierkegaard se enamor&oacute; de una joven &ndash;a la que renunci&oacute; por lo que entend&iacute;a como una misi&oacute;n: servir al pensamiento-; Nietzsche tambi&eacute;n, pero se la arrebat&oacute; un amigo; Kant y Hume tantearon el matrimonio y finalmente se escabulleron. Lo curioso es que dos de los fil&oacute;sofos m&aacute;s sistem&aacute;ticos s&iacute; tuvieran familia: Arist&oacute;teles y Hegel. Otros dispusieron de amantes &ndash;Agust&iacute;n- o de amigos de una intimidad f&eacute;rrea -Montaigne y Wittgenstein-. A S&oacute;crates le pesaba la familia, todo lo contrario que a Berkeley. No menos interesante es ver en qu&eacute; se fueron empleando laboralmente. &ldquo;La mayor&iacute;a no entra en la categor&iacute;a <em>profesional</em>&rdquo;. Wittgenstein y Nietzsche fueron acad&eacute;micos a rega&ntilde;adientes; Hegel y Kant, profesores toda la vida, aunque al &uacute;ltimo le llev&oacute; lo suyo acceder a una c&aacute;tedra. Otros vivieron de rentas -Kierkegaard y Montaigne-, &iexcl;o de sus disc&iacute;pulos!: Plotino y Plat&oacute;n. Spinoza rechaz&oacute; una c&aacute;tedra: vivi&oacute; de sus protectores y del tallado de lentes. No faltan quienes apenas se movieron del terru&ntilde;o: Spinoza, Kierkegaard, Novalis y Kant. Tampoco, quienes se embarcaron &ndash;no siendo f&aacute;cil navegar-, cada uno en pos de un proyecto: Plat&oacute;n, Llull, Berkeley. Leibniz y Tom&aacute;s de Aquino viajaron much&iacute;simo. Tambi&eacute;n Plotino, Hume y Montaigne, en su juventud. Por el contrario, Arist&oacute;teles y Hegel fueron m&aacute;s bien sedentarios. Quedar&iacute;an otras constantes menores: la persecuci&oacute;n del pensamiento por parte de las instituciones de la &eacute;poca; el giro en el pensamiento -Newton, creador del mecanicismo acab&oacute; siendo antimecanicista, Wittgenstein inici&oacute; sus <em>Investigaciones</em> para combatir su <em>Tractatus</em>-; o la extendida renuencia a los honores, al poder y al dinero de Newton, Wittgenstein, Spinoza, Kierkegaard y Nietzsche, entre otros. Pero si algo hace el <em>Manual</em> es censurar la intenci&oacute;n mecanicista que encierra el esp&iacute;ritu en las neuronas. Arnau avisa de que al <em>port&aacute;til</em> &ndash;un caminante alejado de la solemnidad, sea escol&aacute;stica o acad&eacute;mica- las cuestiones ideol&oacute;gicas le huelen a impostura. Es obvia su estima hacia el inmaterialista Berkeley, lo acaba de confesar, pero sabemos que, precisamente, han sido los materialismos los que dominaron la vida intelectual del siglo XX: filos&oacute;fico, dial&eacute;ctico, finalmente metaf&iacute;sico. Ser&iacute;a injusto ignorar que de esa marmita salieron ideas que redundaron en una pr&aacute;ctica m&aacute;s justa de la econom&iacute;a, pero &iquest;nos lesion&oacute; espiritualmente?</p>
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<p><strong>&ldquo;El capitalismo es una huida hacia adelante que est&aacute; acabando con el planeta&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Lo peor de Marx fueron algunos marxistas? No est&aacute; incluido en su n&oacute;mina.</p>
<p>- La materia es una conjetura, una idea metaf&iacute;sica. El paradigma que dibuja funciona, eso s&iacute;, al precio de reducir el mundo. Hay mucho invisible que nos rodea. El marxismo fue una herej&iacute;a del cristianismo y sus buenas intenciones convirtieron la sociedad en un infierno paranoico, empobreciendo a la poblaci&oacute;n en todos los sentidos. Pero ojo, el capitalismo de igual modo es un horror, una huida hacia adelante que est&aacute; acabando con el planeta.</p>
<p>- De Freud, &iquest;qu&eacute; opina? &iquest;Los neur&oacute;logos, al admitir que tomamos decisiones con el inconsciente, le est&aacute;n otorgando una segunda juventud?</p>
<p>- Freud fue un gran escritor, m&aacute;s artista que cient&iacute;fico, y en ese sentido goza de mis simpat&iacute;as. Se equivoc&oacute; al decir que todo se decide en la infancia: venimos de mucho m&aacute;s atr&aacute;s. Los genetistas lo saben, tambi&eacute;n los hind&uacute;es que postulan el karma. Las neurociencias actuales deben recuperar el concepto de campo. El campo, sea sem&aacute;ntico o de minas, es el conjunto de condiciones que hacen posible un acontecimiento. Tambi&eacute;n se refiere al l&iacute;mite de aplicabilidad de un instrumento: hasta d&oacute;nde se puede o&iacute;r, ver, sentir&hellip; El concepto campo, asociado al de estructura y al de correspondencia, ha ido creciendo en importancia en la f&iacute;sica, y esa relevancia deber&iacute;a proyectarse ahora sobre las neurociencias y en las teor&iacute;as de la percepci&oacute;n.</p>
<p>-&iquest;Por qu&eacute; se sienten los paisajes espirituales en ciertos lugares de la India o en los Himalayas?</p>
<p>-En f&iacute;sica, el campo se concibi&oacute; como la distribuci&oacute;n continua de una condici&oacute;n o magnitud preponderante que puede ser descrita de forma matem&aacute;tica por medio de un gradiente. El campo se podr&iacute;a entender como el espacio vital de un organismo del que deriva su comportamiento. La raz&oacute;n es simple: siempre existe un campo en el que tienen lugar la observaci&oacute;n y el significado &ndash;sem&aacute;ntico-. Si el campo se convirti&oacute; en una noci&oacute;n imprescindible para la materia f&iacute;sica, ahora deber&iacute;a serlo para la materia org&aacute;nica y para la materia ps&iacute;quica. Es lo que podr&iacute;a llamarse una filosof&iacute;a del paisaje.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La identidad, como la raz&oacute;n, produce monstruos&rdquo;</strong></p>
<p>-En <em>La fuga de dios</em> rescata a Simone Weil: &ldquo;Dios se deshace en el mundo. No hay que ser yo, pero menos a&uacute;n nosotros&rdquo;. &iquest;La identidad es una m&aacute;scara? &iquest;Qu&eacute; es el yo dentro de la comunidad?</p>
<p>- La identidad, como la raz&oacute;n, produce monstruos. Esto lo supo ver bien el budista. Y, sin embargo, no sabemos vivir sin identidad; hacerlo nos enajenar&iacute;a. Desde ni&ntilde;o, es un tema que me fascina. Borges cre&iacute;a que la personalidad era una nader&iacute;a. Escribi&oacute; un ensayo manierista sobre el asunto. Proust dec&iacute;a que nuestra identidad social es una creaci&oacute;n del pensamiento de los dem&aacute;s, con ello parece disculparnos. Pero Borges a&ntilde;adi&oacute; un corolario: &ldquo;Todos nos parecemos a la imagen que tienen de nosotros&rdquo;. Como siempre, la verdad no est&aacute; s&oacute;lo de un lado, est&aacute; en ambos. Los jainistas supieron verlo y lo expresaron con una doctrina llamada &ldquo;anekantavada&rdquo;. Los que trabajan en conflictos pol&iacute;ticos o matrimoniales lo saben. Hay muchos yoes en el yo y todos deben coexistir de forma m&aacute;s o menos pac&iacute;fica. El yo monol&iacute;tico de una identidad sin fisuras es aburrido y pesado y, en &uacute;ltima instancia, irreal.</p>
<p>-&iquest;Qu&eacute; le parece el estructuralismo? En el cap&iacute;tulo dedicado a L&eacute;vi-Strauss, reconoce que el antrop&oacute;logo rebaj&oacute; la ansiedad del yo.</p>
<p>-L&eacute;vi-Strauss hizo dos cosas importantes. En primer lugar, como usted se&ntilde;ala, rebaj&oacute; la ansiedad del yo, heredada del cogito cartesiano. En segundo, se dio cuenta de que los mitos pueden pensar y de que la filosof&iacute;a, que &eacute;l estudi&oacute; en Par&iacute;s, hab&iacute;a entrado en una fase manierista y decadente, centrada exclusivamente en la dial&eacute;ctica. Su gesto -ir a buscar la verdad a las selvas del Amazonas- me parece fundamental. La antropolog&iacute;a recupera su lugar en la historia del pensamiento. Se ten&iacute;a la sensaci&oacute;n de que algo se hab&iacute;a perdido -en la filosof&iacute;a-, de que algo se hab&iacute;a quedado en el camino. Hac&iacute;a falta recuperarlo.</p>
<p>- Sin embargo, un personaje fundamental en el reconocimiento del sujeto &ndash;y de la subjetividad- es Montaigne, al que dedica un cap&iacute;tulo admirativo en el <em>Manual</em>. &iquest;Qu&eacute; diferencia una visi&oacute;n de la otra?</p>
<p>- Montaigne es el primer hombre moderno. En &eacute;l convergen &ndash;como en Spinoza- dos mundos: el cl&aacute;sico y el de los grandes descubrimientos antropol&oacute;gicos asociados a la conquista de Am&eacute;rica. Es el primero en darse cuenta de que hay otras formas de vida tan v&aacute;lidas como la nuestra, o que al menos merecen nuestro respeto y consideraci&oacute;n.</p>
<p>- Vuelvo el espejo sobre usted. Sus apelaciones a la conciencia, a la plenitud, a la continuidad, al humanismo, &iquest;cabr&iacute;an ser calificadas <em>ideol&oacute;gicas</em>? &iquest;Su exposici&oacute;n podr&iacute;a ser tildada <em>de parte</em>?</p>
<p>- Por supuesto. Aunque la palabra ideolog&iacute;a no es de mi agrado. Mi apuesta es por el humanismo, lo ha dicho. Sospecho que la t&eacute;cnica acabar&aacute; siendo una amenaza para la civilizaci&oacute;n. Precisamente porque la tecnolog&iacute;a se pondr&aacute; al servicio de las pasiones humanas y, olvidado el humanismo, &eacute;stas acaban desbocadas.</p>
<p>- Al racionalismo le sigui&oacute; la construcci&oacute;n de la objetividad, a la que ignoro si aspira. Fue el escudo de la ciencia. Dice que a partir del XVIII, con Voltaire, en Europa se desat&oacute; &ldquo;la fiebre del an&aacute;lisis&rdquo;. &iquest;Es posible la objetividad?</p>
<p>- La construcci&oacute;n de la objetividad ha sido la vocaci&oacute;n de Occidente en los &uacute;ltimos trescientos a&ntilde;os. Los logros son innegables. Ahora hay que ver si eso es lo &uacute;nico a lo que debemos aspirar, o si hay otras cosas. La construcci&oacute;n del objeto y su posterior manipulaci&oacute;n es una opci&oacute;n vital y civilizatoria, pero no la &uacute;nica. Popper lo ten&iacute;a claro, aunque otros protestaron, pensemos en Wittgenstein o Feyerabend. Tiendo a identificarme con estos &uacute;ltimos.</p>
<p><em>La fuga de dios</em> refuta las tres ideas que contribuyeron al &eacute;xito de la objetividad sobre el que se rige la cosmovisi&oacute;n moderna: -Observar con el &aacute;nimo de manipular, es decir, sustituyendo la costumbre de la contemplaci&oacute;n, debida a Francis Bacon; -Identificar las matem&aacute;ticas con el lenguaje de la naturaleza, propia de Galileo; -y la noci&oacute;n de que el espacio y el tiempo son absolutos, de Newton.</p>
<p>- &iquest;La verdad pas&oacute; a ser sin&oacute;nimo de objetividad? &ldquo;La teor&iacute;a de la verdad se ha desmoronado&rdquo;. &iquest;Hay que revisar el concepto? Revisar no es negar. &iquest;Sumamos el de subjetividad? Eugenio Tr&iacute;as defend&iacute;a abiertamente la aspiraci&oacute;n a la verdad, aun &ldquo;<em>sui generis</em>, no enunciada de modo dogm&aacute;tico&rdquo;. La consideraba necesaria tras las cr&iacute;ticas &ldquo;de pensamientos d&eacute;biles o posmodernos como los de Gianni Vattimo y Jacques Derrida&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; piensa de la filosof&iacute;a de la posmodernidad?</p>
<p>- La posmodernidad fue una reacci&oacute;n necesaria a la fiebre del an&aacute;lisis, pero, como dijo no recuerdo qui&eacute;n, la no literalidad de lo real no hay que tomarla demasiado literalmente. Cualquiera que venda literalidad -las ciencias lo hacen- tratan de convencernos de que sus narraciones logran evitar las met&aacute;foras. Y eso es imposible.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La genialidad siempre lleva aparejada una carga de ingenuidad&rdquo;</strong></p>
<p>- Para alcanzar la objetividad el plan se traz&oacute; conforme a principios geom&eacute;tricos, &ldquo;la Edad Moderna cay&oacute; en la tentaci&oacute;n geom&eacute;trica&rdquo;. Un admirado suyo, Leibniz, ante las disputas, recurr&iacute;a al presente del subjuntivo: calculemos. Algo chocante, no s&eacute; si brillante o infantil. Razonar era razonar matem&aacute;ticamente.</p>
<p>- La genialidad siempre lleva aparejada una carga de ingenuidad, y, en este sentido, est&aacute; claro que Leibniz fue un poco ingenuo y se dej&oacute; arrastrar por cierto platonismo, que es la sana enfermedad de todo aquel que ha cursado una formaci&oacute;n matem&aacute;tica.</p>
<p>El hombre, Leibniz, se afan&oacute; en superar la Pascalina y dedic&oacute; sus esfuerzos a construir una M&aacute;quina de Aritm&eacute;tica. Por su parte, Spinoza trat&oacute; la &eacute;tica al modo de una geometr&iacute;a, <em>more geometrico</em>. Igual siempre fue tarde: pensemos que la geometr&iacute;a habitaba ya la literatura: ah&iacute; est&aacute; el plan de la <em>Divina comedia</em>, cerrad&iacute;simo, en los albores del XIV, casi sobrehumano. Y si acudimos al arte, no importa el siglo, todo estilo, barroco, paleocristiano, egipcio, consider&oacute; tal opci&oacute;n. En la creaci&oacute;n, &iquest;siempre hubo tendencia a la redondez? &iquest;Las ideas religiosas fueron tan poco partidarias de la fisura como las cient&iacute;ficas y las art&iacute;sticas? Pregunta sobre pregunta. Ladrillo sobre ladrillo.</p>
<p>-&ldquo;Nicol&aacute;s de Cusa advirti&oacute; en seguida los peligros de la tentaci&oacute;n geom&eacute;trica&rdquo;. &iquest;Alguien m&aacute;s disinti&oacute;?: Newton call&oacute; una parte de sus investigaciones por miedo. &iquest;La Ilustraci&oacute;n fue, en alg&uacute;n momento, inquisitorial?</p>
<p>- La Ilustraci&oacute;n fue un movimiento que recorri&oacute; Europa y que aspir&oacute;, creo que leg&iacute;timamente, a quitarse de encima la influencia de los jesuitas y a evadir el control que &eacute;stos ejerc&iacute;an sobre el poder y el conocimiento. Para ello fue &uacute;til servirse de una parte del trabajo de Newton, pues el Newton alquimista y biblicista no sali&oacute; nunca del armario. Pero es significativo, debemos advertir, que la visi&oacute;n newtoniana del mundo no es la que ense&ntilde;an en las escuelas.</p>
<p>- Frente a lo redondo, lo imperfecto. Usted dice que la imperfecci&oacute;n es necesaria. &iquest;Es otra clase geometr&iacute;a, con m&aacute;s recovecos?</p>
<p>- La vida no es geom&eacute;trica. La conciencia carece de forma. Reducir la realidad a la geometr&iacute;a supone una falta de consideraci&oacute;n hacia la vida y hacia la conciencia.</p>
<p>- Enlazo con otro principio que me parece art&iacute;stico: lo inacabado. &ldquo;Toda creaci&oacute;n que vale la pena es un asunto inconcluso&rdquo;. &iquest;Una obra est&aacute; inacabada s&oacute;lo para que la termine el <em>lector</em>, o afecta a su manera de presentaci&oacute;n?: una sinfon&iacute;a, un cuadro&hellip; los <em>Fragmentos de un libro futuro</em> de Valente, las <em>Investigaciones</em> de Wittgenstein, los destellos de Novalis.</p>
<p>- El lector tiene que hacer su trabajo y completar la faena. Esto es imprescindible. Al menos, as&iacute; yo lo siento. Si no, obra y lector quedan maniatados, sin &aacute;mbito de acci&oacute;n. Creo que fue Umberto Eco el que dijo que el texto, el buen texto, era una m&aacute;quina perezosa y que el lector deb&iacute;a hacer la otra mitad del trabajo.</p>
<p>La teodicea de William King reafirma la necesidad del mal. Sergio Pitol admiraba a los escritores para los que el mal era el gran personaje. &ldquo;En la novela, la perfecci&oacute;n &ndash;dec&iacute;a- es fruto de la imperfecci&oacute;n&rdquo;. Toda escritura es una b&uacute;squeda del ser, y, como expresa en la introducci&oacute;n de <em>El viaje</em>, &ldquo;la extrema generosidad convive y participa con cr&iacute;menes inmundos, donde los mejores ideales que ha concebido y realizado el ser humano no logran apartarlo de sus infinitas torpezas, sus mezquindades y sus perennes demostraciones de desamor a la vida, al mundo, a s&iacute; mismo&rdquo;. Parece un p&aacute;rrafo de cualquier libro de Arnau. &ldquo;Cualquier intento de objetivaci&oacute;n es una mera distracci&oacute;n&rdquo;, dijo Kierkegaard, y tambi&eacute;n que los deseos terminan en melancol&iacute;a. No perdamos el tiempo buscando defectos a la creaci&oacute;n, recomendaba Leibniz. La maldad, en un marco libre, &iquest;podr&iacute;a estar conectada a la imperfecci&oacute;n o a lo inacabado? &ldquo;No lo veo as&iacute;. El problema del mal, como el de lo Uno y lo M&uacute;ltiple, o el de lo continuo y lo discreto, es un problema irresoluble. Simplemente, como seres humanos, hemos de convivir con &eacute;l. Cualquier soluci&oacute;n que se le d&eacute;, cualquier teodicea, me parecer&aacute; un cierre en falso. La justicia no est&aacute; a nuestro alcance porque no podemos delimitar d&oacute;nde empiezan y terminan los actos. Las historias de vida son m&aacute;s antiguas de lo que parecen. La investigaci&oacute;n gen&eacute;tica lo confirma a diario&rdquo;.</p>
<p>- Leibniz afirmaba que un mundo sin pecado ser&iacute;a un mundo <em>inferior</em>. Incluso, que si no hubiese m&aacute;s que virtud, habr&iacute;a menos bien. &iquest;Eso tiene que ver con la libertad y la voluntad humanas?</p>
<p>- Leibniz era de soluciones r&aacute;pidas. Su defensa de la libertad es esencialmente cristiana y, claramente, prefiere un mundo p&eacute;rfido y con libertad a un mundo honrado sin ella. &Eacute;l mismo supo tomarse libertades necesarias para llevar una vida filos&oacute;fica, y ah&iacute; s&iacute; es un ejemplo a seguir.</p>
<p>- &iquest;Por qu&eacute; hoy resulta f&aacute;cil comprender a los presocr&aacute;ticos? Se me viene a la cabeza un verso de Parm&eacute;nides, &ldquo;todo est&aacute; a la vez lleno de luz y de noche oscura&rdquo;, presente en dos libros fundamentales de la poes&iacute;a contempor&aacute;nea: <em>Noche m&aacute;s all&aacute; de la noche</em>, de Antonio Colinas, y <em>Orbes del sue&ntilde;o</em>, de Clara Jan&eacute;s. &iquest;Qu&eacute; nos conecta?: &iquest;el fragmento?, &iquest;la poes&iacute;a?, &iquest;la abstracci&oacute;n?</p>
<p>- A m&iacute; me resultan cercanos porque su mundo es muy similar al de la India antigua. Emp&eacute;docles era un cham&aacute;n, el poema de Parm&eacute;nides es un viaje inici&aacute;tico, Her&aacute;clito fue un or&aacute;culo que viv&iacute;a retirado en la monta&ntilde;a. Anax&aacute;goras y Anaximandro son personajes fabulosos&hellip; &iquest;c&oacute;mo no prestarles a todos atenci&oacute;n?.</p>
<p>Juan Arnau asume a William James, en la p&aacute;gina 60 de <em>La fuga de dios</em>, cuando &eacute;ste dice: &ldquo;Racionalista significa devoto de principios abstractos&rdquo;. En la 103, ampl&iacute;a: &ldquo;Una teor&iacute;a abstracta, que no se pudiera ver, ser&iacute;a un contrasentido&rdquo;. Y unas p&aacute;ginas despu&eacute;s, remata: &ldquo;La f&iacute;sica y las matem&aacute;ticas son los [saberes no participativos] m&aacute;s poderosos por tratarse de los m&aacute;s abstractos. Corremos el riesgo de que nuestra luz se convierta en oscuridad abstracta&rdquo;. En el <em>Manual</em>, recoge la queja de Novalis: &ldquo;Un lenguaje abstracto ha embrujado el mundo. S&oacute;lo unos pocos protestan y reclaman una ciencia que d&eacute; cuenta de las operaciones del esp&iacute;ritu&rdquo;. &iquest;No se supone que la abstracci&oacute;n, tan propia del arte y contraria a la figuraci&oacute;n, hermana de la ambig&uuml;edad&hellip; est&aacute; lejos de aspirar al retrato fiel y a la cifra contante de la matem&aacute;tica? Le pido que explique el concepto: &ldquo;Whitehead dijo que la filosof&iacute;a deb&iacute;a ser una cr&iacute;tica de las abstracciones. La abstracci&oacute;n, como la generalizaci&oacute;n, es necesaria para el pensamiento. Pero exacerbarla, dedicarse s&oacute;lo a ella, deforma el esp&iacute;ritu. Yo aspiro a una filosof&iacute;a de la percepci&oacute;n donde el color y el sonido dispongan de un lugar privilegiado, y la abstracci&oacute;n carece de ambos. De hecho, el pensamiento abstracto es ciego y, sentadas las premisas, mec&aacute;nico: por eso la gente cree que las m&aacute;quinas pueden pensar. Las m&aacute;quinas pueden resolver algoritmos, pero eso tiene muy poco que ver con el pensamiento, al menos como yo lo entiendo&rdquo;.</p>
<p>- &iquest;Y c&oacute;mo lo entiende?</p>
<p>- Como una conjunci&oacute;n armoniosa de percepci&oacute;n y conciencia. De saberse ver, o&iacute;r, gustar o tocar. De sentirse vivo y estar atento, agradecido a la vida.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;La informaci&oacute;n sirve para tomar decisiones, pero tomar decisiones es s&oacute;lo una parte exigua de la experiencia del conocimiento&rdquo; </strong></p>
<p>- &iquest;Inteligencia artificial es, entonces, un ox&iacute;moron? &iquest;Y <em>big data</em> una trampa?</p>
<p>- Creo que la informaci&oacute;n no es conocimiento. La informaci&oacute;n sirve para tomar decisiones, pero tomar decisiones es s&oacute;lo una parte exigua de la experiencia del conocimiento.</p>
<p>- Desde el entusiasmo tecnol&oacute;gico se afirma que el cerebro es la causa de la conciencia.</p>
<p>- Bueno, eso es un disparate moderno que nadie pone en duda, pero que habr&iacute;a que replantear. No sabemos siquiera si la conciencia y la memoria son fen&oacute;menos cerebrales, si est&aacute;n dentro o fuera de la cabeza. Actualmente estoy trabajando con un neurocient&iacute;fico, Alex G&oacute;mez-Mar&iacute;n, en los dogmas de las neurociencias. Hay muchos m&aacute;s de lo que uno podr&iacute;a imaginar, Bergson denunci&oacute; algunos, como que el cerebro guarda los recuerdos.</p>
<p>- En la muerte de dios, &iquest;qu&eacute; cadena de responsabilidad hay? Igual que Galileo y Kepler prepararon el terreno para el mecanicismo de Descartes, habr&iacute;a, antes de Nietzsche, un camino labrado. &iquest;Galileo, Servet, Bocino, Bruno&hellip;?</p>
<p>- La muerte de Dios fue un proceso necesario en la historia de Europa. Le dir&eacute; que ahora nos toca revivirlo, sin caer en los viejos dogmas. Y que Darwin tuvo m&aacute;s responsabilidad que Nietzsche.</p>
<p>- C&oacute;mo se puede entender que el Newton que priva a la filosof&iacute;a de su bagaje metaf&iacute;sico sea el mismo que afirma &ldquo;relativismo es ate&iacute;smo&rdquo; y que un dios &ldquo;sin dominio, providencia y causas finales, no es m&aacute;s que hado y naturaleza&rdquo;.</p>
<p>- Es un buen ejemplo de la postura de Popper. Sin un mundo ah&iacute; afuera, ordenado, al margen de la percepci&oacute;n, no ser&iacute;an posibles ni la ciencia ni la objetividad. Y para los que se dedican a la ciencia ese planteamiento resulta intolerable&hellip; los dejar&iacute;a sin trabajo.</p>
<p>La fundaci&oacute;n de neurociencias afectivas y contemplativas, Richard Davidson, pueden verse como s&iacute;ntoma del malestar en la cultura. Al tiempo que universidades de prestigio abren posgrados enfocados a la espiritualidad como ciencia, de ah&iacute; nacen la neuroteolog&iacute;a y el posmaterialismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo; La p&eacute;rdida del sentido de lo sagrado, sobre todo en los ni&ntilde;os, es una gran p&eacute;rdida&rdquo;</strong></p>
<p>- Tengo la sensaci&oacute;n de que, en mitad del superdesarrollo digital, hay una vuelta a lo sagrado.</p>
<p>- La p&eacute;rdida del sentido de lo sagrado, sobre todo en los ni&ntilde;os, es una gran p&eacute;rdida. Los mayores hemos de inventar f&oacute;rmulas imaginativas y recuperarlo. Podemos vivir sin iglesias, y es un alivio hacerlo, pero no sin estar de alg&uacute;n modo religados al mundo y participando de su poder creativo.</p>
<p>- &iquest;Podr&iacute;a darse el hecho de que haya creyentes ateos, o hasta hace poco ateos, o con tendencia materialista y presupuestos cient&iacute;ficos? Por responsabilidad cultural.</p>
<p>- Los ateos creen muchas cosas porque la condici&oacute;n humana es una condici&oacute;n creyente. Lo opuesto al escepticismo no es la creencia, sino el dogmatismo. La ciencia necesita dogmas para avanzar. Otra cosa es que, hist&oacute;ricamente, sea capaz de cambiarlos, conforme se suceden las revoluciones cient&iacute;ficas. Pero, a corto plazo, la vida del cient&iacute;fico es la vida de un aut&eacute;ntico creyente&hellip; Los que nos hemos educado en las tradiciones esc&eacute;pticas -en mi caso, la del budista Nāgārjuna- no tenemos alergia a las creencias.</p>
<p>- Una cosa es que un ambiente propicio potencie las posibilidades de la persona, y otra que la epigen&eacute;tica hable de que la conducta mental puede transformar los genes. &iquest;Estamos saliendo de una c&aacute;rcel?</p>
<p>- S&iacute;. Para entrar en otra.</p>
<p>- Y el descubrimiento de redes neuronales en los intestinos y en el coraz&oacute;n, &iquest;significar&iacute;a la mente est&aacute; extendida y somos un todo, igual que Spinoza consideraba cada part&iacute;cula?</p>
<p>- Es una posibilidad. Para conocer la mente hay que ponerla a trabajar. Meditando. Imaginando. Recordando. Empatizando. No sirve desmontarla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La mente no es un trenecito de juguete, es al&eacute;rgica al mecanicismo&rdquo;</strong></p>
<p>- &ldquo;Si desmontamos la vida, acabamos estudiando elementos inertes&rdquo;, ha dicho alguna vez.</p>
<p>- Esa es una costumbre con origen en Descartes. La mente no es un trenecito de juguete, es al&eacute;rgica al mecanicismo.</p>
<p>- &iquest;Sienten las neuronas?</p>
<p>- No tengo ni la menor idea.</p>
<p>- Me sorprende leer que pueda existir una bondad innata en el ser humano, tal y como predijo Rousseau, deducible de la comunicaci&oacute;n entre cuerpo y cerebro.</p>
<p>- Es una bonita suposici&oacute;n.</p>
<p>La muerte de dios no es una suposici&oacute;n. Pero, &iquest;y la nuestra? Hasta ahora se supon&iacute;a que aprender a morir, aceptar la muerte, era causa de felicidad y ense&ntilde;aba a vivir. Seg&uacute;n la anestesi&oacute;loga Luj&aacute;n Comas, entender que no existe la muerte cambia nuestra vida a mejor. Esta trabajadora de la medicina integrativa explica que despu&eacute;s de morir cl&iacute;nicamente &ndash;cuando el coraz&oacute;n y el cerebro dejan de funcionar-, se puede seguir sintiendo y pensando: que la consciencia contin&uacute;a fuera del cerebro y es universal. Luego, igual no s&oacute;lo hay cosas invisibles, sino cosas visibles inexistentes. Cuestiones que apelan al &aacute;mbito de la poes&iacute;a como destilaci&oacute;n emocional del pensamiento. L&eacute;vi-Strauss entend&iacute;a que la realidad verdadera no es nunca la m&aacute;s manifiesta, y que la naturaleza de lo verdadero se traduc&iacute;a en el cuidado que pon&iacute;a en ocultarse. As&iacute; creci&oacute; en &eacute;l la fascinaci&oacute;n por el secreto. Wittgenstein ten&iacute;a la convicci&oacute;n de que lo verdaderamente importante en la vida es inefable. Toda presencia visible es manifestaci&oacute;n de una presencia invisible; las cosas materiales est&aacute;n lejos de ser m&aacute;s reales que las inmateriales y podr&iacute;a ser razonable poner en duda su existencia &ndash;Leibniz-. As&iacute; podr&iacute;amos seguir, autor por autor. Duda por duda. &ldquo;Cuando mueres &ndash;dice Arnau-, esa conciencia pasa a la conciencia cu&aacute;ntica, pero no se pierde la informaci&oacute;n&rdquo;. &iquest;Tiene algo que ver esto con la continuidad del budismo? Juan Arnau adentrado en el pensamiento v&eacute;dico, prepara, junto a un equipo de sanscritistas mexicanos, la primera traducci&oacute;n &iacute;ntegra de las <em>Upanishad</em> al espa&ntilde;ol. Entiende razonable la visi&oacute;n de la muerte budista, aunque no la comparta plenamente. Es dif&iacute;cil compartir algo, lo que sea, plenamente. &ldquo;La muerte supone una p&eacute;rdida del yo, de la identidad personal. Es algo que vamos experimentando, aprendiendo, a lo largo de la vida. As&iacute; como el cuerpo cambia cada equis a&ntilde;os todas sus c&eacute;lulas, tras la muerte, la personalidad, como un todo, deja de existir. Se trasforma hasta hacerse irreconocible. Todo esto, por doloroso que sea, podr&iacute;a ser. Pero hay algo que queda, que yo llamo continuidad de la conciencia. Lo que uno haga en la vida, el amor que sea capaz de dar, no se pierde. Simplemente lo hereda otro, que no sabr&aacute; que se lo diste pero que, si fue bueno, s&iacute; sabr&aacute; agradecerlo. Me gusta llamarlo una generosidad an&oacute;nima&rdquo;. Otra bonita suposici&oacute;n. Arnau sigue la pista. El mundo no se detiene. Seguiremos informando.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 19 Nov 2019 06:35:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Zbigniew Herbert: un autor de nuestro tiempo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/zbigdniew-herbert-un-autor-de-nuestro-tiempo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2019/Zbigniew500.jpg" alt="" /></p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 19 Nov 2019 05:29:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Antonio Vieira, entre lo mejor de la literatura clásica]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/antonio-vieira-entre-lo-mejor-de-la-literatura-clasica/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2019/noviembre/ANTONIO_VIEIRA.jpg" alt="" /></p>
<p>El a&ntilde;o 2016, en el curso de un acto celebrado en una c&eacute;ntrica librer&iacute;a madrile&ntilde;a, se present&oacute; la editorial <em>La Umbr&iacute;a y la Solana</em>. Su intenci&oacute;n declarada era difundir la literatura portuguesa, al par que obras infrecuentes de otras literaturas. Hoy, a la vista de las publicadas, es obvio que la selecci&oacute;n se est&aacute; haciendo con exquisito criterio. Los primeros t&iacute;tulos nos devolv&iacute;an junto a un raro Andr&eacute; Malraux, libros de Almeida Faria, Jos&eacute; de Almada, Fernando Pessoa y Ant&oacute;nio Vieira. Se iniciaban as&iacute; dos series distintas &ndash; <em>Colecci&oacute;n Abierta</em> y <em>Colecci&oacute;n de Autores Portugueses</em>-, que en estos a&ntilde;os han ido incorporando obras tan sugestivas como <em>Karla y otras sombras</em> (2017), de Luys Santa Marina, o el <em>Peque&ntilde;o tratado de todas las verdades sobre la existencia</em> (2018), de Fred Vargas, en la primera: y en la segunda, <em>Los tiempos del esplendor</em> (2017), de L&iacute;dia Jorge o <em>Las minas del rey Salom&oacute;n</em> (2018), de E&ccedil;a de Queir&oacute;s, entre otros. Todos estos t&iacute;tulos merecer&iacute;an una atenta rese&ntilde;a, pero la temprana edici&oacute;n del <em>Serm&oacute;n de San Antonio a los peces</em> me produjo una fuerte curiosidad y su lectura, una grata impresi&oacute;n que me llev&oacute; a rememorar las circunstancias, brillo y decadencia de la oratoria sacra de los siglos XVII y XVIII, cap&iacute;tulo poco transitado de la literatura cl&aacute;sica de Espa&ntilde;a y Portugal, pero acreedor de an&aacute;lisis y recuperaci&oacute;n. Por tanto, causa sorpresa la valiente audacia de esta editorial, lanzada al redescubrimiento de un cl&aacute;sico eclesi&aacute;stico portugu&eacute;s en los mismos inicios de su a&uacute;n joven existencia. Como siempre, la fortuna ayuda a los audaces. Y reeditar el serm&oacute;n del sabio jesuita luso ha sido, en mi opini&oacute;n, una de sus m&aacute;s brillantes iniciativas.</p>
<p>Las historias de la literatura portuguesa subrayan la compleja personalidad del padre Ant&oacute;nio Vieira (1608-1697), sus obras se&ntilde;aladas &ndash;<em>Hist&oacute;ria do Futuro</em>, por ejemplo- y, sobre todo, sus numerosos sermones, en especial su <em>Serm&atilde;o da Sexag&eacute;sima</em> (1655), donde esbozaba los principios que guiaron su pr&aacute;ctica oratoria, opuesta a los excesos ret&oacute;ricos (J. L. Gavilanes, A. Apolin&aacute;rio, eds. <em>Historia de la literatura portuguesa</em>, Madrid 2000: 325-329). De todo esto da cuenta la excelente introducci&oacute;n de Luis Mar&iacute;a Marina en la edici&oacute;n que nos ocupa (pp. 11-41), quien con buenas razones, en mi opini&oacute;n, relativiza el supuesto antibarroquismo atribuido al jesuita. Porque si ciertamente la claridad era su empe&ntilde;o, no parece &eacute;sta re&ntilde;ida con lo mejor del Barroco que, al fin y al cabo, se desprend&iacute;a del mismo Renacimiento. As&iacute; que, seguro lector de Fray Luis de Granada (1504-1588) y su <em>Ecclesiasticae Rhetoricae</em> (publicadas por cierto en Lisboa, en 1576), o conocedor probable de la fama y sermones de Fray Hortensio de Paravicino (1580-1633), el empe&ntilde;o de Vieira m&aacute;s bien parece afirmar, en la mejor tradici&oacute;n de la <em>Ratio studiorum</em> jesu&iacute;tica, la personalidad de la oratoria portuguesa en su reci&eacute;n recobrada independencia (1640). No hay que olvidar que su <em>Serm&atilde;o da Sexag&eacute;sima </em>fue pronunciado en la misma Capilla Real, ante el monarca Jo&atilde;o IV, primero del nuevo Portugal.</p>
<p>Contra lo que a un lector actual pudiera pensar, los sermones del siglo XVII son parte imprescindible de la vida cotidiana y la cultura de aquella &eacute;poca. Por tanto, dejando aparte los prejuicios propios de nuestro mundo &ndash;y relegando los m&aacute;s apegados al discurso teol&oacute;gico o hagiogr&aacute;fico-, cualquier persona interesada en la literatura cl&aacute;sica encontrar&aacute; en muchos de ellos curiosa y buena literatura. Como ha escrito F. Cerd&aacute;n, la oratoria sacra es espejo de la sociedad de su tiempo. Pues bien, el serm&oacute;n del Padre Vieira es un curios&iacute;simo ejemplo de lo mejor de tal g&eacute;nero.</p>
<p>Como se se&ntilde;ala en el pr&oacute;logo (p. 37), en el aniversario (13 de junio de 1654) de la muerte de San Antonio de Padua &ndash;pues por m&aacute;s que el editor lo reitere como San Antonio de Lisboa, Padua le dio nombre com&uacute;n en el santoral y fama bien ganada-, el Padre Vieira pronunci&oacute; un serm&oacute;n en la iglesia de San Luis, capital del Mara&ntilde;&oacute;n brasile&ntilde;o. Se dirig&iacute;a el jesuita a todos sus fieles pero sobre todo, conminaba a los poderosos de la colonia, que oprim&iacute;an sin rubor a los m&aacute;s d&eacute;biles, fueran ind&iacute;genas, peninsulares o mestizos. Y se le ocurri&oacute; para ello recurrir a una especie de homil&iacute;a simb&oacute;lica, haciendo como San Antonio en su d&iacute;a, que ante el rechazo de los habitantes de R&iacute;mini &ndash;de Padua seg&uacute;n otros-, se dirigi&oacute; a la orilla del mar y predic&oacute; a los peces. Este suceso viene narrado en las <em>Florecillas de San Francisco y de sus compa&ntilde;eros</em>, sin duda inspirado en el famoso serm&oacute;n de San Francisco a los p&aacute;jaros. El ejemplo del franciscano servir&iacute;a al jesuita para componer una pieza de lectura sorprendente y entra&ntilde;able, incluso hoy, tanto por la riqueza de su imaginaci&oacute;n como por la ternura que desprende. Comienza por poner en situaci&oacute;n al auditorio (I: 47-51), recordando a San Antonio en R&iacute;mini y las veces que &eacute;l mismo se hab&iacute;a dirigido a sus feligreses sin fruto, por lo que se ve obligado como hizo aquel, a volverse al mar y predicar a los peces. Y a partir de ahora, el Padre Vieira predica como si hablara con los peces, no con su auditorio, consiguiendo con ello un feliz efecto y texto tan enjundioso como raro e incluso simp&aacute;tico y de amable lectura. Entrado en materia (II: 53-62), recordaba el predicador a los peces sus virtudes: primeros creados por Dios, d&oacute;ciles a su palabra y su prudencia al no dejarse domesticar por los hombres, destacando en fin, que fueron los &uacute;nicos salvados del Diluvio, sin necesidad del Arca de No&eacute;. Contin&uacute;a (III: 63-76) recordando que por ellos cur&oacute; Dios la ceguera de Tob&iacute;as, y que como el pez r&eacute;mora (<em>Remora remora</em>), San Antonio hizo las veces de dicho pez, tirando de la codicia, la venganza y la soberbia humana: o como el pez torpedo (<em>Torpedinae</em>), cuya descarga el&eacute;ctrica hace temblar, lamentando Vieira que si &eacute;l tuviera la fuerza de San Antonio, har&iacute;a temblar a los pecadores. Pero como todo no van a ser alabanzas, amonesta a los peces con una de sus m&aacute;s felices im&aacute;genes (IV: 77-91), condenando que los grandes se coman a los chicos como hacen los hombres, se&ntilde;alando c&oacute;mo entre ellos, los miserables son los que cargan con tasas, multas, fraudes, siendo literalmente, comidos por los poderosos. Y se dirige a ellos con una simp&aacute;tica frase que har&iacute;a ruborizar a sus feligreses: <em>&ldquo;&iquest;os parece bien esto, peces? &iexcl;Se me figura que con el movimiento de las cabezas todos dec&iacute;s que no!&rdquo;</em> (p. 82). Prosegu&iacute;a el serm&oacute;n (V: 92-110) llamando la atenci&oacute;n sobre ciertos peces, cuyas costumbres parecen espejo de otras malvadas de los humanos. Las figuras parecen igualmente felices, as&iacute; cuando se&ntilde;ala la peque&ntilde;ez de los roncos (<em>Haemulidae</em>) y sus ruidos, que son simple fanfarroneo, o los pegadores del tibur&oacute;n (<em>Echeneidae</em>), que como par&aacute;sitos van con &eacute;l y con &eacute;l mueren, lo mismo que los virreyes o gobernadores arrastran a los suyos. O el pez volador (<em>Exocoetidae</em>) que se pierde por no limitarse a lo que le es propio. O el pulpo (<em>Octopodus</em>), que se mimetiza con su entorno, figura de la traici&oacute;n. Y acaba su pr&eacute;dica (VI: 111-114) despidi&eacute;ndose de sus peces, consol&aacute;ndolos puesto que no son sacrificados a Dios, inst&aacute;ndoles a ofrecerle respeto y reverencia.</p>
<p>El librito que nos ocupa, lejos de ser un &ldquo;breviario piadoso&rdquo; de aburrida lectura, resulta uno de los textos m&aacute;s enjundiosos y amenos del g&eacute;nero y la literatura portuguesa del Barroco. Con raz&oacute;n el Padre Isla (1703-1781), miembro tambi&eacute;n de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s, en su celeb&eacute;rrima <em>Historia del famoso predicador fray Gerundio de Campazas, alias Zotes</em> (1758) &ndash;divertido alegato novelado contra los excesos barbarizantes de la oratoria degradada-, recordaba en su momento el ingenio de los sermones del Padre Vieira, como recuerda tambi&eacute;n el editor de esta edici&oacute;n. Yo creo que la firmeza intelectual de los jesuitas, formados en la <em>Ratio studiorum</em> ignaciana, enriquecida y adaptada con el paso del tiempo, era la mejor escuela contra los excesos de la oratoria sacra, que se dieron sin duda, sobre todo, en ciertas ordenes que combatieron con sa&ntilde;a al mismo padre Isla. Ciertamente, lo peor de la oratoria degradada no era el exceso de las citas latinas &ndash;el Padre Vieira no abusa de ellas, y no pocas las traduc&iacute;a entre texto-, sino lo rebuscado de las figuras y el lenguaje. Porque el conceptismo del Fray Hortensio de Paravicino, denostado en parte por sus competidores, no pecaba de oscuridad sino que acomet&iacute;a el serm&oacute;n con un nuevo estilo, alabado por Graci&aacute;n en su <em>Agudeza y arte de ingenio</em>, por cierto, otro notable jesuita de su tiempo. No deja de ser elocuente que a mediados del siglo XVIII, el tambi&eacute;n miembro de la Compa&ntilde;&iacute;a, Antonio Codorni&uacute;, propugnara una reforma de la oratoria sagrada (1740) en busca de la sencillez del verbo. Y es que entre Fray Luis de Granada y el Padre Codorni&uacute;, la l&iacute;nea m&aacute;s bella de la oratoria sacra ten&iacute;a en el Padre Ant&oacute;nio Vieira uno de sus mejores cultivadores. Por eso, vale la pena leerle en la actualidad. Y esta edici&oacute;n a cargo de L. M&ordf; Marina, excelente por su pr&oacute;logo, cuidada traducci&oacute;n con sus notas al pie, incluyendo la versi&oacute;n espa&ntilde;ola de las citas latinas no traducidas en su d&iacute;a por el orador, es la mejor forma. M&aacute;s a&uacute;n, yo dir&iacute;a que es casi obligado leerlo, teniendo en cuenta que la obra de Vieira y este g&eacute;nero se cuentan entre lo mejor de la literatura cl&aacute;sica de nuestro siglo XVII peninsular, ya sea portuguesa o espa&ntilde;ola.</p>
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<p>Ant&oacute;nio Vieira, <em>Serm&oacute;n de San Antonio a los peces</em>, Ant&oacute;nio Vieira, Versi&oacute;n e introducci&oacute;n de Luis Mar&iacute;a Marina, Ilustraciones de Luis Costillo, Editorial La Umbr&iacute;a y la Solana, Madrid 2017.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 15 Nov 2019 12:26:03 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA entrevista a fondo a Leila Guerriero y Juan Arnau]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-entrevista-a-fondo-a-leila-guerriero-y-juan-arnau/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2019/LEILA_GUERRIEROnueva500.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>LA ESCRITORA Y CRONISTA ARGENTINA ASEGURA: &ldquo;EL PERIODISTA, ADEM&Aacute;S DE ESCUCHAR Y TRANSCRIBIR, DEBE USAR OTROS SENTIDOS&rdquo; </strong></p>
<p style="text-align: left;"><strong>EL ESCRITOR Y FIL&Oacute;SOFO ESPA&Ntilde;OL LO TIENE CLARO: &ldquo;LOS PROBLEMAS S&Oacute;LO PODR&Aacute;N RESOLVERSE MEDIANTE EL HUMANISMO&rdquo;&nbsp;</strong></p>
<p>Los lectores del nuevo n&uacute;mero de la revista TURIA, que se distribuye este mes de noviembre, podr&aacute;n disfrutar de entrevistas exclusivas y a fondo con dos de los autores m&aacute;s valiosos y singulares del panorama cultural en espa&ntilde;ol: Leila Guerriero y Juan Arnau. Ambas conversaciones permiten, no s&oacute;lo conocerlos mejor, sino descubrir sus opiniones sobre un amplio repertorio de asuntos de inter&eacute;s. Y es que la argentina Guerriero se ha convertido en uno de los m&aacute;s relevantes nombres propios de esa nueva cr&oacute;nica latinoamericana que vuelve a entroncar con la literatura. Por su parte, el astrof&iacute;sico y fil&oacute;sofo espa&ntilde;ol Juan Arnau, ha publicado libros que ya son de obligada referencia en el panorama ensay&iacute;stico actual y que testimonian su af&aacute;n por saber y por seguir pregunt&aacute;ndose para qu&eacute; estamos aqu&iacute;.</p>
<p>Leila Guerriero y Juan Arnau son, sin duda, dos personalidades muy diferentes pero ambas trayectorias nos resultan tan seductoras como encomiables. De ah&iacute; que convenga tener muy en cuenta lo que nos dicen sobre el tiempo que vivimos. En TURIA nos hablan, con absoluta libertad y solvencia, de sus respectivas obras. Y, sobre todo, con sus respuestas se ocupan tambi&eacute;n de abordar diversas cuestiones y protagonistas de la actualidad que nos afectan o interpelan.</p>
<p>Por ejemplo, con Guerriero conversamos sobre la importancia de practicar un periodismo narrativo o la trascendencia de atender a los peque&ntilde;os detalles para descubrir mejor la gente a la que se entrevista. Exploramos tambi&eacute;n su opini&oacute;n sobre el papel de Argentina como modelo de la memoria hist&oacute;rica o sobre el papa Francisco.&nbsp; Adem&aacute;s, en la entrevista se analiza la fascinaci&oacute;n de los periodistas por los perdedores o la dificultad de comentar situaciones complejas en pocas l&iacute;neas. &nbsp;</p>
<p>Juan Arnau ha desarrollado una intensa vida intelectual y con m&uacute;ltiples intereses, de la astrof&iacute;sica a la filosof&iacute;a s&aacute;nscrita, de la investigaci&oacute;n a la docencia en universidades de Asia, Am&eacute;rica y Europa. Y todo ello permeado por un f&eacute;rtil cultivo de la literatura y el ensayo que lo sit&uacute;a, seg&uacute;n la cr&iacute;tica y m&aacute;s all&aacute; de sus indiscutibles dotes pedag&oacute;gicas, como poseedor de una prosa que atrapa a los buenos lectores. La entrevista que TURIA publica es fiel reflejo de las inquietudes y opiniones de un pensador que cree que la filosof&iacute;a es el cultivo del asombro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>LEILA GUERRIERO: &ldquo;UNO NO PUEDE DARLE VOZ A UN MONSTRUO PARA QUE LIMPIE SU IMAGEN&rdquo;</p>
<p>Tiene raz&oacute;n Juan Carlos Soriano cuando, al inicio de su magn&iacute;fica entrevista exclusiva a Leila Guerriero que publica TURIA, cita los elogios que Mario Vargas Llosa dedica a esta maestra en el retrato de personajes y el uso de la cr&oacute;nica narrativa. Y es que el Nobel de Literatura se muestra entusiasmado por el trabajo de Guerriero: &ldquo;Es un objeto precioso, armado y escrito con la persuasi&oacute;n, originalidad y elegancia de un cuento o un poema logrados&rdquo;.</p>
<p class="LO-normal">Quien a los 25 a&ntilde;os enviara un cuento al diario bonaerense &ldquo;P&aacute;gina/12&rdquo; y fuera contratada de inmediato por su director como redactora es hoy, con m&aacute;s de una docena de libros publicados, una autora esencial dentro de la nueva cr&oacute;nica latinoamericana. Su firma aparece en los principales peri&oacute;dicos y es tambi&eacute;n editora de la revista mexicana &ldquo;Gatopardo&rdquo;. Traducida su obra a los principales idiomas, Leila Guerriero sigue escribiendo igual de bien que entonces y se ha convertido en uno de los nombres propios del periodismo regenerado, que vuelve a entroncar con la literatura.</p>
<p>La conversaci&oacute;n con Guerriero, por tanto, va mucho m&aacute;s all&aacute; de hablar de sus libros o su trayectoria profesional. Constituye toda una aproximaci&oacute;n a las claves del buen periodismo contempor&aacute;neo que se practica en Latinoam&eacute;rica y del que ella es un indiscutible referente. De todo ello se habla en la extensa e intensa entrevista que TURIA da a conocer en su nuevo n&uacute;mero.</p>
<p>Preguntada por un asunto tan central como si los periodistas deben dar voz a criminales, torturadores y genocidas, Guerriero lo tiene claro: &ldquo;Hay que darles voz, pero de determinada manera. Uno no puede darle voz a un monstruo, a un sujeto siniestro, para que limpie su imagen o pretenda hacerlo. Eso no. (&hellip;) Se trata de contar lo que hicieron, c&oacute;mo se transformaron en lo que han sido, las decisiones que tomaron, hablar con sus amigos&hellip; (&hellip;) Es muy f&aacute;cil reducir a esta gente a la idea de monstruo. Si uno dice: &ldquo;Ah, son monstruos,&rdquo; los saca de la especie humana y es un pensamiento muy tranquilizador. Porque un monstruo se reconoce f&aacute;cilmente. Lo siniestro, lo perverso, lo aterrador es que est&aacute;n camuflados y viven entre nosotros como hijos de vecinos cualquiera. Y, como periodistas, debemos tratar de comprender el ecosistema de la cabeza de estas personas, as&iacute; como tratamos de comprender tambi&eacute;n otros: a gente m&aacute;s buena, completamente buena o talentosa. Utilizando las mismas herramientas period&iacute;sticas.&nbsp; No, no creo que se trate de darles voz, sino de entender&rdquo;.</p>
<p>A Leila Guerriero su compatriota el papa Francisco&nbsp; le parece &ldquo;interesante, muy contradictorio, y, por supuesto, inaccesible para hacerle un perfil period&iacute;stico tal y como yo me los planteo&rdquo;. Por &uacute;ltimo, y cuestionada sobre si el columnismo es la destilaci&oacute;n &uacute;ltima del periodista, Guerriero reconoce que &ldquo;no es sencillo comentar situaciones complejas en pocas l&iacute;neas&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>JUAN ARNAU: &ldquo;LA IDENTIDAD, COMO LA RAZ&Oacute;N, PRODUCE MONSTRUOS&rdquo;</p>
<p>Creador de una obra original, brillante y atractiva, la fecunda labor intelectual de Juan Arnau no conoce fronteras geogr&aacute;ficas ni l&iacute;mites culturales. Y es que este astrof&iacute;sico nacido en Valencia en 1968, y ahora reconvertido en fil&oacute;sofo experto en religiones orientales y exquisito cultivador de ficciones filos&oacute;ficas, ha recorrido m&uacute;ltiples lugares del mundo y ha tenido m&uacute;ltiples ocupaciones donde mostrar su sabidur&iacute;a.</p>
<p>Juan Arnau, se muestra en la conversaci&oacute;n que mantiene para TURIA con Fernando del Val tal cual es: como una persona que apela continuamente al humanismo para encontrar alguna soluci&oacute;n a este mundo tan convulso y problem&aacute;tico: &ldquo;Mi apuesta es por el humanismo.&nbsp; Sospecho que la t&eacute;cnica acabar&aacute; siendo una amenaza para la civilizaci&oacute;n. Precisamente porque la tecnolog&iacute;a se pondr&aacute; al servicio de las pasiones humanas y, olvidado el humanismo, &eacute;stas acaban desbocadas&rdquo;.</p>
<p>Cuestionado sobre si la identidad es una m&aacute;scara o cu&aacute;l es el papel del yo dentro de la comunidad, Arnau argumenta que &ldquo;la identidad, como la raz&oacute;n, produce monstruos. Esto lo supo ver bien el budista. Y, sin embargo, no sabemos vivir sin identidad; hacerlo nos enajenar&iacute;a. Desde ni&ntilde;o, es un tema que me fascina. Borges cre&iacute;a que la personalidad era una nader&iacute;a. Escribi&oacute; un ensayo manierista sobre el asunto. Proust dec&iacute;a que nuestra identidad social es una creaci&oacute;n del pensamiento de los dem&aacute;s, con ello parece disculparnos. Pero Borges a&ntilde;adi&oacute; un corolario: &ldquo;Todos nos parecemos a la imagen que tienen de nosotros&rdquo;. Como siempre, la verdad no est&aacute; s&oacute;lo de un lado, est&aacute; en ambos.&rdquo;</p>
<p>Juan Arnau ofrece, en la entrevista que TURIA le dedica, todo un repertorio de opiniones contundentes. Por ejemplo, preguntado por su opini&oacute;n sobre el marxismo, declara: &ldquo;El marxismo fue una herej&iacute;a del cristianismo y sus buenas intenciones convirtieron la sociedad en un infierno paranoico, empobreciendo a la poblaci&oacute;n en todos los sentidos. Pero ojo, el capitalismo de igual modo es un horror, una huida hacia adelante que est&aacute; acabando con el planeta&rdquo;.</p>
<p>TURIA es, con 36 a&ntilde;os de trayectoria y periodicidad cuatrimestral, una de las publicaciones culturales espa&ntilde;olas m&aacute;s veteranas y reconocidas, por cuya labor obtuvo el Premio Nacional&nbsp; al Fomento de la Lectura. Desde hace un lustro, adem&aacute;s de su edici&oacute;n en papel, la revista TURIA tiene una versi&oacute;n digital a trav&eacute;s de una atractiva web y de una p&aacute;gina en Facebook que est&aacute; obteniendo una muy favorable acogida. &nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><span style="text-decoration: underline;">UN FRAGMENTO DE LA ENTREVISTA IN&Eacute;DITA A LEILA GUERRIERO <br /></span></p>
<p>La revista TURIA publica una amplia y reveladora entrevista de Juan Carlos Soriano con la tambi&eacute;n periodista y escritora Leila Guerriero. De ese material, tan interesante algunos lectores como quiz&aacute; controvertido para otros, adelantamos hoy el siguiente fragmento in&eacute;dito:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;&ldquo;EL PAPA FRANCISCO ME PARECE INTERESANTE, PERO</p>
<p align="center">CONTRADICTORIO Y MANIPULADOR&rdquo;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>Los dos argentinos vivos con m&aacute;s proyecci&oacute;n internacional son Messi y el papa Francisco. El primero se muestra parco en palabras. Cualquier perfil sobre el futbolista devendr&iacute;a en un elogio del silencio. El pont&iacute;fice ha concedido muchas m&aacute;s entrevistas que todos sus antecesores juntos, y en ellas se muestra locuaz, chistoso&hellip;terrenal, en una palabra. Pero los periodistas apenas han podido compartir con &eacute;l una hora de conversaci&oacute;n. Un perfil llevar&iacute;a meses, por eso Leila Guerriero lo considera inaccesible. &ldquo;Claro que me parece interesante Bergoglio, pero me resulta un sujeto muy poco loable. Si un periodista tiene que deponer muchos prejuicios antes de entrevistar a una persona, yo creo que con Francisco me costar&iacute;a much&iacute;simo hacer ese trabajo. Me genera antipat&iacute;as. Es uno de los sujetos que tiene m&aacute;s poder en el mundo, adem&aacute;s jefe de Estado, y muy contradictorio. Hay un consenso de simpat&iacute;a, o hab&iacute;a por lo menos, en los inicios, con esa imagen de estar dispuesto a terminar con ciertas cosas de la Iglesia, y en realidad es tan conservador o m&aacute;s que todos. Hizo muy poco para cambiar de ra&iacute;z los abusos sexuales, por ejemplo. Cuando vino al Sur, a Chile, fue muy poca gente a verlo. Sent&oacute; a su lado al obispo Juan Barros, que estaba acusado de haber encubierto el caso Karadima, una historia tremenda de abusos sexuales a menores. Sostuvo ante los periodistas que no hab&iacute;a ninguna prueba de la complicidad de ese obispo, cuando los abusados hab&iacute;an presentado decenas. Incluso enviaron cartas al Vaticano que jam&aacute;s fueron contestadas. Bergoglio, despu&eacute;s de apoyar a Barros, tuvo que salir pidiendo disculpas. Mirando su comportamiento de aquellos d&iacute;as, creo que es un hombre de convicciones muy aterradoras. Pero, por otro lado, se lo ve como un tipo con cierta cercan&iacute;a terrenal. Parece tener m&aacute;s conocimiento que otros miembros de la Iglesia de lo complicada que es la vida de la gente en el d&iacute;a a d&iacute;a. Ya digo, me parece interesante, muy contradictorio, y, por supuesto, inaccesible para hacerle un perfil period&iacute;stico tal y como yo me los planteo.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 14 Nov 2019 09:21:42 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA rinde homenaje a Zbigniew Herbert  ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-rinde-homenaje-a-zbigniew-herbert/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2019/Portada_132_500.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;"><strong>EL ESCRITOR POLACO FUE UNO DE LOS GRANDES POETAS DEL SIGLO XX</strong></p>
<p class="Textoindependiente21" style="text-align: left;" align="center"><strong>LA REVISTA LE DEDICA UN ESPECTACULAR MONOGR&Aacute;FICO REPLETO DE TEXTOS IN&Eacute;DITOS&nbsp; </strong></p>
<p class="Textoindependiente21" style="text-align: left;" align="center"><strong>ADAM ZAGAJEWSKI PRESENTAR&Aacute; &ldquo;TURIA&rdquo; EN EL INSTITUTO CERVANTES DE MADRID EL PR&Oacute;XIMO 20 DE NOVIEMBRE </strong></p>
<p class="Textoindependiente21" style="text-align: left;" align="center"><strong>VALERIE MILES&nbsp; DAR&Aacute; A CONOCER LA REVISTA EN TERUEL EL D&Iacute;A 26</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">El escritor polaco Zbigniew Herbert, uno de los grandes poetas del siglo XX, es el&nbsp; protagonista del nuevo n&uacute;mero de la revista cultural TURIA. Por primera vez, y cuando se cumplen veinti&uacute;n a&ntilde;os de su muerte, una publicaci&oacute;n peri&oacute;dica en espa&ntilde;ol le dedica un amplio y atractivo monogr&aacute;fico que permitir&aacute; a los lectores descubrir las claves y el inter&eacute;s de su labor creativa y de su personalidad.</p>
<p class="Textoindependiente21">Un total de quince autores conocedores de su obra, tanto espa&ntilde;oles como polacos, participan en esta iniciativa. Se trata de una aproximaci&oacute;n plural, sugerente y completa a un escritor que puede considerarse no s&oacute;lo un gran valedor de la cultura de su pa&iacute;s sino un entusiasta y ferviente europe&iacute;sta. Y es que, como se subraya en TURIA, pocos escritores como &eacute;l han mostrado en sus obras la pasi&oacute;n, el amor, el conocimiento y el entusiasmo por descubrir y defender el valor del patrimonio literario, art&iacute;stico e hist&oacute;rico polaco y europeo. Porque, m&aacute;s all&aacute; de la atenci&oacute;n a las ra&iacute;ces, la obra de Herbert est&aacute; traspasada de universalidad.</p>
<p class="Textoindependiente21">La revista TURIA se presentar&aacute; el pr&oacute;ximo 20 de noviembre en Madrid, en la sede del Instituto Cervantes y correr&aacute; a cargo del escritor polaco Adam Zagajewski, premio Princesa de Asturias de las Letras. En el acto intervendr&aacute;n tambi&eacute;n el director del Instituto Cervantes, Luis Garc&iacute;a Montero, as&iacute; como el director de TURIA, Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas. En Teruel, TURIA ser&aacute; presentada por la editora y escritora norteamericana Valerie Miles.</p>
<p class="Textoindependiente21">El monogr&aacute;fico de TURIA sobre Herbert tiene 150 p&aacute;ginas de textos originales sobre el poeta polaco e incluye tambi&eacute;n poemas y prosas in&eacute;ditas en espa&ntilde;ol. Con este conjunto de materiales literarios, coordinado por el fil&oacute;logo Xavier Farr&eacute;, gran conocedor y traductor de su obra, TURIA ha elaborado una nueva aproximaci&oacute;n que permite un mayor y mejor conocimiento en espa&ntilde;ol del trabajo l&iacute;rico y ensay&iacute;stico de Herbert.</p>
<p class="Textoindependiente21">Herbert es un escritor cuya lectura no permite la indiferencia y, entre sus logros, hay que citar la creaci&oacute;n de la figura de Don Cogito, un personaje po&eacute;tico inolvidable que aparece en su obra como un prototipo del pensador en la &eacute;poca contempor&aacute;nea, un diletante caracterizado por una permanente y aguda capacidad de autoconciencia.</p>
<p>El monogr&aacute;fico de TURIA que Turia ofrece a sus lectores contiene un valioso material in&eacute;dito de Herbert integrado por un ensayo (&ldquo;El maestro de Delft&rdquo;) y una antolog&iacute;a po&eacute;tica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UN POETA ORIGINAL Y UN ENSAYISTA&nbsp; IRREPETIBLE</strong></p>
<p>Zbigniew&nbsp; Herbert&nbsp; (Lvov, 1924&nbsp; &ndash;&nbsp; Varsovia, 1998)&nbsp;&nbsp; es,&nbsp; sin duda,&nbsp; el&nbsp; m&aacute;s&nbsp; acreditado representante de la poes&iacute;a polaca de la segunda mitad del siglo XX y uno de los m&aacute;s apreciados a nivel internacional. Fue, adem&aacute;s, un destacado l&iacute;der contra la dictadura comunista que gobern&oacute; su pa&iacute;s durante d&eacute;cadas.</p>
<p>Herbert forma parte de esa sobresaliente n&oacute;mina de poetas polacos que integraban tambi&eacute;n Czeslaw Milosz, Wislawa Szymborska y Tadeusz R&oacute;zewicz. Hasta tal punto fue su impacto en otras literaturas como la anglosajona, la alemana y, m&aacute;s tarde, la francesa y la espa&ntilde;ola, que dos de ellos, Milosz y Szymborska, obtuvieron el m&aacute;ximo reconocimiento cultural: el premio Nobel de Literatura. Herbert tambi&eacute;n lo hubiera merecido, m&aacute;xime si tenemos en cuenta que cuando Milosz lo recibe en el a&ntilde;o 1980, y &ldquo;en su faceta de poeta, que era la que m&aacute;s le interesaba, era mucho m&aacute;s conocido como traductor de Herbert que por su propia producci&oacute;n&rdquo;, explica Xavier Farr&eacute; en TURIA.</p>
<p>La gran calidad y la singularidad que ofrece la producci&oacute;n po&eacute;tica y ensay&iacute;stica de Herbert lo han convertido en una escritor indiscutible en cualquier balance de la literatura contempor&aacute;nea. Xavier Farr&eacute;, en su art&iacute;culo introductorio al monogr&aacute;fico&nbsp; de TURIA subraya que es el representante m&aacute;s cualificado de un tipo de poes&iacute;a caracterizada por &ldquo;la simplicidad de la frase, la iron&iacute;a, la falta de estructuras de ritmo o de rima cl&aacute;sicas, y un discurso claro que no perd&iacute;a muchos elementos o caracter&iacute;sticas al ser trasladado a otra lengua&rdquo;.</p>
<p>Adem&aacute;s, en el caso de Herbert y seg&uacute;n Farr&eacute;, &ldquo;las alusiones y referencias al mundo cl&aacute;sico y la construcci&oacute;n de poemas en forma de par&aacute;bola hacen de &eacute;l el autor ideal para encarnar la confrontaci&oacute;n con el r&eacute;gimen pol&iacute;tico existente en Polonia a la par de ser un poeta de calidad indiscutible que sabe d&oacute;nde establecer la frontera en el texto para que no caiga o en un discurso moralizador o en un pathos excesivo&rdquo;.</p>
<p>Adam Zagajewski, escribe en TURIA un revelador art&iacute;culo en el que bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Los poemas de Herbert que m&aacute;s me gustan&rdquo;&nbsp; nos dir&aacute;: &ldquo;Conservemos la medida justa ante esta poes&iacute;a, no le a&ntilde;adamos se&ntilde;as ideol&oacute;gicas. No escribamos sobre una catarata, no criemos guijarros artificiales&rdquo;.</p>
<p>Seg&uacute;n Mercedes Monmany, Zbigniew Herbert formar&iacute;a parte de ese elenco de c&eacute;lebres autores (cl&aacute;sicos como Goethe, Stendhal y Chateaubriand, o actuales como Claudio Magris o W.G. Sebald) que viajaron y escribieron sobre Europa, construyendo as&iacute; una determinada &ldquo;conciencia europea&rdquo; a trav&eacute;s del tiempo.</p>
<p class="Textoindependiente21">Completan el monogr&aacute;fico una estimable serie de art&iacute;culos originales, cuyos autores son tanto espa&ntilde;oles como polacos: Xaverio Ballester, Mateusz Antoniuk, Jordi Doce, Andrzej Franaszek, Dariusz Czaja, Abraham Gragera, Aleksander Fiut, Pawel Pr&oacute;chniak, Gerardo Beltr&aacute;n, Abel Murcia y Ryszard Krynicki.</p>
<p class="Textoindependiente21">Muy interesante es el material in&eacute;dito del propio Herbert que TURIA da a conocer en espa&ntilde;ol. Lo integran un texto en prosa, el ensayo &ldquo;El maestro de Delft&rdquo; y una breve pero reveladora antolog&iacute;a po&eacute;tica. Cierra el homenaje una exhaustiva y &uacute;til biocronolog&iacute;a sobre Herbert elaborada por Katarzyna Moloniewicz.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA ha conseguido convertirse, tras 36 a&ntilde;os de trayectoria, en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. Tiene difusi&oacute;n nacional e internacional por suscripci&oacute;n y por sus p&aacute;ginas han pasado m&aacute;s de mil autores de diversas procedencias est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas, lo que da idea de la riqueza y pluralidad de sus contenidos. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>
<p class="Textoindependiente21">De periodicidad cuatrimestral, TURIA tiene una edici&oacute;n en papel y otra&nbsp; digital (web y Facebook). Est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel y cuenta con el patrocinio&nbsp; del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este nuevo n&uacute;mero tambi&eacute;n ha contado con el apoyo del Instituto Polaco de Cultura, del Consulado&nbsp; General de la Rep&uacute;blica de Polonia en Barcelona, del Consulado Honorario de la Rep&uacute;blica de Polonia en Navarra, Pa&iacute;s Vasco y La Rioja, y con la colaboraci&oacute;n de la Fundaci&oacute;n Zbigniew Herbert.</p>
<p class="Textoindependiente21" align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21" style="text-align: left;" align="center"><strong>UN IN&Eacute;DITO DE ADAM ZAGAJEWSKI SOBRE HERBERT</strong></p>
<p class="Textoindependiente21" style="text-align: left;" align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21" style="text-align: left;" align="center">LOS POEMAS DE HERBERT QUE M&Aacute;S ME GUSTAN</p>
<p class="Textoindependiente21">El nuevo n&uacute;mero TURIA publica un espectacular conjunto de textos in&eacute;ditos de y sobre Zbigniew Herbert. Uno de ellos es este art&iacute;culo del tambi&eacute;n gran escritor polaco Adam Zagajewski, premio Princesa de Asturas 2017 y que ha sido traducido por Anna Rubi&oacute; Rod&oacute;n y Jerzy Slawomirski:</p>
<p>&ldquo;&iquest;Mi poema de Herbert preferido? En realidad, no deber&iacute;a responder a esta pregunta, porque creo que lo esencial de la poes&iacute;a de Herbert es que &eacute;sta no puede ser representada por un solo poema, ni siquiera por un manojo de poemas. La poes&iacute;a de Herbert se desarrolla a trav&eacute;s de un di&aacute;logo permanente consigo misma, un di&aacute;logo que involucra tambi&eacute;n al lector. Hay pocos poetas cuyos versos difieran tanto entre s&iacute;. No me refiero a diferencias formales, al trecho que separa &mdash;pongamos por caso&mdash; un soneto de una oda o un rond&oacute; de una eleg&iacute;a, sino a esos distintos &laquo;mensajes&raquo;, tonos, voces, temperaturas y puntos de vista. Aunque, a pesar de esto, Herbert no es en absoluto un poeta enigm&aacute;tico, herm&eacute;tico &iexcl;ni hablar! En principio, es un poeta de c&oacute;digos abiertos.</p>
<p>Comparado con otros poetas l&iacute;ricos del siglo XX, Herbert es &laquo;f&aacute;cil&raquo;. Pensemos por ejemplo en Eugenio Montale, un excelente poeta italiano que, no obstante, se escapa incesantemente al lector, como si siempre le estuviera ocultando alguno de los elementos del poema. Este escapismo es incluso el rasgo principal de su poes&iacute;a: en &eacute;l reside todo el encanto de sus poemas, unos poemas que llevan la elipsis por bandera.</p>
<p>En comparaci&oacute;n con Montale (que, dicho sea de paso, no es el poeta m&aacute;s dif&iacute;cil del siglo XX, porque tambi&eacute;n tenemos a Paul Celan, mucho m&aacute;s herm&eacute;tico, sobre todo en la etapa tard&iacute;a de su obra), Zbigniew Herbert es un autor comprensible tanto por su fidelidad a un credo &mdash;sabemos que reivindicaba una poes&iacute;a transparente&mdash;, como por su propia naturaleza. Y, sin embargo, esta comprensibilidad no deja de ser hasta cierto punto una mera ilusi&oacute;n. Herbert construye lo enigm&aacute;tico de su poes&iacute;a con otros medios: aparentemente se nos muestra sin tapujos, pero si examinamos a fondo un grupo m&aacute;s numeroso de poemas, descubriremos que &eacute;l tambi&eacute;n se nos escapa&rdquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 13 Nov 2019 11:18:01 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un thriller metafísico]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-triller-metafisico/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/octubre/oga500.jpg" alt="" /></p>
<p>Olga Tokarczuk, escritora polaca ampliamente conocida por los lectores en Polonia, y galardonada con muchos de los m&aacute;s importantes premios literarios de ese pa&iacute;s, tampoco es una absoluta desconocida del lector en lengua espa&ntilde;ola. Su <em>Un lugar llamado Anta&ntilde;o</em>, que hizo que fuera percibida en su pa&iacute;s como una de las voces renovadoras de la narrativa polaca y en la que quiso verse una reinterpretaci&oacute;n centroeuropea del realismo m&aacute;gico latinoamericano, vio la luz en Espa&ntilde;a en la editorial Lumen en traducci&oacute;n de Ester Rabasco y Bogumila Wyrzykowska, en el a&ntilde;o 2001. En 2015, en la Editorial Oc&eacute;ano de M&eacute;xico, y en traducci&oacute;n de Abel Murcia, se publica una de sus &uacute;ltimas novelas -<em>Prowad</em><em>ź</em><em> sw&oacute;j p</em><em>ł</em><em>ug przez ko</em><em>ś</em><em>ci umar</em><em>ł</em><em>ych</em> (&ldquo;Conduce tu arado sobre los huesos de los muertos&rdquo; ), t&iacute;tulo que reproduce uno de los versos del poeta William Blake-, novela que acaba de llegar ahora en 2016 a Espa&ntilde;a, en esa misma traducci&oacute;n, con el sello de la Editorial Siruela. El t&iacute;tulo en espa&ntilde;ol<em> -Sobre los huesos de los muertos-</em>, aceptado por la autora a propuesta del editor mexicano y siguiendo la l&iacute;nea abierta en su d&iacute;a por la edici&oacute;n francesa de la obra, reduce a la mitad el t&iacute;tulo del original, y poco nos dice del contenido de la obra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Sobre los huesos de los muertos</em> supone un primer acercamiento de la narradora polaca a la novela polic&iacute;aca, eso s&iacute;, un acercamiento que aporta elementos que permiten que Tokarczuk defina esta obra como un &ldquo;thriller metaf&iacute;sico&rdquo;, intentando as&iacute; alejarse un tanto de la novela negra al uso. Nos encontramos ante una peculiar novela ambientada en una zona rural de la Polonia actual, realidad que la autora, que reside en un entorno parecido, conoce sumamente bien, y en la que sit&uacute;a a su protagonista, Janina Duszejko, se&ntilde;ora ya de cierta edad y aquejada de sus particulares dolencias, ingeniera jubilada y maestra <em>sui generis</em> de ingl&eacute;s en la escuela local, que encuentra, al igual que otros muchos de los particulares personajes de la novela, el lugar al que retirarse. O quiz&aacute; ser&iacute;a mejor decir en el que aislarse, de una u otra manera, del mundo exterior. Varios son los ejes en torno a los cuales cabr&iacute;a imaginar que est&aacute; construida la narraci&oacute;n: los ep&iacute;grafes de William Blake en cada uno de los cap&iacute;tulos &ndash;un Blake que tambi&eacute;n servir&aacute; en el libro como para urdir una filosof&iacute;a de vida-, la ecolog&iacute;a &ndash;vista, en una primera aproximaci&oacute;n, m&aacute;s como una actitud cotidiana de relaci&oacute;n con los animales y el entorno natural que como una reivindicaci&oacute;n de car&aacute;cter te&oacute;rico-, una m&aacute;s o menos expl&iacute;cita cr&iacute;tica de la modernidad y sus consecuencias, la astrolog&iacute;a, las relaciones sociales, la idea del castigo de actitudes moralmente rechazables, etc., etc. Es en ese contexto en el que asistimos a una serie de extra&ntilde;as muertes en ese, en principio, apacible e id&iacute;lico entorno y de las que de un modo u otro podr&iacute;a parecer que los responsables fueran&hellip; los animales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Duszejko, narradora y protagonista de la novela, guiar&aacute; al lector, no desinteresadamente, y dejando en todo momento huellas de su particular percepci&oacute;n de las relaciones humanas, la religi&oacute;n, el feminismo, etc., en el espacio y en el tiempo de los acontecimientos. Y as&iacute;, ya desde las primeras p&aacute;ginas del libro, desde la primera muerte, la de Pie Grande, hasta la &uacute;ltima, la de Mondong&oacute;n, ser&aacute;n sus ojos los que nos vayan mostrando la realidad&hellip;, nuestra mirada ser&aacute; la mirada de Janina Duszejko, nuestras sensaciones, las suyas. Iremos con ella en su desvencijado Samurai por los alrededores, con ella seguiremos el curso de los astros, ser&aacute; su sufrimiento y desesperaci&oacute;n por la desaparici&oacute;n y muerte de sus perras los que nos acompa&ntilde;ar&aacute;n, su ira contra los cazadores la que nos contagie&hellip;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tokarczuk, con un cuidadoso uso del lenguaje, de la iron&iacute;a &ndash;particularmente sutil-, y de la estructura narrativa que si bien no es ajeno a los modelos del g&eacute;nero no abandona, en aras de una m&aacute;s f&aacute;cil comprensi&oacute;n, la concepci&oacute;n literaria que la autora ha ido apuntalando en sus anteriores obras, no se permite que la intriga de esa novela negra oculte o disminuya los valores que ella le exige al texto literario. La trama se ir&aacute; desgranando hasta un final en el que el lector, que no podr&aacute; permanecer indiferente ante la soluci&oacute;n presentada, se ver&aacute; frente a un desenlace que aunque pudiera parecer alejado de los convencionalismos de la novela polic&iacute;aca no deja de beber de sus fuentes.- ABEL MURCIA</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Olga Tokarczuk, <em>Sobre los huesos de los muertos</em>, Madrid,&nbsp; Siruela, 2016.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 11 Oct 2019 06:31:42 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Entre heridas, dudas y preguntas surge la esperanza]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/entre-heridas-dudas-y-preguntas-surge-la-esperanza/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2019/octubre/matias500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vida y obra tienen en Mat&iacute;as Escalera la misma respiraci&oacute;n; como fil&oacute;logo ahonda en la cultura a trav&eacute;s de la lengua y de la literatura, como fil&oacute;sofo se hace constantemente preguntas, como viajero conoce el Este y el Oeste, y siempre comprometido con la verdad, la justicia y la libertad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Su creaci&oacute;n ha abarcado todas las &aacute;reas: la poes&iacute;a, la narrativa, la dramaturgia, el ensayo, el art&iacute;culo pol&iacute;tico y literario y la edici&oacute;n; fue impulsor de la publicaci&oacute;n del estudio de Alberto Garc&iacute;a-Teresa, imprescindible para ahondar en el conocimiento de la denominada Poes&iacute;a de la Conciencia Cr&iacute;tica; para la que el <em>yo</em> es el mejor medio para llegar al <em>nosotros</em> y alumbrar, seg&uacute;n Alberto Garc&iacute;a-Teresa, un nuevo sistema &eacute;tico que suponga una nueva forma de relacionarse con los dem&aacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Toda la poes&iacute;a de Mat&iacute;as Escalera es, adem&aacute;s, un organismo vivo, unitario, en continuo crecimiento. En 2008, publica <em>Grito y realidad</em>, en cuyo manifiesto inicial escribe lo siguiente: &laquo;Esp&iacute;ritu y materia, tiempo interior y tiempo hist&oacute;rico, dos substancias fundidas en una misma y &uacute;nica substancia&hellip; Entre el juego y el grito, puestos a elegir, preferimos el grito&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En 2009, aparece <em>Pero no islas</em>, en el que el desaf&iacute;o, afirma Mat&iacute;as Escalera, &laquo;consist&iacute;a en poetizar las ideas, las emociones, las experiencias y los actos cotidianos, al tiempo que las ideas, las emociones, las experiencias y los actos excepcionales; esto es, lo inmensamente grande y lo inmensamente peque&ntilde;o, sin que existiera fractura en su traducci&oacute;n a s&iacute;mbolos po&eacute;ticos&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Versos de invierno: para un verano sin fin</em><strong> </strong>es su siguiente poemario, publicado en 2014. Mat&iacute;as Escalera en esta obra, seg&uacute;n apunta Alberto Garc&iacute;a-Teresa, a quien parafraseo, &laquo;utiliza una concepci&oacute;n dial&oacute;gica de la poes&iacute;a invit&aacute;ndonos constantemente a la reflexi&oacute;n, mediante una poes&iacute;a de verso largo, entramada, exhort&aacute;ndonos a salir de nosotros mismos y a escuchar a los otros&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y, dos a&ntilde;os despu&eacute;s, publica uno de los libros para &eacute;l m&aacute;s queridos,<strong> </strong><em>Del Amor (de los amos) y del Poder (de los esclavos)</em>, donde se adentra en las dos pasiones sobre las que se fundamenta, afirma Mat&iacute;as Escalera, &laquo;la experiencia material y concreta del esp&iacute;ritu humano&raquo;. Obra en la que el uso de los puntos suspensivos se hace estructural y obliga al lector a responder en el espacio mismo del poema, a latir con sus latidos, que son los de su propia vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Recortes de un coraz&oacute;n herido: por la esperanza</em>, acorde con el resto de su obra, encierra una paradoja, pues se trata de un coraz&oacute;n <em>herido</em> por la esperanza, cuando parecer&iacute;a que la esperanza, m&aacute;s que abrir heridas, las deber&iacute;a cicatrizar. Pero, en seguida, nos damos cuenta de que la esperanza parte de una asunci&oacute;n total de la vida, de la propia y de la del resto de los seres humanos, especialmente de la de los m&aacute;s agredidos por ella; con todos sus rostros: el social, el econ&oacute;mico, el pol&iacute;tico o el amoroso; el de la ternura, el de la soledad, el de la muerte, el art&iacute;stico, el de la propia poes&iacute;a, el del asombro y, muy importante, el de los sue&ntilde;os. Y unas veces somos v&iacute;ctimas y otras verdugos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Heridas que, al ser reconocidas y habitadas por esta poes&iacute;a, crean dentro de nosotros una conciencia, nos construyen interiormente y as&iacute; nos proporcionan un sentido hondo de la esperanza, nos dotan de armas para no doblegarnos y nos preparan para el alba, para un amanecer que, contra toda sombra, es la corriente sangu&iacute;nea de la obra de nuestro autor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si nuclear en ella es el alba, la esperanza del alba, nucleares son tambi&eacute;n las dudas, las preguntas y la paradoja, ya citada. Y algo que informa todo el poemario: la simbiosis, as&iacute; lo creo yo, entre lo material, con sus propias leyes, y lo espiritual, que nunca anula a lo primero, pero que lo ordena desde una superior energ&iacute;a humana que no renuncia a la verdad y a la belleza. &laquo;Los cuerpos sin alma no oyen: te miran pero no te ven.&raquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No quisiera olvidarme de la luz y esa quietud celeste que nos invita a la celebraci&oacute;n, pero que no debe apartarnos de nuestro compromiso con el dolor y con la esperanza, ni convertir en enga&ntilde;o hermoso nuestra relaci&oacute;n con la decadencia y con la muerte. Como sucede en el emocionante poema titulado &ldquo;ESPERANZA ANTES DEL ALBA&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si, como resulta patente, el yo del autor est&aacute; umbilicalmente unido al resto de los seres humanos y a la Historia, tambi&eacute;n lo est&aacute; a nosotros, sus lectores, en una concepci&oacute;n de la poes&iacute;a alejada del espect&aacute;culo. Hay un continuo di&aacute;logo dentro de los poemas, llenos de presencias, invit&aacute;ndonos continuamente a participar en ese coloquio. Tambi&eacute;n con los expulsados del mundo&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Y de repente vi alzarse a los muertos</em></p>
<p><em>Eran como columnas de luz&hellip;</em></p>
<p><em>Y emerg&iacute;an de las aguas del mar cementerio cerca de Lampedusa</em></p>
<p><em>Cerca del Estrecho de Gibraltar</em></p>
<p><em>Cerca de las islas griegas&hellip; (y a&uacute;n m&aacute;s all&aacute; en todos los mares</em></p>
<p><em>cementerios del mundo) Eran cientos</em></p>
<p><em>Eran miles</em></p>
<p><em>Eran centenares de miles</em></p>
<p><em>Eran todos los muertos de los viejos mares amados de mi infancia.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y, finalmente, est&aacute; el poder de la mirada en esta poes&iacute;a, mirada que, a veces, es un espejo en el que se refleja toda la existencia, como sucede en el texto &ldquo;Esos portadores de ternura&rdquo;. El poder de la mirada y la necesidad, asimismo, de abrir espacios al sue&ntilde;o y de convertir en acci&oacute;n la utop&iacute;a, alimento siempre de la esperanza, como afirma el fil&oacute;sofo alem&aacute;n Ernst Bloch.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nuestro destino es un &ldquo;Destino lunar&rdquo;, como se titula el texto que cierra el libro, el de una luna que cumple en soledad su destino diario, luchar contra la densidad de tantas sombras, abriendo el fruto prodigioso que guarda cada instante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>Mat&iacute;as Escalera Cordero,<em> Recortes de un coraz&oacute;n herido: por la esperanza</em>, Madrid, Ediciones Huerga y Fierro, 2019.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 10 Oct 2019 07:39:15 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tengo tiempo para esto]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/tengo-tiempo-para-esto/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/octubre/cata_o500.jpg" alt="" /></p>
<p>En mi opini&oacute;n, las mejores anotaciones de un diario, los mejores diarios, los m&aacute;s sinceros, los m&aacute;s honestos, son aquellos en los que no pasa nada, en los que se escribe para decir que no pasa nada, en los que el caf&eacute;, el peri&oacute;dico, el super, la cajera del super, la barra del bar, la camarera apoyada en la barra del bar, un ni&ntilde;o que cruza la calle, el encuentro con un conocido desconocido o viceversa, y vuelta otra vez a casa, en definitiva, en los que se vive, en los que late la vida real y figurada.</p>
<p><em>La vida figurada</em> es la tercera entrega de los diarios del poeta Jos&eacute; Carlos Cata&ntilde;o, y subrayo poeta porque ser poeta puede ser un accidente o una condici&oacute;n y en su caso no hay duda de que es esto &uacute;ltimo. Y lo es tanto en sus libros de poes&iacute;a como en esta aventura diar&iacute;stica (<em>Los que cruzan el mar</em>), que no es lo mismo que aventura po&eacute;tica, aunque la poes&iacute;a viaje con &eacute;l en su equipaje. Un buen t&iacute;tulo para estos diarios en los que su autor duda con raz&oacute;n de la vida real, dicho con m&aacute;s propiedad, de que la vida sea real, o si quieren afinar m&aacute;s todav&iacute;a, de que la vida sea s&oacute;lo real, o incluso, s&oacute;lo lo real.</p>
<p>Y entonces, nada m&aacute;s empezar, primera sorpresa: &ldquo;Quemar&iacute;a toda mi poes&iacute;a.&rdquo; Me paro y vuelvo a leer la frase: &ldquo;Quemar&iacute;a toda mi poes&iacute;a.&rdquo; Y pienso: no hay que fiarse nunca de los autores. Sobre todo de los autores de diarios. La mejor forma de mentir sobre uno mismo es diciendo la verdad. Y viceversa naturalmente. Lo que diga un autor sobre sus libros debe traernos siempre sin cuidado. Lo que importa, lo &uacute;nico que importa, es lo que escribe. Y escribir, como afirma en una de las primeras entradas el autor, es peligroso. &iquest;Algo tan aparentemente inocente e insubstancial peligroso? Precisamente. Siempre ha sido as&iacute;.</p>
<p>El lector habitual de diarios, me refiero ahora a los peri&oacute;dicos, esos otros diarios que est&aacute;n en las ant&iacute;podas de los diarios, sabe que lo sustancial anda siempre oculto entre l&iacute;neas y nunca en los titulares, que no sirven m&aacute;s que para despistar.&nbsp; Lo mismo pasa con los diarios de escritores.&nbsp; Vayamos pues a la an&eacute;cdota, vayamos a lo superfluo, vayamos a la digresi&oacute;n, que ah&iacute; es donde vamos a encontrar al autor.</p>
<p>Los diarios, los d&iacute;as, indefectiblemente, tarde o temprano, nos traen recuerdos de infancia y de juventud. Un viaje suele bastar para convocar el pasado, un encuentro, un sue&ntilde;o. No hay una teor&iacute;a del diario como no hay una teor&iacute;a de la novela, el diario es una pr&aacute;ctica (diaria), un h&aacute;bito, una rutina, y en el caso de los escritores, que son la inmensa mayor&iacute;a, una especie de taller o de f&aacute;brica de ideas, de impresiones, de intuiciones, que el diarista anota al lado de una fecha, un poco como esas fotograf&iacute;as que tomamos de un paisaje que atrae nuestra mirada sin motivo aparente (aunque siempre haya motivos). Por eso los diarios se parecen tanto y a la vez tan poco unos a otros, y por eso lo que cuentan, lo que importa, lo esencial, es lo que los diferencia. Y en &uacute;ltima instancia las diferencias siempre est&aacute;n en la escritura y en la vida, en la escritura de la vida. Los de Jos&eacute; Carlos Cata&ntilde;o son los diarios de un canario que escribe en castellano y reside en Barcelona. Un canario que pasea su mirada desencantada por un mundo que no es el suyo, un mundo que le expulsa, que le margina, que le niega, como, tarde o temprano, acaba haciendo con todos nosotros. Un mundo, y este es el meollo del asunto, que hace tiempo que habla otro lenguaje.</p>
<p>&ldquo;La luz de la tarde es miel, oro y nostalgia que ba&ntilde;a las fachadas&rdquo;, anota Cata&ntilde;o una tarde. Aunque la seriedad, la confesi&oacute;n, es la gran tentaci&oacute;n de los diarios, otras tentaciones los redimen: la iron&iacute;a, el humor, el no tomarse uno mismo nunca demasiado en serio, son cosas que tambi&eacute;n encontramos en <em>La vida figurada</em> y que agradece el lector (al menos el lector que escribe esta rese&ntilde;a). Porque no son las opiniones, ni los juicios, ni las ideas lo que importa en los diarios. Son los recuerdos. Y son los recuerdos porque los recuerdos suelen ser involuntarios y recordamos cosas cuya importancia en nuestra vida, suponiendo que tengan alguna, casi siempre se nos escapa. Y porque sospechamos tambi&eacute;n que las personas que aparecen en esos recuerdos no los recuerdan igual, o no los recuerdan en absoluto. Menudo chasco. Para el diarista, que no est&aacute; muy seguro de su existencia, escribir un diario es una forma, la &uacute;nica seguramente, de levantar acta de su vida: &ldquo;Puesto que ni veo ni vivo, escribo.&rdquo;</p>
<p>El diario es un g&eacute;nero como cualquier otro, y los g&eacute;neros hoy se caracterizan por carecer de reglas, por transgredir las reglas, por salt&aacute;rselas a la torera. El diario particularmente las transgrede todas: es y no es ficci&oacute;n, ensayo, poes&iacute;a; es y no es sincero, honesto, ver&iacute;dico; es y no es objetivo, subjetivo; es y no es diario, memoria, olvido. El diario son las p&aacute;ginas que escribe el escritor cuando no tiene nada que escribir, y que muchas, much&iacute;simas veces, acaba siendo lo mejor de su obra, lo &uacute;nico que la posteridad salva. Escribir sin finalidad, sin argumento, sin motivo, sin preocupaciones por el estilo, es una prueba que s&oacute;lo superan los mejores.</p>
<p>Cata&ntilde;o desconf&iacute;a con raz&oacute;n de teor&iacute;as. Todas las teor&iacute;as han acabado arrumbadas por otras teor&iacute;as a las que les espera id&eacute;ntico futuro. El argumento del diario podr&iacute;a resumirse en esta genial frase suya: &ldquo;En ma&ntilde;anas como esta la vida merece la pena. Ya veremos c&oacute;mo cae la tarde.&rdquo; Y a continuaci&oacute;n el diarista se pregunta: &iquest;lo que escribo es lo que vivo? Porque al escribirlo, una cena en un restaurante, una lectura de poes&iacute;a, los rasgos t&aacute;rtaros de una mujer, el diarista es consciente de que todo pasa a otra dimensi&oacute;n, a una dimensi&oacute;n ignota, a la dimensi&oacute;n de la escritura. Toda la teor&iacute;a del diario se reduce pues a: &ldquo;escribir cada dos o tres d&iacute;as sobre lo que uno observa, lee y piensa para no dar reposo ni a la memoria ni a lo que va aprendiendo.&rdquo; El diarista ve pasar la vida y la anota, vida que es, por definici&oacute;n, vida cotidiana, algo que Cata&ntilde;o logra transmitir muy bien. Pasear por la ciudad, entrar en alguna librer&iacute;a, comprar algo para la cena, observar a los viandantes, tropezarse otra vez con alg&uacute;n conocido desconocido o viceversa, leer el peri&oacute;dico, escribir un poema, o un pr&oacute;logo (para este diario), sentarse en una cafeter&iacute;a, recomponer una l&aacute;mpara, en todo esto consiste la vida. Una vida apasionante como le dice un vecino pensando en otra cosa, en otra vida, pero as&iacute; es efectivamente, pues no hay nada m&aacute;s apasionante que levantarse todas las ma&ntilde;anas.</p>
<p>Hay muchas nubes y muchos p&aacute;jaros en estos diarios. Mucho cielo por tanto, mucha soledad. Cuando estamos solos los ojos se nos vuelven al cielo. &ldquo;Tengo tiempo para esto&rdquo;, anota el diarista. Y hay entradas tambi&eacute;n que son como poemas, que son poemas: &ldquo;El calor. El resplandor. Apenas hay brisa. La jacaranda de aqu&iacute; al lado ya es lila. No hay rumbo en mi vida. Ni conclusiones.&rdquo;&nbsp; En otro lugar: &ldquo;En la colina de enfrente se cimbreaban los eucaliptos. Me llegaba su aroma oscuro. La noche estaba cuajada de estrellas y de corrientes invisibles. Ya no llover&iacute;a.&rdquo; En otro: &ldquo;En este momento, en las ya desconocidas tierras de la infancia, se est&aacute;n moliendo las amapolas.&rdquo; No es indiferencia ante lo que sucede a su alrededor, no es resignaci&oacute;n, pero tampoco le indigna ya nada, tampoco le subleva tanta mediocridad, tanta infamia, tanto insulto a la inteligencia. El diarista toma nota de todo esto, salda algunas cuentas pendientes, se desahoga, se confiesa, escribe&hellip; &iquest;qu&eacute; otra cosa puede hacer? &ldquo;No es vivir lo que cansa, es el dolor.&rdquo; Y se despide. Con &eacute;l que no cuenten. Continuar&aacute;.- MANUEL ARRANZ.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jos&eacute; Carlos Cata&ntilde;o,<em> La vida figurada, </em>Sevilla, Renacimiento, 2017.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 10 Oct 2019 07:32:08 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Esto nunca se acaba]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/esto-nunca-se-acaba/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/octubre/JAVIER_CERCAS_2.jpg" alt="" /></p>
<p>Si se sostiene, como ha hecho la cr&iacute;tica m&aacute;s sosegada, que <em>Soldados de Salamina</em> (2001) no es una novela sobre la guerra civil, habr&aacute; que decir lo mismo y con id&eacute;ntica firmeza de <em>El monarca de las sombras</em> (2017). Por el contrario, si, como se anunci&oacute; en solapas y en medios de prensa, aquel &eacute;xito editorial trataba sobre el fusilamiento fallido del &laquo;fundador e ide&oacute;logo de Falange, quiz&aacute;s uno de los responsables directos del conflicto fratricida&raquo;; entonces, Javier Cercas, en su novela m&aacute;s reciente, como ha destacado un diario de tirada nacional, &laquo;vuelve a la Guerra Civil &mdash;tratada ya en <em>Soldados de Salamina</em>&mdash;, indagando en la figura de su t&iacute;o abuelo Manuel Mena, muerto en la contienda&raquo;. As&iacute; las cosas, era esperable, como ha ocurrido con otros t&iacute;tulos del escritor de Ibahernando (C&aacute;ceres), como <em>Anatom&iacute;a de un instante</em> (2009) o <em>El impostor</em> (2014), un cuestionamiento de esta &uacute;ltima propuesta editorial en t&eacute;rminos crudamente hist&oacute;ricos e ideol&oacute;gicos; pero no literarios. En su siempre presente registro ir&oacute;nico, el propio Cercas lo incorpora a su texto cuando hace decir al personaje de David Trueba: &laquo;&mdash;&iquest;De verdad vas a escribir otra novela sobre la guerra civil? Pero &iquest;t&uacute; eres gilipollas o qu&eacute;? Mira, la primera vez te sali&oacute; bien porque pillaste al personal por sorpresa; entonces nadie te conoc&iacute;a, as&iacute; que todo el mundo te pudo usar. Pero ahora es distinto: &iexcl;te van a dar de hostias hasta en el carnet de identidad, chaval!&raquo; (p&aacute;g. 38); y cuando &eacute;l mismo nos recuerda que Trueba &laquo;hab&iacute;a llevado al cine mi novela sobre la guerra&raquo; (p. 128).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En efecto, en Espa&ntilde;a, el caso de Javier Cercas y de parte de su novel&iacute;stica puede ejemplificar esa inclinaci&oacute;n que muchos tienen a leer lo que se dice y hablar de ello como si fuese algo real o realizable, y no leer c&oacute;mo se dice y tratarlo como un hecho literario. Batalla perdida. No creo que pueda convencer a casi nadie de que no hay que hablar sobre las obras literarias como si estuvi&eacute;semos comentando las cosas de la vida real; y menos de que se lean las novelas de Cercas como novelas y no como libros de historia. Parte de la culpa la tiene &eacute;l; porque ha elegido una f&oacute;rmula arriesgada. Pero quien no arriesga en literatura, a costa de lo que digan los dem&aacute;s, no merece puesto alguno en ning&uacute;n parnaso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sea como sea &mdash;y conste que mi posici&oacute;n es la de leer estos textos como</p>
<p>novelas literarias&mdash;, <em>El monarca de las sombras</em> establece v&iacute;nculos muy precisos con <em>Soldados de Salamina,</em> tan precisos y numerosos que iluminan m&aacute;s la clave interpretativa de ambos textos del lado de la teor&iacute;a de la literatura que del de la memoria hist&oacute;rica. La pregunta sin respuesta que para Cercas ha de plantear toda novela del punto ciego &mdash;sobre la que disert&oacute; en las conferencias Weidenfeld reunidas en su volumen <em>El punto ciego</em> (2016)&mdash; redunda en el hecho literario de la capacidad de un escritor de escribir una historia y de c&oacute;mo ha de ser contada esa historia. Y sobre todo, para qu&eacute;. El di&aacute;logo entre el relato de 2001 y el de 2017 es constante desde el principio de <em>El monarca de las sombras </em>&mdash;no solo por la advertencia del amigo Trueba&mdash; y recoge desde aspectos nucleares de significaci&oacute;n hasta detalles aparentemente &iacute;nfimos. Entre estos, por ejemplo, y volviendo a Trueba, cuando su amigo le dice que &laquo;te va a salir un libro cojonudo&raquo; (p. 44), que tanto recuerda al &laquo;&iexcl;Que nos va a salir un libro que te cagas!&raquo; del personaje de Conchi en <em>Soldados de Salamina</em>, que como el de Trueba, asiste a buena parte del proceso de construcci&oacute;n de la historia. Entre los m&aacute;s determinantes, la presencia de dos niveles narrativos que se alternan en las quince secuencias de la novela, la primera persona del personaje de Javier Cercas escritor y la primera persona de un historiador o cronista que se excusa diciendo que no es un literato y que no puede fantasear (p. 79), y que tambi&eacute;n tiene como referente a Javier Cercas y su familia. Todo gira en torno a Javier Cercas, a lo suyo, a los suyos, y a su pasado. Con la licitud l&oacute;gica de quien se vuelve sobre uno mismo y sobre un proyecto de libro postergado en torno a &laquo;una historia bochornosa&raquo; (p. 19), &laquo;la historia del s&iacute;mbolo de todos los errores y las responsabilidades y la culpa y la verg&uuml;enza y la miseria y la muerte y las derrotas y el espanto y la suciedad y las l&aacute;grimas y el sacrificio y la pasi&oacute;n y el deshonor&raquo; (p. 270) de sus predecesores, entre los que descuella un personaje clave &mdash;como la imagen ficticia del padre en <em>Soldados de Salamina</em> y su imagen real en <em>Anatom&iacute;a de un instante</em>&mdash; que es motor de todo: la madre, llena de la dignidad de quien ya no tiene l&aacute;grimas; pero llena tambi&eacute;n de literatura si reparamos en la pertinencia del relato de Danilo Ki&scaron; (pp. 124-127) que tras el joven y noble guerrero oculta la figura tapada de la verdadera protagonista que es la madre. Porque esta es otra de las claves constructivas de los relatos de Cercas; su car&aacute;cter autorreferencial en el que la literatura, lo escrito, est&aacute; presente a lo largo de toda la historia. Como en <em>Soldados de Salamina,</em> el narrador recurre a la evocaci&oacute;n y reproducci&oacute;n de un texto previo, de un art&iacute;culo de prensa &mdash;&laquo;Los inocentes&raquo;, recogido luego en <em>Relatos reales</em> (2000)&mdash; en el que el referente literario de <em>El desierto de los t&aacute;rtaros,</em> la novela de Dino Buzzati, servir&aacute; de representaci&oacute;n de una idea sobre el sentido de nuestra existencia, sobre la vida como una larga espera, sobre los anhelos que no se colman, sobre lo que no se acaba nunca, sobre la figura narrada de Manuel Mena como una indagaci&oacute;n &mdash;un reto&mdash; personal en una nueva novela, una nueva propuesta literaria, que vuelve a llenarse de los constituyentes propios de la manera de escribir de su autor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ser&iacute;a arrogante reprochar a Javier Cercas escribir sobre su pasado, y m&aacute;s a&uacute;n, que crea en que todo confluye en su presente. Llegado el caso de un reproche, este tendr&iacute;a que ser de &iacute;ndole literaria. Por el momento, Cercas en <em>El monarca de las sombras</em> &mdash;el del reino de las sombras en que se convierte el Aquiles de la <em>Odisea</em>&mdash;, sigue resolviendo bien su manera de volverse sobre s&iacute; mismo, escribirse a s&iacute; mismo, con mimbres esencialmente literarios. &mdash;Miguel &Aacute;ngel Lama.</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>Javier Cercas, <em>El&nbsp; monarca de las sombras,</em> Barcelona,&nbsp; Penguin Random-House Grupo Editorial, 2017.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 10 Oct 2019 07:27:10 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La cara oscura de la globalización]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-cara-oscura-de-la-globalizacion/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/octubre/han500.jpg" alt="" /></p>
<p>El fil&oacute;sofo y ensayista surcoreano Byung-Chul Han vuelve a reflexionar en un breve pero jugoso ensayo sobre la cultura, la comunicaci&oacute;n y el arte como ingredientes de una sociedad cada vez m&aacute;s uniforme y globalizada. Desde su ensayo <em>La sociedad del cansancio </em>(2012) hasta el reciente libro <em>Sobre el poder </em>&nbsp;(2016)<em>, </em>este profesor de Filosof&iacute;a y Estudios culturales de la Universidad de las Artes de Berl&iacute;n aborda en <em>La expulsi&oacute;n de lo distinto </em>una tem&aacute;tica que saca a relucir las lacras de una sociedad neoliberal dominada por el capitalismo y cada vez m&aacute;s esclava de la globalizaci&oacute;n.</p>
<p>Con el subt&iacute;tulo <em>Recepci&oacute;n y comunicaci&oacute;n en la sociedad actual, </em>Han plantea una tesis basada en la b&uacute;squeda de autenticidad y en la huida de una alienaci&oacute;n que se deriva del poder igualitario de una sociedad neoliberal cada vez m&aacute;s despersonalizada. Sus reflexiones sobre la alteridad y la b&uacute;squeda de un dif&iacute;cil equilibrio entre la autenticidad y la capacidad de escuchar al otro est&aacute;n enraizadas en una tradici&oacute;n filos&oacute;fica en la que tienen cabida Heidegger, Hegel y Nietzsche. El autor surcoreano se lamenta desde el inicio del ensayo de la aparente desaparici&oacute;n del otro como algo negativo que, parad&oacute;jicamente, enriquece la personalidad: &ldquo;El otro como misterio, el otro como seducci&oacute;n, el otro como eros, el otro como deseo, el otro como infierno, el otro como dolor va desapareciendo&rdquo;. Es lo que denomina el signo patol&oacute;gico de los tiempos actuales y lo que considera una fuente de depresi&oacute;n y de represi&oacute;n.</p>
<p>Como no pod&iacute;a ser de otra manera, este pensador pone el dedo en la llaga de la globalizaci&oacute;n como uno de los problemas m&aacute;s preocupantes del siglo XXI. Una &eacute;poca en la que han irrumpido con fuerza dos de las amenazas m&aacute;s extendidas: el terrorismo y la xenofobia. Por eso Han propone como &uacute;nica salida de este clima de odio y desesperaci&oacute;n la b&uacute;squeda de una autenticidad, el abandono de actitudes narcisistas y el cultivo del eros como fuente de vida y de hospitalidad. En este sentido hace hincapi&eacute; el autor en la proliferaci&oacute;n de los &ldquo;atracones de series&rdquo; y en el poder alienante e igualatorio de las redes sociales. Debido a las nuevas tecnolog&iacute;as, el individuo pierde su propio criterio y se ve envuelto en un torbellino en el que el &ldquo;me gusta&rdquo; ha suplantado y eclipsado cualquier relaci&oacute;n interpersonal enriquecedora y en el que el <em>selfie </em>es un mecanismo autocomplaciente para ocupar el propio vac&iacute;o interior.</p>
<p>Cada una de las breves secuencias de este ensayo se convierte en una p&iacute;ldora filos&oacute;fica que, sin desligarse del planteamiento inicial del autor, enlaza con la anterior y a&ntilde;ade nuevas e inquietantes reflexiones. As&iacute; Han, siguiendo la estela de su maestro Heidegger, habla del miedo y de su estrecha relaci&oacute;n con la muerte. Un miedo que surge cuando hay que cruzar un umbral sin posibilidad de dar marcha atr&aacute;s, un miedo que est&aacute; hermanado con la alienaci&oacute;n y que se refleja en la novela <em>El extranjero </em>de Albert Camus. Tambi&eacute;n se hace eco de otros grandes novelistas del siglo XX como George Orwell, El&iacute;as Canetti o Franz Kafka para insistir en la importancia de la mirada. Una mirada enigm&aacute;tica como la del protagonista de <em>La ventana indiscreta </em>de Hichcock, una mirada que va mucho m&aacute;s all&aacute; que la que dirigimos como aut&oacute;matas a esa ventana impersonal que es <em>Windows. </em>Estrechamente asociada a la mirada, cobra protagonismo la voz.&nbsp; La voz y la mirada est&aacute;n siendo eclipsadas en la comunicaci&oacute;n digital. &ldquo;Una comunicaci&oacute;n &ndash; afirma el autor &ndash; que carece de misterio de enigma y de poes&iacute;a&rdquo;.</p>
<p>El pensador surcoreano, a medida que avanza en sus reflexiones, va m&aacute;s all&aacute; de lo puramente filos&oacute;fico e intenta aunar lenguaje, arte y literatura. Cita varias veces a Paul Celan, uno de sus poetas preferidos, e insiste en la importancia de la poes&iacute;a como veh&iacute;culo privilegiado del lenguaje y de los sentimientos. Se trata de buscar el lenguaje de lo distinto, la expresi&oacute;n del asombro y de lo enigm&aacute;tico. Para ello hay que recurrir al hechizo del arte y a la magia de la poes&iacute;a. Estas dos disciplinas nos permiten, seg&uacute;n Han, la apertura al otro, a diferencia del ego que se alimenta de la pol&iacute;tica y de la econom&iacute;a. Sin embargo, esa voz y esa mirada diferente, lejos del narcisismo de los que se recrean en el espejo virtual de las nuevas tecnolog&iacute;as, no ser&iacute;a nada sin el contrapunto del silencio. Un silencio sin el cual todo se convierte en un ruido rutinario y alienante. Gracias a este silencio creativo, no se ha perdido la capacidad de escuchar, algo tan dif&iacute;cil de lograr en una &eacute;poca en la que los mensajes telegr&aacute;ficos del <em>Twitter </em>rozan la impersonalidad y el igualitarismo. El autor ejemplifica la &eacute;tica de la escucha con una nueva alusi&oacute;n literaria. En este caso elige como obra de referencia la novela <em>Momo, </em>de Michael Ende, para ilustrar la dificultad de escuchar y de prestar atenci&oacute;n al otro.</p>
<p>De todos modos, este &uacute;ltimo ensayo de Byung-Chul Han va m&aacute;s all&aacute; de unas breves reflexiones sobre el poder de la globalizaci&oacute;n y el dominio indiscriminado de una sociedad neoliberal. Hay una serie de ideas y aportaciones impl&iacute;citas en el libro que cobran cada d&iacute;a m&aacute;s actualidad. La referencia a los populismos y a los nacionalismos, as&iacute; como al problema de los refugiados, es una llamada de atenci&oacute;n a los dirigentes pol&iacute;ticos occidentales, especialmente a Trump, pol&eacute;mico presidente de los Estados Unidos. Tampoco elude Han sus cr&iacute;ticas a la uniformidad que preside los medios de comunicaci&oacute;n y al poder igualatorio de las nuevas tecnolog&iacute;as. A este respecto considera internet como &ldquo;una caja de resonancia del yo aislado&rdquo;. Por eso insiste en la importancia de pasar del tiempo del yo al tiempo del otro, del aislamiento narcisista a la comunicaci&oacute;n m&aacute;s racional, de lo uniforme a lo aut&eacute;ntico, de lo repetitivo a lo distinto. <em>La expulsi&oacute;n de lo distinto, </em>a pesar de su brevedad, invita al lector a una reflexi&oacute;n activa y a adoptar unas actitudes muy distintas a las que consideramos habituales y cotidianas.- JOS&Eacute; MAR&Iacute;A ARI&Ntilde;O COL&Aacute;S.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Byung-Chul Han, <em>La expulsi&oacute;n de lo distinto, </em>traducci&oacute;n de Alberto Ciria, Barcelona, Herder Editorial, 2017.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 10 Oct 2019 07:21:39 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Leer hoy a Sender]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/leer-hoy-a-sender/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/octubre/sender500.jpg" alt="" /></p>
<p>Pocos autores habr&aacute; cuya vida y obra est&eacute;n tan imbricadas e implicadas en la historia del siglo XX espa&ntilde;ol, como las de Ram&oacute;n Jos&eacute; Sender, nacido en una festividad tan aragonesa como la de San Blas, tan s&oacute;lo a los 34 d&iacute;as de&nbsp; inaugurarse la centuria; ocho a&ntilde;os despu&eacute;s, el mismo 3 de febrero, nacer&iacute;a en Par&iacute;s su tan querida Simone Weil, anarquista como el escritor aragon&eacute;s y, aunque laica, santa como el que fuera legendario obispo de Sebaste. Treinta y nueve a&ntilde;os antes y en id&eacute;ntica fecha, hab&iacute;a visto la luz otro aragon&eacute;s tan aguerrido, tan mujeriego y con tan intensa preocupaci&oacute;n social como el escritor de Chalamera: el indomable Joaqu&iacute;n Dicenta, al que, como sucedi&oacute; con Sender, se le impuso Blas entre el resto de sus nombres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con las antenas alerta para todo lo que significase injusticia o rebeld&iacute;a y de vocaci&oacute;n desusadamente temprana -con 15 a&ntilde;os publicaba art&iacute;culos y cuentos en la prensa zaragozana y madrile&ntilde;a (V. <em>Turia</em>, 120: 343-350)- el joven Ram&oacute;n manifestar&aacute; su inconformismo, desde los enfrentamientos con su padre hasta su cercan&iacute;a al movimiento libertario y los tonos fuertemente sociales que ir&aacute; adquiriendo progresivamente su periodismo. Period&iacute;stico ser&aacute; su primer libro, <em>El problema religioso en M&eacute;xico</em> (1928) y varios de los que sacar&aacute; a la luz en los a&ntilde;os treinta. As&iacute;, <em>Im&aacute;n</em>, publicado en los estertores de la monarqu&iacute;a alfonsina (enero 1930), es una novela que enfrenta de golpe tres cuestiones candentes en su tiempo: el antibelicismo desatado desde la Gran Guerra; el, para Espa&ntilde;a, tan enconado problema de Marruecos y la necesidad de que la novela supere la linealidad y ret&oacute;rica decimon&oacute;nicas aportando nuevas f&oacute;rmulas apuntadas por las vanguardias. Por no hablar de una cuarta: la importancia de cada individuo concreto, que Sender desarrollar&aacute; en posteriores narraciones y le acercar&aacute; a un muy personal existencialismo.</p>
<p>Historia, preocupaci&oacute;n social e inquietud por las cuestiones literarias, est&eacute;ticas y metaf&iacute;sicas van a ser constantes en su transcurso personal, siempre cercado por las circunstancias que impone la primera. La producci&oacute;n period&iacute;stica y narrativa del autor oscense durante la convulsiva d&eacute;cada de los treinta en Espa&ntilde;a da buena cuenta de cu&aacute;les son esos contextos y de c&oacute;mo se implica en ellos.</p>
<p>Por entonces, Sender ya hab&iacute;a pasado por la FAI, por la c&aacute;rcel Modelo y se escoraba hacia el comunismo. Como periodista, tras su etapa aragonesa, hab&iacute;a sido redactor de <em>El Sol</em> y <em>La Libertad</em>. Su prestigio como escritor comprometido y de alta calidad era indiscutible, lo que viene a corroborar el Premio Nacional de Literatura otorgado en 1935 a <em>Mr. Witt en el cant&oacute;n</em>. Como en tantos otros casos, la guerra destroza su carrera y tambi&eacute;n su vida pero hasta extremos desaforados: el fusilamiento de su esposa y de su hermano Manuel, al que tanto quer&iacute;a como admiraba (&ldquo;Que ha muerto Dios / lo mismo que mi hermano / contra la tapia de un fosal cercano&rdquo;, escribe en su <em>Libro armilar</em>), la separaci&oacute;n para siempre de sus hijos, la animadversi&oacute;n de los comunistas, que nunca dejaran de calumniarlo y hasta intentar&aacute;n matarlo, y el brutal alejamiento de todas sus ra&iacute;ces, que, sin embargo, propiciar&iacute;an una literatura tan ligada a ellas.</p>
<p>Yo tuve v&iacute;ctimas en mi propia familia que dejaron cicatrices imborrables en mi coraz&oacute;n y en mi atormentada alma.</p>
<p>Prefiero no volver a hablar de ellas. Todo el mundo las sabe. Y hay, como he dicho otras veces, el pudor masculino de la tragedia. De la tragedia de uno que ha sido la de Espa&ntilde;a entera.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; (<em>Monte Odina,</em> p. 367)</p>
<p>Se ha hablado suficientemente de la honda imbricaci&oacute;n de su obra con Arag&oacute;n en todos los &oacute;rdenes y el narrador es el primero que no se cansa de proclamarlo. Su poes&iacute;a, novela y periodismo dar&aacute;n buena cuenta de ello. Y todav&iacute;a m&aacute;s, sus poco conocidos pero extraordinarios ensayos literarios, sobre todo, porque la literatura aragonesa de su tiempo, fuera de su figura y la de Jarn&eacute;s, es casi irrelevante en un contexto nacional tan rico en escritores de altura.</p>
<p>&nbsp;Desde <em>Mr. Witt en el cant&oacute;n</em>, &uacute;ltima de las novelas publicadas por el autor antes del exilio, -las narraciones de la guerra (<em>Cr&oacute;nica de un pueblo en armas, Primera de acero</em><em> y Contraataque) </em>no pueden considerarse novelas estrictas- hasta <em>El bandido adolescente</em> (1965), primera de las publicadas en la Espa&ntilde;a de Franco, transcurrir&aacute;n tres d&eacute;cadas. Suficiente plazo para que, salvo unos cuantos viejos que lo recuerdan y unos pocos profesores que lo han le&iacute;do, el escritor sea un desconocido. No obstante, el p&uacute;blico lector le otorgar&aacute; r&aacute;pidamente sus pl&aacute;cemes y la editorial Destino, en cuya revista hom&oacute;nima public&oacute; tambi&eacute;n el primer art&iacute;culo de su autor&iacute;a (23-XI-1968) aparecido en Espa&ntilde;a desde la Guerra Civil, lo tendr&aacute; entre sus autores m&aacute;s rentables durante varios lustros. Incluso una de sus novelas menos atractivas, <em>La mirada inm&oacute;vil,</em> ser&aacute; la m&aacute;s vendida, seg&uacute;n datos del Instituto Nacional del Libro, en el mes de septiembre de 1979, cuando ya empezaba a aminorar la fiebre por la novedad y el morbo por el escritor de novelas prohibidas.</p>
<p>Obviaremos las peripecias posteriores de su obra para enunciar un hecho demostrable. Hoy se lee mucho menos a Sender, pese a la excelsitud y variedad de su producci&oacute;n literaria; pese al auge de la novela hist&oacute;rica, en la que fue maestro y ante cuya producci&oacute;n palidecen la casi totalidad de las obras de este g&eacute;nero que hoy nos sepultan bajo su inanidad; pese a que es el novelista espa&ntilde;ol del siglo XX m&aacute;s traducido en el mundo; pese a que la bibliograf&iacute;a, tanto en forma de libros como de estudios y art&iacute;culos, ya es casi inabarcable y, caso &uacute;nico frente a sus escasos competidores (Baroja y Cela), entre sus factores, predominan los hispanistas extranjeros.</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; vieron sus muchos lectores y han visto sus cr&iacute;ticos en el escritor aragon&eacute;s para distinguirle con sus preferencias? Dicho en palabras sencillas, ser&iacute;a variedad, amenidad, intensidad, potencia imaginativa, diversidad de registros, estilo vigoroso y desafectado, profundidad y originalidad de pensamiento, informaci&oacute;n cultural variopinta, una cuasi perfecta integraci&oacute;n de lo particular con lo colectivo, de lo local con lo universal&hellip;</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; vieron sus opositores y contrarios? Volubilidad ideol&oacute;gica, producci&oacute;n muy desigual, metaf&iacute;sica sin rigor, falta de sistema&hellip;</p>
<p>Tampoco es riguroso descalificar a los detractores por su origen ideol&oacute;gico pero, si es verdad -como creo y cree la sabidur&iacute;a herm&eacute;tica y hasta la sabidur&iacute;a sin adjetivos- que los extremos se tocan, en el caso de Sender, los adversarios est&aacute;n en ambos extremos totalitarios: perseguido a la vez por Franco y por Stalin, si queremos resumir en dos nombres dos justificaciones ideol&oacute;gicas para una misma actitud ultrarrepresiva. Si nos acercamos a lo particular, Emilio Romero y Enrique L&iacute;ster, entre otros tantos, podr&iacute;an ser dos buenos ejemplos de hienas con la consigna de calumniar al disidente.</p>
<p>Realmente las ideas de Sender no cambiaron mucho desde sus inicios hasta sus &uacute;ltimos a&ntilde;os. Bien lo analiza Patrick Collard en <em>Ram&oacute;n J. Sender en los a&ntilde;os 1930-1936 (Sus ideas sobre la relaci&oacute;n entre literatura y sociedad)</em>, donde demuestra fehacientemente que las preocupaciones y actitudes de la &uacute;ltima fase del escritor tienen ra&iacute;ces, incluso, en su producci&oacute;n period&iacute;stica anterior a su consagraci&oacute;n literaria. Si tuvi&eacute;ramos que recurrir a una l&iacute;nea maestra por la que discurre su pensamiento, deber&iacute;amos hablar de fe total en los instintos, lo que se corresponde con un vitalismo que se configura en su torrencialidad narrativa. Actitud &iacute;ntimamente vinculada con el pensamiento libertario, base de su percepci&oacute;n social del mundo. Matizando, sin embargo, que el escritor es sobre todo radical cuando arrostra el problema del individuo frente a la sociedad. Su toma de partido es clara a favor del primero y ello se refleja tambi&eacute;n en su postura como artista: la obra funciona como un mecanismo soteriol&oacute;gico, deviene en un recurso de justificaci&oacute;n y redenci&oacute;n personales.</p>
<p>Habl&aacute;bamos de vitalismo y torrencialidad narrativa. &ldquo;Escribir es acci&oacute;n&rdquo; &ndash;como lo es el pensar- manifest&oacute; Sender en varias ocasiones y son consabidas las ra&iacute;ces vanguardistas de esta postura apasionada y el protot&iacute;pico <em>horror vacui</em>, que conmina y estimula al artista a forzar todos sus resortes creativos.</p>
<p>Una manera, y tal vez la mejor, de vencer es la creaci&oacute;n. Cualquier forma de creaci&oacute;n. La naturaleza nos ofrece la forma m&aacute;s placentera con el amor f&iacute;sico. Pero &eacute;ste nos da nada m&aacute;s una apariencia de victoria. Cuando esta va acompa&ntilde;ada en la vida por la creaci&oacute;n de la mente (obtener formas originales y propias) la sensaci&oacute;n de nuestra presencia en la realidad es m&aacute;s completa&hellip; La imaginaci&oacute;n es el arma decisiva contra la invasi&oacute;n del vac&iacute;o.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>&Aacute;lbum de radiograf&iacute;as secretas</em>, p. 91.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desde sus primeras novelas, la intensidad de la acci&oacute;n se complementa con par&eacute;ntesis o intermisiones que muestran los arcanos y enigmas que rigen el difuso trayecto del animal humano. Incluso obras tempranas, como <em>La noche de las cien cabezas</em> (1934) o <em>Proverbio de la muerte</em> (1939), son novelas en las que la reflexi&oacute;n metaf&iacute;sica se sobrepone a lo estrictamente narrativo. Hay un progresivo desplazamiento de la historia y la idea en el pensamiento senderiano en favor de la antropolog&iacute;a y el mito. Sender nunca vacil&oacute; en dar el paso m&aacute;s o menos aventurado de penetrar en esferas dif&iacute;cilmente reductibles al acoso de la raz&oacute;n pragm&aacute;tica:</p>
<p>Cuando la literatura agota las formas naturalistas y realistas y nos somete con ellas a la tortura de la monoton&iacute;a; los lectores recordamos con nostalgia los tiempos de los cuentos de hadas, de las novelas de caballer&iacute;as y de las narraciones donde se produc&iacute;an metamorfosis arbitrarias. La raz&oacute;n se cansa de s&iacute; misma a veces.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>&Aacute;lbum de radiograf&iacute;as secretas</em>, p. 91.</p>
<p>El novelista fluctu&oacute; siempre entre la necesidad de exponer los acuciantes problemas de una &eacute;poca conflictiva y la imposibilidad de explicarlos y vincularse a ellos sin penetrar en las complejas cavidades del enigma:</p>
<p>En la narraci&oacute;n novelesca es obligado conducirse racionalmente&hellip; Pero lo irracional se impone cada d&iacute;a</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>&Aacute;lbum de radiograf&iacute;as secretas</em>, pp. 80-81.</p>
<p>De ah&iacute;, quiz&aacute;, el conocido manifiesto senderiano: &ldquo;El novelista debe hacer veros&iacute;mil la realidad&rdquo;, que matizar&aacute; de nuevo en el magn&iacute;fico libro de ensayos donde escarbamos estas citas:</p>
<p>Los lectores no se conforman con la exactitud y la veracidad en la psicolog&iacute;a. Quieren algo m&aacute;s, quieren dimensiones l&iacute;ricas, sorpresas de una originalidad genuina, quieren lo inesperado, inolvidable y convincente. Convincente no s&oacute;lo para nuestra mente, sino para todo nuestro complejo mundo interior.</p>
<p><em>&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&Aacute;lbum de radiograf&iacute;as secretas</em>, p. 14.</p>
<p>&ldquo;Toda filosof&iacute;a comienza con el estremecimiento, lo mismo que la religi&oacute;n y la poes&iacute;a&rdquo;, escribi&oacute; RJS en <em>Memorias bisiestas</em>. Frente a esta atracci&oacute;n por lo inefable o necesidad del misterio, el d&eacute;bito al lector de hacerse comprensible, de poner la prosa al servicio de la claridad: &ldquo;Se debe escribir sin ninguna aceptaci&oacute;n de esos sobreentendidos en los que la mente cultiva su pereza&rdquo; nos dice en el <em>&Aacute;lbum</em> (p. 166). Y el estilo ser&aacute; siempre &ldquo;desafectado&rdquo;, como subraya Carrasquer, su principal estudioso, llano, directo y natural; nunca facil&oacute;n, edificante o artificioso. La voluntad de claridad no puede ser m&aacute;s notoria. Lo que no hay que confundir con facilidad o vulgarizaci&oacute;n. Como sucedi&oacute; en otras artes, la literatura coet&aacute;nea a la de Sender, tend&iacute;a a ser una literatura para escritores &ndash;hoy hemos vuelto a la facilidad y el pastiche- y el narrador oscense conven&iacute;a en que no hay arte si no hay originalidad y esfuerzo:</p>
<p>Con todos sus inconvenientes me parece m&aacute;s plausible que escribir adulando al nivel m&aacute;s bajo de las masas. La demagogia en arte es m&aacute;s funesta que en pol&iacute;tica. El escritor tiene la obligaci&oacute;n de dar lo mejor de s&iacute; mismo sin pensar si es o no accesible.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>&Aacute;lbum de radiograf&iacute;as secretas</em>, p. 14.</p>
<p>Es cierto que Sender fue totalmente contrario a la subcultura y, pese a su afecto por los movimientos renovadores, tampoco crey&oacute; demasiado en la contracultura, como muestra el tan jugoso art&iacute;culo &ldquo;Los golfos de Buda y otros inocentes excesos&rdquo;, recogido en <em>Ensayos del otro mundo</em> (1970). En su multidireccionalidad tem&aacute;tica verificamos el tan variado sustrato cultural que el escritor acarrea, nunca acomodado a escuelas o esquemas. El citado Francisco Carrasquer dej&oacute; escrito que su obra &ldquo;funciona como la mejor s&iacute;ntesis conocida hecha arte literario de nuestra cultura&rdquo; y, para verificarlo, s&oacute;lo hay que repasar las referencias a autores y obras que aparecen en sus varios miles de art&iacute;culos -lamentablemente, a&uacute;n no antologados ni estudiados- y en sus vol&uacute;menes ensay&iacute;sticos. Sabemos, por otra parte, que su biblioteca, ya en los a&ntilde;os treinta, estaba superpoblada y, si nos ce&ntilde;imos tan solo al arte literario, no me cansar&eacute; de ponderar un ensayo como <em>Examen de ingenios, Los noventayochos</em> (1961) y muchas p&aacute;ginas de otros, como<em> Valle-Incl&aacute;n y la dificultad de la tragedia </em>(1965), <em>Nocturno de los 14</em> (1969), <em>Tres ejemplos de amor y una teor&iacute;a </em><em>(1969)</em>, <em>Ensayos del otro mundo</em><em>, Libro armilar de poes&iacute;a y Memorias bisiestas</em><em> (1974),</em> <em>Solanar y lucernario aragon&eacute;s</em><em> (1978),</em> <em>Monte Odina</em> (1980), <em>Segundo solanar y lucernario </em><em>(1981) y el citado y p&oacute;stumo, </em><em>&Aacute;lbum de radiograf&iacute;as secretas</em> (1982).</p>
<p>En toda la escritura de Sender se manifiesta insistente y expl&iacute;cito desprecio por la apariencia. Una necesidad de escapar a la definici&oacute;n. No le preocupa parecer sino ser, aunque en el ser anide, siempre acechante, la duda.</p>
<p>En este milagro constante del existir (&hellip;) uno de los mayores motivos de asombro nos lo ofrece la insatisfacci&oacute;n del artista verdadero con su propia obra. Desconfiad de los que est&aacute;n satisfechos de s&iacute;. (&hellip;) nadie hay tan feliz ni tan satisfecho de s&iacute; mismo como un mal poeta. El buen poeta se agita en su universo de dudas. Como el buen religioso (&hellip;) S&oacute;lo el tonto no duda nunca. De ah&iacute; la tonter&iacute;a impl&iacute;cita en reg&iacute;menes como el fascista o el comunista. O en doctrinas como el existencialismo. Porque la desesperaci&oacute;n sistem&aacute;tica es desorientadora y culpable.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>&Aacute;lbum de radiograf&iacute;as secretas</em>, p. 171-172.</p>
<p>Para el interesado por las cuestiones sociales, el narrador oscense es, por descontado uno de los pocos intelectuales de su siglo m&aacute;s cercanos al pueblo, cuya inspiraci&oacute;n tom&oacute; siempre como primordial y manifiesto de la verdad natural: &ldquo;La gente tiene miedo a los poderosos y desprecia a los que no son nada. Es un error. El poderoso es pusil&aacute;nime y el que no tiene nada que perder es peligroso. Ojo, pues, con los miserables porque, adem&aacute;s, y esto es lo m&aacute;s grave, tienen siempre raz&oacute;n&rdquo;, escribe en <em>Memorias bisiestas</em>. Libro &eacute;ste de car&aacute;cter afor&iacute;stico, lo que lo acerca a su confesado maestro Graci&aacute;n, colocado como pegote al final de sus Poes&iacute;as (casi completas), y tan poco le&iacute;do como valioso e ilustrativo.</p>
<p>Ya se ha sugerido que existen otras grandes articulaciones en el gran mosaico que es Sender, enorme narrador que surge de un magn&iacute;fico periodista. Dejando aparte la poes&iacute;a de la que en otros lugares me ocup&eacute; suficientemente, me refiero, ante todo, al ensayo. Se habl&oacute; muy brevemente de su enorme val&iacute;a como analista literario y se citaron varios de los ensayos en los que combina esta faceta con otras muy diversas, pero tambi&eacute;n son poco conocidas obras como <em>Ensayos sobre el infringimiento cristiano</em> (1967) &ndash;el libro que m&aacute;s veces ley&oacute; Mauricio Aznar, el legendario cantante de Mas Birras-&nbsp; en el que el autor aragon&eacute;s resumi&oacute; su interpretaci&oacute;n del hecho religioso y simb&oacute;lico, cercano a la filosof&iacute;a herm&eacute;tica, el misticismo y la teosof&iacute;a, teniendo en cuenta las aportaciones de los mit&oacute;logos contempor&aacute;neos. Heterodoxia religiosa que, desde su fascinaci&oacute;n por Miguel de Molinos hasta sus &uacute;ltimas novelas, pasando, evidentemente, por la poes&iacute;a, es una constante senderiana. Por su parte, <em>El futuro comenz&oacute; ayer. Lecturas mosaicas</em> (1975) es un sorprendente y desatendido libro sobre el juda&iacute;smo, que fascinaba a otro aragon&eacute;s ilustre, Felix Romeo. Tambi&eacute;n, <em>Ver o no ver. Reflexiones sobre la pintura espa&ntilde;ola</em>&nbsp;(1980) que nos habla con agudeza de otra de sus pasiones, la pintura, actividad que el escritor practic&oacute; aunque sin destacar en ella.</p>
<p>Con la venia del lector, introducir&eacute; el final de este comentario con una cita de Fernando Savater y otra propia porque, creo, resumen convincentemente la esencia del tan bien dotado escritor:</p>
<p>Hay un tipo de honradez caracter&iacute;stico, un detestar la palabrer&iacute;a oratoria, un amor por la abundancia y prodigalidad de temas, una fluidez vigorosa de acciones y pasiones que caracterizan al novelista de pura sangre&hellip; Tras Valle-Incl&aacute;n y Baroja, Sender ha sido el novelista espa&ntilde;ol de m&aacute;s clase, el de raza m&aacute;s indiscutible y en&eacute;rgica (&hellip;) De Sender, pensando sobre todo en sus &uacute;ltimos a&ntilde;os dir&aacute;n escritor <em>desigual</em>, demasiado prol&iacute;fico; y ser&aacute; momento de recordar la defensa que ante acusaciones similares hizo de Alejandro Dumas su bi&oacute;grafo Maurois: Le reproch&aacute;is vicios de generosidad, pero &iquest;acaso le hubierais preferido mon&oacute;tono o avaro?&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La complejidad y riqueza de la personalidad del escritor no permiten m&aacute;s que apuntar aspectos de una obra y vida inabarcables y todav&iacute;a con muchos espacios v&iacute;rgenes en su trayectoria e interpretaci&oacute;n. Pero, si se puede decir algo con seguridad es que, con sus errores, vacilaciones y desv&iacute;os, Sender no se dobleg&oacute; ante doctrinas y mantuvo siempre inc&oacute;lume esa independencia, que llev&oacute; a la literatura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Conviene leer hoy a Sender porque es uno de los dos o tres novelistas m&aacute;s extensos e intensos de la pasada centuria; porque amenidad, informaci&oacute;n, defensa de la libertad, de la justicia y del individuo se juntan en sus ensayos y ficciones; por su cultura proteica que abarca las culturas europeas, las iberoamericanas y las angloamericanas. Y porque es, sin competencia, el m&aacute;s destacado escritor aragon&eacute;s desde los tiempos de Graci&aacute;n. La Zaragoza del jesuita y la senderiana Huesca, articuladas por el Teruel de Braulio Foz, se ensamblan literariamente a trav&eacute;s de estos tres genios del arte del bien decir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 10 Oct 2019 07:14:02 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Premonición]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/premonicion/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/septiembre/juarez500.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 630px;">Lo recuerdo sentado cerca de otra ventana</p>
<p style="padding-left: 630px;">leyendo el <em>ABC</em>, hace cincuenta a&ntilde;os,</p>
<p style="padding-left: 630px;">como lo lee ahora mientras que la ma&ntilde;ana</p>
<p style="padding-left: 630px;">se nos va silenciosos, tan iguales y extra&ntilde;os.</p>
<p style="padding-left: 630px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 630px;">Mira de vez en cuando la iglesia clausurada</p>
<p style="padding-left: 630px;">en la que entran y salen sus parientes difuntos,</p>
<p style="padding-left: 630px;">con los que espera pronto hablar como si nada</p>
<p style="padding-left: 630px;">fuese la muerte m&aacute;s que volver a estar juntos.</p>
<p style="padding-left: 630px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 630px;">Distraen su dolor, que ya no tendr&aacute; hechura,</p>
<p style="padding-left: 630px;">el silencio diario, eco del infinito,</p>
<p style="padding-left: 630px;">y el murmullo del coro cansado de esperar.</p>
<p style="padding-left: 630px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 630px;">Pronto ser&aacute;n leyenda su mansedumbre pura,</p>
<p style="padding-left: 630px;">su t&iacute;mida manera de ser el Se&ntilde;orito,</p>
<p style="padding-left: 630px;">su paz ante el espejo, que no podr&eacute; heredar.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 23 Sep 2019 06:37:29 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ser o no ser, el valor de la memoria]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/ser-o-no-ser-el-valor-de-la-memoria/</link>
      <description><![CDATA[<p><strong><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2019/septiembre/erns500.jpg" alt="" /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>EVOCACIONES DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL</strong></p>
<p><strong>Septiembre de 1939</strong>. &ldquo;Empieza el d&iacute;a en el que en el l&iacute;mpido cielo de un verano que languidece (y es que el cielo del treinta y nueve era maravillosamente azul) veo aparecer en lo alto doce puntos de plateados destellos. La b&oacute;veda celeste, altiva, radiante, empieza a llenarse de un rumor mon&oacute;tono y sordo que yo nunca hab&iacute;a o&iacute;do. Tengo siete a&ntilde;os, me encuentro en un prado y no quito los ojos a los puntos. De repente&hellip;suena un estruendo terrible, estallan las bombas &ndash;s&oacute;lo m&aacute;s tarde sabr&eacute; que se trata de bombas- y veo c&oacute;mo saltan por los aires gigantescos surtidores de tierra&hellip;&rdquo; &nbsp;Es el testimonio que veinte a&ntilde;os despu&eacute;s de ese momento evoca Ryszard Kapuscinsky en <em>Ejercicios de la memoria</em>.<a title="" href="#_edn1">[i]</a>&nbsp; El periodista, galardonado con el Premio Pr&iacute;ncipe de Asturias de Comunicaci&oacute;n y Humanidades (2003), perder&aacute; en aquel lance su inocencia y dar&aacute; comienzo a su h&eacute;gira personal y familiar huyendo de las balas, el hambre y la muerte.&nbsp; En este relato autobiogr&aacute;fico evoca su infancia, el dolor de los primeros d&iacute;as de la segunda guerra mundial cuando Hitler invade Polonia y dos semanas m&aacute;s tarde lo hace el Ej&eacute;rcito sovi&eacute;tico por el Este atravesando Pinsk, Bielorrusia. S&uacute;bitamente el peque&ntilde;o Ryszard conocer&aacute; el fr&iacute;o y el hambre y sentir&aacute; los escalofr&iacute;os del miedo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Testimonio de la picaresca del hambre, sufrida en Varsovia, es el que relata Roman Polanski en sus <em>Memorias</em><a title="" href="#_edn2">[ii]</a>&nbsp; que rese&ntilde;amos en el n&uacute;mero 124 de la Revista Cultural Turia. &ldquo;Con la intensificaci&oacute;n de los ataques a&eacute;reos empez&oacute; a faltarnos comida&hellip; Una vez regres&oacute; mi madre de sus cotidianas expediciones rebuscando comida con un saco de az&uacute;car mezclada con arena porque la hab&iacute;a recogido del suelo de la calle. Tras diluir el az&uacute;car en una lata de galletas, sac&oacute; toda la arena que pudo y elabor&oacute; despu&eacute;s unos deliciosos pastelillos que vendimos a cambio de dinero&hellip;&rdquo; Seis a&ntilde;os, uno menos que Kapuscinsky, ten&iacute;a Polanski cuando una decisi&oacute;n de su padre le lleva de Par&iacute;s - en donde hab&iacute;a nacido- a Polonia, primero Cracovia y luego a la capital, porque equivocadamente crey&oacute; que all&iacute; la familia estar&iacute;a m&aacute;s segura. Al cineasta le toc&oacute; sufrir las penurias del gueto donde perdi&oacute; en Auschwitz a su madre embarazada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Despu&eacute;s del ensayo general</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; La guerra civil espa&ntilde;ola hab&iacute;a terminado cinco meses antes. Muchos historiadores consideran que nuestra contienda fue un ensayo de la Segunda guerra Mundial. Terminado el ensayo, se reanuda la tragedia. En este ochenta aniversario de la invasi&oacute;n de Polonia por las tropas alemanas recordamos la obra de varios creadores que se sit&uacute;an en esa hist&oacute;rica jornada. Adem&aacute;s de rese&ntilde;ar el art&iacute;culo de Kapuscinsky y las <em>Memorias</em><strong> </strong>de Polanski, indagamos en la m&aacute;s reconocida comedia de Ernest Lubitsch.<a title="" href="#_edn3">[iii]</a> <em>To be or not to be</em> es una farsa pol&iacute;tica y amorosa sobre el sentido del deber. Es una producci&oacute;n de Hollywood de 1942 que Lubitsch rod&oacute; dos a&ntilde;os despu&eacute;s de la invasi&oacute;n de Polonia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; El cineasta llevaba veinte a&ntilde;os residiendo en Estados Unidos. Tras sus &eacute;xitos iniciales en el cine mudo alem&aacute;n de la primera d&eacute;cada del siglo XX emigr&oacute; a Hollywood atra&iacute;do por la industria del cine que ten&iacute;a all&iacute; su meca. La pel&iacute;cula comienza en un ensayo de la obra teatral &ldquo;Gestapo&rdquo; que se deber&iacute;a representar en Varsovia en 1939. Para comprobar la verosimilitud del personaje (el actor Tom Dugan) que debe interpretar al dictador el ensayo se traslada a las calles de la capital polaca. At&oacute;nitos, los transe&uacute;ntes asisten a la parodia del sosias de Hitler. Una ni&ntilde;a descubre el ardid, <em>el rey est&aacute; desnudo</em>. La realidad es mucho m&aacute;s cruel y no se puede disfrazar. Pocas horas despu&eacute;s, con los cielos despejados, los tanques y aviones de la Wehrmacht&nbsp; y Luftwaffe consuman la invasi&oacute;n del pa&iacute;s. En esta tragicomedia,&nbsp; Jack Benny, que tendr&iacute;a aqu&iacute; el papel m&aacute;s memorable de su carrera art&iacute;stica, interpreta al actor Joseph Tura quien sobre el escenario&nbsp; intenta hacer bien el mon&oacute;logo de Sakespeare mientras Mar&iacute;a, su mujer, antes de salir a escena, recibe en el camerino&nbsp; la visita de un piloto, el apuesto teninete Stanislav Sobinski (Robert Stack). Ella es&nbsp; Carole Lombart que no lleg&oacute; a ver el estreno de la pel&iacute;cula porque muri&oacute; poco despu&eacute;s de rodar <em>To be or not to be</em> en un accidente de avi&oacute;n. Aparte de la trama de enredos amorosos, la esencia de la pel&iacute;cula es la lucha de los miembros de la compa&ntilde;&iacute;a por apoyar a la Resistencia y huir de una Polonia devastada.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con gui&oacute;n de Edwin Justus Mayer basado en un texto original de Lubitsch y Melchior Lengyel,<em> To be or not to be</em> es un canto a la dignidad, al teatro como espacio de salvaci&oacute;n y una invitaci&oacute;n a resistirse contra la opresi&oacute;n.&nbsp; La pel&iacute;cula fue inicialmente un fracaso comercial al considerar, parte de la cr&iacute;tica y el p&uacute;blico, irreverente hacer comedia del drama b&eacute;lico que estaba viviendo el mundo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Alguna vez nos hemos podido preguntar el porqu&eacute; de ese t&iacute;tulo con una evocaci&oacute;n tan obvia a la obra de Sakespeare<em>. </em>Al ver la pel&iacute;cula queda claro su sentido porque los actores representan Hamlet <a title="" href="#_edn4">[iv]</a>en el teatro de Varsovia donde se centra la acci&oacute;n. Pero hay antecedentes que justifican y penetran como subtexto al relato.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuentan N.T. Binh y Christian Viviani, en su bi&oacute;graf&iacute;a<a title="" href="#_edn5">[v]</a> del director, que &ldquo;en 1932 viaj&oacute; Lubitsch por &uacute;ltima vez a Berl&iacute;n y por &uacute;ltima vez fue aclamado en su ciudad natal despu&eacute;s de llevar unos cuantos a&ntilde;os trabajando por voluntad propia en Hollywood. Al a&ntilde;o siguiente subir&iacute;a Hitler al poder y este jud&iacute;o autoexiliado ya no podr&iacute;a volver hasta despu&eacute;s de la segunda guerra mundial, lo cual no lleg&oacute; a hacer antes de su prematura muerte en 1947&rdquo;. Todo parece indicar que en ese viaje triunfal Lubitsch asisti&oacute; a la representaci&oacute;n de una parodia musical basada en Hamlet. La obra, fue improvisada en su honor. El t&iacute;tulo de esta pel&iacute;cula parece saldar cuentas con la &ldquo;brutalidad pol&iacute;tica del nazismo que se hab&iacute;a adue&ntilde;ado de su pa&iacute;s y pretend&iacute;a adue&ntilde;arse de gran parte de Europa, representada en la invasi&oacute;n de Polonia en septiembre de 1939&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El teatro como salvaci&oacute;n</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como en el principio de <em>Lo que piensan las mujeres,</em><strong> </strong>otra comedia que Lubitsch rod&oacute; en Hollywood un a&ntilde;o antes, los lavabos de las damas son el espacio acotado y libre para burlar la tiran&iacute;a. En el final de <em>To be or not to be,</em><strong> </strong>los actores se meten en el ba&ntilde;o de mujeres para salir poco despu&eacute;s&nbsp; vestidos con uniformes de soldados de las SS. Cuando un falso Hitler vuelve al vest&iacute;bulo, de los aseos sale el actor que por fin cumplir&aacute; el sue&ntilde;o de interpretar a Sakespeare. El teatro como salvaci&oacute;n de la barbarie, la farsa para desenmascarar las mentiras del nazismo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; M&aacute;s all&aacute; de los hechos que narra, <em>To be or not to be</em> reclama&nbsp; al actor que represente bien su papel&hellip; <em>debe distinguir y saber d&oacute;nde empieza la vida y d&oacute;nde termina el espect&aacute;culo. El soldado debe hacer bien la guerra, a los polacos, o cualquier pueblo oprimido, debe luchar contra el invasor nazi</em>. Aparece la duda, como en el t&iacute;tulo de la frase inicial de Hamlet.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aunque &nbsp;<em>To be or not to be </em>fuera rechazada por fr&iacute;vola en el momento de su estreno, lo cierto es que &ldquo;cuando el mundo viv&iacute;a sus d&iacute;as m&aacute;s oscuros, Lubitsch entreg&oacute; una de las mejores comedias que ha dado Hollywood. Y no una comedia escapista, sino Ser o no ser, en la que se atrevi&oacute; a re&iacute;rse de Hitler en pleno horror b&eacute;lico. Si el mayor talento del maestro berlin&eacute;s era su capacidad de hacer que nos ri&eacute;ramos de los hechos y las ansiedades m&aacute;s graves, de utilizar el humor para ayudarnos a conocernos mejor a nosotros mismos, entonces esta pel&iacute;cula puede ser considerada su trabajo m&aacute;s consumado&rdquo;<strong><em>.</em> <a title="" href="#_edn6"><strong>[vi]</strong></a> </strong></p>
<p><em>&nbsp;&nbsp; </em>En<em> To be or not to be </em>Lubitsch<strong><em> </em></strong>ha intentado que la memoria hist&oacute;rica quede impresa en su verdad, evitando las falsas representaciones que incluyen privilegiados fragmentos de los acontecimientos reales del nacimiento del nazismo. Los menores gestos y detalles han sido caricaturizados para mostrar el horror a trav&eacute;s del humor, horror que un tiempo m&aacute;s tarde se har&iacute;a realidad cruel ante los acontecimientos a los que se enfrentaba Europa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Albert Einstein en 1933 le pregunta a Sigmund Freud en una carta &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; la guerra?&rdquo;<a title="" href="#_edn7">[vii]</a>&nbsp; En ella cuestiona si el ser humano podr&aacute; resolver este conflicto en un futuro. Sigmund Freud, abandonaba Austria camino del exilio en 1938.&nbsp; Fatigado y enfermo, probablemente decepcionado por sus profundas investigaciones basadas en lo m&aacute;s oscuro del alma humana, cruz&oacute; una noche el Canal de la Mancha para morir en Londres. <em>Morir en libertad</em>, como &eacute;l mismo hab&iacute;a comentado. &ldquo;Las guerras, hab&iacute;a observado el padre del psicoan&aacute;lisis, agrupan a militantes de la sumisi&oacute;n, personajes enajenados y subyugados ante el poder. Muchedumbres de corazones huecos y mentes vac&iacute;as frente al cumplimiento obsesivo de los c&oacute;digos propuestos por la subjetividad del otro: en algunos casos bur&oacute;cratas de la muerte&rdquo;.&nbsp; Los personajes de <em>To be or not to be</em><strong> </strong>representan<strong> </strong>las ant&iacute;podas de ese pueblo sumiso.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lubitsch articula varios tipos de texto, el que tiene car&aacute;cter de documento hist&oacute;rico y el que recrea a partir del <em>Hamlet</em><strong> </strong>de Sakespeare. Ambos intentan dar unidad al film. Que la obra de Sakespeare discurra en paralelo con los otros relatos nos puede ilustrar sobre un deseo del director de analizar la traici&oacute;n humana, la anestesia de Dinamarca para desenmascarar la mentira, como ocurri&oacute; en Alemania.&nbsp; Hamlet sabe de la traici&oacute;n pero no quiere saber, no puede ejecutar el deseo de justicia que clama su padre desde las sombras, despu&eacute;s de su asesinato a manos de su hermano. La voz del padre como una agente del Superyo clama venganza. Hamlet debe <em>ser o no ser</em> ese brazo justiciero y fiel. Esta obra de Sakespeare, como la pel&iacute;cula de Lubitsch, denuncia la ambici&oacute;n de poder como deseo reprimido de todo ser humano, y, como en el drama de Edipo, el empe&ntilde;o en usurpar el lugar del otro. Estos hechos dram&aacute;ticos se realizar&aacute;n traicionando el peso de la palabra, el cumplimiento de los juramentos y la muerte de los ideales.&nbsp; El cine cumple una misi&oacute;n privilegiada para el espectador, en este caso reflexionar e investigar sobre el destino de Eros y de Thanatos, sobre la corrupci&oacute;n mental, la sumisi&oacute;n a los l&iacute;deres, la complicidad silenciosa,&nbsp; la ambici&oacute;n y la crueldad humana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="#_ednref1">[i]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [i] -<strong>Ejercicios de la memoria</strong> est&aacute; incluido en <strong>La jungla polaca</strong> una recopilaci&oacute;n de art&iacute;culos y reportajes, un libro de relatos que re&uacute;ne algunas de las experiencias en distintas guerras de &Aacute;frica del periodista polaco nacido en Bielorrusia en 1932. Ryszard Kapuscinsky (1962) Editorial Anagrama 2008</p>
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<p><a title="" href="#_ednref2">[ii]</a></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [ii] -<strong>Memorias. Roman Polanski</strong> Editorial Malpaso 2017</p>
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<p><a title="" href="#_ednref3">[iii]</a></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [iii] Ernst Lubitsch : nacido en <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Berl&iacute;n">Berl&iacute;n</a>, el <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/28_de_enero">28 de enero</a> de <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/1892">1892</a>, fallecido el 30 de noviembre de 1947 en <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Los_&Aacute;ngeles">Los &Aacute;ngeles</a>, <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/California">California</a>. Fue ciudadano estadounidense desde 1933. Su versatilidad como cineasta fue notable; dominando la comedia, el drama, la tragedia, la farsa y el espect&aacute;culo. <em>Hombre De puro en boca, acento alem&aacute;n y risa expansiva&hellip; Con la llegada del cine sonoro&nbsp; se convirti&oacute; en pionero y luego en el rey de la &ldquo;comedia americana&rdquo;.</em> Se denomina <em>Toque Lubitsch</em> a la habilidad que ten&iacute;a el cineasta alem&aacute;n de sugerir m&aacute;s de lo que mostraba. A base de di&aacute;logos chispeantes, argumentos interesantes, personajes ingeniosos y sofisticados apela el cineasta a la inteligencia del espectador, quien llega a imaginar a partir de la sugerencia que plantea el cineasta.</p>
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<p><a title="" href="#_ednref4">[iv]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [iv] <strong>Hamlet</strong> la obra dram&aacute;tica de &ldquo;William Sakespeare&rdquo; transcurre en <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Dinamarca"><em>Dinamarca</em></a>, y trata de los acontecimientos posteriores al asesinato del rey Hamlet (padre del pr&iacute;ncipe Hamlet), a manos de su hermano Claudio. El fantasma del rey pide a su hijo que se vengue de su asesino. Al margen de las m&uacute;ltiples interpretaciones sobre el sentido de la obra, expl&iacute;citamente <strong>Hamlet</strong> gira alrededor de la locura (tanto real como fingida), y de la transformaci&oacute;n del profundo dolor en desmesurada ira. Adem&aacute;s de explorar temas como la traici&oacute;n, la venganza, el incesto y la corrupci&oacute;n moral.(Wikipedia)</p>
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<p><a title="" href="#_ednref5">[v]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [v] <strong>Lubitsch</strong> N.T. Binh &amp;Christian Viviani. (editorial T&amp;B 2005) &nbsp;</p>
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<p><a title="" href="#_ednref6">[vi]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [vi] <strong>Ernest Lubitsch</strong>: el arte de la sugerencia. Juan Tejero PDF</p>
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<p><a title="" href="#_ednref7">[vii]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [vii] <strong>&iquest;</strong><strong>Porqu&eacute; la guerra</strong>? Freud. <strong>Obras completas</strong>. Volumen veintid&oacute;s. Buenos Aires. Amorrortu 1976.</p>
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      <pubDate>Tue, 17 Sep 2019 07:36:48 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La importancia del final]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-importancia-del-final/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2019/septiembre/matias500.jpg" alt="" /></p>
<p>En el prefacio que Shelley escribe en nombre de su mujer Mary Wollstonecraft<strong>&nbsp;</strong>para <em>Frankenstein</em>, se&ntilde;ala los modelos de la poes&iacute;a &eacute;pica y dram&aacute;tica antigua y moderna, desde la <em>Il&iacute;ada</em> de Homero al <em>Para&iacute;so perdido</em> de Milton, pasando por <em>La tempestad</em> y <em>El sue&ntilde;o de una noche de verano</em> de Shakespeare, que considera no solo los moldes primigenios de &ldquo;la verdad de los principios de la naturaleza humana&rdquo;, sino tambi&eacute;n los insoslayables patrones que deben guiar al &ldquo;humilde novelista&rdquo; en sus &ldquo;creaciones en prosa&rdquo;.</p>
<p>Am&eacute;n del concepto ancilar y esencialmente l&uacute;dico que para los rom&aacute;nticos como Shelley tienen el relato y la novela, frente a la grandeza tr&aacute;gica y filos&oacute;fica de la Poes&iacute;a, en esas afirmaciones, tanto la poes&iacute;a &eacute;pica, como la dram&aacute;tica, se consideran fen&oacute;menos y entidades narrativas previas y superiores, es verdad, pero, al final, an&aacute;logas al relato en prosa que es la novela.</p>
<p>Por eso, no se extra&ntilde;e, el lector, de que en este &ndash;tal vez insensato&ndash; experimento, titulado &ldquo;La Importancia del Final&rdquo;, se dote de nuevos finales tanto a grandes relatos &eacute;picos de la antig&uuml;edad cl&aacute;sica, como a algunas conocidas tragedias y comedias, junto a un buen ramillete de novelas modernas, pues todas ellas son <em>historias</em> que han pasado al acervo del lector curioso y obstinado; y algunas de ellas &ndash;bastantes&ndash; han terminado por convertirse incluso en lugares comunes de la cultura popular, para los que leen y para los que no leen, ni piensan leer ya nunca.</p>
<p>Estos seis nuevos finales inesperados que ofrecemos en esta tercera y &uacute;ltima entrega de esta serie que tan amablemente ha acogido la edici&oacute;n digital de la revista TURIA, a lo largo de estos meses &ndash;anticipo de lo que ser&aacute;, en su d&iacute;a, ya en libro, una suma de cincuenta&ndash;, abundan, como lo hacen los seis finales propuestos en las dos anteriores entregas, en una intenci&oacute;n muy clara, bucear en esa percepci&oacute;n genial del formalista ruso Iuri Lotman, para el que, en el final de las historias, precisamente, va contenida la visi&oacute;n del mundo que transmiten. Es nuestro deseo que hayan disfrutado del experimento, ideado para lectores como ustedes.</p>
<p align="center">***</p>
<p align="center"><strong>7</strong></p>
<p>No har&iacute;a falta justificar el porqu&eacute; de la elecci&oacute;n, para comenzar esta &uacute;ltima entrega de finales inesperados, de dos de las tragedias m&aacute;s famosas de uno de los m&aacute;s grandes dramaturgos de la Grecia cl&aacute;sica y del teatro occidental, S&oacute;focles. Incluso quienes no las han le&iacute;do o visto representadas sobre un escenario saben de las peripecias de sus h&eacute;roes, incluidos sus aciagos finales. Yo las he elegido por el impacto que me causaron en mi juventud, al traducir algunas de sus partes m&aacute;s significativas como joven estudiante de letras, y, m&aacute;s tarde, como descifrador maduro de sus fatales destinos.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Ant&iacute;gona </strong>de S&oacute;focles</p>
<p>(&hellip; no volver&iacute;a a hacerlo&hellip;)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y casi sin volverse, como hablando para s&iacute; misma, dijo:</p>
<p>&minus; Creonte, cr&eacute;eme, no volver&iacute;a a hacerlo, si pudiese volver hacia atr&aacute;s el tiempo, Polinices, mi querido hermano, permanecer&iacute;a a la intemperie, como atractivo se&ntilde;uelo para las fieras y las aves de la carro&ntilde;a; aunque mi coraz&oacute;n se hubiese partido en dos y hubiese ca&iacute;do muerta de dolor... Mi cuerpo ex&aacute;nime hubiese cubierto el suyo, como hacen los hoplitas cuando saben que van a morir en la batalla y sus cuerpos quedar&aacute;n insepultos&hellip; Y qu&eacute; bella met&aacute;fora hubiese sido de la ciudad, &iquest;no? Muertos que son la sepultura de sus muertos&hellip;</p>
<p>Calla y mira a Creonte, por primera vez, ahora s&iacute;, de frente, con distanciada objetividad. El cansancio y el dolor extremo han eliminado de su gesto cualquier resto de aquella tozuda pasi&oacute;n que la ha guiado hasta ese preciso instante&hellip;</p>
<p>&minus; Despu&eacute;s de tanto sufrimiento &minus;dice, por fin&minus;, el mundo, la ciudad, no ha cambiado ni un &aacute;pice; nada ha cambiado ni un &aacute;pice&hellip; Quiz&aacute;s t&uacute;, Creonte, con tu inmisericorde rigor y apelaci&oacute;n a las leyes, ten&iacute;as raz&oacute;n; pero yo prefiero la Democracia a la Ciudadan&iacute;a, la libre determinaci&oacute;n al consenso; pero eso no nos ha tra&iacute;do hasta aqu&iacute;, &iquest;verdad?</p>
<p>Y, de nuevo, como si hablase para ella, a&ntilde;ade: O s&iacute; &iquest;O ha sido eso exactamente lo que nos ha tra&iacute;do hasta aqu&iacute;&hellip;?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p align="center"><strong>8</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Edipo Rey </strong>de S&oacute;focles</p>
<p>(&hellip; eres mi madre, pero qu&eacute; importa si somos tan felices&hellip;)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&minus; S&iacute;, lo s&eacute;, eres mi madre, pero qu&eacute; importa si somos tan felices; no destruyas con ese gesto, con tu suicidio, toda esa felicidad&hellip; Por primera vez, querida Yocasta; por primera vez en mi vida, soy completamente feliz y a nadie se le deber&iacute;a arrebatar la felicidad conquistada tan s&oacute;lo por un fatal encuentro en un cruce de caminos&hellip; Somos, esposa m&iacute;a, piezas sujetas al gran juego de los dioses y a ellos no les importa nuestra felicidad, s&oacute;lo nuestro sometimiento&hellip;</p>
<p>[&hellip; pausa dram&aacute;tica y expectante. Yocasta lo mira, unos dicen que con pena, otros que con un gesto de horror, y otros, que con infinito amor; pero permanece en silencio&hellip;]</p>
<p>&hellip; &iquest;Qu&eacute; deber&iacute;amos hacer ahora, eso que nos grita la muchedumbre del coro&hellip;? Pero t&uacute; sabes que ninguno de entre ellos ha conquistado nunca la felicidad, si as&iacute; fuera, no estar&iacute;an pidiendo tu muerte ni mi ceguera, tu holocausto y mi propia mutilaci&oacute;n&hellip;&nbsp; T&uacute; sabes que quien no conoce ni ha conocido el gozo del aut&eacute;ntico amor en los brazos de la mujer o del hombre so&ntilde;ados tiende a la injusticia y es cruel, pues quien ha conocido la plenitud de ese gozo jam&aacute;s se atrever&iacute;a a solicitar la aniquilaci&oacute;n de un hombre feliz&hellip;&nbsp; Oh, dioses, hasta Tiresias estar&iacute;a de acuerdo con ello; ni mi propio sentido del deber, ni todas vuestras leyes, ni tampoco las humanas, pueden obligarme a la renuncia, ni siquiera mi propia conciencia puede hacerlo, &iquest;por qu&eacute; deber&iacute;amos hacerlo, para satisfacer qu&eacute; balanza, si no hemos da&ntilde;ado a nadie a sabiendas?</p>
<p>[&hellip; duda, titubea&hellip;]</p>
<p>&nbsp;&hellip; tampoco mi destino prefijado de h&eacute;roe, digan lo que digan tambi&eacute;n Tiresias o el coro&hellip; &iexcl;Soy tan feliz!... No, jam&aacute;s me arrancar&eacute; los ojos, jam&aacute;s lo har&eacute; y t&uacute;, querida esposa madre, jam&aacute;s te quitar&aacute;s la vida; los seres felices no lo hacen y nosotros lo somos, &iquest;verdad?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p align="center"><strong>9</strong></p>
<p>Se puede decir que el <em>Libro del Arcipreste</em> ha sido una de las lecturas decisivas de mi vida; desde luego, uno de los textos que m&aacute;s han influido en mi concepto de la literatura, en general, y de la novela, en particular. Desde que mi maestro Julio Rodr&iacute;guez Pu&eacute;rtolas nos lo descubri&oacute; en la Universidad y nos ense&ntilde;&oacute; a leerlo como el producto conflictivo, intenso y parad&oacute;jico que es, fruto de uno de los primeros sujetos en los que se anticipa la modernidad como el tiempo y el espacio de la incertidumbre y de la angustia existencial &ndash;no solo en Castilla, sino, quiz&aacute;s, en toda Europa&ndash;, su asidua lectura y comentario ha enriquecido y abierto mi mente a la comprensi&oacute;n de la aut&eacute;ntica naturaleza de la novela moderna, en general, y de la novela experimental del siglo XX, en particular.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Libro de Buen Amor</strong> <em>del Arcipreste de Hita</em></p>
<p>(&hellip; este es el estupor de la decadencia&hellip;)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>[fragmento en prosa encontrado en el c&oacute;dice BNM/30-GRZ-01909; junto a otros escritos, jur&iacute;dicos y notariales, tambi&eacute;n en prosa<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&hellip; en mala hora le di a don Hur&oacute;n mi carta para las due&ntilde;as, en ella iba toda mi sabidur&iacute;a y mi dolor; c&oacute;mo pude hacerlo, c&oacute;mo no prev&iacute; esta final humillaci&oacute;n del deseo&hellip; C&oacute;mo no prev&iacute; que acaso sea verdad que el amor solo anida en los corazones gentiles, que el buen amor no admite terceros, ni su p&uacute;blico preg&oacute;n por las plazas y las calles&hellip; En qu&eacute; he pardo, a qu&eacute; punto he llegado&hellip; Con Garo&ccedil;a hubo un momento en que tocamos el cielo de los amantes y pareci&oacute; que la b&uacute;squeda alcanzaba por fin su sentido&hellip; Qu&eacute; mujer, qu&eacute; plenitud la de sus brazos&hellip; Oh, la bella Garo&ccedil;a, cu&aacute;nta promesa y gozo en su seno&hellip; C&oacute;mo he podido caer en este estado lamentable&hellip; Fue su muerte, la memoria insoportable de su p&eacute;rdida&hellip; C&oacute;mo he podido recaer una vez m&aacute;s en el error; tan honda es la merma causada por la soledad&hellip; C&oacute;mo he podido creer siquiera un instante que don Hur&oacute;n era la soluci&oacute;n, el cordel que me sacar&iacute;a de este pozo oscuro&hellip; Oh, Dios, se&ntilde;or del buen amor, qu&eacute; humillaci&oacute;n y verg&uuml;enza ver convertidas en lodo viscoso y nauseabundo las palabras en las que se acrisolaba la suma de mi existencia y de mi b&uacute;squeda&hellip; Escuchar las risotadas y el escarnio de la turba y la untuosa y lasciva cantinela de don Hur&oacute;n asesin&aacute;ndolas con su propia risa y caricatura&hellip; C&oacute;mo no he previsto mi propio rid&iacute;culo, la decadencia&hellip;</p>
<p>&hellip; &iexcl;Garo&ccedil;a, exclama el Arcipreste, vuelve de tu fosa de tierra pura en intacta; atraviesa el r&iacute;o del olvido y s&aacute;lvame de esta confusi&oacute;n bufa y grotesca!&hellip; &iquest;Por qu&eacute; he tardado tanto en comprender? Son tan pocos los que logran rozar la gloria del amor verdadero&hellip; &iexcl;Pero es tanta y tan terrible y dolorosa, luego, la nostalgia de los amantes recompensados con su roce!&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p align="center"><strong>10</strong></p>
<p>Tratar de justificar la elecci&oacute;n del relato por excelencia de la modernidad resultar&iacute;a in&uacute;til y pretencioso; solo cabe decir que ha sido otra de las lecturas esenciales de mi vida, como lector y como escritor.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Don Quijote </strong>de Miguel de Cervantes</p>
<p>(Dos finales; uno ap&oacute;crifo, por supuesto)</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>[Final 1] &ldquo;El aut&eacute;ntico final de Cide Hamete&rdquo;.</p>
<p>&minus; Psss&hellip; psss&hellip; &iquest;se han ido ya todos&hellip;?</p>
<p>&minus; S&iacute;, se&ntilde;or; ya est&aacute;n todos durmiendo&hellip; y creen que vuesa merced ha muerto; qu&eacute; l&aacute;stima me dan&hellip;</p>
<p>&minus; Pues espabila, Sancho, y prepara todo el bagaje&hellip;</p>
<p>&minus; Ya lo tengo todo listo, se&ntilde;or&hellip;</p>
<p>&minus; En Flandes, querido Sancho, me han dicho que se vive bien, que los prados son verdes y el agua abundante, all&iacute; podremos vivir libres y a nuestro antojo; y si necesitamos dinero dicen que se puede trabajar y ganarlo honradamente&hellip;</p>
<p>&minus; S&iacute;, se&ntilde;or, v&aacute;monos como lo hicieron Rinc&oacute;n y Cortado o nuestro amigo el licenciado Vidriera&hellip;</p>
<p>&hellip; &hellip; &hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>[Final 2] &ldquo;El bachiller Sans&oacute;n Carrasco toma las armas&rdquo;.</p>
<p>Sancho llora la muerte de don Quijote; al cabo se levanta y se dirige a por las armas de su se&ntilde;or, las toma con mimo, con l&aacute;grimas en los ojos, las envuelve en una vieja manta y las sube a su pollino, y en silencio, cabizbajo, se dirige a la casa de Sans&oacute;n Carrasco y, cuando este abre, con las armas en la manta, desde el umbral, le dice:</p>
<p>&minus; Se lo debe, se&ntilde;or de la Blanca Luna, se lo debemos los dos&hellip;</p>
<p>Y Sans&oacute;n Carrasco, a partir de ese instante, Caballero de la Blanca Luna, asiente en completo silencio&hellip;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p align="center"><strong>11</strong></p>
<p>A los lectores que no hayan le&iacute;do el texto de Defoe y a los que crean que lo han le&iacute;do o que lo leyesen de j&oacute;venes, les recomendar&iacute;a que volviesen a leerlo con la madurez que dan las lecturas sucesivas y los a&ntilde;os. Se encontrar&aacute;n con algo completamente diferente a lo que recordaban o a lo que esperan encontrar. Una de las cargas de profundidad m&aacute;s potentes lanzada jam&aacute;s al oc&eacute;ano de nuestra modernidad capitalista.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Robinson Crusoe </strong>de Daniel Defoe</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Viernes, decepcionado y confundido por la muy cristiana hipocres&iacute;a&nbsp; y corrupci&oacute;n de los hombres civilizados, decidi&oacute; regresar a su isla, reconciliarse con su anterior estado salvaje y probar, junto con los suyos, de nuevo, la sangre y la carne de sus enemigos; y, al hacerlo, la primera vez, despu&eacute;s de tanto tiempo, descubri&oacute; en su m&aacute;s profundo interior de ser salvaje que aquel gesto era infinitamente m&aacute;s justo y verdadero, menos cruel y malvado, mucho m&aacute;s humano, en suma, que la mayor&iacute;a de los que hab&iacute;a visto entre los seres civilizados, pues aquella carne y aquella sangre del enemigo se hab&iacute;a obtenido mediante una lucha entre iguales, en donde unos y otros gozaron de las mismas oportunidades, tanto que bien podr&iacute;a haber sido &eacute;l el bocado de los otros&hellip; No hab&iacute;a habido en ese combate ninguna de las a&ntilde;agazas, de las mentiras y de las trampas que se escond&iacute;an en las falsas palabras de su antiguo amo y de su gente, sobre las que basaban sus vidas hip&oacute;critas y mentirosas.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p align="center"><strong>12</strong></p>
<p>Finalmente, he seleccionado la extraordinaria obra de Mann, m&aacute;s citada que le&iacute;da, como ocurre con casi todas las obras cl&aacute;sicas; una experiencia lectora intensa, densa, completa y envolvente, con &aacute;nimo e intenci&oacute;n totalizadora que exige, por eso, lectores que consideren la novela como algo m&aacute;s que un artefacto de entretenimiento. Un aut&eacute;ntico monumento a la escritura concebida como desentra&ntilde;amiento de las almas y de los cuerpos de unos sujetos &ndash;que nos anuncian a nosotros mismos&ndash; atrapados por la Historia, justo al final de un mundo y al comienzo de otro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La monta&ntilde;a m&aacute;gica</strong> de Thomas Mann</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&hellip; hubo momentos, joven Castorp, en los que brotaron en ti sue&ntilde;os de amor llenos de alentadores augurios, sue&ntilde;os que t&uacute; cre&iacute;as <em>gobernar</em>; eran sue&ntilde;os de muerte y de lujuria, de cuerpos da&ntilde;ados y libres&hellip; Y, ahora, vi&eacute;ndote dirigirte hacia ese crep&uacute;sculo rojo sobre el barro y la sangre de tus compa&ntilde;eros, nos preguntamos si de todo este festival mundial de la muerte, si de este espantoso arranque febril que calcina el cielo lluvioso del alba se elevar&aacute;, alg&uacute;n d&iacute;a, el amor.</p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst">&ndash;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iexcl;No! &ndash;me gritas, justo antes de perderte en la oscuridad.</p>
<p class="ListParagraphCxSpLast">&ndash;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iexcl;En la cima te espera el bueno de Joachim! &ndash; querr&iacute;amos gritarte nosotros desde nuestra c&oacute;moda sombra, pero ya es tarde.</p>
<p align="center">FINIS OPERIS</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [1] [NOTA AL MARGEN] <em>&hellip; acaso justo al final el Arcipreste comprendi&oacute; que deber&iacute;a haber escrito en prosa, como el astuto de don Juan Manuel, y as&iacute; inaugurar una nueva escritura destinada al futuro&hellip;</em></p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Tue, 17 Sep 2019 07:31:02 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Entre la nada y el olvido en la obra de Leopoldo de Luis]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/entre-la-nada-y-el-olvido-en-la-obra-de-leopoldo-de-luis/</link>
      <description><![CDATA[<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center"><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2019/septiembre/LEOPOLDO_DE_LUIS.jpg" alt="" /><strong> <br /></strong></p>
<p>&nbsp; Estamos de celebraci&oacute;n porque Sergio Arlandis, mucho m&aacute;s que poeta, tambi&eacute;n investigador y cr&iacute;tico, profesor en la Universidad de Valencia ha realizado una excelente selecci&oacute;n de la obra de Leopoldo de Luis, de la mano tambi&eacute;n de su hijo Jorge Urrutia, profesor prestigioso y gran poeta de nuestro tiempo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; He titulado este texto &ldquo;Entre la nada y el olvido&rdquo; porque en los poemas seleccionados el gran Lepoldo de Luis contempla la vida como un abismo, donde el espejo nos niega a veces toda apariencia, somos seres en la derrota, que perpetuamente perseguimos la claridad desde la umbr&iacute;a mirada del tiempo.</p>
<p>&nbsp; En la estupenda selecci&oacute;n de los poemas, encuentro tres que me han llegado dentro, de diferentes &eacute;pocas, Arlandis en el pr&oacute;logo ve la poes&iacute;a como la ventana desde la que miramos el mundo y es muy cierto, el poeta que se siente extra&ntilde;o ante la vida, que pasa casi fantasmag&oacute;rico por las cosas, abre las puertas de su casa al verso que le alumbra y es el fuego donde germina el tiempo. Para de Luis la vida es un refugio donde uno se&nbsp; esconde y solo en los versos amanece de veras a la verdadera vida. En ese extra&ntilde;amiento vital crecen sus poemas, como muestra en <em>Los imposibles p&aacute;jaros</em> (1949), libro en que ya vemos su af&aacute;n de ver la luz entre las tinieblas del vivir. En el poema &ldquo;Eterna voz&rdquo; dice:</p>
<p>&ldquo;Tambi&eacute;n vendr&aacute;n otras gentes y otros d&iacute;as / y enterrar&aacute;n mi voz&rdquo;-</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; La vida sigue y el poeta ha de pasar, al final todo ser&aacute; arena negra que cubrir&aacute; el cuerpo, la vida ser&aacute; ya otra, para el que la pierde, en ese infinito abismo que es la muerte.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Porque la voz del poeta no es la suya en realidad, nace de alg&uacute;n lugar, en ese espacio donde el hombre que no somos vive, donde el hombre no nacido crece, donde el increado se hace luz cenital:</p>
<p>&ldquo;Ni a&uacute;n esta voz es m&iacute;a, es una herencia. / Yo no soy yo- Fui aquel. He sido. Acaso / hay un oculto r&iacute;o y una escondida espina / que eternamente van atraves&aacute;ndonos&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; La vida es esa espina, esa cruz que nos lleva a otro yo, quiz&aacute;s al que nunca hemos sido. Hay en la poes&iacute;a de Leopoldo de Luis un desdoblamiento, como si otro ser le inundara, no el que se mira en el espejo, sino un eco de otra voz, de otro tiempo, una herencia de otros seres ya idos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; En el libro <em>El extra&ntilde;o</em>, escrito en 1955, hay un poema dedicado al hijo, que me ha gustado mucho, en esa declaraci&oacute;n hacia un ser que a&uacute;n es inocencia desde la sombra del hombre ya maduro:</p>
<p>&ldquo;Mir&aacute;ndote quisiera derretir / este plomo sombr&iacute;o de mi pecho / y creen en la vida y en las cosas / que nos dicen su claro sortilegio&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; La vida desde el ni&ntilde;o, abriendo a la magia del tacto y del abrazo a ese ser que lleva plomo ya en el pecho, la carga como S&iacute;sifo de la vida que siempre empieza de nuevo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Sigue Leopoldo de Luis su sendero de abrir un cauce al coraz&oacute;n herido, al que late y pena en la memoria.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; En 1979 llega <em>Igual que guantes grises</em>, libro donde de nuevo, en la senda de ese Aleixandre de Sombra del para&iacute;so, de Luis habla de ese espacio que ya nos ha condenado, vivimos en la ilusi&oacute;n del ayer desde un hoy que es derrota, como nos dice el poema &ldquo;Para&iacute;so perdido&rdquo;:</p>
<p>&ldquo;Perdemos realmente un para&iacute;so. / Porque hay un para&iacute;so en cada uno / de nosotros y un d&iacute;a / nos expulsa s&uacute;bitamente.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp; El cuerpo que se mira despojado de s&iacute; mismo es ya el yo herido, el que ya no existe, envuelto en el olvido de s&iacute; mismo, en de Luis vive ese deseo de existir pero que nos niega la propia vida, con su eterna condena del hast&iacute;o y el dolor.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Llega en esa senda a un poema que me ha dejado conmocionado, en <em>Cuadernos del verano</em> <em>2005, &Uacute;ltimas notas</em>, escribe Leopoldo un poema que nos hiere, nos arroja directamente al vac&iacute;o existencial, se llama &ldquo;Final&rdquo;:</p>
<p>&ldquo;&iquest;C&oacute;mo voy a morir si no he nacido? / Nacer es ir sacando el otro a flote, / es conseguir que d&iacute;a a d&iacute;a brote / del fondo en que manti&eacute;nese&nbsp; escondido. / No he llegado a lo plenamente humano /proyecto del que quise ser un d&iacute;a. / Sombra de un sue&ntilde;o que la luz segu&iacute;a / y se qued&oacute; son&aacute;mbulo y lejano&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dir&aacute; tambi&eacute;n que somos cautivos en sentinas, lo que nos deja esa sensaci&oacute;n de tristeza como si la vida fuese una farsa, una burda broma, &iquest;ser&aacute; entonces el final o habr&aacute; algo m&aacute;s que le de sentido a todo esto?.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; En esta antolog&iacute;a editada por C&aacute;tedra con el pr&oacute;logo agudo y extenso de Arlandis hay un eco doloroso, los que leemos sus poemas ya sabemos que todo es derrota, pero quiz&aacute; queda la ilusi&oacute;n en el hijo, en un para&iacute;so no perdido del todo, gran poes&iacute;a la de Leopoldo de Luis que cala muy adentro.</p>
<p>Leopoldo de Luis. <em>Libre voz (Antolog&iacute;a po&eacute;tica 1941-2005)</em>. Ediciones C&aacute;tedra, Madrid, 2019,</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 05 Sep 2019 11:20:46 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nuevos proverbios para Bruhegel el Viejo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/nuevos-proverbios-para-bruhegel-el-viejo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/septiembre/jes_s500.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 360px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 360px;">Cumpliendo los cincuenta, al peine le sobran p&uacute;as.</p>
<p style="padding-left: 360px;">No hay nube que marque dos d&iacute;as el lugar del tesoro.</p>
<p style="padding-left: 360px;">Aplaude m&aacute;s, pero no mejor, quien lleva</p>
<p style="padding-left: 360px;">fuego en una mano y agua en la otra.</p>
<p style="padding-left: 360px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 360px;">El tragafuegos caga cenizas el d&iacute;a de su jubilaci&oacute;n.</p>
<p style="padding-left: 360px;">Un solo dedo no levanta el higo del suelo.</p>
<p style="padding-left: 360px;">En el cruce de los cuatro caminos</p>
<p style="padding-left: 360px;">el burro env&iacute;a cada pata a recorrerlos.</p>
<p style="padding-left: 360px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 360px;">Como el vino y los sombreros, el coraz&oacute;n se sube a la cabeza.</p>
<p style="padding-left: 360px;">En papada de cura no come migajas el monaguillo.</p>
<p style="padding-left: 360px;">Debes alejarte mucho de un gran misterio</p>
<p style="padding-left: 360px;">si pretendes verlo de cuerpo entero.</p>
<p style="padding-left: 360px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 360px;">Nos ahogaremos por la nariz el d&iacute;a que llueva hacia arriba.</p>
<p style="padding-left: 360px;">Al cepillo de la muerte no le peines las cerdas.</p>
<p style="padding-left: 360px;">Decir &ldquo;fuego&rdquo; no quema la boca,</p>
<p style="padding-left: 360px;">si dices &ldquo;silencio&rdquo; te muerdes la lengua.</p>
<p style="padding-left: 360px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 05 Sep 2019 11:09:18 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sendas de Bashö]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/sendas-de-basho/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/septiembre/neila500.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 450px;"><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong><strong>(Primavera)</strong></p>
<p style="padding-left: 450px;"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p style="padding-left: 450px;">I</p>
<p style="padding-left: 450px;">Primeras luces.</p>
<p style="padding-left: 450px;">El aire se estremece:</p>
<p style="padding-left: 450px;">alas y brisas.</p>
<p style="padding-left: 450px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 450px;">II</p>
<p style="padding-left: 450px;">Han florecido</p>
<p style="padding-left: 450px;">las ramas del almendro.</p>
<p style="padding-left: 450px;">&iquest;Es primavera?</p>
<p style="padding-left: 450px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 450px;">III</p>
<p style="padding-left: 450px;">Cruzan la tarde.</p>
<p style="padding-left: 450px;">&iquest;Ad&oacute;nde van? &iquest;Ad&oacute;nde?</p>
<p style="padding-left: 450px;">Vuelo de grullas.</p>
<p style="padding-left: 450px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 450px;">IV</p>
<p style="padding-left: 450px;">Suena a lo lejos</p>
<p style="padding-left: 450px;">la canci&oacute;n de la tierra.</p>
<p style="padding-left: 450px;">Croan las ranas.</p>
<p style="padding-left: 450px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 450px;">V</p>
<p style="padding-left: 450px;">Lluvia de mayo.</p>
<p style="padding-left: 450px;">&iexcl;C&oacute;mo tiembla la luna</p>
<p style="padding-left: 450px;">sobre los charcos!</p>
<p style="padding-left: 450px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 450px;">VI</p>
<p style="padding-left: 450px;">En el sendero</p>
<p style="padding-left: 450px;">que viene de la infancia</p>
<p style="padding-left: 450px;">crecen zarzales.</p>
<p style="padding-left: 450px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 450px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 450px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 450px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 08 Aug 2019 11:22:04 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tres nuevos cuentos cortos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/tres-cuentos-cortos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2019/septiembre/eve500.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>&nbsp;No estoy acostumbrada a la esperanza</strong></p>
<p>Seguramente t&uacute; est&aacute;s hecho de energ&iacute;a oscura, &eacute;sa que los astr&oacute;nomos dicen que mantiene, desafiando todas las leyes de la f&iacute;sica, en constante expansi&oacute;n el universo desde la explosi&oacute;n inicial. Probablemente eres as&iacute; y no puedes evitar la destrucci&oacute;n que produces a tu alrededor. O quiz&aacute; s&oacute;lo yo provoco en ti esa fuerza oscura con la que me has lanzado hacia el otro extremo del universo. Has creado entre nosotros,en secreto, una distancia infinita que a m&iacute; me ha sumido en la confusi&oacute;n y la tristeza. No soy capaz de sobreponerme a la marea que la violencia de tu enga&ntilde;o ha levantado en mi mente. Yo cre&iacute; ser m&aacute;s fuerte que tu dolor, me enga&ntilde;&eacute; pensando que una voluntad decidida puede enfrentarse al destino y dominarlo, que mi amor permitir&iacute;a allanar las dificultades, sortear las trampas del camino, incluso conseguir que te sintieras ligado a m&iacute; cualquiera que fueran las circunstancias de nuestras vidas, que el paso del tiempo y la entrega de estos a&ntilde;os tejer&iacute;an entre los dos una red de complicidad indestructible. &iexcl;Qu&eacute; inmenso error! Me convertiste en tu juez, en una pesada carga de la que te despojaste, como de una estrella apagada, con g&eacute;lido desd&eacute;n. Y aqu&iacute; estoy derrotada, escondida, temblando de fr&iacute;o y miedo, esperando que llegue un poco de luz a los escombros de esta galaxia en ruinas en la que me he refugiado, como los soldados de un ej&eacute;rcito vencido que no quieren ser capturados, pero que tampoco tienen ya valor o fuerzas para seguir combatiendo.</p>
<p>Tengo por delante a&ntilde;os de exilio, de no querer ver ni ser vista, tratando de recobrar el aliento y sobrevivir en lugares donde nadie habla con quien est&aacute; sentado a su lado. Lugares siempre en penumbra en los que, casi en silencio, viejos piratas, desertores de todas las guerras, que hace siglos vendieron su alma al diablo, apuran el l&iacute;quido brillante que les llama desde el fondo del vaso.</p>
<p>Ellos son la &uacute;nica compa&ntilde;&iacute;a que puedo soportar porque sus cicatrices hacen las m&iacute;as menos visibles, su dolor vuelve el m&iacute;o menos &aacute;spero y no me enga&ntilde;an haci&eacute;ndome creer que no estoy sola.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Baile de debutantes</strong></p>
<p>Escucho una voz de ni&ntilde;a enfadada y luego la veo salir del parque y dirigirse a la calle volvi&eacute;ndose, de vez en cuando, para insultar a unos chicos que se r&iacute;en de ella. A los chicos no puedo verlos porque unos arbustos los ocultan, s&oacute;lo oigo sus risas y sus comentarios burlones.</p>
<p>Ella parece furiosa y sus ojos azules y redondos, como los de una actriz de cine mudo, est&aacute;n velados por l&aacute;grimas que, valerosa, logra contener.</p>
<p>En el silencio del domingo por la tarde cualquier pelea, por peque&ntilde;a que sea, supone un acontecimiento y en algunos balcones comienzan a asomar las cabezas de mis vecinos, tan aburridos como yo, intentando enterarse de qu&eacute; est&aacute; pasando.</p>
<p>Debe de tener unos catorce a&ntilde;os y seguramente por eso me resulta llamativa la soltura con la que maneja palabras tan soeces. Siento la tentaci&oacute;n de preguntarle si le han hecho da&ntilde;o o si necesita ayuda pero me da la impresi&oacute;n de que probablemente lo interpretar&iacute;a como un entrometimiento de vieja.</p>
<p>Es una chica flaca, de caderas y espalda a&uacute;n estrechas pero se ha vestido como si fuera a posar para la portada de una revista hortera. Quiz&aacute; esa sea la raz&oacute;n que explique que las risas de sus amigos le parezcan tan humillantes. Se ha puesto unos vaqueros ce&ntilde;idos de talle muy bajo sujetos en la cadera por un pa&ntilde;uelo rojo y una camisa anudada justo por debajo del brev&iacute;simo pecho. Deja a las vista un cuerpo larguirucho y prometedor pero poco apropiado para una vestimenta tan exuberante. La contradicci&oacute;n le confiere un aspecto extremadamente fr&aacute;gil.</p>
<p>Como si hubiera adivinado lo que yo estaba pensando y quisiera desmentirme escupe al suelo con rabia y levanta airada la cabeza, en la que un turbante rojo, como su camisa, sostiene una alt&iacute;sima coleta.</p>
<p>Va caminando delante de m&iacute;, apretando altivamente el paso porque dos de los chicos del parque han salido tras ella. Uno lleva al otro sentado en el manillar de su bicicleta y en ese extra&ntilde;o equilibrio de idas y venidas detr&aacute;s de la chica, este &uacute;ltimo trata de excusarse ech&aacute;ndole la culpa a un tercero ausente. Las excusas me suenan tan familiares, tan repetidas, tan in&uacute;tiles y,&nbsp; al mismo tiempo, tan eficaces.</p>
<p>Ella va cambiando el tono de sus respuestas con tanta facilidad que obliga a pensar que estaba deseando hacerlo desde el principio y el chico se baja de un salto del manillar y contin&uacute;a caminando junto a ella. La conversaci&oacute;n, a partir de ese momento, sigue en un tono mucho m&aacute;s bajo y el ciclista se retira sin decir nada.</p>
<p>Ya no puedo escuchar lo que dicen pero, de repente, siento una enorme fatiga. Al verlos juntos, uno al lado del otro, me parecen a&uacute;n m&aacute;s j&oacute;venes de lo que hab&iacute;a cre&iacute;do; ella le saca un palmo y eso suele ocurrir cuando los chicos no han llegado a&uacute;n a la edad del estir&oacute;n. No son m&aacute;s que dos ni&ntilde;os ensayando un juego extenuante que los tendr&aacute; entretenidos, al menos, los pr&oacute;ximos cuarenta a&ntilde;os.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Al caer la tarde</strong></p>
<p>Solo necesito una mecedora para pasar la tarde. &iexcl;Qu&eacute; esp&iacute;ritu tan pobre el m&iacute;o!. Como a una ni&ntilde;a en su columpio, el movimiento me parece suficiente ocupaci&oacute;n, me acuna y me acompa&ntilde;a. Atr&aacute;s y adelante, subir un poco y luego bajar, uno, dos... Siento pasar el tiempo sin dolor y sin af&aacute;n en la mecedora blanca de mi abuela. La recuerdo a ella, tan lejana, como me veo a m&iacute; ahora: adulta, abstra&iacute;da, extraviada en un laberinto oculto en la parte de atr&aacute;s de sus ojos, mirando sin fijar la vista en ning&uacute;n sitio, dejando pasar la tarde sin hacer nada, sin decir nada, sin esperar nada.</p>
<p>Me arrullan el ruido suave de la madera que se balancea sobre el m&aacute;rmol y el roce de las viejas cuerdas que trenzan el asiento al estirarse. M&uacute;sica de tres notas que se repiten, en orden, una y otra vez mientras me voy quedando a oscuras.</p>
<p>Ensayo para mi vejez, solo probable, muchas tardes as&iacute;. No quiero ver la tele, tan s&oacute;rdida como acostumbra, sentada en un sill&oacute;n inm&oacute;vil, ni siquiera o&iacute;r la radio que chorrea palabras grasientas. Mejor mecerme en el silencio y el olvido.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 08 Aug 2019 07:57:20 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La tregua, la pausa]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-tregua-la-pausa/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/septiembre/ALEJANDRO_SIM_N_PARTAL.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 600px;">Hay ma&ntilde;anas</p>
<p style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 600px;">&mdash;generalmente muy fr&iacute;as&mdash;</p>
<p style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 600px;">en las que ensaya la esperanza</p>
<p style="padding-left: 600px;">su arquitectura de promesa,</p>
<p style="padding-left: 600px;">su apetito de suficiente lejan&iacute;a.</p>
<p style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 600px;">As&iacute; lo siento en esta plaza,</p>
<p style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 600px;">en el perro que persigue palomas</p>
<p style="padding-left: 600px;">sin intenci&oacute;n de atraparlas;</p>
<p style="padding-left: 600px;">en las luces que a estas horas de luz</p>
<p style="padding-left: 600px;">siguen encendidas sin necesidad.</p>
<p style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 600px;">Todos actuamos hoy como si esa promesa</p>
<p style="padding-left: 600px;">pudiera cumplirse, sabiendo que es</p>
<p style="padding-left: 600px;">su incapacidad lo que hoy nos confirma,</p>
<p style="padding-left: 600px;">que nuestra renuncia es su tratado.</p>
<p style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 600px;">Ser&aacute; verdaderamente humana la espera</p>
<p style="padding-left: 600px;">cuando el tiempo pase as&iacute;,</p>
<p style="padding-left: 600px;">sobre esta silla de metal helada</p>
<p style="padding-left: 600px;">como si fuera una piedra</p>
<p style="padding-left: 600px;">que me protege de un r&iacute;o</p>
<p style="padding-left: 600px;">y que me ofrece un r&iacute;o.</p>
<p style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 600px;">Tenme en cuenta aqu&iacute;, Se&ntilde;or,</p>
<p style="padding-left: 600px;">aunque me niegues el jard&iacute;n y el huerto,</p>
<p style="padding-left: 600px;">la lucha contra la mosquita que arruina el tomate.</p>
<p style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 600px;">Tenme presente en la piedad</p>
<p style="padding-left: 600px;">con que esos cr&iacute;os inician la cuenta atr&aacute;s,</p>
<p style="padding-left: 600px;">en los sudores fr&iacute;os de esta pausa.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 08 Aug 2019 07:50:48 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La deconstrucción fue mi Beatriz]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-deconstruccion-fue-mi-beatriz/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2019/septiembre/chema500.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="center">&nbsp;</p>
<h1 style="text-align: center;">&nbsp;</h1>
<h1 style="text-align: center;">&nbsp;</h1>
<h1 style="text-align: center;">&nbsp;</h1>
<h1 style="text-align: center;">&nbsp;</h1>
<h1 style="text-align: center;">&nbsp;</h1>
<h1 style="text-align: center;">Chema L&oacute;pez en la biblioteca del IVAM.</h1>
<p style="text-align: left;" align="center"><em><br /></em></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p style="text-align: right;" align="right"><em>La visi&oacute;n siempre es un hecho. Es la realidad lo que suele ser un fraude.</em></p>
<p style="text-align: right;" align="right">G.K. Chesterton</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;<em></em></p>
<p><em>Chema L&oacute;pez, Historia y novela, 2018. &Oacute;leo sobre lino, 200x100 cm.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;<img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2019/septiembre/Arranz1.jpg" alt="" /> I</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En las paredes cuadros colgados de diferentes dimensiones, superficies borradas, tachadas, intervenciones, moscas de un considerable tama&ntilde;o pintadas directamente en la pared, <em>Historia y novela</em> (un &oacute;leo a partir del manuscrito de <em>Campos de Almendros </em>de Max Aub), un video de tres minutos de duraci&oacute;n que en esta ocasi&oacute;n es un montaje de Chema L&oacute;pez a partir de la m&iacute;tica pel&iacute;cula de Antonio Maenza <em>Orfeo filmado en el campo de batalla</em>, enfrente, un cuadro de grandes dimensiones -- &iquest;las dimensiones de una pantalla de cine? -- que representa una escena de la pel&iacute;cula (<em>Orfeo en el campo de batalla</em>, 2019). En el centro de la sala una vitrina, una mesa&nbsp; expositora donde se exponen documentos, libros, cartas, carn&eacute;s, fotograf&iacute;as. Max Aub (1903-1972) y Rafael Chirbes (1949-2015).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El pasado = los documentos =la memoria.</p>
<p>El presente = la exposici&oacute;n = la mirada retrospectiva = la interpretaci&oacute;n.</p>
<p style="padding-left: 420px;">El futuro = el archivo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A la izquierda una vitrina m&aacute;s peque&ntilde;a, junto a otro cuadro que reproduce la contra del &uacute;nico libro publicado por Eduardo Herv&aacute;s (1950-1972), <em>Intervalo</em>. En la vitrina algunas cartas manuscritas, poemas, traducciones, un cuaderno escolar azul, algunos libros, <em>El Antiedipo </em>de Deleuze y Guattari, <em>Sur le materialisme </em>de Sollers, <em>El Erotismo </em>de Bataille, una edici&oacute;n mexicana del Manifiesto Comunista subrayado, dos panfletos de Mao Tse-Toung en franc&eacute;s contra el culto del libro, dos n&uacute;meros de la revista de cine <em>Cinethique</em>. Todo este material sale a la luz por primera vez. Es el contenido de una carpeta de la que no se ten&iacute;a noticia y que no hab&iacute;a sido abierta hasta hoy.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los documentos = el pasado = la memoria = la muerte&nbsp; = el olvido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esto es &ldquo;<em>Materia y memoria en Aub, Herv&aacute;s y Chirbes: un proyecto de Chema L&oacute;pez</em>&rdquo;. Una intervenci&oacute;n en un espacio reducido pero simb&oacute;lico: la biblioteca del IVAM, que acompa&ntilde;ar&aacute; durante cuatro meses a la exposici&oacute;n <em>Tiempos convulsos</em> (13/02/2019 &ndash; 19/04/2020). Una reflexi&oacute;n a trav&eacute;s de las im&aacute;genes, sobre una &eacute;poca fecunda en contradicciones e intransigencias, una &eacute;poca que dilapid&oacute; su herencia,&nbsp; hipotec&oacute; su futuro, y se cobr&oacute; sus primeras v&iacute;ctimas, vista a trav&eacute;s de las colecciones del IVAM.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aub, Herv&aacute;s y Chirbes. Tres nombres propios. Tres escritores en el museo. Tres obras literarias. Y un encargo a un pintor. &iquest;Qu&eacute; tienen en com&uacute;n? En principio estar muertos. El mismo pa&iacute;s. La misma historia. Tres muertos. Dos de ellos de sobra conocidos, o desconocidos de sobra. Y el tercero una sombra. La sombra de una sombra. Apenas dej&oacute; obra. Apenas tiene biograf&iacute;a. Apenas pis&oacute; el mundo. Es el que m&aacute;s nos interesa. Lo cual no quiere decir que sea el m&aacute;s interesante. El que nos interesa hoy es el pintor Chema L&oacute;pez. Su lectura. Su exposici&oacute;n. Su pintura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">II</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La vida no es una biograf&iacute;a dice Pascal Quignard en su libro <em>La vida no es una biograf&iacute;a</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Vivir no tiene ning&uacute;n fin;</p>
<p>vivir no tiene ning&uacute;n telos;</p>
<p>vivir no tiene ning&uacute;n objetivo;</p>
<p>vivir no tiene ninguna &ldquo;labor&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Chema L&oacute;pez es, a mi juicio, uno de los pintores m&aacute;s originales y comprometidos que tenemos en la actualidad. Su obra, dura, dif&iacute;cil, arriesgada, exigente, comprometida, transciende la mera representaci&oacute;n de una realidad concreta para narrarla en im&aacute;genes, en met&aacute;foras, de cuadro a cuadro y dentro del mismo cuadro, im&aacute;genes que se reinterpretan unas a otras, que se aluden unas a otras, que se prolongan, se borran, se difuminan, el mismo cuadro pintado dos veces, negro sobre blanco, blanco sobre negro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las exposiciones de Chema L&oacute;pez narran una historia, cuentan un cuento en el que el protagonista persigue pistas, las pistas le persiguen, pistas en ocasiones falsas, las pistas falsas son las que m&aacute;s nos acercan a la verdad, las pistas verdaderas no son pistas, son pruebas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El acontecimiento acontece.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El discurso discurre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Chema L&oacute;pez no reconstruye una historia. La historia de un crimen cometido en com&uacute;n. Sino que la deconstruye. Lo contrario de la realidad no es la ficci&oacute;n, es la irrealidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La literatura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Max Blecher:&nbsp; <em>Acontecimientos de la irrealidad inmediata</em>: &ldquo;Cuando miro durante largo rato un punto fijo en la pared, a veces me ocurre que dejo de saber qui&eacute;n soy y d&oacute;nde me encuentro.&rdquo; Cuando Chema L&oacute;pez pinta un retrato, su modelo es casi&nbsp;&nbsp; siempre una fotograf&iacute;a impresa o una fotocopia (el impresionante retrato de Herv&aacute;s incluido en la reproducci&oacute;n pict&oacute;rica de la contraportada del libro).&nbsp; Y lo que capta con sus pinceles no lo puede captar la c&aacute;mara (hay cierta perversi&oacute;n en pintar una c&aacute;mara, un libro, una caja de cerillas, una partitura, una mosca, cuando&nbsp; una fotograf&iacute;a aparentemente hubiera hecho mejor el trabajo.) La c&aacute;mara reproduce lo que ve, lo que tiene delante, lo que se deja ver, lo que no presenta resistencia. El cuadro lo que no se ve, lo que est&aacute; detr&aacute;s, lo que se resiste a entregarse, lo que se oculta. No es el parecido, la<em> ressemblance</em>, lo que persigue la pintura de Chema L&oacute;pez.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La literatura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Max Blecher:&nbsp; <em>Acontecimientos de la irrealidad inmediata: </em>&ldquo;A mi alrededor, la realidad exacta tira de m&iacute; cada vez m&aacute;s hacia abajo intentando arrastrarme hasta el fondo. &iquest;Qui&eacute;n me despertar&aacute;? Siempre ha sido as&iacute;, siempre, siempre.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">Todo encaja.</p>
<p align="center">La materia.</p>
<p align="center">La memoria.</p>
<p align="center">La muerte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Violenta trayectoria:</p>
<p><em>&ldquo;Esos ojos no te pertenecen.</em></p>
<p><em>&nbsp;&iquest;De d&oacute;nde los has tomado?&rdquo;</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">y</p>
<p align="center">III</p>
<p align="center">La exposici&oacute;n</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>C&oacute;mo la disposici&oacute;n de las obras, su forma, su formato, orienta la mirada del espectador. (La obra siempre es m&aacute;s que la suma de sus partes.) Max Aub, Eduardo Herv&aacute;s, Rafael Chirbes unidos por lo que los separa. Siempre ha sido as&iacute;.</p>
<p>Chema L&oacute;pez anula la distancia entre la imagen y la palabra pintando palabras que son a la vez im&aacute;genes. Pintando la pintura. Algunos cuadros parecen inacabados. Todos los cuadros est&aacute;n inacabados. &iquest;Cu&aacute;ndo un cuadro est&aacute; acabado? &iquest;Lo sabe el pintor? &iquest;Qu&eacute; quiere decir acabado? &iquest;Qu&eacute; quiere decir inacabado?</p>
<p>El espectador ve lo que cree estar viendo, sin embargo lo que est&aacute; viendo nunca es lo que &eacute;l cree estar viendo.</p>
<p>Insistir en la diferencia entre dentro (de la vitrina) / y fuera (en las paredes). Dentro (del museo) y fuera (en la calle)</p>
<p>&nbsp;<img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2019/septiembre/arran2.jpg" alt="" /></p>
<p>Volvamos al principio. Volvamos a ver la exposici&oacute;n. Volvamos a esa carpeta in&eacute;dita que conten&iacute;a los documentos de Eduardo Herv&aacute;s que se exponen en la vitrina y que tanto ha dado que hablar. Record&eacute;moslos: cartas manuscritas, poemas, traducciones, un cuaderno escolar azul, algunos libros, <em>El Antiedipo</em> de Deleuze y Guattari, <em>Sur le materialisme</em> de Philippe Sollers, <em>El Erotismo</em> de Bataille, una edici&oacute;n mexicana del Manifiesto Comunista subrayado, panfletos en franc&eacute;s, dos n&uacute;meros de <em>Cinethique</em>&hellip; Escribamos la historia de la carpeta. &iquest;Hay otras carpetas? &iquest;Otros documentos? &iquest;Saldr&aacute;n a la luz alg&uacute;n d&iacute;a? Antonio Maenza, &ldquo;el &aacute;ngel exterminador&rdquo;, despu&eacute;s del suicidio de Herv&aacute;s estuvo ingresado en un manicomio. Su historia cl&iacute;nica se ha perdido. S&oacute;lo Lacan hubiera podido salvarle.&nbsp; Muere en 1979. Una muerte violenta. &ldquo;Violenta trayectoria&rdquo;. El &aacute;ngel exterminador exterminado. De cuando en cuando alguien escribe un art&iacute;culo reivindicando a &ldquo;nuestros malditos&rdquo;, a nuestra &ldquo;generaci&oacute;n perdida&rdquo;. De cuando en cuando se publica alg&uacute;n in&eacute;dito, se pasa una pel&iacute;cula, aparece una carpeta. De cuando en cuando alguien muere.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Siempre ha sido as&iacute;, siempre, siempre.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Finalmente me he decidido a escribir la historia de la carpeta. Ser&iacute;a una pena que se perdiera. Ser&iacute;a una pena que se tergiversara. Aqu&iacute; la tienen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p align="center">Historia de una carpeta</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>--No toquen nada hasta que no lleguemos nosotros, dijo el polic&iacute;a.</p>
<p><br />&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 08 Aug 2019 07:35:11 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Somos naturaleza]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/somos-naturaleza/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2019/septiembre/ARIADNA_G._GARC_A.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ariadna G. Garc&iacute;a (Madrid, 1977), poeta, cr&iacute;tica literaria, novelista, traductora, con una s&oacute;lida formaci&oacute;n humanista, proyecta, con la publicaci&oacute;n de <em>Ciudad Sumergida </em>en Hiperi&oacute;n (el cuarto poemario que publica en esta editorial)<em>, </em>una voz po&eacute;tica personal y muy hecha, que ha encontrado en la l&iacute;rica el molde perfecto para transmitir una conciencia c&iacute;vica y ecol&oacute;gica que conforma su proyecto de vida.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; El libro se vertebra en dos temas principales, poco transitados en la poes&iacute;a espa&ntilde;ola y, por tanto, muy novedosos: la conciencia ecol&oacute;gica universal y otros modelos de familia. Comienza haciendo alusi&oacute;n a los ciclos naturales de las estaciones, que nos recuerdan que <em>somos naturaleza, </em>ante todo. A lo largo del poemario, se va desplegando un ideal, una arcadia so&ntilde;ada que dialoga con los cl&aacute;sicos de los siglos de Oro y hace gui&ntilde;os a la tradici&oacute;n pastoril hisp&aacute;nica, a trav&eacute;s de versos que irradian optimismo, a la vez que son sumamente cr&iacute;ticos con la sociedad consumista y superficial, plagada de &ldquo;slogans publicitarios.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Llama asimismo la atenci&oacute;n un imaginario &aacute;rtico que retoma t&oacute;picos que ya aparec&iacute;an en<em> La guerra de invierno</em>: bayas, bosques de abedules, nieve y tiendas de piel de reno, que sumergen al lector en una atm&oacute;sfera de calma y placidez, donde el tiempo se dilata y culmina en la felicidad sencilla, en comuni&oacute;n perfecta con la naturaleza y con la persona amada. Paisajes emocionales donde se puede respirar un aire limpio que conduce al yo po&eacute;tico a un canto celebratorio que nos recuerda la po&eacute;tica de la danesa Inger Christensen:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Resplandezco</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; soy el verde</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; atol&oacute;n</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; el albedo</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; que mantiene</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; habitable</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; el planeta&rdquo;.</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; El yo se escinde del ego para hacerse naturaleza, empatizar con todos los seres vivos, yendo de lo individual a lo colectivo:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;soy la primera c&eacute;lula</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; de los osos polares,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; y de los zorros &aacute;rticos,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; no distingo entre especies</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; cuando comparto un bien</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; soy el suelo que viaja de un ser humano a otro&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; El segundo tema principal, conecta con la militancia LGTBI de la autora, muy presente a lo largo de su obra, e indaga en un modelo de maternidad donde el nosotras (las dos madres), representa el amor libre de convenciones y de &ldquo;cruces&rdquo;, que va superando todos los obst&aacute;culos para llevar a cabo su proyecto de familia. Destacar&iacute;a los poemas al embarazo, que celebran a los hijos que van creciendo en el vientre de la esposa y esa espera hace que el yo po&eacute;tico se expanda (&ldquo;<em>y no me canse nunca de nombraros y hablaros&rdquo;)</em>, transmitiendo seguridad, a trav&eacute;s de alejandrinos contundentes, combinados con endecas&iacute;labos bien cincelados.</p>
<p>&nbsp;La secci&oacute;n titulada &ldquo;Memoria&rdquo;, reflexiona sobre la estirpe y c&oacute;mo conforma nuestra identidad:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Voy siguiendo tus huellas</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; por el bosque nevado,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; hundo mis botas</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; dentro de tus huellas&rdquo;.</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>Cobran especial altura esos poemas en prosa po&eacute;tica que mezclan lo elegiaco y lo narrativo donde nos encontramos con el abuelo actor de teatro, superviviente de la guerra civil y de la posguerra gris en la que tuvo que reinventarse.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; En el fondo, <em>Ciudad sumergida </em>es un canto optimista al amor, a la superaci&oacute;n. Un yo c&iacute;vico que no deja de movilizarse: &ldquo;A&uacute;n estamos a tiempo de cambiar.&rdquo; Ariadna G. Garc&iacute;a cree en la utilidad de la poes&iacute;a, en que a golpe de verso es posible mover conciencias y transmitir el mensaje de que siendo cuidadosos con la naturaleza, podemos construir un mundo m&aacute;s saludable. El camino, seg&uacute;n la autora, es lo colectivo, vivir como anta&ntilde;o, cultivar la tierra y contribuir a que no se agoten los recursos limitados y llegue el <em>caos:</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;</em>Recolectemos juntos las moras del pantano.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; compartamos la hogaza frente al fuego de le&ntilde;a&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un poemario muy necesario en esta era de ego&iacute;smo, cambio clim&aacute;tico y degradaci&oacute;n del medio ambiente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ariadna G. Garc&iacute;a, <em>Ciudad sumergida</em>, Madrid, Hiperi&oacute;n, 2018.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 08 Aug 2019 07:30:42 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Líneas quebradas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/lineas-quebradas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2019/julio/villaroig600.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 630px;">Pliegues de &aacute;nimo oculto fustigados de sal.</p>
<p style="padding-left: 630px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 630px;">Grutas y salbandas descubridme</p>
<p style="padding-left: 630px;">una antigua raz&oacute;n cuya hendedura</p>
<p style="padding-left: 630px;">ahuyente el pavor de la sangre.</p>
<p style="padding-left: 630px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 630px;">D&iacute;as de tinta errante pavonados</p>
<p style="padding-left: 630px;">de fraguas colmaron de vid mi instinto.</p>
<p style="padding-left: 630px;">Alguien ensart&oacute; palabras melanc&oacute;licas,</p>
<p style="padding-left: 630px;">derrubios de soledad</p>
<p style="padding-left: 630px;">en un anciano poema cercado de vetas,</p>
<p style="padding-left: 630px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 630px;">y un tratado de hojas indescifrables</p>
<p style="padding-left: 630px;">&minus;repetido acorde endecas&iacute;labo&minus;</p>
<p style="padding-left: 630px;">me fue ofrendado.</p>
<p style="padding-left: 630px;">La sonatina de un augurio</p>
<p style="padding-left: 630px;">escrito a golpes en las horas inciertas</p>
<p style="padding-left: 630px;">de un reloj de flores.</p>
<p style="padding-left: 630px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 630px;">La estela indefinida meci&oacute; orbes</p>
<p style="padding-left: 630px;">tras la duna del teclado.</p>
<p style="padding-left: 630px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 630px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 630px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 02 Jul 2019 07:38:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El surrealismo refinado de Manuel de Castro]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-surrealismo-refinado-de-manuel-de-castro/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2019/junio/lisboa500.jpg" alt="" /></p>
<p>Manuel de Amorim de Castro Cabrita, conocido como Manuel de Castro, nace en Lisboa el 17 de noviembre de 1934 y fallece en la misma ciudad, con apenas 36 a&ntilde;os y v&iacute;ctima de un c&aacute;ncer de p&aacute;ncreas derivado de su alcoholismo, el 12 de septiembre de 1971. De familia pudiente, pas&oacute; su infancia en Goa y Mozambique, por entonces colonias portuguesas en las que su padre hab&iacute;a sido destinado como diplom&aacute;tico. A los ocho a&ntilde;os, y ya de regreso a la metr&oacute;poli, Manuel fue enviado al seminario, pero, rebelde y sin vocaci&oacute;n, acab&oacute; por escaparse varios a&ntilde;os despu&eacute;s, dando comienzo a una vida autodidacta, errante y volcada en la literatura y en el aprendizaje de idiomas.</p>
<p>Miembro destacado del m&iacute;tico grupo del caf&eacute; Gelo de Lisboa y asiduo colaborador de algunas de las principales revistas de su tiempo &mdash;entre las que cabe destacar &rdquo;Coloquio&rdquo;, &ldquo;KWY&rdquo; y, sobre todo, &ldquo;Pir&acirc;mide&rdquo;&mdash;, la obra po&eacute;tica de Manuel de Castro se puede calificar como de un surrealismo culto, nutrido de referencias cl&aacute;sicas pero no exento de cierta vena social. Poeta de culto en Portugal, de escasa y poco difundida obra, forma parte de la <em>Antologia do Surrealismo</em> de M&aacute;rio de Cesariny, as&iacute; como de dos recopilaciones de la <em>Nov&iacute;ssima Poesia Portuguesa</em>. Presentamos a continuaci&oacute;n, en castellano, una muestra de la indiscutible estatura po&eacute;tica de Manuel de Castro, ocho poemas extra&iacute;dos de <em>Bonsoir, Madame</em>, obra completa del autor recientemente publicada por las editoriales portuguesas Alexandria y L&iacute;ngua Morta.</p>
<p style="text-align: left;" align="center">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>MANUEL DE CASTRO</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>BALADA PARA LA CIUDAD DE BURDEOS Y UNA NI&Ntilde;A DIFUNTA</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Duermes. Y tu coraz&oacute;n de fl&uacute;or</p>
<p>se alimenta de cuerpos; crece,</p>
<p>vibra, regado por la sangre de los hombres.</p>
<p><br /> Duermes, ni&ntilde;a cubierta de arcos,</p>
<p>de puentes sonoros,</p>
<p>pisada por los hombres que alimentan</p>
<p>tu coraz&oacute;n de fl&uacute;or, de arena,</p>
<p>metal, l&aacute;grimas y violencia.</p>
<p><br /> Ciudad, ni&ntilde;a difunta, solemne,</p>
<p>tu amor es un implacable abrazo de musgo</p>
<p>revistiendo nuestro sufrimiento,</p>
<p>funeral com&uacute;n, sin pompa,</p>
<p>sin la m&uacute;sica de las fiestas militares.</p>
<p><br /> Agitas las manos, tus brazos de agua,</p>
<p>ese continuo llanto interior,</p>
<p>sordo y mal&eacute;volo.</p>
<p><br /> T&uacute; que devoras el futuro y la fantas&iacute;a</p>
<p>con una sonrisa p&eacute;trea, mineral,</p>
<p>canta tu muerte sucesiva,</p>
<p>la min&uacute;scula eternidad del presente,</p>
<p>y el infinito trabajo de vivir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LA VOZ CASI SILENCIO</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>se va perdiendo la voz casi silencio</p>
<p>un cuerpo ahora hueco&nbsp;&nbsp;&nbsp; gastado&nbsp;&nbsp;&nbsp; fr&iacute;o</p>
<p>la muerte es un color que fue escogido</p>
<p>para encontrar la direcci&oacute;n del viento</p>
<p><br /> el hombre que fue un feto&nbsp;&nbsp;&nbsp; que fue un pez</p>
<p>que fue el aire&nbsp;&nbsp;&nbsp; que fue la sangre y el gesto</p>
<p>atraviesa el mar con c&iacute;rculos en los brazos</p>
<p>pose&iacute;do en su propio destino</p>
<p>en el descubrimiento de los focos submarinos</p>
<p><br /> al mismo nivel de las estrellas m&aacute;s brillantes</p>
<p>y sin embargo extintas hace mucho</p>
<p>puede encontrarse el gran amor final</p>
<p>pesarse en su sonido y calidad</p>
<p><br /> garganta de alquitr&aacute;n fundente</p>
<p>se va perdiendo la voz, casi silencio</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>POEMA PARA UNA HIEDRA</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>el cansancio es un combate a lo largo del mar</p>
<p>a camino de la destrucci&oacute;n</p>
<p>con el cerebro deshecho en algas</p>
<p>alimento de los peces</p>
<p>la espuma amarillenta se escurre por la punta de los dedos</p>
<p>en un alqu&iacute;mico gesto sabio</p>
<p><br /> mi padre es el p&aacute;jaro cavern&iacute;cola</p>
<p>cuya mirada tiene el sentido de las br&uacute;julas subterr&aacute;neas</p>
<p>y mi madre engastada de diamantes</p>
<p>all&iacute; yace un candor</p>
<p>tan in&uacute;til con un peri&oacute;dico diario</p>
<p>definitivo y absurdo como un crust&aacute;ceo hueco</p>
<p><br /> el universo recorre el periplo de mi cuerpo decapitado</p>
<p>como un r&iacute;o donde crecen &aacute;rboles</p>
<p>y el amor puebla de c&iacute;rculos el aire</p>
<p>en homenaje al sacrificio</p>
<p><br /> transporto la sonrisa de los monumentos</p>
<p>que deslizan su soledad</p>
<p>gastando la iluminaci&oacute;n de las ciudades</p>
<p>indiferentes y nobles</p>
<p>procreando la nostalgia de los hombres</p>
<p><br /> el culto de tu nombre es la palabra</p>
<p>insustituible instrumento de muerte para el amor</p>
<p>en la proyecci&oacute;n incendiaria de la vida sin porqu&eacute;</p>
<p><br /> me muevo entre el turismo d&eacute;bil de esta gente</p>
<p>en espiral al vuelo libertino de los humos</p>
<p>en la cima de las chimeneas de ladrillo</p>
<p>de los hornos grandes</p>
<p><br /> y porque existo en las aves transe&uacute;ntes de las plazas p&uacute;blicas</p>
<p>en los animales enjaulados y cadentes</p>
<p>mi gesto es aut&eacute;ntico con piedra</p>
<p>ilusi&oacute;n y hierba</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>RENDIJA</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>As&iacute; fuimos, rostros, olvidados,</p>
<p>y yo s&eacute; que hay un &iacute;ntimo remordimiento</p>
<p>m&aacute;s all&aacute; de la muralla, en el extranjero,</p>
<p>por nuestro olvido</p>
<p><br /> Ya que la causa</p>
<p>de nuestra decisi&oacute;n individual y humana</p>
<p>es el peligro de una mirada m&aacute;s atenta,</p>
<p>henos aqu&iacute; exiliados.</p>
<p><br /> no seamos hermanos ni recemos</p>
<p>pero la f&uacute;til belleza de los gatos</p>
<p>introduzcamos en la ciudad</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>germinar&aacute; la delicadeza de los aislados</p>
<p>aquella agilidad ponderada</p>
<p>y seg&uacute;n se nos revele la luna</p>
<p>ser&aacute; nuestra vida</p>
<p><br /> bajo un trasl&uacute;cido y an&oacute;nimo gesto</p>
<p>m&aacute;gicas ma&ntilde;anas de porcelana</p>
<p>cubrir&aacute;n de paz y calma el musgo</p>
<p>tenuemente dorado en la muralla</p>
<p><br /> es posible explorar la esperanza</p>
<p>cuando la muerte lleva presente y n&uacute;bil</p>
<p>el deseo en el cuerpo y en el alma</p>
<p>y la muralla en torno a la ciudad</p>
<p>no limita ni marca el coraz&oacute;n</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&Uacute;LTIMO POEMA POSIBLEMENTE DE AMOR</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>recuerda</p>
<p>como si los d&iacute;as no fluyesen en d&iacute;as</p>
<p>y para ti fuese un n&iacute;tido juego de m&uacute;sculos</p>
<p>mi brazo en tu cuerpo&nbsp;&nbsp;&nbsp; anfiteatro</p>
<p>de la m&aacute;s pura derrota rumbo a las constelaciones</p>
<p><br /> heme aqu&iacute; descubrimiento</p>
<p>de todo lo que se arriesga sin l&iacute;mite</p>
<p>construido por la coloraci&oacute;n de globos de cristal</p>
<p>iluminados y sumergidos</p>
<p><br /> para tu nombre</p>
<p>un nuevo mecanismo de lenguaje</p>
<p>para tu cuerpo</p>
<p>memoria&nbsp;&nbsp;&nbsp; ciclo perfecto</p>
<p>de mis deseos de piedra y de violencia</p>
<p><br /> tu</p>
<p>&uacute;nica para quien fui&nbsp;&nbsp;&nbsp; adi&oacute;s&nbsp;&nbsp;&nbsp; el hombre sin comedia</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>NAV&Iacute;O</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De aqu&iacute; se avista tierra, pero es grande la distancia;</p>
<p>sobrenado, sobrevivo, sin esperanza ni meta.</p>
<p>La muerte es mi gu&iacute;a, mi ansia,</p>
<p>pues la vida fue plena y violenta.</p>
<p>Los &aacute;rboles crecen en el jard&iacute;n que se avista</p>
<p>a lo lejos, con flores sin aroma, que apenas se divisan.</p>
<p>No perd&iacute; ni gan&eacute;; qu&eacute; barco triste</p>
<p>este, perdido en el mar azul, sin iluminaci&oacute;n.</p>
<p>No tengo odio, ni amor ni impulso,</p>
<p>soy un viejo piano estropeado;</p>
<p>todo me es inodoro, ins&iacute;pido, insulso.</p>
<p>Aqu&iacute; no hay banderas ni verdades,</p>
<p>todo est&aacute; informe, impuro, amalgamado.</p>
<p>Me falta rabia, me falta el impulso</p>
<p>que me transporte al margen de El Dorado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>ROSAS, TRANQUILAS ROSAS</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rosas sobre el lecho, tranquilas rosas,</p>
<p>se van oscureciendo</p>
<p>y hay una expectativa febril en el ambiente.</p>
<p><br /> Mortecinas bombillas el&eacute;ctricas recrean</p>
<p>la ruta de amargura que intentamos</p>
<p>florecer y asesinar.</p>
<p><br /> El deseo de absorber la vida t&aacute;ctilmente</p>
<p>atraviesa esta m&uacute;sica triste</p>
<p>que encandece la sangre</p>
<p>y su rastro.</p>
<p><br /> Imperaba en los pa&iacute;ses la peste</p>
<p>y las aves ca&iacute;an, putrefactas,</p>
<p>sobre rocas solitarias,</p>
<p>en cr&aacute;teres de volcanes,</p>
<p>en la llanura.</p>
<p><br /> Aqu&iacute; el tiempo es largo.</p>
<p>Aislados en una extra&ntilde;a tierra.</p>
<p>Una flecha canta;</p>
<p>una flecha es esta m&uacute;sica triste</p>
<p>que encandece la sangre,</p>
<p><br /> una flecha atraviesa simplemente el espacio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>COMUNICACI&Oacute;N</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Hip&eacute;rbole con lugares comunes)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La noche cay&oacute; sobre la ciudad. Peque&ntilde;as astillas luminosas</p>
<p>aqu&iacute;, m&aacute;s all&aacute;, la cubren con un encaje brillante.</p>
<p>Huelga de estrellas. Un cactus negro, azulado, grande,</p>
<p>se posa como una caricia dolorosa sobre nuestra angustia.</p>
<p>Estamos ciegos. La ciudad revela</p>
<p>su coraz&oacute;n perforado de breves incisiones irregulares. A pesar de todo,</p>
<p>una esperanza absurda subsiste; reside en esta m&uacute;sica est&uacute;pida,</p>
<p>siempre latiendo, sordamente, en los miembros, en las plantas,</p>
<p>en la tierra. Violines.</p>
<p><br /> Aprox&iacute;mate, muerte, con tu sonrisa p&eacute;trea, clara y seductora.</p>
<p><br /> Estamos ciegos, s&iacute;, utilizados por el tiempo y por la brevedad</p>
<p>de nuestras reducidas ambiciones. El silencio crece,</p>
<p>se instala en la negrura religiosa de las horas. Violines.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aprox&iacute;mate, muerte, geom&eacute;trica, mineral y afable.</p>
<p><br /> Siempre esta fiebre mansa, corrosiva,</p>
<p>vibrando en el interior de las casas. Las casas est&aacute;n ciegas</p>
<p>y nos devoran con simulada afecci&oacute;n. Violines.</p>
<p><br /> Aprox&iacute;mate, muerte, inteligente, delicada y pac&iacute;fica.</p>
<p><br /> Bonsoir, madame<sup>1</sup>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>1. En franc&eacute;s en el original.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 24 Jun 2019 06:33:36 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En un museo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/en-un-museo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/junio/cabrera500.jpg" alt="" /></p>
<p><br />&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 660px;">&ldquo;Miren la luz de las figuras</p>
<p style="padding-left: 660px;">de Ribera: procede de ellas mismas,</p>
<p style="padding-left: 660px;">no est&aacute; llegando de ninguna parte&rdquo;,</p>
<p style="padding-left: 660px;">sentenci&oacute; rutinariamente el gu&iacute;a.</p>
<p style="padding-left: 660px;">Sus palabras flotaron</p>
<p style="padding-left: 660px;">entre los &oacute;leos tristes, entre el limpio fulgor</p>
<p style="padding-left: 660px;">- concreto y asediado -</p>
<p style="padding-left: 660px;">de aquellas telas tenebrosas</p>
<p style="padding-left: 660px;">y el lienzo sin prop&oacute;sito</p>
<p style="padding-left: 660px;">de mi desprevenida voluntad,</p>
<p style="padding-left: 660px;">como una flecha blanda</p>
<p style="padding-left: 660px;">cuya herida en la muerte no habr&iacute;a de doler</p>
<p style="padding-left: 660px;">pero nos duele.</p>
<p style="padding-left: 660px;">Mir&eacute; la luz que desprend&iacute;an</p>
<p style="padding-left: 660px;">aquellos cuerpos de mudez sellada:</p>
<p style="padding-left: 660px;">era la claridad superviviente</p>
<p style="padding-left: 660px;">una vez que ha vencido la presencia</p>
<p style="padding-left: 660px;">sobre la negaci&oacute;n y su viscoso abismo.</p>
<p style="padding-left: 660px;">Vi los semblantes de la beatitud,</p>
<p style="padding-left: 660px;">los labios entreabiertos, la piel fr&iacute;a;</p>
<p style="padding-left: 660px;">vi las manos tocando</p>
<p style="padding-left: 660px;">esa seda invisible que es la gracia,</p>
<p style="padding-left: 660px;">compensaci&oacute;n del da&ntilde;o, agua, brisa</p>
<p style="padding-left: 660px;">para quienes se atreven a escuchar</p>
<p style="padding-left: 660px;">el origen del eco, el germen del amor.</p>
<p style="padding-left: 660px;">Dolientes focos de verdad inm&oacute;vil,</p>
<p style="padding-left: 660px;">desde aquellas figuras emanaba</p>
<p style="padding-left: 660px;">un brillo para el mundo.</p>
<p style="padding-left: 660px;">Yo quise retener unos instantes</p>
<p style="padding-left: 660px;">el hontanar que era, el regalo</p>
<p style="padding-left: 660px;">que daban: la limosna</p>
<p style="padding-left: 660px;">con que entender mi nombre,</p>
<p style="padding-left: 660px;">polen con que amasarme,</p>
<p style="padding-left: 660px;">ocasi&oacute;n de sentir el relieve que soy,</p>
<p style="padding-left: 660px;">porque esa luz propia que entregaban</p>
<p style="padding-left: 660px;">yo pod&iacute;a extraer,</p>
<p style="padding-left: 660px;">contra mi indiferencia, pensamiento,</p>
<p style="padding-left: 660px;">para mi incertidumbre, claridad.</p>
<p style="padding-left: 660px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 660px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 660px;"><span style="text-decoration: line-through;">&nbsp;</span></p>
<p style="padding-left: 660px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 660px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 660px;" align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p style="padding-left: 660px;" align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p style="padding-left: 660px;" align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p style="padding-left: 660px;" align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p style="padding-left: 660px;" align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p style="padding-left: 660px;" align="center">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 20 Jun 2019 10:38:59 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Javier Tomeo, el Kafka aragonés, protagoniza TURIA]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/javier-tomeo-el-kafka-aragones-protagoniza-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2019/JAVIER_TOMEO_4.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>TAMBI&Eacute;N PUBLICA TEXTOS IN&Eacute;DITOS DE JUDITH HERZBERG, LUIS MATEO D&Iacute;EZ, MANUEL VILAS, MARTA SANZ, BERTA VIAS MAHOU Y CARLOS CAST&Aacute;N</strong><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong></strong><strong>CARME RIERA PRESENT&Oacute; &ldquo;TURIA&rdquo; EN HUESCA</strong><strong></strong><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>El escritor Javier Tomeo, considerado por muchos como una suerte de Kafka aragon&eacute;s, es</strong><strong> el principal protagonista del nuevo n&uacute;mero de la revista cultural TURIA. Cuando apenas han transcurrido seis a&ntilde;os de su muerte, Tomeo es objeto de an&aacute;lisis y reivindicaci&oacute;n por haber sido capaz de elaborar una obra sin duda asombrosa y diferente y que goz&oacute; tambi&eacute;n de &eacute;xito notable no s&oacute;lo en Espa&ntilde;a sino, especialmente, en&nbsp; Francia y Alemania. </strong>Un homenaje colectivo que, a trav&eacute;s de textos in&eacute;ditos, le rinden un total de 20 autores y estudiosos de distintos pa&iacute;ses y que permite conocer a fondo a un autor original, valioso e inclasificable dentro de las letras espa&ntilde;olas.</p>
<p><strong>El nuevo n&uacute;mero de TURIA se present&oacute; en Huesca el pasado mes de junio. La tarea correspondi&oacute; a Carme Riera, escritora, acad&eacute;mica de la RAE y actual vicepresidenta de CEDRO. </strong>Conviene destacar que la Diputaci&oacute;n de Huesca ha apoyado econ&oacute;micamente esta iniciativa cultural y la ha hecho viable.</p>
<p>TURIA pretende descubrir a los lectores el inter&eacute;s del universo literario de Javier Tomeo.&nbsp; Y es que, seg&uacute;n declara su editor Jorge Herralde en la revista; &ldquo;S&oacute;lo un alien como &eacute;l pudo escribir inolvidables obras maestras&rdquo;. Fue Tomeo autor de una obra narrativa atractiva y extensa, construida al margen de las modas. Una labor creativa rendida siempre a la extra&ntilde;eza y al absurdo, a lo disparatado y deslumbrante, a lo monstruoso y anormal. No en vano, uno de sus m&aacute;s celebrados t&iacute;tulos fue <em>Amado monstruo</em>, que obtuvo una clara repercusi&oacute;n internacional.&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">El monografico de TURIA sobre Javier Tomeo (Quicena, Huesca, 1932 &ndash; Barcelona, 2013) ha sido coordinado por el escritor y cr&iacute;tico Ram&oacute;n Ac&iacute;n, autor de una tesis doctoral sobre su obra y uno de los estudiosos que mejor la conocen. En su art&iacute;culo introductorio subraya la condici&oacute;n de Tomeo como corredor de fondo de la literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea y subraya que su mundo literario es el de un autor&nbsp; &ldquo;outsider, marginal, extra&ntilde;o, raro, ins&oacute;lito o inclasificable&rdquo;.</p>
<p>Las casi 150 p&aacute;ginas que TURIA dedica a Javier Tomeo puede decirse que constituyen una completa aproximaci&oacute;n a una obra y a una trayectoria vital que sigue mereciendo la pena. Buena prueba de ello es que, entre los autores que participan en este monogr&aacute;fico de la revista, hay varios especialistas procedentes de otros pa&iacute;ses as&iacute; como tres autores de sendas tesis doctorales sobre Tomeo.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;<strong>UN ESPECTACULAR SUMARIO REPLETO DE TEXTOS IN&Eacute;DITOS </strong></p>
<p><strong>Adem&aacute;s del cuidado monogr&aacute;fico dedicado a Javier Tomeo, el nuevo n&uacute;mero de TURIA brinda un espectacular sumario repleto de lecturas y autores de inter&eacute;s. As&iacute;, las p&aacute;ginas p&aacute;ginas de la revista se enriquecen con textos originales protagonizados por importantes autores internacionales. Entre ellos destaca la presencia, por primera vez en espa&ntilde;ol, de Judith Herzberg, la mejor poeta holandesa actual </strong>y uno de los m&aacute;s relevantes nombres propios de la literatura occidental de nuestros d&iacute;as.</p>
<p>Tambi&eacute;n TURIA ofrece a los lectores amplios e interesantes art&iacute;culos in&eacute;ditos sobre dos destacadas escritoras contempor&aacute;neas: la brit&aacute;nica <strong>Doris Lessing</strong>, premio Nobel de Literatura en 2007, de la que se cumple este a&ntilde;o el centenario de su nacimiento, y la francesa <strong>Fred Vargas</strong>, indiscutible reina europea de la novela negra y galardonada el pasado a&ntilde;o con el Premio Princesa de Asturias.</p>
<p>La mejor narrativa espa&ntilde;ola tambi&eacute;n est&aacute; presente en las p&aacute;ginas de TURIA con nuevos textos de Luis Mateo D&iacute;ez, Manuel Vilas, Marta Sanz, Berta Vias Mahou y Carlos Cast&aacute;n.</p>
<p>No hay que olvidar que TURIA ofrece a los lectores poemas in&eacute;ditos de Juan Cobos Wilkins, Nuria Barrios, Rosa Lentini, Ada Salas, Marta L&oacute;pez Vilar, Juan Marqu&eacute;s, David Mayor y Bego&ntilde;a Ugalde Pascual, entre otros.</p>
<p><strong>Especialmente recomendables son las amplias entrevistas exclusivas que TURIA publica con </strong>dos de los autores m&aacute;s valiosos y singulares del panorama literario europeo: <strong>Gon&ccedil;alo M. Tavares y Francisco Ferrer Ler&iacute;n.</strong> Con Tavares, que es el autor portugu&eacute;s m&aacute;s internacional con 39 libros traducidos en 50 pa&iacute;ses, conversamos sobre la importancia que damos al presente o&nbsp; nuestra relaci&oacute;n con la tecnolog&iacute;a, o sobre la incomunicaci&oacute;n cultural existente entre Espa&ntilde;a y Portugal. Exploramos tambi&eacute;n su inter&eacute;s por Europa y su fascinaci&oacute;n por Jap&oacute;n.&nbsp; Adem&aacute;s, en la entrevista se analiza la evoluci&oacute;n de la sociedad actual, la lucha por la igualdad de las mujeres, la emergencia del nacionalpopulismo o las consecuencias de la crisis econ&oacute;mica.</p>
<p>Francisco Ferrer Ler&iacute;n combina la literatura con la ornitolog&iacute;a, que ha ejercido durante d&eacute;cadas en el Pirineo aragon&eacute;s. En la entrevista se repasan distintos episodios ins&oacute;litos de su&nbsp; vida y es que, por ejemplo, durante treinta y tres a&ntilde;os no escribi&oacute; nada pero desarroll&oacute; actividades que le suministrar&iacute;an abundante material cuando retorn&oacute; al mundo literario. Tambi&eacute;n se conversa en torno a cuestiones como la vanidad, la supervivencia o el oficio de escribir y, en todos los casos, Ferrer Ler&iacute;n siempre brinda las opiniones contundentes de quien ha conseguido hacer de su vida una obra de arte.</p>
<p><strong>Las ilustraciones de este nuevo n&uacute;mero de TURIA han sido realizadas por el Estudio Brosmind</strong>, integrado por los hermanos Juan y Alejandro Mingarro. Dos oscenses radicados en Barcelona que, en pocos a&ntilde;os, han convertido su estudio creativo en <strong>uno de los m&aacute;s solicitados y premiados a nivel internacional</strong>, sobre todo en el &aacute;mbito de la publicidad.</p>
<p>&nbsp;TURIA ha conseguido convertirse, tras 36 a&ntilde;os de trayectoria, en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. Tiene difusi&oacute;n nacional e internacional por suscripci&oacute;n y una edici&oacute;n en papel y otra&nbsp; digital (web y Facebook). Est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este nuevo n&uacute;mero ha contado con el apoyo econ&oacute;mico de la Diputaci&oacute;n de Huesca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>CONOCER A FONDO A JAVIER TOMEO Y SU OBRA</strong><strong></strong></p>
<p><strong>Una aproximaci&oacute;n plural, rigurosa y necesaria a Javier Tomeo es la propuesta central que realiza la revista cultural TURIA a sus lectores. </strong><strong>Las 150 p&aacute;ginas que TURIA dedica a Tomeo puede decirse que constituyen uno de los m&aacute;s completos an&aacute;lisis que sobre su trayectoria y su obra literaria se han publicado nunca</strong>.</p>
<p>Ram&oacute;n Ac&iacute;n, uno de sus principales estudiosos y que ha coordinado el monogr&aacute;fico de TURIA, escribe que Tomeo fue &ldquo;<strong>&ldquo;</strong>un autor que siempre resulta gustoso y denso, sugerente&nbsp; e&nbsp; intranquilizador,&nbsp; divertido&nbsp; y&nbsp; tr&aacute;gico...&nbsp; La&nbsp; extra&ntilde;eza,&nbsp; lo raro, la anormalidad, la diferencia, lo marginal y dem&aacute;s aspectos practicados por &eacute;l, en cohabitaci&oacute;n con varios elementos m&aacute;s, permiten sobrepasar las tranquilas aguas de una lectura de superficie, apacible e, incluso, hasta risue&ntilde;a. Sin duda, por todo ello, el <em>monstruo</em> Tomeo ha saltado latitudes, idiomas y culturas. Y sus novelitas, cuentos y estampas breves se tornaron universales, adem&aacute;s de servir a la vez como textos teatrales&rdquo;.</p>
<p>Ant&oacute;n Castro, en su art&iacute;culo &ldquo;El lugar de un escritor distinto y solitario&rdquo;, traza una certera mirada sobre su personalidad y su trayectoria y concluye: Tomeo &ldquo;ha dejado su poso: su originalidad, su extravagancia, su lucidez, su percepci&oacute;n caricaturesca del mundo, su conocimiento del alma humana y sus paradojas, y ha puesto su prosa depurada al servicio de la ficci&oacute;n y de sus f&aacute;bulas morales&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Adem&aacute;s de los ya citados, en el monogr&aacute;fico que la revista dedica a Tomeo, escriben&nbsp; textos in&eacute;ditos especialistas internacionales como la hispanista radicada en Suiza Irene Andres-Suarez (&ldquo;Teatricuentos y microrrelatos de Javier Tomeo&rdquo;) o la profesora francesa Sylvie Fourni&eacute;-Chaboche,&nbsp; autora&nbsp; de&nbsp; una&nbsp; tesis&nbsp; doctoral&nbsp; sobre&nbsp; el&nbsp; autor&nbsp; aragon&eacute;s.&nbsp; Tambi&eacute;n&nbsp; ha dedicado una tesis al libro &ldquo;Amado monstruo&rdquo; de Tomeo otro de los colaboradores de esta entrega de TURIA: Francisco Gonz&aacute;lez Garc&iacute;a, que estudia ahora su relaci&oacute;n con el teatro.</p>
<p class="Textoindependiente21">Otros art&iacute;culos sobre la obra de Tomeo corren a cargo de: Ismael Grasa (&ldquo;Los contornos del monstruo&rdquo;), Agust&iacute;n Faro Forteza (&ldquo;Tomeo y el cine: un encuentro puntual&rdquo;), Antonio P&eacute;rez Lasheras y Mar&iacute;a P&eacute;rez Heredia (&ldquo;Arag&oacute;n en Tomeo, Tomeo y Arag&oacute;n&rdquo;), Fernando Valls (&ldquo;Monstruos y prodigios: im&aacute;genes de Javier Tomeo&rdquo;), Daniel Gasc&oacute;n (&ldquo;Javier Tomeo: una grieta en la realidad&rdquo;), Mariano Gista&iacute;n (&ldquo;La Cobertera de Quicena&rdquo;) y &Aacute;ngel Rodr&iacute;guez Abad (&ldquo;L&uacute;dico, lateral, l&iacute;rico: Tomeo&rdquo;).</p>
<p>Uno de los testimonios m&aacute;s relevantes que aporta TURIA es el de su editor de referencia, Jorge Herralde, que public&oacute; en Anagrama buena parte de los t&iacute;tulos elaborados por Tomeo y que asegura que <strong>&ldquo;</strong>el impacto de las dos primeras novelas</p>
<p>&nbsp;(<em>El castillo de la carta cifrada </em>y <em>Amado monstruo</em>)&nbsp; fue muy fuerte, quiz&aacute;, aparte de su gran calidad,&nbsp; por la sorpresa de un tipo de literatura que no ten&iacute;a nada que ver con lo que se hac&iacute;a en Espa&ntilde;a ni en ning&uacute;n otro lugar.&nbsp; Ya ten&iacute;a entonces un club de fans que, aunque no muy numeroso, matar&iacute;an por Javier Tomeo&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">No faltan art&iacute;culos de quienes fueron otros de sus editores, como Enrique Murillo (&ldquo;Tomeo, raro entre los raros&rdquo;) y Juan Casamayor (&ldquo;Editar a un cl&aacute;sico&rdquo;). Y en el cap&iacute;tulo de testimonios destacan los de amigos de Tomeo como Javier Gurruchaga (&ldquo;Tomeo y yo fuimos napole&oacute;nicos por derecho propio&rdquo;), Luis Alegre (&ldquo;Planeta Tomeo&rdquo;) o Joan de Sagarra.&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Por &uacute;ltimo, TURIA reproduce un texto poco conocido de Tomeo, publicado en 1972 en la revista &ldquo;Camp de l&rsquo;Arpa&rdquo; (&ldquo;El&nbsp; prelado acu&aacute;tico y otras peque&ntilde;as historias&rdquo;).&nbsp; Cierra el monogr&aacute;fico una pormenorizada y &uacute;til biocronolog&iacute;a elaborada por Pablo P&eacute;rez Rubio.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>DORIS LESSING, FRED VARGAS Y VICENTE GAOS</strong><strong></strong></p>
<p>La escritora Carme Riera, acad&eacute;mica de la RAE y actual presidenta de CEDRO, es la autora del art&iacute;culo in&eacute;dito sobre Doris Lessing que abre el sumario del nuevo n&uacute;mero de la revista TURIA. Lessing, que obtuvo en 2007 el Premio Nobel de Literatura y en 2001 el Premio Pr&iacute;ncipe de Asturias, fue una escritora muy prol&iacute;fica, cultiv&oacute; todos los g&eacute;neros literarios y su producci&oacute;n la integran m&aacute;s de setenta t&iacute;tulos. Seg&uacute;n Carme Riera, en Lessing &ldquo;cada nueva obra es un reto. Una apuesta con ella misma de la que quiere salir vencedora&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Carlos Zan&oacute;n, cultivador tambi&eacute;n del g&eacute;nero, es el autor del art&iacute;culo in&eacute;dito que la revista TURIA dedica a analizar la trayectoria creativa de la Fred Vargas, considerada como la actual reina de la novela negra europea. Buena prueba de ello es el &eacute;xito espectacular que tienen sus libros, as&iacute; como el reconocimiento cr&iacute;tico que avalan su trabajo con premios como el Princesa de Asturias de las Letras 2018, un galard&oacute;n que de acuerdo a su legendaria timidez no acudi&oacute; a recoger.</p>
<p>Un merecido rescate y resdescubrimiento es lo que consigue el art&iacute;culo que TURIA publica sobre el poeta, ensayista y profesor Vicente Gaos. Cuando este a&ntilde;o se cumple el centenario de su nacimiento, sobre Gaos escribe Manuel Rico un texto que lo reivindica como una de las figuras de la poes&iacute;a y la cultura espa&ntilde;ola de la segunda mitad del siglo XX. Un poeta que, en opini&oacute;n de D&aacute;maso Alonso, fue &ldquo;agudo, apasionado, pero sobrio, como si supiera que su fuerza est&aacute; en la lucidez&rdquo;.</p>
<p>La secci&oacute;n que TURIA dedica a los estudios literarios incluye tambi&eacute;n un art&iacute;culo de Anna Mar&iacute;a Iglesia en el que analiza las claves del &eacute;xito arrollador de Manuel Vilas con su novela &ldquo;Ordesa&rdquo;, que ha conseguido algo tan poco frecuente como la perfecta sinton&iacute;a entre cr&iacute;tica y p&uacute;blico.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>JUDITH HERZBERG,</strong><strong> LUIS MATEO D&Iacute;EZ, MANUEL VILAS Y MARTA SANZ</strong></p>
<p><strong>Entre &nbsp;el &nbsp;buen &nbsp;surtido &nbsp;de &nbsp;lecturas &nbsp;in&eacute;ditas &nbsp;que &nbsp;ofrece &nbsp;TURIA &nbsp;sobresale &nbsp;una&nbsp; antolog&iacute;a de </strong><strong>Judith Herzberg, la mejor poeta holandesa actual</strong> y uno de los m&aacute;s relevantes nombres propios de la literatura occidental de nuestros d&iacute;as. Esta selecci&oacute;n de poemas&nbsp; forma parte de un pr&oacute;ximo libro que, editado por Pre-Textos, se titular&aacute; &ldquo;Todo lo que es pensable&rdquo;. Al fin, el lector espa&ntilde;ol podr&aacute; descubrir a una escritora que seg&uacute;n su traductor Ronald Brouwer, &ldquo;posee una voz al margen de cualquier movimiento o corriente literaria, y solamente se la suele comparar, por expresarse en un registro cercano, con Wisława Szymborska&rdquo;.</p>
<p><strong>Adem&aacute;s, TURIA da a conocer una selecci&oacute;n de textos in&eacute;ditos de</strong> algunos de los mejores autores de momento. As&iacute;, la revista narraciones originales de <strong>Luis Mateo D&iacute;ez, Manuel Vilas, Marta Sanz, Berta Vias Mahou y Carlos Cast&aacute;n. </strong>Tambi&eacute;n publican relatos Oscar Sip&aacute;n y Marta Armingol.</p>
<p>Y adem&aacute;s se ofrecen poemas de, entre otros, Juan Cobos Wilkins, Nuria Barrios, Rosa Lentini, Ada Salas, Marta L&oacute;pez Vilar, Bego&ntilde;a Ugalde Pascual, Joaqu&iacute;n S&aacute;nchez Vall&eacute;s, Juan Marqu&eacute;s, David Mayor, Ang&eacute;lica Morales, Luz Rodr&iacute;guez, Francisco Grasa, Jos&eacute; Gabarre, Bibiana Collado y Javier Fajarn&eacute;s Dur&aacute;n.</p>
<p>En el apartado que TURIA dedica al ensayo, merece una atenta lectura la tercera entrega de la serie de art&iacute;culos de Jes&uacute;s Briones sobre el futuro que nos aguarda: &ldquo;Humanizaci&oacute;n de la era digital. III. Una &eacute;tica de las cosas&rdquo;.<strong></strong></p>
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<p><strong>ENTREVISTAS A GON&Ccedil;ALO M. TAVARES Y FRANCISCO FERRER LER&Iacute;N</strong><strong></strong></p>
<p><strong>El nuevo n&uacute;mero de TURIA ofrece tambi&eacute;n dos conversaciones exclusivas y de lectura muy provechosa. Las protagonizan dos destacados nombres propios de nuestra actualidad cultural: </strong><strong>Gon&ccedil;alo M. Tavares, el autor portugu&eacute;s m&aacute;s internacional y Francisco Ferrer Ler&iacute;n, escritor, ornit&oacute;logo y uno de los creadores m&aacute;s originales de las letras espa&ntilde;olas </strong></p>
<p>La entrevista con Tavares, realizada por Luis S&aacute;ez Delgado, va mucho m&aacute;s all&aacute; de hablar de sus libros o su trayectoria. El escritor portugu&eacute;s tiene siempre otras preocupaciones sobre las que quiere tratar: del papel de la m&aacute;quina al mundo de los creyentes,&nbsp; de la lucha por la igualdad al Holocausto, de la fascinaci&oacute;n por Jap&oacute;n o el inter&eacute;s por Europa.</p>
<p>Preguntado por un asunto tan central como la lucha por la igualdad de las mujeres y su presencia en su obra, Tavares lo tiene claro: &ldquo;Es importante que el arte y la ficci&oacute;n no entren en una especie de cuotas de personajes masculinos, femeninos, negros, blancos. (&hellip;) Encuentro un asunto esencial c&oacute;mo otorgar un espacio literario o art&iacute;stico a las minor&iacute;as, y ah&iacute; aparece la pobreza. La gran discriminaci&oacute;n es la pobreza"</p>
<p>Francisco Ferrer Ler&iacute;n muestra, en la conversaci&oacute;n que mantiene con Fernando del Val, todo un repertorio de opiniones contundentes. Por ejemplo, preguntado por su m&eacute;todo al escribir, declara: &ldquo;Puedo escribir sobre algo con un argumento inexistente. Donde no pasa nada. O sobre una nimiedad. Ah&iacute; est&aacute; el embrujo. Escribir con argumento no tiene m&eacute;rito. Adem&aacute;s, es aburrido de leer y pesado de escribir&rdquo;. Tambi&eacute;n asegura Ferrer Ler&iacute;n que &ldquo;es mentira aquello de que hay poetas magn&iacute;ficos desconocidos. El bueno, sale. Vivo o muerto&rdquo;.</p>
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<p><strong>RECUERDO DE SERGIO ALGORA, MIGUEL DE MOLINOS Y THOMAS MANN</strong><strong></strong></p>
<p>Entre los contenidos que habitualmente TURIA dedica a los temas y autores vinculados a Arag&oacute;n, destaca la publicaci&oacute;n de un amplio art&iacute;culo en el que se&nbsp; rinde homenaje al escritor y m&uacute;sico zaragozano Sergio Algora, fallecido en 2008 y del que este a&ntilde;o se el cumple el 50 aniversario de su nacimiento. Adem&aacute;s de analizar su trayectoria creativa, <strong>TURIA brinda una grata sorpresa a los interesados en la obra de Algora: publica un cap&iacute;tulo de una novela in&eacute;dita cuya finalizaci&oacute;n qued&oacute; truncada por su repentina muerte</strong>.&nbsp;</p>
<p>Por otro lado, TURIA estudia tambi&eacute;n la relaci&oacute;n entre Miguel de Molinos y Thomas Mann. Y es que la influencia de gran pensador aragon&eacute;s, muy notable en aquellos pa&iacute;ses afectados por la reforma luterana, puede detectarse nada menos que en una de las principales obras del autor alem&aacute;n: &ldquo;La monta&ntilde;a m&aacute;gica&rdquo;, todo un cl&aacute;sico de la literatura universal.</p>
<p>Asimismo, TURIA contiene la secci&oacute;n habitual denominada &ldquo;La isla&rdquo;, con fragmentos del diario de Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas enriquecidos gr&aacute;ficamente por Isidro Ferrer. Cierra el sumario de la revista una amplia secci&oacute;n de cr&iacute;tica de libros, &ldquo;La Torre de Babel&rdquo;, donde se analizan las novedades editoriales de mayor inter&eacute;s.</p>
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<p><strong>&nbsp;</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 17 Jun 2019 10:25:10 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA recuerda a Sergio Algora]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-recuerda-a-sergio-algora/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2019/SERGIO_ALGORA.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;<strong>LA REVISTA PUBLICA UN CAP&Iacute;TULO DE SU NOVELA IN&Eacute;DITA Y ANALIZA SU&nbsp; TRAYECTORIA</strong></p>
<p><strong>CARME RIERA PRESENTA &ldquo;TURIA&rdquo; MA&Ntilde;ANA EN&nbsp; HUESCA </strong></p>
<p><strong>18 AUTORES OSCENSES PARTICIPAN EN EL NUEVO N&Uacute;MERO</strong></p>
<p>La revista cultural TURIA, que distribuye este mes de junio su nuevo n&uacute;mero, otorga un gran protagonismo a los temas y autores vinculados a Arag&oacute;n. Entre esos contenidos, destaca la publicaci&oacute;n de un amplio art&iacute;culo en el que se&nbsp; rinde homenaje al escritor y m&uacute;sico zaragozano Sergio Algora, fallecido en 2008 y del que este a&ntilde;o se el cumple el 50 aniversario de su nacimiento. Adem&aacute;s de analizar su trayectoria creativa, TURIA brinda una grata sorpresa a los interesados en la obra de Algora: publica un cap&iacute;tulo de una novela in&eacute;dita cuya finalizaci&oacute;n qued&oacute; truncada por su repentina muerte.&nbsp;</p>
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<p>Por otro lado, TURIA estudia tambi&eacute;n la relaci&oacute;n entre Miguel de Molinos y Thomas Mann. Y es que la influencia de gran pensador aragon&eacute;s, muy notable en aquellos pa&iacute;ses afectados por la reforma luterana, puede detectarse nada menos que en una de las principales obras del autor alem&aacute;n: &ldquo;La monta&ntilde;a m&aacute;gica&rdquo;, todo un cl&aacute;sico de la literatura universal.</p>
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<p>TURIA ser&aacute; presentada ma&ntilde;ana martes d&iacute;a 18 de junio en Huesca, en el sal&oacute;n de actos de la Diputaci&oacute;n de Huesca y a las 20 horas. La tarea corresponder&aacute; a Carme Riera, escritora, acad&eacute;mica de la RAE y actual presidenta de CEDRO. Conviene destacar que la Diputaci&oacute;n de Huesca ha apoyado econ&oacute;micamente esta iniciativa cultural y la ha hecho viable.</p>
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<p>TURIA contin&uacute;a ejerciendo su labor de puente cultural entre territorios y buena prueba de ellos es que un total de 18 autores oscenses o radicados en Huesca, participan en el sumario de la nueva entrega de la revista que dedica en esta ocasi&oacute;n su monogr&aacute;fico a rendir homenaje al escritor oscense Javier Tomeo, fallecido hace seis a&ntilde;os.</p>
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<p><strong>SERGIO ALGORA, UN POETA HETERODOXO Y LIBRE</strong></p>
<p>Bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Sergio Algora: la mente puesta al sol&rdquo;, Jes&uacute;s Jim&eacute;nez Dom&iacute;nguez elabora una excelente aproximaci&oacute;n a la personalidad y la obra de quien fue ante todo &ldquo;un poeta heterodoxo y libre, un verdadero &lsquo;detective salvaje&rsquo; al que el oficialismo notarial de las letras aragonesas no pudo domesticar o encasillar y, a veces, entender. Desde siempre, se desentendi&oacute; de las camarillas literarias de la ciudad y rara vez se dej&oacute; ver en las tertulias y menos a&uacute;n en los c&iacute;rculos institucionales&rdquo;.</p>
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<p>El texto sobre Sergio Algora (Zaragoza, 1969-2008) se inicia con una cita suya muy reveladora: &ldquo;he escrito todo lo que no he visto. Pero he vivido lo que he escrito y las palabras renacen con otras vidas&rdquo;. Y es que, para Jes&uacute;s Jim&eacute;nez, Algora &ldquo;fue un n&aacute;ufrago que achicaba sin cesar la barca rebosante de su creatividad. Hab&iacute;a una suerte de urgencia inaplazable en &ldquo;deshacerse&rdquo; de poemas, cuentos y canciones, como si todos ellos le quitaran tiempo para lo verdaderamente importante: vivir y amar. As&iacute;, en un corto periodo de catorce a&ntilde;os, dio a la prensa cinco libros de poes&iacute;a (&ldquo;Envolver en humo&rdquo;, &ldquo;Paulus e Irene&rdquo;, &ldquo;Otro Rey, la misma Reina&rdquo;, &ldquo;Cielo ha muerto<em>&rdquo;</em> y &ldquo;Los versos dictados<em>&rdquo;</em>), dos libros de relatos (&ldquo;A los hombres de buena voluntad<em>&rdquo; </em>y &ldquo;No tengo el placer<em>&rdquo;</em>), una obra dram&aacute;tica (&ldquo;La lengua del bosque&rdquo;) y una docena larga de discos repartidos entre sus grupos El Ni&ntilde;o Gusano, Muy Poca Gente, La Costa Brava y Cangrejus (&eacute;ste publicado p&oacute;stumamente).&rdquo;</p>
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<p>Seg&uacute;n Jes&uacute;s asegura Jes&uacute;s Jim&eacute;nez en TURIA, &ldquo;durante todos estos a&ntilde;os, la reputaci&oacute;n de Sergio Algora como letrista de culto dentro del pop independiente no ha hecho sino agrandarse hasta desbordar nuestras fronteras y cruzar el Atl&aacute;ntico (uno recuerda especialmente el sentido obituario que &ldquo;P&aacute;gina 12&rdquo;, el diario bonaerense, le dedic&oacute; aquel fat&iacute;dico verano de 2008). Sin embargo, injustamente, el reconocimiento de su poes&iacute;a fuera de Arag&oacute;n no ha seguido un camino paralelo. Acaso porque el mundo literario espa&ntilde;ol es menos receptivo que el musical a las innovaciones, a las rarezas y a quienes, como &eacute;l, nadaron contracorriente sin preocuparse de guardar la ropa. Tal vez porque la obra po&eacute;tica de Algora, tan herm&eacute;tica en ocasiones, exige tanta libertad del lector como el autor se exigi&oacute; al escribirla. O quiz&aacute;s porque, simple y llanamente, la precaria distribuci&oacute;n de algunos de sus poemarios dificult&oacute; el conocimiento y disfrute de su poes&iacute;a, asunto &eacute;ste que la reciente recopilaci&oacute;n de su poes&iacute;a reunida (&ldquo;Celebrad los d&iacute;as&rdquo;, Cham&aacute;n Ediciones, 2017) ha venido felizmente a remediar.&rdquo;</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>LA INFLUENCIA DE MIGUEL DE MOLINOS EN THOMAS MANN</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">El profesor y fil&oacute;logo turolense Francisco L&aacute;zaro Polo, en su art&iacute;culo &ldquo;Miguel de Molinos en &lsquo;La monta&ntilde;a m&aacute;gica&rsquo; de Thomas Mann&rdquo;, explora y acredita los sugerentes v&iacute;nculos que pueden observarse entre la obra ensay&iacute;stica del escritor m&iacute;stico y te&oacute;logo espa&ntilde;ol (Muniesa, Teruel, 1628 &ndash; Roma, Italia, 1696) y la del Premio Nobel de Literatura alem&aacute;n, fallecido en 1955 y considerado como uno de los grandes autores universales del siglo XX.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Publicada originalmente en 1924, &ldquo;La monta&ntilde;a m&aacute;gica&rdquo; es, sobre todo, una novela de contenido filos&oacute;fico. En ella encontraremos, seg&uacute;n L&aacute;zaro Polo, &ldquo;sucesivas reflexiones sobre los motivos m&aacute;s diversos, concernientes todos ellos al eterno t&oacute;pico de la condici&oacute;n humana. Y es que son muchas las p&aacute;ginas que hablan de la enfermedad, de la muerte, del amor, de la guerra, del arte, de la religi&oacute;n, del tiempo&hellip;.&rdquo;</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Es a trav&eacute;s de uno de los personajes de &ldquo;La monta&ntilde;a m&aacute;gica&rdquo;, el inquietante Leo Naptha, como se vehiculan la presencia de las tesis de Miguel de Molinos en la obra. Por eso, en opini&oacute;n de L&aacute;zaro Polo, puede deducirse que Naptha &ldquo;conoce la doctrina de Miguel de Molinos, l&iacute;der del quietismo, corriente espiritual que influye en la Iglesia cat&oacute;lica y que el te&oacute;logo de Muniesa hab&iacute;a abrazado en Roma, adonde hab&iacute;a llegado en 1664 para, entre otras cometidos, terminar ejerciendo como director espiritual que labra el campo, ese&nbsp; espacio, como ya vimos, que es s&iacute;mbolo del alma del hombre laico dispuesto a escalar la&nbsp; jerarqu&iacute;a de la perfecci&oacute;n de la que habla Bernardo de Claraval, otro argumento de autoridad exhibido por Leo Naptha. No est&aacute; de m&aacute;s se&ntilde;alar que el quietismo de Molinos y de Fenelon, al que se refiere el hijo del carnicero jud&iacute;o para combatir las teor&iacute;as de Settembrini, reniega de cualquier tipo de actividad.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">No sabemos c&oacute;mo y cu&aacute;ndo Thomas Mann tuvo conocimiento de Miguel de Molinos y de su quietismo. Podr&iacute;a explicarlo la conocida admiraci&oacute;n que el novelista alem&aacute;n sent&iacute;a por la cultura espa&ntilde;ola. Su fervor por &ldquo;El Quijote&rdquo;, por ejemplo, se pone de manifiesto en un diario que escribi&oacute; en mayo de 1934, durante una traves&iacute;a llevada a cabo, en compa&ntilde;&iacute;a de su mujer, Katia, a trav&eacute;s del Atl&aacute;ntico, y que lleva por t&iacute;tulo &ldquo;Viaje por mar con don Quijote&rdquo;, obra en la que reflexiona sobre la novela cervantina. De &ldquo;El Quijote&rdquo; entusiasman a Mann el humor, la dignidad o la tolerancia que rezuman muchas de sus p&aacute;ginas, as&iacute; como esas hermosas palabras que uno de los personajes de la novela, el morisco Ricote, dedica a Alemania, la patria de Thomas Mann, cuando de ese pa&iacute;s dice que es &ldquo;bueno&rdquo; y &ldquo;tolerante&rdquo;. Curiosamente, &ldquo;dignidad&rdquo; y &ldquo;tolerancia&rdquo; ser&aacute;n dos de los valores que, con m&aacute;s&nbsp; frecuencia, encontremos en la obra de Miguel de Molinos; algo que, sin duda, debi&oacute; atraer al premio nobel alem&aacute;n y empujarlo al conocimiento de la obra del te&oacute;logo turolense. &nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p><strong>IMPORTANTE PRESENCIA DE AUTORES ALTOARAGONESES EN &ldquo;TURIA&rdquo;</strong></p>
<p>Hay que destacar que, en el nuevo n&uacute;mero de TURIA, un total de 18 autores radicados en el Altoarag&oacute;n participan en las distintas secciones de la revista. Y es que en el monogr&aacute;fico sobre Javier Tomeo, coordinado por el oscense Ram&oacute;n Ac&iacute;n, tambi&eacute;n escriben art&iacute;culos Ismael Grasa, Agust&iacute;n Faro Forteza o Mariano Gista&iacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Muy relevante es tambi&eacute;n la presencia de Francisco Ferrer Ler&iacute;n. El escritor y ornit&oacute;logo barcelon&eacute;s radicado en Jaca es protagonista de una extensa e intensa conversaci&oacute;n a fondo en TURIA.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tambi&eacute;n participa, en el apartado que la revista dedica a la narrativa, uno de los m&aacute;s reconocidos escritores espa&ntilde;oles actuales: el barbastrense Manuel Vilas, que publica un texto in&eacute;dito titulado &ldquo;Diario de la ausencia&rdquo; y que es tambi&eacute;n objeto de un art&iacute;culo de Anna Mar&iacute;a Iglesia sobre las claves de su libro m&aacute;s c&eacute;lebre: &ldquo;Ordesa&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Oscenses o radicados en Huesca son tambi&eacute;n poetas como Joaqu&iacute;n S&aacute;nchez Vall&eacute;s, Ang&eacute;lica Morales, Luz Rodr&iacute;guez, Francisco Grasa y Jos&eacute; Gabarre. Todos ellos participan con textos originales en la secci&oacute;n que TURIA dedica a la poes&iacute;a y en la que sus versos se suman a algunos de los m&aacute;s&nbsp; conocidos poetas actuales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No faltan tampoco autores de Huesca en &ldquo;La Torre de Babel&rdquo;, secci&oacute;n que TURIA dedica a la cr&iacute;tica de libros. En esta ocasi&oacute;n, adem&aacute;s del ya citado Ram&oacute;n Ac&iacute;n, escriben Jos&eacute; Domingo Due&ntilde;as y V&iacute;ctor Pardo Lancina. &nbsp;</p>
<p>Por lo que se refiere a la parte gr&aacute;fica de TURIA, adem&aacute;s de la habitual colaboraci&oacute;n de Isidro Ferrer para la secci&oacute;n &ldquo;La isla&rdquo;, sobresale el hecho de que el n&uacute;mero haya sido ilustrador los hermanos Juan y Alejandro Mingarro, los dos oscenses que integran el Estudio Brosmind.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21" style="text-align: left;" align="center"><strong><span style="text-decoration: underline;">UN IN&Eacute;DITO DE SERGIO ALGORA</span></strong></p>
<p class="Textoindependiente21" style="text-align: left;" align="center"><strong><span style="text-decoration: underline;"><br /></span></strong></p>
<p class="Textoindependiente21">La revista TURIA ofrece, con la autorizaci&oacute;n de la familia Algora y coincidiendo con la conmemoraci&oacute;n del 50 aniversario del nacimiento de Sergio Algora, el cap&iacute;tulo IV de una novela inacabada e in&eacute;dita del citado escritor y m&uacute;sico aragon&eacute;s. A continuaci&oacute;n, facilitamos un fragmento de ese cap&iacute;tulo.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21" align="center">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">LA REVISTA</p>
<p style="text-align: left;" align="center">Sergio Algora</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Leo vuelve desde la orilla del r&iacute;o a las tiendas de campa&ntilde;a y forma, tiritando y golpe&aacute;ndose con las manos en los brazos para entrar en calor, con el resto de los soldados franceses en una zona &aacute;rida y repelada detr&aacute;s de las tiendas. Ha sobrevivido al paso por Alag&oacute;n, al primer sitio, toma del Convento de San Jos&eacute; incluida, y s&oacute;lo le queda un profundo corte ya cicatrizado sobre la frente como recuerdo. Lleva vivo desde que inici&oacute; la campa&ntilde;a en Alemania, como la mayor&iacute;a de sus compa&ntilde;eros de armas.</p>
<p>Es tan continuo el fuego de la artiller&iacute;a sobre la ciudad, que el aire helado arde fecundando los huevos de los insectos. De esas duras y blancas uvas enanas salen moscas verdes que brillan como joyas. Las moscas, tras romper con sus patitas y antenas las c&aacute;scaras de sus huevos, salen a visitar a diario cada herida y las infectan para que se sientan vivos los hombres que habitan ese infierno. Las moscas vuelan pesadamente porque, en el calor del sol de un invierno enfermo, se han empachado de sangre y sus patas est&aacute;n rojas y duras como cabezas de pedernal.</p>
<p>El sol matinal molesta porque despierta los olores que almacena la ropa. Llevan nueve d&iacute;as sitiando por segunda vez la ciudad y nadie ha cambiado ni lavado desde entonces los uniformes. Cada soldado transporta sus propios charcos vitales, sus rozaduras, heridas y amputaciones y esa es su verdadera se&ntilde;a de identidad.</p>
<p>De noche, el fr&iacute;o parece que ha hecho desaparecer esos repugnantes aromas y por unas horas la oscuridad, hecha t&eacute;mpano, limpia a la tropa. La noche tambi&eacute;n tiende una &aacute;spera manta sobre los miembros ausentes, para que los heridos puedan dormir sin tener pesadillas. Sin las piernas uno vuelve a Francia. Sin oreja izquierda, sin nariz, sin dedos, se sigue en el sitio.</p>
<p>Leo no ha perdido la esperanza y todas las ma&ntilde;anas escruta el cielo esperando ver alguna se&ntilde;al de su estrella. Por las ma&ntilde;anas se ven s&oacute;lo aquellas estrellas que est&aacute;n habitadas y &eacute;l entorna los ojos, como si fuera a afinar la punter&iacute;a, para intentar distinguir su casa.</p>
<p>Un alf&eacute;rez pasa revista y a ninguno de sus superiores le parece extra&ntilde;o que falten siete soldados.</p>
<p>Del recuento nocturno al de la ma&ntilde;ana faltan siete: &iquest;C&oacute;mo se explica eso?, pregunta el alf&eacute;rez Vian.</p>
<p>Sin contar estos &uacute;ltimos, aquella semana han desertado o desaparecido ochenta hombres. La mayor&iacute;a ya ser&aacute; esti&eacute;rcol para el campo.</p>
<p>Cada hombre es un estuche de abono, dice a menudo el mariscal Moncey.</p>
<p>Que cualquier animal sea m&aacute;s compasivo que vosotros, dice tambi&eacute;n ese d&iacute;a a la tropa.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 17 Jun 2019 06:34:56 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gonçalo M. Tavares: "Hoy se hace literatura para personas cansadas"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/goncalo-tavares-hoy-se-hace-literatura-para-personas-cansadas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2019/GON_ALO_TAVARES.jpg" alt="" /></p>
<p class="normal">A la hora de presentar a Gon&ccedil;alo M. Tavares (Luanda, 1970) hay dos referencias que se han vuelto inevitables; tampoco las queremos evitar, porque tienen la condici&oacute;n de profec&iacute;a que se ha cumplido. La primera recuerda c&oacute;mo Jos&eacute; Saramago, cuando entreg&oacute; en 2005 el premio que lleva su nombre a Jerusal&eacute;n, dijo que &ldquo;Gon&ccedil;alo M. Tavares no tiene derecho a escribir tan bien con tan solo 35 a&ntilde;os&rdquo;. La segunda es de Enrique Vila-Matas, para quien el novelista portugu&eacute;s ser&iacute;a pronto &ldquo;un escritor esencial en el horizonte de la literatura europea&rdquo;. Hoy, muchos libros despu&eacute;s, Gon&ccedil;alo M. Tavares es un escritor esencial en el horizonte de la literatura europea y sigue escribiendo igual de bien que entonces.</p>
<p class="normal">&nbsp;Estas dos condiciones, su esencialidad y su originalidad, lejos de los criterios de la escritura convencional, auguran que una charla con Gon&ccedil;alo M. Tavares no puede ser s&oacute;lo una conversaci&oacute;n sobre sus libros o su trayectoria. Imposible: Tavares tiene, siempre, otras preocupaciones, sobre las que quiere tratar y sobre las que volver&aacute; una y otra vez: de la m&aacute;quina a la limpieza de las iglesias y hospitales, del Holocausto al vac&iacute;o experimentado en Jap&oacute;n, preocupaciones que llenan una obra que arranca en 2001 con los versos del <em>Libro de la danza</em>, un a&ntilde;o m&aacute;s tarde con el ensayo<em> Investigaciones. Novalis</em>, y el primero de los vol&uacute;menes de<em> El Reino, Un hombre: Klaus Klump</em>, en 2003. Una obra entendida como un aut&eacute;ntico<em> work in progress, </em>expresada en diferentes g&eacute;neros, en series como<em> El Barrio</em>,<em> El Reino </em>o, en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os, <em>Mitolog&iacute;as, </em>en diferentes perspectivas que persiguen un nombre, Bloom, y que en conjunto intenta entender nuestro mundo desde la ficci&oacute;n, una intenci&oacute;n que en la actualidad consta de 39 t&iacute;tulos&nbsp; traducidos en 50 pa&iacute;ses.</p>
<p class="normal">- Es sorprendente, una cosa loca, y sorprendente tambi&eacute;n porque todos los libros publicados han sido traducidos, incluso los aparentemente m&aacute;s dif&iacute;ciles.&nbsp; Me sorprende, s&iacute;,&nbsp; porque se trata de libros que no son f&aacute;ciles.&nbsp;&nbsp; .</p>
<h4><strong>&nbsp;</strong></h4>
<h4><strong>&ldquo;Tenemos la tendencia de sobrevalorar nuestro presente&rdquo;</strong></h4>
<h4>- Es cierto: los libros de Gon&ccedil;alo M. Tavares son textos complejos, que participan de algunos de los grandes debates del pensamiento contempor&aacute;neo, como la relaci&oacute;n con la tecnolog&iacute;a o el sentido de la culpa individual, pero lo hace a trav&eacute;s de las herramientas que la literatura ha utilizado a lo largo de su historia. Esos libros resultan muy generosos con el lector, aunque la austeridad de su voz o la diversidad de g&eacute;neros est&eacute;n muy lejos del imperio de los programas narrativos predominantes. Es inevitable preguntar por este contraste, mientras celebramos la entrevista en una cafeter&iacute;a de la Plaza de Londres, en Lisboa, uno de los conjuntos mayores&nbsp; de la arquitectura&nbsp; portuguesa de los a&ntilde;os 40 y 50, con la tentaci&oacute;n de creer que ese mundo se entend&iacute;a a s&iacute; mismo mejor que nuestro propio tiempo.</h4>
<p class="normal">- Tendr&iacute;amos que preguntar, a las personas que estaban activas en los a&ntilde;os cincuenta, si entend&iacute;an completamente aquel mundo. Tenemos la tendencia de sobrevalorar nuestro presente, como si fuese muy complicado, muy tr&aacute;gico y no s&eacute; si es as&iacute;. Cuando hacemos memoria sobre un tiempo que puede parecer confuso, imaginamos a la persona en el medio: el tiempo hist&oacute;rico que queda hacia atr&aacute;s parece algo horizontal, e introducimos un punto de vista casi vertical, vemos el tiempo pasado desde aqu&iacute; encima, en el presente, y por eso nuestro tiempo parece menos explicable. Ocurre incluso si nos acercamos al clima: pensamos que vivimos siempre un tiempo excepcional; y, al margen de la realidad cient&iacute;fica del cambio clim&aacute;tico, si leemos a los cl&aacute;sicos, comprobamos que en las tragedias griegas de hace tres mil a&ntilde;os hay personajes que se lamentan del clima, y acusan a los dioses de estar locos porque siempre llueve o siempre hace sol.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;El arte ha renunciado al pensamiento&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Ese desmenuzar la realidad que Gon&ccedil;alo M. Tavares aplica al entorno de la conversaci&oacute;n o a la percepci&oacute;n del tiempo, presente en&nbsp; novelas como la reciente y a&uacute;n sin edici&oacute;n espa&ntilde;ola<em> A mulher-sem-cabe&ccedil;a e o homem-do-mau-olhado </em>y en ensayos como, por ejemplo,<em> Breves notas sobre el miedo, </em>en ocasiones parece al lector un programa tan sistem&aacute;tico como una enciclopedia -as&iacute; se llama una de sus series<em>, Enciclopedia</em>- o te&ntilde;idos de la imaginaci&oacute;n de un cuento de hadas. Este universo es el que ha seducido a lectores, cr&iacute;tica y jurados de toda Europa, que le han concedido premios como el Premio Jos&eacute; Saramago en 2005, en 2010 el Prix M&eacute;dicis &Eacute;tranger en Francia, en 2011 el Prix Litt&eacute;raire Europ&eacute;en, o el Radoje Tatić Translation Award en 2014, por una obra que Tavares mantiene lejos de la idea de entretenimiento.</p>
<p class="normal">- Me parece que el arte en general ha renunciado, un poco, al pensamiento, la literatura tambi&eacute;n, y del mismo modo el teatro, el cine... en ocasiones cuando veo una pel&iacute;cula con alg&uacute;n amigo oigo la expresi&oacute;n <em>no me ha gustado esta pel&iacute;cula porque era una pel&iacute;cula para pensar</em>. O una representaci&oacute;n teatral era muy para pensar, o no me gust&oacute; este libro porque hab&iacute;a que pensar mucho. Casi se asume que el arte sirve para contar historias, y el cine, el teatro, no s&oacute;lo la literatura, y esto representa una quiebra grave, lo narrativo se ha apoderado del arte de una forma muy llamativa. Tambi&eacute;n de la filosof&iacute;a, cuando se cree que un pensamiento tiene que seguir una secuencia completamente estructurada; al contrario, a m&iacute; me gusta la idea del fragmento precisamente porque libera de esta responsabilidad de la idea de historia, de la continuidad, como si una teor&iacute;a filos&oacute;fica tuviese que ser una historia, en la que ning&uacute;n efecto puede aparecer antes que una causa, en el sentido narrativo, creando una secuencia. Sin embargo, tanto en la narrativa como en el pensamiento llegamos a muchas verdades por rel&aacute;mpago, por iluminaci&oacute;n, por ca&iacute;da.</p>
<p class="normal">Esta tarde mostraba, en una charla sobre &oacute;pera en la que me he encontrado con personas del teatro y del cine, una pel&iacute;cula breve de Andr&eacute;i Tarkovski y he comentado que para Tarkovski el cine era fotograf&iacute;a, el cine es el arte de la fotograf&iacute;a en movimiento, no el arte de contar historias. Qu&eacute; es el teatro, sino un cuerpo que est&aacute; presente en el espacio, haciendo cosas y eventualmente hablando; el teatro no es contar historias, puede ser infinitas cosas, incluyendo contar historias, pero no es su esencia contar historias. El cine tampoco, incluso la esencia de la literatura no es contar historias. Su esencia tiene que ver con el lenguaje: como el cine es fotograf&iacute;a, la literatura es la frase; en <em>Breves notas sobre a literatura (Bloom)</em>, hablo sobre esto, sobre cu&aacute;l es la unidad m&iacute;nima de la literatura, que es la frase.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<h4><strong>&ldquo;El principio del arte es ser un obst&aacute;culo y, si no se me exige esfuerzo, deja de ser arte y se trata de m&uacute;sica para dormir&rdquo;</strong></h4>
<h4>- Citado con una frecuencia asombrosa como el autor -no s&oacute;lo el novelista- favorito de pol&iacute;ticos, artistas y personajes p&uacute;blicos de Portugal, su dimensi&oacute;n ensay&iacute;stica o l&iacute;rica lo sit&uacute;a en la categor&iacute;a del escritor global, que comparte libro tras libro un proyecto intelectual con los lectores.</h4>
<p class="normal">- Es interesante confirmar c&oacute;mo el relato, la historia, se ha apoderado de todas las artes, como si el cine o el teatro s&oacute;lo tuviesen sentido si cuentan una historia, y si no es contada se reclama y desconcierta. Por eso muchas de las historias actuales son historias para entretener, y el problema llega cuando el arte se convierte en sucesivas historias para dormir a los ni&ntilde;os. Hoy muchos lectores se han transformado en ni&ntilde;os, y mucho del arte actual busca adormecer a esos ni&ntilde;os, que son lectores a veces con treinta o cuarenta a&ntilde;os, lectores que est&aacute;n cansados. Hace poco comentaba una expresi&oacute;n que es un poco&hellip; hoy se hace <em>literatura para cansados</em>, para personas que est&aacute;n cansadas; cuando alguien dice <em>ay, estaba tan cansado que me puse a leer, </em>me asusto mucho, porque si esa persona estaba muy cansada y sin embargo consigue leer es se&ntilde;al de que aquel libro es un libro para cansados: por tanto no es un libro, es otra cosa.&nbsp; Ese lector est&aacute; cansado y va a leer un libro que lo dormir&aacute;, pese a que la literatura, al contrario, sirve para despertar. Esta movilizaci&oacute;n de la literatura en cuanto acto instigador y provocador es terrible, porque de la literatura se ha apoderado la idea de pasatiempo, de placer, la idea de dar placer al lector como si fuese un masaje; la literatura no es eso, es otra cosa, y esto acaba por culpabilizar a los textos: un texto dif&iacute;cil, la idea de un obra dif&iacute;cil, es precisamente la de una obra que pone obst&aacute;culos a esta lectura casi sin paradas y sin obst&aacute;culos.</p>
<p class="normal">El principio del arte es ser un obst&aacute;culo, el arte presenta de repente un problema que debo resolver en cuanto lector o espectador, un problema que requiere energ&iacute;a y esfuerzo, y si no se me exige esfuerzo, hasta el punto de poder leer estando muy cansado, deja de ser arte y se trata de m&uacute;sica para dormir.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal" align="left"><strong>&ldquo;Lo que m&aacute;s me agrada de la ficci&oacute;n es que obliga a las ideas a manifestarse&rdquo;</strong></p>
<h4>- La idea de una<em> literatura para cansados </em>es incompatible<em> </em>con los textos de Tavares y su cercan&iacute;a a la par&aacute;bola: los autores que pueblan las novelas de la serie<em> El Barrio, </em>como <em>El se&ntilde;or Val&eacute;ry</em>, <em>El se&ntilde;or Brecht</em>, <em>El se&ntilde;or Calvino</em>, <em>El se&ntilde;or Walser</em> o <em>El se&ntilde;or Swedenborg</em>, cada uno de ellos ligado a un concepto -la l&oacute;gica, el &eacute;xito, el paseo, el bosque o las investigaciones geom&eacute;tricas- o los protagonistas con nombre centroeuropeo de las novelas que persiguen el sentido contempor&aacute;neo del dolor, la muerte o la libertad, tienen siempre algo de par&aacute;bola.</h4>
<p class="normal">- Cada vez soy m&aacute;s lector de ensayo, hasta dir&iacute;a que hoy soy m&aacute;s lector de ensayo y filosof&iacute;a que de ficci&oacute;n. Desde siempre, lo que m&aacute;s me ha gustado de la filosof&iacute;a han sido los ejemplos: una idea&nbsp; fascina cuando se puede ver, si apenas se puede pensar no resulta tan eficaz. Esto no s&oacute;lo ocurre en filosof&iacute;a, tambi&eacute;n en la ciencia; si pensamos, por ejemplo, en la presentaci&oacute;n de la teor&iacute;a del caos, en que una mariposa al posarse en un punto puede causar un terremoto en otro punto, es gracioso que la mariposa y el terremoto sean una imagen que explica una teor&iacute;a como la del caos, de alg&uacute;n modo en el l&iacute;mite de lo abstracto. Lo que me agrada de la ficci&oacute;n es que tiene cuerpos, objetos, y por tanto obliga a las ideas a manifestarse. Mi ficci&oacute;n en <em>El Reino</em> se compone de personas, conductas, objetos, y creo que percibimos las ideas cuando las ponemos a un nivel b&iacute;pedo: ideas con un nivel b&iacute;pedo, con tama&ntilde;o b&iacute;pedo, con tama&ntilde;o de mam&iacute;fero, de homo sapiens.</p>
<p class="normal">La noticia m&aacute;s banal puede ser el principio del pensamiento. Me gusta mucho un autor, muerto hace no mucho tiempo, Paul Virilio, porque su pensamiento pasaba por las noticias, es un pensador al que concedo mucha atenci&oacute;n en <em>Atlas del cuerpo y de la imaginaci&oacute;n</em>, que ya est&aacute; traducido al espa&ntilde;ol, que es un ensayo extenso y fue una tesis de doctorado, pero muy literaria, muy fragmentada. All&iacute; hablo tambi&eacute;n de Wittgenstein. Lo que me interesa en Wittgenstein es que sus ideas son muchas veces dif&iacute;ciles por el lenguaje, pero de repente propone ejemplos, y entra en la pura literatura: si una manzana roja, en la oscuridad, es roja o no lo es, que es un asunto de lenguaje, incluso esta frase podr&iacute;a ser de Clarice Lispector. Todo gesto, todo acontecimiento, por muy banal que nos resulte nos permite intentar comprender la realidad&hellip;</p>
<h4>- La literatura, como la realidad, es para Tavares un asunto del presente, un presente que apenas podemos entender si no es desde la ficci&oacute;n; ese empe&ntilde;o preside novelas como<em> Aprender a pensar en la era de la t&eacute;cnica</em>, en la que conceptos estelares del siglo XX como el sentido del fascismo se iluminan a partir de la m&aacute;quina y su distancia de la responsabilidad.</h4>
<p class="normal">- Un ejemplo pr&aacute;ctico, que remite a la culpa y la responsabilidad: nosotros no sentimos culpa del mismo modo, nuestro cuerpo fisiol&oacute;gicamente no siente igual la&nbsp; culpa&nbsp; cuando empu&ntilde;a un cuchillo y comete un crimen, y cuando aprieta un bot&oacute;n que tiene como efecto ese mismo crimen; por ejemplo, si una persona planea entrar en una librer&iacute;a y piensa <em>voy a robar un libro</em>, va a sentir miedo, tensi&oacute;n, culpa, y eso es algo fisiol&oacute;gico, va a sentir las palpitaciones card&iacute;acas. Pero si esa persona est&aacute; en internet y descarga un libro -es decir, roba un libro- su frecuencia cardiaca continua completamente tranquila, aunque b&aacute;sicamente haya hecho lo mismo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Es muy dif&iacute;cil sentir culpa si estamos actuando sobre la m&aacute;quina, y no percibimos sus consecuencias&rdquo;</strong></p>
<h4>- <em>El Reino</em>, la serie de cuatro novelas por que es m&aacute;s conocido en Espa&ntilde;a, atend&iacute;a a algunos aspectos que definen el mundo del XX y XXI; ahora esperamos que se traduzcan las &uacute;ltimas narraciones de la serie<em> Mitolog&iacute;as</em>, que profundizan en esa identidad en movimiento. En<em> Jerusal&eacute;n</em>, una de aquellas novelas de<em> El Reino, </em>Theodor Busbeck pronuncia unas palabras que han sido interpretadas casi como una po&eacute;tica:<em> </em>&ldquo;Los hombres no pertenecen a su casa, a sus padres, a su mujer, sino por encima de todo a la historia, a la historia de su pa&iacute;s, a la historia del mundo. Y en esa historia hay un subcap&iacute;tulo: la historia del horror&rdquo;.</h4>
<p class="normal">- Debemos atender a la t&eacute;cnica, a la tecnolog&iacute;a, a los medios t&eacute;cnicos, que son en s&iacute; mismos un medio, aquello que literalmente se encuentra entre dos cosas; tanto en <em>Aprender a rezar en la era de la t&eacute;cnica </em>como en otros libros est&aacute; muy presente esta idea: si dos personas quieren hablar a trav&eacute;s de un medio, este medio puede, y as&iacute; ocurre cada vez m&aacute;s, ganar espacio, y esas dos personas parece que ocupan cada vez menos espacio, estar&aacute;n cada vez m&aacute;s distantes, mientras el medio gana potencia, hasta que quien mire ah&iacute; s&oacute;lo vea un medio. Y, por tanto, esa situaci&oacute;n en la que dos personas est&aacute;n lado a lado, o frente a frente, va a ser un acontecimiento extra&ntilde;o en el siglo XXI. Este es un punto de vista muy peligroso, por un principio &eacute;tico, ya que introduce un elemento relacionado con la intimidad. Hoy casi todo lo que hacemos llega con la intermediaci&oacute;n de una m&aacute;quina, por medio de la tecnolog&iacute;a, y en ese sentido aquellos t&eacute;rminos como culpa o responsabilidad, ligados al cuerpo humano y a la fisiolog&iacute;a, resultan problem&aacute;ticos, porque es muy dif&iacute;cil sentir culpa si estamos actuando sobre la m&aacute;quina, y no percibimos sus consecuencias.</p>
<p class="normal">Hay aqu&iacute; una cuesti&oacute;n fundamental: cuando no veo al otro, no siento que yo est&eacute; cometiendo un crimen, la m&aacute;quina es el intermediario y de alguna manera no siento que cometa un crimen al apretar el bot&oacute;n. Esto se muestra claramente en los juicios de N&uacute;remberg, en que se plantea la pregunta: si mi cuerpo no ha matado directamente al otro, &iquest;c&oacute;mo es posible que puedan condenarme por asesinato? El gran problema que tenemos hoy es que el juicio de N&uacute;remberg ha crecido exponencialmente, no vemos los efectos de fondo de casi todo lo que hacemos en la otra persona.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;El creyente es un gran misterio, tiene algo que yo no tengo&rdquo;</strong></p>
<h4>- La novedad con que Tavares afronta conceptos y constantes de nuestro tiempo tiene tambi&eacute;n su reflejo en la f&oacute;rmula original con que se plantea los ensayos, como ensayos-ficci&oacute;n, o, por ejemplo, en un texto tan sorprendente como<em> Un viaje a la India</em>, que formalmente es una epopeya en verso y la historia de un asesinato en Lisboa, y un viaje&nbsp; por Europa y, al cabo, una peregrinaci&oacute;n a la ra&iacute;z de la literatura portuguesa en Asia. Esa falta de prejuicios le lleva a interesarse por otros espacios llenos de aristas, como es la trascendencia, el mundo de los creyentes o la relaci&oacute;n entre animales y la m&aacute;quina. A prop&oacute;sito de c&oacute;mo su obra es objeto de adaptaciones teatrales, performances, intervenciones, recordamos una an&eacute;cdota que cuenta el poeta, te&oacute;logo y ahora arzobispo Jos&eacute; Tolentino Mendo&ccedil;a, a quien Gon&ccedil;alo M. Tavares aconsej&oacute; llenar de grava el suelo de su iglesia, para que el creyente no olvidara que la fe es un camino&hellip;</h4>
<p class="normal">Para m&iacute; la religi&oacute;n es un gran misterio, la creencia es un misterio, el creyente es un gran misterio y, no siendo creyente, cuando estoy entre creyentes, nunca me siento como alguien superior, por el contrario entiendo que tienen algo que yo no tengo. Lo encuentro en algunos alumnos creyentes, cristianos, y es preciso un proceso de mucho coraje para decir que se es religioso, porque los otros ven a las personas religiosas como si viniesen de la Edad Media, como si fuesen personas que no saben pensar.</p>
<p class="normal">Creo que esa an&eacute;cdota con Tolentino tiene que ver con la historia de la Iglesia, la Iglesia cristiana quiso separarse de algunos rituales ligados a la tierra, ligados a los animales, al problema del sacrificio de los animales, y se encuentra all&iacute; una especie de higienizaci&oacute;n, una limpieza: ya no hay animales, ya no van al altar, el ara que fue el lugar del sacrificio. Hoy las iglesias no se abren a los animales, ahora al contrario hay todo un simbolismo que es interesante porque se acerca al hospital, que vuelve todo blanco, y aunque da vino por sangre, todo es limpio y ha quedado fuera, m&aacute;s all&aacute; de los rituales del sacrificio, la propia naturaleza, es como una especie de dominio racional de la religi&oacute;n sobre la naturaleza, como si la naturaleza renunciase a una religi&oacute;n demasiado desordenada para tener lugar en el siglo XX y XXI.</p>
<p class="normal">Podemos pensar en nuestra tradici&oacute;n: la iglesia, limpia de tierra, es claramente un foco de racionalidad, a pesar de que asociemos el mundo de la creencia a algo no racional; las formas rectas, un suelo m&aacute;s alto, un suelo m&aacute;s bajo, hay ah&iacute; algo de aula, el espacio de la iglesia es el del aula escolar, con reglas, jerarqu&iacute;as, y es interesante, precisamente porque respeto mucho la creencia, pensar en c&oacute;mo ser&iacute;a una iglesia en la que entrase la tierra y el agua. El agua s&oacute;lo entra en el bautismo, donde est&aacute; todo muy controlado, donde el agua se encuentra en recipientes. Propondr&iacute;a poner all&iacute; lo que es inestable, lo que est&aacute; vivo, colocar cosas vivas, y no s&oacute;lo los humanos; hoy lo que entra en una iglesia vivo, natural, son los hombres. Todo est&aacute; a&uacute;n como en la tradici&oacute;n de tiempos anteriores: un espacio demasiado ligado al hombre racional, al hombre adulto racional, el ni&ntilde;o s&oacute;lo deb&iacute;a entrar en aquellas situaciones en que recib&iacute;a algo del adulto. La entrada reciente de los ni&ntilde;os en la iglesia, que hoy es com&uacute;n, introduce lo imprevisto: el ni&ntilde;o puede llorar, y esto es revolucionario, un asistente que puede llorar.</p>
<p class="normal">Entre las cosas que encuentro m&aacute;s violentas, en ese espacio blanco de las aulas, del hospital, de la iglesia, se cuentan situaciones como la del anciano que est&aacute; en casa, en su ambiente, y tiene un animal dom&eacute;stico, con una relaci&oacute;n afectiva muy fuerte, y de repente al enfermar, cuando est&aacute; m&aacute;s fr&aacute;gil, se le retira el animal dom&eacute;stico y va a una habitaci&oacute;n de hospital donde no puede entrar el animal. Alguien que est&aacute; enfermo de repente pasa de un ambiente humano, con personas pr&oacute;ximas y su animal dom&eacute;stico, a un sistema totalmente higi&eacute;nico, blanco, y con m&aacute;quinas, donde en vez de tener un animal tiene a su alrededor las m&aacute;quinas; ser&iacute;a una revoluci&oacute;n muy tranquila si se dejase entrar a los animales&hellip;&nbsp; queremos pensar racionalmente, y no somos capaces si lo hacemos con tierra, con animales, como si fuese imposible pensar al lado de un animal.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">Hoy, en el siglo XXI, pensamos la tecnolog&iacute;a como aquello que evita lo inestable, lo sucio, pero tambi&eacute;n&nbsp; la potencial belleza de la naturaleza, su proximidad, y por tanto la m&aacute;quina es aquello que elimina lo natural, como un aspirador que aspira la tierra. Podemos pensar&nbsp; la m&aacute;quina como aquello que quita el potencial s&iacute;mbolo de la naturaleza, el miedo del contacto animal.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;La gran discriminaci&oacute;n es la pobreza&rdquo;</strong></p>
<h4>- Las referencias que llevan de la m&aacute;quina a la naturaleza mueven la conversaci&oacute;n hacia otras formas en que se materializa ese fen&oacute;meno de dominaci&oacute;n, como es el caso de la lucha por la igualdad de las mujeres y su presencia en la obra plural de Tavares, a prop&oacute;sito de una posible relectura de g&eacute;nero de esos t&iacute;tulos: nos interesa c&oacute;mo se enfrenta el autor a asuntos que ahogan el presente, como la emergencia del nacionalpopulismo o las consecuencias de la crisis econ&oacute;mica.</h4>
<p class="normal">- Uno de mis personajes centrales es una mujer, Mylia, protagonista de <em>Jerusal&eacute;n</em>, como en <em>Una ni&ntilde;a est&aacute; perdida en el siglo XX</em> esa protagonista es una ni&ntilde;a de catorce a&ntilde;os; Mylia es probablemente el personaje, o uno de los personajes, m&aacute;s fuerte de mi obra, y he escrito un libro monogr&aacute;fico sobre Maria Gabriela Llansol, Maria Filomena Molder y Mar&iacute;a Zambrano, tres mujeres. Creo que hay muchas mujeres en mi obra, aunque yo nunca he pensado en esos t&eacute;rminos, en equilibrar personajes masculinos y femeninos. Los libros de <em>El Reino</em> son libros sobre la guerra, y si hablamos de la guerra lo hacemos de un universo esencialmente masculino, en el que hay mucha violencia sobre el hombre y la mujer.</p>
<p class="normal">Es importante que el arte y la ficci&oacute;n no entren en una especie de cuotas de personajes masculinos, femeninos, negros, blancos. Claro que entiendo que tiene todo el sentido esta cr&iacute;tica, por ejemplo, en Brasil, donde se suscita cuando confirman que no hay protagonistas o h&eacute;roes negros, aunque gran parte de la poblaci&oacute;n sea negra. Aqu&iacute; encuentro un asunto esencial, c&oacute;mo otorgar un espacio literario o art&iacute;stico a las minor&iacute;as, y ah&iacute; aparece la pobreza. La gran discriminaci&oacute;n es la pobreza, de modo que si pensamos en una mujer pobre o en un hombre pobre, aunque se trate de un hombre blanco, sufre tambi&eacute;n una discriminaci&oacute;n potencial, la pobreza es el gran universal de la discriminaci&oacute;n.</p>
<p class="normal">Pero volvamos a la pregunta: tenemos que encontrar un cierto equilibrio, me parece peligrosa esta idea del arte y la creaci&oacute;n planificada, que en t&eacute;rminos est&eacute;ticos ser&aacute; la disoluci&oacute;n de la creatividad, porque si esa persona quisiera evitar la perversi&oacute;n, la maldad, de alg&uacute;n modo evita tambi&eacute;n la literatura y el arte. La historia de Caperucita Roja y del lobo feroz, si se reescribe la historia y Caperucita va con los dulces a casa de su abuela, pasa por el bosque, llega a donde est&aacute; la abuela, le da los dulces y &eacute;sta dice &ldquo;&iexcl;qu&eacute; buenos los dulces!&rdquo; y se acaba la historia... ser&aacute; un cuento simp&aacute;tico, &eacute;ticamente muy correcto, pero sin lobo no hay literatura. Una cosa es una opini&oacute;n racista en un ensayo, que tiene que ser culpabilizada, y otra que presentemos un personaje racista, que es completamente diferente, porque la ficci&oacute;n es algo diferente, y est&aacute; por comprobar que si eliminamos los personajes racistas vaya a haber menos racismo. No lo creo, al contrario, muchas veces incluso debemos mostrar el mal, el racismo; esto es evidente en <em>Aprender a rezar en la era de la t&eacute;cnica</em> donde un personaje, Lenz Buchmann, que es un fascista, un m&eacute;dico fascista que entiende que sentir una cosa por el otro le va a hacer menos eficaz, llega a la pol&iacute;tica. Para m&iacute; aquello es una suerte de estudio de la cabeza de un fascista y no pens&eacute; en hacer algo did&aacute;ctico contra el fascismo, pero creo sinceramente que lo que he escrito es eficaz contra el fascismo, al mostrar la cabeza de un fascista, y entender una cosa que es significativa: un fascista no es un extraterrestre que ha aterrizado por aqu&iacute;, sino un hombre con determinados instintos que muchas veces se pueden aproximar a algunos de los nuestros, pero que nosotros felizmente dominamos de una manera mucho m&aacute;s civilizada. Entender el mecanismo mental de un fascista permite evitar tanto el fascismo en los otros como en nosotros mismos; la ficci&oacute;n permite mostrar o diseccionar el mal, en su sentido mismo de abrir el cuerpo del mal y mostrar su funcionamiento para impedir que el mal se desarrolle. Si elimino el mal,&nbsp; no sabr&eacute; c&oacute;mo funciona.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Encuentro muy sugestivo o&iacute;r las interpretaciones y las preguntas que me formulan los lectores&rdquo;</strong></p>
<h4><em>- </em>Hablar de textos que se prestan a una superposici&oacute;n con la vida cotidiana entrega el peso de la conversaci&oacute;n a los lectores. Gon&ccedil;alo M. Tavares propone un contrato muy exigente con quien se acerque a sus libros, y nos interesa conocer el contacto que, como autor, establece con esos lectores, m&aacute;s all&aacute; del brillo de los festivales literarios a los que suelen invitarle como la estrella de cualquier programa.</h4>
<p class="normal">- A veces voy, s&iacute;, aunque no asisto a muchos festivales, sin embargo m&aacute;s que un congreso o un festival encuentro muy sugestivo cuando un grupo de personas ha le&iacute;do un libro m&iacute;o, y hablo con ellos. Una experiencia que ya he repetido&nbsp; con <em>Una ni&ntilde;a est&aacute; perdida en el siglo XX,</em> por ejemplo, voy a o&iacute;r las interpretaciones y las preguntas que me formulan los lectores. Es sorprendente c&oacute;mo unos interpretan que la ni&ntilde;a era imaginaria, o que era una fantas&iacute;a de Markus, y otros dicen que al contrario, que Markus no existe, o que no hab&iacute;a padre, o que el padre podr&iacute;a ser el propio Markus. Yo mismo no lo s&eacute;, no se trata de esconder secretos en el libro, sino que yo mismo no lo s&eacute;, pero me marcho contento con esas interpretaciones, Por tanto, &iquest;cu&aacute;l es mi contrato con el lector? mi contrato es esta idea: aqu&iacute; est&aacute; esto, y espero que permita un recorrido, un tr&aacute;nsito del lector, que puede interpretar cada objeto de forma casi opuesta a otro lector.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;La ficci&oacute;n </strong><strong>es una forma de pensar la situaci&oacute;n en movimiento&rdquo;</strong></p>
<h4>- Ese contrato con los libros de Gon&ccedil;alo M. Tavares se encuentra en una sucesi&oacute;n no cronol&oacute;gica de textos que crecen de modo org&aacute;nico y que el autor escribe y olvida durante a&ntilde;os, hasta rescatarlos y corregirlos con el paso del tiempo: si uno deja pasar el tiempo al escribir una novela, el tiempo queda en ella.</h4>
<p class="normal">- Mi proceso no busca explicar, no quiero dar a entender, se trata m&aacute;s bien de un proceso muy personal, yo quiero comprender, escribo los libros no porque haya comprendido alguna cosa y la muestre a los otros; al contrario, yo mismo quiero hacer esa investigaci&oacute;n, yo mismo no entiendo y quiero entender. No s&eacute; hasta qu&eacute; punto los libros de <em>El Reino</em> u otros explican, espero que por lo menos expongan los problemas. Mis libros intentan exponer claramente aquello que la ficci&oacute;n permite: presentar a los personajes como si estuviesen destapando el problema. Al contrario de un an&aacute;lisis te&oacute;rico, que es una fotograf&iacute;a fija, como si fuese un plano quieto en el que el pensamiento filos&oacute;fico intenta entender lo que est&aacute; ocurriendo, la ficci&oacute;n&nbsp; ofrece el pensamiento en movimiento: los personajes van avanzando y, cuando se cruzan con otro personaje, con un objeto, ellos mismos descubren situaciones y pasajes de su car&aacute;cter y su personalidad que no entend&iacute;an. Creo que la ficci&oacute;n tiene que ver con un proceso de movimiento que puede hacernos entender cosas que el pensamiento no consigue: es una forma de pensar la situaci&oacute;n en movimiento.</p>
<p class="normal"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Tengo muy presente el Holocausto&rdquo;</strong></p>
<h4>- Ese movimiento se acompasa con el viaje permanente de la Europa del XX, un siglo n&oacute;mada que cuenta con algunas estaciones terminales. Una de ellas, frecuente como t&eacute;rmino del pensamiento y la ficci&oacute;n de nuestro autor, es el Holocausto: la econom&iacute;a del sufrimiento.</h4>
<p class="normal">- Tengo muy presente el Holocausto, que es una referencia a todos los niveles, y tambi&eacute;n&nbsp; en el nivel de la tecnolog&iacute;a, porque el gran <em>click </em>que hizo avanzar el proceso llamado de Soluci&oacute;n Final -que es un t&eacute;rminos terrible, porque se trata de una soluci&oacute;n: hab&iacute;a un problema y se ha encontrado una soluci&oacute;n-&nbsp; fue precisamente la m&aacute;quina; se comienzan a construir las<em> f&aacute;bricas de la muerte </em>tras una masacre en una colina muy conocida, en la que cerca de diez mil personas fueron asesinadas con armas de fuego por oficiales nazis. Y lo fundamental fue lo que le sucedi&oacute; a los oficiales nazis: los hubo que vomitaron, que dijeron que no aguantaba aquello, se produjeron crisis de llanto... por tanto en parte el proceso de la industria de la muerte tuvo como objetivo no tanto ahorrar el horror a las v&iacute;ctimas, como a los perpetradores; se entendi&oacute; que quien mataba no pod&iacute;a estar al lado de a quien mata, deb&iacute;a estar a distancia, ya que de otro modo sufrir&iacute;a tambi&eacute;n. Es un proceso econ&oacute;mico, de econom&iacute;a del sufrimiento del criminal, y parece llamativo que la econom&iacute;a del sufrimiento sea precisamente la del criminal, porque establece que hoy sintamos la emoci&oacute;n de la culpa que es, ya, casi otra culpa.</p>
<p class="normal">Estas palabras, <em>culpa </em>y <em>responsabilidad</em>, palabras cl&aacute;sicas, presentes en las tragedias griegas, en <em>Edipo</em>, cuando la m&aacute;quina est&aacute; en el medio, &iquest;qu&eacute; significan? La culpa humana ser&aacute; otra cosa en el siglo XXI, no es la de Edipo, sino una culpa que se ve disminuida y pasa a ser responsabilidad de la m&aacute;quina, como si contase s&oacute;lo un peque&ntilde;o porcentaje de culpa humana y un mayor porcentaje de la m&aacute;quina. Hoy suceden tragedias y se puede culpar a la m&aacute;quina, de modo que nadie sea responsable de lo ocurrido. Hay unas palabras que no s&eacute; si se usan en espa&ntilde;ol, pero aqu&iacute; en Portugal s&iacute;, <em>hubo problemas en el sistema</em>, esas palabras nos sit&uacute;an en el l&iacute;mite: un problema en el sistema puede provocar la muerte de cien personas, de repente una m&aacute;quina se aver&iacute;a y han muerto cien personas. El siglo XX y el XXI sit&uacute;an mucho de la culpa que siempre fue, para bien y para mal, asumida por el hombre, en la m&aacute;quina. Creo que Edipo, hoy, el Edipo del siglo XXI, no se sacar&iacute;a los ojos, es posible que dijese que la culpa es del sistema, de la m&aacute;quina. Edipo, despu&eacute;s de descubrir que hab&iacute;a dormido con su madre y matado a su padre, probablemente respirar&iacute;a y culpar&iacute;a a la m&aacute;quina, y continuar&iacute;a una semana normal de trabajo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Siento fascinaci&oacute;n por Jap&oacute;n, donde he percibido que la naturaleza es el espacio de la creencia&rdquo;</strong></p>
<h4>- Ese relato de la m&aacute;quina como un poder que distorsiona la noci&oacute;n de responsabilidad forma parte tanto de la narrativa de Gon&ccedil;alo M. Tavares como de su obra ensay&iacute;stica, de la que encontramos s&uacute;bitos fogonazos tanto en los escritos de<em> El Barrio </em>como en los ensayos que, dentro o fuera del universo <em>Bloom</em>, definen su forma de mirar la cultura, las relaciones o los objetos. Y, ahora, el vac&iacute;o, en el adelanto del texto que redacta en los d&iacute;as de la entrevista, con el fondo de la seducci&oacute;n de Oriente.</h4>
<p class="normal">- Siento alguna fascinaci&oacute;n por Jap&oacute;n, donde ahora he pasado un mes y donde he percibido a trav&eacute;s de determinados templos budistas, con jard&iacute;n, que la naturaleza no es algo que deba ser situado fuera, sino que la propia naturaleza es&nbsp; el espacio de la creencia. Ahora preparo unas breves notas sobre Jap&oacute;n, creo que el arte oriental permite entender con intensidad algo que ya hab&iacute;amos aprendido en los textos -pero es diferente estar en el sitio-&nbsp; como es la cuesti&oacute;n del vac&iacute;o, un elemento que conocimos con el budismo, porque todos nosotros nos entusiasmamos por el budismo a los veinte a&ntilde;os. All&iacute;, en Jap&oacute;n, la noci&oacute;n de vac&iacute;o est&aacute; muy presente, con un contraste muy destacado, porque los occidentales miramos hacia lo que en filosof&iacute;a llamar&iacute;amos lo positivo, lo que ocupa un espacio, nosotros cuando vemos estas dos mesas, junto a esas dos sillas, vemos las sillas y las mesas, no atendemos al espacio vac&iacute;o; si miramos a las personas a nuestro alrededor, observamos a las personas, las sillas, y si no nos dirigimos intencionalmente, nunca vamos a reparar en el espacio vac&iacute;o entre las sillas; bien al contrario,&nbsp; por una cierta filosof&iacute;a oriental, esta idea de espacio vac&iacute;o es clave para ellos. Para el pensamiento oriental aqu&iacute; sobre la mesa no hay dos cosas, sino tres: un vaso, un intervalo vac&iacute;o y un l&aacute;piz, y entiende que el vac&iacute;o es determinante, si cambio algo se altera el espacio, si muevo algo estoy alter&aacute;ndolo todo. Esto lo encontramos en John Cage, en la m&uacute;sica en la que el intervalo es lo esencial, por encima de las notas. Hay una serie de movimientos en las artes que est&aacute;n muy cerca de estas cuestiones, que entienden de repente que el vac&iacute;o no es una ausencia, que es algo muy poderoso que hace que para un japon&eacute;s ortodoxo, esto que tenemos sobre la mesa sean tres cosas, ya que cuenta el vac&iacute;o entre las formas semejantes: las cosas tienen orden y al mismo tiempo est&aacute; el vac&iacute;o. Si pensamos en la literatura japonesa, en Junichiro Tanizaki y su <em>Elogio de la sombra</em>, lo encontramos con claridad. En un relato de Tanizaki, de las ficciones er&oacute;ticas m&aacute;s intensas que conozco, habla sobre el dedo del pie, el dedo peque&ntilde;o del pie, y todo el texto tiene que ver con este asunto de la peque&ntilde;a variaci&oacute;n, de disminuir la intensidad. Esto me interesa en extremo, muchas veces me balanceo entre una especie de velocidad que aparece en algunos libros y esta lentitud que tambi&eacute;n me agrada tanto.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Lo terrible del Holocausto es que tenemos ah&iacute; todo lo necesario para entender el siglo XXI&rdquo;</strong></p>
<h4>- Esta pasi&oacute;n por Oriente es, tambi&eacute;n, una de las intermitencias de la cultura portuguesa, una tradici&oacute;n en la que Tavares est&aacute; incardinado pero que en ocasiones se desdibuja por el permanente descubrimiento de un autor del todo europeo, como una especie de elegido esperado desde hace tiempo, alejado de la referencia local y, tambi&eacute;n, del hecho generacional<em>.</em></h4>
<p class="normal">- En primer lugar s&iacute; soy un <em>autor portugu&eacute;s</em>, en el sentido en que <em>Un viaje a la India</em> parte de <em>Os Lusiadas</em>, la gran epopeya en lengua portuguesa, o por ejemplo he escrito un libro, <em>Breves notas sobre las relaciones [Llansol, Molder y Zambrano]</em>, sobre dos autoras portuguesas, Llansol y Molder. A veces dicen que no tengo nada que ver con Portugal, y no es justo, no debe haber muchos autores que hayan escrito libros completos sobre dos autoras portuguesas contempor&aacute;neas. Nac&iacute; en Angola y vine con cinco a&ntilde;os, mis padres son portugueses, toda mi cultura ha sido portuguesa, pero hay tambi&eacute;n en mi biograf&iacute;a alg&uacute;n elemento de tr&aacute;nsito y hay, por otro lado, una fascinaci&oacute;n por Oriente. Pero tambi&eacute;n me interesa mucho Europa, a partir de esa especie de centro de gravedad que es el Holocausto; creo que lo terrible del Holocausto es que tenemos ah&iacute; todo lo necesario para entender el siglo XXI: la ciencia, la responsabilidad, est&aacute; todo all&iacute;.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Tenemos un Instituto Cervantes y un Instituto Cam&otilde;es y no se entiende que no haya di&aacute;logo entre ellos, son estructuras gigantescas pero que no hablan entre s&iacute;&rdquo;</strong></p>
<h4>- Traducido en un temprano 2006 y desde entonces una de las referencias de la literatura portuguesa en nuestro pa&iacute;s, la relaci&oacute;n de Tavares con Espa&ntilde;a es intensa, de modo que no podemos terminar esta conversaci&oacute;n sin una pregunta a prop&oacute;sito de la relaci&oacute;n entre Espa&ntilde;a y Portugal a trav&eacute;s de la cultura y su experiencia.</h4>
<p class="normal">A veces me hacen esa pregunta a prop&oacute;sito de Portugal y Brasil, pa&iacute;ses que hablamos exactamente la misma lengua, y es incre&iacute;ble que los libros que se publican en Brasil no lleguen a Portugal y viceversa, de modo que gran parte de los escritores contempor&aacute;neos brasile&ntilde;os no son conocidos en Portugal, y gran parte de los escritores contempor&aacute;neos portugueses no son conocidos en Brasil. Incre&iacute;ble, hablando la misma lengua.</p>
<p class="normal">Portugal y Espa&ntilde;a estamos a muy pocos kil&oacute;metros, y pese a la cercan&iacute;a apenas llegan seis o siete autores que s&iacute;, son constantes desde hace muchos a&ntilde;os, grandes autores, pero dir&iacute;a que no hay un conocimiento de la literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea, y probablemente no habr&aacute; un conocimiento amplio de la literatura portuguesa contempor&aacute;nea en Espa&ntilde;a. Como lector sigo a aquellos autores que me recomiendan, frecuento mucho las traducciones, leo mucho ensayo que ha sido escrito o traducido al espa&ntilde;ol, no s&oacute;lo en Espa&ntilde;a, en Argentina o M&eacute;xico. Para m&iacute; el espa&ntilde;ol y el portugu&eacute;s tienen la misma estructura mental; cuando leo en ingl&eacute;s es otro mundo, completamente diferente, si no hay un libro en portugu&eacute;s prefiero leerlo en espa&ntilde;ol, porque es una lengua con el mismo ritmo.</p>
<p class="normal">Pero s&iacute;, hay una serie de cosas que deben ser hechas: tenemos un Instituto Cervantes y un Instituto Cam&otilde;es y no se entiende que no haya di&aacute;logo entre ellos, son estructuras gigantescas pero que no hablan entre s&iacute;. Ahora estamos tratando de literatura, pero si hablamos de cine espa&ntilde;ol, &iquest;qu&eacute; llega? Aunque en realidad no es un problema s&oacute;lo del cine espa&ntilde;ol o del cine italiano, por ejemplo, creo que el gran problema, si hablamos de la m&aacute;quina y del medio, es que aquello que est&aacute; en el medio entre Portugal y Espa&ntilde;a est&aacute; tambi&eacute;n entre Portugal e Italia, entre Portugal y Francia -aunque tal vez menos- y ese aquello son los Estados Unidos. No es una m&aacute;quina, pero es una especie de m&aacute;quina y resulta terrible percibirlo en la evidencia del cine: durante el a&ntilde;o no hay cine franc&eacute;s ni cine espa&ntilde;ol, pero s&iacute; una semana de cine espa&ntilde;ol, concentrado en una semana. Europa a&uacute;n no entendi&oacute; que tiene un a&ntilde;o de cultura americana y una semana o un d&iacute;a de Italia, Francia o Espa&ntilde;a, y eso es absurdo.</p>
<p class="normal">No hay, en t&eacute;rminos pr&aacute;cticos, una pol&iacute;tica que privilegie las traducciones del espa&ntilde;ol al portugu&eacute;s y del portugu&eacute;s al espa&ntilde;ol, en detrimento del ingl&eacute;s; en todo caso creo que es una cuesti&oacute;n m&aacute;s general, no es s&oacute;lo espa&ntilde;ola, es europea.</p>
<p class="normal">Hablar con Gon&ccedil;alo M. Tavares es hacerlo con toda una literatura. Una literatura que, ordenada en estanter&iacute;as y pasillos&nbsp; -dividida y separada por g&eacute;neros, por series, por asuntos, por lectores a los que va dirigida- establece relaciones secretas y permanentes, como hilos de seda iluminados esta tarde hasta definir un texto que escribe y reescribe sin parar. Hace falta, s&iacute;, un nombre para esta obra en rotaci&oacute;n.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 17 Jun 2019 05:15:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Francisco Ferrer Lerín: "La palabra sin música es paja"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/francisco-ferrer-lerin-la-palabra-sin-musica-es-paja/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2019/FRANCISCO_FERRER_LER_N_3.jpg" alt="" /></p>
<p>Las clasificaciones est&aacute;n hechas para los pusil&aacute;nimes. O dirigidas a la ense&ntilde;anza: que si Generaci&oacute;n del 27, que si tabla peri&oacute;dica. Tambi&eacute;n sirven para ordenar las competiciones deportivas, pero el escritor y ornit&oacute;logo Francisco Ferrer Ler&iacute;n (Barcelona, 1942) s&oacute;lo lucha contra s&iacute; mismo. Huy&oacute; de la taxonom&iacute;a desde que empez&oacute; en la escritura, all&aacute; por 1959, ensanchando el verso, llev&aacute;ndolo al vers&iacute;culo; y adelant&aacute;ndose a los Nov&iacute;simos. De aquel a&ntilde;o conserva poemas escritos a m&aacute;quina de los que hay constancia datada en <em>De las condiciones humanas</em> (1964), <em>La hora oval</em> (1971) y <em>Edad del insecto</em> (2016). &ldquo;Cuando conozco a Saint-John Perse y descubro una posibilidad distinta de escribir poes&iacute;a, no necesito copiarle porque me impregno del sentimiento y hago otra cosa, la m&iacute;a. No s&eacute; de d&oacute;nde, pero sale. Esto ya no es as&iacute;. Con los a&ntilde;os se pierde la imaginaci&oacute;n&rdquo;. A pesar de ser el primero que chapote&oacute; en el agua escler&oacute;tica de la poes&iacute;a social espa&ntilde;ola, no se reconoci&oacute; escritor &ldquo;hasta hace muy poco&rdquo;. Las clasificaciones son atajos estrechos, t&uacute;neles en los que escasea a veces la luz. Luz que, por fortuna, y con tiempo por delante, se termina por imponer. Ferrer Ler&iacute;n es una mezcla de esquejes, lo mismo en su <em>Bestiario</em> que en el blog, o componiendo poes&iacute;a &ndash;&eacute;l es oficialmente poeta-. Todo es escritura. Todo cabe dentro de ella. En realidad, &eacute;l adopta en literatura una t&eacute;cnica art&iacute;stica. A&uacute;na materiales procedentes de la memoria, de la imaginaci&oacute;n, de la experiencia y de otros libros, no importa cu&aacute;les ni de d&oacute;nde procedan. &Eacute;l junta objetos. Da igual si &eacute;ste es una toalla o una palabra. Prefiere el h&aacute;pax al neologismo. Y transforma el sentido de la expresi&oacute;n como obedeciendo a Godard &ndash;&ldquo;No importa de d&oacute;nde cojas las cosas, sino lo que hagas con ellas&rdquo;-. Desactiva las palabras para transformarlas en bombas. Sabe que el escenario es importante: un objeto descontextualizado multiplica su significaci&oacute;n. As&iacute;, los seres fant&aacute;sticos, otrora verdaderos, llevados a la tarima desmitificada del presente, producen una experiencia parad&oacute;jica: acercan al lector a la melancol&iacute;a y a la inocencia, mientras lo mantienen hiperconsciente del proceso. Sus poemas paleogr&aacute;ficos o experimentales producen un asombro socr&aacute;tico. Sus <em>obras</em>, todas, est&aacute;n hechas para ser <em>le&iacute;das</em>. Todo es <em>escritura</em>, un poema, una pel&iacute;cula, sobre todo a partir del estructuralismo. No existe la copia. No hay repetici&oacute;n. Si se calca algo es para deformar el original. Los Beatles se dice que part&iacute;an de canciones preexistentes.</p>
<p>De lo anterior se deduce que sus libros hay que visitarlos como exposiciones. Sus p&aacute;ginas son salas. Y sus manifestaciones m&aacute;s abiertamente art&iacute;sticas &ndash;Arte Casual, Banco de Alaridos, Acciones- se deben leer como cap&iacute;tulos de un libro. En una biblioteca cabe todo. Entre sus paredes, la coherencia es total. Beuys, tan importante como Borges.</p>
<p>Se resiste a que narren la historia de su vida. Ahora lo est&aacute; intentando Benito Fern&aacute;ndez. El anterior bi&oacute;grafo desapareci&oacute;. A Ferrer Ler&iacute;n no le gustan las entrevistas. Dos dedos de frente bastan para saber que te pueden hacer decir lo contrario de lo que piensas, no importa si adrede o por impericia. S&iacute; responde, si le apetece, a cuestionarios. El pacto, aqu&iacute;, es un <em>seguimiento</em>. Una <em>convivencia</em>. Compartir un espacio temporal amplio. Lo que dar&aacute; un enfoque lujoso, por infrecuente, al resultado. M&aacute;s que ce&ntilde;irnos al pregunta-respuesta, ser&aacute;n los escenarios los que hablen de &eacute;l, o a trav&eacute;s de &eacute;l. Estamos en su territorio, en Jaca. Nos fiaremos: ha le&iacute;do m&aacute;s de un Kafka por capilaridad. <em>Si las paredes hablaran</em>. Hoy van a hablar. &ldquo;El problema es hasta qu&eacute; punto es admisible la verdad&rdquo;. La verdad es el primer escenario de la conversaci&oacute;n, una habitaci&oacute;n de &aacute;ngulos. Cartas boca arriba. La verdad no es un seguro a terceros. Existe el da&ntilde;o colateral. &ldquo;Que enga&ntilde;o al mundo / que nadie sabe la verdad de mi existencia&rdquo;, son los primeros versos &ndash;autoadmonitorios- de su primer libro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Sobre la verdad, los or&iacute;genes y la pobreza</strong></p>
<p>- La verdad est&aacute; m&aacute;s o menos plasmada en la novela <em>Familias como la m&iacute;a</em> (2011).</p>
<p>- &Eacute;sa es s&oacute;lo una parte.</p>
<p>- &iquest;Es verdad que la rechaz&oacute; Anagrama por presiones catalanistas?</p>
<p>- No s&eacute; si por presiones catalanistas o por la presi&oacute;n desaforada de la agente literaria. Entonces se llamaba <em>P.A.M.</em> y era m&aacute;s c&aacute;ustica con el regionalismo delirante que ya imperaba. Se public&oacute; en Zaragoza bajo el t&iacute;tulo <em>N&iacute;quel</em> (2005). Cuando quise reeditarla con la segunda parte, <em>Nora peb</em>, Tusquets se enter&oacute; de los problemas y se lanz&oacute; a por los derechos.</p>
<p>- Si no sabemos si la verdad es publicable, &iquest;qu&eacute; hacemos?</p>
<p>- Las paredes hablar&aacute;n hasta donde puedan. Hay un treinta por ciento imposible.</p>
<p>- &iquest;Y hasta qu&eacute; punto las cosas son v&aacute;lidas si se expresan a medias?</p>
<p>- Tengo dos hijos y una mujer.</p>
<p>Ferrer Ler&iacute;n nunca ha perseguido ser original, pero el rumbo de su vida se aparta del com&uacute;n. Durante treinta y tres a&ntilde;os no escribi&oacute; una coma, pero desarroll&oacute; actividades que le suministraron material para la vuelta al ruedo. Tres d&eacute;cadas &ldquo;permanentemente en la cuerda floja&rdquo; en las que aprendi&oacute; a conceder importancia al dinero. Aunque eso uno no sabe si es coqueter&iacute;a <em>inversa</em>, como el plagio, o un zurriagazo a los c&iacute;nicos que, desde su comodidad, lo relativizan. Procedente de la alta burgues&iacute;a barcelonesa, una mala apuesta de su padre llev&oacute; a la familia a la ruina. Quiere ir lento pero pisa el acelerador: &ldquo;Fue un codicioso. Una prima hermana m&iacute;a le indic&oacute; que el patrimonio era una fuente de complicaciones. &lsquo;Nosotros te lo administramos&rsquo;. Le hizo caso y se lo confi&oacute; a Javier de la Rosa [famoso defraudador que pas&oacute; por tres c&aacute;rceles, la &uacute;ltima, Alcal&aacute; Meco]. De la noche a la ma&ntilde;ana fuimos pobres. Saldo en cuenta: cero&rdquo;. Quiz&aacute; Ferrer Ler&iacute;n se sinti&oacute; atra&iacute;do por la contestaci&oacute;n desde pronto: fue expulsado de m&aacute;s de un centro educativo y se gan&oacute; el apelativo de raro. Sin embargo, fue la pobreza el pistoletazo hacia el lado oscuro y la ilegalidad. &ldquo;Bueno, di s&oacute;lo que la roc&eacute;&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Los sesenta, Barcelona y el sexo</strong></p>
<p>Los sesenta fueron un trueno po&eacute;tico. &ldquo;Para sancionar el concepto <em>generaci&oacute;n</em> ha de haber una confluencia de intereses y unas coincidencias de tipo social, que, <em>sensu stricto</em>, no se dieron&rdquo;. Frente a la visi&oacute;n de Castellet, Ferrer Ler&iacute;n aporta otra m&aacute;s coherente en la que figuran, adem&aacute;s de &eacute;l mismo, F&eacute;lix de Az&uacute;a, Javier Mar&iacute;as, Pedro Gimferrer y Leopoldo Mar&iacute;a Panero. Con este &uacute;ltimo, y con Rinola Cornejo, tan presente en sus textos, acostumbraba a pasear las aceras. Que ella estuviera casada con un alem&aacute;n no fue impedimento para que se ennoviasen. En verdad, ella se llamaba Ricarda Manuela Cornejo Botello. &ldquo;Un ser incre&iacute;ble, nacido en Ayamonte. Engendr&oacute; un hijo con M&aacute;ximo Valverde en la Casa de los P&aacute;jaros de Sevilla, un edificio semiabandonado y colonizado por unos vencejos que acabaron con los mosquitos de Triana, y por parejas que iban a follar&rdquo;. A Panero &ndash;a quien llamaban Panecillo, sin mofa- no le gustaba ella. &ldquo;Era la encarnaci&oacute;n de La Mujer, <em>la mujer andaluza</em>. Dec&iacute;a cosas sin orden ni concierto, pero con una gracia extraordinaria&rdquo;. Ferrer Ler&iacute;n se pasaba el d&iacute;a acarici&aacute;ndola el cutis, &ldquo;fin&iacute;simo&rdquo;, lo &uacute;nico que le interesaba de su cuerpo. Su rebeld&iacute;a de vez en cuando era impostada. Organizaba sesiones literarias en el barrio obrero de Ciudad Meridiana, y lo primero que hac&iacute;a era desnudarse <em>para disfrutar de mayor libertad</em>. Todos sentados, con traje y corbata, y ella deambulando desnuda. &ldquo;No ten&iacute;a suficiente y, cuando nos &iacute;bamos, sal&iacute;a al rellano a despedirnos. Un n&uacute;mero&rdquo;. Despu&eacute;s lleg&oacute; Uta Lange. Cuenta en <em>Familias</em>... &ndash;ahora, traduci&eacute;ndose en Estados Unidos- que la relaci&oacute;n no funcion&oacute; debido a problemas <em>anat&oacute;micos</em>. &ldquo;Mi pene es peque&ntilde;o y estas mujeres de boca tan grande, y tan delgadas, poseen unas vulvas kilom&eacute;tricas. All&iacute; es imposible actuar. Uno se pierde&rdquo;. A ella le hab&iacute;an operado de un melanoma en el interior de un muslo y pretend&iacute;a unas posturas kamas&uacute;tricas que Ler&iacute;n no satisfizo. &ldquo;Lleg&oacute; Javier Mar&iacute;as y se produjo el traspaso&rdquo;.</p>
<p>- &iquest;Quiere esto decir que es un gimnasta o que portaba un pene mayor?</p>
<p>- Eso no lo s&eacute;. No pregunt&eacute;. Pero se unieron. &Eacute;l se qued&oacute; con ella y ella con &eacute;l. Fue una cosa pactada, eran otros tiempos. Pasamos una temporada feliz los tres: Uta, Javier y yo.</p>
<p>De la generaci&oacute;n, Pedro era el m&aacute;s dotado&hellip; intelectualmente. &ldquo;El m&aacute;s erudito. F&eacute;lix tambi&eacute;n tiene lo suyo, pero es que a Pedro le puedes preguntar por la p&aacute;gina 27 de un libro publicado por un se&ntilde;or que pasa por la otra acera&hellip; y se la sabe. Su problema fue no pertenecer a nuestra clase. Todos hab&iacute;amos ido a colegios determinantes &ndash;La Bonanova, San Ignacio&hellip;-, y &eacute;l era un menestral. Hablaba en catal&aacute;n, cosa que nosotros, como puse en <em>N&iacute;quel</em>, nunca.</p>
<p>- Estaba mal visto emplearlo.</p>
<p>- S&iacute;. Recuerdo una noche en que Leopoldo Mar&iacute;a Panero me pidi&oacute; que le acompa&ntilde;ara al Drugstore del Paseo de Gracia donde se concentraban los chaperos. Un par de ellos, para diferenciarse, se pusieron a hablar en catal&aacute;n y Leopoldo les afe&oacute; su actitud, dici&eacute;ndoles si no sab&iacute;an que hablar en catal&aacute;n era de mala educaci&oacute;n. Tuve que intervenir antes de que le propinaran una paliza. El caso es que Pedro se reacondicion&oacute; porque era muy listo. De hecho, la idea de los Nov&iacute;simos es suya: Castellet no ten&iacute;a ni idea de nada. Yo dejo Barcelona en el 68 y quedo fuera del libro, lo cual no me molesta en absoluto.</p>
<p>- Creo que puede jugar incluso a favor.</p>
<p>- Eso se ha dicho.</p>
<p>Llevaba cuatro a&ntilde;os sin publicar y pasar&aacute;n tres hasta la siguiente entrega. No se toma en serio la literatura: a diferencia de sus amigos, no se considera un <em>autor</em>. Sin embargo, la rivalidad en el ambiente es tal que lleva a Gimferrer a <em>sacarle</em> de la reedici&oacute;n de <em>Mensaje del Tetrarca</em>: mantiene las citas iniciales de Perse y Alonso de Ercilla, si bien elimina las que cierran el volumen: una de Poe y otra de Ferrer Ler&iacute;n: &ldquo;A lo mejor todo fue una broma / contempla las colinas&rdquo;-.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El servicio militar, la ornitolog&iacute;a y otros secretos</strong></p>
<p>Llega el servicio militar, que ser&aacute; an&oacute;malamente corto. En unos meses le despachan y le tientan con servicios secretos. Sin pretenderlo, se gana la confianza de un capit&aacute;n despu&eacute;s involucrado en el 23F. Cambia el cuartel por un piso de L&eacute;rida. El capit&aacute;n ten&iacute;a una amante en Valencia y cada viernes van all&iacute;. &ldquo;Figuraba que &iacute;bamos a inspeccionar granjas porcinas&rdquo;. El hombre aparcaba en la plaza del Caudillo y le preguntaba si ten&iacute;a dinero. &ldquo;S&iacute;, mi capit&aacute;n&rdquo;. &ldquo;Ya s&eacute; que a trav&eacute;s del p&oacute;quer lo consigues&rdquo;. &ldquo;Est&aacute; bien informado&rdquo;. Entretanto, se corri&oacute; la voz de que hab&iacute;a estudiado Medicina y un m&eacute;dico militar le empez&oacute; a pedir ayuda. Determinados casos los llevaba pr&aacute;cticamente &eacute;l &ldquo;con un desconocimiento total de las cosas. Atend&iacute; a la mujer de este hombre en el parto. El feto estaba da&ntilde;ado porque el cord&oacute;n umbilical se le anud&oacute; al cuello&hellip; me pidieron que interviniese y, en fin&hellip; yo actuaba con imaginaci&oacute;n&hellip; no pude evitar que el ni&ntilde;o naciera tarado&hellip; cosas tremendas&rdquo;. Pero &eacute;l sigui&oacute; contando con el benepl&aacute;cito del com&uacute;n y, pasado un tiempo, un sargento se desplaz&oacute; a L&eacute;rida a reinterpelarle acerca de los <em>servicios a la patria</em>. Nuevamente, se desentiende. Se presenta a unas pruebas inform&aacute;ticas, que supera sin dificultad, y se convierte en analista de las primeras empresas del sector en Espa&ntilde;a. En paralelo, termina Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica, se especializa en Ornitolog&iacute;a y se profesionaliza en el p&oacute;quer. La vida se va enmara&ntilde;ando, sobre todo a causa de la desdicha econ&oacute;mica familiar, y, como cuenta en <em>Familias</em>&hellip; cae en manos de unos prestamistas. &ldquo;Se mezclaron una mala racha en el juego y un l&iacute;o en un asunto de cad&aacute;veres humanos como alimento de buitres en una finca de Balaguer&hellip; Me vi un poco acorralado. Entonces, para mi sorpresa, reapareci&oacute; el sargento Susana, ya teniente, y me dijo: &lsquo;Ha llegado el momento&rsquo;&rdquo;.</p>
<p>- Se hab&iacute;a enterado de todo.</p>
<p>- De todo. De lo tuyo, de lo m&iacute;o&hellip;</p>
<p>Cinco horas m&aacute;s tarde le pregunto dos veces por <em>el l&iacute;o de Balaguer</em>, y responde elusivo, hablando de los soldados que, durante la Guerra Civil, ca&iacute;an en mitad del campo y eran pasto de las aves -&ldquo;Los buitres prefer&iacute;an el ganado porque los mulos no llevan uniforme&rdquo;- y tambi&eacute;n de los informes volcados en <em>Papur</em> (2008) bajo el ep&iacute;grafe &lsquo;Ingesta de carne humana a cargo de aves en las provincias de L&eacute;rida y Huesca&rsquo;. Quiz&aacute; no contesta porque las dudas se resuelven en <em>Die rabe</em>. Situada la acci&oacute;n en el futuro, un hijo suyo acude a Jaca para saber &ndash;mejor- qui&eacute;n fue su padre &ndash;supuestamente fallecido- y un confidente le confirma que no s&oacute;lo us&oacute; cad&aacute;veres animales para el mantenimiento de las poblaciones necr&oacute;fagas. Ambos lograron sortear a la justicia. <em>Die rabe</em> es un guion cinematogr&aacute;fico que ofrece pistas biogr&aacute;ficas. Ferrer Ler&iacute;n all&iacute; es Gran Ler&iacute;n. Un <em>yo</em> que es <em>&eacute;l</em>. Un yo en tercera persona y sin empacho. <em>Gran Vilas</em> es cuatro a&ntilde;os posterior, 2012. En <em>Hiela sangre</em> (2013) es &eacute;l mismo quien regresa treinta a&ntilde;os despu&eacute;s de morir. Su mujer est&aacute; enterrada en el sur y sus hijos, borrados. &ldquo;No conozco a nadie (&hellip;) y no puedo preguntar a esa gente extra&ntilde;a porque no me oyen y, quiz&aacute;, ni me ven&rdquo;.</p>
<p>Pero seguimos en la vida, y en la vida existe la CIA. La Inteligencia del Gobierno Federal afirma que tiene su importancia pero que no es la unidad m&aacute;s operativa. &ldquo;Hay agencias peque&ntilde;as, inadvertidas, que funcionan como sat&eacute;lites, cuyo poder es omn&iacute;modo. Agencias que llegan a ser actuantes, nada prospectivas&rdquo;. El sargento Susana se ofrece para salvarle el culo: &ldquo;Trabajar&aacute; en un centro dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Cient&iacute;ficas relacionado con el Opus Dei&rdquo;. Jaca era el &uacute;nico sitio donde hab&iacute;a un centro de investigaci&oacute;n relacionado con las aves y &eacute;l, aunque segu&iacute;a estudiando Ciencias Biol&oacute;gicas, estaba considerado un ornit&oacute;logo de campo, quiz&aacute;s el &uacute;nico. &ldquo;Estar&iacute;an en posesi&oacute;n de los informes paidom&eacute;tricos que me hicieron de peque&ntilde;o, pero todo se limitaba a que yo era una persona a la que se pod&iacute;a comprar&rdquo;.</p>
<p>Jaca ofrece tristeza y soledumbre que &eacute;l alivia a base de escritura y una gran actividad sexual. En tres a&ntilde;os, redacta la primera lista-patr&oacute;n de aves del Pirineo. &ldquo;Entonces no se sab&iacute;a ni las especies que hab&iacute;a&rdquo;. Aquella lista sigue en vigor. Se encontr&oacute; con que las aves necr&oacute;fagas estaban en retroceso y decidi&oacute; recuperar los muladares, el sitio donde secularmente se vert&iacute;an las reses muertas; &ldquo;lugar de culto pero restringido&rdquo;, informa en <em>Familias..</em>. Esta labor es la oficial. Al margen, est&aacute;n el p&oacute;quer, los servicios prospectivos; pero tambi&eacute;n la fundaci&oacute;n de dos empresas de asesor&iacute;a en Zaragoza, ser&aacute; profesor universitario, y&hellip; gestionar&aacute; una cantera de m&aacute;rmol cercana a Jaca, explotada ya en &eacute;poca romana. La cantera era de gran calidad y el m&aacute;rmol, un producto atractivo hacia 1972, cuando despuntaba la construcci&oacute;n. Le compraron una concesi&oacute;n administrativa a un hombre que trabajaba la vivienda social en Valladolid y que se desplazaba desde ella en dos Mercedes con ch&oacute;fer. &ldquo;En uno viajaba su abogado; y en otro, &eacute;l con una mujer que cada vez era distinta. Las llamaban <em>azafatas</em>&rdquo;. A una la conoci&oacute; carnalmente. &ldquo;De las pocas mujeres comestibles que he tratado&rdquo;. As&iacute;, dio un poco igual que el falangista los enga&ntilde;ase &ndash;&ldquo;El m&aacute;rmol estaba fragmentado. &Eacute;ramos unos pichones&rdquo;. Junto a las <em>mujeres oleosas</em>, las <em>mujeres comestibles</em> y las <em>mujeres extraordinarias</em>, surgen tres &ldquo;figuras colosales&rdquo; que apuntalan su escritura y de las que en ella hay abundante reflejo: Rinola Cornejo, &Uacute;nica Lanar/Beldad Aria y Malena Cortijo. Este ser&aacute; uno de los apartados de la novela <em>V&oacute;rtex</em> que, espera, no resulte p&oacute;stuma. El resto, sin pena ni gloria. Por ejemplo, Mar&iacute;a Josefa Morral To, que sale en portada de <em>Familias&hellip;</em> y, a pesar de los lunares, es todo menos andaluza; &ldquo;pertenec&iacute;a a una familia miembro de la Seva/Seba/Ceba/Ceva, esa secta regionalista catalana de posguerra. Era sobrina nieta del anarquista Mateo Morral, que atent&oacute; contra Alfonso XIII&rdquo;. Las labores prospectivas terminaron con la democracia y la central de la CIA parti&oacute; hacia Canarias. &ldquo;Es un dinero perdido. Sin cotizar. Me acercaba a una poblaci&oacute;n francesa cercana y, en una sucursal bancaria, me lo daban en mano&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El almac&eacute;n de muebles viejos y otros escenarios dom&eacute;sticos</strong></p>
<p>El Almac&eacute;n de Muebles Viejos es el segundo escenario. El n&uacute;cleo de su vivienda. Ocupa lo que tres salas de estar. Una instalaci&oacute;n cuidadosa en la que retumba el pasado. La luz en ella es siempre tenue. &ldquo;S&oacute;lo subo un poco las persianas si hay visita&rdquo;. Bajo una Virgen pintada reposan varios portarretratos; uno, en blanco y negro, del d&iacute;a de su boda. Al lado, m&aacute;s, sobre un mueble de alcanfor. Inencontrable, la rama familiar procedente de la Cerdanya, la Catalu&ntilde;a m&aacute;s interior. &ldquo;Era una gente que daba miedo&rdquo;. Su tatarabuelo fue notario en Puigcerd&aacute;; otro, comadrono o toc&oacute;logo. &ldquo;Nada m&aacute;s verlos, temblaba&rdquo;.</p>
<p>- Ese miedo me trae a la cabeza el que sent&iacute;a Paul Auster hacia su abuela. Cuenta que una prima aprovech&oacute; el fallecimiento de un hermano para acercarse a su tumba y decirle: &ldquo;Siempre te odi&eacute;. Eres la peor persona que he conocido en la vida&rdquo;.</p>
<p>- Hombre, eso es muy bonito, no conoc&iacute;a el episodio. Yo no llegu&eacute; a tanto, pero tambi&eacute;n padec&iacute; una mala sinton&iacute;a. &Iacute;bamos a Vic y nunca logr&eacute; comunicarme porque empleaban exclusivamente el catal&aacute;n. Iban de negro, acud&iacute;an a misa... El catalanismo siempre ha estado vinculado a la iglesia y a otras instituciones reaccionarias. Lo sorprendente es que la izquierda, el PSC, estimase que estas personas se enfrentaron a Franco. Los nacionalismos no son m&aacute;s que regionalismos: el embri&oacute;n de Convergencia es, de hecho, La Liga Regionalista.</p>
<p>- &iquest;El PSUC tambi&eacute;n cay&oacute; en la trampa?</p>
<p>- Menos, eran m&aacute;s izquierdosos. Pero el PSC, de cabeza. Lo s&eacute; porque estuve all&iacute;. Con la familia Maragall pas&aacute;bamos todos los fines de a&ntilde;o. Y, f&iacute;jese, despu&eacute;s conoc&iacute; a Concha [Jim&eacute;nez, su mujer], que fue concejala socialista en Andaluc&iacute;a. Tambi&eacute;n lo ha sido aqu&iacute;, en Jaca; y Consejera Comarcal de Cultura y Patrimonio.</p>
<p>El almac&eacute;n de muebles lo componen enseres de aquella casa, seiscientos metros cuadrados de esplendor, que sus padres alquilaron en la Diagonal. Viv&iacute;an debajo de la sede de A.M.C.O.M.L.I.B. &ndash;compuesta por agentes de la CIA-. &ldquo;&lsquo;Qu&eacute; simp&aacute;ticos son esos se&ntilde;ores&rsquo;, dec&iacute;a mi madre&rdquo;. La mayor&iacute;a del mobiliario hubo que tirarlo. No cab&iacute;a. Su padre, m&eacute;dico-dentista, cirujano maxilofacial, gan&oacute; mucho y su pasi&oacute;n eran los anticuarios. &ldquo;Todos los muebles, salvo ese horrible sof&aacute;, proceden de aquella casa&rdquo;. Cerca de la chimenea, una cabeza, un sill&oacute;n de lectura y un mueble lacado filipino. No cupieron cuadros de gran formato. Lamenta no hallar hueco para un retrato de su madre, que nunca fue modista ni hechicera. Fue posible colgar las l&aacute;mparas gracias a cortar el cable de acero. Ni ellas ni las sillas desentonar&iacute;an en un castillo, el de Larr&eacute;s, por caso, que sale en sus escritos. Todo acaba saliendo. El recuerdo es un cad&aacute;ver hinchado. El pasado flota. Acaba rode&aacute;ndolo todo. Como aquel cord&oacute;n umbilical.</p>
<p>Destaca la mesa. Originalmente figur&oacute; &ndash;desplegada- en el vest&iacute;bulo del banco Urquijo, en el paseo de Gracia. Para introducirla hubo que derribar un tabique. La mesa, compuesta de maderas nobles, es otro escenario. Un subescenario. La talla es granadina.</p>
<p>La mesa es el laboratorio. Soporta la teor&iacute;a literaria. Gim&eacute;nez Caballero -su <em>Lengua y Literatura de Espa&ntilde;a</em>; segunda edici&oacute;n, tomo quinto- ocupa un lugar importante. Le gusta el uso de textos po&eacute;ticos con af&aacute;n ilustrativo. El concepto del Diccionario de autoridades. Su libro de cabecera actual es m&aacute;s arcaico: &ldquo;La poes&iacute;a est&aacute; aqu&iacute;&rdquo;, y empu&ntilde;a dos mil a&ntilde;os de biblia.</p>
<p>- El Antiguo Testamento, supongo.</p>
<p>- Es m&aacute;s potente que el Nuevo, pero ojo al evangelio de Mateo. En &eacute;l estoy encontrando material &ndash;sem&iacute;tico, no sem&iacute;tico- para mis libros. No me interesa la presentaci&oacute;n del Mes&iacute;as. Me interesa el modo en que se dicen las cosas. Como me interesan m&aacute;s las traducciones que los originales.</p>
<p>Bajamos al garaje. All&iacute; un hijo le dispar&oacute; varias veces. Se llama Fran Ferrer y es fot&oacute;grafo. La universidad de M&aacute;laga eligi&oacute; cuatro instant&aacute;neas que, convertidas en gigantograf&iacute;a, abrieron <em>Ferrer Ler&iacute;n. Un experimento</em>, exposici&oacute;n comisariada a finales de 2018 por Yolanda Ochando y Luis Ord&oacute;&ntilde;ez. En la Sala del Rectorado, las plazas de coche desocupadas parecen una pista de tenis con un fondo neutro. La antolog&iacute;a, por supuesto, acoge el manifiesto publicado, en 1984, sobre Arte Casual, cuya importancia crece de d&iacute;a en d&iacute;a. Tal es el arte que se da en materiales sin vocaci&oacute;n art&iacute;stica que, por su establecimiento, producen un placer visual, siendo &eacute;ste impremeditado. Es la emoci&oacute;n est&eacute;tica a partir de elementos sin dimensi&oacute;n art&iacute;stica. &iquest;No se asemeja eso a lo practicado en una parte reciente de su <em>acci&oacute;n</em> po&eacute;tica? En &lsquo;Experimenta&rsquo;, de <em>Hiela sangre</em>, en las &lsquo;Paleograf&iacute;as&rsquo; de <em>F&aacute;mulo</em> (2009), acude a textos de origen no literario. Las fuentes son inmediatas, pero con espacio a la manipulaci&oacute;n y a una descontextualizaci&oacute;n que practica primero &eacute;l, y, despu&eacute;s, el lector. Lenguaje aparentemente desarticulado en busca de lectores iniciados. &ldquo;El caminante lamenta no hallar l&aacute;pidas adecuadas, cubiertos de vigilia y excelentes consejos&rdquo;. Pero leamos en la misma clave los rupturistas <em>De las condiciones humanas</em> y <em>La hora oval</em>, con el significante incorporado sobre el significado. Lo que parec&iacute;a una trayectoria exc&eacute;ntrica se vuelve conc&eacute;ntrica. Coherente. Descubrimos que el poema adopta en Ler&iacute;n, desde el inicio, forma de arte.</p>
<p>Nos acercamos al trastero, lugar de toallas y m&aacute;s libros, para sacar unas sillas y seguir hablando. Nos apostamos cerca de la pared, para escucharla. De vez en cuando, un coche sale, entra otro y la puerta se cierra en seguida. Ferrer Ler&iacute;n se coloca en el quicio de la palabra, como un ave paciente, a la espera del chispazo. Conoce la relaci&oacute;n entre lenguaje e inteligencia. No basta apresar la realidad. Ha de haber articulaci&oacute;n, y ah&iacute; entra el vocabulario. Excepto cuando copia un texto: en <em>Hiela sangre</em> la copia es total. &ldquo;En cada pueblo hay un erudito que escribe un tratado de seiscientas p&aacute;ginas sobre las piezas de la rueda del carro. Muchas de estas personas me env&iacute;an sus obras maestras y yo, que tengo costumbre de leerlo todo, lo hago con un folio al lado, y voy tomando nota de lo que no entiendo. Me acaba de llegar un volumen sobre el l&eacute;xico local de una peque&ntilde;a localidad salmantina. Pues yo tomo nota para aclararme. Lo que pasa es que esas anotaciones son, al final, a veces un poema&rdquo;. Se trata de un poema casual, de resonancia arqueol&oacute;gica, fundamento de la nueva etapa. Todo en Ler&iacute;n est&aacute; enraizado. Cada vez m&aacute;s. No s&oacute;lo hay nombres que se gui&ntilde;an el ojo de un libro a otro. Sus pr&aacute;cticas trascienden cualquier manifestaci&oacute;n individual. No s&oacute;lo no importa si es poema o relato, es que puede ser arte, y, si es arte, no importa si pl&aacute;stica o visual. Del centro de la diana ha ido bajando la niebla los &uacute;ltimos a&ntilde;os. &Eacute;l tiraba de un hilo que no sab&iacute;a ad&oacute;nde llevaba. Ha ido uniendo los puntos, que han funcionado como conectores discursivos, y ha emergido la figura oculta. El cat&aacute;logo de la expo es un <em>Libro de artista</em> que resume sus experiencias: gente abatida, envolvimiento con toallas, ahogamientos y fotos del archivo personal. Hay hasta una copia del contrato que en 1970 le extendi&oacute; Barral y una reproducci&oacute;n del poema &lsquo;Tzara&rsquo; con tachones. M&aacute;s inquietante y delicada es una carta del padre, sobre una cuartilla del Hotel Oriente, en Valencia. &ldquo;Querido nene: (&hellip;) estoy muy satisfecho de tus resultados en los ex&aacute;menes (&hellip;) Los dibujos que me has hecho son estupendos, no me extra&ntilde;a que hayas sido Pr&iacute;ncipe en Dibujo&rdquo;. Se despide con besos y un aviso: <em>pap&aacute; est&aacute; agotado</em>. Tan perturbador que meti&oacute; una entrada en su blog llamada &lsquo;Andie&rsquo; cuya segunda frase dice: &ldquo;Falleci&oacute; mi padre. Estaba cansado, dec&iacute;a&rdquo;. Una manera de empezar un relato muy Albert Camus. Pensando en el padre fallecido, y contaminados por el olor a gasolina, evocamos sus estudios de bachillerato en los Jesuitas y en el Colegio de San Ignacio, con Jorge de Cominges &ndash;su hermana Cuca, mujer de Gimferrer, era entonces novia de Carnero-. Ferrer Ler&iacute;n despunt&oacute; desde el primer d&iacute;a como ni&ntilde;o prodigio, y en todas las revistas del instituto sal&iacute;a junto a Eugenio Tr&iacute;as. &iquest;Por qu&eacute; la alusi&oacute;n paterna?: funcionaban lo que se denomin&oacute; Dignidades, y pod&iacute;as ser <em>emperador</em> en Gram&aacute;tica y <em>pr&iacute;ncipe</em> en Dibujo. Para compensar, &ldquo;a los chicos que consideraban conflictivos, o pintorescos, nos encerraban en un departamento llamado Paidom&eacute;trico y nos hac&iacute;an pruebas. Solicitaron un permiso en casa. Mi padre se desentendi&oacute; y lo autoriz&oacute;&rdquo;. Sobresalir en inteligencia y conducta le vali&oacute; un seguimiento temprano desde el que leer las invitaciones futuras a servir a la patria como cual agente secreto, que seguramente acept&oacute; por su condici&oacute;n de escritor, no lejana de la de esp&iacute;a. &ldquo;Ler&iacute;n prosigue [dice de s&iacute; en <em>Die rabe</em>], con las luces de la ma&ntilde;ana, sus maniobras &ndash;que ya se nos antojan claramente policiales, investigadoras-&rdquo;.</p>
<p>- &iquest;Lleg&oacute; a disponer de doble identidad los a&ntilde;os de agraf&iacute;a?</p>
<p>- Dejando aparte un amplio abanico de alias -m&aacute;s o menos cari&ntilde;osos- que siempre me han rondado, s&oacute;lo dejar&eacute; constancia de un ensayo durante el servicio militar, a trav&eacute;s del nombre Paolo Gamulla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Soy un animal silencioso&rdquo;</strong></p>
<p>- Hablemos de las emisiones de sonidos. &iquest;Es educado gemir?</p>
<p>- Habr&iacute;a que acotar <em>gemir</em>. Durante el acto sexual yo no he gemido nunca. Tampoco he tenido comercio con putas, que son las que m&aacute;s gimen para que el hombre se sienta recompensado, <em>m&aacute;s hombre</em>, y se diga <em>f&iacute;jate qu&eacute; placer le estoy proporcionando</em>.</p>
<p>- El gemido, &iquest;puede llegar a desconcentrar?</p>
<p>- No lo dude. En s&iacute;, carece de gran valor: es una moneda de cambio. Una trampa invisible.</p>
<p>- El gemido, <em>per se</em>, &iquest;es una exageraci&oacute;n?</p>
<p>- No en todas, tambi&eacute;n existe el gemido sincero. No esperaba esta pregunta. Apenas he conocido mujeres gemidoras, y tengo 77 a&ntilde;os. O no han quedado satisfechas conmigo o no han dramatizado. Bueno, con Concha [su mujer] nos denunciaron en una comunidad de vecinos de Barcelona por los ultragemidos de la infrascrita. Al principio de la relaci&oacute;n&hellip; luego todo esto se va amortiguando.</p>
<p>- Una denuncia tiende a cohibir.</p>
<p>- A ella tanto le daba. Era una cosa impresionante. Eso, &iquest;me lo pregunta por qu&eacute;? El mundo del gemido no lo he trabajado.</p>
<p>- Est&aacute; relacionado con episodios sexuales suyos &ndash;&lsquo;Lances sexuales&rsquo;, &lsquo;Tres sue&ntilde;os de gran contenido sexual&rsquo;, &lsquo;Mujeres extraordinarias&rsquo;, &lsquo;Extrangulaci&oacute;n de Malena Cortijo&rsquo;, &lsquo;Mir&oacute;n&rsquo;&hellip;- que pueden funcionar como texto, o paratexto, del Banco de Alaridos.</p>
<p>- No lo hab&iacute;a percibido as&iacute;, pero lo que me dice demuestra una vez m&aacute;s que no he parado de trabajar. De todos modos, ya le digo: soy un animal silencioso. Mis gritos se producen en momentos puntuales de insatisfacci&oacute;n, no de satisfacci&oacute;n. Y, cada vez m&aacute;s, las conversaciones de tipo social me resultan tan aburridas, lo paso tan mal al final, que estoy deseando gru&ntilde;ir. Mi mujer no lo soporta, trato de contenerme si est&aacute; presente, lo que repercute en m&aacute;s gru&ntilde;idos a escondidas. Pero si voy con otras personas que no me quieren tanto, acabo emitiendo unos alaridos importantes. No me corto.</p>
<p>La carretera. Ferrer Ler&iacute;n es el &uacute;nico escritor que cuando habla de aviones se refiere a p&aacute;jaros. Ahora asoman el pico algunos, con &eacute;l al volante. &ldquo;Vivir aqu&iacute; dificulta viajar. Jaca est&aacute; lejos de todo&rdquo;. Arr&eacute;s est&aacute; cerca, a 24 kil&oacute;metros. Otra opci&oacute;n era la buitrera de Oroel, a ocho. Escoltados por el r&iacute;o Arag&oacute;n, hay que esforzarse para no avistar bichos voladores. La Nacional 240 es un observatorio en movimiento. Un milano real se cruza por la izquierda. No necesita salir de casa para encontrarse con &eacute;l. &ldquo;Mi mujer deja un pedacito de lomo o embutido en la terraza y se acercan como locos&rdquo;. En el coche lleva una agenda y en ella, varias definiciones de poes&iacute;a. &ldquo;Me han preguntado tantas veces qu&eacute; es, que tengo un repertorio. Les digo <em>escoge la que m&aacute;s te guste</em>&rdquo;. La provincia de Zaragoza queda a la vista. Su norte, en cu&ntilde;a, alcanza el Pirineo. Recorremos la depresi&oacute;n media. Al sur queda el pre-Pirineo de las sierras exteriores. A izquierda y derecha, Santa Cruz de la Ser&oacute;s y Santa Cilia de Jaca. Mientras Ferrer Ler&iacute;n va expandiendo en su obra los sintagmas, la toponimia jacetana se contrae. Por <em>Ser&oacute;s</em> habr&iacute;a que entender Sorores, y por <em>Cilia</em>, Cecilia. Igual que sus vecinas son monjas <em>benitas</em>, no benedictinas.</p>
<p>Una corneja.</p>
<p>Dos cornejas.</p>
<p>Tres cornejas. Parece una canci&oacute;n infantil. Un kil&oacute;metro despu&eacute;s, un cern&iacute;calo nos acompa&ntilde;a cien metros. Ferrer Ler&iacute;n est&aacute; m&aacute;s pendiente del cielo que de la carretera, menos mal que no hay c&aacute;maras, y establece diferencias entre el azor y el gavil&aacute;n que no conocen los diccionarios.</p>
<p>La carretera se detiene. Dejamos el coche. Nos introducimos en el caser&iacute;o. Lo escalamos como si fuera una teta y llegamos al punto m&aacute;s alto. Sus ojos azules necesitan gafa tintada. Hemos venido a ver aves sobrevolar nuestras cabezas como si nosotros mismos fu&eacute;ramos carro&ntilde;a. No vemos necr&oacute;fagas. Al fondo, los excrementos de buitre se confunden con la nieve. La vida es una ficci&oacute;n con tropezones realistas. En esa misma cima est&aacute; el bar-restaurante. Tan cutre como lleno de gracia. Dios proteja estos sitios. Nos decantamos por migas y boliche &ndash;un potaje de alubias blancas que hay que poner a remojo el d&iacute;a anterior, que a &eacute;l le gusta mucho, con caldo especial-, y vino de &eacute;se que necesita gaseosa.</p>
<p>- Gamoneda dice que un fin de la poes&iacute;a es procurar placer.</p>
<p>- Estoy de acuerdo.</p>
<p>- &iquest;Puede ser el mismo que reporta alimentar buitres?</p>
<p>- Indudablemente. Todo, absolutamente, gira alrededor de la est&eacute;tica. Todos los movimientos de corte naturalista, que se generan en las ciudades, y a trav&eacute;s de la burgues&iacute;a, son siempre de car&aacute;cter melanc&oacute;lico, y fundamentalmente est&eacute;tico. Llegar al campo, sacar una carne y ver aparecer unos buitres cayendo desde un cielo en el que no hab&iacute;a nada hace un minuto procura en m&iacute; un placer gen&eacute;sico, localizado en la rabadilla. Es el mismo efecto que asomado a un torre&oacute;n: te recorre una corriente por la columna vertebral. Dicen que, al t&eacute;rmino, ten&iacute;amos la cola y &eacute;sta era lo &uacute;ltimo que se pod&iacute;a asir a alg&uacute;n saliente si te precipitabas al vac&iacute;o.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Nos mueve la supervivencia&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; nos mueve, m&aacute;s all&aacute; de la vida pedestre?: &iquest;la felicidad, el bienestar, el placer&hellip;?</p>
<p>- Todo es m&aacute;s b&aacute;sico. En general, la supervivencia. Si felizmente tenemos superada esa fase, animal, nos moveremos por intereses, entonces s&iacute;, pedestres. Uno es el reconocimiento. Es importante que los dem&aacute;s se den cuenta de que eres muy guapo, muy inteligente, de que escribes muy bien y pintas unos cuadros maravillosos. A m&iacute; el halago no me cansa. Cuando me dicen <em>eres el mejor poeta espa&ntilde;ol</em>, yo respondo <em>dilo otra vez</em>. Eso incluye la envidia: cuando a alguien de mi generaci&oacute;n, de mi sexo y de mi raza, le dan un premio, &iexcl;ese d&iacute;a no duermo! Si se lo dan a una chica joven que se llama Belinda me da igual.</p>
<p>-La vanidad, &iquest;es peligrosa?</p>
<p>- La vanidad, como la pedanter&iacute;a, es peligrosa en la medida en que te nubla la visi&oacute;n. Cuando uno est&aacute; demasiado convencido de que lo que hace es muy superior a lo que practica el resto, arruina la distancia cr&iacute;tica, y la distancia cr&iacute;tica es necesaria para cuidar la calidad de la obra y, si es posible, mejorar o evolucionar.</p>
<p>- &iquest;Se ha visto en el precipicio?</p>
<p>- Por suerte, no. En el<em> Libro de la confusi&oacute;n</em> percibo unos poemas inferiores a otros. Significa que no son buenos. Y que soy capaz de ser mediocre.</p>
<p>- &iquest;Por qu&eacute; no los quita?</p>
<p>- Se me exige un n&uacute;mero determinado de p&aacute;ginas.</p>
<p>- No creo que sea &eacute;se el motivo. Ser&aacute; que necesita volcar tal imagen o cual sonido.</p>
<p>- Tengo mis dudas. Lo que saco de ah&iacute; es que si fuera vanidoso, me autoenga&ntilde;ar&iacute;a y afirmar&iacute;a que todos est&aacute;n al mismo nivel.</p>
<p>- Pero esos poemas inferiores, a otro le pueden parecer superiores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Es mentira que haya poetas magn&iacute;ficos desconocidos&rdquo;</strong></p>
<p>- Lo contradice el hecho de que los que a m&iacute; no me gustan nunca salen citados en las rese&ntilde;as. Pero puede ser. Lo normal es que, si un libro consta de treinta poemas, la cr&iacute;tica repita menciones a diez. Hay veinte que no salen nunca. &iquest;Son poemas dif&iacute;ciles? Mentira. Es que no son buenos. Igual que es mentira aquello de que hay poetas magn&iacute;ficos desconocidos. El bueno, sale. Vivo o muerto.</p>
<p>- Percibo ganas de practicarse una autoantolog&iacute;a.</p>
<p>- Si yo tuviera posibilidad de refundir todos mis libros &uacute;ltimos en uno, no dude que lo har&iacute;a. Pero, al rev&eacute;s, van a salir ahora unas poes&iacute;as completas.</p>
<p>- &iquest;Y por qu&eacute; no una poes&iacute;a reunida o una antolog&iacute;a, como la que le public&oacute; la Universidad de California?</p>
<p>- Yo ah&iacute; no discuto. Es cosa de los editores.</p>
<p>- La palabra sin m&uacute;sica, &iquest;qu&eacute; es?</p>
<p>- Paja.</p>
<p>- Y el lenguaje informativo, &iquest;para qu&eacute; sirve?</p>
<p>- Normalmente, para poco. Pero tiene sus claves.</p>
<p>- &iquest;Es utilizable -en literatura o poes&iacute;a-?</p>
<p>- Me lo pregunta sabiendo que s&iacute;: con cuidado y conocimiento. Es un c&oacute;digo no remoto de otros a los que acudo: de car&aacute;cter fiscal, etimol&oacute;gico y propios del lenguaje forense&hellip; Me gusta leer los partes de la Guardia Civil cuando hay un atropello.</p>
<p>- Pero como material manipulable.</p>
<p>- Como <em>material</em> y como <em>transmisor</em>: mucho de lo que escribo, dejando a un lado lo que la gente entiende por poemas, podr&iacute;an ser <em>comunicados</em> o <em>partes</em>.</p>
<p>- O <em>informes</em>.</p>
<p>- Soy especialista en la redacci&oacute;n de informes.</p>
<p>- Pero porque manipula esas realidades. Exentas no son gran cosa.</p>
<p>- Las manipulo, claro. Si no las vinculas a algo, no sirven para nada. Me gustan los contrastes. El choque gratificante que produce <em>transmitir</em> algo en un estilo distinto del que ese algo habitualmente ostenta.</p>
<p>La iglesia de Arr&eacute;s est&aacute; manga por hombro. Saca del bolso una llave y abre. Ler&iacute;n se me asemeja un clavario del Se&ntilde;or. &ldquo;Son raros los lugares sagrados que no disponen de un monstruo apostado en la entrada&rdquo;, hemos le&iacute;do en <em>Hiela sangre</em>. Vamos, pues, con cuidado. Ning&uacute;n monstruo, pero, dentro, mucho polvo, consecuencia de obras de adecentamiento. Es curioso c&oacute;mo, para limpiar, tantas veces hay que pasar por la impureza. El templo se podr&iacute;a desacralizar con s&oacute;lo una mirada. El confesonario, abierto, es una interpelaci&oacute;n. Ferrer Ler&iacute;n, de no ser por la suciedad, se habr&iacute;a sentado a ordenar avemar&iacute;as y padrenuestros. A la salida, una golondrina. &ldquo;No confundir con el avi&oacute;n com&uacute;n. La golondrina es una casa&rdquo;. Suelta el aforismo y se rasca la coronilla.</p>
<p>Antes de regresar a Jaca, parada obligatoria en el bar-restaurante del Hotel Santa Cruz, en la calle Ordana, de Santa Cruz de la Ser&oacute;s. Un cartel con tejadillo anuncia migas y carnes a la brasa. Dudamos, pero, comidos, optamos por caf&eacute;. Son las 17:06 y la instalaci&oacute;n permanece cerrada. Le ven y hacen una excepci&oacute;n. Subimos al balc&oacute;n y all&iacute; le sirven. Es un palco desde el que se ve la iglesia y, detr&aacute;s, la vivienda restaurada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Escribir con argumento no tiene m&eacute;rito&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Otro inter&eacute;s suyo es hablar de cosas que, o no tienen inter&eacute;s, o carecen de sinopsis.</p>
<p>- Eso es lo que llamo el <em>argumento d&eacute;bil</em>, s&iacute;. Me interesa mucho. Puedo escribir sobre algo con un argumento inexistente. En lo que no <em>pasa</em> nada. O sobre una nimiedad. Ah&iacute; est&aacute; el embrujo. Escribir con argumento no tiene m&eacute;rito. Adem&aacute;s, es aburrido de leer y pesado de escribir.</p>
<p>-&iquest;Cu&aacute;l es el motor de arranque?</p>
<p>-Hay muchos. En un poema es m&aacute;s f&aacute;cil detectarlo: sabes que hay un final. Un motor de arranque perfecto puede ser una conversaci&oacute;n. En mi blog cont&eacute; que, en un viaje a Valencia, coincid&iacute; con dos mujeres que disertaron largo rato sobre lo fastuosa que era la leche La Cabra. Me descolocaron. Viajo siempre con una Moleskine y la saqu&eacute; inmediatamente. Un ejemplo chusco.</p>
<p>- Un motor m&aacute;s serio, &iquest;son las propias palabras?</p>
<p>- Las palabras y no digamos si son ins&oacute;litas y fuera de contexto.</p>
<p>- Y los sintagmas.</p>
<p>- Los sintagmas son m&aacute;s comprensibles. Yo los encuentro en manuales de zoolog&iacute;a y en la misma biblia, que no deja de ser una mala traducci&oacute;n. Son textos no pensados literariamente. A m&iacute; lo que me interesa es el texto primigenio, el bruto, y, sobre &eacute;l, trabajar. Si usted me manda una poes&iacute;a suya, jam&aacute;s la voy a utilizar. Est&aacute; agotada. No da m&aacute;s. En cambio, esos poetas mal&iacute;simos que tanto abundan, en esos quinientos libros que han publicado, raro es que no tengan un sintagma aprovechable. Y hay que localizarlo.</p>
<p>Ferrer Ler&iacute;n violenta los significados hasta que las palabras quedan vaciadas de su sentido tradicional. Aparece, de acuerdo, una nueva sem&aacute;ntica. Pero va m&aacute;s all&aacute;. Uno piensa en las r&eacute;plicas de las esculturas mediante el procedimiento del molde y el vaciado. Lo que uno percibe es que las palabras acaban siendo un molde para &eacute;l, que al rellenar, depara una escultura que no responde, o no tiene por qu&eacute; responder, a la pieza original. Es decir, a la hora de rellenar las palabras -que ser&iacute;an un hueco-, a trav&eacute;s del significado logra deformar el significante. Desbordando el propio molde.</p>
<p>Los museos de arte y las universidades le han abierto sus puertas. Publica en las mejores editoriales y es Premio Nacional de la Cr&iacute;tica. El tiempo juega a favor de los adelantados. Si a ello sumamos una biograf&iacute;a espectacular, inveros&iacute;mil, concluiremos que Francisco Ferrer Ler&iacute;n ha logrado el sue&ntilde;o de Wilde, y no s&oacute;lo de Wilde: hacer de la vida una obra de arte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 17 Jun 2019 05:13:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Javier Tomeo: trayectoria y mundo literario]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/javier-tomeo-trayectoria-y-mundo-literario/</link>
      <description><![CDATA[<p><strong><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2019/tomeo500.jpg" alt="" /></strong></p>
<p><strong>1.- Tomeo, corredor de&nbsp; fondo.</strong></p>
<p>Acotar definitivamente los cimientos (e incluso, las tem&aacute;ticas, precisando sus manantiales) que habitan en el mundo literario de las casi cincuenta obras de Javier Tomeo no es tarea f&aacute;cil. Su condici&oacute;n en las letras espa&ntilde;olas de <em>outsider</em>, marginal, extra&ntilde;o, raro, ins&oacute;lito o inclasificable (que tanto le gustaba y que incluso tanto proyect&oacute; en varias de sus declaraciones) escoran su trayectoria todav&iacute;a hoy tras su fallecimiento (9 de septiembre, 1932, Quicena, Huesca/22 de junio, 2013, Barcelona). Una trayectoria amojonada casi siempre por protagonistas an&oacute;malos y tendentes a la soledad. Protagonistas que, adem&aacute;s, viven gustosos en el silencio de la incomunicaci&oacute;n mientras vagabundean por espacios oclusos dando rienda suelta, mediante una verborrea monologueante o de falso di&aacute;logo, al hechizo del vuelo imaginativo que, por lo com&uacute;n, al final casa con una necesidad reflexiva. Pues, a la postre, acaban siendo siempre protagonistas que navegan con resignaci&oacute;n esc&eacute;ptica al concebir la vida como algo ilusorio. Y lo que es m&aacute;s inquietante de todo: tanto los personajes y los espacios como las situaciones narradas caminan y suceden dentro de una atm&oacute;sfera de aparente normalidad. A la postre, cimientos y tem&aacute;ticas que en absoluto concordaban con las l&iacute;neas hegem&oacute;nicas de la literatura de su &eacute;poca, la creada por la denominada &ldquo;generaci&oacute;n del medio siglo&rdquo;, en exceso abonada al esquematismo del realismo social. Pero s&iacute; que, en algo, se asemejaban a la de aquellos otros autores que, en los m&aacute;rgenes de la literatura espa&ntilde;ola de la mitad del siglo XX, caminaron desprovistos de la necesaria atenci&oacute;n cr&iacute;tica. Por todo ello, pese a la espec&iacute;fica singularidad adjudica a Javier Tomeo, &eacute;ste debe ser ubicado entre los autores disidentes de la &eacute;poca; es decir, entre los opuestos al realismo social dominante o, cuando menos, entre aquellos de silencioso caminar creativo, paralelos pero muy distanciados de la l&iacute;nea creativa entonces mayoritaria (significativo es que la segunda novela de Tomeo, <em>Ceguera al azul,</em> viera la luz en 1969 dentro de la colecci&oacute;n &ldquo;Galer&iacute;a de los no premiados&rdquo; de Ediciones Picazo).&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Javier Tomeo fue por tanto un autor rupturista frente a la est&eacute;tica imperante en la Espa&ntilde;a de mediados del XX o, como m&iacute;nimo, posible formante de una postura antirrealista como tantas veces el mismo apunt&oacute; (&ldquo; En los primeros tiempos de mi quehacer literario no se admit&iacute;an evasiones y mis primeras novelas, que nunca se llegaron a publicar y sobre las que se proyectaba claramente la sombra de Kafka, se consideraron poco menos que deserciones al compromiso t&aacute;cito de oposici&oacute;n indirecta al r&eacute;gimen&rdquo;. &ldquo;Cuando recorr&iacute; las primeras editoriales con mis originales bajo el brazo estaba de moda el realismo objetivo. Los editores me miraban como un bicho raro, como una v&iacute;ctima de Kafka&rdquo;. <em>Rolde, 44-45</em>).&nbsp; Es verdad, sus novelas se asientan en esquemas de espejos convexos frente a los espejos ordinarios y planos utilizados por los coet&aacute;neos escritores realistas. Una postura la suya, rendida a la extra&ntilde;eza y al absurdo, provenga &eacute;sta de veneros kafkianos como Tomeo manifest&oacute; en varias de sus entrevistas o que, simplemente, sea debida a una connotaci&oacute;n ocasional como apunt&oacute; en su d&iacute;a Pacual Maisterra en <em>Teleexpress </em>al glosar<em> Ceguera al azul </em>(&ldquo;Compa&ntilde;eros del oficio de leer y comentar abundaron un&aacute;nimes en el ambiente irreal, intimista y kafkiano de aquel libro con la peculiaridad, para quienes conoc&iacute;amos al autor, de constarnos que, por aquel entonces, Javier Tomeo nada hab&iacute;a le&iacute;do del on&iacute;rico escritor de Praga&rdquo;). Y postura que adem&aacute;s no impidi&oacute; tampoco la presencia de otros tintes visionarios y hasta fantasiosos. Por eso, dan en el clavo, entre otros estudiosos, tanto Jos&eacute; Luis Calvo Carilla al hablar de <em>La mirada expresionista: novela espa&ntilde;ola del siglo XX</em> (2005) y adjudicar en ella un sitial a Tomeo, como Santos Sanz Villanueva al indagar y centrar la postura creativa de Tomeo en l&iacute;nea con el c&iacute;rculo amistoso del autor por aquel entonces a&uacute;n en ciernes (2015, <em>La obra narrativa de Javier Tomeo 1932-2103.</em> Calvo Carilla, ed.), atendiendo bien a la perspectiva literaria (Antonio Beneyto, Antonio Fern&aacute;ndez Molina, entre otros compa&ntilde;eros de viaje) o bien recalando en el c&iacute;rculo &iacute;ntimo y propiamente personal del aragon&eacute;s. En especial, Ram&oacute;n Riera Calvet o, tal vez, simplemente Ramoncito, algo m&aacute;s que una excusa de alter ego al servir, como m&iacute;nimo, de interlocutor y antagonista, y cuya presencia adem&aacute;s lleva directamente a la vivencia de lo disparatado y al mundo animal (<em>Conversaciones con mi amigo Ram&oacute;n</em>).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En Tomeo, adem&aacute;s, ni siquiera en la infancia y sus para&iacute;sos perdidos, como sucede en otros escritores, se encuentra luz para el tan peculiar y tan personal cimiento (y sus tem&aacute;ticas) de su narrativa. Pues, a pesar de la vivencia rural del escritor durante sus primeros a&ntilde;os de vida (por m&aacute;s se&ntilde;as una vivencia tambi&eacute;n b&eacute;lica, dado que Quicena fue, de 1936 a 1938, l&iacute;nea de frente durante el cerco republicano a la ciudad de Huesca), &eacute;sta apenas asoma en sus p&aacute;ginas y si lo hace es de forma tan tangencial o tan difuminada que pasa del todo desapercibida. Tal vez, porque acabada la guerra civil, la familia del autor abandon&oacute; aquel mundo rural para establecerse en una Barcelona sin duda deslumbrante para un muchacho de tan corta edad (&iquest;quicio tem&aacute;tico de&nbsp; la soledad para las novelas de Tomeo donde &eacute;sta, junto con el aislamiento y la incomunicaci&oacute;n entre las multitudes urbanas, se encima frente a la relaci&oacute;n y comunicaci&oacute;n continuas del espacio rural?).&nbsp; Sin duda, un cambio de espacio vital que bien pudo desdibujar el paisaje de los or&iacute;genes de Tomeo narrador. Un cambio que, por si fuera poco, cont&oacute; posteriormente con otros a&ntilde;adidos interesantes. Entre ellos, la influencia de su padrino literario, Julio Manegat, en aquellas fechas consagrado novelista y cr&iacute;tico literario, que adem&aacute;s de consejo permanente se torn&oacute; directriz muy concreta en sus primeros pasos como escritor literario (&ldquo;... mostr&eacute; a un amigo algo que hab&iacute;a escrito. Me dijo: eso, poco m&aacute;s o menos (y por supuesto mucho mejor) ya lo escribi&oacute; Pereda hace cien a&ntilde;os. Comprend&iacute; que ten&iacute;a raz&oacute;n. Y busqu&eacute; por primera vez nuevos caminos de expresi&oacute;n literaria&rdquo;. <em>Rolde</em>, 44-45.), ahogando para siempre el posible novelar de mundo rural con sus tintes incluso dram&aacute;ticos donde Tomeo recog&iacute;a, al parecer, vivencias propias. Por eso, en alguna ocasi&oacute;n he escrito, al calor de sus palabras en conversaciones o entrevistas, que s&oacute;lo algo de su enorme querencia por el mundo animal (buitres en&nbsp; los muladares, el canto del grillo, los trinos de los p&aacute;jaros, el zureo de las palomas... visibles en sus novelas como tel&oacute;n de fondo, am&eacute;n de otros &ldquo;ruidos&rdquo; igual de claves como el gotear de la lluvia, por ejemplo) y por el mundo de la naturaleza (basta leer <em>Los reyes del huerto</em>) podr&iacute;a&nbsp; provenir del influjo de &ldquo;sus recuerdos o correr&iacute;as infantiles, por lo general a la sombra del mont&iacute;culo de La Cobertera y del viejo castillo de Montearag&oacute;n&rdquo; en el entorno de su Quicena natal. Pero apenas poco m&aacute;s, porque tanto los manantiales profundos, como los ocasionales deben buscarse en otros bebederos. Especialmente en obras de terminolog&iacute;a cient&iacute;fica (<em>Diosc&oacute;rides renovado</em> o <em>Diccionario de bot&aacute;nica</em> del qu&iacute;mico, bot&aacute;nico, profesor y militar Pio Font Quer), en autores cl&aacute;sicos&nbsp; como Claudio Elieano, Plinio,&nbsp; Arist&oacute;teles..., en obras divulgativas de tem&aacute;tica diversa, en enciclopedias y en libros raros (v&eacute;anse las ilustraciones que, por ejemplo, acompa&ntilde;an a los tres textos que en 1972 Tomeo public&oacute; en&nbsp; la revista <em>Camp de l&acute;arpa, </em>procedentes de<em> Specula Physico-Mathematica-Hist&oacute;rica notabilium ac mirabilium Sciendorum, in qua Mundi mirabilis Oeconomia de Joannis Zahn (Norimberga, Lochner, MDCXCVI</em>), sus&nbsp; aut&eacute;nticos &ldquo;libros-herramienta&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No obstante,&nbsp; por la&nbsp; tem&aacute;tica de lo inveros&iacute;mil, del absurdo, de los deseos insatisfechos o por ese escarbar existencial tan de Tomeo, parece que su narrativa tambi&eacute;n tiene contacto con ciertos autores que practicaron todos o algunos de los filones citados. Los casos de Valle-Incl&aacute;n, utilizad&iacute;simo por el aragon&eacute;s como precedente personal para explicar la funci&oacute;n deformante del espejo en su novelas, de Kafka a tenor de sus confesiones en varias entrevistas, de Goya y sus pinturas o de Bu&ntilde;uel y sus pel&iacute;culas, ambos dos distorsionadores de la realidad y con querencia hacia lo monstruoso, quienes&nbsp; aparecen siempre en el imaginario de sus puntualizaciones a la hora de explicar su trayectoria como creador (&ldquo;Me siento plenamente identificado con las pel&iacute;culas de Bu&ntilde;uel. En ellas hay una exposici&oacute;n desmesurada, una deformaci&oacute;n de la realidad, una cierta crueldad y, al mismo tiempo, una gran ternura. Tambi&eacute;n se encuentra todo esto en Goya...&rdquo; confes&oacute; en septiembre de 1989 en el<em> Peri&oacute;dico de </em>Catalunya). Tal vez, posiblemente, la presencia de Hanke, porque, cuando menos, manifest&oacute; su admiraci&oacute;n por &eacute;l (remito a su art&iacute;culo &ldquo;Reacciones en cortocircuito&rdquo; dentro del significativo apartado &ldquo;Mis lecturas&rdquo; del suplemento <em>Babelia. El Pa&iacute;s,</em> febrero de 1996). Un listado que podr&iacute;a seguir engordando si se acepta el rastreo de influencias aportadas por los estudiosos de Tomeo<em>.</em>&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Frente a esta ausencia de asideros en la infancia, s&iacute; que tienen importancia, sin embargo, otros aspectos de su biograf&iacute;a como, por ejemplo, los estudios de Criminolog&iacute;a que Tomeo curs&oacute; en la Universidad de Barcelona, donde tuvo a Sarr&oacute; como profesor, el &uacute;nico disc&iacute;pulo espa&ntilde;ol de Sigmund Freud, padre del psicoan&aacute;lisis, quien para Tomeo narrador es una continua referencia durante los primeros a&ntilde;os de triunfo a la hora de trabar la defensa de sus novelas&nbsp; (el <em>yo </em>y<em> </em>el <em>ello</em>, frente al <em>super yo </em>tantas veces citados). Adem&aacute;s, la biolog&iacute;a criminal, la psiquiatr&iacute;a forense y dem&aacute;s materias de la criminolog&iacute;a (con Lombroso y Ferri, entre otros estudiosos de las motivaciones de la conducta humana) son, en buena medida, parte del rescoldo que circunda y da volumen a unos personajes tocados casi siempre por la deformidad f&iacute;sica y, sobre todo y de manera especial, arropados por la anormalidad ps&iacute;quica o moral (&ldquo;La criminolog&iacute;a no se preocupa por el delito, sino por el delincuente... Fue aquel un modo de enriquecerme estudiando las motivaciones m&aacute;s profundas de la conducta humana, que no s&oacute;lo es consecuencia de unos factores externos, ex&oacute;genos, sino tambi&eacute;n end&oacute;genos, internos, de dif&iacute;cil localizaci&oacute;n. Durante aquellos dos a&ntilde;os conoc&iacute; a mis primeros psic&oacute;patas caminando con aire inofensivo entre la multitud. Y vi que hab&iacute;a muchos m&aacute;s de los que pensaba. La franja de las psicopat&iacute;as, en realidad es muy amplia, linda con una parte con la normalidad (con lo que entendemos por normalidad) y se prolonga, por el otro extremo, hasta confundirse con la locura. Y constituye un recurso de gran valor...&rdquo; <em>Rolde, 44-45</em>). De ah&iacute; que los personajes de Tomeo no sean personajes enfermos con la locura como ense&ntilde;a, si no personajes que se apartan de lo convencional o admitido socialmente como lo normal, o&nbsp; personajes que reaccionan de forma inhabitual (el <em>ello</em> freudiano, lo inconsciente, lo at&aacute;vico, las fuerzas oscuras que no todo el mundo acierta a reprimir) lindando con lo monstruoso y, a la vez, personajes a los que tambi&eacute;n suelen acompa&ntilde;ar ciertas anomal&iacute;as f&iacute;sicas, enmascarando en parte sus deformidades m&aacute;s profundas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Asimismo en un rastreo biogr&aacute;fico adquiere bastante importancia para su carrera de fondo el ya citado apadrinamiento de Julio Manegat, quien adem&aacute;s de enfilar la andadura del aragon&eacute;s y de prestarle otros apoyos (relatos breves de Tomeo publicados en el peri&oacute;dico <em>El Noticiero Universal,</em> de Barcelona) form&oacute; parte, junto al tambi&eacute;n cr&iacute;tico aragon&eacute;s Juan Ram&oacute;n Masoliver, del Premio &ldquo;Ciudad de Barbastro&rdquo; (1971), el &uacute;nico premio comercial (todo un espaldarazo en su incipiente carrera) obtenido por Tomeo con su tercera novela <em>El Unicornio</em>. Y, por supuesto posee una importancia similar otro de los sostenes claves del aragon&eacute;s: el escritor Tom&aacute;s Salvador quien public&oacute; su primera obra, <em>El cazador (1967), </em>en Ediciones Marte por &eacute;l dirigida, insuflando el aliento necesario para continuar una trayectoria tan al margen, peculiar y poco atendida por cr&iacute;ticos y lectores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No obstante, pese a los apoyos citados, parece bastante l&oacute;gico que, dada la tem&aacute;tica utilizada por Tomeo, su carrera literaria se caracterizase en sus inicios por un caminar lento y casi guadianesco (a los 50 a&ntilde;os hab&iacute;a publicado s&oacute;lo seis novelas). Pero tambi&eacute;n que, junto a esa lentitud y a la tard&iacute;a aparici&oacute;n &ldquo;real&rdquo; en el panorama literario (con 36 a&ntilde;os), es claro que Tomeo estaba en posesi&oacute;n de un rodaje y de un aprendizaje previo y muy variado que delinearon en gran medida su conseguida narrativa posterior. Antes de <em>El cazador,</em> Tomeo hab&iacute;a transitado el territorio de la literatura m&aacute;s popular, puesto que, desde el fin de la d&eacute;cada de los cincuenta, se dedic&oacute; a escribir, bajo seud&oacute;nimos como Frank Keller, peque&ntilde;as novelas destinadas al gran p&uacute;blico que se vend&iacute;an en los quioscos. Sin olvidar tampoco que ejerci&oacute; la traducci&oacute;n para la editorial Marte. Y que, asimismo de forma ocasional, tambi&eacute;n public&oacute; en peri&oacute;dicos como lo atestiguan sus declaraciones (Ant&oacute;n Castro. <em>El d&iacute;a de Arag&oacute;n, </em>Abril 1988<em>)</em> cr&oacute;nicas deportivas o de reportajes sentimentales enviadas al peri&oacute;dico <em>La nueva Espa&ntilde;a </em>de Huesca, en su tierra natal. Pero sobre todo lo que parece m&aacute;s decisivo reside en la publicaci&oacute;n de alg&uacute;n que otro ensayo divulgativo. En particular, <em>La brujer&iacute;a y superstici&oacute;n en Catalu&ntilde;a (</em>1963) junto a Jos&eacute; Mar&iacute;a Estadella. Al menos por el inter&eacute;s que suscita la presencia tem&aacute;tica en los bestiarios y su mixturas antropomorfas, y, tambi&eacute;n, en el conjunto de su trayectoria narrativa, tan propicia a la deformidad, la marginalia y la rareza, desempe&ntilde;adas o portadas por sus personajes. Son estos elementos, sin duda aparentemente circunstanciales, mojones precisos para su formaci&oacute;n como escritor. Mojones que, en parte, adem&aacute;s, permiten atisbar alguno de los elementos esenciales del particular universo narrativo del oscense, a la vez que posibilitan por lo trabajado del lenguaje la aceptaci&oacute;n definitiva por un p&uacute;blico lector.&nbsp; Aceptaci&oacute;n, que se produce, no olvidarlo, en una &eacute;poca entregada a las prisas y a la brevedad, dos aspectos muy concordantes tanto con el esp&iacute;ritu del momento editor del &uacute;ltimo tercio del siglo XX, como con la extensi&oacute;n (o con la tendencia a la fragmentaci&oacute;n) de bastantes de sus obras, pues los libros de relatos, de microrrelatos y bestiarios conforman casi el tercio de su producci&oacute;n creativa, algo que se une tambi&eacute;n a la brevedad de su novelas,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por otra parte, ante la lenta y tard&iacute;a incorporaci&oacute;n de Tomeo al panorama literario espa&ntilde;ol, tambi&eacute;n debe tenerse en cuenta que los a&ntilde;os en los que intenta ser escritor (finales de los 60 y comienzos de los 70) no fueron tiempos de bonanza en Espa&ntilde;a, ni desde la perspectiva literaria ni desde la social. En especial, para alguien que se alejaba de lo aconsejable y admitido, amaba el absurdo, tend&iacute;a a la par&aacute;bola (&ldquo;si por par&aacute;bola se entiende una alegor&iacute;a prolongada para explicar la realidad&rdquo; como confes&oacute; a Miguel Dalmau en <em>ABC, </em>octubre de 1987) y el s&iacute;mbolo o, entre otros aspectos m&aacute;s, se empecinaba en perseguir una especie de surrealismo bu&ntilde;ueliano cuando la vida andaba muy revuelta y la acci&oacute;n primaba frente a cualquier otra posible v&iacute;a de conocimiento de la vida a trav&eacute;s del arte. La atenci&oacute;n del parco p&uacute;blico lector de la &eacute;poca ante tal situaci&oacute;n era casi del todo imposible. Por eso <em>El cazador</em> apenas levant&oacute; un par de breves comentarios (<em>Telexpress </em>y<em> Noticiero Universal</em>, este &uacute;ltimo en la pluma de Manegat)<em>,</em> circunstancia que se repiti&oacute; con <em>Ceguera al azul</em> dos a&ntilde;os despu&eacute;s a pesar de ser acogida por revistas de peso como <em>&Iacute;nsula</em> o <em>La Estafeta literaria</em> y en alg&uacute;n peri&oacute;dico de alcance. El reconocimiento de Tomeo tuvo que esperar por tanto casi dos d&eacute;cadas a pesar de que sus apuestas literarias supon&iacute;an con claridad una v&iacute;a diferente y llena de posibilidades dentro del cansino panorama espa&ntilde;ol de la &eacute;poca (lo apunt&oacute; Soldevilla Durante: &ldquo;Una s&iacute;ntesis entre el expresionismo kafkiano y el hiperrealismo ir&oacute;nico del absurdo&rdquo;. 1980. <em>La novela desde 1936, </em>376-379). Tuvo que esperar porque eran obras a contracorriente en unos momentos de literatura comprometida y de superficie. Obras que, sin embargo, s&iacute; trataban problemas de calado y de fondo humanos como la soledad, la incomunicaci&oacute;n o las dificultades para su ejercicio y determinadas circunstancias sociales o interpersonales (la sumisi&oacute;n, por ejemplo) e individuales&nbsp; (deseos insatisfechos, taras, etc.), aunque todas estuvieran lejos del escaparate superficial del dominante realismo. E, incluso, lejos tanto de la digresi&oacute;n metaliteraria y del exhibicionismo cultural o experimental de principios de los a&ntilde;os 70, como de la fantas&iacute;a barroca latinoamericana que recal&oacute; en Espa&ntilde;a en esa d&eacute;cada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fue en 1979, en los primeros a&ntilde;os del despertar de la democracia, cuando Tomeo, con cuatro novelas ya publicadas, tras itinerar con el manuscrito de <em>El castillo de la carta cifrada </em>bajo el brazo por varias editoriales como siempre hab&iacute;a hecho hasta entonces, fue acogido por Jorge Herralde en la Editorial Anagrama y de rebote descubierto por la cr&iacute;tica para iniciar un normal matrimonio con el p&uacute;blico (antes, sin &eacute;xito, Rafael Borr&aacute;s con su buen olfato editor hab&iacute;a acogido la cuarta novela de Tomeo, <em>Los enemigos </em>(1974), en la Editorial Planeta por si &eacute;ste pudiera acabar siendo un autor de recorrido, tal como apunta en sus memorias<em> La guerra de los planetas</em>). Un matrimonio que Tomeo afianz&oacute; con la sexta entrega, <em>Amado monstruo </em>(1985), tras quedar finalista en el Premio Herralde, nada menos que tras el reconocido mejicano Sergio Pitol y, especialmente, tras ser adaptada esta novelita al teatro por J. Nichet y J.J. Pr&eacute;au en Francia (1989, <em>Monstre aim&eacute;, </em>Th&eacute;&acirc;tre des Treize Vents. Montpelier, aunque la solicitud data de finales 1987).&nbsp; Una adaptaci&oacute;n clave que (entrevista en Babelia, <em>El Pa&iacute;s, </em>1995) Tomeo admite como esencial para su trayectoria posterior: &ldquo;Nada, sin embargo, ha sido igual desde el d&iacute;a en el que los dos personajes de <em>Amado monstruo</em> se hicieron no solo alma, que en cierto modo ya lo eran, sino tambi&eacute;n cuerpo&rdquo;. Sin duda, porque al &eacute;xito de esta adaptaci&oacute;n (que en 1990 fue llevada al cine, como TV movie, por Frederic Compain) siguieron bastantes m&aacute;s y con un ritmo fren&eacute;tico (<em>El mayordomo miope, </em>en 1990<em>, El cazador de leones,</em>en 1990<em>, El gallitigre, </em>en 1991, <em>Historias m&iacute;nimas,</em> en 1992,<em> El castillo de la carta cifrada, </em>en 1993<em>, Problemas oculares, </em>en 1994, <em>Di&aacute;logo en re mayor,</em> en 1995,<em> Los misterios de la &oacute;pera</em> en 1999,<em> La agon&iacute;a de Proserpina </em>en 2003<em>,...</em>) por Francia, Italia, Portugal, Alemania, Suiza, B&eacute;lgica... y, por supuesto, Espa&ntilde;a en unos tiempos en los que prim&oacute; en el teatro una necesaria econom&iacute;a con respecto a montaje y actores. Econom&iacute;a en la que cuadraban a la perfecci&oacute;n las &ldquo;novelas dialogadas o sucesi&oacute;n de fragmentos esc&eacute;nicos novelados&rdquo; al decir del mismo Tomeo (<em>El Peri&oacute;dico de Arag&oacute;n</em>, octubre 1990). Y adaptaciones todas en las que Tomeo colabor&oacute; y, en ocasiones, llev&oacute; a cabo, como paso previo a experimentar el g&eacute;nero teatral<em> </em>con <em>Los bosques de Nyx,</em> la obra que, en 1994, abri&oacute;, nada menos, el festival de M&eacute;rida bajo la direcci&oacute;n de M. Bos&eacute;. Y, finalmente, adaptaciones en las que tambi&eacute;n estuvo presente la versi&oacute;n televisiva (TVE-Catalu&ntilde;a) de <em>El hombre por dentro y otras cat&aacute;strofes,</em> en cinco cap&iacute;tulos, bajo la direcci&oacute;n de Jos&eacute; Vila-San Juan a finales de 1987 rescatando cuentos in&eacute;ditos de Tomeo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A partir de <em>Amado monstruo</em>, la carrera de Tomeo fue fulgurante, apoyado en novelas esenciales como<em> El cazador de leones o La ciudad de las palomas,</em> sobre todo, antes de entrar en un ritmo editor de locura (3 o 4 obras al a&ntilde;o, sin contar reediciones) no exento de vaivenes. Debe remarcarse tambi&eacute;n que, junto al apoyo favorable que conllev&oacute; la adaptaci&oacute;n teatral de varias sus novelas, el jalear mercantilista de la &eacute;poca incidi&oacute; en este ritmo editor, en ocasiones no favorecedor para la trayectoria del aragon&eacute;s salvo, tal vez, en lo econ&oacute;mico: la repetici&oacute;n de esquemas, latiguillos o comportamiento de personajes restaron parte del impacto, la fuerza y la sorpresa vitales obtenidos con sus primeras obras. Un ritmo donde cabe la m&aacute;s que posible recuperaci&oacute;n de textos que antes no hab&iacute;an tenido hueco o que hab&iacute;an sido desechadas por el autor. En 1989, pongamos por caso, publica las novelas <em>El discutido testamento de Gast&oacute;n de Puyparlier, El Gallitigre, El mayordomo miope </em>y el libro de relatos<em> Problemas oculares. </em>Se trata, pues, de un ritmo inusual con&nbsp; dos o m&aacute;s entregas anuales que volver&aacute; a llegar a cuatro tambi&eacute;n en el 2000 con <em>El canto de las tortugas, La patria de las hormigas, Pat&iacute;bulo interior </em>y <em>Bestiario</em>.&nbsp; Ante esta profusi&oacute;n, la realidad del reciclaje en Tomeo se impone, algo que el mismo admiti&oacute; sin tapujos: &ldquo;<em>El Bestiario</em> e <em>Historias m&iacute;nimas</em> son cosas escritas hace por los menos treinta a&ntilde;os. La verdad es que siento la literatura como entonces&rdquo; (entrevista, Diario 16, Joaqu&iacute;n Arn&aacute;iz, 27/diciembre, 1989) o &ldquo;<em>El mayordomo miope...</em> ha sido la &uacute;nica novela que escrib&iacute; a lo largo de 1989.<em> El discutido testamento de Gast&oacute;n de Puyparlier</em> estaba ya escrita desde hac&iacute;a alg&uacute;n tiempo, esperando su oportunidad editorial.<em> Problemas oculares,</em> por su parte, es una colecci&oacute;n de cuentos, algunos ya publicados en diversos diarios y revistas. No escribo, pues, m&aacute;s que antes. Escribo, tal vez, con m&aacute;s confianza en mi mismo...&rdquo; (<em>Retratos de escritorio. Entrevistas a autores espa&ntilde;oles.</em> Heyman Jochen, 1991).<strong>&nbsp; </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No obstante, lo esencial de Tomeo fue su tozudez.&nbsp; Por eso, Tomeo s&oacute;lo se parece a Tomeo. Y &eacute;sa es la clave. Pues, a pesar del nulo &eacute;xito de sus propuestas literarias a lo largo de dos d&eacute;cadas, el aragon&eacute;s no cej&oacute; con supremo empecinamiento en su particular l&iacute;nea narrativa, en sus territorios cerrados, en sus asfixiantes tem&aacute;ticas cargadas de humor y propensas a la iron&iacute;a y en su estilo. Empecinamiento que apoyado por las circunstancias ex&oacute;genas citadas le llevaron al reconocimiento de un buen nutrido grupo de lectores en Espa&ntilde;a y en los diversos pa&iacute;ses a los que fue traducido (y representado). Lectores de los que &eacute;l, consciente, se hac&iacute;a eco con mimo en casi todas sus manifestaciones y entrevistas (&ldquo;Mis lectores son de primera calidad<em>&rdquo;. El ciervo, 2002</em>).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La realidad final fue que Javier Tomeo, <em>outsider</em>, marginal, extra&ntilde;o, raro, ins&oacute;lito o inclasificable, sobrepas&oacute; todo lo previsible. En muy pocos a&ntilde;os, tras su largo peregrinar de d&eacute;cadas, logr&oacute; hacerse con un muy estimable hueco en territorios y culturas de matices diferentes. Puede servir el simple ojeo de su producci&oacute;n, pues de las&nbsp; cinco obras publicadas a los 50 a&ntilde;os pas&oacute; a las casi cincuenta en s&oacute;lo tres d&eacute;cadas despu&eacute;s. Y su aceptaci&oacute;n y presencia se extendi&oacute; por Alemania, Francia, Polonia, Suecia, Dinamarca, Finlandia, Italia, Portugal u Holanda, entre otros pa&iacute;ses. Una aceptaci&oacute;n que parece l&oacute;gica por proximidad cultural o por el contagio emanado de un esp&iacute;ritu com&uacute;n que habita, alberga y atesora en sus novelitas, pero otro tanto puede deducirse de la apreciada estela (como demuestran sus holgadas traducciones) que la narrativa de Tomeo posee en pa&iacute;ses lejanos o en culturas no tan afines como Estados Unidos, Brasil o, entre otros, Israel.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</em></p>
<p>2.- <em>Las maneras, los seres, los espacios y las atm&oacute;sferas de Tomeo.</em></p>
<p>En alguna ocasi&oacute;n anterior escrib&iacute; que, a primera vista, la narrativa de Tomeo parece f&aacute;cil de centrar y de definir. Casi con un simple plumazo. Sin embargo, tras la aparente llaneza de las obras y de las an&eacute;cdotas que las sustentan habita la densidad, por lo que esa aparente sencillez, quintaesenciada, es igual de enga&ntilde;osa que su amenidad. Pues detr&aacute;s de la amabilidad de los textos de Tomeo siempre habita un zarpazo cargado de escepticismo y proclive a la corrosi&oacute;n. Sobre todo porque la lectura de cualquiera de sus obras (que nunca alcanzan la barrera de doscientas p&aacute;ginas porque a las cien, confesaba Tomeo, sus personajes comenzaban a rebelarse), a pesar de que descansan sobre el argumento m&iacute;nimo de la an&eacute;cdota y son parcas en protagonistas, siempre exigen la exploraci&oacute;n continua ante los sucesivos aditamentos, enroscados y superpuestos unos a otros, obligando a una morosa y paciente meditaci&oacute;n. Una meditaci&oacute;n&nbsp; repleta continuamente de matizaciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La desenvoltura en la tramoya y de los temas ideados por el aragon&eacute;s, su continuada reiteraci&oacute;n de esquemas, temas, motivos, lances y t&eacute;cnicas o la sencillez expresiva de la que siempre hace gala, ni omiten ni esconden la profundidad que atesoran sus escritos, por lo que estos funcionan como una bomba de efecto retardado que, por lo general, acaba estallando (fragmentada en varias e insospechadas direcciones) ante los ojos del lector confiado en las apariencias. Sobre todo cuando &eacute;ste descubre que en el fondo de todo cuanto se relata est&aacute; la plural existencia humana. Una existencia, adem&aacute;s, en perpetuo ramificarse caminando sobre las convenciones sociales, la ortodoxia, la incomunicaci&oacute;n, la falta de solidaridad, la fuerza del poder, la est&eacute;ril ficci&oacute;n entre lo legal y lo ilegal, la pujanza de la mediocridad social... de continuo puestas en entredicho.&nbsp; En suma, el empleo del contraste como motor de conocimiento, sin olvidar otros elementos tambi&eacute;n vitales en el quehacer narrativo de Tomeo tales como la presencia de la anormalidad, la deformaci&oacute;n, el reflejo en el &ldquo;espejo&rdquo; o la fuerza del mundo animal y vegetal, tan parab&oacute;licos para ampliar la visi&oacute;n &uacute;nica, un&iacute;voca y aparente que aportan los sentidos (&ldquo;Todos lo animales tiene una lectura po&eacute;tica y metaf&oacute;rica. Los insectos dan muchas claves. Por ejemplo, las mariposa, que se camufla para pasar desapercibida. Su actitud es id&eacute;ntica&nbsp; a la de muchos hombres que se disfrazan para aparentar cosas que no son, para medrar, para ascender. En ese sentido soy un fabulista&rdquo;. <em>&nbsp;</em>Entrevista<em>. Diario 16, </em>marzo 1993<em>. </em>Ana Rioja).</p>
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<p>Todas las obras del aragon&eacute;s permiten ese caminar a lomos de una lectura f&aacute;cil por la espontaneidad y comodidad epid&eacute;rmicas de la an&eacute;cdota que las sustenta (desarrollada adem&aacute;s en espiral permanente) y, por tanto, fascinan por su extra&ntilde;eza y por su alud continuo de sorpresas. Pero abordarlas as&iacute; supone quedarse s&oacute;lo en la corteza, realizar una somera navegaci&oacute;n de cabotaje o superficial y, en consecuencia, desechando los sabrosas borrascas de alta mar que contienen: la importancia del absurdo y la inclinaci&oacute;n al esperpento que descoyuntan la realidad convencional; la funci&oacute;n de los espacios cerrados por donde vagan unos personajes atrapados en unas circunstancias apenas visibles y asibles y, sin embargo, sentidas como posibles y reales; la soledad y la incomunicaci&oacute;n que ahoga a esos personajes y a sus espacios; el constante delirio de los di&aacute;logos o de los mon&oacute;logos mediante los que esos mismos personajes se expresan; la agobiante presencia del tiempo cronol&oacute;gico y, por supuesto, el tiempo vivido; el dramatismo subyacente que se destila del encontronazo que conlleva cualquier tipo de relaci&oacute;n, preferentemente de dominio/sumisi&oacute;n... Sabrosas borrascas que hablan a fondo de esa necesidad de que cuando se vive en sociedad, uno debe hacerse a los dem&aacute;s. Simplemente porque vivimos en los dem&aacute;s. Pero, al mismo tiempo, contrastando que, pese a vivir en el bullicio y en el ruido con los dem&aacute;s y sintiendo su proximidad f&iacute;sica, vivimos solos. Y sabrosas borrascas que, adem&aacute;s, se asientan sobre un lenguaje sencillo, escueto (&ldquo;si puedo decir algo en cuatro palabras no uso ocho&rdquo;), de frase corta, muy trabajado que permite su pronta asimilaci&oacute;n a pesar de que con &eacute;l se recorra todo tipo de intencionalidades (parodia, s&aacute;tira, cr&iacute;tica, iron&iacute;a...) y de que est&eacute; dominado por el eclecticismo frente a la tradicional diferenciaci&oacute;n de los g&eacute;neros literarios.</p>
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<p>Sucede as&iacute; porque sobre la dulce superficie de la an&eacute;cdota, plagada de derivaciones y digresiones, cabalga, con violencia y con fuerza, la cara ingrata y hasta obscena de la cruda realidad. &Eacute;sa que los seres humanos ni queremos ni deseamos ver: la dureza existencial y absurda. Por eso, los mon&oacute;logos, di&aacute;logos sin respuesta o los simples di&aacute;logos de sus novelas, de continuo en un sin fin al bifurcarse una vez y otra, no hacen sino edificar para&nbsp; sus personajes (&iquest;tambi&eacute;n para el lector?) un muro de contenci&oacute;n o una barrera frente a la crudeza, el sinsabor, el dolor y la ingratitud de la vida. Un muro con el que pretenden aplacar el intenso dolor de la existencia. Dolor que no lograr&aacute;n aplacar los continuos ensayos terap&eacute;uticos que representan las enso&ntilde;aciones, delirios o mundos inventados a caballo de las palabras.&nbsp; Los personajes de Tomeo se entregan de continuo a la pirotecnia verbal, buscan el artificio ling&uuml;&iacute;stico y navegan en un oc&eacute;ano de s&iacute;labas, palabras y frases&nbsp; mientras porf&iacute;an por salir de un tozudo circunvalar laber&iacute;ntico. En definitiva, el uso de las palabras, en continuo torrente, para levantar un vida paralela a la real. De ah&iacute; que los personajes de Tomeo apenas act&uacute;en y que tan s&oacute;lo hablen y hablen. De ah&iacute;, tambi&eacute;n, la escasez de argumento, la primac&iacute;a del di&aacute;logo o mon&oacute;logo, la fuerza de los incisos y las pausas, y, tambi&eacute;n, el aire de teatralidad tan propio que, por a&ntilde;adidura, acaba con un destino fatal, tambi&eacute;n teatral: la constataci&oacute;n de la soledad y del aislamiento. Una barrera, pues, que permite inocular profundidad a los planteamientos sobre la existencia, absurda e ir&oacute;nica, que nos envuelve. En resumidas cuentas, lo que siempre buscan los personajes de Tomeo con su aguda e ir&oacute;nica reflexi&oacute;n es una exploraci&oacute;n de la conciencia y una explicaci&oacute;n de la existencia, cuenten o no con un interlocutor.</p>
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<p>En el modo de exposici&oacute;n de todo lo anterior, aunque variable seg&uacute;n la novela, Tomeo camina por la conversaci&oacute;n con interlocutor mudo, por el mon&oacute;logo, por el di&aacute;logo&hellip; En todos ellos los personajes se lanzan a fondo para librase de su soledad (di&aacute;fano en <em>El castillo de la carta cifrada</em>), pero tambi&eacute;n para aplacar sus problemas. Son formas expositivas adecuadas a lo comunicado porque contienen siempre la pertinente carga dram&aacute;tica. El di&aacute;logo, el mon&oacute;logo y sus variantes act&uacute;an como eje vertebral de las historias y se acompa&ntilde;an siempre en sus partes narrativas de elementos propios del teatro como las acotaciones para no agotar al lector con tanta presencia de di&aacute;logos o de monodi&aacute;logos (sin duda, aspectos b&aacute;sicos para la triunfante&nbsp; adaptaci&oacute;n teatral de sus novelas). Este modo de exposici&oacute;n es tan clave como la concepci&oacute;n de jerarqu&iacute;a escalonada a la que se ven abocados sus escasos personajes, quienes se mueven, para mayor tensi&oacute;n por espacios concentrados, cerrados (habitaci&oacute;n, casa, castillo, sala&nbsp; teatro...) e, incluso, por espacios reducidos aunque puedan parecer abiertos (caso de&nbsp; <em>La ciudad de las palomas,</em> por ejemplo), mientras se ven empujados a una inevitable confrontaci&oacute;n en un combate hasta el &ldquo;Kao&rdquo;. Sin duda, porque ese tipo de espacios cerrados, adem&aacute;s de reflejar un realidad actual (vivimos en espacios as&iacute;), tambi&eacute;n cuadran a la perfecci&oacute;n con la tensi&oacute;n entre los personajes. Todo un aspecto narrativo vital en Tomeo, a quien le interesa en sus textos mantener y prolongar esa sensaci&oacute;n agitada lo m&aacute;s posible a lo largo de sus obras para as&iacute; abordar y profundizar en la soledad, aislamiento, incomunicaci&oacute;n y dem&aacute;s ejes tem&aacute;ticos peculiares. El mismo Tomeo ha advertido que sus novelas descansan siempre en &ldquo;una situaci&oacute;n dram&aacute;tica prolongada. Una situaci&oacute;n dram&aacute;tica apoyada en el flujo sencillo, directo y popular de la conversaci&oacute;n m&aacute;s com&uacute;n o coloquial que, adem&aacute;s, tambi&eacute;n acude al aliento de la sentencia o refr&aacute;n matizando as&iacute; los textos en direcci&oacute;n diversa, incluida la par&oacute;dica. Las palabras, sin duda, como construcci&oacute;n paralela de vida, una vida m&aacute;s grata que la real. Es el eterno problema de todos los personajes de nuestro autor: &ldquo;parecer&rdquo;, aunque sepan que no es lo mismo que &ldquo;ser&rdquo;. Pero todo ello sin extenderse demasiado y sin excederse. Hay que evitar el rizo que pueda cansar al lector. La econom&iacute;a, ling&uuml;&iacute;stica y de extensi&oacute;n, son b&aacute;sicas&nbsp; en un Tomeo que busca evitar el cansancio. P&aacute;ginas y palabras &ndash;adem&aacute;s de adecuadas a cada ocasi&oacute;n-- s&oacute;lo las necesarias.</p>
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<p>Un ejemplo claro del dramatismo prolongado y del valor de la confrontaci&oacute;n: El di&aacute;logo de <em>Amado monstruo</em>, que, aparentemente como entrevista de trabajo, parece buscar el fin del empleo, pero que acaba revelando unos inconfesos y oscuros secretos. La confrontaci&oacute;n, amable en apariencia dado que el entrevistador parece escuchar a su interlocutor, adquiere con el transcurrir de la misma tintes detectivescos porque lo que importa es la indagaci&oacute;n del secreto (profundizar en el <em>ello </em>y sus ra&iacute;ces). De ah&iacute;, la observaci&oacute;n continua, el valor de los silencios y de los ruidos, tan propensos en la novelas del aragon&eacute;s y que acontecen siempre o casi siempre en el momento presente. Es decir, con los pertinentes tics al pasado, sin proyectarse hacia el futuro y, como mucho, caminando s&oacute;lo por futuribles. Eso s&iacute;, son siempre confrontaciones rebajadas por el uso de la iron&iacute;a y del humor, atemperados y muy medidos, casi hasta el detalle m&aacute;s nimio e insustancial. Por eso, en los textos de Javier Tomeo, lo intolerable se torna tolerable a lomos de la sonrisa (el humor, un sendero que nos conduce a la reflexi&oacute;n, ha matizado el autor en m&aacute;s de alguna ocasi&oacute;n). Y hasta la tragedia se endulza. De ah&iacute; que no haya obst&aacute;culo alguno para que salte la reflexi&oacute;n con la que afrontar la terrible realidad de lo cotidiano. Y que lo cotidiano se haga comuni&oacute;n.</p>
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<p>Tomeo consigui&oacute;, pese a la permanente repetici&oacute;n de personajes arquet&iacute;picos, temas, m&eacute;todos narrativos y cauces expresivos (evidentes en la interrelacionada cadena o intertextualidad que conforman la casi totalidad de sus sus novelas), levantar un edificio dotado de solidez y, ante todo, lleno de autenticidad y singularidad literarias. Pues, pese a la sensaci&oacute;n de estar leyendo siempre una historia parecida (&ldquo;uno escribe siempre el mismo libro&rdquo;,&nbsp; Encinar, &Aacute;ngeles, <em>El urogallo</em>, 97, 1994), atrap&oacute; a lector con cada nueva novela, a pesar de sus reiteraciones archiconocidas, donde habitualmente un personaje o un par de personajes reprimidos, fantasiosos, solitarios, confusos, anormales o deformes y, por lo general, monstruosos hablan, sin apenas desarrollo de una acci&oacute;n, por un entorno cerrado y cotidiano. Personajes, atenci&oacute;n, que pareciendo normales juegan a cazar leones, a cantar boleros, a sentirse lic&aacute;ntropos, que son bicolores, polid&aacute;ctilos, orejudos, desdentados, obesos, piernicortos, cojos, tuertos, dalt&oacute;nicos, m&iacute;opes, bizcos, llevan ojos de cristal, tienen ojos asim&eacute;tricos, presentan las nariz&nbsp; partidas...&nbsp; A la postre, todo un muestrario de deformidades y disfunciones que, f&iacute;sicamente, matizan a personajes solitarios, ca&oacute;ticos, mani&aacute;ticos, obsesos del sexo, dementes... y que, incluso, interiormente, pueden impregnarse de tinturas literaturizadoras como el vampirismo y la licantrop&iacute;a (<em>La noche del lobo</em>). La exageraci&oacute;n, la caricatura, la deformidad, lo monstruoso se convierten as&iacute; en&nbsp; espejos (o instrumentos) para intuir la verdad ahogada por la apariencia, la realidad sumergida en la costumbre y la autenticidad recubierta por lo cotidiano.</p>
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<p>Es decir, que la anormalidad y la monstruosidad, recurrentes en Tomeo, no s&oacute;lo conllevan la visi&oacute;n de quien se aparta del orden regular de la naturaleza y de la norma, sino que propician la observaci&oacute;n concienzuda de las problem&aacute;ticas que en nuestra sociedad son esenciales para el autor (sumisi&oacute;n, dominio, soledad, la incomunicaci&oacute;n, falta de legalidad, insolidaridad...). Porque el deforme o el monstruo es vivo reflejo del desorden y, por tanto, no tiene hueco en un mundo que desprecia la imperfecci&oacute;n y, en consecuencia, con motivo de tal estigma, su identidad queda deteriorada caminando directamente a la exclusi&oacute;n. Y, por tanto, a la marginalidad, a la soledad, al aislamiento, a la incomunicaci&oacute;n. Adem&aacute;s, el deforme y el monstruo tambi&eacute;n sirven en Tomeo para desarrollar su querencia por el <em>ello</em> freudiano. Es decir, como ya se ha apuntado, para expresar lo at&aacute;vico, lo irracional, lo instintivo o el inconsciente que todo ser humano posee en su interior. Esa es la raz&oacute;n, aunque Tomeo, en declaraciones, abogue tambi&eacute;n por un camino de amor y perfecci&oacute;n interior destinado al lector. Pues, cuando pretende convertir a sus personajes en arquetipos, tal vez busque posibilita andamiajes para el lector con los que adentrarse en la v&iacute;ctima y sus circunstancias. Otro tanto sucede con la presencia de psic&oacute;patas o portadores de disfunci&oacute;n ps&iacute;quica (<em>Amado monstruo</em> a la postre esconde un secreto asesino com&uacute;n) porque igualmente presentan maneras de actuaci&oacute;n al margen o alejadas de la convenci&oacute;n social. Por si fuera poco a todo lo anterior, como explicaci&oacute;n, Tomeo a&uacute;n aporta otros matices: a &eacute;l no le interesa la belleza exquisita, sino la extra&ntilde;eza de la proporci&oacute;n. Y, por tanto, la deformidad, la disfunci&oacute;n, la anormalidad... forman parte del &ldquo;sistema de espejos&rdquo; para desentra&ntilde;ar la apariencia de la realidad. Son met&aacute;foras, s&iacute;mbolos de las diversas caras de la condici&oacute;n humana. Met&aacute;foras o s&iacute;mbolos que adquieren vital visibilidad mediante espacios oclusos, estructurados con habilidad en tres dimensiones.&nbsp; Y que van desde el mundo exterior al espacio y al personaje mismo asentado en la alusi&oacute;n y que act&uacute;a en el lector como anclaje realista a la historia narrada, pasando por el mundo del espacio f&iacute;sico que aporta credibilidad y que se descuelga de los comentarios, descripciones y acotaciones, para finalizar en el mundo oculto al espacio narrado, un mundo ubicado en el interior del personaje (parlamentos entre personajes y descenso al yo).</p>
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<p>En esta propensi&oacute;n a la met&aacute;fora y el s&iacute;mbolo debe ubicarse tambi&eacute;n el abundante uso del mundo animal (animales reales, inventados o mitol&oacute;gicos) en toda la obra de Tomeo. Su funci&oacute;n es de tal magnitud que, adem&aacute;s de encimarse en los t&iacute;tulos (<em>La ciudad de las palomas,</em> por ejemplo), llega incluso a constituir especificidad (<em>Bestiario, Nuevo Bestiario, Zoopat&iacute;as y zoofilias</em>). Lo puntualiz&oacute; muy bien Rafael Conte cuando advirti&oacute; que Tomeo va animalizando progresivamente a los personajes al tiempo que los animales de sus bestiarios y dem&aacute;s mistificaciones o mixturas se contaminan con lo peor de los humanos. El mundo animal (real o inveros&iacute;mil) utilizado como&nbsp; la proyecci&oacute;n de los secretos y los sue&ntilde;os m&aacute;s ocultos de los humanos (en <em>Zoopat&iacute;as y zoofilias, </em>pongamos por caso<em>, </em>se observan animales dubitativos, hipocondr&iacute;acos,&nbsp; envidiosos, perezosos, crueles... capaces de mostrar limitaciones, disfunciones, alteraciones y un sin fin de variables m&aacute;s) en un amplio espectro que abarca desde la enfermedad al amor.</p>
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<p>En definitiva, lo se&ntilde;alado anteriormente conforma (como forma y como materia de fondo el mundo narrativo) en parte la personal&iacute;sima <em>rareza </em>de Javier Tomeo, un autor que siempre resulta gustoso y denso, sugerente e intranquilizador, divertido y tr&aacute;gico... La extra&ntilde;eza, lo raro, la anormalidad, la diferencia, lo marginal y dem&aacute;s aspectos practicados por &eacute;l, en cohabitaci&oacute;n con varios elementos m&aacute;s, permiten sobrepasar las tranquilas aguas de una lectura de superficie, apacible e, incluso, hasta risue&ntilde;a. Sin duda, por todo ello, el <em>monstruo</em> Tomeo ha saltado latitudes, idiomas y culturas. Y sus novelistas, cuentos y estampas breves se tornaron universales, adem&aacute;s de servir a la vez como textos teatrales.</p>
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      <pubDate>Mon, 17 Jun 2019 05:10:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Turia rinde homenaje a Javier Tomeo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-rinde-homenaje-a-javier-tomeo/</link>
      <description><![CDATA[<p style="text-align: left;" align="center"><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2019/JAVIER_TOMEO_3_1.jpg" alt="" /><strong>FUE UN ESCRITOR ORIGINAL, VALIOSO E INCLASIFICABLE DENTRO DE LAS LETRAS ESPA&Ntilde;OLAS CARME RIERA PRESENTAR&Aacute; LA REVISTA EN HUESCA EL 18 DE JUNIO</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong><strong></strong>El escritor Javier Tomeo ser&aacute; el principal protagonista del nuevo n&uacute;mero de la revista cultural TURIA, que se distribuye este mes de junio. Un homenaje colectivo que, a trav&eacute;s de textos in&eacute;ditos, le rinden un total de 20 autores y estudiosos y que permite conocer a fondo a un autor original, valioso e inclasificable dentro de las letras espa&ntilde;olas. Cuando apenas han transcurrido seis a&ntilde;os de su muerte, quien fuera considerado por muchos como una suerte de Kafka aragon&eacute;s, es objeto de an&aacute;lisis y reivindicaci&oacute;n por haber sido capaz de elaborar una obra sin duda asombrosa y diferente y que goz&oacute; tambi&eacute;n de &eacute;xito notable no s&oacute;lo en Espa&ntilde;a sino, especialmente, en&nbsp; Francia y Alemania.</p>
<p>&nbsp;TURIA pretende descubrir a los lectores de hoy el inter&eacute;s del universo literario de Javier Tomeo.&nbsp; Y es que, seg&uacute;n declara su editor Jorge Herralde en la revista; &ldquo;S&oacute;lo un alien como &eacute;l pudo escribir inolvidables obras maestras&rdquo;. Fue Tomeo autor de una obra narrativa atractiva y extensa, construida al margen de las modas. Una labor creativa rendida siempre a la extra&ntilde;eza y al absurdo, a lo disparatado y deslumbrante, a lo monstruoso y anormal. No en vano, uno de sus m&aacute;s celebrados t&iacute;tulos fue <em>Amado monstruo</em>, que obtuvo una clara repercusi&oacute;n internacional.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;Las casi 150 p&aacute;ginas que TURIA dedica a Javier Tomeo puede decirse que constituyen una completa aproximaci&oacute;n a una obra y a una trayectoria vital que sigue mereciendo la pena. Buena prueba de ello es que, entre los autores que participan en este monogr&aacute;fico de la revista, hay varios especialistas procedentes de otros pa&iacute;ses as&iacute; como tres autores de sendas tesis doctorales sobre Tomeo.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;El nuevo n&uacute;mero de TURIA ser&aacute; presentado en Huesca, en el sal&oacute;n de actos de la Diputaci&oacute;n Provincial, el pr&oacute;ximo d&iacute;a 18 de junio. La tarea corresponder&aacute; a Carme Riera, escritora, acad&eacute;mica de la RAE y actual presidenta de CEDRO. Conviene destacar que la Diputaci&oacute;n de Huesca ha apoyado econ&oacute;micamente esta iniciativa cultural y la ha hecho viable</p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>UN CORREDOR DE FONDO NADA CONVENCIONAL</strong></p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>&nbsp;</strong>El monografico de TURIA sobre Javier Tomeo (Quicena, Huesca, 1932 &ndash; Barcelona, 2013) ha sido coordinado por el escritor y cr&iacute;tico Ram&oacute;n Ac&iacute;n, autor de una tesis doctoral sobre su obra y uno de los estudiosos que mejor la conocen. En su art&iacute;culo introductorio subraya la condici&oacute;n de Tomeo como corredor de fondo de la literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea y subraya que su mundo literario es el de un autor&nbsp; &ldquo;outsider, marginal, extra&ntilde;o, raro, ins&oacute;lito o inclasificable&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;Fue Tomeo, escribe Ac&iacute;n en TURIA,<strong> &ldquo;</strong>un autor que siempre resulta gustoso y denso, sugerente&nbsp; e&nbsp; intranquilizador,&nbsp; divertido&nbsp; y&nbsp; tr&aacute;gico...&nbsp; La&nbsp; extra&ntilde;eza,&nbsp; lo raro, la anormalidad, la diferencia, lo marginal y dem&aacute;s aspectos practicados por &eacute;l, en cohabitaci&oacute;n con varios elementos m&aacute;s, permiten sobrepasar las tranquilas aguas de una lectura de superficie, apacible e, incluso, hasta risue&ntilde;a. Sin duda, por todo ello, el <em>monstruo</em> Tomeo ha saltado latitudes, idiomas y culturas. Y sus novelitas, cuentos y estampas breves se tornaron universales, adem&aacute;s de servir a la vez como textos teatrales&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;Seg&uacute;n Ram&oacute;n Ac&iacute;n, todas las obras del escritor aragon&eacute;s ahora homenajeado por TURIA,&nbsp; &ldquo;permiten ese caminar a lomos de una lectura f&aacute;cil por la espontaneidad y comodidad epid&eacute;rmicas de la an&eacute;cdota que las sustenta y, por tanto, fascinan por su extra&ntilde;eza y por su alud continuo de sorpresas&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;Pero abordarlas as&iacute;, asegura en su art&iacute;culo,&nbsp; &ldquo;supone quedarse s&oacute;lo en la corteza, realizar una somera navegaci&oacute;n de cabotaje o superficial y, en consecuencia, desechando los sabrosas borrascas de alta mar que contienen&rdquo;. Por tanto, es clave para entender a Tomeo tener en cuenta cuestiones como: &ldquo;la importancia del absurdo y la inclinaci&oacute;n al esperpento que descoyuntan la realidad convencional; la funci&oacute;n de los espacios cerrados por donde vagan unos personajes atrapados en unas circunstancias apenas visibles y asibles y, sin embargo, sentidas como posibles y reales&rdquo;</p>
<p>&nbsp;Adem&aacute;s, siempre deberemos considerar otros elementos como &ldquo;la soledad y la incomunicaci&oacute;n que ahoga a esos personajes y a sus espacios; el constante delirio de los di&aacute;logos o de los mon&oacute;logos mediante los que esos mismos personajes se expresan; la agobiante presencia del tiempo cronol&oacute;gico y, por supuesto, el tiempo vivido; el dramatismo subyacente que se destila del encontronazo que conlleva cualquier tipo de relaci&oacute;n, preferentemente de dominio/sumisi&oacute;n...&rdquo;. Todas ellas son cuestiones esenciales para interpretar la ingente obra de Tomeo y que justifican que deba valorarse adecuadamente la riqueza, profundidad e inter&eacute;s de su universo literario.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>EXTRAVAGANCIA Y LUCIDEZ</strong></p>
<p>Ant&oacute;n Castro, en su art&iacute;culo &ldquo;El lugar de un escritor distinto y solitario&rdquo;, traza una certera mirada sobre su personalidad y su trayectoria y concluye: Tomeo &ldquo;ha dejado su poso: su originalidad, su extravagancia, su lucidez, su percepci&oacute;n caricaturesca del mundo, su conocimiento del alma humana y sus paradojas, y ha puesto su prosa depurada al servicio de la ficci&oacute;n y de sus f&aacute;bulas morales&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;La literatura espa&ntilde;ola de los &uacute;ltimos a&ntilde;os &ndash;anota Ant&oacute;n Castro en TURIA- no ser&iacute;a f&aacute;cil de entender sin las aportaciones del hombre que descansa a los pies casi del castillo de Montearag&oacute;n. Es probable que &eacute;l, desde all&iacute;, ponga en pr&aacute;ctica los secretos del oficio:&ldquo;Escribir es abrir una ventana y ver el paisaje y cont&aacute;rselo a los que no est&aacute;n asomados contigo&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Adem&aacute;s de los ya citados, en el monogr&aacute;fico que la revista dedica a Tomeo, escriben&nbsp; textos in&eacute;ditos especialistas internacionales como la hispanista radicada en Suiza Irene Andres-Suarez (&ldquo;Teatricuentos y microrrelatos de Javier Tomeo&rdquo;) o la profesora francesa Sylviee Fourni&eacute;-Chaboche,&nbsp; autora&nbsp; de&nbsp; una&nbsp; tesis&nbsp; doctoral&nbsp; sobre&nbsp; el&nbsp; autor&nbsp; aragon&eacute;s.&nbsp; Tambi&eacute;n&nbsp; ha dedicado una tesis al libro &ldquo;Amado monstruo&rdquo; de Tomeo otro de los colaboradores de esta entrega de TURIA: Francisco Gonz&aacute;lez Garc&iacute;a, que estudia ahora su relaci&oacute;n con el teatro.</p>
<p class="Textoindependiente21">Otros art&iacute;culos sobre la obra de Tomeo corren a cargo de: Ismael Grasa (&ldquo;Los contornos del monstruo&rdquo;), Agust&iacute;n Faro Forteza (&ldquo;Tomeo y el cine: un encuentro puntual&rdquo;), Antonio P&eacute;rez Lasheras y Mar&iacute;a P&eacute;rez Heredia (&ldquo;Arag&oacute;n en Tomeo, Tomeo y Arag&oacute;n&rdquo;), Fernando Valls (&ldquo;Monstruos y prodigios: im&aacute;genes de Javier Tomeo&rdquo;), Daniel Gasc&oacute;n (&ldquo;Javier Tomeo: una grieta en la realidad&rdquo;), Mariano Gista&iacute;n (&ldquo;La Cobertera de Quicena&rdquo;) y &Aacute;ngel Rodr&iacute;guez Abad (&ldquo;L&uacute;dico, lateral, l&iacute;rico: Tomeo&rdquo;).</p>
<p>Uno de los testimonios m&aacute;s valiosos que aporta TURIA es el de su editor de referencia, Jorge Herralde, que public&oacute; en Anagrama buena parte de los t&iacute;tulos elaborados por Tomeo y que asegura que <strong>&ldquo;</strong>el impacto de las dos primeras novelas (<em>El castillo de la carta cifrada </em>y <em>Amado monstruo</em>)&nbsp; fue muy fuerte, quiz&aacute;, aparte de su gran calidad,&nbsp; por la sorpresa de un tipo de literatura que no ten&iacute;a nada que ver con lo que se hac&iacute;a en Espa&ntilde;a ni en ning&uacute;n otro lugar.&nbsp; Ya ten&iacute;a entonces un club de fans que, aunque no muy numeroso, matar&iacute;an por Javier Tomeo&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">No faltan art&iacute;culos de quienes fueron otros de sus editores, como Enrique Murillo (&ldquo;Tomeo, raro entre los raros&rdquo;) y Juan Casamayor (&ldquo;Editar a un cl&aacute;sico&rdquo;). Y en el cap&iacute;tulo de testimonios no pueden faltar los amigos de Tomeo como Javier Gurruchaga (&ldquo;Tomeo y yo fuimos napole&oacute;nicos por derecho propio&rdquo;), Luis Alegre (&ldquo;Planeta Tomeo&rdquo;) o Joan de Sagarra.&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Por &uacute;ltimo, TURIA reproduce un texto poco conocido de Tomeo, publicado en 1972 en la revista &ldquo;Camp de l&rsquo;Arpa&rdquo; (&ldquo;El&nbsp; prelado acu&aacute;tico y otras peque&ntilde;as historias&rdquo;).&nbsp; Cierra el monogr&aacute;fico una pormenorizada y &uacute;til biocronolog&iacute;a elaborada por Pablo P&eacute;rez Rubio.</p>
<p>TURIA es una revista cultural espa&ntilde;ola de difusi&oacute;n nacional e internacional por suscripci&oacute;n. Con m&aacute;s de tres d&eacute;cadas de trayectoria, actualmente tiene una edici&oacute;n en papel y otra&nbsp; digital (web y Facebook). Est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, con apoyo del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero ha contando tambi&eacute;n con el respaldo de la Diputaci&oacute;n de Huesca.</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><span style="text-decoration: underline;">UN FRAGMENTO DE LA ENTREVISTA IN&Eacute;DITA A JORGE HERRALDE SOBRE JAVIER TOMEO</span></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><span style="text-decoration: underline;">&nbsp;</span></strong></p>
<p>La revista TURIA publica una amplia y reveladora entrevista in&eacute;dita con Jorge Herralde, fundador de la editorial Anagrama y que es el responsable de haber publicado gran parte de su obra. De esa conversaci&oacute;n, mantenida con el periodista Francisco Luis del Pino Olmedo, adelantamos hoy un fragmento en que nos cuenta c&oacute;mo conoci&oacute; a Tomeo y los or&iacute;genes del escritor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">JORGE HERRALDE: &ldquo;S&Oacute;LO UN ALIEN COMO &Eacute;L PUDO ESCRIBIR</p>
<p align="center">INOLVIDABLES OBRAS MAESTRAS&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jorge Herralde (Barcelona, 1935) fundador de<strong> </strong>Anagrama, editorial que cumple cincuenta a&ntilde;os del mejor servicio al mundo del libro y los lectores, no solo public&oacute; dieciocho novelas de Javier Tomeo Estallo (Quincena, Huesca, 1932- Barcelona, 2013), fue igualmente amigo del escritor oscense afincado en Barcelona. Su mirada del personaje le atraviesa hasta llegar al individuo, con profundidad serena, y un rastro de afecto perfectamente reconocible.</p>
<p>- Usted conoci&oacute; a Javier Tomeo antes de convertirse en escritor de una manera un tanto accidental. &iquest;C&oacute;mo fue ese encuentro?</p>
<p>- Conoc&iacute; a Tomeo antes de ser editor, y casi antes de que fuera &eacute;l escritor; fue circunstancial, a causa de un amigo com&uacute;n y muy divertido, que me invit&oacute; a una tertulia en la Granja Royal, sita en la calle Pelayo. All&iacute;, en un amplio sal&oacute;n se reun&iacute;an entre once y doce de la ma&ntilde;ana una treintena de personas de variopinto pelaje, desde escritores, profesores, pintores, un flautista, oficinistas estramb&oacute;ticos, a un fil&oacute;sofo apasionado por Hegel y tambi&eacute;n por las filosof&iacute;as orientales, adem&aacute;s de un n&uacute;mero alto de astr&oacute;logos y similares. Espor&aacute;dicamente aparec&iacute;an el poeta Cirlot y el escultor Aulestia que practicaban un rechazo oblicuo, absentista, al sistema. Y entre todos ellos estaba Javier Tomeo que entonces trabajaba en el gabinete jur&iacute;dico de la Hispano Olivetti. Yo, que estudiaba ingenier&iacute;a en aquel tiempo, me aficion&eacute; a ir all&iacute;, y estuve un par de a&ntilde;os frecuent&aacute;ndola.</p>
<p>- Parece una tertulia muy del estilo de Javier Tomeo teniendo en cuenta que el esoterismo&nbsp; le atra&iacute;a.</p>
<p>- Algo de ese mundo le fascinaba. Por la tarde y algunas noches, la tertulia continuaba en un circuito de bares en las Ramblas y alrededores, al que Tomeo llamaba el &ldquo;pol&iacute;gono m&aacute;gico&rdquo;.</p>
<p>Cuando dej&oacute; Hispano Olivetti entre los diferentes trabajos que ejerci&oacute; fue el de rellenar hor&oacute;scopos &ndash;inventados naturalmente- para una astr&oacute;loga amiga que dirig&iacute;a una revista de ese tipo. Y escribi&oacute; con otro contertulio de la Granja Royal, apodado &ldquo;el Bruixot&rdquo;, un libro sobre la brujer&iacute;a y la superstici&oacute;n en Catalu&ntilde;a.</p>
<p>- Hab&iacute;a ya publicado algo en el tiempo que usted le conoci&oacute; en esa curiosa tertulia?</p>
<p>- En aquella &eacute;poca ya publicaba de cuando en cuando un cuento que firmaba con su nombre y sus dos apellidos: Javier Tomeo Estallo, en el desaparecido diario &ldquo;El Noticiero Universal&rdquo;, que lleg&oacute; a ser el peri&oacute;dico vespertino m&aacute;s influyente de Barcelona. Ya entonces apuntaba que era (o se convertir&iacute;a) en un escritor autodidacta que, m&aacute;s bien lo que le&iacute;a eran cosas medio esot&eacute;ricas, pero no novelas &ndash;confesado por &eacute;l mismo-, porque si la novela era mala, para qu&eacute; perder el tiempo, y si era buena, le daba rabia no haberla escrito &eacute;l. &iexcl;&iexcl;Era tremendo!!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 10 Jun 2019 06:14:34 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rafael Soler: origen, fulgor y trabalenguas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/rafael-soler-origen-fulgor-y-trabalenguas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2019/junio/soler500.jpg" alt="" /></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>Y qu&eacute; salvar entonces</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>qu&eacute; origen qu&eacute; fulgor qu&eacute; trabalenguas</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right">Rafael Soler</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
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<p>La obra literaria de Rafael Soler (Valencia, 1947) busca el grado cero de la comunicaci&oacute;n, ese momento en que las palabras dejan de ser un discurso convencional para convertirse en acto: instrucciones, un grito en medio de la nada, un silencio que dura veinte a&ntilde;os, abrazos, llamadas sin respuesta, el brindis del &uacute;ltimo gin-tonic. Actitud. Gestos. Disparos. Recetas. La comunicaci&oacute;n verbal humana es incapaz de expresar la esencia de la vida, pero es preciso seguir intent&aacute;ndolo. Pese a todo. De eso van los libros de Rafael Soler.</p>
<p>He seguido de cerca su obra, tanto sus poemarios como sus novelas, y siempre he llegado a la misma conclusi&oacute;n: estamos ante un escritor con una voz &uacute;nica y destinada a permanecer. La coherencia entre todos sus libros, a nivel de temas y de aproximaci&oacute;n a estos temas, es formidable y sorprendente al cabo de los a&ntilde;os, incluso con largos periodos de silencio editorial. Esa coherencia abarca su narrativa y su poes&iacute;a, pues resulta habitual encontrar pasadizos secretos (o no tan secretos: expl&iacute;citos muchas veces) entre ambos g&eacute;neros, pasadizos por los que discurren casi las mismas frases, obsesiones y prop&oacute;sitos. Y es que poes&iacute;a y narrativa, en Rafael Soler, trabajan en la misma direcci&oacute;n: comunicar verbalmente lo verbalmente incomunicable.</p>
<p>Esa es una de las claves (el gran antagonista, dir&iacute;a yo) de su mundo literario: la incomunicaci&oacute;n, engorrosa fatalidad que parece perseguir al ser humano. Es una incomunicaci&oacute;n generalizada que abarca distintas modalidades y contextos. Pensemos en el patriarca de <em>El &uacute;ltimo gin-tonic</em>, don Mois&eacute;s Casares, que obliga a sus hijos a formular preguntas que &eacute;l responde en una suerte de mon&oacute;logo dialogado, de una sola direcci&oacute;n; en el correo que Lucas Casares escribe a Diego Wiekmann y que nunca le env&iacute;a; en la llamada de Lucas a su hijo Mateo, que acaba provocando un accidente de tr&aacute;fico; en los mon&oacute;logos de tantos muertos que hablan de su vida sin parar, solos; en Aniceto Gom&iacute;n, ese acordeonista que toca demasiado alto para los ancianos sordos de un asilo; o en ese amante falsamente mudo que se dirige a su amada supuestamente sorda en el poema &laquo;Indeciso por vocaci&oacute;n y por car&aacute;cter&raquo; de <em>&Aacute;cido alm&iacute;bar</em>.</p>
<p>La otra clave (el gran h&eacute;roe, dispuesto a salvarnos) de su mundo literario es m&aacute;s sutil: la iron&iacute;a, mirada contrapron&oacute;stico de quien dice algo importante y urgente, convencido de que nadie lo escuchar&aacute; o de que ser&aacute; invariablemente olvidado o malinterpretado, pero no afloja en su empe&ntilde;o. Se trata de una iron&iacute;a instalada en la pura ra&iacute;z del planteamiento est&eacute;tico de Rafael Soler, que aparece en todos sus libros y que tiene que ver con ese &laquo;sabor vivo y espont&aacute;neo en la boca, con un noble final de recuerdo amargo&raquo; que deja en nosotros el trago de la vida, seg&uacute;n la receta que el derrotado Diego Wiekmann env&iacute;a al no menos derrotado Lucas Casares en <em>El &uacute;ltimo gin-tonic</em>, brindis ir&oacute;nico entre perdedores que se buscan sin encontrarse.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Origen</strong></p>
<p>Ahora bien, esa incapacidad para entenderse entre humanos no es fruto de la casualidad sino que tiene un origen definido: la figura del padre, centro de un mundo patriarcal heredado que se desmorona entre gritos y carcajadas. El padre representa al mismo tiempo el origen de la vida y el origen de la incomunicaci&oacute;n, un papel ambivalente que aparece en su poes&iacute;a (v&eacute;anse los poemas &laquo;L&aacute;vate las manos&raquo;, &laquo;Prohibido correr por el pasillo&raquo;, &laquo;No se detiene la memoria&raquo;) pero que resalta de manera especial en su obra narrativa, tanto en <em>El grito</em>, su primera novela, como en <em>El &uacute;ltimo gin-tonic</em>, la &uacute;ltima.</p>
<p>En <em>El grito</em>, recordemos, la relaci&oacute;n entre el joven Teodoro Lucas y su padre alcoh&oacute;lico se sustenta en el rencor, en la decepci&oacute;n mutua y en el secretismo en torno a su muerte (un suicidio negado por la familia, en realidad). Estos problemas de comunicaci&oacute;n entre padre e hijo se proyectan en el resto de relaciones que Teodoro Lucas mantiene con su entorno, en especial con Carmen y con su hijo autista, cuya forma predilecta de comunicaci&oacute;n es el grito desesperado en la oscuridad. Algo parecido sucede en <em>El &uacute;ltimo gin-tonic</em>, donde tambi&eacute;n el protagonista atiende al nombre de Lucas y tambi&eacute;n sufre la muerte de un padre autoritario, nada afectuoso y exc&eacute;ntrico, de quien los hijos lo ignoran casi todo (sus negocios ruinosos, su afici&oacute;n al juego) y cuyo fallecimiento es descrito en los siguientes t&eacute;rminos:</p>
<p>Sufri&oacute; entonces un s&uacute;bito desplome de todas las vocales, imprescindibles para articular una orden o un deseo, y la lengua asom&oacute; entre sus labios, temblorosa, como un ap&eacute;ndice ajeno que abandonase aquel cuerpo derrotado. (p&aacute;g. 69)</p>
<p>El silencio de la muerte traba las palabras del patriarca, sumiendo a los presentes en un vac&iacute;o de sentido que ahonda en lo grotesco y absurdo del personaje en cuesti&oacute;n, don Mois&eacute;s Casares, cabeza de una familia desde ahora descabezada. La &uacute;ltima palabra del patriarca resulta ser, significativamente, un trabalenguas en el sentido literal: lengua trabada por la muerte. &iquest;Existe forma m&aacute;s sublime de incomunicaci&oacute;n? Y para terminar la fat&iacute;dica escena, el narrador alude, no sin iron&iacute;a, al incomprensible &laquo;lenguaje secreto de las lenguas desahuciadas&raquo;, insinuando que hay un lenguaje secreto propio de los derrotados, de los que lo han perdido todo y, aun as&iacute;, persisten en su empe&ntilde;o, recordando ese lapidario &laquo;No pierdas la costumbre de perder&raquo; del poema &laquo;El amante secreto de las balas&raquo;, incluido en <em>Las cartas que deb&iacute;a</em> y que anticipa el mensaje de la derrota victoriosa de <em>No eres nadie hasta que te disparan</em>.</p>
<p>La dif&iacute;cil relaci&oacute;n entre Teodoro Lucas y Lucas Casares con sus padres tiene su paralelismo en la relaci&oacute;n que hay entre el yo po&eacute;tico de Rafael Soler con ese tal Ausente al que tantas veces se refiere en sus libros (a menudo como el Ausente, s&iacute;, pero tambi&eacute;n como el Tipo, el Todopoderoso, el Insaciable, el Carcelero, el Que Manda). Se trata de un paralelismo que remite, por supuesto, al imaginario colectivo cat&oacute;lico, en el que Dios es presentado como Padre de los hombres. Esta presencia de lo b&iacute;blico en su obra no es en absoluto anecd&oacute;tica, como se aprecia en la onom&aacute;stica judeo-cristiana de los personajes de <em>El &uacute;ltimo gin-tonic</em>: don Mois&eacute;s, Lucas, Mateo, Marcos, Juan, Alberto Judas Tadeo y Mar&iacute;a. El propio Rafael Soler habla as&iacute;, en una entrevista reciente, de los tres hijos de Lucas Casares y de sus santos tocayos:</p>
<p>San Marcos era un verdadero artista de la narraci&oacute;n, y Marcos es un artista de la supervivencia que hace del p&oacute;ker y el alcohol una manera de estar en el mundo; San Mateo fue recaudador de impuestos, y Mateo, con el peso terrible de la p&eacute;rdida de su mujer y el hijo en un accidente, es recaudador de historias por su condici&oacute;n de guionista; san Juan, tan joven, tan dado a la piedad, hizo del amor el tema central de las tres ep&iacute;stolas que escribi&oacute;, y Juan vive atrapado entre el amor desquiciado de su novia Paola, y los encantos de la extranjera Paola, que del cuello a los tacones es todo fruta. (<em>Cuarto poder</em>, 4 de enero de 2019)</p>
<p>Vemos c&oacute;mo la Historia Sagrada, que deber&iacute;a dar respuesta a las grandes preguntas de la Humanidad, deviene s&aacute;tira ya desde el mismo comienzo de <em>El &uacute;ltimo gin-tonic</em>, un t&iacute;tulo que remite a la &uacute;ltima cena de Jesucristo con los ap&oacute;stoles en clave par&oacute;dica. Y eso por no ahondar en las numerosas citas b&iacute;blicas, descontextualizadas adrede, y en otros personajes ambiguos como el de Mar&iacute;a, nombre de virginal memoria, que escapa del convento para vivir con Diego Wiekmann antes de huir a Espa&ntilde;a con Lucas Casares, a quien acaba abandonando por su hermano, Alberto Judas, que no por casualidad ser&aacute; el m&aacute;s traidor de los Casares.</p>
<p>Como apuntamos al inicio, Rafael Soler recurre a la iron&iacute;a para contrapesar la seriedad de sus temas, entre los que destaca la decadencia del modelo tradicional de familia, el fin de la vieja sociedad patriarcal, la soledad hiperconectada del ciudadano contempor&aacute;neo o la muerte de los seres queridos.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>El lenguaje secreto de las lenguas desahuciadas</strong></p>
<p>La obra de Rafael Soler indaga en ese lenguaje secreto que no se alcanza a pronunciar con la &laquo;lengua&raquo; eficiente y bien planchada de todos los d&iacute;as. De la lengua desahuciada, parece decirnos, nacer&aacute; un lenguaje m&aacute;s verdadero, capaz de comunicar mejor la experiencia esencial de la vida. Pero no es tarea sencilla. Se trata de elaborar un lenguaje que cuestione la propia lengua que lo emite, un lenguaje puesto al servicio de un acto alternativo de comunicaci&oacute;n antes que al servicio de un discurso oficial, dominante, en el que no cree el autor. La poes&iacute;a de Rafael Soler, emparentada estil&iacute;sticamente con la del peruano C&eacute;sar Vallejo, hace aflorar ese lenguaje secreto nada convencional, un lenguaje que se caracteriza por la ausencia de signos de puntuaci&oacute;n, las im&aacute;genes visionarias de corte surrealista, la combinaci&oacute;n fluida de los niveles culto, coloquial y vulgar de la lengua, las faltas de ortograf&iacute;a intencionadas o la ruptura dr&aacute;stica con la m&eacute;trica tradicional. Pero no se limita a eso sino que cuestiona la funci&oacute;n principal de la poes&iacute;a, ya que deja a un lado las funciones est&eacute;tica y expresiva para centrarse en la apelaci&oacute;n al lector. Porque ese es el objetivo principal de la poes&iacute;a de Rafael Soler: conectar urgentemente con el Otro, comunicar lo incomunicable sin convenciones ni falsas ret&oacute;ricas. El mensaje es la propia vida.</p>
<p>Se produce entonces la paradoja de que las palabras que representan conceptos deben dejan de hacerlo para convertirse en actos comunicativos inmediatos, a veces irracionales, que conectan al poeta y al lector: &oacute;rdenes, notas, advertencias, observaciones. Este es uno de los rasgos m&aacute;s personales del estilo de Rafael Soler, que puede apreciarse en t&iacute;tulos de poemas de distintas &eacute;pocas como &laquo;Toma buena nota, y calla&raquo;, &laquo;Dime qu&eacute; te debo, y por qu&eacute; tanto&raquo;, &laquo;Las flores dentro por el calor&raquo;, &laquo;Para que nadie olvide el tama&ntilde;o de su miedo&raquo;, &laquo;No me tires del pelo, por favor&raquo;, &laquo;Para un acto final sin veredicto&raquo;, &laquo;Te doy mi palabra&raquo; y muchos otros, textos en los que prevalece la intenci&oacute;n exhortativa sobre cualquier otra. La voz del poeta no descansa en las convenciones sino que corre directamente hacia un &laquo;T&uacute;&raquo; al que apela, al que obliga a responder. Seg&uacute;n los casos, ese &laquo;T&uacute;&raquo; puede ser un personaje ficticio, el lector o el propio poeta, en una suerte de desdoblamiento dial&oacute;gico del que somos testigos los lectores. Y as&iacute; hasta su &uacute;ltimo libro publicado, la antolog&iacute;a po&eacute;tica <em>Leer despu&eacute;s de quemar</em>, donde vuelve a apelar al lector para pedirle algo que el pobre lector no puede concederle: no leer su libro sino las cenizas de su libro. De nuevo Rafael Soler: comunicar lo incomunicable, leer lo ilegible.</p>
<p>Las palabras, enfrentadas al vac&iacute;o de la incomunicaci&oacute;n, adquieren la dimensi&oacute;n de un acto vital. Las palabras entonces se vuelven actitud. La literatura se pone al nivel de la vida, identific&aacute;ndose la una con la otra. No se trata de capturar la vida ni de imitarla sino, en la medida de lo posible, de trasladarla al papel, por eso la oralidad es un recurso habitual de su poes&iacute;a. La lengua oral no pone puntos ni comas, no mide bien la distancia entre los interlocutores y posee la respiraci&oacute;n r&iacute;tmica de lo urgente, de lo que ha de ser dicho, aunque nadie lo entienda, con sorprendentes asociaciones de im&aacute;genes en un contexto urbano y cotidiano del tipo: &laquo;Y qu&eacute; buscas t&uacute; pelma insolente / habl&aacute;ndonos de aquel que conociste / y era alto de n&oacute;mina&raquo;, &laquo;A buen precio el medio kilo de honesta zanahoria / su huella ignominiosa dejando en los baberos / la renuncia de sabores cumplidos con la edad&raquo; o &laquo;dijo el cocodrilo <em>perd&oacute;n un incidente</em> / dije el incidente <em>un accidente</em> / dijo la cuneta <em>bienvenido hermano</em>&raquo;, por citar solo algunos ejemplos. Sus poemas tienen algo de fragmentos de una conversaci&oacute;n interminable y dejan la huella de una emoci&oacute;n n&iacute;tida, potente, im&aacute;n de todos los fragmentos. Ese es su mayor logro: ese &laquo;lenguaje secreto de las lenguas desahuciadas&raquo; que oye Rafael Soler y traslada tal cual, al papel, para nosotros, palabras que no pueden explicarse con palabras. No en vano habla as&iacute;, en una entrevista del 12 de enero de 2017, de su quehacer po&eacute;tico: &laquo;S&eacute; que un poema est&aacute; bien si siento que me lo dictan&raquo;, asegura, pues &laquo;el poeta es un simple &ldquo;recogedor&rdquo; de algunos destellos, de peque&ntilde;os rel&aacute;mpagos que llegan a veces&hellip; y poco m&aacute;s&raquo;.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Fulgor</strong></p>
<p>Sucede a veces que dos personas se encuentran y comparten un momento decisivo de sus vidas. Incapaces de entenderse con palabras, se comunican entre s&iacute; de un modo especial y primario, atendiendo a la definici&oacute;n del verbo &laquo;comunicar&raquo; en su primera acepci&oacute;n del diccionario de la RAE: &laquo;Hacer a otro part&iacute;cipe de lo que uno tiene&raquo;. Sucede a veces, entonces, que dos desconocidos se hacen part&iacute;cipes mutuamente de lo que tienen, de lo que son. Se comparten. La obra de Rafael Soler busca ese grado cero de la comunicaci&oacute;n que consiste antes en compartir una experiencia vital que en trasmitir un mensaje determinado. De ah&iacute; uno de sus lemas: &laquo;Una derrota compartida es siempre la mitad de una victoria&raquo;, incluido en <em>&Aacute;cido alm&iacute;bar</em>, donde podemos sustituir &laquo;compartida&raquo; por &laquo;comunicada&raquo; y tenemos ya otra de las claves de su literatura: comunicar la derrota nos hace mejores.</p>
<p>De este planteamiento est&eacute;tico surge la noci&oacute;n de &laquo;fulgor&raquo; en Rafael Soler, una suerte de acto comunicativo esencial, de acto compartido, entre dos seres. Intenso, ef&iacute;mero, urgente. Un fulgor sin trascendencia del que sabe bien el propio poeta cuando dice: &laquo;No dejar&aacute;s en nada huella / ni quedar&aacute; tu voz entre las ramas&raquo;, o cuando asume la fugacidad como &uacute;nica verdad indiscutible: &laquo;S&eacute; fugaz / y coge entre tus manos cuanto estalla [&hellip;] luciendo con orgullo cada herida / pues siempre vivir te costar&aacute; la vida&raquo;, ambos textos de <em>Las cartas que deb&iacute;a</em>. Esta b&uacute;squeda de fulgor (brillo, resplandor, llama) recorre toda su obra po&eacute;tica, desde aquella &laquo;sonata urgente&raquo; que acompa&ntilde;aba al t&iacute;tulo de su primer poemario, <em>Los sitios interiores</em>, hasta el &uacute;ltimo, <em>Leer despu&eacute;s de quemar</em>, del que Xavier Oquendo Troncoso afirma en su contracubierta que &laquo;el oficio del poeta es hacer, con las palabras, el fuego y luego volver a las cenizas&raquo;. Pero el fulgor tambi&eacute;n aparece en su obra narrativa, caracterizada por relatos cortos y novelas cuya trama se desarrollan en apenas unos d&iacute;as, como en <em>El grito</em>, <em>El coraz&oacute;n del lobo</em> o muy especialmente en <em>El &uacute;ltimo gin-tonic</em>: cuatro d&iacute;as de diario (lunes, martes, mi&eacute;rcoles, jueves) cuyas iniciales (L, M, M, J) coinciden misteriosamente con las de los cuatro personajes de tintes evangelistas (Lucas, Marcos, Mateo, Juan), cuatro d&iacute;as que bastan para acabar con la hegemon&iacute;a patriarcal de los Casares, cenizas para el F&eacute;nix de una nueva vida en llamas.</p>
<p>El compromiso de Rafael Soler con la vida le impide coquetear con la idea de trascendencia: todo es ahora, parece repetir por todas partes, el infinito es un asunto urgente que hay que abordar ahora mismo con las &laquo;prisas / para <em>bibir</em> contigo&raquo; de <em>Los sitios interiores</em>. De ah&iacute; que los protagonistas de sus novelas sientan &laquo;el pellizco oscuro de la soledad o del deseo [&hellip;] y se pierdan en una jungla instant&aacute;nea y violenta&raquo; (<em>El grito</em>) o les toque en suerte &laquo;una vejiga inoportuna y d&iacute;scola, incapaz de contenerse en los momentos clave&raquo; (<em>El coraz&oacute;n del lobo</em>), por no entrar en la multiplicidad de deseos sensuales y sexuales que llenan de urgencia las p&aacute;ginas de sus libros. Los impulsos f&iacute;sicos, en este sentido, se revelan como signos que hay que atender en el marco de esa comunicaci&oacute;n verdadera, un punto irracional, que propone Rafael Soler. Es aqu&iacute; donde cobra sentido la presencia de lo animal en su obra, como veremos a continuaci&oacute;n. Basta echar un vistazo al conjunto: el joven Teodoro de <em>El grito</em> es un Tarz&aacute;n sobreviviendo semidesnudo en la jungla de la ciudad, el coraz&oacute;n de Alberto es el de un lobo asustado en <em>El coraz&oacute;n del lobo</em>, Torba es un caballo en busca de libertad en <em>El sue&ntilde;o de Torba</em>, los elefantes patag&oacute;nicos marinos de <em>El &uacute;ltimo gin-tonic</em> se matan a dentelladas tras quitarle la hembra al inocente ping&uuml;ino, las curvas cocodrilo de <em>No eres nadie hasta que te disparan</em> acaban con la vida de Abel, todo registrado en el canto f&uacute;nebre de un grillo.</p>
<p>A esta comunicaci&oacute;n total, verbal y no verbal, que propone Rafael Soler en busca de ese fulgor ef&iacute;mero que es la vida, hay que a&ntilde;adir otras formas. Empecemos por el lenguaje corporal de los personajes, que en <em>El &uacute;ltimo gin-tonic</em> cobra mucha importancia en los detalles menores, como la partida de p&oacute;ker de Marcos y Bego&ntilde;a, pero tambi&eacute;n en elementos centrales de la narraci&oacute;n como el nombre que recibe el bar de encuentro familiar, Los Abrazos, s&iacute;mbolo de esa comunicaci&oacute;n no verbal. Otras formas de comunicaci&oacute;n en Rafael Soler son los art&iacute;culos de lujo, a menudo ofrecimientos de amor, que aparecen en sus textos: objetos exclusivos de car&aacute;cter m&aacute;gico que abren su literatura a un mundo exquisito de olores, sabores y texturas. Recordemos, por citar solo un ejemplo, esos versos ya c&eacute;lebres de <em>No eres nadie hasta que te disparan</em>: &laquo;Ac&eacute;ptame cartier ni&ntilde;a swaroski te dec&iacute;a / escombro y jaramago salobre silicona / [&hellip;] pon en mi boca / tu lengua salgari adelantada / [&hellip;] tengo a los t&aacute;rtaros abajo / y un l&iacute;rico gourmet aguarda en mi cocina&raquo;. Este gusto por lo sensorial hay que enmarcarlo en esa necesidad urgente de compartir, de comunicar, que conecta, como hemos estado diciendo, con lo instintivo y animal. Cabe se&ntilde;alar, en este sentido, la original est&eacute;tica que plantea Rafael Soler, combinando elementos del mundo salvaje con elementos propios de un mundo refinado. Se trata de un tratamiento ir&oacute;nico del ser humano, que posee la sofisticaci&oacute;n de la cultura pero se ve arrastrado a menudo por sus instintos m&aacute;s primarios. Esta dial&eacute;ctica entre lo racional y lo irracional, resuelta en iron&iacute;a, est&aacute; en la base de su planteamiento est&eacute;tico.</p>
<p>No podemos olvidar, por &uacute;ltimo, la omnipresencia del alcohol y de su campo sem&aacute;ntico (bebidas, licores, copas, brindis, barras de bar) como s&iacute;mbolo de esa b&uacute;squeda de comunicaci&oacute;n total que es la literatura de Rafael Soler. A lo largo de toda su obra, desde <em>El grito</em> hasta <em>El &uacute;ltimo gin-tonic</em>, el alcohol va adquiriendo matices positivos, hasta convertirse en un canalizador privilegiado para salvar el escollo de la incomunicaci&oacute;n: sangre divina compartida, c&aacute;liz de la eterna juventud capaz de redimirnos de los a&ntilde;os y de la soledad. La conversi&oacute;n de un simple motivo en s&iacute;mbolo implica su recurrencia. En el caso del alcohol, apreciamos un recorrido que va desde el primer brindis de Teodoro y Carmen en la Nochevieja de <em>El grito</em>, donde asoma la inquietante figura del padre alcoh&oacute;lico de Teodoro, hasta el brindis familiar de <em>El &uacute;ltimo gin-tonic</em> en el bar Los Abrazos, una vez que el alcohol se ha erigido en poci&oacute;n m&aacute;gica redentora, pasando por decenas de botellas descorchadas, por la &laquo;Cata apresurada de Silvia Eliade&raquo; en <em>Maneras de volver</em> y la certeza de que &laquo;en vaso ancho y mucho hielo / cualquier licor pierde la vida / por verte aparecer&raquo; en <em>&Aacute;cido alm&iacute;bar</em>, por citar solo algunos ejemplos. Comuni&oacute;n, celebraci&oacute;n. Compartir una copa es, de alg&uacute;n modo, comunicarle al Otro el fulgor secreto de nuestra vida.</p>
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<p><strong>Poder</strong></p>
<p>La oposici&oacute;n victoria-derrota es recurrente en la obra de Rafael Soler desde sus primeros textos. Aparece, como hemos visto, en luchas de poder entre distintos tipos de parejas (hombre-mujer, padre-hijo, hermano mayor-hermano menor) que se resuelven, finalmente, apelando al valor positivo que adquiere siempre la derrota compartida, el fracaso comunicado, como fuente de dignidad y de sabidur&iacute;a: &laquo;No pierdas la costumbre / de ser el primero en las derrotas / que aguardan tu paso con un ramo / [&hellip;] / perder con empe&ntilde;o a pierna suelta / perder cabal seguro amargo / perder hasta la vida con sus moscas&raquo;, dice en <em>Las cartas que deb&iacute;a</em>. Se trata de perder para ganar, por lo tanto.</p>
<p>La derrota abre toda una red de relaciones humanas verdaderas, m&aacute;s all&aacute; del orgullo y de los intereses individuales, que permanece oculta para los vencedores. Y es que la victoria, en la obra de Rafael Soler, implica posesi&oacute;n, ego&iacute;smo, falsedad, incomunicaci&oacute;n. No es raro, por tanto, que la muerte del padre en <em>El &uacute;ltimo gin-tonic</em> desencadene una sucesi&oacute;n de derrotas: Lucas pierde a Mar&iacute;a, Marcos pierde al p&oacute;ker, Mateo pierde un ojo, Juan pierde a Paola. Estas derrotas implican un cambio de perspectiva liberador, simbolizado en la tercera parte de la novela, &laquo;Aqu&iacute; nadie tiene a nadie&raquo;, y con final redondo en la cuarta, &laquo;P&oacute;ker de ases&raquo;. El abandono se torna libertad, la seguridad econ&oacute;mica se transforma en esp&iacute;ritu aventurero, la incomunicaci&oacute;n se salva con abrazos, la mentira deja paso a la verdad. Ejemplo de todo esto es el caso de Lucas Casares, que renuncia a las palabras convencionales de un correo electr&oacute;nico para tomar un vuelo a puerto Madryn, un vuelo que re&uacute;na a Lucas Casares y a Diego Wiekmann, &laquo;perif&eacute;ricos e iguales&raquo;. Este gesto representa muy bien la actitud literaria de Rafael Soler: un gesto vale m&aacute;s que mil correos. Pero el destino le tiene reservada una &uacute;ltima trampa a Lucas Casares, que no encontrar&aacute; a Diego porque, ese mismo d&iacute;a, este ha cogido un avi&oacute;n en direcci&oacute;n contraria. Y algo similar sucede entre Juan y Paola, que no se encuentran en el edificio del que sale Paola porque, recordemos, Juan decide subir por las escaleras mientras ella baja en ascensor. Ignorantes y deseosos, de alg&uacute;n modo y pese a todo, se han comunicado ante nosotros, atentos lectores.</p>
<p>En una obra profundamente vitalista, la idea de la perder la vida acude como un fantasma a desvelarnos. La todopoderosa muerte, en este sentido, aparece como la gran derrota del ser humano, el hachazo homicida que iguala a todos, ricos y pobres, vencedores y vencidos. La gran igualadora, la muerte, representa el poder absoluto. Y la ausencia de Dios, a quien se dirigen mon&oacute;logos despechados en muchos poemas, supone una variante m&aacute;s de la incomunicaci&oacute;n que asedia al hombre. Hemos visto que, como prueba de su poder, la muerte se lleva al padre y a los ni&ntilde;os (David en <em>El grito</em> y Bosco en <em>El &uacute;ltimo gin-tonic</em>) mientras deja vivos y solos a los protagonistas para que as&iacute; tomen conciencia plena de su condici&oacute;n mortal. Nadie puede vencer a la muerte y esa certeza ti&ntilde;e la obra de Rafael Soler de un tono existencial que se reviste, a menudo, de magistral iron&iacute;a. Buen ejemplo de esta iron&iacute;a es la coincidencia de que el f&eacute;retro de don Mois&eacute;s Casares y el de Cara Gato terminen juntos en el mismo tanatorio, el mismo d&iacute;a y a la misma hora, &laquo;a la distancia de un suspiro&raquo;, que dir&aacute; el narrador de <em>El &uacute;ltimo gin-tonic</em>. Azares del destino, desencuentros compartidos, coincidencias inesperadas, estructuras narrativas que dotan de nuevos significados a los hechos narrados y poetizados.</p>
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<p><strong>Pero es preciso indagar</strong></p>
<p>La comunicaci&oacute;n verbal humana es incapaz de expresar la esencia de la vida, dec&iacute;amos al principio. Pero hay que seguir intent&aacute;ndolo: comunicarse con el Otro, con los otros, aunque no nos respondan o no existan. Comunicar, compartir.</p>
<p>Hemos visto c&oacute;mo el autor desciende, desde la superficie de las palabras convencionales, llenas de intereses mezquinos y malentendidos y falsedades, al grado cero de la comunicaci&oacute;n, al propio cuerpo. En unos versos bell&iacute;simos, con los que cierra tanto su libro <em>No eres nadie hasta que te disparan</em> como la antolog&iacute;a <em>Leer despu&eacute;s de quemar</em>, el poeta repite una consigna: &laquo;es preciso indagar / es preciso indagar // solo as&iacute; da su fruto / el vientre est&eacute;ril de lo eterno&raquo;. El acto creador es comparado con el acto reproductor, equipar&aacute;ndose as&iacute; la actividad intelectual con la actividad f&iacute;sica, biol&oacute;gica, en un lugar tan significativo, desde un punto de vista del an&aacute;lisis estructural, como son las &uacute;ltimas l&iacute;neas de un libro. El mensaje siempre es la vida, a pesar del misterio de su origen, su fulgor y su trabalenguas, o precisamente por ese mismo misterio.</p>
<p>La escritura de Rafael Soler dispara, pide, grita, llama, busca donde otros no se atreven a entrar. Por eso es uno de los grandes de nuestra literatura. La indagaci&oacute;n en lo desconocido precisa de esta actitud insobornable.</p>
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      <pubDate>Mon, 03 Jun 2019 06:59:44 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hermetismo ensimismado]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/hermetismo-ensimismado/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2019/junio/zuniga125.jpg" alt="" /></p>
<p>De &ldquo;novela de aprendizaje&rdquo; ha calificado Santos Sanz Villanueva <em>Escarcha</em> de Ernesto P&eacute;rez Z&uacute;&ntilde;iga. Es una apreciaci&oacute;n muy acertada, pero quiz&aacute; sea tambi&eacute;n algo m&aacute;s que eso. Tras una construcci&oacute;n herm&eacute;tica y simb&oacute;lica -siete secciones de siete cap&iacute;tulos cada una-, <em>Escarcha</em> es una novela que contiene una carga autobiogr&aacute;fica. Es lo que suelo llamar una novela <em>ensimismada</em>. Ese cruce entre el proceso de educaci&oacute;n, el simbolismo herm&eacute;tico y la carga autobiogr&aacute;fica es la fuente del inter&eacute;s que suscita esta novela. Explicar&eacute; muy sucintamente cada una de las dimensiones de esta obra.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Escarcha</em> es una novela de educaci&oacute;n (aprendizaje es otra de las denominaciones posibles, junto a la acad&eacute;mica <em>Bildungsroman</em>), porque acoge una imagen del personaje &ndash;Monte&ndash; en formaci&oacute;n. Monte es un adolescente. Abre la novela al cumplir 13 a&ntilde;os y termina su proceso formativo unos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, al salir de la adolescencia. El colegio se convierte en el centro de ese proceso evolutivo. Este g&eacute;nero de novelas se caracteriza, entre otras cosas, por la sucesi&oacute;n de experiencias, m&aacute;s o menos traum&aacute;ticas, que obligan al personaje a ir formando una personalidad. Comienzan con un personaje abierto y concluyen con rasgos de personalidad acusados. Tambi&eacute;n son momentos decisivos de estas novelas los di&aacute;logos con personas que se sit&uacute;an en un plano intelectual de superioridad &ndash;en este caso, con el abuelo Ram&oacute;n, &ldquo;h&eacute;roe de una guerra perdida&rdquo;&ndash; y la presencia de mujeres m&aacute;s o menos demon&iacute;acas &ndash;aqu&iacute; la prima Sara y Diana, la amante adulta&ndash;. El impacto del proceso formativo suele afectar a otros personajes. En <em>Escarcha</em> ocurre sobre todo con Miguel, el hermano de Monte, pero no es el &uacute;nico.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Escarcha</em> es una novela simb&oacute;lico-herm&eacute;tica. Las novelas de educaci&oacute;n suelen tener ese perfil est&eacute;tico. En esta ocasi&oacute;n el simbolismo herm&eacute;tico es muy acusado, lo que le da un sesgo diferenciador dentro de la serie de novelas de educaci&oacute;n espa&ntilde;ola (que se caracteriza por un perfil m&aacute;s bien bajo en este asunto). Ese simbolismo se aprecia en varios aspectos. En el t&iacute;tulo, en primer lugar. <em>Escarcha</em> es el nombre simb&oacute;lico de Granada, ciudad natal del autor, aunque naciera ocasionalmente en Madrid. Est&aacute; tomado de la obra de Lorca (roc&iacute;o y escarcha son s&iacute;mbolos opuestos a pesar de su afinidad). Y la novela lo explica por sus connotaciones &ndash;la belleza y la fr&iacute;a superficialidad&ndash;. El hecho de que el t&iacute;tulo ponga en primer plano &ndash;de forma velada&ndash; la ciudad es un elemento simb&oacute;lico trascendental, pues la ciudad se convierte en la novela contempor&aacute;nea en una imagen infernal, donde no es posible llevar una vida digna.&nbsp; Solo la rebeld&iacute;a juvenil se salva en la imagen apocal&iacute;ptica de la ciudad. Otros rasgos simb&oacute;lico-herm&eacute;ticos son la presencia de la poes&iacute;a y de la m&uacute;sica. El discurso de la novela tiene una tendencia permanente a dar paso al discurso po&eacute;tico y la m&uacute;sica es un asunto omnipresente en la tem&aacute;tica de la novela. El lenguaje del simbolismo herm&eacute;tico es un <em>prosimetrum</em> entendido de una forma muy flexible: la oscilaci&oacute;n entre la prosa y la poes&iacute;a. En este caso hay otra explicaci&oacute;n complementaria: el autor es tambi&eacute;n poeta &ndash;como el personaje&ndash;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Escarcha</em> es una novela ensimismada -esta categor&iacute;a ya la utiliz&oacute; Gonzalo Sobejano en los a&ntilde;os 80-. Que el personaje sea poeta como el autor ya es una pista digna de tenerse en cuenta. Tambi&eacute;n que el escenario sea Granada, ciudad en la que el autor pas&oacute; su infancia y juventud. Que la dedicatoria sea para el hermano del autor tambi&eacute;n es otra pista. Las declaraciones del autor son a este respecto reveladoras. Entre otras cosas ha dicho que para escribir esta novela necesitaba alcanzar un grado de madurez no como autor sino como persona. Y la novela narra la superaci&oacute;n de un trauma personal y es un ajuste de cuentas con la ciudad. P&eacute;rez Z&uacute;&ntilde;iga la ha definido, en declaraciones a la agencia EFE, como una fusi&oacute;n de experiencia e imaginaci&oacute;n, en esta ocasi&oacute;n m&aacute;s inclinada a la experiencia. Muchas de las experiencias tienen un aire vivencial. Sin embargo, el cr&iacute;tico no puede determinar la diferencia entre lo vivencial y lo fabulado. Solo la informaci&oacute;n del autor puede acreditar la naturaleza de lo escrito. Pudiera parecer que no es el objeto de la cr&iacute;tica indagar en esta cuesti&oacute;n. Sin embargo, el debate actual sobre la <em>autoficci&oacute;n</em> &ndash;debate mal plateado, por cierto&ndash; apunta a la importancia de la literatura del yo en la era moderna. La fabulaci&oacute;n es muchas veces un ligero velo para disimular la revelaci&oacute;n de la experiencia. En <em>Escarcha</em> hay episodios demasiado novelescos -toda la trama sevillana, por ejemplo-, pero tambi&eacute;n hay muchos otros momentos que suenan a rendici&oacute;n de cuentas. El drama familiar, la situaci&oacute;n hist&oacute;rica, el escenario herm&eacute;tico &ndash;la lucha entre el bien y el mal&ndash; y la presencia de personajes secundarios que apuntan a una existencia real apenas velada &ndash;los poetas granadinos, uno joven catedr&aacute;tico, el otro hip&oacute;crita mandar&iacute;n de la poes&iacute;a&ndash; son a la vez clave y atractivo de esta novela, que no carece de verdad</p>
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<p>Ernesto P&eacute;rez Z&uacute;&ntilde;iga. <em>Escarcha</em>. Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2018.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 03 Jun 2019 05:57:54 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Turia entrevista a fondo a Gonçalo M. Tavares y Francisco Ferrer Lerín]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-entrevista-a-fondo-a-goncalo-tavares-y-francisco-ferrer-lerin/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2019/tavares500.jpg" alt="" /></p>
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<p>Los lectores del nuevo n&uacute;mero de la revista TURIA, que se distribuye este mes de junio, podr&aacute;n disfrutar de entrevistas exclusivas y a fondo con dos de los autores m&aacute;s valiosos y singulares del panorama literario europeo: Gon&ccedil;alo M. Tavares y Francisco Ferrer Ler&iacute;n. Ambas conversaciones permiten, no s&oacute;lo conocerlos mejor, sino descubrir sus opiniones sobre un amplio repertorio de asuntos de inter&eacute;s. Y es que Tavares, con un total de 39 t&iacute;tulos traducidos en 50 pa&iacute;ses se ha convertido en el autor portugu&eacute;s m&aacute;s internacional y es ya esencial en cualquier balance de las letras actuales. Por su parte, el escritor y ornit&oacute;logo Ferrer Ler&iacute;n ha conseguido trascender su legendaria etiqueta de &ldquo;raro&rdquo; y su original obra obtiene ya los parabienes de la cr&iacute;tica y de los lectores m&aacute;s exigentes.</p>
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<p>Gon&ccedil;alo M. Tavares y Francisco Ferrer Ler&iacute;n son, sin duda, dos personalidades tan&nbsp; seductoras como inclasificables. De ah&iacute; que convenga tener muy en cuenta lo que nos dicen sobre el tiempo que vivimos. En TURIA nos hablan, con absoluta libertad y solvencia, de sus respectivas obras y trayectorias. Y, sobre todo, con sus respuestas se ocupan tambi&eacute;n de abordar diversas cuestiones que nos afectan o interpelan.</p>
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<p>Por ejemplo, con Tavares conversamos sobre la importancia que damos al presente o&nbsp; nuestra relaci&oacute;n con la tecnolog&iacute;a o sobre la incomunicaci&oacute;n cultural existente entre Espa&ntilde;a y Portugal. Exploramos tambi&eacute;n su inter&eacute;s por Europa y su fascinaci&oacute;n por Jap&oacute;n.&nbsp; Adem&aacute;s, en la entrevista se analiza la evoluci&oacute;n de la sociedad actual, la lucha por la igualdad de las mujeres, la emergencia del nacionalpopulismo o las consecuencias de la crisis econ&oacute;mica.</p>
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<p>Francisco Ferrer Ler&iacute;n combina la literatura con la ornitolog&iacute;a, que ha ejercido durante d&eacute;cadas en el Pirineo aragon&eacute;s. En la entrevista se repasan distintos episodios ins&oacute;litos de su&nbsp; vida y es que, por ejemplo, durante treinta y tres a&ntilde;os no escribi&oacute; nada pero desarroll&oacute; actividades que le suministrar&iacute;an abundante material cuando retorn&oacute; al mundo literario. Tambi&eacute;n se conversa en torno a cuestiones como la vanidad, la supervivencia o el oficio de escribir y, en todos los casos, Ferrer Ler&iacute;n siempre brinda las opiniones contundentes de quien ha conseguido hacer de su vida una obra de arte.</p>
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<p>Por otra parte, y entre otros contenidos relevantes, el nuevo n&uacute;mero de TURIA publica un relato in&eacute;dito de Manuel Vilas titulado &ldquo;Hostal Don Juan&rdquo; y analiza, en un texto de Anna</p>
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<p>Mar&iacute;a Iglesia, las claves del &eacute;xito arrollador de su novela <em>Ordesa</em>, que ha conseguido algo tan poco frecuente como la perfecta sinton&iacute;a entre cr&iacute;tica y p&uacute;blico lector.</p>
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<p>GON&Ccedil;ALO M. TAVARES: &ldquo;LA GRAN DISCRIMINACI&Oacute;N ES LA POBREZA&rdquo;</p>
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<p class="LO-normal">Tiene raz&oacute;n Luis S&aacute;ez Delgado cuando, al inicio de su magn&iacute;fica entrevista exclusiva que publica TURIA, nos dice: &ldquo;A la hora de presentar a Gon&ccedil;alo M. Tavares (Luanda, Angola, 1970) hay dos referencias que se han vuelto inevitables porque tienen la condici&oacute;n de profec&iacute;a que se ha cumplido. La primera recuerda c&oacute;mo Jos&eacute; Saramago, cuando entreg&oacute; en 2005 el premio que lleva su nombre a <em>Jerusal&eacute;n</em>, dijo que &ldquo;Gon&ccedil;alo M. Tavares no tiene derecho a escribir tan bien con tan solo 35 a&ntilde;os&rdquo;. La segunda es de Enrique Vila-Matas, para quien el novelista portugu&eacute;s ser&iacute;a pronto &ldquo;un escritor esencial en el horizonte de la literatura europea&rdquo;.</p>
<p class="LO-normal">&nbsp;</p>
<p class="LO-normal">Hoy, 39 libros despu&eacute;s de que en 2001 iniciara su tarea creativa, Tavares es un escritor esencial en el horizonte de la literatura europea, sus libros se han traducido en 50 pa&iacute;ses y sigue escribiendo igual de bien que entonces.</p>
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<p>La conversaci&oacute;n con Tavares, por tanto, va mucho m&aacute;s all&aacute; de hablar de sus libros o su trayectoria. El escritor portugu&eacute;s tiene siempre otras preocupaciones sobre las que quiere tratar: del papel de la m&aacute;quina al mundo de los creyentes,&nbsp; de la lucha por la igualdad al Holocausto, de la fascinaci&oacute;n por Jap&oacute;n o el inter&eacute;s por Europa. De todo ello se habla en la extensa e intensa entrevista que TURIA da a conocer en su nuevo n&uacute;mero.</p>
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<p>Tavares se ha interesado, por ejemplo, por la religi&oacute;n: &ldquo;para m&iacute; es un gran misterio y, no siendo creyente, cuando estoy entre creyentes nunca me siento como alguien superior, por el contrario, entiendo que tienen algo que yo no tengo&rdquo;.</p>
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<p>Preguntado por un asunto tan central como la lucha por la igualdad de las mujeres y su presencia en su obra, Tavares lo tiene claro: &ldquo;Es importante que el arte y la ficci&oacute;n no entren en una especie de cuotas de personajes masculinos, femeninos, negros, blancos. (&hellip;) Encuentro un asunto esencial c&oacute;mo otorgar un espacio literario o art&iacute;stico a las minor&iacute;as, y ah&iacute; aparece la pobreza. La gran discriminaci&oacute;n es la pobreza, de modo que si pensamos en una mujer pobre o en un hombre pobre, aunque se trate de un hombre blanco, sufre tambi&eacute;n una discriminaci&oacute;n potencial, la pobreza es el gran universal de la discriminaci&oacute;n&rdquo;.</p>
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<p>FRANCISCO FERRER LER&Iacute;N: &ldquo;ES MENTIRA QUE HAYA POETAS MAGN&Iacute;FICOS DESCONOCIDOS&rdquo;</p>
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<p>Creador de una obra original, audaz y personal&iacute;sima, en no pocas ocasiones las leyendas en torno a su biograf&iacute;a han generado prejuicios a la hora de enjuiciar su labor. Pero lo cierto es que los textos del escritor y ornit&oacute;logo Francisco Ferrer Ler&iacute;n&nbsp; (Barcelona, 1942) permiten todo menos la indiferencia. Radicado en la localidad oscense de Jaca, es protagonista ahora de una conversaci&oacute;n sin desperdicio en las p&aacute;ginas del nuevo n&uacute;mero de TURIA.</p>
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<p>Francisco Ferrer Ler&iacute;n, se muestra en la conversaci&oacute;n que mantiene para TURIA con Fernando del Val tal cual es: como una persona que s&oacute;lo lucha contra s&iacute; mismo.</p>
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<p>Al final, y m&aacute;s all&aacute; de los vaivenes del gusto, Ferrer Ler&iacute;n ha terminado por situarse como protagonista de una de las propuestas po&eacute;ticas y narrativas m&aacute;s audaces de las letras espa&ntilde;olas de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Desbordando moldes y t&oacute;picos, Ferrer Ler&iacute;n ha conseguido que los museos y las universidades le abrieran sus puertas, y tambi&eacute;n que las mejores editoriales publicaran sus libros. Incluso es Premio de la Cr&iacute;tica. Y es que, como escribe Fernando del Val, &ldquo;el tiempo juega a favor de los adelantados&rdquo;.</p>
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<p>Ferrer Ler&iacute;n muestra, en la entrevista que TURIA le dedica, todo un repertorio de opiniones contundentes. Por ejemplo, preguntado por su m&eacute;todo al escribir, declara: &ldquo;Puedo escribir sobre algo con un argumento inexistente. Donde no pasa nada. O sobre una nimiedad. Ah&iacute; est&aacute; el embrujo. Escribir con argumento no tiene m&eacute;rito. Adem&aacute;s, es aburrido de leer y pesado de escribir&rdquo;.</p>
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<p>Tambi&eacute;n asegura Ferrer Ler&iacute;n que &ldquo;es mentira aquello de que hay poetas magn&iacute;ficos desconocidos. El bueno, sale. Vivo o muerto&rdquo;. A la pregunta de si la vanidad es peligrosa, nos dir&aacute;: &ldquo;La vanidad, como la pedanter&iacute;a, es peligrosa en la medida en que te nubla la visi&oacute;n. Cuando uno est&aacute; demasiado convencido de que lo que hace es muy superior a lo que practica el resto, arruina la distancia cr&iacute;tica, y la distancia cr&iacute;tica es necesaria para cuidar la calidad de la obra y, si es posible, mejorar o evolucionar&rdquo;.</p>
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<p>MANUEL VILAS IN&Eacute;DITO Y LAS CLAVES DE &ldquo;ORDESA&rdquo;</p>
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<p>El escritor Manuel Vilas, uno de los m&aacute;s relevantes de la literatura espa&ntilde;ola actual, est&aacute; presente por partida doble en el sumario del nuevo n&uacute;mero de TURIA. En primer lugar, porque la revista publica un extenso texto in&eacute;dito del autor oscense: &ldquo;Hostal Don Juan&rdquo;.&nbsp; Y tambi&eacute;n porque la fil&oacute;loga y periodista cultural Anna Mar&iacute;a Iglesia analiza en un art&iacute;culo las claves de su libro m&aacute;s celebrado por la cr&iacute;tica y los lectores: la novela &ldquo;Ordesa&rdquo;, la obra quiz&aacute; m&aacute;s personal y desgarradora de cuantas integran su producci&oacute;n narrativa.</p>
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<p>Seg&uacute;n Anna Mar&iacute;a Iglesia, el entusiasmo que ha sucitado &ldquo;Ordesa&rdquo; responde a &ldquo;esa hambre de realidad que tienen los lectores de hoy, a esas ansias por leer y asistir a historias reales, a testimonios aut&eacute;nticos&rdquo;. Y eso es lo que ofrece Vilas en su novela: &ldquo;un&nbsp; libro en el que su autor se desnuda, en el que lo cuenta todo y ese todo, adem&aacute;s, no tiene que ver con los &eacute;xitos y los logros conseguidos a lo largo de la vida, sino con las debilidades, con las ausencias, con los errores, con los tropiezos, con las dificultades econ&oacute;micas, con el desamparo amoroso, con el duelo&hellip;&rdquo;</p>
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<p>Desde la perspectiva de Anna Mar&iacute;a Iglesia, &ldquo;Ordesa&rdquo; ser&iacute;a una novela en la que &ldquo;en un en un ejercicio expiativo, el lector vea en el dolor, los errores y las tribulaciones del narrador de <em>Ordesa</em> las suyas, seguro de que esa verdad que se narra es la suya. Y es que no hay mayor verdad, al menos dentro de la literatura, de aquella de la irrealidad, de la ficci&oacute;n&rdquo;.&nbsp;</p>
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<p>TURIA es, con 36 a&ntilde;os de trayectoria y periodicidad cuatrimestral, una de las publicaciones culturales espa&ntilde;olas m&aacute;s veteranas y reconocidas, por cuya labor obtuvo el Premio Nacional&nbsp; al Fomento de la Lectura. Desde hace un lustro, adem&aacute;s de su edici&oacute;n en papel, la revista TURIA tiene una versi&oacute;n digital a trav&eacute;s de una atractiva web y de una p&aacute;gina en Facebook que est&aacute; obteniendo una muy favorable acogida. &nbsp;</p>
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<p align="center"><span style="text-decoration: underline;">UN FRAGMENTO DE LA ENTREVISTA IN&Eacute;DITA A FRANCISCO FERRER LER&Iacute;N</span></p>
<p align="center"><span style="text-decoration: underline;">&nbsp;</span></p>
<p>La revista TURIA publica una amplia y reveladora entrevista con el escritor y ornit&oacute;logo Francisco Ferrer Ler&iacute;n. De ese material, tan interesante algunos lectores como quiz&aacute; controvertido para otros, adelantamos hoy el siguiente fragmento in&eacute;dito:</p>
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<p align="center">LOS SESENTA, BARCELONA Y EL SEXO</p>
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<p>Los sesenta fueron un trueno po&eacute;tico. &ldquo;Para sancionar el concepto <em>generaci&oacute;n</em> ha de haber una confluencia de intereses y unas coincidencias de tipo social, que, <em>sensu stricto</em>, no se dieron&rdquo;. Frente a la visi&oacute;n de Castellet, Ferrer Ler&iacute;n aporta otra m&aacute;s coherente en la que figuran, adem&aacute;s de &eacute;l mismo, F&eacute;lix de Az&uacute;a, Javier Mar&iacute;as, Pedro Gimferrer y Leopoldo Mar&iacute;a Panero. Con este &uacute;ltimo, y con Rinola Cornejo, tan presente en sus textos, acostumbraba a pasear las aceras. Que ella estuviera casada con un alem&aacute;n no fue impedimento para que se ennoviasen. En verdad, ella se llamaba Ricarda Manuela Cornejo Botello. &ldquo;Un ser incre&iacute;ble, nacido en Ayamonte. Engendr&oacute; un hijo con M&aacute;ximo Valverde en la Casa de los P&aacute;jaros de Sevilla, un edificio semiabandonado y colonizado por unos vencejos que acabaron con los mosquitos de Triana, y por parejas que iban a follar&rdquo;. A Panero &ndash;a quien llamaban Panecillo, sin mofa- no le gustaba ella. &ldquo;Era la encarnaci&oacute;n de La Mujer, <em>la mujer andaluza</em>. Dec&iacute;a cosas sin orden ni concierto, pero con una gracia extraordinaria&rdquo;. Ferrer Ler&iacute;n se pasaba el d&iacute;a acarici&aacute;ndola el cutis, &ldquo;fin&iacute;simo&rdquo;, lo &uacute;nico que le interesaba de su cuerpo. Su rebeld&iacute;a de vez en cuando era impostada. Organizaba sesiones literarias en el barrio obrero de Ciudad Meridiana, y lo primero que hac&iacute;a era desnudarse <em>para disfrutar de mayor libertad</em>. Todos sentados, con traje y corbata, y ella deambulando desnuda. &ldquo;No ten&iacute;a suficiente y, cuando nos &iacute;bamos, sal&iacute;a al rellano a despedirnos. Un n&uacute;mero&rdquo;. Despu&eacute;s lleg&oacute; Uta Lange. Cuenta en <em>Familias</em>... &ndash;ahora, traduci&eacute;ndose en Estados Unidos- que la relaci&oacute;n no funcion&oacute; debido a problemas <em>anat&oacute;micos</em>. &ldquo;Mi pene es peque&ntilde;o y estas mujeres de boca tan grande, y tan delgadas, poseen unas vulvas kilom&eacute;tricas. All&iacute; es imposible actuar. Uno se pierde&rdquo;. A ella le hab&iacute;an operado de un melanoma en el interior de un muslo y pretend&iacute;a unas posturas kamas&uacute;tricas que Ler&iacute;n no satisfizo. &ldquo;Lleg&oacute; Javier Mar&iacute;as y se produjo el traspaso&rdquo;.</p>
<p>- &iquest;Quiere esto decir que es un gimnasta o que portaba un pene mayor?</p>
<p>- Eso no lo s&eacute;. No pregunt&eacute;. Pero se unieron. &Eacute;l se qued&oacute; con ella y ella con &eacute;l. Fue una cosa pactada, eran otros tiempos. Pasamos una temporada feliz los tres: Uta, Javier y yo.</p>
<p>De la generaci&oacute;n, Pedro era el m&aacute;s dotado&hellip; intelectualmente. &ldquo;El m&aacute;s erudito. F&eacute;lix tambi&eacute;n tiene lo suyo, pero es que a Pedro le puedes preguntar por la p&aacute;gina 27 de un libro publicado por un se&ntilde;or que pasa por la otra acera&hellip; y se la sabe. Su problema fue no pertenecer a nuestra clase. Todos hab&iacute;amos ido a colegios determinantes &ndash;La Bonanova, San Ignacio&hellip;-, y &eacute;l era un menestral. Hablaba en catal&aacute;n, cosa que nosotros, como puse en <em>N&iacute;quel</em>, nunca.</p>
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<p>- Estaba mal visto emplearlo.</p>
<p>- S&iacute;. Recuerdo una noche en que Leopoldo Mar&iacute;a Panero me pidi&oacute; que le acompa&ntilde;ara al Drugstore del Paseo de Gracia donde se concentraban los chaperos. Un par de ellos, para diferenciarse, se pusieron a hablar en catal&aacute;n y Leopoldo les afe&oacute; su actitud, dici&eacute;ndoles si no sab&iacute;an que hablar en catal&aacute;n era de mala educaci&oacute;n. Tuve que intervenir antes de que le propinaran una paliza. El caso es que Pedro se reacondicion&oacute; porque era muy listo. De hecho, la idea de los Nov&iacute;simos es suya: Castellet no ten&iacute;a ni idea de nada. Yo dejo Barcelona en el 68 y quedo fuera del libro, lo cual no me molesta en absoluto.</p>
<p>- Creo que puede jugar incluso a favor.</p>
<p>- Eso se ha dicho.</p>
<p>Llevaba cuatro a&ntilde;os sin publicar y pasar&aacute;n tres hasta la siguiente entrega. No se toma en serio la literatura: a diferencia de sus amigos, no se considera un <em>autor</em>. Sin embargo, la rivalidad en el ambiente es tal que lleva a Gimferrer a <em>sacarle</em> de la reedici&oacute;n de <em>Mensaje del Tetrarca</em>: mantiene las citas iniciales de Perse y Alonso de Ercilla, si bien elimina las que cierran el volumen: una de Poe y otra de Ferrer Ler&iacute;n: &ldquo;A lo mejor todo fue una broma / contempla las colinas&rdquo;-.</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 31 May 2019 13:11:48 +0000</pubDate>
    </item>
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      <title><![CDATA[Turia descubre a Judith Herzberg, la mejor poeta holandesa actual]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-descubre-a-judith-herzberg-la-mejor-poeta-holandesa/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2019/judith500.jpg" alt="" />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <strong></strong><strong></strong></p>
<p style="text-align: left;"><strong></strong><strong>LA REVISTA PUBLICA TAMBI&Eacute;N TEXTOS IN&Eacute;DITOS SOBRE DORIS LESSING Y FRED VARGAS</strong></p>
<p style="text-align: left;"><strong></strong>La revista cultural TURIA publica en su nuevo n&uacute;mero, que se distribuir&aacute; este pr&oacute;ximo mes de junio en Espa&ntilde;a y otros pa&iacute;ses, un sumario con interesantes textos in&eacute;ditos protagonizados por grandes autores internacionales. As&iacute;, TURIA da a conocer por primera vez en espa&ntilde;ol una antolog&iacute;a de Judith Herzberg, la mejor poeta holandesa actual y uno de los m&aacute;s relevantes nombres propios de la literatura occidental de nuestros d&iacute;as. Esta selecci&oacute;n de poemas&nbsp; forma parte de un pr&oacute;ximo libro que, editado por Pre-Textos, se titular&aacute; &ldquo;Todo lo que es pensable&rdquo;.</p>
<p>Seg&uacute;n Ronald Brouwer, traductor habitual al espa&ntilde;ol de varios autores de los Pa&iacute;ses Bajos y responsable de esta cuidada edici&oacute;n de la poes&iacute;a de Hertzberg, el lector descubrir&aacute; a una escritora que &ldquo;posee una voz al margen de cualquier movimiento o corriente literaria, y solamente se la suele comparar, por expresarse en un registro cercano, con Wisława Szymborska&rdquo;.</p>
<p>Tambi&eacute;n TURIA ofrece a los lectores amplios e interesantes art&iacute;culos in&eacute;ditos sobre dos destacadas escritoras contempor&aacute;neas: la brit&aacute;nica Doris Lessing, premio Nobel de Literatura en 2007, de la que se cumple este a&ntilde;o el centenario de su nacimiento, y la francesa Fred Vargas, indiscutible reina europea de la novela negra y galardonada el pasado a&ntilde;o con el Premio Princesa de Asturias.</p>
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<p><strong>HERTZBERG, LA POETA M&Aacute;S LE&Iacute;DA Y GALARDONADA DE LOS PA&Iacute;SES BAJOS </strong></p>
<p>Nacida en &Aacute;msterdam en 1934, Judith Herzberg debut&oacute; como poeta en 1961. Su dilatada trayectoria y la c&aacute;lida acogida que vienen obteniendo sus textos la han convertido en la poeta m&aacute;s le&iacute;da y laureada de los Pa&iacute;ses Bajos. Buena prueba de ello es que el pasado a&ntilde;o recibi&oacute;, de manos del rey Guillermo de Holanda, el principal galard&oacute;n de aquel pa&iacute;s: el Premio de las Letras Neerlandesas.</p>
<p>Sobre Herzberg, su traductor explica en TURIA que &ldquo;sus poemas nacen del asombro, por las grandes injusticias del mundo, pero sobre todo por los sucesos y los detalles de la vida cotidiana. Herzberg los capta, los describe y, al sacarlos de su contexto, fija nuestra atenci&oacute;n en el misterio, la belleza o el dolor que entra&ntilde;an. Su escritura es concisa, a menudo provista de una suave nota de humor. L&uacute;dica. Emp&aacute;tica.</p>
<p>Como elocuente ejemplo podemos mencionar su poema &ldquo;Lavaplatos&rdquo;<em>,</em> en el que alguien se despide de sus cuchillos y tenedores: ya nunca m&aacute;s los fregar&aacute; a mano, dejar&aacute; de tener con ellos esas amenas conversaciones diarias, como ni&ntilde;os molestos los va a meter en una guarder&iacute;a, porque, como dice en la estrofa final, &ldquo;El mundo nos reclama / para asuntos de mayor peso. Mi personalidad, / sin ir m&aacute;s lejos, todav&iacute;a ha de desplegarse.&rdquo; Poemas como este, tan cercanos, conviven con otros sobre la memoria del Holocausto o un disidente cubano.</p>
<p>Al hilo del tono coloquial de sus poemas, su capacidad de s&iacute;ntesis y de dejar entrever lo impl&iacute;cito, fue invitada a escribir para la escena. Desde la d&eacute;cada de 1970, ha escrito unas veinticinco obras de teatro, dos de las cuales han sido editadas en castellano: &ldquo;Y/o&rdquo; (1985) y &ldquo;El caracal&rdquo; (1987). En este &aacute;mbito cabe destacar la trilog&iacute;a sobre las secuelas a largo plazo de la Segunda Guerra Mundial en familias jud&iacute;as, sus descendientes y su entorno: &ldquo;Alegr&iacute;a por el mal ajeno&rdquo; (1982), &ldquo;Hilvanando&rdquo; (1995) y &ldquo;Simon&rdquo; (2002), una sucesi&oacute;n de escenas llenas de contradicciones, una mezcla de ligereza y perspicacia que tambi&eacute;n laten en toda su obra po&eacute;tica.</p>
<p>&ldquo;Aparentemente, los poemas de Herzberg se limitan a rememorar con cierta distancia hechos o situaciones&rdquo;, afirm&oacute; el jurado del Premio de las Letras Neerlandesas, que a continuaci&oacute;n destac&oacute;: &ldquo;una iron&iacute;a sumamente sutil, el juego con el lenguaje, el amplio abanico de sentimientos y reflexiones que abre a partir de agud&iacute;simas observaciones y la dimensi&oacute;n simb&oacute;lica e incluso ic&oacute;nica de los temas que aborda en sus poemas. [&hellip;] Su poes&iacute;a es desgarradoramente sencilla y, gracias a eso, compleja&rdquo;.</p>
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<p align="left"><strong>DORIS LESSING, UNA ESCRITORA PIONERA QUE FUE PREMIO NOBEL&nbsp; </strong></p>
<p>La escritora Carme Riera, acad&eacute;mica de la RAE y actual presidenta de CEDRO, es la autora del art&iacute;culo in&eacute;dito sobre Doris Lessing que abre el sumario del nuevo n&uacute;mero de la revista TURIA.</p>
<p>La obra de la brit&aacute;nica Doris Lessing (1919-2013) tiene mucho de autobiogr&aacute;fica, subraya Riera: &ldquo;tal vez la escritora necesitaba mirarse en el espejo de las p&aacute;ginas de sus libros para saber qui&eacute;n era y qu&eacute; deseaba. La literatura le permiti&oacute; seguir viviendo en la medida que cuanto le sucedi&oacute; qued&oacute; plasmado en sus textos, con pocas excepciones, de manera que en la escritura encontraba un punto de apoyo para continuar&rdquo;.</p>
<p>Lessing, que obtuvo en 2007 el Premio Nobel de Literatura y en 2001 el Premio Pr&iacute;ncipe de Asturias, fue una escritora muy prol&iacute;fica, cultiv&oacute; todos los g&eacute;neros literarios y su producci&oacute;n la integran m&aacute;s de setenta t&iacute;tulos. Seg&uacute;n Carme Riera, en Lessing &ldquo;cada nueva obra es un reto. Una apuesta con ella misma de la que quiere salir vencedora&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Adem&aacute;s, en el art&iacute;culo que TURIA publica, se subraya el hecho de que en la obra de Doris Lessing&nbsp; &ldquo;vida y literatura se imbriquen estrechamente. Su familia, su propia persona, sus&nbsp; maridos&nbsp; y amantes,&nbsp; sus amigos y amigas,&nbsp; el paisaje en el que se desarrolla su infancia,&nbsp; los barrios de Londres donde&nbsp; habita, el contraste entre el mundo de los blancos y el de los negros en Rodesia del Sur, su lucha&nbsp; contra el <em>apartheid</em>, su militancia en el Partido Comunista, su inter&eacute;s por un mundo m&aacute;s justo,&nbsp; su necesidad de amor, los problemas que entra&ntilde;an las relaciones amorosas entre hombres y mujeres, la amistad femenina, etc.&rdquo;</p>
<p>Carme Riera analiza la obra de Lessing y la estructura en tres bloques: el primero, las novelas y cuentos que tratan de &Aacute;frica, de los conflictos coloniales, de la situaci&oacute;n miserable de los aut&oacute;ctonos. Un segundo bloque gira en torno a los aspectos de las relaciones humanas, en especial las amorosas, mientras que el tercero tiene que ver con la ciencia ficci&oacute;n.</p>
<p>&ldquo;El cuaderno dorado&rdquo;, publicada originalmente en 1962, es la gran obra de Lessing, afirma Carme Riera: &ldquo;aunque hoy la leamos de manera distinta a cuando apareci&oacute;, ya que las mujeres hemos conquistado muchas de las demandas que aparecen en el libro, en todos los aspectos, desde los econ&oacute;micos, pese a que la precariedad femenina sea todav&iacute;a mucho mayor que la masculina, a los sexuales&rdquo;.</p>
<p>En definitiva, y en opini&oacute;n de Riera, &ldquo;Doris Lessing es una pionera, que abre camino a las mujeres, que se adelanta a su &eacute;poca y que es adem&aacute;s una luchadora, aunque su obra sea hoy, por lo menos en&nbsp; Espa&ntilde;a,&nbsp; poco le&iacute;da. Ojal&aacute; el centenario de su nacimiento, que se cumple en octubre de este 2019, sirva para acercarla de nuevo a los lectores&rdquo;.</p>
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<p><strong>FRED VARGAS, LA REINA DE LA NOVELA NEGRA EUROPEA</strong></p>
<p>Carlos Zan&oacute;n, cultivador tambi&eacute;n del g&eacute;nero, es el autor del art&iacute;culo in&eacute;dito que la revista TURIA dedica a analizar la trayectoria creativa de la Fred Vargas, considerada como la actual reina de la novela negra europea. Buena prueba de ello es el &eacute;xito espectacular que tienen sus libros, as&iacute; como el reconocimiento cr&iacute;tico que avalan su trabajo con premios como el Princesa de Asturias de las Letras 2018, un galard&oacute;n que de acuerdo a su legendaria timidez no acudi&oacute; a recoger.</p>
<p>Fred Vargas, seud&oacute;nimo de Fr&eacute;d&eacute;ique Audoin-Rouzeau, es una autora francesa (Par&iacute;s, 1957) que tiene una s&oacute;lida formaci&oacute;n como arqueozo&oacute;loga e historiadora. Aunque se la conoce por sus catorce novelas polic&iacute;acas editadas, es tambi&eacute;n autora de deliciosos ensayos como el recientemente publicado en Espa&ntilde;a: &ldquo;Peque&ntilde;o tratado de todas las verdades de la existencia&rdquo;. Entre sus novelas, destaca la serie que protagoniza su personaje estrella: el comisario Adamsberg.</p>
<p>Para Zan&oacute;n, la forma de escribir de Fred Vargas &ldquo;se parece mucho a la de su personaje emblema, el Comisario de Polic&iacute;a del distinto 5 de Par&iacute;s, Jean-Baptiste Adamsberg. An&aacute;lisis, profesionalidad s&iacute; pero tambi&eacute;n mucho de intuici&oacute;n, las novelas se construyen a medida que se escriben -de ah&iacute; a veces sus argumentos inviables o deducciones imposibles-, como un territorio sin certezas, sin mapas ni caminos transitados o se&ntilde;alados, con una br&uacute;jula a la sumo, en una realidad que Vargas siempre hace contempor&aacute;nea pero atemporal&rdquo;. TURIA, que cuenta ya con treinta y seis a&ntilde;os de trayectoria, ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. Tiene periodicidad cuatrimestral en papel y adem&aacute;s dispone tambi&eacute;n una versi&oacute;n digital (web y Facebook) muy apreciada por los lectores. Est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel y cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21" style="text-align: left;" align="center"><strong><span style="text-decoration: underline;">UN POEMA IN&Eacute;DITO DE JUDITH HERZBERG</span></strong></p>
<p class="Textoindependiente21"><strong><span style="text-decoration: underline;">&nbsp;</span></strong></p>
<p class="Textoindependiente21">La revista TURIA difunde un avance del libro de Judith Herzberg, &ldquo;Todo lo que es pensable&rdquo;, que ser&aacute; publicado por Pre-Textos en Espa&ntilde;a en los pr&oacute;ximos meses. Es la primera vez que se da a conocer en nuestro idioma&nbsp; la poes&iacute;a de esta reconocida escritora&nbsp; de los Pa&iacute;ses Bajos. De la selecci&oacute;n de poemas que ofrece TURIA a los lectores, adelantamos hoy el siguiente in&eacute;dito:</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p>LO QUE LE GUSTAR&Iacute;A PINTAR</p>
<p align="left"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p align="left">Ella pinta lo que no puede</p>
<p align="left">comer poseer o describir.</p>
<p align="left">Pinta lo que no permanece</p>
<p align="left">quieto no queda igual no</p>
<p align="left">var&iacute;a. Pinta lo que ella</p>
<p align="left">no puede cultivar ni cazar</p>
<p align="left">ni olvidar. Pinta lo que</p>
<p align="left">no puede adivinar asir</p>
<p align="left">o comprender. Lo que no</p>
<p align="left">puede abrazar mimar</p>
<p align="left">o desaprobar. Descuidar,</p>
<p align="left">dejar asilvestrarse. Talar,</p>
<p align="left">despedazar. Quemar.</p>
<p align="left">Lamentar. Pinta aquello</p>
<p align="left">que no la deja dormir</p>
<p align="left">lo que no recuerda,</p>
<p align="left">no en color. Lo que no puede</p>
<p align="left">cantar no puede exultar.</p>
<p align="left">Lo indefinido ejerce siempre</p>
<p class="Textoindependiente21">un indefinible atractivo.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 28 May 2019 06:25:50 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La importancia del final (segunda parte)]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-importancia-del-final-segunda-parte/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2019/mayo/matias500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el prefacio que Shelley escribe en nombre de su mujer Mary Wollstonecraft<strong>&nbsp;</strong>para <em>Frankenstein</em>, se&ntilde;ala los modelos de la poes&iacute;a &eacute;pica y dram&aacute;tica antigua y moderna, desde la <em>Il&iacute;ada</em> de Homero al <em>Para&iacute;so perdido</em> de Milton, pasando por <em>La tempestad</em> y <em>El sue&ntilde;o de una noche de verano</em> de Shakespeare, que considera no solo los moldes primigenios de &ldquo;la verdad de los principios de la naturaleza humana&rdquo;, sino tambi&eacute;n los insoslayables patrones que deben guiar al &ldquo;humilde novelista&rdquo; en sus &ldquo;creaciones en prosa&rdquo;.</p>
<p>Am&eacute;n del concepto ancilar y esencialmente l&uacute;dico que para los rom&aacute;nticos como Shelley tienen el relato y la novela, frente a la grandeza tr&aacute;gica y filos&oacute;fica de la Poes&iacute;a, en esas afirmaciones, tanto la poes&iacute;a &eacute;pica, como la dram&aacute;tica, se consideran fen&oacute;menos y entidades narrativas previas y superiores, es verdad, pero, al final, an&aacute;logas al relato en prosa que es la novela.</p>
<p>Por eso, no se extra&ntilde;e, el lector, de que en este &ndash;tal vez insensato&ndash; experimento, que hemos iniciado, con el t&iacute;tulo de &ldquo;La Importancia del Final&rdquo;, se dote de nuevos finales tanto a grandes relatos &eacute;picos de la antig&uuml;edad cl&aacute;sica, como a algunas conocidas tragedias y comedias &ndash;e incluso romances&ndash;, junto a un buen ramillete de novelas modernas, pues todas ellas son <em>historias</em> que han pasado al acervo del lector curioso y obstinado; y algunas de ellas &ndash;bastantes&ndash; han terminado por convertirse incluso en lugares comunes de la cultura popular, para los que leen y para los que no leen, ni piensan leer ya nunca.</p>
<p>Estos tres nuevos finales inesperados que ofreceremos, en esta segunda entrega, cada uno de <em>historias</em> y de tiempos diversos y diferentes, abundan en esa intenci&oacute;n. Es nuestro deseo que disfruten del experimento, ideado para lectores como ustedes.</p>
<p align="center">***</p>
<p align="center"><strong>4</strong></p>
<p>Esta segunda entrega la comenzamos con el otro gran relato fundacional de nuestra cultura occidental, la <em>Iliada</em>. Pero, en el final alternativo que hemos ideado para este, no se har&aacute; hincapi&eacute; en el car&aacute;cter de su h&eacute;roe, el gran Aquiles, otro de los grandes modelos cl&aacute;sicos de la peripecia humana, el del guerrero orgulloso, inmisericorde e imbatible. No. Haremos hincapi&eacute; en la inmensa melancol&iacute;a de la victoria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Il&iacute;ada</strong> de Homero</p>
<p>(&hellip; esta es la profunda melancol&iacute;a de la victoria&hellip;)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&hellip; y al ver arder los &uacute;ltimos edificios de Troya, y al ver caer sus &uacute;ltimos pa&ntilde;os de muralla, un profundo y reverencial silencio se extendi&oacute; por el campo griego; y una extra&ntilde;a melancol&iacute;a arrebat&oacute; a los h&eacute;roes aqueos. De repente, aunque era previsible &minus;pues esa es la l&oacute;gica del final de todas las guerras, si han sido limpias&minus;, se amontonaron en sus mentes todos los a&ntilde;os pasados juntos; todos y cada uno de los instantes compartidos &minus;ya fuesen oro o polvo&minus; con sus compa&ntilde;eros, y sintieron una insufrible nostalgia de los camaradas &minus;y de los d&iacute;as&minus; que ahora abandonar&iacute;an y de los que se despedir&iacute;an para siempre&hellip;</p>
<p>Con el resplandor de las &uacute;ltimas llamaradas y con el vuelo de las pavesas humeantes, acud&iacute;an a ellos los recuerdos de los d&iacute;as de dolor, cansancio y desesperaci&oacute;n, pero tambi&eacute;n las jornadas y los momentos de ilusiones y esperanzas compartidas, de los hogares encendidos en las playas, de las cenas compartidas en las fr&iacute;as noches de invierno y en las tibias noches de los veranos; noches alegradas por el licor, por la hierba o por el amor&hellip; Les ven&iacute;a la imponente imagen de Aquiles vengando a Patroclo y la no menos imponente de H&eacute;ctor; y la dignidad y el ardor de sus combates y de su lucha, una dignidad que jam&aacute;s volver&iacute;an a encontrar en ning&uacute;n otro combate; como no encontrar&iacute;an tampoco aquella valent&iacute;a y aquel arrojo del adversario, su cerrada y noble defensa de su patria, y tanto honor derrochado&hellip;</p>
<p>Una profunda tristeza y silencio lo inund&oacute; todo y una especie como de ap&aacute;tica abulia. El que m&aacute;s y el que menos se retiraba a un lugar apartado a rememorar los a&ntilde;os pasados, los camaradas y los instantes perdidos ya para siempre, y gruesos torrentes de l&aacute;grimas resbalaban por sus rostros tan desconsolados&hellip; Ninguno quer&iacute;a partir, deseaban continuar el combate por Troya, se lamentaban de su destrucci&oacute;n, de la aniquilaci&oacute;n de sus moradores; sin ellos, si esas murallas imbatibles, sus vidas ya no ser&iacute;an las mismas, ni siquiera podr&iacute;an llamarse vidas; y fue al tercer d&iacute;a de silencio y de llantos cuando cundi&oacute; la especie, primero apenas articulada, luego extendida con rabia y rencor: era Ulises el culpable de todo; Ulises les hab&iacute;a arrebatado lo &uacute;nico que hab&iacute;an tenido, lo &uacute;nico que hab&iacute;a dado sentido a sus vidas, la aventura de la conquista de la ciudad de las ciudades&hellip; Ulises era el que les arrebatar&iacute;a ahora tambi&eacute;n a sus camaradas y con ellos les arrebatar&iacute;a tambi&eacute;n todos los d&iacute;as felices y los destinos enlazados y compartidos&hellip;</p>
<p>S&iacute;, era cierto; Ulises, al permitirles la conquista y la destrucci&oacute;n de Troya, les hab&iacute;a arrebatado tambi&eacute;n, de alguna insidiosa manera, el sentido de sus vidas. Ellos ya no sent&iacute;an nostalgia alguna, ni a&ntilde;oraban ninguna isla, como &eacute;l, perdida en regiones ya olvidadas de la memoria.</p>
<p align="center"><strong>5</strong></p>
<p>Mucho se ha dicho sobre este aut&eacute;ntico relato fetiche de nuestra tradici&oacute;n, pero seguro que nunca se ha reparado en este posible y muy l&oacute;gico final.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Divina Comedia</strong> de Dante</p>
<p>(Sin Para&iacute;so)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&hellip;</p>
<p>&minus; T&uacute; me has tra&iacute;do aqu&iacute;, no fueron mis m&eacute;ritos ni mi voluntad; en realidad t&uacute; me exaltaste a la derecha de la corte celestial contra mi voluntad; no me obligar&aacute;s ahora a franquearte las puertas del Para&iacute;so&hellip;</p>
<p>Fueron estas, o acaso otras muy parecidas, las palabras con las que Beatriz se neg&oacute; a recibir y acompa&ntilde;ar a Dante por las dependencias celestiales&hellip;</p>
<p>&minus; &iexcl;Prefiero ser condenada al Infierno!... (dicen que exclam&oacute; con rabia incontenida)</p>
<p>Y, dirigi&eacute;ndose a San Pedro, el cachazudo guardi&aacute;n de la Puerta, concluy&oacute; con una afirmaci&oacute;n que con el tiempo har&iacute;a fortuna&hellip;</p>
<p>&minus; &iexcl;Ese imb&eacute;cil jam&aacute;s entendi&oacute; que un no es un no, joder!&hellip;</p>
<p>El divino Dante no sal&iacute;a de su estupor ni de su asombro, no comprend&iacute;a que en esta nueva floresta s&iacute; se hab&iacute;a perdido definitivamente&hellip; Virgilio, m&aacute;s astuto y m&aacute;s experimentado, se escabull&oacute; en cuanto pudo, conoc&iacute;a bien c&oacute;mo se las gastaban las mujeres airadas, por eso le sorprendi&oacute; la necia candidez de su pupilo, que como embobado aceptaba con el labio inferior fl&aacute;cido y ca&iacute;do las sevicias de su idolatrada Beatriz&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>[&hellip; y todo esto dicho con el rancio sabor de los tercetos encadenados&hellip;]</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong><br clear="all" /> </strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p align="center"><strong>6</strong></p>
<p>Y para finalizar esta segunda entrega, un final, muy l&oacute;gico tambi&eacute;n, creo, para una de las novelas fundamentales de nuestra posguerra, dura, oscura y melanc&oacute;lica como pocas. Si no la han le&iacute;do, l&eacute;anla, y comprender&aacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Nada</strong> de Carmen Laforet</p>
<p>(Las mujeres, la guerra, la felicidad)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>&hellip; No me pod&iacute;a dormir. Encontraba idiota sentir otra vez aquella ansiosa expectaci&oacute;n que un a&ntilde;o antes, en el pueblo, me hac&iacute;a saltar de la cama cada media hora, temiendo perder el tren de las seis, y no pod&iacute;a evitarla. No ten&iacute;a ahora las mismas ilusiones, pero aquella partida me emocionaba como una liberaci&oacute;n. El padre de Ena, que hab&iacute;a venido a Barcelona por unos d&iacute;as, a la ma&ntilde;ana siguiente me vendr&iacute;a a recoger para que le acompa&ntilde;ase en su viaje de vuelta a Madrid. Har&iacute;amos el viaje en su autom&oacute;vil. Estaba ya vestida cuando el ch&oacute;fer llam&oacute; discretamente a la puerta. La casa entera parec&iacute;a silenciosa y dormida bajo la luz gris&aacute;cea que entraba por los balcones.</em> Me asom&eacute; al cuarto de la abuela. Estaba despierta, esper&aacute;ndome; creo que se le hab&iacute;a olvidado lo que nos hab&iacute;a o&iacute;do a Gloria y a m&iacute; sobre la locura de Juan; y mientras est&aacute;bamos abrazadas sin decirnos nada, como si se lo estuviera diciendo a s&iacute; misma, murmur&oacute; apenas:&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&ndash; No s&eacute;, hija, qu&eacute; ha pasado, pero, a pesar de lo del miliciano y del miedo por lo de don Jer&oacute;nimo, &iquest;sabes lo que te digo?, que en los a&ntilde;os de la guerra, en Barcelona, las mujeres &eacute;ramos felices, muy felices, hija&hellip; que Dios me perdone por decirlo, pero as&iacute; era&hellip; &Eacute;ramos muy felices en las calles y en esta casa.</p>
<p><em>Baj&eacute; las escaleras, despacio. Sent&iacute;a una viva emoci&oacute;n. Recordaba la terrible esperanza, el anhelo de vida con que las hab&iacute;a subido por primera vez. Me marchaba ahora sin haber conocido nada de lo que confusamente esperaba: la vida en su plenitud, la alegr&iacute;a, el inter&eacute;s profundo, el amor. De la casa de la calle de Aribau no me llevaba nada. Al menos, as&iacute; cre&iacute;a yo entonces.</em> <em>De pie, al lado del largo autom&oacute;vil negro, me esperaba el padre de Ena. Me tendi&oacute; las manos en una bienvenida cordial. Se volvi&oacute; al ch&oacute;fer para recomendarle no s&eacute; qu&eacute; encargos. Luego me dijo: </em></p>
<p><em>&ndash; Comeremos en Zaragoza, pero antes tendremos un buen desayuno &ndash;se sonri&oacute; ampliamente&ndash;; le gustar&aacute; el viaje, Andrea. Ya ver&aacute; usted... El aire de la ma&ntilde;ana estimulaba. El suelo aparec&iacute;a mojado con el roc&iacute;o de la noche. Antes de entrar en el auto alc&eacute; los ojos hacia la casa donde hab&iacute;a vivido un a&ntilde;o. Los primeros rayos del sol chocaban contra sus ventanas. Unos momentos despu&eacute;s, la calle de Aribau y Barcelona entera quedaban detr&aacute;s de m&iacute;,</em> pero las &uacute;ltimas palabras de la abuela a&uacute;n resonaban dentro de m&iacute;:</p>
<p>&ndash; &Eacute;ramos muy felices, hija; durante la guerra, las mujeres &eacute;ramos felices, en las calles y en esta casa tambi&eacute;n&hellip;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 20 May 2019 06:45:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La respuesta]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-respuesta/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2019/mayo/yolanda500.jpg" alt="" /></p>
<p>Era julio, a mediados de mes, mitad del verano, en medio de ninguna parte. Aqu&iacute; est&aacute; ahora mi refugio. Para unos, el sur; el norte para para otros. &iquest;D&oacute;nde qued&oacute; el hogar? Este lugar cerrado y min&uacute;sculo me sobra y basta. Nadie me conoce, nadie viene a dar la lata. A solas con mi asesina he venido a morir la &uacute;ltima muerte.</p>
<p class="CuerpoA">Tiene nombre, fases definidas, numeradas y etiquetadas. El kit que la acompa&ntilde;a incluye un pastillero semanal de siete colores que chillan con solo mirarlos, m&aacute;s veintitr&eacute;s prospectos en letra menuda, uno por cada p&iacute;ldora que meto en la boca a diario y que, tan pronto como la curiosidad agarr&oacute; la lupa y comenz&oacute; a leer, recibi&oacute; en castigo su dosis de espanto. Y no porque aquellas hojitas estuvieran escritas con m&aacute;s ambici&oacute;n que estilo, que tambi&eacute;n; no porque las cuartillas fuesen en toda regla un pliego de descargos (la responsabilidad es siempre un tema de otro); fue precisamente al caer en el apartado de los posibles efectos secundarios cuando mis temores quedaron fundados y fundidos o todo al mismo tiempo. Poetastros de laboratorio bajo el influjo de alguna droga il&iacute;cita, sin duda, en una serie de composiciones perturbadoras, hac&iacute;an alarde de aut&eacute;ntica crueldad. Y como no quisiera restarles el m&eacute;rito que merece su l&iacute;rica y, sobre todo, porque no me gustar&iacute;a quedar por mentirosa, traigo a colaci&oacute;n algunos t&iacute;tulos: <em>Oda al v&oacute;mito;</em> <em>Soneto a la escara;</em> <em>D</em><em>&eacute;</em><em>cimas al regusto met&aacute;</em><em>lico</em><em>;</em> <em>R</em><em>&eacute;</em><em>quiem por el caer de u&ntilde;as y dientes;</em> <em>Canto a la insuficiencia respiratoria;</em> <em>Romance al coma</em><em> o Epigrama al estre&ntilde;imiento.</em></p>
<p class="CuerpoA">Lo cierto es que los poemas eran buenos. En especial, el &uacute;ltimo, aunque a la postre, tratando de suavizar lo feo del asunto, a mi modo hice una interpretaci&oacute;n baudelariana m&aacute;s o menos de la manera siguiente: Recibe nuestro m&aacute;s cordial saludo a <em>Para&iacute;</em><em>sos artificiales. </em>&iexcl;Hip&oacute;crita yonki, mi igual, mi hermana! Ahora que est&aacute;s podrida, aliviaremos tu sufrimiento. Lenta, gradualmente y, con tu consentimiento, procederemos a suspender las funciones vitales.&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">&ldquo;Esto es lo que hay. M&aacute;s nada&rdquo;, dec&iacute;a sin resignaci&oacute;n, sin apuro escondido en el timbre, ni l&aacute;grimas en el tono que la obligasen a bajar la cabeza, sin la menor sospecha de duda, de ira o de hast&iacute;o, siquiera los momentos alegres consegu&iacute;an cambiar el brillo a su voz. Ella deslizaba estas frases cuando cre&iacute;a haber contado lo necesario. &ldquo;Esto es lo que hay. M&aacute;s nada&rdquo;.<em> </em>El car&aacute;cter de la m&aacute;s joven de mis t&iacute;as, al igual que su dignidad, se hab&iacute;a rebelado contra el vasallaje que imponen los afectos. Si existi&oacute; un punto fr&aacute;gil en su tal&oacute;n, si fue herida o colmada de ilusiones, ella lo mantuvo en secreto, bajo llave, junto al ajuar guardado en el ba&uacute;l, el que nunca lleg&oacute; a estrenar como una novia. Era la Mujer-Monta&ntilde;a contra diez mil enanos, con el aire desenvuelto de quien tiene la mente despejada y solo conf&iacute;a en s&iacute; misma. &ldquo;Esto es lo que hay. M&aacute;s nada&rdquo;.</p>
<p class="CuerpoA">Los s&aacute;bados eran d&iacute;as de mercado. En los recuerdos que conservo de la primera parte del mundo&nbsp; hay una cocina ciega de ventanas. La bombilla asm&aacute;tica trabaja a tirones gracias a un motor de gasoil que, a todas horas, se queja desde el cuarto de la azotea. Una luz cirr&oacute;tica nos convoca a las tres alrededor de una larga mesa rectangular que entonces me parece largu&iacute;sima. El caldo de pollo est&aacute; al fuego desde el alba. Veo la escena como ahora la mano va desliz&aacute;ndose sobre el papel y deja una baba de signos.</p>
<p class="CuerpoA">As&iacute;, levantando cejas y hombros, deshac&iacute;a los nudos de su moquero por donde escapaba el tint&iacute;n del metal que rodando ca&iacute;a sobre la mesa. <em>Por los huevos, esto. Por las coles y las alcachofas, esto.</em> Desde la otra punta, la abuela y sus ojos de rat&oacute;n bailaban sobre la superficie en la que mi t&iacute;a hac&iacute;a las cuentas del pobre. Envuelta en un silencio que ol&iacute;a&nbsp; a hierbabuena, en luto severo de cuello para abajo desde&hellip; Qui&eacute;n sabe cu&aacute;ndo, mi abuela callaba y miraba con sus dos bolas vivas y brillantes. Del fondo del cesto ya vac&iacute;o, saltaba al pu&ntilde;ado de perras, una por cada dedo de una mano, obligadas a alimentar el hambre de doce, tres veces al d&iacute;a. &ldquo;Esto es lo que hay. M&aacute;s nada<em>&rdquo;.</em></p>
<p class="CuerpoA">Mi t&iacute;a que nunca ley&oacute; a Hegel o a Schopenhauer, ni por asomo escuch&oacute; hablar de un tal Nietzsche, me ense&ntilde;ar&iacute;a m&aacute;s sobre el significado de la existencia que todos los libros de quienes consider&eacute; maestros durante aquella edad dif&iacute;cil en que trataba de aceptar el cuerpo que me hab&iacute;a ca&iacute;do en suerte. Esa imagen casi completa en sus formas, la mujer en la que me hab&iacute;a convertido, me acompa&ntilde;ar&iacute;a desde entonces en mis salidas al mundo. No, no fue a esa edad cuando recog&iacute; el testigo de su herencia. Antes de que maduraran sus palabras en m&iacute;, las que sin saberlo, ella lanzara al espacio con la potencia de una pelota vasca y que, medio siglo despu&eacute;s, yo recoger&iacute;a con mi guante trenzado; antes de que eso sucediera, como todos, tuve que aprender a vivir, a tocar fondo y, a la vida verle el culo varias veces. Conocer el rev&eacute;s del derecho. Y renacer muriendo. Como todos. Fil&oacute;sofa pura fue mi t&iacute;a. &ldquo;Esto es lo que hay. M&aacute;s nada.&rdquo;</p>
<p class="CuerpoA">Ya s&eacute;, ya s&eacute;. Me he dejado llevar, y me fui hasta &Uacute;beda. Pero, no lo considero un defecto. Al contrario. Las desviaciones enriquecen el viaje. La verdadera historia est&aacute; escrita en las cunetas de caminos de barro, en los senderos escarpados que recorren los cerros, los que atraviesan fronteras. Adem&aacute;s, dado el poco tiempo que tengo, har&eacute; cuanta digresi&oacute;n me d&eacute; la gana. <em>Digressio</em>, luego existo, dijo un racionalista en franc&eacute;s y, hasta hoy, no hay quien lo haya puesto en duda.</p>
<p class="CuerpoA">Y esperando a esa nada, las otras ocupaciones han quedado pendientes, interrumpidas, vac&iacute;as de significaci&oacute;n. El tiempo es indivisible. D&iacute;a y noche, una sola patria. Lluvias entreveradas de sol, celajes entreverados de luna. Se extraviaron los relojes. Y en el <em>impasse</em>, me siento sobre este banco de pino en forma de herradura, junto a la ventana de mi habitaci&oacute;n. No he puesto cortinas y las contraventanas est&aacute;n siempre abiertas. Desde este mirador en el que me imagino viajando en el compartimento de un tren de hace dos siglos, paso las horas contemplando el jard&iacute;n que crece sin due&ntilde;o.</p>
<p class="CuerpoA">Un d&iacute;a de julio, a mediados del verano, tan reciente que incluso pudo ser ayer, el alba me alcanz&oacute; antes que a otros. En el despertar de la luz, cuando esta alumbraba el preludio de lo que a&uacute;n estaba por suceder, el naranja c&uacute;rcuma se desparram&oacute; sobre los pezones de la higuera, emborrach&oacute; el parloteo de los p&aacute;jaros; el roc&iacute;o comenz&oacute; a entibiarse y en el aire se evaporaba el olor a tierra. Yo me sent&iacute;a exhausta por culpa de mi compa&ntilde;era de vigilia, esa est&uacute;pida cotorra, la conciencia, por lo que abandon&eacute; mi puesto y me fui a dormir.</p>
<p class="CuerpoA">No ser&iacute;an m&aacute;s all&aacute; de las ocho. De pronto, unos golpes secos, imperativos, venidos del exterior. Alguien aporreaba la puerta. Fue al abrir los ojos que me top&eacute; con la Comedia de Dante. El libro lo tengo sobre la mesita de noche por si me entran ganas de rezar los pecados de mi propio infierno, el que contin&uacute;a escribi&eacute;ndose en un solo rengl&oacute;n. Tres nudos gordianos en busca de un desenlace aunque en mi caso, sin Virgilio que me gu&iacute;e ni Beatrice que me salve. En s&iacute; mismo el cuadernillo carece de valor. Trufado de dudas desde el comienzo y, entre palabra y palabra,&nbsp; abundan las contradicciones. Cu&aacute;ntas veces no habr&eacute; pensado deshacerme de &eacute;l. Romperlo en dos mitades, hacer jirones las hojas. Desaparecerlo, vaya. Terminar de una maldita vez con esa maldita l&iacute;nea. Pero no sale de m&iacute;. Falta lo que falta. Un final abrupto sonar&iacute;a artificial, una cerradura f&aacute;cil, en mi opini&oacute;n &ndash;que yo por boca de otros no hablo&ndash;. M&aacute;s fruto del cansancio y de las prisas, por la urgente necesidad de rematar la trama, visualizar sobre el papel ese grafo radical, sin m&aacute;scara, concluyente, callado, humilde, apenas visible, liberador; el &uacute;ltimo punto.</p>
<p class="CuerpoA">Y es que para quien no ha hecho m&aacute;s que escapar en c&iacute;rculos conc&eacute;ntricos mientras sembraba incendios a su paso, argument&aacute;ndose en circunloquios, neg&aacute;ndose a voltear la cabeza para contemplar c&oacute;mo se derrumbaba entera la casa al tiempo que mataba el amor y alumbraba la culpa, tal vez, y solo tal vez, despu&eacute;s de tanto da&ntilde;o y tanta ruina, lo &uacute;nico que le quede sea tapiarse los labios para no vomitar el grito, aguantar el aliento en los puntos suspensivos, girando a tientas hasta alcanzar el l&iacute;mite de la &uacute;ltima vuelta donde el vocablo enmudece porque ya nada vale. Quiz&aacute;s, y solo quiz&aacute;s, el silencio se haga o&iacute;r hasta que nos estallen los t&iacute;mpanos. Silencio. Silencio. Silencio. Tiempo de salvaci&oacute;n. Porque estoy hablando del oficio de la escritura. &iquest;De qu&eacute; si no? &iquest;Hay algo m&aacute;s, acaso? &nbsp;Este dolor y yo, antiguos amigos, mir&aacute;bamos sin ver, fundi&eacute;ndonos con la noche tuerta, peluda de demonios que poco a poco iba acerc&aacute;ndose a su destino. Un gorri&oacute;n dio el aviso: &iexcl;Es de d&iacute;a! &iexcl;Es de d&iacute;a! Obediente, el pensamiento dej&oacute; de darle a la lengua y me llev&eacute; los huesos a descansar un rato.</p>
<p class="CuerpoA">&iexcl;Qu&eacute; mal despertar! El destino llama que te llama y el averno de Dante junto a la cama&hellip;Experiencia que le deseo solo a tres personas en este mundo. Los golpes eran graves, en serie de tres, sonaban como el exordio de la Quinta sinfon&iacute;a. Tan desacostumbrada estaba al ruido que hasta el cr&aacute;neo empez&oacute; a dolerme.</p>
<p class="CuerpoA">&iquest;Ser&aacute; la Parca o tambi&eacute;n hoy har&aacute; fiesta conmigo?, me pregunt&eacute;.</p>
<p class="CuerpoA"><em>Sea quien sea es en extremo </em><em>pertinazzz. </em>El esp&iacute;ritu de mi padre detuvo la punta de su lengua contra las paletas. Si no llega a ser por esa afici&oacute;n suya a jugar con palabras muertas, no le hubiera reconocido. Me contagi&oacute; su amor por lo in&uacute;til, mi padre.</p>
<p class="CuerpoA">Qu&eacute; fortaleza en los nudillos, cu&aacute;nta rotundidad en el golpe, qu&eacute; obstinaci&oacute;n. &iexcl;Ya voy, ya voy! &iexcl;Un poco de paciencia, por favor&hellip;!, dije en voz alta. &iexcl;Con una pobre anciana!, &iacute;dem en voz baja. Me di risa. Re&iacute; entre dientes. &iexcl;Ay! Pero, &iexcl;qu&eacute; bueno re&iacute;r! Si es que la cosa tiene chiste. Ay, ay, ay, carajo. Graciosa que naci&oacute; una...De qui&eacute;n heredar&iacute;a el sentido del humor. <em>Palabradas&hellip;, qu&eacute; vergo&ntilde;a&hellip;</em> <em>En este mal h&aacute;bito, no fui tu ejemplo. </em>Calla, calla, padre&hellip;Temprano para empezar a pelear.</p>
<p class="CuerpoA">Me calc&eacute; las gafas y las zapatillas. No atinaba con las mangas de la bata. Me la ech&eacute; a los hombros. Con el equilibrio fuera de su sitio, la cara en desorden, y una sensaci&oacute;n de que el d&iacute;a ven&iacute;a de nalgas, me encamin&eacute; hacia la puerta. En el &uacute;ltimo momento se me ocurri&oacute; agarrar el paraguas. Tiene una larga punta de metal que incluso a m&iacute; me da respeto. Y as&iacute;, con el arma en ristre, abr&iacute; la puerta a traici&oacute;n. Si el llamador pertinaz ven&iacute;a con pretensiones de un Rask&oacute;lnikov de medio pelo, se le cayeron todas al piso del susto que se llev&oacute;.</p>
<p class="CuerpoA">Era guapo, era joven, le supuse adem&aacute;s inofensivo, aunque no se hubiera peinado, llevase la camisa blanca del uniforme sin planchar, por fuera del pantal&oacute;n, y las zapatillas necesitaran un lavado. Al menos su cuerpo desprend&iacute;a un perfume reciente a jab&oacute;n.</p>
<p class="CuerpoA">Me tranquilic&eacute;. &Eacute;l, no. En gesto de paz, arri&eacute; las velas y regres&eacute; el paraguas a su sitio. A&uacute;n as&iacute;, inseguro, el chico retrocedi&oacute; un par de escalones.</p>
<p class="CuerpoA">&mdash;&iquest;Qu&eacute; maneras son estas de llamar, jovencito? &mdash;pregunt&eacute; mirando a mi interlocutor por encima de la gafas, de la misma manera en la que a&ntilde;os ha, despachaba a los lectores detr&aacute;s del mostrador de la biblioteca.</p>
<p class="CuerpoA">&mdash;Lo siento. Me dijeron que la persona que viv&iacute;a en este domicilio estaba algo sorda. Y por si todav&iacute;a me quedaba alguna duda se palp&oacute; la oreja con la mano que ten&iacute;a libre.</p>
<p class="CuerpoA">&mdash;&iquest;Ah, s&iacute;? &iquest;Y qui&eacute;n dijo tal cosa?, &iquest;se puede saber? Que alguien pudiera conocer mi paradero me molest&oacute;, francamente.</p>
<p class="CuerpoA">&mdash;Ni idea, se&ntilde;ora. Es lo que pone en el aviso.</p>
<p class="CuerpoA">&mdash;Pues que yo sepa, aqu&iacute; vivo yo sola y, para mi desgracia, el o&iacute;do lo tengo bien bueno.</p>
<p class="CuerpoA">El joven pas&oacute; por alto el comentario y fue a lo suyo. Quer&iacute;a hacer la entrega y largarse.</p>
<p class="CuerpoA">&mdash;&iquest;Es usted bla, bla, bla? En voz alta ley&oacute; el nombre y apellidos registrados en el sobre.</p>
<p class="CuerpoA">&mdash;S&iacute;, lo juro &mdash;dije, llev&aacute;ndome la mano derecha al hueco del pecho contrario. Entr&eacute; en quir&oacute;fano al d&iacute;a siguiente de firmar el divorcio. Ambos tumores resultaron malignos.</p>
<p class="CuerpoA">Me entreg&oacute; el paquete. Por la caligraf&iacute;a supe en seguida qui&eacute;n era. Sent&iacute; arcadas de agresividad.</p>
<p class="CuerpoA">&mdash;Pero, !&iquest;qu&eacute; mierda querr&aacute; ahora?! &mdash;dije.</p>
<p class="CuerpoA">El repartidor no disimul&oacute; su asombro. Y, a este &iquest;qu&eacute; le pasa? &iquest;Es que tengo pinta de ser la bruja de Hansel y Gretel, o qu&eacute;?&nbsp; Intent&eacute; alejar el mal genio. Siendo justos, el chico no ten&iacute;a culpa. &Eacute;l no era el enemigo sino el mensajero. En ese momento, lament&eacute; no haberme tomado antes el caf&eacute; del desayuno, le hubiese ahorrado mi aliento a cloaca. Mucho tendr&iacute;a que aguantar todav&iacute;a la criatura. Algo infantil merodeaba en &eacute;l. Podr&iacute;a tener la misma edad. Mi hijo cumple treinta y siete el quince de septiembre. En alguna parte estar&aacute;, pens&eacute;. Que ten&iacute;a que firmarle, dijo. Tal vez tuviera pareja, un beb&eacute; en camino y, a la vista de lo que se le ven&iacute;a encima, trabajara como un esclavo. La vida, ninguna bobada, dijo aquel. Volvi&oacute; con la firma dichosa. Esta vez, impaciente y a un volumen realmente fuera de lugar. La gente no entiende qu&eacute; es la vejez.</p>
<p class="CuerpoA">&mdash;Oiga, joven, es usted un impertinente. Me encuentro a medio metro y, vuelvo a repetirle, por si no me entendi&oacute;, que oigo crecer la hierba. A ver, d&oacute;nde tengo que firmar.</p>
<p class="CuerpoA">&mdash;Sobre este cacharro&mdash;. Se&ntilde;al&oacute; la m&aacute;quina y me ofreci&oacute; un palillo de pl&aacute;stico.</p>
<p class="CuerpoA">Es zurdo, pens&eacute;, como mi hijo.</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;<em>Es zocato el zagal, como el nieto.</em></p>
<p class="CuerpoA">Hice un garabato. Con mucho gusto le hubiese dibujado una casita con un sol barbudo, eso le pintaba a mi ni&ntilde;o en la pizarra m&aacute;gica. Repar&eacute; en lo delgado que estaba. Mi hijo tambi&eacute;n era un fideo, y muy alto. La espalda ligeramente en curva, los hombros hacia delante para soportar mejor su complejo delante de sus compa&ntilde;eros.</p>
<p class="CuerpoA">Arroj&eacute; el paquete al suelo, y con la punta del pie lo hice a un lado, hacia la pared. El chico me mir&oacute; con l&aacute;stima. S&eacute; muy bien que no era a m&iacute; a quien compadec&iacute;a sino al decr&eacute;pito rabioso en el que podr&iacute;a llegar a convertirse. Ego&iacute;stas que son, los j&oacute;venes.</p>
<p class="CuerpoA">&mdash;Son libros &mdash;le expliqu&eacute; para su tranquilidad&mdash;. Cuesta romperlos, aunque la mayor parte arden de maravilla.</p>
<p class="CuerpoA">&mdash;&iquest;Vas a quemarlos? Hasta me convenci&oacute; de que su inquietud era sincera.</p>
<p class="CuerpoA">&mdash;Puede &mdash;dije. &iquest;Por qu&eacute; iba a mentirle? &mdash; Los libros no son ign&iacute;fugos, Mija&iacute;l.</p>
<p class="CuerpoA">&mdash;Me llamo&hellip;</p>
<p class="CuerpoA">&mdash;&iexcl;Shhh! &mdash; interrump&iacute;. Cerr&eacute; los ojos y el dedo &iacute;ndice sell&oacute; mis labios&mdash;. Nunca, nunca, nunca &mdash;dije, agitando las manos en el aire&mdash;. A un desconocido jam&aacute;s le digas c&oacute;mo te llamas. &iexcl;Tomar&iacute;a tu nombre en vano! Estoy segura de que tu madre te lo ha repetido hasta el aburrimiento. Pero t&uacute;&hellip;, me parece&hellip;</p>
<p class="CuerpoA">&mdash;Yo no tengo vieja &mdash;contest&oacute;&mdash;. Soy hu&eacute;rfano, de Santa Ana.</p>
<p class="CuerpoA">Un breve silencio se interpuso entre los dos. He de admitir que, en ese momento, fui yo la sorprendida. Claro que si buscaba ablandarme, daba en hierro fr&iacute;o.</p>
<p class="CuerpoA">&mdash;Cr&eacute;ame &mdash;dije&mdash;, vale m&aacute;s vieja por conocer que vieja mala conocida.</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;Arrug&oacute; la frente durante unos segundos. Abri&oacute; la boca. Una carcajada estall&oacute; en el aire. Me gust&oacute; el color de su risa. Azul, l&iacute;mpida, ingenua. Pens&oacute; que le hablaba en broma, el muy tonto. Hace mucho me qued&oacute; claro. Con mis semejantes me comunico mal.</p>
<p class="CuerpoA">Ya se dispon&iacute;a a marcharse cuando le dije:</p>
<p class="CuerpoA">&mdash;Espera un momento, Mija&iacute;l o como te llames.&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">&mdash;Bueno, pero es que voy con el tiempo justo&hellip;</p>
<p class="CuerpoA">Le hubiera invitado a pasar al recibidor, a que esperara c&oacute;modamente sentado. Le hubiera acercado la mejor silla de toda la casa. El problema es que el &uacute;nico asiento que tengo est&aacute; en mi alcoba. Y tal y como est&aacute;n los tiempos, mejor no dar pie a equ&iacute;vocos. Adem&aacute;s, a saber en qu&eacute; lugares se habr&iacute;a sentado el pantal&oacute;n que llevaba. Resolv&iacute; el problema dej&aacute;ndolo en el mismo lugar, aparcado en la puerta.</p>
<p class="CuerpoA">Fui a la cocina, me lav&eacute; las manos y me coloqu&eacute; un par de guantes de cirujano. Cog&iacute; el cuchillo largo de sierra. A punto estuve de interpretarle una escena. <em>No seas tonta de capirote, ni&ntilde;a. </em>Mi padre ten&iacute;a raz&oacute;n. En lo que canta un gallo, preparar&eacute; un bocadillo de jam&oacute;n con tomate, al que le a&ntilde;ad&iacute; apenas un chorrito de aceite, y lo envolv&iacute; en una servilleta de tela. Despu&eacute;s abr&iacute; el caj&oacute;n para coger la bolsa de la merienda que mi hijo se llevaba al colegio. Met&iacute; el bocadillo. De haberla lavado tantas veces con lej&iacute;a, el blanco de la tela se hab&iacute;a amarilleado. Le gustaba el jam&oacute;n serrano y el chocolate. Era un ni&ntilde;o precioso, de ojos negros, cabello rizado, negro como la tinta, un angelito. &iexcl;C&oacute;mo le gustaba regalarme besos y abrazos! Qu&eacute; felicidad, el color de la infancia. Mi ni&ntilde;o se pon&iacute;a como loco con el jam&oacute;n. El amarillento de la tela, como otras tantas cosas, ya no ten&iacute;a remedio.</p>
<p class="CuerpoA">Exprim&iacute; dos naranjas. No sab&iacute;a d&oacute;nde servir el zumo para que se lo llevase puesto. Al final lo vert&iacute; en un vaso. Me quit&eacute; los guantes. Entr&eacute; en el dormitorio a por el monedero. Cog&iacute; el billete y lo guard&eacute; en el bolsillo de la bata. Regres&eacute; a la cocina y me lav&eacute; las manos. De nuevo me puse los guantes, tom&eacute; las viandas y reaparec&iacute; frente a &eacute;l. Le orden&eacute; que se tomara el zumo en el momento.</p>
<p class="CuerpoA">&mdash;Las vitaminas se evaporan r&aacute;pido &mdash;dije.</p>
<p class="CuerpoA">Obedeci&oacute; como un ni&ntilde;o. En seis buches bebi&oacute; el l&iacute;quido de dos naranjas. Me entreg&oacute; el vaso con un gracias. Escudri&ntilde;&eacute; el fondo.</p>
<p class="CuerpoA">&mdash;Aqu&iacute; quedan tres gotitas de sangre &mdash;protest&eacute;.</p>
<p class="CuerpoA">Apur&oacute; el contenido hasta el final. Qued&eacute; conforme. A continuaci&oacute;n le tend&iacute; el bocadillo.</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;&mdash;El almuerzo &mdash;expliqu&eacute;. La propina la reserv&eacute; para el final&mdash;. &iquest;Tendr&aacute; suficiente para lo que queda de semana?</p>
<p class="CuerpoA">Mir&oacute; el billete. Sus pesta&ntilde;as oscuras pesta&ntilde;earon tres veces. Reaccion&oacute; entre sorprendido y esc&eacute;ptico. Esta vez su risa lleg&oacute; roz&aacute;ndome la mejilla como un beso. Poco me falt&oacute; para echarme a llorar.</p>
<p class="CuerpoA">&mdash;Eres muy amable &mdash;. Continuaba con el dichoso tuteo.</p>
<p class="CuerpoA">&mdash;No se f&iacute;e de las apariencias &mdash;dije&mdash;. Soy de las peores. Volvi&oacute; a re&iacute;r. Volvi&oacute; a tomarme por chistosa.</p>
<p class="CuerpoA">Mi pie derecho tropez&oacute; con algo y perd&iacute; el equilibrio. A punto estuve de caer por culpa del sobre. En la distancia, Pandora y su caja de tormentos consiguieron aguarnos la fiesta. Mi antiguo resentimiento volvi&oacute; a traicionarme y habl&oacute; por mi boca:</p>
<p class="CuerpoA">&mdash;Bueno, chico, te he dado de beber, te he regalado un bocadillo y dinero para chucher&iacute;as. &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s quieres, lindo cuervo? &iquest;Mis ojos? &iexcl;Ni que fueras mi hijo! &mdash;dije, en un tono cortante.</p>
<p class="CuerpoA">Fue f&aacute;cil. Herirlo fue f&aacute;cil. La sonrisa desapareci&oacute;, se puso r&iacute;gido y me dio la espalda. Mejor as&iacute;, pens&eacute;, de nuevo extra&ntilde;os, sin debernos nada.</p>
<p class="CuerpoA">Comenzaba a descender las escaleras cuando se detuvo en el tercer escal&oacute;n. Se gir&oacute; y alz&oacute; la vista, busc&aacute;ndome. Le hab&iacute;an salido manchas rojas en la cara.</p>
<p class="CuerpoA">&mdash;Espero se mejore de lo <em>suyo</em>, se&ntilde;ora &mdash;dijo, palp&aacute;ndose la sien&mdash;. Y, por cierto, me llamo Joaqu&iacute;n.</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;Reanud&oacute; la marcha. Vi c&oacute;mo desaparec&iacute;a. Un terrible vac&iacute;o me atraves&oacute; el cuerpo de lado a lado. Se me hizo insoportable. De nuevo la vieja agon&iacute;a del fracaso, aquel amor que devast&eacute; tras mi huida. Como pude sal&iacute; al rellano. Agarr&aacute;ndome con fuerza al pasamanos, asom&eacute; la cabeza por el hueco y grit&eacute;:</p>
<p class="CuerpoA">&mdash;&iexcl;Joaqu&iacute;n, espera! &iexcl;Por favor! &iexcl;Espera, hijo! No sab&iacute;a c&oacute;mo retenerlo. &iexcl;Solo quiero saber si...! &iquest;Volver&aacute;s? &iquest;Vendr&aacute;s a visitarme alg&uacute;n d&iacute;a? &iquest;Podr&aacute;s perdonarme? &iquest;Podr&aacute;s perdonarme, Joaqu&iacute;n? &mdash;Fue lo &uacute;ltimo que pregunt&eacute;.</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;Sus pies se alejaban a toda prisa, de dos en dos bajaron los cuarenta y nueve escalones.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 20 May 2019 06:33:03 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La forja de un escritor: Rafael Chirbes, ensayista]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-forja-de-un-escritor-rafael-chirbes-ensayista/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/mayo/RAFAEL_CHIRBES_3.jpg" alt="" /></p>
<p align="right">&nbsp;<em>Novelar es, ante todo, saber mirar</em></p>
<p align="right">Chirbes (2010: 205)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El &ldquo;taller&rdquo; del escritor es una feliz designaci&oacute;n del espacio, tanto f&iacute;sico como simb&oacute;lico, en que los textos literarios toman cuerpo: un espacio atravesado de referencias, (re)lecturas, vivencias e ideas que generan interpretaciones varias de cuanto nos rodea. Es el n&uacute;cleo esencial donde, a veces, un pensamiento en desarrollo fructifica y alcanza su sentido al hacerse p&uacute;blico mediante el registro impreso, entre otras en forma de novela, aport&aacute;ndonos una nueva mirada sobre el mundo. A Rafael Chirbes, escritor de raza, le importa esa dimensi&oacute;n p&uacute;blica: c&oacute;mo las razones de uno pasan a otro y ayudan a que el artista cree imaginarios de la manera propia de su tiempo, que ayuden &ldquo;a componer o fijar ese espacio mental y hasta moral que es la sensibilidad de una &eacute;poca&rdquo; (2002: 10).</p>
<p>En su taller, Chirbes viene centrando su mirada particularmente en el devenir de la Espa&ntilde;a contempor&aacute;nea. De sus textos se deduce que, si un novelista nos entrega con su obra la radiograf&iacute;a de su tiempo, tambi&eacute;n nos entrega la suya propia. Por un lado, lo ha logrado mediante una extraordinaria vertiente ficcional, hoy integrada por nueve novelas encabezadas por <em>Mimoun</em> (1988). Por otro, a trav&eacute;s de una afinada y s&oacute;lida v&iacute;a ensay&iacute;stica, reveladora de c&oacute;mo se ha forjado como escritor.</p>
<p>No pocos autores se acompa&ntilde;an de textos te&oacute;ricos en torno a su quehacer literario, aunque en tantos difieran la intenci&oacute;n y el resultado. Sin embargo, los de Chirbes, atinado observador, desvelan su utillaje mental y creativo, exponen planteamientos iluminadores de los entresijos de su novel&iacute;stica, perge&ntilde;an un discurso coherente y poderoso sobre aspectos del entresiglos XX-XXI y, con frecuencia, lo muestran como testigo l&uacute;cido del periodo que Carlos Blanco Aguinaga &mdash;tan admirado por &eacute;l&mdash; denomina la Segunda Restauraci&oacute;n, esto es, la transici&oacute;n del franquismo a la democracia con la vuelta de los Borbones.</p>
<p>Hasta ahora, <em>El novelista perplejo</em> (2002) y <em>Por cuenta propia. Leer y escribir</em> (2010) &mdash;dedicado a Blanco Aguinaga&mdash; son los t&iacute;tulos en que Chirbes ha recopilado textos de variada factura: charlas, conferencias, pr&oacute;logos, art&iacute;culos y notas breves, muchos de ellos escritos con voluntad de ser impresos:</p>
<p>Una de las grandes desolaciones del escritor &mdash;de la que nunca se cura&mdash; es la de no saber nunca si ha acertado al colocarse en el lugar que le permite contemplar el dolor y la esperanza de su tiempo. Por eso, los novelistas, adem&aacute;s de novelas, escribimos textos en los que intentamos exponer nuestra intenci&oacute;n, justificar nuestro trabajo. (2002: 88)</p>
<p>Los textos del primer libro se disponen sin organizaci&oacute;n tem&aacute;tica, pero el segundo distribuye las aportaciones en cuatro apartados: maestros; contempor&aacute;neos; memorias y maniobras; y a modo de ep&iacute;logo: cuestiones dom&eacute;sticas. Son, pues, significativos t&iacute;tulos que anuncian las claves de lectura de su obra ensay&iacute;stica en general. As&iacute;, en primer lugar, sus textos se ocupan de la funci&oacute;n de la literatura y del escritor en el siglo XXI, aun cuando en ocasiones Chirbes visite otras &eacute;pocas desde el presente. Caben ah&iacute; textos dedicados a la tradici&oacute;n en que &eacute;l se inscribe y de la cual se nutre, mas tambi&eacute;n a autores contempor&aacute;neos por los que siente afinidad. En su b&uacute;squeda del sentido de la escritura (por qu&eacute; y para qui&eacute;n se escribe), con mucho tino Chirbes pone por escrito preocupaciones relacionadas con el arte y la literatura, y sobremanera con la novela, que para &eacute;l constituye un &ldquo;espacio donde se plantea un problema moral, un ejercicio de pedagog&iacute;a&rdquo; (2010: 18). As&iacute;, especialmente le interesa cu&aacute;l es el estatus de la novela y a qui&eacute;n representa el novelista de hoy; la responsabilidad civil del escritor cuyo reto es escribir la novela que su tiempo solicita; la defensa de lo est&eacute;tico como ideol&oacute;gico y el an&aacute;lisis de la (trans)formaci&oacute;n del gusto como forma de dominio, que combate en sus escritos.</p>
<p>En segundo lugar, principalmente afronta la Guerra Civil espa&ntilde;ola y sus consecuencias hasta nuestros d&iacute;as (exilio, posguerra, transici&oacute;n, recuperaci&oacute;n interesada de la memoria), y as&iacute; aborda la degradaci&oacute;n y la p&eacute;rdida de viejos referentes (lucha de clases, revoluci&oacute;n, burgues&iacute;a o proletariado); la deliberada desmemoria de la transici&oacute;n y su discurso oficial; los comportamientos abusivos del poder y del capital; el esp&iacute;ritu permisivo y republicano caracter&iacute;stico de buena parte de la mejor cultura espa&ntilde;ola, &ldquo;peri&oacute;dicamente derrotado por embates de intransigencia&rdquo; (2002: 8). Respecto de la &uacute;ltima novela espa&ntilde;ola de la memoria, Chirbes la viene a definir &ldquo;consoladora narrativa de los sentimientos, al servicio de lo hegem&oacute;nico [&hellip;] calculada ret&oacute;rica de las v&iacute;ctimas con la que se restituye la legitimidad perdida en los &aacute;mbitos familiares del poder&rdquo; (2010: 16). En estas situaciones, cree que &ldquo;hay que indagar en las razones por las que lucharon y por las que perdieron&rdquo; (2010: 17), por ende sin edulcorar el discurso de v&iacute;ctimas y verdugos ni recurrir a lo sentimental como recurso narrativo m&aacute;s efectista. En ambas recopilaciones, notable presencia adquiere Walter Benjamin cuando Chirbes se posiciona acerca de la memoria y de la justa lucha por apropiarse de su legitimidad.</p>
<p>En tercer lugar, en ambos libros consta un espacio reservado para otros intereses personales del escritor, desde la gastronom&iacute;a hasta su relaci&oacute;n con el campo editorial. As&iacute;, aunque no me detenga en ellos, en este espacio cabe indicar dos t&iacute;tulos inscritos en la vertiente no ficcional de Chirbes: <em>Mediterr&aacute;neos</em> (1997) y <em>El viajero sedentario</em> (2004), donde se adentra en las muchas ciudades que ha conocido, si bien en una entrevista reconoci&oacute; que no se cansa de volver a Valencia, Par&iacute;s, Roma, N&aacute;poles, Salamanca y Fez (L&oacute;pez de Abiada, 2011: 14).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>En el taller de Chirbes: la voz de la verdad</strong></p>
<p>Una consideraci&oacute;n que Chirbes subraya es que todo texto es saqueo, una apropiaci&oacute;n. Desvela sus predilecciones en primera persona y, en el caso de la literatura, opta por aquella que le plantea un dilema moral al lector: el <em>Tirant</em>, <em>La Celestina</em>, Garcilaso y Quevedo; Cervantes en su conjunto, como Gald&oacute;s y Aub; Blasco, Clar&iacute;n, Machado, Cernuda, Vallejo, Mars&eacute;, V&aacute;zquez Montalb&aacute;n, Gil de Biedma, M&eacute;ndez, Pinilla, Z&uacute;&ntilde;iga, Goytisolo, Pombo o Barba. Adem&aacute;s, incorpora su conocimiento de la literatura occidental y en sus escritos se congregan alusiones o comentarios extensos sobre Dante, Bocaccio, Chateaubriand, Zola, Proust, Ruskin, Ibsen, Ford Madox Ford, Rilke, Broch o Pavese. Con ellos confluyen en su galer&iacute;a personal otros nombres de relieve, desde Voltaire, Nietzsche, Picasso y Goya a te&oacute;ricos de la literatura como Luck&aacute;cs, Bajt&iacute;n o Todorov.</p>
<p>As&iacute;, sus ensayos conforman un lugar de encuentro, de recepci&oacute;n, asimilaci&oacute;n y reacci&oacute;n, con hacedores de la literatura y del arte, con sus cr&iacute;ticos, lectores y espectadores, y a la postre compendian el saber de Chirbes, iluminan nuestro devenir hist&oacute;rico y brindan una met&aacute;fora de la creaci&oacute;n art&iacute;stica &mdash;marcadamente literaria&mdash;. Igualmente sirven para trazar su biograf&iacute;a al descubrirnos el autor aspectos de su infancia nada f&aacute;cil, de su formaci&oacute;n como historiador en el tardofranquismo o de sus distintos trabajos: librero, periodista, profesor, cr&iacute;tico literario y reportero en <em>Sobremesa</em>, revista de gastronom&iacute;a, vinos y viajes. A finales de los a&ntilde;os ochenta, consigui&oacute; ocupar un lugar en el campo literario al publicar en Anagrama. Para ello cont&oacute; con una amiga escritora, Carmen Mart&iacute;n Gaite, a quien dedica varios escritos y cuya complicidad fue determinante para entrar en contacto con Jorge Herralde, sobre quien volver&eacute;, cuya relaci&oacute;n cordial refiere Chirbes en &ldquo;El escritor y el editor&rdquo; (2010: 273-292).</p>
<p>Ante todo, sus textos nos ofrecen su perplejidad ante el mundo. En ellos subyace un rotundo valedor de la literatura responsable y activa que, bajo el signo del realismo, &eacute;l mismo practica: &ldquo;Cada &eacute;poca provoca su propia injusticia y necesita su propia investigaci&oacute;n, su propia acta&rdquo; (2002: 35). En efecto: Chirbes observa, escucha, interviene con voluntad de conocimiento, crea y nos entrega su visi&oacute;n del mundo con personajes que son opciones morales y portadores de los estigmas de un tiempo, el nuestro, de sus inquietudes est&eacute;ticas, sociales, art&iacute;sticas y humanas, mas tambi&eacute;n de sus fracasos.</p>
<p>La mirada del artista es premisa basilar en sus ensayos. En este sentido, del retrato de Dyer que pint&oacute; Bacon, escrutado en detalle por Chirbes, su an&aacute;lisis nos regala uno de sus autorizados comentarios: &ldquo;Todo pintor, todo artista busca un camino u otro, y esa elecci&oacute;n y no otra es su forma de respuesta a los problemas que el arte plantea en cada momento, que no son problemas s&oacute;lo de t&eacute;cnica, sino de espacio mental, moral&rdquo; (2002: 53). En este territorio de la mirada, un texto clave es &ldquo;El punto de vista&rdquo; (2002: 69-90), donde Chirbes liga al placer est&eacute;tico la percepci&oacute;n de alguna parcela de la realidad desde un lugar nuevo. Seg&uacute;n &eacute;l, precisamente el problema del novelista es encontrar ese lugar desde el cual organizar y comprender mejor la infinita variedad que la vida propone. Por ello, afirma, del intercambio de puntos de vista la narrativa extrae &ldquo;su car&aacute;cter de experiencia a la vez pedag&oacute;gica y &eacute;tica&rdquo; (2010: 26).</p>
<p>De igual modo, y abundantemente, reflexiona sobre sus principios constructivos: c&oacute;mo surge, con qui&eacute;n dialoga, qu&eacute; equilibrios mantiene con sus contempor&aacute;neos y con la tradici&oacute;n, a favor de qui&eacute;nes y en contra de qu&eacute; habla Chirbes. Tambi&eacute;n escribe sobre aquellos que legitiman el canon y considera buenas novelas las que &ldquo;nos ense&ntilde;an a mirar, surgen de releer y actualizar el g&eacute;nero; de ponerlo en cuesti&oacute;n&rdquo; (2010: 190). Para Chirbes, no cabe la inocencia narrativa y toda novela &ldquo;tiene la obligaci&oacute;n de llevar incorporado el saber novelesco y la reflexi&oacute;n en torno a ese saber de cuantas la han precedido&rdquo; (2002: 79). Estas son un enorme almac&eacute;n de materiales con el que un novelista puede abastecer su taller, e incluso &ldquo;los maestros literarios hay que buscarlos fuera del g&eacute;nero en muchas ocasiones&rdquo; (2010: 205); &eacute;l mismo cita a Lucrecio, Marx y Fernando de Rojas, y a las voces previamente apuntadas a&ntilde;ade otras b&aacute;sicas en su concepci&oacute;n de la novela: Balzac, Flaubert, Dostoievski, Tolst&oacute;i, Pilniak, Mailer, Updike o Roth.</p>
<p>Por otra parte, tambi&eacute;n examina el desplazamiento de la novela por otros medios y as&iacute; la pol&eacute;mica acerca de la vida o la muerte de la novela, que Chirbes minoriza al considerar que ser&aacute; diagnosticable s&oacute;lo en la medida en que mantenga o no el pacto con la sociedad o con los sectores sociales cuya sensibilidad nutre (2002: 17). En sus textos reactiva su radical defensa del contexto hist&oacute;rico y su postura contraria a los formalismos &mdash;bot&oacute;n de muestra es la opini&oacute;n vertida sobre los cosmopolitas orteguianos y su rechazo al realismo (2010: 120)&mdash;. Sin la vinculaci&oacute;n dentro-fuera, escribe, &ldquo;la literatura me parecer&iacute;a un soberbio aburrimiento&rdquo; (2002: 83). Para Chirbes, &ldquo;una obra no puede trabajar con certezas, ser una consigna: el lenguaje literario acaba reflejando las tensiones de su tiempo utilizando caminos que ni el propio autor imagina&rdquo; (2010: 22). En la novela, pues, se entremezclan lo p&uacute;blico y lo privado, &ldquo;una forma de respuesta a esa pregunta que el escritor lleva consigo de manera permanente&rdquo; (2002: 89). De ah&iacute; que su narrativa se asiente en el entorno de un intelectual que, como fabulador, le interesa lo que ocurre fuera del libro e interviene, por ejemplo, contra la crisis moral de la sociedad espa&ntilde;ola reciente en la epatante novela <em>En la Orilla</em> (2013), muestra sin par de las posibilidades del realismo en nuestros d&iacute;as. Como hace con Benjamin respecto de la memoria, disemina la presencia de Gald&oacute;s o de Aub en muchos textos para plantear las complejas relaciones entre verdad y mentira, ficci&oacute;n y realidad; para valorar el juego de perspectivas y los l&iacute;mites entre novela, biograf&iacute;a e historia; o bien para exigir la reparaci&oacute;n de una injusticia.</p>
<p>Su paradigm&aacute;tico inter&eacute;s por la memoria es el eje sobre el que pivota su narrativa y tantos de estos ensayos; una memoria que, tambi&eacute;n entendida como ajuste de cuentas con el presente, incluso relaciona con la lengua en que uno escribe (&ldquo;De lugares y lenguas&rdquo;, 2002: 117-136). Fundamental es su voz con relaci&oacute;n a la dictadura franquista y tambi&eacute;n a &ldquo;esa larga traici&oacute;n llamada transici&oacute;n&rdquo; (2002: 119), que, insiste en ello, &ldquo;no fue un pacto sino la aplicaci&oacute;n de una nueva estrategia en esa guerra de dominio de los menos sobre los m&aacute;s&rdquo; (2002: 109). Chirbes se considera heredero de la derrota, tras la voluntaria excavaci&oacute;n que lo llev&oacute; a aquel tiempo de herencia silenciada y complement&oacute; su formaci&oacute;n sentimental y pol&iacute;tica en una Espa&ntilde;a de lucha esperanzada que pas&oacute; al &ldquo;desencanto&rdquo;, al &ldquo;pasotismo&rdquo;, de la gran ilusi&oacute;n a la ocasi&oacute;n, al pelotazo.</p>
<p>Lo expuesto hasta aqu&iacute; configura un articulado universo tem&aacute;tico en su primer libro. Como antes he mencionado, ya el &iacute;ndice del segundo, <em>Por cuenta propia</em>, explicita los apartados comentados y el escritor nuevamente enfrenta cuestiones que le importan. As&iacute;, bajo la etiqueta &ldquo;Maestros&rdquo; re&uacute;ne cuatro dilatadas contribuciones: sobre <em>La Celestina</em>, que tanto admira porque instaur&oacute; la veta realista de la narrativa espa&ntilde;ola y convirti&oacute; la lectura en un &ldquo;ejercicio de sospecha&rdquo; (2010: 47); la novela de guerra y su relaci&oacute;n con la verdad en Svevo, C&eacute;line, Mann, Dos Passos, Musil, Barbusse, Graves, Remarque, Kraus o Hemingway; una tercera sobre el significado de Cervantes para un lector de hoy:</p>
<p>La voluntad de desaf&iacute;o del novelista que sabe que se salva o condena en su propia literatura; y que su moral se expresa en la propia organizaci&oacute;n del texto, y no en un discurso que pide prestado al exterior, es la mejor lecci&oacute;n que creo que puede extraer el novelista contempor&aacute;neo de la literatura de Cervantes (2010: 111).</p>
<p>Aparte esa escritura que es forma de conocimiento del novelista, tambi&eacute;n de Cervantes aprecia la presencia de un mundo conflictivo en donde no caben discursos un&iacute;vocos. Si con &eacute;l habla de &ldquo;gran literatura&rdquo;, no es de extra&ntilde;ar que, en la tradici&oacute;n generosa del autor del <em>Quijote</em>, en otro escrito reivindique a Gald&oacute;s, explore su rechazo y manifieste su inter&eacute;s por el juego de perspectivas.</p>
<p>Despu&eacute;s, renovando aspectos abordados en <em>El novelista perplejo</em>, en el segundo apartado (&ldquo;Contempor&aacute;neos&rdquo;) explora <em>Los Cuadernos de todo</em>, de Carmen Mart&iacute;n Gaite; recoge su ep&iacute;logo a la edici&oacute;n alemana de <em>Gran Sol</em>, de Ignacio Aldecoa; visita un territorio que le es propio: la gastronom&iacute;a, que relaciona con la memoria, y lo hace de la mano de quien considera un maestro: V&aacute;zquez Montalb&aacute;n; tambi&eacute;n comenta <em>Ahora tocad m&uacute;sica de baile</em> (2004) de Andr&eacute;s Barba, cuya mirada lo atrap&oacute; por ser una reflexi&oacute;n acerca de la realidad que obliga a mirar a partir de seres que viven &ldquo;en un mundo abandonado por los dioses&rdquo; (2010: 193). Seguidamente, retoma la vigencia de la novela, hoy libre de ataduras: al no cumplir ya funci&oacute;n informativa ni decoradora, el novelista puede &ldquo;trabajar hacia dentro con m&aacute;s libertad&rdquo; (2010: 200). Frente al modelo ideol&oacute;gico mitigador del papel de ciudadano, considera todav&iacute;a vigorosa la capacidad de resistencia y la ejemplifica tras su lectura de Roth, Swift, La Capria, Pombo o S&aacute;nchez Ostiz. En esta l&iacute;nea, al detenerse en el novelista en el siglo XXI y el estatus de la novela (&ldquo;cada vez m&aacute;s, un asunto de estricta vida privada&rdquo;, 2010: 206), el escritor se muestra molesto por la complicidad que la narrativa contempor&aacute;nea establece con el lector advirti&eacute;ndole que est&aacute; ante una novela, g&eacute;nero que &ldquo;se ahoga en un exceso de aptitudes: agoniza por una sobredosis de inteligencia&rdquo; (2010: 212).</p>
<p>En &ldquo;Memorias y maniobras&rdquo;, Chirbes comienza desgranando la apropiaci&oacute;n de la figura de Max Aub, olvidada incluso mientras los suyos, los socialistas, gobernaron en Espa&ntilde;a. Prosigue con el &ldquo;Principio de Arqu&iacute;medes&rdquo; de la literatura, &ldquo;seg&uacute;n el cual la presencia de un nuevo elemento en un espacio desaloja a otro&rdquo; (2002: 103), lo cual muestra reivindicando el lugar de los exiliados, ocupado tras la contienda. En el extenso &ldquo;De qu&eacute; memoria hablamos&rdquo;, afirma que &ldquo;la memoria hist&oacute;rica pone las bases de un m&eacute;todo de justicia&rdquo; (2010: 227) y, como ya apuntaba en <em>El novelista perplejo</em>, insiste en que ello pasa por integrar a los testigos y alzarse frente al relato dominante.</p>
<p>En su vuelta a la transici&oacute;n, critica con dureza la formaci&oacute;n de la Espa&ntilde;a posfranquista, se&ntilde;ala c&oacute;mo se construyeron otros relatos, se canoniz&oacute; el concepto de &ldquo;moderaci&oacute;n&rdquo;, se acept&oacute; la derrota, se pas&oacute; de la resistencia a la abundancia y supuso &ldquo;un segundo saqueo de la memoria de los vencidos&rdquo; (2010: 247). As&iacute;, en &ldquo;Una nueva legitimidad&rdquo;, considera ret&oacute;rico e interesado el setenta aniversario de la proclamaci&oacute;n de la Segunda Rep&uacute;blica celebrado en 2001. Como en la llamada literatura de la memoria, que ve una moda, considera el neorrepublicanismo una de sus variantes. La sensaci&oacute;n &ldquo;pegajosa&rdquo; que por entonces lo invit&oacute; a alejarse de homenajes, la siente ante otros asuntos de actualidad que le importan como la &ldquo;cuesti&oacute;n gay&rdquo; (2010: 253), si bien desconf&iacute;a de su resoluci&oacute;n por la complaciente invocaci&oacute;n a la normalidad y porque intuye &ldquo;que encierra un mensaje artificial, forzado&rdquo; (2010: 253). Concluye el apartado con una nota sobre la literatura en Europa, donde Chirbes advierte la existencia de quienes hoy se empe&ntilde;an en pasar de la ret&oacute;rica a la verdad (como es su caso). Por &uacute;ltimo, en &ldquo;Cuestiones dom&eacute;sticas&rdquo; publica el breve texto titulado &ldquo;Trabajo&rdquo;, donde afirma que &ldquo;una casa y un libro son expresiones de la sorprendente dureza interior que guarda ese fr&aacute;gil animal humano al que cualquier accidente tumba&rdquo; (2010: 294). Adem&aacute;s, incorpora un magistral texto, antes referido, sobre su v&iacute;nculo con Herralde.</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; supone editar en Anagrama, sello de calidad en el campo cultural, del que Chirbes se nutre con frecuencia, como evidencian los textos que lee? Sus novelas y ensayos forman parte de esa novela-r&iacute;o que, seg&uacute;n Herralde, es el cat&aacute;logo de Anagrama, editorial que, frente a las obras de consolaci&oacute;n, fomenta obras de provocaci&oacute;n, como se&ntilde;alara Giulio Einaudi de los editores culturales (Cesari, 2007: 6). Es m&aacute;s, Herralde se define por la &ldquo;pol&iacute;tica de autor&rdquo;: seguirlo, publicarlo todo, como hace con Chirbes, favoreciendo incluso su traducci&oacute;n por editores for&aacute;neos.</p>
<p>A Chirbes, valga apuntarlo, el novelista que lo atrapa &ldquo;no busca consolar, sino descifrar&rdquo; (2010: 19), no debe pelear con colegas sino &uacute;nicamente con su propia obra, en pro de su calidad. Anagrama encaja bien con su postura, ya que entre los prop&oacute;sitos de la editorial est&aacute; &ldquo;la exploraci&oacute;n en torno a los debates pol&iacute;ticos, morales y culturales m&aacute;s significativos de nuestro tiempo, con cierta predilecci&oacute;n por aquellas incursiones m&aacute;s arriesgadas y pol&eacute;micas&rdquo; (Herralde, 2009: 8). Coincide tambi&eacute;n con su editor al considerar la novela de hoy &ldquo;una esclava m&aacute;s del promiscuo har&eacute;n de [&hellip;] los grandes grupos medi&aacute;ticos&rdquo;, caracterizados por su disposici&oacute;n &ldquo;no s&oacute;lo de las factor&iacute;as de producci&oacute;n art&iacute;stica, sino tambi&eacute;n de los santuarios de su canonizaci&oacute;n: detentan los c&oacute;digos del gusto&rdquo; (2002: 18-19). Responsable de parte de la reciente historia de la narrativa en espa&ntilde;ol, de Anagrama proceden autores a los que Chirbes vuelve: Carmen Mart&iacute;n Gaite, &Aacute;lvaro Pombo o F&eacute;lix de Az&uacute;a. Lector voraz, Chirbes reconoce la conveniencia de que todo escritor &ldquo;emparente su obra con ciertos autores y ciertos libros cuya compa&ntilde;&iacute;a a veces honra y a veces s&oacute;lo justifica&rdquo; (2002: 111). Con relaci&oacute;n a tal linaje, afirma: &ldquo;En cualquier arte, cada nuevo artista busca a sus antecesores y los pone en contacto entre s&iacute;&rdquo; (2002: 63).</p>
<p>Actualmente, Chirbes se sit&uacute;a con ventaja en el campo literario, donde ocupa un lugar privilegiado y su voz se inscribe con positiva sanci&oacute;n cr&iacute;tica en la historia literaria<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>. Adem&aacute;s, Chirbes dialoga bien con posturas cr&iacute;ticas coet&aacute;neas, como las de Constantino B&eacute;rtolo (2008) o Marta Sanz (2014), autora a quien Chirbes prologa su nueva versi&oacute;n de <em>La lecci&oacute;n de anatom&iacute;a</em> (2014), que admira como ejemplar literatura de intervenci&oacute;n y gozosa representaci&oacute;n de vida. As&iacute;, respetado por la cr&iacute;tica y el p&uacute;blico lector, no solamente en Espa&ntilde;a, Chirbes es de igual modo figura se&ntilde;era para escritores afines como Alfons Cervera, Luis Garc&iacute;a Montero, Mois&eacute;s Pascual, Isaac Rosa o Ricardo Men&eacute;ndez Salm&oacute;n.</p>
<p>En suma, en su taller particular, reconocido por las instancias de mediaci&oacute;n y de legitimaci&oacute;n del campo cultural, le&iacute;do y ajeno a los brillos medi&aacute;ticos, Chirbes adopta una posici&oacute;n de defensa ante las ofensas de la vida. M&aacute;s cerca del rencor que de la emoci&oacute;n que la literatura despierta, en sus ensayos, como he tratado de sintetizar, exhibe su perplejidad sin expresiones alambicadas, vivifica a sus fantasmas y desmenuza cuanto le preocupa, regresando a los temas que he expuesto con una solvente visi&oacute;n c&iacute;vica y combativa. Sus miradas, los que &eacute;l llama &ldquo;escritos&rdquo;, en su conjunto posibilitan el acceso al taller de la que Herralde (2006: 77) define &ldquo;la voz de la verdad&rdquo;: &ldquo;una voz que pregunta y se interroga, que celebra y se indigna, que gusta de ir (o tiene que ir) a la ra&iacute;z de las cosas, duela lo que duela [&hellip;] sabueso inevitable a la caza de la verdad&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>BIBLIOGRAF&Iacute;A</strong></p>
<p>B&eacute;rtolo, Constantino (2008). <em>La cena de los notables</em>. C&aacute;ceres: Perif&eacute;rica.</p>
<p>Cesari, Severino (2007). <em>Colloquio con Giulio Einaudi</em>. Torino: Einaudi</p>
<p>Chirbes, Rafael (2002). <em>El novelista perplejo</em>. Barcelona: Anagrama.</p>
<p>----- (2010). <em>Por cuenta propia. Leer y escribir</em>. Barcelona: Anagrama.</p>
<p>Herralde, Jorge (2006). &ldquo;Rafael Chirbes: la voz de la verdad&rdquo;, en <em>Por orden alfab&eacute;tico. Escritores, editores, amigos</em>. Barcelona: Anagrama, pp. 77-85.</p>
<p>----- (2009). <em>Biblioteca Anagrama</em>. <em>40 a&ntilde;os de labor editorial</em>. Barcelona: Anagrama.</p>
<p>L&oacute;pez de Abiada, Jos&eacute; Manuel (2011). &ldquo;Entrevista a Rafael Chirbes&rdquo;, en L&oacute;pez Bernasocchi, Augusta; L&oacute;pez de Abiada, Jos&eacute; Manuel (eds.).<em> La constancia de un testigo. Ensayos sobre Rafael Chirbes</em>. Madrid: Verbum, pp. 12-20.</p>
<p>Sanz, Marta (2014). <em>No tan incendiario</em>. C&aacute;ceres: Perif&eacute;rica.</p>
<p>----- (2014). <em>La lecci&oacute;n de anatom&iacute;a</em>. Pr&oacute;logo de Rafael Chirbes. Barcelona: Anagrama.</p>
<p>Vara, Natalia (2014). &ldquo;Narrativa 2013: iluminaciones para un tiempo de crisis&rdquo;, <em>&Iacute;nsula</em>, 808, abril de 2014, pp. 2-5.</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> En abril de 2014, por ejemplo, el almanaque de <em>&Iacute;nsula</em> dedicado a la narrativa de 2013 se abr&iacute;a con <em>En la orilla</em> bajo un revelador t&iacute;tulo: &ldquo;Iluminaciones para un tiempo de crisis&rdquo; (Vara, 2014). Considerada la mejor novela del a&ntilde;o, obtuvo el Premio Nacional de la Cr&iacute;tica, que Chirbes a&ntilde;ad&iacute;a as&iacute; al conseguido con la anterior: <em>Crematorio</em> (2007).</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 20 May 2019 06:23:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mister Renton]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/mister-renton/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2019/abril/DIEGO_PITA.jpg" alt="" /></p>
<p>Hab&iacute;a un p&aacute;jaro moribundo en mitad de la rue Gasnier-Guy.</p>
<p>Agonizaba ante la total indiferencia de los transe&uacute;ntes del distrito 20 de Par&iacute;s. Mov&iacute;a su cuello espirando sus &uacute;ltimos suspiros, pero a&uacute;n se agarraba a la vida. Yo hablaba por tel&eacute;fono con un amigo cuando lo vi tirado en esa calle cercana al cementerio del P&egrave;re-Lachaise.</p>
<p>Recog&iacute; un panfleto publicitario del suelo para envolverlo y lo transport&eacute; hasta un rinc&oacute;n de la calle donde unas plantas pujaban salvajes desafiando al asfalto urbano.</p>
<p>El p&aacute;jaro dej&oacute; de moverse. Tuve la impresi&oacute;n de que amortajado en el panfleto publicitario se sinti&oacute; preparado para entregarse y morir.</p>
<p><em>Un hombre de unos cuarenta a&ntilde;os se despierta en un barco que est&aacute; fondeado en mitad de un lago. Su cuerpo est&aacute; cubierto de heridas y se ha golpeado fuertemente la cabeza. No recuerda qui&eacute;n es ni qu&eacute; es lo que hace all&iacute; en medio de ese lago. Al mirarse en el peque&ntilde;o espejo del cuarto de ba&ntilde;o del barco comprueba que su pelo est&aacute; encanecido. </em></p>
<p><em>El lago est&aacute; situado dentro de una isla. En su primera incursi&oacute;n en busca de v&iacute;veres, el hombre encuentra un gato abandonado. El peque&ntilde;o felino se convierte en su &uacute;nico compa&ntilde;ero. Se vale de un flotador para transportar al animal y los v&iacute;veres hasta el barco. </em></p>
<p>Esta noche he vuelto a so&ntilde;ar con mi perro. He so&ntilde;ado que lo abrazaba y que &eacute;l se dejaba acariciar. Luego me he puesto a escribir.</p>
<p>Ma&ntilde;ana es lunes y pasar&eacute; gran parte del d&iacute;a en el liceo. Este a&ntilde;o doy menos horas de clase. Sigo en el mismo prestigioso colegio del distrito 16. Mis alumnos tienen entre catorce y diecis&eacute;is a&ntilde;os.</p>
<p>A&uacute;n estoy adapt&aacute;ndome al ritmo del nuevo horario. No llevo ni una semana de trabajo y ya he pasado dos noches muy malas, con mucha ansiedad.</p>
<p><em>El hombre del lago se cura sus heridas y da de comer al gato. De vez en cuando, unos terribles aullidos sacuden el silencio del lago. Se trata de los invasores de la isla. Unos terribles seres que tienen un miedo cerval al agua y que, adem&aacute;s, no saben nadar. </em></p>
<p><em>Se mira en el espejo. No le gusta su rostro. El gato ronronea y le mira fijamente con sus ojos verdes. En el camarote del barco, entre unas cartas de navegaci&oacute;n, encuentra una foto. En ella aparecen cuatro personas. Es una foto familiar. El padre es un hombre grande y calvo que sonr&iacute;e confiado y orgulloso. La mujer es bastante m&aacute;s joven. Es guapa, tiene los ojos azules y el pelo casta&ntilde;o. La hija no es tan guapa como su madre, pero tiene una sonrisa enigm&aacute;tica, inteligente. Por &uacute;ltimo, el ni&ntilde;o peque&ntilde;o tiene la mirada perdida y el rostro muy p&aacute;lido</em>.</p>
<p><em>El hombre del lago ignora cu&aacute;l es su lengua materna. Entiende las cartas de navegaci&oacute;n y los libros que ha encontrado en el barco, pero no est&aacute; seguro de que sea la &uacute;nica lengua que conoce. Decide buscar papel y l&aacute;piz para realizar un experimento. Lo primero que hace es dibujar el rostro de un hombre calvo que tiene la cabeza seccionada del cuerpo. El dibujo es de una crudeza y precisi&oacute;n sorprendentes. El hombre calvo es el mismo que el de la fotograf&iacute;a que encontr&oacute; entre las cartas de navegaci&oacute;n. Este hombre era el due&ntilde;o de la embarcaci&oacute;n. Los seres le decapitaron para luego devorar su cuerpo. Los seres no se comen las cabezas de sus v&iacute;ctimas, son un trofeo para ellos. Las coleccionan y las almacenan despu&eacute;s de embalsamarlas. No es el &uacute;nico ritual sangriento que celebran. Organizan bacanales nocturnas para aparearse y al final sacrifican al var&oacute;n m&aacute;s d&eacute;bil. Las hembras m&aacute;s ancianas son las que dirigen la comunidad y pueden parir hasta edades muy avanzadas. La esperanza de vida de los seres no supera los treinta a&ntilde;os. La sacerdotisa suprema se llama Medurta, tiene veintinueve a&ntilde;os y ya ha dado a luz a m&aacute;s de cien seres. Tiene una &uacute;nica obsesi&oacute;n: acabar con el &uacute;ltimo humano superviviente de la isla.</em></p>
<p>Las voces de los vecinos me molestan. Me acabo de quemar la lengua con el caf&eacute; descafeinado. Es domingo. A veces tengo la sensaci&oacute;n de estar viviendo una vida que no es la m&iacute;a.</p>
<p>Vivo enfrente de una estaci&oacute;n y de una residencia de bomberos. Son muy ruidosos. Cuando se entrenan en el gimnasio ponen la m&uacute;sica a tope. Organizan barbacoas e interminables partidas de petanca todos los s&aacute;bados y sus ni&ntilde;os son unos gritones.</p>
<p>De peque&ntilde;o, cuando viv&iacute;a en Estados Unidos, los bomberos eran mis &iacute;dolos. Ahora no puedo decir lo mismo, por lo menos de los que tengo el placer de ver a diario. Son gente con un nefasto gusto musical.</p>
<p><em>Los peque&ntilde;os seres se han reunido alrededor de una hoguera. El hombre los observa desde el barco con unos prism&aacute;ticos. Los ve bailar al son de un tambor. En un determinado momento, el tambor deja de sonar y tras un breve silencio todos los seres se entregan a la copulaci&oacute;n. El hombre del lago no pierde detalle, el espect&aacute;culo que presencia es indescriptible. Estos seres se aparean con enorme violencia y velocidad. Una vez terminado el ritual de apareamiento, los tambores vuelven a sonar durante unos minutos. Los seres apagan la hoguera y se adentran en el bosque para dormir. Medurta, la sacerdotisa suprema, es la &uacute;ltima en retirarse del lugar donde han celebrado el ritual. Los cuerpos inertes de los machos m&aacute;s d&eacute;biles han quedado calcinados sobre los restos humeantes de la hoguera. El olor a carne quemada llega hasta el barco.</em></p>
<p>El jueves pasado ten&iacute;a preparada una apasionante comprensi&oacute;n oral sobre la tauromaquia, pero el ordenador del aula 48 no quiso ponerse en marcha. Varios alumnos llegaron tarde porque hab&iacute;an tenido un control de F&iacute;sica. Era la &uacute;ltima hora de clase del d&iacute;a. Hab&iacute;a olvidado unos ejercicios de gram&aacute;tica en mi casillero de la sala de profesores.</p>
<p>Ante m&iacute; ten&iacute;a a treinta adolescentes agotados y excitados a partes iguales. No s&eacute; de d&oacute;nde me vino la idea de hablarles de mi colegio y de mi adolescencia. Empec&eacute; hablando lentamente, pronunciando cada palabra, pero los alumnos me pidieron que les hablara de manera natural y as&iacute; lo hice. Comenc&eacute; describi&eacute;ndoles el colegio y, desde el primer momento, ellos me escucharon. Por primera vez ten&iacute;a su m&aacute;s sincera y genuina atenci&oacute;n. Les habl&eacute; de esa profesora a la que una vez hice llorar y que, pasado el tiempo, comprend&iacute; que era la &uacute;nica que se preocup&oacute; por m&iacute; cuando lo empec&eacute; a pasar mal y a meterme en problemas. Les dije que cuando eres un adolescente no siempre aprecias lo que los dem&aacute;s hacen por ti. Cuando eres un adolescente no tienes esa capacidad, yo al menos no la ten&iacute;a. Algunos de mis alumnos me miraban con la boca abierta, otros sonre&iacute;an complacidos, otros se mostraban indiferentes, pero todos ellos permanecieron en silencio.</p>
<p>Les habl&eacute; tambi&eacute;n de mi profesor preferido. Yo ten&iacute;a once a&ntilde;os y cursaba el sexto curso de la extinta EGB. En mi colegio, la mayor parte de los profesores de ingl&eacute;s eran brit&aacute;nicos o irlandeses. Mister Renton fue uno de los pocos profesores norteamericanos que tuvimos. Mister Renton era diferente. Llevaba el pelo largo, ten&iacute;a cierto aire hippy. No segu&iacute;a los manuales ni los preceptos del departamento de ingl&eacute;s. En sus clases jug&aacute;bamos a &laquo;Simon Says&raquo; y tambi&eacute;n cant&aacute;bamos canciones como <em>Old Blue,</em> una canci&oacute;n folk que comenzaba as&iacute;: &laquo;I had a dog and his name was blue&raquo;. Trajo a clase una guitarra para cantar esa canci&oacute;n. Dibujaba tan bien que era alucinante verle llenar el encerado de personajes de todo tipo.</p>
<p>Recuerdo vivamente un dibujo suyo sobre el mundo del circo. La pizarra tom&oacute; vida ante nuestros maravillados ojos. Con incre&iacute;ble detalle dibuj&oacute; hombres forzudos, acr&oacute;batas, payasos y varios tipos de animales. Yo era muy feliz en sus clases.</p>
<p>Nunca habl&eacute; cara a cara con &eacute;l. Tampoco tuve la sensaci&oacute;n de que me diferenciara o de que me tratara de manera distinta que al resto de mis compa&ntilde;eros. Ignoro si mis compa&ntilde;eros le admiraban tanto como yo.</p>
<p>Un d&iacute;a, sin previo aviso, Mister Renton no vino a clase. Otro profesor o profesora le sustituy&oacute; y nunca le volvimos a ver.</p>
<p>Unos a&ntilde;os despu&eacute;s, una profesora irlandesa del colegio muri&oacute; en un tren de manera s&uacute;bita y misteriosa. El nombre de Mister Renton volvi&oacute; a resonar en el comedor del colegio. Alguien nos dijo que esta profesora hab&iacute;a tenido un romance con Mister Renton cuando este a&uacute;n daba clases en el colegio.</p>
<p>Yo no soy como Mister Renton. No s&eacute; cantar ni tocar la guitarra y mis dibujos distan mucho de aquellos con los que iluminaba el encerado y la imaginaci&oacute;n de todos nosotros. Sin embargo, al igual que &eacute;l, me he convertido en profesor de una lengua extranjera en un pa&iacute;s extranjero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>El hombre del lago habla todas las noches con su gato. Es un animal hermoso y tiene una penetrante mirada. Para dormir, el animal se enrosca sobre s&iacute; mismo y se pega contra su espalda. Al hombre no le molesta esta proximidad, todo lo contrario. Le hace falta sentir un ser vivo cerca. El silencio dentro del barco es reparador; por momentos, hasta olvida que todos esos seres le acechan en tierra firme.</em></p>
<p><em>Se levanta en mitad de la noche y toma una decisi&oacute;n. Intentar&aacute; escapar al amanecer. No puede quedarse en mitad del lago por m&aacute;s tiempo, apenas le quedan v&iacute;veres ni agua potable. No sabe qu&eacute; hacer con el gato. Si lo deja en el barco, morir&aacute; de hambre, y si lo lleva consigo, ser&aacute; una presa f&aacute;cil para los peque&ntilde;os monstruos. </em></p>
<p><em>Considera el riesgo de encender el motor de la embarcaci&oacute;n para ganar la orilla con mayor rapidez. Se dice que quiz&aacute; pueda sorprender a las peque&ntilde;as bestias. El gato tendr&aacute; su oportunidad para sobrevivir. Sin embargo, una vez en la orilla no podr&aacute; ocuparse de &eacute;l ni protegerlo. Espera con paciencia las horas que le separan del amanecer. </em></p>
<p><em>El barco se detiene en la orilla. El hombre gana tierra firme de un salto, el gato le imita y hace lo mismo. No hay rastro de los peque&ntilde;os seres. Se adentran en el bosque que circunda el lago. Ambos llegan hasta el pueblo abandonado por los humanos. Los seres siguen sin aparecer. Salen del pueblo en direcci&oacute;n de la costa. </em></p>
<p><em>A lo lejos, a unos cien metros, se divisa un peque&ntilde;o puerto. Atracada en el puerto hay una lancha motora que parece estar en buen estado. </em></p>
<p><em>Entonces el aterrador rugido sacude el silencio de la isla. Detr&aacute;s de ellos, a menos de cincuenta metros, los horrorosos seres capitaneados por Medurta, la jefa de la tribu. El gato sale disparado en direcci&oacute;n al puerto. El hombre se queda paralizado. Un escalofr&iacute;o recorre su cuerpo. Ha recuperado la memoria. </em></p>
<p><em>Antes de morir devorado por los seres acierta a decir la siguiente frase en ingl&eacute;s, su lengua materna: </em>&ldquo;My name is Mister Renton&rdquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 29 Apr 2019 06:27:05 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sobre Cesare Pavese y sus Diálogos con Leucó]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/sobre-cesare-pavese-y-sus-dialogos-con-leuco/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2019/abril/CESARE_PAVESE.jpg" alt="" /></p>
<p class="CuerpoAltamarea" style="text-align: left;" align="center"><strong>Sobre Cesare Pavese y sus Di&aacute;logos con Leuc&oacute;<a title="" href="#_ftn1"><em><strong>[1]</strong></em></a></strong></p>
<p class="Cuerposinsangra">En 2008 habr&iacute;a cumplido sus cien a&ntilde;os. Pero su cuenta se quebr&oacute; a los cuarenta y dos, en 1950, al suicidarse en aquella habitaci&oacute;n de un c&eacute;ntrico hotel en Tur&iacute;n. Ahora se le ha recordado &mdash;como hacemos en Madrid&mdash; en muchos lugares y en variados coloquios y rese&ntilde;as, a la vez que se reeditan puntualmente muchos de sus libros, en espa&ntilde;ol, franc&eacute;s, italiano, y otras lenguas, aprovechando la ocasi&oacute;n de este centenario. Las frecuentes conmemoraciones de estos aniversarios suelen siempre acarrear rituales elogiosos y nostalgias acad&eacute;micas impostadas, y despiertan discursos y glosas de ret&oacute;ricas m&aacute;s o menos acad&eacute;micas y oportunistas. No obstante, pueden servir de pretexto, o de invitaci&oacute;n, para volver a leer y comentar desde nuestra circunstancia presente aquellos textos que nos atrajeron y conmovieron por su singular acento hace ya muchos a&ntilde;os, y, de paso, meditar y reflexionar sobre su pervivencia actual, descubriendo matices nuevos en los bien conocidos textos. Algo que sucede habitualmente con los textos cl&aacute;sicos, pero tambi&eacute;n con otros que, por su propia textura po&eacute;tica, dir&iacute;a uno que conservan sugerencias m&uacute;ltiples. Hay textos que apenas envejecen, o que envejecen bien, como los vinos, y sostienen bien el paso del tiempo, o rejuvenecen a la luz de otra mirada.</p>
<p class="CuerpoAltamarea">En mi caso, y supongo que lo mismo les pasar&aacute; a otros coet&aacute;neos, las lecturas de algunos libros de Pavese me suscitan la memoria de las de los primeros encuentros con sus textos, unos cuarenta a&ntilde;os atr&aacute;s. Prescindir&eacute; ahora, sin embargo, de todo intento de evocar con nostalgia aquellos a&ntilde;os en que en un Madrid tardofranquista y so&ntilde;oliento comentaba con compa&ntilde;eros de la Facultad lecturas de Pavese, mientras ve&iacute;amos alguna pel&iacute;cula del cine italiano neorrealista, en la atm&oacute;sfera brumosa de un existencialismo de provincias. &iexcl;Qu&eacute; atr&aacute;s se ha quedado esa &eacute;poca que ahora veo alguna vez retratada con poco color, en sepia o en blanco y negro! Tampoco quisiera insistir en la evocaci&oacute;n melanc&oacute;lica de la silueta personal de Pavese ni en su conocido contexto biogr&aacute;fico, sino que solo pretendo, al socaire de las fechas, comentar la originalidad y el atractivo de una de sus obras: ese extra&ntilde;o libro titulado Di&aacute;logos con Leuc&oacute;, que fue, seg&uacute;n &eacute;l escribi&oacute;, su preferido, en contra de la opini&oacute;n de la mayor&iacute;a de los cr&iacute;ticos contempor&aacute;neos. Justamente el libro que, de modo muy significativo, qued&oacute; en la mesilla de noche del hotel el d&iacute;a de su suicidio junto a la nota final de despedida: &laquo;Perdono a todos y a todos pido perd&oacute;n. &iquest;Va bien? No hag&aacute;is demasiados chismorreos&raquo; [Pavese 1979: 467].</p>
<p class="CuerpoAltamarea">De antemano, debo decir que, de la amplia obra pavesiana, a m&iacute; siempre me atrajeron m&aacute;s sus poemas (e incluso los t&iacute;tulos de sus libros de poes&iacute;a, como Trabajar cansa y Vendr&aacute; la muerte y tendr&aacute; tus ojos) que sus novelas (cuyos t&iacute;tulos son a veces no menos po&eacute;ticos). Pero, sobre todo, debo alegar que, como a muchos de sus lectores, me impresionaron &mdash;por su sinceridad el uno, por su vigor po&eacute;tico el otro&mdash;, en la primera y en otras lecturas, sus diarios de los &uacute;ltimos a&ntilde;os: El oficio de vivir, y Di&aacute;logos con Leuc&oacute;. (No s&eacute; si es necesario advertir que, como es notorio, no soy un cr&iacute;tico de la literatura italiana reciente, ni siquiera un experto en el conjunto de la obra de Pavese; soy solo un lector fiel y a&ntilde;ejo de sus obras. Pero, por otra parte, aprovechar&eacute; mi oficio de aficionado a los mitos antiguos y a las recreaciones y reflexiones sobre la mitolog&iacute;a, para comentar, desde ese &aacute;ngulo, sugerencias y rasgos propios de Di&aacute;logos con Leuc&oacute;. De ah&iacute; el modesto enfoque y el breve alcance de estas l&iacute;neas.)</p>
<p class="CuerpoAltamarea">El t&iacute;tulo de Di&aacute;logos con Leuc&oacute; se le ocurri&oacute; a Pavese cuando ya hab&iacute;a avanzado en la redacci&oacute;n de esos &laquo;di&aacute;logos breves&raquo; (seg&uacute;n una carta del 20 de febrero de 1946). De la breve serie de di&aacute;logos mitol&oacute;gicos el m&aacute;s antiguo, titulado &laquo;Las magas&raquo;, lo escribi&oacute; el 13 de diciembre de 1945, y el m&aacute;s tard&iacute;o, &laquo;Los hombres&raquo;, el 31 de marzo de 1947. El mismo 20 de febrero redact&oacute; el pr&oacute;logo o &laquo;Prefaci&oacute;n a los dialoguillos&raquo;, un texto muy bien meditado, presente tambi&eacute;n en El oficio de vivir y que conviene leer con detenimiento para entender su empe&ntilde;o;<a title="" href="#_ftn2">[2]</a> en efecto, esas l&iacute;neas ilustran muy bien la actitud de Pavese al recurrir a esa mitolog&iacute;a. Que en el mito se vea un lenguaje sui generis, un instrumento singular para expresar simb&oacute;licamente una realidad, o una percepci&oacute;n colectiva &mdash;y a la vez de uso muy personal&mdash; de una realidad que no puede presentarse de otro modo, es decir, que est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de los moldes expresivos de la l&oacute;gica, no es una idea original. Ya los pensadores y poetas alemanes del siglo xviii hab&iacute;an abundado en esa autonom&iacute;a expresiva del mito como un c&oacute;digo propio con su propia po&eacute;tica y su trascendencia en el &aacute;mbito imaginario, y, desde luego, por sus lecturas Pavese conoc&iacute;a muy bien todas esas teor&iacute;as simbolistas.</p>
<p class="CuerpoAltamarea">Furio Jesi, temprano y perspicaz comentarista de esos textos, ya lo hab&iacute;a detectado, notando c&oacute;mo la visi&oacute;n pavesiana enlaza con ese idealismo simbolista, y se aparta tanto de la interpretaci&oacute;n funcionalista de Malinowski como de la anterior teor&iacute;a ilustrada, evolucionista, de Sir James Frazer:</p>
<p class="CitasaisladasentextoAltamarea">Es significativo que Pavese, por lo que respecta al valor simb&oacute;lico del mito, rechace la teor&iacute;a de un sentido &laquo;emp&iacute;rico&raquo;, como dec&iacute;a Malinowski, para aceptar m&aacute;s bien, &mdash;aunque no de un modo ortodoxo&mdash; la de Ker&eacute;nyi, es decir, la que parece derivar no de una indagaci&oacute;n puramente etnol&oacute;gica, sino de las especulaciones sobre el s&iacute;mbolo con acentos diversos en el ambiente de la poes&iacute;a germ&aacute;nica, pero m&aacute;s en conexi&oacute;n con la teor&iacute;a de Goethe que con la de los rom&aacute;nticos [Jesi 1972: 146].<a title="" href="#_ftn3">[3]</a></p>
<p class="Cuerposinsangra">Con su pregnancia imaginativa, el mito serv&iacute;a para calmar mejor esa inquietud inextinguible a la que hace alusi&oacute;n; el mito tiene una contenida riqueza y alude a realidades que no alcanza la l&oacute;gica habitual. Como Pavese dice en otro lugar: &laquo;Un mito es siempre simb&oacute;lico, por esto no tiene nunca un significado un&iacute;voco, aleg&oacute;rico, sino que vive de una vida encapsulada que, seg&uacute;n el lugar y el humor que lo rodea, puede estallar en las m&aacute;s diversas y m&uacute;ltiples florescencias&raquo;.<a title="" href="#_ftn4">[4]</a></p>
<p class="CuerpoAltamarea">Pavese conoc&iacute;a varias mitolog&iacute;as, no solo antiguas, sino tambi&eacute;n de tierras lejanas, como lector y editor de libros de antropolog&iacute;a en la editorial Einaudi, y por eso resulta mucho m&aacute;s interesante su declaraci&oacute;n y su reflexi&oacute;n de que solo la de los antiguos griegos, la m&aacute;s conocida por los europeos, ofrec&iacute;a una respuesta familiar a sus punzantes cuestiones. En principio, porque sus mitos estaban ligados a una educaci&oacute;n, y tambi&eacute;n porque la riqueza de esa mitolog&iacute;a, transmitida por una larga literatura, recreada po&eacute;ticamente a lo largo de siglos, resulta incomparable, y revela una curiosa y singular &laquo;madurez m&iacute;tica&raquo;, ligada a su tradici&oacute;n en un marco hist&oacute;rico y espiritual de extenso horizonte. Insiste en ello:</p>
<p class="CitasaisladasentextoAltamarea">La fascinaci&oacute;n de los mitos griegos nace del hecho de que posiciones inicialmente m&aacute;gicas, tot&eacute;micas, matriarcales, fueron &mdash;por la elaboraci&oacute;n &aacute;gil del pensamiento consciente sobrevenida en los siglos x-viii a. C.&mdash; objeto de nuevas y profundas interpretaciones, de contaminaciones, de injertos &mdash;todo ello presidido por la raz&oacute;n&mdash;, y de este modo llegaron a nosotros con la riqueza de toda esa claridad y tensi&oacute;n espiritual, aunque tambi&eacute;n abigarradas de antiguos sentidos simb&oacute;licos ajenos [Pavese 1979: 304].</p>
<p class="Cuerposinsangra">Los mitos conservan una fuerza po&eacute;tica propia, singular, que puede ser invocada o resucitada por un buen int&eacute;rprete. De ah&iacute; su potencial literario; y tambi&eacute;n su alcance especulativo.</p>
<p class="CitasaisladasentextoAltamarea">Debes guardarte &mdash;sigue diciendo&mdash; de confundir el mito con las redacciones po&eacute;ticas que de &eacute;l se han hecho o se est&aacute;n haciendo; precede a la expresi&oacute;n que se le da; no es esa expresi&oacute;n; en su caso se puede hablar perfectamente de un contenido distinto a la forma (aunque de una forma por sumaria que sea no se puede prescindir jam&aacute;s); y esto lo prueba el hecho de que el verdadero mito no cambia de valor, ya se exprese en palabras, con signos, o con m&uacute;sica. El mito es, en suma, una norma de un hecho ocurrido de una vez por todas, y extrae su valor de esa unicidad absoluta que lo alza por encima del tiempo y lo consagra como revelaci&oacute;n. Por eso se produce siempre en los or&iacute;genes, como en la infancia. Est&aacute; fuera del tiempo [Pavese 1979: 305].</p>
<p class="Cuerposinsangra">No vamos a detenernos ahora en comentar el trasfondo de estas ideas. Ser&iacute;a f&aacute;cil conectarlas con textos de Karl Ker&eacute;nyi, C. G. Jung, Joseph Campbell o Mircea Eliade, por ejemplo. M&aacute;s interesante ahora es subrayar esa conciencia de que los mitos en toda cultura &mdash;y muy claramente en nuestra cultura occidental&mdash; circulan a lo largo de la tradici&oacute;n como una herencia colectiva, est&aacute;n arraigados en un imaginario que, aun desligado de su funci&oacute;n religiosa, se trasmite en la literatura y en el arte, desde los griegos. La tradici&oacute;n reelabora esos mitos en variados formatos y los usa para reflexiones y recreaciones varias. Es lo que Hans Blumenberg ha denominado &laquo;trabajo sobre el mito&raquo;. En su espl&eacute;ndido libro Arbeit zum Mythos H. Blumenberg insisti&oacute; en la &laquo;significatividad&raquo; que, en un principio, los mitos aportan a la interpretaci&oacute;n humana del mundo.</p>
<p class="CuerpoAltamarea">Desde luego, Pavese no pudo conocer ese libro [Blumenberg 1979], pero habr&iacute;a estado muy de acuerdo con sus tesis sobre la &laquo;constancia ic&oacute;nica&raquo; de esos relatos que son una y otra vez recontados y reinterpretados. Y que, de modo ingenuo o ir&oacute;nico, vienen a calmar esa inquietud ante la realidad c&oacute;smica inventando un trasfondo de figuras fantasmales. Pavese, no solo poeta y novelista, sino ensayista y editor, un intelectual comprometido, conoc&iacute;a varias mitolog&iacute;as, pero era muy consciente de que solo la de los griegos, al menos para los europeos, ofrec&iacute;a una respuesta familiar a sus punzantes cuestiones.</p>
<p class="CuerpoAltamarea">Como ya se ha dicho, los mitos pueden presentarse en formas literarias diversas, y eso sucede ya en la antigua literatura hel&eacute;nica. Tanto la &eacute;pica como la l&iacute;rica y la tragedia griegas relatan cada una a su manera los mitos del repertorio tradicional. Y el di&aacute;logo puede tambi&eacute;n servir para ese fin, aunque no sea una de las maneras m&aacute;s usuales y espont&aacute;neas para contar ingenuamente los mitos. Elegir ese formato de los di&aacute;logos breves &mdash;que no apuntan a la mera narraci&oacute;n, sino que colorean dram&aacute;tica o ir&oacute;nicamente el texto, con un toque de subjetividad al poner la narraci&oacute;n en boca de determinados caracteres&mdash;, es seguir un cierto modelo literario. En la tradici&oacute;n griega el de los di&aacute;logos de Luciano; en la italiana, los de Leopardi.<a title="" href="#_ftn5">[5]</a> (En contraste con los op&uacute;sculos del sat&iacute;rico de Sam&oacute;sata, en los de Pavese, que no pretende caricaturizar a los dioses y h&eacute;roes, no hay tono burl&oacute;n ni rasgos c&oacute;micos, pero s&iacute; una inevitable iron&iacute;a po&eacute;tica, de tintes melanc&oacute;licos. En esa l&iacute;nea est&aacute;, desde luego, pr&oacute;ximo a Leopardi. La elecci&oacute;n de ese formato, de forma muy consciente, subraya esa intenci&oacute;n ir&oacute;nica.)<a title="" href="#_ftn6">[6]</a></p>
<p class="CuerpoAltamarea">Como se espera, la forma del di&aacute;logo breve tiende a rememorar los mitos desde miradas subjetivas. No se trata de resumir los relatos m&iacute;ticos, sino de aludir a ellos y rastrear en ellos sus rasgos inquietantes o notas enigm&aacute;ticas. Es muy significativo de su idea el hecho de que Pavese anteponga a cada texto unas l&iacute;neas que resumen de manera previa la escena y cuentan qui&eacute;nes son los actores del breve encuentro, para situar al lector, que podr&iacute;a desconocer o no recordar ese contexto, por m&aacute;s que los mitos sean conocidos. Digamos que, aunque los personajes sean conocidos, no suelen ser de los m&aacute;s habituales en los tablados de la mitolog&iacute;a. Al sesgo de su evocaci&oacute;n de los textos cl&aacute;sicos, los encuentros y di&aacute;logos abren una perspectiva propia, insinuando aspectos y cuestiones que nos hacen reflexionar sobre la condici&oacute;n infeliz de hombres y dioses, con un toque existencialista y subversivo, de acentos &aacute;cidos e ir&oacute;nicos, ecos de su propia inquietud.</p>
<p class="CuerpoAltamarea">Como se&ntilde;ala Lorenzo Mondo, bajo la superficie mitol&oacute;gica se desliza una inagotable inquietud:</p>
<p class="CitasaisladasentextoAltamarea">El sentido &uacute;ltimo de estos Di&aacute;logos parece resolverse en una contrastada inquietud religiosa, en una an&aacute;mnesis torturante y recurrente. Conviene de todos modos subrayar su complejidad, su car&aacute;cter irreductible a una lectura un&iacute;voca. Es un libro de fugas y retornos, de ocultamientos y de emergencias. Presenta una arquitectura ambiciosa que a cada paso se desmonta, se abre a representaciones y argumentaciones divergentes, en un continuum que refleja el fluir de una conciencia indecisa [Mondo 2006: 152].</p>
<p class="Cuerposinsangra">Los Di&aacute;logos son un texto de dif&iacute;cil lectura, de un oscuro simbolismo, que puede desconcertar a m&aacute;s de un lector, como de hecho sucedi&oacute; en su tiempo;<a title="" href="#_ftn7">[7]</a> un texto que pareci&oacute; extravagante e inconfortable a los cr&iacute;ticos y a los fil&oacute;logos, con la honrosa excepci&oacute;n del clasicista Mario Untersteiner, uno de los grandes estudiosos del pensamiento griego y un intelectual de singular sensibilidad e inteligencia, que desde muy pronto comprendi&oacute; todo el alcance po&eacute;tico y la originalidad de la obra. El desconcierto que produjo el libro en la cr&iacute;tica contempor&aacute;nea lastim&oacute;, sin duda, a Pavese, que hab&iacute;a puesto en esos Di&aacute;logos mucho de su sentir y pensar m&aacute;s &iacute;ntimo. Pero &eacute;l quiso asumir esa decepci&oacute;n con un cierto orgullo, y con ir&oacute;nica alegr&iacute;a.<a title="" href="#_ftn8">[8]</a></p>
<p class="CuerpoAltamarea">&iquest;Por qu&eacute; el t&iacute;tulo de Di&aacute;logos con Leuc&oacute;? En principio, podr&iacute;amos ver en &eacute;l una alusi&oacute;n al nombre de su amada de esos a&ntilde;os: Bianca Garufi. Pero, adem&aacute;s, Leuc&oacute; es diminutivo de Leuc&oacute;tea, &laquo;la Diosa blanca&raquo;, una figura m&iacute;tica de discreto relieve en el repertorio antiguo, divinidad menor, pintoresca y marina, muy al margen de los grandes dioses del Olimpo.<a title="" href="#_ftn9">[9]</a> Ino Leuc&oacute;tea tiene solo una aparici&oacute;n relevante en la literatura griega. Aparece en la Odisea, canto v, versos 333 y siguientes, para auxiliar a Ulises, zarandeado en su balsa por una furiosa tempestad enviada por su enemigo Poseid&oacute;n. Surge del mar como una gaviota y le habla y le da un velo m&aacute;gico con el cual el h&eacute;roe debe arrojarse al borrascoso mar, y sobrevivir hasta llegar n&aacute;ufrago a Feacia. De los veintisiete di&aacute;logos del libro de Pavese, solo aparece en dos: el primero, el de &laquo;Las magas&raquo; (donde charla con Circe y se evoca el episodio del encuentro de Ulises con la maga que transforma a sus hu&eacute;spedes en cerdos y lobos), y, m&aacute;s adelante, el de &laquo;La vi&ntilde;a&raquo; (donde anuncia a Ariadna, abandonada por Teseo, la pronta llegada de Dioniso). La diosa es una confidente marginal de los amor&iacute;os de Circe y Ariadna, amantes de h&eacute;roes aventureros y seductores. Junto a &laquo;Las magas&raquo; hay en el libro solo otro encuentro inspirado en la Odisea: &laquo;La isla&raquo;, donde dialogan Calipso y Odiseo. (Nuevo tema del abandono y el amor insatisfecho).</p>
<p class="CuerpoAltamarea">De todos modos, recordemos que, siendo el primero de los di&aacute;logos, &laquo;Las magas&raquo;, marc&oacute; el camino a seguir; fue algo as&iacute; como un ejemplo para los dem&aacute;s encuentros. Ya en ese texto est&aacute; el motivo recurrente en tantos otros: la inmortalidad divina se enfrenta a la existencia mortal, y una y otra condici&oacute;n se revelan como insatisfactorias. Los h&eacute;roes siguen su camino, mientras que las bellas inmortales, tanto Circe como Calipso, se quedan en sus islas abandonadas. Dej&aacute;ndolas atr&aacute;s los astutos h&eacute;roes se apresuran hacia un destino que acaba en muerte. Pero la inmortalidad no es tampoco garant&iacute;a de felicidad. Los h&eacute;roes pasan, sin que el amor los retenga, y las diosas se quedan solas con el recuerdo de una relaci&oacute;n fugaz. No s&eacute; si Pavese pensar&iacute;a tambi&eacute;n en el extra&ntilde;o destino de Leuc&oacute;tea: una mortal que, en su desesperaci&oacute;n, se suicida arroj&aacute;ndose al mar, pero a la que los dioses le conceden, raro privilegio, la condici&oacute;n de diosa en las profundidades marinas. De all&iacute; emerge para auxiliar a Ulises. Pavese sent&iacute;a pasi&oacute;n por la Odisea hom&eacute;rica, y tuvo un tenaz inter&eacute;s en buscarle una nueva versi&oacute;n italiana. Me parece evidente que en esas im&aacute;genes de la parlera Leuc&oacute;tea late el recuerdo del pasaje hom&eacute;rico, aunque la gaviota y el velo ah&iacute; no se mencionen.</p>
<p class="CuerpoAltamarea">Pavese recurre a los mitos griegos &mdash;o, mejor dicho, a figuras y coloquios fingidos entre los personajes del imaginario m&iacute;tico&mdash; para dar expresi&oacute;n a sus propias inquietudes y desasosiegos, como si en esas im&aacute;genes y en sus destinos tr&aacute;gicos hallara un medio para expresar de modo enigm&aacute;tico anhelos sin respuesta. Bajo las m&aacute;scaras de h&eacute;roes y dioses nos invita a asistir, a trav&eacute;s de ese intercambio de reflexiones y recelos,<a title="" href="#_ftn10">[10]</a> a unos coloquios en un mundo de sombras. Como un pasaporte para ese fant&aacute;stico teatro de sombras, como un velo de Leuc&oacute;tea para sobrenadar en la tormenta, extrae del viejo repertorio hel&eacute;nico esas figuras m&iacute;ticas, un tanto desconcertantes. No le interesa referir las haza&ntilde;as prodigiosas de los dioses y los h&eacute;roes, no evoca con ret&oacute;rica escolar el fulgor de esas fantas&iacute;as, sino que comenta, a trav&eacute;s de esas charlas, despedidas, fracasos, desilusiones, amores sin rumbo, quiebras de la felicidad. Ni la condici&oacute;n divina ni la arrogancia heroica son satisfactorias, y se anhelan en vano una a otra.<a title="" href="#_ftn11">[11]</a> El destino resulta absurdo e inevitable, y las preguntas se estrellan contra un muro. La selecci&oacute;n de personajes y de episodios con final amargo es muy caracter&iacute;stica. Podr&iacute;amos recordar, aplicada al juego con los mitos, la frase de Derek Walcott: &laquo;Los cl&aacute;sicos consuelan, pero no bastante&raquo;. Solo queda un furtivo placer, o un ambiguo consuelo, en las palabras, en los razonamientos sobre el pasado y el destino, en el juego con las im&aacute;genes de esas figuras fantasmag&oacute;ricas, marionetas ilustradas del teatrillo de la memoria, marginales al Olimpo de los Felices.</p>
<p class="CuerpoAltamarea">Leuc&oacute; &mdash;en la Odisea&mdash; emerge del fondo marino como parlera y blanca gaviota. (Las diosas antiguas gustan de esas metamorfosis en veloces aves.) Le aconseja a Ulises abandonar su almad&iacute;a, y, tan solo abrigado con su velo, echarse a nadar en el mar embravecido. Ulises, un tanto desconfiado siempre ante las ayudas divinas, obedece al rato, y as&iacute; llega dos d&iacute;as despu&eacute;s a la isla de los feacios. Apenas arriba a la costa, desnudo y n&aacute;ufrago, arroja el h&eacute;roe de nuevo el velo al mar, como le dijera la diosa marina, y prosigue su complicado regreso. Resulta un estupendo s&iacute;mbolo ese misterioso y m&aacute;gico velo: un salvavidas prestado por la furtiva diosa metamorfoseada en parlera gaviota, una diosa que antes hab&iacute;a sido una mujer de existencia tr&aacute;gica.</p>
<p class="CuerpoAltamarea">Podr&iacute;a decirse que los mitos pueden usarse, como el velo m&aacute;gico de Leuc&oacute;, a modo de salvavidas ocasional para n&aacute;ufragos en apuros. En esos breves coloquios puede darse cabida a las emociones y anhelos de nuestra propia condici&oacute;n humana &shy;&mdash;humanas son las figuras de ese repertorio fabuloso. Pero solo por un tiempo; es inevitable tener que devolver el velo m&aacute;s o menos pronto al mar, y enfrentarse de nuevo a la inquietud cotidiana. Para la mayor&iacute;a de sus lectores de entonces, como ya hemos subrayado, Di&aacute;logos con Leuc&oacute; result&oacute; una obra muy extra&ntilde;a, una extravagancia dif&iacute;cil de aceptar en la trayectoria del novelista y poeta comprometido con la &eacute;tica y est&eacute;tica del realismo contempor&aacute;neo. Podemos explicarnos el rechazo general de la cr&iacute;tica, desconcertada y escandalizada, un rechazo casi un&aacute;nime. Ante ella Pavese, como ya hemos dicho, se sinti&oacute; dolido, sorprendido hasta cierto punto ante su incomprensi&oacute;n; aunque luego se jactara, como hemos notado, de cierta alegr&iacute;a ante ese rechazo. Para &eacute;l era la obra que mejor lo defin&iacute;a, en su complejidad, su inquietud po&eacute;tica y existencial, y por eso escribi&oacute; &mdash;en carta a una amiga y poco antes de su suicidio&mdash; que la consideraba su &laquo;carta de presentaci&oacute;n ante la posteridad&raquo; (biglietto di visita presso i posteri). No fue as&iacute; para la gran mayor&iacute;a de su p&uacute;blico lector.</p>
<p class="CuerpoAltamarea">Debemos, pues, apreciar ese gesto suyo cuando quiso dejar, no por azar, sino con plena consciencia de su sentido, el libro de los coloquios m&iacute;ticos, como un testimonio de sus inquietudes sin respuesta, como una nostalgia hacia el paisaje antiguo, como un paseo entre sombras y fantasmas de otros tiempos, entremezclados los ecos de la infancia y las siluetas de diosas y h&eacute;roes, con su extra&ntilde;eza y su c&aacute;lida y ambigua familiaridad, voces antiguas resonando para expresar angustias y dudas de siempre.</p>
<p class="CuerpoAltamarea">Releer los Di&aacute;logos con Leuc&oacute;, un texto tan ambicioso y mucho menos le&iacute;do de lo que merece, y a la vez recordar cu&aacute;nto significaron estos breves dramas para su autor puede ser, aqu&iacute; y ahora, un buen esfuerzo intelectual a la vez que un cordial y amistoso homenaje al gran escritor. Considero, por otra parte, que es uno de los textos m&aacute;s interesantes de un humanista del siglo xx, uno de los raros &laquo;cl&aacute;sicos&raquo; europeos del siglo, un magn&iacute;fico ejemplo de la inagotable capacidad de sugerencias que &mdash;m&aacute;s all&aacute; de cualquier ret&oacute;rica y de la acartonada erudici&oacute;n clasicista&mdash; guardan todav&iacute;a los antiguos mitos griegos.</p>
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<p class="CuerpoAltamarea">BIBLIOGRAF&Iacute;A</p>
<p class="CuerpoAltamarea">BLUMENBERG, Hans, Arbeit am Mythos, Suhrkamp, Berl&iacute;n, 1979. En espa&ntilde;ol, Trabajo sobre el mito, trad. de P. Madrigal, Paid&oacute;s, Barcelona, 2003.</p>
<p class="CuerpoAltamarea">GARC&Iacute;A GUAL, Carlos, Introducci&oacute;n a la mitolog&iacute;a griega, Alianza, Madrid, 2007.</p>
<p class="CuerpoAltamarea">JESI, Furio, Literatura y mito, Seix Barral, Barcelona, 1972. </p>
<p class="CuerpoAltamarea">MONDO, Lorenzo, Quell&rsquo;antico ragazzo. Vita di Cesare Pavese, Rizzoli, Milano, 2006.</p>
<p class="CuerpoAltamarea">MU&Ntilde;IZ MU&Ntilde;IZ, Mar&iacute;a de las Nieves, Introduzione a Pavese, Laterza, Bari, 1992.</p>
<p class="CuerpoAltamarea">PAVESE, Cesare, El oficio de vivir, trad. de L. Justo, Siglo xxi, Buenos Aires, 1965.</p>
<p class="CuerpoAltamarea">PAVESE, Cesare, El oficio de vivir, trad. de E. Ben&iacute;tez, Bruguera, Madrid, 1979.</p>
<p class="CuerpoAltamarea">PAVESE, Cesare, Di&aacute;logos con Leuc&oacute;, trad. de E. Ben&iacute;tez, Bruguera, Madrid, 1980.</p>
<p class="CuerpoAltamarea">PAVESE, Cesare, La literatura norteamericana y otros ensayos, trad. de E. di Fiore, Bruguera, Madrid, 1987.</p>
<p class="CuerpoAltamarea">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoAltamarea">&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> Texto publicado en <em>Cuadernos de filolog&iacute;a italiana</em>, 2011, Volumen extraordinario, pp. 177-186, y revisado por su autor para esta edici&oacute;n.</p>
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<div>
<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> La importancia de estas l&iacute;neas introductorias se ha subrayado muchas veces. Citar&eacute;, como ejemplo: &laquo;Con el resto, con los dubitativos y con los detractores se ha puesto a salvo: "De haber sido posible, habr&iacute;amos prescindido bien a gusto de tanta mitolog&iacute;a. Pero estamos convencidos de que el mito es un lenguaje, un medio expresivo, es decir, no es algo arbitrario, sino un vivero de s&iacute;mbolos formado &mdash;como todos los lenguajes&mdash; por una particular sustancia de significados que ning&uacute;n otro sistema podr&iacute;a expresar". Esto es, insiste en defender el libro contra los silencios inc&oacute;modos y contra las incomprensiones, y llega a adoptar un punto de altivez y de menosprecio. Parece imposible que Leuc&oacute; no se entienda, pero me llena de orgullo: quiere decir que es un segundo Faust. Los Di&aacute;logos, tan musicales si los comparamos con El camarada, fue la m&aacute;s querida de sus criaturas, como lo demuestran las reflexiones y los bizarros comentarios que le dedica en el diario a lo largo de todo 1947 [&hellip;] Este sentimiento no est&aacute; muy alejado del que experimentan, empero, los fascinados lectores&raquo;, Mu&ntilde;iz [1992: 167]. (Tr. del tr.)</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a> Es curioso que Pavese prefiriera adherirse a esa interpretaci&oacute;n simbolista, vinculada a la &eacute;poca del idealismo alem&aacute;n, y no a las teor&iacute;as de autores funcionalistas que &eacute;l hab&iacute;a editado en la serie de estudios sobre mitolog&iacute;a que dirig&iacute;a en la editorial Einaudi. Como si su sensibilidad como poeta se impusiera a la del novelista y editor atento a las corrientes m&aacute;s modernas, m&aacute;s pragm&aacute;ticas.</p>
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<div>
<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a> <em>Cfr</em>. Pavese [1987: 305-64, 308-9]. He citado esa frase en mi libro Introducci&oacute;n a mitolog&iacute;a griega, donde resumo diversas interpretaciones modernas de la mitolog&iacute;a, desde los simbolistas rom&aacute;nticos a Frazer, a L&eacute;vi-Strauss.</p>
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<div>
<p><a title="" href="#_ftnref5"><sup><sup>[5]</sup></sup></a>Lo se&ntilde;ala ya Mu&ntilde;iz [1992:111-113]: &laquo;Integr&aacute;ndose en esta tradici&oacute;n (iniciada por Plat&oacute;n y por Luciano), Pavese reordena por completo los objetivos de La terra e la morte para mostrar la otra parte de la moneda: ya no (y no solo) el drama humano proyectado en el mito, sino el mito mismo visto en el doble sentido que he mencionado antes, como proyecci&oacute;n del drama humano&raquo; [&hellip;] &laquo;Acercando a nuestros d&iacute;as la mitolog&iacute;a cl&aacute;sica, Pavese intentaba una operaci&oacute;n de "extra&ntilde;amiento" con la intenci&oacute;n de impedir que &mdash;por raz&oacute;n de la excesiva familiaridad de los lectores con la versi&oacute;n vulgata&mdash; se perdiera la fuerza expresiva, pero despu&eacute;s utilizaba la familiaridad que los lectores ten&iacute;an con los mitos gracias a las lecturas escolares como un arma indispensable para dar a su obra la profundidad y la credibilidad de los recuerdos infantiles, el &uacute;nico mito del hombre moderno&raquo;. Son excelentes tambi&eacute;n sus observaciones sobre la dificultad y el atractivo, Mu&ntilde;iz [1992: 129]. (Tr. del tr.)</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a> &laquo;Para quien sabe escribir, una forma es siempre algo irresistible. Corre el riesgo de decir tonter&iacute;as y de decirlas mal, pero la forma que lo tienta, pronta a embeberse en sus palabras, es irresistible. (Me refiero, por ejemplo, al g&eacute;nero del peque&ntilde;o di&aacute;logo mitol&oacute;gico tuyo&raquo; [Pavese 1987: 209]. La originalidad en la preferencia por ese formato, a la vez que la referencia a los di&aacute;logos de Leopardi, la se&ntilde;ala ya Mu&ntilde;iz [1992: 98].</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a> <em>Cfr</em>. Mu&ntilde;iz [1992: 130]. Tambi&eacute;n Lorenzo Mondo [2006: 149-53] comenta el rechazo casi un&aacute;nime a la obra de la cr&iacute;tica literaria contempor&aacute;nea, que no sab&iacute;a d&oacute;nde situarla. Con todo, me parece dudosa su observaci&oacute;n sobre la influencia de Nietzsche sobre este texto. Pavese hab&iacute;a le&iacute;do El origen de la tragedia en 1940, es decir algunos a&ntilde;os antes de pensar en estos &laquo;dialoguillos m&iacute;ticos&raquo;, que distan mucho del fervor dionis&iacute;aco, tanto por su estilo como por su contenido.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref8"><sup><sup>[8]</sup></sup></a> De nuevo, <em>cfr</em>. Nieves Mu&ntilde;iz [1992: 129]. &laquo;Toda una summa de la problem&aacute;tica literaria y de la po&eacute;tica de Pavese. Se comprende as&iacute; que el autor sostuviera hasta el final la importancia de este libro mal recibido por cr&iacute;ticos y lectores y lo definiera como "carta de presentaci&oacute;n ante la posteridad" (<em>cfr</em>. la carta a Billi Fantini fechada el 20 de julio de 1950)&raquo; [&hellip;] &laquo;El mayor obst&aacute;culo con el que se enfrent&oacute; la fortuna del libro fue, sin duda, la ambig&uuml;edad de su estilo que, situ&aacute;ndose a medio camino entre s&iacute;mbolo y alegor&iacute;a, es a la vez afor&iacute;stico-oracular (de ah&iacute; el uso recurrente de palabras-mito en apariencia sencillas &mdash;destino, recuerdo, isla, caminos, rocas, fieras&mdash; pero llenas de implicaciones in&eacute;ditas) y secamente argumentativo (ser&aacute;n los propios interlocutores quienes, en el decurso del di&aacute;logo, construyan y aclaren el significado de esos t&eacute;rminos). As&iacute;, mitos que deben ser desenmara&ntilde;ados, que significa gozar de la dificultad que tienen los lectores para entenderlos ("parece imposible que Leuc&oacute; no se entienda, pero eso me llena de alegr&iacute;a", (26 de noviembre de 1948), y mitos desenredados&raquo;. (Tr. del tr.)</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref9">[9]</a> Apunto, de pasada, que solo coincide en el nombre con la poderosa Diosa blanca patrocinada por Robert Graves, en un libro que con ese mismo nombre (The White Godess) se public&oacute; algunos a&ntilde;os despu&eacute;s.</p>
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<div>
<p><a title="" href="#_ftnref10"><sup><sup>[10]</sup></sup></a> Los mitos se prestan a esas interpretaciones &mdash;que unas veces son m&aacute;s ir&oacute;nicas o burlescas, como en los <em>Di&aacute;logos de los dioses</em> de Luciano&mdash; y otras m&aacute;s melanc&oacute;licas. Hay en esos relatos un elemento dram&aacute;tico que se presta a ser coloreado con variable tono sentimental, hay en los mitos una cierta ambig&uuml;edad o ambivalencia, como se&ntilde;ala Mu&ntilde;iz [1992: 98]: &laquo;Esta ambivalencia del mito &mdash;verdad y mentira, herida y sanaci&oacute;n&mdash; se proyectaba sobre el concepto pavesiano de catarsis art&iacute;stica, cuya intenci&oacute;n de hacer hablar al mito de s&iacute; mismo comportaba la imposibilidad de salir de su propio c&iacute;rculo hermen&eacute;utico [&hellip;] De esta mara&ntilde;a y de esta ambig&uuml;edad nacer&aacute;n los Di&aacute;logos con Leuc&oacute;, cierto, la obra m&aacute;s ambiciosa de Pavese, y algo m&aacute;s que una obra aislada&raquo;. (Tr. del tr.)</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref11"><sup><sup>[11]</sup></sup></a><em>Cfr</em>. Mondo [2001: 151-152]: &laquo;Los dioses pueden nutrir una soberana indiferencia por la suerte de los hombres (Jacinto muerto a manos del radioso Apolo, &mdash;por usar una flor como muestra&mdash;), que no excluye una curiosa envidia, como si tuvieran necesidad de ellos. En las criaturas que se enfrentan a un destino mortal, "enriqueciendo la tierra con palabras y hechos", como Odiseo, se consuma parad&oacute;jicamente una experiencia de libertad negada a los inmortales. Circe llega a afirmar que, para poder salir del tedio de una vida siempre igual, ser&iacute;a necesario morir. Y aqu&iacute; estar&iacute;a la novedad, lo que romper&iacute;a la cadena&raquo;. (Tr. del tr.)</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 29 Apr 2019 06:23:27 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Buñuel y Saura, 1983. Dos aragoneses en el camino]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/bunuel-y-saura-1983-dos-aragoneses-en-el-camino/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/marzo/abril/galan500.jpg" alt="" /></p>
<p>Cuenta Carlos Saura que del cine de Luis Bu&ntilde;uel s&oacute;lo conoc&iacute;a el documental <em>Las Hurdes, tierra sin pan</em>, rodado, y prohibido durante la Segunda Rep&uacute;blica. No fue hasta 1957, en unos encuentros de cine &ldquo;hisp&aacute;nico&rdquo; en Montpelier, cuando Saura qued&oacute; admirado al descubrir, a trav&eacute;s de dos pel&iacute;culas, el cine narrativo de aquel aragon&eacute;s exiliado en M&eacute;xico y del que en Espa&ntilde;a apenas se conoc&iacute;a nada. <em>Subida al cielo</em> (1952) y <em>&Eacute;l</em> (1953), los t&iacute;tulos en cuesti&oacute;n, no s&oacute;lo entroncaban con &ldquo;un proceso hist&oacute;rico y un pasado cultural&rdquo;<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>, sino que se refer&iacute;an a una realidad, mexicana o espa&ntilde;ola, daba lo mismo, desde puntos de vista moral y creativo, completamente personales. Es decir, Bu&ntilde;uel hab&iacute;a logrado lo que hubiera ansiado cualquier cineasta con ambiciones. Y Saura lo era. &ldquo;Me impresion&oacute; much&iacute;simo&rdquo;, comentar&iacute;a m&aacute;s tarde, &ldquo;pero quiz&aacute; no supe ver entonces lo que ello pudo gravitar sobre lo que luego yo mismo he hecho.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El primer largometraje que Saura dirigi&oacute;, <em>Los golfos</em> (1959), fue seleccionado para participar en el festival de Cannes, &ldquo;milagrosamente&rdquo;, dice &eacute;l con modestia. Aquella edici&oacute;n de 1960 fue hist&oacute;rica. Se exhib&iacute;an nada menos que <em>La aventura</em>, de Antonioni, <em>El manantial de&nbsp; la doncella</em>, de Bergman o <em>La dolce vita</em>, de Fellini, que fue la que se alz&oacute; con el premio mayor, pero especialmente, a efectos de lo que aqu&iacute; nos ocupa, <em>La joven</em>, una pel&iacute;cula de Luis Bu&ntilde;uel rodada en ingl&eacute;s, que hablaba del racismo y la solidaridad. No fue entendida en aquel festival, ni tampoco en Estados Unidos, donde se levant&oacute; una peque&ntilde;a campa&ntilde;a contra Bu&ntilde;uel. Pero esto es anecd&oacute;tico. Lo que importa aqu&iacute; es que en aquel festival, Saura y Bu&ntilde;uel se encontraron frente a frente por primera vez, acompa&ntilde;ados por Pere Portabella, productor de <em>Los golfos.</em> Bu&ntilde;uel ten&iacute;a sesenta a&ntilde;os y Saura, veintiocho. Se entendieron a la primera y cada uno se interes&oacute; por las pel&iacute;culas del otro. Diez a&ntilde;os atr&aacute;s, Bu&ntilde;uel hab&iacute;a sorprendido en Cannes con <em>Los olvidados</em> (1950), que podr&iacute;a tener alg&uacute;n parentesco con <em>Los golfos</em>, no en su forma pero s&iacute; en que ambas pel&iacute;culas heredaban de alg&uacute;n modo el esp&iacute;ritu del neorrealismo. Sin embargo, no era el neorrealismo el principal punto de contacto art&iacute;stico entre los dos autores, uno veterano, el otro en sus inicios, tanto como la intenci&oacute;n de crear un mundo visual m&aacute;s complejo en el que la imaginaci&oacute;n y lo on&iacute;rico tuvieran la misma importancia que la realidad misma. En un entusiasta art&iacute;culo publicado en la revista francesa <em>Positif<a title="" href="#_ftn2"><strong>[2]</strong></a></em>, Saura aseguraba que &ldquo;Bu&ntilde;uel ha prolongado una tradici&oacute;n literaria que procede de la novela picaresca, de Quevedo y de Valle Incl&aacute;n, pero a&ntilde;adiendo la influencia determinante de P&eacute;rez Gald&oacute;s.&rdquo; (&hellip;) Por otro lado, &ldquo;el surrealismo se integra perfectamente a la manera de ser de Bu&ntilde;uel: es un movimiento que preconiza un inconformismo perpetuo, y es al mismo tiempo una actitud moral, sin la cual Luis no hubiera aceptado tal movimiento.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los dos aragoneses iniciaron una amistad que les iba a durar para siempre. Saura, junto a Portabella, tuvo algo que ver en el hecho de que Bu&ntilde;uel regresara por fin a Espa&ntilde;a a dirigir una pel&iacute;cula; como se sabe, &eacute;sta fue <em>Viridiana</em> (1961), que conquist&oacute; Cannes pero espant&oacute; desde al mism&iacute;simo Franco hasta a los censores espa&ntilde;oles, que decidieron dar por no existente la pel&iacute;cula. Aquello fue una cat&aacute;strofe, y Bu&ntilde;uel regres&oacute; a M&eacute;xico. Cuatro a&ntilde;os m&aacute;s tarde, Saura le reclam&oacute; como actor para el breve personaje de un verdugo en <em>Llanto por un bandido</em> (1964). A Bu&ntilde;uel le divirti&oacute; la idea, como poco despu&eacute;s tambi&eacute;n la de hacer de cura en <em>En este pueblo no hay ladrones</em> (1964), del mexicano Alberto Isaac. Por su parte, Saura hab&iacute;a aparecido junto a Rafael Azcona tambi&eacute;n disfrazado de cura en <em>El cochecito</em> (1960), de Marco Ferreri. A estos anticlericales les divert&iacute;a jugar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En 1966 Saura realiz&oacute; <em>La caza,</em> *una obra aut&eacute;nticamente personal, que a Bu&ntilde;uel &ldquo;le interes&oacute; much&iacute;simo&rdquo;. Y no s&oacute;lo a Bu&ntilde;uel. <em>La caza </em>obtuvo el Oso de Oro del festival de Berl&iacute;n y recorri&oacute; el mundo. &ldquo;Se la present&eacute; en una proyecci&oacute;n privada. Me confes&oacute; que le hubiera gustado haber hecho &eacute;l esa pel&iacute;cula. Sorprendido, me pregunt&oacute; c&oacute;mo hab&iacute;a sido capaz de hacer una pel&iacute;cula con un gui&oacute;n en el que los di&aacute;logos son tan vulgares que apenas dicen nada interesante.&rdquo;<a title="" href="#_ftn3">[3]</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A partir de <em>La caza</em>, Carlos Saura confes&oacute; abiertamente su admiraci&oacute;n por Bu&ntilde;uel, hasta el punto de dedicarle su pel&iacute;cula siguiente, <em>Peppermint frapp&eacute;</em> (1967). Y cuando, de nuevo coincidieron en Cannes, donde Saura concursaba con <em>La prima Ang&eacute;lica</em> (premio especial del jurado 1974), Bu&ntilde;uel declar&oacute; a su vez la admiraci&oacute;n que le produc&iacute;a el cine de su amigo. En esta pel&iacute;cula, Jos&eacute; Luis L&oacute;pez V&aacute;zquez interpreta su personaje tanto de ni&ntilde;o como de adulto, un experimento arriesgado que sin duda entusiasm&oacute; a Bu&ntilde;uel. Por su parte, la guerra civil est&aacute; recordada con horror pero dejando resquicios para el humor, contando la realidad de forma creativa*. Saura ha dicho: &ldquo;La realidad es mucho m&aacute;s compleja de lo que se dice o se piensa de una manera elemental. Ah&iacute; est&aacute;n los sue&ntilde;os, las alucinaciones, nuestros deseos, la memoria, las im&aacute;genes de nuestra vida, todo lo que se piensa que puede ser... Todo esto est&aacute; mezclado en el cine de Bu&ntilde;uel, lo cual le convierte en el pionero.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Saura hab&iacute;a descubierto un camino nuevo y reconoc&iacute;a la influencia del maestro que le hab&iacute;a abierto los ojos. En Espa&ntilde;a era posible hacer un cine imaginativo, a la espa&ntilde;ola, sobre la realidad espa&ntilde;ola, como con su genialidad hizo en la pintura el aragon&eacute;s Goya.&nbsp; &iexcl;En qu&eacute; hora se le ocurri&oacute; a Saura hacer estas declaraciones! A partir de entonces fueron muchos los cr&iacute;ticos que minusvaloraron su cine porque, en su opini&oacute;n, se parec&iacute;a al de Bu&ntilde;uel. Nada menos cierto, sin embargo. Con miras comunes pero desde personalidades lejan&iacute;simas entre s&iacute;, las obras de Bu&ntilde;uel y Saura han estado a veces en las ant&iacute;podas. Bu&ntilde;uel no tiene herederos, como tampoco Saura hasta ahora. &ldquo;Creo que ser&iacute;a imposible prolongar el cine de Bu&ntilde;uel. Con &eacute;l se termin&oacute; Bu&ntilde;uel. Luis Bu&ntilde;uel era simplemente Luis Bu&ntilde;uel&rdquo;, Saura dixit.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bu&ntilde;uel regres&oacute; de nuevo a Espa&ntilde;a para dirigir una pel&iacute;cula, la tercera y &uacute;ltima en su pa&iacute;s. Fue <em>Tristana</em> (1970), proyecto que hab&iacute;a quedado aplazado desde el esc&aacute;ndalo de <em>Viridiana</em>. Cambi&oacute; la localizaci&oacute;n de Madrid a Toledo &ndash;&ldquo;ciudad llena para m&iacute; de resonancias, de recuerdos de los a&ntilde;os veinte&rdquo;, escribi&oacute; Bu&ntilde;uel<a title="" href="#_ftn4">[4]</a>&ndash;, y aun contando con actores que no le interesaban, a excepci&oacute;n de Fernando Rey y Lola Gaos<a title="" href="#_ftn5">[5]</a>, Bu&ntilde;uel realiz&oacute; una de sus mejores pel&iacute;culas<a title="" href="#_ftn6">[6]</a>. Ese mismo a&ntilde;o de 1970 Saura rod&oacute; igualmente una de sus mejores obras hasta entonces, <em>El jard&iacute;n de las delicias</em>, cr&oacute;nica negra sobre la Espa&ntilde;a del desarrollo, &ldquo;un nuevo an&aacute;lisis implacable sobre la familia&rdquo;, en palabras de Rom&aacute;n Gubern<a title="" href="#_ftn7">[7]</a>. No hay puntos de conexi&oacute;n entre ambas pel&iacute;culas aunque las une en la distancia un mismo ejercicio de crueldad y de iron&iacute;a. Y de libertad para transgredir normas narrativas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luis Bu&ntilde;uel falleci&oacute; en M&eacute;xico a los 83 a&ntilde;os tras haber dirigido treinta y dos pel&iacute;culas, entre ellas algunas fundamentales. Ese mismo a&ntilde;o Saura rodaba <em>Carmen, </em>su segunda incursi&oacute;n en el g&eacute;nero musical. No s&eacute; si Bu&ntilde;uel lleg&oacute; a conocer <em>Bodas de sangre</em>, la obra maestra que Gades y Saura hab&iacute;an realizado dos a&ntilde;os atr&aacute;s. Pero sabido el escaso inter&eacute;s que Bu&ntilde;uel hab&iacute;a mostrado por la m&uacute;sica en sus pel&iacute;culas, quiz&aacute;s debido a su sordera, y en consecuencia tambi&eacute;n por el baile, ser&iacute;a magn&iacute;fico haber conocido su opini&oacute;n. (En este aspecto Saura y Bu&ntilde;uel no coincidieron: para Saura ha sido primordial jugar con la m&uacute;sica en el cine.)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El caso es que Saura, con la inestimable ayuda de Agust&iacute;n S&aacute;nchez-Vidal, gran conocedor de Bu&ntilde;uel y de su obra, se embarc&oacute; unos a&ntilde;os m&aacute;s tarde en realizar una pel&iacute;cula homenaje al maestro de Calanda en la que el propio Bu&ntilde;uel fuera el personaje protagonista, y rodada precisamente en Toledo, donde Bu&ntilde;uel fue tan feliz en sus a&ntilde;os mozos. El resultado fue <em>Bu&ntilde;uel y la mesa del rey Salom&oacute;n</em> (2001), una pel&iacute;cula fresca y joven en la que Saura fantase&oacute; en libertad. Le hizo al amigo un homenaje a veces &ldquo;muy poco respetuoso&rdquo;, mostr&aacute;ndole socarr&oacute;n, &ldquo;muy divertido, como era &eacute;l.&rdquo;<a title="" href="#_ftn8">[8]</a> Y Saura continuaba: &ldquo;Estoy seguro de que a &eacute;l le hubiera gustado verse como un personaje de ficci&oacute;n. Puedo ver su sonrisa.&rdquo; <a title="" href="#_ftn9">[9]</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La aut&eacute;ntica mesa del rey Salom&oacute;n permanece escondida en alg&uacute;n lugar de Toledo, y Bu&ntilde;uel, junto con sus j&oacute;venes amigos Salvador Dal&iacute; y Federico Garc&iacute;a Lorca, deciden ir en su busca ya que la leyenda dice que en esa mesa pueden leerse el pasado y el futuro de todas las generaciones. Este divertido filme de aventuras fant&aacute;sticas sorprendi&oacute; a los cr&iacute;ticos, que calaron poco en su humor. Seg&uacute;n Saura, algo parecido le ocurri&oacute; a Bu&ntilde;uel, cuyas humoradas cinematogr&aacute;ficas fueron escasamente comprendidas: &ldquo;Hay cosas en el cine de Luis que si no se es espa&ntilde;ol absoluto, espa&ntilde;ol de una generaci&oacute;n concreta, son muy dif&iacute;ciles de percibir en todos sus detalles. Son las peque&ntilde;as cosas, las peque&ntilde;as bromas entre amigos, a veces insignificantes, pero que tienen una especie de c&oacute;digo secreto. Por debajo de esa historia del surrealismo que se cuenta, hay un sentido del humor muy especial. Que nunca sabes hasta qu&eacute; punto es una moral, es decir, una intenci&oacute;n de moralizar o si, por el contrario, se est&aacute; subvirtiendo el orden.<a title="" href="#_ftn10">[10]</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A lo largo de su vida, Bu&ntilde;uel dirigi&oacute; 32 pel&iacute;culas. Saura, felizmente en activo, ha realizado ya 40. &iquest;Todas ellas influidas por Bu&ntilde;uel? En un tiempo, de forma simplista, se daba esto por hecho, y de tal forma que el latiguillo se convirti&oacute; en t&oacute;pico, empa&ntilde;ando la independencia de la mirada hacia el cine de Saura. En esto s&iacute; se han parecido ambos autores. En cierto sentido, los dos siguen siendo incomprendidos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> <em>Carlos Saura</em>, de Enrique Bras&oacute;. Ediciones JB, 1974.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> <em>Positif</em>, num. 42, noviembre de 1961, citado por Rom&aacute;n Gubern en su libro <em>Carlos Saura</em>, editado por el festival Iberoamericano de Huelva, 1979</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a> Entrevista con Saura del <em>Centro Virtual Cervantes </em>en el centenario del nacimiento de Bu&ntilde;uel.</p>
<p><em>La caza </em>&nbsp;cuenta la an&eacute;cdota de tres viejos amigos aficionados a la caza del conejo, cuyos rencores se avivan durante la jornada hasta acabar en un ba&ntilde;o se sangre</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a> Citado por Agust&iacute;n S&aacute;nchez Vidal en su libro <em>Luis Bu&ntilde;uel, obra cinematogr&aacute;fica</em>. Ediciones J.C., 1984</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a> Los protagonistas j&oacute;venes fueron la francesa Catherine Deneuve y el italiano Franco Nero<em>, </em>que se correspond&iacute;an mal con los personajes</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a> &ldquo;No hay otro filme que, como &eacute;ste, re&uacute;na <em>naturalmente</em>, bajo las zonas transparentes de la conciencia, mayor sencillez y complejidad, mayor delicadeza y horror...&rdquo;, en palabras del cr&iacute;tico &Aacute;ngel Fern&aacute;ndez-Santos</p>
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<div>
<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a> Rom&aacute;n Gubern, op. cit</p>
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<div>
<p><a title="" href="#_ftnref8">[8]</a> Declaraciones de Saura con motivo del estreno. <em>Uni&oacute;n, </em>octubre 2001.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref9">[9]</a> Bu&ntilde;uel est&aacute; interpretado en sus a&ntilde;os mozos por el actor Pere Arquillu&eacute;, y en su edad madura por el Gran Wyoming. Por su parte, Lorca est&aacute; encarnado por Adri&agrave; Collado, y Dal&iacute; por Ernesto Alterio.)</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref10">[10]</a> Entrevista publicada en <em>Centro Virtual Cervantes</em> con motivo del centenario del nacimiento de Bu&ntilde;uel.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Tue, 16 Apr 2019 06:41:55 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No dejar a ningún lector indiferente]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/no-dejar-a-ningun-lector-indiferente/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2019/nieve500.jpg" alt="" /></p>
<p>El escritor y catedr&aacute;tico em&eacute;rito de la Universidad de Zaragoza, Agust&iacute;n S&aacute;nchez Vidal, y el escritor y estudioso de la cultura aragonesa Jos&eacute; Luis Melero, ser&aacute;n los encargados de dar a conocer en Zaragoza el nuevo libro de Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas. Editado por F&oacute;rcola bajo el t&iacute;tulo &ldquo;La nieve sobre el agua&rdquo;, se trata de un volumen de diarios que el escritor y periodista turolense fue elaborando durante los a&ntilde;os 2002 a 2005, aunque por su contenido los textos podr&iacute;an ser de ayer mismo.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La presentaci&oacute;n en Zaragoza tendr&aacute; lugar ma&ntilde;ana d&iacute;a 16 de abril, a las 19,30 horas y en el IAACC Pablo Serrano. Est&aacute; previsto que tambi&eacute;n participen el autor y el director de F&oacute;rcola Ediciones, Javier Jim&eacute;nez.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;La nieve sobre el agua&rdquo; es la tercera entrega de una serie de diarios que comenzaron a editarse en 1998 y que, fragmentariamente, han venido public&aacute;ndose en las p&aacute;ginas de la revista cultural TURIA, que el autor fund&oacute; y contin&uacute;a dirigiendo. Para Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas, ambas tareas conforman un proyecto de vida y testimonian &ldquo;ese compromiso con la creatividad y con la acci&oacute;n cultural que vengo practicando desde hace d&eacute;cadas&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El t&iacute;tulo del libro rinde homenaje al escritor franc&eacute;s Jules Renard, uno de los m&aacute;s c&eacute;lebres diaristas de todos los tiempos. No por casualidad, en la cita de Renard que abre el volumen se nos dir&aacute;: &ldquo;La nieve sobre el agua, el silencio sobre el silencio&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UNA MIRADA CR&Iacute;TICA SOBRE LA REALIDAD</strong></p>
<p>Estos diarios de &ldquo;La nieve sobre el agua&rdquo; aportan una mirada cr&iacute;tica sobre la realidad. No en vano, su autor se muestra totalmente de acuerdo con las tesis de Octavio Paz, uno de los protagonistas del libro, que aseguraba: &ldquo;la salud moral y pol&iacute;tica de una sociedad se mide, en primer t&eacute;rmino, por la capacidad cr&iacute;tica de sus escritores y por la posibilidad de hacerla p&uacute;blica&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso, en estas p&aacute;ginas Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas se permite la aventura permanente de la provocaci&oacute;n. Y es que escribir un diario, se nos dir&aacute;, &ldquo;es ir contando, negro sobre blanco, las peripecias y los desaf&iacute;os que nos producen nuestras pesquisas interiores, nuestro inventario de sentimientos, sue&ntilde;os, certezas y desvar&iacute;os&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los&nbsp; temas&nbsp; tratados&nbsp; en&nbsp; &ldquo;La&nbsp; nieve&nbsp; sobre&nbsp; el&nbsp; agua&rdquo;&nbsp; son muy diversos, tan eternos como actuales,&nbsp; aunque&nbsp; siempre tamizados por el ejercicio de la literatura. As&iacute;, por ejemplo, se nos narra alg&uacute;n episodio surrealista como el que cuenta una conversaci&oacute;n turolense sobre Borges bajo la nieve.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En estos diarios se escribe tambi&eacute;n sobre &ldquo;Teruel existe&rdquo; o sobre el fingimiento. Sobre la melancol&iacute;a y los esl&oacute;ganes. Sobre la arquitectura epid&eacute;rmica y las tertulias radiof&oacute;nicas. Sobre Espa&ntilde;a y los solitarios. O sobre la pintura de Andr&eacute; Derain y Carlos Pazos. El abanico&nbsp; tem&aacute;tico resulta, por tanto, ampl&iacute;simo y permite acceder al libro por cualquiera de sus p&aacute;ginas y dejarse seducir o contrariar por sus propuestas y an&aacute;lisis, por sus historias y divagaciones. Sin duda, el prop&oacute;sito de estos diarios es no dejar a ning&uacute;n lector indiferente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por otra parte, y m&aacute;s all&aacute; de unos pocos personajes que aparecen con iniciales o bajo una enigm&aacute;tica X., la lista de nombres propios es muy amplia: desde Roy Lichtenstein a Manuel Pertegaz, de Salvador de Madariaga a Juan Manuel Bonet, de Fernando Savater a Federico Jim&eacute;nez Losantos, de Audrey Hepburn a Jos&eacute; Antonio Labordeta, de Octavio Paz a Salvador Victoria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aunque todav&iacute;a minoritarios en el panorama editorial espa&ntilde;ol, los diarios atraen cada vez a m&aacute;s lectores, que encuentran en ellos la experiencia de sus semejantes, es decir un reflejo de la suya propia. En opini&oacute;n de Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas, &ldquo;llevar un diario es ideal para esta &eacute;poca de v&eacute;rtigo vital que padecemos a todos los niveles&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Adem&aacute;s, para algunos de sus cultivadores constituyen una innovadora y magn&iacute;fica f&oacute;rmula narrativa, una suerte de periodismo cultural sin ataduras, una bocanada de aire fresco frente a los s&iacute;ntomas de agotamiento y la reiteraci&oacute;n que brindan otros g&eacute;neros, como la novela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La portada de &ldquo;La nieve sobre el agua&rdquo; reproduce una obra del pintor Dami&aacute;n Flores, fechada en 2015 y titulada &ldquo;El rompeolas&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas </strong>(Teruel, 1962), es escritor y periodista. Fund&oacute; y dirige, desde hace m&aacute;s de tres d&eacute;cadas, la revista cultural <em>Turia</em>, denominada por la cr&iacute;tica como la <em>Revista de Occidente</em> aragonesa. En 2002 fue galardonada con el Premio Nacional al Fomento de la Lectura, otorgado por el Ministerio de Educaci&oacute;n, Cultura y Deporte de Espa&ntilde;a. Curs&oacute; estudios de Filolog&iacute;a y hasta fechas recientes se ha dedicado a la comunicaci&oacute;n institucional. Tambi&eacute;n ha colaborado en la revista <em>Letras Libres</em> o en publicaciones aragonesas como <em>Heraldo de Arag&oacute;n</em>,&nbsp; <em>Diario de Teruel, Andal&aacute;n</em> y <em>El D&iacute;a</em>. Lleva escritos varios vol&uacute;menes de diarios, de los que hasta ahora ha publicado <em>D&iacute;as sin huella</em> (1998) y <em>La marea del tiempo</em> (2007)</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Fragmento de <em>La nieve sobre el agua</em></strong></p>
<p>HORAS FELICES EN ALBARRAC&Iacute;N. [...].Quiz&aacute; lo que m&aacute;s contin&uacute;a hechiz&aacute;ndome de Albarrac&iacute;n es c&oacute;mo ha sabido preservar su autenticidad, su condici&oacute;n de &iacute;nsula extra&ntilde;a, atemporal. C&oacute;mo ha salvado su rico patrimonio urbano, fiel testigo de su condici&oacute;n medieval y musulmana, de esa tan voraz como brutal rapi&ntilde;a especulativa que ha dinamitado tantos lugares hermosos, amurallados o no, de Espa&ntilde;a. Este victorioso desenlace, que tiene mucho de batalla perpetua contra la intolerancia de lo privado frente a lo p&uacute;blico, nos confirma c&oacute;mo puede aunarse de forma satisfactoria la existencia cotidiana del inter&eacute;s individual con la fuerza carism&aacute;tica de la defensa del bien com&uacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quiz&aacute;, como nos recordara ese diplom&aacute;tico maduro de culturas que siempre fue Jos&eacute; Mar&iacute;a de Areilza, toda ciudad amurallada que sobrevive practicando la concordia entre los de dentro y los de fuera bien merece una glosa conmemorativa, un ap&oacute;logo actualizado que nos hable con admiraci&oacute;n de su irrevocable demostraci&oacute;n de civismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Albarrac&iacute;n es una silueta siempre descoyuntada, que participa de la tradici&oacute;n y de la vanguardia. Una abigarrada amalgama de antiguas construcciones populares que, como la c&eacute;lebre casa de la Julianeta, desaf&iacute;an las leyes de la gravedad y parecen querer ser descritas como modernos edificios expresionistas. Malabarismo imposible de vol&uacute;menes prodigiosos que, ya en 1933, llev&oacute; a aquel raro, ingenioso y estimable escritor que fue nuestro Antonio Cano a proclamar con aliento y tal vez un poco de humor su inequ&iacute;voca imagen como urbe paradigma de la modernidad: &laquo;Albarrac&iacute;n &mdash;anotaba en un folleto de la &eacute;poca&mdash; valdr&iacute;a para competir con las vertiginosas alturas neoyorkinas, con el m&eacute;rito de ser mucho m&aacute;s audaces por lo viejas y torpes&raquo;. Otros viajeros m&aacute;s l&iacute;ricos y contempor&aacute;neos, como el conocido andar&iacute;n televisivo y veterano cantautor Jos&eacute; Antonio Labordeta, elogian la infinita capacidad de sorpresa que brinda este pe&ntilde;ascal urbanizado como obra de arte: &laquo;Cada vez que he ido a visitar esta maravilla, me ha dejado sorprendido. Un cambio de luz, unas nubes blancas o negras, un aire helador de la sierra, o el calor crucificante de los mediod&iacute;as, me han hecho ver una realidad distinta, sabiendo, de antemano, que esta villa est&aacute; como est&aacute;&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 15 Apr 2019 10:14:10 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por favor, que llueva]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/por-favor-que-llueva/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/marzo/abril/FRANCISCA_AGUIRRE.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 630px;">&iquest;Qu&eacute; ser&iacute;a del tiempo sin nosotros?</p>
<p style="padding-left: 630px;">&iquest;Para qu&eacute; servir&iacute;a esa impostura?</p>
<p style="padding-left: 630px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 630px;">Pero el tiempo es un tren r&aacute;pido y lento,</p>
<p style="padding-left: 630px;">un tren que necesita nuestra sangre</p>
<p style="padding-left: 630px;">para arrancar hacia qui&eacute;n sabe d&oacute;nde.</p>
<p style="padding-left: 630px;">Sin nosotros la m&aacute;quina no anda,</p>
<p style="padding-left: 630px;">sin nuestra sangre el monstruo no se mueve.</p>
<p style="padding-left: 630px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 630px;">Hay d&iacute;as, sin embargo, en que la sangre</p>
<p style="padding-left: 630px;">se espesa demasiado o se calienta</p>
<p style="padding-left: 630px;">y resulta inservible, no funciona,</p>
<p style="padding-left: 630px;">atora el mecanismo de las horas</p>
<p style="padding-left: 630px;">y se escucha el chirrido de los frenos.</p>
<p style="padding-left: 630px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 630px;">Dura apenas un m&iacute;sero segundo,</p>
<p style="padding-left: 630px;">lo que se tarda en respirar profundamente,</p>
<p style="padding-left: 630px;">lo que dura un ligero parpadeo,</p>
<p style="padding-left: 630px;">lo que abarca el espacio de un latido:</p>
<p style="padding-left: 630px;">de pronto, hacia el abismo, el tren arranca.</p>
<p style="padding-left: 630px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 630px;">Y vamos, como en la vieja cinta de los Marx,</p>
<p style="padding-left: 630px;">ech&aacute;ndole m&aacute;s sangre a la caldera,</p>
<p style="padding-left: 630px;">ech&aacute;ndole y ech&aacute;ndole la sangre,</p>
<p style="padding-left: 630px;">la pobrecita sangre que se queja:</p>
<p style="padding-left: 630px;">el tiempo quema mucho, el tiempo abrasa:</p>
<p style="padding-left: 630px;">que llueva, por favor, que llueva.</p>
<p style="padding-left: 630px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 15 Apr 2019 06:42:38 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Largo noviembre]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/largo-noviembre/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/marzo/abril/JUAN_EDUARDO_Z_IGA_2.jpg" alt="" /></p>
<p>Le&iacute; por primera vez <em>Largo noviembre de Madrid</em> a comienzos de los a&ntilde;os ochenta, pocos meses despu&eacute;s de que se editase. Yo era un aspirante a escritor, hab&iacute;a perge&ntilde;ado tres o cuatro relatos, hab&iacute;a publicado un par de ellos. Y me encontr&eacute; con aquel libro de Juan Eduardo Z&uacute;&ntilde;iga. Recuerdo la turbaci&oacute;n primera con la que le&iacute; las primeras l&iacute;neas, el primer relato, y c&oacute;mo me rehice para volver a &eacute;l y adentrarme definitivamente en el libro. La sensaci&oacute;n perturbadora no me abandon&oacute; hasta que conclu&iacute; <em>Las lealtades</em>, el &uacute;ltimo cuento, y la &uacute;ltima frase &ldquo;el dedo &iacute;ndice apret&oacute; a fondo el min&uacute;sculo gatillo del arma&rdquo;. Alguien hab&iacute;a disparado tambi&eacute;n sobre m&iacute;. No fue una lectura c&oacute;moda. Como cuando uno o dos a&ntilde;os antes hab&iacute;a le&iacute;do a Juan Carlos Onetti por primera vez y poco antes, o poco despu&eacute;s, <em>El llano en llamas</em>. Algo inquietante ocurr&iacute;a en aquellas p&aacute;ginas que me hac&iacute;a avanzar por ellas con una gran concentraci&oacute;n y un estado de vigilia exacerbado. Me recuerdo leyendo aquellas frases interminables, subordinada tras subordinada arrastr&aacute;ndome como una ola en un remolino envolvente, casi asfixi&aacute;ndome pero deseando que llegara un nuevo golpe, un nuevo impulso de lenguaje que me llevase a un nuevo recodo de ese territorio desconocido.</p>
<p>Hab&iacute;a comprado el libro despu&eacute;s de hojearlo someramente, esperando tal vez encontrar un complemento a otros trabajos literarios o hist&oacute;ricos sobre la Guerra Civil a los que en aquella &eacute;poca me hab&iacute;a aficionado. Tambi&eacute;n, el <em>Madrid</em> y el <em>noviembre</em> del t&iacute;tulo me llevaban a un terreno personal, a la memoria interpuesta de mi padre, que en noviembre del 36 hab&iacute;a llegado a Madrid enrolado voluntariamente como carabinero de la Rep&uacute;blica y no abandonar&iacute;a la capital de la gloria hasta treinta meses despu&eacute;s. De lo le&iacute;do previamente a Hugh Thomas, a Manuel Aza&ntilde;a o a Tu&ntilde;&oacute;n de Lara apenas encontr&eacute; rastro en el libro de Juan Eduardo Z&uacute;&ntilde;iga. De lo presentido, de lo intuido en la vida de mi padre durante la guerra, lo encontr&eacute; todo.</p>
<p><em>Largo noviembre de Madrid</em>&nbsp; encarnaba la trastienda de la guerra, es decir, la verdadera guerra. Lo indescifrable, el caos que se apodera del esp&iacute;ritu de los hombres ante la irrupci&oacute;n del caos externo. La guerra como una devastaci&oacute;n interior, como la subversi&oacute;n de lo establecido para adentrarse no en la muerte, sino en una nueva forma de vida. A veces m&aacute;s laber&iacute;ntica y a veces mucho m&aacute;s simple, despojada de la hipocres&iacute;a y los falsos rituales de la vida convencional. La muerte no es m&aacute;s que una cortina que se estremece y que impulsada por el aire de la guerra a veces envuelve de modo tr&aacute;gico pero natural a no importa qui&eacute;n, a cualquiera. La vida es un capricho y, l&oacute;gicamente, la muerte tambi&eacute;n. Los que deambulaban por el Madrid sitiado eran plenamente conscientes de ello. No se hab&iacute;an habituado a lo extraordinario sino que hab&iacute;an comprendido que lo artificial es la paz. El hombre, nos dec&iacute;a Z&uacute;&ntilde;iga a cada l&iacute;nea, es un ser mutante y dispuesto a adaptarse con prontitud a cualquier situaci&oacute;n.</p>
<p>Muchas veces a lo largo de la lectura de ese libro a&ntilde;or&eacute; la voz de mi padre. La visi&oacute;n que &eacute;l podr&iacute;a haber tenido de esos relatos, el contraste que podr&iacute;a haberme ofrecido entre lo que se cuenta en el libro y su vida en Madrid a lo largo de aquel tiempo. <em>Largo noviembre de Madrid</em> iba m&aacute;s all&aacute; de la literatura. Se adentraba en el misterio. En ese terreno en el que las obras importantes conquistan el vac&iacute;o. La conquista era indudable no solo para un lector biogr&aacute;ficamente implicado como era mi caso &ndash;no importa que fuera de modo indirecto-. Cualquiera que leyese esos relatos con un m&iacute;nimo de atenci&oacute;n ser&iacute;a consciente de estar pisando un suelo virgen y rec&oacute;ndito. Z&uacute;&ntilde;iga cumpl&iacute;a el anhelo de cualquier escritor. Su arma expresiva, sus recursos narrativos, sus vicios, su uso del idioma, eran nuevos. No estaban codificados ni se parec&iacute;an a los de ning&uacute;n otro escritor.</p>
<p>&ldquo;Todo pervivir&aacute;: s&oacute;lo la muerte borrar&aacute; la persistencia de aquella cabalgata ennegrecida que fueron los a&ntilde;os que dur&oacute; la contienda&rdquo;. Con esa frase acaba el primer relato, <em>Noviembre, la madre, 1936</em>, y queda establecida la pauta del libro, la evocaci&oacute;n y la descomposici&oacute;n lenta de los hechos a trav&eacute;s de la memoria y de lo vislumbrado, lo imaginado, lo intuido: la verdad. La verdad hecha a base de retazos poli&eacute;dricos, de perspectivas distorsionadas, de miradas esquinadas, estr&aacute;bicas y completamente subjetivas. La verdad &uacute;ltima de la guerra no estaba en los libros de Historia que hab&iacute;a le&iacute;do hasta entonces sino esos personajes que deambulaban por el libro de Z&uacute;&ntilde;iga y que parec&iacute;an los espectros de una realidad sepultada hasta entonces. Como esa joven del relato <em>Nubes de polvo</em> y humo que va de un lado a otro con una dentadura postiza en la mano buscando no al propietario de los dientes, sino busc&aacute;ndonos a nosotros. A unos lectores sobrecogidos.</p>
<p>No, aquel libro que yo hab&iacute;a cogido casi al azar, no era un libro que ahondase en los datos que yo hab&iacute;a ido recabando sobre la Guerra Civil. <em>Largo noviembre de Madrid </em>hablaba de otras guerras, de todas las guerras. Tambi&eacute;n, naturalmente, de la del 36. All&iacute; estaban calles reconocibles, fechas, huellas digitales que identificaban esa guerra, pero el libro era mucho m&aacute;s ambicioso. Instauraba un territorio de fantasmagor&iacute;as que serv&iacute;an para cualquier tragedia. Creaba unos personajes que se quedaban paseando por nuestro interior como sombras dudosas pero imborrables y que en cierto modo desment&iacute;an aquella frase con la que acababa el primer cuento. Ni siquiera la muerte podr&iacute;a borrar ya esa cabalgata ennegrecida que Z&uacute;&ntilde;iga hab&iacute;a labrado en plomo. Ni esa sensualidad que va arrasando por encima y por debajo de la miseria, de los dramas.</p>
<p>La sensualidad, la tensi&oacute;n er&oacute;tica es una de las constantes del libro. Uno no sabe si es el resultado mismo de la cercan&iacute;a de la muerte o si se trata de una pulsi&oacute;n que ni siquiera el desastre y la muerte pueden achicar. Pero el resultado es arrollador, un gas que va recorriendo las estancias, las p&aacute;ginas, el lenguaje, una alteraci&oacute;n que no deja de bombear y que espesa la sangre. El lector es un voyeur impregnado de voluptuosidad que a la luz anaranjada de un horno de pan ve maniobrar unos cuerpos desnudos arrastr&aacute;ndose uno sobre otro, &nbsp;o que observa el cuerpo de una mujer, &ldquo;desde los hombros a las piernas, piernas largas, bien modeladas en medias de seda tan tersa como si fuera la misma carne, tirante desde la parte alta, donde aparec&iacute;an dos broches de liguero, hasta el tobillo que se estrechaba para entrar en el zapato negro con gran tac&oacute;n y una hebilla dorada&rdquo;.</p>
<p>La maquinaria poderosa del lenguaje. Un latido largo, una voz que iba susurrando una historia tras otra, envolviendo al lector, llev&aacute;ndolo de la destrucci&oacute;n al &eacute;xtasis sin soluci&oacute;n de continuidad. Diecis&eacute;is relatos que daban la medida de un escritor extraordinario y que hoy, como hace treinta a&ntilde;os cuando los le&iacute; por primera vez, me siguen perturbando, llen&aacute;ndome de felicidad literaria.</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 08 Apr 2019 07:19:18 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El nudo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-nudo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/marzo/abril/PIEDAD_BONNETT.jpg" alt="" /></p>
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<p>C&oacute;mo desatar este nudo, me digo,</p>
<p>y en &eacute;l concentro la mirada como para que arda.</p>
<p>Lo que en mis ojos late no es fuego, sin embargo,&nbsp;</p>
<p>sino impotencia:&nbsp;</p>
<p>esa par&aacute;lisis</p>
<p>que nace del temor a la derrota.</p>
<p>Un nudo pareciera provenir del azar, ser inocente</p>
<p>de la tensi&oacute;n que encierra. Pero enga&ntilde;a.</p>
<p>(No hay nudo sin proceso,</p>
<p>sin movimiento previo, sin lazadas)</p>
<p>Podr&iacute;a deshacerlo</p>
<p>si supiera por donde comenzar o hubiera un m&eacute;todo</p>
<p>para desenredar esta mara&ntilde;a.</p>
<p>Pero dentro del nudo hay un silencio,</p>
<p>un ensimismamiento,&nbsp;</p>
<p>la trabaz&oacute;n perversa que nos mueve</p>
<p>de querer desistir</p>
<p>a la esperanza.&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 08 Apr 2019 07:12:46 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bajo la raíz]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/bajo-la-raiz/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/marzo/abril/lanseros500.jpg" alt="" /></p>
<p class="sinespaciado1">&nbsp;</p>
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<p class="sinespaciado1">&nbsp;</p>
<p class="sinespaciado1">&nbsp;</p>
<p class="sinespaciado1">Una tarde de sol, dentro de varios siglos,</p>
<p class="sinespaciado1">una mujer morena como yo</p>
<p class="sinespaciado1">se tumbar&aacute; tal vez a descansar</p>
<p class="sinespaciado1">sobre esta misma tierra</p>
<p class="sinespaciado1">donde una vez estuvo la casa de mis padres.</p>
<p class="sinespaciado1">&nbsp;</p>
<p class="sinespaciado1">La mujer del futuro extender&aacute; los muslos</p>
<p class="sinespaciado1">mientras observa en calma el viaje de las nubes.</p>
<p class="sinespaciado1">Ser&aacute; feliz, casi seguramente</p>
<p class="sinespaciado1">el mundo en torno le parecer&aacute;</p>
<p class="sinespaciado1">subordinado,</p>
<p class="sinespaciado1">a salvo.</p>
<p class="sinespaciado1">Tan suyo, sobre todo.</p>
<p class="sinespaciado1">S&iacute;, s&oacute;lo suyo, y considerar&aacute;</p>
<p class="sinespaciado1">que el verano y el sol le pertenecen.</p>
<p class="sinespaciado1">&nbsp;</p>
<p class="sinespaciado1">Entonces ya har&aacute; a&ntilde;os que no est&aacute;</p>
<p class="sinespaciado1">la casa de mis padres,</p>
<p class="sinespaciado1">ni tampoco la huella</p>
<p class="sinespaciado1">de haber estado nunca.</p>
<p class="sinespaciado1">&nbsp;</p>
<p class="sinespaciado1">La tarde avanzar&aacute;, apacible y serena.</p>
<p class="sinespaciado1">La mujer jugar&aacute; a arrancar hierbecillas</p>
<p class="sinespaciado1">del mismo suelo donde pas&eacute; mi infancia.</p>
<p class="sinespaciado1">Cantar&aacute;, compondr&aacute; una guirnalda,</p>
<p class="sinespaciado1">mirar&aacute; al cielo, se quedar&aacute; pensando&hellip;</p>
<p class="sinespaciado1">&nbsp;</p>
<p class="sinespaciado1">La contemplo qui&eacute;n sabe desde d&oacute;nde.</p>
<p class="sinespaciado1">Y no sabr&iacute;a decir</p>
<p class="sinespaciado1">si soy yo quien la mira</p>
<p class="sinespaciado1">o bien otra mujer desde el pasado</p>
<p class="sinespaciado1">es quien de pronto me est&aacute; mirando a m&iacute;.</p>
<p class="Sinespaciado1" style="padding-left: 630px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 08 Apr 2019 06:56:38 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una mirada crítica sobre la realidad]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-mirada-critica-sobre-la-realidad/</link>
      <description><![CDATA[<p align="center"><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2019/marzo/lanieve500.jpg" alt="" /><strong> <br /></strong></p>
<p>Los escritores y cr&iacute;ticos literarios Mercedes Monmany y Manuel Rico ser&aacute;n los encargados de dar a conocer en Teruel el nuevo libro de Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas. Editado por F&oacute;rcola bajo el t&iacute;tulo &ldquo;La nieve sobre el agua&rdquo;, se trata de un volumen de diarios que el escritor y periodista turolense fue elaborando durante los a&ntilde;os 2002 a 2005, aunque por su contenido los textos podr&iacute;an ser de ayer mismo.&nbsp;</p>
<p>La presentaci&oacute;n en Teruel, que ha contado con el apoyo del Instituto de Estudios Turolenses, tendr&aacute; lugar el pr&oacute;ximo d&iacute;a 8 de abril, a las 19,30 horas y en el sal&oacute;n de actos de la C&aacute;mara de Comercio. Est&aacute; previsto que tambi&eacute;n participen el autor y el director de F&oacute;rcola Ediciones, Javier Jim&eacute;nez.</p>
<p>&ldquo;La nieve sobre el agua&rdquo; es la tercera entrega de una serie de diarios que comenzaron a editarse en 1998 y que, fragmentariamente, han venido public&aacute;ndose en las p&aacute;ginas de la revista cultural TURIA, que el autor fund&oacute; y contin&uacute;a dirigiendo.</p>
<p>En &ldquo;La nieve sobre el agua&rdquo; el lector encontrar&aacute; un conjunto de prosas de vocaci&oacute;n volteriana, en las que se despliega una mirada terap&eacute;utica y cr&iacute;tica, sin puertas falsas, sobre la realidad. Son tambi&eacute;n un conjunto de peque&ntilde;as radiograf&iacute;as sobre la vida cotidiana y sus protagonistas, as&iacute; como un cat&aacute;logo de especulaciones inciertas y disidentes sobre la casualidad y el destino. Todo ello sin renunciar a los peque&ntilde;os gozos de la existencia.</p>
<p>El t&iacute;tulo del libro rinde homenaje al escritor franc&eacute;s Jules Renard, uno de los m&aacute;s c&eacute;lebres diaristas de todos los tiempos. No por casualidad, en la cita de Renard que abre el volumen se nos dir&aacute;: &ldquo;La nieve sobre el agua, el silencio sobre el silencio&rdquo;.</p>
<p>La portada de &ldquo;La nieve sobre el agua&rdquo; reproduce una obra del pintor Dami&aacute;n Flores, fechada en 2015 y titulada &ldquo;El rompeolas&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>NO DEJAR A NING&Uacute;N LECTOR INDIFERENTE</strong></p>
<p>Estos diarios de &ldquo;La nieve sobre el agua&rdquo; son, a veces, una suerte de manual de autoayuda y tambi&eacute;n una exploraci&oacute;n de lo que ocurre a nuestro alrededor. No falta el inventario de lecturas, exposiciones, an&eacute;cdotas y truhaner&iacute;as, sermones y agravios,&nbsp; as&iacute;&nbsp; como de glosas de personajes c&eacute;lebres o an&oacute;nimos. Y&nbsp; as&iacute;&nbsp; se&nbsp; van&nbsp; desplegando ante&nbsp; la&nbsp; curiosidad&nbsp; del&nbsp; lector&nbsp; una&nbsp; larga&nbsp; secuencia&nbsp; de&nbsp; fragmentos&nbsp; que&nbsp; brindan un an&aacute;lisis, subjetivo y c&oacute;mplice, de cuanto sucede a nuestro alrededor. De ah&iacute; que los temas tratados resulten muy diversos, tan eternos como actuales, aunque siempre tamizados por el ejercicio de la literatura. As&iacute;, por ejemplo, se nos narra alg&uacute;n episodio surrealista como el que cuenta una conversaci&oacute;n turolense sobre Borges bajo la nieve.</p>
<p>Se habla tambi&eacute;n de la vida cultural y pol&iacute;tica espa&ntilde;ola, de los lugares donde vivimos la infancia, del desencanto, de las tertulias radiof&oacute;nicas, del compromiso c&iacute;vico, de la arquitectura epid&eacute;rmica, del terrorismo, de las parejas y de un amplio y plural cat&aacute;logo de asuntos y protagonistas.</p>
<p>Por otra parte, m&aacute;s all&aacute; de unos pocos personajes que aparecen con iniciales o bajo una enigm&aacute;tica X., la lista de nombres propios es muy amplia: desde Roy Lichtenstein a Manuel Pertegaz, de Salvador de Madariaga a Juan Manuel Bonet, de Fernando Savater a Federico Jim&eacute;nez Losantos, de Audrey Hepburn a Jos&eacute; Antonio Labordeta.</p>
<p>Se escribe, adem&aacute;s, sobre &ldquo;Teruel existe&rdquo; o sobre el fingimiento. Sobre la melancol&iacute;a y los esl&oacute;ganes. O sobre la pintura de Andr&eacute; Derain y Carlos Pazos. El abanico&nbsp; tem&aacute;tico resulta, por tanto, ampl&iacute;simo y permite acceder al libro por cualquiera de sus p&aacute;ginas y dejarse seducir o contrariar por sus propuestas y an&aacute;lisis, por sus historias y divagaciones. Sin duda, el prop&oacute;sito de estos diarios es no dejar a ning&uacute;n lector indiferente.</p>
<p>Aunque todav&iacute;a minoritarios en el panorama editorial espa&ntilde;ol, los diarios atraen cada vez a m&aacute;s lectores, que encuentran en ellos la experiencia de sus semejantes, es decir un reflejo de la suya propia. Adem&aacute;s, para algunos de sus cultivadores constituyen una innovadora y magn&iacute;fica f&oacute;rmula narrativa, una suerte de periodismo cultural sin ataduras, una bocanada de aire fresco frente a los s&iacute;ntomas de agotamiento y la reiteraci&oacute;n que brindan otros g&eacute;neros, como la novela.</p>
<p><strong>Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas </strong>(Teruel, 1962), es escritor y periodista. Fund&oacute; y dirige, desde hace m&aacute;s de tres d&eacute;cadas, la revista cultural <em>Turia</em>, denominada por la cr&iacute;tica como la <em>Revista de Occidente</em> aragonesa. En 2002 fue galardonada con el Premio Nacional al Fomento de la Lectura, otorgado por el Ministerio de Educaci&oacute;n, Cultura y Deporte de Espa&ntilde;a. Curs&oacute; estudios de Filolog&iacute;a y hasta fechas recientes se ha dedicado a la comunicaci&oacute;n institucional. Tambi&eacute;n ha colaborado en la revista <em>Letras Libres</em> o en publicaciones aragonesas como <em>Heraldo de Arag&oacute;n</em>,&nbsp; <em>Diario de Teruel, Andal&aacute;n</em> y <em>El D&iacute;a</em>. Lleva escritos varios vol&uacute;menes de diarios, de los que hasta ahora ha publicado <em>D&iacute;as sin huella</em> (1998) y <em>La marea del tiempo</em> (2007)</p>
<p><strong>Mercedes Monmany </strong>es escritora y cr&iacute;tica literaria. Licenciada en Ciencias de la Informaci&oacute;n por la Universidad Complutense de Madrid, ha sido&nbsp;asesora y editora literaria. Organizadora de numerosos ciclos y encuentros, ha comisariado&nbsp;varias exposiciones antol&oacute;gicas&nbsp;de escritores&nbsp;como&nbsp;Isaac Bashevis Singer, Julio Verne&nbsp;y Giuseppe Tomasi&nbsp; di&nbsp; Lampedusa,&nbsp; y&nbsp; traducido&nbsp; a&nbsp; autores como Leonardo Sciascia, Attilio Bertolucci, Francis Ponge y Philippe Jaccottet. Desde 1999 colabora en la revista TURIA. Tambi&eacute;n desde ese a&ntilde;o viene desarrollando su labor cr&iacute;tica en el suplemento cultural del peri&oacute;dico &ldquo;ABC&rdquo; y anteriormente lo hizo en &ldquo;La Vanguardia&rdquo; y&nbsp; &ldquo;El Pa&iacute;s&rdquo;. Su obra m&aacute;s aclamada ha sido el ensayo&nbsp; &ldquo;Por las fronteras de Europa. Un viaje por la&nbsp;narrativa&nbsp;de los siglos XX y XXI&rdquo;. Su &uacute;ltimo libro es &ldquo;Ya sabes que volver&eacute;&rdquo;, en donde narra el af&aacute;n por vivir y crear de tres escritoras asesinadas en Auschwitz.</p>
<p><strong>Manuel Rico </strong>es escritor y cr&iacute;tico literario. En la actualidad, preside la Asociaci&oacute;n Colegial de Escritores. Licenciado en Ciencias de la Informaci&oacute;n por la Universidad Complutense, su trayectoria profesional se ha desarrollado en el &aacute;mbito de la actividad institucional en la Comunidad de Madrid, en Radio Televisi&oacute;n Espa&ntilde;ola (RTVE) y en el Instituto Cervantes. Autor de una veintena de libros de poes&iacute;a, novela, ensayo y ediciones cr&iacute;ticas, ha colaborado en varios diarios y desde 1997 ejerce la cr&iacute;tica literaria en el suplemento Babelia, de &ldquo;El Pa&iacute;s&rdquo;. Colabora asiduamente en revistas especializadas como TURIA. Ha ganado, entre otros, los Premios Hispanoamericano de Poes&iacute;a Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez y Andaluc&iacute;a de Novela.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 29 Mar 2019 11:11:44 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Wislawa Szymborska: un millón de deslealtades]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/wislawa-szymborska-un-millon-de-deslealtades/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/marzo/WISLAWA500.jpg" alt="" /></p>
<p>Cuando en 1996 le fue concedido el Premio Nobel de Literatura a Wislawa Szymborska se dio un hist&oacute;rico caso. De repente, dos premios Nobel de Literatura, de los mejores del pasado siglo, se ver&iacute;an reunidos en una misma ciudad, Cracovia, de las m&aacute;s bellas de Europa. Los dos eran polacos: el gran poeta, novelista y ensayista Czeslaw Milosz y la igualmente inmensa poeta y, a lo largo de su vida tambi&eacute;n at&iacute;pica articulista y autora de textos breves en prosa, Wislawa Szymborska. Los dos pertenec&iacute;an a una sufrida naci&oacute;n, Polonia, pulverizada varias veces, de forma vergonzosa, a lo largo de la Historia, por los diversos pactos y repartos territoriales llevados a cabo por sus poderosos y avariciosos vecinos, principalmente el Imperio Ruso, Prusia y tambi&eacute;n Austria. Una naci&oacute;n que devocionaba, como una segunda religi&oacute;n patri&oacute;tica, por encima de todo, la poes&iacute;a.</p>
<p>Los itinerarios geogr&aacute;ficos y biogr&aacute;ficos de ambos hab&iacute;an sido distintos. Disidentes ambos del comunismo implantado inmediatamente despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial en aquellos pa&iacute;ses del Este de Europa, ideolog&iacute;a en la que ambos hab&iacute;an militado al igual que otros muchos de su generaci&oacute;n, Milosz emprender&iacute;a el camino del exilio, una pr&aacute;ctica tristemente tradicional para los polacos a lo largo de su atribulada historia, mientras que Wislawa Szymborska, nacida en el seno de una familia burguesa en 1923, en K&oacute;rnik, cerca de Poznan, desde los 6 a&ntilde;os vivir&iacute;a siempre en Cracovia, hasta su fallecimiento en 2012.</p>
<p>Nacido en 1911 en la Lituania zarista, unida desde hac&iacute;a tiempo a Polonia, Czeslaw Milosz ocup&oacute; diversos puestos diplom&aacute;ticos de la Polonia Popular desde 1945 a 1951, a&ntilde;o en que rompi&oacute; definitivamente con el r&eacute;gimen, instal&aacute;ndose en Francia. En 1961 comenzar&iacute;a a dar clases de literaturas eslavas en la Universidad de Berkeley. Tres d&eacute;cadas despu&eacute;s, en los a&ntilde;os 90, una vez le fue concedido el Nobel de Literatura en 1980, y una vez llegada la democracia a su pa&iacute;s tras una transici&oacute;n pac&iacute;fica, comenz&oacute; a pasar cada vez m&aacute;s temporadas en Cracovia, instal&aacute;ndose por fin de forma definitiva all&iacute;, hasta su fallecimiento en 2004.</p>
<p>Y si una excelente biograf&iacute;a sobre Wislawa Szymborska &ndash;<em>Trastos, recuerdos</em>, editorial Pre-Textos- publicada en 2012 por dos conocidas escritoras y periodistas polacas, Anna Bikont -ganadora del Premio Europeo 2002 por <em>Nosotros los de Jedwabne</em>, impresionante documento sobre un terrible pogromo llevado a cabo en Polonia una vez finalizada la guerra- y Joanna Szczesna , nos acercaba a esta escurridiza y discreta autora que rehuy&oacute; toda su vida cualquier tipo de sobreexposici&oacute;n p&uacute;blica y espectacularidad, que se alej&oacute; permanentemente de los focos, evitando recitales y entrevistas, la lectura ahora de sus maravillosas y poco convencionales <em>Prosas reunidas<a title="" href="#_ftn1"><strong>[1]</strong></a></em>, este estupendo, sutil&iacute;simo, hipercr&iacute;tico, a ratos muy divertido, y siempre escasamente rutinario -como ella misma lo fue siempre- volumen de rese&ntilde;as para la prensa, nos acerca a lo m&aacute;s parecido a un fiel, constante e involuntario autorretrato. La esencia misma de Wislawa, en estado puro. Algo parecido a una autobiograf&iacute;a sentimental, intelectual, est&eacute;tica y existencial, todo reunido y encapsulado a un mismo tiempo, en cada ocasi&oacute;n de la que se tratara y en apenas unas cuantas l&iacute;neas. Su delicado sentido del humor, su agudeza, su penetrante y nada vulgar inteligencia, su esp&iacute;ritu cr&iacute;tico que nunca se dejaba avasallar por opiniones extra&ntilde;as o por el <em>mainstream</em> ambiental, &nbsp;todo ello se da cita, sea el tema que sea, en reducidos espacios, y ya se ponga a hablar de la figura de El Cid o el Quijote, de la antigua Roma, del &ldquo;milagro&rdquo; de los <em>Ensayos</em> de Montaigne, de fen&oacute;menos sobrenaturales y de anticipaci&oacute;n, de sus queridos animales y de zoolog&iacute;a fant&aacute;stica, de m&uacute;sicos y cantantes de &oacute;pera, de ese idolatrado jazz que se oir&iacute;a el d&iacute;a de su funeral, de los diarios de Mann y de Gombrowicz, de los enigmas de la era neandertal, del &uacute;ltimo de los Jagellones y los cuentos y costumbres de la antigua Polonia, de la naturaleza de los sue&ntilde;os, del humor a trav&eacute;s de &eacute;pocas, autores y pa&iacute;ses, del fat&iacute;dico siglo IX en la Europa Occidental, de &ldquo;la provincia fantasma de Lodomeria&rdquo; mencionada siempre junto a Galitzia en los t&iacute;tulos de los emperadores austr&iacute;acos, de las diversas &ldquo;m&aacute;scaras&rdquo; de Jaroslav Hasek o de las no menos numerosas pol&eacute;micas y batallas que siempre han rodeado el mundo literario, estuviera o no Witkacy por medio.</p>
<p>Szymborska conocer&iacute;a a Milosz &ndash;como recordar&aacute; en uno de los mejores textos del volumen, titulado <em>Nerviosismo</em>, en este caso bastante tard&iacute;o, de 2001, publicado cuando ya colaboraba con unas muy celebradas columnas en el peri&oacute;dico m&aacute;s influyente de Polonia, y pr&aacute;cticamente de toda la Europa Central, Gazeta Wyborcza- en un recital, cuando ella era joven y apenas hab&iacute;a empezado a escribir. La figura m&iacute;tica de Milosz, su sola presencia, impon&iacute;a una autoridad indiscutible entre todas las de su &eacute;poca. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; pinta la poes&iacute;a de Czeslaw Milosz en <em>Lecturas no obligatorias</em>?&rdquo;, se pregunta la propia Szymborska, ironizando, sobre el papel <em>can&oacute;nico</em> de este inconmensurable poeta en toda referencia a la gran literatura del pasado siglo y del actual que se precie. Lo conoci&oacute; en febrero de 1945. Se hallaban todos en el Stary Teatr de Cracovia, donde ten&iacute;a lugar un hecho hist&oacute;rico: el primer recital de poes&iacute;a desde el final de la guerra. Como recuerda Szymborska, en aquella &eacute;poca, "era una persona relativamente le&iacute;da en cuanto a prosa, pero con conocimientos pr&aacute;cticamente nulos en cuanto a poes&iacute;a&rdquo;. La mayor&iacute;a de los nombres le resultaban desconocidos, aun as&iacute; &ldquo;escuchaba y observaba&rdquo; a algunos de aquellos poetas &ldquo;insoportablemente grandilocuentes&rdquo; o a otros, por el contrario, inseguros, cuya voz se quebraba y el papel temblaba entre sus manos. Pero de repente lleg&oacute; alguien que no ten&iacute;a nada que ver con ninguno de los all&iacute; escuchados. Anunciaron &ldquo;a alguien llamado Milosz&rdquo;. Alguien que &ldquo;le&iacute;a con serenidad y sin histrionismos&rdquo;. Alguien que le hizo decirse para s&iacute; misma: &ldquo;Ah&iacute; tienes a la aut&eacute;ntica poes&iacute;a y a un poeta de verdad&rdquo;.</p>
<p>A&ntilde;os m&aacute;s tarde, cuando Milosz era un apestado del r&eacute;gimen, relegado y prohibido en su pa&iacute;s, Szymborska lo volver&iacute;a a ver a finales de los a&ntilde;os cincuenta en un caf&eacute; de Par&iacute;s. Sin lograr vencer el &ldquo;nerviosismo&rdquo; que la agarrotaba siempre que se hallaba frente a &eacute;l, no lleg&oacute; a decirle &ndash;como contar&aacute; ella despu&eacute;s- nada, ni siquiera unas simples noticias, &ldquo;que le hubiesen hecho feliz&rdquo;. Es decir: que sus libros prohibidos &ldquo;todav&iacute;a eran le&iacute;dos en Polonia&rdquo;, que se transcrib&iacute;an en copias introducidas ilegalmente en el pa&iacute;s y que, en definitiva,&nbsp; los j&oacute;venes no le hab&iacute;an olvidado en absoluto. Una vez obtenido el Nobel, diecis&eacute;is a&ntilde;os despu&eacute;s que Milosz (&ldquo;cada uno en su propio reino&rdquo;) Szymborska, como cuenta, nunca perder&iacute;a esta sensaci&oacute;n casi colegial cuando se hallaba en su presencia: &ldquo;Ni hoy &ndash;confesar&iacute;a en este mismo texto- tengo la menor idea de c&oacute;mo tratar al Gran Poeta. Cuando estoy cerca de &eacute;l, sigo sinti&eacute;ndome tan nerviosa como antes&rdquo;.</p>
<p>Miembro del Partido Comunista, como muchos j&oacute;venes intelectuales polacos tras acabar la segunda guerra mundial, los dos primeros libros de Szymborska seguir&iacute;an la &ldquo;ideolog&iacute;a oficial&rdquo; y las reglas est&eacute;ticas del realismo socialista. Una adhesi&oacute;n de los primeros a&ntilde;os, en los que lleg&oacute; a firmar poemas dedicados a Lenin o Stalin (una exigencia, por otra parte, para todo aquel que quisiera seguir publicando o trabajando en revistas) que m&aacute;s tarde, incluso en el momento feliz de la concesi&oacute;n del Nobel, pasado casi medio siglo, le ser&iacute;a miserablemente recordado por algunos. Porque el desenga&ntilde;o, como en tantos otros casos, como en el citado de Milosz, no tardar&iacute;a en llegar. As&iacute; lo expresar&iacute;a m&aacute;s tarde, ya en la d&eacute;cada de los 90: &ldquo;Despu&eacute;s de la fuerte crisis de los a&ntilde;os cincuenta, comprend&iacute; que la pol&iacute;tica no era mi elemento. No considero aquellos a&ntilde;os totalmente perdidos. Me dieron una resistencia ante cualquier tipo de doctrina&rdquo;. En 1958, durante un viaje a Par&iacute;s realizado con el luego c&eacute;lebre y genial autor del teatro del absurdo Slawomir Mrozek, y otros, entrar&iacute;a en contacto con la principal revista del exilio polaco, Kultura, y con su directo, el influyente intelectual Jerzy Giedroyc, comenzando su distanciamiento del comunismo. En 1966, en solidaridad con el gran fil&oacute;sofo Leszek Kolakowski, expulsado del POUP (Partido Obrero Unificado Polaco) Szymborska devolver&iacute;a su carnet del Partido, siendo inmediatamente expulsada de la revista Zycie Literackie (Vida Literaria) donde dirig&iacute;a, desde 1953, la secci&oacute;n de poes&iacute;a. En esta publicaci&oacute;n, sobre todo tras el &ldquo;deshielo polaco&rdquo; de 1956, apareci&oacute; lo mejor de la &eacute;poca. All&iacute; es donde Szymborska publicar&iacute;a su famoso y delicioso ciclo de <em>Lecturas no obligatorias</em>, recogido ahora en el espl&eacute;ndido volumen de sus <em>Prosas reunidas</em>. Un ciclo muy personal, que llevaba cien por cien su propio e inconfundible sello, dedicado a comentar libros no necesariamente de autores c&eacute;lebres y no necesariamente catalogables como solemnes, &ldquo;serios&rdquo; e inmortales. Al contrario, en ocasiones rozando lo extravagante y pintoresco, sus textos estaban siempre llenos de gracia y de una genial y fascinante desenvoltura que habr&iacute;a hecho las delicias de un erudito jocoso, amante de las paradojas y de los datos irrisoriamente absurdos como Umberto Eco. O de un formidable teorizador de la &ldquo;ligereza&rdquo;, entendida como una de las bellas artes, de la talla de Italo Calvino.</p>
<p>A este g&eacute;nero de revistas, y a este tipo de responsables que a Szymborska siempre le dieron alas para escribir a su gusto, de lo que le apetec&iacute;a, revistas en cierto modo heroicas que luchaban por plantar las discretas semillas de toques algo m&aacute;s veladamente liberales y no tan pl&uacute;mbeos como era habitual en la estricta doctrina del quehacer cotidiano comunista,&nbsp; esta gran poeta les rendir&aacute; un emocionado recuerdo, en forma de homenaje retrospectivo, en su texto de 1995&nbsp; <em>Con el silbato colgando del cuello</em>. Un texto que llevaba el subt&iacute;tulo de <em>La vida en Przekr&oacute;j</em><span style="text-decoration: underline;">.</span> Przekr&oacute;j fue el primer magazine semanal polaco &ndash;de contenido cultural, social y pol&iacute;tico- que apareci&oacute; en Cracovia, reci&eacute;n acabada la guerra mundial, en 1946. En un contexto de aburrimiento generalizado, o como Szymborska dir&iacute;a, de &ldquo;aburrimiento forzoso, aburrimiento pegajoso&rdquo; (&ldquo;la vida en la Rep&uacute;blica Popular de Polonia era aburrida, ya s&eacute; que no es el principal reproche que se le puede hacer, que hay al menos una docena m&aacute;s, pero que era aburrida es un hecho: aburrida y gris, gris y mon&oacute;tona&rdquo;), todo era igual y uniforme, a la vez que tediosamente represivo (&ldquo;todos los peri&oacute;dicos informaban sobre los mismos hechos con las mismas palabras, en las tiendas, dondequiera que fueses, siempre hab&iacute;a los mismos productos, si es que hab&iacute;a&rdquo;). De ah&iacute; su cari&ntilde;oso recuerdo hacia aquel rara avis que fue el fact&oacute;tum principal de la revista evocada, el que le imprimi&oacute; su sello: &ldquo;En aquel contexto se tiene que entender qu&eacute; significaba en aquellos tiempos la revista <em>Przek&oacute;j</em>, con Marian Eile como redactor jefe, por qu&eacute; era tan le&iacute;da y por qu&eacute; se agotaba tan r&aacute;pido. Simplemente porque Eile proporcionaba peque&ntilde;as sorpresas a la gente, la arrastraba a divertimentos no programados por los de arriba y se esforzaba por ensanchar su campo visual (&hellip;) Una historia que se interrumpe con los infames sucesos de 1968, cuando Eile se vio obligado a dejar la redacci&oacute;n&rdquo;. Cuando Szymborska habla de &ldquo;infames sucesos&rdquo;, se refiere a una detestable campa&ntilde;a antisemita, instigada desde el gobierno comunista, en la que se forz&oacute; a dejar los puestos de trabajo y fueron expulsados de la Universidad y de la administraci&oacute;n un gran n&uacute;mero de jud&iacute;os. A Marian Eile le suceder&iacute;a lo que a otros muchos periodistas e intelectuales jud&iacute;os que fueron perseguidos y purgados a lo largo y ancho del pa&iacute;s. Es el momento en el que muchos jud&iacute;os polacos emigraron bien a Israel o a los Estados Unidos. Se calcula que si antes de la campa&ntilde;a antisemita hab&iacute;a unos 40000 jud&iacute;os en Polonia despu&eacute;s tan solo quedaron en el pa&iacute;s unos 5000.</p>
<p>Unos art&iacute;culos publicados, ya fuera primero en <em>Zycie Literackie</em>, y m&aacute;s tarde en otras revistas como <em>Pismo</em> u <em>Odra</em>, en las que Wislawa divagaba maravillosamente, observando el centro de las cosas pero tambi&eacute;n las invisibles y elocuentes periferias a menudos descuidadas en primeras y convencionales visiones distra&iacute;das de las cosas o los seres que pueblan el mundo. Sumamente libre, radicalmente original, de una capacidad de estupor y de sorpresa &uacute;nico y aut&oacute;nomo, que carec&iacute;a de escuelas y modas, como dice Manel Bellmunt, el excelente traductor y autor del pr&oacute;logo de este volumen de prosas, &ldquo;en ocasiones Szymborska se olvidaba <em>ex profeso</em> de las obligaciones del articulista y divagaba sobre temas que guardaban poca o ninguna relaci&oacute;n con el libro, centr&aacute;ndose, rara vez, exclusivamente en la obra en cuesti&oacute;n&rdquo;. Cada uno de sus textos se convert&iacute;a as&iacute; en una rara joya mestiza, mitad delicada pieza po&eacute;tica, ensayo de todo y de mucho m&aacute;s a lo Montaigne y narraci&oacute;n de microhistorias siempre cautivadoras. Precisamente Montaigne, uno de sus escritores favoritos (&ldquo;uno de los mayores logros que haya alcanzado el alma humana&rdquo;) se convierte en el n&uacute;cleo de uno de sus mejores textos. Alguien, un maestro, que parece hecho a su medida. Una &ldquo;mentalidad cr&iacute;tica que no encajaba para nada &ndash;como explica la poeta- en ninguno de los dos bandos del fanatismo religioso, que guerreaban aquellos d&iacute;as&rdquo;. Es decir, los cat&oacute;licos y hugonotes. El hecho de rendirle homenaje al autor admirado de los c&eacute;lebres <em>Ensayos</em>, le da pie a Szymborska para elaborar una fant&aacute;stica reflexi&oacute;n sobre el misterio del azar y la posteridad. &iquest;Qu&eacute; hubiera sucedido si en una de las ca&iacute;das del caballo durante aquellos frecuentes viajes llevados a cabo por el &ldquo;bondadoso Se&ntilde;or Michel de Montaigne&rdquo;, a la edad de treinta y tantos, cuando ya hab&iacute;a comenzado a proyectar &ldquo;su magna obra&rdquo; en la torre de su peque&ntilde;o castillo &ldquo;y las primeras frases ya ennegrec&iacute;an algunas de sus hojas&rdquo; su autor no llegara a sobrevivir del percance ocurrido en uno de los muchos caminos repletos de peligros? Por otro lado, como se&ntilde;ala Szymborska, en aquellos d&iacute;as de pavorosa intransigencia &ldquo;nada m&aacute;s sencillo que encontrar un millar de deslealtades en un escritor que piensa por cuenta propia&rdquo;. En su recuento de estupores y &ldquo;milagros&rdquo; (el texto lleva por t&iacute;tulo <em>El milagro de los Ensayos</em>) en torno a esa obra que ilumin&oacute; la humanidad a lo largo de los siglos posteriores, Szymborska propone no perder de vista nunca el indescriptible regalo del destino que son cada una &ndash;no s&oacute;lo la de Montaigne- de las obras maestras que nos han acompa&ntilde;ado en nuestras vidas: &ldquo;Si el destino hubiese conseguido desbaratar su creaci&oacute;n -la creaci&oacute;n de los <em>Ensayos</em>- probablemente otra obra o conjunto de obras se habr&iacute;an convertido para nosotros en la c&uacute;spide intelectual m&aacute;xima del siglo XVI. No tendr&iacute;amos ni idea de que ese lugar de honor se deber&iacute;a a una simple victoria por incomparecencia del adversario. No hay lugar en el abigarrado tejido de la historia para los espacios en blanco. Es decir, los hay, pero no hay manera de confirmar su existencia&rdquo;. Afortunadamente, tanto Montaigne como Szymborska mucho despu&eacute;s, desafiaron esa inquietante ley de los espacios en blanco. Han permanecido y permanecer&aacute;n eternamente entre nosotros.</p>
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<p><span style="text-decoration: underline;">&nbsp;</span></p>
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<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> Wyslawa Szymborska,<em> Prosas reunidas</em>, traducci&oacute;n y pr&oacute;logo de Manel Bellmunt Serrano, Barcelona,&nbsp; Malpaso, 2017.</p>
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</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Fri, 29 Mar 2019 11:06:16 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Manuel Gutiérrez Aragón: "La precariedad, del trabajo, de los sentimientos, define nuestra época"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/manuel-gutierrez-aragon-la-precariedad-del-trabajo-de-los-sentimientos-define-nuestra-epoca/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2019/MANUEL_GUTI_RREZ_ARAG_N_3.jpg" alt="" /></p>
<p>Repasar la trayectoria de Manuel Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n (Torrelavega, Cantabria, 1942) es acceder a un territorio con marcadas se&ntilde;as de identidad, un espacio absolutamente reconocible, acotado, lleno de sugerencias. A trav&eacute;s del cine y de la literatura, nuestro protagonista ha sabido quebrar los muros de la realidad y crear vetas de fantas&iacute;a en los entornos m&aacute;s insospechados. Mientras se desarrolla esta conversaci&oacute;n, en la impersonal &aacute;rea de cafeter&iacute;a de un gran hotel en Madrid, el director de pel&iacute;culas como <em>Maravillas</em>, <em>La noche m&aacute;s hermosa </em>o <em>Demonios en el jard&iacute;n, </em>recurre una y otra vez a su infancia. Se&ntilde;ala que dar pistas, ofrecer revelaciones sobre esa etapa, no es precisamente lo que m&aacute;s le gusta, pero lo hace, porque, sin duda, ah&iacute; est&aacute; el campo f&eacute;rtil del que ha brotado todo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">Busco hacer una fotograf&iacute;a mental de Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n, al tiempo que escucho la grabaci&oacute;n de esta entrevista, y acude a m&iacute; con facilidad la imagen de este hombre de voz profunda, un poco ronca, amigo de la charla pausada y del chispazo ir&oacute;nico, llevando de la mano, como si nunca lo hubiese soltado, al ni&ntilde;o que fue. Ese ni&ntilde;o se desdibuja, es como una figura huidiza que juega al escondite, pero con un peque&ntilde;o ejercicio de concentraci&oacute;n, de fijaci&oacute;n, de imaginaci&oacute;n, es posible verlo, descubrirlo. Evidentemente no puede atisbar al ni&ntilde;o el se&ntilde;or que, apenas iniciada la charla, se acerca a saludar al director de cine, al personaje p&uacute;blico que permanece sentado en una mesa alejada de la barra, como perdido en el inmenso sal&oacute;n, lugar de paso, de entrada y salida, de ida y vuelta. &iquest;Qu&eacute; tal le va la vida &ldquo;maestro&rdquo;...?, le pregunta. &ldquo;Ya ve. Aqu&iacute;, trabajando...&rdquo;</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n dej&oacute; el cine hace ya m&aacute;s de una d&eacute;cada, cuando fue consciente de que las cosas hab&iacute;an cambiado demasiado, de que ya no le iba a resultar f&aacute;cil seguir desarrollando una obra propia, continuada, una obra en la que siempre ha asomado la mirada del escritor, del constructor de historias, o de sue&ntilde;os. Asegura echar de menos esas otras vidas de los rodajes, habla de ello como algo extraordinario, pero sabe que siempre ha tenido un as en la manga para vencer esa p&eacute;rdida: la escritura de ficciones.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">Cuando en 2016 entr&oacute; en la Real Academia Espa&ntilde;ola, con un&nbsp; discurso sobre la narraci&oacute;n f&iacute;lmica, declar&oacute; que era evidente que el oficio de filmar historias en el cine le ven&iacute;a de la literatura y que por eso, en sus comienzos, sus compa&ntilde;eros le vaticinaban que ser&iacute;a un buen guionista, &ldquo;pero dudaban de que llegara a ser director de cine&rdquo;, entre otras cosas por no tener claro que fuera capaz de &ldquo;sobrevivir al caos&rdquo;.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">&ldquo;Estaba ante un lenguaje ind&oacute;mito, que me llamaba sin que yo comprendiera del todo qu&eacute; quer&iacute;a decir. Mi sorpresa es que hab&iacute;a que organizar todo desde fuera del lenguaje. En el cine no todo est&aacute; en el enunciado, sino que hay algo m&aacute;s entre la realidad y la expresi&oacute;n (...) Hay que rehacer el mundo para poder contarlo, para convertirlo en lenguaje&rdquo;, recuperamos aqu&iacute; sus palabras.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Hay que salir a tiempo de las historias, si no ser&iacute;an como la vida&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">En el territorio Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n literatura y cine se tocan a trav&eacute;s de puentes que se cruzan con absoluta naturalidad. Hay una mirada literaria en toda su producci&oacute;n cinematogr&aacute;fica y cuando se leen sus ficciones es inevitable acceder a sus paisajes, escuchar a sus protagonistas, como si estuvi&eacute;semos dentro de una pel&iacute;cula. Sucede tambi&eacute;n con <em>El ojo del cielo</em>, la &uacute;ltima novela que ha publicado, como siempre en la editorial Anagrama [la complicidad y amistad con Jorge Herralde viene de lejos; de hecho, el veterano editor le llama por tel&eacute;fono en el transcurso de este encuentro].</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">Hablamos de una entrega en la que nos cautiva la historia de una madre y tres hijas que son desahuciadas y se ven obligadas a marchar a una caba&ntilde;a en el Valle del Pas, esa particular comarca de Cantabria donde transcurren gran parte de sus historias. Hablamos de una narraci&oacute;n que refleja el presente desde un mundo que parece anclado en el pasado, donde el misterio, el descubrimiento y, sobre todo, los cuentos, son las llaves que permiten abrir puertas hacia una realidad menos cruda. &ldquo;Hay que salir a tiempo de las historias, si no ser&iacute;an como la vida&rdquo;, le dice a la peque&ntilde;a Clara el enigm&aacute;tico Abderram&aacute;n. Una frase que, sin duda, puede servir para definir el camino creativo de Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Ahora no podr&iacute;a desarrollar un mundo tan personal y hacer que las pel&iacute;culas tuvieran que ver las unas con las otras&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;- Repasando su trayectoria, pel&iacute;culas, novelas, se constata que todo forma parte de un mismo, extenso, coherente, territorio literario. &iquest;Se siente un privilegiado? No es muy frecuente poder poner, tanto en palabras como en im&aacute;genes, historias y paisajes tan personales...</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Me siento privilegiado, en efecto, por haber podido compartir en el cine y en la literatura mis propias historias, obsesiones, territorios personales, como se los quiera llamar. En la literatura no es dif&iacute;cil, porque uno imagina, escribe y ah&iacute; se queda todo, pero en el cine es mucho m&aacute;s complicado. Pienso que ahora no podr&iacute;a desarrollar un mundo tan personal y hacer que las pel&iacute;culas tuvieran que ver las unas con las otras... Actualmente las cosas son mucho m&aacute;s complejas. Todo ha cambiado y, precisamente por eso, dej&eacute; de hacer pel&iacute;culas.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;La atm&oacute;sfera de mi infancia era adusta, gris... y el mundo de los cuentos, a esa edad, consegu&iacute;a sacarle a uno de la opresiva realidad familiar&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Los asuntos que aborda en ambos lenguajes, el literario y el f&iacute;lmico, se cruzan, pasan de unas entregas a otras, y, tienen como sustrato b&aacute;sico el mundo de los cuentos. En cierto modo, una y otra vez, intenta decirnos con su obra que los cuentos nos salvan un poco de la realidad, nos trasladan a un mundo m&aacute;s maravilloso, m&aacute;s misterioso. Son como una especie de escape, de refugio.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- A veces, aunque no me gusta, pero forzado por las preguntas, las entrevistas o las tesis universitarias, he tenido que bucear un poco en mis or&iacute;genes, y siempre llego al mismo punto de partida, a la misma conclusi&oacute;n. Pienso que como yo fui un ni&ntilde;o que estuvo enfermo, de los seis a los siete a&ntilde;os, mi imaginaci&oacute;n se despert&oacute; leyendo los libros de la colecci&oacute;n &ldquo;El tesoro de la juventud&rdquo;, una especie de enciclopedia, una serie de tomos llenos de descripciones cient&iacute;ficas, astron&oacute;micas, pero sobre todo de relatos, de muchos relatos. Eso fue para m&iacute; un mundo maravilloso. La atm&oacute;sfera de mi infancia era adusta, gris... y el mundo de los cuentos, a esa edad, consegu&iacute;a sacarle a uno de la opresiva realidad familiar, sobre todo si eras un ni&ntilde;o clavado a una cama, obligado a hacer reposo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Cu&aacute;l fue esa enfermedad?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Ten&iacute;a una mancha en un pulm&oacute;n, como el protagonista de <em>La monta&ntilde;a m&aacute;gica</em>. En la &eacute;poca de mi infancia era algo habitual y se curaba con reposo. Esa situaci&oacute;n me convirti&oacute; en un ni&ntilde;o mimado. Me daban toda clase de juguetes, la familia estaba muy pendiente de m&iacute;, pero al mismo tiempo todo eso me cre&oacute; much&iacute;simas obsesiones, a veces horribles, porque para un ni&ntilde;o estar metido en una cama se puede convertir en un infierno y en un placer a la vez. En mi caso, por ejemplo, me dio por pensar que mis padres no eran mis padres, que la muchacha que ayudaba en la casa tampoco era aut&eacute;ntica. Me imaginaba que eran actores que representaban sus papeles... &iexcl;F&iacute;jate que obsesi&oacute;n infantil! Eso me ha perseguido toda la vida. Ese tiempo enfermo, en que descubr&iacute; las historias y en que cre&iacute; que mi familia no era mi familia, sino que representaba serlo, para m&iacute; es como si no hubiera terminado todav&iacute;a. En su d&iacute;a, la mejor manera que encontr&eacute; para afrontar todo eso fue contarme mis propios cuentos. Date cuenta de que entonces ni te llevaban al psic&oacute;logo, ni casi pod&iacute;as hablar de que te estaba sucediendo algo as&iacute;. Empec&eacute; a agarrarme a mis relatos y luego pas&eacute; a cont&aacute;rselos a mis hermanos, a construir para ellos cuentos violentos, tristes. Ah&iacute; descubr&iacute; un placer s&aacute;dico, maravilloso, porque cuanto peor lo pasaban ellos, mejor lo pasaba yo, y adem&aacute;s los ten&iacute;a cerca y pod&iacute;a ir tocando todas las teclas para ver c&oacute;mo iban respondiendo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Los cuentos infantiles tienen una manera muy contundente de que las cosas pasen y esa clave narrativa la empec&eacute; a utilizar en mis primeras pel&iacute;culas&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- La enfermedad propici&oacute; por tanto el nacimiento de un narrador.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;. En ese momento me hice narrador. Para m&iacute; fue un periodo muy largo, aunque mi madre posteriormente me lo negaba y me dec&iacute;a que yo no hab&iacute;a estado nunca enfermo, que me lo hab&iacute;a inventado todo. No s&eacute;... Es como cuando contamos el tiempo que don Quijote estuvo fuera de casa. Fueron cuatro o cinco semanas, pero, sin embargo, parece una vida entera. A m&iacute; me pas&oacute; lo mismo. Ah&iacute; empec&eacute; a beber un poco de las fuentes m&aacute;gicas de los cuentos. Y seguramente eso, sobre lo que nunca me ha gustado demasiado reflexionar, es el origen de que, tanto en mis pel&iacute;culas como en mis novelas, el cuento sea un elemento esencial. Con el paso de los a&ntilde;os, fui cada vez m&aacute;s consciente de por qu&eacute; me resultaba tan sumamente atractivo el cuento maravilloso, una especie de construcci&oacute;n elemental de la narraci&oacute;n. Los cuentos infantiles tienen una manera muy contundente de que las cosas pasen y esa clave narrativa la empec&eacute; a utilizar en mis primeras pel&iacute;culas. Puede que hiciera mal en contarlo, en hablar de ello, porque desde entonces me han colgado la etiqueta de director m&aacute;gico.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;No le gusta que le definan de ese modo?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Pues ha llegado a molestarme much&iacute;simo, porque yo con la magia tengo una relaci&oacute;n de amor y odio. Por una parte s&eacute; que esa magia de los cuentos de ni&ntilde;os es la que me permit&iacute;a salir de aquella cama en la que estaba enclaustrado; pero por otra parte me recuerda mucho todo aquello, raz&oacute;n por la que, en alg&uacute;n momento, he llegado a detestarla. Pero, dejando todo eso de lado, de lo que no cabe duda es que el relato elemental que subyace en los cuentos, es algo que forma parte del ser humano desde siempre. No me refiero tanto a los cuentos maravillosos que han pasado de la India al Mundo &Aacute;rabe y de ah&iacute; a Europa, sino de una forma mental de contar historias. Igual que todo el mundo puede saber lo que es un tri&aacute;ngulo, aunque no haya estudiado geometr&iacute;a, pienso que, al comienzo de todo, cuando alguien empez&oacute; a contar algo por primera vez, le sali&oacute; un cuento infantil, aunque solo fuera para huir de los miedos. Y a m&iacute; concretamente esa especie de sistema elemental de contar me sirvi&oacute; para construir mis primeras pel&iacute;culas. En realidad, creo que muchas veces se ha notado, sobre todo en las pel&iacute;culas, porque yo lo he contado. Es una l&iacute;nea muy sutil que no necesariamente se percibe. Est&aacute; en las sinopsis de las historias, pero esas historias luego se acaban convirtiendo en otra cosa, porque de no ser as&iacute; terminar&iacute;an siempre copiando a <em>Caperucita Roja</em>.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;El cuento es una enfermedad de la que no me he curado&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Los contadores de cuentos aparecen con frecuencia en su narrativa. En la primera novela que public&oacute;, <em>La vida antes de marzo,</em> hay dos viajeros en un tren que se est&aacute;n contando cuentos todo el rato y en la &uacute;ltima hasta el momento, <em>El ojo del cielo</em>, nos encontramos a un personaje como Abderram&aacute;n contando cuentos a Clara, narraciones que la salvan de su realidad.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Eso es algo que me puede. La verdad es que el punto de partida de esta novela fue contar una historia de car&aacute;cter m&aacute;s social sobre mujeres, sobre una madre y tres hijas, con el conflicto de los desahucios, de la persecuci&oacute;n de un banco, por medio. Para nada ten&iacute;a la idea de crear un personaje como Abderram&aacute;n, que iba por ah&iacute; contando cuentos, pero acab&oacute; surgiendo y fue cobrando fuerza. No es algo a lo que le de muchas vueltas, pero creo que a veces el cuento se me impone, que es como una enfermedad de la que no me he curado.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Abderram&aacute;n es, adem&aacute;s, un narrador que parece salido de <em>Las mil y una noches,</em> un personaje fundamental para dotar de misterio a la novela. No se llega a saber realmente qui&eacute;n es, cu&aacute;l es su pasado...</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Las cosas que narra est&aacute;n inspiradas en relatos &aacute;rabes tradicionales. Y en cuanto a lo de su misterio, debo decir que me he divertido preguntando a algunos lectores sobre la identidad del personaje. Y, seg&uacute;n sus respuestas, me han salido dos grupos: el de los realistas y el de los sofisticados. Me he dado cuenta de que el lector m&aacute;s literario no acaba de aceptar ciertas cosas. En las novelas puede haber misterios que no se desvelan del todo, mientras que en el cine es mucho m&aacute;s dif&iacute;cil, porque todo est&aacute; m&aacute;s prefabricado. Lo que a m&iacute; me gusta de verdad es el realismo espa&ntilde;ol, el que viene de Cervantes. Es un realismo que lleva sus fronteras muy lejos, casi hasta el borde de la no realidad, pero que siempre tiene una base realista. Al fin y al cabo, todo lo que cuenta Cervantes de don Quijote pasa de verdad, sucede en La Mancha. Los magos encantadores est&aacute;n en la mente del protagonista, pero no salen de ah&iacute;, como sucede en la novela g&oacute;tica.</p>
<p class="normal"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Casi todas mis pel&iacute;culas ocurren en Cantabria y m&aacute;s concretamente en el territorio pasiego, un territorio muy especial porque en s&iacute; mismo bordea la irrealidad&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Hablamos de los cuentos como hilo conductor de las narraciones de Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n, pero tambi&eacute;n est&aacute;n los paisajes, esa geograf&iacute;a reconocible en gran parte de</p>
<p class="normal">sus novelas y pel&iacute;culas.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- As&iacute; es. Mis pel&iacute;culas siempre han querido ocurrir en un territorio un poco encantado de Cantabria, incluso aquellas que no he rodado all&iacute;. <em>La mitad del cielo</em>, por ejemplo, empieza a desarrollarse en ese entorno y,&nbsp; por motivos puramente financieros, no concluye ah&iacute;... En cualquier caso, lo cierto es que en la invenci&oacute;n, casi todas ocurren en Cantabria y m&aacute;s concretamente en el territorio pasiego, un territorio muy especial porque en s&iacute; mismo bordea la irrealidad. Hablamos de gentes muy separadas las unas de las otras, que durante mucho tiempo no han tenido luz el&eacute;ctrica y con unas costumbres muy fuera de las habituales. Yo siempre pens&eacute; que era un lugar excepcional en Europa. Pero cuando se pas&oacute; en el Festival de Berl&iacute;n una pel&iacute;cula como <em>La vida que te espera</em>, rodada enteramente all&iacute;, muchos de los periodistas que me hicieron entrevistas, de Holanda, de Rusia..., me dec&iacute;an que en sus pa&iacute;ses exist&iacute;an sitios similares, con trashumantes que viv&iacute;an en caba&ntilde;as distintas, que iban de un lugar a otro con sus vacas. Es curioso c&oacute;mo lo m&aacute;s particular a veces puede convertirse en lo m&aacute;s universal.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Hay una frase en la novela que alude a &ldquo;lo profundo y lo alto, lo misterioso y lo incierto de los montes del Pas...&rdquo;</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Eso es el Pas, el Valle del Pas. Hay un r&iacute;o que tiene ese nombre y cinco o seis valles profundos y aislados. Puede que con frases como la que mencionas de la novela, est&eacute; contribuyendo a mitificarlo demasiado y que si alguien va all&iacute; no perciba nada de esto... Suele suceder. Tengo un amigo argentino, director de cine, al que le habl&eacute; de Galicia y su mundo m&aacute;gico: las meigas, el Mago Merl&iacute;n y compa&ntilde;&iacute;a, el territorio de Cunqueiro, la Costa de la Muerte, la Santa Compa&ntilde;a... Y el hombre aquel fue a pasar un verano a Galicia, y me dijo: &ldquo;Pero Manolo, aqu&iacute; no hay nada de lo que me has dicho... Todo lo que me has contado de Galicia no lo veo por ninguna parte&rdquo; (risas).</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Los pasiegos representan un mundo propio, acotado, pero tambi&eacute;n una filosof&iacute;a de vida que resiste a los embates del presente, que est&aacute; anclada en el pasado. Todo esto se refleja en el estudio sobre la regi&oacute;n y sus pobladores que est&aacute; realizando uno de los personajes de <em>El ojo del cielo</em>.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Hay muchos estudios sobre los pasiegos, hechos sobre todo por acad&eacute;micos anglosajones, muy interesados en analizar un mundo en el que el equilibrio entre el hombre y la naturaleza est&aacute; muy compensado. Los pasiegos respetan la naturaleza porque son muy conscientes de que viven de ella. En sus manos, el equilibrio medioambiental est&aacute; garantizado y, adem&aacute;s, se trata de una comunidad sociol&oacute;gicamente muy primitiva, porque est&aacute; compuesta por familias que viven aisladas, que han tenido muy lejos la escuela y la iglesia; de ah&iacute; la idea que tienen dioses aparte y todo eso. Antropol&oacute;gicamente estamos ante un mundo curioso, que ha resistido las pestes y tambi&eacute;n las misiones de la iglesia que iban cada poco a reconvertirlos. Son un poco como los agotes o los vaqueiros de alzada, todos esos pueblos malditos, rodeados de leyendas. Pienso tambi&eacute;n en los escoceses, a los que siempre se les supone hura&ntilde;os, aislados... Todo eso es verdad. Y tambi&eacute;n han inventado cosas maravillosas como los sobaos, que vienen de ellos. S&iacute;. Han resistido a lo largo del tiempo muchos embates, pero seguramente sea la globalizaci&oacute;n la que se ha convertido, o acabar&aacute; haci&eacute;ndolo, en su peor enemigo, mucho m&aacute;s que el Estado o la Iglesia.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Por qu&eacute; esa fascinaci&oacute;n? &iquest;Ha vivido en El Pas?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- No. Ah&iacute; no se vive. Ah&iacute; viven ellos, en unas caba&ntilde;as muy elementales, donde habitan en un altillo, encima de las vacas, que ocupan la parte baja. En realidad tienen varias caba&ntilde;as porque son trashumantes y, seg&uacute;n las &eacute;pocas del a&ntilde;o se van cambiando de una a otra, en busca de los pastos. A m&iacute; nunca me ha parecido que vivieran en la pobreza.&nbsp; Siempre lo he entendido como un tipo de existencia sobria, pero elegida, Sin embargo, un d&iacute;a llev&eacute; a Saramago, que estaba muy interesado en conocer el lugar, y se qued&oacute; absolutamente horrorizado. Le parec&iacute;a que aquello era la pobreza suma. Tal vez porque estaba acostumbrado a verlos, yo no lo percib&iacute;a de ese modo, pero la mirada ajena tambi&eacute;n dice mucho.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Me llama la atenci&oacute;n c&oacute;mo las diferencias entre el campo y la ciudad, en lo que respecta a la manera de ser y a la cultura de las personas, pr&aacute;cticamente han desaparecido&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- En las ciudades actuales, ciudades de las prisas y del ruido, empezamos a idealizar la vida rural. El silencio, la capacidad de desconectarse... Es curioso que estemos</p>
<p class="normal">percibiendo todo esto como un lujo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Y por eso los urbanitas ahora tienen huertos. A m&iacute; lo que me llama la atenci&oacute;n es c&oacute;mo las diferencias entre el campo y la ciudad, en lo que respecta a la manera de ser y a la cultura de las personas, pr&aacute;cticamente han desaparecido. Cuando era ni&ntilde;o yo pod&iacute;a distinguir perfectamente entre el habitante de la ciudad y el del campo por su manera de vestir y de expresarse, pero tambi&eacute;n por su complexi&oacute;n f&iacute;sica. Ahora la gente del campo viste como la de la ciudad, habla como la de la ciudad y se parece f&iacute;sicamente a la de la ciudad. Ahora somos todos iguales en todas partes. Pero es cierto que son los urbanitas los que hoy est&aacute;n inventando el campo, idealiz&aacute;ndolo. Dicho esto, no es tan f&aacute;cil aislarse en la actualidad. Incluso en el Valle del Pas, donde viven tan apartados, los fines de semana est&aacute;n invadidos por una gran multitud de turistas. En este presente tan globalizado la paradoja puede ser que descubramos una playa solitaria en Australia y que enseguida millones de personas amantes de la soledad vayan all&iacute; y acaben con el invento. Hoy parece que la soledad est&aacute; solo en Internet. Te metes ah&iacute; y est&aacute;s solo (risas).</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- La novela est&aacute; protagonizada por cuatro mujeres y resulta muy curioso el personaje de la madre, que adopta un rol masculino, de ordeno y mando, a lo Bernarda Alba. Esa mujer, capaz de ejercer la violencia con sus hijas, nos resulta muy chocante ahora mismo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Se trata de una mujer muy autoritaria que se convierte un poco en una especie de &ldquo;pater familias&rdquo;. Es ella, en su rol de padre, quien reconstruye el patriarcado. Es ella la que utiliza el cintur&oacute;n del padre, que las ha abandonado, para pegar a sus hijas. Debo decir que empec&eacute; a escribir la novela antes de la actual ola feminista y que, tal vez, si tuviera que escribirla en este momento me costar&iacute;a m&aacute;s, porque, inevitablemente, me impondr&iacute;a cortapisas, llevado por el ambiente, por las circunstancias. &iquest;Esto es pol&iacute;ticamente correcto o no?, me estar&iacute;a preguntando. Claro que la novela no es pol&iacute;ticamente correcta, porque hay una madre autoritaria que, adem&aacute;s, toma el rol del padre, y est&aacute; Clara, una chica disminuida, que adem&aacute;s es utilizada de una cierta manera picaresca...</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Pero la literatura puede permitirse romper lo pol&iacute;ticamente correcto, &iquest;no? Eso invita a la reflexi&oacute;n. Y tambi&eacute;n es verdad que el patriarcado existe en la medida en que muchas mujeres lo apoyan y lo sostienen. Es un hecho que no se puede ocultar.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Bueno, en la novela es mucho peor, porque se trata de una mujer que reproduce el patriarcado, con lo cual se demuestra, una vez m&aacute;s, que todo es cuesti&oacute;n de poder, m&aacute;s all&aacute; de las diferencias de g&eacute;nero. Quien ostenta el poder, ostenta el patriarcado, ya sea un hombre o una mujer. La novela mostrar&iacute;a, sin pretenderlo &ndash;no era esa mi intenci&oacute;n&ndash; que al final la cuesti&oacute;n es el poder. Y tambi&eacute;n se hace patente que en un mundo degradado los roles tambi&eacute;n se acaban degradando.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;El mundo femenino, y tambi&eacute;n el de la adolescencia, siguen siendo muy atractivos para m&iacute;&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- El territorio femenino siempre le ha interesado mucho.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Debe de ser porque uno nunca termina de conocer a la otra... S&iacute;, el mundo femenino, y tambi&eacute;n el de la adolescencia, siguen siendo muy atractivos para m&iacute;. En <em>El ojo del cielo</em> se da una situaci&oacute;n absolutamente perversa, que consiste en ir hablando yo a trav&eacute;s de cuatro mujeres. Es algo que solo pueden entender los autores literarios, esa sensaci&oacute;n perversa de hablar por la boca de una mujer. La verdad es que me lo pas&eacute; muy bien escribiendo la novela, en parte por ese juego... Y si nos vamos al cine, es verdad que hay protagonistas muy poderosas en mis pel&iacute;culas. Siempre he preferido trabajar con actrices que con actores. Puede haber algo de coqueter&iacute;a, pero lo cierto es que las actrices son mucho m&aacute;s expresivas. Los varones tienen m&aacute;s miedo a expresar sus sentimientos, en cambio cuando trabajas con una actriz es mucho m&aacute;s f&aacute;cil sacarlos a relucir. No les da ninguna verg&uuml;enza.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- La realidad y la sociedad en la que vivimos, se reflejan en esta &uacute;ltima novela. De hecho, como dec&iacute;a antes, ha buscado acentuar el conflicto social.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;, claro, porque por muchas vueltas que le demos a la magia y a los cuentos, al final, sobre todo en el cine, la realidad entra a raudales, lo quieras o no. Y yo eso lo he conservado en las novelas. En E<em>l ojo del cielo</em> est&aacute; el tema de los desahucios, de la emigraci&oacute;n... En el fondo hay algo de la forma narrativa espa&ntilde;ola, que siempre ha aunado el realismo con cierto vuelo de la imaginaci&oacute;n. Es el camino marcado por Cervantes.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">&ldquo;El mundo cambia m&aacute;s deprisa que nuestra capacidad de adaptaci&oacute;n&rdquo;</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Las cuatro protagonistas viven aisladas, no por propia voluntad, mientras alrededor todo est&aacute; saltando por los aires. Los valores est&aacute;n cambiando, el mundo est&aacute; cambiando...</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">-&nbsp; S&iacute;. El mundo cambia m&aacute;s deprisa que nuestra capacidad de adaptaci&oacute;n. Y no cabe duda que eso se percibe ahora de forma m&aacute;s intensa, a causa de los avances de la tecnolog&iacute;a. Por poner un ejemplo muy b&aacute;sico: Cuando uno consigue adaptarse a su m&oacute;vil y llega a conocer todas sus funcionalidades, ya hay una nueva generaci&oacute;n de aparatos que sustituye a la anterior. Hoy d&iacute;a los cambios suceden de forma muy acelerada y eso lo percibimos tambi&eacute;n en el lenguaje. Pensemos por ejemplo en una palabra; proletariado. Hubo un tiempo en que se hablaba mucho del proletariado, unas veces para referirse a esos se&ntilde;ores que ganan poco con su trabajo y otras veces, siguiendo la ideolog&iacute;a marxista, para identificar el rumbo futuro de la humanidad. Ahora ya no hablamos del proletariado sino del precariado y la palabra precario hace referencia a todo lo que estamos hablando, a la escasa duraci&oacute;n de las cosas, de los acontecimientos.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Tambi&eacute;n se refleja en las series, muchos cap&iacute;tulos de corta duraci&oacute;n.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- En efecto. En la evoluci&oacute;n del cine se nota much&iacute;simo. La pel&iacute;cula de hora y media, dos horas, casi ya no existe. Se trataba de un arco narrativo perfecto, con su exposici&oacute;n, su desarrollo y su resoluci&oacute;n final, y casi siempre, en el noventa por ciento de los casos, era una historia de amor, en la que chico y chica se conocen, tienen sus conflictos, sus desavenencias, pero al final se superan, la pareja se une y se termina la pel&iacute;cula con un color&iacute;n colorado se han juntado. Pero ahora esas historias casi no existen, porque las parejas se hacen y se deshacen, porque tambi&eacute;n el amor es precario, como el trabajo. Si nos fijamos, las series de televisi&oacute;n se basan en el adulterio, siempre se est&aacute; cambiando de pareja... No s&eacute; muy bien por qu&eacute; no hay soci&oacute;logos que estudien m&aacute;s la precariedad de los sentimientos, no solo la precariedad del trabajo. Esa precariedad de los sentimientos, que tanto se refleja en las series, es metaf&oacute;rica de nuestras vidas. Las parejas duran tres o cuatro cap&iacute;tulos. Precariedad es una palabra que define nuestra &eacute;poca. Y otro hecho muy interesante es que pocas veces en la historia de la humanidad la narraci&oacute;n ha estado tan presente en nuestras vidas privadas. Antes las novelas se le&iacute;an, las le&iacute;an sobre todo las mujeres, y se hablaba de ellas, pero ahora las series est&aacute;n metidas en nuestra vida, estamos pendientes de ellas todo el tiempo. Lo primero que se mira en un peri&oacute;dico es qu&eacute; novedades hay en lo que respecta a las series preferidas de cada cual.</p>
<p class="normal"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Dej&eacute; el cine cuando fui consciente de que no iba a poder seguir haciendo mis pel&iacute;culas&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- A lo largo de todo el trayecto, tanto en sus pel&iacute;culas como en sus novelas, se han mantenido vivos temas como el de la iniciaci&oacute;n, el descubrimiento del amor, del sexo... Sigue escribiendo sobre ello. Es algo que permanece muy latente, como si, en cierta manera, se hubiera congelado el tiempo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Son temas recurrentes, tal vez porque no sepa escribir o hacer cine de otra cosa. Casi siempre mis personajes son adolescentes o mujeres, porque, de alguna manera, considero que pertenecen al mundo real, pero tambi&eacute;n est&aacute;n fuera de &eacute;l y pueden transformarlo de alg&uacute;n modo, o por lo menos iniciarse o contemplarlo de forma diferente. Pero eso no es voluntario, es algo que me sobreviene. Cuando uno empieza a escribir no tiene claro que vaya a hacer una novela de iniciaci&oacute;n. Eso surge en el proceso. En realidad me ser&iacute;a imposible partir de una reflexi&oacute;n o una ideolog&iacute;a previas. Lo que dices del paso del tiempo es cierto. No se refleja en mi trabajo creativo, siempre vuelvo a los mismos temas. Como te dec&iacute;a, puede que no sea capaz de crear algo diferente y que haya tenido la suerte de dar vueltas sobre lo mismo en mis novelas, donde uno es m&aacute;s libre, pero tambi&eacute;n en el cine, donde interviene mucho m&aacute;s el dinero. Bastantes veces me ha encontrado con gente sorprendida de que fuera capaz de imponer mi mundo, mis temas, pese a las cortapisas de producci&oacute;n. Yo no les dec&iacute;a nada, pero siempre pensaba: &ldquo;es que yo no s&eacute; filmar de otra cosa, no s&eacute; hacer otra cosa...&rdquo; La verdad es que si me pidieran hacer una pel&iacute;cula de encargo de un asunto lejano a mis coordenadas habituales no me saldr&iacute;a. Por eso insisto en que dej&eacute; el cine cuando fui consciente de que no iba a poder seguir haciendo mis pel&iacute;culas, de que no iban a dejarme.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- El tardofranquismo, la Transici&oacute;n, est&aacute;n presentes en su cine. Pienso en aportaciones tan esenciales para conocer aquella &eacute;poca como <em>Camada negra, </em>que trata sobre la pervivencia de grupos fascistas en los &uacute;ltimos coletazos del franquismo, cuando ya se atisbaba el cambio. La censura lleg&oacute; a prohibirla.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;. En el aspecto cultural la Transici&oacute;n me parece una etapa muy interesante, que empez&oacute; mucho antes de la muerte de Franco, porque no cabe duda de que las costumbres fueron las que acabaron socavando el r&eacute;gimen dictatorial. En los a&ntilde;os 60, con la progresiva transformaci&oacute;n de las relaciones de pareja, con la irrupci&oacute;n de la tolerancia sexual, empez&oacute; la ca&iacute;da del fascismo. Pienso que cuando Carrero Blanco ve&iacute;a determinados anuncios con chicas destapadas ya sab&iacute;a que el r&eacute;gimen se estaba derrumbando, pero no porque entrara en escena el comunismo, sino porque llegaba el deseo de las ganas de vivir en libertad. Haber vivido aquella &eacute;poca y haberla podido filmar para m&iacute; fue un privilegio, una experiencia estupenda, &uacute;nica, que no es f&aacute;cil que se vuelva a dar.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;La cultura tiene cada vez menos peso y de alguna manera tiene un cierto desprestigio&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Pese a la represi&oacute;n y la censura que exist&iacute;an entonces, se logr&oacute; hacer un buen cine.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;, porque hab&iacute;a una especie de acuerdo, que ahora se ha destruido, entre el espectador y los cineastas. El cine era un reflejo, simbolizaba lo que la sociedad quer&iacute;a ver, lo que anhelaba. Aquello que en el mundo del partido comunista se llamaba algo as&iacute; como la alianza de las fuerzas del trabajo y de la cultura era verdad. Hoy no. Hoy a los artistas, a los cineastas, a los actores, se les ve como gente que se pone al lado de los pol&iacute;ticos, que vive de las subvenciones, que se aprovecha. Pero en el mundo de la Transici&oacute;n no era as&iacute;. Hab&iacute;a una complicidad muy rica, muy productiva, entre lectores, espectadores y creadores. Esa complicidad con la cultura se quebr&oacute; hace bastante tiempo. Yo lo noto mucho y me hiere esa quiebra. La cultura tiene cada vez menos peso y de alguna manera tiene un cierto desprestigio. Hoy se supone que est&aacute; del lado del poder cuando antes era el contrapoder.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;C&oacute;mo est&aacute; viviendo Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n este momento de regresi&oacute;n en el que nos encontramos, no solo en Espa&ntilde;a, sino a nivel global? Hay una vuelta a la extrema derecha. En nuestro pa&iacute;s en concreto parece que mucha gente ha olvidado lo que fue vivir bajo una dictadura...</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Bueno, la mayor parte de la gente que vive hoy en Espa&ntilde;a, me refiero a los j&oacute;venes, no sufri&oacute; la dictadura ni se hace idea de lo que fue aquello. Y, seguramente, el no haber vivido la lucha por la conquista de las libertades hace que, de alguna manera, no se valoren tanto como las valoramos la gente de mi generaci&oacute;n y otras menos alejadas del r&eacute;gimen franquista. Pero tambi&eacute;n es cierto que se est&aacute;n cometiendo errores y uno de esos errores es utilizar el t&eacute;rmino fascista para casi todo. El fascismo tiene unas caracter&iacute;sticas muy concretas y no se puede etiquetar as&iacute; todo lo que nos molesta, lo que va contra nuestros principios, porque entonces su significado se deteriora. Ahora mismo el mundo populista, ya sea de izquierdas o de derechas, que hay de los dos tipos y que casi siempre es muy insolidario, hipercr&iacute;tico con lo establecido, se est&aacute; imponiendo. La gente cree que, como la socialdemocracia no le ha dado la felicidad, no ha realizado todas sus promesas, no ha sido capaz de transformar la sociedad a la medida de sus deseos, la soluci&oacute;n pasa por ah&iacute;. Y en ese punto se encuentra la amenaza del fascismo. Eso fue lo que pas&oacute; con la Rep&uacute;blica de Weimar. Se vio como una rep&uacute;blica burguesa, incapaz de defender los principios humanistas como deber&iacute;a, de resolver los problemas de clase, de atender a las necesidades de los trabajadores. Todo eso era verdad, pero el estallido en contra acab&oacute; abriendo con facilidad el camino al fascismo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Lo que hay que tener muy claro es que la pol&iacute;tica no nos puede dar la felicidad, que la felicidad es algo que se obtiene a nivel personal&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;Le parece peligroso querer transformar el mundo?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Lo que quiero decir es que lo peligroso es abandonar los principios ilustrados de la cultura y de la libertad, aunque tengan ese aspecto burgu&eacute;s, porque lo que viene puede ser peor. Aunque es un caso diferente, hoy resulta inexplicable, por ejemplo, que en el Brasil que eligi&oacute; a Lula se haya optado por un personaje como Bolsonaro. Es muy dif&iacute;cil de entender. Estamos asistiendo a un movimiento pendular de la Historia que no supone un cambio a mejor sino un viraje de v&eacute;rtigo, que tiene mucho que ver con el derrumbamiento de todas las esperanzas puestas en una revoluci&oacute;n humanista, de todos los prop&oacute;sitos no alcanzados de mejora social. Creo que lo que hay que tener muy claro es que la pol&iacute;tica no nos puede dar la felicidad, que la felicidad es algo que se obtiene a nivel personal.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Suele decirse que la Historia se repite, pero, aunque as&iacute; fuera, &iquest;no deber&iacute;a repetirse con variantes?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Bueno, yo creo que el nazismo o el fascismo a la espa&ntilde;ola no volver&aacute;n tal cual. Volver&aacute;n, pero no de la misma manera, aunque tambi&eacute;n pienso que el fascismo es un bacilo que no muere, que siempre est&aacute; ah&iacute;. Cuando hice <em>Camada negra</em> no quise que fuera una pel&iacute;cula sobre las bandas de ultraderecha que hab&iacute;a en aquel momento en Espa&ntilde;a, aunque aparezcan. Lo que pretend&iacute;a era reflejar la tendencia que siempre existe en el g&eacute;nero humano, la existencia de ese bacilo latente que es el autoritarismo y la destrucci&oacute;n del pr&oacute;jimo. Se trata de una tentaci&oacute;n permanente. Unas veces se logra contener y otras veces sale al exterior y consigue expandirse, como est&aacute; sucediendo ahora. Cuando los valores humanistas se ponen en crisis no cabe duda que surge otra cosa...</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- El azar es algo que tambi&eacute;n est&aacute; muy presente en su obra y en su vida. Siempre ha dicho que iba para escritor o para fil&oacute;sofo y que lleg&oacute; al cine por azar.&nbsp;</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Bueno, eso est&aacute; un poco exagerado.&nbsp; Es cierto que yo iba para escritor y que quise entrar en la Escuela de Periodismo, pero en aquel momento estaba cerrada y eso fue un azar que me llev&oacute; a la Escuela de Cine. Pero si yo hubiera querido de verdad ser periodista, lo hubiera acabado consiguiendo. Por eso pienso que ese episodio de mi vida tan primario est&aacute; un poco exagerado. Simplemente la historia se ha ido repitiendo y se ha quedado ah&iacute;.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;En el cine tambi&eacute;n aprendes el significado de la autoexigencia, algo que hoy la gente tendr&iacute;a que cultivar m&aacute;s&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;Momentos y escenas clave de su etapa como director de cine? Hagamos memoria...</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Pues me tengo que trasladar a los comienzos, a cuando hice <em>Habla mudita</em>, que fue la primera, o <em>Maravillas</em>. Ah&iacute; descubr&iacute; que llegar a la realidad por el cine era algo muy distinto a llegar a la realidad por la literatura. En el cine no solo est&aacute; la creatividad individual sino que hay un mundo de relaciones, con los t&eacute;cnicos, con los actores, que es muy importante. El tocar la vida al trabajar con los int&eacute;rpretes es una experiencia &uacute;nica. Cuando me preguntan si echo de menos el cine, siempre digo que s&iacute;, que claro que lo echo de menos. Cuando trabajas con mucha gente a la vez no solo tienes que ordenarles que hagan tal o cual cosa, sino, de alguna manera, poner en pr&aacute;ctica tu capacidad de seducci&oacute;n para que ejecuten las cosas como t&uacute; quieres hacerlas. Esa s&iacute; es una experiencia &uacute;nica que transforma la realidad, por lo menos tu realidad cercana. Todo eso fue una revelaci&oacute;n que se hizo patente en mis primeras pel&iacute;culas. Entonces percib&iacute; tambi&eacute;n que la creatividad en el cine ocupa solo un peque&ntilde;o tanto por ciento; que el resto tiene que&nbsp; ver con las relaciones personales. Podemos hablar de otra forma de la creatividad, donde la invenci&oacute;n es solo una peque&ntilde;a parte y donde cobra mucha importancia la resistencia f&iacute;sica. En el cine tienes que resistir mucho, porque todo est&aacute; en contra tuya y lo que tienes que hacer es procurar que las circunstancias adversas no te cambien lo que quieres hacer. Eso es decisivo y tambi&eacute;n aprendes el significado de la autoexigencia, algo que hoy la gente tendr&iacute;a que cultivar m&aacute;s, porque uno no puede ser tan exigente con los pol&iacute;ticos si no lo es consigo mismo. Cuando est&aacute;s en medio de un rodaje no puedes echar la culpa a nadie si sale mal una escena porque llueve. Si llueve te aguantas y lo haces de otra manera. Aprendes que si pides cosas a los dem&aacute;s que no te pides a ti mismo no vas por buen camino. La semilla, la chispa, es sin duda lo m&aacute;s importante, y corresponde al director y al guionista, pero una vez que la chispa salta el incendio es colectivo. Tambi&eacute;n puedo decir que hay mucho de t&eacute;cnica, una t&eacute;cnica muy especial que lleva a un director a conseguir que las 40, 50 personas, que conforman su equipo, le sigan. Hay muchos directores europeos que cuando han llegado a Estados Unidos no han podido lograr eso, precisamente porque all&iacute; la maquinaria puede destrozar a la persona. Es una prueba magn&iacute;fica para saber si eres un buen director de cine. Como te dec&iacute;a, la creatividad se trae de casa y despu&eacute;s est&aacute; el poder de seducci&oacute;n, de fascinaci&oacute;n, con las dem&aacute;s personas que participan en un rodaje. Nada que ver con la literatura, donde tienes margen y tiempo para desarrollar tu trabajo en solitario.</p>
<p class="normal"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Me descubr&iacute; a m&iacute; mismo con mis primeros trabajos, que no ser&aacute;n los mejores, pero s&iacute;, seguramente, los m&aacute;s sinceros&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- A alguien que no conozca la filmograf&iacute;a de Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n, &iquest;por qu&eacute; pel&iacute;cula le indicar&iacute;a que empezara?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Pues de nuevo vuelvo a las primeras. Son esenciales, porque es ah&iacute; donde te acabas descubriendo a ti mismo. Recuerdo, por ejemplo, que Jos&eacute; Luis L&oacute;pez V&aacute;zquez, que cuando hizo <em>Habla mudita</em> era ya un actor muy conocido y muy buscado, me dijo: &ldquo;&iquest;y t&uacute; qu&eacute; tal director eres?&rdquo; Y yo le contest&eacute;: <em>&ldquo;Pues vamos a descubrirlo ahora&rdquo;</em>. Uno va sabiendo la clase de director que es mientras hace la pel&iacute;cula, y yo&nbsp; me descubr&iacute; a m&iacute; mismo con mis primeros trabajos, que no ser&aacute;n los mejores, pero s&iacute;, seguramente, los m&aacute;s sinceros.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Tambi&eacute;n son sus favoritas?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- No. No tengo favoritas. Yo nunca vuelvo a ver mis pel&iacute;culas ni a leer mis novelas. No guardo papeles para la posteridad, ni cr&iacute;ticas, ni nada. Cuando me piden alguna fotograf&iacute;a de rodajes o guiones, me da mucha verg&uuml;enza porque no conservo nada.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Y relaciones, encuentros importantes?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Bueno, en el cine no cabe duda que el trabajo con los dem&aacute;s crea relaciones muy profundas. Una pel&iacute;cula es como una vida en peque&ntilde;o. Naces en la pel&iacute;cula, te desarrollas, te enamoras, juras amor para siempre y cuando se termina la pel&iacute;cula, se termina todo. S&iacute;, cada pel&iacute;cula es una peque&ntilde;a vida.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;El director con el que me siento m&aacute;s identificado es Jean Renoir&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;Directores admirados, inspiradores?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Pienso que el director con el que me siento m&aacute;s identificado es Jean Renoir. Lo descubr&iacute; tarde, cuando ya hab&iacute;a hecho mi primera pel&iacute;cula, pero me atrajo su cine, sugerente e imperfecto. Es lo que m&aacute;s se acerca a mi idea del cine. Y tambi&eacute;n est&aacute; John Ford, un poco criticado en una &eacute;poca por su aspecto de facha y dem&aacute;s. Pero no puedo decir que ninguno de los dos me influyera. Hay tanta diferencia de un pa&iacute;s a otro y de un sistema de producci&oacute;n a otro... Una producci&oacute;n americana y una espa&ntilde;ola son tan lejanas... Me puede influir en literatura Flaubert, porque solo estamos &eacute;l y yo, pero una cinematograf&iacute;a tiene tantas mediaciones que me parece imposible que llegue a calar hasta el punto de afectar al modo de trabajar de un director. En mi caso no ha sucedido, lo veo imposible.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Y directores espa&ntilde;oles?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Cuando empec&eacute; hab&iacute;a dos directores a los que nos remit&iacute;amos siempre y que personificaban los dos lados del cine: Bardem, que era el realista, el drama, y Berlanga, que representaba un poco la comedia rosa y luego la negra. Eran, sin duda, los directores de mi &eacute;poca. Nos acerc&aacute;bamos a ellos, los tom&aacute;bamos como referencia, y, con la misma fuerza, los critic&aacute;bamos.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Bu&ntilde;uel empieza y termina en Bu&ntilde;uel&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;Y Bu&ntilde;uel?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- A Bu&ntilde;uel le descubrimos muy tarde. Ten en cuenta que sus pel&iacute;culas no se pon&iacute;an en Espa&ntilde;a. Las ve&iacute;as en Par&iacute;s. Bu&ntilde;uel influy&oacute; much&iacute;simo en el cine latinoamericano, aqu&iacute; no tanto... El suyo es, adem&aacute;s, un cine inimitable. Bu&ntilde;uel empieza y termina en Bu&ntilde;uel, como Picasso empieza y termina en Picasso. Si imitas a Bu&ntilde;uel, enseguida se nota que le has imitado. Y esto me lleva a la idea de que, en realidad, donde se aprende de verdad a hacer cine es en las pel&iacute;culas malas. Ah&iacute; es donde ves lo que no se debe hacer. A los directores buenos los puedes admirar, pero poco m&aacute;s.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Echo de menos la belleza pl&aacute;stica que lograron algunos cineastas como Jean Renoir, Visconti o Ford&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Si empezase a hacer cine ahora, supongo que le gustar&iacute;a probar con una serie de televisi&oacute;n.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Si pudiera hacer una serie yo solo, seis cap&iacute;tulos, ocho, diez, s&iacute;... porque m&aacute;s all&aacute; de eso el peso creativo recae en los guionistas, que son los que dan continuidad a una serie. El director ah&iacute; lo &uacute;nico que puede hacer es marcar una l&iacute;nea que pueda seguir quien le sustituya. Tiene un margen para la creatividad muy peque&ntilde;o. Es la venganza del guionista, que siempre fue el m&aacute;s perjudicado en el cine, pero que ahora es quien manda en las series, porque es el que tiene la llave de la historia. En este caso, el director es m&aacute;s bien un guardia urbano que va ordenando por donde entran y salen los actores de cuadro. Ahora el cine m&aacute;s interesante se hace en las series, eso est&aacute; claro, aunque yo echo de menos la belleza pl&aacute;stica que lograron algunos cineastas como Jean Renoir, Visconti o Ford, quienes trasladaron su personalidad a la pl&aacute;stica, a las im&aacute;genes, de su cine. En una serie eso es un poco m&aacute;s dif&iacute;cil, pero tambi&eacute;n se est&aacute; cambiando en este aspecto. Podemos hablar de <em>Twin Peaks,</em> donde s&iacute; hay una personalidad detr&aacute;s de la serie, pero no vamos a estar siempre haciendo referencia a lo mismo. La belleza pl&aacute;stica de un Antonioni todav&iacute;a no se ha logrado en las series.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Volvamos al principio de la conversaci&oacute;n, a la infancia, a las primeras lecturas...</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Pues te vuelvo a repetir mi fascinaci&oacute;n por los cuentos contenidos en&nbsp; esa maravillosa colecci&oacute;n que se llamaba &ldquo;El tesoro de la juventud&rdquo;. Recuerdo que me la regalaron mis t&iacute;os-abuelos. Era de origen&nbsp; anglosaj&oacute;n, pero estaba traducida al espa&ntilde;ol y circulaba mucho por Latinoam&eacute;rica. Los relatos eran lecturas recurrentes, circulares, para m&iacute;, y como eran muchos tomos, cuando llegabas al tomo nueve pod&iacute;as empezar otra vez por el primero, porque los anteriores ya se te hab&iacute;an olvidado. Fuera de ah&iacute;, m&aacute;s adelante, recuerdo como autores de referencia a nuestros cl&aacute;sicos: Unamuno, Baroja, Gald&oacute;s.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Don Quijote lo que quer&iacute;a era inventarse otra vida&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Cervantes es importante en la trayectoria de Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n. Ha llevado el <em>Quijote </em>a la televisi&oacute;n y al cine.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Yo empec&eacute; muy pronto con Cervantes, hasta tal punto que mi familia me miraba como un chico raro. &ldquo;&iquest;A este ni&ntilde;o porque le ha dado tanto por Cervantes?&rdquo;, se preguntaban. Y yo en vez de dedicarme a ocultar las novelas de Julio Verne, como otros chicos, por poner un ejemplo, ten&iacute;a que decir que Cervantes era una cosa escolar. Para m&iacute; se trataba de un mundo enormemente sugerente, un mundo de aventuras, la historia de una persona que se iba de casa, porque no soportaba a su familia. Ahora se habla mucho de que don Quijote era un defensor de la justicia y un caballero que quer&iacute;a restaurar el orden antiguo del mundo, pero de eso nada. Este lo que quer&iacute;a era marcharse de casa, inventarse otra vida.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;No soy un director para todo&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;Otras adaptaciones de obras literarias que le hubiera gustado hacer?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">-&nbsp; Antes comentaba que solo he hecho aquellas pel&iacute;culas que sab&iacute;a hacer y, generalmente, he sabido hacer las pel&iacute;culas que a m&iacute; se me hab&iacute;an ocurrido. No soy un director para todo, por lo que no podr&iacute;a decir que me hubiera gustado hacer esta pel&iacute;cula o adaptar tal novela. Las pocas veces que he intentado adaptar una novela, que han sido varias, he sufrido un encontronazo, porque al final siempre empezaba a escribir mi propia historia, no la de la novela en la que ten&iacute;a que basarme. En este sentido, la m&iacute;a ha sido siempre una historia de desencuentros, excepto con el <em>Quijote.</em> Tal vez ha sido por la lejan&iacute;a en el tiempo y porque siempre me he sentido muy cercano a la manera de concebir la literatura de Cervantes, a su realismo sin fronteras, al vuelo tan especial de su lenguaje.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Autores a los que vuelve una y otra vez?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Pienso que para m&iacute; la filosof&iacute;a de Ortega fue una referencia importante, que tambi&eacute;n me lleg&oacute; muy pronto, y tambi&eacute;n debo citar a Azor&iacute;n, con quien tengo una relaci&oacute;n rara, porque siempre me ha resultado hipn&oacute;tico y al mismo tiempo me produce una sensaci&oacute;n como de vac&iacute;o absoluto. Dicho esto, como le pasa toda la gente mayor, ahora, en vez de descubrir libros y autores nuevos, me da por releer a Gald&oacute;s. Siempre podr&iacute;a estar uno releyendo <em>Los episodios nacionales</em>.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Por lo que veo sus fuentes est&aacute;n fundamentalmente en la literatura espa&ntilde;ola...</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Pero tambi&eacute;n est&aacute; la novela inglesa del XIX: Dickens, Stevenson... Se trata de autores cruciales, porque de alguna manera nos ense&ntilde;aron los artilugios narrativos para tirar del inter&eacute;s del lector. Evidentemente Gald&oacute;s, Unamuno o Baroja eran unos mundos completos, muy sugerentes, pero lo que es t&eacute;cnica narrativa se aprend&iacute;a en los anglosajones; tambi&eacute;n para el cine, por supuesto. Los mejores guiones son el tipo de novela inglesa de las hermanas Bronte o de Jane Eyre. Ah&iacute; se encuentra la progresi&oacute;n narrativa de la que bebe el cine. Un guionista tendr&iacute;a que leer a Dickens, que es quien sabe contar. Sus aportaciones son fundamentales en cuanto a la t&eacute;cnica. Lo dem&aacute;s ya es otra cosa.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Lo que es otro mundo de verdad es el cine&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Una &uacute;ltima pregunta, &iquest;tanto a trav&eacute;s de la literatura como del cine, lo que ha hecho Manuel Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n ha sido intentar crear, asomarse a otros mundos? &iquest;No es ese uno de los sentidos de toda creaci&oacute;n?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Lo que es otro mundo de verdad, lo que es otra vida, es el cine. Ya s&eacute; que insisto mucho en esto, pero cuando te vas a rodar cae un tel&oacute;n sobre tu vida privada y empiezas otra vida que dura uno o m&aacute;s meses. Entonces todo lo dem&aacute;s, todo tipo de relaciones que no sean las que entablas con la gente de tu pel&iacute;cula, queda fuera. Eso s&iacute; que es un cambio existencial, no solo intelectual. Cuando est&aacute;s escribiendo una novela eso no sucede tanto, porque entras y sales, lo dejas y lo retomas. La novela es una cosa de ratos. No tienes esa experiencia tan intensa. En el cine parar es imposible, son 24 horas muy apresuradas cada d&iacute;a, hasta que termina la pel&iacute;cula. Es como irse a la guerra. Cuando te vas a la guerra te olvidas hasta de tu suegra...</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Cuando termina un rodaje debe ser complicado volver al mundo real.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Entonces es muy frecuente que te pongas enfermo. Te entra la gripe, o te dan dolores de muela o algo as&iacute;. La vuelta a la realidad cotidiana es un encontronazo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">La entrevista concluye. Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n avanza lentamente por el hall del hotel con su abrigo oscuro... Ahora, antes de poner el punto final a este texto, recreo la imagen y sigo fantaseando con el ni&ntilde;o que se invent&oacute; una familia de cine. &iquest;Atraviesa tambi&eacute;n el ni&ntilde;o la puerta giratoria? Una frase de <em>El ojo del cielo </em>vuelve a m&iacute;: &ldquo;Hay que salir a tiempo de las historias, si no ser&iacute;an como la vida&rdquo;.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 25 Mar 2019 06:45:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Eduardo Martínez de Pisón: "El paisaje es un grado de civilización"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/eduardo-martinez-de-pison-el-paisaje-es-un-grado-de-civilizacion/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2019/EDUARDO_MART_NEZ_DE_PIS_N.jpg" alt="" /></p>
<p>En un momento de la Historia, los pintores dejaron de retratar santos, papas y reyes y se pusieron con la monta&ntilde;a. No eran ya pinturas basadas en testimonios encuadernados ni caracterizadas por atributos de poder mundano con af&aacute;n divino, sino tomadas de la descripci&oacute;n que facilitaba el paisaje. Daba igual idealizarlo porque las monta&ntilde;as, todas, acaban por ser una, aunque presenten rasgos distintos y el sol amanezca, seg&uacute;n Her&aacute;clito, nuevo cada d&iacute;a. La filosof&iacute;a naci&oacute; en verso y orientada a la naturaleza. Todo est&aacute; lleno de Ser, que, si hacemos caso a Parm&eacute;nides, es uno y continuo. Y una y continua es la monta&ntilde;a, que sirve como objeto de contemplaci&oacute;n y como elemento desde el que contemplarlo todo, incluso desde el que contemplarse. Sol&oacute;n dijo que la palabra era como el espejo de la acci&oacute;n, y aqu&iacute; est&aacute; para confirmarlo Eduardo Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n. La monta&ntilde;a, para &eacute;l, es un familiar al que no visita porque nunca abandona. Y, como persona de acci&oacute;n y pensamiento, ora se remanga por que los espacios protegidos aumenten, ora medita cu&aacute;nto de c&oacute;smico hay y cu&aacute;nto de humano en el cambio clim&aacute;tico. Sus certezas, pocas pero firmes. La monta&ntilde;a le obliga a la humildad. &ldquo;No eres nada a su lado. Un insecto. Te puede llevar por delante una r&aacute;faga de viento igual que a una piedra. La monta&ntilde;a es indiferente a tu existencia. Las rocas te miran, insensibles, desde el poder&iacute;o de su edad: trescientos millones de a&ntilde;os, una cifra que supera lo imaginable&rdquo;. Lo importante es c&oacute;mo te muestras ante ella. La disposici&oacute;n. La monta&ntilde;a eres t&uacute;. Y volvemos al mundo presocr&aacute;tico.</p>
<p>Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n estudi&oacute; Geograf&iacute;a Urbana, pero es especialista en la F&iacute;sica. Ha trabajado para la Unesco, investigado la Ant&aacute;rtida y sido profesor en varias universidades. Del alpinismo ha hecho su raz&oacute;n de estar en el planeta, y ha ascendido todo lo que es ascendible. Tras una vida enfangado en el an&aacute;lisis t&eacute;cnico, estudiando cortes geol&oacute;gicos y morfoestructuras, ha emprendido la escritura de ensayos en los que aborda cultural y art&iacute;sticamente la monta&ntilde;a. <em>La Tierra de Jules Verne</em> (2014), <em>La monta&ntilde;a y el arte</em> (2017) y <em>Viajes al centro de la Tierra</em> (2018). Antes, la hab&iacute;a observado con ojos de raz&oacute;n para hacerla inteligible y poderla explicar a sus alumnos. Est&aacute; convencido de que si proyectas sobre ella una mirada mercantil, se volver&aacute; pragm&aacute;tica; y si proyectas una mirada po&eacute;tica, se volver&aacute; sublime. A sus ochenta y dos a&ntilde;os, algunas dudas se han convertido en glaciares. Imperecederos.</p>
<p>- El conjunto, &iquest;est&aacute; preparado para entenderla?</p>
<p>- No lo s&eacute;. Yo veo muchas veces a gente en grupo, cantando, y hasta gritando. El motivo es su falta de costumbre al silencio. No puede con &eacute;l. Y chilla para vencer la opresi&oacute;n que le produce. Por el contrario, el habituado lo que busca es ese silencio, reconocerse en la impasibilidad del roquedo, transcurrir &eacute;l mismo dentro del paisaje. Obtener un placer lo m&aacute;s planetario posible.</p>
<p>- &iquest;El miedo a la monta&ntilde;a tiene que ver con el miedo a la soledad?</p>
<p>- El miedo a la soledad viene del temor a lo remoto, y lo remoto es muy importante: conforme te adentras en la monta&ntilde;a, te alejas del lugar base, del &uacute;ltimo pueblo, del coche. Sabes que la vuelta se estira, que todo se va complicando a la espalda: los arroyos, el paraje escarpado que dejas atr&aacute;s... Eso produce un temor combatible a base de h&aacute;bito. En el campo pasa lo mismo: llega un ajeno y no distingue ni las nubes. La experiencia se adquiere con la frecuentaci&oacute;n, pero tambi&eacute;n se transmite: de padres a hijos, en clubes, o entre amigos. Siempre hay un veterano que introduce al que llega.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El cambio clim&aacute;tico reconfigura el paisaje&rdquo;</strong></p>
<p>El planeta tambi&eacute;n es acogedor. En verano, hay riachuelos que cantan, lagos en que se reflejan montes y praderas llenas de fronda. En la actualidad, se encuentra acosado por el gran tema de nuestro tiempo: el cambio clim&aacute;tico, no siempre explicado desde la objetividad. &ldquo;Todo indica que el hombre es causante de poluci&oacute;n atmosf&eacute;rica y de elementos nocivos para la estabilidad. Lo cual es compatible con la evidencia de que el clima, por su cuenta, va cambiando. Lo ha hecho a lo largo de milenios. Y entre esos cambios, atravesamos uno&rdquo;. M&aacute;s que un fen&oacute;meno planetario, parece entonces un fen&oacute;meno universal. Y es el mayor reto que afronta la monta&ntilde;a. El cambio clim&aacute;tico es, en realidad, un cambio de paisaje. Los glaciares se repliegan de forma alarmante. &ldquo;Si retrocede un kil&oacute;metro uno que tiene cuarenta, apenas se nota. Pero si retrocede un kil&oacute;metro uno que es peque&ntilde;o, como los del Pirineo, desaparece&rdquo;. As&iacute;, perdemos elementos constituyentes de la geograf&iacute;a. &ldquo;Como si derriban el edificio del Prado&rdquo;.</p>
<p>- El cambio, &iquest;desfigura el paisaje?</p>
<p>- Lo reconfigura.</p>
<p>- Usted ha llorado al dejar de ver glaciares queridos, pero no parece alarmista.</p>
<p>- La alta monta&ntilde;a vira de un mundo helado a otro roquero. En los &uacute;ltimos diez mil a&ntilde;os -que es el ciclo posglaciar en t&eacute;rminos geol&oacute;gicos- el planeta ha sufrido, de media, un vaiv&eacute;n cada mil. En esos vaivenes ha habido avances glaciares y retrocesos. Que se produzcan en nuestra &eacute;poca, llamada Holoceno, es relativamente esperable. El &uacute;ltimo de gran resonancia, signific&oacute; en Los Alpes una Peque&ntilde;a Edad del Hielo: empez&oacute; hacia 1600, aproximadamente, y termin&oacute; hacia 1860, aproximadamente tambi&eacute;n. En otros sitios, lo mismo. Es decir, antes de ayer: desde comienzos del XVII, o finales del XVI, hasta mediados del XIX. En esa fase, hubo un avance generalizado de todos los hielos de la Tierra: desde la Ant&aacute;rtida al Pirineo, pasando por los Alpes, el &Aacute;rtico y el Ecuador. Esto ces&oacute; hacia 1860. Unos lo atribuyen a causas naturales y otros, a la contaminaci&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>- Esta &uacute;ltima oscilaci&oacute;n, pues, &iquest;cabr&iacute;a responder a causas geoclim&aacute;ticas?</p>
<p>- La aceleraci&oacute;n en el retroceso glaciar es evidente. El origen, discutido. Puede estar en razones de tipo c&oacute;smico o en razones de tipo hist&oacute;rico derivadas de la Revoluci&oacute;n Industrial.</p>
<p>- &iquest;O en una mezcla?</p>
<p>- O en una mezcla. Si somos serios, es muy dif&iacute;cil medir la responsabilidad. Hay sospechas de que el hombre pueda ser el causante.</p>
<p>- Sospechas.</p>
<p>- No pasan de ah&iacute;. Hubo situaciones parecidas en la &eacute;poca romana y en el Neol&iacute;tico, hace cinco mil a&ntilde;os. &Eacute;sas, evidentemente, no las pudo causar. Tenemos suficientes fluctuaciones a lo largo del tiempo. Hay que pensar en el continuo hist&oacute;rico: hasta el siglo XVIII no volvieron los glaciares, que ahora decrecen. Entonces aumentaron de un modo no catastr&oacute;fico &ndash;no produjo da&ntilde;os derivados-, pero s&iacute; m&aacute;s que constatable.</p>
<p>- Y eso alter&oacute; el paisaje.</p>
<p>- El de la alta monta&ntilde;a.</p>
<p>- Condicionando la vida.</p>
<p>- En la medida en que se perdieron los pastos de altura. Hubo que abandonar majadas y zonas de cultivo. Todas se helaron. Ciertos puertos dejaron de ser transitables y ciertos valles quedaron aislados. Fue un descenso de temperaturas integral. Las corrientes atmosf&eacute;ricas modificaron el asentamiento de las precipitaciones. Es decir, todo cambi&oacute;. Y las consecuencias se notaron no s&oacute;lo en zonas glaciares, sino, por ejemplo, en Valencia: el Turia estuvo helado. Las secuelas socioecon&oacute;micas fueron considerables y expandidas.</p>
<p>- Y ahora estar&iacute;amos ante unas consecuencias opuestas.</p>
<p>- Las de ahora ser&iacute;an similares a las del Neol&iacute;tico, entonces lejos de causas antr&oacute;picas.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;La respuesta humana frente al cambio clim&aacute;tico hay que esperarla a trav&eacute;s de la cultura y de la educaci&oacute;n. Ellas deben llevarnos a la responsabilidad&rdquo;.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Conf&iacute;a en la respuesta humana, por lo que he le&iacute;do.</p>
<p>- La respuesta humana hay que esperarla a trav&eacute;s de la cultura y de la educaci&oacute;n. Ellas deben llevarnos a la responsabilidad. Tres cosas que a veces no llegan.</p>
<p>- Que sea hoy tan diferente la vida a la del Neol&iacute;tico, &iquest;favorece la respuesta o nos deja m&aacute;s a la intemperie?</p>
<p>- Ambas cosas. Por un lado, existe m&aacute;s poblaci&oacute;n, hemos llegado a m&aacute;s sitios; y hemos organizado nuestra vida tecnol&oacute;gicamente. Depender de la electricidad, y de internet, nos vuelve m&aacute;s fr&aacute;giles de lo que parece. Pero, al mismo tiempo, ello nos caracteriza como una sociedad muy avanzada. Conocemos cient&iacute;ficamente el entorno. Nuestra mirada no es m&aacute;gica. Disponemos de elementos razonables de control y hemos demostrado que sabemos ser eficaces. Con muchas m&aacute;s personas afectadas potencialmente, eso s&iacute;. La poblaci&oacute;n neol&iacute;tica era escasa en la pen&iacute;nsula y en cualquier otro punto de la Tierra. Madrid, Par&iacute;s, Londres&hellip; no <em>exist&iacute;an</em>. Y si decidimos no poner remedio, tendremos que resetear. Y aun poni&eacute;ndolo. Es m&aacute;s que posible que muchos puertos e islas acaben inundados.</p>
<p>&ldquo;La esperanza es el &uacute;nico bien com&uacute;n a todos los hombres&rdquo;, dijo Tales de Mileto. El futuro de Venecia depender&aacute; de hacia d&oacute;nde vaya la naturaleza y de c&oacute;mo respondamos nosotros. &ldquo;Depender&aacute; del dinero que estemos dispuestos a entregar para conservar las calidades naturales y las urbanas. Capacidad t&eacute;cnica existe para reconvenir la tendencia natural, pero requiere de inversiones ingentes&rdquo;. Los P&oacute;lder pintan peor. &ldquo;El norte de B&eacute;lgica y el de Holanda atraviesan un problema grave. Es grave ya, en este momento. Se metieron en el mar -con un coste elevado tambi&eacute;n-, y ahora el agua reclama su antiguo espacio&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El hombre ha avanzado siempre a costa de la naturaleza&rdquo;</strong></p>
<p>- Ganar terreno al mar no es una tendencia reciente.</p>
<p>- Claro que no. Empez&oacute; en el siglo XII. Pensamos que todo lo hemos invadido en los &uacute;ltimos cien a&ntilde;os. Y no. El hombre ha avanzado siempre a costa la naturaleza. Le ha convenido. Pero hay cambios clim&aacute;ticos.</p>
<p>- Creo que est&aacute;n midiendo el hundimiento d&iacute;a a d&iacute;a.</p>
<p>- D&iacute;a a d&iacute;a. El mar anda ya golpeando las dunas, que no oponen resistencia a su embate. Otro problema: la presencia humana en la raya misma del mar. El riesgo ser&iacute;a menor si los asentamientos estuvieran lejos o las personas optaran por marcharse. Es como la man&iacute;a de meterse en los barrancos, en los torrentes&hellip;</p>
<p>- Eso es ya temeridad.</p>
<p>- Una temeridad derivada de la codicia. Porque si te defiendes de la naturaleza, o te lanzas a ella para vivir mejor dentro de lo razonable, no pasa nada. El conflicto nace de buscar solares sin otro objetivo que su venta, promoviendo nueva construcci&oacute;n. Se ve en la monta&ntilde;a. Nadie se hab&iacute;a internado en ella. Hab&iacute;a riadas y nada pasaba. Ahora vemos casas, con gente dentro, en zonas inundables o en cursos de los que se apropia el agua cuando se desborda. Hay una trastienda urban&iacute;stica. El hombre se mete donde no debe. Por dinero. Pasa lo mismo cerca de los volcanes. &iquest;Y si entran en erupci&oacute;n? Tambi&eacute;n es verdad que hay helic&oacute;pteros y es posible evacuar a la gente por aire. Pero, &iquest;hemos pensado que en Canarias puede haber una erupci&oacute;n cualquier d&iacute;a? El valle de la Orotava est&aacute; lleno de casas.</p>
<p>- La alta monta&ntilde;a, afortunadamente, estar&aacute; a salvo.</p>
<p>- Si le digo que hay atascos en las cumbres del Everest y del Aneto, &iquest;c&oacute;mo se queda? Se empiezan a saturar igual que las carreteras. Y la posibilidad de accidente aumenta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El turismo es, como casi toda la industria, insaciable&rdquo;</strong></p>
<p>- El turismo.</p>
<p>- El turismo es, como casi toda industria, insaciable. Ha extendido su sombra por los rincones y el &uacute;ltimo al que ha llegado es la monta&ntilde;a, alcanzando hasta la cumbre. Subir al Everest ha pasado de ser una aventura a un reclamo comercial. Las famosas expediciones. Adi&oacute;s al componente heroico. Los consumidores pagan grandes cantidades y los gobiernos de Nepal y de China cobran <em>royalties</em>. &iquest;Resultado?: caravanas que llegan al escal&oacute;n Hillary. Y chocan. Como en la boca del metro. Ni entran ni salen. En la cima del Aneto hab&iacute;a este verano atascos de una hora. Entre el glaciar y la cumbre, en la arista afilada del Puente de Mahoma. Es un lugar estrecho, s&oacute;lo accesible practicado de uno en uno, hay que trepar con cuidado porque el abismo es fuerte. &iexcl;Pues all&iacute; te encuentras turistas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Tenemos estaciones de metro en las cumbres de los picos. &iexcl;Eso no puede ser!&rdquo;</strong></p>
<p>- Muchas veces habr&aacute; estado solo.</p>
<p>- Siempre. Absolutamente solo. Pues ahora parece el metro de Callao. Tenemos estaciones de metro en las cumbres de los picos. &iexcl;Eso no puede ser!</p>
<p>- El turismo, por s&iacute; solo, no va a frenar.</p>
<p>- Por eso hay que regularlo. A una demanda insaciable hay que oponer una oferta razonable. El Aneto es un Parque Natural y el Everest est&aacute; en uno Nacional, el de Sagarmatha. Las autoridades han de plantear condiciones de acceso. No hay otra. Igual que en un auditorio no es permisible la entrada de millones a escuchar a Bach. Hay cosas que no se deben dejar al capricho o a planteamientos economicistas. En eso soy tajante. Y hablando de parques naturales, m&aacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El deporte en la monta&ntilde;a, y aleda&ntilde;os, es un estorbo&rdquo;</strong></p>
<p>- Derivado de esto, me interesa su mirada cr&iacute;tica hacia el deporte. Usted defiende el imaginario figurativo de la monta&ntilde;a, el bagaje cultural. &iquest;No hay mucho dominguero que la frecuenta? Pensemos en el atletismo.</p>
<p>- El atletismo se ejercitaba en canchas y la bicicleta, en vel&oacute;dromos. Saltaron a la ciudad, a los parques, luego a la carretera y m&aacute;s tarde a los caminos. Al final han llegado a la monta&ntilde;a. La usan como vel&oacute;dromo rugoso o cancha con pendientes. Pero son deportes de pista. Yo me cruzo por Guadarrama, a veces, con grupos de trescientas personas y me tengo que apartar como el que ve una manada de b&uacute;falos. Pasa la estampida y regresa la paz. Pero no han dejado ni un p&aacute;jaro. Es la Carga de la Brigada Ligera.</p>
<p>- &iquest;Falta de cultura?</p>
<p>- O falta de reflexi&oacute;n, que es parecido. Hay que darse cuenta de que la naturaleza, siempre que ella no diga lo contrario, significa sosiego. De que la naturaleza es <em>lo suyo</em>, no <em>lo tuyo</em>. De que en los sitios alejados hay que dejarla ser, no hay que estorbar. Y el deporte en la monta&ntilde;a, y aleda&ntilde;os, es un estorbo. Ahora hay bicicletas electrificadas para se&ntilde;oritos. &iquest;Qu&eacute; tiene que ver eso con el paseo? Hay que poner un pie delante de otro, exactamente igual que la cabra, el perro y la vaca -&iexcl;las vacas no van en bicicleta!-. Hay que ir callado y no generar erosi&oacute;n. Lo dem&aacute;s perturba el escenario y el coloquio que mantiene consigo.</p>
<p>- &iquest;Y no perturba tambi&eacute;n la moda del senderismo, aparentemente inocua, alentada desde los medios de comunicaci&oacute;n? Yo no la veo tan asociada a la naturaleza. Veo, m&aacute;s que amor por el paisaje, estr&eacute;s urbano.</p>
<p>- Se da en el Camino de Santiago. Van a paso ligero. Casi en tensi&oacute;n. Yo, que emprendo los senderos generalmente en sentido opuesto, me encuentro a gente que sale a quemar etapas o en busca de un sello en la credencial. Son personas que no se detienen ante un abedul, ante una playa. En un pueblo. Es como acudir a un museo con el siguiente planteamiento: &lsquo;A ver cu&aacute;ntas salas me hago en un minuto&rsquo;. O en treinta. Y pasan delante de Goya. Tal es el beneficio que obtienen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El favor de la naturaleza lo tienes que ganar. Regalado o comprado, no funciona&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Corriendo o andando.</p>
<p>- Andando es exactamente lo mismo. El comportamiento se industrializa. Se convierte en turismo. &iquest;Fin de semana? A salir. La cosa cambia actuando por voluntad propia, o desde el esfuerzo, o fruto de una organizaci&oacute;n mental determinada. Ah&iacute;, s&iacute;, consigues lo m&aacute;s con lo menos. El favor de la naturaleza te lo tienes que ganar. Regalado y comprado, no funciona. Todo lo bueno, desde el amor a lo que quieras, hay que ganarlo. Requiere de una entrega &iacute;ntima y de un esp&iacute;ritu de adaptaci&oacute;n a aquello que existe. Por el conocimiento se llega a la admiraci&oacute;n y por la admiraci&oacute;n, al respeto. Es una labor educativa en la que interfieren vendedores de ropa, de bicicletas, los de las estaciones de esqu&iacute;, preocupados en colocar <em>forfaits</em>&hellip;</p>
<p>- La gastronom&iacute;a, alentada por gobiernos regionales.</p>
<p>- &iexcl;Por descontado! Entonces, en la naturaleza intervienen agentes externos. La ense&ntilde;anza no tiene que ver con el comercio. Yo he sido profesor toda la vida. Y ense&ntilde;ar y educar no van por separado. Dices: &lsquo;Esta planta es una <em>spermatophyta</em> del Dev&oacute;nico&hellip;&rsquo;, y, sin querer, educas. Porque est&aacute;s dando a <em>conocer</em>. Y surge la cadena: conocer-admirar-respetar&hellip; a esa planta. El fabricante de bicis el&eacute;ctricas, o de monta&ntilde;a, usa el reclamo del bosque para su negocio.</p>
<p>- Turismo camuflado de afecto por la naturaleza.</p>
<p>- El vendedor se camufla porque la naturaleza tiene buena prensa. Y se va generando, alrededor del monte, una econom&iacute;a.</p>
<p>- Las empresas fundaron departamentos de Responsabilidad Corporativa.</p>
<p>- Igual esos departamentos tienen algo positivo. Que existan es elocuente. Pero se trata de no actuar con intermediarios que poseen intereses econ&oacute;micos. Hay que domesticar la realidad, cada d&iacute;a surge una cosa nueva. Ahora, patines por las aceras.</p>
<p>- Muchos anuncios automovil&iacute;sticos se localizan en parajes ideales.</p>
<p>- La monta&ntilde;a queda mejor que un atasco. Se sirven de la naturaleza e invitan a consumirla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Hay que defender la naturaleza como medio de vida profundo y espiritual&rdquo;</strong></p>
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<p>- Los autom&oacute;viles llevan a aparcamientos desde los que acometer la subida m&aacute;s pl&aacute;cida.</p>
<p>- Y progresivamente el entorno se urbaniza. Es una red sobre el terreno. Urbanizar lo rural no quiere decir levantar ciudades, sino permitir caracter&iacute;sticas que lo reconvierten. Hay que defender la naturaleza como medio de vida profundo y espiritual. No de existencia. Ni para sobrevivir. Y, menos, para la obtenci&oacute;n de dinero.</p>
<p>- M&aacute;s perversidades: conciertos de rock desarrollados cada verano en Hoyos del Espino. Lo llaman M&uacute;sicos en la Naturaleza y meten a doce mil personas.</p>
<p>- El concierto es desacertado y meter a doce mil, tambi&eacute;n. Se apagan los sonidos de la naturaleza. &iquest;Qu&eacute; experiencia va a haber? &iquest;Un bosque como tel&oacute;n de fondo? Qu&eacute; bonito, &iquest;eh?</p>
<p>- Tragic&oacute;mico.</p>
<p>- Los genios de la monta&ntilde;a huyen, los gnomos los primeros. Y si no tienen donde ir &ndash;porque a veces El Desprop&oacute;sito llega a la cumbre misma-, mueren. <em>Todas las hadas est&aacute;n muertas</em>&hellip; podr&iacute;a ser el t&iacute;tulo de un libro. No parece que haya f&aacute;cil soluci&oacute;n. En otros pa&iacute;ses intentan poner m&aacute;s remedio. Aunque los remedios&hellip;</p>
<p>- Como los parches, son intervenciones.</p>
<p>- S&iacute;, puedes decir: &lsquo;Protejo esto&rsquo;, pero, al protegerlo, lo est&aacute;s envolviendo en el estereotipo. Hay lugares a los que es mejor no acercarse. Sin m&aacute;s. Por eso no veo f&aacute;cil soluci&oacute;n. La libertad est&aacute; perdida, eso s&iacute;. Yo atravesaba en mi adolescencia Espa&ntilde;a de norte a sur. La ley de caza y los vallados, que parec&iacute;an restringir la actividad, lo que hicieron fue restringirme a m&iacute; el tr&aacute;nsito. Luego vinieron las autopistas. M&aacute;s tarde, el AVE. Antes el Pirineo era m&aacute;s largo y m&aacute;s alto: para subir al Aneto, sal&iacute;as de Benasque; para subir al Perdido, de Torla. Ahora los coches te llevan casi a La Renclusa: a 1900 metros en un caso y a casi 1800 en otro, en Cuello Gordo. Con lo cual, el Pirineo se ha encogido, y la cumbre est&aacute; mucho m&aacute;s visitada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Los aerogeneradores convierten cualquier paisaje en paisaje industrial&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; opina de los molinos? &iquest;Est&aacute;n bien implantados?</p>
<p>- No, est&aacute;n mal. La postura es: &lsquo;Ponga cuantos aerogeneradores quiera, pero no en la ciudad. En la sierra, que no hay nadie&rsquo;. &iquest;C&oacute;mo?: est&aacute; el paisaje. En la Comunidad de Madrid no hay molinos. Una reglamentaci&oacute;n de la &eacute;poca de Gallard&oacute;n lo impidi&oacute;. No entro en aspectos energ&eacute;ticos y econ&oacute;micos. Entro en que convierten cualquier paisaje en paisaje industrial. Yendo desde Madrid a &Aacute;vila te das con la instalaci&oacute;n de Campo Az&aacute;lvaro. Ya no hay paisaje natural.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; har&iacute;a?</p>
<p>- Agrupaci&oacute;n. Igual que se procede en cualquier industria. Piense en las antiguas subestaciones el&eacute;ctricas. U hoy, en las centrales t&eacute;rmicas y en las nucleares. El problema de esas galaxias es que se dispersan. A pesar de que cuando atraviesas un paraje m&aacute;s o menos concentrado, pongamos la Muela, camino de Zaragoza, parece que has entrado en una pesadilla de Hitchcock. Sin citar el dinero mal empleado, que llev&oacute; a la alcaldesa a los tribunales. Esas instalaciones favorecen los negocios.</p>
<p>- En la Patagonia se habl&oacute; de ponerlos.</p>
<p>- Mejor que las presas, dec&iacute;an. Sales de M&aacute;laga para entrar en Malag&oacute;n.</p>
<p>- Las poblaciones no suelen protestar. Pasa lo mismo con los cementerios nucleares.</p>
<p>- Es una mezcla de ignorancia y rapacidad. Hubo dos batallas valiosas: una, en el Pico Frentes, Soria, y otra en Atapuerca, Burgos. Los sorianos est&aacute;n rodeados de molinos por toda la provincia, pero all&iacute; era como colocar aerogeneradores en la mitra del Papa. En Atapuerca quisieron plantarlos encima del yacimiento. En Atapuerca ha habido eso y m&aacute;s. Intent&eacute; justificar, en un estudio para la Fundaci&oacute;n Duques de Soria, que no s&oacute;lo da&ntilde;ar&iacute;an el yacimiento, sino que la sierra carece de sentido si no es como muestra del paisaje original.</p>
<p>- Tambi&eacute;n en la Sierra de Gata hubo tentativa.</p>
<p>- Quer&iacute;an llenarla de aerogeneradores. Tuve una reuni&oacute;n en Ciudad Rodrigo con ecologistas. La belleza y el encanto atenuado de las sierras menores es importante, y &eacute;stas entran en peligro cuando menos te lo esperas. En el valle de Tena, en el Pirineo, levantaron veintitantas presas.</p>
<p>- Ha dicho que la construcci&oacute;n del embalse de las Tres Gargantas supone una degradaci&oacute;n moral.</p>
<p>- Por supuesto. Y eso dejando a un lado el &eacute;xodo de dos millones de personas, la exigua mano de obra que requiri&oacute; frente a la que ya hab&iacute;a en la zona, y el modo en que fue remunerada. Hablo exclusivamente del da&ntilde;o ecol&oacute;gico.</p>
<p>- Que el campo libre es una lecci&oacute;n moral lo dijo Unamuno.</p>
<p>- S&iacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Dec&iacute;a Unamuno que el que est&aacute; con la frente inclinada sobre el arado, dif&iacute;cilmente puede ver el paisaje&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Lo me choca es que no siempre quienes lo habitan est&aacute;n a la altura del paisaje. Hablo de la hosquedad, del sobrecejo arrugado...</p>
<p>- Lo dec&iacute;a Unamuno tambi&eacute;n: el que est&aacute; con la frente inclinada sobre el arado, dif&iacute;cilmente puede ver el paisaje.</p>
<p>- Y lo acaba despreciando.</p>
<p>- Es que no hay sensibilidad. Se miran los puestos de trabajo -que nunca compensan-, las falsas comodidades... El paisaje es un grado de civilizaci&oacute;n. Te exige y se sobrepone, &eacute;l mismo, al territorio. Una persona culta supera la mirada pragm&aacute;tica. Adquiere la mirada est&eacute;tica. Dice<em> qu&eacute; bosque tan bello para ser contemplado, </em>y no <em>qu&eacute; bosque tan &uacute;til para sacar le&ntilde;a</em>.</p>
<p>- Algo similar expresa Alberto Caeiro: &ldquo;No basta abrir la ventana / para ver los campos y el r&iacute;o. / No es suficiente no ser ciego&rdquo;.</p>
<p>- La expresi&oacute;n de los poetas -referida a una sensaci&oacute;n o a un pensamiento- es inigualable. En lo que nos importa, hay poetas de mirada geom&oacute;rfica y poetas de mirada sensible-racional. Efectivamente, la apreciaci&oacute;n llega a trav&eacute;s del respeto que produce la admiraci&oacute;n fruto del conocimiento. El conocimiento es la fase previa. Y si tu vida m&aacute;s pr&aacute;ctica depende de ese espacio, lo ver&aacute;s como un territorio, no como un paisaje.</p>
<p>- Hay pueblos caracterizados por un supuesto amor a los pinares colindantes en los que aprecio m&aacute;s posesividad que otra cosa.</p>
<p>- Es posesividad y econom&iacute;a. Les renta. Hace poco estuve por algunos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El futuro del campo, geogr&aacute;ficamente en Europa, pasa por otro tipo de campo&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; futuro le da al campo? Poblacionalmente decrece, pero hay gente que aprecia una vuelta, bien por la reticencia a la ciudad, bien por el coste de la vivienda. Yo no lo termino de ver.</p>
<p>- Yo tampoco. Lo cierto es que el futuro del campo, geogr&aacute;ficamente en Europa, pasa por otro tipo de campo. Hace poco estuve en la antigua Yugoslavia y encontr&eacute; sitios ante los que pens&eacute;: &ldquo;Esto es mi Castilla de 1940&rdquo;. Vi Palencia. Pero son residuos destinados a ser tragados por el mundo reciente. Islotes. Y m&aacute;s si estos pa&iacute;ses, que fueron extremo occidental del Viejo Imperio Otomano, entran en la Uni&oacute;n Europea. Si Austria o Alemania los absorben, el campo ser&aacute; otro.</p>
<p>- &iquest;Las monta&ntilde;as tienen coraz&oacute;n?</p>
<p>- El coraz&oacute;n se lo pones t&uacute;. El coraz&oacute;n lo tiene el hombre que est&aacute; en la monta&ntilde;a. Pero se transmite. De todos modos, las monta&ntilde;as palpitan: tienen sus tormentas, su granizo, sus rayos fulgurantes&hellip; y su apacibilidad.</p>
<p>- La m&uacute;sica del silencio.</p>
<p>- La m&uacute;sica del silencio es un coraz&oacute;n callado, pero latiendo, que funda espacios para respirar. La monta&ntilde;a es el &uacute;nico lugar donde la paz es absoluta, tanto que &iexcl;su paz casi parece la de los muertos! &iexcl;Tan enorme es! Las monta&ntilde;as tienen lo que t&uacute; les entregas.</p>
<p>- Desde el punto de vista cultural&hellip;</p>
<p>- Y desde un punto de vista nada abstracto. Lo aprend&iacute; en la Ant&aacute;rtida. La Ant&aacute;rtida no tiene pintores, no tiene escritores, no tiene poetas. La Ant&aacute;rtida no ha tenido m&aacute;s que cient&iacute;ficos, gente fr&iacute;a puesta a mirar con nada m&aacute;s que la raz&oacute;n. Gente dedicada a la toma de datos y al recogimiento de muestras. Aquel paisaje sin m&uacute;sica es lo que t&uacute; le des. Y si lo abominas, se volver&aacute; abominable. Es la sensaci&oacute;n que pueda tener un ballenero despedazando una ballena en una playa g&eacute;lida; o no. Por el contrario, te puede turbar la belleza extraordinaria del hielo, con sus brillos te&ntilde;idos por los azules del &eacute;ter, que te empuja a hacer una foto, y te sale mal, y te llevas el recuerdo en el cerebro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Lo m&aacute;s grande es el espacio porque lo encierra todo&rdquo;, volviendo a Tales. Incluso la ambivalencia es posible en la misma persona, dentro del mismo entorno: Victor Hugo, en 1843, se dio con un torrente en mitad del bosque de Cauterets, y expres&oacute; que lo horrible andaba &ldquo;por todas partes&rdquo;. Ello no le impidi&oacute; apreciar despu&eacute;s de la geometr&iacute;a del paisaje, una geometr&iacute;a digna de la pintura futura, abstracta, cubista, minimalista&hellip; Esa clase de persona es la que defiende Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n y la que hace honor a Parm&eacute;nides, al expresar: &ldquo;Sin acudir al Ser (&hellip;) / &iquest;podr&iacute;as acaso encontrar el pensar?&rdquo;. Victor Hugo vio &ldquo;l&iacute;neas rectas, simples, tranquilas, horizontales y verticales, paralelas o cort&aacute;ndose en &aacute;ngulos rectos y combinadas de tal manera que resulta de su conjunto una figura extraordinaria, real&hellip; de un objeto imposible&rdquo;. Esa clase de persona representa la conciencia. La due&ntilde;a que es due&ntilde;a de su mirada. La que ti&ntilde;e de &aacute;nimo cultural y meditativo el paisaje. &ldquo;Victor Hugo &ndash;recalca Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n- expresa la idea de que la din&aacute;mica es ca&oacute;tica y la forma, geom&eacute;trica&rdquo;. Las formas son una combinaci&oacute;n a veces consciente, a veces inconsciente, de geometr&iacute;as. Hasta una mancha esconde el estudio de la figura en el plano. Las formas son cifra con apariencia de letra. Y el paisaje, a lo suyo, es la maravilla de los brillos que brillan solos, sin ning&uacute;n espectador. A veces no hace falta sujeto para que exista el objeto. Pero para internarse en la belleza extrema de la biosfera hace falta cierta intrepidez. &ldquo;El hombre es mortal por sus temores&rdquo;, dijo Pit&aacute;goras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Habr&iacute;a que reivindicar la valent&iacute;a&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Le concedemos demasiada importancia al miedo? &iquest;Deber&iacute;amos ser m&aacute;s intr&eacute;pidos y acceder a experiencias m&aacute;s reales?</p>
<p>- La valent&iacute;a es una virtud que siempre se premi&oacute;. Un don. Minoritaria pero de calidad. Habr&iacute;a que reivindicarla. Parece incluso que a la gente valiente se la castiga por serlo. Yo la admiro. La sociedad deber&iacute;a situarla como cualidad caracter&iacute;stica.</p>
<p>- &iquest;La valent&iacute;a tiene algo que ver con lo que tiempo atr&aacute;s representaba el honor?</p>
<p>- No, lo que pasa es que el honor lleva a conductas nobles &ndash;distinguidas-. El honor es una idea medieval, pero tambi&eacute;n barroca, del mundo caballeresco. Hay una obra del Siglo de Oro en la que un escudero &ndash;o sea, alguien sin honor- dice: &ldquo;Mi patria es Barriga&rdquo;. Es un juego de palabras: manifiesta que carece de c&oacute;digos &ndash;y, por lo tanto, de deberes- pero sabemos que Barriga es tambi&eacute;n un pueblo de Burgos. Y es una idea que persiste: si entramos en el Karak&oacute;rum, que es un pueblo medieval, encontraremos a los balt&iacute;es y, con ellos, un c&oacute;digo de honor. Es algo arcaico pero bello, una evocaci&oacute;n casi de otra &eacute;poca, tambi&eacute;n perdida, que la Historia se llev&oacute; por delante. Hoy la hipocres&iacute;a y el cinismo son de tal grado que vuelven incompatibles nuestras sociedades con tales c&oacute;digos. Un ramalazo de honor no estar&iacute;a mal de vez en cuando [r&iacute;e].</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Alguien dijo que Oriente es una diana y Occidente una flecha. Algo de verdad hay&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Habr&aacute; compatibilidad con el Islam?</p>
<p>-Si la hay en alguna parte, ser&aacute; en Estambul. All&iacute; se unen desde siempre Oriente y Occidente. Conviven por completo. Es algo que he visto, una experiencia personal. Y si nos falla Turqu&iacute;a no habr&aacute; posibilidad. Dese cuenta de que los extremos se van alejando. Como el Islam es tan reglamentario, no evoluciona. Y nuestro mundo contin&uacute;a haci&eacute;ndolo, negando al padre. Alguien dijo que Oriente es una diana y Occidente, una flecha. Algo de verdad hay. La convivencia es dif&iacute;cil: un &aacute;mbito se derrama y el otro permanece fijo, pero ojal&aacute; se d&eacute;. Las migraciones producen mezcla, no estamos en la &eacute;poca de Marco Polo, con el islam y el cristianismo cada uno en una punta.</p>
<p>- Tampoco est&aacute;n en dos puntas la Ilustraci&oacute;n y el Romanticismo. Me gusta la reivindicaci&oacute;n que leo en sus libros. Normalmente se enfrentan, ignorando a los neur&oacute;logos, que inciden en que somos un conjunto de emociones cerebrales.</p>
<p>- Zubiri habl&oacute; de la <em>inteligencia sintiente</em>. En el acto de conocimiento mezclamos sentimientos y razones.</p>
<p>- Y en aquel periodo hist&oacute;rico se entendi&oacute; el paisaje porque se sinti&oacute;.</p>
<p>- Claro. La Ilustraci&oacute;n tiene mucho de rom&aacute;ntica, y el Romanticismo tiene mucho de ilustrado. &iquest;Cu&aacute;ndo progresa la ciencia? En el siglo XIX, que es rom&aacute;ntico.</p>
<p>- Y la ciencia progresa a base de intuiciones.</p>
<p>- La intuici&oacute;n y la imaginaci&oacute;n son fundamentales. Elementos de posesi&oacute;n de realidad. Yo creo en la mezcla.</p>
<p>- Como mi mirada es generalista, le voy a plantear una cuesti&oacute;n m&aacute;s concreta para terminar. Un amigo ge&oacute;grafo, Javier Santos Gonz&aacute;lez, me cuenta que la influencia del hombre en muchos Espacios Naturales es notable y que hay especies cuya existencia depende de recintos antropizados, como prados o cultivos, y claros en los bosques. &iquest;Deber&iacute;a el hombre tratar de preservar ese medio tradicional, que en muchos casos ha dejado de ser funcional, o potenciar la naturalizaci&oacute;n, por m&aacute;s que conlleve p&eacute;rdida de biodiversidad?</p>
<p>- Hay que estudiar caso por caso. No es igual el valle de Pineta que la cumbre del Monte Perdido. No es igual Do&ntilde;ana que los calc&aacute;reos Picos de Europa. Hay que ir en pos del dominante. En unos casos, es lo campestre y en otros, la nieve. Hay que medir tambi&eacute;n el grado de humanizaci&oacute;n, pero decidir en funci&oacute;n del factor dominante&hellip; y de aquello que tenga m&aacute;s valor dentro de ese dominante. Que en un sitio puede ser el hielo glaciar, en otro la roca gran&iacute;tica; y en un tercero, los prados de las antiguas cortas para introducir el ganado del campesinado del siglo XIX. Porque, si sacas las vacas, incluso en un Parque Nacional, puedes condicionar la flora y, como consecuencia, los insectos, y puntos suspensivos. Con la decisi&oacute;n, habr&aacute;s desencadenado un efecto. Hay que aislar cada caso y actuar sin precipitaci&oacute;n.</p>
<p>- &Eacute;l me habla, precisamente, de una mariposa end&eacute;mica con problemas de supervivencia por el abandono de los cultivos de que depende. Y se&ntilde;ala que el Parque ha invertido en pastizales para preservarla y mantener, o fomentar, la diversidad. Es decir, si el espacio se naturaliza, la mariposa desaparece.</p>
<p>- Hay que individualizar cada asunto. En la cumbre del Naranjo de Bulnes no est&aacute; esa mariposa. Los Picos no se pueden englobar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Cada lugar es un mosaico geogr&aacute;fico. No caigamos en conflictos entre biodiversidad y h&aacute;bitat&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Parcelamos?</p>
<p>- Hemos de encontrar unidades de paisaje natural, o de dominante natural. Y actuar sobre ellas. Cada lugar es un mosaico geogr&aacute;fico. No caigamos en conflictos entre biodiversidad y h&aacute;bitat. No creemos dicotom&iacute;as ideol&oacute;gicas que nos lleven a defensas cerradas, ya sean biologistas o a favor del espacio rural. Si burocratizamos la visi&oacute;n del terreno, lo malograremos. Ambas aristas deben apoyarse mutuamente, y deben saber ceder. Los principios de intervenci&oacute;n y de no intervenci&oacute;n son extremos. Fusion&eacute;moslos. Hay problemas de orden interno a los que la entomolog&iacute;a puede dar soluciones&hellip;. realidad a que se puede sumar otra que la desborde: un dictado desde Bruselas. Ocurre. Y hay problemas externos. Por ejemplo, el envejecimiento de la poblaci&oacute;n conlleva una p&eacute;rdida de pastores. &iquest;C&oacute;mo, desde un Parque Nacional, controlamos el mundo que hay alrededor? &iquest;Traemos a un egipcio? Puede ser. No lo s&eacute;. Lo que s&eacute; es que no quedan movimientos migratorios estacionales, no hay gente por las ca&ntilde;adas y las caba&ntilde;eras. Antes ven&iacute;an desde el fondo del valle hasta la monta&ntilde;a en verano, y a la inversa en invierno. Ese mundo ha desaparecido y el Parque Nacional tiene que buscar f&oacute;rmulas que lo reconduzcan, o adaptarse. En los dos casos, hay que tomar decisiones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n parece un presocr&aacute;tico. Que todo sea cambio es una curiosa solidez. &ldquo;Cuanto en el universo acontece no pasa de meras transformaciones&rdquo;, dijo Pit&aacute;goras. Nuestro alpinista obedece otro principio de Sol&oacute;n, a cuyo af&aacute;n se entrega: &ldquo;No destruyas lo que no has hecho&rdquo;. Podr&iacute;amos resolver que las cosas cambian a la vez que permanecen intactas. Igual que las preguntas sin respuesta: &iquest;humanizamos la monta&ntilde;a -desde una &oacute;ptica cultural- o la monta&ntilde;a nos humaniz&oacute; -con su aliento lleno de Origen-? El paisaje, eso seguro, ha perfeccionado nuestra sed de infinito. Y nos fijamos en &eacute;l hasta vernos representados. &ldquo;Vivimos en un punto solitario en el cosmos. Dentro de un sistema solar cuyo resto de planetas posee condiciones letales para la vida. En medio de galaxias incontrolables, abiertas a caracter&iacute;sticas f&iacute;sicas que ponen los pelos de punta. Ah&iacute; estamos. Somos planetarios. Hijos de la Tierra. Pero, al mismo tiempo, conciencia del universo&rdquo;. Parece que da la raz&oacute;n a Parm&eacute;nides: nada hay ni habr&aacute; fuera del Ser.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 25 Mar 2019 06:41:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un ayer imposible]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-ayer-imposible/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2019/garces500.jpg" alt="" /></p>
<p>En castellano decimos &ldquo;hacer memoria&rdquo; a la tarea de rescatar de propio intento la imagen de algo olvidado. Quiere esto decir, por lo pronto, que no nos pasa desapercibida la condici&oacute;n esforzada, deliberada, de una operaci&oacute;n que, en efecto, consiste en un trabajo de nuestra voluntad, mediante la que somos conscientes, adem&aacute;s, o as&iacute; lo parecemos, de atraer con ella no ya la reaparici&oacute;n de lo perdido, sino su imagen. La naturaleza y su ley inflexible &mdash;el &ldquo;orden del Tiempo&rdquo; que tan terriblemente concret&oacute; Anaximandro en su sentencia&mdash; es la fuerza contraria a batir con ese esfuerzo nuestro, que estar&iacute;a luchando as&iacute; un poco como los labradores contra las plagas.</p>
<p>Pero esta es s&oacute;lo una de las modalidades del recuerdo. Paul Ricoeur las explor&oacute; todas, y de una manera agotadora, en <em>La memoria, la historia, el olvido</em>, entre ellas la que, en contraposici&oacute;n con la que decimos, llamar&iacute;amos involuntaria. Esta ya no act&uacute;a mediante un deliberado esfuerzo de rescate, sino en la sorpresa ante la s&uacute;bita aparici&oacute;n de un hilo o un fogonazo que, sin pretenderlo, nos lleva a lo desaparecido o, de pronto, nos lo devuelve. No hace falta haber le&iacute;do a Proust para tener comprobado que hablamos entonces y por lo general de experiencias sensibles, sensoriales; que la irrupci&oacute;n de un olor o un sabor parece llegarnos desde muy lejos sin que los hayamos convocado, acompa&ntilde;ados de un completo paisaje &mdash;un mundo&mdash; que d&aacute;bamos por desaparecido para siempre. &ldquo;La memoria es cosa del pasado&rdquo;, dec&iacute;a Arist&oacute;teles en uno de sus tratados sobre cuestiones naturales. Pero antes y despu&eacute;s de &eacute;l toda una larga tradici&oacute;n que al menos va de Plat&oacute;n a Bergson distingui&oacute; muy bien esas dos especies, la voluntaria y la involuntaria, que determinar&iacute;an, por un lado, el recuerdo y por otro la reminiscencia. Esos recuerdos sobrevenidos, dir&iacute;amos que pertenecen a&uacute;n a la cosa, al mundo, al pasado que se desvanece; es m&aacute;s, que nunca acaba de desvanecerse definitivamente. Edmund Husserl lo explic&oacute; mediante una comparaci&oacute;n maravillosa. Todo lo que permanece y dura, ven&iacute;a a decir, lo hace modific&aacute;ndose, cambiando sin cesar, sin interrupci&oacute;n, desliz&aacute;ndose hacia la oscuridad de una desaparici&oacute;n que nunca se consuma del todo, como sucede en la negrura del hondo cielo con la cola de un cometa.</p>
<p>Por el contrario, el esfuerzo de la memoria voluntaria &mdash;la del dicho espa&ntilde;ol&mdash; se propone m&aacute;s bien dar consistencia a una imagen, darle dureza, solidez; en ella, lo que permanece ya no cambia sin cesar, no se modifica, de ah&iacute; que fij&aacute;ndonos en esta versi&oacute;n de la memoria sea frecuente que confundamos la duraci&oacute;n con la inamovilidad. Adem&aacute;s, pasa otra cosa: esta labor plenamente consciente parece pasar por alto que en el pasado aquel cuyo recuerdo perseguimos, nosotros no est&aacute;bamos, quiero decir que nuestra conciencia no era la fuerza activa que es ahora, cuando ha emprendido su tarea reconstructora, y que, correspondientemente, aquel pasado es lo que justamente ahora, cuando nosotros nos aplicamos a su recuperaci&oacute;n, ya no est&aacute; presente. Se trata entonces, en definitiva, de construcciones de la imaginaci&oacute;n, de objetos fabricados por nosotros, algo as&iacute; como supletorios del original y un poco fantasmag&oacute;ricos. Y aunque s&oacute;lo fuera porque de la distinci&oacute;n entre lo permanente y lo pasajero hac&iacute;a estribar Arist&oacute;teles su reconocimiento de la poes&iacute;a frente a la historia, este es un asunto al que no pod&iacute;an ser ajenos los poetas.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>En el verano de 1936, un muchacho de diecis&eacute;is o diecisiete a&ntilde;os que hab&iacute;a nacido en el centro de la peque&ntilde;&iacute;sima ciudad de Soria, pasaba sus vacaciones en la finca de San Polo &mdash;el San Polo de los poemas de Antonio Machado: &ldquo;&hellip;&aacute;lamos del camino en la ribera / del Duero, entre San Polo y San Saturio, / tras las murallas viejas / de Soria &mdash;barbacana / hacia Arag&oacute;n, en castellana tierra&mdash;&ldquo;, propiedad de su familia. San Polo es una huerta ribera del r&iacute;o, con grandes &aacute;rboles que trepan ladera arriba de la sierra y una graciosa iglesita templaria de cuya construcci&oacute;n en el siglo XIII quedan restos en los muros y la b&oacute;veda, pero sobre todo un par de arcos apuntados que enmarcan angostamente un peque&ntilde;o t&uacute;nel de paso hacia la ermita de San Saturio. El Duero cursa a la derecha liso, en calma, con un leve rumor.</p>
<p>Toda la poes&iacute;a del olvidado poeta Julio Garc&eacute;s &mdash;el muchacho de vacaciones en San Polo&mdash; remite a ese paraje como enclave f&iacute;sico de lo que pasado aquel momento de la adolescencia y, m&aacute;s en concreto, aquel verano, fue reconocido luego por &eacute;l como sede de lo que podr&iacute;amos llamar su persona esencial, su personalidad aut&eacute;ntica. Pero, claro, cuando &eacute;l estaba all&iacute;, su conciencia de ese estado que ahora se representa como el colmo de la dicha, era la ausente, y ahora que ella est&aacute; activada, lo que no puede comparecer es la realidad, dir&iacute;amos, de aquel tiempo y aquel lugar.</p>
<p>Era una fecha terrible para todos. Para todos, por lo visto, menos para &eacute;l. Esa arcadia permaneci&oacute;, bajo una suerte de condici&oacute;n transformada, en un interior de su alma, mientras el habitante del exterior, peregrino por ciudades y pa&iacute;ses, poco a poco envejecido y luego enfermo, medio viv&iacute;a entre noticias, fechas y trabajos que, por tanto, nunca consider&oacute; verdaderamente <em>suyos</em>, dig&aacute;moslo as&iacute; a pesar de saber que la &ldquo;autenticidad&rdquo; o la &ldquo;verdad&rdquo; de una vida, al contraste con otra que ser&iacute;a &ldquo;falsa&rdquo; o &ldquo;inaut&eacute;ntica&rdquo;, es un modo de hablar ya incorporado (y por eso arrumbado) en el recuerdo de los tiempos existencialistas &mdash;que por lo dem&aacute;s fueron los suyos&mdash;. Pero es que, adem&aacute;s, no hay en su caso otra manera de decir que aquel verano de 1936, el poeta adolescente viv&iacute;a &mdash;&eacute;l mismo lo llam&oacute; as&iacute;&mdash; en un <em>exterior </em>que nada ten&iacute;a que ver con el mundo de los hechos p&uacute;blicos y b&eacute;licos que estaban marcando a fuego la historia de su pa&iacute;s y que ser&iacute;a reconocido a partir de entonces, precisamente, como <em>interior</em>, luego de que la conciencia, una vez aflorada en la plenitud adulta, se declarase en la desposesi&oacute;n de aquella vida esencial. (Acudamos al prestigio literario: tampoco Fabrizio del Dongo sab&iacute;a que se encontraba en plena batalla de Waterloo). En &ldquo;Interior&rdquo;, uno de los poemas arrastrados desde los a&ntilde;os cuarenta y s&oacute;lo publicados por su amigo Antonio Ruiz en su &uacute;ltimo libro, precisamente <em>Los poemas de San Polo</em>, en Soria, en 1976&mdash; dec&iacute;a:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Caminando por mi interior veo paisajes ciegos</p>
<p>Senderos de un sue&ntilde;o poblado</p>
<p>Moradores de la tristeza</p>
<p>(&hellip;)</p>
<p>Vosotros los que escuch&aacute;is la voz rasgada</p>
<p>De mi exterior cegado</p>
<p>O&iacute;d tambi&eacute;n el grito de mi interior sonoro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero, entonces, &iquest;qu&eacute; ha ocurrido para que el exterior del tiempo, o sea, lo que llamamos <em>historia</em>, le resulte a esa conciencia ajeno, mientras s&oacute;lo en el interior&mdash;que ahora llamar&iacute;amos <em>memoria</em>&mdash; encuentra aquello a lo que tiene por propio? Estas composiciones del &uacute;ltimo libro de Garc&eacute;s hemos dicho que suelen ser poemas escritos y guardados mucho tiempo atr&aacute;s, en los a&ntilde;os de Barcelona, o publicados en revistas como <em>Maricel</em>, promovida por C&eacute;sar Gonz&aacute;lez-Ruano desde Sitges, o <em>Entregas de poes&iacute;a</em>, que dirigi&oacute; Juan Ram&oacute;n Masoliver, aunque tambi&eacute;n lo pudieron ser en otras de otra cuerda, como <em>Espada&ntilde;a</em>, de Eugenio de Nora, o <em>Poes&iacute;a Espa&ntilde;ola</em>. Pero es entre estos poemas de casi postrera publicaci&oacute;n donde se recogen algunos de los versos m&aacute;s decisivos, por m&aacute;s claros y expl&iacute;citos, para comprobar el desgarro entre su intimidad y esa vida p&uacute;blica e hist&oacute;rica &mdash;&ldquo;inaut&eacute;ntica&rdquo;&mdash; que hubo de arrostrar el poeta. Entre ellos est&aacute; el titulado &ldquo;Un verano&rdquo;:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo no ve&iacute;a el mapa de mi patria</p>
<p>Yo ve&iacute;a tan s&oacute;lo los rastrojos</p>
<p>El r&iacute;o que pasaba el campo abierto</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desde ese entonces que rememora el poema, nada ser&aacute; igual; la historia abrir&aacute; sus alas de espanto y el poeta, que se ver&aacute; a s&iacute; mismo en ella como un extra&ntilde;o entre extra&ntilde;os, padecer&aacute; de por vida el tir&oacute;n de una herida abierta entre la conciencia y la inconsciencia, entre la objetividad y la subjetividad, entre un exterior inflexible y aristado, y un interior borroso, aunque activo y conmovido. La constituci&oacute;n narrativa de la historia declara siempre, por lo dem&aacute;s, la presencia de alg&uacute;n objetivo o idea organizadora, en ella las cosas y los acontecimientos, m&aacute;s que aparecer, re-aparecen,<em> </em>hilvanados en esa estructura que les <em>da sentido</em>, precisamente, y m&aacute;s que presentarse o producirse, en realidad se re-presentan o reconstruyen, como esas casas-museo de escritores que son en todo &mdash;menos en su efecto&mdash; una invenci&oacute;n. Para el poeta desgarrado los hechos hist&oacute;ricos no pertenecen, por tanto, a la vida real (aunque esta sea la objetiva), porque la realidad de verdad ser&aacute; justamente la de la memoria que guarda restos sensibles, desperdigados pero aut&eacute;nticos, fulgores todav&iacute;a brillantes en la oscuridad por la que se desplaza la cola del cometa: poes&iacute;a. De lo que habla el poema de Garc&eacute;s no es s&oacute;lo del muchacho de vacaciones a la orilla del r&iacute;o, sino de todo lo que le rodeaba, personas, cosas, elementos del paisaje, en una vida &iacute;ntima de la acci&oacute;n a la que ninguna representaci&oacute;n del tiempo hab&iacute;a suplantado todav&iacute;a con narraciones interesadas.</p>
<p>Sea como sea, la historia y su l&oacute;gica p&uacute;blica vencieron sobre la acci&oacute;n &iacute;ntima del tiempo. Y el poeta que se observa a s&iacute; mismo y a su vida desde la distancia de un otero lejano (la Barcelona de 1940 y despu&eacute;s la Lima en la que vive y recuerda desde los a&ntilde;os cincuenta y en la que muri&oacute; en 1978) reconoce la fatalidad de un &ldquo;destino desgarrado&rdquo;, como dir&aacute; en un verso de &ldquo;Oto&ntilde;o&rdquo;, el poema que abre su &uacute;ltimo libro, y tambi&eacute;n el momento en el que la inocencia &mdash;la inconsciencia&mdash; de la pura acci&oacute;n del tiempo qued&oacute; clausurada para siempre.</p>
<p>La guerra, adem&aacute;s, supuso para los Garc&eacute;s una amarga situaci&oacute;n familiar. Como atestiguan sus dos primeros libros, <em>Peregrinaje, </em>1938, y <em>Primer Romancero del Recuerdo</em>, 1939 (ya se trataba, pues, de un peregrinaje reconocido como tal y de una vida entre recuerdos), Julio se acerc&oacute; desde muy joven al ensue&ntilde;o &eacute;pico e imperial de la Falange; mientras tanto, sus hermanos mayores eran detenidos (Antonio, el matem&aacute;tico, involucrado en acciones pol&iacute;ticas de los docentes de izquierda, encarcelado). Esto provoc&oacute; una condici&oacute;n ambulante en busca de zonas para ellos m&aacute;s despejadas, de Madrid a Zaragoza (por eso fueron impresos all&iacute; esos dos primeros libros, muy iluminados de luceros y muy aromatizados por Lorca, Alberti y Juan Ram&oacute;n); de Zaragoza a Alicante y, finalmente, Barcelona. No fue, sin embargo, en Zaragoza, donde se conocieron Julio Garc&eacute;s y Juan-Eduardo Cirlot, el amigo m&aacute;s determinante para su poes&iacute;a y su vida barcelonesa, pese a que Cirlot se encontraba a comienzos de los cuarenta en la capital aragonesa cumpliendo (por segunda vez) el servicio militar. Parece que fue, eso s&iacute;, un erudito archivero zaragozano, don Manuel Abizanda Broto, quien los present&oacute;. C&eacute;sar Gonz&aacute;lez-Ruano, en su <em>Nuevo descubrimiento del Mediterr&aacute;neo,</em> recordaba haber conocido en Barcelona y en 1943 a Cirlot y a Garc&eacute;s junto a Ram&oacute;n Eugenio de Goicoechea (primer marido de Ana Mar&iacute;a Matute), Manuel Segal&aacute; y algunos otros &mdash;Monsu&aacute;rez de Yoss, el pintor Pedro Pruna, Luys Santa Marina, &Aacute;ngel Z&uacute;&ntilde;iga, etc.&mdash;. Ese de 1943 ser&iacute;a adem&aacute;s el a&ntilde;o clave en el que comienza a constituirse el grupo de poetas de orientaci&oacute;n irracionalista o, seg&uacute;n los casos, declaradamente surrealista que ir&iacute;a ganando importancia en aquella Barcelona reci&eacute;n salida de la guerra y a la que hoy vemos ya (y nos ayud&oacute; a verlo Dolores Manj&oacute;n-Cabeza Cruz: &ldquo;Poes&iacute;a en castellano en Barcelona, 1939-1950&rdquo;, UNED, 2007; &ldquo;Poes&iacute;a de posguerra en Barcelona&rdquo;, Revista de Literatura, CSIC, 2008) como uno de los n&uacute;cleos en que m&aacute;s tempranamente se reconstituy&oacute; la modernidad literaria de preguerra. 1943 fue el a&ntilde;o del regreso a Barcelona de Cirlot, el de la instalaci&oacute;n de Ruano en Sitges y el de la insistencia de Juan Ram&oacute;n Masoliver para que Dionisio Ridruejo se asentase en Catalu&ntilde;a (al a&ntilde;o siguiente se casar&iacute;a con la catalana Gloria de Ros) cuando fue deportado. O sea, que pese a la mitolog&iacute;a que triunf&oacute; mucho despu&eacute;s, los vencedores que hab&iacute;an entrado en Barcelona en enero de 1939 (entre ellos los escritores, m&aacute;s o menos cerca de Yag&uuml;e y no en un sentido figurado) alentaron desde pronto un neo romanticismo que lleg&oacute; a ser un estilo de &eacute;poca. Los polisones litografiados en los viejos anuncios de peri&oacute;dico que aparec&iacute;an recortados en los collages de Max Ernst y que se hab&iacute;an presentado en Madrid en 1936, reaparec&iacute;an ahora en versos, relatos y pinturas con el enrarecimiento de las casas abandonadas donde duermen antiguos maniqu&iacute;es. Por cierto que esos collages de Ernst, tan evocadores de las salitas de anta&ntilde;o que ahora se hab&iacute;an vuelto inquietantes o siniestras, dejaron honda huella espa&ntilde;ola pero quiz&aacute; en nadie tan honda como en Alfonso Bu&ntilde;uel, que hab&iacute;a conocido a Ernst a&ntilde;os atr&aacute;s en Par&iacute;s y se habr&iacute;a de convertir en el mejor introductor de Cirlot al surrealismo a trav&eacute;s de la biblioteca que conservaba de su hermano Luis en Zaragoza, en la que dio entrada franca a Cirlot durante sus a&ntilde;os de soldadesca.</p>
<p>La orientaci&oacute;n de Garc&eacute;s hacia el surrealismo vendr&iacute;a algo despu&eacute;s de la amistad con Cirlot pero tambi&eacute;n de su lectura de Vicente Aleixandre, de quien fue corresponsal toda su vida. Luego, cuando la publicaci&oacute;n del libro m&aacute;s plenamente surrealista &mdash;<em>Poes&iacute;a sin orillas,</em> 1946&mdash; quiz&aacute;, m&aacute;s que Aleixandre, pesara la pasi&oacute;n terr&aacute;quea y material de Neruda. Hasta ese libro, Garc&eacute;s public&oacute; (adem&aacute;s de <em>El amor brujo</em>, impreso en 1942 extravagantemente sobre una l&aacute;mina de madera de pl&aacute;tano, y la <em>Oda con dos poemas musicales de Jos&eacute; Roca, </em>al a&ntilde;o siguiente) otro dos: <em>Gris</em>, en 1942, impreso por Zamorano, y <em>Odas</em>, en 1943 y en la colecci&oacute;n Barca Nueva de la editorial Berenguer, que dirig&iacute;a su amigo Manuel Segal&aacute;. Si no fuera por un poema, &ldquo;Ciudad de la noche&rdquo;, <em>Gris </em>ser&iacute;a un mero libro recopilatorio de poemas de transici&oacute;n, sonetos en general (Julio tambi&eacute;n era amigo de los poetas de <em>Garcilaso</em> y la <em>Juventud Creadora</em>), muy acabados. &ldquo;Ciudad de la noche&rdquo; habla de Barcelona, una ciudad nocturna, h&uacute;meda, negra, &ldquo;alejada del brillo de los trigos, / extra&ntilde;a al sol, al viento, a la llanura&rdquo;. De manera que el poeta se siente ya desdoblado, &ldquo;olvidado de s&iacute;&rdquo;, del s&iacute; mismo al que tiene por verdadero y, por tanto, refugiado, replegado, &ldquo;todo interior metido entre mis brumas, / lejos del sol que rompe los paisajes.&rdquo; A partir de entonces su aventura po&eacute;tica ser&aacute; eso, una b&uacute;squeda, una <em>qu&ecirc;te</em> de esa memoria que no puede ser invocada de propio intento por la voluntad &mdash;que la destruir&iacute;a bajo la l&oacute;gica narrativa de sus representaciones&mdash; sino solamente alumbrada por unos rel&aacute;mpagos discontinuos y caprichosos a cuyos fogonazos de resplandor brota el canto.</p>
<p>Entre las <em>Odas</em>, ilustrado como <em>Gris</em> por Ram&oacute;n Rogent, otro habitual de Sitges, hay sin embargo retratos que dan noticia de la vida exterior de Garc&eacute;s. Hay, por supuesto, una <em>Oda a Celtiberia</em>, muy mitogr&aacute;fica (un psicoanalista dir&iacute;a que consiste en la sublimaci&oacute;n mitogr&aacute;fica de una carencia o una p&eacute;rdida) y sobre todo hay esos retratos y homenajes a Ram&oacute;n Eugenio de Goicoechea, al propio Rogent, pero tambi&eacute;n a Carmen Laforet y a Linka Babe&ccedil;ka, esposa del pintor Pedro Borrel, que hab&iacute;a llegado a Barcelona tras la ocupaci&oacute;n rusa y alemana de Polonia y a quien est&aacute; dedicada <em>Nada</em>. Sobre esta c&eacute;lebre novela hay que decir algo en relaci&oacute;n con Garc&eacute;s. Fue escrita&mdash;lo cont&oacute; su autora&mdash;entre enero y septiembre de 1944, cuando Carmen Laforet viv&iacute;a ya en Madrid (Anna Caball&eacute; conoce como nadie su vida y nos ha dado su biograf&iacute;a). Pero de 1940 a 1942 trat&oacute; a aquellos poetas m&aacute;s o menos visionarios que se reun&iacute;an en las tabernas cerca del puerto o de la Plaza Real y luego, ya con Cirlot, acabar&iacute;an componiendo poemas a tres o cuatro manos siguiendo la receta del <em>cadavre exquis</em> de los surrealistas franceses (Enrique Granell public&oacute; un estupendo art&iacute;culo sobre estos convivios tabernarios y en especial sobre uno de ellos: &ldquo;Maranatha. La Leona en la Barcelona de los a&ntilde;os cuarenta&rdquo;, en el cat&aacute;logo de la exposici&oacute;n <em>Ciudad de ceniza. El surrealismo en la posguerra espa&ntilde;ola</em>. Museo de Teruel, 1992. Y luego unos cuantos de estos poemas colectivos, bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Poemas de La Leona&rdquo;, en el de la exposici&oacute;n <em>Mundo de Juan Eduardo Cirlot</em>, IVAM, 1996). Pues bien, del cruce entre los rasgos de unos y otros, entre ellos los de Garc&eacute;s, salieron muchos de los personajes de <em>Nada</em>, al menos si hacemos caso del art&iacute;culo que public&oacute; el 16 de junio de 1952 en <em>El Correo Literario</em> Ram&oacute;n Eugenio de Goicoechea. Y es verdad que la oscura Barcelona de <em>Nada</em> se ve enseguida que es en gran parte la de <em>Nebiros</em>, la terrible y &uacute;nica novela de Cirlot que hemos conocido hace poco, y la ciudad &ldquo;moldeada con ceras amarillas&rdquo; que ve&iacute;a con su tristeza de exilado Julio Garc&eacute;s en &ldquo;Ciudad de la noche&rdquo;.</p>
<p><em>Poes&iacute;a sin orillas</em>, de 1946, fue su poemario quiz&aacute; m&aacute;s redondo, como se dice siempre, pero tambi&eacute;n aquel en el que el estilo&mdash;el surrealismo hecho estilo&mdash;llega a sublimar o a suplantar con una obra de arte tan acabada como una joya (Juan Ram&oacute;n Masoliver hablar&iacute;a de Garc&eacute;s como de &ldquo;il miglior fabbro&rdquo; entre aquellos j&oacute;venes poetas) el dolorido sentir que supura de otros poemas, acaso no tan terminados pero puede que m&aacute;s v&iacute;vidos, m&aacute;s vivos. Aun as&iacute;, lo que se dice es cierto, aqu&iacute; est&aacute;n los perfectos y cadenciosos alejandrinos (o aleixandrinos) versos de &ldquo;Narciso&rdquo;, rematado testimonio del desdoblamiento (&ldquo;Me admiro fr&iacute;amente como a un desconocido&rdquo;), los &ldquo;P&aacute;jaros tristes&rdquo; que como los dedicados por Cirlot a Pilar Bayona hacen homenaje a Ravel, el &ldquo;Homenaje a El Bosco&rdquo;, los &ldquo;Tres poemas a Pablo Neruda&rdquo; y, entre los dem&aacute;s, uno, &ldquo;Entonces&rdquo;, en el que deshaci&eacute;ndose de la codificaci&oacute;n estil&iacute;stica, una voz alcanza a cantar con una admirable claridad anti ret&oacute;rica:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Padre: yo quiero hablar sencillamente de mi infancia,</p>
<p>de las altas murallas de un&nbsp; tiempo transparente</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Poco despu&eacute;s, el individuo exterior, el ciudadano Julio Garc&eacute;s, se alejar&iacute;a para siempre. En 1949 hab&iacute;a conocido en Barcelona a una bailarina peruana, Esther Desmaison, de gira con un ballet universitario por Europa. En 1950 Julio viaj&oacute; a Caracas, a integrarse en una compa&ntilde;&iacute;a de aviaci&oacute;n dirigida por su hermano Luis. En 1953 y una vez casados a distancia, por poderes, cuando Esther ya era primera bailarina de los ballets nacionales, tras desechar Caracas se instalaron en Lima, en el barrio de Miraflores, donde habr&iacute;a de vivir hasta su muerte en 1978. Su lejan&iacute;a, la lejan&iacute;a de s&iacute; mismo, se hizo por tanto real, objetiva, f&iacute;sica. Volvi&oacute; a Espa&ntilde;a en tres ocasiones, en 1963, en 1970 y en 1976. Sus versos ya hab&iacute;an quedado en varias antolog&iacute;as, la primera la de Ruano&nbsp; (Gustavo Gili, 1946) y luego las de D&iacute;az-Plaja (Labor, 1948), Azcoaga (Periplo, 1953), Mill&aacute;n (Aguilar, 1955), S&aacute;inz de Robles (Aguilar, 1955), incluida la peculiar <em>Antolog&iacute;a po&eacute;tica del barrio chino, de Abel Iniesta</em> (1949). Cirlot le hab&iacute;a dedicado un &ldquo;Retrato abstracto de Julio Garc&eacute;s&rdquo; y Manuel Segal&aacute; una &ldquo;Oda a Julio Garc&eacute;s&rdquo;, antes de partir &eacute;l mismo hacia Am&eacute;rica. En Lima no public&oacute; versos y escribi&oacute; muy pocos; dedicado a las tareas diplom&aacute;ticas recibi&oacute; y acompa&ntilde;&oacute; a todos los invitados espa&ntilde;oles que aterrizaban all&iacute;; Jos&eacute; Mar&iacute;a Alonso Gamo lo llam&oacute; para las tareas de la embajada, en la que desde 1961 le suceder&iacute;a como agregado cultural. Con &eacute;l hizo una amplia antolog&iacute;a de literatura espa&ntilde;ola en cinco vol&uacute;menes (<em>Festival de la literatura espa&ntilde;ola, </em>Tawantinsuyu, Lima, 1961) y, firmada con las iniciales &ldquo;J.G.&rdquo;, otra de <em>Doce poetas espa&ntilde;oles</em> (Minerva, Lima, 1971). Pero &ldquo;un poeta &mdash;seg&uacute;n me dijo su hijo Marco Antonio que dec&iacute;a en casa&mdash; necesita para serlo no tener nada que hacer&rdquo;, es decir, no sufrir la ansiedad de cumplir con las exigencias de exterior alguno.</p>
<p>En <em>Los poemas de San Polo</em> est&aacute;n sus versos m&aacute;s hermosos, los m&aacute;s privados, los menos condescendientes con la historia literaria o con el escalaf&oacute;n de la poes&iacute;a (para el que importan las clasificaciones, los estilos, las caracter&iacute;sticas), precisamente esas exigencias cuya falta de cumplimiento quiz&aacute; desaconsej&oacute; treinta a&ntilde;os atr&aacute;s su publicaci&oacute;n, cuando el joven poeta todav&iacute;a pod&iacute;a sentir alguna urgencia por hacerse reconocible en la sociedad literaria. Ahora, ya, qu&eacute; importaba. Los ocho cantos de &ldquo;Numancia&rdquo; alcanzan una de las cotas m&aacute;s altas, me gusta decir a m&iacute;, de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola en ya ver&iacute;amos qu&eacute; estilo o en cualquier estilo de la segunda mitad del siglo xx. Y <em>Los poemas de San Polo</em> son un regreso al ed&eacute;n abandonado una vez que el hombre exterior apenas si tiene ya personalidad p&uacute;blica que contradiga la vida interior. Por eso son tambi&eacute;n una despedida a todos los exteriores de la vida, de la historia, del lenguaje p&uacute;blico y pol&iacute;tico, de las exigencias del teatro social:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Adi&oacute;s desde la soledad</p>
<p>Adi&oacute;s desde mi hijo adi&oacute;s</p>
<p>Desde los d&iacute;as disputados</p>
<p>Desde noches enteras de recuerdo</p>
<p>Adi&oacute;s desde la Cruz del Sur</p>
<p>Adi&oacute;s desde el desv&aacute;n lejano donde espero.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; (&ldquo;El &aacute;rbol en la tierra&rdquo;)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No es extra&ntilde;o, pues, que los versos rindan homenaje ahora a un poeta tan lejano de cualquier irracionalismo o automatismo surreal como Antonio Machado. (Pedro Salinas dec&iacute;a que Machado dice lo que hace y hace lo que dice). La &ldquo;Eleg&iacute;a a Antonio Machado en la m&aacute;rgenes del Duero&rdquo; sustituye en <em>Los poemas de San Polo</em> al af&aacute;n por encontrar en un c&oacute;digo ling&uuml;&iacute;stico y estil&iacute;stico deliberadamente il&oacute;gico y extra&ntilde;o como el surrealista el cumplimiento po&eacute;tico del deseo, la redenci&oacute;n de todas las discontinuidades de la vida. Algunas partes de &ldquo;Numancia&rdquo;, el poema central del libro, al que los dem&aacute;s arropan como una especie de cortejo, hab&iacute;an sido adelantadas en revistas al menos desde 1948; ahora aparecer&aacute;n sin responder al acoplamiento con la historia literaria que suele avalar con la l&oacute;gica de su narraci&oacute;n el enaltecimiento de unas obras y el desmerecimiento de otras. Ahora, cuando ya no es tiempo para el poeta de historias ni antolog&iacute;as, aparecer&aacute;n estos estremecidos versos que muy pocos leer&aacute;n, perdida la ocasi&oacute;n y el momento que podr&iacute;an haberlos justificado en la legalidad de la historia literaria. Casi todos vienen a ser un recuento, un cat&aacute;logo &mdash;as&iacute; se titula uno de ellos, &ldquo;Cat&aacute;logo sentimental&rdquo;&mdash; de objetos y paisajes de su vida esencial:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Os llamo enamoradas amatistas</p>
<p>Os llamo inconfesables alamedas</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; (&ldquo;Cat&aacute;logo sentimental&rdquo;)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mi nombre es soledad mi nombre es nieve</p>
<p>Mi nombre es un pasado de ciudades</p>
<p>Mi nombre es el jard&iacute;n donde respiro</p>
<p>Lejano y solo y blanco y apartado</p>
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<p>La verdad es que nunca he sabido el efecto que me hubieran hecho los versos de Garc&eacute;s si yo mismo no me hubiera alejado de la ciudad en que nac&iacute; y pas&eacute; mi infancia &mdash;la suya misma&mdash;. Y me acuerdo de que, al menos antes, en Soria, de los paisajes en torno a la ciudad que aparec&iacute;an trazados en los poemas de Antonio Machado, nadie o casi nadie se atrev&iacute;a a decir que fueran una cosa &mdash;un objeto fabricado por el arte, una imagen&mdash; y los paisajes reales, hechos de aire y tierra y luz, fueran otra, apenas aprehensible en su singularidad real (&ldquo;<em>individuum est inefabbile</em>&rdquo;, dec&iacute;an los escol&aacute;sticos). Y no ya porque los paisajes machadianos apuesten a conseguir justamente eso, la abolici&oacute;n de la frontera entre el arte y la realidad y logren como ningunos otros el efecto de que la realidad ha pasado al arte sin soluci&oacute;n de continuidad y en condici&oacute;n de pura transparencia; los sorianos cre&iacute;amos, y quiz&aacute; haya quien lo crea todav&iacute;a, que <em>viv&iacute;amos</em> en los poemas de Machado. Mi lectura de Garc&eacute;s, no estoy seguro de que se haya despojado alguna vez de esta especie de inocencia. Cuando leo sus versos, mi paisaje es el suyo, mi vida en el tiempo comprende la suya, mi vida sin tiempo se acopla a la suya sin apenas esfuerzo de traslaci&oacute;n. No he podido nunca leer sus poemas completamente desde afuera de esa privacidad. Y s&oacute;lo mucho despu&eacute;s de conocerlos creo que he podido tener una idea m&aacute;s o menos libre, distante &mdash;o sea, un juicio&mdash; acerca de la talla de este poeta del que s&oacute;lo pod&iacute;a hablar con muy pocos. Pero entonces su valor ha crecido.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 25 Mar 2019 06:40:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poeta en el ocaso. Peter Handke, ¿un clásico?]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/poeta-en-el-ocaso-peter-handke-un-clasico/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2019/handke500.jpg" alt="" /></p>
<p>&ldquo;&iquest;Por qu&eacute; obras p&oacute;stumas? &iquest;Por qu&eacute; publicadas en vida?&rdquo; As&iacute; comenz&oacute; Robert Musil su libro de relatos <em>Obras p&oacute;stumas publicadas en vida</em> de 1935. Musil, que con su novela inacabada &ndash;y probablemente imposible de acabar&ndash; <em>El hombre sin atributos</em>nos dej&oacute; un texto cuya catalogaci&oacute;n e interpretaci&oacute;n sigue ocupando a lectores y fil&oacute;logos hasta hoy, afirma en el pr&oacute;logo de su libro de relatos que, a pesar de que existen legados literarios que son grandes regalos, las obras p&oacute;stumas suelen tener un parecido sospechoso con una liquidaci&oacute;n por cierre de negocios. Y para evitar que se publique su obra p&oacute;stuma cuando ya no sea capaz de impedirlo, decidi&oacute; publicarla &eacute;l mismo en vida. A su manera. Aunque parezca raro, Robert Musil y Peter Handke son paisanos. Musil naci&oacute; en 1880 en Klagenfurt, capital de la provincia austriaca de Carintia. Handke naci&oacute; en la peque&ntilde;a localidad de Griffen, a unos 35 kil&oacute;metros de Klagenfurt, en diciembre de 1942, ocho meses despu&eacute;s de la muerte de Musil. Quiz&aacute;s sea esta coincidencia geogr&aacute;fica y temporal el nexo m&aacute;s fuerte que une a los dos escritores, tan distintos el uno del otro.</p>
<p>Pocos meses despu&eacute;s del 75&ordm; cumplea&ntilde;os de Handke, la editorial alemana Suhrkamp public&oacute; la obra completa del autor. 14 vol&uacute;menes vistosos y bien encuadernados, divididos en tres grupos: prosa, poes&iacute;a y teatro (9 tomos), ensayos (2 tomos) y los <em>Journale</em>, los libros de apuntes (3 tomos). En total 11.424 p&aacute;ginas, impresas con cierta holgura, por el m&oacute;dico precio de 355 euros. Toda una obra, toda una vida.</p>
<p>Poco antes, en oto&ntilde;o de 2017, Handke hab&iacute;a vendido sus cuadernos de notas al <em>Deutsches Literaturarchiv</em> de Marbach am Neckar, el archivo que, aparte de ser el centro de investigaci&oacute;n literaria m&aacute;s grande de Alemania, atesora el mayor legado literario y personal de escritores en lengua alemana, entre ellos el manuscrito original de <em>El proceso</em> de Franz Kafka. En 2007, el archivo hab&iacute;a adquirido los primeros 67 cuadernos que abarcan los a&ntilde;os entre 1975 y 1990, una d&eacute;cada despu&eacute;s compr&oacute; 154 m&aacute;s que llegan hasta el a&ntilde;o 2015. Un total de 221 libretas de los m&aacute;s variados tama&ntilde;os, formatos, colores y encuadernaciones con aproximadamente 33.000 p&aacute;ginas que contienen los apuntes del autor hechos en 14.600 d&iacute;as, como han contabilizado los archiveros.</p>
<p>Los <em>Journale</em>, desde <em>El peso del mundo</em> (1977) hasta <em>Vor der Baumschattenwand nachts </em>(Delante de la pared de la sombra del &aacute;rbol, de noche<em>,</em> 2015), pasando por el magistral <em>Ayer, de camino</em> (2005) con impresiones de sus estancias en Espa&ntilde;a, han sido hasta ahora la fuente m&aacute;s directa sobre el proceso de creaci&oacute;n de Handke ya que se nutren de textos elaborados a partir de sus cuadernos de notas. Los <em>Journale</em> son obras literarias en s&iacute;, llenas de observaciones, apuntes espont&aacute;neos, proyectos de libros, frases anotadas para incluirlas en las obras que el autor estaba escribiendo, reflexiones que se balancean entre lo sublime, lo ef&iacute;mero y lo banal. Algunos de estos <em>Journale</em> est&aacute;n a&uacute;n por traducir al espa&ntilde;ol pese a que pertenecen a los libros m&aacute;s interesantes de Handke.</p>
<p>Ahora, gracias a la adquisici&oacute;n de los cuadernos de notas originales por parte del archivo de Marbach, se puede consultar el material en bruto y ligar a&uacute;n m&aacute;s la obra de Handke a su vida. El archivo acaba de publicar un peque&ntilde;o volumen, <em>Das stehende Jetzt </em>(El ahora detenido), que, aparte de un extenso ensayo sobre los cuadernos y un largo di&aacute;logo entre Handke y el fil&oacute;logo Ulrich von B&uuml;low, muestra varias docenas de p&aacute;ginas de los cuadernos. Se trata de apuntes ca&oacute;ticos, hechos a vuelapluma y en cualquier situaci&oacute;n, sentado en el metro o en la naturaleza, de pie andando por bosques o en ciudades, en los m&aacute;s variados lugares del mundo, textos manuscritos con una letra apretada y desigual, a veces apenas legible, en diferentes idiomas y caracteres incluyendo el griego o &aacute;rabe. A ello se suman dibujos que a veces parecen emerger del texto, otras veces son rodeados por la escritura que en ocasiones se sobrepone a ellos como si de un palimpsesto se tratara, esbozos pintarrajeados en los que la letra confluye con los objetos dibujados. Tambi&eacute;n se hace patente el prop&oacute;sito estrictamente literario de estos apuntes que no entran en la esfera personal ya que carecen de cualquier comentario privado. Es por ello que Handke rechaza calificar sus cuadernos de diarios.</p>
<p>A las obras completas y los cuadernos de apuntes se suma al prestigioso Premio Nestroy austriaco que Handke recibi&oacute; en 2018 por al conjunto de su obra teatral. Y se suma una novela que, seg&uacute;n el autor, es &ldquo;su &uacute;ltimo gran texto &eacute;pico&rdquo;, <em>La ladrona de fruta o Viaje de ida al interior del pa&iacute;s</em>, un libro de m&aacute;s de 550 p&aacute;ginas en el que una joven mujer recorre la Picard&iacute;a francesa de, como no, una manera muy handkeana. Todo ello sugiere que nos hallamos ante un legado publicado en vida de un escritor a punto de convertirse en cl&aacute;sico.</p>
<p>Aunque lo que hay detr&aacute;s de este c&uacute;mulo de indicios tambi&eacute;n podr&iacute;a interpretarse como una estrategia comercial de Suhrkamp aprovechando un cumplea&ntilde;os redondo, por un lado, y, por otro, como una forma de garantizarse un plus a sus ingresos de un autor que no se retirar&aacute; tan pronto, puesto que, seg&uacute;n el propio Handke, no concibe la vida de otra manera que escribiendo. Tanto la publicaci&oacute;n de las obras completas como la puesta a disposici&oacute;n del p&uacute;blico de los cuadernos de notas permiten, sin embargo, analizar la trayectoria del autor y confrontar el &ldquo;viejo&rdquo; con el &ldquo;joven&rdquo; Handke. Una confrontaci&oacute;n que el escritor ya anticip&oacute; en un gran texto, a&uacute;n sin traducir al castellano: <em>Immer noch Sturm</em> (Tormenta todav&iacute;a, 2010), una obra autobiogr&aacute;fica, a caballo entre el teatro, la prosa y el ensayo, en la que explora sus ra&iacute;ces a trav&eacute;s del conflicto entre eslovenos y austriacos en su patria chica, Carintia. Hacia el final de este texto, un joven le toca al yo narrador, que no es otro que Handke &ldquo;el viejo&rdquo;, desde atr&aacute;s con una mano &ldquo;tan desconocida que me vuelvo bruscamente&rdquo;. Pregunta a la madre detr&aacute;s de la cual hab&iacute;a estado oculto el joven: &ldquo;Yo: &lsquo;Y este, &iquest;qui&eacute;n es? &iquest;Qu&eacute; quiere aqu&iacute;?&rsquo; &ndash; Mi madre: &lsquo;Eres t&uacute;. T&uacute; mismo. Ahora que est&aacute;s envejeciendo, &iquest;no es tu deseo, tu gran deseo, estar frente al t&uacute; de antes?&rsquo;&rdquo; Y as&iacute;, Handke empieza a dar vueltas alrededor de su yo de joven, &ldquo;me rodeo, me examino con la mirada, me observo, me contemplo [&hellip;], me doy golpes en la barriga, me doy patadas en la corva&rdquo; y hasta empieza a pegarse con su yo anterior para ver qui&eacute;n es m&aacute;s fuerte. Se coge de la melena y se revolea a s&iacute; mismo, sin que quede claro cu&aacute;l de los dos vuela por el aire.</p>
<p>Con raz&oacute;n. Visto desde ahora, la vida, la escritura de Handke han sido una secuencia de transformaciones en busca de la po&eacute;tica adecuada a cada momento. Muy joven, con apenas 23 a&ntilde;os, Handke se convirti&oacute; en la estrella pop de la literatura en lengua alemana. En 1966, en la famosa reuni&oacute;n de Princeton del &ldquo;Grupo 47&rdquo;, que reun&iacute;a a muchos de los grandes nombres de la literatura germana de aquel momento, el joven os&oacute; insultarles a todos ellos proclamando, sin matizaciones ni miramientos, que la literatura alemana se ve&iacute;a abocada a una &ldquo;impotencia descriptiva&rdquo;. Su breve intervenci&oacute;n, apenas preparada y t&iacute;midamente balbuceada, le val&iacute;a la atenci&oacute;n, medio ir&oacute;nica, medio cr&iacute;tica, del mundo literario. Poco despu&eacute;s, la atenci&oacute;n se convirti&oacute; en reconocimiento gracias al estreno de su primera obra de teatro, <em>Insultos al p&uacute;blico</em>, que buscaba contravenir las reglas de juego del teatro convencional poni&eacute;ndolas del rev&eacute;s. La obra no representa nada, en ella no ocurre nada, se reduce a la verborrea de cuatro actores que hablan al p&uacute;blico y no solo cuestionan las normas teatrales y del lenguaje sino que ponen en duda la diferenciaci&oacute;n entre el mundo y el arte: &ldquo;Estas tablas no significan ning&uacute;n mundo. Pertenecen al mundo&rdquo;. El lenguaje se convierte en materia prima del teatro y de la prosa de Handke. &Eacute;l no quiere contar meras historias, quiere contar a trav&eacute;s del lenguaje, crear un nuevo mundo a partir del lenguaje.</p>
<p>De ah&iacute; que cualquier alusi&oacute;n directa a la realidad pol&iacute;tica y social es imposible para Handke, la literatura no puede ser usada con fines ideol&oacute;gicos. Consecuentemente, el autor se declar&oacute; &ldquo;habitante de la torre de marfil&rdquo; en pleno auge del &ldquo;mayo de 68&rdquo; para seguir su particular b&uacute;squeda literaria a trav&eacute;s de un yo abolido por la politizaci&oacute;n del momento. No obstante, public&oacute; uno de los libros paradigm&aacute;ticos de estos a&ntilde;os que analizaba desde el &iacute;ntimo conocimiento y una distancia cr&iacute;tica, que a veces resulta fr&iacute;a, la situaci&oacute;n de los m&aacute;s desfavorecidos: <em>Desgracia impeorable</em> (1972), un libro escrito en pocas semanas tras el suicidio de su madre y en el que retrata la degradaci&oacute;n social de una mujer en la posguerra austriaca.</p>
<p>Despu&eacute;s de una fuerte crisis existencial y literaria que qued&oacute; plasmada en su libro <em>Lento retorno</em> (1979), surgi&oacute; el Handke &ldquo;cl&aacute;sico&rdquo; de los a&ntilde;os ochenta, con casa en Salzburgo, que se med&iacute;a, a su manera, con los grandes nombres de la historia universal de la literatura y del arte, con los griegos, los romanos y con Goethe al que convirti&oacute; en &ldquo;su poeta&rdquo;. Una &eacute;poca en la que la introspecci&oacute;n dio paso a una cada vez mayor observaci&oacute;n de la naturaleza y al hallazgo literario del andar como manera de descubrir el mundo. Es el caso de<em> La ausencia</em> (1987), un <em>roadmovie</em> &ldquo;<em>off the road</em>&rdquo; que discurre muy lejos de las aglomeraciones humanas como puede comprobarse tambi&eacute;n en la pel&iacute;cula hom&oacute;nima dirigida por el propio Handke. Muchas de las obras que el autor escribi&oacute; en estos a&ntilde;os eran textos cortos y de reflexi&oacute;n po&eacute;tica, <em>La doctrina del Saint Victoire</em> <span style="text-decoration: underline;">(</span>1980) y <em>Tarde de un escritor </em>(1987) entre ellos, o de b&uacute;squeda de sus ra&iacute;ces como <em>La repetici&oacute;n</em> (1986), su gran novela sobre un recorrido a pie por el karst esloveno que en aquel entonces a&uacute;n era yugoslavo.</p>
<p>A principios de los a&ntilde;os noventa, despu&eacute;s un viaje de tres a&ntilde;os que literalmente le llev&oacute; alrededor del mundo, Handke se asent&oacute; en una casa con jard&iacute;n de un peque&ntilde;o pueblo cerca de Par&iacute;s, su &ldquo;bah&iacute;a de nadie&rdquo; en la que vive hasta hoy. En aquellos a&ntilde;os comenz&oacute;, por un lado, la etapa del Handke &ldquo;pol&iacute;tico&rdquo;. Caus&oacute; gran impacto medi&aacute;tico con libros sobre la tergiversaci&oacute;n de la realidad por parte de la prensa en la guerra de los Balcanes &ndash;muy mal acogido por los mismos medios que hab&iacute;a criticado&ndash; y una defensa tenaz de la posici&oacute;n de Serbia en el conflicto. Pero tambi&eacute;n reivindic&oacute; el papel de la resistencia eslovena contra el nacionalsocialismo durante la Segunda Guerra Mundial. Por otro lado, comenz&oacute; la etapa del Handke &ldquo;&eacute;pico&rdquo; que retrata el mundo, su mundo, en grandes narraciones: <em>Mi a&ntilde;o en la bah&iacute;a de nadie</em> (1994), <em>La p&eacute;rdida de la imagen o A trav&eacute;s de la Sierra de Gredos</em> (2002), <em>La noche del Morava</em> (2008) y la novela ya mencionado <em>La ladrona de frutas</em>. Son libros inabarcables por su forma dispar, su mezcla entre narraci&oacute;n, reflexi&oacute;n, memoria y ficci&oacute;n, con un yo narrador fluctuante y un enrevesado juego con vivencias reales del autor y elementos inventados. Hay pocos autores en los que la frontera &ndash;o para utilizar una palabra clave de Handke: el umbral&ndash; entre realidad y ficci&oacute;n, entre vida y obra es tan fina que, en &uacute;ltima instancia, resulta obsoleta puesto que la literatura forma parte de la vida y la vida, en su caso, no es sue&ntilde;o sino material sin labrar para transformarlo en literatura.</p>
<p>Esta po&eacute;tica que adopta una postura casi religiosa hacia la vida y la escritura, junto con la incesante producci&oacute;n literaria del autor, conllevan un fuerte riesgo de fracaso, en textos que se regodean en la celebraci&oacute;n de la palabra o en juegos autosuficientes que no van a ninguna parte. Algunos pasajes de sus grandes novelas o el tedioso &ldquo;di&aacute;logo de verano&rdquo; entre un hombre y una mujer que es <em>Los bellos d&iacute;as de Aranjuez</em> (2012) dan ejemplo de ello. Como algunas frases de Handke que oscilan entre la metaf&iacute;sica literaria y el patetismo existencialista, seg&uacute;n se mire: &ldquo;En medio de la escritura estamos en la muerte, estamos en medio de la vida&rdquo;.</p>
<p>La escritura de Peter Handke es, en primera instancia, f&iacute;sica, es la palabra tangible, como &eacute;l mismo apunta: &ldquo;&Eacute;sta es una frase tranquila que vibra a la vez&rdquo;. Y consiste en el intento de narrar el narrar narrando, es decir, hacer visible el proceso de narrar, convertirlo en parte integral del texto mismo. La po&eacute;tica de Handke no sigue un programa elaborado sino est&aacute; en constante desarrollo, se deja influir, penetrar por las vivencias y lecturas del autor, en un acto de enfrentarse escribiendo a la realidad y a sus propias verdades. Esto implica un rechazo absoluto de los t&oacute;picos sociales, como apunta en uno de sus cuadernos: &ldquo;Conseguir vivir m&aacute;s all&aacute; de la consciencia, de las opiniones, imaginaciones de los dem&aacute;s&rdquo;.</p>
<p>A pesar de su gran presencia en el mercado del libro y en la prensa, Peter Handke siempre se ha mantenido en los m&aacute;rgenes del llamado mundo literario, ha seguido sus propios cauces, ajeno a las modas. Parece casi un milagro que su escritura particular, enrevesada, fiel a s&iacute; misma en todos los cambios que ha dado, que sus textos perif&eacute;ricos, antidid&aacute;cticos y ajenos a las convenciones, que sus libros que exigen al lector un compromiso intelectual con el acto de leer sigan llamando la atenci&oacute;n en un mundo literario que se ha trivializado, que se rige cada vez m&aacute;s por los n&uacute;meros que por las letras. Esto se debe en partes iguales a sus lectores y a las editoriales que se mantienen fieles al autor. Traducir y publicar a Handke para un p&uacute;blico tan minoritario como el espa&ntilde;ol tiene gran m&eacute;rito, y tiene m&eacute;rito seguir las peripecias del autor de libro en libro, un esfuerzo que no todos los libros recompensan de igual manera. Como pocos escritores, Handke tiene lectores convencidos y no-lectores igual de convencidos. El flujo migratorio entre estos dos espec&iacute;menes es escaso, hay pocos conversos. Adem&aacute;s, es de temer que los handkeanos (en la terminolog&iacute;a de su amigo y principal traductor al espa&ntilde;ol Eustaquio Barjau) en Espa&ntilde;a est&eacute;n envejeciendo junto con el autor. Mientras que en el mundo literario y acad&eacute;mico de lengua alemana Handke sigue siendo un escritor que provoca inter&eacute;s, tesinas y tesis, en Espa&ntilde;a se le lee poco y apenas se le investiga. Las puestas en escena de sus obras de teatro son escasas y nada tienen que ver con el revuelo que caus&oacute; el estreno de <em>Gaspar</em> en 1973 por Jos&eacute; Luis G&oacute;mez que &ldquo;fue saludada por la cr&iacute;tica como un acontecimiento&rdquo;. En una entrevista, el propio Handke compara el ambiente literario de los a&ntilde;os sesenta con el de ahora. Entonces las preguntas eran: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; es escribir? &iquest;C&oacute;mo se escribe? &iquest;Por qu&eacute; se escribe? &iquest;Est&aacute; permitido escribir?&rdquo; Y contin&uacute;a: &ldquo;Yo sigo percibiendo aquel umbral, la idea de que, en el fondo, la escritura no debe ser. Hoy existe una enorme versatilidad que, por un lado, es agradable y, por otro, cuestionable. El haber superado este umbral: en eso consist&iacute;a el &eacute;xito&rdquo;. Un &eacute;xito no social sino ante uno mismo: una escritura necesaria que se justifica por su mera existencia, en eso debe consistir la tarea del escritor.</p>
<p>De ah&iacute; que la po&eacute;tica de Peter Handke resulta pol&iacute;tica en el sentido m&aacute;s amplio de la palabra. Handke concibe la literatura como medio para percibir y, a la vez, cambiar el mundo, por la fuerza inherente a la palabra, a la poes&iacute;a, y por la fe en el poder transformador del arte. Un arte que establece un di&aacute;logo con los lectores a trav&eacute;s de los tiempos, al igual que Handke lo hace con sus predecesores. As&iacute;, por ejemplo, en <em>La p&eacute;rdida de la imagen</em> aparece de repente &ldquo;una mano que escrib&iacute;a a la luz de una l&aacute;mpara de aceite, que escrib&iacute;a y escrib&iacute;a y escrib&iacute;a &ndash;en un ritmo que [la protagonista] hasta ahora no hab&iacute;a visto nunca&ndash; con plumilla de acero y tinta negra&rdquo;; esta mano no es otra que la mano de Miguel de Cervantes.</p>
<p>Lo que nos lleva al mundo hispano en la obra de Peter Handke. Handke es uno de los pocos escritores en lengua alemana que han profundizado en la cultura espa&ntilde;ola, aunque de forma muy particular y muy lejos de los t&oacute;picos. La Espa&ntilde;a de Handke la pueblan autores como Cervantes, Antonio Machado, Santa Teresa de &Aacute;vila, San Juan de la Cruz, Mar&iacute;a Zambrano, en ella confluyen la idioma, los pueblos, el rom&aacute;nico de muchas iglesias y los paisajes m&aacute;s variados en un juego de impresiones y asociaciones que retratan el pa&iacute;s, su historia y su cultura de forma subjetiva. Handke lo hace a su manera, mezclando el paisaje, la lengua, la geograf&iacute;a de Espa&ntilde;a con la de otros pa&iacute;ses, sobre todo con el &ldquo;pa&iacute;s so&ntilde;ado&rdquo; de su infancia, Yugoslavia. Espa&ntilde;a aparece como Espa&ntilde;a, pero es, a la vez, un lugar que representa el mundo. As&iacute;, por ejemplo, a la estepa espa&ntilde;ola se superpone otro paisaje hermano, el karst balc&aacute;nico, y de esta convergencia emerge un pueblo invadido por la violencia, los cr&iacute;menes y asesinatos. El &uacute;nico punto sosegado en esta localidad inh&oacute;spita est&aacute; en la literatura, en &ldquo;unos grandes almacenes de libros&rdquo; de seis pisos &ldquo;en los que lucen pilas del mismo t&iacute;tulo, desde el nivel uno hasta el nivel seis, todos estos millones de ejemplares del mismo grosor, con los mismos colores en la sobrecubierta&rdquo;. Solo &ldquo;arriba, en el sexto y &uacute;ltimo piso&rdquo; destaca un libro que parece haberse ca&iacute;do de las largas filas de estanter&iacute;as, qued&aacute;ndose colgado en la decoraci&oacute;n que imita una red de pescadores, &rdquo;un libro con las p&aacute;ginas abiertas hacia abajo, de un grosor distinto del de los dem&aacute;s, sin sobrecubierta, con marcas de haber sido le&iacute;do&rdquo;, de modo que &ldquo;si uno tiene unos prism&aacute;ticos a mano para enfocar el libro [&hellip;] podr&iacute;a descifrar: &lsquo;En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que viv&iacute;a&hellip;&rsquo;&rdquo; Cervantes en el mundo de hoy.</p>
<p>La Espa&ntilde;a de Handke tiene cierto grado de azar y de absurdo. La primera palabra en espa&ntilde;ol que piensa, sin darse cuenta, un personaje de Peter Handke es &ldquo;nieve&rdquo;. Es navidad de 1989, el narrador del libro escribe casi en tiempo real sobre su estancia en una de las ciudades m&aacute;s remotas de Espa&ntilde;a, Soria, a la que ha venido en busca de algo que no encontrar&aacute; all&iacute;, o solo lo encontrar&aacute; en una pel&iacute;cula inglesa que ve en un cine: un <em>jukebox</em>, ese aparato de m&uacute;sica que hab&iacute;a sido un frecuente refugio ante las adversidades en su juventud. Lo que el narrador, y con &eacute;l el autor del libro, s&iacute; encuentra en la capital castellana son una cultura, un paisaje, un arte y una literatura que le acompa&ntilde;ar&aacute;n durante los pr&oacute;ximos a&ntilde;os y que se convertir&aacute;n en el trasfondo de m&aacute;s de una docena de libros. Soria fue la segunda parada en Espa&ntilde;a durante el ya mencionado viaje de tres a&ntilde;os, entre 1987 y 1990, por el mundo. En <em>Ensayo sobre el jukebox</em> (1989) retrata la ciudad invernal y su descubrimiento de una lengua nueva. El escritor sigui&oacute; su periplo por otros lugares, los Pirineos, la Mancha, las riberas del Duero, el norte de Andaluc&iacute;a, Teruel o Zaragoza. Al sur de esta ciudad, Handke sit&uacute;a una enorme estepa despoblada por la que vaga el farmac&eacute;utico del barrio salzburgu&eacute;s de Taxham en una novela con claras alusiones a San Juan de la Cruz: <em>En una noche oscura sal&iacute; de mi casa sosegada</em> (1997). En <em>A trav&eacute;s de la Sierra de Gredos</em> env&iacute;a a su protagonista banquera en coche, autob&uacute;s, a lomos de caballo y andando por las dos Castillas y la Sierra donde vivir&aacute; unas aventuras dignas de una hero&iacute;na de novelas caballerescas para unirse finalmente con el mism&iacute;simo Cervantes. La Espa&ntilde;a que se encuentra en los libros de Handke es a la vez f&iacute;sica y literaria, real y fantaseada.</p>
<p>En mayo de 2017, Peter Handke fue nombrado <em>Doctor honoris causa</em> de la Universidad de Alcal&aacute;. Termin&oacute; su discurso, escrito &iacute;ntegramente en espa&ntilde;ol para rendir homenaje al idioma que aprendi&oacute; en la calle y en los libros de los autores mencionados, con una cita de Antonio Machado: &ldquo;Desnuda est&aacute; la tierra / y el alma a&uacute;lla al horizonte p&aacute;lido / como loba fam&eacute;lica. &iquest;Qu&eacute; buscas, / poeta, en el ocaso?&rdquo;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 25 Mar 2019 06:37:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La razón humilde]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-razon-humilde/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/marzo/pison500.jpg" alt="" /></p>
<p>Octavio Paz conoci&oacute; a Ortega y Gasset siendo un poeta todav&iacute;a muy joven, cuando Ortega era un hombre ya mayor y de no muy buena salud, hacia 1953. Al evocar ese encuentro mucho tiempo despu&eacute;s, Paz se pregunt&oacute; abruptamente, entre par&eacute;ntesis y sin contestarse: &iquest;por qu&eacute; nunca emple&oacute; por escrito el <em>registro familiar</em>? La pregunta nac&iacute;a de una sorpresa. No imaginaba detr&aacute;s del estilo solemnizante del Ortega maduro su evidente cordialidad, jovial y divertida, la conversaci&oacute;n chispeante y hasta procaz de Ortega (pese a lo cual Ortega desaconsej&oacute; a Paz, en la misma entrevista, el cultivo de la poes&iacute;a y taxativamente recomend&oacute; que aprendiese alem&aacute;n si quer&iacute;a hacer alguna cosa seria en la vida).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El <em>registro familiar</em>, el <em>sermo humilis</em> o la po&eacute;tica de lo humilde es parte de la herencia m&aacute;s viva de la tradici&oacute;n realista de la novela del siglo XIX. No ha tenido siempre buena prensa ni ha disfrutado en todos los tramos de la historia reciente de una respetabilidad alta. Sin embargo, sigue siendo uno de los motores centrales de la creaci&oacute;n novelesca y la lectura literaria. Es tambi&eacute;n la po&eacute;tica que coloca m&aacute;s abiertamente a la novela en la zona de frontera con la cr&oacute;nica, con el periodismo o con la historia (posible) del presente. Se atreve incluso, a veces, a adelantarse a la pereza, la cobard&iacute;a (o la probidad) de la historiograf&iacute;a. Dicho de otro modo: algunos novelistas de la democracia han sido capaces de contar y conjeturar mejor que los buenos libros de historia lo que fue la vida cotidiana durante la rep&uacute;blica y la guerra o a lo largo del franquismo. Han sido fuentes insustituibles para comprender la naturaleza estratificada, interconectada y al mismo tiempo difusa del pasado; son las que han dado cuenta de los espacios ambiguos, de las falsas determinaciones, de las aparentes firmezas, de las presuntas traiciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No son esos &aacute;mbitos en absoluto ajenos a la narrativa de Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n. Incluso sus novelas m&aacute;s intimistas o m&aacute;s psicol&oacute;gicas han anclado sus tramas a fechas y lugares concretos, a espacios sociales y momentos hist&oacute;ricos determinados. Sus tres &uacute;ltimos libros, sin embargo, han acentuado de forma muy marcada la sensibilidad hist&oacute;rica habitual en sus relatos, y el origen de esa inflexi&oacute;n est&aacute; en una espl&eacute;ndida novela factual o ensayo de historia narrativa, <em>Enterrar a los muertos</em> (2005). Pero a pesar de su acertad&iacute;sima combinaci&oacute;n de intriga novelesca sin ficci&oacute;n, cr&oacute;nica veraz y narraci&oacute;n hist&oacute;rica, sus dos obras siguientes regresaron a la novela de ficci&oacute;n: <em>Dientes de leche</em> (2008) y <em>El d&iacute;a de ma&ntilde;ana</em> (2011).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sin embargo, ya no eran lo mismo. El narrador volv&iacute;a a la funci&oacute;n mediadora y transparente de voz neutra porque prestaba su lenguaje a los personajes protagonistas, bien de forma directa o indirecta. Renunciaba a actuar desde la autobiograf&iacute;a o el yo m&aacute;s o menos visible del historiador o del ensayista y aspiraba a construir una ficci&oacute;n, una novela de ficci&oacute;n. Pero lo hac&iacute;a con una atadura &eacute;tica nueva, que antes hab&iacute;a sido s&oacute;lo un auxilio de la imaginaci&oacute;n del novelista y ahora se convert&iacute;a en pieza muy central de la novela: ahora la historia vivida y real era parte biol&oacute;gica de la novela y sin esa historia ver&iacute;dica el relato perd&iacute;a buena parte de su significado. <em>Dientes de leche</em> necesitaba contar qu&eacute; y qui&eacute;nes hab&iacute;an sido las tropas fascistas italianas en la guerra civil y c&oacute;mo vivieron en casa la victoria franquista y el franquismo. <em>El d&iacute;a de ma&ntilde;ana</em> fue ya abiertamente, adem&aacute;s de una espl&eacute;ndida novela, una lecci&oacute;n de historia precoz, adelantada, aun por escribir por parte de los mismos historiadores: la segunda mitad del franquismo y el tr&aacute;nsito a la democracia es todav&iacute;a etapa ampliamente anegada de t&oacute;picos redentores de quienes fabricaron ese tiempo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las razones son m&uacute;ltiples. El tiempo heroico de la victoria o la derrota total han sido el &aacute;mbito com&uacute;n de la investigaci&oacute;n hist&oacute;rica y tambi&eacute;n de la novela, mientras que la lenta salida del subdesarrollo, todav&iacute;a bajo el franquismo, ha sido material de exploraci&oacute;n m&aacute;s dif&iacute;cil y menos n&iacute;tida. Se desdibujan los perfiles porque el tiempo pasa, el r&eacute;gimen sigue pero las cosas cambian desde muchos &aacute;ngulos. Nuevas generaciones se pusieron en marcha a mediados de los a&ntilde;os sesenta, mientras viv&iacute;an todav&iacute;a los actores de la guerra, los responsables de la victoria y tambi&eacute;n de la resistencia, todos por cierto asumiento nuevos papeles o nuevas variantes de sus antiguos papeles.</p>
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<p>F&eacute;lix de Az&uacute;a intent&oacute; esa exploraci&oacute;n sin acabar de salirse con la suya. <em>Momentos decisivos</em> es una novela inteligente de 2000 que dejaba insatisfacciones propiamente novelescas. Sin embargo, conten&iacute;a una idea motor que comparece en casi todos los intentos de contar ese pasado muy opaco y simplificado. En el ep&iacute;logo evoca Az&uacute;a el fracaso del general que so&ntilde;&oacute; &ldquo;haberlo dejado todo atado y bien atado, como si el tiempo pudiera encadenarse a un pe&ntilde;asco y ofrecer su h&iacute;gado a las rapaces. No sab&iacute;a que la transformaci&oacute;n entrar&iacute;a por una puerta inesperada, no mediante luchas pol&iacute;ticas o militares, que tanto tem&iacute;a, sino a trav&eacute;s de la sutil vida dom&eacute;stica, de la rutina de todos los d&iacute;as que erosiona continentes enteros sin avisar, a traici&oacute;n. No habr&iacute;a levantamientos, ni revoluciones, ni matanzas &eacute;picas, no habr&iacute;a Historia, sino algo m&aacute;s profundo y tan eficaz como para cambiar la faz del mundo.&rdquo;</p>
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<p>&nbsp;A principios de 2008, cuando acababa de publicar <em>Dientes de leche</em>, Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n quiso recordar en m&aacute;s de una entrevista que llevaba viviendo 26 a&ntilde;os en Barcelona. Hoy ser&aacute;n ya treinta, y conf&iacute;o que sigan siendo m&aacute;s pese a todos los pesares secesionistas que Pis&oacute;n observa (yo tambi&eacute;n) con algo m&aacute;s que aprensi&oacute;n, quiz&aacute; incluso con algo de sentido difuso de injusticia o de abuso. La pregunta inmediata que le hac&iacute;a en <em>La Vanguardia</em> el periodista era m&aacute;s directa y previsible: &iquest;Por qu&eacute; no escribe sobre Barcelona? Pis&oacute;n contestaba con una primicia que transcribo &iacute;ntegra: &ldquo;Preparo ahora una novela sobre un confidente de la Brigada Pol&iacute;tico-Social de la polic&iacute;a en la Barcelona franquista, cuento las cosas feas que hizo. Pero no juego a hacer de Barcelona un personaje: no creo que una ciudad lo sea, por mucho que Barcelona haya devenido g&eacute;nero literario&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ese es y no es el argumento de <em>El d&iacute;a de ma&ntilde;ana</em>, quiz&aacute; porque por entonces la novela apenas deb&iacute;a ser el embri&oacute;n del libro aparecido finalmente en 2011. M&aacute;s all&aacute; de la iron&iacute;a final, Barcelona no ser&aacute; quiz&aacute; un personaje, pero sin duda s&iacute; lo es la atm&oacute;sfera tibia y turbia de una sociedad reticular, dotada de una amplia gama de vulgares grisuras localizadas en Barcelona y sus distintas clases y espacios. Los destellos que emite la luz de Bocaccio o los cameos de Carlos Barral o Jaime Gil de Biedma son deslumbrantes para el lector pero en la novela comparecen como parte de un mundo real sin h&eacute;roes: no son mucho m&aacute;s que Mateo Moreno, inspector de polic&iacute;a. La clase media y menestral que comparece dispersamente en la obra, al hilo de las biograf&iacute;as de sus protagonistas, no est&aacute; ah&iacute; tampoco como material de relleno ni es mero paisaje de fondo sino el fondo mismo. Constituye el retrato fractal y veraz de una Espa&ntilde;a m&aacute;s sumisa que agitada, con ciudadanos ocupados en remediar sus vidas con sanadores milagrosos y curanderos, con rutas en alg&uacute;n caso vistosas y elitistas, con activismo pol&iacute;tico arriesgado a veces y a veces apenas testimonial, con peque&ntilde;os negocios sin grandes expectativas y una voluntad com&uacute;n de salir adelante sin hero&iacute;smos contagiosos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>As&iacute; que es Barcelona pero no es Barcelona. O no lo es mucho m&aacute;s que cualquier capital con sus brillos locales y sus afanes, donde act&uacute;a la polic&iacute;a secreta aunque presumiblemente con menos trabajo que en grandes capitales como Madrid o Barcelona. Ese cambio de rasante en la sociedad, esa agitaci&oacute;n exigua pero efectiva de las capas sociales, educadas o no, fue parte de aquel paisaje que arranca de principios de los a&ntilde;os sesenta y desemboca en la Constituci&oacute;n de 1978. Es el marco hist&oacute;rico que cubre con plena conciencia la novela: los primeros pasos del desarrollo capitalista desde el subdesarrollo puro y duro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y, por fin, el confidente, de quien Pis&oacute;n cre&iacute;a en 2008 que contar&iacute;a &ldquo;las cosas feas que hizo&rdquo;. Si fuese verdad, esta no ser&iacute;a la espl&eacute;ndida novela que es. Es s&oacute;lo una media verdad y en ella reside la inteligencia y la honradez del escritor: el tejido secreto de las motivaciones del confidente no est&aacute;n nunca definitivamente claras, ni nadie podr&aacute; ir m&aacute;s all&aacute; de la conjetura. Ni siquiera el novelista o el narrador comparece por ninguna parte como voz sancionadora del bien o el mal, la bendici&oacute;n o la reprobaci&oacute;n de una biograf&iacute;a espiada a trav&eacute;s de testimonios ajenos, contradictorios, voluntariamente desinformados y voluntariamente firmes en puntos de vista que s&oacute;lo el lector &ndash;por medio de la iron&iacute;a estructural de la novela- descubre falibles o insuficientes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para el joven militante comunista embarcado en calentar la protesta contra el juicio de Burgos en 1970, Justo Gil era &ldquo;un tipo eficiente, disciplinado, despierto, carente por completo de sentido del humor, rabiosamente antifranquista&rdquo;. L&oacute;gicamente, si &ldquo;hubiera tenido que elegir a una persona que me mereciera total confianza, casi seguro que le habr&iacute;a elegido a &eacute;l&rdquo; (180). En parte, quiz&aacute; por las mismas razones que hicieron de Justo el hombre ideal para Carmen, cuando los dos eran muy j&oacute;venes. Sin saber bien c&oacute;mo se ganaba a las personas, &ldquo;ten&iacute;a algo que hac&iacute;a que te sintieras a gusto a su lado: su manera de mirarte, de hablarte... Te hac&iacute;a sentir que le importabas, aunque en realidad lo acabaras de conocer&rdquo; (50). Algo as&iacute; le suceder&aacute; al propio inspector o a un inexpert&iacute;simo Noel Le&oacute;n, el muchacho que le ayudar&aacute; a construir la casa, convencido de que era &ldquo;un hombre complejo, profundo, con algo de iluminado y de sant&oacute;n&rdquo; y ya imbuido, por entonces, de una suerte de redentorismo m&iacute;stico contra el inter&eacute;s y el c&aacute;lculo, el materialismo de la vida moderna y la ausencia de &ldquo;valores del esp&iacute;ritu... Impresionaba que un hombre cojo y flaco y lleno de cicatrices mencionara esos valores del esp&iacute;ritu&rdquo; (312), sobre todo si a esas alturas el lector lleva la cuenta de las pendencias de Justo como confidente de la Brigada Pol&iacute;tico-Social.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El momento quiz&aacute; m&aacute;s delicadamente emocionante de <em>El d&iacute;a de ma&ntilde;ana</em> est&aacute; en una escena con potencial carro&ntilde;ero pero finalmente l&iacute;rica y casi simb&oacute;lica. El Rata en ese episodio ya no es ese rat&oacute;n al que van a cazar los dos italianos de la ultraderecha dispuestos acabar con &eacute;l como se acaba con una rata. Ahora es el ni&ntilde;o que fue, contado por &eacute;l mismo a otro ni&ntilde;o, Noel Le&oacute;n, y ante la irritaci&oacute;n del inspector Moreno. Los chavales del pueblo, cuenta Justo, hab&iacute;an seguido al hombre y a la mula moribunda hasta el cementerio de animales, hab&iacute;an visto c&oacute;mo le part&iacute;a las piernas con un hierro para que &ldquo;nunca volviera a levantarse&rdquo; y luego se marcharon mientras se acercaban ya los buitres sobrevolando la zona. Pero la mula estaba viva todav&iacute;a, y Justo volvi&oacute;: &ldquo;Mientras yo estuviera delante, los buitres no se acercar&iacute;an. No quer&iacute;a que se la comieran viva, &iquest;entiendes, Noel? Miraba los ojos abiertos, casi humanos, de la mula, que parec&iacute;a que me daban las gracias por estar all&iacute;, y ten&iacute;a claro que no era decente abandonarla as&iacute;...&rdquo; Cuando la mula dio el respingo final, &ldquo;su mirada dej&oacute; de ser humana para ser la mirada de un animal muerto. Y entonces s&iacute;. Entonces s&iacute; que me march&eacute; y dej&eacute; que los buitres bajaran a com&eacute;rsela...&rdquo; (296)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Es leg&iacute;timo apurar el paralelismo impl&iacute;cito entre la mula y el propio Rata? &iquest;No hay algo de desvalimiento en Justo cuando Franco se muere y &eacute;l acaba cayendo bajo los disparos de la ultraderecha dirigida por los aparatos policiales del Estado, la misma Brigada Pol&iacute;tico-Social para la que hab&iacute;a trabajado, la misma Brigada que hab&iacute;a sabido chantajearlo tambi&eacute;n?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Casi parece un pal&iacute;ndromo estructural, por llamarlo as&iacute;. Lo que antes funcionaba en una direcci&oacute;n funciona le&iacute;do tambi&eacute;n en la direcci&oacute;n contraria. Los padres de Noel Le&oacute;n son, como su propio nombre indica, palindromistas y en esta novela demasiadas cosas tienden a dejarse leer en dos direcciones con sentidos dispares como para que esa vocaci&oacute;n extra&ntilde;a no revele algo de la intenci&oacute;n de la novela. Justo muere asesinado por sicarios de la ultraderecha que fomenta la misma polic&iacute;a porque los ha denunciado y ha actuado abiertamente contra ellos: muere como el &ldquo;rey de los traidores&rdquo; despu&eacute;s de haber sido el confidente traidor de la subversi&oacute;n antifranquista.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No hay cuadr&iacute;cula &eacute;tica simple para evaluar la biograf&iacute;a de Justo. Se hace confidente como forma de huir de una estafa m&uacute;ltiple pero construye una casa con sus manos y con el coraz&oacute;n puesto en proteger a la mujer estafada, Carmen. Justo no es enteramente comprensible, incluso a ratos es inveros&iacute;mil, yo creo que deliberadamente inveros&iacute;mil, porque es humilde y vulgarmente real. Por eso es un gran personaje de ficci&oacute;n: porque es real. Vive en su interior la c&aacute;bala ilusa de sus fantas&iacute;as de redenci&oacute;n leyendo a los m&iacute;sticos y a Vintilia Horia. Cuid&oacute; de su madre con la abnegaci&oacute;n integral de su primera juventud y con la misma convicci&oacute;n con la que env&iacute;a el &ldquo;fuego purificador&rdquo; contra la ultraderecha con Franco ya muerto o la fe con la que preserva a&ntilde;o tras a&ntilde;o la imagen de Carmen &ldquo;tal como era nueve o diez a&ntilde;os antes, cuando la estaf&oacute;: una jovencita alegre e ingenua, una hu&eacute;rfana desvalida y necesitada de protecci&oacute;n&rdquo;, como una Dulcinea cualquiera en el caletre de un caballero cualquiera: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo imaginar que un tipo as&iacute; &ndash;se pregunta Mateo Moreno- pod&iacute;a llegar a enamorarse como se enamor&oacute; de Carmen Rom&aacute;n?&rdquo;, que no es un pal&iacute;ndromo, pero casi. O c&oacute;mo imaginar que aquel otro &ldquo;cl&aacute;sico chulo&rdquo; al que &ldquo;todo el mundo le ten&iacute;a miedo&rdquo; en los Hogares Mundet &ndash;cuenta el inspector- esperar&iacute;a por las noches a que todos los dem&aacute;s durmiesen para llorar &ldquo;como los perrillos que esperan atados a un &aacute;rbol mientras la due&ntilde;a entra en una tienda a comprar&rdquo;, s&oacute;lo porque &ldquo;se hab&iacute;a enamorado de una chica algo mayor que sal&iacute;a con un taxista&rdquo;?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;D&oacute;nde est&aacute; el orden previsible de las cosas? &iquest;D&oacute;nde est&aacute; el orden justo de los juicios sobre las personas cuando se dispone de todos los datos? &iquest;Y cu&aacute;ndo, teniendo todos los datos, el juicio puede ser justo si es un juicio absoluto? &iquest;O c&oacute;mo de absoluto? &iquest;Hasta d&oacute;nde? El inspector fabrica varios de esos juicios sobre Justo a medida que lo conoce, y no es exactamente una ayuda t&eacute;cnica, porque es en realidad quien acaba desbarantando las lecturas simples del caso. No hay modo de que se aclare del todo el lector, quiz&aacute; porque no hay nada que aclarar y es el lector quien ha de asumir la dificultad de enfrentarse a la realidad por encima o por debajo del t&oacute;pico y la simpleza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando aun nos falta mucho por saber de Justo, el inspector aparece como portavoz fiable, bien informado. Lo que sabe y piensa tiende a obligarnos a ir matizando el juicio sobre &eacute;l, o a complicarlo, y empezamos a creer que esta novela es algo m&aacute;s que la denuncia confortable de un confidente letal que muere antes de los 40 a&ntilde;os. Quiz&aacute; se parece a un pal&iacute;ndromo y su inquietante duplicidad de sentido. Para Mateo Moreno,&nbsp; Justo es en la p. 147 &ldquo;un c&aacute;ndido. Se las daba de listo pero en el fondo era un c&aacute;ndido&rdquo;. Pero cien p&aacute;ginas despu&eacute;s &ldquo;es un cabr&oacute;n&rdquo; vengativo porque no perdona que haya gente con m&aacute;s suerte que &eacute;l. Y s&oacute;lo veinte p&aacute;ginas despu&eacute;s es tambi&eacute;n un &ldquo;canelo. Un canelo y un cabr&oacute;n.&rdquo; El inspector intuye que Justo act&uacute;a movido por un sentido privado de la justicia, por el deseo de proteger y compensar a Carmen, aunque &ldquo;los mierdas como t&uacute; no est&aacute;is en deuda con nadie, ja, ja.&rdquo; Pero tampoco est&aacute; seguro del todo: &ldquo;eres un canelo y un cabr&oacute;n, pero m&aacute;s un canelo que un cabr&oacute;n&rdquo; (239). &iquest;O era al rev&eacute;s?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 15 Mar 2019 07:31:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Primavera en invierno]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/primavera-en-invierno/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/marzo/ruiz500.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 630px;">&nbsp;</p>
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<p>Un muro al sol, todav&iacute;a en invierno,</p>
<p>y un cielo azul con cig&uuml;e&ntilde;as que pasan,</p>
<p>tienen ese poder de llamarme de nuevo</p>
<p>a la vieja ciudad donde nac&iacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y me dejan parado, boquiabierto,</p>
<p>all&aacute; donde se funden las afueras</p>
<p>de cara al campo: rocas,</p>
<p>los senderos,</p>
<p>la &uacute;ltima espada&ntilde;a de una ermita</p>
<p>que cae sobre el declive del r&iacute;o&hellip;</p>
<p>&iquest;O es que el tiempo</p>
<p>tiene como un regazo, fiel, paciente,</p>
<p>donde guarda mi ausencia &mdash;igual que un lecho</p>
<p>con su forma vacante&mdash;</p>
<p>hasta la plenitud de mi regreso</p>
<p>en la ma&ntilde;ana intacta de la vida?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tengo ahora en los labios un instante de aquellos</p>
<p>que no quiero perder sin que algunas palabras</p>
<p>lo retengan.</p>
<p>Recuerdo</p>
<p>lo llamar&eacute;is; mas no,</p>
<p>en realidad es algo muy distinto de eso.</p>
<p>Podr&iacute;amos llamarlo</p>
<p>primavera en invierno:</p>
<p>a la hora del &Aacute;ngelus, en un d&iacute;a de marzo,</p>
<p>hay un ni&ntilde;o tumbado sobre el suelo</p>
<p>de maderas doradas, con los brazos en cruz,</p>
<p>que recibe el aliento</p>
<p>&mdash;de par en par abiertas las ventanas&mdash;</p>
<p>del sol, en lo m&aacute;s alto, y el estremecimiento</p>
<p>de sentir que algo sube por el patio</p>
<p>(que es casi un pozo negro)</p>
<p>hasta que llega en forma de palabras</p>
<p>montadas a los lomos del oleaje eterno</p>
<p>de la m&uacute;sica.</p>
<p>Luego, ensimismado,</p>
<p>y en total abandono mira al cielo</p>
<p>y su forma perfecta de pol&iacute;gono azul.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mitad felicidad y mitad miedo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero si yo tuviera</p>
<p>que elegir de entre todas, primavera en invierno,</p>
<p>tus manifestaciones,</p>
<p>no hallar&iacute;a una sola. Porque es el mundo entero</p>
<p>cada una de ellas, en un rayo de sol.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo que siempre llamamos inspiraci&oacute;n de un verso</p>
<p>es ese observatorio que, en su d&iacute;a m&aacute;s puro,</p>
<p>es como si alcanzara un cielo abierto</p>
<p>parecido al del m&aacute;rtir.</p>
<p>Cuando pasan</p>
<p>cig&uuml;e&ntilde;as por un r&iacute;o &mdash;mi r&iacute;o, el r&iacute;o Duero&mdash;</p>
<p>y en los momentos de oro,</p>
<p>es en &eacute;l en quien pienso.</p>
<p>En esa comprensi&oacute;n de la unidad</p>
<p>que s&oacute;lo es suya; en el desasimiento,</p>
<p>ra&iacute;z de la alegr&iacute;a,</p>
<p>y en la dilataci&oacute;n del alma &mdash;hasta el orden de un cuerpo&mdash;</p>
<p>que es la visi&oacute;n de Dios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para m&iacute; es como un reino</p>
<p>que no nos pertenece</p>
<p>y al que pertenecemos;</p>
<p>del que nada nos dice ni la altura</p>
<p>ni la profundidad, ni cerca y lejos</p>
<p>que sirvieran de luces o se&ntilde;ales</p>
<p>al coraz&oacute;n; secreto como un centro</p>
<p>que no est&aacute; en el pasado</p>
<p>ni en el futuro.</p>
<p>Pero</p>
<p>tambi&eacute;n es este un reino que aqu&iacute; se hace fugaz:</p>
<p>en unas pocas horas vuelve el hielo</p>
<p>despu&eacute;s de estas ma&ntilde;anas soleadas, azules.</p>
<p>Como vuelve de nuevo</p>
<p>la variedad, la vida&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y entonces, en los dedos,</p>
<p>s&oacute;lo nos quedan trozos,</p>
<p>pasajes sueltos,</p>
<p>rotos y sueltos como de una canci&oacute;n de amor.</p>
<p style="padding-left: 630px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 630px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 15 Mar 2019 07:23:36 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Paul Wittgenstein intenta pelar una naranja]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/paul-witt-genstein-intenta-pelar-una-naranja/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/marzo/catalan500.jpg" alt="" /></p>
<p><em><br /></em></p>
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<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em>Esta m&uacute;sica lleva mucha muerte dentro</em></p>
<p>y una mano. En alguna estancia, piensa,</p>
<p>prosigue su canci&oacute;n la que le falta.</p>
<p>Invierno de Nueva York: todo est&aacute; lejos&nbsp;</p>
<p>-ampl&iacute;simos pabellones de la ciudad de Viena-</p>
<p>y el paisaje a&uacute;n existe porque le pone empe&ntilde;o,</p>
<p>salvaci&oacute;n o condena de a quien las notas dictan</p>
<p>no solo una existencia, un argumento&nbsp;</p>
<p>discretamente en marcha, sino cuartos, pasillos,</p>
<p>una serie de casas cuya musculatura</p>
<p>se despierta distinta -ahora blanca, ahora negra-</p>
<p>con cada movimiento. La m&uacute;sica es memoria,&nbsp;</p>
<p>y es deseo: el color que cambia en la naranja,</p>
<p>el &uacute;nico cuchillo que insisti&oacute; contra el peso</p>
<p>de la fruta, su terca capacidad de resistencia,</p>
<p>el descartado brillo que en el mantel reposa&nbsp;</p>
<p>certificando el hecho de que cada distancia</p>
<p>supone una avaricia, una promesa</p>
<p>que no aclara de qu&eacute;</p>
<p>lado de la intemperie caer&aacute; su cumplimiento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 630px;" align="right">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 15 Mar 2019 07:17:58 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Turia rinde homenaje a Julio Garcés en su centenario]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-rinde-homenaje-a-julio-garces-en-su-centenario/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2019/graces_500.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>LA REVISTA RESCATA DEL OLVIDO A ESTE SINGULAR POETA ESPA&Ntilde;OL RADICADO EN PER&Uacute; </strong></p>
<p class="Textoindependiente21" style="text-align: left;" align="center">&nbsp;<strong>&ldquo;TURIA&rdquo; SE PRESENTAR&Aacute; EN SORIA EL 26 DE MARZO</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">Entre las novedades que ofrece a los lectores el n&uacute;mero la revista TURIA que se distribuye este mes de marzo, destaca el rescate del olvido del escritor Julio Garc&eacute;s (Soria, 1919 &ndash; Lima, 1978). Un singular autor que protagoniz&oacute;&nbsp; algunas de las obras m&aacute;s interesantes de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola inmediatamente posterior a la Guerra Civil y que fue durante d&eacute;cadas un poeta casi secreto que viv&iacute;a en Lima y que ejerc&iacute;a como agregado cultural de la embajada de Espa&ntilde;a.</p>
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<p class="Textoindependiente21">Ahora, con motivo de cumplirse este a&ntilde;o el centenario de su nacimiento, TURIA le dedica un amplio y atractivo monogr&aacute;fico como homenaje y contribuci&oacute;n al redescubrimiento de su figura y su obra. Coordinados por el principal estudioso de Garc&eacute;s, el escritor y cr&iacute;tico Enrique Andr&eacute;s Ruiz, TURIA publica un conjunto de 15 textos in&eacute;ditos de reconocidos especialistas y escritores, as&iacute; como poemas y prosas del autor soriano y un revelador testimonio de su hijo.</p>
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<p class="Textoindependiente21">Las 150 p&aacute;ginas que TURIA dedica a Julio Garc&eacute;s puede decirse que constituyen la m&aacute;s completa aproximaci&oacute;n que sobre su trayectoria y su obra literaria se ha publicado nunca. Conviene destacar que tanto el Ayuntamiento como la Diputaci&oacute;n de Soria han apoyado econ&oacute;micamente esta iniciativa cultural y la han hecho viable.</p>
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<p class="Textoindependiente21">La presentaci&oacute;n del nuevo n&uacute;mero de TURIA, con Julio Garc&eacute;s como principal protagonista, tuvo lugar el&nbsp; d&iacute;a 26 de marzo en Soria y se desarroll&oacute; a las 19,30 horas en el C&iacute;rculo Amistad Numancia &ndash; Casino de Soria.</p>
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<p><strong>DE SORIA A LIMA</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">La biograf&iacute;a de Julio Garc&eacute;s tuvo un momento clave cuando, en 1949, conoci&oacute; a la destacada bailarina peruana de ballet cl&aacute;sico Esther Desmaison, de gira por Barcelona. Ella volver&iacute;a al Per&uacute; y &eacute;l, tras una primera estancia en Caracas, conseguir&iacute;a finalmente en 1953 casarse con ella en Lima y obtener tambi&eacute;n un trabajo en la Embajada espa&ntilde;ola vinculado a la Agregadur&iacute;a de Cultura, que pasar&iacute;a a ocupar en 1961 y en la que desarroll&oacute; toda su labor hasta su muerte. Durante a&ntilde;os, Julio Garc&eacute;s se convirti&oacute; en el nexo cultural entre Espa&ntilde;a y Per&uacute;, entablando relaci&oacute;n con los protagonistas de la aquella &eacute;poca&nbsp; (entre sus amigos estuvieron los peruanos Emilio Adolfo Westphalen, Julio Ram&oacute;n Ribeyro o Luis Alberto S&aacute;nchez, y por su casa en Lima pasaron muchos escritores espa&ntilde;oles, as&iacute; como tambi&eacute;n mantuvo correspondencia con Vicente Aleixandre).&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p>La infancia y primera juventud de Julio Garc&eacute;s transcurrieron entre Soria y Madrid. Finaliz&oacute; en Barcelona los estudios universitarios de Derecho y Filosof&iacute;a y Letras, que hab&iacute;a iniciado en Zaragoza. Antes de licenciarse, cuando apenas contaba 20 a&ntilde;os, dio a la imprenta sus primeros libros de poes&iacute;a: &ldquo;Peregrinaje&rdquo; (1937) y &ldquo;Primer romancero del recuerdo&rdquo; (1939). En ellos se refleja las influencias de Federico Garc&iacute;a Lorca, Jorge Guill&eacute;n y Gerardo Diego. Luego, ya finalizada la guerra civil y durante la primera posguerra, saldr&iacute;an a la luz otros libros: &ldquo;Gris&rdquo; (1942), &ldquo;El amor brujo&rdquo; (1942), &ldquo;Odas&rdquo; (1943) y &ldquo;Poes&iacute;a sin orillas&rdquo; (1947).</p>
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<p>Es importante destacar que la historia de la poes&iacute;a de posguerra en Espa&ntilde;a ha ignorado hasta ahora la poes&iacute;a escrita en Barcelona entre el final de la Guerra Civil y 1951, el a&ntilde;o fundacional de la llamada &laquo;Escuela de Barcelona&raquo;. En dicha etapa tiene un papel destacado Julio Garc&eacute;s. Son casi doce a&ntilde;os de escritura en castellano, que fueron tiempo de&nbsp; sustituci&oacute;n&nbsp; ling&uuml;&iacute;stica&nbsp; y&nbsp; cultural-ideol&oacute;gica,&nbsp; de&nbsp; lanzamiento&nbsp; de&nbsp; nuevas&nbsp; editoriales&nbsp; y colecciones, de creaci&oacute;n de revistas y premios, de tertulias y de abundante creaci&oacute;n po&eacute;tica en Barcelona, la mayor parte de ella bajo el signo del surrealismo. Los nombres propios de esta historia pueden ser m&aacute;s o menos conocidos (Juan Ram&oacute;n Masoliver, Juan Eduardo Cirlot, Julio Garc&eacute;s, etc.) pero su empe&ntilde;o en conectar con lo mejor de las po&eacute;ticas anteriores a la guerra y con las de fuera de nuestras fronteras es digno de reconocimiento y de atenci&oacute;n, tanto por su singularidad como por la calidad de los frutos obtenidos.</p>
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<p>Y, de los nombres citados, sin duda Julio Garc&eacute;s es que requiere mayor revalorizaci&oacute;n y rescate para que los lectores de hoy conozcan la calidad de su escritura po&eacute;tica. Buena prueba de ello es que C&eacute;sar Gonz&aacute;lez-Ruano aseguraba que Garc&eacute;s &ldquo;como surrealista, es uno de los m&aacute;s logrados poetas y probablemente el mejor heredero en fortuna y universalidad del surrealismo de Rafael Alberti&rdquo;.</p>
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<p>Colaborador, codirector y corresponsal de diversas revistas y peri&oacute;dicos espa&ntilde;oles y americanos, su vida cambi&oacute; radicalmente a partir de 1950, a&ntilde;o en el que se traslad&oacute; primero a Venezuela y luego a Per&uacute;, siendo nombrado agregado cultural de la embajada de Espa&ntilde;a en Lima. Su labor no pas&oacute; desapercibida y durante las m&aacute;s de dos d&eacute;cadas que la ejerci&oacute;, Garc&eacute;s llev&oacute; a cabo un intenso papel en la vida intelectual, pol&iacute;tica y diplom&aacute;tica peruana.</p>
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<p>Su &uacute;ltimo libro se edit&oacute; en 1976 con el t&iacute;tulo de &ldquo;Los poemas de San Polo&rdquo; y que constituye un magistral retorno po&eacute;tico a sus ra&iacute;ces sorianas, como su sobrecogedora y elogiada composici&oacute;n titulada &ldquo;Numancia&rdquo;.</p>
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<p><strong>CONOCER A FONDO A JULIO GARC&Eacute;S Y SU OBRA</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">El nuevo n&uacute;mero de TURIA permite al lector de hoy conocer a fondo a Julio Garc&eacute;s y su obra. As&iacute;, en el monogr&aacute;fico que la revista le dedica, adem&aacute;s del ya citado Enrique Andr&eacute;s Ruiz, escriben&nbsp; textos in&eacute;ditos los siguientes autores: Dolores Manj&oacute;n-Cabeza Cruz (&ldquo;Julio Garc&eacute;s, poeta de posguerra&rdquo;), Jordi Cerd&aacute; (&ldquo;Hablando desentierro primaveras: una aproximaci&oacute;n barcelonesa a Julio Garc&eacute;s&rdquo;), S&ograve;nia Hern&aacute;ndez (&ldquo;Lo peque&ntilde;o sobre lo grande, lo perdurable sobre lo ef&iacute;mero: Juan Ram&oacute;n Masoliver y Julio Garc&eacute;s&rdquo;), Enrique Granell (&ldquo;La Leona, escondite po&eacute;tico en la Barcelona de los cuarenta&rdquo;), Anna Caball&eacute; (&ldquo;Julio Garc&eacute;s, 1940&rdquo;), Ferm&iacute;n Herrero (&ldquo;Paisaje y memoria&rdquo;), V&iacute;ctor Angulo (&ldquo;Desdoblamiento de la personalidad y deseo de totalidad en la poes&iacute;a de Julio Garc&eacute;s&rdquo;), Enrique Berzal de la Rosa (&ldquo;Tiempo de melancol&iacute;a y a&ntilde;oranzas. La intensa labor cultural de Julio Garc&eacute;s en Lima&rdquo;), Mart&iacute;n Rodr&iacute;guez Gaona (&ldquo;Julio Garc&eacute;s en su periplo peruano: de Pachac&aacute;mac a Los poemas de San Polo&rdquo;), Diego Valverde Villena (&ldquo;Evocaci&oacute;n de Julio Garc&eacute;s en Lima, 1967&rdquo;), Marian Arlegui S&aacute;nchez (&ldquo;La Numancia de Julio Garc&eacute;s y otras Numancias&rdquo;), Antonio Ruiz Vega (&ldquo;Julio Garc&eacute;s y la Numancia de los poetas&rdquo;), Marco Ant&oacute;nio Garc&eacute;s Desmaison (&ldquo;Memoria personal de Julio Garc&eacute;s&rdquo;) y Juan Eduardo Cirlot (&ldquo;Retrato abstracto de Julio Garc&eacute;s&rdquo;)</p>
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<p class="Textoindependiente21">Por otra parte, TURIA reproduce una peque&ntilde;a antolog&iacute;a po&eacute;tica de Garc&eacute;s, as&iacute; como un texto en prosa sobre Gustavo Adolfo B&eacute;cquer (&ldquo;La flor en el p&aacute;ramo&rdquo;).&nbsp; Cierra el monogr&aacute;fico una pormenorizada y &uacute;til biocronolog&iacute;a de Julio Garc&eacute;s.</p>
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<p>TURIA es una revista cultural espa&ntilde;ola de difusi&oacute;n nacional e internacional por suscripci&oacute;n. Con m&aacute;s de tres d&eacute;cadas de trayectoria, actualmente tiene una edici&oacute;n en papel y otra&nbsp; digital (web y Facebook). Est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, con apoyo del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero ha contando tambi&eacute;n con el respaldo del Ayuntamiento y la Diputaci&oacute;n de Soria.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 15 Mar 2019 07:13:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Trotski y Stalin en la pantalla de la historia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/trotski-y-stalin-en-la-pantalla-de-la-historia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2019/Trotski500.jpg" alt="" /></p>
<p>La conmemoraci&oacute;n del centenario de la <em>revoluci&oacute;n de octubre</em> nos ha dejado dos monumentos audiovisuales que no deben pasar ignorados: el film brit&aacute;nico <em>La muerte de Stalin</em> de Armando Iannucci (<em>The Death of Stalin</em>, 2017) y la serie rusa <em>Trotski</em>de Alexander Kott y Konstantin Statski (2017), producida por Sreda P. C. y distribuida por Netflix. Son obras muy diferentes y, al mismo tiempo, comparten una base com&uacute;n que no se limita a la tem&aacute;tica.</p>
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<p>Comenzaremos por la base com&uacute;n. Se trata de novelizaciones que apuntan a la educaci&oacute;n hist&oacute;rica, siguiendo el esquema que cre&oacute; en el siglo XIX la novela de educaci&oacute;n hist&oacute;rica (<em>Historia de dos ciudades</em> de Dickens o los <em>Episodios Nacionales</em> de Gald&oacute;s, por poner dos ejemplos). En este g&eacute;nero de novela subyace siempre el prop&oacute;sito de corregir la versi&oacute;n oficial de la historia, a menudo falsa, y aportar una visi&oacute;n cr&iacute;tica con un acontecimiento trascendente todav&iacute;a para la actualidad. Y eso es precisamente lo que hacen estas dos obras. No es en ellas lo principal el relato de los acontecimientos hist&oacute;ricos, aunque tampoco se pueden distanciar de ellos, sino ofrecer una interpretaci&oacute;n que ayude a comprender su g&eacute;nesis y sus lamentables consecuencias. El cine ha retomado este y otros g&eacute;neros novel&iacute;sticos y ha explotado sus posibilidades. La revoluci&oacute;n rusa es un acontecimiento que ha conocido una mitificaci&oacute;n sin parang&oacute;n en la historia de la Modernidad y esa mitificaci&oacute;n proporciona una imagen falsa e injusta de los hechos reales, que, un siglo despu&eacute;s, debe ser corregida. No es casual que esa correcci&oacute;n se haya apoyado en el papel desempe&ntilde;ado por los dos protagonistas del acontecimiento. La figura de Lenin, el tercer personaje, tiene mucho menos atractivo desde un punto de vista est&eacute;tico.</p>
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<p>Pasaremos a la dimensi&oacute;n diferencial de estas obras. <em>La muerte de Stalin</em> ha sido calificada por la cr&iacute;tica de comedia, esperpento, s&aacute;tira&hellip; Es una muestra de humor ingl&eacute;s, esto es, humor cultural en un escenario infernal. Iannucci relata los primeros d&iacute;as de marzo de 1953, en los que la repentina muerte del camarada Stalin desat&oacute; una lucha a muerte -literalmente- en el Presidium Supremo de la URSS. Stalin es solo un elemento del decorado. Pero la cinta muestra muy bien su legado: 35.000 represaliados por a&ntilde;o, una cifra que crece sin parar. El mismo Molotov -ministro de Asuntos Exteriores- tiene a su mujer detenida en la Lubianka (la sede de la temible Cheka, NKVD en tiempos de Stalin, despu&eacute;s KGB y ahora FSB). Son dos los personajes de esta pel&iacute;cula: Beria y Jruchev. Su lucha es el motivo central. Las situaciones desternillantes se suceden. Y tienen el punto de realce de que no se trata de ocurrencias de autor sino de an&eacute;cdotas reales. As&iacute;, por ejemplo, vemos c&oacute;mo el Presidium ocupa su tiempo en comilonas seguidas de la proyecci&oacute;n de pel&iacute;culas de John Wayne, robadas de Occidente y sin doblar, a pesar de que ni Stalin ni la mayor&iacute;a de los miembros de Presidium saben una palabra de ingl&eacute;s. En la v&iacute;spera del ictus que acabar&iacute;a con la vida de Stalin no ha asistido a la reuni&oacute;n Molotov, porque no ha sido convocado. Eso suscita las risas de los asistentes porque ven en ello su inmediata ca&iacute;da y ejecuci&oacute;n. Iannucci demuestra que la risa no es incompatible con la crueldad. En verdad, ambas tienen una ra&iacute;z com&uacute;n. Son la doble faz de lo que en teor&iacute;a est&eacute;tica se llama <em>grotesco</em>. La lucha por el poder es cruel y da risa. Tanto Beria como Jruchev se proponen como los reformadores. En el caso de Beria, el brazo ejecutor de Stalin, ese nuevo papel reformador es puro sarcasmo (enti&eacute;ndase, la risa de la muerte). Una imagen de la pel&iacute;cula retrata ese sarcasmo. Una docena de reos van a ser fusilados. Beria ha asumido todo el poder y ha ordenado detener los fusilamientos y liberar a los presos. La orden llega cuando la mitad de los reos han sido ejecutados y a los restantes los mandan a casa. Jruchev consigue ganar la partida a Beria porque todos le temen. Incluso sus colaboradores m&aacute;s pr&oacute;ximos piensan que pueden ser los siguientes en ser eliminados. Bulganin, Vorosh&iacute;lov, Malenkov, los hombres de Beria, apoyaron a Jruchev y formaron el triunvirato que dio paso a la hegemon&iacute;a del gobernador de Mosc&uacute; (Jruchev), que durar&iacute;a casi una d&eacute;cada. La historia oficial no ha conseguido establecer los t&eacute;rminos de la desaparici&oacute;n y muerte de Beria. En la pel&iacute;cula vemos un desenlace grotesco: sus compa&ntilde;eros del Presidium lo linchan tras una farsa de juicio en la que Beria apela a sus derechos. Resulta imposible no re&iacute;rse de semejante disparate de crueldad y justicia.</p>
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<p>La serie <em>Trotski</em> tiene un perfil dram&aacute;tico, muy alejado en apariencia del humor ingl&eacute;s. Digo <em>en apariencia</em> porque hay una conexi&oacute;n entre ese perfil y el de la pel&iacute;cula de Iannucci. Esa conexi&oacute;n es de car&aacute;cter shakespeareano. Los ocho episodios que constituyen esta serie se estructuran mediante los di&aacute;logos entre Trotski y el falso periodista canadiense Frank Jackson, que result&oacute; ser Ram&oacute;n Mercader, agente de la NKVD. En efecto, Mercader consigui&oacute; acceder al domicilio de Trotski durante una decena de ocasiones, gracias a la relaci&oacute;n sentimental que hab&iacute;a establecido con la secretaria de Trotski Silvia Ageloff. El objeto de los encuentros es la preparaci&oacute;n de un libro sobre la biograf&iacute;a del revolucionario ruso. Trotski se ve en la necesidad de justificar sus actuaciones -muchas de ellas de claro signo criminal- y, a ra&iacute;z de ello, sufre la aparici&oacute;n de sus fantasmas: su padre, Freud, su guardaespaldas y Lenin, al estilo del Ricardo III de Shakespeare. Esta novelizaci&oacute;n de educaci&oacute;n hist&oacute;rica est&aacute; organizada seg&uacute;n una fusi&oacute;n entre las leyes de la biograf&iacute;a de tipo anal&iacute;tico del car&aacute;cter y las del tipo energ&eacute;tico. Me explicar&eacute;. La biograf&iacute;a de tipo anal&iacute;tico reparte el material biogr&aacute;fico sin orden temporal seg&uacute;n diversos escenarios: el familiar, la vida social, las intervenciones pol&iacute;ticas, el comportamiento b&eacute;lico, las virtudes y vicios, los h&aacute;bitos&hellip; La biograf&iacute;a energ&eacute;tica, en cambio, se fija en la energ&iacute;a desplegada por el personaje. M&aacute;s all&aacute; de esa energ&iacute;a el personaje no es nadie, no existe en su plenitud. Ambas dimensiones biogr&aacute;ficas se conjugan en esta serie televisiva. Es preciso tener en cuenta esto para entender la din&aacute;mica de la serie. La exposici&oacute;n de los momentos biogr&aacute;ficos atiende a la exposici&oacute;n del car&aacute;cter. El car&aacute;cter se presenta ya formado desde el principio (el mot&iacute;n en la c&aacute;rcel de Odessa, provocado por un Trotski casi adolescente). Es una energ&iacute;a que progresa y destruye, al mismo tiempo. Y en el marco de sus conversaciones con Jackson-Mercader Trotski es ya un cad&aacute;ver andante. Las cr&iacute;ticas -necias- a la inexactitud del final (en la serie, Trotski llega a saber que Jackson es un agente estalinista y que lo va a matar, algo incierto porque Mercader sorprendi&oacute; a Trotski) no comprenden que el personaje est&aacute; construido sobre la expresi&oacute;n de su energ&iacute;a y que ya no quedan ni la energ&iacute;a -es un derrotado- ni elementos de exposici&oacute;n anal&iacute;tica que resulten significativos para ilustrar. En ese proceso de exposici&oacute;n anal&iacute;tica tienen un papel relevante las alucinaciones con los fantasmas. Es especialmente significativo que la primera alucinaci&oacute;n sea con Freud y el episodio de su encuentro en Viena. Se trata de un s&iacute;mbolo que apunta a que el objeto de la serie es comprender el car&aacute;cter irreductible y dogm&aacute;tico de Trotski. En el encuentro vien&eacute;s Freud se&ntilde;ala que las pupilas de Trotski solo las ha visto en asesinos en serie y fan&aacute;ticos religiosos. Y Trotski se revelar&aacute; como un criminal de guerra y un revolucionario fan&aacute;tico. En el encuentro fantasmal Freud diagnostica el final de Trotski. Lo encuentra vac&iacute;o. Ha perdido su energ&iacute;a. Los otros personajes fantasmas aportan aspectos cruciales del car&aacute;cter: el desapego de la familia y de los amigos y la convergencia con Lenin -a pesar de la ausencia de amistad y la rivalidad-. La presencia fantasmal y el drama del car&aacute;cter -su crueldad y fanatismo- son los fundamentos shakespereanos de esta formidable serie. En la obra de Iannucci eso mismo se expresa mediante el binomio crueldad &ndash; risa. Recu&eacute;rdese el <em>Coriolano</em> de Shakespeare.</p>
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<p>Volvamos ahora a lo que es com&uacute;n a las obras de Iannucci y del d&uacute;o Kott-Statski. Se trata de revertir los clich&eacute;s de la historia oficial. En el caso de Stalin, ri&eacute;ndose de la crueldad extrema y del car&aacute;cter a la vez t&iacute;tere y genocida del r&eacute;gimen sovi&eacute;tico. En el caso de Trotski, restituy&eacute;ndole sus m&eacute;ritos, que el r&eacute;gimen estalinista neg&oacute; -el protagonismo en las revoluciones de 1905 y de octubre de 1917, especialmente por la ausencia en ambas de Lenin y de Stalin- pero tambi&eacute;n dejando bien clara su responsabilidad criminal. Cuando Lenin y Trotski en 1924 intentan frenar la locura del terror que ellos mismos han originado es muy tarde para detenerla y seguir&aacute; adelante diezmando al pueblo ruso, a los opositores pol&iacute;ticos y a los revolucionarios mismos. Cuando Beria intenta aparecer como el gran reformista y retomar una senda aperturista no puede contener su propio impulso criminal, que lo ejecutar&aacute; linchado por sus mismos camaradas. Todos son criminales. Lo son porque crearon un r&eacute;gimen genocida -20 millones de v&iacute;ctimas- y lo son porque ellos mismos se mancharon las manos de sangre, sangre de sus propios amigos y familiares.</p>
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<p>As&iacute; es el tiempo de la historia moderna: implacable con los genocidas. Los persigue aun muertos. El mundo sovi&eacute;tico se ha venido abajo -aunque los sicarios de la FSB sigan en el poder en Rusia-. Pero sigamos con el cine y la literatura. Son mejores instrumentos que la investigaci&oacute;n hist&oacute;rica para desvelar la verdad. Adem&aacute;s de esa ra&iacute;z com&uacute;n interna, estas obras mantienen conexiones externas: la literatura -y el cine- sobre el drama sovi&eacute;tico. Esa producci&oacute;n literario-cinematogr&aacute;fica tiene momentos menores -por ejemplo, la novela <em>El profeta mudo</em> de Joseph Roth-. Pero tiene tambi&eacute;n momentos mayores: <em>Doctor Zhivago</em> de Bor&iacute;s Pasternak. En esta novela Trotski aporta los rasgos esenciales del personaje marido de Lara -la amante de Zhivago- Str&eacute;lnikov. Str&eacute;lnikov no es un bolchevique, como Trotski. Ser&aacute; el l&iacute;der de una milicia revolucionaria y practica una pol&iacute;tica militar propia de la barbarie. Ha abandonado a su familia, como Trotski abandon&oacute; a su primera esposa. Y terminar&aacute; siendo una v&iacute;ctima m&aacute;s del terror que &eacute;l mismo ha cultivado. La novela de Pasternak tiene un m&eacute;rito a&ntilde;adido: fue escrita en la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, en pleno periodo estalinista (la acab&oacute; a finales de 1955). Y, al publicarse, mereci&oacute; la condena del mism&iacute;simo Jruchev, entonces en la plenitud de su poder, que la calific&oacute; de obra anticomunista sin haberla le&iacute;do. A&ntilde;os despu&eacute;s, ya ca&iacute;do en desgracia, Jruchev la ley&oacute; y afirm&oacute; todo lo contrario: que no era una obra antisovi&eacute;tica. Y, sin embargo, no es cierto. Claro que <em>Doctor Zhivago</em> es una denuncia del r&eacute;gimen sovi&eacute;tico y su din&aacute;mica criminal. O bien Jruchev no sab&iacute;a leer o, m&aacute;s probablemente, decidi&oacute; reparar el mal que hab&iacute;a hecho a Pasternak, proscrito por el r&eacute;gimen a consecuencia de la publicaci&oacute;n en Occidente de la novela, a costa de la verdad. Cualquier interpretaci&oacute;n es v&aacute;lida.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 11 Mar 2019 07:34:16 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por la senda de Galdós]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/por-la-senda-de-galdos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2019/FERNANDO_MART_NEZ_LA_NEZ.JPG" alt="" /></p>
<p>Entre 1872 y 1912, Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s emprendi&oacute; la tit&aacute;nica tarea de novelar los momentos m&aacute;s importantes de la historia de Espa&ntilde;a. Cuarenta y seis novelas hist&oacute;ricas fueron el resultado; cuarenta y seis bajorrelieves de aquellos instantes en que Espa&ntilde;a se jug&oacute; su futuro a partir del siglo XIX; cuarenta y seis que comenzaban con la Guerra de la Independencia y terminaban con la Restauraci&oacute;n de los Borbones. Gald&oacute;s no dispon&iacute;a de una abundante documentaci&oacute;n, sino de la memoria de quienes lo vivieron, los partes de guerra y los contados ensayos que se hab&iacute;a publicado; sin embargo, su voluntad le empuj&oacute; a novelar un siglo entero con sus guerras y batallas, reyes y pol&iacute;ticos, ciudades y villorrios, h&eacute;roes y cobardes.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Trafalgar</em>, <em>Bail&eacute;n</em>, Zaragoza, <em>El Empecinado</em>, <em>Los cien mil hijos de San Luis</em>, <em>Los Apost&oacute;licos</em>, <em>Zumalac&aacute;rregui</em>, <em>La</em> <em>Campa&ntilde;a del Maestrazgo</em>, Narv&aacute;ez, O&acute;Donnell, <em>Prim.</em>.. fueron algunos de sus t&iacute;tulos. Gabriel de Araceli, Salvador Monsalud, Fernando Calpena, Jos&eacute; Garc&iacute;a Fajardo y Tito Liviano, los personajes que hilan las cinco series, a saber, un muchacho, un soldado, un rom&aacute;ntico, un se&ntilde;orito y el alter ego del autor, cinco puntos de vista para aunar la lucha con Francia en contra de los ingleses y de Espa&ntilde;a contra la invasi&oacute;n de Napole&oacute;n; el Trienio Liberal y el reinado de Fernando VII; las Guerras Carlistas y la regencia de la reina madre Mar&iacute;a Cristina; el reinado de Isabel II y la Revoluci&oacute;n de 1868; Amadeo I de Saboya, la Primera Rep&uacute;blica Espa&ntilde;ola y la Restauraci&oacute;n de los Borbones, narrados en primera persona, tercera, clave de ep&iacute;stola o mon&oacute;logo. El resultado, una serie que equipara a Gald&oacute;s con Tolstoi y lo sit&uacute;a junto a Cervantes, Fernando de Rojas y Leopoldo Alas, en la primera divisi&oacute;n de la narrativa en lengua espa&ntilde;ola.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Fernando Mart&iacute;nez La&iacute;nez (Barcelona, 1941) es un escritor veterano. Doctor en Ciencias de la Informaci&oacute;n, corresponsal de la Agencia EFE en Cuba, Argentina y la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, Director de Programas de Radio Nacional, colaborador del diario ABC, puede ser considerado el padre de la novela negra en Espa&ntilde;a con obras como <em>Carne de trueque</em> (1978), <em>Destruyan a Anderson</em> (1983) y <em>Se va el caim&aacute;n</em> (1988), ha ganado dos veces el premio Rodolfo Walsh de la Semana de Novela negra de Gij&oacute;n con <em>Candelas. Cr&oacute;nica de un bandido</em> (1991) y <em>Sin piedad</em> (1993). Es, pues, un escritor al que le preocupan los sucesos, los problemas humanos y las enfermedades de la sociedad. Tambi&eacute;n, las ciudades y pa&iacute;ses en cambio, como lo demuestra en sus ensayos <em>Viena, Praga, Budapest. El imperio enterrado</em> (1999) o Tras los pasos de Dr&aacute;cula (2001), donde estudia el imperio austroh&uacute;ngaro y la sociedad rumana en unos libros entre la investigaci&oacute;n hist&oacute;rica y la reflexi&oacute;n sociol&oacute;gica. Fruto de esa evoluci&oacute;n, que acaso sea responsabilidad, comenz&oacute; a fijar su atenci&oacute;n en la historia. Primero, de forma ensay&iacute;stica; despu&eacute;s, novel&aacute;ndola.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; As&iacute; dio a la imprenta t&iacute;tulos como <em>Tercios de Espa&ntilde;a</em> (2006), en que estudia aquellos soldados que entre 1534 y finales del XVII conquistaron casi toda Europa y asombraron al mundo; <em>Una pica en Flandes</em> (2007), donde&nbsp; recrea el camino que atravesaba Europa de sur a norte, en concreto&nbsp; la Lombard&iacute;a italiana hasta Namur y Bruselas, atravesando el Milanesado, Saboya, Piamonte, el Franco Condado, Alsacia, Lorena, Luxemburgo y el Principado de Lieja, por el que se abastec&iacute;an de hombres, armas y provisiones los soldados espa&ntilde;oles que combat&iacute;an en Flandes, el Vietnam espa&ntilde;ol como lo defini&oacute; &eacute;l mismo, y <em>Banderas lejanas</em> (2009), donde revisa la exploraci&oacute;n y conquista de lo que luego ser&iacute;an los Estados Unidos, por los conquistadores espa&ntilde;oles, desde M&eacute;xico hasta la frontera canadiense y Alaska, adem&aacute;s de <em>El n&aacute;ufrago de la Gran Armada</em> (2015), donde&nbsp; salta de la investigaci&oacute;n a la narraci&oacute;n novelada, mediante la gesta de Francisco Cu&eacute;llar, un capit&aacute;n de la Armada Invencible que naufrag&oacute; en Irlanda y atraves&oacute; furtivamente el pa&iacute;s, consciente de que si era descubierto pagar&iacute;a con la vida. Esas son sus principales obras, acaso las m&aacute;s recordadas, pero hay que sumar otras como <em>Los monstruos de la niebla</em> (1994), <em>Recordada sombra</em> (2002), <em>El clan </em>de los reporteros (2002), Cr&iacute;menes sin castigo (2002), <em>Miguel Servet: Historia de un fugitivo</em> (2003), <em>Embajada a Samarcanda</em> (2003), <em>Escritores esp&iacute;as</em> (2004), <em>El tren m&aacute;s largo: de Mosc&uacute; a Vladivostok en el Transiberiano</em> (2004), <em>El enigma Gioconda</em> (2005), <em>El rey del Maestrazgo</em> (2005), <em>El tapiz de Bayeux</em> (2005), <em>Como lobos hambrientos</em> (2007), <em>Los esp&iacute;as que estremecieron al siglo</em> (2009), <em>Los libros de plomo</em> (2010), <em>Vientos de gloria</em> (2011), <em>Escritores 007</em> (2012) o <em>Aceros rotos</em> (2013). Esas son sus obras hasta que en el 2017 comenz&oacute; a publicar &ldquo;La senda de los Tercios&rdquo;, una trilog&iacute;a formada por <em>Las Lanzas</em> (2017), <em>La batalla</em> (2018) y un t&iacute;tulo pendiente de publicar.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Las lanzas recreaba las primeras d&eacute;cadas del siglo XVII, cuando los tercios parec&iacute;an invencibles como los retrat&oacute; genialmente Diego de Vel&aacute;zquez en el cuadro del mismo nombre, formalmente titulado la Rendici&oacute;n de Breda. Dos eran sus protagonistas: Ambrosio de Spinola y Alonso de Montenegro, dos personajes procedentes de &aacute;mbitos opuestos, el primero buscando la gloria, mientras que el segundo la supervivencia y acaso fortuna; dos, tambi&eacute;n las voces narrativas: la omnisciente y la de Alonso que contaba la historia en primera persona. El resultado, una novela coral en la que los tres estamentos, la nobleza, el pueblo y el clero, aparec&iacute;an retratados con sus miedos, alegr&iacute;as y ambiciones. La guerra, el dinero que la costea, la frustraci&oacute;n, la fama, el hero&iacute;smo&hellip; eran los paralelos y meridianos que la contornaban, a la par que la incompetencia de los pol&iacute;ticos, Inglaterra (p&eacute;rfida con Espa&ntilde;a), la disciplina, Rubens o Vel&aacute;zquez&hellip; hasta construir una novela magn&iacute;fica.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; La batalla, como Las lanzas, participa de estrategias de escritura parecidas, con planos temporales diferentes, narradores distintos, espacios cambiantes, enfoques&nbsp; dis&iacute;miles, que permiten visiones opuestas de los acontecimientos, construyendo un poliedro narrativo completo y heterog&eacute;neo; un puzzle argumental que se va encajando en la mente del lector hasta formar un lienzo&nbsp; minucioso de los acontecimientos y&nbsp; personajes. Se trata, pues, de una novela coral, como Las lanzas; una novela estructurada como aquellas vidrieras que adornaban y daban luz a las catedrales, con teselas narrativas que se funden seg&uacute;n avanza la trama y vamos conociendo los personajes y sus actos, hasta ofrecer una visi&oacute;n deslumbrante de la gesta y la historia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; La novela recrea la batalla de N&ouml;rdlingern, cuando los tercios espa&ntilde;oles con el infante Fernando de Austria al frente derrotaron al ej&eacute;rcito sueco y luterano, hasta entonces invencible, inclinando a nuestro favor la Guerra de los Treinta A&ntilde;os, algo que Francia no pod&iacute;a tolerar, por lo que declar&oacute; la guerra a Espa&ntilde;a. El protagonista principal es un personaje que Mart&iacute;nez L&aacute;inez retrata de forma soberbia: el cardenal-infante don Fernando de Austria, un hermano del rey Felipe IV, que hab&iacute;a sido destinado a la vida religiosa pero que no ten&iacute;a ninguna vocaci&oacute;n; un chaval nombrado arzobispo de Toledo a los diez a&ntilde;os de edad, pues era la di&oacute;cesis m&aacute;s rica de Espa&ntilde;a, y cardenal a los once; un pr&iacute;ncipe lleno de contradicciones pero con vocaci&oacute;n de servicio a la monarqu&iacute;a y a Espa&ntilde;a; un hombre inteligente y leal que ten&iacute;a que lidiar con los luteranos pero tambi&eacute;n con las decisiones del Conde Duque de Olivares, valido del rey, ambicioso y fantasioso, aparte de no siempre sensato ni pr&aacute;ctico. Las conspiraciones, el hero&iacute;smo, las rivalidades entre los nobles, el declive del gigantesco imperio, el despilfarro, la miserabilidad con los pobres&hellip; aparecen magn&iacute;ficamente narrados junto a la campa&ntilde;a militar que adquiere tintes &eacute;picos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; La batalla es una novela donde el af&aacute;n de verosimilitud lleva al autor a entregarnos una cronolog&iacute;a completa de la vida del personaje principal, el cardenal-infante, adem&aacute;s de un bien explicado cuadro de personajes al principio del libro, que remata con un mapa de pa&iacute;ses, estados y ciudades de la &eacute;poca; un glosario de t&eacute;rminos y un plano del desarrollo de la contienda. Entre uno y otro, no pocos momentos de brillante narrativa que nos permiten hacernos una idea cabal de c&oacute;mo fue y sus actores directos o lejanos: el rey Planetario Felipe IV (&ldquo;ten&iacute;a como rasgo fundamental de su car&aacute;cter su sensualidad pasiva e inagotable, manifestada en su falta de voluntad: la abulia que le consum&iacute;a. Su vida p&uacute;blica era una continua efem&eacute;ride de devaneos amorosos con mujeres de cualquier categor&iacute;a social&rdquo;; el cardenal-infante don Fernando de Austria (&ldquo;yo deseaba ser como ese gent&iacute;o, que me vieran como deseaba ser, con el sudor y la fatiga en el rostro, gritando y riendo en las lidias de toros o en los corrales de comedias, con dama y due&ntilde;as haciendo de espectadoras. En lo &uacute;nico que mis hermanos y yo nos parec&iacute;amos mucho era en perseguir faldas&rdquo;); el conde duque de Olivares (&ldquo;gran bur&oacute;crata, gran papelista, la mayor parte de los a&ntilde;os de privanza los consumi&oacute; en su bufete de Madrid, donde era capaz de velar noches enteras despachando&rdquo;); la corte intrigante&nbsp; (&ldquo;don Gaspar vigilaba a don Fernando, y le puso de esp&iacute;a al marqu&eacute;s de Camarasa. Sabe de sobra que ambos hermanos, los infantes don Fernando y don Carlos, son utilizados como bander&iacute;n para las intrigas de los nobles descontentos&rdquo;); los nobles en constante rivalidad como el duque de Lerma, valido del rey Felipe III, padre del cardenal-infante y de Felipe IV (&ldquo;los festejos p&uacute;blicos por el bautizo est&aacute;n programados para el mes de julio en la villa ducal de Lerma. Corridas de toros y juegos de ca&ntilde;as. Calor, cacer&iacute;as y rejoneo a la jineta, mientras el duque de Feria, rumboso, corre con el&nbsp; gasto. Un mill&oacute;n de escudos en quince d&iacute;as, dicen, con caballos andaluces que maravillan en el coso a la plebe. Y la sombra del privado siempre pendiente, vigilando al ni&ntilde;o infante como el buitre al cabritillo herido&rdquo;) y por debajo de todo, pero por encima,&nbsp; aquellos tercios, duros como piedras pero valientes como tigres de la Espa&ntilde;a antes de Espa&ntilde;a (&ldquo;En el campamento del tercio de espa&ntilde;oles, los soldados se desperezan, escupen, carraspean, tosen o se ajustan la ropa en las tiendas.&rdquo;) Junto a ellos, una pl&eacute;yade de personajes bien perfilados y, a menudo, inolvidables como el marqu&eacute;s de Legan&eacute;s, el conde O&ntilde;ate, Francisco de Melo, Diego de Aedo, Axel Oxentierna, Gustaf Horn, Francisco de Escobar&hellip;</p>
<p>&nbsp; &nbsp;Eso era Espa&ntilde;a y sus enemigos antes de la decadencia, nos dice el autor, una naci&oacute;n donde la Hacienda Real gastaba cuatro millones y medio de ducados en festejos en una peque&ntilde;a ciudad, mientras la peste y el hambre se extend&iacute;an en algunas zonas; una monarqu&iacute;a con un rey que padec&iacute;a &ldquo;neurastenia er&oacute;tica&rdquo;, que le llev&oacute; a dar vida&nbsp; a m&aacute;s de cuarenta hijos bastardos, cifra que sub&iacute;a a&ntilde;o tras a&ntilde;o; una naci&oacute;n donde los tercios pasaban meses sin cobrar la soldada y donde el oro de Am&eacute;rica parec&iacute;a que pod&iacute;a pagarlo todo mientras Europa, puritana y trabajadora, se escandalizaba con tanto despilfarro; un estado con nostalgias de imperio que hab&iacute;a gastado, m&aacute;s por prestigio que por necesidad, ciento ochenta millones de escudos en Flandes desde que se inici&oacute; la contienda; una tierra resignada y valent&iacute;sima, capaz de librar la batalla de N&ouml;rdlingern, palpitante coraz&oacute;n de la novela, que termina con estas emocionantes palabras: &ldquo;El 4 de noviembre de 1634, el cardenal-infante cumpli&oacute; el plan estrat&eacute;gico que la corona hispana le hab&iacute;a encomendado y entr&oacute; victorioso en Brusela, capital de Flandes y corte de los estados de Borgo&ntilde;a.&nbsp; Hab&iacute;a tardado unos dos a&ntilde;os y quince semanas desde que saliera de Madrid con destino incierto, y el triunfo que se le tribut&oacute; fue apote&oacute;sico. Las calles se abarrotaron con miles de personas y un largu&iacute;simo cortejo de nobles, milicias y corporaciones. Espa&ntilde;a, ese viejo le&oacute;n rodeado de hienas, se hab&iacute;a sobrepuesto, una vez m&aacute;s, a sus heridas y hab&iacute;a asestado con sus temibles tercios un zarpazo que conmovi&oacute; a Europa.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; La batalla es una oda al pueblo espa&ntilde;ol m&aacute;s sencillo, que nutri&oacute; los tercios que dilataron Espa&ntilde;a por los cuatro puntos cardinales; una novela magn&iacute;fica y muy recomendable para todo aquel que guste de la lectura, pero tambi&eacute;n quiera conocer la historia de Espa&ntilde;a novelada de la manera m&aacute;s entretenida; un libro que hace bueno el comienzo del vig&eacute;simo canto del Cantar del Cid, que escribi&oacute; un oscuro juglar entre Medinaceli y Arag&oacute;n cuatro siglos antes del XVII: &ldquo;&iexcl;Dios que buen vassallo!, &iexcl;si oviesse buen se&ntilde;or&rdquo;, esto es, qu&eacute; grandes soldados, qu&eacute; gran naci&oacute;n, si hubiera tenido buenos gobernantes.</p>
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<p>Fernando Mart&iacute;nez La&iacute;nez, <em>La batalla,</em> Barcelona, Ediciones B, 2018</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 11 Mar 2019 07:30:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Turia entrevista a fondo a Manuel Gutiérrez Aragón y Eduardo Martínez de Pisón]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-entrevista-a-fondo-a-manuel-gutierrez-aragon-y-eduardo-martines-de-pison/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2019/MANUEL_GUTI_RREZ_ARAG_N.jpg" alt="" /></p>
<p>Los lectores del nuevo n&uacute;mero de la revista TURIA, que se distribuye este mes de marzo, podr&aacute;n disfrutar de dos entrevistas a fondo y sin cortapisas con Manuel Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n y Eduardo Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n. Se trata de dos conversaciones exclusivas y sin desperdicio,&nbsp; que permiten no s&oacute;lo conocerlos mejor, sino&nbsp; tambi&eacute;n descubrir sus opiniones sobre un amplio repertorio de asuntos de inter&eacute;s. Ambos son dos de los m&aacute;s valiosos protagonistas de nuestra actualidad cultural: Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n ha abandonado el cine pero su nueva vida como literato a tiempo completo nos resulta muy atractiva por la calidad de su labor creativa. Por lo que se refiere a Eduardo Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n, es mucho m&aacute;s que un prestigioso catedr&aacute;tico em&eacute;rito de geograf&iacute;a, escritor y monta&ntilde;ero, es un sabio que ama y defiende la causa de la naturaleza.</p>
<p>Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n y Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n son, sin duda, dos personalidades muy seductoras y conviene tener muy en cuenta lo que nos dicen sobre el tiempo que vivimos. En TURIA nos hablan, con absoluta libertad y solvencia, de sus respectivas obras y trayectorias. Y, sobre todo, con sus respuestas se ocupan tambi&eacute;n de abordar diversas cuestiones que nos afectan o interpelan.</p>
<p>Por ejemplo, con Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n conversamos sobre literatura y cine, sobre el territorio pasiego en el que ocurren casi todas sus pel&iacute;culas. Exploramos tambi&eacute;n su inter&eacute;s por Cervantes o por el director de cine Jean Renoir. Adem&aacute;s, en la entrevista se analiza la evoluci&oacute;n de la sociedad actual, el populismo, el fascismo y la necesidad de una mayor autoexigencia.</p>
<p>Eduardo Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n es la voz espa&ntilde;ola m&aacute;s autorizada para hablar de la importancia del paisaje. Tambi&eacute;n ha escrito libros inolvidables reivindicando no s&oacute;lo el valor est&eacute;tico sino cultural de la monta&ntilde;a. De ah&iacute; que hablemos con &eacute;l de c&oacute;mo es nuestra relaci&oacute;n con la naturaleza, del cambio clim&aacute;tico, o sobre el papel depredador del turismo.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Por otra parte, y entre otros contenidos relevantes, el nuevo n&uacute;mero de TURIA publica un relato in&eacute;dito de Rafael Azcona (Logro&ntilde;o, 1926 &ndash; Madrid, 2008), considerado el mejor guionista de cine espa&ntilde;ol. Se trata de un texto de car&aacute;cter rom&aacute;ntico que escribi&oacute; bajo el seud&oacute;nimo de Jack O&rsquo;Relly y que public&oacute;, en 1953, en una revista para j&oacute;venes lectoras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>MANUEL GUTI&Eacute;RREZ ARAG&Oacute;N: &ldquo;EL MUNDO CAMBIA M&Aacute;S DEPRISA QUE NUESTRA CAPACIDAD DE ADAPTACI&Oacute;N&rdquo;</p>
<p>&nbsp;Manuel Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n (Torrelavega, Cantabria, 1942) es, sin duda, uno de los escritores y directores de cine m&aacute;s sugestivos e interesantes del panorama de la cultura en espa&ntilde;ol. Pel&iacute;culas como &ldquo;Maravillas&rdquo;, &ldquo;La noche m&aacute;s hermosa&rdquo; o &ldquo;Demonios en el jard&iacute;n&rdquo; son ya incuestionables cl&aacute;sicos del nuestra cinematograf&iacute;a. Como tambi&eacute;n es inolvidable su celebrada serie para TVE sobre &ldquo;El Quijote de Miguel de Cervantes&rdquo;, protagonizado por Fernando Rey y Alfredo Landa. M&aacute;s reciente es su dedicaci&oacute;n exclusiva a la escritura, con libros como su primera novela &ldquo;La vida antes de marzo&rdquo;, con la que gan&oacute; en 2009 el premio Herralde.</p>
<p>El hoy acad&eacute;mico de la RAE ha reconocido siempre que, en su caso, el oficio de filmar historias en el cine le ven&iacute;a de la literatura y que por eso, en sus comienzos, sus compa&ntilde;eros le vaticinaban que ser&iacute;a un buen guionista, &ldquo;pero dudaban que llegar a ser director de cine&rdquo;, entre otras cosas, por no tener claro que fuera capaz de &ldquo;sobrevivir al caos&rdquo;.</p>
<p>Si le preguntamos por su or&iacute;genes, Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n nos confesar&aacute; que &ldquo;la atm&oacute;sfera de la infancia era adusta, gris&hellip; y el mundo de los cuentos, a esa edad, consegu&iacute;a sacarle a uno de la opresiva realidad familiar&rdquo;. Reconoce tambi&eacute;n que se siente un privilegiado &ldquo;por haber podido compartir en el cine y en la literatura mis propias historias, obsesiones, territorios personales, como se los quiera llamar&rdquo;. Ahora no podr&iacute;a hacerlo. Todo ha cambiado y por eso dej&oacute; de hacer pel&iacute;culas.</p>
<p>Si los cuentos son el hilo conductor de las narraciones de Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n, tambi&eacute;n est&aacute;n los paisajes, esa geograf&iacute;a reconocible en gran parte de sus novelas y pel&iacute;culas. Casi todas ellas ocurren en Cantabria y, m&aacute;s concretamente en el territorio pasiego: es &ldquo;un territorio muy especial porque en s&iacute; mismo bordea la irrealidad&rdquo;.</p>
<p>Lamenta Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n el que la cultura tenga hoy cada vez menos peso &ldquo;y, de alguna manera, tiene un cierto desprestigio&rdquo;. Tambi&eacute;n afirma que &ldquo;el director con el que me siento m&aacute;s identificado es Jean Renoir&rdquo;, aunque echa de menos la &ldquo;belleza pl&aacute;stica que lograron algunos cineastas como Renoir, Visconti o Ford&rdquo;. Preguntado por Bu&ntilde;uel, nos dir&aacute;: &ldquo;el suyo es un cine inimitable. A los directores buenos los puedes admirar, pero poco m&aacute;s&rdquo;.</p>
<p>Sobre la realidad actual, opina Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n que &ldquo;el mundo cambia m&aacute;s deprisa que nuestra capacidad de adaptaci&oacute;n&rdquo;. De ah&iacute; que se muestre preocupado porque le parece peligroso &ldquo;abandonar los principios ilustrados de la cultura y de la libertad, aunque tengan ese aspecto burgu&eacute;s, porque lo que viene puede ser peor&rdquo;.</p>
<p>Y, por &uacute;ltimo, considera que &ldquo;estamos asistiendo a un movimiento pendular de la historia que no supone un cambio a mejor sino un viraje de v&eacute;rtigo, que tiene mucho que ver con el derrumbamiento de todas las esperanzas puestas en una revoluci&oacute;n humanista, de todos los prop&oacute;sitos no alcanzados de mejora social. Creo que lo que hay que tener muy claro&nbsp; es&nbsp; que&nbsp; la&nbsp; pol&iacute;tica&nbsp; no&nbsp; nos&nbsp; puede&nbsp; dar&nbsp; la&nbsp; felicidad,&nbsp; que la felicidad es algo que se obtiene a nivel personal&rdquo;.</p>
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<p>EDUARDO MART&Iacute;NEZ DE PIS&Oacute;N: &ldquo;EL HOMBRE HA AVANZADO SIEMPRE A COSTA DE LA NATURALEZA&rdquo;</p>
<p>&nbsp;Eduardo Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n (Valladolid, 1937) es catedr&aacute;tico em&eacute;rito de Geograf&iacute;a. Ha trabajado para la Unesco, investigado la Ant&aacute;rtida y ha sido profesor en varias universidades. Del alpinismo ha hecho su raz&oacute;n de estar en el planeta y ha ascendido todo lo ascendible. Es director del Instituto del Paisaje de la Fundaci&oacute;n Duques de Soria. Tras una vida dedicado al an&aacute;lisis t&eacute;cnico de su disciplina y con m&aacute;s de 500 publicaciones cient&iacute;ficas, ha emprendido la escritura de ensayos en los que aborda culturalmente la monta&ntilde;a: La Tierra de Jules Verne (2014), La monta&ntilde;a y el arte (2017) y Viajes al centro de la Tierra (2018).</p>
<p>Eduardo Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n, se muestra en la conversaci&oacute;n que mantiene para TURIA con Fernando del Val tal cual es: como una persona de acci&oacute;n y pensamiento. Una persona que trabaja para que los espacios protegidos aumenten, que medita cu&aacute;nto de c&oacute;smico y cu&aacute;nto de humano hay en el cambio clim&aacute;tico. Sus certezas son pocas pero firmes. Adem&aacute;s, la monta&ntilde;a le obliga a la humildad: &ldquo;No eres nada a su lado. Un insecto. Te puede llevar por delante una r&aacute;faga de viento igual que a una piedra. La monta&ntilde;a es indiferente a tu existencia. Las rocas te miran, insensibles, desde el poder&iacute;o de su edad: trescientos millones de a&ntilde;os, una cifra que supera lo imaginable&rdquo;. Lo importante es c&oacute;mo te muestras ante ella. La disposici&oacute;n. La monta&ntilde;a eres t&uacute;.</p>
<p>Preguntado por el gran tema de nuestro tiempo, el cambio clim&aacute;tico, Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n considera que no siempre se ha explicado desde la objetividad: &ldquo;Todo indica que el hombre es causante de poluci&oacute;n atmosf&eacute;rica y de elementos nocivos para la estabilidad. Lo cual es compatible con la evidencia de que el clima, por su cuenta, va cambiando. Lo ha hecho a lo largo de milenios. Y entre esos cambios, atravesamos uno&rdquo;.</p>
<p>Adem&aacute;s, considera que &ldquo;la respuesta humana frente al cambio clim&aacute;tico hay que esperarla a trav&eacute;s de la cultura y de la educaci&oacute;n. Ellas deben llevarnos a la responsabilidad. Tres cosas que a veces no llegan&rdquo;.</p>
<p>A prop&oacute;sito del turismo y su incidencia en la naturaleza, Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n no duda en considerar que &ldquo;el turismo es, como casi toda la industria, insaciable&rdquo;. Se muestra partidario de regularlo porque, por ejemplo, &ldquo;tenemos estaciones de metro en las cumbres de los picos y &iexcl;eso no puede ser!&rdquo;.</p>
<p>Falta sensibilidad hacia la naturaleza. Y es que &ldquo;el paisaje es un grado de civilizaci&oacute;n. Te exige y se sobrepone, &eacute;l mismo, al territorio. Una persona culta supera la mirada pragm&aacute;tica. Adquiere la mirada est&eacute;tica&rdquo;. Lo dec&iacute;a Unamuno: el que est&aacute; con la frente inclinada sobre el arado, dif&iacute;cilmente puede ver el paisaje&rdquo;. Y lo acaba despreciando.</p>
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<p>RAFAEL AZCONA, EL GUIONISTA QUE ESCRIB&Iacute;A EN LA REVISTA &ldquo;CHICAS&rdquo;</p>
<p>&nbsp;Uno de los principales estudiosos de la vida y obra de Rafael Azcona, el riojano Luis Alberto Cabez&oacute;n, publica en el nuevo n&uacute;mero de TURIA su reciente descubrimiento: el que luego ser&iacute;a c&eacute;lebre guionista estuvo publicando relatos rom&aacute;nticos con el seud&oacute;nimo de Jack O&rsquo;Relly en &ldquo;Chicas. La revista de los 17 a&ntilde;os&rdquo;, destinada a j&oacute;venes lectoras.</p>
<p>&nbsp;Dichos textos, fechados en la &eacute;poca previa a su entrada en el mundo del cine en 1958, suponen la forja de Azcona como escritor. Son relatos que entroncan con la literatura popular, de consumo r&aacute;pido y adscrita a la educaci&oacute;n sentimental del franquismo: una educaci&oacute;n cat&oacute;lica de par&aacute;metros androc&eacute;ntricos. &nbsp;</p>
<p>&nbsp;Como ejemplo de esos textos elaborados por Azcona con seud&oacute;nimo, est&aacute; el titulado &ldquo;Regalo de reyes&rdquo;. En este relato, el protagonista se llama Paul y ejerce como cantante en un restaurante del barrio parisino de Montmartre. La suya es una vida marcada por la rutina pero un d&iacute;a algo le atormenta y est&aacute; apesadumbrado y ausente. Aun as&iacute;, debe salir y cantar. Pero su suerte cambiar&aacute; poco despu&eacute;s. &nbsp;</p>
<p>&nbsp;Con estos relatos dirigidos a un p&uacute;blico masivo, que buscaba una lectura amena y sin pretensiones, Rafael Azcona aprendi&oacute; la humildad del oficio de escritor. Como acertadamente se&ntilde;ala Luis Alberto Cabez&oacute;n, Azcona mostr&oacute; ya desde entonces su profesionalidad y capacidad para ajustarse a lo solicitado. No olvidemos que luego, como guionista, casi siempre trabajar&iacute;a por encargo.</p>
<p>&nbsp;TURIA es, con 35 a&ntilde;os de trayectoria y periodicidad cuatrimestral, una de las publicaciones culturales espa&ntilde;olas m&aacute;s veteranas y reconocidas, por cuya labor obtuvo el Premio Nacional&nbsp; al Fomento de la Lectura. Desde hace un lustro, adem&aacute;s de su edici&oacute;n en papel, la revista TURIA tiene una versi&oacute;n digital a trav&eacute;s de una atractiva web y de una p&aacute;gina en Facebook que est&aacute; obteniendo una muy favorable acogida. &nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 11 Mar 2019 07:18:27 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gonzalo M. Borrás Gualis: una vida de compromiso con el arte y con su tierra]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/gonzalo-borras-gualis-una-vida-de-compromiso-con-el-arte-y-con-su-tierr/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2019/GONZALO_BORR_S.jpg" alt="" /></p>
<p>El presente trabajo debe interpretarse como un modesto homenaje que rinde esta revista y el Instituto de Estudios Turolenses a la persona de Gonzalo M. Borras Gualis, tan vinculado a ambas, no s&oacute;lo como colaborador, sino como figura esencial en su misma existencia. En &eacute;l trataremos de dibujar, siquiera someramente, las diferentes caras de su poli&eacute;drica personalidad, en la que se compagina en perfecta coherencia vital su labor docente e investigadora con el compromiso personal, intelectual y pol&iacute;tico con su tierra y con sus gentes, no s&oacute;lo difundiendo su patrimonio art&iacute;stico, sino tambi&eacute;n modernizando &ndash;democratizando en algunos casos- algunas de sus instituciones p&uacute;blicas m&aacute;s importantes vinculadas con el mundo de la cultura.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El profesor Gonzalo Borr&aacute;s pertenece a esa generaci&oacute;n de intelectuales -en su mayor&iacute;a profesores- que vivi&oacute; con pasi&oacute;n y compromiso los &uacute;ltimos a&ntilde;os del franquismo y los primeros de la transici&oacute;n. Un colectivo que entend&iacute;a la cultura y la libertad como elementos indisociables, como instrumentos pr&aacute;cticos, como herramientas de transformaci&oacute;n social capaces de generar proyectos de futuro para un territorio ancestralmente olvidado y de ilusionar a sus gentes, devolvi&eacute;ndoles la confianza perdida en sus posibilidades, al hacerles ver, en el caso concreto de nuestro protagonista, que sus recursos patrimoniales son &uacute;nicos en el mundo y que pod&iacute;an convertirse en verdaderos motores de desarrollo generadores de riqueza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Bajoaragon&eacute;s de los pies a la cabeza</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Gonzalo M&aacute;ximo Borr&aacute;s Gualis naci&oacute; en Valdealgorfa en 1940 y se reconoce como bajoaragon&eacute;s de los pies a la cabeza: &ldquo;Uno es de donde vivi&oacute; su infancia&rdquo;<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>, que transcurri&oacute; entre Pe&ntilde;arroya de Tastavins, Castelser&aacute;s y Valdealgorfa. Sus abuelos paternos proced&iacute;an de F&oacute;rnoles: &ldquo;nosotros somos de los Borr&aacute;s de F&oacute;rnoles desde el siglo XV. Mis padres fueron Gonzalo Borr&aacute;s y Mar&iacute;a Teresa Gualis, un apellido tambi&eacute;n documentado en Alca&ntilde;iz desde el siglo XV. De manera que toda mi familia, tanto por parte de padre como por parte de madre, es bajoaragonesa desde la Baja Edad Media.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En Valdealgorfa, de la mano del maestro, don Manuel, al que recuerda con profundo cari&ntilde;o, aprendi&oacute; a leer, a escribir y lat&iacute;n: &ldquo;yo aprend&iacute; el presente de subjuntivo en lat&iacute;n (ame, ames, ame, amemos, ametis, amen) antes que en castellano. Toda aquella &eacute;poca dej&oacute; una huella profunda en m&iacute;&hellip;&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; M&aacute;s tarde, avalado por el cura del pueblo, mos&eacute;n Francisco, se traslad&oacute; al Seminario Menor de Alcorisa, donde pas&oacute; cuatro a&ntilde;os (1951-55). En el tercer curso estuvo a punto de morir a causa de unas fiebres tifoideas, resistentes a la penicilina. Superada la enfermedad y concluida su etapa en Alcorisa, continu&oacute; con su formaci&oacute;n en el Seminario Mayor de Zaragoza (1955-58), donde hizo el &uacute;ltimo curso de Humanidades y dos de Filosof&iacute;a. Los veranos los pasaba en el lugar de destino de su padre, cabo de la guardia civil que lleg&oacute; a capit&aacute;n: Caminreal, Valderrobres y Andorra.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tras un fallido intento de ingreso en la Academia General Militar, inici&oacute; la carrera de Derecho, que abandon&oacute; a los pocos a&ntilde;os para comenzar Filosof&iacute;a y Letras (Secci&oacute;n de Historia)&nbsp; en la Universidad de Zaragoza (1960-65).</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Maestro de maestros del arte</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Gonzalo Borr&aacute;s ha sido profesor en todas sus categor&iacute;as: tras terminar los estudios en 1965, pas&oacute; un tiempo de profesor ayudante en&nbsp; la Universidad de Zaragoza, pero en 1967 falleci&oacute; su padre en un tr&aacute;gico accidente de circulaci&oacute;n &nbsp;y tuvo que trabajar un tiempo como profesor de ense&ntilde;anza media en Calatayud, donde&nbsp; comenz&oacute; a preparar con intensidad su tesis doctoral sobre la arquitectura mud&eacute;jar en los valles del Jal&oacute;n y del Jiloca. M&aacute;s tarde, fund&oacute; un Colegio Libre Adoptado en Graus, dependiente del instituto de ense&ntilde;anza media &ldquo;Ram&oacute;n y Cajal&rdquo; de Huesca.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En 1968 se cas&oacute; y se traslad&oacute; de nuevo a Zaragoza, donde el catedr&aacute;tico de arte don Francisco Abad lo reincorpor&oacute; a la universidad. Tras fallecer su mentor en 1974, sac&oacute; al a&ntilde;o siguiente las oposiciones a profesor adjunto y en 1976, cuando para ascender en la Universidad de Zaragoza hab&iacute;a que emigrar, tras aprobar las oposiciones de profesor agregado se traslad&oacute; a Barcelona, donde desempe&ntilde;&oacute; por un a&ntilde;o el vicedecanato de la Facultad de Letras de la Universidad Aut&oacute;noma.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su aragonesismo militante le trajo de vuelta a Zaragoza donde, tras la jubilaci&oacute;n de Federico Torralba, le,sucedi&oacute; desde 1982 en la C&aacute;tedra &nbsp;de Historia del Arte. En la actualidad es catedr&aacute;tico em&eacute;rito e imparte clases en la Universidad de la Experiencia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como se puede apreciar por el recorrido profesional expuesto, el profesor Gonzalo Borr&aacute;s durante sus m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os dedicados a la docencia ha sido y sigue siendo maestro de maestros, bajo su magisterio se ha formado una nutrida n&oacute;mina de ense&ntilde;antes del arte en sus diferentes niveles y especialidades. Son legi&oacute;n las memorias de licenciatura que ha dirigido desde la asignatura de Arte Aragon&eacute;s y numerosas las tesis doctorales. As&iacute;, entre sus alumnos se cuentan nombres tan prestigiosos en la investigaci&oacute;n y la ense&ntilde;anza como los de Juan Jos&eacute; Carreras, Concepci&oacute;n Lomba, Jos&eacute; Luis Pano, Carlos Lasierra, y un largu&iacute;simo etc&eacute;tera. Todos ellos le dedicaron un <em>libro homenaje<a title="" href="#_ftn2"><strong>[2]</strong></a>,</em> y en la &ldquo;Presentaci&oacute;n&rdquo; que abre sus p&aacute;ginas destacan dos de entre sus muchas cualidades como docente: &ldquo;la claridad con la que siempre ha transmitido los conocimientos sobre cualquier tema, y la directa relaci&oacute;n entre las materias impartidas y sus propias investigaciones y publicaciones.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como establecen pues sus alumnos,&nbsp; en su persona docencia e investigaci&oacute;n son dos caras de una misma moneda. En este sentido, son de enorme utilidad por su labor de s&iacute;ntesis y claridad expositiva los manuales de apoyo a su tarea docente, que facilitan de manera extraordinaria el trabajo de los estudiantes de arte y les ayudan a comprender la esencia de las materias de los que tratan. En algunos casos, como en el del util&iacute;simo <em>Diccionario de t&eacute;rminos de arte y elementos de arqueolog&iacute;a, her&aacute;ldica y numism&aacute;tica</em>, realizado en colaboraci&oacute;n con Guillermo Fat&aacute;s Cabeza, que ya desde su primera edici&oacute;n en 1970 se convirti&oacute; en todo un cl&aacute;sico de obligada consulta para generaciones de estudiantes que quer&iacute;an iniciarse y familiarizarse no s&oacute;lo con el vocabulario espec&iacute;fico de la escultura, la pintura, la arquitectura y las artes decorativas, sino tambi&eacute;n con los t&eacute;rminos propios de una amplia gama de ciencias auxiliares. Todav&iacute;a en la actualidad sigue siendo el diccionario imprescindible de la materia. Lo mismo podr&iacute;a decirse de su <em>Introducci&oacute;n general al Arte</em>, escrita en colaboraci&oacute;n con Juan F. Esteban Lorente y Mar&iacute;a Isabel &Aacute;lvaro Zamora, o de su participaci&oacute;n en diferentes manuales de referencia dedicados a determinados periodos art&iacute;sticos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ha dirigido algunas colecciones destinadas a universitarios, caso de <em>Lo mejor del Arte </em>(Historia 16, 1998) y ha coordinado publicaciones de car&aacute;cter monogr&aacute;fico, como la dedicada al A<em>rte Andalus&iacute; </em>&nbsp;(Zaragoza, <em>Artigrama</em>, Departamento de Historia del Arte e Instituto de Estudios Isl&aacute;micos y del Oriente Pr&oacute;ximo, 2008), sin olvidar la gran utilidad para los universitarios de obras como el<em> Diccionario de historiadores espa&ntilde;oles de Arte</em>; <em>C&oacute;mo y qu&eacute; investigar en Historia del Arte </em>e <em>Historia del arte y patrimonio cultural: una revisi&oacute;n cr&iacute;tica.</em><em></em></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Investigador&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lejos queda ya aquel primer art&iacute;culo publicado en la revista <em>Teruel</em> (n&uacute;m. 38, 1967) sobre &ldquo;La iglesia de Santa Mar&iacute;a la Mayor, de Valderrobles&rdquo;. Luego vendr&iacute;a su tesis de licenciatura dedicada a &ldquo;La guerra de Sucesi&oacute;n en Zaragoza&rdquo;, defendida en 1967 (publicada en 1973), y su ya citada tesis doctoral, <em>Mud&eacute;jar en los valles del Jal&oacute;n-Jiloca</em> (1971), que marcar&iacute;a su trayectoria profesional posterior abriendo el camino de la que habr&iacute;a de ser su principal l&iacute;nea de investigaci&oacute;n, el estudio del arte mud&eacute;jar, del que en la actualidad es, sin ninguna duda, una autoridad indiscutible, avalada por m&aacute;s de setenta publicaciones al respecto, algunas de ellas imprescindibles, caso de <em>El arte mud&eacute;jar aragon&eacute;s</em> (ediciones de 1978 y 1985) y <em>El arte mud&eacute;jar </em>(1990) o de sus magn&iacute;ficos estudios dedicados a la arquitectura mud&eacute;jar conservada en Teruel capital y provincia y a la techumbre de su catedral.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Es evidente que el profesor Borr&aacute;s no invent&oacute; el mud&eacute;jar, ya estaba ah&iacute;, en nuestros pueblos y ciudades, con su belleza dormida de siglos de olvido, esperando a un pr&iacute;ncipe azul que lo rescatara del absoluto abandono en el que se encontraba, que descubriera su enorme inter&eacute;s y singularidad. Nuestro profesor lo estudi&oacute; con mimo y perseverancia, se convirti&oacute; en su m&aacute;ximo defensor, en una autoridad indiscutible, pero no se conform&oacute; con eso, sino que con sus tan interesantes como decisivas publicaciones logr&oacute; despertar el inter&eacute;s de sus indolentes paisanos y nos hizo comprender a aut&oacute;ctonos y for&aacute;neos, que el mud&eacute;jar no era un h&iacute;brido ni un estrambote del rom&aacute;nico y el g&oacute;tico, sino que, como ya sostuviera Men&eacute;ndez Pelayo, es &ldquo;el &uacute;nico estilo art&iacute;stico del que podemos envanecernos los espa&ntilde;oles&rdquo;, y en especial los aragoneses, a&ntilde;adimos ahora ya con orgullo, pues nos demostr&oacute; fehacientemente la riqueza cultural y econ&oacute;mica que supone para nuestras tierras su presencia con el marchamo de casi en exclusiva. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esa concienciaci&oacute;n ha sido una tarea lenta y dif&iacute;cil, una labor &iacute;mproba de muchos a&ntilde;os. Fue en 1975 cuando, en compa&ntilde;&iacute;a de Santiago Sebasti&aacute;n y Emilio S&aacute;ez, impuls&oacute; en Teruel el I Simposio Internacional de Mudejarismo, sembrando de ese modo la semilla del que con el tiempo ser&iacute;a el Centro de Estudios Mud&eacute;jares. La tozudez de su defensa y la contundencia de sus argumentos colaboraron de manera fundamental para que en 1986 el mud&eacute;jar turolense fuera declarado por la Unesco Patrimonio Mundial y en el 2002, por extensi&oacute;n, lo fuera el de todo Arag&oacute;n. En este sentido, el profesor Gonzalo Borr&aacute;s ha coordinado programas internacionales de investigaci&oacute;n para la Unesco y Museo Sin Fronteras.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero su dedicaci&oacute;n al estudio del arte no se agota en el mud&eacute;jar,&nbsp; tambi&eacute;n son importantes sus contribuciones en el campo de la pintura rom&aacute;nica, del arte g&oacute;tico y del Islam, de la escultura del Renacimiento, de la obra de Goya, de la arquitectura y artes aplicadas del Modernismo, etc.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Activista cultural y difusor del patrimonio art&iacute;stico aragon&eacute;s</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El profesor Gonzalo Borr&aacute;s siempre ha considerado que la cultura es un motor de progreso ideal para una tierra como la aragonesa, tan necesitada de proyectos de futuro. De ah&iacute; que no haya escatimado tiempo ni esfuerzos en dinamizar, promover y difundir el patrimonio cultural aragon&eacute;s en todos sus &oacute;rdenes y desde diferentes instituciones y empresas culturales de toda &iacute;ndole.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Junto con Eloy Fern&aacute;ndez Clemente, Jos&eacute; Antonio Labordeta, Jos&eacute; Carlos Mainer, Guillermo Fat&aacute;s, Mar&iacute;a Dolores Albiac, etc., form&oacute; parte del grupo de intelectuales que configur&oacute; el primer <em>Andal&aacute;n</em> (1972), una revista m&iacute;tica que ha pasado con letras may&uacute;sculas a formar parte del imaginario colectivo de los aragoneses.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ha sido el impulsor de los <em>Coloquios de Arte Aragon&eacute;s</em>, que se han sucedido peri&oacute;dicamente desde 1978 en diferentes localidades aragonesas. De igual forma, fue fundador en 1984 de la revista del departamento de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza, <em>Artigrama</em> y es miembro del Comit&eacute; Cient&iacute;fico de varias revistas especializadas, como el <em>Bolet&iacute;n del Museo e Instituto Cam&oacute;n Aznar</em> (Zaragoza, IberCaja), A<em>nales de Historia del Arte </em>(Departamento de Historia del Arte, Universidad Complutense de Madrid), <em>Brocar</em> (Universidad de la Rioja), <em>Li&ntilde;o </em>(Departamento de Historia del Arte, Universidad de Oviedo) y <em>Seminario de Arte Aragon&eacute;s</em> (Instituci&oacute;n Fernando el Cat&oacute;lico, Diputaci&oacute;n de Zaragoza).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entre los a&ntilde;os 1985 y 1995,&nbsp; se hizo cargo de la direcci&oacute;n del Instituto de Estudios Turolenses (Excma. Diputaci&oacute;n Provincial de Teruel, CSIC), una instituci&oacute;n que languidec&iacute;a a la deriva tras el fallecimiento de su anterior director, el arque&oacute;logo Mart&iacute;n Almagro Basch. Cuando tom&oacute; las riendas del centro, fundado en 1948, se encontr&oacute; con una instituci&oacute;n regida por normas franquistas, alejada del pueblo y anquilosada en su funcionamiento, por lo que su primera labor fue modernizar sus estatutos fundacionales (por ejemplo suprimi&oacute; el car&aacute;cter vitalicio de la direcci&oacute;n, que pas&oacute; a ser peri&oacute;dica y renovable, etc.) y dotarla de los recursos humanos y materiales necesarios para su correcto funcionamiento, propiciando tambi&eacute;n la consecuci&oacute;n de una sede propia. Con la intenci&oacute;n de acercar su labor cultural a la ciudadan&iacute;a organiz&oacute; simposios y congresos, edit&oacute; libros y revistas, financi&oacute; investigaciones y foment&oacute; la creaci&oacute;n literaria. Relanz&oacute;, remoz&aacute;ndola, el buque insignia de la instituci&oacute;n, la revista <em>Teruel</em>, que desdobl&oacute; en dos entregas, una dedicada a las humanidades y otra, m&aacute;s novedosa, a las ciencias, con especial inter&eacute;s por la econom&iacute;a aplicada a la realidad turolense, para la que desde el instituto se busc&oacute; en todo momento una proyecci&oacute;n de futuro.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De entre las nuevas publicaciones, destacaron por su af&aacute;n divulgativo y &eacute;xito popular las Cartillas Turolenses, encargadas a especialistas de las diversas materias, pero con un formato claro y sencillo y una m&aacute;s que evidente voluntad de difundir el patrimonio art&iacute;stico y cultural de la provincia. Tambi&eacute;n esta misma revista cultural <em>Turia</em> fue amparada por su paraguas y le dio estabilidad y cobertura administrativa. De igual forma, trabaj&oacute; tambi&eacute;n por&nbsp; vertebrar todas las actividades culturales de la provincia y promovi&oacute; la integraci&oacute;n en el Instituto de los diferentes centros de estudios locales con el fin de coordinar sus actividades y optimizar los recursos econ&oacute;micos, pero siempre&nbsp; respetando su autonom&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entre 2002 y 2005 fue director de la Instituci&oacute;n Fernando el Cat&oacute;lico (Excma. Diputaci&oacute;n de Zaragoza, CSIC), en la que prosigui&oacute; con las actividades de la instituci&oacute;n y dio continuidad a su pol&iacute;tica de publicaciones, cursos y conferencias.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Paralelamente a la anterior direcci&oacute;n, puso en marcha y dirigi&oacute; desde 2002 hasta su desaparici&oacute;n en 2011, el Instituto de Estudios Isl&aacute;micos y de Oriente Pr&oacute;ximo (Universidad de Zaragoza, CSIC y Cortes de Arag&oacute;n).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De igual forma, result&oacute; decisivo su impulso y direcci&oacute;n del proyecto museol&oacute;gico del Espacio Goya, en 2005; tambi&eacute;n como miembro del Patronato y director de las Actividades del Centro de Investigaci&oacute;n y Documentaci&oacute;n sobre Goya en la Fundaci&oacute;n Goya en Arag&oacute;n desde 2010, fundaci&oacute;n que impulsa actividades de toda &iacute;ndole relativas al genio de Fuendetodos, desde becas, publicaciones, conferencias, recopilaci&oacute;n de documentaci&oacute;n, etc. En este sentido, Gonzalo Borr&aacute;s coordin&oacute; personalmente diferentes cursos de nivel internacional sobre el artista.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Vocaci&oacute;n de servicio p&uacute;blico. Su faceta pol&iacute;tica</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Gonzalo Borr&aacute;s no ha entendido su dedicaci&oacute;n a la docencia y a la investigaci&oacute;n como algo excluyente del mundo y de la vida, no es pues el t&iacute;pico caso de intelectual aislado en su &ldquo;torre de marfil&rdquo;, ajeno a lo humano, todo lo contrario, la pol&iacute;tica es una cara m&aacute;s de su vocaci&oacute;n y profesi&oacute;n, si bien debemos matizar que ha sido m&aacute;s un &ldquo;hombre p&uacute;blico&rdquo; que un pol&iacute;tico al uso; es decir, su vocaci&oacute;n de servicio le llev&oacute; primero al p&uacute;blico compromiso y presencia activa en grupos y colectivos, como el que constituy&oacute; el ya citado <em>Andal&aacute;n</em>, la Comisi&oacute;n Aragonesa pro Alternativa Democr&aacute;tica (1972), y la Acci&oacute;n Socialista Aragonesa (1974), para, en su momento, y de manera ocasional, militar pol&iacute;ticamente en el PSA, bajo cuyas siglas particip&oacute; en las elecciones generales de 1977 y m&aacute;s tarde, en las municipales de 1979, como independiente en las listas del PCA-PCE.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esa misma actitud y una evoluci&oacute;n similar se ha dado en los que podemos considerar sus compa&ntilde;eros de viaje: el profesor Eloy Fern&aacute;ndez Clemente y Jos&eacute; Antonio Labordeta, cuyos caminos se puede decir han corrido paralelos. De hecho, esta circunstancia la resum&iacute;a con clarividencia absoluta el propio Gonzalo de la siguiente manera: &ldquo;Resulta muy dif&iacute;cil para quienes hemos vivido bajo el franquismo, la transici&oacute;n democr&aacute;tica y la actual democracia mantener a nuestro lado, en una trayectoria pol&iacute;tica tan dilatada y compleja, compa&ntilde;eros permanentes de viaje. Es, al menos, poco frecuente, ya que cada nueva situaci&oacute;n pol&iacute;tica exige de cada uno de nosotros una respuesta pol&iacute;tica diferente. Y aquellos que coincidimos en un punto de partida com&uacute;n, que fue la lucha contra el tardofranquismo, hemos ido derivando por muy diversos derroteros a lo largo de la transici&oacute;n democr&aacute;tica y de la actual democracia. No es habitual, m&aacute;xime cuando las estaciones del mismo han sido el Partido Socialista de Arag&oacute;n (PSA), el Partido Comunista de Arag&oacute;n (PCA-PCE) y la Chunta Aragonesista (CHA). Uno ha ido perdiendo a lo largo del camino compa&ntilde;eros de viaje y, al doblar el &uacute;ltimo recodo, no deja de sorprenderse de seguir todav&iacute;a en compa&ntilde;&iacute;a de Jos&eacute; Antonio Labordeta y de Eloy Fern&aacute;ndez Clemente [&hellip;]&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En su participaci&oacute;n en el libro colectivo coordinado por Javier Aguirre Santos, <em>Jos&eacute; Antonio Labordeta, creaci&oacute;n, compromiso, memoria<a title="" href="#_ftn3"><strong>[3]</strong></a>, </em>cuenta con enorme iron&iacute;a y gracejo en su particular homenaje al amigo titulado &ldquo;El compromiso pol&iacute;tico de Jos&eacute; Antonio Labordeta&rdquo;, c&oacute;mo entr&oacute; en las listas del PSA en las elecciones de junio de 1977, partido creado en febrero del a&ntilde;o anterior por Emilio Gast&oacute;n, en el que milit&oacute; en la distancia durante su etapa en la Universidad Aut&oacute;noma de Barcelona, donde recibi&oacute; una llamada del partido comunic&aacute;ndole que lo incorporaban a las listas como n&uacute;mero tres por Teruel, tras Rufino Foz y Orencio Andr&eacute;s, a la que contest&oacute; de manera airada: &ldquo;&iexcl;C&oacute;mo se os ocurre semejante desprop&oacute;sito! &iexcl;Poned a Labordeta, que es mucho m&aacute;s conocido!&rdquo;. &ldquo;Ya va por Zaragoza&rdquo;, le contestaron. &ldquo;Pues que sea Eloy&rdquo;, replic&oacute;, pero tambi&eacute;n su amigo iba por Zaragoza. No tuvo m&aacute;s remedio que aceptar: &ldquo;&hellip;decid&iacute;, para ahorrar gastos, ya que todo lo hice a mis expensas,&nbsp; instalarme en Castelser&aacute;s, lugar de residencia de mis abuelos paternos, desde donde me desplazaba diariamente a los pueblos del Bajo Arag&oacute;n [&hellip;] practicaba de este modo el socialismo autogestionario que propugn&aacute;bamos en el proyecto pol&iacute;tico, ya que todo me lo hac&iacute;a yo [&hellip;]&rdquo; A&ntilde;ade tambi&eacute;n alguna sabrosa an&eacute;cdota como la vivida en Calanda, en cuya plaza de toros dio un mitin al que asistieron &ldquo;mal contadas unas sesenta personas, y ello con el tir&oacute;n electoral de Labordeta [&hellip;] Al terminar y ya march&aacute;ndose la gente Jos&eacute; Antonio y yo nos acercamos a saludar a dos abuelos que ya no cumpl&iacute;an los noventa, gayata en mano, que nos aclararon: &lsquo;No se preocupen ustedes por que haya venido tan poca gente. Existe mucho miedo todav&iacute;a. Pero aqu&iacute; van a tener ustedes muchos votos. Aqu&iacute; muchos vamos a votar PSOE&rsquo;. Les dimos las gracias cariacontecidos y se fueron los dos abuelos muy erguidos hacia la noche calandina.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tras lo que se interpret&oacute;, seguramente de forma equivocada, como un fracaso, al salir elegido s&oacute;lo Emilio Gast&oacute;n, el partido se disolvi&oacute;, pero antes se les encomend&oacute; a los dos amigos, Eloy y Gonzalo, la dif&iacute;cil e ingrata tarea de negociar el pase de la militancia del PSA al PCE o al PSOE en las mejores condiciones posibles con el fin de salvar los restos del naufragio.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Fruto de estas negociaciones, se integraron en el PCE como independientes en su candidatura al Ayuntamiento de Zaragoza en los comicios municipales de 1979, dando lugar a un amargo episodio que Eloy titul&oacute; en sus <em>Memorias </em>como &ldquo;El timo de los independientes&rdquo;<a title="" href="#_ftn4"><em><strong>[4]</strong></em></a> &nbsp;y que al fin y a la postre iba a suponer la dimisi&oacute;n de Gonzalo Borr&aacute;s como teniente de alcalde de cultura, tras encabezar una candidatura que contra todo pron&oacute;stico (quiz&aacute; no contra el suyo propio), consigui&oacute; cuatro concejales, al ver c&oacute;mo el partido comunista vetaba a Eloy Fern&aacute;ndez Clemente, quinto de la lista, que deb&iacute;a entrar en el consistorio diez meses m&aacute;s tarde al dimitir el n&uacute;mero dos para dedicarse a labores sindicales, pero se le forz&oacute; a renunciar en favor&nbsp; de otro candidato afiliado al partido. Esta triste experiencia le llev&oacute; a dejar la pol&iacute;tica activa hasta que, en 1991, fue candidato a la alcald&iacute;a de Zaragoza por Chunta Aragonesista.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>A modo de conclusi&oacute;n</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El diamantino Gonzalo Borr&aacute;s siempre ser&aacute; profesor, investigador y difusor de la cultura aragonesa. De su trayectoria personal y profesional aqu&iacute; esbozada, destacar&iacute;amos fundamentalmente dos caracter&iacute;sticas esenciales: responsabilidad y compromiso social. Su &aacute;mbito de trabajo ha sido el p&uacute;blico m&aacute;s que el pol&iacute;tico propiamente dicho, un escenario secundario o complementario de su faceta anterior, fuente en numerosas ocasiones de desenga&ntilde;os y decepciones, mientras que el espacio p&uacute;blico &ndash;fundaci&oacute;n de peri&oacute;dicos, publicaciones de libros, direcci&oacute;n de instituciones, de empresas culturales varias, docencia, investigaci&oacute;n, conferencias, etc.- le ha comportado m&aacute;s satisfacci&oacute;n personal y reconocimiento colectivo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su personalidad es en esencia la de un intelectual apasionado por la libertad y la difusi&oacute;n cultural, absolutamente convencido de que la uni&oacute;n hace la fuerza, m&aacute;xime cuando los recursos escasean; la de un estudioso inteligente y memorioso convencido de las posibilidades de futuro de su tierra, es pues aragonesista adem&aacute;s de aragon&eacute;s, capaz con su trabajo y pasi&oacute;n por el territorio de entusiasmar a sus paisanos y de devolverles la confianza en s&iacute; mismos; la de un hombre amigo de sus amigos, con un humor inteligente, dotado de cierta retranca y fina iron&iacute;a, con toques somardas, como procede, cuyas m&aacute;xima frustraci&oacute;n tal vez haya sido la de no haber podido crear el Instituto de Cultura Aragonesa, como le hubiera gustado y por el que luch&oacute; con denuedo sin &eacute;xito. No pudo ser, pero todav&iacute;a estamos a tiempo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> Entrevista realizada por Ram&oacute;n Mur presente en el libro la <em>Comarca</em><em> del Bajo Arag&oacute;n, </em>Zaragoza, Gobierno de Arag&oacute;n, Departamento de Presidencia y Relaciones Institucionales, 2005, pp. 311-315.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> <em>Estudios de Historia del Arte</em>, Zaragoza, Instituci&oacute;n Fern&aacute;ndo el Cat&oacute;lico, 2013.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a>Zaragoza, Rolde de Estudios Aragoneses, 2008.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a> <em>Los a&ntilde;os de Andal&aacute;n. Memorias (1972-1987)</em>, Zaragoza, Rode de Estudios Aragoneses, 2013, pp. 535-540.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Wed, 27 Feb 2019 09:58:32 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Negarse a ir marcando el paso]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/negarse-a-ir-marcando-el-paso1/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2019/NIEVE500.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 360px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 360px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 360px;">&nbsp;&ldquo;Escribir &ndash;declar&oacute; Milan Kundera hace ya m&aacute;s de una d&eacute;cada- es el placer de contradecir, la dicha de encontrarse solo frente a todos, la alegr&iacute;a de provocar a los enemigos e incluso de irritar a algunos amigos&rdquo;. De ah&iacute; que la literatura diar&iacute;stica, ese &uacute;til marcapasos de voluntades fr&aacute;giles, ampl&iacute;e nuestra capacidad de emanciparnos de este mundo enfermo y aburrido, de esta realidad resquebrajada. Nos permite la aventura permanente de desafiar a todos con nuestras provocaciones intelectuales, morales, geogr&aacute;ficas y est&eacute;ticas. Con esta humilde odisea de ir contando, negro sobre blanco, las peripecias y los desaf&iacute;os que nos producen nuestras pesquisas interiores, nuestro inventario de sentimientos, sue&ntilde;os, certezas y desvar&iacute;os.</p>
<p style="padding-left: 360px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 360px;" align="right">Fragmento del diario <em>La nieve sobre el agua</em>, publicado por F&oacute;rcola Ediciones)</p>
<p style="padding-left: 360px;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 360px;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 360px;" align="right">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 27 Feb 2019 08:51:16 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Turia publica inéditos de grandes autores internacionales]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/publica-ineditos-grandes-autores-internacionales/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2019/PETER500.jpg" alt="" /></p>
<p>La revista cultural TURIA publica en su nuevo n&uacute;mero, que se distribuye este mes de marzo en Espa&ntilde;a y otros pa&iacute;ses, un sumario repleto de interesantes textos in&eacute;ditos de grandes autores internacionales. As&iacute;, TURIA da a conocer un fragmento de la nueva novela del escritor austr&iacute;aco Peter Handke, uno de los m&aacute;s relevantes nombres propios de la literatura universal de nuestros d&iacute;as. Un pr&oacute;ximo libro que se titular&aacute; en castellano &ldquo;La ladrona de fruta o Viaje de ida al interior del pa&iacute;s&rdquo; y en el que Handke realiza un muy original recorrido por el norte de Francia que le sirve para plasmar su particular visi&oacute;n del mundo y de la literatura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tambi&eacute;n TURIA ofrece a los lectores un avance de &ldquo;El caso Sparsholt&rdquo;, el nuevo libro del escritor brit&aacute;nico Alan Hollinghurst, considerado por la cr&iacute;tica como el candidato indiscutible a mejor autor ingl&eacute;s de nuestros d&iacute;as.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Menci&oacute;n destacada en el sumario de la revista merece tambi&eacute;n la presencia de la poes&iacute;a del griego Miltos Sajturis. Quien ha sido uno de los autores m&aacute;s importantes de la literatura helena del siglo XX ha recibido hasta ahora escasa atenci&oacute;n editorial en Espa&ntilde;a. Una escasa presencia que TURIA quiere combatir con una breve antolog&iacute;a po&eacute;tica de Sajturis, traducida y presentada por Fruela Fern&aacute;ndez.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre los nombres propios m&aacute;s valiosos de la actual literatura europea se encuentra el escritor franc&eacute;s Emmanuel Carr&egrave;re, muy apreciado por el p&uacute;blico lector y por la cr&iacute;tica y cuya obra se caracteriza por una interesante mezcla de ficci&oacute;n y no ficci&oacute;n. TURIA le dedica ahora un excelente art&iacute;culo panor&aacute;mico elaborado por Mercedes Monmany bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Emmanuel Carr&egrave;re: otras vidas m&aacute;s all&aacute; de la m&iacute;a&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="left"><strong>PETER HANDKE, UN CL&Aacute;SICO CONTEMPOR&Aacute;NEO </strong></p>
<p>El escritor austr&iacute;aco Peter Handke (Griffen, 1942) es, sin duda, uno de los mas relevantes autores de la literatura alemana de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas y un intelectual comprometido con la realidad de su tiempo. Autor de una producci&oacute;n extensa y variada, su obra gira en torno a la soledad y la incomunicaci&oacute;n del hombre. Es autor de teatro, novela y poes&iacute;a. Tambi&eacute;n es director de cine, ha escrito guiones y ha colaborado con su amigo Wim Wenders. La cr&iacute;tica ha considerado su obra con la de un heredero de Goethe, Kafka y Stifter.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Buen conocedor de Espa&ntilde;a, de nuestros paisajes y de nuestra cultura, Handke cuenta con una parte significativa de su obra traducida al castellano y con numerosos y reconocidos admiradores de su trabajo creativo. Prueba de ello fue la concesi&oacute;n, en 2017, del t&iacute;tulo de</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>"Doctor honoris causa" por la Universidad de Alcal&aacute; de Henares en reconocimiento a los "servicios eminentes prestados a la cultura p&uacute;blica". Por otra parte, autores como Enrique Vila Matas, Jos&eacute; Luis Pardo o Juan Villoro, han elogiado su obra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>TURIA publica ahora, en primicia en espa&ntilde;ol, un adelanto de las primeras p&aacute;ginas del libro &ldquo;La ladrona de fruta o Viaje de ida al interior del pa&iacute;s&rdquo;. Una novela de Handke que ser&aacute; editada este a&ntilde;o por Alianza y que seg&uacute;n el autor es su &ldquo;&uacute;ltimo gran texto &eacute;pico&rdquo;. Un libro de m&aacute;s de 550 p&aacute;ginas en el que una joven mujer llamada Alexia recorre a pie una zona de la regi&oacute;n francesa de la Picardie. Un viaje el que Handke mezcla narraci&oacute;n y reflexi&oacute;n, memoria y ficci&oacute;n. Un texto en el que se juega con vivencias reales del autor y elementos inventados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tambi&eacute;n la revista abre el sumario de su nuevo n&uacute;mero con un amplio y clarificador art&iacute;culo sobre Peter Handke elaborado por uno de los mayores especialistas en su obra, el profesor Georg Pichler. En &eacute;l se nos subraya una caracter&iacute;stica fundamental para entender a Handke: &ldquo;concibe la literatura como medio para percibir y, a la vez, cambiar el mundo, por la fuerza inherente a la palabra, a la poes&iacute;a, y por la fe en el poder transformador del arte&rdquo;. Adem&aacute;s, apunta Pichler, en Handke &ldquo;el umbral entre realidad y ficci&oacute;n, entre vida y obra es tan fino que, en &uacute;ltima instancia, resulta obsoleto puesto que la literatura forma parte de la vida y la vida, en su caso, no es sue&ntilde;o sino material sin labrar para transformarlo en literatura&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>ALAN HOLLINGHURST,&nbsp; EL MEJOR ESCRITOR INGL&Eacute;S ACTUAL</strong></p>
<p>Etiquetado durante un tiempo como el principal exponente de la literatura gay brit&aacute;nica, Alan Hollinghurst (Stroud, 1954) hace ya varios libros que se desprendi&oacute; de ese lastre reduccionista para convertirse, seg&uacute;n aseguraba el peri&oacute;dico &ldquo;The Guardian&rdquo;, en el principal candidato a mejor escritor ingl&eacute;s actual.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hollinghurst, que tambi&eacute;n realiz&oacute; durante a&ntilde;os una interesante labor cr&iacute;tica en el c&eacute;lebre &ldquo;Times Litteray Supplement&rdquo;, ha retornado con &eacute;xito al panorama literario del Reino Unido con su novela &ldquo;El caso Sparsholt&rdquo;. El libro, que ser&aacute; publicado en espa&ntilde;ol por la editorial Anagrama y del que TURIA publica un anticipo, narra la historia de una amistad ambientada en Oxford durante los a&ntilde;os de la Segunda Guerra Mundial y traza el retrato de un grupo de amigos unidos por el arte, la literatura y el amor. En &ldquo;El caso Sparsholt&rdquo;, Hollinghurst explora los revolucionaros cambios sociales y sexuales que acaecieron durante una &eacute;poca crucial del siglo XX y cuyas consecuencias se extienden hasta hoy.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En trayectoria de Alan Hollinghurst hay libros que causaron un notable impacto, como su primera novela &ldquo;La biblioteca de la piscina&rdquo;, en la que narraba la historia de un joven arist&oacute;crata homosexual. Tambi&eacute;n obtuvo en 2004 uno de los principales premios literarios anglosajones, el Man Booker, con su novela &ldquo;La l&iacute;nea de la belleza&rdquo;. Un retrato de la burgues&iacute;a de su pa&iacute;s durante la era de Margaret Thatcher que le mereci&oacute; comparaciones con Henry James.</p>
<p align="left">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="left"><strong>LA POES&Iacute;A DE MILTOS SAJTURIS: UNA AUTOBIOGRAF&Iacute;A PS&Iacute;QUICA </strong></p>
<p>TURIA tambi&eacute;n publica una selecci&oacute;n de poemas in&eacute;ditos del escritor griego Miltos Sajturis (Atenas, 1919 - 2005), traducidos y presentados por Fruela Fern&aacute;ndez. En la nota introductoria a dichos poemas, se nos recuerda c&oacute;mo la obra de Sajturis puede considerarse &ldquo;una respuesta, ardua y altamente personal, al asedio de la historia&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Descendiente de una familia muy ligada a la construcci&oacute;n de la rep&uacute;blica en Grecia, Sajturis comenz&oacute; a escribir durante los a&ntilde;os de la ocupaci&oacute;n y de la guerra civil de su pa&iacute;s. Y, aunque los referentes hist&oacute;ricos son casi inexistentes en su poes&iacute;a, si provocaron un estado an&iacute;mico desde el que produce su escritura. Muy interesado por el surrealismo, Sajturis ha definido su obra como una &ldquo;especie de diario subconsciente&rdquo;, es decir un proyecto de autobiograf&iacute;a ps&iacute;quica que permite el regreso de lo reprimido a trav&eacute;s de la escritura, seg&uacute;n asegura Fruela Fern&aacute;ndez en TURIA. &nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>EMMANUEL CARR&Egrave;RE, AUTOR DE CULTO Y NUEVO DOSTOIEVSKI</strong></p>
<p>Mercedes Monmany publica en TURIA un art&iacute;culo clarificador y entusiasta sobre la personalidad y la obra de Emmanuel Carr&egrave;re (Par&iacute;s, 1957). Este escritor, llamado por muchos &ldquo;el nuevo Dostoievski&rdquo;, ha conseguido convertirse en uno de los autores m&aacute;s cautivadores y perturbadores de las letras actuales con unos libros que no permiten la indiferencia y en los que se mezcla prodigiosamente ficci&oacute;n y no ficci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>T&iacute;tulos como &ldquo;Lim&oacute;nov&rdquo;, &ldquo;De vidas ajenas&rdquo; o &ldquo;El Reino&rdquo;, han convertido a Emmanuel Carrere en un autor de culto, adorado en nuestros d&iacute;as por legiones de lectores entusiastas no solo en Francia sino internacionalmente. Buena prueba de ello fue el prestigioso Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances que obtuvo en 2017.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;TURIA, que cuenta ya con treinta y cinco a&ntilde;os de trayectoria, ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. Tiene periodicidad cuatrimestral en papel y adem&aacute;s dispone tambi&eacute;n una versi&oacute;n digital (web y Facebook) muy apreciada por los lectores. Est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21" align="center"><strong><span style="text-decoration: underline;">PETER HANDKE IN&Eacute;DITO: UN FRAGMENTO DE</span></strong></p>
<p class="Textoindependiente21" align="center"><strong><span style="text-decoration: underline;">&ldquo;LA LADRONA DE FRUTA O VIAJE DE IDA AL INTERIOR DEL PA&Iacute;S&rdquo;</span></strong><strong></strong></p>
<p class="Textoindependiente21"><strong><span style="text-decoration: underline;">&nbsp;</span></strong></p>
<p class="Textoindependiente21">La revista TURIA difunde un avance del nuevo libro de Peter Handke, &ldquo;La ladrona de fruta o Viaje de ida al interior del pa&iacute;s&rdquo;, que ser&aacute; publicado por Alianza Editorial en Espa&ntilde;a por Alianza pr&oacute;ximamente. Handke aprovecha las andanzas de la protagonista, Alexia, para contar la vida, los paisajes m&aacute;s all&aacute; de las grandes aglomeraciones, para reflexionar sobre el arte de narrar y para desplegar sus conocimientos hist&oacute;ricos, literarios, populares de las regiones por las que hace deambular los personajes de su novela. Todo ello a partir de la picadura de una abeja en el jard&iacute;n de su casa en un d&iacute;a de verano que se convierte en una se&ntilde;al, ni buena ni mala, simplemente en una &ldquo;se&ntilde;al de partida&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Un fragmento de ese texto in&eacute;dito de Handke es el siguiente:</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Esta historia comenz&oacute; en uno de aquellos d&iacute;as de pleno verano en que uno anda descalzo por la hierba y por primera vez en el a&ntilde;o es picado por una abeja. Al menos esto es lo que siempre me ha pasado a m&iacute;. Y ahora s&eacute; que esos d&iacute;as de la primera y a menudo &uacute;nica picadura del a&ntilde;o, por lo general, coinciden con el abrirse de las flores blancas del tr&eacute;bol, del que crece a ras del suelo y en el que las abejas retozan medio escondidas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Era un d&iacute;a soleado, tambi&eacute;n esto como siempre, de principios de agosto, pero, en todo caso entrada ya la ma&ntilde;ana, a&uacute;n no hac&iacute;a calor y en lo alto, y cada vez m&aacute;s en lo alto, el cielo azuleaba, constante. Apenas hab&iacute;a una nube, y si se formaba alguna: se disolv&iacute;a de nuevo. Una brisa suave, que daba &aacute;nimos, soplaba, como suele ocurrir en verano, desde el oeste &mdash;en la imaginaci&oacute;n desde el Atl&aacute;ntico&mdash;, refrescando la bah&iacute;a de nadie. No hab&iacute;a roc&iacute;o para secar. Igual que desde hac&iacute;a ya m&aacute;s de una semana, al vagar temprano por el jard&iacute;n, tampoco se hab&iacute;a notado humedad bajo las plantas desnudas de los pies y, menos a&uacute;n, entre los dedos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se dice que las abejas, a diferencia de las avispas, al picar pierden el aguij&oacute;n y que, por eso, a causa de la picadura, tienen que morir. En todos los a&ntilde;os anteriores, cada vez que me hab&iacute;an picado &mdash;casi siempre en el pie desnudo&mdash;, yo mismo lo hab&iacute;a presenciado con frecuencia, por lo menos teniendo en cuenta el arp&oacute;n de tres puntas, tan diminuto como poderoso, que parec&iacute;a desgarrado de la carne interior de la abeja y alrededor del cual se hinchaba algo inconsistente y gelatinoso, las entra&ntilde;as del insecto; a la vista estaba, adem&aacute;s, un ser comb&aacute;ndose, temblando, tiritando, cuyas alas perd&iacute;an fuerza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero aquel d&iacute;a de la picadura en el que la historia de la ladrona de fruta tom&oacute; forma, la abeja que me pic&oacute; a m&iacute;, el descalzo, no sucumbi&oacute;. Aunque se trataba de una abeja del tama&ntilde;o de un guisante, peluda, lanosa, con los consabidos colores y franjas de las abejas, al picar, no perdi&oacute; ning&uacute;n aguij&oacute;n y, despu&eacute;s de la picadura, una picadura de abeja como pocas &mdash;tan repentina como intensa&mdash;, se elev&oacute; zumbando, d&aacute;ndose un impulso, no solo como si no hubiese ocurrido nada, sino como si, adem&aacute;s, en virtud de su acci&oacute;n, hubiese recuperado nuevas fuerzas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A m&iacute; la picadura me pareci&oacute; bien, y no &uacute;nicamente porque la abeja hab&iacute;a sobrevivido. Hubo adem&aacute;s otras razones. En primer lugar, se dec&iacute;a que las picaduras de abeja, de nuevo supuestamente a diferencia de las de las avispas o de los avispones, eran buenas para la salud, para aliviar los dolores reum&aacute;ticos, para fortalecer la circulaci&oacute;n sangu&iacute;nea o para lo que fuera, y, ahora, una picadura as&iacute; &mdash;otra vez una de mis imaginaciones&mdash; me reanimar&iacute;a al menos durante un rato los dedos de los pies, que de a&ntilde;o en a&ntilde;o ten&iacute;a m&aacute;s d&eacute;biles e insensibles, pr&aacute;cticamente entumecidos; por una fantas&iacute;a o imaginaci&oacute;n similar, arrancaba yo las ortigas con las manos descubiertas, a menudo ramos enteros, tanto del jard&iacute;n de la bah&iacute;a de nadie como de las terrazas de la lejana finca de la Picard&iacute;a &mdash;aqu&iacute;, suelo de loess; all&iacute;, calc&aacute;reo&mdash;.&rdquo;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 27 Feb 2019 08:47:13 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Desamparo de la lengua]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/desamparo-de-la-lengua/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/febrero/vilas500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Oh, t&uacute;, lengua desamparada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal vez yo me haya convertido en tu &uacute;ltimo ap&oacute;stol.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los hijos de los mexicanos que nacieron</p>
<p>en la tierra de Abraham Lincoln</p>
<p>a duras penas hablan</p>
<p>la lengua de sus padres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Oh, t&uacute;, lengua de los pobres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A ellos, s&iacute;, a ellos,</p>
<p>cuando los veo en las pr&oacute;speras</p>
<p>ciudades anglosajonas trabajando</p>
<p>en los peores trabajos,</p>
<p>les digo con amor: &ldquo;h&aacute;blalo,</p>
<p>ens&eacute;&ntilde;alo a tu hijos,</p>
<p>el espa&ntilde;ol,</p>
<p>estas s&iacute;labas nuestras,</p>
<p>estas s&iacute;labas ca&iacute;das&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ellos me miran con gesto interrogante,</p>
<p>inc&oacute;modo, como diciendo &ldquo;c&aacute;llese, se lo ruego&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Oh, s&iacute;labas espa&ntilde;olas dichas</p>
<p>en voz baja</p>
<p>para que no sean o&iacute;das por el gringo rico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;C&aacute;llese, c&aacute;llese, se lo ruego,</p>
<p>usted viene de Espa&ntilde;a,</p>
<p>usted tiene suerte,</p>
<p>pero yo no&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cocineros de bares humeantes,</p>
<p>dependientas en tiendas&nbsp;<em>outlet</em>,</p>
<p>camareras y camareros,</p>
<p>conductores de autobuses,</p>
<p>limpiadoras y sirvientas,</p>
<p>pieles oscuras en trabajos duros, en obras,</p>
<p>en f&aacute;bricas, en la industria t&oacute;xica,</p>
<p>en la basura,</p>
<p>oh, lengua desamparada,</p>
<p>all&iacute; dicen tus s&iacute;labas con miedo y verg&uuml;enza,</p>
<p>con pena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Oh, lengua desamparada</p>
<p>ven a mi coraz&oacute;n desamparado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dila a tus hijos, yo les digo,</p>
<p>y el verbo decir se disuelve para siempre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Oh, lengua de los humillados,</p>
<p>yo soy tu &uacute;ltimo ap&oacute;stol.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tu novio, tu sangre, tu amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Oh, lengua de los sacrificados</p>
<p>para que el mundo rico siga siendo rico,</p>
<p>yo te doy el &uacute;ltimo beso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Oh, lengua del desamparo,</p>
<p>vuelve a m&iacute;,</p>
<p>entra en mi coraz&oacute;n,</p>
<p>contempla c&oacute;mo tu soledad</p>
<p>halla hermanamiento</p>
<p>con la m&iacute;a,</p>
<p>que es siete mil veces m&aacute;s grande</p>
<p>y m&aacute;s antigua</p>
<p>que la tuya.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 12 Feb 2019 12:19:26 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Verte]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/verte/</link>
      <description><![CDATA[<p><img style="float: left;" src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/febrero/JOS_SABORIT_1.jpg" alt="" /></p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ahora todo gana,</p>
<p>conquista su sentido</p>
<p>y clama por s&iacute; solo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cada tono me muestra</p>
<p>&ndash;y cada forma&ndash;,&nbsp;</p>
<p>los firmes filamentos</p>
<p>que enlazan tu mirada</p>
<p>a todo lo visible;</p>
<p>c&oacute;mo pierden las sombras</p>
<p>su relieve de noche y se despiertan</p>
<p>hacia la nueva luz que les da vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ahora crece en tus ojos</p>
<p>el mundo que yo quise,</p>
<p>&eacute;se que nunca vi</p>
<p>tan claro como ahora</p>
<p>porque t&uacute; me lo muestras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No es un espejo m&aacute;s</p>
<p>&ndash;ni es un reflejo&ndash;:</p>
<p>m&aacute;s honda que el azogue,</p>
<p>m&aacute;s viva que la cal que no se apaga,</p>
<p>tu visi&oacute;n me desnuda,</p>
<p>me quema la ceguera</p>
<p>con el sol impensable de tu vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ahora por fin te veo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 660px;">&nbsp;&nbsp;<br /><strong></strong></p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 12 Feb 2019 12:11:49 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poemas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/poemas-de-rocio-ceron/</link>
      <description><![CDATA[<p align="right"><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/febrero/ceron500.jpg" alt="" /> </p>
<p align="center"><strong>I. Halo</strong></p>
<p>Aquella mirada era la misma, y no. En cuanto la levantaba, situada frente a las tres sillas, volv&iacute;a a lo incierto. <em>La casa se llenaba de espectros frente a sus ojos, daga al centro, en la boca del est&oacute;mago. </em>Circuitos, entonaciones donde la redondez de la confesi&oacute;n brilla. Alienaci&oacute;n c&oacute;ncava, gestos de musicalidad; soledad redescubierta en la comisura del ojo. <em>Mientras el barrio, afuera, ard&iacute;a, un hombre de pie entona el silabeo previo a tocar su propia herida.</em> Dolencia: habitaci&oacute;n al ras de agujeros negr&iacute;simos.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>II. Rel&aacute;mpago</strong></p>
<p>Tras la ventana alguien dibuja en el vaho. Lo que se refleja es lo no evidente. La ausencia compartida de quienes albergan un destino. Copas de licor afrutado, especias. Mano en el hombro. Suavidad de palabras al o&iacute;do. Cerrar los ojos no ayuda a levantar el derrumbe. Orfandad fosforescente entre los dedos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>III. Dislocaci&oacute;n</strong></p>
<p>De pie, de costado, aligerando los pesos del cuerpo, fragilidad de pisada para establecer coordenadas. Casa v&eacute;rtigo, palabra im&aacute;n, cuadr&iacute;cula que sostiene. <em>Mira la circunferencia del secreto, m&iacute;rale el exacto perfil de tu nombre: peque&ntilde;as constelaciones y flotas de estrellas ardiendo</em>. Detritus. Sangre conversa: agua; pozos, atajo hacia la transformaci&oacute;n de los susurros. Anudamiento. El banquete ha comenzado hace horas, pan en la boca, pan compartido. La noche entra sobre la luz. <em>Mira la presencia, la revelaci&oacute;n de lo distante. </em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>IV. Retrato en fondo oscuro</strong></p>
<p>En ocasiones el tropel de ar&aacute;cnidos sobrepasa al ruido interno. <em>Aquellas voces que se escuchan en lo que es. Lo que es.</em> Cada ma&ntilde;ana, desde el c&iacute;rculo negro, desde el fondo del tiempo, un rumor esparce el tintineo de una gota que cae nombrando las instancias del mundo: objetos arquitect&oacute;nicos donde vive un hombre de sonoridades de agua salada, recuerdos calcinados por llamas, piruetas y exilios donde se esconde el movimiento de un brazo sobre el hombro, silencios; el pensamiento breve de un joven cuya reflexi&oacute;n es saberse mortal. Vac&iacute;o. <em>Aquellas voces de los hombres que esconden los pliegues de su casa bajo la lengua.</em> Pintar en la oscuridad la nada. Aleteo.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p align="center"><strong>V. Huella</strong></p>
<p>Al agua ponerle las s&iacute;labas necesarias para apremiar el hambre de enunciar. <em>Por ti dar&iacute;a hasta la &uacute;ltima gota del agua de mi cuerpo</em>. Agitaci&oacute;n del reflejo. Evanescencia de una caricia. Recuerdo de pintura abstracta (estallidos negros pueblan la nuca, brochazos ocres cultivan la opacidad de una mirada), im&aacute;genes de puerta sobre el piso (entrada hacia el caos) donde la entrada es la curvatura propia. <em>Por ti dar&iacute;a las nervaduras sangu&iacute;neas</em>. Recortes f&iacute;lmicos para atravesar las construcciones invisibles de la palabra <em>cardo</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>Coda</strong></p>
<p>Acercarse a la cosa recordada. Acechar el instante del flujo de las cosas. Proceso. Gravedades donde el objeto, sus circularidades acuosas, relacionan apariciones. <em>Cuando el agua descienda, bordaremos nuestros nombres en el tiempo oculto de los credos</em>. Densificaci&oacute;n. A primera vista las figuras son s&oacute;lo eso, figuras, pero al entrar en sus cavidades, en sus superficies, el l&iacute;quido entona la verdadera textura (remiendos, siempre remiendos) de la imagen: abismo, sangre com&uacute;n de los hombres, lenguaje para aparecer/desaparecer en el mundo.</p>
<p align="right"><em>&nbsp;</em></p>
<p align="right"><em>&nbsp;</em></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 12 Feb 2019 12:03:21 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La cercanía irónica de Wislawa Szymborska]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-cercania-ironica-de-wislawa-szymborska/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/febrero/wislawa500_1.jpg" alt="" /></p>
<p>Tal fue la fortuna de la frase de Theodor Adorno sobre escribir poes&iacute;a despu&eacute;s de Auschwitz que &eacute;l mismo la repiti&oacute; con formulaciones diversas: &ldquo;Escribir poes&iacute;a despu&eacute;s de Auschwitz es un acto de barbarie&rdquo;, &ldquo;Imposible escribir bien, literariamente hablando, despu&eacute;s de Auschwitz&rdquo;... Si bien en su contexto original se trataba de un intento de explicar la poes&iacute;a de Paul Celan, m&aacute;s que de emitir un juicio universal, el enunciado hizo fortuna porque resum&iacute;a muy bien lo que estaba pasando en la poes&iacute;a europea tras el fin de la segunda guerra mundial. En cierto modo, lo que hab&iacute;a ocurrido era una cierta p&eacute;rdida de la inocencia. &iquest;Puede haber poes&iacute;a sin inocencia?, podr&iacute;a haber sido otra formulaci&oacute;n de la pregunta de Adorno. &iquest;Puede haber una poes&iacute;a que no cante a ninguna patria, porque no crea en ella ni en las ideolog&iacute;as que las sustentan; puede haber una poes&iacute;a religiosa, cuando Dios parece haber fallado vestido da igual con qu&eacute; casulla; puede haber una poes&iacute;a de la naturaleza cuando los &aacute;rboles de nuestros bosques crecen abonados por las cenizas que salieron de los hornos crematorios de los campos de concentraci&oacute;n? Pienso en el poema de Aron Verguelis: &ldquo;Bosque sin alerces / bosque sin abetos / bosque de Sarahs/ bosque de Hannahs&rdquo;. El horror de Auschwitz es total: no hay ning&uacute;n ser humano que no se sienta aludido por lo que all&iacute; ocurri&oacute;. Esa p&eacute;rdida de la inocencia, esa p&eacute;rdida de las seguridades da paso a la actitud que ser&aacute; fundamental en la literatura de la segunda mitad del siglo XX: la duda. Una duda esencial sin la que no se entiende la poes&iacute;a de Wislawa Szymborska (&ldquo;Estimo mucho esa peque&ntilde;a frase: No lo s&eacute;&rdquo;, dej&oacute; escrito), ni tampoco, por ejemplo, la de Czeslaw Milosz, quien escribe en una carta a Jerzy Andrzejeski: &ldquo;la duda es algo noble. Creo que si se repitiese la experiencia b&iacute;blica de Sodoma, habr&iacute;a que buscar a los justos antes entre quienes profesan la duda que entre los creyentes&rdquo;.</p>
<p>El desplazamiento que se produce entre el poeta y su asunto (sea &eacute;ste cual sea, pero que ya nunca ser&aacute; visto del mismo modo, pues a partir de ahora los poetas interrogar&aacute;n m&aacute;s que cantar&aacute;n), es esencialmente ir&oacute;nico. La iron&iacute;a de los mejores poetas es siempre sutil, nunca llega a caer en lo c&iacute;nico; aunque duden, siguen escuchando, siguen creyendo en la posibilidad de una respuesta, aunque no est&eacute;n dispuestos a creerse la primera que reciban.</p>
<p>Prefiero hablar de &ldquo;desplazamiento ir&oacute;nico&rdquo; y no directamente de distancia ir&oacute;nica porque no creo que la iron&iacute;a distancie por definici&oacute;n. Es m&aacute;s: mi tesis es que la iron&iacute;a de la poes&iacute;a de Wislawa Szymborska produce una &ldquo;cercan&iacute;a ir&oacute;nica&rdquo; opuesta a la distancia ir&oacute;nica m&aacute;s propia de la mayor&iacute;a de los poetas de la segunda mitad del siglo XX y en especial de un compatriota suyo como Zbigniew Herbert.</p>
<p>No es mi prop&oacute;sito (imposible por otro lado en estas pocas p&aacute;ginas) elaborar una teor&iacute;a general de la iron&iacute;a sino observar c&oacute;mo se manifiesta en la poes&iacute;a de Szymborska y c&oacute;mo ese uso que hace de ella la diferencia de otros poetas coet&aacute;neos suyos. Uno de los elementos fundamentales del uso de la iron&iacute;a es cu&aacute;l es su foco; a qui&eacute;n se dirige la iron&iacute;a de un texto. Generalizando mucho para ir llevando el agua a nuestro molino, y dejando correr de momento el resto, podemos decir que ese foco puede estar puesto en los otros, en la sociedad (as&iacute; por ejemplo en Herbert, que recorre el mundo con esas gafas suyas que hacen que parezca que recorre el mundo cl&aacute;sico, mientras Tuc&iacute;dides le presenta el telediario) o en uno mismo: este es el caso de Szymborska. Tengo para m&iacute; que la poes&iacute;a de Milosz se queda en la duda, sin llegar a profesar ninguna de estas dos clases de iron&iacute;a; &eacute;l todav&iacute;a reza, aunque no sepa a qui&eacute;n. Es por ello que resulta un modelo tan fundamental para corregir los estragos que los excesos de iron&iacute;a han causado en buena parte de la poes&iacute;a contempor&aacute;nea; pero esa es tambi&eacute;n harina de otro costal.</p>
<p>Adam Zagajewski opina que esta autoiron&iacute;a de Szymborska procede del hecho de haberse dejado seducir en su juventud por el estalinismo. Sabemos que escribi&oacute; poemas dedicados a Stalin en los que dec&iacute;a cosas como &ldquo;El Partido, la visi&oacute;n del hombre, / la fuerza popular y su conciencia, el Partido. / Nada de Su Vida pasar&aacute; al olvido. / Su Partido despeja las tinieblas&rdquo;; y que, aunque, naturalmente, acab&oacute; rechazando esos primeros poemas, nunca intent&oacute; ocultar que los hab&iacute;a escrito, como si de alg&uacute;n modo su presencia fuera el primer paso de esa iron&iacute;a posterior suya dirigida, fundamentalmente, a s&iacute; misma, que se hab&iacute;a dejado enga&ntilde;ar y a quien la iron&iacute;a proteg&iacute;a de ser enga&ntilde;ada de nuevo.</p>
<p>Y, efectivamente, el primer gesto de la iron&iacute;a de Szymborska es autoir&oacute;nico, pero creo que ser&iacute;a injusto y limitado quedarse ah&iacute;. Una vez que la iron&iacute;a le ha servido para estar atenta, para no dejarse engatusar, Szymborska vuelve de nuevo los ojos al mundo y usa esa iron&iacute;a con cada personaje, con cada peque&ntilde;a cosa, con cada situaci&oacute;n de la existencia. Aunque ese primer gesto, en no siendo &uacute;nico, es fundamental.</p>
<p>La distancia ir&oacute;nica no es s&oacute;lo una caracter&iacute;stica de los poetas de esta &eacute;poca; fue un rasgo distintivo esencial del Barroco.&nbsp; El <em>Quijote</em> es un compendio de sus estrategias, enrevesadas hasta el punto de llegar a basarse en decir justamente lo contrario de lo que se pretende decir. La iron&iacute;a de Vel&aacute;zquez fue mezclar a personajes reales con los mitol&oacute;gicos, retratar seres monstruosos y no perfectos. Vel&aacute;zquez otorga cierta dignidad art&iacute;stica a esos modelos; la poes&iacute;a de Szymborska nos dir&aacute; que nunca han necesitado que se la otorgasen, pues nunca dejaron de tenerla. Esa es la cercan&iacute;a ir&oacute;nica de su poes&iacute;a; ella dudar&iacute;a de la intenci&oacute;n que mueve el cuadro, no de quienes lo habitan.</p>
<p>Pero vayamos a los poemas. En <em>Llamando al Yeti </em>(1957) un poema como &ldquo;Noche&rdquo; comienza con un gesto similar al de esos cuadros mitol&oacute;gicos de Vel&aacute;zquez. Comienza con una cita b&iacute;blica: &ldquo;Y dijo Dios: &lsquo;Toma ahora a tu hijo, el &uacute;nico que tienes, al que tanto amas, Isaac, y ve a la regi&oacute;n de Moriah, y all&iacute; lo ofrecer&aacute;s en holocausto en un monte que yo te indicar&eacute;&rdquo;. E inmediatamente Szymborska los resit&uacute;a en su presente, libres de ataduras simb&oacute;licas:</p>
<p>&iquest;Pues que habr&aacute; hecho Isaac?,</p>
<p>d&iacute;game, padre catequista.</p>
<p>&iquest;Quiz&aacute; rompi&oacute; con su pelota el vidrio del vecino?</p>
<p>&iquest;Quiz&aacute; rasg&oacute; sus pantalones nuevos</p>
<p>al cruzar la cerca?</p>
<p>&iquest;Tal vez robaba l&aacute;pices?</p>
<p>&iquest;Espantaba gallinas?</p>
<p>&iquest;Soplaba en los ex&aacute;menes? [...].&nbsp;<a title="" href="#_ftn1">[1]</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Szymborska ha situado a Isaac en una altura humana, pero no para subrayar lo monstruoso de los humanos que le acompa&ntilde;an en la escena, sino para recuperar la humanidad de Isaac, desvestido de m&iacute;ticos simbolismos. He ah&iacute; la cercan&iacute;a ir&oacute;nica de Szymborska trabajando con toda su potencia. Acerc&aacute;ndose a Isaac de una forma muy distinta a como Herbert se acerca, por ejemplo, a Marco Aurelio, precisamente en el poema titulado &ldquo;A Marco Aurelio&rdquo;, que comienza con Marco Aurelio leyendo en su propio tiempo y en su propia leyenda, muy lejos del acercamiento propiciado por el poema de Szymborska:</p>
<p>Buenas noches Marco apaga la luz</p>
<p>y cierra el libro Ya sobre tu cabeza</p>
<p>y&eacute;rguese la arg&eacute;ntea alarma de las estrellas</p>
<p>es un cielo que habla una lengua extranjera</p>
<p>es un grito b&aacute;rbaro de terror</p>
<p>que tu lat&iacute;n desconoce</p>
<p>y es el miedo eterno el oscuro miedo</p>
<p>que contra la fr&aacute;gil tierra humana comienza</p>
<p>a golpear [...].&nbsp;<a title="" href="#_ftn2">[2]</a></p>
<p>Al final del poema hay un encuentro entre el mundo en el que se halla Marco Aurelio y el que habita la voz del poema, pero que est&aacute; a a&ntilde;os luz de salvar la distancia del modo que lo ha hecho Szymborska:</p>
<p>[...]. Marco abandona tu calma</p>
<p>y dame tu mano a trav&eacute;s de la oscuridad [...].</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No es mi intenci&oacute;n tratar de establecer ninguna clase de jerarqu&iacute;a entre iron&iacute;as, sino subrayar c&oacute;mo la de Szymborska funciona de un modo totalmente distinto a la de Herbert, y c&oacute;mo es por ello injusto incluirlas bajo un mismo r&oacute;tulo; y defender, en definitiva, que la iron&iacute;a de Szymborska acerca, humaniza, reniega de arquetipos, mientras que la iron&iacute;a de la &ldquo;distancia ir&oacute;nica&rdquo; tiende no a buscar lo cotidiano de cualquier personaje, sino a matizar el arquetipo, a hacer que se d&eacute; una vuelta por el presente o reciba un informe de historia contempor&aacute;nea para hacerse unos ajustes y seguir siendo universal.</p>
<p>El final del poema citado de Szymborska es a&uacute;n m&aacute;s importante, por cuanto es una buena muestra de ese desenga&ntilde;o que est&aacute; en la base de su autoiron&iacute;a seg&uacute;n Zagajewski, y por cuanto su car&aacute;cter casi inaugural tiene de program&aacute;tico:</p>
<p>[...]. En ninguna bondad, en ning&uacute;n amor</p>
<p>voy a creer,</p>
<p>m&aacute;s indefensa</p>
<p>que las hojas de noviembre.</p>
<p>Ni a confiar,</p>
<p>en nada vale la pena confiar.</p>
<p>Ni voy a amar,</p>
<p>a llevar el coraz&oacute;n vivo en el pecho.</p>
<p>Cuando suceda lo que ha de suceder,</p>
<p>cuando suceda,</p>
<p>me latir&aacute; un hongo seco</p>
<p>en lugar de coraz&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;Y Dios espera,</p>
<p>y desde un balc&oacute;n de nubes mira</p>
<p>si la hoguera prende</p>
<p>bien, parejo,</p>
<p>pero va a ver</p>
<p>c&oacute;mo se muere a despecho,</p>
<p>pues as&iacute; voy a morir,</p>
<p>&iexcl;no dejar&eacute; que me salve! [...].</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un ejemplo m&aacute;s de c&oacute;mo normaliza la historia volvi&eacute;ndola cotidiana lo tenemos en &ldquo;Momento en Troya&rdquo;, de <em>Sal</em>:</p>
<p>Peque&ntilde;as chiquillas</p>
<p>flacas y sin fe</p>
<p>en que las pecas desaparezcan de sus mejillas,</p>
<p>que no atraen la atenci&oacute;n de nadie,</p>
<p>caminando sobre los p&aacute;rpados del mundo,</p>
<p>parecidas a pap&aacute; o a mam&aacute;,</p>
<p>y sinceramente espantadas por ello,</p>
<p>a la hora de la comida,</p>
<p>a la hora de la lectura,</p>
<p>cuando est&aacute;n frente al espejo,</p>
<p>en ocasiones son raptadas y llevadas a Troya [...].</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como se ve, el m&eacute;todo de Szymborska para dotar de cotidianidad a la escena son los peque&ntilde;os detalles: las pecas de las mejillas, el t&oacute;pico de a qui&eacute;n se parece, si al padre o a la madre, la hora de la comida.</p>
<p>La visi&oacute;n de la historia de Szymborska tiene en cuenta, al mismo tiempo, nuestro lugar en ella y tambi&eacute;n c&oacute;mo se construye el relato oficial. En &ldquo;Censo&rdquo;, despu&eacute;s de anunciar que &ldquo;En la colina en la que estaba Troya / han excavado siete ciudades&rdquo;, resume: &ldquo;Seis m&aacute;s de la cuenta / para una sola epopeya. / &iquest;Qu&eacute; hacer con ellas, qu&eacute; hacer?&rdquo;. La historia ya est&aacute; bastante abarrotada: &ldquo;Nos vamos llenando de antig&uuml;edad, / y en ella cada vez m&aacute;s estrechos, / salvajes inquilinos se abren paso a codazos en la historia&rdquo;. De la historia, incluso de la m&aacute;s actual, le interesan las cosas m&aacute;s esenciales. As&iacute; en &ldquo;Vietnam&rdquo;:</p>
<p>Mujer, &iquest;c&oacute;mo te llamas? &ndash;No s&eacute;.</p>
<p>&iquest;Cu&aacute;ndo naciste, de d&oacute;nde eres? &ndash;No s&eacute;.</p>
<p>&iquest;Por qu&eacute; cavaste esta madriguera? &ndash;No s&eacute;.</p>
<p>[...] &iquest;A favor de qui&eacute;n est&aacute;s? &ndash;No s&eacute;.</p>
<p>Estamos en guerra, tienes que elegir. &ndash;No s&eacute;.</p>
<p>&iquest;Existe todav&iacute;a tu aldea? &ndash;No s&eacute;.</p>
<p>&iquest;&Eacute;stos son tus hijos? &ndash;S&iacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Incluso en la biograf&iacute;a de los tiranos, Szymborska busca el lado familiar, no como forma de ocultar el horror, sino como manera de subrayar lo incomprensible de c&oacute;mo puede surgir en cualquier lugar, inesperado, como una suprema iron&iacute;a. As&iacute; en &ldquo;Primera fotograf&iacute;a de Hitler&rdquo;:</p>
<p>&iquest;Y qui&eacute;n es este ni&ntilde;o con su camisita?</p>
<p>Pero &iexcl;si es Adolfito, el hijo de los Hitler!</p>
<p>&iquest;Tal vez llegue a ser un doctor en leyes?</p>
<p>&iquest;O quiz&aacute; tenor en la &oacute;pera de Viena?</p>
<p>&iquest;De qui&eacute;n es esta manita, de qui&eacute;n la orejita, el ojito, la naricita? [...].</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Szymborska acerca la historia a una talla humana; tambi&eacute;n, ella, la Historia, incluso escrita con may&uacute;sculas, es un asunto dom&eacute;stico, y los dioses del pasado no son m&aacute;s importantes que nuestros propios difuntos, como en &ldquo;Los difuntos&rdquo;, del libro <em>Si acaso </em>(1972):</p>
<p>Leemos las cartas de los difuntos como impotentes dioses,</p>
<p>pero dioses a fin de cuentas porque conocemos las fechas posteriores.</p>
<p>Sabemos qu&eacute; dinero no ha sido devuelto.</p>
<p>Con quien se casaron r&aacute;pidamente las viudas.</p>
<p>Pobres difuntos, inocentes difuntos,</p>
<p>enga&ntilde;ados, falibles, ineptamente precavidos.</p>
<p>Vemos los gestos y las se&ntilde;as que hacen a sus espaldas.</p>
<p>Cazamos con el o&iacute;do el rumor de los testamentos rotos.</p>
<p>Est&aacute;n sentados frente a nosotros, rid&iacute;culos, como en panecillos con mantequilla,</p>
<p>o se echan a correr tras los sombreros que vuelan de sus cabezas [...].</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De nuevo, como en el poema troyano, los peque&ntilde;os detalles de las historias contadas en familia, al calor de la cocina; los pr&eacute;stamos no devueltos, las bodas de las viudas... Szymborska lleva esto al extremo en el poema &ldquo;Vista con grano de arena&rdquo;, del libro <em>Gente en el puente</em> (1986) donde, de todo un hermoso paisaje, se fija precisamente en un grano de arena. Y es que, como resume en &ldquo;El ocaso del siglo&rdquo;, despu&eacute;s de anunciar que &ldquo;Nuestro siglo XX iba a ser mejor que los pasados. / Ya no podr&aacute; demostrarlo, / tiene los a&ntilde;os contados, / titubeante el paso, / fatigada la respiraci&oacute;n&rdquo;: &ldquo;no hay preguntas m&aacute;s urgentes / que las preguntas ingenuas&rdquo;.</p>
<p>Esta cercan&iacute;a ir&oacute;nica de Szymborska opera, como es natural, a todos los niveles; no s&oacute;lo en la elecci&oacute;n de su asunto o sus personajes y c&oacute;mo tratarlos, sino tambi&eacute;n en el tipo de lenguaje y en la estructura de sus poemas. A&uacute;n en <em>Llamando al Yeti</em> encontramos el poema titulado &ldquo;Anuncios clasificados&rdquo;, que remeda precisamente el formato de ese tipo de anuncios de peri&oacute;dico:</p>
<p>Quienquiera que sepa d&oacute;nde est&aacute;</p>
<p>la compasi&oacute;n (fantas&iacute;a del alma),</p>
<p>&iexcl;que lo diga!, &iexcl;que lo diga! [...].</p>
<p>Devuelvo el amor.</p>
<p>&iexcl;Atenci&oacute;n! &iexcl;Ganga! [...].</p>
<p>Se necesita persona</p>
<p>para llorar</p>
<p>a los viejos que mueren</p>
<p>en los asilos. Favor</p>
<p>de no solicitar por escrito</p>
<p>ni anexar ning&uacute;n tipo de actas.</p>
<p>Se destruir&aacute;n los documentos</p>
<p>sin acuse de recibo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fundamental en este tono de la poes&iacute;a de Szymborska es siempre su atenci&oacute;n a lo min&uacute;sculo, a los que es capaz de dotar de una capacidad evocadora pr&aacute;cticamente in&eacute;dita. As&iacute;, en &ldquo;Naturaleza muerta con globo&rdquo;:</p>
<p>En lugar de que vuelvan los recuerdos</p>
<p>en el instante de la muerte</p>
<p>solicito el regreso</p>
<p>de las cosas perdidas.</p>
<p>Por las puertas y ventanas: los paraguas,</p>
<p>la maleta, los guantes, el abrigo,</p>
<p>para poder decir:</p>
<p>qu&eacute; me importa todo eso.</p>
<p>Alfileres, este peine, aqu&eacute;l,</p>
<p>la rosa de papel, la cuerda, el cuchillo,</p>
<p>para poder decir:</p>
<p>nada de eso echo de menos [...].</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sabemos de la pasi&oacute;n de Szymborska por los simios, y en su biograf&iacute;a pueden verse algunas fotograf&iacute;as junto a un chimpanc&eacute; del zoo de Cracovia. Dentro de esta cercan&iacute;a ir&oacute;nica szymborskiana, el simio ocupa un lugar fundamental, contemplado como un pariente nuestro al que la historia ha tratado tan mal que de alg&uacute;n modo anula o disminuye nuestro derecho a la queja. En un poema de <em>Sal </em>&nbsp;(1962), titulado precisamente &ldquo;Mono&rdquo;, se repasa su triste historial de hombre errante:</p>
<p>Expulsado del Para&iacute;so antes que el hombre</p>
<p>por tener unos ojos tan contagiosos</p>
<p>que, al pasear la mirada por el jard&iacute;n,</p>
<p>hund&iacute;a en una tristeza imprevisible</p>
<p>a los mismos &aacute;ngeles [...].</p>
<p>[...] En Europa le quitaron el alma,</p>
<p>pero le dejaron las manos por descuido [...].</p>
<p>[...]. Comestible en China, hace sobre el plato</p>
<p>muecas asadas o cocidas [...].</p>
<p>[...] En las f&aacute;bulas, solitario e inseguro,</p>
<p>llena el interior de los espejos con sus muecas,</p>
<p>se burla de s&iacute; mismo, es decir, nos da un buen ejemplo,</p>
<p>a nosotros, de quienes sabe todo, como un pariente pobre,</p>
<p>aunque no lo saludemos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esta humildad frente al pariente simio va acompa&ntilde;ada de la humildad ante la peque&ntilde;ez del ser humano en el cosmos. As&iacute; en &ldquo;El gran n&uacute;mero&rdquo;, del libro del mismo t&iacute;tulo (1976):</p>
<p>Cuatro mil millones de seres en esta tierra</p>
<p>y mi imaginaci&oacute;n sigue siendo la misma.</p>
<p>No se le dan bien los grandes n&uacute;meros [...].</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y sin embargo, donde cabr&iacute;a esperar el comienzo de un canto c&oacute;smico sobre la enormidad de lo desconocido, Szymborska prosigue as&iacute;:</p>
<p>[...]. Le sigue conmoviendo lo individual.</p>
<p>Revolotea en la oscuridad como la luz de una linterna,</p>
<p>descubre s&oacute;lo los rostros m&aacute;s cercanos [...].</p>
<p>Porque, como dice en &ldquo;Aqu&iacute;&rdquo;, del libro del mismo t&iacute;tulo (2009):</p>
<p>No s&eacute; c&oacute;mo ser&aacute; en otras partes</p>
<p>pero aqu&iacute; en la Tierra hay bastante de todo.</p>
<p>Aqu&iacute; se fabrican sillas y tristezas,</p>
<p>tijeras, violines, ternura, transistores,</p>
<p>diques, bromas, tazas.</p>
<p>Puede que en otro sitio haya m&aacute;s de todo,</p>
<p>pero por alg&uacute;n motivo no hay pinturas,</p>
<p>cinescopios, empanadillas, pa&ntilde;uelos para las l&aacute;grimas [...].</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un inter&eacute;s por lo individual, una capacidad de empatizar por lo cercano que va m&aacute;s all&aacute; de lo humano, como ya hemos visto, pero que no se queda en el pariente simio. Todo cuanto sufre es sujeto de compasi&oacute;n para Szymborska, cuya poes&iacute;a ignora toda distinci&oacute;n acad&eacute;mica entre lo humano y lo no-humano. As&iacute;, en &ldquo;Visto desde arriba&rdquo;, su protagonista es un escarabajo:</p>
<p>En el sendero yace un escarabajo muerto.</p>
<p>Dobl&oacute; cuidadosamente tres pares de patitas sobre el abdomen.</p>
<p>En lugar del desorden de la muerte: elegancia y orden.</p>
<p>El horror de esta imagen es moderado,</p>
<p>su alcance estrictamente local: de la grama a la menta [...].</p>
<p>[...]. Para tranquilidad nuestra, los animales tienen aparentemente una muerte</p>
<p>m&aacute;s superficial, no fallecen, simplemente mueren,</p>
<p>perdiendo &ndash;as&iacute; queremos creerlo- menos conciencia y menos mundo,</p>
<p>abandonando &ndash;as&iacute; nos parece- un escenario menos tr&aacute;gico.</p>
<p>Sus peque&ntilde;as y humildes almas no espantan por la noche,</p>
<p>guardan la distancia,</p>
<p>saben qu&eacute; son las <em>mores</em>&nbsp;[...].</p>
<p>[...]. Basta tanto pensar en &eacute;l como verlo:</p>
<p>parece que no le haya pasado nada importante.</p>
<p>Lo importante est&aacute; relacionado supuestamente con nosotros.</p>
<p>Por la vida, s&oacute;lo la nuestra, s&oacute;lo nuestra muerte,</p>
<p>una muerte que goza de una preferencia arrebatada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El distanciamiento frente al arte de los museos forma parte de esta misma b&uacute;squeda de una cercan&iacute;a que excluye cualquier tipo de enmarcado. El poema titulado precisamente &ldquo;Museo&rdquo; establece una distancia fundamental con los mundos que refleja el arte:</p>
<p>Hay platos, pero no hay apetito.</p>
<p>Hay alianzas, pero no amor correspondido</p>
<p>desde hace al menos trescientos a&ntilde;os.</p>
<p>Hay un abanico, &iquest;d&oacute;nde est&aacute; el rubor?</p>
<p>Hay espadas, &iquest;d&oacute;nde est&aacute; la ira?</p>
<p>Y el la&uacute;d ni siquiera suena al alba [...].</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Szymborska no siente la obligaci&oacute;n de ver los cuadros con bibliograf&iacute;a; su mirada es siempre desnuda. Incluso el humor est&aacute; en la base de algunas de sus mejores im&aacute;genes, como cuando en &ldquo;Las mujeres de Rubens&rdquo; describe a sus protagonitas como &ldquo;desnudas como estruendo de toneles&rdquo;.</p>
<p>En sus viajes, Zbigniew Herbert dibujaba copias de las obras de arte que ve&iacute;a (sus dibujos han sido recopilados en el volumen <em>Znaki na papierze</em>). Hay entre esos dibujos una menina de las de Vel&aacute;zquez, dibujo torp&oacute;n, la verdad, como la mayor&iacute;a de esos de Herbert. Qu&eacute; distinta la interpretaci&oacute;n que de una de esas meninas hace Szymborska en uno de los collages recogidos en el libro <em>Rymowanki dla duzych dzieci</em>; Szymborska, lejos de la reverencial y torpe copia, recorta a una de las meninas de una reproducci&oacute;n del cuadro y la pega sobre una estampa campestre con ovejas. Es decir; con s&oacute;lo unas tijeras, salva a la ni&ntilde;a del palacio, de Vel&aacute;zquez, del museo, y de toda la distancia de la corte y el arte, y la recoloca como pastora. En otro de los collages incluidos en el mismo libro, un mono se&ntilde;ala a un hombre (aparentemente recortado de la t&iacute;pica representaci&oacute;n de la escala evolutiva) y entre el mono y el hombre ha pegado una palabra recortada: &ldquo;Falsyfikat&rdquo;. Estos collages de Szymborska ilustran su po&eacute;tica; para ella el rey siempre va desnudo; y cuanto m&aacute;s vestido vaya, m&aacute;s desnudo est&aacute;.</p>
<p>Szymborska, cuando mira un cuadro, nunca ve s&oacute;lo el cuadro. Pero lo que a&ntilde;ade es menos producto de la bibliograf&iacute;a que de la curiosidad y de la imaginaci&oacute;n, de la b&uacute;squeda de aquello que late, como en &ldquo;Paisaje&rdquo;, de <em>Mil alegr&iacute;as &ndash;un encanto- </em>(1967):</p>
<p>En el paisaje del viejo maestro</p>
<p>los &aacute;rboles tienen ra&iacute;ces bajo el &oacute;leo;</p>
<p>el sendero, seguro, que conduce al objetivo,</p>
<p>la brizna de hierba, seria, sustituye la firma [...].</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En sus &uacute;ltimos libros, y especialmente a partir de <em>Instante</em> (2004), es como si la ternura de esta cercan&iacute;a ir&oacute;nica ganase espacio, como si Szymborska ya no necesitara explicarse. Entonces queda m&aacute;s al desnudo lo que busca, en &uacute;ltima instancia, su poes&iacute;a: escuchar m&aacute;s que hablar, evitar la moraleja. Si los poetas de la distancia ir&oacute;nica parecen estar siempre recriminando al mundo ser como es, compar&aacute;ndolo con los modelos de los cl&aacute;sicos o del arte, Szymborska, poeta de la cercan&iacute;a ir&oacute;nica, nunca recrimina nada. Est&aacute;n ah&iacute;, claro, los horrores de la historia, pero ese ruido todos pueden escucharlo; y su poes&iacute;a lo que pretende es rescatar, de entre todo ese ruido, las voces individuales y apagadas: escuchar. Un ejemplo memorable de esto es el poema de <em>Instante</em> titulado &ldquo;Fotograf&iacute;a del 11 de septiembre&rdquo; escrito tras los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York:</p>
<p>Saltaron hacia abajo desde los pisos en llamas:</p>
<p>uno, dos, todav&iacute;a unos cuantos</p>
<p>m&aacute;s arriba, m&aacute;s abajo.</p>
<p>La fotograf&iacute;a los mantuvo con vida,</p>
<p>y ahora los conserva</p>
<p>sobre la tierra, hacia la tierra.</p>
<p>Todos siguen siendo un todo</p>
<p>con un rostro individual</p>
<p>y con la sangre escondida.</p>
<p>Hay suficiente tiempo</p>
<p>para que revolotee el cabello</p>
<p>y de los bolsillos caigan</p>
<p>llaves, algunas monedas.</p>
<p>Siguen ah&iacute; al alcance del aire,</p>
<p>en el marco de espacios</p>
<p>que justo se acaban de abrir.</p>
<p>S&oacute;lo dos cosas puedo hacer por ellos:</p>
<p>describir ese vuelo</p>
<p>y no decir la &uacute;ltima palabra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ese &ldquo;no decir la &uacute;ltima palabra&rdquo; en este poema es sin duda un resumen de la poes&iacute;a de Szymborska. Tal vez Auschwitz supuso la p&eacute;rdida de la inocencia, pero la poes&iacute;a de Szymborska es un dique que intenta evitar que con la inocencia se vaya tambi&eacute;n la ingenuidad, es decir, la capacidad de asombro, de plantear preguntas sencillas cuyas respuestas se dan por supuestas, &iquest;y qu&eacute; pasa cuando la respuesta es otra? En &ldquo;Ausencia&rdquo;, de <em>Dos puntos</em> (2004), se plantea: muy bien, yo soy yo, pero &iquest;cu&aacute;nto importa eso, si estuve tan cerca de no serlo?</p>
<p>Falt&oacute; poco</p>
<p>y mi madre podr&iacute;a haberse casado</p>
<p>con el se&ntilde;or Zbigniew B. de Zdunska Wola.</p>
<p>Y si hubieran tenido una hija, no habr&iacute;a sido yo.</p>
<p>Quiz&aacute; habr&iacute;a tenido mejor memoria para los nombres y las caras,</p>
<p>y para las melod&iacute;as o&iacute;das una sola vez [...].</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De nuevo esta fascinante capacidad de Szymborska para el detalle nimio que inunda el poema de verdad. Y que es capaz de salvar al mundo, como en &ldquo;Vermeer&rdquo;, de <em>Aqu&iacute; </em>:</p>
<p>Mientras esa mujer del Rijksmuseum</p>
<p>con esa calma y concentraci&oacute;n pintadas</p>
<p>siga vertiendo d&iacute;a tras d&iacute;a</p>
<p>leche de la jarra al cuenco</p>
<p>no merecer&aacute; el Mundo</p>
<p>el fin del mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A estas alturas, cualquier lector de Szymborska sabe que s&iacute;, de acuerdo, est&aacute; hablando de ese cuadro de Vermeer, pero tambi&eacute;n de cuantas personas est&eacute;n repitiendo ese gesto en este mismo momento del mundo. La escena es importante por su sencillez, no por ser de Vermeer. Como en este &uacute;ltimo poema que citar&eacute;, del &uacute;ltimo libro de Szymborska, <em>Y hasta aqu&iacute; </em>(2012, p&oacute;stumo) titulado &ldquo;En el aeropuerto&rdquo;:</p>
<p>Corren al encuentro con los brazos abiertos,</p>
<p>gritan sonrientes: &iexcl;Por fin! &iexcl;Por fin!</p>
<p>Ambos con sus pesadas ropas de invierno,</p>
<p>gruesos gorros,</p>
<p>bufandas,</p>
<p>guantes,</p>
<p>botas,</p>
<p>pero ya s&oacute;lo para nosotros.</p>
<p>Porque para ellos, desnudos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La poes&iacute;a de Szymborska ve lo que nadie ve, vuelve el mundo transparente. Ello es gracias a que ha podido conservar la ingenuidad en un mundo que ha perdido la inocencia; porque ha sabido re&iacute;rse de las ridiculeces propias antes que de las ajenas; porque ha sido capaz de construir una in&eacute;dita cercan&iacute;a ir&oacute;nica en un mundo cada vez m&aacute;s dado a la distancia c&iacute;nica. Y con ello ha salvado a la poes&iacute;a, que en ella nos sigue ense&ntilde;ando m&aacute;s sobre c&oacute;mo mirar y vivir que sobre la poes&iacute;a misma, aunque en ella no sean cosas distintas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> Cito siempre las traducciones de Abel Murcia y Gerardo Beltr&aacute;n.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> Traducci&oacute;n de Xaverio Ballester.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 11 Feb 2019 07:16:22 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los lugares amados de César Antonio Molina]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/los-lugares-amados-de-cesar-antonio-molina/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2019/C_SAR_ANTONIO_MOLINA.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;Late el pensamiento, vuela alto sobre un espacio que parece no acabar nunca, el de la memoria, donde C&eacute;sar Antonio Molina, con su dilatada trayectoria ha ido gestando una obra cuidadosa, esmerada, atenta al mundo de la cultura. Es un hombre que vive ese universo de la palabra bien dicha, donde las piedras de la Antig&uuml;edad hablan, nos susurran o musitan su lamento.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Poeta gallego, nacido en La Coru&ntilde;a, pero tambi&eacute;n ensayista, articulista, hombre del periodismo, que busca siempre el af&aacute;n de saber, de contemplar el mundo con los ojos bien abiertos. Cuando habla de Rilke en su libro <em>Lugares donde se calma</em> <em>el dolor </em>nos dice que el poeta hace posible la comprensi&oacute;n del mundo: &ldquo;Para Rilke, el mismo hecho de la escritura era una pesada obra manual. Los poetas, entonces, hacen posible la comprensi&oacute;n o entendimiento del mundo. Los poetas crean el mundo para el hombre; pues como mundo se entiende para &eacute;l lo existente, lo que aparece delimitado del fondo ca&oacute;tico e indeterminado, mediante la configuraci&oacute;n del lenguaje, y se hace visible como mundo interpretado&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; En estas palabras del libro ya entendemos que la poes&iacute;a es una traducci&oacute;n, al fondo de las cosas verdaderas, como el bagaje del escritor gallego que va mirando todo con atenci&oacute;n, porque viaja y en cada encuentro con el pasado se hace presente, la casa de Tolstoi, el lugar donde dej&oacute; su vida Stefan Zweig, tantas ciudades amadas, tantos laberintos del ser.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; En <em>Lugares donde se calma el dolor</em> asistimos a una continuidad de libros anteriores de ensayo como <em>Donde la eternidad envejece</em> donde nos habla del camino, porque caminar es volver a ver, es encontrarse&nbsp; de nuevo, mirarse a uno mismo en cada lugar, recrearse para volver a sentir la verdadera vida: &ldquo;Caminar por un sentido religioso, pero tambi&eacute;n por el simple hecho de encontrarse consigo mismo en el camino. El hombre contempor&aacute;neo necesita salir, irse del ruido, de lo superfluo, recuperar el silencio&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Muy cierto, porque hartos de sonidos que rompen la armon&iacute;a de las cosas, es en el viaje donde el hombre encuentra su verdad, lejos de turistas que lo estropean todo, en ese silencio de la naturaleza, en los espacios cerrados de las casas donde vivieron los escritores admirados, en los lugares que, recordando el libro antes citado, se calma el dolor.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dice el escritor en este libro: &ldquo;Caminar no es buscar el misterio en lo ajeno sino en lo propio&rdquo;, una gran verdad porque en el camino uno vuelve a ver la vida, contempla el r&iacute;o que nos lleva, recordando el t&iacute;tulo de la novela de Jos&eacute; Luis Sampedro, somos seres errantes, vidas errantes, t&iacute;tulo de aquella famosa pel&iacute;cula norteamericana, seres que se encaminan a la muerte, en el espejo manrique&ntilde;o, porque &ldquo;nuestras vidas van a dar a la mar que es el morir&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para no morir del todo, permanecemos, viajamos, caminamos, leemos libros, vemos pel&iacute;culas, escuchamos m&uacute;sica, en el arte y en la vida late ese encuentro maravilloso con nosotros mismos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por ello, es un goce leer los libros de C&eacute;sar Antonio Molina, cuando recuerda la Alejandr&iacute;a de Durrel, tan misteriosa, en un tiempo ido, cuando &eacute;l ley&oacute; en los a&ntilde;os setenta el maravilloso cuarteto, que tambi&eacute;n me enamor&oacute; a m&iacute; hace ya d&eacute;cadas, como nos dice en &ldquo;Cuando la eternidad envejece&rdquo;, ya no queda nada de aquello, pero la lectura ha quedado impresa en la memoria y en el coraz&oacute;n, palpita dentro de uno, como los grandes libros que nos han acompa&ntilde;ado ante una vida a veces decepcionante y solitaria.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ldquo;Todos, en este sentido, somos Darley. Buscamos el pasado remoto y contempor&aacute;neo sin darnos cuenta que nosotros mismos formamos ya parte de &eacute;l&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Somos, como dice el escritor gallego, &ldquo;fantasmas evadidos del tiempo&rdquo;, seres evanescentes, que se deshacen en la bruma, como nuestra propia vida que al final, tras la muerte, ser&aacute; un recuerdo para los que nos amaron, pero que nada ser&aacute; ya en realidad, como una antigua lectura, un paisaje amado, nuestra vida quedar&aacute; enterrada en unos pocos ecos, unas pocas voces, unos leves latidos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tambi&eacute;n el concepto de escritura palpita en el libro, hay una afirmaci&oacute;n contundente sobre ese acto de crear, porque el escritor sabe que las palabras tambi&eacute;n son espejos de nosotros mismos, nos hacen, nos pulen, nos convierten en seres humanos, creando ese otro yo que es el propio escritor cuando se lee, como el lector que escribe, en silencio, una novela interior, suya sola, completando aquella que lee, como nos ha recordado Francisco Brines sobre ese segundo escritor que es el lector en realidad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dice C&eacute;sar Antonio Molina: &ldquo;Escribir no s&oacute;lo es un servicio p&uacute;blico, sino mucho m&aacute;s. Es una creaci&oacute;n del ser humano que muestra sus sentimientos y pasiones&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; As&iacute;, con sentimiento y pasi&oacute;n, ha ido C&eacute;sar Antonio Molina creando sus ensayos, como los reflejos que aparecen en <em>Vivir sin ser visto</em>, otro de sus libros de memorias, todo est&aacute; ah&iacute;, el tiempo, la cultura, el amor, la nostalgia, todo un homenaje al ser humano que somos, espejos de la nada, dir&iacute;a yo, pero tan vivos en realidad que a veces, cuando sentimos de verdad, parecemos inmortales. Con estos libros, uno se hace eterno, cuesta volver a la realidad mediocre de cada d&iacute;a, despu&eacute;s de su gratificante lectura.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 11 Feb 2019 07:12:40 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cambio de domicilio]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/cambio-de-domicilio/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/febrero/barba500.jpg" alt="" /></p>
<p><strong></strong>Gonzalo ten&iacute;a treinta y dos a&ntilde;os, trabajaba desde hac&iacute;a tres en una cl&iacute;nica veterinaria y estaba a punto de casarse con una mujer a la que no quer&iacute;a. Hab&iacute;a estado dici&eacute;ndoselo durante los seis meses que llevaban de preparativos y durante las cuatro horas que llevaba bebiendo. Le irritaba la aparente falta de utilidad de haber querido a alguien durante seis a&ntilde;os. M&oacute;nica nunca hab&iacute;a tenido mucho misterio como mujer: siempre hab&iacute;a sido franca con &eacute;l, le hab&iacute;a dicho desde el principio que deseaba tener hijos y formar una familia. Si no hab&iacute;a sido m&aacute;s animosa o estimulante desde luego no hab&iacute;a tratado de enga&ntilde;arle fingiendo que lo era.</p>
<p>Pidi&oacute; otra copa m&aacute;s y se la bebi&oacute; lo m&aacute;s deprisa que pudo, como si tratara de hacerse da&ntilde;o. &ldquo;<em>El que no tenga una casa ahora ya no tendr&aacute; ninguna</em>&rdquo; dec&iacute;a un verso de Rilke que hab&iacute;a hojeado en un libro que se estaba leyendo una compa&ntilde;era en la cl&iacute;nica veterinaria. Mientras beb&iacute;a casi le parec&iacute;a que lo hab&iacute;a escrito dirigi&eacute;ndose a &eacute;l. Era un mi&eacute;rcoles y apenas hab&iacute;a gente en el bar, s&oacute;lo una pareja que ten&iacute;a aspecto de haberse conocido hac&iacute;a poco tiempo y dos mujeres que parec&iacute;an haber salido del trabajo a las tantas. El bar mismo ten&iacute;a un aspecto desastrado y provisional.</p>
<p>Cuando sali&oacute; del bar a&uacute;n recordaba la frase. Le produc&iacute;a, igual que entonces, un dolor agudo y descubierto que parec&iacute;a llevar hasta <em>otro</em> dolor, como si se tratara de uno de esos hilos de los cuentos infantiles que siguen los protagonistas en la penumbra. &Eacute;l segu&iacute;a ahora el hilo fino y dorado de aquella frase por las calles de Madrid, se deten&iacute;a, beb&iacute;a otra copa, dudaba si llamar o no a M&oacute;nica, dec&iacute;rselo, acabar con todo de una vez. Lo pens&oacute; tambi&eacute;n cuando entr&oacute; en aquel Club y cuando esper&oacute; durante diez minutos a que salieran las chicas para presentarse.</p>
<p>&ldquo;Hola, soy Katia&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;Hola, soy Eva&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;Hola, soy Dona&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;Jazm&iacute;n&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;Yo soy Mani&rdquo;.</p>
<p>Trat&oacute; de retener sus nombres mientras se preguntaba con vaguedad si iba a ser capaz de tener una erecci&oacute;n despu&eacute;s de lo que hab&iacute;a bebido y volvi&oacute; a pensarlo al elegir instintivamente a la chica menos parecida a M&oacute;nica y al sentir la excitaci&oacute;n sexual, cauta, destructiva. &ldquo;<em>Quien no tenga una casa ahora ya no la tendr&aacute; nunca</em>&rdquo; pens&oacute;.</p>
<p>Volvi&oacute; a entrar la mujer madura.</p>
<p>&ldquo;Qu&eacute;&rdquo;.</p>
<p>De pronto hab&iacute;a olvidado su nombre. Le pareci&oacute; de mala educaci&oacute;n responder sencillamente: la negra.</p>
<p>&ldquo;La negrita&rdquo; contest&oacute;.</p>
<p>&ldquo;Dona&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;S&iacute;, eso, Dona&rdquo;.</p>
<p>Luego hubo un salto: el ruido de los pasos al otro lado de la puerta, su vulnerabilidad, los h&aacute;bitos higi&eacute;nicos de Dona, la cama decepcionantemente peque&ntilde;a, la intensidad de su olor, las s&aacute;banas de celulosa de un tacto desagradablemente pl&aacute;stico. Nunca hab&iacute;a estado con una mujer negra y le pareci&oacute; que hab&iacute;a cierto tipo de belleza con la que una mujer blanca era absolutamente incapaz de competir. Parec&iacute;a un cuerpo creado s&oacute;lo para marcar el contraste con el cuerpo de M&oacute;nica. La excitaci&oacute;n que le produc&iacute;a su acento brasile&ntilde;o, su distinci&oacute;n y su sonrisa, m&aacute;s que distraerle de sus pensamientos consegu&iacute;a que se pusieran de manifiesto de una forma intensamente dolorosa. La sosten&iacute;a en sus brazos, era real, lo estaba <em>haciendo</em>. Era misterioso tambi&eacute;n: no se sent&iacute;a culpable. Era una experiencia frontal pero sent&iacute;a que el alcohol le hac&iacute;a vivirla un poco a hurtadillas, como si la imagen del espejo fuera tan s&oacute;lo la de dos Bouvier de Flandes a los que hubiesen tra&iacute;do a la cl&iacute;nica para que se aparearan. No sab&iacute;a por qu&eacute; ten&iacute;a la necesidad de ser cari&ntilde;oso con ella, de evitar la defensa de sus gestos y actitudes m&aacute;s profesionales y llevarla hasta otro terreno, uno tal vez sencillamente amistoso, como si se tratara de una amiga ex&oacute;tica.</p>
<p>&ldquo;Ah, entonces eres dulce&rdquo; dijo Dona poniendo unos ojos muy raros.</p>
<p>A &eacute;l le pareci&oacute; un poco absurdo contestar que s&iacute;, que era dulce, de modo que no contest&oacute; nada y se limit&oacute; a sonre&iacute;r por lo que parec&iacute;a un cumplido, cosa que tampoco terminaba de estar clara.</p>
<p>&ldquo;Dame tu cuerpo&rdquo; dijo Dona como si tradujera literalmente de otra lengua una frase procaz sin saber que aqu&iacute; sonaba casi tierna y apropiada. Y &eacute;l le dio su cuerpo y se corri&oacute; antes de lo previsto apoyando la cara contra su hombro y acariciando con la nariz aquella piel ajena e incomprensible que parec&iacute;a una chaqueta de cuero.</p>
<p>Luego, al pagar, descubri&oacute; que se hab&iacute;a dejado en casa su tarjeta de cr&eacute;dito y que s&oacute;lo llevaba encima la de la cuenta que hab&iacute;a abierto en com&uacute;n con M&oacute;nica para que los invitados a la boda ingresaran el dinero de sus regalos. Pag&oacute; con ella. Al salir respir&oacute; aliviado el calor tibio de aquella noche de primavera y como si se deslizara se sent&oacute; en un banco y marc&oacute; con lentitud el tel&eacute;fono de M&oacute;nica. Contest&oacute; una voz so&ntilde;olienta.</p>
<p>&ldquo;&iquest;S&iacute;?&rdquo;</p>
<p>&ldquo;No me puedo casar contigo&rdquo; dijo.</p>
<p>&ldquo;&iquest;Qu&eacute;?&rdquo; respondi&oacute; M&oacute;nica.</p>
<p>&ldquo;No me puedo casar contigo, no te quiero, &iquest;lo entiendes?&rdquo;</p>
<p>&ldquo;Has bebido&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;S&iacute;, he bebido, no se trata de eso, tambi&eacute;n acabo de acostarme con una puta y tampoco se trata de eso. Se trata de que no puedo casarme contigo&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;&iquest;Qu&eacute; has dicho?&rdquo;</p>
<p>&ldquo;He dicho que no puedo casarme contigo&rdquo;.</p>
<p>Hubo un silencio sepulcral.</p>
<p>&ldquo;&iquest;D&oacute;nde est&aacute;s?&rdquo; pregunt&oacute; M&oacute;nica.</p>
<p>&nbsp;&ldquo;No creo que sea una buena idea&rdquo;.</p>
<p>Se la imaginaba en su piso compartido, sentada sobre la cama, mirando tal vez hacia el techo de la habitaci&oacute;n: la l&aacute;mpara blanca y redonda, como un ojo artificial, pod&iacute;a verla desde all&iacute;, segu&iacute;a teniendo su belleza ordinaria y dom&eacute;stica. Por primera vez se sinti&oacute; un monstruo. Se manifestaba como un verdadero v&eacute;rtigo, un v&eacute;rtigo incomprensible, una suspensi&oacute;n global de la vida, s&oacute;lo comparable a la que hab&iacute;a sentido a los veinti&uacute;n a&ntilde;os cuando muri&oacute; su madre.</p>
<p>&ldquo;Dime donde est&aacute;s, por favor&rdquo; repiti&oacute; M&oacute;nica.</p>
<p>&ldquo;En la calle Atocha, casi a la altura de la estaci&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;Qu&eacute;date all&iacute;. Dime que me vas a esperar, j&uacute;ramelo&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;Te espero&rdquo;.</p>
<p>M&oacute;nica colg&oacute; el tel&eacute;fono. Cuando lleg&oacute; le pareci&oacute; que estaba m&aacute;s guapa que de costumbre. Eran casi las tres de la madrugada. Ella se tendr&iacute;a que levantar a las siete de la ma&ntilde;ana, eso si consegu&iacute;a dormir, lo pens&oacute; como si, a pesar de estar a punto de abandonarla, no pudiera evitar seguir teniendo con ella consideraciones cotidianas y peque&ntilde;as. La quer&iacute;a con la lealtad con la que se quiere a la casa en la que se ha sido ni&ntilde;o y tal vez con el mismo fastidio. Sent&iacute;a alrededor del cuello una especie de soga trenzada, la que se siente al abandonar esa casa o al verla vac&iacute;a y sin muebles. M&oacute;nica se sent&oacute; a su lado.</p>
<p>&ldquo;Tengo ganas de matarte&rdquo; dijo pero con una voz tan rara que nadie lo habr&iacute;a cre&iacute;do, s&oacute;lo &eacute;l. La ve&iacute;a de perfil, inclinada y mir&aacute;ndose la punta de los zapatos, su rostro ten&iacute;a la misma redondez de siempre, pero ahora como si algo hubiese vaciado en &eacute;l la resoluci&oacute;n y la lentitud. Era una presencia extra&ntilde;a y familiar con aquellas mejillas carnosas y aquellos ojos afiebrados.</p>
<p>&ldquo;&iquest;Sabes qu&eacute;?&rdquo; dijo al final.</p>
<p>&ldquo;Qu&eacute;&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;Lo ve&iacute;a venir, todo esto, desde hace meses, deber&iacute;as hab&eacute;rmelo dicho antes&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;S&iacute;, tal vez&rdquo;.</p>
<p>Por fin pudo entrever la furia contenida de M&oacute;nica.</p>
<p>&ldquo;<em>&iquest;Tal vez?</em>&rdquo;.</p>
<p>Ella se tap&oacute; la cara con las manos apoyando los codos en las rodillas. Sab&iacute;a que no iba a llorar, M&oacute;nica no lloraba as&iacute; como as&iacute;, pero mantuvo las manos pegadas al rostro durante varios minutos.</p>
<p>&ldquo;Qu&eacute; verg&uuml;enza&rdquo; susurr&oacute; muy bajo y luego comenz&oacute; a repetir como un mantra enloquecido: &ldquo;qu&eacute; verg&uuml;enza, qu&eacute; verg&uuml;enza, qu&eacute; verg&uuml;enza&hellip;&rdquo;.</p>
<p>Todav&iacute;a estuvieron unos segundos en silencio. &Eacute;l ten&iacute;a ganas de poner la mano sobre la de M&oacute;nica, m&aacute;s que como un gesto cari&ntilde;oso como una manera de romper aquella dial&eacute;ctica teatral. Actuaban sin querer.</p>
<p>&ldquo;&iquest;Es una decisi&oacute;n firme?&rdquo; pregunt&oacute; M&oacute;nica.</p>
<p>&ldquo;S&iacute;&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;No habr&aacute; vuelta a atr&aacute;s&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;No, no la habr&aacute;&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;No s&eacute; si podr&eacute; encargarme yo de deshacer todo lo de la boda, le pedir&eacute; a alguien que lo haga &hellip;Tengo ganas de morirme&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;&iquest;Quieres que te acompa&ntilde;e?&rdquo;</p>
<p>&ldquo;S&iacute;&rdquo;.</p>
<p>Caminaron en silencio tres manzanas. Parec&iacute;a sencillamente una noche a la salida de un cine o un teatro, una noche normal. Era una zona de quietud antinatural,&nbsp; los dos se hab&iacute;an vuelto un poco repugnantes, tambi&eacute;n la ciudad se hab&iacute;a vuelto repugnante.</p>
<p>&ldquo;&iquest;De verdad te has acostado con una puta?&rdquo;</p>
<p>&ldquo;S&iacute;&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;Vete ya&rdquo; dijo.</p>
<p>&Eacute;l trat&oacute; de besarla pero ella retir&oacute; la cara de inmediato. Le doli&oacute; que hiciera eso. Parec&iacute;a incre&iacute;ble: aquello que le hab&iacute;a torturado durante un a&ntilde;o entero, que le hab&iacute;a quitado la alegr&iacute;a, que le hab&iacute;a hecho arrastrarse de culpabilidad durante todos aquellos meses, aquella ansiedad hab&iacute;a sido resuelta en una conversaci&oacute;n de quince minutos. Estaba hecho.</p>
<p><em>Tu mejor amigo, el perro</em> dec&iacute;a el p&oacute;ster que estaba en su despacho. Y junto a &eacute;l, otro de una marca de comida para gatos: <em>&iquest;Es que no vas a darle de comer lo mejor a tu sult&aacute;n?</em> El primero era el primer plano de un cachorro de Dogo en un escorzo inquietantemente er&oacute;tico, el segundo un gato de Angora sobre un coj&iacute;n con borlas. Aquellos p&oacute;sters estaban all&iacute; desde antes de que &eacute;l llegara y no era improbable que continuaran est&aacute;ndolo el d&iacute;a que se fuera, junto al desplegable de la anatom&iacute;a interna de un gato y un perro cuya funci&oacute;n era la de explicarles a los due&ntilde;os las dolencias de sus sultanes y de sus mejores amigos. Las consultas duraban de diez a dos y de cuatro a seis. Una noche a la semana ten&iacute;a guardia. La sala era peque&ntilde;a y blanca, ten&iacute;a una mesa y tres sillas, un peque&ntilde;o armario con vacunas y material cl&iacute;nico, y una mesa de metal para examinar a los animales, ol&iacute;a a una mezcla indefinida entre perro y gato, a sudor animal un poco enrarecido por el ambientador. Siempre se le hab&iacute;an dado bien los perros. Sent&iacute;a por ellos un reconocimiento que hab&iacute;a sido una de las pocas experiencias vivas y constantes de su vida. Le gustaban sus cuerpos robustos o peque&ntilde;os, las diferencias de su car&aacute;cter, la superficie mullida de sus patas, sus dientes, sus lenguas estropajosas y jadeantes, los rasgos de sus facciones, sus negros hocicos h&uacute;medos como si desde que era consciente de s&iacute; mismo hubiese tenido con ellos una especie de coqueter&iacute;a mutua. Le gustaba liberarles de sus enfermedades y llamarles por sus nombres, que casi nunca olvidaba (no as&iacute; los de sus due&ntilde;os) y sentir aquel extra&ntilde;o brillo de sus ojos, la supuraci&oacute;n inquieta de su miedo cuando entraban en la consulta y &eacute;l consegu&iacute;a tranquilizarles. Era extra&ntilde;o, a veces le parec&iacute;a hasta poder ver con claridad no s&oacute;lo sus dolencias sino hasta sus frustraciones caninas. Era una capacidad difusa, como la de quien tiene una naturalidad para entender a cierto tipo de personas y no a otras.</p>
<p>Desde hac&iacute;a dos meses, los que hab&iacute;an transcurrido desde que rompi&oacute; su compromiso con M&oacute;nica, hab&iacute;a algo que se hab&iacute;a modificado tambi&eacute;n en aquel espacio. Algo parecido a una inquietud, un miedo. Los perros lo entend&iacute;an tambi&eacute;n. Hasta <em>Rambo,</em> un viejo Pastor Alem&aacute;n artr&iacute;tico de m&aacute;s de quince a&ntilde;os al que pasaba consulta con frecuencia, le lleg&oacute; a ladrar furiosamente en una de las visitas. El desenlace de su relaci&oacute;n con M&oacute;nica hab&iacute;a sido mucho m&aacute;s penoso de lo que hab&iacute;a previsto y no s&oacute;lo porque hubiesen perdido los anticipos del banquete de bodas y del viaje de novios o porque M&oacute;nica hubiese tenido que llamar a la modista para cancelar un vestido que ya estaba pr&aacute;cticamente terminado. Sus amigos, que eran casi todos comunes, hab&iacute;an cerrado filas en torno a M&oacute;nica. Se hab&iacute;a quedado pr&aacute;cticamente solo. Tambi&eacute;n su dolor se parec&iacute;a muy poco al que hab&iacute;a previsto. M&aacute;s que una tristeza puntual o una violenta nostalgia de M&oacute;nica tras aquellos dos meses la ausencia comenz&oacute; a manifestarse como si le hubiesen inoculado un veneno. A veces se ve&iacute;a atrapado en una especie de razonamiento desquiciado, el dolor de no saber c&oacute;mo se encontraba M&oacute;nica, de no poder llamarla y el amor que sent&iacute;a a&uacute;n por ella, y la indiferencia, y la pasi&oacute;n que hab&iacute;a tras aquella indiferencia, y la quemaz&oacute;n que le produc&iacute;a su soledad y de pronto el vuelco an&oacute;malo de <em>sentirse mejor</em>, como en un poema burlesco&hellip; &iquest;c&oacute;mo soportaba aquello <em>la gente</em>? En cierto modo le parec&iacute;a haber ingresado por primera vez en un mundo real y desprotegido. Se miraba en el espejo del cuarto de ba&ntilde;o de la cl&iacute;nica y hab&iacute;a all&iacute; un cuerpo real sin demasiada belleza, unas espaldas cargadas, una mirada brillante, com&uacute;n y marr&oacute;n, un pelo demasiado lacio, una boca rid&iacute;culamente peque&ntilde;a. Nunca hab&iacute;a sido un hombre guapo pero hab&iacute;a gestionado su fealdad ordinaria con una dosis de seguridad que ahora le faltaba por completo. Le dol&iacute;a haberle contado a M&oacute;nica el asunto de la prostituta. Le dol&iacute;a haber bebido aquella noche. Le torturaba salir de la consulta por la tarde y recorrer aquel camino familiar hasta su casa como si Madrid, aquel Madrid habitual, muelle y alborotado, estuviese ahora constantemente fr&iacute;o, impertinente y r&iacute;gido, repleto de francotiradores sentimentales.</p>
<p>Decidi&oacute; cambiar de casa el mismo d&iacute;a que le mordi&oacute; el Doberman en la consulta. Fue un accidente com&uacute;n, no era la primera vez que le ocurr&iacute;a. Y conoc&iacute;a al perro adem&aacute;s, fue excesivamente confiado y excesivamente despistado. Sab&iacute;a que era un perro nervioso pero insisti&oacute; en quedarse solo con &eacute;l para que se tranquilizara, luego, instant&aacute;neamente, sinti&oacute; miedo y el perro lo not&oacute;. Se acerc&oacute; hasta &eacute;l y antes de que el due&ntilde;o hubiese cerrado la puerta ya le hab&iacute;a mordido en la mano. Tuvo al menos un gesto profesional; le agarr&oacute; con fuerza los test&iacute;culos y el perro abri&oacute; las mand&iacute;bulas de inmediato, dolorido. Fue un instante, apenas un segundo, sinti&oacute; el anonadamiento de la violencia del animal, su excitaci&oacute;n fr&iacute;a y caliente, su miedo, se mir&oacute; la mano blanquecina por el mordisco y de inmediato la sangre, no pod&iacute;a mover los dedos. La herida result&oacute; ser de menos gravedad de lo que hab&iacute;a parecido al principio pero hab&iacute;a sido lo bastante escandalosa como para que su propia jefa se asustara. Le resultaba divertido que alguien como aquella mujer, que llevaba trabajando casi veinte a&ntilde;os como veterinaria, fuese a&uacute;n tan sensible a la imagen de una herida abierta. Le pusieron la antitet&aacute;nica y le dieron cinco puntos. Esa misma tarde el m&eacute;dico le dio una baja laboral de una semana. Al salir de la consulta se vino abajo. El mal humor de la herida mezclado con la necesidad de estar una semana en recuperaci&oacute;n se combinaron provocando un desamparo absoluto. Llam&oacute; a M&oacute;nica y escuch&oacute; lentos y difusos, los timbrazos de la llamada. Sab&iacute;a que a aquella hora ella sal&iacute;a del trabajo. Se la imagin&oacute; furiosa, sorprendida. Imagin&oacute; su n&uacute;mero en la pantalla de su tel&eacute;fono m&oacute;vil. Le sorprendi&oacute; que respondiera.</p>
<p>&ldquo;No puedes llamarme as&iacute;&rdquo; dijo M&oacute;nica y tras un silencio &ldquo;&iquest;No est&aacute;s en la cl&iacute;nica?&rdquo;</p>
<p>&ldquo;No, estoy en casa, me ha mordido un perro esta ma&ntilde;ana&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;&iquest;Est&aacute;s bien?&rdquo;</p>
<p>&ldquo;S&iacute;, s&oacute;lo unos puntos, estaba distra&iacute;do&rdquo;.</p>
<p>Y del modo m&aacute;s imprevisible M&oacute;nica contest&oacute;:</p>
<p>&ldquo;Tal vez me pase luego&rdquo;.</p>
<p>Cuando son&oacute; el timbre y le abri&oacute; la puerta le asombr&oacute; y le llen&oacute; de ternura comprobar que M&oacute;nica hab&iacute;a pasado por su casa para darse una ducha y cambiarse de ropa. Se hab&iacute;a maquillado un poco y echado perfume. La coqueter&iacute;a de M&oacute;nica siempre le hab&iacute;a conmovido, aquella coqueter&iacute;a que se articulaba con frases que ansiaban su negaci&oacute;n inmediata, <em>estoy hecha un asco</em>.</p>
<p>&ldquo;Qu&eacute; guapa est&aacute;s&rdquo; dijo.</p>
<p>M&oacute;nica sonri&oacute; con tristeza. Se besaron en la mejilla y se sentaron en la cocina. Ella quer&iacute;a t&eacute;, &eacute;l se bebi&oacute; una cerveza. Estaban tristes los dos. M&oacute;nica parec&iacute;a desmejorada, m&aacute;s p&aacute;lida o m&aacute;s delgada que de costumbre. Llevaban m&aacute;s de dos meses sin verse. Le pregunt&oacute; qu&eacute; tal estaba y ella contest&oacute; que estaba triste con una sencillez que le desarm&oacute;. A ratos le parec&iacute;a que hubiesen estado separados sin m&aacute;s por un largo viaje pero sin la alegr&iacute;a propia del reencuentro y sin embargo estaban all&iacute;, como siempre y a la vez en absoluto como siempre, ella se acercaba un poco hacia &eacute;l y &eacute;l sent&iacute;a su disposici&oacute;n y su tristeza. Desnudarse tuvo la complicaci&oacute;n de la venda y el dolor puntual de la mano. No recordaba c&oacute;mo hab&iacute;a comenzado la situaci&oacute;n. De pronto estaban desnud&aacute;ndose sin m&aacute;s, sin haberse besado siquiera. El fr&iacute;o de la casa, a pesar de que en el exterior hiciera un buen d&iacute;a, les punte&oacute; la piel a los dos. No sab&iacute;a d&oacute;nde estaba. No sab&iacute;a si la quer&iacute;a o no. Sab&iacute;a que era extra&ntilde;o sentir a M&oacute;nica de aquel modo, como si lo que le hubiese llevado a su casa, m&aacute;s que el deseo, fuese una especie de tristeza erotizada de hacer el amor con &eacute;l de aquella forma. Le pareci&oacute; que las formas de su cuerpo hab&iacute;an cambiado tambi&eacute;n, sin dejar de ser las mismas. Algo hab&iacute;a lavado aquellos pechos, que ahora le parec&iacute;an m&aacute;s suaves al tacto, la tersura h&uacute;meda de su sexo, la mirada de sus ojos. Le miraba ahora con una ansiedad determinada y frontal, como si quisiera apropiarse de todo, engullirlo y hacerlo suyo para, despu&eacute;s, regurgitarlo y comerlo despacio en soledad.</p>
<p>&ldquo;&iquest;No tienes un cond&oacute;n?&rdquo;</p>
<p>S&iacute;, lo ten&iacute;a. Tristeza de usar un cond&oacute;n con M&oacute;nica, con quien nunca lo hab&iacute;a usado.&nbsp; Espirales y descensos y luego una calma, la del olor de M&oacute;nica retenido, la de la r&aacute;faga impetuosa con la que de pronto se apret&oacute; contra &eacute;l y le susurr&oacute; en el o&iacute;do:</p>
<p>&ldquo;No he dejado de pensar en ti <em>ni un segundo</em>&rdquo;.</p>
<p>Al terminar se encerr&oacute; en el ba&ntilde;o y estuvo all&iacute; durante casi veinte minutos, hasta que &eacute;l llam&oacute; suavemente a la puerta.</p>
<p>&ldquo;Enseguida salgo&rdquo; respondi&oacute;.</p>
<p>Cuando la vio salir se hab&iacute;a lavado la cara y arreglado el pelo. Hab&iacute;a estado llorando. Se despidieron en la puerta y en aquella ocasi&oacute;n ella le bes&oacute; en los labios.</p>
<p>&ldquo;Prom&eacute;teme que no me llamar&aacute;s m&aacute;s&rdquo; dijo.</p>
<p>&ldquo;Te lo prometo&rdquo;.</p>
<p>Durante un cuarto de hora estuvo arreglando un poco la casa. Volvi&oacute; a hacer la cama, recogi&oacute; la taza de t&eacute; y el vaso de su cerveza, recogi&oacute; el cond&oacute;n usado que hab&iacute;a en la mesilla de noche y cuando termin&oacute; se sent&oacute; a fumar un pitillo en el sal&oacute;n sin poder dejar de pensar: <em>tengo que salir de aqu&iacute;, tengo que marcharme de esta casa</em>.</p>
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      <pubDate>Mon, 04 Feb 2019 07:33:04 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un episodio más]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-episodio-mas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/febrero/rosetti500.jpg" alt="" /></p>
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<p>Toda la noche se oyeron los furgones. Los faros recorriendo las fachadas, metiendo en los cuartos desvelados&nbsp; intermitencias de luz, p&aacute;ginas de luz, oleadas de luz sobre el recuadro que proyectan los cristales.</p>
<p>Desordenada constelaci&oacute;n, la de los clavos en las paredes vac&iacute;as. Fuera, el cielo cierne su negrura desolada: noche sin se&ntilde;ales&nbsp; ni respuestas.</p>
<p>Al amanecer, chirridos de las vallas cercando al edificio, uniformes desplegando su imp&aacute;vida cadena, la claridad acumul&aacute;ndose en la calle y el d&iacute;a, entr&aacute;ndose en la casa, revela las habitaciones desmanteladas y fr&iacute;as; el vulnerable hogar de la pobreza en espera de su inminente vulneraci&oacute;n.</p>
<p>Y de repente, la hora llega.</p>
<p>Por las escaleras un ej&eacute;rcito atronando como una carraca siniestra. Un ej&eacute;rcito desacompasado de botas, subiendo. Llega al rellano. Jadea.</p>
<p>Y luego, silencio. El silencio mortal que precede al p&aacute;nico antes de que la jaur&iacute;a se precipite.</p>
<p>En la puerta retumban los golpes. Una vez y otra y otra y otra.</p>
<p>La polic&iacute;a tira la puerta abajo.</p>
<p>Ya entr&oacute;.</p>
<p>Ya los sacan.</p>
<p>El padre humillado; la fortaleza de la mujer, vencida; las criaturas aterrorizadas, que tiemblan y se api&ntilde;an contra la falda de la madre, est&aacute;n fuera.</p>
<p>Objetivo cumplido.</p>
<p>Ya est&aacute;.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 04 Feb 2019 07:30:05 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fantasmas familiares]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/fantasmas-familiares/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2019/anais500.jpg" alt="" /></p>
<p>Nuestra memoria como la naturaleza huye de los espacios en blanco. Los muertos regresan, aspiran a contarse en nosotros. <em>La mujer que huye</em>, la novela de Ana&iuml;s Barbeau-Lavalette, surge precisamente de la necesidad de rescatar a un fantasma del &aacute;lbum familiar. Durante a&ntilde;os, y con la ayuda de una detective, esta escritora y realizadora de cine montrealesa sigui&oacute; cualquier pista que le ayudase a reconstruir la biograf&iacute;a de su abuela, la poeta y pintora Suzanne Meloche.</p>
<p>Nacida en Ottawa el 10 de abril de 1926, en el seno de una familia franc&oacute;fona de clase media, Suzanne Meloche demostr&oacute; desde muy ni&ntilde;a un car&aacute;cter independiente, individualista, persona contestataria y comprometida. Su madre hab&iacute;a renunciado al piano, su &uacute;nica pasi&oacute;n, para entregarse en cuerpo y alma a su rol de madre de siete hijos. Su padre, tras el crack de la bolsa neoyorkina, perdi&oacute; su puesto de profesor y, como tantos hombres sin empleo, ser&iacute;a contratado por el gobierno para realizar tareas de limpieza en la ciudad a cambio de un sueldo miserable. Una &eacute;poca dura de hambre y cartillas de racionamiento, a la que vino a sumarse la contienda mundial.</p>
<p>En 1946, Suzanne se traslad&oacute; a Montreal para cursar estudios superiores. La capital de Quebec fue el principio de una nueva vida. Entra en contacto con los automatistas, un grupo de intelectuales y creadores pr&oacute;ximos al surrealismo franc&eacute;s. Suzanne Meloche o Suzanne Barbeau (como pas&oacute; a llamarse despu&eacute;s de casarse con el pintor Marcel Barbeau) se convirti&oacute; en la primera mujer poeta del movimiento de los automatistas.</p>
<p>En 1948, publicaron un manifiesto, <em>Rechazo Total</em>, en el que urg&iacute;an a los hombres y las mujeres del pa&iacute;s a asumir &ldquo;en una anarqu&iacute;a resplandeciente la totalidad de sus talentos individuales&rdquo;, declar&aacute;ndose adem&aacute;s opositores al Gobierno conservador. El primer ministro, Maurice Duplessis, siguiendo las directrices de una Iglesia cat&oacute;lica, retr&oacute;grada y conservadora, hab&iacute;a impuesto la prohibici&oacute;n y la censura a numerosas obras de arte, literatura, m&uacute;sica&hellip; Sade, Voltaire, Lautr&eacute;amont, Victor Hugo, Balzac o Rimbaud fueron autores le&iacute;dos en clandestinidad.</p>
<p>En un principio, Suzanne Meloche firmar&iacute;a el manifiesto aunque al comprobar que sus poemas no hab&iacute;an sido incluidos junto con el resto de las obras de sus compa&ntilde;eros hombres, exigi&oacute; que tal documento se volviera a imprimir pero ya sin su r&uacute;brica.</p>
<p>&nbsp;&ldquo;Rechazo Total&rdquo; no pas&oacute; desapercibido. Los creadores pusieron en peligro sus carreras e inclusive les afect&oacute; negativamente en sus vidas personales. Unos optaron por un exilio interior, otros se marcharon a Estados Unidos pensando que all&iacute; sus creaciones recibir&iacute;an el reconocimiento que merec&iacute;an.</p>
<p>Suzanne y Marcel Barbeau decidieron trasladarse al campo donde cultivaron remolacha para subsistir. En 1952, Suzanne, madre de dos hijos peque&ntilde;os, cansada de una vida en soledad mientras Marcel se abre camino como pintor en el extranjero, decide romper sus ataduras familiares y seguir sus propios impulsos. &ldquo;Tus poemas duermen en el fondo de tus bolsillos. Musgo te babea el cuello. Te tragas&nbsp; la vida de los dem&aacute;s y no sabes c&oacute;mo construir la tuya&rdquo;. El hogar se deshace. Musgo, su primera hija de cinco a&ntilde;os, y Fran&ccedil;ois con apenas un a&ntilde;o y pocos meses son abandonados en una guarder&iacute;a. Meses despu&eacute;s, el matrimonio Barbeau renunciar&aacute; a la guardia y custodia legal de ambos ni&ntilde;os. Esta experiencia traum&aacute;tica les marcar&aacute; para siempre.</p>
<p>A partir de entonces, Suzanne, llena de culpabilidad, en compa&ntilde;&iacute;a de sus amantes, siempre sola, no cesar&aacute; de huir. Dar&aacute; tumbos por diferentes ciudades, primero en Europa, m&aacute;s tarde en Nueva York. En el barrio de Harlem tratar&aacute; de olvidar tanto da&ntilde;o. Las drogas, el alcohol, la promiscuidad, el rechazo de sus vecinos negros, la destruye y a la vez la alimenta. Escribe y pinta a todas horas, se vomita entera en los lienzos.</p>
<p>&nbsp;En 1961, monta en uno de los autobuses donde negros y blancos viajar&aacute;n juntos desde Washington hasta Alabama. El Ku Klux Klan, bajo sus inmaculadas capuchas, quema autobuses, lincha a los activistas. Suzanne es encarcelada en un penal de Misisipi junto a otros 300 manifestantes. El 22 de septiembre, el presidente Kennedy ordenar&aacute; la puesta en libertad de los detenidos y declarar&aacute; ilegal los letreros segregacionistas.</p>
<p>La poeta tiene 40 a&ntilde;os cuando regresa definitivamente a Canad&aacute;. Se suceder&aacute;n a&ntilde;os igualmente duros. Vivir&aacute; como una eremita. Su libro de poemas, <em>Les Aurores Fulminantes</em> aparece publicado por vez primera. La poeta no asistir&aacute; a la presentaci&oacute;n. Morir&aacute; sola en 2009.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Tal y como ocurre con los buenos libros, estamos ante una historia simple y complicada al mismo tiempo. Una perla rara y humana que habla del amor, la sed de libertad y el dilema al que se enfrentan las mujeres que luchan por tener un espacio propio. <em>La mujer que huye</em> es una combinaci&oacute;n de realidad hist&oacute;rica, biograf&iacute;a y&nbsp; ficci&oacute;n construida con im&aacute;genes poderosas que sorprenden al lector.&nbsp; Ana&iuml;s Barbeau-Lavalette&nbsp; es la voz que narra. Es la nieta quien se encarga de contarle a su abuela desconocida qui&eacute;n fue, lo que sinti&oacute;, lo que vivi&oacute;, el dolor que infligi&oacute; a sus hijos. El efecto de sus frases muy breves, junto a su estilo po&eacute;tico muy lejos del sentimentalismo, pero sobre todo, una escritura surgida del desgarro, atraviesa al lector desde la primera p&aacute;gina.</p>
<p>Cuando en 2015, M&eacute;lanie Vincelette, la editora quebequense, se reuni&oacute; con Ana&iuml;s Barbeau-Lavalette a los pocos d&iacute;as de que esta diera a luz a su primera ni&ntilde;a, lo primero que le dijo frente a un caf&eacute; fue: &ldquo;Es magistral&rdquo;. La escritora respondi&oacute; con toda franqueza: &ldquo;Me temo que solo le interesar&aacute; a mi familia porque es muy personal&rdquo;. Se equivoc&oacute;.&nbsp; La novela result&oacute; ser un &eacute;xito entre los lectores de Quebec. Recibi&oacute; El Premio de los libreros de su pa&iacute;s; el Premio Francia-Quebec, y el Gran Premio del Libro de Montreal. En 2017 el libro lleg&oacute; a Francia y obtuvo id&eacute;ntica respuesta: Premio de los Lectores ese a&ntilde;o, 80.000 ejemplares vendidos hasta la fecha, cifra relevante trat&aacute;ndose de una autora hasta ese momento. <em>La mujer que huye </em>ha sido publicada al ingl&eacute;s, neerland&eacute;s, alem&aacute;n. Ahora podremos leerla en espa&ntilde;ol gracias a la estupenda traducci&oacute;n de Iballa L&oacute;pez Hern&aacute;ndez, y al buen oficio de la editorial canaria Baile del Sol.</p>
<p>Suzanne Meloche fue una mujer fuera de lo com&uacute;n. Atraves&oacute; su tiempo a grandes zancadas, protagoniz&oacute; un cap&iacute;tulo de la memoria colectiva totalmente desconocido fuera de Canad&aacute;. Su vida gotea violencia, contra s&iacute; misma, contra las personas que am&oacute;. Huye, huye, exponi&eacute;ndose hasta el l&iacute;mite. Prefiere morir a ser comprendida y amada. Tensando la cuerda, rompiendo ataduras, huye. &iquest;Conseguir&aacute; perdonarse? &iquest;Conseguir&aacute; ser perdonada?</p>
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<p>Ana&iuml;s Barbeau-Lavalette<em>, La mujer que huye</em>. Tenerife, Baile del Sol, 2018.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 04 Feb 2019 07:23:45 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ay, la poesía]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/ay-la-poesia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/febrero/wislawa500.jpg" alt="" /></p>
<p>Estas son las anotaciones de un lector. Ni soy especialista en literatura polaca ni conozco el polaco, esa compleja lengua eslava. Son meras apostillas de alguien que, como tantos, descubri&oacute; los versos de Szymborska en 1996, cuando la Academia Sueca le concedi&oacute; el Nobel a una &ldquo;poes&iacute;a que, con ir&oacute;nica precisi&oacute;n, permite que el contexto hist&oacute;rico y biol&oacute;gico surja a la luz en fragmentos de la realidad humana&rsquo;&rsquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Antes, gracias a un pu&ntilde;ado de traductores ejemplares, nos hab&iacute;amos adentrado en la l&iacute;rica polaca de la mano de Miłosz y Herbert. M&aacute;s tarde, lleg&oacute; Zagajewski, que nos acerc&oacute; con la debida maestr&iacute;a Xavier Farr&eacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hace ahora justo veinte a&ntilde;os que pudimos empezar a leer los libros de Szymborska. Por orden de aparici&oacute;n (hablo s&oacute;lo de l&iacute;rica y de Espa&ntilde;a), <em>Paisaje con grano de arena</em>, <em>El gran n&uacute;mero</em>,<em> Fin y principio y otros poemas</em>, <em>Poes&iacute;a no completa</em>,<em> Instante,</em>&nbsp;<em>Dos puntos</em>,&nbsp;<em>Aqu&iacute;</em>, <em>Hasta aqu&iacute;</em>, <em>Saltar&eacute; sobre el fuego.</em> y <em>Antolog&iacute;a po&eacute;tica (1945-2006)</em>.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sus traductores: Ana Mar&iacute;a Moix, Jerzy Wojciech Slawomirski, Xaviero Ballester, Elzbieta Bortkiewicz, David Carri&oacute;n, Calors Marrod&aacute;n y Katarzyna Moloniewicz. Y sobre todo Abel Murcia y Gerardo Beltr&aacute;n. Sus editores: Lumen, Hiperi&oacute;n, Igitur, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, Bartleby, N&oacute;rdica y Visor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso, a favor de esa intachable tarea, sus versos han llegado a tantos lectores, muchos de ellos, como Fernando Savater, ajenos al mundillo po&eacute;tico. Para el pensador, &ldquo;su poes&iacute;a es reflexiva sin engolamiento ni altisonancia, de forma ligera y fondo grave, directa al sentimiento pero sin chantaje emocional. Breve y precisa (&hellip;). Sobre todo nos hace a menudo sonre&iacute;r&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En todo caso, guste o no, lo que nadie puede poner en duda es la feliz recepci&oacute;n de su obra entre nosotros. La de una autora que ha pasado a formar parte de esa selecta estirpe de mujeres poetas &ndash;ahora que tanto se reivindica el papel femenino en la l&iacute;rica de todas las &eacute;pocas&ndash;, que va de Safo a Bishop, pasando por Dickinson y Ajm&aacute;tova.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nacida en 1923 en Bnin o en K&oacute;rnik, seg&uacute;n qui&eacute;n, ella era al fin y al cabo de Cracovia, su lugar, adem&aacute;s de Zakopane. All&iacute; vivi&oacute; la mayor parte de su vida y all&iacute; muri&oacute; en 2012. Aunque no tuvo m&aacute;s remedio que pasar por el purgatorio comunista, con vistas al infierno, sus poemas esenciales, son ajenos a aquel mundo. El suyo es otro, bien distinto. Se me antoja que podr&iacute;a aplic&aacute;rseles el r&oacute;tulo que usaba hace poco Dami&agrave; Alou para referirse a la l&iacute;rica de Philip Larkin: el de po&eacute;tica de la modestia, pues que a ese tono o manera de decir en voz baja se adapta como un guante, salvadas todas las distancias, cuanto ella escribi&oacute;. Una frase suya lo explica bien: &ldquo;La poes&iacute;a se salva por los peque&ntilde;os detalles&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La suya, tal la vida, est&aacute; con lo cercano y lo sencillo sin que por eso tenga atisbos de simpleza o provincianismo. Ya que lo menciono, pocos poetas nos han llevado tan lejos a pesar de carecer de vocaci&oacute;n viajera: &ldquo;Me siento amenazada por todos los horizontes&rdquo;. Acaso porque, como aprendi&oacute; de William Blake, &ldquo;el universo cabe en un grano de arena&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y porque de vida hablamos, tampoco est&aacute; de m&aacute;s recordar la m&aacute;s que interesante biograf&iacute;a que public&oacute; Pre-Textos:&nbsp;<a href="http://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?products_id=1575" target="_blank"><em>Trastos, recuerdos</em></a>, de Anna Bikont y Joanna Szczęsna, donde apreciamos con rigor que lo suyo fue <em>escrivivir</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esta poes&iacute;a de la realidad (no del realismo) huye de las grandes palabras y de cuanto suene a hueco y pomposo. Imagina lo cotidiano como milagro. Del &ldquo;despoetizar&rdquo;, seg&uacute;n Zagajewski. O de la &ldquo;antipoes&iacute;a&rdquo;, por decirlo con Parra. No es balad&iacute; el dato de que fuera mala lectora de poes&iacute;a. O, mejor, defensora de que el poeta no leyera s&oacute;lo versos. La ciencia era otro de sus intereses. Y es que pocos enemigos de la poes&iacute;a (de la de verdad, quiero decir) m&aacute;s peligrosos que <em>lo</em> <em>po&eacute;tico</em>, entendiendo por tal ese l&aacute;nguido, rebuscado y relamido romanticismo (mal asimilado) que, como nunca, marca tendencia en esa simpleza ripiosa que algunos denominan ahora &ldquo;poes&iacute;a juvenil&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De ah&iacute; que se aleje tambi&eacute;n de las &ldquo;grandes palabras&rdquo;, esas que dan en otro grave error l&iacute;rico: el que pasa por lo gratuitamente herm&eacute;tico y lo falsamente metaf&iacute;sico, por filos&oacute;fica que al cabo esta sea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Poes&iacute;a, en suma, contra la humillante prisa y los excesos. Por eso, discreta, elegante, amorosa, fr&aacute;gil y tranquila. Del claroscuro. Ajena al aspaviento y la altisonancia. Sin dramatismos. Pr&oacute;xima a la naturalidad, pero ni normal ni corriente. &ldquo;Hay una costumbre excesiva de leer entre l&iacute;neas, de buscar mensajes secretos. Mi poes&iacute;a no esconde nada&rdquo;, coment&oacute; en cierta ocasi&oacute;n. Dada a la ilustrada conversaci&oacute;n (al lector como <em>t&uacute;</em>). De muchas preguntas (&ldquo;la inspiraci&oacute;n &ndash;dijo en su discurso del Nobel&ndash; nace de un constante &laquo;no s&eacute;&raquo;&rdquo;) y algunas respuestas. Inteligente. Ni de la perfecci&oacute;n ni del caos. Vital, practicante del lema horaciano del &ldquo;<em>non omnis moriar</em>&rdquo;. Que apuesta por la iron&iacute;a, el humor y hasta por la broma (que cultiv&oacute; en la intimidad con sus amigos), aunque sepamos de sobra que nada m&aacute;s serio, en el mejor y m&aacute;s hondo sentido, que sus poemas, escritos con la ambici&oacute;n y la voluntad de quien cifra su existencia en el noble pero humilde ejercicio de la Poes&iacute;a. De quien jam&aacute;s improvisa y siempre observa lo que le rodea. Nada ingenua. Entre el entusiasmo y la desesperaci&oacute;n. Triste, porque el ser humano &ndash;escribi&oacute;&ndash;&nbsp; por naturaleza lo es. De alguien que, como Miłosz, concibe la poes&iacute;a como conciencia. Que cree en ella, y no en los poetas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Public&oacute; trece libros. No son tantos. Uno aprecia en cada uno de ellos tantos como poemas contienen. Quiero decir que en Szymborska cada poema est&aacute; creado como si de un libro completo se tratara. Ella, que por imperativo hist&oacute;rico abomin&oacute; de lo colectivo, quiso para sus versos la individualidad m&aacute;s plena. La unidad de lo uno y de lo &uacute;nico frente a la dispersi&oacute;n de lo meramente agrupado o reunido. Cada poema como &ldquo;un todo&rdquo;, se&ntilde;al&oacute; Zagajewski.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;La poes&iacute;a, / pero qu&eacute; es la poes&iacute;a&rdquo;, se pregunt&oacute;. Tal vez la respuesta est&eacute; en otro lugar: &ldquo;y yo no s&eacute;, y sigo sin saber, y a esto me aferro como a un oportuno pasamanos&rdquo;. &ldquo;Ay, la poes&iacute;a&rdquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 04 Feb 2019 07:14:41 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Inteligencia emocional]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/inteligencia-emocional/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/enero/AMALIA_IGLESIAS.jpg" alt="" /></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em>Para Carlos.</em></p>
<p><em></em><em>Para Javier.</em></p>
<div class="WordSection1">
<p style="text-align: left;" align="center"><em style="text-align: left;"><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><em style="text-align: left;">De uno en uno.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A menudo ser&aacute; tan in&uacute;til intentar entender tus emociones,</p>
<p>como querer parar un r&iacute;o</p>
<p>o atrapar la niebla con las manos.</p>
<p>(Pero no por eso desistas de intentarlo).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jam&aacute;s podr&aacute;s dejar de pisar tu sombra,</p>
<p>tal vez si te acercas despacio consigas no da&ntilde;arla.</p>
<p>La serenidad de tus huellas te llevar&aacute; m&aacute;s lejos,</p>
<p>acost&uacute;mbrate a caminar junto a los otros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nunca olvides que te pertenecen tus pasos</p>
<p>y el derecho a equivocarte de sendero.</p>
<p>Llora cuando sientas necesidad de hacerlo,</p>
<p>pero conserva tu risa para despu&eacute;s.</p>
<p>Guarda nuestros besos para entonces.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A veces la inquietud traer&aacute; huracanes sordos a tus sienes,</p>
<p>aprende a gestionar el v&eacute;rtigo, a vivir en la victoria y la derrota,</p>
<p>es&nbsp; bueno saber perder, pero no menos que aprendas a ganar.</p>
<p>Ponle pasi&oacute;n a todo lo que hagas, pero no te dejes cegar por las pasiones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Habr&aacute; preguntas para las que no vas a encontrar respuesta,</p>
<p>no te empe&ntilde;es en buscar las que no existen</p>
<p>dudar de vez en cuando es saludable.&nbsp;</p>
</div>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nunca sabr&aacute;s a d&oacute;nde se va el tiempo,</p>
<p>ni d&oacute;nde comienza o d&oacute;nde acaba</p>
<p>Escucha al viento, siempre tendr&aacute; algo verdadero que decirte.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mide la intensidad de tus emociones.</p>
<p>Si vas a subir una monta&ntilde;a</p>
<p>calcula que te queden fuerzas para bajar,&nbsp;</p>
<p>si vas de paso, no hagas creer a nadie que estar&aacute;s para siempre.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nunca llegar&aacute;s a conocerte del todo, pero tampoco es necesario.</p>
<p>No impidas que te conozcan los dem&aacute;s,</p>
<p>dentro de ti tambi&eacute;n habitan semillas</p>
<p>que s&oacute;lo ellos pueden hacer brotar,</p>
<p>tampoco olvides que al lado de las flores crecen las malas hierbas.</p>
<p>Hazte horticultor de ti mismo</p>
<p>y recuerda que la planta debe llegar a ser m&aacute;s grande</p>
<p>que la maceta que la contiene.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ser&aacute;s feliz y querr&aacute;s serlo siempre,</p>
<p>pero no te atormentes cuando no lo consigas,</p>
<p>nadie dijo nunca que todo iba a ser f&aacute;cil,</p>
<p>tampoco yo tengo recetas ni certezas que darte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si alguna vez la raz&oacute;n te dice que no entiende</p>
<p>pregunta al coraz&oacute;n que nunca se equivoca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&hellip;y aunque llueva ah&iacute; afuera, el mundo seguir&aacute; siendo hermoso.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 28 Jan 2019 08:50:12 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fronteras cuidadosamente delimitadas (sobre Wislawa Szymborska)]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/fornteras-cuidadosamente-delimitadas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas21/Marzo/ADAM_ZAGAJEWSKI_3.jpg" alt="" /></p>
<p>Incluso la gente ordinaria - &iquest;existe gente as&iacute;? &ndash;, desde el momento en que nos deja, se convierte en leyenda. &iquest;Qu&eacute; decir entonces de la gente extraordinaria? Wisława Szymborska, que pas&oacute; casi toda su vida en Cracovia, aunque naci&oacute; cerca de Poznan, reun&iacute;a en una &uacute;nica persona dos cosas ins&oacute;litas: era una poeta tremendamente original, y al mismo tiempo una persona, una mujer, con un estilo de vida &uacute;nico e irrepetible. Un estilo, o incluso mucho m&aacute;s que eso, una filosof&iacute;a vital, una idea de c&oacute;mo vivir.</p>
<p>Lo que, sin duda, ten&iacute;an en com&uacute;n su obra y su vida era un pertinaz y obstinado apego a la independencia, a la defensa de la propia otredad, pero una defensa discreta, exenta de cualquier agresividad, o de cualquier elemento doctrinal. Escribir manifiestos po&eacute;ticos &ndash; no, gracias, ella no. Estoy convencido, mejor dicho, me consta, que no le gustaba pronunciarse sobre esos temas. Tampoco le gustaba hablar sobre la &eacute;poca estalinista, cuando siendo una joven poeta se hab&iacute;a sometido a las normas del imperante&nbsp; realismo socialista, cosa que le ha seguido recriminando a voz en grito, incluso despu&eacute;s de su muerte, la derecha polaca, esa misma fracci&oacute;n de la derecha anticomunista radical que hizo de Zbigniew Herbert su &iacute;dolo (no por razones est&eacute;ticas, ya que a esos fan&aacute;ticos les interesan m&aacute;s bien poco la poes&iacute;a y el arte, sino por admiraci&oacute;n hacia su inconformismo pol&iacute;tico). Es cierto, no le gustaba volver a todo aquello. Recuerdo que en una ocasi&oacute;n, a modo de broma, le puse un disco con canciones de aquella &eacute;poca, con &ldquo;los &eacute;xitos musicales del socialismo&rdquo; cuyas letras hab&iacute;an escrito conocidos poetas y ella no hizo absolutamente ning&uacute;n comentario&hellip; No fue la mejor de las bromas.</p>
<p>Hace ya mucho tiempo que estoy convencido de que el hecho de que Wisława Szymborska se hubiera equivocado en su juventud es menos importante que la forma en la que m&aacute;s tarde reparar&iacute;a su error. Tard&oacute; muy poco en comprender lo que hab&iacute;a pasado, lo que hab&iacute;a sucedido; inmediatamente despu&eacute;s de los acontecimientos de 1956, son&oacute; la voz pura de su poes&iacute;a, pura y cr&iacute;tica. Para alguien que se toma en serio escribir versos, el darse cuenta &ndash; <em>a posteriori</em> &ndash; de la presencia de veneno en la propia obra tuvo que ser un trauma gigantesco, permanente y doloroso.</p>
<p>Un lector atento encontrar&aacute; en pr&aacute;cticamente todos los poemas escritos por Szymborska despu&eacute;s de 1956 una huella m&aacute;s o menos evidente de aquel error. En casi todos los poemas descubriremos una cicatriz de los tiempos estalinistas, en casi todos encontraremos la declaraci&oacute;n de &ldquo;esto no se repetir&aacute; nunca m&aacute;s&rdquo;. Esa famosa negatividad de su poes&iacute;a, esa fascinaci&oacute;n por lo que &rdquo;no llega a ocurrir&rdquo;, por lo que pod&iacute;a haber ocurrido, por un encuentro que no llega a producirse, esa fascinaci&oacute;n por lo ef&iacute;mero y lo azaroso de la vida humana, esa desconfianza hacia el lenguaje po&eacute;tico, ese convencimiento de que hay que estar siempre control&aacute;ndolo &ndash; por ejemplo, esa &ldquo;cierva escrita&rdquo; que corre &ldquo;a trav&eacute;s del bosque escrito&rdquo; en el poema <em>La alegr&iacute;a de escribir</em> que se encuentra en el eje central de su obra &ndash; se inscriben en un incesante di&aacute;logo did&aacute;ctico consigo misma, pero m&aacute;s joven y desorientada.</p>
<p>Se impone aqu&iacute; el paralelismo con la obra de E. M. Cioran que, como muy bien sabemos, en su excelente producci&oacute;n ensay&iacute;stica y afor&iacute;stica despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial introdujo indudables referencias al breve episodio de euforia nacional-fascista de su juventud. Lo que une a Szymborska con Cioran es la brillantez; ambos, a pesar de trabajar con una materia literaria distinta y sin perder de vista ni un momento sus antiguas transgresiones, alcanzaron el m&aacute;s alto nivel, se convirtieron en estilistas pr&aacute;cticamente sin parang&oacute;n. Les une tambi&eacute;n la &ldquo;negatividad&rdquo;, un elemento de negaci&oacute;n, de desconfianza, de una cautela radical, la aversi&oacute;n a los enunciados declarativos. Ambos adoptaron la postura del <em>outsider</em>, ambos parec&iacute;an decir: no pertenecemos a ninguna corriente dominante, no esper&eacute;is que nos declaremos nunca a favor de un partido, de alguna agrupaci&oacute;n. Lo que los separa, en cambio, es el abandono del humanismo por parte del mis&aacute;ntropo rumano, al menos en algunos fragmentos de su obra. Cuando Cioran intenta convencernos de que el ser humano es un defecto de la existencia pocos &ndash; en mi opini&oacute;n &ndash; estar&aacute;n de acuerdo con &eacute;l a no ser que consideren sus radicales juicios una manifestaci&oacute;n de humor negro (lo digo como fiel lector de Cioran, un lector desconfiado, fundamentalmente re&ntilde;ido con el objeto de su admiraci&oacute;n y al mismo tiempo incapaz de abandonar la lectura de sus libros).&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Wisława Szymborska eligi&oacute; otro camino. En su caso, la negatividad afecta a otra cosa -m&aacute;s bien a cierto aspecto-, al escepticismo sobre las posibilidades de la literatura &ndash; que tiene su origen en el amor hacia &eacute;sta y en una fe primigenia en ella &ndash; pero en el fondo conduce a un sentimiento de ternura hacia la gente, hacia el mundo de los seres humanos. En la excepcionalmente original po&eacute;tica de Szymborska florece un humanismo aut&eacute;ntico nacido de la empat&iacute;a hacia los otros, se desarrollan los motivos tradicionales de la poes&iacute;a europea: lo elegiaco, la activa b&uacute;squeda del bien, la condena de la mezquindad. Todo ello enmarcado siempre en una ret&oacute;rica absolutamente personal de la poeta, como en el conocido poema &ldquo;Un gato en un piso vac&iacute;o&rdquo;, donde tras la descripci&oacute;n de la desgracia de un gato se oculta una estremecedora y al mismo tiempo contenida eleg&iacute;a dedicada al ser m&aacute;s querido. El nombre de esa persona ni siquiera se menciona, su sombra no roza el poema; solo se registra su ausencia. Y aqu&iacute; nos encontramos con otra de las formas de esa &ldquo;negatividad&rdquo;: una m&aacute;xima discreci&oacute;n.</p>
<p>En el paisaje po&eacute;tico de la Polonia contempor&aacute;nea Wisława Szymborska es pr&aacute;cticamente la &uacute;nica representante de la Ilustraci&oacute;n. Si en su poes&iacute;a hubiera alg&uacute;n elemento religioso, &eacute;ste se expresa mediante el incesante asombro ante el mundo, pero a&uacute;n as&iacute;, es algo que tiene que ver m&aacute;s con la filosof&iacute;a que con la religi&oacute;n. La poeta se declaraba, tanto en sus poemas, como en las conversaciones, racionalista, alguien que segu&iacute;a los descubrimientos cient&iacute;ficos, que desconf&iacute;aba de la &ldquo;inspiraci&oacute;n&rdquo; y de otros tipos de &ldquo;enajenamientos&rdquo;. Le&iacute;a mucha literatura de divulgaci&oacute;n cient&iacute;fica, le gustaba burlarse de los cr&iacute;ticos literarios que no sab&iacute;an nada de la ciencia. Cuando en una ocasi&oacute;n le contamos una historia realmente extraordinaria que suger&iacute;a que pod&iacute;an ocurrir cosas entre el cielo y la tierra que la filosof&iacute;a de la Ilustraci&oacute;n ni siquiera sospechaba, hizo un comentario absolutamente racional.&nbsp;</p>
<p>Fue amiga de Czesław Miłosz durante a&ntilde;os, desde que ese poeta rom&aacute;ntico &ndash; que en sus estudios te&oacute;ricos combat&iacute;a el romanticismo &ndash; se instalara en Cracovia. Se ten&iacute;an mucho cari&ntilde;o aunque, en realidad, eran tan diferentes como la noche y el d&iacute;a. Hab&iacute;a algo c&oacute;mico y simp&aacute;tico a la vez en sus amistosas desavenencias. Czesław Miłosz, con su voz estent&oacute;rea y sus &ndash; en ocasiones- gestos de vate decimon&oacute;nico, y la ir&oacute;nica, ingeniosa, esc&eacute;ptica, delgada, discreta y risue&ntilde;a Wisława (la verdad es que Miłosz tambi&eacute;n re&iacute;a con frecuencia, con una risa sonora y feliz). Y en ese potencial duelo espiritual, Szymborska, que ten&iacute;a en alta estima la obra de Miłosz, tan distinta a la suya, no le ced&iacute;a ni un &aacute;pice de terreno al escritor. &ldquo;Potencial&rdquo; porque ellos no discut&iacute;an nunca; eran como dos estados soberanos que hab&iacute;an delimitado con precisi&oacute;n sus fronteras y no ten&iacute;an ning&uacute;n inter&eacute;s en entrar en conflicto. Szymborska defendi&oacute; con &eacute;xito su otredad, su identidad personal; estaba dispuesta a luchar por ella tanto en la poes&iacute;a, como en la vida. Y yo doy fe de ello con un gran cari&ntilde;o hacia Wisława Szymborska, si bien, en lo que a las ideas se refiere, me resulta m&aacute;s pr&oacute;xima la imaginaci&oacute;n de Czesław Miłosz&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Traducci&oacute;n del polaco: Katarzyna Mołoniewicz y Abel Murcia</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 28 Jan 2019 08:45:13 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El gas y el leñador]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-gas-y-el-lenador/</link>
      <description><![CDATA[<p><img style="float: left;" src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/enero/neuman_500.jpg" alt="" /></p>
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<p>&iquest;Por qu&eacute; la voz se olvida,</p>
<p>se esfuma como el gas?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Globos de helio</p>
<p>que se sue&ntilde;an inflados</p>
<p>de identidades.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No s&eacute; si puedo recobrar tu voz,</p>
<p>su af&oacute;nica aspereza</p>
<p>de mano que acaricia</p>
<p>tablas sin barnizar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cada tronco susurra,</p>
<p>el hacha tiene o&iacute;do.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Te escucho, se va el aire.</p>
<p>Y parece que alguien me soplara.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 28 Jan 2019 08:39:09 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Santos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/santos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/enero/PABLO_FIDALGO.jpg" alt="" /></p>
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<p>Yo alquil&eacute; un cuarto en el barrio de Santos</p>
<p>para pasar el invierno m&aacute;s fr&iacute;o de mi vida.</p>
<p>La mujer de la casa solo hac&iacute;a paciencias.</p>
<p>Santos era la tierra de la infancia.</p>
<p>Meninos do rio. La casa est&aacute; en el mar.</p>
<p>El tren es una m&aacute;quina de un mundo superior</p>
<p>que arrasa con todo lo que fui.&nbsp;</p>
<p>Amo las piedras de la calle, c&oacute;mo se resbala con la lluvia,</p>
<p>c&oacute;mo la ciudad fue hecha sin pensar en nadie.</p>
<p>En el 25 de abril alguien dio a un soldado la orden de disparar</p>
<p>pero &eacute;l no lo hizo y evit&oacute; una guerra.</p>
<p>Amo el &aacute;guila del Benfica</p>
<p>dando la vuelta al estadio antes de cada partido.&nbsp;</p>
<p>&iquest;C&oacute;mo decirlo? Nada me une a esta orilla.</p>
<p>Si aqu&iacute; veo solo un poco de odio</p>
<p>me ir&eacute; a la otra orilla y empezar&eacute; otra vez.</p>
<p>Si alguna vez hago un amigo</p>
<p>le hablar&eacute; de c&oacute;mo es mi tierra natal</p>
<p>para asustarlo y mantenerlo lejos.</p>
<p>Con el tiempo aprend&iacute; que un poco de odio</p>
<p>es el inicio de todo el odio.&nbsp;</p>
<p>Esto es Lisboa. Me preguntan por qu&eacute; vine aqu&iacute;</p>
<p>y eso es ir demasiado lejos.</p>
<p>Si quieres saber por qu&eacute; vine</p>
<p>deja que se te vea con los que no tienen nada.</p>
<p>Entra en el juego de perder todo como yo lo hice.</p>
<p>Esto es Lisboa: la ciudad en la que he de escribir</p>
<p>el libro alucinado que siempre quise escribir.&nbsp;</p>
<p>A&uacute;n no s&eacute; de qu&eacute; trata este pa&iacute;s,</p>
<p>esta tristeza, esta lengua y este imperio perdido.</p>
<p>No saberlo me hace estar para todo.</p>
<p>Estoy tan disponible que doy miedo.&nbsp;</p>
<p>S&eacute; que esta es la &uacute;nica orilla</p>
<p>por eso trato de mirar el r&iacute;o sin pensar</p>
<p>que mi presencia aqu&iacute; es una venganza.</p>
<p>Creo que lo que amo es la doble vida</p>
<p>que todos tuvieron en &Aacute;frica y en Portugal.</p>
<p>Tambi&eacute;n a m&iacute; se me acab&oacute;.&nbsp;</p>
<p>&iquest;Recuerdas el tiempo del primer esc&aacute;ndalo</p>
<p>cuando parec&iacute;a imposible que hubiera otro y otro?</p>
<p>Alguien dijo&nbsp;<em>verg&uuml;enza solo para hacer cosas malas.</em></p>
<p>Esto no es una parte de mi vida, vine a quedarme.</p>
<p>&iquest;T&uacute; ves salir palabras del r&iacute;o, las ves golpearse</p>
<p>contra las aguas del mar?</p>
<p>&iquest;T&uacute; crees que un hombre debe ser fiel a sus alucinaciones?&nbsp;</p>
<p>Yo habito un lugar del margen</p>
<p>donde puedes beber cuanto quieras</p>
<p>sin que nadie diga nada.</p>
<p>El r&iacute;o solo puede ser navegado</p>
<p>por los que aprendieron a decir adi&oacute;s.&nbsp;</p>
<p>&iquest;T&uacute; qu&eacute; sientes cuando me ves navegar</p>
<p>en este r&iacute;o innavegable?</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 28 Jan 2019 08:30:28 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De lo canario a lo universal]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/de-lo-canario-a-lo-universal/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2019/EUGENIO_PADORNO.jpg" alt="" /></p>
<p>Acaba de inaugurar Mercurio Editorial su colecci&oacute;n <em>Poes&iacute;a reunida</em> con la de una de las figuras m&aacute;ximas de la literatura canaria contempor&aacute;nea, Eugenio Padorno (Barcelona, 1942). Son numerosos los aspectos de la obra de Padorno que me interesan mucho, como son el papel del mar en su poes&iacute;a o su preocupaci&oacute;n por entender y definir el lenguaje po&eacute;tico. No obstante, para hablar de ella de acuerdo con el esquema que propone el t&iacute;tulo de este trabajo me gustar&aacute; destacar una f&eacute;rtil paradoja que solo se da en los poetas verdaderos: la de que cuanto m&aacute;s locales son, m&aacute;s universales resultan. O, dicho viceversa: cuanto m&aacute;s universales son sus ansias, m&aacute;s y con m&aacute;s autenticidad se aferran a sus ra&iacute;ces. Porque la ra&iacute;z sin universalidad es localismo; y lo universal, cuando no tiene arraigo en lo propio, no es otra cosa que reluciente oquedad. No hay otro motivo que este cuando Padorno se interesa e indaga en la obra majorera de Miguel de Unamuno, que tambi&eacute;n ha publicado recientemente en edici&oacute;n cr&iacute;tica que pasa a ser referencia, <em>La realidad transfigurada</em>: probablemente no hay escritor espa&ntilde;ol m&aacute;s preocupado por lo universal que Unamuno y, sin embargo, con qu&eacute; ardor se abraz&oacute; a las esencias m&aacute;s primitivas (o primordiales) de Fuerteventura. Padorno ha se&ntilde;alado que Unamuno es &ldquo;quien transforma las grandes carencias de aquel espacio en abundancia po&eacute;tica, en visi&oacute;n trascendente&rdquo;. Las paradojas suelen encerrar las realidades m&aacute;s brillantes.</p>
<p>Esa isla de Unamuno es tambi&eacute;n la de la infancia del poeta, la del poema &ldquo;Fuerteventura suya&rdquo;, que recoge un personaje an&oacute;nimo cargado de simbolismo y que vuelve a aparecer a&ntilde;os m&aacute;s tarde en &ldquo;Fuerteventura suya (II)&rdquo;. La b&uacute;squeda de lo canario acompa&ntilde;a a Padorno desde siempre; ya hacia finales de los 60 discrepa est&eacute;ticamente de sus compa&ntilde;eros de la antolog&iacute;a <em>Poes&iacute;a canaria &uacute;ltima</em> porque, en palabras de Jorge Rodr&iacute;guez Padr&oacute;n, &ldquo;quiere ir m&aacute;s lejos: subsanando la incoherencia hist&oacute;rica que observa en la percepci&oacute;n de nuestra tradici&oacute;n, quiere establecer el n&uacute;cleo fundacional de nuestra poes&iacute;a contempor&aacute;nea, al margen del mimetismo o la servidumbre a la herencia literaria peninsular&rdquo;.</p>
<p>En un alarde de sinceridad, Padorno llega a afirmar en un estudio sobre el pintor surrealista majorero Juan Ismael que este es &ldquo;el ejemplo, o el avance, de lo que significa para cualquier autor canario empe&ntilde;arse en realizar su creaci&oacute;n en las islas; o sea: penalidades e ingratitudes&rdquo;. O, como afirma en <em>Septenario</em>, &ldquo;el poeta canario parece haber comprendido, entre la indiferencia de los suyos, el ins&oacute;lito designio de su tarea: la construcci&oacute;n de una obra hermosa, tr&aacute;gica e in&uacute;til&rdquo;. Padorno se ve reflejado en el pintor surrealista, que como &eacute;l trabaj&oacute; en la isla, en b&uacute;squeda de identidades y trascendencias, en lucha perpetua con los l&iacute;mites del lenguaje y en medio de la indiferencia general.</p>
<p>En ese libro parisino, <em>Septenario</em>, y con la consiguiente distancia impresa en su discurso por el exilio en el espacio y en el tiempo, el poeta se esfuerza por definir qu&eacute; cosa sea esto de la canariedad y, deteni&eacute;ndose de nuevo en la infancia majorera, apunta: &ldquo;Sencillez inevaluada de las cosas de nuestro mundo; el saber preciso que inspira la morada&rdquo;. Y a&ntilde;ade, en cuanto al lenguaje: &ldquo;Est&eacute;tica que se mueve entre el hallazgo y la adivinaci&oacute;n de un lenguaje, y que se cumple casi siempre en el anudamiento de lo artesanal y lo rigurosamente art&iacute;stico&rdquo;. En &ldquo;Imagen po&eacute;tica y despojamiento&rdquo;, ensayito recogido en <em>Memoria po&eacute;tica</em>, Padorno insiste en identificar lo esencial canario con el minimalismo y la abstracci&oacute;n, en conexi&oacute;n con las obras de Juan Ismael, Mart&iacute;n Chirino, Manuel Padorno o Manuel Gonz&aacute;lez Sosa, artistas que &ldquo;no saben&rdquo;, sino que &ldquo;deconstruyen para ver y entender&rdquo;, en una definici&oacute;n que se ajusta como un guante a la obra del mismo Padorno. Y repara con asombro en los &ldquo;temperamentos ajenos a nuestro medio&rdquo; que han acomodado &ldquo;su interpretaci&oacute;n de lo insular a ese proceso reduccionista&rdquo;, volviendo a Unamuno, quien, &ldquo;adentrado en la visi&oacute;n de los elementos del paisaje canario, los enumer&oacute; como si hubieran sido captados en el grado extremo de lo reconocible, a punto de perder su figuraci&oacute;n convencional: la aulaga, la palmera, el gofio, el camello y el mism&iacute;simo horizonte marino son &ldquo;en <em>De Fuerteventura a Par&iacute;s</em> los hallazgos [&hellip;] de un repertorio de esencialidades, de nociones puras, esquem&aacute;ticas, que la cultura occidental [&hellip;] hasta entonces hab&iacute;a tenido ret&oacute;ricamente recubiertos&rdquo;.</p>
<p>Porque la palabra insular es &ldquo;permanente ensayo general de una definici&oacute;n que siempre estar&aacute; por alcanzar&rdquo;, como afirma en <em>Septenario</em>. Por pertenecer a una de esas culturas que &ldquo;en el orden hisp&aacute;nico devinieron marginales respecto a la cultura occidental&rdquo;, la canaria ha hecho &ldquo;de la duda su motivo fundamental&rdquo;. Lo canario no ser&aacute;, por tanto, &ldquo;an&eacute;cdota costumbrista de un existir marcado por una incorregible aton&iacute;a vital&rdquo;, como sostuvo Alonso Quesada; y &ldquo;si no es lo prehisp&aacute;nico, s&iacute; es el resultado de su a&ntilde;oranza (o de su invenci&oacute;n) y de su negaci&oacute;n. Lo &uacute;nico que cuenta es que desconocemos parte de nuestro propio rostro&rdquo;, asegura. As&iacute; entendido, el cosmopolitismo de la cultura canaria &ldquo;no es una a&ntilde;adidura a lo universal; es, desde siempre, una diferencia integrada en la suma total de lo universal&rdquo;. Insiste en esta idea cuando afirma que &ldquo;la poes&iacute;a canaria y la poes&iacute;a espa&ntilde;ola no son procesos id&eacute;nticos, sino paralelos&rdquo;, y que frente a una supuesta voluntad de clausura de la poes&iacute;a peninsular desde el siglo XVI, &ldquo;la poes&iacute;a canaria es, desde su <em>recomienzo</em>, total curiosidad por lo universal&rdquo;.</p>
<p>El poema &ldquo;El c&aacute;ntaro con agua&rdquo;, que con tanta intensidad remite a lo local y a lo cotidiano, expresa esa paradoja y la sorpresa de que el deseo de olvidar lo pr&oacute;ximo (la visi&oacute;n cr&iacute;tica con lo propio, el conflicto con el hogar) es el paso necesario para reconocerlo como lo verdaderamente universal. Igualmente, el poema &ldquo;La criba en la pared&rdquo; identifica los ritmos de lo cotidiano con los del universo, en el que la eternidad nos cierne, con ecos pitag&oacute;ricos y modernistas. En &ldquo;Pese al aliento de estas vigas&rdquo; de nuevo encontramos la proximidad expresada en t&eacute;rminos adversativos, concesivos, parad&oacute;jicos: &ldquo;Pese al aliento de estas vigas,/ sobre las brasas del hogar,/ qu&eacute; fr&iacute;o&rdquo;.</p>
<p>La inseparabilidad de ambas vertientes de la creaci&oacute;n de un verdadero poeta se resume en un p&aacute;rrafo de <em>Paseo antes de la tormenta</em>. Hacia principios de los 80 Padorno ya hab&iacute;a afirmado en una entrevista que &ldquo;toda la cultura es testimonio de su propia concepci&oacute;n de lo universal, &uacute;nico lenguaje que le permite establecer un di&aacute;logo con la cultura de los dem&aacute;s pueblos&rdquo;, y en 1997 sigue defendiendo esta convicci&oacute;n en su &ldquo;Nuevo balance personal&rdquo;, apoy&aacute;ndose en los conceptos de regionalismo y universalismo de Pedro Garc&iacute;a Cabrera. Todo lo cual abunda en la paradoja con que inici&eacute; esta nota y que me permite dar paso ahora a un recuento de universalidades; en este &aacute;mbito me detendr&eacute; en dos referencias fundamentales de la poes&iacute;a de Padorno: la literatura no canaria y los mitos cl&aacute;sicos.</p>
<p>Son varios los poetas que se dejan ver entre l&iacute;neas (entre versos) en <em>Acaso s&oacute;lo una frase incompleta</em>. Tanto Padorno como los cr&iacute;ticos que se han ocupado de &eacute;l y de la generaci&oacute;n de la antolog&iacute;a <em>Poes&iacute;a canaria &uacute;ltima</em> han se&ntilde;alado la influencia de Jorge Guill&eacute;n en los primeros versos del grupo. Jorge Rodr&iacute;guez Padr&oacute;n cuenta c&oacute;mo fue un poeta le&iacute;do por Padorno en sus primeros a&ntilde;os de carrera y, a&uacute;n m&aacute;s, reconoce en primera persona del plural que &ldquo;aquella fue nuestra piedra angular&rdquo;. El mismo Padorno ha considerado que &ldquo;la parte m&aacute;s fr&iacute;a de [su] obra responde a la herencia de este poeta&rdquo;.</p>
<p>Sin haber influido en sus formulaciones po&eacute;ticas, C&eacute;sar Vallejo es otro de los autores reconocidos como una de las influencias de Padorno. Del peruano, seg&uacute;n Rodr&iacute;guez Padr&oacute;n, toma la &ldquo;ruptura vallejiana&rdquo;, &ldquo;la posibilidad de alterar y personalizar la palabra&rdquo;. En ese sentido, me parece muy significativo el poema &ldquo;y VII&rdquo; de <em>Habitante en luz</em>, de rasgos muy vallejianos: esa abrupta l&iacute;tote inicial, esa &ldquo;ra&iacute;z&rdquo;, ese cuerpo de l&iacute;mites imprecisos que se asimila a un &ldquo;hondo hueso de celajes&rdquo;. Igualmente, en el poema &ldquo;Hombres sembrados&rdquo;, de <em>Para decir en abril</em>, la humanidad tomada como semilla, el encabalgamiento final&hellip; todo tiene un eco de Santiago de Chuco y de Par&iacute;s con aguacero. Vallejo es as&iacute; mismo b&uacute;squeda de la identidad po&eacute;tica canaria lejos de los c&aacute;nones peninsulares y, en palabras de Rodr&iacute;guez Padr&oacute;n en el pr&oacute;logo de <em>Teor&iacute;a de una experiencia</em>, un &ldquo;lenguaje tambi&eacute;n revelador y balbuceante, radical [&hellip;], te&ntilde;ido de una sacudida existencial tr&aacute;gica: un ternurismo que inauguraba otro v&eacute;rtigo en la visi&oacute;n po&eacute;tica. No hacia la luz, como Jorge Guill&eacute;n, sino hacia el m&aacute;s oscuro fondo de la conciencia individual y de la condici&oacute;n perecedera, humillada, del hombre&rdquo;.</p>
<p>Fray Luis, San Juan o Cavafis, escritores en los que es imposible separar la escritura de la experiencia dram&aacute;tica de vivir, estaban ya en el primer libro de Padorno, <em>Para decir en abril</em>. De Paul Val&eacute;ry y de Luis Cernuda, como de Alonso Quesada y Domingo Rivero, dice el poeta tomar &ldquo;el sentido de la construcci&oacute;n del poema&rdquo;. Conversan sus versos con los de grandes poetas peninsulares como Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente o Claudio Rodr&iacute;guez. De Pavese recoge &ldquo;la trascendencia de su tratamiento del prosa&iacute;smo&rdquo;. De Lezama Lima, la &ldquo;fijeza cambiante&rdquo;, la f&eacute;rtil &ldquo;semilla de la desconfianza y la inseguridad&rdquo;, la &ldquo;rotaci&oacute;n necesaria&rdquo;. En Cavafis y Quasimodo observa que &ldquo;el sustrato m&iacute;tico [&hellip;] guardaba cierto paralelismo con el sustrato de impenetrabilidad de nuestra historia zarandeada por los est&iacute;mulos de diversas culturas&rdquo;, as&iacute; como el compromiso del escritor.</p>
<p>Precisamente unos versos de Salvatore Quasimodo encabezan, junto a otros de Ovidio, el poemario <em>Metamorfosis</em>; unos versos en los que el italiano explica el v&iacute;nculo de la poes&iacute;a del canario con la del latino, atribuyendo a los rescoldos de nuestro pasado m&aacute;s &iacute;ntimo y cotidiano una naturaleza m&iacute;tica: &ldquo;sono reliquie/ d&rsquo;un tempo de saggezza, di sapienza/ dell&rsquo;uomo che si fa misura d&rsquo;armi,/ sono i miti, le nostre metamorfosi&rdquo;. Las palabras de Quasimodo sirven as&iacute; para certificar el mito como elemento carnoso y fundamental de la poes&iacute;a de Padorno, que una vez afirm&oacute; que &ldquo;nuestros lenguajes art&iacute;sticos poseen signos de doble faz, hist&oacute;rica y m&iacute;tica, y cuando creamos, nos estamos preguntando sobre nuestra propia esencia&rdquo;.</p>
<p>El mito de la infancia, el mito autobiogr&aacute;fico, pero tambi&eacute;n, necesariamente, el cl&aacute;sico: ambos acompa&ntilde;an a Padorno desde su infancia. Cuenta en <em>Septenario</em> el momento, hacia 1954, en que los alumnos del viejo Colegio Viera y Clavijo, que a&uacute;n estaba en un caser&oacute;n ingl&eacute;s de Las Canteras, escuchan la lectura de la <em>Odisea</em>. En palabras del mismo Padorno, &ldquo;yo iba superponiendo a la contemplaci&oacute;n del patinado arenal las invisibles estratagemas del astuto. De pronto, fragmentados del relato, unos pocos sonidos se trasfunden, antes de disiparse, en sucesivas sugerencias [&hellip;]; apenas dos palabras: &ldquo;c&oacute;ncavas naves&rdquo;, escuet&iacute;sima secuencia verbal que, a mi vez, fon&eacute;ticamente paladeo para dar raz&oacute;n a aquel desasosiego&rdquo;. Se trata de una experiencia intensamente sensorial (&ldquo;c&oacute;ncavas naves&rdquo;), pero tambi&eacute;n la marca de que un mundo mediterr&aacute;neo poblado de personajes m&iacute;ticos iba a tomar cuerpo, con mayor o menor discreci&oacute;n pero siempre presente, en la poes&iacute;a de Padorno.</p>
<p>Desde ese momento, Padorno es un poeta de resonancias cl&aacute;sicas y hel&eacute;nicas. Su poes&iacute;a, por muy atl&aacute;ntica que sea, siempre guarda un agradable dejo mediterr&aacute;neo que est&aacute; en sus temas y en ciertos acentos. As&iacute;, titula &ldquo;Cari&aacute;tides&rdquo; uno de sus primeros poemas. &ldquo;El Minotauro&rdquo; le sirve para reflexionar sobre los peajes del paso del tiempo, y lo retoma a&ntilde;os despu&eacute;s en &ldquo;Laberinto&rdquo;, en el libro <em>La echaz&oacute;n</em>. El ambiente recreado en varios poemas de <em>Comedia</em>, como &ldquo;&Uacute;ltima voluntad mediterr&aacute;nea&rdquo; o &ldquo;La pausa interminable del cantor&rdquo;, al igual que el lenguaje helenizante que alienta en el &ldquo;auriga&rdquo; que aparece en &ldquo;Ritmos&rdquo; o en el &ldquo;hermetismo d&oacute;rico de los domingos&rdquo; de &ldquo;Palabras para la arqueolog&iacute;a&rdquo;, transmite resonancias mediterr&aacute;neas e, incluso, a veces, hom&eacute;ricas. El mito de Afrodita aparece reflejado hace solo unos a&ntilde;os en el poemario <em>Hocus pocus</em>.</p>
<p>La cita de Ovidio que abre junto a la de Quasimodo <em>Metamorfosis </em>se refiere al mito de M&iacute;scelo, un aqueo enviado por H&eacute;rcules a fundar Crotona so pena de graves castigos y que, para ello, ha de quebrantar la ley de su ciudad natal, Ripes, que le proh&iacute;be expatriarse. Sometido a juicio por sus conciudadanos, llama a H&eacute;rcules en su ayuda y este cambia <em>in extremis</em> el color de las piedrecitas condenatorias, de negras a blancas, de manera que, en vez de culpable, aparece como inocente, queda libre y puede cumplir su mandato. No parece sino que el poeta sea un mandado de los dioses, que manejan su voluntad a su antojo y contra la ley humana, de manera que la experiencia creadora no puede ser otra cosa que un camino de incomprensi&oacute;n, de exilio e, incluso, de crimen, y, en todo caso, de sometimiento a esa voluntad ajena al poeta, pero implacable. No es casual que en <em>Septenario</em> emplee un nuevo mito unido a la condena y al destino, y que aluda al poeta (y a s&iacute; mismo) como un &ldquo;Prometeo que quiere conocer la largura de la cadena que lo une a su roca; sujeci&oacute;n que es memoria y adivinaci&oacute;n. Mi condena consiste en escribir <em>aquello</em> que tengo que escribir, por la osad&iacute;a de tratar de desvelar qu&eacute; predetermina mi mismeidad po&eacute;tica futura&rdquo;. De nuevo la creaci&oacute;n como transgresi&oacute;n y como cumplimiento de un destino ineludible que al mismo tiempo es condena, indefinici&oacute;n, y tambi&eacute;n sujeci&oacute;n, &uacute;nica salvaci&oacute;n y &uacute;nica aproximaci&oacute;n posible al conocimiento.</p>
<p>Quiero terminar con un breve recorrido por la figura de Palinuro, personaje del mito virgiliano que puede cerrar esta revisi&oacute;n de elementos universalizantes en la obra de Padorno por su condici&oacute;n de potente s&iacute;mbolo literario en todos los tiempos y lugares, nada distante, por cierto, al mencionado mito de Prometeo. Recordemos que Palinuro es el timonel de la nave de Eneas. Seg&uacute;n el relato de la <em>Eneida</em>, es visitado una noche por el dios Hipnos, que lo adormece y consigue que se precipite en el mar. Durante tres d&iacute;as con sus tres noches vaga por el Mediterr&aacute;neo, hasta que alcanza unas rocas en la costa del sur de Italia en las que, en lugar de la salvaci&oacute;n, encuentra a unos hombres que acaban con su vida y lo abandonan insepulto. Por ello, hasta que sus asesinos cumplan los designios de la Sibila de Cumas y den tierra a su cuerpo, su alma vagar&aacute; por el inframundo sin descanso, buscando su destino.</p>
<p>La figura de Palinuro hab&iacute;a sido ya reinterpretada por algunos autores medievales como una prefiguraci&oacute;n del sacrificio de Cristo: para Guillermo el Bret&oacute;n en su <em>Fil&iacute;pida</em> (siglo XIII), es el gu&iacute;a que sacrifica su existencia para que los otros puedan continuar su viaje. La petici&oacute;n de Palinuro a Eneas, &ldquo;l&iacute;brame de estos males, jefe invicto&rdquo;, resuena en la traducci&oacute;n latina del Salmo 59: &ldquo;l&iacute;brame, Se&ntilde;or, de mis enemigos&rdquo;.</p>
<p>Pero es Dante el que retoma el personaje s&iacute;mbolo y le saca buen partido en el <em>Purgatorio</em>, como corresponde a un alma en pena que busca su destino. Desde el siglo XIX numerosos cr&iacute;ticos han reconocido el <em>fatum</em> de Palinuro en el de todos aquellos que son excluidos del Purgatorio, sea por su condici&oacute;n pagana, sea por ausencia de sacramento o privaci&oacute;n de sepultura (como sucede con el rey Manfredo de Sicilia). Dante recuerda as&iacute; la necesidad del sacrificio que estaba tan presente en el poeta protegido de Augusto: de la misma manera en que en la <em>Eneida</em> la vida de Palinuro hab&iacute;a sido el precio impuesto por el dios Neptuno para proteger a Eneas en su viaje y en la <em>Fil&iacute;pida</em> es prefiguraci&oacute;n de Cristo, en la <em>Divina Comedia</em> sirve de modelo para todos aquellos que han de renunciar, aunque sea temporalmente, a su viaje hacia la salvaci&oacute;n, y no pueden descansar, siempre a la espera de su destino.</p>
<p>Padorno reconoci&oacute; el mismo modelo en un soneto de <em>Las rosas de H&eacute;rcules</em>, de Tom&aacute;s Morales, a quien llama &ldquo;Palinuro atl&aacute;ntico&rdquo; en un ensayo que le dedica a finales de los 90. &Eacute;l mismo asume esa identidad en un texto de <em>Entre el lugar y m&aacute;s all&aacute;</em>: &ldquo;Pero tambi&eacute;n me he visto en el futuro de esas orillas un destemplado Palinuro, una peque&ntilde;a llama sobre el haz de las aguas que los vientos de all&aacute; para ac&aacute; llevan y traen, aguardando el caer y el germinar seguro en otra mente&rdquo;. Es el poeta a la orilla del mar como Palinuro en busca de su redenci&oacute;n. Y lo es de forma m&aacute;s expl&iacute;cita a&uacute;n cuando publica <em>Cuaderno de apuntes y esbozos del destemplado Palinuro Atl&aacute;ntico</em>, un libro en el que la figura del timonel virgiliano aparece en el poema &ldquo;Entre risas de felices amigos&rdquo;. En este texto luminoso y magn&iacute;fico retoma los fruct&iacute;feros t&eacute;rminos vallejianos (&ldquo;su sola arca corporal, con su asido haz de huesos&rdquo;); retoma los ritmos universales y claudianos de la criba (&ldquo;la buscada exactitud con que del pu&ntilde;o del abuelo en redondo escapaban los granos musicales de millo&rdquo;); y retoma la figura del timonel que, ca&iacute;do en su tarea (&ldquo;la ca&iacute;da infinita hacia adentro&rdquo;), vaga en busca de su destino, en el recuerdo de la luz, de cuando &ldquo;ardi&oacute; una vez la mente&rdquo;, en la nostalgia del roce, en la conciencia de la uni&oacute;n no consumada con el lenguaje.</p>
<p>El s&iacute;mbolo que recorre y permea la literatura occidental desde Virgilio, pasando por Marcial, Guillermo el Bret&oacute;n, Dante y Tom&aacute;s Morales y, finalmente, toma carta de naturaleza simb&oacute;lica canaria en el <em>Palinuro Atl&aacute;ntico</em> de Padorno, reaparece en <em>Donde nada es todo lo asible</em>, en &ldquo;Apunte del <em>Cuaderno</em> del timonel&rdquo;, una bell&iacute;sima composici&oacute;n que reafirma la inextricable uni&oacute;n entre vida y poes&iacute;a, en la que vuelven el timonel, el adormecimiento y la frustrada promisi&oacute;n, que no es otra que &ldquo;la tierra/ cambiante del poema&rdquo;. La iron&iacute;a, casi el sarcasmo, cierra el poema, cuando recoge la despedida de aquella tarde: &ldquo;Da recuerdos a Forbas&rdquo;. Y es que Forbas es el nombre del compa&ntilde;ero del Palinuro virgiliano cuya forma hab&iacute;a adoptado el Sue&ntilde;o a fin de enga&ntilde;arlo y dejarlo caer al mar. Como vemos, cierta inteligente iron&iacute;a parece te&ntilde;ir los poemas de madurez de nuestro autor.</p>
<p>De Eugenio Padorno se puede decir que ha logrado construir un cuerpo po&eacute;tico dotado de una extrema coherencia tem&aacute;tica y formal, y que pivota entre los ejes de lo canario y de lo universal de forma impecable. <em>Acaso s&oacute;lo una frase incompleta (1965-2015)</em> es un libro imprescindible que culmina -por el momento- el permanente trabajo de reformulaci&oacute;n que caracteriza la obra de Padorno, y que a un <em>estado de la cuesti&oacute;n po&eacute;tica</em> padorniana a&ntilde;ade una excelente introducci&oacute;n de Jorge Rodr&iacute;guez Padr&oacute;n, la m&aacute;s exhaustiva bibliograf&iacute;a de y sobre su obra publicada hasta la fecha, una complet&iacute;sima cronolog&iacute;a y una colecci&oacute;n de ilustraciones que aproximan el volumen al concepto de cat&aacute;logo. El trabajo gr&aacute;fico de Sergio Hern&aacute;ndez Pe&ntilde;a es, en ese sentido, encomiable; y la iniciativa del editor, Jorge Liria, muy necesaria.</p>
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<p>Eugenio Padorno, <em>Acaso s&oacute;lo una frase incompleta (1965-2015)</em>, Las Palmas de Gran Canaria,&nbsp; Mercurio Editorial, 2018.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 28 Jan 2019 08:09:59 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Madrid: guía de efectos sensoriales]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/madrid-guia-de-efectos-sensoriales/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/MERCEDES_CEBRI_N.jpg" alt="" /></p>
<p>Cuando la UNESCO designa patrimonio de la humanidad a una ciudad la hace autom&aacute;ticamente depositaria de una responsabilidad gigantesca a nivel planetario. Su casco antiguo se vuelve intocable tras el prestigioso nombramiento. A partir de ese momento ha de ser preservado de los estragos hist&oacute;ricos, es decir: del terror&iacute;fico bloque de pisos de hormig&oacute;n o de la amenaza del r&oacute;tulo fe&uacute;chamente contempor&aacute;neo que sustituye al original de hace dos siglos. Custodiar parece ser entonces la idea, pero &iquest;custodiar qu&eacute;? &iquest;s&oacute;lo la arquitectura del XVIII? &iquest;las tallas de la escuela de Salzillo? &iquest;no ser&iacute;a conveniente ampliar&nbsp; el alcance de lo custodiable, de lo que hay que proteger de las inclemencias de la historia? Haciendo eso nos encontramos con ciudades interesantes que la UNESCO a&uacute;n no ha se&ntilde;alado con el dedo y que cuentan con otro tipo de patrimonios visuales, auditivos, olfativos y t&aacute;ctiles cuya desaparici&oacute;n tambi&eacute;n debemos evitar a toda costa. Madrid, aparte de contar con su Palacio Real, su monasterio de las Descalzas Reales y dem&aacute;s lugares incluidos en la lista del Patrimonio Nacional, posee un muestrario de bienes sensoriales con los que, ante todo, debemos reconciliarnos si en alg&uacute;n momento hemos despotricado sobre ellos, porque &iquest;qu&eacute; es finalmente el patrimonio de un pa&iacute;s o de una familia sino el conjunto de todo lo que se echar&iacute;a de menos si no estuviese ah&iacute;?</p>
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<p>Pensemos en la expresi&oacute;n &ldquo;alegrar la vista&rdquo;, una frase hecha que nos trae a la cabeza cristalinos disfrutando, retinas dejando pasar la mejor de las luces y conos y bastones dando saltitos. De Madrid nos alegran la vista, en un sentido u otro, <em>El jard&iacute;n de las Delicias</em> de El Bosco, la escultura de Lichtenstein que simula un brochazo en el patio del nuevo Reina Sof&iacute;a o los frescos goyescos de la ermita de San Antonio de la Florida. Hasta ah&iacute; todos, o la mayor&iacute;a, estamos de acuerdo. Pero hay otras im&aacute;genes y colores que conforman tambi&eacute;n el patrimonio visual madrile&ntilde;o y que nos esperan nada m&aacute;s aterrizar en la ciudad: los colores que anuncian Madrid son visibles ya antes de que el avi&oacute;n toque el suelo de la ciudad. Aterrizar es un verbo que ha debido de ser inventado por un madrile&ntilde;o, pues es <em>tierra</em> y su variante de colores (m&aacute;s amarillenta, m&aacute;s mostaza, m&aacute;s tirando a rojiza, m&aacute;s ocre) la primera palabra que se le viene a la cabeza a cualquiera que descienda en un avi&oacute;n y vea el color alpargata tan inequ&iacute;vocamente mesetario de Madrid. Los c&eacute;lebres <em>tonos tierra</em>, tan de moda temporada s&iacute;/temporada no, fueron seguramente lanzados a las pasarelas por un dise&ntilde;ador que bajaba hacia Madrid en avi&oacute;n.</p>
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<p>En nuestra b&uacute;squeda de colores madrile&ntilde;os tan t&iacute;picos como preservables, otro que ocupa bastantes, pero bastant&iacute;simos metros cuadrados es el rojo. Jean Nouvel se ha encargado de ello en su ampliaci&oacute;n del Reina Sof&iacute;a, con su ineludible fachada de charol rojo que ti&ntilde;e de una luz un poco putesca los balcones y visillos de las casas setenteras situadas enfrente, al final de la calle Argumosa, ya casi en la Ronda de Atocha. Y&nbsp; aunque no sea posible seguir una trilog&iacute;a crom&aacute;tica como la de las pelis de Kieslowski, con su azul y su blanco correspondientes (&iquest;y qui&eacute;nes har&iacute;an de Juliette Binoche e Ir&egrave;ne Jacob? &iquest;Quiz&aacute; P&eacute; y Pilar L&oacute;pez de Ayala?), s&iacute; que podemos encontrar otro color representativo de Madrid: el tono teja o canela, color local por antonomasia debido a la profusi&oacute;n de edificios de ladrillo visto. El Auditorio Nacional se hace eco de ello, en su aspecto como de construcci&oacute;n infantil formada por bloques sencillos y piececitas apilables.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dejando a un lado los colores y centr&aacute;ndonos en elementos tridimensionales caracter&iacute;sticos de la ciudad, no podemos omitir la presencia de aparatos de aire acondicionado presentes en un porcentaje alto de balcones, y en los que ya apenas reparamos. Si tuvi&eacute;ramos que explicarle a un amistoso habitante de Marte de ojos almendrados y piel verdusca qu&eacute; son esos aparatos no tendr&iacute;amos que hacer muchos aspavientos: s&oacute;lo con que experimente&nbsp; la poco afable temperatura que alcanza la ciudad en el mes de julio, &eacute;l, con sus movimientos siempre gr&aacute;ciles, asentir&iacute;a con la cabeza mostrando haber comprendido perfectamente. Expliqu&eacute;mosle tambi&eacute;n todo sobre el escaparatismo hostelero madrile&ntilde;o, con sus correspondientes animales de tierra y mar expuestos sin sarc&oacute;fago. Hag&aacute;mosle comprender la convivencia de pulpos, centollos y piernas de lechazo colocados sofisticadamente en vitrinas para disfrute o repugnancia visual de los paseantes. Pero atr&eacute;vase a entrar, hombre: esos animalillos o est&aacute;n muertos o son inofensivos gracias a la cinta aislante que rodea sus pinzas, en el caso de los bogavantes. Una vez dentro del bar-restaurante de turno y dejando a un lado la felicidad obtenida por la dosis de pulpo y piment&oacute;n que nos hayamos comido, nos topamos de lleno con otro elemento patrimonial, esta vez auditivo: el repertorio fraseol&oacute;gico del hostelero madrile&ntilde;o, cuya expresi&oacute;n &ldquo;oido cocina&rdquo; es un ejemplo aplaudible de econom&iacute;a del lenguaje, una modalidad hostelera del <em>cambio y corto</em> empleado en la jerga bizarra de la comunicaci&oacute;n por <em>walkie-talkie</em>. El lenguaje camareril tradicional no se debe perder. Al igual que el etnomusic&oacute;logo va por los pueblos grabando canciones populares interpretadas por ancianos desdentados, el habitante de Madrid deber&iacute;a grabar las frases del camarero madrile&ntilde;o, de ese que hace entrechocar las gord&iacute;simas tazas de cafeter&iacute;a que nunca, nunca parecen romperse. Pero ese lenguaje que divierte y repele al mismo tiempo se est&aacute; acabando inevitablemente debido a la jubilaci&oacute;n de sus generadores. Por eso urge crear una escuela de camareros a la madrile&ntilde;a donde se aprenda a proferir gritos ensordecedores, canturreos de coplas y melod&iacute;as en desuso y, de repente, una inesperada frase ultracari&ntilde;osa con profusi&oacute;n de diminutivos, del estilo de &ldquo;un cafetito y una tostadita por aqu&iacute;&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los costumbristas que anden al acecho de sonidos dar&iacute;an lo que fuera por hallar la melod&iacute;a de la arm&oacute;nica del afilador en medio del bullicio de una capital de varios millones de habitantes. Con paciencia y aguzando el o&iacute;do la encontrar&aacute;n. Es real que se oye en ocasiones la escalita sonora que, a modo de flauta de Hamelin, anuncia la llegada del profesional que convertir&aacute; nuestros cuchillos y tijeras en instrumentos peligrosos. Por supuesto, el afilador no ejerce su profesi&oacute;n en las inmediaciones de la torre Picasso, ni en las del recinto ferial de Campo de las Naciones: se presenta en Lavapi&eacute;s o en el Madrid de los Austrias con disimulo, y con su silbidito artificial a modo de contrase&ntilde;a ofrece sus servicios a los vecinos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al abandonar el mundo del oido y pasar al apartado de olores se hace necesaria una menci&oacute;n de honor a uno bien tradicional y casi exclusivamente experimentado por mujeres. Todas aquellas que hayan dejado Madrid en favor de ciudades como Helsinki o Chicago no podr&aacute;n sino echar de menos el olor de la cera caliente de la peluquer&iacute;a de turno, con sus connotaciones de da&ntilde;o pero tambi&eacute;n de alivio final tras el pleno cumplimiento de los c&oacute;digos est&eacute;ticos vigentes en Occidente.&nbsp; Pero Occidente es m&aacute;s variado de lo que nos quieren hacer creer las mentes globalizantes, de ah&iacute; que al volver a Madrid tras visitar otras ciudades comprobemos con &iquest;alivio? &iquest;sorpresa? que el patrimonio oloroso del centro tur&iacute;stico de Madrid a&uacute;n no est&aacute; emparentado con el olor a mantequilla refrita tradicionalmente imperante en los centros de las ciudades angloamericanas. Ese aroma corporativo de zona tur&iacute;stica sobreiluminada que hace que lugares tan alejados el uno del otro como Picadilly Circus o Times Square huelan atrozmente igual, todav&iacute;a no ha llegado a la puerta del Sol, a la Plaza Mayor o a la Gran V&iacute;a: se limita a permanecer en cadenas de establecimientos conocidos por todos y por el momento no se atreve a salir, como si supiera que va a ser considerado aroma inaceptable. Por supuesto que la idea de <em>fritanga</em> est&aacute; por todas partes en Madrid: en la croqueta, en la tajada de bacalao rebozada de Casa Labra, en los terror&iacute;ficos zarajos y gallinejas de las verbenas, s&iacute;, pero es fritanga elaborada con una grasa que suponemos mediterr&aacute;nea, que suponemos procedente del fruto del olivo, y aunque no sea&nbsp; ni mejor ni peor, es al menos distinta al spray ambientador modelo centro urbano con neones y atracciones tur&iacute;sticas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al abandonar el universo del olfato y pasar al gustativo empezamos a salivar de inmediato pensando en las especialidades de ciertos restaurantes y tabernas. Razones no faltan: sin temor a equivocarnos podr&iacute;amos considerar las croquetas (bueno, no <em>todas </em>las croquetas) como patrimonio papilar de Madrid. Pero aqu&iacute; nos estamos refiriendo a los sabores madrile&ntilde;os que, a modo de magdalena o donut proustiano nos retrotraer&iacute;an inmediatamente a esta ciudad. La idea ser&iacute;a: muerdo esto y me sabe a Madrid, al igual que un chupa-chups Kojak con su centro de chicle harinoso y sobreedulcorado nos sabe autom&aacute;ticamente a infancia. Uno de los principales candidatos a ser designado sabor oficial de la ciudad ser&iacute;a el bocadillo de calamares que, no nos enga&ntilde;emos, va a desaparecer pronto del escenario madrile&ntilde;o. Somos nosotros quienes debemos preservar el recuerdo de su sabor para explic&aacute;rselo a los ni&ntilde;os del futuro (&ldquo;en esta ciudad, mis queridos ni&ntilde;os, hubo una vez bocadillos de calamares cortados en aros, enharinados y fritos en aceite muy caliente&rdquo;). Y al decir aceite se nos viene tambi&eacute;n a la cabeza el vinagre que lo acompa&ntilde;a en las ensaladas y que es el principal responsable de la conservaci&oacute;n de aceitunas y boquerones, alimentos que ya poseen la ciudadan&iacute;a madrile&ntilde;a, como casi le ocurre al sushi de at&uacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La tarea de encontrar los sabores m&aacute;s representativos de la ciudad no es sencilla pues el muestrario de sabores identificables con Madrid ha crecido exponencialmente en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, y m&aacute;s que siguen llegando de la mano de los nuevos habitantes que aqu&iacute; se instalan. Quiz&aacute; tengan que pasar d&eacute;cadas para que el dulce de leche o el de guayaba sean tan asociables a Madrid como el curry lo es a Londres. Mientras tanto, el hipercal&oacute;rico manjar se va filtrando en silencio en tartas, helados y alfajores y sin darnos cuenta nos adaptamos a &eacute;l (no nos resulta dif&iacute;cil); como quien no quiere la cosa le decimos al heladero que en esta ocasi&oacute;n sustituiremos la bola de chocolate blanco de siempre por una del adictivo dulce. Y es que a Madrid hay que transmitirle lo nuevo enga&ntilde;&aacute;ndolo como se enga&ntilde;a a un ni&ntilde;o al darle una medicina disimulada con un terr&oacute;n de az&uacute;car, pero una vez que ha decidido adoptar la nueva costumbre, se hace adicto tanto al terr&oacute;n como al medicamento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por &uacute;ltimo, no debemos dejar de lado el patrimonio t&aacute;ctil de Madrid, que incluir&iacute;a sin duda esas paredes de gotel&eacute; en altorrelieve, fieles imitaciones de paredes intestinales en las que es posible masajearse la espalda si uno se frota convenientemente. Llegar&aacute; un d&iacute;a en el que se erradique el gotel&eacute;. Ese d&iacute;a, muchos descorchar&aacute;n botellas de cava para celebrarlo, pero a&ntilde;os despu&eacute;s les entrar&aacute; la nostalgia y buscar&aacute;n de nuevo el gotel&eacute; para tocarlo y experimentarlo, y el &uacute;nico lugar del universo donde quedar&aacute;n restos ser&aacute; Madrid. Aqu&iacute; permanecer&aacute;, iluminado desde el techo por una luz fluorescente que lo sombrear&aacute; de manera expresionista, y vendr&aacute;n hordas de turistas a verlo, sin distinci&oacute;n de raza, credo o nacionalidad, y esos mismos visitantes experimentar&aacute;n la solidez del chocolate a la taza, que se ha de medir en gramos y no en centilitros porque es s&oacute;lido y tridimensional: pesa y ocupa espacio. Desde aqu&iacute; hacemos un llamamiento al viajero franc&eacute;s, sueco o suizo que, desconocedor de esta realidad, pedir&aacute; un chocolatito ligero para rematar su cena y no lograr&aacute; conciliar el sue&ntilde;o tras la experiencia contundente. Y ya para terminar, ser&iacute;a imperdonable que nos olvid&aacute;semos del tacto del armi&ntilde;o ficticio de la capa del rey Mago de la cabalgata del 5 de enero, o del placer t&aacute;ctil de la barba de pelo tan falso como suave del concejal del Ayuntamiento elegido para hacer de Melchor o de Gaspar ese a&ntilde;o: &iquest;Se os&nbsp; ocurren mejores texturas para una ciudad?&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 21 Jan 2019 08:21:48 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La importancia del final]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-importacia-del-final/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2019/wolf500.jpg" alt="" /></p>
<p>En el prefacio que Shelley escribe en nombre de su mujer Mary Wollstonecraft<strong>&nbsp;</strong>para <em>Frankenstein</em>, se&ntilde;ala los modelos de la poes&iacute;a &eacute;pica y dram&aacute;tica antigua y moderna, desde la <em>Il&iacute;ada</em> de Homero al <em>Para&iacute;so perdido</em> de Milton, pasando por <em>La tempestad</em> y <em>El sue&ntilde;o de una noche de verano</em> de Shakespeare, que considera no solo los moldes primigenios de &ldquo;la verdad de los principios de la naturaleza humana&rdquo;, sino tambi&eacute;n los insoslayables patrones que deben guiar al &ldquo;humilde novelista&rdquo; en sus &ldquo;creaciones en prosa&rdquo;.</p>
<p>Am&eacute;n del concepto ancilar y esencialmente l&uacute;dico que para los rom&aacute;nticos como Shelley tienen el relato y la novela, frente a la grandeza tr&aacute;gica y filos&oacute;fica de la Poes&iacute;a, en esas afirmaciones, tanto la poes&iacute;a &eacute;pica, como la dram&aacute;tica, se consideran fen&oacute;menos y entidades narrativas previas y superiores, es verdad, pero, al final, an&aacute;logas al relato en prosa que es la novela.</p>
<p>Por eso, no se extra&ntilde;e, el lector, de que en este &ndash;tal vez insensato&ndash; experimento, que ahora comienza, que hemos titulado &ldquo;La Importancia del Final&rdquo;, se dote de nuevos finales tanto a grandes relatos &eacute;picos de la antig&uuml;edad cl&aacute;sica, como a algunas conocidas tragedias y comedias &ndash;e incluso romances&ndash;, junto a un buen ramillete de novelas modernas, pues todas ellas son <em>historias</em> que han pasado al acervo del lector curioso y obstinado; y algunas de ellas &ndash;bastantes&ndash; han terminado por convertirse incluso en lugares comunes de la cultura popular, para los que leen y para los que no leen, ni piensan leer ya nunca.</p>
<p>Ser&aacute;n tres los finales nuevos e inesperados que ofreceremos en cada entrega, de tres <em>historias</em>, cada una de tiempos diversos y de naturalezas distintas. Es nuestro deseo que disfruten del experimento, ideado, finalmente, para lectores de publicaciones tan s&oacute;lidas como esta, en tiempos tan l&iacute;quidos &ndash;e incluso gaseosos&ndash; como estos.</p>
<p align="center">***</p>
<p align="center"><strong>1</strong></p>
<p>&iquest;Por qu&eacute; comenzar con la <em>Odisea</em> esta serie de finales alternativos de <em>historias</em> y relatos que han constituido una parte del canon occidental o del castellano? Parece obvio, y lo es; la <em>Odisea</em> es, en el imaginario de la inmensa mayor&iacute;a, el relato fundacional, junto con la <em>Iliada</em>, de nuestra cultura; pero es que, adem&aacute;s, en lo que se refiere a mi memoria personal, como lector, la <em>Odisea</em>&nbsp; me devuelve a mi juventud, a mi etapa de estudiante de Filolog&iacute;a en la Universidad Aut&oacute;noma de Madrid, all&aacute; por los finales del franquismo y el inicio de la Transici&oacute;n, cuando nos ejercit&aacute;bamos en su traducci&oacute;n, y qued&oacute; grabada en mi mente su met&aacute;fora inicial, la primera de nuestras grandes met&aacute;foras, suave y hermosa, con la Aurora acariciando el mundo con sus dedos rosados. Y, luego, con el paso del tiempo, con m&aacute;s a&ntilde;os, con m&aacute;s lecturas y experiencia de la vida, espero, el reconocimiento de la peripecia de Ulises, como el primero de los modelos po&eacute;ticos de peripecia humana, antes de la otra gran peripecia cervantina.</p>
<p>He aqu&iacute;, pues, el final que ahora, al cabo del tiempo, de la experiencia de las cosas y de la relectura apasionada de su <em>historia</em>, me hubiese gustado leer.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Odisea</strong>, de Homero</p>
<p>(Ulises a&ntilde;ora a Calipso)</p>
<p><em>&hellip; Dio un grito terrible el que paciente hab&iacute;a sufrido, el divino Ulises, y dio un salto de &aacute;guila voladora en las alturas. En ese momento, el Cronida arroj&oacute; su rayo ardiente justo delante de la de ojos radiantes, hija de poderoso padre, que sin dilaci&oacute;n se dirigi&oacute; a Ulises: &laquo;Hijo de Laertes, de linaje divino, Ulises, rico en artima&ntilde;as, contente, abandona este combate de iguales, no sea que el Cronida se irrite contigo, el que todo lo ve, Zeus.&raquo; As&iacute; habl&oacute; Atenea; y &eacute;l obedeci&oacute; y se alegr&oacute; de ello. Y Palas Atenea, la hija de Zeus, el protector, con la voz y el cuerpo de Mentor, estableci&oacute; entre ellos un acuerdo de paz eterna&hellip;</em></p>
<p>Y la paz, como el amor y la paciencia de Pen&eacute;lope, eran tan amables y vino tan pre&ntilde;ada de ventura y de dones, que a todos satisfac&iacute;an, pero no al hijo de Laertes, pues en su interior se hab&iacute;a instalado una inquietud porfiada y constante; y, cuando se cumpl&iacute;an tres a&ntilde;os justos de su regreso, mientras contemplaba, desde la ventana de la c&aacute;mara real, el mar, una fr&iacute;a madrugada, Ulises sinti&oacute; como un pinchazo interior, como una intensa comez&oacute;n del esp&iacute;ritu, que no era fruto del relente matutino.</p>
<p>Hac&iacute;a tiempo que le suced&iacute;a, al amanecer o en los dulces atardeceres de &Iacute;taca, sobre todo, cuando estaba solo y su mirada vagaba sin rumbo, como una imparable corriente, por el paisaje o por el cielo, o por los recuerdos del tiempo transcurrido desde la toma de Troya hasta la llegada a su reino, y por la venganza cumplida, al llegar, y por el reencuentro con Pen&eacute;lope y con Tel&eacute;maco, el hijo dilecto y devoto como su madre, y con todos los suyos. Era un ansia y un deseo invencible.</p>
<p>Y as&iacute; fue como en esa fr&iacute;a madrugada se decidi&oacute; finalmente; volvi&oacute; su rostro hacia la penumbra del dormitorio real, apenas iluminada por el hacha encendida; en cuyo lecho, cubierta de suaves lienzos y de pieles, dorm&iacute;a su esposa, la mujer que le hab&iacute;a sido fiel durante veinte a&ntilde;os, que se hab&iacute;a guardado a ella misma y a su casa, y que hab&iacute;a preservado, con su tenacidad e ingenio, para &eacute;l el dominio sobre los hombres, las bestias y las tierras de su reino&hellip; Y, por primera vez, desde su llegada fue consciente del devastador paso del tiempo por su piel, por sus pechos y por sus caderas. Contempl&oacute; el cuerpo envejecido, y el desasosiego y la comez&oacute;n interior fueron ya insoportables, pues ve&iacute;a como los estragos del tiempo tambi&eacute;n se hab&iacute;an cebado en su piel y en sus m&uacute;sculos.</p>
<p>Durante unos instantes, lucharon dentro de &eacute;l los deseos enfrentados que batallaban en su alma, era una lucha sin cuartel; ide&oacute; mil tretas y mil arbitrios s&oacute;lo propios de la mente de Ulises, el astuto; pero no encontr&oacute; ninguna soluci&oacute;n que le evitase el dolor y la angustia que sent&iacute;a, la imagen seductora y atractiva de Calipso se le hac&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s v&iacute;vida y material con cada astucia ideada; su poder de atracci&oacute;n se agrandaba, a medida que era m&aacute;s consciente de su propia decadencia, y el deseo de volver a su lado, a sus brazos torneados, a su piel suave, a sus senos tersos y redondos, al olvido, a la paz y al bienestar de Ogigia, la isla de ba&ntilde;os y playas apacibles, fue ya irresistible.</p>
<p>Cerr&oacute; los ojos, aspir&oacute; la brisa fresca de ese instante en que el alba se anunciaba ya en la noche; esa hora en la que los sue&ntilde;os y los deseos a&uacute;n son posibles, se adentr&oacute; en la penumbra, tom&oacute; su espada y su daga, la capa y las sandalias y con el sigilo de un ladr&oacute;n recorri&oacute; los pasillos, las estancias y los pasadizos m&aacute;s apartados y secretos del palacio; solo al doblar la cumbre que le ocultar&iacute;a, ahora s&iacute;, ya para siempre su casa, volvi&oacute; su vista y a punto estuvo de regresar al dormitorio, junto a Pen&eacute;lope a&uacute;n dormida, pero Calipso le llam&oacute; de nuevo desde su lejano retiro en el mar oc&eacute;ano; sacudi&oacute; su cabeza en un gesto instintivo de reproche, choc&oacute; sus pu&ntilde;os cerrados y baj&oacute; la falda del collado hacia la playa, en donde la embarcaci&oacute;n esperaba lista para la partida, como siempre.</p>
<p>Las olas acariciaban la l&iacute;nea elegante de su quilla; despert&oacute; a tres de sus hombres m&aacute;s fieles y les dijo:</p>
<p>&minus; Despertad, el deseo y el hast&iacute;o me reclaman&hellip; Ser&eacute; inmortal&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>2</strong></p>
<p><em>La fuerza de la sangre</em>, la enigm&aacute;tica novelita de Cervantes siempre me produjo una desagradable incomodidad, hasta que, con los a&ntilde;os tambi&eacute;n, por una serie de circunstancias, comprend&iacute;, por fin, su endiablado doble final<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>, que le daba pleno sentido y me reconciliaba con ella y, en parte, con el mismo Cervantes. La he elegido, en segundo lugar, as&iacute;, pues, no solo por ser de quien es, sino porque el enigm&aacute;tico sentido de esta novelita me persigui&oacute; durante a&ntilde;os hasta que descubr&iacute;, justamente, la importancia de leer con atenci&oacute;n el final de las historias.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>La fuerza de la sangre</strong>, de Miguel de Cervantes</p>
<p>(muy breve)</p>
<p><em>&hellip; Lleg&oacute;se, en fin, la hora deseada, porque no hay fin que no le tenga. Fu&eacute;ronse a acostar todos, qued&oacute; toda la casa sepultada en silencio, en el cual no quedar&aacute; la verdad deste cuento, pues no lo consentir&aacute;n los muchos hijos&nbsp;y la ilustre descendencia que en Toledo dejaron, y agora viven, estos dos venturosos desposados, que muchos y felices a&ntilde;os gozaron de s&iacute; mismos, de sus hijos y de sus nietos, permitido todo por el cielo y por&nbsp;la fuerza de la sangre, que vio derramada en el suelo el valeroso, ilustre y cristiano abuelo de Luisico.</em> Aunque dicen que, en aquel silencio f&uacute;nebre y sepulcral de aquel caser&oacute;n a oscuras, a veces, se escucha el callado y desesperado sollozo de una mujer que recuerda cada noche, en lo m&aacute;s rec&oacute;ndito, la de su violaci&oacute;n&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>3</strong></p>
<p>El tercero de los finales lo he elegido en homenaje a Ana Mar&iacute;a Navales, amante estudiosa y admiradora de la obra de la gran Virginia Woolf, y vinculada, de un modo indeleble, a la memoria de TURIA; compa&ntilde;era de vida, adem&aacute;s, de un buen amigo fiel y entra&ntilde;able, bueno entre los buenos, en el buen sentido de la palabra, Juan Dom&iacute;nguez Lasierra&hellip; Sin contar que <em>Las olas</em> es una de las m&aacute;s conocidas novelas de la Woolf, en donde sigue la estela de Joyce, pero de un modo muy suyo, dentro y fuera, a un tiempo, del cerco impuesto por las visibles e invisibles verjas de Bloomsbury.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Las olas</strong>, de Virginia Woolf</p>
<p>(al fin Percival)</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em>&hellip; como Percival cuando galopaba en la India. Pico espuelas. &iexcl;Contra ti me lanzar&eacute;, entero e invicto, oh Muerte!&raquo;</em></p>
<p><em>Las olas romp&iacute;an en la playa.</em></p>
<p>&laquo;&hellip; Oh, Susan, qu&eacute; magn&iacute;fico escudri&ntilde;amiento es todo del alma de los seres normales&raquo;, dice, al fin, Percival, desde la muerte, &laquo;y de los seres especiales, a pesar del miedo, querida Rhoda. Y qu&eacute; lejos del alma de los trabajadores y de los tenderos, &iquest;eh, Jinny? Cu&aacute;nta energ&iacute;a e intensa belleza gastada en mi in&uacute;til invenci&oacute;n, amado Neville; y qu&eacute; derroche imperdonable ser&iacute;a depreciarla, esa facilidad para la invenci&oacute;n y para las palabras, &iquest;no es as&iacute;, Bernard? Aunque nos d&eacute; rabia y nos embargue la desaz&oacute;n, sobre todo por ti, Louis&hellip;&raquo;</p>
<p>&raquo;Al fin, yo no soy m&aacute;s que una invenci&oacute;n vuestra, como las olas y como los amaneceres y los atardeceres que se supone que vivimos juntos&hellip; En realidad, solo apetito, estupefacci&oacute;n y palabras; y tambi&eacute;n el vaticinio de la Muerte&hellip;</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [1] &ldquo;<em>La fuerza de la sangre</em>, Beyond a reasonable doubt: la cuesti&oacute;n del doble final&rdquo;. &nbsp;Verba Hispanica: anuario del Departamento de la Lengua y Literatura Espa&ntilde;olas de la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras de la Universidad de Ljubljana,&nbsp;N&ordm;. 2, 1992,&nbsp;p&aacute;gs.&nbsp;71-78.<br clear="all" /> &nbsp;</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 21 Jan 2019 07:39:04 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los relatos de Lorrie Moore o Bob Marley haciendo quimioterapia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/los-relatos-de-lorrie-moore-o-bob-marley-haciendo-quimioterapia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/LORRIE_MOORE_3.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>Un prefacio imprescindible</strong></p>
<p>He escrito en alguna ocasi&oacute;n que la calidad y la variedad de la cuent&iacute;stica norteamericana contempor&aacute;nea, as&iacute; como el &eacute;xito de este g&eacute;nero, es el resultado de una apreciaci&oacute;n cr&iacute;tica y un prestigio social fruto de la larga tradici&oacute;n de los programas de &ldquo;Creative Writing&rdquo; y de la labor de las publicaciones peri&oacute;dicas dedicadas al relato (en ambos casos hay espacio de reflexi&oacute;n, de cr&iacute;tica, de innovaci&oacute;n). No es ajeno a esta din&aacute;mica, un modelo de ense&ntilde;anza de posgrado no ha renunciado a la deriva profesionalizante de sus estudiantes, y que ha implementado f&oacute;rmulas para el encuentro entre los creadores del presente y del futuro en un ambiente de intercambio de ideas estructurado en torno a la idea de &ldquo;taller&rdquo;.<a title="" href="#_ftn1">[1]</a></p>
<p>No es menos cierto que, a mi juicio, han sido algunas autoras quienes m&aacute;s han arriesgado en el desarrollo de este g&eacute;nero. Lydia Davis (1947) abre una l&iacute;nea (con la Ur-propuesta de Alice Munro, 1931) que despu&eacute;s han transitado, mostrando otros caminos, por ejemplo, Amy Hempel (1951), Lorrie Moore (1957) o Miranda July (1974). Todas ellas se alimentan, en distintas dosis,&nbsp; de la elasticidad de los materiales narrativos pero tambi&eacute;n de su resistencia, en un constante trabajo de ingenier&iacute;a literaria donde el concepto de &ldquo;tensi&oacute;n&rdquo; pone a prueba estos mismos materiales. Superada muy pronto la dicotom&iacute;a realidad-ficci&oacute;n (la lectura en clave es agotadoramente productiva aunque tiene sus l&iacute;mites muy pr&oacute;ximos), interesa m&aacute;s c&oacute;mo se abordan las relaciones humanas y de pareja, la introspecci&oacute;n, la sociedad contempor&aacute;nea, la infancia, la literatura, desde una perspectiva falsamente naif, decididamente intelectualizada en unos casos, ir&oacute;nicamente minimalista en otros. Los relatos de la autora nacida en Glens Falls (Nueva York) en 1957 se han venido publicando desde la aparici&oacute;n de su primer libro, <em>Autoayuda</em>, que vio la luz en 1985<a title="" href="#_ftn2">[2]</a>. Con posterioridad ha publicado otras tres colecciones de cuentos: <em>Como la vida misma</em> (1989), <em>P&aacute;jaros de Am&eacute;rica</em> (1998) y <em>Gracias por la compa&ntilde;&iacute;a</em> (2014)<a title="" href="#_ftn3">[3]</a>. Existe tambi&eacute;n una recopilaci&oacute;n de sus libros de relatos en <em>The Collected Stories</em>, de 2008<a title="" href="#_ftn4">[4]</a>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Lorrie Moore como (falsa) stand-up comedian</strong></p>
<p>Lorrie Moore cuenta para que no demos nada por descontado. Si Lorrie Moore decidiera subirse al escenario de un club de una sala de conciertos, de un teatro, de un garito, para hacer un mon&oacute;logo, podr&iacute;a sin mucho problema hilvanar su mon&oacute;logo c&oacute;mico. Esto no quiere decir que Lorrie Moore sea una humorista, ni mucho menos. Pero sabe con toda seguridad que para expresar su labor creadora habr&iacute;a que darle la vuelta a la opini&oacute;n de uno de sus personajes y que pasara de ser un &ldquo;lienzo sobre el que uno escrib&iacute;a su amor retorcido y su ingenio dudoso&rdquo; a un ingenio retorcido y un amor dudoso. Los perros de los relatos de Morre se llaman Cat, los adolescentes provocan el espanto del d&iacute;a a d&iacute;a (&ldquo;Sin duda, para eso se hab&iacute;a inventado la fe: para criar a los adolescentes sin morir. Aunque por supuesto tambi&eacute;n era la raz&oacute;n por la que se hab&iacute;a inventado la muerte: para escapar a los adolescentes por completo&rdquo;), los adultos formales y formados hacen bromas subidas de tono &ndash;intelectual- en fiestas aburridas (&ldquo;Ten, toma un poco de ginebra. Entra limpia y fuerte: &iexcl;como la filosof&iacute;a alemana! &ndash;Sonri&oacute; y mir&oacute; el lago-. En una &eacute;poca fui fil&oacute;sofo. Pero no era muy bueno&rdquo;).</p>
<p>Su humor es sarc&aacute;stico, oximor&oacute;nico. Con el estilo de stand-up comedian, con frases cortantes, con definiciones duras, con ideas y asociaciones inesperadas, juegos de palabras (Barama en vez de Brocho), mucha pol&iacute;tica camuflada de juegos sociales. En los relatos de Lorrie Moore hay una inflexible norma que garantiza no poder vendas antes de hacerse la herida (&ldquo;Una mujer tiene que elegir su infelicidad particular con cuidado. Era la &uacute;nica felicidad de la vida: elegir la mejor infelicidad. Un movimiento imprudente, Dios santo, y podr&iacute;as echarlo todo a perder&rdquo;) pero se sabe desde el principio que el dolor va a ser profundo a pesar de la pantalla protectora contra los rayos uva de la infelicidad que proporciona el sarcasmo (&ldquo;Por supuesto, m&aacute;s tarde entender&iacute;a que todo esto significaba que ten&iacute;a una relaci&oacute;n con otra mujer, pero en la &eacute;poca, para proteger su vanidad y su cordura, solo admit&iacute;a dos hip&oacute;tesis: tumor cerebral o extraterrestre&rdquo;). Sus personajes deambulan por el mundo tratando de encontrar una felicidad peque&ntilde;a, dom&eacute;stica, que huya de la autoconsciencia de absorbente y manipuladora. La defensa contra el terror cotidiano, contra la muerte, el desamparo, la enfermedad (el c&aacute;ncer es un tema recurrente a lo largo de su obra), la imposibilidad de entenderse, es un aguij&oacute;n siempre alerta (&ldquo;Despu&eacute;s de que sonara una peque&ntilde;a campana, todo el mundo iba a sentarse, no solo los que ya estaban en silla de ruedas&rdquo;) que solo notamos despu&eacute;s de un largo rato.</p>
<p>En Lorrie Moore el estilo no es un concepto vac&iacute;o o meramente ornamental. El estilo afecta a la concepci&oacute;n del lenguaje como un organismo vivo, en constante transformaci&oacute;n, merecedor de atenci&oacute;n y atenciones, extensible, abierto, lleno de posibilidades. Con capacidad para la iron&iacute;a, el juego de palabras, al humor, al doble sentido, a la dialog&iacute;a. La exigencia para con el lector es evidente. La exigencia para con el lector extranjero lo es a&uacute;n m&aacute;s (queda solo aqu&iacute; apuntada la importancia de las traducciones en la narrativa breve de Lorrie Moore, su papel determinante en la comprensi&oacute;n de textos tan complejos). Con estos se consigue el efecto de neutralizar la excesiva intelectualizaci&oacute;n de los contenidos o la no menos excesiva sentimentalizaci&oacute;n de las relaciones humanas<a title="" href="#_ftn5">[5]</a>:&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;A ella le preocupaban la inexperiencia y la autoestima. En el cine, cuando &eacute;l susurraba: &ldquo;Mira, ah&iacute; sales t&uacute;. Twentieth Century Fox, la zorra del siglo XX&rdquo;.</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Espero que no seas checa &ndash;dec&iacute;a, siempre con la misma broma, se&ntilde;alando la nota de la caja registradora, que anunciaba: NO SE ADMITEN CHEQUES, GRACIAS.</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las hormigas son mis amigas. / Su respuesta est&aacute; en el viento.</p>
<p class="ListParagraphCxSpLast">-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entro en la consulta del doctor Morcutt (&ldquo;&iquest;Morcutt?&rdquo;, clam&oacute; Gerard. &ldquo;&iquest;Vas a ir a un dentista que se llama Morcutt?&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>A pesar de tanto dolor, la poes&iacute;a</strong></p>
<p>El car&aacute;cter directo, mordaz, impertinente, de los relatos de Lorrie Moore se equilibra con una acusada tendencia hacia lo que podr&iacute;amos denominar un &ldquo;lenguaje po&eacute;tico&rdquo; poco previsible. No quiere esto decir que se renuncie a la narraci&oacute;n, sino que esta queda atemperada por un estilo de alta potencialidad l&iacute;rica, por m&aacute;s que esta potencialidad se alcance a trav&eacute;s de un obsesivo alejamiento de los mecanismos rituales de eso que se ha dado en llamar &ldquo;lo po&eacute;tico&rdquo;. En Moore el lenguaje tiende a estirar su capacidad de asociacionismo, tiende a multiplicar los espacios de encuentro entre lo banalmente sentimental y lo que toca directamente a las entra&ntilde;as. No se renuncia jam&aacute;s a llegar hasta el l&iacute;mite de una expresividad que en mano de otros autores sonar&iacute;a superficial, impostada o falsa &ldquo;&hellip;c&oacute;mo el suelo desprend&iacute;a su olor f&eacute;rtil a lombrices despiertas&rdquo;), como no se renuncia a indagar en lo m&aacute;s &iacute;ntimo hasta salir con las manos manchadas con la irrenunciable grasa de la vida real (&ldquo;La gente no deb&iacute;a estar en el planeta solo para llorar p&eacute;rdidas. Yo hab&iacute;a visto a una madre de familia convertirse en un rododendro con una placa, junto al aparcamiento del campo de f&uacute;tbol, como si la hubiera matado ver tantos partidos. Hab&iacute;a visto a un escritor joven y brillante que se transform&oacute; en un premio de escritura, como si tanto escribir hubiera acabado con &eacute;l. Y hab&iacute;a visto a un abogado de oficio convertirse en un fondo de asistencia legal, como si pagaras por la justicia con la vida. Hab&iacute;a visto que una docena de personas se transformaban en trozos de roca, con los nombres inscritos de forma tan estremecedora sobre la superficie que parec&iacute;a que se hubieran convertido en piedra, despu&eacute;s de recibir una vida nueva como la luna la recibe, a trav&eacute;s de algunos trucos de iluminaci&oacute;n y una fuente con aspecto de cara. Hab&iacute;a pasado cien tarjetas de Rolodex a sus caras en blanco. Por tanto, qu&eacute; m&aacute;s daba que una canguro volviera a ser una novia. Que se casara una y otra vez. Tanto amor urgente y vivo retumbaba bajo tierra y mor&iacute;a all&iacute;, sin haberse llegado a expresar nunca, de modo que se pod&iacute;a permitir que una intempestiva atracci&oacute;n errante se saliera con la suya. Hab&iacute;a muy poco tiempo&rdquo;).</p>
<p>Desde sus inicios, la narrativa corta de Lorrie Moore (y esto no es algo que se haya atemperado con el paso del tiempo), se ocupa del dolor, tambi&eacute;n del dolor infantil, de los hospitales con sus ensayos cl&iacute;nicos y su asepsia, de las relaciones humanas entre personas que se necesitan entre s&iacute; tanto como se necesitan a s&iacute; mismas (&ldquo;Personajes abandonados, cultos, hipersensibles, que se comen las muestras de los supermercados y esperan a que aparezcan los humidificadores de frutas y verduras para poner los brazos bajo el agua, para ducharse con las lechuga&rdquo;) y que saben, al mismo tiempo, que todos los cuentos ya se han contado, que la literatura, el arte, han dado cuenta (y cuento) de las emociones pasadas con un lenguaje que ya no puede servir; y que saben tambi&eacute;n (los personajes parecen saberlo todo en Lorrie Moore) que han le&iacute;do ya ese cuento, han recitado ese poema (&ldquo;&iquest;Qu&eacute; poeta de segunda fila se hab&iacute;a apoderado de las leyes del divorcio?&rdquo;), han visto por en&eacute;sima vez esa cuadro, han escuchado mil veces repetida el aria que da cuenta del mundo. Y que les sirve todo ello, a pesar buscar el t&eacute;rmino exacto de una comparaci&oacute;n que, si bien no salva, al menos es capaz de acompa&ntilde;ar cuando acaba el d&iacute;a (&ldquo;Ah&iacute; estaba otra vez, inclinado sobre sus rodillas, desnudo como un chelo&rdquo;; &ldquo;Era abril y el tiempo hab&iacute;a cambiado hacia algo opresivamente agradable, con una brisa urbana de ajo, diesel y Jacinto&rdquo;).</p>
<p>Los relatos de Lorrie Moore miran hacia el desencuentro que supone la existencia humana, la capacidad de resistencia frente al infortunio, la insistencia en mantenerse firme en la guerra lejana, en el dolor cercano, en la pol&iacute;tica dom&eacute;stica o en Oriente Pr&oacute;ximo, en la cultura que no sirve como equipamiento para la vida ni para la muerte, ni como consolaci&oacute;n en las desdichas, ni como arsenal contra el futuro (&ldquo;Compro poco. Nunca sabes cu&aacute;nto tiempo te queda. Ni siquiera compro pl&aacute;tanos verdes. Eso es invertir con optimismo temerario en el futuro&rdquo;). La pareja funciona entonces como un espacio m&aacute;s que como un sentimiento. Matrimonios, noviazgos, divorcios, adulterios, tr&iacute;os, amores intelectualizados hasta el extremo, se enganchan como una lapa a las mediocres existencias de aquellos que los padecen aunque crean estar vivi&eacute;ndolos en todo su esplendor (&ldquo;Mir&oacute; las mesas con bordes de metal de la cafeter&iacute;a y las sillas enceradas de mimbre. Volvi&oacute; a mirar a Tom. Se encontraba en un estado de dolor y preocupaci&oacute;n en el que nunca lo hab&iacute;a visto. En la ciudad que hab&iacute;an compartido, a lo largo de los a&ntilde;os, primero cuando &eacute;l estaba casado, despu&eacute;s cuando ella estaba casada, se hab&iacute;an buscado en habitaciones, se hab&iacute;an acechado el uno al otro en fiestas, durante a&ntilde;os, tensos y electrizados: cada uno buscaba al otro a hurtadillas y luego se quedaba cerca, con las copas de vino en la mano, cautivado por su charla intrascendente y acometida con entusiasmo. Ella estudiaba el aire superficialmente so&ntilde;oliento que asum&iacute;a su rostro, sobre su figura todav&iacute;a corpulenta, con los p&aacute;rpados bajos y la boca ondulada: detr&aacute;s de todo eso emanaba una concentraci&oacute;n de l&aacute;ser sobre ella. Cuanto m&aacute;s real era un secreto hermoso, menos hablabas de &eacute;l. Pero, a medida que el secreto desaparec&iacute;a, en cuanto amenazaba con irse por su propia voluntad, el secreto se volv&iacute;a fren&eacute;tico e indiscreto, como una forma de aferrarse a esa vida que se desvanec&iacute;a&rdquo;).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El mundo es un orfanato</strong></p>
<p>Se observa en los cuentos de Lorrie Moore una tensi&oacute;n constante entre la fuerza del di&aacute;logo como catalizador del relato y la potencia de la voz narradora que no quiere ocultarse. La brillantez de los primeros, su absorbente presencia, su precisi&oacute;n, es el contrapunto a un narrador que ha renunciado a saber, a contaminar el relato con faltas objetividades, a hilvanar un documento de &eacute;poca con protagonistas merecedores de ese t&iacute;tulo (&ldquo;Los hijos sin madre siempre se encontraban. Lo hab&iacute;a o&iacute;do una vez. Ten&iacute;an la tristeza que no era tristeza pero que otros interpretaban como tal. Ten&iacute;an la tristeza que gustaba de compa&ntilde;&iacute;a y que <em>era</em> compa&ntilde;&iacute;a. Solo a veces sent&iacute;an los hechos de sus vidas sin madres. Ten&iacute;an sinton&iacute;as incubadas en una tradici&oacute;n espiritual. No se acariciaban los dorados rincones de la memoria. El mundo era su orfanato&rdquo;).</p>
<p>Poco importa si lo que se persigue es la verdad o una ficci&oacute;n que haga todo m&aacute;s asumible. Al entender la vida como viaje, los personajes de Lorrie Moore est&aacute;n convirtiendo ambos en un relato en el que la ficci&oacute;n se abre hacia las verdades de la vida. Y luego es el lenguaje quien busca la perfecta armon&iacute;a entre el decir y el ser, aunque conozca de antemano que esa mano la gana la banca, que esa partida est&aacute; ama&ntilde;ada (&ldquo;&iquest;C&oacute;mo puede describirse? &iquest;C&oacute;mo algo de esto puede describirse? El viaje y el relato del viaje son siempre dos cosas diferentes. El narrador es el que se ha quedado en casa, pero luego, despu&eacute;s, aprieta su boca sobre al boca del viajero, para hacer que la boca funcione, para que la boca hable, hable, hable. Uno no puede ir a un lugar y hablar de &eacute;l; uno no puede ver y decir a la vez, la verdad es que no. Uno puede ir, y a la vuelta hacer muchos gestos con las manos e indicaciones con los brazos. La boca, funcionando a la velocidad de la luz, con las instrucciones de los ojos, se ha quedado necesariamente quieta; tan r&aacute;pido, tantas cosas que contar, que se queda abierta y muda como una campana sin badajo. &iexcl;Toda esa vida indecible! Ah&iacute; es cuando entra el narrador. El narrador entra con sus besos, imitaciones y orden. El narrador viene y hace una canci&oacute;n, falta, lenta, de la devastaci&oacute;n ansiosa de la boca&rdquo;).</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Una (posible) conclusi&oacute;n</strong></p>
<p>La brillantez de Lorrie Moore en el relato es innegable. Sabe conjugar el paradigma culto con la cultura popular. Sabe tambi&eacute;n usar la distancia ir&oacute;nica para paliar el sentimentalismo exacerbado, aunque no renuncia a este cuando es necesario. Sabe que el humor salva pero tambi&eacute;n deja huellas. Y que las trazas de violencia no inmunizan a los lectores pero les pone sobre aviso de la tragedia presentida. De todos los relatos de Lorrie Moore, imposible no mencionar, siquiera como conclusi&oacute;n el titulado &ldquo;Gente as&iacute; es la &uacute;nica que hay por aqu&iacute;: farfullar can&oacute;nico en oncolog&iacute;a pedi&aacute;trica&rdquo;, perteneciente a <em>P&aacute;jaros de Am&eacute;rica</em>. La descomposici&oacute;n de la pareja ante la enfermedad del hijo, la descomposici&oacute;n de la escritura ante la imposibilidad del decir la tragedia, el lenguaje como trampa y como tabla de salvaci&oacute;n ante el miedo inconmensurable por el dolor extremo, la ficci&oacute;n como letrina donde van a desaguar los poderosos sentimientos de culpa.</p>
<p>Todo ello, un ejemplo de la escritura de Lorrie Moore: &ldquo;Pero es que esto es la ficci&oacute;n: la vida invivible, la habitaci&oacute;n extra&ntilde;a pegada a la casa, la luna de m&aacute;s que da vueltas alrededor de la tierra sin que la ciencia sepa de qu&eacute; se trata&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>OBRAS DE LORRIE MOORE</strong></p>
<p>RELATOS</p>
<p>Moore, Lorrie, <em>The collected stories</em>, Londres, Faber &amp; Faber, 2008.</p>
<p>Lorrie Moore, <em>Autoayuda</em>, Barcelona, Salamandra, 2002.</p>
<p>Lorrie Moore, <em>Como la vida misma</em>, Barcelona, Salamandra, 2003 (versi&oacute;n original de 1989). Traducci&oacute;n de Luis Murillo Fort.</p>
<p>Lorrie Moore, <em>P&aacute;jaros de Am&eacute;rica</em>, Barcelona, Emec&eacute;, 2000, (versi&oacute;n original de 1998). Traducci&oacute;n de Mar&iacute;a Jos&eacute; Galilea Richard.</p>
<p>Lorrie Moore, <em>Gracias por la compa&ntilde;&iacute;a</em>, Barcelona, Seix Barral, 2015 (versi&oacute;n original de 2014). Traducci&oacute;n de Daniel Gasc&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>NOVELAS:</p>
<p>Lorrie Moore, <em>Anagramas</em>, Barcelona, Anagrama, 1991(versi&oacute;n original de 1986). Traducci&oacute;n de Benito G&oacute;mez Ib&aacute;&ntilde;ez.</p>
<p>Lorrie Moore, <em>El hospital de ranas</em>, Barcelona, Salamandra, 2004 (versi&oacute;n original de 1994). Traducci&oacute;n de Libertad Aguileras y Gabriel Dols.</p>
<p>Lorrie Moore, <em>Al pie de la escalera</em>, Barcelona, Seix Barral, 2011 (versi&oacute;n original de 2009). Traducci&oacute;n de Francisco Dom&iacute;nguez Montero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> La figura del &ldquo;writer in residence&rdquo; es habitual en los campus norteamericanos. Algo hay de perverso en este modelo, por otra parte. Estos escritores tienden a contribuir rutinariamnente a ampliar el n&uacute;mero de obras centradas en el mundo acad&eacute;mico, en una endogamia en ocasiones poco productiva. En otro orden de cosas, y a manera de ejemplos de la narrativa y del cine, no estar&iacute;a de m&aacute;s echar un vistazo a la novela de Michael Chabon <em>J&oacute;venes prodigiosos</em> (llevada al cine por Curtis Hanson) y a la pel&iacute;cula de Todd Solondz <em>Cosas que no se olvidan</em>.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> Lorrie Moore, <em>Autoayuda</em>, Barcelona, Salamandra, 2002.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a> <em>P&aacute;jaros de Am&eacute;rica</em> (Barcelona, Emec&eacute;, 2000); <em>Como la vida misma</em> (Barcelona, Salamandra, 2003); <em>Gracias por la compa&ntilde;&iacute;a</em> (Barcelona, Seix Barral, 2015).</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a> <em>The Collected Stories</em>, Londres, Faber &amp; Faber, 2008. Contiene todos los relatos de sus tres primeros libros y cuatro de los relatos que formar&aacute;n parte posteriormente de <em>Gracias por la compa&ntilde;&iacute;a</em>. No me consta la intenci&oacute;n de publicar esta recopilaci&oacute;n en Espa&ntilde;a. La vida editorial de la obra de Moore ha pasado por vaivenes dif&iacute;ciles de explicar puesto que se ha publicado en tres editoriales distintas.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a> Doy cuatro ejemplos de entre los much&iacute;simos que podr&iacute;amos consignar. Queda pendiente el an&aacute;lisis en profundidad de las traducciones de los relatos de Lorrie Moore, un asunto que afecta decididamente al horizonte de expectativas de los diferentes lectores as&iacute; como a su capacidad de interpretaci&oacute;n de los distintos sentidos del texto.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 21 Jan 2019 07:33:13 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ritos de paso]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/ritos-de-paso/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/JORDI_DOCE_3.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 540px;">Aqu&iacute; todo sucede como en sue&ntilde;os. Incluso cuando nadie alberga dudas sobre la solidez o la calidad de la existencia, siempre hay alguien -un muchacho que hasta hace poco era la viva imagen de la salud, o una ni&ntilde;a que aparta la cara detr&aacute;s de un flequillo excesivo- que dibuja la primera grieta en el aire. Si no me crees, inspecciona los garabatos en las ventanillas polvorientas de los autobuses, el ajedrez hipn&oacute;tico de la retina en los techos agrietados. Son los primeros en volver a casa y saludar al piano vertical del pasillo. Se despiertan bailando con el azogue del espejo. Saben entrar y salir sin ser vistos, del brazo de su sombra. La ma&ntilde;ana reluce como de costumbre sobre el parking del supermercado, pero dos cuerpos furtivos ya encontraron el modo de ignorarla. Fumando a escondidas, o meciendo su desd&eacute;n sobre el brillo met&aacute;lico de los coches mal aparcados. La m&uacute;sica es el alma de esta fiesta. La m&uacute;sica es el cuerpo del delito. Si no me crees, advierte el parentesco entre la grava y el tabaco, la c&oacute;pula del tiempo con las gr&uacute;as. Unos labios resecos deletrean la cadencia del cielo y todo vuelve a repetirse, como en sue&ntilde;os. As&iacute; fue la primera vez: libertad y fr&iacute;o, el rumor de la calle abrochando el silencio, volver o no volver junto al sedal est&eacute;ril de un cigarrillo. Iban hacia la fuente de la vida, pero el trayecto fueron colmenas de abejas filos&oacute;ficas, zumbidos castradores. Iban en fila, bien ordenados, pero la multitud los dispers&oacute; y ahora vagan por las afueras. Charcos donde abrevan neum&aacute;ticos rotos, jardines con mangueras descuidadas que simulan los pliegues de la mente. Nada de lo que ocurre es un sue&ntilde;o, aunque lo parezca.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 18 Jan 2019 13:37:13 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La sábana]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-sabana/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/chantal500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y alargas la mano</p>
<p>buscando donde asirte y encuentras</p>
<p>la s&aacute;bana.</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; desfile de rostros</p>
<p>ser&aacute; ante tu cama</p>
<p>el del &uacute;ltimo d&iacute;a?</p>
<p>Tal vez vengan a verte</p>
<p>aquellos que no amaste</p>
<p>O tal vez est&eacute;s sola</p>
<p>y te laven el cuerpo</p>
<p>manos que nunca</p>
<p>acariciaste.</p>
<p>Si al menos</p>
<p>pero no:&nbsp;</p>
<p>tan s&oacute;lo es el tacto</p>
<p>de la s&aacute;bana.</p>
<p style="padding-left: 630px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 630px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 630px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 630px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 630px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 630px; text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 630px; text-align: left;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 14 Jan 2019 07:28:56 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El romanticismo de ultratumba de Soares de Passos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-romanticismo-de-ultratumbe-de-soares-de-passos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2019/SOARES_DE_PASSOS.jpg" alt="" /></p>
<p><strong></strong>Ant&oacute;nio Augusto Soares de Passos, m&aacute;s conocido como Soares de Passos y principal referencia de la poes&iacute;a ultrarrom&aacute;ntica portuguesa, nace en Oporto el 27 noviembre de 1826 y, enfermo de tuberculosis, fallece en la misma ciudad que le vio nacer, con apenas 33 a&ntilde;os de edad, el 8 de febrero de 1860. Nacido en el seno de una familia burguesa, tuvo una infancia c&oacute;moda pero marcada por las constantes ausencias de su padre, perseguido durante la Guerra Civil Portuguesa por sus ideas liberales y modernas.</p>
<p>A pesar de su origen portuense, ser&aacute; en Co&iacute;mbra, ciudad a la que se mud&oacute; para iniciar estudios de Derecho, donde comenzar&aacute; a desarrollar su carrera literaria, espoleado por el ambiente intelectual y la presencia de personalidades afines como Alexandre Braga, con quien fundar&aacute; la revista <em>Novo Trovador</em>. En 1854, ya establecido de nuevo en Oporto, opta por dedicarse de manera exclusiva a la poes&iacute;a, una poes&iacute;a que destaca por su car&aacute;cter atormentado y doliente, circunstancia que halla justificaci&oacute;n en su precario estado de salud y que viene a ratificarse en su prematura muerte.</p>
<p>En la poes&iacute;a de Soares de Passos, todo matiz de la realidad -religi&oacute;n, Historia, actualidad, amor o muerte- pasa inequ&iacute;vocamente por el filtro del descontento, de un romanticismo exacerbado y de un nihilismo f&uacute;nebre que consigue, en mayor o menor medida, alejarse del t&oacute;pico y adquirir una dimensi&oacute;n universal y cre&iacute;ble. El conjunto de su breve obra, compuesta por apenas cuarenta y cinco poemas, est&aacute; recogida en el volumen <em>Poesias </em>(1856); sirva esta selecci&oacute;n de cinco de sus creaciones m&aacute;s emblem&aacute;ticas como muestra del considerable y poco ponderado talento de la enigm&aacute;tica figura de Soares de Passos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">&nbsp;<strong></strong><strong></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>SOARES DE PASSOS</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>AMOR Y ETERNIDAD</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Repara, dulce amiga, en esta losa</p>
<p>y en esa otra que se encuentra unida:</p>
<p>aqu&iacute; de un tierno amor, aqu&iacute; reposa</p>
<p>el despojo mortal, sin luz, sin vida.</p>
<p>Agotada la hiel de la gran suerte,</p>
<p>pudieron ambos descansar tranquilos;</p>
<p>se amaron en la vida, y en la muerte</p>
<p>la fr&iacute;a tumba no puede desunirlos.</p>
<p>&iexcl;Nost&aacute;lgica la brisa que murmura</p>
<p>en el cipr&eacute;s lozano</p>
<p>que protege sus urnas funerarias!</p>
<p>Y ese sol, ya cayendo en el poniente,</p>
<p>&iexcl;qu&eacute; bello hace brillar</p>
<p>sus solitarias l&aacute;pidas!</p>
<p>As&iacute;, &aacute;ngel adorado, as&iacute; un d&iacute;a</p>
<p>se secar&aacute; la flor de nuestras vidas&hellip;</p>
<p>&iexcl;Pero que as&iacute;, bajo las fr&iacute;as l&aacute;pidas,</p>
<p>se re&uacute;nan tambi&eacute;n nuestros amores!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; veo? &iquest;Te estremeces, y tu rostro,</p>
<p>tu hermoso rostro inclinas en mi seno,</p>
<p>p&aacute;lido como el lirio que en la tarde</p>
<p>se desmaya en los prados?</p>
<p>Oh, ven, no perturbemos la ventura</p>
<p>del coraz&oacute;n, que jubiloso anhela&hellip;</p>
<p>Ven, gocemos la vida mientras dure;</p>
<p>&iexcl;desterremos la idea de la muerte!</p>
<p>&iexcl;Lejos ese recuerdo de nosotros!</p>
<p>Mas no receles del cortejo f&uacute;nebre&hellip;</p>
<p>Dulce amiga, descansa:</p>
<p>quien ama as&iacute;, se r&iacute;e de la muerte.</p>
<p>&iquest;Ves estas sepulturas?</p>
<p>Aqu&iacute; ceniza oscura</p>
<p>sin vida, sin vigor, descansa ahora;</p>
<p>pero ese ardor que ya las animara</p>
<p>vol&oacute; en las alas de inmortal aurora</p>
<p>a regiones m&aacute;s puras.</p>
<p>No, la llama que el pecho al pecho env&iacute;a</p>
<p>no muere extinta en el luctuoso hielo.</p>
<p>Inmenso el coraz&oacute;n: la fr&iacute;a l&aacute;pida</p>
<p>es muy peque&ntilde;a para contenerlo.</p>
<p>Y no receles, pues: la tumba encierra</p>
<p>un breve espacio y una breve edad:</p>
<p>&iexcl;Amor tiene por patria Cielo y Tierra,</p>
<p>por vida Eternidad!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>DESEO</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Oh, qui&eacute;n en tus brazos pudiera, dichoso,</p>
<p>vivir en el mundo</p>
<p>del mundo olvidado, en l&aacute;nguido gozo</p>
<p>de eterno placer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Contemplar tus ojos serenos, en calma,</p>
<p>del m&aacute;s all&aacute; hablar,</p>
<p>hablar de una vida que sue&ntilde;a mi alma</p>
<p>y falta en la tierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dar&iacute;a yo este mundo, todo lo que encierra,</p>
<p>por tal galard&oacute;n:</p>
<p>los tesoros, glorias, tronos de la tierra,</p>
<p>&iquest;qu&eacute; valen, qu&eacute; son?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La sed que yo tengo no muere apagada</p>
<p>con tal aridez:</p>
<p>si yo los ganase, entonces su nada</p>
<p>dejaba a tus pies.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y deseando apenas m&aacute;s dulce victoria,</p>
<p>decirte: he aqu&iacute;</p>
<p>mi cetro y mi ciencia, tesoros y gloria:</p>
<p>los gan&eacute; por ti.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La vida, esa misma, dar&iacute;a yo contento,</p>
<p>sin pena o dolor,</p>
<p>si un d&iacute;a mecieses, apenas un d&iacute;a,</p>
<p>mi sue&ntilde;o de amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Exenta del lazo que al mundo nos prende,</p>
<p>&iquest;qu&eacute; vale la vida?</p>
<p>Pues la vida es vida si el amor enciende</p>
<p>su dulce fanal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si al mundo que sue&ntilde;o pudiera, contigo,</p>
<p>volando, subir,</p>
<p>&iquest;qu&eacute; importaba luego? En la sepultura</p>
<p>sonreir&iacute;a al caer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;<strong>IMITACI&Oacute;N DEL ISLAND&Eacute;S</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un d&iacute;a yo te dije: &ldquo;si robada</p>
<p>me fueses, b&uacute;scame&rdquo;; y no cre&iacute;ste</p>
<p>que pudiera abrazarte inanimada,</p>
<p>besar tus ojos y tus manos fr&iacute;as.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Porque no te amar&iacute;a si, inconstante,</p>
<p>yo te olvidase all&iacute; en la sepultura;</p>
<p>se deslustr&oacute; el frescor de tu semblante,</p>
<p>pero idolatro a&uacute;n tu imagen pura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aire de vida se extingui&oacute; en tus labios,</p>
<p>pero un soplo inmortal vino a animarte;</p>
<p>todav&iacute;a eres hermosa, y a&uacute;n te quiere</p>
<p>el que en la tierra comenzara a amarte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No me dejes en m&iacute;sero abandono;</p>
<p>esc&uacute;chame, escucha mi plegaria:</p>
<p>cuando, de noche, brisas oto&ntilde;ales</p>
<p>giman en nuestras rocas, &iexcl;aparece!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y si la luna brilla, si de paso</p>
<p>me extendieses tu mano blanca, et&eacute;rea,</p>
<p>yo surgir&eacute; para mirar tu imagen,</p>
<p>para escuchar tu voz serena y pura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Despu&eacute;s, &aacute;ngel celeste, aqu&iacute; en mi seno</p>
<p>posa tu frente, apri&eacute;tame en tus brazos,</p>
<p>deja que te acompa&ntilde;e sin recelo:</p>
<p>de esta existencia, desatar los lazos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la aurora polar, arrebatada,</p>
<p>vamos, en medio de inmortal ventura,</p>
<p>en nubes de oro y p&uacute;rpura mecidos,</p>
<p>a cantar y a so&ntilde;ar, en las alturas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>EN UN &Aacute;LBUM</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El lastimero arc&aacute;ngel del sufrir</p>
<p>sobre la faz del mundo extiende el brazo:</p>
<p>ofrece una diadema, y, pavoroso,</p>
<p>&ldquo;&iexcl;Para el que m&aacute;s sufri&oacute;!&rdquo;, grita al espacio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entonces una turba se atropella,</p>
<p>todos quieren ganar la prenda infausta,</p>
<p>pero ninguno de los pretendientes</p>
<p>mostr&oacute; la copa de amargura exhausta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;&iexcl;Alejaos!&rdquo;, &minus;les clama el genio esquivo&minus;</p>
<p>&ldquo;Nadie abraz&oacute; la meta del sufrir;</p>
<p>s&oacute;lo t&uacute; mereciste el premio altivo:</p>
<p>&iexcl;El&eacute;vate, cor&oacute;nate, poeta!&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>EL NOVIAZGO DEL SEPULCRO</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;Alta la luna! En la mansi&oacute;n de muerte,</p>
<p>ociosa, medianoche ya son&oacute;;</p>
<p>&iexcl;Qu&eacute; paz! De los vaivenes de la suerte</p>
<p>s&oacute;lo descansa quien all&iacute; baj&oacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;Cu&aacute;nta paz! Pero lejos, a lo lejos,</p>
<p>se escuch&oacute; rechinar f&uacute;nebre l&aacute;pida;</p>
<p>blanco fantasma, parecido a un monje,</p>
<p>de los sepulcros la cabeza alz&oacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;Se alz&oacute;, se alz&oacute;! En la amplitud celeste</p>
<p>brilla la luna con siniestra luz;</p>
<p>gime el viento en el l&uacute;gubre cipr&eacute;s</p>
<p>y grazna el b&uacute;ho en la marm&oacute;rea cruz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;Se alz&oacute;, se alz&oacute;! Con muy sombr&iacute;o espanto</p>
<p>mir&oacute; a su alrededor... Y no vio a nadie...</p>
<p>Entre las tumbas, arrastrando el manto,</p>
<p>con lentos pasos se dispuso a andar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y al llegar cerca de una cruz alzada</p>
<p>que se avistaba all&aacute; entre los cipreses,</p>
<p>se par&oacute;, se sent&oacute; y, con voz dolosa</p>
<p>despert&oacute; de este modo al eco triste:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&minus; &ldquo;Mujer hermosa que ador&eacute; en la vida,</p>
<p>y que en la tumba no dej&eacute; de amar,</p>
<p>&iquest;por qu&eacute; traicionas, desleal, falsaria,</p>
<p>aquel amor que te escuch&eacute; jurar?</p>
<p>&iexcl;Amor! Enga&ntilde;o que en la tumba acaba,</p>
<p>que la muerte desnuda de ilusi&oacute;n:</p>
<p>&iquest;Qui&eacute;n de los vivos a&uacute;n se acordar&aacute;</p>
<p>del pobre muerto que en la tierra yace?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Abandonado, yazco en esta tierra</p>
<p>hace tres d&iacute;as, pero t&uacute; no vienes...</p>
<p>&iexcl;Qu&eacute; pesada que siento yo la losa</p>
<p>sobre este pecho que lati&oacute; por ti!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;Qu&eacute; pesada la siento!&rdquo;, y entretanto,</p>
<p>la frente exhausta recost&oacute; en su mano,</p>
<p>y arranc&oacute;, entre sollozos, de su seno</p>
<p>hondos suspiros de cruel pasi&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&minus; &ldquo;Quiz&aacute;s, riendo de nuestras protestas,</p>
<p>goces con otro de infernal placer;</p>
<p>&iexcl;y as&iacute; el olvido cubrir&aacute; mis huesos</p>
<p>en la fr&iacute;a tierra, sin tener venganza!&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&minus; &ldquo;&iexcl;Oh, nunca, nunca!&rdquo;: con nostalgia eterna,</p>
<p>respondi&oacute; un eco suspirando, entonces:</p>
<p>&ldquo;&iexcl;Oh, nunca, nunca!&rdquo;: repiti&oacute; de nuevo</p>
<p>la hermosa virgen que sostiene en brazos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Formas divinas y airosas le cubren,</p>
<p>largos ropajes de color nevado;</p>
<p>corona simple de virg&iacute;neas rosas</p>
<p>ci&ntilde;e su frente de un mortal palor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&minus; &ldquo;No, no perdiste mi amor jurado:</p>
<p>&iquest;Ves este pecho? Reina en &eacute;l la muerte...</p>
<p>Ya no le quedan fuerzas y est&aacute; helado,</p>
<p>pero late a&uacute;n de amor por ti.</p>
<p>Feliz de acompa&ntilde;arte hasta este fondo</p>
<p>de la tumba, cayendo ante el dolor:</p>
<p>Dej&eacute; la vida... &iquest;Qu&eacute; importaba el mundo,</p>
<p>pura tiniebla sin la luz de Amor?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Ves a la triste luna, all&iacute; a lo lejos?&rdquo;</p>
<p>&minus; &ldquo;Oh, s&iacute;, la veo... &iexcl;Qu&eacute; recuerdo horrible!&rdquo;</p>
<p>&minus; &ldquo;Fui a su luz, que yo supuse tuya,</p>
<p>en la vida, y en la mansi&oacute;n final.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&ldquo;&iexcl;Oh, ven! Si nunca me ce&ntilde;&iacute; a tu pecho,</p>
<p>hoy el sepulcro nos re&uacute;ne, al fin...</p>
<p>&iexcl;Quiero el reposo de tu fr&iacute;o lecho,</p>
<p>te quiero unido para siempre a m&iacute;!&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ante el piar del f&uacute;nebre cantor,</p>
<p>y ante una luna de un albor siniestro,</p>
<p>junto al crucero, sepulcral misterio</p>
<p>fue celebrado, de infeliz amor.</p>
<p><br /> Cuando risue&ntilde;o despuntaba el d&iacute;a,</p>
<p>ya de ese drama no quedaba nada,</p>
<p>s&oacute;lo una tumba funeral vac&iacute;a,</p>
<p>rota la losa por ignota mano.</p>
<p>Pero m&aacute;s tarde, cuando regres&oacute;</p>
<p>el polvo helado de las sepulturas,</p>
<p>dos esqueletos, uno al otro unido,</p>
<p>en un solo sepulcro aparecieron.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 14 Jan 2019 07:18:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Memoria histórica]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/memoria-historica/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/enero/laura_casielles500.jpg" alt="" /></p>
<p class="Normal1" style="padding-left: 570px;">La gente somos seres que sorprenden.</p>
<p class="Normal1" style="padding-left: 570px;">Por muy hondo que sea el pensamiento</p>
<p class="Normal1" style="padding-left: 570px;">de esa enfermedad,</p>
<p class="Normal1" style="padding-left: 570px;">de aquel fracaso,</p>
<p class="Normal1" style="padding-left: 570px;">irrumpen el amor, el recuerdo, la risa,</p>
<p class="Normal1" style="padding-left: 570px;">un segundo de luz y de tregua</p>
<p class="Normal1" style="padding-left: 570px;">entre la desolaci&oacute;n y la supervivencia</p>
<p class="Normal1" style="padding-left: 570px;">&nbsp;</p>
<p class="Normal1" style="padding-left: 570px;">&iexcl;Qu&eacute; asombroso! Tenemos por dentro</p>
<p class="Normal1" style="padding-left: 570px;">ca&ntilde;er&iacute;as y engranajes,</p>
<p class="Normal1" style="padding-left: 570px;">neuronas, ritmos,</p>
<p class="Normal1" style="padding-left: 570px;">mares de humores y la posibilidad</p>
<p class="Normal1" style="padding-left: 570px;">de procrear.</p>
<p class="Normal1" style="padding-left: 570px;">&nbsp;</p>
<p class="Normal1" style="padding-left: 570px;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y sin embargo</p>
<p class="Normal1" style="padding-left: 570px;">no hace falta que pensemos para estar respirando,</p>
<p class="Normal1" style="padding-left: 570px;">podemos disfrutar aunque nos falte un pie,</p>
<p class="Normal1" style="padding-left: 570px;">y no echamos de menos a los muertos</p>
<p class="Normal1" style="padding-left: 570px;">todo el tiempo.</p>
<p class="Normal1" style="padding-left: 570px;">&nbsp;</p>
<p class="Normal1" style="padding-left: 570px;">Al salir del hospital siempre re&iacute;mos</p>
<p class="Normal1" style="padding-left: 570px;">aunque un informe diga que un reloj</p>
<p class="Normal1" style="padding-left: 570px;">hace tictac en nuestro centro.</p>
<p class="Normal1" style="padding-left: 570px;">&nbsp;</p>
<p class="Normal1" style="padding-left: 570px;">Pero sabemos tambi&eacute;n hacer a los seres queridos</p>
<p class="Normal1" style="padding-left: 570px;">las preguntas dif&iacute;ciles,<br /> espiar lo que duele, estudiarnos por dentro; <br /> nos empe&ntilde;amos <br /> en abrir fosas comunes, cajas negras,<br /> en ver el rostro de quien apret&oacute; el gatillo.</p>
<p class="Normal1" style="padding-left: 570px;">&nbsp;</p>
<p class="Normal1" style="padding-left: 570px;">&nbsp;</p>
<p class="Normal1" style="padding-left: 570px;">Hechos para el perd&oacute;n y para el consuelo,</p>
<p class="Normal1" style="padding-left: 570px;">sorprendentes seres con capacidad de olvido</p>
<p class="Normal1" style="padding-left: 570px;">que eligen sin embargo</p>
<p class="Normal1" style="padding-left: 570px;">saber m&aacute;s.</p>
<p class="Normal1" style="padding-left: 570px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 08 Jan 2019 09:22:17 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Save the last dance for me]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/save-the-last-dance-for-me/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/enero/javiergarcia500.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 630px;">&ldquo;En su pulcro concierto,</p>
<p style="padding-left: 630px;">bailan a medianoche&rdquo;,</p>
<p style="padding-left: 630px;">como dos personajes</p>
<p style="padding-left: 630px;">del <em>Dietario voluble</em></p>
<p style="padding-left: 630px;">de Enrique Vila-Matas.</p>
<p style="padding-left: 630px;">Terminada la fiesta,</p>
<p style="padding-left: 630px;">en la perlada noche</p>
<p style="padding-left: 630px;">de olores y de m&uacute;sicas</p>
<p style="padding-left: 630px;">&ndash;no se priva de nada</p>
<p style="padding-left: 630px;">esta historia pues viene</p>
<p style="padding-left: 630px;">completo el pack de t&oacute;picos,</p>
<p style="padding-left: 630px;">es cierto&ndash;,</p>
<p style="padding-left: 630px;">terminada la fiesta,</p>
<p style="padding-left: 630px;">no olviden que tratamos</p>
<p style="padding-left: 630px;">de remar para, acaso,</p>
<p style="padding-left: 630px;">no morir&nbsp;en la orilla,</p>
<p style="padding-left: 630px;">terminada la fiesta,</p>
<p style="padding-left: 630px;">Par&iacute;s ya no es Par&iacute;s</p>
<p style="padding-left: 630px;">y ellos no son ellos.</p>
<p style="padding-left: 630px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 08 Jan 2019 09:09:40 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Miniaturas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/miniaturas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/diciembre/MANUEL_LONGARES_2.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>EL ANCIANO FULLERO</strong><strong>&nbsp;</strong>&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>A Lola Larumbe</em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El anciano de los ap&oacute;logos falsos jugaba con sus nietos en el jard&iacute;n del morabito cuando recibe un mensaje de la preferida de su har&eacute;n; y, porque desea leerlo a solas, se marcha del jard&iacute;n abandonando a los ni&ntilde;os en esta tarde de primavera en que mam&aacute; merienda con las beatas en la cafeter&iacute;a de la esquina y pap&aacute; medita incorporar al negocio de volovanes a ese cu&ntilde;ado mani&aacute;tico que pasa las horas muertas en la azotea&nbsp;</p>
<p>en di&aacute;logo con la corte celestial y los ministros del Se&ntilde;or, seg&uacute;n dice mintiendo, porque cuando el anciano de las f&aacute;bulas ladinas llega a la azotea para leer la carta de la favorita de su har&eacute;n, descubre al cu&ntilde;ado tendido en la superficie de baldosas, medio oculto entre las s&aacute;banas del tendedero y con la mano derecha hurgando en su bajo vientre mientras esp&iacute;a por la tronera del tejado a las doncellas del servicio dom&eacute;stico&nbsp;</p>
<p>que en el cuchitril donde duermen junto a la maleta que guarda su patrimonio planchan desnudas su uniforme de quita y pon, sin que logre verlas as&iacute; el cu&ntilde;ado rijoso porque el calor de la plancha las envuelve en tan espesa niebla -a la manera de las actrices extranjeras de la pantalla cinematogr&aacute;fica sumergidas en un ba&ntilde;o de espuma- que parece urdida por el presb&iacute;tero de la familia para privarle de la visi&oacute;n lujuriosa.&nbsp;</p>
<p>De eso se lamenta el cu&ntilde;ado buscando la complicidad del anciano de los ap&oacute;logos falaces, al que mil veces han visto en una hamaca leyendo las cartas de la favorita de su har&eacute;n mientras su mano derecha acariciaba la herramienta de la voluptuosidad jaleado por las voces blancas de sus descendientes que, con su melodioso contrapunto, consegu&iacute;an extraer de sus entra&ntilde;as la semilla de una raza y un imperio.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Pero esta tarde de primavera en que mam&aacute; merienda con las beatas en la cafeter&iacute;a de la esquina y pap&aacute; analiza la idoneidad de su cu&ntilde;ado para el negocio de volovanes, el anciano de las f&aacute;bulas tramposas no se entretiene en tocarse la entrepierna ni en escuchar las quejas de su cu&ntilde;ado porque sus nietos, al darse cuenta de que se marchaba sin avisar del jard&iacute;n del morabito, le han seguido pis&aacute;ndole los talones&nbsp;</p>
<p>y casi le habr&iacute;an dado alcance en las escaleras que conducen a la azotea, de no ser porque el anciano de los ap&oacute;logos infames, ante el obst&aacute;culo del cu&ntilde;ado espatarrado en la azotea entre las s&aacute;banas del tendedero y con la mano en el gatillo de la bragueta a la caza del desnudo femenino entrevisto, ni se detiene a afearle su actitud, salta sobre su cuerpo postrado, entra resueltamente en el cuarto de la plancha&nbsp;</p>
<p>y como si hubiera conquistado un baluarte cierra la puerta con pestillo dejando a sus espaldas el esc&aacute;ndalo de sus perseguidores infantiles que, frustrados por este desenlace, golpear&aacute;n durante horas la puerta bloqueada por el cerrojo con el regio y, para ellos, leg&iacute;timo imperio con que dentro de unos a&ntilde;os exigir&aacute;n participar en el negocio paterno de volovanes y en las meriendas de su madre con las beatas,&nbsp;</p>
<p>una impaciencia t&iacute;pica de la ni&ntilde;ez no domesticada y de la que se desentiende el anciano de las f&aacute;bulas intrigantes, que tras atrincherarse en el cuarto de la plancha y no contento con enfadar a sus nietos al prohibirles el acceso a su reducto, irrita tambi&eacute;n al cu&ntilde;ado sexador de estrellas porque le tapona con ropa sin planchar la tronera del tejado para cegarle el espect&aacute;culo de desnudos que se procuraba desde la azotea,&nbsp;</p>
<p>tumbado boca abajo sobre la fr&iacute;a superficie de baldosas, tal como lo sorprendio el anciano de los ap&oacute;logos incre&iacute;bles, y parapet&aacute;ndose en el burladero de las s&aacute;banas tendidas desde donde calibraba, igual que el ganadero sopesa desde la barrera del tentadero la bravura de sus reses, los atributos f&iacute;sicos de las criadas nacidas en Villal&oacute;n, Monforte de Lemos o Miranda de Ebro que sirven en su casa,&nbsp;</p>
<p>esas hijas del pueblo soberano que, ni&ntilde;as a&uacute;n y ya con las ma&ntilde;as imprescindibles para sacar partido del mundo, dijeron adios a su chabola embarrada, a sus padres borrachos, a su pretendiente mandria, a sus p&aacute;lidas amigas, a sus perros mordaces y a su terru&ntilde;o hundido en el conf&iacute;n del mapa para buscar en la gran ciudad un plato de comida y un lecho de paja a cambio de un trabajo de sol a sol&nbsp;</p>
<p>y a las que la irrupci&oacute;n del anciano de las f&aacute;bulas enga&ntilde;osas en ese cuarto de plancha donde raramente se adentra alg&uacute;n caballero sorprende tanto como si hubiera acudido a visitarlas Nuestro Se&ntilde;or Jesucristo con el taparrabos de cuando baj&oacute; a los infiernos reci&eacute;n resucitado, de ah&iacute; que a sus quejas por no haber sido avisadas del imprevisto se una el movimiento de cubrir sus intimidades con el primer retal que apa&ntilde;an,&nbsp;</p>
<p>en un gesto poco valorado por el anciano de los ap&oacute;logos capciosos, que no fija sus pupilas en la anatom&iacute;a de aquellas palurdas sino en las palabras de la predilecta de su har&eacute;n, y s&oacute;lo cuando termina de leer el texto, es decir, despu&eacute;s de haber recorrido el trazado de la letra femenina sobre el papel de la misma manera que la obstinada hormiga suscribe el camino abierto por sus predecesoras,&nbsp;</p>
<p>alza la vista y, sin denotar j&uacute;bilo o duelo ni extra&ntilde;ar la circunstancia ni el sitio, se sienta en la banasta de ropa pendiente de plancha con la desenvoltura del faquir en su tarima de clavos, gui&ntilde;a un ojo a su auditorio, suspira, desabrocha su camisa, bosteza, afloja su calzado, descansa, prescinde de los pantalones, sonr&iacute;e, abre sus piernas, se relame, tantea la herramienta de la voluptuosidad, se estremece&nbsp;</p>
<p>y, tras encender la pipa con tabaco de miel, cuenta la f&aacute;bula de ese anciano fullero que recibe una carta de su adorada cuando paseaba con los nietos por el jard&iacute;n del morabito en una tarde de primavera en que la madre merendaba con las beatas y el padre dudaba si confiar el negocio de volovanes a ese cu&ntilde;ado suyo que, a trav&eacute;s de la tronera del tejado, azuza la clamorosa expectaci&oacute;n de sus sentidos.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>LA MANO Y LA VOZ</strong>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Imaginamos la mano del pianista a punto de pulsar las teclas, adivinamos su impaciencia por tocar la primera nota que introduce a sus oyentes en el universo de la composici&oacute;n, unos oyentes acostumbrados a sus ejercicios de escalas y arpegios porque comparten su vivienda como familiares o criados, o que no son parientes ni se relacionan con &eacute;l, sino que acuden al concierto de abono atra&iacute;dos por su renombre y ocupan anfiteatros y butacas del Auditorio con docilidad mec&aacute;nica o, a lo mejor, con la impaciencia del pianista por iniciar la funci&oacute;n, y en este caso nos hallamos ante el espectador privilegiado con el que sue&ntilde;a cualquier int&eacute;rprete desde el Conservatorio, ese interlocutor receptivo a la sensibilidad del creador cuando se enfrent&oacute; a la partitura en blanco en la ciudad alemana o austriaca de negros tejados donde luchaba por abrirse camino en el mundo de la m&uacute;sica muchos a&ntilde;os antes de que nacieran ese espectador y ese pianista, era una ma&ntilde;ana de fr&iacute;o polar y su mano, sobresaltada por mil inquietudes, agarr&oacute; la pluma, sembr&oacute; de notas el pentagrama y al terminar la composici&oacute;n, o bien subio a los cielos, satisfech&iacute;simo de su competencia, o se desesper&oacute; de que su talento estuviese de vacaciones.&nbsp;</p>
<p>Atardece en aquella ciudad centroeuropea de tejados inclinados, supongamos que nieva, aquel&nbsp; compositor se cit&oacute; con sus amigos en la taberna de siempre, y su desaz&oacute;n por el resultado de su obra reci&eacute;n acabada la sufre el que ha de ejecutarla en&nbsp; el Auditorio dos o tres siglos despu&eacute;s, este solista que ha posado su mano sobre las teclas a la espera de cruzar los gestos de rutina con el director de la orquesta: &ldquo;&iquest;OK?&rdquo;, &ldquo;OK&rdquo;, mientras se prepara el equipo de maderas, cuerdas y metales y el oyente privilegiado centra su atenci&oacute;n en el comienzo de ese Lied que cautivar&aacute; al p&uacute;blico del Auditorio como si por primera vez lo oyese aunque, todos lo sabemos, se estren&oacute; hace siglos en la ciudad centroeuropea de tejados pinos, cuando el compositor entr&oacute; en la taberna donde le aguardaban los leales, colg&oacute; de un clavo el pesado capote, asi&oacute; una jarra de cerveza, tom&oacute; un trago y al depositarla sobre la mesa barnizada con los labios blancos de espuma confi&oacute; al m&aacute;s pr&oacute;ximo la misma incertidumbre que muchos a&ntilde;os despu&eacute;s, en la calle Alcal&aacute; de Madrid, indujo al maestro Tom&aacute;s Bret&oacute;n a declarar al concertino de la orquesta del teatro Apolo en el estreno de <em>La verbena de la Paloma</em>: &ldquo;Me parece que me he equivocado&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Eso dice el artista genuino, desconfiad del que no se exprese as&iacute;, porque en un artista hay m&aacute;s insatisfacci&oacute;n por su obra que complacencia. Con esa angustia sustancial a su oficio levant&oacute; su rostro en la taberna de la ciudad centroeuropea de tejados de pizarra el autor del Lied que ahora aborda el int&eacute;rprete y cuando buscaba alivio a su agobio tropezaron sus ojos con una mujer que convert&iacute;a su zozobra en vivacidad, una entusiasta que arrim&oacute; una silla al piano del que sol&iacute;an brotar valses en Carnaval y le invit&oacute; a ejecutar la canci&oacute;n que le provocaba tantas dudas. &iexcl;Sublime inauguraci&oacute;n! Aquella tarde la mano del autor tembl&oacute; en la taberna, como tiembla siglos despu&eacute;s en el Auditorio la mano del pianista, y una mujer cant&oacute; temblorosa el Lied que otras voces femeninas han repetido en diversos escenarios del mundo desde que el compositor lo dio a conocer en aquella ciudad centroeuropea como un tesoro extra&iacute;do de lo m&aacute;s hondo de su alma.</p>
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<p><strong>EL JARAMA</strong></p>
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<p>El r&iacute;o Jarama nace en la vertiente sur de la monta&ntilde;a de Somosierra, entre los cerros de la Cebollera y Excomuni&oacute;n, y corre por las provincias de Madrid y Guadalajara recogiendo los afluentes que le salen al paso. Cerca del Pont&oacute;n de la Oliva recibe al Lozoya, y con &eacute;l desfila por Talamanca y Paracuellos hasta Mejorada del Campo, en que se le agrega el Henares;&nbsp; m&aacute;s all&aacute; del puente de Arganda absorbe al Manzanares en Vaciamadrid y al Taju&ntilde;a en Titulcia y, ya en la vega de Aranjuez, no admite m&aacute;s incorporaciones porque penetra en el Tajo por su orilla derecha, perdiendo as&iacute; su identidad y dej&aacute;ndose arrastrar por tierras de Espa&ntilde;a y Portugal hacia la desembocadura del Oc&eacute;ano Atl&aacute;ntico.&nbsp;</p>
<p>Esta descripci&oacute;n de Casiano de Prado permite comparar el desarrollo del&nbsp; Jarama con la existencia del hombre, que de ni&ntilde;o ofrece la misma estampa de fragilidad que el r&iacute;o cuando brota entre las piedras que le sirven de cuna. Diversas fuentes le alimentan para proporcionarle la fuerza que le permita construir su espacio. Y conseguido &eacute;ste, aplaca su &iacute;mpetu de torrente a medida que ensancha su cauce y adquiere la prosopopeya con que un r&iacute;o de prestigio pasea por la llanura, luciendo esa posici&oacute;n consolidada de la que parece enorgullecerse tambi&eacute;n su bi&oacute;grafo, cuando para resaltar la madurez del r&iacute;o que conoci&oacute; en pa&ntilde;ales indica que, poco antes de terminar su carrera en el Tajo, suministra su caudal a la gran acequia llamada Real del Jarama.&nbsp;</p>
<p>Las lluvias de oto&ntilde;o y el deshielo de la primavera refuerzan la corriente de este r&iacute;o y tambi&eacute;n su mala fama entre los pobladores de sus orillas, que le consideran poco de fiar y alevoso, "con m&aacute;s enga&ntilde;os que el jopo de una zorra", dicen, como si en vez de agua contuviese culebras: tanto por sus irritaciones caprichosas -cuando la crecida de marzo "le hincha el pescuezo lo mismo que un gallo que quiere pelea" y se lleva "una huerta por delante, con frutales y tapias y todo lo que entrilla", hasta dejarla "aterrada, convertida totalmente en una playa"-, como por su hipocres&iacute;a estival, en que pese a su aspecto mansito, pues ni l&iacute;quido parece tener, todos los a&ntilde;os se cobra la vida de alg&uacute;n ba&ntilde;ista.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>No hay que culpar por entero de estas muertes a la naturaleza del r&iacute;o, ya que mucha responsabilidad recae en ese cantama&ntilde;anas que, desde que aprendio a flotar en piscina, se pregona nadador de primera y capacitado para meterse en honduras. Una equivocaci&oacute;n t&iacute;pica del madrile&ntilde;o que, con esa fatuidad de creerse dios bendito, no distingue entre una charca y un pantano, y eso le induce a presentarse a golpe de pedal por estos parajes alcarre&ntilde;os en los domingos veraniegos, vaciar alegremente la tartera y la botella y, sin respetar la tregua de la digesti&oacute;n, tratar de t&uacute; a un temible como el Jarama que, aunque no se le provoque ni se le quite el ojo, engancha cuando le place al primero que pesca, y lo mismo que si fuera un hambriento se lo zampa sin mirar edad ni oficio, pero s&iacute; que sea madrile&ntilde;o, pues &eacute;sa parece ser su inclinaci&oacute;n seg&uacute;n la estad&iacute;stica.&nbsp;</p>
<p>Con estas y otras razones aportadas por los que saben de lo que hablan -pastores y gente del campo de San Fernando y Coslada y tambi&eacute;n alg&uacute;n emigrante-, se distraen los parroquianos de la venta de Mauricio durante los domingos de la can&iacute;cula, si es que les permiten entenderse las voces de los jugadores de domin&oacute; de la mesa cercana, en disputa permanente por los enredos del contrahecho Coca-Co&ntilde;a. Al caer la tarde sube de los aleda&ntilde;os del r&iacute;o la m&uacute;sica de baile, y el paisaje desaparece en la noche con la confianza de que por la ma&ntilde;ana seguir&aacute; donde estaba, y lo mismo que el r&iacute;o no se aburre de recorrer la misma distancia un d&iacute;a y otro, en la venta se repiten los temas de conversaci&oacute;n como si se abordaran por primera vez.&nbsp;</p>
<p>Pero esta temporada hay una novedad porque, ante la falta de lluvia, las autoridades han decidido abastecer al Jarama con los embalses de El Vado y El Atazar, y esto que supone un alivio para la cuenca, obliga a preguntarse a los contertulios si no se habr&aacute; alterado la personalidad del r&iacute;o al introducirse en sus aguas naturales otras prestadas. En pleno debate, el escritor que les dio la palabra en la novela famosa de <em>El Jarama</em>, asoma a la puerta. "Don Rafael", exclama quien le reconoce a pesar del tiempo transcurrido. Y a la admiraci&oacute;n que despierta entre los parroquianos el nombre del se&ntilde;or S&aacute;nchez Ferlosio, se a&ntilde;ade la curiosidad de averiguar si esta incidencia que comentaban es lo que le trae despu&eacute;s de tantos a&ntilde;os a la venta de Mauricio para anotar con su mano maestra, en otra obra de fementida ficci&oacute;n, la mudanza.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>LA ROSA Y EL LIBRO</strong></p>
<p><em>A Lourdes Serrano</em></p>
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<p>El visitante empuja la puerta de la librer&iacute;a con la confianza del que pisa terreno conocido. Pero, al no hallar a la due&ntilde;a, permanece inc&oacute;modo, con el largo tallo de la rosa en su mano derecha. Otros a&ntilde;os la due&ntilde;a le daba la bienvenida y, despu&eacute;s de recoger de su mano la rosa, le entregaba un paquete envuelto en papel de colores. Y &eacute;l se mor&iacute;a de ganas de descubrir el contenido, pero no lo hac&iacute;a hasta ponerse a salvo de que alg&uacute;n polic&iacute;a le pidiera cuentas de su adquisici&oacute;n.</p>
<p>Bien sab&iacute;a esta circunstancia quien le hac&iacute;a el obsequio. Semanas antes del 23 de abril, la mujer buscaba lo que pod&iacute;a interesar a su amigo en las librer&iacute;as de la cuesta de Claudio Moyano, del pasadizo de San Gin&eacute;s y del circuito formado por las calles de Alcal&aacute;, Narv&aacute;ez, Ibiza y Fern&aacute;n Gonz&aacute;lez. Ah&iacute; acud&iacute;a la mujer como a puerto seguro y manten&iacute;a con los responsables de esos centros&nbsp; una conversaci&oacute;n en clave para burlar la vigilancia de la dictadura: "&iquest;Tienes <em>La n&aacute;usea</em>?; dame <em>Lolita</em>; reserva <em>El amante de Lady Chatterley</em>; me llevo <em>A.M.D.G</em>.; te pido Faulkner". Y el fruto de sus pesquisas, debidamente oculto a la fiscalizaci&oacute;n de las autoridades, se lo regalaba al amigo que la visitaba cada 23 de abril: "Ten tu Maeterlinck", murmuraba ella al tomar la rosa, "pero que no te lo vean, que me comprometes".</p>
<p>Muchos a&ntilde;os despu&eacute;s, el hombre recuerda con cari&ntilde;o aquellos locales que se arriesgaban a vender t&iacute;tulos prohibidos. Esa consideraci&oacute;n que entonces despertaba la literatura -aunque s&oacute;lo fuera como material peligroso-, se ha perdido. Hoy la resistencia de nuestra sociedad a la literatura es cada vez mayor, con el argumento de que no rinde beneficios econ&oacute;micos. Si prospera esta tendencia, piensa el caballero, &iquest;qu&eacute; van a ofrecer las librer&iacute;as a sus clientes?</p>
<p>Interrumpe su meditaci&oacute;n la due&ntilde;a. "Envolv&iacute;a tu regalo", explica para justificar su ausencia, mientras huele la rosa que &eacute;l le trajo. "Se ha perdido aquel aroma", afirma &eacute;l. "Tampoco la literatura es lo que era", comenta ella, se&ntilde;alando el mostrador con los libros firmados por gente de mundo y jaleados en los peri&oacute;dicos. "Pero nosotros no hemos cambiado", replica &eacute;l; y a&ntilde;ade: "&iquest;Por qu&eacute; quieren acabar con&nbsp; lectores como nosotros?". Quedan en silencio los dos tras el interrogante ret&oacute;rico. Luego, &eacute;l rasga el papel del obsequio delante de ella. Es una edici&oacute;n de bolsillo de <em>Los pueblos</em>, de Azor&iacute;n.</p>
<p>El hombre escoge el cap&iacute;tulo titulado&nbsp; "Ep&iacute;logo en 1960" y se lo lee a su amiga: "&iquest;Qu&eacute; quiere decir esto de Azor&iacute;n?", comienza. Y le vuelve la emoci&oacute;n de la primera vez que lo ley&oacute;. Ella escucha el texto como si nunca lo hubiese o&iacute;do, pero se adelanta a recitar el final: "Iremos al huerto y veremos c&oacute;mo marchan los membrillos". Y mir&aacute;ndose a los ojos los dos, con algo m&aacute;s rabia que melancol&iacute;a, corean la &uacute;ltima frase: "Y todos salen". El se guarda el libro en un bolsillo de la chaqueta. Ella apaga la luz, echa el cierre y, ya en la calle, ense&ntilde;a a su amigo lo que no hab&iacute;a visto hasta ahora. En el escaparate de la librer&iacute;a, m&aacute;s destacado que cualquier primicia editorial, resalta un cartel que dice: "Se vende", en letras grandes.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 17 Dec 2018 12:37:06 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La vagabunda]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-vagabunda/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/diciembre/ANDR_S_TRAPIELLO_3.jpg" alt="" /></p>
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<p>Lleg&oacute; por la ma&ntilde;ana</p>
<p>con sus mejores galas el verano,</p>
<p>pero la primavera</p>
<p>no se hab&iacute;a marchado todav&iacute;a.</p>
<p>Los tuvimos sentados</p>
<p>a la mesa almorzando y cada uno</p>
<p>trat&oacute; de agasajarnos</p>
<p>con lo mejor que hab&iacute;a en sus alforjas.</p>
<p>Sac&oacute; primero primavera un pa&ntilde;o,</p>
<p>era azul y era cielo. Puso en &eacute;l</p>
<p>verano los bordados: golondrinas,</p>
<p>la lib&eacute;lula roja y el pespunte</p>
<p>del canto de los p&aacute;jaros.</p>
<p>El rumor de la fuente,&nbsp;</p>
<p>quiero decir el sue&ntilde;o,</p>
<p>corri&oacute; de nuestra cuenta.</p>
<p>Cuando lleg&oacute; el momento,</p>
<p>la primavera habl&oacute; de su regreso</p>
<p>para el a&ntilde;o que viene.</p>
<p>Fue el &uacute;nico momento de tristeza,</p>
<p>y nos quedamos solos el verano y nosotros.</p>
<p>Estaba anocheciendo y cruz&oacute; la lechuza</p>
<p>y dej&eacute; de pensar</p>
<p>y dej&eacute; de temer</p>
<p>y de echar nada en falta</p>
<p>como dicen que pasa si ya has muerto.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 17 Dec 2018 12:33:53 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una filosofía comprometida con la sociedad]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-filosofia-comprometida-con-la-sociedad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/diciembre/marina500.jpg" alt="" /></p>
<p>La fil&oacute;sofa Marina Garc&eacute;s, ofrece en <em>Fuera de clase. Textos de filosof&iacute;a de guerrilla</em> una recopilaci&oacute;n de textos redactados para la columna semanal del suplemento del diario <em>Ara</em> entre el a&ntilde;o 2014 y mediados de 2016. Desde los prop&oacute;sitos y coordenadas interpretativas del colectivo aglutinado alrededor de la Fundaci&oacute; &laquo;Espai en Blanc&raquo;, la profesora viene desplegando una inquieta y comprometida actividad intelectual al servicio de la movilizaci&oacute;n de las conciencias, utilizando la filosof&iacute;a para desvelar las posibilidades de una convivencia en la que los miembros nos reconozcamos como personas dignas y, a la vez, participantes de una comunidad. De alg&uacute;n modo, los textos aqu&iacute; reunidos forman una interesante prolongaci&oacute;n de la trayectoria exhibida en su anterior trabajo, <em>Un mundo com&uacute;n </em>(Bellatera, 2013).</p>
<p>En el pr&oacute;logo de la presente publicaci&oacute;n, la autora ya se&ntilde;ala su pretensi&oacute;n de utilizar la capacidad cr&iacute;tica de la filosof&iacute;a para hacer frente a una sociedad caracterizada por la competitividad, el clientelismo y la privatizaci&oacute;n. Comprensi&oacute;n de los problemas, desvelamiento de nuevas capacidades y poder de transformaci&oacute;n son los rasgos de la filosof&iacute;a a la que ha dado forma esta profesora de la Universidad de Zaragoza a lo largo de una renovadora trayectoria en la que no han faltado muestras de originalidad en su pensamiento e interesantes iniciativas de acci&oacute;n. Una filosof&iacute;a que pretende abrir nuevos horizontes, recuperar la fuerza de la palabra para desvelar problemas abriendo v&iacute;as al pensamiento y, sobre todo, conformar una filosof&iacute;a activa que no pierda de vista el compromiso de la teor&iacute;a con la realidad social. De hecho, a lo largo de los textos reunidos en esta ocasi&oacute;n puede detectarse la constante de una interpelaci&oacute;n cercana, pr&oacute;xima al lector, en la que adem&aacute;s de llamarle a la reflexi&oacute;n y de exortarle a desarrollar actitudes de compromiso parece preguntarle: &laquo;&iquest;T&uacute; d&oacute;nde te encuentras?&raquo;.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Su proyecto te&oacute;rico, del que forma parte este trabajo, pretende recuperar el sentido de las palabras escapando de las clasificaciones previas y de las maneras estereotipadas del decir. El libro promete embarcarse en una dif&iacute;cil empresa, sin embargo el resultado, a causa de la naturaleza ocasional y fragmentaria de los textos en los que encuentra su origen, se ubica s&oacute;lo en los bordes de aquello que parece desear expresar: apunta hacia situaciones, bosqueja planes de pensamiento y acci&oacute;n, se desgrana en mir&iacute;adas de intuiciones cognoscitivas que no describen con el suficiente rigor ni con la deseable claridad o profundidad en sus diferentes aspectos los asuntos que aborda. No obstante, el lector ya debe contar con ello: no es un libro acad&eacute;mico de filosof&iacute;a que exponga sistem&aacute;ticamente una cuesti&oacute;n, sino un compendio que aglutina un conjunto de reflexiones dispersas, a modo de p&iacute;ldoras filos&oacute;ficas, que van desde la reelaboraci&oacute;n personal de planteamientos conocidos, hasta pensamientos audaces y originales de la profesora, muchas veces surgidos de relecturas de autores cl&aacute;sicos o contempor&aacute;neos, y tambi&eacute;n de sus clases impartidas en la universidad.</p>
<p>Su <em>filosof&iacute;a de guerrilla </em>se&ntilde;ala algunas contradicciones del pensamiento hegem&oacute;nico occidental que cobra fuerza en la Ilustraci&oacute;n y se prolonga hasta la actualidad generando nuevas formas de opresi&oacute;n cultural, pol&iacute;tica, econ&oacute;mica e institucional. El papel de la cultura en la sociedad, las derivas nacionalistas y populistas, las posibilidades de la escuela, las funciones de la educaci&oacute;n superior, los intercambios discursivos, las estrategias del poder&hellip; Muchos y diversos asuntos desgranan las p&aacute;ginas de este libro donde seguro que, entre tanta variedad, el lector encontrar&aacute; momentos inspiradores, porque la prosa que exhibe Marina Garc&eacute;s es deslumbrante y audaz en muchas ocasiones, culta siempre, y toda ella exhala un sugerente h&aacute;lito de inteligencia y sensibilidad.</p>
<p>Recuperando para el gran p&uacute;blico autores que ocupan los m&aacute;rgenes de nuestra tradici&oacute;n, intelectuales inquietos que abren nuevos espacios de encuentro dirigidos a desplazar los lugares comunes de nuestras ideas, su pretensi&oacute;n es utilizar la filosof&iacute;a para comprender lo que nos sucede. Pero no esperen los lectores referencias a los m&aacute;s acuciantes fen&oacute;menos de la pol&iacute;tica, la econom&iacute;a o la sociedad que los habituales medios de comunicaci&oacute;n nos presentan a diario, sino un enfoque indirecto que pretende, a trav&eacute;s de esta estrategia, conectarnos con una m&aacute;s radical transformaci&oacute;n de nuestras posibilidades. El libro rezuma, como es de esperar cuando se trata de filosof&iacute;a contempor&aacute;nea, momentos de abstracci&oacute;n y de posmodernidad, resultando una inteligente introducci&oacute;n a las manifestaciones culturales de aquellos que exploran los caminos de la diferencia. Sus reflexiones resultan especialmente perspicaces cuando da forma, con elegantes destellos literarios, a un an&aacute;lisis de nuestra realidad y de nuestras experiencias cotidianas. En esos momentos Marina Garc&eacute;s despliega un movimiento de vaiv&eacute;n del pensamiento que se mece, desde los m&aacute;s altos conceptos abstractos de la filosof&iacute;a, hasta su encarnaci&oacute;n concreta en nuestras vivencias diarias.</p>
<p>Celebramos, pues, en esta obra la centralidad del pensar filos&oacute;fico en unos tiempos tan aparentemente refractarios a ofrecernos la tranquilidad necesaria para poder hacerlo. Sorprende, dado el car&aacute;cter fragmentario de la selecci&oacute;n de textos que nos ocupa, la coherencia de este trabajo. Una unidad en los motivos de fondo que se asienta en la original mirada de su autora.&nbsp; Un libro que se disfruta ley&eacute;ndolo como lo que es: una recopilaci&oacute;n de breves art&iacute;culos con formato period&iacute;stico que restituye la capacidad vital de la filosof&iacute;a para interpretar nuestra vida y el mundo que conformamos entre todos.- RUB&Eacute;N BENEDICTO.</p>
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<p>Marina Garc&eacute;s, <em>Fuera de clase. Textos de filosof&iacute;a de guerrilla</em>, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2016.193 p&aacute;ginas.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 17 Dec 2018 12:31:24 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Paisaje de lo que falta]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/paisaje-de-lo-que-falta/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/diciembre/erika600.jpg" alt="" /></p>
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<p>A Ricardo lo mat&oacute; la m&aacute;quina.</p>
<p>Era m&aacute;quina que ronroneaba</p>
<p>como algo a punto de nacer.</p>
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<p>Lo conoc&iacute; cargando palos.</p>
<p>Cuando no hab&iacute;a palos, cargaba ladrillos.</p>
<p>Ten&iacute;a de todo su garaje. Ten&iacute;a una serradora.</p>
<p>El a&ntilde;o que cortaron la alameda,</p>
<p>pod&iacute;as verlo desde aqu&iacute;</p>
<p>fumando de pie sobre un tronco talado,</p>
<p>&eacute;l mismo vuelto tronco en la distancia,</p>
<p>reconciliado con el bosque.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Donde antes estaba Ricardo</p>
<p>hoy queda apenas un bostezo de humo,</p>
<p>aquel dibujo obsceno rayado con navaja</p>
<p>y el tatuaje na&iacute;f de su antebrazo,</p>
<p>todo flotando ap&oacute;crifo en el aire</p>
<p>como el dedo fantasma de un yakuza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A veces regreso a su cochera</p>
<p>y acaricio la m&aacute;quina apagada</p>
<p>que nadie quiso llevarse</p>
<p>esperando escuchar el ronroneo.</p>
<p>Le gustaba pellizcarme sin permiso</p>
<p>y la animaci&oacute;n japonesa.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 10 Dec 2018 08:27:46 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El sencillo misterio de la poesía de Lola Mascarell]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-sencillo-misterio-de-la-poesia-de-lola-mascarell/</link>
      <description><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2018/lola_600.jpg" alt="" /></p>
<p align="right"><em>Rescatar lo banal es la ambici&oacute;n de todo poeta l&iacute;rico.</em></p>
<p align="right">Charles Simic.</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p align="right"><em>Intento no pensar en lo que pienso.</em></p>
<p align="right">Lola Mascarell</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sencillo misterio el de estos 44 poemas que Lola Mascarell nos regala en su &uacute;ltimo libro: <em>Un vaso de agua</em>, t&iacute;tulo que es en s&iacute; mismo ya una declaraci&oacute;n de principios, t&iacute;tulo transparente (preciosa la vi&ntilde;eta de la cubierta de Jos&eacute; Saborit, ese vaso cotidiano, sin pretensiones, sin adornos, vaso escueto y ordinario, vaso sin flor) dif&iacute;cilmente podr&iacute;a encontrarse un t&iacute;tulo m&aacute;s elemental, m&aacute;s puro, m&aacute;s primordial, <em>Un vaso de agua</em> es a la vez el t&iacute;tulo del &uacute;ltimo poema del libro, que un dibujo de Isabel Quintanilla, su contemplaci&oacute;n y su recuerdo, provoca en la autora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una mano dibuja, la otra escribe. Una misma sed. Un mismo vaso de agua que la sacia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De vez en cuando uno se encuentra con algo que no esperaba, con algo inesperado, unas veces por inoportuno y otras porque resulta ins&oacute;lito el lugar donde lo encontramos. Porque ins&oacute;lito es encontrar hoy poes&iacute;a en un libro de poes&iacute;a, un g&eacute;nero en el que todos somos competentes, &ldquo;un g&eacute;nero que antes era considerado arduo hasta el escepticismo&rdquo; (Berarnidelli). Hoy la poes&iacute;a es la gran damnificada de la democratizaci&oacute;n de la cultura. Desde que todos somos poetas, la poes&iacute;a se ha convertido en tierra de nadie.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A la poes&iacute;a podemos acercarnos de dos formas. Una es escribi&eacute;ndola, y la otra ley&eacute;ndola. Pero la poes&iacute;a, a diferencia de otros g&eacute;neros, debemos escribirla como si la estuvi&eacute;ramos leyendo y debemos leerla como si la estuvi&eacute;ramos escribiendo. La poes&iacute;a, a diferencia de otros g&eacute;neros, a diferencia incluso de la filosof&iacute;a, con la que se la suele emparentar, quiz&aacute; con raz&oacute;n, sin duda con raz&oacute;n, no se hace como se hace por ejemplo una novela, ni se piensa como se piensa un pensamiento. La poes&iacute;a, dicho heideggerianamente es <em>ser-uno-para-otro</em>, o <em>ser-uno-con-otro</em>. Y el poeta, por su parte, y el lector, por la suya, lo &uacute;nico que puede hacer es descubrirla, sacarla de su madriguera, mostrarla, antes de que vuelva a escap&aacute;rsenos. Quiz&aacute; se parezca m&aacute;s a la pintura, &ldquo;arte de la luz&rdquo;. Porque a la poes&iacute;a hay que acercarse con humildad, sin exigencias, a la poes&iacute;a no se la puede obligar, no se la puede forzar, ni tampoco suplicar, la poes&iacute;a viene cuando quiere y se va cuando quiere. La poes&iacute;a es como el amor, hay que merecerlo, y como el amor te lo encuentras un d&iacute;a sin saber por qu&eacute;, y al d&iacute;a siguiente lo pierdes sin saber por qu&eacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero siempre hay un por qu&eacute;. Una pregunta en el aire. Un recuerdo que se olvida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La poes&iacute;a no es un g&eacute;nero literario.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No, no me estoy alejando del libro de Lola, me estoy acercando a &eacute;l, me estoy dejando envolver por &eacute;l, me estoy bebiendo el vaso de agua que me ofrece.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por lo dem&aacute;s, no trato de convencer a nadie de nada que no est&eacute; ya convencido. S&oacute;lo quiero exponer una idea acerca de la poes&iacute;a, una idea sencilla, una idea que no es m&iacute;a, y que ya Val&eacute;ry expres&oacute; en estos t&eacute;rminos: &ldquo;la poes&iacute;a no tiene como objetivo comunicar un &ldquo;pensamiento&rdquo;, sino provocar en el lector un estado emocional que corresponda a un pensamiento <em>an&aacute;logo</em> (y Val&eacute;ry subraya la palabra <em>an&aacute;logo</em>, es decir, no id&eacute;ntico).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En este mundo, nos dice Lola Mascarell, hay cosas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una silla, un costurero con dibujos florales, un delantal, una l&aacute;mpara, una colcha, un armario, unos zapatos, un vaso de agua&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Hay una balaustrada junto al mar.</em></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>Hay deseos. <em>Antes de dormir &ndash; el rumor de lo l&iacute;quido</em>.</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em>No alcanzamos la cumbre.</em></p>
<p><em>La cordura nos hizo regresar.</em></p>
<p><em>Cada renuncia eleva</em></p>
<p><em>la cima en la que crece tu deseo</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay remordimientos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay nostalgia. <em>Una nostalgia inmensa, repentina, / de todo lo que nunca sucedi&oacute;</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay desesperaci&oacute;n, hay euforia, hay confianza, hay sospecha, hay dolor, y hay, ay, a veces gran amor, hay poes&iacute;a. Mejor dicho hay palabras que destilan la experiencia y llegan a convertirse en poes&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Palabras que celebran tambi&eacute;n lo cotidiano, el viento entre las ramas, las luces y las sombras, unos cuerpos en la arena, unas pisadas, el sue&ntilde;o que no llega.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y el misterio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>De pensar y pensar / en lo absurdo de estar para marcharse</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lola Mascarell sabe que desentra&ntilde;ar el misterio no est&aacute; en su mano, sabe que no est&aacute; en manos de nadie, que su misi&oacute;n consiste s&oacute;lo en constatarlo, en se&ntilde;alarlo:</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em>Detente en tu camino / y habita ese misterio</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En advertir su presencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otras veces es la soledad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otras el amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay poemas en este libro que te desarman, poemas que te inquietan, poemas que te emocionan, poemas que te calman, poemas que te reconcilian, poemas que te desasosiegan, aunque ya supongo que no ser&aacute;n los mismos para todos. Ese tambi&eacute;n es su misterio.</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em>Sencillez</em>, es para m&iacute; uno de esos poemas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Y quiero escribir cosas </em></p>
<p><em>como que hoy hizo fr&iacute;o</em></p>
<p><em>&nbsp;</em><em>y que empieza noviembre</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(&hellip;)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;<em>Escribir por ejemplo</em></p>
<p><em>&nbsp;</em><em>que el d&iacute;a se termina,</em></p>
<p><em>&nbsp;</em><em>y que no pasa nada. </em></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em>Y bastar&aacute; tu nombre.</em></p>
<p>Unas p&aacute;ginas m&aacute;s adelante nos tropezamos con <em>Y bastar&aacute; tu nombre</em>, de resonancias m&iacute;sticas, cuyo verso final resuena en nosotros antes de leerlo: <em>para sanarme</em>. Y entonces volvemos a leer el poema y recitamos, como en una letan&iacute;a, <em>cu&aacute;ntas veces</em>, <em>cu&aacute;ntas veces</em>, mientras se van sucediendo tu nombre y la herida y mis desvelos y el manantial y la sed&hellip; La autora ha sabido combinarlo todo con tanta sabidur&iacute;a y sutileza que vamos leyendo, confiados sin saber ad&oacute;nde, hasta los dos versos rotundos que cierran el poema y nos dejan transidos de emoci&oacute;n: <em>cu&aacute;ntas veces, amor, / para sanarme</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay poemas que empiezan con un nudo en la garganta, como dec&iacute;a Robert Frost. Y otros que terminan con un nudo en la garganta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Voy de paso por sendas y caminos,</em></p>
<p><em>de paso entre las rocas, de prestado</em></p>
<p><em>por estos caminales</em></p>
<p><em>repletos de memoria y de pisadas.</em></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em>Voy tratando de asir alguna cosa,</em></p>
<p><em>una rama de &aacute;rbol,</em></p>
<p><em>una breve emoci&oacute;n, alg&uacute;n recuerdo,</em></p>
<p><em>un p&aacute;jaro, una piedra, una pisada,</em></p>
<p><em>una m&iacute;nima prueba que me deje</em></p>
<p><em>saber que estuve aqu&iacute;, s&oacute;lo de paso,</em></p>
<p><em>y que nada era m&iacute;o.</em></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>Una mano que dibuja, otra que escribe. Un vaso de agua<em>.</em> Un libro de poemas en el que hay poes&iacute;a. Poes&iacute;a primordial, poes&iacute;a transparente, poes&iacute;a clara como el agua clara del vaso que nos ofrece.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y que conste que &ldquo;yo no creo en la poes&iacute;a. Yo creo &uacute;nicamente en la poes&iacute;a que me hace creer en ella.&rdquo; (Berarnidelli).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lola Mascarell, <em>Un vaso de agua</em>, Valencia, Pre-Textos, 2018.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 10 Dec 2018 08:08:58 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Grace Paley: tal y como pensaba]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/grace-paley-tal-y-como-pensaba/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/diciembre/grace500.jpg" alt="" /></p>
<p>Quienes desconfiamos de los que son definidos como &laquo;activistas&raquo; corremos el riesgo de penetrar en un libro como <em>La importancia de no entenderlo todo</em>, de Grace Paley, con un prejuicio dif&iacute;cilmente salvable. Y m&aacute;s si topamos pronto con frases maximalistas como &laquo;la &uacute;nica obligaci&oacute;n de un escritor pasa por dejar en este mundo un poco m&aacute;s de justicia de la que encontr&oacute; al llegar&raquo;. Afortunadamente, el texto desmiente con rapidez el apriorismo para presentarse como una colecci&oacute;n de art&iacute;culos, reportajes, pr&oacute;logos de libros y transcripciones de charlas que la autora escribi&oacute; a lo largo de la &eacute;poca m&aacute;s activa de su vida (1960-1995, aproximadamente) y que abordan con cr&iacute;tica lucidez y esp&iacute;ritu de reflexi&oacute;n asuntos como el aborto, la discriminaci&oacute;n de la mujer, la guerra de Vietnam, la objeci&oacute;n de conciencia militar y la desobediencia civil, el capitalismo descontrolado, la lucha por los derechos de los homosexuales, la instrucci&oacute;n p&uacute;blica, la segregaci&oacute;n racial, la cuesti&oacute;n jud&iacute;a, la centrales nucleares, etc. Son, como se puede apreciar a simple vista, los grandes temas que la izquierda europea y norteamericana ha enarbolado como propios a lo largo del siglo XX, y que han constituido, efectivamente, la lucha colectiva y ut&oacute;pica por una sociedad m&aacute;s justa, igualitaria y libre de los abusos del poder.</p>
<p>Esa fue la batalla de Grace Paley, que reconoce, con orgullosa coqueter&iacute;a, haber recibido &laquo;una infancia socialista t&iacute;pica&raquo; (p&aacute;gina 125). El libro, cuyo t&iacute;tulo original es m&aacute;s sugestivo que el espa&ntilde;ol (<em>Just As I Thought</em>, &laquo;Tal y como pensaba&raquo;), est&aacute; plagado de referencias a su familia, formada por jud&iacute;os rusos exiliados por el zar Nicol&aacute;s II y asentados en Estados Unidos, concretamente en el Bronx neoyorquino, pero tambi&eacute;n a su labor como madre y ama de casa, profesora, poeta, narradora (tres libros de relatos a lo largo de su vida, reunidos en un volumen por Anagrama: <em>Cuentos completos</em>), reportera y conferenciante. Pero el material de su libro surge sobre todo de la calle; Paley no es una intelectual al estilo, digamos, de Susan Sontag, sino una mujer vitalista y combativa m&aacute;s en la l&iacute;nea de Doris Lessing, que participa en manifestaciones, concentraciones y protestas, ingresa en prisi&oacute;n en dos ocasiones, viaja varias veces a Vietnam en plena masacre, dicta peculiares clases de literatura, se practica dos abortos, se mezcla con mujeres negras y canaliza su protesta por la integraci&oacute;n racial plena, se manifiesta peri&oacute;dicamente ante el Pent&aacute;gono&hellip; Ah&iacute; reside el principal atractivo de <em>La importancia de no entenderlo todo</em>, en su combinaci&oacute;n de reportaje callejero experimentado <em>in situ</em> y de reflexi&oacute;n global y serena sobre las injusticias del mundo contempor&aacute;neo. Paley, por ejemplo, no solo ataca la intervenci&oacute;n americana en Vietnam, El Salvador o Afganist&aacute;n por criterios morales, humanitarios o emocionales, sino que apunta las consecuencias econ&oacute;micas que los conflictos deja en la poblaci&oacute;n m&aacute;s d&eacute;bil, con ciudades &laquo;en ruinas y devastadas&raquo; (p&aacute;gina 117). &laquo;Sufren la devastaci&oacute;n de la guerra &mdash;contin&uacute;a&mdash;. Los hospitales est&aacute;n cerrados, las escuelas privadas de maestros y libros. Los j&oacute;venes negros y latinos no tienen trabajos decentes. Los obligar&aacute;n a alistarse en el ej&eacute;rcito (&hellip;) Las ayudas que reciben los pobres se recortan o se eliminan para alimentar al Pent&aacute;gono, que necesita unos 500 millones diarios para mantener su salud homicida. El a&ntilde;o pasado se llev&oacute; 157.000 millones de nuestros impuestos, 1.800 d&oacute;lares de cada familia de cuatro miembros&raquo;.</p>
<p>Lo mismo ocurre con sus convicciones feministas, que no apuestan por la percepci&oacute;n de los hombres como permanentes verdugos sociales (feminismo radical), ni tampoco por la defensa de las diferencias por sexo (o, ahora, de &laquo;g&eacute;nero&raquo;) no como una realidad inherente al ser humano, sino como una construcci&oacute;n cultural (feminismo cultural), sino m&aacute;s bien en la l&iacute;nea del feminismo socialista, que observa la discriminaci&oacute;n y opresi&oacute;n de la mujer en la l&oacute;gica del capitalismo patriarcal, igual que ocurre con el racismo. Para Paley, la liberaci&oacute;n de la mujer llegar&aacute; por la v&iacute;a cultural &mdash;destrucci&oacute;n de la sociedad patriarcal&mdash; pero, sobre todo, por la v&iacute;a econ&oacute;mica, ya que la tradici&oacute;n de la explotaci&oacute;n capitalista se ha cebado con los colectivos socialmente m&aacute;s d&eacute;biles, como las mujeres, los negros o los latinos. Paley encuentra la voz contradictoria de otra exiliada, este caso ucraniana y en Brasil: Clarice Lispector. Y a la pregunta de c&oacute;mo concibe el feminismo, responde asertivamente: &laquo;Ser feministas (&hellip;) implica ser responsables de la libertad de su propio pa&iacute;s, de la libertad de las mujeres, los hombres y los ni&ntilde;os. (&hellip;) Implica mantener viva la batalla, no ceder un cent&iacute;metro, pero a la vez trabajar codo a codo con los hombres, porque la conciencia feminista debe pasar a formar parte de las soluciones pr&aacute;cticas, si quiere convertirse en el tejido de un desenlace revolucionario&raquo; (p&aacute;gina 132). Es decir: su lucha es la lucha de la mujer, pero sobre todo la de la mujer obrera.</p>
<p>Como se observa, el libro abunda en un tono ut&oacute;pico con el que no se puede dejar de simpatizar. La autora escribe poemas para ense&ntilde;ar literatura a sus alumnos y, sobre todo, defiende la educaci&oacute;n p&uacute;blica frente a aquellos de sus amigos y colegas que matriculan a sus hijos en escuelas privadas elitistas y alternativas. &laquo;Los hijos de los progresistas deben ir a la escuela p&uacute;blica&raquo;, proclama (p&aacute;gina 167); lo contrario es caer en el clasismo y, en consecuencia, alimentar el gueto. En Paley aparece de manera frecuente la cuesti&oacute;n de clase: la izquierda debe promover la escuela p&uacute;blica, plural y laica por la misma raz&oacute;n que la clase alta (<em>sic</em>) promueve las escuelas de clase alta o los cat&oacute;licos la escuela cat&oacute;lica: como proyecci&oacute;n de su idea de pertenencia a un grupo social.</p>
<p>Acaba <em>La importancia de no entenderlo todo</em> con una prolongaci&oacute;n necesaria de su pensamiento pacifista: la intervenci&oacute;n americana en la primera Guerra del Golfo, a la que emparenta sin problemas con la de Vietnam, sobre todo en el despilfarro econ&oacute;mico, en la injusticia que reportan y en la manipulaci&oacute;n de los medios de comunicaci&oacute;n por parte de los poderes pol&iacute;tico-econ&oacute;micos. &laquo;&iquest;Es ahora m&aacute;s seguro Oriente Medio?&raquo;, inquiere una pancarta de la asociaci&oacute;n Women Indict Military Policies (&laquo;Las mujeres condenan las pol&iacute;ticas militares&raquo;). Estamos en la temprana fecha de marzo de 1991 y la pregunta, varias d&eacute;cadas, se responde por s&iacute; sola. Y una conexi&oacute;n ins&oacute;lita final: la guerra de Irak coincide con una pregunta sobre la menopausia que una escritora amiga efect&uacute;a a la propia Paley, que escribe un breve ensayo en el que relaciona la relevancia de un hecho y la insignificancia del otro; las esferas de lo social y lo individual (e &iacute;ntimo) se cruzan en un aliento sordo de melancol&iacute;a. Para entonces es ya una anciana, y Paley reivindica la vejez y a los viejos como antes reivindic&oacute; a las mujeres, a los negros, a los pobres, a los vietnamitas, a los iraqu&iacute;es, a las prostitutas, a los obreros explotados, a las presas. Y zanja el asunto mostrando su debilidad: &laquo;Me siento de maravilla. (&hellip;) Pero s&iacute;, la verdad es que me molesta bastante hacerme mayor&raquo; (p&aacute;gina 231). Es importante y hermoso llegar a viejo y no entenderlo todo. Pero escribir, y actuar, por mejorarlo.- PABLO P&Eacute;REZ RUBIO</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;Grace Paley, <em>La importancia de no entenderlo todo, </em>Madrid, C&iacute;rculo de Tiza, &nbsp;2016.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 10 Dec 2018 08:00:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Siete gracias farrucas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/siete-gracias-farrucas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/diciembre/JUAN_CARLOS_RECHE.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 330px;"><em>A Juan Antonio Bernier</em></p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">1.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">R&iacute;o como hubiera</p>
<p style="padding-left: 330px;">re&iacute;do mi maestro;</p>
<p style="padding-left: 330px;">cara de tonto por</p>
<p style="padding-left: 330px;">el camino de siempre.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">2.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">Con todo lo que s&eacute;</p>
<p style="padding-left: 330px;">hacer una comparsa.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">3.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">La Virgen del Pu&ntilde;o ven&iacute;a</p>
<p style="padding-left: 330px;">subiendo por la Calle Nueva</p>
<p style="padding-left: 330px;">deshaciendo en los escaparates</p>
<p style="padding-left: 330px;">su hilera torpe de viejas.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">4.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">Por nueva tala</p>
<p style="padding-left: 330px;">muertecita de fr&iacute;o</p>
<p style="padding-left: 330px;">la Nomentana.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">5.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">Todo el verano</p>
<p style="padding-left: 330px;">Jose&iacute;to, y nunca</p>
<p style="padding-left: 330px;">lo salud&eacute;.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">6.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">Los chascos de los pobres:</p>
<p style="padding-left: 330px;"><em>A la emoci&oacute;n por la transparencia</em>, &iquest;no?</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">7.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">Escribir como un robo al aire.</p>
<p style="padding-left: 330px;">Pero el p&aacute;jaro.<strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong></p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 10 Dec 2018 07:56:09 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Octavio Paz, cosmógrafo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/octavio-paz-cosmografo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/diciembre/paz500.jpg" alt="" /></p>
<p>Octavio Paz, &iquest;un poeta ensayista o un ensayista poeta? &iquest;Un poeta que piensa poemas veteados de reflexiones, pre&ntilde;ados de relecturas, o un ensayista que canta el mundo en ensayos sembrados de connotaciones y de visiones, inagotables como poemas?</p>
<p>El territorio de Paz es esa intersecci&oacute;n entre poes&iacute;a y ensayo. Un lugar donde la palabra l&iacute;rica es una candela que ilumina, en el que Paz rescribe el mundo en cada lectura. Como un ni&ntilde;o que siguiera los renglones con el dedo, y luego mojara ese mismo dedo en tinta para escribir nuevas lecturas.</p>
<p>Y el se&ntilde;or de ese puente, de esa isla que pertenece a ambas orillas del r&iacute;o, es el Paz lector, del que nace todo. El Paz que lee y quiere emular a los escritores que admira. El Paz que se busca, se lee y se narra en otros.</p>
<p>Muy significativamente, Paz invoca desde el subt&iacute;tulo de sus ensayos al santo patr&oacute;n de los lectores modernos: Valery Larbaud. As&iacute;, recoge la denominaci&oacute;n acu&ntilde;ada por Larbaud, &ldquo;dominio&rdquo;, para marcar sus ensayos literarios: cuando reagrupa y edita sus <em>Obras completas</em>, divide sus acercamientos entre el &ldquo;dominio extranjero&rdquo; (<em>Excursiones/Incursiones</em>) y el &ldquo;dominio hisp&aacute;nico&rdquo; (<em>Fundaci&oacute;n y disidencia</em>).</p>
<p>Paz conoce muy bien a Larbaud. Le dedic&oacute; un revelador ensayo, compartido con Pessoa, en el que se&ntilde;ala que es el primero en usar heter&oacute;nimos, seis a&ntilde;os antes de la aparici&oacute;n de Alberto Caeiro. Para situarlo ante el lector hisp&aacute;nico, dir&aacute; que s&oacute;lo Alfonso Reyes en nuestra lengua est&aacute; al nivel de la fina prosa larbaudiana. Y viceversa, Paz define as&iacute; a Reyes: &ldquo;viajero en varias lenguas por &eacute;ste y otros mundos, escritor af&iacute;n a Valery Larbaud por la universalidad de su curiosidad y sus experiencias &ndash;a veces verdaderas expediciones de conquista en tierras ayer inc&oacute;gnitas&ndash; mezcla lo le&iacute;do con lo vivido, lo real con lo so&ntilde;ado, la danza con la marcha&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Ese paralelismo entre la exploraci&oacute;n geogr&aacute;fica y la exploraci&oacute;n literaria nos da la clave para entender los ensayos de Paz. Escritor y diplom&aacute;tico &ndash;como Jos&eacute; Gorostiza, como Gilberto Owen, como Alfonso Reyes&ndash;, Paz vivi&oacute; en la India, en Francia y en Estados Unidos; pero supo que la lectura es otra manera de viajar, tanto en el espacio como en el tiempo. As&iacute; lo declara al comienzo de su pr&oacute;logo a <em>Excursiones/Incursiones</em>: &ldquo;Cada lectura, como ocurre en los viajes reales, nos revela un pa&iacute;s que es el mismo para todos los viajeros y que, sin embargo, es distinto para cada uno. Un pa&iacute;s que cambia con el tiempo y con nuestros cambios: no es lo mismo leer <em>La Cartuja de Parma</em> a los veinticinco a&ntilde;os que volver a leerla a los sesenta. No es lo mismo ni es la misma novela&rdquo;.</p>
<p>Coincidiendo con la mirada de Larbaud &ndash;que, en sus paseos por Lisboa, se imaginaba ser un Serpa Pinto de la Literatura&ndash;, Octavio Paz crea una &ldquo;Geograf&iacute;a Literaria&rdquo;. A la vez explorador y cosm&oacute;grafo, descubre nuevos territorios, encuentra regiones escondidas y corrige mapas err&oacute;neos, admitidos por la indolente costumbre. Sus ensayos son mapas que cotejan los parajes sin fiarse de mediciones anteriores, y que anhelan sin descanso conocer y cartografiar la <em>Terra Incognita</em> que espera, prometedora, en el horizonte. Mapas que persiguen reproducir ese mar que engloba todo. Un mapa infinito para un mar inagotable.&nbsp;</p>
<p>Toda expedici&oacute;n necesita de trujamanes que abran las rutas. Paz se multiplica en las lenguas que va aprendiendo para poder leer directamente las obras originales. Y tras la lectura, el deseo de compartir la felicidad: la traducci&oacute;n. Paz nos entrega su Donne, su Mallarm&eacute;, su Apollinaire, su William Carlos Williams, su Pessoa&hellip; <em>Su</em>, porque con cada traducci&oacute;n viene aparejada una visi&oacute;n propia, una lectura. Esa quintaesencia del lector que es el traductor se plasma a la perfecci&oacute;n en Octavio Paz, quien suele acompa&ntilde;ar sus versiones de comentarios y sugerentes perspectivas<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>.</p>
<p>Su insaciable curiosidad de ni&ntilde;o nos regal&oacute; tambi&eacute;n poemas de la India, Jap&oacute;n y China. M&aacute;s que eso: convirti&oacute; a Tablada en su precursor y nos regal&oacute; literaturas enteras, porque a partir de las rutas abiertas por Paz podemos acercarnos a Oriente con naturalidad inusitada.</p>
<p>Quiz&aacute; sea &ldquo;naturalidad&rdquo; la palabra que mejor cuadra a la visi&oacute;n universal que Paz tiene de la Literatura. Naturalidad y familiaridad con nuestra tradici&oacute;n, y tambi&eacute;n con las otras tradiciones. Por doquier encuentra Paz las redes que conectan a los grandes creadores. Ve la literatura como un asombroso tapiz, conformado con hilos de varias lenguas y diversas &eacute;pocas. Busca el dechado escondido tras los dibujos, que quiz&aacute; nos aguarda en una alusi&oacute;n casi borrada, que espera paciente a que alguien la descifre. Y tambi&eacute;n sigue los hilos sueltos, a los que les falta el nudo que los justifique. En sus manos, esos hilos perdidos son un nuevo hilo de Ariadna; no para salir, sino para entrar en el laberinto de un autor, de la literatura, del mundo.</p>
<p>Paz se sabe parte de una red mundial de &ldquo;cart&oacute;grafos literarios&rdquo;, en la que unos y otros comparten exploraciones y mediciones. Un libro es un salvoconducto, y un nombre es una se&ntilde;al de familia. Se hace amigo de Czesław Miłosz en Par&iacute;s al saber que su poeta moderno preferido es el mismo que el suyo, T. S. Eliot. En los a&ntilde;os cuarenta, en M&eacute;xico, el nombre de Borges &ldquo;era una contrase&ntilde;a entre iniciados y la lectura de sus obras el culto secreto de unos cuantos adeptos&rdquo;, entre los que se contaban Al&iacute; Chumacero y Xavier Villaurrutia. A&ntilde;os m&aacute;s tarde, el v&iacute;nculo entre Borges y Paz ser&aacute; el descubrimiento de que varios de sus poetas favoritos eran los mismos. Personas y libros se entrelazan. Observa Paz: &ldquo;Nuestras vidas son un tejido de encuentros y desencuentros: f&iacute;sicos, mentales, afectivos. [&hellip;] &iquest;qu&eacute; habr&iacute;a sido de Val&eacute;ry sin Mallarm&eacute; o Rimbaud sin Verlaine? &iquest;C&oacute;mo habr&iacute;a escrito Ezra Pound los <em>Cantos</em>, ese vasto y descosido poema, si hubiese tenido a su lado un consejero inteligente como &eacute;l mismo lo fue de Eliot?&rdquo;</p>
<p>La lectura es tambi&eacute;n una conversaci&oacute;n, una interminable conversaci&oacute;n que supera tiempos y espacios. Tras esa su primera lectura de Borges <em>para</em> <em>iniciados</em>, Paz comenta: &ldquo;Desde esos d&iacute;as, no dej&eacute; de leerlo y conversar silenciosamente con &eacute;l&rdquo;. Otra de sus compa&ntilde;&iacute;as perennes es Quevedo &ndash;&ldquo;no cesa de asombrarme su continua presencia a mi lado, desde que ten&iacute;a veinte a&ntilde;os hasta ahora que tengo ochenta&rdquo;&ndash;, cuya influencia fre&aacute;tica confiesa: &ldquo;En ese mismo a&ntilde;o de 1942 escrib&iacute; varios sonetos bajo el signo de Quevedo, el signo de la escisi&oacute;n&rdquo;.&nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>
<p>Desde esa su mirada que abarca una conversaci&oacute;n de siglos, Paz puede se&ntilde;alar con toda naturalidad que &ldquo;el parecido entre G&oacute;ngora y Mallarm&eacute; es enga&ntilde;oso&rdquo;.</p>
<p>Veamos un ejemplo de su manera de discurrir, de transitar los caminos de la Literatura: &ldquo;El Gilberto Owen tradicional &ndash;ingenioso, <em>pr&eacute;cieux</em> y apasionado, enamorado de los misterios sacros y de los juegos de palabras, pez volador entre Cocteau y Eliot&ndash; desaparece; en su lugar o, m&aacute;s bien, entre sus cenizas, mezcladas al confeti de no s&eacute; qu&eacute; triste carnaval, se levanta otro poeta, del linaje de Blake y Nerval, Pessoa y Yeats. [&hellip;] encarna entre nosotros la figura a un tiempo familiar y enigm&aacute;tica del poeta iniciado, el adepto de la <em>otra</em> religi&oacute;n de Occidente &ndash;la vieja religi&oacute;n de los astros que fascin&oacute; a los neoplat&oacute;nicos de Florencia, nutri&oacute; a Spenser y a Ronsard&rdquo;. Sobre Borges dice: &ldquo;Algunas de sus ficciones parecen cuentos de <em>Las mil noches y una noche</em> escritos por un lector de Kipling y Chuang Tzu; algunos de sus poemas hacen pensar en un poeta de la <em>Antolog&iacute;a Palatina</em> que hubiese sido amigo de Schopenhauer y de Lugones&rdquo;.</p>
<p>Al mostrarnos a otros hace un autorretrato: el de un poeta que se maneja a sus anchas en una simultaneidad literaria, para quien &ndash;como dijo Paz de Borges&ndash; &ldquo;la tradici&oacute;n literaria no le parec&iacute;a menos viva y presente que la actualidad&rdquo;.</p>
<p>Paz es el anfitri&oacute;n perfecto de un inmenso e inagotable banquete. Salta de una mesa a otra, lleva a los comensales y los presenta, une a los que cree que van a llevarse bien. Trasvasa las &eacute;pocas para unir autores; sobre Lope dice &ldquo;Nos hace falta una selecci&oacute;n realmente moderna de su poes&iacute;a y, sobre todo, nos hace falta que alguien haga con &eacute;l lo que D&aacute;maso Alonso hizo con G&oacute;ngora o Eliot con Donne: situarlo, insertarlo en la tradici&oacute;n moderna&rdquo;. Paz reivindica ese oficio de lector-puente, de lector-zahor&iacute;, de lector que abre caminos y recupera sendas. Un oficio que s&oacute;lo un creador puede realizar a la perfecci&oacute;n.</p>
<p>El lector Octavio Paz es el cruce entre el poeta y el ensayista, el gozne hacia ambos lados. El nexo entre el constante cifrado y descifrado del universo. Porque Octavio Paz <em>lee</em> <em>po&eacute;ticamente</em>.</p>
<p>A la vez Marco Polo y Juan de la Cosa, viajero y cronista, explorador y cosm&oacute;grafo, Octavio Paz nos descubre a poetas lejanos. Otras veces, se aventura a&uacute;n m&aacute;s en lo desconocido y nos se&ntilde;ala a poetas extra&ntilde;os y asombrosos que se esconden tras los nombres m&aacute;s citados.</p>
<p>El ni&ntilde;o Aries que es Paz nos lleva de la mano por su jard&iacute;n de juegos, que es una biblioteca, y nos invita a jugar con &eacute;l a la lectura. Conf&iacute;a en nosotros, nos muestra sus juguetes y los comparte, feliz de encontrar un compa&ntilde;ero de juegos.</p>
<p>Nos habla como un degustador que encuentra el ingrediente escondido de un plato o el secreto de un vino. Como el enamorado que se detiene en los detalles del cuerpo amado<a title="" href="#_ftn2">[2]</a>. Unos detalles m&iacute;nimos, exactos y valiosos, que s&oacute;lo un enamorado podr&iacute;a percibir.</p>
<p>Las lecturas de Paz tienen algo de m&aacute;gico. Galvanizan los textos que, bajo el encanto de sus palabras, se yerguen vivos y poderosos como nunca. As&iacute; resume Paz su mester: &ldquo;&Eacute;sa es la misi&oacute;n del cr&iacute;tico: darle al lector ojos nuevos para que lea o relea la obra. Esta forma de la cr&iacute;tica, la m&aacute;s alta, equivale a una resurrecci&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>Ese es Octavio Paz: un mago ni&ntilde;o compartiendo su magia. Un mago se&ntilde;alando la fina pericia de trucos ajenos. Mejor a&uacute;n: descubriendo feliz que quiz&aacute; existen los prodigios. Que quiz&aacute; no hay truco.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;Su lista de autores traducidos es una reveladora panoplia de lecturas: Nerval, Michaux, &Eacute;luard, Supervielle, Reverdy, Cocteau, Char, Andrew Marvell, Yeats, Pound, e.e.cummings, Wallace Stevens, Charles Tomlinson, Elizabeth Bishop, Mark Strand, Vasko Popa, Czesław Miłosz&hellip;&nbsp;</p>
<div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a>&nbsp;Podr&iacute;amos decir que como un enamorado que <em>lee</em> los detalles del cuerpo amado: un lunar, un antojo, una perspectiva &uacute;nica&hellip; al estilo de los <em>Blasonneurs</em> <em>du</em> <em>corps</em> <em>f&eacute;minin</em>, que Paz conoc&iacute;a bien.</p>
<br clear="all" />
<p class="footnotetext">&nbsp;</p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 10 Dec 2018 07:46:55 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El secreto]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-secreto/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/diciembre/rossetti600.jpg" alt="" /></p>
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<p>Pero yo cierro los ojos.</p>
<p>Siempre cierro mis ojos.</p>
<p>La madrugada huele a borrachera.</p>
<p>Pero yo cierro los ojos.</p>
<p>Turbio aliento que alcanza mi mejilla.</p>
<p>Pero yo cierro los ojos.</p>
<p>Se levanta el borde de la s&aacute;bana.</p>
<p>Pero yo cierro los ojos.</p>
<p>El hielo se me entra en el costado.</p>
<p>Pero yo cierro los ojos.</p>
<p>Un cuerpo arrim&aacute;ndose a mi cuerpo.</p>
<p>Pero yo cierro los ojos.</p>
<p>Aprietan los terrores su mordaza.</p>
<p>Pero yo cierro los ojos.</p>
<p>El espanto me ata su camisa.</p>
<p>Pero yo cierro los ojos.</p>
<p>Su saliva, me cubre como el liquen.</p>
<p>Pero yo cierro los ojos.</p>
<p>Y la n&aacute;usea me eriza con sus p&uacute;as.</p>
<p>Pero yo cierro los ojos.</p>
<p>Bajo mis ropas los lagartos fr&iacute;os.</p>
<p>Pero yo cierro los ojos.</p>
<p>Bajo mis ropas crece una tar&aacute;ntula.</p>
<p>Pero yo cierro los ojos.</p>
<p>Bajo mis ropas el dolor es yedra.</p>
<p>Pero yo cierro los ojos.</p>
<p>Se abre paso la furia, desbrozando.</p>
<p>Pero yo cierro los ojos.</p>
<p>Ya la floresta gime mutilada.</p>
<p>Pero yo cierro mis ojos,</p>
<p>Ya est&aacute; libre el acceso a la rapi&ntilde;a.</p>
<p>Pero yo cierro los ojos.</p>
<p>Ya clava el gavil&aacute;n su duro pico.</p>
<p>Pero yo cierro los ojos.</p>
<p>Temblor desesperado es su deseo.</p>
<p>Pero yo cierro los ojos.</p>
<p>Sus s&iacute;smicos jadeos en mi cama.</p>
<p>Pero yo cierro los ojos.</p>
<p>Lava ardiente se enfr&iacute;a entre mis piernas.</p>
<p>Pero yo cierro los ojos.</p>
<p>Azucenas sangrando por mis ingles.</p>
<p>Pero yo cierro los ojos.</p>
<p>Ha sido consumado el sacrificio.</p>
<p>Pero yo cierro los ojos.</p>
<p>Yo los cierro. Siempre cierro mis ojos.</p>
<p>Pero mam&aacute; tambi&eacute;n cierra los ojos.</p>
<p>El mundo entero ha cerrado los ojos</p>
<p>Tan solo mi mu&ntilde;eca est&aacute; despierta.</p>
<p>Tan solo mi mu&ntilde;eca lo ve todo.</p>
<p>Todo.Todo Todo.Todo&hellip;.</p>
<p style="padding-left: 630px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 10 Dec 2018 07:39:53 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Camus, el valor de decir que no]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/camus-el-valor-de-decir-que-no/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/noviembre/camus600.jpg" alt="" /></p>
<p>En un cap&iacute;tulo de su fulm&iacute;neo <em>Vicino &amp; lontano</em> [<em>Pr&oacute;ximo &amp; lejano</em>], en el que sabe aferrar jirones de realidad como un halc&oacute;n, Alberto Cavallari, el m&aacute;s camusiano de los periodistas y escritores italianos, recuerda c&oacute;mo Albert Camus sol&iacute;a afirmar que la conciencia vale m&aacute;s que la supervivencia. &Eacute;l tambi&eacute;n, por lo dem&aacute;s, era capaz de resistir a la corriente de los tiempos, como reza en franc&eacute;s el subt&iacute;tulo del libro que Jean Daniel dedic&oacute; hace unos a&ntilde;os al autor franc&eacute;s y en especial a su actividad de periodista, <em>Avec Camus. Comment r&eacute;sister &agrave; l'air du temps </em>(Gallimard, 2006) [<em>Camus. A contracorriente</em> (Galaxia Gutenberg, 2008)]. Una peque&ntilde;a obra maestra, un modelo de sobria prosa cl&aacute;sica que uno querr&iacute;a guardarse en el bolsillo y llevar siempre encima cual breviario laico de libertad y resistencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fundador y editorialista de <em>Le Nouvel Observateur</em>, Jean Daniel es un testigo de excepci&oacute;n de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas de historia y de vida de esa cultura francesa que ha sido la aut&eacute;ntica conciencia de Europa. No por casualidad fue alguien muy pr&oacute;ximo a Camus, quien se lanz&oacute; a la actividad de periodista con la misma entrega absoluta que le llev&oacute; a escribir <em>El extranjero</em> o <em>La peste</em>. La grandeza de Camus consiste en haber unido una inflexible &eacute;tica a una inagotable vocaci&oacute;n por la felicidad, por vivir a fondo la vida como un baile popular o un radiante d&iacute;a de playa, sin negarse a mirar a la cara su car&aacute;cter tr&aacute;gico, pero rechazando toda moral que reprima la alegr&iacute;a y el deseo. Camus siente un sagrado, un religioso respeto por la existencia, lo que le veda toda trascendencia metaf&iacute;sica o pol&iacute;tica que pretenda sacrificarla en aras de fines superiores. Ning&uacute;n fin justifica los medios delictivos, que, todo lo contrario, pervierten los fines m&aacute;s nobles, como ocurre con las rebeliones &mdash;<em>El hombre rebelde</em>&mdash; siempre traicionadas por las revoluciones; ning&uacute;n amor por las victimas &mdash;siempre defendidas por Camus en contra sus verdugos&mdash; autoriza a estas (ni autoriza a sus defensores) a convertirse a su vez en verdugos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Camus viv&oacute; a fondo el nihilismo y el absurdo, a los que combati&oacute; por m&aacute;s que sin ilusi&oacute;n alguna en alcanzar una verdad aunque hallando un irreductible sentido y valor en el propio vivir; aunque Dios no existiese, no por eso todo estar&iacute;a permitido, afirma contra su amad&iacute;simo Dostoievski. Este humanismo radical no cae de ninguna manera en generosa ingenuidad, porque no incurre en la ilusi&oacute;n de ninguna posible inocencia; el h&eacute;roe de <em>La ca&iacute;da</em> denuncia la mala fe de la buena conciencia (Daniel).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la guerra de Argelia, donde hab&iacute;a nacido, Camus se bati&oacute; de forma inequ&iacute;voca contra la violencia colonialista y por la libertad del pueblo argelino, contra la criminal represi&oacute;n y la tortura. Pero rechaz&oacute; el terrorismo, no justificado para &eacute;l por la represi&oacute;n asesina de inocentes civiles en cuanto supone tambi&eacute;n el asesinato de inocentes civiles, entrando as&iacute; en conflicto con buena parte de la izquierda de entonces, que se revel&oacute; pol&iacute;ticamente menos l&uacute;cida y realista que &eacute;l. Acaso Camus, como observa Jean Daniel, no se sintiera jam&aacute;s, gracias a sus humildes or&iacute;genes, colonizador ni amo en su Argelia natal, pudiendo as&iacute; comprender que Argelia, en su sacrosanto derecho a la independencia pol&iacute;tica y a liberarse de la explotaci&oacute;n, era culturalmente y humanamente suya tambi&eacute;n, francesa tambi&eacute;n, pues en caso contrario caer&iacute;a en una fiebre identitaria, fundamentalista y violenta. An&aacute;logamente, Nadine Gordimer, en su lucha contra el <em>apartheid</em> en Sud&aacute;frica, defend&iacute;a la civilizaci&oacute;n de una tierra que, seg&uacute;n dec&iacute;a, era tan suya como de sus habitantes negros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La gran disputa &mdash;y alternativa&mdash; de aquellos a&ntilde;os no fue la que sostuvieron Sartre, genial fil&oacute;sofo pero tambi&eacute;n sectariamente trivial en tantas de sus c&oacute;modas y forzadas posturas ideol&oacute;gicas, y Aron, que a menudo no carec&iacute;a de raz&oacute;n, pero s&iacute; de la capacidad de asumir la carga humana de esos errores totalitarios, arrogantes con frecuencia pero nacidos de pasiones generosas. De Gaulle (cuya figura descuella cada vez m&aacute;s en la historia pol&iacute;tica del &uacute;ltimo medio siglo), lo llamaba con desprecio, &laquo;profesor en <em>Le Figaro</em> y periodista en el Coll&egrave;ge de France&raquo;; Aron abri&oacute; los ojos respecto al comunismo a muchos intelectuales que viv&iacute;an c&oacute;modamente en Occidente, pero fue Camus, la aut&eacute;ntica alternativa a Sartre, quien lo hizo en relaci&oacute;n con quienes habitaban en el Este y hab&iacute;an vivido, compartido y sufrido de manera bien distinta la fe comunista.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Releer a Camus, escribe Daniel, puede contribuir tambi&eacute;n a elaborar una nueva &eacute;tica del periodismo, que parece cada vez m&aacute;s urgente. Una &eacute;tica que Camus, hombre de izquierdas, resume en tres palabras poco familiares a buena parte de la izquierda: &laquo;Justicia, honor y felicidad&raquo;. Pero, sobre todo, lo que demuestra Daniel, narrando las vicisitudes de <em>Combat</em> &mdash;peri&oacute;dico nacido en la Resistencia y m&aacute;s tarde dirigido por Camus&mdash; es c&oacute;mo puede resultar concretamente realista y posible &laquo;resistirse a la corriente de los tiempos&raquo;, al clima pol&iacute;tico-cultural que es o parece predominante. Camus demostr&oacute; que pod&iacute;an dedicarse solo unas pocas l&iacute;neas a un crimen sensacionalista del que todos escrib&iacute;an sin salir perdiendo. Muchas veces, si se dice que no, no ocurre nada, como en ese viejo chiste de la monja joven y guapa que, ante la pregunta de c&oacute;mo hab&iacute;a sido la &uacute;nica en librarse de ser violada por una banda de delincuentes que hab&iacute;an irrumpido en el convento, contest&oacute;: &laquo;No s&eacute;, la verdad... yo solo dije que no...&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El periodismo es el esfuerzo de S&iacute;sifo por excelencia; aquellos que, como Jean Daniel, luchan por el reconocimiento de la diversidad defendiendo sobre todo lo universal hoy tan amenazado, tal vez no sepan, al igual que Camus y que todos nosotros, qu&eacute; es la verdad, pero saben muy bien qu&eacute; es la mentira y pueden repetir, con Camus: &laquo;No hemos mentido&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&copy; <em>Corriere della Sera</em></p>
<p align="right">(Traducci&oacute;n de Carlos Gumpert)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="right">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 27 Nov 2018 08:24:13 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Penelope Fitzgerald: la escritura interior]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/penelope-fitzgerald-la-escritura-interior/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/noviembre/penelope500.jpg" alt="" /></p>
<p>Son muchas las an&eacute;cdotas de la vida de Penelope Fitzgerald que parecen alentarnos, inspirarnos, hacernos ver que todo puede suceder si se persevera en la escritura y que nunca es tarde para empezar. Nos fascinan su estilo, su manera de decir tantas cosas y de transmitir tantas emociones cuando parece que apenas cuenta nada, pero tambi&eacute;n nos atrae su biograf&iacute;a, ese empe&ntilde;o y esa tenacidad literaria que a veces parece derivar de una sana cabezoner&iacute;a; nos seducen su erudici&oacute;n y su calma, esa especie de impasibilidad (de inspiraci&oacute;n se dir&iacute;a que oriental) que tal vez constituy&oacute; uno de los motivos para que aplazara durante tantos a&ntilde;os una escritura que tuvo que haber empezado antes. Entre otras cosas, porque todo apuntaba a que iba a empezar antes. Todo parec&iacute;a dispuesto, ordenado y preparado para que la se&ntilde;orita Penelope Knox escribiera nada m&aacute;s salir de la universidad, triunfara, y fuera una de las escritoras m&aacute;s sobresalientes de su generaci&oacute;n. Y, en cambio, no fue as&iacute;. Su primer libro, una biograf&iacute;a del pintor prerrafaelita Edward Burne-Jones, no lo publicar&iacute;a hasta haber cumplido los cincuenta y ocho a&ntilde;os, y su primera novela no aparecer&iacute;a hasta los sesenta. Cierto que a partir de ah&iacute; no par&oacute;: autora de nueve novelas, tres biograf&iacute;as, cuentos, ensayos, poemas, rese&ntilde;as literarias y numeros&iacute;simas cartas, gan&oacute; el Booker en 1979 con su tercera novela, <em>A la deriva</em>, aunque ya hab&iacute;a sido finalista del mismo premio con <em>La librer&iacute;a</em> (1978), y volver&iacute;a a serlo con <em>El inicio de la primavera</em> (1988) y <em>La puerta de los &aacute;ngeles</em> (1990). Cierto que se hizo mundialmente famosa con <em>La flor azul</em>, novela con la que gan&oacute; en EE.UU. el National Book Critics&rsquo; Circle Award, por delante de Don de Lillo o de Philip Roth, cuando ya ten&iacute;a 80 a&ntilde;os, y que ha contado con devotos como A.S. Byatt, que dice de Fitzgerald que es una leg&iacute;tima heredera de Jane Austen y que siempre fue una defensora ac&eacute;rrima de su literatura. Pero de Penelope Knox, una alumna brillante, que estudi&oacute; en el Somerville College (Oxford), como Iris Murdoch y Dorothy L. Sayers, uno de los primeros <em>colleges</em> en aceptar mujeres estudiantes, y donde m&aacute;s tarde estudiar&iacute;a tambi&eacute;n la propia A. S. Byatt, se esperaba un triunfo m&aacute;s temprano.</p>
<p>A este respecto, han sido varias las ocasiones en que despu&eacute;s de hablar de su obra en un club de lectura o en la presentaci&oacute;n de alguna de sus novelas, se me han acercado un par de asistentes y me han comentado que si Penelope Fitzgerald public&oacute; su primera obra a los sesenta a&ntilde;os, tambi&eacute;n queda tiempo para que ellos puedan hacer lo mismo. Ese consuelo es com&uacute;n entre los lectores que guardan una novela en el caj&oacute;n o en alg&uacute;n rinc&oacute;n de su cabeza, y que ven que es posible empezar a publicar justo a la edad en que otros escritores m&aacute;s tempranos ya van dejando de hacerlo. Y quiz&aacute; fuera por esa veteran&iacute;a, por esa liberaci&oacute;n que da la edad y que aleja aprensiones y complejos innecesarios, y, evidentemente, por la enorme amplitud de sus lecturas, por lo que Fitzgerald escribi&oacute; lo que quiso y como quiso. Es f&aacute;cil darse cuenta al leer cualquiera de sus libros de lo mucho que debi&oacute; de disfrutar al escribirlos. No es raro detenerse en alguna l&iacute;nea, en un p&aacute;rrafo, y llegar a la conclusi&oacute;n de que hizo lo que literariamente crey&oacute; que deb&iacute;a hacer, al margen de escuelas y de influencias, sin pensar en lectores, cr&iacute;ticos ni editores. Esa voluntad lib&eacute;rrima y desprejuiciada la llev&oacute; al &eacute;xito, si creemos que el &eacute;xito es la culminaci&oacute;n feliz de la tarea o la obra que se desea llevar a cabo. Compuso sus novelas, todas ellas, con una autonom&iacute;a completa que logr&oacute; que cada una sea una pieza exclusiva y extraordinaria, deleitable y absolutamente &uacute;nica, sin comparaci&oacute;n posible con ninguna otra obra, ni de su &eacute;poca ni posterior. Y ni siquiera con el resto de las obras firmadas por la misma autora. Cada novela marca un inicio categ&oacute;rico en su carrera, como si con cada nueva frase comenzara con el &iacute;mpetu y la osad&iacute;a que suelen caracterizar las primeras novelas. Como ella misma afirmaba, era &laquo;una vieja escritora que nunca fue una joven escritora&raquo;. Y la osad&iacute;a de esa &laquo;joven escritora&raquo; ya adulta se descubre en cada nueva entrega. El esp&iacute;ritu narrativo de Fitzgerald no se agota, no va perdiendo fuelle ni se va anquilosando: su deseo de escribir es tan fuerte que a los sesenta a&ntilde;os parece rezumar la energ&iacute;a y el vigor que tendr&iacute;a un adolescente instruido.</p>
<p>Lo que no quiere decir que no podamos reconocer una fidelidad en su estilo. Unas particularidades que, claramente, vienen a conectar y a enlazar la heterogeneidad de su producci&oacute;n. En sus obras se habla de la imposibilidad del entendimiento humano, de personajes que residen en los l&iacute;mites, de amantes que no se comprenden, de artistas y escritores rom&aacute;nticos, de profesores que han perdido la fe, de seres que parecen no pertenecer a la sociedad en que viven ni comprender el mundo en que todos los dem&aacute;s se mueven con tanta aparente facilidad. Su universo literario est&aacute; dividido entre los exterminadores y los exterminados. Cuando en 1979 gan&oacute; de manera inesperada el Booker con su novela <em>A la deriva</em>, a la edad de 63 a&ntilde;os, les dijo a sus amigos: &laquo;Ya sab&iacute;a yo que era una outsider&raquo;. Y tambi&eacute;n son outsiders sus protagonistas, tanto los reales de sus biograf&iacute;as como los ficticios de sus novelas. En una ocasi&oacute;n, dijo: &laquo;Me siento atra&iacute;da hacia la gente que parece haber nacido vencida o profundamente perdida&raquo;. Y as&iacute; lo refleja en sus personajes, como el protagonista de la magn&iacute;fica <em>El inicio de la primavera</em>, Frank Reid, un impresor ingl&eacute;s perdido en los albores de la Revoluci&oacute;n rusa que un d&iacute;a regresa a su casa para descubrir que su mujer se ha ido, le ha abandonado, y se ha llevado con ella a dos de sus tres hijos. Frank comprende entonces que todos los dem&aacute;s saben algo importante (importante para su propia vida y que &eacute;l desconoc&iacute;a) y se siente desorientado, como si le hubieran subido a un escenario para interpretar una obra de la que desconoce el texto, el argumento y el desenlace, mientras observa c&oacute;mo, de una manera casi tr&aacute;gica, todos los que le rodean conocen cada detalle del libreto a la perfecci&oacute;n.</p>
<p>Quiz&aacute; por esta especialidad de la que estamos hablando resulte tan com&uacute;n que nos planteemos mientras leemos sus obras una pregunta recurrente: &laquo;&iquest;c&oacute;mo lo hace?&raquo;. C&oacute;mo es posible que con tres pinceladas, con esas frases directas que parecen contarlo todo sin haber explicado nada, se nos revelen detalles tan certeros de los personajes, de su personalidad, de su voluntad, de su naturaleza e incluso de su aspecto f&iacute;sico, sin que seamos capaces de descubrir en qu&eacute; p&aacute;rrafo concreto hemos recibido tanta informaci&oacute;n. C&oacute;mo se nos ha llevado a trav&eacute;s de la trama planteada sin que nos hayamos percatado de su arranque ni de su exposici&oacute;n, y c&oacute;mo vamos descubriendo que la trama se complica, que va ganando implicaciones y derivaciones, hasta llegar a un desenlace que nunca es definitivo, en ning&uacute;n caso, porque la impresi&oacute;n con la que se queda el lector en la &uacute;ltima p&aacute;gina es la de que a&uacute;n suceder&aacute; mucho m&aacute;s y la de que sabe mucho m&aacute;s de lo que se le ha contado.</p>
<p>Lo cierto es que a Fitzgerald no le gustaba dar demasiadas explicaciones en sus novelas porque pensaba que hacerlo era un insulto para sus lectores. No obstante, como es de imaginar, conoc&iacute;a a sus personajes a la perfecci&oacute;n y recopilaba datos, fechas y an&eacute;cdotas suficientes de cada uno de ellos, tanto de los reales como de los ficticios, como para poder escribir una biograf&iacute;a documentada y rigurosa de cada uno de ellos. Por poner un ejemplo, para escribir <em>La flor azul</em> (1995), centrada en la vida del poeta alem&aacute;n Novalis, pas&oacute; tres a&ntilde;os document&aacute;ndose, leyendo, visitando librer&iacute;as y bibliotecas, recabando informaci&oacute;n. En una nota a Alberto Manguel, le confesaba que hab&iacute;a sacado cartas vinculadas a Novalis de la biblioteca de Londres y que las hab&iacute;a tenido en su poder cerca de dos a&ntilde;os sin que nadie se las hubiera reclamado.</p>
<p><span style="text-decoration-line: underline;"><br /></span></p>
<p><span style="text-decoration-line: underline;">La se&ntilde;orita Knox</span></p>
<p>Nieta de obispos, Penelope Fitzgerald, de soltera Knox, naci&oacute; en 1916 en una familia de intelectuales y pensadores que buscaron y tuvieron una existencia bastante exc&eacute;ntrica y singular. A pesar de no vivir en la escasez, porque no tuvieron necesidad de hacerlo, la mayor&iacute;a alababa las bondades del estoicismo y de una vida basada en la simplicidad, en la no acumulaci&oacute;n de bienes y en la sencillez, un tipo de vida que, con los a&ntilde;os, Penelope Fitzgerald conocer&iacute;a muy bien, aunque no de manera tan voluntaria. Sus t&iacute;os paternos, los hermanos Knox, y su familia en general, sent&iacute;an una constante lucha interior entre la raz&oacute;n y la emoci&oacute;n: &laquo;Si somos seres racionales, &iquest;qu&eacute; hacemos con los sentimientos?&raquo;, se preguntaban. Y a ellos, a los cuatro hermanos, dedic&oacute; Penelope Fitzgerald su libro <em>The Knox Brothers</em>, una deliciosa cr&oacute;nica del genio y la originalidad de cada uno de ellos en la que, sin embargo, apenas menciona a las dos hermanas Knox: Winifred Peck y Ethel Knox. La primera de ellas fue tan brillante como sus hermanos, estuvo entre las primeras cuarenta alumnas del exigente Wycombe Abbey School y escribi&oacute; un buen n&uacute;mero de novelas, alguna de las cuales ha sido rescatada recientemente por la editorial inglesa Persephone Books con un pr&oacute;logo de la propia Fitzgerald. Y en cuanto a la segunda hermana de la que no se habla en <em>The Knox Brothers</em>, Ethel Knox, su biograf&iacute;a es bastante m&aacute;s misteriosa y al parecer recibi&oacute; una educaci&oacute;n victoriana tan estricta que hizo que apenas saliera de su casa y pasara totalmente desapercibida.</p>
<p>En cuanto a los hermanos, su biograf&iacute;a no puede ser m&aacute;s interesante. Uno de ellos, Dillwyn Knox, era un genio. Un matem&aacute;tico arrogante, de ademanes bruscos, de apariencia descuidada, que parec&iacute;a estar siempre ausente y que particip&oacute; en las labores de descodificaci&oacute;n de las se&ntilde;ales alemanas durante las dos guerras mundiales, aunque ning&uacute;n miembro de su familia lo supiera. Otro t&iacute;o, Wilfred Knox, fue el santo del clan. Era un personaje t&iacute;mido, que quiso llevar a cabo una profunda renovaci&oacute;n y purificaci&oacute;n de la Iglesia ante los horrores de la industrializaci&oacute;n y del materialismo, de modo que cre&oacute; una hermandad basada en la solidaridad, en la distribuci&oacute;n de los bienes, en no juzgar a los dem&aacute;s y en la perseverancia en el estudio y el cultivo de la mente. Fund&oacute; una de esas comunidades que tanto atra&iacute;an a Penelope (quien en tiempos dijo querer unirse a alguna), y en ella se dedicaba a la jardiner&iacute;a y a redactar sus obras religiosas. Ronnie Knox, el m&aacute;s famoso de los hermanos, traductor de la Biblia y escritor de &eacute;xito de historias de detectives y humor&iacute;sticas, se orden&oacute; sacerdote cat&oacute;lico, lo que hizo que le desheredaran y que lo dieran por expulsado de la familia. Y, por &uacute;ltimo, el padre de Penelope Fitzgerald, Eddie Knox (Evoe), el mayor de todos, se dedic&oacute; al periodismo y fue editor de <em>Punch</em>.</p>
<p>Penelope Knox se cas&oacute; en 1942 con Desmond Fitzgerald, un oficial irland&eacute;s que estudi&oacute; leyes pero que, tras recibir varias condecoraciones por su actuaci&oacute;n en el Norte de &Aacute;frica y en Italia, regres&oacute; totalmente cambiado de la guerra. Durante la defensa de una colina perdi&oacute; a todos sus hombres, y aquello le marc&oacute; para siempre. Tuvieron tres hijos, dos ni&ntilde;as, Christina (1950) y Maria (1953) y un ni&ntilde;o, Valpy (1947). Con el prop&oacute;sito de que Desmond tuviera una ocupaci&oacute;n vinculada al mundo literario, la pareja se embarc&oacute; en la publicaci&oacute;n de una revista, la <em>World Review</em>, mientras Penelope segu&iacute;a escribiendo guiones para la BBC. La idea era la de que Desmond, que no estaba teniendo mucho &eacute;xito como abogado, llevara el peso de la revista, pero Penelope se encargaba de su edici&oacute;n tanto como &eacute;l, y sol&iacute;a entregar tarde los guiones a la BBC, como lo prueban las cartas de disculpa que tuvo que enviar en diversas ocasiones. Para la revista contaron con textos de T.S. Eliot, de Andr&eacute; Malraux, de Rebecca West, de Stephen Spender, de Eudora Welty y Henry Miller, entre otros. Su idea era la de abrirse al continente y a EE.UU. sin ser estrictamente insulares ni centrarse en la cultura inglesa, ya que consideraban que semejante aislamiento era vulgar y estaba anticuado. Publicaron a J.D. Salinger, a Camus, a Norman Mailer&hellip; Pero la <em>World Review</em> no tuvo &eacute;xito y cerr&oacute; en 1953. As&iacute;, la familia empez&oacute; a tener dificultades econ&oacute;micas serias y en 1956 decidieron mudarse a Southwold (Suffolk), el pueblo que m&aacute;s tarde ser&iacute;a la inspiraci&oacute;n del escenario de <em>La librer&iacute;a</em>. Precisamente, a Penelope Fitzgerald le ofrecieron un trabajo en la librer&iacute;a de la se&ntilde;ora Neame, pero lo cierto es que no vend&iacute;an muchos ejemplares de ning&uacute;n t&iacute;tulo. A los lectores de <em>La librer&iacute;a</em>, estos datos les resultar&aacute;n familiares.</p>
<p>En Southwold se alojaron en una casa h&uacute;meda, que hab&iacute;a sido un antiguo almac&eacute;n, pero Desmond no estaba mucho por all&iacute;. Iba y ven&iacute;a al trabajo en Londres, y solo pasaba los fines de semana con su familia. De modo que para poder pasar m&aacute;s tiempo juntos, decidieron reunir todos sus ahorros y comprar en 1960 una vieja barcaza llamada <em>Grace</em>, situada en el T&aacute;mesis, que ser&iacute;a, nuevamente, el escenario de otra de sus novelas m&aacute;s aclamadas, <em>A la deriva</em>, un t&iacute;tulo con cuya traducci&oacute;n al castellano (del original <em>Offshore</em> ingl&eacute;s) nunca estuvo de acuerdo ya que la barcaza no navegaba ni estaba en el agua sino que permanec&iacute;a la mayor parte del tiempo anclada en el fango de la orilla del r&iacute;o. Seg&uacute;n sus palabras, no estaba ni en tierra ni en mar. No estaba en ninguna parte.</p>
<p>Durante esta &eacute;poca, Penelope Fitzgerald empez&oacute; a dar clases. Siempre era la &uacute;ltima en acostarse y la primera en levantarse, dorm&iacute;a en el sof&aacute;, y sol&iacute;a mostrarse demacrada y cansada a todas horas, pero jam&aacute;s flaque&oacute; ni perdi&oacute; un &aacute;pice de su tan caracter&iacute;stica energ&iacute;a. El estoicismo de sus t&iacute;os era una opci&oacute;n voluntaria, una manera de vida que respond&iacute;a a una filosof&iacute;a consciente, pero la escasez de medios en que en esa &eacute;poca tuvo que vivir la familia Fitzgerald era impuesta. Se cuenta que en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n descubrieron a Penelope comiendo tiza, y cuando le preguntaban que por qu&eacute; lo hac&iacute;a, ella respond&iacute;a que ten&iacute;a la sensaci&oacute;n de que la necesitaba, de que le aportaba alg&uacute;n nutriente del que carec&iacute;a. Aun as&iacute;, jam&aacute;s pidi&oacute; ayuda. Nunca habl&oacute; de su situaci&oacute;n econ&oacute;mica con su familia. Ni entonces ni m&aacute;s tarde, cuando la <em>Grace</em> se hundi&oacute;, y los Fitzgerald lo perdieron absolutamente todo. Fotograf&iacute;as, cartas, libros&hellip; Objetos de un inmenso valor sentimental y todo su capital. De uno de sus personajes, la madre de Fritz en <em>La flor azul</em>, Penelope Fitzgerald escribi&oacute;: &laquo;Ten&iacute;a cuarenta y cinco a&ntilde;os, y no sab&iacute;a c&oacute;mo iba a pasar el resto de su vida&raquo;. Algo que podr&iacute;a haber dicho de s&iacute; misma.</p>
<p>En cualquier caso, lo que ella hizo el resto de su vida fue escribir. Instalados en una casa de protecci&oacute;n social, consigui&oacute; reunir el vigor suficiente para seguir dando clases, para seguir estudiando, leyendo, aprendiendo idiomas (estudi&oacute; ruso, espa&ntilde;ol y alem&aacute;n por las noches para leer directamente las obras que le interesaban en esos idiomas), y empez&oacute; a escribir. Escrib&iacute;a a primera hora de la ma&ntilde;ana, muy temprano, y a &uacute;ltima hora de la noche, los fines de semana y en las vacaciones. Su primera novela, de 1977, <em>The Golden Child</em>, es una historia c&oacute;mica de misterio centrada en el mundo de los museos, y la escribi&oacute; para su marido, Desmond. A lo largo de los siguientes cinco a&ntilde;os escribir&iacute;a cuatro novelas vagamente autobiogr&aacute;ficas: <em>La librer&iacute;a</em> (1978, Impedimenta, 2010), en la que puede descubrirse el periodo transcurrido en Southwold; <em>A la deriva</em> (1979, Mondadori, 2000), a bordo de la barcaza anclada en el T&aacute;mesis; <em>Human Voices</em> (1980), en la que refleja sus experiencias en la BBC; y <em>At Freddie&rsquo;s</em> (1982), ambientada en una escuela para ni&ntilde;os actores. En este punto, dej&oacute; de referirse a su propia vida y se decant&oacute; por la novela de hechos y acontecimientos del pasado, manteniendo su escritura sobria, met&oacute;dica y enormemente sutil, con sus personajes observadores, silenciosos y siempre desconcertantes. La primera de ellas ser&iacute;a <em>Inocencia</em> (1986, Impedimenta, 2013), desarrollada en la Italia de los a&ntilde;os 50, que narra la historia de amor entre un m&eacute;dico comunista y la hija de un arist&oacute;crata. Como hecho anecd&oacute;tico, cabe se&ntilde;alar que Desmond encontr&oacute; trabajo en una agencia de viajes, lo que para la novel&iacute;stica de Penelope Fitzgerald result&oacute; providencial ya que empezaron a viajar a muy bajo precio y con frecuencia, algo que, de otro modo, no habr&iacute;an podido permitirse; as&iacute;, pasaron unos d&iacute;as en Mosc&uacute;, en un viaje organizado, en el a&ntilde;o 1972, y en 1988 public&oacute; <em>El inicio de la primavera</em> (Impedimenta, 2011), que tiene lugar en el Mosc&uacute; de 1913. Siguieron <em>La puerta de los &aacute;ngeles</em> (1990, Impedimenta, 2015), situada en el riguroso St. Angelicus, un <em>college</em> de Cambridge al que no puede acceder ninguna mujer, y la aclamad&iacute;sima <em>La flor azul</em> (1995, Mondadori, 1995; Impedimenta, 2014).</p>
<p>Penelope Fitzgerald muri&oacute; en Londres en abril del a&ntilde;o 2000. Autora tard&iacute;a en lo que se refiere a su creaci&oacute;n, tambi&eacute;n parece haberlo sido en cuanto a reconocimiento de lectores y cr&iacute;tica. Pero la justicia llega, y en su pa&iacute;s se est&aacute; viviendo en la actualidad un aut&eacute;ntico redescubrimiento gracias, entre otros factores, a la reedici&oacute;n de sus obras con pr&oacute;logos de autores tan prestigiosos como Alan Hollinghurst para <em>A la deriva</em>, Julian Barnes para <em>Inocencia</em>, y Philip Hensher para <em>La puerta de los &aacute;ngeles</em>, y a la excelente biograf&iacute;a escrita por Hermione Lee, publicada en 2013.</p>
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<p><span style="text-decoration-line: underline;">Referencias e inspiraciones</span></p>
<p>Terence Dooley, albacea literario y yerno de Penelope Fitzgerald, aclara en su postfacio para la traducci&oacute;n al castellano de <em>El inicio de la primavera</em>: &laquo;En cuanto a la estructura de sus libros, por decirlo en pocas palabras, se trata de <em>nouvelles</em> largas o de novelas cortas, comparables a las de Jane Austen y Turgu&eacute;niev en cuanto a la longitud de los cap&iacute;tulos y a la longitud total de la obra, aunque tambi&eacute;n en otros aspectos. Penelope invent&oacute; un t&eacute;rmino para describir su g&eacute;nero: &ldquo;tragifarsa&rdquo;&raquo;. Una expresi&oacute;n que no puede ser m&aacute;s adecuada ya que lo que hace Penelope Fitzgerald es precisamente eso: mezclar lo tr&aacute;gico y lo burlesco en sus historias. Lo hace en <em>La librer&iacute;a</em> ya desde la primera descripci&oacute;n de Florence Green como una mujer viuda &laquo;peque&ntilde;a de aspecto, delgada y huesuda, un poco insignificante vista desde delante y completamente insignificante por detr&aacute;s&raquo;; lo hace en <em>Inocencia</em>, que para la cr&iacute;tica es su tragicomedia m&aacute;s lograda, con t&eacute;cnicas propias de Shakespeare en cuanto a lo chispeante y enloquecido de los di&aacute;logos, al estilo de <em>Mucho ruido y pocas nueces</em>; lo hace en <em>El inicio de la primavera</em>, una novela sublime y m&aacute;gica, que es tambi&eacute;n una comedia social asentada sobre la retah&iacute;la de personajes que rodean al protagonista, Frank Reid (el enloquecido y comunicativo Kuriatin, cuya familia es un caos; la estirada y melindrosa colonia inglesa de Mosc&uacute;&hellip;); y lo hace incluso en <em>La flor azul</em>, dedicada a la vida de los sue&ntilde;os, donde vuelve a demostrar su prodigiosa manera de mover a los personajes en un escenario muy limitado, como lo lograba tambi&eacute;n Jane Austen, &laquo;su santa patrona&raquo;, como ella sol&iacute;a decir: as&iacute;, siempre hay gente en la casa de Sophie, y si s&oacute;lo quedaban veintis&eacute;is personas en ella, su padre empezaba a verla vac&iacute;a.</p>
<p>Podemos afirmar que la doctrina filos&oacute;fica y vital que impulsaba y conmov&iacute;a a Penelope Fitzgerald era el socialismo ut&oacute;pico. Uno de sus principales referentes ideol&oacute;gicos fue el dise&ntilde;ador, poeta y novelista William Morris, promotor del movimiento <em>Arts and Crafts</em>, que alab&oacute; y defendi&oacute; las virtudes y la nobleza de la labor artesanal. Y puede verificarse la enorme atenci&oacute;n que Fitzgerald le dedic&oacute; a los oficios en sus novelas: en <em>El inicio de la primavera</em>, resultan fascinantes las descripciones de la imprenta de Frank Reid y del proceso de la impresi&oacute;n manual de la &eacute;poca, pero tambi&eacute;n lo es c&oacute;mo trata el oficio del libro en <em>La librer&iacute;a</em> o el arte de mantener un barco a flote en <em>A la deriva</em>. Tampoco podemos olvidar la influencia que tuvo en ella y en su obra el ideario de Ruskin y, sobre todo, el pensamiento social y cristiano de Tolst&oacute;i, que queda patente en <em>El inicio de la primavera</em>, en la figura de Selwyn Crane, el ayudante de Frank Reid, un personaje tolstoiano, herm&eacute;tico e indescifrable, practicante de un misticismo que cada vez interesaba m&aacute;s a la propia autora (comprometida con los debates, las dudas y las cuestiones de fe de sus personajes), aunque tambi&eacute;n en las escenas m&aacute;s extraordinarias, m&aacute;gicas y prodigiosas de la obra, como aquella en que Lisa, la ni&ntilde;era, lleva a Dolly, hija de Frank Reid, a un bosque de abedules y las dos ven all&iacute; lo que no se puede ver. Lo que trasciende, lo que va m&aacute;s all&aacute; de la realidad, siempre bajo el halo y el resplandor de lo narrado en los cuentos de hadas. Las fuerzas primigenias, la tierra, la naturaleza se mezclan con la fe y con la necesidad de creer en algo que traspasa los l&iacute;mites de la experiencia, pero bajo la &oacute;ptica objetiva de la raz&oacute;n. De nuevo, la lucha interior entre la raz&oacute;n y la emoci&oacute;n que ya experimentaran los hermanos Knox. Penelope tuvo dos abuelos obispos y practic&oacute; toda su vida un protestantismo moderado. En este sentido, y siempre hablando de <em>El inicio de la primavera</em>, Albert, el padre de Frank y fundador de su imprenta, dice con respecto a la religi&oacute;n: &laquo;Es mucho m&aacute;s &uacute;til para las mujeres que para los hombres ya que conduce a la resignaci&oacute;n con lo que a cada uno le ha tocado en suerte&raquo;. Y en <em>La puerta de los &aacute;ngeles</em> (de la que Fitzgerald dijo que era su &uacute;nica novela con un final feliz), el protagonista, Fred Fairly, miembro de la peculiar Sociedad de los Desobedientes, no sabe c&oacute;mo confesarle a su padre que ha perdido la fe tras llegar a la conclusi&oacute;n de que la ciencia puede dar respuesta a las preguntas de la humanidad, incluso a las m&aacute;s oscuras, sin que haya que recurrir a cuestiones metaf&iacute;sicas.</p>
<p>El inter&eacute;s de Penelope Fitzgerald por lo que no se puede explicar es evidente ya en <em>La librer&iacute;a</em>. El pacto que el lector celebra con la autora a la hora de creer en la fantas&iacute;a de eso que suena y se mueve por la casa, esa materialidad inmaterial en el seno de una historia tan claramente realista como lo eran las suyas, hace que nos traslademos al reino de lo extraordinario, de lo sublime, donde puede suceder lo milagroso y lo aut&eacute;ntico, lo constatable, siempre dentro de los par&aacute;metros de lo perfectamente cre&iacute;ble. Penelope Fitzgerald logra mantener ese pacto inicial hasta la &uacute;ltima p&aacute;gina cuente lo que cuente, sea inexplicable o sobrenatural, y lo hace gracias a la maestr&iacute;a de su prosa y de su perspicacia: esa autoridad y ese instinto que nos trasladan a otro mundo, al suyo.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 27 Nov 2018 07:18:15 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un arte total]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-arte-total/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/noviembre/CARLOS_SAURA.jpg" alt="" /></p>
<p>Antes de que los cineastas se formaran de modo m&aacute;s o menos habitual en escuelas dedicadas a ello espec&iacute;ficamente sol&iacute;an venir de otros oficios. Muchos, del gui&oacute;n o la interpretaci&oacute;n, como a&uacute;n sucede hoy en d&iacute;a. Otros, y no los m&aacute;s abundantes, de la fotograf&iacute;a. A estos &uacute;ltimos se les suele distinguir por su seguridad en el manejo de la c&aacute;mara, por su gran sentido pl&aacute;stico, por su muy expl&iacute;cita visualidad. Es el caso de realizadores como Stanley Kubrick. O Carlos Saura.</p>
<p>La faceta fotogr&aacute;fica de este sigue sin ser bien conocida, aunque ha dejado de estar en segundo plano desde que en junio del a&ntilde;o 2000 Hans Meinke organizara en su galer&iacute;a barcelonesa C&iacute;rculo del Arte la exposici&oacute;n <em>Carlos Saura. A&ntilde;os de juventud (1949-1962)</em>. Tras ella han seguido otras que han puesto de relieve los muchos fot&oacute;grafos que conviven en &eacute;l, fruto de las diversas miradas desplegadas sobre la realidad a lo largo de su trayectoria. Pero tambi&eacute;n de la ampliaci&oacute;n de recursos t&eacute;cnicos gracias a la c&aacute;mara digital, el ordenador y la superposici&oacute;n de im&aacute;genes pintadas.</p>
<p>Se trata de una trayectoria muy dilatada, propia de quien comienza sus actividades profesionales a una edad tan precoz como los diecisiete a&ntilde;os, hacia 1949. Y que a los veinte es fot&oacute;grafo oficial en los festivales de m&uacute;sica de Granada y Santander, con toda la importancia que ello tendr&aacute; m&aacute;s tarde en el ciclo de pel&iacute;culas que dedica al flamenco, el tango, el fado o la &oacute;pera.&nbsp;</p>
<p>Es el profesional que pudo llegar a integrarse en la plantilla de la prestigiosa revista parisina <em>Paris-Match.</em> Tambi&eacute;n, el formidable retratista que consigue esas instant&aacute;neas inolvidables, como la de Baroja en su lecho de muerte que aparece en los manuales de Literatura o el Bu&ntilde;uel de tantas portadas de libros. Son im&aacute;genes casi can&oacute;nicas, iconos que creemos del acervo com&uacute;n, pero que salieron de su c&aacute;mara.<em> </em></p>
<p>Por puro prurito generacional, resultaba inevitable que alguien con tales inquietudes tendiera a la cr&oacute;nica social. Y hoy muchas las fotograf&iacute;as que tom&oacute; con ese prop&oacute;sito nos devuelven a un pa&iacute;s ins&oacute;lito, casi tan remoto como el de <em>Las Hurdes, </em>una Espa&ntilde;a solanesca, valle-inclanesca, profundamente rural, paralela a la que rastre&oacute; Inge Morath en sus testimonios gr&aacute;ficos o Eugene Smith en el ciclo de <em>Spanish Village. </em></p>
<p>En cualquier caso, sin ese registro documental no se entender&iacute;a su transici&oacute;n a un cine de la misma naturaleza, que arranca con la <em>Carta desde Sanabria</em> de Eduardo Ducay, en la que participa como operador, a <em>La tarde del domingo,</em> <em>Cuenca </em>o<em> Los golfos. </em>Y la articulaci&oacute;n narrativa de esas instant&aacute;neas ya se esboza en su proyecto de &aacute;lbum fotogr&aacute;fico sobre Espa&ntilde;a que nunca terminar&iacute;a, pero que se barrunta en el reportaje gr&aacute;fico "Vag&oacute;n de tercera clase", aparecido en la revista <em>Objetivo </em>en 1955 con textos de Basilio Mart&iacute;n Patino.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Tambi&eacute;n ser&aacute; muy relevante para su cine la faceta fotogr&aacute;fica que concibe la c&aacute;mara como instrumento de una dicci&oacute;n visual y una enunciaci&oacute;n de la mirada capaces de trascender el mero realismo, el m&aacute;s externo e inmediato, hasta internarse en lo parasurrealista. Un tono e intenci&oacute;n que luego prolongar&aacute; &eacute;l mismo como pintor o ilustrador al retocar sus propias fotograf&iacute;as, pero que ya estaba presente en la exposici&oacute;n <em>Arte Fant&aacute;stico</em> organizada por su hermano Antonio en 1953 en la librer&iacute;a Clan que regentaba Tom&aacute;s Seral y Casas.</p>
<p>Y, todav&iacute;a m&aacute;s importante, esta vocaci&oacute;n inicial no se clausura con el surgimiento del cineasta. Contin&uacute;a evolucionando en el interior y el exterior de su filmograf&iacute;a. Determinados quiebros de &eacute;sta, reconsideraciones o reescrituras &ndash;como la que tiene lugar tras 1975--, son testificados por la fotograf&iacute;a, que interviene para levantar acta y, en ocasiones, como garante de continuidad. As&iacute;, no es raro que en pel&iacute;culas centradas en el universo familiar, como <em>Cr&iacute;a cuervos&nbsp;</em>o <em>Elisa vida m&iacute;a, </em>los &aacute;lbumes de fotos introduzcan una ara&ntilde;a y mara&ntilde;a de relaciones que obligan a considerar lazos ocultos, desde otro tiempo y otro tempo. Esas fotos en blanco y negro que dejan constancia de los meandros de la tribu son como quistes irreductibles, la conciencia y memoria de su cine, como le sucede a la abuela de <em>Cr&iacute;a cuervos </em>frente al tabl&oacute;n con las fotos de su camada o al protagonista de <em>El jard&iacute;n de las delicias </em>con los recordatorios y retablos que le escenifica su adorable familia.</p>
<p>En <em>La caza, </em>en <em>Ana y los lobos,</em> en <em>Bodas de sangre </em>o en <em>El s&eacute;ptimo d&iacute;a </em>las instant&aacute;neas de los grupos protagonistas son como detonadores que preludian el estallido de la violencia. En <em>Peppermint frapp&eacute;&nbsp;</em>Jos&eacute; Luis L&oacute;pez V&aacute;zquez no s&oacute;lo hace radiograf&iacute;as, sino tambi&eacute;n fotos a la esposa de su amigo, para apropi&aacute;rsela y, a partir de ellas, construir un doble remodelando a su enfermera. Y algo de esos prop&oacute;sitos de la sutil dial&eacute;ctica entre la imagen fija y la imagen en movimiento &ndash;entre el fot&oacute;grafo y el cineasta&mdash; se proyecta sobre los daguerrotipos con que arranca <em>El Sur</em>, como en esa frase entre borgiana y darwinista que se cita en <em>El jard&iacute;n de las delicias</em>: "He sido un ni&ntilde;o, una mujer, un p&aacute;jaro y un mudo pez que surge del agua".</p>
<p>De un modo similar, filogen&eacute;tico, el fot&oacute;grafo permanece bajo el cineasta, quiz&aacute; porque una de las sustancias de su universo, la temporal, queda encapsulada de un modo a&uacute;n m&aacute;s rotundo en la imagen fija, como el propio Saura ha confesado: "Lo que m&aacute;s me impresiona al hacer una fotograf&iacute;a es que la realidad se transforma instant&aacute;neamente en pasado. Eso me da terror. Es una reflexi&oacute;n que cualquier fot&oacute;grafo se hace de inmediato. Quiz&aacute; por ello, siempre me han fascinado esas fotograf&iacute;as donde hay un grupo completo y una persona --no se sabe bien por qu&eacute;-- aparece movida. Pongamos que se trata de una foto escolar, en la que se recoge un curso al completo y hay un ni&ntilde;o movido. Autom&aacute;ticamente, a m&iacute; me interesa el ni&ntilde;o movido. Entre otras cosas, porque no se ven sus rasgos, porque hay que averiguar qui&eacute;n es, ya que se trata de un ser a la vez real e irreal, con algo de fantasma".</p>
<p>Debido a esa evidencia --lo importante que resulta la fotograf&iacute;a en su cine--, le han ofrecido a menudo hacer pel&iacute;culas sobre algunos fot&oacute;grafos famosos, como Robert Capa y Tina Modotti, que sin duda no carecen de atractivo en sus personas, peripecias y obras respectivas, m&aacute;s que sobradas como para urdir sobre ellos buenos&nbsp;<em>biopics</em>. Pero es que se trata de mucho m&aacute;s que eso, porque las fotograf&iacute;as que ha ido haciendo configuran por s&iacute; mismas una especie de secuencia en paralelo, rellenando incluso los huecos de su filmograf&iacute;a. Van mucho m&aacute;s all&aacute; del trabajo de unas fotos fijas o de los <em>making of:</em> son diarios, dietarios, los apuntes de la obra en marcha y del proceso creativo de un gran artista pl&aacute;stico. Sus apuntes, el d&iacute;a a d&iacute;a, la gimnasia de la mirada, el <em>jogging </em>de la imaginaci&oacute;n, cuadernos de viaje, rodajes, ensayos, asedios...</p>
<p>En sus exposiciones m&aacute;s recientes, como las recogidas en el libro <em>Las fotograf&iacute;as pintadas de Carlos Saura </em>(2005), se puede observar el camino recorrido desde aquellas fotograf&iacute;as rurales en blanco y negro hasta estas instant&aacute;neas digitales hechas en lugares de tr&aacute;nsito de la Espa&ntilde;a moderna, como trenes, estaciones y aeropuertos. Esos encuentros con rostros, actitudes y sue&ntilde;os ajenos. Tambi&eacute;n las fotos de familia y en el plat&oacute;. Y, por supuesto, su verdadero lugar de trabajo, el estudio de su casa, ese laboratorio de ideas, sonidos y procesos.</p>
<p>Algunas de las im&aacute;genes m&aacute;s interesantes est&aacute;n hechas con espejos, y en especial el efecto que &eacute;l denomina en uno de sus t&iacute;tulos <em>El fantasma tras el espejo, </em>una especie de traslaci&oacute;n del director como vampiro. O bien las fotos dentro de las fotos, como sucede en sus pel&iacute;culas.</p>
<p>En cualquier caso, har&aacute;n falta muchas exposiciones para acotar esta faceta de Saura. Son miles y miles los negativos que a&uacute;n deben ver la luz. Y s&oacute;lo llegado el momento en que concluya esa revisi&oacute;n podr&aacute; apreciarse la enorme envergadura de uno de nuestros grandes fot&oacute;grafos contempor&aacute;neos.&nbsp;</p>
<p>M&aacute;s desconocida a&uacute;n resulta su faceta de escritor, a pesar de constituir uno de sus primeros entornos generacionales, el de los a&ntilde;os cincuenta y los Aldecoa, S&aacute;nchez Ferlosio, Sueiro o Mario Camus. Con los dos &uacute;ltimos colabor&oacute; en guiones como los de <em>Los golfos </em>o <em>Llanto por un bandido. </em>Y no resulta dif&iacute;cil sorprender la huella de <em>El Jarama </em>en la secuencia del r&iacute;o de la primera, una pel&iacute;cula tan barojiana, por otro lado, en la estela de <em>La busca</em> del novelista vasco. Un Baroja actualizado, como lo era el de <em>Tiempo de silencio, </em>cuya novedosa t&eacute;cnica de mon&oacute;logo interior aparece en la secuencia de la siesta de <em>La caza.</em></p>
<p><em></em>Pero si hablamos de este aspecto de Saura, su escritura, en realidad habr&iacute;a que desglosarla en tres apartados, como m&iacute;nimo: 1) por un lado, la que tiene car&aacute;cter aut&oacute;nomo respecto a su cine; 2) por otro, la que guarda relaci&oacute;n con los guiones de sus pel&iacute;culas, reelaborados como narraciones; 3) y, en tercer lugar, el papel que desempe&ntilde;a la literatura en su filmograf&iacute;a.</p>
<p>Respecto al primero, Saura ha sido extraordinariamente parco. Es cierto que hay muchos apuntes suyos en forma de pr&oacute;logos o anotaciones a ciertos guiones publicados, como <em>Carmen, </em>o <em>El Dorado. </em>Pero no me refiero a ese tipo de escritura, sino a textos como&nbsp;<em>La memoria expandida,</em> sobre su hermano Antonio. O el pr&oacute;logo a su libro de fotograf&iacute;as titulado<em> Flamenco</em>, donde se observa de d&oacute;nde le viene al fot&oacute;grafo la agudeza para los retratos, de ese escritor que no le va a la zaga a la hora de captar personajes, grupos o ambientes. Y, sobre todo, en los apuntes autobiogr&aacute;ficos que va ensayando aqu&iacute; y all&aacute;, aunque no los haya publicado m&aacute;s que a retazos, muy a retazos. Un escritor todav&iacute;a por descubrir.</p>
<p>El segundo apartado es bien conocido. Son varios los guiones que ha anticipado en forma narrativa antes de ser rodados (<em>Pajarico, &iexcl;Esa luz!</em>), o que ha adaptado despu&eacute;s a esa modalidad (<em>Bu&ntilde;uel y la mesa del rey Salom&oacute;n, Elisa vida m&iacute;a</em>). Quiz&aacute; los dos casos m&aacute;s relevantes sean <em>&nbsp;&iexcl;Esa luz!</em> y <em>Elisa vida m&iacute;a</em>. El primero, porque no ha sido llevado a la pantalla, porque se trata de su pel&iacute;cula sobre la guerra civil y porque se inspira en las peripecias de Ram&oacute;n J. Sender y su esposa, Amparo Baray&oacute;n, y contiene numerosos componentes autobiogr&aacute;ficos, dado que la madre de Saura y Sender fueron medio novios en Huesca.</p>
<p>En cuanto a <em>Elisa, vida m&iacute;a, </em>bien puede servirnos de transici&oacute;n entre el segundo y el tercer apartado que apunt&aacute;bamos m&aacute;s arriba. Por un lado, porque casi un cuarto de siglo despu&eacute;s de su filmaci&oacute;n, en el a&ntilde;o 2004, Saura rehizo la narraci&oacute;n original en forma de novela. Por otro, porque se trata de su pel&iacute;cula m&aacute;s impregnada de literatura, ya desde el t&iacute;tulo, que procede de Garcilaso de la Vega.</p>
<p>La &ldquo;adaptaci&oacute;n&rdquo; de la pantalla al libro que lleva a cabo su propio autor con <em>Elisa, vida m&iacute;a</em> adquiere, as&iacute;, un sentido a&ntilde;adido, ya que se restituyen a la p&aacute;gina impresa numerosos elementos que proced&iacute;an de ella, al centrarse la pel&iacute;cula en el proceso creador de un escritor. Algunos cambios son meras actualizaciones, como sustituir el radiocasete por el CD o introducir tel&eacute;fonos m&oacute;viles. Y la mayor novedad es el desarrollo del llamado &ldquo;crimen de la viuda&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Pero otros van en la direcci&oacute;n apuntada, como colocar delante de los cinco cap&iacute;tulos sendas citas de Graci&aacute;n (<em>El critic&oacute;n</em>), Rilke (<em>Los cuadernos de Malte Laurids Brigge</em>), el <em>Pigmalion </em>de Rameau, Borges (<em>El hacedor</em>) y Garcilaso (La estancia 21 de la <em>&Eacute;gloga I</em>). No hacen sino explicitar textos que se oyen o ven en la pel&iacute;cula, o que se tienen en cuenta, aunque no aparezcan en ella. Y se a&ntilde;aden otros nombres afines como Quevedo o Cervantes, adem&aacute;s de la presencia inevitable de Calder&oacute;n de la Barca.</p>
<p>En pocas ocasiones como en <em>Elisa, vida m&iacute;a</em> ha dejado Saura una constancia tan expl&iacute;cita de la estrecha vinculaci&oacute;n que su obra mantiene con el universo literario. Y cabe pensar que habr&iacute;a incidido m&aacute;s a menudo en &eacute;l si hubiera dispuesto de la libertad de movimientos con que cont&oacute; en 1976, tras el &eacute;xito internacional de <em>Cr&iacute;a cuervos </em>y despu&eacute;s de la muerte de Franco, que permit&iacute;a y hasta exig&iacute;a un alto reflexivo en el camino. Y que &eacute;l aprovech&oacute; para hacer algo complejo y experimental, capaz de transmitir una visi&oacute;n m&aacute;s matizada de Espa&ntilde;a que su mera tradici&oacute;n tremendista, algo menos brutal, elemental y violento, m&aacute;s cercano a la sensibilidad de sus grandes escritores y pintores.</p>
<p>Uno de los personajes reales en los que se inspir&oacute; fue la novelista Carmen Laforet. Pero no acaban ah&iacute;, ni mucho menos, las relaciones con la literatura que lleva a cabo la pel&iacute;cula, a trav&eacute;s de uno de los m&aacute;s complejos dispositivos textuales de la historia del cine. No se trata de una complejidad gratuita, sino de un andamiaje que trata de explorar los mecanismos de la creatividad de un escritor, indagando mediante los recursos del cine la surgencia del texto literario.</p>
<p>En gran medida, <em>Elisa, vida m&iacute;a</em> se centra en la transmutaci&oacute;n de la sustancia biogr&aacute;fica en escritura a partir de sus elementos germinales, en lugar de desarrollar una historia ya cerrada. Por ello no es extra&ntilde;o que uno de los elementos esenciales de la pel&iacute;cula sean los textos literarios que se citan frontal o lateralmente, empezando por el propio t&iacute;tulo. Despu&eacute;s de todo, estamos ante un filme protagonizado por un escritor, y ello implica inevitablemente que maneje como elementos cotidianos p&aacute;ginas propias y ajenas. Por ejemplo, sobre su mesa hay un ejemplar de <em>El critic&oacute;n</em> de Baltasar Graci&aacute;n, que constituye uno de los elementos de referencia para su desenga&ntilde;o y misantrop&iacute;a.</p>
<p>A su vez, ciertas experiencias de la soledad de un enfermo se apoyan en los <em>Cuadernos de Malte Laurids Brigge</em> de Rainer Maria Rilke, libro le&iacute;do y subrayado por el protagonista. Y, por supuesto, pocas propuestas m&aacute;s sugestivas que el auto sacramental <em>El gran teatro del mundo</em> para explorar el misterio de la personalidad, ya que el barroco juego especular entre el primer teatro y el segundo permite que los actores sean a la vez ellos mismos y su personaje, con el que incluso se permiten discrepar de su autor, como Elisa con ese padre que, nuevo Autor Soberano, la est&aacute; "recreando" en el papel y en la vida misma. Lo m&aacute;s fascinante de la obra de Calder&oacute;n para una pel&iacute;cula como <em>Elisa, vida m&iacute;a </em>es que apura una de las esencias del cine, la suplantaci&oacute;n de otra personalidad como epicentro del trabajo de los actores. Y ese <em>segundo teatro </em>se realiza expl&iacute;citamente ante el espectador, sin ocultar nada, ni preparativos ni organizaci&oacute;n, proporcionando la clave del procedimiento.</p>
<p>Ese motivo tem&aacute;tico de las relaciones entre el creador y su criatura prosigue su dial&eacute;ctica en el texto y la m&uacute;sica de <em>Pigmali&oacute;n,</em> el ballet del m&uacute;sico barroco franc&eacute;s Jean-Philippe Rameau sobre texto de Houdar de La Motte, que matiza la relaci&oacute;n de Luis con Elisa, creaci&oacute;n suya en este caso no tanto por la paternidad biol&oacute;gica cuanto por la escritura.</p>
<p>El texto de Borges procede del conocido ep&iacute;logo de <em>El</em> Hacedor, que Saura citar&aacute; en su adaptaci&oacute;n del cuento&nbsp;<em>El Sur</em><em>&nbsp;</em>del argentino: &ldquo;Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los a&ntilde;os puebla un espacio con im&aacute;genes de provincias, de reinos, de monta&ntilde;as, de bah&iacute;as, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de l&iacute;neas traza la imagen de su cara&rdquo;.</p>
<p>Otros escritores aparecen en su filmograf&iacute;a, como el ya aludido protagonista de <em>&iexcl;Esa luz!,&nbsp;</em>inspirado en Sender. O el de <em>Dulces horas, </em>que reescribe su pasado familiar para que lo interprete una compa&ntilde;&iacute;a de teatro. O el que centra una de sus pel&iacute;culas m&aacute;s personales, el San Juan de la Cruz de <em>La noche oscura. </em>En este caso, se trata de una indagaci&oacute;n del v&eacute;rtigo que acomete a cualquier creador cuando busca decir lo que piensa y siente, no lo que otros pretenden de &eacute;l.</p>
<p>Por ello, su noche oscura tiene mucho que ver con las pinturas negras de Goya y el sue&ntilde;o de la raz&oacute;n que le toc&oacute; vivir. Y deja constancia de uno de los n&uacute;cleos de inter&eacute;s m&aacute;s persistentes en el cine de Saura, su exploraci&oacute;n del proceso creativo, ya sea en un bailar&iacute;n, actor, pintor, cineasta o escritor. De todos los cuales, pocos m&aacute;s &iacute;ntimos y dif&iacute;ciles de fotografiar que el de este &uacute;ltimo, por transcurrir dentro de su cabeza y ser su desempe&ntilde;o f&iacute;sico poco &ldquo;fotog&eacute;nico&rdquo;.</p>
<p>Frente al fot&oacute;grafo o el escritor, el cineasta Carlos Saura resulta sobradamente conocido. Cuesti&oacute;n bien distinta, claro, es que se le interprete bien o mal. Su obra &ndash;treinta y siete largometrajes-- empieza a ser ya lo bastante dilatada como para ofrecer muchos matices. Y quiz&aacute; merezca la pena subrayarlos m&aacute;s all&aacute; de los t&iacute;tulos que suelen ponerse en primer plano.</p>
<p>Antes de la puesta de largo en el cine profesional en 1959 con su primer largometraje, <em>Los golfos, </em>su prehistoria f&iacute;lmica se remonta a la nonata <em>Carta de Sanabria </em>(1955) el documental de Eduardo Ducay del que Saura fue operador. S&oacute;lo han quedado unas estremecedoras fotograf&iacute;as a su cargo, que hacen lamentar profundamente la p&eacute;rdida de este eslab&oacute;n en la l&iacute;nea de <em>Las Hurdes.</em> Porque luego vienen ya la pr&aacute;ctica de fin de carrera de la escuela de cine que realiza al a&ntilde;o siguiente, <em>La tarde del domingo, </em>y el documental <em>Cuenca </em>(1958).</p>
<p>Tras el citado debut en el largometraje con <em>Los golfos </em>hay un bache profesional debido a la vinculaci&oacute;n del proyecto en el que trabajaba con la productora UNINCI, desactivada en 1961 por el esc&aacute;ndalo de <em>Viridiana</em>. Dicho proyecto, titulado <em>La boda </em>anticipaba en algunos aspectos <em>Pippermint frapp&eacute; </em>(1967), y caso de haberse materializado habr&iacute;a permitido que siguiera un camino m&aacute;s rectil&iacute;neo.</p>
<p>En lugar de ello, a principios de los a&ntilde;os sesenta le ofrecieron adaptar <em>Young Sanchez, </em>de Ignacio Aldecoa, que rechaz&oacute; por considerarla repetitiva respecto a <em>Los golfos, </em>y filmar&iacute;a Mario Camus. Finalmente, el bloqueo de UNINCI le oblig&oacute; a trabajar durante 1963 en un empe&ntilde;o de pura subsistencia, <em>Llanto por un bandido, </em>sobre el bandolero Jos&eacute; Mar&iacute;a Hinojosa, "El Tempranillo". Y los destrozos que la productora llev&oacute; a cabo en ella le llevaron a la decisi&oacute;n de no rodar nunca m&aacute;s una pel&iacute;cula que no pudiera controlar. As&iacute; es como surgi&oacute; <em>La caza </em>(1965) y su encarrilamiento profesional a un ritmo regular, que se aproximar&aacute; a la envidiable media de una pel&iacute;cula anual.</p>
<p>A partir de ah&iacute;, se han propuesto clasificaciones de su obra con criterios m&aacute;s o menos plausibles. En un principio se lleg&oacute; a hablar de una &ldquo;trilog&iacute;a de la pareja&rdquo;, que englobar&iacute;a t&iacute;tulos como <em>Peppermint frapp&eacute;, Stress es tres, tres </em>y <em>La madriguera. </em>Pronto complementada por una &ldquo;trilog&iacute;a de la familia&rdquo;: <em>El jard&iacute;n de las delicias, Ana y los lobos </em>y <em>La prima Ang&eacute;lica. </em>Un criterio que luego se hizo extensivo a su primer ciclo musical, con el productor Emiliano Piedra y el bailar&iacute;n Antonio Gades: <em>Bodas de sangre, Carmen </em>y <em>El amor brujo.</em> Pero resulta obvio, a la vista del desarrollo posterior de ese itinerario, hasta qu&eacute; punto resulta insuficiente. O el de las pel&iacute;culas que reescriben otras anteriores y las actualizan: <em>Los golfos </em>y <em>Deprisa, deprisa; Ana y los lobos </em>y <em>Mam&aacute; cumple cien a&ntilde;os... </em></p>
<p>Es cierto que no cuesta reconocer algunos temas que subyacen como constantes a lo largo de las m&aacute;s diversas coyunturas. Como la memoria, sus funciones, disfunciones o derivas, que otorgan su poderosa originalidad a <em>El jard&iacute;n de las delicias, La prima Ang&eacute;lica </em>o <em>Dulces horas; </em>pero tambi&eacute;n a <em>Elisa vida m&iacute;a, Goya en Burdeos </em>o <em>Pajarico. </em>O la construcci&oacute;n de la identidad y de las relaciones mediante un proceso de representaci&oacute;n, que puede recaer en un teatro literal (<em>Elisa vida m&iacute;a, Los ojos vendados, Dulces horas, Los zancos, &iexcl;Ay Carmela! </em>y buena parte de su ciclo musical) o en la reconstrucci&oacute;n interesada, impostada, parodiada o al modo de los retablos calderonianos (<em>El jard&iacute;n de las delicias, Ana y los lobos, Cr&iacute;a cuervos</em>).</p>
<p>En cualquier caso, <em>La caza </em>inici&oacute; el proceso de lo que con el tiempo culminar&iacute;a en la creaci&oacute;n de un universo propio. Supuso, adem&aacute;s, el primer espaldarazo internacional de Saura, al recibir el Oso de Plata en el Festival de Berl&iacute;n de 1966, por un jurado que presid&iacute;a Pier Paolo Pasolini. Y marc&oacute; tambi&eacute;n el inicio de su colaboraci&oacute;n con el productor El&iacute;as Querejeta, con el que filmar&aacute; una docena de pel&iacute;culas, con un equipo relativamente estable, que termina integrando al guionista Rafael Azcona, los operadores Luis Cuadrado y Teo Escamilla, el montador Pablo del Amo o el director art&iacute;stico Emilio Sanz de Soto. Y, como protagonista femenina, Geraldine Chaplin.</p>
<p>Todav&iacute;a es habitual elogiar <em>La caza </em>en contra del quiebro que le sigue, y que se inicia en 1967 con <em>Pippermint frapp&eacute;. </em>Una v&iacute;a m&aacute;s experimental, de b&uacute;squedas formales casi inevitables en los a&ntilde;os sesenta, que contaban con un nuevo p&uacute;blico, el de las salas de Arte y Ensayo. Hoy resulta demasiado f&aacute;cil deslindar lo que el tiempo he revelado como m&aacute;s caedizo del cine de aquella d&eacute;cada. Pero hay que recordar que ni la actual forma de entender este medio de expresi&oacute;n ser&iacute;a la misma sin aquellas intentonas, ni Espa&ntilde;a era un pa&iacute;s que se dejara reducir ya a los viejos clich&eacute;s rurales, y carec&iacute;a de sentido seguir haciendo costumbrismo y/o sainetes.</p>
<p>El pa&iacute;s estaba cambiando a un ritmo acelerado, de un modo que no hab&iacute;a experimentado en siglos. Y el seguimiento de esos desajustes introducidos en el exterior --y en el interior&mdash; de los personajes por la naciente sociedad de consumo al enfrentarse a los atavismos patrios ser&aacute; la tarea propuesta en sus siguientes cintas: <em>Peppermint frapp&eacute; </em>(1967)<em>, Stress es tres tres </em>(1968)<em>, La madriguera </em>(1969) y <em>El jard&iacute;n de las delicias </em>(1970). Son ensayos --en ocasiones compulsivos-- a los que se vio arrastrado debido a la falta de continuidad cultural motivada por la fractura hist&oacute;rica de la guerra civil. Al igual que la pareja protagonista de <em>La madriguera </em>o el grupo familiar de <em>El jard&iacute;n de las delicias, </em>la entrega a los m&aacute;s ins&oacute;litos juegos era un recurso desesperado para hacer aflorar una memoria sepultada en los repliegues m&aacute;s profundos de la tradici&oacute;n espa&ntilde;ola.</p>
<p><em>La prima Ang&eacute;lica </em>(1973)<em> </em>constituy&oacute; un hito de incontestable madurez en esa b&uacute;squeda, y tambi&eacute;n la primera pel&iacute;cula espa&ntilde;ola en la que se present&oacute; la guerra civil desde el punto de vista de los vencidos. El aval del Festival de Cannes, que le otorg&oacute; el Premio Especial del Jurado, le permiti&oacute; una carrera comercial tan exitosa como llena de sobresaltos y amenazas de bomba. Adem&aacute;s, supuso, junto a <em>Elisa, vida m&iacute;a </em>(1976) la culminaci&oacute;n de los objetivos que Saura hab&iacute;a venido persiguiendo tras el giro impuesto a su producci&oacute;n con <em>Peppermint frapp&eacute;.</em> De hecho, <em>Mam&aacute; cumple cien a&ntilde;os </em>(1979), <em>Deprisa, deprisa </em>(1980) y <em>Dulces horas </em>(1981) abren un proceso de reescritura de su filmograf&iacute;a, coincidiendo con el quiebro biogr&aacute;fico marcado por su ruptura con Geraldine Chaplin y el profesional que implica su dedicaci&oacute;n al musical (<em>Bodas de sangre </em>es de 1981) que le hacen internarse ya por otros derroteros.</p>
<p>En los dos a&ntilde;os iniciales de la d&eacute;cada de los ochenta, tanto <em>Bodas de sangre </em>como <em>Carmen </em>tratan de perfilar un cine musical a la espa&ntilde;ola, bien distinto del cl&aacute;sico de Hollywood. El &eacute;xito internacional de la segunda<em> </em>prob&oacute; sobradamente la capacidad de convocatoria de esta nueva f&oacute;rmula, y llev&oacute; al productor Emiliano Piedra a continuarla en <em>El amor brujo.&nbsp;</em>Tras el rodaje mexicano de <em>Antonieta </em>(1982), en 1987 volvi&oacute; a Hispanoam&eacute;rica para embarcarse en <em>El Dorado, </em>uno de sus viejos proyectos, que le hab&iacute;a empezado a interesar desde la lectura en 1964 de la novela de Sender<em> La aventura equinoccial de Lope de Aguirre. </em>Al retomar la idea en 1987, se basar&iacute;a directamente en los cronistas de Indias.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>
<p><em>El Dorado </em>inici&oacute; la colaboraci&oacute;n con el productor Andr&eacute;s Vicente G&oacute;mez, que continuar&iacute;a con <em>La noche oscura </em>(1988), <em>&iexcl;Ay Carmela! </em>(1989) y <em>El Sur </em>(1991). La primera, centrada en los nueve meses que pas&oacute; San Juan de la Cruz encerrado en Toledo, es una de sus pel&iacute;culas m&aacute;s hermosas, valientes y radicales. En ella se sorprende un registro que vuelve a reverberar en su proyecto sobre Goya, con sus conflictos entre quienes deseaban -o no- incorporar los elementos de las respectivas modernidades (el humanismo renacentista o las luces de la Ilustraci&oacute;n) como soporte de una convivencia siempre precaria. Pero, a diferencia de la primera etapa, en la que ese marco social habr&iacute;a pasado a primer t&eacute;rmino, ahora se adivina entre l&iacute;neas, ocupando el espacio central algo tan &iacute;ntimo como el proceso creativo en cuanto mecanismo afirmativo de la propia individualidad. Tampoco parece casualidad que en el proyecto sobre el pintor aragon&eacute;s se a&ntilde;ada un tema que se apuntaba en <em>Elisa, vida m&iacute;a </em>e irrump&iacute;a con fuerza propia en <em>Los zancos: </em>el de la vejez.</p>
<p><em>&iexcl;Ay Carmela </em>surge de la adaptaci&oacute;n de una obra de Jos&eacute; Sanchis Sinisterra centrada en nuestra guerra civil, tras aparcar Saura&nbsp; moment&aacute;neamente <em>&iexcl;Esa luz!, </em>su proyecto m&aacute;s ambicioso sobre el mismo asunto. Con esta pel&iacute;cula el realizador volv&iacute;a a la colaboraci&oacute;n con Azcona, mientras Jos&eacute; Luis Alcaine sustitu&iacute;a a Teo Escamilla como director de fotograf&iacute;a.</p>
<p>Durante el a&ntilde;o 1992 se ocup&oacute; en dos proyectos tan distintos como <em>Sevillas </em>y <em>Marat&oacute;n</em>, fruto de la coincidencia en Espa&ntilde;a de dos acontecimientos internacionales, las Olimpiadas de Barcelona y la Exposici&oacute;n Universal de Sevilla. Mientras que la segunda a&ntilde;ade poco a su filmograf&iacute;a, la primera es una de sus m&aacute;s depuradas aportaciones a nuestro musical. Y marca, de la mano del citado Alcaine, un importante paso en su concepci&oacute;n de las escenograf&iacute;as y de las luces, que a menudo se han vinculado a Vittorio Storaro, cuando ya est&aacute;n aqu&iacute;, antes de que comenzara su colaboraci&oacute;n con el director de fotograf&iacute;a italiano en <em>Flamenco </em>(1995).</p>
<p>En 1993 regres&oacute; a la ficci&oacute;n con <em>&iexcl;Dispara!, </em>basada en una narraci&oacute;n del escritor Giorgio Scerbanenco<em>. </em>Posteriormente, en <em>Taxi </em>(1996) y <em>El s&eacute;ptimo d&iacute;a </em>(2004), con guiones de Santiago Tabernero y Ray Loriga, hay una vuelta a sucesos m&aacute;s actuales, apegados a la cr&oacute;nica callejera de sucesos y a la violencia. Aunque conviene matizar que en ellas adquiere no poca importancia el tratamiento formal. En el caso de <em>Taxi, </em>porque Storaro y Saura buscan un expresionismo de corte mediterr&aacute;neo diferente al tradicional que vertebra el cine negro. Y en el de <em>El s&eacute;ptimo d&iacute;a </em>porque se rehuye el esteticismo de las escenas al ralent&iacute; que coreograf&iacute;an los disparos, para evitar la celebraci&oacute;n de la violencia al estilo americano.</p>
<p>Tras <em>Pajarito </em>(1997), que desarrolla la faceta <em>murciana</em> de la rama familiar paterna, Saura consigue rodar por fin su proyecto <em>Goya en Burdeos</em>. La&nbsp; pel&iacute;cula est&aacute; dedicada a su hermano Antonio y, en cierto modo, sirve como puente en tres significativos trances creadores: el de San Juan en <em>La noche oscura; </em>el de Goya en su sordera y deriva mental; y el de un Bu&ntilde;uel ya anciano en <em>Bu&ntilde;uel y la mesa del rey Salom&oacute;n, </em>hasta el&nbsp; punto de que Paco Rabal compuso el personaje de Goya en m&aacute;s de una secuencia imitando la forma de hablar del cineasta de Calanda.</p>
<p>Sucedi&oacute; que, al cumplirse en el a&ntilde;o 2000 el centenario de su nacimiento, Saura abord&oacute; el personaje de alguien tan cercano a &eacute;l como Bu&ntilde;uel. Lo hizo al hilo de una supuesta pel&iacute;cula que el anciano realizador trama al final de sus d&iacute;as, rememorando su amistad de juventud con Lorca y Dal&iacute; en la Residencia de Estudiantes y, sobre todo, en el sugestivo ambiente de un Toledo a mitad de camino entre las Tres Culturas y su legendario subsuelo de mitos.</p>
<p>Cap&iacute;tulo aparte merecen sus pel&iacute;culas musicales, que mantienen su propia l&oacute;gica y encadenamiento, en paralelo con las de &ldquo;ficci&oacute;n&rdquo;. Pues la madre del realizador era pianista, casi profesional, y esa fue la primera manifestaci&oacute;n art&iacute;stica que se mamaba en casa. De hecho, muchas de las melod&iacute;as aprendidas entonces volver&aacute;n a las bandas sonoras de sus pel&iacute;culas, como en <em>Dulces horas</em>.</p>
<p>En realidad, no puede establecerse una separaci&oacute;n estricta entre sus cintas musicales y las que no lo son. Sus temas se entrecruzan e interpenetran. As&iacute;, por ejemplo, en el t&iacute;tulo que se acaba de citar -o en <em>Elisa, vida m&iacute;a</em>-<em> </em>bloques argumentales enteros se manejan con una l&oacute;gica mel&oacute;dica y r&iacute;tmica tan estricta que la c&aacute;mara coreograf&iacute;a sus movimientos m&aacute;s internos y an&iacute;micos. De modo que no rueda del mismo modo cuando suena la <em>Troisi&egrave;me Gnosienne</em> de Eric Satie que la <em>Schiarazula Marazula</em> de Giorgio Mainerio o el <em>Pigmali&oacute;n</em> de Jean-Philippe Rameau.</p>
<p>Y, en general, podr&iacute;a decirse que en este g&eacute;nero ha encontrado Saura una libertad que no siempre resulta f&aacute;cil de hallar en las servidumbres de la narraci&oacute;n realista, con todas las hipotecas de continuidad que conlleva el desarrollo psicologista-melodram&aacute;tico y la verosimilitud convencional que han vuelto a ser moneda corriente desde la abolici&oacute;n de los par&eacute;ntesis experimentales y la vuelta a los c&oacute;digos gen&eacute;ricos al estilo de Hollywood.</p>
<p>Dentro de sus pel&iacute;culas musicales hay un primer ciclo eminentemente dram&aacute;tico o narrativo, el que componen <em>Bodas de sangre </em>(1981), <em>Carmen </em>(1983)<em> </em>y <em>El amor brujo </em>(1986). Y ello con tres puntos de partida bien distintos. La tragedia de Lorca narraba una peripecia ya estilizada, que el ballet de Ma&ntilde;as y Gades hab&iacute;a quintaesenciado, y que la pel&iacute;cula de Saura tradujo con la escueta desnudez de su decorado, y un h&iacute;brido entre la representaci&oacute;n y el testimonio documental que buscaba, ante todo, auscultar el proceso creativo. <em>Carmen </em>contaba con el doble recurso de la novela de M&eacute;rim&eacute;e y la opera de Bizet, lo que permit&iacute;a esquivar algunos de los t&oacute;picos de &eacute;sta para ir al encuentro de la fuente original, de gran fuerza a&uacute;n hoy por el potencial de libertad que emana la protagonista femenina. Y <em>El amor brujo </em>planteaba el desaf&iacute;o opuesto, un argumento tan magro que peligraba el inestable desarrollo dram&aacute;tico. Pero dej&oacute; sentadas las bases para un estilo propio, donde el decorado con su ciclorama de <em>opera foil </em>permit&iacute;a a la c&aacute;mara una gran libertad de movimientos en su trabajo de estudio, con una iluminaci&oacute;n muy controlada.</p>
<p>Fueron esos antecedentes los que permitieron el milagro de <em>Sevillanas </em>(1991), un formato que desborda el documental para lograr que toda su informaci&oacute;n estuviese en la m&uacute;sica o en las im&aacute;genes. Fue aqu&iacute; donde Saura desarroll&oacute; sus bastidores geom&eacute;tricos para iluminar con libertad desde cualquier posici&oacute;n, as&iacute; como sus peculiares dispositivos de espejos montados sobre ruedas, que duplican gestos y movimientos, enriquecen la perspectiva y facilitan el juego de una c&aacute;mara que se implica en el ritmo, baila, e incluso llega a convertirse en protagonista.</p>
<p>Lo a&ntilde;adido por Vittorio Storaro en <em>Flamenco </em>(1995)<em> </em>y <em>Tango </em>(1998) es lo que podr&iacute;a llamarse el pleno desarrollo del &ldquo;gui&oacute;n de luces&rdquo;, es decir, un minucioso seguimiento que va subrayando la evoluci&oacute;n dram&aacute;tica de la historia a trav&eacute;s de un arco de iluminaci&oacute;n, en paralelo al gui&oacute;n &ldquo;literario&rdquo;. Y que luego se prolonga en <em>Salom&eacute; </em>(2002), <em>Iberia </em>(2005) y <em>Fados</em> (2007), ahora ya<em> </em>con Jos&eacute; Luis L&oacute;pez Linares como director de fotograf&iacute;a.</p>
<p>Quiz&aacute; por ello las dos pel&iacute;culas en las que trabaja ahora mismo Carlos Saura tengan un fuerte componente musical. La primera, en fase de rodaje con el t&iacute;tulo<em> Io don Giovanni, </em>se centra en el libretista Lorenzo da Ponte, colaborador de Mozart en &oacute;peras como <em>Don Juan. </em>La segunda traslada a Brasil su viejo proyecto <em>Amor de Dios,</em> sobre la academia de baile situada en la calle madrile&ntilde;a de ese nombre.</p>
<p>Y es que, como argumentaba el realizador en su discurso de investidura como doctor Honoris Causa por la Universidad de Zaragoza, el suyo aspira a ser un arte total: &ldquo;El cine que es artificio, teatro, &oacute;pera, pintura, narraci&oacute;n, arte de s&iacute;ntesis o simplemente el producto de muchas cosas que se cocinan en la misma olla, es desde luego el arte de nuestro siglo, abriendo a la imaginaci&oacute;n un recuadro luminoso de sombras y colores en donde nos vemos representados. La grandeza de ese arte est&aacute; en la sabia adecuaci&oacute;n de los medios expresivos, en el sensible tratamiento de las im&aacute;genes, de la sabidur&iacute;a y habilidad de los artesanos que colaboran en el proyecto com&uacute;n, y sobre todo en el talento de quienes han utilizado el cine como una segunda personalidad, desentra&ntilde;&aacute;ndose como las ara&ntilde;as para ofrecer a quien quiera apreciarla una parte de la vida: reflejo, espejo, laberinto. Me gusta pensar que es una forma de expresi&oacute;n personal, me gusta pensar que a trav&eacute;s del cine podemos expresar nuestros temores, nuestras limitaciones, bondades y mezquindades, ensanchando nuestra visi&oacute;n y enriqueciendo nuestra mente&rdquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 27 Nov 2018 07:14:20 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Amor al cine]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/amor-al-cine/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2018/ALFREDO_MORENO_AGUDO.jpg" alt="" /></p>
<p>Desde hace m&aacute;s de diez a&ntilde;os, la bit&aacute;cora <em>39escalones. Reflexiones desde un rollo de celuloide </em>se ha convertido en una referencia para cuantos estamos interesados en el cine y buscamos un lugar en el que las pel&iacute;culas de las que se da noticia son analizadas o <em>revisitadas</em> y lo son con un rigor y precisi&oacute;n sobresalientes, am&eacute;n de estar trufadas con un toque de humor que convierte en una delicia la lectura de cada una de las entradas que se van publicando. Con posterioridad al inicio del blog, all&aacute; por 2011 apareci&oacute; el libro <em>39 estaciones. De viaje entre el cine y la vida</em>, editado por la zaragozana Eclipsados, en el que se recog&iacute;an textos de &iacute;ndole cinematogr&aacute;fica, variados y siempre acertados, que supon&iacute;an la plasmaci&oacute;n en papel de lo que aparec&iacute;a en la pantalla. Detr&aacute;s del blog y de ese primer acercamiento literario que dec&iacute;amos est&aacute; el cr&iacute;tico de cine Alfredo Moreno Agudo, quien acaba de publicar, a finales de 2017, su primera novela, titulada <em>Cartago Cinema</em>, una obra en la que confluyen casi todos los g&eacute;neros cinematogr&aacute;ficos y que es una velada declaraci&oacute;n de amor al cine, que no anda a la zaga de otras obras tan recordadas como <em>Cineclub</em> (David Gilmour), <em>El cin&eacute;filo</em> (Walker Percy) o <em>Triste, solitario y final</em> (Oswaldo Soriano), por citar algunos cl&aacute;sicos.</p>
<p>La novela se sit&uacute;a en diversos planos temporales y espaciales, juega con la sorpresa, la alusi&oacute;n y los gui&ntilde;os y homenajes cinematogr&aacute;ficos (cada lector pondr&aacute; rostro a los personajes seg&uacute;n lo que estos le sugieran o recuerden o asociar&aacute; algunos pasajes con secuencias cinematogr&aacute;ficas), pero sobre todo es una novela sobre el cine, de un cin&eacute;filo que ha visto, estudiado y conoce con exhaustividad y rigor la historia del cine y sabe narrar con amenidad no exenta de humor (los impagables di&aacute;logos telef&oacute;nicos entre el personaje del guionista Elliott Gray y el productor Bufford Sheldrake dan buena muestra de ello). Cada cap&iacute;tulo tiene el t&iacute;tulo de una pel&iacute;cula que trata sobre el propio cine e incluye desde cl&aacute;sicos (<em>Cautivos del mal</em>, <em>El crep&uacute;sculo de los dioses</em>&hellip;) a producciones m&aacute;s recientes (<em>State and main</em> o <em>Un final made in Hollywood</em>, por ejemplo), adem&aacute;s de un fragmento dialogado de otra pel&iacute;cula. Al final del libro, se a&ntilde;aden unas notas en las que figura una breve sinopsis de cada una de las pel&iacute;culas cuyo t&iacute;tulo ha aparecido al comienzo de cada cap&iacute;tulo.</p>
<p>La trama narrada es compleja y gravita en torno a varios personajes ligados al cine que se encuentran en una situaci&oacute;n l&iacute;mite, al margen del sistema y de la forma de hacer cine hodiernos que fueron sustituyendo al Hollywood cl&aacute;sico desde los finales de los sesenta, ese cine que vio la eclosi&oacute;n de una nueva generaci&oacute;n, la de los Scorsese, Coppola, Pollack, Bogdanovich, Cimino o Altman, y de la que el protagonista de la novela, John Ferris Ballard, un director de culto con una breve pero exitosa carrera, ser&iacute;a uno de ellos. Curiosamente, algunos de los directores antes citados vuelven a la primera plana en estos &uacute;ltimos tiempos por alg&uacute;n premio (caso de Scorsese con el Princesa de Asturias) o de alguna reedici&oacute;n de alg&uacute;n libro (por ejemplo, el <em>John Ford</em> de Bogdanovich). Estos y otros directores coet&aacute;neos tuvieron dificultades para hacer cine en a&ntilde;os venideros &ndash;algo parecido le sucedi&oacute; a Hitchcock o a Wilder- y John Ferris Ballard no ser&iacute;a una excepci&oacute;n, pues es un director de escueta obra, convertido en autor enigm&aacute;tico y misterioso, que vive retirado y recluido en Francia, ajeno al mundo del celuloide y sin opciones de volver a rodar de nuevo.</p>
<p>El inicio de la novela, con la noticia de su muerte, nos lleva ya hacia el pasado, pues a partir de ah&iacute; se narran sus &uacute;ltimos d&iacute;as y su &uacute;ltima aventura, cuando accede a rodar una pel&iacute;cula para un productor de los viejos tiempos (Bufford Sheldrake, de la Golden Masks) siempre y cuando m&aacute;s adelante se le permita a &eacute;l retomar un antiguo proyecto que anda varado, en compa&ntilde;&iacute;a de su fiel guionista y amigo, Monty Grahame, que tambi&eacute;n vive con &eacute;l en su retiro franc&eacute;s. Lo que se halla detr&aacute;s de ese encargo no es sino un intento del productor de volver a conseguir un &eacute;xito de taquilla recuperando para ello a Ferris Ballard, aunque este no sabemos si est&aacute; muy de acuerdo con ese prop&oacute;sito o si tiene otros intereses. Para ello, el guionista Elliott Gray ser&aacute; el mediador y encargado de aliviar tensiones y evitar malentendidos, a cambio, claro est&aacute;, de una recompensa, que ser&aacute; poder rodar tambi&eacute;n otro viejo proyecto. Como vemos, todo est&aacute; entrelazado y todo depende de la voluntad de Ferris Ballard para llegar a buen puerto. Lo que no est&aacute; tan claro es que este quiera o tenga esa idea en la cabeza, que vea en esta ocasi&oacute;n la &uacute;ltima oportunidad para otro proyecto o para ajustar cuentas con el pasado.</p>
<p>Y es aqu&iacute;, en ese motivo que mueve la novela, en donde ir&aacute;n apareciendo las diversas tramas y los muy variados a la vez que bien definidos personajes que acompa&ntilde;ar&aacute;n al protagonista, convirti&eacute;ndose ellos mismos en actores principales, pues la narraci&oacute;n est&aacute; enfocada desde el punto de vista de Gray (que curiosamente sufre acromatopsia, es decir, que ve la vida en blanco y negro) y convierte a Martina Bearn, la enigm&aacute;tica secretaria asignada a Ferris Ballard, en pieza clave de toda la historia, confiriendo as&iacute; a este personaje un estatus primordial, por encima del misterioso y escurridizo director, presente y ausente a partes iguales, desde el inicio con un <em>flashback</em>. A lo largo de las p&aacute;ginas siguientes iremos viendo c&oacute;mo se ha ido forjando la personalidad de Ferris Ballard, qu&eacute; importancia tiene Espa&ntilde;a y m&aacute;s en concreto un pueblecito de Zaragoza (Sabina de San Jorge) o por qu&eacute; para todos ellos &ndash;los guionistas Gray y Grahame, la &iacute;nclita Martina Bearn, el mentado Ferris Ballard o el propio Sheldrake- es esta una &uacute;ltima aventura, rom&aacute;ntica y casi atemporal, en unos tiempos estos que ya no son los de entonces y que no admiten actitudes y personajes como ellos, salvo que se adapten y cambien (que es lo que hace el h&aacute;bil Bufford Sheldrake, tratando de sacar r&eacute;ditos del aura de director maldito de Ferris Ballard). Son pues, personajes muy en la l&iacute;nea de los de Peckinpah (<em>Grupo salvaje</em>) o John Huston (<em>Vidas rebeldes</em> me viene a la cabeza, pero tambi&eacute;n y desde luego <em>Cazador blanco, coraz&oacute;n negro</em>, de Eastwood sobre un libro de Peter Viertel a cuenta del rodaje de <em>La reina de &Aacute;frica</em>), en las &uacute;ltimas, pero contumaces y decididos en su forma de pensar y actuar.</p>
<p><em>Cartago cinema</em> es una novela asombrosa, que es en s&iacute; un homenaje y una declaraci&oacute;n de intenciones sobre qu&eacute; es el cine, por qu&eacute; este es tan importante en la vida de tantas personas y, sobre todo, es una obra magn&iacute;ficamente escrita y documentada, que permite al lector ir recordando pasajes, escenas o rostros conforme va avanzando la narraci&oacute;n y en la que al final uno termina volviendo a esa vieja idea que dice que el cine es la vida que no hemos podido vivir o la que nos hubiera gustado, al menos, haber intentado.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">Alfredo Moreno Agudo. <em>Cartago Cinema</em>. Zaragoza, Mira Editores, 2017,</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 23 Nov 2018 13:06:26 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pablo Serrano y Miguel Labordeta: afinidades electivas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/pablo-serrano-y-miguel-labordeta-afinidades-electivas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/noviembre/PABLO_SERRANO_5.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;Las relaciones amistosas entre Pablo Serrano y Miguel Labordeta se iniciaron en los a&ntilde;os cincuenta cuando el escultor regres&oacute; de Uruguay a Espa&ntilde;a y duraron hasta la inesperada muerte del poeta en agosto de 1969. Un repaso de la documentaci&oacute;n de sus respectivos archivos permite jalonar c&oacute;mo fue su trato durante aquellos a&ntilde;os, recuperando cartas de ambos &mdash;sobre todo de Pablo Serrano&mdash; y otros documentos de inter&eacute;s. El que se hayan conservado m&aacute;s documentos de Pablo Serrano obedece a que Miguel guard&oacute; con mayor cuidado sus papeles mientras que el escultor, debido a sus continuos cambios de domicilio, perdi&oacute; parte de los suyos. Cuando Clemente Alonso Crespo se puso en contacto con &eacute;l, solicit&aacute;ndole cartas u otra documentaci&oacute;n que tuviera de Miguel mientras ordenaba el archivo de este, tras agradecerle las fotocopias de sus propias cartas al poeta que le envi&oacute;, le escrib&iacute;a el 1 de junio de 1980:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lamentablemente no conservo nada de aquellas cartas y relaci&oacute;n entra&ntilde;able con Miguel Labordeta.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mis cambios de domicilio y ausencias de Espa&ntilde;a extraviaron muchas cartas y documentos apreciados.<a title="" href="#_ftn1">[1]</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Solamente he podido ver por ello unas pocas cartas de Miguel en el archivo de Pablo Serrano. A&uacute;n as&iacute;, se puede ensayar la reconstrucci&oacute;n de sus relaciones. La correspondencia gira en torno a unos cuantos acontecimientos y colaboraciones que permiten agruparlas. El primero de ellos parece ser el env&iacute;o de una fotograf&iacute;a de su escultura del profeta Baruch acompa&ntilde;ada de un poema de Washington Benavides, fechado en 1954: &laquo;Baruch&raquo;. La breve carta es la siguiente:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Madrid 1-57</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Querido Miguel:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Te mando el poema de Baruch.</p>
<p>Ya sabes que fue de los profetas menores.</p>
<p>Os recuerdo con todo afecto y agradecimiento a ti y a Jos&eacute; Antonio</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un abrazo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pablo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El poema, que lo aprenda nuestro amigo P&iacute;o, con otro abrazo para &eacute;l.<a title="" href="#_ftn2">[2]</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el Archivo de Miguel Labordeta se encuentran dos copias mecanografiadas del poema y una fotograf&iacute;a de la escultura de Serrano en yeso, que debieron formar del env&iacute;o.<a title="" href="#_ftn3">[3]</a> Como es sabido, el profeta Baruch &mdash;cuyo nombre quiere decir &laquo;El que bendice&raquo;&mdash; fue amigo y disc&iacute;pulo de Jerem&iacute;as, con quien padeci&oacute; destierro en Egipto y de quien apunt&oacute; sus profec&iacute;as para transmit&iacute;rselas al pueblo. En esta escultura expresionista se ha querido ver una proyecci&oacute;n de la personalidad del escultor y por su expresividad conectaba bien con el tono prof&eacute;tico de muchos de los poemas de Miguel de los a&ntilde;os cincuenta. Quiz&aacute;s se deba a esto su inter&eacute;s por poseer una fotograf&iacute;a de la misma.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Establecido su contacto &mdash;posiblemente con motivo de la exposici&oacute;n de Serrano en la Instituci&oacute;n Fernando el Cat&oacute;lico en 1957&mdash;, en el curso de aquel mismo a&ntilde;o&nbsp; debieron hablar de la posibilidad de que Pablo Serrano le hiciera un retrato a Miguel y varias de las cartas dan cuenta del proceso seguido desde su concepci&oacute;n a la fundici&oacute;n del mismo. A finales de marzo le escrib&iacute;a Serrano:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>[<em>PABLO SERRANO AGUILAR</em>]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Madrid 25-III-57</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Querido Miguel:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hazme saber si tu otra cabeza de broma se encuentra en tu poder. Le encargu&eacute; te la entregara al amigo Fausto Gondana (&iquest;?) de las Pozas, despu&eacute;s de ser muy comentada en Barcelona.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Estar&eacute; una temporada ac&aacute; en Madrid.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Espero que el bronce te haya gustado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un abrazo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pablo<a title="" href="#_ftn4">[4]</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Parece que Miguel no hab&iacute;a acusado recibo del poema sobre el profeta Baruch y unas semanas m&aacute;s tarde le volv&iacute;a a escribir Serrano pregunt&aacute;ndole a la vez que le mandaba prestada una antolog&iacute;a de poes&iacute;a:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>[<em>Pablo Serrano Aguilar</em>]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Madrid 10-IV-57</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Querido Miguel:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No s&eacute; nada vuestro.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Recibiste el poema del Profeta?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Te gust&oacute;?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Te mando esta antolog&iacute;a que me env&iacute;a Abril. L&eacute;ela y por estar dedicada ruego me la remitas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Estoy en estos d&iacute;as con fuertes dolores neur&aacute;lgicos de espalda y por la espalda este viento y fr&iacute;o de mis madriles, irracional que me lo trajo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Saludos a R&iacute;o, a Jos&eacute; Luis.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un abrazo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;Pablo<a title="" href="#_ftn5">[5]</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los trabajos en la escultura del poeta avanzaban con paso firme y Miguel le remiti&oacute; el importe de su trabajo que deb&iacute;an haber acordado antes:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Madrid 3 MAYO 57</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Querido Miguel:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Acabo de cobrar tu giro, pero eran 3.800 y mandas 4.000. &iquest;Las doscientas para qu&eacute;? &iquest;Me har&aacute;s tomarme un vaso de vino?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La fundici&oacute;n creo que estar&aacute; para fines de la otra semana.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un abrazo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pablo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y otro para tu hermano.<a title="" href="#_ftn6">[6]</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Puntualmente, Serrano le indic&oacute; c&oacute;mo avanzaba todo el proceso de fundici&oacute;n con una nueva carta:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>[<em>Pablo Serrano Aguilar</em>]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Madrid 22-V-57</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mi querido amigo Miguel:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Recib&iacute; tu carta y ya di orden al fundidor.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dentro de 15 o 20 d&iacute;as tendr&aacute;s tu cabeza.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El importe me lo girar&aacute;s en cuanto puedas, pues para que te resulte por ese precio, inclu&iacute; ese trabajo con otro que ya le encargu&eacute; yo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En cuanto al asunto de tu prima, esta es la direcci&oacute;n donde trabaja el pollo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>AYAX S. A.</p>
<p>Av. Gral Rondeau 1907</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lamento lo sucedido con el inspector en tu colegio y creo que ya con tu inteligencia lo habr&aacute;s arreglado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En la primera quincena de junio realizo una exposici&oacute;n en Barcelona (Galer&iacute;a SYRA)</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Saludos y un abrazo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pablo<a title="" href="#_ftn7">[7]</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Este busto del poeta constituye hoy una de las im&aacute;genes m&aacute;s difundidas del poeta. Es uno de los conocidos retratos del escultor que durante aquellos a&ntilde;os interpret&oacute; a diferentes personajes del mundo empresarial, pol&iacute;tico y cultural de Espa&ntilde;a, creando una verdadera galer&iacute;a de retratos, que recuerdan en cierto modo en ocasiones a los ideados por Daumier, pero sin resaltar aspectos caricaturescos negativos, buscando m&aacute;s bien expresar lo que consideraba esencial del personaje retratado.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sus relaciones no pod&iacute;an ser mejores y Pablo Serrano no dej&oacute; de felicitarle las navidades acabando 1958 como manifiesta una peque&ntilde;a tarjeta:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>[<em>PABLO SERRANO AGUILAR</em>]<a title="" href="#_ftn8">[8]</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A Miguel desea un feliz a&ntilde;o 1959 su amigo Pablo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un nuevo evento cultural llev&oacute; al escultor a escribirle al poeta, para consultarle sobre la oportunidad de participar o no en una exposici&oacute;n que se estaba organizando y a la que hab&iacute;a sido invitado por el pintor Pepe Or&uacute;s:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>[<em>PABLO SERRANO</em>]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Querido Miguel:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El pintor Or&uacute;s, parece que con Radio de Zaragoza, ha organizado una exposici&oacute;n de Arte Abstracto de Aragoneses. Al efecto de obtener mi participaci&oacute;n, me llam&oacute; el otro d&iacute;a por tel&eacute;fono.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Te ruego me digas algo al respecto, pues si bien en principio me negu&eacute; a participar, porque pienso que esto era una tonter&iacute;a del amigo Viola, me insisti&oacute; ayer sobre esta conveniencia para &laquo;remover el ambiente&raquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dime r&aacute;pidamente algo sobre esto.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por intermedio de ORUS te env&iacute;o tambi&eacute;n un clich&eacute;. Por favor, no me lo pierdas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Recibe un cordial abrazo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pablo<a title="" href="#_ftn9">[9]</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No he podido precisar con m&aacute;s datos la ubicaci&oacute;n de esta carta y si se produjo o no su colaboraci&oacute;n en la exposici&oacute;n mencionada. Entretanto se hizo p&uacute;blica una convocatoria para realizar un monumento a Goya en Zaragoza promovida por el Banco Zaragozano, que conmemoraba as&iacute; su cincuenta aniversario. Se retomaba un fallido proyecto de 1946, haci&eacute;ndose eco de las quejas de Juli&aacute;n G&aacute;llego en la secci&oacute;n de &laquo;Las Artes y las Letras&raquo; de <em>Heraldo de Arag&oacute;n</em>, el 29 de enero de 1959. En su art&iacute;culo lamentaba G&aacute;llego que Zaragoza careciera de un monumento dedicado a su m&aacute;s eximio pintor, situaci&oacute;n que no ocurrir&iacute;a en ninguna ciudad que contara con un artista semejante.<a title="" href="#_ftn10">[10]</a> Serrano le envi&oacute; esta carta sin fecha a Miguel, que denota nuevamente que era persona de su confianza para saber qu&eacute; ocurr&iacute;a en el mundo cultural zaragozano:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Querido amigo Miguel:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Despu&eacute;s de tanto tiempo te env&iacute;o un abrazo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Qu&eacute; hay de tu po&eacute;tica y de tu bronc&iacute;nea cabeza?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Quieres darme alguna noticia sobre el concurso para el monumento a Goya que sale del Banco Zaragozano y que se ha publicado en los diarios?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Firma Gumersindo Claramunt Pastor. Quiz&aacute;s tengas alg&uacute;n amigo dentro de la comisi&oacute;n organizadora y podr&iacute;as enterarse si tienen cabida las esculturas modernas (mal llamadas as&iacute;).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Recibe un cordial abrazo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pablo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me acuerdo de tu colegio pues da la casualidad que tengo el encargo de un Santo Tom&aacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La respuesta de Miguel es la primera carta suya que he podido encontrar entre la documentaci&oacute;n de Pablo Serrano:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>1-5-59</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Amigo Serrano: recib&iacute; tu carta, que como siempre que viene algo tuyo, me alegr&oacute; enormemente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Del asunto del monumento a Goya, mi hermano habl&oacute; con Claramunt (hijo) que es uno de los &laquo;mandamases&raquo; en este asunto (su padre es el presidente del Consejo de Banco Zaragozano) y dijo que no habr&iacute;a ning&uacute;n inconveniente en cosas modernas y dio toda serie de facilidades verbales.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mi impresi&oacute;n es que este premio debe estar en principio dirigido hacia alg&uacute;n arquitecto.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ha salido potente y te env&iacute;o unos recortes para que te enteres.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Creo que debes presentarte, por encima de todo, tienes muy buen ambiente; eso s&iacute;, deber&iacute;as echar mano de tus amistades oficiales: Zubiri, Gobernador, Solano, Serrano Montalvo, etc., etc.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Yo por mi parte har&eacute; todo lo posible junto a los Claramunt (mi hermano es amigo del hijo).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Habl&eacute; con el cr&iacute;tico Torralba, que est&aacute; de profesor en mi colegio y me dijo que hay un viejo proyecto arrinconado, obra del arquitecto P&aacute;ramo y con esculturas del fallecido Bueno; y que, en tiempos, se hab&iacute;a hablado de ti, para reemplazar a este escultor. &iquest;Sabes t&uacute; algo de eso?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Puedes ponerte en contacto con este arquitecto, si te interesa. Esperamos algo bueno de ti</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un abrazo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Miguel<a title="" href="#_ftn11">[11]</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El asunto, en efecto, hab&iacute;a ocupado bastante espacio en los peri&oacute;dicos zaragozanos durante los d&iacute;as del mes de abril. <em>Heraldo de Arag&oacute;n</em>, por ejemplo, recogi&oacute; diferentes opiniones y documentos al respecto los d&iacute;as 21, 23 y 29 de abril. Pablo Serrano concurri&oacute; finalmente al concurso con un proyecto elaborado con el arquitecto Miguel Fisac, con quien ven&iacute;a colaborando al igual que con otros arquitectos, buscando una convergencia de artes.<a title="" href="#_ftn12">[12]</a> Pero las noticias de las dificultades que iba a encontrar no tardaron en llegar tal como le contaba a Miguel en junio:</p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [<em>Pablo Serrano Aguilar</em>]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Madrid 27 de Junio de 1959</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Querido Miguel:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Estamos terminando con el proyecto, es sencillo, pero creo de inter&eacute;s y que si tenemos suerte de que esos nos lo den, puede mejorarse en detalles interesantes. Por la memoria, si te animas a leerla (supongo todo se expondr&aacute;) creo te gustar&aacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero da la mala pata, que han nombrado de jurado a un gran enemigo personal m&iacute;o, que es el viejo escultor Comendador, quien me ha atacado p&uacute;blicamente y yo le he combatido a las manifestaciones que se permiti&oacute; publicar en un diario, diciendo &laquo;el arte abstracto es arte de mediocres, etc.&raquo;&hellip; es vengativo, y s&eacute; que aprovechar&aacute; cualquier cosa para denigrarme.<a title="" href="#_ftn13">[13]</a></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En fin, aunque no gan&aacute;ramos el Arquitecto Miguel Fisac y yo, el trabajo, creo haber cumplido como buen aragon&eacute;s a esta llamada de honrar a nuestro gran Goya. &Eacute;l en vida, tambi&eacute;n sufri&oacute;. Ya me dir&aacute;s, si te gusta el detalle de su cabeza y su boceto de la figura, que est&aacute; creada dentro de una gran unidad de forma compacta.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta figura calculamos que ser&iacute;a de tres metros y medio en bronce y surge como un peque&ntilde;o mont&iacute;culo de tierra &aacute;rida. Sus manos y cabeza, fuertemente expresivas, en su izquierda la paleta, todo &eacute;l en actitud de avance.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un dado o cubo recuerda la pureza de las formas geom&eacute;tricas y sobre &eacute;l y en bronce, una forma que recordar&aacute; sus pinturas de brujas y aquelarres, las pinturas negras que le dieron fama universal. El Dado, est&aacute; sobre un peque&ntilde;o estanque de agua y esta agua en colores cambiantes de noche, surgir&aacute; como en ebullici&oacute;n, no tranquila, sino a borbotones, eso es todo.<a title="" href="#_ftn14">[14]</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se enfrentaban dos maneras de entender el arte escult&oacute;rico y se cruzaban intereses bien diversos. Los peores augurios se cumplieron cuando se fall&oacute; el concurso dej&aacute;ndolo desierto y se le adjudic&oacute; la realizaci&oacute;n del monumento al escultor catal&aacute;n Federico Mar&eacute;s, quien ya hab&iacute;a trabajado antes para el Banco Zaragozano en su sede madrile&ntilde;a. Tanto la elecci&oacute;n como despu&eacute;s el monumento cuando se inaugur&oacute; el 8 de octubre de 1960 suscitaron cierta pol&eacute;mica en la ciudad. En el acto de inauguraci&oacute;n, el presidente del Banco Zaragozano, Gumersindo Claramunt Pastor, hizo entrega del monumento al alcalde de la ciudad, el se&ntilde;or G&oacute;mez Laguna. Un poco despu&eacute;s era proclamada reina de las fiestas la hija del se&ntilde;or Claramunt.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Miguel le escribi&oacute; irritado una expresiva tarjeta a Pablo, solidariz&aacute;ndose con &eacute;l, pero no qued&aacute;ndose en la mera lamentaci&oacute;n sino disponi&eacute;ndose a reparar en la medida de sus fuerzas la injusticia cometida con el amigo:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>[<em>Miguel Labordeta</em>]&nbsp; 20-11-59</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Amigo Serrano: con lo del monumento a Goya se te ha hecho una verdadera &laquo;marranada&raquo; propia de los cretinos que han organizado todo esto.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Voy a publicar un bolet&iacute;n literario, y Torralba va a hablar de ti, como te mereces, como el primer escultor de Espa&ntilde;a y de muchos sitios m&aacute;s: en otros art&iacute;culos hablar&eacute; tambi&eacute;n de los del Paso, etc.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Ser&aacute;s tan amable de enviarme dibujos tuyos o fotograf&iacute;as de esas tuyas? Si adem&aacute;s me env&iacute;as alg&uacute;n escrito sobre arte, etc. mejor que mejor.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Quiero pues tu colaboraci&oacute;n, que en tu tierra no todos son unos matracos, como los del Banco y tal.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un abrazo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Miguel</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Miguel Labordeta estaba madurando la idea de crear su propia revista, que acabar&iacute;a dando lugar a <em>Despacho literario</em>, publicada no mucho despu&eacute;s y en la que el escultor turolense tuvo un lugar relevante. Serrano contest&oacute; agradecido el gesto del amigo que se propon&iacute;a adem&aacute;s reivindicar su nombre entre sus paisanos:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Querido Miguel:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me han conmovido tus palabras y te agradezco los ofrecimientos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Solamente as&iacute;, en solidaridad se afianza la amistad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Te enviar&eacute; fotos de las &uacute;ltimas obras y planteamientos en los que estoy.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Primero es mejor aceptar el ofrecimiento de Torralba a quien desde ya le agradezco su amabilidad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Que ese bolet&iacute;n sea todo un hecho.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un abrazo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pablo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 2-XII-59<a title="" href="#_ftn15">[15]</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No falt&oacute; tampoco este a&ntilde;o la felicitaci&oacute;n navide&ntilde;a de Pablo Serrano a Miguel; a la vez que respond&iacute;a a la petici&oacute;n de uno de sus clich&eacute;s fotogr&aacute;ficos, le dec&iacute;a:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>[<em>PABLO SERRANO</em>]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Querido Miguel: recib&iacute; tu tarjeta. &iquest;Quieres decirme que clich&eacute; es el que quieres de mi retrato? &iquest;El que est&aacute; en el libro tan grande? Me parece excesivo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cont&eacute;stame enseguida porque creo que tendr&eacute; que salir de viaje muy pronto.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un abrazo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pablo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Feliz a&ntilde;o 60<a title="" href="#_ftn16">[16]</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las siguientes cartas tienen que ver con la puesta en marcha de <em>Despacho literario</em>, para la que le pidi&oacute; m&aacute;s clich&eacute;s fotogr&aacute;ficos para ilustrar los art&iacute;culos sobre su escultura, que incluy&oacute; en su primer n&uacute;mero.&nbsp; Serrano se los envi&oacute; pronto:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>[PABLO SERRANO AGUILAR</em>]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Querido Miguel,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hoy mismo te env&iacute;o los clich&eacute;s que me pides. Te ruego una vez los hayas usado, el que me los devuelvas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La direcci&oacute;n de Cirlot, es Herzegovina, 33. Barcelona, 6.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con &eacute;l estoy trabajando y me sigue los pasos admirablemente. Ha escrito un art&iacute;culo para <em>Papeles de Son Armadans</em> que es la continuaci&oacute;n y resumen de lo escrito hasta la fecha.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Creo que esto s&iacute; podr&iacute;as darlo. Sin que estorve [<em>sic</em>] tu idea.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En fin, haces lo que quieras, que bien hecho estar&aacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; He recibido carta de Cueto; me da pena su situaci&oacute;n, la misma de siempre &iquest;no? Me ha pedido un dibujo para venderlo. &iquest;Crees que debo envi&aacute;rselo? Yo con mucho gusto lo hago, pero necesito tu consejo (particular). Tambi&eacute;n, el que le oriente sobre la manera de dar alg&uacute;n recital en Am&eacute;rica y para esto creo que no voy a poder servirle, por la sencilla raz&oacute;n que no veo una manera tan f&aacute;cil. No dejar&eacute; sin embargo que [<em>sic</em>] atento por si algo fuera posible.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Recibe un fuerte abrazo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pablo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No me hables &laquo;del Paso&raquo;, pues mucho hice por ellos en un principio. Esto ha sido una maniobra de uno de ellos para su provecho solamente. Esta agrupaci&oacute;n, ya no existe. Se ha deshecho por la sencilla raz&oacute;n que no hab&iacute;a una determinada tendencia,&nbsp; sino la defensa de unos peque&ntilde;os intereses comerciales.</p>
<p>No creo que te convenga el nombrarlo. Ya pas&oacute; su momento. Si te refieres a algo, creo mejor que debes referirte a personas concretamente.<a title="" href="#_ftn17">[17]</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Juan Eduardo Cirlot estaba escribiendo un libro sobre la obra escult&oacute;rica de Serrano, que completaron varios art&iacute;culos en revistas y peri&oacute;dicos, entre ellos el incluido en <em>Despacho literario</em>, que seguramente le pidi&oacute; utilizando la direcci&oacute;n que le proporcion&oacute; Pablo Serrano en esta carta. En cuanto al rapsoda P&iacute;o Fern&aacute;ndez Cueto hay que recordar que sobreviv&iacute;a malamente de su trabajo y recurri&oacute; con frecuencia a la solidaridad de sus amigos. Ante el descuido de Miguel, que no acus&oacute; recibo del env&iacute;o de los clich&eacute;s, Serrano le mand&oacute; est&aacute; nota en una tarjeta:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Miguel:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dime si has recibido los clich&eacute;s porque ya hace muchos d&iacute;as que se enviaron</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pablo<a title="" href="#_ftn18">[18]</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En 1960, los empe&ntilde;os&nbsp; editoriales de Miguel se centraron en impulsar su revista <em>Despacho literario</em> <em>de la oficina po&eacute;tica internacional</em>, que compareci&oacute;, por primera vez &laquo;en Zaragoza por Tauro hacia 1960&raquo;.<a title="" href="#_ftn19">[19]</a> De tama&ntilde;o tabloide, desde su primera p&aacute;gina otorg&oacute; a Pablo Serrano un gran protagonismo reproduciendo una de sus esculturas de hierro. Pero sobre todo le dedic&oacute; las p&aacute;ginas once y doce con sendos art&iacute;culos de Juan Eduardo Cirlot &mdash;&laquo;La pl&aacute;stica del espacio&raquo;&mdash; y Federico Torralba, &laquo;Un escultor universal&raquo;. Era el acto de desagravio ante sus paisanos que el poeta le hab&iacute;a ofrecido al escultor a ra&iacute;z del fallido concurso goyesco.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ilustrado el primer art&iacute;culo con una nueva escultura de hierro y con un dibujo, Cirlot reflexionaba sobre c&oacute;mo Serrano desde 1956 ven&iacute;a analizando el espacio en sus esculturas, lo que dio lugar a series de dibujos y esculturas con esta problem&aacute;tica, logrando plasmar contrastes entre exterior-interior, la ausencia y otros importantes asuntos de alcance simb&oacute;lico que constituyen el meollo de su obra de madurez.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Federico Torralba, por su lado, reivindicaba Arag&oacute;n como tierra de arte y artistas pero que deb&iacute;an elegir el camino de la di&aacute;spora para hacerse valer y valorar. Y en esta l&iacute;nea hab&iacute;a que situar a Pablo Serrano que sali&oacute; de un pueblecito aragon&eacute;s, Crivill&eacute;n, haci&eacute;ndose un nombre en Am&eacute;rica antes de regresar, exponiendo en la Instituci&oacute;n Fernando el Cat&oacute;lico en 1957:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se siente contento y feliz entre los suyos, casi como un ni&ntilde;o se entusiasma recordando a Goya, y pensando en su monumento &mdash;un monumento &laquo;goyesco&raquo; y no &laquo;goyista&raquo;&mdash; frecuenta tertulias, parientes y amigos, hace algunas obras y se marcha de su tierra con las manos vac&iacute;as, un poco desalentado, empujado por el fr&iacute;o viento de una incierta primavera, quiz&aacute;s pensando no volver m&aacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Torralba alud&iacute;a as&iacute; con exquisita elegancia al reciente fracaso de su proyecto de monumento a Goya, pasando a continuaci&oacute;n a mostrar su maestr&iacute;a, glosando su dominio de la t&eacute;cnica y de las formas, incluso cuando las deformaba en sus retratos. Dominaba el escultor la realidad, transform&aacute;ndola. Continuaba as&iacute; la mejor tradici&oacute;n universal aragonesa dentro la cual ubicaba su obra.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Serrano se encontr&oacute; con la grata sorpresa de este homenaje unos meses despu&eacute;s cuando volvi&oacute; de un viaje a Italia y pudo leer este n&uacute;mero de la revista que le impact&oacute; de veras en lo m&aacute;s hondo:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>[PABLO SERRANO]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Querido Miguel:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A mi regreso de ITALIA (Venecia) me encuentro con tu &laquo;tridimensional&raquo; DESPACHO LITERARIO.&mdash; &iexcl;Formidable! Pero ha debido ser un impacto como el &laquo;SPUKNIK&raquo; en la calcinada ZARAGOZA que por tus desvelos volver&aacute; a ser AUGUSTA.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A Federico, mi reconocido sonrojo por su art&iacute;culo. Que cuando venga a Madrid, me llame.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Env&iacute;ame si es posible a pagar 5 ejemplares.&mdash; Env&iacute;a a la librer&iacute;a BUCHOLZ &ndash; Av. Calvo Sotelo, 3</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Recibe un fuerte abrazo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pablo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; M. 4-Julio 60<a title="" href="#_ftn20">[20]</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La vindicaci&oacute;n del amigo largamente meditada y preparada alcanzaba as&iacute; su culminaci&oacute;n. Su queja solidaria ante lo que consider&oacute; una injusticia no se qued&oacute; en un simple lamentarse sino que llev&oacute; a cabo la promesa que le hab&iacute;a hecho de reivindicarlo ante los zaragozanos para que comprendiera que no toda la ciudad estaba llena solamente de matracos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La revista <em>Papageno</em>, que dirig&iacute;a y financiaba Julio Antonio G&oacute;mez, dedic&oacute; su segundo y &uacute;ltimo n&uacute;mero en el invierno de 1960 a la publicaci&oacute;n de la obra teatral de Miguel <em>Oficina de horizonte</em>, precedida del art&iacute;culo de Julio Antonio G&oacute;mez &laquo;Un poema puesto en pie&raquo;, donde mencionaba que, en contra de la opini&oacute;n general,&nbsp; la revista comparec&iacute;a de nuevo &mdash;su primer n&uacute;mero hab&iacute;a sido publicado en la ya lejana primavera de 1958&mdash; y lo hac&iacute;a para dar a conocer la obra &laquo;excepcional&raquo; de Miguel. Excepcional porque en ella estaba sintetizado todo su mundo:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En efecto: todo el mundo fabuloso del poeta inventor, todos los hermosos galimat&iacute;as absurdos o so&ntilde;ados &mdash;universo quim&eacute;rico o real, qui&eacute;n sabe&mdash; est&aacute;n en la obra, la constituyen y a ellos habremos de remitirnos cuando deseemos conocer a uno y a otra. Miguel Labordeta, en esa Oficina Po&eacute;tica Internacional [&hellip;], con cada uno y hasta el fin de todos sus fantasmas, es Miguel Labordeta. Miguel Labordeta es tambi&eacute;n el &aacute;ngel &Aacute;ngel que &mdash;al un&iacute;sono con el monstruoso insecto de Kafka&mdash; desea ocupar su lugar de poeta en un mundo donde los poetas son insectos monstruosos. Miguel Labordeta, por fin, es todo ese aliento, ese inquietante e inquietado temblor del drama que, a nuestro juicio, en ninguno de sus libros anteriores logr&oacute; alcanzar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pues bien, Miguel, complacido sin duda con la cuidada edici&oacute;n de su drama, se la envi&oacute; a Serrano y este le contest&oacute; en estos t&eacute;rminos:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>[<em>PABLO SERRANO AGUILAR</em></p>
<p><em>&nbsp;AV. DEL GENERAL&Iacute;SIMO, 51 MADRID-16</em>]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Querido Miguel:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Gracias por tu env&iacute;o de PAPAGENO, <em>Oficina de Horizonte</em> es realmente estupenda.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La di a estudiar y leer a Josefina Pedre&ntilde;o, directora de Dido, y estamos viendo la forma de llevarla a la representaci&oacute;n ac&aacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esto ser&iacute;a labor de el [<em>sic</em>] &laquo;Taller Libre de las Artes&raquo;, entidad que fund&eacute; ac&aacute; y que marcha muy bien entre los estudiantes.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Josefina es una gran mujer que desea ponerse en contacto personal o por carta contigo para hablar de esta posibilidad, creo que con actores de ac&aacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ella despu&eacute;s de esta carta te escribir&aacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo mejor ser&iacute;a que te hicieras un viaje. &iquest;Qu&eacute; te cuesta?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se&ntilde;as de Josefina Pedre&ntilde;o</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mart&iacute;nez Campo, 19</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Madrid</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un abrazo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pablo.<a title="" href="#_ftn21">[21]</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No tengo noticias de que Miguel enviara el drama y no parece que, finalmente, el teatro Dido llevara a cabo este montaje. <em>Oficina de Horizonte</em> debi&oacute; esperar hasta 1977 para subir por segunda vez a los escenarios tras su estreno en oto&ntilde;o de 1955. La amistad entre Miguel Labordeta y Pablo Serrano continu&oacute; hasta la repentina muerte del primero, que le conmovi&oacute; profundamente. Entretanto hab&iacute;a establecido tambi&eacute;n una profunda amistad con su hermano Jos&eacute; Antonio, que merece ser tambi&eacute;n recordada y contada. Serrano se sum&oacute; a los actos de despedida del amigo muerto con un poema necrol&oacute;gico que constituye una reivindicaci&oacute;n inequ&iacute;voca de su poes&iacute;a proyect&aacute;ndola hacia el futuro y que bien puede servir de cierre a este breve recordatorio de su amistad: &laquo;Ya despiertan, Miguel&raquo;.<a title="" href="#_ftn22">[22]</a> Del poema hay al menos tres versiones en su archivo, que necesitar&iacute;an ser analizadas, pero aqu&iacute; transcribo tan solo la copia escrita con pluma existente en el Archivo de Miguel Labordeta y que debieron agregar sus hermanos Jos&eacute; Antonio y Donato:</p>
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<p>T&uacute;, Miguel.</p>
<p>Bocabajo. Desde arriba.</p>
<p>Desde tu <em>Oficina de Horizonte</em>.</p>
<p>Desde <em>Sumido</em>.</p>
<p>&iexcl;Ahora! Empuja, desde el bronce que te vi yo desde mucho antes de esto.</p>
<p>Desde ti caj&oacute;n de s&aacute;ndalo, empuja ahora.</p>
<p>Empiezan a o&iacute;rte los sordos, los de siempre,</p>
<p>los hijos de&hellip;.</p>
<p>&iexcl;Ahora! &iexcl;Ahora! Empuja, empuja desde el otro muro.</p>
<p>Ya se inquietan, ya empiezan a o&iacute;r tu voz antigua.</p>
<p>Aquella que se anud&oacute; en tu garganta y se volvi&oacute; bronca.</p>
<p>Dales en la cabeza de sesos vac&iacute;os con tu caj&oacute;n</p>
<p>de pino de tercera.</p>
<p>Desde tu oficina de carne quieta.</p>
<p>&iexcl;Vives! &iexcl;Vives! Ahora est&aacute;s vivo. M&aacute;s que antes,</p>
<p>porque t&uacute; empujas fuerte.</p>
<p>Ahora te oyen. Vienes de morirte.</p>
<p>T&uacute;, muerto, retiemblas en las manos de ellos.</p>
<p>Ahora despiertan, oyen.</p>
<p>Ya escriben en las pizarras &iexcl;T&Uacute;, MIGUEL!</p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pablo Serrano</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> Original en el Archivo de Miguel Labordeta (Universidad de Zaragoza), n&ordm; 28. En adelante AML.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> Original en AML.</p>
<p>Fotocopia en Archivo Pablo Serrano&nbsp; (IAACC Pablo Serrano). Correspondencia Caja 1 (1956-1957, n&ordm; 2.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a> Original AML: fotograf&iacute;a de la escultura extra&iacute;da de uno de sus cat&aacute;logos&nbsp; y dos copias mecanografiadas del largo poema. La escultura hoy forma parte de la colecci&oacute;n de Renfe.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a> Original en AML.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a> AML.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a> AML.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a> AML.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref8">[8]</a> Tarjeta. AML.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref9">[9]</a> AML.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref10">[10]</a> Sobre los avatares del monumento a Goya en Zaragoza, v&eacute;ase, Ana Ara Fern&aacute;ndez, &laquo;Por fin un monumento a Goya en Zaragoza&raquo;, <em>Bolet&iacute;n del Museo e Instituto Cam&oacute;n Aznar</em>, XCVI, 2006, pp. 35-57.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref11">[11]</a> Archivo Pablo Serrano&nbsp; (IAACC Pablo Serrano). Correspondencia Caja 1 (1956-1957), n&ordm; 4, 1959. Con orla de luto y membrete de Santo Tom&aacute;s de Aquino. En la parte superior a&ntilde;ad&iacute;a:&nbsp; &laquo;Supongo tienes las bases, que salieron en los peri&oacute;dicos&raquo;</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref12">[12]</a> Ana Ara Fern&aacute;ndez, &laquo;Pablo Serrano: el anhelo de un arte unitario&raquo;, <em>Archivo Espa&ntilde;ol de Arte</em>, LXXX, n&ordm; 320, octubre-diciembre 2007, pp. 411-422.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref13">[13]</a> Debe referirse al escultor Enrique P&eacute;rez Comendador (1900-1981) perteneciente a la escuela sevillana de escultura, aunque de origen extreme&ntilde;o. De gustos complemente acad&eacute;micos y cl&aacute;sicos pas&oacute; a&ntilde;os en Italia y fue profesor de modelado y composici&oacute;n escult&oacute;rica en la Escuela de Bellas Artes de la Academia de san Fernando.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref14">[14]</a> AML.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref15">[15]</a> AML.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref16">[16]</a> AML. &laquo;Feliz a&ntilde;o 60&raquo; escrito a pluma como la firma.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref17">[17]</a> No obstante en el AML se encuentra un manifiesto del Paso enviado por Serrano.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref18">[18]</a> AML; escrito en un sobre.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref19">[19]</a> En su p&aacute;gina cuatro se anunciaba la colecci&oacute;n <em>Papageno</em> donde figuraba ya <em>Al oeste del lago Kiw&uacute; los gorilas se suicidaban en manadas numeros&iacute;simas</em>, libro de poemas de Julio Antonio G&oacute;mez. Y entre los libros en preparaci&oacute;n se contaban: <em>Oficina de</em> <em>Horizonte (tragicomedia de Miguel Labordeta) </em>y <em>Epil&iacute;rica</em> (poemas), del mismo.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref20">[20]</a> AML.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref21">[21]</a> AML.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref22">[22]</a> Archivo Pablo Serrano&nbsp; (IAACC Pablo Serrano). Correspondencia Caja 24, n&ordm; 34: a. Cuartilla fechada 13/XI/69 &laquo;A Miguel Labordeta&raquo; Serrano; b. Fotocopia de la anterior. c. Folio fechado el 13/XI/ 69; d. Fotocopia del folio anterior. e. Folio fechado el 14/IX/ 69 con variantes importantes. f. Fotocopia de la anterior</p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 19 Nov 2018 09:54:06 +0000</pubDate>
    </item>
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      <title><![CDATA[Maria Moliner y las Misiones Pedagógicas. Una mujer ilustrada en la España de los años 30]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/maria-moliner-y-las-misiones-pedagogidas-una-mujer-ilustrada-en-la-espana-de-los-anos-30/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/noviembre/MAR_A_MOLINER.jpg" alt="" /></p>
<p>Mar&iacute;a Moliner (1900-1981) es ampliamente conocida por ser la autora del <em>Diccionario de uso del espa&ntilde;ol</em>, una obra ingente y fundamental en la Lexicograf&iacute;a espa&ntilde;ola de la segunda mitad del siglo xx, que empez&oacute; a elaborar cumplidos los cincuenta. Aqu&iacute; presentaremos a la Mar&iacute;a Moliner anterior, la de los a&ntilde;os 30, la que tuvo un papel muy activo y fundamental en la difusi&oacute;n de la cultura, la bibliotecaria, la que impuls&oacute; un Plan Nacional de Bibliotecas durante la Segunda Rep&uacute;blica, la que fue delegada del Patronato de Misiones Pedag&oacute;gicas en Valencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>A&ntilde;os de formaci&oacute;n humana e intelectual</strong></p>
<p>La contribuci&oacute;n intelectual de Mar&iacute;a Moliner no puede entenderse sin conocer sus or&iacute;genes, su infancia y adolescencia, y su juventud. Naci&oacute; en Paniza (Zaragoza) en el seno de una familia acomodada el 30 de marzo de 1900, en plena &eacute;poca del Regeneracionismo, cuando los espa&ntilde;oles empezaban a tomar conciencia del atraso que sufr&iacute;a el pa&iacute;s respecto a los vecinos europeos. En 1904 la familia se traslad&oacute; a Madrid y, en 1912, su padre, m&eacute;dico de la Marina en aquel entonces, se embarc&oacute; rumbo a Argentina, de donde jam&aacute;s regres&oacute;. La desaparici&oacute;n del padre a tan temprana edad fue uno de los hechos que m&aacute;s marcaron el car&aacute;cter y la trayectoria posterior de Mar&iacute;a Moliner, convirti&eacute;ndola en una persona sumamente responsable, voluntariosa y decidida: ante la dif&iacute;cil situaci&oacute;n en que se encontr&oacute; su madre &mdash;sola, sin oficio ni beneficio y con tres hijos que criar&mdash;, Mar&iacute;a se ofreci&oacute; para estudiar por su cuenta, para no ser una carga, y empez&oacute; a dar clases particulares en cuanto pudo para contribuir al sost&eacute;n econ&oacute;mico de la familia.</p>
<p>En aquellos mismos a&ntilde;os (1910-1913), Mar&iacute;a estudi&oacute;, a veces por libre, en la Instituci&oacute;n Libre de Ense&ntilde;anza (ile), una instituci&oacute;n que se consideraba elitista, m&aacute;s en lo intelectual que en lo econ&oacute;mico. La influencia de esta instituci&oacute;n y de sus profesores en la trayectoria intelectual y profesional de Mar&iacute;a Moliner fue notable, en particular la de Manuel Pedro Bartolom&eacute; Coss&iacute;o &mdash;padre intelectual de Mar&iacute;a Moliner&mdash; y Am&eacute;rico Castro. En la ile Mar&iacute;a Moliner pudo dar lo mejor de s&iacute;, alcanzar la excelencia intelectual y sentar las bases de unos valores capitales en su formaci&oacute;n humana y acad&eacute;mica que la acompa&ntilde;ar&iacute;an a lo largo de toda su vida. En aquellos a&ntilde;os no imaginaba, como veremos m&aacute;s adelante, que a partir de 1930 su vocaci&oacute;n y su talento estar&iacute;an al servicio de las Misiones Pedag&oacute;gicas, proyecto del que Manuel B. Coss&iacute;o hab&iacute;a sido el principal impulsor.</p>
<p>La dif&iacute;cil situaci&oacute;n econ&oacute;mica de la familia propici&oacute; el regreso a Zaragoza, en cuya universidad Mar&iacute;a estudi&oacute; Filosof&iacute;a y Letras, especialidad de Historia, y donde se licenci&oacute;, en 1921, con sobresaliente y premio extraordinario. Al a&ntilde;o siguiente empez&oacute; a preparar oposiciones al Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arque&oacute;logos, al tiempo que ampliaba estudios de Lat&iacute;n, Bibliograf&iacute;a y Pedagog&iacute;a, siempre anhelando satisfacer su sed de saber. Su primer destino como bibliotecaria lo obtuvo en el Archivo de Simancas (Valladolid), donde s&oacute;lo estuvo un a&ntilde;o, pues &mdash;de nuevo por razones familiares&mdash; solicit&oacute; el traslado a Murcia. Pero sus inquietudes intelectuales no iban a verse satisfechas con ese puesto de trabajo, muy administrativo y poco creativo. En febrero de 1924, tan s&oacute;lo dos meses despu&eacute;s de tomar posesi&oacute;n de su nuevo destino como archivera, logr&oacute; vincularse a la Universidad de Murcia, al ser nombrada ayudante en la Facultad de Filosof&iacute;a, trabajo que compaginaba con sus obligaciones en el Archivo de la Delegaci&oacute;n de Hacienda. Cabe resaltar que fue la primera mujer que se incorpor&oacute; a esta universidad, y la Junta de la Facultad hizo hincapi&eacute; en que entraba &laquo;por sus m&eacute;ritos&raquo; y que le mostraba su &laquo;alta estima&raquo; al recibirla.</p>
<p>En Murcia conoci&oacute; al que iba a ser su marido y padre de sus hijos, Fernando Ram&oacute;n Ferrando, catedr&aacute;tico de F&iacute;sica. Durante el curso 1929-1930 este obtuvo la c&aacute;tedra de F&iacute;sica en la Universidad de Valencia y toda la familia Ram&oacute;n-Moliner se traslad&oacute; a la capital del Turia, adonde Mar&iacute;a hab&iacute;a solicitado el traslado al Archivo de la Delegaci&oacute;n Provincial de Hacienda.</p>
<p>Mar&iacute;a Moliner fue, por tanto, coet&aacute;nea de mujeres que han pasado a la historia por su lucha feminista y por su defensa de los derechos de las mujeres &mdash;Clara Campoamor, Victoria Kent, Margarita Nelken&mdash;, y tambi&eacute;n de mujeres artistas o deportistas que se hicieron famosas y ayudaron a visibilizar a la mujer espa&ntilde;ola &mdash;Maruja Mallo, Lili &Aacute;lvarez&mdash;, en una &eacute;poca en que, por tradici&oacute;n, la sociedad espa&ntilde;ola reservaba a la mujer un papel relegado al &aacute;mbito dom&eacute;stico. Asimismo, tambi&eacute;n fue contempor&aacute;nea de mujeres que sintieron la llamada de la lucha miliciana a ra&iacute;z del estallido de la Guerra Civil espa&ntilde;ola, como Rosario S&aacute;nchez Mora. Igualmente lo fue de Pilar Primo de Rivera y de su obra, la Secci&oacute;n Femenina, que atrajo a tantas mujeres desde 1934 y durante el franquismo. Y, por otra parte, muchas de las mujeres de su &eacute;poca optaron por dedicarse exclusivamente al hogar y a la familia.</p>
<p>No obstante, la biograf&iacute;a de Mar&iacute;a Moliner, marcada por su infancia y adolescencia, nos muestra a una mujer que no fue como ninguna de ellas, ni sigui&oacute; ninguno de estos caminos: a pesar de las adversidades que la vida le depar&oacute;, encontr&oacute; un modo distinto de ser mujer y madre, al tiempo que bibliotecaria e intelectual, con una profunda preocupaci&oacute;n social y humana, sin perder nunca su modo de estar en el mundo, discreto y silencioso, pero enormemente productivo, sin renunciar a nada, ejerciendo en plenitud su destino de mujer. Sin ser feminista, fue un ejemplo para muchas feministas.</p>
<p>As&iacute; pues, en los primeros a&ntilde;os de su vida en Valencia, Mar&iacute;a Moliner y su marido tuvieron la oportunidad de compartir amistad y todas sus inquietudes intelectuales con otras personas del mundo acad&eacute;mico valenciano, personas de talante liberal y avanzado como ellos y, en particular, con un grupo de matrimonios con anhelos regeneracionistas similares a los suyos, que, en palabras de la historiadora Inmaculada de la Fuente, &laquo;quer&iacute;an un colegio distinto para sus hijos y sent&iacute;an la necesidad de introducir las nuevas pedagog&iacute;as de la ense&ntilde;anza&raquo;. Con este grupo de amigos impulsaron y fundaron la Escuela Coss&iacute;o, nombre escogido en memoria del c&eacute;lebre pedagogo, Manuel P. Bartolom&eacute; Coss&iacute;o.</p>
<p>Las etapas de gestaci&oacute;n, fundaci&oacute;n, promoci&oacute;n y puesta en marcha de la Escuela Coss&iacute;o en Valencia fueron, sin duda, uno de los per&iacute;odos m&aacute;s fruct&iacute;feros de la vida intelectual y laboral de Mar&iacute;a Moliner. La materializaci&oacute;n de este sue&ntilde;o por parte del matrimonio Ram&oacute;n-Moliner &mdash;junto con los matrimonios amigos que participaron en el proyecto&mdash; sirvi&oacute;, de entrada, para que sus hijos recibieran la educaci&oacute;n de calidad que sus padres deseaban, siguiendo la estela de la ile y la pedagog&iacute;a que all&iacute; Mar&iacute;a hab&iacute;a aprendido.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>La Segunda Rep&uacute;blica y las Misiones Pedag&oacute;gicas</strong></p>
<p>La llegada de la Segunda Rep&uacute;blica fue una oportunidad para Mar&iacute;a Moliner, que ya estaba muy comprometida y concienciada socialmente, especialmente en lo relativo a la educaci&oacute;n y la cultura. En cierto modo, con la concepci&oacute;n y puesta en marcha de la escuela en Valencia, en el curso 1930-1931, Mar&iacute;a Moliner ―junto con su marido y su grupo de amigos― contribuy&oacute; al <em>despertar</em> de la sociedad espa&ntilde;ola, que cristalizar&iacute;a con la proclamaci&oacute;n de la Segunda Rep&uacute;blica el 14 de abril de 1931. Este entorno favoreci&oacute; que Mar&iacute;a Moliner pudiera seguir dando lo mejor de s&iacute; y fuera alimentando sus inquietudes intelectuales y, sobre todo, sociales y educativas.</p>
<p>Y precisamente el haber promovido y fundado la Escuela Coss&iacute;o en Valencia facilit&oacute; que Mar&iacute;a Moliner entrara en contacto con uno de los grandes proyectos del Gobierno republicano, en el que ella participar&iacute;a de forma muy activa: las Misiones Pedag&oacute;gicas, creadas el 29 de mayo de 1931 y dependientes del Ministerio de Instrucci&oacute;n P&uacute;blica y Bellas Artes. Esta fecha tan temprana respecto a la proclamaci&oacute;n de la Segunda Rep&uacute;blica &mdash;mes y medio despu&eacute;s&mdash; muestra la importancia que el nuevo Gobierno republicano otorgaba a la cultura y a la regeneraci&oacute;n del pueblo espa&ntilde;ol.</p>
<p>Encontramos los antecedentes de las Misiones Pedag&oacute;gicas en el a&ntilde;o 1881, cuando Giner de los R&iacute;os y Manuel B. Coss&iacute;o solicitaron al ministro de Fomento del primer Gobierno de Sagasta la creaci&oacute;n de &laquo;misiones ambulantes&raquo;, para llevar a los mejores maestros a zonas rurales m&aacute;s apartadas. La idea era enviarlos, en grupos de dos o tres, a modo de &laquo;misioneros&raquo;, para que en las principales localidades reuniesen a los maestros rurales y les explicaran de forma pr&aacute;ctica qu&eacute; era lo que en las condiciones de entonces podr&iacute;an hacer con objeto de mejorar la ense&ntilde;anza. M&aacute;s adelante, en 1912, se promovieron algunas experiencias, que ya se denominaron &laquo;misiones pedag&oacute;gicas&raquo;, para llenar el vac&iacute;o intelectual y social con que frecuentemente trabajaban los maestros en las aldeas.</p>
<p>El Gobierno republicano sinti&oacute; r&aacute;pidamente la necesidad de trabajar para la poblaci&oacute;n de las zonas rurales y retom&oacute; la antigua aspiraci&oacute;n de Giner y Coss&iacute;o: encomend&oacute; entonces a Coss&iacute;o la presidencia del Patronato de Misiones Pedag&oacute;gicas, organismo al que &eacute;ste se dedic&oacute; en cuerpo y alma hasta su fallecimiento en 1935.</p>
<p>Era cuesti&oacute;n de tiempo que Mar&iacute;a Moliner se sintiera atra&iacute;da por el flamante proyecto de las Misiones Pedag&oacute;gicas, m&aacute;xime cuando estaba presidido por el que fue su principal maestro. En agosto de ese mismo a&ntilde;o, Mar&iacute;a integr&oacute; la Delegaci&oacute;n Valenciana de las Misiones Pedag&oacute;gicas, con responsabilidades gestoras, entre otras. Y en enero de 1932 inici&oacute; su colaboraci&oacute;n con las Misiones Pedag&oacute;gicas, que durar&iacute;an hasta 1936.</p>
<p>Mar&iacute;a Moliner hac&iacute;a suyas las palabras del profesor Coss&iacute;o cuando explicaba cu&aacute;l era el prop&oacute;sito de las Misiones: &laquo;despertar el af&aacute;n de leer en los que no lo sienten, pues s&oacute;lo cuando todo espa&ntilde;ol no s&oacute;lo sepa leer &mdash;que es bastante&mdash;, sino que tenga ansia de leer, de gozar y divertirse, s&iacute;, divertirse leyendo, habr&aacute; una nueva Espa&ntilde;a&raquo;. Hay que tener en cuenta que en 1931 apenas hab&iacute;a bibliotecas p&uacute;blicas en Espa&ntilde;a y que ninguna escuela rural ten&iacute;a libros infantiles. La Segunda Rep&uacute;blica realiz&oacute; un esfuerzo importante por terminar con las desigualdades entre el campo y la ciudad, y lo intent&oacute; de la mano de las Misiones Pedag&oacute;gicas y de la Junta de Intercambio y Adquisici&oacute;n de Libros, de la que hablaremos m&aacute;s adelante.</p>
<p>El mundo de la lectura y de las bibliotecas experiment&oacute; con todo ello una gran transformaci&oacute;n. Se empez&oacute; a entender que el papel de los bibliotecarios deb&iacute;a cambiar: el bibliotecario <em>cl&aacute;sico</em> era aquel que buscaba preservar los libros y trabajar para sesudos especialistas; en cambio, el bibliotecario de la Segunda Rep&uacute;blica &mdash;como Mar&iacute;a Moliner&mdash; buscaba trabajar para el p&uacute;blico en general y para los m&aacute;s desfavorecidos en particular. Su af&aacute;n, como el del maestro Coss&iacute;o, consist&iacute;a en <em>despertar</em> el gusto por la lectura a los que no lo hab&iacute;an conocido, <em>acercar</em> la cultura a los que viv&iacute;an alejados de las grandes ciudades y, en definitiva, <em>abrir</em> las bibliotecas a la gente, dejando que la luz del d&iacute;a <em>desempolvara</em> los ejemplares. Mar&iacute;a Moliner deseaba una biblioteca viva, &uacute;til y l&uacute;dica.</p>
<p>En 1933, Mar&iacute;a Moliner fue nombrada vicepresidenta de Misiones en Valencia, y como tal propici&oacute; el desarrollo de las bibliotecas rurales, tarea que compatibiliz&oacute; con su trabajo en el Archivo de la Delegaci&oacute;n de Hacienda y con su faceta de madre y esposa.</p>
<p>En 1934, promovi&oacute; asimismo la creaci&oacute;n de una biblioteca popular en la ciudad de Valencia. Pese a ser una idea suya, en la que trabaj&oacute; con ah&iacute;nco, no fue nombrada directora de la misma. Lejos de desanimarse, siempre voluntariosa, present&oacute; otro proyecto, a&uacute;n m&aacute;s ambicioso: la creaci&oacute;n de una Biblioteca-Escuela, tambi&eacute;n en Valencia, pensada como central de coordinaci&oacute;n y distribuci&oacute;n de fondos para las peque&ntilde;as bibliotecas rurales. El proyecto sali&oacute; adelante, y la energ&iacute;a incombustible de Mar&iacute;a Moliner se puso al servicio de los ideales que el maestro Coss&iacute;o le hab&iacute;a transmitido.</p>
<p>Como miembro colaborador de las Misiones Pedag&oacute;gicas en Valencia realiz&oacute; numerosas inspecciones a distintas bibliotecas diseminadas por la provincia de Valencia. Varios informes de estas inspecciones se conservan en el Archivo General de la Administraci&oacute;n. La experiencia acumulada en los centenares de visitas que realiz&oacute; le permiti&oacute; hacer una radiograf&iacute;a muy n&iacute;tida de la situaci&oacute;n de la lectura y de las bibliotecas rurales, y pudo verter buena parte de ello en el II Congreso Internacional de Bibliotecas y Bibliograf&iacute;a ―inaugurado por el fil&oacute;sofo Jos&eacute; Ortega y Gasset―, que tuvo lugar en Madrid y Barcelona, del 20 al 30 de mayo de 1935, donde present&oacute; la comunicaci&oacute;n titulada &laquo;Bibliotecas rurales y redes de bibliotecas en Espa&ntilde;a&raquo;, y de cuyo Comit&eacute; Organizador form&oacute; parte.</p>
<p>Dichos informes de inspecci&oacute;n son una de las fuentes principales para conocer la labor de difusi&oacute;n de la lectura que llev&oacute; a cabo Mar&iacute;a Moliner durante la Segunda Rep&uacute;blica. El inter&eacute;s principal de los informes de estas visitas estriba en el hecho de que son textos redactados personalmente por Mar&iacute;a Moliner. Son textos breves con un esquema com&uacute;n en cuanto a las cuestiones observadas y comentadas en cada una de las inspecciones, pero en absoluto son los cl&aacute;sicos informes administrativos, fr&iacute;os y estandarizados. Destilan toda la humanidad y toda la sensibilidad de Mar&iacute;a Moliner, algo que el propio funcionamiento de las Misiones Pedag&oacute;gicas permit&iacute;a. La iniciativa de las Misiones Pedag&oacute;gicas fue fundamentalmente fruto del entusiasmo de unas pocas personas y este esp&iacute;ritu inicial qued&oacute; plasmado en varios aspectos: sin normas ni modelos, se nutr&iacute;a de j&oacute;venes intelectuales, artistas, escritores, pero tambi&eacute;n de maestros e inspectores de ense&ntilde;anza primaria, personas, en definitiva, que compart&iacute;an el ideal del maestro Coss&iacute;o de crecimiento espiritual y cultural de los ni&ntilde;os y de los habitantes de las zonas rurales. Hubo un n&uacute;cleo de colaboradores que participaron regularmente &mdash;como es el caso de Mar&iacute;a Moliner&mdash;, pero muchos eran voluntarios y colaboradores puntuales. El funcionamiento era, pues, bastante carism&aacute;tico y permit&iacute;a que cada cual se dedicase a aquello que mejor sab&iacute;a hacer.</p>
<p>Aquellas bibliotecas eran s&oacute;lo un estante, o un caj&oacute;n, o una caja, a lo sumo un armario. Nada que ver con la imagen que nos viene a la mente cuando pensamos en el concepto de <em>biblioteca</em>, que identificamos espont&aacute;neamente con una gran sala abarrotada de libros, ordenados de manera sistem&aacute;tica. Ello confirma la necesidad que los impulsores e integrantes de las Misiones Pedag&oacute;gicas hab&iacute;an detectado en las zonas rurales de la Pen&iacute;nsula, en cuanto a lectura se refiere, puesto que unos pocos libros iban a llenar el vac&iacute;o existente. Y al mismo tiempo es la prueba de que la cultura no es una cuesti&oacute;n de cantidad, sino de oportunidad y de adecuaci&oacute;n, puesto que de lo que se trataba era de despertar el gusto por la lectura. Si consegu&iacute;an que un solo ni&ntilde;o o ni&ntilde;a conociera el placer de la lectura, su entusiasmo contagiar&iacute;a f&aacute;cilmente a sus padres y hermanos. Y de este modo, como guijarro lanzado a un estanque, cada uno de estos libros, en manos de alg&uacute;n ni&ntilde;o o ni&ntilde;a del pueblo, con el acompa&ntilde;amiento adecuado del maestro o del bibliotecario, tendr&iacute;a el efecto de una onda expansiva.</p>
<p>Fueron a&ntilde;os de gran productividad y de incansable actividad, a&ntilde;os en los que Mar&iacute;a Moliner era conocida como &laquo;la muchacha del jersey verde&raquo;. Como ella misma dir&iacute;a: &laquo;Me hac&iacute;a gracia lo de muchacha, cuando ya pasaba de los treinta y hab&iacute;a tenido a mis cuatro hijos&raquo;. Esta intensa labor de la Segunda Rep&uacute;blica se ve reflejada en las cifras: en 1935 se hab&iacute;an creado m&aacute;s de 5.000 bibliotecas, que, en los dos primeros a&ntilde;os tuvieron 467.775 lectores, de los cuales 269.325 fueron ni&ntilde;os (esto es, el 57%). Y el n&uacute;mero total de obras le&iacute;das en el mismo per&iacute;odo fue de 2.196.495. En ese mismo per&iacute;odo se cre&oacute; tambi&eacute;n la Junta de Intercambio y Adquisici&oacute;n de Libros, en la que Mar&iacute;a Moliner particip&oacute; activamente. Desde su puesto al frente de la Delegaci&oacute;n de las Misiones Pedag&oacute;gicas en Valencia lleg&oacute; a organizar una red bibliotecaria a partir de las ciento quince bibliotecas establecidas por la Misiones, con una central en Valencia, que se encargaba de coordinar los servicios.</p>
<p>Poco despu&eacute;s, en septiembre de 1936, en plena Guerra Civil, fue nombrada directora de la Biblioteca Universitaria y Provincial de Valencia, solicitada por el rector de la Universidad, el Dr. Jos&eacute; Puche &Aacute;lvarez &mdash;quien tambi&eacute;n hab&iacute;a formado parte del grupo impulsor de la Escuela Coss&iacute;o de Valencia&mdash;, pero a finales de 1937 tuvo que abandonar el puesto para ponerse al frente de la Oficina de Adquisici&oacute;n de Libros y Cambio Internacional de Publicaciones &mdash;que hab&iacute;a sustituido desde el 5 de abril de 1937 a la Junta de Intercambio y Adquisici&oacute;n de Libros para Bibliotecas. Este organismo era el encargado de comprar libros para todas las bibliotecas espa&ntilde;olas: escolares, p&uacute;blicas, de colonias y de institutos, especialmente los Institutos para Obreros, que, por primera vez, daban la oportunidad de estudiar a j&oacute;venes de la clase trabajadora. En el a&ntilde;o en que Mar&iacute;a Moliner estuvo trabajando como directora, la Oficina gast&oacute; casi siete millones de pesetas en la compra de cuatrocientos treinta y tres mil vol&uacute;menes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El Pr&oacute;logo a las <em>Instrucciones</em></strong></p>
<p>Sin embargo, a&uacute;n le quedaba mucho camino por recorrer a Mar&iacute;a Moliner. Una de las mayores aportaciones que hizo a la difusi&oacute;n de la lectura y de la cultura en la Espa&ntilde;a de los a&ntilde;os 30 fue, sin duda, la redacci&oacute;n de las <em>Instrucciones para el servicio de peque&ntilde;as bibliotecas, </em>que la Secci&oacute;n de Bibliotecas del Consejo Central de Archivos, Bibliotecas y Tesoro Art&iacute;stico del Ministerio de Instrucci&oacute;n P&uacute;blica, public&oacute; en Valencia, en 1937, omitiendo la autor&iacute;a.</p>
<p>Las <em>Instrucciones</em> <em>para el servicio de peque&ntilde;as bibliotecas</em> constan de un pr&oacute;logo de dos p&aacute;ginas, seguido de cuarenta y siete p&aacute;ginas en las que Mar&iacute;a Moliner expone de forma clara y ordenada c&oacute;mo debe crearse, organizarse y mantenerse una peque&ntilde;a biblioteca rural. Las <em>Instrucciones</em> abordan los siguientes aspectos: instalaci&oacute;n, operaciones con los libros, formaci&oacute;n de cat&aacute;logos, servicio al p&uacute;blico y estad&iacute;sticas, atenci&oacute;n a los servicios de pr&eacute;stamos entre bibliotecas y lotes renovables, propaganda y extensi&oacute;n bibliotecaria, y operaciones de orden administrativo. En estas p&aacute;ginas queda reflejada toda la experiencia que hab&iacute;a atesorado en sus m&uacute;ltiples visitas de inspecci&oacute;n como &laquo;misionera&raquo; de Misiones Pedag&oacute;gicas y, sobre todo, queda reflejada su incombustible vocaci&oacute;n de difusi&oacute;n de la lectura y de la cultura. El resultado es un texto en el que los destinatarios est&aacute;n presentes de principio a fin, y en el que se da respuesta anticipadamente a todas aquellas dudas de m&eacute;todo o de funcionamiento que les pudieran surgir. El texto est&aacute; acompa&ntilde;ado de abundantes dibujos para ilustrar mejor las explicaciones, dibujos que describen desde el mobiliario m&aacute;s adecuado para la biblioteca, hasta la representaci&oacute;n de c&oacute;mo colocar la tarjeta del libro en cada ejemplar. Es un texto eminentemente pragm&aacute;tico.</p>
<p>Pero sin lugar a dudas, lo mejor de estas <em>Instrucciones</em> es<em> </em>la carta que Mar&iacute;a Moliner redact&oacute;, a manera de pr&oacute;logo. Como afirma con acierto J. Ignacio Bermejo Larrea, &laquo;es una de esas joyas de la literatura que andan escondidas en archivos casi olvidados&raquo;. El pr&oacute;logo est&aacute; redactado como una carta, en el mismo tono epistolar que ya utiliz&oacute; en sus informes de inspecci&oacute;n, y se titula &laquo;A los bibliotecarios rurales&raquo;. La autora es plenamente consciente de a qui&eacute;n van dirigidas estas <em>Instrucciones</em>, sabe qui&eacute;nes son y c&oacute;mo son. Conoce de primera mano el perfil de las personas que en cada uno de los pueblos y aldeas va a recurrir a este texto, y, conoce tambi&eacute;n el p&uacute;blico para el que se instalan estas bibliotecas. Lo que la mueve es el deseo de hacer llegar la cultura, a trav&eacute;s de la lectura, a los pueblos y aldeas m&aacute;s rec&oacute;nditos, incluso a aquellos que a&uacute;n no ten&iacute;an ni electricidad. Se percibe tambi&eacute;n en este delicado pr&oacute;logo que, por delante de cualquier tentaci&oacute;n de exhibici&oacute;n de su saber, pasan siempre la modestia de Mar&iacute;a Moliner y su preocupaci&oacute;n sincera por los futuros lectores.</p>
<p>El primer p&aacute;rrafo es toda una declaraci&oacute;n de intenciones. En &eacute;l se encuentra la s&iacute;ntesis de su pensamiento y la esencia de su concepci&oacute;n de la profesi&oacute;n de bibliotecaria: &laquo;Estas <em>Instrucciones</em> van especialmente dirigidas a ayudar en su tarea a los bibliotecarios provistos de poca experiencia y que tienen a su cargo bibliotecas peque&ntilde;as y recientes. [&hellip;] El encargado de una biblioteca que comienza a vivir ha de hacer una labor mucho m&aacute;s personal, poniendo toda su alma en ella. No ser&aacute; esto posible sin entusiasmo, y el entusiasmo no nace sino de la fe. El bibliotecario, para poner entusiasmo en su tarea, necesita creer en estas dos cosas: en la capacidad de mejoramiento espiritual de la gente a quien va a servir, y en la eficacia de su propia misi&oacute;n para contribuir a ese mejoramiento&raquo;.</p>
<p>Hay una serie de t&eacute;rminos y expresiones que son dignos de resaltar: &laquo;alma&raquo;, &laquo;el entusiasmo no nace sino de la fe&raquo;, &laquo;creer&raquo;, &laquo;mejoramiento espiritual&raquo;, &laquo;misi&oacute;n&raquo;. Hay en todos ellos un denominador com&uacute;n, un mismo campo sem&aacute;ntico que es, curiosamente, el de la religi&oacute;n y, en particular, el de la religi&oacute;n cat&oacute;lica. Llama la atenci&oacute;n el uso de este vocabulario en un texto como este, porque es un texto dirigido a los bibliotecarios rurales, en plena Segunda Rep&uacute;blica, que prologa toda una serie de indicaciones muy pr&aacute;cticas; pero es que adem&aacute;s la persona que lo escribe no estaba especialmente vinculada al mundo cat&oacute;lico de aquel momento. Seg&uacute;n sus hijos, Mar&iacute;a Moliner era creyente, pero no acud&iacute;a a la iglesia con frecuencia. &iquest;Por qu&eacute; entonces este lenguaje? &iquest;Qu&eacute; hab&iacute;a detr&aacute;s de estos t&eacute;rminos? Creemos que no es casualidad que Mar&iacute;a Moliner utilizara este vocabulario, puesto que, como hemos ido viendo, en sus diferentes opciones personales y laborales, siempre la movi&oacute; un anhelo profundo de llevar el saber y la cultura, a trav&eacute;s de los libros, a aquellos que lo ten&iacute;an m&aacute;s dif&iacute;cil, a los m&aacute;s desfavorecidos.</p>
<p>A medida que el texto del pr&oacute;logo va avanzando, va revel&aacute;ndose la Mar&iacute;a Moliner determinada, decidida y de ideas claras: &laquo;No ser&aacute; buen bibliotecario el individuo que recibe invariablemente al forastero con palabras que tenemos grabadas en el cerebro, a fuerza de o&iacute;rlas, los que con una misi&oacute;n cultural hemos visitado pueblos espa&ntilde;oles: &lsquo;Mire usted: en este pueblo son muy cerriles; usted h&aacute;bleles de ir al baile, al f&uacute;tbol o al cine, pero&hellip; &iexcl;A la biblioteca&hellip;!&rsquo;. No, amigos bibliotecarios, no. En vuestro pueblo la gente no es m&aacute;s cerril que en otros pueblos del mundo. Probad a hablarles de cultura y ver&eacute;is c&oacute;mo sus ojos se abren y sus cabezas se mueven en un gesto de asentimiento. [&hellip;] Ellos presienten, en efecto, que es cultura lo que necesitan, que sin ella no hay posibilidad de liberaci&oacute;n efectiva&raquo;.</p>
<p>Mar&iacute;a Moliner predicaba con el ejemplo; ped&iacute;a a los nuevos bibliotecarios, a los que ya llamaba &laquo;amigos&raquo; que hicieran lo que ella llevaba practicando desde hac&iacute;a varios a&ntilde;os: tener fe en las personas, vivieran donde vivieran, fueran hombres o mujeres, ni&ntilde;os o ancianos. Esa fe inquebrantable de Mar&iacute;a Moliner en la capacidad y la necesidad inherente del ser humano por aprender y ampliar sus horizontes queda perfectamente reflejada en esta frase: &laquo;Probad a hablarles de cultura y ver&eacute;is c&oacute;mo sus ojos se abren y sus cabezas se mueven en un gesto de asentimiento&raquo;.</p>
<p>En este pr&oacute;logo, Mar&iacute;a Moliner hace hincapi&eacute; en las dificultades que todas estas personas de los pueblos y aldeas van a encontrar para &laquo;incorporarse a la marcha fatal del progreso humano&raquo;, y para recorrer el camino de la cultura, que califica de &laquo;&aacute;spero&raquo;. Ah&iacute; se manifiesta la Mar&iacute;a Moliner que sabe que hace falta esfuerzo y fuerza de voluntad para acceder al saber. Sin la participaci&oacute;n activa de la gente, los bibliotecarios rurales no podr&iacute;an hacer su trabajo. Por ello, les pide que sean comprensivos, que disculpen y ayuden a los nuevos lectores, pues se trata de &laquo;romper con una tradici&oacute;n de abandono conservada por generaciones y generaciones&raquo; y con una tradici&oacute;n de desprecio por parte de las clases favorecidas.</p>
<p>El pr&oacute;logo, te&ntilde;ido de realismo, sigue anticip&aacute;ndose a los problemas que los bibliotecarios rurales se encontrar&aacute;n y les aconseja que no olviden cu&aacute;l es su <em>misi&oacute;n</em>: &laquo;conocer los recursos de tu biblioteca y las cualidades de tus lectores&raquo;. Mar&iacute;a Moliner, mujer con los pies en el suelo, les da consejos llenos de sentido com&uacute;n, fruto de su propia experiencia. Sabe que el entorno no es el m&aacute;s propicio, pero, precisamente por ello, sabe tambi&eacute;n que la vocaci&oacute;n y el entusiasmo de los bibliotecarios puede suplir en parte el d&eacute;ficit material.</p>
<p>Por &uacute;ltimo, pide a los bibliotecarios que crean en &laquo;la eficacia de su propia misi&oacute;n&raquo;. En definitiva, les pide sencillamente que crean en los dem&aacute;s y que crean en s&iacute; mismos, como &uacute;nico camino para acercar la cultura al mundo rural, tan abandonado hasta entonces. Transcribimos a continuaci&oacute;n un fragmento que, casi al final del pr&oacute;logo, se convierte en un aut&eacute;ntico alegato de la lectura como motor de transformaci&oacute;n: &laquo;La segunda cosa en que necesita creer el bibliotecario es en la eficacia de su propia misi&oacute;n. Para valorarla, pensad tan s&oacute;lo en lo que ser&iacute;a nuestra Espa&ntilde;a si en todas las ciudades, en todos los pueblos, en las aldeas m&aacute;s humildes, hombres y mujeres dedicasen los ratos no ocupados por sus tareas vitales a leer, a asomarse al mundo material y al mundo inmenso del esp&iacute;ritu por esas ventanas maravillosas que son los libros. &iexcl;Tantas son las consecuencias que se adivinan si una tal situaci&oacute;n llegase a ser realidad, que no es posible ni empezar a enunciarlas&hellip;!&raquo;.</p>
<p>El idealismo que desprenden estas l&iacute;neas es un claro ejemplo del entusiasmo que mueve a esta mujer. Ella <em>cree</em> en la lectura como factor de cambio, como herramienta b&aacute;sica de acceso a la cultura. Y sue&ntilde;a con una Espa&ntilde;a &mdash;&laquo;nuestra Espa&ntilde;a&raquo;&mdash;, en la que todos caben y en la que todos tendr&iacute;an reconocida la misma dignidad, gracias al acceso a la cultura que la lectura aporta. El uso, una vez m&aacute;s, de t&eacute;rminos propios del lenguaje religioso &mdash;&laquo;creer&raquo;, &laquo;misi&oacute;n&raquo;, &laquo;esp&iacute;ritu&raquo;&mdash; ilustra la visi&oacute;n que ella tiene de la labor de los bibliotecarios rurales: personas que, con su entusiasmo y su dedicaci&oacute;n, pueden llevar a cabo una labor integral de <em>redenci&oacute;n</em> de la gente de los pueblos y aldeas, entendiendo <em>redenci&oacute;n</em> en el sentido de <em>liberaci&oacute;n social.</em> Como ella misma les dice, &laquo;esas ventanas maravillosas que son los libros [les permitir&aacute;n] asomarse al mundo material y al mundo inmenso del esp&iacute;ritu&raquo;.</p>
<p>Estas reflexiones ponen de manifiesto el sentimiento compartido por muchos intelectuales y pol&iacute;ticos de la Segunda Rep&uacute;blica, que deseaban reformar Espa&ntilde;a y que ve&iacute;an en la difusi&oacute;n de la lectura y de la cultura un medio para abrirla al mundo. Fueron sin duda a&ntilde;os de progreso, y la invitaci&oacute;n a la lectura que las bibliotecas de las Misiones Pedag&oacute;gicas propagaron fue una herramienta clave para este despertar de la poblaci&oacute;n m&aacute;s abandonada y desfavorecida. Mar&iacute;a Moliner, con este pr&oacute;logo/carta a los bibliotecarios rurales, y con su estilo sencillo y cercano, sembr&oacute; una semilla para la futura Espa&ntilde;a moderna. La Guerra Civil, lamentablemente, puso punto y final a este per&iacute;odo de florecimiento cultural en Espa&ntilde;a. De esa &eacute;poca, Mar&iacute;a Moliner dir&iacute;a: &laquo;Jam&aacute;s he podido olvidar aquellos d&iacute;as en que intentamos transformar nuestro pobre pa&iacute;s con el arma m&aacute;s poderosa de todas, la cultura&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Dictadura franquista y depuraci&oacute;n de funcionarios</strong></p>
<p>Con el comienzo de la Guerra Civil se paralizaron en muchos lugares de Espa&ntilde;a, y especialmente en Madrid, las actividades de las Misiones Pedag&oacute;gicas. Pero en Valencia la infraestructura creada por el sistema bibliotecario de las Misiones Pedag&oacute;gicas continuar&iacute;a funcionando casi hasta el final de la contienda. Algunos &laquo;misioneros&raquo; murieron asesinados nada m&aacute;s comenzar el conflicto; otros se enrolaron en las Milicias de la Cultura o en las Brigadas Volantes; otros fueron encarcelados, expedientados o marcharon al exilio. Y tambi&eacute;n hubo algunos que se integraron en las filas franquistas.</p>
<p>Fue una &eacute;poca de penurias y grandes dificultades, pero, a pesar de ello, Mar&iacute;a Moliner continu&oacute; trabajando, mientras pudo, por aquello en lo que cre&iacute;a. En 1937 redact&oacute; y present&oacute; el <em>Proyecto de bases de un plan de organizaci&oacute;n general de bibliotecas del Estado</em>, un proyecto ambicioso y adelantado a su tiempo, presentado ante el Consejo central de Archivos, Bibliotecas y Tesoro Art&iacute;stico, y que se empez&oacute; a implantar inmediatamente, pese a que no fue publicado hasta 1939, cuando pr&aacute;cticamente el Gobierno de la Rep&uacute;blica ya hab&iacute;a sido derrotado por las tropas franquistas.</p>
<p>Valencia fue tomada por las tropas nacionales el 29 de marzo de 1939. Mar&iacute;a Moliner ―que cumplir&iacute;a treinta y nueve a&ntilde;os al d&iacute;a siguiente― y su familia vivieron ese d&iacute;a con naturalidad, haciendo lo que hizo la mayor&iacute;a: salir al balc&oacute;n a presenciar el paso de las tropas franquistas. Como tantos espa&ntilde;oles en las diferentes capitales que iban siendo vencidas. No parece que aquello significara una comuni&oacute;n con el r&eacute;gimen franquista, sino m&aacute;s bien otra muestra m&aacute;s de su gran fuerza de voluntad y de su capacidad por hacer frente a las adversidades.</p>
<p>Mar&iacute;a Moliner fue sometida a una rigurosa depuraci&oacute;n y perdi&oacute; dieciocho puestos en el escalaf&oacute;n, seg&uacute;n consta en el expediente de depuraci&oacute;n contra Mar&iacute;a Moliner (pliego de cargos de 10 de febrero de 1939 y resoluci&oacute;n publicada en el BOE de 22 de enero de 1940). Est&aacute; claro que su adhesi&oacute;n entusiasta a las Misiones Pedag&oacute;gicas jug&oacute; en su contra, tal como recog&iacute;a el informe del comisario jefe de Valencia que, en junio de 1939, dijo sobre Mar&iacute;a Moliner que se hab&iacute;a manifestado &laquo;como roja rabiosa&raquo;, pero que nadie hab&iacute;a &laquo;podido manifestar haya cometido ning&uacute;n acto censurable, ni denunciado a nadie&raquo;. No obstante, hubo diversos factores que le favorecieron y que evitaron una sanci&oacute;n mayor. De entrada, el hecho de haberse centrado exclusivamente en sus quehaceres profesionales, pero tambi&eacute;n su manera de ser y de comportarse. En este sentido, Pilar Faus Sevilla alude al informe que redact&oacute; el repuesto director de la Biblioteca Universitaria, Jos&eacute; Mar&iacute;a Ibarra, que avala la conducta profesional y humanamente ejemplar de Mar&iacute;a Moliner: <em>&laquo;</em>defendi&oacute; al personal facultativo y subalterno derechista ante las autoridades y tribunales&hellip;; teniendo en cuenta que no tuve trato personal con ella, opino que se trata de persona que se adapt&oacute; sin dificultad al Gobierno rojo pero sin actuar sectariamente ni perseguir a quienes no pensaban como ella, ni menos complicarse en las infamias y atropellos contra las gentes de derechas&raquo;.</p>
<p>Asimismo, otros informes ejercieron tambi&eacute;n una influencia positiva, en particular, afirma Ibarra, &laquo;el presentado por unos vecinos, muy adictos a las ideas del nuevo r&eacute;gimen. En &eacute;l se destacan las valiosas cualidades que adornaban a Mar&iacute;a Moliner, entre ellas la de ser una madre ejemplar&raquo;. No deja de ser sorprendente que su faceta de madre, al fin y al cabo, le valiera una reducci&oacute;n en la sanci&oacute;n. Su maternidad le hab&iacute;a abierto los ojos de un modo especial a las necesidades educativas y culturales de los m&aacute;s peque&ntilde;os y de los m&aacute;s abandonados, y ahora, al final de la Guerra Civil, su modo de ser madre le otorgaba un castigo menos severo del que otros funcionarios sufrieron. Cabe recordar aqu&iacute; que Mar&iacute;a Moliner y su marido pertenec&iacute;an a la clase acomodada de Valencia y que esta condici&oacute;n probablemente tambi&eacute;n la ayud&oacute;, puesto que otras personas implicadas como ella en los valores de la Segunda Rep&uacute;blica recibieron castigos mayores, sobre todo si proced&iacute;an de la clase obrera.</p>
<p>Es relevante tambi&eacute;n lo que escribi&oacute; de s&iacute; misma, en la declaraci&oacute;n jurada que firm&oacute; el 7 de mayo de 1939, respondiendo a la pregunta acerca de los servicios que hab&iacute;a prestado al Movimiento: &laquo;Creo que trabajando seriamente y sin regatear esfuerzo en su vida profesional y criando <em>a pulso</em>, seg&uacute;n expresi&oacute;n popular, a cuatro hijos sanos en cuerpo y alma ha prestado su servicio al esp&iacute;ritu que anima al Movimiento Nacional&raquo;. En esta frase resume Mar&iacute;a Moliner lo que hab&iacute;a sido su vida en la d&eacute;cada anterior: la entrega en cuerpo y alma a su vida profesional y a la crianza de sus cuatro hijos. Una mujer moderna <em>avant la lettre.</em></p>
<p>El castigo, adem&aacute;s de la p&eacute;rdida de puestos en el escalaf&oacute;n, consisti&oacute; en retomar su plaza en el Archivo de la Delegaci&oacute;n de Hacienda, de donde hab&iacute;a <em>huido</em>. Era como retroceder diez a&ntilde;os atr&aacute;s en su vida. Pero, como siempre hab&iacute;a hecho, Mar&iacute;a Moliner se adapt&oacute; a la nueva situaci&oacute;n con entereza y serenidad, dando lo mejor de s&iacute; misma.</p>
<p>Empezaba, sin embargo, un largo per&iacute;odo de sombras. Desde el final de la Guerra Civil, su marido fue apartado de la docencia, pero su expediente de depuraci&oacute;n no se resolvi&oacute; hasta febrero de 1943. Entonces supo que su sanci&oacute;n comportaba su traslado forzoso a la Universidad de Murcia y la prohibici&oacute;n de solicitar cargos vacantes durante dos a&ntilde;os. Durante ese tiempo, Mar&iacute;a Moliner permaneci&oacute; en Valencia con sus hijos, mientras su marido pasaba la semana laboral en Murcia. Fueron a&ntilde;os sombr&iacute;os para la familia Ram&oacute;n-Moliner.</p>
<p>La experiencia de la posguerra que sufri&oacute; el matrimonio Ram&oacute;n-Moliner es paradigm&aacute;tica de lo que muchas familias de profesionales vivieron: las ilusiones y las esperanzas que hab&iacute;an depositado en esa &laquo;Espa&ntilde;a nuestra&raquo; de la que Mar&iacute;a Moliner hablaba a los bibliotecarios rurales, todas esas &laquo;consecuencias que se adivinan si una tal situaci&oacute;n llegase a ser realidad&raquo;, tantos anhelos y esfuerzos, todo aquello fue enterrado por las fuerzas franquistas.</p>
<p>Pese a la marginaci&oacute;n social y profesional, Mar&iacute;a Moliner supo encontrar en la dedicaci&oacute;n a su familia y en su dimensi&oacute;n creadora &mdash;que ning&uacute;n r&eacute;gimen pol&iacute;tico podr&iacute;a ahogar del todo&mdash; una luz interior en tiempos de sombras. Mar&iacute;a Moliner sigui&oacute; haciendo lo que mejor sab&iacute;a hacer: cultivar el intelecto mediante las palabras y la lectura, ser una buena profesional y una buena madre.</p>
<p>Cuando en 1946, Fernando Ram&oacute;n obtuvo plaza de catedr&aacute;tico en la Universidad de Salamanca, Mar&iacute;a Moliner no tard&oacute; en obtener plaza en Madrid, como responsable de la Biblioteca de la Escuela T&eacute;cnica Superior de Ingenieros Industriales. Este ser&iacute;a su destino definitivo, hasta la jubilaci&oacute;n.</p>
<p>As&iacute; empez&oacute;, a los cincuenta y un a&ntilde;os, una labor de m&aacute;s de quince a&ntilde;os que culmin&oacute; con la publicaci&oacute;n del ya mencionado <em>Diccionario de uso del espa&ntilde;ol</em>, por el que hoy en d&iacute;a es mundialmente conocida. La fuerza interior y el empuje que siempre le hab&iacute;an caracterizado, la acompa&ntilde;aron hasta el final.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 19 Nov 2018 09:16:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ensayo de despedida II]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/ensayo-de-despedida-ii/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/noviembre/grassa600.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 630px;">ayer di mi &uacute;ltima explicaci&oacute;n</p>
<p style="padding-left: 630px;">hoy puedo sin argumento comer este pez</p>
<p style="padding-left: 630px;">comer a mordiscos el agua salada,</p>
<p style="padding-left: 630px;">comerme la fuera borda</p>
<p style="padding-left: 630px;">la red y al pescador</p>
<p style="padding-left: 630px;">comerme toda esta luz</p>
<p style="padding-left: 630px;">que me sostiene los pies</p>
<p style="padding-left: 630px;">comerme la verg&uuml;enza, el refugio</p>
<p style="padding-left: 630px;">y lo poco que a&uacute;n de realidad</p>
<p style="padding-left: 630px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 630px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 630px;">y si quiero,</p>
<p style="padding-left: 630px;">que igual quiero,</p>
<p style="padding-left: 630px;">m&aacute;s morder la raspa,</p>
<p style="padding-left: 630px;">vaciar el gas&oacute;leo del dep&oacute;sito</p>
<p style="padding-left: 630px;">ahogar al barquero,</p>
<p style="padding-left: 630px;">atravesarme la garganta</p>
<p style="padding-left: 630px;">con alguna de estas tres espinas,</p>
<p style="padding-left: 630px;">tan feliz,</p>
<p style="padding-left: 630px;">tan feliz,</p>
<p style="padding-left: 630px;">ya no necesito gritar</p>
<p style="padding-left: 630px;">ya no voy a se&ntilde;alar</p>
<p style="padding-left: 630px;">ya nunca: estoy aqu&iacute;</p>
<p style="padding-left: 630px;">a la mierda el mapa</p>
<p style="padding-left: 630px;">bien lejos el mapa</p>
<p style="padding-left: 630px;">que arda el mapa</p>
<p style="padding-left: 630px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 630px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 630px;">dos camisas blancas</p>
<p style="padding-left: 630px;">una puesta</p>
<p style="padding-left: 630px;">la otra de muda</p>
<p style="padding-left: 630px;">y ya veremos</p>
<p style="padding-left: 630px;">en lugar de nos vemos</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 19 Nov 2018 09:11:23 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[José Antonio Labordeta: palabras para vivir]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jose-antonio-labordeta-palabras-para-vivir/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/noviembre/labordeta600.jpg" alt="" /></p>
<p>Zaragoza nada en la bruma este martes de invierno. Desde que tiene uso de raz&oacute;n, Jos&eacute; Antonio Labordeta abriga un amor-odio por la capital aragonesa, y ese <em>cari&ntilde;o ancestral</em> que le declar&oacute; en <em>Zarajota blues</em> toma cuerpo en ma&ntilde;anas como &eacute;sta: &ldquo;Amo esta ciudad bajo la niebla. No s&eacute; por qu&eacute; pero cuando la veo con esa densa capa cubri&eacute;ndole las esquinas, los tejados perdidos, las plazas desconchadas, los rincones bald&iacute;os, me recuerda a ciudades del norte de Europa y me siento un poco como si paseara por &Aacute;msterdam o Bruselas.&rdquo;</p>
<p>El trayecto hasta su casa,&nbsp; diez minutos en taxi desde Delicias, me permiten localizar el texto entre los art&iacute;culos de <em>Tierra sin mar</em> (Xordica. 1995). Le clav&oacute; el t&iacute;tulo: <em>Niebla.</em> Siempre vi en este cantor de la arcilla y los barbechos un <em>nosequ&eacute; </em>unamuniano. La calle donde vive est&aacute; dedicada a un militar franquista, pero el Ayuntamiento la quiere rotular con el nombre de la&nbsp; soprano que ense&ntilde;&oacute; los primeros gorgoritos a la Callas. Era de Valderrobres y cant&oacute; en los grandes coliseos de Europa <em>La hija del regimiento.</em> Tambi&eacute;n es casualidad. De Octavio Augusto a Belloch, en este poblach&oacute;n airoso siempre han marcado la pauta el cierzo y los militares.&nbsp;&nbsp; <em>&nbsp;</em></p>
<p>He tratado poco a Jos&eacute; Antonio Labordeta; no pertenezco, a mi pesar, a ese grupo que lo llama <em>El abuelo.</em> Pero, las contadas veces que hemos coincidido, nuestra conversaci&oacute;n transcurri&oacute; por esos cauces que &eacute;l atribuye al influjo de la niebla:&ldquo;Cambiamos todos y las voces &ndash;tan gritadas bajo la ciercera estrepitosa- se vuelven suaves, contenidas, amables. Nos saludamos con cortes&iacute;a por las arrumbadas calles del casco viejo igual que lo podr&iacute;an hacer los marineros de Holanda cuando se cruzan por entre interminables canales que&nbsp; acarician el Mosa&rdquo;. Hoy no ser&aacute; una excepci&oacute;n.</p>
<p>Los libros inundan su cuarto de trabajo. Sobre la mesa, reci&eacute;n salido de imprenta, <em>Memorias de un beduino </em>(La Esfera de los Libros), donde repasa sus a&ntilde;os de diputado por la Chunta Aragonesista. Las fotograf&iacute;as, <em>banderas rotas</em> de toda una vida, lo presentan en sus a&ntilde;os de cantautor, durante los viajes&hellip; y, en lugar preferente, Carmela y&nbsp; Marta, sus nietas gemelas. Con ellas no sirve el dicho de que son como dos gotas de agua.</p>
<p>Lo felicito por la Medalla de Oro al M&eacute;rito en las Bellas Artes, que le entregar&aacute;n los Pr&iacute;ncipes en Teruel, y nuestra conversaci&oacute;n arranca en el viejo caser&oacute;n de la calle Buen Pastor, n&uacute;mero 1, donde su progenitor, don Miguel Labordeta, exponente de la burgues&iacute;a ilustrada zaragozana, tuvo el colegio Santo Tom&aacute;s de Aquino. All&iacute; naci&oacute; Jos&eacute; Antonio el 10 de marzo de 1935. &ldquo;A mi padre, que pertenec&iacute;a a Izquierda Republicana, lo represaliaron los franquistas, justo el d&iacute;a de San Cayetano de 1936. &Eacute;l le ten&iacute;a una devoci&oacute;n tremenda, porque era la iglesia que estaba al lado de casa, y as&iacute; se lo pag&oacute;. Le quitaron la c&aacute;tedra de lat&iacute;n en el Instituto Miguel Servet y, a partir de ese momento, entr&oacute; en una especie de estado de amargura. Yo no me enter&eacute;, porque ten&iacute;a poco m&aacute;s de un a&ntilde;o; una de las primeras cosas que recuerdo es que me llevaban a un colegio alem&aacute;n. Pero alem&aacute;n-alem&aacute;n&hellip; Hitleriano, para que me entiendas. En el jard&iacute;n hab&iacute;a una gran bandera con la esv&aacute;stica y cant&aacute;bamos, brazo en alto, el <em>Deutschlan, Deutschlan &uuml;ber alles</em>. A&uacute;n guardo una foto de <em>mi pasado nazi</em> que he cedido alguna vez a la prensa para ilustrar entrevistas que me han hecho. El caso es que, cuando Alemania empez&oacute; a perder la guerra, cerraron el colegio y volv&iacute; al Santo Tom&aacute;s. Alguna vez he dicho, medio en broma, que el colegi&oacute; alem&aacute;n ol&iacute;a a cera, o sea a limpieza, y el de mi padre a alpargatas. A posguerra espa&ntilde;ola.&rdquo;</p>
<p>- En medio de la brutalidad que trajo la guerra, surg&iacute;an destellos de cordura. &iquest;C&oacute;mo fue aquella historia de los alumnos falangistas que le salvaron la vida a su padre?</p>
<p>- Ocurri&oacute; el mismo d&iacute;a de San Cayetano, pero ven&iacute;a de atr&aacute;s. En la primavera de 1935, o puede que fuera ya en el 36, unos chavales de Falange se encerraron en una iglesia abandonada y los de la CNT la quer&iacute;an quemar con ellos dentro. En los dos bandos hab&iacute;a antiguos alumnos de su colegio y, en cuanto lo supo, corri&oacute; a convencerles de que no cometieran esa barbaridad. Lo consigui&oacute; y, el d&iacute;a 7 de agosto, cuando la polic&iacute;a se lo llevaba de mi casa,&nbsp; aparecieron esos chavales de 17 o 18 a&ntilde;os que se hab&iacute;an encerrado en la iglesia. Sent&iacute;an que mi padre les hab&iacute;a salvado la vida y dijeron: &ldquo;A este hombre no lo toca nadie.&rdquo;</p>
<p>- Su madre no pertenec&iacute;a al mundo ilustrado, sino al rural, pero a usted le marc&oacute; mucho. No hay m&aacute;s que leer la novela <em>Mitolog&iacute;as de mam&aacute;</em> (Libertarias/Prodhufi. 1992), o analizar la presencia de la madre, de la mujer pragm&aacute;tica&nbsp; y adusta, en sus poemas y canciones.</p>
<p>- S&iacute;. Mi madre era una mujer muy campesina y muy inteligente. Por circunstancias de la vida, s&oacute;lo hab&iacute;a ido dos a&ntilde;os a la escuela pero la recuerdo como una lectora infatigable. Y, luego, ten&iacute;a el recelo propio de la gente del campo, que igual desconf&iacute;a de lo que va a hacer el tiempo como de los forasteros. Aunque no tuvo nada que ver con el colegio, porque de &eacute;l se encargaba mi padre, sab&iacute;a todo lo que pasaba de puertas para adentro. Dispon&iacute;a de unos servicios de informaci&oacute;n que eran la leche.</p>
<p>Don Miguel Labordeta y Sara Sub&iacute;as tuvieron siete hijos, todos varones, de los que sobrevivieron cinco. Jos&eacute; Antonio es el sexto y, desde muy peque&ntilde;o, admir&oacute; a su hermano Miguel (1921-1969). &ldquo;Tuvo una gran personalidad y era muy cari&ntilde;oso. Primero fue una admiraci&oacute;n fraterna, pero luego deriv&oacute; hacia lo literario. Porque, del mismo modo que se volcaba en detalles con toda la familia, montaba unas tertulias estupendas.&rdquo;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>- Supongo que habr&aacute; proyectado sobre usted mucha luz, y tambi&eacute;n mucha sombra cuando quiso ser poeta.</p>
<p>- Hay una diferencia enorme entre los dos: Miguel es poeta y yo versificador. Lo he asumido siempre. Mi hermano es capaz de crear un mundo po&eacute;tico y yo no. Cuando&nbsp; leemos a un poeta de verdad decimos: &ldquo;Esto me suena a Lorca, Salinas, Celaya&hellip;o a Miguel Labordeta&rdquo;. Pero, a menos que lo sepa de antemano, nadie que lea un poema m&iacute;o te dir&aacute; que le suena a Jos&eacute; Antonio Labordeta. Hombre, en el mundo de la canci&oacute;n, con un poco de suerte, igual s&iacute; pasa. De todas formas, lo que m&aacute;s le debo a Miguel en el terreno literario es que me permitiera leer su&nbsp; gran biblioteca. Gracias a eso, desde muy cr&iacute;o, descubr&iacute; a poetas como C&eacute;sar Vallejo. A los 16 a&ntilde;os me hab&iacute;a le&iacute;do sus obras completas, pero tambi&eacute;n a Faulkner, a Steinbeck, a Thomas Mann...</p>
<p>- Sin embargo, fuera de Arag&oacute;n, a Miguel Labordeta no se le ha hecho justicia. &iquest;Tuvo algo de culpa Jos&eacute; Mar&iacute;a Castellet?</p>
<p>- Yo creo que la clave est&aacute; en que no deriv&oacute; hacia la poes&iacute;a social ni milit&oacute; en ning&uacute;n partido, como s&iacute; hicieron, pues que s&eacute; yo, Celaya y Blas de Otero. Eso, en aquel momento, era determinante. En efecto, Castellet no lo incluy&oacute; en su antolog&iacute;a <em>Veinte a&ntilde;os de poes&iacute;a espa&ntilde;ola</em>.&nbsp; El otro d&iacute;a me regalaron un libro sobre los poetas de posguerra y ah&iacute; s&iacute; que meten a Miguel. Qui&eacute;n sabe, a lo mejor es el principio para sacarlo de ese olvido. La verdad es que &eacute;l nunca se preocup&oacute; de ir a Madrid a hacer corte. Iba a ver a sus amigos, que eran (se r&iacute;e) una cuadrilla de desarrapados: Carlos Edmundo de Ory, Antonio Fern&aacute;ndez Molina, Novais y todo ese grupo que no ten&iacute;a ning&uacute;n poder en el mundo literario.</p>
<p>La relaci&oacute;n del Jos&eacute; Antonio adolescente con su hermano Manuel&nbsp; (1923-1983) fue menos decisiva, porque &eacute;ste contrajo matrimonio muy joven y abandon&oacute; la casa familiar, mientras que Miguel, soltero empedernido, sigui&oacute; residiendo en ella. &ldquo;Manolo s&iacute; que sab&iacute;a cantar. Lo hac&iacute;a muy bien. En eso me pasa como con Miguel en la poes&iacute;a. Pero lo m&aacute;s importante es que era un gran realizador de cine amateur. Uno de los mejores que hubo en Zaragoza. Entre director y actor hizo casi una docena de pel&iacute;culas. Si se hubiera ido a Madrid pod&iacute;a haber llegado lejos. Pero, claro, eran a&ntilde;os muy duros y se volc&oacute; en su familia. No se pod&iacute;a permitir esa aventura.&rdquo;</p>
<p>&nbsp; - Usted se licenci&oacute; en Filosof&iacute;a y Letras y en 1958 se march&oacute; a impartir clases de espa&ntilde;ol en Aix-en-Provence. Durante los dos a&ntilde;os que estuvo all&iacute;, descubri&oacute; a los grandes cantautores franceses pero comprob&oacute; que nuestros vecinos del Norte tambi&eacute;n aplicaban la censura.</p>
<p>- Es que mi estancia coincidi&oacute; con la guerra de Argelia. Yo ten&iacute;a muchos alumnos que eran <em>pieds-noirs</em>, o sea argelinos de origen europeo. Hab&iacute;a algunos que se apellidaban Jim&eacute;nez, Mart&iacute;nez&hellip; sin duda hijos de emigrantes y exiliados espa&ntilde;oles. L&oacute;gicamente, los <em>pieds-noirs</em> estaban a favor de que Argelia continuara siendo francesa y, como la prensa censuraba las noticias relacionadas con la guerra, estos chavales me pidieron que, un d&iacute;a a la semana, coment&aacute;ramos el <em>ABC</em>. Los peri&oacute;dicos espa&ntilde;oles, ya se sabe, no pod&iacute;an informar de todo lo que pasaba en nuestro pa&iacute;s, por eso dedicaban mucho espacio a lo que ocurr&iacute;a en el extranjero. Y la verdad es que en aquellas clases se creaba tensi&oacute;n entre los partidarios de la independencia y los que quer&iacute;an que continuara siendo colonia. Hab&iacute;a ciudades muy activas, como Tol&oacute;n y Marsella, de la que part&iacute;an y a la que llegaban los soldados. All&iacute; pude ver en directo a los grandes cantautores, sobre todo a Jacques Brel y Georges Brassens. El cine ya me interes&oacute; menos; eran los a&ntilde;os de la <em>Nouvelle vague</em> y muchas pel&iacute;culas resultaban un rollo. No entend&iacute;as nada: <em>Hiroshima mon amour, El a&ntilde;o pasado en Marienbad&hellip;</em> Se me hac&iacute;an complicadas, y no s&oacute;lo las de Resnais.<em> </em>Pero Francia, a pesar de aquella censura muy concreta y de la tensi&oacute;n social que provocaba la guerra, signific&oacute; la libertad. Para m&iacute; fueron a&ntilde;os decisivos y, prueba de ello, es que sigo siendo muy afrancesado.</p>
<p>En 1964 Jos&eacute; Antonio Labordeta aprob&oacute; las oposiciones como catedr&aacute;tico de Instituto, en Geograf&iacute;a e Historia, y lo destinaron al <em>Jos&eacute; Ib&aacute;&ntilde;ez Mart&iacute;n</em> de Teruel. El contraste entre la Europa moderna que hab&iacute;a dejado atr&aacute;s y aquella Vetusta rediviva fue tremendo. &ldquo;En Teruel se pod&iacute;a analizar la sociedad espa&ntilde;ola como en un microscopio. Ten&iacute;as desde obispo y gobernador civil, hasta delegado de Sindicatos. Y te los encontrabas por la calle o durante los recreos del Instituto, cuando tomabas un caf&eacute;. En Zaragoza no hablabas con el gobernador y al arzobispo pues igual no lo ve&iacute;as en la vida. Yo, la verdad, llegu&eacute; angustiado. Era una ciudad muy peque&ntilde;ita (la versi&oacute;n acad&eacute;mica del diminutivo suena rara en &eacute;l), muy mal comunicada con Zaragoza y con Valencia, a la que llegaban los peri&oacute;dicos con un d&iacute;a de retraso. Pero, a pesar de ello, me encontr&eacute; con una generaci&oacute;n de alumnos que quer&iacute;an salir de la arcilla de aquella zona y sab&iacute;an que el &uacute;nico camino era estudiar. Eso tambi&eacute;n fue un est&iacute;mulo para m&iacute;. Resultaron estupendos y la prueba es que muchos de ellos hoy est&aacute;n muy bien colocados en la Administraci&oacute;n, la Universidad, el mundo de la empresa y el de la cultura.</p>
<p>- La tertulia del caf&eacute; Nik&eacute;,&nbsp; fundada por su hermano Miguel, acog&iacute;a a la disidencia intelectual de Zaragoza. Una gran ciudad, en resumidas cuentas. Sin embargo, &iquest;c&oacute;mo se explica que el Ib&aacute;&ntilde;ez Mart&iacute;n o el Colegio Menor San Pablo pudieran ser islas de libertad en aquel Teruel de <em>prietaslasfilas </em>y <em>avemar&iacute;apur&iacute;sima</em>?</p>
<p>- Yo creo que, dentro de ese conservadurismo a ultranza, no entend&iacute;an lo que hac&iacute;amos. F&iacute;jate que all&iacute; estrenamos <em>La zapatera prodigiosa</em> y quedamos los segundos de Espa&ntilde;a en un certamen de teatro escolar, tambi&eacute;n representamos una obra de Mrozek, <em>En alta mar,</em> y dimos bastantes recitales. La ciudad segu&iacute;a tan cerrada que no entend&iacute;a que hubiera gente dispuesta a poner en duda su sistema pol&iacute;tico y cultural. Por lo tanto, no es que nos dejasen, es que no se enteraban.</p>
<p>En el claustro de profesores estaban Eloy Fern&aacute;ndez Clemente, Jos&eacute; Sanch&iacute;s Sinisterra y Eduardo Valdivia. Entre los alumnos ya apuntaban maneras Manuel Pizarro, Federico Jim&eacute;nez Losantos, Carmen Magall&oacute;n, Joaqu&iacute;n Carbonell y Gonzalo Tena. &ldquo;Sigo teniendo relaci&oacute;n con la mayor&iacute;a de ellos. Tiempo atr&aacute;s nos reencontramos en una fiesta de los antiguos alumnos del San Pablo, la generaci&oacute;n paulina como la llamaban. A Manolo Pizarro le veo de vez en cuando. No me dedico a molestar, pero cuando quiero charlar con &eacute;l pues quedo y hablamos sin prisas. Quiz&aacute; con el que no tengo mucha relaci&oacute;n es con Federico, porque estamos cada uno en una punta. Bueno yo no llego al extremo, &eacute;l s&iacute;.&nbsp; En alguna ocasi&oacute;n dijo que no criticaba mis intervenciones como diputado por el viejo afecto que me tiene. Y hablaba de coraz&oacute;n. Cuando F&eacute;lix Romeo recopil&oacute; textos m&iacute;os dispersos en <em>Tierra sin mar</em> escribi&oacute; un pr&oacute;logo muy emotivo.&rdquo;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Jos&eacute; Antonio Labordeta lleg&oacute; a Teruel reci&eacute;n casado con la tambi&eacute;n profesora Juana de Grandes. &ldquo;Entonces, y siempre, ha sido fundamental en mi vida porque es como un tanque. De una seguridad tremenda. Y la gente tan insegura como yo necesita tener a su lado a una persona que te marque pautas, porque muchas veces he metido la pata y ella me ha hecho ver las cosas claras.&rdquo; Sus tres hijas, Ana, &Aacute;ngela y Paula, han encauzado tambi&eacute;n sus vidas por el lado creativo. &ldquo;Ana se hizo actriz y hace poco estren&oacute; en Madrid <em>Noviembre</em>, de David Mamet; &Aacute;ngela es novelista. Y me ha salido muy marinera. Cuando ve el mar yo creo que rejuvenece treinta a&ntilde;os. As&iacute; que, aunque sigo siendo muy pirenaico y mantengo la casa de Villan&uacute;a, ahora paso temporadas en Altafulla; Paula, la peque&ntilde;a, era c&aacute;mara de televisi&oacute;n pero tuvo un accidente y lo ha tenido que dejar. O sea que yo, que ven&iacute;a de una familia de cinco hermanos, todos chicos, me encuentro con mujer, tres hijas y dos nietas. Bueno y mi suegra, hasta que falleci&oacute; el a&ntilde;o pasado, tambi&eacute;n viv&iacute;a con nosotros. Por eso, cuando hablan que si tal que si cual de las mujeres, no lo entiendo. A m&iacute; me ha resultado muy f&aacute;cil la convivencia.&rdquo;</p>
<p>- Cuando lleg&oacute; a Teruel ya hab&iacute;a publicado su primer libro de poemas <em>Sucede el pensamiento</em> (Colecci&oacute;n Orejud&iacute;n. Zaragoza 1959), y parec&iacute;a tener muy claro que &eacute;se era su camino. Pero all&iacute; naci&oacute; el cantautor. Un oficio complicado para los tiempos que corr&iacute;an.</p>
<p>- Y tranto. Aunque tuve la suerte de no acabar nunca en el cuartelillo. Una vez que cantaba en Echo los que terminaron ante ante la Guardia Civil fueron dos personas que estaban repartiendo <em>Andal&aacute;n </em>en la puerta. Por cierto que, con la llegada de la democracia, a uno de ellos lo nombraron gobernador civil de Huesca. Pero a lo que vamos: yo hab&iacute;a visto en Francia que los cantautores pon&iacute;an m&uacute;sica a los grandes poetas y me rondaba la idea de hacer algo parecido en Espa&ntilde;a. Sin embargo, al llegar a Teruel, Pepe Sanch&iacute;s me descubri&oacute; los discos de Paco Ib&aacute;&ntilde;ez y de Raimon y, sin desterrar del todo la idea que tra&iacute;a, me dije que a lo mejor hab&iacute;a que empezar por aquello. As&iacute; es como, en 1968,&nbsp; grab&eacute; el primer disco que s&oacute;lo ten&iacute;a cuatro canciones. Recuerdo que, durante los recreos, almorz&aacute;bamos en el bar La Amalia, que est&aacute; entre el Instituto y la estaci&oacute;n de tren; hab&iacute;a una m&aacute;quina de discos y los alumnos, en plan cabr&oacute;n, se dedicaban a ponerlo todos los d&iacute;as. Era de aut&eacute;ntico martirio. Le tuve que pedir a la due&ntilde;a que lo quitara porque estaba harto de le&ntilde;eros y de arcilla. Aquel disco fue una especie de diversi&oacute;n para m&iacute;, no pensaba grabar ning&uacute;n otro. Pero ya ves.</p>
<p>- <em>&nbsp;Andros II,</em> que as&iacute; se titulaba,<em> </em>fue retirado por orden gubernativa al a&ntilde;o siguiente. Y choca que, tambi&eacute;n en 1969, hiciera ya una gira por varias universidades de Suecia.</p>
<p>- Es que ten&iacute;a amigos all&iacute;. Me sent&iacute; muy raro porque, aunque les tradujeron las letras, me preguntaba si aquella gente se enteraba de algo. La resistencia antifranquista era tan fuerte en Europa que cualquier cosa que cantaras, aunque fueran poemas de amor, la interpretaban como de lucha.</p>
<p>Despu&eacute;s, Jos&eacute; Antonio Labordeta grab&oacute; una docena de discos m&aacute;s, entre los que destacan <em>Cantar y callar; Tiempo de espera; Cantata para un pa&iacute;s; Qu&eacute; queda de ti, qu&eacute; queda de m&iacute; </em>y <em>Trilce. </em>Hab&iacute;a depositado muchas ilusiones en este &uacute;ltimo y sus seguidores, de natural entregados, no lo comprendieron.&nbsp; En 1986 pidi&oacute; la excedencia&nbsp; para dedicarse de lleno a la canci&oacute;n. Pero ten&iacute;a que ejercer de empresario y aquello no iba con &eacute;l. &ldquo;Sobre todo porque se multiplicaba el papeleo del IVA, las declaraciones de Hacienda y todo eso. Adem&aacute;s ya no era yo s&oacute;lo; llevaba unos m&uacute;sicos y, como los ayuntamientos y las diputaciones te pagaban con tres y hasta cuatro meses de retraso, hac&iacute;a falta una l&iacute;nea de cr&eacute;dito en el banco. Resultaba tan engorroso que un d&iacute;a lo dej&eacute;. Cuatro a&ntilde;os m&aacute;s tarde, unos emigrantes aragoneses en Santa Coloma de Gramanet me pidieron que fuera a cantar a su barrio. Les puse como condici&oacute;n que no buscaran un sitio muy grande porque iba yo solo con la guitarra. Cuando llegu&eacute;,&nbsp; los muy cabrones me llevaron a un polideportivo. Sin embargo funcion&oacute; muy bien y, desde entonces, no he parado de actuar con la guitarra.&rdquo;</p>
<p>- Antes ha citado <em>Andal&aacute;n</em>. Usted intervino en su fundaci&oacute;n, el a&ntilde;o 1971, y escribi&oacute; en esa revista que despert&oacute; tantas conciencias en el Arag&oacute;n del tardofranquismo y la Transici&oacute;n hasta que desapareci&oacute; en 1987. He o&iacute;do contar que la idea le surgi&oacute; a Eloy Fern&aacute;ndez Clemente durante una ascensi&oacute;n al Javalambre. &iquest;C&oacute;mo recuerda aquella aventura ?</p>
<p>- Lo del Javalambre es verdad y, visto desde nuestros d&iacute;as, creo que hoy resultar&iacute;a imposible hacer algo parecido. Eloy tiene un culo muy gordo y es capaz de sentarse en un sill&oacute;n, de la ma&ntilde;ana a la noche, para sacar adelante un proyecto. La cosa es que nos embarc&oacute; a unos cuantos. Entonces todos ten&iacute;amos muy claro contra qu&eacute; hab&iacute;a que luchar y no hab&iacute;a diferencias partidistas. Para redactar cada n&uacute;mero, nos reun&iacute;amos diez o doce personas a las nueve de la noche y sal&iacute;amos a las dos o las tres de la madrugada. Todo por el alma de la abuela, porque all&iacute; nadie cobraba nada. Como dec&iacute;a Guillermo Fat&aacute;s: &ldquo;Aqu&iacute; ni ganamos dinero ni ganamos fama&rdquo;. Pero fue una aventura estupenda. Con el tiempo te das cuenta de que, si quieres conocer la historia real de Arag&oacute;n en aquellos a&ntilde;os, tienes que ir a <em>Andal&aacute;n</em>. All&iacute;<em> </em>est&aacute; el redescubrimiento del habla aragonesa, de la Franja catalana, la puesta a punto del Derecho civil aragon&eacute;s, la lucha sindical&hellip; todo. Luis Granell escrib&iacute;a art&iacute;culos medio clandestinos, porque, claro, hab&iacute;a censura, y en Par&iacute;s los pon&iacute;an como ejemplo de defensa de la lucha obrera en un r&eacute;gimen dictatorial&hellip;. Y tantas cosas m&aacute;s.</p>
<p>En las elecciones generales del a&ntilde;o 2000 Labordeta obtuvo un esca&ntilde;o en el Congreso de los Diputados por la Chunta Aragonesista, que revalid&oacute; en 2004. Sin embargo, renunci&oacute; a encabezar la candidatura de 2008 para poder dedicarse enteramente a los suyos y a la literatura. Poco&nbsp; despu&eacute;s, anunci&oacute; que padec&iacute;a un c&aacute;ncer de pr&oacute;stata y afront&oacute; con &aacute;nimo esa lucha. Aunque sus discos hablan de p&eacute;rdidas y derrotas, los t&iacute;tulos invitar a resistir: <em>Que no amanece por nada, Aguantando el temporal, Qu&eacute; vamos a hacer&hellip; </em>Quienes lo conoc&iacute;an s&oacute;lo por sus canciones y&nbsp; programas de televisi&oacute;n pensaron que al cantautor le hab&iacute;a entrado el sarpullido de la pol&iacute;tica. Ignoraban que ya hab&iacute;a sido candidato al Congreso de los Diputados en las primeras elecciones democr&aacute;ticas por el Partido Socialista de Arag&oacute;n, (PSA) diluido despu&eacute;s en el PSOE. M&aacute;s tarde volvi&oacute; a repetir en las listas del Partido Comunista de Espa&ntilde;a y por Izquierda Unida. Podr&aacute; parecer un culo de mal asiento pero nunca dio bandazos incomprensibles. &ldquo;He estado siempre en el mismo sitio. El PSA, con la perspectiva que da el tiempo, fue el anticipo de CHA; en la Izquierda Unida que yo apoy&eacute; tambi&eacute;n estaban todos los colectivos que el a&ntilde;o 1977 se identificaban con el Partido Socialista Aragon&eacute;s y, cuando ya Izquierda Unida volvi&oacute;&nbsp; a quedar en manos del PCE, mucha gente, recuerdo ahora a Pedro Arrojo, salimos cada uno por nuestro lado.&rdquo;</p>
<p>- Llegaba a la Carrera de San Jer&oacute;nimo con el bagaje de haber sido diputado en las Cortes de Arag&oacute;n. Cosa que algunos no saben.</p>
<p>- Y tampoco saben la tensi&oacute;n que pas&eacute; all&iacute;. Me atosigaba mucho. El a&ntilde;o 2000 la CHA vio que ten&iacute;amos la posibilidad de sacar un diputado y Biz&eacute;n Fuster se resist&iacute;a a ir a Madrid para no alejarse de sus hijos. Como yo a las m&iacute;as las ten&iacute;a criadas, acept&eacute; encabezar la lista. Bendita la hora, porque ya digo que me agobiaba en las Cortes de Arag&oacute;n. Y no es que en el Congreso trabajara menos. La primera legislatura hubo poco que hacer, porque las mayor&iacute;as absolutas son as&iacute;. No pintabas nada; si acaso en los movimientos extraparlamentarios contra la guerra, los trasvases y dem&aacute;s. En la segunda, ah&iacute; s&iacute; que se trabaj&oacute; duro. La tensi&oacute;n en las Cortes de Arag&oacute;n yo creo que, en buena medida, ven&iacute;a del propio partido. La Chunta estaba con demasiadas angustias: que si somos naci&oacute;n o no somos naci&oacute;n&hellip;</p>
<p>- Y usted no comulga con los nacionalismos.</p>
<p>- Por supuesto. Soy muy internacionalista. Me interesa lo que pasa en Arag&oacute;n, pero tambi&eacute;n en el resto de Espa&ntilde;a y en el mundo. No quiero poner fronteras a ese inter&eacute;s. Y tengo muchas reticencias hacia la Chunta porque, a veces, le entran obsesiones demasiado localistas y le har&iacute;a falta m&aacute;s amplitud de miras. Yo creo que, en eso, el PSA era m&aacute;s abierto.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Jos&eacute; Antonio Labordeta present&oacute; casi tres mil proposiciones no de ley durante su etapa de diputado. Por eso le resulta un poco triste que para algunos s&oacute;lo quede el &ldquo;&iexcl;Hala a la mierda!&rdquo; con el que despach&oacute; a los diputados del Partido Popular que le interrumpieron cuando preguntaba al ministro de Fomento por las infraestructuras en Arag&oacute;n. &ldquo;Por desgracia, lo que prevalece es la an&eacute;cdota. Pero en el hemiciclo deber&iacute;an poner micr&oacute;fonos de ambiente; as&iacute; los que presenciaron por la televisi&oacute;n y la radio mi cabreo habr&iacute;an escuchado tambi&eacute;n c&oacute;mo se cachondeaban de m&iacute;, segundos antes, cinco o seis diputados del PP. La&nbsp; sesi&oacute;n de la tarde hab&iacute;a sido muy dura, porque estuvo dedicada&nbsp; a la guerra de Irak, y me toc&oacute; esa interpelaci&oacute;n a &Aacute;lvarez Cascos sobre las once de la noche. Entonces empezaron a decirme: &iexcl;C&aacute;llate ya, cantautor de las narices! &iexcl;Vete con la mochila! y cosas por el estilo. Por eso los mand&eacute; a la mierda. Claro, quien no escuch&oacute; a los otros, pensar&iacute;a que me hab&iacute;a vuelto loco.&rdquo;&nbsp;</p>
<p>- Usted lleg&oacute; al Congreso, como dice el t&iacute;tulo de su libro, igual que un beduino. Sin saber donde se met&iacute;a &iquest;Se march&oacute; decepcionado?</p>
<p>- Pues no, aunque para seguir all&iacute; hace falta, yo no dir&iacute;a ambici&oacute;n de poder, pero s&iacute; m&aacute;s conchas que un gal&aacute;pago. Porque descubres que gente muy sana y trabajadora, en la siguiente legislatura, desaparece de las listas o la mandan al Senado que, en muchos casos, es la forma de que no moleste. Y eso hay quien lo aguanta porque su oficio es ser pol&iacute;tico. Pero yo, que no ten&iacute;a ninguna ambici&oacute;n de nada, decid&iacute; que me iba a mi casa.&rdquo;</p>
<p>- La Chunta fue el &uacute;nico partido que vot&oacute; contra el proyecto de&nbsp; reforma del Estatuto de Autonom&iacute;a de Arag&oacute;n cuando se debati&oacute; en el Congreso. &iquest;Cree que se entendi&oacute; su postura?</p>
<p>- No s&eacute;, pero algunos que no la entend&iacute;an ahora me dan la raz&oacute;n. El PAR se queja de que el Gobierno central manda poco dinero y Marcelino (Iglesias) no abre la boca. Como dice Jim&eacute;nez Losantos, &ldquo;el aragon&eacute;s es muy <em>mirao</em>&rdquo;. T&uacute; f&iacute;jate el foll&oacute;n que han armado los presidentes de las dem&aacute;s autonom&iacute;as con sus estatutos. Efectivamente, somos muy<em> miraos.</em></p>
<p>Por encima de siglas y partidos, Jos&eacute; Antonio Labordeta se ha convertido en referente de la cultura aragonesa de los &uacute;ltimos cuarenta a&ntilde;os. Pero si cargaba impasible con la mochila en televisi&oacute;n, porque se la rellenaban de peri&oacute;dicos, este equipaje es a&uacute;n m&aacute;s llevadero. &ldquo;Lo fundamental es no cre&eacute;rtelo, seguir con los pies en la tierra. Eso de la fama son cosas pasajeras. Y tengo que volver a Federico. Cuando sal&iacute; diputado me dijo: &ldquo;Ten cuidado porque en la pol&iacute;tica, igual que te suben, un d&iacute;a te pegan una hostia y te tiran al suelo. Y la ca&iacute;da es muy dura.&rdquo; Por eso yo sigo trabajando en lo m&iacute;o y sin considerarme un pope. Los popes se crean muchos enemigos y ya no est&aacute; uno en edad de pelearse con unos y con otros.&rdquo;</p>
<p>Aunque se resiste a ser icono de nada ni de nadie, el <em>Canto a la libertad</em> de Jos&eacute; Antonio Labordeta se convirti&oacute; en uno de los emblemas de la Transici&oacute;n. El Partido Aragon&eacute;s Regionalista propuso convertirlo en himno oficial de Arag&oacute;n y fueron, precisamente, sus antiguos correligionarios socialistas y comunistas los que dijeron que no. Le encargaron la m&uacute;sica a Ant&oacute;n Garc&iacute;a Abril y una comisi&oacute;n de poetas design&oacute; a Ildefonso Manuel Gil, Rosendo Tello, &Aacute;ngel Guinda y Manuel Vilas para escribir la letra. No se discutieron nombres ni trayectorias pero, veinte a&ntilde;os despu&eacute;s de su aprobaci&oacute;n, resulta notorio lo que muchos criticaron en aquel momento: la obra carece de arraigo popular. &ldquo;Son cosas de la pol&iacute;tica.&nbsp; Habl&eacute; con algunos del PCE y me vinieron con evasivas. El himno que se aprob&oacute; est&aacute; muy bien sinf&oacute;nicamente, pero no hay dios que lo cante. En cambio, mi estribillo se lo sabe todo el mundo. Remarco lo de estribillo, porque el resto de la canci&oacute;n ya es mucho decir.&rdquo;</p>
<p>- Usted naci&oacute; en Zaragoza pero est&aacute; ligado, por la rama paterna, a dos pueblos de la provincia. A cada cual m&aacute;s duro: La Almolda y Belchite.</p>
<p>- Y pude tener un tercero, Azuara, de donde procede la familia de mi madre. All&iacute; hay m&aacute;s agua, y hasta arboleda, pero mi padre nos encerr&oacute; a m&iacute; y a mis hermanos en el amor a Belchite, donde, por cierto, sub&iacute; por primera vez a un escenario. Eran las tres de la ma&ntilde;ana de una nochevieja y cant&eacute; la canci&oacute;n de <em>S&oacute;lo ante el peligro</em>. Cuando baj&eacute;, un hombre del pueblo, el t&iacute;o Charl&oacute;, se acerc&oacute; y me dijo: &ldquo;Ma&ntilde;o, no vuelvas nunca a cantar que eso es cosa de maricones.&rdquo; Lo de tener una abuela de La Almolda, al principio pens&eacute; que se lo hab&iacute;a inventado mi padre, porque yo no la conoc&iacute;. Hasta que un d&iacute;a fui a pedir un certificado de nacimiento al Ayuntamiento de Zaragoza y, efectivamente, hablaba de Josefa Palacios, natural de La Almolda, como abuela paterna. Ese s&iacute; que es un territorio acojonante. Desde el pueblo ves todo el secano de Los Monegros&nbsp; y, sin embargo, la gente de all&iacute; es muy vital. Las fiestas duran una semana. Belchite, al menos, tiene un olivar, aunque el r&iacute;o Aguasvivas, lo que es la paradoja, ya est&aacute; m&aacute;s que muerto. S&iacute;, los dos son terrenos muy duros.</p>
<p>- Por algo le he escuchado decir que Arag&oacute;n no es un territorio l&iacute;rico, sino &eacute;pico.</p>
<p>- Por supuesto. L&iacute;ricos ser&iacute;an algunos prados del Pirineo, pero siempre hay detr&aacute;s una monta&ntilde;a que los rompe. La propia jota es muy &eacute;pica. Los aragoneses cantamos fatal en coro. Lo hacemos mejor individualmente. La primera vez que o&iacute; a Bunbury, no lo conoc&iacute;a de nada pero dije: &ldquo;&Eacute;se es paisano m&iacute;o.&rdquo; Y me preguntaron: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo lo sabes?&rdquo; &ldquo;Pues porque canta como los joteros&rdquo; (Labordeta entona unas notas marcadamente histri&oacute;nicas). Esa estructura del territorio, con las monta&ntilde;as que cortan el horizonte, creo que tambi&eacute;n ha hecho que Arag&oacute;n pariera tantos heterodoxos: Miguel de Molinos, Servet, Goya, Bu&ntilde;uel, Joaqu&iacute;n Costa.&hellip;El epitafio de Costa en el cementerio de Torrero es algo que recuerdo muchas veces porque resume nuestra forma de ser: &ldquo;No legisl&oacute;&rdquo;. Ese horizonte interrumpido hace que la gente est&eacute; muy encerrada en s&iacute; misma. Fuendetodos, por ejemplo, queda a ochocientos metros de altura y supongo que en la &eacute;poca de Goya para llegar all&iacute; habr&iacute;a que pasarlas canutas. A m&iacute; siempre me ha impresionado <em>La nevada,</em> ese cuadro precioso de los cartones para tapices que est&aacute; en el Prado, y recuerdo que cuando acompa&ntilde;amos hasta Fuendetodos al poeta sueco Artur Lundkvist, miembro del jurado que concede el premio Nobel, nos dijo: &ldquo;&Eacute;se cuadro es de aqu&iacute;.&rdquo; Cu&aacute;nta raz&oacute;n ten&iacute;a.</p>
<p>- Usted se ha definido como adusto, melanc&oacute;lico y nada dado a las sensibler&iacute;as. Todo muy aragon&eacute;s.</p>
<p>- S&iacute;. Pero olvidas algo: tambi&eacute;n soy un poco somard&oacute;n. As&iacute; doy el perfil perfecto.</p>
<p>Jos&eacute; Antonio Labordeta ha vencido ese car&aacute;cter reservado para hablar sin tapujos de la enfermedad que padece. Aunque no acusa rasgos externos, dice que le ha cambiado el cuerpo. &ldquo;Lo que intento es que no me altere el &aacute;nimo ni la vida. Mi objetivo es luchar, no perder la esperanza y continuar trabajando. Ahora estoy escribiendo una novela&hellip; iba a decir polic&iacute;aca, pero no pertenece exactamente a ese g&eacute;nero, sino que la acci&oacute;n gira en torno a un crimen. Y me lo pas&oacute; muy bien (desde que public&oacute; su primer libro de poemas, hace ahora 50 a&ntilde;os, no ha dejado de escribir. Su bibliograf&iacute;a como narrador y poeta rebasa los veinte t&iacute;tulos). Tambi&eacute;n tengo proyectos musicales: a lo mejor este oto&ntilde;o grabo un disco con versiones de canciones viejas y hay seis o siete nuevas que me gustar&iacute;a incluir. Hombre, la enfermedad me ha cambiado porque me siento capitidisminuido, limitado; llevaba casi un mes sin salir de casa y ayer, por primera vez, baj&eacute; andando desde el hospital Miguel Servet. No me hab&iacute;a atrevido a hacerlo desde hac&iacute;a semanas porque&nbsp; estaba un poco <em>acojonao</em>. Esa es la palabra. Pero me voy encontrando mejor y creo que saldremos de &eacute;sta. Para eso hay algo que considero fundamental: luchar con la cabeza.&rdquo;</p>
<p>&nbsp; - Antes de terminar quisiera que me aclarara dos curiosidades. La primera es &iquest;de donde le viene lo de <em>El abuelo</em>?</p>
<p>&nbsp; - Hay que remontarse a los tiempos heroicos de <em>Andal&aacute;n.</em> La periodista Julia L&oacute;pez Madrazo avanzaba en la &uacute;ltima p&aacute;gina las actividades culturales del fin semana. Entonces Joaqu&iacute;n Carbonell no habr&iacute;a hecho ni la mili, aunque creo que no la hizo nunca, y Eduardo Paz y Javier Maestre, los de La Bullonera, andar&iacute;an por los dieciocho. Yo estaba en la edad de Cristo, los treinta y tres o treinta y cuatro a&ntilde;os, as&iacute; que Julia escrib&iacute;a: &ldquo;La Bullonera canta en tal sitio, Joaqu&iacute;n Carbonell en el otro, y <em>El abuelo </em>aqu&iacute; o all&aacute;&rdquo;. Eso fue calando y ahora hay gente que no me llama de otra manera. &iquest;Y la otra curiosidad cu&aacute;l es?</p>
<p>&nbsp;- Le o&iacute; una vez que escrib&iacute;a en la mesa de su hermano Miguel. &iquest;Es &eacute;sta misma?</p>
<p>- No. Est&aacute; en Villan&uacute;a. Paso muchas horas en ella y, como no s&eacute; escribir, y menos a&uacute;n hacer las correcciones, si tengo m&uacute;sica de fondo, lo hago en completo silencio. Me distrae hasta la cl&aacute;sica. Beethoven, al tratarse de un compositor heroico,&nbsp; me pone <em>buff,</em> nervioso perdido; Bach est&aacute; bien pero, lo que voy a decir quiz&aacute; sea una heterodoxia muy grande,&nbsp; no termino de encontrarle emoci&oacute;n ni lirismo. Supongo que, como es tan matem&aacute;tico, esa estructura matem&aacute;tica anula el sentimiento. As&iacute; que me quedo con las melod&iacute;as de Mozart. Las disfruto mucho. Pero, para escribir, silencio total. Lo &uacute;nico que suena es la silla de Miguel, que est&aacute; medio descuajeringada, y, cada vez que me echo para atr&aacute;s, hace <em>crack-crack</em>. Alg&uacute;n d&iacute;a me matar&eacute;.</p>
<p>Como los presocr&aacute;ticos, Jos&eacute; Antonio Labordeta explic&oacute; con cuatro elementos la naturaleza de Arag&oacute;n: <em>polvo, niebla, viento y sol.</em> Han dado las doce en la cercana iglesia de Santiago el Mayor y me despido de &eacute;l bajo esa boira que a&uacute;n ablanda las calles de Zaragoza, alicatadas con nombres de obispos, hero&iacute;nas y alf&eacute;reces provisionales. De pronto, se me cruza la letra de <em>La sabina</em> y no dejo de tararearla camino de la estaci&oacute;n: &ldquo;All&iacute; permanece quieta/ igual que la soledad,/ pasa el tiempo por sus ramas/ y no las puede truncar./ Soporta la ira del cierzo/ igual que un barco en el mar,/ y bajo la densa niebla&hellip;&rdquo;. Propongo un subt&iacute;tulo: <em>Autorretrato.</em></p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 19 Nov 2018 09:05:53 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La entrada triunfal]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-entrada-triunfal/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/noviembre/pison600.jpg" alt="" /></p>
<p>El&iacute;as ya no fantaseaba con la idea de iniciar una nueva vida donde nadie le conociera. Ahora sab&iacute;a que su sitio estaba all&iacute;, al lado de su madre, siempre sometida a la voluntad de Mercedes, siempre temerosa de las suspicacias de Sara. &iquest;Qu&eacute; derecho ten&iacute;an las dem&aacute;s a juzgarla? Ve&iacute;a a su madre como a un peque&ntilde;o animal herido, incapaz de valerse por s&iacute; mismo. Si no se encargaba &eacute;l de protegerla en el delicado e inestable equilibrio familiar, &iquest;qui&eacute;n lo har&iacute;a? Desde el incendio del Corona y la prolongada depresi&oacute;n posterior, se sent&iacute;a responsable de su felicidad, que en realidad consist&iacute;a en muy poca cosa: ocultarle los desaguisados de Daniel, atenuar el afectuoso pero opresivo autoritarismo de Mercedes, proporcionarle un m&iacute;nimo de paz y confianza. No le costaba ning&uacute;n esfuerzo. De todos los El&iacute;as posibles, hab&iacute;a elegido ser el que usaba la cojera para re&iacute;rse de s&iacute; mismo. El menos vulnerable, por tanto, y tambi&eacute;n el que de forma m&aacute;s natural pod&iacute;a ejercer la generosidad. Claro que siempre se las arreglaba para sacar algo a cambio, y ahora gozaba de una impunidad absoluta tanto ante su madre como ante su abuela, quienes, hiciera lo que hiciera, no s&oacute;lo no se lo reprochaban sino que acababan ri&eacute;ndole las gracias. El&iacute;as era, ya se sabe, un jaimito, y de alguien como &eacute;l lo m&aacute;s grave que pod&iacute;a esperarse no pasaba de ser una simple chiquillada.</p>
<p>-&iquest;Cu&aacute;nto va a tardar ese caf&eacute;? &ndash;gritaba, repanting&aacute;ndose en el sof&aacute; del chalet-. &iexcl;Qu&eacute; desastre! &iexcl;C&oacute;mo est&aacute; el servicio!</p>
<p>-&iexcl;Te voy a dar yo a ti servicio! &ndash;gru&ntilde;&iacute;a Mercedes desde la cocina.</p>
<p>Con la <em>Patochada</em><em> </em>estuvieron casi dos a&ntilde;os dando vueltas por peque&ntilde;os escenarios de pueblos y barrios y, aunque ganaron muy poco dinero, en alg&uacute;n momento llegaron a creer que podr&iacute;an vivir del teatro. Cuando El&iacute;as empez&oacute; a rumiar el proyecto del musical sobre Carlos V, consigui&oacute; que su abuela y Felisa le llevaran a conocer el monasterio de Yuste. &Eacute;l mismo se ocup&oacute; de llamar para reservar habitaciones en el parador de Jarandilla de la Vera, un viejo castillo en el que el propio emperador se hab&iacute;a alojado mientras conclu&iacute;an las obras de acondicionamiento del monasterio. Con esa displicencia c&oacute;mica y pomposa con que se refer&iacute;a a su madre o a su abuela como &ldquo;el servicio&rdquo;, hizo la reserva a nombre de &ldquo;la Ilustr&iacute;sima se&ntilde;ora do&ntilde;a Mar&iacute;a de las Mercedes Campillo de Caro&rdquo;. Y, dando por sentado que el recepcionista le segu&iacute;a el juego, a&ntilde;adi&oacute;:</p>
<p>-Do&ntilde;a Mercedes agradecer&iacute;a que tanto su habitaci&oacute;n como la de su edec&aacute;n fueran silenciosas y soleadas. Buenas tardes.</p>
<p>Cuando llegaron a Jarandilla despu&eacute;s del largo viaje en el Dodge, se hab&iacute;a olvidado por completo de la bromita. Salieron del coche. El&iacute;as aprovech&oacute; para estirar las piernas y echar un vistazo al exterior del edificio mientras Mercedes y Felisa se llevaban a Fosca a hacer sus necesidades. Apareci&oacute; un mozo para cargar con el equipaje, y El&iacute;as le sigui&oacute; por el peque&ntilde;o puente que daba acceso al castillo. Su sorpresa fue may&uacute;scula cuando descubri&oacute; que los empleados, ataviados con fantasmag&oacute;ricas vestimentas regionales, hab&iacute;an formado dos largas filas, al final de las cuales aguardaba el que parec&iacute;a ser el director del establecimiento. &Eacute;ste, un hombre al que un abigarrado mapa de psoriasis le asomaba por el cuello, salud&oacute; con una leve inclinaci&oacute;n de cabeza.</p>
<p>-Usted debe de ser el edec&aacute;n. Sea bienvenido. Conf&iacute;o en que las habitaciones sean de su gusto &ndash;dijo, ceremonioso, y El&iacute;as le devolvi&oacute; la reverencia.</p>
<p>&iquest;Por qui&eacute;n demonios les hab&iacute;an tomado? &iquest;Por unos Grandes de Espa&ntilde;a? Pasaron unos segundos, y Mercedes y Felisa, ojerosas, despeinadas, con la ropa arrugada, entraron tirando de la correa de la perra. Tras un instante de estupor, observaron con recelo las dos filas de sirvientes. El&iacute;as, carraspeando de forma ostentosa, improvis&oacute; un saludo protocolario que consist&iacute;a m&aacute;s o menos en llevarse la mano al pecho y cabecear ligeramente hacia un lado. Para su sorpresa, muchos de los presentes le imitaron, y entonces se produjo un extra&ntilde;o hechizo. Dejando a Felisa atr&aacute;s, Mercedes adopt&oacute; una pose de gran dama victoriana y, el busto erguido, la barbilla alta, la mirada puesta en alg&uacute;n punto alejado del mundo, avanz&oacute; decidida entre las dos filas de personas, repartiendo sonrisas a uno y otro lado. Su figura menuda parec&iacute;a investida de una indiscutible majestad, y el propio director estaba tan impresionado que s&oacute;lo acert&oacute; a decir:</p>
<p>-H&aacute;game el honor, ilustr&iacute;sima... &ndash;y, abrumado, los condujo personalmente a sus habitaciones en la parte noble del edificio.</p>
<p>Aqu&eacute;lla ser&iacute;a para siempre la &ldquo;entrada triunfal&rdquo;, una expresi&oacute;n que se incorpor&oacute; al l&eacute;xico de la familia para designar la llegada de cualquiera que hubiera levantado curiosidad o expectaci&oacute;n o se hubiera hecho esperar m&aacute;s tiempo del previsto, y seguir&iacute;a viva en sus conversaciones a&ntilde;os despu&eacute;s de la muerte de Mercedes. A partir de entonces, cada vez que alguien (fuera o no miembro de la familia y viniera o no a cuento) utilizaba esa expresi&oacute;n, Miriam o Daniel o El&iacute;as la completaba adoptando una actitud entre compungida y sol&iacute;cita y diciendo:</p>
<p>-H&aacute;game el honor, ilustr&iacute;sima...</p>
<p>Pero el viaje a Yuste tambi&eacute;n qued&oacute; grabado en la memoria familiar por la fractura de cadera por la que Mercedes hubo de ser trasladada a Talavera de la Reina e ingresada en el Hospital Nuestra Se&ntilde;ora del Prado. La ca&iacute;da se produjo en la terraza del primer piso. Desde el principio, El&iacute;as hab&iacute;a tenido algo as&iacute; como el privilegio y la exclusiva de ba&ntilde;ar a Fosca, y se enfadaba si la ba&ntilde;aban sin contar con &eacute;l. La perra se dejaba hacer, intimidada y sumisa, y luego, para secarse, corr&iacute;a enloquecida de un lado para otro, salpic&aacute;ndolo todo, revolc&aacute;ndose en las alfombras, refrot&aacute;ndose con furia en los bajos del sof&aacute;. La bulla que acababa mont&aacute;ndose hac&iacute;a re&iacute;r a El&iacute;as. Una noche, en el parador, mientras hac&iacute;an tiempo para la cena, se la llev&oacute; a su habitaci&oacute;n y aprovech&oacute; para ba&ntilde;arla. En cuanto la sac&oacute; de la ba&ntilde;era, la perra se sacudi&oacute; el agua con violencia y escap&oacute; por la puerta, que hab&iacute;a quedado entreabierta. El&iacute;as, riendo, la sigui&oacute; por los pasillos y salones del primer piso. Mercedes y Felisa, en la terraza, los oyeron llegar y se levantaron para recibirles. Fosca pas&oacute; entre las piernas de Felisa y luego al lado de Mercedes, sin llegar siquiera a tocarla. Mercedes, no obstante, se tambale&oacute; un poco, y para recuperar la estabilidad se agarr&oacute; al respaldo de la silla m&aacute;s cercana, que result&oacute; ser una mecedora. Fue una ca&iacute;da a c&aacute;mara lenta. La mecedora se fue inclinando muy poco a poco y Mercedes iba como agach&aacute;ndose a la par, hasta que solt&oacute; la mano y la mecedora sali&oacute; rebotada. Mercedes ni siquiera lleg&oacute; a caerse del todo, porque par&oacute; el golpe con el brazo y qued&oacute; como recostada sobre un lado. Pero al instante supo que se hab&iacute;a roto alg&uacute;n hueso, y su manera de decir que no pod&iacute;a levantarse y que la lesi&oacute;n pod&iacute;a ser grave fue exclamar:</p>
<p>-&iexcl;Qu&eacute; tonter&iacute;a, cielo santo! &iexcl;Qu&eacute; tonter&iacute;a! &ndash;y Fosca, ajena a todo, prosegu&iacute;a con sus fren&eacute;ticas carreras.</p>
<p>A la ma&ntilde;ana siguiente, mientras los m&eacute;dicos trataban de reconstruirle la cadera con unos clavos, Felisa fue a la estaci&oacute;n de Talavera a recoger a Miriam y a Sara. El&iacute;as permaneci&oacute; todo ese tiempo en la sala de espera del hospital. Las circunstancias del accidente le hab&iacute;an provocado un intenso sentimiento de culpabilidad. &iquest;Por qu&eacute; no hab&iacute;a tenido m&aacute;s cuidado? &iexcl;Nada de eso habr&iacute;a ocurrido si no se hubiera dejado abierta la puerta de la habitaci&oacute;n! Por primera vez en cinco a&ntilde;os volvi&oacute; a rezar, y le parec&iacute;a que ahora sus oraciones ten&iacute;an un sentido. No era lo mismo rogar por la salvaci&oacute;n espiritual de la humanidad que pedir algo concreto, como el restablecimiento de la salud de su abuela. Cuando el Dodge lleg&oacute; de la estaci&oacute;n, el m&eacute;dico ya hab&iacute;a comparecido para decir que todo hab&iacute;a ido bien y que en tres o cuatro semanas Mercedes volver&iacute;a a hacer vida normal. El&iacute;as sali&oacute; a recibirlas con los ojos a&uacute;n enrojecidos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="right">&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;(Fragmento de la novela in&eacute;dita <em>La buena reputaci&oacute;n</em>)</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 19 Nov 2018 09:00:29 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carmen Martín Gaite, mensajera de José Torán en Teruel]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/carmen-martin-gaite-mensajera-de-jose-toran-en-teruel/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/noviembre/gaite600.jpg" alt="" /></p>
<p>El texto sobre los or&iacute;genes de los Tor&aacute;n es in&eacute;dito. Seg&uacute;n indica la fecha de redacci&oacute;n, septiembre de 1964, es un periodo en que Carmen Mart&iacute;n Gaite acaba de publicar <em>Ritmo lento</em> (1963), sin demasiada resonancia, a pesar de haber sido finalista del premio Biblioteca Breve y experimenta cierta saturaci&oacute;n de escribir y leer ficci&oacute;n, que le llevar&aacute; a sus primeras pesquisas en el siglo XVIII, el pariente pobre de la historiograf&iacute;a oficial espa&ntilde;ola. El resultado ser&aacute; <em>El proceso de Macanaz. Historia de un empapelamiento</em>, publicado en diciembre de 1969. En ese lapsus entre 1963 y 1969, Mart&iacute;n Gaite acept&oacute; alg&uacute;n trabajo de encargo, como este que le ofreci&oacute; su amigo Jos&eacute; Tor&aacute;n Pel&aacute;ez.</p>
<p>En los <em>Cuadernos de todo</em>, en concreto en el n&uacute;mero 3, alude veladamente a ese viaje a Teruel en septiembre [de 1964] desde el cuarto de la pensi&oacute;n en que se instala, donde anota unas reflexiones que le servir&aacute;n para el tercer pr&oacute;logo de <em>El cuento de nunca acabar</em>. Destaco este apunte que alude directamente a la g&eacute;nesis de este cometido que hoy se publica: &laquo;Tor&aacute;n, al delegar en alguien la tarea de sus antepasados, al notar que el inter&eacute;s por ellos es compartido, se ha aliviado de lo que era fondo y lo ha asumido en cambio con nueva emoci&oacute;n: "Yo estoy aqu&iacute; en Madrid, lejos, trabajando en otra cosa, pero he mandado a mi mensajero"&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jos&eacute; Tor&aacute;n actu&oacute; como mecenas en muchos momentos de la vida y obra de Carmen Mart&iacute;n Gaite. Ella misma lo confes&oacute; en sus conferencias sobre Juan Benet dictadas en la Universidad de Salamanca el 2 y el 3 de julio de 1996: &laquo;Cuando muri&oacute; Jos&eacute; Tor&aacute;n, uno de nuestros m&aacute;s fastuosos e imaginativos ingenieros hidr&aacute;ulicos, para quien tambi&eacute;n yo trabaj&eacute; algunos a&ntilde;os como correctora de estilo, Juan Benet escribi&oacute; tal vez el art&iacute;culo m&aacute;s emocionante que haya salido jam&aacute;s de su pluma&raquo;. El art&iacute;culo es la magn&iacute;fica tribuna de <em>El Pa&iacute;s</em>, &laquo;Tor&aacute;n&raquo;, publicada el 29 de diciembre de 1981. Pero yo quiero, sobre todo, destacar este papel de patrocinio de Jos&eacute; Tor&aacute;n y quiz&aacute; el momento en el que qued&oacute; m&aacute;s claro fue en la confecci&oacute;n de su biograf&iacute;a sobre otro ingeniero hidra&uacute;lico, Rafael de Benjumea, <em>El conde de Guadalhorce. Su &eacute;poca y su labor </em>(1977). En la libreta dedicada a Tor&aacute;n, que ocupa el n&uacute;mero 16 en la edici&oacute;n de sus <em>Cuadernos</em>, y donde son tan frecuentes las anotaciones desde el domicilio del ingeniero en la calle Pedro de Valdivia, leemos: &laquo;Almuerzo con don Jaime [Valle-Incl&aacute;n] y Tor&aacute;n en un restaurante italiano cercano a Pedro de Valdivia. Le digo a Tor&aacute;n que no ando muy bien de dinero y que si me puede dar alg&uacute;n trabajo que no sea demasiado aburrido. Me dice que el Ministerio de Obras P&uacute;blicas quiere conmemorar este a&ntilde;o el primer centenario del nacimiento del conde de Guadalhorce mediante una biograf&iacute;a de este insigne ingeniero y ministro de la Dictadura. Que si la quiero hacer yo. Quedo en pensarlo y en darle la contestaci&oacute;n el domingo que viene&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing">Este texto que se publica por primera vez en la revista <em>Turia</em> es un nuevo ejemplo del engarce en la obra de Carmen Mart&iacute;n Gaite (sea de encargo o sea fruto de la elecci&oacute;n propia) entre las historias y la Historia con may&uacute;scula. De sus trabajos de investigaci&oacute;n hist&oacute;rica destaco su paciente consulta de fuentes primarias. Pero sin duda lo que m&aacute;s atrapar&aacute; al lector &ndash;pese al esquematismo de un texto cuyo prop&oacute;sito era puramente documental e informativo&ndash; es la propensi&oacute;n al tratamiento narrativo de la Historia, en este caso de la genealog&iacute;a de la familia Tor&aacute;n, puesto particularmente de manifiesto cuando se enfoca en un personaje: la esposa de D&aacute;maso Tor&aacute;n S&aacute;nchez, Joaquina Herreras, con el sobrenombre de &laquo;la Torana&raquo;. En ese momento el pulso narrativo de Mart&iacute;n Gaite est&aacute; gestando un aut&eacute;ntico relato cargado de r&eacute;ditos literarios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>Los Tor&aacute;n</strong></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>Carmen Mart&iacute;n Gaite</strong></p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>En los primeros d&iacute;as de septiembre del a&ntilde;o 1965, he llegado a Teruel, por v&iacute;a f&eacute;rrea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo no le he dado importancia a este acontecimiento, tanta es la inconsciencia con que en nuestro siglo disfrutamos maquinalmente, sin la menor gratitud, de los adelantos por los que hace un pu&ntilde;ado de a&ntilde;os suspiraban en sus discursos los ciudadanos amantes del progreso, desvel&aacute;ndose por ser escuchados.</p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Hacia el a&ntilde;o 1891, por ejemplo, cuando todas las capitales de provincia estaban ya unidas entre s&iacute; por medio del ferrocarril, o ten&iacute;an asegurada su construcci&oacute;n, como Soria y Almer&iacute;a, &iexcl;con qu&eacute; vehemente elocuencia ped&iacute;a el mismo privilegio para su provincia el notable turolense Don Domingo Gasc&oacute;n desde las p&aacute;ginas de la publicaci&oacute;n gratuita <em>Miscel&aacute;nea Turolense</em> por el creada y dirigida!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Teruel, desde la construcci&oacute;n del ferrocarril del Mediterr&aacute;neo hab&iacute;a visto extinguirse su vida comercial, desviada la riqueza hacia otros puntos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Hace algunos a&ntilde;os &ndash;clama en sus escritos el buen don Domingo- la capital era considerada como una de las plazas m&aacute;s importantes de Arag&oacute;n para el comercio de cereales. All&iacute; aflu&iacute;an centenares de carros y millares de ac&eacute;milas cargados de los granos que en magn&iacute;fica abundancia producen el se&ntilde;or&iacute;o de Molina, los f&eacute;rtiles campos de Visiedo y Bello y la feraz campi&ntilde;a que se extiende desde Cella hasta Calamocha. Teruel era el granero que surt&iacute;a a la mayor parte del reino de Valencia&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;Y qu&eacute; decir de los carbones de Utrillas y Gargallo, del hierro y cobre de Albarrac&iacute;n, del antimonio de B&aacute;guena, de la pizarra bituminosa de Rubielos de Mora, de la piedra litogr&aacute;fica de Valdelinares, de los jaspes y m&aacute;rmoles de Alca&ntilde;iz, del yeso de primera de toda la provincia, que dio lugar a las obras m&aacute;s delicadas del Monasterio del Escorial!.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Muchas de estas minas &ndash;se lamenta- han estado en explotaci&oacute;n cuando no hab&iacute;a ferrocarriles en Espa&ntilde;a; pero hoy es imposible la competencia, por la dificultad de los arrastres&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y a lo largo de todos los n&uacute;meros de esta curiosa publicaci&oacute;n que se repart&iacute;a gratis y no admit&iacute;a suscripciones, contin&uacute;a machacando el se&ntilde;or Gasc&oacute;n sobre este problema del ferrocarril que tanto le obsesionaba, da cuenta de las distintas concesiones de la obra a distintas casas constructoras, desde mayo de 1888 en que se anunci&oacute; por primera vez la subasta de esta l&iacute;nea, Calatayud-Teruel-Valencia, de los trabajos paralizados, de los leves asomos de esperanza, del debate de la cuesti&oacute;n en el Congreso. Consumi&oacute; m&aacute;s de diez a&ntilde;os de su vida en campa&ntilde;a tan tenaz y apost&oacute;lica como bald&iacute;a al parecer, y lo m&aacute;s conmovedor es que de vez en cuando publicaba fotograf&iacute;as de trenes saliendo de un t&uacute;nel, con su leyenda debajo indicadora del lugar donde ocurr&iacute;a el prodigio, como si quisiera &ndash;pienso yo- darse &aacute;nimos a s&iacute; mismo a la vista de tan hermoso espect&aacute;culo, igual que se mira devotamente a una imagen sagrada para pedirle que nos fortalezca en nuestra vacilante fe. Y me imagino tambi&eacute;n que de la contemplaci&oacute;n de tales estampas saldr&iacute;a reconfortado y con nuevo entusiasmo, casi br&iacute;o ir&iacute;a a tomar su pluma abandonada para exclamar como si lo dijese por vez primera:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;La provincia de Teruel, madre fecunda de hombres insignes en todos los ramos del saber humano, teatro de sucesos memorables en todos los periodos de la historia, tan rica por don especial de la naturaleza en producciones de su suelo, como sistem&aacute;ticamente abandonada, necesita m&aacute;s que otra regi&oacute;n alguna de Espa&ntilde;a, el esfuerzo individual y colectivo de sus hijos para sacarla de la postraci&oacute;n y del abatimiento en que se halla sumida&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;Gran don Domingo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bien es verdad que tanto su existencia como la de su publicaci&oacute;n me eran desconocidas hace unos d&iacute;as y esto justificar&aacute; en parte la indiferencia con que o&iacute; el pitido de la m&aacute;quina anunciando su llegada a Teruel y la naturalidad con que sal&iacute; de la estaci&oacute;n a buscar un taxi.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No son pocas, ni mucho menos, las dificultades que encierra el intento de ordenar las cosas y personas tan dispares que he visto, intu&iacute;do y le&iacute;do desde que estoy aqu&iacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero ya, a dos d&iacute;as de mi marcha, no quiero demorar por m&aacute;s tiempo el hacerlo. Madrid tiene otro ritmo; y las notas que llevo tomadas en Teruel, aqu&iacute; las pondr&eacute; en orden. Son planta nacida aqu&iacute; y necesitan de este clima para medrar lo poco o lo mucho que medren. En Madrid dejar&iacute;a caer este trabajo; me parecer&iacute;a poco importante, se diluir&iacute;a. Tengo que empezar, pues, esta misma noche, con el balc&oacute;n abierto, echando de vez en cuando una mirada a las ventanas tambi&eacute;n abiertas e iluminadas y ya familiares del Cuartel de la Guardia Civil que est&aacute; ah&iacute; enfrente (el primer edificio que divis&eacute; desde el tren nada m&aacute;s llegar juntamente con el del Seminario) y a trav&eacute;s de cuyas rejas se vislumbran las figuras de varios n&uacute;meros de la benem&eacute;rita que est&aacute;n jugando al billar; mirando m&aacute;s abajo las luces escu&aacute;lidas que bordean la v&iacute;a del tren, un poco antes de su llegada a la estaci&oacute;n, -aquella llegada tan suspirada por Don Domingo- y oyendo las voces de unos ni&ntilde;os que juegan en la calle de San Francisco antes de que sus madres les avisen para cenar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No s&eacute; si los Toranes llegar&iacute;an a Teruel o no, al regreso de las huestes del Cid de la conquista de Valencia. Por tradici&oacute;n oral ha llegado hasta m&iacute; tal noticia, pero no la he podido ver consignada en ninguna parte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para una persona de nuestros d&iacute;as los l&iacute;mites a que debe extenderse el cr&eacute;dito y valor debidos a una tradici&oacute;n oral, no es l&iacute;cito que vayan mucho m&aacute;s atr&aacute;s de la primera guerra carlista. Y esto sobre todo porque el chisme o sucedido que al que nos informa le pudo contar su abuelo, a partir de la tercera o cuarta generaci&oacute;n ha perdido todo picante, ese picante del cual solamente los geniaos de la literatura saben darnos un suced&aacute;neo valedero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tambi&eacute;n se me dijo que son originarios los Toranes del valle de Ar&aacute;n y que, habiendo encargado el Cid la recluta de sus soldadas para la dicha conquista de Valencia a los se&ntilde;ores de Vizcaya, &eacute;stos hicieron su leva por los Pirineos y el Cant&aacute;brico, recogiendo as&iacute; a los Toranes y llev&aacute;ndolos a luchar a Valencia contra el moro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nada se sabe de esto. Sin embargo, es posible que el Vicario del siglo XVII Jos&eacute; Tor&aacute;n de Guernica, de quien luego hablar&eacute;, creyese con no sabemos cu&aacute;les fundamentos en semejante origen, ya que en el lugar del apellido materno B&aacute;guena dio en poner (una m&aacute;s entre sus coqueter&iacute;as) un tan significativo apellido vascongado como el de De Guernica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En cambio, lo que no parece en absoluto cierto es que, dados sus merecimientos guerreros, los Toranes pasaran a ser asentados como se&ntilde;ores a su retorno, en Teruel. Se me habl&oacute; como prueba de un escudo en el cual campea la leyenda &ldquo;Unda J&aacute;uregui&rdquo; que quiere decir &ldquo;Donde los se&ntilde;ores&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El escudo que mi informador me describi&oacute; figura, pero sin tal leyenda, en la capilla llamada de la Comuni&oacute;n o de la Misericordia en la parroquia del Salvador de Teruel; y de todo esto hablar&eacute; cuando lleguemos a lo del Vicario Tor&aacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero, seg&uacute;n me ha dicho un erudito local, parece que en el XVII era f&aacute;cil echar mano del primer escudo que a uno le gustase. No s&eacute;. Lo cierto es, remont&aacute;ndonos a fechas m&aacute;s antiguas, que la leyenda del &ldquo;Unda J&aacute;uregui&rdquo; no la he encontrado documentada en ning&uacute;n sitio&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el <em>Diccionario her&aacute;ldico de Arag&oacute;n</em>, de Garc&iacute;a Cipr&eacute;s, dice del apellido Tor&aacute;n que, tal vez por errata o confusi&oacute;n dimanada de la breve variante, puede haber venido siendo usufructuario de las armas del apellido &ldquo;Tor&aacute;&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El conde de Do&ntilde;a Marina en su Armorial de Arag&oacute;n describe as&iacute; este escudo en la p&aacute;gina 56: Armas. Cortado: 1&ordm; de gules, con un toro de oro y 2&ordf;, ondas de mar de azur y plata.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De los botos o botas de agua o de vino que existen en el escudo adoptado por el vicario del siglo XVII no se dice nada, y menos del &ldquo;Unda J&aacute;uregui&rdquo; a que hizo alusi&oacute;n mi informador.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero sigamos. Mi sospecha, aunque aventurada, consiste en intuir &ndash;cosa que luego me confirma el siglo XIX- que la fuerza de los Toranes siempre estuvo en el municipio y nunca en la aristocracia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>He estudiado un poco el Fuero de Teruel, cuyos or&iacute;genes inmediatos arrancan de la conquista y aposentamiento de los cristianos en la villa. Se sabe que los &ldquo;se&ntilde;ores&rdquo; presid&iacute;an los Concejos, deb&iacute;an de ser los jefes de la milicia local y percib&iacute;an, si no todos los tributos, parte de ellos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero ya en el siglo XII los se&ntilde;ores empezaron a encontrar en Teruel contra su poder dictatorial una fuerte resistencia, e incluso oposici&oacute;n, de parte de las colectividades.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Esta oposici&oacute;n es perceptible &ndash;nos dice Jaime Caruana <a title="" href="#_ftn1">[1]</a> especialmente desde que se otorg&oacute; el Fuero de Teruel. Las colectividades que se contrapon&iacute;an a los se&ntilde;ores eran los municipios, nuevas fuerzas en auge capaces de ofrecer resistencia y oposici&oacute;n a poderes hasta entonces omn&iacute;modos, pues ya que individualmente no pod&iacute;an las personas de clase social inferior oponerse al autocratismo se&ntilde;orial, se agruparon indistintivamente, siguiendo el conocido aforismo de que la uni&oacute;n engendra la fuerza, con el fin de lograr un estado social de mayores ventajas&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es decir, que a los turolenses les cabe la honra de haberse sabido percatar, quiz&aacute; antes que ning&uacute;n otro pueblo de la Pen&iacute;nsula, de que los se&ntilde;ores abusaban de sus poderes y la nobleza de sus privilegios de clase, y la de haber sabido contrarrestar tales abusos mediante el encumbramiento del poder municipal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;En nuestro Fuero &ndash;dice tambi&eacute;n Caruana en otro de sus trabajos<a title="" href="#_ftn2">[2]</a>- se trat&oacute; de anular el poder de la nobleza, ya que quedaba sometida a las mismas leyes que reg&iacute;an a los ciudadanos. Se dio un gran vuelo al municipio, o mejor dicho al Concejo, que quedaba como autoridad reinante, y, en fin, intentaron crear una villa y territorio en donde la categor&iacute;a de vecino tuviera tanto realce y tantos privilegios como si se tratara de clase privilegiada&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No he encontrado, como digo, a los Tor&aacute;n citados entre los se&ntilde;ores de estos primeros tiempos posteriores a la Reconquista, ni luego tampoco, hasta llegar al siglo XIX en que empez&oacute; a tenerse como se&ntilde;or a quien por su impulso, su trabajo o sus estudios hab&iacute;a sabido elevarse y destacarse entre sus contempor&aacute;neos, sin que a nadie, para aplaudir o seguir sus iniciativas se le ocurriese pedirle que exhibiera el salvoconducto de un escudo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entenza, Santa Cruz, Ruiz de Azagra, Ladr&oacute;n, Cornel, Alag&oacute;n son los principales apellidos de los se&ntilde;ores turolenses en los siglos XII, XIII y XIV. Tor&aacute;n, no.</p>
<p>Ya Joaqu&iacute;n Costa inici&oacute; la discusi&oacute;n sobre la originalidad del derecho aragon&eacute;s, poniendo de relieve su esp&iacute;ritu de libertad caracter&iacute;stico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A Teruel, capital de un territorio fronterizo con la morisma quebrado y &aacute;spero, en cuyos l&iacute;mites se levantan, sombreados por pinares, la sierra de Utrillas al norte, las crestas de Pe&ntilde;a Golosa (junto a los lugares de la ruta del Cid) al Este, las eminencias de Javalambre, J&eacute;rica, Bejis y Alpuente al sur y la atalaya de Santa Mar&iacute;a de Albarrac&iacute;n al oeste, a esta tierra le fue dado gozar de un Fuero particular, y que arraig&oacute; en su entra&ntilde;a hasta llevar a los hombres, cuyo car&aacute;cter molde&oacute; a lo largo de los siglos, a batirse y morir en su defensa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los habitantes del territorio referido y los que acudieran a poblarlo gozaban de los privilegios del Fuero, que fue concedido por Alfonso II de Arag&oacute;n y reg&iacute;a igual para todas las clases sociales: &ldquo;Mando otros&iacute; que los infanzones e los villanos que en Teruel habitaran todos hayan un (mismo) fuero&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No hay distinciones racistas ni religiosas, sino un esp&iacute;ritu de protecci&oacute;n a todos los s&uacute;bditos. Jud&iacute;os, moros de paz y cristianos convivieron en el Medioevo en Arag&oacute;n con ejemplar tolerancia, sin que les uniera otra cosa que el acatamiento al rey: &ldquo;De cabo mando que si alg&uacute;n se&ntilde;or de caveros o cabalero alguna fuerza fiziesa en la villa, o en pesada (casa) entrare por fuerza o alguna cosa tomare non volunteriosamientre, el all&iacute; ferido o muerto fuere, el se&ntilde;or de la casa no sea tenido de pechar por &eacute;l ninguna calonia<a title="" href="#_ftn3">[3]</a>. Et aquesto sea establecido en todo el t&eacute;rmino de Teruel&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;Qu&eacute; cosa tan ins&oacute;lita la que mandaba el rey: que cada turolense se considerase se&ntilde;or, se&ntilde;or de su casa!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y bien supieron, a lo que se me trasluce, hacerse eco las gentes de este mandato. Cay&oacute; en tierra apropiada para arraigar: todos se&ntilde;ores, sin humillarse ante nadie.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En otro lugar del Fuero est&aacute; a&uacute;n m&aacute;s claramente expresado el principio de equidad: &ldquo;Mando encara que el say&oacute;n desta villa que sea jurado sobre la cruz e los Evangelios, que sea Fidel en todas cosas a los ricos e a los pobres, e a los vecinos et a los estra&ntilde;os e a los yud&iacute;os et encara a los moros&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay, por &uacute;ltimo, en el Fuero una gran protecci&oacute;n a los campesinos, a los pastores y, sobre todo, a los menestrales: alba&ntilde;iles, carpinteros, herreros, calceteros, abaxadores, zapateros, pellejeros, bataneros, tundidores, adobadores y tejeros tienen una especial protecci&oacute;n legal, son fomentados como tareas menestrales al auxilio de oficios aldeanos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A estos gremios y al de los labradores, debieron pertenecer siempre los Tor&aacute;n de Teruel, aparte de alguna gloria aislada que recogi&oacute; y arrop&oacute; en su seno la Iglesia, y a&uacute;n pertenecen a esta clase artesana una inmensa ramificaci&oacute;n de Toranes que viven en el Arrabal y a quienes no cupo el destino de entroncar, a su tiempo, con la tambi&eacute;n descendiente de labradores Joaquina Herreras tan famosa por su esp&iacute;ritu de trabajo y ambici&oacute;n de medro como por haber empujado a los Toranes a tomar parte en el progreso del siglo XIX.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero no adelantemos los acontecimientos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los primeros Tor&aacute;n que he tenido ocasi&oacute;n de ver consignados aparecen cuando los alborotos que tuvieron lugar en tiempo de los Reyes Cat&oacute;licos con motivo del implantamiento de la Inquisici&oacute;n en Teruel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Oficialmente la Inquisici&oacute;n estaba establecida en los dominios aragoneses desde 1483, como consecuencia de la extensi&oacute;n de poderes dada en octubre de ese a&ntilde;o a Torquemada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero los juristas eran enemigos de la Inquisici&oacute;n porque representaba un contrafuero (o desafuero); y en Teruel puede decirse que casi cada ciudadano era un jurista, int&eacute;rprete o comentarista m&aacute;s o menos perspicaz de sus fueros propios y particulares.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>As&iacute; que en 1484 se reunieron las Cortes de Tarazona con objeto de regularizar el establecimiento de la Inquisici&oacute;n en Arag&oacute;n y se cre&oacute;&nbsp; un extra&ntilde;o y volante Tribunal del Santo Oficio para todo Arag&oacute;n presidido por fray Juan de Solibera, facultando a este eclesi&aacute;stico para que empezase c&oacute;mo y por donde pudiese. Teruel envi&oacute; a Tarazona a su procurador micer Gonzalo Ruiz, el cual regres&oacute; con noticias que a los turolenses no les gustaron nada y que aumentaron su predisposici&oacute;n innata contra cualquier imposici&oacute;n extra&ntilde;a. &ldquo;Ven&iacute;an &ndash;dijo micer Gonzalo- a fer la Inquisici&oacute;n con el deshorden que lo han fecho en Castilla, y que aquellas mismas reglas trayan iniqu&iacute;simas y contra todo derecho&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Adem&aacute;s los turolenses, a cuya prosperidad y auge hab&iacute;a contribu&iacute;do mucho el elemento jud&iacute;o, tem&iacute;an a la Inquisici&oacute;n de resultas de cuyo implantamiento se esperaba &ldquo;grande strage et despoblaci&oacute;n desta ciudat&rdquo;; as&iacute; que desde el primer momento se reunieron los regidores y acordaron &ldquo;que era justa y santa cosa que la Inquisici&oacute;n se fiziese sobre los art&iacute;culos de la fe y sobre la interpretaci&oacute;n de las sanctas escripturas, si es que alguien en Teruel las interpretaba mal. Pero no sobre otra cosa ninguna&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;Con qu&eacute; sabidur&iacute;a y penetraci&oacute;n empezaban a olerse la tostada y a curarse en salud!&nbsp; Y de esta manera empez&oacute; la lucha sorda, la pol&iacute;tica de dar largas, de enredar a la Inquisici&oacute;n con requisitos jur&iacute;dicos, con deliberaciones y consultas al Concejo antes de acatar nada oficialmente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las vicisitudes de toda esta historia que termin&oacute; en guerra abierta y con la hu&iacute;da del inquisidor Solibera a Cella pueden leerse detalladamente en el libro de Antonio C. Floriano <em>El Tribunal del Santo Oficio en Arag&oacute;n</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por lo que afecta a nuestra brigada de Toranes, encontramos por dos veces este apellido entre los componentes de los muchos Consejos y Concejos que con esta ocasi&oacute;n se convocaron compuestos de &ldquo;muchos ciudadanos entre los que se hallan los jefes de las familias principales de los conversos y muchos otros vecinos de la ciudad&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por lo tanto, cabe la posibilidad de que este apellido correspondiera a familia de conversos. Pero eso ser&iacute;a muy dif&iacute;cil y largo de investigar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El Consejo, que pod&iacute;a se p&uacute;blico o privado se celebraba en sala cerrada; el p&uacute;blico se convocaba a son de campana y asist&iacute;an a &eacute;l los ciudadanos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El Concejo era siempre p&uacute;blico y se celebraba en el claustro de la iglesia si hac&iacute;a mal tiempo o en el p&oacute;rtico (portegado), ocupando la presidencia el lugar bajo la portada a manera de estrado y coloc&aacute;ndose el pueblo en la plaza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el Concejo del 25 de mayo de 1484, antes de comer se hace una relaci&oacute;n de los asistentes que fueron: dos alcaldes, cuatro regidores, dos procuradores, siete cl&eacute;rigos y cuarenta y cuatro fidalgos; adem&aacute;s de cuyos nombres se citan los de veinticuatro ciudadanos sin t&iacute;tulo ninguno que haga conocer su dedicaci&oacute;n. Entre ellos figura un Pero Tor&aacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tambi&eacute;n he encontrado otro Tor&aacute;n en la siguiente acta:</p>
<p>Domingo, 20 de febrero de 1485. &ldquo;&hellip;Que clamado y ajustado el consello de oficiales y conselleres de la ciudat&hellip; por todos concorditar fue concluido que las libertades que los antepasados ganaron con tantos trabajos, agruras e tribulaciones sean guardadas, conservadas, defendidas e que la Santa Inquisici&oacute;n se faga segunt la reglas can&oacute;nicas servadas e (segunt) los fueros, privilegios del Reyno e de la Ciudad present, visto que a principio el querer y voluntat de la dita ciudat fue agora es placicum se faga. Teste: Juan de Serra, perayre y Domingo Toran, abaxador&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Siglo XVI </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Siguen presentes los Toranes en Teruel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me limitar&eacute; a copiar la referencia de los documentos a trav&eacute;s de los cuales he constatado esta presencia, aunque no sea mucho lo que de su existencia viva y verdadera podamos intuir por medio de estas fr&iacute;as relaciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>1)&nbsp;&nbsp;&nbsp; 8 de noviembre de 1532. Carta de venta de un censo anual y perpetuo de 10 sueldos jaqueses, otorgada por Ant&oacute;n de Soria y Juana Toran, c&oacute;nyuges, labradores, vecinos de Teruel, a favor del de&aacute;n y can&oacute;nigos de la Colegiata de Santa Mar&iacute;a y del vicario y cl&eacute;rigos de San Andr&eacute;s de la misma ciudat, patronos de la capellan&iacute;a de mossen Jaime de Burgos, por precio de 200 sueldos jaqueses. (Archivo de la Catedral de Teruel, pergamino 521, doc. 653)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>2)&nbsp;&nbsp;&nbsp; 25 de abril de 1544. Carta de venta en virtud de la cual Ant&oacute;n Juan, apoticario, vecino de Teruel, tutor de Francisca Alava, menor de edad, hija de los difuntos Juan de Alava y Antonia Cedrilla, c&oacute;nyuges y tambi&eacute;n en nombre de Juan de Alava, mancebo, hijo de dichos c&oacute;nyuges, vende al honorable maestre Ant&oacute;n Vidal Galve unas casas sitas en la Plaza Mayor de dicha ciudat, al cant&oacute;n de la calle de los ricos hombres, que confrontan con casa de Baltasar Tor&aacute;n y con la barrera. Testigos Pascual Tor&aacute;n y Juan del Povo (Archivo de Racioneros. Docum. 419, pergam. 339)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>3)&nbsp;&nbsp;&nbsp; 16 de julio de 1547. Carta de venta, seg&uacute;n la cual Ant&oacute;n Vidal, sastre y ana Alav&eacute;s, c&oacute;nyuges, vecinos de Teruel, con consentimiento de don Andr&eacute;s Vera, vicario de la iglesia de San Pedro y de los racioneros de la misma, venden al magn&iacute;fico Juan S&aacute;nchez de Orihuela<a title="" href="#_ftn4">[4]</a> ciudadano de dicha ciudad, presente en la misma, unas casas que son de dominio directo de la mencionada iglesia, por 3.500 sueldos jaqueses de capital fundacional y 28 anuales de censo a dicha iglesia. Dichas casas est&aacute;n sitas en la Plaza Mayor, al cant&oacute;n de los ricos hombres, y confrontan con casas de Violante Carroca y casas de Baltasar Tor&aacute;n y v&iacute;a p&uacute;blica. (Archivo de Racioneros. Docum. 425, Perg. 345)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>4)&nbsp;&nbsp;&nbsp; 3 de junio de 1555. Carta de reconocimiento por la cual Pedro Torres, alias frairet y su esposa Isabel Garc&iacute;a, vecinos de Teruel, manifiestan estar obligados a pagar a mossen Melchor Toran, mayordomo de la iglesia de San Salvador y a los cl&eacute;rigos de la misma 40 sueldos jaqueses como r&eacute;dito de 800 que de ellos han recibido. Ponen como garant&iacute;a unas casas sitas cabe Sant Benedito.&nbsp; (Archivo de Racioneros, Perg. 353. Docum. 433)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Pez gordo de la iglesia, sin duda, este Melchor Toran, pero no he tenido tiempo ni oportunidad de verlo consignado en otro sitio ni de seguirle la pista. No s&eacute; si achacar a un posible origen jud&iacute;o o a ser precursor de futuros banqueros, esa tendencia de mossen Melchor a prestar con r&eacute;ditos. Aunque en estos siglos la Iglesia representaba el poder&iacute;o m&aacute;s fuerte en todos los &oacute;rdenes y es general ver c&oacute;mo acuden los trabajadores a pedir pr&eacute;stamos a los religiosos, que los trataban con mayor o menor misericordia seg&uacute;n los casos)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>5)&nbsp;&nbsp;&nbsp; A&ntilde;o 1558. &ldquo;&hellip;sea a todos manifiesto que ajuntado, convocado y congregado p&uacute;blico y general Concejo de los oficiales ciudadanos y hombres buenos de Teruel a voz de p&uacute;blico preg&oacute;n de trompeta sonada por Mart&iacute;n Serrano, nuncio y trompeta p&uacute;blico de la dicha ciudat en el campanario de la iglesia Colegiada de Nuestra Se&ntilde;ora Santa Mar&iacute;a de la dicha ciudat y en Pla&ccedil;a Maior en el Cant&oacute;n de la Calle la C&aacute;rcel, de mandamiento del Magn&iacute;fico Gil S&aacute;nchez Gamir Alcalde lugarteniente por el Magn&iacute;fico Jer&oacute;nimo de la Mata, juez ordinario de la ciudad y aldeas de Teruel, seg&uacute;n dicho nuncio tal fe y relaci&oacute;n hizo a m&iacute; Miguel Guill&eacute;n Garc&eacute;s, notario, presentes los testimonios infrascritos, en el cual concejo fueron presentes los infrascritos y siguientes Gil S&aacute;nchez Gamir&hellip;, Pedro Villarroya, procurador, Jayme Alonso, Mayordomo, &hellip; Johan Domingo, texedor, Anton de Gavarda, Francisco Torremocha, Johan Stevan, sparte&ntilde;ero, Johan de Castro, apoticario, Johan Ponz, sastre, Johan Pomar, Anthon Toran&hellip; et otros muchos ciudadanos vecinos de la dicha ciudat se obligan todos los presentes y los ausentes a pagar a las reverendas y venerables abadesas y monjas de la Sra. Santa Clara 200 sueldos dineros jaqueses cada un a&ntilde;o&hellip; en correspondencia a cuatro mil sueldos dineros jaqueses que ha recibido de dichas abadesas y monjas para mejoras de dicho Concejo y universidad en la compra de la villa y varon&iacute;a de Escriche&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(&iexcl;Tambi&eacute;n las monjitas meti&eacute;ndose en negocios de dar a r&eacute;dito! En fin)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Siglo XVII</strong></p>
<p>En el a&ntilde;o 1642, en uno de los libros de cuentas rendidas de Teruel a la Diputaci&oacute;n del Reino (entonces no exist&iacute;an provincias y la Diputaci&oacute;n estaba en Zaragoza) he encontrado los nombres de Vicente, Miguel, Juan, Gil y Mateo Toran. De los cuales no se especifica la profesi&oacute;n, aunque supongo que ser&iacute;an labradores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y llegamos a la &uacute;nica figura de Tor&aacute;n anterior al XIX cuyo perfil me ha sido dado a vislumbrar un poco, la del vicario de la Iglesia del Salvador, Don Joseph Toran de Guernica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De una &ldquo;Divulgaci&oacute;n hist&oacute;rica turolense&rdquo; publicada en el diario <em>Lucha</em> el 28 de mayo de 1961, y firmada por mos&eacute;n Alberto L&oacute;pez Polo, archivero del Cap&iacute;tulo de Racioneros y uno de los mejores amigos que dejo en Teruel, he recogido la siguiente informaci&oacute;n:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;A&ntilde;o 1677, 26 de mayo. En la media noche de este d&iacute;a, durante el cual se hab&iacute;a celebrado en esta iglesa (del Salvador) la fiesta de San Felipe Neri, a la que, con motivo de las letan&iacute;as concurri&oacute; el Ilmo. Cabildo, el respetable clero de todas las parroquias, el M.I. Ayuntamiento, la escuela de Jesu Christo, Nobles ciudadanos y mucho pueblo, sin advertir motivo de ruina; y sucedi&oacute; precisamente a una hora en que no se padeci&oacute; ning&uacute;n estrago&hellip;, se hundi&oacute; totalmente la iglesia quedando convertida en un mont&oacute;n de escombros&hellip; Pasados cuatro d&iacute;as, empezaron a descombrar las ruinas con tanta ansia y solicitud (lo refiere D. Jos&eacute; Tor&aacute;n, testigo presencial) que, concurriendo unos con paga, otros sin ella, y todos movidos de un mismo celo para la Santa Imagen<a title="" href="#_ftn5">[5]</a>, a la que juzgaban hecha menudos trozos. Mas &iexcl;oh prodigio!; en medio de ruinas y escombros fue hallada sin lesi&oacute;n alguna, siendo as&iacute; que todos los retablos e im&aacute;genes hab&iacute;an sido hechos pedazos.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esta imagen, mientras se reconstru&iacute;a la iglesia fue depositada en el Hospital de la Asunci&oacute;n, cuyo rector era el Dr. Don Jos&eacute; Tor&aacute;n de Guernica, que, a la vez era el vicario perpetuo de la iglesia del Salvador, hasta que, ya terminada la reedificaci&oacute;n de la iglesia fue devuelta a la misma.</p>
<p>Damos por seguro que el entonces vicario se&ntilde;or Tor&aacute;n, persona competente y de prestigio, debi&oacute; tener la parte principal en la reedificaci&oacute;n de la iglesia y a &eacute;l se deber&iacute;a la colocaci&oacute;n del Cristo en el lugar preferente donde hoy se halla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A sus expensas edific&oacute; la actual capilla de la Comuni&oacute;n, como dice la inscripci&oacute;n siguiente que en letras doradas se puede leer en la parte baja de su retablo: &ldquo;Don Joseph Tor&aacute;n de Guernica, Vicario de la presente iglesia, mand&oacute; hazer este altar. A&ntilde;o 1679&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el testamento del vicario se&ntilde;or Tor&aacute;n que he tenido la suerte de tener en mis manos y de leer &iacute;ntegramente, aunque no lo he copiado por su enorme extensi&oacute;n, y que lleva fecha de 23 de diciembre de 1685 hace la descripci&oacute;n de la capilla reconstruida, tal como la recoge mos&eacute;n Alberto en su art&iacute;culo:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo; Item quiero y es mi voluntad que el retablo que, a mis espensas, se ha fabricado y colocado en la capilla de la Virgen con el t&iacute;tulo de Misericordia que contiene el principal nicho, y en el izquierdo, el ap&oacute;stol San Mat&iacute;as; y en el segundo cuerpo al Buen Pastor y Se&ntilde;or m&iacute;o, y en el pedestal al glorioso San Bruno y al gran doctor de la Iglesia San Agust&iacute;n patrono y director, particulares a los ap&oacute;stoles San Pedro y San Pablo, y en medio el Sagrario con Jes&uacute;s, con un lienzo del Salvador, y todo el adorno, que en &eacute;l se ve as&iacute; de armas como de todo lo dem&aacute;s, que se hace costoso y devoto, se conserve con todo cuidado, porque adem&aacute;s de ser dicha grande, ha costado setecientas libras, y para su conservaci&oacute;n quiero, si se ofrece gastar alguna cantidad, se haga, porque est&aacute; muy durable&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo m&aacute;s curioso de este cuadro me parece esa idea que tuvo el se&ntilde;or Tor&aacute;n de hacerse inmortalizar hablando, casi como si dij&eacute;ramos &ldquo;de t&uacute; a t&uacute;&rdquo;, con el Divino Pastor. Las palabres que salen como una columna o serpentina de la boca de uno y otro de los interlocutores, al modo con que se acostumbra a representar el di&aacute;logo en los modernos &ldquo;tebeos&rdquo; est&aacute;n escritas en letras doradas (en lat&iacute;n), y las que dice el vicario no he podido descifrarlas bien, ni a&uacute;n despu&eacute;s de hacer fotografiar el cuadro que, dada su altura y la oscuridad del recinto, se distingue a duras penas, hasta el punto de ser desconocido para la mayor&iacute;a de los turolenses. Incluso para la devot&iacute;sima se&ntilde;ora Do&ntilde;a Celedonia Marco, viuda de Joaqu&iacute;n Tor&aacute;n y sus no menos devotas hijas Rosa y Dolores, que se han congratulado mucho de mi descubrimiento <a title="" href="#_ftn6">[6]</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Este vicario Tor&aacute;n deb&iacute;a ser un enorme egoc&eacute;ntrico. Es pasmosa la meticulosidad y extensi&oacute;n con que dispone en su testamento todo lo necesario para tener aseguradas eternas misas y oraciones por su alma y un recuerdo perenne entre los vivos. De sus riquezas, que eran muchas y consist&iacute;an en huertos, casas, cuadros, objetos de oro y plata y gran cantidad de dineros jaqueses, distrae algunas partes para dejar en herencia a sobrinos o amigos; pero nunca pasa su manda m&aacute;s all&aacute; del usufructuario. Cuando &eacute;l falte volver&aacute;n indefectiblemente a revestir a la iglesia del Salvador, engrosando de esa manera el caudal que en gran parte ha de ser dedicado a las funciones religiosas con que quiere seguir&nbsp; siendo honrado a trav&eacute;s de los a&ntilde;os y de los siglos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dispone asimismo con enorme previsi&oacute;n los m&aacute;s nimios detalles de su entierro que quiere sea esplendoroso, y, detalla las limosnas que se dar&aacute;n a todas las personas que vayan a su puerta mientras &eacute;l est&eacute; de cuerpo presente y a las que acompa&ntilde;asen al cad&aacute;ver. Dice que quiere ser enterrado en un nicho del Altar de la Comuni&oacute;n, &eacute;l solo, sin ser acompa&ntilde;ado de otro cuerpo ninguno jam&aacute;s en ese Altar. Pero nadie ha sabido darme noticia afirmativa de que en realidad est&eacute; enterrado ah&iacute; en la actualidad, y yo l&aacute;pida no he visto ninguna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El testamento es otorgado en Teruel el 23 de septiembre de 1685.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sus padres fueron Ger&oacute;nimo Tor&aacute;n, que figura en sus capitulaciones matrimoniales, con Juana Ana Baguena, de 5 de febrero de 1618, como mancebo, calcetero y natural y vecino de Teruel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Siglo XVIII</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>(Recogido de los <em>Aragoneses ilustres</em> de D. F&eacute;lix Latassa)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Don Antonio Tor&aacute;n: nacido en Teruel a finales del siglo XVII. Concluidos los estudios de Teolog&iacute;a, recibi&oacute; el grado de doctor en esta Facultad, y as&iacute; en la c&aacute;tedra como en el p&uacute;lpito se conoci&oacute; bien su instrucci&oacute;n. Obtuvo la canong&iacute;a con el cargo de p&aacute;rroco de la Colegial de Mora, y en 23 de junio de 1754 tom&oacute; posesi&oacute;n de una Raci&oacute;n Penitenciaria de la Metropolitana de Zaragoza, que le confiri&oacute; su cabildo mediante su oposici&oacute;n y la residi&oacute; hasta el a&ntilde;o 1759 en que muri&oacute;, habiendo tenido el honor de competir canonj&iacute;as de oficio en dicha santa iglesia, de ser examinador del Obispado de L&eacute;rida y te&oacute;logo y examinador de la Nunciatura en Espa&ntilde;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hall&aacute;ndose en Madrid el a&ntilde;o de 1748, predic&oacute; la siguiente oraci&oacute;n paneg&iacute;rica:</p>
<p>1&ordm;. Serm&oacute;n de Nuestra Se&ntilde;ora del Pilar de Zaragoza que dijo en la iglesia del Hospital de Montserrat de Madrid en el d&iacute;a &uacute;ltimo de su novena en que hizo la fiesta la Real Congregaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al se&ntilde;or Latassa le informaron de que hab&iacute;a escrito tambi&eacute;n:</p>
<p>2&ordm;.&nbsp; Un libro de amenidades, as&iacute; sacras como profanas, cuyo paradero se ignora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Siglo XIX</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mi visita a los archivos parroquiales de la iglesia de San Pedro de Teruel, a pesar de no haber sido exhaustiva ni mucho menos por falta de tiempo, me ha hecho conocer a algunos Toranes de la primera mitad del XIX. Parece ser que es costumbre en Teruel el que las familias pertenezcan siempre a la mismpa parroquia de sus mayores, a pesar de que sus posteriores cambios de domicilio les hayan adscrito a un distrito diferente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y los Tor&aacute;n pertenecen a San Pedro donde est&aacute;n bautizados incluso los actuales miembros de la familia, ya residentes en Madrid u otras ciudades de m&aacute;s porvenir hacia donde sus carreras u ocupaciones los han ido dispersando.</p>
<p>Como digo, mi intervenci&oacute;n ha sido muy incompleta. En primer lugar, faltan muchos libros y en segundo el p&aacute;rroco no era muy diligente en colaborar conmigo. Me dijo: &ldquo;All&aacute; usted, si se quiere usted entretener... Hay gustos para todo&rdquo;, y me daba la sensaci&oacute;n de estarle molestando, pues se encontraba presente durante mi b&uacute;squeda y me dec&iacute;a: &ldquo;traiga, traiga&hellip; yo se lo dicto lo que quiera y as&iacute; acabamos antes&rdquo;. De todas maneras, libros del siglo XVIIII no hab&iacute;a ninguno; por lo visto los archivos de Teruel, y eso me lo han dicho hasta la saciedad en todas partes, se vieron mermad&iacute;simos con los incendios y saqueos que tuvieron lugar a la entrada de los rojos en Teruel, tras encarnizado asedio, durante la &uacute;ltima guerra del a&ntilde;o 36.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Parece como si los actuales turolenses de cuarenta y tantos a&ntilde;os para arriba se hubieran quedado estancados en el recuerdo de estrago tan grandes, y a esta calamidad de la toma de Teruel por los rojos achacan indefectiblemente todos sus fallo y el atraso y abandono de la provincia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero volvamos a los Toranes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De Juan Tor&aacute;n y Emerenciana S&aacute;nchez que se debieron casar a principio del siglo XIX solamente conozco los nombres citados como abuelos paternos de los muchos Toranes d edos generaciones posteriores cuyas partidas de bautismo he podido copiar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Debieron ser labradores y tuvieron, que yo sepa, tres hijos llamados Jos&eacute;, D&aacute;maso y Jorge Tor&aacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jos&eacute; cas&oacute; con Martina Maycas, procedente por parte de madre de Villalba Baja. Jorge con Paula Mill&aacute;n, de Mezquita. Tanto de uno como de otro matrimonio nacieron varios hijos cuyas partidas de bautismo he encontrado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En cuanto al otro hermano, es decir D&aacute;maso Tor&aacute;n S&aacute;nchez, cas&oacute; con Joaquina Herreras, natural de Teruel, hija de los labradores Jos&eacute; Herreras y Antonia Ortiz, tambi&eacute;n naturales y vecinos de Teruel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esta famosa mujer de la que a&uacute;n hoy se habla en Teruel, empleando para aludir a ella el sobrenombre de &ldquo;la Torana&rdquo;, fue un injerto decisivo en la familia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya el sobrenombre, con su no se que de resonancia b&eacute;lica, explica hasta qu&eacute; punto se adue&ntilde;&oacute; de los Toranes acaudill&aacute;ndolos por nuevos derroteros. Y es ella, efectivamente, el jefe y creador de una nueva dinast&iacute;a de Toranes, el hito que se&ntilde;ala un poderoso viraje con respecto al camino que habr&iacute;an de seguir sus descendientes. Cogi&oacute; las riendas de un apellido que languidec&iacute;a y se lo adjudic&oacute; por derecho propio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De D&aacute;maso, el marido, nadie recuerda nada; es simplemente el motivo, el trampol&iacute;n para las operaciones de la Torana, comparsa desdibujado. Muri&oacute; antes que ella, pero no tan pronto como para no tener tiempo de hacerle nueve hijos en los a&ntilde;os que van de 1829 a 1844, hijos que, al menos, figuran como leg&iacute;timos en las partidas de bautismo por m&iacute; encontradas. Y perd&oacute;nese al narrador esta punta de desconfianza totalmente gratuita acerca de la legitimidad de todos los Tor&aacute;n Herreras, la cual apareja una sombra de sospecha sobre la honra tal vez inmaculada de Joaquina Herreras, la madre. Son sospechas absolutamente infundamentadas y el narrador reconoce que se deben &uacute;nicamente a que, dentro de una imaginaci&oacute;n novelesca como la suya, de un tipo de mujer como la Torana &ndash;o mejor dicho de lo que de ella le ha sido dado atisbar por datos fragmentarios que la tradici&oacute;n oral a&uacute;n mantiene vivos- cabe esperarlo todo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los hijos se llamaron Jos&eacute;, Juan, Emerenciana, M&ordf; del Pilar, Leoncio, Alejandra, Tomasa, D&aacute;maso, Rufino, Cirilo y Lorenza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No s&eacute; si habr&iacute;a alguno m&aacute;s ni tampoco puedo asegurar que todos los citados llegaran a edad adulta. La enorme mortandad infantil de la &eacute;poca y el hecho de no haber o&iacute;do contar nada de alguno de ellos me hace pensar que acaso Emerenciana, Pilar, Cirilo y Lorenzo pudieron morir ni&ntilde;os<a title="" href="#_ftn7">[7]</a> Los otros cinco, desde luego, vivieron y conocieron, como fruto de la semilla sembrada por la madre, una existencia llena de compensaciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es muy curioso observar c&oacute;mo en la partida de bautismo de los primeros hijos aparece el nombre del padre D&aacute;maso Tor&aacute;n mondo y lirondo, sin indicaci&oacute;n alguna que pueda hacernos sospechar su oficio y dedicaci&oacute;n. Tal vez la mujer se negaba a que se inscribiera al padre de seis hijos como arriero o labrador, y, no contando a&uacute;n con el prestigio ni las ganancias suficientes para atreverse a poner otra cosa, prefer&iacute;a dejar al desnudo, sin acompa&ntilde;amiento alguno, el apellido que en poco tiempo esperaba lustrar y engrandecer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En efecto, en las dos &uacute;ltimaspartidas de bautismo que he hallado, las correspondientes a los hijos llamados Cirilo y Lorenza, nacieron respectivamente en 1842 y 1844, ya figuran estos dos Tor&aacute;n Herreras inscritos como hijos leg&iacute;timos de D&aacute;maso Tor&aacute;n, comerciante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;Comerciante! Ya hab&iacute;a logrado para su marido el t&iacute;tulo de tal, justamente en los a&ntilde;os que siguen a la terminaci&oacute;n de la primera guerra carlista, y como pago de los riesgos y trabajos que a lo largo de ella venci&oacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Porque la verdadera comerciante, aunque luego el t&iacute;tulo se lo entregara a su marido, como un guerrero que entrega el trofeo ganado a la dama que le ha esperado detr&aacute;s de su ventanal, la verdadera chalana y contrabandista y aventurera, la bragada, la echada para adelante hab&iacute;a sido ella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La primera guerra carlista, sobre todo a partir de que, con motivo de la muerte de Zumalac&aacute;rregui, el nombre y el empuje de Cabrera empezaron a crecer, esen algunos momentos muy dura y encarnizada en la provincia de Teruel. A los liberales les era hostil sobremanera el paisanaje de aquella tierra donde, en nichos aislados pero m&aacute;s organizados cada vez (especialmente a ra&iacute;z del fusilamiento de Ana Gri&ntilde;&oacute;n, la madre de Cabrera en el 36), crec&iacute;a tanto el poder&iacute;o carlista que las brigadas de Do&ntilde;a Isabel corr&iacute;an grave riesgo si se aventuraban a pasar, para ir a Teruel, por Alca&ntilde;iz o Montalb&aacute;n, vi&eacute;ndose precisados a rodear por Daroca, Cari&ntilde;ena y Belchite.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero en cambio la Torana, a quien la pol&iacute;tica importaba un bledo, se atrev&iacute;a a meterse por los caminos m&aacute;s peligrosos y se arriesgaba una y otra vez, sorteando carlistas y liberales con la regularidad que a su negocio conven&iacute;a, a dirigir su reata de mulas por los m&aacute;s abruptos parajes de la monta&ntilde;a, cuyas trochas y perdederos conoc&iacute;a como la palma de la mano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En Teruel nunca se han dado los olivos y en aquel tiempo el aceite escaseaba mucho y se pagaba generosamente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Durante los &uacute;ltimos cuatro a&ntilde;os de guerra y aprovech&aacute;ndose, pues, de que, dada la anormalidad de las circunstancias, nadie o casi nadie se atrev&iacute;a a llevar a cabo semejantes incursiones, la Torana llegaba regularmente hasta diversos puntos del Bajo Arag&oacute;n, a Alca&ntilde;iz sobre todo, y all&iacute; cargaba sus mulas con c&aacute;ntaros de aceite que tra&iacute;a a Teruel, repitiendo y a&uacute;n aumentando al regreso las fatigas y sobresaltos de la ida. As&iacute; empez&oacute; poniendo los cimientos a la fortuna que veintitantos a&ntilde;os m&aacute;s tarde dar&iacute;a origen a la Banca Tor&aacute;n, el primer banco que hubo en Teruel y del que la provincia andaba tan necesitada, para dar a la agricultura y a la industria un nuevo impulso y para poner coto a los desmanes de los usureros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luch&oacute; Joaquina con muchas dificultades. No ten&iacute;a carros, ni, aunque los hubiera tenido, podr&iacute;a so&ntilde;ase con meter carro alguno por los intrincados y dif&iacute;ciles vericuetos que segu&iacute;an ella y su recua; as&iacute; porteaba los c&aacute;ntaros de un modo muy rudimentario, en tablas agujereadas que apa&ntilde;aba ella misma y que atravesaba sobre los lomos de cada pareja de mulas. Por lo menos, eso me han contado. Me lo ha contado un sexagenario, hijo de padre maduro, el cual, a su vez, se lo oy&oacute; a su padre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esta tradici&oacute;n oral s&iacute; me sirve: este hombre, que vive hoy en Teruel, a&uacute;n habla de la Torana con entusiasmo y la describe como a una moza montaraz y casi legendaria con sus alpargatas y su faja, desafiando a pie las inclemencias del tiempo, las guerrillas, y los embarazos consecutivos, fuerte e imp&aacute;vida, arreando sus mulas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De los descendientes de esta mujer y de la &eacute;poca que llenaron con su apellido, en Teruel, habr&iacute;a mucho que escribir. He visto varios n&uacute;meros de <em>El Turia</em>, peri&oacute;dico de recreo y avisos creado en 1856 y que costaba cuatro cuartos, de <em>El Turolense</em>, peri&oacute;dico no pol&iacute;tico, de posterior publicaci&oacute;n, toda la colecci&oacute;n de la <em>Miscel&aacute;nea Turolense</em> publicaci&oacute;n gratuita a la que alud&iacute; al principio de estas notas, y por &uacute;ltimo varios a&ntilde;os de <em>La provincia</em>, diario creado y dirigido por el &uacute;ltimos de los Toranes que fue alcalde de Teruel (nombrado en 1922): Jos&eacute; Tor&aacute;n de la Rad y que actualmente tiene una estatua en la ciudad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De la lectura de estos peri&oacute;dicos del siglo pasado y principios del actual, de mis conversaciones con gente de Teruel, de mis paseos por la ciudad he retirado varias impresiones, todas fugitivas y sin hilvanar, te&ntilde;idas de la nostalgia que da asomarse a una &eacute;poca ya hist&oacute;rica pero todav&iacute;a lim&iacute;trofe con la de lo vivido y o&iacute;do en nuestra ni&ntilde;ez. La &eacute;poca que, remontando hacia atr&aacute;s por encima del escollo de la guerra civil de 1936, abarca en Teruel desde Jos&eacute; Tor&aacute;n de la Rad (1888-1933) hasta su abuelo Jos&eacute; Tor&aacute;n Herreras (1829-1899), pasando por su padre Jos&eacute; Tor&aacute;n Garzar&aacute;n (1855-1902).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tres generaciones de alcaldes que pari&oacute; la Torana, tres Jos&eacute; Tor&aacute;n, inserto cada uno de ellos en un tiempo que se iba levemente diferenciando del anterior, progresando, pasando a significar otra cosa. &iexcl;Buen periodo a investigar!.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Partir de Jos&eacute; Tor&aacute;n de la Rad, ingeniero, hombre activo, imaginativo, que se ha inventado su propia vida y contagia este impulso y fantas&iacute;a a los dem&aacute;s, para tratar de imaginar y entrever su infancia por detr&aacute;s de estas empresas, y m&aacute;s atr&aacute;s la de Jos&eacute; Tor&aacute;n Garzar&aacute;n, su padre (que, seg&uacute;n dicen, cuando entr&oacute; de alcalde la primera&nbsp; multa que puso fue para su madre Tomasa Garzar&aacute;n porque arrojaba basuras por el balc&oacute;n) y para llegar as&iacute; a la propia infancia del hijo mayor de la Torana, el primer Jos&eacute; Tor&aacute;n alcalde y banquero, situar a cada uno de estos personajes en el contexto provinciano de sus &eacute;pocas respectivas, entre sus hermanos, amigos y hombres pol&iacute;ticos y de letras del tiempo, es labor demasiado candente y sugestiva para que me atreva a despacharla de un plumazo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la Torana, creadora de la estirpe, se han detenido, por ahora, mis osad&iacute;as y desenfados literarios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo lo que s&eacute; de sus descendientes y de la vida de Teruel en la segunda mitad del XIX y primera del XX, a pesar de ser mucho m&aacute;s, espera madurarse y posarse de alguna manera; no se resigna a plasmarse en meros datos, ni a amontonarse en f&aacute;cil literatura elaborada a vuela pluma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Estas breves notas, del todo provisionales, van dedicadas al cuarto Jos&eacute; Tor&aacute;n, tataranieto, pues, de Joaquina Herrera, a quien nunca perdonar&aacute;n algunas cuarentonas de Teruel su deserci&oacute;n, la huida a la capital y el que, siguiendo el reprobable desv&iacute;o de su padre, no se casara con moza turolense.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="right">Teruel-Madrid, septiembre de 1964.</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> Jaime Caruana: &ldquo;Los se&ntilde;ores de Teruel en los siglos XII y XIII&rdquo;. Revista Teruel, n&ordm; 17-18.</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> Jaime Caruana: &ldquo;Organizaci&oacute;n de Teruel en el siglo XII&rdquo;. Revista Teruel, n&ordm; 10.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a> Pena pecuniaria, al parecer.</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a> Que fue secretario de Carlos V.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a> Se refiere a la del Cristo del Salvador, famosa por tener tres manos.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a> Posteriormente he logrado identificar las palabras del vicario cuya dificultad de lectura consist&iacute;a en que est&aacute;n escritas al rev&eacute;s, con el fin de indicar la direcci&oacute;n hacia el Buen Pastor, su destinatario, ya que de haber sido puestas las letras del derecho, y como quiera que se lee de izquierda a derecha, parecer&iacute;a que se dirig&iacute;an al vicario, en vez de salir de su boca. El di&aacute;logo es as&iacute;: Buen Pastor: &ldquo;Ego sum pastor bonus&rdquo;. Vicario: &ldquo;Jesu nostri miserere tu nos pasce nos tuere&rdquo;.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a> Ya he advertido que todos estos apuntes son resultado de una primera investigaci&oacute;n muy superficial.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 19 Nov 2018 08:55:23 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fernando Aramburu: "La vinculación con la patria es ahora mismo un tema candente en Europa y muy peligroso"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/fernando-aramburu-la-vinculacion-con-la-patria-es-ahora-mismo-un-tema-candente-en-europa-y-muy-peligroso/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2018/ARAMBURU600.jpg" alt="" /></p>
<p><strong></strong>Fernando Aramburu (San Sebasti&aacute;n, 1959) ha sido siempre un escritor muy a tener en cuenta en el panorama de la narrativa espa&ntilde;ola. Interesante, con una voz y una tem&aacute;tica propias, su ritmo de trabajo ha sido fecundo y sus publicaciones esperadas por un p&uacute;blico fiel, atento a sus b&uacute;squedas creativas. Son muchos los t&iacute;tulos que jalonan una trayectoria cargada de coherencia y tiempo, pero, de repente, uno solo, <em>Patria</em>, ha hecho que el autor haya llegado al gran p&uacute;blico y conectado con lectores de pa&iacute;ses y lenguas diversas con su manera l&uacute;cida de mirar y profundizar, a trav&eacute;s del revelador espejo de la literatura, en la realidad de su tierra de origen, el Pa&iacute;s Vasco.</p>
<p style="text-align: left;" align="center">Los personajes de esta novela, desgarrados por los efectos del terrorismo de ETA, cargados de sombras y preguntas, de heridas y anhelos de reconciliaci&oacute;n, han traspasado fronteras y el fen&oacute;meno no ha parado, ya que hay una serie de televisi&oacute;n en marcha que redoblar&aacute; el impacto de la obra. La vida de Aramburu ha cambiado: viaja m&aacute;s, responde a m&aacute;s preguntas, se sabe centro de atenci&oacute;n, pero, en el fondo, sigue siendo el mismo hombre deseoso de construir relatos, de poner sobre el papel sus pensamientos y emociones m&aacute;s huidizas en la soledad de su escritorio, ante la ventana de los paisajes alemanes que un d&iacute;a hizo suyos, cuando abandon&oacute; Espa&ntilde;a impulsado por el amor de una mujer, ligero de equipaje y con la hoja del futuro inmediato en blanco.&nbsp;</p>
<p>Escribir como necesidad, como pasi&oacute;n; andar el trayecto con el est&iacute;mulo de nuevos proyectos, sigue siendo su meta. Hallar las palabras precisas para dar cuenta de la aventura de su propia vida es lo que ha ha hecho en <em>Autorretrato sin m&iacute;</em>, su &uacute;ltima publicaci&oacute;n hasta el momento en su editorial de siempre, Tusquets. &ldquo;Habito desde que nac&iacute; en un hombre llamado Fernando Aramburu. No voy a quejarme. Hay desiertos peores. Este hombre me obliga a madrugar. Se ha ido metiendo en a&ntilde;os. Ten&iacute;a una melena que se le derramaba sobre los hombros. Hoy lleva, llevamos, los pensamientos al aire...&rdquo; As&iacute; comienza esta entrega esencial para conocer al escritor. Una narraci&oacute;n &iacute;ntima, unas memorias con aproximaciones po&eacute;ticas, en las que el ser humano da la mano al creador, se aproxima a sus edades y reflexiona sobre las p&eacute;rdidas y los aprendizajes del camino, con un hondo deseo de anular los espacios temporales para encontrar el abrazo, el abrazo a los distintos yoes y a los seres queridos que, sin estar, siguen muy presentes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Nunca me he hecho demasiadas ilusiones con respecto al destino del hombre&rdquo;</strong></p>
<p>- Leyendo este libro nos encontramos a alguien que ha llegado a ser lo que deseaba ser, que puede cumplir a diario &ldquo;el sue&ntilde;o de un lejano adolescente que quer&iacute;a ser escritor&rdquo;, como dice en un momento dado. Esta sensaci&oacute;n de destino cumplido lo recorre todo. &iquest;Se siente afortunado Fernando Aramburu? &iquest;Agradecimiento, serenidad, son palabras que le definen hoy? &iquest;Es eso lo que ha ganado con el paso de los a&ntilde;os?</p>
<p>- En un texto juvenil, ingenuo pero no por ello carente de sentido, postul&eacute; el ejercicio de la creatividad con la idea de que a la muerte le diera pena matarnos. No era mala motivaci&oacute;n, por cuanto anima a afrontar los infortunios con energ&iacute;a positiva. Nunca me he hecho demasiadas ilusiones con respecto al destino del hombre. As&iacute; y todo, siendo adolescente, conceb&iacute; el deseo de cumplir un sue&ntilde;o en el cupo de tiempo que me correspondiera para vivir y ese sue&ntilde;o, que no era otro que el de ser escritor a jornada completa, se ha consumado. Tan importante y satisfactorio como eso es el logro de la serenidad. Estoy a buenas conmigo y creo haber hecho grandes progresos en el arte de aprender a morir con entereza, aunque vaya usted a saber si en el &uacute;ltimo momento lo echo todo a perder.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Quienes viven en la abundancia tienden a desconocer la alegr&iacute;a de los bienes obtenidos a fuerza de trabajo&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Hay que cumplir a&ntilde;os para poder agradecer el regalo de las cosas sencillas? (porque entre lo mucho que ofrece esta entrega est&aacute; una especie de actitud zen, de aprecio ante la contemplaci&oacute;n de la sencillez, del fluir de la vida).</p>
<p>- No lo creo. Yo m&aacute;s bien pienso que la gratitud se ejerce con naturalidad cuando uno acierta a valorar lo que recibe. A m&iacute; me ayuda la circunstancia de proceder de un medio social humilde. Nadie nos regalaba nada. Lo que ten&iacute;amos era fruto del esfuerzo tenaz de mis progenitores. Barrunto que quienes viven en la abundancia tienden a desconocer la alegr&iacute;a de los bienes obtenidos a fuerza de trabajo. Si en casa hay una copiosa biblioteca y esta se ampl&iacute;a con un libro nuevo, pues no pasa nada del otro mundo. Pero si no hay libros, como era mi caso, y a uno le regalan uno, ese hecho en apariencia trivial se convierte en un acontecimiento inolvidable y uno lo agradece hasta el final de sus d&iacute;as.</p>
<p>- &iquest;A qu&eacute; le est&aacute; profundamente agradecido? &iquest;Al encuentro con la literatura, con las palabras, fundamentalmente? &ldquo;Vivo desde entonces en un paisaje &eacute;tico...&rdquo; , escribe en el arranque de estas memorias tan especiales.</p>
<p>- Mi lista de agradecimientos ser&iacute;a muy larga. La existencia de la literatura, de la m&uacute;sica, del mar y de ciertas personas merecer&iacute;an un lugar preferente en dicha lista.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;</strong><strong>La literatura establece entre los seres humanos una comunicaci&oacute;n que muchas veces merece el calificativo de profunda&rdquo; </strong></p>
<p>- No hab&iacute;a ni un solo libro en las estanter&iacute;as de su infancia y, sin embargo, los libros han sido esenciales en su trayecto... Pese a la bofetada que le propin&oacute; un cura en 1971 por no haber le&iacute;do el<em> Lazarillo</em> completo, la literatura se convirti&oacute;, como confiesa, en la raz&oacute;n principal de su vida. &iquest;Cree en su poder transformador?</p>
<p>- Creo sobre todo en la capacidad formativa del lenguaje escrito. Estoy de acuerdo con quienes asocian la literatura con el conocimiento. Me complace a&ntilde;adir a esta virtud otra: la que anima al individuo a ejercitarse en el gusto est&eacute;tico. Tampoco se me oculta que la literatura establece entre los seres humanos una comunicaci&oacute;n que muchas veces merece el calificativo de profunda.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; queda del joven de CLOC, el desenfadado grupo de creadores donostiarras que quer&iacute;a sacudir la realidad? &iquest;La rebeld&iacute;a, las ganas de cambiar el mundo, es un latido que permanece o se pierde con el transcurso de los a&ntilde;os? Cuando habla de esa etapa en <em>Autorretrato sin m&iacute;</em> alude a la irreverencia y al humor, al cultivo del humor. &iquest;Es eso lo que ha pervivido?</p>
<p>- No hay ruptura entre el joven que fui y que ejerci&oacute; la rebeld&iacute;a y la irreverencia contracultural con el se&ntilde;or tranquilo, esc&eacute;ptico y propenso a la iron&iacute;a en que me he convertido, sino una paulatina y meditada progresi&oacute;n. Yo no he vivido desminti&eacute;ndome todo el rato ni he ido dando bandazos ideol&oacute;gicos. Ya en la juventud antepon&iacute;a el hombre concreto a las utop&iacute;as y desconfiaba de la violencia como recurso para mejorar la sociedad. El humor pervive en m&iacute;. Lo que he perdido en energ&iacute;a, impulsividad y buena vista, lo he ganado en paciencia y m&eacute;todo.</p>
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<p><strong>&ldquo;Camus me previno de las consecuencias da&ntilde;inas del nihilismo&rdquo;</strong></p>
<p>- Cita a Albert Camus en la primera referencia que hace a esa corriente juvenil de &ldquo;Arte y Desarte&rdquo;. &ldquo;Albert Camus detuvo nuestras manos prestas a la rotura de cristales&rdquo; . &iquest;Qu&eacute; camino le mostr&oacute; Camus? Se&ntilde;ala que sin &eacute;l no ser&iacute;a el hombre que es.</p>
<p>- Camus me confirm&oacute; en la idea del hombre moral que asume la responsabilidad de sus palabras y sus actos. Me previno de las consecuencias da&ntilde;inas del nihilismo. Asum&iacute; su advertencia: el verdadero rebelde no es el que se detiene en la acci&oacute;n cr&iacute;tica o destructiva, sino el que, despu&eacute;s de eso, da un paso m&aacute;s y llena el hueco dejado por su acci&oacute;n con algo positivo para &eacute;l y para los dem&aacute;s. Tal es el suelo de mi moral sobre el que camino all&aacute; donde est&eacute; y, por supuesto, tambi&eacute;n en mi vida privada.</p>
<p>- Si le pidiera que recuperara algunas escenas de esa etapa de juventud, de esas que permanecen en la memoria, &iquest;cu&aacute;les ser&iacute;an?</p>
<p>- Hay unos cuantos episodios que recuerdo con agrado. El d&iacute;a en que conoc&iacute; personalmente a Irazoki -m&aacute;s que amigo, hermano- en su caser&iacute;o de Lesaka. La esquelada, que consisti&oacute; en echar al aire, desde un coche en marcha, dos mil y pico esquelas necrol&oacute;gicas recortadas del peri&oacute;dico, parodiando as&iacute; a quienes lanzaban a voleo pasquines pol&iacute;ticos. O las radionovelas <em>Juaristi, historia de un desgraciado</em> y <em>El capit&aacute;n Garaicotrueno, coraje y valor a puntapala</em>, ambas en Radio Popular de San Sebasti&aacute;n, sin argumento ninguno, a imitaci&oacute;n de los hermanos Marx, que duraron hasta que, claro est&aacute;, fuimos despedidos.</p>
<p>- Mucho de esto se cuenta en <em>Fuegos con lim&oacute;n</em>. &iquest;Qu&eacute; lugar ocupa esta novela en su trayectoria?</p>
<p>- <em>Fuegos con lim&oacute;n</em> fue mi primera novela. Me abri&oacute; las puertas de mi actual editorial. Invert&iacute; ocho a&ntilde;os de trabajo perseverante en su escritura. La redact&eacute; a mano. No ten&iacute;a la menor idea de c&oacute;mo se escribe una novela. Pens&eacute; que ir&iacute;a aprendiendo a medida que la escrib&iacute;a. Me la juzgaron muy positivamente en la prensa cultural de la &eacute;poca, pero apenas tuvo repercusi&oacute;n de p&uacute;blico.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Es imposible que el terrorismo no deje huellas en la vida cultural de la sociedad&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;En qu&eacute; afect&oacute; la larga etapa de terror en el Pa&iacute;s Vasco a la producci&oacute;n cultural, a la literatura, a la m&uacute;sica, a la creaci&oacute;n en general?</p>
<p>- Es imposible que un hecho tan atroz y duradero no deje huellas en la vida cultural de la sociedad. El terrorismo afect&oacute; a los intelectuales lo mismo que al resto de los ciudadanos. Hay quien se opuso abiertamente a &eacute;l, quien lo justific&oacute;, quien guard&oacute; silencio, quien se refugi&oacute; en las medias tintas. Entre los que se opusieron, no han faltado quienes por desgracia perdieron la vida o sus bienes, quienes tuvieron que marcharse del Pa&iacute;s Vasco, quienes fueron amenazados y necesitaron escolta. Son los que yo m&aacute;s admiro y respeto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Es m&aacute;s f&aacute;cil objetivar una realidad cuando uno no est&aacute; metido en ella hasta el cuello&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Hasta qu&eacute; punto marcharse a vivir fuera de su pa&iacute;s le ha ayudado a encontrar su mirada de escritor, esa distancia tan caracter&iacute;stica respecto a las experiencias vividas que est&aacute; presente en muchas de sus narraciones, ese mirar desde lejos, incluso desde lejos de s&iacute; mismo?</p>
<p>- A la larga creo que mi perspectiva, no elegida en virtud de ning&uacute;n c&aacute;lculo, ha sido favorable para la creaci&oacute;n literaria por diversas razones. La imposibilidad, antes de la invenci&oacute;n de Internet, de intervenir r&aacute;pidamente en el debate me indujo a reflexionar con calma. Desde lejos se ve por igual a unos y otros, y uno tiene acceso continuo al comentario sin prejuicios de la prensa extranjera. Es m&aacute;s f&aacute;cil objetivar una realidad cuando uno no est&aacute; metido en ella hasta el cuello. Mi posici&oacute;n me recuerda la del jugador de ajedrez, que observa el tablero desde la altura de sus ojos, frente a las piezas que ven con detalle lo que tienen cerca, pero a las que quiz&aacute; se les escape el sentido general de la partida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Le debo mucho a la cultura alemana. Uno no sale indemne de la lectura de Kafka, de Goethe, de Thomas Mann, de Arno Schmidt y de tantos otros le&iacute;dos en versi&oacute;n original&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; le ha aportado la sociedad y la cultura alemanas? Supongo que m&aacute;s de una vez se ha preguntado c&oacute;mo habr&iacute;a sido su vida de haberse quedado en Espa&ntilde;a, de no haber seguido los pasos de la mujer que un d&iacute;a llam&oacute; a su puerta.</p>
<p>- No tengo respuesta a la pregunta sobre lo que habr&iacute;a sido de m&iacute; en el caso de haber permanecido en Espa&ntilde;a. Le debo mucho a la cultura alemana. De hecho, cuando la cr&iacute;tica, con buena intenci&oacute;n, intenta explicar mis obras tan solo en funci&oacute;n de la tradici&oacute;n literaria espa&ntilde;ola, se equivoca. Uno no sale indemne de la lectura de Kafka, de Goethe, de Thomas Mann, de Arno Schmidt y de tantos otros le&iacute;dos en versi&oacute;n original. El propio aprendizaje de la lengua alemana supuso para m&iacute; la toma de conciencia sobre cientos de detalles relativos a mi lengua materna. A lo antedicho se a&ntilde;ade el largo tramo de a&ntilde;os en que he estado acumulando experiencia personal en diversas ciudades centroeuropeas.</p>
<p>- La verdad es que su historia de amor resulta muy novelesca. Y la llegada a Alemania: un nuevo pa&iacute;s, una nueva lengua, empezar de cero... &iquest;Qu&eacute; atesora de toda esa etapa?</p>
<p>- Asum&iacute; responsabilidades laborales y familiares, y eso entiendo que me ayud&oacute; a madurar como hombre y como escritor. Mis prejuicios hist&oacute;ricos, pol&iacute;ticos, literarios, se desvanecieron bastante deprisa no bien me hice ciudadano de otro pa&iacute;s. Los prejuicios o convicciones que hab&iacute;a llevado en el equipaje no serv&iacute;an para comprender la nueva realidad social que me envolv&iacute;a. A ello se une la circunstancia de que durante veinticuatro a&ntilde;os me dediqu&eacute; profesionalmente a la docencia. Esto me marc&oacute; mucho en un sentido creo que positivo, al tiempo que me abri&oacute; una ventana a las vicisitudes de cientos de familias, cosa de mucho provecho cuando a uno le da por contar historias.</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo era el profesor Aramburu que daba clases de lengua espa&ntilde;ola a hijos y nietos de emigrantes?</p>
<p>- Recuerdo el primer d&iacute;a de clase, en agosto de 1985, y el &uacute;ltimo, en 2009. Entr&eacute; por vez primera en el aula. Vi aquellas treinta y tantas caras infantiles mir&aacute;ndome fijamente a la espera de instrucciones. Pens&eacute; que yo no val&iacute;a para el puesto. Me asust&oacute; la idea de que mi falta de experiencia como docente podr&iacute;a perjudicar la formaci&oacute;n de aquellas criaturas. Yo deseaba ayudarlas y, de paso, que se divirtiesen y tomaran gusto a la materia. El primer a&ntilde;o fue dif&iacute;cil. Estudi&eacute; tratados de pedagog&iacute;a, particip&eacute; en cursos de formaci&oacute;n de profesores, ped&iacute;a consejo a los compa&ntilde;eros. Empec&eacute; el curso con pelo, lo termin&eacute; calvo por causa del estr&eacute;s. Con los a&ntilde;os fui cogi&eacute;ndole el tranquillo a la profesi&oacute;n. Alumnos y padres me mostraban aprecio y agradecimiento, y eso siempre anima. El &uacute;ltimo d&iacute;a me organizaron una fiesta multitudinaria de despedida. Vinieron ex alumnos, algunos ya con hijos. Aquello me produjo una emoci&oacute;n enorme.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;</strong><strong>&Eacute;l &eacute;xito no ha sido nunca una aspiraci&oacute;n primordial para m&iacute;. Ni lo busco a toda costa ni lo descarto&rdquo;</strong></p>
<p>- Habl&aacute;bamos del sue&ntilde;o cumplido de ser escritor. &iquest;Tambi&eacute;n el &eacute;xito entraba en ese sue&ntilde;o? &iquest;Podr&iacute;amos hablar de un antes y un despu&eacute;s de <em>Patria</em>? &iquest;C&oacute;mo ha sido ese pasar de ser un autor de culto a convertirse en un fen&oacute;meno literario?</p>
<p>- &Eacute;l &eacute;xito no ha sido nunca una aspiraci&oacute;n primordial para m&iacute;. Ni lo busco a toda costa ni lo descarto. Yo prefiero entender por &eacute;xito la obra lograda. Lo que ocurra m&aacute;s all&aacute; del l&iacute;mite de la literatura bien venido sea si resulta grato. Ocurre que si a uno la escritura le proporciona tranquilidad econ&oacute;mica, se encontrar&aacute; en unas condiciones &oacute;ptimas para dedicarse de lleno a la creaci&oacute;n. Hay quien cree que el escritor pierde libertad cuando trata de sustentarse con el fruto de su trabajo, considerando que en adelante escribir&aacute; al dictado de los emolumentos. Confieso que alguna vez tambi&eacute;n cre&iacute; en esa tonter&iacute;a. Otra cosa que me gusta de Alemania es que el &eacute;xito ajeno no est&aacute; por principio bajo sospecha. <em>Patria</em> me ha deparado un &eacute;xito monumental y yo sigo y seguir&eacute; escribiendo como siempre, a solas, con esmero, acosado por las dudas y la incertidumbre.</p>
<p>- &iquest;Est&aacute; agotado ya de hablar de la novela? &iquest;Le ha dado muchas vueltas a las razones por las que su historia ha llegado, ha impactado a tantos lectores, no solo espa&ntilde;oles?</p>
<p>- Agotado no es la palabra justa. Entiendo, eso s&iacute;, que debo ir poco a poco haciendo espacio a otros proyectos que llevan tiempo aguardando a que los atienda. Yo no esperaba que <em>Patria</em> tuviese un impacto tan grande, por lo que tambi&eacute;n, en un momento dado, me pic&oacute; la curiosidad de averiguar cu&aacute;les han podido ser las razones. Yo mismo he trasladado la pregunta a otras personas, mejor conocedoras que yo del medio editorial, y he conversado con numerosos lectores. He recibido respuestas dispares. No ha faltado quien mal&eacute;volamente achaca el impacto a una campa&ntilde;a publicitaria, como si a la gente se le pudiera embaucar con anuncios. He hablado en salas abarrotadas en Argentina, Alemania, Suiza, Polonia, Francia e Italia, pa&iacute;ses en los que apenas, a excepci&oacute;n de Alemania, he hecho promoci&oacute;n. Lo de Italia y Argentina fue espectacular y no est&aacute; vinculado a campa&ntilde;a medi&aacute;tica ninguna, sino a la particular historia de dichos pa&iacute;ses. Lo mismo sucede en otras partes.</p>
<p>- Da la impresi&oacute;n de que <em>Patria</em> es la novela que estaba buscando: una obra en la que profundizar en el conflicto vasco, el terrorismo, la violencia y su devastador efecto en las vidas de la gente, dando voz a todas las partes, intentado comprender, afrontar el dolor y tambi&eacute;n el perd&oacute;n. En los relatos de <em>Los peces de la amargura</em>, en <em>A&ntilde;os lentos</em>, ya est&aacute; el germen, pero necesitaba ir m&aacute;s all&aacute;. &iquest;Es as&iacute;?</p>
<p>- Supongo que si merezco la atenci&oacute;n de los profesores de literatura, se dir&aacute; algo as&iacute;. Lo acepto resignadamente, sin compartirlo. Mi idea era y sigue siendo otra. Esos t&iacute;tulos y alguno m&aacute;s que vendr&aacute; se enmarcan dentro de un proyecto consistente en contar historias de gentes vascas en una &eacute;poca que yo tambi&eacute;n viv&iacute;. <em>Patria</em>, en principio, iba a ser una pieza m&aacute;s, pero despu&eacute;s ha sucedido lo que sabemos y los otros t&iacute;tulos, pobrecillos, ahora parecen antecedentes, ramas, ap&eacute;ndices. No ser&eacute; yo quien vierta una mirada clasificatoria sobre mis libros. Conceb&iacute; cada uno de ellos como una pieza singular.</p>
<p>- &iquest;Da por zanjado ya el tema? &iquest;Ha contado todo lo que quer&iacute;a contar?</p>
<p>- A&uacute;n guardo alguna que otra historia en el caj&oacute;n, lo que hace plausible la hip&oacute;tesis de que tambi&eacute;n <em>Patria</em> pudiera ser una novela anticipatoria. El tiempo decidir&aacute;.</p>
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<p><strong>&ldquo;En <em>Patria</em> me preocupaba que alg&uacute;n episodio o alg&uacute;n pasaje pudiera resultar hiriente para las v&iacute;ctimas del terrorismo&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; fue lo m&aacute;s dif&iacute;cil a la hora de abordar una novela tan dura? &iquest;Qu&eacute; era lo que m&aacute;s le preocupaba?</p>
<p>- En el plano formal, la novela planteaba una serie de dificultades relativas a la alternancia de los narradores y al reparto de la trama entre nueve protagonistas. De hecho, no la empec&eacute; hasta que no tuve resueltos los aspectos formales de mayor importancia. Debo asimismo decir que durante el proceso de escritura me preocupaba que alg&uacute;n episodio o alg&uacute;n pasaje pudiera resultar hiriente para las v&iacute;ctimas del terrorismo.</p>
<p>- &iquest;Hasta qu&eacute; punto la escritura le ha llevado, al menos a nivel personal, a encontrar explicaciones, tal vez un poco de consuelo?</p>
<p>- Hasta ning&uacute;n punto. Si necesito explicaciones o consuelo, acudo a las palabras de otros.</p>
<p>- &iquest;Por qu&eacute; ese miedo desde la literatura a contar lo que usted s&iacute; ha contado en sus novelas sobre la vida en el Pa&iacute;s Vasco bajo ETA? &iquest;Hasta qu&eacute; punto ha contribuido a llenar un vac&iacute;o, a evitar la desmemoria, el olvido?</p>
<p>- Lo ignoro. No escribo en funci&oacute;n de lo que hagan o digan los dem&aacute;s. Mis libros son una aportaci&oacute;n entre otras y he tenido mis modelos: Ramiro Pinilla y Ra&uacute;l Guerra Garrido principalmente.</p>
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<p><strong>&ldquo;El tiempo har&aacute; su tarea paulatina de borrado&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Con el tiempo c&oacute;mo cree que afrontar&aacute;n las nuevas generaciones de vascos su pasado? &iquest;Se corre el riesgo de que pueda ser idealizado?</p>
<p>- El tiempo, como acostumbra y con la eficacia que lo caracteriza, har&aacute; su tarea paulatina de borrado. Los interesados en la historia echar&aacute;n un vistazo a los testimonios. El nacionalismo omitir&aacute; los episodios nocivos para sus intereses. Nuevas situaciones hist&oacute;ricas har&aacute;n que todo esto que hemos vivido recientemente ocupe un lugar menor en la memoria de los ciudadanos. Algunos autores, como David Rieff, postulan incluso el olvido como terapia para la sociedades fracturadas.</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo observa desde fuera la situaci&oacute;n hoy en su tierra? &iquest;Qu&eacute; queda por hacer? &iquest;<em>Patria</em> lleg&oacute; en el momento oportuno? &iquest;En el momento en el que era necesario hacer recuento, pasar p&aacute;gina? &iquest;A&uacute;n estamos en esa fase?</p>
<p>- Estas nociones de fuera o dentro me parecen poco consistentes. De hecho, la direcci&oacute;n de ETA tambi&eacute;n sol&iacute;a estar fuera. En la era de la informaci&oacute;n, la distancia geogr&aacute;fica es un mito. Uno viaja con frecuencia, conversa por tel&eacute;fono, pregunta, lee. &iquest;Hay que ir todas las ma&ntilde;anas al bar de la esquina para estar &ldquo;dentro&rdquo;? <em>Patria</em> no fue escrita conforme a un criterio de oportunidad. Un libro de m&aacute;s seiscientas p&aacute;ginas no se escribe en un mes ni la editorial lo publica nada m&aacute;s recibirlo.</p>
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<p><strong>&ldquo;ETA ha dejado de tener importancia en nuestra vida cotidiana actual&rdquo;</strong></p>
<p>- Cuando se declar&oacute; el fin de ETA su tuit fue: &ldquo;Hoy por fin se disuelven. Por la tarde ir&eacute; a nadar&rdquo;. &iquest;Tuvo que pensarlo mucho tiempo? Est&aacute; claro que se trata de una celebraci&oacute;n de la normalidad. &iquest;Qu&eacute; ideas pasaron por su cabeza? &iquest;Cree que, desde las instituciones espa&ntilde;olas, desde fuera del Pa&iacute;s Vasco, se ha dado la importancia que tiene este hecho, la disoluci&oacute;n de la banda terrorista? &iquest;No deber&iacute;a haber ocupado m&aacute;s titulares de prensa, despertado m&aacute;s an&aacute;lisis, m&aacute;s debate?</p>
<p>- Me acord&eacute; de la c&eacute;lebre frase de Kafka en sus <em>Diarios</em>. Me pareci&oacute; oportuno insinuar hasta qu&eacute; punto ETA ha dejado de tener importancia en nuestra vida cotidiana actual. Sus adeptos y simpatizantes intentaron hacer pasar por momento hist&oacute;rico lo que a otros tan s&oacute;lo nos pareci&oacute; una simple escenificaci&oacute;n propagand&iacute;stica sin mayores consecuencias. En cuanto a la segunda parte de la pregunta: hubo ronda de opiniones, se evocaron hechos, se ofrecieron cifras y estad&iacute;sticas y eso es todo porque tampoco hab&iacute;a mucho m&aacute;s que contar. El efecto publicitario que esperaban los terroristas jubilados result&oacute; m&aacute;s bien modesto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Olvidan r&aacute;pidamente los ciudadanos poco o nada conmovidos por el sufrimiento ajeno y los interesados en que no se conozca la verdad del da&ntilde;o infligido&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Olvidamos con demasiada rapidez? &iquest;La velocidad tecnol&oacute;gica, el ritmo fren&eacute;tico de las noticias en las redes sociales influyen en ello? &iquest;C&oacute;mo se lleva Fernando Aramburu con todo esto? &iquest;C&oacute;mo lo vive?</p>
<p>- Olvidan r&aacute;pidamente, si es que alguna vez han recordado, los ciudadanos poco o nada conmovidos por el sufrimiento ajeno y los interesados en que no se conozca la verdad del da&ntilde;o infligido. Tampoco a m&iacute; me es posible consagrarme en exclusiva a la literatura relacionada tem&aacute;ticamente con el terrorismo. De vez en cuando vuelvo al asunto, reflexiono en alg&uacute;n art&iacute;culo de prensa, digo lo que pienso en las entrevistas, redacto pr&oacute;logos que me solicitan, etc. Lo cierto es que a todos nos arrastra el tiempo. El r&iacute;o de la historia no cesa de traer transformaciones, novedades, descalabros, y dentro de cien o doscientos a&ntilde;os me da que se acordar&aacute;n de lo nuestro seis eruditos.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Por razones que no atino a explicar, soy inmune a la morri&ntilde;a&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo se siente cuando visita su tierra, tal vez un poco co como un extranjero?</p>
<p>- Llevo m&aacute;s de media vida afincado en Alemania con la condici&oacute;n de extranjero. Me he adaptado. Vuelvo a mi ciudad natal y no siento que me pertenezca el paisaje. Por razones que no atino a explicar, soy inmune a la morri&ntilde;a. Me encanta regresar a mi tierra natal por motivos acaso triviales: ver a alg&uacute;n amigo, entrar en las librer&iacute;as, acercarme a la orilla del mar a saludar a los cangrejos.</p>
<p>- &iquest;El mar es lo que m&aacute;s echa de menos? El recuerdo, la nostalgia del mar, se hace presente en algunas piezas de <em>Autorretrato sin m&iacute;</em>.</p>
<p>- &iquest;Ante qui&eacute;n rezar cuando no se cree en Dios? El generoso mar se presta de buen grado a llenar esa y otras carencias.</p>
<p>- En Espa&ntilde;a vivimos tiempos en los que todo el mundo parece querer apropiarse de la palabra &ldquo;patria&rdquo;, tiempos de banderas y fervor nacionalista, donde el camino del di&aacute;logo se bloquea permanentemente, donde parece que se dan pasos hacia atr&aacute;s. Ahora el foco del conflicto se ha trasladado a Catalu&ntilde;a. &iquest;Qu&eacute; opina al respecto?</p>
<p>- En Espa&ntilde;a predomina una especie de ensimismamiento que lleva a muchos de sus ciudadanos a observar la pol&iacute;tica como un asunto interno. La vinculaci&oacute;n con la patria es ahora mismo un tema candente en Europa. Tras d&eacute;cadas de cesi&oacute;n de soberan&iacute;a, de globalizaci&oacute;n, de apertura de fronteras, de creaci&oacute;n de espacios compartidos, de llegada masiva de inmigrantes, mucha gente parece asustada, se siente desatendida por sus representantes pol&iacute;ticos y pide una vuelta al viejo principio de la naci&oacute;n cerrada, reservada para los naturales del lugar. Muy peligroso.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; es para Fernando Aramburu la &ldquo;patria&rdquo;?</p>
<p>- Una ilusi&oacute;n que a muchos les ayuda a ganar identidad en el fervor por la pertenencia a una comunidad. Yo prefiero situarme personalmente en espacios abiertos. En las humanidades, por ejemplo.</p>
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<p><strong>&ldquo;Sigo siendo un hombre solitario que disfruta leyendo y escribiendo, que pasea con su perra y gusta de mantenerse activo en la cocina&rdquo;</strong></p>
<p>- &ldquo;Mi ventana y mi vida dan al norte&rdquo;, escribe en la pieza <em>Paisaje con abedules</em>. Un texto, en tonos grises, que habla del recogimiento, del silencio. &iquest;Es el paisaje que mejor encaja con el Fernando Aramburu actual? &iquest;Se van adaptando los paisajes a las distintas edades, etapas de la existencia?</p>
<p>- Me siento incapaz de dar lecciones al respecto. Aunque &uacute;ltimamente salgo o me hacen salir bastante en la prensa, sigo siendo un hombre solitario que disfruta leyendo y escribiendo, que pasea con su perra y gusta de mantenerse activo en la cocina. En fin, supongo que me he convertido en el t&iacute;pico se&ntilde;or anodino, al&eacute;rgico a las aventuras, junto al cual no es improbable que se aburran hasta las paredes. Yo me lo paso bomba as&iacute;.</p>
<p>- Si algo es <em>Autorretrato sin m&iacute;</em> es un recorrido por los rumbos de la vida, un repaso a los &ldquo;yoes&rdquo; (&iquest;Qui&eacute;n de todos los que he sido, soy yo en verdad?, se pregunta).</p>
<p>- En las p&aacute;ginas de <em>Autorretrato</em><em> </em><em>sin m&iacute;</em> convoqu&eacute; a todos los que he sido y, ya puestos, a aquellos que pude haber sido y no fui. En el fondo, esta es una manera de no dejarse reducir a un yo &uacute;nico e inamovible. Me resisto a creer que un ni&ntilde;o sea un hombre provisional. O un joven, la antesala de un ser que, por el hecho de acumular edad, es m&aacute;s completo o m&aacute;s representativo que quien sostiene un nombre fijo, pero una fisonom&iacute;a mudable.</p>
<p>- El punto de vista, la mirada, la voz narrativa es muy interesante. Hay un yo, un hombre adulto, que desde el ma&ntilde;ana, el futuro, habla al ni&ntilde;o y al joven que a&uacute;n no saben qu&eacute; va a ser de sus destinos, de sus desarrollos. He ah&iacute;, en esa voz, en esa conjunci&oacute;n de tiempos y de edades, donde, en mi opini&oacute;n, radica uno de los grandes aciertos del libro, su hermosura.</p>
<p>- Me guardar&eacute; yo mucho de corregir la lectura de nadie, con menor raz&oacute;n cuando dicha lectura fue emocionante o deleitosa. Me alegra sobremanera constatar que mis textos han suscitado en algunos lectores algo as&iacute; como una experiencia po&eacute;tica.</p>
<p>- Tambi&eacute;n hay un claro homenaje a su padre. Aparece en distintas ocasiones, en cap&iacute;tulos tan emotivos como &ldquo;El viejo&rdquo;, &ldquo;Vuelta a casa&rdquo;, &ldquo;Lecci&oacute;n involuntaria&rdquo;, &ldquo;Lluvia&rdquo;. &iquest;Fue algo intencionado?</p>
<p>- Cada pieza del libro se ocupa de una cuesti&oacute;n esencial en la vida de cualquier ser humano, no s&oacute;lo en la m&iacute;a. Digo esencial en el sentido de que nadie est&aacute; exento de dichas cuestiones. La relaci&oacute;n con el padre es una de ellas, incluso en el caso de que este no fuera conocido o hubiera fallecido cuando los hijos eran peque&ntilde;os. La circunstancia de que yo homenajee al m&iacute;o tiene que ver con el afecto que le tuve y con el hueco enorme que dej&oacute; en m&iacute; su fallecimiento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Escribir es para m&iacute; un ejercicio placentero y me quedo tranquilo si al final del empe&ntilde;o quedan unas pepitas de literatura en la p&aacute;gina&rdquo;</strong></p>
<p>- Se&ntilde;ala que no hay un solo d&iacute;a en que el &ldquo;ni&ntilde;o interior&rdquo; no le haga notar su presencia escondida. La infancia y la edad adulta, la vejez que ya asoma, se dan la mano en este libro. Se trata de una entrega muy gozosa, llena de emoci&oacute;n, de poes&iacute;a, de ense&ntilde;anzas sobre la vida. Habla de generosidad, de agradecimiento por &ldquo;los dones gratuitamente recibidos&rdquo;. &iquest;Fue tan gozosa la escritura de este libro como lo es su lectura? &iquest;Qu&eacute; cosas aprendi&oacute; de s&iacute; mismo en este viaje a sus paisajes interiores?</p>
<p>- Escribir es para m&iacute; un ejercicio placentero. Lo paso mal cuando una enfermedad, un contratiempo, una obligaci&oacute;n tediosa me aparta del escritorio. Esto no quita para que uno se apene o sienta dolor en el momento de evocar en un texto los palos que le atiz&oacute; la vida. Yo necesito expresar lo bueno y lo malo, lo alegre y lo triste, y me quedo tranquilo si al final del empe&ntilde;o quedan unas pepitas de literatura en la p&aacute;gina.</p>
<p>- &iquest;Hasta qu&eacute; punto este <em>Autorretrato</em> ha supuesto un respiro necesario despu&eacute;s de todo el ruido que ha supuesto <em>Patria</em>, una llamada al silencio, un parar y decir: &ldquo;Hasta aqu&iacute; hemos llegado; recapitulemos sobre el camino recorrido&rdquo;.</p>
<p>- De respiro, nada. La escritura de <em>Autorretrato sin m&iacute;</em> es anterior, simult&aacute;nea y posterior a la de <em>Patria</em>. El trabajo de decantaci&oacute;n y cincelado, el tratamiento de los aspectos r&iacute;tmicos y formales y la vigilancia para que las emociones personales no tuvieran consecuencias nefastas como la cursiler&iacute;a o el sentimentalismo no me resultaron menos dificultosos en el <em>Autorretrato</em> que en <em>Patria</em>.</p>
<p>- Repasando su trayectoria uno se da cuenta de lo fruct&iacute;fera que es, de lo mucho que ha escrito, de los variados g&eacute;neros y registros que ha probado. Nada le es ajeno, ni la poes&iacute;a, ni el ensayo, siendo el cuento y la novela sus dos territorios por excelencia. &iquest;T&iacute;tulos por los que siente una especial predilecci&oacute;n a los que ahora pueden acercarse quienes le han descubierto con <em>Patria</em>?</p>
<p>- Me es absolutamente imposible elegir un t&iacute;tulo entre los m&iacute;os. Como dec&iacute;a Cela, quiz&aacute; uno tienda a favorecer al m&aacute;s d&eacute;bil, considerando que los dem&aacute;s ya se defender&aacute;n por su cuenta. He dicho, s&iacute;, alguna vez y lo puedo repetir aqu&iacute;, que si tuviera que presentarme ante un tribunal literario riguroso, confiar&iacute;a en merecer algo de clemencia si me presentase con mis tres novelas de <em>Ant&iacute;bula</em> [<em>Los ojos vac&iacute;os</em>, <em>Bami sin sombra</em> y <em>La gran Marivi&aacute;n</em>]</p>
<p>- &iquest;Cada libro escrito le ha conducido a un lugar nuevo? &iquest;Siempre hay alguna historia esperando para ser contada?</p>
<p>- A decir verdad, no tengo la sensaci&oacute;n de haber llegado con mis libros a ninguna parte. Todo lo contrario, uno se siente tan desamparado y lleno de incertidumbre cada vez que se embarca en uno nuevo, como si volviera al punto de partida, como si no hubiera dejado de ser nunca un principiante.</p>
<p>- Y hablando de lecturas, &iquest;qu&eacute; escritores han sido sus compa&ntilde;eros de viaje? &iquest;Qu&eacute; libros no han dejado de iluminarle?</p>
<p>- La lista es enorme y sigue creciendo. Borges agradeci&oacute; que en la Tierra hubiera Stevenson. Yo tambi&eacute;n. Y que hubiera Borges, Rulfo, Cervantes, Camus, Dostoyevski, C&eacute;sar Vallejo, etc.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Uno ya va entrando en la edad en que conviene visitar a los viejos amigos antes que sea demasiado tarde&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Es de los que consideran que llegado un momento se abre la etapa de las relecturas? &iquest;O le gusta seguir descubriendo, estar al tanto de las novedades?</p>
<p>&nbsp;- Juego en los dos bandos. Leo a autores j&oacute;venes, leo cada vez a m&aacute;s mujeres, pero me falta poco para cumplir sesenta a&ntilde;os y uno ya va entrando en la edad en que conviene visitar a los viejos amigos antes que sea demasiado tarde. A m&iacute; al menos me invade de un tiempo a esta parte una viva sensaci&oacute;n de despedida cuando releo a P&eacute;rez Gald&oacute;s, a Quevedo, a E&ccedil;a de Queiroz y a tantos otros.</p>
<p>- Son muchos los textos reveladores de <em>Autorretrato sin m&iacute;</em>, pero hay uno que puede resumirlos todos, &ldquo;La vida&rdquo;. &ldquo;A veces mancha y duele la vida.. .&rdquo; &iquest;Algo m&aacute;s que a&ntilde;adir?</p>
<p>- De momento no se me ocurre qu&eacute; m&aacute;s decir.</p>
<p>- &iquest;Planes? &iquest;Qu&eacute; le apetece escribir ahora?</p>
<p>- Estuve en los meses pasados dise&ntilde;ando una novela. Ahora todo es cuesti&oacute;n de encerrarse a escribir y de comprobar si las manos admiten de buena gana un trabajo que preveo largo y si la historia no se resiste a ser contada.</p>
<p>[Esta entrevista con Fernando Aramburu se realiz&oacute; v&iacute;a correo electr&oacute;nico. Un intercambio de preguntas y respuestas entre Madrid y Hannover, donde actualmente vive el escritor. &ldquo;Mi ventana da a un herbazal que confina con una hilera de abedules. Aquellos &aacute;rboles acercan la raya del horizonte hasta una distancia no superior a los cien metros. M&aacute;s mundo no se abarca desde mi ventana...&rdquo;, escribe el autor en el comienzo de &ldquo;Paisaje con abedules&rdquo;, uno de los cap&iacute;tulos incluidos en <em>Autorretrato sin m&iacute;</em>. Levantando la vista hacia el exterior, ensimismado mientras da forma a alguna nueva narraci&oacute;n, lo imagina quien esto firma]</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 19 Nov 2018 06:07:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Manuel vilas: "No quiero lectores tontos. Me mueve el ánimo de hacer pensar"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/manuel-vilas-no-quiero-lectores-tontos-me-mueve-el-animo-de-hacer-pensar/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2018/MANUEL_VILAS_3.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La intimidad pas&oacute; a mejor vida. Antes costaba ense&ntilde;arle el DNI a un agente y ahora el tel&eacute;fono se desbloquea mediante reconocimiento facial. La gente publica lo que come mientras lo come. Los &uacute;ltimos a&ntilde;os, la literatura tambi&eacute;n ha perdido el miedo a desnudarse. No en la autoficci&oacute;n, que es poner al cascabel un gato. Nuestro autor lo sabe y, despu&eacute;s de barajar, pone las cartas boca arriba. Encabeza <em>Setecientos millones de rinocerontes</em> (2015) un texto escrito por Crist&oacute;bal Col&oacute;n en 2021, en C&aacute;diz. No importa que sea un juego. Importa la pericia formal, sint&aacute;ctica y estil&iacute;stica. Y la verdad. Manuel Vilas ha perge&ntilde;ado una novela, la de su vida, que es la de sus padres. Ellos narran una novela sin narrador, cuya primera persona coincide con la del propio Vilas. Los escritores no cumplen a&ntilde;os, sino libros. Y a &eacute;l le han ca&iacute;do de repente todos los que dej&oacute; de cumplir no sabemos cu&aacute;ndo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Sin distancia no hay mirada</strong></p>
<p>2014. Fallece su madre. Nueve a&ntilde;os antes hab&iacute;a perdido a su padre, pero no se enter&oacute;. &lsquo;M&aacute;s que morirse, se convirti&oacute; en un Monte Perdido&rsquo;. Escribi&oacute; sobre la muerte del padre sin enterarse de que estaba muerto. En 2005 ten&iacute;a la mente en <em>Resurrecci&oacute;n</em>. Llega 2014, deja de beber y se separa. &ldquo;Vaya, mam&aacute;, no sab&iacute;a que te quer&iacute;a tanto. / T&uacute; s&iacute; que lo sab&iacute;as porque siempre lo supiste todo&rdquo;. Se entera de que no tiene padre. En 2015 publica <em>El hundimiento</em>. Poemas. Al &eacute;l le confiesa: &ldquo;Te amo, te celebro, te canto, te deseo, te sue&ntilde;o. / Cuando te fuiste, te llevaste en tu cuerpo toda la poes&iacute;a del mundo&rdquo;. Lo mismo con su madre. La quiere y roza ed&iacute;pico: &ldquo;Todas fueron tu r&eacute;plica&rdquo;. Lleva tiempo enredado en la confesi&oacute;n. <em>El mal gobierno</em> (1993) ya ten&iacute;a impronta autobiogr&aacute;fica. Sus temas son los mismos siempre. Da igual el g&eacute;nero. En 2018, el Parque Nacional de Ordesa cumple cien a&ntilde;os y &eacute;l lo celebra con un libro hom&oacute;nimo. El m&aacute;s sentencioso y el m&aacute;s humilde. Se ha subido a un repecho y ha contado lo que ve&iacute;a. Sin distancia no hay mirada. La distancia tal vez puede llamarse madurez. A Vilas la madurez le ha costado mucho alcohol, mucho desenga&ntilde;o y mucho desv&iacute;o. <em>Ordesa</em> (2017) es un libro que convence incluso a los que lo abrieron a la defensiva. Cuenta la vida de sus padres porque, en la de ellos, de serie, va la suya. Y volvemos a la intimidad. &iquest;Los muertos la pierden? &iquest;Se puede revelar que su madre se fundi&oacute; en el bingo el poco dinero que ten&iacute;a?, &iquest;qu&eacute; &eacute;l mismo se desmay&oacute; sobre el felpudo, borracho, narcotizado y orinado? S&iacute;. Se puede.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La voluntad de decir la verdad</strong></p>
<p>Dice Vila-Matas en <em>Fuera de aqu&iacute;</em> que el componente moral se resume en la voluntad de decir la verdad. La confesi&oacute;n, practicada recta, es una dosis letal. Hasta a un descre&iacute;do como Houellebecq le influyen moralistas y positivistas. En la moral est&aacute;n los errores y las faltas. &ldquo;Disculpa siempre a los dem&aacute;s, nunca a ti mismo&rdquo;, dice Auster en <em>Informe del interior</em>. Manuel Vilas es experto en culpas como el otro en lunas: &ldquo;La culpa es un ejercicio de relieve sobre la tierra lisa. La vida de un ser humano es la construcci&oacute;n de relieves que la muerte y el tiempo acabar&aacute;n alisando&rdquo; (p. 76); &ldquo;No pod&iacute;a ir a ver a mi t&iacute;a y me sent&iacute;a culpable (p. 166); Hoy s&iacute; habr&iacute;a ido a su entierro&rdquo; (p. 167); &ldquo;Mi padre fue incinerado. Ahora me arrepiento (p. 19); &ldquo;La culpa es un poderoso mecanismo de activaci&oacute;n del progreso material y de la civilizaci&oacute;n, porque la culpa crea tejido moral. Sin la culpa, no hubiera existido el marxismo. Sin la culpa tendr&iacute;amos el cerebro hueco. Sin la culpa s&oacute;lo ser&iacute;amos hormigas&rdquo; (p. 281). En esas palabras firma una declaraci&oacute;n de responsabilidad mayor que la de los consentimientos informados. La belleza duele. Los poemas hieren. La verdad se apunta al carro. La culpa no es el arrepentimiento. La culpa se arrastra, al arrepentimiento te lleva a ti por delante. S&oacute;lo lo amortigua la catarsis que produce el hecho de <em>contar</em>, de decir la verdad. <em>Ordesa</em> es un poemario que parece una novela. Una confesi&oacute;n como un informe m&eacute;dico.</p>
<p>La vejez llega un momento en que te agarra por la solapa y no te suelta. La vejez es la pobreza del metabolismo. Vilas asume la ajena como propia. Le gustan los desesperados. &lsquo;Dios, c&oacute;mo me gustan. Son los mejores&rsquo;. Les dedica <em>Am&eacute;rica</em> (2017). A la gente le gusta Estados Unidos por sus lagos, por la Ruta 66, o por Nueva York. A &eacute;l, por sus pobres. Aunque para pobre, &eacute;l. Siempre &eacute;l. Maximalista. &lsquo;Por muy grande que sea la desesperaci&oacute;n de un pa&iacute;s o de un continente, m&aacute;s grande ser&aacute; siempre la m&iacute;a&rsquo;. El m&aacute;s pobre, el m&aacute;s desesperado. El m&aacute;s. Esa consciencia le da fuerzas para ponerse &ldquo;al mando del gran ej&eacute;rcito de la desesperaci&oacute;n&rdquo; -<em>Gran Vilas</em> (2012)-. Seg&uacute;n &eacute;l, la nada de los perros es igual a la nada de los hombres. Se le escapa, con voz de perro, que ser pobre y joven se aguanta, pero ser pobre y viejo es un martirio. Le gustar&iacute;a morirse ahora mismo, se ahorrar&iacute;a la senectud, pero no caigamos en la trampa: viene de confesarse inmortal en <em>Materia</em> (2013). Sube a la monta&ntilde;a de sus libros con sus temas a cuestas, los deja caer, y baja a por ellos. Repetimos las acciones para simular movimiento. El movimiento justifica que estamos vivos. Es una prueba pericial.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Vilas es lo m&aacute;s</strong></p>
<p>Vilas es lo m&aacute;s. No quieras acercarte. En <em>Calor</em> (2008) explica: &ldquo;Soy el mejor de los hombres&rdquo;. &Uacute;ltimamente no se despega de la idea: &ldquo;Mi divorcio me llev&oacute; a lugares del alma humana que jam&aacute;s hubiera pensado que exist&iacute;an&rdquo; (p. 71). Pero tambi&eacute;n es el hombre que m&aacute;s ha amado los restaurantes, las carreteras, los hoteles y los aeropuertos. &ldquo;Es una adicci&oacute;n estar conmigo mismo&rdquo;. <em>El hundimiento</em>, en realidad, no aport&oacute; nada que no hubiera en <em>Materia</em>. &Eacute;l se reescribe. Constantemente. Es un enorme palimpsesto: &ldquo;Pobre fue mi padre, / (&hellip;) / y el padre de mi padre / y pobre soy yo&rdquo;. Parece una misa blanca. &ldquo;Nos pasamos la vida / viendo c&oacute;mo se enriquec&iacute;an los otros&rdquo;. El <em>leimotiv</em> cruza sus prosas, sus poemas, como una barcaza el Danubio, echando el agua a los lados, apart&aacute;ndola con su proa menesterosa, igual que Jesucristo. No estar&iacute;a mal convertirse en &eacute;l. &ldquo;Ayuda a esa gente, / dales limosna, s&eacute; Lenin, s&eacute; Cristo, / s&eacute; algo m&aacute;s que un hijo de puta&rdquo;. Cualquier d&iacute;a le vemos con un pa&ntilde;o de pureza yendo a por el pan. Hay m&aacute;s negros en su obra que por las calles de Harlem. &ldquo;Los sacerdotes negros siempre han renovado mi fe en Roma&rdquo; &ndash;<em>El cielo</em> (2000); &ldquo;Dedico este poema a Kafka, a Lenin y a Jesucristo (&hellip;) y a los negros, a todos los negros&rdquo; &ndash;<em>Avenida de Madrid</em> (2004)-; &ldquo;Rumanos, negros, chilenos, polacos, cubanos, yo mismo&rdquo; &ndash;<em>Resurrecci&oacute;n</em>-; &ldquo;Te doy un beso delante del chatarrero / de un negro&rdquo; &ndash;<em>Calor</em>-; &ldquo;Igual de pobre que mi padre, y el padre de mi padre, / raza negra de negros espa&ntilde;oles&rdquo; &ndash;<em>Gran Vilas</em>-; &ldquo;Siempre son blancas las toallas / (&hellip;) ser&iacute;a bonito que fuesen negras&rdquo; &ndash;<em>El hundimiento</em>-. La aparici&oacute;n de los negros en su literatura ser&iacute;a parecida, <em>mutatis mutandis</em>, a la de Lorca. Simbolizan los lugares peores de la Historia. Y en alguna medida, siente que su origen hist&oacute;rico se emparenta con el de ellos. La negritud. &Eacute;l mismo se ve hecho un campesino. Sus abuelos lo fueron. En <em>Am&eacute;rica</em> dio un curso de traducci&oacute;n en cinco palabras: &ldquo;Donde pone negro digo mendigo&rdquo;. &iquest;A alguien le extra&ntilde;a que en <em>Ordesa</em> el tabaco negro est&eacute; asociado a la pobreza? Vilas es lo contrario a un charlat&aacute;n, a un embustero, a un simulador. No falsea ning&uacute;n dato. Entra en la morgue y dispone del cuerpo de sus padres, y del suyo propio, tambi&eacute;n muerto. Los tumba en una camilla con forma de div&aacute;n. Qu&eacute; retratos se perdieron Enrique Simonet y Rembrandt. Los cuchillos y el hilo de coser, al lado del teclado, del papel y del bol&iacute;grafo. Vilas remueve las v&iacute;sceras y nace la primavera. Es un mago. Hace del bistur&iacute; una pluma preciosa, como de ave modernista, y le arranca im&aacute;genes poco vistas en lo memorial&iacute;stico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La escritura y la muerte</strong></p>
<p>Es importante que sus padres est&eacute;n muertos. Su escritura ha salido ganando. La muerte es un hecho biol&oacute;gico. No puede desear, si no infantilmente, que sus padres sean eternos. Acepta la muerte y se alegra un libro que nunca entr&oacute; en mis planes, con un estilo que elev&oacute; su prosa. &ldquo;Ahora soy m&aacute;s fluido&rdquo;. Pero no m&aacute;s ligero. La suya es una claridad que emborrona. Sus im&aacute;genes, sencillas y abstractas. Totalizan y permean. &ldquo;Las ideas espirituales son bolas de antimateria ardiendo. La materia conserva cierto conocimiento&rdquo; (p. 326). Su verdad es literaria. No es una c&aacute;mara oculta. Proviene de la experiencia. &ldquo;El sufrimiento es una amabilidad secreta con las cosas&rdquo; (p. 19). El dolor no obsta para la alegr&iacute;a. El dolor est&aacute;, para &eacute;l, vinculado a la intensificaci&oacute;n de la conciencia. Con sus padres vivos no se habr&iacute;a atrevido. No habr&iacute;a podido. No disponer de ellos encendi&oacute; la chispa adecuada. En el libro, sus padres salen en portada. Nadie los ve, sepultados por un amarillo casi naranja. Pero est&aacute;n. &ldquo;El amarillo es un estado visual del alma&rdquo; (p. 313); &ldquo;El dolor es amarillo&rdquo; (p. 11). Para Harnoncourt, Mozart era un batido de belleza y cat&aacute;strofe. La gran m&uacute;sica hace frontera con la cat&aacute;strofe. Para Harnoncourt, el mejor arte no era un espacio confortable. Inquieta. Y asumimos que es el principio de lo terrible. La extra&ntilde;a poes&iacute;a de <em>Ordesa</em> bebe de esa tradici&oacute;n. Lacera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La rebeli&oacute;n de declarar su amor por s&iacute; mismo</strong></p>
<p>Trocear tu vida en una hexalog&iacute;a no te convierte en Proust, pero s&iacute; te hace respetable un piropo de Eugenides. Knausgard parece que ha precisado miles de p&aacute;ginas para contarlo todo. &iquest;Podemos llamarlo <em>novela autobiogr&aacute;fica</em>?, &iquest;sencillamente, <em>memoria</em>?... &iquest;la vieja memoria? Knausgard aparece en portada como si fuera Dylan. A Vilas le pegar&iacute;a. Bueno, &eacute;l siempre sale, aunque no se le vea, como a sus padres. Vilas es un cuerpo sucesivo que todo lo rebautiza. Para unos el medio es el mensaje, para &eacute;l lo es su apellido. Su imagen y su apellido son continuaciones de la escritura, o s&iacute;ntesis de la misma. Si Vilas cambiase de apellido, &iquest;variar&iacute;a el mensaje?, &iquest;&eacute;l mismo ser&iacute;a otro? &iquest;Abandonar&iacute;a temas y g&eacute;neros? Meterlo todo en la novela es s&iacute;ntoma de melancol&iacute;a. Vivimos tiempos de confusi&oacute;n. Cuando esto ocurre, la mirada se echa para atr&aacute;s como un animal acosado. Frans Francken II pint&oacute; no pocas estancias repletas de cuadros y estatuas. Persegu&iacute;a aglutinar el conocimiento. Todo el posible. Ah&iacute; est&aacute; el af&aacute;n. Se pueden llenar paredes con pinturas, libros o recuerdos. O con g&eacute;neros literarios. La acumulaci&oacute;n actual de formas literarias revela un af&aacute;n por encuadernar el universo. Para, alg&uacute;n d&iacute;a, ordenarlo. Hay quien ve en la prosa memorialista un ensimismamiento de las letras, particularmente si el autor juega a gustarse como hace Vilas. Decir que la gente bebe en su honor y que &eacute;l que ama su cuerpo, o establecer: &ldquo;Vilas, eres perfecto. El Ser, eso eres t&uacute;, y no la Nada&rdquo;, no es ensimismamiento. Es rebeli&oacute;n. Como cuando mienta a los negros. Pero, &iquest;y si hubiere ensimismamiento? Acord&eacute;monos de Paul Klee y su autorretrato as&iacute; llamado, <em>Ensimismamiento</em>, en el que una distorsi&oacute;n como de guitarra el&eacute;ctrica cruza, y orientaliza, sus ojos, como una venda, que yacen cerrados como pu&ntilde;os, plet&oacute;ricos de fuerza. Es un rostro reconcentrado. Como el de la poes&iacute;a. Un rostro en debate interno, en confrontaci&oacute;n &iacute;ntima: cuando Vilas declara su amor por s&iacute; mismo est&aacute; cerca de dos cosas: darse asco y tomar la Bastilla.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El existencialismo es consumismo&rdquo;</strong></p>
<p>Stanley Robinson dijo el otro d&iacute;a que el capitalismo &ndash;tema fundamental en Vilas- alcanz&oacute; su l&iacute;mite y que la tecnolog&iacute;a ayudar&aacute; a tomar decisiones de tipo econ&oacute;mico, como fijar impuestos, siempre que est&eacute; sometida, eso s&iacute;, a la ideolog&iacute;a. Tal vez a una ideolog&iacute;a nueva, no nacida. La tecnolog&iacute;a ayudar&aacute; a la pol&iacute;tica, no la sustituir&aacute;. Igual que la ciencia colaborativa necesita de las Humanidades para plantearse preguntas. Vilas se queda pensativo. &iquest;Necesitamos la filosof&iacute;a, la compasi&oacute;n e incluso la religi&oacute;n? Para &eacute;l, con no ser pobres hay bastante. La verdad tambi&eacute;n es la materia. Est&aacute; convencido de que los &uacute;nicos que no consumen son los muertos, equipara consumo y existencia. &ldquo;El existencialismo es consumismo&rdquo;, dice en <em>Am&eacute;rica</em>, un buen sitio para hacerlo, y dice que se encuentra &ldquo;mejor sin alma&rdquo;, aunque hay que poner la afirmaci&oacute;n en cuarentena porque sigue: &ldquo;Y sin despacho&rdquo;. Le parece que sobran mensajes filos&oacute;ficos en la pol&iacute;tica y falta gesti&oacute;n. Pero, &iquest;apelar a la gesti&oacute;n no es apelar a la tecnocracia? &ldquo;S&iacute;. Yo no digo que no hagan falta ideas, digo que no se aplican. Se quedan en la campa&ntilde;a electoral. Pues, al menos, que gestionen. Yo entiendo por gesti&oacute;n saber lo que vas a hacer para sacar adelante a tu pa&iacute;s. Bueno, a las clases media y baja. Las grandes fortunas -o, sin llegar a tanto, las familias que viven bien- salen adelante por s&iacute; mismas&rdquo;. La crisis laboral y la desindustrializaci&oacute;n trajeron a Trump. Lo sabe. Y teme que si los mandatarios incumplen su labor, y no act&uacute;an a favor de las rentas bajas, lleguen m&aacute;s pol&iacute;ticos que no son pol&iacute;ticos. Tipos que aparentan ayudar a las clases humildes, de pensamiento rural, y lo que hacen es apuntalar a las elites.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Si favoreces la prosperidad del que lo necesita, quien lee o le&iacute;a, podr&aacute; comprarse libros y tendremos un pa&iacute;s mejor&rdquo;</strong></p>
<p>Fue funcionario de ense&ntilde;anza media con Rodr&iacute;guez Zapatero, a quien llama &ldquo;rinoceronte rosa&rdquo; en <em>Setecientos millones</em>... Le culpa de no haber aprovechado para generar una identidad nacional de izquierdas capaz de frenar el patrioterismo. Y de bajar el cinco por ciento el sueldo a los profesores y meterles dos horas lectivas. Dinero y tiempo. No hay quien le saque de que el desarrollo econ&oacute;mico es la base. &ldquo;Con n&oacute;minas de ochocientos euros, es imposible que alguien se compre un libro. &iquest;Por qu&eacute; no mil quinientos? Ah, es imposible. Ya. La poblaci&oacute;n que viv&iacute;a razonablemente, se vio empobrecida con la crisis y renunci&oacute; al lujo del libro. Si favoreces la prosperidad del que lo necesita, quien lee o le&iacute;a, podr&aacute; comprarse libros y tendremos un pa&iacute;s mejor. Echo en falta esta elementalidad. Escucho discursos que no apelan a la prosperidad material. El objetivo deber&iacute;an ser Francia o Suiza&rdquo;. &iquest;Y disponer de m&aacute;s y mejores autos?</p>
<p>- &ldquo;La industria automovil&iacute;stica occidental oferta / a la clase baja alg&uacute;n modelo con sexta marcha / e incluso con aire acondicionado&rdquo;. Disquisiciones como &eacute;sta le llevan a tesis chocantes. &iquest;Es en Estados Unidos donde ha triunfado el comunismo?</p>
<p>- Son mis iron&iacute;as. La literatura, al menos la m&iacute;a, busca en la exageraci&oacute;n un lector reflexivo. Y atento. No quiero lectores tontos. Me mueve el &aacute;nimo de hacer pensar.</p>
<p>- &iquest;As&iacute; de <em>antiguo</em> es?</p>
<p>- As&iacute;.</p>
<p>- Muchos le tienen por lo contrario.</p>
<p>- Por superficial, s&iacute;.</p>
<p>- Reconozca que ha cultivado esa visi&oacute;n.</p>
<p>- Yo cultivo todo lo que puedo.</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo se puede cultivar una imagen distinta de la que se desea?</p>
<p>- Es parte del juego y de la reflexi&oacute;n. De todos modos, a la gente no hay que pon&eacute;rselo f&aacute;cil. La literatura no te habla como te habla el peri&oacute;dico. No me divierte que se equivoquen conmigo, tampoco me molesta.</p>
<p>- Le gusta provocar.</p>
<p>- Si formulas un discurso de tono bajo y de <em>car&aacute;cter normal</em> no te escucha nadie. Como no levantes la voz no te oyen. Hay que lograr el foco.</p>
<p>- Aun a riesgo de ser malinterpretado.</p>
<p>- Hay que correr riesgos, si luego el lector no quiere entender, qu&eacute; se va a hacer. El que m&aacute;s ha elegido malinterpretar mi poes&iacute;a no es el lector medio. Es el supuesto lector atento. Digo m&aacute;s: el poeta <em>profesional</em>. Y a ese hay que exigirle.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El origen gen&eacute;tico de la literatura es la exageraci&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;La hip&eacute;rbole es la reina?</p>
<p>- El origen gen&eacute;tico de la literatura es la exageraci&oacute;n. De hecho, sigue tendiendo a ella. Cuando hago afirmaciones, en efecto, chocantes &ndash;&ldquo;En Estados Unidos ha triunfado el comunismo&rdquo;-, lo que vengo a decir es que en aquel pa&iacute;s existe una riqueza econ&oacute;mica que repercute en la clase media &ndash;no en la baja, que est&aacute; desatendida, es cierto- de una manera m&aacute;s directa a como lo hizo en la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica. Tambi&eacute;n es verdad que eran otros tiempos. Tambi&eacute;n digo que la muerte es comunista, revolucionaria. No habiendo un pa&iacute;s perfecto, y pareci&eacute;ndome horroroso en muchos aspectos, Estados Unidos cuida con arraigo la prosperidad material. No s&eacute; si por su origen religioso, pero no se concibe la vida sin bienes materiales. Y eso hace que el pa&iacute;s progrese y acabe poseyendo las mejores universidades.</p>
<p>- No ocurre igual con los institutos: hace poco se manifestaron profesores reclamando mejoras.</p>
<p>- Igual ganan cuarenta o cincuenta mil d&oacute;lares.</p>
<p>- Y afrontan p&oacute;lizas y pagos que no entran en las coberturas. La capacidad adquisitiva no es tanta.</p>
<p>- Es verdad. All&iacute; la vida es gozosa mientras eres joven. En realidad, siempre que seas joven la vida merece la pena. Y Estados Unidos es jauja si est&aacute;s bien situado y eres joven, o sea, si no tienes problemas de salud. Yo no ser&iacute;a viejo all&iacute;, pero tampoco quiero discursos te&oacute;ricos aqu&iacute;. Quiero acci&oacute;n. Vengo de la miseria de los a&ntilde;os sesenta. Joder.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La gente con problemas me toca. Es as&iacute;&rdquo;</strong></p>
<p>Vilas siempre estudi&oacute; con beca. A su padre le fue mal en el trabajo. ten&iacute;a dificultades hasta para comprarle un cuaderno. &ldquo;La gente con problemas me toca. Es as&iacute;&rdquo;. No quiere que nadie sufra. La menci&oacute;n a la pobreza est&aacute; en casi todos sus libros. Casi parece un fetiche. Tiene varios temas: las marcas, los coches, Lou Reed, los hoteles, Espa&ntilde;a, Santa Teresa&hellip; pero la pobreza es El Tema. &ldquo;Yo siempre he sido pobre&rdquo;, r&iacute;e primero moderadamente y luego nervioso, como un loco. Se pueden contabilizar m&aacute;s de cuarenta p&aacute;ginas en <em>Ordesa</em> en las que habla de &eacute;l. Unas veces de manera indirecta &ndash;&ldquo;Mi GPS est&aacute; viejo. No quise actualizarlo porque costaba cincuenta euros (p. 36)&rdquo;, &ldquo;Nunca podr&eacute; ir al Prado a reencontrarme con mis tatarabuelos (p. 45)&rdquo;, &ldquo;El chubasquero era amarillo. La gente rica ten&iacute;a anoraks (117)&rdquo;, &ldquo;Comprad yogures de marca blanca, no saben igual que los Danone, pero son infinitamente m&aacute;s baratos. Me gusta comprar en el Dia. Todo es barato porque todo est&aacute; casi caducado&rdquo; (p. 222). Y, otras, de manera descarnada: &ldquo;Lo nuestro fue siempre el establo, la pobreza, el hedor, la alienaci&oacute;n, la enfermedad y la cat&aacute;strofe&rdquo; (p. 276), &ldquo;Esta Espa&ntilde;a de grandes hijosdeputa / enriquecidos / hasta la abominaci&oacute;n / (&hellip;) pobres como ratas t&uacute; y yo&rdquo; (p. 387). Dice que el reloj que lleva en la mano izquierda le cost&oacute; quince euros y la americana gris, diez. &ldquo;No s&eacute; c&oacute;mo explicarlo&rdquo;. Retiene el precio de las cosas porque le gusta la &eacute;pica de nuestro tiempo, &eacute;l es poeta, aunque cada vez menos. Se atrevi&oacute; a decir que el dinero es la poes&iacute;a de la historia. &ldquo;La poes&iacute;a es precisi&oacute;n, como el capitalismo&rdquo; (p. 162). Una vez entr&oacute; en una armer&iacute;a a comprar camisetas a cinco euros la unidad. &ldquo;S&iacute;. Soy Vilas&rdquo;.</p>
<p>- Hombre, en la poes&iacute;a reunida dice textualmente que con treinta y cinco ya no se consideraba pobre. &ldquo;Ten&iacute;a un buen trabajo, un buen coche, y ganaba una pasta razonable&rdquo;. &iquest;Por qu&eacute; insiste?</p>
<p>- Porque vengo de ah&iacute;. Cuando muri&oacute; mi madre, tuve que pagar el entierro. No hab&iacute;a dinero en casa.</p>
<p>Est&aacute; claro que ment&iacute;a. A los treinta y cinco dijo que abandon&oacute; la poes&iacute;a, y lleva siete t&iacute;tulos.</p>
<p>- &iquest;Ten&iacute;a dinero pero segu&iacute;a siendo pobre?</p>
<p>- Queda feo decirlo, pero se te queda cara de pobre.</p>
<p>Su padre era viajante y su madre, peluquera. Al casarse, dej&oacute; el trabajo. A&ntilde;os sesenta. Luego, a su padre le fue mal, muy mal, &ldquo;de llorar&rdquo;. Con la crisis del petr&oacute;leo, lleg&oacute; la debacle. Perdi&oacute; las representaciones. &ldquo;La dificultad asustaba. Es un miedo que llevo conmigo&rdquo;. Los episodios de los entierros los ha contado. En <em>El hundimiento</em> manda incluso a la madre un recado p&oacute;stumo: &ldquo;Ah, se me olvidaba: pod&iacute;as haber dejado algo / para pagar tu entierro, / no sabes lo mal que me va y lo pobre que soy&rdquo;. No hay mucha grandeza en record&aacute;rselo, pero &eacute;l dice que se lo recuerda a s&iacute; mismo, para no hac&eacute;rselo a sus hijos, y no pone en duda que carezca de la grandeza que le sobr&oacute; a su padre. &ldquo;Mis padres nunca se compraron nada. Nunca tuvieron nada&rdquo;. Y lo poco que hab&iacute;a, su madre se lo pul&iacute;a. Llega a decir que vivi&oacute; confundida, trastornada y presa del ego&iacute;smo.</p>
<p>En el t&oacute;tum actual de la poes&iacute;a se siente como pez fuera del agua. Raperos, youtubers, tuiteros&hellip; <em>poetuiteros</em>. Acudi&oacute; a un <em>festival</em> en El Corte Ingl&eacute;s. Vio el percal y se pir&oacute;. &ldquo;No pintaba nada. Acud&iacute; por mi editor&rdquo;. Le cuesta mojarse sobre si eso es o no poes&iacute;a porque conoce a algunos protagonistas. Si le aprietas, reacciona: &ldquo;La mayor&iacute;a, descaradamente, no tiene nada que ver con la poes&iacute;a&rdquo;. Inmediatamente, reconoce gestos &ldquo;emocionantes&rdquo;: hace unos meses, vino de Estados Unidos para una estancia corta y le propusieron impartir un curso de escritura creativa. Entre los alumnos estaba Marwan. &lsquo;&iquest;Pero t&uacute; qu&eacute; haces aqu&iacute;?, si vendes mucho m&aacute;s que yo&rsquo;. &ldquo;Percib&iacute; su deseo de mejorar y hacerse respetable&rdquo;.</p>
<p>Vilas hace otra cosa. &ldquo;Diametralmente opuesta&rdquo;, seg&uacute;n constataci&oacute;n objetiva. Si le toca leer tras uno de esos <em>poetas</em>, la gente se marcha. &ldquo;Me quedo solo. Pasan de m&iacute;. &iquest;Por qu&eacute;? Porque lo m&iacute;o y lo de ellos no tiene nada que ver. Ellos son internet, las redes sociales y una generaci&oacute;n, en general, poco exigente&rdquo;.</p>
<p>- Asisto al fen&oacute;meno con igual estupefacci&oacute;n.</p>
<p>-Dej&eacute;moslo claro: no es un movimiento po&eacute;tico. Es un movimiento sociol&oacute;gico. De hecho, no incide en la literatura. No hay literatura. Es un fen&oacute;meno social.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>Ordesa</em></strong><strong>, un fen&oacute;meno social</strong></p>
<p>- Su &uacute;ltimo libro es un fen&oacute;meno social.</p>
<p>- No puedo negarlo.</p>
<p>-&iquest;Qu&eacute; opina de que se recomiende en S&aacute;lvame?</p>
<p>-Se da la circunstancia de que hay un lector absolutamente literario que es Kiko Matamoros. Y es un prescriptor. Le gusta la literatura pura y dura. Nos ha hecho un favor a varios. No s&oacute;lo a m&iacute;. Ha hablado de Miguel &Aacute;ngel Hern&aacute;ndez, de Sergio del Molino, de Soto Ibars. Hace poco se refiri&oacute; en su cuenta de Twitter a <em>Filek</em>, de Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n. Es un se&ntilde;or que tiene gusto y, desde su tribuna, ayuda a la expansi&oacute;n y difusi&oacute;n del libro literario.</p>
<p>- &iquest;Entonces?</p>
<p>- Ning&uacute;n problema. Agradecimiento puro y duro.</p>
<p>- El hecho habla de una deriva a la superficialidad.</p>
<p>- S&iacute;, pero, &iquest;qu&eacute; vamos a hacer?, &iquest;se ocupan los Telediarios de los libros?</p>
<p>- En <em>Am&eacute;rica</em> dice que lo importante es la superficialidad, que la profundidad ha sido un prejuicio de las elites culturales occidentales.</p>
<p>- &iquest;Eso digo? [echa a re&iacute;r]&hellip; Bueno, tiene que ver con mis iron&iacute;as y con la <em>defensa</em> de la cultura popular americana y la manera de ser de aquel pueblo. Clint Eastwood, Elvis Presley, Bob Dylan, John Ford. Elementalidad y sencillez, y una iconograf&iacute;a contundente, de gesto legendario. Su atractivo ha colonizado el mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La convivencia de la alta cultura con la popular es una de las cosas m&aacute;s importantes que han sucedido en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Es compatible defender la superficialidad y leer a Kant o escuchar a Beethoven?</p>
<p>- Por supuesto. La convivencia de la alta cultura con la popular es una de las cosas m&aacute;s importantes que han sucedido en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo pasado. En los a&ntilde;os cincuenta era todav&iacute;a inimaginable. Ahora sabemos que un se&ntilde;or puede estar leyendo la <em>Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n pura</em> mientras escucha &lsquo;Satisfaction&rsquo;. No hay contradicci&oacute;n. Eso ha sido nuevo.</p>
<p>- Este a&ntilde;o public&oacute; un art&iacute;culo en el que estimaba que <em>Se&ntilde;ora de rojo sobre fondo gris</em> hab&iacute;a envejecido mal. Se reafirma en que el libro sigue siendo &ldquo;maravilloso&rdquo; pero que Delibes, de haberla escrito hoy, probablemente no hubiera inventado al narrador. &ldquo;No se habr&iacute;a escondido detr&aacute;s de un personaje, de un pintor&rdquo;. &iquest;El arte no acostumbra a poner distancia entre las cosas?, &iquest;a situar una gasa entre objeto y sujeto que difume y aumente el juego y la interpretaci&oacute;n?</p>
<p>- Ah, por supuesto. Depende de la historia. Cada una necesita un tratamiento. La de Delibes es tan brutal -la muerte de su mujer- que no hace falta inventar. Es un pudor que el lector no tiene. El lector permite que le hables directamente. No es insoportable. El problema moral es del autor&rdquo;. Ciertamente, lo hemos visto los &uacute;ltimos a&ntilde;os, y est&aacute; en Knausgard, el relato autobiogr&aacute;fico est&aacute; plenamente permitido. Se puede decir todo. &ldquo;En Espa&ntilde;a hab&iacute;a miedo a perder la estimaci&oacute;n social. Cuando cuentas la verdad de tu vida, te expones. Pero el miedo es m&aacute;s propio de sociedades no desarrolladas. En un Occidente democr&aacute;tico y con libertades avanzadas&hellip;</p>
<p>- Bueno, el Derecho sigue protegiendo especialmente la imagen, la intimidad y el honor, es decir, el buen nombre. Nadie <em>puede</em> lesionarlo. Otra cosa es que te lo lesiones t&uacute;.</p>
<p>- S&iacute;, s&iacute;. Efectivamente. Ah&iacute; tiene toda la raz&oacute;n. Lo que pasa es que Delibes hablaba de un muerto y en <em>Ordesa</em> yo hablo de muertos. Los muertos no tienen derecho a r&eacute;plica. No te van a poner una querella.</p>
<p>- &iquest;Y ah&iacute; acaba todo?</p>
<p>- Hay una cosa que me legitima: el amor. Si el discurso es conmocionado y de amor hacia tu padre y tu madre, &iquest;por qu&eacute; no va a haber legitimidad en traerlos a la vida p&uacute;blica?</p>
<p>- &iquest;Siempre lo tuvo claro?</p>
<p>- Tuve muchas dudas. El punto de vista moral me atenaz&oacute; y a punto estuve, no miento, de no publicarlo&hellip; Precisamente [baja la voz] por lo que acaba de decir. &iquest;Qu&eacute; me determin&oacute;?: la legitimidad del discurso amoroso. Al final, &iquest;qu&eacute; he hecho?: una manifestaci&oacute;n de amor hacia mi padre y mi madre. La exhibici&oacute;n de sus vidas est&aacute; justificada.</p>
<p>- &iquest;Y si hubiera habido rencor o, llanamente, incomprensi&oacute;n hacia ellos?</p>
<p>- No lo habr&iacute;a publicado. Igual lo hab&iacute;a escrito para aclararme. Nada m&aacute;s.</p>
<p>- Al respecto, si cada vez ponemos menos distancia con las cosas, el riesgo ser&aacute; caer en la autopsia, &iquest;no? La procacidad y la impudicia. Habr&aacute; que poner un l&iacute;mite a la hora de desnudarse.</p>
<p>- Totalmente de acuerdo. Para m&iacute; era muy importante determinar qu&eacute; se pod&iacute;a contar. Hay l&iacute;mites. No todo lo que te ocurre puedes contarlo. El lector no lo va a tolerar. Ni tu entorno.</p>
<p>- &iquest;Y usted mismo?</p>
<p>- Ni yo mismo. Escribiendo este libro me he dado cuenta de que hay muchas cosas que un ser humano jam&aacute;s podr&aacute; contar a otro ser humano. Lo cual, en el fondo, es bastante tr&aacute;gico. Cualquier ser humano que haya vivido unos cuantos a&ntilde;os y acumulado un n&uacute;mero de experiencias sabe que hay cosas de su vida que no se las podr&aacute; contar a nadie. Que incluso se las va a tener que acallar a s&iacute; mismo. Porque son inconfesables.</p>
<p>Confesi&oacute;n de Vilas.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 19 Nov 2018 06:05:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mira, en soledad frente al mar]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/mira-en-soledad-frente-al-mar/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2018/V_CTOR_MIRA.jpg" alt="" /></p>
<p>V&iacute;ctor Mira dibuj&oacute;, pint&oacute;, escribi&oacute;, hizo esculturas, objetos, cer&aacute;micas y fotograf&iacute;as, conoci&oacute; los secretos de la gr&aacute;fica, y viaj&oacute; para sobrevivir. Un poco como Michaux, cuyas reflexiones leo, al hilo de las de Mira, en la reciente edici&oacute;n de Chantal Maillard, <em>Henri Michaux. Escritos sobre pintura</em>. Comparte tanto Mira con Michaux. Sin duda, su deseo de experimentarse a s&iacute; mismo para vivir a fondo, como se&ntilde;ala Maillard, lo que otros s&oacute;lo pasan de refil&oacute;n. Tambi&eacute;n sus coqueteos iniciales con el surrealismo, en el caso de Michaux para estar vigilante frente al yo, consciente de que ese era el aut&eacute;ntico problema, el yo y el instinto, causantes de todos los descentramientos. Imagino que Mira tambi&eacute;n pudo intuirlo; as&iacute; al menos lo expres&oacute; en su obra desde bien temprano. Y como dice Maillard de Michaux, Mira fue un insumiso que dispuso marginarse, y hasta fugarse, con una obra destemplada.</p>
<p>"Al aumentar mi desarraigo me fui quedando cada vez m&aacute;s libre y cada vez m&aacute;s solo", anot&oacute; Mira en su libro <em>En Espa&ntilde;a no se puede dormir</em>. La <em>saudade</em>, escribe Alberto Ruiz de Samaniego, es la soledad. La soledad frente al mar. Una tristeza de soledad. En soledad frente al mar reposa V&iacute;ctor Mira. Fue su voluntad ser enterrado en el cementerio de Montju&iuml;c con vistas al mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El nacimiento de Mira </strong></p>
<p align="right">"Veamos: He conocido a mi pintura en un sue&ntilde;o. Al principio no me conoc&iacute;a, porque no sab&iacute;a quien era mira. Hicimos amistad, porque coincidimos en nuestros gustos, miraba mucho mi rostro que ahora empieza a divertir. Estamos en contra de todo, y despu&eacute;s de esta exposici&oacute;n diremos: paso a un nuevo mira".</p>
<p align="right">[Mira, texto para el cartel de su primera individual celebrada en la galer&iacute;a N'Art de Zaragoza, 1969]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En horario de ma&ntilde;ana y tarde V&iacute;ctor Mira trabajaba en Gora, un conocido bar de moda de Zaragoza. Siempre las mismas tareas: barrer, limpiar la cafetera, fregar platos, tazas y cucharillas, llenar el frigor&iacute;fico y atender a la clientela. Atento siempre a las conversaciones, la mayor&iacute;a sin inter&eacute;s. "641 caf&eacute;s. 212 caf&eacute;s con leche. 23 manzanillas. 140 chocolates. Todos los d&iacute;as".</p>
<p>El director de cine Alejo Lor&eacute;n, en su pr&oacute;logo al <em>Teatro completo</em> de V&iacute;ctor Mira, recuerda que le sentaba bien el uniforme de camarero, que se comportaba educadamente pero que era la persona menos apropiada para ese trabajo. Siempre fue artista: "Una de esas personas capaz de ver y sentir lo que otros no ven ni sienten. Le ocurr&iacute;a en todo. En un simple y amigable paseo de madrugada por las calles zaragozanas te hac&iacute;a percibir lo singular del recorte de los edificios en un cielo de mil matices -del rosa al azul-, al comienzo del d&iacute;a. Y &eacute;l, luego pintaba, con m&aacute;s arte que t&eacute;cnica, en unos cartones, unos cuadritos en los que su sensaci&oacute;n -y aquellos tonos que nadie m&aacute;s que &eacute;l ve&iacute;a- se transformaba en pintura". Nunca olvid&oacute; V&iacute;ctor Mira aquellos paseos: "No recuerdo haber vivido aquellos a&ntilde;os, sino haberlos sobrevivido. En el escenario aquel que en Zaragoza los chavales como yo pas&aacute;bamos las tardes colgados con <em>Alrededor del reloj, </em>de Pl&aacute;cido Serrano y por las noches con Radio Luxemburgo. Pocos chutes mejores hab&iacute;a que interrumpieran el &eacute;xtasis de aquellas m&uacute;sicas memorables, y uno de ellos era patearme Zaragoza en compa&ntilde;&iacute;a de Alejo Lor&eacute;n, interesado de veras en la fotograf&iacute;a antes que Mapplethorpe, y para el que yo pos&eacute; como una Patty Smith semidesnudo en la N. Z., Nueva Zaragoza, donde la efervescencia nos afectaba a todos. Otra era encontrarme con la pandilla del grupo Forma", escribi&oacute; en el texto "Artistas adolescentes que dir&iacute;a el irland&eacute;s" para el cat&aacute;logo de la exposici&oacute;n sobre el grupo Forma, en el Palacio de S&aacute;stago de Zaragoza, en 2002. En la desesperaci&oacute;n de aquel vac&iacute;o, de unas calles batidas por el viento, Mira pon&iacute;a "proa hacia la Galer&iacute;a N'Art, en la calle Manifestaci&oacute;n, a por ox&iacute;geno y probarme a m&iacute; mismo que quer&iacute;a ser artista. Naharro, el primer galerista que conoc&iacute;, era un hombre enamorado del arte, y enfermo de &eacute;l, de car&aacute;cter instintivo, que estallaba en crisis tremendas cada vez que su padre aparec&iacute;a por la galer&iacute;a para boicotear las inauguraciones. &Eacute;l quer&iacute;a redimir con el arte a todo el mundo y abr&iacute;a su galer&iacute;a incluso los domingos por la ma&ntilde;ana -algo ins&oacute;lito-, para as&iacute; aprovechar la salida de misa. A la puerta de la iglesia, que se encontraba justo enfrente de la galer&iacute;a, repart&iacute;a cat&aacute;logos e invitaba a ver sus exposiciones a todos los que lograba convencer" (Mira, "Zaragoza reflejada en el Ebro", <em>En Espa&ntilde;a no se puede dormir</em>, Barcelona, Galer&iacute;a Miguel Marcos, 2002, p. 90).</p>
<p>Entre el 5 y 15 de marzo de 1969, carteles de la exposici&oacute;n de V&iacute;ctor Mira en la galer&iacute;a N'Art ocuparon los escaparates de la ciudad y fueron distribuidos entre los feligreses de San Cayetano. Mira era asiduo de N'Art desde su inauguraci&oacute;n, en abril de 1968, por lo que no extra&ntilde;a que Mariano Naharro decidiera exponer su obra por vez primera. De Mira escribi&oacute; Naharro en aquel cartel que hac&iacute;a las veces de folleto, "es desconcertante, tiene fantas&iacute;a, es ingenuo, casi un ni&ntilde;o, pero tambi&eacute;n descubre lo macabro, el pensamiento sobre la descomposici&oacute;n anat&oacute;mica. Se necesitar&iacute;a un c&oacute;digo para descifrar sus sue&ntilde;os". A&uacute;n hubo m&aacute;s textos, de Ram&oacute;n Aur&iacute;a y de Jaime Compair&eacute;. E ins&oacute;lita fue la acogida en prensa de la primera individual de un artista tan joven. Alfonso Zapater le entrevist&oacute; en <em>Heraldo de Arag&oacute;n</em>, el 8 de febrero de 1969, casi un mes antes de la inauguraci&oacute;n. A pesar de haber nacido en Larache en 1949 y tras residir en A Coru&ntilde;a entre otras ciudades hasta el traslado familiar a Zaragoza, cuando Mira ten&iacute;a 12 o 15 a&ntilde;os, se le presenta como natural de Zaragoza. Como pintor s&oacute;lo utiliza su apellido por ser m&aacute;s corto -que acort&oacute; de Miragaya- y expresivo. Toda una invitaci&oacute;n a contemplar su obra actual que, seg&uacute;n dec&iacute;a Mira, superaba el primer surrealismo y estaba m&aacute;s pr&oacute;xima a la manera actual de los pintores americanos. Pinta sobre su pasado seg&uacute;n se encuentra, y considera que sus cuadros son sue&ntilde;os fantasmag&oacute;ricos, algunos realizados como si los hubiera hecho un ni&ntilde;o. El 5 de marzo, d&iacute;a de la inauguraci&oacute;n, el mismo diario informa que "el acontecimiento" ha sido anunciado como "El nacimiento de Mira" y adelanta que uno de los cuadros, <em>Borregos del arco iris </em>-o <em>Los corderos del arco iris</em>, como tambi&eacute;n aparece citado-, se acompa&ntilde;a de la m&uacute;sica de fondo consistente en balidos de ovejas. El 8 de marzo es Azpeitia, cr&iacute;tico de <em>Heraldo de Arag&oacute;n</em>, quien toma la palabra. Le gusta, siente ante las obras de Mira una sensaci&oacute;n de alegr&iacute;a y vitalidad aunque, pese a encontrar citas "pop", entiende que ha de liberarse de ciertas influencias dalinianas, entre otras, para encontrar un estilo propio. El 11 de marzo <em>El Noticiero</em> publica la rese&ntilde;a de Mart&iacute;nez Benavente, que reconoce los hallazgos considerables de Mira y las influencias de Dal&iacute; y El Bosco. Ser&aacute; la cr&oacute;nica de Argos en <em>Amanecer</em>, del 14 de marzo, la que se extienda con mayor detalle en la exposici&oacute;n, que le entusiasma, y con raz&oacute;n, frente a un panorama "aprisionado en rutinarios y cl&aacute;sicos conceptos". Vitalidad, fantas&iacute;a on&iacute;rica, im&aacute;genes desgarradas y hasta agresivas, alboroto diab&oacute;lico y surreal, negros y azules profundos en varias tonalidades, t&iacute;tulos enigm&aacute;ticos y, sin embargo, precisos: <em>Mont&eacute; en mi imaginaci&oacute;n y me vine</em> o <em>Desde dentro de tu Bida Mira</em>. Y la m&uacute;sica de fondo: "balidos de ovejas de graduaciones muy espec&iacute;ficas, ora suaves, ora angustiadas, como prolongando lamento que no terminase nunca".</p>
<p>El 1 de mayo de 1969 el diario <em>Amanecer</em> incluye el art&iacute;culo de Ram&oacute;n Cruz Cort&eacute;s "Sobre la desesperaci&oacute;n del que no consigue publicar" ilustrado con un dibujo de Mira. Escribe Cort&eacute;s que un muy buen amigo le hab&iacute;a sugerido el tema cont&aacute;ndole su experiencia en un peri&oacute;dico de la ciudad: "Callejeamos -es noche desnuda, sin quebranto de cami&oacute;n ni gato- y me habla as&iacute;: En mi ciudad, los &aacute;rboles est&aacute;n cubiertos de postillas y hay nubes de cloroformo. Los j&oacute;venes son canosos, andan con bastones y los viejos van te&ntilde;idos. All&aacute; en mi adolescencia, se me despert&oacute; a manotazos la vocaci&oacute;n literaria. Desde entonces he escrito mucho. Hace unos meses sent&iacute; la necesidad de ver publicado algo m&iacute;o en los peri&oacute;dicos. Escrib&iacute; unos art&iacute;culos y en un anochecer me encamin&eacute; hacia la redacci&oacute;n de un peri&oacute;dico muy popular en mi ciudad". Sigue el relato que acaba con el rechazo a la propuesta. &iquest;Es Mira el escritor que no consigue publicar? &iquest;Qu&eacute; ha sido de Ram&oacute;n Cruz Cort&eacute;s?</p>
<p>El enigm&aacute;tico Ram&oacute;n Cort&eacute;s, ya sin el Cruz, colabor&oacute; con V&iacute;ctor Mira en la instalaci&oacute;n de esculturas en los jardines del and&eacute;n central del paseo Calvo Sotelo, actual Gran V&iacute;a, en Zaragoza. Seg&uacute;n inform&oacute; <em>Heraldo de Arag&oacute;n </em>el 2 de mayo de 1969, "las esculturas nacieron durante la noche [...] Y se quedaron con su negrura al sol. Hasta que Cort&eacute;s y Mira se decidieron a romper el negro. [...] Los curiosos no tardaron en formar multitud. El pintor y el escritor, autores ambos de esta experiencia 'pop' dieron suelta a 200 globos con sus nombres. Unos nombres que, siquiera como simbolismo en esta cuesti&oacute;n, subieron altos, altos... Pasamos por all&iacute; y Mira nos pidi&oacute; parecer. Estas esculturas -opinamos- encierran la misma significaci&oacute;n que tu pintura. Y que mi literatura, sentenci&oacute; Cort&eacute;s. Ambos se salieron con la suya. Estuvieron presentes, con mayor proyecci&oacute;n que nunca, en el coraz&oacute;n de la ciudad. Fue a manera de despedida. Porque as&iacute;, a continuaci&oacute;n, viajar&aacute;n a Madrid para exponer sus cuadros y sus poemas". El viaje a Madrid se retrasar&iacute;a. Mientras tanto, Mira particip&oacute; con dos obras: la pintura <em>El globo</em> y la escultura<em> Las casas por las nubes</em>, en la exposici&oacute;n colectiva <em>Artistas felices de hoy</em> en la galer&iacute;a N'Art, celebrada entre el 27 de noviembre y el 17 de diciembre de 1969.</p>
<p>Alejo Lor&eacute;n se acordaba de aquella intervenci&oacute;n escult&oacute;rica de Mira, a quien consideraba creador m&aacute;s que pintor: "A V&iacute;ctor tambi&eacute;n le gustaba escribir e idear cosas nuevas, como lo que entonces se llamaban <em>happenings</em>. Hacer cosas como exponer unas esculturas de yeso y ca&ntilde;a en el jard&iacute;n central del paseo Fernando el Cat&oacute;lico; o, recuerdo tambi&eacute;n de forma imprecisa, haber escuchado de su boca, lo que hubiera consistido en guiarse por Zaragoza por medio de olores. No creo que se realizase esto &uacute;ltimo, pero V&iacute;ctor s&iacute; lo pens&oacute;, e incluso escribir&iacute;a en cuartillas c&oacute;mo desarrollar aquella actuaci&oacute;n art&iacute;stica de algo que tambi&eacute;n podr&iacute;a considerarse un acto po&eacute;tico".</p>
<p>Actos po&eacute;ticos que la mayor&iacute;a en la ciudad consideraron extravagancias de artista exc&eacute;ntrico que se quer&iacute;a solo y desarraigado.</p>
<p>"El trabajo fue, sin duda, la mejor forma de esperar, pues las cosas iban entrando en m&iacute; conforme esperaba y, de ese modo, mi activa espera me llevaba muy lejos.</p>
<p>En un principio anduve con un solo pie, no a la pata coja, sino con un solo pie, es decir, dejando el otro pie en casa. Una prudencia que imped&iacute;a que me alejara demasiado y me perdiese. Ello no evitaba, sin embargo, que, ocasionalmente me precipitara por alg&uacute;n barranco juvenil.</p>
<p>Lo intent&eacute; varias veces, la m&aacute;s seria de las cuales fue en Madrid. Pero tambi&eacute;n en Zaragoza, donde un d&iacute;a, con toda la desolaci&oacute;n de la necesidad, puse mi cabeza sobre los ra&iacute;les y esper&eacute;, todo envuelto en adioses, la llegada del tren.</p>
<p>Quien lleg&oacute;, en realidad, fue un hombre, que cogi&eacute;ndome por el cuello de la chaqueta, me levant&oacute; en peso y me deposit&oacute; a una cierta distancia de la v&iacute;a.</p>
<p>Escucha muchacho -me dijo aquel personaje a quien tras este incidente nunca m&aacute;s volv&iacute; a ver-, lo que ibas a hacer siempre podr&aacute;s hacerlo, pero a su debido tiempo. Primero has de luchar y, luego, si quieres, te suicidas" (Mira, "Cenizas", <em>En</em> <em>Espa&ntilde;a no se puede dormir</em>, <em>op. cit.</em>, p. 75).</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>La canci&oacute;n de los sin elegancia o Paisajes para gente dif&iacute;cil</strong></p>
<p align="right">"Hab&iacute;a desertado de Zaragoza y venido a Madrid en busca de compa&ntilde;&iacute;a para matar la soledad de aquella ciudad vac&iacute;a como una catedral. Y lleg&oacute; el tiempo de la espera y de lo desconocido, de lo que cada d&iacute;a se revelaba y me constitu&iacute;a. Tiempo de oscuridad, de miedo, de muerte y, sobre todo, de espera. Caminar como si fuera una liberaci&oacute;n, para&nbsp; no sentir el hecho de esperar. Caminar, y hasta correr, aunque estuviese claro que no hab&iacute;a lugar a donde llegar".</p>
<p align="right">[Mira, "Madrid, Estaci&oacute;n del Norte", <em>Humus</em>, Zaragoza, Diputaci&oacute;n de Zaragoza,1999, p. 15]</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p>Al poco de iniciarse la d&eacute;cada de los a&ntilde;os 70, V&iacute;ctor Mira se traslada a Madrid. Solo y desarraigado pasaba el tiempo encerrado en su taller o caminando por las calles de una ciudad que le era ajena. Emilio &Aacute;lvarez relat&oacute; tres encuentros con Mira en su texto para el cat&aacute;logo de la segunda individual de Mira en Zaragoza, en la sala de campzar, en 1984, quince a&ntilde;os desde su presentaci&oacute;n en N'Art. El primer encuentro de &Aacute;lvarez con Mira tuvo lugar en Madrid, en el oto&ntilde;o o el invierno de 1972, a propuesta de una amiga del artista que deseaba mostrarle sus pinturas. Mira le ofreci&oacute; una cajita con diapositivas de obras realizadas a partir de 1969 cuya visi&oacute;n a la luz de la cafeter&iacute;a, suscit&oacute; su atenci&oacute;n y entusiasmo. Y ah&iacute; qued&oacute; todo hasta que en 1973 visit&oacute; la primera individual de Mira en Madrid, en la galer&iacute;a Pol Verdi&eacute;, donde pudo ver cuadros de dos series: <em>Man&iacute;as del sexo</em>, que daba t&iacute;tulo a la exposici&oacute;n, y <em>Hombres mostaza</em>. No coincidieron hasta el a&ntilde;o siguiente, en un segundo encuentro fortuito y breve por la calle. Para entonces, seg&uacute;n cuenta &Aacute;lvarez, Mira era motivo de hostiles comentarios: por las cosas rar&iacute;simas que pintaba, por permanecer encerrado en un piso oscuro del que apenas sal&iacute;a, por sus extravagancias... El tercer encuentro sucedi&oacute; en junio de 1975, de modo fortuito tambi&eacute;n pero en aquella ocasi&oacute;n Mira le invit&oacute; a su estudio, en un piso alto de un edificio de oficinas casi a la entrada de la calle Recoletos. Durante su visita, Emilio &Aacute;lvarez, que lleg&oacute; a ser gestor y editor de la obra de Mira, vio pinturas que s&oacute;lo conoc&iacute;a a trav&eacute;s de diapositivas, junto a otras m&aacute;s recientes, algunas de las cuales hab&iacute;an sido expuestas en diferentes individuales, y la serie &uacute;ltima de los <em>Buoesbager</em>, que dominaban el taller de trabajo y vida.</p>
<p>A la exposici&oacute;n en la galer&iacute;a Pol Verdi&eacute;, sigui&oacute; en diciembre de 1973 la celebrada en la galer&iacute;a Novart de Madrid donde Mira present&oacute; <em>Paisajes para gente dif&iacute;cil</em>, una selecci&oacute;n de dibujos que se mostraron en la sala del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de C&oacute;rdoba, en febrero de 1974. La cr&iacute;tica le atendi&oacute;. Jos&eacute; de Castro Arines insisti&oacute; en la capacidad de Mira para expresar en su pintura mundos que son "entre lo fant&aacute;stico de las cosas y sue&ntilde;o, tan aparentemente simples y tan directos en su penetraci&oacute;n &iacute;ntima: tan vivos, tan inquietantes". En <em>Nuevo Diario</em> se destac&oacute; la visi&oacute;n inefable, tan personal, de profundo lirismo. Y en <em>Sun Iberian Daily</em> se le present&oacute; como pintor-poeta, art&iacute;fice de un universo extra&ntilde;o de fantas&iacute;a. Para Leopoldo Azancot, que escribi&oacute; en el cat&aacute;logo de la exposici&oacute;n de C&oacute;rdoba, no hab&iacute;a duda: "Nos encontramos ante una de las esperanzas ciertas de la pintura espa&ntilde;ola de hoy, ante uno de los indudables maestros de la pintura espa&ntilde;ola de ma&ntilde;ana". A Mira le gustaron las rese&ntilde;as, pues no dud&oacute; en incluirlas de modo reiterado en los cat&aacute;logos de sus exposiciones durante los a&ntilde;os siguientes.</p>
<p>De 1973 es el libro de Ana Mar&iacute;a Canales, <em>V&iacute;ctor Mira, eres mi pintor preferido</em> que B&iacute;ctor Mira, con B, ilustr&oacute; con sus dibujos. Durante la conversaci&oacute;n, Mira narra su trayectoria; seg&uacute;n la imagina. No menciona Larache, apenas el recuerdo infantil de cuando alguien le regal&oacute; una tabla para que hiciera un cuadro. Pint&oacute; un enano subido con ayuda de una escalera a un caballo, que no gust&oacute;. En Galicia quiso ser pescador. Fueron a&ntilde;os de continuos traslados y en cada sitio deseaba ser alguien distinto. Despu&eacute;s de pescador, jardinero, estudiante... Hu&iacute;da de casa... A la pregunta insistente de por qu&eacute; pinta, no hay una respuesta &uacute;nica. A veces firma sus cuadros con "B", por pas&aacute;rselo bien. Cuando se instal&oacute; en Zaragoza, la ciudad le pareci&oacute; "una enorme piedra donde yo iba a tener que vivir. Yo estaba acostumbrado a vivir de una forma h&uacute;meda y redondeada. Creo que fue aqu&iacute; donde empec&eacute; a so&ntilde;ar y tambi&eacute;n fue aqu&iacute; donde me di cuenta de que yo era V&iacute;ctor Mira. Esto me pareci&oacute; importante y lo practiqu&eacute;". Ana Mar&iacute;a Canales reflexiona: "V&iacute;ctor seguramente, bueno, lo m&aacute;s seguro, se suicidar&aacute; o morir&aacute; joven. &Eacute;l piensa eso y lo dice de vez en cuando. Cree que no tardar&aacute; en estar completamente loco"; y Mira le cuenta: "Ayer he inventado una nueva postura para ir al v&aacute;ter, se trata de una cuchara".</p>
<p>En marzo de 1974, la Galer&iacute;a Internacional de Arte de Madrid present&oacute; la colectiva <em>En torno a Marisol (un ejemplo). Cuasante, Marco, Mira, Paniagua</em>, artistas del grupo Tropos, ligado a la revista <em>Tropos</em>. De Mira, escribi&oacute; V&iacute;ctor Zalbidea: "es en cualquiera de sus manifestaciones, un iconoclasta. Ha conseguido una rara habilidad para expresar en forma convincente cuanto se le antoje. Sus obras respiran una libertad b&aacute;sica en todos su planteamientos". Especialmente interesante es la aportaci&oacute;n de Jos&eacute; Luis Castillejo, quien en su texto "&iexcl;S&aacute;lvese quien pueda!" hizo una reflexi&oacute;n sobre el "boom" art&iacute;stico de Madrid tras el que, en su opini&oacute;n, se escond&iacute;a un vac&iacute;o desolador consecuencia de diferentes causas, entre ellas: confusi&oacute;n e ignorancia generalizada; lo mal que se asimila lo extranjero; y la despolitizaci&oacute;n o pseudopolitizaci&oacute;n que conduce a un arte sin fundamento te&oacute;rico y sin pr&aacute;ctica social seria. No cab&iacute;a, por tanto, sino desear suerte a los artistas presentes en la exposici&oacute;n que, con poco en com&uacute;n, "aspiran a tener algo que pueda resultar importante: intentar presentarse y actuar con cierta independencia del ambiente floreciente que les rodea. Esto parece poco, pero ya es algo, tal como est&aacute;n las cosas. En el &iexcl;S&aacute;lvese quien pueda! de la escena local, de la que la historia dejar&aacute; poco o ning&uacute;n rastro, estos j&oacute;venes artistas intentan un distanciamiento de la seductora opresi&oacute;n del medio, opresi&oacute;n que en las infraestructuras es tenebrosa pero en las superestructuras del arte se presenta rodeada de belleza, chic y juventud". Pienso ahora en la posible relaci&oacute;n con Castillejo y la incorporaci&oacute;n de textos en las pinturas que Mira realiz&oacute; en torno a 1976, as&iacute; como en los ejercicios de escritura experimental que edit&oacute; en su libro <em>Im Buchstaben liegt das Feuer</em> (1981).</p>
<p>Al mes siguiente, en abril de 1974, la Galer&iacute;a de Luis en Madrid expuso <em>B&iacute;ctor Mira. Obra de 1972-73-74</em>. Ranas, centenares de ranas, cerditos -de los que Castillejo dijo: "Existe un enfrentamiento muy fuerte entre el volumen y el <em>&agrave;pl&aacute;</em> (el <em>&agrave;pl&aacute;</em> es la pintura plana)", y Zalbidea: "El m&aacute;ximo de la contradicci&oacute;n posible es hacer plana la piel de un cerdo, pues nada hay m&aacute;s voluminoso que un cerdo, sin duda"-; boogie-boogie de gallos y gallinas se pegaron a los lienzos de Mira.</p>
<p>La Galer&iacute;a de Luis public&oacute; en 1976 el cat&aacute;logo <em>75/76</em> que atend&iacute;a, entre otros contenidos, a las trayectorias de artistas a quienes representaba. V&iacute;ctor Mira env&iacute;o su curr&iacute;culum.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>"V&iacute;ctor Mira. Nacido al libre albedr&iacute;o en 1949; fallecido en 1972.</p>
<p>1949. &Eacute;poca creo de mi nacimiento, cumpl&iacute; los 24 a&ntilde;os antes de cumplir los 21.</p>
<p>1950. Silencio.</p>
<p>1951-1959. Quietud.</p>
<p>1959-1967. Primera &eacute;poca celeste.</p>
<p>1968-1967. Infinita quebrada y de dolor.</p>
<p>1973. Alcoh&oacute;lico, melanc&oacute;lico, retrasado mental, nocturno, rico en humedad en la cabeza, tengo fuertes inclinaciones hacia lo autosuicida, cumplo cuando quiero a&ntilde;os, me parezco lo m&aacute;s que puedo a una vaca, etc., etc., tambi&eacute;n comestible.</p>
<p>1972. No presente.</p>
<p>1974. Ausente.</p>
<p>1975. Lejano.</p>
<p>1976. Dormido.</p>
<p>1978. Fallezco.</p>
<p>1972. Otra vez fallezco.</p>
<p>1973. Aqu&iacute; desespero.</p>
<p>1974. &Eacute;poca de los asaltos, locuras, alucinaciones, vertical, horizontal, curvo, est&aacute;tico, din&aacute;mico, intermitente, amante tres veces de la misma mujer.</p>
<p>1975. &Eacute;poca dedicada a mi coraz&oacute;n.</p>
<p>1956-1970. &Eacute;poca dedicada a mis amigos. Nebulosas, vivo, persisto, insisto, amamantado por una virgen.</p>
<p>1900. Tal. Nacen mis hijos, doy a luz a mi padre, a mi madre y a unA silla.</p>
<p>&Eacute;poca de equivocaciones.</p>
<p>&Eacute;poca de los dem&aacute;s.</p>
<p>1949. Dedicado a los esfuerzos.</p>
<p>1955. Abierto.</p>
<p>1956. Conozco a la persona que m&aacute;s me influye en mi vida. Un H&eacute;roe de cuarenta a&ntilde;os, capit&aacute;n piloto de la haviaci&oacute;n submarina, es un ser desgarrador, enloqueci&oacute; en 1900 por haber matado a tres ni&ntilde;os de un pedo.</p>
<p>1963. Paseos diarios con V. Vangogh, silenciosos los dos caminamos entrelazados, &eacute;l...</p>
<p>1974. Tengo manos.</p>
<p>1959-19etc. Gano, trabajo, alimento a los cereales, dibujo, pinto, escribo novelas, aplaudo, bailo, ando, vivo, vovi, dibujo, hago cuadros, ando a gatas, vuelo, en 1966 me hago tartamudo, crezco, engordo, sonr&iacute;o, lluevo, hago sol, como carro&ntilde;a, adelgazo, me hago maravilloso, me hago bell&iacute;simo, levito, fantasmal, incre&iacute;ble, oculto, inaccesible, ible de ible.</p>
<p>Levito.</p>
<p>Pinto, dibujo, me ahumo, mis ojos en algunos lugares ven m&aacute;s de lo que yo quisiera ver, la humedad me provoca y me quiebra con delicadeza.</p>
<p>V&iacute;ctor Mira, 29 de julio de 1975, en la luna".</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>"&iexcl;S&iacute;, este es V&iacute;ctor Mira, as&iacute;!", confirm&oacute; Paloma de Luis, directora de la galer&iacute;a: "Ama la vida, ama las cosas, ama su obra, se ama a s&iacute; mismo, no hay ninguna diferencia entre su obra y &eacute;l, entre &eacute;l y su obra, no es por lo que dice anteriormente, es por lo que yo conozco de &eacute;l". Lo conoci&oacute;, escribe, en casa del pintor aragon&eacute;s Manuel Viola en R&iacute;os Rosas a quien iba a visitar y se encontr&oacute; con Mira, sentado en el suelo de una habitaci&oacute;n peque&ntilde;a, con una cama cubierta con colcha escocesa y cuatro muebles m&aacute;s. All&iacute; estaba Mira, ense&ntilde;ando a Viola una hogaza de pan y una botella de vino de Arag&oacute;n que hab&iacute;a comprado en el Rastro. "&iexcl;jo! Es maravilloso, ayer levit&eacute;, estaba en la cama y de repente empec&eacute; a elevarme". Viola les cont&oacute; que en Brasil unos brujos le hab&iacute;an curado sus jaquecas y Mira jaleaba,"&iexcl;Jo! &iexcl;Maestro!". Paloma de Luis volvi&oacute; a ver a Mira en la exposici&oacute;n de Barbieri en Juana Mord&oacute; que inclu&iacute;a una demostraci&oacute;n de sonido con sus esculturas m&oacute;viles, a oscuras. De repente, comenzaron a escucharse: aspiraci&oacute;n, expulsi&oacute;n, meditaci&oacute;n, reptar... y pens&oacute;, como todos los asistentes, que formaba parte del montaje hasta que alguien lleg&oacute; a sus pies: era V&iacute;ctor Mira, a quien nadie hab&iacute;a invitado y menos a&uacute;n solicitado su colaboraci&oacute;n. Juana Mord&oacute;, asustada, le suplic&oacute; que se fuera pero Mira continuaba inm&oacute;vil en el suelo exclamando de vez en cuando: "&iexcl;jo!" hasta que Paloma de Luis pudo convencerle; ya sab&iacute;a de sus impulsos que le hac&iacute;an subirse a los &aacute;rboles del Retiro y de vez en cuando decir "&iexcl;Cuc&uacute;!". Pas&oacute; el tiempo, y Mira acudi&oacute; a su galer&iacute;a para ense&ntilde;arle los dibujos que presentar&iacute;a en la exposici&oacute;n ya mencionada, en abril de 1974. Puso como condici&oacute;n que su nombre apareciera escrito con "B" y alterar las normas gramaticales en los t&iacute;tulos de sus obras; necesitaba sentirse libre.</p>
<p>Siguen las exposiciones. En marzo de 1975 la galer&iacute;a La Firma en Riva del Grada, Trento, expone la serie de <em>Mujeres cant&aacute;bricas</em>. Al a&ntilde;o siguiente, la galer&iacute;a Juan Mas de Madrid presenta pinturas del ciclo <em>Buoesbager</em>. Y en 1977, la galer&iacute;a Propac de Madrid una selecci&oacute;n de obras que Mira realiz&oacute; entre 1972 y 1977. Se cerraba una etapa. Urg&iacute;a salir de Madrid.</p>
<p>En soledad y despreciado, Mira pint&oacute; paisajes vac&iacute;os, s&oacute;lo habitados por extra&ntilde;as figuras e inquietantes objetos, de simbolismo complejo, que aparecen inmersos en lo que pudieran ser rituales de iniciaci&oacute;n. En ocasiones, caballos y unicornios participan de duelos sexuales que no esconden sus pretensiones m&aacute;s salvajes; en otras, los animales viven su apareamiento, gozan de los m&uacute;ltiples &oacute;rganos sexuales, o se re&uacute;nen junto a los &aacute;rboles de la ciencia y de la vida en el jard&iacute;n del Ed&eacute;n, lugar en el que se iba a determinar la condici&oacute;n mortal del hombre, su aspiraci&oacute;n a la dignidad del monstruo y su incapacidad para soportar la dicha. Lejos del Para&iacute;so, las moscas indican los puntos de poder ascensional en lo inferior del pez; y el gallo, emblema de la vigilancia y alegor&iacute;a de la resurrecci&oacute;n, se representa despatarrado sobre la mesa, mientras que las mujeres cant&aacute;bricas disfrutan de un d&iacute;a de playa y la estirpe miraniana ocupa perpleja paisajes herm&eacute;ticos que inusitadamente operan una suerte de metamorfosis surreal que todo lo enreda. Caballos, unicornios, peces, ranas, gallos, cabras, moscas, cerdos, vacas, serpientes, mariposas, maniqu&iacute;es, caballos exhibicionistas... componen la procesi&oacute;n alucinante y alucinada de figuras que habitan las encrucijadas del viaje emprendido por Mira. A &uacute;ltima hora, el lenguaje &aacute;vido de signos, s&iacute;mbolos, alegor&iacute;as y emblemas es sustituido por la radicalidad del expresionismo m&aacute;s tr&aacute;gico, hosco y perturbador de las figuras espectrales de ojos desorbitados que asoman en sus obras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;"><strong>Cruel&iacute;simo mir&oacute;n</strong></p>
<p align="right">"Cruel mir&oacute;n de ojos h&uacute;medos,</p>
<p align="right">fijo como una serpiente,</p>
<p align="right">en tu oscuridad miras</p>
<p align="right">mi amor y mi vida agitarse.</p>
<p align="right">Mir&oacute;n que persigues,</p>
<p align="right">arrastrando tu tiniebla.</p>
<p align="right">Mir&oacute;n que me condenas</p>
<p align="right">a soportar tu amistad.</p>
<p align="right">Desde tu oculta est&aacute;tica,</p>
<p align="right">haces de mis desdichas un espect&aacute;culo".</p>
<p align="right">&nbsp;[Mira, versos del poema "Cruel&iacute;simo mir&oacute;n", en <em>Situaci&oacute;n en Barcelona 1977-78</em>, Barcelona, 1982]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De Madrid a Barcelona. Parada breve en Zaragoza. Y alg&uacute;n viaje corto y revelador a Alemania. Las horas transcurren para Mira encerrado en su taller, un piso diminuto en la Gran V&iacute;a de Les Corts Catalanes, donde vive con lo imprescindible, que es apenas nada.</p>
<p>"En mi taller, la ventana por la que entra cada atardecer la luz rojiza que golpea con fuerza el suelo es el altar donde contemplo el desmoronamiento de las ideas y cuando me asomo al balc&oacute;n veo caer el polvo sobre las quietas casas catalanas que, como botellas de un cuadro de Morandi, prolongan en el tiempo lo que alg&uacute;n d&iacute;a fue presente. As&iacute;, Barcelona me parece la m&aacute;s grande de las naturalezas muertas, la mesa donde se contempla el lento discurrir del tiempo. Mi desdicha en Barcelona fue grande y, por no tener nada, me agarr&eacute; a mi tragedia, a la que sonre&iacute;, alej&aacute;ndome cada vez m&aacute;s de las minor&iacute;as cultas. Mezclado con la multitud an&oacute;nima del barrio chino, me sent&iacute;a pobre pero capaz de pensar. Me hund&iacute; en el fango de aquellas calles y dej&eacute; de pensar para s&oacute;lo sentir, olvidar, no recordar" (Mira, "En Espa&ntilde;a no se puede dormir", <em>En Espa&ntilde;a no se puede dormir</em>, <em>op. cit.</em>, p. 13).</p>
<p>Expone de nuevo en la galer&iacute;a La Firma, en 1978, y en 1979 lo hace en la galer&iacute;as Egam de Madrid y en Tanit de M&uacute;nich. Ese a&ntilde;o publica su primer libro de poemas: <em>El bienestar de los demonios. Poemas 1972-1977</em> (Madrid, Emilio &Aacute;lvarez, 1979). Y atiende a Georges Staempfli, en cuya galer&iacute;a de Nueva York expondr&aacute; en 1980, antes de realizar su primera individual en Barcelona, en la galer&iacute;a Artema, donde present&oacute; el ciclo <em>Interiores catalanes con tomate</em>. Fue un a&ntilde;o especialmente fruct&iacute;fero: adem&aacute;s de la reflexi&oacute;n pl&aacute;stica sobre la acuarela de Paul Klee, <em>La m&aacute;quina del gorjeo</em> (1922), que expuso en la galer&iacute;a Thomas de M&uacute;nich en 1983, Mira se centr&oacute; en el proyecto gr&aacute;fico <em>Cien im&aacute;genes de &Aacute;frica</em>, que le ocupar&iacute;a hasta 1990. Su atracci&oacute;n por los or&iacute;genes ven&iacute;a de lejos; dir&iacute;a que desde sus obras m&aacute;s tempranas, y continu&oacute; hasta las &uacute;ltimas. Y no obstante, fue durante aquel periodo de diez a&ntilde;os cuando encontr&oacute; en las pinturas rupestres las voces que daban una posible respuesta a la crisis del arte que, desde hac&iacute;a tiempo ya, se hab&iacute;a mostrado incapacitado para restablecer la confianza del hombre en la naturaleza.</p>
<p>Al cobijo de los montes protectores de Juslibol, a las afueras de Zaragoza, sigui&oacute; el encierro de Mira en su taller de Madrid donde pint&oacute; paisajes iluminados con luz artificial que organiz&oacute; en series, y la luz se apag&oacute; en Barcelona. Le salv&oacute; la acuarela <em>La m&aacute;quina del gorjeo </em>de Paul Klee, a cuyos consejos atendi&oacute;: no hay que tener la imagen final en el momento de ponerse a pintar, pues la pintura es la que dice c&oacute;mo y por d&oacute;nde continuar. Tan entusiasta de Klee como Mira, Baumeister se hab&iacute;a interesado por las pinturas parietales neol&iacute;ticas del Levante espa&ntilde;ol desde fines de la segunda d&eacute;cada del siglo XX. En 1936, Baumeister escribi&oacute; a Westerdahl sobre sus &uacute;ltimas obras que, lejos de ser bellas composiciones, buscaban expresar la fuerza primigenia del modo m&aacute;s directo, como en la pintura de las cavernas, y no dando un rodeo por los medios expresivos que ya hab&iacute;a experimentado. De modo que, cabe pensar, Mira no hab&iacute;a hecho otra cosa que dar rodeos; urg&iacute;a entonces hacer visibles las sombras en el silencio de la noche seca del mediod&iacute;a.</p>
<p>"Desde muy pronto me pareci&oacute; sobrecogedor ese momento en que todo queda frenado en el tiempo y la vida, atemorizada, se oculta bajo las piedras encendidas. En el silencio del mediod&iacute;a todo calla, los hombres duermen la mediamuerte de la siesta, los animales se arrastran sedientos hacia las sombras y hasta el mismo aire, quiet&iacute;simo, se para espeso. Me daban miedo esas horas en las que reina el sol -padre asesino- que, por matar, mata hasta la penumbra, me daba miedo su muerte sin compromiso. Prefer&iacute;a la noche instintiva de la luna, su noche llena de saliva, a esa otra noche seca del mediod&iacute;a" (Mira, "Zaragoza a la vanguardia del dolor. La mediamuerte del mediod&iacute;a", en <em>Espa&ntilde;a no se puede dormir</em>, <em>op. cit.</em>, pp. 17 y 18).</p>
<p>Las sombras del mediod&iacute;a fueron apareciendo en las im&aacute;genes de <em>&Aacute;frica</em>, filtr&aacute;ndose entre las l&aacute;minas de hombres que saltan, corren, brincan y bailan, chamanes, guerreros y arqueros, y mujeres en espera, y diosas, y esp&iacute;ritus, y todo un mundo bullicioso de animales: ciervos, avestruces, p&aacute;jaros, mand&iacute;bulas de perros ladradores, caracoles y murci&eacute;lagos. Las sombras del mediod&iacute;a dibujaron las l&iacute;neas fronterizas de las figuras de la suite gr&aacute;fica <em>Mediod&iacute;a</em>, pintaron la negrura de la <em>Media muerte</em> y provocaron el desmoronamiento corporal de las fantasmag&oacute;ricas figuras que, en un avanzado estado de licuefacci&oacute;n, pasaron a ser primero <em>Hombres de hilatura</em>, luego <em>Hombres-Hilatura</em> y, finalmente, <em>Hilaturas</em>. Y en las horas del mediod&iacute;a los cuerpos distorsionados de las <em>Pinturas de la noche</em> alargan sus sombras apenas iluminadas con velas y luces nocturnas. En su libro <em>La preferencia por lo primitivo</em>, E. H. Gombrich recuerda las conferencias que pronunci&oacute; en los a&ntilde;os cincuenta, con el &aacute;nimo de explorar el rechazo de la perfecci&oacute;n a la que se dec&iacute;a aspiraba el arte. En "El arte y la flecha del tiempo", llam&oacute; la atenci&oacute;n sobre los efectos retroactivos de las innovaciones art&iacute;sticas. El t&iacute;tulo de aquella charla es muy similar al de la carpeta de Mira, <em>El tiempo es una flecha parada en el aire</em>, que comparte con la de <em>Im&aacute;genes de esp&iacute;ritus de ciervos</em>, el dejarse arrastrar por lo Imaginario, disfrutando del trazado f&eacute;rtil de una l&iacute;nea esquem&aacute;tica que perfila los contornos de animales m&aacute;gicos, esp&iacute;ritus primigenios, a salvo de cazadores reunidos en asambleas. En los mismos a&ntilde;os que Gombrich daba sus conferencias, la arque&oacute;loga Annette Laming-Emperaire estudiaba el arte rupestre paleol&iacute;tico contrariando las explicaciones hasta entonces aceptadas sobre los rituales m&aacute;gicos de cacer&iacute;a, de fertilidad y de totemismo. En su opini&oacute;n, no pod&iacute;a determinarse el significado de las pinturas; podr&iacute;a ser m&iacute;tico, metaf&iacute;sico o religioso, o todo a un tiempo sin que las distinciones que introducimos entre esos modos de pensar posean gran relevancia y todas puedan aplicarse a los albores del pensamiento humano. Es evidente que la atracci&oacute;n de Mira por los or&iacute;genes no pretend&iacute;a desentra&ntilde;ar cient&iacute;ficamente los secretos de ese primer "Tratado de la Naturaleza"; tampoco fue ese el prop&oacute;sito de artistas que sintieron fascinaci&oacute;n por las manifestaciones del arte prehist&oacute;rico desde que se dieran a conocer a fines del siglo XIX. Les atra&iacute;a la enorme plasticidad de las pinturas y les seduc&iacute;a la ficci&oacute;n de la prehistoria que propuso el abate Breuil, cuyas teor&iacute;as invalid&oacute; Laming-Emperaire. Hemos de considerar adem&aacute;s, que la mayor&iacute;a no visitaron las cuevas, s&oacute;lo ten&iacute;an que consultar los numerosos repertorios iconogr&aacute;ficos o las revistas de arte tan influyentes como <em>Cahiers d'Art</em> o <em>Documents</em>. Cambi&oacute; el enfoque, claro. Si el inter&eacute;s de los cubistas era de car&aacute;cter formal, el de los surrealistas fue penetrar en el pensamiento m&iacute;tico, el de los expresionistas del grupo <em>Der Blauer Reiter</em> tuvo un componente espiritual, y el de Bataille indagar en el origen del erotismo y su estrecha vinculaci&oacute;n con la muerte. Dubuffet crey&oacute; en los valores del salvajismo: la pasi&oacute;n, el capricho, la violencia y el delirio. En Espa&ntilde;a, la Escuela de Vallecas y la de Altamira se confiaron a la energ&iacute;a espiritual y m&aacute;gica de las expresiones primigenias. Y Mira, en el arranque de los a&ntilde;os ochenta del siglo XX, regres&oacute; al origen, para enfrentar convenciones, denunciar la ruptura del hombre contempor&aacute;neo con la naturaleza, invocar el lenguaje de los s&iacute;mbolos, dar expresi&oacute;n a sus pulsiones primitivas que, intuy&oacute;, le permitir&iacute;an sumergirse en lo m&aacute;s profundo del inconsciente individual, y atender a la eficacia m&iacute;tica, metaf&iacute;sica y pl&aacute;stica de las manifestaciones prehist&oacute;ricas, desde una posici&oacute;n expresiva, visionaria y trasgresora: fuente inagotable de hallazgos que continuamente remit&iacute;an a nuevas b&uacute;squedas. Y estar al d&iacute;a, compartiendo el discurso de los "nuevos salvajes" alemanes.</p>
<p>En torno a 1984, Mira realiz&oacute; ocho xilograf&iacute;as de perturbadoras cabezas vueltas del rev&eacute;s, con ojos y bocas grotescas y distorsionadas. <em>Caps</em> las llam&oacute;. Las mismas cabezas cuyo peso han de sujetar los caminantes son&aacute;mbulos en un paisaje de mediod&iacute;a. Hijos de Saturno.</p>
<p>A las exposiciones mencionadas siguieron las celebradas en la galer&iacute;a Dobloug de Oslo, en 1981. "Acuso a los artistas de mi generaci&oacute;n de seudo-extravagantes y falsos subversivos y de tener en realidad una gran dosis de buena educaci&oacute;n", escribi&oacute; en el texto del cat&aacute;logo. La galer&iacute;a Tanit de M&uacute;nich present&oacute; en 1982 obras de las series <em>Pinturas de la noche</em>, <em>Mediod&iacute;a</em>, <em>Iluminados</em>, <em>Cultura del arco</em>, <em>Hier Afrika</em>... Al a&ntilde;o siguiente destacan tres importantes individuales en Europa: en las galer&iacute;as Lang de Viena, y en Thomas y Fred Jahn de M&uacute;nich; y el viaje a Estados Unidos con motivo de su exposici&oacute;n, en diciembre de 1983, en el Meadows Museum de la Southern Methodist University de Dallas que hac&iacute;a un a&ntilde;o hab&iacute;a presentado la obra de Goya. Durante su residencia de varios meses en Nueva York, Mira expuso una selecci&oacute;n de obra sobre papel en The Hastings Gallery-The Spanish Institute. A su regreso a Europa, mostr&oacute; la suite gr&aacute;fica <em>El tiempo es una flecha parada en el aire</em> en la galer&iacute;a Printshop de &Aacute;msterdam, en cuyos talleres la hab&iacute;a realizado. El a&ntilde;o acab&oacute; con la retrospectiva de su obra en la sede de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Zaragoza, Arag&oacute;n y Rioja, su segunda individual en Zaragoza despu&eacute;s de quince a&ntilde;os. "Pinta la evidencia de lo ins&oacute;lito". "Pinta con puntos y comas, y con la inmensa piedad de no contar con ella". Escribi&oacute; el poeta-pintor Antonio Fern&aacute;ndez Molina del pintor-poeta V&iacute;ctor Mira.</p>
<p>De regreso de sus viajes a Barcelona, Mira permanec&iacute;a encerrado en su taller, abandonado a la soledad y el silencio, convertido en un hombre sin atributos, consciente del vac&iacute;o que le precipitaba a un naufragio infinito. Pudo ser entonces cuando decidi&oacute; pintar aquel vac&iacute;o; lo imagin&oacute; como un paisaje des&eacute;rtico de grave intensidad, generador de im&aacute;genes ilusorias de formas abandonadas, faltas de corporeidad, arrebujadas sobre s&iacute; mismas hasta quedar reducidas a fantasmas, visiones desmaterializadas, jirones despedazados de carnes fl&aacute;cidas y perfiles transparentes, apesadumbradas, olvidadas. Mira repiti&oacute; una y otra vez, como en &eacute;l era habitual, esa l&uacute;cida escenograf&iacute;a y si lo hizo, as&iacute; lo dej&oacute; escrito, fue por el cansancio que le produc&iacute;a, nunca por un intento de alcanzar las perfecci&oacute;n. De ese modo fueron surgiendo de sus manos "en edificante procesi&oacute;n" y "soledad fruct&iacute;fera" las enigm&aacute;ticas <em>Hilaturas</em>, envueltas en silencio, en medio del tedio y de la incertidumbre. La urgencia, quiz&aacute;s innecesaria, por saber sobre estas <em>Hilaturas</em>, incita a pensar genealog&iacute;as visuales. A la imagen radiante de licuefacci&oacute;n y solidificaci&oacute;n de Beuys se une la de las estructuras blandas de Dal&iacute;, tambi&eacute;n las visiones desmaterializadas de El Greco, o la concepci&oacute;n fantasmal que de la materia tuvo Gaud&iacute;, junto a las playas mentales, como llam&oacute; Jos&eacute; Pierre a los vac&iacute;os de Tanguy que tanto influyeron en Dal&iacute;, muy atento tambi&eacute;n a Picasso, Arp, Ernst, Masson, Mir&oacute;, Brancusi o De Chirico. Y El Bosco. La obra de Dal&iacute; los re&uacute;ne a todos al apropiarse de determinados elementos previos a la constituci&oacute;n y descomposici&oacute;n de las formas blandas, estructuras que mayor afinidad tienen con las im&aacute;genes de la serie <em>Hilaturas</em>. Juan Jos&eacute; Lahuerta ha escrito que Dal&iacute; parec&iacute;a estar condenado al sufriente placer de ver c&oacute;mo la materia m&aacute;s dura se licua en sus manos, se pierde entre sus dedos: materia putrefacta como castigo a los pecados que siguen a la tentaci&oacute;n. Recordar&aacute; Dal&iacute; que amor y "putrefactio", deseo y descomposici&oacute;n de la carne van unidos. Deseo y contemplaci&oacute;n de la muerte, deseo y postrimer&iacute;as. Mira escribi&oacute;: "Al principio fue s&oacute;lo mi mano la que quiso trabajar, porque en esa necesidad no la sigui&oacute; el resto de m&iacute;. Por mi mano empec&eacute; a derramar lo que de m&iacute; sobraba. Pintar no era, como yo hab&iacute;a cre&iacute;do al principio, llenar de sustancia un vaso, sino vaciar el vaso de la substancia". Para Bataille, "el fil&oacute;sofo excrementicio" lo llam&oacute; Breton, lo trasgresor es el aspecto ut&oacute;pico de toda obra de arte y sus obras repetitivas, como las de Dal&iacute;, y las de Mira tambi&eacute;n, hablan de lo sagrado, de la violencia, de la p&eacute;rdida y la muerte, de lo hermoso y de lo horrible.</p>
<p>Mira nunca dej&oacute; de escribir su viaje para saber d&oacute;nde estaba y ad&oacute;nde iba en cada momento cuando, desde bien temprano, supo que los dem&aacute;s le hab&iacute;an perdido de vista. Qu&eacute; mejor visi&oacute;n que la panor&aacute;mica que disfrut&oacute; y pen&oacute; San Sime&oacute;n, cuya soledad espiritual inspir&oacute; a Mira la imagen de los estilitas, s&iacute;mbolos de su profundo deseo de soledad, de su af&aacute;n contemplativo y tambi&eacute;n de su mirada cr&iacute;tica. Con ese ciclo de obras, que inici&oacute; en 1985, Mira entronca con la tradici&oacute;n visual de representaciones de la soledad que tambi&eacute;n tent&oacute; a Bu&ntilde;uel, conmovido por la figura del eremita, pese a no compartir lo m&aacute;s terrible de la soledad pero s&iacute; apreciar estar solo con su alma y so&ntilde;ar despierto, "para imaginar lo imaginable... y lo inimaginable". Como Bu&ntilde;uel, Mira imagina lo inimaginable para hacer suyo el relato de las soledades a las que se fue abandonando San Sime&oacute;n el estilita, nacido en Sis&aacute;n a fines del siglo IV. Mira sinti&oacute; la urgencia que le forzaba a ampliar los l&iacute;mites y se enfrent&oacute; a la soledad en soledad, encerrado en sus talleres, pedazos de cielo terrestre, donde ten&iacute;a lugar el esforzado rito de creaci&oacute;n que le manten&iacute;a activo y a la espera. Y consciente como el estoico de no ser nada pero en esa nada ser todo, decidi&oacute; subir a la columna para ver desde lo alto el itinerario que dibujaba su errancia por geograf&iacute;as subjetivas de tentadores l&iacute;mites. La estampa ingr&aacute;vida y casi fantasmal del estilita sentado en el abismo al borde de la nada, mira imp&aacute;vida lo que sucede a su alrededor contemplando lo irremediable, y en su decepci&oacute;n se dibuja el eterno silencio del espacio vac&iacute;o. La permanencia de la imagen en el tiempo de creaci&oacute;n de Mira persevera en su ansia desesperada de espera, pese a sentir que todo a su alrededor se desmorona. Desde la columna o colgado de las casas invertidas de un mundo al rev&eacute;s, el pingajo de carnes fl&aacute;cidas y cabeza reducida a cr&aacute;neo animal observa inm&oacute;vil lo que sucede sin posibilidad de hacer o&iacute;r su voz, manteni&eacute;ndose ajeno a las tentaciones y atento s&oacute;lo a la fragilidad de su propia existencia, mira al cielo anhelando el infierno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;"><strong>El fracaso no est&aacute; erecto</strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong><br /></strong></p>
<p align="right">"Lo mejor es el fracaso,</p>
<p align="right">y el &eacute;xito</p>
<p align="right">la compasi&oacute;n que en los dem&aacute;s produce.</p>
<p align="right">Lo mejor es el fracaso,</p>
<p align="right">que no penetra erecto.</p>
<p align="right">&Eacute;xito para quien trabaja.</p>
<p align="right">Triunfo para quien fracasa.</p>
<p align="right">Como lo ven los otros,</p>
<p align="right">el idiota es el erecto".</p>
<p align="right">[Mira, "El fracaso no est&aacute; erecto", en <em>Poeta muerto</em>, M&uacute;nich, 1979]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Viajes constantes a Europa. A fines de 1988 Mira decide trasladar su residencia a M&uacute;nich manteniendo abierto el taller de Barcelona. Nunca tuvo Mira taller en Zaragoza. Aunque las exposiciones de su obra se suceden dentro y sobre todo fuera de Espa&ntilde;a, V&iacute;ctor Mira siente el rechazo de quienes dirigen la pol&iacute;tica art&iacute;stica en Espa&ntilde;a. Es cuando decide alzar la voz a trav&eacute;s de una carta abierta al ministro de Cultura y de varias campa&ntilde;as de anuncios que inserta en revistas de arte internacionales. "That's Me-That's How Spain Wants Me" (1988); "V&iacute;ctor Mira. Art or Prostitution" (1989); "V&iacute;ctor Mira. Like Van Gogh" (1990); "A Mere Crisis Is Not Enough" (1993). Y "God Save the Naked Artist". La respuesta: mayor distancia y desprecio.</p>
<p>Sus exposiciones son tantas que remitimos al &uacute;ltimo apartado de este "Cartapacio" dedicado a Mira. <em>Curriculum vitae </em>lo hemos titulado, como uno de sus poemas. Junto a las series ya iniciadas, aparecen otras nuevas atentas a desentra&ntilde;ar la categor&iacute;a de lo sagrado: la cima de Montserrat, hacia la que le condujo su alejamiento de todo e incluso de s&iacute; mismo; el dolor del martirio concentrado en las piernas de San Sebasti&aacute;n que Mira convierte en exvotos; los cr&aacute;neos sin identidad y amarrados a pedazos de cielos; el fracaso del fil&oacute;sofo necesitado de muletas... y su gran d&iacute;ptico alem&aacute;n: "Por un lado, Bach como padre de una poderosa arquitectura estabilizadora al que se acude en busca de consuelo y, por otro, Beethoven, el hermano que te comenta sus cuitas, con el que se puede hablar de asuntos &iacute;ntimos y en el que puede encontrarse un verdadero coraz&oacute;n. Dos voces que se suced&iacute;an en di&aacute;logo continuo", sinti&oacute; Mira. Primero aparecieron las <em>Bachcantanta</em>, en 1988. Sigui&oacute; el ciclo dedicado a la Quinta Sinfon&iacute;a de Beethoven.</p>
<p>La m&uacute;sica de Bach es de tal complejidad, dej&oacute; escrito Eugenio Tr&iacute;as, que es imposible que seamos capaces de comprenderla. Tr&iacute;as cit&oacute; el libro de Albert Schweitzer, <em>J. S. Bach, le musicien-po&egrave;te</em> (1905), para quien las notas de la m&uacute;sica de Bach apelan a la alegr&iacute;a, la tristeza, la desolaci&oacute;n, la exultaci&oacute;n, el temor o el temblor... que tan bien convienen al temperamento de V&iacute;ctor Mira, solitario como Bach. Cioran recogi&oacute; en <em>Ese maldito yo</em>, el momento en que los restos de Bach se expusieron en 1950: "Bach en su tumba. Lo vi, como tantos otros [...], y desde entonces pienso sin cesar en las &oacute;rbitas de su calavera, que no tienen nada de original a no ser que proclaman la nada que &eacute;l neg&oacute;". Mira pinta en forma de cruz las notas de la m&uacute;sica de Bach sobre un espacio vac&iacute;o avasalladoramente intenso, consciente quiz&aacute;s del miedo a la muerte que amenazaba a Bach. Se&ntilde;ala Ram&oacute;n Andr&eacute;s que Bach es un hombre que reza y un hombre que muere, un hombre "moderno" que no sabe morir y que, quiz&aacute;s por eso, pens&oacute; el contrapunto como medio t&eacute;cnico para quitarle al tiempo esa melod&iacute;a &uacute;nica y lineal que va dibujando los acontecimientos: "El tiempo y la melod&iacute;a describen; la eternidad y el contrapunto conciben". Extrema melancol&iacute;a, en la que Mira se reconoce. El saudoso, anota Ruiz de Samaniego, se funde o confunde con su borradura, que no es sino la del estatuto de la humanidad misma.</p>
<p>&iquest;Y Beethoven? Su Quinta Sinfon&iacute;a era la &uacute;nica m&uacute;sica que Mira escuchaba en la casa familiar, siempre ligada al recuerdo del padre. En 1816 el m&uacute;sico se supo sin ning&uacute;n amigo, solo en el mundo. Su vida entera, ha escrito Romain Rolland, parece un d&iacute;a de tormenta. "Desventurado, pobre, enfermo y solitario, el dolor hecho hombre y a quien el mundo niega la alegr&iacute;a, crea la alegr&iacute;a por s&iacute; mismo para d&aacute;rsela al mundo y la forja con su tristeza". Por el dolor, la alegr&iacute;a, dicen que dijo Beethoven. Alegr&iacute;a en las notas y gestos de dolor salpicados en rojo sobre la superficie amarilla en las obras de Mira. Los colores que identifican a un pa&iacute;s que le excluye.</p>
<p>Nada puede ser m&aacute;s triste y m&aacute;s precario que esta posici&oacute;n en el mundo: una &uacute;nica chispa de vida en el imperio de la muerte, el solitario punto medio del c&iacute;rculo solo, sinti&oacute; Heinrich von Kleist ante la pintura <em>Monje junto al mar</em> de Caspar Friedrich, sobre la que versan las meditaciones de Mira. Mira pudo sentir como Leopardi que el desamparado contemplador del cuadro de Friedrich era consciente, ante el Dolor c&oacute;smico y la Belleza esencial, de la voluptuosidad de un naufragar dulc&iacute;simo y del horror de una inmensidad que desborda su mente. Y as&iacute;, dejarse vencer por la atracci&oacute;n hacia el abismo, que no se encuentra en otro lugar sino en s&iacute; mismo. La atracci&oacute;n hacia el abismo era indisociable para Mira del desaf&iacute;o creador, de ah&iacute; su decisi&oacute;n de no ser testigo sino actor principal de un ritual en el que toda su obra remitiera a la dramatizaci&oacute;n de un viaje cuyo final ser&iacute;a al borde de la orilla. Mira hizo suya la imagen desolada del monje junto al mar, y desde ese lugar imaginario ansi&oacute; permanecer en silencio y moverse en direcci&oacute;n al cielo azul.</p>
<p>Para llegar a la quietud y al silencio de sus meditaciones en torno al cuadro de Friedrich, Mira hubo de escenificar antes su propia danza de la muerte que, al igual que el Buto, la danza macabra de Kazuo Ono, no pretend&iacute;a conjurarla sino recrearla y hacer sentir las emociones que su contemplaci&oacute;n provoca. Una amarga burla que desarroll&oacute; en la obra de teatro <em>Antih&eacute;roes</em>, fatal encuentro con la muerte. Desde 1995, im&aacute;genes de antih&eacute;roes se incorporaron al singular repertorio iconogr&aacute;fico de Mira, junto a la extra&ntilde;a parafernalia que les acompa&ntilde;a durante su tiempo de espera: literas construidas con mallas met&aacute;licas y maderas viejas, esculturas-v&aacute;ter y l&aacute;mparas de luz tan mortecina como hiriente, son los enseres b&aacute;sicos que ocupan la atm&oacute;sfera agobiante de unos espacios l&uacute;gubres, que semejan pudrideros, lugares de desafecci&oacute;n, mezcla de mazmorra y tumba. En esos escenarios se disponen alineados los camastros sobre los que yacen despatarradas figuras que tanto recuerdan a los "hombres hueco" de Eliot, figuras sin formas, sombras sin color, fuerzas paralizadas, gestos sin movimiento, sumidos entre el deseo y el espasmo, entre la potencia y la existencia, entre la esencia y el descenso. Todo es oscuro, grotesco, desordenado, ca&oacute;tico y oculto, como corresponde a un lugar en coma, donde lo irracional se impone al escaso repertorio de gestos, gritos y murmullos absurdos con los que Lendrera y Pantoja, personajes de la obra teatral, retan a la muerte. Ambos duermen, vestidos, apenas cubiertos de andrajosas s&aacute;banas. Cuando se apagan las luces, la noche se acompa&ntilde;a de la sombra de la muerte y el estallido de fuertes y nerviosas carcajadas rompen el silencio, el silencio de la muerte que s&oacute;lo existe para los vivos.</p>
<p>Una y mil veces repiti&oacute; Mira la misma obra, tanto dan sus actores, estilitas, calaveras, cristos, fil&oacute;sofos, naturalezas muertas, perros amarrados o antih&eacute;roes, porque todos son el mismo en el papel de la conciencia tr&aacute;gica de quien no soporta vivir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;"><strong>Sab&iacute;a que me hund&iacute;a</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p align="right">"Lo sab&iacute;a era consciente de que me hund&iacute;a, pero no me importaba, no me importaba".</p>
<p align="right">[Mira, primer verso del poema "Sab&iacute;a que me hund&iacute;a", en <em>El poeta muerto. 1972-1990</em>, Madrid, Ediciones Libertarias, 1995)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>V&iacute;ctor Mira decidi&oacute; tomar un atajo. Tan sencillo como pasar de una habitaci&oacute;n a otra, si hacemos caso a Heinrich von Kleist, cuando ensay&oacute; su propia ceremonia. Hac&iacute;a tiempo que Mira no sub&iacute;a a la columna para ver desde lo alto el itinerario que dibujaba su errancia ocupado como estaba en que pasaran las noches que, tan largas como d&iacute;as enteros, le exig&iacute;an estar siempre al acecho. Mira estaba solo y, como Leopardi, se atrevi&oacute; a decirlo tomando el atajo para salir de dudas, y para salir de dudas, ya lo anunci&oacute; Bergam&iacute;n, hay que entrar definitivamente en el infierno. Cambi&oacute; el punto de vista, desde lo m&aacute;s alto al subsuelo de donde emergieron im&aacute;genes aisladas que desplaz&oacute; de su contexto cotidiano... muebles, cosas familiares, flores, zapatos, animales como patos y un gato, interiores dom&eacute;sticos... con los que compuso una escenograf&iacute;a organizada en d&iacute;pticos o tr&iacute;pticos, al modo de haikus, en las series que le ocuparon hasta el final: <em>Moods</em> e <em>Im&aacute;genes binoculares</em>. Parecen poemas de despedida, si no fuera porque toda la obra de Mira es un poema del adi&oacute;s. Lo cotidiano en esos dos &uacute;ltimos ciclos se ti&ntilde;e de una inquietante extra&ntilde;eza que nos desorienta, haciendo imposible que reconozcamos lo que cre&iacute;amos conocer. Las im&aacute;genes se repiten en unas y otras pinturas, sin apenas variaci&oacute;n. Nada es posible ya, s&oacute;lo la compasi&oacute;n por las cosas. Todo ha sido desplazado y vaciado, incluso en los sue&ntilde;os de las parejas que, a pesar de compartir habit&aacute;culo, est&aacute;n aisladas, separadas en abismos de incomunicaci&oacute;n. &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez distingui&oacute; entre los sue&ntilde;os que trae la noche, mal iluminados e inevitablemente espectrales, y los sue&ntilde;os de la siesta, m&aacute;s consistentes y veros&iacute;miles; y si de noche so&ntilde;amos con nosotros, de d&iacute;a con lo que tenemos. Algo de eso hay en los sue&ntilde;os pintados de Mira. El pintor no debe pintar s&oacute;lo lo que ve ante &eacute;l, sino lo que ve en &eacute;l.</p>
<p>Y eso es lo que hizo durante a&ntilde;os. En 2003, Mira mostr&oacute; su contento con la publicaci&oacute;n del &uacute;ltimo libro de la trilog&iacute;a del &eacute;xtasis de un solista, como la llam&oacute;, editada en Basilea por Der Kunstraum Ruedi Tobler: <em>Good-bye Series</em> (1999), <em>Good and Evil Coexist in a Delicate Balance Easily Upset</em> (2001) y <em>Geniuses Out</em> (2003). Dibujos con t&eacute;cnica de mon&oacute;logo, de tema sin esperanza, dibujos de despedida, dibujos que buscan en los escombros, blues hablados, dibujos de luto.</p>
<p>Tan ajenos a sus &uacute;ltimos "amenes".</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 19 Nov 2018 06:03:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La novelística de Sara Mesa]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-novelistica-de-sara-mesa/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2018/mesa600.jpg" alt="" /></p>
<p>Sara Mesa (1976) est&aacute; escribiendo una obra narrativa llena de inter&eacute;s, cuya dimensi&oacute;n literaria me parece creciente. Tiene publicados hasta ahora un poemario, titulado <em>Este jilguero agenda (2007)</em>, tres libros de cuentos, titulados La <em>sobriedad del gal&aacute;pago</em> (2008), <em>No es f&aacute;cil ser verde</em> (2009), y <em>La mala letra</em> (2016), y cuatro novelas,&nbsp; una primera titulada <em>El trepanador de cerebros</em> (2010), publicada en Tropo y tres editadas en Anagrama: <em>Un incendio invisible</em> (que ha sido reeditada en ese sello en 2017, pero que cont&oacute; con una edici&oacute;n anterior en M&aacute;laga), y las tituladas <em>Cuatro por cuatro</em> (2012) y <em>Cicatriz</em> (2016).</p>
<p style="text-align: left;">Hay un elemento estil&iacute;sticamente unitario que da forma interior a su obra novel&iacute;stica: la preocupaci&oacute;n por la tem&aacute;tica de las relaciones de dominio, de poder y sumisi&oacute;n, est&aacute; entablada a partir siempre de universos cerrados, en cierto modo microcosmos, que ejecutan alguna forma de distop&iacute;a. Otro elemento que proporciona unidad a las cuatro novelas es que hay un correlato entre el elemento social (sea de marginaci&oacute;n por la crisis, de corrupci&oacute;n desde el poder, o de ambos), con la esfera individual que las tramas recorren. De tal manera que en su novel&iacute;stica parece deducirse la intenci&oacute;n de que los elementos de la trama remitan a un estrato simb&oacute;lico superior, que por otra parte comunica muy bien con el mundo contempor&aacute;neo.</p>
<p><em>El trepanadador de cerebros</em> (2010), primera novela de Sara Mesa es en cierto modo una antinovela que camina en una direcci&oacute;n bastante diferente a lo que suele publicarse sobre la que en otro lugar he llamado novelas de la crisis. En primer lugar, porque su est&eacute;tica es en cierto modo la del absurdo por la v&iacute;a de manejar el esperpento como lugar novel&iacute;stico y una fabulaci&oacute;n que parece deudora de los cuentos maravillosos. Sara Mesa re&uacute;ne en su novela, sin mediar otra explicaci&oacute;n que la de un grupo que se ha reunido en torno a dos l&iacute;deres, de nombre Cham&aacute;n, y el argentino Edgardo Negroni, para representar una obra de teatro, titulada <em>La nalga</em>. Es una l&iacute;nea argumental que inmediatamente la novela abandona pues &uacute;nicamente en sus primeras p&aacute;ginas desarrolla ese hilo argumental de partida. Una vez tiene lugar su llegada al local que habr&iacute;a de serviles de domicilio y taller teatral, todo va ya por otros derroteros, cuyo plan es asimismo endeble como trama.</p>
<p>Ocurre y eso da la medida de una est&eacute;tica no realista, la novela no sigue un argumento y una trama definida, todo son distintas trazas de escena en la que se va formando un conjunto de complejas relaciones entre los personajes. El lector comienza a sospechar respecto a la supuesta urdimbre narrativa de tama&ntilde;a empresa una vez va asistiendo a razonamientos que mezclan la poes&iacute;a, las im&aacute;genes surrealistas, pero sobre todo el car&aacute;cter estramb&oacute;tico de todos los personajes. Esta es quiz&aacute; el n&uacute;cleo principal que explica el sentido de la novela:&nbsp; todos los personajes explotan distintos modos de la marginalidad urbana. Para reunirlos es importante decir que ninguno tiene domicilio ni arraigo, de manera que la espacialidad es importante metonimia inicial del sentido: un almac&eacute;n lleno de mugre, con una habitabilidad imposible, ilegal pero sobre todo&nbsp; m&iacute;nimamente soportable, cobija, merced a que Edgardo Negroni dice haberlo alquilado, a toda una <em>troupe</em> de marginales, donde acaban convergiendo, dos gemelos que e dedican a hurtos, un enano que ha vendido su alma en Ebay, un l&iacute;der que se dice chaman y tiene pretensiones visionarias y practicas budistas, y un argentino obsesionado con la idea del suicidio de los cient&iacute;ficos, una polaca hu&eacute;rfana de inmigrantes muertos en tr&aacute;gicas circunstancias,&nbsp; acompa&ntilde;ada de un gato y que nunca habla. Entre todos ellos, como si fuese una nueva Blancanieves est&aacute; Silvia, que a menudo que la novela avanza comienza a ser su protagonista.</p>
<p>Silvia, quien busca desesperadamente un trabajo encuentra dos subempleos sucesivos. El primero, en un laboratorio de entomolog&iacute;a de un siniestro personaje deforme y albino, apellidado Dr. Gottem, quien la somete a una in&uacute;til contabilidad de registros de medici&oacute;n del tama&ntilde;o de las alas de las moscas. El sistema de trabajo la sumerge en una explotaci&oacute;n infame, puesto que &uacute;nicamente cobrar&aacute; a partir de una cantidad imposible, que solo mintiendo conseguir&aacute;. Este cap&iacute;tulo comunica con un registro de denuncia social de las condiciones a las que se ven sometidos los j&oacute;venes que buscan empleo. Este Dr. Gottem aparecer&aacute; luego en la novela puesto que lleva un tr&aacute;fico de mercanc&iacute;as robadas en grandes almacenes, para la que se sirve de los hermanos Capiscola, quienes tambi&eacute;n comparten domicilio con Silvia. El otro trabajo es en el Prehistoric Park, por el que la novela se introduce una h&aacute;bil critica a los parques tem&aacute;ticos. Alli conoce Silvia a Seisdedos, un joven que se enamora de ella y cuyo asedio amoroso y la angustia que en Silva provoca la situaci&oacute;n va sosteniendo la trama de la segunda mitad.</p>
<p>La estructura que Sara Mesa ha elegido es la de la yuxtaposici&oacute;n de im&aacute;genes y sucesos. El lector sin quererlo, y menudo perdido en una atractiva atm&oacute;sfera de irracionalidades, tanto en comportamientos extra&ntilde;os como en im&aacute;genes inquietantes que nacen de distintos registros en una novela de estructura desatada.&nbsp; Unas veces las situaciones son humor&iacute;sticas, otras directamente sat&iacute;ricas, alguna vez mezcla motivos del cine, la utop&iacute;a cient&iacute;fica, los h&eacute;roes del expresionismo, que quiz&aacute; sea la est&eacute;tica de fondo que proporciona la urdimbre a esta primera novela, que dice mucho de la ambici&oacute;n de su autora. La originalidad de su planteamiento es mayor que la eficacia de su resultado sobre todo por ciertos bandazos del final.</p>
<p><em>Un incendio invisible</em> es novela que public&oacute; en 2011 y que hab&iacute;a pasado casi desapercibida pese a conseguir en su d&iacute;a el Premio M&aacute;laga. Ha sido recuperada en 2017 por Anagrama, editorial en la que hab&iacute;a publicado tanto la novela <em>Cuatro por cuatro </em>(2012) como <em>Cicatriz</em> (2015) y el volumen de cuentos <em>La mala letra</em> (2016).&nbsp; No es la primera vez que al calor del &eacute;xito editorial de una autora (y Sara Mesa ha conseguido con merecimiento un buen <em>succ&egrave;s d&rsquo;estime</em>) se reeditan obras&nbsp; anteriores. <em>Un incendio invisible</em> no solo confirmaba la calidad literaria que su autora hab&iacute;a hecho asomar en <em>El trepanador de cerebros</em>, sino que en cierto modo sirve para que la comprendamos mejor e incluso reconozcamos algunas de las l&iacute;neas de fuerza de su mundo creativo.</p>
<p>Vengo se&ntilde;alando la importancia que en la narrativa actual, sobre todo por parte de escritores j&oacute;venes ha cobrado el g&eacute;nero de la <em>distop&iacute;a<a title="" href="#_ftn1"><strong>[1]</strong></a></em>. En los &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os lo han cultivado con diferente enfoque varios de ellos como Andr&eacute;s Ib&aacute;&ntilde;ez, Lara Moreno,&nbsp; Isaac Rosa, Pilar Ad&oacute;n, Gin&eacute;s S&aacute;nchez o Ricardo Men&eacute;ndez Salm&oacute;n. A ellos hay que sumar a Sara Mesa, pues <em>Un incendio invisible</em> es una imaginaci&oacute;n dist&oacute;pica, que podr&iacute;a definirse como lo contrario de <em>Un mundo feliz</em> de Aldous Huxley. Imagina una ciudad denominada &ldquo;Vado&rdquo; que ser&iacute;a algo as&iacute; como el derrumbe de un emporio de lujo y de ocio, que hab&iacute;a sido rico, en un entorno plagado de grandes centros comerciales que cuando la novela comienza con la llegada a la ciudad de su protagonista, se halla en ruinas, porque todos los habitantes la han ido abandonando. El protagonista, conocido como doctor Tejada, es un geriatra que viene a hacerse cargo de la gesti&oacute;n m&eacute;dica de un lugar denominado New Life, una especie de ciudad residencial-sanatorio y asilo para viejos retirados de familias pudientes.&nbsp; Al igual que la ciudad y sin que la novela las explique, causas desconocidas han provocado que New Life no sea ni sombra de lo que fue.&nbsp; En los centros comerciales los locales est&aacute;n cerrados, donde hubo supermercados y grandes superficies hay ahora persianas echadas, basura y animales que deambulan. En el geri&aacute;trico la situaci&oacute;n es no menos perentoria, pues reina el abandono.</p>
<p>Lo importante literariamente es que Sara Mesa ha evitado que el doctor Tejada ejerza de <em>superman</em>, o remedio para esa decrepitud de la Residencia de ancianos. Al contrario, &eacute;l mismo es un desecho, viene a Vado como huyendo de alg&uacute;n fracaso o de alg&uacute;n hecho desgraciado del que solo intuimos que tendr&iacute;a algo que ver con el nombre de Elena que el doctor dice en sus pesadillas. La novela deja al lector sin los contextos precisos para que reconstruya al modo realista los or&iacute;genes y causas de las situaciones que encontramos. Ni para el doctor, ni para la joven con kimono encargada del hotel de cinco estrellas, convertido en una ruina donde ya no sirven ni el desayuno, y con la que el doctor Tejada vive comunicaci&oacute;n meramente sexual. La otra son las conversaciones con un estramb&oacute;tico y medio loco cient&iacute;fico denominado Rachid Benomoussa, encargado de estudios migratorios que quiz&aacute; a la postre sea el &uacute;nico que dice verdades sobre la civilizaci&oacute;n contempor&aacute;nea. La novela tambi&eacute;n tiene el acierto de imaginar encuentros del doctor Tejada con una ni&ntilde;a y su perro callejero Tif&oacute;n que&nbsp;&nbsp; la cr&iacute;a ha adoptado, y que sirven como contrapunto humano, cargado de significaci&oacute;n, en contraste con la desidia urbana. Todos los personajes representan fuerzas, incluso del mal en el siniestro enfermero de New Life, o el Viejo hu&eacute;sped de la cl&iacute;nica, un intransigente fan&aacute;tico moralista. Esa falta de contextos lleva la obra precisamente a su mejor riqueza que reside, como en las buenas distop&iacute;as, en el poder&iacute;o de su representaci&oacute;n simb&oacute;lica. Sara Mesa demuestra ser una creadora muy exigente al haber fiado su novela a todo cuanto el lector precisa poner y que le ha sustra&iacute;do de su conocimiento. En esa funci&oacute;n de reconstrucci&oacute;n de lo necesario est&aacute; su gran poder evocador. Una novela que funciona como los bueno cuentos pues contiene mucho m&aacute;s de lo que dice y que vuelve a confirmar que la calidad de Sara Mesa estaba antes de serle reconocida por todos.</p>
<p>El reconocimiento literario de Sara Mesa dio un salto notable al lograr ser finalista del prestigioso Premio Herralde en 2012 y con ello la publicaci&oacute;n ese a&ntilde;o de su novela <em>Cuatro por cuatro</em> en la editorial Anagrama, promotora del Premio. Desde entonces es tambi&eacute;n la editorial que ha publicado tanto su novela siguiente Cicatriz (2015) el libro de cuentos <em>La mala letra</em> (2016) y la recuperaci&oacute;n de la que hemos analizado antes, <em>Un incendio invisible</em> (2017).</p>
<p><em>Cuatro por cuatro</em> pertenece a un g&eacute;nero con dilatada tradici&oacute;n, como es el de las novelas de internado. Todo internado funciona como un microcosmos, por su naturaleza cerrado sobre s&iacute; mismo. Pero si otras formulaciones anteiroes del genero, sobre todo las de ra&iacute;z autobiogr&aacute;fica ofrec&iacute;an luces y sombras sobre tal circunstancia, Sara Mesa se ha servido de ese microcosmos para la realizaci&oacute;n de una distop&iacute;a social, que por otra parte extiende a la ciudad imaginara de C&aacute;rdenas, pues de lo que esa ciudad esa ciudad ofrece cuando la novela sale del espacio del internado, es concurrente con un espacio cerrado lleno de violencia, y muy estratificado con barrios marginales&nbsp; dotados de vida aut&oacute;noma. En un bosque cercano un millonario exiliado ha creado un internado que pretend&iacute;a ser exclusivo, denominado Wybrany College (pronunciado en la novela siempre ir&oacute;nicamente como <em>colich</em>), que se imagina para hijos de gente pudiente, pero que cuenta en su ideario con la incorporaci&oacute;n de unos becarios pobres. La separaci&oacute;n de pobres /ricos, y en realidad la estratificaci&oacute;n social en que los pudientes ejercen sobre los pobres despotismo y falsa integraci&oacute;n, en una de las l&iacute;neas de fuerza de la novela. Podr&iacute;a decirse que termina siendo la principal, pues pronto la trama, al principio oculta se va mostrando luego di&aacute;fana cuando muestra claramente dos grupos, el del poder y el de la sumisi&oacute;n, <em>los de abajo</em> como expresivamente dice Gabriela, la criada que hace las habitaciones a Isidro el protagonista falso profesor, que ha venido a hacer una sustituci&oacute;n y en cuyo diario de tres meses acabamos descubriendo le horrible mundo subterr&aacute;neo de un internado en el que, el Director, un tal Sr. J. domina ayudado por Maireta, su amante, y donde se dan casos de pedofilia, y en el que han perecido por suicidio el profesor Garc&iacute;a Medrano, que antecedi&oacute; a Isidro, o donde muere asesinado otro profesor que decide rebelarse, Ledesma. Todo esto lo vamos sabiendo a trav&eacute;s del diario de Isidro, pero tambi&eacute;n de unos papeles cr&iacute;pticos, aleg&oacute;ricos, que dejo escritos Garc&iacute;a Medrano, que la novela transcribe al final y que a la luz de lo le&iacute;do comprendemos finalmente y act&uacute;a de corolario reflexivo sobre la miserable condici&oacute;n humana.</p>
<p><em>Cuatro por cuatro</em> tiene una estructura en tres partes. La primera mitad, que me perece la mejor resuelta literariamente, est&aacute; construida con la yuxtaposici&oacute;n de una serie de entradas con nombre propio, Celia, Ignacio (dos alumnos con cierto protagonismo) o bien con sustantivos que condensa una situaci&oacute;n del tipo &ldquo;Negocios&rdquo;, &ldquo;Verano&rdquo; Dudas&rdquo;. Son entradas de dos o tres p&aacute;ginas de extensi&oacute;n en que una an&eacute;cdota va mostrando el mundo de silencios, de celos, de miedos, de sometimiento que algunos alumnos, los m&aacute;s fuertes, ejercen sobre los m&aacute;s d&eacute;biles. Esa relaci&oacute;n de poder de los adolescentes, nada condescendiente y donde toda vejaci&oacute;n es posible, es contigua a la que se va dando por parte del Director con su alumno preferido, y entre algunos profesores con alumnas o alumnos. Mart&iacute;nez, lucido y c&iacute;nico profesor con el que Isidro comunica, esta entregado a la bebida, y otros, los que se han resistido han acabado o suicid&aacute;ndose o asesinados, seg&uacute;n vemos en la segunda parte de la novela. Esa segunda parte, de unas ciento veinte paginas de extensi&oacute;n, reproduce el diario en el que este profesor de lengua, que asimismo esconde le secreto de ser suplantador de su cu&ntilde;ado, va contando de modo paulatino su descubrimiento de lo que hay detr&aacute;s de las apariencias c&iacute;nicamente &ldquo;benefactoras&rdquo; de las Instituci&oacute;n.&nbsp; La tercera parte reproduce los papeles dejados por Garc&iacute;a Medrano y que Gabriela da a Isidro. Toda la novela va fluyendo desde fuera hacia dentro, y quiz&aacute; las partes primera y tercera logra ser m&aacute;s sugerente y lograda que la parte segunda, que es m&aacute;s explicita pero que peca quiz&aacute; de demasiado obvia. Con todo, la novela est&aacute; bien narrada y el inter&eacute;s es crecientemente sostenido.</p>
<p>La &uacute;ltima novela de Sara Mesa, publicada en 2015, tiene por t&iacute;tulo <em>Cicatriz</em> y tiene el dise&ntilde;o de una novela conectada en la relaci&oacute;n de dos personajes, que tambi&eacute;n reproducen lo que es una constante en Sara Mesa: si inter&eacute;s pro las relaciones de dominio, en diferentes esferas. Comienza a abrirse la novela espa&ntilde;ola al asunto de la influencia que internet ha propiciado entre las personas. Hab&iacute;a le&iacute;do ya algunos intentos, pero <em>Cicatriz</em> me ha parecido el mejor porque en ella la relaci&oacute;n entre Knut y Sonia, que se conocen en un foro literario de internet, recibe un tratamiento en que la red no es &uacute;nicamente un medio superficial de hacerse el moderno. Sara Mesa se sirve de &eacute;l para imaginar una historia en la que afloran muchas cuestiones derivadas de ese medio (el anonimato, la invenci&oacute;n de personalidades, la suplantaci&oacute;n, el fingimiento, la falsedad etc.). Sin embargo va mucho m&aacute;s de lo epid&eacute;rmico al conectar con dos asuntos de calado que la trama desarrolla muy bien. Por lado est&aacute; el acoso de Knut, que llega a hacerse agobiante hasta llevar a Sonia a una situaci&oacute;n l&iacute;mite.</p>
<p>En el fondo de eso est&aacute; la relaci&oacute;n de poder que se da entre dos personas, incluso podr&iacute;a decirse que se da siempre en el trato amoroso, cuando una de ellas es d&eacute;bil, y la otra, el inquietante Knut (cuyo perfil se ha apropiado del nombre del escritor noruego Knut Hamsum) puede exhibir rara habilidad para ir envolviendo a Sonia en sus redes merced al conocimiento de sus debilidades. Por otro lado est&aacute; otro asunto: los complejos de Sonia, especialmente uno que esta novela trata con bastante originalidad.&nbsp; Me refiero a la vanidad insatisfecha del creador, puesto que Sonia es una novelista primeriza que no est&aacute; muy segura de su talento y adem&aacute;s lleva una vida de oficinista muy por debajo de su formaci&oacute;n y posibilidades. Knut la hace entrar en una relaci&oacute;n intelectual, regal&aacute;ndole libros de alta calidad literaria (de hecho la selecci&oacute;n que va regal&aacute;ndole es bastante buena). Una vez que la v&iacute;ctima ha ca&iacute;do en la red, pasa luego a regalarle objetos que van satisfaciendo otras vanidades, y una relaci&oacute;n er&oacute;tica morbosa, que no llega a satisfacerse nunca.</p>
<p>Lo importante no es &uacute;nicamente que Sara Mesa haya dado con un tema configurado de manera original. Lo mejor es que la novela ha sabido narrarse muy bien. Dos son los mejores atributos de su estilo narrativo. El uno est&aacute; en la progresi&oacute;n de una tensi&oacute;n psicol&oacute;gica que narrativamente avanza desde el estadio de titubeo inicial al agobio final, pero tal oscilaci&oacute;n se ha ido tensando y destensando. Para ello Sara Mesa ha elegido romper la linealidad con saltos hacia adelante y hacia atr&aacute;s, de manera que el lector asiste a oscilaciones continuas de la trama que va acompa&ntilde;ando a similares oscilaciones de las dudas del personaje. El otro elemento narrativo del que se ha servido es propio de los buenos relatos de relaci&oacute;n er&oacute;tica. Kunt y Sonia fantasean m&aacute;s que realizan, el sexo no es explicito, sino que est&aacute; siendo sugerido por Knut, en peque&ntilde;os pasos cada vez m&aacute;s atrevidos. Lo bien narrada que esta esa secuenciaci&oacute;n me ha parecido uno de los logros de esta novela. De tal forma, con dos personajes y unas situaciones bien elegidas se va pautando la historia de una dominaci&oacute;n, pero que al final no tiene &uacute;nicamente a Knut como responsable, sino que camina hacia un desenlace en el que Sonia dar&aacute; la medida de su dependencia.</p>
<p>Otro elemento de eficacia narrativa ha sido puesto de relieve por Carmen Pujante en un art&iacute;culo dedicado a Cicatriz<a title="" href="#_ftn2">[2]</a>. Se refiere a que ha evitado que los juicios de valor provengan del narrador, sino que emergen de los propios personajes sobre ellos mimos o los otros, lo que Pujante entiende muy pertinente para el relieve del modo de ser de una sociedad rizom&aacute;tica como la actual.</p>
<p>Algunas escenas secundarias, por &uacute;ltimo, como la de la cena de los miembros del foro de internet en la ciudad en la que vive Knut muestra a una escritora muy cuidadosa en los detalles, pero sobre todo que sabe contar. Esta novela revela la consolidaci&oacute;n de una escritora joven que va a ofrecernos sin duda mucho, a juzgar por las habilidades desplegadas aqu&iacute;.</p>
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<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> Jose Mar&iacute;a Pozuelo Yvancos: <em>Novela espa&ntilde;ola del siglo XXI</em>. Madrid C&aacute;tedra, 2017, pp. 361-373.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> Carmen Pujante: &ldquo;Otras cicatrices (literarias) de la crisis&rdquo;, <em>Quimera</em>, n&ordm; 394, Septiembre de 2016.</p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 19 Nov 2018 06:01:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Turia celebra su 35 aniversario publicando un  texto inédito de Tabucchi sobre Almodóvar]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-celebra-su-35-aniversario-publicando-un-texto-inedito-de-tabucchi-sobre-almodovar/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2018/tabuchi600.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>TAMBI&Eacute;N ENTREVISTA A FONDO A FERNANDO ARAMBURU Y MANUEL VILAS</strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>&nbsp;La revista publica, en primicia en espa&ntilde;ol, un avance del libro &ldquo;El expediente de mi madre&rdquo;, del&nbsp; h&uacute;ngaro Andr&aacute;s Forg&aacute;ch, que se ha convertido en &eacute;xito internacional</strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p>La revista cultural TURIA celebra este mes su 35 aniversario con un sumario repleto de interesantes textos in&eacute;ditos de grandes autores. As&iacute;, TURIA da a conocer un amplio art&iacute;culo original del escritor italiano Antonio Tabucchi, uno de los nombres propios m&aacute;s relevantes de la literatura europea de nuestra &eacute;poca, sobre el cineasta espa&ntilde;ol vivo m&aacute;s universal: Pedro Almod&oacute;var. Titulado &ldquo;Veinte fotogramas para Pedro Almod&oacute;var&rdquo;, se trata de un valioso texto que apareci&oacute; en franc&eacute;s en el cat&aacute;logo de la exposici&oacute;n que la Cinemateca del pa&iacute;s vecino le dedic&oacute; al director de cine manchego.</p>
<p>Tambi&eacute;n TURIA ofrece a los lectores dos entrevistas a fondo y en exclusiva con Fernando Aramburu y Manuel Vilas. Son, sin duda, los escritores espa&ntilde;oles del momento, han escrito los libros de los que todo el mundo habla estos &uacute;ltimos a&ntilde;os: &ldquo;Patria&rdquo; y &ldquo;Ordesa&rdquo;. De ah&iacute; que TURIA haya querido ahora reunirlos en su n&uacute;mero especial 35 aniversario y publicar dos conversaciones que no tienen desperdicio.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El autor de &ldquo;Patria&rdquo; se muestra preocupado por la situaci&oacute;n actual de Europa, mientras que el autor de &ldquo;Ordesa&rdquo; declara con contundencia: &ldquo;No quiero lectores tontos&rdquo;</p>
<p>Menci&oacute;n destacada en el sumario de la revista merece igualmente la publicaci&oacute;n de un avance del libro &ldquo;El expediente de mi madre&rdquo;, del h&uacute;ngaro Andr&aacute;s Forg&aacute;ch, que se ha convertido en &eacute;xito internacional y que ser&aacute; publicado en espa&ntilde;ol por la editorial Anagrama el pr&oacute;ximo a&ntilde;o. En &eacute;l el escritor descubre la sorprendente historia secreta de su madre, esp&iacute;a del r&eacute;gimen en la Hungr&iacute;a comunista.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="left"><strong>ANTONIO TABUCCHI, ADMIRADOR DE PEDRO ALMOD&Oacute;VAR</strong></p>
<p>El traductor Carlos Gumpert, especialista en la obra de Antonio Tabucchi y autor de la mayor&iacute;a de las versiones al castellano de sus libros,&nbsp; es el encargado de ofrecernos una de las peque&ntilde;as joyas&nbsp; que&nbsp; brinda&nbsp; el&nbsp; sumario&nbsp; de&nbsp; TURIA.&nbsp; Se trata del art&iacute;culo in&eacute;dito en espa&ntilde;ol &ldquo;Veinte fotogramas para Pedro Almod&oacute;var&rdquo;. Este texto se public&oacute; originariamente en franc&eacute;s, en el cat&aacute;logo de una exposici&oacute;n dedicada en 2006 en Par&iacute;s por la Cinemateca francesa al cineasta manchego. En italiano no aparecer&iacute;a hasta 2013 en el volumen p&oacute;stumo &ldquo;Di tutto resta un poco&rdquo;, que recoge los escritos sobre literatura y cine del autor toscano, libro in&eacute;dito hasta el momento en espa&ntilde;ol a pesar de su enorme inter&eacute;s. Tabucchi, en todo caso, dedic&oacute; a Almod&oacute;var otros art&iacute;culos period&iacute;sticos y escribi&oacute;&nbsp; el&nbsp; pr&oacute;logo a la traducci&oacute;n italiana del gui&oacute;n de &ldquo;Hable con ella&rdquo;, publicado por la editorial Einaudi en 2003.</p>
<p>A prop&oacute;sito de Almod&oacute;var, Antonio Tabucchi nos dir&aacute; en este art&iacute;culo que en sus pel&iacute;culas &ldquo;parece haber realizado una s&iacute;ntesis de estas tres claves interpretativas de las vicisitudes humanas: la vida es al mismo tiempo sue&ntilde;o, teatro y circo. En eso consiste su cine, fundamentalmente&rdquo;.</p>
<p>Tambi&eacute;n vincula Tabucchi a Almod&oacute;var con Bu&ntilde;uel y, a trav&eacute;s de &eacute;ste, con el Goya de los &ldquo;Caprichos&rdquo;.</p>
<p>Para el gran escritor italiano, &ldquo;una de las grandes cualidades del arte de Almod&oacute;var es que puede ser le&iacute;do a distintos niveles. Al igual que el &lsquo;Quijote&rsquo;, (&hellip;) el cine de Almod&oacute;var puede ser le&iacute;do y disfrutado tanto en la epidermis de sus tramas, como en la perspectiva cultural en la que sus historias se inscriben&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;El cine de Almod&oacute;var &ndash;concluye Tabucchi- ha sabido decirnos muchas cosas acerca de nuestra vida. Como diferentes cap&iacute;tulos de una misma comedia humana, sus pel&iacute;culas nos relatan ilusiones y nostalgias, amores y desamores, generosidades y miserias, altruismo, traiciones, enga&ntilde;os, desesperaciones, esperanzas&rdquo;.</p>
<p>Antonio Tabucchi (Pisa, 1943 &ndash; Lisboa, 2012) es, sin duda, uno de los m&aacute;s protagonistas de la literatura italiana contempor&aacute;nea y est&aacute; considerado como uno de los grandes escritores europeos de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Seg&uacute;n la cr&iacute;tica, &ldquo;pocos como &eacute;l supieron transmutar en obra literaria el extrav&iacute;o existencial del ser humano en este tr&aacute;nsito de milenios&rdquo;. Y es que Tabucchi, profesor universitario de portugu&eacute;s y reconocido especialista en Fernando Pessoa, consigui&oacute; como pocos fascinar a sus lectores con una obra que incluye &eacute;xitos tan populares como su novela &ldquo;Sostiene Pereira&rdquo;, cuya versi&oacute;n cinematogr&aacute;fica tambi&eacute;n obtuvo una considerable audiencia y fue una de las &uacute;ltimas grandes interpretaciones del actor Marcello Mastroianni.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="left"><strong>FERNANDO ARAMBURU Y MANUEL VILAS LO CUENTAN TODO</strong></p>
<p>Este n&uacute;mero especial de TURIA, conmemorativo de sus 35 a&ntilde;os de vida, publica extensas e intensas conversaciones con los dos escritores espa&ntilde;oles del momento: Fernando Aramburu y Manuel Vilas.</p>
<p>La vida de Fernando Aramburu (San Sebasti&aacute;n, 1959) ha cambiado desde la publicaci&oacute;n de su novela &ldquo;Patria&rdquo;, una manera l&uacute;cida de mirar y profundizar a trav&eacute;s de la literatura en la realidad del Pa&iacute;s Vasco y en los desgarradores efectos del terrorismo de ETA. Ese libro le ha acercado al gran p&uacute;blico y conectado con multitud de lectores de pa&iacute;ses y lenguas diversas.</p>
<p>En la entrevista que le ha realizado Emma Rodr&iacute;guez para TURIA, Aramburu muestra su admiraci&oacute;n y respeto hacia quienes se opusieron al terrorismo en el Pa&iacute;s Vasco. Tambi&eacute;n&nbsp; reconoce&nbsp; que&nbsp; le&nbsp; &ldquo;preocupaba&nbsp; que&nbsp; alg&uacute;n&nbsp;&nbsp; episodio&nbsp; o&nbsp; alg&uacute;n&nbsp; pasaje&nbsp; pudiera resultar hiriente para las v&iacute;ctimas del terrorismo&rdquo; y asegura que &ldquo;Patria&rdquo; no fue escrita conforme a un criterio de oportunidad. Preguntado por si olvidamos con demasiada rapidez, Aramburu lo tiene claro: &ldquo;olvidan r&aacute;pidamente los ciudadanos poco o nada conmovidos con el sufrimiento ajeno y los interesados en que no se conozca la verdad del da&ntilde;o infligido&rdquo;.</p>
<p>Aramburu, que reside en Alemania desde hace mucho tiempo, reconoce que &ldquo;por razones que no atino a explicar, soy inmune a la morri&ntilde;a&rdquo;. Se muestra tambi&eacute;n preocupado por el futuro de Espa&ntilde;a y de Europa: &ldquo;En Espa&ntilde;a predomina una especie de ensimismamiento que lleva a muchos de sus ciudadanos a observar la pol&iacute;tica como un asunto interno. La vinculaci&oacute;n con la patria es ahora mismo un tema candente en Europa. Tras d&eacute;cadas de cesi&oacute;n de soberan&iacute;a, de globalizaci&oacute;n, de apertura de fronteras, de creaci&oacute;n de espacios compartidos, de llegada masiva de inmigrantes, mucha gente parece asustada, se siente desatendida por sus representantes pol&iacute;ticos y pide una vuelta al viejo principio de la naci&oacute;n cerrada, reservada para los naturales del lugar. Muy peligroso&rdquo;.</p>
<p>Por su parte, para Manuel Vilas (Barbastro, 1962) tambi&eacute;n habr&aacute; un antes y un despu&eacute;s de su libro &ldquo;Ordesa&rdquo;. Una gran novela autobiogr&aacute;fica que est&aacute; escrita a ratos desde el desgarro y siempre desde la emoci&oacute;n. Una obra que es la cr&oacute;nica &iacute;ntima de la &nbsp;Espa&ntilde;a de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, pero tambi&eacute;n una narraci&oacute;n sobre todo aquello que nos recuerda que somos seres vulnerables, sobre la necesidad de levantarnos y seguir adelante cuando nada parece hacerlo posible, cuando casi todos los lazos que nos un&iacute;an a los dem&aacute;s han desaparecido o los hemos roto. Un libro hipn&oacute;tico escrito por un superviviente tras ajustar cuentas con su propio pasado. &nbsp;</p>
<p>Sin duda, su publicaci&oacute;n este a&ntilde;o ha sido todo un fen&oacute;meno social y le ha permitido a su autor no s&oacute;lo obtener el aplauso un&aacute;nime de la cr&iacute;tica sino auparse a las listas de los m&aacute;s vendidos y obtener miles de lectores y audiencias multitudinarias en todos aquellos lugares donde se ha presentado.&nbsp;</p>
<p>En la entrevista, Vilas proclama: &ldquo;no quiero lectores tontos. Me mueve el &aacute;nimo de hacer pensar&rdquo;. Tambi&eacute;n se muestra sin tapujos cuando se le cuestiona sobre los l&iacute;mites de este tipo de escritura autobiogr&aacute;fica: &ldquo;Hay una cosa que me legitima: el amor. Si el discurso es conmocionado y de amor hacia tu padre y tu madre. &iquest;por qu&eacute; no va a haber legitimidad en traerlos a la vida p&uacute;blica?&rdquo; Adem&aacute;s, confiesa Vilas que &ldquo;escribiendo este libro me he dado cuenta de que hay muchas cosas que un ser humano jam&aacute;s podr&aacute; contar a otro ser humano. Lo cual, en el fondo, es bastante tr&aacute;gico. Cualquier ser humano que haya vivido unos cuantos a&ntilde;os y acumulado un n&uacute;mero de experiencias sabe que hay cosas de su vida que no se las podr&aacute; contar a nadie. Que incluso se las va a tener que acallar a s&iacute; mismo. Porque son inconfesables&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="left"><strong>&ldquo;EL EXPEDIENTE DE MI MADRE&rdquo;, UN LIBRO HERMOSO Y DESOLADOR</strong></p>
<p>TURIA tambi&eacute;n publica un avance en espa&ntilde;ol de &ldquo;El expediente de mi madre&rdquo;, el nuevo libro&nbsp; del&nbsp; escritor&nbsp; h&uacute;ngaro Andr&aacute;s Forg&aacute;ch (Budapest, 1952), un reputado novelista, traductor, dramaturgo y artista visual. Una obra que est&aacute; obteniendo una notable repercusi&oacute;n internacional y se ha publicado ya en catorce pa&iacute;ses. En el libro se nos narra c&oacute;mo un escritor descubre la sorprendente historia secreta de su madre, esp&iacute;a del r&eacute;gimen en la Hungr&iacute;a comunista.</p>
<p>Sirvi&eacute;ndose de las armas de la investigaci&oacute;n y de la narraci&oacute;n novel&iacute;stica, Andr&aacute;s Forg&aacute;ch se sumerge en su historia familiar y en el pasado de un pa&iacute;s sometido a un r&eacute;gimen totalitario cuya obsesi&oacute;n por el control de sus ciudadanos alcanzaba tintes grotescos, kafkianos. Busca documentos, investiga el funcionamiento de los aparatos del Estado, abre puertas y pasadizos que conducen a secretos, mentiras y heridas sin curar, tanto en el &aacute;mbito &iacute;ntimo como en el de toda una sociedad desquiciada. Y, desde la estupefacci&oacute;n, intenta desentra&ntilde;ar la complejidad de ese ser humano pr&oacute;ximo y al mismo tiempo desconocido que fue su madre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UN IN&Eacute;DITO DE ANTONIO TABUCCHI: &ldquo;VEINTE FOTOGRAMAS PARA PEDRO ALMOD&Oacute;VAR&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>13</strong></p>
<p>&ldquo;(&hellip;) Pero en el cine de Almod&oacute;var est&aacute; tambi&eacute;n la vanguardia ib&eacute;rica del siglo XX. Una vanguardia carente de dec&aacute;logos y de escuelas, probablemente m&aacute;s libre que las vanguardias de otros pa&iacute;ses. Una &ldquo;modernidad&rdquo; an&aacute;rquica que fue al mismo tiempo futurismo, dada&iacute;smo, cubismo y surrealismo sin ser exactamente ninguno de esos movimientos. Una modernidad de la que se apropia Almod&oacute;var para hacerla suya, para darle una marca, una personalidad inconfundible: es un producto espa&ntilde;ol y en su etiqueta aparece escrito <em>Made en Spain</em>, pero con la especificaci&oacute;n <em>by Pedro Almod&oacute;var</em>, puesto que convierte en algo de su inconfundible propiedad el material del que eventualmente se apropia, haciendo que lo leamos con una mirada totalmente diversa. Y en tal sentido, pensando a ciertas escenas de sus pel&iacute;culas, releo cargado de un sentido visual que pertenece a Almod&oacute;var algunas p&aacute;ginas vanguardistas de Ram&oacute;n G&oacute;mez de la Serna, sus figuras a medias entre lo infantil y lo inmaduro, obsesionadas por la muerte, personajes para quienes la violencia y el eros son siempre dos enigmas por resolver; y sobre todo sus &ldquo;pantomimas&rdquo; de las dos primeras d&eacute;cadas del siglo XX (<em>El Circo</em>, <em>Tapices</em>, <em>Seis falsas novelas</em>), con figuras angustiadas por el ansia de vivir, ed&iacute;picas, fetichistas, enamoradas de objetos desusados o ins&oacute;litos de los que desconocemos el misterio. Y se me viene a la cabeza Picasso, desde luego, y Bu&ntilde;uel, con quien Almod&oacute;var reconoce por lo dem&aacute;s su propia deuda.</p>
<p>No quisiera que hubiera malentendidos: no estoy hablando de <em>influencias</em>, estoy hablando de <em>originalidad</em> dentro de una sensibilidad com&uacute;n, dentro de una misma familia de pertenencia. Estoy hablando de <em>fenotipos</em>. La influencia es otra cosa, es una flecha lanzada en dos direcciones. Borges dec&iacute;a que la literatura moderna puede &ldquo;influenciar&rdquo; a la literatura del pasado, en el sentido de que la lectura de una obra contempor&aacute;nea puede arrojar nueva luz sobre una obra del pasado, haci&eacute;ndonosla leer con ojos diferentes, cargada de un sentido que en su &eacute;poca no ten&iacute;a.</p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>14</strong></p>
<p>Sin embargo, es imposible hablar de Bu&ntilde;uel sin hablar de Goya, porque la sucesi&oacute;n de los fenotipos es larga y compleja. Y es que, si resulta natural pensar en Bu&ntilde;uel viendo el cine de Almod&oacute;var, viendo el cine de Bu&ntilde;uel resulta natural pensar en Goya. Como consecuencia, no parece il&oacute;gico, al referirnos al cine de Almod&oacute;var, hablar de Goya. En buena medida, la cr&iacute;tica especializada lo ha hecho ya, y no es el caso de repetirlo. Pero a m&iacute; me gustar&iacute;a hablar de un Goya particular, de un determinado momento suyo, de una obra especial y circunscrita que constituye una idea de Goya, una fenomenolog&iacute;a propia del mundo y del esp&iacute;ritu humano. Una idea que, a mi parecer, le viene que ni pintada a Almod&oacute;var: los <em>Caprichos</em>.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="left">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 09 Nov 2018 12:33:48 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Harari y el boom de la gran Historia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/harari-y-el-boom-de-la-gran-historia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2018/yuval600.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo">Con <em>De animales a dioses</em> y <em>Homo Deus</em> Yuval Noah Harari ha conseguido un doble &eacute;xito. En primer lugar, se ha convertido en el ensayista m&aacute;s le&iacute;do y traducido de esta d&eacute;cada (34 traducciones y decenas de ediciones). L&iacute;deres mundiales como Obama, Merkel y Macron se han interesado por su obra y entrevistado con &eacute;l. En segundo lugar -y esto es lo m&aacute;s importante- ha puesto en la agenda de las humanidades una disciplina relativamente nueva: la gran historia.</p>
<p class="Cuerpo">El &eacute;xito de Harari es merecido e indiscutible. Pocos intelectuales -quiz&aacute; ninguno- han tenido el impacto tan r&aacute;pido y profundo que ha tenido &eacute;l en apenas cinco a&ntilde;os y siendo todav&iacute;a joven (42 a&ntilde;os). Por supuesto, su propuesta tiene aspectos pol&eacute;micos y aun criticables. Se le ha criticado su sensacionalismo, sus descuidos o su simplificaci&oacute;n del budismo -Harari se declara budista-. Y son cr&iacute;ticas justas, aunque deben quedar en un segundo plano respecto a sus m&eacute;ritos. De sus m&eacute;ritos conviene destacar que Harari es un magn&iacute;fico divulgador. No es un investigador. Es un excelente escritor y sus libros -al menos, el primero- est&aacute;n escritos de manera que su lectura resulta muy agradable sin descuidar su prioridad, que son los contenidos. Su prop&oacute;sito es reflexionar a la vista de los datos que disponemos acerca de la gran evoluci&oacute;n de la humanidad sapiens. Y es en esa dimensi&oacute;n reflexiva donde se le puede se&ntilde;alar la tendencia al sensacionalismo. Claro est&aacute; que sin ese sensacionalismo el grupo editorial Penguin Random House no se hubiera interesado en la aventura de editar y publicitar mundialmente su obra. Pero es justo reconocer que, para lectores cultos, resulta excesiva la atenci&oacute;n dedicada a ciertos fen&oacute;menos de escaso relieve, como el proyecto de establecer una colonia en Marte en 2025 o ciertas pr&aacute;cticas de ingenier&iacute;a gen&eacute;tica. Tambi&eacute;n es criticable la gesti&oacute;n editorial de sus libros -que Harari atribuye a su marido-. <em>Homo Deus</em> es una repetici&oacute;n del primero, con novedades escasas y poco relevantes. Y algo similar cabe esperar del tercero, del que ya se ha avisado que es una colecci&oacute;n de art&iacute;culos y entrevistas, para que nadie se llame a enga&ntilde;o.</p>
<p class="Cuerpo" style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo" style="text-align: left;"><strong>Las lagunas de Harari</strong></p>
<p class="Cuerpo" style="text-align: left;"><strong></strong>&nbsp;Quiz&aacute; la cr&iacute;tica m&aacute;s relevante que cabe hacer del discurso de Harari sean sus lagunas. Harari ha visto bien que la gran evoluci&oacute;n de la humanidad sapiens se ha basado en saltos. Esto es, que ha pasado por etapas cuyos momentos de transici&oacute;n han supuesto revoluciones. Las dos primeras revoluciones est&aacute;n muy bien descritas en <em>De animales a dioses</em> -que, por cierto, era el t&iacute;tulo que el autor quiso dar al libro y no el de <em>Sapiens</em> con el que han aparecido casi todas las traducciones-. Se trata de la revoluci&oacute;n cognitiva -el Paleol&iacute;tico- y la revoluci&oacute;n agraria -el Neol&iacute;tico-. Sin embargo, apenas ha prestado atenci&oacute;n a la revoluci&oacute;n ganadera. Esa revoluci&oacute;n que llev&oacute; las lenguas indoeuropeas desde Irlanda a la India fue posible por la aparici&oacute;n de la ganader&iacute;a y del carro de cuatro ruedas y su epicentro fueron, al parecer, las estepas entre el mar Negro y el Caspio. Es evidente que la ganader&iacute;a tuvo que suponer un gran impacto. Por el cambio nutritivo y porque los ganaderos suelen ser violentos y guerreros. Con ellos nace el fen&oacute;meno que llamamos <em>guerra </em>y con ella las federaciones de tribus que despu&eacute;s hemos llamado naciones. Con esta revoluci&oacute;n la desigualdad da un salto cualitativo. Las culturas de agricultores son mucho m&aacute;s igualitarias, como puede comprobarse en las necr&oacute;polis de unos y otros. Basta recordar la <em>Iliada</em> con el inter&eacute;s por el bot&iacute;n y por el ganado y el culto a los h&eacute;roes, que ser&iacute;an enterrados con sus tesoros. La moneda hom&eacute;rica son las cabezas de ganado. En el canto VI de la <em>Iliada</em> Homero se r&iacute;e del intercambio de regalos entre el troyano Glauc&oacute;n y el aqueo Diomedes, porque aquel lleva sus armas de oro y este de bronce, y a&ntilde;ade que el intercambio de armas es el cambio &ldquo;de nueve novillas por toda una hecatombe&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo" style="text-align: left;">Falta tambi&eacute;n en Harari la debida consideraci&oacute;n de la revoluci&oacute;n de la historia. El paso de las sociedades fundadas en la tradici&oacute;n a las sociedades innovadoras, que se acompa&ntilde;an de la transici&oacute;n del calendario lunar al calendario solar, de la irrupci&oacute;n del monetarismo, del mercado internacional, de las disciplinas acad&eacute;micas, de la escritura y, con ella, del libro, y del pensamiento cr&iacute;tico, entre otras cosas, es una de las grandes revoluciones sapiens. Harari no repara en ella. Y algo similar puede decirse de la revoluci&oacute;n moderna. Harari presenta la Modernidad como una revoluci&oacute;n cient&iacute;fica que empieza en el Humanismo. Parece claro que los avances cient&iacute;ficos son elementos relevantes tanto en la revoluci&oacute;n human&iacute;stica como en la revoluci&oacute;n moderna. Pero esos avances no ser&iacute;an posibles sin las ciudades, el mercantilismo, la filosof&iacute;a o los nuevos planteamientos est&eacute;ticos. Y, por supuesto, Harari no repara en el cambio que supone el tr&aacute;nsito de la sociedad estamental a la sociedad de los individuos.</p>
<p class="Cuerpo" style="text-align: left;">Quiz&aacute; la explicaci&oacute;n de estos vac&iacute;os en la exposici&oacute;n de Harari sea la ausencia de un m&eacute;todo eficiente. No basta la erudici&oacute;n -aunque sea necesaria y Harari la maneje con maestr&iacute;a- para dar cuenta del gran proceso evolutivo de la humanidad. Aspectos cruciales tambi&eacute;n pueden resultar insuficientes. Tal es el caso de la tecnolog&iacute;a o de la econom&iacute;a. Las mejores propuestas para esta tarea vienen del materialismo y de la teor&iacute;a de la imaginaci&oacute;n. De hecho, Harari comienza su exposici&oacute;n por la senda de la teor&iacute;a de la imaginaci&oacute;n al llamar al Paleol&iacute;tico &ldquo;la revoluci&oacute;n cognitiva&rdquo;, pero abandona pronto esta v&iacute;a para adentrarse en una selva ecl&eacute;ctica.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo" style="text-align: left;"><strong>&nbsp;La gran historia</strong></p>
<p class="Cuerpo" style="text-align: left;"><strong></strong>Pero el mayor &eacute;xito de Harari no son las ventas millonarias de sus libros, su fama mundial o el reconocimiento de l&iacute;deres pol&iacute;ticos y sociales. El mayor &eacute;xito de Harari consiste en haber puesto en primera l&iacute;nea de la agenda cultural una nueva disciplina: la gran historia. La historia, lo mismo que otras disciplinas anexas -la historia del arte o la historia literaria- se han ido diluyendo en estudios hiperconcretos -un autor, la historia local, un grupo, en el mejor de los casos, un periodo-. Esos estudios -monograf&iacute;as- pierden necesariamente la visi&oacute;n de conjunto y, con ella, la capacidad de reflexionar sobre el destino de la humanidad. La filosof&iacute;a de la historia ha sido una disciplina marginal e, incluso, sospechosa, para el siglo XX. Sin embargo, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os del siglo XX han aparecido obras magn&iacute;ficas, enormes esfuerzos de investigaci&oacute;n y de reflexi&oacute;n. Sus autores han tenido impactos apreciables en el dominio puramente acad&eacute;mico. Me refiero a los trabajos de W. H. McNeill, pero tambi&eacute;n a los de Fred Spier. La teor&iacute;a de este &uacute;ltimo es la m&aacute;s sorprendente e innovadora. Spier no se limita al estudio de las varias humanidades. Va m&aacute;s lejos, a partir del c&aacute;lculo del gasto energ&eacute;tico explica, en t&eacute;rminos de un riguroso materialismo, la evoluci&oacute;n de la vida en el universo, y la aparici&oacute;n de la humanidad como un paso m&aacute;s en ese proceso. Esta teor&iacute;a solo puede compararse a la de Darwin por su trascendencia. Los libros de Spier tambi&eacute;n han sido traducidos, pero no han llegado al gran p&uacute;blico. No son libros de divulgaci&oacute;n, aunque los puede leer alguien no iniciado en estas materias que tenga un nivel cultural alto. Desde otras disciplinas, grandes pensadores han venido a converger con los objetivos de la gran historia: Norbert Elias, desde la sociolog&iacute;a (la gran evoluci&oacute;n); Cornelius Castoriadis, desde la teor&iacute;a de la imaginaci&oacute;n; Mija&iacute;l Bajt&iacute;n, desde la est&eacute;tica literaria (el gran tiempo)&hellip; Se trata de pensar el destino de la humanidad sin misticismo (algo que tambi&eacute;n le sobra a Harari). Hoy esa tarea no es una especulaci&oacute;n sin fundamento sino una necesidad para que la humanidad pueda asumir la responsabilidad que le ha ca&iacute;do encima al arrebatar a los dios ca&iacute;do encima al arrebatar a los dioses el tim&oacute;n del mundo y del universo.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 05 Nov 2018 07:57:28 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Turia cumple 35 años]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-cumple-35-anos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2018/goma600.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>JAVIER GOM&Aacute; EN TERUEL Y JOS&Eacute; MAR&Iacute;A CONGET EN ZARAGOZA PRESENTAR&Aacute;N UNA ENTREGA ESPECIAL DE LA REVISTA</strong><strong></strong></p>
<p><strong>SE HAN EDITADO 128 N&Uacute;MEROS, 37.000 P&Aacute;GINAS Y SE HA PUBLICADO A M&Aacute;S DE 1.000 AUTORES</strong><strong></strong></p>
<p>La revista TURIA celebra este mes su 35 aniversario con una doble presentaci&oacute;n en Teruel y Zaragoza y con dos autores muy vinculados a su trayectoria. Javier Gom&aacute;,&nbsp; escritor, fil&oacute;sofo y director de la Fundaci&oacute;n Juan March, ser&aacute; el encargado de dar a conocer en Teruel la nueva entrega de la revista el pr&oacute;ximo d&iacute;a 20 de noviembre. Unos d&iacute;as m&aacute;s tarde, el 29 de noviembre, el escritor Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget retornar&aacute; a su Zaragoza natal para festejar con los lectores el milagro de la longevidad de esta publicaci&oacute;n cultural.&nbsp;</p>
<p>Tanto Javier Gom&aacute; como Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget simbolizan muy bien car&aacute;cter plural, integrador y universalista que ha caracterizado a una revista surgida en Teruel en 1983 pero que, desde sus or&iacute;genes, ha conseguido demostrar que hay vida m&aacute;s all&aacute; de Madrid y Barcelona, tradicionales capitales del sector editorial en nuestro pa&iacute;s. Para conseguirlo, TURIA ha hecho una apuesta permanente por la calidad y la independencia, y tambi&eacute;n ha contado con distribuci&oacute;n nacional e internacional por suscripci&oacute;n. Buena prueba de ello es que la revista ha llegado hasta nuestros d&iacute;as con buena salud de contenidos y un contrastado prestigio en los medios literarios en espa&ntilde;ol.</p>
<p>Las cifras de TURIA avalan el que esta revista obtuviera, ya en 2002, el Premio Nacional al Fomento de la Lectura: en 35 a&ntilde;os se han editado 128 n&uacute;meros, con un total de m&aacute;s de 37.000 p&aacute;ginas y se ha publicado a m&aacute;s de 1.000 autores de las m&aacute;s diversas procedencias est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas, as&iacute; como de los m&aacute;s variados or&iacute;genes geogr&aacute;ficos e idiom&aacute;ticos.</p>
<p>Fundada y dirigida por el escritor y periodista Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas, la revista tiene periodicidad cuatrimestral en papel y cuenta tambi&eacute;n, desde hace cinco a&ntilde;os, con una versi&oacute;n digital (web y Facebook) que ha incrementado notablemente su difusi&oacute;n entre el p&uacute;blico lector: su p&aacute;gina en Facebook cuenta con cerca de 10.000 seguidores y m&aacute;s de 5.000 usuarios al mes acceden a los contenidos de la web.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>S&Oacute;LO TEXTOS IN&Eacute;DITOS Y ATRACTIVOS MONOGR&Aacute;FICOS</strong><strong></strong></p>
<p>TURIA solo publica textos in&eacute;ditos y su edici&oacute;n en papel se estructura en diez secciones y, en las 500 p&aacute;ginas de cada entrega, no faltan relatos, poemas, art&iacute;culos de an&aacute;lisis literario, ensayos, extensas entrevistas exclusivas, fragmentos de novelas y diarios, aforismos y un amplio apartado de cr&iacute;tica de libros.</p>
<p>Pero lo que verdaderamente la convierte en una revista para conservar y consultar en cualquier biblioteca son sus atractivos monogr&aacute;ficos que, con una extensi&oacute;n m&iacute;nima de 150 p&aacute;ginas, se ocupan en cada n&uacute;mero de analizar a fondo a un autor y su obra, o a la literatura de un pa&iacute;s. Entre esos monogr&aacute;ficos inolvidables de TURIA, alguno de ellos agotado, se encuentran los dedicados a Antonio Machado, Salvador Dal&iacute;, Max Aub, Roberto Bola&ntilde;o, Patrick Modiano, Mario Vargas Llosa, Rafael Chirbes, Luis Mateo D&iacute;ez, Carmen Mart&iacute;n Gaite, Heinrich B&ouml;ll, Luis Landero, Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n o Wislawa Szymborska.</p>
<p>TURIA est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel y su edici&oacute;n cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. A lo largo de su trayectoria tambi&eacute;n ha contado con el mecenazgo de otros organismos p&uacute;blicos como el Ministerio de Cultura, as&iacute; como de patrocinadores privados y entidades de otros pa&iacute;ses.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="left"><strong>LUIS BU&Ntilde;UEL, SANTO PATR&Oacute;N LAICO DE &ldquo;TURIA&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>Si hubiera que se&ntilde;alar un nombre propio entre los creadores que han protagonizado la revista TURIA en sus 35 a&ntilde;os de vida &eacute;se ser&iacute;a el del cineasta y escritor Luis Bu&ntilde;uel. Con m&aacute;s de 1.000 p&aacute;ginas publicadas en torno a su labor f&iacute;lmica, y un total de ocho monogr&aacute;ficos dedicados a publicar material in&eacute;dito de y sobre el director de cine, puede decirse que el c&eacute;lebre director de pel&iacute;culas como &ldquo;Un perro andaluz&rdquo;, &ldquo;Los olvidados&rdquo;, &ldquo;Viridiana&rdquo; o &ldquo;El discreto encanto de la burgues&iacute;a&rdquo;, se ha convertido en una suerte de santo patr&oacute;n laico de TURIA. Y es que en la revista consideran que Bu&ntilde;uel siempre merece la pena porque su cine, m&aacute;s all&aacute; de cualquier saludable controversia, logra plantear al espectador un mundo propio, tejido de s&iacute;mbolos, de sue&ntilde;os y de ideas.</p>
<p>La n&oacute;mina de autores que han publicado en TURIA textos in&eacute;ditos sobre Bu&ntilde;uel resulta espectacular, convirtiendo a la revista en referencia indispensable para cuantos quieran conocer m&aacute;s y mejor el universo bu&ntilde;ueliano. Entre esos autores, hay textos de grandes amigos y colaboradores&nbsp; como Jean-Claude Carri&egrave;re; de directores de cine como Jos&eacute; Luis Borau, Carlos Saura, Bertrand Tavernier, Alfredo Castell&oacute;n, Manuel Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n, Gonzalo Su&aacute;rez o Javier Rioyo; de actores como Fernando Rey, Catherine Deneuve o Silvia Pinal; de escritores como Carlos Fuentes, Guillermo Cabrera Infante, Juan Villoro o Vicente Molina Foix; de especialistas como Agust&iacute;n S&aacute;nchez Vidal, Rom&aacute;n Gubern, V&iacute;ctor Fuentes, Aurelio de los Reyes, Nelson Carro o Amparo Mart&iacute;nez, por citar algunos de los m&aacute;s relevantes</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>JAVIER GOM&Aacute;, INDISPENSABLE EN LA CULTURA ESPA&Ntilde;OLA ACTUAL</strong><strong> </strong></p>
<p>Javier Gom&aacute; Lanz&oacute;n (Bilbao, 1965),&nbsp; escritor, fil&oacute;sofo y director de la Fundaci&oacute;n Juan March, se ha convertido por m&eacute;ritos propios en un nombre indispensable en la cultura espa&ntilde;ola actual. Su curr&iacute;culo, sin duda, impresiona porque a lo ya citado habr&iacute;a que a&ntilde;adir su condici&oacute;n de letrado del Consejo de Estado por oposici&oacute;n (en la que obtuvo el n&uacute;mero 1 de su promoci&oacute;n), licenciado en Filolog&iacute;a Clasica y en Derecho y doctor en Filosof&iacute;a. Pero, sobre todo, Javier Gom&aacute; es un humanista, un sabio que tiene ya en su haber obras de referencia &nbsp;en &nbsp;el &nbsp;ensayismo &nbsp;espa&ntilde;ol &nbsp;contempor&aacute;neo &nbsp;como &nbsp;su &nbsp;&ldquo;Tetralog&iacute;a de la ejemplaridad&rdquo;, cuyo primer libro, &ldquo;Imitaci&oacute;n y experiencia&rdquo; fue Premio Nacional de Ensayo en 2004. Luego vendr&iacute;an: &ldquo;Aquiles en el gineceo&rdquo;, &ldquo;Ejemplaridad p&uacute;blica&rdquo; y &ldquo;Necesario pero imposible&rdquo;.</p>
<p>En TURIA, Javier Gom&aacute; ha tenido una presencia frecuente. Bien como autor de varios textos ensay&iacute;sticos o bien como protagonista de una extensa e intensa entrevista a fondo (Javier Gom&aacute;: "Las sociedades democr&aacute;ticas est&aacute;n necesitadas hoy de un ideal que suscite entusiasmo", n&ordm; 112, marzo 2014), y tambi&eacute;n se han rese&ntilde;ado casi todos sus libros. Su primera colaboraci&oacute;n publicada en TURIA data de julio de 2006 (n&ordm; 79): &ldquo;La formaci&oacute;n del h&eacute;roe moderno&rdquo;. &nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>JOS&Eacute; MAR&Iacute;A CONGET O EL MISTERIO DEL CUENTO DE NUNCA ACABAR</strong><strong></strong></p>
<p>Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget (Zaragoza, 1948) es uno de los escritores m&aacute;s originales del panorama literario espa&ntilde;ol de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Y es que, como subray&oacute; Jos&eacute; Carlos Mainer en TURIA, &ldquo;se caracteriza por su capacidad para elaborar libros de dif&iacute;cil clasificaci&oacute;n, una deliberada ambig&uuml;edad gen&eacute;rica nada fortuita. Una indefinici&oacute;n que le permite manejar como pocos las reglas del juego literario&rdquo;. Sostiene tambi&eacute;n que &ldquo;los textos de Conget albergan ese fondo de optimismo cervantino, escarmentado y l&uacute;cido: son lugares donde se habla de todo y se dialoga con todo. Podr&iacute;a decirse, en definitiva, que en los textos de Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget encontraremos &ldquo;el seguro mecanismo de su invenci&oacute;n, el misterio del cuento de nunca acabar&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>La vinculaci&oacute;n de Conget con TURIA ha sido constante y casi desde el principio de la revista. Ya en el n&ordm; 4-5 (1986) encontraremos un relato in&eacute;dito suyo. En marzo de 2014, concretamente en el n&ordm; 117-118, protagoniz&oacute; un monogr&aacute;fico sobre su trayectoria. Entre ambas fechas, fueron varios los textos originales de Conget publicados y tambi&eacute;n se rese&ntilde;aron los libros de un autor que es Premio de las Letras Aragonesas. &nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21" style="text-align: left;" align="center"><strong>&ldquo;CONGRESO&rdquo;, UN RELATO IN&Eacute;DITO DE JOS&Eacute; MAR&Iacute;A CONGET</strong><strong></strong><strong> <br /></strong></p>
<p class="Textoindependiente21">Entre las sorpresas y textos originales que brindar&aacute; el nuevo n&uacute;mero de TURIA a los lectores se encuentra un relato in&eacute;dito de Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget: &ldquo;Congreso&rdquo;. Todo un oportuno y desmitificador retrato de los eventos literarios y de la variada fauna de autores, sucesos e intereses que en ellos se suceden. A continuaci&oacute;n, el fragmento que da inicio al relato:</p>
<p>&ldquo;Cuando aterrizamos en la Isla, todos hab&iacute;amos hecho ya ignacianamente nuestra composici&oacute;n de lugar e incluso trazado lo que podr&iacute;amos llamar geograf&iacute;a humana. Los que repet&iacute;amos la experiencia calcul&aacute;bamos las horas libres para la playa, alguna cena en el restaurante del malec&oacute;n, la huida al mercadillo de antig&uuml;edades de los mi&eacute;rcoles; los primerizos nos limit&aacute;bamos a ubicarnos dentro de las fotograf&iacute;as de costa y puerto que coloreaban el folleto de la invitaci&oacute;n. Y por supuesto nos hac&iacute;amos el prop&oacute;sito de evitar en las comidas y excursiones a tal colega con fama de gafe o al otro que es un pelma notorio. &iquest;Y en qu&eacute; mesa redonda coincid&iacute;amos con la pizpireta bilba&iacute;na que perpetra novelas hist&oacute;ricas, cultiva una prosa de bachiller pero acude precedida de un prestigio de rijosa? &iquest;O con el brillante y agresivo <em>enfant terrible</em> de los dietarios inmisericordes y perfil de efebo? &iquest;Qui&eacute;n nos tocar&aacute; de vecino de habitaci&oacute;n? &iquest;Le habr&iacute;an reservado una suite al Gloria Nacional cuya ponencia cerrar&iacute;a el Congreso entre los aplausos de todos nosotros puestos en pie como Hollywood en la entrega del Oscar honor&iacute;fico? Nos pregunt&aacute;bamos igualmente el grado de conciencia que alberg&aacute;bamos cada uno sobre nuestro puesto en el escalaf&oacute;n. No se trataba, como en otras ocasiones, de un Congreso pretendidamente <em>inter pares</em> sino de un pl&uacute;rimo <em>totum revolutum</em> propiciado por el aumento de instituciones patrocinadoras con aspiraciones c&iacute;vico-culturales y dinero que blanquear. As&iacute; que las jornadas mezclaban autores talludos y cachorrillos de las letras, laboriosos ingenieros de <em>best-sellers</em> y exquisitos orfebres para minor&iacute;as, faunos y ninfas, antiguas luminarias oscurecidas, de las que se hab&iacute;an acordado los organizadores por compasi&oacute;n o por rutina o por ausencias de &uacute;ltima hora, y arrasadores novatos con el impulso, ya se sabe, de llevarse el mundo por delante, c&iacute;nicos y candorosos (o sea, que simulan candor), soberbios y zalameros, tradicionales y vanguardistas, medi&aacute;ticos y oscuros, apocal&iacute;pticos e integrados, egoc&eacute;ntricos y egol&aacute;tricos, y, en distinguida singularidad, el Gloria Nacional con el peso de cien laureles sobre sus sienes octogenarias.&rdquo;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>&nbsp;</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 05 Nov 2018 07:39:57 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Insolación]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/insolacion/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/octubre/MANUEL_VILAS_2.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; --&iquest;Ha visto usted qu&eacute; olas m&aacute;s altas trae hoy el mar?&mdash;me pregunt&oacute; do&ntilde;a Margarita.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El mar estaba embravecido y el calor era denso. Parec&iacute;a que el verano nos daba una tregua, pero eso fue ayer, cuando hubo cielo cubierto; hoy, en cambio, el verano ha llamado a la puerta de nuestros cuerpos con una piedra rusiente. Do&ntilde;a Margarita fumaba un cigarrillo falso, un cigarrillo electr&oacute;nico, y miraba las olas. Hab&iacute;a tomado sus pastillas con medio caf&eacute; con leche, con leche fr&iacute;a, para que el caf&eacute; remita su calor.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; --Es un d&iacute;a maravilloso&mdash;contest&eacute;, porque a do&ntilde;a Margarita hay que seguirle la conversaci&oacute;n, si no se entristece.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; --Todos los d&iacute;as son maravillosos, querido amigo. A menudo las ambiciones inconcretas hacen desgraciadas a las personas. En cambio, ambicionar algo tan presente como respirar y ver y disfrutar del sol nos hace dichosos, tal vez eso sea todo cuanto hay que saber en la vida. Y hay que vivir los d&iacute;as, vivirlos sin culpa. He sido una mujer afortunada. He enterrado a todos mis maridos pero a ninguno de mis hijos, &iquest;no cree usted? Es una ley de la naturaleza, jam&aacute;s debes de vivir m&aacute;s a&ntilde;os que tus hijos, y la naturaleza ha sido buena conmigo, y le estoy agradecida. El agradecimiento es un sentimiento que ya no existe en este mundo. Pero el mundo siempre est&aacute; inventando sentimientos, as&iacute; que seguro que el agradecimiento habr&aacute; sido sustituido por otra cosa, seguramente m&aacute;s interesante, otra cosa que habr&eacute; de perderme.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; --Por supuesto, do&ntilde;a Margarita, es usted muy afortunada.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me levant&eacute; de la terraza en la que est&aacute;bamos y fui a por el &aacute;lbum de fotos. Cuando se acerca el mediod&iacute;a a do&ntilde;a Margarita le gusta hojear el &aacute;lbum. Mientras hojea el &aacute;lbum tengo que ponerle crema en la cara. El sol junto al mar es ya veneno para la gente mayor, y m&aacute;s en verano. Comienzo a extender la crema sobre su cuerpo da&ntilde;ado, y ella sonr&iacute;e.</p>
<p>Do&ntilde;a Margarita, desde su infancia, pasa los veranos en esta villa italiana a orillas del Adri&aacute;tico, con terrazas sobre el mar y muebles restaurados, muebles de finales del siglo XIX, de altas proporciones, con cajones cerrados con llave, y con las llaves perdidas.</p>
<p>En la Agencia me dijeron que tuviera mucho cuidado, me proporcionaron un protocolo muy complejo, lleno de normas.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Do&ntilde;a Margarita me pide ahora que la lleve junto a la piscina. Como ella no puede nadar, le gusta que nade yo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; --Vamos, hombre, qu&iacute;tese el ba&ntilde;ador, no se haga usted el remilgado, quiero verle desnudo, a mi edad, ya imaginar&aacute; usted que el &uacute;nico placer que me queda es el de la vista. Me gusta ver nadar a los hombres. Tiene algo de lucha contra los elementos desatados de la naturaleza. Es algo muy er&oacute;tico ver nadar a un hombre desnudo, golpear el agua con los brazos, con las manos. Es muy ad&aacute;nico, si es que existi&oacute; Ad&aacute;n. Ojal&aacute; hubiera existido. Los mitos de la Biblia son tan simples como hermosos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Es una piscina grande y antigua, de las que a&uacute;n cubre; calculo que la parte m&aacute;s honda rondar&aacute; los tres metros; est&aacute; decorada con unas baldosas azules bellamente envejecidas; las escaleras est&aacute;n restauradas por una empresa florentina, hay una fecha: 1967. Me gusta tocar el fondo con las yemas de mis dedos y pensar en otras yemas de otros dedos que han hecho lo mismo a lo largo de estos &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os.</p>
<p>Me doy un ba&ntilde;o y nado un rato, intentando que do&ntilde;a Margarita disfrute de mi exhibici&oacute;n. Me pide que nade con estilo mariposa. Y lo hago. El agua est&aacute; caliente, y me acabo de percatar de que sobre la superficie flota un min&uacute;sculo rat&oacute;n ahogado, casi ha entrado en mi boca.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; --Los veranos en Italia son un lujo exquisito&mdash;dice do&ntilde;a Margarita&mdash;l&aacute;stima que ya no pueda beber ni siquiera un vino blanco. Pero como estoy perdiendo la memoria, ya no recuerdo los maravillosos efectos del vino blanco. &iquest;Por qu&eacute; ser&iacute;an maravillosos, no? Perder la memoria, querido amigo, es tambi&eacute;n estar con la vida. Si la vida ha decretado que olvide lo que fui, bienvenido sea el olvido. No se puede oponer uno a lo que la vida decreta. La memoria lo es todo en la existencia de un ser humano, pero perderla puede ser tambi&eacute;n el anuncio de una existencia nueva. Tal vez cuando resucitemos, si es que resucitamos, lo hagamos sin memoria de nada. Todos los seres humanos que han pisado este mundo creyeron que sus memorias eran s&oacute;lidas, y pensar as&iacute; solo es vanidad. La memoria es vanidad. El olvido es humildad. Como mucho, nos quedan las fotograf&iacute;as, que encierran al demonio de la muerte.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Doy la mano derecha a do&ntilde;a Margarita, ya que en la izquierda llevo el cuerpo del rat&oacute;n ahogado, y caminamos hasta la orilla del mar. Llevo al rat&oacute;n colgando de su cola, y se balancea su peque&ntilde;o cuerpo, donde la asfixia se trasluce en la mueca de su boca como petrificada, casi parecida a un pez. Pienso en si su cola se resquebrajar&aacute; y el cuerpo del roedor ir&aacute; a chocar contra el suelo, pienso en&nbsp; si esa cola es capaz de soportar el cuerpo del que procede.</p>
<p>Do&ntilde;a Margarita quiere entrar en el mar, al menos mojarse los pies. Hace un intento y se echa atr&aacute;s, y se r&iacute;e de su coqueter&iacute;a con el agua.</p>
<p>--El agua siempre est&aacute; fr&iacute;a en la primera impresi&oacute;n, pero la primera impresi&oacute;n, pese a lo que se dice, siempre es dudosa.</p>
<p>Me quedo mirando sus pies, que a&uacute;n conservan la perfecci&oacute;n que debieron de tener hace muchos a&ntilde;os. Sus u&ntilde;as est&aacute;n pintadas de rojo con primor, le hicieron la pedicura ayer, es un rojo gel, el m&aacute;s caro, el m&aacute;s resistente. Un rojo perfecto en unas u&ntilde;as gastadas y deformes, que ahora el agua salpica.</p>
<p>Arrojo el rat&oacute;n a las olas --sin que ella lo advierta, aunque est&aacute; muy distra&iacute;a-- que lo traen de vuelta a los veinte segundos, pos&aacute;ndolo junto a los pies de do&ntilde;a Margarita. El rat&oacute;n era una cr&iacute;a, y junto a los pies ancianos compone un cuadro que parece una paradoja moral: lo reci&eacute;n nacido est&aacute; muerto, y los pies deformes y vetustos de do&ntilde;a Margarita siguen vivos.</p>
<p>No se ha percatado de la innoble criatura que ha pasado rozando sus pies, pues su vista se est&aacute; agotando. Tal vez sepa que est&aacute; delante del mar por el sonido, o por la visi&oacute;n de una mancha azul,&nbsp; y por el olor a salitre, o por el viento, que mueve sus cabellos blancos, que son escasos, y dejan ver la piel del cr&aacute;neo de do&ntilde;a Margarita.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La villa est&aacute; llena de cuadros, fotos y recuerdos de familia. No acabo de entender muchas de esas fotos. Ni los cuadros. Componen un cosmos familiar que a estas alturas ya ser&aacute; inexplicable. Abuelos, t&iacute;os, padres, primos, cuyas vidas en este presente no exceden a la que el rat&oacute;n perdi&oacute; anoche, en la piscina.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En la Agencia me dijeron que nunca hiciera preguntas, que dejara que do&ntilde;a Margarita hablara. Pues suele hablar mucho, y le gusta hablar, comentaron con una sonrisa que no supe interpretar.</p>
<p>Es decir, que solo puedo llegar a saber de do&ntilde;a Margarita las cosas que do&ntilde;a Margarita tenga a bien contarme o aquellas cosas que yo pueda deducir de lo que veo, sin entrar en averiguaciones de ninguna clase. Esta norma no me ha costado nada cumplirla, porque de repente Do&ntilde;a Margarita anula mi curiosidad. O tal vez mi curiosidad se est&eacute; derrumbando misteriosamente, como si en el fondo supiera todo cuanto es necesario saber.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por la noche, viene a vestirla una chica del pueblo. Tengo que telefonear al restaurante Ludovico, para que traigan el catering. Y cenamos do&ntilde;a Margarita y yo. Do&ntilde;a Margarita aparece con un vestido blanco, de seda blanca de Tailandia. Rita, la chica del pueblo, la ha vestido con esmero, con paciencia. Rita llama a do&ntilde;a Margarita &ldquo;la bruja&rdquo;, y no s&eacute; por qu&eacute; se lo permito. No deber&iacute;a hacerlo. Rita me pone a prueba, estoy seguro, quiere saber hasta d&oacute;nde puede criticar a do&ntilde;a Margarita en mi presencia, para ella es como un entretenimiento.</p>
<p>Cada noche tengo que ser un hombre diferente, eso lleva su preparaci&oacute;n. Los de la Agencia me dieron un dosier completo. Son variantes de tres personajes: Luigi, Alfredo y Nikolay.</p>
<p>Fueron los tres maridos a los que do&ntilde;a Margarita le gusta recordar. Hubo un cuarto, lo s&eacute; porque aparece en las anotaciones de la Agencia, pero parece ser que ese cuarto marido es un misterio. Luigi es el marido italiano, Alfredo es el marido argentino y Nikolay es el marido ruso. En esta velada toca Nikolay.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; --Nikolay, llevas una camisa perfecta esta noche, qu&eacute; noche m&aacute;s hermosa de verano. &iquest;Te acuerdas, querido, que fue una noche de verano cuando t&uacute; y yo nos conocimos? Y fue en Par&iacute;s.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si ella dice Par&iacute;s, los documentos de la Agencia formulan que yo debo siempre sugerir que fue en Roma. Aclaran los documentos que a do&ntilde;a Margarita le gusta coquetear con hechos del pasado sucedidos en esas dos ciudades.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; --No,&nbsp; amor m&iacute;o, fue en Roma.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; --En Roma, oh, s&iacute;, fue en Roma. En Par&iacute;s fue con Alfredo. No te pongas celoso, amor m&iacute;o.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Do&ntilde;a Margarita adora el verano, usted debe situar siempre que le sea posible la conversaci&oacute;n en el verano&rdquo;, esas fueron las palabras textuales que me dijo el director de la Agencia en la conversaci&oacute;n que mantuvimos, aunque tambi&eacute;n est&aacute; muy bien explicado en el protocolo. El director, al ver mi rostro interrogante, asom&oacute; una breve explicaci&oacute;n: &ldquo;s&iacute;, es porque ella naci&oacute; en el sur de Espa&ntilde;a, para ella el verano es la &uacute;nica estaci&oacute;n que existe&rdquo;. En eso puedo que yo piense lo mismo,&nbsp; aunque en este trabajo no me est&aacute; permitido pensar, y pagan muy bien. Jam&aacute;s como actor de teatro tuve un trabajo tan bien pagado. El verano si eres espa&ntilde;ol tiene una dimensi&oacute;n especial. Por la noche viene una enfermera para acostar a do&ntilde;a Margarita. Es muy distinta a Rita, porque Rita es guapa e inocente. La enfermera, en cambio, es bastante desagradable; sin embargo, tambi&eacute;n insulta a do&ntilde;a Margarita y la llama &ldquo;la hechicera bizca del demonio&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;Mi trabajo solo es la conversaci&oacute;n, ponerle crema en la cara y el fingimiento. Y hacer peque&ntilde;os recados, acercar una silla, acompa&ntilde;ar a do&ntilde;a Margarita y fingir, fingir que han llamado sus seis hijos, y sus doce nietos. All&iacute; s&iacute; que el trabajo es m&aacute;s complejo, porque tuve que meter en mi cabeza un mont&oacute;n de personajes, todos de car&aacute;cter secundario. Son dieciocho personajes imaginarios, m&aacute;s tres maridos muertos, que fueron reales, seg&uacute;n parece. &ldquo;S&iacute;, sus maridos fueron reales, lo ver&aacute; en los documentos, sea cuidadoso con esa documentaci&oacute;n, es confidencial, y le va en el sueldo su confidencialidad&rdquo;, dijo el director.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Noto los dedos de la mano de do&ntilde;a Margarita corretear sobre mi pecho como si fuesen las patitas nauseabundas de un rat&oacute;n, esa mano que sube hasta mi cuello, y hace un calor fantasmal, porque es un verano muy h&uacute;medo y pegajoso y hediondo. Y do&ntilde;a Margarita me besa, porque dormimos juntos, y por eso est&aacute; tan bien pagado este trabajo, porque yo soy su cuarto marido, el m&aacute;s joven que tuvo, al que le sacaba cincuenta a&ntilde;os y el que muri&oacute; de un golpe de calor. Ahora me parece que do&ntilde;a Margarita me contempla con su ojo bizco. El sol en la cabeza es malo no solo para los ancianos, sino para toda clase de seres vivos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 08 Oct 2018 10:53:26 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Copérnico]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/copernico/</link>
      <description><![CDATA[<p><img style="float: right;" src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/octubre/CLARA_JAN_S_2.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; a V&iacute;ctor Navarro Brotons</em></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>Un d&iacute;a 6 de noviembre (el de 1500),</p>
<p>Cop&eacute;rnico observ&oacute; un eclipse de luna.</p>
<p>Vio c&oacute;mo primero &eacute;sta enrojec&iacute;a</p>
<p>hasta ser velada por la sombra</p>
<p>y reaparecer de nuevo.</p>
<p>Un a&ntilde;o despu&eacute;s estudiaba medicina en Padua.</p>
<p>A&uacute;n no exist&iacute;a el Anfiteatro Anat&oacute;mico,</p>
<p>es decir, no pudo ver,</p>
<p>apoyado en las barandas de madera,</p>
<p>las disecciones que cerca de la primera grada</p>
<p>realizaba el maestro, y m&aacute;s abajo,</p>
<p>c&oacute;mo una barca se llevaba luego</p>
<p>los despojos hacia el r&iacute;o...</p>
<p>De todos modos, su pasi&oacute;n eran los cielos.</p>
<p>No hab&iacute;a cuerpos ligeros all&iacute;,</p>
<p>no exist&iacute;a un c&iacute;rculo de fuego</p>
<p>que separara las estrellas de la tierra</p>
<p>quieta y plana en lo hondo.</p>
<p>La tierra giraba alrededor del sol</p>
<p>y de su propio eje. Ni sus movimientos,</p>
<p>ni los de ning&uacute;n cuerpo celeste,</p>
<p>eran rectil&iacute;neos.</p>
<p>Su plasmaci&oacute;n matem&aacute;tica</p>
<p>no coincid&iacute;a con lo que se hab&iacute;a dicho.</p>
<p>Si los de los planetas se refer&iacute;an</p>
<p>a la circunvalaci&oacute;n de la tierra,</p>
<p>el cielo quedar&iacute;a encajado</p>
<p>y no se podr&iacute;a cambiar nada</p>
<p>sin que se produjera una enorme confusi&oacute;n.</p>
<p>Adem&aacute;s, el aire y el agua</p>
<p>eran elementos de la tierra. Y la ca&iacute;da por el peso</p>
<p>y el elevarse del fuego no eran simples,</p>
<p>se deb&iacute;an siempre</p>
<p>a una perturbaci&oacute;n de la naturaleza.</p>
<p>Y la gravedad...</p>
<p>Era necesario, s&iacute;, escribir&iacute;a un nuevo <em>Almagesto</em>.</p>
<p>Pero no hab&iacute;a prisa.</p>
<p>Horacio ten&iacute;a raz&oacute;n:</p>
<p>&ldquo;Si escribes algo no debes publicarlo al punto,</p>
<p>tienes que esperar que pase un a&ntilde;o.&rdquo;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 05 Oct 2018 07:14:44 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Parasomnia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/parasomnia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2018/ETIEL_TAUPIER_1.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 600px;"><strong>una a eme</strong></p>
<p style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 600px;">con el hechizo del xil&oacute;fono</p>
<p style="padding-left: 600px;">ese que aparece en mis sue&ntilde;os</p>
<p style="padding-left: 600px;">he decidido recrearte una vez m&aacute;s:</p>
<p style="padding-left: 600px;">definirte trato</p>
<p style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 600px;">como al fuego</p>
<p style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 600px;">los primeros hombres.</p>
<p style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 600px;"><strong>dos a eme</strong></p>
<p style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 600px;">d&aacute;ndole curso a esta crud&iacute;sima lectura</p>
<p style="padding-left: 600px;">he decidido darte forma desde la nada</p>
<p style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 600px;">con la galopante intensidad de mis huesos</p>
<p style="padding-left: 600px;">con la fragilidad rauda de mis p&aacute;rpados</p>
<p style="padding-left: 600px;">con todo mi arsenal de cebos y maquinaciones l&iacute;quidas</p>
<p style="padding-left: 600px;">con todo mi cuerpo de estrella cazadora</p>
<p style="padding-left: 600px;">te encierro entre mis flechas</p>
<p style="padding-left: 600px;">y te me escapas como siempre.</p>
<p style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 600px;"><strong>tres a eme</strong></p>
<p style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 600px;">enmarcarte es como mirarse en un espejo</p>
<p style="padding-left: 600px;">un proceso meramente letal</p>
<p style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 600px;">enmarcarte es como forzarme</p>
<p style="padding-left: 600px;">con mordazas diferentes</p>
<p style="padding-left: 600px;">a mirarme en un espejo</p>
<p style="padding-left: 600px;">y ver ese cad&aacute;ver descampado</p>
<p style="padding-left: 600px;">en toda su extensa lejan&iacute;a.</p>
<p style="padding-left: 600px;"><strong>&nbsp;</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 28 Sep 2018 08:05:47 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Florence Delay contempla un cuadro de Zurbarán en el Prado y rompe a escribir]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/floray-delay-contempla-un-cuadro-de-zurbaran-en-el-prado-y-rompe-a-escribir/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2018/florence500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mirar un cuadro. Recorrerlo con la mirada. Con la memoria. Decir lo que uno ve. Describirlo con palabras. Palabras exactas, precisas. Nombrar. Todo tiene un nombre. Todos tenemos un nombre. Para todo hay una palabra. Muchas palabras posibles. Aproximadas. Intercambiables. Una sola la justa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img style="float: right;" src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2018/florencedentro.jpg" alt="" /></p>
<p>Zurbar&aacute;n, el esplendor del siglo de Oro, la devoci&oacute;n, la santidad, el martirio, la religi&oacute;n, la crueldad, la piedad, las rosas, los ojos, la inocencia, el pan de los pobres. Florence Delay ha escrito un bello libro sobre las santas de Zurbar&aacute;n<a title="" href="#_edn1">*</a>. Santas amables, regias a la vez que humildes, santas en h&aacute;bitos suntuosos, imperturbables. Alta costura, alta prosa, depurada, po&eacute;tica en el mejor sentido de la palabra (no deber&iacute;a tener otro), breve, ligera, sonora, callada, colorida. Florence Delay describe lo que ve. El rostro, la expresi&oacute;n, el aderezo, coronas, brazaletes, colgantes, tocados, los ojos, la mirada, el pelo, todas son morenas, todas son j&oacute;venes, todas son bellas. Luego el vestido,<em> un vestido, una vida</em>, todas las santas de Zurbar&aacute;n, incluso las m&aacute;s humildes, las pobres, las que no tuvieron nada en vida, van vestidas con ostentaci&oacute;n, con elegancia, no es ostentaci&oacute;n, es elegancia, ese instinto de la elegancia que poseen algunas personas independientemente de su condici&oacute;n, esa elegancia innata, &iquest;una recompensa del cielo en el caso de las santas? Las telas, los adornos, los bordados, los colores. Florence Delay, como si estuviese haciendo la cr&oacute;nica de un desfile de moda, no olvida nada, ning&uacute;n detalle, ning&uacute;n matiz, ninguna alusi&oacute;n, nada escapa a su penetrante mirada. Y finalmente las herramientas, los s&iacute;mbolos del martirio, del milagro: las rosas, el libro, la espada, el clavo, las piedras de la lapidaci&oacute;n, las tenazas, el le&oacute;n, el drag&oacute;n, la antorcha, los pechos cortados, los ojos en una bandeja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando Florence Delay va a un museo busca los dos, o como mucho tres cuadros que quiere ver, y se limita a ellos. Si se trata de una serie, o de un conjunto de cuadros con alg&uacute;n nexo o relaci&oacute;n entre s&iacute;, hace una excepci&oacute;n y los ve todos. El Prado, el Louvre, el museo de Bellas Artes de Sevilla, el Thyssen-Bornemisza, Chartres, Montpellier, Londres, G&eacute;nova, Dubl&iacute;n, Nueva York&hellip;, Florence Delay ha perseguido a las santas de Zurbar&aacute;n por todo el mundo. Santa Isabel de Portugal, santas Justa y Rufina, santa Catalina, santa Margarita de Antioqu&iacute;a, santa Marina, santa &Aacute;gueda, santa Luc&iacute;a, santa Engracia, santa Eulalia, santa Eufemia, santa In&eacute;s, santa Emerenciana, santa Apolonia, todas ellas salieron de su taller para viajar por el mundo, algunas de su propia mano. De cuando en cuando Florence Delay toma una nota para no olvidar algo. Escribe con pluma y tinta negra, tiene una letra peque&ntilde;a, clara, algo inclinada hacia la derecha. Escribe despacio. Las prisas, la precipitaci&oacute;n, la improvisaci&oacute;n, son cosas que Florence Delay desterr&oacute; de su vida muy pronto. No se puede escribir con prisas. No se puede vivir con prisas. M&aacute;s tarde, en la habitaci&oacute;n del hotel, escribir&aacute; algunas cosas, leer&aacute; algunas cosas, pensar&aacute; en algunas cosas. Antes de subir a la habitaci&oacute;n se ha fumado un &uacute;ltimo cigarrillo y bebido una copa de vino tinto. Es un engorro esto de no poder fumar uno en su habitaci&oacute;n. Cu&aacute;ntas tonter&iacute;as, piensa, hemos tenido que soportar estos &uacute;ltimos a&ntilde;os. Y las que nos esperan, suspira. Pero no quiere pensar en esto. Quiere pensar en los cuadros que ha visto. Quiere pensar en el pasado. El futuro est&aacute; detr&aacute;s. Todo vuelva. Quiere pensar en las santas. Quiere escribir sobre ellas. Descubrirlas. Describirlas. Saber algo m&aacute;s de ellas. Contarlo. Ha puesto sobre la mesa las reproducciones que ha comprado en la tienda del museo. Su cuaderno. Su pluma. La leyenda dorada. El cat&aacute;logo de la exposici&oacute;n Balenciaga. El libro Santas de Zurbar&aacute;n, devoci&oacute;n y persuasi&oacute;n. Un vaso de agua. El ordenador vendr&aacute; m&aacute;s tarde. A su tiempo. Al final de todo el proceso. Y escribe: &ldquo;En Sevilla, una j&oacute;venes santas presentan un desfile de Alta costura&rdquo;. Alza la pluma y evoca so&ntilde;adora su juventud. La primera vez que visit&oacute; el museo de Bellas Artes de Sevilla. Recuerda a sus amigos espa&ntilde;oles. Sus viajes a Espa&ntilde;a, Madrid, el Retiro, Pepe Bergam&iacute;n, los toros, Jos&eacute; Tom&aacute;s&hellip; Qu&eacute; corta es la vida. Qu&eacute; extra&ntilde;a. He sido feliz, piensa. Soy feliz. Me han hecho feliz y he hecho feliz. He cumplido. He devuelto mis talentos aumentados. Pero no quiere ponerse melanc&oacute;lica. Y vuelve al cuaderno. Escribe: &ldquo;Bellas como las andaluzas de ojos negros y pelo negro, llevan largos vestidos, con capa o sin capa, diversos modelos de jubones, casaquillas, camisolas y basqui&ntilde;as, segundas faldas bajo las primeras&hellip;&rdquo; Y mientras escribe, una vez m&aacute;s, revive su vida. Un colgante, una joya, el color de un vestido en el cuadro que est&aacute; mirando, son id&eacute;nticos a un colgante, una joya, o el color de un vestido reales, concretos, &uacute;nicos, que llevaba su madre en las ocasiones, como se dec&iacute;a entonces, su profesora de baile&hellip; <em>&nbsp;un vestido, una vida, un libro</em>&hellip; Basta por hoy. Ma&ntilde;ana temprano tiene que volver a Par&iacute;s. Se va a la cama. Apaga la luz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ednref1">*</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Florence Delay, Haute couture, Par&iacute;s, Gallimard, 2018.&nbsp;&nbsp;</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Fri, 21 Sep 2018 10:28:44 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El otro]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-otro/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/_LEX_CHICO.jpg" alt="" /></p>
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<p>Cualquier direcci&oacute;n es posible, pero eliges caminar calle abajo. Se estrecha la v&iacute;a y al pasar de nuevo por el mismo portal se anuda a ti esta suma de historias incompletas, rec&oacute;nditas, banales: el televisor apagado que alguien mira con desinter&eacute;s desde un sof&aacute;, las flores secas en el centro de una rotonda, el paseo solitario de quien ser&aacute;, horas m&aacute;s tarde, un asesino a la fuga.</p>
<p>Nada te ata&ntilde;e esa sucesi&oacute;n de minutos, recibidos as&iacute;, con aparente casualidad, y sin embargo bajan contigo como una piel muerta. Porque el camino es largo y formas parte de una vieja ceremonia: la del testigo que perpet&uacute;a, sin querer, el ritual de los d&iacute;as a medio hacer; la del espectador que busca una parte y la siguiente.</p>
<p>El azar se convierte en una extensa cadena. Una pesada cortina que al desplegarse agita los l&iacute;mites del mundo. Tambi&eacute;n a ti te golpea su movimiento a medida que avanzas.</p>
<p>La carretera se bifurca. No hay camino de regreso para alguien que olvid&oacute; d&oacute;nde est&aacute; su casa. El asfalto mojado te hace resbalar y perder el sentido. Todo a tu alrededor no es m&aacute;s que una concatenaci&oacute;n de ficciones, como una mand&iacute;bula que al abrirse devora cualquier rastro de vuelta.</p>
<p>Eres uno, ahora, y eres m&uacute;ltiple.</p>
<p>Sabes que al doblar la esquina nadie te llamar&aacute; por tu nombre.&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 21 Sep 2018 10:11:31 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los terneros]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/los-terneros/</link>
      <description><![CDATA[<p align="center"><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2018/RODRIGO_BLANCO_CALDER_N.png" alt="" /> </p>
<p>&laquo;Cada escritor posee en s&iacute; mismo un jard&iacute;n que cultivar y un viajero que transportar: nada m&aacute;s. De otro modo, ser&iacute;a un personaje mucho menos interesante, que es su propio Yo&raquo;. Con esta frase, Roberto Calasso, en <em>La marca del editor</em> (Anagrama), equipara la tarea de escribir y editar, siguiendo la estela de la definici&oacute;n de editor que hizo Vladimir Dimitrijevic con solo dos palabras: jardinero y transbordador. Rodrigo Blanco Calder&oacute;n usa a Calasso para abrir su &uacute;ltimo libro de relatos, <em>Los terneros</em> (P&aacute;ginas de Espuma), con la siguiente cita: &laquo;Todo sacrificio es un barco dirigido hacia el cielo&raquo;.</p>
<p>Blanco Calder&oacute;n fue el escritor m&aacute;s joven de la primera generaci&oacute;n Bogot&aacute; 39, hace m&aacute;s de diez a&ntilde;os, en 2007. Vive en Par&iacute;s y es caraque&ntilde;o. Este es su tercer libro de cuentos y el primero como migrante, fuera de una Venezuela a la que ya no reconoce, de la que se fue, por la que se fue. Aunque asegura venir de las formas breves y sentirse m&aacute;s c&oacute;modo en ellas, tambi&eacute;n ha escrito novela: <em>The Night</em> (Alfaguara), con la que ha recibido el premio Rive Gauche &agrave; Paris, por la mejor novela extranjera en Francia. Con <em>Los terneros</em> qued&oacute; finalista del &uacute;ltimo Premio Ribera del Duero.</p>
<p><em>Los terneros</em> est&aacute; hecho de siete relatos: &laquo;Petrarca&raquo;, &laquo;Agujeros negros&raquo;, &laquo;Biarritz&raquo;, &laquo;Los locos de Par&iacute;s&raquo;, &laquo;Nuevo coloquio de los perros&raquo;, &laquo;Hijos de la niebla&raquo; y el cuento del que toma el t&iacute;tulo el libro: &laquo;Los terneros&raquo;. Siete relatos pero tambi&eacute;n, en cierto modo, siete cap&iacute;tulos: un archipi&eacute;lago de siete islas. Si se lee de principio a fin, la esencia es de conjunto, de ese Todo, de ese ser, de ese sacrificio: de ser humano y sociedad. El libro est&aacute; de pie y pasea por Caracas, Ciudad de M&eacute;xico, Miami, Par&iacute;s, Biarritz, Madrid. Las ciudades son personas y fechas conectadas, y las personas hablan de ciudades en las que viven, adonde viajan, en las que crecen o fueron.</p>
<p>Los protagonistas de <em>Los terneros</em> van en metro, conducen taxis, se montan en ascensores, son tocados por ciegos que se empapan de v&eacute;rtigo. Lloran, visitan farmacias e iglesias, a un hombre en cama tras la cortina esperando lector. Ven al Quijote de hoy, que es un aparcacoches durmiendo en la calle. Ven los restos de la muerte, de un hurac&aacute;n, y la noche de antes de los destrozos. Asisten a protestas, son testigos, atentados, estudiantes y profesores. Lectores, escritores, tambi&eacute;n poetas. Bailan, mascan silencio. Muestran todo lo inefable. Hablan del poder y de la nada, de los ciclos y las ausencias, de eso que alguien siente cuando siente mucho y no es capaz de decir c&oacute;mo. O no sabe o no se quiere. Comunicarnos, qu&eacute; dif&iacute;cil. Y, sin embargo, qu&eacute; necesario. &iquest;Cu&aacute;nto nos necesitamos? &iquest;Cu&aacute;nto se pierde por ganar compa&ntilde;&iacute;a? &iquest;Qu&eacute; sacrificio? Los protagonistas de <em>Los terneros </em>son solos que no pueden estar solos.</p>
<p><em>Parlez vos voisin!</em>, habla con tu vecino, est&aacute; escrito en el vag&oacute;n del metro de &laquo;Los locos de Par&iacute;s&raquo;, uno de los cuentos m&aacute;s aplaudidos del conjunto. Funciona como un relato perfecto, con su vac&iacute;o correspondiente, y todo arranca con alguien llegando a Par&iacute;s tras la masacre de Le Bataclan: un latinoamericano, ling&uuml;ista, inform&aacute;tico y deprimido, casi un zombi, buscando amigos, como se suele decir. &laquo;As&iacute;, he descubierto que una buena novela es eso: la inminencia de un ataque de zombis que no se produce&raquo;, dice el narrador de este cuento.</p>
<p>Y bien podr&iacute;amos definir as&iacute; el estilo de Blanco Calder&oacute;n. Te lleva al precipicio y te abandona en el l&iacute;mite, no se desborda, no se deforma, y te deja sola con tu, su, soledad. Lleva el caballo de la narraci&oacute;n sin que se note que lo apalea, con cuerda invisible, sin despeinarse, sin desbocarse una l&iacute;nea y, aun as&iacute;, o quiz&aacute;s por ello, duele el l&aacute;tigo como si el caballo fueses t&uacute;. Pero t&uacute; cre&iacute;as que hab&iacute;as venido al baile y a un vals en concreto por la elegancia, pero el cuento termina y t&uacute; est&aacute;s K.O. Y en un ring y sin la palabra.</p>
<p>La palabra &laquo;sonrisa&raquo; suele pasearse con mucha m&aacute;s frecuencia y dignidad en cualquier narraci&oacute;n que la palabra &laquo;l&aacute;grimas&raquo;. No en el caso de Rodrigo Blanco Calder&oacute;n, no aqu&iacute;. Todos los protagonistas de estos cuentos son hombres (desde el ni&ntilde;o al anciano a las puertas de la muerte) y hay heridas de hu&eacute;rfano, hay una especie de orfandad en el libro que crece. Lloran con naturalidad, pero solo los hombres. Las mujeres son misterio en este libro, fuertes en su mayor&iacute;a, distantes, infranqueables emocionalmente, o ausentes. Todos los protagonistas son hombres pero son protagonistas que se quitan del medio, como un periodista que escucha y observa pero no deja de hablarnos tambi&eacute;n de &eacute;l al trav&eacute;s de los otros. Alejarse del Yo&iacute;smo, como dir&iacute;a Pic&oacute;n Salas, con quien tambi&eacute;n se conversa en este libro que arranca con un personaje llamado Petrarca, al que debemos la difusi&oacute;n de los cl&aacute;sicos. Hay un Quijote y un Sancho a la mitad, otro coloquio de perros, y todo termina con un hombre dando un portazo, afrontando su miedo mayor.</p>
<p>Hay narraciones dentro de narraciones, matrioskas, e iceberg del que solo se ve la punta; hay que bucear, hay riqueza por debajo y m&aacute;s all&aacute; hasta para alcanzar la otra orilla anotando en los m&aacute;rgenes, como manguitos, las familias, los di&aacute;logos, a qu&eacute; suena cada frase dicha propia. Adem&aacute;s de los autores propiamente mencionados por el autor, leyendo los cuentos de Rodrigo Blanco Calder&oacute;n, parpadean tambi&eacute;n, seg&uacute;n nuestros ojos, Eduardo Halfon, su humor y erotismo y el disfraz de un detalle contra el patetismo, ya sea un gab&aacute;n rosa o un paraguas; Antonio Ortu&ntilde;o, y esa necesidad de dejar por escrito, de usar la lengua materna, de cumplir con su madre; Marta Sanz, con las cicatrices y no saber si lo que se recuerda es cierto o no; Sanchis Sinisterra, con los ciegos y su obra <em>El lector por horas</em>. Los di&aacute;logos son dram&aacute;ticos en <em>Los terneros</em>, nunca se siente una palabra que sobre o reste ejecuci&oacute;n, y hay frases muy buenas pero ninguna lapidaria.</p>
<p>Todas las conexiones antes mencionadas surgen leyendo &laquo;Biarritz&raquo;, uno de los cuentos de m&aacute;s valor, si no el que m&aacute;s, en nuestra opini&oacute;n, por lo natural, sin rastro de las herramientas usadas ni anclajes, limpio, por lo f&aacute;cil que parece y que no es, por lo que trata, por lo &iacute;ntimo y social, por aquello que dec&iacute;a Miguel Torga: &laquo;Lo universal es lo local sin paredes&raquo;. Encierra el sentido de la literatura y del ser humano, del hablar y contarnos, del poder sanador (o al menos placentero) de las historias. Y, no por ello deja de guiar y provocar al lector, que se queda pensando si, realmente, hac&iacute;a ese sol al final del cuento o el narrador se lo ha inventado porque as&iacute; quiere cont&aacute;rselo.&nbsp;</p>
<p>Con Blanco Calder&oacute;n una aprende que los silencios dicen m&aacute;s que los rumores. Y a lo largo de toda la lectura, una voz repite: &iexcl;Qu&eacute; belleza de libro! Antes de repetirse otra vez, a&ntilde;adiremos lo que nos ha faltado: un olor. &iquest;O es que el silencio no huele?</p>
<p><em>Los terneros</em> es un libro para leer, terminarlo y dejarlo en la mesita cerca para agarrar un trozo a menudo. Y s&iacute;, tambi&eacute;n habla de pol&iacute;tica. Es pol&iacute;tica. <em>Los terneros</em> es un cuerpo de palabras que nos ense&ntilde;a que somos animales de ternura y terror. Ahora s&iacute;, de nuevo y sin estridencias, en cualquier p&aacute;rrafo, en cada esquina, en todo hueso, qu&eacute; belleza de libro. ?ROSARIO L&Oacute;PEZ.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rodrigo Blanco Calder&oacute;n, <em>Los terneros</em>. Madrid, P&aacute;ginas de Espuma, 2018.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 21 Sep 2018 10:05:45 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Para ver más de veras]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/para-ver-mas-de-veras/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/septiembre/VICENTE_GALLEGO.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Es que falta sustancia</p>
<p>-y ni ali&ntilde;o siquiera-</p>
<p>a esta ma&ntilde;ana inmensa del pardal</p>
<p>que ha bebido en la pila de la fuente?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y es que es gorda la cosa&nbsp;</p>
<p>-&iexcl;es que la veo!-,</p>
<p>la cosa del beber y de las alas,</p>
<p>el asunto del cielo -que es estarse</p>
<p>a sus anchas sin fin para pasmarnos-;</p>
<p>y esa otra menudencia</p>
<p>de los ojos que miran y descubren</p>
<p>que existe este mirar, y se enaltece</p>
<p>de agua y de gorriones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero no lo ve&iacute;a, me faltaba</p>
<p>ponerlo en evidencia, y llegas t&uacute;,</p>
<p>palabra de qu&eacute; amor, para mostrarme</p>
<p>cu&aacute;nto te necesitan estos ojos</p>
<p>para ver m&aacute;s de veras, para ver</p>
<p>la fuente y el gorri&oacute;n en su domingo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Y era eso por fin</p>
<p>-por fin y por principio-, que es amor</p>
<p>la m&uacute;sica que o&iacute;a en la palabra,</p>
<p>que de amor en amor estoy de amores</p>
<p>elocuente y de p&aacute;jaros?</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 14 Sep 2018 06:40:29 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fosa]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/fosa/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2018/ETIEL_TAUPIER.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 450px;">si uno se sit&uacute;a frente a una estatua</p>
<p style="padding-left: 450px;">con sencilla ternura</p>
<p style="padding-left: 450px;">esta se abrir&aacute;</p>
<p style="padding-left: 450px;">y dos partes sim&eacute;tricas se erigir&aacute;n</p>
<p style="padding-left: 450px;">como dos valles</p>
<p style="padding-left: 450px;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 450px;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; debe uno estar inquieto</p>
<p style="padding-left: 450px;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ansioso hasta los huesos y dudar</p>
<p style="padding-left: 450px;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; dudar del cuerpo mismo</p>
<p style="padding-left: 450px;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; y del lenguaje de los ojos</p>
<p style="padding-left: 450px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 450px;">la llanura se esparcir&aacute;</p>
<p style="padding-left: 450px;">hacia los puntos cardinales</p>
<p style="padding-left: 450px;">y su extensi&oacute;n ser&aacute; alucinante y vasta</p>
<p style="padding-left: 450px;">como un vertiginoso fotograma</p>
<p style="padding-left: 450px;">que proyecta los caminos de las manos</p>
<p style="padding-left: 450px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 450px;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; si uno desea entrar</p>
<p style="padding-left: 450px;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; debe quitarse las ropas</p>
<p style="padding-left: 450px;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; y el cierre desde la lumbar hasta la nuca</p>
<p style="padding-left: 450px;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; debe aflojarse</p>
<p style="padding-left: 450px;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; dejando as&iacute; entrever palabras dormidas</p>
<p style="padding-left: 450px;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; en el organismo</p>
<p style="padding-left: 450px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 450px;">de no entrar</p>
<p style="padding-left: 450px;">las g&aacute;rgolas vig&iacute;as</p>
<p style="padding-left: 450px;">le reprochar&aacute;n a uno</p>
<p style="padding-left: 450px;">el color del pelo</p>
<p style="padding-left: 450px;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; el largo de las u&ntilde;as</p>
<p style="padding-left: 450px;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; tambi&eacute;n los deseos</p>
<p style="padding-left: 450px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 450px;">si uno se sit&uacute;a frente a una estatua y no se abre&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 450px;">es porque la oscura sensaci&oacute;n</p>
<p style="padding-left: 450px;">de haberse extraviado</p>
<p style="padding-left: 450px;">predomina entre lo dorado de las rejas</p>
<p style="padding-left: 450px;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; a trav&eacute;s de la estatua</p>
<p style="padding-left: 450px;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; completamente p&eacute;trea</p>
<p style="padding-left: 450px;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; puede uno verse solitario y dulce</p>
<p style="padding-left: 450px;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; en el pasado.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 07 Sep 2018 07:07:07 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[(Sin título)]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/sin-titulo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/septiembre/PUREZA_CANELO.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 480px;">El destino de la escritura es un nido de ojos que vuelan sin control. Ese viaje misterioso no siega el brote de la materia que vendr&aacute;.</p>
<p style="padding-left: 480px;">&iquest;Podr&aacute; conocerse el sentido de una l&iacute;nea? S&iacute;, dir&aacute; el profesor que explica lo que no tiene carril ni pint&aacute;ndolo.</p>
<p style="padding-left: 480px;">Dejemos a los remolinos del aire ofrecer poliedros. Un nido de ojos no hace aula, ni cristales manchados, ni bajorrelieves de rayas en las mesas. Amigos fil&oacute;logos, que los tengo, perdonadme.</p>
<p style="padding-left: 480px;">El revoloteo del lector invisible ser&aacute; fecundidad de la poes&iacute;a sin autor prefijado, ni filtros especiales, ni sospechas del riesgo. &Eacute;l mover&aacute; el terreno a su antojo. Dejemos que marque resurrecci&oacute;n y lo que quiera.</p>
<p style="padding-left: 480px;">As&iacute; la mano del hacedor queda en libertad.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 07 Sep 2018 06:54:53 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Guadianescas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/guadianescas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/septiembre/moro500.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 510px;">Pasado el tiempo, la herencia de muchos no es m&aacute;s que un tenebroso legado de detritos y cenizas.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;" align="center">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;"><em>Yo no ir&iacute;a tan lejos</em>, acostumbra a decir quien nunca se ha movido del asiento.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">En m&aacute;s ocasiones de las que quisi&eacute;ramos el poema llega, nos mira&hellip; y se va.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">Se ech&oacute; las manos a la cabeza&hellip; y sus palmas se entrechocaron en el intento.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">Para dogm&aacute;ticos, los dioses, que jam&aacute;s han dado su brazo a torcer.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">El cobarde siempre busca alg&uacute;n necio al que poder traicionar.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">Puede que quien siempre calla no est&eacute; otorgando nada sino que sea mudo.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">La casi insoportable intimidaci&oacute;n de algunos recuerdos.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">Cuidado con ella: el horror del holocausto tambi&eacute;n fue en un momento de inspiraci&oacute;n.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">La patria, esa barriga voraz de sus hijos nunca satisfecha.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">Al igual que el porche pertenece a la casa, la antesala del horror tambi&eacute;n es parte del horror.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">El lugar del crimen es todo el mundo.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">La libertad, ese espinoso asunto sepultado en la carpeta, cada vez m&aacute;s abultada, de temas por resolver.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;" align="center">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">&iexcl;Pobrecitas mis palabras, tener que soportar un d&iacute;a tras otro a un tipo como yo!</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">Me carcome la impaciencia por saber qu&eacute; viejo error cometer&eacute; hoy de nuevo.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">&iquest;Cu&aacute;ndo fue que nos abandon&oacute; la bondad?</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">De vez en cuando me impongo tareas inaplazables que incumplo escrupulosamente.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">Cuando me doy la raz&oacute;n es que no estoy en mis cabales.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">Presum&iacute;a de modesto.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">Mientras el mundo no cambie, me declaro ap&aacute;trida de todos los lugares y mis&aacute;ntropo de casi todos sus habitantes.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">La vida, la poes&iacute;a: dos asuntos de lo m&aacute;s inseguro.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">En verdad, en verdad os digo que el que la gula, la lujuria y la pereza se cuenten entre los pecados capitales no deja de parecerme una exageraci&oacute;n.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">Hay amaneceres que deber&iacute;an pens&aacute;rselo dos veces.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">No me parece tarea menor causar desaz&oacute;n y des&aacute;nimo en canallas y bribones.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">In&uacute;til como espejo de ciego.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;" align="center">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">El peligro de estar en boca de alguien es que o te tragan o te escupen.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;" align="center">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">De vez en cuando tenemos que librar batallas que sabemos perdidas de antemano.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">Saber lo que hay que leer por haber le&iacute;do.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">Con la excusa de vivir no paramos de matar.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">Viajas a tu interior y, nada m&aacute;s llegar, te dan ganas de salir huyendo.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">Ante, contra, frente a lo prosaico de surtir efecto, lo po&eacute;tico de surtir de afectos.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">El &uacute;nico beneficio que he conseguido sacar en claro es el de la duda.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 03 Sep 2018 08:17:11 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Años 1998-2000. Notas para una novela futura]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/anos-1998-2000-notas-para-una-novela-futura/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/septiembre/chirbes500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Parece como si la poes&iacute;a hubiera tenido que pasar por todos los infiernos del arte por el arte, antes de acometer la suprema tarea de someter todo esteticismo a la primac&iacute;a de lo &eacute;tico. Hermann Broch.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De <em>El</em><em> Idiota</em>, de Dostoievski: pudiera ser que tampoco la inteligencia fuera lo principal. No te r&iacute;as, Aglaya, que no me contradigo: el burro con coraz&oacute;n y sin inteligencia es un burro tan desdichado como el burro con inteligencia y sin coraz&oacute;n. Es una gran verdad. Yo soy una burra con coraz&oacute;n y sin inteligencia, y t&uacute; eres una burra con inteligencia pero sin coraz&oacute;n: las dos sufrimos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El dolor se expresa mediante s&iacute;mbolos, no se expresa directamente, no vemos, tocamos o sentimos el dolor ajeno. Vemos los s&iacute;mbolos que de &eacute;l emanan: las l&aacute;grimas, el gesto torturado del rostro; o&iacute;mos los gritos, pero no sentimos el dolor que roe en silencio a una persona, que no puede pasarnos ni siquiera una peque&ntilde;a parte de su carga para que la ayudemos a llevarla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo realmente desconocido no atrae, lo que atrae es lo intuido. Se siente atra&iacute;do por algo quien intuye una nueva parcela de realidad y tiene que darle expresi&oacute;n para que salga a la luz. Tanto en el arte como en la ciencia, el problema se reduce a crear nuevos vocablos que nos adentren en el bosque de la realidad. Aquel que persigue buscar para el arte exclusivamente nuevas formas sin tener eso en cuenta, crea sensaciones pero no arte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El artista medieval serv&iacute;a a Dios si hac&iacute;a un buen trabajo; su problema, al pintar un retablo, al tallarlo, al ajustar las piezas, no era Dios: era distribuir los colores, los espacios, las figuras humanas, los animales, los paisajes del cuadro o las figuras del retablo; que se sostuviera bien el andamiaje, que estuvieran bien encajadas predelas o polseras. Incluso la Iglesia desconfiaba de un artista que ligara de manera excesivamente directa su arte a Dios. Eso no era asunto suyo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Podemos perdonarlo todo, mientras no veamos a las v&iacute;ctimas, &iquest;todav&iacute;a no has aprendido eso?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De Musil (<em>Diarios</em>):</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se refiere al Hume del Tratado de la Naturaleza Humana: Las discusiones se multiplican con el mismo ardor que si todo fuera cierto. En medio de esa furia, no es la raz&oacute;n la que obtiene la victoria, sino la elocuencia. Triunfan las hip&oacute;tesis m&aacute;s audaces, con tal de que el orador posea la habilidad suficiente para presentarlas bajo una luz favorable. La victoria no la alcanzan los que llevan las armas, las espadas y picas, sino los trompetas, tambores y m&uacute;sicos del ej&eacute;rcito.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>27 de enero de 2000</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Vuelta al <em>Decamer&oacute;n</em>. Nunca me hab&iacute;a animado a leerlo en italiano. Lo hago ahora, y me sorprende la viveza de la lengua, que tan bien plasma la&nbsp; melancol&iacute;a por el tiempo ido, el perfume de las hermosas rosas de anta&ntilde;o, esas primeras p&aacute;ginas impregnadas por la tristeza de un mundo que se llev&oacute; la peste; en los cuentos, la socarrona y aguda mirada que con tanta frecuencia se encuentra entre los habitantes de las orillas del Mediterr&aacute;neo y enseguida reconocemos: Petronio, Juvenal, Marcial, Martorell, el Fellini de Amarcord: una pel&iacute;cula que siempre que la veo sigue haci&eacute;ndome hace re&iacute;r y llorar.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al empezar a leer el libro, me sorprende, sobre todo, la potencia con la que Boccaccio describe los efectos de la terrible peste negra de 1348, tan cercana mientras escrib&iacute;a el libro. En mis lecturas anteriores nunca hab&iacute;a introducido m&aacute;s que como rumor de fondo esa circunstancia que, en realidad, est&aacute; en el cogollo del libro: la desolaci&oacute;n de Boccaccio por los sufrimientos, por el horror de que ha sido testigo, es la espoleta que pone en marcha la gozosa narraci&oacute;n. El texto surge de un impulso que hoy nos parece tremendamente moderno: la escritura combate el miedo y la angustia por sus p&eacute;rdidas irreparables. Hay una sensaci&oacute;n de inminencia en el libro, una proximidad casi escandalosa entre el mal y su curaci&oacute;n: escrito por alguien que ha sobrevivido, su humor tiene algo de pascua gozosa; de resurrecci&oacute;n. Una escritura desde el m&aacute;s all&aacute;, la mirada de alguien que, por mero azar, se ha salvado y se siente con fuerzas para levantarse sobre tanto cad&aacute;ver, para entender que vivir es seguir cont&aacute;ndole la vida a alguien, transmitir, y sobreponerse a esa deformaci&oacute;n que han dejado en la mirada la acumulaci&oacute;n de horror y dolor, y tantas cosas indeseables como se han visto y sufrido. Ajustar de nuevo la lente y ponerla en el tiempo anterior, en la edad dorada en la que se recog&iacute;an los frutos de los &aacute;rboles y la carne era lugar de acogida, refugio c&aacute;lido (no podredumbre que se arroja a las fosas), y por encima de la tapia se escuchaban las risas en el huerto de los vecinos. Pero escribo estas l&iacute;neas con rabia, porque el libro tiene una llaneza y una agilidad para captar la vida de las que carecen las palabras que voy escribiendo. Y es que -ya lo he dicho- la escritura, en Boccaccio, es consuelo, medicina, resurrecci&oacute;n (todo se hund&iacute;a mientras &eacute;l estaba escribiendo: la palabra como esos flotadores de corcho que nos pon&iacute;an a los ni&ntilde;os en torno al pecho para que aprendi&eacute;ramos a nadar). El Decamer&oacute;n es de esos libros que te hacen pensar en ciertas figuritas chinas deste&ntilde;idas, o ciertas verduras secas, que, en contacto con el agua, recuperan su color y su volumen. Cuando el mundo parece abandonado por los dioses, cuando el hombre parece a punto de desaparecer del reino de los seres vivos, Boccaccio nos abre su libro para que la fiesta contin&uacute;e, para que no se pierda la alegr&iacute;a acumulada durante tantos milenios, belleza que estalla entre lo m&aacute;s s&oacute;rdido, flor de esti&eacute;rcol. &iquest;C&oacute;mo podremos agradec&eacute;rselo bastante?&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Despu&eacute;s de una lectura de Lukacs):</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La mera elecci&oacute;n entre lenguaje visual y lenguaje escrito implica ya una pertinencia ideol&oacute;gica. Y nos lo parece especialmente hoy, porque el lenguaje televisivo ha adquirido una forma sint&eacute;tica, cortante, que no soporta la digresi&oacute;n, y cuyo modelo m&aacute;s perfecto ser&iacute;a el videoclip, triunfo de la ilusi&oacute;n &oacute;ptica frente a la reflexi&oacute;n. Es la diferencia que existe entre labrar un terreno o bombardearlo. En ambos casos se remueve la tierra, pero de manera distinta. Confieso que tengo dificultades para ver muchos de los reportajes actuales: la c&aacute;mara corretea, salta, las im&aacute;genes se entrecortan. Si es un reportaje de viajes, tengo la impresi&oacute;n de que no alcanzo a ver lo que me interesar&iacute;a, los paisajes, los monumentos, los espacios urbanos; mostrar todo eso, hoy d&iacute;a, resulta reaccionario, anticuado, as&iacute; que uno acaba viendo pedazos de muro, caras a las que ni siquiera se deja pronunciar dos frases seguidas, luces, sem&aacute;foros y pasos de peatones, palmeras desenfocadas si es algo tropical&hellip; un guirigay. Echo de menos los viejos reportajes con planos largos y personajes que describen pausadamente las cosas o cuentan la historia de lo que est&aacute;s viendo. Sigo necesitando saber, m&aacute;s que me toquen los nervios</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Beniarbeig. Verano del 2000</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Leo a Chateaubriand: <em>Memoires d&rsquo;outre-tombe</em> y, a continuaci&oacute;n, Dostoievski: <em>Los Hermanos Karamazov</em>. Tomo infinidad de notas de ambos libros: me gusta guardar en los cuadernos p&aacute;ginas enteras de los libros que me interesan, copiar p&aacute;rrafos y p&aacute;rrafos con mi letra: yo creo que lo que me gustar&iacute;a en realidad ser&iacute;a haberlos escrito yo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Apuntes para un art&iacute;culo sobre concomitancias entre las escrituras de Lucrecio, Fernando de Rojas y Gald&oacute;s: mundos sin alma, abandonados por los dioses, pero poblados por brujos que agitan sus sombras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>13 de marzo de 2005</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En la primera salida de Don Quijote, Cervantes no tiene piedad ninguna con su personaje: lo desprecia, casi dir&iacute;a que lo odia, un tipo est&uacute;pido que no se entera de nada de cuanto ocurre a su alrededor; a quien s&oacute;lo la mezcla de humor y prudencia del ventero salva de un linchamiento, y cuyas &uacute;nicas acciones son descalabrar a dos pobres arrieros y conseguirle una paliza suplementaria a un muchacho. El desprecio de Cervantes se resume en la frase con la que cierra la escena entre joven ga&ntilde;&aacute;n golpeado y labrador rico, y que yo creo que resume qu&eacute; es lo que Don Quijote ha conseguido con su acci&oacute;n: &ldquo;&eacute;l (el muchacho) se qued&oacute; llorando y su amo se parti&oacute; riendo&rdquo;. Nunca, en anteriores ocasiones en que lo hab&iacute;a le&iacute;do, me hab&iacute;a dado tanta sensaci&oacute;n de desprecio del autor hacia su personaje: un narrador agrio, malhumorado con su protagonista al que considera peligroso payaso, un ser in&uacute;til y da&ntilde;ino para su entorno, y, adem&aacute;s, un engre&iacute;do. La literatura (las novelas de caballer&iacute;a cuyos p&aacute;rrafos imagina en las descripciones) sale tremendamente mal parada, y frente a ella, el autor finge contar al margen, en una rara oralidad que rebaja las cosas de nivel, las pone a ras de suelo, las despoja de cualquier fascinaci&oacute;n, las descarga, les quita los coturnos. Otra cosa es que luego, en las siguientes excursiones, se enamore cada vez m&aacute;s de don Quijote, y el personaje se le vaya escapando, tomando vida propia. En la primera salida, lo que viene a contar la novela es la sucesi&oacute;n de desastres que puede llegar a cometer quien mira el mundo a trav&eacute;s de los libros fant&aacute;sticos. M&aacute;s bien parece una venganza&nbsp; contra la literatura y contra quienes la sacralizan. Y claro que es una venganza contra la literatura, como cualquier buena novela que se precie. No hay gran literatura que no se haya escrito contra la literatura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>10 de mayo de 2006&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta ma&ntilde;ana, mientras me duchaba, he escuchado por la radio que el actual Conseller de Interior de la Generalitat catalana estuvo acusado de poner dos bombas, o m&aacute;s bien dos petardos, hace unos a&ntilde;os. La vida se empe&ntilde;a en repetir los esquemas que le regala la literatura: el exagitador de La educaci&oacute;n sentimental convertido en ministro del interior; el ministro del interior que fue poeta frecuentador de la bohemia en Luces de bohemia;&nbsp; Vautrin, el gran criminal de las novelas de Balzac, convertido en jefe de la polic&iacute;a. En la charla de hoy, les hablaba a los alumnos de la Aut&oacute;noma de la permanente disyuntiva de la literatura: ayudar a levantar el retablo de las maravillas, que encandila; o intentar echarlo abajo: la disyuntiva de toda la cultura. Nos bastar&iacute;a De rerum natura como instrumento para trabajar en la tarea de demolici&oacute;n, claro que tambi&eacute;n nos basta un taparrabos para cubrirnos. Hay que ponerse al d&iacute;a, seguir las modas. El retablo renueva sus mu&ntilde;ecos. Ahora es otra cosa, nos dice el titeretero. Voy a contaros otra historia, pero seguid atentos. La literatura, tela de Pen&eacute;lope, fer i desfer treball de dimonis: hacer y deshacer trabajo de diablos, dicen en valenciano. Hace algunos a&ntilde;os, en un encuentro con un anarquista con quien mucho tiempo antes hab&iacute;a compartido celda en la c&aacute;rcel de Carabanchel, se me ocurri&oacute; hacer un chiste sobre el vicepresidente del gobierno (Alfonso Guerra). En vez de re&iacute;rse como yo esperaba, se levant&oacute; de un salto (charl&aacute;bamos en un caf&eacute;), y se alej&oacute; precipitadamente. Mov&iacute;a los brazos, hac&iacute;a aspavientos, daba voces. Un tercero que nos acompa&ntilde;aba a la mesa me explic&oacute; que aquel anarquista rebelde que yo hab&iacute;a conocido ahora era un alto cargo de prisiones y admirador entregado del vicepresidente de quien yo me hab&iacute;a permitido hacer un chiste; a&ntilde;os m&aacute;s tarde, volv&iacute; a encontr&aacute;rmelo y durante todo el tiempo estuvo explic&aacute;ndome su segura posici&oacute;n, su garant&iacute;a hasta la hora final, gracias a que se hab&iacute;a convertido en funcionario del grado superior (no s&eacute; si el treinta, el cuarenta y tres o el cincuenta y ocho, de eso no entiendo) en el Ministerio de Agricultura, una plaza conseguida por influencias pol&iacute;ticas y no por oposici&oacute;n o por m&eacute;ritos profesionales. Me hablaba con orgullo, marcando la distancia que nos separaba (yo era un modest&iacute;simo periodista). La vida sigue sin apartarse ni un &aacute;pice del gui&oacute;n marcado hace muchos siglos. La literatura nos lo ha ido contando en cada&nbsp; &eacute;poca. Cada hornada de j&oacute;venes que llega a escena cree representar una nueva obra cuando resulta que repite viej&iacute;simos papeles.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El mismo mes de mayo&hellip;&nbsp; </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por cierto, el adulterio dannunziano en Il piazzere, su primera novela, es la comunicaci&oacute;n secreta entre dos seres privilegiados que participan de la energ&iacute;a del esp&iacute;ritu, la gran cultura (dos cacharrer&iacute;as de libros y objetos unidas). En estas novelas de adulterio, el marido es, la mayor parte de las veces, s&oacute;lo pesado cuerpo, materia: cuerpo y dinero (lo indeseable), y el dinero es una pesada emanaci&oacute;n corporal (una especie de sudor), que (en la dicotom&iacute;a que propone esa est&eacute;tica), aleja del esp&iacute;ritu y condena al disfrute de placeres groseros. El marido grosero, monetario, del que hay que liberar a la mujer sensible es un t&oacute;pico que recorre la literatura fin de siglo, la italiana, pero tambi&eacute;n la francesa y la espa&ntilde;ola, el adulterio como forma de refinamiento lo encontramos mucho en nuestro Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez (ya, pero el refinado en el fondo pide carne: muchos velos, malvas y rosas, pero, al final, su raci&oacute;n de carne). Andrea, el protagonista de la novela de D&rsquo;Annunzio, tras su primer encuentro con la deseada Elena, descubre que se esfuma el velo del misterio, y, por lo tanto, que lo suyo non aveva piu nulla di comune con l&rsquo;Amore. El motivo de ese desprecio es que ha descubierto que, si ella lo abandon&oacute; tras el primer encuentro, fue porque sufr&iacute;a apuros econ&oacute;micos, y se vio obligada &ndash;o eligi&oacute;- a casarse con un hombre rico. Andrea no puede soportar eso, lo m&aacute;s degradante, un matrimonio utile. El s&uacute;mmum de la vulgaridad. &Eacute;l, que &ndash;como dice el narrador- tanto ha enga&ntilde;ado, no soporta el enga&ntilde;o de ella porque lo hace por mezquindad, por c&aacute;lculo. Maldito dinero. Elena ya no forma parte del modelo, puede ser tratada de cualquier manera: a &eacute;l ya no le importa que ella sea impura, s&oacute;lo carnalidad una lascivia interamente carnale comme una libidine bassa. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mientras leo la novela de D&rsquo;Annunzio me acuerdo de las palabras de E&ccedil;a de Queiroz en la introducci&oacute;n que puso a sus divertid&iacute;simas Farpas (banderillas) recopiladas bajo el t&iacute;tulo Una campa&ntilde;a alegre. Caricaturiza as&iacute; la novela portuguesa de su &eacute;poca empe&ntilde;ada en mostrar perversos adulterios: Julia, p&aacute;lida, casada con Antonio, gordo, tira las cadenas conyugales a la cabeza del marido y se desmaya l&iacute;ricamente en brazos de Arturo, desgre&ntilde;ado y macilento. Para mayor emoci&oacute;n del lector sensible y para disculpa de la esposa infiel, Antonio trabaja, lo cual es una verg&uuml;enza burguesa, y Arturo es un vago, lo cual representa una gloria rom&aacute;ntica. Es el modelo al que se acoge D&rsquo;Annunzio&nbsp; &ndash;mujer delicada, casada con robusto e insensible burgu&eacute;s-, una plaga que minar&aacute; la narrativa europea de fines del XIX (las Farpas son de los noventa, y las escribe a partir del 70; la novela de D&rsquo;Annunzio aparece en el 89). En la narrativa espa&ntilde;ola abundan los ejemplos.&nbsp; A Gald&oacute;s, en cambio, le gustan esos burgueses sangu&iacute;neos y los pone a&nbsp; luchar contra la palidez cer&uacute;lea del viejo r&eacute;gimen y su &ntilde;o&ntilde;er&iacute;a de culo apretado. Agust&iacute;n Caballero, el personaje de Tormento, es buena muestra de esos personajes positivos. Tienen la energ&iacute;a del progreso, el &iacute;mpetu de la turbina, de la m&aacute;quina de vapor.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>19 de enero de 2007</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pan, de Knut Hamsun: la le&iacute; de joven, cuando ten&iacute;a quince o diecis&eacute;is a&ntilde;os. Recordaba un ambiente asfixiante, extra&ntilde;o, la presencia del bosque y un tono pante&iacute;sta que la uni&oacute; en el almac&eacute;n de mis imaginarios a los poemas de Whitman que conoc&iacute; alg&uacute;n tiempo despu&eacute;s. Vuelta a leer hoy, pasados casi cincuenta a&ntilde;os, me la encuentro rejuvenecida. Hamsun, que fue muy popular, tuvo escaso prestigio entre los j&oacute;venes universitarios de mi generaci&oacute;n, seguramente porque hab&iacute;amos le&iacute;do en alguna parte que fue colaboracionista, o directamente nazi. Asociamos su militancia con una literatura desfasada, vieja. Ahora descubro a un escritor en l&iacute;nea con las tendencias nihilistas de su tiempo y que conecta muy bien con ciertos rasgos actuales: novela de un yo sufriente, de un h&eacute;roe torturado, incapaz de contactar con el mundo que lo rodea y destruye sus posibilidades. En realidad &ndash;seg&uacute;n descubrimos en la carta final que escribe alguien que lo conoci&oacute;- fue un hombre dotado de cualidades, seductor. El propio yo se encarga de distorsionar la imagen de s&iacute; mismo: el demonio de dentro lo arrastra a destruirse al tiempo que destruye su entorno. Incapaz de amar, pero furioso buscador del amor, ni siquiera la comuni&oacute;n con la naturaleza &ndash;a la que dice aspirar- le proporciona un b&aacute;lsamo a su intimidad herida. Su desaz&oacute;n nos lleva a pensar en Dostoievski, en Kafka, en Drieu, en Camus y tutti quanti. Creo que alguien como Vila Matas se sentir&aacute; fascinado por un libro tan rabiosamente moderno como &eacute;ste. A m&iacute; me toca constatar una vez m&aacute;s la capacidad que tienen las novelas para remozarse: a Hamsun lo abandonamos hace medio siglo por viejo, y hoy nos fastidia por demasiado moderno. Como el personaje que la protagoniza, la novela de Hamsun parece no encontrar su sitio: es un libro inc&oacute;modo, esquinado, precursor de un malestar que, cuando fue escrito, a&uacute;n se anunciaba como una sombra en el horizonte. Nos fascina la cualidad del clima que construye, peculiar textura que parece traernos el alma n&oacute;rdica, espacio entre psicol&oacute;gico y geogr&aacute;fico o meteorol&oacute;gico, que se resuelve en sensibilidad herida a su (peculiar) manera. Se me viene a la cabeza una reflexi&oacute;n de J&uuml;nger que he le&iacute;do d&iacute;as atr&aacute;s en sus memorias, y en la que viene a decir algo as&iacute; como que el sur (el mundo solar) facilita la relaci&oacute;n del hombre con el tiempo. Hay una radical soledad en los seres sufrientes que nos llegan del norte, tra&iacute;dos por el pintor M&uuml;nch, el cineasta Bergman, el dramaturgo Strindberg. Pienso ahora en todas esas torturadas figuras que, en el gran parque de Oslo, levant&oacute; el escultor Vigeland. Como dir&iacute;a la Gaite: son seres que, cuando se comunican entre s&iacute;, da la impresi&oacute;n de que lo hacen por frotamiento y no por &oacute;smosis.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 03 Sep 2018 07:24:18 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Amistad]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/amistad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2018/david500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">Abandonar&iacute;a mi casa, el paisaje,</p>
<p style="padding-left: 540px;">mi propia extra&ntilde;eza ante lo desconocido.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Los caminos ser&iacute;an hermanos de leche</p>
<p style="padding-left: 540px;">y los pueblos y las ciudades renovados hogares</p>
<p style="padding-left: 540px;">si as&iacute; me lo pidieses y tu voz susurrante</p>
<p style="padding-left: 540px;">escuchase en la atroz distancia.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">Acudir&iacute;a con mi ej&eacute;rcito enseguida</p>
<p style="padding-left: 540px;">si la guerra convocases;</p>
<p style="padding-left: 540px;">arrasar&iacute;a, como una estrella moribunda</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; justo antes de desaparecer,</p>
<p style="padding-left: 540px;">al enemigo que sufrimiento te infligiera,</p>
<p style="padding-left: 540px;">y tu alegr&iacute;a yo preservar&iacute;a</p>
<p style="padding-left: 540px;">como si fuera la reliquia primigenia:</p>
<p style="padding-left: 540px;">llevada ser&iacute;a a mis templos</p>
<p style="padding-left: 540px;">como fe verdadera.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">Me entregar&iacute;a cautivo si necesitases</p>
<p style="padding-left: 540px;">como precio de rescate mi agon&iacute;a,</p>
<p style="padding-left: 540px;">si con ello libre puedes acogerte</p>
<p style="padding-left: 540px;">a la inmensidad de la vida.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">Compartir&iacute;amos la felicidad del mundo,</p>
<p style="padding-left: 540px;">sorbi&eacute;ndola toda, con el ego&iacute;smo avaro</p>
<p style="padding-left: 540px;">del ladr&oacute;n hambriento,</p>
<p style="padding-left: 540px;">y nuestras risas se convertir&iacute;an en eco</p>
<p style="padding-left: 540px;">que recorrer&iacute;a cada rinc&oacute;n del mundo.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">A mi hogar regresar&iacute;a, la paz</p>
<p style="padding-left: 540px;">guardar&iacute;a con celoso sigilo</p>
<p style="padding-left: 540px;">mientras supiera que mi amigo</p>
<p style="padding-left: 540px;">entre lujuriantes bienes anida.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
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      <pubDate>Mon, 03 Sep 2018 07:19:59 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Presentación revista Turia 127 en la FIL de Lima]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/presentacion-revista-turia-127-en-la-fil-de-lima/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2018/carmen_Oll_500.jpg" alt="" /></p>
<p>La revista Turia&nbsp; es una publicaci&oacute;n cient&iacute;fico-literaria de Teruel del Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n Provincial de Teruel fundada por Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas Pallares en 1983 , en recuerdo de la vieja revista del Turia del siglo XIX (1881-1888) DE CIENCIAS, ARTES, LETRAS Y OTROS TEMAS, CREADA POR Joaqu&iacute;n Guimbao, como portavoz de los intelectuales de Teruel,&nbsp;</p>
<p>Turia 127 est&aacute; dedicada a dar a conocer la literatura peruana y espa&ntilde;ola&nbsp; a trav&eacute;s de un panorama muy amplio y rico: el ensayo cr&iacute;tico, la poes&iacute;a, el pensamiento, la ficci&oacute;n;&nbsp; est&aacute; dividida por eso en&nbsp; varios apartados como : Letras, Taller, Poes&iacute;a, pensamiento, Cartapacio: Literatura peruana actual, Conversaciones, La isla, Sobre Arag&oacute;n,&nbsp; Cuadernos turolenses y&nbsp; La torre de babel, la secci&oacute;n m&aacute;s larga donde se re&uacute;nen escritos de opini&oacute;n sobre autores y autoras de distintos g&eacute;neros y nacionalidades., con estilos y enfoques muy personales.</p>
<p>Para el lector peruano es una oportunidad de conocer a muchos escritores y escritoras que no llegan f&aacute;cilmente a nuestras librer&iacute;as, y supongo que ocurre lo mismo all&aacute;,&nbsp; en Teruel, es deseable que la revista tambi&eacute;n tenga una circulaci&oacute;n amplia, si no en f&iacute;sico porque se trata de un n&uacute;mero voluminoso, 500 p&aacute;ginas, podr&iacute;a tener una difusi&oacute;n virtual.</p>
<p>Turia 127 se abre con un ensayo de Javier Morales Mena sobre nuestro&nbsp; Premio Nobel &ldquo;Mario Vargas Llosa: ensayista&rdquo; Morales Mena opina que su ensay&iacute;stica es &nbsp;autorreferencial, al decir del cr&iacute;tico peruano Jos&eacute; Miguel Oviedo; es decir, que los argumentos vargasllosianos sirven para comprender su po&eacute;tica novel&iacute;stica, m&aacute;s que el mundo representado de la obra de otros autores. &ldquo; No tiene tampoco sustento epistemol&oacute;gico, seg&uacute;n el uruguayo &Aacute;ngel Rama &ndash;anota Morales Mena, as&iacute; su cr&iacute;tica se convierte en un largo monologo sobre su obra&rdquo;. Morales se pregunta &ldquo;Entonces, &iquest;c&oacute;mo leer los ensayos de Vargas Llosa?&nbsp; Pues desde una posici&oacute;n intermedia, o mejor dicho intersticial,&nbsp; para lo cual analiza&nbsp; el discurso para ser le&iacute;do en la ceremonia de concesi&oacute;n del Premio R&oacute;mulo Gallegos: &laquo;La literatura es fuego&raquo; (1967),la noci&oacute;n de &laquo;vocaci&oacute;n&raquo; y la met&aacute;fora del fuego. Morales Mena hace breve reflexi&oacute;n sobre los afeptos , palabra que articula dos dimensiones en el trabajo del escritor peruano, lo conceptual y lo afectivo; para Vargas Llosa la literatura es fuego pero el fuego que se&ntilde;ala la raz&oacute;n cr&iacute;tica, el inconformismo y la rebeli&oacute;n.</p>
<p><strong>C&eacute;sar Vallejo, en nuestro presente Eva Valero</strong></p>
<p>Eva Valero se remite para explicar la importancia de Vallejo a autores como &ldquo;Mario Benedetti, que en 1967 escribi&oacute; un art&iacute;culo&nbsp; sobre Vallejo y Neruda seg&uacute;n Valero, los dos grandes paradigmas po&eacute;ticos de la literatura hispanoamericana del siglo XX, bajo el t&iacute;tulo &laquo;, dos modos de influir&raquo;; al poeta peruano Jorge Eduardo Eielson, autor del art&iacute;culo &laquo;Actualidad de C&eacute;sar Vallejo&raquo;, publicado en la revista Debate, n.&ordm; 69, en 1992; y a algunos fragmentos del poeta chileno Ra&uacute;l Zurita de su ensayo &laquo;Poes&iacute;a y Nuevo Mundo&raquo;, compilado en el libro Sobre el amor, el sufrimiento y el nuevo milenio, del a&ntilde;o 2000.&rdquo; Segun Valero,: &ldquo;Vallejo deja huella en los lectores gracias a un&nbsp; &laquo;lenguaje seco a veces, irregular, entra&ntilde;able y estallante, vital hasta el sufrimiento&raquo;,&rdquo;, dice Eva Valero.&nbsp; Es conocido el tema sobre el dolor en Vallejo que para Valero y para muchos estudiosos se trata de un dolor universal,&nbsp; y cita el poema &laquo;Los nueve monstruos&raquo;, Benedetti y Zurita consideran, que Vallejo&nbsp; fragua un lenguaje nuevo al doblegarlo y violentarlo.</p>
<p>&ldquo;El tan conocido poema &laquo;Considerando en fr&iacute;o, imparcialmente...&raquo; resulta paradigm&aacute;tico. En &eacute;l, el tono fr&iacute;o e impersonal del lenguaje judicial que recorre parte de la composici&oacute;n en sus gerundios repetidos (&laquo;considerando&raquo;, &laquo;explicando&raquo;, &laquo;comprendiendo&raquo;) es estrategia textual que va a dar finalmente en una exposici&oacute;n de &laquo;considerandos&raquo; con la que, por contraste, Vallejo logra la comunicaci&oacute;n m&aacute;s radical sobre su sentido de lo humano. Eielson tambi&eacute;n insiste en el amor universal, en el amor por el ser humano y la compasi&oacute;n por el ser humano, aunque hay algo que agrega y es el &laquo;pathos vallejiano&raquo;, que pone en relaci&oacute;n con los estoicos y los m&iacute;sticos castellanos (&laquo;Quevedo y Unamuno, hasta los grandes rusos de fin de siglo&raquo;),&nbsp; dice Valero, y ello refresca un poco la idea del dolor universal que&nbsp; en Trilce (1922) tiene otros matices, menos rom&aacute;ntico o sentimentales, porque el dolor universal, a mi modo de ver en Vallejo, se ha convertido en un t&oacute;pico muy recurrente que a veces se vac&iacute;a de significado. Zurita en cambio se refiere a Vallejo desde una visi&oacute;n hist&oacute;rica, y lo conecta con el Inca Garcilaso y s relato sobre el ajusticiamiento de T&uacute;pac Amaru en 1572 para referirse tambi&eacute;n al sacrificio de los poemas de Vallejo.</p>
<p>De nuevo con Jaime Gil de Biedma/ Luis Antonio de Villena Jaime Gil de Biedma (Barcelona, 1929-1990)&nbsp; uno de los mitos de la&nbsp; poes&iacute;a espa&ntilde;ola&nbsp; conocido por su pereza entre comillas, por escribir poco y corto. Villena se pregunta: &ldquo;por qu&eacute; Jai me, el poeta y personaje m&aacute;s conocido de su generaci&oacute;n, no escrib&iacute;a...&nbsp; Y propone interesantes explicaciones sobre el tema &ldquo;Sin duda la obra en prosa m&aacute;s importante de Gil de Biedma es el Diario de 1956, publicado p&oacute;stumamente apenas un a&ntilde;o despu&eacute;s de su muerte. A Jaime le interesaba mucho lo que se ha llamado &laquo;literatura del yo&raquo;&rdquo;</p>
<p>En Diez instant&aacute;neas de Eduardo Chirinos Fernando Iwasaki Lima, 1960 &ndash; Missoula, 2016 Cuenta an&eacute;cdotas desde su &eacute;poca escolar, paseos de juventud, trabajos que comparti&oacute; con Eduardo,&nbsp; as&iacute; como las lecturas, ya que sus familias se conoc&iacute;an y eran muy amigas. Es un recuerdo v&iacute;vido y sentido de un amigo y de un poeta al que Iwasaki admira y quiso mucho.</p>
<p>Taller: narrativa, ficci&oacute;n.&nbsp; Se aprecia en taller una tendencia que prevalece en los cuentos, el realismo literario. Por ejemplo, en Mediterr&aacute;neo, de Santiago Roncagliolo, un arquitecto mani&aacute;tico de la limpieza de los dientes, del confort, de la soledad, algo mis&aacute;ntropo que se casa &ldquo;por descuido&rdquo; y hace un viaje de luna de miel a unas islas orientales del Dodecaneso con su mujer, se trata de un energ&uacute;meno a quien todo le parece una molestia, una carga, algo dif&iacute;cil de digerir. El asunto dom&eacute;stico, la soledad el matrimonio, los beb&eacute;s&hellip;todo lo que hace a la gente feliz pero tambi&eacute;n la aburre y harta.</p>
<p>Fernando Aramburu por su parte en Dilema presenta Las complicadas relaciones entre padre e hija. La relaci&oacute;n con la hija y unas palabras duras de ella hacia &eacute;l lo sumen en la tristeza y confusi&oacute;n, al extremo de no saber cuando&nbsp; est&aacute; al volante qu&eacute; carril tomar para no atropellar a un ni&ntilde;o o a un anciano, ello lo lleva a evaluar o poner en valor la vida de las dos posibles v&iacute;ctimas. Este dilema es un pretexto para una desesperaci&oacute;n&nbsp; que no concuerda con la velocidad del instante, lo que convierte a este relato en un cuento especulativo sobre la reflexi&oacute;n de qui&eacute;n vale m&aacute;s en este mundo: un ni&ntilde;o o un anciano.</p>
<p>Dioptr&iacute;as de Eloy Tiz&oacute;n (dioptr&iacute;as t&eacute;rmino relacionado con una lente y su poder de refracci&oacute;n.)</p>
<p>&nbsp;Se ocupa de la culpa,&nbsp; cargamos con ella desde peque&ntilde;os, en la escuela. Y claro, lo que sigue es pedir perd&oacute;n, tambi&eacute;n por todo. &ldquo;Por tantos fallos. Por haber sido mal hijo, mal hermano, mal novio, mal copiloto, mal marido, mal padre, mal amigo, mal compa&ntilde;ero de trabajo.&rdquo; El cuento es un mon&oacute;logo sobre diversos temas, el trabajo, los arrestos en la calle, las navidades, as&iacute; la narraci&oacute;n&nbsp; avanza a trav&eacute;s de peque&ntilde;as historias sin argumento,&nbsp; hasta un gato que fuma, el delirio sin ser delirante, el caos sin lugar a confusi&oacute;n, el amor y la timidez. En resumen, es el relato sobre la felicidad de vivir.</p>
<p>Otras caricias de Alonso Cueto (fragmento de una novela in&eacute;dita.)En un restaurante humilde o pe&ntilde;a criolla, una mujer emprendedora y un cantante tienen una relaci&oacute;n de amistad y amor pero cuyas vidas muestran un conformismo ante la pobreza y la median&iacute;a de sus logros en el negocio y en el show: &ldquo;Cuando (Humberto) se miraba, pod&iacute;a verse tambi&eacute;n la foto de Elo&iacute;sa Angulo detr&aacute;s. La gran cantante que no logr&oacute; ser nunca grande. Como no lo ser&iacute;a &eacute;l. Para qu&eacute; ser grande. Para qu&eacute; ser famoso, para qu&eacute; ser un &eacute;xito. Lo que cuenta es ser uno mismo. Es m&aacute;s tranquilo as&iacute;.&rdquo; Ello no impide que Humberto sea una suerte de fil&oacute;sofo que reflexiona sobre la importancia del canto y analiza la letra de canciones criollas, sobre el amor, el abandono. Y la soledad sobre todo.</p>
<p>En Lepidopterolog&iacute;a de Sara Mesa, la importancia del pasado que se evoca cuando se escribe y se ha dejado atr&aacute;s la infancia; hay personajes marginales, mendigas y vagabundos, orates, ancianas buenas en los viejos barrios. Ellos, sus perros y otros personajes dignos de ser protagonistas de historias tiernas. Y el triste fin de estos seres desarraigados</p>
<p>El collar de los Balbases Jorge Eduardo Benavides gira en torno a&nbsp; una famosa joyer&iacute;a de Madrid,&nbsp; es el fragmento de una novela sobre el robo de una perla. Abundan las descripciones con lujo de detalles. Un pasaje ilustra c&oacute;mo&rdquo; S&aacute;nchez Pescador saca con sumo cuidado la larga caja, que es como un nicho donde en peque&ntilde;os compartimentos guarda los taleguillos con las preciadas perlas. Las hay en verdad hermosas y &eacute;l est&aacute; secretamente orgulloso de todas y cada una de ellas, pues algunas rivalizar&iacute;an con la mism&iacute;sima Peregrina. Aqu&iacute; fue precisamente donde el marqu&eacute;s de Alca&ntilde;ices, cuando hered&oacute; el marquesado de los Balbases, y siguiendo una tradici&oacute;n antiqu&iacute;sima de los Sp&iacute;nola, eligi&oacute; la perla para el fastuoso collar que generaci&oacute;n tras generaci&oacute;n lucen las mujeres de dicha familia. Don Nicol&aacute;s Osorio se decant&oacute; para el llamado &laquo;collar de los Balbases por una perla como no hay otra en el reino.&rdquo;</p>
<p>Un comienzo prometedor&nbsp; es el de Carlos Pardo, tambi&eacute;n un extracto de una novela in&eacute;dita: Lejos de Kakania: historia de j&oacute;venes a quienes les gusta la poes&iacute;a, y su relaci&oacute;n con una madre enferma, el sexo, el amor que seg&uacute;n he notado en la mayor&iacute;a de los textos, casi ha desparecido como sentimiento y pasi&oacute;n rom&aacute;ntica, tiene mucho que ver con la moda, con el gusto y la est&eacute;tica&hellip;</p>
<p>Unos se casan por descuido, otros simplemente tienen sexo porque se acoplan bien&hellip;. O por diversi&oacute;n como en La ni&ntilde;a: de Patricia Esteban Erl&eacute;s, de la novela in&eacute;dita La ni&ntilde;a, en la que una pareja que desea tener un hijo, pero la madre deber&aacute; guardar cama, se trata de un embarazo dif&iacute;cil que dispara un drama desalentador para el amor.</p>
<p>Poes&iacute;a</p>
<p>Egureninana de Bonet, pues es un homenaje al poeta peruano de Barranco, un poema breve pero sugestivo.</p>
<p>La poes&iacute;a atraviesa &eacute;pocas, ruinas como Pompeya, donde un ave es el mejor recuerdo de la existencia antes de la destrucci&oacute;n del Vesubio: de Jos&eacute; Carlos LLop,</p>
<p>Pasa por el descontento, pero tambi&eacute;n pone en valor el amor el poeta R. Silva Santisteban en Carta del desterrado.</p>
<p>Casonas antiguas y la nostalgia de lo que se deja atr&aacute;s y a quienes no volveremos a ver en Duende de Marco Martos. O el deseo de rememorar a una abuela querida a trav&eacute;s de una habitaci&oacute;n y una silla en In&eacute;s de &Aacute;lvaro Valverde.&nbsp; Un poema sobre el para&iacute;so, las sombras, la muerte el olvido, los grandes temas son los temas que apreciamos en Alonso Ruiz Rosas.</p>
<p>Sobre la fragilidad y belleza de una mariposa en contraste con la rutina dom&eacute;stica es el asunto destacable en Amalia Bautista. Es hora de vivir, le dice Aurora Luque a las mujeres de Am&eacute;rica, este poema tiene un matiz m&aacute;s contestatario que los anteriores.</p>
<p>El tiempo pasa pero no lo digas ante un rel&aacute;mpago, dice en un haik&uacute;&nbsp; Matsuo Basho, por eso Giovanna Pollarolo habla de la casa en ruinas para mostrarnos el&nbsp; cambio a trav&eacute;s de una descripci&oacute;n minuciosa&nbsp; de los objetos rotos o en desuso, en ausencia de las personas que la habitaron.&nbsp;</p>
<p>En&nbsp; &ldquo;La Llamada&rdquo;, La metapoes&iacute;a tambi&eacute;n aparece como una tendencia hoy en d&iacute;a, en el poema de Ben Clark, sobre qu&eacute; significa escribir un poema.</p>
<p>Es raro describir un paisaje con alegr&iacute;a y hablar del amor asoci&aacute;ndolo a la naturaleza en estas &eacute;pocas, Roger Santib&aacute;&ntilde;ez lo logra con &eacute;xito en &ldquo;Principio del tiempo&rdquo;.</p>
<p>Mench&uacute; Guti&eacute;rrez como Aurora Luque recurren a la poes&iacute;a en prosa en&nbsp; &ldquo;La piedra que nunca m&aacute;s fue piedra&rdquo;; es una alegor&iacute;a o met&aacute;fora&nbsp; o metonimia -en realidad la prosa po&eacute;tica siempre dispara en distintas direcciones- sobre el origen de la vida, de las cosas, y su destrucci&oacute;n. En cambio, Almudena Grandes se burla de la belleza artificial en Qu&eacute; bonita era, un peque&ntilde;o texto que se acerca al microrrelato</p>
<p>Hay m&aacute;s poes&iacute;a, sobre la guerra,&nbsp; de Garc&iacute;a Rom&aacute;n,&nbsp; y Sanmartin con distintos enfoques, y tonos, iron&iacute;a o&nbsp; el llamado de la naturaleza a trav&eacute;s del canto y no de las balas;&nbsp; la sabidur&iacute;a en una alegor&iacute;a sobre las cavernas y nuestros or&iacute;genes como especie. Precisamente las flores, la fauna son&nbsp; temas predilectos de Morales Saravia en Gaviotas, donde la ausencia de gente hace m&aacute;s v&iacute;vido el paisaje marino. En &ldquo;Viaje&rdquo;, en cambio, Mariela Dreyfus escribe un poema en prosa para mostrarnos&nbsp; al artista Max Jacob y sus alucinaciones. Con este poema termina la secci&oacute;n Taller, revelando la diversidad de estilos, tonos, temas y enfoques sobre los que la poes&iacute;a sigue y seguir&aacute; ocup&aacute;ndose a lo largo de la historia. Una interesante y rica muestra, sin duda.</p>
<p>En Pensamientos sobresale el ensayo &ldquo;Sociedades abiertas o guetos de Valent&iacute; Puig</p>
<p>Puig sostiene que La migraci&oacute;n en el siglo XXI es un peligro amenazante para la identidad y arraigo de los pueblos europeos en su tradici&oacute;n, el desborde de las fronteras, con inmigrantes y refugiados provoca p&aacute;nico pol&iacute;tico y no encuentra soluci&oacute;n, cu&aacute;l es el justo medio, se pregunta el autor, ya otros como el expresidente Zapatero han dicho que los pueblos seguir&aacute;n tratando de cruzar fronteras porque no tienen nada que perder en sus pueblos, todo lo contrario, se trata de huir o morir&hellip;. El asunto es muy complejo, y causa zozobra entre las gentes de los pa&iacute;ses para quienes los inmigrantes son sin&oacute;nimo de terroristas. Algo que no puede neutralizar ni el paradigma o la utip&iacute;a multiculturalista.</p>
<p>Tambi&eacute;n en Pensamientos podemos leer el ensayo &ldquo;Escrituras en primera persona: Yo, como experiencia de alteridad&rdquo; de la peruana Patricia de Souza.</p>
<p>Patricia de Souza se pregunta en qu&eacute; consiste el trabajo de escritura partiendo de qui&eacute;n es ese yo que se autoproclama como narrador y personaje. Ello en medio de una crisis del sujeto.&nbsp; &ldquo;Hasta d&oacute;nde podemos decir YO&rdquo; en medio de la soledad cuando ya no hay dios y la idea de trascendencia es relativa. As&iacute;, analiza lo esencial en la autobiograf&iacute;a como g&eacute;nero considerado antes del siglo XX: cartas, memorias, diarios no literarios. La autora se refiere a escrituras en primera persona, no necesariamente autorreferenciales, pues ese yo puede ser otro, como bien anota. <em>&ldquo;No olvido que en el siglo XIX las mujeres ten&iacute;an mucho miedo de revelar su identidad y optaban por el seud&oacute;nimo, en ese caso, &iquest;c&oacute;mo delimitar el terreno de propiedad de la autor/a?&rdquo; </em>Lo interesante de estos ensayos es c&oacute;mo de un problema intr&iacute;nseco a&nbsp; la literatura y a la identidad del narrador-personaje el an&aacute;lisis se puede trasladar a otros campos de car&aacute;cter social, como los movimientos feministas y pol&iacute;ticos.</p>
<p>Cartapacio: Literatura peruana actual</p>
<p>Los firmamentos de la narrativa peruana contempor&aacute;nea de F&eacute;lix Terrones</p>
<p>Como me refer&iacute;a a prop&oacute;sito de los ensayos de Puig y de De Souza, Terrones habla de un ensayo err&aacute;tico, especulativo, m&aacute;s que de un pensamiento te&oacute;rico doctrinario. Esto mismo hace del ensayo un g&eacute;nero abierto, diverso y multidisciplinario.Terrones afirma:&rdquo; la literatura constituye la caprichosa alineaci&oacute;n de azares, arbitrariedades y contingencias&rdquo;, igual que el origen de la vida, producto de la casualidad, de la contingencia.</p>
<p>Terrones se&ntilde;ala la naturaleza urbana de la literatura peruana desde Vargas Llosa , Ribeyro, hasta Pilar Dughi. Pero tambi&eacute;n a partir de los m&aacute;s j&oacute;venes, como Parra, Anticona y los que escriben en el exterior: C&aacute;ceres, Wiener, Roncagliolo. Ah&iacute; adquiere relieve, el exiliado, el migrante. En cuanto a&nbsp; la identidad del autor - que como en Bellatin deja de ser&nbsp; escritor peruano- , este tema adquiere relieve para los escritores del siglo XXI-.&nbsp; Un asunto&nbsp; pol&eacute;mico es el de la manera como se esquiva o elude incluso la realidad nacional en otros autores como Prochazca. No est&aacute; referido al costumbrismo, sino a crear&nbsp; cito un &ldquo;artefacto autot&eacute;lico, suficiente en s&iacute; mismo; en ocasiones, incluso, intransitivo con la realidad.&rdquo;</p>
<p>Yeniva Fern&aacute;ndez en&nbsp; &ldquo;Condena &rdquo; nos deja o&iacute;r una voz del pasado&nbsp; que se despierta en la oscuridad sin tiempo, sin espacio conocido, para repasar la derrota de la conquista del Incario.</p>
<p>&nbsp;En &ldquo;Camino&rdquo; de Ricardo Sumalavia, tambi&eacute;n prevalece como en la mayor&iacute;a de los relatos la tendencia realista, salvo en Yaniva Fern&aacute;ndez. En el de Sumalavia un accidente hace que un hombre dedicado a los negocios descubra que su vida ha estado alejada de la naturaleza, de los peque&ntilde;os placeres, el deseo de &eacute;xito es un camino que no permite alcanzar la belleza de las cosas.</p>
<p>Diego Trelles, colabora en Turia con Langog, que en el lenguaje de los chifas significa comida de los cerdos, o las sobras. Es un relato sobre el racismo en Lima, con el estilo cropol&agrave;lico de quienes tuvieron riquezas y cayeron en desgracia socialmente; los resentidos a la inversa, blancos venidos a menos que detestan a los denominaos cholos, a los pobres, al diferente, y son tan delincuentes como cualquier criminal.</p>
<p>&ldquo;El hombre palo&rdquo; de Sergio Galarza es un ser deshumanizado para quien la vida animal le es ajena, es c&iacute;nico y cruel con los insectos, por ejemplo.</p>
<p>Se advierte en casi todos los textos de ficci&oacute;n la necesidad de ser libres, independientes, pero la sociedad impone sus convenciones, el matrimonio, los hijos, el deseo del &eacute;xito aunque nada los convence y hace felices. Los autores se remiten a personajes que tambi&eacute;n son escritores como ellos, cuando no son ellos los mismos personajes, es una necesidad imperiosa de verse en el espejo literario, y su malestar recae por lo general en la rutina dom&egrave;stica matrimonial cargada de reproches y tensiones. Las atm&oacute;sferas son opresivas .muy pocos tienen un tono optimista ante el futuro, la idea del fracaso, aqu&iacute; en Per&uacute; o en el extranjero est&aacute; conectada con las tramas de una tradici&oacute;n que viene desde los a&ntilde;os cincuenta con Julio Ram&igrave;on Ribeiro, Congrains, Dughi.</p>
<p>Es el caso de &ldquo;La luna de pap&agrave;&rdquo; de Irma del &Aacute;guila, donde se ventila el tema de la vejez, lo irreversible de las enfermedades en los ancianos. Otro detalle interesante es el abandono por completo de la linealidad en relaci&oacute;n con el tiempo, las anacron&iacute;as o pausas y elipsis permiten salirse del asunto introductorio y el texto se libera de las viejas normativa, como dice Mempo Giardinelli: el cuento empieza y termina movi&eacute;ndose y lo hace en varias direcciones. Es el caso de Qu&eacute; locura enamorarme de ti, de Wienner, donde el poliamor, el amor entre tres construye una intriga er&oacute;tico sentimental y la tradicional deja de ser el centro con todas las implicancias socioculturales y pol&iacute;ticas que ello supone. En este relato, el personaje es una escritora, estamos ante los tiempos del postamor, es una constante en una &eacute;poca donde el amor como dice Zygmund Bauman es l&iacute;quido y fr&aacute;gil el vinculo que une a las personas.</p>
<p>Parte de la ficci&oacute;n dedicada al Per&ugrave; se desarrolla principalmente dentro de las cuatro paredes de la casa matrimonial, m&aacute;s que la ciudad, sobresale la rutina dom&eacute;stica como en Ventanas rotas de Karina Pacheco, donde interviene la tecnolog&iacute;a, el Internet, el televisor, el celular, en medio de ello, la corrupci&oacute;n que abarca diversas esferas, y va desde arriba hasta abajo, desde el espacio p&uacute;blico y las instancias el gobierno hasta el privado, empresas y personas individuales, por ello el deseo de ser activistas e incorporarse a un partido pol&iacute;tico o entrar en la clandestinidad.</p>
<p>En este panorama bastante amplio de la literatura peruana actual figuran poetas con una trayectoria importante e incluso premiados en el exterior como Miguel Ildefonso, que expresa e ilustra con claridad el hast&iacute;o, el carecer de metas, el ir a la deriva buscando una salida que no se vislumbra. Victoria Guerrero, en<em> Sturm und Drang</em>, por ejemplo, desarrolla el tema de la mujer y su subordinaci&oacute;n social, con un lenguaje transgresor, en este texto est&aacute; en juego la cultura europea y la tradici&oacute;n rom&aacute;ntica, el clasicismo alem&aacute;n, todo puede ser amado, odiado, mancillado, admirado. O la figura del padre en Alessandra Tenorio que prefigura m&aacute;s que nostalgia la conciencia de la p&eacute;rdida y la muerte como algo natural que ha de venir, sin rebelarse ante ella.</p>
<p>La selecci&oacute;n se refresca un poco con el texto l&uacute;dico y el juego de palabras con el que se aprecia la esencia de las cosas de Micaela Chirif a trav&eacute;s de contrastes simples pero que esconden realidades complejas.</p>
<p>Roc&igrave;o Silva escribe un ensayo inspirado en un famoso y hermoso poema de Blanca Varela &ldquo;Ternera acosada por t&aacute;banos&rdquo;. En Coronada de moscas, Roc&iacute;o Silva presenta una semblanza sobre la poeta que se convierte en ficci&oacute;n, en&nbsp; un texto que dialoga con Varela y es asimismo una lectura de la po&eacute;tica vareliana y un an&aacute;lisis sobre su poes&iacute;a y su vida.</p>
<p>El trabajo de Paul Baudry sobre Julio Ram&oacute;n Ribeyro plantea algo que todos respetan en el autor de <em>Los gallinazos sin plumas</em> y muchos excelentes relatos, su ahistoricidad, Ribeyro nunca hizo caso de tendencias de moda, ni busc&oacute; la manera de sorprender para trascender, lo m&aacute;s ajeno a &eacute;l era el pretender estar en la cima de la pir&aacute;mide. Por ello Baudry hace hincapi&eacute; en su visi&oacute;n transmoderna: &ldquo;Ribeyro percibe semejanzas entre los diferentes presentes est&eacute;ticos, lo cual le permite entender la historia literaria desde un punto de vista sincr&oacute;nico y no necesariamente diacr&oacute;nico. De este modo, las modernidades est&eacute;ticas que se encuentran desperdigadas a lo largo del tiempo lineal son reunidas dentro de su mirada circular, propia de un escritor cl&aacute;sico&rdquo;</p>
<p>Ribeyro conocer&aacute; la fama tard&iacute;amente, algo que consigue al margen de su voluntad, como Borges descre&iacute;a en la trascendencia.</p>
<p>Quiero terminar con una frase de Julio Ortega en una conversaci&oacute;n con F&egrave;lix Terrones: &ldquo;Sin mejores lectores no habr&aacute; mejor literatura&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 03 Sep 2018 07:11:26 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La deshumanización]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-deshumanizacion/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/septiembre/VALTER_HUGO_M_E.jpg" alt="" /></p>
<p>Me dijeron que la hab&iacute;an plantado. Que volver&iacute;a a nacer, igual que una semilla arrojada a aquel pedazo de tierra tan a resguardo. La muerte de los ni&ntilde;os es as&iacute;, dijo mi madre. Mi padre, sublevado, pensaba que hubiera sido mejor haberla echado a la boca de dios. Cuando comenz&oacute; a llover, nuestra gente se apart&oacute; a los lados, y vi c&oacute;mo &eacute;l se quedaba a&uacute;n all&iacute; solo. Pens&eacute; que iba a excavarlo todo de nuevo con sus propias manos y que ir&iacute;a monta&ntilde;a arriba hasta la fosa aciaga, cargando con el cuerpo apagado de mi hermana.</p>
<p>&Eacute;ramos gemelas. Ni&ntilde;as espejo. Todo a mi alrededor qued&oacute; partido por la mitad con su muerte.</p>
<p>Aquella noche al acostarme sent&iacute; el lento hormigueo de la tierra en la piel y la humedad inund&aacute;ndolo todo. Comenc&eacute; a o&iacute;r el ruido en sordina de los pasos de las ovejas. As&iacute; fue como lo expliqu&eacute;, asustada. Me dijeron que tal vez la ni&ntilde;a muerta hab&iacute;a continuado en mi cuerpo. Segu&iacute;a viva, de alguna forma. Y yo cre&iacute; de forma c&aacute;ndida que era verdad que la hab&iacute;an plantado para que germinase de nuevo. Pod&iacute;a ser que brotase de all&iacute; un &aacute;rbol raro para nuestro rinc&oacute;n abandonado en los fiordos. Pod&iacute;a ser que diese flor. Que diese fruto. Mi madre, debilitada y siempre enferma, me tom&oacute; de la mano y me dijo: tienes dos almas que salvar. Me asust&eacute; tanto como ternura sent&iacute; por ella. Mi madre no iba a perdonarme ning&uacute;n fallo.</p>
<p>&nbsp;Pens&eacute; que mi hermana podr&iacute;a brotar en forma de &aacute;rbol de m&uacute;sculos, con ramas de huesos de las que florecer&iacute;an flores de u&ntilde;as. Miles de u&ntilde;as creciendo, quiz&aacute;s, en direcci&oacute;n al sol escaso. Quiz&aacute;s crecer&iacute;an como garras afiladas. Pens&eacute; que la muerte ser&iacute;a igual que la imaginaci&oacute;n, entre lo encantado y lo terrible, llena de brillos y de susto, hecha de ser al azar. Pens&eacute; que la muerte estaba hecha al tunt&uacute;n.</p>
<p>Me acostaba en la cama, imaginaba la tierra en el cuerpo, el agua, los pasos de las ovejas, ninguna luz. Mucho fr&iacute;o. Hac&iacute;a mucho fr&iacute;o. No me pod&iacute;a ni mover. Los muertos no se encog&iacute;an, no se arropaban mejor, se quedaban tal cual los hubieran dejado. Y yo sab&iacute;a que deber&iacute;a haber previsto eso. Deber&iacute;a haber comprobado que llevase un jersey, que tuviese el cuello resguardado, que le hubieran puesto almohadas o si ten&iacute;a apenas un tejido en las tablas duras. Despu&eacute;s iba asumiendo la certidumbre de que mi hermana hab&iacute;a sido acostada en la tierra como otro resto cualquiera.</p>
<p>La gente ya llamaba a aquel pedazo de tierra la ni&ntilde;a plantada. As&iacute; dec&iacute;an. La ni&ntilde;a plantada. Tambi&eacute;n parec&iacute;a una chanza, porque el tiempo pasaba y nada germinaba, no germinaba nadie. Era un plant&iacute;o rid&iacute;culo. Algo para consolar la cabeza afligida de la familia. Pero no serv&iacute;a para ning&uacute;n trabajo. Y me preguntaban: es verdad que los gemelos se quedan con dos almas. Como si yo me tuviera que sentir gorda o pesada, como si alg&uacute;n cambio en el cuerpo o en la luz de mis ojos evidenciase la obligaci&oacute;n de hacer que mi hermana viviese. Tienes un fantasma dentro, afirmaba Einar.</p>
<p>Yo segu&iacute;a siendo delgada. Tan s&oacute;lo un esbozo de persona. Casi no exist&iacute;a. No me parec&iacute;a que hubiera adquirido nueva gordura y a duras penas encontraba sitio para el alma que hasta entonces me hab&iacute;a correspondido.</p>
<p>A mi hermana le gustaban los dulces y yo los odiaba. Quiz&aacute;s la gente se esforzase en convencerme de que comiera dulces para consolar su alma. Quiz&aacute;s pudieran comenzar a gustarme los snudurs, si es que Sigridur estaba de veras metida dentro de m&iacute;. Cuando los prob&eacute; los odi&eacute; igual que hac&iacute;a antes, y la ausencia de mi hermana no hac&iacute;a m&aacute;s que aumentar. Yo dec&iacute;a que el az&uacute;car me ven&iacute;a a la lengua como sangre.</p>
<p>S&oacute;lo por anticipaci&oacute;n podr&iacute;a yo sentir la tierra y el agua. Durante un tiempo, entend&iacute;, la caja en la que la hab&iacute;an guardado la proteger&iacute;a, limpia, antes de que se mezclase todo, podrido, hasta desaparecer. A&uacute;n as&iacute;, me acostaba con la muerte. Me pon&iacute;a las manos en el pecho como hab&iacute;an hecho con Sigridur, inm&oacute;vil, e imaginaba cosas en lugar de dormirme. Imaginar era como morir.</p>
<p>Al cabo de unas noches sent&iacute; que un bicho me picaba. Un bicho dentado que claramente devoraba una parte de mi cuerpo. Aterrorizada, me levant&eacute;. La lumbre estaba ya floja, la casa se enfriaba. No la toqu&eacute;. Tan s&oacute;lo mir&eacute; como quien espera que nazca el sol de una llama cualquiera. Pod&iacute;a ser que se hiciera el d&iacute;a a partir de una hoguera peque&ntilde;a que fuese m&aacute;s amiga del sol o supiese, s&uacute;bitamente, volar.</p>
<p>Pens&eacute; que quer&iacute;a ver una peque&ntilde;a hoguera volando.</p>
<p>Cuando mi padre se levant&oacute;, fue eso lo que le confes&eacute;. Yo sab&iacute;a que los bichos devorar&iacute;an el cuerpo de Sigrid. Si su destino fuera ser una semilla, si confiaba en germinar, no lo conseguir&iacute;a si las bichos devoraban sus brotes. O podr&iacute;a ocurrirle igual que a esos &aacute;rboles peque&ntilde;os de Jap&oacute;n. &Aacute;rboles que quer&iacute;an crecer m&aacute;s pero a los que alguien mutilaba para que se quedasen raqu&iacute;ticos, tan s&oacute;lo graciosos, humillados en su grandeza perdida. Mi padre, que era un so&ntilde;ador nervioso, me abraz&oacute; brevemente y sonri&oacute;. Una sonrisa silenciosa, un modo de revelar ser tan inservible como yo para la exageraci&oacute;n de la muerte. Comenc&eacute; a sentirme violentamente sola.</p>
<p>Los bichos, apresurados y repletos de estrategias, masticaban a Sigridur para que siguiera siendo una semilla cerrada, impidiendo que creciera hasta verse por encima de la tierra, hasta llegar a la altura de nuestros ojos, haciendo alg&uacute;n ruido a medias con el viento, espiando por s&iacute; misma el mar. La devoraban para que la piel se mantuviese inf&eacute;rtil, apenas sec&aacute;ndose de podredumbre como el tibur&oacute;n en el almac&eacute;n grande.</p>
<p>La ni&ntilde;a plantada no pod&iacute;a regresar, pensaba yo con terror. La tierra estaba infestada de seres asesinos, envidiosos, golosos de la felicidad de los otros. Que le comen la felicidad.</p>
<p>Pens&eacute; que mi hermana tan s&oacute;lo se iba muriendo m&aacute;s y m&aacute;s a cada instante. Era una ni&ntilde;a bonsai. Me lo explic&oacute; mi padre. Esos &aacute;rboles, dije yo. Bonsais, respondi&oacute; &eacute;l. Con ellos se hacen jardines raqu&iacute;ticos. Como si los japoneses prefirieran que las cosas del mundo fueran diminutas. Cosas enanas. O, si no, para que los hombres adquirieran las propiedades de los p&aacute;jaros. Estuve de acuerdo. Circular&iacute;an entre los &aacute;rboles peque&ntilde;os con la impresi&oacute;n de ser p&aacute;jaros en pleno vuelo.</p>
<p>Me gustar&iacute;a que mi cuerpo pudiera frenarse del mismo modo. Ser ni&ntilde;a eternamente por voluntad propia, sin que diera mucho trabajo. Ser siempre as&iacute;, igual a como hab&iacute;a sido mi hermana. El &uacute;nico modo de continuar siendo gemelas. Sabes, padre, si yo crezco y Sigrid no crece al mismo tiempo va a ser dif&iacute;cil reconocernos. Haz de m&iacute; un bonsai. Te lo ruego. Corta mi cuerpo, impide que cambie. Golp&eacute;alo, as&uacute;stalo, obl&iacute;galo a no ser otra cosa que una imagen cristalizada de mi hermana. Voy a empezar a caminar encogida, a dormir apretada, a comer menos. Voy a so&ntilde;ar siempre lo mismo o a so&ntilde;ar menos. A querer lo mismo durante toda la vida o querer menos. A querer lo que ella quer&iacute;a. Si los bichos de la tierra no permiten que se haga mayor, si es verdad que se la llevar&aacute;n por entero, que por lo menos quede yo, por las dos, siendo igual, para que no muramos. Por lo menos deber&iacute;amos haber enterrado unas flores junto a ella. Para que florecieran. Porque no puede ver m&aacute;s que bichos y tierra sucia. No cogimos flores, fuimos muy ego&iacute;stas. Hab&iacute;a tantas en el matorral. Ol&iacute;an bien, algunas.</p>
<p>En mis sue&ntilde;os imaginaba jardines de ni&ntilde;os. Los &aacute;rboles bajos de los cuerpos, hablando, jugando con los brazos y los p&aacute;jaros pos&aacute;ndose entre sus hojas. De los brazos colgaban hojas y sosten&iacute;an nidos en las manos y los ni&ntilde;os eran siempre peque&ntilde;os, animados por la ingenuidad, agradecidos por la vida sin saber de otra cosa que no fuera la vida. Y so&ntilde;aba que las personas japonesas ven&iacute;an a contemplar el jard&iacute;n, y arrojaban agua de regaderas coloridas que lavaban los pies-ra&iacute;ces de los ni&ntilde;os bons&aacute;is. Y s&oacute;lo por la noche, cuando estaba bien oscuro, alguien ven&iacute;a con un cuchillo a cortar las partes de los cuerpos que se estaban alargando. Cortaban con cuidado, cada noche, para que los ni&ntilde;os no se deformasen, para que envejecieran sin que se notase. Incapaces de mostrar su edad. Libres tan s&oacute;lo de usar su edad para la manutenci&oacute;n euf&oacute;rica de la infancia. Sufr&iacute;an los cortes en silencio. Conscientes de la maravilla que obten&iacute;an a cambio de aquel dolor.</p>
<p>Al ver la inmensidad de los fiordos, las monta&ntilde;as de piedra cortadas con rigor, la ausencia de movimiento, pens&eacute; que el mundo mostraba la belleza pero lo &uacute;nico que era capaz de producir era horror. De nuestra gente quedaban all&iacute; dos decenas de casas habitadas, contando la iglesia y el min&uacute;sculo cuarto donde dorm&iacute;a el insoportable Einar. No hab&iacute;a m&aacute;s ni&ntilde;os. Era todo viejo. La gente, los sue&ntilde;os, los miedos y las monta&ntilde;as.</p>
<p>Puede ser que yo estuviera m&aacute;s delgada a&uacute;n por haberme librado de los pocos gramos que pesaba el alma. Mi madre me llamaba est&uacute;pida. Le pregunt&eacute; qu&eacute; sentido ten&iacute;a la vida para ella. Qu&eacute; intent&aacute;bamos descubrir en ella. Pero ella nunca lo sabr&iacute;a. Se sorprendi&oacute; con la profundidad de la pregunta. Fue un modo instintivo que tuve de hacerle da&ntilde;o, para que dejara de ofenderme con su continuo e impensado rechazo. Nos hac&iacute;amos da&ntilde;o, pensaba yo, siempre por culpa de la ternura. Como si la reclam&aacute;semos al mismo tiempo que la perd&iacute;amos, cada vez.</p>
<p>M&aacute;s tarde escuchaba c&oacute;mo avisaba a mi padre. En algunos casos de muerte entre gemelos quien sobrevive va muriendo de un cierto suicidio. Desiste de cada gesto. Quiere morirse. Eso dec&iacute;a ella.</p>
<p>Cuando me di cuenta de que est&aacute;bamos solos, tranquilic&eacute; a mi padre. No quer&iacute;a morir. Estaba entre matar y morir, pero no quer&iacute;a ni lo uno ni lo otro. Quer&iacute;a quedarme quieta.</p>
<p>Lo repet&iacute;: la muerte es una exageraci&oacute;n. Se lleva demasiado. Deja muy poco.</p>
<p>Comenzaron a hablar de las hermanas muertas. La m&aacute;s muerta y la menos muerta. Obligada a andar llena de almas, yo era como un fantasma. Einar ten&iacute;a raz&oacute;n. Nuestra gente me miraba sin saber si yo me convertir&iacute;a en santa o en demonio. Los santos se aparecen, los demonios espantan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>***</p>
<p>Mi madre se pas&oacute; una l&aacute;mina por el pecho. Dibuj&oacute; un c&iacute;rculo torcido con el pez&oacute;n en el centro, como si quisiera retirar un huevo de la piel. Parec&iacute;a una runa haciendo de coraz&oacute;n. Se le&iacute;a tan s&oacute;lo una tristeza desesperada y presagiaba cosas malas. Mi padre ense&ntilde;aba que ya no ador&aacute;bamos a los dioses antiguos porque ignor&aacute;bamos lo que nos hab&iacute;an ofrecido y cerr&aacute;bamos los ojos a las pruebas de su existencia. Dec&iacute;a que mi madre era una ignorante y que su ritual no ten&iacute;a sentido. La desesperaci&oacute;n era lo contrario de cuanto deb&iacute;amos saber. Al d&iacute;a siguiente estaba esparcido por todo el p&aacute;ramo el cuerpo de una oveja.</p>
<p>Por causa de la furia, mi madre despedazaba animales en una loca expiaci&oacute;n de su dolor. De poco le serv&iacute;a. Confundida por los modos cristianos, cantaba el himno f&uacute;nebre de Hallgr&iacute;mur P&eacute;tursson y lo ensangrentaba todo. Beb&iacute;a. Se quedaba tonta barajando versos y recados. Me llamaba, ya tumbada en la cama, incapaz de levantarse para cuidar de las ideas que ten&iacute;a.</p>
<p>La oveja esparcida se qued&oacute; all&iacute; como si hubiera ca&iacute;do como lluvia del cielo. En el infierno llov&iacute;an cuerpos despedazados y las nubes eran pozos de sangre vagabundos, como sartenes hirviendo de donde los muertos se ca&iacute;an. Mi madre dec&iacute;a que era necesario pedir perd&oacute;n. Yo escapaba de ella. Hac&iacute;a cualquier cosa con tal de estar lejos de ella.</p>
<p>Ahuyent&eacute; a los carneros, a las ovejas hacia arriba, para dentro del corral. Fui haciendo rodar la carne a patadas p&aacute;ramo abajo, hasta el agua. El agua limpiaba los menudos, deshac&iacute;a la sangre. El mar arrastar&iacute;a lo dem&aacute;s lejos, hasta la boca de las ballenas. Mir&eacute; la piel. Tir&eacute; la cabeza del animal a una fosa lejana. Limpi&eacute; el plumaje que hab&iacute;a recogido. Pensando en el invierno.</p>
<p>Mi madre me pregunt&oacute; por el plumaje. Lo hab&iacute;a recogido de los nidos abandonados por los patos. Servir&iacute;a para la ropa de cama. Estaba cansada. Estoy cansada, madre. Mientras el luto era intenso la compasi&oacute;n no se sent&iacute;a. Me obligaba a una resignaci&oacute;n callada. Me levantaba la mano.</p>
<p>Aquella noche, mi padre sali&oacute; con el barco. Fuimos a decirle adi&oacute;s. Nunca lo hac&iacute;amos. Est&aacute;bamos rid&iacute;culas. &Eacute;l no marchaba, tan s&oacute;lo trabajaba. Despu&eacute;s, ella me sent&oacute; en un banco peque&ntilde;o. Sosten&iacute;a el cuchillo en su mano. Pens&eacute; que me matar&iacute;a y me esparcir&iacute;a como a una oveja. Juzgu&eacute; que mi sue&ntilde;o de esculpir a los ni&ntilde;os como semillas era muy cierto. Quer&iacute;a retirar un huevo de mi piel, tambi&eacute;n. Quer&iacute;a que, como en su pecho, se viese mi coraz&oacute;n. No hizo nada m&aacute;s. Me dej&oacute; dormir con mi susto. Aplastada por tanta tristeza y tanto miedo.</p>
<p>El infierno no son los otros, peque&ntilde;a Halla. Ellos son el para&iacute;so, porque un hombre solo no es m&aacute;s que un animal. La humanidad comienza en quienes te rodean, y no exactamente en ti. Ser persona implica a tu madre, a nuestra gente, a un desconocido, o a su expectativa. Sin nadie en el presente ni en el futuro, el individuo piensa tan sin raz&oacute;n como los peces. Dura por su ingenio y perece como un atributo indistinto de otro planeta. Perece como una cosa cualquiera.</p>
<p>Pint&aacute;bamos los muebles con flores oscuras. Tard&aacute;bamos mucho y la casa ol&iacute;a a pintura mala, barata, que tardaba en secarse. Mi padre me imped&iacute;a llorar mediante el oficio de la racionalidad.</p>
<p>Aprender la soledad no es m&aacute;s que darnos cuenta de lo que representamos entre todos. Tal vez no representemos nada, lo que me parece imposible. Cualquier rastro que dejemos en la ermita es una conversaci&oacute;n con los hombres que, cinco minutos o cinco mil a&ntilde;os despu&eacute;s, descubran nuestra presencia. Dif&iacute;cilmente se puede concebir un hombre no motivado por dejar un rastro y, de ese modo, conversar. Y si existiera un ermita&ntilde;o as&iacute;, empecinado, seguro que tendr&aacute; en el cielo y en la tierra una idea de compa&ntilde;&iacute;a, espiritualizando cada elemento como quien busca puertas para llegar a conversar con dios. Siempre estamos conversando con dios. La soledad no existe. Es una ficci&oacute;n de nuestras cabezas.</p>
<p>Los hombres solos entienden que hay alguien en el agua, en la piedra, en el viento en el fuego. Hay alguien en la tierra.</p>
<p>De cualquier modo, le expliqu&eacute; a mi padre, mi madre me odia. Y eso hace que llore, me deja triste, y me ofende.</p>
<p>&Eacute;l insist&iacute;a en explicarme que los ni&ntilde;os eran modos de espera. Quer&iacute;a decir que los ni&ntilde;os no ten&iacute;an verdades, sino tan s&oacute;lo pistas. Su mundo se hac&iacute;a de apariencias y tendencias. Nada estaba definido. Ser ni&ntilde;o era esperar. Tambi&eacute;n significaba que esperaba de m&iacute; una fuerza admirable apoyada tan s&oacute;lo en mi edad y no en ninguna otra cosa. Me abandonaba a mi suerte, llena de palabras extra&ntilde;as cuyo significado me costaba encontrar.</p>
<p>Mir&eacute; los muebles viejos y me parec&oacute; que ya eran tristes antes de que los oscureci&eacute;ramos. Eran los muebles de nuestra ermita.</p>
<p>Qu&eacute; maravilla, la hondura de los volcanes que respiran y aguardan. Qu&eacute; maravilla, la espesura de las monta&ntilde;as que se esconden bajo las aguas y aguardan. Dec&iacute;an los viejos cargados de ideas in&uacute;tiles. Los profundos viejos. Gastados por el coraje, crecidos por la desconfianza. Yo pasaba y ellos siempre con exclamaciones. Palabras acerca de c&oacute;mo deb&iacute;a ser cada gesto, cada sentimiento, cada sue&ntilde;o de futuro. Como si el futuro estuviera preparado para ser igual que el pasado, a los d&iacute;as ya gastados por ellos. Como si yo a&uacute;n estuviera a tiempo de ser igual que ellos. Una vieja metida para dentro conspirando inconfesablemente contra todo y contra todos.</p>
<p>Quien tiene hijos necesita futuro. As&iacute; les o&iacute; hablar.</p>
<p>Espiaban el agua para descubrir si hab&iacute;a movimientos sospechosos. Casi todos quer&iacute;an ver montruos. Nadie se convenc&iacute;a de que los mares s&oacute;lo exist&iacute;an para los animales de clara ciencia. Algunos juraban haber visto cabezas levantadas, hechas de diez ojos y bocas de mil dientes. Monstruos oce&aacute;nicos. Ve&iacute;an el oc&eacute;ano como sangre de cristal. Se balanceaba sinuoso ante nosotros, hermos&iacute;simo, pero se cargaba de peligros y amenazaba con ahogarnos a todos. El oce&aacute;no descendi&oacute; de las venas puras de dios. Dec&iacute;a un viejo. En las venas puras de dios viven par&aacute;sitos monstruosos.</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>Cap&iacute;tulos 1 y 2 de la novela<em> A desumaniza&ccedil;&atilde;o (2013).</em></p>
<p>Traducci&oacute;n de Mart&iacute;n L&oacute;pez-Vega</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 03 Sep 2018 06:50:55 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La revista Turia se presentó el 25 de julio en la FIL de Lima]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-revista-turia-se-presento-el-25-de-julio-en-la-fil-de-lima/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2018/CARMEN_OLL_3_1.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;"><strong>CARMEN OLL&Eacute; Y ENRIQUE ANDR&Eacute;S RUIZ DAN A CONOCER EL ESPECIAL &ldquo;LETRAS DE ESPA&Ntilde;A Y PER&Uacute;&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>MARIO VARGAS LLOSA, ENRIQUE VILA-MATAS, PERE GIMFERRER Y FERNANDO ARAMBURU FORMAN PARTE DE UN ESPECTACULAR SUMARIO DE M&Aacute;S DE 100 AUTORES&nbsp; <br /></strong></p>
<p>La revista TURIA se present&oacute; el 25 de julio en Feria Internacional del Libro de Lima (FIL LIMA) un n&uacute;mero especial denominado &ldquo;Letras de Espa&ntilde;a y Per&uacute;&rdquo;. Este espectacular sumario contiene textos in&eacute;ditos de m&aacute;s de 100 autores espa&ntilde;oles y peruanos y ocupa 500 p&aacute;ginas. Se trata de una iniciativa cultural enmarcada en el conjunto de actividades que protagoniza Espa&ntilde;a como pa&iacute;s invitado de la FIL de Lima en 2018 y ha sido posible gracias al apoyo econ&oacute;mico del Ministerio de Cultura y Deporte. Sin duda, supone una magn&iacute;fica oportunidad de fomentar la colaboraci&oacute;n cultural entre ambos pa&iacute;ses.</p>
<p>La escritora peruana Carmen Oll&eacute; y el escritor y cr&iacute;tico espa&ntilde;ol Enrique Andr&eacute;s Ruiz dar&aacute;n a conocer la revista en la FIL. En el evento intervendr&aacute; tambi&eacute;n el fundador y director de TURIA, Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas.</p>
<p>A partir de ahora, TURIA tendr&aacute; distribuci&oacute;n en Per&uacute; y se podr&aacute; adquirir en las principales librer&iacute;as de Lima. La revista consolida as&iacute; su vocaci&oacute;n iberoamericana tras haber sido presentada el pasado a&ntilde;o en M&eacute;xico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UNA PANOR&Aacute;MICA PLURAL DE LA LITERATURA ESPA&Ntilde;OLA</strong></p>
<p>Como elemento central de este nuevo n&uacute;mero de TURIA sobresale, en primer lugar, una atractiva y plural aproximaci&oacute;n a las letras espa&ntilde;olas contempor&aacute;neas. Destacados autores de nuestros d&iacute;as aportan material in&eacute;dito, tanto en el &aacute;mbito de la narrativa, como en el de la poes&iacute;a y el ensayo. No falta una amplia secci&oacute;n de cr&iacute;tica literaria, en la que se analizan las novedades editoriales espa&ntilde;olas m&aacute;s notables.</p>
<p>TURIA abre este n&uacute;mero especial concediendo un singular protagonismo a Enrique Vila-Matas y a Jaime Gil&nbsp; de Biedma, autores a los que se dedican amplios art&iacute;culos sobre su trayectoria creativa elaborados, respectivamente, por Mercedes Monmany y Luis Antonio de Villena.</p>
<p>En narrativa, la revista ofrece textos in&eacute;ditos de Fernando Aramburu, Eloy Tiz&oacute;n, Sara Mesa, Carlos Pardo y Patricia Esteban Erl&eacute;s.</p>
<p>En poes&iacute;a, TURIA rescata del olvido la figura y la obra de un valioso poeta espa&ntilde;ol radicado en Per&uacute; como Julio Garc&eacute;s. Adem&aacute;s, la revista publica poemas in&eacute;ditos de diez autores. Entre ellos, citaremos a Juan Manuel Bonet, Jos&eacute; Carlos Llop, Ben Clark, Aurora Luque, &Aacute;lvaro Valverde, Almudena Guzm&aacute;n y Fernando Sanmart&iacute;n.</p>
<p>En el &aacute;mbito del ensayo, Valent&iacute; Puig analiza l&uacute;cidamente la problem&aacute;tica cuesti&oacute;n de las migraciones en un art&iacute;culo que titula &ldquo;Sociedades abiertas o guettos&rdquo;. Por su parte, uno de los nombres propios de la poesia espa&ntilde;ola del siglo XX y XXI, Pere Gimferrer, es protagonista de una conversaci&oacute;n a fondo que permite conocer su recorrido intelectual y su creatividad po&eacute;tica.</p>
<p>El n&uacute;mero hispano-peruano de TURIA ha sido ilustrado por uno de los m&aacute;s singulares nuevos creadores del arte contempor&aacute;neo espa&ntilde;ol: Fernando Mart&iacute;n Godoy (Zaragoza, 1975), que reside y trabaja en Londres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>MARIO VARGAS LLOSA, ENRIQUE VILA-MATAS, C&Eacute;SAR VALLEJO Y JAIME GIL DE BIEDMA</strong></p>
<p>El sumario de TURIA se abre, en esta ocasi&oacute;n, con un art&iacute;culo de Javier Morales Mena sobre el c&eacute;lebre escritor peruano Mario Vargas Llosa. En el texto se analiza la producci&oacute;n ensay&iacute;stica del Premio Nobel de Literatura de 2010 y se concluye asegur&aacute;ndonos que &ldquo;la literatura es otra forma de manifestar la raz&oacute;n cr&iacute;tica, una raz&oacute;n que tiene tambi&eacute;n mucho de raz&oacute;n afectiva, aquella que para Vargas Llosa se expresa a trav&eacute;s de la creadora y destructora imagen del fuego, esa luz que haciendo real lo imaginario, penetra m&aacute;s hondamente en la prolongada noche de la humanidad, en palabras de Vargas Llosa: &ldquo;Nuestras sociedades deben estar alertadas: rechazado o aceptado, perseguido o premiado, el escritor que merezca este nombre seguir&aacute; arroj&aacute;ndoles a los hombres el espect&aacute;culo no siempre grato de sus miserias y tormentos&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>En su art&iacute;culo &ldquo;Enrique Vila-Matas: excavando el foso de Babel&rdquo;, Mercedes Monmany nos dir&aacute; que las obras de este escritor barcelon&eacute;s &ldquo;son peri&oacute;dica y entusi&aacute;sticamente recibidas como aut&eacute;nticos cl&aacute;sicos contempor&aacute;neos&rdquo;.&nbsp; Tanto en Espa&ntilde;a como en Francia y Latinoam&eacute;rica se considera a Vila-Matas un &ldquo;gran y fant&aacute;stico narrador, siempre en estado de gracia, siempre a bordo de una nueva y sorprendente reencarnaci&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>C&eacute;sar Vallejo est&aacute; justamente considerado uno de los m&aacute;s grandes innovadores de la poes&iacute;a del siglo XX, y como el m&aacute;ximo exponente de las letras en el Per&uacute;. Sobre la actualidad de Vallejo escribe en TURIA la especialista en su obra Eva Valero.&nbsp;</p>
<p>Luis Antonio de Villena realiza en su art&iacute;culo una nueva indagaci&oacute;n en la figura y la obra de Jaime Gil de Biedma. De &eacute;l dir&aacute; que triunf&oacute; &ldquo;con una poes&iacute;a abrumadoramente culta, coloquial, de suave ret&oacute;rica, perfecta, invasiva. Y ha resultado &ndash; es obvio ya- el mito que quer&iacute;a. Jaime es poeta y poema, a la vez misma. Muy pocos consiguen eso. Muy pocos&rdquo;.</p>
<p>La secci&oacute;n que TURIA dedica a los estudios literarios se cierra con un art&iacute;culo titulado &ldquo;Diez instant&aacute;neas de Eduardo Chirinos&rdquo;. En &eacute;l, su autor Fernando Iwasaki nos relata sus v&iacute;nculos con el notable escritor, periodista y profesor peruano fallecido en 2016.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>FERNANDO ARAMBURU, SANTIAGO RONCAGLIOLO, ELOY TIZ&Oacute;N, ALONSO CUETO Y SARA MESA</strong></p>
<p>Entre el buen surtido de lecturas in&eacute;ditas que ofrece TURIA sobresalen los textos narrativos de Fernando Aramburu, Santiago Roncagliolo, Eloy Tiz&oacute;n, Alonso Cueto, Sara Mesa, Jorge Eduardo Benavides, Carlos Pardo y Patricia Esteban Erl&eacute;s. Una selecci&oacute;n de autores muy plural y representativa tanto de los escritores ya consolidados como emergentes en la literatura en espa&ntilde;ol.</p>
<p>Otra de las sorpresas y rescates culturales que contiene esta nueva entrega de TURIA es el redescubrimiento de la obra po&eacute;tica de Julio Garc&eacute;s (Soria, 1919 &ndash; Lima, 1978). Un singular autor que protagoniz&oacute; algunas de las obras m&aacute;s interesantes de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola inmediatamente posterior a la Guerra Civil y que fue durante d&eacute;cadas un poeta casi secreto que viv&iacute;a en Lima y que ejerc&iacute;a como agregado cultural de la embajada de Espa&ntilde;a.</p>
<p>En poes&iacute;a, TURIA ofrece adem&aacute;s versos originales de autores espa&ntilde;oles y peruanos tan diversos como de indiscutible inter&eacute;s: Juan Manuel Bonet, Jos&eacute; Carlos Llop, Ricardo Silva-Santisteban, Marco Martos, &Aacute;lvaro Valverde, Alonso Ruiz Rosas, Amalia Bautista, Aurora Luque, Carmen Oll&eacute;, Giovanna Pollarolo, Ben Clark, Roger Santiv&aacute;&ntilde;ez, Menchu Guti&eacute;rrez, Almudena Guzm&aacute;n, Juan Andr&eacute;s Garc&iacute;a Rom&aacute;n, Jos&eacute; Antonio Mazzotti, Fernando Sanmart&iacute;n, Jos&eacute; Morales Saravia, Mariela Dreyfus</p>
<p>En&nbsp; el&nbsp; apartado&nbsp; que&nbsp; TURIA&nbsp; dedica&nbsp; al ensayo, merece una atenta lectura el art&iacute;culo de Valent&iacute; Puig (&ldquo;Sociedades abiertas o guettos&rdquo;) sobre el gran impacto de la cuesti&oacute;n migratoria en el devenir de nuestro siglo XXI: &ldquo;por el momento la inmigraci&oacute;n ya ha alterado el mapa pol&iacute;tico de la Uni&oacute;n Europea y algo tiene que ver con la elecci&oacute;n de Donald Trump&rdquo;. Y es que, para Puig, la laxitud y descoordinaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas migratorias de la Uni&oacute;n Europea est&aacute; afectando a los elementos b&aacute;sicos de esa Europa refundada despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial. Estar&iacute;an en riesgo cuestiones esenciales como la paz entre naciones, la libre circulaci&oacute;n de personas y bienes, el consenso del estado de bienestar y el crecimiento econ&oacute;mico.</p>
<p>No menos recomendable es el otro art&iacute;culo que integra la secci&oacute;n de ensayos: &ldquo;Escrituras en primera persona: Yo, como experiencia de alteridad&rdquo;, de Patricia de Souza. En &eacute;l se reflexiona sobre la actual &ldquo;primac&iacute;a del Yo alimentado por el poder de la tecnolog&iacute;a&rdquo; y se apuesta porque &ldquo;el lenguaje, la ficci&oacute;n ser&aacute;n siempre nuestros aliados. Con ellos podemos construir mundos distintos, a no ser que la literatura no pueda seguir esta revoluci&oacute;n de su tiempo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LA LITERATURA PERUANA DEL SIGLO XXI&nbsp; </strong></p>
<p>La revista TURIA dedica en esta ocasi&oacute;n su monogr&aacute;fico a la literatura peruana actual. A ello dedica un centenar de p&aacute;ginas que incluyen un original art&iacute;culo introductorio de F&eacute;lix Terrones (&ldquo;Los firmamentos de la narrativa peruana contempor&aacute;nea&rdquo;). En &eacute;l este escritor y profesor peruano radicado en Francia, asegura que &ldquo;antes que ser un conjunto susceptible de ser ordenado y definido, la literatura es la caprichosa alineaci&oacute;n de azares, arbitrariedades y contingencias. Quien considere lo contrario no ha entendido su naturaleza &iacute;ntima. Alguien deber&iacute;a escribir la historia literaria desde otro &aacute;ngulo, prestando atenci&oacute;n a la forma en que los silencios, las omisiones, junto con los olvidos, van deline&aacute;ndola&rdquo;</p>
<p>&nbsp;Seg&uacute;n anota F&eacute;lix Terrones en TURIA, &ldquo;hoy en d&iacute;a, la literatura peruana es antes que nada urbana. Si antes otros espacios, como el andino o el forestal, fueron privilegiados o sirvieron de contrapeso a la emergencia de la ciudad, ahora &eacute;sta ha terminado por fagocitarlo todo&rdquo;.&nbsp; Por otra parte, &ldquo;La llegada del nuevo milenio estuvo marcada por la di&aacute;spora. De pronto, Par&iacute;s, Berl&iacute;n o Nueva York, pero sobre todo Madrid y Barcelona, acogieron a numerosos autores o aspirantes a escritores que buscaron en esas ciudades lo que su pa&iacute;s ya no ofrec&iacute;a&rdquo;.</p>
<p>Por &uacute;ltimo, F&eacute;lix Terrones opina que &ldquo;si la novela fue el g&eacute;nero que marc&oacute; el siglo XX, acaso el microrrelato sea el que plantee la ruta en el siglo XXI. Ning&uacute;n otro re&uacute;ne exigencia compositiva, por un lado, con el potencial p&uacute;blico lector de redes, por el otro&rdquo;.</p>
<p>Tras el an&aacute;lisis, TURIA publica una cuidada y representativa antolog&iacute;a de textos in&eacute;ditos de autores peruanos contempor&aacute;neos. As&iacute;, en narrativa, la revista edita a: Ricardo Sumalavia, Diego Trelles Paz,&nbsp; Sergio Galarza, Irma del &Aacute;guila, Gabriela Wiener,&nbsp; Yeniva Fern&aacute;ndez y Karina Pacheco Medrano.</p>
<p>No faltan poemas originales de Grecia C&aacute;ceres, Mart&iacute;n Rodr&iacute;guez Gaona, Montserrat &Aacute;lvarez, Miguel Ildefonso, Victoria Guerrero, Micaela Chirif, Nilton Santiago, Alessandra Tenorio Carranza, Juliane &Aacute;ngeles y Denisse Vega Farf&aacute;n.</p>
<p>Cierran&nbsp; la&nbsp; selecci&oacute;n,&nbsp; dos excelentes&nbsp; ensayos: &ldquo;Nada&nbsp; suena mejor que el silencio. Sobre la poes&iacute;a y la vida de Blanca Varela&rdquo;, de Roc&iacute;o Silva Santisteban&nbsp; y &ldquo;La mirada transmoderna de Julio Ram&oacute;n Ribeyro&rdquo;, de Paul Baudry.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>ENTREVISTAS A PERE GIMFERRER Y JULIO ORTEGA</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">En la secci&oacute;n que TURIA dedica a las entrevistas a fondo, este n&uacute;mero tiene dos protagonistas estelares de las letras en espa&ntilde;ol. Por una parte, el escritor y acad&eacute;mico Pere Gimferrer, uno de los grandes nombres propios de la poes&iacute;a de los siglos XX y XXI. El otro entrevistado es el gran cr&iacute;tico y estudioso peruano Julio Ortega, profesor de literatura en la Universidad de Brown (USA)</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA publica una entrevista torrencial con Pere Gimferrer, a cargo de Fernando del Val. Es una conversaci&oacute;n intensa, apasionada e inteligente. Un di&aacute;logo de poeta a poeta para disfrute de los amantes de las buenas lecturas. Una manera distinta y original de acercarse a una de las personalidades m&aacute;s sugestivas y controvertidas de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Gimferrer declara en TURIA que &ldquo;el poema es un arte del instante&rdquo;, tambi&eacute;n asegura lo &ldquo;servil que es el deseo&rdquo; o que &ldquo;perder la memoria no es olvidar&rdquo;. Adem&aacute;s, est&aacute; convencido de que &ldquo;no hay nada que pueda competir con la &lsquo;Divina comedia&rsquo;&rdquo; y hasta se lanza a comentar cuestiones de actualidad como el movimiento #Metoo o la violencia sexual.</p>
<p class="Textoindependiente21">En la conversaci&oacute;n con Julio Ortega que TURIA da a conocer, realizada por F&eacute;lix Terrones, el prestigioso profesor peruano radicado en Estados Unidos reflexiona sobre la literatura latinoamericana de nuestros d&iacute;as. As&iacute;, asegura que &ldquo;sin mejores lectores no habr&aacute; mejor literatura&rdquo;. Tambi&eacute;n afirma que los medios de comunicaci&oacute;n &ldquo;siguen en todas partes la misma pauta: ocuparse de los autores consagrados, los premios los concursos y las listas de los mejores&rdquo;. Y concluye: &ldquo;por definici&oacute;n, la mejor literatura rompe esquemas, rehace estilos, excede los g&eacute;neros&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>LEER HOY A RAM&Oacute;N J. SENDER</strong></p>
<p>Respecto a sus dos secciones dedicadas a&nbsp; los asuntos o protagonistas aragoneses, TURIA&nbsp; publica un art&iacute;culo de Javier Barreiro reivindicando el inter&eacute;s de leer en nuestros d&iacute;as a Ram&oacute;n J. Sender. Su argumentario es indiscutible: &ldquo;Conviene leer hoy a Sender porque es uno de los dos o tres novelistas m&aacute;s extensos e intensos de la pasada centuria; porque amenidad, informaci&oacute;n, defensa de la libertad, de la justicia y del individuo se juntan en sus ensayos y ficciones; por su cultura proteica que abarca las culturas europeas, las iberoamericanas y las angloamericanas. Y porque es, sin competencia, el m&aacute;s destacado escritor aragon&eacute;s desde los tiempos de Graci&aacute;n&rdquo;.</p>
<p>Por otra parte, Juan Dom&iacute;nguez Lassierra indaga en su art&iacute;culo sobre los or&iacute;genes remotos de la actual TURIA: la denominada &ldquo;Revista del Turia&rdquo;, que fue una de las publicaciones m&aacute;s singulares de finales del siglo XIX&nbsp; turolense (1881-1888).</p>
<p class="Textoindependiente21">Asimismo, TURIA contiene&nbsp; la secci&oacute;n habitual denominada &ldquo;La isla&rdquo;, con fragmentos del diario de Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas enriquecidos gr&aacute;ficamente por Isidro Ferrer. Cierra el sumario de la revista una amplia secci&oacute;n de cr&iacute;tica de libros, &ldquo;La Torre de Babel&rdquo;, donde se analizan las novedades editoriales tanto espa&ntilde;olas como peruanas de mayor inter&eacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;TURIA&rdquo;, 35 A&Ntilde;OS DE TRAYECTORIA</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA, que cumplir&aacute; en noviembre de 2018 sus 35 a&ntilde;os de trayectoria,&nbsp; ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. Fundada y dirigida por el escritor y periodista Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas, tiene periodicidad cuatrimestral en papel y cuenta tambi&eacute;n con una versi&oacute;n digital (web y Facebook) que ha incrementado notablemente su difusi&oacute;n entre el p&uacute;blico lector.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel y su edici&oacute;n cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero especial &ldquo;Letras de Espa&ntilde;a y Per&uacute;&rdquo; ha sido financiado por el Ministerio de Cultura. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura. <strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>D&Oacute;NDE ADQUIRIR &ldquo;TURIA&rdquo; EN LIMA</strong></p>
<p>La edici&oacute;n en papel de la revista TURIA est&aacute; ya disponible en Per&uacute; a trav&eacute;s de la distribuidora Heraldos Negros. Puede adquirirse en la librer&iacute;a SUR, en San Isidro y en la librer&iacute;a EL VIRREY del centro de Lima. Tambi&eacute;n estar&aacute; a la venta en la FIL 2018.</p>
<p>Adem&aacute;s, pueden conocerse mejor las caracter&iacute;sticas y contenidos de TURIA on line, leer innumerables textos de forma gratituita as&iacute; como comprar la versi&oacute;n en papel, a trav&eacute;s de la web: <a href="http://www.ieturolenses.org/revista_turia/" target="_blank">http://www.ieturolenses.org/revista_turia/</a></p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 25 Jul 2018 05:32:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carmen Ollé dará a conocer la revista "Turia" en la FIL de Lima]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/carmen-olle-dara-a-conocer-la-revista-turia-en-la-fil-de-lima/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2018/CARMEN_OLL_3.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: justify;" align="center"><strong>MARIO VARGAS LLOSA, ENRIQUE VILA-MATAS, PERE GIMFERRER Y FERNANDO ARAMBURU FORMAN PARTE DE UN ESPECTACULAR SUMARIO DE M&Aacute;S DE 100 AUTORES&nbsp; ESPA&Ntilde;OLES Y PERUANOS</strong></p>
<p>La escritora peruana Carmen Oll&eacute; ser&aacute; la encargada de presentar, el pr&oacute;ximo d&iacute;a 25 de julio, la revista TURIA en la Feria Internacional del Libro de Lima (FIL LIMA). El evento, que se celebrar&aacute; a las 18 h en el auditorio C&eacute;sar Vallejo de dicho recinto ferial, permitir&aacute; dar a conocer un n&uacute;mero especial de la revista denominado &ldquo;Letras de Espa&ntilde;a y Per&uacute;&rdquo;. Le acompa&ntilde;ar&aacute;n en la presentaci&oacute;n, el escritor y cr&iacute;tico espa&ntilde;ol Enrique Andr&eacute;s Ruiz y el director de la revista, Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas.</p>
<p>TURIA ofrece a los lectores un espectacular sumario que contiene textos in&eacute;ditos de m&aacute;s de 100 autores espa&ntilde;oles y peruanos y ocupa 500 p&aacute;ginas. Esta iniciativa cultural se enmarca en el conjunto de actividades que protagoniza Espa&ntilde;a como pa&iacute;s invitado de la FIL de Lima en 2018 y ha sido posible gracias al apoyo econ&oacute;mico del Ministerio de Cultura y Deporte. Sin duda, supone una magn&iacute;fica oportunidad de fomentar la colaboraci&oacute;n cultural entre ambos pa&iacute;ses.</p>
<p>Con este acto promocional en Per&uacute;, TURIA confirma su condici&oacute;n de revista cultural hecha en Teruel pero de dimensi&oacute;n nacional e internacional. Una difusi&oacute;n que comenz&oacute; en 1999 en Nueva York y que luego la ha llevado dar a conocer su trabajo intelectual en Brasil, Francia, Portugal y M&eacute;xico. Previamente a la presentaci&oacute;n en Lima, el 27 de junio se realizaba otro acto similar en la sede central del Instituto Cervantes en Madrid, que cont&oacute; con las intervenciones de su director Juan Manuel Bonet y del escritor peruano Jorge Eduardo Benavides.</p>
<p>A partir de ahora la revista TURIA tendr&aacute; mayor visibilidad y difusi&oacute;n en Per&uacute; y dar&aacute; a conocer all&iacute; una labor de fomento de la lectura que viene desarrollando desde hace m&aacute;s de tres d&eacute;cadas. Como elemento central de este nuevo n&uacute;mero de TURIA sobresale, en primer lugar, una atractiva&nbsp; aproximaci&oacute;n a las letras espa&ntilde;olas contempor&aacute;neas. Destacados autores de nuestros d&iacute;as aportan material in&eacute;dito, tanto en el &aacute;mbito de la narrativa, como en el de la poes&iacute;a y el ensayo.</p>
<p>Otro de los contenidos destacados de la revista es un monogr&aacute;fico dedicado a &ldquo;Literatura peruana actual&rdquo; de m&aacute;s de 100 p&aacute;ginas con el que TURIA estudia y da a conocer, de manera rigurosa pero con un tono divulgativo, las principales caracter&iacute;sticas y protagonistas de la rica y diversa literatura peruana de nuestros d&iacute;as. Una aproximaci&oacute;n que permitir&aacute; fomentar la lectura en Espa&ntilde;a de los autores m&aacute;s destacados del Per&uacute; en el siglo XXI y que brinda textos in&eacute;ditos de todos ellos.</p>
<p>No falta una amplia secci&oacute;n de cr&iacute;tica literaria, en la que se analizan las novedades editoriales espa&ntilde;olas y peruanas m&aacute;s notables.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>CARMEN OLL&Eacute; Y ENRIQUE ANDR&Eacute;S RUIZ</strong></p>
<p>Carmen Oll&eacute; (Lima, Per&uacute;, 1947) est&aacute; considerada una de las escritoras m&aacute;s interesantes y representativas de la literatura peruana contempor&aacute;nea. De ah&iacute; que no s&oacute;lo intervenga como presentadora de TURIA en Lima sino que tambi&eacute;n participe con un poema in&eacute;dito en el sumario de la revista. Junto a la ya fallecida Blanca Varela, puede afirmarse que Carmen Oll&eacute; es una de las voces indiscutibles en la poes&iacute;a escrita por mujeres en el Per&uacute;. Entre sus libros destaca el poemario <em>Noches de adrenalina</em> (Cuadernos del Hipocampo, 1981). Su obra m&aacute;s reciente es <em>Halo de Luna</em> (Peisa, 2017).&nbsp; Ha sido profesora de Literatura &nbsp;en la Universidad Nacional de Educaci&oacute;n Enrique Guzm&aacute;n y Valle, directora del Centro de Documentaci&oacute;n sobre la Mujer, directora del Pen Club del Per&uacute; y presidenta de la Red de Escritoras Latinoamericanas.&nbsp;</p>
<p>Enrique Andr&eacute;s Ruiz (Soria, Espa&ntilde;a, 1961) es poeta, ensayista y cr&iacute;tico. Ha colaborado en los diarios ABC y El Pa&iacute;s y participa habitualmente en los sumarios de TURIA. Como poeta, su libro m&aacute;s reciente es <em>Los verdaderos domingos de la vida</em> (Pre-Textos, 2017). Entre sus ensayos destacan <em>Vida de la pintura</em> (2001), <em>La tristeza del mundo. Sobre la experiencia pol&iacute;tica de leer </em>(Encuentro, 2010) o el reciente <em>La carro&ntilde;a. Ensayo sobre lo que se pierde </em>(2017). Es autor, asimismo, de la antolog&iacute;a <em>Las dos hermanas. Antolog&iacute;a de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola e hispanoamericana del siglo XX sobre pintura</em> (FCE, 2011).</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA, que este 2018 celebra sus 35 a&ntilde;os de trayectoria,&nbsp; ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. Tiene periodicidad cuatrimestral en papel y cuenta tambi&eacute;n con una versi&oacute;n digital (web y Facebook) que ha incrementado notablemente su difusi&oacute;n entre el p&uacute;blico lector: su p&aacute;gina en Facebook cuenta con cerca de 10.000 seguidores y m&aacute;s de 5.000 usuarios al mes acceden a los contenidos de la web. TURIA est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel y su edici&oacute;n cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero especial &ldquo;Letras de Espa&ntilde;a y Per&uacute;&rdquo; ha sido financiado por el Ministerio de Cultura y Deporte. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura otorgado por el Gobierno de Espa&ntilde;a en 2002.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 13 Jul 2018 06:38:24 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La revista Turia se presenta el 25 de julio en la FIL de Lima]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-revista-turia-se-presenta-el-25-de-julio-en-la-fil-de-lima/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2018/ENRIQUE_VILA-MATAS_6.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: justify;" align="center"><strong>MARIO VARGAS LLOSA, ENRIQUE VILA-MATAS, PERE GIMFERRER Y FERNANDO ARAMBURU FORMAN PARTE DE UN ESPECTACULAR SUMARIO</strong><strong> DE M&Aacute;S DE 100 AUTORES&nbsp; </strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>CARMEN OLL&Eacute; Y ENRIQUE ANDR&Eacute;S RUIZ DAR&Aacute;N A CONOCER EL ESPECIAL &ldquo;LETRAS DE ESPA&Ntilde;A Y PER&Uacute;&rdquo;</strong></p>
<p>El pr&oacute;ximo d&iacute;a 25 de julio, la revista TURIA presentar&aacute; en Feria Internacional del Libro de Lima (FIL LIMA) un n&uacute;mero especial denominado &ldquo;Letras de Espa&ntilde;a y Per&uacute;&rdquo;. Este espectacular sumario contiene textos in&eacute;ditos de m&aacute;s de 100 autores espa&ntilde;oles y peruanos y ocupa 500 p&aacute;ginas. Esta iniciativa cultural se enmarca en el conjunto de actividades que protagonizar&aacute; Espa&ntilde;a como pa&iacute;s invitado de la FIL de Lima en 2018 y ha sido posible gracias al apoyo econ&oacute;mico del Ministerio de Cultura. Sin duda, supone una magn&iacute;fica oportunidad de fomentar la colaboraci&oacute;n cultural entre ambos pa&iacute;ses.</p>
<p>El Parque de los Pr&oacute;ceres de la Independencia en Lima, ser&aacute; el lugar donde se ubique la FIL y en el Auditorio C&eacute;sar Vallejo de dicho recinto ferial ser&aacute; donde el d&iacute;a 25 de julio se presente el nuevo n&uacute;mero de TURIA. La escritora peruana Carmen Oll&eacute; y el escritor y cr&iacute;tico espa&ntilde;ol Enrique Andr&eacute;s Ruiz dar&aacute;n a conocer la revista en la FIL. En el evento intervendr&aacute; tambi&eacute;n el fundador y director de TURIA, Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas.</p>
<p>Previamente, el 27 de junio se ha realizado una presentaci&oacute;n en la sede central del Instituto Cervantes en Madrid.</p>
<p>Con dicho acto promocional en Per&uacute;,&nbsp; TURIA confirma su condici&oacute;n de revista cultural hecha en Teruel pero de dimensi&oacute;n nacional e internacional. Una difusi&oacute;n que comenz&oacute; en 1999 en Nueva York y que luego la ha llevado dar a conocer su trabajo intelectual en Brasil, Francia, Portugal y M&eacute;xico.</p>
<p>A partir de ahora la revista TURIA tendr&aacute; mayor visibilidad y difusi&oacute;n en Per&uacute; y dar&aacute; a conocer all&iacute; una labor de fomento de la lectura que viene desarrollando desde hace m&aacute;s de tres d&eacute;cadas. Como elemento central de este nuevo n&uacute;mero de TURIA sobresale, en primer lugar, una atractiva&nbsp; aproximaci&oacute;n a las letras espa&ntilde;olas contempor&aacute;neas. Destacados autores de nuestros d&iacute;as aportan material in&eacute;dito, tanto en el &aacute;mbito de la narrativa, como en el de la poes&iacute;a y el ensayo. No falta una amplia secci&oacute;n de cr&iacute;tica literaria, en la que se analizan las novedades editoriales espa&ntilde;olas m&aacute;s notables.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>ENRIQUE VILA-MATAS Y FERNANDO ARAMBURU</strong></p>
<p>TURIA abre este n&uacute;mero especial concediendo un singular protagonismo a Enrique Vila-Matas y a Jaime Gil&nbsp; de Biedma, autores a los que se dedican amplios art&iacute;culos sobre su trayectoria creativa elaborados, respectivamente, por Mercedes Monmany y Luis Antonio de Villena.</p>
<p>En narrativa, la revista ofrece textos in&eacute;ditos de Fernando Aramburu, Eloy Tiz&oacute;n, Sara Mesa, Carlos Pardo y Patricia Esteban Erl&eacute;s.</p>
<p>En poes&iacute;a, TURIA rescata del olvido la figura y la obra de un valioso poeta espa&ntilde;ol radicado en Per&uacute; como Julio Garc&eacute;s. Adem&aacute;s, la revista publica poemas in&eacute;ditos de diez autores. Entre ellos, citaremos a Juan Manuel Bonet, Jos&eacute; Carlos Llop, Ben Clark, Aurora Luque, &Aacute;lvaro Valverde, Almudena Guzm&aacute;n y Fernando Sanmart&iacute;n.</p>
<p>En el &aacute;mbito del ensayo, Valent&iacute; Puig analiza l&uacute;cidamente la problem&aacute;tica cuesti&oacute;n de las migraciones en un art&iacute;culo que titula &ldquo;Sociedades abiertas o guettos&rdquo;. Por su parte, uno de los nombres propios de la poesia espa&ntilde;ola del siglo XX y XXI, Pere Gimferrer, es protagonista de una conversaci&oacute;n a fondo que permite conocer su recorrido intelectual y su creatividad po&eacute;tica.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>MONOGR&Aacute;FICO SOBRE LITERATURA PERUANA ACTUAL</strong></p>
<p>Otro de los contenidos destacados de la revista es un monogr&aacute;fico dedicado a &ldquo;Literatura peruana actual&rdquo; de m&aacute;s de 100 p&aacute;ginas con el que TURIA estudia y da a conocer, de manera rigurosa pero con un tono divulgativo, las principales caracter&iacute;sticas y protagonistas de la rica y diversa literatura peruana de nuestros d&iacute;as. Una aproximaci&oacute;n que permitir&aacute; fomentar la lectura en Espa&ntilde;a de los autores m&aacute;s destacados del Per&uacute; en el siglo XXI y que brinda textos in&eacute;ditos de todos ellos. Este monogr&aacute;fico se abre con un art&iacute;culo elaborado por el especialista peruano F&eacute;lix Terrones; doctor en literatura, escritor y cr&iacute;tico radicado en Francia.</p>
<p>Entre los autores peruanos no hay que olvidar que TURIA publica art&iacute;culos in&eacute;ditos sobre Mario Vargas Llosa, C&eacute;sar Vallejo, Eduardo Chirinos, Blanca Varela o Julio Ram&oacute;n Ribeyro. Se entrevista al gran cr&iacute;tico y estudioso peruano Julio Ortega, profesor de literatura en la Universidad de Brown (USA).</p>
<p>Tambi&eacute;n se publican textos narrativos in&eacute;ditos de entre otros: Santiago Roncagliolo, Alonso Cueto, Jorge Eduardo Benavides, Ricardo Sumalavia, Diego Trelles Paz, Sergio Galarza, Irma del &Aacute;guila, Gabriela Wiener, Yeniva Fern&aacute;ndez y Karina Pacheco Medrano.</p>
<p>En poes&iacute;a los lectores encontrar&aacute;n originales de Carmen Oll&eacute;, Marco Martos, Ricardo Silva-Santisteban, Alonso Ruiz Rosas, Giovanna Pollarolo, Roger Santiv&aacute;&ntilde;ez, Jos&eacute; Antonio Mazzotti, Mariela Dreyfus, Mart&iacute;n Rodr&iacute;guez Gaona, Grecia C&aacute;ceres, Montserrat &Aacute;lvares, Miguel Ildefonso, Victoria Guerrero, Micaela Chirif, Nilton Santiago, Alessandra Tenorio, Juliane &Aacute;ngeles y Denisse Vega Farf&aacute;n.</p>
<p>En ensayo los textos in&eacute;ditos corresponden a Patricia de Souza, Roc&iacute;o Silva Santisteban y Paul Baudry.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>D&Oacute;NDE ADQUIRIR TURIA EN LIMA</strong></p>
<p>La edici&oacute;n en papel de la revista TURIA est&aacute; ya disponible en Per&uacute; a trav&eacute;s de la distribuidora Heraldos Negros. Puede adquirirse en la librer&iacute;a SUR, en San Isidro y en la librer&iacute;a EL VIRREY del centro de Lima. Tambi&eacute;n estar&aacute; a la venta en la FIL 2018.</p>
<p>Adem&aacute;s, pueden conocerse mejor las caracter&iacute;sticas y contenidos de TURIA on line, as&iacute; como comprarla, a trav&eacute;s de la web: <a href="http://www.ieturolenses.org/revista_turia/" target="_blank">http://www.ieturolenses.org/revista_turia/</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;TURIA&rdquo;, 35 A&Ntilde;OS DE TRAYECTORIA</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA, que este 2018 celebra sus 35 a&ntilde;os de trayectoria,&nbsp; ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. Fundada y dirigida por el escritor y periodista Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas, tiene periodicidad cuatrimestral en papel y cuenta tambi&eacute;n con una versi&oacute;n digital (web y Facebook) que ha incrementado notablemente su difusi&oacute;n entre el p&uacute;blico lector: su p&aacute;gina en Facebook cuenta con cerca de 10.000 seguidores y m&aacute;s de 5.000 usuarios al mes acceden a los contenidos de la web. TURIA est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel y su edici&oacute;n cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura otorgado por el Gobierno de Espa&ntilde;a en 2002.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 04 Jul 2018 07:17:04 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poesía como pregunta esencial a la Historia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/poesia-como-pregunta-esencial-a-la-historia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2018/JOS_LUIS_G_MEZ_TOR_.JPG" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La nueva entrega po&eacute;tica de Jos&eacute; Luis G&oacute;mez Tor&eacute; (Madrid, 1973) es <em>Hotel Europa</em>, publicada por La isla de Siltol&aacute;. No puedo aqu&iacute; recoger su trayectoria de poeta, estudioso, traductor y cr&iacute;tico con que viene recorriendo lo que llevamos de siglo y que lo ha situado en un lugar de referencia; hay fuentes de informaci&oacute;n para ello. Me propongo extender un comentario a lo que este libro creo que propone con una belleza y un rigor que no deben pasar desapercibidos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se me ocurre que, si parafraseamos a Antonio Machado cuando defini&oacute; la poes&iacute;a como &ldquo;palabra esencial en el tiempo&rdquo;, acaso hoy tendr&iacute;amos que preguntarnos si esa esencialidad puede omitir la condici&oacute;n hist&oacute;rica en que nos hallamos y de la que nos sabemos tanto herederos como actores. La esencia puede encontrarse en el conocimiento, o proceder del examen de la experiencia &iacute;ntima; pero no puede orillarse de ella nuestro estar constituidos por ese conjunto de fuerzas que denominamos devenir. En este sentido, la obra de G&oacute;mez Tor&eacute; se une a otras voces que hoy debaten la propia identidad y para las que el reenv&iacute;o a lo antropol&oacute;gico o a lo individual no satisface todav&iacute;a ese deseo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una voz en este libro proclama: &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; preguntas por Europa? &iquest;Sabes t&uacute; algo de ella?... Prefieres quedarte ah&iacute; callado, insistiendo en una pregunta que ya nadie se hace&rdquo;. Ya en la formulaci&oacute;n de ese interrogante el poeta se sit&uacute;a en un l&iacute;mite: Junto al silencio impuesto por el poder de lo consabido; en la necesidad de exigir que se cuestione esa identidad; en la dificultad de que la palabra po&eacute;tica ha perdido toda relevancia social, toda posibilidad de abrir caminos y, sin embargo reh&uacute;sa su rendici&oacute;n. El libro entero es un esfuerzo por situarnos inquisitivamente ante nosotros mismos desde una identidad que viene dada por el poder y su hacer y una tradici&oacute;n que, no obstante, quiere resistirse (Machado, Benjamin, Whitman, Cernuda). Con este objetivo, G&oacute;mez Tor&eacute; dise&ntilde;a una estrategia de aproximaciones. La primera y m&aacute;s extensa parte del libro, titulada &ldquo;Historia universal&rdquo;, nos invita a un viaje por las tierras exteriores a lo europeo-occidental, en donde el marchamo de la historia reciente que los pa&iacute;ses centrales dirigen deja huellas que son estragos: Matto Grosso, las v&iacute;ctimas de sus agresiones militares, Ciudad Ju&aacute;rez, Mozambique, Manila&hellip; Un procedimiento que trata de eludir, de ra&iacute;z, la posici&oacute;n euroc&eacute;ntrica y la propaganda que, previsiblemente, esperamos que Europa &ndash;o sus mandatarios&ndash; har&aacute; de s&iacute;. Hay que preguntar al Otro para saber de uno mismo, hay que mirar el rastro que uno deja, hay que permitir que hablen (y no podr&aacute;n hacerlo, expulsados como est&aacute;n del lugar de la palabra y la comunidad de comunicaci&oacute;n) a esos que hallaremos &ldquo;Acampados / junto a la roja carretera de tierra, / al borde de la tierra / siempre de otros&hellip; Al borde de la historia&rdquo;. Quienes son los testigos, con su &ldquo;extra&ntilde;a paciencia&rdquo;, de esta cruel verdad: &ldquo;La historia / es una sucesi&oacute;n de hechos consumados, / de cr&iacute;menes perfectos.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Este viaje a los invisibles revela lo visible. Su testimonio es la palabra que denuncia el crimen de lo que viene ocurriendo. Parecer&iacute;a, por tanto, que alcanzar ese lugar arrasado por la historia tendr&iacute;a el poder de la iluminaci&oacute;n. Y as&iacute; es; algunos poemas de gran belleza parecen nacidos de epifan&iacute;as que responden a gestos y actitudes del cuerpo de los olvidados, no de un discurso, surgen de un lugar de pureza que a&uacute;n persiste. &ldquo;La anciana, casi alegre, con las manos mordidas por la lepra, marca el ritmo de una canci&oacute;n de bienvenida&rdquo;. &ldquo;&hellip; sostiene la mujer / un cesto de frutas. / Su cuerpo es la columna / de un fragmento de cielo&rdquo;. &ldquo;A fuego lento se cuecen las historias, se cuece el alimento compartido, la humedad rota, el sue&ntilde;o de la tierra. // Nos alejamos demasiado deprisa sin saber qu&eacute; madera enciende a&uacute;n la noche&rdquo;. Y esas presencias, todas de mujeres africanas, sobresaltan los prejuicios y los juicios propios para hacernos objeto de una cuesti&oacute;n decisiva: &ldquo;Qui&eacute;n ha dicho que tienen la mirada perdida&hellip; Vestidas para una fiesta que nadie ha convocado todav&iacute;a&hellip; C&oacute;mo saber, en qu&eacute; lugar decir, si hemos llegado pronto o demasiado tarde al agua de la celebraci&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hay aqu&iacute; el eco de H&ouml;lderlin, tan querido al universo po&eacute;tico de Jos&eacute; Luis G&oacute;mez Tor&eacute;: Dios ha abandonado a los hombres, los poetas son los centinelas de un mundo por llegar. Solo que ahora esa esperanza se ha vuelto impensable. Un verso terrible de nuestro autor lo proclama: &ldquo;La expiaci&oacute;n, si llega, / vendr&aacute; desde lo alto, / no dir&aacute;/ &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;este es mi cuerpo&rdquo;. La historia, por tanto, no ser&aacute; redimida por un Dios que <em>se puede</em> identificar con ella. La historia, m&aacute;s bien, est&aacute; atravesada por divinidades creadas a la medida humana que no son sino hip&oacute;stasis de su ferocidad. &ldquo;El destino se cumple y es mejor no quedarse en el medio de la calle cuando cruza, hermoso como un dios, sangriento como un dios, el carro de combate escribiendo la historia&rdquo;; &ldquo;Mientras tanto / nuestros dioses exigen / pruebas de amor, / devoran con igual voracidad / plegarias y blasfemias&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La segunda parte del libro la constituye un fragmento de g&eacute;nero dram&aacute;tico, &ldquo;El teatro anat&oacute;mico del doctor Cirlot&rdquo;, subtitulado &ldquo;Interludio grotesco&rdquo;. Un m&eacute;dico forense examina un cad&aacute;ver, una mujer que se oculta recita la eleg&iacute;a de la huida o perdida o raptada o humillada Europa, cuya esencia se encuentra precisamente en el rapto, esto es, en la ausencia. La aproximaci&oacute;n po&eacute;tica a esa identidad, que proviene de las gentes excluidas de tierras no tan lejanas, se topa ahora con el lamento y la pregunta por su desaparici&oacute;n formulada en sendos mon&oacute;logos que no llegan a interferirse y para los que no cabe tampoco la mediaci&oacute;n de un comentario. El poeta &ndash;el lector&ndash; llega tarde a la escena. Asiste a los ecos de esa falta. &iquest;&rdquo;Qu&eacute; es Europa&rdquo;? Se convierte en &iquest;&rdquo;Qu&eacute; ha sido de Europa&rdquo;? Y, m&aacute;s a&uacute;n, constatada ya su desaparici&oacute;n, cuestiona si todav&iacute;a hay alguien a quien le importe, si esa imagen de autopromoci&oacute;n significa algo, puesto que sus &ldquo;valores&rdquo;, esa singularidad de que alardean: la patria de los derechos humanos, de las libertades, la prosperidad, la propiedad privada, los parlamentos y la prensa libre, han sido barridos por el inter&eacute;s econ&oacute;mico, las conveniencias pol&iacute;ticas, el mero ejercicio del poder, la hipocres&iacute;a, el sarcasmo. Entramos as&iacute; en la tercera y &uacute;ltima secci&oacute;n de <em>Hotel Europa</em>, con t&iacute;tulo hom&oacute;nimo, que se abre con el poema: &ldquo;Despu&eacute;s de la historia&rdquo; y que empieza una vez que ha dejado atr&aacute;s ese cad&aacute;ver y su autopsia sin efectos.</p>
<p>Son un pu&ntilde;ado escaso de poemas en los que Jos&eacute; Luis G&oacute;mez Tor&eacute; pareciera ponernos ante los ojos el testimonio que nuestro peque&ntilde;o continente pudiera a&uacute;n dar de s&iacute; mismo. Su inventario de t&eacute;rminos recoge las infamias m&aacute;s recientes: Treblinka, Cuelgamuros; retoma mitos que hablaron de venganza: los hermanos Electra y Orestes, m&aacute;s cercanos que nunca a Hamlet; y, sobre todo, la voz truncada de los poetas, a los que se acude como para una consulta urgente, y que ya han respondido con su fracaso: la muerte de tristeza, el suicidio, el exilio, la soledad. La pregunta que tra&iacute;amos se hunde en la tierra, desaparece envuelta en el polvo, absurda entre las ruinas verticales de los edificios y los comercios. &ldquo;Para otros las fronteras. / El desierto se extiende&rdquo;. &ldquo;Desde aqu&iacute; escucho los valses del Imperio con un aire de jazz mientras insisten lejos los obuses con su secreta m&uacute;sica&rdquo;. El libro nos conduce por un viaje, a cuyo t&eacute;rmino, no hallaremos el esp&iacute;ritu de Europa, su identidad buscada; esta tierra no ha comparecido, es acaso s&oacute;lo un lugar de paso, una residencia, un marco de ruinas que nos deja en la desolaci&oacute;n y el vac&iacute;o.</p>
<p>Pero &iquest;qui&eacute;n est&aacute; hablando aqu&iacute;?, nos preguntamos, &iquest;qu&eacute; clase de voz ha dirigido nuestros pasos a lo largo de estas p&aacute;ginas? Y tambi&eacute;n: &iquest;por qu&eacute; nos habla as&iacute;, con un lenguaje po&eacute;tico?, &iquest;qu&eacute; lo justifica? El lugar del poeta en este libro es enormemente complejo. Por un lado, es un cuerpo, un cuerpo que viaja en su calidad de europeo a donde no le han llamado. All&iacute; se sorprende, aunque &ldquo;es precario el asombro / y a menudo nos miente&rdquo;; saluda a las gentes con las que se cruza: &ldquo;miro desde un autob&uacute;s viejo / como quien pasa a bordo de la historia / y contempla una orilla interminable&rdquo;; se pliega como la mayor&iacute;a a &ldquo;consumir nuestra dosis cotidiana / de cafe&iacute;na y culpa&rdquo;, y, al final, se ausenta: &ldquo;La cerveza bien fr&iacute;a lava nuestros pecados, la culpa del retorno&rdquo;. El poeta ve, ha superado la ignorancia programada. Pero tal condici&oacute;n no es motivo de vanagloria; es apenas un hombre informado m&aacute;s, no el &uacute;nico, que llega a afirmar: &ldquo;Lo confieso: odio esta transparencia&rdquo;. De ninguna manera un h&eacute;roe, no asume el lugar del periodista que denuncia con riesgo de su vida hechos y nombres precisos; es fr&aacute;gil, no va a ocupar un lugar se&ntilde;ero en la manifestaci&oacute;n, no dirige. G&oacute;mez Tor&eacute; vuelve a la pregunta de H&ouml;lderlin sobre la misi&oacute;n del poeta en tiempos de penuria. En algunas de las primeras p&aacute;ginas, esa palabra es capaz a&uacute;n de un efecto sanador (el recuerdo de Whitman como enfermero en la guerra civil), y puede convocarse como testigo de los hechos: &ldquo;los soldados miran fijamente a la c&aacute;mara. Al poema&rdquo;. Sin embargo, esta esperanza se desvanece enseguida. El lenguaje ha sido tomado por los violentos: &ldquo;Pedimos las palabras inermes / y nos dieron esta herencia nocturna&rdquo;; &ldquo;El lenguaje, un estado de excepci&oacute;n&rdquo;; donde al asesino &ldquo;Le escuchamos hablar la lengua de las v&iacute;ctimas&rdquo; y los enemigos nos ponen los nombres. Esta corrupci&oacute;n del lenguaje (ecos de Celan, al que G&oacute;mez Tor&eacute; ha dedicado trabajos) conlleva la construcci&oacute;n de un discurso que conduce a la impostura. &ldquo;Son demasiados signos para este tiempo adicto a las cat&aacute;strofes&hellip; Demasiada iron&iacute;a. Como si nos sobraran las palabras. Como si no estuvieran ya rotos los espejos&rdquo;. Se ha establecido esa mentira que rompe espejos y que, en consecuencia, impide toda reflexi&oacute;n, toda toma de conciencia que nos libere. Frente a ese lenguaje colonizado en el que se establecen las narraciones, se niegan los grandes relatos y los peri&oacute;dicos, se nos recuerda con insistencia, llegan siempre tarde para repetir consignas, envueltos en ese discurso poderoso, &iquest;cabe a&uacute;n una alternativa?, &iquest;hay lugar para la palabra po&eacute;tica?</p>
<p>G&oacute;mez Tor&eacute; ha meditado a fondo sobre ello y sabe que la palabra po&eacute;tica ha sido descabalgada hace tiempo. En el propio libro, se muestra el itinerario de esa retracci&oacute;n. Los poemas ven cuestionado su estatus de proclama y anuncio para mostrarnos que su tarea se hace cada vez m&aacute;s limitada y sombr&iacute;a. &ldquo;Son pocas las certezas: no ordenar las im&aacute;genes, no borrar la sutura, mantener a distancia el porvenir&rdquo;. Incluso es preciso destinarse al silencio para no caer en la trampa de las palabras dadas; incluso precaverse de una memoria que parece fabricada <em>ad hoc</em>. La insurrecci&oacute;n de la poes&iacute;a tendr&iacute;a entonces que consistir en la asunci&oacute;n de un lugar marginal desde el que ejercer un profetismo casi desesperado. &ldquo;Poes&iacute;a es el resto. / La democracia es lo que queda en los m&aacute;rgenes&rdquo;, se nos dice. Sin embargo, tal opci&oacute;n no es contemplada aqu&iacute;. Hasta del margen, la poes&iacute;a ha sido expulsada. Por eso, el testimonio no alcanza a testimoniar. Se ha vuelto imposible: Tomando el ejemplo &eacute;tico de Luis Cernuda le dice: &ldquo;Nunca quisiste ser profeta&rdquo;. Y, en otro poema: &ldquo;O quiz&aacute;, entre nubes de polvo, convocados por nadie, vocear al borde del mercado palabras caducadas, adjetivos vagamente procaces, ritos de primavera como restos de saldos&rdquo;. Ya nadie va a escuchar, nadie va a entender. El poema se parece a una algarab&iacute;a. Ahora, el hombre c&iacute;vico, el hombre que sabe leer, el que habla impaciente y el que escribe se igualan en su impotencia. Ese Hotel ha excluido a los poetas. Ser&iacute;a como el &uacute;ltimo acto del derrumbe. Preguntamos por Europa, preguntamos por el lugar de la poes&iacute;a, las dos preguntas vienen finalmente a coincidir. Jos&eacute; Luis G&oacute;mez Tor&eacute; ha buscado respuestas con la carga preciosa de lo m&aacute;s granado de la tradici&oacute;n po&eacute;tica europea, a la que en sus bellos poemas da continuidad; y tambi&eacute;n, creo, fortalecido por el alimento, la bebida y los encuentros que ha recibido de Mozambique y otras lejan&iacute;as. Sin embargo, siente su fragilidad en este lugar bajo la amenaza del hundimiento. No se le puede pedir m&aacute;s rigor, m&aacute;s autenticidad a un libro de poemas que ha querido mirar lo esencial con una palabra que sea a la vez inteligencia y deseo, que retorna a una tradici&oacute;n po&eacute;tica siempre sofocada, y que no se ha ahorrado las preguntas m&aacute;s audaces. Por eso es terrible su lucidez al concluir su <em>Hotel Europa</em>, al dejarnos con estas palabras: &ldquo;&iquest;No te acuerdas de m&iacute;? Soy el padre de nadie, el que hace las cuentas con el amor de otros. Desde aqu&iacute; escucho el chocar violento de las copas, c&oacute;mo parten los trenes cargados de consignas. Yo guardo su secreto. Me empe&ntilde;o en ser el &uacute;ltimo. Todav&iacute;a no he aprendido a callarme. Lo har&eacute; pronto.&rdquo;</p>
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<p>Jos&eacute; Luis G&oacute;mez Tor&eacute;, <em>Hotel Europa</em>, Sevilla, La Isla de Siltol&aacute;, 2017.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 02 Jul 2018 08:59:38 +0000</pubDate>
    </item>
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      <title><![CDATA[Pere Gimferrer: "El poema es un arte del instante"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/pere-gimferrer-el-poema-es-un-arte-del-instante/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2018/PERE_GIMFERRER_2.jpg" alt="" /></p>
<p>&ldquo;El poema es un arte del instante&rdquo;. La luz, un parpadeo del tiempo. En sus aguas espejea la juventud al contacto con nuestra mirada fr&aacute;gil. &lsquo;Azul veneciano de carburo&rsquo;. &lsquo;Verde profundo en la luz desnuda&rsquo;. La belleza es un forense que practica ces&aacute;reas. La noche cae. La vida llega envuelta en grumos de autopsia. &ldquo;Gabriele d&rsquo;Anunzio ha salido de Venecia con el alba&rdquo;. Gimferrer le espera a las afueras. Lee sentado. Es una m&aacute;scara. &lsquo;Teatrillos de luces en los puentes de piedra&rsquo;. Tiempo y lenguaje. Pintura de s&iacute;. El verso se detiene a tomar un caf&eacute; con leche y unas gotas de m&aacute;rmol. La lluvia no cae. Es una estola detenida en un fotograma que se mueve. Nadie sabe que las estrellas son animales. Tu mirada es mortal. Y p&aacute;lida.</p>
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<p><strong>Sobre Venecia y la est&eacute;tica veneciana</strong></p>
<p>- &iquest;Cree que Venecia acabar&aacute; bajo las aguas?</p>
<p>- No es lo m&aacute;s probable, aunque as&iacute; empez&oacute;. Conozco todos los estudios, muy variados. En &uacute;ltimo caso, es poco probable que los que estamos vivos asistamos al hundimiento.</p>
<p>- Venecia es una huella en su obra desde el comienzo.</p>
<p>- No sale en todos los libros. He estado vinculado a varias ciudades y unas se manifiestan m&aacute;s que otras en la escritura. Aparte de Venecia, es f&aacute;cil relacionarme con Par&iacute;s, Londres y Roma; sin embargo, Tur&iacute;n aparece de forma espor&aacute;dica y es muy importante.</p>
<p>- Venecia ha sido un im&aacute;n para innumerables escritores. Capote trabajaba en ella desde las nueve hasta las tres de la tarde, y a esa hora, hiciera sol o lloviera, se iba a dar una caminata &ldquo;por el laberinto hasta que ca&iacute;a la noche&rdquo;. &iquest;Cu&aacute;l es su rutina?</p>
<p>- No hay tanta rutina. Para empezar, cuando estoy en Venecia no suelo escribir. En todo caso, si Capote escrib&iacute;a de nueve a tres, me pregunto qu&eacute; pas&oacute; con lo que escrib&iacute;a. Porque tanto no ha publicado.</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;les son sus sitios amados?</p>
<p>- Mis sitios son conocidos por la mayor&iacute;a. En cuanto a museos: La Accademia di Belle Arti, la colecci&oacute;n de Peggy Guggenheim, la Escuela Grande de San Rocco y la de San Giorgio degli Schiavoni; el museo Correr, con <em>Las dos cortesanas</em>, de Carpaccio; el interior de san Marcos, es decir, la parte inferior de las b&oacute;vedas&hellip; Y luego hablar&iacute;a de La Fenice; y de restaurantes y de hoteles&hellip; y de calles, muchas calles&hellip; y algunas tiendas.</p>
<p>- &iquest;Cines?</p>
<p>- Cines ya no hay. Est&aacute; el Palacio, en el Lido.</p>
<p>- Y el Giorgone durante el festival, &iquest;no?</p>
<p>&nbsp;-Nunca he ido al festival. Pero vi pel&iacute;culas muy raras a lo largo del tiempo, especialmente quiz&aacute;s en los a&ntilde;os sesenta. Todav&iacute;a se fumaba en el interior de los cines y hab&iacute;a un descanso: <em>primo tempo</em>, <em>secundo tempo</em>.</p>
<p>- &iquest;Y librer&iacute;as?</p>
<p>- Tiendas de librer&iacute;a anticuaria quedan muy pocas. Hace no tanto, cerr&oacute; una de Mondadori, con tres niveles; una apuesta comercial equivocada. Tambi&eacute;n recuerdo la librer&iacute;a Cassini, que aparece en <em>Venises</em>, de Paul Morand. La conoc&iacute; ya con la viuda. La cerr&oacute;, pero sigue viva y coleando, lo s&eacute; por la gente de Grafica Antica.</p>
<p>- &iquest;Y funcionando?</p>
<p>- Funcionando hay varias, de novedades y libros m&aacute;s o menos convencionales: Feltrinelli, Acqua Alta&hellip; Est&aacute; la Toletta, de <em>stock</em> rebajado, que consta de varias tiendas en la misma calle. Me gustaba una en la parte superior de San Marcos, Sansovina -no confundir con la Sala Monumental de la Librer&iacute;a Sansoviniana, frente al Palacio Ducal, que es biblioteca-. Ahora, por culpa del alquiler, se dedica m&aacute;s a vender <em>souvenirs</em> que libros.</p>
<p>- Se dice que los Nov&iacute;simos inauguraron la est&eacute;tica <em>veneciana</em> y el detonante fue <em>Muerte en Venecia</em>. &iquest;Esto es as&iacute;?</p>
<p>- No desde luego, o no en lo que a m&iacute; respecta. S&iacute; en Guillermo Carnero, cuyos poemas &lsquo;Venecia&rsquo; y &lsquo;El seren&iacute;simo pr&iacute;ncipe&rsquo;, de <em>Dibujo de la muerte</em>, son posteriores al m&iacute;o de <em>Arde el mar</em> (1966), que no guarda relaci&oacute;n con la novela corta de Mann. Ni siquiera s&eacute; si cuando la escrib&iacute; la hab&iacute;a le&iacute;do.</p>
<p>- En la edici&oacute;n de su poes&iacute;a de los 60 la referencia se aplica al conjunto.</p>
<p>- Como grupo no pod&iacute;amos ser <em>venecianos</em>. De hecho, es un adjetivo, en parte ir&oacute;nico, que nos dedicaban los rivales literarios. Viene de combinar la menci&oacute;n en mi oda con cierto tipo de est&eacute;tica.</p>
<p>- &iquest;Novela, pel&iacute;cula u &oacute;pera?</p>
<p>- Britten es un m&uacute;sico al que aprecio, pero esa &oacute;pera no la he visto ni escuchado entera. El libro y la pel&iacute;cula no son homologables. El solo hecho de virar la profesi&oacute;n del protagonista, de escritor a m&uacute;sico, ya lo indica. Y las partes retrospectivas no contienen igual informaci&oacute;n de la vida del personaje. Por lo dem&aacute;s, las dos me parecen bien.</p>
<p>- &iquest;<em>Per riguardo</em> (2014) se edit&oacute; en Italia?</p>
<p>- No. Se han editado otras cosas, bastantes -<em>Fortuny</em> (1983),<em> Los raros</em> (1985)...-. <em>Per riguardo</em> es muy reciente. Las traducciones siempre van con retraso respecto del original.</p>
<p>- En este caso, el original es en italiano.</p>
<p>- Lo importante era editarlo de entrada, en biling&uuml;e, en Espa&ntilde;a. Aunque la traducci&oacute;n no fuera m&iacute;a [de Justo Navarro]. Lo dem&aacute;s ya se ver&aacute;. Me pregunto: los poemas en franc&eacute;s de Rilke, &iquest;d&oacute;nde salieron primero: en Francia o en Alemania?</p>
<p>- &iquest;Por qu&eacute; escribir en italiano le resulta m&aacute;s sencillo que en franc&eacute;s?</p>
<p>- Escribir en italiano me es muy f&aacute;cil en una gama concreta: la que empleo en los poemas. Se puede escribir en italiano, y usar varios registros, y conservar la voz. Aunque &eacute;sta recuerde a poetas lejanos. En franc&eacute;s, en cambio, la poes&iacute;a es dif&iacute;cil que no parezca una imitaci&oacute;n tard&iacute;a de un disc&iacute;pulo de un poeta grande. En prosa &ndash;he escrito &uacute;nicamente ensayos- s&iacute; puede encontrar cabida la voz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Perder la memoria no es olvidar&rdquo;</strong></p>
<p>- Hay un gran arco entre el &ldquo;Si pierdo la memoria, qu&eacute; pureza&rdquo;, de <em>Arde el mar</em>, y &ldquo;El olvido es hermoso&rdquo;, de <em>No en mis d&iacute;as</em> (2016) &ndash;eco del final de <em>La calle de la guardia prusiana</em> (2001)-.</p>
<p>- Perder la memoria no es olvidar. &ldquo;Si pierdo la memoria, qu&eacute; pureza&rdquo; alude, no nos enga&ntilde;emos, a los &uacute;ltimos a&ntilde;os de H&ouml;lderlin, cuando se hab&iacute;a quedado, en parte, en blanco. Hay que entenderlo en ese contexto facilitado por el t&iacute;tulo [&lsquo;Una sola nota musical para H&ouml;lderlin&rsquo;].</p>
<p>-&iquest;Y la segunda alusi&oacute;n?</p>
<p>- Hay que unirla a un tapiz de Almada Negreiros que trata de una situaci&oacute;n hist&oacute;rico-mitol&oacute;gico-legendaria sobre el r&iacute;o Leteo.</p>
<p>- Que viene citado: &ldquo;Vivir en el Leteo es revivir&rdquo;. &iquest;Aprendemos las cosas s&oacute;lo para olvidarlas? &iquest;Olvidar &ldquo;nos hace permanentes en la luz&rdquo;?</p>
<p>- No llego a tanto. El olvido llega y a veces cura. El olvido llega y siempre nos lleva. Y suele guardar permanencia.</p>
<p>- El Leteo tambi&eacute;n sale, al menos, en <em>Mascarada</em> (1996).</p>
<p>- &ldquo;La desmemoria en el Leteo / con un fular de cachemira&rdquo;. S&iacute;. Es que el olvido puede ser suave.</p>
<p>- &iquest;&ldquo;La muerte sabe dulce como un pastel de coco&rdquo; -<em>El castillo de la pureza</em>-?</p>
<p>- Al gusto, a la vista y al tacto.</p>
<p>- Y al o&iacute;do, en su respuesta. &iquest;Qu&eacute; relaci&oacute;n tiene saber que el olvido llegar&aacute; con la melancol&iacute;a?</p>
<p>- No tiene por qu&eacute; guardar. Yo leo filosof&iacute;a, pero no la escribo.</p>
<p>- El arranque de la &lsquo;Oda a Venecia&hellip;&rsquo;, &iquest;guarda alg&uacute;n nexo con el de <em>El a&ntilde;o pasado en Marienbad</em> (1961)?</p>
<p>- No. El mayor nexo -aparte de la cita de Garc&iacute;a Lorca: &ldquo;Las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros&rdquo;-, es un verso que parafrasea otro de Vicente Aleixandre. En &lsquo;Bomba en la &oacute;pera&rsquo;, &eacute;l dice: &ldquo;Un inmenso ata&uacute;d boga en lo oscuro&rdquo;, y yo propongo &ldquo;la masa de un f&eacute;retro en los densos canales&rdquo;. Tomo la idea del ata&uacute;d flotante de &eacute;l.</p>
<p>- &iquest;De d&oacute;nde surge el primer verso, tan hipn&oacute;tico: &ldquo;Tiene el mar su mec&aacute;nica como el amor sus s&iacute;mbolos&rdquo;?</p>
<p>- No tiene mucha utilidad para nadie que lo cuente, pero un poco antes de escribir el poema, conoc&iacute; en Barcelona a un personaje que me impresion&oacute;, y que muri&oacute; s&uacute;bitamente hace poco: Pierre Cottrel. Despu&eacute;s, produjo varias pel&iacute;culas de &Eacute;ric Rohmer, hasta en la parte final -<em>L&rsquo;anglaise et le duc</em> (2001)-. Por razones que llevar&iacute;a tiempo explicar, huy&oacute; de Francia.</p>
<p>- &iquest;Motivos pol&iacute;ticos?</p>
<p>- No. Dir&eacute;, resumiendo, que un director de cine quer&iacute;a matarlo y se compr&oacute; una pistola. Ya en Estados Unidos, fue productor ejecutivo, entre otras pel&iacute;culas, de <em>Saint Jack</em> (1978) -llamada aqu&iacute; <em>El rey de Singapur</em>-, de Peter Bogdanovich, con Ben Gazzara. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os produjo pel&iacute;culas muy conocidas, entre ellas <em>La vendedora de rosas</em> (1998), importante en toda Am&eacute;rica Latina; y otras que casi nadie ha visto, en Asia. Este hombre, que me impresion&oacute;, me ense&ntilde;&oacute; un poema que empezaba <em>la rue</em>-<em>la m&eacute;canique</em>. Se me quedaron en la cabeza esas palabras. Aunque el acento esdr&uacute;julo de <em>mec&aacute;nica</em> est&aacute; muy lejos del de <em>m&eacute;canique</em>, la idea es parecida. Me obsesion&eacute; con aquellas palabras y con su personalidad.</p>
<p>- &iquest;No volvieron a verse?</p>
<p>- No, pero le confieso un hecho asombroso: hace unos a&ntilde;os, el director de cine Albert Serra le fue a ver a Par&iacute;s y Cottrel, a quien no ve&iacute;a desde inicios de los sesenta, le expuso: &ldquo;El mejor amigo que tengo en Barcelona es Gimferrer, y tambi&eacute;n el que m&aacute;s sabe de cine&rdquo;. &iquest;Nuestro encuentro se le qued&oacute; grabado, como a m&iacute;, durante d&eacute;cadas? Eso parece. Lo cierto es que &ldquo;tiene el mar su mec&aacute;nica como el amor sus s&iacute;mbolos&rdquo; guarda relaci&oacute;n con &eacute;l y su <em>la rue</em>-<em>la m&eacute;canique</em>. La idea de hacer dos hemistiquios en esdr&uacute;julos es m&iacute;a. Los poemas de Cottrel nunca fueron publicados. Que yo sepa.</p>
<p>- Dedica <em>Arde el mar</em> a Aleixandre -tambi&eacute;n, <em>in memoriam</em>, el &lsquo;Himno a enero&rsquo; que incorpora a <em>Poemas 1962-1969</em> (1988)-. Ahora sale su obra en un volumen.</p>
<p>- No es completa. <em>A&ntilde;ade</em> a lo que ya hab&iacute;a, que es mucho. Primero sali&oacute; una <em>completa</em>, suya, en Aguilar; luego la de Duque Amusco en dos tomos -poes&iacute;a y prosa-; y la de ahora, que no tengo pero imagino f&aacute;cilmente.</p>
<p>-&nbsp; &iquest;Qu&eacute; ediciones ha manejado de &eacute;l?</p>
<p>- A decir verdad, las que &eacute;l me mand&oacute;: la de Aguilar, <em>Poemas de la consumaci&oacute;n</em> en primera edici&oacute;n, <em>Di&aacute;logos del conocimiento</em> en primera edici&oacute;n, y algunas antolog&iacute;as. Aparte, han llegado a mis manos, sin yo comprarlas, igualmente en primera, <em>La destrucci&oacute;n o el amor</em>, <em>Sombra del para&iacute;so</em>, y <em>Nacimiento &uacute;ltimo</em>. Vicente hab&iacute;a fallecido ya, y una persona, sabiendo tambi&eacute;n que iba a morir, me los leg&oacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Lo principal es la posteridad inmediata&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo le est&aacute; tratando el tiempo a Aleixandre?</p>
<p>- Lo principal es la posteridad inmediata. La posteridad a medio y largo plazo no ofrece muchas dudas. El problema es si un escritor pasa por el purgatorio y creo que Vicente no lo hizo. Lleg&oacute; directamente.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; es de la correspondencia que mantuvieron?</p>
<p>- Setecientas p&aacute;ginas desordenadas.</p>
<p>- &iquest;Ver&aacute;n la luz?</p>
<p>- De momento, est&aacute;n en una carpeta. Tampoco soy yo el propietario de los derechos de publicaci&oacute;n. Son sus herederos.</p>
<p>- &iquest;En ellas se recoge lo inadecuado que a &eacute;l le pareci&oacute; su viraje al catal&aacute;n?</p>
<p>- Precisamente la carta en que dec&iacute;a eso se extravi&oacute; en una mudanza. Pero da igual, dice otras muchas cosas interesantes.</p>
<p>- &iquest;El catal&aacute;n le hace, como he le&iacute;do, m&aacute;s reflexivo?</p>
<p>- Imagino que no. Si la persona es reflexiva, lo ser&aacute; en cualquier lengua.</p>
<p>- Tampoco eso es lo que m&aacute;s le importa. Prefiere la sensaci&oacute;n.</p>
<p>- S&iacute;, aunque un aire de reflexividad, como en Rilke y Eliot, no est&aacute; nada mal, &iquest;eh?</p>
<p>- De Aleixandre le interesa la cr&iacute;tica moral.</p>
<p>- No s&oacute;lo de &eacute;l. De bastantes poetas en aquel momento, a&ntilde;os 30.</p>
<p>- <em>Los placeres prohibidos</em>, <em>Sermones y moradas</em>&hellip;</p>
<p>- Y en bastantes lenguas.</p>
<p>- Usted salva de entonces a un autor muy salvado: Gil de Biedma.</p>
<p>- S&iacute;, pero usted lo dice: no hay que salvarle demasiado.</p>
<p>- Si yo digo que &eacute;l tradujo <em>Funci&oacute;n de la poes&iacute;a y funci&oacute;n de la cr&iacute;tica</em> y le aprovech&oacute; poco, &iquest;soy injusto?</p>
<p>- No lo s&eacute;. Hay una cosa fundamental: lo que se propon&iacute;a Jaime como poeta guardaba muy poca relaci&oacute;n con lo que se propon&iacute;a Eliot como poeta. Otra cosa es como ensayista, y estamos hablando de un libro de ensayos. Mi impresi&oacute;n es que no se deber&iacute;a relacionar demasiado a Jaime con Eliot, y s&iacute; con Auden.</p>
<p>- Y Auden no es lo mismo que Eliot&hellip;</p>
<p>-&hellip; aunque mantuvieron muy buena relaci&oacute;n. S&iacute; s&eacute;, porque he visto y manejado los papeles que hay en el interior de los libros de su biblioteca -que existe, aunque no es de f&aacute;cil acceso ni est&aacute; abierta al p&uacute;blico-, varios intentos de traducci&oacute;n de &lsquo;La canci&oacute;n de amor de J. Alfred Prufock&rsquo;. Unos con rima, otros sin ella. Presumo, s&oacute;lo presumo, ya que de Eliot casi no habl&eacute; con &eacute;l &ndash;de Eliot como cr&iacute;tico s&iacute;; de Eliot como poeta, apenas-, que le interesaba m&aacute;s la primera etapa, vinculada por el propio Eliot a Jules Laforgue. No es m&aacute;s que una presunci&oacute;n. Con Jaime habl&eacute; mucho de Auden. Ahora: usted me pregunta: &ldquo;&iquest;Hab&iacute;a le&iacute;do bien a Eliot como poeta?&rdquo;. Yo le respondo: &ldquo;S&iacute;&rdquo;. Recuerdo que en una ocasi&oacute;n me hizo notar, de palabra, lo que consideraba un error de traducci&oacute;n de Vicente Gaos en los <em>Cuatro cuartetos</em>.</p>
<p>- Una obra de madurez.</p>
<p>-&nbsp; Por eso digo que ley&oacute; bien a Eliot. Otra cosa es que yo presuma que le pudiera interesar m&aacute;s la primera etapa. Sobre los <em>Cuatro cuartetos</em>, que yo recuerde, escribi&oacute; un pr&oacute;logo en los a&ntilde;os ochenta, con motivo de su traducci&oacute;n catalana, recopilado en el tomo de Galaxia.</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo lector y cr&iacute;tico le parece superior a como poeta?</p>
<p>- No, aunque mi amigo Caballero Bonald as&iacute; lo piensa. A ver, como cr&iacute;tico es excelente, admitiendo su punto de vista, que no es el &uacute;nico posible pero s&iacute; admisible. Como poeta, a partir de poemas de <em>Compa&ntilde;eros de viaje</em>, confirmados en <em>Moralidades</em> y <em>Poemas p&oacute;stumos</em> -adem&aacute;s de en otros sueltos-, me parece tambi&eacute;n excelente.</p>
<p>- O sea, la experiencia no es una forma expresiva en s&iacute; misma deficitaria.</p>
<p>- <em>La poes&iacute;a de la experiencia</em>, se lo recuerdo, es un libro de Robert Langbaum dedicado a la poes&iacute;a de Robert Browning.</p>
<p>- Browning, muerto en Venecia.</p>
<p>- 1889, creo.</p>
<p>- No voy a consultar la fecha, la doy por buena.</p>
<p>- Mire, antes me preguntaba por lugares queridos: apunte otro: el palacio Ca&rsquo; Rezzonico, del siglo XVIII, donde viv&iacute;a Browning. Esto lo digo adem&aacute;s en un libro.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Muerte y vida son lo mismo a efectos de lo que persigo: consignar una existencia&rdquo;</strong></p>
<p>- En <em>Fortuny</em>. M&aacute;s que la vida, evoca la muerte.</p>
<p>- Muerte y vida son lo mismo a efectos de lo que persigo: consignar una existencia. &ldquo;Browning so&ntilde;&oacute; una tocata de m&aacute;scaras y sables&rdquo;.</p>
<p>- Muerte y vida son lo mismo. &ldquo;Vivir, morir, s&oacute;lo un comp&aacute;s&rdquo;, &uacute;ltimo verso del &lsquo;R&eacute;quiem&rsquo; que compuso a su amigo Jaime en <em>La llum</em> (1991). Muerte y vida, recuerdo de lo eterno. Una postal. &ldquo;La vida (&hellip;) / es la cobra de fuego de la muerte, / el correo de la oscuridad&rdquo;, primer fragmento de <em>Alma Venus</em>. All&iacute; se pregunta &ldquo;(&hellip;) si es vivir / saber que no vivimos&rdquo;. Y la m&aacute;scara cae. Como una lluvia.</p>
<p>- Volvamos a la experiencia. Aludo a esa locuci&oacute;n como el camino obligatorio, sobre todo, a partir de los a&ntilde;os ochenta en Espa&ntilde;a.</p>
<p>- Jaime tom&oacute; a Browning como el inicio de lo que algunos entendieron una especie de objetivaci&oacute;n, por la v&iacute;a de Langbaum, claro. Tras el romanticismo. Y constituye una de las fuentes de Cernuda, pero ese es otro tema. Browning es muy bueno. Pero, cuidado: el tipo de poema que hac&iacute;a nunca lo intent&oacute; Jaime.</p>
<p>- &iquest;La poes&iacute;a de la cotidianidad en uso es otra cosa?</p>
<p>- Lo que le puedo decir es que la <em>poes&iacute;a de la experiencia</em> es una poes&iacute;a muy concreta que nace con Browning, o a partir de Browning, siglo XIX. Y que es un libro traducido m&aacute;s de una vez, pero no muy le&iacute;do.</p>
<p>- &iquest;Malversado?</p>
<p>- Malversado&hellip; no lo s&eacute; [sonr&iacute;e].</p>
<p>- Define el 27 como &ldquo;tradici&oacute;n po&eacute;tica verdadera&rdquo;. Frente a lo que se hac&iacute;a fuera &ndash;Pound, Eliot, Perse&hellip;-, &iquest;est&aacute; a la altura?</p>
<p>- El problema estuvo antes y despu&eacute;s, no en aquel momento. M&aacute;s que de <em>altura</em> debemos hablar de <em>sinton&iacute;a</em>. Todos son anteriores por nacimiento al 27, nacieron en los a&ntilde;os ochenta del XIX, pero si tomamos a los poetas un poco m&aacute;s j&oacute;venes &ndash;Aleixandre, Cernuda, Alberti&hellip;-, lo que hac&iacute;an era hom&oacute;logo a lo que se practicaba en otros pa&iacute;ses.</p>
<p>- &iquest;Salinas?</p>
<p>- Hasta cierto punto. He le&iacute;do menos a Salinas, aunque trat&eacute; mucho a su hijo.</p>
<p>- &iquest;Y Guill&eacute;n?</p>
<p>- Sin duda. Aunque es un caso aparte. Yo no comparto la idea de que tuviera que detenerse despu&eacute;s de <em>C&aacute;ntico</em>. Lo que sigui&oacute; hay que leerlo con atenci&oacute;n. Pero, dej&eacute;moslo, lo que nos ocupa es el problema del posible anacronismo est&eacute;tico, y &eacute;ste es anterior y posterior, pero no del 27. Con todo su valor literario, extraordinario, la poes&iacute;a de Unamuno no encuentra equivalente claro en otros pa&iacute;ses. Tampoco lo tenemos en el caso de Machado, quien, cuando es un poeta bueno es muy bueno, y cuando es malo, es francamente malo, cosa que a Unamuno no le ocurre. Lo raro es que escriben al mismo tiempo que, en un sentido Cavafis y, en otro, Apollinaire. Tambi&eacute;n hay que decir que cuando escribe N&uacute;&ntilde;ez de Arce, escribe Mallarm&eacute;; Rub&eacute;n [Dar&iacute;o] lo recupera en una especie de desfase est&eacute;tico-temporal. En cambio, Espronceda, curiosamente, s&iacute; escribe como cualquier disc&iacute;pulo de Byron en aquel tiempo. Y B&eacute;cquer llega tarde, pero no a destiempo: hace una transici&oacute;n del romanticismo al simbolismo que encontrar&aacute; equivalentes posteriores &ndash;Jaime, en primer lugar-. Pero el anacronismo es antes de Rub&eacute;n y en algunos momentos de posguerra.</p>
<p>- La asociaci&oacute;n con G&oacute;ngora, dice Manuel Bernal Romero, es subsidiaria. Seg&uacute;n &eacute;l, les vino bien la efem&eacute;ride pero no le hab&iacute;an le&iacute;do.</p>
<p>- C&oacute;mo no le van a haber le&iacute;do. Sobre todo, D&aacute;maso, que edit&oacute; las <em>Soledades</em>. Lo mismo cabe decir de Alberti &ndash;que escribi&oacute; la &lsquo;Soledad tercera&rsquo;, de Lorca &ndash;autor de la &lsquo;Soledad insegura&rsquo;-, y de Cernuda y Guill&eacute;n. Y tanto o mejor que cualquiera de &eacute;stos, Gerardo [Diego], autor de &lsquo;F&aacute;bula de Equis y Zeda&rsquo;. Aleixandre me consta personalmente que le trabaj&oacute;. Es decir: le conoc&iacute;an. Ya no s&eacute; Salinas, seguramente tambi&eacute;n. Otra cosa es la <em>forma</em> en que G&oacute;ngora pudo ser <em>le&iacute;do</em> en 1927.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El siglo XIX espa&ntilde;ol es la gran mentira&rdquo;</strong></p>
<p>- En <em>Los raros</em> dice que el siglo XIX espa&ntilde;ol es la gran mentira.</p>
<p>- Esto es verdad salvo, desde luego, Espronceda, B&eacute;cquer, Rosal&iacute;a y algunos m&aacute;s. Dicho lo cual, estos casos son muy buenos.</p>
<p>- Y Zorrilla es un mal poeta.</p>
<p>- A veces fue un mal poeta.</p>
<p>- &ldquo;Es dif&iacute;cil peores poemas que los que Zorrilla tiene en <em>Recuerdos del tiempo viejo</em>&rdquo;.</p>
<p>- S&iacute;. Hacia el final de sus d&iacute;as escribi&oacute; mal. Pero <em>Don Juan Tenorio</em> est&aacute; muy bien, &iquest;eh?</p>
<p>- &iquest;Quevedo qu&eacute; le parece?</p>
<p>- Una persona antip&aacute;tica humanamente y un escritor muy dotado, sobre todo en la poes&iacute;a.</p>
<p>- &ldquo;El misterio es bello por ambiguo&rdquo;, ha dicho. En la obra dedicada a T&aacute;pies habla de &ldquo;la fiebre del lenguaje&rdquo;, y pienso en su <em>Hora oscurecida</em>, en que la realidad &ldquo;se presenta como simulacro y lenguaje como trampa&rdquo;. Imagino que son tanteos procedentes de la tradici&oacute;n. El caso es que el lenguaje se sigue discutiendo, sobre todo el narrativo. Pensemos, dentro del relato cinematogr&aacute;fico, a partir de Antonioni. Godard hace poco estren&oacute; <em>Adi&oacute;s al lenguaje</em>.</p>
<p>- Lo que cita de m&iacute; procede directamente de la poes&iacute;a barroca. Esa pel&iacute;cula de Godard no la he visto porque en Espa&ntilde;a no se exhibi&oacute; en las tres dimensiones para las que fueron concebidas las capas de imagen. Y se estren&oacute;, si no recuerdo mal, en 2014 en tres cines: uno de Madrid, otro de Barcelona y un tercero de una ciudad del sur que podr&iacute;a ser M&aacute;laga. Est&aacute; terminando otra pel&iacute;cula, me pregunt&oacute; c&oacute;mo, no anda bien de salud. Pero la base de Godard ha sido siempre la destrucci&oacute;n, o <em>deconstrucci&oacute;n</em> -si quiere usar esa palabra, muy de una &eacute;poca concreta-, del lenguaje para su posterior reconstrucci&oacute;n alternativa.</p>
<p>- De la que usted participa.</p>
<p>- Participo a la manera barroca y de acuerdo a la est&eacute;tica de las vanguardias. No s&oacute;lo.</p>
<p>- &iquest;La contemporaneidad est&aacute; cuestionando m&aacute;s que nunca el lenguaje?</p>
<p>- M&aacute;s que nunca, no. Hay gente muy conservadora en el presente. Es normal esa percepci&oacute;n en personas, como pueda ser su caso, que valoran la forma y el estilo. Pero en el <em>Gargant&uacute;a y Pantagruel</em> de Rabelais est&aacute; eso y m&aacute;s. Con franc&eacute;s medieval y, para colmo, caligramas.</p>
<p>- &iquest;La realidad es una trampa del lenguaje?</p>
<p>- Uy, yo no he dicho tanto.</p>
<p>- O el lenguaje m&aacute;s bien una trampa de la realidad.</p>
<p>- &iquest;De qu&eacute; lenguaje hablamos?: &iquest;filos&oacute;fico?, &iquest;literario?...</p>
<p>- Literario, supongo.</p>
<p>- &iquest;Lenguaje literario en general o po&eacute;tico?</p>
<p>- &iquest;Po&eacute;tico?</p>
<p>- Bueno, el lenguaje po&eacute;tico se basa en dos premisas: inmovilizar un instante y descomponerlo. En esto se basa, no siendo poes&iacute;a en el sentido habitual, la narrativa de Proust. Cuando Unamuno ley&oacute; a Proust, escribi&oacute; una carta curiosa: &ldquo;Proust es el escritor m&aacute;s solitario y m&aacute;s triste del mundo: se propone inmovilizar el tiempo y analizar un lenguaje y un momento. Pero cada instante, cuando empieza a ser desmenuzado, ya es otro. Quiere algo que no puede llevar a cabo con la escritura&rdquo;. M&aacute;s o menos.</p>
<p>- De todas formas, detener el instante es una preocupaci&oacute;n que manifiestan la fotograf&iacute;a, el cine, la pintura&hellip;</p>
<p>- S&iacute;, pero yo recojo la idea de la poes&iacute;a. Piense en Paz y en Eliot, que no se parecen, siendo de tradici&oacute;n moderna ambos; cada uno va por su lado.</p>
<p>- Pero insisto: no es algo exclusivo de la poes&iacute;a, es propio del arte.</p>
<p>- La fotograf&iacute;a y el cine es verdad que van por caminos parecidos. En el cine interviene, adem&aacute;s del espacio, la duraci&oacute;n; y en la fotograf&iacute;a s&iacute; hay tiempo detenido, cosa aceptable s&oacute;lo si la vemos como poema. Es un problema de lenguaje y de lenguaje literario, que, llevado a la tensi&oacute;n m&aacute;xima se convierte en po&eacute;tico.</p>
<p>- &iquest;Y la pintura como poema?</p>
<p>- La pintura, s&iacute;, manifiesta inmovilizaci&oacute;n del instante.</p>
<p>- Incluso la no figurativa.</p>
<p>- Por supuesto. Siempre hay detenci&oacute;n. Y, ojo, dentro de la figurativa tampoco todos los casos son el mismo: no es igual un pintor del siglo XVIII en Jap&oacute;n, pongamos Kitagawa Utamaro, que un pintor de la misma &eacute;poca en Europa. Pero hay caracter&iacute;sticas compartidas, en efecto.</p>
<p>- Entiendo que <em>Mascarada</em> es un punto importante en su desmantelamiento.</p>
<p>- Hay otros ejemplos mejores m&aacute;s cercanos en el tiempo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No se refiere s&oacute;lo a <em>Rapsodia</em> (2011) y <em>Alma Venus</em> (2012). Tambi&eacute;n a <em>Las llamas</em>, el libro que sale estos d&iacute;as, un artefacto consistente en veintid&oacute;s poemas m&aacute;s bien cortos, cuyos versos en alg&uacute;n caso tienden a versiculares y en todo momento son libres &ndash;o responden mayoritariamente a esa combinaci&oacute;n de heptas&iacute;labos y endecas&iacute;labos que explicar&aacute; m&aacute;s adelante-. En todo caso, desaparece la rima y el blanco cobra importancia.</p>
<p>- &ldquo;Todo el libro presupone una larga noche&rdquo;, advierte Aurora Egido en el ep&iacute;logo, escrito a modo de <em>collage</em>. &iquest;No preludia, tambi&eacute;n, La larga noche? &iquest;No es m&aacute;s carnal la muerte?</p>
<p>- Tal vez. Eso lo saben m&aacute;s mis versos que yo.</p>
<p>- Y el pasado, &iquest;toma forma de coartada para el futuro?</p>
<p>- No. Aunque, como dec&iacute;a Louis Aragon, &ldquo;el futuro es tributario del pasado&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Desmantelar es la condici&oacute;n sine qua non del lenguaje literario&rdquo;</strong><em></em></p>
<p><em>Las llamas</em> es un poderoso libro de amor. El tono es m&aacute;s elusivo que los de <em>Amor en vilo</em> (2006) y <em>Alma Venus</em>, pero su altura consagratoria, semejante. La cita de Shakespeare, en la dedicatoria a Cuca &ndash;&ldquo;My glass shall not persuade me I am old / So long as youth and thou are of one date&rdquo;-, lo indica. Los poemas carecen de t&iacute;tulo, pero disponen de una franja contextual, <em>capitular</em>; se trata de unas portadillas que deben verse como parte de cada poema. A tal suerte, los 22 poemas cortos se presentan a lo largo de m&aacute;s de cien p&aacute;ginas. Seguimos, pues, con el desmantelamiento.</p>
<p>- &iquest;Desmantelar es una rebeld&iacute;a, otra?</p>
<p>- Es la condici&oacute;n sine qua non del lenguaje literario. Todo lenguaje literario, en la medida en que desv&iacute;a el lenguaje de su funci&oacute;n comunicativa y de su intercambio rutinario habitual -o <em>&uacute;til</em>- tiene por misi&oacute;n <em>desmantelar</em>. El lenguaje, simplificando, puede servir para dos cosas: intercambiar informaci&oacute;n, del tipo que sea &ndash;ideol&oacute;gica, sentimental, <em>pr&aacute;ctica</em>-; o llegar a una forma de conocimiento y experiencia que s&oacute;lo da el lenguaje, llam&eacute;mosle, <em>elaborado</em>, es decir: propio de la filosof&iacute;a y la poes&iacute;a, que no se proponen lo mismo, aunque pueden confluir.</p>
<p>- Por tanto, el tratamiento del lenguaje, aun especulativo, puede albergar mayor capacidad cr&iacute;tica que un poema confesional. Por el propio acto est&eacute;tico.</p>
<p>- &iquest;En filosof&iacute;a?</p>
<p>- M&aacute;s bien.</p>
<p>- Depende. Bajo su aparente aridez, fil&oacute;sofos tan sobrios como Spinoza y Wittgenstein son tremendamente eficaces le&iacute;dos como poes&iacute;a. Luego, hay fil&oacute;sofos de envoltura po&eacute;tica variados. No hablo de Nietzsche, que escribe poes&iacute;a directamente. Me refiero a Her&aacute;clito, a sus fragmentos, y, desde luego, cada uno a su manera, a Hegel y Marx.</p>
<p>- &ldquo;No gran cosa el poema, no delante / de las nubes en rojo (&hellip;)&rdquo; [de <em>Per riguardo</em>]. M&aacute;s lenguaje.</p>
<p>- Bueno, la gracia est&aacute; en italiano: &ldquo;Non granch&eacute; il poema, non il guanto / alle nuvole rosse (&hellip;)&rdquo;. A ver&hellip; esto no es nuevo.</p>
<p>- Pero a usted le preocupa: &ldquo;Escribir es rebasar el l&iacute;mite&rdquo;, dice en <em>Fortuny</em>. &ldquo;Deslindar, alejar la l&iacute;nea fronteriza del horror&rdquo;. La naturaleza del mundo -o de la <em>vida</em>- y la naturaleza art&iacute;stica. El lenguaje, del que llevamos un rato hablando, &iquest;entra en crisis al reconocerse insuficiente?</p>
<p>- Es una pugna vieja. Dante, <em>Divina comedia</em>, &lsquo;Para&iacute;so&rsquo;: &ldquo;Oh quanto &egrave; corto il dire (&hellip;)&rdquo;: <em>qu&eacute; corto es el decir</em>. En apariencia lo est&aacute; diciendo del Para&iacute;so, o de la Virgen Mar&iacute;a, o de Jesucristo, o del Padre Eterno. Busque el texto de Valente &lsquo;La hermen&eacute;utica o la cortedad del decir&rsquo;, en <em>La piedra y el centro</em>. Habla de Dante. Una vez, un cat&oacute;lico a machamartillo muy conocedor de Dante, [Jos&eacute; Mar&iacute;a] Valverde, me dijo: &ldquo;El libro menos cristiano del mundo es la <em>Divina comedia</em>&rdquo;.</p>
<p>- La m&uacute;sica es el lenguaje por excelencia -y la poes&iacute;a es m&uacute;sica-. La atonal no tiene que ver con la belleza, dijo ayer Ian McEwan. &iquest;Est&aacute; de acuerdo?</p>
<p>- &iquest;Por qu&eacute; la m&uacute;sica atonal &uacute;nicamente? &iquest;Cu&aacute;l es la cita exacta? &iquest;Se atrever&iacute;a a sostener eso delante de ciertas piezas de Anton Webern? &iquest;Y de Alban Berg? De los dos podr&iacute;a discutir limitadamente. &iquest;Y ante la etapa atonal, que existe, tard&iacute;a, de Stravinski? No lo creo. A Stravinski lo conozco m&aacute;s profundamente. Nunca tuvo otra meta en la vida que la belleza.</p>
<p>- Antes me comentaba que las traducciones van despacio. A m&iacute; me da la sensaci&oacute;n de que hay una poes&iacute;a m&aacute;s directa o clara &ndash;con menos m&uacute;sica, en definitiva- que las logra m&aacute;s f&aacute;cilmente.</p>
<p>- No es tan sencillo. Por esa regla, el poeta espa&ntilde;ol m&aacute;s traducible ser&iacute;a Gabriel y Gal&aacute;n. Tampoco creo sencillo el Garc&iacute;a Lorca popular.</p>
<p>- Lorca. &iquest;Lo ha le&iacute;do en otros idiomas?</p>
<p>- El <em>Romancero gitano</em>, en ingl&eacute;s y franc&eacute;s.</p>
<p>- &iquest;Y qu&eacute; queda?</p>
<p>- <em>Algo</em>. Sobre todo, colores. No pueden quedar las rimas.</p>
<p>- Y si perdemos la rima perdemos parte de la m&uacute;sica, o, al menos, del sonido.</p>
<p>- &iquest;De qu&eacute; m&uacute;sica hablamos?</p>
<p>- Atonal, si quiere.</p>
<p>- Stravinski no es menos esteticista que Val&eacute;ry.</p>
<p>- &iquest;Por qu&eacute; acometi&oacute; la etapa atonal?</p>
<p>- Para demostrar simplemente que pod&iacute;a hacerlo.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; le parecen Transtr&ouml;mer, Szymborska y Larkin?</p>
<p>- No puedo opinar de idiomas que apenas conozco. S&eacute; sueco, pero no como para valorar a un autor sueco&hellip; y, menos, a un poeta. Tampoco leo polaco.</p>
<p>- Claro, yo hablaba a partir de traducciones.</p>
<p>- Yo no leo traducciones. Alcanzo bastantes idiomas. Pero a Transtr&ouml;mer no llego. De otros suecos s&iacute; podr&iacute;a opinar. Larkin es un buen poeta.</p>
<p>- No insin&uacute;o lo contrario. Me pregunto si tiene toda la obra traducida por ser m&aacute;s directo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;John le Carr&eacute; es un estilista extraordinario&rdquo;</strong></p>
<p>- No por ser m&aacute;s directo. Le pongo un ejemplo reciente, y no de poes&iacute;a. No est&aacute; obligado a haber le&iacute;do a John le Carr&eacute;, pero su ingl&eacute;s es el m&aacute;s sofisticado desde la muerte de Auden.</p>
<p>- Qu&eacute; me dice.</p>
<p>- S&iacute;, s&iacute;. Hombre, es un estilista extraordinario. Siempre lo he pensado. Por cierto, McEwan, en otra entrevista, en la que estuvo m&aacute;s certero, dijo exactamente lo mismo: &ldquo;Muerto Auden, el que escribe mejor es le Carr&eacute;&rdquo;. Es que Auden es la referencia. &iquest;Por qu&eacute; su sorpresa?: porque su genio no es palpable en absoluto en las traducciones. En ellas queda simplemente la enorme habilidad t&eacute;cnico-constructiva. Hay aspectos que no pueden pasar a otro idioma, eso hay que tenerlo claro.</p>
<p>- &iquest;Ha le&iacute;do ya <em>El legado de los esp&iacute;as</em>?</p>
<p>- Cuatro veces. La reescribi&oacute; a su avanzada edad hasta lograr la versi&oacute;n definitiva. He tenido acceso al proceso y podido leer algunas frases desechadas que yo habr&iacute;a conservado. El setenta por ciento se compone de documentos internos de espionaje y nombres en clave que var&iacute;an dentro de la misma persona, contando hechos que unas veces son falsos y otras no. En cada informe, le Carr&eacute; imita un estilo y, por a&ntilde;adidura, cuando habla el narrador, emprende homenajes voluntariamente imitativos: por ejemplo el arranque es de Dickens. Son cuestiones internas de la lengua inglesa. En la traducci&oacute;n todo es plano. Quedan el laberinto, la habilidad y la apariencia de una narrativa limitada a la acci&oacute;n. Eso le priva de alguno lectores: puede ser su caso.</p>
<p>- Usted tiene varios poemas-libro. &iquest;Por qu&eacute; trocea el poema en fragmentos?</p>
<p>- Pongamos un ejemplo mucho m&aacute;s alto: &iquest;por qu&eacute; trocea Eliot sus <em>Cuatro cuartetos</em>? &iquest;Y por qu&eacute; una novela va en cap&iacute;tulos y no de una tirada? Depende de dos factores: la ordenaci&oacute;n del poema desde el punto de vista del autor y la ordenaci&oacute;n que el autor desea que perciba el lector. Es decir, se trata de una <em>presentaci&oacute;n</em>.</p>
<p>- Si un poema extenso tiene algo de desarrollo de un tema, &iquest;lo emparenta esto con el ensayo?</p>
<p>- No. Con el ensayo podemos encontrar conexi&oacute;n en fragmentos. El poema extenso est&aacute; emparentado con la narrativa. Y s&oacute;lo en parte. Hace mucho que existe este tipo de poemas.</p>
<p>- Y todo libro, al final, &iquest;no es un poema? Aunque conste de varios poemas.</p>
<p>- S&iacute;, s&iacute;, claro que s&iacute;. Hay alguna excepci&oacute;n miscel&aacute;nea. Pero la mayor parte de los libros son unitarios.</p>
<p>- Incluso <em>Arde el mar</em>, escrito dispersamente durante dos a&ntilde;os.</p>
<p>- La unidad viene de la ordenaci&oacute;n.</p>
<p>- &iquest;Es cierto que se la sugiri&oacute; Aleixandre?</p>
<p>- Bueno, en parte s&iacute;. En eso ten&iacute;a &eacute;l mucha pr&aacute;ctica. Tambi&eacute;n le hizo sugerencias a Brines en aquellos momentos.</p>
<p>- Desde unos hace a&ntilde;os, fecha los poemas.</p>
<p>- Y respeto la fecha en el orden.</p>
<p>- No es el caso de <em>No en mis d&iacute;as</em>.</p>
<p>- Ese est&aacute; reordenado. Pero no oculto cu&aacute;ndo surgieron.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;No hay nada que pueda competir con la Divina comedia&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; poemas-libro ajenos le gustan?</p>
<p>- Hombre, muchos. Ante todo, <em>Cuatro cuartetos</em>. Hay dos grupos: los que prefieren <em>La tierra bald&iacute;a</em> y los que prefieren <em>Cuatro cuartetos</em>. Yo pertenezco al segundo. Y, si lo considera poema, los <em>Cantos</em> -o <em>Cantares</em>- de Pound. Pero habr&iacute;a necesitado que alguien le hubiera hecho lo que &eacute;l hizo con <em>La tierra bald&iacute;a</em> de Eliot: cort&aacute;rselo un poco. Luego hay otras cosas: por encima de todo, la <em>Divina comedia</em>. No hay nada que pueda competir con la <em>Divina comedia</em> en lenguas modernas o posteriores al griego y al lat&iacute;n. Ni Shakespeare ni Goethe.</p>
<p>- &iquest;Es el mayor autor?</p>
<p>- Es el mayor poeta. El mayor autor no s&eacute; qui&eacute;n es. Habr&iacute;a que pensar cuidadosamente. Es dif&iacute;cil elegir entre poetas, narradores y autores filos&oacute;ficos.</p>
<p>- &iquest;Y el Shakespeare poeta?</p>
<p>- El Shakespeare poeta es muy bueno en los sonetos y en el teatro. Pero en ninguno de los casos concibe un largo poema unitario como la <em>Divina comedia</em>, que es otra cosa. Lo mismo cabe decir del <em>Fausto</em> de Goethe, obra de inter&eacute;s extraordinario, pero, &iquest;de verdad es como la <em>Comedia</em>? Para eso hace falta una cosa: leer a conciencia el alem&aacute;n. No me ofrecen dudas, en cambio, los <em>Sonetos a Orfeo</em> de Rilke y sus <em>Eleg&iacute;as de Duino</em>. Quiero decir: me veo m&aacute;s capaz de valorarlos en traducci&oacute;n. A Goethe lo admiro mucho, pero &iquest;el <em>Fausto</em> compite con la <em>Comedia</em> o simplemente va por otro lado? Yo creo que va por otro lado.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; <em>Fausto</em> le gusta m&aacute;s?</p>
<p>- El primero tiene m&aacute;s partidarios. A m&iacute; me parecen igual de buenos. Del segundo apuntaron que fue producto de la senilidad, pero ya sabe c&oacute;mo son estas cosas: lo mismo dijeron de G&oacute;ngora: que en los &uacute;ltimos poemas estaba un poco senil [r&iacute;e y pone cara de parecerle absurdo]. Otro t&iacute;tulo que se me ocurre, si lo consideramos poema, es <em>Eugenio Oneguin</em>, de Pushkin. Ahora bien: &iquest;es novela en verso o es poema narrativo, como el <em>Don Juan</em> de Byron?</p>
<p>- &iquest;La <em>Il&iacute;ada</em> qu&eacute; le parece?</p>
<p>- A diferencia del lat&iacute;n, no he estudiado tanto griego. Para m&iacute; la <em>Il&iacute;ada</em> es de Alexander Pope. En griego no soy capaz de leerla seguida como s&iacute; hago con la <em>Eneida</em>, que es lo mejor que se ha escrito en lat&iacute;n, eso est&aacute; claro.</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;nto tiempo ha dedicado a estas lenguas?</p>
<p>- Catorce a&ntilde;os al lat&iacute;n y cuatro o cinco al griego. As&iacute; que no puedo opinar de la <em>Il&iacute;ada</em>.</p>
<p>- La prefiere en ingl&eacute;s a en espa&ntilde;ol.</p>
<p>- Sin ninguna duda. En ingl&eacute;s del siglo XVIII, concretamente.</p>
<p>- &iquest;Y qu&eacute; traductor de Proust le gusta m&aacute;s?</p>
<p>- Ninguno. Yo leo a Proust.</p>
<p>- &iquest;Nunca ha hojeado una, ni por curiosidad?</p>
<p>-Ten&iacute;a cosas buenas la de Salinas. Pero no he le&iacute;do m&aacute;s que fragmentos de las traducciones existentes.</p>
<p>- &iquest;Y de sus poemas-libro? Porque tiene muchos: <em>Malienus</em> (1962), <em>Apariciones</em> (1982), <em>Mascarada</em> &ndash;el &uacute;nico que va todo seguido, sin puntuaci&oacute;n-, <em>Rapsodia</em>, <em>La muerte en Beverly Hills</em> (1968)&hellip; incluso el &uacute;ltimo, <em>Las llamas</em>.</p>
<p>- <em>Las llamas</em>, s&iacute;. <em>No en mis d&iacute;as</em>, no. Mi opini&oacute;n puede variar. Como poema unitario, el m&aacute;s logrado es <em>Alma Venus</em>. Pero que lo diga yo no aporta valor a lo dicho.</p>
<p>- <em>Alma Venus</em> se compone de dos partes.</p>
<p>- S&iacute;, &iquest;qu&eacute; parte vale m&aacute;s? No lo s&eacute;. &iquest;Hay que valorarlas en conjunto? No lo s&eacute;. Juan Goytisolo, en la &uacute;ltima carta que me envi&oacute;, dec&iacute;a que le gustaba especialmente la primera. Me pareci&oacute; una opini&oacute;n interesante y la registr&eacute;. Para m&iacute; <em>Alma Venus</em> es un s&oacute;lo poema.</p>
<p>- Quiero preguntarle por la partici&oacute;n del verso cuando lo practica libre.</p>
<p>- Son falsos versos libres, &iquest;eh? El verso libre espa&ntilde;ol est&aacute; formado, generalmente, por una sucesi&oacute;n yuxtapuesta irregular de endecas&iacute;labos, de alejandrinos con hemistiquio heptas&iacute;labo, o de heptas&iacute;labos combinados con endecas&iacute;labos. Hay pocas excepciones. Navarro Tom&aacute;s, en su <em>M&eacute;trica</em>, sit&uacute;a ejemplos de Lorca, pero podr&iacute;a citar de otros. No suele haber poema espa&ntilde;ol que no se base en el heptas&iacute;labo y el endecas&iacute;labo. S&iacute; se puede prescindir de la rima y lo que es libre es la combinaci&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>- Percibo en los &uacute;ltimos a&ntilde;os una disposici&oacute;n a la contenci&oacute;n. Jim&eacute;nez Lozano dice que la gran poes&iacute;a no tiene met&aacute;foras, como mucho comparaciones. Chantal Maillard parece que est&aacute; intentando un libro sin met&aacute;foras.</p>
<p>- Esto puede hacerse con resultados diversos. He le&iacute;do con atenci&oacute;n a Lozano y a Maillard. Los dos han escrito poemas hermosos. Ahora, &iquest;qu&eacute; es una met&aacute;fora? Hay dos poetas muy buenos que apenas emplearon met&aacute;foras y comparaciones, y cuya eficacia es extraordinaria: Constantino Cavafis y Nazim Hikmet. Se parecen, aunque Grecia y Turqu&iacute;a no sean pa&iacute;ses muy hermanados. Hasta cierto punto, Pavese, en italiano.</p>
<p>- Bueno, Gil de Biedma tampoco parece que incurriese&hellip;</p>
<p>- A veces s&iacute; [r&iacute;e]. Nada que ver con Cavafis y Hikmet. Evaristo Carriego casi tampoco tiene comparaciones ni met&aacute;foras y, sin embargo, es muy bueno. A Borges le gustaba. En Argentina, tal vez Mart&iacute;n Fierro. Sin embargo en &eacute;l hay una distorsi&oacute;n, ya que no emplea estas figuras pero s&iacute; usa un lenguaje gauchesco que tal vez nadie habl&oacute; nunca, y en esto, claro, hay otro artificio. Pero, &iquest;a qu&eacute; o a qui&eacute;n se parece Cavafis?</p>
<p>- Como apuesta en un proyecto, de acuerdo. Pero de ah&iacute; a una enmienda a la totalidad por lo que tiene de exageraci&oacute;n y artificio&hellip;</p>
<p>- En una &eacute;poca, se combati&oacute; el uso de sobreimpresiones en el cine y la c&aacute;mara lenta. Ahora vuelven a aparecer. Depende del momento.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; opina de la poes&iacute;a del silencio?</p>
<p>- Me dijeron que yo la practiqu&eacute;.</p>
<p>- [sonr&iacute;o] &iquest;A qu&eacute; libro le atribuyeron tal pr&aacute;ctica?</p>
<p>- Principalmente, a <em>Apariciones</em>.</p>
<p>- &iquest;Y qu&eacute; piensa?</p>
<p>- No es una impresi&oacute;n desacertada. No s&eacute; si acertada. En aquel momento algunos &ndash;tambi&eacute;n, Jaime Siles- tomamos direcciones que deben ser entendidas dentro de nuestro camino general. &Eacute;sa fue una de tantas trayectorias.</p>
<p>- &iquest;La poes&iacute;a tiene que ser contenida?</p>
<p>- Depende de lo que entendamos por contenida. &iquest;Es contenido G&oacute;ngora? Seguro. Sin la menor duda. A pesar de su apariencia.</p>
<p>- [sonr&iacute;o de nuevo] Eliot dec&iacute;a que hay una relaci&oacute;n entre m&eacute;trica y pensamiento, y que repetir un esquema pros&oacute;dico lleva al canto pero no al pensamiento. Me estoy acordando del alejandrino blanco de <em>Malienus</em>, con la asonancia en los pares que Aleixandre se&ntilde;al&oacute; como un acierto.</p>
<p>- Siempre que escribo verso sin rima procuro &ndash;si es posible- evitar que todos los versos acaben en agudo, o todos en llano, o todos en esdr&uacute;julo. Esto es, alterno las terminaciones. Si un verso acaba en llano, el siguiente debe hacerlo en agudo o en esdr&uacute;julo. Se acerca como respuesta.</p>
<p>- En <em>Amor en vilo</em>, hay versos que riman a base de repetir una palabra &ndash;&ldquo;Estaban por amor fuera de s&iacute;&rdquo; y &ldquo;mas tus mejillas me dec&iacute;an &lsquo;S&iacute;&rsquo;&rdquo;, 57; &ldquo;Eres una sanguina de Watteau&rdquo; con &ldquo;oro de laca, ninfa de Watteau&rdquo;, en la 66-, o pr&aacute;cticamente &ndash;&lsquo;espasmo&rsquo; y &lsquo;me pasmo&rsquo;, en la 61; y &lsquo;espasmo&rsquo; y &lsquo;mi pasmo&rsquo; en la 93-.</p>
<p>- No se preocupe: eso empez&oacute; mucho antes de yo escribiera una l&iacute;nea del libro. Ya lo hac&iacute;a Vicente Aleixandre.</p>
<p>-&iquest;Repetir una palabra al final de un verso para lograr la rima?</p>
<p>-Uy, y hasta el verso entero. Por ejemplo, varias veces -dos como m&iacute;nimo- en libros distintos us&oacute;: &ldquo;tras un tel&oacute;n de sedas amarillas&rdquo;. Le pregunt&eacute; por ello y me respondi&oacute; por carta que era deliberado, que era como un <em>leitmotiv</em> que volv&iacute;a. No s&oacute;lo &ldquo;tras un tel&oacute;n de sedas amarillas&rdquo;. Hay m&aacute;s. Ese verso lo llev&eacute; a un poema m&iacute;o: &lsquo;Antagon&iacute;as&rsquo;.</p>
<p>- &iquest;Y antes de Aleixandre?</p>
<p>- A ver, antes del Renacimiento los trovadores, en provenzal antiguo, evitaban la palabra rimada, aquello que llamaban <em>palabra vuelta</em>, y tambi&eacute;n, claro, el verso entero. Es completamente normal ya en el Siglo de Oro, con Garcilaso y Villamediana. Desde Graci&aacute;n hasta Rub&eacute;n [Dar&iacute;o] no hay problema. Precisamente, cuando Alberti, Lorca y Gerardo [Diego] riman no lo hacen al modo de los siglos XVI y XVII &ndash;en que aparec&iacute;a sin m&aacute;s, con frecuencia en el soneto-, sino por Rub&eacute;n, a partir del cual la terminaci&oacute;n de sustantivos an&aacute;loga -y la terminaci&oacute;n de tiempo- son modernas. Fuera de Espa&ntilde;a, en otras lenguas, lo mismo. Tambi&eacute;n se hac&iacute;a, y se fren&oacute; en el modernismo, rimar en consonante el primer verso con el cuarto, y en asonante el segundo con el tercero. La repetici&oacute;n de versos ocurre pocas veces en Vicente y por eso es poco conocida. Alg&uacute;n verso asonantado tiene. Neruda, rara vez. Como mucho, repet&iacute;a palabras clave pero no en el mismo volumen, sino como imagen transportadora de un libro a otro.</p>
<p>- Usted adem&aacute;s emplea versos ajenos.</p>
<p>- Influido por Blas de Otero. Indicados, o no, tipogr&aacute;ficamente. El asunto es que formen unidad como collage. Depende del lector identificarlos. No hace falta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El mundo se obstina en la oscuridad de la palabra&rdquo;</strong></p>
<p>&ldquo;El mundo se obstina en la oscuridad de la palabra&rdquo; -<em>El vendaval</em>, 1988-. El mundo se obstina. No es una reconvenci&oacute;n. Busca la m&aacute;scara final. Amor. Aquella que da sentido en la muerte a la vida. La tiniebla no es un r&iacute;o gris. Sino el estanque del que sacamos luz. &ldquo;(&hellip;) Vivos / jam&aacute;s muertos Enamorados&rdquo; &ndash;<em>Mascarada</em>-.</p>
<p>- Su lenguaje descubre el erotismo en el 77&hellip;</p>
<p>- &iquest;Tan tarde?, caramba&hellip;</p>
<p>- [risas] Bueno, ten&iacute;a la novela juvenil <em>La calle de la guardia prusiana</em>, pero digamos que lo muestra p&uacute;blicamente&hellip;</p>
<p>- Ni eso siquiera.</p>
<p>- &iquest;Hab&iacute;a antes?</p>
<p>- Claro que lo hab&iacute;a. Tendr&iacute;a que hacer una autoantolog&iacute;a.</p>
<p>- Digamos que de manera concentrada.</p>
<p>- Tampoco.</p>
<p>- &iquest;Antes de <em>El espacio desierto</em> (1977)?</p>
<p>-S&iacute;. En libros anteriores poco conocidos &ndash;<em>Los espejos</em> (1970), <em>Hora oscurecida</em> (1972), <em>Fuego ciego</em> (1973) y tambi&eacute;n en la obra en castellano previa. Por ejemplo en el poema &lsquo;Antagon&iacute;as&rsquo;, algo el&iacute;ptico.</p>
<p>- &iquest;El erotismo como lenguaje encarna una cr&iacute;tica moral frente al bienpensante?</p>
<p>- A partir de Baudelaire, s&iacute;. Antes -no hablo de la Roma antigua- la poes&iacute;a er&oacute;tica y la amorosa iban por separado. En el caso de los trovadores provenzales, est&aacute; muy claro: los poemas amorosos eran de amor cort&eacute;s y los er&oacute;ticos con frecuencia ten&iacute;an un cariz sat&iacute;rico u obsceno. Esto ocurre en G&oacute;ngora, en Quevedo no siempre, etc&eacute;tera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El movimiento <em>Me Too</em> y otras consideraciones sobre la violencia sexual</strong></p>
<p>- &iquest;Y esto sigue vigente o el lenguaje er&oacute;tico no zarandea?</p>
<p>- Uno podr&iacute;a creer que s&iacute;, si no fuera por un fen&oacute;meno actual, en muchos sentidos problem&aacute;tico: el movimiento <em>Me Too</em>. No es raro que Catherine Deneuve y Brigitte Bardot hayan encabezado un manifiesto en sentido contrario. &iquest;De verdad, de repente, por una especie de epidemia contagiosa, todo el mundo ha recordado sucesos acaecidos d&eacute;cadas atr&aacute;s que s&oacute;lo tienen relaci&oacute;n con gente del mundo del espect&aacute;culo y, si la v&iacute;ctima es un chico, con curas? La mujer s&oacute;lo puede ser violentada por un hombre del espect&aacute;culo, y el hombre por un cura. Poco cre&iacute;ble.</p>
<p>- De los curas se ha hablado mucho. No es nuevo. En Irlanda se destaparon abusos en masa &ndash;es cierto que tambi&eacute;n cientos de denuncias sin fundamento-. Y en Australia, Alemania, Italia, y qu&eacute; decir de Estados Unidos, con claro protagonismo de Boston.</p>
<p>- No hay que irse tan lejos. Aunque se mantuvo sofrenado, se sabe que hubo un problema extendido de conductas homosexuales en el monasterio de Montserrat a finales del siglo pasado. A este problema puso fin un abad concreto: Josep Maria Soler, despu&eacute;s de que los dos anteriores, Cassi&agrave; Just, en 1989, y Sebasti&agrave; Bardolet, en 2000, dimitieran. Estas cosas quiz&aacute; se publicaron sobre todo en revistas relacionadas con el mundo de los monasterios, pero yo las he le&iacute;do.</p>
<p>- Del embrollo, seguramente el m&aacute;s perjudicado es Woody Allen.</p>
<p>- En su defensa, rompi&oacute; el fuego Alec Baldwin; luego, Diane Keaton. Tambi&eacute;n su hijo Moses Farrow le apoya.</p>
<p>- Se ha dicho: parece una caza de brujas.</p>
<p>- Que desemboca en reflexiones inquietantes: &iquest;con este <em>criterio</em> se podr&iacute;a, no digo filmar, publicar <em>Lolita</em> (1955)? &iquest;Podr&iacute;a circular <em>Belle de jour</em> (1967)? Yo encontr&eacute;, mientras estudiaba Derecho en el Aranzadi, cantidad de casos, pero como medio centenar al a&ntilde;o, en la d&eacute;cada de los cuarenta, de sepultureros practicantes de necrofilia. S&oacute;lo que no se convert&iacute;an en materia de prensa. No s&eacute; si esto persiste. Iba ligado a una situaci&oacute;n social que hoy ignoro.</p>
<p>- Hab&iacute;a le&iacute;do casos de violaciones en el dep&oacute;sito.</p>
<p>- No, no: yo hablo de mujeres bajo tierra. Los sepultureros las desenterraban. Una cosa como de Bu&ntilde;uel. O m&aacute;s que de Bu&ntilde;uel: en <em>Belle de jour</em> s&oacute;lo encontramos <em>significaci&oacute;n</em>: no hay mujer enterrada ni muerta. En las noticias de estos meses hay mucho factor mezclado. Es impensable que s&oacute;lo haya abusos gay con curas.</p>
<p>- Salvo en el caso de Kevin Spacey.</p>
<p>- S&iacute;, &eacute;l no es cura [risas compartidas]. Recuerdo que el a&ntilde;o en que apareci&oacute; el primer tomo de la obra de Sade en la principal colecci&oacute;n francesa, la Pl&eacute;iade, a&ntilde;o 1990, en Londres una feminista present&oacute; una denuncia contra <em>Justine ou les Malheurs de la vertu</em> (1791) por obscenidad y pornograf&iacute;a. Fue admitida a tr&aacute;mite. Ignoro el recorrido. No mucho, imagino.</p>
<p>- Hace unos meses Francia declar&oacute; Tesoro Nacional <em>Los 120 d&iacute;as de Sodoma o la escuela de libertinaje</em> (1904). Es una manera de reconocer el m&eacute;rito art&iacute;stico, separar la obra de <em>neoconsideraciones</em> morales.</p>
<p>- Exacto. All&iacute;, el Estado pretend&iacute;a impedir que el manuscrito abandonase suelo franc&eacute;s porque hab&iacute;a riesgo de ser comprado en una subasta. Tambi&eacute;n se detuvo la venta de unos manuscritos de Breton. Pero el detalle que usted se&ntilde;ala es importante: el arte. Por otra parte, hablemos de Kevin Spacey: &iquest;qu&eacute; tienen que ver las acusaciones con el valor de la pel&iacute;cula <em>Beyond the sea</em> (2004)? En ese plan, Helmut Berger tendr&iacute;a que haber denunciado a Visconti, y, antes que Berger, Alain Delon. Naturalmente, no ocurri&oacute;. Por otra parte, a&uacute;n m&aacute;s, hablando de Espa&ntilde;a: no he le&iacute;do el C&oacute;digo Penal vigente, pero tengo memorizado el antiguo. En el antiguo, y en el Civil tambi&eacute;n, una mujer pod&iacute;a casarse a los doce. Si pod&iacute;a casarse a los doce, por definici&oacute;n, cualquier violencia sexual se ejerce sobre un adulto, no sobre una menor. Si pod&iacute;a casarse, la violada era una <em>mujer</em>, no una <em>ni&ntilde;a</em>. Dicho lo cual, no creo que sea una buena idea fijar los doce como l&iacute;mite, que, por otra parte, es la edad que ten&iacute;a Leonor cuando conoci&oacute; a Machado, y no le estoy acusando de ped&oacute;filo.</p>
<p>- Creo que la edad de consentimiento fue elevada en el Congreso a los diecis&eacute;is har&aacute; un par de a&ntilde;os.</p>
<p>- Una cosa es el consentimiento y otra la facultad de poder casarse, que no s&eacute; c&oacute;mo est&aacute;; pero estaba, como en el <em>Cor&aacute;n</em> -donde no var&iacute;a-, en los doce, unida a la capacidad f&eacute;rtil. Es complicado hablar de esto. Parece m&aacute;s sencillo ver, como se&ntilde;alan Deneuve y Bardot, que existe una campa&ntilde;a neopuritana.</p>
<p>- Dicho lo cual, hay que separar el valor de una obra de la biograf&iacute;a del autor.</p>
<p>- En cuanto a la biograf&iacute;a es sospechoso que tanta gente aparezca con unas constantes que no fallan: abusos, en la medida que se pueda, de menores; y si son mujeres, con gente famosa del mundo del espect&aacute;culo; si son hombres, invariablemente con curas, frailes o cosa parecida. Tengo varias explicaciones, saltan a la vista, y no las voy a enumerar. Pero Diane Keaton acaba de salir a la palestra. Esperemos acontecimientos. Dicho esto, s&eacute; muy poco de Diane Keaton, pero hay un dato revelador que poca gente recuerda: dirigi&oacute; un episodio de Twin Peaks. &iquest;No lo sab&iacute;a?</p>
<p>- No.</p>
<p>- Pues s&iacute;. De la serie antigua. La moderna no la he visto a&uacute;n, pero tengo las mejores referencias. No hace falta que le diga c&oacute;mo es Twin Peaks. Si se pone alguien a repasar la serie con esa mirada no dejar&aacute; t&iacute;tere con cabeza. En Twin Peaks, &iquest;eh? [risas].</p>
<p>- &iquest;Sospecha que hay una manipulaci&oacute;n?</p>
<p>- Salta a la vista que esto ocurr&iacute;a antes. &iquest;Por qu&eacute; no era utilizado? Puede que no se quisiera difundir en el caso particular de Espa&ntilde;a. Recuerdo una sentencia en que se condenaba a un sujeto porque su conducta &ldquo;probaba que era un infrahombre de la horda roja&rdquo;. Esto es vocabulario de la &eacute;poca. No hace falta que lo valore. Pero <em>en apariencia</em> lo &uacute;nico que hab&iacute;a dicho era: &ldquo;Franco no vale nada&rdquo;. Algo m&aacute;s har&iacute;a o dir&iacute;a. El tribunal atenu&oacute; sus palabras. &iquest;Podr&iacute;an igualmente ser atenuados unos hechos sexuales? La necrofilia puede ser muy atenuada. Recuerdo otro caso, en s&iacute; mismo interesante, de un carnaval privado en Madrid, en que la sentencia lleg&oacute; al eufemismo de decir que el acusado &ldquo;hab&iacute;a introducido su pene por entre las nalgas del denunciante&rdquo;. &iexcl;Qu&eacute; manera m&aacute;s complicada de expresarlo! Condenaron al sujeto por la acci&oacute;n &iexcl;tanto como por estar celebrando el carnaval!, cosa prohibida entonces, aun desarrollada, ya digo, en casas privadas. Pero esto nos aleja del presente. Del <em>Me Too</em> estoy conforme con otras cosas.</p>
<p>- Y qu&eacute; me dice del Caso Polanski.</p>
<p>- Una catarata que no acaba. Creo que est&aacute; claro que no hago apolog&iacute;a de la violaci&oacute;n ni del abuso de menores &ndash;aunque el concepto de menor var&iacute;a seg&uacute;n las legislaciones, como el matrimonio gay-.</p>
<p>- Est&aacute; claro. A Diego Gal&aacute;n le censuraron una columna en <em>El Pa&iacute;s</em>, titulada &lsquo;Y ahora Kevin&rsquo;. Se quejaba de que la productora de House of Cards, hubiera paralizado el rodaje, despidi&eacute;ndole tras las acusaciones sin pruebas.</p>
<p>- Han tenido que redise&ntilde;ar la serie. Son muchos los esfuerzos. &iquest;Qu&eacute; dec&iacute;a Diego Gal&aacute;n?</p>
<p>- Algo as&iacute; como: &lsquo;Qu&eacute; culpa tenemos los espectadores de que hace 30 a&ntilde;os, cuando Spacey ten&iacute;a 26, le tocara la rodilla a un &ldquo;mozo homosexual&rdquo; de 14 en una fiesta&rsquo;. Defend&iacute;a al actor de lo que consideraba un linchamiento.</p>
<p>- Lo de la rodilla tiene un ejemplo m&aacute;s grotesco: acaban de obligar a dimitir a un ministro brit&aacute;nico porque hace a&ntilde;os &iexcl;toc&oacute; la rodilla a una chica! &iexcl;Por dios! Me llam&oacute; la atenci&oacute;n el caso por lo extra&ntilde;o. Es retorcido. Y ahora me lo recuerdan las mujeres francesas. Al lado de estas cosas hay otras, de enorme brutalidad, de las que no se habla: compraventa de mujeres &ndash;no digo trata clandestina- en varias zonas del mundo. Se&ntilde;alarlo te puede llevar a una lista negra.</p>
<p>- Y se subrayan las muertes por violencia machista cuando tenemos las cifras m&aacute;s bajas de Europa y muchas m&aacute;s muertes hay, por ejemplo, a causa del suicidio.</p>
<p>- Me hizo gracia una cosa vista en un Telediario hace no tanto: una mujer japonesa, en un rapto de locura manifiesta, asesin&oacute; a once miembros de su familia. A continuaci&oacute;n sali&oacute; un r&oacute;tulo: &lsquo;Tel&eacute;fono contra la violencia machista, 016&rsquo;. No, hombre, no, violencia machista, no. Tampoco femenina. Porque la mujer estaba loca, es evidente. Fue tipo <em>Bowling for Columbine</em>, esa figura tan conocida en Estados Unidos.</p>
<p>- &iquest;Y qu&eacute; decir de la mujer que el verano pasado rapt&oacute; a su hijo, y obtuvo apoyo a diestro y siniestro?</p>
<p>- S&iacute;, pero no tengo mucha informaci&oacute;n de los antecedentes del caso y prefiero no opinar. Hay otro, a la inversa, m&aacute;s importante aunque lejano en el tiempo: contra Charles Chaplin mientras &eacute;ste tramitaba su divorcio con Lita Grey. Lleg&oacute; a motivar una carta de protesta del Grupo Surrealista, encabezado por Andr&eacute; Breton. Se lo pintaba como un ogro sexual. Y cuando le echaron en cara las acusaciones de su esposa, se defendi&oacute;: &ldquo;Pero si eso lo hacen todas las parejas&rdquo;.</p>
<p>- Ella era joven, &iquest;verdad?</p>
<p>- Creo recordar que Chaplin ten&iacute;a 36 a&ntilde;os y ella 16 cuando se casaron. &Eacute;l mantuvo relaciones con alguna adolescente m&aacute;s.</p>
<p>- Como se enteren algunos, pedir&aacute;n que se retire <em>El gran dictador</em>.</p>
<p>- Ese es el riesgo del momento en el que estamos. La resonancia mundial de Chaplin es mayor que la de cualquiera de los que hemos citado. No hay comparaci&oacute;n. Dicho esto, repito que no estoy contra el <em>Me Too</em> en conjunto. Pero hay una parte de cierto oportunismo. Muchos aspectos de la situaci&oacute;n de la mujer explican y justifican el fen&oacute;meno, pero no la delimitaci&oacute;n sectorial y temporal -nada ocurri&oacute; ayer sino hace d&eacute;cadas-.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El caso C&eacute;line y la incitaci&oacute;n al odio</strong></p>
<p>- A la hora de separar persona de autor, el ministerio de Cultura franc&eacute;s acaba de apartar a Charles Maurras de las llamadas Conmemoraciones Nacionales francesas por su antisemitismo. A cambio mantienen a Roland Garros, cabe preguntarse si por ser pionero de la aviaci&oacute;n o porque es el nombre que recibe el abierto de tenis. Y tenemos el caso de C&eacute;line, a quien se le neg&oacute; hace unos a&ntilde;os honores de Estado por sus ideas.</p>
<p>- C&eacute;line tiene libros muy crudos sexualmente, pero no es esto lo que se discute.</p>
<p>- Su nazismo.</p>
<p>- <em>Nazismo</em> no es la palabra.</p>
<p>- Fui grueso. &iquest;Antisemitismo?</p>
<p>- Ser&iacute;a m&aacute;s lo que hoy llaman <em>incitaci&oacute;n al odio</em>, visible en sus libros previos a la Guerra Mundial y a la ocupaci&oacute;n de Francia. Esto por un lado. Por otro, su colaboracionismo. Hay que decir que C&eacute;line, como Puigdemont, qu&eacute; curioso, se refugi&oacute; en Dinamarca. Dinamarca no lo entreg&oacute; nunca a Francia. &iquest;C&oacute;mo vivi&oacute;? Ignoro los detalles. Vuelve en el 51 despu&eacute;s de dictada una amnist&iacute;a.</p>
<p>- Se acaba de prohibir reeditar sus panfletos.</p>
<p>- C&eacute;line nunca consider&oacute; oportuno reeditarlos, &iquest;eh? El principal es anterior a la guerra. Ahora el permiso de &Eacute;ditions Gallimard proviene de Lucette Destouches, la viuda, de 105 a&ntilde;os de edad. Lo que habr&iacute;a dicho C&eacute;line al respecto no lo s&eacute; en absoluto. Los tres libros, <em>s&oacute;lo</em> son tres, que llamar&iacute;a panfletos no re&uacute;nen, ni mucho menos, igual significaci&oacute;n. Hay uno considerable: <em>Bagatelles pour un massacre</em>. Los otros dos son residuales literariamente. Hace a&ntilde;os se intent&oacute; una edici&oacute;n italiana de <em>Bagatelles</em>&hellip; y fue retirada por la misma viuda que ahora los autoriza. Cualquiera que lo desee puede adquirir una francesa autorizada en Canad&aacute;. All&iacute; el autor es de dominio p&uacute;blico. Y, por otra parte, cualquiera que vaya a Par&iacute;s y pasee por los puestos del Sena, encontrar&aacute; tantos libros antisemitas de C&eacute;line como quiera. Son los que mejor se venden.</p>
<p>- Sobre los honores, &iquest;qu&eacute; me dice?</p>
<p>- No cabe rendir honores a quien traicion&oacute; a su pa&iacute;s, es evidente. Por la misma raz&oacute;n, actuar con el enemigo, Pound fue a parar a una especie de manicomio. La &uacute;nica salida era procesarlo por delitos de guerra y traici&oacute;n, y, o le fusilaban, o cosa parecida. &iquest;Resultado?: le llevaron a un manicomio para no someterlo a un consejo.</p>
<p>- Qu&eacute; opina de Sartre, una figura sometida a mucha revisi&oacute;n.</p>
<p>- Nunca me ha interesado ni resultado simp&aacute;tico. Ni siquiera lo he le&iacute;do entero. Me sedujo su libro de cuentos <em>Le mur</em>. No me parece mal lo que dijo D&aacute;maso, en una nota a pie de p&aacute;gina, en un pr&oacute;logo a Blas de Otero: &ldquo;Tanto me llamaron existencialista por <em>Hijos de la ira</em> que tal d&iacute;a, de tal mes, de tal a&ntilde;o, compr&eacute; <em>La naus&eacute;e</em>. Le&iacute; 35 p&aacute;ginas. No me escandalizaron. Pero ni me ense&ntilde;aron nada que no supiera sobre el arte narrativo, ni me interesaron tanto como para llegar al final&rdquo;. D&aacute;maso hab&iacute;a traducido a Joyce, teng&aacute;moslo en cuenta, no lleg&oacute; como un palurdo. Me quedar&iacute;a con <em>Le mur</em> y <em>L&rsquo;imaginaire</em>, obras de juventud. La segunda del 36, la primera del 39. De lo que vino despu&eacute;s, en su momento me agrad&oacute; el teatro, no me importar&iacute;a volver a &eacute;l. No pude con <em>Les mots</em> ni con <em>L&rsquo;idiot de la famille</em>. No intent&eacute; nunca leer <em>Critique de la raison dialectique</em> ni tampoco <em>L&rsquo;&ecirc;tre et le n&eacute;ant</em>: para eso ya tengo a Heidegger. Me parece un autor menor salvo los libros mencionados y alguna otra cosa: <em>On a raison de se r&eacute;volter</em>.</p>
<p>- En todo caso, sus reservas no obedecen a su compromiso con el mao&iacute;smo.</p>
<p>- Con el mao&iacute;smo, m&aacute;s que &eacute;l, aunque nadie se interesa en recordarlo, se comprometieron Roland Barthes y Michel Foucault. Hay un libro, <em>Carnets du voyage en Chine</em>, escrito por Barthes, que es realmente grotesco, ignoro si voluntariamente. Son unas notas de viaje editadas a mediados de los setenta. Hay un libro de t&iacute;tulo parecido y anterior, a mitad de los cincuenta, <em>Viaje a la China mao&iacute;sta</em>, sobre la campa&ntilde;a que Sartre y otros encabezaron contra Robert Guillain. Y a Foucault le debemos la mejor apolog&iacute;a de Jomeini. Dicho esto, Foucault tiene cosas que me interesan mucho.</p>
<p>- Alberti y Neruda, autores con que usted comparti&oacute; relaci&oacute;n y afecto, tambi&eacute;n son puestos en solfa por c&oacute;mo pudieron tratar a la mujer; el mismo Picasso.</p>
<p>- Se les echa en cara una cosa de m&aacute;s importancia, en particular a Neruda: su actitud ante Stalin. Pero rectific&oacute;. Alberti escribi&oacute; poco sobre &eacute;l, y &eacute;ste poco aparece, tamizado, en sus memorias.</p>
<p>- Una oda, &iquest;no?</p>
<p>- Tanto como oda, no s&eacute;. Ese fue, aparte de Neruda, Nicol&aacute;s Guill&eacute;n: &lsquo;Stalin capit&aacute;n&rsquo;.</p>
<p>- O un poema por su fallecimiento.</p>
<p>- Estalinismo, sobre todo, hay en Neruda. Lo trata en sus memorias con extensi&oacute;n, y rectific&oacute; en sus poemas. Miguel Hern&aacute;ndez tambi&eacute;n habl&oacute; del &ldquo;compa&ntilde;ero Stalin&rdquo; en &lsquo;Rusia&rsquo;. Y, bueno, Picasso lo &uacute;nico que hizo, que yo sepa, fue un retrato a su muerte que tuvo que retirar Aragon de <em>L&rsquo;Humanit&eacute;</em> por comprobarse no del gusto del Partido Comunista. Un retrato del Stalin joven, con sus bigotes. Por lo que fuera, se consider&oacute; irrespetuoso. &iquest;Mujeres? Cojamos a Alberti y a Mar&iacute;a Teresa Le&oacute;n. Hay, al fondo, una rencilla familiar. La heredera de Mar&iacute;a Teresa es Aitana, peleada al final con su padre &ndash;antes no-.</p>
<p>- Se le reprocha el trato que dispens&oacute; a Mar&iacute;a Teresa en la &eacute;poca en que tuvo alzh&eacute;imer o cosa parecida.</p>
<p>- No siempre abiertamente. Primero, Alberti no se volvi&oacute; a casar. Segundo, nunca la abandon&oacute;: el sanatorio lo pagaba &eacute;l, no el Partido. Conoc&iacute; bastante a Alberti. A ella s&oacute;lo por carta. Luego le&iacute; las memorias del primero y la biograf&iacute;a sobre la segunda,<em> Memoria de la melancol&iacute;a</em>. Si no acudimos a episodios importantes concretos de una biograf&iacute;a concreta, el tratamiento de la mujer como materia art&iacute;stica en Alberti, Neruda y Picasso no difiere en lo sustancial del de la mujer en la poes&iacute;a er&oacute;tica del pasado y en la pintura er&oacute;tica del pasado. &iquest;Se pueden discutir estas manifestaciones? S&iacute;, pero no de acuerdo a la correcci&oacute;n pol&iacute;tica de hoy. Porque con ese <em>razonamiento</em> tampoco aprobar&iacute;amos a G&oacute;ngora, por motivos relacionados con el duque de B&eacute;jar y el duque de Lerma.</p>
<p>- El revisionismo est&aacute; llegando a la idea del rapto mitol&oacute;gico.</p>
<p>- Pero, &iquest;entonces qu&eacute; tenemos que hacer?: &iquest;poner en cuesti&oacute;n a Catulo y a Ovidio? Porque no son temas inventados por Rubens. No funcionar&iacute;a. El mundo romano es otro. &iquest;Aplicar la nueva sensibilidad a la recepci&oacute;n del mundo romano en el Renacimiento y, luego, en el Barroco? Tampoco. Es un tema de iconolog&iacute;a e iconograf&iacute;a.</p>
<p>- &iquest;Hay equivalentes femeninos?</p>
<p>- Lo hay: Artemisia Gentileschi, siglo XVII; Leonor Fini; y otras de la &eacute;poca surrealista. Son nombres que me salen sobre la marcha. En literatura se me ocurre pensar en el Heathcliff de <em>Cumbres borrascosas</em>, una masculinidad disconforme con el entorno. Y hay literatura escrita por mujeres no forzosamente feminista: <em>El bosque de la noche</em>, de Djuna Barnes, un libro l&eacute;sbico en el que no quedan precisamente bien paradas las mujeres -salvo una-.</p>
<p>- Tiene varios libros lujuriantes. &iquest;Est&aacute;n tambi&eacute;n llenos de muerte?</p>
<p>- El poema de Leopardi &lsquo;Amor y muerte&rsquo; me excusa de decir algo. &ldquo;Son hermanos, amor y muerte&rdquo;. Creo que lo tradujo Unamuno al espa&ntilde;ol, lo cual le pega. Unamuno admiraba a Leopardi.</p>
<p>- El amor doy por sentado que alarga la vida y expande la vitalidad. Usted habla de a&ntilde;os de &ldquo;hojas secas&rdquo; ya en 2004, pero parecen de hojas verdes.</p>
<p>- Las hojas secas ya estaban en el poema &lsquo;El arpa en la cueva&rsquo;. Ahora las hojas me querr&iacute;an pisar a m&iacute;. Seg&uacute;n mi amigo, y buen escritor guatemalteco, Rodrigo Rey Rosa, mi libro <em>Interludio azul</em> (2006) &ndash;que no es poes&iacute;a, pero casi- trata del triunfo sobre el tiempo. Pero esto lo dice Rodrigo, no yo. Y sin embargo, citarle es toda la respuesta que yo puedo ofrecer a esa pregunta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Qu&eacute; servil es el deseo&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;El deseo es tir&aacute;nico?</p>
<p>- [por primera vez deja transcurrir unos segundos] Hace tiempo, en un poema escrib&iacute; &ldquo;qu&eacute; servil es el deseo&rdquo;. Y las dos cosas son verdad.</p>
<p>- Me llama la atenci&oacute;n la violencia. En los 70 tiene poemas furibundos. La presencia, en forma de resonancia, llega a <em>No en mis d&iacute;as</em> e incluso a <em>Las llamas</em>.</p>
<p>- No digo que no. P&oacute;ngame alg&uacute;n ejemplo.</p>
<p>- &ldquo;Rev&oacute;lveres en campo de jazm&iacute;n&rdquo;, de <em>Amor en vilo</em>; &ldquo;Las dulces muchachas rubias / que con el escote ensangrentado se refugian all&iacute; [en las cabinas telef&oacute;nicas] para morir&rdquo;, de <em>La muerte en Beverly Hills</em>; &ldquo;la cloratita de las Brigadas Rojas en la noche Siena&rdquo;, de <em>El castillo de la pureza</em>; etc&eacute;tera. En <em>Las llamas</em>: &ldquo;Esta cabeza ser&aacute; en mis manos una fruta bomba&rdquo;.</p>
<p>- &iquest;Se acuerda de la primera parte de <em>Alma Venus</em>?</p>
<p>- S&iacute;, re&uacute;ne alusiones considerables. Se llega a hablar del crimen en t&eacute;rminos de simpat&iacute;a y elegancia.</p>
<p>- Ah&iacute; quer&iacute;a ir: al quinto poema, que trata casi s&oacute;lo de marcas de rev&oacute;lver: Colt, Browning... Se mencionan m&aacute;s. Se mencionan venenos. Es una serie de im&aacute;genes que tiene relaci&oacute;n con hechos violentos de la pol&iacute;tica estadounidense.</p>
<p>- &iquest;Se puede interpretar como una forma de rebeld&iacute;a?</p>
<p>- No se puede. Es.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; opina del 11-S?</p>
<p>- Me interpela que la acci&oacute;n de Ben Laden, quitando el elemento religioso, es la aplicaci&oacute;n del &lsquo;Mensaje a la Tricontinental&rsquo; de Che Guevara, escrito a finales de 1966. El principal heredero del Che fue Ben Laden, no todo: el del 11-S.</p>
<p>- Tambi&eacute;n acude a una violencia m&aacute;s er&oacute;tica, a las heridas producidas por la belleza. Tengo anotados: &ldquo;C&oacute;mo me miras desde los rosales / con la certeza de que me has matado&rdquo; y &ldquo;Desesperadamente me cercenas / gozosamente me destruyo en ti&rdquo;. Y en <em>Alma Venus</em>: &ldquo;La violencia es as&iacute;: la flor violenta / del deseo (&hellip;)&rdquo;.</p>
<p>- Dejando aparte la base evidencial personal y autobiogr&aacute;fica, eso viene de ciertos poemas, sonetos principalmente, de la primera y extraordinaria etapa de Blas de Otero: <em>&Aacute;ngel fieramente humano</em> y <em>Redoble de conciencia</em>, a&ntilde;os 50 y 51.</p>
<p>- &iquest;Hay algo de <em>La destrucci&oacute;n o el amor</em> y <em>Espadas como labios</em>?</p>
<p>- No directamente. <em>La destrucci&oacute;n</em>&hellip; y <em>Espadas</em>&hellip; tienen otras implicaciones. Blas de Otero deriva de Quevedo. <em>&Aacute;ngel</em>&hellip; y <em>Redoble</em>&hellip; contienen poemas muy-muy buenos. Han quedado un poco alejados de los lectores porque se presta m&aacute;s a la divulgaci&oacute;n la etapa posterior, que no es una, son varias.&nbsp;</p>
<p>- Aparte del gozo con que uno se puede abismar a la destrucci&oacute;n, aparece la mujer fatal como posibilidad.</p>
<p>- Claro que s&iacute;, eso lo han tratado mucho los cineastas, uno de los mejores, Josef Von Sternberg.</p>
<p>- Quer&iacute;a preguntarle por la coprofilia, que tanto dio que hablar en el 96 con <em>Mascarada</em>: &ldquo;Dos flores de cobre tus nalgas / que abiertas derraman dulzura / (&hellip;) / &Aacute;ngel de la coprofilia / (&hellip;) / nalgas que dan melocotones / regalan monedas de moka&rdquo;. Estos versos han sido muy comentados. Pero es que en el 77, el cuarto poema de <em>L&rsquo;Espai desert</em> ya dec&iacute;a: &ldquo;Si el amor es el lugar del excremento, / si, ofreci&eacute;ndome, desnuda y a gatas, los dos globos de la luz de las nalgas (&hellip;)&rdquo;.</p>
<p>- Bueno, pero eso no lo digo yo. Eso viene de Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez. Y &eacute;l, a su vez, lo saca de Yeats. Es una cita que Juan Ram&oacute;n incorpora a <em>Espacio</em>, sacando de contexto la imagen, con resultados excelentes.</p>
<p>- Sumemos entonces una tercera referencia: 2006, <em>Amor en vilo</em>: &ldquo;El diamante / de tu ano en flor&rdquo; -52- y &ldquo;tu ano es un jard&iacute;n&rdquo; -59-, &ldquo;Yo s&oacute;lo s&eacute; vivir en la lanzada / de luz con la que t&uacute; me empalar&aacute;s&rdquo; -72-. Con virajes a terrenos adyacentes en <em>Mascarada</em>: &ldquo;orina goteante oh l&aacute;grima / cuerpo que me enciende y me hace / llorar en el cielo de goma&rdquo;.</p>
<p>- Ha hecho una lectura a fondo, &iquest;eh?</p>
<p>- Doy por sentado que se me escapan otras. El desmantelamiento del lenguaje, el erotismo, la apelaci&oacute;n a la violencia&hellip; &iquest;hay rebeld&iacute;a tambi&eacute;n en el hecho escatol&oacute;gico?</p>
<p>- La hay. Claro que s&iacute;.</p>
<p>- Lo que deseo se&ntilde;alar es el arco de al menos treinta a&ntilde;os entre unos versos y otros. No es anecd&oacute;tico.</p>
<p>- Claro que no es anecd&oacute;tico. Forma parte del repertorio de la pasi&oacute;n. Nada nuevo en la poes&iacute;a er&oacute;tica. Estaba ya en Catulo y en ciertos poetas provenzales de la Edad Media. El caso de Quevedo es curioso: el erotismo crudo pocas veces entra en su mundo, en esos casos pasa directamente al poema escatol&oacute;gico. Francisco de Aldana s&iacute; hizo cosas interesantes con el erotismo crudo: &ldquo;&iquest;Cu&aacute;l es la causa, mi Dam&oacute;n, que estando / en la lucha de amor juntos, trabados, / con lenguas, brazos, pies y encadenados / cual vid que entre el jazm&iacute;n se va enredando, / y que el vital aliento ambos tomando / en nuestros labios, de chupar cansados, / en medio a tanto bien somos forzados / llorar y suspirar de cuando en cuando? / (&hellip;)&rdquo;. Y sigue. Podr&iacute;a recit&aacute;rselo entero. Aldana le gustaba a Cernuda.</p>
<p>- No me cuesta unir la coprofilia a la inocencia. Octavio Paz se la refiri&oacute; a la perversidad.</p>
<p>- S&iacute;, s&iacute;. En una carta que est&aacute; publicada.</p>
<p>- Tal vez porque, como usted dice: &lsquo;Para los puros todo es puro&rsquo;.</p>
<p>- Bueno, pero esto no lo digo yo: me temo que era el lema de los c&aacute;taros en la Francia Medieval.</p>
<p>- No doy una [risas].</p>
<p>- Y no lo inventaron ellos: ayer estuve leyendo <em>Los novios</em>, de Manzoni, en italiano y hay un momento en que un cura le dice, en lat&iacute;n, a un subordinado: &ldquo;Para los puros todo es puro&rdquo;. As&iacute; pues, los c&aacute;taros lo tuvieron que tomar de una corriente anterior. La novela de Manzoni discurre en el primer tercio del XVII, y un cura cat&oacute;lico de ese siglo no va a citar a los c&aacute;taros, citar&aacute; a alg&uacute;n Padre anterior de la iglesia. No conozco la historia de la frase, pero es un lema, por lo menos, de los c&aacute;taros. O, ya digo, anterior.</p>
<p>- Detr&aacute;s de la escritura est&aacute; el yo. Detr&aacute;s del yo la memoria.</p>
<p>- S&iacute;, pero matizando que ese <em>yo</em> es <em>el</em> <em>escritor</em>, no forzosamente la <em>persona</em> que escribe. Es la persona que <em>surge</em> al escribir. Recuerde lo que dec&iacute;a Borges: &ldquo;Al otro Borges es al que le suceden las cosas&rdquo;.</p>
<p>- Aunque al final escritor y persona se funden porque tambi&eacute;n dec&iacute;a Borges algo que usted asumi&oacute; en una nota a <em>Per riguardo</em>: &ldquo;El otro, el mismo&rdquo;.</p>
<p>- Se funden en la palabra. En la evocaci&oacute;n. En la nostalgia de la realidad irreal, o de la irreal realidad. En la sensaci&oacute;n, en la experiencia. Sobre todo, en el lenguaje.</p>
<p>- &iquest;&ldquo;Visualizable aunque inveros&iacute;mil&rdquo;?</p>
<p>- Ese mismo poeta [Joao Cabral de Mello] tambi&eacute;n dijo que vivir &ldquo;es ir por entre lo que vive&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;No se puede escribir sin evocar algo real o imaginario&rdquo;</strong></p>
<p>- En todo caso, &iquest;se puede escribir sin evocar?</p>
<p>- No: toda escritura es evocaci&oacute;n de algo real &ndash;diremos, vivido- o imaginario. Y aunque usted escriba un texto en presente, cuando el lector lo lea no habr&aacute; presente. El presente es <em>de la escritura</em>, no <em>del tiempo</em>. Ah&iacute; anda otra l&iacute;nea de la evocaci&oacute;n.</p>
<p>- &iquest;Y el recuerdo s&oacute;lo es eterno mientras se evoca?</p>
<p>- [sonr&iacute;e] Le respondo con Blas de Otero: &ldquo;El hombre es eterno mientras vive. / Algo es algo. Y, a caballo regalado / no le mires el dentado&rdquo;.</p>
<p>- La juventud est&aacute; muy presente en sus libros.</p>
<p>- No en todos y cada uno de los poemas, pero yo le entiendo.</p>
<p>- Diseminado -en <em>Arde el mar</em>, <em>Mascarada</em>, <em>Amor en vilo</em>, <em>Alma Venus</em>, <em>Tornado</em> (2008), <em>Rapsodia</em>, <em>Per riguardo</em>&hellip;-. Yo dir&iacute;a que muy presente.</p>
<p>- S&iacute;.</p>
<p>- Yo creo que en su obra la muerte no se opone a la vida, sino a la juventud.&nbsp;</p>
<p>- Es fuerte esto que dice. No me parece mal. &iquest;Me puede citar alg&uacute;n verso?</p>
<p>- En <em>Las llamas</em> afirma: &ldquo;Somos j&oacute;venes ya, fuera del tiempo&rdquo;. M&aacute;s frontal, en <em>Alma Venus</em>: &ldquo;El hielo present&iacute;a la hoguera: / la muerte vente&oacute; la juventud&rdquo;. Y tres p&aacute;ginas despu&eacute;s: &ldquo;En esta &uacute;ltima etapa, cada trazo / dibujar&aacute; en el muro un cormor&aacute;n&rdquo;.</p>
<p>- Lo del cormor&aacute;n me interesa, lo otro lo recordaba. Me temo que guarda relaci&oacute;n con versos anteriores. &iquest;Cu&aacute;les son?</p>
<p>- &ldquo;En la vi&ntilde;eta de color p&uacute;rpura / aguarda el vampirismo del poniente: / todo nos hundir&aacute; en luz enconada, / rasgueadores de la cal del muro&rdquo;.</p>
<p>- Ay, esto tiene una fuente complicada: el Campo Santo Vecchio &ndash;o cementerio viejo- que viene en el segundo verso y que est&aacute; en Pisa. Tiene de particular que muchos de sus frescos fueron gravemente da&ntilde;ados por los bombardeos aliados en la Segunda Guerra Mundial. Primera parte. Segunda parte: cuando estaban restaur&aacute;ndolos, Rossellini pas&oacute; por all&iacute;. Poco despu&eacute;s lo entrevist&oacute; &Eacute;rich Rohmer, y le dijo: &ldquo;Bueno, ha desaparecido casi todo, pero no importa. Queda un s&oacute;lo trazo puro: la mano del hombre que lo dise&ntilde;&oacute;&rdquo;. Estoy aludiendo, sin decirlo, a esta conversaci&oacute;n sobre el cementerio de Pisa. El lector no tiene por qu&eacute; tener noticia de esto.</p>
<p>- Est&aacute; presente la juventud como energ&iacute;a creadora y fuente de esperanza. Creadora tambi&eacute;n de destrucci&oacute;n.</p>
<p>- Es verdad eso que dice, pero m&aacute;s que la juventud, y que los hechos de <em>crear</em> y <em>destruir</em>, me ata&ntilde;e y conmueve la tarea <em>reconstructora</em>, en ese caso, artesanal de algo deteriorado: ni m&aacute;s ni menos que la belleza primigenia. El ladillo de aquella parte de la conversaci&oacute;n era: &ldquo;Un s&oacute;lo trazo puro&rdquo;.</p>
<p>- &iquest;El sexo es un lugar de la juventud?</p>
<p>- No s&oacute;lo. Var&iacute;a con el tiempo.</p>
<p>- Me refiero a aquello de Picasso: cuando se es joven se es para siempre. Vamos, que da igual tener cien a&ntilde;os que veinte.</p>
<p>- Picasso no vivi&oacute; cien ni yo tampoco los tengo. Puede cambiar alg&uacute;n aspecto del erotismo. Pero el impulso hacia lo que Octavio Paz, en una palabra fea pero &uacute;til, llamaba <em>otredad</em> &ndash;lo dec&iacute;a a prop&oacute;sito de Castaneda, pero en este caso sirve igual, el hallazgo es el hallazgo- y que podr&iacute;a ser <em>alteridad</em> &ndash;aunque esta palabra es a&uacute;n peor- surge con el sexo en la adolescencia, cuando no en la infancia &ndash;que esa es otra: el <em>Me Too</em> parece olvidar la sexualidad infantil, pero dejemos eso a un lado-. Puede variar en algunos aspectos y en algunas zonas, pero el impulso de salir fuera de uno es raro que desaparezca. Si hacemos caso a sus excelentes memorias familiares, fue el caso de Julio Caro Baroja. Yo le trat&eacute; pero nunca hablamos de esto. Seg&uacute;n afirmaba, a partir de cierto momento se vio viejo y no crey&oacute; que pudieran enamorarse de &eacute;l desinteresadamente. Aunque esto, m&aacute;s que con el sexo, tiene que ver con el amor propio. Ocupa un peque&ntilde;o lugar en sus memorias para explicar por qu&eacute; no se hab&iacute;a casado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Quedar&aacute; (&hellip;) lo que fue quemaz&oacute;n / (&hellip;) / quedar&aacute;n los cometas errantes&rdquo;. &ldquo;Y hay besos que han durado algo m&aacute;s de una vida&rdquo; -<em>Las llamas</em>-. Palabras que balizan el camino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 27 Jun 2018 05:07:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Julio Ortega: “Sin mejores lectores no habrá mejor literatura”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/julio-ortega-sin-mejores-lectores-no-habra-mejor-literatura/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2018/JULIO_ORTEGA_2.jpg" alt="" /></p>
<p>Por ser uno de los pocos acad&eacute;micos y cr&iacute;ticos que han interrogado la literatura latinoamericana en su conjunto, el peruano Julio Ortega es un testigo de excepci&oacute;n cuando se trata de literatura peruana. A esta &uacute;ltima la conoce en sus diversas expresiones &mdash;tanto en el plano literario como en el social y pol&iacute;tico&mdash; y tambi&eacute;n en su interacci&oacute;n con el resto del continente. De esta manera, puede expresarse con conocimiento de causa acerca de lo espec&iacute;fico de nuestra tradici&oacute;n literaria y plantear a la vez una perspectiva panor&aacute;mica que tambi&eacute;n subraye los contactos, las interacciones, las influencias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Naci&oacute; en Chimbote, durante la d&eacute;cada de los cuarenta. Despu&eacute;s de haber seguido estudios en la Pontificia Universidad Cat&oacute;lica del Per&uacute;, se instala en Estados Unidos. Al cabo de varias d&eacute;cadas, luego de haber trabajado en distintas facultades, termina asumiendo la plaza de catedr&aacute;tico en la Universidad de Brown. Desde all&iacute;, contin&uacute;a con su reflexi&oacute;n dedicada a la literatura latinoamericana, a la vez que forma a nuevas generaciones de universitarios, sin dejar de apoyar a nuevos autores. Al margen de mis discrepancias con algunos de sus planteamientos, reconozco en &eacute;l un agudo lector y apasionado divulgador de autores que me marcaron como lector; por ejemplo, Jos&eacute; Donoso, Rub&eacute;n Dar&iacute;o, C&eacute;sar Vallejo y Mario Vargas Llosa. Son conocidos tambi&eacute;n sus trabajos dedicados a Carlos Fuentes, Jos&eacute; Lezama Lima y Alfredo Bryce Echenique. En la reflexi&oacute;n de Julio Ortega se suceden los autores y los g&eacute;neros en un movimiento que tiene de heterog&eacute;neo lo que tambi&eacute;n tiene de entusiasta. Si la literatura latinoamericana es lo que es esto es consecuencia de la labor de cr&iacute;ticos como &eacute;l. En la misma l&iacute;nea de Jos&eacute; Carlos Mari&aacute;tegui, Pedro Henr&iacute;quez Ure&ntilde;a, &Aacute;ngel Rama y Antonio C&aacute;ndido, Julio Ortega anhela descifrar el continente en sus sue&ntilde;os o pesadillas literarios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Buscando informaci&oacute;n acerca de su trabajo, encuentro una entrevista que le hizo Alessandro Miyagui de <em>El Comercio, </em>diario peruano, donde manifiesta su escepticismo con respecto de las antolog&iacute;as: &ldquo;Las antolog&iacute;as celebran la fugacidad de la literatura. Las malas antolog&iacute;as pretenden&nbsp;un Olimpo, hacer justicia, postular un canon. Yo creo que las&nbsp;mejores se deben a su tiempo,&nbsp;testimonian su deshora, el gusto de la lectura. Tienen la vivacidad de lo precario, y nos&nbsp;permiten compartir la creatividad de la ficci&oacute;n. Mi&nbsp;antolog&iacute;a mexicana nace de esta inquietud&nbsp;por lo nuevo. Algo novedoso ocurre en el relato mexicano reciente, que excede el agonismo que ha dado cuenta del pa&iacute;s y sus&nbsp;dramas. Los m&aacute;s j&oacute;venes exorcizan la tragedia, construyen otras redes de lenguaje&nbsp;solidario. El &aacute;mbito emotivo, los lazos afectivos y la intimidad del habla, reinician en estos relatos con br&iacute;o, iron&iacute;a y agudeza, un horizonte alternativo&rdquo;<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>. Al margen de si lo que afirma tambi&eacute;n se aplica a la literatura peruana o no, de lo cual estoy convencido, llama la atenci&oacute;n que se refiera con tanta lucidez al quehacer antol&oacute;gico. Sobre todo, porque &eacute;l mismo cuenta entre sus publicaciones con numerosas selecciones representativas de un momento, una corriente y, antes que nada, un compromiso con la literatura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con ocasi&oacute;n del n&uacute;mero monogr&aacute;fico de <em>Turia</em> dedicado a Per&uacute;, el cual incluye, c&oacute;mo no, una antolog&iacute;a, le propuse intercambiar, cada uno desde su orilla. Desde Brown, Julio Ortega respondi&oacute; a las preguntas que le envi&eacute; desde mi retiro franc&eacute;s. El resultado permite tener una idea del acercamiento a la literatura que practica, as&iacute; como tambi&eacute;n seguir sus gustos de lector.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;En los &uacute;ltimos a&ntilde;os uno lee literatura peruana con un leve sobresalto positivo&rdquo;</strong></p>
<p>- &nbsp;En paralelo con el boom econ&oacute;mico del pa&iacute;s, muchas voces mediatizadas hablan de un excelente momento de nuestra literatura. A veces, da la impresi&oacute;n de que hemos salido de un periodo pobre en t&eacute;rminos est&eacute;ticos para, en muy poco tiempo, dar un salto cualitativo. Desde su perspectiva de alguien que sigue de cerca el camino de la literatura peruana, &iquest;c&oacute;mo explicar&iacute;a este, por llamarlo de alg&uacute;n modo, optimismo?</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em>- </em>&nbsp;A los peruanos el optimismo nos sienta mal. Hemos sido educados, m&aacute;s bien, en el pesimismo. La selecci&oacute;n nacional de f&uacute;tbol es el mejor modelo. Cada partido es una agon&iacute;a, y un empate nos sabe a triunfo, como casi todo en el pa&iacute;s. A m&iacute;, por eso, cada nuevo libro peruano que excede las expectativas, es una gran noticia. Como lector, no s&oacute;lo como peruano, celebro el primer libro de los nuevos escritores y al segundo libro me acerco con precauci&oacute;n, temiendo lo peor. Pero es cierto que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os uno lee literatura peruana con un leve sobresalto positivo. Y como mero lector uno celebra que haya m&aacute;s y mejores escritores j&oacute;venes, y que los libros demanden atenci&oacute;n y compa&ntilde;&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Se puede ser entusiasta frente al momento actual, pero no se puede olvidar que el espacio literario peruano &mdash;pese a que estemos en el siglo XXI&mdash; se caracteriza por su informalidad, poco profesionalismo, falta de difusi&oacute;n&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- No hay que confundir la expansi&oacute;n del mercado del libro (en s&iacute; misma una buena noticia) con la mejora de la escritura o la lectura. Las tiradas de los libros de literatura siguen siendo modestas y la capacidad adquisitiva de la mayor&iacute;a sigue siendo restringida. Y se ha reducido la cr&iacute;tica literaria en los diarios, tanto como la atenci&oacute;n a los nuevos autores. Por eso hay que apoyar a las ferias del libro, a las peque&ntilde;as editoriales, a los autores que apuntan. Y conf&iacute;o que los autores recientes tengan lugar en el s&iacute;labo de los colegios.</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><strong>&ldquo;Ampliar los espacios de lectura es fundamental&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;En qu&eacute; determinar&iacute;an estas condiciones la producci&oacute;n literaria actual? &iquest;O considera que son aspectos que no influencian en nada la literatura que se escribe en este momento?</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>- Sin mejores lectores no habr&aacute; mejor literatura. De modo que ampliar los espacios de lectura es fundamental. Los padres deben obsequiar libros a sus hijos, los maestros incluir nueva literatura en sus clases, las ferias del libro dejar espacio a las editoriales m&aacute;s peque&ntilde;as y artesanales. Y, claro, los diarios ocuparse no s&oacute;lo de los pocos sino de los muchos. La edici&oacute;n digital de los diarios y revistas, en muchos pa&iacute;ses, es m&aacute;s amplia en informaci&oacute;n cultural que el diario impreso. Hay cien art&iacute;culos de opini&oacute;n sobre Fujimori, pero ni uno solo sobre el &uacute;ltimo libro de los j&oacute;venes autores. Esa econom&iacute;a no es saludable, es t&oacute;xica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;En el Per&uacute; el optimismo hay que aparcarlo. No hay mucho que hacer con las ilusiones&rdquo;</strong></p>
<p>- Usted apunta a un problema m&aacute;s estructural que trasciende el aspecto literario y editorial para considerar el lugar que la cultura tiene en nuestro pa&iacute;s. Por otro lado, es muy singular que en el mismo espacio coexistan una popularidad de redes, la presencia de editoriales transnacionales, una feria del libro cada vez m&aacute;s grande y ambiciosa, en resumidas cuentas, todo un sistema de promoci&oacute;n del libro, junto con baj&iacute;simos &iacute;ndices de lectura, la precariedad del autor, un mercado pirata alternativo, entre muchas otras cosas. Acaso estamos frente a un paradigma de circuito literario distinto al de otros pa&iacute;ses que no abordamos ni entendemos de manera correcta&hellip;</p>
<p>- En el Per&uacute; el optimismo hay que aparcarlo. No hay mucho que hacer con las ilusiones. Y en todo caso, es mejor seguir el dictamen de los viejos sabios: optimismo de la voluntad y pesimismo de la inteligencia. No hay un modelo superior sino varias plataformas de producci&oacute;n, difusi&oacute;n y consumo del libro. En M&eacute;xico, por ejemplo, la lectura es m&aacute;s amplia porque se basa en la noci&oacute;n del &ldquo;texto obligatorio,&rdquo; que son los cl&aacute;sicos nacionales y modernos reconocidos, que son lectura requerida en la escuela. Varios millones de adolescentes han le&iacute;do <em>El laberinto de la soledad</em> y los cuentos de Juan Rulfo. Por eso dec&iacute;a Carlos Monsiv&aacute;is, &ldquo;Yo no quiero la inmortalidad, quiero ser texto obligatorio&rdquo;. En Estados Unidos los maestros deciden los textos literarios para sus clases, y todav&iacute;a me sorprende que casi todos los nuevos estudiantes que llegan a mi Universidad han le&iacute;do en la secundaria <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em> en ingl&eacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Hay otro aspecto que cabr&iacute;a discutir: el de los medios. Dejando de lado las redes sociales y su pretendida democratizaci&oacute;n, tengo la impresi&oacute;n de que los circuitos de consagraci&oacute;n peruanos se limitan a un diario de circulaci&oacute;n nacional, lo cual someter&iacute;a a los autores, si quieren abrirse un espacio, a exigencias ajenas a lo literario...</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Los medios siguen en todas partes la misma pauta: ocuparse de los autores consagrados, los premios, los concursos y las listas de los mejores&rdquo;.</strong></p>
<p>- Los medios, lamentablemente, siguen en todas partes la misma pauta: ocuparse de los autores consagrados, los premios, los concursos, las listas &ldquo;de los mejores.&rdquo; Esto de los mejores es casi una oferta obscena. Lo que ha hecho que los j&oacute;venes autores compitan por acceder a esas listas, espacios y escenarios. Yo les he recomendado paciencia porque, estad&iacute;sticamente, todos ganar&aacute;n un premio en Espa&ntilde;a. Hay tantos concursos que el c&aacute;lculo no es vano. Creo que soy el &uacute;nico cr&iacute;tico que pone en duda el sistema de valoraci&oacute;n del Festival Hay, que es una red de editoriales buscando ampliar su mercado a trav&eacute;s de listas de los mejores. Si se tratara de autores nuevos y poco conocidos, tendr&iacute;a sentido, pero incluye a autores que son ya consagrados, traducidos y, con justicia, apreciados. En cuanto a los diarios, hoy d&iacute;a no tienen ya la funci&oacute;n de descubrir nuevos valores, promover lo menos obvio, y dar la palabra a los m&aacute;s j&oacute;venes. Los diarios, en todas partes, son eco en sus p&aacute;ginas culturales (si las tienen todav&iacute;a) del sistema de promoci&oacute;n y validaci&oacute;n empresarial, que no sin raz&oacute;n vela por sus intereses. Hoy la venta de libros ha ca&iacute;do a sus niveles m&aacute;s bajos y el costo de producci&oacute;n, por un lado, y la pirater&iacute;a por otro, amenaza la vida del libro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Hoy el boom de la novela latinoamericana no habr&iacute;a ocurrido&rdquo;</strong></p>
<p>- Y esto, seg&uacute;n su planteamiento, repercute en lo que ser&iacute;an los lectores, la manera en que se constituyen, el fondo com&uacute;n que compartir&iacute;an, las exigencias literarias que plantean a cada libro...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Claro. Los p&uacute;blicos lectores ya no son lo que eran. El lector promedio actual no favorece el riesgo, la exploraci&oacute;n, las diferentes normas del espa&ntilde;ol. Hoy una novela escrita en jerga local no tendr&iacute;a lectores fuera de su &aacute;mbito. El &ldquo;boom&rdquo; de la novela latinoamericana no habr&iacute;a ocurrido. Novelas como <em>Tres tristes tigres</em>, <em>Rayuela </em>o <em>Paradiso</em> no tendr&iacute;an lectores. Por eso autores como Juan Goytisolo, Manuel Puig, N&eacute;stor S&aacute;nchez, Severo Sarduy, entre muchos otros, se leen poco y mal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Los tiempos de la lectura son todos hist&oacute;ricos: ma&ntilde;ana se leer&aacute;n m&aacute;s los libros que hoy no leemos&rdquo;</strong></p>
<p>- Conversar acerca de los medios, nos lleva naturalmente a discutir acerca de la manera en que leemos el momento actual y el di&aacute;logo con las generaciones precedentes. Tengo la sensaci&oacute;n de que actualmente se ha institucionalizado entre los autores la literatura y la imagen de Mario Vargas Llosa. Recuerdo que en los noventa no s&oacute;lo estaba Mario Vargas Llosa sino tambi&eacute;n otras figuras como Julio Ram&oacute;n Ribeyro y Alfredo Bryce Echenique, solo por mencionar quienes tienen un perfil similar. &iquest;Qu&eacute; ocurri&oacute; entretanto?</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>- No me consta que Mario haya impedido que se lea a Ribeyro o Bryce. En todas partes uno encuentra a alguien que acaba de descubrirlos. Hoy, por ejemplo, creo que se lee a Jos&eacute; Mar&iacute;a Arguedas m&aacute;s que en su tiempo. Curiosamente, se ha le&iacute;do m&aacute;s y mejor fuera del Per&uacute; <em>Montacerdos</em> de Cronwell Jara, que es nuestro Rulfo. Lo que si nos ha faltado es una gran editora nacional, como la tuvo M&eacute;xico y la sigue teniendo en el Fondo de Cultura Econ&oacute;mica. Los tiempos de la lectura son todos hist&oacute;ricos: ma&ntilde;ana se leer&aacute;n m&aacute;s los libros que hoy no leemos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La historia literaria nuestra est&aacute; hecha de olvidos&rdquo;</strong></p>
<p>- Me intriga mucho que Gamaliel Churata, una de las figuras m&aacute;s valiosas de la literatura nacional, apenas sea le&iacute;do por un pu&ntilde;ado de estudiosos, ni siquiera lectores o autores. &iquest;Se trata de un hiato en la sensibilidad de los lectores o puede ser explicado de otra forma? &iquest;Piensa en otras figuras literarias que, pese a su riqueza literaria, no tengan el lugar que se merecen dentro del panorama actual?</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>- La historia literaria nuestra est&aacute; hecha de esos olvidos. Al menos el <em>Pez de oro</em> est&aacute; ya en una excelente edici&oacute;n de C&aacute;tedra, editada por Helena Usandizaga. A las nuevas generaciones de estudiantes, escritores y lectores les toca redescubrir esos autores y textos. Las vanguardias no han dejado en el Per&uacute; el gusto por la invenci&oacute;n, la exploraci&oacute;n, el juego, quiz&aacute; porque se impuso la necesidad de un realismo inmediato, de denuncia y cr&iacute;tica. Nos falta descubrir a Luis Loayza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La literatura ya no se explica por sus or&iacute;genes sino por sus proyecciones, por el devenir que desencadena&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Cree que las nuevas generaciones de autores buscan un di&aacute;logo con la tradici&oacute;n nacional o los ve m&aacute;s interesados en generarse una referencialidad personal, un espacio original, abrir el campo hacia nuevos horizontes? Desde Mario Bellat&iacute;n y el primer Iv&aacute;n Thays, hasta Augusto Effio, Gustavo Faver&oacute;n y Carlos Yushimito podr&iacute;amos tal vez apuntar en este sentido&hellip; O quiz&aacute; solamente se trate de excepciones&hellip;</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>- Cada autor elige sus precursores, como dijo Borges, esto es, cada quien opta por un linaje literario. Ese reordenamiento de la biblioteca ya no es nacional, sino que es otro universo, hecho por las afinidades, opciones y di&aacute;logos internos que una obra postula como su linaje. Los escritores de los a&ntilde;os 60 asumimos la gran tradici&oacute;n po&eacute;tica y narrativa latinoamericana sin fronteras ni c&aacute;nones, y los de las generaciones posteriores y actuales hacen lo mismo, crean nuevas articulaciones y escenarios. Hoy la lectura de un linaje nacional se ha hecho melanc&oacute;lica. La literatura ya no se explica por sus or&iacute;genes sino por sus proyecciones, por el devenir que desencadena. Los escritores mismos ya no se definen por su raza, clase social, ideolog&iacute;a, religi&oacute;n o nacionalidad. Se definen por su proyecci&oacute;n, aperturas, nuevos espacios y articulaciones abiertas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Casi todo escritor peruano o latinoamericano lo primero que decide es cuestionar las validaciones de lo que pasa por lo real&rdquo;</strong></p>
<p>- Al final de cuentas, quiz&aacute; el paradigma realista, consider&aacute;ndolo con todos sus matices posibles, sea la orientaci&oacute;n m&aacute;s evidente dentro de nuestra literatura. Al mismo tiempo pienso en la narrativa de autores como Yeniva Fern&aacute;ndez, Alexis Iparraguirre, Claudia Ulloa Donoso o el mismo Luis Hern&aacute;n Casta&ntilde;eda y me digo que existe una voluntad por<em> </em>trascender esta especie de fatalidad realista mediante distintas orientaciones.<em> </em></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>- Creo lo mismo, el realismo tal cual, crudo y duro es s&oacute;lo una representaci&oacute;n veros&iacute;mil. Pero casi todo escritor peruano o latinoamericano lo primero que decide es cuestionar las validaciones de lo que pasa por lo real. Ese horizonte de escritura se remonta a la prosa de Jos&eacute; Mar&iacute;a Eguren y Mart&iacute;n Ad&aacute;n y llega a Iv&aacute;n Thays y Carlos Yushimito, leve de equipaje y con sed de horizontes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Hablando de realismo y sus mutaciones, por decirlo de alg&uacute;n modo, est&aacute; el caso de la literatura peruana de corte urbano. Tengo la impresi&oacute;n de que actualmente se genera una novel&iacute;stica urbana que no obedece, como entre los sesenta y ochenta, a una voluntad total, sino que subraya la diversidad, el mosaico en el que se ha convertido la ciudad. Incluso encontramos novelas urbanas como<em> Generaci&oacute;n coche bomba </em>que re&uacute;nen una inquietud social con una atm&oacute;sfera underground como en<em> Al final de la calle...</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La promesa moderna de la ciudad como fuerza democratizadora, urban&iacute;stica, desmitificadora y horizontal, ha terminado&rdquo;</strong></p>
<p>- Lo urbano ya no es cartografiable. Tampoco lo suburbano, las afueras o los m&aacute;rgenes. Hoy la ciudad est&aacute; hecha de varias ciudades, y de redes crecientes y cambiantes. Jacques Derrida dijo que &ldquo;la ciudad ha muerto,&rdquo; queriendo decir la ciudad tal como la conocimos. Lo dijo porque, en efecto, la promesa moderna de la ciudad como fuerza democratizadora, urban&iacute;stica, desmitificadora y horizontal, ha terminado y hoy tenemos ciudadelas amuralladas, cordones de miseria, esto es, hoy habitamos la precariedad. No podemos controlar la naturaleza cambiante y amenazante. Hemos vuelto a una premodernidad de sujetos precarios. Y, claro, la ciudad se ha tornado, incluso, en enemiga de lo urbano y la urbanidad: est&aacute; tomada por las hordas, la delincuencia, la droga, la violencia contra lo otro y los otros. Ya hay una literatura que empieza a dar cuenta de ello. Y el <em>Montacerdos </em>anunciaba ya el fin del mundo urbano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la entrevista que le hace Alessandra Miyagui, citada l&iacute;neas arriba, Julio Ortega va un poco m&aacute;s lejos en su entusiasmo por<em> Montacerdos </em>y su escepticismo con respecto del<em> mainstream </em>cuando afirma que los eventos literarios como festivales y concursos son <em>&ldquo;</em>una iglesia que&nbsp;entronizaba autores obispales&nbsp;desde&nbsp;jerarqu&iacute;as&nbsp;basadas en la mera consagraci&oacute;n de la prensa. De all&iacute; la obsolescencia de esa literatura ferial. La mejor narrativa va&nbsp;por otras v&iacute;as. Para m&iacute; uno de los textos m&aacute;s importantes del Per&uacute; del siglo XX&nbsp;es&nbsp;<em>Montacerdos</em>&nbsp;de Cronwell Jara, que muy pocos han le&iacute;do. Es una representaci&oacute;n del Per&uacute;&nbsp;moderno&nbsp;como infierno. O sea, como lugar ilegible, cuya violencia autodestructiva nos ha degradado. Jos&eacute; Mar&iacute;a Arguedas, en&nbsp;<em>Los r&iacute;os profundos</em>&nbsp;nos propuso una naci&oacute;n como Infierno. Y Mario Vargas Llosa lo ha hecho en su <em>Cinco esquinas</em>, que es una met&aacute;fora infernal, donde la comunicaci&oacute;n humana ha sido corrompida por la prensa amarilla.&nbsp;Y, &iquest;por qu&eacute; <em>Montacerdos</em> no est&aacute; en&nbsp;el primer lugar del&nbsp;canon peruano? Porque Cronwell Jara es un escritor ajeno a los purgatorios feriales&rdquo;.&nbsp;<em></em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Las pol&eacute;micas en la literatura peruana no han sido literarias, lamentablemente, sino pol&iacute;ticas, o sea, modestas&rdquo;</strong></p>
<p>- Hace casi quince a&ntilde;os, tuvo lugar un congreso en Madrid que reuni&oacute; a distintos autores peruanos. Ese congreso desemboc&oacute; en una &aacute;spera discusi&oacute;n que opuso a los autores en dos bandos, los &ldquo;andinos&rdquo;, por un lado, y los &ldquo;criollos&rdquo;, por otro. Al margen de los esquematismos,&iquest;qu&eacute; se puede sacar en limpio de dicha pol&eacute;mica? &iquest;Considera que expres&oacute; un estado de cosas verdadero?</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>- En limpio, muy poco. Las pol&eacute;micas en la literatura peruana no han sido literarias, lamentablemente, sino pol&iacute;ticas, o sea, modestas. M&aacute;s interesante me parece el debate sobre los cient&iacute;ficos sociales reproch&aacute;ndole a Jos&eacute; Mar&iacute;a Arguedas no ser m&aacute;s veraz. Una vez encontr&eacute; a Jos&eacute; Mar&iacute;a y me dijo que hab&iacute;a estado en un congreso de cient&iacute;ficos sociales en Chile, donde le hab&iacute;an tratado de convencer de que el ind&iacute;gena desaparecer&iacute;a. M&aacute;s o menos deprimido, se fue recorrer un mercado popular donde se encontr&oacute; con los discos de nuevos conjuntos, cantantes y m&uacute;sicas de origen andino... Y recuper&oacute; las esperanzas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;No cree que se trata de una pol&eacute;mica &mdash;la de los &ldquo;andinos&rdquo; contra los &ldquo;criollos&rdquo; &mdash; que opone presencia en medios y espacios acad&eacute;micos, junto con el reconocimiento, antes que opciones literarias? Es decir, me parece que dejando de lado el elemento ideol&oacute;gico enarbolado, las propuestas no parecen ser muy distintas. Me refiero a que, desde el 2005, a&ntilde;o de la pol&eacute;mica, la gran mayor&iacute;a de novelas peruanas se han consagrado al &aacute;mbito urbano y la tem&aacute;tica de la violencia&hellip; Resulta parad&oacute;jico que se denunciara la hegemon&iacute;a de un sector, pero que con los a&ntilde;os se redujera la diversidad en cuanto a exploraciones tem&aacute;ticas.</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>- En efecto, lo que demuestra que las pol&eacute;micas no son sino reposicionamientos pol&iacute;ticos, o sea dirimen el control de los poderes disponibles, que en la cultura son muy pocos y, por lo mismo, las pol&eacute;micas, abiertas o secretas, son m&aacute;s crudas y pasajeras.<strong> </strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Precisamente con respecto de la denominada pol&eacute;mica Julio Ortega escribi&oacute; en el diario <em>Per&uacute;21</em> (donde &eacute;sta se desencaden&oacute;) una nota que conclu&iacute;a de la siguiente manera: &ldquo;Si alguna lecci&oacute;n se puede deducir es que los andinos y los criollos no lo son tanto y, a pesar de frecuentar bares distintos, han le&iacute;do los mismos libros. Habiendo escrito sobre unos y otros en<em> El Pa&iacute;s </em>y otros lugares, y habiendo cedido mi lugar en el ya famoso Congreso de Madrid, me siento libre para pedirle<em> </em>[el cr&iacute;tico se dirige al director del diario que acogi&oacute; la pol&eacute;mica entre andinos y criollos, as&iacute; como la difundi&oacute; a nivel nacional]<em>, </em>a nombre del lector, que d&eacute; usted por finalizada la pol&eacute;mica y dedique ese espacio a mejores lecturas. Mucho me temo que entre las tantas injusticias peruanas no es menor la mala distribuci&oacute;n del espacio cultural. (&hellip;) El resentimiento, la envidia, el rencor, son pasiones banales. Empobrecen la imaginaci&oacute;n del lector. El Per&uacute;, seg&uacute;n Arguedas, se define como el lugar donde un hombre no puede hablar libremente con otro. Los escritores podr&iacute;an imaginar otro lugar sin negarse mutuamente. Que escriban mejor; ya los leeremos&rdquo; (<em>Peru21</em>, 16 de agosto de 2005).</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><strong>&ldquo;Por definici&oacute;n la mejor literatura rompe esquemas, rehace estilos, excede los g&eacute;neros&rdquo;</strong></p>
<p>- An&iacute;bal Quijano en<em> Colonialidad del poder </em>disocia colonialidad de colonialismo, el segundo se remitir&iacute;a a un momento hist&oacute;rico, mientras que el primero se referir&iacute;a a una violencia simb&oacute;lica todav&iacute;a tangible entre nosotros. &iquest;En qu&eacute; medida se manifestar&iacute;a la colonialidad en nuestra literatura? Pienso no s&oacute;lo a la manera en que se organizan las relaciones entre autores, sino tambi&eacute;n a la literatura en s&iacute;, sus tem&aacute;ticas e, incluso, intereses est&eacute;ticos&hellip;<em> </em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- He escuchado a An&iacute;bal y lo he le&iacute;do, despacio y con atenci&oacute;n, pero no estoy seguro que sus ideas sobre la colonialidad se puedan ilustrar con la buena literatura. Por definici&oacute;n la mejor literatura rompe esquemas, rehace estilos, excede los g&eacute;neros, y busca al lector que act&uacute;e esa deconstrucci&oacute;n de lo dado e inculcado, gracias al lenguaje, que nos ha hecho lo que somos, pero podr&iacute;a hacernos m&aacute;s cr&iacute;ticos, inventivos y solidarios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;L</strong><strong>os escritores de hoy somos todos hijos de la violencia&rdquo;</strong></p>
<p>- Pareciera que en t&eacute;rminos tem&aacute;ticos, al menos actualmente, se exploraran diversas formas de la memoria. Si consideramos la manera en que autores de distintos horizontes se han dedicado a abordar la denominada novela de la violencia pol&iacute;tica, pareciera que muchos buscan dar una forma literaria a la sangrienta historia peruana reciente. &iquest;Qu&eacute; le parece esta necesidad tan generalizada? &iquest;Obedece a inquietudes literarias? &iquest;Estar&iacute;amos, en ese sentido, ante cierta forma de compromiso literario?</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>- Lo menos que se puede decir es que los escritores de hoy somos todos hijos de la violencia. Cada generaci&oacute;n ha tenido su cuota de aprendizaje y su camino de negociaci&oacute;n con esa discordia feroz. La literatura no ha hecho sino procesar, internalizar y negociar con el lenguaje no una representaci&oacute;n literal de la violencia sino alguna forma de su ferocidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En esa l&iacute;nea de reflexi&oacute;n, me parece oportuno a&ntilde;adir lo que Julio Ortega explicaba en esa mencionada entrevista de Alessandra Miyagui: &nbsp;&ldquo;Lo que veo en la literatura reciente es el extrav&iacute;o de la comunidad. Se explora la precariedad&nbsp;de la naci&oacute;n, la ciudad, la familia...El Per&uacute; es una casa en ruinas, poblada de fantasmas, de&nbsp;violencia y corrupci&oacute;n. Se dice que Am&eacute;rica Latina nunca ha estado mejor que hoy, pero me temo que nunca ha sido m&aacute;s infeliz. El lenguaje est&aacute; herido, y los escritores negocian con&nbsp;ese&nbsp;r&eacute;dito de violencia un espacio de respiraci&oacute;n. De all&iacute; los retratos del patriarcado que hacen&nbsp;cuentas&nbsp;del extraordinario derroche de poca fe, que define al Per&uacute; contempor&aacute;neo. Los padres&nbsp;comparecen&nbsp;con sus versiones en las novelas y relatos de Ampuero, Cueto, Karina Pacheco,&nbsp;Renato Cisneros,&nbsp;Santiago&nbsp;Roncagliolo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La cr&iacute;tica de la violencia nos ocupar&aacute; mucho tiempo, ojal&aacute; pac&iacute;ficamente&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Encuentra similitudes formales entre las novelas de la violencia pol&iacute;tica? &iquest;Cu&aacute;les ser&iacute;an? De existir estas similitudes, &iquest;c&oacute;mo las explicar&iacute;a? &iquest;Compartir&iacute;an las mismas influencias literarias o se tratar&iacute;a, m&aacute;s bien, de una falta de riesgo est&eacute;tico a la hora de darle forma a la violencia, la voluntad m&aacute;s o menos consciente de plegarse a modelos hegem&oacute;nicos?</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>Espero que alguien est&eacute; escribiendo el libro que merece este tema. Nuestra historia social est&aacute; hecha por la violencia, que no es la excepci&oacute;n del sistema sino su naturaleza, de diverso modo desplegada pero implacablemente reproducida entre clases, grupos &eacute;tnicos, econom&iacute;as y opciones pol&iacute;ticas. A la violencia leg&iacute;tima, la de las instituciones del Estado, se a&ntilde;ade la violencia estructural, la mala distribuci&oacute;n, y, en fin, la violencia neur&oacute;tica de la vida cotidiana, que vemos reflejada en el esc&aacute;ndalo de la violencia de g&eacute;nero, y no s&oacute;lo en el Per&uacute;. Venezuela es un terrible ejemplo. Empezaron perdiendo espacios de la ciudad para luego, como me dijo un amigo poeta, perder la noche, y ahora, perder el pa&iacute;s. La cr&iacute;tica de la violencia nos ocupar&aacute; mucho tiempo, ojal&aacute; pac&iacute;ficamente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La violencia en la literatura es un modo de dirimir sus t&eacute;rminos m&aacute;s all&aacute; de los controles de la ley&rdquo;</strong></p>
<p>- Muchos consideran que, ante la falta de informaci&oacute;n o silenciamiento de los medios de comunicaci&oacute;n, la narrativa aborda el periodo de violencia pol&iacute;tica en toda su complejidad, no s&oacute;lo en lo relacionado con la complejidad social del fen&oacute;meno sino tambi&eacute;n la racial y de g&eacute;nero. &iquest;Estar&iacute;a de acuerdo con este punto? En otras palabras, con una literatura que no s&oacute;lo indagar&iacute;a formalmente las causas y las circunstancias del conflicto, sino que tambi&eacute;n cumplir&iacute;an un papel social que otros discursos letrados descuidar&iacute;an...</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em>- </em>En efecto, la violencia en la literatura es un modo de dirimir sus t&eacute;rminos m&aacute;s all&aacute; de los controles de la ley. No para resolverla sino para exponerla. Su representaci&oacute;n es un esc&aacute;ndalo de la inteligencia, porque pone en crisis el edificio mismo del lenguaje, y es un desaf&iacute;o de la representaci&oacute;n. Yo recomendar&iacute;a empezar por los cl&aacute;sicos: los ensayos sobre la banalidad del mal, de Hannah Arendt; los de Benjamin sobre la ley; los de Galtung sobre la violencia estructural. Y, claro, la poes&iacute;a de Paul Celan, que busc&oacute; ente el yidish, el alem&aacute;n y el franc&eacute;s, el lenguaje del poema que cifrara su experiencia, pero no lo encontr&oacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En otra entrevista a Julio Ortega, realizada por Marcos Fabi&aacute;n Herrera para <em>Aurora Boreal</em>, se nos dir&aacute; que, &ldquo;por un lado, estamos viviendo los peores tiempos: la corrupci&oacute;n, por un lado, que es el otro lado del mercado neoliberal, exento de controles; y, por otro, la violencia contra la vida cotidiana, tanto de los habitantes de la ciudad, que pierden su calidad de h&aacute;bitat, como en contra de los campesinos, ind&iacute;genas y migrantes internos, cuyos espacios son expoliados y sus estilos de vida criminalizados. El neoliberalismo es una conquista con buena conciencia, impune y hecha a nombre del mito de la modernidad. Y, sin embargo, la literatura es uno de los pocos espacios capaces de cierta libertad y ejercicio cr&iacute;tico, donde se resuelven los dramas que la justicia ni el estado de derecho pueden resolver. La literatura se ha hecho la prueba de nuestra sobrevivencia moral.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;L</strong><strong>e debo mi libertad a las mujeres, porque cuestionaron la ideolog&iacute;a cultural que nos impide todav&iacute;a reconocernos&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; comentario le merece la atenci&oacute;n la denominada literatura de g&eacute;nero? &iquest;Le parece un acercamiento antes que nada te&oacute;rico y metodol&oacute;gico o considera que, en el caso de la literatura peruana contempor&aacute;nea, inspira una manera espec&iacute;fica de concebir y hacer la literatura?</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>- Creo que las escritoras har&aacute;n lo que nosotros no hicimos: encontrar un lenguaje donde entre, en efecto, el desgarro peruano de la violencia de todo orden, &iexcl;si tanta violencia cabe en el lenguaje!, y se pueda forjar un discurso imaginativo y liberador, hecho no de m&aacute;s c&oacute;lera sino de l&aacute;stima y compasi&oacute;n. He dicho, y repito, que yo le debo mi libertad a las mujeres, porque cuestionaron la ideolog&iacute;a cultural que nos impide todav&iacute;a reconocernos.</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>Nada mejor para terminar esta conversaci&oacute;n a distancia pero c&oacute;mplice que recordar las palabras que el propio Julio Ortega escribiera en <em>Di&aacute;logos sobre g&eacute;nero, diferencia y literatura</em>. &ldquo;Al feminismo peruano le debo una parte de mi libertad. En este fin de siglo catastrofista, cuando las pestes ideol&oacute;gicas del machismo, el racismo y el mercantilismo se han impuesto otra vez, como si ninguna libertad hubi&eacute;semos ganado en los grandes debates de hace veinte a&ntilde;os, la hip&oacute;tesis de un di&aacute;logo reconstruido, capaz de instaurar la comunalidad de la palabra cr&iacute;tica y celebratoria, el don del lenguaje articulatorio, es tambi&eacute;n una apuesta por los m&aacute;s j&oacute;venes, por el porvenir, por la comunicad que nos incluya&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> <a href="http://www.elboomeran.com/blog/483/blog-de-julio-ortega/">http://www.elboomeran.com/blog/483/blog-de-julio-ortega/</a> (p&aacute;gina web del cr&iacute;tico).</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Wed, 27 Jun 2018 05:06:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Enrique Vila-Matas: excavando en el foso de Babel]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/enrique-vila-matas-excavando-en-el-foso-de-babel/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2018/vila500.jpg" alt="" /></p>
<p>Habitante fijo, fielmente diseccionado y minuciosamente seguido en la prensa y publicaciones literarias de referencia m&aacute;s importantes tanto de Espa&ntilde;a y Latinoam&eacute;rica como de Francia &ndash;y quien dice Francia, dada la enorme influencia cultural que sigue detentando este pa&iacute;s, dice en todo el panorama mundial- las obras de Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) son peri&oacute;dica y entusi&aacute;sticamente recibidas como aut&eacute;nticos cl&aacute;sicos contempor&aacute;neos. Sin ir m&aacute;s lejos, los mejores cr&iacute;ticos literarios y, sobre todo, los m&aacute;s c&oacute;mplices y hermanados, en ese gran &aacute;rbol gen&eacute;tico-literario que este autor ha ido construyendo, y revelando, libro tras libro, a lo largo del tiempo, le han dedicado brillantes p&aacute;ginas y ensayos en la patria de Voltaire y Rousseau o, si se prefiere, de Flaubert y Proust. Aunque en la patria tambi&eacute;n de Georges Perec, Julien Gracq y Raymond Roussel, autores muy queridos por este gran y fant&aacute;stico narrador, siempre en estado de gracia, siempre a bordo de una nueva y sorprendente reencarnaci&oacute;n, que es Vila-Matas. Autores inseparables de su literatura, transportados de un volumen a otro, hasta consagrarse, como otras muchas y selectas almas afines, en una especie de <em>numina</em> o esp&iacute;ritus protectores de car&aacute;cter port&aacute;til. Se puede decir que Enrique Vila-Matas -como Shakespeare en el conocido cuento de Borges- habr&iacute;a tomado la misma resoluci&oacute;n que el gran autor ingl&eacute;s: sufriendo por el hecho de no ser nadie, habr&iacute;a decidido ser todos. Heter&oacute;nimos, suplantadores, dobles, copistas, impostores, plagiarios, hombres portadores de mil m&aacute;scaras (&ldquo;se debe leer a todos los escritores dos veces, tanto a los buenos como a los malos; a los unos, se les reconocer&aacute;, a los otros, se les desenmascarar&aacute;&rdquo;, dec&iacute;a Karl Kraus) recorren la historia de la literatura universal, desde Avellaneda, Pierre Menard y el Ossian de Macpherson, pero sobre todo el siglo XX, del que se puede decir que Vila-Matas es el hijo, o uno de los hijos, m&aacute;s cualificados. Recordemos, por otro lado, la afici&oacute;n que ten&iacute;an los rom&aacute;nticos en autoclasificarse hijos de un siglo, como Alfred de Musset al titular su c&eacute;lebre novela&nbsp; de contenido en parte autobiogr&aacute;fico <em>La confesi&oacute;n de un hijo del siglo</em>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hablando de publicaciones literarias francesas de gran prestigio, hay que recordar que hace cinco a&ntilde;os, en un n&uacute;mero especial de la revista <em>Magazine Litt&eacute;raire</em>, Vila-Matas era el &uacute;nico autor en lengua espa&ntilde;ola en una apuesta muy rotunda de esta publicaci&oacute;n titulada &ldquo;las diez grandes voces de la literatura extranjera&rdquo;. Entre los diez elegidos para representar ese panorama global estaban varias voces anglosajonas de distintas generaciones (Zadie Smith, Richard Powers, Laura Kasischke y John Irving), un escandinavo (Arnaldur Indridason), tres premios Nobel (Alice Munro, Mo Yan y Orhan Pamuk) y una gran autora portuguesa como L&iacute;dia Jorge. En aquel caso abr&iacute;a el dossier dedicado a Vila-Matas uno de los autores franceses m&aacute;s interesantes de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, Bernard Quiriny, cuyos estupendos <em>Cuentos carn&iacute;voros</em> se iniciaban con un relato, a modo de pr&oacute;logo, de su amigo y c&oacute;mplice literario Enrique Vila-Matas. Se&ntilde;alaba Quiriny un hecho sumamente significativo: esa singular sorpresa con la que un lector que se inicia&nbsp; por primera vez en la lectura de un libro de Vila-Matas se encuentra. &ldquo;Son libros &ndash;dec&iacute;a este autor franc&eacute;s- que a uno le hacen lamentar el no ser profesor de universidad para distribuir temas infinitos de su obra para tesis igualmente infinitas&rdquo;. En efecto, al lector atento e incondicional (aunque se puede decir que todos sus lectores se convierten enseguida en incondicionales, teniendo en cuenta que Vila-Matas es posiblemente de los autores de nuestros d&iacute;as que m&aacute;s incondicionales crean) a ese lector sensible a sus incesantes juegos malabares literarios y a sus fascinantes laberintos bifurcados sin cesar en mil senderos llenos de significado, un aire especial, familiar, de la literatura de Vila-Matas le salta, siempre, inmediatamente a la vista. Lo hace m&aacute;s reconocible que ning&uacute;n autor, o casi ning&uacute;n autor, actual: la infinitud de lo narrado. Esos infinitos tent&aacute;culos y ramificaciones de un mismo tronco inicial que adquiere cada min&uacute;sculo movimiento emprendido por los protagonistas y narradores de cada relato. Las tramas; los personajes duplicados o no; los viajes del conocimiento de s&iacute; mismo o los lugares escogidos como huida; los hallazgos casuales; las lecturas infiltradas de otros autores; los azares y encuentros imprevistos (muchos de ellos sucedidos en caf&eacute;s, en esos caf&eacute;s que simbolizan, en palabras de Steiner, la &ldquo;identidad europea&rdquo;, como cuando el narrador, en un caf&eacute; de Par&iacute;s, se encuentra en una silla una carta reci&eacute;n abierta y abandonada dirigida a Jean-Luc Godard, cuando en un caf&eacute; de Frankfurt una vieja dama a lo D&uuml;rrenmatt se le acerca para decirle que ella tambi&eacute;n es port&aacute;til y que un d&iacute;a &ldquo;estrech&oacute; la mano de Edgar Varese&rdquo;, o cuando en el caf&eacute; de la plaza de Saint-Sulpice desde donde Perec espiaba horas y horas lo que all&iacute; pod&iacute;a verse &eacute;l tambi&eacute;n sigue con la misma tentativa de &ldquo;agotar un lugar parisino&rdquo;), todo ello forma una densa cadena perfectamente cohesionada y estructurada a trav&eacute;s de unas incesantes fragmentaciones y rupturas emprendidas desde aquel tronco inicial del que se parti&oacute;. Una cadena, un r&iacute;o narrativo que arrastra y lleva consigo todo lo que encuentra a su paso. Que se alimenta de dep&oacute;sitos y reservas de literatura en estado puro y del bombardeo continuo y cotidiano de est&iacute;mulos sensibles. Y lo hace de forma enormemente subyugante, adictiva, ligera, con toques de humor tan sutiles que a veces rozan lo imperceptible, pespunte&aacute;ndose todo sin cesar de reflexiones y apostillas que se encabalgan unos con otras, llenos de sentido y de deslumbrantes momentos de alta calidad y tensi&oacute;n ensay&iacute;stica.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; La de Vila-Matas en su conjunto conforma una literatura aut&oacute;noma, de gran originalidad, que crea su propia tradici&oacute;n en territorios dominados casi masivamente por el realismo. De todos modos, una literatura como la suya que despedaza muchos de los c&oacute;digos conocidos abrir&iacute;a brechas insospechadas en cualquier literatura y lengua de la que se tratase. El suyo es un proyecto literario sumamente coherente que avanza en el tiempo con una mezcla de fuerte cohesi&oacute;n y dial&eacute;ctica interna, libro tras libro. Y lo hizo ya desde sus inicios, y desde una casi inmediata notoriedad conseguida como magn&iacute;fico y singular novelista alejado del realismo, con obras como <em>Historia abreviada de la literatura port&aacute;til</em> &ndash;el legendario libro de g&eacute;nero mixto, entre ficci&oacute;n y ensayo, que lo lanz&oacute; a la fama en 1985, tras la publicaci&oacute;n de <em>Mujer en el espejo contemplando el paisaje</em>, <em>La asesina ilustrada</em> y <em>Al sur de los p&aacute;rpados</em>, en los a&ntilde;os 70- a la que seguir&iacute;an las novelas <em>Una casa para siempre</em>, <em>Extra&ntilde;a forma de vida</em>, <em>El viaje vertical</em>, <em>Bartleby y compa&ntilde;&iacute;a</em>, <em>Par&iacute;s no se acaba nunca</em>, <em>Doctor Pasavento</em>, <em>Dublinesca</em>, <em>Aire de Dylan</em>, <em>Kassel no invita a la l&oacute;gica</em> y la &uacute;ltima aparecida, <em>Mac y su contratiempo</em>. Pero tambi&eacute;n como autor de no menos espl&eacute;ndidos vol&uacute;menes de relatos como <em>Suicidios ejemplares</em>, <em>Exploradores del abismo</em> o <em>Chet Baker piensa en su arte</em>. Conforme ha ido avanzando en el tiempo, a esta parte m&aacute;s genuinamente narrativa y de ficci&oacute;n &ndash;si puede expresarse as&iacute;- de su bibliograf&iacute;a, una bibliograf&iacute;a de por s&iacute; siempre impregnada de reflexiones sobre la escritura y la literatura, sobre el oficio y la actitud sin reglas ni certezas fijas por parte de un artista en nuestro mundo contempor&aacute;neo, se ir&iacute;an a&ntilde;adiendo unos muy brillantes ensayos todo menos can&oacute;nicos, de g&eacute;nero mixto y contaminado, continuamente reinventados, deconstruidos, que dar&iacute;an la vuelta por completo al g&eacute;nero un d&iacute;a magistralmente inaugurado por el franc&eacute;s Montaigne. Ese es el caso de estupendos vol&uacute;menes, llenos de genialidad, como <em>El viajero m&aacute;s lento</em>, <span style="text-decoration: underline;">El traje de los domingos</span>, <span style="text-decoration: underline;">Para acabar con los n&uacute;meros redondos</span>, <span style="text-decoration: underline;">Desde la ciudad nerviosa</span>, <span style="text-decoration: underline;">El viento ligero en Parma</span>, <span style="text-decoration: underline;">Ella no era Hemingway. No soy Auster</span>, <span style="text-decoration: underline;">Perder teor&iacute;as</span>, <span style="text-decoration: underline;">Marienbad el&eacute;ctrico</span>, o el reciente y magn&iacute;fico volumen recopilatorio <span style="text-decoration: underline;">Una vida absolutamente maravillosa</span>. Por no citar un magn&iacute;fico <span style="text-decoration: underline;">Dietario voluble</span>, de los mejores en su g&eacute;nero escritos en nuestra lengua. Un g&eacute;nero, el ensayo, reinventado y autoapropiado a su forma y <em>estilo</em> (&ldquo;&iquest;qu&eacute; le queda a la novela?&rdquo;, se preguntaba Louis Ferdinand C&eacute;line, citado por Vila-Matas, y se respond&iacute;a: &ldquo;No le queda gran cosa, le queda el estilo: ese estilo hecho a partir de forzar las frases a salir ligeramente de su significado habitual, de sacarlas de sus goznes, forzando as&iacute; al lector a que desplace tambi&eacute;n su sentido&rdquo;). &ldquo;No hago autoficci&oacute;n ni metaliteratura. El error est&aacute; en leerme como un narrador, porque mi voz es la de un ensayista que utiliza al narraci&oacute;n como soporte&rdquo;, dir&aacute; de forma rotunda el mismo Vila-Matas en otro lugar. Todo formar&aacute; parte de un admirable y colosal contenedor musiliano &ndash;como en su d&iacute;a hizo &ldquo;Monsieur le vivisecteur&rdquo;, Robert Musil, al encapsular todo un siglo que agonizaba reci&eacute;n comenzado- que alterna autobiograf&iacute;a de un autor que en ocasiones apenas se disfraza, ensayos infiltrados y aut&oacute;nomos, fragmentos de diarios, o conferencias y viajes de car&aacute;cter acad&eacute;mico o no. Un contenedor inclasificable &ndash;algo sobre lo que ironizar&aacute; Vila-Matas hablando de&nbsp; Monterroso, cuyo libro <span style="text-decoration: underline;">Movimiento perpetuo</span>,&nbsp; que &ldquo;zigzaguea de un g&eacute;nero a otro, y pasa del ensayo al relato, y de &eacute;ste a la digresi&oacute;n o el divertimento&rdquo;, fue escrito &ldquo;antes de que hubiera tantos libros h&iacute;bridos e inclasificables como ahora&rdquo;- que conforma una seductora red caleidosc&oacute;pica, un cuadro cubista y picassiano perfectamente engarzado, un tapiz de &eacute;poca microdetallista y a la vez panor&aacute;mico. Un tapiz que habla del malestar del artista, del escritor que se plantea encrucijadas m&aacute;s all&aacute; de las salidas f&aacute;ciles del oficio; del hombre de su tiempo que sin cesar se hace preguntas ya sea sobre su papel en este mundo y en la &eacute;poca que le ha tocado, &eacute;tica y est&eacute;ticamente, vivir (&ldquo;todo escritor que ha conseguido un nombre y que lo impone sabe muy bien que, por este motivo, deja de ser escritor, pues administra posiciones como un burgu&eacute;s cualquiera&rdquo;, afirmaba Vila-Matas en su ensayo <span style="text-decoration: underline;">Alemania en oto&ntilde;o</span>, citando a Elias Canetti) como sobre el hipot&eacute;tico fin de los libros y de la Era Gutenberg, algo estelarmente presente en esa extraordinaria novela que es <span style="text-decoration: underline;">Dublinesca</span>. O que se lanza a reflexionar, siempre sin dejar de incorporar una corrosiva e incisiva iron&iacute;a, sobre la dial&eacute;ctica del arte contempor&aacute;neo debati&eacute;ndose sin cesar entre sus contradicciones, bien como pura mercanc&iacute;a de consumo bien como excelsa encarnaci&oacute;n del arte por el arte, liberado por fin de presiones de inversores y tendencias. Algo que Vila-Matas abordar&aacute; brillantemente, se podr&iacute;a decir que por primera vez en nuestra literatura, en ese ins&oacute;lito e inusual proyecto narrativo que funde lo m&aacute;s radical del arte contempor&aacute;neo con una literatura, la suya, no menos revolucionaria,&nbsp; d&aacute;ndose la mano, cara a cara, en <span style="text-decoration: underline;">Kassel no invita a la l&oacute;gica</span>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una de las claves, desde el primer acercamiento que efect&uacute;e un lector, de cualquier procedencia y pa&iacute;s, para penetrar en el fabuloso universo vilamatiano (tan fabuloso como para un ni&ntilde;o del XIX que entrara en el universo de Julio Verne) ser&aacute; abandonar inmediatamente las ideas recibidas, los clich&eacute;s que clasificaron y separaron estrictamente, hasta comienzos del siglo pasado, con la insumisa y dinamitadora irrupci&oacute;n de las vanguardias, no s&oacute;lo los g&eacute;neros y las disciplinas art&iacute;sticas, sino un realismo portador de reglas y leyes fijas e inamovibles. Un realismo que en el siglo de Joyce se tendr&aacute; que confrontar con la imaginaci&oacute;n en estado libre, sin cortapisas. Una imaginaci&oacute;n que mezcla la ficci&oacute;n pura con la no ficci&oacute;n, la narraci&oacute;n de historias con obras ensay&iacute;sticas, fragmentarias, reflexivas, insertadas a mitad del relato. Dif&iacute;cil, por tanto, encerrar en un solo campo a un narrador total como Vila-Matas, que utiliza y reutiliza todo &ndash;incluso gui&ntilde;os a obras propias anteriores, escasamente entendidas en su d&iacute;a, como suced&iacute;a en <span style="text-decoration: underline;">Mac y su contratiempo</span>-, que resucita e insufla de vida a lo que ha decidido callar, lo que no ha sido nunca escrito, como recordaba en <em>Bartleby y compa&ntilde;&iacute;a</em>, citando, entre otros muchos, al oulipiano Marcel B&eacute;nabou: &ldquo;Sobre todo no vaya usted a creer, lector, que los libros que no he escrito son pura nada. Por el contrario (que quede claro de una vez), est&aacute;n como en suspensi&oacute;n en la literatura universal&rdquo;. Se trata, fundamentalmente, de excavar zanjas, de llevar a cabo arduos trabajos e investigaciones en territorios oscuros y subterr&aacute;neos, vedados muchas veces a la vista de la mayor&iacute;a, como afirmaba Kafka en una carta a su amigo Brod (citado por Vila-Matas en <em>El mal de Montano</em>) hablando de &ldquo;los grandes temas y otras zarandajas&rdquo; (que Brod le recomendaba que emprendiera): &ldquo;&iquest;Qu&eacute; estoy construyendo? Quiero excavar un subterr&aacute;neo. Es preciso que se produzca alg&uacute;n progreso. Mi puesto es demasiado alto all&aacute; arriba (...) Estamos excavando en el foso de Babel".</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El manejo de numerosas citas en sus obras y art&iacute;culos ser&aacute; una manera de operar y apuntalar esas construcciones, o excavaciones como las llamaba Kafka, presentes desde el principio en este autor. Un di&aacute;logo incesante que emprende con los que le precedieron o los que contin&uacute;an sendas literarias para &eacute;l &ldquo;reconocibles&rdquo;. Algo que viene a ser tambi&eacute;n una forma de encadenar una continuidad dentro de una historia &ndash;la historia de la literatura en su conjunto- ininterrumpida. En su ensayo <em>Una proposici&oacute;n inmodesta</em>, el gran poeta y ensayista ruso-americano Joseph Brodsky dec&iacute;a que&nbsp; cada generaci&oacute;n transporta consigo &ldquo;una parte del futuro de los que ya han muerto&rdquo;. Con ellos conforma &ldquo;una reserva gen&eacute;tica, una poes&iacute;a que precede&rdquo;. La familia gen&eacute;tica, el &aacute;rbol natural geneal&oacute;gico de Vila-Matas, los autores con los que sin cesar conversa en sus art&iacute;culos o en sus libros ser&iacute;an, entre otros, Walter Benjamin y Giorgio Agamben, Thomas Bernhard y Glenn Gould, Sergio Pitol y Augusto Monterroso, Erik Satie y Chet Baker, Antonio Tabucchi y Jean Echenoz, Jorge Luis Borges e Italo Calvino, Montaigne y Lichtenberg, Witold Gombrowicz y Samuel Beckett, Michel Leiris y Julien Gracq, Robert Walser y Frank Kafka, Hofmannsthal y Musil, Georges Perec y Raymond Roussel, Lorca y G&oacute;mez de la Serna. Isaac Bashevis Singer, en una conversaci&oacute;n incluida en el estupendo libro de encuentros, lecturas y entrevistas de Philip Roth titulado <em>El oficio: un escritor, sus colegas y sus obras</em>, lo llamar&iacute;a &ldquo;afinidades espirituales&rdquo;: &ldquo;La primera impresi&oacute;n que tuve al leer a Bruno Schulz fue que escrib&iacute;a como Kafka; me atrevo a decir que entre Schulz y Kafka existe lo que Goethe llama <em>Wahlverwandtschaf</em>, una afinidad espiritual electiva&rdquo;.</p>
<p>&nbsp; &nbsp;&nbsp;En su ensayo &ldquo;Me llamo Tabucchi como todo el mundo&rdquo;, Enrique Vila-Matas se refer&iacute;a a su afici&oacute;n a las citas tan frecuentes en sus libros y art&iacute;culos, a estos apoyos narrativos proporcionados por las obras de otros o, si se prefiere, a esa &ldquo;poes&iacute;a que precede&rdquo; de la que hablaba Brodsky: &ldquo;Muchas veces me han preguntado &ndash;mejor dicho, reprochado, como si hubiera cometido alg&uacute;n delito- por qu&eacute; trabajo tanto con citas de autores. A esta pregunta mec&aacute;nicamente les contesto que practico una literatura de investigaci&oacute;n y que, como dice Juan Villoro, leo a los dem&aacute;s hasta volverlos otros. Este af&aacute;n de apropiaci&oacute;n &ndash;sigo dici&eacute;ndoles- incluye mi propia parodia (&hellip;) No nos enga&ntilde;emos: escribimos siempre despu&eacute;s de otros. En mi caso, a esa operaci&oacute;n de ideas y frases de otros que adquieren otros sentido al ser retocadas levemente, hay que a&ntilde;adir una operaci&oacute;n paralela y casi id&eacute;ntica: la invasi&oacute;n en mis textos de citas literarias totalmente inventadas que se mezclan con las verdaderas&rdquo;. Algo que Vila-Matas seguir&iacute;a apuntalando extensamente en su brillante ensayo <span style="text-decoration: underline;">Intertextualidad y metaliteratura</span> (incluido en un volumen de conversaciones indispensable para adentrarse en su vida y obra, firmado junto a su gran c&oacute;mplice y traductor franc&eacute;s Andr&eacute; Gabastou, <span style="text-decoration: underline;">Fuera de aqu&iacute;</span>): &ldquo;Algunas de mis citas inventadas han hecho extra&ntilde;a fortuna y larga carrera y confirman que en la literatura unos escribimos siempre despu&eacute;s de otros. Y a m&iacute; no me causa problema recordar frecuentemente esa evidencia. As&iacute; se da el caso, por ejemplo, de que se atribuye cada d&iacute;a m&aacute;s a Marguerite Duras una frase que no ha sido nunca de ella: &lt;Escribir es intentar saber qu&eacute; escribir&iacute;amos si escribi&eacute;semos&gt;. Lo que realmente dijo es algo distinto y tal vez m&aacute;s embrollado: &lt;Escribir es intentar saber qu&eacute; escribir&iacute;amos si escribi&eacute;semos &ndash;s&oacute;lo lo sabemos despu&eacute;s-antes&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una posible definici&oacute;n para un autor que se resiste a tenerlas como es el caso de Vila-Matas ser&iacute;a la de buscador incesante, la de un terco y obcecado arque&oacute;logo de la escritura y todo aquello susceptible de clasificarse como literario. Por exceso o por defecto, como suced&iacute;a entre dram&aacute;tica e ir&oacute;nicamente con el padre e hijo de esa obra absolutamente deslumbrante como diagn&oacute;stico del malestar de una cultura &ndash;tal y como hicieron entre finales y comienzos del siglo pasado la fant&aacute;stica generaci&oacute;n de vieneses, con nombres como Schnitzler, Hofmannsthal, Wittgenstein, Sch&ouml;nberg, Egon Schile, Kokoschka y Musil, entre otros- que es <em>El mal de Montano</em>. Vila-Matas es un creador que, insistentemente, jam&aacute;s ha dejado de buscar lo que se esconde detr&aacute;s de las cosas. O, si se prefiere, detr&aacute;s de un simple y nimio punto del universo, su querido y admirado Georges Perec, autor precisamente del libro <em>Les Choses</em>. Vila-Matas encarna la figura del narrador nato que con hechos extraordinarios injertados en realidades prosaicas lanza a explorar con ah&iacute;nco a sus protagonistas, de identidades dudosas o volubles -como se&ntilde;alaba el t&iacute;tulo de su excelente <em>Dietario</em>- m&aacute;s all&aacute; de sus universos confortables y conocidos, m&aacute;s all&aacute; de sus abismos rutinarios. Y lo hacen desde puntos de lo m&aacute;s variado: desde Lisboa a Veracruz, desde N&aacute;poles a Dubl&iacute;n, desde Barcelona a Par&iacute;s, desde las Azores a Herisau, en perpetuos viajes inici&aacute;ticos, aunque ya se hubiera iniciado todo en la vida. As&iacute; sucede con el Federico Mayol de <em>El viaje vertical</em>, con el Samuel Riba de <em>Dublinesca</em> o con el narrador de <em>Doctor Pasavento</em><span style="text-decoration: underline;">.</span> Viajes rebosantes de cambios y rupturas, de significados ocultos y verdades reveladas. Ese ser&aacute; el objeto &uacute;ltimo en estas trepidantes aventuras tan geogr&aacute;ficas como mentales y existenciales: capturar verdades repetidamente provisionales e inestables, m&oacute;viles y fr&aacute;giles, sin cesar cuestionables. M&oacute;viles por ser tercamente buscadas y puestas en cuesti&oacute;n. Porque no se dejan de pensar, de forma distinta, una y otra vez, las mismas cosas. Un &ldquo;pensamiento m&oacute;vil&rdquo; fundamental como punto de partida, sin cesar planteado por grandes pensadores como Foucault. Sabemos que existimos, lo decimos y lo afirmamos, pero no sabemos qui&eacute;nes somos, ni de d&oacute;nde provenimos exactamente, o hacia donde nos dirigimos. El autor se difumina cada vez m&aacute;s y desaparece tras el escudo protector, tras la m&aacute;scara, que es su obra (&ldquo;&iquest;y si escribir es, en el libro, hacerse legible para todos e indescifrable para uno mismo?&rdquo;, se preguntaba Blanchot, citado en <em>Dublinesca</em>). Todo es fruto de una gran incerteza (&ldquo;por favor, no me deje solo entre personas llenas de certezas, porque es terrible&rdquo;, rogaba Tabucchi). Ese desprecio por la presencia continuada y concreta del autor, m&aacute;s que por &ldquo;la singularidad de su ausencia&rdquo;, por su alejamiento o por su absoluta vocaci&oacute;n de soledad, lo expres&oacute; brillantemente el mismo Vila-Matas, de la siguiente manera: &ldquo;El verdadero triunfo, aquel &lt;prestigio propio&gt; del que un d&iacute;a hablara Juan Benet, la verdadera y sublime gloria literaria estribar&iacute;a pues en no ser descubierto en el escondite, no ser reconocido. Despu&eacute;s de todo, ya hace a&ntilde;os que surgi&oacute; la pregunta entre nosotros y muchos de mi generaci&oacute;n nos hicimos circunspecto eco de ella. Hablo de cuando nos pregunt&aacute;bamos, casi obsesivamente, qu&eacute; era exactamente un autor. Tal vez ser un autor sea hacerse el muerto, situarse en el lugar del difunto, y no perder de vista ciertas perspectivas que abrieron pensadores como Foucault, para quien lo que la escritura pone en cuesti&oacute;n no es tanto la expresi&oacute;n de un sujeto que escribe cuanto la apertura de un espacio en el que el sujeto que escribe no cesa de desaparecer&rdquo;. Juegos de identidades esquivas y de obstinadas desapariciones que son emprendidas siempre con un ambiguo y delicado equilibrio entre &ldquo;seriedad&rdquo; y &ldquo;falta de seriedad&rdquo;, como se recordaba en ese maravilloso cl&aacute;sico sobre la idea del juego que atraviesa todos los tiempos y toda la historia de la humanidad que es <em>Homo ludens</em> del holand&eacute;s Huizinga: &ldquo;Todo el arte est&aacute; ligado al juego (&hellip;) El rasgo com&uacute;n que constituye la verdadera esencia de todo juego, ya sea animal, infantil o adulto, &uacute;nicamente se puede definir de forma negativa, es decir, como algo <em>falto de seriedad</em>. A la vez, el juego &ndash;competici&oacute;n, juego de azar, ingenio o suerte, ajedrez o apuestas- para poder ser considerado como tal, &iexcl;tiene que ser serio!&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; La duda y el v&eacute;rtigo de la duda, la impostura y sus fantasmas, las identidades m&oacute;viles y vagabundas, la tiran&iacute;a de la masa sobre la autonom&iacute;a del individuo, revelan la angustia y el malestar que recorre gran parte de lo mejor de la literatura del pasado siglo, desde Kafka, Thomas Bernhard, Canetti, Cioran o Handke. A fin de cuentas los impostores, ventr&iacute;locuos en busca de una voz propia, los fingidores pessoanos que se pasean por gran parte de la literatura de Vila-Matas, borrando sus propias huellas al contacto con los otros, act&uacute;an como el <em>Zelig</em> de Woody Allen, se rebelan contra la codicia, avidez sin sentido, ansias de dominaci&oacute;n y mediocridad amenazante del mundo que les rodea, que no deja de sitiarlos. Y quien dice rebeld&iacute;a contra la mediocridad ambiental, dice tambi&eacute;n insumisi&oacute;n radical a la hora de negociar los t&eacute;rminos obligados, las convenciones forzadas, con la realidad que nos rodea. Una realidad que muchas veces traduce una enorme violencia provocada por cargas e imposiciones incomprensibles; que reproduce a cada paso una dureza inusitada provocada por la arrogancia y el complot continuado de &ldquo;la mediocridad y el delirio&rdquo;, t&eacute;rminos acu&ntilde;ados en su d&iacute;a por el estupendo escritor que es Hans Magnus Enzensberger.&nbsp; Un delirio que roza, entre salvaci&oacute;n y maldici&oacute;n, a no pocos de los personajes de este gran inventor, Enrique Vila-Matas, de cortocircuitos y fugaces rel&aacute;mpagos en el reino tanto de lo cotidiano como de lo extraordinario. O dicho con otras palabras: de narraciones sin fin que ponen en pie e imaginan &ldquo;lo que pasa cuando no pasa nada&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 27 Jun 2018 05:02:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los firmamentos de la narrativa peruana contemporánea]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/los-firmamentos-de-la-narrativa-peruana-contemporanea/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2018/vargas500.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>Literatura peruana y nada m&aacute;s</strong></p>
<p>Hablar de literatura peruana actual supone asumir demasiados riesgos. No me refiero solamente a las susceptibilidades que est&aacute;n en juego, ni siquiera a la inevitable omisi&oacute;n de nombres y t&iacute;tulos, sino a la cercan&iacute;a con el objeto. Estamos obligados a observar cada detalle, por m&iacute;nimo que sea, con la esperanza de que sea m&aacute;s general que el resto, la ilusi&oacute;n de que se trata de una caracter&iacute;stica antes que un accidente. Ajeno al pensamiento doctrinario, no puedo m&aacute;s que proponer una reflexi&oacute;n que aborde aspectos valiosos a la hora de pensar en lo que denominamos literatura peruana. Esa reflexi&oacute;n, antes un ensayo err&aacute;tico que un estudio erudito, un ensayo que plantea a la vez que especula, se encuentra determinada por mis intereses y mi situaci&oacute;n: por un lado, mis lecturas y afinidades, los libros que cayeron en mis manos, incluso los que busqu&eacute; desesperadamente en distintas librer&iacute;as sin encontrarlos jam&aacute;s; por otro, el hecho de que tengo publicadas unas novelas, alg&uacute;n libro de relatos, unos ensayos que me incorporan a ese horizonte que pretendo observar. Cuando hablo de literatura peruana, entonces, lo hago como lector y tambi&eacute;n como alguien que conoce algunos de sus entresijos por ser parte de ella. Como es evidente, la conciencia de esta dualidad no me impedir&aacute; deslizarme en lo veleidoso, incluso el capricho. Quiz&aacute; deber&iacute;a hacer como Bartleby, el personaje de Melville y sentenciar, antes de seguir con estas l&iacute;neas, que &ldquo;preferir&iacute;a no hacerlo&rdquo;.</p>
<p>Descreo en la posibilidad de definir una literatura en funci&oacute;n de un car&aacute;cter nacional. Antes que ser un conjunto susceptible de ser ordenado y definido, la literatura es la caprichosa alineaci&oacute;n de azares, arbitrariedades y contingencias. Quien considere lo contrario no ha entendido su naturaleza &iacute;ntima. Alguien deber&iacute;a escribir la historia literaria desde otro &aacute;ngulo, prestando atenci&oacute;n a la forma en que los silencios, las omisiones, junto con los olvidos, van deline&aacute;ndola. Por ejemplo, la manera en que el incendio de la Biblioteca de Alejandr&iacute;a &mdash;estrella que se apaga para siempre contra el firmamento&mdash; determin&oacute;, por negaci&oacute;n, la historia literaria. &iquest;Cu&aacute;ntos libros geniales que nunca le&iacute;mos ardieron para siempre, dej&aacute;ndonos en la imposibilidad de comprender cabalmente aquellos libros que sobrevivieron, esos que cimentaron gran parte de la tradici&oacute;n? En otras palabras, me mortifica que una delimitaci&oacute;n geogr&aacute;fica, aliada con un corte temporal, imponga una unidad y coherencia, cuando todo no es m&aacute;s que una acumulaci&oacute;n de accidentes. Quien mira el cielo est&aacute; observ&aacute;ndose a s&iacute; mismo, las constelaciones no existen m&aacute;s que en la cabeza de quien pretende descifrar.</p>
<p>&iquest;Por qu&eacute;, pues, me entusiasm&oacute; tanto la idea de presentar la ficci&oacute;n nacional? Dedico a la literatura peruana una gran parte de mi tiempo como lector. Quiz&aacute;, junto con la literatura francesa, sea la que me interpele m&aacute;s, puesto que hay una parte de m&iacute; mismo en ella, la parte que debo a mi infancia y adolescencia, esos periodos en los que se descubre la ficci&oacute;n con una mezcla de fervor y alegr&iacute;a. Mis primeras lecturas escolares, las que detest&eacute; con la convicci&oacute;n de lo impuesto, me ense&ntilde;aron lo que nunca deb&iacute;a buscar en la lectura y tambi&eacute;n la escritura. A&ntilde;os despu&eacute;s ocurri&oacute; lo opuesto cuando descubr&iacute; a Jos&eacute; Mar&iacute;a Arguedas, Mario Vargas Vargas Llosa y Gamaliel Churata, junto con poetas como Blanca Varela, Jos&eacute; Mar&iacute;a Eguren y Emilio Adolfo Westphalen, entre otros. Desde que los le&iacute;, me siento indisociablemente vinculado con la literatura peruana, siempre estoy dispuesto a seguir descubri&eacute;ndola, pese a que mi vocaci&oacute;n inicial, cada vez m&aacute;s recalcitrante, me lleve a leer literatura sin etiquetas (sea lo que esto signifique). Vivo en el exilio europeo, casi dos d&eacute;cadas ya, cada vez m&aacute;s lejos de mis recuerdos peruanos, pero con los a&ntilde;os he logrado reunir una biblioteca, a la que acudo cada d&iacute;a para hojear una novela, leer un verso o cualquier cuento de la tradici&oacute;n peruana. Si nunca m&aacute;s regresar&eacute; a mi pa&iacute;s para vivir en &eacute;l, lo hago cada vez que abro un libro del Inca Garcilaso de la Vega, recorro los versos de Javier Heraud o vuelvo a leer un relato de Luis Loayza.</p>
<p>&nbsp;El verdadero regreso al pa&iacute;s, a la ciudad de origen, no es el de la experiencia, sino el de la memoria, y con la memoria, el de la fantas&iacute;a.&nbsp;</p>
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<p><strong>Ciudades de papel</strong></p>
<p>Como ocurri&oacute; con muchos de mi generaci&oacute;n, la literatura y la imagen de Mario Vargas Llosa determinaron gran parte de mi acercamiento a la literatura. Cuando la historia peruana hac&iacute;a pensar en una noche f&uacute;nebre, la lectura de <em>La casa verde</em>, <em>Conversaci&oacute;n en la Catedral</em> y <em>La ciudad y los perros </em>me entreg&oacute; esa exaltaci&oacute;n frente a la vida, sus injusticias, cu&aacute;nto de violencia hay en ella, pero tambi&eacute;n de redenci&oacute;n, de voluntad de seguir adelante. Si hay algo, por sobre todo, que re&uacute;ne a las tres novelas de Mario Vargas Llosa es la manera en que materializan una identidad literaria para las ciudades. A partir de esas ficciones, las ciudades alcanzaron una cualidad ficcional leg&iacute;tima y susceptible de ser escuchada, discutida, cuando no refutada. Eso explica que las ciudades se convirtieran en el espacio predilecto de autores contempor&aacute;neos a Mario Vargas Llosa y, sobre todo, quienes le sucedieron como Alfredo Bryce Echenique, Augusto Higa Oshiro, Alonso Cueto y Pilar Dughi, solo por citar algunos.</p>
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<p>Hoy en d&iacute;a, la literatura peruana es antes que nada urbana. Si antes otros espacios, como el andino o el forestal, fueron privilegiados o sirvieron de contrapeso a la emergencia de la ciudad, ahora &eacute;sta ha terminado por fagocitarlo todo. Desde los colegios, hasta las prisiones, pasando por las casas de familia, las iglesias, incluso los prost&iacute;bulos, todos los espacios parecen convergir en un sentido singular que los trasciende e incluye en una red de significaciones no necesariamente coherentes entre s&iacute;. A diferencia de ficciones fundadoras como las de Julio Ram&oacute;n Ribeyro, Enrique Congrains y Sebasti&aacute;n Salazar Bondy &mdash;por mencionar algunos de quienes interrogaron a la urbe de la manera m&aacute;s intensa&mdash;, con el pasar de los a&ntilde;os, ya no se trata tanto de un espacio de encuentros y desencuentros entre los ciudadanos. Tampoco de un territorio susceptible de ser conocido (y representado) en sus m&aacute;s rec&oacute;nditos pliegues, como si la ficci&oacute;n fuera el suced&aacute;neo natural de la heterogeneidad, lo m&uacute;ltiple, eso que fluye sin cesar. La literatura actual apuesta por mostrar ciudades en crisis, espacios habitados por la fractura, lugares inoculados de prejuicios, resentimientos, infamias y deseos de redenci&oacute;n. La ambici&oacute;n de la totalidad ha dejado su lugar a la necesidad de lo m&uacute;ltiple o, incluso, lo descompuesto.</p>
<p>Pareciera que los sue&ntilde;os de las generaciones precedentes se estrellaron contra lo incognoscible de una ciudad donde los j&oacute;venes no tienen m&aacute;s referentes, necesitan sobrevivir a cualquier precio, aunque esto signifique destruir a los dem&aacute;s. Guardando las distancias que las inquietudes y las voluntades est&eacute;ticas imponen, pienso en el maravilloso libro de relatos <em>La casa del Cerro el Pino</em> (2012) de Oscar Colchado Lucio, tambi&eacute;n en <em>Hudson el redentor</em> (2001) de Diego Trelles Paz, o incluso en <em>Punto de fuga </em>(2007) de Jerem&iacute;as Gamboa. En dichos libros los personajes evolucionan en un espacio que no los reconoce, los agrede sin descanso con su racismo, su sociedad de castas o su falta de poes&iacute;a. La adversidad empuja a recorrer las ciudades &mdash;muchas veces a pie, solo o con amigos igual de confundidos&mdash;, con el sentimiento de haber extraviado algo que ni siquiera se conoci&oacute;, una especie de entusiasmo, cierta esperanza. En lugar de lanzarse en b&uacute;squeda, o tan si quiera interrogarse como Santiago Zavala en <em>Conversaci&oacute;n en la catedral</em>, todos se someten a su suerte y se resignan a la cat&aacute;strofe que no deja nada en pie, si no es una realidad en ruinas.<strong> </strong>La posibilidad de ficcionalizar la experiencia urbana desde el cuento permite hacerlo como si &eacute;sta fuera un fragmento, una arista de algo que ya no existe o no se puede alcanzar m&aacute;s. Por otro lado, la sumatoria de todos estos textos no constituye un mosaico, con todo coherente a pesar de su multiplicidad, sino un fractal en el que cada punto env&iacute;a al otro, sin generar regularidad alguna.</p>
<p>Cuando se trata de las novelas, una gran parte de ellas ha seguido la l&iacute;nea fijada por <em>Al final de la calle</em> (1993) de Oscar Malca. Imperfecta, desma&ntilde;ada, <em>Al final de la calle </em>tiene el doble m&eacute;rito de haber cristalizado una forma para la ciudad <em>underground</em> de los noventa y de haberlo hecho con una insobornable vitalidad. Quiz&aacute; el ejemplo m&aacute;s acabado del ascendiente de dicha novela en la literatura actual, por ser un ep&iacute;gono pero uno que abre nuevas puertas, sea el de <em>Generaci&oacute;n cochebomba</em> (2007) de Mart&iacute;n Rold&aacute;n Ruiz. En <em>Generaci&oacute;n cochebomba</em> se lleva a su l&iacute;mite esa necesidad de explorar, junto con el malestar pol&iacute;tico y social, los avatares de toda una generaci&oacute;n de j&oacute;venes a punto de ahogarse, s&oacute;lo sujetos de la m&uacute;sica, el alcohol, las drogas. En la misma l&iacute;nea podemos ubicar la literatura de Richard Parra quien, despu&eacute;s de haber dado a conocer un libro de cuentos y otro de <em>nouvelles</em>, public&oacute; <em>Los ni&ntilde;os muertos</em> (2015), novela en la que afloran potenciados sus demonios, a los que da una expresi&oacute;n literaria m&aacute;s contundente que en sus anteriores entregas. El lenguaje que utiliza lleva al lector a los l&iacute;mites de la experiencia, esas regiones en las que la literatura busca metaforizar la naturaleza humana como estrechamente vinculada al Mal. El espacio de la ciudad es el teatro de las sombras fugitivas de una justicia, un asomo de empat&iacute;a y solidaridad que no llegan a cuajar porque, al margen de breves momentos, la violencia asoma por todas partes.</p>
<p>Hay autores en b&uacute;squeda de una imagen m&aacute;s acorde con lo que es la nueva ciudad de Lima, nunca est&aacute;tica, en movimiento permanente. Si la ciudad ya no es lo que fue es porque los centros han perdido envergadura, los polos se han reforzado, el mismo espacio se ve sometido a un crecimiento que subraya el desorden, la falta de planificaci&oacute;n, las diferencias sociales. Al mismo tiempo, emergen nuevos c&oacute;digos para estar en la ciudad, no s&oacute;lo individuales, sino sobre todo sociales, que reivindican una especificidad al margen de los circuitos cl&aacute;sicos. Uno de los autores que m&aacute;s intensamente ha interrogado la nueva Lima es Giovanni Anticona. A lo largo de tres a&ntilde;os, trabaj&oacute; en el proyecto novel&iacute;stico dedicado a los conos lime&ntilde;os: <em>Lima Norte</em> (2009), <em>Lima Sur</em> (2011) y <em>Lima Este</em> (2012). Entre la sociolog&iacute;a y la literatura, aunque casi siempre privilegiando esta &uacute;ltima, el proyecto de Anticona apunta una sensibilidad emergente frente a la realidad urbana. Si antes se pretend&iacute;a a la novela de corte urbano con voluntad totalizadora, ahora no podemos m&aacute;s que aspirar a una ficci&oacute;n que delinea un recorrido, el cual es a la vez una ausencia a m&uacute;ltiples niveles. Y tanto mejor as&iacute;.</p>
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<p><strong>M&aacute;s all&aacute; de la ciudad</strong></p>
<p>La llegada del nuevo milenio estuvo marcada por la di&aacute;spora. De pronto, Par&iacute;s, Berl&iacute;n o Nueva York, pero sobre todo Madrid y Barcelona, acogieron a numerosos autores o aspirantes a escritores que buscaron en esas ciudades lo que su pa&iacute;s ya no ofrec&iacute;a. Nunca podremos saber hasta qu&eacute; punto el fujimorismo pulveriz&oacute; la posibilidad de generar una red de librer&iacute;as, un flujo de editoriales, una comunidad de lectores, una generaci&oacute;n de autores. En cualquier caso, por negaci&oacute;n, contribuy&oacute; a que los escritores exploraran, con renovado inter&eacute;s, con intensa necesidad, lo que hab&iacute;a detr&aacute;s de las fronteras. Escritas desde los bordes, las ficciones que recrean la experiencia del exilio son tanto una constante como una obsesi&oacute;n. La tradici&oacute;n nacional se ha ido enriqueciendo con los viajes de sus autores, viajes que son renuncia, calculada o impuesta, a una pertenencia, una lengua y tambi&eacute;n cultura, pero tambi&eacute;n son asimilaci&oacute;n de nuevas coordenadas profesionales, familiares y afectivas. Las mismas que interpelan a muchos autores peruanos y que los lleva a pasar por el filtro del lenguaje las lejanas vivencias.</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; es lo que caracterizar&iacute;a a la literatura peruana actual cuando se trata de vivir en el extranjero? Muchas veces, se trata del testimonio ficcional de un descubrimiento progresivo, ineluctable, junto con lo que significa vivir en otras regiones. Al mismo tiempo, se busca interrogar una esencia profunda, aquello que se dej&oacute; detr&aacute;s. Lo sabemos todos, la historia es vieja: Ulises nunca pens&oacute; m&aacute;s en &Iacute;taca que cuando miraba a lo lejos el horizonte e intentaba descifrar la distante isla. Todo esto en un mundo como el del siglo XXI, donde las ciudades son torres de babel modernas, en las que se puede cruzar gente de todas las nacionalidades, otros exiliados con los cuales tejer redes de solidaridad, pero tambi&eacute;n frente a los cuales reconocer la especificidad de nuestras soledades. Desde luego, no pretendo reunir bajo un solo r&oacute;tulo propuestas como las de Jorge Cuba Luque, Grecia C&aacute;ceres, Gabriela Wiener, Walter Ling&aacute;n, Santiago Roncagliolo, Gunter Silva, Sergio Galarza y tantos otros que se han detenido en las figuras del migrante, el exiliado y en menor medida el paria. Lo que me importa es mostrar que, desde comienzos del siglo XXI, las ficciones del exilio &mdash;donde se mezcla el <em>roman d&rsquo;aprentissage</em> con cierta vena picaresca, sin olvidar los tonos que van del corrosivo hasta el &iacute;ntimo, pasando por la parodia&mdash; han reivindicado un espacio aparte en nuestras letras.</p>
<p>Me resulta curioso, en ese sentido, advertir el poco lugar que se les da en la cr&iacute;tica lime&ntilde;a. Quiz&aacute; sea porque se detienen tem&aacute;ticas que divergen con las de los autores locales. Tambi&eacute;n porque acaso no exista la conciencia de que, poco a poco, ha cristalizado una literatura del exilio, con sus propios intereses y exploraciones. Al margen de cualquier tentativa de definici&oacute;n, estoy convencido de que ser&aacute; una de las grandes l&iacute;neas de la literatura peruana en el futuro. Junto con la globalizaci&oacute;n emerge la voluntad de llevar hasta sus l&iacute;mites &uacute;ltimos la vocaci&oacute;n de ser otro o confundirse, si es que no fusionarse, en las nuevas ciudades; o bien, la necesidad de afirmarse en una identidad que se siente precaria. Los peregrinos en patria ajena se reconocen en una mirada, un intercambio de palabras, pero sobre todo en el recuerdo del pa&iacute;s dejado detr&aacute;s, con tanto rencor como nostalgia. La literatura es ese dep&oacute;sito de recuerdos, pero tambi&eacute;n ese espacio abierto a la experiencia, ella entrega u horizonte, pero no definido, sino susceptible de ser desplazado, transformado, enriquecido gracias a la palabra que recorre el mundo para ser m&aacute;s cristalina.</p>
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<p><strong>Las formas de lo pol&iacute;tico</strong></p>
<p>Entre el adentro y el afuera, hay una forma novelesca que en su tem&aacute;tica y sus alcances plantea un nuevo horizonte, m&aacute;s atento al tiempo que al espacio, m&aacute;s sensible a la Historia que a la ciudad, pese a que muchas veces &eacute;sta tambi&eacute;n sea su paisaje en ruinas, su escenario del conflicto. Me refiero a lo que se ha venido a denominar, casi de manera alternativa, pese a que son t&eacute;rminos que aluden a aspectos distintos, como &ldquo;novela de la memoria&rdquo; o &ldquo;ficci&oacute;n de la violencia&rdquo;. En cualquier caso, se trata de un grupo cada vez m&aacute;s creciente en el que, desde la ficci&oacute;n, se aborda el terrible periodo de violencia interna que desgarr&oacute; a la sociedad peruana entre los a&ntilde;os ochenta y noventa. &iquest;Qu&eacute; diferenciar&iacute;a a estas ficciones de otras expresiones letradas como los art&iacute;culos acad&eacute;micos, los informes promovidos por el Estado, los documentos autobiogr&aacute;ficos, incluso las notas period&iacute;sticas? Lo propio de la ficci&oacute;n radica en el hecho de que se busque llevar al papel la complejidad inherente al conflicto, sin buscarle una respuesta o una explicaci&oacute;n. Esto no excluye, desde luego, una profunda indagaci&oacute;n moral en la que se alterna la necesidad de ahondar en las fracturas sociales con la voluntad de mostrar, tanto a nivel social como individual, las secuelas que a&uacute;n siguen vigentes. Algo m&aacute;s: all&iacute; donde el periodismo, la cr&oacute;nica social e incluso el apunte hist&oacute;rico, entre otras producciones letradas, se niegan a mirar el horror a la cara, la novela se encarga de darle una forma, hacerlo salir del silencio. Los muertos no pueden hablar m&aacute;s, pero sus voces todav&iacute;a pueden ser escuchadas, tal y como ocurre en las novelas <em>Rosa cuchillo</em> (1997), de Oscar Colchado Lucio; <em>El rinc&oacute;n de los muertos</em> (2014), de Alfredo Pita; o, m&aacute;s recientemente, <em>La viajera del viento</em> (2016), de Alonso Cueto, novela que integra la sintom&aacute;ticamente titulada trilog&iacute;a &ldquo;Redenci&oacute;n&rdquo;, junto con <em>La hora azul</em> (2005) y <em>La pasajera</em> (2015).</p>
<p>P&aacute;rrafo aparte merece el hecho de que sean novelas en las que se refleje la realidad mediante im&aacute;genes tan contundentes como evocadoras. Pienso, por dar un ejemplo emblem&aacute;tico, en <em>Ojos de pez abisal</em> (2011), de Ulises Guti&eacute;rrez Llantoy, novela en la que se exploran los l&iacute;mites del perd&oacute;n frente al asesino terrorista, quien se revela como otra v&iacute;ctima de una espiral violenta, en la que convergen la pol&iacute;tica con la historia, as&iacute; como se manifiesta la imposibilidad de ver al otro en su condici&oacute;n humana. La imagen que da t&iacute;tulo al libro, la del pez abisal, es la que permite al narrador subrayar la posibilidad de guardar una luz de esperanza en medio de la oscuridad m&aacute;s recalcitrante. Tambi&eacute;n simboliza la necesidad de emerger desde los fondos marinos por medio de la memoria, contrapuesta al olvido, pero tambi&eacute;n el perd&oacute;n, tal y como se explicita al final cuando Zancudo &mdash;narrador y h&eacute;roe novelesco&mdash; regresa a su pueblo: &ldquo;Al llegar, elev&eacute; la mirada al techo y como si de pronto me invadiera una sucesi&oacute;n de fotograf&iacute;as, me lleg&oacute; a la memoria las punas de Ticlio, la noche frente a la laguna Huacacrocha y el rostro de mi hermano Ariel&rdquo;. El final de la ficci&oacute;n anuncia una reconciliaci&oacute;n, si no nacional, por lo menos con el pasado que persigue a cada uno de los personajes, h&eacute;roes o villanos, peruanos o ciudadanos del mundo.</p>
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<p>Como es evidente, la narrativa que indaga en lo pol&iacute;tico no se detiene en el periodo de violencia interna, sino que tambi&eacute;n explora otros momentos m&aacute;s o menos contempor&aacute;neos. No pod&iacute;a ser menos pues la ca&iacute;da del muro de Berl&iacute;n supuso un remez&oacute;n ideol&oacute;gico y pol&iacute;tico cuyas consecuencias todav&iacute;a vivimos, pese a que se nos quiera hacer creer que vivimos en el mejor de los mundos posibles: <em>brave new world</em>. Entre otras consecuencias, la afirmaci&oacute;n de un modelo neoliberal que en la novela Alic<em>ia, esto es el capitalismo </em>(2014) de Carlos Villacorta devela una Lima proletarizada, donde la &eacute;tica es la del s&aacute;lvese quien pueda, los j&oacute;venes sobreviven al amparo de las grandes transnacionales de alimentos como las de hamburguesas y pizzas. En <em>Nuevos juguetes de la Guerra Fr&iacute;a</em> (2015) de Juan Manuel Robles ocurre otro tanto, pero a partir de una intriga donde la memoria se mezcla con la necesidad del (re)conocimiento en territorios latinoamericanos donde a&uacute;n se siente la resaca de la revoluci&oacute;n. A veces, incluso se llega a explorar otras realidades, como es el caso de la novela <em>El bosque de tu nombre </em>(2013) de Karina Pacheco Medrano, ficci&oacute;n dedicada al conflicto interno guatemalteco. Por otro lado, desde la publicaci&oacute;n de <em>La isla de Fush&iacute;a</em> (2016) de Irma del &Aacute;guila podemos hablar de una literatura que dialoga con su tradici&oacute;n &mdash;a partir de la interacci&oacute;n con <em>La casa verde</em> (1965) de Mario Vargas Llosa&mdash;, a la vez que interroga un periodo hist&oacute;rico sangriento, el que corresponde a la expoliaci&oacute;n criminal en la selva amaz&oacute;nica durante el auge del caucho, y sus consecuencias, tangibles hasta nuestros d&iacute;as. Me pregunto si gran parte de la literatura de Miguel &Aacute;ngel Torre Vitolas no puede leerse desde esta perspectiva de quiebre social, p&eacute;rdida de referentes, ca&iacute;da en la anomia. Lo que es cierto es que, lejos de desentenderse, muchos escritores indagan en las ra&iacute;ces de la crisis, la violencia, las desigualdades. Al hacerlo hacen de la novela, aunque sin llegar al compromiso, un alegato, una diatriba, un mensaje que, sin perder de vista que se trata antes que nada de literatura, tambi&eacute;n manifiestan el tiempo aciago en el que vivimos.</p>
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<p><strong>Otras latitudes literarias</strong></p>
<p>Esto no quiere decir que no se indague en otras pr&aacute;cticas literarias, se interrogue lo que significa ficcionalizar desde tristes tr&oacute;picos como los nuestros. Hay quienes mistifican sin cesar su pertenencia a un pa&iacute;s en un juego que busca difuminar las fronteras, as&iacute; como tambi&eacute;n subrayar lo arbitrario de criterios como el nacional a la hora de abordar la literatura. Quiz&aacute; quien lo haya realizado de manera m&aacute;s problem&aacute;tica &mdash;por lo tanto, compleja y original&mdash; sea Mario Bellat&iacute;n. Si bien comenz&oacute; como escritor peruano, muy pronto dej&oacute; esta categor&iacute;a para definirse a s&iacute; mismo como mexicano. La verdad, no me sorprender&iacute;a, bajo ning&uacute;n aspecto, que termine revelando, en un gesto de coherencia, su pertenencia a la rica literatura h&uacute;ngara. Se trata de un juego que trasciende lo meramente anecd&oacute;tico, alcanza hondas repercusiones, pues cuestiona la tradici&oacute;n y su arbitrariedad, as&iacute; como tambi&eacute;n pone en tela de juicio el canon, su estatismo y necesidad de exclusi&oacute;n para afirmarse.</p>
<p>Quienes vienen despu&eacute;s no est&aacute;n tan pendientes de qu&eacute; tanto se dialoga o no con una tradici&oacute;n como de formular un texto que sea un artefacto autot&eacute;lico, suficiente en s&iacute; mismo; en ocasiones, incluso, intransitivo con la realidad. Muchas de las ficciones de Enrique Prochazka obedecen a esta voluntad, desde <em>Un &uacute;nico desierto</em> (1997) hasta <em>Test de Turing</em> (2005). Si el firmamento literario nacional est&aacute; plagado de astros bien catalogados, por convencionales cuando no t&oacute;picos, no es el caso de Prochazka, especie desconocida que cruza el cielo, incandescente y fugaz, pero sin dejar indiferente a nadie. Sus ficciones, de hondas inquietudes filos&oacute;ficas, proponen intrigas intelectuales que se resuelven mediante la paradoja de alcance existencial en la que no se excluye el elemento l&uacute;dico ni el humor. Algo similar ocurre con autores como Luis Hern&aacute;n Casta&ntilde;eda y Gustavo Faver&oacute;n: ambos se interesan en interrogar la literatura desde dentro, creando espacios textuales con sus propias reglas, donde la violencia, la sordidez, incluso el crimen y lo abyecto asoman para recordarnos la verdadera naturaleza humana. Menci&oacute;n aparte merecen Augusto Effio, Claudia Ulloa Donoso y Carlos Yushimito quienes crean espacios urbanos meramente literarios, ciudades de papel que pueden tener un referente &mdash;R&iacute;o de Janeiro, por ejemplo&mdash; o no, pero que son el escenario para exploraciones donde se lleva a su l&iacute;mite &uacute;ltimo la inquietud de la identidad y sus m&aacute;scaras. El objetivo no es otro que abrir la tradici&oacute;n a otras literaturas &mdash;la del R&iacute;o de la Plata en el caso de Effio, la brasile&ntilde;a en el caso de Yushimito&mdash;, pero sobre todo reforzar lo literario como &uacute;nica modalidad de la escritura, con sus constantes alusiones a la tradici&oacute;n, mediante la necesidad de evocarla ya sea para homenajearla o parodiarla.</p>
<p>En varios pa&iacute;ses latinoamericanos existe esa <em>boutade</em> seg&uacute;n la cual si Kafka fuera mexicano, argentino, chileno y, desde luego, peruano; entonces, ser&iacute;a un escritor costumbrista. Quiz&aacute; podr&iacute;amos invertirla y afirmar que si Kafka no hubiera nacido en Praga, bien habr&iacute;a podido ser un autor latinoamericano. La literatura latinoamericana ha sondeado diversas vertientes de lo fant&aacute;stico, en particular pa&iacute;ses como Argentina y M&eacute;xico. En el caso de la literatura peruana no ha sido tan abundante la incursi&oacute;n, lo cual no significa que quienes lo practican no dejen de ser menos notables. Pienso en autores como Harry Belevan, Alexis Iparraguirre, Jos&eacute; Donayre o, m&aacute;s recientemente, Paul Baudry. Este &uacute;ltimo, sin practicar una literatura netamente fant&aacute;stica, sino vali&eacute;ndose de gui&ntilde;os, plantea un sutil ejercicio de entrecruzamiento de planos donde la realidad y la ficci&oacute;n mantienen una tensa armon&iacute;a. Lo imaginado, lo puramente inventado se apoya sobre hechos y personajes reales no tanto para serles fiel como para dar cuerpo a una verdad personal y literaria en el que se resuelven problemas generacionales, se descifran misterios y revelan cr&iacute;menes con la misma intensa frialdad de la literatura m&aacute;s vertiginosa.</p>
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<p>Quiero dedicar un p&aacute;rrafo aparte a un agujero negro, adonde convergen diversas tradiciones literarias, en particular sajonas y germ&aacute;nicas; lamentablemente, muy poco usuales en nuestra literatura, m&aacute;s atenta a lo americano, lo franc&eacute;s y lo hisp&aacute;nico. Me refiero a <em>Siete paseos por la niebla </em>(2015)<em>, </em>de Yeniva Fern&aacute;ndez, un conjunto de relatos donde lo fant&aacute;stico se introduce lenta, aunque ineluctablemente, en la vida y las relaciones de los personajes, sean estos ni&ntilde;os, padres, parejas. Al igual que en muchos cl&aacute;sicos decimon&oacute;nicos tenemos espacios cerrados &mdash;por lo general casas&mdash; donde habita lo inusual o se esconde la cat&aacute;strofe. El estilo con el que est&aacute;n escrito los cuentos es preciso, cuidado, no excluye en ning&uacute;n momento el lirismo, pero nunca se trata de un lirismo ret&oacute;rico o artificioso sino de uno que crea atm&oacute;sferas, destila sentimientos, a la vez que confunde perfiles, lo mismo que la niebla lime&ntilde;a. La descripci&oacute;n, por ejemplo, que se hace de la ciudad de Lima al comienzo del cuento &ldquo;Con Yolanda en el acantilado&rdquo; es quiz&aacute; la m&aacute;s lograda, por su capacidad evocadora, riqueza compositiva, en lo que va del siglo XXI. Ella sola vale el libro de cuentos entero. El &uacute;nico detalle es que todo el libro est&aacute; escrito con esa prosa tan exigente como virtuosa. De hecho, si Kafka hubiera sido peruano, se habr&iacute;a encerrado a escribir en una de las casas rodeadas de niebla, infancias encantadas y <em>Doppelg&auml;nger</em> creadas por Yeniva Fern&aacute;ndez. Esto seguro de ello.</p>
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<p><strong>Las formas de la intimidad</strong></p>
<p>Desde hace unos a&ntilde;os, apareci&oacute; una tem&aacute;tica narrativa que, si bien ya fue explorada hasta la saciedad en otras tradiciones literarias, result&oacute; una novedad entre nosotros. Me refiero a las ficciones que abordan, de manera m&aacute;s o menos marcada, la intimidad. Resaltando un estatuto inventado, sin que esto signifique que olviden presentarse como &ldquo;vividas&rdquo;, dichas ficciones apuntan a entender lo social desde la experiencia de un individuo que aprende a ser adolescente y adulto en entornos familiares &aacute;speros, por no decir violentos. Quiz&aacute; el ejemplo que destaca, por la pol&eacute;mica desatada y el &eacute;xito de ventas que represent&oacute;, sea<em> La distancia que nos separa </em>(2015) de Renato Cisneros. En dicha novela, Cisneros retrata el v&iacute;nculo con su padre, el archiconocido militar apodado Gaucho Cisneros. El personaje paterno, figura controvertida en la lucha contra el terrorismo, es esclarecido con una luz distinta, ya no la pol&iacute;tica, sino la familiar. El hijo que descubre su intimidad es el mismo que ajusta cuentas con &eacute;l, lo homenajea, defiende de los otros y ataca sin piedad. La <em>mise en sc&egrave;ne</em> de una relaci&oacute;n visceral con el padre tiene mucho de exorcismo, pero tambi&eacute;n de redenci&oacute;n. Al final de la lectura, el padre sigue muerto, aunque su recuerdo quede menos manchado, algo ha ocurrido: gracias al ejercicio de memoria, su hijo se ha convertido, finalmente, en escritor.&nbsp;</p>
<p>Desde luego, la denominada autoficci&oacute;n no agota la voluntad por explorar lo &iacute;ntimo en la ficci&oacute;n. Muchas novelas manifiestan un &eacute;nfasis m&aacute;s marcado en lo literario que en lo testimonial; en otras palabras, en forjar una forma donde la met&aacute;fora y la memoria sean una misma realidad. En lo particular, he disfrutado con la lectura de una <em>nouvelle</em> llena de lirismo: <em>Un golpe de dados (novelita sentimental peque&ntilde;o-burguesa) </em>(2015). La escritura de Victoria Guerrero es tan narrativa como po&eacute;tica. De la narraci&oacute;n posee el contar eventos y situaciones desde la perspectiva tan inocente como desencantada de Nadja, la protagonista, mientras que de la poes&iacute;a plantea el cuidado en el s&iacute;mbolo, la necesidad vital por la palabra primigenia, vinculada con el cuerpo, la transgresi&oacute;n y la censura. En la intersecci&oacute;n de ambos, narraci&oacute;n y poes&iacute;a, se aloja el recuerdo, la err&aacute;tica voz de la narradora que mezcla espacios y tiempos, desde la infancia en la melanc&oacute;lica Magdalena hasta los a&ntilde;os universitarios. Hay que reconocer en esta<em> nouvelle</em> el poderoso ascendiente de la visi&oacute;n que, bajo forma de intuici&oacute;n, sue&ntilde;o o, simplemente, imagen, irrumpe para plantear no tanto una disidencia con la realidad (pues esta ser&iacute;a reaccionaria) como la rebelde necesidad de transformarla. Pese a la progresiva ca&iacute;da en el desencanto, paralela a la debacle social y pol&iacute;tica del pa&iacute;s, la palabra conserva su capacidad evocadora para decir, mediante la met&aacute;fora, la verdad, la &uacute;nica verdad. &nbsp;</p>
<p>Otro tanto ocurre con <em>El silencio de la estrella</em> (2009) de Christiane F&eacute;lip-Vidal. Escrita en primera persona, la novela se desarrolla gracias a las fotograf&iacute;as familiares que Brigitte (la protagonista) observa e interroga sin descanso. De no ser por ellas, Brigitte no podr&iacute;a reconstituir el pasado; en particular, los secretos familiares. La p&eacute;rdida de la inocencia es a la vez el descubrimiento de los dramas familiares, cada cual m&aacute;s tr&aacute;gico y abyecto que el precedente. El tono &iacute;ntimo, en ocasiones tierno, tambi&eacute;n emp&aacute;tico, utilizado para contar la atm&oacute;sfera dom&eacute;stica, junto con los secretos que la circunscriben, es uno de los grandes logros de Christiane F&eacute;lip Vidal. <em>En el silencio de la estrella</em> &mdash;t&iacute;tulo evocador donde los haya&mdash; las fotograf&iacute;as muestran la mirada sin concesiones, aunque extremadamente comprensiva, de la autora, su entereza para afrontar los dramas humanos, la necesidad de reconciliarse con el pasado, individual y social, pero tambi&eacute;n con uno mismo.</p>
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<p><strong>El universo en un &aacute;tomo</strong></p>
<p>Hace unos a&ntilde;os, el autor Fernando Ampuero public&oacute; un art&iacute;culo en el suplemento dominical de un diario peruano. No discutir&eacute; su argumento; solo me gustar&iacute;a subrayar la importancia que le entregaba a las nuevas tecnolog&iacute;as y las redes sociales. Pese a su evidencia, el autor de <em>Caramelo verde</em> (1992) no se detuvo en c&oacute;mo las redes afianzan g&eacute;neros marginales hasta hace algunas d&eacute;cadas, por poco practicados o carentes de aura. La inmediatez del posteo, la rapidez con la que es le&iacute;do alrededor del mundo, la reacci&oacute;n casi instant&aacute;nea de los lectores-televidentes subrayan y consagran expresiones literarias que, por su recurrencia y diversidad de autores, sin olvidar los cr&iacute;ticos y acad&eacute;micos que les dedican atenci&oacute;n, terminan convirti&eacute;ndose en g&eacute;neros aparte. Pienso, antes que nada, en el microrrelato cuyo auge no se restringe al &aacute;rea peruana, sino que corresponde a toda Hispanoam&eacute;rica, donde son organizados encuentros y seminarios, se entrega sin descanso premios y distinciones, son publicados libros, cada cual m&aacute;s experimental que el precedente, as&iacute; como tambi&eacute;n cuaja una tradici&oacute;n. Con todo, me digo que Ampuero no deja de ser coherente: es sensible a la omnipresencia de las nuevas tecnolog&iacute;as, pero lo hace con la perspectiva de alguien que no entiende sus alcances &uacute;ltimos. De ah&iacute; que resalte el cambio generacional sin que se&ntilde;ale de qu&eacute; manera las transformaciones introducidas por Internet afectan a la literatura. Un poco como quien resalta que, lo mismo que la m&aacute;quina de escribir, una computadora tambi&eacute;n tiene teclado, sin darse cuenta de cu&aacute;nto modifica su uso el acercamiento a la escritura.</p>
<p>Sin temor a exagerar, me parece que el microrrelato es el g&eacute;nero que m&aacute;s se ha desarrollado en lo que va del siglo XXI. En casi dos d&eacute;cadas, los autores peruanos han explorado sus posibilidades tem&aacute;ticas, pero sobre todo sus alcances est&eacute;ticos. Desde el fundamental <em>Ajuar funerario</em> (2004) de Fernando Iwasaki, los autores han trazado una l&iacute;nea que en su desarrollo apunta directo a un objetivo, as&iacute; como traza arabescos. Los microrrelatos en la literatura peruana pueden dialogar con otras formas literarias como la f&aacute;bula, el relato infantil e incluso la epopeya &mdash;A<em>rs brevis, vita longa </em>(2015) Carlos Am&eacute;zaga es un ejemplo&mdash;; tambi&eacute;n, pueden estar centrados en una tem&aacute;tica a la que interpelar&aacute;n con exhaustividad &mdash;el mismo <em>Ajuar funerario </em>es un caso paradigm&aacute;tico&mdash; o bien pueden articular una voluntad l&uacute;dica con un af&aacute;n experimental &mdash; pienso en autores como Harry Belevan, Jos&eacute; Donayre o Christian Solano&mdash;; en cualquier caso, todos y cada uno son conscientes de abrirse un espacio propio y &uacute;nico que asienta sus cl&aacute;sicos casi tan r&aacute;pido como anuncia sus nuevos rumbos.</p>
<p>Si la novela fue el g&eacute;nero que marc&oacute; el siglo XX, acaso el microrrelato sea el que plantee la ruta en el siglo XXI. Ning&uacute;n otro re&uacute;ne exigencia compositiva, por un lado, con el potencial p&uacute;blico lector de redes, por el otro. Basta con hacer <em>click</em> en la computadora para que el microrrelato ingrese en el cosmos de internet. En ese espacio infinito, el pu&ntilde;ado de palabras encontrar&aacute; a sus lectores en todos los rincones posibles. G&eacute;nero pl&aacute;stico por excelencia, en Per&uacute; el microrrelato adquiere cada vez m&aacute;s seguidores e interesa a numerosos creadores quienes se detienen de manera puntual en &eacute;l o deciden consagrarse a cultivarlo exclusivamente, con una pasi&oacute;n que tambi&eacute;n los convierte en sus mejores divulgadores (la cantidad de revistas dedicadas al microrrelato y dirigidas por autores son el mejor ejemplo). Por eso, no me parece un desatino vaticinar que, conforme se vaya asentando, as&iacute; como tambi&eacute;n adquiera m&aacute;s legitimidad entre los estudiosos, una gran parte de la literatura peruana ser&aacute; escrita en dicho g&eacute;nero.</p>
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<p>Casi es de noche en Francia, mis palabras han delineado un objeto que no por ausente, deja de ser visible. De hecho, existe gracias a los contornos esbozados, las ideas elaboradas, la reflexi&oacute;n err&aacute;tica que afirma en su avanzar, y va creando, y tambi&eacute;n va borrando. Se trata de contornos que los arrebatos y accidentes, junto con las lecturas y recuerdos me han llevado a proyectar, sin mayor armon&iacute;a que mi trayectoria como lector, mis aficiones de autor. No puedo hacer de otro modo. Tampoco me quejo. Los libros le&iacute;dos, cada uno de los autores mencionados constituyen &mdash;en su di&aacute;logo o discusi&oacute;n&mdash; diversas formaciones, tan pronto dispuestas de una manera como de otra. Los alineamientos que adquieren en su interacci&oacute;n son los de mi recuerdo, tambi&eacute;n los de mis expectativas actuales. Por eso, si tuviera que escribir de nuevo este ensayo, estoy seguro de que resaltar&iacute;a otra silueta distinta e igual a la vez. Porque, mi situaci&oacute;n ser&iacute;a del todo dis&iacute;mil, incluso opuesta, pero a la vez, de un modo o de otro, los diferentes alineamientos anunciar&iacute;an los movimientos y tem&aacute;ticas que asumir&aacute; la literatura peruana, una literatura intensa, donde se mezcla la historia con la experiencia personal, dando forma a una exploraci&oacute;n radical en m&uacute;ltiples niveles, porque interroga la tradici&oacute;n y tambi&eacute;n porque busca ir cada vez m&aacute;s adelante en medio de la oscuridad. Asomo un instante a la ventana, curioso de ver ese nuevo y mismo firmamento, de pronto m&aacute;s cercano.</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 27 Jun 2018 05:01:00 +0000</pubDate>
    </item>
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      <title><![CDATA[La revista Turia se presenta hoy en el Instituto Cervantes de Madrid]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-revista-turia-se-presenta-hoy-en-el-instituto-cervantes-de-madrid/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2018/TURIA_127_-_Portada_.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>MARIO VARGAS LLOSA, ENRIQUE VILA-MATAS, PERE GIMFERRER Y FERNANDO ARAMBURU FORMAN PARTE DE UN ESPECTACULAR SUMARIO DE M&Aacute;S DE 100 AUTORES</strong><strong>&nbsp; </strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>JUAN MANUEL BONET Y JORGE EDUARDO BENAVIDES DAN A CONOCER EL ESPECIAL &ldquo;LETRAS DE ESPA&Ntilde;A Y PER&Uacute;&rdquo;</strong></p>
<p align="left"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>La revista cultural TURIA presenta hoy&nbsp; un n&uacute;mero especial denominado &ldquo;Letras de Espa&ntilde;a y Per&uacute;&rdquo; en la sede central del Instituto Cervantes de Madrid. Su director, Juan Manuel Bonet, y el escritor peruano Jorge Eduardo Benavides, ser&aacute;n los encargados de dar a conocer esta interesante publicaci&oacute;n. El espectacular sumario de TURIA contiene textos in&eacute;ditos de m&aacute;s de 100 autores espa&ntilde;oles y peruanos y ocupa 500 p&aacute;ginas. Esta iniciativa editorial se enmarca en el conjunto de actividades que protagonizar&aacute; Espa&ntilde;a como pa&iacute;s invitado de la FIL de Lima en 2018 y ha sido posible gracias al apoyo econ&oacute;mico del Ministerio de Cultura.</p>
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<p>El contenido central de este nuevo n&uacute;mero de TURIA es una atractiva&nbsp; aproximaci&oacute;n a las letras espa&ntilde;olas contempor&aacute;neas. Destacados autores de nuestros d&iacute;as aportan material in&eacute;dito, tanto en el &aacute;mbito de la narrativa, como en el de la poes&iacute;a y el ensayo. No falta una amplia secci&oacute;n de cr&iacute;tica literaria, en la que se analizan las novedades editoriales espa&ntilde;olas m&aacute;s notables. Junto a ese acercamiento a nuestra literatura, en un ejercicio de enriquecedor mestizaje cultural, la revista ofrece un completo recorrido por las letras peruanas actuales.</p>
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<p>TURIA se convierte, as&iacute;, en un magn&iacute;fico puente cultural entre ambos pa&iacute;ses y demuestra que no hay fronteras para la creatividad porque nuestra aut&eacute;ntica patria es el idioma espa&ntilde;ol que compartimos.</p>
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<p><strong>UNA PANOR&Aacute;MICA PLURAL DE LA LITERATURA ESPA&Ntilde;OLA</strong></p>
<p>TURIA abre este n&uacute;mero especial concediendo un singular protagonismo a Enrique Vila-Matas y a Jaime Gil&nbsp; de Biedma, autores a los que se dedican amplios art&iacute;culos sobre su trayectoria creativa elaborados, respectivamente, por Mercedes Monmany y Luis Antonio de Villena.</p>
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<p>En narrativa, la revista ofrece textos in&eacute;ditos de Fernando Aramburu, Eloy Tiz&oacute;n, Sara Mesa, Carlos Pardo y Patricia Esteban Erl&eacute;s.</p>
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<p>En poes&iacute;a, TURIA rescata del olvido la figura y la obra de un valioso poeta espa&ntilde;ol radicado en Per&uacute; como Julio Garc&eacute;s. Adem&aacute;s, la revista publica poemas originales de diez autores:. Juan Manuel Bonet, Jos&eacute; Carlos Llop, &Aacute;lvaro Valverde, Amalia Bautista, Aurora Luque, Ben Clark, Menchu Guti&eacute;rrez, Almudena Guzm&aacute;n, Juan Andr&eacute;s Garc&iacute;a Rom&aacute;n y Fernando Sanmart&iacute;n.</p>
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<p>&nbsp;En el &aacute;mbito del ensayo, Valent&iacute; Puig analiza l&uacute;cidamente la problem&aacute;tica cuesti&oacute;n de las migraciones en un art&iacute;culo que titula &ldquo;Sociedades abiertas o guettos&rdquo;. Por su parte, uno de los nombres propios de la poesia espa&ntilde;ola del siglo XX y XXI, Pere Gimferrer, es protagonista de una conversaci&oacute;n a fondo que permite conocer su recorrido intelectual y su creatividad po&eacute;tica.</p>
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<p><strong>MONOGR&Aacute;FICO SOBRE LA LITERATURA PERUANA ACTUAL</strong></p>
<p>Otro de los contenidos destacados de la revista es un monogr&aacute;fico dedicado a &ldquo;Literatura peruana actual&rdquo; de m&aacute;s de 100 p&aacute;ginas con el que TURIA estudia y da a conocer, de manera rigurosa pero con un tono divulgativo, las principales caracter&iacute;sticas y protagonistas de la rica y diversa literatura peruana de nuestros d&iacute;as. Una aproximaci&oacute;n que permitir&aacute; fomentar la lectura en Espa&ntilde;a de los autores m&aacute;s destacados del Per&uacute; en el siglo XXI y que brinda textos in&eacute;ditos de todos ellos. Este monogr&aacute;fico se abre con un art&iacute;culo elaborado por el especialista peruano F&eacute;lix Terrones; doctor en literatura, escritor y cr&iacute;tico radicado en Francia.</p>
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<p>Entre los autores peruanos no hay que olvidar que TURIA publica art&iacute;culos in&eacute;ditos sobre Mario Vargas Llosa, C&eacute;sar Vallejo, Eduardo Chirinos, Blanca Varela o Julio Ram&oacute;n Ribeyro. Se entrevista al gran cr&iacute;tico y estudioso peruano Julio Ortega, profesor de literatura en la Universidad de Brown (USA). Y se publican textos in&eacute;ditos de entre otros: Santiago Roncagliolo, Alonso Cueto, Jorge Eduardo Benavides, Carmen Oll&eacute;, Marco Martos, Ricardo Silva-Santisteban, Patricia de Souza, Diego Trelles Paz, Sergio Galarza y Mart&iacute;n Rodr&iacute;guez Gaona.</p>
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<p>El n&uacute;mero hispano-peruano de TURIA ha sido ilustrado por uno de los m&aacute;s singulares nuevos creadores del arte contempor&aacute;neo espa&ntilde;ol: Fernando Mart&iacute;n Godoy (Zaragoza, 1975), que reside y trabaja en Londres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tras su presentaci&oacute;n en el Instituto Cervantes, la revista TURIA dar&aacute; a conocer su especial &ldquo;Letras de Espa&ntilde;a y Per&uacute;&rdquo; el pr&oacute;ximo 25 de julio en la Feria Internacional del Libro de Lima. Se trata del evento cultural y editorial m&aacute;s grande e importante del Per&uacute;. Est&aacute; previsto que m&aacute;s de 500.000 personas acudan durante 17 d&iacute;as a una feria que, este&nbsp; a&ntilde;o, tiene a Espa&ntilde;a como pa&iacute;s invitado.</p>
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<p><strong>MARIO VARGAS LLOSA, ENRIQUE VILA-MATAS, C&Eacute;SAR VALLEJO Y JAIME GIL DE BIEDMA</strong></p>
<p>El sumario de TURIA se abre, en esta ocasi&oacute;n, con un art&iacute;culo de Javier Morales Mena sobre el c&eacute;lebre escritor peruano Mario Vargas Llosa. En el texto se analiza la producci&oacute;n ensay&iacute;stica del Premio Nobel de Literatura de 2010 y se concluye asegur&aacute;ndonos que &ldquo;la literatura es otra forma de manifestar la raz&oacute;n cr&iacute;tica, una raz&oacute;n que tiene tambi&eacute;n mucho de raz&oacute;n afectiva, aquella que para Vargas Llosa se expresa a trav&eacute;s de la creadora y destructora imagen del fuego, esa luz que haciendo real lo imaginario, penetra m&aacute;s hondamente en la prolongada noche de la humanidad, en palabras de Vargas Llosa: &ldquo;Nuestras sociedades deben estar alertadas: rechazado o aceptado, perseguido o premiado, el escritor que merezca este nombre seguir&aacute; arroj&aacute;ndoles a los hombres el espect&aacute;culo no siempre grato de sus miserias y tormentos&rdquo;.&nbsp;</p>
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<p>En su art&iacute;culo &ldquo;Enrique Vila-Matas: excavando el foso de Babel&rdquo;, Mercedes Monmany nos dir&aacute; que las obras de este escritor barcelon&eacute;s &ldquo;son peri&oacute;dica y entusi&aacute;sticamente recibidas como aut&eacute;nticos cl&aacute;sicos contempor&aacute;neos&rdquo;.&nbsp; Tanto en Espa&ntilde;a como en Francia y Latinoam&eacute;rica se considera a Vila-Matas un &ldquo;gran y fant&aacute;stico narrador, siempre en estado de gracia, siempre a bordo de una nueva y sorprendente reencarnaci&oacute;n&rdquo;.</p>
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<p>C&eacute;sar Vallejo est&aacute; justamente considerado uno de los m&aacute;s grandes innovadores de la poes&iacute;a del siglo XX, y como el m&aacute;ximo exponente de las letras en el Per&uacute;. Sobre la actualidad de Vallejo escribe en TURIA la especialista en su obra Eva Valero.&nbsp;</p>
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<p>Luis Antonio de Villena realiza en su art&iacute;culo una nueva indagaci&oacute;n en la figura y la obra de Jaime Gil de Biedma. De &eacute;l dir&aacute; que triunf&oacute; &ldquo;con una poes&iacute;a abrumadoramente culta, coloquial, de suave ret&oacute;rica, perfecta, invasiva. Y ha resultado &ndash; es obvio ya- el mito que quer&iacute;a. Jaime es poeta y poema, a la vez misma. Muy pocos consiguen eso. Muy pocos&rdquo;.</p>
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<p>La secci&oacute;n que TURIA dedica a los estudios literarios se cierra con un art&iacute;culo titulado &ldquo;Diez instant&aacute;neas de Eduardo Chirinos&rdquo;. En &eacute;l, su autor Fernando Iwasaki nos relata sus v&iacute;nculos con el notable escritor, periodista y profesor peruano fallecido en 2016.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>FERNANDO ARAMBURU, SANTIAGO RONCANGLIOLO, ELOY TIZ&Oacute;N, ALONSO CUETO Y SARA MESA</strong></p>
<p>Entre el buen surtido de lecturas in&eacute;ditas que ofrece TURIA sobresalen los textos narrativos de Fernando Aramburu, Santiago Roncagliolo, Eloy Tiz&oacute;n, Alonso Cueto, Sara Mesa, Jorge Eduardo Benavides, Carlos Pardo y Patricia Esteban Erl&eacute;s. Una selecci&oacute;n de autores muy plural y representativa tanto de los escritores ya consolidados como emergentes en la literatura en espa&ntilde;ol.</p>
<p>Otra de las sorpresas y rescates culturales que contiene esta nueva entrega de TURIA es el redescubrimiento de la obra po&eacute;tica de Julio Garc&eacute;s (Soria, 1919 &ndash; Lima, 1978). Un singular autor que protagoniz&oacute; algunas de las obras m&aacute;s interesantes de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola inmediatamente posterior a la Guerra Civil y que fue durante d&eacute;cadas un poeta casi secreto que viv&iacute;a en Lima y que ejerc&iacute;a como agregado cultural de la embajada de Espa&ntilde;a.</p>
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<p>En poes&iacute;a, TURIA ofrece adem&aacute;s versos originales de autores espa&ntilde;oles y peruanos tan diversos como de indiscutible inter&eacute;s: Juan Manuel Bonet, Jos&eacute; Carlos Llop, Ricardo Silva-Santisteban, Marco Martos, &Aacute;lvaro Valverde, Alonso Ruiz Rosas, Amalia Bautista, Aurora Luque, Carmen Oll&eacute;, Giovanna Pollarolo, Ben Clark, Roger Santiv&aacute;&ntilde;ez, Menchu Guti&eacute;rrez, Almudena Guzm&aacute;n, Juan Andr&eacute;s Garc&iacute;a Rom&aacute;n, Jos&eacute; Antonio Mazzotti, Fernando Sanmart&iacute;n, Jos&eacute; Morales Saravia, Mariela Dreyfus</p>
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<p>En&nbsp; el&nbsp; apartado&nbsp; que&nbsp; TURIA&nbsp; dedica&nbsp; al ensayo, merece una atenta lectura el art&iacute;culo de Valent&iacute; Puig (&ldquo;Sociedades abiertas o guettos&rdquo;) sobre el gran impacto de la cuesti&oacute;n migratoria en el devenir de nuestro siglo XXI: &ldquo;por el momento la inmigraci&oacute;n ya ha alterado el mapa pol&iacute;tico de la Uni&oacute;n Europea y algo tiene que ver con la elecci&oacute;n de Donald Trump&rdquo;. Y es que, para Puig, la laxitud y descoordinaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas migratorias de la Uni&oacute;n Europea est&aacute; afectando a los elementos b&aacute;sicos de esa Europa refundada despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial. Estar&iacute;an en riesgo cuestiones esenciales como la paz entre naciones, la libre circulaci&oacute;n de personas y bienes, el consenso del estado de bienestar y el crecimiento econ&oacute;mico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No menos recomendable es el otro art&iacute;culo que integra la secci&oacute;n de ensayos: &ldquo;Escrituras en primera persona: Yo, como experiencia de alteridad&rdquo;, de Patricia de Souza. En &eacute;l se reflexiona sobre la actual &ldquo;primac&iacute;a del Yo alimentado por el poder de la tecnolog&iacute;a&rdquo; y se apuesta porque &ldquo;el lenguaje, la ficci&oacute;n ser&aacute;n siempre nuestros aliados. Con ellos podemos construir mundos distintos, a no ser que la literatura no pueda seguir esta revoluci&oacute;n de su tiempo&rdquo;. &nbsp;</p>
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<p><strong>LA LITERATURA PERUANA DEL SIGLO XXI&nbsp; </strong></p>
<p>La revista TURIA dedica en esta ocasi&oacute;n su monogr&aacute;fico a la literatura peruana actual. A ello dedica un centenar de p&aacute;ginas que incluyen un original art&iacute;culo introductorio de F&eacute;lix Terrones (&ldquo;Los firmamentos de la narrativa peruana contempor&aacute;nea&rdquo;). En &eacute;l este escritor y profesor peruano radicado en Francia, asegura que &ldquo;antes que ser un conjunto susceptible de ser ordenado y definido, la literatura es la caprichosa alineaci&oacute;n de azares, arbitrariedades y contingencias. Quien considere lo contrario no ha entendido su naturaleza &iacute;ntima. Alguien deber&iacute;a escribir la historia literaria desde otro &aacute;ngulo, prestando atenci&oacute;n a la forma en que los silencios, las omisiones, junto con los olvidos, van deline&aacute;ndola&rdquo;</p>
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<p>Seg&uacute;n anota F&eacute;lix Terrones en TURIA, &ldquo;hoy en d&iacute;a, la literatura peruana es antes que nada urbana. Si antes otros espacios, como el andino o el forestal, fueron privilegiados o sirvieron de contrapeso a la emergencia de la ciudad, ahora &eacute;sta ha terminado por fagocitarlo todo&rdquo;. &nbsp;Por otra parte, &ldquo;La llegada del nuevo milenio estuvo marcada por la di&aacute;spora. De pronto, Par&iacute;s, Berl&iacute;n o Nueva York, pero sobre todo Madrid y Barcelona, acogieron a numerosos autores o aspirantes a escritores que buscaron en esas ciudades lo que su pa&iacute;s ya no ofrec&iacute;a&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por &uacute;ltimo, anota F&eacute;lix Terrones que &ldquo;si la novela fue el g&eacute;nero que marc&oacute; el siglo XX, acaso el microrrelato sea el que plantee la ruta en el siglo XXI. Ning&uacute;n otro re&uacute;ne exigencia compositiva, por un lado, con el potencial p&uacute;blico lector de redes, por el otro&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tras el an&aacute;lisis, TURIA publica una cuidada y representativa antolog&iacute;a de textos in&eacute;ditos de autores peruanos contempor&aacute;neos. As&iacute;, en narrativa, la revista edita a: Ricardo Sumalavia, Diego Trelles Paz,&nbsp; Sergio Galarza, Irma del &Aacute;guila, Gabriela Wiener,&nbsp; Yeniva Fern&aacute;ndez y Karina Pacheco Medrano.</p>
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<p>No faltan poemas originales de Grecia C&aacute;ceres, Mart&iacute;n Rodr&iacute;guez Gaona, Montserrat &Aacute;lvarez, Miguel Ildefonso, Victoria Guerrero, Micaela Chirif, Nilton Santiago, Alessandra Tenorio Carranza, Juliane &Aacute;ngeles, Denisse Vega Farf&aacute;n</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>Cierran &nbsp;la &nbsp;selecci&oacute;n, &nbsp;dos excelentes &nbsp;ensayos: &nbsp;&ldquo;Nada &nbsp;suena mejor que el silencio. Sobre la poes&iacute;a y la vida de Blanca Varela&rdquo;, de Roc&iacute;o Silva Santisteban&nbsp; y &ldquo;La mirada transmoderna de Julio Ram&oacute;n Ribeyro&rdquo;, de Paul Baudry.</p>
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<p><strong>ENTREVISTAS A PERE GIMFERRER Y JULIO ORTEGA</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">En la secci&oacute;n que TURIA dedica a las entrevistas a fondo, este n&uacute;mero tiene dos protagonistas estelares de las letras en espa&ntilde;ol. Por una parte, el escritor y acad&eacute;mico Pere Gimferrer, uno de los grandes nombres propios de la poes&iacute;a de los siglos XX y XXI. El otro entrevistado es el gran cr&iacute;tico y estudioso peruano Julio Ortega, profesor de literatura en la Universidad de Brown (USA)</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA publica una entrevista torrencial con Pere Gimferrer, a cargo de Fernando del Val. Es una conversaci&oacute;n intensa, apasionada e inteligente. Un di&aacute;logo de poeta a poeta para disfrute de los amantes de las buenas lecturas. Una manera distinta y original de acercarse a una de las personalidades m&aacute;s sugestivas y controvertidas de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Gimferrer declara en TURIA que &ldquo;el poema es un arte del instante&rdquo;, tambi&eacute;n asegura lo &ldquo;servil que es el deseo&rdquo; o que &ldquo;perder la memoria no es olvidar&rdquo;. Adem&aacute;s, est&aacute; convencido de que &ldquo;no hay nada que pueda competir con la &lsquo;Divina comedia&rsquo;&rdquo; y hasta se lanza a comentar cuestiones de actualidad como el movimiento #Metoo o la violencia sexual.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">En la conversaci&oacute;n con Julio Ortega que TURIA da a conocer, realizada por F&eacute;lix Terrones, el prestigioso profesor peruano radicado en Estados Unidos reflexiona sobre la literatura latinoamericana de nuestros d&iacute;as. As&iacute;, asegura que &ldquo;sin mejores lectores no habr&aacute; mejor literatura&rdquo;. Tambi&eacute;n afirma que los medios de comunicaci&oacute;n &ldquo;siguen en todas partes la misma pauta: ocuparse de los autores consagrados, los premios los concursos y las listas de los mejores&rdquo;. Y concluye: &ldquo;por definici&oacute;n, la mejor literatura rompe esquemas, rehace estilos, excede los g&eacute;neros&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>LEER HOY A RAM&Oacute;N J. SENDER</strong></p>
<p>Respecto a sus dos secciones dedicadas a&nbsp; los asuntos o protagonistas aragoneses, TURIA&nbsp; publica un art&iacute;culo de Javier Barreiro reivindicando el inter&eacute;s de leer en nuestros d&iacute;as a Ram&oacute;n J. Sender. Su argumentario es indiscutible: &ldquo;Conviene leer hoy a Sender porque es uno de los dos o tres novelistas m&aacute;s extensos e intensos de la pasada centuria; porque amenidad, informaci&oacute;n, defensa de la libertad, de la justicia y del individuo se juntan en sus ensayos y ficciones; por su cultura proteica que abarca las culturas europeas, las iberoamericanas y las angloamericanas. Y porque es, sin competencia, el m&aacute;s destacado escritor aragon&eacute;s desde los tiempos de Graci&aacute;n&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por otra parte, Juan Dom&iacute;nguez Lassierra indaga en su art&iacute;culo sobre los or&iacute;genes remotos de la actual TURIA: la denominada &ldquo;Revista del Turia&rdquo;, que fue una de las publicaciones m&aacute;s singulares de finales del siglo XIX&nbsp; turolense (1881-1888).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Asimismo, TURIA contiene&nbsp; la secci&oacute;n habitual denominada &ldquo;La isla&rdquo;, con fragmentos del diario de Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas enriquecidos gr&aacute;ficamente por Isidro Ferrer. Cierra el sumario de la revista una amplia secci&oacute;n de cr&iacute;tica de libros, &ldquo;La Torre de Babel&rdquo;, donde se analizan las novedades editoriales tanto espa&ntilde;olas como peruanas de mayor inter&eacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;TURIA&rdquo;, 35 A&Ntilde;OS DE TRAYECTORIA</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA, que cumplir&aacute; en noviembre de 2018 sus 35 a&ntilde;os de trayectoria,&nbsp; ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. Fundada y dirigida por el escritor y periodista Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas, tiene periodicidad cuatrimestral en papel y cuenta tambi&eacute;n con una versi&oacute;n digital (web y Facebook) que ha incrementado notablemente su difusi&oacute;n entre el p&uacute;blico lector.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel y su edici&oacute;n cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero especial &ldquo;Letras de Espa&ntilde;a y Per&uacute;&rdquo; ha sido financiado por el Ministerio de Cultura. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura. <strong></strong></p>
<p class="Textoindependiente21" align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 27 Jun 2018 04:48:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vida en colonias]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/vida-en-colonias/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/PILAR_AD_N_2.jpg" alt="" /></p>
<p>El ruido de los motores, los pasos de los viajeros. Vend&iacute;an caf&eacute; en un puesto cercano, y el olor que se esparc&iacute;a por la estaci&oacute;n comenz&oacute; a resultarle desconcertante. No desagradable, pero tampoco positivo. Con su propio lenguaje, que se dirig&iacute;a directamente a la esfera de la emoci&oacute;n sin pasar previamente por la esfera del pensamiento, mucho m&aacute;s alentadora y siempre m&aacute;s controlable, parec&iacute;a insistir de manera machacona en que la infelicidad y la nostalgia eran los estados del &aacute;nimo m&aacute;s arraigados en su car&aacute;cter. Mediante un sofisticado m&eacute;todo basado en la experiencia inmediata asociada a la rememoraci&oacute;n de los d&iacute;as de vacaciones previos a las Navidades, de los fines de semana, de las tardes sin clases, se ve&iacute;a de nuevo en su casa y, a la vez, tan lejos, lo que le hac&iacute;a contemplar la distancia que hab&iacute;a recorrido y tambi&eacute;n la que a&uacute;n le faltaba por recorrer. Aquel olor compendiaba la necesidad de estar lejos y, al tiempo, la certeza de no haberse movido del sitio. El sitio en que sinti&oacute; verg&uuml;enza por primera vez.</p>
<p>El retumbo de los motores y el humo que expulsaban los tubos de escape. Todo iba a chocar contra ella, as&iacute; que se tap&oacute; la boca con el cuello de la camiseta, se pas&oacute; los dedos por los ojos y se frot&oacute; la cara intensamente antes de volver a comprobar que el n&uacute;mero que figuraba en el cart&oacute;n colocado en el parabrisas del autob&uacute;s que ten&iacute;a justo delante y el n&uacute;mero que constaba en su peque&ntilde;o billete de papel eran el mismo. Hab&iacute;a dejado en el suelo sus dos bolsas de viaje y ahora esperaba la llegada de Jermo, pensando que ser&iacute;a fatal que no apareciera a tiempo. Se hab&iacute;a sentado en un banco de madera fingiendo adoptar una posici&oacute;n de descanso, y dejaba que las manos colgaran desde sus rodillas hacia las bolsas, pero todo en ella denotaba un estado de alerta. De seria impaciencia que rechazar&iacute;a cualquier pretensi&oacute;n de acercamiento por parte de otros viajeros.</p>
<p>No ten&iacute;a que haber preparado dos bolsas. Con una habr&iacute;a sido m&aacute;s que suficiente. Ahora se daba cuenta, y su hermano iba a pensar que era boba y que, adem&aacute;s, se hab&iacute;a vuelto loca. Que no ten&iacute;a contacto con la realidad ni ten&iacute;a ni idea de c&oacute;mo era el jard&iacute;n, el para&iacute;so, al que se dirig&iacute;an. Hab&iacute;a preparado dos bolsas cuando no necesitar&iacute;an tanta ropa ni tantos libros ni tantos productos de aseo porque all&iacute; todo iba a ser comunal y compartido, y lo superfluo parecer&iacute;a mucho m&aacute;s excesivo e innecesario que en ning&uacute;n otro lugar. Pero ella tratar&iacute;a de explicarle que en su propia habitaci&oacute;n, ante la necesidad de elegir unas cosas y desprenderse de otras, se vio incapaz de abandonar los objetos m&aacute;s valiosos, y all&iacute; estaba todo. Todo lo importante. Sus fotos. Los recortes de peri&oacute;dicos. Algunos boletines de notas. Sus cartas. Ciertos libros. Cintas de m&uacute;sica. Y el collar de Pinky, aunque Pinky ya no estuviera.</p>
<p>Volvi&oacute; la cabeza muy despacio hacia la puerta de la entrada, sin dejar de apretarse la tela de la camiseta contra los labios, y vio con intranquilidad creciente que cada vez hab&iacute;a m&aacute;s gente, m&aacute;s cuerpos id&eacute;nticos y amontonados, frente al quiosco de prensa, en la sala de espera, cerca de la cafeter&iacute;a y en la barra en que vend&iacute;an los bocadillos. Pero ni rastro de Jermo. Camisas de colores, pantalones largos, pantalones cortos, enormes cabezas de pelo rizado y cabezas estiradas de pelo largo. Hab&iacute;a quien llevaba m&aacute;s de una bolsa encima, como ella, y gafas de sol que desaparec&iacute;an en la repentina penumbra del vest&iacute;bulo, que parec&iacute;a m&aacute;s oscuro de lo que era en realidad ya que el edificio obstaculizaba el paso de los brillant&iacute;simos rayos del sol que en el exterior evidenciaban que hab&iacute;a llegado el mes de julio. Pero all&iacute; no estaba Jermo ni nadie que se le pareciera. Cuando la figura de su hermano apuntara en la distancia, tan alto y tan firme al caminar, con su teor&iacute;a del &laquo;Hombre Exacto&raquo; brotando de &eacute;l, resultar&iacute;a imposible no captar su presencia. No advertir que ya estaba cerca, dispuesto a subirse al autob&uacute;s con ella y a distanciarse de todo lo que pudiera representar una &laquo;Falta de Significado&raquo;.</p>
<p>Una propensi&oacute;n a la &laquo;Confusi&oacute;n&raquo;.</p>
<p>Hab&iacute;an mantenido largu&iacute;simas charlas por tel&eacute;fono para planearlo todo. Jermo escondido en el rinc&oacute;n m&aacute;s apartado del pasillo de su casa, tirando al m&aacute;ximo del cable del tel&eacute;fono para que Amanda no se enterara de lo que hablaba, y ella, consciente de que a nadie le importaba lo que pudiera decir por tel&eacute;fono, por escrito o subida a una barca en medio del lago p&uacute;blico, tambi&eacute;n en el pasillo y respondiendo en voz muy baja, por mera educaci&oacute;n, aunque supiera que todas las puertas se hab&iacute;an cerrado previamente a su alrededor.</p>
<p>Su hermano le hab&iacute;a hablado de lo esencial que iba a ser aquel regreso a lo b&aacute;sico. A lo &laquo;Primitivo&raquo; y a lo &laquo;Original&raquo;. Y ella trataba de imaginar lo que constituir&iacute;a de una manera casi f&iacute;sica el poder de veinte mil personas reunidas durante una semana en un mismo espacio. Quiz&aacute; pudiera medirse en vatios aquella energ&iacute;a, con el impulso de los ni&ntilde;os cantando y marchando en grand&iacute;simos corros, los gritos de bienvenida de cientos de gargantas al un&iacute;sono, las saunas ceremoniales para la purificaci&oacute;n, los ejercicios de autoconciencia y, por supuesto, las conversaciones acerca de la actividad humana, del prop&oacute;sito de la existencia, de lo que es lo &laquo;Bueno&raquo;, en presencia de lo natural.</p>
<p>Volvi&oacute; a girar la cabeza en direcci&oacute;n a la entrada al observar que el conductor abr&iacute;a ya la puerta del maletero lateral del autob&uacute;s, y que algunos viajeros empezaban a dejar sus bolsos y maletas en el interior. Uno de ellos la salud&oacute; con la mano festivamente cuando sus miradas se cruzaron, pero ella apart&oacute; los ojos de inmediato. &iquest;D&oacute;nde estaba Jermo? &iquest;Por qu&eacute; no llegaba de una vez?</p>
<p>&mdash;Esperas a alguien.</p>
<p>Aquello no era una pregunta. La rapidez con que el autor del saludo se hab&iacute;a plantado delante de ella para declarar que su evidente nerviosismo se deb&iacute;a a la espera, y no a ninguna otra raz&oacute;n, hizo que se pusiera de pie y se echara a un lado.</p>
<p>&mdash;S&iacute; &mdash;dijo.</p>
<p>&mdash;Alguien importante.</p>
<p>&mdash;S&iacute;.</p>
<p>&mdash;&iquest;Y vais juntos?</p>
<p>No respondi&oacute;.</p>
<p>Se agach&oacute; para recoger sus bolsas, y desde all&iacute; se fij&oacute; en que el chico que volv&iacute;a a preguntarle algo a lo que tampoco iba a responder llevaba las zapatillas rotas, de modo que sus anchos dedos asomaban por los agujeros de la tela.</p>
<p>&mdash;No te va a pasar nada. All&iacute; todo es real y natural. Yo he ido otros a&ntilde;os, y s&eacute; c&oacute;mo funciona. As&iacute; que puedes ir sola. Aunque &eacute;l no venga.</p>
<p>Ir&iacute;an juntos si su hermano aparec&iacute;a. As&iacute; de f&aacute;cil.</p>
<p>De todas maneras, no ten&iacute;a que dar explicaciones. No las hab&iacute;a dado en la residencia, y no se las iba a dar a un extra&ntilde;o que llevaba las zapatillas rotas. Lo que quer&iacute;a en ese momento era ir al ba&ntilde;o y lavarse la cara antes de empezar el viaje. Pero sab&iacute;a que no pod&iacute;a apartarse del autob&uacute;s. Hab&iacute;a quedado con Jermo en aquella planta y justo en aquel acceso, que pod&iacute;a verse desde las taquillas, y &eacute;l ten&iacute;a que distinguirla en cuanto llegara, en cuanto pusiera un pie en la estaci&oacute;n, y abrazarla y sonre&iacute;r ampliamente ante ella, con toda la seguridad de sus convicciones (&laquo;S&oacute;lo la tierra te salvar&aacute;&raquo;, le hab&iacute;a dicho por tel&eacute;fono a lo largo de la &uacute;ltima conversaci&oacute;n, hac&iacute;a solo dos d&iacute;as). As&iacute; que se qued&oacute; en el mismo sitio, sin saber qu&eacute; m&aacute;s hacer y a&uacute;n demasiado cerca del chico que parec&iacute;a tener tantas ganas de hablar con ella. Afortunadamente, una mujer que llevaba un vestido rosa de finos flecos que le ca&iacute;an hasta los tobillos se acerc&oacute; a &eacute;l y, despu&eacute;s de decir &laquo;Yo tambi&eacute;n he le&iacute;do <em>El Doctor Jekyll y Mr Hyde</em>&raquo; como si se tratara de una contrase&ntilde;a para iniciados, se abraz&oacute; a su cintura para que regresaran juntos al autob&uacute;s. Ninguno de los dos le dijo nada. No se despidieron de ella, y, despu&eacute;s de besarse, subieron uno detr&aacute;s del otro, que era, por otra parte, lo que ya estaba haciendo la mayor&iacute;a de los viajeros.</p>
<p>Pero su hermano no llegaba.</p>
<p>Volvi&oacute; a sentarse en el banco, dej&oacute; caer las manos en la misma actitud de antes, con la misma dejadez s&oacute;lo aparente, y record&oacute; que Jermo le hab&iacute;a dicho que quer&iacute;a tumbarse en la hierba y respirar. Notar las briznas entre los dedos, cerrar los ojos, deshacerse de sus propias dudas y de sus propios miedos. Eso era lo que quer&iacute;a. Y para eso ten&iacute;a que dejar a Amanda y al ni&ntilde;o solos unos cuantos d&iacute;as, e ir con ella al encuentro. Tambi&eacute;n le hab&iacute;a dicho que la gente sol&iacute;a enmascarar su cobard&iacute;a tras un car&aacute;cter bueno y d&oacute;cil, pero ella sab&iacute;a que Jermo no enmascaraba nada. Su hermano no mentir&iacute;a jam&aacute;s. Le hab&iacute;a confesado que en su casa no quedaba nada emocionante ni inesperado ni prodigioso por descubrir. Amanda estaba enfadada, apenas se hablaban, y el ni&ntilde;o no dejaba de llorar. No sab&iacute;an por qu&eacute;, pero lloraba a todas horas. En cambio, todo ser&iacute;a nuevo y luminoso en el lugar al que ir&iacute;an en aquel autob&uacute;s. Y ella ya lo hab&iacute;a dejado todo. Despu&eacute;s de calcular durante semanas cu&aacute;l ser&iacute;a la mejor manera, la m&aacute;s educada, para salir de la residencia sin armar ning&uacute;n esc&aacute;ndalo y sin preocupar a nadie, decidi&oacute; escribirle una carta a la directora, quien sabr&iacute;a ser comprensiva. Previamente se la entreg&oacute; a Nut, su compa&ntilde;era de habitaci&oacute;n, y Nut se sent&oacute; en una cama, la ley&oacute;, elev&oacute; la mirada y, cruz&aacute;ndose de brazos, pregunt&oacute;:</p>
<p>&mdash;&iquest;Est&aacute;s bien?</p>
<p>Se hizo un silencio, y al instante escuch&oacute; de nuevo:</p>
<p>&mdash;&iquest;Que si est&aacute;s bien?</p>
<p>&mdash;Perfectamente.</p>
<p>&mdash;Entonces &iquest;por qu&eacute; tienes que hacer esto? No me parece sano.</p>
<p>&mdash;A m&iacute; me parece lo m&aacute;s sano que he hecho en toda mi vida.</p>
<p>Aunque lo cierto era que el miedo no pod&iacute;a ser sano. Y eso era precisamente lo que estaba sintiendo mientras esperaba. Un temblor en las manos y en las piernas que no le permit&iacute;a concentrarse ni descansar. Desasosiego e inquietud. Conoc&iacute;a muy bien los s&iacute;ntomas, y quer&iacute;a imaginar que en unos minutos, cuando &eacute;l apareciera por fin y los dos se acomodaran en sus respectivos asientos del autob&uacute;s, pod&iacute;an comenzar a construir juntos algo muy parecido a la felicidad. &Eacute;l le explicar&iacute;a por qu&eacute; se hab&iacute;a retrasado tanto, y ella le dir&iacute;a que no se preocupara. Que no ten&iacute;a importancia ahora que ya estaba all&iacute;. No obstante, la situaci&oacute;n real se plante&oacute; de una forma mucho m&aacute;s anodina. No hubo disculpas ni hermosos abrazos. Jermo no se present&oacute; como un humano excelente que surgiera de entre las columnas de humanos comunes. No emergi&oacute; de la confusi&oacute;n de cuerpos ni parec&iacute;a llevar escrita en la cara la palabra &laquo;indiferencia&raquo;. Sencillamente se sent&oacute; a su lado, subi&oacute; las piernas al banco, las cruz&oacute;, se quit&oacute; los zapatos y empez&oacute; a frotarse los pies mientras giraba lentamente la cabeza para mirar a su hermana con una sonrisa enorme.</p>
<p>&mdash;&iexcl;Vaya! &mdash;exclam&oacute; ella al verle&mdash;. &iexcl;Has llegado! &iquest;No llevas nada?</p>
<p>&mdash;Parece que ya llevas t&uacute; lo suficiente para los dos &mdash;dijo &eacute;l mientras se inclinaba sobre sus piernas y observaba m&aacute;s de cerca las dos bolsas&mdash;. &iquest;No habr&aacute;s metido ah&iacute; tu m&aacute;quina de escribir?</p>
<p>Ella se ech&oacute; a re&iacute;r.</p>
<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; ocurrencia!</p>
<p>&mdash;No me extra&ntilde;ar&iacute;a nada.</p>
<p>&mdash;&iquest;Nos vamos?</p>
<p>&Eacute;l no se movi&oacute;. Sigui&oacute; toc&aacute;ndose los pies, largamente, sin dejar de mirarla con los ojos muy abiertos, y siempre sonriendo.</p>
<p>&mdash;No has cambiado. Nada de nada. Sigues con esa cara de topo y las mismas pecas. Estoy seguro de que no has perdido ni una sola. &iquest;Tienes novio?</p>
<p>&mdash;Qu&eacute; pregunta&hellip; V&aacute;monos. El autob&uacute;s est&aacute; a punto de marcharse.</p>
<p>&mdash;&iquest;Has comprado los billetes?</p>
<p>&mdash;Claro.</p>
<p>&mdash;Claro, claro&hellip; Siempre tan eficaz. Tan previsora y tan puntual. No esperaba menos de ti, peque&ntilde;a Leo.</p>
<p>Peque&ntilde;a Leo&hellip; Ya nadie la llamaba as&iacute; excepto Jermo. Jermo, que estaba otra vez a su lado y que recordaba aquel antiguo nombre que antes tambi&eacute;n utilizaba su padre, cuando se acercaba a ella con cuidado y dec&iacute;a: &laquo;Leo&hellip; Ven, cielo. Vamos a cenar&raquo;. Sin gritar. Sin estr&eacute;pito. Simplemente aproxim&aacute;ndose a ella antes de hablar y de esa forma tan sobria, tan amable, mantener el silencio que tanto necesitaban los dos. Leo&hellip; Una palabra graciosa y tan querida por ella que no esper&oacute; m&aacute;s. Se puso de pie y volvi&oacute; a echarse a re&iacute;r con ganas mientras cog&iacute;a las bolsas para carg&aacute;rselas a la espalda y caminar hacia el autob&uacute;s. Era tan gracioso aquel sonido lleno de briznas de hierba. Como las briznas que quer&iacute;a acariciar su hermano. Puntiagudas y esbeltas como una <em>l</em>.</p>
<p>&mdash;Escucha, cielo. Ven. Si&eacute;ntate otra vez. Anda. Tengo que contarte algo. Las cosas nunca son perfectas&hellip;</p>
<p>Ella dej&oacute; de re&iacute;r y regres&oacute; al banco.</p>
<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; quieres decirme? &iquest;Es que no vas a venir?</p>
<p>Su hermano baj&oacute; los pies al suelo y comenz&oacute; a ponerse los zapatos de nuevo, torpemente, sin emplear las manos.</p>
<p>&mdash;No puedo ir, Leo. No puedo dejar a Amanda ahora, sola con el ni&ntilde;o. Se ha puesto enfermo.</p>
<p>&mdash;Ya.</p>
<p>&mdash;Pero he pensado que, ya que est&aacute;s aqu&iacute;, y ya que veo que te has tra&iacute;do todas tus cosas, podr&iacute;as venir a pasar unos d&iacute;as con nosotros. A casa. Con Mateo, que no te conoce. &iquest;Qu&eacute; me dices? &iquest;No es un buen plan?</p>
<p>&iquest;Un buen plan?</p>
<p>Ella no miraba ya a su hermano. No quer&iacute;a ver sus propias pecas en su piel ni el mismo color avellana en unos ojos que ahora la observaban con expectaci&oacute;n, casi llorosos. &iquest;C&oacute;mo decirle que no soportaba su voz suplicante ni que acudiera a planes tan irrealizables con la &uacute;nica intenci&oacute;n de que ella se sintiera bien? Planes que no significaban nada y que no implicaban ning&uacute;n avance sino, al contrario, un nuevo estancamiento en la obligaci&oacute;n y en la fantas&iacute;a de una falsa placidez familiar plagada de dependencias.</p>
<p>&mdash;No s&eacute;. No me parece buena idea. Amanda estar&aacute; muy ocupada. Con el ni&ntilde;o malo&hellip; No creo que tenga ganas de verme. Y menos a&uacute;n de meterme en su casa.</p>
<p>&mdash;La casa es de los dos.</p>
<p>&mdash;Ya.</p>
<p>&mdash;Y claro que Amanda quiere verte. Nunca ha tenido una hermana.</p>
<p>&mdash;Y nunca la tendr&aacute;.</p>
<p>As&iacute; que no iba a ir con ella. As&iacute; que &eacute;sa era la &uacute;nica verdad.</p>
<p>Pod&iacute;a poner todas las excusas que quisiera y adornar su decisi&oacute;n con todos los embellecidos argumentos del mundo. Pero no iba a ir con ella.</p>
<p>&mdash;&iquest;Te acuerdas de nuestro primer viaje en barco con pap&aacute;? Te levantaste tres horas antes de lo previsto. Y luego estuviste todo el d&iacute;a aferrada al folleto de los horarios de salidas y llegadas, como si no pudieras perderlo por nada del mundo. No lo soltaste hasta que estuvimos en el hotel. &iquest;Te acuerdas?</p>
<p>Claro que se acordaba. Asinti&oacute; con la cabeza. La suav&iacute;sima moqueta del hotel era verde, y tambi&eacute;n era de color verde el papel de las paredes de su habitaci&oacute;n. Lo recordaba todo perfectamente, y entonces reapareci&oacute; el miedo. Un miedo angustioso, paralizante, que le nac&iacute;a en el est&oacute;mago y que se le desarrollaba en el pecho, oprimi&eacute;ndolo e impidiendo una respiraci&oacute;n normal. Un miedo que podr&iacute;a hacer que un ser bueno se convirtiera en un ser diferente. Oy&oacute; gritos a su espalda, seguidos de unas descomunales carcajadas, y supo que llegaban m&aacute;s viajeros, justo al l&iacute;mite. No fue necesario volver la cabeza para comprender que corr&iacute;an arrastrando sus bolsas, mientras hac&iacute;an aparatosos gestos en direcci&oacute;n al conductor para que no se fuera. Y, mientras, los otros, lo que ya hab&iacute;an subido al autob&uacute;s, los que no ten&iacute;an dudas ni alzaban ante s&iacute; muros insalvables que los separaran de la satisfacci&oacute;n y la alegr&iacute;a, dedicaban sus minutos de espera a la contemplaci&oacute;n del extra&ntilde;o comportamiento de aquellos hermanos que no se miraban, que no se mov&iacute;an, y que no parec&iacute;an darse cuenta de que deb&iacute;an huir, como todos ellos, de la destrucci&oacute;n de la vida metropolitana.</p>
<p>&mdash;S&oacute;lo son unos d&iacute;as. &iquest;Por qu&eacute; no podemos hacerlo? Seguir con lo que hab&iacute;amos planeado&hellip;</p>
<p>&mdash;No hay tanta diferencia entre aqu&iacute; y all&iacute;, Leo.</p>
<p>&mdash;&iquest;Y eso me lo dices t&uacute;? &iquest;Ahora?</p>
<p>&mdash;No puedo decirte mucho m&aacute;s.</p>
<p>Ella hab&iacute;a dormido la noche anterior en el asiento de un tren. Hab&iacute;a pasado fr&iacute;o, a pesar de estar ya en verano, y al amanecer, al despertar, hab&iacute;a o&iacute;do unos ruidos extra&ntilde;os al otro lado de la puerta de su compartimento. Los dem&aacute;s viajeros segu&iacute;an durmiendo, pero ella pudo comprobar que en el pasillo hab&iacute;a una pareja discutiendo. Se trataba de dos ancianos y, para su sorpresa, observ&oacute; que se estaban empujando mutuamente. Se gritaban tambi&eacute;n, aunque lo que provocaba aquellos sonidos tan bruscos era el cuerpo de cualquiera de ellos al chocar contra el cristal de la puerta. Quiso dejar de mirar, pero la violencia le pareci&oacute; avasalladora y la palidez de sus rostros, su crispaci&oacute;n, hipn&oacute;tica. Parec&iacute;an estar agonizando. No pod&iacute;a o&iacute;r lo que se dec&iacute;an, pero continu&oacute; observando sus caras, que se desdibujaban m&aacute;s all&aacute; de la peque&ntilde;a cortinilla blanca que adornaba el cristal, y sinti&oacute; verdadero terror.</p>
<p>Y ahora, con Jermo all&iacute;, junto a ella, se preguntaba c&oacute;mo ser&iacute;a estar al otro lado. Disponer de la fuerza y del domino suficientes como para poder lanzarle una frase como aqu&eacute;lla a alguien que llevaba horas aguardando su llegada: &laquo;No puedo decirte mucho m&aacute;s&raquo;. Con semejante templanza y sin remordimientos. Con la certeza de que el perd&oacute;n y la comprensi&oacute;n llegar&iacute;an sin duda porque era un ser amado como a nadie m&aacute;s se hab&iacute;a amado en el mundo. Con el convencimiento de que nunca podr&iacute;a pronunciar frases desde&ntilde;osas o resultar despectivo, y de que todas las horas que se pasasen a su lado contar&iacute;an como horas bien empleadas. &iquest;C&oacute;mo ser&iacute;a tener la magn&iacute;fica capacidad de hacer siempre lo que se debe? Sin herir ni decepcionar.</p>
<p>Con la prerrogativa de no ofender jam&aacute;s.</p>
<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;? &iquest;Nos vamos?</p>
<p>Y saber adem&aacute;s que todo lo que se le ped&iacute;a era una mano suave que se decidiera a alborotar el precioso pelo de su hermana peque&ntilde;a, que ansiaba la caricia como un perro ans&iacute;a su hueso, conscientes ambos de que &eacute;l no podr&iacute;a hacer da&ntilde;o de ning&uacute;n modo.</p>
<p>Le ech&oacute; un &uacute;ltimo vistazo al autob&uacute;s. Las abejas se mov&iacute;an en su interior con sus ropas de colores brillantes, sus cintas en el pelo y sus ampl&iacute;simas sonrisas de vivaces individuos rodeados de miel. El n&eacute;ctar de las flores estar&iacute;a felizmente disponible para que lo libaran todos ellos, y el polen se quedar&iacute;a adherido a los pelillos de sus patas sin que Jermo y ella se encontraran all&iacute; para garantizarse su parte del banquete. Pero pens&oacute; que incluso la vida de las abejas era una vida de esclavitud, y volvi&oacute; a mirar a su hermano.</p>
<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; le pasa a Mateo? &iquest;Crees que le gustar&eacute;?</p>
<p>&mdash;Llora mucho. Y creo que le encantar&aacute;s. Est&aacute; deseando conocer a su t&iacute;a.</p>
<p>Jermo sonre&iacute;a ahora, mientras sacaba de un bolsillo las llaves de su coche. Despu&eacute;s cogi&oacute; las dos bolsas del suelo y se puso a andar, asegur&aacute;ndose de que ella iba a su lado.</p>
<p>A&uacute;n les esperaba un breve trayecto hasta llegar a casa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="right"><strong>&nbsp;</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 26 Jun 2018 06:26:14 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Qui etait Borges? Jorge Luis Borges, Copi, las preguntas abiertas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/qui-etait-borges/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/octubre/pron500.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: center;">1</p>
<p>&laquo;Qui &eacute;tait Borges?&raquo; Volv&iacute; a tropezar con esa pregunta, posiblemente la m&aacute;s importante de la literatura en espa&ntilde;ol de los &uacute;ltimos cien a&ntilde;os y la &uacute;nica que merece la pena ser respondida, unas semanas atr&aacute;s en el lugar m&aacute;s inesperado, el s&oacute;tano de la Cit&eacute; Internationale de la Bande Dessin&eacute;e et de l&rsquo;Image de Angoul&ecirc;me, en Francia. El s&oacute;tano estaba refrigerado, yo tiritaba, estaba harto de estar de pie; pero sent&iacute;a el v&eacute;rtigo de cada vez que tiene lugar un descubrimiento, y eso compensaba todas las incomodidades. (La pregunta era formulada por un pollo, naturalmente).</p>
<p>Estaba en Angoul&ecirc;me para estudiar los manuscritos depositados all&iacute; del escritor argentino Copi. Nacido Ra&uacute;l Damonte Botana en 1939, apodado &laquo;Copi&raquo; por una de sus abuelas &mdash;la dramaturga anarquista Salvadora Medina Onrubia&mdash; por parecer de ni&ntilde;o &laquo;un copito de nieve&raquo;, escritor de teatro, autor en franc&eacute;s de varias novelas y libros de cuentos, extraordinario actor travest&iacute;, creador de &laquo;la femme assise&raquo;, la mujer sentada que apareci&oacute; semanalmente en <em>Le Nouvel Observateur</em> durante sus primeros diez a&ntilde;os de existencia, v&iacute;ctima del sida en 1987, a los cuarenta y ocho a&ntilde;os de edad, Copi escribi&oacute;, en palabras de Daniel Link, &laquo;como si Borges no hubiera existido nunca&raquo;, de all&iacute; lo desconcertante de la pregunta que hall&eacute; en Angoul&ecirc;me, en una de sus tiras. &laquo;Qui &eacute;tait Borges?&raquo;, pregunta a la mujer sentada un pollo, su interlocutor m&aacute;s habitual y uno de los muchos animales que pueblan la obra de Copi, en la que la dicotom&iacute;a entre estos y los hombres &mdash;al igual que otros pares antit&eacute;ticos, como hombre/mujer, animado/inanimado, vida/muerte, sue&ntilde;o/vigilia&mdash; es habitual y sistem&aacute;ticamente abolida. La mujer sentada le responde: &laquo;Jorge Luis? Un vieux monsieur qui savait parler de la vie et de la mort&raquo;. La tira contin&uacute;a, pero el di&aacute;logo se detiene all&iacute;.</p>
<p>La aparici&oacute;n de Borges en la tira no es la &uacute;nica menci&oacute;n suya en la obra de Copi, sin embargo: en <em>L&rsquo;Internationale argentine</em>, su &uacute;ltima novela, uno de los personajes es una hija hipot&eacute;tica del autor argentino. Ra&uacute;la (sic) Borges es la prometida del agregado cultural de la embajada argentina en Par&iacute;s, y su papel consiste en alentar las ambiciones pol&iacute;ticas de su novio en detrimento de los esfuerzos que una organizaci&oacute;n denominada La Internacional Argentina hace por la candidatura a la presidencia de Dar&iacute;o Copi, un poeta argentino muy poco talentoso radicado en Francia. Dar&iacute;o Copi va a perder la oportunidad de convertirse en presidente de Argentina cuando se hagan p&uacute;blicos sus or&iacute;genes jud&iacute;os, pero, de entre todos los personajes y hechos disparatados y contradictorios que conforman la novela, y al margen de la previsibilidad de su final, de entre todos ellos, destacar&aacute; la supuesta hija de Borges, que encarna en m&aacute;s de un sentido la anomal&iacute;a, lo monstruoso.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">2</p>
<p><em>L&rsquo;Internationale argentine</em> pertenece a la serie de textos argentinos que fabulan la toma del poder, y es singular que uno de sus personajes de mayor relevancia sea la hija ap&oacute;crifa de Jorge Luis Borges, ya que la novela&mdash;toda la obra de Copi, de hecho&mdash; ha sido utilizada por parte de algunos escritores argentinos para tomar el poder, al menos el literario. En alg&uacute;n sentido, esos autores son los hijos de Borges, las anomal&iacute;as que Copi predijo y contribuy&oacute; a concebir, de all&iacute; que sus palabras sobre el autor de &laquo;El Aleph&raquo; en la tira de Angoul&ecirc;me resonaron con particular fuerza en m&iacute;. Vistos como escritores antit&eacute;ticos, en la tira hab&iacute;a un singular reconocimiento a Borges, posiblemente p&oacute;stumo. (Si se tiene en cuenta el tiempo verbal de la pregunta: la tira no est&aacute; fechada).</p>
<p>En uno de sus mejores ensayos, la excepcional ensayista argentina Graciela Montaldo defini&oacute; <em>L&rsquo;Internationale argentine</em>, <em>Una novela china</em> de C&eacute;sar Aira y <em>La hija de Kheops</em> de Alberto Laiseca como textos &laquo;que encuentran en su capacidad de fabular el incentivo de la &uacute;nica literatura posible&raquo;. Seg&uacute;n Montaldo, &laquo;El amor, las aventuras, las intrigas pol&iacute;ticas resultan proyectos fuera de toda medida y sin embargo estas novelas los cultivan con una &ldquo;naturalidad&rdquo; asombrosa, d&aacute;ndole una nueva dimensi&oacute;n a la ficci&oacute;n. Y casi en las tres novelas se podr&iacute;a percibir ese extra&ntilde;o efecto de encantamiento que produce la corroboraci&oacute;n de la narraci&oacute;n microsc&oacute;pica, detallada, con la dimensi&oacute;n ciertamente asombrosa e inconmensurable de la historia. Las tres encuentran un punto de coincidencia entre los dos extremos de la escala de medidas: lo grande y lo peque&ntilde;o, porque involucran la cotidianeidad y las man&iacute;as de los personajes en lo descomunal que tiene como s&iacute;mbolos nacionales la muralla china, las pir&aacute;mides de Egipto y la deuda externa argentina&raquo;.</p>
<p>&laquo;La narrativa de la que hemos venido hablando &mdash;contin&uacute;a Montaldo&mdash; trata de generar una nueva tradici&oacute;n partiendo de un g&eacute;nero muy viejo de la literatura europea y muy nuevo para la literatura argentina pero no parece alcanzar ni ser en s&iacute; misma suficiente para lo que gran parte de los narradores de este pa&iacute;s se han propuesto como proyecto no expl&iacute;cito: quebrar la hegemon&iacute;a borgiana en nuestra cultura&raquo;. Una cuesti&oacute;n de poder, nuevamente. Desde hace algunas d&eacute;cadas, antes incluso de su muerte, el &laquo;problema Borges&raquo; ha sido el principal y el m&aacute;s importante problema a resolver por los escritores argentinos. &laquo;Qui &eacute;tait Borges?&raquo; &mdash;as&iacute;, en franc&eacute;s; es decir, en el idioma de un esnobismo al que los argentinos no somos casi nunca insensibles&mdash;, o mejor, &laquo;&iquest;qu&eacute; hacer con Borges?&raquo; son las formas en las que el problema es presentado m&aacute;s habitualmente. A lo largo de la d&eacute;cada de 1990, el &laquo;problema Borges&raquo; parece haber enfrentado a los escritores argentinos a la disyuntiva de dejar de escribir o continuar haci&eacute;ndolo sobre bases nuevas y de una forma distinta; alejada del mandato de hipercorrecci&oacute;n y brillantez conceptual que Borges desarroll&oacute; en su obra: su soluci&oacute;n fue la creaci&oacute;n de lo que Montaldo denomina la &laquo;tradici&oacute;n contraborgiana&raquo; &mdash;&laquo;contraborgesana&raquo; ser&iacute;a tal vez mejor, pero esto importa poco&mdash;, un conjunto amplio de textos presididos por una heterodoxia festiva y una desacralizaci&oacute;n cuyo origen est&aacute; en la totalidad de la obra de Copi, no s&oacute;lo en <em>L&rsquo;Internationale argentine</em>.</p>
<p>Algunos de los autores de la contrahegemon&iacute;a son nombres esenciales de la literatura argentina contempor&aacute;nea: C&eacute;sar Aira, Alan Pauls, Rodolfo Enrique Fogwill, Daniel Guebel, Sergio Bizzio, Sergio Chejfec, Marcelo Cohen; cada uno de ellos resolvi&oacute; el &laquo;problema Borges&raquo; de forma distinta: C&eacute;sar Aira, mediante la serializaci&oacute;n, la creaci&oacute;n de un dispositivo y la supremac&iacute;a del proceso por sobre el resultado de la producci&oacute;n literaria; Alan Pauls, a trav&eacute;s de una literatura estrechamente vinculada al arte contempor&aacute;neo &mdash;aunque al menos una de sus novelas, <em>Wasabi</em>, es tanto deudora de Aira como de Copi&mdash;; Fogwill, mediante una contemporaneidad rabiosa y decidida, as&iacute; como a trav&eacute;s de dos textos en los que exorciz&oacute; la influencia del autor de &laquo;Las ruinas circulares&raquo;, el cuento &laquo;Help a &eacute;l&raquo; &mdash;un acr&oacute;nimo de &laquo;El Aleph&raquo;, por supuesto&mdash; y la novela <em>Un gui&oacute;n para Artkino</em>, donde, en una Argentina ya por completo integrada en la Uni&oacute;n de Rep&uacute;blicas Socialistas Sovi&eacute;ticas, las obras de Borges son consideradas ap&oacute;crifos publicados en connivencia con la polic&iacute;a pol&iacute;tica para hundir a un autor, esencialmente, proletario, responsable de las novelas &laquo;rescatadas&raquo; <em>Horas proletarias</em> y <em>Ma&ntilde;anitas metal&uacute;rgicas</em>; Daniel Guebel y Sergio Bizzio con la adhesi&oacute;n a los postulados de Aira; Sergio Chejfec, mediante una escritura abigarrada, lejos de la claridad y la impronta cl&aacute;sica de la prosa de Borges; Marcelo Cohen, con la creaci&oacute;n de un mundo ficcional llamado &laquo;El Delta Panor&aacute;mico&raquo; y la concepci&oacute;n de una lengua personal. Pero otros escritores, igualmente importantes aunque no pertenecientes expl&iacute;citamente a la corriente antiborgiana han producido textos que en los veinte a&ntilde;os posteriores a la muerte de Borges han supuesto, por omisi&oacute;n o de forma directa, un cuestionamiento de su legado: Hebe Uhart se ha refugiado en la narraci&oacute;n de la intimidad y en una cierta ligereza deliberada; Elvio E. Gandolfo ha adherido a g&eacute;neros &laquo;menores&raquo; que Borges desde&ntilde;&oacute; pese a su contribuci&oacute;n a ellos &mdash;la novela policiaca, la ciencia ficci&oacute;n, el terror, etc&eacute;tera&mdash;; Rodrigo Fres&aacute;n ha recortado un conjunto de referencias exclusivamente anglosajonas &mdash;pese a lo cual dedic&oacute; a la figura de Borges uno de los mejores pasajes de <em>Historia argentina</em>&cedil; as&iacute; como un ensayo extraordinario, &laquo;El d&iacute;a en que casi mato a Borges&raquo;&mdash;; Mart&iacute;n Caparr&oacute;s avanz&oacute; sobre el terreno, nunca ollado por Borges, del periodismo narrativo, y en una expl&iacute;cita y muy reciente declaraci&oacute;n de intenciones, desplaz&oacute; el centro gravitacional de la literatura argentina de Borges a Esteban Echeverr&iacute;a.</p>
<p>(En Ricardo Piglia la soluci&oacute;n del &laquo;problema Borges&raquo; es m&aacute;s compleja: la construcci&oacute;n de una obra literaria en la que se articulan el inter&eacute;s por la delincuencia y la circulaci&oacute;n del dinero presente en la obra de Roberto Arlt con el inter&eacute;s por la lectura como actividad creadora, el enga&ntilde;o, la duplicidad y la tradici&oacute;n de la obra de Borges, todo ello encarnado en el que quiz&aacute;s sea su mejor cuento, &laquo;Luba&raquo;, pero tambi&eacute;n en mucho otros pasajes de su obra).</p>
<p>No se trata de que la figura de Borges est&eacute; ausente de la producci&oacute;n literaria argentina: de hecho, est&aacute; presente, por ejemplo, en el ya mencionado <em>Un gui&oacute;n para Artkino</em> de Fogwill (2009), en el personaje despreciable del mismo nombre de <em>La lengua del mal&oacute;n</em> de Guillermo Saccomanno (2003), en la historia del artista Rafael Zarlanga en el cuento de Daniel Guebel &laquo;La infecci&oacute;n vanguardista&raquo; (2012), en <em>Cort&aacute;zar de la A a la Z</em> (2014) de Aurora Bern&aacute;rdez, Carles &Aacute;lvarez Garriga y Sergio Kern, donde numerosas entradas coinciden con las del <em>Borges verbal</em> de Pilar Bravo y Mario Paoletti (1999) &mdash;m&aacute;s espec&iacute;ficamente, &laquo;espa&ntilde;oles&raquo;, &laquo;escribir&raquo;, &laquo;traducir&raquo;, &laquo;muerte&raquo;, &laquo;psicoan&aacute;lisis&raquo;, &laquo;tango&raquo; y &laquo;vejez&raquo;, en una diferencia de opiniones y de concepciones que servir&iacute;a para fundar una teor&iacute;a si se lo deseara&mdash;, en el gesto de Pablo Katchadjian, no completamente comprendido por algunos, de <em>El Aleph engordado</em> (2009) y en la extraordinaria instalaci&oacute;n de Fabio Kacero &laquo;Fabio Kacero autor del Jorge Luis Borges, autor de Pierre Menard, autor del Quijote&raquo; (2014). A excepci&oacute;n de estos dos &uacute;ltimos, se podr&iacute;a decir, la apropiaci&oacute;n de la figura de Borges por parte de los escritores argentinos contempor&aacute;neos se centra en los aspectos m&aacute;s ic&oacute;nicos de esa figura: resuelve qu&eacute; hacer con el sujeto Jorge Luis Borges, es cierto; pero no resuelve qu&eacute; hacer con su obra y con su mandato.</p>
<p>Mar&iacute;a Teresa Gramuglio sosten&iacute;a en 1991 en su &laquo;Genealog&iacute;a de lo nuevo&raquo; que &laquo;narrar hoy en la Argentina no es s&oacute;lo narrar desde Borges (aunque su figura siga presidiendo la novela familiar de m&aacute;s de un novelista), sino que se ha ido configurando una trama densa de textos en el interior de la cual se dise&ntilde;a un &aacute;rbol geneal&oacute;gico (no muy frondoso) cuyas ramas principales y a&uacute;n ciertos reto&ntilde;os e injertos se leen en los libros de hoy (y no s&oacute;lo en los libros). En lo m&aacute;s inmediato: algunos nombres, por la frecuencia con que son convocados, se tornan insoslayables: Marechal y Cort&aacute;zar; Walsh, Puig y Lamborghini; Vi&ntilde;as, Piglia y Saer; alg&uacute;n Bioy Casares, alg&uacute;n Aira&hellip; Cada uno de estos nombres introduce a su vez otras genealog&iacute;as y define otros espacios; cada uno de ellos es un cruce de literaturas donde lo nacional y lo extranjero, la lengua y los g&eacute;neros, la ficci&oacute;n, la historia y la pol&iacute;tica, traman las diversas soluciones narrativas que sostienen cada po&eacute;tica particular&raquo;. A veinticinco a&ntilde;os de esta afirmaci&oacute;n, la literatura argentina parece empe&ntilde;ada en perseverar en ciertos entusiasmos &mdash;Rodolfo Walsh, Osvaldo Lamborghini, David Vi&ntilde;as, Ricardo Piglia, Juan Jos&eacute; Saer, C&eacute;sar Aira&mdash;, lo que podr&iacute;a llevar a pensar que el &laquo;problema Borges&raquo; ha sido resuelto de forma t&aacute;cita; sin embargo, la exclusi&oacute;n del autor de <em>El libro de arena</em> como influencia reconocida, la inexistencia de elementos que adhieran a su sistema en la obra de otros autores, el desd&eacute;n por los aspectos m&aacute;s reflexivos de la obra de Borges ponen de manifiesto que el &laquo;problema&raquo; no est&aacute; resuelto. Por el contrario, ha ido agrand&aacute;ndose en la medida en que, en un singular ejercicio de funambulismo, los escritores argentinos m&aacute;s recientes &mdash;los que pertenecen a mi generaci&oacute;n, o a cuya generaci&oacute;n yo pertenezco: como se prefiera&mdash; est&aacute;n haciendo un esfuerzo improbable por escribir como si Borges no hubiera existido nunca.</p>
<p>Nuevamente, se trata de una cuesti&oacute;n pol&iacute;tica, parcialmente vinculada con las adhesiones y el sesgo profundamente conservador de Borges en esa materia &mdash;un sesgo que, sin embargo no ha sido obst&aacute;culo para la recuperaci&oacute;n de otros autores de inclinaciones pol&iacute;ticas similares como las hermanas Silvina y Victoria Ocampo y Eduardo Mallea, quienes, al igual que Borges, eran publicados regularmente, en una muestra de conformidad y apoyo mutuo, en <em>P&aacute;jaro de Fuego</em>, la publicaci&oacute;n cultural ligada al Ministerio de Cultura de la &uacute;ltima dictadura argentina&mdash;, pero que tiene en s&iacute; el germen de una imposibilidad y de un malentendido: la imposibilidad es la de eludir efectivamente una figura que, como la de Borges, parece de a ratos m&aacute;s grande y m&aacute;s relevante que la literatura nacional en la que se inscribe; el malentendido &mdash;que ratifica mi convicci&oacute;n de que el &laquo;problema Borges&raquo; no ha terminado&mdash; es el que consiste en la convicci&oacute;n err&oacute;nea de que lo nuevo en la literatura argentina ser&iacute;a un realismo mayormente rural que permea muchos, realmente muchos libros recientes: como si el famoso apotegma de Piglia seg&uacute;n el cual Borges es &laquo;el &uacute;ltimo escritor del siglo XIX&raquo; hubiese sido tomado en serio por los autores argentinos contempor&aacute;neos, el supuesto autor decimon&oacute;nico parece ser visto como una antigualla, parte constitutiva de un canon literario que, tras las incorporaciones en la d&eacute;cada de 1990 de las figuras de Copi, N&eacute;stor Perlongher y Osvaldo Lamborghini, ya no fuese necesario revisar.</p>
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<p align="center">3</p>
<p style="text-align: left;" align="center">Volvamos a <em>L&rsquo;Internationale argentine</em>. En ella, el &laquo;robo&raquo; de la candidatura de Copi es acompa&ntilde;ada por el plagio de uno de sus poemas, que el novio de Ra&uacute;la Borges lee como propio en su primera comparecencia ante la prensa; termina de esa forma una aventura pol&iacute;tica entre cuyas promesas se cuentan la entrega a cada familia argentina de un maniqu&iacute; de Copi para que &laquo;vayan acostumbr&aacute;ndose a verlo siempre en un rinc&oacute;n de sus casas [&hellip;] como a alguien de la familia&raquo;, la nacionalizaci&oacute;n de las panader&iacute;as y la consigna de &laquo;pan gratuito para todo el mundo&raquo;, la creaci&oacute;n de &laquo;un para&iacute;so ateo&raquo; sin &laquo;c&aacute;maras, ni ministerios, ni organismos del Estado&raquo;, un ej&eacute;rcito que ser&aacute; alquilado &laquo;a los pa&iacute;ses vecinos para que hagan las guerras que siempre han so&ntilde;ado&raquo;, guardando el pa&iacute;s &laquo;una porci&oacute;n del territorio conquistado&raquo;, la explotaci&oacute;n del petr&oacute;leo patag&oacute;nico, que &laquo;se reservar&aacute; s&oacute;lo a los ind&iacute;genas&raquo;, etc&eacute;tera. <em>L&rsquo;Internationale argentine</em> participa de la serie compuesta por el proyecto presidencial de Macedonio Fern&aacute;ndez y el plan para tomar el poder en <em>Los siete locos</em> y <em>Los lanzallamas</em>, de Roberto Arlt, el primero de los cuales consiste en la exposici&oacute;n del proyecto de El Astr&oacute;logo de &laquo;construir una ficci&oacute;n que act&uacute;e y produzca efectos en la realidad&raquo;, como sostiene Piglia. En esa serie, la novela de Copi parece ocupar el sitio que dej&oacute; vacante el abandono de &laquo;El hombre que ser&aacute; presidente&raquo;, la novela acerca de la campa&ntilde;a presidencial de Macedonio Fern&aacute;ndez que &mdash;y aqu&iacute; regresamos a Borges, si es que en alg&uacute;n momento nos hemos alejado&mdash; &eacute;ste y otros amigos de Macedonio comenzaron a escribir en 1927, y su argumento parece glosar el de aquella novela tal como lo recordaba Borges en 1960: &laquo;En la obra se entretej&iacute;an dos argumentos: uno visible, las curiosas gestiones de Macedonio para ser presidente de la Rep&uacute;blica; otro, secreto, la conspiraci&oacute;n urdida por una secta de millonarios neurast&eacute;nicos y tal vez locos, por lograr el mismo fin. Estos resuelven socavar y minar la resistencia de la gente mediante una serie gradual de invenciones inc&oacute;modas&raquo; que, en la campa&ntilde;a presidencial efectivamente emprendida con gran iron&iacute;a por Macedonio en 1920, ten&iacute;an por finalidad, seg&uacute;n C&eacute;sar Fernandez Moreno, &laquo;crear un verdadero malestar general, para suscitar la necesaria venida de un gran caudillo que lo conjurara, o sea el propio Macedonio. Medidas concretas propuestas por &eacute;l en ese sentido eran: repartir peines de doble filo, que lastimaran el cuero cabelludo de quienes los usaran; instalar salivaderas oscilantes, que imposibilitaran acertarles; solapas desmontables, que se quedaran en las manos del contendor cuando, en el calor de la discusi&oacute;n, se tomara de ellas para convencer al contrario; escaleras desparejas, donde las dificultades para calcular el ascenso o descenso de cada escal&oacute;n agotaran a quienes pretendieran subirlas o bajarlas&raquo;.</p>
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<p style="text-align: center;">&nbsp;4</p>
<p>A treinta a&ntilde;os de su muerte, la omisi&oacute;n de la obra de Borges en el repertorio de la literatura argentina contempor&aacute;nea parece constituir una de esas incomodidades voluntarias e in&uacute;tiles creadas por Macedonio Fern&aacute;ndez. Si la certeza de Alan Pauls de que la obra de Borges sigue siendo &laquo;de una exigencia que sobrepasa las que pueden proporcionar el mercado o los medios&raquo;, la imposibilidad de resolver el &laquo;problema Borges&raquo; por parte de los escritores argentinos m&aacute;s recientes tal vez ponga de manifiesto su dependencia absoluta a estos dos extremos a la hora de conformar su juicio cr&iacute;tico; si la omisi&oacute;n deliberada de Borges &laquo;normaliza&raquo; la literatura argentina, equipar&aacute;ndola a las otras literaturas de la regi&oacute;n &mdash;todas las cuales, y esta es su principal carencia, no tuvieron un Jorge Luis Borges&mdash;, esa misma omisi&oacute;n la desacredita; dig&aacute;moslo as&iacute;: sin Borges, la literatura argentina no vale mucho, casi nada. Es, adem&aacute;s, una literatura cuya negaci&oacute;n del pasado supone una reducci&oacute;n considerable de las posibilidades futuras, ya que, como sostiene Pauls, &laquo;cualquier idea sobre la literatura que conciba o practique un escritor argentino se mueve en un campo de problemas, disyuntivas y enigmas que la literatura de Borges delimit&oacute;, organiz&oacute; y a su manera &ldquo;solucion&oacute;&rdquo; [&hellip;] Somos borgeanos porque cualquier decisi&oacute;n que tomemos, por an&oacute;mala o salvaje que sea, ya est&aacute; inscripta de alg&uacute;n modo &mdash;como problema, como excentricidad demente, incluso como pesadilla&mdash; en el horizonte que Borges traz&oacute;&raquo;.</p>
<p>En su ensayo &laquo;&iquest;Qu&eacute; es un cl&aacute;sico?&raquo;, el premio Nobel sudafricano J.M. Coetzee da cuenta de los casos de T.S. Eliot, quien fue considerado uno pr&aacute;cticamente desde sus comienzos, y de J.S. Bach, cuya obra fue ridiculizada tras su muerte y s&oacute;lo recuperada d&eacute;cadas m&aacute;s tarde. &iquest;Es Borges nuestro nuevo Bach?, podr&iacute;a uno preguntarse. No exactamente. Si, seg&uacute;n Coetzee, &laquo;el cl&aacute;sico es el resultado de una construcci&oacute;n hist&oacute;rica constituida [&hellip;] por fuerzas hist&oacute;ricas definidas y dentro de un contexto hist&oacute;rico determinado&raquo;, su car&aacute;cter es tambi&eacute;n ahist&oacute;rico; en palabras del autor, &laquo;el cl&aacute;sico es aquel que supera los l&iacute;mites del tiempo, que retiene un significado para las &eacute;pocas venideras, que &ldquo;vive&rdquo;&raquo;. Rodolfo Fogwill afirm&oacute; en 1983, de forma contundente, que &laquo;no hay pol&iacute;tica cultural posible en la Argentina que no comience por desmitificar la figura venerable de[l] Maestro [Borges], aunque s&oacute;lo sea para poner a funcionar en la producci&oacute;n de cultura lo que se pudo haber aprendido de &eacute;l&raquo;. Para Coetzee el cl&aacute;sico es &laquo;aquello que sobrevive a la peor barbarie, aquello que sobrevive porque hay generaciones de personas que no pueden permitirse ignorarlo&raquo;; su paradoja, la de que su interrogaci&oacute;n, &laquo;por hostil que sea, forma parte de la historia del cl&aacute;sico, porque mientras un cl&aacute;sico necesite ser protegido del ataque no podr&aacute; probar que es un cl&aacute;sico&raquo;. La recusaci&oacute;n de Borges, su obliteraci&oacute;n en la literatura argentina contempor&aacute;nea, el intento de escribir &laquo;contra&raquo; o &laquo;como si Borges no hubiera existido nunca&raquo; no pertenecen tanto, en ese sentido, a la historia de la literatura argentina como a la de Borges, a su singular vida p&oacute;stuma, en la que el autor de <em>El informe de Brodie</em> no s&oacute;lo sigue vivo, sino tambi&eacute;n dando batalla.</p>
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<p style="text-align: center;">&nbsp;5</p>
<p>Pero yo no pensaba en ello en Angoul&ecirc;me, donde mis motivaciones eran otras, y mi objeto de estudio, muy distinto; de hecho, uno de los escritores utilizados para echar por tierra la hegemon&iacute;a inevitablemente asfixiante del autor de <em>Ficciones</em>. Al tropezar con la tira, con la frase &laquo;Qui &eacute;tait Borges?&raquo; &mdash;m&aacute;s todav&iacute;a, al comprender que hab&iacute;a una genealog&iacute;a posible, una forma de atravesar la literatura argentina del siglo XX para producir un recorte que fuese contra las convenciones y estuviese al margen de las luchas por el poder literario, en una l&iacute;nea que vinculase a Roberto Arlt, Macedonio Fern&aacute;ndez, Borges, Copi y Piglia&mdash;, cre&iacute; vislumbrar la inevitabilidad de hacer frente al problema; por mi parte, yo nunca hab&iacute;a querido prescindir de los derechos y las obligaciones que devienen de escribir despu&eacute;s de Borges, pero s&oacute;lo en ese momento pens&eacute; que hacerlo era, tambi&eacute;n, contravenir un estado nacional de la literatura, en el que la obra de Borges no est&aacute; siendo utilizada, ni para producir una literatura que, como afirm&oacute; Fogwill, ponga en juego lo que se &laquo;pudo haber aprendido de &eacute;l&raquo;, ni para responder a la pregunta de qui&eacute;n fue Borges y qu&eacute; hacemos con &eacute;l. Se trata, creo, de una pregunta importante y que merece ser respondida: tambi&eacute;n, y por consiguiente, de la &uacute;nica pregunta que es mejor que no sea respondida nunca, entre otras cosas, al menos de forma completa, para que esa literatura siga viva y la obra de Borges contin&uacute;e produciendo efectos. En Angoul&ecirc;me descubr&iacute; que Copi no hab&iacute;a podido terminar su tira, y ahora creo que, en su inconclusi&oacute;n, la tira es mejor y m&aacute;s poderosa, porque adquiere el car&aacute;cter de una pregunta abierta y formulada al futuro; es decir, al presente: &iquest;Qu&eacute; hacer con Borges? Es decir, &iquest;qu&eacute; hacer con Borges que no sea ignorarlo, fingir que nunca existi&oacute;, que su obra es un borr&oacute;n o que las p&aacute;ginas de sus libros est&aacute;n en blanco? Quiz&aacute;s los fastos del trig&eacute;simo aniversario de su muerte sirvan para responder a esta pregunta, pero, al margen de ello, me parece evidente que de la respuesta que se le d&eacute; depende la exigencia y la necesidad de una literatura argentina de relevancia o su estancamiento en la irrelevancia, la modestia, los tonos menores, intimistas, a menudo recurrentes en el costumbrismo, que caracteriza a la literatura argentina en nuestros d&iacute;as.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 25 Jun 2018 07:39:47 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[[...que no es nadie la muerte]]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/que-no-es-nadie-la-muerte/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/junio/MARTA_AGUDO.jpg" alt="" /></p>
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<p>&hellip;que no es nadie la muerte. Un apagarse de golpe o poco a poco, como la luz que se amortigua cada tarde en los ojos de los enfermos.</p>
<p>El enfermo o la entrega paulatina, ese fugarse sin alas. Y el mundo que se mueve s&oacute;lo y gracias al deseo de que amanezca al d&iacute;a siguiente. El impulso patol&oacute;gico a eludir el cad&aacute;ver que albergamos, asirnos a la oportunidad concedida.</p>
<p>S&oacute;lo Cernuda sab&iacute;a m&aacute;s que yo, s&oacute;lo el Bosco, s&oacute;lo Garc&iacute;a Lorca. Tres nombres y una arquitectura: la memoria del pante&oacute;n o la arena de pronto redimida durante diez segundos m&aacute;s en la historia del universo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>S&iacute;, una historia del universo contada al rev&eacute;s ser&iacute;a menos capciosa, hipn&oacute;tica en su principio, duradera acaso en la caricia primera maternal.</p>
<p>S&iacute;, una partitura le&iacute;da al rev&eacute;s y acabar con la clave que marc&oacute; nuestros d&iacute;as. &iquest;As&iacute; el libre albedr&iacute;o, el no estar vaticinados? El pentagrama trasnocha posibilidades, caudal de r&iacute;os imprudentes.</p>
<p>S&iacute;, una escultura imposible. Una obra imposible de terminarse equivale a otra que no se deja empezar. El m&aacute;rmol o la lucha a brazo partido con el tiempo.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 25 Jun 2018 07:27:28 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Plomada y nivel]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/plomada-y-nivel/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/junio/GUADALUPE_GRANDE_2.jpg" alt="" /></p>
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<p>Son dos los p&aacute;jaros de las estaciones: el que canta al anochecer, el que no canta&nbsp;</p>
<p>en la pizarra del &aacute;ngel, brillante, est&aacute; mi padre sentado a la diestra de los chotos</p>
<p>es decir, a dos pasos de lo inveros&iacute;mil&nbsp;</p>
<p>el reloj nuclear sigue avanzando, independiente del sol y las estrellas</p>
<p>todo se desintegra a una velocidad constante, como plomada que rige la habitaci&oacute;n vac&iacute;a, la habitaci&oacute;n limpia, la inmaculada estancia donde los meteoritos son la edad de la tierra&nbsp;</p>
<p>simplemente era un mi&eacute;rcoles con nombre de s&aacute;bado porque nada hace a los patriarcas la raz&oacute;n aritm&eacute;tica entre las generaciones y la edad de los residuos&nbsp;</p>
<p>y el mundo comenz&oacute; simplemente el d&iacute;a en que prometeo abandon&oacute; el fuego en otro lugar</p>
<p>y el d&iacute;a termin&oacute;, simplemente&nbsp;</p>
<p>no es bueno el sufrimiento, digan lo que digan los mandarines de las buenas intenciones siempre buenas para otros</p>
<p>no lo es, nos hace doblemente desdichados, tristes en el padecimiento y soberbios en el usufructo de alguna reclamada compensaci&oacute;n&nbsp;</p>
<p>un residuo, un soplo de vida, las bacterias azules y verdes que de la luz nos dan el aire</p>
<p>y dicen: ni siquiera las rocas pudieron sobrevivir a la violenta infancia de la tierra&nbsp;</p>
<p>elije una roca, cualquier roca, hasta llegar a la &uacute;ltima parada en la cadena de la desintegraci&oacute;n y solo queda el plomo, la contante desintegraci&oacute;n del plomo</p>
<p>porque mil a&ntilde;os en tu presencia son como la despedida de ayer</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 22 Jun 2018 11:24:09 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Turia redescubre a Julio Garcés]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-redescubre-a-julio-garces/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2018/garces500.jpg" alt="" /></p>
<p class="Textoindependiente21" style="text-align: left;" align="center"><strong>LA REVISTA RESCATA DEL OLVIDO A ESTE SINGULAR POETA ESPA&Ntilde;OL RADICADO EN PER&Uacute;</strong> </p>
<p class="Textoindependiente21">Entre las novedades que ofrece a los lectores la revista TURIA, que presentar&aacute; en la FIL de Lima 2018 un sumario especial sobre &ldquo;Letras de Espa&ntilde;a y Per&uacute;&rdquo;, destaca el rescate del olvido del escritor Julio Garc&eacute;s (Soria, 1919 &ndash; Lima, 1978). Un singular autor que protagoniz&oacute;&nbsp; algunas de las obras m&aacute;s interesantes de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola inmediatamente posterior a la Guerra Civil y que fue durante d&eacute;cadas un poeta casi secreto que viv&iacute;a en Lima y que ejerc&iacute;a como agregado cultural de la embajada de Espa&ntilde;a.</p>
<p class="Textoindependiente21">Esta primera aproximaci&oacute;n a la obra de Julio Garc&eacute;s culminar&aacute; en 2019, a&ntilde;o en el que se cumplir&aacute; el centenario de su nacimiento, con un monogr&aacute;fico de TURIA en el que se le rendir&aacute; homenaje y se estudiar&aacute; a fondo su labor literaria.</p>
<p class="Textoindependiente21">Ahora, el nuevo n&uacute;mero de TURIA permite ya un primer acercamiento a Julio Garc&eacute;s. Y lo hace a trav&eacute;s de un art&iacute;culo (&ldquo;Un poeta espa&ntilde;ol en el Per&uacute;: Julio Garc&eacute;s&rdquo;) elaborado por el cr&iacute;tico Enrique Andr&eacute;s Ruiz, que es el m&aacute;ximo estudioso de su obra, y la publicaci&oacute;n de tres poemas in&eacute;ditos que reciben el t&iacute;tulo general de &ldquo;Carta a Esther desde los Andes&rdquo;</p>
<p class="Textoindependiente21">La biograf&iacute;a de Julio Garc&eacute;s tuvo un momento clave cuando, en 1949, conoci&oacute; a la destacada bailarina peruana de ballet cl&aacute;sico Esther Desmaison, de gira por Barcelona. Ella volver&iacute;a al Per&uacute; y &eacute;l, tras una primera estancia en Caracas, conseguir&iacute;a finalmente en 1953 casarse con ella en Lima y obtener tambi&eacute;n un trabajo en la Embajada espa&ntilde;ola vinculado a la Agregadur&iacute;a de Cultura, que pasar&iacute;a a ocupar en 1961 y en la que desarroll&oacute; toda su labor hasta su muerte. Durante a&ntilde;os, Julio Garc&eacute;s se convirti&oacute; en el nexo cultural entre Espa&ntilde;a y Per&uacute;, entablando relaci&oacute;n con los protagonistas de la aquella &eacute;poca&nbsp; (entre sus amigos estuvieron los peruanos Emilio Adolfo Westphalen, Julio Ram&oacute;n Ribeyro o Luis Alberto S&aacute;nchez, y por su casa en Lima pasaron muchos escritores espa&ntilde;oles, as&iacute; como tambi&eacute;n mantuvo correspondencia con Vicente Aleixandre).&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Standard"><strong>DE SORIA A LIMA</strong></p>
<p class="Standard">La infancia y primera juventud de Julio Garc&eacute;s transcurrieron entre Soria y Madrid. Finaliz&oacute; en Barcelona los estudios universitarios de Derecho y Filosof&iacute;a y Letras, que hab&iacute;a iniciado en Zaragoza. Antes de licenciarse, cuando apenas contaba 20 a&ntilde;os, dio a la imprenta sus primeros libros de poes&iacute;a: &ldquo;Peregrinaje&rdquo; (1937) y &ldquo;Primer romancero del recuerdo&rdquo; (1939). En ellos se refleja las influencias de Federico Garc&iacute;a Lorca, Jorge Guill&eacute;n y Gerardo Diego. Luego, ya finalizada la guerra civil y durante la primera posguerra, saldr&iacute;an a la luz otros libros: &ldquo;Gris&rdquo; (1942), &ldquo;El amor brujo&rdquo; (1942), &ldquo;Odas&rdquo; (1943) y &ldquo;Poes&iacute;a sin orillas&rdquo; (1947).</p>
<p class="Standard">Es importante destacar que la historia de la poes&iacute;a de posguerra en Espa&ntilde;a ha ignorado hasta ahora la poes&iacute;a escrita en Barcelona entre el final de la Guerra Civil y 1951, el a&ntilde;o fundacional de la llamada &laquo;Escuela de Barcelona&raquo;. En dicha etapa tiene un papel destacado Julio Garc&eacute;s. Son casi doce a&ntilde;os de escritura en castellano, que fueron tiempo de&nbsp; sustituci&oacute;n&nbsp; ling&uuml;&iacute;stica&nbsp; y&nbsp; cultural-ideol&oacute;gica,&nbsp; de&nbsp; lanzamiento&nbsp; de&nbsp; nuevas&nbsp; editoriales&nbsp; y</p>
<p class="Standard">colecciones, de creaci&oacute;n de revistas y premios, de tertulias y de abundante creaci&oacute;n po&eacute;tica en Barcelona, la mayor parte de ella bajo el signo del surrealismo. Los nombres propios de esta historia pueden ser m&aacute;s o menos conocidos (Juan Ram&oacute;n Masoliver, Juan Eduardo Cirlot, Julio Garc&eacute;s, etc.) pero su empe&ntilde;o en conectar con lo mejor de las po&eacute;ticas anteriores a la guerra y con las de fuera de nuestras fronteras es digno de reconocimiento y de atenci&oacute;n, tanto por su singularidad como por la calidad de los frutos obtenidos.</p>
<p class="Standard">Y, de los nombres citados, sin duda Julio Garc&eacute;s es que requiere mayor revalorizaci&oacute;n y rescate para que los lectores de hoy conozcan la calidad de su escritura po&eacute;tica. Buena prueba de ello es que C&eacute;sar Gonz&aacute;lez-Ruano aseguraba que Garc&eacute;s &ldquo;como surrealista, es uno de los m&aacute;s logrados poetas y probablemente el mejor heredero en fortuna y universalidad del surrealismo de Rafael Alberti&rdquo;.</p>
<p class="Standard">Colaborador, codirector y corresponsal de diversas revistas y peri&oacute;dicos espa&ntilde;oles y americanos, su vida cambi&oacute; radicalmente a partir de 1950, a&ntilde;o en el que se traslad&oacute; primero a Venezuela y luego a Per&uacute;, siendo nombrado agregado cultural de la embajada de Espa&ntilde;a en Lima. Su labor no pas&oacute; desapercibida y durante las m&aacute;s de dos d&eacute;cadas que la ejerci&oacute;, Garc&eacute;s llev&oacute; a cabo un intenso papel en la vida intelectual, pol&iacute;tica y diplom&aacute;tica peruana.</p>
<p class="Standard">Su &uacute;ltimo libro se edit&oacute; en 1976 con el t&iacute;tulo de &ldquo;Los poemas de San Polo&rdquo; y que constituye un magistral retorno po&eacute;tico a sus ra&iacute;ces sorianas, como su sobrecogedora y elogiada composici&oacute;n titulada &ldquo;Numancia&rdquo;.</p>
<p class="Textbody">TURIA es una revista cultural espa&ntilde;ola de difusi&oacute;n nacional e internacional por suscripci&oacute;n. Con m&aacute;s de tres d&eacute;cadas de trayectoria, actualmente tiene una edici&oacute;n en papel y otra&nbsp; digital (web y Facebook). Est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero dedicado a &ldquo;Letras de Espa&ntilde;a y Per&uacute;&rdquo;&nbsp; ha sido posible gracias al apoyo del&nbsp; Ministerio de Cultura y forma parte del conjunto de iniciativas promovidas por el Gobierno de Espa&ntilde;a con motivo de ser nuestro pa&iacute;s el invitado a protagonizar la Feria Internacional del Libro de Lima 2018.</p>
<p class="Textbody">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 15 Jun 2018 09:53:26 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La herida]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-herida/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/junio/juana500.jpg" alt="" /></p>
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<p>Mam&aacute; amaltheus en su nube de encaje&nbsp;&nbsp;</p>
<p>canta y mece al peque&ntilde;o pinz&oacute;n reci&eacute;n nacido.</p>
<p>Su cofre azul de mar sobre las ramas y ese hijo,&nbsp;</p>
<p>ese sol, esa bengala&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>ardiendo entre las hojas&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>piqui p&iacute;o la nana nanita r&iacute;o.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya crece, ya canta, ya come,&nbsp;</p>
<p>ya vuela y anochece&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>el pinz&oacute;n pardo y rojo&nbsp;&nbsp;</p>
<p>es as&iacute;, no hay cuidado,&nbsp;&nbsp;</p>
<p>una brizna de sangre</p>
<p>tan fresca&nbsp;&nbsp;</p>
<p>como el d&iacute;a primero de los tiempos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Ahora? &iquest;La herida todav&iacute;a?</p>
<p>Y el pinz&oacute;n en su vuelo, sus afanes,&nbsp;&nbsp;</p>
<p>y mam&aacute; amaltheus</p>
<p>la f&oacute;sil</p>
<p>la m&aacute;s vieja&nbsp;&nbsp;</p>
<p>renqueando en la noche primera de los mundos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todav&iacute;a&nbsp; ah&iacute;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>por siempre como ayer&nbsp;&nbsp;</p>
<p>sangrando&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>m&aacute;s sangrando&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>con la herida&nbsp;&nbsp;</p>
<p>viva viva&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>manando sin parar&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>manando sin parar</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 11 Jun 2018 07:31:34 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La revista Turia presentará en la Fil de Lima un número especial dedicado a "Letras de España y Perú"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-revisa-turia-presentara-en-la-fil-de-lima-un-numero-especial-dedicado-a-letras-de-espana-y-peru/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2018/vargas500.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>MARIO VARGAS LLOSA, ENRIQUE VILA-MATAS, PERE GIMFERRER Y FERNANDO ARAMBURU FORMAN PARTE DE UN ESPECTACULAR SUMARIO DE M&Aacute;S DE 100 AUTORES&nbsp; </strong></p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p>El pr&oacute;ximo mes de julio, la revista TURIA presentar&aacute; en Feria Internacional del Libro de Lima (FIL LIMA) un n&uacute;mero especial denominado &ldquo;Letras de Espa&ntilde;a y Per&uacute;&rdquo;. Este espectacular sumario contiene textos in&eacute;ditos de m&aacute;s de 100 autores espa&ntilde;oles y peruanos y ocupa 500 p&aacute;ginas. Esta iniciativa cultural se enmarca en el conjunto de actividades que protagonizar&aacute; Espa&ntilde;a como pa&iacute;s invitado de la FIL de Lima en 2018 y ha sido posible gracias al apoyo econ&oacute;mico del Ministerio de Educaci&oacute;n, Cultura y Deporte. Sin duda, supone una magn&iacute;fica oportunidad de fomentar la colaboraci&oacute;n cultural entre ambos pa&iacute;ses.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El Parque de los Pr&oacute;ceres de la Independencia en Lima, ser&aacute; el lugar donde se ubique la FIL y en dicho recinto ferial ser&aacute; donde el d&iacute;a 26 de julio se presente el nuevo n&uacute;mero de TURIA. Previamente, el 27 de junio se realizar&aacute; una presentaci&oacute;n en la sede central del Instituto Cervantes en Madrid.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con dicho acto promocional en Per&uacute;,&nbsp; TURIA confirma su condici&oacute;n de revista cultural hecha en Teruel pero de dimensi&oacute;n nacional e internacional. Una difusi&oacute;n que comenz&oacute; en 1999 en Nueva York y que luego la ha llevado dar a conocer su trabajo intelectual en Brasil, Francia, Portugal y M&eacute;xico. En Espa&ntilde;a, adem&aacute;s de su presentaci&oacute;n anual en Teruel, TURIA ha protagonizado presentaciones en Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valencia, Huesca, Sevilla, C&oacute;rdoba, Soria, Badajoz&nbsp; y Salamanca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A partir de ahora la revista TURIA tendr&aacute; mayor visibilidad y difusi&oacute;n en Per&uacute; y dar&aacute; a conocer all&iacute; una labor de fomento de la lectura que viene desarrollando desde hace m&aacute;s de tres d&eacute;cadas. Como elemento central de este nuevo n&uacute;mero de TURIA sobresale, en primer lugar, una atractiva&nbsp; aproximaci&oacute;n a las letras espa&ntilde;olas contempor&aacute;neas. Destacados autores de nuestros d&iacute;as aportan material in&eacute;dito, tanto en el &aacute;mbito de la narrativa, como en el de la poes&iacute;a y el ensayo. No falta una amplia secci&oacute;n de cr&iacute;tica literaria, en la que se analizan las novedades editoriales espa&ntilde;olas m&aacute;s notables.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>TURIA abre este n&uacute;mero especial concediendo un singular protagonismo a Enrique Vila-Matas y a Jaime Gil&nbsp; de Biedma, autores a los que se dedican amplios art&iacute;culos sobre su trayectoria creativa elaborados, respectivamente, por Mercedes Monmany y Luis Antonio de Villena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En narrativa, la revista ofrece textos in&eacute;ditos de Fernando Aramburu, Eloy Tiz&oacute;n, Sara Mesa, Carlos Pardo y Patricia Esteban Erl&eacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En poes&iacute;a, TURIA rescata del olvido la figura y la obra de un valioso poeta espa&ntilde;ol radicado en Per&uacute; como Julio Garc&eacute;s. Adem&aacute;s, la revista publica poemas in&eacute;ditos de diez autores. Entre ellos, citaremos a Juan Manuel Bonet, Jos&eacute; Carlos Llop, Ben Clark, Aurora Luque, &Aacute;lvaro Valverde, Almudena Guzm&aacute;n y Fernando Sanmart&iacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el &aacute;mbito del ensayo, Valent&iacute; Puig analiza l&uacute;cidamente la problem&aacute;tica cuesti&oacute;n de las migraciones en un art&iacute;culo que titula &ldquo;Sociedades abiertas o guettos&rdquo;. Por su parte, uno de los nombres propios de la poesia espa&ntilde;ola del siglo XX y XXI, Pere Gimferrer, es protagonista de una conversaci&oacute;n a fondo que permite conocer su recorrido intelectual y su creatividad po&eacute;tica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otro de los contenidos destacados de la revista es un monogr&aacute;fico dedicado a &ldquo;Literatura peruana actual&rdquo; de m&aacute;s de 100 p&aacute;ginas con el que TURIA estudia y da a conocer, de manera rigurosa pero con un tono divulgativo, las principales caracter&iacute;sticas y protagonistas de la rica y diversa literatura peruana de nuestros d&iacute;as. Una aproximaci&oacute;n que permitir&aacute; fomentar la lectura en Espa&ntilde;a de los autores m&aacute;s destacados del Per&uacute; en el siglo XXI y que brinda textos in&eacute;ditos de todos ellos. Este monogr&aacute;fico se abre con un art&iacute;culo elaborado por el especialista peruano F&eacute;lix Terrones; doctor en literatura, escritor y cr&iacute;tico radicado en Francia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre los autores peruanos no hay que olvidar que TURIA publica art&iacute;culos in&eacute;ditos sobre Mario Vargas Llosa, C&eacute;sar Vallejo, Eduardo Chirinos, Blanca Varela o Julio Ram&oacute;n Ribeyro. Se entrevista al gran cr&iacute;tico y estudioso peruano Julio Ortega, profesor de literatura en la Universidad de Brown (USA). Y se publican textos in&eacute;ditos de entre otros: Santiago Roncagliolo, Alonso Cueto, Jorge Eduardo Benavides, Carmen Oll&eacute;, Marco Martos, Ricardo Silva-Santisteban, Patricia de Souza, Diego Trelles Paz, Sergio Galarza y Mart&iacute;n Rodr&iacute;guez Gaona.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;TURIA&rdquo;, 35 A&Ntilde;OS DE TRAYECTORIA</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA, que este 2018 celebra sus 35 a&ntilde;os de trayectoria,&nbsp; ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. Fundada y dirigida por el escritor y periodista Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas, tiene periodicidad cuatrimestral en papel y cuenta tambi&eacute;n con una versi&oacute;n digital (web y Facebook) que ha incrementado notablemente su difusi&oacute;n entre el p&uacute;blico lector: su p&aacute;gina en Facebook cuenta con cerca de 10.000 seguidores y m&aacute;s de 5.000 usuarios al mes acceden a los contenidos de la web. TURIA est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel y su edici&oacute;n cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura otorgado por el Gobierno de Espa&ntilde;a en 2002.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>LA FIL LIMA 2018</strong></p>
<p>La&nbsp;&nbsp; Feria&nbsp; Internacional&nbsp; del&nbsp; Libro&nbsp; de&nbsp; Lima&nbsp; (FIL LIMA)&nbsp; es&nbsp; el&nbsp; evento&nbsp; cultural&nbsp; y&nbsp; editorial, de</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>periodicidad anual, m&aacute;s grande e importante del Per&uacute;, cuya organizaci&oacute;n est&aacute; a cargo de la C&aacute;mara Peruana del Libro. Este a&ntilde;o se desarrollar&aacute; del 20 de julio al 5 de agosto.</p>
<p>Desde 1995, la FIL LIMA ofrece lo mejor y m&aacute;s reciente de la producci&oacute;n editorial. Adem&aacute;s es el espacio donde los lectores de todas las edades pueden conocer a sus autores favoritos, tanto nacionales como internacionales. En su edici&oacute;n del pasado a&ntilde;o, la feria obtuvo 547.300 visitantes</p>
<p>Todos los a&ntilde;os, la FIL LIMA ofrece un conjunto de jornadas profesionales, en donde escritores, editores, libreros, agentes literarios, distribuidores, maestros y otros profesionales del libro, encuentran espacios de discusi&oacute;n y aprendizaje, as&iacute; como un clima favorable para los negocios.</p>
<p>En cada edici&oacute;n, la FIL LIMA rinde homenaje a un Pa&iacute;s Invitado de Honor, el cual presenta una muestra de su producci&oacute;n editorial, una comitiva de autores representativos del pa&iacute;s y profesionales del libro, as&iacute; como tambi&eacute;n un programa art&iacute;stico, cultural y profesional que trasciende el espacio ferial. El Pa&iacute;s Invitado de Honor de la FIL LIMA 2018 ser&aacute; el Reino de Espa&ntilde;a. Entre los autores espa&ntilde;oles que han confirmado su presencia destacan: Rosa Montero, Luis Garc&iacute;a Montero, Marta Sanz, Luisg&eacute; Mart&iacute;n y Sergio del Molino.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 07 Jun 2018 06:28:24 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La nostalgia de Jaime Gil de Biedma en Moralidades y Poemas póstumos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-nostalgia-de-jaime-gil-de-biedma-en-moralidades-y-poemas-postumos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2018/biedma500.jpg" alt="" /></p>
<p><span style="color: #000000;">De Jaime Gil de Biedma se han dicho muchas cosas, gran poeta, verdadero creador de una &eacute;poca de la poes&iacute;a en Barcelona, el verdadero maldito de una generaci&oacute;n, la de los cincuenta, que dio lugar a la Escuela de Barcelona, Barral, Costafreda o Ferrater, entre otros, si Costafreda y Ferrater se suicidaron, Barral fue un gran editor pero tambi&eacute;n otro de esos malditos de su &eacute;poca en una Barcelona inolvidable.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">&nbsp;&nbsp; Gil de Biedma tambi&eacute;n fue contempor&aacute;neo de los poetas de los cincuenta y sesenta, &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez, Paco Brines y Claudio Rodr&iacute;guez, entre otros, pero algo que les ha diferenciado es el tono po&eacute;tico, articulado en un di&aacute;logo continuo consigo mismo en el caso de Gil de Biedma donde se siente un desenga&ntilde;o vital y una cierta amargura ante la vida, su b&uacute;squeda del placer prohibido en tantos locales, su abuso del alcohol le llevaron a la autodestrucci&oacute;n, muriendo de sida el 8 de enero de 1990.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">&nbsp;&nbsp;&nbsp; En su libro <em>Moralidades </em>(1966) vemos la influencia de Eliot, Spender o Auden, buen lector de los ingleses, al igual que Luis Cernuda, sus poemas inician un interesante coloquio del hombre poeta con el hombre que se considera uno m&aacute;s del especie, a trav&eacute;s de un cierto desdoblamiento que merece comentar en este art&iacute;culo.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">&nbsp;&nbsp; He elegido para ello un poema muy conocido &ldquo;Barcelona ja no es bona, o mi paseo solitario en primavera&rdquo; dedicado a Fabi&aacute;n Estap&eacute; donde podemos encontrar los verdaderos temas de su obra, el paganismo, el pesimismo, la nostalgia, la soledad y el paso del tiempo.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">&nbsp;&nbsp; Recuerda a sus padres y los retrata en ese tiempo de blanco y negro, cuando dice:</span></p>
<p><span style="color: #000000;">&ldquo;Entonces, los dos eran muy j&oacute;venes / y ten&iacute;an el Chrysler amarillo y negro. / Los imagino al mediod&iacute;a, por la avenida de los tilos / la capota del coche salpicada de sol,&hellip;/&rdquo;.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">&nbsp;&nbsp; El recuerdo va avanzando, la mirada a los seres que viven ya en las fotograf&iacute;as, lo que lleva a los mismos lugares que sus padres, deambula por aquellos espacios que ya el tiempo ha dejado atr&aacute;s, queriendo recuperar un eco, una sombra, una luz que destelle en ese olvido que es el tiempo:</span></p>
<p><span style="color: #000000;">&ldquo;As&iacute;, yo estuve aqu&iacute; /dentro del vientre de mi madre, / y es verdad que algo oscuro, que algo anterior me trae / por esos sitios destartalados&rdquo;.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y llega el amor, como si quisiese ser testigo del momento de la c&oacute;pula en que fue engendrado, hay una sombra en su interior que pesa, una desolaci&oacute;n que hiere, indaga entonces por esos rincones donde estuvieron sus padres:</span></p>
<p><span style="color: #000000;">&ldquo;Yo busco en mis paseos los tristes edificios, / las estatuas manchadas de l&aacute;piz de labios, / los rincones del parque pasados de moda / en donde, por la noche, se hacen el amor&rdquo;.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">&nbsp;&nbsp;&nbsp; Vive entonces un tiempo ido, parece como si fuera un exiliado&nbsp; del mundo que persiguiera el eco de sus seres queridos, errante de todo nacer, olvidado, increado en realidad.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">&nbsp;&nbsp;&nbsp; Luego habla de la &eacute;poca de la burgues&iacute;a, de aquellos tiempos donde todo era capitalismo y poder:</span></p>
<p><span style="color: #000000;">&ldquo;Oh mundo de mi infancia, cuya mitolog&iacute;a / se asocia &ndash;bien lo ves-/ con el capitalismo de empresa familiar&rdquo;.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Vuelve en otro poema de este libro ese deseo de recordar el pasado, en ese af&aacute;n de ver desnudo un cuerpo, porque solo as&iacute; se puede unir el deseo a la memoria, al contemplar un cuerpo por la noche&nbsp; sin ser tocado (como un d&iacute;a cont&oacute; Vicente Aleixandre de una experiencia que vivi&oacute;) todo se vuelve pureza, el tiempo eterno y la vida algo bello.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">&nbsp;&nbsp;&nbsp; El poema se llama &ldquo;Ma&ntilde;ana de ayer, de hoy&rdquo;, refleja una imagen, como si el poeta mirara un cuadro, donde los colores inundan la vista y todo produce un destello impresionante:</span></p>
<p><span style="color: #000000;">&ldquo;Es la lluvia sobre el mar. / En la abierta ventana, / contempl&aacute;ndola, descansas / tu sien en el cristal&rdquo;.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">&nbsp;&nbsp;&nbsp; La reflexi&oacute;n del hombre que medita la vida, como en los <em>Cuatro cuartetos</em> de Eliot o en el pensador de Rodin, el acto de mirar, en la senda de Brines que mira el paisaje desde el interior, la aparici&oacute;n del mar, que refleja el sentido de la vida y ese cristal donde se refleja, como un Narciso que se mira en las aguas del r&iacute;o.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">&nbsp;&nbsp; Y luego el cuerpo, verlo desnudo es saber que el deseo goza su &iacute;mpetu, vive en el poeta, el af&aacute;n de acercarse a un cuerpo es tambi&eacute;n la ilusi&oacute;n de vivir, volver a ser despu&eacute;s de la nada que es la vida:</span></p>
<p><span style="color: #000000;">&ldquo;Imagen de unos segundos, / quieto en el contraluz, / tu cuerpo distinto, a&uacute;n / de la noche desnudo&rdquo;.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">&nbsp;&nbsp; Se ve la imagen, puede ser el ayer o el presente, puede estar ah&iacute; o haberse alejado, pero al igual que el cristal es reflejo auroral, inicia el mundo. Para Gil de Biedma la contemplaci&oacute;n ya es suficiente, como miramos con atenci&oacute;n las estatuas griegas, en el deseo est&aacute; tambi&eacute;n la conjunci&oacute;n amorosa, el mirar es tocar, el contemplar es acariciar.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">&nbsp;&nbsp; Y como si fuese la sonrisa de una Gioconda, el cuerpo le mira, como si hubiese estado all&iacute; o en la lejan&iacute;a, hubiese sido un espejismo o un ser real:</span></p>
<p><span style="color: #000000;">&ldquo;Y te vuelves hacia m&iacute;, / sonri&eacute;ndome. Yo pienso / en c&oacute;mo ha pasado el tiempo, / y te recuerdo as&iacute;&rdquo;.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Todo se hace evocaci&oacute;n, cuerpo que es deseo, mirada que es evocaci&oacute;n y un desnudo que sin tocar ya es acto de amor.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y no hay que olvidar en Gil de Biedma la imagen desgarrada, esos encuentros homosexuales que le llevan a bares, que le hacen maldito en la vida y en la literatura, en esos lugares se va destruyendo, en actos de amor a desconocidos casi, amores de una noche, ginebra y cama por doquier, como nos dice en su poema &ldquo;Loca&rdquo;:</span></p>
<p><span style="color: #000000;">&ldquo;La noche, que es siempre ambigua, / te enfurece &ndash;color / de ginebra mala / son tus ojos unas bichas&rdquo;.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La alusi&oacute;n a &ldquo;bichas&rdquo; ya expresa el dolor, tambi&eacute;n el alcoholismo que le persigui&oacute; para huir de la vida penetrando brutalmente en ella, como Baudelaire, Allan Poe y otros muchos que ahogaron su vida en el alcohol.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">&ldquo;En la cama, / luego te calmar&eacute; / con besos que me da pena / d&aacute;rtelos. Y al dormir / te apretar&aacute;s contra m&iacute; / como una perra enferma&rdquo;.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Bichas&rdquo;, &ldquo;perra&rdquo;, nos lleva a un vocabulario m&aacute;s violento, qui&eacute;n sabe si del mundo de la prostituci&oacute;n, ese deseo de calmar para luego hacer el amor ferozmente.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">&nbsp;&nbsp; En este poema vemos el mundo del poeta, que a veces, cuando se deja llevar por el lirismo, escribe poemas de una gran ternura, pero que no elude la realidad de la vida, todo est&aacute; en la poes&iacute;a de Gil de Biedma: el sexo, el tiempo y la muerte.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">&nbsp;&nbsp; Y, para concluir su famoso &ldquo;Contra Jaime Gil de Biedma&rdquo;, de su libro <em>Poemas p&oacute;stumos</em> (1968) donde se echa en cara el ser en que se ha convertido, el hombre envejecido prematuramente porque la vida no le da lo que busca y lo que encuentra no es m&aacute;s que el poso de un tiempo ido:</span></p>
<p><span style="color: #000000;">&ldquo;Te acompa&ntilde;an las barras de los bares / &uacute;ltimos de la noche, los chulos, las floristas, / las calles muertas de la madrugada / y los ascensores de luz amarilla / cuando llegas borracho, / y te paras a verte en el espejo / la cara destruida, / con ojos todav&iacute;a violentos /que no quieres cerrar. Y si te increpo, / te r&iacute;es, me recuerdas el pasado / y dices que envejeces&rdquo;.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ese otro yo que se recrimina en lo que se ha convertido es el espejo de un hombre que ha fracasado en la vida, un perdedor en realidad.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">&nbsp;&nbsp; Parece como si el poeta fuese intuyendo que ese mundo de noches locas, de sombras en las que se contempla desdoblado, le convierten en un ser que se va desdibujando, en realidad, un hombre que se contempla a s&iacute; mismo, en el pasado (la infancia), en el presente (los&nbsp; lugares donde bebe o escribe).</span></p>
<p><span style="color: #000000;">&nbsp;&nbsp; As&iacute; fue el poeta catal&aacute;n, un precursor de generaciones posteriores, tambi&eacute;n un talento que dej&oacute; huella en amigos poetas, adem&aacute;s todo un maldito de su tiempo, realmente inolvidable. Queda como uno de los poetas m&aacute;s singulares e irrepetibles de su tiempo, su legado a&uacute;n permanece en una poes&iacute;a no exenta de lirismo pero muy apegada a la realidad.</span></p>
<p><span style="color: #000000;">&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span></p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 25 May 2018 10:03:50 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La fabulación irónica de Juan Eduardo Zúñiga. Breve historia de un libro]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-fabulacion-ironica-de-juan-eduardo-zuniga-breve-historia-de-un-libro/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2018/JUAN_EDUARDO_Z_IGA_2.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-size: medium;"><span style="color: #000000;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hace exactamente veinte a&ntilde;os Juan Eduardo Z&uacute;&ntilde;iga me dio a leer un manuscrito mecanografiado que se titulaba <em>Doce f&aacute;bulas ir&oacute;nicas</em>. Este acto ven&iacute;a a confirmar una ya s&oacute;lida amistad. Z&uacute;&ntilde;iga es persona muy reservada. Su c&iacute;rculo &iacute;ntimo es reducido -Felicidad Orqu&iacute;n, su esposa; su hija, Adriana; y unos pocos amigos, entre ellos el tambi&eacute;n escritor Manuel Longares-. Que me ofreciera leer una obra in&eacute;dita ten&iacute;a para m&iacute; una significaci&oacute;n muy especial. Hac&iacute;a tres o cuatro a&ntilde;os que nos conoc&iacute;amos. Nos hab&iacute;a presentado un fantasma: nada menos que el esp&iacute;ritu de Mija&iacute;l Bajt&iacute;n, el gran pensador ruso. No es broma. Ser&iacute;a el a&ntilde;o de 1994 o 1995 cuando una ma&ntilde;ana recib&iacute; una sorprendente llamada. Un se&ntilde;or que dec&iacute;a llamarse Z&uacute;&ntilde;iga me preguntaba si estaba interesado en intervenir en el congreso de celebraci&oacute;n de Mija&iacute;l Bajt&iacute;n en su ciudad natal, Orel, Rusia. Los organizadores le hab&iacute;an encargado que localizara a alg&uacute;n experto espa&ntilde;ol en la obra del gran te&oacute;rico de la novela. Y Vicente Cazcarra, traductor de la teor&iacute;a de la novela de Bajt&iacute;n, le hab&iacute;a hablado de un profesor zaragozano que era yo, aunque no supo darle mis se&ntilde;as. Z&uacute;&ntilde;iga pidi&oacute; ayuda a Ana Mar&iacute;a Navales y as&iacute; fue posible nuestra primera conversaci&oacute;n telef&oacute;nica. Despu&eacute;s vinieron otras muchas. Yo hab&iacute;a le&iacute;do <em>El coral y las aguas</em>, su obra menos conocida, que acababa de reaparecer en la reedici&oacute;n de Alfaguara, tras el fracaso que supuso la primera edici&oacute;n de Seix Barral en 1962. Y entonces llegaron los primeros encuentros en el C&iacute;rculo de Bellas Artes de Madrid. En el momento de ofrecerme la lectura de las <em>Doce f&aacute;bulas ir&oacute;nicas</em> ya conoc&iacute;a toda la obra publicada hasta entonces por Z&uacute;&ntilde;iga y era uno de sus admiradores. Recuerdo que la obra me impresion&oacute; -tiene el nivel de excelencia de las mejores obras del autor y, sin embargo, apenas se parece al resto- pero le puse algunos reparos. Los reparos eran muy simples. Ni son f&aacute;bulas ni son ir&oacute;nicas, le dije. Durante alg&uacute;n tiempo discutimos qu&eacute; otros t&eacute;rminos pod&iacute;an sustituir a los del t&iacute;tulo, todav&iacute;a provisional. Pero no encontramos otros m&aacute;s apropiados. Como suele suceder con los autores simbolistas el nombre de un g&eacute;nero suele aparecer en el t&iacute;tulo de la obra, pero no coincide la voluntad del autor con el criterio -siempre estrecho- del fil&oacute;logo. Valle-Incl&aacute;n titula <em>Romance de lobos</em> y aquello no es un romance, por mencionar solo un ejemplo. Veinte a&ntilde;os despu&eacute;s aquella obra aparece bellamente impresa por la editorial N&oacute;rdica e ilustrada por Fernando Vicente con el t&iacute;tulo de <em>F&aacute;bulas ir&oacute;nicas</em>. Siguen siendo f&aacute;bulas y siguen siendo ir&oacute;nicas. Pero no son doce sino diez. Y esa es la historia que quiero contar. </span></span></p>
<p><span style="font-size: medium;"><span style="color: #000000;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De las diez f&aacute;bulas publicadas ocho hab&iacute;an aparecido en <em>Babelia</em> entre 2002 y 2004. Y de esas ocho, cuatro hab&iacute;an visto la luz en la revista <em>Triunfo</em>, en 1973. A pesar de que conozco bien la personalidad de Z&uacute;&ntilde;iga no acertaba a comprender por qu&eacute; no publicaba el libro. &Eacute;l me repet&iacute;a que no terminaba de convencerle. Y, ciertamente, ahora puedo ver que dec&iacute;a la verdad y qu&eacute; era lo que no le convenc&iacute;a. De las doce f&aacute;bulas originarias otras cuatro han desaparecido. Eran las que no public&oacute; <em>Babelia</em>. En su lugar el libro recoge otras dos in&eacute;ditas: &ldquo;Escrito en las paredes&rdquo; y &ldquo;El magnate y el buf&oacute;n&rdquo;. &ldquo;Escrito en las paredes&rdquo; no me era desconocida. No estaba en la versi&oacute;n de 1998, pero Z&uacute;&ntilde;iga me ofreci&oacute; una copia har&aacute; tres a&ntilde;os, cuando preparaba un art&iacute;culo acad&eacute;mico sobre las f&aacute;bulas semiin&eacute;ditas. Este t&iacute;tulo nos da una imagen muy precisa de lo que es el libro. Lo escrito en las paredes eran las pintadas antifranquistas. Hoy es un g&eacute;nero desaparecido. Todo se anunciaba y convocaba por pintadas murales. La f&aacute;bula ilustra esto con la figura de un emperador asi&aacute;tico, un tirano, que proh&iacute;be la escritura para borrar el recuerdo de sus atrocidades. Es una muestra del simbolismo de Z&uacute;&ntilde;iga, que apunta a la dictadura franquista con esta f&aacute;bula -y con el resto-. Esa y la f&aacute;bula &ldquo;El magnate y el buf&oacute;n -es decir, las dos in&eacute;ditas, incluidas en esta edici&oacute;n- son las dos &uacute;nicas que no tienen un soporte hist&oacute;rico. Ese detalle revela algo sobre la idea originaria del autor. Y es que este libro tiene un referente en el que parece inspirarse: <em>Momentos estelares de la humanidad: doce miniaturas hist&oacute;ricas</em> de Stefan Zweig. Esta colecci&oacute;n de an&eacute;cdotas hist&oacute;ricas tuvo una traducci&oacute;n al espa&ntilde;ol en los a&ntilde;os cincuenta del siglo pasado, lo que me hace sospechar que su gestaci&oacute;n puede alcanzar el medio siglo. Comparten ambas obras la indagaci&oacute;n est&eacute;tica en la historia. Z&uacute;&ntilde;iga la hab&iacute;a cultivado antes en su obra <em>El anillo de Pushkin</em>, que se hab&iacute;a limitado a la esfera cultural rusa. Sin embargo, hay una diferencia sustancial entre las an&eacute;cdotas de Zweig y las de Z&uacute;&ntilde;iga. A Zweig le interes&oacute; el car&aacute;cter dram&aacute;tico de esos momentos estelares de la humanidad. A Z&uacute;&ntilde;iga, en cambio, parece interesarle m&aacute;s la dimensi&oacute;n grotesca de esos momentos. Esa dimensi&oacute;n combina crueldad y risa, tiran&iacute;a y rebeld&iacute;a. &Eacute;l lo explica muy bien cuando dice -me dice- que ha deslizado <em>disparates</em> en estas historias, y quiz&aacute; haya que entenderlo en clave goyesca. De la atracci&oacute;n que debieron ejercer los <em>momentos estelares</em> de Zweig han quedado algunos indicios. El primero de ellos consiste en que inicialmente las f&aacute;bulas deb&iacute;an ser doce, aunque cabe advertir que en una segunda edici&oacute;n Zweig hab&iacute;a aumentado a quince las an&eacute;cdotas. El segundo, y m&aacute;s trascendente, es la capacidad de ver elementos puramente literarios en situaciones hist&oacute;ricas. En el caso de Zweig le interes&oacute; la ca&iacute;da de Bizancio, por la dejadez de las potencias cristianas de la &eacute;poca, que puso en peligro a toda Europa y, en especial, al imperio austro-h&uacute;ngaro, su patria. Precisamente una de las f&aacute;bulas descartadas por Z&uacute;&ntilde;iga llevaba el t&iacute;tulo de &ldquo;El sitio de Constantinopla&rdquo;, aunque su contenido no ten&iacute;a nada que ver con el contenido de la an&eacute;cdota de Zweig. Pero conviene recordar que Zweig tambi&eacute;n fue un escritor dado al grotesco. Sus mejores relatos tienen ese sello. Me refiero a novelas breves como <em>Leporella</em> o <em>Carta de una desconocida</em>. En el libro de Z&uacute;&ntilde;iga los elementos grotescos y crueles son m&aacute;s abundantes y decisivos que en la obra de Zweig. Tambi&eacute;n hay una mayor presencia del humorismo, ya presente en el t&iacute;tulo, por lo de <em>ir&oacute;nicas</em>. Incluso puede apreciarse una diferencia en la concepci&oacute;n de la an&eacute;cdota. Los momentos de Zweig est&aacute;n m&aacute;s vinculados a la historia que las f&aacute;bulas de Z&uacute;&ntilde;iga. Y las f&aacute;bulas son mucho m&aacute;s breves que los momentos de Zweig. Por eso son m&aacute;s f&aacute;bulas o an&eacute;cdotas que momentos estelares, m&aacute;s literarias que las pesquisas hist&oacute;ricas del gran escritor vien&eacute;s.</span></span></p>
<p><span style="font-size: medium;"><span style="color: #000000;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y, precisamente a prop&oacute;sito del grotesco, tengo una an&eacute;cdota que contar. Se trata de la gestaci&oacute;n de la &uacute;ltima f&aacute;bula a&ntilde;adida a esta colecci&oacute;n: &ldquo;El magnate y el buf&oacute;n&rdquo;. He dicho antes que era una de las f&aacute;bulas in&eacute;ditas. Ser&iacute;a m&aacute;s exacto decir que es una f&aacute;bula semiin&eacute;dita. Me explicar&eacute;. En 1970 public&oacute; Z&uacute;&ntilde;iga un relato titulado &ldquo;El magnate, el buf&oacute;n y la carro&ntilde;a.&rdquo; Formaba parte del libro <em>Relatos espa&ntilde;oles de hoy</em>, preparado por Rafael Conte para la Biblioteca Pepsi, una colecci&oacute;n no venal que se distribu&iacute;a en bares y bodegas. El ambiente h&uacute;ngaro del relato hace pensar en una redacci&oacute;n temprana, porque en 1944 Z&uacute;&ntilde;iga hab&iacute;a publicado un libro divulgativo sobre Hungr&iacute;a. Se trata de un relato sobre la corrupci&oacute;n del poder, cuya publicaci&oacute;n resultaba muy oportuna porque en aquel a&ntilde;o de 1970 Espa&ntilde;a se ve&iacute;a envuelta en un gran esc&aacute;ndalo de corrupci&oacute;n pol&iacute;tica: el caso Matesa, que hab&iacute;a enfrentado a los ministros azules, con Manuel Fraga a la cabeza, con los ministros tecn&oacute;cratas, vinculados al Opus Dei. Pero lo importante del caso estriba en que era un relato marcado por un grotesco extremo. De un estilo muy herm&eacute;tico el lector debe deducir que el buf&oacute;n recoge cad&aacute;veres humanos de un gran r&iacute;o para alimentar las piaras de los conventos de la capital y vender despu&eacute;s la carne a los ej&eacute;rcitos que combaten al turco. El c&iacute;rculo est&aacute; cerrado: cad&aacute;veres que dan vida y muerte. Y el resultado es que el buf&oacute;n se hace el due&ntilde;o de su se&ntilde;or, merced a la avaricia de este. Este relato hab&iacute;a sido borrado de su curr&iacute;culum por Z&uacute;&ntilde;iga. No hab&iacute;a sido recogido por ninguno de los vol&uacute;menes de relatos posteriores. Ni siquiera me hab&iacute;a hablado de &eacute;l. Pero lo descubr&iacute; por casualidad. Encontr&eacute; el libro, muy dif&iacute;cil de encontrar en las bibliotecas por su circulaci&oacute;n no venal, en casa de unos familiares. Y me pareci&oacute; un excelente relato, que no merec&iacute;a olvidarse. Dediqu&eacute; un art&iacute;culo acad&eacute;mico a analizar la dimensi&oacute;n est&eacute;tica e hist&oacute;rica de este relato y le di el art&iacute;culo a leer a Z&uacute;&ntilde;iga, para su aprobaci&oacute;n. Esa aprobaci&oacute;n era necesaria por dos razones: porque recuperaba un relato del que el autor hab&iacute;a renegado y porque reproduc&iacute;a el relato, y necesitaba el permiso del autor para publicarlo. Z&uacute;&ntilde;iga no solo me dio ese permiso, sino que se replante&oacute; la recuperaci&oacute;n literaria del relato. El resultado es la f&aacute;bula &ldquo;El magnate y el buf&oacute;n&rdquo;. Ha desaparecido del t&iacute;tulo original la carro&ntilde;a, probablemente para mantener la unidad del libro. La nueva f&aacute;bula es m&aacute;s corta que la original. M&aacute;s sint&eacute;tica. </span></span></p>
<p><span style="font-size: medium;"><span style="color: #000000;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Termino diciendo que esta es una parte de la historia de este libro. No me cabe duda que al largo proceso de su gestaci&oacute;n habr&aacute; de corresponder un largo proceso de recepci&oacute;n, porque este atractivo volumen -el ilustrador ha captado muy sabiamente la dimensi&oacute;n grotesca- encierra lo mejor del esp&iacute;ritu rebelde y burl&oacute;n de Juan Eduardo Z&uacute;&ntilde;iga.&nbsp;&nbsp; </span></span></p>
<p><span style="color: #000000; font-size: medium;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span></p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 25 May 2018 09:59:36 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Deseo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/deseo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/mayo/CONCHA_GARC_A.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 630px;">Lo busco</p>
<p style="padding-left: 630px;">no le gusta</p>
<p style="padding-left: 630px;">se encoge</p>
<p style="padding-left: 630px;">en el ins&oacute;lito</p>
<p style="padding-left: 630px;">terreno</p>
<p style="padding-left: 630px;">bajo las bisagras</p>
<p style="padding-left: 630px;">que la ventana</p>
<p style="padding-left: 630px;">muestra</p>
<p style="padding-left: 630px;">ahora, ahora</p>
<p style="padding-left: 630px;">es gru&ntilde;ido de animal</p>
<p style="padding-left: 630px;">de guarida, y puede ser</p>
<p style="padding-left: 630px;">un aullido</p>
<p style="padding-left: 630px;">de manada</p>
<p style="padding-left: 630px;">en desaz&oacute;n,</p>
<p style="padding-left: 630px;">es un perezoso pez</p>
<p style="padding-left: 630px;">inm&oacute;vil en el estanque</p>
<p style="padding-left: 630px;">del azul so&ntilde;ado que salta</p>
<p style="padding-left: 630px;">al brillo de la luna</p>
<p style="padding-left: 630px;">para hundir su cuerpo</p>
<p style="padding-left: 630px;">bajo los nen&uacute;fares</p>
<p style="padding-left: 630px;">al menor presentimiento,</p>
<p style="padding-left: 630px;">es una estrecha gruta</p>
<p style="padding-left: 630px;">cuyo final <em>ventanoso</em></p>
<p style="padding-left: 630px;">termina en espuerta de sombras,</p>
<p style="padding-left: 630px;">me llaga, al suponerlo</p>
<p style="padding-left: 630px;">unos pasos m&aacute;s atr&aacute;s</p>
<p style="padding-left: 630px;">cuando sientes su olor</p>
<p style="padding-left: 630px;">y te perfuma la cama</p>
<p style="padding-left: 630px;">se diluye</p>
<p style="padding-left: 630px;">en recuerdo de otro recuerdo.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 23 May 2018 07:22:47 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La fiesta del lenguaje]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-fiesta-del-lenguaje/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/mayo/morales500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con anterioridad a <em>La huida del cangrejo</em>, Ang&eacute;lica Morales ha publicado otros textos narrativos y, en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os, se ha movido con una enorme eficacia tanto en ese registro como en el l&iacute;rico, quiz&aacute;s porque entiende que la escritura literaria va m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites gen&eacute;ricos, no conoce cortapisas ni respeta convenciones que atenten contra la imaginaci&oacute;n, esto es, contra la libertad. Porque, y esto me parece innegable, para ella decir <em>literatura</em> es decir <em>libertad</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Del mismo modo que la escritura se prolonga en la lectura, donde adquiere alg&uacute;n tipo de sentido, la lectura puede verse como una proyecci&oacute;n de la vida. Morales se ha referido a la importante funci&oacute;n que la lectura ha desempe&ntilde;ado en la suya, en general, y en la construcci&oacute;n de esta novela, en particular. He escrito <em>novela</em>, y compruebo enseguida que con este t&eacute;rmino no hago justicia a lo que Morales nos ha entregado porque este texto va m&aacute;s all&aacute; de lo que entendemos habitualmente como novela. <em>Palillos chinos</em> es lenguaje en libertad, lenguaje que busca un lector c&oacute;mplice, dispuesto a internarse por esas v&iacute;as por las que se adentra la palabra liberada de todo tipo de gregarismos, t&oacute;picos y prejuicios, lenguaje que se atreve a experimentar, que huye de los clich&eacute;s establecidos y avanza con la intenci&oacute;n de ofrecernos una cartograf&iacute;a de paisajes y emociones in&eacute;ditas, y todo ello lo hace con un registro no marcado, nada fosilizado, atento a la pluralidad del mundo, sensible a la diversidad de las conciencias que lo habitan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La novela no tiene desperdicio y el suspense est&aacute; garantizado desde el inicio: &ldquo;Los ojos del chino/guardan un secreto&rdquo; (p. 17), estas son las palabras con las que se abre la novela; m&aacute;s adelante, leemos que otro personaje, Pilar, &ldquo;tiene los ojos tan hundidos/que parece que miran/desde el fondo de la tierra&rdquo; (p. 30). Configurada con ingredientes teatrales (ah&iacute; se aprecia una de las grandes pasiones de su autora) y cinematogr&aacute;ficos, se incorpora magistralmente la oralidad, ese registro tan habitual de otras &eacute;pocas y otras culturas, una novela, adem&aacute;s, que hace un uso tremendamente eficaz de algunos de los soportes comunicativos m&aacute;s extendidos en la actualidad (redes sociales, correos electr&oacute;nicos, <em>chats</em>, <em>facebook</em>, etc.). Y m&aacute;s all&aacute; de eso, estamos ante un texto con un elevad&iacute;simo voltaje po&eacute;tico en donde las met&aacute;foras y las im&aacute;genes son ingredientes esenciales, en el que las palabras no son solo correa de transmisi&oacute;n sino que alcanzan un fin en s&iacute; mismas. Morales ha jugado sus cartas y ha asumido sus riesgos. Digo esto porque un texto como este probablemente no resulte c&oacute;modo a un lector lastrado por una idea de la literatura excesivamente convencional, condicionada por diferentes clases de &oacute;rdenes y jerarqu&iacute;as. Esos riesgos son precisamente aquellas puertas que algunos traspasan y que abren las heridas de la posibilidad. Morales ha sido valiente porque ha hecho su apuesta y esa apuesta no era precisamente a caballo ganador, quiero decir que no ha jugado sobre seguro (el juego, sin ese riesgo, no es tal juego, es trampa, costumbre, t&oacute;pico&hellip;), y la autora de esta novela ha evitado esos lugares comunes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con la ayuda de ciertos recursos narrativos y el despliegue de toda una galer&iacute;a de diversos y variopintos personajes cuyas historias acaban entrecruz&aacute;ndose, asistimos al gran teatro de la vida, donde se dan la mano lo alto y lo bajo, lo heroico y lo miserable, la comedia y la tragedia, la belleza y la mugre, la alegr&iacute;a y la desesperaci&oacute;n. Esos personajes funcionan muy bien como iconos de la pluralidad del mundo, proceden de distintos or&iacute;genes geogr&aacute;ficos, utilizan varios c&oacute;digos ling&uuml;&iacute;sticos, son exponentes de diversos imaginarios sentimentales y culturales y todos se entremezclan en ese puzle extraordinariamente bien tejido e hilvanado que resulta al final <em>Palillos chinos</em>. Huyendo del t&oacute;pico y la convenci&oacute;n m&aacute;s ciegas, se expresan de modos particulares, sienten y act&uacute;an de maneras muy diferentes. As&iacute;, Morales se ha multiplicado y ha sabido ponerse en la piel de sus personajes y dar voces diferentes a todos ellos, construyendo unos di&aacute;logos extraordinariamente fluidos y din&aacute;micos, dejando que esos mismos personajes le arrebaten su palabra y sean ellos mismos los que, al contarse a s&iacute; mismos, cuenten las historias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La novela es una estremecedora e impactante alegor&iacute;a de la soledad y el aislamiento en un mundo en el que, como nunca antes, abundan las v&iacute;as comunicativas, ofreciendo de paso un diagn&oacute;stico certero de todos esos elementos que, por encontrarse en la cara oscura de nuestra conciencia y no haberse materializado expresamente, han acabado por configurar lo esencial de nuestra personalidad. Una novela que vela por lo desaparecido y nos enfrenta a emociones, situaciones, estados de &aacute;nimo y acontecimientos de no f&aacute;cil digesti&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En suma, <em>Palillos chinos</em> es un extraordinario ejemplo de literatura disidente, transformadora y din&aacute;mica, que ofrece al lector un abanico ampl&iacute;simo de posibilidades, una disidencia en la que cada decisi&oacute;n est&eacute;tica conlleva una implicaci&oacute;n &eacute;tica, desde la elecci&oacute;n de un registro deliberadamente l&iacute;rico, configurado en modo versicular, hasta la supresi&oacute;n de las comas, demandando as&iacute; un lector activo, dispuesto a llevar a cabo los esfuerzos de reconstrucci&oacute;n necesarios que este tipo de escritura demanda. Morales recoge el testigo insurgente de algunas vanguardias hist&oacute;ricas y de ciertas modalidades del experimentalismo, de todo aquello que provoca desconcierto, desasosiego o incluso malestar en el receptor. Aparentemente, la configuraci&oacute;n org&aacute;nica se ha desvanecido pero al final el lector percibe que todas esas elipsis, supresiones, instant&aacute;neas y fragmentos con los que Morales arma su texto han sido convocados al servicio de una cierta coherencia y cohesi&oacute;n textual, y as&iacute; consigue recomponer el puzle y descifrar el enredo en el que se hab&iacute;a adentrado. La propuesta est&aacute; ah&iacute;, a la espera de un lector que se adentre en este sugerente laberinto de ideas, personajes y acontecimientos que es <em>Palillos chinos</em>.&nbsp; El viaje, sin duda, merece la pena.- ALFREDO SALDA&Ntilde;A.</p>
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<p>Ang&eacute;lica Morales, <em>Palillos chinos</em>, Zaragoza, Mira Editores, 2015.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 22 May 2018 09:37:12 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La mirada se llena de palabras]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-mirada-se-llena-de-palabras/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/mayo/peyrou500.jpg" alt="" /></p>
<p>Mariano Peyrou (Buenos Aires, 1971, aunque afincado en Madrid desde 1976) ha dado a los lectores de poes&iacute;a posiblemente su mejor libro hasta el momento, lo cual ya era un reto, trat&aacute;ndose de uno de los poetas que mejores y m&aacute;s interesantes entregas nos hab&iacute;a regalado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, con t&iacute;tulos como <em>La sal</em> (2005) o <em>Estudio de lo visible</em> (2007), entre otros. Su labor no s&oacute;lo como poeta, sino como narrador, se complementa con el volumen de relatos <em>La tristeza de las fiestas</em> (2014) y la novela <em>De los otros</em> (2016), sin contar sus innumerables y atractivas traducciones. A finales de 2015 se public&oacute; <em>Ni&ntilde;os enamorados</em>, siempre en la editorial Pre-Textos, impresionante poemario y muy recomendable.</p>
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<p><em>Ni&ntilde;os enamorados</em> comprende s&oacute;lo 15 poemas, pero se trata de textos extensos que, adem&aacute;s, poseen una intensidad inusitada en la poes&iacute;a hisp&aacute;nica contempor&aacute;nea. La materia discursiva que los caracteriza &mdash;como fragmentos de un discurso amoroso&mdash; se halla transida de una fuerte sustancia verbal, imagin&iacute;stica y simb&oacute;lica, sin desde&ntilde;ar cualquier tipo de conexi&oacute;n sem&aacute;ntica, fon&eacute;tica o sint&aacute;ctica que sea af&iacute;n a la producci&oacute;n de sentido. Por eso dice en un momento determinado que &laquo;El amor es una estructura ling&uuml;&iacute;stica.&raquo; (p. 46), en el poema &laquo;El ideal&raquo; (pp. 45-48), quiz&aacute;s una de las composiciones m&aacute;s logradas de todo el volumen, por su rigor formal y su fuerte carga pervasiva. S&iacute;, ese podr&iacute;a ser el origen a considerar desde los planteamientos austinianos, pero la proyecci&oacute;n es mucho mayor, descontrolada y en continua expansi&oacute;n. <em>Ni&ntilde;os enamorados</em> salta hacia el otro &mdash;la otredad dial&oacute;gica, bajtiniana en toda su amplitud&mdash; y ah&iacute; es donde se pierde la referencia, donde se deja de poseer para &mdash;por el contrario&mdash; compartir, para vivir en el otro, fin pr&aacute;ctico de cualquier punto de partida te&oacute;rico. Sabemos desde d&oacute;nde salimos pero nunca sabemos ad&oacute;nde llegamos, y esa ley no s&oacute;lo rige la poes&iacute;a, sino en general la vida. &laquo;Una fascinaci&oacute;n&raquo; (pp. 41-44) plantea precisamente eso, desde el comienzo: &laquo;Abstracto es lo concreto / fuera de contexto; [&hellip;]&raquo;, centr&aacute;ndose en el otro en repetidas ocasiones, dot&aacute;ndole de la real y aut&eacute;ntica, aunque habr&iacute;a que decir &laquo;genuina&raquo; importancia que adquiere en nuestra existencia, cerrando el c&iacute;rculo y formando parte de las relaciones humanas en su complejidad: &laquo;Complejo es lo sencillo demasiado / cerca; me alejo, busco una sensaci&oacute;n / de irrealidad. Es mi manera de / sentirme vivo. [&hellip;]&raquo; (pp. 43-44). Extra&ntilde;amiento que busca la irrealidad, pero identificaci&oacute;n tambi&eacute;n, que requerimos para conectar nuestros v&iacute;nculos al mundo, al otro, a lo que nos define al fin y al cabo: &laquo;Parece que es contigo, la / fascinaci&oacute;n, pero descubro que en / realidad es con el otro. / Sus problemas son las leyes y las / instituciones; el otro no tiene / otro, as&iacute; se define, eso / lo caracteriza [&hellip;]&raquo; (ib&iacute;d.). Cara y cruz de uno mismo, pero parte irrenunciable de nuestro ser, ser y voluntad de ser, materia y proyecci&oacute;n a un tiempo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desde este punto de vista varios poemas tienen t&iacute;tulos que aluden a esta visi&oacute;n plat&oacute;nica, dig&aacute;moslo con la filosof&iacute;a cl&aacute;sica: &laquo;Teor&iacute;a&raquo; (pp. 28-29), donde esta relaci&oacute;n dial&eacute;ctica y gest&aacute;ltica se hace cuerpo: &laquo;&Eacute;se es el juego maravilloso: que / parezca un s&iacute;mbolo, haz que nos arrastre / con la estrategia de un s&iacute;mbolo.&raquo; (p. 28), llevando esa din&aacute;mica l&uacute;dica a convertirse en el propio mecanismo del intercambio &mdash;conocimiento y comunicaci&oacute;n&mdash;: &laquo;[&hellip;] Manejamos s&oacute;lo unos / recipientes opacos donde no hay m&aacute;s / que cierta capacidad para el juego, / y eso no es poco. El texto / no es simb&oacute;lico, lo que es el simb&oacute;lico / es el lector.&raquo; (ib&iacute;d.). M&aacute;s adelante, en el mismo poema, concluye que: &laquo;La pr&aacute;ctica es posible. La teor&iacute;a / es ut&oacute;pica o al menos delirante, / y la adoro por eso.&raquo; (p. 29). La mayor&iacute;a de los poemas de Mariano Peyrou tienen la virtud de poseer sus propias claves interpretativas (&laquo;Siempre un exceso de interpretaci&oacute;n&raquo;, p. 25, como bien dice en &laquo;El miedo tranquilo&raquo;, pp. 23-27), que ampl&iacute;an la concepci&oacute;n po&eacute;tica &mdash;no s&oacute;lo del autor, o del libro&mdash;, y como todo buen arte se explica a s&iacute; mismo, ensayando sus ejes autorreferenciales, explay&aacute;ndose, dej&aacute;ndose llevar por las sugerencias y los caminos que van surgiendo muchas veces de manera sorpresiva.</p>
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<p>&laquo;El ideal&raquo;, antes citado, plantea todo esto desde la correspondencia de lo que se piensa y sucede a trav&eacute;s del hilo cognitivo que genera el ser humano. No en vano hay una b&uacute;squeda de universalidad en toda la poes&iacute;a de Mariano Peyrou a sabiendas que es una b&uacute;squeda vana, aunque de eso se trata: &laquo;[&hellip;] Tiene algo limpio: / un movimiento l&iacute;quido, garant&iacute;a / de que no me voy a detener / en ning&uacute;n sitio, de que / buscar y no encontrar, / dejar atr&aacute;s, / abajo / quemar las sensaciones hasta el humo, / estoy ah&iacute; entre las nubes, / lo que se busca es no encontrar, / seguir buscando.&raquo;. As&iacute; finaliza este magn&iacute;fico poema, que &laquo;Tiene algo nuevo: desprovisto de / significado, cada uno / pendiente de la reacci&oacute;n / del otro para inferir como se / pueda lo que no se puede / preguntar. [&hellip;]&raquo; (pp. 46-46). El otro &mdash;habr&iacute;a que ponerlo con may&uacute;sculas, el Otro&mdash; de nuevo como ep&iacute;tome de todo, como soluci&oacute;n donde encontramos lo que no se busca. Ese es el hallazgo, y podr&iacute;amos ir muy lejos en la ex&eacute;gesis. Es preferible una buena s&iacute;ntesis a mil an&aacute;lisis, pero nadie puede llegar a la s&iacute;ntesis sin haber realizado antes todos esos an&aacute;lisis que nos ponen de frente a lo que nos interesa: &laquo;Esto es lo que se hace: / trabajar lo real hasta convertirlo en imaginario&raquo; (p. 36, de &laquo;&iquest;Qu&eacute; significa eso?, pp. 35-37).</p>
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<p>Mariano Peyrou nos ha regalado un libro impresionante que es sin duda uno de los mejores poemarios de los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Un libro necesario que calificamos como obra maestra. Un poeta imprescindible en el panorama actual.- JUAN CARLOS ABRIL.</p>
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<p>Mariano Peyrou, <em>Ni&ntilde;os enamorados</em>, Valencia, Pre-Textos, 2015.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 22 May 2018 09:30:04 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carita de Jeanne Moreau]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/carita-de-jeanne-moreau/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/mayo/sanz500.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>1. </strong>Cuando Ane me cuenta su aventura triangular, la escucho previendo que no va a ser m&aacute;s <em>fou</em> que la m&iacute;a. Nos conocemos y queremos desde hace un par de a&ntilde;os, pero entre nosotras hay algo agradable y pegajoso. Me dispongo a escucharla con un hast&iacute;o que, a la altura de las dos de la madrugada, empieza a deslizarse hacia el sue&ntilde;o. Tengo mucho, mucho sue&ntilde;o, y estoy segura de que Ane nunca ha entrado en la misma habitaci&oacute;n de hotel con dos hombres que la aman de formas diferentes y se ha dejado follar por uno mientras le practicaba &ndash;qu&eacute; verbo de deportes y operaciones- una felaci&oacute;n al otro, que se corri&oacute; con culpa y una verg&uuml;enza mala, peor que otras verg&uuml;enzas: baj&oacute; los ojos. El que me penetr&oacute; llevaba un rato mirando a una distancia higi&eacute;nica o rencorosa. Sin acercarse ni tocar. Esperando. Yo s&oacute;lo pensaba qu&eacute; dir&iacute;a mi madre.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>2. </strong>Antes de empezar su cuento, Ane me mira con picard&iacute;a y yo ya s&eacute; que me va a costar mucho creerla. Mi tri&aacute;ngulo fue una posici&oacute;n inc&oacute;moda, un no encontrar la postura, un jerg&oacute;n que se clava por todo el cuerpo. No lo viv&iacute; como una experiencia sofisticada que ocultaba un sedimento de instructiva crueldad. La frase anterior la pienso entrecomillas y engolando la voz. Desde el principio entend&iacute; que alguien &ndash;incluso puede que yo misma- iba a salir perjudicado. Fue algo que ten&iacute;a que ocurrir no porque quisi&eacute;ramos ser libres y liberales, no porque quisi&eacute;ramos desinhibirnos o romper con los prejuicios. Sucedi&oacute; porque nos enamoramos. En aquel entonces percib&iacute; miradas admirativas que nos pon&iacute;an en valor por nuestra fornicaci&oacute;n y nuestro atrevimiento. Deseo y curiosidad. Como si, de repente, a los ojos de quienes nos observaban y eran conocedores, nos hubi&eacute;semos transformado en personas interesantes. Yo a&uacute;n no hab&iacute;a visto <em>Jules et Jim</em>. Pero ya ten&iacute;a carita de Jeanne Moreau.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>3. </strong>Escucho, por tanto, a Ane como una mujer que est&aacute; de vuelta de todo. Aunque no lo parezca. Presto atenci&oacute;n a su hermosura de lienzo prerrafaelista y a los movimientos de sus manos que van deshaciendo destructivamente la piel de los panchitos. Nada puede ser m&aacute;s estremecedor que el relato del tri&aacute;ngulo de mi educaci&oacute;n sexual. Afectiva. Pintamos de rojo el tri&aacute;ngulo equil&aacute;tero y el is&oacute;sceles, de azul. La biograf&iacute;a se dibuja con puntadas vacilantes de tri&aacute;ngulos. Colchas de ganchillo cosidas pieza a pieza. Qu&eacute; me va a contar Ane. Nada m&aacute;s turbio que una eyaculaci&oacute;n precoz y un polvo flojo con dos hombres que no llegaron ni a rozarse. Ni fueron felices. Yo los atend&iacute; por separado con una solicitud de zorra. De profesional. De mujer idolatrada. No s&eacute; qu&eacute; hac&iacute;amos all&iacute; ninguno de los tres. En aquel ambiente que ol&iacute;a a aceite de hach&iacute;s y a mala novela de Paul Bowles. No s&eacute; si peleaban como insectos carn&iacute;voros mientras impost&aacute;bamos naturalidad &ndash;cortes&iacute;a, desenvoltura-<em> </em>en la situaci&oacute;n m&aacute;s impostada de mi vida. Quiz&aacute; se daban codazos para tirarse de la cama. No s&eacute; si me buscaban a m&iacute; o qu&eacute; otra cosa andaban buscando. A lo mejor los am&eacute; como una loca. Puede que no los quisiese en absoluto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>4. </strong>Yo tuve un d&iacute;a el don de la ubicuidad y habit&eacute; en dos cuerpos a la vez mientras mi vientre y mi boca se llenaban de gemelos. M&aacute;gicamente. Y, ah&iacute;, en la magia, en el espacio de lo enigm&aacute;tico es donde la narraci&oacute;n de Ane me hace olvidarme un rato de m&iacute; misma. Digo: &ldquo;Ya no puedo beber m&aacute;s&rdquo;. Sin embargo, Ane da comienzo a su historia apurando su copa de ginebra.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>5. </strong>En la filarm&oacute;nica Ane conoce a una mujer de la que no le importar&iacute;a enamorarse. Me confiesa que, si fuese lesbiana, se enamorar&iacute;a de aquella mujer despistad&iacute;sima que a veces le pide veinte euros porque sale de casa sin darse cuenta de que su monedero est&aacute; vac&iacute;o. Quiz&aacute; le da verg&uuml;enza reconocer que se administra mal. O que pasa apuros. M&uacute;sica. Bohemia. Inestabilidad. Es una mujer que, al llegar a una habitaci&oacute;n, desparrama sobre la colcha el contenido del bolso. Debe encontrar un objeto, el objeto &ndash;espejito, polvera, encendedor, bol&iacute;grafo, tijeritas-, el que precisamente no ha guardado. Despu&eacute;s se olvida de qu&eacute; busca. Una mujer perfecta sin prurito de perfecci&oacute;n. Imagino que ser&aacute; un ama de casa desastrosa. &ldquo;Me encantar&iacute;a ser lesbiana&rdquo;, me dice Ane mirando sin ver. &ldquo;Qu&eacute; pena no serlo. Te lo digo de verdad&rdquo;. A Ane le fascina la esbelta apariencia, la regularidad de los rasgos, la serenidad y la apostura de una mujer que, cuando se bajan las persianas o se apaga la luz, se despeina y desmorona. Saca la tripa y se encoge de golpe. Le entra tos. Se le quita el glamour de encima como si el glamour fuese una enfermedad infectocontagiosa que nos a&iacute;sla de los otros. A Ane le gustar&iacute;a contagiarse. De la mujer. Del glamour. Del desali&ntilde;o. No sabe de qu&eacute;: &ldquo;Ojal&aacute; lo fuese. Lesbiana.&rdquo; Aquella mujer se comporta con ella de un modo especial. Se expone. Como si hubieran sido amigas de la infancia. Pero no lo fueron. A la mujer algunas veces se le humedecen los ojos cuando la mira. Ane, en la orquesta, la protege.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>6. </strong>Cuando Ane dice que le gustar&iacute;a ser lesbiana s&oacute;lo por el hecho de haber conocido a esta mujer, aunque lamenta no serlo de verdad, la entiendo perfectamente. No porque yo haya deseado ser algo que no soy, sino porque nunca he sentido curiosidad por el interior de la boca, de la profunda tibia vagina, por el sabor -&iquest;lechoso?- del pez&oacute;n de una mujer. He conocido mujeres mucho m&aacute;s hermosas que cualquier hombre. Inteligentes y dignas de amor. Pero nunca he querido acercarme, quedarme pegada, intuir sus palpitaciones, pedir a gritos que me violenten. O violentar. Un desmoronamiento o un repentino vah&iacute;do. Una fibrilaci&oacute;n. Un amarre. Los filos de dos puertas autom&aacute;ticas que inevitablemente confluyen en un punto. Rozarse un poco. Desde mi sill&oacute;n de enea le digo a Ane: &ldquo;Te entiendo&rdquo;. Ella responde: &ldquo;No estoy segura&rdquo;. Replico: &ldquo;No somos <em>queer</em>&rdquo;. Nos morimos de risa. Le doy el &uacute;ltimo trago a mi copa de champ&aacute;n: &ldquo;Puede que ya estemos viejas&rdquo;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>7. </strong>Ane se revuelve contra la percepci&oacute;n de nuestra vejez: &ldquo;Hablas por ti, supongo&hellip;&rdquo; Despu&eacute;s come un cacahuete y retoma su relato. Ane toca su viol&iacute;n al lado de aquella mujer que tambi&eacute;n es una int&eacute;rprete virtuosa. Al verlas tocar nadie dir&iacute;a que tienen miedo. Que vacilan. Entre las dos se crea un v&iacute;nculo. Se tapan las notas falsas. Minimizan los errores. Ensayan los pasajes complicados y las sutiles, intrincadas, frases de la m&uacute;sica. Tambi&eacute;n la m&uacute;sica est&aacute; llena de tri&aacute;ngulos. Compases, tr&iacute;os, tercetos, tresillos. El tintineante instrumento met&aacute;lico de algunas sinfon&iacute;as. El ojo de Dios y el origen del mundo. &ldquo;El co&ntilde;o&rdquo;, Ane est&aacute; ya bastante borracha y se le afloja la lengua. En todos los sentidos. A veces su nueva amiga le habla a Ane del pasado, pero ella no le presta atenci&oacute;n. Cree que toda su complicidad es nueva. Un regalo a una edad en la que ya no se tienen expectativas de encontrar a los mejores amigos. Ane sabe que no sirve de nada bailar un pasodoble en la residencia de la tercera edad. Hacer ojitos en el centro de salud geri&aacute;trica. Ane y la mujer se hacen confesiones como s&oacute;lo nos confesamos ante quien no conocemos y permanece oculto tras la celos&iacute;a y no puede reaccionar con una mueca que nos lastime. Existe, entonces, la posibilidad de reinventarse. El gozo de no ser corregido y de no tener que cotejar puntos de vista. La creaci&oacute;n pura y la dulce ocasi&oacute;n de mentir. Ane le cuenta a aquella mujer la historia de sus amores. As&iacute; comienzan algunas amistades y nacen personas que no exist&iacute;an. Inmaculadas bajo el agua de un nuevo bautismo que normalmente se celebra entre el vapor del alcohol.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>8. </strong>Esta noche tambi&eacute;n nosotras conversamos en c&iacute;rculos. De delante hacia atr&aacute;s y de atr&aacute;s hacia delante. &ldquo;Los hijos &uacute;nicos siempre tenemos con los padres una relaci&oacute;n triangular&rdquo;, Ane me despierta otra vez con sus palabras. Yo no s&eacute; si atino: &ldquo;Puede que quiz&aacute; no haga falta que los hijos sean &uacute;nicos para vivir con los padres un tri&aacute;ngulo&rdquo;. Se lo digo porque yo tambi&eacute;n he amado y odiado a mis padres. Con concentraci&oacute;n. Con ceguera. Con sa&ntilde;a. Sobre todo en esos d&iacute;as en que se amaban como locos o como perros. Cuando se detestaban durante veinticuatro horas y mi madre se beb&iacute;a en solitario una botella de champ&aacute;n olvid&aacute;ndose de m&iacute;. Al d&iacute;a siguiente estaba enferma. Hab&iacute;a que cuidarla. No hacer ruido. Yo tambi&eacute;n he esperado para escuchar una palabra amorosa de mi padre. Todas eran para mi mam&aacute;. Lo peor son las temporadas en que a los padres se les desborda el amor. Se les rompe como en los boleros y la hija &uacute;nica teme no ser quien, al final, fracture la coherencia perfecta de ciertas geometr&iacute;as. Digo: &ldquo;Me hubiera gustado que mis padres se aburriesen juntos. Como los matrimonios normales&rdquo;. Ane se pide otra ginebra. Inhala el humo. Lo expulsa.&nbsp; Yo me aguanto las ganas de fumar. Soy gilipollas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>9. </strong>Ane le confiesa a esa mujer -hoy tambi&eacute;n me lo confiesa a m&iacute;- que con su padre siempre ha mantenido una relaci&oacute;n ed&iacute;pica. Se pone impropia, vulgar &ndash;como del <em>Reader&acute;s Digest</em>- al insistir en que tal vez por esa raz&oacute;n sus amantes, sus maridos y sus novios siempre han sido hombres mayores: &ldquo;Si hubiera sido lesbiana, seguro que me habr&iacute;a ido mejor&rdquo;. Las dos se r&iacute;en. La mujer responde &ldquo;Cualquiera sabe&rdquo; y Ane le sigue contando la historia de un amor que casi acaba con ella. La mayor&iacute;a de las mujeres tiene una relaci&oacute;n as&iacute;. No digo nada. Ane evoca: &ldquo;Los hombres mayores tienen la piel suav&iacute;sima&hellip;&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>10. </strong>Ane nos relata a la mujer y a m&iacute; la misma historia en dos puntos diferentes del tiempo y del espacio. En realidad nos est&aacute; hablando a la vez y puede que la mujer y yo seamos la misma. S&eacute; perfectamente que eso no es posible y juro: &ldquo;Hoy ya no puedo beber m&aacute;s&rdquo;. Veo doble e ignoro qu&eacute; frase -&iquest;locuci&oacute;n?, &iquest;adverbio?, a qui&eacute;n le importa la gram&aacute;tica- tiene menos sentido: &ldquo;la misma historia&rdquo;, &ldquo;a la vez&rdquo;, &ldquo;hablar&rdquo;. Desde que me he quedado tan delgada no puedo beber. Tengo iluminaciones: mis tri&aacute;ngulos nunca fueron historias de adulterio, sino m&aacute;s bien excesos de fidelidad. Entonces sonr&iacute;o porque noto desde los dedos de los pies hasta la garganta que soy una mujer tocada por la generosa mano de la Fortuna. Se me r&iacute;en los ojos. Ane pregunta: &ldquo;&iquest;Te pasa algo?&rdquo;. Parece que tengo con ella la obligaci&oacute;n de estar un poco triste. Me r&iacute;o <em>giocondamente</em> y ella pregunta otra vez: &ldquo;&iquest;Te pasa algo?&rdquo; Yo, adem&aacute;s de alegr&iacute;a, noto la verde punzada de los celos. Disimulo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>11. </strong>Ane le coge las manos a la mujer &ndash;a m&iacute; no- y le cuenta que fue una joven precoz y voluntariosa. A los dieciocho a&ntilde;os ya estaba viviendo en casa de un hombre que le sacaba m&aacute;s de veinte. &ldquo;Esa relaci&oacute;n casi acaba conmigo&rdquo;. A la mujer, muy emp&aacute;tica, muy dulce, le asoman l&aacute;grimas a los ojos, pero Ane no tiene ning&uacute;n deseo de consolarla ni de preguntarle por qu&eacute; llora. &Eacute;l beb&iacute;a, ment&iacute;a, follaba con otras mujeres. Especialmente con una a la que le bajaba las bragas con precipitaci&oacute;n e incontinencia para embestirla contra un tabique. Estaban en el trabajo, todo el mundo les o&iacute;a y se lo contaban a Ane que ignoraba si quer&iacute;a ver para creer. O&iacute;rlo e imaginar. Alta. Morena. Excelente. Entre las bambalinas del teatro la morena se dejaba hacer por aquel hombre que deb&iacute;a despertar en las mujeres j&oacute;venes una vocaci&oacute;n de monja, de limpiadora de rijas, un gusto por el agusanamiento, los malos olores y el verdadero retrato de Dorian Gray. &ldquo;La puta redenci&oacute;n&rdquo;, le dice Ane a la mujer. Tambi&eacute;n a m&iacute;. Entonces la mujer explota: &ldquo;&iexcl;Perd&oacute;name!&rdquo;</p>
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<p><strong>12. </strong>Ane odiaba con todas sus fuerzas a la mujer de las bambalinas. Le habr&iacute;a clavado alfileres en la planta de los pies. Le hubiese roto los dedos con la puerta de un coche. La habr&iacute;a dejado sorda en una explosi&oacute;n. El amante viejo se re&iacute;a de los reproches de Ane: &ldquo;Todo mentira, mi ni&ntilde;a. Todo mentira&rdquo;. Ane se miraba en el espejo y ve&iacute;a a una muchacha de dieciocho a&ntilde;os con la piel blanca como un trago de leche y los pechos firmes. Con el filo de la mand&iacute;bula elevado y la boca limpia. Despu&eacute;s, recordaba la barba canosa de su amante y el color anaranjado que deja la nicotina en el bigote. La polla fl&aacute;cida y el olor a queso. Ane se castigaba. Insegura. Hist&eacute;rica. Se mord&iacute;a las u&ntilde;as y, en lugar de odiar al hombre, despilfarraba su odio con aquella mujer sobre la que colocaba tantos atributos &ndash;tantas perfecciones- y buscaba tantos parecidos, que hab&iacute;a dejado de verla n&iacute;tidamente. Apretaba tanto el l&aacute;piz que romp&iacute;a el cuaderno de dibujo. La retrataba con tal minuciosidad que hab&iacute;a perdido la perspectiva. Lo mismo les ocurre a los pintores hiperrealistas y a los cient&iacute;ficos que no separan nunca la pupila negra de sus microscopios. Ya no sab&iacute;a qui&eacute;n era aquella mujer. S&oacute;lo que le hac&iacute;a da&ntilde;o. Ane se encontraba cada vez m&aacute;s fea. M&aacute;s rid&iacute;cula. M&aacute;s abandonada. Terriblemente d&eacute;bil. Una anemia perniciosa la devoraba. Luego fing&iacute;a creer las palabras de su amante. Lavaba en la ba&ntilde;era al hombre viejo frot&aacute;ndole la piel como si fuese un ni&ntilde;o de tres a&ntilde;os. &Eacute;l se dorm&iacute;a.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>13. </strong>Pienso que, pese al desgaste f&iacute;sico y la corrosi&oacute;n sentimental, a m&iacute; mis tri&aacute;ngulos me han hecho sentirme fuerte, bella y poderosa. &ldquo;Hay tri&aacute;ngulos y tri&aacute;ngulos&rdquo;, pongo la frase encima del velador para que la realidad regrese. La noche. Un bar. Los dedos aceitosos por la piel de los panchitos. Despu&eacute;s me digo que s&oacute;lo pienso mentiras para favorecerme y vuelvo al meollo de la historia de Ane. Retomo la palabra que le sirve de gancho y me doy cuenta de que la ciencia-ficci&oacute;n y lo melodram&aacute;tico a veces confluyen en un punto: &ldquo;&iquest;Perd&oacute;name?&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>14. </strong>Ane hab&iacute;a odiado a la mujer de las bambalinas. La hab&iacute;a visto de refil&oacute;n al recoger a su amante en la sala de conciertos. Hab&iacute;a medido su silueta de espaldas. Las pantorrillas fuertes y el pelo a lo <em>gar&ccedil;on. </em>A su modo, la hab&iacute;a espiado. Como un ratoncillo desde su agujero. La hab&iacute;a o&iacute;do re&iacute;r con la seguridad de que ella nunca conseguir&iacute;a una risa as&iacute; de transparente: emanaba de un lugar secreto entre el ombligo y las v&eacute;rtebras lumbares. Frente a la risa de aquella mujer, Ane siempre tendr&iacute;a risa de rat&oacute;n. O de hiena. &ldquo;Tienes una risa preciosa&rdquo;, la adulo. Porque lo m&aacute;s bonito de Ane no es desde luego su risa. &ldquo;Preciosa&rdquo;. El cari&ntilde;o que Ane me tiene es poco apasionado y no me escucha cuando le dedico hermosas palabras. Ella est&aacute; en lo suyo: hab&iacute;a visto de frente y de perfil a la mujer de las bambalinas y se hab&iacute;a guardado en la cabeza la imagen de fotomat&oacute;n de una ficha policial. Luego la olvid&oacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>15. </strong>El amante viejo dej&oacute; a Ane y se fue a vivir con la mujer de las bambalinas que consigui&oacute; destruirlo sin convertir la destrucci&oacute;n en un prop&oacute;sito. Lo destruy&oacute; porque aquel hombre era a la vez vulnerable y s&aacute;dico, y porque nunca hab&iacute;a sabido disfrutar de la juventud que se le iba ofreciendo como p&oacute;cima de regeneraci&oacute;n o sangre vivificadora del vampiro. El hombre se qued&oacute; solo. Ane lo vio. Coincidi&oacute; con &eacute;l. Le tendi&oacute; una mano floja mientras evocaba los momentos culminantes de su amor y de su sexo. Nunca le dio l&aacute;stima. &ldquo;Tal vez s&oacute;lo un poco&rdquo;, Ane se acerca a la cara el &iacute;ndice y el pulgar, unidos por las puntas, y se r&iacute;e con su risa de hiena. Se exhibi&oacute; delante de &eacute;l cogida del brazo de otros amores. Tuvo una hija. La mujer de las bambalinas se hab&iacute;a esfumado y Ane empez&oacute; a quererla no de forma rom&aacute;ntica, sino con el agradecimiento de que se hubiese ido dejando un medio cad&aacute;ver, un despojo, a sus espaldas. "Una femme fatale&rdquo;, apunto con sarcasmo. Con envidia. &ldquo;Una persona maravillosa&rdquo;, responde Ane. La mujer &ndash;ya no s&eacute; cu&aacute;l- me roba todo el espacio y aquel hombre viejo ahora es m&aacute;s viejo y a&uacute;n no ha terminado de morir. Me pongo en su lugar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>16. </strong>Ane no puede descifrar los mecanismos por los que su cerebro hab&iacute;a bloqueado el rostro &ndash;tambi&eacute;n la risa- de aquella mujer. No sabe por qu&eacute; no fue capaz de reconocerla en esta nueva int&eacute;rprete a la que adopt&oacute; como si fuera un cachorro abandonado al que se le notaba el pedigr&iacute;, la buena clase, en la calidad del pelo y el grosor de las patas. Cuando aquella mujer le dijo &ldquo;Perd&oacute;name&rdquo;, Ane no supo qu&eacute; deb&iacute;a perdonarle exactamente, pero de pronto las im&aacute;genes pasadas regresaron: recoloc&oacute; los ojos de la mujer dentro de los ojos de la mujer, la boca en la boca, las cejas en las cejas, el &oacute;valo del rostro en perfecta coincidencia con el &oacute;valo del rostro. De la reconstrucci&oacute;n surgi&oacute; aqu&eacute;lla que hab&iacute;a sido en tiempos una hija de puta. La gran hija de puta. &ldquo;La hija de puta por excelencia&rdquo;, Ane rompi&oacute; a re&iacute;r. Nada ten&iacute;a ya ninguna importancia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>17. </strong>Digo: &ldquo;Qu&eacute; curioso&rdquo;. Digo: &ldquo;Qu&eacute; historia tan fenomenal&rdquo;. Digo: &ldquo;Qu&eacute; cosas tiene la vida&rdquo;. Digo: &ldquo;Como fisonomista eres p&eacute;sima&rdquo;. Incluso digo: &ldquo;Qu&eacute; m&aacute;gico&rdquo;. Ane coge su bolso. Me avisa: &ldquo;Vienen a buscarme&rdquo;. Pongo buena cara y me despido. Ella me deja sola y yo me pregunto qui&eacute;n la estar&aacute; esperando dentro de un coche a las tres de la madrugada. Pienso en mis propios tri&aacute;ngulos, en mis propias sordideces, frente a la elegancia con que Ane ha desmigado su experiencia. Con menos furia que la que ha empleado para reducir a polvo la piel de los cacahuetes. Sin palabras intestinales, sin relatos de sexo peque&ntilde;ito, secreciones y salpicaduras. Pienso que ella aprender&aacute; sin hacerse heridas en las yemas de los dedos. Pienso que ella es m&aacute;s libre que yo y por eso todo le duele menos o que todo le duele menos porque es m&aacute;s libre que yo. A lo mejor hoy, dentro de ese coche que me ha dejado adivinar al volante la silueta de una mujer con el pelo a lo <em>gar&ccedil;on</em>, Ane se atreve. Pienso que por ese motivo se conserva et&eacute;rea y hermosa, con un toque espiritual que no es ajeno al placer de la carne &ndash;deshuesada, magra-, y alguien la busca una noche mientras a m&iacute; se me aja la envejecida carita de Jeanne Moreau. Tengo los ojos sucios, endurecidos, y me acartono y me cierro por abajo como un molusco muerto que no se puede comer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 22 May 2018 08:29:51 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Testimonio hipnótico]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/testimonio-hipnotico/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/mayo/MARINA_PEREZAGUA.jpg" alt="" /></p>
<p>La ambici&oacute;n, el reto, el cortejo de lo dif&iacute;cil, la seducci&oacute;n del l&iacute;mite no son valores abundantes en esta o cualquier otra literatura. El mercado favorece los productos sencillos, de entretenimiento, c&oacute;modos aun ejecutados diestra, profesionalmente. Marina Perezagua (Sevilla, 1978), sin embargo, escogi&oacute; desde el principio una senda propia, escarpada, ya demostrada en sus dos vol&uacute;menes de cuentos (<em>Criaturas abisales</em> y <em>Leche</em>) y ahora llevada al m&aacute;ximo en su novela <em>Yoro</em>, publicada como los libros anteriores en un sello peque&ntilde;o y artesanal, que es, sin duda, lo que m&aacute;s conviene, sobre todo en sus inicios, a una obra como esta.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La novela parte de lo que ya daba pie al primer relato de <em>Leche</em>, <em>Little Boy</em>: como es sabido, el apodo de la bomba at&oacute;mica que el 6 de agosto de 1945 destruy&oacute; en una explosi&oacute;n sin precedentes la ciudad japonesa de Hiroshima. Aqu&iacute; es tambi&eacute;n implosi&oacute;n, y una de las virtudes de la narraci&oacute;n es el correlato constante entre lo externo y lo interno de la narradora, un ser an&oacute;malo, vaciado, que se llama a s&iacute; misma H, porque una vez alguien le dijo que esta es letra muda en espa&ntilde;ol, y ella cree que su testimonio puede servir a todos los que han sido silenciados.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El avi&oacute;n <em>Enola</em> <em>Gay</em> abre las puertas de su bodega como una madre las piernas para dar a luz. Se describe muy pl&aacute;sticamente esto, y el impacto sobre la protagonista es tremendo, y sus secuelas: &ldquo;La hinchaz&oacute;n era tan grande que en aquel momento no pod&iacute;a estar segura, pero todo parec&iacute;a indicar que la bomba se hab&iacute;a ensa&ntilde;ado principalmente con mi sexo&rdquo;. Eso, dentro de la general cat&aacute;strofe, en la que quienes no perecieron con la deflagraci&oacute;n y salieron adelante &ldquo;no eran muertos vivientes, sino vivos murientes&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No hay manique&iacute;smo ni adscripci&oacute;n de &ldquo;limpieza de sangre&rdquo;. Quienes son verdugos son a la vez v&iacute;ctimas, y viceversa, como se desdibujan las fronteras entre las formas de amor y las generaciones, el trascurrir del tiempo y la dilataci&oacute;n del vientre, el subir y el bajar las pir&aacute;mides de Teotihuac&aacute;n o las simas minerales de Namibia. Hay muchos escenarios, cuentas de un rosario de andanzas y pesquisas, y no muchos personajes (principalmente, el soldado estadounidense Jim, y H, que se convierte en su amor).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Le&iacute;da con esp&iacute;ritu cartesiano, <em>Yoro</em> no es cre&iacute;ble, tiene muchas fallas. Ahora, concedida la suspensi&oacute;n voluntaria de la inverosimilitud de la que habl&oacute; Coleridge, todo posee una l&oacute;gica extra&ntilde;a, desasosegante, espectral (especular, tambi&eacute;n de espejo). Se pueden hallar algunas incoherencias menudas (aunque inicialmente desconociera el nombre del p&aacute;jaro, &iquest;por qu&eacute; se escribe <em>wren</em> y no reyezuelo o carrizo, si es de suponer que la narradora emplea el ingl&eacute;s, que nos llegar&aacute; traducido?), alg&uacute;n pasaje tra&iacute;do por los pelos (&iquest;por qu&eacute; la escena de Lyon, m&aacute;s all&aacute; de que la autora residiera all&iacute; una temporada?), la poca credibilidad de una mujer mayor, casi anciana, movi&eacute;ndose con agilidad (o sin el realismo de verla tropezar) en lugares inh&oacute;spitos, o el cuento de Brigitte&hellip; pero sin embargo lo m&aacute;s fant&aacute;stico, lo deliberadamente imaginario funciona con la precisi&oacute;n de un engranaje de relojer&iacute;a que abarca, en lo temporal, desde la Segunda Guerra Mundial y Birmania, a la Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica del Congo de nuestros d&iacute;as.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hay pasajes de un gran lirismo (como los agradecimientos enumerados en la p&aacute;g. 64 y siguientes) en los que sin florituras mas con precisi&oacute;n y exactitud, cualidades de la mejor poes&iacute;a, tienen una gran capacidad po&eacute;tica, pero todo el libro est&aacute; lleno de correspondencias, de lo que podr&iacute;amos llamar rimas de motivos y sucesos que tienen su eco y su presagio en otros. Tambi&eacute;n sobre todo al principio se emplean f&oacute;rmulas del estilo &ldquo;m&aacute;s adelante, intentar&eacute; explicar&rdquo; o &ldquo;por las circunstancias que contar&eacute; m&aacute;s adelante&rdquo;, que prenden el inter&eacute;s en el lector como en ese juez silente para el que H desgrana la historia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cap&iacute;tulos que siguen los nueve meses de un peculiar embarazo, m&aacute;s el inicial &ldquo;Gravidez cero&rdquo; y el concluyente &ldquo;Alumbramiento&rdquo;, van singlando ese mar o placenta de la novela (&ldquo;S&eacute;ptimo mes. N&uacute;mero irracional&rdquo; supone un giro brusco y quiz&aacute; innecesario). La identidad sexual o falta de la misma, las grandes injusticias y las penalidades infligidas lo mismo sobre unos que sobre otros (orientales, occidentales, africanos), los deseos que no se pueden colmar, los sentimientos fantasmas&hellip; de todo esto est&aacute; hecho <em>Yoro</em>. Y de la soledad radical: &ldquo;Hoy hablan de minor&iacute;as. Me r&iacute;o yo de la inclusi&oacute;n de las minor&iacute;as. La verdadera marginalidad es la que siente el que no tiene acceso ni siquiera a un grupo minoritario.&rdquo; Sobre el mismo tema de la soledad hay alg&uacute;n otro pensamiento complementario: &ldquo;Es curioso c&oacute;mo una cree que se acostumbra a no tomar en consideraci&oacute;n los juicios ajenos, las cr&iacute;ticas de la mayor&iacute;a y, sin embargo, qu&eacute; agradable resulta sentirse dentro de esa mayor&iacute;a las pocas veces que te dejan sentir que encajas en ella.&rdquo;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p>
<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Yoro</em>, relato hipn&oacute;tico, epopeya &iacute;ntima de una <em>quest</em> de la ni&ntilde;a arrebatada que es un poco <em>The Searchers/Centauros del desierto</em> (con esa hibridez, aqu&iacute; androginia, de la versi&oacute;n espa&ntilde;ola), est&aacute; muy cerca de ser una obra maestra. Quiz&aacute; la separe de ello, por falta de foco en la atenci&oacute;n, lo mucho que quiere contener, que alcanza hasta la denuncia del maltrato a los animales,de las pol&iacute;ticas de las Naciones Unidas, &ldquo;esa puta de mil vaginas abiertas permanentemente a la Casa Blanca&rdquo;, o de la persecuci&oacute;n hasta clandestina de los esquilmados recursos del planeta (qu&eacute; gran bucle el de las finales minas de uranio que enlazan con la bomba lanzada al principio de la acci&oacute;n, ese singular espermatozoide que fecunda, aun en su monstruosidad, la novela). Pero <em>Yoro</em> es una obra que sin contemplaciones sacude, pincha, revuelve, mete los dedos en los ojos, saca las tripas, hace pensar y, sobre todo, despliega una mente, la de la autora, que piensa y pisa regiones infrecuentes y lo hace con una escritura potente, eficaz, admirable que hurga, sobreponi&eacute;ndose, en la tristeza. Aunque esta, ya se sabe &ndash;escribe Marina Perezagua&ndash; sea un &aacute;rbol de hoja perenne.- ANTONIO RIVERO TARAVILLO.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Marina Perezagua, <em>Yoro</em>, Barcelona, Los libros del lince, 2015.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 22 May 2018 08:23:51 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El fango que suspira]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-fango-que-suspira/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/mayo/tizon500.jpg" alt="" /></p>
<p>Sucedi&oacute; todo lo contrario: que lleg&oacute; agosto. Y tu primer d&iacute;a de vacaciones, tan anheladas. Y por la tarde, al volver a tu apartamento de guionista soltero cargado con las bolsas de provisiones, para llenar la nevera, zas, te tropiezas en la entrada con un parapeto formado por un coche patrulla de la polic&iacute;a nacio&shy;nal, un cami&oacute;n de bomberos con su panel de luces chisporroteantes que salpican la fachada de rojo sangre y una am&shy;bu&shy;lan&shy;cia aparcada en doble fila, que obstaculiza el paso. Un c&oacute;nclave de vecinos y curiosos arremolinados en la calzada, for&shy;mando un gabinete de crisis, cuchichean en actitud cons&shy;pi&shy;ra&shy;to&shy;ria. Y nada m&aacute;s verte, el portero que te asalta:</p>
<p>&ndash;Se llevan a una vecina, la del 6&ordm; F.</p>
<p>&ndash;&iquest;Y eso?</p>
<p>&ndash;Era mayor. Viv&iacute;a sola. Ha fallecido.</p>
<p>&ndash;Ah.</p>
<p>&ndash;Fue hace unos cuantos d&iacute;as. Seis o siete por lo menos. Al menos una semana, quiz&aacute; m&aacute;s. Aqu&iacute; las fuerzas de seguridad del estado han tenido que intervenir y forzar la cerradura para levantar el cad&aacute;ver.</p>
<p>&ndash;A lo mejor convendr&iacute;a hacerle un torniquete &ndash;interrumpe una vecina despeinada, con voz de alcoba&ndash;. Por probar&hellip;</p>
<p>&shy;&ndash;Un fatal desenlace &ndash;zanja el portero, sin inmutarse&ndash;. El cuerpo ya hab&iacute;a entrado en des-com-&shy;po-&shy;si-&shy;ci&oacute;n. &ndash;Se da una serie de golpecitos nerviosos con el &iacute;ndice en la punta de la nariz, a modo de tamborileo, para subrayar las pausas&ndash;. Por eso el olor.</p>
<p>&ndash;La mano de Dios &ndash;exclama uno de camisa de selva&ndash;. Ya pod&iacute;a haber elegido otro momento para morirse, qu&eacute; inoportuna. Con tal de que esto no nos arruine las vacaciones. Lo que nos faltaba. Qu&eacute; culpa tendremos nosotros.</p>
<p>&ndash;Ninguna &ndash;aclara la mujer del torniquete.</p>
<p>&ndash;A ver si ahora va a pasarnos algo o algo. &ndash;El de la camisa de selva.</p>
<p>Las asas de las bolsas se te clavan en las palmas, dejando surcos rojizos. Nadie te impide que te abras paso entre los murmullos, con tus bolsas del s&uacute;per. Las l&aacute;minas de vidrio abatibles de la puerta del portal est&aacute;n abiertas, inclinadas en diferentes &aacute;ngulos, para facilitar el tr&aacute;nsito del aire y la ventilaci&oacute;n del edificio. En el suelo se dibujan arabescos de serr&iacute;n, de caprichosos dise&ntilde;os. Pisas esa arena crujiente mientras avanzas por el vest&iacute;bulo en direcci&oacute;n a tu apartamento, y entonces te agrede un tufo nausea&shy;bun&shy;do y l&aacute;cteo, gas&shy;tro&shy;in&shy;tes&shy;tinal, como de cuajada rancia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;As&iacute; moriremos todos un d&iacute;a? &iquest;Muertos de tedio o de una parada cardiovascular, sin asistencia, el d&iacute;a en que nos falle la conexi&oacute;n telem&aacute;tica? &iquest;Solitarios en nuestros cubiles, hasta que la edad nos empuje hasta el l&iacute;mite y al final la fetidez nos delate una semana m&aacute;s tarde? &iquest;Seremos eso, un peque&ntilde;o espect&aacute;culo in&shy;vo&shy;lun&shy;ta&shy;rio ofrendado al aburrimiento de los vecinos, un racimo de chismosos al atardecer, en plena calle, antes de preparar la cena, algo liviano para distraer el diente, con abrir unas latas de conserva basta, que con semejante calor a qui&eacute;n le apetece encerrarse en la cocina? Seremos nada, un suelto del peri&oacute;dico en la secci&oacute;n local, una cifra para engordar la estad&iacute;stica de ancianos fallecidos durante el verano o ni siquiera eso, una an&eacute;cdota para mojar pan al d&iacute;a siguiente con los amigos, durante el vermut del mediod&iacute;a, entre dos chapuzones en la piscina.</p>
<p>&ndash;&iquest;Sabes? Ayer en&shy;con&shy;tra&shy;ron muerta a una vieja de mi edificio. El fiambre llevaba all&iacute; lo menos una semana. Menuda peste. Casi vomito.</p>
<p>&ndash;&iexcl;Puaj! &iquest;M&aacute;s mejillones?</p>
<p>Mejor no pensar en ello. Despu&eacute;s los vivos provisionales seguiremos con nuestros juegos al aire libre, sec&aacute;ndonos el pelo con la toalla, sol en la piel de los hombros, gotas de luz en las pesta&ntilde;as, ojos gui&ntilde;ados debido al escozor del cloro y al latido menta del c&eacute;sped, sobre la hoguera de agosto y la anarqu&iacute;a de los cr&iacute;os persigui&eacute;ndose con pistolas de agua bajo el chorro de las duchas, &iexcl;ya ver&aacute;s cuando te agarre, acusica!, mientras los planetas se alinean en sus nuevas &oacute;rbitas y nosotros so&ntilde;amos planes para esta noche, siempre a la cacer&iacute;a de placeres culpables (todo placer digno de tal nombre lo es), a ver si hay suerte y se levanta brisa y refresca.</p>
<p>&ndash;&iquest;Te marchas ya? &iquest;Qu&eacute; prisa tienes? Si est&aacute; a punto de aparecer De Michelis.</p>
<p>Nos frotaremos con loci&oacute;n el cuerpo, hay tiempo. Pala&shy;dea&shy;re&shy;mos una segunda ronda de cervezas, hmmm, todav&iacute;a m&aacute;s espumosas y heladas que las anteriores, yo invito. Las cervezas siempre son j&oacute;venes. Ser&aacute; gozoso aferrarse, para mantener cierta cordura, al asa de la jarra. Eso nos pondr&aacute; de buen humor. Aguardaremos expectantes, con los ba&ntilde;adores pesados e hinchados por la humedad del agua, la promesa de la noche que, lo anticipamos ya, oler&aacute; a r&iacute;mel. Nos acordaremos, cualquiera sabe por qu&eacute; asociaci&oacute;n de ideas, de aquella pel&iacute;cula lejana en que una novelista bisexual asesinaba a sus amantes con un picahielo, chac chac, uno tras otro, mantis religiosa, imitando la trama de sus propios libros. &iquest;Por qu&eacute; los socorristas llamar&aacute;n, a la piscina, &laquo;l&aacute;mina de agua&raquo;? &iquest;No os encanta esa expresi&oacute;n, &laquo;l&aacute;mina de agua&raquo;? A m&iacute; s&iacute;. Dis&shy;cu&shy;ti&shy;re&shy;mos sobre la po&shy;si&shy;bi&shy;lidad de con&shy;quis&shy;tar (o no), y c&oacute;mo, el coraz&oacute;n ant&iacute;lope de las mu&shy;chachas, de una muchacha. Una novia sonriente que nos dar&aacute; los buenos d&iacute;as mientras desayuna con una huella de bigote de espuma. Char&shy;la&shy;re&shy;mos de esto y de lo otro. Ol&shy;vi&shy;da&shy;re&shy;mos el in&shy;ci&shy;dente, ser&aacute; como si nunca hubiese ocu&shy;rri&shy;do. &iquest;Qu&eacute; incidente? &iquest;Qui&eacute;n?</p>
<p>&ndash;&iquest;Qui&eacute;n se apunta a otra jarra de sangr&iacute;a?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nubes como cromosomas. El cielo alto y torcido. Este cielo da la impresi&oacute;n de que lo han obtenido retorciendo un trapo a&ntilde;il hasta chorrear la pintura. Despu&eacute;s, para disimular un poco las calvas, han repintado con brocha insuficiente los costados, aqu&iacute; y all&aacute;, a bulto, sin fe ni calidez, a base de escobazos de purpurina. La distribuci&oacute;n no ha quedado uniforme. Deja mucho que desear. Escasez de materiales.</p>
<p>Alguien.</p>
<p>Un d&iacute;a.</p>
<p>Alguien un d&iacute;a romper&aacute; las tiras policiales amarillas y negras que precintan por orden judicial la entrada al 6&ordm; F. Alguien iluminar&aacute; con una linterna esa c&aacute;mara funeraria, hollar&aacute; el coraz&oacute;n de la tiniebla protegido con guantes de l&aacute;tex y escafandra quir&uacute;rgica como de apicultor, botas altas de po&shy;cero, y lo rociar&aacute; todo con una bruma perfumada de des&shy;con&shy;ta&shy;mi&shy;nante qu&iacute;mico, que irritar&aacute; los ojos. Alguien vaciar&aacute; los armarios y volcar&aacute; el contenido entero de los ca&shy;jo&shy;nes sobre la alfombra (&iquest;para qu&eacute; acumular&iacute;a esta mujer cinco pares de gafas en sus estuches, todas id&eacute;nticas?), alguien dis&shy;tri&shy;buir&aacute; la casa en bolsas, revolver&aacute; sin pudor entre su ropa &iacute;ntima, descolgar&aacute; sus l&aacute;m&shy;pa&shy;ras, relojes, espejos y visillos, dejando rebordes vac&iacute;os en las paredes y fantasmas de mobiliario, de&shy;sa&shy;tor&shy;nillar&aacute; sus apliques, des&shy;cla&shy;var&aacute; el crucifijo del dormitorio y Cristo ser&aacute; expulsado de la vi&shy;vie&shy;nda. Alguien des&shy;mon&shy;ta&shy;r&aacute; la mesilla de noche con su dentadura postiza en el vaso de agua, muerta de risa.</p>
<p>El cuarto de ba&ntilde;o con su tulipa temblona, lleno de geles, lociones y linimentos alineados por orden de altura en la repisa. Un frasquito de mermelada reutilizado para guardar monedas o un pegote duro de cera depilatoria. Alguien mal&shy;ven&shy;der&aacute; sus despojos, triturar&aacute; sus pas&shy;to&shy;res de porcelana decorativos, apar&shy;tar&aacute; de un ma&shy;no&shy;tazo del apa&shy;ra&shy;dor sus portarretratos con fotos (amigas del internado, una excur&shy;si&oacute;n al zool&oacute;gico, un cani&shy;che rosa recortado de una revista), sus cuatro muebles de colores c&eacute;libes se re&shy;par&shy;tir&aacute;n entre so&shy;brinos gaseosos o se donar&aacute;n sin su con&shy;sen&shy;ti&shy;miento a una ong o ser&aacute;n arrojados al fondo de un con&shy;te&shy;nedor, all&aacute; van, entre escombros y neum&aacute;ticos pin&shy;chados.</p>
<p>Fuera, todo fuera. A la calle con todo. Se parecer&aacute; mucho a un robo, a una profanaci&oacute;n de morada, a un exorcismo antisat&aacute;nico. Alguien retirar&aacute; del frigor&iacute;fico los restos de comida momificada de su &uacute;ltimo almuerzo, carne mechada y pur&eacute; seco. Sus cartones de leche sin caducar se verter&aacute;n por el fregadero, correr&aacute;n alegremente por las ca&ntilde;e&shy;r&iacute;as en una celebraci&oacute;n del derroche e ir&aacute;n a parar a la red de al&shy;can&shy;ta&shy;ri&shy;llado. Alguien des&shy;montar&aacute; su cama, trocear&aacute; su ca&shy;be&shy;ce&shy;ro em&shy;pe&shy;ri&shy;fo&shy;llado con volutas versallescas, desnudar&aacute; su somier. A la vista de todo el mundo, en lenta procesi&oacute;n por los rellanos del edificio, para no perder detalle, se exhibir&aacute; su colch&oacute;n de muelles, el de&shy;sorden de su carne, con su imp&uacute;dica orograf&iacute;a de zumos &iacute;ntimos y mapamundi de insomnios. Alguien apartar&aacute; un pelo de un coj&iacute;n, que le toc&oacute; en un sorteo.</p>
<p>De una percha colgar&aacute; un vestido de volantes nuevo, reservado para alguna ocasi&oacute;n especial, a&uacute;n con la etiqueta puesta, que no lleg&oacute; a estrenar, para no estropearlo.</p>
<p>De manera simult&aacute;nea, los engranajes ad&shy;mi&shy;nis&shy;trativos pondr&aacute;n en funciona&shy;mien&shy;to su sistema de ruedas dentadas con total eficacia y pun&shy;tualidad de mecanismo bien lubricado. A una se&ntilde;al, se activar&aacute;n las antenas y vibrar&aacute;n las pinzas, que ir&aacute;n trasladando la informaci&oacute;n de departamento en departamento. Los datos ser&aacute;n actualizados sin margen de error. Alguien tendr&aacute; que ocuparse de todo el papeleo buro&shy;cr&aacute;&shy;tico de ne&shy;go&shy;ciar la baja de los con&shy;tratos con las compa&ntilde;&iacute;as su&shy;mi&shy;nis&shy;tra&shy;doras de electricidad y agua. Se anular&aacute;n las do&shy;mi&shy;ci&shy;lia&shy;ciones bancarias. Se des&shy;co&shy;nectar&aacute; su l&iacute;nea telef&oacute;nica; a partir de ahora, cada vez que alguien marque por equivocaci&oacute;n, saltar&aacute; el mensaje autom&aacute;tico de una voz robotizada: &laquo;El tel&eacute;fono al que usted llama no est&aacute; operativo. El tel&eacute;fono al que usted llama no est&aacute; operativo. El tel&eacute;fono al que ust&hellip;&raquo;, seguido de un pitido formidable, seguido de una pachanga latina de estribillo pe&shy;ga&shy;di&shy;zo, compuesta para las pistas de baile y las verbenas veraniegas de los pueblos en fiesta &ndash;az&uacute;car quemado, castillos de fuegos ar&shy;ti&shy;fi&shy;cia&shy;les&ndash;, en bucle, sin co&shy;mienzo ni fin. Can&shy;ce&shy;lar&aacute;n su cartilla de ahorros, con su m&iacute;nimo saldo que se in&shy;ver&shy;tir&aacute; en sufragar la propia comisi&oacute;n de cierre: todo en orden. En lo que a nosotros respecta, usted nunca ha existido. Se proceder&aacute; a la li&shy;qui&shy;da&shy;ci&oacute;n in&shy;me&shy;dia&shy;ta de su plan de pensiones privado, si lo hubiera, con la firma aseguradora. En los registros del universo se di&shy;fu&shy;mi&shy;na&shy;r&aacute; su nombre, se perder&aacute; para siempre. Desaparecer&aacute; la tarjeta del casillero de su buz&oacute;n con su caligraf&iacute;a elemental y en su lugar se abrir&aacute; un rect&aacute;ngulo negro y vac&iacute;o, festoneado de polvo, feo de mirar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con el paso de los d&iacute;as, el hedor a cadaverina del des&shy;can&shy;sillo se ir&aacute; en&shy;frian&shy;do hora tras hora a golpe de ozonopino hasta disiparse del todo o confundirse con otros efluvios m&aacute;s mundanos de las zonas co&shy;mu&shy;nes, de tabaco afrutado o guisos. Vendr&aacute;n bar&shy;bu&shy;dos de frac, castigados por la vida, san&shy;gu&iacute;neos, con un pin&shy;ga&shy;nillo en la oreja, hablan&shy;do a gritos y repartiendo tr&iacute;pticos de pro&shy;pa&shy;ganda &ndash;que tambi&eacute;n sirven como abanicos&ndash;, en re&shy;pre&shy;sen&shy;ta&shy;ci&oacute;n de la empresa funeraria que la incinerar&aacute;, un lunes a primera hora de la ma&shy;&ntilde;a&shy;na, sin tes&shy;tigos. Hay quien vive de la muerte ajena y prospera con la desdicha del pr&oacute;jimo. Unos cuantos forzudos arran&shy;ca&shy;r&aacute;n a tirones el empapelado color or&iacute;n de las paredes del 6&ordm; F, sanear&aacute;n lo que haya que sanear, adecentar&aacute;n la gri&shy;fe&shy;r&iacute;a, las llaves de paso, sellar&aacute;n las junturas con un inyector de silicona a presi&oacute;n marca kopacsa, reiniciar&aacute;n los contadores de consumo para ponerlos a cero, ve&shy;ri&shy;fi&shy;car&aacute;n los elec&shy;tro&shy;do&shy;m&eacute;sticos, coloca&shy;r&aacute;n un aparato de aire acon&shy;di&shy;cio&shy;nado monumental con capacidad de 3.000 frigor&iacute;as, y el piso de la muerta sin nombre del 6&ordm; F, con una capa todav&iacute;a fresca de titanlux, quedar&aacute; como nuevo, claro y alegre. Ser&aacute; un ejemplo de remo&shy;de&shy;la&shy;ci&oacute;n realiza&shy;da con buen gusto, primeras calidades y presupuesto ajustado. Solo per&shy;manecer&aacute; sin resolver, ay, el enigma de ese in&shy;te&shy;rrup&shy;tor del pasillo, a media altura, que no en&shy;cien&shy;de ni apaga nada ni se sabe qu&eacute; funci&oacute;n cumple. Del balc&oacute;n pender&aacute; un letrero: &laquo;Se alquila&raquo;. Co&shy;men&shy;za&shy;r&aacute;n a visitarlo estu&shy;dian&shy;tes, alguna pareja joven de enamorados, fianza de tres meses y n&oacute;mina, ofertas y con&shy;traofertas con la agencia inmobiliaria.</p>
<p>Y entonces.</p>
<p>Un cami&oacute;n de mudanzas frenar&aacute; junto a la acera. Se armar&aacute; el consabido alboroto de curiosos, con el portero capitaneando el comit&eacute; de bienvenida, entusiasmado. Saldr&aacute; de su garita dotada de monitores de vigilancia con nieve sucia en las pantallas. Descender&aacute;n bultos, tresillos, una l&aacute;mpara de pie. Cajas con libros.</p>
<p>Alguien comentar&aacute;:</p>
<p>&ndash;&iquest;Te has fijado en los nuevos? Parecen simp&aacute;ticos, &iquest;verdad?</p>
<p>&ndash;Mucho.</p>
<p>Nada m&aacute;s instalarse, los nuevos organizar&aacute;n una fiesta a la que nos invitar&aacute;n a todos. Habr&aacute; m&uacute;sica y tequila y bandejas de comida tex-mex. Un ambiente lunar, con muchas velas. El placer de tonificarse bajo la brisa mel&oacute;dica del aire acondicionado, ah, qu&eacute; bien se est&aacute; aqu&iacute;. Sin apenas darnos cuenta, en mitad del sal&oacute;n, nos quedaremos un momento pensativos, ausentes. En ese instante alguien nos pellizcar&aacute; el codo y nos preguntar&aacute;: &laquo;&iquest;En qu&eacute; piensas?&raquo;. Y nosostros nos encogeremos de hombros, sin saber qu&eacute; responder.</p>
<p>Mejor no pensar en ello. Alguien iniciar&aacute; una conversaci&oacute;n, pero se callar&aacute; en seguida. La frase quedar&aacute; a medias, en suspenso. Comenzar&aacute; a sonar una m&uacute;sica de rap violento, que se interrumpir&aacute; de golpe tras las primeras notas. Habr&aacute; un atisbo de baile, apenas unos pasos insinuados, sin desarrollo. Nada. Se ir&aacute; la luz. Vendr&aacute; la luz. Otro propondr&aacute; salir a, cenar en, reunirnos con. O mejor, en lugar de eso tambi&eacute;n podr&iacute;amos&hellip; Alguien estar&aacute; a punto de sufrir una angina de pecho. Un hombre har&aacute; adem&aacute;n de sentarse, pero no llegar&aacute; a la silla y se quedar&aacute; indeciso en esa postura rid&iacute;cula, sin completar el movimiento, con el culo en el aire, a unos pocos cent&iacute;metros del asiento. Despu&eacute;s disimular&aacute; lo mejor que pueda, se ir&aacute; al otro extremo del cuarto, &eacute;l solo, a rumiar en un rinc&oacute;n, masticando chicle, y har&aacute; como si no pasase nada. Lo cual, en cierto sentido, empeorar&aacute; su incomodidad y la de todos nosotros.</p>
<p>Alguien (&iquest;quiz&aacute; t&uacute; mismo?) propondr&aacute; un brindis y brindaremos todos, a la salud de no s&eacute; qui&eacute;n. Cada brindis nuestro supondr&aacute; una paletada de tierra m&aacute;s en su cara. Nadie la mencionar&aacute; en los discursos. Ni rastro. Ser&aacute; una part&iacute;cula de polvo suspendida en la biograf&iacute;a compacta del edificio, nuestro edificio. Esa an&shy;cia&shy;na de pelo blanco en forma de bulbo. Que un d&iacute;a habr&iacute;a sido una muchacha reidora con su vestido amarillo, despeinada entre sus primas, junto a los pinos, feliz como un golpe de viento. Con una alegr&iacute;a de ardilla viva entre las manos. Pasimis&iacute;, pasimis&aacute;. Y ahora. Olor a cuajada rancia. Al menos una semana, quiz&aacute; m&aacute;s. Parada cardiovascular. Desconexi&oacute;n telem&aacute;tica</p>
<p>&ndash;&iquest;Te marchas? &iquest;Qu&eacute; prisa tienes? Si ahora empieza lo mejor. De un momento a otro aparecer&aacute; De Michelis, ya ver&aacute;s, ya, cuando llegue.</p>
<p>Su vida. Sus penas y alegr&iacute;as. La frugalidad de su cena consistente en un huevo duro y un par de nueces. Su paciencia al atender a los comerciales del C&iacute;rculo de Lectores que insisten en venderle algo a las cuatro de la tarde, encima del felpudo, con el pie haciendo cu&ntilde;a para impedir que cerrase la puerta, no sea usted as&iacute;, mujer, no deje pasar esta oportunidad &uacute;nica. Todav&iacute;a escucha el eco de sus voces en la escalera, una vez cerrada la puerta: &laquo;Si domicilia los pagos con su n&oacute;mina o pensi&oacute;n, le regalamos una cuberter&iacute;a&raquo;. Sus veraneos algo anticuados, como de otro siglo, de paseo en barca de remos y parasol, con soles moribundos y gracia lenta de velo&shy;c&iacute;&shy;pe&shy;do. El aroma oscuro del magnolio y el latido de su coraz&oacute;n verde. El gran baile del Casino, tan iluminado que parece arder. Chorros de fuego por las ventanas, y todos tan elegantes, tan guapos. Subidas y bajadas a la sierra, oscilaciones en el precio del crudo, tambores de guerra a lo lejos, no olvides llevarte una chaquetita, por si refresca luego. Sus visitas regulares al peluquero, al otorrino, al oftalm&oacute;logo (cinco pares de gafas, todas id&eacute;nticas). Sus citas en el hospital, inyecciones de heparina para evitar los co&aacute;gulos de sangre, infiltraciones de corticoides para la osteoartrosis de cadera, &iquest;tengo algo malo, doctor?, nada, que el l&iacute;quido sinovial pierde &aacute;cido hialur&oacute;nico, ah bueno, siendo as&iacute;.</p>
<p>Tan joven, tan cr&eacute;dula. Nunca supo el signficado de las siglas n.a.t.o. Se llev&oacute; un disgusto el d&iacute;a en que se enter&oacute; de que el cuerpo humano no es perfectamente sim&eacute;trico. Hay ligeros desajustes entre la mitad derecha y la izquierda, un hombro un poco m&aacute;s alto, un brazo algo m&aacute;s largo que el otro, los ojos desnivelados, nada es perfecto, l&aacute;stima, qu&eacute; decepci&oacute;n.</p>
<p>De vez en cuando, una excursi&oacute;n en grupo a la nieve. El tren asciende entre vacas de sombra. El aire p&aacute;lido de la sierra, las casitas puntiagudas de madera o piedra, con tejados de tela asf&aacute;ltica. La peque&ntilde;a estaci&oacute;n de esqu&iacute;, con su aire alpino de aldea suiza. Restos de nieve en los parques, aqu&iacute; y all&aacute;, como pizarras mal borradas. La comida contundente, servida en cuencos de arcilla. Un mundo pausado de funiculares, chimeneas encendidas y ventisqueros. El regreso a la ciudad, al anochecer, en el &uacute;ltimo tren del domingo, entre una multitud somnolienta. Bostezos, toses, susurros. Viajeros derrengados, tirados en el suelo de cualquier manera, hechos ovillos, una dulce muchacha con hipo, sentada en las rodillas de su novio, enlazada a &eacute;l, un gigante enfrente, roncando entre sobresaltos que le hacen rodar la cabeza por la ventanilla&hellip; La humanidad cabizbaja de regreso a sus pupitres, oficinas y colas del paro. La luz cambia y se derrite. Afuera, el paisaje prosigue su mon&oacute;logo.</p>
<p>Sus d&iacute;as trans&shy;cu&shy;rri&shy;dos en la penumbra, ca&shy;lla&shy;da&shy;mente, acci&shy;den&shy;tal&shy;mente, de pun&shy;ti&shy;llas, sin mo&shy;les&shy;tar a nadie ni meter ruido, con pinchazos en la r&oacute;tula y diarreas, cualquiera sabe, la digesti&oacute;n siempre alterada por culpa de los nervios, acidez de est&oacute;mago, colon irritable, molestias en la ves&iacute;cula, un peso justo aqu&iacute; en el costado, como plomo, doctor, ser&aacute;n gases, secretos inconfesables en la soledad alicatada del inodoro, regar las plantas de la terraza con un pul&shy;verizador, pff pff, este geranio est&aacute; mustio, pff pff, qu&eacute; hojas tan tiesas, tender y des&shy;ten&shy;der los delan&shy;ta&shy;les, el dedo flam&iacute;gero del sol abrasando las baldosas, &iquest;qu&eacute; hora es?, sentarse sin com&shy;pa&shy;&ntilde;&iacute;a en el sof&aacute; los s&aacute;bados por la tarde a con&shy;tem&shy;plar los con&shy;cursos gastron&oacute;micos de la tele o el show de los Picapiedra, quedarse at&oacute;nita mirando al techo con el mando a distancia en la mano, distra&iacute;da, la mente en blanco, durante mucho rato, media hora o m&aacute;s, hablar consigo misma, alguna risita por lo bajo de vez en cuando, ella sola en su comedor, acor&shy;d&aacute;n&shy;dose de aquello tan divertido que sucedi&oacute; aquella vez.</p>
<p>&ndash;&iquest;Te lo dije o no te lo dije?</p>
<p>&ndash;Claro que me lo dijiste. Qu&eacute; confusi&oacute;n tan c&oacute;mica aquella.</p>
<p>&iquest;El sentido de la vida? &iquest;La luz al final del t&uacute;nel? Uno discurre su vida al lado de figurantes. Caminamos en c&iacute;rculos. Entramos y salimos de quir&oacute;fanos, con nuestro bordado de sangre en punto de cruz y una canci&oacute;n en los labios. Cierras los ojos y ves un conjunto movedizo de fosfenos amarillos estallando en el interior de tus p&aacute;rpados. El nervio &oacute;ptico conecta la retina con la b&oacute;veda craneal, donde las im&aacute;genes se precipitan en una especie de danza subacu&aacute;tica y nutren la vida del esp&iacute;ritu. &iquest;Y ella? &iquest;Te observar&iacute;a a ti alguna vez? &iquest;Sabr&iacute;a de tu existencia de guionista soltero? &iquest;Te so&ntilde;ar&iacute;a, solo en tu apartamento sim&eacute;trico al suyo, pared con pared, mientras escribes o corriges guiones de fantas&iacute;a &eacute;pica para la productora (guerreros, dragones, princesas, elfos, lic&aacute;ntropos), despierto o dormido, igual que ahora la est&aacute;s so&ntilde;ado t&uacute; a ella?</p>
<p>Te preguntas con qu&eacute; moraleja se pueden rematar estas p&aacute;ginas, si ni siquiera recuerdas su cara. Ni tampoco su voz. Ni su figura. Nada, imposible. Por m&aacute;s es&shy;fuerzos que haces, no hay per&shy;so&shy;naje. Ni historia que valga. No hay trama. Ning&uacute;n giro im&shy;previsto. Ning&uacute;n arco emo&shy;cional ni epifan&iacute;a trans&shy;formadora. Su vida no dar&iacute;a ni para el episodio piloto de una miniserie de madrugada. No hay nada, nadie. Un holo&shy;gra&shy;ma mudo. El silencio abovedado de una energ&iacute;a ciega. Una in&shy;te&shy;rro&shy;ga&shy;ci&oacute;n sin respuesta. Tu boca se mueve por voluntad propia sin emitir sonido alguno. Las hileras de letras brotan y desaparecen solas de la pantalla de tu ordenador. Nadie est&aacute; escribiendo esto.</p>
<p>Odias los finales abiertos.</p>
<p>Era casi nada, todo el rato. Ella. El murmullo de la cisterna al vaciarse, el chirrido de los tenedores al chocar contra el plato de loza, un poco de tos, medio estornudo. Poco m&aacute;s. Su muer&shy;te no ha en&shy;tris&shy;te&shy;cido a nadie, no ha interrumpido nada, no ha ensombrecido &ndash;tranquil&iacute;cese, se&ntilde;or de camisa de selva&ndash; el sol del verano. Importa ser feliz, ser des&shy;gra&shy;cia&shy;do, al menos un rato cada d&iacute;a.</p>
<p>La vida no era buena ni mala, era imposible, un jerogl&iacute;fico hecho todo de semanas, renovaci&oacute;n de papeles, alergias, cortes de digesti&oacute;n, razones equivocadas para vivir o morir, muestras de orina, sensatez a destiempo. Pero sobre todo la vida era antihigi&eacute;nica, Dios nos asista, qu&eacute; cantidad de g&eacute;rmenes, cu&aacute;ntas bacterias, poluci&oacute;n, cualquier cosa que toques est&aacute; forrada de porquer&iacute;a, rebosante de mocos y pelo, una ola de inmundicia recubre todo el planeta, de los polos al desierto, cercos de grasa, podredumbre, churretes por todos lados, imposible limpiarlo todo, de nada sirve frotar: nada, que no sale.</p>
<p>Ella. Era morena. Era rubia. O ser&iacute;a una de esas criaturas miopes de las que despu&eacute;s alguien comenta:</p>
<p>&ndash;Sinnombre no era guapa, porque no era guapa, pero ten&iacute;a un pelo.</p>
<p>Nunca la co&shy;no&shy;ci&shy;mos. Ni nos interes&oacute; co&shy;no&shy;cer&shy;la. Y ahora es tarde. Nos roza&shy;r&iacute;a&shy;mos con ella por casualidad, al&shy;gu&shy;na vez, su&shy;pon&shy;go que s&iacute;, es inevitable al vivir en comunidad, en el instante de entrar o salir de los espejos de acuario del ascensor. Buenos d&iacute;as, buenos d&iacute;as. El pa&shy;ra&shy;guas en la mano, empu&ntilde;ado con diligencia por unas falanges es&shy;tre&shy;chas, la mu&ntilde;eca esquel&eacute;tica emer&shy;gien&shy;do de un pu&ntilde;ito de encaje, la boca dram&aacute;tica, el pegote de carm&iacute;n mal repartido (daban ganas de sacar una torunda de algod&oacute;n y despintarla), ella no sospecha a&uacute;n lo que suceder&aacute; poco despu&eacute;s con su vivienda, con su vida, tirarlo todo a la alcantarilla, mucha reposter&iacute;a sobrante, crema pastelera, tarta de San Marcos, bocaditos de nata, dulces de malvavisco, todo fuera, lejos, roto, m&aacute;s de una semana muerta apestosa y los dos solos en el ascensor, t&uacute; y ella, durante un minuto cromado, un tintineo de llaves, ten&iacute;a un pelo, ha sido la mano de Dios, pasimis&iacute; pasimis&aacute;, parece que va a llover, el tiempo se ha vuelto loco de repente, ya no sabe una ni qu&eacute; ponerse para atinar, desde luego, diga usted que s&iacute;. Las pesta&ntilde;as bajas, por timidez y decoro social. Esa brizna final de coqueter&iacute;a, mientras cae el tel&oacute;n, que es lo &uacute;ltimo que pierde la calavera humana antes de instalarse en el columbario.</p>
<p>No hay mucho m&aacute;s que a&ntilde;a&shy;dir. Solo cabe rendirse ante la ma&shy;te&shy;ria&shy;li&shy;dad de los hechos, a su carnalidad cruda. Es locura pre&shy;ten&shy;der que alg&uacute;n d&iacute;a la hu&shy;ma&shy;ni&shy;dad se sacuda de encima la in&shy;diferencia, igual que el le&oacute;n su melena.</p>
<p>No.</p>
<p>De madrugada, la voz de nuestro anfitri&oacute;n se elevar&aacute; alegre sobre el estruendo festivo y los vasos de cart&oacute;n volcados:</p>
<p>&ndash;&iquest;Alguien quiere m&aacute;s muerte? Queda m&aacute;s muerte en la cocina. En el frigor&iacute;fico, en las bandejas. Id y serviros, si quer&eacute;is. Con toda confianza. Tenemos muerte de sobra.</p>
<p>Si nada lo impide, el bo&shy;chor&shy;no remitir&aacute; poco a poco y nos conceder&aacute; una tregua. No tardar&aacute;n mucho en acortarse los d&iacute;as y en alargarse las sombras. Aparecer&aacute; una nube oscura en el ho&shy;ri&shy;zonte. Dos nubes. Se apagar&aacute; el oro de los insectos.</p>
<p>&ndash;&iquest;Te marchas ya? &iquest;Qu&eacute; prisa tienes? Si te quedas un poco m&aacute;s te presentar&eacute; a De Michelis. Est&aacute; deseando conocerte.</p>
<p>En alg&uacute;n lugar se celebrar&aacute; una fiesta y t&uacute; no habr&aacute;s sido invitado. En alg&uacute;n lugar alguien bailar&aacute;, festejar&aacute; un empleo o su despedida de soltero, sonar&aacute; un timbrazo a deshoras. La hierba de los d&iacute;as ser&aacute; segada bajo tus pies. Con toda probabilidad llegar&aacute; septiembre, calzado con sus botas manchadas de matar animales lentos. Luego llegar&aacute; octubre con su olor incestuoso de dinero manoseado y muestrario de guantes. Llegar&aacute; noviembre, y ser&aacute; una puerta abierta al misterio del oc&eacute;ano, plateado de redes de pesca. Llegar&aacute; diciembre y ser&aacute; una partida de ajedrez disputada en un gimnasio. A lo lejos despuntar&aacute; enero como una cabina telef&oacute;nica en el medio del desierto.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 22 May 2018 08:10:06 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Donde habite el olvido]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/donde-habite-el-olvido/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/mayo/galan500.jpg" alt="" /></p>
<p>Mi madre dec&iacute;a que la novela que m&aacute;s le gustaba era una que daban por la dos, todos los d&iacute;as, despu&eacute;s de comer. Iba de un rey con muy mal car&aacute;cter (muy levantisco, dec&iacute;a ella), que recorr&iacute;a sus posesiones sembrando maldades a diestro y siniestro y asesinando a todos sus enemigos. Estaba casado con muchas mujeres, aunque no hac&iacute;a caso a ninguna nada m&aacute;s que para Eso, con may&uacute;sculas (aqu&iacute; mi madre me miraba c&oacute;mplice, y yo no pod&iacute;a evitar bajar los ojos, como cuando era peque&ntilde;o),&nbsp; y el resultado era que estaba cargado de hijos que se le iban de casa enseguida. El rey era africano, pero no negro, (esto parec&iacute;a importarle mucho) y ten&iacute;a un pelazo igualito, igualito al de tu padre cuando era joven.</p>
<p>Yo la escuchaba como siempre, pensando en otras cosas, con la cabeza fuera de ese sal&oacute;n peque&ntilde;o, invadido de muebles, medicinas y fotos y presidido por una televisi&oacute;n prehist&oacute;rica. Parec&iacute;a mentira que all&iacute; hubi&eacute;ramos pasado tardes enteras los cinco hermanos.</p>
<p>Como yo segu&iacute;a soltero, era el que m&aacute;s iba a verla, y el que manten&iacute;a un poco el orden, por eso cuando mi madre muri&oacute; por una complicaci&oacute;n de la anestesia durante la operaci&oacute;n de cataratas, me toc&oacute; a m&iacute; abrir armarios y vaciar cajones antes de poner la casa en venta.</p>
<p>Mi madre guardaba todo: nuestros boletines de notas, estampas de la Virgen, recortes de peri&oacute;dicos donde aparec&iacute;an fotos de gente que se nos parec&iacute;a mucho, facturas, recibos...Agobiado, ped&iacute; ayuda a mis hermanos y acordamos quedar despu&eacute;s de comer para repartir todo y tirar lo que no sirviera.</p>
<p>No recuerdo qui&eacute;n de ellos apret&oacute; el bot&oacute;n del mando a distancia ni qui&eacute;n apunt&oacute; que a esa hora daban la novela que a ella le gustaba tanto. Solo s&eacute; que acabamos sentados en el viejo sof&aacute;, como antes, y dejamos que una tristeza empa&ntilde;ada de perplejidad fuera ganando espacio al cansancio, mientras contempl&aacute;bamos las primeras im&aacute;genes.</p>
<p>Cuando empezaron los anuncios, la peque&ntilde;a llevaba llorando hac&iacute;a m&aacute;s de diez minutos, el mayor ten&iacute;a&nbsp; los pu&ntilde;os apretados, en un gesto que tanto pod&iacute;a ser de ira como de remordimiento,&nbsp; y los otros dos miraban fascinados la pantalla como si hubieran sido testigos de una s&uacute;bita revelaci&oacute;n.</p>
<p>Solo yo permanec&iacute;a sereno, tal vez porque era el que m&aacute;s visitaba a mam&aacute;, si no el &uacute;nico, el que conoc&iacute;a sus man&iacute;as, sus despistes, su discurso repetitivo y sin sentido que solo se interrump&iacute;a para preguntar por los nietos.</p>
<p>Solo yo hab&iacute;a sido destinatario de sus confidencias, de su p&eacute;rdida paulatina de visi&oacute;n, solo yo, en definitiva pod&iacute;a no avergonzarme y sobre todo no extra&ntilde;arme de que mam&aacute; tuviera toda la raz&oacute;n del mundo. Su novela daba cien mil vueltas a cualquier libro que yo hubiera le&iacute;do. Ten&iacute;a sangre, pasi&oacute;n, muerte, persecuciones y vida m&aacute;s all&aacute; de lo imaginable.</p>
<p>Pero hac&iacute;a falta tener sus ojos para comprender que en la dos, despu&eacute;s de comer, un rey africano, pero no negro, devoraba a sus enemigos y ten&iacute;a un pelazo, igualito, igualito&nbsp; al de mi padre cuando era joven.&nbsp; Y viv&iacute;a m&aacute;s all&aacute; de la soledad y la p&eacute;rdida, en los lejanos desiertos del Serengueti, donde habita el olvido y crece como hiedra la inapelable crueldad de la desmemoria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">PRONOMBRES INTERROGATIVOS</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nuestra primera vez fue un fracaso. T&uacute; no sab&iacute;as d&oacute;nde ni yo c&oacute;mo, as&iacute; que nos entr&oacute; la risa y nos fuimos cada uno por su lado sin saber por qu&eacute;.</p>
<p>Con el tiempo y mucha pr&aacute;ctica, ya solo ten&iacute;as que enarcar las cejas preguntando cu&aacute;ndo,&nbsp; para que a m&iacute; dejara de preocuparme qui&eacute;n.</p>
<p>Pero como siempre, despu&eacute;s de las preguntas, empezaron a bombardearnos las respuestas, los relativos, los posesivos o lo numeral. Y lo tuyo y lo m&iacute;o, ella y &eacute;l, este o aquella, alguno, poco, mucho o demasiado cayeron sobre nosotros con sus letras picudas.</p>
<p>Cuando ya no qued&oacute; nadie ni nada, volvimos a mirarnos, m&aacute;s aturdidos que excitados, y&nbsp; t&uacute; dijiste venga, y yo dije, vamos, y todo volvi&oacute; a conjugarse de nuevo.</p>
<p>As&iacute; estamos desde entonces, entregados el uno al otro (por y para, no obstante y sin, sobre y tras) escondi&eacute;ndonos de la norma en los quicios oxidados de la puta gram&aacute;tica.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">TWITTER TUUS</p>
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<p>Como no sab&iacute;a a qui&eacute;n seguir, ped&iacute; una solicitud de amistad al Papa. Me respondi&oacute; &eacute;l mismo, en persona, supongo que desde&nbsp; el&nbsp; ordenador que est&aacute; en ese sal&oacute;n con vistas impresionantes a la plaza de San Pedro, donde vive, y me dijo que me aceptaba encantado. Animado por tan buen principio, comenc&eacute; a leer su twitter a todas horas. Menudo t&iacute;o. Vaya frases, vaya estilo, aunque a veces no entend&iacute;a mucho, porque escrib&iacute;a as&iacute;, como antiguo. Algunas cosas me sonaban de cuando peque&ntilde;o, lo de amaos los unos a los&nbsp; otros, y lo de honrar&aacute;s a tu padre y a tu madre, por ejemplo, pero qui&eacute;n no se repite. No hab&iacute;a d&iacute;a que no escribiera un pensamiento magn&iacute;fico, y sin pasarse de caracteres. <em>La vanidad no solo nos aleja de Dios, sino que nos hace rid&iacute;culos</em>. O <em>la corrupci&oacute;n es el c&aacute;ncer de la sociedad.</em> Toma casta&ntilde;a. Con sus puntos, sus comas, sus may&uacute;sculas. Un t&iacute;o. A fuerza de seguirle de la ma&ntilde;ana a la noche, me hice amigo suyo, pero de los de verdad, de los de retuitear y compartir, y dar al me gusta como loco. No hab&iacute;a foto que subiera en que yo no pusiera alg&uacute;n comentario. Que luego dijeran que si estaban subidos de tono, ah&iacute; ya no entro. Que si bloque&eacute; la cuenta con mis mensajes y no deb&iacute;a haber enviado todas mis fotos, eso es ya otra cosa. Para pesados ellos, y para mentirosos. Ahora resulta que no era el papa el que escrib&iacute;a los mensajes, sino una monja de clausura al cargo de las redes sociales. Una monja. Y encima negra, imagino, para m&aacute;s inri. O aceitunada, o vete t&uacute; a saber de qu&eacute; pa&iacute;s extra&ntilde;o de esos que a&uacute;n no hemos evangelizado. As&iacute; que he dejado de seguirle. Qu&eacute; desenga&ntilde;o; pero la mancha de una mora con otra mora se quita. Ahora he pedido amistad a otro t&iacute;o. Es mucho m&aacute;s joven, m&aacute;s guapo y desde luego mucho m&aacute;s moderno que el Papa. Al menos eso parece en las fotos. Se llama Che Guevara y escribe unas frases magn&iacute;ficas. Prefiero morir de pie a vivir arrodillado, dice el t&iacute;o. A&uacute;n no me ha contestado, pero no creo que tarde en hacerlo.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p align="center">HIP&Oacute;LITA</p>
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<p>Vuelven a dejarlos debajo de sus camas, con mimo, tambi&eacute;n con un poco de miedo, como si fueran fragmentos de cristal. No os fi&eacute;is, dice la reina, no son tan fr&aacute;giles. Si no estuvieran atados, se comportar&iacute;an como los dem&aacute;s. Todas obedecen, salvo la peque&ntilde;a, a la que la sacerdotisa cortar&aacute; un pecho ma&ntilde;ana, para que pueda apoyar mejor el arco. Es la ceremonia que todas est&aacute;n esperando desde ni&ntilde;as. Ella, no. Ella aguarda impaciente que &eacute;l se desate y salga de debajo de su cama para cumplir su promesa. Artemisa no puede castigar un amor as&iacute;.</p>
<p>En la penumbra, Hip&oacute;lita reza para que esta vez nazca una ni&ntilde;a. Ya llevan muchas lunas tirando material defectuoso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">DON JUAN</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ha habido a&ntilde;os en que don Juan se levanta y se lleva un susto de muerte, con tanto imb&eacute;cil suelto y tanta calabaza y m&aacute;scara de pl&aacute;stico (los primeras veces pens&oacute; que eran reales) y ya no le quedan ganas ni de cenas ni de corregidores ni de apartadas orillas siquiera, y sin pasarse por la hoster&iacute;a del laurel, y esquivando v&oacute;mitos y botellones, se vuelve pian pianito a su tumba, maldiciendo este siglo que se le est&aacute; haciendo tan largo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">TARDES DE NOVIEMBRE</p>
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<p>Castilla en noviembre da para lo que da, un curso de dibujo en la sala heladora de la casa de cultura, con las mismas compa&ntilde;eras del curso de reposter&iacute;a y corte y confecci&oacute;n, y casi iguales que las del taller literario. A este vamos menos, ser&aacute; porque la chiquita (siempre son chiquitas) que viene de la capital cada tarde y se vuelve por la noche rodeada de niebla, se empe&ntilde;a en que escribamos lo que ella dice y no nos deja leer las poes&iacute;as tan bonitas que tenemos ya escritas, y que tienen tanto &eacute;xito en las fiestas de la Virgen, en ese mes de agosto que queda a&uacute;n tan lejos. Yo creo que se va cada d&iacute;a m&aacute;s desanimada, pobrecita, entre tanto viejo y tanto romance que le debe de sonar a chino. Empe&ntilde;o le pone, eso s&iacute;, y cada mi&eacute;rcoles (el&nbsp; a&ntilde;o&nbsp; pasado fue los jueves) viene cargada de fotocopias y nos hace leer, como en la escuela, y levantamos tanta algarab&iacute;a que alguna vez nos manda callar don Francisco, el p&aacute;rroco, que est&aacute; en la sala de al lado, con los restauradores que tambi&eacute;n vienen solo un d&iacute;a a la semana. A las de pintura nos tiene dicho que pasemos a echar una mano, que hay un cuadro peque&ntilde;ito que bien podr&iacute;amos ir restaurando nosotras. No s&eacute;. Ya veremos.</p>
<p>Castilla en noviembre da para lo que da. Un paseo muy corto para bajar los dulces de los santos antes de la visita de la m&eacute;dica, que viene siempre a echarnos la bronca, una vez por semana. A ver qu&eacute; paseo quiere si aqu&iacute; enseguida se echa la tarde encima y la noche ni te cuento. Tambi&eacute;n da para quedarse en casa, tras los visillos, arropada con la falda del brasero y ver una novela tras otra, eso si no ha nevado arriba, y no se va la luz, lo que sucede a menudo.&nbsp; Entonces te puede dar por pensar y eso es malo. Estarse mano sobre mano es pasto para el demonio. Lo mejor es entretenerse como sea, alargar las tareas. Irse cada dos por tres a la tienda como si se te hubiera olvidado algo, un pimiento verde, dos tomates, una lata para la cena...poner un puchero en el fuego, apuntarse a todo lo de la casa de la cultura, ir renqueando a la consulta, dejar pasar las horas.</p>
<p>Si no, te da por los malos pensamientos y es un no parar. Un runr&uacute;n que se te mete dentro y ya no puedes pensar con calma. En noviembre, por las tardes, te dan ganas no s&eacute;, de comerte dos bolsas de floretas, tres huesillos de un golpe, mojados en caf&eacute;, prender fuego a la iglesia, matar a la m&eacute;dica, pintarrajear el retablo, acabar con el marido o la vecina como se hace con los conejos, de un golpe seco y certero.</p>
<p>Pero enseguida llega diciembre. Y adornamos la casa de cultura, y el de dibujo nos manda colorear postales de Navidad, y en manualidades ya vamos por el tercer nacimiento y hasta la del taller literario nos deja recitar esos versos tan bonitos al ni&ntilde;o Jes&uacute;s que nos gustan tanto. Incluso la m&eacute;dica baja la guardia y hace la vista gorda con los turrones.</p>
<p>Diciembre es otra cosa, s&iacute;. Vienen los nietos, los hijos, los vecinos que se fueron. La casa se llena de risas y ya no escucho las voces. A lo mejor tienen que ver las pastillas que me tomo. O a lo mejor es que ya nadie pregunta por &eacute;l y por la zorra de la vecina, tan a gusto los dos en la capital, desde que los pill&eacute; en la cama. Al menos eso dicen, porque por aqu&iacute; no hemos vuelto a ver a ninguno de ellos. Ni falta que hace.</p>
<p>Mientras tanto, es noviembre y Castilla da para lo que da. La falta de luz y el cambio de hora nos afectan mucho, pero no hay que quedarse en casa. Fuera hace mucho fr&iacute;o, pero dentro, sobre todo si se va la luz y no se puede ver la novela, ellos dos empiezan a hablar bajito y a echarme en cara que no los haya enterrado. Se quejan, pobres. Como si la culpa fuera m&iacute;a y no de ellos, que no supieron entretenerse como dios manda. Mira yo, que para no o&iacute;rlos, me como dos o tres huesos de santo, y me voy donde la casa de cultura a dibujar o a escribir, seg&uacute;n toque. Dentro de nada llegar&aacute; San Andr&eacute;s y dejar&eacute; de escucharlos pero ahora es noviembre, y&nbsp; habr&aacute; que pasarlo como sea.</p>
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<p align="center">PALOS DE CIEGO</p>
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<p>Les hace el lazo con cuidado, para no equivocarse. Siempre han sido muy puntillosas las gemelas. Y muy habladoras. Nunca han sabido guardar un secreto. Con lo f&aacute;cil que hubiera sido quedarse calladitas y no andar hablando de sus manos de ciego. Sus lazarillos, las llamaba, cuando a&uacute;n dejaban que se apoyara en ellas para bajar las escaleras. Siguen oliendo bien a pesar de la sangre. Ha sido una pena acabar as&iacute;. Las gemelas. Tan dulces. Las ni&ntilde;as de sus ojos.</p>
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<p align="center">FILLING GAPS</p>
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<p>Se apunt&oacute; a la escuela de idiomas para ligar, con la nada secreta esperanza de acabar en la cama de alguna de las esbeltas profesoras de ingl&eacute;s que pasaban como muchachas en flor, dejando un rastro de algo parecido a la modernidad en la h&uacute;meda ciudad provinciana. Del ingl&eacute;s, pas&oacute; al franc&eacute;s y de este, al italiano, cosechando al mismo tiempo &eacute;xitos acad&eacute;micos y fracasos amorosos, sin rendirse jam&aacute;s. Cuando estaba a punto de terminar alem&aacute;n y portugu&eacute;s (la profesora de alem&aacute;n era una valquiria contundente repleta de promesas que no se cumplieron nunca), le llamaron del rectorado para ofrecerle la secretar&iacute;a de relaciones internacionales,&nbsp; y &eacute;l acept&oacute;. Esa noche so&ntilde;&oacute; con mil estudiantes rubias que acud&iacute;an ruborizadas a pedir su ayuda y se despert&oacute; embriagado de sudor y posibilidades. Como era muy buen gestor y no molestaba mucho, fue escalando posiciones de forma inversamente proporcional a sus conquistas. Un a&ntilde;o se convirti&oacute; en vicerrector, y al siguiente le llamaron del ministerio para que se encargara de las becas europeas, hasta que, tras varios ascensos, acab&oacute; presidiendo alg&uacute;n organismo importante en Bruselas, cumpliendo treinta a&ntilde;os de casado, y convertido en padre de tres universitarios magn&iacute;ficos.&nbsp;</p>
<p>Y entonces, una ma&ntilde;ana de invierno, mientras contemplaba desde el inmenso ventanal de su c&aacute;lido despacho el trasiego de j&oacute;venes y rubias estudiantes, record&oacute; aquellos d&iacute;as de la escuela de idiomas, la dificultad de los verbos irregulares, la reading comprehension, los filling gaps, los casos, el vocabulario,&nbsp; las ca&ntilde;as de despu&eacute;s, las dulces italianas, las elegantes francesas, la portuguesa casi tan alta como &eacute;l, la alemana rubicunda y turgente, la lituana de cola de caballo, la ucraniana, la juventud, los escarceos, la vuelta siempre solo a su helado piso de estudiante y al somier hundido y s&oacute;rdido ... y suspirando, pens&oacute; que si comparaba sus aspiraciones de entonces con los logros de ahora, no ten&iacute;a&nbsp; m&aacute;s remedio que aceptar que su vida hab&iacute;a sido y era un aut&eacute;ntico fracaso.</p>
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<p align="center">EL CUERPO DE CRISTO</p>
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<p>Besa con cuidado la que le corresponde y otras dos m&aacute;s, por si acaso. Se sabe de memoria el orden de la fila, pero aun as&iacute;, puede haber imprevistos. Luego vuelve a dejarlas en el sagrario, sin olvidar santiguarse. A&uacute;n no ha amanecido y ya ha cometido su primer pecado. Dios sabr&aacute; perdonarla. &Eacute;l fue quien la dej&oacute; viuda, y quien envi&oacute; al&nbsp; pueblo a Don Antonio, el nuevo cura, tan joven. Quiz&aacute; sus designios sean inescrutables, pero no hay nada malo en allanar el camino, en hacer que &eacute;l sienta la pasi&oacute;n de su boca, cada vez que se lleve una hostia a los labios, el cuerpo de Cristo, Am&eacute;n.</p>
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<p align="center">ANUNCIOS</p>
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<p><br /> No me gustan los anuncios caducados. Alguien deber&iacute;a arrancarlos, despegarlos de las marquesinas y farolas, exterminarlos como si fueran una plaga. Campamento de verano, piscina, actividades infantiles, diversi&oacute;n para todos, tf. 654789087, dice uno en esta ma&ntilde;ana helada que cubre de vaho la parada del autob&uacute;s (ahora no podemos tener ni&ntilde;os, no tenemos tiempo ni dinero). U2 en concierto. Semana Santa en Sevilla, tf. 653457876 (d&oacute;nde vamos a ir nosotros que estemos mejor que en casa). El fr&iacute;o se cuela por mis zapatos y sube sin encontrar obst&aacute;culos hasta los cristales empa&ntilde;ados de mis gafas. Residencia geri&aacute;trica, El jard&iacute;n del mayor. Petanca, gimnasio, atenci&oacute;n familiar. tf. 678978745. (No podemos quedarnos con tu madre. Solo nos faltaba eso). Gabinete psicol&oacute;gico. Terapia de parejas. Soluci&oacute;n garantizada. tf. 643567876.</p>
<p>Se busca piso en la playa. Peque&ntilde;o, una habitaci&oacute;n. No importan vistas. </p>
<p>Debajo mi tel&eacute;fono brilla como la luz de un faro en esta ma&ntilde;ana de niebla.</p>
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      <pubDate>Tue, 22 May 2018 08:03:15 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hablando con el logro]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/hablando-con-el-logro/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/mayo/merceditas.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">Mis logros, no s&eacute; ni en qu&eacute; unidades</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">referirme a ellos, si en libras esterlinas, en watios</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">o en lingotes, qu&eacute; m&aacute;s da si mis logros</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">sentados a la mesa frente a logros ajenos</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">no saben mantener ni una conversaci&oacute;n.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">Los m&iacute;os se ponen a pensar por qu&eacute; no avanzo, quiz&aacute;s</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">me falta combustible o me dorm&iacute;</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">conduciendo un cami&oacute;n en plena madrugada.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">C&oacute;mo decirle al profesor que algunos</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">de los conceptos de la clase de ayer</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">no me quedaron claros&nbsp; (mis ancestros</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">me transmitieron su ignorancia</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">creyendo que se trataba de un valor.)</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">Es como la tragedia del enano alto: nadie le cree al decir</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">&ldquo;Soy un enano de un metro noventa&rdquo;, no pasa</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">por enano y sin embargo se come las tostadas</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">secas, siempre sin mermelada, porque no alcanza el tarro</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">del estante de arriba.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">Hay cosas que suceden</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">en retrospectiva: fui Miss Espa&ntilde;a</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">a los veintitr&eacute;s a&ntilde;os y me entero precisamente hoy.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">Acabo de vomitar unos pimientos fritos</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">de hace cuatro meses y es ahora cuando siento molestias</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">y pesadez de est&oacute;mago. Es la sota de bastos</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">la que me pega con su arma de ficci&oacute;n. El basto no era hueco,</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">era duro por dentro: tantas partidas en la sobremesa y</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">no nos dimos cuenta.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">Estoy tranquila:&nbsp; mi<strong> </strong>venganza es la venganza</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">de la naturaleza. No soy yo quien impondr&aacute; el castigo,</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">antes bien son las coplas de Jorge Manrique a su difunto padre</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">quienes est&aacute;n a cargo de gestionarlo todo.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 21 May 2018 10:59:38 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La prosa de Bishop]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-prosa-de-bishop/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/mayo/BISHOP500.jpg" alt="" /></p>
<p>Para el lector espa&ntilde;ol, el primer contacto con la poes&iacute;a de Elizabeth Bishop (Worcester, Massachusetts, 1911 &ndash; Boston,&nbsp;1979), que apenas public&oacute; cien poemas en vida,&nbsp;fue probablemente a trav&eacute;s de los que tradujo Octavio Paz, recogidos en <em>Versiones y diversiones</em>. Luego lleg&oacute; la primera antolog&iacute;a, publicada por Mistral, de Orlando Jos&eacute; Hern&aacute;ndez, la misma que apareci&oacute; unos a&ntilde;os despu&eacute;s en Visor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La editorial Igitur public&oacute; otro florilegio: <em>Obra po&eacute;tica</em>,<em> </em>a cargo de D. Sam&nbsp;Abrams y Joan Margarit, y antes, su libro <em>Norte &amp; Sur</em>,&nbsp; traducido por Eli Tolaretxipi.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por su parte, Vaso Roto, que ya hab&iacute;a publicado <em>Una antolog&iacute;a de poes&iacute;a brasile&ntilde;a</em> y <em>Flores raras y banal&iacute;simas</em><em>. </em><em>La historia de Elizabeth Bishop y Lota de Macedo Soares</em>, de Carmen L. Oliveira, da a la luz, en dos tomos, su&nbsp;<em>Obra </em><em>completa</em> y empieza por el segundo, que titula, a secas, <em>Prosa</em>. Lo ha traducido con solvencia el poeta Mariano Peyrou y el volumen tiene casi ochocientas p&aacute;ginas. La edici&oacute;n literaria es del poeta y cr&iacute;tico Lloyd Schwartz, as&iacute; como el pr&oacute;logo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No es la primera vez que se da a conocer la prosa de la norteamericana en Espa&ntilde;a. En Lumen apareci&oacute; <em>Una locura cotidiana</em>, un conjunto de apenas ocho relatos traducidos por Mauricio Bach que tuvo una excelente acogida por parte de la cr&iacute;tica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El libro que nos ocupa est&aacute; dividido en cinco partes: &ldquo;Cuentos y memorias&rdquo;, &ldquo;Brasil&rdquo;, &ldquo;Ensayos, rese&ntilde;as y homenajes&rdquo;, &ldquo;Correspondencia con Anne Stevenson&rdquo; y &ldquo;Ap&eacute;ndice: Prosa temprana&rdquo;. Pone el colof&oacute;n un breve cap&iacute;tulo dedicado a la procedencia de los textos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En lo que se refiere a la prosa propiamente dicha, diremos que se re&uacute;nen los relatos que public&oacute; en vida, casi siempre en <em>The New Yorker</em>, a caballo entre la memoria y la ficci&oacute;n, con un inevitable cariz autobiogr&aacute;fico que ella misma confiesa. As&iacute;, en el m&aacute;s famoso, &ldquo;En la aldea&rdquo; (que para Bach era &ldquo;pueblo&rdquo;), se alude a la locura de su madre, internada en un sanatorio psiqui&aacute;trico. Este hecho y su posible causa: la prematura muerte de su padre a los 39 a&ntilde;os, cuando ella ten&iacute;a ocho meses y su madre 29 (y llevaban tres a&ntilde;os casados), oblig&oacute; a que la cuidaran sus abuelos maternos, muy presentes en &eacute;ste y otros relatos, como &ldquo;El rat&oacute;n de campo&rdquo;, donde la casa colonial de la familia, una antigua granja de Nueva Escocia, se convierte en centro de operaciones. Con iron&iacute;a, dijo haber tenido &ldquo;una &laquo;infancia infeliz&raquo; de primera categor&iacute;a&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otros relatos reales son &ldquo;Gwendolyne&rdquo; y &ldquo;La clase de infantil&rdquo; (sus primeros recuerdos, cuando ten&iacute;a cinco a&ntilde;os y su madre enloqueci&oacute;). En &ldquo;La Escuela de escritura. EEUU&rdquo; narra su trabajo como correctora de textos por correspondencia, donde menciona su &ldquo;educaci&oacute;n de clase alta&rdquo; y su paso por el exclusivo Vassar College. En &ldquo;Un viaje a Vigia&rdquo; ya aparece Brasil. En &ldquo;Esfuerzos del cari&ntilde;o: Recuerdos de Marianne Moore&rdquo; evoca a su mentora, amiga y excepcional poeta, a la que conoci&oacute; (junto a su influyente madre) en 1934, &ldquo;una de las mejores conversadoras del mundo&rdquo;. Porque la ficci&oacute;n cede el paso a la memoria, bien podr&iacute;a haber sido incluido en la segunda parte del volumen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los relatos que conforman el n&uacute;cleo central de su prosa creativa, fueron escritos en un periodo de cuarenta a&ntilde;os, entre 1937 (&ldquo;El bautismo&rdquo;) y 1977 (&ldquo;Recuerdos del t&iacute;o Neddy&rdquo;).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A manera de resumen, podr&iacute;amos decir que aplic&oacute; a la narrativa los mismos principios que destin&oacute; a sus versos. Admiraba en un poema, sobre todo, &ldquo;la precisi&oacute;n, la espontaneidad, el misterio&rdquo;. Cualidades que tambi&eacute;n imperan en sus relatos, alejados de cualquier atisbo de prosa po&eacute;tica al uso, edulcorada y falsamente l&iacute;rica. Jos&eacute; Mar&iacute;a Guelbenzu, que los califica de &ldquo;minimalistas&rdquo;, afirma: &ldquo;La sencillez es, en este caso, una obra maestra de depuraci&oacute;n estil&iacute;stica&rdquo;. Y a&ntilde;ade: &ldquo;Bishop muestra en su prosa una alta imaginaci&oacute;n po&eacute;tica, pero no hace poes&iacute;a con ella&rdquo;. Y concluye: &ldquo;Todos los cuentos parecen hechos de minucias y se aproximan al lector con una actitud casi dom&eacute;stica, pero tras ellos se adivina la mirada soberbia de alguien que sabe distinguir muy bien entre lo que es significativo y lo que no lo es&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por <em>Brasil</em>, todo un libro (que nunca le convenci&oacute;),<em> </em>cobr&oacute; diez mil d&oacute;lares, pero los editores de la revista <em>Life</em>, donde vio la luz, no respetaron el original que en esta edici&oacute;n aparece por primera vez tal cual se concibi&oacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En lo que respecta a la tercera parte, no es casual que empiece analizando la poes&iacute;a de Marianne Moore: &ldquo;<em>Como gust&eacute;is</em>&rdquo;. Sigue con e.e. cummings (compartieron asistenta un tiempo), Emily Dickinson (a cuya estirpe pertenece: &ldquo;En cierto modo, todas las cartas de Emily Dickinson son cartas de amor&rdquo;), Laforgue, Huxley (en Brasil), Lowell (tanto el texto para la sobrecubierta de <em>Life Studies </em>como &ldquo;Notas sobre Robert Lowell&rdquo;, que no deja de ser un excelente retrato del &ldquo;magn&iacute;fico poeta&rdquo; bostoniano. &ldquo;Cada vez que leo un poema de Robert Lowell tengo una escalofriante percepci&oacute;n del aqu&iacute; y el ahora, de una precisa contemporaneidad&rdquo;. La de Lowell es una presencia constante, le admiraba profundamente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Menci&oacute;n aparte merece &ldquo;Escribir es un acto antinatural&rdquo;, una suerte de po&eacute;tica. Ah&iacute; habla de las citadas cualidades del poema y nombra a sus tres poetas favoritos (&ldquo;en el sentido de que son como mis &laquo;mejores amigos&raquo;&rdquo;: Herbert, Hopkins y Baudelaire. Tambi&eacute;n habla de Auden (al que dedica m&aacute;s adelante un homenaje: sus versos &ldquo;forman parte de mi vida&rdquo;), Frost, Wordsworth&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Elogia a Randall Jarrell (&ldquo;el mejor y m&aacute;s generoso cr&iacute;tico de poes&iacute;a que he conocido&rdquo;) y podemos leer el pr&oacute;logo a <em>Una antolog&iacute;a de la poes&iacute;a brasile&ntilde;a del siglo XX</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La correspondencia con Anne Stevenson, de 1963 a 1965, con motivo de la monograf&iacute;a sobre su poes&iacute;a para la &ldquo;<a href="https://www.google.es/url?sa=t&amp;rct=j&amp;q=&amp;esrc=s&amp;source=web&amp;cd=2&amp;cad=rja&amp;uact=8&amp;ved=0ahUKEwjmkYCm0ZrNAhUFnRoKHdoFCbIQFggkMAE&amp;url=http%3A%2F%2Fwww.iberlibro.com%2FRay-Bradbury-Twaynes-United-States-authors%2F14530280672%2Fbd&amp;usg=AFQjCNE079236etXRcpvjVpZLCNmPyt0zA&amp;sig2=QqgAQvkNqSb-gEY8i80cAg">Twaynes United States authors series</a>&rdquo;, es acaso lo mejor. Alude a ese estudio como &ldquo;esta especie de condensaci&oacute;n de mi &laquo;vida&raquo;&rdquo;. Habla de su afici&oacute;n a la pintura, la m&uacute;sica y la arquitectura. De lo &ldquo;harta&rdquo; que est&aacute; de que la &ldquo;asocien&rdquo; a Moore: &ldquo;yo siempre he sido una poeta del mont&oacute;n con un &laquo;o&iacute;do&raquo; tradicional&rdquo;. De Lowell, Stevens, Neruda, Ch&eacute;jov y Dewey. De su labor literaria: &ldquo;Trabajo con mucha lentitud&rdquo;. Del &ldquo;pecado capital&rdquo; de &ldquo;la falta de observaci&oacute;n&rdquo;. De pol&iacute;tica (&ldquo;siempre he sido anticomunista&rdquo;) y religi&oacute;n (le gustaba Santa Teresa). De c&oacute;mo dice haber escrito una poes&iacute;a &ldquo;preciosa&rdquo;, pero que detesta lo &ldquo;precioso&rdquo;. &ldquo;Mi pron&oacute;stico es pesimista&rdquo;, asevera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cierra el volumen la prosa temprana, casi toda publicada en Vassar entre los a&ntilde;os 1929 y 1934.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Elizabeth Bishop, <em>Obra Completa. Volumen 2. Prosa </em>&nbsp;Madrid, Vaso Roto, 2016.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 04 May 2018 07:00:03 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sobre la necesidad de reservarnos un espacio íntimo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/sobre-la-necesidad-de-reservarnos-un-espacio-intimo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/mayo/DAVID_LE_BRETON.jpg" alt="" /></p>
<p><strong></strong>La vida nos somete a numerosas presiones y momentos en los que desear&iacute;amos desaparecer, aunque solo fuera moment&aacute;neamente para luego regresar a nuestra vida cotidiana, con sus miserias y sus (a veces) alegr&iacute;as. Desde que nacemos tratamos de buscarle un sentido a nuestra existencia, dentro de un v&iacute;nculo social con los dem&aacute;s que ahora, en estos tiempos de redes sociales que abroto&ntilde;an por doquier, en una vida cada vez m&aacute;s individualizada, necesita una revisi&oacute;n. Cuando decidimos, por el motivo que sea, romper esa uni&oacute;n con los dem&aacute;s y concedernos un tiempo, estamos, en cierto modo, tratando de salvarnos a nosotros mismos. Por eso, en ocasiones, el v&iacute;nculo social con los dem&aacute;s puede convertirse en algo opcional e innecesario. Recordemos, aunque resulte t&oacute;pico, que el hombre contempor&aacute;neo, como afirma Le Breton (Le Mans, 1953), se halla cada vez m&aacute;s conectado o comunicado, pero menos vinculado, en un giro en las relaciones sociales que marca nuestros tiempos. As&iacute;, para el soci&oacute;logo y antrop&oacute;logo franc&eacute;s, existe un estado de ausencia, denominado <em>blancura </em>(p. 15) que consiste en &ldquo;despedirse del propio yo, provocado por la dificultad de ser uno mismo&rdquo;. A partir de esa idea, Le Breton comienza a desarrollar las diferentes formas de alcanzar esa blancura, a la que se llega, muchas veces, cuando uno no puede seguir asumiendo m&aacute;s el papel o personaje con el que la sociedad lo reconoce. Este retiro del mundo, que suele ser voluntario, puede ser tambi&eacute;n el resultado de una enfermedad degenerativa, demencias, alzh&eacute;imer o del simple proceso de envejecimiento.</p>
<p>Quiz&aacute;s sea la desaparici&oacute;n, como reza el subt&iacute;tulo de este ensayo, una &ldquo;tentaci&oacute;n contempor&aacute;nea&rdquo;, siempre y cuando esta se haga de manera voluntaria y nos permita, de alg&uacute;n modo, seguir afrontando la vida. Pero no responde a ese patr&oacute;n en la mayor&iacute;a de las ocasiones, pues detr&aacute;s de las muy diversas formas de desaparici&oacute;n que se analizan en el libro, no todas van asociadas a una decisi&oacute;n voluntaria y meditada. Quiz&aacute;s este deseo de desaparici&oacute;n responda al <em>desnortamiento</em> que padecemos, a la falta de referentes o a la no asunci&oacute;n de nuestra identidad y lugar en el mundo. Una manera de desaparecer la ve&iacute;amos ya en el anterior y fant&aacute;stico ensayo de Le Breton, titulado <em>Elogio del caminar</em> (Siruela, 2014), en el que el paseo y el acto de caminar suponen ya en s&iacute; un acto desaparici&oacute;n, una liberaci&oacute;n de nuestras esclavitudes cotidianas. De hecho, este libro guarda una estrecha relaci&oacute;n con <em>Desaparecer de s&iacute;</em>, en una forma de continuidad sobre determinados temas, principalmente nuestra manera de ser individuos y las responsabilidades que asumimos en nuestro d&iacute;a a d&iacute;a.</p>
<p>Para Le Breton, hemos de reservarnos un espacio &iacute;ntimo, que nos permita dejar de asumir las obligaciones de nuestra identidad. De esa manera, realiza un recorrido por las distintas formas de desaparici&oacute;n a lo largo de la historia, con cierto detenimiento en el mundo presente, como el de los j&oacute;venes. Comienza definiendo qu&eacute; entiende por la blancura (&ldquo;la voluntad de ralentizar o detener el flujo del pensamiento, de poner fin a la necesidad social de componerse en todo momento un personaje&rdquo;, p&aacute;gina 23) y c&oacute;mo se puede lograr. La indiferencia es una de ellas (pensemos en personajes literarios como Bartleby, Oblomov&hellip; y recordemos tambi&eacute;n, que este mismo tema, el de la desaparici&oacute;n, es el de la fant&aacute;stica novela <em>Doctor Pasavento</em>, de Enrique Vila-Matas); otra es la de la multiplicaci&oacute;n de personalidades para diluir la presente (Pessoa y sus heter&oacute;nmos) y, finalmente, el abandono de la propia historia y la aceptaci&oacute;n de una nueva identidad alejada del boato y la leyenda (T. E. Lawrence), que no hacen sino suponer una decisi&oacute;n extrema de libertad individual.</p>
<p>Junto a ellas, existen otras m&aacute;s sencillas y discretas (y algunas placenteras), como dormir. El sue&ntilde;o se convierte en una ausencia natural en la mayor&iacute;a de las ocasiones, si bien en otras puede deberse a situaciones o experiencias traum&aacute;ticas. Pero es tal vez el deseo de desaparici&oacute;n asociado al tiempo presente el que m&aacute;s posibilidades concita: el <em>burnout</em> en el trabajo, la <em>hiperconexi&oacute;n</em> a la que nos vemos sometidos, la competitividad extrema, la necesidad de cumplir con unos objetivos casi inasumibles&hellip;Todo ello puede derivar en ausencias o desapariciones involuntarias como la depresi&oacute;n, la fragmentaci&oacute;n de la personalidad, los trastornos de disociaci&oacute;n, la absorci&oacute;n en una actividad que nos abstraiga de todo (por ejemplo, v&eacute;ase a este respecto el interesante art&iacute;culo que Rub&eacute;n Benedicto dedica a las teor&iacute;as del fil&oacute;sofo Byung-Chul Han publicado en el anterior n&uacute;mero de <em>Turia</em>). Quiz&aacute;s dentro de unos a&ntilde;os podamos ver con m&aacute;s claridad en qu&eacute; ha derivado, pero columbra uno que los trastornos y evasiones que nombra Le Breton a cuenta de nuestro modo de vida actual aumentar&aacute;n y tomar&aacute;n nuevas formas.</p>
<p>La adolescencia es tambi&eacute;n un periodo de la vida clave para el an&aacute;lisis de nuestro autor, pues en &eacute;l conviven diversas posibilidades de desaparici&oacute;n, algunas en constante <em>aggiornamento</em>, sobre todo las denominadas &ldquo;conductas de riesgo&rdquo;, (v&eacute;ase el cap&iacute;tulo 3, titulado &ldquo;Formas de desaparici&oacute;n de s&iacute; en la adolescencia&rdquo;). M&aacute;s compleja es, desde luego, la parte dedicada a las enfermedades asociadas a la desaparici&oacute;n de uno mismo, como el alzh&eacute;imer o la demencia senil, que son analizadas con rigor y precisi&oacute;n y que remiten a una forma bien diferente de ausentarse (involuntariamente) del mundo. El contraste entre esta parte y la anterior &ndash;el an&aacute;lisis de las desapariciones asociadas a conductas de riesgo en la adolescencia- resulta cuando menos clarificador de cu&aacute;les son los derroteros por los que se mueve nuestra sociedad.</p>
<p>Asimismo, la desaparici&oacute;n puede suponer una oportunidad de una nueva vida, alejada de las presiones que sobre nosotros se ejercen cotidianamente. Ah&iacute; est&aacute;n los caminantes de largo recorrido (el camino de Santiago, Thoureau&hellip;), la desaparici&oacute;n y posterior asimilaci&oacute;n en otras culturas m&aacute;s all&aacute; de las fronteras establecidas, lejos de la burocracia y sus obligaciones, como los <em>coureours des bois</em> (los tramperos) en los siglos XVIII y XIX en los territorios fronterizos de Norteam&eacute;rica, tentaci&oacute;n hoy imposible, aunque algunos traten infructuosamente de emularla en fechas m&aacute;s recientes (v&eacute;ase, por ejemplo, la historia de Chris McCandless que relata Jon Krakauer en <em>Hacia rutas salvajes, </em>tambi&eacute;n mencionada en el libro).</p>
<p>En cualquier caso, todas estas posibilidades de desaparici&oacute;n remiten a una b&uacute;squeda constante de uno mismo, en permanente revisi&oacute;n y cambio, que no hacen sino mostrar la fragilidad con la que se construye la personalidad de cada uno en la sociedad contempor&aacute;nea, en tanto en cuanto se es un ser social. Tal vez se eche en falta alguna alusi&oacute;n a los retiros m&iacute;sticos o espirituales, que tanto peso y tradici&oacute;n tienen, pero eso no empa&ntilde;a para nada el profundo calado de este ensayo, desde luego. Nuestro tiempo est&aacute; caracterizado por m&uacute;ltiples tentaciones que pueden llevar hacia la desaparici&oacute;n de s&iacute; mismo, pero no hemos de olvidar que somos nosotros los que creamos esas imposiciones y esa presi&oacute;n coactiva que parece instalarse en cada una de las actividades que realizamos. Y ah&iacute; est&aacute; el quid de la cuesti&oacute;n.- PEDRO MORENO P&Eacute;REZ.</p>
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<p>David Le Breton, <em>Desaparecer de s&iacute;. Una tentaci&oacute;n contempor&aacute;nea, </em>&nbsp;Madrid, Siruela, 2016.</p>
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      <pubDate>Fri, 04 May 2018 06:56:58 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[César Simón y la poética de la nada]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/cesar-simon-y-la-poetica-de-la-nada/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/mayo/C_SAR_SIM_N.jpg" alt="" /></p>
<p>Para buena parte de los lectores de poes&iacute;a de nuestro pa&iacute;s (esa rara especie tal vez en v&iacute;as de extinci&oacute;n) el nombre de C&eacute;sar Sim&oacute;n (Valencia, 1932-1997) no es desconocido. Sin embargo, hay que reconocer al mismo tiempo que su obra ha tenido una recepci&oacute;n como poco irregular.&nbsp; Sim&oacute;n, en absoluto un poeta precoz, publica sus primeros libros en los a&ntilde;os setenta, cuando las modas literarias no estaban precisamente por una voz tan descarnada, tan asc&eacute;tica, tan dada a la depuraci&oacute;n expresiva como la del valenciano. Nacido el mismo a&ntilde;o que otro levantino ilustre, Francisco Brines, con quien mantuvo una relaci&oacute;n de amistad, su obra solo tangencialmente puede relacionarse con lo que se ha llamado generaci&oacute;n del cincuenta o del medio siglo. Y, como es sabido, en nuestro panorama literario es casi un pecado no adscribirse con claridad a esa fantasmagor&iacute;a cr&iacute;tica llamada &ldquo;generaci&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>Es cierto que el dif&iacute;cil equilibrio entre lirismo, meditaci&oacute;n y ciertas dosis de narratividad (el propio escritor afirmaba que buscaba un &ldquo;lirismo no po&eacute;tico&rdquo;) solo alcanza su plena madurez en los &uacute;ltimos libros, que corresponden al &uacute;ltimo decenio de la vida del autor. <em>Extrav&iacute;o</em> (1991), <em>Templo sin dioses</em> (1996) y <em>El jard&iacute;n</em> (1997) nos muestran a un poeta que ha acabado de encontrar una desnudez, que tiene poco que ver con la vocaci&oacute;n juanramoniana, porque ser&aacute; hasta el final una poes&iacute;a <em>impura</em>, hecha m&aacute;s de renuncias que de afirmaciones. Esa voluntad asc&eacute;tica&cedil; visible incluso en los t&iacute;tulos de sus primeros libros (pienso, por ejemplo, en <em>Pedregal</em> o <em>Erosi&oacute;n</em>), se plasma en la consigna preferida del poeta, seg&uacute;n recuerda Vicente Gallego, responsable del volumen: &ldquo;&iexcl;Cuidado con el adjetivo!&rdquo;. Sin embargo, se trata de algo m&aacute;s que de una cuesti&oacute;n de estilo: la escritura de Sim&oacute;n tiene algo de experimento qu&iacute;mico (o alqu&iacute;mico) en su operaci&oacute;n de filtrado, de destilaci&oacute;n de la experiencia. En no pocos poemas aparece (o se adivina) el rastro de una experiencia, cuyo n&uacute;cleo secreto el poema se empe&ntilde;a en desvelar, aun a riesgo de que el secreto de ese fragmento de vida, y por consiguiente de toda la existencia, no sea sino la nada. La nada, como bien apunta Vicente Gallego, se convierte en un motivo recurrente en el escritor: una nada que pone entre par&eacute;ntesis el valor de toda realidad (como ocurre en la experiencia amorosa que se refleja en <em>El pretexto y el fervor</em>), pero tambi&eacute;n una nada que en algunos momentos parece desbordar la constataci&oacute;n nihilista para sugerir un fondo sagrado (aunque sin dioses) de lo real: &ldquo;Ama la nada prosternado/ si a ella conduce el r&iacute;o de la fuente;/ bebe en la fuente, todo y nada&rdquo;.</p>
<p>Esa tensi&oacute;n parad&oacute;jica de una nada que es a la vez ausencia suprema y extra&ntilde;a presencia est&aacute; en consonancia con otras paradojas que no reh&uacute;ye en absoluto la obra del valenciano (como dice Carlos Piera, la poes&iacute;a no teme acoger la contradicci&oacute;n, y es esa una de sus virtudes imprescindibles). As&iacute;, la huida de artificios ret&oacute;ricos, que puede desembocar en cierta sequedad expresiva, y esa labor de depuraci&oacute;n de la experiencia a la que ya me he referido, es perfectamente compatible con una secreta sensualidad. La poes&iacute;a de Sim&oacute;n es una poes&iacute;a encarnada en un lugar, en un paisaje concreto. Sin embargo, estamos muy lejos de la mirada mediterr&aacute;nea del citado Brines, pero tambi&eacute;n de la de un Gabriel Mir&oacute; o un Gil-Albert. El lugar de la escritura de Sim&oacute;n (como tambi&eacute;n su estilo) tiene que ver m&aacute;s con cierto Azor&iacute;n y su gusto por la austeridad del paisaje, aunque sin huella alguna del espiritualismo noventayochista.&nbsp; Como se&ntilde;al&oacute; con acierto Guillermo Carnero, el espacio, real y simb&oacute;lico, de su l&iacute;rica es el secano, lo que casa bien con su estilo con frecuencia descarnado, pero con una voluntad cierta de iluminaci&oacute;n. Una voluntad que me atrever&iacute;a a llamar solar, pero de sol del mediod&iacute;a, a medio camino entre el delirio fecundo y la extrema lucidez.</p>
<p>Abundan en el poeta las composiciones de lugar al modo ignaciano (y de Brines), en las que la meditaci&oacute;n sobre un espacio o desde un espacio (a menudo, la casa) es el punto de partida para una experiencia que parte del yo, pero que trasciende el propio yo. Para entender cabalmente el papel del sujeto l&iacute;rico, hay que leer el poema, &ldquo;Arco romano&rdquo;, uno de los mejores del autor, en el que se expresa con claridad la inevitable huella del yo como centro de coordenadas de una visi&oacute;n del mundo, pero a la vez su escaso peso frente a la realidad que le rodea: &ldquo;El arco es como yo, que no concluyo./ Porque fui contra el cielo como el arco:/ de vac&iacute;o a vac&iacute;o en la belleza,/ de la nada a la nada entre la luz&rdquo;.</p>
<p>En concordancia con esa presencia del espacio, C&eacute;sar Sim&oacute;n se nos muestra como un poeta extremadamente fiel a la inmanencia: &ldquo;Nunca he brindado por la vida; soy la vida;/ por lo tanto, la vivo plenamente&rdquo;.&nbsp; Hay, es cierto, una sacralidad en su l&iacute;rica, pero se trata de una sacralidad inserta en lo mundano, en la presencia desbordante de lo real, que niega y a la vez confirma el espejo vac&iacute;o de la nada. De ah&iacute; la importancia de la carne en su escritura, que no se limita a la experiencia er&oacute;tica, sino que apunta al misterio que une en la materia al sujeto y al mundo: &ldquo;Pero existe la carne. En ella palpo/ las verdades que cuentan&rdquo; . Si resulta indudable el tono eleg&iacute;aco de no pocos de sus versos, al final tenemos que asentir a las palabras del propio poeta en <em>Templo sin dioses</em>&nbsp; &ldquo;Todas tus eleg&iacute;as fueron himnos&rdquo;.- JOS&Eacute; LUIS G&Oacute;MEZ TOR&Eacute;.</p>
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<p>C&eacute;sar Sim&oacute;n, <em>Poes&iacute;a completa, </em>edici&oacute;n y pr&oacute;logo de Vicente Gallego,&nbsp; bibliograf&iacute;a de Bego&ntilde;a Pozo, Valencia, Pre-Textos, 2016.&nbsp; &nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 04 May 2018 06:53:03 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La quinta rueda del carro. Los diarios de Iñaki Uriarte]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-quinta-rueda-del-carro-los-diarios-de-inaki-uriarte/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/mayo/I_AKI_URIARTE.jpg" alt="" /></p>
<p align="right"><em>Es suficiente decir que el actual periodo no po&eacute;tico no consiste m&aacute;s que en frases, ensayos, fragmentos de ensayos, todo lo cual expresa la postura de un ser humano</em></p>
<p align="right">E.E. Cummings</p>
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<p align="right"><em>Nunca &ldquo;escribo&rdquo;. S&oacute;lo jugueteo</em></p>
<p align="right">Charles Simic</p>
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<p>&ldquo;Las cosas verdaderamente &iacute;ntimas no se escriben jam&aacute;s&rdquo;, escribi&oacute; Victor Segalen en una ocasi&oacute;n. Pero entonces, &iquest;para qu&eacute; escribir? Lo otro, lo que no es verdaderamente &iacute;ntimo, ya lo sabemos, todos lo hemos vivido alguna vez en mayor o menor medida, no necesitamos que nadie nos lo recuerde, es m&aacute;s, no queremos que nadie nos lo recuerde. Lo que queremos saber en cambio son las cosas verdaderamente &iacute;ntimas, esas que ni siquiera nos atrevemos a confesarnos a nosotros mismos. Si alguien lo hace por nosotros, nos est&aacute; haciendo un inmenso favor, y se lo agradecemos infinito. &iquest;Lo verdaderamente &iacute;ntimo ser&iacute;an entonces los grandes vicios y las grandes virtudes, aquello de lo que nos avergonzamos y aquello de lo que estamos orgullosos, que muchas veces es lo mismo, pero que si lo confes&aacute;ramos nos quedar&iacute;amos desnudos y comprobar&iacute;amos, ay, que somos como los dem&aacute;s hombres? As&iacute; que estaba equivocado. Lo verdaderamente &iacute;ntimo es lo que nos asemeja a los dem&aacute;s seres humanos, lo que nos hace humanos en definitiva. Y un poco tontos tambi&eacute;n naturalmente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el a&ntilde;o 1999, I&ntilde;aki Uriarte, que naci&oacute; en Nueva York en 1946, es de san Sebasti&aacute;n y vive en Bilbao, como escuetamente reza (&iquest;para qu&eacute; mas efectivamente?) en la solapa de estos tres libros elegantemente negros (el negro sienta bien a casi todo), comenz&oacute; unos diarios de los que hasta la fecha lleva publicados tres entregas o vol&uacute;menes: 1999-2003 (2010), 2004-2007&nbsp; (2011), y 2008-2010 (2015)<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>. La entrada de la Wikipedia es igualmente escueta y no da m&aacute;s informaci&oacute;n sobre el autor (aunque s&iacute; nos pone sobre la pista del estupendo art&iacute;culo de Mu&ntilde;oz Molina, <em>Viendo nevar fuera</em>, publicado en <em>El Pa&iacute;s</em> (<a href="http://cultura.elpais.com/cultura/2015/03/23/babelia/1427134505_827622.html">http://cultura.elpais.com/cultura/2015/03/23/babelia/1427134505_827622.html</a>). Tambi&eacute;n nos enteramos que obtuvo los premios Euskadi de ensayo y el Premio Tigre Juan en 2011. En 1999 el autor tiene 52 a&ntilde;os, una edad perfecta para empezar a escribir. O para terminar. Kurt Vonnegut dec&iacute;a que a los 50 a&ntilde;os cualquier autor norteamericano que se preciase hab&iacute;a escrito ya lo mejor de su obra. &Eacute;l a los 70 segu&iacute;a todav&iacute;a d&aacute;ndole a la pluma. O a la tecla seguramente. Pero, &iquest;c&oacute;mo escribe Uriarte estos <em>Diarios</em>? Pues ni siquiera, nos dice, como aconsejaba el sabio Pla, &ldquo;como se escribe una carta a la familia, pero con un poco m&aacute;s de cuidado.&rdquo; &Eacute;l lo hace en cambio sin ning&uacute;n cuidado. Recela, con raz&oacute;n, del estilo, y se propone escribir, y a mi juicio lo consigue, &ldquo;como si hablara solo&rdquo;. Ni po&eacute;ticos, ni teatrales, ni literarios. &ldquo;Que la literatura es un arte en decadencia lo demuestra el significado habitual al que ha llegado el t&eacute;rmino &ldquo;literario&rdquo;. Hace tiempo que &ldquo;po&eacute;tico&rdquo; quiere decir cursi, y &ldquo;teatral&rdquo; equivale a &ldquo;afectado&rdquo;, pero ahora empieza a estar claro que el ep&iacute;teto &ldquo;literario&rdquo; significa estrictamente &ldquo;pelmazo&rdquo;&rdquo;. Abrimos los <em>Diarios</em>.</p>
<p>Unos textos llenos de contradicciones, de dudas, de perplejidades, de humor. No se me ocurre elogio mayor. Me &ldquo;enganchan&rdquo; desde la primera entrada. Una menci&oacute;n al a&ntilde;o del que provienen las notas, reflexiones, recuerdos, digresiones, apuntes, Benidorm, el gato, Montaigne, una frase dicha por un camarero, otra le&iacute;da en un peri&oacute;dico, &ldquo;chismorreos indispensables para alegrar los diarios&rdquo;, otra vez el gato, otra vez Montaigne, y nada m&aacute;s. Ninguna menci&oacute;n del d&iacute;a en que fueron tomadas, o incluso de la hora, como hacen otros autores m&aacute;s meticulosos o mani&aacute;ticos. Est&aacute; claro que el d&iacute;a y la hora son detalles sin importancia para el lector, y el a&ntilde;o una concesi&oacute;n, un dato orientativo que alg&uacute;n d&iacute;a puede serle &uacute;til a alguien. Las entradas son todas de corta extensi&oacute;n, apenas algunas sobrepasan la p&aacute;gina, otras son aut&eacute;nticos y sabrosos aforismos (&ldquo;En esta ciudad hay gente que admira a Unamuno porque era de Bilbao&rdquo;, o este otro, m&aacute;s profundo: &ldquo;Asistimos a nuestra vida, no la hacemos&rdquo;, y uno m&aacute;s: &ldquo;Con lo f&aacute;cil que es no escribir un libro malo&rdquo;.) Cada una describe un suceso, un recuerdo, una an&eacute;cdota, una observaci&oacute;n, un pensamiento, y aunque el autor dice no tener sue&ntilde;os recurrentes, en cambio s&iacute; tiene pensamientos y recuerdos recurrentes. Todos tenemos pensamientos y recuerdos recurrentes, que por lo dem&aacute;s no suelen ser demasiados. Con media docena de ideas, a veces no hace falta tantas, nos las apa&ntilde;amos muy bien. I&ntilde;aqui Uriarte, aunque dice recordar poco de su infancia y juventud, las recuerda. Muchas veces indirectamente, que es como casi siempre recordamos las cosas. El tiempo siempre es inclemente en un diario, y todo vuelve.</p>
<p>Pero, &iquest;de qu&eacute; tratan estos <em>Diarios</em>, suponiendo que unos diarios tengan que tratar de algo en concreto? Uriarte nos lo dice en una de las primeras entradas: &ldquo;Los buenos libros (&eacute;l no se refiere al suyo naturalmente, pero yo s&iacute;) tratan siempre de lo mismo, de unas pocas cosas que no s&oacute;lo son las m&aacute;s importantes, sino que son las cosas que nos pasan todos los d&iacute;as.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En los diarios de un escritor, y estos lo son aunque el autor no est&eacute; seguro de ser escritor, siempre salen muchos escritores. Es inevitable supongo. Escritores muertos y escritores vivos. Los escritores que cita un autor, y ahora hablo s&oacute;lo de los muertos, pues a los vivos se los cita por muy variados, y a veces inconfesables, motivos, es un asunto que tiene su importancia. A fin de cuentas forman algo as&iacute; como su constelaci&oacute;n literaria, sus afinidades electivas. Autores que le han iluminado, guiado en determinados momentos, evitado que se perdiese en otros, o simplemente acompa&ntilde;ado (yo con esto &uacute;ltimo ya me doy por satisfecho). Incluso autores que leemos aunque no nos gusten demasiado. &iquest;Qui&eacute;nes son esos autores en el caso de I&ntilde;aki Uriarte? Borges, Kafka, Pascal, Rousseau, Pessoa, Montaigne... Veamos qu&eacute; cita de este &uacute;ltimo. &ldquo;Mi principal oficio en esta vida ha sido pasarla dulcemente y m&aacute;s bien ap&aacute;tica que afanosamente.&rdquo; &ldquo;Nada me es tan odioso como la preocupaci&oacute;n y el esfuerzo, y solo busco vivir con indolencia y dejadez.&rdquo; &iquest;Buscamos en Montaigne la justificaci&oacute;n de nuestra pereza? No, evidentemente. Lo que buscamos es que alguien nos diga que no necesitamos justificarnos por nada. &ldquo;No he conocido a nadie que no hablara m&aacute;s de lo que debiera&rdquo;, dice tambi&eacute;n Montaigne. La mayor&iacute;a de los escritores, sobre todo si han tenido alg&uacute;n &eacute;xito, est&aacute;n aquejados de incontinencia verbal. Y una cita impagable sobre Montaigne de un higienista franc&eacute;s: &ldquo;Una persona que lee a Montaigne tiene una esperanza de vida diez a quince a&ntilde;os superior a la de una que no lo ha le&iacute;do.&rdquo; Yo esto me lo creo. En cosas m&aacute;s extravagantes cree la gente a pies juntillas. De Proust I&ntilde;aki escribe el mejor y m&aacute;s sincero elogio que he le&iacute;do: &ldquo;Esto no lo hago yo ni loco.&rdquo; Y tambi&eacute;n: &ldquo;No s&eacute; por qu&eacute; es algo que no se suele resaltar, el humor estupendo de Proust.&rdquo; Casi todos los grandes han tenido sentido del humor. El de Beckett tambi&eacute;n es estupendo. Y Cioran tiene un gran sentido del humor. Como Ferlosio, otro de sus autores favoritos. Hoy el sentido del humor escasea. Entre los escritores y en el mundo en general. En cambio todo el mundo se r&iacute;e de todo, pero casi siempre de una forma mec&aacute;nica, compulsiva, sin verdaderas ganas, por cortes&iacute;a, por contagio, por tonter&iacute;a. No es que el humor se haya perdido, es que, como tantas otras cosas hoy d&iacute;a, se ha degradado. Los graciosos, los chistosos, los ocurrentes que tanto abundan en todas partes, tienen el sentido del humor en el culo, si me permiten la expresi&oacute;n. Aunque el sentido del humor dice el autor que con la edad se gasta, y que las personas que se r&iacute;en mucho suelen carecer de &eacute;l. Con esto &uacute;ltimo estoy bastante de acuerdo. Como con que es lo &uacute;nico, junto con la m&uacute;sica, que nos salva muchas veces de caer en la desesperaci&oacute;n.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Escribir o no escribir</strong></p>
<p>Escribir sin pretender ser un escritor puede que sea la mejor manera de escribir algo honesto. Pero, &iquest;qui&eacute;n escribe sin pretender ser escritor? &iquest;No hay aqu&iacute; una contradicci&oacute;n en los t&eacute;rminos? Lo que s&iacute; est&aacute; claro, en cambio, es que s&oacute;lo los libros honestos merece la pena leerlos, y &eacute;stos <em>Diarios</em> lo son sin ninguna duda. &ldquo;Yo no escribo bien, no he escrito cuentos ni se me ha ocurrido empezar una novela, no tengo voluntad, talento ni ambici&oacute;n suficientes para meterme en ese berenjenal de angustias y monta&ntilde;a rusa de vanidades y humillaciones que supone intentar publicar un libro.&rdquo; Y termina, m&aacute;s o menos: en fin, si hay que ser algo en esta vida, entonces bueno: escritor.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Es posible que los escritores de diarios sean hombres solitarios, o a lo mejor es que los solitarios son m&aacute;s proclives a escribir diarios (aunque conozco varias excepciones, en los dos sentidos, a esta regla). De nuevo Montaigne, entrada final del a&ntilde;o 1999, del pr&oacute;logo de los <em>Ensayos</em>: &ldquo;Es &eacute;ste un libro de buena fe, lector. De entrada te advierto que con &eacute;l (se refiere claro est&aacute; a los <em>Ensayos</em>) no me he propuesto m&aacute;s fin que el dom&eacute;stico y privado (&hellip;) lo he dedicado al particular solaz de parientes y amigos: a fin de que una vez me hayan perdido (lo que muy pronto les suceder&aacute;), puedan hallar en &eacute;l algunos rasgos de mi condici&oacute;n y humor, y as&iacute;, alimenten m&aacute;s completo y vivo, el conocimiento que han tenido de mi persona.&rdquo; Y concluye el autor (Uriarte, no Montaigne): &ldquo;Dejar un recuerdo: estas instant&aacute;neas, por ejemplo, aunque el fot&oacute;grafo sea malo y el modelo no pueda evitar la pose.&rdquo; Tambi&eacute;n es posible que haya diaristas que no escriben con la intenci&oacute;n de publicar. I&ntilde;aki Uriarte dice que &eacute;l es de esos y que hay otras muchas razones para escribir un diario. Admitido, pero porque nos da una pista en la que no hab&iacute;amos reparado antes. Escribe: &ldquo;Probablemente (los que no pensamos en publicar) entre los diaristas neur&oacute;ticos somos la mayor&iacute;a.&rdquo; &iexcl;Ah&iacute; est&aacute; la clave! Los diaristas, como el resto de los mortales, se dividen en neur&oacute;ticos e hist&eacute;ricos. &iquest;C&oacute;mo no hab&iacute;a ca&iacute;do antes? Los hist&eacute;ricos no piensan en otra cosa que en publicar, en darse a conocer, en exhibirse, conceder entrevistas, salir en televisi&oacute;n, en cambio a los neur&oacute;ticos les sucede todo lo contrario. Si se sienten muy agobiados son capaces hasta de dejar de escribir. El mundo se ensancha y se estrecha seg&uacute;n el estado de &aacute;nimo. Uriarte dice que influye la edad, pero es que la edad influye en todo. Que cuanto mayor te haces, m&aacute;s grande e inabarcable es el mundo, y cuanto m&aacute;s joven, m&aacute;s peque&ntilde;o y abarcable. Aunque tambi&eacute;n pudiera ser al rev&eacute;s.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los escritores, como cualquier ser humano, quiz&aacute; incluso m&aacute;s que cualquier ser humano, tienen sus trucos, sus vanidades. Por ejemplo decir que no son escritores, o, si les da por ah&iacute;, y les da con frecuencia, decir que son meros escribidores. &iquest;A qu&eacute; escritor no le gustar&iacute;a escribir como Borges? &iquest;O como Simenon? Otro truco es el de las citas, del que yo tambi&eacute;n he abusado bastante aqu&iacute;. Citar nos hace parecer m&aacute;s inteligentes de lo que somos. As&iacute; que ah&iacute; va otra cita, una cita sobre las citas, lo que ya es el colmo: Simon Leys dijo en una ocasi&oacute;n que lo mejor de sus libros eran sus citas.</p>
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<p><strong>Borges, J&uuml;nger, y el gato</strong></p>
<p>Su gato se llama Borges. Ya est&aacute; todo dicho. Yo hubiera dudado, aunque creo que al gato le habr&iacute;a gustado m&aacute;s llamarse Borges que J&uuml;nger (mi gata se llamaba Rita, como Rita). Y sobre los gatos, esos seres fuertes y suaves, amigos del silencio y el placer a la vez, esos seres pensativos que adoptan nobles actitudes, escribe todos los lugares comunes que cualquiera que haya tenido gato sabe que son verdad. &iquest;Y J&uuml;nger? &ldquo;J&uuml;nger me pone de mal humor&rdquo;, escribe. Y cita una frase de <em>El autor y la escritura</em>, un libro de aforismos del que tiene dos ejemplares, uno muy subrayado y el otro nuevecito y firmado por el autor: &ldquo;&iquest;En qu&eacute; consiste el &eacute;xito de un diario? En el mon&oacute;logo bien logrado.&rdquo; (&ldquo;Lo que trato de hacer aqu&iacute; ahora es un mon&oacute;logo&rdquo;, escribe tambi&eacute;n &eacute;l sobre sus <em>Diarios</em>.) El t&iacute;tulo de esta rese&ntilde;a, <em>La quinta rueda del carro</em>, tambi&eacute;n pertenece a ese libro. Cuando se lo puse yo no sab&iacute;a todav&iacute;a que al autor no le gustaba demasiado J&uuml;nger. Si lo llego a saber hubiera elegido algo de Borges. Por ejemplo <em>Felices los felices,</em> fant&aacute;stica frase con la que termina su tambi&eacute;n fant&aacute;stico <em>Evangelio ap&oacute;crifo</em>. Aunque ya la ha utilizado Jasmina Reza para una de sus estupendas novelas. La de J&uuml;nger dice as&iacute;: &ldquo;Diarios, epistolarios: la quinta rueda del carro, y quiz&aacute;s la &uacute;nica que sigue girando p&oacute;stumamente.&rdquo; Desde luego a &eacute;l (J&uuml;nger) puede aplic&aacute;rsele al pie de la letra. Con el <em>Borges</em> de Bioy aprende que no se puede juzgar a un hombre por su obra, o al menos s&oacute;lo por su obra, algo que hacemos a menudo. Pero algo que hacemos todav&iacute;a m&aacute;s: juzgar al escritor por una sola de sus obras, la que hemos le&iacute;do, que muchas veces no es precisamente la mejor. No quiero decir que haya que leer todo lo que escribi&oacute; un autor &ndash; aunque &iquest;por qu&eacute; no? &ndash; pero no deber&iacute;amos aventurar un juicio a partir de s&oacute;lo unas cuantas obras. A m&iacute; los diarios de Miguel Torga me parecieron magn&iacute;ficos. Claro que habr&aacute; entradas discutibles (las que cita Uriarte por ejemplo), tontas, rid&iacute;culas, &iquest;pero en qu&eacute; diario no las hay? Tampoco s&eacute; si se parecen a estos de I&ntilde;aqui Uriarte, aunque yo dir&iacute;a que no. Y tambi&eacute;n me parece acertado lo que dice de Steiner, y en general de todos aquellos que tienen opini&oacute;n de todo.</p>
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<p><strong>El tren de juguete</strong></p>
<p>El hombre feliz no escribe. Esta es otra de las ideas que se desprenden de la lectura de estos <em>Diarios</em>. &ldquo;Contin&uacute;a la buena racha y casi no apunto nada.&rdquo; Pero habr&iacute;a que preguntarse si el hombre feliz tampoco lee, porque es muy posible. Aunque me resisto a creer que la ingente cantidad de personas que no leen (al parecer cada vez m&aacute;s, aunque, como tambi&eacute;n dice el autor, nunca se haya le&iacute;do demasiado) sean felices. Supongo que lo mismo que escribimos por razones personales, leemos por razones personales. Esto es una perogrullada efectivamente. Es inevitable, nos dice tambi&eacute;n el autor, escribir tonter&iacute;as. Pero lo bueno, o lo malo seg&uacute;n se mire, de las tonter&iacute;as, es que no sabemos que lo son hasta pasado un tiempo. A veces no llegamos a saberlo nunca.</p>
<p>&ldquo;No est&aacute; claro por qu&eacute; o para qu&eacute; escribo estas p&aacute;ginas.&rdquo; Y entonces el autor se contesta a s&iacute; mismo una serie de razones, tan banales como sinceras y profundas. Ah&iacute; van: &ldquo;Para calmar los nervios. Para leerme m&aacute;s adelante, ma&ntilde;ana mismo o dentro de diez a&ntilde;os. Para que no solo queden fotos m&iacute;as, sino tambi&eacute;n algo de lo que pens&eacute;. Para que persistan en una balda de la biblioteca de Toni Etxea, por si a alguien le interesa alg&uacute;n d&iacute;a lejano echarles un vistazo. Para ense&ntilde;&aacute;rselas a algunos amigos. Porque me entretiene mucho hacerlo. Porque es como un gran tren de juguete que me he montado en este cuarto, al que voy a&ntilde;adiendo piezas. Porque un d&iacute;a mir&eacute; para atr&aacute;s y vi que no me acordaba de nada y desde entonces decid&iacute; guardar algo, como quien acumula monedas en una hucha.&rdquo; Por su parte, Orwell describe los cuatro motivos a su juicio que llevan a un escritor a escribir. El primero es el ego&iacute;smo puro y duro y lo explica de esta manera: &ldquo;Deseo de parecer inteligente, de que se hable de uno, de que a uno se le recuerde despu&eacute;s de muerto, de resarcirse de los adultos que abusaron de uno en su ni&ntilde;ez, etc&eacute;tera. Es una paparruchada fingir que este no es un motivo, porque adem&aacute;s es de los m&aacute;s potentes.&rdquo; Y algo m&aacute;s adelante: &ldquo;Todos los escritores son vanidosos, ego&iacute;stas y perezosos. En el fondo de su ser, sus motivaciones siguen siendo un misterio.&rdquo; (George Orwell, <em>Por qu&eacute; escribo</em>, en: <em>Ensayos</em>, varios traductores, Barcelona, Debolsillo, 2014, p&aacute;gs. 783 y 787.)</p>
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<p><strong>Leer o no leer</strong></p>
<p>He le&iacute;do&hellip; estoy leyendo&hellip; me han regalado el libro&hellip; &ldquo;Lo m&aacute;s interesante que me suele ocurrir es la lectura de libros&rdquo;, anota en el a&ntilde;o 2005. Hablar de las lecturas de uno parece algo inevitable en los diarios de un escritor, aunque sea un escritor tan especial como I&ntilde;aki Uriarte. Quiero decir sin m&aacute;s obra que se le conozca (o que yo conozca) que estos espl&eacute;ndidos <em>Diarios</em>. Pero &eacute;l lo hace con sinceridad y educaci&oacute;n a la vez (cualidades raras y seguramente contraproducentes tambi&eacute;n en un escritor). No busca hacer da&ntilde;o ni parecer inteligente, no pontifica ni trata de convencer a nadie de nada, sencillamente a &eacute;l no le gusta una novela que parece haber gustado a todo el mundo, un &ldquo;cl&aacute;sico vivo&rdquo;, una &ldquo;obra maestra&rdquo;, un descubrimiento de &uacute;ltima hora, y lo dice. O quiz&aacute; la literatura, como apunta al principio de 2005, le est&aacute; dejando de gustar. Aunque no lo creo. Creo que &eacute;l tampoco lo cree. Al contrario, cuando te gusta la literatura, te gustan de verdad muy pocos libros. Y la novela, que sigue siendo lo m&aacute;s dif&iacute;cil, es la primera en resentirse. Por eso, y por otros motivos, personales seguramente, dice que lee con m&aacute;s gusto ensayos biogr&aacute;ficos y diarios. Y siendo como &eacute;l un &aacute;vido lector de diarios, memorias, conversaciones, etc., siento disentir en este punto. Perm&iacute;tanme recordar aqu&iacute; a un autor recientemente fallecido, cuyas obras (soberbios ensayos literarios) son en mi opini&oacute;n un portento de inteligencia y lucidez. Cuenta Simon Leys en <em>L&rsquo;ange et le cachelot</em>, que cuando era estudiante, el fil&oacute;sofo Alphonse De Waelhens ense&ntilde;aba en su universidad. En una ocasi&oacute;n le pidi&oacute; una bibliograf&iacute;a de las obras esenciales que deber&iacute;a leer cuanto antes. De Waelhens, encantado, se la proporcion&oacute;, y a&ntilde;adi&oacute; estas palabras, las &uacute;nicas que se quedaron grabadas en la memoria de Simon Leys: &ldquo;Y sobre todo, no se olvide de leer muchas novelas.&rdquo; Pero nadie lee para conocer el mundo y hacerse m&aacute;s sabio. Y menos todav&iacute;a, a no ser en la infancia, para vivir otras vidas (esta es una de las mayores tonter&iacute;as que he o&iacute;do a personas inteligentes, como si no tuvi&eacute;ramos ya bastante con la nuestra). &iquest;Lo hacemos entonces por diversi&oacute;n, curiosidad, vanidad, como dec&iacute;an el Dr. Johnson y Montaigne? Pudiera ser. &iquest;Acaso no son nobles motivos? Ah, y no importa que los libros se olviden. En esta vida se olvidan muchas cosas, y las que recordamos no son precisamente las m&aacute;s importantes.</p>
<p>&ldquo;Nunca he sabido lo que son las cosas importantes de la vida&rdquo;, ni sentido &ldquo;la satisfacci&oacute;n del deber cumplido&rdquo;, ni &ldquo;me he buscado a m&iacute; mismo&rdquo;, ni todas esas solemnes banalidades que tanto se prodigan hoy. &ldquo;He llegado a un momento de la vida en que no tengo certeza de mis certezas.&rdquo; De creerle, -- &iquest;y por qu&eacute; no habr&iacute;amos de creerle? &ndash; a medida que pasan los a&ntilde;os cada vez toma menos notas, apunta menos cosas, escribe menos, duda m&aacute;s. &iquest;No deber&iacute;a ser lo contrario? &Eacute;l lo relaciona en cierto modo con la publicaci&oacute;n de los dos primeros vol&uacute;menes de estos <em>Diarios</em>. &iquest;Est&aacute; perdiendo espontaneidad? &iquest;Es m&aacute;s exigente consigo mismo? &iquest;Ha cobrado el diario m&aacute;s importancia que la vida? El caso es que en una entrevista ha dicho que se acab&oacute;. Al menos por lo que respecta a publicar. Esperemos que si sigue escribiendo como antes, sin ninguna intenci&oacute;n de publicar, llegue un d&iacute;a en que algo o alguien le vuelva a convencer.&nbsp;</p>
<p>Los libros suelen surtir muchos y diferentes efectos en los lectores, nos pueden entretener, nos pueden indignar, nos pueden conmover, nos pueden aburrir, aunque lo m&aacute;s frecuente es que nos dejen indiferentes. Los <em>Diarios</em> de I&ntilde;aki Uriarte consiguen algo que muy pocos libros consiguen hoy: nos hacen compa&ntilde;&iacute;a. En 2010 escribe Uriarte esta entrada: &ldquo;Si de alguna cosa pudiera preciarme en esta vida es de esos momentos en que he tenido y podido contagiar un poco de calma a mi alrededor&rdquo;. Pues bien, algo bastante parecido a la calma es lo que contagian estos <em>Diarios</em>. &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s se puede pedir a un libro?</p>
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<p>&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; I&ntilde;aki Uriarte, <em>Diarios</em>, vols. I, II y III, Logro&ntilde;o. Pepitas de calabaza, 2010, 2011 y 2015 respectivamente.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Fri, 04 May 2018 06:49:12 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La vía del esteta]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-via-del-esteta/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/mayo/LUIS_ANTONIO_DE_VILLENA_2.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 480px;">T&uacute; me dir&aacute;s si ha valido (o vale) y cu&aacute;nto puede costar o servir, si</p>
<p style="padding-left: 480px;">paga o es pagada, la vida de un hombre a quien todo se le escurri&oacute;,</p>
<p style="padding-left: 480px;">al que casi todo le sali&oacute; mal &ndash;muchas de las cosas que m&aacute;s quer&iacute;a-</p>
<p style="padding-left: 480px;">por el &uacute;nico y casi indescriptible deseo de perseguir y acumular belleza,</p>
<p style="padding-left: 480px;">arte desde luego, libros, paisajes, gemas, pero sobre todo belleza</p>
<p style="padding-left: 480px;">masculina joven acumulada en aventuras, &aacute;lbumes de fotos, capturas</p>
<p style="padding-left: 480px;">de internet y hasta oscuros insaciables bordes, porque la belleza es plural</p>
<p style="padding-left: 480px;">y carece de l&iacute;mites pues muta y se multiplica incesante. Pero yo lo he</p>
<p style="padding-left: 480px;">visto, no puede resistir el paso de un hermoso sin mirar, sin volverse, sin</p>
<p style="padding-left: 480px;">codiciarlo con una sed insuperable de ventura&hellip; Ni la edad, ni la</p>
<p style="padding-left: 480px;">decadencia del sexo han frenado ese apetito voraz y refinado de</p>
<p style="padding-left: 480px;">catalogador y coleccionista de beldades j&oacute;venes&hellip; El amor no tuvo apenas</p>
<p style="padding-left: 480px;">sitio en su vida, nunca entendi&oacute; el afecto que dura, pues la belleza</p>
<p style="padding-left: 480px;">ef&iacute;mera, ya obtenida, deja paso a otra y el turno contin&uacute;a y no termina&hellip;</p>
<p style="padding-left: 480px;">A veces se siente equivocado&nbsp; (o lo siento yo) y otras creo que es un h&eacute;roe</p>
<p style="padding-left: 480px;">quien, por una innominada vocaci&oacute;n, todo lo ha consagrado a la belleza,</p>
<p style="padding-left: 480px;">que si a ratos se tange entre s&iacute;, jam&aacute;s, nunca jam&aacute;s se reduplica&hellip;</p>
<p style="padding-left: 480px;">&iexcl;Mi amigo intranquilo y so&ntilde;ador siempre detr&aacute;s de la hermosura!</p>
<p style="padding-left: 480px;">S&oacute;lo alg&uacute;n dios del viejo paganismo osar&aacute; comprenderte, aqu&iacute; te ver&aacute;n</p>
<p style="padding-left: 480px;">fuera del mundo, como t&uacute; tantas veces has codiciado estar, si es verdad</p>
<p style="padding-left: 480px;">la plat&oacute;nica escala que del cuerpo se&ntilde;ero o turbulento conduce a las</p>
<p style="padding-left: 480px;">estrellas&hellip; Albricias y constantes agon&iacute;as de quien en su vida s&oacute;lo</p>
<p style="padding-left: 480px;">pretendi&oacute; belleza y m&aacute;s belleza, hasta un agotamiento est&eacute;ril, rico.</p>
<p style="padding-left: 480px;">Esteta, obseso, loco, aristocratizante, mis&oacute;gino, son t&eacute;rminos</p>
<p style="padding-left: 480px;">ben&eacute;volos que ha o&iacute;do mi amigo,&nbsp; pensado incluso que pod&iacute;an</p>
<p style="padding-left: 480px;">contener raz&oacute;n (un grano de raz&oacute;n, al menos) pero que &eacute;l no pod&iacute;a</p>
<p style="padding-left: 480px;">cejar en la b&uacute;squeda febril, diaria, absurda, deslumbrante, abrumadora&hellip;</p>
<p style="padding-left: 480px;">No he visto persona m&aacute;s singular&nbsp; quim&eacute;rica, el cosmos y el</p>
<p style="padding-left: 480px;">apocalipsis de todos los grados y modos de belleza&hellip; Le dije:</p>
<p style="padding-left: 480px;">&iquest;Es posible que no puedas dejar de seguir con la vista a cualquier</p>
<p style="padding-left: 480px;">hermoso que a tu lado pasa, fugaz? Contest&oacute;: No. De veras imposible.</p>
<p style="padding-left: 480px;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 480px;">&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &amp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &amp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &amp;</p>
<p style="padding-left: 480px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 480px;">Vio a Moreno en un rinc&oacute;n de Colombia. Un chico con dieciocho a&ntilde;os,</p>
<p style="padding-left: 480px;">un cuerpo dorado y turbador y una vida menesterosa y pobre. Como</p>
<p style="padding-left: 480px;">S&oacute;crates mir&oacute; los muslos del doncel magn&iacute;fico, su total sensualidad, la</p>
<p style="padding-left: 480px;">verga poderosa, el rostro angelical, negros los ojos, de quien s&oacute;lo</p>
<p style="padding-left: 480px;">ten&iacute;a como futuro una obtusa paternidad y un orbe de carbones; lo</p>
<p style="padding-left: 480px;">midi&oacute; entonces, lo cuid&oacute;, le hizo hacer esplendidas fotos vestido y</p>
<p style="padding-left: 480px;">desnudo, en un relumbrar que cualquiera ve&iacute;a, lo agasaj&oacute;, premi&oacute;,</p>
<p style="padding-left: 480px;">acarici&oacute;, durmi&oacute; con &eacute;l en un sue&ntilde;o de reales arc&aacute;ngeles, y lo dej&oacute;</p>
<p style="padding-left: 480px;">sabiendo que si hab&iacute;a salvado el instante, nunca podr&iacute;a salvar la vida</p>
<p style="padding-left: 480px;">toda del muchacho que en las afueras de Bucaramanga no saldr&iacute;a quiz&aacute;</p>
<p style="padding-left: 480px;">de aquella casucha con nenes gritones, una mam&aacute; mandona, y muchachas</p>
<p style="padding-left: 480px;">abundantemente embarazadas y perros que a&uacute;llan al olor de los s&eacute;menes,</p>
<p style="padding-left: 480px;">aunque en ese instante era perfecto, duro, pleno poder de semidioses&hellip;</p>
<p style="padding-left: 480px;">Moreno fascinante: la vida no se hizo para ti ni para m&iacute;. Observa, a ambos</p>
<p style="padding-left: 480px;">nos destruye. Yo dejo el testimonio del sol solar y t&uacute; de fallebas de luna&hellip;</p>
<p style="padding-left: 480px;">&iquest;Qu&eacute; es la belleza, porqu&eacute; caen sus poseedores y orate es quien la busca?</p>
<p style="padding-left: 480px;">&iquest;Respuestas? Solo Tiempo que enaltece, enloquece, mata y encumbra.</p>
<p style="padding-left: 480px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 480px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 480px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 480px;">(Indicaci&oacute;n para la imprenta: &iexcl;es un poema en prosa!)</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 04 May 2018 06:43:57 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cantaban. Homenaje a María Zambrano ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/cantaban-homenaje-a-maria-zambrano/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/mayo/ALFREDO_CASTELL_N.jpg" alt="" /></p>
<p>Hay personas con una cierta tendencia a visitar aquellos lugares en los que compartieron vivencias con otras que de alguna manera impactaron en su esp&iacute;ritu, y para m&iacute; uno de ellos fue la casa de Mar&iacute;a Zambrano en Roma. Yo viv&iacute; en la capital italiana en los a&ntilde;os 1956-57, como estudiante del Centro Sperimentale di Cinematografr&iacute;a. Hab&iacute;a renunciado a mi carrera universitaria de Derecho que, a&uacute;n habi&eacute;ndola terminado, nunca llegar&iacute;a a ejercer. Mi ilusi&oacute;n era el Cine pero todav&iacute;a no me hab&iacute;a dicho nadie que para ejercer esa disciplina, mitad industria mitad arte, se necesitaba principalmente, cultura, y la m&iacute;a era muy escasa. El primer a&ntilde;o de la Escuela me entregu&eacute; totalmente a los estudios de Cinematograf&iacute;a pero el segundo todo cambi&oacute;. Conoc&iacute; a Mar&iacute;a Zambrano, su palabra despert&oacute; mi sensibilidad y con ella la escala de valores que hasta entonces hab&iacute;a sostenido, empec&eacute; a considerar m&aacute;s la parte literaria del film y a mirar y juzgarlo como una obra de arte donde la palabra, el argumento-gui&oacute;n, el montaje, la interpretaci&oacute;n, jugaban un papel primordial, en detrimento de la t&eacute;cnica que hasta entonces hab&iacute;a sobrevalorado. Mis visitas a Mar&iacute;a fueron cada vez m&aacute;s frecuentes. Me familiaric&eacute; con esa Piazza del Popolo donde viv&iacute;a, y mi admiraci&oacute;n y cari&ntilde;o correspondi&oacute; al que ella y su hermana Araceli me manifestaban.</p>
<p>Mi peque&ntilde;a habitaci&oacute;n en la lejana casa pensi&oacute;n de Via Valerio Publicola, se llen&oacute; del eco de su palabra, una sensaci&oacute;n que nunca antes hab&iacute;a experimentado. Como dec&iacute;a, el cine en ese segundo curso, dej&oacute; de tener la importancia que en el anterior hab&iacute;a tenido, salvo las consultas o comentarios de alg&uacute;n gui&oacute;n o pel&iacute;cula en la que estaba interesado en aquel momento. Para Mar&iacute;a, la imagen estaba ligada a la ficci&oacute;n: &ldquo;El Cine nos hac&iacute;a ver, regalaba otra pupila y tra&iacute;a la liberaci&oacute;n de la mirada y aun de los sue&ntilde;os.&rdquo;</p>
<p>En esta visita, pasados tantos a&ntilde;os, he subido las escaleras del <em>palazzo</em> donde ella vivi&oacute; hasta el piso primero, y sin saber c&oacute;mo, me he encontrado llamando a la puerta, tan s&oacute;lo quer&iacute;a ver la <em>Piazza </em>&nbsp;y los templos de <em>Montesanto y dei Miracoli</em>, redondeados por el ventanal del pasillo de su antigua casa que mi memoria buscaba. Record&eacute; entre otras cosas, a los gatos, muchos, que siempre acompa&ntilde;aron a las hermanas. El poeta cubano y buen amigo de ellas, Jos&eacute; Lezama Lima los recuerda en unos versos hilarantes: &ldquo;Mar&iacute;a&hellip; se nos ha hecho transparente/ no le teme al fuego ni al hielo./ Tiene los gatos fr&iacute;gidos/ y los gatos t&eacute;rmicos&hellip;&rdquo; Mentalmente analic&eacute; mi trayectoria art&iacute;stica posterior a aquellos a&ntilde;os, seguro de no haber cumplido con lo que ella esperaba de m&iacute;, pero en la vida de una persona, intervienen factores imprevisibles que deforman caminos, dej&aacute;ndolos en veredas dif&iacute;ciles de transitar.</p>
<p>Atraves&eacute; el portal de entrada y me sent&eacute; en una de las mesas interiores del caf&eacute; <em>Roseti</em> donde tantas veces compart&iacute; mesa con las hermanas Zambrano y otros amigos, algunos tambi&eacute;n exiliados. Recuerdo el d&iacute;a en que Araceli habl&oacute; de las canciones de la guerra perdida, y las cantamos, y las cantaron, pero la emoci&oacute;n de ellos, que la hab&iacute;an vivido cerca de las bombas, me hizo callar y escuchar en silencio. Me contagiaron la nostalgia y comprend&iacute;, de repente, el dolor de aquellos exiliados forzosos que hab&iacute;an perdido sus ra&iacute;ces, unas almas con una sola obsesi&oacute;n, el retorno. Mar&iacute;a lo dice mejor: &ldquo;&hellip;tener el alma como un derecho a la memoria de su origen y a la pretensi&oacute;n de encontrarlo&rdquo;. Un estar en el exilio como un alejamiento de lo querido, una a&ntilde;oranza enamorada.</p>
<p>&ldquo;Todo en Mar&iacute;a desemboca en otra cosa, todo unifica a un matiz de m&aacute;s all&aacute;&rdquo;, dec&iacute;a de ella E. M. Cior&aacute;n, ese exquisito de la amargura, otro exiliado que tan fruct&iacute;feras conversaciones hubo de tener con Mar&iacute;a en el caf&eacute; parisino de <em>Flore</em> donde sol&iacute;an encontrarse. &ldquo; Quien como Mar&iacute;a yendo al encuentro de nuestras inquietudes posee el don de dejar caer el vocablo imprevisible y decisivo, la respuesta de prolongaciones sutiles (&hellip;) y nos reconcilie tanto en nuestras impurezas&nbsp; como en nuestros callejones sin salida y nuestros estupores&rdquo;.</p>
<p>Mar&iacute;a soportaba el exilio con resignaci&oacute;n y dolor, &ldquo; el exiliado est&aacute; naciendo hu&eacute;rfano de patria y amparo (&hellip;) venidos de una guerra como h&eacute;roes sin pasi&oacute;n de hero&iacute;smo (&hellip;) transform&aacute;ndose, sin darse cuenta, en conciencia de la historia&rdquo;. En una ocasi&oacute;n record&oacute; el poema de su admirado Luis Cernuda, titulado &ldquo;Ser de Sansue&ntilde;a&rdquo; que ella calific&oacute; de insuperable, enfatizando los versos en que Sansue&ntilde;a y Espa&ntilde;a se complementan: &ldquo;&hellip;y ser de aquella tierra lo pagas con no serlo/ de ninguna: deambular, vacuo y nulo/ por el mundo, que a Sansue&ntilde;a y sus hijos desconoce&rdquo;. Pero no s&oacute;lo evocaba el exilio de Cernuda, sino tambi&eacute;n el de Bergam&iacute;n, Alberti, Diego de Mesa, Jorge Guill&eacute;n, Herrera Petere y otros amigos, todos tratando de rehacer una vida fuera de su patria, de la que no se desarraigar&iacute;an nunca. Mar&iacute;a tuvo presente ante todo, Segovia, pues all&iacute; se quedaron los m&aacute;s entra&ntilde;ables recuerdos de juventud, &ldquo;entra&ntilde;a que s&oacute;lo se cura despertando&rdquo;. A&ntilde;os m&aacute;s tarde, yo film&eacute; la evocaci&oacute;n que hace de esta ciudad en su breve poema filos&oacute;fico, <em>Un lugar de la palabra: Segovia</em>. All&iacute; vivi&oacute; &ldquo;&hellip;ese largo, inmenso tiempo que va desde el comienzo de la plenitud de la infancia, hasta el comienzo de la plenitud de la juventud (&hellip;) una ciudad, pues, vivida entre el reiterado estar a morir y el reiterado ir a renacer, que con tan poca tregua se suceden en esa inmensa &eacute;poca de la vida&rdquo;.</p>
<p>En esa madura juventud en la que regres&eacute; de nuevo a Espa&ntilde;a, la vida la reanudo con diversos proyectos y abundantes sorpresas, unas gratas y otras no tanto, sobre todo las familiares, muerte de mi padre y liquidaci&oacute;n de su negocio etc., por lo que dejo de comunicarme con Mar&iacute;a durante alg&uacute;n tiempo, aunque un a&ntilde;o m&aacute;s tarde requiero su ayuda en v&iacute;speras de publicar un libro infantil con la editorial Alfaguara. Le pido que me escriba un pr&oacute;logo que ella me manda encantada. No obstante la censura espa&ntilde;ola lo prohibi&oacute; aunque tras mi recurso, accedi&oacute; a que saliera pero como ep&iacute;logo. Ya lo he contado alguna vez, aquellos guardianes no censuraban el texto del pr&oacute;logo sino a su autora, su nombre. &ldquo;La roja, habr&aacute;n dicho&rdquo;, me recordaba triste en una carta pues yo sab&iacute;a que eso le dol&iacute;a porque ella no hab&iacute;a sido de color alguno nunca, s&iacute; republicana, una republicana universal que supo agradecer con afecto a los reyes Don Juan Carlos&nbsp; y Do&ntilde;a Sof&iacute;a, la visita que le hicieron en su casa madrile&ntilde;a de la calle Maura en los &uacute;ltimos a&ntilde;os de su vida.</p>
<p>Cuando regres&oacute; a Madrid en el a&ntilde;o 1984, yo estaba realizando para TVE mi programa sobre Pintura <em>Mirar un Cuadro</em>. Le ofrec&iacute; la posibilidad de protagonizar uno, propuesta que acogi&oacute; con entusiasmo pues le daba ocasi&oacute;n de contactar con el Museo del Prado que tan presente hab&iacute;a tenido durante todo su exilio. Eligi&oacute; la pintura atribuida al <em>Maestro de Fl&eacute;nalle</em>, <em>Santa B&aacute;rbara</em>, cuyo texto envi&eacute; y public&oacute; m&aacute;s tarde, el diario <em>El Pa&iacute;s</em>.</p>
<p>El que ocupara en ese tiempo la direcci&oacute;n de Radio Televisi&oacute;n Espa&ntilde;ola, Pilar Mir&oacute;, tan receptiva a la cultura, me permiti&oacute; realizar una biograf&iacute;a filmada de la fil&oacute;sofa, haciendo un recorrido por las principales ciudades de su exilio y contactar con algunas de las personalidades que la conocieron: Octavio Paz, Cior&aacute;n, Rosa Chacel, Mart&iacute;nez Nadal, Eliseo Diego, Cintio Vitier, las hermanas Garc&iacute;a Marruz, Elena Croche y muchos otros. Pero al tiempo que grababa la <em>Santa B&aacute;rbara</em> para el programa <em>Mirar un Cuadro</em>, record&oacute; otra pintura que quiso grabar: <em>La Tempesta</em> de <em>Giorgione</em> que meses m&aacute;s tarde public&oacute; la revista turolense <em>Turia. </em>&ldquo;<em>La tempesta</em> tiene algo que ha fijado en mi memoria, mi atenci&oacute;n, que me ha acompa&ntilde;ado, que parece que sea algo as&iacute; como un esp&iacute;ritu, un &aacute;nima m&aacute;s bien, pues el esp&iacute;ritu no se pinta, sino que hace pintar, muy veneciano, t&iacute;picamente veneciano&rdquo;.</p>
<p>Los &uacute;ltimos a&ntilde;os que pas&oacute; Mar&iacute;a en Madrid debieron ser para ella de una enorme alegr&iacute;a mezclada, sin duda, con recuerdos del pasado nada gratos, sobre todo los de la Guerra Civil. No obstante he de decir que el grupo de amigos y familiares que la rodearon en esos d&iacute;as, se esforzaron para que le fueran lo m&aacute;s acogedores posible. Tambi&eacute;n la acompa&ntilde;aron en Madrid sus dos &uacute;ltimas gatas, Luc&iacute;a y Pelusa, que hab&iacute;an viajado con ella desde Ginebra. Tras su muerte, y ya depositada en su sepultura de V&eacute;lez M&aacute;laga, una de aquellas amigas y admiradoras, mont&oacute; en su coche a las gatas y las solt&oacute; en el Camposanto de V&eacute;lez. Ya veis como la sensibilidad y hechizo de Mar&iacute;a, conectaron hasta el &uacute;ltimo momento con las personas que la conocimos y amamos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 04 May 2018 06:27:40 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Improptu]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/improptu/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/mayo/Eloy_500.jpg" alt="" /></p>
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<p>Hoy que termina marzo</p>
<p>y que el sol de la tarde, ya vencido,</p>
<p>se tiende extenuado sobre el mar</p>
<p>y ah&iacute;, al tocar las aguas,</p>
<p>se va apagando en un chisporroteo</p>
<p>de ascuas peque&ntilde;as y de signos de oro,</p>
<p>c&oacute;mo no agradecer emocionado,</p>
<p>antes de que la noche sobrevenga,</p>
<p>que este instante del mundo</p>
<p>&mdash;tan alegre, tan triste, tan intenso</p>
<p>como todo lo hermoso&mdash;</p>
<p>coincida en su existir con mi existir</p>
<p>y lo sepan mis ojos.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 04 May 2018 06:14:33 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Construir el nido]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/construir-el-nido/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/mayo/ESTELA_PUYUELO.png" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 510px;">Todos los d&iacute;as,</p>
<p style="padding-left: 510px;">el pron&oacute;stico del tiempo anuncia</p>
<p style="padding-left: 510px;">lluvias de ni&ntilde;os.</p>
<p style="padding-left: 510px;">Trescientas mil mujeres</p>
<p style="padding-left: 510px;">se enfrentan a la vida sin paraguas.</p>
<p style="padding-left: 510px;">Todos los d&iacute;as.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">Yo no quer&iacute;a mojarme,</p>
<p style="padding-left: 510px;">ahogar mi vientre</p>
<p style="padding-left: 510px;">para saciar la sed de esqueletos infantiles,</p>
<p style="padding-left: 510px;">escuchar de nuevo el primer llanto</p>
<p style="padding-left: 510px;">de mi cuerpo, geminado,</p>
<p style="padding-left: 510px;">vaciar mis pechos</p>
<p style="padding-left: 510px;">en bocas que p&iacute;an hambrientas,</p>
<p style="padding-left: 510px;">ponerle guardia a una madriguera</p>
<p style="padding-left: 510px;">o ser la loba que amenaza con sus dientes</p>
<p style="padding-left: 510px;">en los cruces de caminos,</p>
<p style="padding-left: 510px;">vestir de rosa los d&iacute;as de paseo</p>
<p style="padding-left: 510px;">y de azul las noches de insomnio,</p>
<p style="padding-left: 510px;">presumir de esculturas de carne y hueso.</p>
<p style="padding-left: 510px;">No.</p>
<p style="padding-left: 510px;">No quer&iacute;a.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">&Uacute;nicamente quise ser</p>
<p style="padding-left: 510px;">una mujer libre,</p>
<p style="padding-left: 510px;">cubrime de tinta,</p>
<p style="padding-left: 510px;">siempre ni&ntilde;a.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">Ma&ntilde;ana</p>
<p style="padding-left: 510px;">llegar&aacute; la estaci&oacute;n seca,</p>
<p style="padding-left: 510px;">cesar&aacute;n las lluvias en el calendario,</p>
<p style="padding-left: 510px;">en mi regazo morir&aacute; la primavera,</p>
<p style="padding-left: 510px;">y ese paraguas,</p>
<p style="padding-left: 510px;">el &uacute;nico bast&oacute;n donde se apoyan</p>
<p style="padding-left: 510px;">los cuerpos impermeables,</p>
<p style="padding-left: 510px;">ser&aacute; sombrilla &uacute;til solo en el desierto.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">Por si acaso,</p>
<p style="padding-left: 510px;">sin mirar al cielo,</p>
<p style="padding-left: 510px;">recojo las &uacute;ltimas ramas</p>
<p style="padding-left: 510px;">que el viento ofrece a las madres</p>
<p style="padding-left: 510px;">para construir los nidos.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 04 May 2018 06:11:21 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo que ella entendió. Una lectura de Mephisto-Waltzer, de Sergio Pitol]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/lo-que-ella-entendio/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/abril/pitol500.jpg" alt="" /><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong></p>
<p>Una mujer se dispone a dormir en un vag&oacute;n de tren, enfundada en una piyama de seda azul. Ha tomado un somn&iacute;fero para viajar como si flotara. Sin embargo, antes de que la pastilla surta efecto, inicia otra traves&iacute;a: una revista que cre&iacute;a tener bien guardada cae a sus pies, y no puede evitar la lectura o, m&aacute;s precisamente, la relectura, pues quien escribe es Guillermo, su marido, del que se encuentra separada, pero que le ha dado a leer todos sus manuscritos.</p>
<p>As&iacute; comienza &ldquo;Mephispto-Waltzer&rdquo;, uno de los relatos m&aacute;s excepcionales del idioma, escrito por Sergio Pitol en Mosc&uacute; en 1979, y publicado en su libro <em>Nocturno de Bujara</em>, de 1981.</p>
<p>La protagonista, que carece de nombre en el relato, se encuentra en un par&eacute;ntesis de su vida; ha interrumpido su matrimonio y experimenta &ldquo;el sobrio placer de vivir separados&rdquo;.</p>
<p>La revista, y el cuento que ah&iacute; publica Guillermo, la devuelven a una realidad que no quer&iacute;a encarar. Leer el texto significa, en cireta forma, leerse a s&iacute; misma, recuperar escenas de su propia vida, establecer resonancias con algo que ya parec&iacute;a disuelto en el pasado.</p>
<p>La separaci&oacute;n de Guillermo la ha llevado a descubrir su voz como autora. En los &uacute;ltimos meses, ha podido trabajar con fluidez en una monograf&iacute;a sobre la pintura de Agust&iacute;n Lazo. Se siente m&aacute;s libre, m&aacute;s segura.</p>
<p>Leer el cuento implica volver a los d&iacute;as en los que la voz preeminente era la de &eacute;l, el escritor de la pareja. El cuento trata de un concierto en Viena donde un virtuoso interpreta el &ldquo;Mephisto-Waltzer&rdquo;, de Franz Liszt. Thomas Mann explor&oacute; en <em>Doktor Faustus</em> los enigmas del talento musical que, al desbordarse, parece requerir de una explicaci&oacute;n diab&oacute;lica. Paul Val&eacute;ry sinti&oacute; el mismo encantamiento y lo resumi&oacute; en una frase: &ldquo;&iexcl;El estilo es&hellip; el Diablo!&rdquo;</p>
<p>Pitol agrega un cap&iacute;tulo esencial a tema can&oacute;nico: el pacto f&aacute;ustico. Guillermo, protagonista del relato y autor del cuento que la mujer lee en el tren, no es gran conocedor de m&uacute;sica. Su trama se basa en un concierto que presenci&oacute; en compa&ntilde;&iacute;a de su esposa en Par&iacute;s, pero traslada la escena a Viena, donde ha pasado una temporada reciente.</p>
<p>A ella nunca le ha convencido lo que escribe su marido. Se define &nbsp;ante &eacute;l como &ldquo;el abogado del diablo&rdquo;. Busca fisuras y defectos en sus textos, con un celo acrecentado por la cercan&iacute;a y el trato de muchos a&ntilde;os, cosa que &eacute;l agradece y necesita.</p>
<p>Esa noche en el tren, vuelve a juzgar con severidad a Guillermo. El cuento le parece interesante pero mal resuelto. A diferencia del pianista, el narrador no descubre su propia fuerza ni se entrega a ella.</p>
<p>El &ldquo;Mephisto-Walzer&rdquo; de Liszt est&aacute; inspirado en el momento en que el diablo aparece ante Fausto en el Auerbachs Keller, taberna de Leipzig. El compositor revive en el teclado el impulso demon&iacute;aco del pacto f&aacute;ustico. Guillermo es incapaz de esa pasi&oacute;n. No hay mejor testigo para ello que su mujer, el abogado del diablo.</p>
<p>Pitol escribe un relato maestro con el desperdicio de otra historia. Guillermo no consigue rematar su trama. De la tensi&oacute;n entre esa escritura fallida y la interpretaci&oacute;n de otro personaje, la mujer que lo critica, surge un relato &uacute;nico.</p>
<p>Guillermo no entiende de m&uacute;sica pero pretende hacerlo. Para escribir su cuento, parece haberse basado en las notas de alg&uacute;n programa de mano o en un ensayo sobre Liszt; lo cierto es que reproduce opiniones que no ha asimilado. Hay varios niveles de impostura en el relato. El primero de ellos es la m&uacute;sica misma. A lo largo de quince a&ntilde;os de relaci&oacute;n, fue ella quien se interes&oacute; en o&iacute;r conciertos. &Eacute;l la sigui&oacute; con tranquila aquiescencia, fingiendo reconocer las obras m&aacute;s evidentes, pero casi siempre perdido en el bosque sonoro. S&oacute;lo una vez mostr&oacute; fervor por el tema. Fue en Roma, cuando escucharon a Sviatioslav Richter interpretar el <em>Carnaval</em> de Schumann. En aquella ocasi&oacute;n, Guillermo se exalt&oacute; en forma inopinada, acus&oacute; al virtuoso de militarizar la partitura y esquivar la impronta l&iacute;rica del romanticismo alem&aacute;n; critic&oacute; a la obsecuente multitud que ovacionaba al pianista y peror&oacute; sin freno hasta que ella le dijo: &ldquo;por favor, Guillermo, no digas tonter&iacute;as&rdquo;. A continuaci&oacute;n, se precipit&oacute; en un mutismo herm&eacute;tico y no aport&oacute; una sola palabra durante la cena.</p>
<p>A ella le sorprendi&oacute; el exabrupto, pero no lo tom&oacute; mayormente en cuenta. Sin embargo, al leer el cuento mientras viaja en tren, el episodio cobra otro peso. Ella hab&iacute;a interpretado la m&uacute;sica para &eacute;l y lo hab&iacute;a guiado entre los sonidos. &iquest;De d&oacute;nde ven&iacute;a el s&uacute;bito af&aacute;n decir algo propio, caprichoso, intemperado?</p>
<p>Fueron a aquel concierto en compa&ntilde;&iacute;a de Ignazio, un amigo italiano que acompa&ntilde;&oacute; a la pareja. No sabemos nada de este personaje, pero su menci&oacute;n en un cuento de efectos tan calculados no puede ser casual. Despu&eacute;s del concierto, Ignazio lleva a la pareja una trattoria en Trastevere, una fonda &ldquo;m&aacute;s all&aacute; del r&iacute;o&rdquo;. Han cruzado una frontera.</p>
<p>Ignazio es el &ldquo;tercero incluido&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; significa en el relato? En diversas versiones del <em>Fausto</em>, el diablo aparece como extranjero y suele aparecer como italiano (Val&eacute;ry eleva el juego a la segunda potencia y lo hace hablar italiano con acento ruso). Sin decir casi nada, Pitol crea una presencia tentadora e inquietante. En la m&uacute;sica medieval, el tritono fue considerado el <em>diabolus in musica</em>, una disonancia adversa que equival&iacute;a a convocar al diablo y a promover el desenfreno sexual. Entre las muchas causas que llevaron a gente a la hoguera, se contaba el uso de esa temible disonancia. En el <em>Fausto</em>, la &oacute;pera de Gounod Mefisto entra a escena acompa&ntilde;ado por un tritono. Pitol no dice qui&eacute;n es Ignazio, pero el efecto de ese tercer personaje es el de un tritono; ante &eacute;l, el escritor ignorante en m&uacute;sica habla como intoxicado.</p>
<p>La pasi&oacute;n que Guillermo ech&oacute; en falta en Richter aparece en el pianista que toca el <em>Vals de Mefisto</em> en su cuento. Se llama Gunther Prey y es observado por un escritor en el p&uacute;blico. Aqu&iacute; interviene otra impostura. Pitol escribe un cuento sobre Guillermo, quien escribe un cuento sobre Manuel Torres, quien escribe otro cuento. El nombre de este tercer autor del relato ahonda el juego de espejos, pues alude a un amigo y colega de Sergio Pitol, compa&ntilde;ero de sus a&ntilde;os polacos: Juan Manuel Torres).</p>
<p>Gunther Prey &ldquo;parece mantener con el piano una relaci&oacute;n sangu&iacute;nea, umbilical&rdquo;. Sorprendido por este v&iacute;nculo org&aacute;nico con la m&uacute;sica, Torres escribe notas atropelladas en el programa de mano. Le asombra, entre otras cosas, la belleza del m&uacute;sico, una belleza que no puede describir. En su af&aacute;n de caracterizarlo lo compara con &ldquo;un galgo con un toque felino&rdquo;. &iquest;Puede haber combinaci&oacute;n m&aacute;s absurda y menos atractiva? En aras de definir la armon&iacute;a del rostro, el torpe narrador construye un perro-gato. &iexcl;C&oacute;mo envidia la soltura de Tolstoi para describir &ldquo;con gozosa naturalidad los labios, los dientes o el talle de Vronski&rdquo;!</p>
<p>Manuel Torres, doble de Guillermo pero no de Pitol, fracasa en su intento por captar la sensualidad del pianista, del mismo modo en que, en aquel concierto de Roma, Richter fracas&oacute; en recrear con pasi&oacute;n el <em>Carnaval</em> de Schumann.&nbsp;</p>
<p>Incapaz de describir el erotismo que emana del pianista, el narrador cede a una tentaci&oacute;n compensatoria: se demora exageradamente en la voluptuosidad de un personaje secundario, una catalana que no pasa el examen del abogado del diablo. La mujer que lee arrullada por el bamboleo del tren &ldquo;siente all&iacute; un exceso de curvas, de redondeces, una figura demasiado plena que la hace evocar caderas como &aacute;nforas y pechos iguales a mascarones de edificios en exceso barrocos. Hay una obsesi&oacute;n de brocados, terciopelos y encajes, de &lsquo;veroneser&iacute;a&rsquo;, como exclam&oacute; en un momento de hartura, que siempre le molesta en sus personajes femeninos&rdquo;. La amanerada sensualidad que Guillermo otorga a esas mujeres contrasta con el cuerpo de su esposa, delgado, de pechos peque&ntilde;os, caderas angostas, pelo corto. Una presencia un tanto masculina, con un &ldquo;estilo lineal de vestir&rdquo;. De haber sido la autora del relato, ella habr&iacute;a difuminado a la suntuosa catalana.</p>
<p>De Hemingway a Piglia, numerosos cultivadores del g&eacute;nero, han reflexionado en el hecho decisivo de que el relato moderno cuenta dos historias, una expl&iacute;cita y otra, soterrada, m&aacute;s insinuada que dicha, que da sentido profundo a la primera historia (la an&eacute;cdota <em>importa</em> porque alude a un conflicto oculto que deseaba ser evitado). El relato musical que Guillermo bajo el nombre de Manuel Torres esconde otro, m&aacute;s intenso, que le otorga aut&eacute;ntico significado. La ejecuci&oacute;n de &ldquo;Mephisto-Waltzer&rdquo; despierta en el escritor una sensaci&oacute;n de deseo insatisfecho. En su af&aacute;n de aprehenderlo, crea un juego de suposiciones. Manuel Torres oye los trabajos del diablo en el teclado y descubre a un singular personaje en un palco. A trav&eacute;s de esa figura, busca explicar la confusi&oacute;n que siente.</p>
<p>No es casual que la &uacute;nica pieza que exalt&oacute; a Guillermo a lo largo de su relaci&oacute;n matrimonial llevara el nombre de una mascarada: el <em>Carnaval</em>, de Schumann. Pitol, que a&ntilde;os despu&eacute;s dedicar&iacute;a una trilog&iacute;a novel&iacute;stica al tema, prosigue su baile de m&aacute;scaras. Torres siente un contacto el&eacute;ctrico con el pianista; percibe la belleza masculina y el transgresor erotismo de que emerge del teclado sin poder precisar sus emociones. Envidia la libertad de Tolstoi para exaltar el cuerpo de un var&oacute;n. Incapaz de alcanzar ese registro, toma prestada una frase de su esposa y describe al virtuoso como un fauno que acabara de hacer el amor. Transfiguraci&oacute;n de los sexos: la mujer de cuerpo andr&oacute;gino aporta una clave mitol&oacute;gica para definir lo que su marido siente ante el pianista.</p>
<p>En Pitol todo es inagotable: varias posibilidades se insin&uacute;an. &iquest;Guillermo experimenta una atracci&oacute;n homoer&oacute;tica o envidia al fauno que suda despu&eacute;s de copular con una rubicunda mujer digna del Veronese? &ldquo;Dos almas, &iexcl;ay!, anidan en mi cuerpo, y la una pugna por separarse de la otra&rdquo;, exclama el Fausto de Goethe. Lo decisivo, en el caso de Guillermo, es que el <em>Vals de Mefisto</em> le revela un deseo perturbador y definitivo. Lo sugerente es que no sabemos esto por el relato, bastante plano, que &eacute;l escribe, sino por la lectura que de &eacute;l hace su mujer, es decir, por el relato magistral que escribe Sergio Pitol. Mientras el pianista interpreta &ldquo;Mephisto-Waltzer&rdquo;, su mujer, abogado del diablo, interpreta a Guillermo.</p>
<p>El juego de espejos que se ha puesto en marcha alcanza un momento de condensaci&oacute;n. La m&uacute;sica custodia una zona de silencio, un secreto que no se reverla pero se insin&uacute;a: ante el pianista sudoroso, tocado por la gracia y la adoraci&oacute;n del p&uacute;blico, Guillermo habla como su mujer; por un momento, <em>es</em> <em>ella</em>.</p>
<p>Luego se distancia de esta atracci&oacute;n y la desplaza a otro personaje, oculto en un palco. Un hombre mayor observa al joven talento. En su papel de avatar de Guillermo, Manuel Torres piensa en alternativas que podr&iacute;an justificar una trama. Imagina a un viejo militar que abomina de la bohemia profesi&oacute;n de su nieto y asiste al concierto para repudiarlo. O quiz&aacute; se trate de un maestro de m&uacute;sica, ya muy enfermo, que contempla por &uacute;ltima vez a su alumno predilecto. Puede haber otra opci&oacute;n, m&aacute;s compleja. Un hombre decide envenenar a su esposa, que le es infiel. Planea con cuidado un asesinato lento, imperceptible. Le da una dosis m&iacute;nima de toxinas y ella comienza a padecer un malestar; los m&eacute;dicos ignoran de qu&eacute; se trata, &eacute;l finge mimarla mientras ella empalidece. Durante esa dilatada agon&iacute;a ella no deja de tocar &ldquo;Mephisto-Waltzer&rdquo;. Finalmente muere. El concierto ocurre cuando &eacute;l ya es un anciano. La melod&iacute;a le recuerda su crimen. Esta tercera variante se ubica en Barcelona; las atm&oacute;sferas Sezession de Viena se trasladan al modernismo catal&aacute;n. Durante el concierto, el asesino piensa que acaso supo que era envenenada y toc&oacute; aquella m&uacute;sica como un sacrificio a plazos. Quiz&aacute; eso explique la &ldquo;mirada cadav&eacute;rica del anciano que contempla al pianista tiene una carga de voluptuosidad y otra igualmente poderosa de odio&rdquo;. Eros y Tanatos. El amante despechado no depuso su pasi&oacute;n; la convirti&oacute; en ultraje.</p>
<p>La mujer de Guillermo ha tomado un somn&iacute;fero y su cuerpo pierde fuerza mientras lee. Su marido no ha escrito una historia sino las tres posibilidades de una historia. En forma t&iacute;pica, no se decide por ninguna de ellas y entrega el desenlace a la parda normalidad de la vida. &ldquo;La realidad es rica en golpes bajos, no en grandes haza&ntilde;as&rdquo;, advierte Guillermo. El narrador que lo representa en el relato aprovecha el intermedio del concierto para pasear por la sala. Encuentra al anciano en el vest&iacute;bulo y presencia los honores que le tributan. Se trata de un hombre famoso, un c&eacute;lebre director de orquesta que a&ntilde;os atr&aacute;s descubri&oacute; al pianista, lo convirti&oacute; en su favorito y luego en su amante. Una vulgar historia de amor y manipulaci&oacute;n, ya imposible por la diferencia de edad, s&oacute;lo prolongada a trav&eacute;s de la m&uacute;sica.</p>
<p>La tres variantes imaginadas eran m&aacute;s atractivas que el desenlace real. La vida, en efecto, es rica en golpes bajos. El encanto se disuelve. As&iacute; termina Guillermo su relato. &ldquo;Para ella, la parte m&aacute;s interesante comenzaba en el punto donde su marido cerraba el relato&rdquo;, escribe Pitol. El cuento decepciona, ahogado por esa soluci&oacute;n com&uacute;n. Una historia previsible sobre las debilidades del cuerpo.</p>
<p>El desenlace de Pitol es muy superior al de Guillermo, pero no depende de agregar una acci&oacute;n, sino de la mirada de la mujer que lee el relato. &iquest;Qu&eacute; es lo que ella entiende? La impotencia de su marido, no s&oacute;lo para concluir el texto, sino para expresar su deseo.</p>
<p>En esta singular versi&oacute;n del pacto f&aacute;ustico, Guillermo no tiene a qui&eacute;n vender su alma o, peor a&uacute;n, no sabe qu&eacute; pedir a cambio de ella. No elige y esa es su tragedia; no elige. &ldquo;La verdadera pasi&oacute;n s&oacute;lo se encuentra en la ambig&uuml;edad y la iron&iacute;a&rdquo;, le dice el Diablo a Adri&aacute;n Leverk&uuml;hn en <em>Doktor Faustus</em>. Pero tambi&eacute;n la ambig&uuml;edad debe ser elegida. Por eso, el propio Leverk&uuml;hn&nbsp; le dice a su bi&oacute;grafo Serenus Zeitblom: &ldquo;la m&uacute;sica es la ambig&uuml;edad erigida en sistema&rdquo;. A diferencia del personaje de Thomas Mann, Guillermo carece de voluntad para escoger o para aceptar dos <em>alternativas</em>. Es el indeciso que no opta por una cosa o dos cosas a la vez, sino que las cancela una a una. No sabr&iacute;amos esto si no fuera observado por su mujer. La lectora de &ldquo;Mephisto-Waltzer&rdquo; es uno de los personajes m&aacute;s sugerentes de la literatura. No habla, no act&uacute;a: interpreta.</p>
<p>El giro fundamental del relato consiste en hacer depender el cuento de la pasajera que lo lee mientras viaja en tren. Este papel se hace extensivo al lector externo de la historia. En sus <em>Lecciones de literatura rusa</em>, Nabokov se&ntilde;ala que el mayor personaje que puede construir un escritor es su lector. La fuerza de un universo narrativo se mide por la necesidad de ser le&iacute;do de otro modo. Pitol construye sucesivas capas de sentido, analizadas por la lectora ficticia del relato, hasta desembocar en el lector real, &uacute;ltimo protagonista de la trama, el testigo que entiende lo que ella descubri&oacute; en el texto.</p>
<p>La mujer abandona la revista. Ha le&iacute;do un relato fallido. En esas p&aacute;ginas entrevi&oacute; &ldquo;algo que en alg&uacute;n momento tuvo que ver con el amor&rdquo; y que le permite cerrar un episodio de su vida.</p>
<p>El tren avanza, el somn&iacute;fero ha surtido efecto, aunque no tanto como la lectura. Reconciliada con su soledad, la mujer deja de buscar conexiones mentales y siente la caricia de la piyama de seda. &ldquo;Sumida en una torpeza que no deja de serle agradable&rdquo;, se entrega a la realidad del sue&ntilde;o.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 17 Apr 2018 06:17:16 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El gran laberinto del mundo ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-gran-laberinto-del-mundo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2018/friedrich500.jpg" alt="" /></p>
<p>Buen conocedor desde la infancia del Antiguo Testamento y de las historias de la mitolog&iacute;a cl&aacute;sica, guiado en la escritura por el di&aacute;logo plat&oacute;nico de la caverna, a partir de cuya lectura decidi&oacute; dedicarse a la literatura y encontrar en ella par&aacute;bolas para comprender la realidad, el oscuro laberinto en el que habitaba el minotauro pronto se convirti&oacute; en el s&iacute;mbolo m&iacute;tico del mundo para el que sin duda contin&uacute;a siendo a d&iacute;a de hoy el dramaturgo de mayor peso en las letras alemanas de entre todos aquellos que siguieron la estela brechtiana. El hombre preso en un entorno complejo y confuso, del que no puede salir en modo alguno, se convirti&oacute; as&iacute; en sus textos en el protagonista principal de un vasto conjunto literario que, a pesar de su apariencia heterog&eacute;nea, se caracteriza precisamente por su unidad, ya se trate de piezas teatrales, relatos, novelas, ensayos, guiones radiof&oacute;nicos, aforismos o poemas, a los que habr&iacute;a que a&ntilde;adir un buen n&uacute;mero de reelaboraciones de obras de autores cl&aacute;sicos, guiones cinematogr&aacute;ficos, conferencias y discursos. El enfrentamiento con la realidad de ese mundo laber&iacute;ntico tal como es y c&oacute;mo podr&iacute;a ser, esto es, las diferentes posibilidades que se abren al individuo para enfrentarse con &eacute;l, conforman una dial&eacute;ctica existencial que es, en realidad, el hilo conductor de la literatura (y la pintura) de Friedrich D&uuml;rrenmatt, cuyos textos, de una forma cada d&iacute;a m&aacute;s novedosa, sin que se perciba un &aacute;pice el paso del tiempo, nos transmiten un mensaje de rigurosa actualidad.</p>
<p>Entre la primera y la &uacute;ltima obra teatral de este escritor suizo (16 en total) se extiende, pues, todo ese gran laberinto del mundo que es su dramaturgia, su pensamiento. La constelaci&oacute;n b&aacute;sica apenas cambia y se reduce a la experiencia hombre frente a mundo en sus m&aacute;s diversas variaciones, las cuales van aumentando y torn&aacute;ndose m&aacute;s ricas, haciendo de este conjunto una especie de <em>work in progress</em> que permite a su autor volver una y otra vez sobre sus temas: de<em> R&oacute;mulo</em> existen al menos cuatro versiones, de <em>Achterloo</em> las variaciones II, III y IV, as&iacute; como el <em>Protocolo de una puesta en escena ficticia</em>, <em>La aver&iacute;a</em> pas&oacute; de relato a guion radiof&oacute;nico y luego a comedia. Tambi&eacute;n hay piezas que anduvieron el camino contrario: <em>H&eacute;rcules y el establo de Aug&iacute;as</em> pas&oacute; de guion radiof&oacute;nico a pieza teatral, <em>La promesa </em>de guion cinematogr&aacute;fico a novela, <em>Griego busca griega</em> de novela a guion cinematogr&aacute;fico, <em>La visita de la vieja dama</em> de drama a guion televisivo, <em>El matrimonio del se&ntilde;or Mississippi</em> de drama a versi&oacute;n cinematogr&aacute;fica, por mencionar tan solo algunas de las m&uacute;ltiples posibilidades de variaci&oacute;n, a trav&eacute;s de las cuales nunca dej&oacute; de reflejar y confirmar una forma de sentir y experimentar el entorno aprehendida ya en los a&ntilde;os de la infancia en Konolfingen, su localidad natal situada en la regi&oacute;n del valle del Emme, muy anclada en sus tradiciones y en su pasado, y en la cual tuvieron lugar sus primeras vivencias: &laquo;La historia de mi escritura es la historia de mis temas. Los temas, sin embargo, son impresiones transformadas. Uno escribe como hombre completo, no como literato o como gram&aacute;tico, todo est&aacute; relacionado porque todo se relaciona, todo puede ser igual de importante, de determinante, a menudo suplementario, insospechado. [&hellip;] Como producto de su entorno que es, uno tiene que reconocerlo, pues las impresiones m&aacute;s decisivas son las que se viven en la juventud&raquo;<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>.</p>
<p>Y as&iacute;, ya sea Ad&aacute;n en su primera obra, el conde en <em>El ciego, </em>Knipperdollinck en <em>Est&aacute; escrito</em>, o R&oacute;mulo, o M&ouml;bius en <em>Los f&iacute;sicos</em>, Ill en <em>La visita de la vieja dama</em> o Mississippi, Saint-Claude y &Uuml;belohe en <em>El matrimonio del se&ntilde;or Mississippi</em>, o, por cerrar de alg&uacute;n modo esta enumeraci&oacute;n, Doc, Bill y Cop en <em>El colaborador</em>, todos son reflejos de individuos presos entre los espejos del laberinto en el que pace el minotauro. El mundo entero es un laberinto y el hombre, all&iacute; encerrado, no sabe c&oacute;mo escapar de &eacute;l, de su soledad porque no encuentra un camino hacia los otros que, en realidad, no son m&aacute;s que reflejos de s&iacute; mismo. El laberinto est&aacute; en todas partes, incluso en los espacios m&aacute;s reducidos; todo es extrapolable y todo ofrece en la misma medida una visi&oacute;n clara de la confrontaci&oacute;n entre el mundo como es y las posibilidades que el hombre tiene a mano para hacerle frente. La dial&eacute;ctica que subyace tras la producci&oacute;n de Friedrich D&uuml;rrenmatt es, por tanto, de car&aacute;cter existencial, y por ello precisamente capaz de transformarse sin cesar haciendo de ella un todo que responde al intento continuo de afirmar el mundo frente a un minotauro para el que no existen suficientes Teseos, dominado por un escepticismo que lleva al lector a percatarse r&aacute;pidamente de que nunca es posible conocer la realidad como tal, sino tan solo sus sombras, como en la caverna plat&oacute;nica. La realidad es, adem&aacute;s, cambiante, y esta eterna variaci&oacute;n, unida al desarrollo de la ciencia y de la t&eacute;cnica genera una y otra vez im&aacute;genes tambi&eacute;n cambiantes y, por ende, nuevas par&aacute;bolas, tal como el propio autor lo definiera ya en 1959 en su discurso de agradecimiento por la concesi&oacute;n del Premio Schiller: &laquo;El punto decisivo en el arte dram&aacute;tico est&aacute; en encontrar una trama po&eacute;tica. De ese modo, la dramaturgia se convierte en un intento de configurar un mundo con modelos siempre nuevos que exigen a su vez nuevos modelos&raquo;<a title="" href="#_ftn2">[2]</a>.</p>
<p>Nacido en 192l, fue su padre, p&aacute;rroco protestante, quien inici&oacute; al futuro escritor en el mundo mitol&oacute;gico que a posteriori le servir&iacute;a de inspiraci&oacute;n y que determinar&iacute;a su biograf&iacute;a al igual que el resto de impresiones de la infancia, como la visi&oacute;n de los despieces en la carnicer&iacute;a que hab&iacute;a junto a la parroquia o las obras de los tres pintores que resid&iacute;an en el pueblo. El peque&ntilde;o D&uuml;rrenmatt pos&oacute; para uno de ellos; este, a cambio, le regal&oacute; unos cartones, en los que el futuro escritor dibuj&oacute; sus primeras batallas a la manera de las que hab&iacute;a visto en una edici&oacute;n ilustrada de las obras de Shakespeare que su padre ten&iacute;a en casa, y tambi&eacute;n un diluvio universal. En la pintura y en la literatura encontr&oacute; pronto sus dos grandes pasiones y, a la vista de sus malos resultados en la escuela, decidi&oacute; ya con catorce a&ntilde;os, cuando su padre fue trasladado a Berna al hospital de Salem, que lo &uacute;nico que quer&iacute;a era ser pintor, pero el juicio de un experto que vio en sus dibujos demasiada fantas&iacute;a, hizo que desistiera de ello y se dedicara a estudiar Filosof&iacute;a. Siempre se arrepinti&oacute; de aquella decisi&oacute;n.</p>
<p>D&uuml;rrenmatt empez&oacute; sus estudios en la Universidad de Berna, pero pronto se trasladar&iacute;a a la de Z&uacute;rich. All&iacute;, m&aacute;s que asistir a clase, pasaba el tiempo con amigos y en el estudio del pintor Walter Jonas, gracias a quien conoci&oacute; a los expresionistas y a escritores que causar&iacute;an en &eacute;l una profunda impresi&oacute;n, como Georg Heym o Franz Kafka. D&uuml;rrenmatt empez&oacute; a escribir y colg&oacute; en la puerta de su habitaci&oacute;n de estudiante un letrero en el que se le&iacute;a: &laquo;Friedrich D&uuml;rrenmatt. Escritor nihilista&raquo;. Pero precisamente all&iacute;, en la Universidad de Z&uacute;rich, nacer&iacute;a tambi&eacute;n su gran aversi&oacute;n hacia la teor&iacute;a literaria, de manera que regres&oacute; a Berna para concluir sus estudios centr&aacute;ndose exclusivamente en dos autores: Kierkegaard y Plat&oacute;n. Nunca empez&oacute; la tesis doctoral que planeaba llevar a cabo sobre Kierkegaard y lo tr&aacute;gico, pero el &uacute;ltimo semestre de clase madur&oacute; su decisi&oacute;n de convertirse en escritor.</p>
<p>El joven estudiante D&uuml;rrenmatt vivi&oacute; la guerra y el terror fascista en Europa a trav&eacute;s de la prensa, la radio y un programa de televisi&oacute;n semanal. Durante ese tiempo escribi&oacute; historias de cataclismos, de muerte, del fin del mundo. El primer texto que se ha conservado de aquella &eacute;poca lleva por t&iacute;tulo <em>Weihnacht</em> (<em>Navidad</em>, 1942), un breve esbozo en prosa de 28 frases breves, en el que un caminante encuentra en la nieve al Ni&ntilde;o Jes&uacute;s muerto. A comienzos de 1943 compone <em>Der Folterknecht (El torturador)</em>, en el que describe una c&aacute;mara de tortura, que no es otra cosa que el mundo, y al torturador, que no es otro que Dios. Todo alrededor es guerra y destrucci&oacute;n, y precisamente como comedia del fin del mundo define el autor su primera obra de teatro: <em>Untergang und neues Leben (Final y nueva vida)</em>, un trabajo que hab&iacute;a empezado en 1941 y en el que la m&aacute;quina del fin del mundo acaba haci&eacute;ndose independiente y cobrando vida propia. Tambi&eacute;n los dibujos de aquellos a&ntilde;os de guerra est&aacute;n plagados de torturadores y torturados, tullidos, bebedores, jueces, prostitutas, esqueletos, jinetes apocal&iacute;pticos, fantasmas, individuos animalizados y animales humanizados, todo un pan&oacute;ptico que se desplegar&aacute; con el curso de los a&ntilde;os en el conjunto de su producci&oacute;n literaria. Pero la primera obra que D&uuml;rrenmatt ve publicada es el relato <em>Der Alte (El anciano)</em>, que vio la luz en el peri&oacute;dico bern&eacute;s <em>Der Bund</em> en 1945: un peque&ntilde;o pa&iacute;s (&iquest;Suiza?) se ve amenazado por una fuerza de gigantesco armamento (&iquest;el fascismo alem&aacute;n?) que pisotea todas sus libertades y derechos. El anciano (el dictador) es la personificaci&oacute;n de la falta de Dios, de la negaci&oacute;n de todo valor humano. A pesar de que est&aacute; solo y aislado, su poder es enorme y sabe que esa fuerza que representa no acabar&aacute; siquiera con su muerte. El resto de relatos que D&uuml;rrenmatt publica ese mismo a&ntilde;o gira en torno a los mismos motivos y presenta el mundo como un teatro, el gran teatro del mundo que, en realidad, no es m&aacute;s que un enorme laberinto en el que el hombre est&aacute; perdido, un reflejo de la ausencia de esperanzas que ha provocado la guerra. La culpa, otro de los temas que dominar&aacute;n su producci&oacute;n posterior, aparece ya esbozado aqu&iacute;: tan solo se necesita un culpable para que todos los sean.</p>
<p>Al a&ntilde;o siguiente D&uuml;rrenmatt conoce a la actriz Lotti Geissler. Ese mismo a&ntilde;o contraen matrimonio y se trasladan a Basilea; unos meses despu&eacute;s, el 19 de abril de 1947, el mismo a&ntilde;o en el que vendr&iacute;a al mundo su primer hijo, Peter, se estrena en el Schauspielhaus de Z&uacute;rich la obra con la que se iniciar&aacute; su consagraci&oacute;n como dramaturgo: <em>Es steht geschrieben (Est&aacute; escrito)</em>. La pieza se centra en el conocido juicio de los anabaptistas de M&uuml;nster, un episodio de muerte y destrucci&oacute;n ideol&oacute;gica, a trav&eacute;s del que el autor enfrenta al espectador con su concepci&oacute;n barroca del teatro del mundo, con su propia concepci&oacute;n nihilista y pesimista de la vida.</p>
<p>Tras el fracaso de una nueva obra, <em>Der Blinde (El ciego)</em>, la familia pas&oacute; por serias dificultades econ&oacute;micas y se vieron obligados a trasladarse a casa de la madre de Lotti, en las proximidades del lago de Biel. Con el teatro de Basilea D&uuml;rrenmatt hab&iacute;a comprometido ya una nueva pieza, <em>Der Turmbau zu Babel (La torre de Babel)</em>, que pod&iacute;a aportarle una clara mejora de su situaci&oacute;n, pero, tras haber escrito cuatro largos actos, no se sent&iacute;a satisfecho y, aunque la obra ya hab&iacute;a sido anunciada y cr&iacute;tica y p&uacute;blico esperaban expectantes, le dio las hojas a su esposa para que las echara a la lumbre y no consigui&oacute; preparar nada. No obstante, ese mismo invierno, mientras iba y ven&iacute;a por leche a la granja vecina y conversaba con los campesinos, concibi&oacute; las que habr&iacute;an de ser las cuatro frases finales de cuatro actos (&laquo;Roma tiene un emperador vergonzoso&raquo;, &laquo;Hay que echar al emperador&raquo;, &laquo;Si los germanos est&aacute;n aqu&iacute;, que pasen&raquo;, &laquo;Y as&iacute; el imperio romano dej&oacute; de existir&raquo;) y con ellas la idea de la obra con la que verdaderamente dar&iacute;a el salto a la escena internacional: <em>Romulus der Grosse (R&oacute;mulo el Grande)</em>.</p>
<p>Durante 20 a&ntilde;os R&oacute;mulo ha regido (o mejor dicho no ha regido) los destinos del imperio romano y los germanos han ido conquist&aacute;ndolo pedazo a pedazo. El emperador se dedica a criar gallinas y sus &eacute;xitos en este terreno le importan m&aacute;s que el propio imperio. Nadie tolera esta situaci&oacute;n, ni siquiera su hija, que est&aacute; dispuesta a casarse con un comerciante de origen germano a fin de que este utilice su dinero para salvar Roma del ataque de los b&aacute;rbaros. Pero R&oacute;mulo se opone al matrimonio. Un intento de acabar con su vida fracasa y Odoacro, el rey de los germanos, un tipo de buen car&aacute;cter, como R&oacute;mulo, est&aacute; ya a las puertas de la ciudad imperial. El emperador y el rey se entienden bien. Odoacro le ofrece a R&oacute;mulo la regencia de Germania, para que los germanos se moderen y frenen sus deseos de tantas conquistas, aunque en el fondo teme que surja una segunda Roma, un imperio germ&aacute;nico igual de perecedero y sangriento que el romano. Pero en contra de lo que ser&iacute;a de esperar, R&oacute;mulo rechaza el ofrecimiento, y D&uuml;rrenmatt demuestra una vez m&aacute;s que el hombre no tiene influjo alguno en el curso de la Historia: es tan solo un instrumento, una marioneta del destino. As&iacute;, tras veinte a&ntilde;os de inactividad, R&oacute;mulo se jubila. Su familia se ahoga al hundirse el barco en el que huyen a Sicilia y R&oacute;mulo se queda con sus gallinas. Dos idealistas han querido jugar a manejar el destino, pero se han encontrado con un sinf&iacute;n de impedimentos, porque la realidad corrige cualquier idea.</p>
<p>La obra se represent&oacute; el 23 de abril de 1949 en Basilea y ese mismo a&ntilde;o se llev&oacute; a escena en diferentes teatros de habla alemana. A pesar de que la cr&iacute;tica reaccion&oacute; mal ante los muchos anacronismos, la pieza dej&oacute; claro que el teatro de D&uuml;rrenmatt entraba de lleno en los problemas que m&aacute;s acuciaban a la sociedad (y por ende, al individuo) respecto de su responsabilidad hist&oacute;rica planteando una cuesti&oacute;n definitiva a la vez que inc&oacute;moda: &iquest;es que acaso tenemos derecho a defendernos excusando nuestros actos con nuestra propia historia?</p>
<p>Los problemas que acuciaban a D&uuml;rrenmatt ese a&ntilde;o eran de tipo econ&oacute;mico: Lotti, poco antes de dar a luz a Barbara, la segunda hija del matrimonio, hubo de ser ingresada en una cl&iacute;nica; &eacute;l mismo tambi&eacute;n poco despu&eacute;s a consecuencia de su diabetes. La casa de los suegros resultaba muy peque&ntilde;a y los D&uuml;rrenmatt tuvieron que alquilar una cerca de all&iacute;, en Ligerz, junto al lago de Biel. La familia se encontraba ante una cat&aacute;strofe financiera. D&uuml;rrenmatt pens&oacute; entonces en volver a la prosa y unos meses despu&eacute;s la revista <em>Der schweizerische Beobachter</em> le ofreci&oacute; un anticipo a cambio de una novela por entregas. Y as&iacute;, mientras segu&iacute;a concibiendo sus <em>Problemas teatrales</em> y le daba vueltas a los primeros actos de <em>El matrimonio del se&ntilde;or Mississippi</em>, fue dando forma a la primera de sus novelas polic&iacute;acas, el otro gran g&eacute;nero que, con el tiempo, le dar&iacute;a fama internacional. <em>Der Richter und sein Henker (El juez y su verdugo)</em>, una aut&eacute;ntica obra maestra, vio la luz en ocho entregas entre el 15 de diciembre de 1950 y el 31 de marzo de 1951. Siguiendo la estela de Friedrich Glauser, D&uuml;rrenmatt supo dar continuaci&oacute;n a un tipo de novela polic&iacute;aca caracter&iacute;stico de las letras helv&eacute;ticas, con un elevado componente psicol&oacute;gico, que hace que la acci&oacute;n se desarrolle en realidad en la cabeza del encargado del caso m&aacute;s que en los hechos relatados por el narrador. As&iacute; es como el inspector B&auml;rlach es capaz de percibir que ha sido su subordinado Tschanz el que ha asesinado a su colega Schmied, movido &uacute;nicamente por la envidia. Muy astutamente, B&auml;rlach encarga el caso a Tschanz, que habr&aacute; de encontrar al asesino, esto es, a s&iacute; mismo. Pero tras este encargo hay algo mucho m&aacute;s sutil: la apuesta sellada treinta a&ntilde;os atr&aacute;s entre B&auml;rlach y Gastmann, un criminal al que el comisario a&uacute;n no ha podido atrapar, pues sabe que la mayor&iacute;a de los delitos acaban sin poder resolverse y que, de hacerlo, solo es porque la casualidad, el azar, entra en juego. Para demostr&aacute;rselo, Gastmann comete en presencia del comisario un asesinato que este es incapaz de demostrar. B&auml;rlach, ahora enfermo terminal, sabe que solo podr&aacute; hacerse justicia si se recurre a la ilegalidad y con ello pone de cabeza el orden de valores que determina el g&eacute;nero y que subsume el bien en el inspector y el mal en el delincuente. B&auml;rlach ha de servirse del mal para acabar con el mal, se convierte en culpable y utiliza a los individuos como figuras de ajedrez, previsibles y calculables. B&auml;rlach gana la apuesta, pero solo porque la casualidad viene en su ayuda y encuentra una bala de rev&oacute;lver en el lugar de los hechos, lo que contribuye a desmontar la estructura sobre la que se engarza la novela polic&iacute;aca tradicional, que trata de reconstruir los hechos teniendo en cuenta que el ser humano act&uacute;a siempre de una forma claramente previsible. De este modo B&auml;rlach se convierte en juez y Tschanz en su verdugo, que, sin querer, dar&aacute; muerte a Gastmann y se convertir&aacute; en la mano ejecutora del mal necesario para restituir el bien.</p>
<p>Tambi&eacute;n en <em>Der Verdacht </em>(<em>La sospecha</em>, 1952) el comisario B&auml;rlach es el encargado de llevar el caso: mientras est&aacute; en el hospital recuper&aacute;ndose de una intervenci&oacute;n quir&uacute;rgica, B&auml;rlach ve en la portada de una revista de 1945 una foto del campo de concentraci&oacute;n de Stutthof, en las cercan&iacute;as de Danzig. En ella aparece el doctor Nehle, la encarnaci&oacute;n del fascismo m&aacute;s s&aacute;dico, que promet&iacute;a a sus pacientes la liberaci&oacute;n si permit&iacute;an ser operados sin anestesia. En el Dr. Emmenberger, propietario y director de una cl&iacute;nica suiza, a la que acuden pacientes de alto nivel social, B&auml;rlach cree reconocer a Nehle. Ingresado en la cl&iacute;nica, el comisario piensa en desenmascararlo y concluir as&iacute; su vida laboral con un golpe maestro, pero, como es costumbre en el cuerpo de polic&iacute;a, el peri&oacute;dico publica una foto suya para anunciar su jubilaci&oacute;n, y ahora es Emmenberger, en una acci&oacute;n refleja, quien reconoce a B&auml;rlach y le hace caer en su trampa. Sin poder moverse, B&auml;rlach espera en el quir&oacute;fano en el que, a la ma&ntilde;ana siguiente, ser&aacute; operado sin anestesia. Las conversaciones con Emmenberger y con la Dra. Marlok, su c&oacute;mplice, una convencida comunista que hubo de sufrir los horrores del Estado sovi&eacute;tico y, desde entonces, ha perdido todo ideal, constituyen algunos de los puntos &aacute;lgidos de la dramaturgia de D&uuml;rrenmatt, en un debate sobre el bien y el mal en el que B&auml;rlach ha de enfrentarse a la misma cuesti&oacute;n que se le planteara en el caso de Gastmann: &iquest;es posible justificar su trabajo, capturar delincuentes, creyendo en el bien? B&auml;rlach acusa a Emmenberger de ser un nihilista, pero este le demuestra que, en realidad, todo es casualidad, que &uacute;nicamente esta rige los destinos del mundo y el individuo est&aacute; vendido a ella, sin esperanza ninguna de poder variarlo. Pero, para B&auml;rlach, la casualidad no justifica en modo alguno las debilidades humanas o los delitos, sino la forma en la que el ser humano reacciona ante ella. Emmenberger ve rid&iacute;culo creer en el humanismo, en tratar de conseguir el bien de la humanidad. Con ayuda de Gulliver, una v&iacute;ctima de Emmenberger, a quien B&auml;rlach conoce desde hace muchos a&ntilde;os, el comisario consigue escapar una vez que el doctor ha muerto a manos de este, convencido &eacute;l tambi&eacute;n de que el individuo por s&iacute; solo no puede conseguir cambiar nada.</p>
<p>Un a&ntilde;o antes, en 1951 hab&iacute;a venido al mundo Ruth, la tercera hija del matrimonio. La vivienda vuelve a resultar peque&ntilde;a y, sin demasiados recursos econ&oacute;micos, deciden comprar al a&ntilde;o siguiente una casa en las afueras de Neuch&acirc;tel, que posteriormente sufrir&iacute;a varias ampliaciones y en la que la familia residir&iacute;a ya el resto de sus d&iacute;as.</p>
<p>Con el t&iacute;tulo de <em>Die Stadt (La ciudad)</em> D&uuml;rrenmatt public&oacute;, tambi&eacute;n en 1952, un volumen de relatos que pronto se convirti&oacute; en el &eacute;xito de ventas de la editorial Die Arche. Conten&iacute;a un total de ocho: el primero <em>Weihnacht (Navidad)</em> de 1942, el &uacute;ltimo <em>Pilatus (Pilatos)</em> de 1946. La serie comenzaba, pues, con el Ni&ntilde;o Jes&uacute;s congelado en la nieve y terminaba con Cristo crucificado. En este &uacute;ltimo texto, la pasi&oacute;n de Cristo es contada desde la perspectiva de Poncio Pilatos, quien reconoce enseguida que el prisionero que est&aacute; ante &eacute;l es un dios. Pero Pilatos tiene un concepto muy diferente de lo que ha de ser una divinidad, pues espera de tal una especie de h&eacute;roe griego, capaz de situarse majestuosamente por encima de la humanidad. De ah&iacute; que sea incapaz de comprender que un hombre humillado pueda serlo y, para hacer que, frente a una situaci&oacute;n de indefensi&oacute;n, salga a la luz ese h&eacute;roe que &eacute;l espera en todo dios, ordena que lo crucifiquen. Pero el h&eacute;roe no aparece y en la cruz no ve m&aacute;s que a un hombre destrozado. Sin embargo, tres d&iacute;as m&aacute;s tarde, al ver el sepulcro vac&iacute;o, se da cuenta de que lo ha tenido todo ante sus ojos y no ha visto nada, porque entre dios y la humanidad no hay m&aacute;s forma de entendimiento que la muerte.</p>
<p>De una manera un tanto similar concluye el relato <em>Der Tunnel (El t&uacute;nel)</em>. El tren de las 17:50 h. entra en un t&uacute;nel que no tiene fin. Sin que el personal encuentre una explicaci&oacute;n, el tren se adentra cada vez m&aacute;s en el interior de la tierra, m&aacute;s r&aacute;pido y m&aacute;s cuesta abajo a cada minuto. El conductor salta del tren, el revisor se desespera y hace lo mismo. Mientras tanto, los pasajeros, ajenos a todo, leen, juegan al ajedrez, brindan unos con otros, conversan o r&iacute;en. Ante su propia muerte, la humanidad se comporta con absoluta indiferencia.</p>
<p>El relato que da t&iacute;tulo al volumen est&aacute; escrito a partir del mito de la caverna plat&oacute;nica. El narrador es un vigilante en una prisi&oacute;n excavada bajo tierra, con un puesto asignado en un rinc&oacute;n. Prisioneros y vigilantes llevan los mismos uniformes. Desesperado ante la duda de no saber si &eacute;l es un preso o un vigilante pasa el tiempo en el pasillo, bajo el reflejo de la luz fosforescente, rodeado de sombras. &iquest;Qu&eacute; es realidad, qu&eacute; ilusi&oacute;n? &iquest;Est&aacute; preso o est&aacute; libre? No est&aacute; atado, como el personaje plat&oacute;nico, pero ante la idea de subir a hablar con sus superiores para confirmar la realidad, duda, pues no quiere resultar molesto por hacer preguntas desagradables y sin sentido, as&iacute; que trata de buscar una respuesta observando las luces y las sombras, y pensando. El texto no tiene un final cerrado, pues la tem&aacute;tica es recurrente en la producci&oacute;n de D&uuml;rrenmatt y, en efecto, volver&aacute; a ella en varias ocasiones, como en el relato <em>Aus den Papieren eines W&auml;rters (De los papeles de un vigilante)</em>.</p>
<p>Tambi&eacute;n en 1952 tuvo lugar el estreno en M&uacute;nich de <em>Die Ehe des Herrn Mississippi (El matrimonio del se&ntilde;or Mississippi)</em>. Es la historia de tres hombres que quieren cambiar un mundo, en el que la injusticia y el caos han aumentado de manera m&aacute;s que considerable. El primero hab&iacute;a encontrado cuando era peque&ntilde;o un Antiguo Testamento en un mont&oacute;n de basura; el segundo <em>El capital </em>de Karl Marx en el bolsillo de un chulo asesinado; el tercero quer&iacute;a salvar el mundo con amor, pues su t&iacute;a, la princesa Amalie, lo hab&iacute;a educado como un buen cristiano. El primero es Florestan Mississippi, un abogado fan&aacute;tico de la justicia y predicador de la moral, y muy orgulloso de haber conseguido 350 sentencias de pena de muerte. El adulterio tambi&eacute;n se castiga con la misma pena seg&uacute;n la ley del Antiguo Testamento, por ello Mississippi envenena a su esposa tras comprobar que le ha sido infiel. La justicia absoluta le obliga a esta ejecuci&oacute;n privada, al margen de la ley oficial. El tercero regresa derrotado de Borneo, donde en su calidad de m&eacute;dico ha tratado de salvar a ni&ntilde;os reci&eacute;n nacidos siguiendo los preceptos de Albert Schweitzer, sin &eacute;xito ninguno. Los tres hombres fracasan en su intento de cambiar el mundo. Entre ellos est&aacute; Anastasia, la divertida viuda de un fabricante de az&uacute;car de remolacha. Ha sido amante del segundo, el revolucionario Saint-Claude, asesinado por sus propios compa&ntilde;eros tras el fracaso de la revoluci&oacute;n. Todos la quieren y ella los quiere a todos, pero tambi&eacute;n ella ha envenenado a su marido, no por un sentido sublime de la justicia, sino por celos. Lo ha hecho con el mismo veneno que Mississippi, y a ambos se lo ha vendido la misma persona. El abogado lo sabe, pero el fabricante de az&uacute;car ha enga&ntilde;ado a Anastasia precisamente con la mujer de Mississippi. El c&iacute;rculo est&aacute; cerrado (desde el punto de vista dramat&uacute;rgico), y le sigue el giro inesperado que caracteriza todas las obras del autor: nada m&aacute;s enterrar ambos cad&aacute;veres, el asesino pide a la asesina en matrimonio, aun a sabiendas de que act&uacute;a contra la ley y ha de ser castigado, pero ella asiente, pues ha de casarse con &eacute;l para expiar su propio delito. Al final los dos se envenenan mutuamente. La conversaci&oacute;n entre Mississippi y Anastasia se convirti&oacute; r&aacute;pidamente en una de las escenas m&aacute;s alabadas del teatro moderno y ciment&oacute; la fama de D&uuml;rrenmatt gracias a lo agudo de su lenguaje y a la genialidad de las acotaciones. El &eacute;xito de la puesta en escena no se hizo esperar y la obra se represent&oacute; en numerosos teatros de habla alemana, pero los problemas econ&oacute;micos continuaban y D&uuml;rrenmatt se vio obligado a escribir guiones radiof&oacute;nicos para poder paliarlos m&iacute;nimamente. De ellos saldr&iacute;an despu&eacute;s algunos de sus grandes &eacute;xitos teatrales: <em>Der Prozess um des Esels Schatten (Proceso por la sombra de un burro)</em>, <em>Herkules und der Stall des Augias (H&eacute;rcules y el establo de Aug&iacute;as)</em> y <em>Die Panne (La aver&iacute;a)</em>, entre otros. En el primero, D&uuml;rrenmatt exagera lo grotesco de la trama hasta hacer de la disputa entre el dentista y el propietario del burro una lucha social de tr&aacute;gico final: el dentista quiere sentarse a descansar durante el viaje a la sombra del burro que ha alquilado, pero el due&ntilde;o no se lo permite, pues ha alquilado el burro, no su sombra. Ello genera un proceso en el que acaba participando toda la ciudad y termina en un apocalipsis en el que el mundo acaba ardiendo entre voraces llamas.</p>
<p>No menos grotesco es el segundo de los textos: con el objetivo de cumplir uno de sus trabajos H&eacute;rcules ha de desplazarse a la isla de Elis para limpiar la ciudad, que est&aacute; llena de porquer&iacute;a a cambio de un sueldo. Elis es, en realidad, Suiza, y el autor se encarga de dejarlo claro, pues se habla de leche, de producci&oacute;n de queso, de vacas y de cuernos alpinos. Los &laquo;griegos suizos&raquo; est&aacute;n hasta arriba de porquer&iacute;a, lo que, evidentemente, ha de entenderse como una met&aacute;fora clar&iacute;sima de corrupci&oacute;n, burocracia, culpabilidad y todas aquellas cosas que se resisten a ser limpiadas. Pero para cumplir con los requerimientos burocr&aacute;ticos, Aug&iacute;as convierte en humus toda la porquer&iacute;a en su jard&iacute;n, con lo que la ennoblece y acaba con el estado de emergencia nacional en el que se hab&iacute;a instalado el pa&iacute;s. El final feliz no puede ser m&aacute;s ir&oacute;nico, pero responde a la realidad de la Confederaci&oacute;n.</p>
<p>En el &uacute;ltimo de los tres textos los protagonistas son cuatro pensionistas que deciden ejercer sus respectivos oficios, juez, fiscal, abogado defensor y verdugo, al margen de la justicia en un intento de cambiar el mundo. Su v&iacute;ctima es Alfredo Traps, un ciudadano medio, que ha hecho carrera con negocios corruptos, y al que, tras sufrir una aver&iacute;a en su coche, invitan a un colosal banquete con la &uacute;nica intenci&oacute;n de despertar en &eacute;l un enorme sentimiento de culpabilidad y que cambie su forma de actuar. El juez lo condena a muerte y Traps, que reconoce su culpa, acepta. Brindan por ello y se emborrachan. Al d&iacute;a siguiente Traps contin&uacute;a su viaje con nuevos prop&oacute;sitos de negocios sin escr&uacute;pulos, o lo que es lo mismo: el intento de cura moral no ha servido de nada. El guion sufri&oacute; numerosas reelaboraciones en forma de adaptaci&oacute;n teatral, televisiva y tambi&eacute;n de relato, y en cada una de ellas se observa un avance en el proceso de radicalizaci&oacute;n del autor frente a la culpabilidad del ser humano, as&iacute; como a la imposibilidad de hacer algo frente a ello.</p>
<p>El 22 de diciembre de 1953 se estren&oacute; <em>Ein Engel kommt nach Babylon (Un &aacute;ngel llega a Babilonia)</em>, el resultado de aquella comedia iniciada en 1948 y nunca terminada, que pensaba incluir en un ciclo titulado <em>Der Turmbau zu Babel (La Torre de Babel)</em>. En el marco de la vida completamente regulada de Babilonia, un mendigo, Akki, es el &uacute;nico que se ha tomado las libertades propias de un aventurero. El rey Nabucodonosor, &aacute;vido de reformas, ha convertido a todos los dem&aacute;s mendigos en contribuyentes con derecho a pensi&oacute;n. A fin de convencer a Akki de la insensatez del anarquismo de su vida, el rey se disfraza de mendigo e inicia con Akki una disputa de la que este &uacute;ltimo sale vencedor. Una vida de mendigo feliz y dichosa es tan buena como cualquier otra y tambi&eacute;n tiene sentido, as&iacute; que Akki tira al r&iacute;o lo que ha ganado en la apuesta, pues no lo necesita. Le importa m&aacute;s una vida llena de poes&iacute;a que cualquier posesi&oacute;n material. En el fondo del escenario es constante la presencia de un &aacute;ngel, y con &eacute;l la de la joven Kurrubi, representaci&oacute;n de la gracia divina y que ha de prometerse al hombre m&aacute;s pobre de Babilonia. Kurrubi se enamora del mendigo, en quien descubre despu&eacute;s al rey. Este, indignado, ordena que le corten la cabeza, pero Akki se cambia con el verdugo, esa figura omnipresente en los textos de D&uuml;rrenmatt, y se marcha de all&iacute; con ella. La pieza deb&iacute;a ser la primera de una trilog&iacute;a sobre la Torre de Babel, pero las dos siguientes no llegaron a ver la luz jam&aacute;s, tal vez porque la puesta en escena de esta result&oacute; un fracaso debido &uacute;nicamente a que el director no supo entender el texto. Ello sumi&oacute; a D&ucirc;rrenmatt en una profunda crisis, y se jur&oacute; no volver a escribir para la escena, aunque sigui&oacute; d&aacute;ndole vueltas a sus <em>Problemas teatrales</em>, y compuso una teor&iacute;a sobre la comedia, as&iacute; como una novela, que calific&oacute; de comedia en prosa: <em>Grieche sucht Griechin (Griego busca griega)</em>. Este griego es un contable insignificante que trabaja en una empresa gigantesca en una ciudad gigantesca. Como se siente solo, pone un anuncio para encontrar a una paisana de su edad y contraer matrimonio con ella. La &uacute;nica que responde es la joven Chlo&eacute;, la prostituta m&aacute;s famosa de la ciudad, que ha decidido retornar a la vida burguesa y tener un hogar, un marido y unos hijos. El griego no sabe que todos los hombres importantes de la ciudad han disfrutado de sus servicios, pero ya el primer paseo que da con ella cambia su situaci&oacute;n: todas las personalidades le saludan amablemente, ya sean empresarios, religiosos, banqueros o pol&iacute;ticos. Todos ellos saben de los deseos de Chlo&eacute; de cambiar de vida y les muestran sus respetos. Al d&iacute;a siguiente, gracias a los contactos de su novia, el griego es nombrado director general, c&oacute;nsul honorario, e incluso se convierte en el hombre mejor vestido de la ciudad. En este paseo y en estos honores, D&uuml;rrenmatt se permite una cr&iacute;tica a las diferentes instituciones, como si de un n&uacute;mero de cabaret se tratara. Pero el d&iacute;a de la boda, el griego se da cuenta por fin de qui&eacute;n es la persona que tiene a su lado, se escapa y va a dar con unos terroristas. Con una bomba en el bolsillo se dirige a casa del presidente de la naci&oacute;n, y este, que sabe lo que le ha pasado, inicia con &eacute;l una conversaci&oacute;n y le pide que crea en el amor, un tema infrecuente en la obra de D&uuml;rrenmatt. El griego se tranquiliza al o&iacute;r sus palabras y la conversaci&oacute;n contin&uacute;a entre viandas y alcohol. Al acabar la velada, el griego abandona la casa del presidente-fil&oacute;sofo como si fuera otro hombre, pero Chlo&eacute; ha desaparecido y el autor pone aqu&iacute; el punto final, aunque para la versi&oacute;n de lectura en bibliotecas D&uuml;rrenmatt escribi&oacute; un desenlace conciliador: el griego y la griega se encuentran en Grecia, en unas excavaciones en el Peloponeso. Un ejemplo m&aacute;s de la forma de la comedia grotesca, que D&uuml;rrenmatt consideraba como la &uacute;nica forma apropiada para nuestra &eacute;poca. En ella el espectador se mantiene a distancia (como en el teatro &eacute;pico de Brecht), pero lo que ve es actualidad, pues tiene lugar en el momento presente en el lugar presente y no en el pasado o en otro lugar cualquiera. Los excesos grotescos, que llegan hasta lo absurdo, monstruoso, sat&aacute;nico o c&oacute;mico, sirven para apelar a la conciencia sobre la verdadera naturaleza del mundo y para ejercer una dura cr&iacute;tica contra las instituciones sociales.</p>
<p>En 1955, tras regresar de un viaje por la Rep&uacute;blica Federal, Lotti tuvo que ser sometida a una operaci&oacute;n muy compleja. El autor iba todos los d&iacute;as de Neuch&acirc;tel a Berna al hospital y por las noches trabajaba en casa en un relato que hab&iacute;a interrumpido para escribir su comedia en prosa: <em>Mondfinsternis (Eclipse de luna)</em>. La situaci&oacute;n econ&oacute;mica de la familia volv&iacute;a a ser complicada y D&uuml;rrenmatt pens&oacute; en transformar el relato en una pieza teatral que poder llevar a escena. En el relato Walt Lotcher regresa desde Canad&aacute;, donde se ha hecho multimillonario, a su pueblo natal, en el interior de Suiza. 45 a&ntilde;os atr&aacute;s, Dolfo Mani le hab&iacute;a quitado a su novia, Kl&auml;ri, aunque estaba embarazada de &eacute;l. A ning&uacute;n habitante del pueblo le va bien, as&iacute; que Walt ofrece a cada una de las catorce familias un mill&oacute;n de francos si matan a Mani en un plazo de diez d&iacute;as, cuando tenga lugar el eclipse. Hab&iacute;a prometido vengarse y quiere cumplir su promesa. Los habitantes del pueblo cumplen sus deseos y Mani se ofrece. La noche del eclipse lo sientan bajo un &aacute;rbol que se cae y lo mata. Un accidente.</p>
<p>Esta idea, as&iacute; como ver pasar los trenes de alta velocidad por dos peque&ntilde;as estaciones fue lo que inspir&oacute; a D&uuml;rrenmatt la versi&oacute;n teatral de la que ser&iacute;a su obra de m&aacute;s &eacute;xito: <em>Der Besuch der alten Dame (La visita de la vieja dama)</em>. Claire Zachanassian, de soltera Klara W&auml;scher, pobre pero hermosa, enamorada, embarazada, despreciada por ello por sus conciudadanos y obligada a trabajar como prostituta para sobrevivir, contrae matrimonio con diversos magnates y, convertida en millonaria, regresa a su ciudad natal, la arruinada G&uuml;llen. Los habitantes de la ciudad la esperan anhelantes, pensando que con ella llegar&aacute; una mejora para su situaci&oacute;n. Pero la dama ha llegado para ofrecerles un mill&oacute;n de francos a cambio de matar a Ill, el novio que anta&ntilde;o la traicionara. Para ello ha tra&iacute;do incluso el ata&uacute;d. Quiere venganza, justicia. Los habitantes de G&uuml;llen se enfadan y no se sienten en absoluto culpables; todos sab&iacute;an qui&eacute;n era el padre del ni&ntilde;o que esperaba Klara, pero el juez, sobornado, prefiri&oacute; dar cr&eacute;dito a dos falsos testigos antes que a ella, y as&iacute; Ill pudo casarse con la hija del tendero. El enfado de los de G&uuml;llen no afecta a Klara, porque con los a&ntilde;os ha aprendido a esperar. Ha puesto en marcha su maquinaria y, desde la ventana del hotel, contempla el curso de los acontecimientos y ve c&oacute;mo los de G&uuml;llen, a sus pies, empiezan a actuar como si ya tuvieran el dinero en sus manos. Incluso Ill moderniza su tienda, pues conf&iacute;a, como todos, en el perd&oacute;n y el olvido. Pero poco a poco todos ellos van percat&aacute;ndose del verdadero car&aacute;cter de la dama y empiezan a pensar en asesinar a Ill. A trav&eacute;s de esta transformaci&oacute;n D&uuml;rrenmatt deja claro cu&aacute;les son las caracter&iacute;sticas que definen al ser humano, los motores que lo mueven: el ego&iacute;smo, que quiere el propio bienestar, y la maldad, que quiere el mal ajeno. La compasi&oacute;n, que quiere el bien ajeno, es una excepci&oacute;n, no existe. En consecuencia, la justicia es para el autor una ficci&oacute;n, una fantasmagor&iacute;a, una abstracci&oacute;n, no existe ni puede existir nunca y en ning&uacute;n lugar. En G&uuml;llen nadie habla de dinero, todos hablan de justicia, y es precisamente el desenmascaramiento de la falsedad de este concepto lo que configura el argumento de esta &laquo;comedia tr&aacute;gica&raquo;.</p>
<p>Los habitantes de G&uuml;llen vigilan a Ill para que no escape, pues su culpabilidad mancha ahora el honor de la ciudad, una ciudad con tradici&oacute;n, con cultura, en la que Goethe pas&oacute; una noche y Brahms compuso un cuarteto de cuerda. Ill debe pagar por su culpa y cumplir su obligaci&oacute;n juzg&aacute;ndose a s&iacute; mismo: el alcalde le lleva incluso un arma cargada. Pero Ill tambi&eacute;n quiere venganza y har&aacute; de sus conciudadanos unos asesinos. La iglesia, la moral burguesa y la cultura son desenmascaradas, no verbal, sino esc&eacute;nicamente. Al final, una asamblea comunal debe decidir sobre el futuro de Ill. El alcalde lo invita tambi&eacute;n a &eacute;l y le pregunta si acatar&aacute; la decisi&oacute;n de la mayor&iacute;a. Ill se percata de su situaci&oacute;n y reconoce su culpa. Luego ya solo hablan de la generosa donaci&oacute;n de la Zachanassian, de si deben aceptarla o no. Todos, excepto Ill, levantan la mano. En la sala se apagan las luces y, cuando vuelven a encenderse, Ill est&aacute; muerto. El diagn&oacute;stico: infarto de miocardio. La Zachanassian extiende el cheque y se marcha de all&iacute; rumbo a Capri con su s&eacute;quito y el ata&uacute;d en el que yace el cad&aacute;ver de Ill.</p>
<p>El &eacute;xito de la obra se debi&oacute; no solo a lo genial de la trama, sino a la consecuente estructuraci&oacute;n de los elementos que la conforman: una historia de amor (Claire nunca ha dejado de amar a Ill y solo puede tenerlo para s&iacute; de esa manera), un trasfondo criminal (45 a&ntilde;os atr&aacute;s se cometieron dos perjurios y se soborn&oacute; a un juez) y un estudio social enormemente cr&iacute;tico (los habitantes de G&uuml;llen pertenecen a todas las clases sociales y representan a todas las instituciones integrantes del entramado social). Pero no solo eso: al transformar a Walt Lotcher en Claire Zachanassian, D&uuml;rrenmatt volv&iacute;a a dar vida al mal en femenino, siguiendo la estela de su paisano Jeremias Gotthelf y reescribiendo la &laquo;biograf&iacute;a&raquo; de una peque&ntilde;a comunidad cualquiera, en la que, siguiendo la tradici&oacute;n, el mal siempre viene de fuera. Lo grotesco aqu&iacute; es que esta realidad se demuestra equ&iacute;voca: el mal estaba dentro y es la propia comunidad la que lo ha gestado, y no es la dama, sino los habitantes de G&uuml;llen los que se llevan a s&iacute; mismos a la perdici&oacute;n. Tras su estreno en Z&uacute;rich el 29 de enero de 1956, las preocupaciones materiales terminaron definitivamente para los D&uuml;rrenmatt. Por fin, el autor pod&iacute;a dedicarse a escribir libremente, sin necesidad de atender a encargos de ning&uacute;n tipo.</p>
<p>No obstante, en 1957 el productor cinematogr&aacute;fico Ladislao Vajda le pidi&oacute; un relato sobre los abusos de menores. El tema era peliagudo y a D&uuml;rrenmatt le resultaba muy atractivo. La pel&iacute;cula deb&iacute;a advertir a padres y a ni&ntilde;os sobre un peligro que acuciaba de forma creciente a la sociedad. De la trama de la pel&iacute;cula titulada <em>Es geschah am hellichten Tag (Sucedi&oacute; a plena luz del d&iacute;a)</em> surgir&iacute;a a&ntilde;os m&aacute;s tarde una novela: <em>Das Versprechen (La promesa)</em>. El texto, al que el autor dio el elocuente subt&iacute;tulo de &laquo;R&eacute;quiem por la novela polic&iacute;aca&raquo; sigue el argumento de la pel&iacute;cula: una ni&ntilde;a, Gritli Moser, ha sido violada y asesinada en el bosque, cerca de la autov&iacute;a que une las ciudades de Z&uacute;rich y Chur. El asesino es descubierto tras emplear los recursos propios de la investigaci&oacute;n policial: el principal sospechoso es un vendedor ambulante, muchos indicios apuntan hacia su persona, pero no hay pruebas, no puede haberlas porque no es el asesino. No obstante, no puede resistir la presi&oacute;n de los interrogatorios y se declara culpable, pero poco despu&eacute;s se ahorca en su celda. El caso parece estar resuelto, aunque no para el comisario que, fuera de servicio, sigue investigando para atrapar al verdadero culpable. Y lo consigue&hellip; en la versi&oacute;n cinematogr&aacute;fica, pero no en la novela. Aqu&iacute; D&uuml;rrenmatt hace del comisario protagonista, Matth&auml;i, un personaje inteligente, pero poco querido por sus compa&ntilde;eros, obsesionado por su misi&oacute;n de atrapar al asesino para que no vuelva a hacer lo mismo con otras ni&ntilde;as. En un ataque de sentimentalismo promete a la madre de Gritli &laquo;por la salvaci&oacute;n de su alma&raquo; que lo atrapar&aacute;. A&ntilde;os antes se hab&iacute;an producido ya casos similares en ese mismo lugar y empieza a sospechar de un hombre con un coche negro y grande. As&iacute; que se compra una gasolinera en esa carretera y se pone a esperar con una ni&ntilde;a de similares caracter&iacute;sticas como cebo. Y, en efecto, un d&iacute;a la ni&ntilde;a le dice que ha estado hablando con un hombre que coincide con las caracter&iacute;sticas del sospechoso. Pero este no se presenta a la hora convenida con la ni&ntilde;a y Matth&auml;i espera y espera, durante a&ntilde;os, obsesionado con cumplir su promesa, borracho, solo y enajenado por la obsesi&oacute;n. El asesinato no se esclarecer&aacute; hasta muchos a&ntilde;os despu&eacute;s, cuando otro comisario descubra que el asesino falleci&oacute; justo el d&iacute;a en que Matth&auml;i lo esperaba en un accidente de tr&aacute;fico y por eso nunca lleg&oacute; a su cita.</p>
<p>Una vez m&aacute;s, D&uuml;rrenmatt da aqu&iacute; rienda suelta a la idea central en torno a la que gira toda su producci&oacute;n: todos nos movemos en un laberinto y la casualidad, lo absurdo, lo rid&iacute;culo, lo irreal desempe&ntilde;a en &eacute;l el papel fundamental. No es posible que un comisario resuelva un caso a trav&eacute;s de investigaciones, pensamiento l&oacute;gico y combinaci&oacute;n de pruebas y hechos, de ah&iacute; que D&uuml;rrenmatt vea claro que el g&eacute;nero como tal no puede existir. Pero la actualidad del tema y la genialidad de la composici&oacute;n de D&uuml;rrenmatt hicieron que incluso Hollywood no pudiera resistirse a la genialidad del texto, y, como ya hiciera en 1964 con la versi&oacute;n de <em>La visita de la vieja dama </em>que, con el t&iacute;tulo de <em>The Visit</em>, protagonizaran Anthony Quinn e Ingrid Bergmann, <em>La promesa</em>, con el t&iacute;tulo de <em>The Pledge </em>(<em>El juramento</em>)<em> </em>fue llevada al cine en 2001 por Sean Penn con Jack Nicholson en el papel principal.</p>
<p>La vuelta al teatro de D&uuml;rrenmatt no supuso un rotundo &eacute;xito de p&uacute;blico: <em>Frank V. &ndash; Oper einer Privatbank (Frank V. &Oacute;pera de un banco privado)</em>, es la historia de una instituci&oacute;n financiera muy particular, cuyos clientes no vuelven a ver jam&aacute;s el dinero que han invertido en ella. La divisa del banco no es otra que no hacer jam&aacute;s un negocio honrado y los clientes que insisten en recuperar su dinero son asesinados. El protagonista, Frank V, finge su muerte para poder vivir tranquilamente con su esposa, leyendo a Goethe y a M&ouml;rike hasta el final de sus d&iacute;as. Pero tras algunas especulaciones fracasadas, el banco est&aacute; al borde del colapso y adem&aacute;s un desconocido le est&aacute; haciendo chantaje, de manera que los socios, seg&uacute;n los estatutos, deben invertir el dinero que han ganado fraudulentamente para lograr reflotarlo. Si alguien se niega, lo matan. Las paredes del s&oacute;tano est&aacute;n ya llenas de sangre. Al final se descubre que el chantajista no es otro que Frank VI, el hijo de Frank V, que quiere hacerse con el poder, as&iacute; que encierra a su padre en la c&aacute;mara acorazada y le deja morir de hambre (en la primera versi&oacute;n de la obra), porque quiere acabar con los m&eacute;todos ilegales empleados hasta ese momento por el banco, ya que, en realidad, las leyes bien interpretadas le bastan para continuar obteniendo ganancias con enga&ntilde;os.</p>
<p>La obra conoci&oacute; diversas variantes a lo largo del tiempo, pero las representaciones fueron escasas. En el ep&iacute;logo a la edici&oacute;n de 1960, D&uuml;rrenmatt expuso el cambio que hab&iacute;a experimentado su dramaturgia y c&oacute;mo ahora le resultaba imprescindible exponer en sus obras un mundo artificial, imaginario, y confrontarlo con el mundo real. No hay personajes que despierten la compasi&oacute;n del espectador, todos est&aacute;n estilizados, act&uacute;an como marionetas sin vida propia. El modelo, un Shakespeare actualizado: en lugar de reyes y cortesanos, banqueros y asesinos. Esta idea es la dominante tambi&eacute;n en <em>Die Physiker (Los f&iacute;sicos)</em>, una comedia en dos actos estrenada el 20 de febrero de 1962 en Z&uacute;rich. Aqu&iacute; son tres importantes f&iacute;sicos los protagonistas, que, haci&eacute;ndose pasar por locos, se encuentran en un hospital psiqui&aacute;trico. Uno, que se cree Einstein, es un agente del este; otro, Newton, del oeste. Ambos esp&iacute;an a M&ouml;bius, que lleva ya quince a&ntilde;os en la cl&iacute;nica para huir de pol&iacute;ticos, militares y empresarios que desean hacerse con sus estudios. La pervivencia de la raza humana, de la tierra, tal vez incluso del cosmos, depende de que no se conozca su f&oacute;rmula para la reducci&oacute;n de la gravedad. Pero sus esfuerzos son vanos, pues la directora de la instituci&oacute;n ha fotografiado y copiado sus papeles hace tiempo y los ha vendido para comprar f&aacute;bricas y crear un imperio capaz de dominar y de destruir la tierra. Ella es la &uacute;nica loca de verdad y en sus manos precisamente est&aacute; el futuro del planeta.</p>
<p>Tampoco aqu&iacute; D&uuml;rrenmatt deja fuera la presencia de un caso polic&iacute;aco y su posterior investigaci&oacute;n: Einstein ha asesinado a su enfermera con el cable de una l&aacute;mpara, algo similar a lo que hab&iacute;a hecho unos meses antes Newton, y el comisario Voss acude a la cl&iacute;nica para investigarlo. La tercera enfermera tambi&eacute;n es asesinada, aunque al final se descubre que sus muertes han sido in&uacute;tiles, pues los papeles ya estaban en otras manos, las de Mathilde von Zahnd, de cuya locura nadie habr&iacute;a sospechado. De nuevo la casualidad desempe&ntilde;ando el papel principal en medio de un laberinto del que nadie es capaz de salir ileso.</p>
<p>La idea para la composici&oacute;n de <em>Der Meteor (El meteoro)</em>, una farsa sumamente tr&aacute;gica, sorprendi&oacute; a D&uuml;rrenmatt en la Baja Engadina casi a la vez que la de <em>Los f&iacute;sicos</em>, en 1960. Un d&iacute;a de calor asfixiante, el escritor y premio Nobel Schwitter, vestido con un pijama y un abrigo de piel, cargado con dos maletas y dos candelabros, llega al estudio del joven pintor Nyffenschwander con el &uacute;nico deseo de morir. El m&eacute;dico del hospital del que se ha escapado lo hab&iacute;a dado por muerto, pero, incapaz de abandonar este mundo, se hab&iacute;a levantado y huido de all&iacute;. Est&aacute; cansado de vivir y espera encontrar la paz en ese lugar, pero sus deseos de morir, en realidad, parecen irreales y Schwitter un comediante, que, ri&eacute;ndose del mundo, quema todos sus manuscritos a&uacute;n no impresos y sus manojos de billetes en la estufa del joven para evitar que todo caiga en manos de sus herederos. Al comienzo del segundo acto, Schwitter yace muerto en la cama de Nyffenschwander y un cr&iacute;tico y un editor pronuncian unas palabras de despedida, pero tampoco en esta ocasi&oacute;n sus deseos tienen &eacute;xito. Nyffenschwander, celoso tras descubrir que Schwitter se ha acostado con su esposa, quiere romperle el cuello, pero Muheim, un personaje que ya ha aparecido en el primer acto, se lo impide y cae por las escaleras. Es Nyffenschwander quien se rompe el cuello, aunque en realidad Muheim quer&iacute;a deleitarse contemplando el cad&aacute;ver de Schwitter, quien 40 a&ntilde;os atr&aacute;s hab&iacute;a seducido a su esposa. Pero Schwitter est&aacute; m&aacute;s vivo que nunca y le hace ver que todo fue un error. Tras haberse reconciliado, Muheim es arrestado por el asesinato de Nyffenschwander, y Schwitter sigue vivo y coleando, fumando y bebiendo, incapaz de morir. El acto final lleva al espectador al burdel propiedad de la suegra de Schwitter. Olga, su hija y esposa de Schwitter, se envenena tras ver que su esposo no la quiere. De nuevo el mundo al rev&eacute;s, en un laberinto en el que la raz&oacute;n no tiene cabida alguna.</p>
<p>La tercera fase creativa de D&uuml;rrenmatt puede fecharse entre 1966 y 1990, y est&aacute; marcada en sus inicios por la comedia <em>Die Wiedert&auml;ufer (Los anabaptistas)</em>, una reelaboraci&oacute;n de la pieza <em>Est&aacute; escrito</em>, y las diferentes versiones de los dramas de Shakespeare que D&uuml;rrenmatt actualiz&oacute; para la escena contempor&aacute;nea. Pero seguramente la obra que m&aacute;s &eacute;xito tuvo fue <em>Play Strindberg. Totentanz nach August Strindberg (Play Strindberg. Una danza de la muerte seg&uacute;n August Strindberg)</em>, una comedia sarc&aacute;stica sobre una tragedia matrimonial, que el autor dividi&oacute; en doce <em>rounds</em>, como si de un combate de boxeo se tratara. Poco despu&eacute;s del estreno, emprendi&oacute; un viaje a Am&eacute;rica con Lotti para recoger el doctorado <em>honoris causa </em>de la universidad de Temple en Filadelfia. Luego continuaron viaje a Florida, Yucat&aacute;n, Jamaica, Puerto Rico y Nueva York. Sus impresiones est&aacute;n recogidas en el volumen <em>S&auml;tze aus Amerika (Frases sobre Am&eacute;rica)</em>. La primera parte contiene sus observaciones durante el viaje, la segunda es una confrontaci&oacute;n entre los Estados Unidos y la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, donde D&uuml;rrenmatt hab&iacute;a estado en 1964 y en 1967, con ocasi&oacute;n de un congreso de escritores. Ninguno de los dos sistemas pol&iacute;ticos supone para &eacute;l una soluci&oacute;n viable para la especie humana. A su regreso, D&uuml;rrenmatt fue nombrado miembro del consejo de administraci&oacute;n del teatro de Z&uacute;rich. En 1972 le ofrecieron incluso la direcci&oacute;n, pero sospech&oacute; que pod&iacute;a haber intrigas de diverso tipo y rechaz&oacute; la oferta.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Poco antes hab&iacute;a estado revisando un relato que hab&iacute;a escrito en 1959 en Manhattan, cuando, paseando por all&iacute; un d&iacute;a muy caluroso, se le vino a la cabeza la historia de J. G. Smith y el doctor Leibnitz, capaz de hacer desaparecer cad&aacute;veres con m&eacute;todos qu&iacute;micos. En 1976 le dar&iacute;a la forma definitiva y la convertir&iacute;a en el n&uacute;cleo principal de <em>Der Mitmacher (El colaborador)</em>: Smith, un mafioso que se dedica a asesinar gente sin dejar huella alguna de ellos, encuentra a su hombre en Doc, un bioqu&iacute;mico de mediana edad venido a menos que ha inventado un necrodializador que elimina cad&aacute;veres sin dejar restos, pues los convierte en l&iacute;quido. En medio de esta trama de muerte por encargo, D&uuml;rrenmatt incluye una historia de amor entre Doc y Ann, que hacen planes de futuro. Pero estos nunca se realizar&aacute;n, porque Ann es a su vez la amante de Smith, y el &uacute;nico hijo de Doc, Bill, se declara a s&iacute; mismo como el representante del ala m&aacute;s radical del anarquismo, que intenta eliminar al presidente de los Estados Unidos para as&iacute; destruir el orden imperante. Pero el destino de Bill est&aacute; escrito y Doc recibe el encargo de eliminar los cad&aacute;veres de su hijo y de su amada. Doc hace su trabajo sin reconocer (o sin querer reconocer) a ninguno de ellos. El &uacute;nico personaje positivo es aqu&iacute; el del comisario Cop, capaz de desafiar a los que dirigen este floreciente negocio, pero al final, cual Don Quijote, acaba &eacute;l mismo siendo eliminado tambi&eacute;n, incapaz de imponer la justicia en una sociedad corrupta de principio a fin.</p>
<p>Bajo la influencia de la muerte de Franco, en la que vio numerosas similitudes con la del dictador comunista de la antigua Yugoslavia, Tito, al que los intereses del poder no dejaron morir hasta haber resuelto el problema de la sucesi&oacute;n, D&uuml;renmatt escribi&oacute; <em>Die Frist (El plazo)</em>, una pieza en la que dio forma a la analog&iacute;a entre algunos aspectos de la medicina moderna y los campos de concentraci&oacute;n, as&iacute; como al amplio espectro de personajes siniestros que rigen los destinos del hombre de a pie.</p>
<p>En enero de 1983 falleci&oacute; Lotti. La p&eacute;rdida no fue f&aacute;cil de asumir para D&uuml;rrenmatt y se sumi&oacute; en el trabajo para intentar superarla. <em>Achterloo</em> deb&iacute;a ser la suma de todo su pensamiento teatral, pero la representaci&oacute;n no tuvo muy buena acogida. La actriz Charlotte Kerr coment&oacute; a D&uuml;rrenmatt su irritaci&oacute;n a la vista de las reacciones de los espectadores, que no hab&iacute;an sabido comprender la pieza que se desarrollaba en el hospital psiqui&aacute;trico que lleva ese nombre. Los internos, a modo de terapia, improvisan un espect&aacute;culo en el que se habla del peligro de la entrada del Ej&eacute;rcito Rojo en Polonia con motivo de la huelga general de los sindicatos y del riesgo de invasi&oacute;n militar de los Estados Unidos, o lo que es lo mismo, de la posibilidad de que estalle la III Guerra Mundial. El encargado de librar al mundo de esta posibilidad ser&aacute; Napole&oacute;n, que representa en realidad al jefe de Estado polaco Jaruzelski, igual que el Woyzeck de B&uuml;chner representa al pueblo, Jan Hus al l&iacute;der sindicalista Walesa o Richelieu al cardenal Glemp. Charlotte le comenta que ella misma no ha entendido estas asociaciones del trasfondo hist&oacute;rico y que es muy posible que los espectadores tampoco. De ah&iacute; el fracaso de la pieza. D&uuml;rrenmatt la reescribir&aacute; varias veces y contraer&aacute; matrimonio con Charlotte dos a&ntilde;os despu&eacute;s.</p>
<p>En 1957, tras el &eacute;xito de <em>La visita de la vieja dama</em>, D&uuml;rrenmatt hab&iacute;a empezado a escribir una novela polic&iacute;aca, pero no la hab&iacute;a concluido a causa del volumen de trabajo que ten&iacute;a para el teatro. A principios de los a&ntilde;os 80, cuando su editorial comenz&oacute; a trabajar en la edici&oacute;n de las obras completas, decidi&oacute; retomarla. El consejero cantonal Kohler, millonario, ciudadano respetable de la ciudad de Z&uacute;rich, asesina al rector de la universidad, un germanista muy conservador, en medio de un restaurante lleno de gente. Kohler es arrestado sin oponer resistencia y condenado a 20 a&ntilde;os de prisi&oacute;n. No hay motivo para el asesinato, tan solo el inter&eacute;s de investigar las leyes que se ha dado a s&iacute; misma la sociedad, de manera que encarga a un prestigioso soci&oacute;logo que estudie las repercusiones que su crimen ha tenido entre los distintos colectivos. Adem&aacute;s, encarga a un joven abogado que investigue tambi&eacute;n el caso bajo el supuesto de que &eacute;l no ha sido el asesino. De nuevo un planteamiento t&iacute;pico de D&uuml;rrenmatt: poner en tela de juicio los hechos objetivos (o que nosotros creemos objetivos) y ver qu&eacute; resulta de ello. El abogado acaba d&aacute;ndose cuenta de que ha ca&iacute;do en una trampa, pues Kohler, que juega con las personas moviendo sus hilos cual marionetas, quiere ahora una revisi&oacute;n del caso y que se le ponga en libertad. Y consigue ambas cosas, pues, tal como queda demostrado, justicia y derecho son dos cosas diferentes. El t&iacute;tulo, <em>Justiz (Justicia)</em>, habla por s&iacute; solo.</p>
<p>Hasta su muerte, el 14 de diciembre de 1990, D&uuml;rrenmatt estuvo lleno de planes: la balada <em>Minotaurus (Minotauro)</em>, en la que el tema principal es la vida y la muerte de este monstruo mitad humano, mitad animal, una fuerza primitiva atrapada en un laberinto, los diferentes vol&uacute;menes de los <em>Stoffe (Temas)</em>, una especie de autobiograf&iacute;a literaria en la que recopil&oacute; los textos que dieron origen a sus obras de teatro y a sus novelas, o el volumen titulado <em>Versuche (Ensayos)</em>, en el que recogi&oacute; sus ensayos, discursos y conferencias. Porque el legado de D&uuml;rrenmatt no se limita exclusivamente a sus obras literarias, sino que comprende tambi&eacute;n, como no pod&iacute;a ser de otra manera, un sinf&iacute;n de escritos, a trav&eacute;s de los que el autor suizo se enfrent&oacute; con todos aquellos temas que le interesaban y dio buena muestra de su enorme compromiso social. Ya desde que en 1968 pronunciara ante los estudiantes de la universidad de Maguncia su conferencia sobre Justicia y Derecho, el enemigo de todas las ideolog&iacute;as mantuvo una lucha constante con los diferentes sistemas pol&iacute;ticos y dej&oacute; claro en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n que el comunismo no era m&aacute;s que un fascismo enmascarado, al igual que puso de manifiesto, en clara alusi&oacute;n a Suiza, que cualquier pueblo que necesite defenderse &laquo;intelectualmente&raquo; es porque o bien tiene miedo, o bien una mala conciencia. Siempre se expres&oacute; con claridad meridiana, y con humor, sobre todo aquello que le concern&iacute;a, sobre sus amigos, sus lecturas, su vida, sus viajes, sobre el significado y el origen de sus textos, sobre los efectos del contacto entre las artes, sobre la sociedad, sobre la libertad del individuo, sobre la tolerancia. Lo que sucede en el gran laberinto del mundo es igual que un espect&aacute;culo teatral y, por ello, es preciso analizarlo con los mismos presupuestos y nadie mejor que Friedrich D&uuml;rrenmatt para llevarlo a cabo con el humor y la iron&iacute;a necesarios para hacernos ver con absoluta claridad que en el mundo real nada es lo que parece.</p>
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<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> Friedrich D&uuml;rrenmatt, <em>Dokument</em>, en Friedrich D&uuml;rrenmatt, <em>Werkausgabe in 37 B&auml;nden</em>, Z&uacute;rich, Diogenes, 1968, vol. 26, p. 13.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> Friedrich D&uuml;rrenmatt, &laquo;Schillerpreisrede&raquo;, <em>ib&iacute;d.</em>, vol. 32, p. 83.</p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Wed, 21 Mar 2018 06:37:21 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Trabajo de campo. Acerca del Salón de pasos perdidos de Andrés Trapiello ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/trabajo-de-campo-acerca-del-salon-de-pasos-perdidos-de-andres-trapiello/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2018/ANDR_S_TRAPIELLO_3.jpg" alt="" /></p>
<p>0. Para empezar.</p>
<p>Yo quer&iacute;a escribir una rese&ntilde;a: acaba de publicarse <em>Mundo es</em>, el vig&eacute;simo primer volumen del <em>Sal&oacute;n de pasos perdidos</em> de Andr&eacute;s Trapiello, y me dispon&iacute;a a desmenuzarlo y disfrutarlo en com&uacute;n, coment&aacute;ndolo en tres p&aacute;ginas de pura celebraci&oacute;n de la vida y de la buena literatura. Pero pronto advert&iacute; que, aparte de que los diarios del autor siempre andan reclamando una relectura panor&aacute;mica, un balance general, un juicio global&hellip; es obvio para los iniciados en el asunto que hablar de uno de los tomos es, en puridad, hacerlo de todos, o, para ser m&aacute;s precisos, que en realidad todos son el mismo, piezas o entregas de una sola obra que vamos leyendo intermitentemente, y no en vano el propio Trapiello la presenta desde casi el principio como &ldquo;una novela en marcha&rdquo; (exactamente desde la cuarta entrega, <em>Las nubes por dentro</em>, que ya luc&iacute;a esa etiqueta, tan reveladora, en sus p&aacute;ginas de paratextos).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; M&aacute;s abajo volver&eacute; a ese t&eacute;rmino, &ldquo;novela&rdquo;, pero antes quiero empezar por lo que deber&iacute;a ser el final, y es que la obra de la que aqu&iacute; se va a hablar es, en mi opini&oacute;n, el proyecto narrativo m&aacute;s importante, duradero y significativo de cuantos se est&aacute;n ejecutando en nuestro idioma en nuestro tiempo. No me gustan los superlativos, huyo por sistema de las exageraciones, me estomagan los elogios desbocados, pero ante estos diarios s&oacute;lo cabe rendirse, y eso que he afirmado es algo que, con las armas de la filolog&iacute;a&nbsp; en la mano (y con la experiencia de saber qu&eacute; cosas del pasado seguimos leyendo, cu&aacute;les quedan y sobreviven al olvido y al silencio), me parece poco discutible, y aunque muchos (aunque cada vez menos&hellip;) tendr&iacute;an cosas que objetar al respecto, es una verdad que se va asentando por su propio peso, por su abrumadora calidad, m&aacute;s impresionante a&uacute;n que su volumen (que ya super&oacute; hace alg&uacute;n tomo las diez mil p&aacute;ginas). Cuando alguien en el futuro quiera saber o entender algo sobre estos a&ntilde;os, quien salga &ldquo;en busca del tiempo perdido&rdquo;, har&aacute; muy bien en visitar estos libros, pues en muy pocos encontrar&aacute; tan n&iacute;tidamente como en &eacute;stos un retrato de c&oacute;mo somos, c&oacute;mo pensamos, c&oacute;mo nos movemos en sociedad y c&oacute;mo sentimos cuando estamos solos, y eso es as&iacute;, en buena medida, precisamente porque lo esencial que se cuenta en ellos es intemporal.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Vamos poco a poco. La alusi&oacute;n que acabo de hacer a Proust me da pie a contar que en algunas p&aacute;ginas del &uacute;ltimo tomo Trapiello relee su obra maestra, y de all&iacute; salen p&aacute;ginas de cr&iacute;tica literaria realmente inspiradas (dice, en una intuici&oacute;n genial, que la <em>Recherche</em> viene a ser como los <em>Ensayos </em>de Montaigne pero con argumento). Son las mejores p&aacute;ginas metaliterarias de un tomo que vuelve a traer su porci&oacute;n equilibrada de todo aquello que nos ha hecho adictos al <em>Sal&oacute;n</em>: los lugares de siempre con alguna escapada, los personajes habituales (c&oacute;mplices o antagonistas) con algunas incorporaciones, la poes&iacute;a ilumin&aacute;ndolo todo y la malicia divertida y mordaz al dar cuenta de la sociolog&iacute;a del bien llamado &ldquo;mundillo literario&rdquo;, porque todos los diminutivos y aun desprecios ser&aacute;n pocos para referirse a esa cloaca. Y en lo gen&eacute;rico, que no es lo que m&aacute;s importa pero s&iacute; algo definitivamente interesante (y que multiplica la importancia literaria de estos diarios), Trapiello contin&uacute;a con audacias y experimentos y lecciones que tal vez en este &uacute;ltimo tomo no superan lo ya conseguido en otras entregas, pero simplemente porque en &eacute;sta no se lo ha propuesto, y ha regresado m&aacute;s a la cr&oacute;nica pura que a los progresos personales en el territorio de la narratolog&iacute;a.</p>
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<ol>
<li>Los espacios.</li>
</ol>
<p>&ldquo;Esta ma&ntilde;ana ten&iacute;a el Rastro esa grandeza de los d&iacute;as de invierno&rdquo;: es la primera frase, inolvidable, del pr&oacute;logo de <em>El gato encerrado</em>, el primero de los tomos de lo que ya desde ese libro inaugural se llamaba <em>Sal&oacute;n de pasos perdidos</em>. A pesar de lo indeliberado pero muy adecuado de que ese arranque incluya la palabra &ldquo;grandeza&rdquo;, cualquiera que haya pisado el Rastro de Madrid en la madrugada de un d&iacute;a de invierno sabe que ese sitio es en verdad un lugar sublime para comenzar algo. All&aacute; donde tantas cosas terminan, tambi&eacute;n comienzan muchas historias, se producen muchos hallazgos, salta la magia, lo imprevisto, casi lo imposible. Y esas calles (a las que Trapiello, al parecer, dedicar&aacute; muy pronto un libro monogr&aacute;fico, contando sus andanzas de d&eacute;cadas por aquellas cuestas y plazas) se elevan como uno de los escenarios predilectos de estos diarios, lo cual, aparte de responder estrictamente a la realidad cotidiana de su autor, asiduo a las b&uacute;squedas y rastreos de libros dominicales, tiene tambi&eacute;n algo muy significativo. Encontrar cosas en el Rastro es revitalizar objetos, devolver algo de vida y calor a cosas desmembradas, separadas, dispersas&hellip;, es reunirlas para, haci&eacute;ndolas nuestras, convertirlas en otra cosa. Como en la poes&iacute;a, el proceso de selecci&oacute;n o descarte de lo que va saliendo al paso delata una personalidad, revela un car&aacute;cter, dice mucho del <em>flan&ecirc;ur</em> ilusionado que indaga.</p>
<p>En esa primera p&aacute;gina absoluta aparece ya una primera &ldquo;X&rdquo; que corresponde a quien despu&eacute;s ha ido apareciendo en todos los tomos como &ldquo;JM&rdquo; o &ldquo;JMB&rdquo;, que no es otro que Juan Manuel Bonet, el principal c&oacute;mplice en el Rastro y uno de los fundamentales amigos, casi hermanos, de su vida, hasta hoy mismo. El cari&ntilde;o y la lealtad que se guardan s&oacute;lo queda repentinamente comprometidos cuando se trata de competir por alg&uacute;n ejemplar vislumbrado en alguna esquina, pero pelean con deportividad, buenos conocedores de las reglas y de que, a la manera de los futbolistas, &ldquo;lo que sucede en el Rastro se queda en el Rastro&rdquo;. El pintor gallego Jos&eacute; V&aacute;zquez Cereijo, alg&uacute;n acompa&ntilde;ante ocasional que se suma de vez en cuando a las pesquisas (pero sin la m&iacute;nima continuidad exigible para formar parte de &ldquo;la secta&rdquo;) o, desde este &uacute;ltimo <em>Mundo es</em>, alg&uacute;n nuevo amigo (como cierto &ldquo;joven residente&rdquo; que con mucha suerte y sobre todo ganas de aprender es generosamente admitido en la comitiva) van completando la lista de los personajes de Mira el R&iacute;o Baja o la trascendentalmente llamada plaza del Mundo Nuevo. Y es que sucede que hablar del Rastro no es hablar de libros, sino de la vida en estado puro, no del pasado sino del presente m&aacute;s palpitante, no de lo roto o lo viejo sino de lo eterno. Quien no entienda eso no entender&aacute; la escritura de Andr&eacute;s Trapiello, ni su excesivamente publicitada &ldquo;bibliofilia&rdquo; o su &ldquo;pasi&oacute;n por las primeras ediciones&rdquo;. No es eso, no es eso&hellip;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para certificarlo, basta asomarse a las p&aacute;ginas, tal vez miles ya, donde el autor habla de sus d&iacute;as en la casa de campo que compr&oacute; junto a su mujer cerca de Trujillo, junto a Madro&ntilde;era, en el lugar llamado Pago de San Clemente, al que &eacute;l se refiere como Las Vi&ntilde;as. Somos muchos quienes consideramos que es en ese &ldquo;decorado&rdquo; donde se despliegan las p&aacute;ginas mejores de este proyecto, las m&aacute;s hermosas y sabias, las m&aacute;s aleccionadoras en un sentido cl&aacute;sico, las m&aacute;s ejemplares, las m&aacute;s horacianas y buc&oacute;licas por ser en general las m&aacute;s serenas. Claro que &ldquo;las cosas del campo&rdquo; tienen tambi&eacute;n su prosa, y las aver&iacute;as, los pozos secos, los trabajos serviles, las labores ingratas, los esfuerzos arruinados por una tormenta, los gastos inesperados o ciertos vecinos o visitantes traen sus amenazas y sus disgustos. De ah&iacute; nacen p&aacute;rrafos igualmente divertidos, pero, como en casi todos los casos es en Las Vi&ntilde;as donde comienza y termina su a&ntilde;o (es decir, que all&iacute; arranca y concluye cada volumen, con contad&iacute;simas excepciones), es all&iacute; tambi&eacute;n donde queda ubicado el balance final de cada calendario, con su melancol&iacute;a, su contabilidad emocional, su debe y su haber, sus ganancias y sus p&eacute;rdidas, lo aprendido y lo terminado, lo adquirido y lo despedido, lo que ha llegado y lo que se ha ido para siempre. Hay finales de tomo literalmente conmovedores en su belleza,&nbsp; y no hay uno solo de ellos en los que, por nost&aacute;lgico o incluso triste que se ponga en esa noche de San Silvestre, no triunfe la esperanza. Dicho as&iacute;, puede sonar solemne, pero es exactamente lo contrario, o podr&iacute;a considerarse fuera de la oscura filosof&iacute;a de nuestro tiempo (y, por consiguiente, de las tendencias literarias m&aacute;s celebradas y en boga) por su invencible gratitud hacia lo recibido, pero se trata simplemente de verdad, de un a&ntilde;o que se cumple y una vida que se va viviendo, eslab&oacute;n a eslab&oacute;n, sensible a quienes saben atenderla.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero al d&iacute;a siguiente de esas conclusiones llega el a&ntilde;o nuevo, esto es, el nuevo tomo, y entonces todo renace y recomienza no s&oacute;lo literalmente sino literariamente: los comienzos de los vol&uacute;menes han tenido tambi&eacute;n hitos asombrosos en lo que a lo narratol&oacute;gico se refiere, de modo que tendremos que regresar al campo de Extremadura al final, cuando me toque intentar explicar el tejido literario (y la apabullante originalidad) del <em>Sal&oacute;n</em>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y est&aacute;, claro, Madrid, m&aacute;s all&aacute; del Rastro. La calle del Conde de Xiquena y sus adyacentes es otro de los espacios reales que Trapiello traduce a literatura en estos libros, fundando un territorio literario propio, s&oacute;lo suyo, pero en realidad es toda la ciudad la que se ve permanentemente homenajeada (que no necesariamente alabada) en este diario. Resulta que el autor anda desde hace a&ntilde;os preparando tambi&eacute;n un libro monogr&aacute;fico sobre Madrid, un retrato de la ciudad donde ha vivido ya la mayor parte de su vida, pero, como dec&iacute;a antes en relaci&oacute;n al Rastro, &eacute;se es otro de los libros que se podr&iacute;a extraer ya, sin m&aacute;s, del <em>Sal&oacute;n de Pasos Perdidos</em>, una antolog&iacute;a de p&aacute;ginas madrile&ntilde;as semejante a la selecci&oacute;n de p&aacute;ginas sobre Las Vi&ntilde;as que, bajo el t&iacute;tulo de <em>Capricho extreme&ntilde;o</em>, ya se public&oacute; en su d&iacute;a (en realidad dos veces: en 1999 y 2011, esta &uacute;ltima con magn&iacute;ficas fotos de su hijo Rafael).</p>
<p>Es lo que produce de una manera casi natural el haber publicado hasta la fecha veinti&uacute;n a&ntilde;os de diarios: hay muchos libros parciales, latentes, dentro de esas doce mil p&aacute;ginas. Habr&iacute;a que comprobarlo, pero no creo que haya una sola capital de provincia espa&ntilde;ola que no haya sido visitada y contada, aparte de cientos de pueblos, de modo que el <em>Sal&oacute;n</em> es tambi&eacute;n un libro de viajes por Espa&ntilde;a: pens&aacute;bamos que est&aacute;bamos ante un monumento a la rutina bien entendida, a la vida sosegada y laboriosa, a cierta monoton&iacute;a gozosa&hellip;, pero lo cierto es que el porcentaje de p&aacute;ginas que nos trasladan lejos de Madrid o de Las Vi&ntilde;as es proporcionalmente significativo, sobre todo porque raro es el volumen que, digamos, no &ldquo;interrumpe&rdquo; en alg&uacute;n momento su melod&iacute;a geogr&aacute;fica habitual con un largo viaje. En <em>Mundo es</em> nos vemos transportados a Colombia durante m&aacute;s de cien p&aacute;ginas dedicadas a cierto Congreso de la Lengua, y en el antepen&uacute;ltimo, el metaf&iacute;sicamente titulado <em>Ser&eacute; duda</em>, la exigente promoci&oacute;n de su novela <em>Al morir don Quijote</em> hizo de aquel volumen, probablemente, el m&aacute;s n&oacute;mada de todos, el m&aacute;s ajetreado. Pero en otros tomos hemos le&iacute;do memorables vacaciones familiares en Italia o Nueva York&hellip; y han ido quedando &ldquo;archivadas&rdquo;, as&iacute;, p&aacute;ginas sobre Venecia o Roma que igualmente merecer&iacute;an edici&oacute;n exenta.</p>
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<ol>
<li>Los personajes.</li>
</ol>
<p>En alguno de los art&iacute;culos recogidos en <em>Las letras entornadas</em>, Fernando Aramburu dec&iacute;a que los personajes son a la novela como el arroz a la paella: puede haber paellas de mil tipos, pero todas est&aacute;n basadas en el arroz. La novela, es bien sabido, es el g&eacute;nero literario m&aacute;s flexible, voluble y variable, el m&aacute;s dif&iacute;cil de definir y acotar&hellip; pero, por muy abiertos de miras que nos pongamos, para poder hablar de novela ha de haber personajes.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Qui&eacute;nes son, entonces, los personajes de esta &ldquo;novela en marcha&rdquo;? La respuesta depende de cu&aacute;nto abramos el objetivo. Si queremos contemplar el <em>Sal&oacute;n</em> panor&aacute;micamente, como un fresco de nuestro tiempo, un retablo, una &ldquo;comedia humana&rdquo;&hellip;, comprobaremos sin esfuerzo que la lista de personajes es ya casi inabarcable, y comprende a muchos cientos de seres reales pasados por la magia transformadora de la ficci&oacute;n. Pero a m&iacute; me gusta siempre intentar que el llamativo volumen que ha alcanzado el asunto no despiste de su esp&iacute;ritu, y esa &ldquo;grandeza&rdquo; interior a la que alud&iacute;a m&aacute;s arriba, aprovechando la primera frase de <em>El gato encerrado</em>, no es la de la ambici&oacute;n de registrarlo todo, sino la de la pura y limpia confidencialidad, y para que &eacute;sta se produzca es inevitable ser pocos, andar casi en familia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Durante mucho estuve tentado a confeccionar lo que ser&iacute;an los &iacute;ndices del <em>Sal&oacute;n de Pasos Perdidos</em>, para uso personal y para ayudar a los lectores, ya inevitablemente desorientados en el laberinto. Se tratar&iacute;a no s&oacute;lo de ir listando y paginando las cr&oacute;nicas, viajes, retratos o meditaciones de cada tomo, sino de hacer tambi&eacute;n &iacute;ndices transversales: el topon&iacute;mico, el de conceptos (&ldquo;tren&rdquo;, &ldquo;gitano&rdquo;, &ldquo;pescador&rdquo;), el onom&aacute;stico&hellip; Pero aparte de que despu&eacute;s he sabido que Manuel Ca&ntilde;edo Gago tiene &iacute;ndices similares minuciosamente detallistas, cualquiera que se haya asomado a estos libros sabe que al menos el onom&aacute;stico ser&iacute;a problem&aacute;tico, porque no iba a desvelar yo, public&aacute;ndolo, lo que los libros callan o disfrazan, y si Trapiello ha querido llamar &ldquo;X&rdquo; o referirse por sus iniciales a cientos de las criaturas que por aqu&iacute; desfilan, ser&iacute;a casi impublicable (incluso jur&iacute;dicamente comprometido) y en todo caso poco elegante dar cuenta detallada de qu&eacute; personas reales est&aacute;n detr&aacute;s de esas figuras del escenario. Y lo m&aacute;s importante es que estoy muy de acuerdo con el propio autor en que eso importa muy poco. Es normal querer saber de qui&eacute;n se est&aacute; hablando, pero ser&iacute;a sano que todo el mundo entendiese que el retratado en el <em>Sal&oacute;n</em> ya no es una persona sino un personaje, construido por la mirada del autor. Es la vida la que va escribiendo estos libros (y &eacute;se es uno de sus secretos m&aacute;s valiosos), la que va contando a Trapiello su propia novela, de modo que el autor s&oacute;lo tiene que ir consignando a su manera lo que le pasa, lo que ve, lo que vive, lo que le hacen vivir&hellip; pero es por supuesto una vida parcial, subjetiva, vivida desde el yo que escribe o siente o recuerda. Es en ese proceso donde cobra toda su legitimidad la opini&oacute;n personal, las circunstancias particulares, y en ocasiones hasta los prejuicios o las injusticias. El <em>Sal&oacute;n</em> es el mundo de Andr&eacute;s Trapiello, es como su hogar, y cada uno gobierna en su casa, e invita o expulsa a quien quiere. Es absurdo discutirle al autor su novela, su mirada, su opini&oacute;n, su &ldquo;filosof&iacute;a&rdquo;, al menos desde esa perspectiva del &ldquo;tener o no raz&oacute;n&rdquo;, de lo ajustado o no de los hechos relatados&hellip;: su calidad no depende de la exactitud o veracidad o proporcionalidad o fidelidad con las que los aludidos son retratados, porque el <em>Sal&oacute;n</em> tiene su mundo interno, y dentro de &eacute;l todo es verdad, porque es una verdad aut&oacute;noma, fundada por &eacute;l mismo. Aqu&iacute; no se cuentan &ldquo;las cosas como fueron&rdquo;, y es algo de lo que el autor viene advirtiendo muchos a&ntilde;os. Todo tiene una sujeci&oacute;n en lo real, un ancla, pero ya hemos asumido que una imperceptible gota de ficci&oacute;n ti&ntilde;e todo de ficci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Escribo todo lo anterior pensando en los &ldquo;antagonistas&rdquo; habituales del <em>Sal&oacute;n</em>, esas figuras m&aacute;s o menos hostiles que act&uacute;an de modos m&aacute;s bien rid&iacute;culos, penosos o malintencionados en p&aacute;ginas donde el <em>Sal&oacute;n</em> se convierte m&aacute;s bien en un <em>Saloon</em>, pero tambi&eacute;n sirve, en el lado positivo, para el resto de personas del &ldquo;mundillo&rdquo; que aparecen de una manera positiva o por lo menos neutra. Ya he escrito varias veces que para m&iacute; &eacute;sas son las p&aacute;ginas m&aacute;s prescindibles y poco significativas: me he divertido gloriosamente con muchas de ellas y s&eacute; que aportan al conjunto un color necesario, acaso imprescindible, pero tengo claro que el libro no trata de eso.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pues, si de personajes hay que hablar, los esenciales son, obviamente, los m&aacute;s cercanos, los elegidos: su mujer, M., que es uno de los grandes personajes de la narrativa espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea, y sus hijos, R. y G., a los que literalmente hemos visto crecer y que ya han adquirido una enorme dimensi&oacute;n propia. Aparte, est&aacute;n sus padres y sus hermanos en Le&oacute;n, los ya mencionados c&oacute;mplices del Rastro, algunos libreros, sus editores valencianos de Pre-Textos, el poeta Eloy S&aacute;nchez Rosillo, el novelista Pedro Garc&iacute;a Montalvo, el tip&oacute;grafo Alfonso Mel&eacute;ndez, el juez granadino Miguel &Aacute;ngel del Arco Torres (quien acaba de publicar, prologada por Trapiello, la segunda parte de sus memorias, otro curios&iacute;simo experimento literario personal) y algunos otros &ldquo;secundarios&rdquo; m&aacute;s particulares o intermitentes, como aquel inolvidable Miguel el Loco de los primeros tomos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y muy deliberadamente he dejado para el final la figura magistral de Ram&oacute;n Gaya, &ldquo;como un padre&rdquo; para Trapiello, seg&uacute;n &eacute;ste mismo dijo en un poema dedicado al pintor. Una vez m&aacute;s, ese libro monogr&aacute;fico sobre la figura y la pintura de Gaya que Trapiello tarde o temprano ten&iacute;a o tiene que escribir, ya est&aacute; en realidad escrito, y est&aacute; disperso por el <em>Sal&oacute;n</em>, atomizado, a fragmentos. La importancia capital que aquel hombre tuvo para nuestro diarista ha sido puesta de manifiesto y reconocida y agradecida por &eacute;ste en innumerables ocasiones, y en cada una de ellas de una forma siempre nueva y hermosa. Lo cierto es que para quienes le&iacute;mos a Gaya despu&eacute;s de leer a Trapiello, familiarizados ya con el mundo de &eacute;ste, es f&aacute;cil hacer &ldquo;el camino de vuelta&rdquo;, entender retrospectivamente c&oacute;mo la visi&oacute;n del mundo y del arte del pintor ilumin&oacute; la del escritor, en una descendencia geneal&oacute;gica evidente. Ocurre, simplemente, que es estrictamente imposible comprender cabalmente la literatura de Trapiello sin entrar en la &ldquo;filosof&iacute;a&rdquo; de Ram&oacute;n Gaya, por razones que se hacen transparentes en cuanto se abre casi cualquier escrito de &eacute;ste.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y 3. Para no complicarnos mucho m&aacute;s.</p>
<p>Pero claro, habr&aacute; quien en el apartado anterior habr&aacute; echado en falta a un personaje bastante importante en el <em>Sal&oacute;n</em>, que es ese al que el autor se refiere como &ldquo;AT&rdquo;. Es aqu&iacute; donde m&aacute;s importaba llegar, aunque tambi&eacute;n es verdad que en buena medida me alivia el haberme quedado ya casi sin espacio para explicar algo que, en realidad, dar&iacute;a para un libro de buen tama&ntilde;o (y de hecho ya hay alguna tesis doctoral por ah&iacute; sobre nuestro <em>Sal&oacute;n</em>). Pero esbocemos el asunto, o al menos algunas de las l&iacute;neas que habr&iacute;a que tratar, lanzando m&aacute;s preguntas que hip&oacute;tesis, m&aacute;s interrogantes que propuestas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En 1990, cuando apareci&oacute; el primer tomo, Trapiello era, fundamentalmente, un poeta, muy conocido en ese &aacute;mbito, as&iacute; como en el de la cr&iacute;tica de arte y en el de la tipograf&iacute;a. De modo que de repente tenemos a un poeta que publica un diario y lo presenta como novela. Y en el libro hay entradas claramente ensay&iacute;sticas (sobre arte y literatura), as&iacute; como aforismos y hasta alguna suerte de caligrama&hellip; Lo h&iacute;brido, pues, est&aacute; en las ra&iacute;ces del proyecto, y no s&oacute;lo por aquello de que un diario lo admite todo, sino porque, conscientemente o no, naci&oacute; para ser la obra central de un hombre que, en el terreno de la literatura, ha tocado literalmente todos los palos, y lo suyo es algo as&iacute; como lo que su amiga Carmen Mart&iacute;n Gaite llam&oacute; un &ldquo;cuaderno de todo&rdquo;. Un cuaderno que lo admite todo y que poco a poco, como quien no quiere la cosa, lo cuenta todo, lo expresa todo, y lo hace de lo muy particular, de lo &iacute;ntimo, de lo privado&hellip; a lo general, lo universal, lo com&uacute;n. Este prop&oacute;sito se ha admitido ya de un modo expl&iacute;cito en entregas recientes (&ldquo;Mi nombre es AT, como el de todo el mundo&rdquo;, lleg&oacute; a escribir, y uno de los futuros tomos se anuncia con el insuperable y melvilliano t&iacute;tulo de <em>Ll&aacute;mame X</em>).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tengo la impresi&oacute;n de que quienes no leen el <em>Sal&oacute;n</em> (que son los &uacute;nicos lectores a los que puede aburrir la frecuencia y la longitud de las sucesivas entregas) lo intuyen cosa de costumbristas, producto del realismo, prosa cotidiana y &ldquo;por tanto&rdquo; sin altura&hellip; y con esos pobres prejuicios se quedan sin leer un innovador y rupturista diario &iacute;ntimo en donde se pueden leen entradas fant&aacute;sticas, p&aacute;ginas que se han escrito solas, recuerdos inventados, apariciones divinas, personajes que se visitan a s&iacute; mismos, solapamientos cronol&oacute;gicos, gente que sube por ascensores que todav&iacute;a no se han instalado&hellip; Eso, en cuanto a la magia, en sentido literal. Pero la magia que nos importa es la otra, la resultante de todo ese talento, ese humor, esa mirada, esa psicolog&iacute;a, esa inteligencia con la que Trapiello habita su mundo y vive su vida. Vivir es ir aprendiendo a conocerse, aprendiendo a aceptarse, tantear los propios l&iacute;mites y si eso atreverse a dar un paso m&aacute;s&hellip; y as&iacute; hemos ido viendo c&oacute;mo AT pas&oacute; de ser un mero yo que contaba las cuatro cosas que le pasaban en los noventa a ser en el nuevo siglo una especie de narrador omnisciente de s&iacute; mismo, un yo total y fundador y soberano de todo lo que ha creado y que sin embargo, por descontado, &ldquo;no es el tema de su libro&rdquo;&hellip; El protagonista de esta novela no es Trapiello, ni siquiera AT, ni el propio libro. El protagonista es&hellip; todo, porque el tema es todo, la vida indivisible, lo que se mira y lo que se piensa y lo que se recuerda y lo que se desea y lo que se imagina y lo que se malicia y lo que se detesta. Todo nace de un yo, pero no construye un yo que se nos est&aacute; revelando, sino que construye todo un cosmos simb&oacute;lico, un sistema filos&oacute;fico basado en la sencillez, en la gratitud, en la verdad y en la alegr&iacute;a. Es ese tipo de libros, pues, que s&oacute;lo leen quienes se los merecen, y por eso es, tambi&eacute;n, tan reconfortante que cada vez vayan sum&aacute;ndose m&aacute;s y m&aacute;s lectores, y adem&aacute;s vayan atrevi&eacute;ndose a declararlo y aplaudirlo, invitados por fin a la mayor fiesta literaria que se haya escrito, que se est&eacute; escribiendo, en much&iacute;simo tiempo.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 21 Mar 2018 06:33:12 +0000</pubDate>
    </item>
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      <title><![CDATA[Martín Caparrós: “Somos muy buenos inventando mitos; no somos tan buenos inventando países”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/martin-caparros-somos-muy-buenos-inventando-mitos-no-somos-tan-buenos-inventando-paises/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas20/febrero/caparros600.jpg" alt="" /></p>
<p class="normal">Los relatos est&aacute;n en la vida de Mart&iacute;n Caparr&oacute;s desde el principio. El escritor y periodista argentino (Buenos Aires, 1957) recuerda que desde muy ni&ntilde;o, y en dram&aacute;ticas circunstancias, comprendi&oacute; que la literatura ten&iacute;a un gran poder, el poder de combatir el miedo. Esa convicci&oacute;n temprana parece haber marcado el camino de este hombre al que la vida, tan llena de historias y de imprevistos, ha ense&ntilde;ado a irse despojando poco a poco de las cosas materiales para viajar ligero de equipaje. Mantuvimos esta conversaci&oacute;n una ma&ntilde;ana luminosa de invierno en la casa del barrio de La Latina, en Madrid, donde el autor ha establecido su domicilio en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Se le ve&iacute;a tranquilo, pero atento al reloj, no sea que se le pasase la hora y no llegase a coger el tren, esta vez rumbo a Barcelona, ciudad en la que vivi&oacute; en el pasado y a la que est&aacute; barajando volver. Pocos d&iacute;as atr&aacute;s hab&iacute;a regresado de M&eacute;xico, donde estuvo en contacto con j&oacute;venes periodistas que siguen viviendo el oficio con pasi&oacute;n. Nada de lo que decora el espacio en el que nos encontramos le pertenece, todo es alquilado. Ma&ntilde;ana estar&aacute; en otra parte y pasado qui&eacute;n sabe. Un cierto aire de provisionalidad impregna el ambiente. Caparr&oacute;s parece estar preparado para coger la maleta en cualquier momento y salir por la puerta rumbo a otros lugares, muchas veces territorios alejados del confort, absolutamente distantes de las preocupaciones, tantas veces banales, que marcan el ritmo cotidiano de los habitantes del primer mundo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">Libros tan reveladores y conmovedores como <em>El hambre</em>, compendios de cr&oacute;nicas como <em>Larga distancia</em>, muestran la forma en que el escritor mira y nos invita a mirar, dando cuenta de que hay otras vidas que merecen atenci&oacute;n, sac&aacute;ndonos del nosotros. La idea de que somos una peque&ntilde;a parte en el desarrollo de la Historia late en toda su obra, tanto en sus relatos period&iacute;sticos como en sus novelas (<em>La historia</em> se titula precisamente una de sus entregas m&aacute;s ambiciosas). &ldquo;Entendamos de una vez nuestra peque&ntilde;ez&rdquo;, parece querer decirnos este n&oacute;mada que atesora im&aacute;genes de personas a las que ha conocido en aeropuertos, pueblos perdidos y ruidosas ciudades, gestos tal vez insignificantes, &ldquo;rasgos de muchas caras que se van borrando con raz&oacute;n&rdquo; (tomo sus palabras del ep&iacute;logo de <em>Larga distancia),</em> tal vez sin haber expresado una &uacute;ltima palabra que encierre un resquicio de verdad, esa verdad escondida en cualquier rinc&oacute;n del mundo, esperando ser descifrada.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Nunca decid&iacute; que quer&iacute;a ser periodista, escritor. Lo &uacute;nico que tengo claro es que desde siempre escrib&iacute;&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Empecemos por el principio. &iquest;Alguna experiencia, an&eacute;cdota, acontecimiento, que haya decantado la vocaci&oacute;n de Mart&iacute;n Caparr&oacute;s? &iquest;En qu&eacute; momento decidi&oacute; que lo suyo era el periodismo, la literatura?</p>
<p class="normal">- Yo nunca decid&iacute; que quer&iacute;a ser periodista, escritor. Lo &uacute;nico que tengo claro es que desde siempre escrib&iacute;. Hay dos peque&ntilde;as historias, una respecto a la lectura y otra a la escritura, que pueden responder a la pregunta. Siempre recuerdo, y lo he instituido como una especie de origen m&iacute;tico en mi relaci&oacute;n con la literatura, un d&iacute;a, cuando ten&iacute;a poco m&aacute;s de cinco a&ntilde;os, en que iba en un coche que manejaba mi padre. En el asiento de adelante estaba &eacute;l, un amigo recostado y yo en medio; detr&aacute;s estaban mi madre, la mujer del amigo y mi hermano chiquito. &Iacute;bamos por una carretera en medio de la lluvia cuando mi padre perdi&oacute; el control del coche, que empez&oacute; a dar vueltas por el campo. Yo iba leyendo un libro de Emilio Salgari, <em>A la conquista de un imperio</em>, y en medio de las vueltas mi gran preocupaci&oacute;n era que no consegu&iacute;a seguir la historia. Se me mov&iacute;an las l&iacute;neas mientras est&aacute;bamos dando vueltas de campana... Al final el coche par&oacute; y con el impacto, en medio del campo, salt&oacute; por el aire el parabrisas y por el hueco que dej&oacute; sali&oacute; volando mi libro, que recuper&eacute; en medio del barro.&nbsp; Tiempo despu&eacute;s pens&eacute; que si en medio de una situaci&oacute;n tan amenazadora la lectura me hab&iacute;a permitido no tener miedo, no era un mal negocio. La segunda historia tuvo lugar un poco m&aacute;s tarde, cuando ten&iacute;a siete u ocho a&ntilde;os. Me gustaba mucho recitar en los actos de la escuela, los d&iacute;as que se celebraba alguna fiesta patri&oacute;tica; cuando se conmemoraba el d&iacute;a de la madre, el del maestro y similares. Entonces los chicos sub&iacute;amos al escenario a recitar algo o a hacer alguna obrita de teatro. En alg&uacute;n momento se me ocurri&oacute; que adem&aacute;s de recitar pod&iacute;a escribir yo mismo los poemas. Ah&iacute; fue cuando empec&eacute; a escribir: un poema a San Mart&iacute;n, que era el h&eacute;roe de la patria argentino, otro a mi madre y as&iacute; sucesivamente.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Recuerdas los primeros libros, autores, que te fascinaron?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;, claro. Para empezar, por encima de todos, mi acompa&ntilde;ante en aquel viaje, Emilio Salgari, con sus piratas de la Malasia, Sandok&aacute;n y compa&ntilde;&iacute;a. Verne tambi&eacute;n, un poco menos. Y Dickens, Jack London, Louisa May Alcott y una docena de libros de un autor brasile&ntilde;o para ni&ntilde;os comunistas, Monteiro Lobato, una especie de recorrido por la historia de la mano de dos chicos que viajaban en el tiempo. Me gustaban los relatos de aventuras, en general, como esos <em>Pasajes de la guerra revolucionaria</em>, de Ernesto Guevara, que me fascinaron cuando ten&iacute;a ocho o nueve a&ntilde;os. Pero, te insisto, no creo que haya tomado nunca la decisi&oacute;n de convertirme en escritor. Empec&eacute; a escribir, nom&aacute;s, porque nunca pude pensar en nada mejor que hacer.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;A Borges vuelvo siempre&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;Se ha mantenido esa fascinaci&oacute;n a lo largo del tiempo? &iquest;Hay libros a los que vuelves una y otra vez? &iquest;Inspiraciones, influencias confesables?</p>
<p class="normal">- Hay, s&iacute;, pero por supuesto no aquellos de los primeros a&ntilde;os. A Borges vuelvo siempre, y a Herodoto y a Quevedo y a Flaubert y a tantos otros. Ahora, por ejemplo, estoy releyendo uno de los libros que siempre me tientan cuando pienso en qu&eacute; querr&iacute;a escribir: <em>La vida instrucciones de uso</em>, de Georges Perec.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Como periodista empezaste en la secci&oacute;n policiaca del diario<em> Noticias</em>, donde el jefe era nada menos que Rodolfo Walsh. &iquest;C&oacute;mo recuerdas esa etapa, te influy&oacute; el contacto con Walsh?</p>
<p class="normal">- Como te dec&iacute;a, yo no quer&iacute;a ser periodista. Entr&eacute; en ese diario porque quer&iacute;a ser fot&oacute;grafo y al cabo de unos meses, por una serie de circunstancias, me propusieron escribir. Era un d&iacute;a de verano, un s&aacute;bado de verano en el que hab&iacute;a poca gente en la redacci&oacute;n. Uno de los periodistas ten&iacute;a que cerrar una p&aacute;gina, estaba preocupado porque no iba a llegar a tiempo a todo y me pregunt&oacute; si yo pod&iacute;a escribir algo a partir del cable de una agencia sobre el hallazgo del pie izquierdo de un andinista japon&eacute;s, que se hab&iacute;a perdido en el Aconcagua diez a&ntilde;os antes. Lo escrib&iacute; y como les pareci&oacute; que estaba m&aacute;s o menos bien me dejaron ah&iacute;, porque segu&iacute;a sin haber gente, porque era verano y dem&aacute;s... As&iacute; fue, por pura casualidad, como empec&eacute; en el periodismo. Ten&iacute;a unos 16 a&ntilde;os y, efectivamente, el jefe de la secci&oacute;n, mi jefe, era Rodolfo Walsh, a quien yo hab&iacute;a le&iacute;do y admiraba mucho. Me gustar&iacute;a poder decir que, adem&aacute;s, su contacto fue una influencia para m&iacute;, que me ense&ntilde;&oacute; mucho, pero no es cierto. Ese trabajo dur&oacute; pocos meses y &eacute;l estaba m&aacute;s concentrado en sus asuntos que en hacer caso al &uacute;ltimo chico que hab&iacute;a llegado. Como aprend&iacute; de Walsh fue ley&eacute;ndolo, que es, adem&aacute;s, como uno debe aprender las cosas.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Los medios que me interesan son los que no se dejan domesticar&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Rodolfo Walsh representa al periodista comprometido. Pag&oacute; con su vida su combate contra la dictadura. &iquest;Hasta qu&eacute; punto ese compromiso sigue vivo en Am&eacute;rica Latina? &iquest;Se arriesga m&aacute;s frente al poder, se cultiva m&aacute;s la cr&iacute;tica en contraste con la alta dosis de domesticaci&oacute;n del periodismo actual en Espa&ntilde;a?</p>
<p class="normal">-&nbsp; Bueno, yo no reivindico a los periodistas que se juegan la vida, en la medida en que si un periodista tiene que jugarse la vida actualmente es porque su pa&iacute;s ha fracasado en la construcci&oacute;n de una sociedad en la cual eso no sea necesario. No creo que el periodismo que se hace en M&eacute;xico, por ejemplo, sea m&aacute;s cr&iacute;tico que el brasile&ntilde;o o el argentino, y, sin embargo, en M&eacute;xico matan a periodistas, pero sucede porque est&aacute;n ejerciendo su trabajo en una situaci&oacute;n en la que ser cr&iacute;tico implica jugarse la vida. Por supuesto que es muy meritorio seguir siendo cr&iacute;tico cuando tu vida est&aacute; en juego, pero no quiere decir que lo seas m&aacute;s, sino que lo eres en una situaci&oacute;n peligrosa. Tampoco creo que sea tanta la diferencia entre el periodismo que se hace en Espa&ntilde;a y el que se realiza en Am&eacute;rica Latina. En Espa&ntilde;a hay muchos medios que est&aacute;n muy domesticados, es cierto, pero hay otros pocos que buscan la forma de no dejarse domesticar. Y esos son los que a m&iacute; me interesan y los que cada vez m&aacute;s gente busca. No podemos comparar el caso espa&ntilde;ol con el de Am&eacute;rica Latina, porque se trata de sociedades muy distintas. Y,&nbsp; de todas maneras, tenemos que aceptar que en esos pa&iacute;ses donde es peligroso poner en pr&aacute;ctica cierto periodismo cr&iacute;tico, tampoco es la mayor&iacute;a, ni mucho menos, la que lo ejerce. No debemos idealizar esa percepci&oacute;n de que all&iacute; los periodistas se juegan la vida. Hay unos pocos que s&iacute; lo hacen, pero hay otros muchos que tragan igual que aqu&iacute;, que en todos lados.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">&nbsp;- &iquest;Crees que el periodismo cr&iacute;tico se ejerce ahora mismo en medios peque&ntilde;os, independientes?</p>
<p class="normal">- &nbsp;&nbsp;S&iacute;. &nbsp;Medios independientes que no tengan los compromisos que hacen que no puedas</p>
<p class="normal">contar ciertas cosas y que busquen f&oacute;rmulas de funcionamiento y de financiaci&oacute;n que no te obliguen a callarte en muchos casos o a decir lo que no te parece apropiado decir.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Est&aacute; claro que no hace falta ir tan lejos para ver la desgracia&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;No crees que en el caso de Espa&ntilde;a est&aacute;n sucediendo muchas cosas que no se est&aacute;n contando, temas de inter&eacute;s humano: desahucios, suicidios, a los que los medios prestan muy poca atenci&oacute;n, que no se visibilizan lo suficiente?</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Seguro. Yo tengo discusiones con amigos periodistas que se empe&ntilde;an en hacer buen periodismo de las cosas que est&aacute;n lejos. Ah&iacute; estoy de acuerdo contigo. Pienso que para algunos grandes medios hablar de la miseria y las injusticias en Nigeria es mucho m&aacute;s tolerable que hablar de las miserias y las injusticias en Carabanchel. Supongo que va por ah&iacute;. Pero hay otros medios que podr&iacute;an no caer en esa regla y que tampoco se ponen a la labor. Lo que est&aacute; claro es que no hace falta ir tan lejos para ver la desgracia.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Si antes hab&iacute;a que saber encontrar, ahora hay que saber desechar&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- De esa etapa en la que empezaste a hoy el periodismo ha cambiado much&iacute;simo. &iquest;Qu&eacute; crees que ha mejorado, en qu&eacute; lo ha hecho mejorar la tecnolog&iacute;a y en qu&eacute; lo est&aacute; perjudicando?</p>
<p class="normal">- Bueno, son muchas cosas, pero hay una en la que la mejora y el empeoramiento se mezclan. Hoy el acceso a la informaci&oacute;n es infinitamente m&aacute;s f&aacute;cil. Cuando empec&eacute; a hacer cr&oacute;nicas de lugares m&aacute;s o menos lejanos, me ten&iacute;a que pasar d&iacute;as y d&iacute;as en distintas bibliotecas de Buenos Aires o bien en alg&uacute;n archivo de peri&oacute;dico. Despu&eacute;s de intensas jornadas pod&iacute;a acabar encontrando dos o tres articulitos perdidos sobre cualquier lugar, por ejemplo sobre Myanmar (Birmania). Ahora pongo Myanmar en Google y en apenas unos segundos tengo muchos m&aacute;s art&iacute;culos de los que pudiera leer en toda mi vida. Si antes hab&iacute;a que saber encontrar, ahora hay que saber desechar. Y lo que indudablemente es una gran ventaja puede ser una gran desventaja en la medida en que uno se deje llevar por la facilidad y no haga m&aacute;s que usar sin m&aacute;s lo que encontr&oacute; en Internet. El asunto es utilizar eso como una base; saber lo que uno quiere buscar e ir y buscarlo. Se trata de no permitir que la facilidad digital reemplace a la irreemplazable forma de&nbsp; conocimiento que significa la experiencia, el ir, el mirar, el escuchar, el registrar...</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Lo m&iacute;o es viajar para contar aquello que quiero contar; ir all&iacute; donde pueda encontrarlo&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Todo eso tiene mucho que ver con <em>Larga distancia</em> [acaba de ser publicado por el sello Malpaso 25 a&ntilde;os despu&eacute;s de su primera edici&oacute;n], un libro que trata sobre el sentido de viajar y de mirar de otra manera hoy, cuando todo est&aacute; tan cerca y cuando se viaja a los sitios para tener la postal, la foto de que has estado ah&iacute;, sin realmente apreciar, aportar, la experiencia propia. Salirse de las rutas trazadas, para arriesgarse un poco, es lo que transmite este libro de cr&oacute;nicas period&iacute;sticas.</p>
<p class="normal">- Bueno, uno puede viajar para incluirse en la postal, que es lo que hace much&iacute;sima gente, como dices, una enorme mayor&iacute;a. Yo no pretendo dar ninguna lecci&oacute;n al respecto. Lo que yo hago no son textos de viajes, ni literatura de viajes. Lo m&iacute;o es viajar para contar aquello que quiero contar; ir all&iacute; donde pueda encontrarlo. No trato en ning&uacute;n momento de contar mi viaje, lo que cuento es un problema, un tema, una cuesti&oacute;n que me parece que merece la pena ser contada. Me resisto a ser incluido en la lista de los viajeros.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Bueno, Chatwin, Paul Bowles, Theroux, todos los grandes escritores viajeros trascienden el relato del viaje y hablan de las circunstancias, de las problem&aacute;ticas, de los pa&iacute;ses que visitan. Su mirada nunca es superficial, no se limita a las localizaciones, a los paisajes...</p>
<p class="normal">- S&iacute;, claro, pero me est&aacute;s hablando de grandes escritores. Yo cuando pienso en literatura de viajes visualizo al se&ntilde;or que se va al Sahara y te cuenta c&oacute;mo dorm&iacute;a, c&oacute;mo com&iacute;a... No es mi caso. Para remitirnos a <em>Larga distancia</em>, el viaje a Bolivia lo hice porque quer&iacute;a conocer de primera mano c&oacute;mo funciona el cultivo de la coca. Cuando fui a la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, en el momento en que estaba a punto de caer, lo hice porque quer&iacute;a saber c&oacute;mo un pa&iacute;s que hab&iacute;a estado durante 70 a&ntilde;os funcionando de determinada manera ya no pod&iacute;a seguir por ese camino, y en China lo que me interes&oacute; fue observar su adaptaci&oacute;n al modelo capitalista. Eso es lo que busco, a veces lo encuentro y otras no, pero, en cualquier caso, lo que me mueve es contar una situaci&oacute;n que, en mi opini&oacute;n, merezca la pena ser contada.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- La escritora colombiana Laura Restrepo dice que lleg&oacute; a la literatura porque el periodismo se le qued&oacute; corto para contar lo que quer&iacute;a contar. &iquest;Te pasa lo mismo?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- No. Como te dec&iacute;a, yo empec&eacute; a ser periodista a los 16 a&ntilde;os porque me toc&oacute;, me gust&oacute;, me encant&oacute; y trat&eacute; de seguir haci&eacute;ndolo, aunque tampoco pude en ese primer momento avanzar mucho, ya que a los 18 me tuve que ir de la Argentina y durante siete u ocho a&ntilde;os no pude regresar. Fue un tiempo que emple&eacute; en otras cosas: estudi&eacute; Historia, traduje... Apenas pude hacer un poquito de periodismo. No fue hasta principios de los 90, cuando ya hab&iacute;a publicado cuatro novelas, cuando empec&eacute; a escribir cr&oacute;nicas. No es que a partir del periodismo empezara a escribir ficci&oacute;n, m&aacute;s bien fue al contrario.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Sigo creyendo que <em>La historia</em> es mi mejor libro, el que m&aacute;s respeto, el que m&aacute;s me importa haber escrito&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- <em>La Historia</em>, novela que acaba de reeditar Anagrama, es una obra muy ambiciosa, muy larga, llena de invenci&oacute;n, de referencias librescas, de juego con el lenguaje. No pocos cr&iacute;ticos la han situado en la estela de Borges, incluso se ha dicho que es la novela que Borges pudo haber escrito, y tambi&eacute;n se ha citado a Cort&aacute;zar por ese car&aacute;cter que tiene de juego, de mezcla. &iquest;Qu&eacute; significa para ti, qu&eacute; lugar ocupa en tu trayectoria?</p>
<p class="normal">- Cuando se public&oacute; <em>La historia</em> yo ya hab&iacute;a publicado ocho o diez libros. Pero fue con esa novela con la que termin&eacute; de encontrar el &iquest;estilo? que todav&iacute;a, de alg&uacute;n modo, me persigue. A&uacute;n sigo creyendo que es mi mejor libro, el que m&aacute;s respeto, el que m&aacute;s me importa haber escrito. Y que tambi&eacute;n, probablemente, sea el que m&aacute;s me hizo disfrutar: despu&eacute;s de todo, uno no inventa un mundo todos los d&iacute;as, &iquest;no?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;No hay nada m&aacute;s maleable que el pasado, y malearlo es un juego de lo m&aacute;s gozoso&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Argentina, sus or&iacute;genes, la indagaci&oacute;n en la identidad colectiva, est&aacute; en el fondo de esta novela en la que inventas una civilizaci&oacute;n inexistente y un lenguaje. Argentina aparece en otras historias como <em>A quien corresponda</em>, <em>Los Living</em> o <em>Echeverr&iacute;a</em>. &iquest;Es irremediable? &iquest;El papel de la memoria, la superaci&oacute;n o aceptaci&oacute;n del pasado, son temas que te han preocupado especialmente, que te siguen preocupando?</p>
<p class="normal">- No dir&iacute;a que son &ldquo;temas que me preocupan&rdquo; en general; son, si acaso, etiquetas que engloban el conjunto de asuntos concretos que me interesa pensar. Y tambi&eacute;n es cierto que estudi&eacute; Historia y que me sigue atrayendo mucho; para tratar de imaginar el futuro, por ejemplo, y, sobre todo, para entretenerse reinvent&aacute;ndola. Como sabes, no hay nada m&aacute;s maleable que el pasado, y malearlo es un juego de lo m&aacute;s gozoso.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Los desaparecidos, tan presentes en <em>Los Living</em> &iquest;siguen escribiendo el presente de Argentina, son sombras, fantasmas, con los que se ha de convivir? &iquest;Se trata de un cap&iacute;tulo a&uacute;n no cerrado o, tal vez, demasiado utilizado, recurrente?</p>
<p class="normal">- Yo no creo que los desaparecidos est&eacute;n tan presentes en <em>Los Living</em>. Creo que hay lugares comunes que se establecen con respecto a los pa&iacute;ses, a sus culturas, que hacen que sea m&aacute;s f&aacute;cil leer sus producciones seg&uacute;n esos clich&eacute;s. <em>Los Living</em> es una novela sobre la muerte visible, presente, cierta, mucho m&aacute;s que sobre la incertidumbre de la desaparici&oacute;n. Y, m&aacute;s en general, no me gusta ese facilismo que atribuye todos los males de un pa&iacute;s a un peque&ntilde;o per&iacute;odo tr&aacute;gico &ndash;aqu&iacute; tambi&eacute;n se hace&ndash;. Creo que eso sirve, sobre todo, para exculpar a todos los dem&aacute;s.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;No creo en la literatura como terapia, como algo que te ayude a asimilar nada&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;A t&iacute;tulo personal, generacional, como te ha marcado todo ese pasado, la dictadura, el exilio...? &iquest;De qu&eacute; manera la escritura, el ejercicio de la memoria, te han ayudado a asimilarlo?</p>
<p class="normal">- A t&iacute;tulo personal me marc&oacute; mucho: por esa violencia me tuve que ir de la Argentina a mis 18 a&ntilde;os y eso, por supuesto, defini&oacute; mi vida. Pero no creo en la literatura como terapia, como algo que te ayude a asimilar nada. Para empezar, no creo que necesitara asimilar nada: lo ten&iacute;a muy asimilado, y ni siquiera lo pas&eacute; particularmente mal. Para seguir, si acaso, escrib&iacute; mucho sobre esas cosas porque son las que conozco, las que se me aparecen cuando quiero escribir, y no para hacer ninguna catarsis particular.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- En <em>Echeverr&iacute;a,</em> tu &uacute;ltima novela publicada hasta el momento, la literatura es esencial a la hora de construir la identidad argentina. Pienso que, desde fuera, muchos nos hemos forjado un mapa del pa&iacute;s a trav&eacute;s de su literatura. Argentina es Borges, Cort&aacute;zar, las Ocampo, tantas y tantas ficciones...</p>
<p class="normal">- Ojal&aacute; fuera eso... Ojal&aacute; fuera todos esos escritores y algunos m&aacute;s que podr&iacute;amos agregar: Mansilla, Arlt, Walsh, Saer, Piglia y el gran etc&eacute;tera. Lamentablemente, si la miras de m&aacute;s cerca, Argentina tambi&eacute;n es muchas otras cosas mucho menos logradas. Somos muy buenos inventando mitos; no somos tan buenos inventando pa&iacute;ses.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Lo que yo hago es escribir; cuando el referente es m&aacute;s real hablamos de periodismo y cuando lo es menos lo denominamos novela&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;C&oacute;mo se combina en tu caso el periodismo y la ficci&oacute;n?</p>
<p class="normal">- No veo que haya un lado y otro. Lo que yo hago es escribir; cuando el referente es m&aacute;s real hablamos de periodismo y cuando lo es menos lo denominamos novela. Pero se trata de lo mismo. Tal como yo lo veo cada tema viene con su tratamiento incorporado. Cuando se me ocurre algo se me presenta desde un primer momento bajo la forma de una novela, de un ensayo, de lo que sea... No se me hubiera ocurrido hacer una novela sobre el hambre. Podr&iacute;a haberlo hecho, por supuesto, pero no se me ocurri&oacute;, y tampoco me dio por abordar desde la no ficci&oacute;n la vida del poeta argentino Esteban Echeverr&iacute;a, porque hay tanto que no se sabe de &eacute;l que ten&iacute;a que inventarlo. Las diferencias solo tienen que ver con el pacto de lectura. Si yo digo que es no ficci&oacute;n el lector sabr&aacute; que todo lo que he escrito ah&iacute; son cosas que averig&uuml;&eacute;, sobre las que me interes&oacute; investigar y pensar, y si digo que es una ficci&oacute;n sabr&aacute; que el libro trata de cosas que de alg&uacute;n modo fui recreando.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Siempre he escrito las cr&oacute;nicas que he querido busc&aacute;ndome la vida&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Volvamos al periodismo. <em>Larga distancia</em> es un t&iacute;tulo que dice mucho: larga distancia, ritmo lento. Gay Talese se&ntilde;ala que el periodismo lo que requiere es tiempo, mucho tiempo, y es eso lo que se est&aacute; perdiendo. &iquest;Crees que se puede recuperar la larga distancia, huir de la inmediatez, de la b&uacute;squeda de los clics r&aacute;pidos que tanto definen al periodismo actual?</p>
<p class="normal">- Ya he reconocido p&uacute;blicamente que el t&iacute;tulo no es m&iacute;o, que es de Rodrigo Fres&aacute;n. Fue &eacute;l quien me lo sugiri&oacute; cuando ya ten&iacute;a el libro preparado. Tiene que ver con una expresi&oacute;n argentina que hace referencia a las llamadas telef&oacute;nicas de larga distancia. Lo explico en el peque&ntilde;o pr&oacute;logo, que es lo &uacute;nico que ha cambiado en la nueva edici&oacute;n de Malpaso. En Espa&ntilde;a se llamaba conferencia a esas llamadas de larga distancia que nos remiten a la &eacute;poca en que hab&iacute;a que pedirle a una operadora que estableciera la comunicaci&oacute;n. Ese sentido se ha perdido con el tiempo y es gracioso, porque deja lugar a este otro significado al que t&uacute; haces referencia del espacio largo y el tiempo m&aacute;s lento. Yo creo que se puede recuperar, reivindicar el uso de otras formas de tiempo para hacer periodismo, claro que s&iacute;. Lo que pasa es que, en general, para nuestro &aacute;mbito hispanoamericano, esto se puede hacer a costa de sacrificios. En Estados Unidos todav&iacute;a hay medios que te pagan el tiempo necesario para trabajar en serio un tema. El otro d&iacute;a le&iacute;a una informaci&oacute;n en la que se alud&iacute;a a una periodista del <em>New York Times</em> que estaba trabajando sobre una denuncia de Harvey Keitel, el que ha desencadenado toda esta catarata de denuncias sobre acoso sexual en Hollywood. Me llam&oacute; la atenci&oacute;n porque se hac&iacute;a referencia a que unos meses antes, cuando la periodista estaba trabajando en el tema, un abogado la llam&oacute; para decirle algo. Esa sensaci&oacute;n de desarrollo en el tiempo resulta inveros&iacute;mil para una investigaci&oacute;n period&iacute;stica en nuestros pa&iacute;ses... No puede dejar de asombrarnos que una periodista se haya tomado tanto tiempo, meses, para elaborar una informaci&oacute;n. Nuestros medios no fomentan ese tipo de trabajo. Si lo queremos hacer tenemos que buscarnos la vida y acometerlo de otra manera, sac&aacute;ndole tiempo al ocio, consiguiendo alg&uacute;n dinero extra para poder tomarnos un mes o dos libres y ponernos a ello. Nadie nos paga por cosas as&iacute; y precisamente eso lo convierte en m&aacute;s meritorio. Por suerte hay bastante gente empe&ntilde;ada en llevar a cabo ese tipo de cr&oacute;nicas. Desde hace unos a&ntilde;os coordino un taller con personas que est&aacute;n trabajando en libros period&iacute;sticos en Oaxaca (M&eacute;xico). Se realiza en colaboraci&oacute;n con la Fundaci&oacute;n Garc&iacute;a M&aacute;rquez y todos los a&ntilde;os recibimos docenas y docenas de propuestas de autores que quieren participar. Nadie les paga por esos libros. Si son buenos las editoriales los acaban comprando, pero una vez que est&aacute;n hechos. Nuestra labor consiste en reunirnos un par de semanas y trabajar en cada proyecto para tratar de mejorarlos en lo que se pueda. Hay docenas y docenas de muy buenos periodistas en Am&eacute;rica Latina y tambi&eacute;n en Espa&ntilde;a. Le sacan tiempo al tiempo por hacer algo por lo que nadie les paga a priori. Y eso me alienta, me alegra. Yo siempre lo he hecho de este modo, siempre he escrito las cr&oacute;nicas que he querido busc&aacute;ndome la vida y casi me gusta m&aacute;s eso que esperar a que llegue un patr&oacute;n que te env&iacute;e seis meses a Tombuct&uacute;... La verdad es que siempre me sorprendo que me paguen por los libros que hago.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Frente a la digitalizaci&oacute;n mayor de los medios la cr&oacute;nica se convirti&oacute; en una especie de campo de resistencia de lo escrito&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- La cr&oacute;nica period&iacute;stica ha vivido una etapa de oro en Am&eacute;rica Latina. <em>Larga distancia</em>, publicado por primera vez a principios de los 90, es un libro pionero. &iquest;En qu&eacute; ha quedado todo eso? &iquest;Responde a una realidad o ha sido solo un reclamo, una etiqueta?</p>
<p class="normal">- Bueno, yo lo llamar&iacute;a un &eacute;xito de consideraci&oacute;n. Efectivamente, en los &uacute;ltimos quince a&ntilde;os se ha hablado mucho de la cr&oacute;nica en Am&eacute;rica Latina y al respecto se han producido estudios diversos, encuentros, trabajos universitarios, antolog&iacute;as... Todo esto est&aacute; muy bien, pero lo cierto es que sigue sin haber medios que publiquen ese tipo de trabajos con entusiasmo. Los que hay son muy chiquitos, esa es la realidad. Hay que asumir que uno no hace lo que hace para que sea brutalmente masivo. No lo es. La cr&oacute;nica period&iacute;stica es un g&eacute;nero que hab&iacute;a tenido un gran momento en los 60, 70, con Wolfe, con Tom&aacute;s Eloy Mart&iacute;nez, con Poniatowska, con Garc&iacute;a M&aacute;rquez... Hab&iacute;a tenido ese gran momento, pero despu&eacute;s hab&iacute;a ca&iacute;do un poco en cierto olvido y, efectivamente, volvi&oacute; a funcionar con mucha fuerza hace unos quince a&ntilde;os. Es una suerte que as&iacute; haya sido. Supongo que tiene que ver un poco con el hecho de que mucha ficci&oacute;n dej&oacute; de contar la realidad circundante y alguien ten&iacute;a que hacerlo; ese espacio le qued&oacute; a la no ficci&oacute;n. Y, por otro lado, frente a la digitalizaci&oacute;n mayor de los medios la cr&oacute;nica se convirti&oacute; en una especie de campo de resistencia de lo escrito, del texto largo, elaborado con tiempo, una manera de luchar contra esa facilidad de lo r&aacute;pido, del clic inmediato.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Pero es una contradicci&oacute;n que este tipo de trabajos se difunda m&aacute;s a trav&eacute;s de libros, no a trav&eacute;s de los medios.</p>
<p class="normal">- Por eso me refer&iacute;a a que se trata de un &eacute;xito de consideraci&oacute;n. Como dec&iacute;a antes, no existen apenas esos medios dispuestos a apostar por la cr&oacute;nica. Pero a m&iacute; lo que me interesa es lo que se hace y mucho menos para qu&eacute; o para qui&eacute;n se hace.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;La creaci&oacute;n de la Fundaci&oacute;n para el Nuevo Periodismo ha sido muy decisiva en la explosi&oacute;n de la cr&oacute;nica&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;Qu&eacute; influencia ha tenido en esta explosi&oacute;n de la cr&oacute;nica Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez?</p>
<p class="normal">- Su influencia ha sido mucha. Por supuesto a trav&eacute;s de sus escritos de no ficci&oacute;n: <em>Noticias de un secuestro</em>; las antolog&iacute;as de sus textos period&iacute;sticos, las <em>Memorias de un n&aacute;ufrago</em>, que a m&iacute; es el que m&aacute;s me gusta, pero, sobre todo, a trav&eacute;s de la fundaci&oacute;n que cre&oacute; en el a&ntilde;o 94, que entonces se llamaba Fundaci&oacute;n para el Nuevo Periodismo Iberoamericano y ahora lleva su nombre. Su creaci&oacute;n ha sido muy decisiva en la explosi&oacute;n de la cr&oacute;nica. Permiti&oacute; formar una red en la que todos empezamos a conocernos, a intercambiar, a ayudarnos, a tratar de comunicar experiencias y saberes los unos a los otros. Esa red consigui&oacute; en mi caso que, por primera vez en mi vida, me sintiera latinoamericano, algo que nunca me hab&iacute;a interesado particularmente. Soy argentino y los argentinos no nos consider&aacute;bamos latinoamericanos, no ten&iacute;amos esa conciencia. A partir de esas interconexiones que se crearon en la Fundaci&oacute;n de Nuevo Periodismo yo empec&eacute; a entablar un di&aacute;logo latinoamericano que nunca antes hab&iacute;a tenido.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Consideras a Garc&iacute;a M&aacute;rquez un pionero, un maestro en este sentido? &iquest;Lo trataste personalmente?</p>
<p class="normal">-&nbsp; S&iacute;. Me parece absolutamente valioso que en un momento en que ya estaba amortizado, ya hab&iacute;a escrito grandes novelas, ya hab&iacute;a obtenido el Premio Nobel y era considerado un pr&oacute;cer, se le hubiera ocurrido hacer el esfuerzo de crear un espacio para que sucediera todo esto, para mejorar el periodismo que se hac&iacute;a en Am&eacute;rica Latina a fuerza de trabajo. Eso me parece un gran acto de generosidad. Yo lo conoc&iacute; personalmente, s&iacute;, porque soy maestro de esa fundaci&oacute;n desde hace 17 a&ntilde;os, desde el 2000, y a &eacute;l le gustaba acudir a los actos y reuniones, que fue donde coincidimos. El sistema b&aacute;sico de la fundaci&oacute;n consiste en la organizaci&oacute;n de talleres en los que los maestros se re&uacute;nen durante cinco d&iacute;as con doce o quince periodistas de distintos lugares que se han postulado para participar. Garc&iacute;a M&aacute;rquez dio algunos de los primeros talleres y despu&eacute;s, de vez en cuando, cuando ya no los daba, aparec&iacute;a en el taller de otro y tomaba parte. Recuerdo, porque fue muy curiosa, la vez que acudi&oacute; a uno de Kapuscinski y ambos se pusieron a defender sus posturas, a discutir.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Si en realidad le importara a mucha gente el hambre no existir&iacute;a&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- De entre todos tus libros supongo que el del <em>Hambre</em> ocupa un lugar muy especial. Es una obra impactante, conmovedora, que mezcla el periodismo sobre el terreno con el ensayo sociol&oacute;gico y la historia en distintos frentes: historia de la econom&iacute;a, de las costumbres, de la alimentaci&oacute;n. Hay en &eacute;l cr&oacute;nica y narraci&oacute;n, an&aacute;lisis y reflexi&oacute;n, la reflexi&oacute;n de quien a la vez que cuenta, se cuenta, se interroga y pone sobre el tablero sus propias contradicciones.</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Puede ser. Yo creo que escrib&iacute; antes varios libros con esa voluntad de mezclar registros, desde una novela como <em>La historia</em>, sin ninguna duda, hasta textos de no ficci&oacute;n como <em>El interior</em> o <em>Contra el cambio</em>, que est&aacute; muy en esa l&iacute;nea. Pero con <em>El hambre</em> pas&oacute; algo raro porque toc&oacute; una fibra que yo no pens&eacute; que fuera a tocar. Decid&iacute; hacerlo porque una vez que hab&iacute;a tenido la idea no me resignaba a no llevarla a cabo, porque me parec&iacute;a que no atreverme iba a ser como una canallada.&nbsp; Pero no cre&iacute; para nada que fuese a ser particularmente le&iacute;do. Sinceramente pens&eacute; que el tema no le iba a importar a nadie, que si en realidad le importara a mucha gente el hambre no existir&iacute;a (precisamente lo que se necesita para que deje de existir es que le importe a mucha gente). Me planteaba que si no miramos al hambre es porque no tenemos ganas, porque no nos interesa, ya que estamos rodeados de informaci&oacute;n sobre el tema. Es mucho m&aacute;s dif&iacute;cil encontrar una p&aacute;gina porno que encontrar toda la informaci&oacute;n que existe sobre el hambre, y sin embargo las p&aacute;ginas porno tienen millones y millones de visitas y las del hambre no tienen ninguna. Sabiendo todo eso me plante&eacute; que estaba escribiendo ese libro porque no pod&iacute;a no hacerlo, pero pr&aacute;cticamente convencido de que muy poca gente lo iba a leer. Para mi sorpresa est&aacute; circulando mucho m&aacute;s de lo que hubiera imaginado, se ha publicado ya en m&aacute;s de veinte pa&iacute;ses y ha permitido que mucha gente haya empezado a hablar del asunto, a enterarse con m&aacute;s intensidad de la cuesti&oacute;n, cosa que me alegra mucho.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Fue especialmente duro escribirlo?</p>
<p class="normal">- Bueno, el trabajo result&oacute; arduo. Lo m&aacute;s complicado fue afrontar un fen&oacute;meno en el que convergen much&iacute;simas causas y efectos, situaciones y datos. Encontrar la manera de coordinar todo eso no era sencillo. Eso fue lo m&aacute;s dif&iacute;cil, crear cierta apariencia de orden dentro de la complejidad, transmitir, hacer comprender la suma de razones que producen el hambre, el hecho de que en un mundo que puede producir alimentos para doce mil millones de personas haya todav&iacute;a 800, 900 millones, que no comen suficiente. Para poder empezar a entender el hambre hay que poner en relaci&oacute;n much&iacute;simas cuestiones. Ese era el desaf&iacute;o mayor.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Hay que ponerse una coraza para poder acercarse a la pobreza extrema; hay que imponerse tomar distancia...? &iquest;Cu&aacute;l es tu manera de enfrentarte a situaciones tan al l&iacute;mite?</p>
<p class="normal">- Nadie dice que no me afecte. Centr&aacute;ndonos en el libro del hambre, claramente hab&iacute;a momentos en que s&iacute; me afectaba. Llevo unos 30, 40 a&ntilde;os, tratando este tipo de temas duros y no fue que de pronto me enfrentara con algo que no conoc&iacute;a, que me sorprendi&oacute; y que acab&oacute; con mis defensas. Lamentablemente he estado varias veces cerca de este tipo de desgracias y con el tiempo uno va aprendiendo que existen. Por supuesto que te afectan, pero te creas una especie de sistema para ir aproxim&aacute;ndote a esas circunstancias. Cuando empiezas a conocer este tipo de cuestiones puedes optar por decir: &ldquo;no lo soporto, me voy, no me ocupar&eacute; nunca m&aacute;s de esto&rdquo;, o puedes encontrar la forma de&nbsp; soportarlo. La m&iacute;a, en general, es decirme que por lo menos estoy haciendo algo. S&eacute; que no alcanza en absoluto, pero es algo. Supongo que eso me aminora un poco la culpa y hace que pueda seguir viendo cosas que son tan duras de mirar.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Cuando uno cuenta algo que es muy dram&aacute;tico no debe subrayar ni adjetivar en demas&iacute;a ni sobreactuar el dramatismo porque se lo carga&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- A veces da la impresi&oacute;n de que ya lo has visto todo. Hay como una especie de escepticismo, de descreimiento... Pero tambi&eacute;n parece que en los peque&ntilde;os gestos humanos de empat&iacute;a acabas encontrando como una especie de asidero.</p>
<p class="normal">- Yo no creo que haya en mis libros, sobre todo de no ficci&oacute;n, ese escepticismo del que hablas. Si fuera esc&eacute;ptico no me pasar&iacute;a a&ntilde;os trabajando en libros como <em>El hambre</em>. Yo no lo veo. Si ese libro conmueve, como me dec&iacute;as antes, no puede ser esc&eacute;ptico. Si estuviera planteado as&iacute; producir&iacute;a otro efecto. Pero s&iacute; es verdad, y yo siempre lo digo, que cuando uno cuenta algo que es muy dram&aacute;tico no debe subrayar ni adjetivar en demas&iacute;a ni sobreactuar el dramatismo porque se lo carga, porque hace que se transforme todo en un clich&eacute;, en un culebr&oacute;n. Tu impresi&oacute;n quiz&aacute; tenga que ver con eso. Es cuesti&oacute;n de estilo y de eficacia narrativa.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Despu&eacute;s de haber estado cerca de tantas desgracias, de tantas experiencias terribles, &iquest;qu&eacute; te sigue maravillando, sorprendiendo? Al final del libro te refieres a las peque&ntilde;as cosas que se te han grabado de cada viaje, de cada experiencia.</p>
<p class="normal">- Mira, para hacerlo cronol&oacute;gicamente sostenible, lo &uacute;ltimo que me maravill&oacute; y me sorprendi&oacute;, lo encontr&eacute; en una exposici&oacute;n en Mil&aacute;n, una instalaci&oacute;n de realidad virtual de Gonz&aacute;lez I&ntilde;&aacute;rritu (director de cine mexicano) en la que te metes en un espacio y durante ocho o diez minutos compartes la situaci&oacute;n de un grupo de gente que est&aacute; tratando de cruzar la frontera de M&eacute;xico a Estados Unidos. La instalaci&oacute;n est&aacute; incre&iacute;blemente bien hecha, realmente t&uacute; te sientes dentro de esa situaci&oacute;n en que llegan los rangers y nos tiran a todos al suelo y nos amenazan y nos gritan... Entonces ves y sientes el desamparo de todas esas personas. Mientras me encontraba ah&iacute; pens&eacute; que se trata del comienzo de un camino que dentro de veinte, treinta a&ntilde;os, ser&aacute; la manera de contar historias. Pero lo que me conmovi&oacute; de verdad sucedi&oacute; despu&eacute;s, al salir de esa situaci&oacute;n de realidad virtual, y pasar a otra sala donde hab&iacute;a diez migrantes, las mismas personas con las que supuestamente compartiste ese momento terrible, en pantallas de lo m&aacute;s austeras, relatando sus experiencias. Me impresion&oacute; sobre todo la historia de una mujer que se llama Lina, guatemalteca, si recuerdo bien, que contaba c&oacute;mo hab&iacute;a cruzado la frontera, que le hab&iacute;a costado mucho, y finalmente llegado a Los &Aacute;ngeles, donde se hab&iacute;a empleado en una casa de familia y hab&iacute;a trabajado durante veinte a&ntilde;os para conseguir traer a sus cinco hijos, que hab&iacute;a dejado en su pa&iacute;s. Al cabo de esos veinte a&ntilde;os consigui&oacute; traer a la &uacute;ltima de los cinco, que era una nena que ten&iacute;a tres a&ntilde;os la &uacute;ltima vez que ella la vio y 23 cuando la tuvo de nuevo a su lado. Hab&iacute;a otros que contaban historias mucho m&aacute;s dram&aacute;ticas, mucho m&aacute;s heroicas, tal vez, pero esta especie de determinaci&oacute;n serena y sostenida de una se&ntilde;ora que se pas&oacute; veinte a&ntilde;os de su vida trabajando para conseguir algo que la mayor&iacute;a de nosotros damos por sobreentendido, tener a nuestra familia con nosotros, me impresion&oacute;, me emocion&oacute; mucho.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- En el libro del <em>Hambre</em> hay muchas historias de ese tipo. &iquest;Sigues record&aacute;ndolas, llegas a entablar una relaci&oacute;n con la gente que las protagoniza?</p>
<p class="normal">- Bueno, es una relaci&oacute;n rara porque no se sostiene con hechos. La mayor parte de la gente que pude entrevistar para <em>El hambre</em> la encontr&eacute; en la calle, en hospitales... Era gente que no ten&iacute;a ni direcciones de correo electr&oacute;nico ni nada por el estilo, por lo que resulta imposible seguir manteniendo el contacto. Pero s&iacute; que contin&uacute;o pensando en todos esos encuentros. Es raro, porque se trata de relaciones en cierto punto desparejas, porque es muy probable que mucha de esa gente me haya olvidado. Cualquiera puede resumirlo as&iacute;: &ldquo;Un pelao que pas&oacute; un d&iacute;a, que me hizo unas preguntas, le cont&eacute; unas historias y ya&rdquo;. Mientras que yo sigo trabajando con esas personas. Escuch&eacute; sus historias, las cont&eacute;, las escrib&iacute;, de vez en cuando me preguntan por ellas, las releo... Curiosamente, quiz&aacute; para m&iacute; esos momentos hayan sido mucho m&aacute;s fuertes que para ellas.</p>
<p class="normal" align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Lo m&aacute;s parecido a una patria es el lugar donde uno se siente m&aacute;s a disgusto, con el que tiene m&aacute;s peleas&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;C&oacute;mo carajo conseguimos vivir sabiendo? Es una pregunta que te repites una y otra vez en <em>El hambre </em>&iquest;C&oacute;mo se enfrenta ahora mismo Mart&iacute;n Caparr&oacute;s al presente? Cuando te acercas al Tercer Mundo, cuando observas tan de cerca el peligro, la desgracia, la violencia, &iquest;c&oacute;mo se vuelve uno a integrar en este mundo en el que preocupan cosas absolutamente banales o se discute por nacionalismos, por banderas?</p>
<p class="normal">- Bueno... Respecto a las banderas yo siempre he sido muy cr&iacute;tico y, ah&iacute; s&iacute;, esc&eacute;ptico. Antes dije que soy argentino (nac&iacute; all&iacute; y all&iacute; he vivido 40 y tantos de mis 60 a&ntilde;os), pero la verdad es que me siento a gusto o a disgusto en cualquier parte y creo que lo m&aacute;s parecido a una patria, si uno pudiera aceptar esa palabra intolerable, es ese lugar donde uno se siente m&aacute;s a disgusto, el lugar con el que uno tiene m&aacute;s peleas. Cuando est&aacute;s de paso tienes muchas menos peleas con ese sitio. En cuanto a lo que me preguntas, a mi manera de enfrentarme al presente, supongo que todo lo vivido ha hecho que vaya cambiando cosas. Yo ahora casi no tengo objetos propios. En las ciudades en las que vivo las casas no son m&iacute;as, sino alquiladas con todos sus muebles y objetos dentro. Mis cosas caben en dos maletas. Ten&iacute;a una casa en Buenos Aires, pero la vend&iacute; y desparram&eacute; todos los objetos que conten&iacute;a. No me interesa m&aacute;s tener cosas, creo que no es necesario, que no merece la pena.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Se puede hablar de aprendizaje, de la clase de aprendizaje al que se llega con los a&ntilde;os?</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Creo que eso puede considerarse un aprendizaje. Necesito muy pocas cosas y esas las tengo. Necesito mi ordenador, un poco de ropa, toda igual, y no mucho m&aacute;s. Paso m&aacute;s de la mitad del tiempo fuera del sitio donde supuestamente vivo. Eso quiz&aacute; es lo que he aprendido y, de alguna manera, tambi&eacute;n es un lujo. Supongo que cuando uno no tiene cosas quiere tenerlas... Tal vez sea un lujo decir: &ldquo;me puedo permitir no tener cosas&rdquo;. Yo, al menos, me siento m&aacute;s ligero. No digo m&aacute;s libre, porque libertad es una palabra muy grande, pero s&iacute; m&aacute;s ligero.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;El capitalismo cree que no va a tener reemplazo, pero lo habr&aacute;&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Muchos de tus libros comparten, a veces de manera sutil, otras m&aacute;s evidente, una cr&iacute;tica al capitalismo.</p>
<p class="normal">- S&iacute;, claro. El capitalismo es en s&iacute;ntesis una forma de explotar tu fuerza de trabajo y que alguien por el hecho de ser el due&ntilde;o de un medio de producci&oacute;n consiga un beneficio de esa fuerza de trabajo. En este sentido sigo con mucha ortodoxia lo que dec&iacute;a el viejo Marx. Lo creo y espero con ansia eso que, con toda probabilidad, nunca ver&eacute;, el sistema econ&oacute;mico y social que llegar&aacute; tras el capitalismo. En todo caso, estoy convencido de que eso suceder&aacute;. Tratan de hacernos creer que no, que no hay ning&uacute;n reemplazo posible para el capitalismo, pero eso es un absoluto disparate. Estudi&eacute; Historia y una de las pocas cosas que aprend&iacute; con cierta convicci&oacute;n es que todos los sistemas pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos y sociales han ca&iacute;do y han cambiado, aunque, por supuesto, siempre se crey&oacute;, en cada momento, que nunca iban a caer y a ser reemplazados por otros. Ahora estamos en ese punto, no hay nada nuevo. El capitalismo cree que no va a tener reemplazo, pero lo habr&aacute;. Es muy probable que yo no pueda verlo, es una l&aacute;stima, pero si algo me interesa es tratar de mirar los signos que podr&iacute;an darnos algunas informaciones, algunas ideas, de c&oacute;mo ser&aacute; ese cambio.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- El capitalismo parece muy tocado, pero resiste y puede que cada vez m&aacute;s salvaje.</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Ahora parece muy tocado, pero por el momento no se vislumbra cu&aacute;l ser&aacute; el reemplazo. Ning&uacute;n sistema termina de caer si no hay otra construcci&oacute;n esperando y por ahora esos nuevos cimientos no se ven. En cuanto a que el capitalismo es m&aacute;s salvaje hoy, no lo s&eacute;... Tenemos tendencia a mirar a corto plazo en ese sentido y si comparamos el capitalismo del siglo XXI con el del siglo XIX, era infinitamente m&aacute;s salvaje el del XIX. Los chicos de diez a&ntilde;os trabajaban doce horas en las f&aacute;bricas inglesas, norteamericanas, francesas. Ahora la mayor&iacute;a, el 95% va a la escuela. Tenemos tendencia a pensar por un lado que el sistema en el que vivimos no va a cambiar nunca y por el otro que nunca nada ha sido peor. &ldquo;Le tocaron, como a todos los hombres, tiempos dif&iacute;ciles en que vivir&rdquo;, dec&iacute;a Borges, ri&eacute;ndose un poco de esa idea.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Nos falta historicidad. Nos falta pensarnos como un momento en un largo desarrollo&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Sucede que estamos inmersos en la inmediatez y nos falta memoria, perspectiva.</p>
<p class="normal">- Nos falta historicidad. Nos falta pensarnos como un momento en un largo desarrollo. Eso es lo que m&aacute;s me interesa de la Historia y eso es lo que m&aacute;s dif&iacute;cil parece ser para mucha gente.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Alg&uacute;n proyecto pendiente, algo que te gustar&iacute;a hacer y que todav&iacute;a no hayas podido llevar a cabo?</p>
<p class="normal">- &iquest;Algo pendiente? No s&eacute;... Escribir un buen libro, un d&iacute;a, con un poco de suerte (risas). Lo que es indudable es que me gusta escribir y sigo haci&eacute;ndolo. Ahora mismo tengo varios libros en proceso, pero no porque los tenga pendientes, sino porque es lo que hago en la vida. Por el momento he acabado una novela que se publicar&aacute; en los pr&oacute;ximos meses y estoy trabajando en otra. En estos dos &uacute;ltimos a&ntilde;os he estado m&aacute;s volcado en la ficci&oacute;n. Escribo columnas para distintos medios en las que trato temas de actualidad y me apetece hacer alg&uacute;n libro de no ficci&oacute;n m&aacute;s o menos pronto, pero no acabo de determinar el tema. Me gustar&iacute;a tratar de entender cu&aacute;les son justamente los nuevos desarrollos pol&iacute;ticos que pueden aparecer m&aacute;s all&aacute; del sistema actual. Me gustar&iacute;a ver la manera de empezar a detectarlos, pero por el momento no s&eacute; bien c&oacute;mo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Argentina me parece que es una especie de pa&iacute;s calesita&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;Cu&aacute;l es tu relaci&oacute;n actual con Argentina?</p>
<p class="normal">-&nbsp; Voy una o dos veces por a&ntilde;o, b&aacute;sicamente porque mi hijo vive all&iacute;. Fuera de eso es evidente que me interesa lo que pasa en mi pa&iacute;s, estoy al tanto, sigo hablando con amigos y ahora me acaban de nombrar ciudadano ilustre de Buenos Aires, cosa que me impresion&oacute; un poco y que me ha hecho gracia, aunque seguramente no vaya a poder hacer nada para merecer ese honor. Me interesa Argentina, pero tambi&eacute;n me aburre. Como ya he escrito tantas veces me parece que es una especie de pa&iacute;s calesita, en espa&ntilde;ol tiovivo. Se dan vueltas, vueltas y vueltas, para siempre volver a lo mismo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Espa&ntilde;a ahora est&aacute; infinitamente mejor que hace 50 a&ntilde;os&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;No pasa algo similar con Espa&ntilde;a?</p>
<p class="normal">- Bueno, pero si lo ves en el mediano plazo, Espa&ntilde;a ahora est&aacute; infinitamente mejor que hace 50 a&ntilde;os. Puede ser que peor que hace diez, en una especie de retroceso, es cierto, pero, en el mismo periodo de tiempo, Argentina est&aacute; mucho peor; del 3% de pobreza se ha pasado al 30% y puedo seguir dando m&aacute;s cifras desalentadoras. Todos los datos sociales y econ&oacute;micos han empeorado much&iacute;simo. En ese sentido, afortunadamente para Espa&ntilde;a, no se parecen tanto.</p>
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<p class="normal">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 21 Mar 2018 06:27:14 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pablo d'Ors: "Los libros son más inteligentes que los autores"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/pablo-dors-los-libros-son-mas-inteligentes-que-los-autores/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2018/dors500.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>PABLO D&rsquo;ORS: &ldquo;LOS LIBROS SON M&Aacute;S INTELIGENTES</strong><strong> QUE LOS AUTORES&rdquo;</strong></p>
<p>A la pregunta de cu&aacute;l es su museo favorito, sonr&iacute;e con malignidad y se&ntilde;ala el de los Expresionistas de Coblenza. Este museo, en el centro de Alemania, es de ficci&oacute;n y est&aacute; creado por &eacute;l. Sus salas y pasillos se encuentran en <em>El estupor y la maravilla</em>, publicado en 2007, pendiente de reeditar. El libro contin&uacute;a por otros medios y con otros fines el ejemplo de, pongamos, <em>El museo imaginario</em> de Malraux, en&eacute;sima demostraci&oacute;n de que es la modernidad, por m&aacute;s que les pese a los fans de la reacci&oacute;n, la que mantiene vivo el pasado. Aunque el proyecto del franc&eacute;s dialogue mejor con la pinacoteca de tres horas de su abuelo &ndash;cambiando tradici&oacute;n por clasicismo y modernidad por barroco-. Eugenio d&rsquo;Ors convirti&oacute; el Prado en un trampol&iacute;n para blandir sus teor&iacute;as. Lo que ves poco importa si te contempla indiferente. Es la forma de mirar la que establece un c&aacute;lculo est&eacute;tico. Bien, pues la mirada de Pablo d&rsquo;Ors es indiscutible y esta entrevista asume sus adherencias. Su subjetividad conecta con la de su abuelo, y las dos, con el continuo de la Historia, una Historia con palcos para el humor y el rigor. Los dos comparten con Malraux la alegr&iacute;a, el sentimiento que echamos de menos en Benjamin y puede que en Adorno; una alegr&iacute;a enfrentada a las Tinieblas. Porque el desastre est&aacute; ah&iacute;, pero para ser combatido. Nunca vencer&aacute;, tampoco desaparecer&aacute;. Su sombra forma parte de la del hombre, o, si se quiere, de la del mundo. Sin el cruce de luz y sombra, la partitura no sonar&iacute;a. La sombra llama a la luz para que &eacute;sta afine la orquesta. Y <em>el deseo de luz produce luz</em>, aserto de Simone Weil que Pablo d&rsquo;Ors elige para abrir su <em>Biograf&iacute;a del silencio</em> (2012). Y si Malraux reivindic&oacute; la poes&iacute;a dentro de la pintura, &eacute;l lo hace en la religi&oacute;n como su abuelo lo hizo en el estudio de los hechos pasados. El humanismo se opone a la destrucci&oacute;n como los juicios positivos se oponen a los negativos. Es la estructura molecular de su luz la que prevalece a lo largo del tiempo. Porque el tiempo no tiene ancho. S&oacute;lo largo. <em>Fiat</em>.</p>
<p>Aparte del de Coblenza, Pablo d&rsquo;Ors se queda con el Rodin de Par&iacute;s y el Cerralbo madrile&ntilde;o. En realidad, y aunque la pintura le acompa&ntilde;a desde siempre, no es persona de museos. Lo visita en la intimidad. &ldquo;El arte es un lujo necesario&rdquo;. Y un lugar para el encuentro con el misterio de la vida.</p>
<p>- &ldquo;Un lujo necesario&rdquo;. Me recuerda a Nicol&aacute;s Castellanos, a &eacute;l le escuch&eacute; que los pobres tienen &ldquo;derecho a la belleza&rdquo;.</p>
<p>- Qu&eacute; bonito.</p>
<p>- Operaba en una zona de Bolivia y luchaba porque los barracones tuvieran armon&iacute;a y atractivo. Usted, en <em>Entusiasmo</em> (2017), maneja el binomio pobreza-belleza.</p>
<p>- Es el binomio cristiano por excelencia. La belleza, m&aacute;s all&aacute; de la forma <em>visible</em>, es lo que se manifiesta agradable en nuestro <em>interior</em>. Tiene que ver con las sensaciones, con las emociones, y exige un trabajo de purificaci&oacute;n de la mirada, que lleva a purificar el o&iacute;do y el coraz&oacute;n. Es un camino profundo ajeno a los c&aacute;nones &ndash;ni cl&aacute;sico ni a la moda-.</p>
<p>- La visita a un museo dice que es una experiencia &ldquo;funeraria&rdquo; [asiente con veneno]. Los vigilantes son &ldquo;como los enterradores, y los gu&iacute;as como los predicadores y charlatanes de las exequias (&hellip;) Los que todav&iacute;a hoy van a los museos son gente extra&ntilde;a: raros, inadaptados, solitarios, enfermos&hellip;&rdquo;. &iquest;En qu&eacute; categor&iacute;a se ve?</p>
<p>- En todas [mirada enso&ntilde;ada, los ojos como sin terminar de abrir]. No me refiero al visitador ocasional que, con motivo de un viaje, dedica una ma&ntilde;ana a un museo que le han dicho que es importante. Dejo fuera al turista. Me refiero al que va con regularidad, singular, especialmente dotado. A m&iacute; lo que me interesaba en el libro era hablar de dos cosas, por eso invent&eacute; el museo. Una, el acto de <em>contemplaci&oacute;n</em>, y, m&aacute;s concretamente, el acto de contemplaci&oacute;n de lo ordinario en el contexto de lo extraordinario. En un museo se exponen piezas extraordinarias que justamente son las que permiten apreciar la <em>ordinariez</em> del mundo. Algo as&iacute; como el efecto de valoraci&oacute;n que producen los d&iacute;as festivos sobre los cotidianos. La segunda cosa es la idea de <em>exposici&oacute;n</em> en s&iacute;, el hecho mismo de <em>exponer</em>, o sea, de mostrar a los otros lo que uno <em>ha hecho</em> como resumen de <em>lo que es</em>.</p>
<p>- Un museo con trazas religiosas.</p>
<p>- Eso que dice desemboca en la tercera idea no expuesta literalmente del libro: buena parte de los templos occidentales est&aacute; siendo desacralizada y los museos se conviertan en lugares de culto. Nuevos templos. En la literatura se ve muy claro: cuando las personas dejan de creer en Dios, como necesitan alg&uacute;n tipo de espiritualidad, se refugian en el mundo del arte, y, as&iacute;, los museos se van convirtiendo en templos de lo sagrado. Buena parte de la Historia del Arte del siglo XX se explica desde ah&iacute;. No toda, pero buena parte. Erradicar lo religioso no apaga nuestra sed espiritual, que es lo que nos caracteriza y a lo que hay que dar cauce.</p>
<p>- Ojal&aacute;. &iquest;No ve nuevos templos m&aacute;s prosaicos: tiendas de electr&oacute;nica, bancos, cadenas de ropa&hellip;?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -&nbsp; Tiene raz&oacute;n. Y el templo por excelencia es el estadio de f&uacute;tbol. Un lugar en el que se produce una experiencia m&iacute;stica. Hay una uni&oacute;n de todos y una identificaci&oacute;n con los s&iacute;mbolos. Claramente. Y luego est&aacute; la sociedad de consumo en pleno, a la que usted se refiere, cuyo m&aacute;ximo exponente son los centros comerciales. Pero el arte conserva un prestigio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Muchos agn&oacute;sticos y no creyentes viven la dimensi&oacute;n espiritual desde la dimensi&oacute;n art&iacute;stica&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Todav&iacute;a.</p>
<p>- Es un espacio minoritario, para las &eacute;lites... pero ah&iacute; est&aacute;. Resistiendo. Muchos agn&oacute;sticos y no creyentes viven la dimensi&oacute;n espiritual desde la dimensi&oacute;n art&iacute;stica. Esto es lo que quer&iacute;a apuntar.</p>
<p>- Se acaba de referir a lo que uno <em>ha hecho</em>. Usted ha <em>hecho</em> &ndash;o <em>concebido</em>- la casa en la que estamos. &iquest;La morada es parte de la obra?</p>
<p>- S&iacute; [vuelve a sonre&iacute;r]. Esta casa la pensamos mi hermano y yo. &Eacute;l [Juan d&rsquo;Ors] vive debajo. Debe de ser la &uacute;nica en el mundo con una sala de ensayo [para teatro] en el s&oacute;tano y un oratorio en la planta alta. Es importante generar espacios. Como sabe, el libro es el espacio creado por el autor para los lectores. En el hogar, sea el que sea, nos sentimos nosotros. Esta casa quer&iacute;a ser un hogar para que otros la habiten si quieren. Por eso es grande y est&aacute; abierta. Con ella cumpl&iacute; un sue&ntilde;o har&aacute; quince a&ntilde;os. Yo siempre hab&iacute;a vivido en habitaciones peque&ntilde;as y en pisos diminutos. Logr&eacute; construirla en torno a los cuarenta y dos a&ntilde;os. De todas maneras, es un sue&ntilde;o que, como todo sue&ntilde;o realizado, no repetir&iacute;a.</p>
<p>- &iquest;Como todo sue&ntilde;o?</p>
<p>- No s&eacute;. Alguno s&iacute; repetir&iacute;a en una segunda vida. Se me ocurre el ser escritor.</p>
<p>- &iquest;Por qu&eacute; la casa no?</p>
<p>- Levantarla fue duro sicol&oacute;gica y econ&oacute;micamente.</p>
<p>- &iquest;La levant&oacute; con sus manos?</p>
<p>- Realmente no. Ni soy arquitecto ni obrero de la construcci&oacute;n. Pero lo que est&aacute; dentro s&iacute; tiene que ver con mis manos. Supuso un desgaste grande. No repetir&iacute;a porque mucha de la energ&iacute;a que metemos en las cosas se la quitamos a otras cosas. Aunque un hogar es importante no merece tanta como yo le met&iacute;. Habr&iacute;a preferido invertirla en otro libro o en ayudar a alguien.</p>
<p>- Los j&oacute;venes, &iquest;no aspiran en seguida a una vivienda?, &iquest;no tienen demasiado af&aacute;n por los asideros materiales?</p>
<p>-Los asideros materiales son necesarios, pero tendr&iacute;an que ser los menos. En general, cuanta m&aacute;s seguridad material alcanzamos, menos solidez interior tenemos. Si volcamos nuestra energ&iacute;a &ndash;por eso la conclusi&oacute;n previa- en lo exterior &ndash;y en lo material-, no la volcaremos en nosotros. No voy a decir que trabajar el exterior no valga, pero la roca s&oacute;lida la tenemos dentro. Nuestros deseos de realizaci&oacute;n en el exterior son una huida de la verdadera construcci&oacute;n, que debe ser la interioridad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Creo con firmeza en el poder de la quietud. Cuanto m&aacute;s quietos estamos, m&aacute;s conscientes somos del movimiento exterior y del movimiento interior&rdquo;</strong> </p>
<p>- &iquest;Y la prisa? En sus libros se aprecia una valoraci&oacute;n del camino y del paso a paso.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me gusta que se vea. Yo creo con firmeza en el poder de la quietud. Cuanto m&aacute;s quietos estamos, m&aacute;s conscientes somos del movimiento exterior y del movimiento interior. Desde luego, un libro se escribe muy despacio. No digo que no haya p&aacute;ginas, incluso cap&iacute;tulos, que no se escriban r&aacute;pido. Pero globalmente la concepci&oacute;n, la gestaci&oacute;n y su alumbramiento son lentos. Un libro lleva a&ntilde;os. Y no escribes los libros que quieres escribir, sino los que piden ser escritos dentro de ti. Hay que estar atento para escuchar al libro que pide ser escrito. Los intereses que t&uacute; tienes no coinciden casi nunca con los de los libros. Los libros son mucho m&aacute;s inteligentes que los autores cuando son verdaderos. Mis libros saben m&aacute;s de la vida que yo. Yo soy mucho m&aacute;s tonto, sin comparaci&oacute;n. Puede parecer una <em>boutade</em>, pero es una verdad como un castillo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Lo extraordinario de la aventura art&iacute;stico-literaria es llegar al <em>yo profundo&rdquo;</em></strong></p>
<p>- Porque el autor no es el autor. Es un mediador.</p>
<p>- O un canal. Mis libros tienen pensamientos m&aacute;s l&uacute;cidos y pre&ntilde;ados de fuerza y de sentido de lo que yo soy capaz. Me los he encontrado como un regalo. No son resultado de rec&oacute;nditas reflexiones. Son regalo de las musas. Mis libros, igual que algunas de mis conferencias, son mejores que yo. Como otros pueden sostener que sus hijos son la versi&oacute;n mejorada de ellos. Algo parecido. Lo extraordinario de la aventura art&iacute;stico-literaria es llegar al <em>yo profundo</em>. Llegando al yo profundo, el autor consigue ser muy personal y, al mismo tiempo, muy universal. Porque es personal es universal. Si escribes desde el <em>yo superficial</em> no hay universalidad posible. Habr&aacute; folclore o an&eacute;cdota.</p>
<p>- Puede ocurrir lo contrario, que un libro pida ser escrito y luego no sea m&aacute;s inteligente o profundo que la persona. &Aacute;frica Sendino [protagonista de <em>Sendino se muere</em> (2012)] le decepcion&oacute;. Ella misma se decepcion&oacute;. Su presencia transmit&iacute;a lo que no alcanzaba su palabra.</p>
<p>- Es que Sendino no era escritora. Por eso su fuerza no estaba en la escritura. Me pas&oacute; lo mismo con Franz Jalics, mi maestro de meditaci&oacute;n. En todos los encuentros con &eacute;l tom&eacute; nota de sus observaciones, que me parec&iacute;an luminosas. Al poco, rele&iacute;das, me ofrecieron una impresi&oacute;n banal. &iquest;Esto a qu&eacute; se debe?: a que la fuerza de Jalics tampoco era la palabra, sino su presencia, tan repujada en el silencio. Sendino, en otro orden, dispon&iacute;a de la misma irradiaci&oacute;n. Hablar bien no es suficiente para alcanzar una completa expresi&oacute;n.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; protege la verbalidad del escritor?</p>
<p>- En primer lugar, su voz interior; despu&eacute;s, su oficio &ndash;normalmente sostenido durante d&eacute;cadas-; y en tercer lugar, un estilo de vida. Es mi caso.</p>
<p>Las <em>Andanzas del impresor Zollinger</em> (2003) incluye en la portada de su primera edici&oacute;n un figur&iacute;n que hizo a los cuatro a&ntilde;os. En <em>El amigo del desierto</em> (2009) tambi&eacute;n hay ilustraciones suyas, a base de trazos, en la l&iacute;nea de su admirado Klee. Su abuelo era dibujante, adem&aacute;s de escritor y fil&oacute;sofo, y su padre tambi&eacute;n, adem&aacute;s de m&eacute;dico y militar. Todos sus hermanos &ndash;seis aparte de &eacute;l- dibujan desde peque&ntilde;os. Su padre estimul&oacute; pronto la expresi&oacute;n art&iacute;stica. Todav&iacute;a hoy de cuando en cuando la practica en sus cuadernos. Los suyos son dibujos esquem&aacute;ticos, basados en l&iacute;neas, como los de <em>El amigo</em>... Asegura que no poseen valor m&aacute;s all&aacute; del autoconocimiento que le proporcionan, pero reflejan que esa expresi&oacute;n, aun no cultivada, contin&uacute;a formando parte de su &iacute;ndole.</p>
<p>- &iquest;Tiene fe en el dibujo?</p>
<p>- Mucha. Los pensamientos que alimentan el alma son los que se pueden dibujar. Creo en el pensamiento figurativo.</p>
<p>- Me sorprende a la luz de sus portadas.</p>
<p>- Bueno, ah&iacute; tenemos un Klee [se&ntilde;ala <em>Con dos camellos y un burro</em>, en la pared &iquest;Puede reflejar esa reproducci&oacute;n su estado espiritual como la copia de <em>El equilibrista</em> lo hace en su cuento &lsquo;Wassily Kandinsky&rsquo;?]. Klee es metaf&iacute;sico e infantil. Esboza como un ni&ntilde;o los trazos esenciales. Habla del fondo elemental y l&iacute;mpido de las cosas. Muchas obras suyas son lineales.</p>
<p>- La portada de <em>El estreno</em> (2000, 2016) es pura abstracci&oacute;n.</p>
<p>- La &uacute;nica. En <em>El estupor y la maravilla</em> hay un equilibrista; en <em>Contra la juventud</em> (2015), una estancia; en <em>El entusiasmo</em>, un barquero &ndash;que es otra especie de equilibrista-&hellip;</p>
<p>- Pero muy estilizados.</p>
<p>- No voy a negar la esquematizaci&oacute;n&hellip; pero no deja de haber una figura.&nbsp; No es pero es. Wso me interesa. El pensamiento abstracto es propio de la filosof&iacute;a, con &eacute;l se alimenta la mente, pero creo que los artistas y los escritores no somos pensadores y, por lo tanto, no trabajamos tanto con las ideas cuanto con las im&aacute;genes.</p>
<p>- &iquest;Y c&oacute;mo se lleva con la m&uacute;sica, el lenguaje m&aacute;s abstracto?</p>
<p>- No muy bien. Por eso hay pocas referencias en mis libros.</p>
<p>- En <em>Zollinger</em> hay varias. August, el protagonista, percibe m&uacute;sicas fantasmales en el bosque, los &aacute;rboles cantan y, en un momento, se culpa a la m&uacute;sica de endurecer la melancol&iacute;a. Pero no s&oacute;lo en ese libro.</p>
<p>- Ven&iacute;a bien para la historia, pero no soy persona musical.</p>
<p>- Igual no lo es pero lo fue: en Estados Unidos cantaba temas de Billy Joel y de los Beatles. Lo cuenta en <em>Entusiasmo</em>.</p>
<p>- Ten&iacute;a diecisiete a&ntilde;os, viv&iacute;a la &eacute;poca que viv&iacute;a&hellip; Pero yo nunca he escuchado demasiada m&uacute;sica, &iquest;eh? He preferido el silencio. La m&uacute;sica es demasiado abstracta y tiende a lo sentimental o a lo emocional. Para mucha gente la m&uacute;sica lo es todo. A ella lo que digo le sonar&aacute; a pecado mortal. Pero para m&iacute; la m&uacute;sica es lo que est&aacute; a medio camino entre la palabra y el silencio.</p>
<p>- La modernidad perceptible en las portadas que elige -tambi&eacute;n incorpora un Giorgio de Chirico en <em>Lecciones de ilusi&oacute;n</em> (2008)-, &iquest;alcanza la interpretaci&oacute;n del fen&oacute;meno religioso?</p>
<p>- Depende de qu&eacute; entendamos por moderno.</p>
<p>- Contempor&aacute;neo.</p>
<p>- Contempor&aacute;neo, s&iacute;. Estoy persuadido de que no debemos ser fieles s&oacute;lo al patrimonio -cultural, espiritual- recibido; hemos de encarnarlo en nuestro tiempo. Eso har&aacute; que el patrimonio siga vivo. De paso, nos har&aacute; <em>fieles</em> a &eacute;l y no <em>conservadores</em>. Soy heredero de un patrimonio -literario y religioso- que intento vivir seg&uacute;n mi sensibilidad y mi lenguaje, y &eacute;stos son necesariamente contempor&aacute;neos. Si traduces un legado, lo personalizas. La creatividad consiste en llevarlo al d&iacute;a de hoy.</p>
<p>- Cristianismo incluido, por ende.</p>
<p>- Es que el cristianismo s&oacute;lo si es nuevo existe. Esta conversaci&oacute;n es interesante porque es <em>nueva</em>. Si fuera exactamente igual a la que mantuvimos hace dos d&iacute;as carecer&iacute;a de sentido.</p>
<p>- No pocos escritores encuentran una f&oacute;rmula y la repiten.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Eso pasa. Otro tema interesante. Los escritores encontramos vetas y en ellas nos sabemos fecundos. Es un peligro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;&iquest;Escribir para complacer? Imposible&rdquo;</strong> </p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Atr&eacute;vete a cambiar.</p>
<p>- El mensaje de Jes&uacute;s siempre es v&aacute;lido. Hay que transitar horizontes nuevos. Yo veo mis libros hermanados, pero tambi&eacute;n diferentes. Ello no se debe a un coraje particular m&iacute;o. Se debe a que hay algo m&aacute;s fuerte que yo que me impide ser infiel a la escritura. No me puedo prostituir. No puedo. &iquest;Escribir para complacer? Imposible. Como a cualquiera le resultar&iacute;a imposible amar a una persona no de su gusto. Podr&aacute; ser caritativo con ella, pero amarla no.</p>
<p>- Usa indistintamente <em>espiritualidad</em> y <em>misterio</em> &ndash;que vendr&iacute;a a ser el t&eacute;rmino laico-. No encuentra problema en incorporar a su l&eacute;xico el laico.</p>
<p>- Todo lo contrario. Usted me interpela por cuestiones que son un mundo. La frontera entre los lenguajes religioso y laico no est&aacute; nada clara. El primero siempre ha manifestado, eso s&iacute;, gran capacidad adaptativa. Su lenguaje, casi todo, lo gener&oacute; una cultura civil. De hecho, el de la Dogm&aacute;tica es el propio del tiempo en que &eacute;sta fue formulada.</p>
<p>-&nbsp; Tambi&eacute;n sucede al rev&eacute;s: consumaci&oacute;n, anunciaci&oacute;n, pasi&oacute;n, creaci&oacute;n, piedad... Ignoro si somos conscientes del sustrato religioso de nuestro vocabulario en uso.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -&nbsp; &iexcl;As&iacute; es! Y a m&iacute; eso me gusta. Porque soy una persona religiosa, &iquest;eh? [los dos re&iacute;mos] A veces lo tengo que decir. Creo en la religi&oacute;n. Que equivale a decir creo en las formas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La religi&oacute;n es un producto cultural. Cambia y se transforma. Es necesario que as&iacute; sea&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- De nuevo, el arte.</p>
<p>- Es que es lo mismo. Yo creo en la religi&oacute;n&hellip; no s&oacute;lo en el esp&iacute;ritu. La religi&oacute;n es un producto cultural. Cambia y se transforma. Es necesario que as&iacute; sea. Y las formas posibilitan llegar al fondo. Por eso hay que revisarlas, para que sigan posibilit&aacute;ndolo. Revisarlas o crear nuevas. Mi empe&ntilde;o como sacerdote en buena medida es &eacute;se. Si no son cauce de expresi&oacute;n, no cumplen servicio. Y gracias a las formas la religi&oacute;n es poes&iacute;a. Sin ellas ser&iacute;a m&iacute;stica o metaf&iacute;sica.</p>
<p>- El misterio, tan aludido en la poes&iacute;a y en el arte. Que una obra tenga &aacute;ngel doy por hecho que le agrada, ya no s&eacute; si no se entiende del todo. Antes mostr&oacute; afecto por la plasticidad. Eso por un lado. Y por otro: &iquest;el misterio en el arte servir&iacute;a para acercarse a dios?</p>
<p>- Nadie puede decir, ante una pregunta as&iacute; formulada, que no. El misterio, &iquest;qu&eacute; es?: &iquest;lo indecible, lo inefable&hellip;? Pues, s&iacute;, Dios est&aacute; ah&iacute;, por supuesto. El asunto es que Dios es inefable&hellip; pero no solamente inefable. Es muchas cosas m&aacute;s. Dios es la fuente. Tambi&eacute;n podemos decir <em>es el camino</em> &ndash;para llegar a la fuente-. Que es tanto como afirmar que Dios es Padre &ndash;la fuente- y que Dios es hijo &ndash;el camino-. Unas obras art&iacute;sticas apuntan a la dimensi&oacute;n mist&eacute;rica y otras a la vida, y estas segundas son las m&aacute;s <em>concretas</em>. Pero van hermanadas. Como fondo y forma. Ese es el misterio, no otro, que celebramos en Navidad: a Dios se llega por Jes&uacute;s. &Eacute;se es el cristianismo puro y duro.</p>
<p>- O sea, no importa s&oacute;lo la claridad.</p>
<p>- Claro que no. T&uacute; puedes vivirlo de manera informe, turbia&hellip;</p>
<p>- O n&iacute;tida&hellip;</p>
<p>- En realidad, no dejan de ser palabras. Palabras que sirven para enlazar paradojas. Porque Dios, &iquest;qu&eacute; es?: pues una paradoja; un misterio de tiniebla luminosa. El propio Juan de la Cruz habla de &lsquo;noticia oscura y amorosa&rsquo;. Cuando usted practica el silencio meditativo, la experiencia fundamental no es alcanzar una Gran Claridad. Esa podr&aacute; venir despu&eacute;s de mucho tiempo, y puntualmente. M&aacute;s bien es llegar a una <em>suave oscuridad</em>, todo lo contrario.</p>
<p>- La paradoja entabla conversaci&oacute;n con el dualismo.</p>
<p>- Eso es. Y necesitamos de la paradoja continuamente. &iquest;C&oacute;mo empieza el <em>Evangelio de Juan</em>?: &ldquo;Una luz brill&oacute; en la oscuridad&rdquo;. Eso es el cristianismo. Luz y oscuridad. Las dos cosas. El cristianismo se plantea en esos t&eacute;rminos.</p>
<p>- Eso recoge usted en su obra: en la oscuridad est&aacute; la luz.</p>
<p>- Es que es el cristianismo puro y duro, no soy original. Cristianismo que no es exactamente dualista &ndash;adem&aacute;s, ser&iacute;a trinitario-, sino, tal cual, la llamada de que <em>lo uno</em> est&aacute; en <em>lo otro</em>.</p>
<p>- &iquest;Y c&oacute;mo afronta &ndash;o resuelve- la f&oacute;rmula la teolog&iacute;a?</p>
<p>- Diciendo que en la cruz est&aacute; la gloria. Ah&iacute; habla la voz de la tradici&oacute;n.</p>
<p>- Pensamiento &oacute;rfico.</p>
<p>- Tambi&eacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Nada de lo que hago es para provocar. Es un despliegue natural de lo que yo mismo voy buscando en m&iacute;&rdquo;</strong></p>
<p>- Le han criticado con dureza dos compa&ntilde;eros. Refieren que desconoce usted el significado del sacramento. Yo advierto otra motivaci&oacute;n, quiz&aacute; la envidia. Tambi&eacute;n que lo hacen llanamente para darle una patada al Papa en el culo de usted.</p>
<p>- Desconozco las motivaciones. Puedo hacer conjeturas. A todo el que hace algo &ndash;y vuelvo al inicio- se le elogia o se le critica. Al que se cruza de brazos, no. &Eacute;se se libra. Yo entiendo que he intentado hacer algo y, realmente, lo he hecho. O lo estoy haciendo. Y hay a quien le gusta &ndash;poco o mucho- y a quien no le gusta nada. Encajo bien las manifestaciones de los dos bandos. Yo no me he propuesto renovar el cristianismo como quien se propone viajar a Jap&oacute;n. No. Es una consecuencia natural de una manera de vivir. Si vives la fe, la vas haciendo nueva. Sin querer, &iquest;eh? Si<em> </em>la vives&hellip; Y la transformaci&oacute;n se contagia. Por descontado, hay quien se resiste. Nada de lo que hago es para provocar. Es un despliegue natural de lo que yo mismo voy buscando en m&iacute;.</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo recibe la acusaci&oacute;n de herej&iacute;a? [suena, qu&eacute; casualidad, el chiflo de un afilador de cuchillos, y pienso que vive en un barrio atascado en el tiempo; y en que hac&iacute;a mucho que no escuchaba el sonido, y que nunca lo esper&eacute; en Madrid capital].</p>
<p>- La recibo de manera positiva [pausa la contestaci&oacute;n para escuchar, &eacute;l tambi&eacute;n, las escalas de la flautilla de Pan]. La herej&iacute;a es una buena noticia. Significa que hay pluralidad en el pensamiento y en la pr&aacute;ctica. Y la pluralidad no es s&oacute;lo algo a respetar, sino a promover. Ser distintos dentro de una comunidad es bonito. La pluralidad yo digo que es criterio de verdad. En la asociaci&oacute;n Amigos del Desierto [creada por &eacute;l] hay j&oacute;venes y mayores, conservadores y progresistas, hombres y mujeres, creyentes y no creyentes&hellip; y, &iquest;c&oacute;mo recibo esto?: &iexcl;como un signo extraordinario! Como un signo de que, m&aacute;s all&aacute; de nuestra identificaci&oacute;n social, algo profundo nos une.</p>
<p>- Manifiesta poca beldad por parte de los acechantes.</p>
<p>- S&iacute;. Yo no voy a defender acusaciones que rayan el insulto. Estos dos obispos &ndash;porque son dos- han utilizado formas inapropiadas. Si consideraran inconvenientes las m&iacute;as, ser&iacute;a cuesti&oacute;n de sentarse y llegar a acuerdos. Quiz&aacute; sea innecesario. Hay cosas m&aacute;s importantes.</p>
<p>- Estoy pensando lo que dijo <em>L&rsquo;Osservatore</em> de Ratzinger, que andaba rodeado de lobos.</p>
<p>- No lo sab&iacute;a.</p>
<p>- &Eacute;l renunci&oacute;. Los tiempos cambian. Igual esas personas viven en otro momento de la Historia.</p>
<p>-&nbsp; Es posible.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Las instituciones deben estar al servicio de las personas y de los ideales por que fueron creadas&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Recupera terreno la instituci&oacute;n con Francisco? Tampoco s&eacute; si le importa mucho la instituci&oacute;n.</p>
<p>- Es una pregunta dif&iacute;cil. S&iacute;. Yo soy un hombre de instituci&oacute;n porque soy sacerdote. Y un sacerdote representa una instituci&oacute;n. Eso es as&iacute;. &iquest;Soy un sacerdote poco interesado en lo institucional? Tambi&eacute;n. Reconozco que lo institucional es importante, pero las instituciones deben estar al servicio de las personas y de los ideales por que fueron creadas. Cuando los hombres son felices crean instituciones, dec&iacute;a Chesterton. Es cierto. Pero tambi&eacute;n que las instituciones hacen infelices a los hombres, y esta es una segunda parte que convendr&iacute;a a&ntilde;adir. A m&iacute; me interesa el binomio carisma-instituci&oacute;n, los dos t&eacute;rminos juntos; por separado, no.</p>
<p>- Vamos camino de una nueva paradoja: creamos veh&iacute;culos &ndash;entendiendo instituciones por tales- con los que despu&eacute;s nos estrellamos.</p>
<p>- Si la persona ostenta un esp&iacute;ritu que la induce a <em>crear</em> algo &ndash;un movimiento, una instituci&oacute;n, un libro&hellip;-, ese esp&iacute;ritu buscar&aacute; traducirse en la Historia. Y la traducci&oacute;n es, sin remedio, institucional. La instituci&oacute;n encauza el esp&iacute;ritu, pero tambi&eacute;n lo mata en parte. C&oacute;mo renovar carism&aacute;tica y permanentemente las instituciones es la cuesti&oacute;n.</p>
<p>- Renovar el sistema dentro del sistema.</p>
<p>- &iquest;Es que desde fuera se puede? Es como renovar la literatura. S&oacute;lo puedes hacerlo desde dentro de la literatura. Pues con la religi&oacute;n, igual.</p>
<p>- &iquest;En qu&eacute; consiste ser asesor del Papa, que suena muy fuerte?</p>
<p>- Suena m&aacute;s fuerte la expresi&oacute;n que la realidad, que luego es modesta. Habr&aacute; mucho tipo de consejero. Los habr&aacute; muy activos, que est&eacute;n all&iacute; de manera permanente, y sean influyentes; y menos activos e influyentes. Yo estoy en el segundo grupo. &iquest;Por qu&eacute;? Puede obedecer a que en el Vaticano no deseen demasiada cercan&iacute;a por mi parte y/o a que yo mismo tampoco la deseo. Desde luego, yo no la deseo. Mi aportaci&oacute;n al Consejo Pontificio es limitada y circunscrita a peticiones puntuales.</p>
<p>- &iquest;Es convocado o propone encuentros?</p>
<p>- Soy convocado.</p>
<p>- Otra cosa que suena fuerte es autodenominarse profeta.</p>
<p>- Suena y lo es.</p>
<p>- No deja de ser un nexo entre dios y el hombre, pero&hellip;</p>
<p>- Suena fuerte, sobre todo, en un contexto cat&oacute;lico. Suena pr&aacute;cticamente her&eacute;tico. Nadie puede autodefinirse profeta. Son la Historia y la Comunidad las que dictan que el mensaje de alguien es prof&eacute;tico.</p>
<p>- O sea, usted era consciente de que provocaba.</p>
<p>- Era consciente. Pero lo dije porque intent&eacute; ajustarme a lo que realmente es un profeta: alguien que siente que tiene un mensaje que no viene de s&iacute;, y que tiene un pueblo al que transmit&iacute;rselo. Esto se verifica del todo en mi persona. Aunque suene <em>heavy</em>.</p>
<p>- El mensaje, &iquest;cu&aacute;l es?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - El poder transformador del silencio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El cristianismo ha de ser rele&iacute;do desde la clave del silencio&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -&nbsp; Esa ser&iacute;a la <em>profec&iacute;a</em>.</p>
<p>- Fundamentalmente y de manera simplificada. El silencio puede transformar a los individuos y a las comunidades. A la iglesia misma. El cristianismo ha de ser rele&iacute;do desde la clave del silencio. Ha sido le&iacute;do desde la palabra. Fue extraordinario. Pero desde el silencio, o no se ha hecho, o se ha hecho de manera muy insuficiente.</p>
<p>- &iquest;Y qu&eacute; hay de especial en la llamada al silencio, m&aacute;s all&aacute; de la propia llamada? En usted.</p>
<p>- Que no viene de m&iacute;.</p>
<p>- Tampoco vienen de usted los libros. Existe la inspiraci&oacute;n. &iquest;No podemos acudir a ella para explicar la llamada?</p>
<p>- No soy un tipo inspirado. Es algo que siento que lleg&oacute; a m&iacute; para ser transmitido. Y compruebo que hay cientos, miles, de personas que desean escucharlo. Lo piden expl&iacute;citamente. Otras piensan &ldquo;este tipo ha enloquecido&rdquo;.</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo convive con la responsabilidad?</p>
<p>- Mal. A m&iacute; no me gusta hablar de esto. Pone demasiada atenci&oacute;n sobre mi persona. Y eso no me gusta. No quiero ser un modelo de discreci&oacute;n, pero, en absoluto, quiero ser un modelo de exhibici&oacute;n. Lo vivo con disgusto.</p>
<p>- Pero quiso provocar.</p>
<p>- Yo creo que cuando lo dije no quise. Me vino as&iacute;. Luego tuve que reflexionarlo. &iquest;Provoqu&eacute;? Pero sin &aacute;nimo. Me vino as&iacute;.</p>
<p>- Vuelvo a la inspiraci&oacute;n en la escritura. Ideas que vienen.</p>
<p>- S&iacute;&hellip; [silencio]. Yo soy un pobre hombre [sentencia, provocando mi perplejidad y mi risa]. Esa es la verdad m&aacute;s profunda. Todo lo dem&aacute;s resulta anecd&oacute;tico. Si hubiera que elegir un titular [baja la voz], el mejor ser&iacute;a &lsquo;Yo soy un pobre hombre&rsquo;. Es lo que mejor me define.</p>
<p>- Me cuesta tomarlo sin humor.</p>
<p>- El humor tiene que ver con la humildad, y la humildad tiene que ver con la verdad. El humor es el cauce para las verdades profundas. Y yo le digo que todo lo que yo pueda haber hecho en la literatura y por la religi&oacute;n no deja de ser algo muy peque&ntilde;ito y muy pobre. As&iacute; lo siento.</p>
<p>- &hellip;</p>
<p>- &iquest;Usted qu&eacute; siente cuando yo digo esto?</p>
<p>- [silencio]&hellip; que es dif&iacute;cil de creer.</p>
<p>- Dif&iacute;cil de creer.</p>
<p>- Que sea dif&iacute;cil no quiere decir que no le crea.</p>
<p>- Yo tengo fe en lo que hago y en lo que intento ser. Al mismo tiempo, me doy cuenta de la relatividad y la precariedad que hay en las cosas que hago y en lo que intento ser.</p>
<p>- Igual es porque se mide con&hellip;</p>
<p>- [risa desangelada]&hellip; &iquest;con Kafka&hellip;?</p>
<p>- Con Kafka y con el mismo Dios.</p>
<p>- S&iacute;&hellip; bueno&hellip; [silencio]</p>
<p>- Lo cual es trampa. Acude a extremos.</p>
<p>- Si tu referente es tan brutal como Jesucristo, la conclusi&oacute;n no puede ser otra que la que le acabo de exponer. Pero no se me ocurrir&iacute;a tener un referente mediocre o regular [risas compartidas].</p>
<p>- Pero usted es consciente de la gente que hay agradecida.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Si no lo fuera ser&iacute;a un tonto redomado. Hay cientos, miles, de personas que me cuentan c&oacute;mo he cambiado su vida. Sobrecogedor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La vanidad es una tentaci&oacute;n est&uacute;pida porque no tienes nada que no hayas recibido&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo logra no envanecerse?: &iquest;acudiendo nuevamente a Kafka y Jesucristo?</p>
<p>- [silencio] La vanidad es una tentaci&oacute;n est&uacute;pida. Una tentaci&oacute;n, s&iacute;. Pero est&uacute;pida porque no tienes nada que no hayas recibido. Todo es un regalo. No solamente el don o el talento, sino el propio cultivo del mismo. Entonces, envanecerte por eso&hellip; Estoy hablando de la literatura, pero, respecto a la religi&oacute;n, lo mismo: tengo clara consciencia de que el bien que la gente recibe no tiene origen en m&iacute;. Yo soy un medio.</p>
<p>- &iquest;Se ve humilde?</p>
<p>- Bastante, francamente. Creo que no me lo creo. Eso no significa que no me permita de vez en cuando tonter&iacute;as. Por supuesto. Y por supuesto que me considero muy buen escritor &ndash;si no, no escribir&iacute;a-, pero tambi&eacute;n s&eacute; que soy prescindible: no pasa nada si no se leen mis libros.</p>
<p>- Le entiendo.</p>
<p>- Y en mi trabajo pastoral represento algo -o a alguien -que ha de estar, pero si <em>yo</em> no soy el que est&aacute;, estar&aacute;n otros, o se usar&aacute;n otras perspectivas, que ser&aacute;n necesarias. En este momento, mis esfuerzos como sacerdote est&aacute;n centrados en la asociaci&oacute;n Amigos del Desierto. Bien, pues si este movimiento no prospera, en el fondo no pasar&aacute; nada. Ya buscar&aacute; Dios la manera de dar fruto. Lo esencial no es que se traduzcan mis sue&ntilde;os, sino los de Dios en el mundo y en m&iacute;.</p>
<p>- En &uacute;ltima instancia, siempre conf&iacute;a en Dios.</p>
<p>- Eso de confiar&hellip; lo tienes que demostrar con la vida. Con los actos. No vale decir conf&iacute;o y ya. Pero creo que s&iacute;, lo hago. &iquest;Y qu&eacute; significa confiar en Dios?: fiarse de que todo ir&aacute; bien.</p>
<p>- &iquest;Y si va mal?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -&nbsp; Hay que esperar un poco m&aacute;s [re&iacute;mos los dos].</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Si t&uacute; crees en ti mismo, en los otros, en la vida y en el futuro, aunque no lo sepas, est&aacute;s creyendo en Dios&rdquo;</strong></p>
<p>- Bien.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Creer en Dios es descubrir que la confianza tiene fundamento. Dejemos a un lado al Ser Superior. Dios no es una superestructura. Dios es algo muy concreto: el descubrimiento de que confiar en ti, en los otros, en la vida y en el futuro es m&aacute;s sensato que no hacerlo. Y responde mejor a la experiencia. Eso es ser creyente. Si t&uacute; crees en ti mismo, en los otros, en la vida y en el futuro, aunque no lo sepas, est&aacute;s creyendo en dios. No hace falta m&aacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Occidente en general est&aacute; enfermo de acci&oacute;n y de pensamiento. Frente al pensamiento propongo la contemplaci&oacute;n, y frente a la acci&oacute;n propongo la pasi&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>- Hace hincapi&eacute; en el silencio y la contemplaci&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; le dice al que encuentra tales pr&aacute;cticas escapistas frente a la acci&oacute;n directa del misionero?</p>
<p>- Occidente en general est&aacute; enfermo de acci&oacute;n y de pensamiento. Frente al pensamiento propongo la contemplaci&oacute;n, y frente a la acci&oacute;n propongo la pasi&oacute;n. Contemplaci&oacute;n y pasi&oacute;n son propuestas genuinamente cristianas, mientras la acci&oacute;n y el pensamiento son propuestas genuinamente modernas. Yo nunca deseo contraponer tradici&oacute;n y modernidad. Pero aqu&iacute; s&iacute;. Yo le dir&iacute;a que de la acci&oacute;n, y del pensamiento puede sentirse orgulloso, pero de la pasi&oacute;n y la contemplaci&oacute;n, no. Puedes enorgullecerte de tus palabras pero nunca de tu silencio. Ello significa que as&iacute; como las palabras nos diferencian, el silencio nos unifica, nos hace uno; y potenciar lo que nos hace uno es interesante: posibilita la convivencia pac&iacute;fica y positiva. Y nos mantiene individuales. Le dir&iacute;a, adem&aacute;s, que la realidad en primera instancia no pide ser transformada, sino acogida. Y solamente al acogerla podremos determinar si hay que transformarla. Primero, contemplar. Segundo, acoger. Tercero, transformar&hellip; &iexcl;Igual no hay que cambiar tantas cosas! Nuestra principal lacra es no haber sido contemplativos: no haber acogido la realidad y, por tanto, haber empezado a cambiarla antes de saber si estaba bien. Nuestra ansia de cambio en las cosas revela nuestra incapacidad para estar tranquilos con nosotros mismos. Y responde a la pulsi&oacute;n fren&eacute;tica de necesitar sentirnos vivos por miedo a encontrar muerte dentro de nosotros.</p>
<p>- Los ejemplos a que acude la generalidad son materialistas. Ante una realidad depauperada en el extrarradio de un pueblo pobre, &iquest;c&oacute;mo hacer ver, frente al que ayuda a construir una casa, que el que est&aacute; en la monta&ntilde;a rezando es capaz de transmitir una energ&iacute;a purificadora al mundo?</p>
<p>- Es muy dif&iacute;cil [niega con la cabeza], no cabe la menor duda [y hace otra pausa]. Lo que habr&iacute;a que comprender es que nuestra gran miseria no son el hambre, la enfermedad y la pobreza, sino la falta de amor. Esto es lo que hay que comprender y esto es lo que hay que combatir. Y s&oacute;lo se comprende si lo vives. Es m&aacute;s miserable un sano no amado que un enfermo amado. Esto, hasta que no lo ves y lo vives, no lo entiendes.</p>
<p>- Entender la mec&aacute;nica de algo no es aceptarla o incluso comprenderla, sino interiorizarla.</p>
<p>- Exacto. Por eso cuando alguien nos ofende, lo duro no es la ofensa, sino que t&uacute; no puedas amar ya a esa persona. Eso es lo que nos hace da&ntilde;o. Las ofensas nos pueden da&ntilde;ar&hellip; dependiendo de c&oacute;mo las elaboremos. Si las disolvemos y/o permitimos que no mermen nuestra capacidad de amar, no nos da&ntilde;ar&aacute;n. Ser&iacute;an actitudes que nos har&iacute;an bien. El mensaje de Cristo es &eacute;se, no me lo estoy inventando. &Eacute;l no resuelve los problemas materiales ni f&iacute;sicos de la Humanidad. Teng&aacute;moslo claro. La Humanidad sigue afligida. Su aportaci&oacute;n es: &lsquo;Si t&uacute; amas en medio del dolor, lo redimes&rsquo;, es decir, lo cambias de signo, y el dolor ya no es destructivo, sino luminoso; te regenera. &Eacute;se es el mensaje.</p>
<p>- Lo de san Agust&iacute;n: &ldquo;Ama y s&eacute; feliz&rdquo;.</p>
<p>- &Eacute;l lo condensa en esa sentencia tan expresiva. No faltar&aacute; quien la banalice: &ldquo;Ah, pues entonces me despreocupo&rdquo;. No: quien ama no se despreocupa de la casa que hay que construir ni del alimento que hay que dar.</p>
<p>- Claro.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Jes&uacute;s llama, primero, a estar con &eacute;l y, luego, a ser su testigo. Pero, primero, a estar con &eacute;l. &iexcl;Estate tranquilo! El problema de la acci&oacute;n es la tentaci&oacute;n prometeica. Nos creemos salvadores. Y t&uacute; como persona no eres salvador&hellip; ni de la literatura ni de la iglesia ni de la madre que te pari&oacute;. T&uacute; no eres m&aacute;s que un comensal en la fiesta de la vida. &iexcl;Y eso ya es extraordinario!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Nuestra misi&oacute;n en la vida no es ser felices -o no solamente-, sino redimir al mundo&rdquo;</strong></p>
<p>- A la gente esto&hellip;</p>
<p>- &hellip; le suena a m&uacute;sica celestial. Lo entiendo. Pero nuestra misi&oacute;n en la vida no es ser felices -o no solamente-, sino redimir al mundo. S&iacute;, aunque suene como muy gordo. En definitiva: poner luz donde hay oscuridad.</p>
<p>- Lo importante no es la felicidad, sino la plenitud.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Es lo mismo. Plenitud, como dec&iacute;a san Francisco, es poner amor donde hay odio; y donde hay duda, confianza. En la medida en que demos la vuelta a la oscuridad sentiremos la plenitud a que estamos llamados. No somos lo que somos, sino aquello que estamos llamados a ser; cuando nos parecemos a aquello que Dios pens&oacute; para nosotros, existimos. Hablar en estos t&eacute;rminos tan religiosos en un contexto secular como el nuestro sorprende, y puede ser hasta impertinente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El dep&oacute;sito de sabidur&iacute;a&nbsp; que aporta el cristianismo es un patrimonio tan abrumador que yo prefiero definirme como cristiano antes que como librepensador&rdquo;</strong></p>
<p>- Es un enamorado de la religi&oacute;n.</p>
<p>- El dep&oacute;sito de sabidur&iacute;a -y cuando digo sabidur&iacute;a quiero decir: arte, pensamiento, literatura, organizaci&oacute;n jur&iacute;dica&hellip;- que aporta el cristianismo es un patrimonio tan abrumador que yo prefiero definirme como cristiano antes que como librepensador. Yo soy una cosa diminuta, antes lo he dicho. Tengo cuatro ideas. Lo <em>otro</em> es una corriente de vida extraordinaria. En ella me inserto.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Igual que se insert&oacute; en la estela de Bernhard, Kundera, Kafka, Dickens, Mann y Pessoa al inicio, con <em>El estreno</em>. Hizo las cuentas y prosigui&oacute; su camino. En sus libros persigue &ldquo;una expresi&oacute;n art&iacute;stica&rdquo;. Vive para dejar a quienes le sobrevivan el mapa de lo que vivi&oacute;. &ldquo;Una celda es todo lo que el mundo busca de un modo u otro&rdquo;, establece Schur en <em>Lecciones de ilusi&oacute;n</em>, y &eacute;l encuentra en los libros la suya, y reconoce que tambi&eacute;n en su casa: &ldquo;Buscamos un lugar&rdquo;. Pero si hacemos caso a lo expuesto en el relato &lsquo;Piet Mondrian&rsquo; -&ldquo;Es indiscutible que una casa con muchos libros acaba por convertirse en una biblioteca y que una con muchos cuadros pasa a ser una pinacoteca&rdquo;-, la suya tiene algo de biblioteca y de museo, pero tambi&eacute;n de templo y de teatro. Encerrado con la puerta abierta, cartograf&iacute;a la realidad que la ficci&oacute;n le deja.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 21 Mar 2018 06:01:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Idea de montaña]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/idea-de-montana/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2018/LOLA_MASCARELL.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 660px;">En las noches a salvo, en nuestros pisos,</p>
<p style="padding-left: 660px;">con las puertas cerradas y la colcha</p>
<p style="padding-left: 660px;">y quiz&aacute; el radiador y la cena caliente,</p>
<p style="padding-left: 660px;">olvidamos la idea de monta&ntilde;a.</p>
<p style="padding-left: 660px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 660px;">Olvidamos que un d&iacute;a,</p>
<p style="padding-left: 660px;">la monta&ntilde;a fue madre y fue refugio,</p>
<p style="padding-left: 660px;">veleta y cicatriz</p>
<p style="padding-left: 660px;">de los cielos urgentes,</p>
<p style="padding-left: 660px;">noray al que amarrar</p>
<p style="padding-left: 660px;">el nav&iacute;o fugaz de nuestro tiempo,</p>
<p style="padding-left: 660px;">el inquieto bajel de la mirada.</p>
<p style="padding-left: 660px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 660px;">En la noche sin cielo de la urbe</p>
<p style="padding-left: 660px;">la monta&ntilde;a se va, se desvanece,</p>
<p style="padding-left: 660px;">se funde en la negrura</p>
<p style="padding-left: 660px;">de tanto por hacer</p>
<p style="padding-left: 660px;">y es apenas su piedra</p>
<p style="padding-left: 660px;">aguada en el recuerdo.</p>
<p style="padding-left: 660px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 660px;">La busco en la tiniebla de mi noche,</p>
<p style="padding-left: 660px;">pero no puedo verla:</p>
<p style="padding-left: 660px;">un hombre est&aacute; perdido</p>
<p style="padding-left: 660px;">si deja que se escape</p>
<p style="padding-left: 660px;">su idea de monta&ntilde;a.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 19 Mar 2018 08:14:33 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Devaneos de lector]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/devaneos-de-lector/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/marzo/landero500.jpg" alt="" />&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;</p>
<p>Yo, en principio, quer&iacute;a hablaros de las cosas peque&ntilde;as de la literatura. Por eso me compr&eacute; un cuadernito donde escribir algo sobre la fascinaci&oacute;n literaria que ejercen sobre m&iacute; los detalles. Yo amo los detalles, como escritor, como lector, como profesor. Pero no el detalle aislado y un tanto gratuito (el brillo de una frase, por ejemplo, o la mera ingeniosidad), sino el detalle capaz de crear un personaje, o una atm&oacute;sfera, o de atrapar alg&uacute;n matiz ins&oacute;lito del alma o de la realidad exterior, el detalle narrativamente potente, significativo, de esos que leemos una vez y ya no olvidamos nunca.</p>
<p>Si nos fijamos, tambi&eacute;n la memoria, en la vida real, funciona as&iacute;, con detalles cargados de sugerencia, de significados. Recordamos un olor, un sabor, un rostro, la pesadumbre de una lejana tarde de lluvia, el sonido de una campana, y a veces es solo una sensaci&oacute;n casi inefable, una sensaci&oacute;n que es la experiencia destilada en el alma y hecha ya sentimiento. A veces vivimos sucesos importantes, y al final lo que queda son detalles que no parec&iacute;an destinados a perpetuarse, detalles un tanto caprichosos, y gracias a los cuales podemos reconstruir nuestro pasado. Yo me acuerdo que en 1971 fui a Argel a tocar la guitarra con un grupo flamenco. Nos recibi&oacute; el presidente Bumediam en el &ldquo;Palais du Peuple&rdquo;, y hubo otros hechos memorables que no vienen al caso. Pero el recuerdo m&aacute;s tenaz, m&aacute;s v&iacute;vido, es el de unos ni&ntilde;os que, en una plaza enfrente del palacio, disparaban con tirachinas a los p&aacute;jaros que empezaban a acomodarse en los &aacute;rboles para dormir. No hace falta citar a Proust ni a Antonio Machado para saber que la memoria es po&eacute;tica, y lo es por la depuraci&oacute;n y selecci&oacute;n imprevisibles que hace de nuestras vivencias.</p>
<p>Me pregunto qu&eacute; huellas quedar&aacute;n en nosotros de este d&iacute;a en que escribo estas l&iacute;neas, o en que t&uacute;, lector, las est&aacute;n leyendo, dentro de diez o quince a&ntilde;os, si es que vivimos para recordarlo. Lo m&aacute;s probable es que permanezca vinculada a alg&uacute;n detalle menor, del que en este momento acaso no somos ni siquiera conscientes. Lo que s&iacute; s&eacute; es que en ese detalle estar&aacute; para entonces el embri&oacute;n de un poema, si sabemos escribirlo.</p>
<p>Y eso, claro est&aacute;, ocurre tambi&eacute;n en los libros. Leemos libros magn&iacute;ficos, y &iquest;qu&eacute; queda de la lectura al cabo de los a&ntilde;os? Determinadas escenas, determinados detalles. Y de eso es de lo que yo quer&iacute;a hablar: de los mejores despojos de mi naufragio de lector.</p>
<p>En el borrador que hice para este breve ensayo, que en realidad aspira a ser una charla amigable del lector que yo soy con el lector que me lee a m&iacute;, empec&eacute; a apuntar algunos y, no s&eacute; por qu&eacute;, cuando me di cuenta, llevaba media docena y todos estaban relacionados con alg&uacute;n personaje femenino. Entonces decid&iacute; hablar de algunas de las mujeres que m&aacute;s me han seducido en la literatura. No voy a hacer, desde luego, una relaci&oacute;n exhaustiva de mi donjuanismo literario, porque eso (con perd&oacute;n) ser&iacute;a el cuento de nunca acabar, sino solo de las que se me vayan viniendo a la cabeza durante el tiempo que dure este vagabundeo por mi memoria literaria.</p>
<p>Si a m&iacute; me concediesen el don de convertirme en una criatura literaria, yo elegir&iacute;a ser el rey Shariar. Este es uno de los hombres m&aacute;s afortunados que hayan existido nunca, porque se cas&oacute; con una joven muy bella, que adem&aacute;s ten&iacute;a en su casa un mill&oacute;n de libros, y los hab&iacute;a le&iacute;do y los hab&iacute;a memorizado todos, y era la mejor contadora de historias de la que los siglos tienen noticias. Se llamaba Scherazade, claro est&aacute;, y yo creo que solo hay un hombre que la hubiese merecido de verdad: don Quijote. A la mejor narradora hay que casarla con el mejor lector. Hubieran sido las criaturas m&aacute;s felices del mundo. &iquest;C&oacute;mo ser&iacute;a la voz de Scherazade? Yo me la imagino c&aacute;lida, viva, insinuante, capaz de muchos matices, y desde luego muy seductora. Scherazade salva la vida gracias a su talento narrativo. En las <em>Mil y una noches</em> hay bastantes personajes que salvan el pellejo gracias a que se saben una buena historia. Los reyes m&aacute;s crueles se vuelven magn&aacute;nimos cuando alguien los embauca con un relato bien urdido. No dicen: &ldquo;La bolsa o la vida&rdquo;, sino: &ldquo;El cuento o la vida&rdquo;. Y es que las palabras, cuando est&aacute;n bien puestas una detr&aacute;s de otra, tienen un gran poder. Celestina embrolla a sus v&iacute;ctimas con palabras, y esa es su mejor magia. Don Quijote y Emma Bovary pierden el sentido de la realidad cotidiana, y fundan otra imaginaria, porque son lectores que tambi&eacute;n sucumben al hechizo de los relatos. Hasta Sancho, para no quedarse solo en la noche temerosa de los batanes, retiene a su amo con el se&ntilde;uelo de un cuento extravagante. Otelo seduce a Desd&eacute;mona con palabras; Iago envenena el alma de Otelo con palabras; Otelo se entrega al placer morboso y terrible de convertir a su mujer en una puta, y todo gracias al poder de las palabras. Todos se cuentan historias y todos acaban siendo destruidos por las historias. Isaak B&aacute;bel, en <em>Cuentos de Odesa</em>, pone en boca del narrador que se dispone a contar la historia de Benia Krik, el rey de los bandidos, el siguiente parlamento, dirigido al oyente:</p>
<p>Olvide por un momento que hay unos lentes sobre su nariz y un oto&ntilde;o en su alma. Imagine por un momento que arma esc&aacute;ndalo en las plazas y tartamudea ante el papel. Usted es un tigre, un le&oacute;n, un gato. Usted puede pasar la noche con una mujer rusa y la dejar&aacute; contenta. Si al cielo y a la tierra le hubiesen puesto asas, usted agarrar&iacute;a esas asas y atraer&iacute;a el cielo hacia la tierra.</p>
<p>Tal es el pr&oacute;logo del narrador antes de empezar a contar. Y es verdad que las historias son poderosas, y nos convierten en tigres, y nos hacen olvidar que tenemos un oto&ntilde;o en el alma.</p>
<p>Otro personaje que pierde la cabeza con los libros, con las palabras y con las historias, y que aprende a enamorarse y a pervertirse con ellas, es Emma Bovary. Muy pocos lectores habr&aacute; que no hayan sido seducidos por esta mujer. Pero, &iquest;qui&eacute;n es, c&oacute;mo es Emma Bovary? Bueno, podemos decir que tiene las u&ntilde;as p&aacute;lidas, los labios carnosos (que sol&iacute;a mordisquearse), p&oacute;mulos sonrosados, cuello de garza, pelo negro y espeso dividido en dos crenchas lisas, pies menuditos, grandes ojos que Flaubert nos deja en la duda de si son casta&ntilde;os o azules, pesta&ntilde;as rizadas, y otras cosas que el autor no cuenta pero que yo me imagino con una m&aacute;s que notable precisi&oacute;n. Como en el caso de Desd&eacute;mona, el adulterio la hace a&uacute;n m&aacute;s bella: Flaubert nos lo recuerda&nbsp; in&uacute;tilmente, porque ya el lector lo hab&iacute;a advertido antes. &iquest;Eso es todo lo que sabemos de Emma? No. Emma es todav&iacute;a mucho m&aacute;s seductora, porque quien nos la presenta es otro gran seductor: Flaubert. Hay una escena en que vemos a Emma bajo una sombrilla de seda traspasada por el sol, que dora con vagos reflejos dorados la blancura de su rostro. Hay otra en que Emma pasea con Le&oacute;n, y el amor (rom&aacute;ntico, pueril) va surgiendo en ellos entre silencios y sobreentendidos. Es una miniatura impagable, digna del mejor talento de Flaubert. Pasean junto a un muro, y Emma lleva tambi&eacute;n esta vez una sombrilla para protegerse del sol. &iquest;Qu&eacute; nos cuenta Flaubert, qu&eacute; detalles selecciona entre los infinitos que acaso se le ofrecen a la imaginaci&oacute;n? Primero hace una descripci&oacute;n de veinte l&iacute;neas: el r&iacute;o silencioso, hierbas curv&aacute;ndose por la corriente, un insecto en la punta de un junco, un rayo de sol que pasa a trav&eacute;s de una burbujita azul, una pradera. Es la hora de la comida. Solo se oyen los pasos de Emma y de Le&oacute;n en la tierra del camino, sus palabras, el roce del vestido de ella. Hacer calor. Son detalles m&iacute;nimos, muy matizados. &iquest;Se puede ir m&aacute;s all&aacute;, se puede hilar m&aacute;s fino? Veamos:</p>
<p>Entre los ladrillos [de una tapia] hab&iacute;an crecido mostazas silvestres, y Madame Bovary, al pasar, con la punta de su sombrilla rozaba las flores marchitas, que se desmenuzaban en un polvo amarillento. Otras veces alguna rama de madreselva o de clem&aacute;tide de las que colgaban hacia fuera se desprend&iacute;a y resbalaba sobre la seda de la sombrilla hasta bajar a enredarse en sus flecos.</p>
<p>Qu&eacute; barbaridad: ahora entendemos d&oacute;nde aprendi&oacute; Proust a matizar hasta casi la evanescencia. Bien, esos detalles son de una belleza y de una sensualidad arrebatadoras, pero &iquest;ad&oacute;nde llevan, por qu&eacute; se para Flaubert en esas minucias, qu&eacute; utilidad tienen en la narraci&oacute;n? Seguimos leyendo y r&aacute;pidamente lo entendemos. Emma y Le&oacute;n apenas hablan, solo alguna frase de circunstancia:</p>
<p>Y a pesar de ello, sus miradas estaban plagadas de una charla m&aacute;s profunda; y mientras hac&iacute;an esfuerzos por encontrar alguna frase trivial, se iban sintiendo unidos por una especie de languidez com&uacute;n que a ambos invad&iacute;a, como un susurro del alma, profundo, ininterrumpido, que venc&iacute;a al de sus voces. Cogidos de sorpresa por el prodigio de aquella desconocida dulzura, no se les pasaba por la cabeza la idea de hablar de aquella sensaci&oacute;n, o de ponerse a buscar sus motivaciones. Las dichas futuras, como pasa con los r&iacute;os tropicales, suelen proyectar sobre la inmensidad que las precede su genuina suavidad, una especie de brisa perfumada, y el alma se limita a adormecerse bajo los efectos de esta ebriedad, sin preocuparse siquiera de ese horizonte que a&uacute;n no se columbra.</p>
<p>Ahora entendemos: con aquella descripci&oacute;n minuciosa Flaubert hab&iacute;a creado una atm&oacute;sfera propicia a la languidez y a la dulzura en la que los futuros amantes se ven de pronto envueltos. En poco m&aacute;s de una p&aacute;gina, se ha avanzado mucho en la narraci&oacute;n (y a trav&eacute;s, adem&aacute;s, de una descripci&oacute;n): Emma y Le&oacute;n se han enamorado un poco m&aacute;s, de un modo ya definitivo. Y, por otra parte, se ha anunciado el futuro: ese clima sensual y envolvente es el preludio de los placeres amorosos que ya se anuncian en el horizonte. Eso se llama maestr&iacute;a narrativa. Ah&iacute; se combinan la belleza po&eacute;tica, la belleza de la psicolog&iacute;a novelesca no explicitada y la belleza narrativa. Y todo a trav&eacute;s de unos pocos detalles maravillosamente conjuntados.</p>
<p>Un &uacute;ltimo recuerdo para Emma, antes de abandonarla. En sus primeras citas ad&uacute;lteras con Rodolfo, a Emma a veces se le llenan las botitas de barro, y acude a casa con el peinado un poco deshecho y la ropa un poco desce&ntilde;ida. Nunca estuvo m&aacute;s hermosa que entonces.</p>
<p>La novela del siglo XIX tiene mujeres muy seductoras, yo creo que m&aacute;s que la del XX. Dec&iacute;a Cervantes que no hay libro malo que no contenga algo bueno. Yo no estoy seguro de eso, pero s&iacute; de que no hay novela del XIX donde no haya una mujer cautivadora. &iquest;Con cu&aacute;l me gustar&iacute;a a m&iacute; tener una aventura amorosa? Son tantas: Emma, Ana Karenina, Ana Ozores, Fortunata, Katy (la de <em>Cumbres borrascosas</em>), la Stella de <em>Grandes esperanzas</em>, Luisa (<em>El primo Basilio</em>)... Pero la que m&aacute;s cautiva y excita al lector que yo soy es Madame de R&ecirc;nal, de <em>Rojo y negro</em>. No hay mujer en la literatura m&aacute;s adorable que ella: es la pura inocencia y el encanto sin m&aacute;cula. Pero a Julien Sorel le interesa m&aacute;s Napole&oacute;n que Madame De R&ecirc;nal. La noche en que se entrega a &eacute;l, deb&iacute;a de haber sido la noche m&aacute;s er&oacute;tica del siglo, pero Sorel la malogra con sus ambiciones, y le hace el amor como un deber que ha de cumplir en su camino implacable hacia el &eacute;xito.</p>
<p>Y ya que hemos desembocado en el erotismo, os voy a contar la escena m&aacute;s gozosa que yo conozco en la literatura, y luego la m&aacute;s triste. Si me acuerdo de m&aacute;s, y hay tiempo, os las cuento tambi&eacute;n. Gozosas hay muchos (el encuentro de Romeo y Julieta, el de Ang&eacute;lica y Tancredi, los de Van y Ada, los de Lady Chatterley y su guardabosques, los de Calisto y Melibea -aunque Calisto es un amante torpe y atropellado-, los de <em>La lozana andaluza</em>, y otros muchos innumerables), pero no s&eacute; por qu&eacute;, quiz&aacute; porque alguna hay que escoger, hoy se me ocurre que la m&aacute;s gozosa bien pudiera ser la de Rosario y el narrador en <em>Los pasos perdidos</em>, de Carpentier.</p>
<p>En Rosario se entrecruzan varias razas: &ldquo;Es india por el pelo y los p&oacute;mulos, mediterr&aacute;nea por la frente y la nariz, negra por la s&oacute;lida redondez de los hombros y una peculiar anchura de cadera&rdquo;.</p>
<p>Una mujer de una vez, a cuyos encantos se une el de la naturalidad, y un instinto sabio y certero para vivir acorde con las cosas sencillas pero esenciales de la vida. Mouche, la amante francesa con la que viaja el narrador, es todo lo contrario: artificiosa, libresca, formada intelectualmente en el baratillo del surrealismo suburbial y tard&iacute;o, impregnada de todos los t&oacute;picos de las modas culturales..., en fin: una pija integral. Hay un momento, en un autob&uacute;s que se interna hacia la selva virgen, en que Mouche y Rosario se ponen a leer. Mouche lee una novela de moda que Carpentier no nombra pero que yo creo que podr&iacute;a ser de Bukowski, o de alguno de sus ep&iacute;gonos. Mouche es una lectora avisada, m&aacute;s atenta al mundo sombr&iacute;o de los significados y las estructuras subyacentes que a la belleza y a la emotividad de la narraci&oacute;n. Rosario, por su parte, lee la <em>Historia de Genoveva de Brabante</em>, el relato folletinesco de una hero&iacute;na medieval. Lee despacio, y se indigna con los infames y se alboroza con el triunfo de los h&eacute;roes. Se entrega a la lectura con una ingenuidad que yo prefiero a la suficiencia interpretativa de Mouche, pero que tampoco es del todo recomendable, sobre todo a cierta edad.</p>
<p>El narrador-protagonista observa c&oacute;mo leen las dos, y se va prendando de Rosario al tiempo que cada vez desprecia m&aacute;s a Mouche. El primer escarceo er&oacute;tico entre el narrador y Rosario se produce durante el velatorio del padre de ella. La uni&oacute;n del erotismo y de la muerte suele ser explosiva. Me fascina el modo con que Carpentier esboza ese primer encuentro. Rosario est&aacute; apoyada en una tinaja de agua, con los codos en el borde, &ldquo;de tal modo que la comba del barro arqueaba su cintura hacia m&iacute;. El fuego de los fogones le daba en la frente, moviendo remotas luces en sus ojos sombr&iacute;os&rdquo;.</p>
<p>El narrador, con la urgencia de su mirada, la desnuda de sus lutos. Ella, que se da cuenta, pone la tinaja por medio y apoya los brazos en el borde, de forma que ahora las voces, amplificadas por la caja de resonancia de la tinaja, cobran un&nbsp; &ldquo;eco de nave de catedral&rdquo;; &ldquo;A ratos me dejaba solo, iba a la sala del velorio, y regresaba [&hellip;] adonde yo la esperaba con impaciencia de amante&rdquo; y &ldquo;ella se dejaba contemplar, por sobre el agua de la tinaja, con una pasividad halagada que ten&iacute;a algo de entrega&rdquo;.</p>
<p>As&iacute; trabaja un novelista, no con contenidos expl&iacute;citos y alardes psicol&oacute;gicos, sino con tinajas, miradas, gestos, sugerencias.</p>
<p>Pues bien, tres cap&iacute;tulos despu&eacute;s, la ruptura de Mouche y el narrador es total, y total tambi&eacute;n el amor (a&uacute;n contenido, expectante) entre el narrador y Rosario. Mouche ha contra&iacute;do una enfermedad tropical y delira en la hamaca. Es de noche. Hay luna. Bajo la hamaca, en una estera, Rosario y el narrador hablan en susurros. Rosario cuenta algo que la indigna, no importa ahora qu&eacute;. Tal es su rabia, que el narrador la agarra por las mu&ntilde;ecas:</p>
<p>[...] y con la brusquedad del gesto, mi pie derriba una de las cestas en que el Herborizador guarda sus plantas secas, entre camadas de hojas de malanga. Un heno espeso y crujiente se nos viene encima, envolvi&eacute;ndonos en perfumes, que recuerdan, a la vez, el alcanfor, el s&aacute;ndalo y el azafr&aacute;n.</p>
<p>Entonces hacen el amor, brutalmente, sin ternura, en una posesi&oacute;n mutua que parece una lucha, sobre el lecho de plantas perfumadas, como si los amantes afirmaran tambi&eacute;n su pertenencia a la naturaleza. Luego, la claridad de la luna entra por la puerta de la caba&ntilde;a e ilumina sus piernas: primero los tobillos, luego las caderas. Y esta vez, al tiempo que reinician el juego amoroso, Mouche se asoma desde su hamaca y los insulta con voz ronca y airada. Despu&eacute;s, se extrav&iacute;a en el delirio, con un brazo inerte colgando en el aire, mientras los amantes, es de suponer que ya totalmente iluminados por la luna, prosiguen sus trabajos.</p>
<p>&iquest;C&oacute;mo ha construido Carpentier esta escena? Yo creo que hay tres detalles que sirven de eje sobre el cual avanza la narraci&oacute;n, y que a la vez llena todo de un profundo sentido. Uno es la presencia de Mouche, que subraya el car&aacute;cter inaplazable del deseo, y la sinceridad absoluta de la entrega amorosa. Y que, de paso, a&ntilde;ade un punto morboso, de transgresi&oacute;n, que es ingrediente casi obligado en los episodios er&oacute;ticos. Hacen el amor ante ella, lo cual supone que, desde ese instante, Mouche queda segregada, abolida. Es m&aacute;s: desaparece tambi&eacute;n de la novela. Entre la sencillez esencial de la naturaleza y los refinamientos de la civilizaci&oacute;n, el narrador elige la naturaleza. El otro detalle son las plantas arom&aacute;ticas, que le traen al narrador recuerdos de la infancia (con lo cual el encuentro con Rosario es un reencuentro con un mundo remoto pero latente: el mundo del Caribe). Las plantas, adem&aacute;s, incitan a los amantes, y los envuelven en un &aacute;mbito propio, natural y po&eacute;tico. El &uacute;ltimo detalle es la luna que los va iluminando seg&uacute;n ellos van cobrando conciencia de su amor, de sus cuerpos. El amor los ilumina con la misma lentitud deleitosa con que la luna matiza sus cuerpos en la sombra. Y, al igual que el aroma de las plantas, los a&iacute;sla m&aacute;gicamente en su mundo amoroso. La fragancia de las plantas, los gritos roncos de Mouche, la claridad que entra por la ventana: he ah&iacute; un fragmento de realidad imaginaria tallado con la exactitud y transparencia de un diamante.</p>
<p>Y vayamos ahora con la escena er&oacute;tica m&aacute;s triste. La cuenta Hermann Broch en <em>Esch o la anarqu&iacute;a</em>, uno de los tomos de su trilog&iacute;a <em>Los son&aacute;mbulos</em>. Estamos en Colonia, en 1903. Esch es un joven angustiado por el sentido de la existencia: una existencia desordenada y an&aacute;rquica, absurda, en la que no encuentra ning&uacute;n punto estable, ning&uacute;n anclaje vital e intelectual que otorgue a sus d&iacute;as un poco, si no de felicidad,&nbsp; al menos de paz, de concordia consigo mismo y con el mundo. Broch, como casi todos los escritores y artistas alemanes de esa &eacute;poca, nos est&aacute; hablando de la crisis de valores que sobreviene tras la Gran Guerra -crisis en la cual, por cierto, estamos a&uacute;n inmersos. Esch est&aacute; emparentado con Ulrich <em>(El hombre sin atributos</em>), con Harris <em>(El lobo estepario),</em> con algunos personajes de Kafka, de Thomas Mann, de Joseph Roth, de D&ouml;blin, de Canetti..., por hablar solo de la novela en alem&aacute;n.</p>
<p>&iquest;Y ella? Ella se llama Hentjen, y todos la llaman Mam&aacute; Hentjen. Es joven: tiene treinta y seis a&ntilde;os, pero es viuda desde hace catorce y se ha convertido prematuramente en una matrona puritana y algo masculina. Es corpulenta. Es fea, pero no tanto por su figura y por sus rasgos como por voluntad propia. Odia a los hombres, y los teme, y le repugnan. Trata con ellos, porque regenta una sucia taberna portuaria, y los mantiene a raya, y nadie se atreve ni siquiera a requebrarla. Su cara es inexpresiva, y solo hay en ella un rasgo legible de coqueter&iacute;a cuando se arregla el peinado, que es &ldquo;r&iacute;gido como un pan de az&uacute;car&rdquo;. S&iacute;, esa es la palabra que mejor la define: rigidez. Rigidez en el peinado, en la mirada, en la figura, en el car&aacute;cter. Usa un cors&eacute; muy complicado, y tambi&eacute;n excesivamente r&iacute;gido, que parece un cors&eacute; de castidad. Y lo mismo sus vestidos, &ldquo;acorazados de ballenas&rdquo;. Todo eso la hace f&iacute;sicamente inaccesible. Con la viudez, ha cancelado sus encantos femeninos y vive como encastillada en la soledad y en la desconfianza.</p>
<p>Esch, sin embargo, se siente atra&iacute;do por ella. Oscuramente, cree que &eacute;l debe redimir&nbsp; a aquella mujer perdida para el deseo, y que esa empresa puede darle un sentido a la existencia vana y absurda de los dos. Ya el primer beso es acaso el m&aacute;s triste de la literatura. &Eacute;l intenta atraerla y ella se resiste con todo su aparato defensivo: el corpi&ntilde;o abotonado hasta el cuello, su coraza de ballenas, &ldquo;los alfileres del sombrero que se sosten&iacute;a sobre su vacilante cabeza y amenazaban el rostro de Esch&rdquo;, su rigidez obstinada, inaccesible...:</p>
<p>Esch ech&oacute; el sombrero para atr&aacute;s [...] y luego cogi&oacute; con las manos la cabeza redonda y pesada y la volvi&oacute; hacia &eacute;l. Ella devolvi&oacute; el beso con labios secos abultados, como un animal que oprime el hocico contra un cristal.</p>
<p>Al otro d&iacute;a, en una hora en que no hay nadie en la taberna, Esch sube las escaleras y entra en el cuarto de Hentjen, que al verlo &ldquo;emiti&oacute; un ligero grito y se puso r&iacute;gida&rdquo;. &Eacute;l se acerca y la besa bruscamente en la boca. Ella dice con voz ronca: &ldquo;V&aacute;yase&rdquo;. Aquella habitaci&oacute;n, piensa Hentjen, &ldquo;nunca hab&iacute;a sido hollada por un hombre&rdquo;. No obstante le devuelve el beso &ldquo;con labios secos y abultados&rdquo;, repite el autor. Y ah&iacute; comienza la lucha. Ella lucha por su habitaci&oacute;n y &eacute;l por despertar en ella el deseo apagado. &ldquo;Aqu&iacute; no se le ha perdido a usted nada&rdquo;, dice ella, y lo repite, hasta que a la tercera vez reduce la frase a &ldquo;Aqu&iacute; no&rdquo;. Pero no es que quiera ir a otra parte, sino defender aquel reducto. &ldquo;Ella sent&iacute;a como &uacute;nica misi&oacute;n la defensa de aquel cuarto&rdquo;. Pero &eacute;l lo entiende de otra manera y, con voz tambi&eacute;n ronca, dice: &ldquo;&iquest;D&oacute;nde?&rdquo; Entonces ella se&ntilde;ala la alcoba principal, donde dorm&iacute;a con su marido, &ldquo;con la esperanza de que aquella estancia tan elegante le har&iacute;a recobrar a Esch el sentido com&uacute;n y las buenas costumbres&rdquo;. Sin embargo, &ldquo;&Eacute;l la hizo pasar adelante, pero la sigui&oacute;, poni&eacute;ndole la mano sobre el hombro, como si condujera a un prisionero&rdquo;.</p>
<p>Y ahora viene uno de esos de detalles que engrandecen una novela. En esa alcoba nupcial, clausurada desde la muerte del marido y que es una met&aacute;fora de la vida er&oacute;tica tambi&eacute;n clausurada de Mam&aacute; Hentjen, hay, extendida por el suelo, una remesa de nueces, compradas en un momento ventajoso y guardadas all&iacute; para consumo de la taberna. El autor ha insistido mucho en este detalle anteriormente. En su s&oacute;rdido forcejeo, Esch y Hentjen pisan las nueces, que se rompen bajo sus pies y los mantienen a los dos en un equilibrio inestable. Ella quiere salvar ahora sus provisiones, as&iacute; que sale de all&iacute; trastabillando y se refugia en un rinc&oacute;n de la alcoba, aferrada a una cortina, cuyas anillas de madera suenan levemente. &Eacute;l va en su busca y ella, &ldquo;por miedo a estropear el hermoso cortinaje, se solt&oacute;, y no pudo evitar ser empujada hacia el oscuro nicho donde se hallaban las camas matrimoniales&rdquo;. Ella ha defendido su habitaci&oacute;n, luego las nueces, luego las cortinas, y ahora la ropa. &ldquo;Llena de un estupor indefenso&rdquo;, &ldquo;como el reo que colabora con el verdugo&rdquo;, se desnuda y se &ldquo;acuesta tranquilamente de espaldas&rdquo;. &Eacute;l se llena de horror &ldquo;al ver cu&aacute;n f&aacute;cil y simplemente se desarrollaba todo&rdquo;:</p>
<p>[...] y todav&iacute;a le produjo m&aacute;s horror el que ella, inm&oacute;vil y r&iacute;gida, como obedeciendo a las reglas de una antigua obligaci&oacute;n, se dejara hacer sin decir una palabra, sin un estremecimiento. Solo su redonda cabeza oscilaba sobre la almohada de un lado a otro como en una obstinada negaci&oacute;n. &Eacute;l tom&oacute; su cabeza entre las manos y la apret&oacute; como si quisiera extraer de ella los pensamientos que ocultaba y que no le pertenec&iacute;an, y recorri&oacute; con sus labios la fea y grasienta superficie de sus gordas mejillas, pero la piel de ella permaneci&oacute; sorda e inm&oacute;vil.</p>
<p>Y su boca se une a la de &eacute;l &ldquo;como el hocico de un animal apretado contra un cristal&rdquo;, nos recuerda el autor. Y cuando ella, &ldquo;con un ronco gru&ntilde;ido, abri&oacute; finalmente los labios, &eacute;l sinti&oacute; una felicidad que jam&aacute;s le hab&iacute;a hecho sentir ninguna mujer&rdquo;:</p>
<p>[...] fluy&oacute; sin fin en ella, anhelando poseer a aquella mujer que hab&iacute;a dejado de ser ella misma para convertirse en una vida recibida de nuevo, maternal, arrancada del seno del misterio, aniquiladora del yo, que hab&iacute;a roto sus fronteras, sumergida y anegada dentro de su propia libertad. Porque el hombre que quiere el bien y la justicia quiere lo absoluto, y Esch comprendi&oacute; por primera vez en su vida que esto no depende del placer, sino de una uni&oacute;n que est&aacute; por encima de cualquier motivaci&oacute;n casual, y que radica en un extinguirse en com&uacute;n..., comprendi&oacute; que el renacer del ser humano es algo tan sereno como el todo, el cual es capaz de empeque&ntilde;ecerse y ce&ntilde;irse al hombre, cuando lo exige la voluntad en &eacute;xtasis, a fin que todo sea para el hombre lo que &uacute;nicamente al todo le corresponde: la redenci&oacute;n.</p>
<p>He aqu&iacute; un ejemplo mod&eacute;lico de c&oacute;mo se puede resolver intelectualmente un episodio er&oacute;tico, de c&oacute;mo se puede ir de las nueces a la reflexi&oacute;n filos&oacute;fica en una transici&oacute;n suave que en ning&uacute;n momento rechina. La realidad de lo novelesco queda perfectamente definida: la alcoba en penumbra, el sonido de las nueces y de las anillas de la cortina, el forcejeo, la cabeza de ella en la almohada: detalles concretos, artesanales, que son los que arman y estructuran la escena. Cuando Esch llega al orgasmo, cuando fluye sin fin en ella, tambi&eacute;n su conciencia comienza a fluir, y la narraci&oacute;n, con una gran elegancia, se desv&iacute;a hacia un cierre entre l&iacute;rico y filos&oacute;fico. Rosario y el narrador de <em>Los pasos perdidos </em>se deseaban, y no persegu&iacute;an sino la posesi&oacute;n gozosa de los cuerpos. Pero Esch y Hentjen no se desean, y no buscan la efusi&oacute;n amorosa sino algo m&aacute;s: es un acto desesperado por parte de los dos. Ella porque se rinde y termina aceptando el papel pasivo, abnegado y fatal de la mujer ante la voluntad imperiosa del macho. Cuando defiende la habitaci&oacute;n o las nueces, est&aacute; defendiendo la soberan&iacute;a de su soledad. &Eacute;l, porque a trav&eacute;s del cuerpo de Hentjen, busca la posesi&oacute;n del todo, de lo absoluto: aquello que puede dar un sentido pleno a la vida de ambos. Unas p&aacute;ginas m&aacute;s adelante, el autor nos cuenta la vida amorosa, y ya rutinaria, de los dos. Hacen el amor sin hablar, &ldquo;porque en el mutismo se esfuma el pudor, y solo la palabra ha creado la verg&uuml;enza&rdquo;. Ella sigue defendiendo su soledad, y para &eacute;l, ella &ldquo;est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de la hermosura y de la fealdad, de la juventud y de la vejez; constituye para &eacute;l &uacute;nicamente la misi&oacute;n silenciosa de redimirla conquist&aacute;ndola&rdquo;. Es decir: arranc&aacute;ndole un suspiro, un gemido de placer, una palabra de aceptaci&oacute;n. Pero Mam&aacute; Hentjen sigue callada, porque solo as&iacute; puede aceptar el impudor, tumbada en la cama, incit&aacute;ndolo con su silencio y su &ldquo;inmovilidad animal&rdquo;.</p>
<p>Ahora me doy cuenta de que este no es solamente un encuentro er&oacute;tico triste: es tambi&eacute;n y sobre todo un acto de amor metaf&iacute;sico.</p>
<p>Hay tantos momentos er&oacute;ticos memorables, que uno en estos momentos se queda indeciso, sin saber a qu&eacute; atender. Me acuerdo por ejemplo del arranque de <em>El tambor de hojalata</em>, de G&uuml;nter Grass, del modo tan fant&aacute;stico en que fue concebida la madre de &Oacute;scar, pero al mismo tiempo se me viene a la cabeza la historia del idiota que se enamora de una vaca. El idiota se llama Ike y es un personaje de <em>El villorrio</em>, de Faulkner. El erotismo en Faulkner es una fuerza sombr&iacute;a y a veces destructora. Tambi&eacute;n en <em>El villorrio</em> aparece una de las mujeres m&aacute;s extra&ntilde;as y terribles de la literatura. Se llama Eula, y es un personaje al que el autor, desde el principio, le da una dimensi&oacute;n m&iacute;tica. Es Venus, es la encarnaci&oacute;n fat&iacute;dica del deseo, el poder ciego del instinto, la abeja reina en torno a la cual las estirpes aseguran su permanencia. Eula tiene once o doce a&ntilde;os y ya para entonces &ldquo;su aspecto suger&iacute;a alguna simbolog&iacute;a sacada de los antiguos tiempos dionis&iacute;acos: miel ba&ntilde;ada por la luz del sol y uvas a punto de estallar, la retorcida sangr&iacute;a de la vid ya fecunda pisoteada por la pezu&ntilde;a dura y rapaz de la cabra&rdquo;.</p>
<p>Es muy perezosa. Tard&oacute; m&aacute;s de lo corriente en aprender a andar, y lo que m&aacute;s detesta en el mundo es moverse. Los dos mejores atributos que Faulkner reserva para ella son la exuberancia y la inmovilidad. La transportan en un cochecito de ni&ntilde;o, que es el primero que se ha visto por la zona y que resulta tan grande como un peque&ntilde;o carruaje. Hasta los cinco o los seis a&ntilde;os, la transportaba en brazos un criado negro. Eula, su madre y el criado semejaban &ldquo;el rapto de una sabina con el extra&ntilde;o aditamento de una dama de compa&ntilde;&iacute;a&rdquo;.</p>
<p>A m&iacute; me maravilla c&oacute;mo Faulkner enriquece a sus personajes con referencias mitol&oacute;gicas sin que la realidad primaria pierda su independencia y su pureza. Eula nunca supo jugar. No tuvo compa&ntilde;eras de juego ni amigas &iacute;ntimas e inseparables. Otro de sus atributos es la soledad a que la condena el terrible ascendiente sexual con el que ha nacido. Cuando va a la escuela, la han de llevar y traer a caballo, porque su exuberancia y majestad le impiden moverse por s&iacute; misma. La falda entonces se le sube y lo que se ve es algo &ldquo;tan profunda y gigantescamente desnudo como la c&uacute;pula de un observatorio&rdquo;.</p>
<p>Todo en ella es enorme, anormal. Unido eso a su inmovilidad, nos sugiere, en efecto, una abeja reina, o una de esas ara&ntilde;as hembras cuyo tama&ntilde;o excede monstruosamente al de los machos. Por donde pasa, los hombres enloquecen, como ocurre con Remedios, la Bella, de Garc&iacute;a M&aacute;rquez. Cuando entra en la escuela,&nbsp; &ldquo;solo con recorrer el pasillo entre los pupitres los transformaba, a ellos y a los bancos, tambi&eacute;n de madera, en un bosquecillo de Venus&rdquo;.</p>
<p>Y el maestro, que es un joven que conserva una fe noble y antigua en la educaci&oacute;n, en el prestigio del humanismo (porque es, sin duda, Hip&oacute;lito, el s&iacute;mbolo del estudio y de la castidad), al verla por primera vez comprende que, a partir de ese instante, habr&aacute; de entablar consigo mismo una lucha tit&aacute;nica para no sucumbir a la violencia de aquella fuerza destructora y at&aacute;vica. Y en torno a esa lucha se desarrolla casi toda esa parte de la novela. &Eacute;l estudia con fervor a Homero y a Tuc&iacute;dides, pero su fervor libresco es in&uacute;til, porque como &eacute;l bien sabe:</p>
<p>Eula proclamaba la sensualidad sin restricciones de las diosas mismas de su Homero y de su Tuc&iacute;dides: la cualidad de ser al mismo tiempo corrompida e inmaculada, virgen y tambi&eacute;n madre de guerreros y de hombres en plena madurez.</p>
<p>Corrompida e inmaculada, en efecto, como las diosas griegas, as&iacute; es Eula. Su historia, y la del maestro, y la del malvado Snopes, el Vulcano cojo de aquella Venus, que se casa finalmente con ella, es uno de los relatos m&aacute;s profundos y apasionantes que se hayan escrito nunca sobre esa contienda, siempre tr&aacute;gica, entre la fuerza de los instintos y la voluntad de escapar a ellos oponi&eacute;ndoles la raz&oacute;n, el estudio, la soledad y la virtud.</p>
<p>Y, como ya me estoy alargando mucho en esta relaci&oacute;n apasionada y farragosa, quiero dedicar las &uacute;ltimas l&iacute;neas a recordar el beso m&aacute;s sutil y licencioso del que tengo noticias. Es de &Aacute;lvaro Cunqueiro y viene en <em>Vida y fugas de Fanto Fantini</em>, y los protagonistas son Fanto y do&ntilde;a C&oacute;sima. Est&aacute;n en la mesa los dos y el marido de do&ntilde;a C&oacute;sima, que es un burgues&oacute;n perfectamente domesticado. El marido se adormece y quedan frente a frente el gal&aacute;n y la dama:</p>
<p>&ldquo;Iban y ven&iacute;an las sonrisas y las miradas, los labios se abr&iacute;an para decir y se quedaban mudos, las manos avanzaban a trav&eacute;s de la mesa, buscando encontrarse, pero se quedaban a medio camino, disimulando su voluntad de caricia en el pie de una copa, o en una de las rosas que fing&iacute;an una guirnalda en los manteles. Do&ntilde;a C&oacute;sima bebi&oacute; un sorbo de malvas&iacute;a, y vigilando los p&aacute;rpados cerrados de su se&ntilde;or y esposo, la fue empujando hacia el centro de la mesa. Hizo lo mismo Fanto con la suya. Cambiadas las copas, puedo decir que los dos amantes, por vez primera, se besaron, cristal de Murano por medio. El marido ronc&oacute; estrepitoso, y su propio ronquido le despert&oacute;&rdquo;.</p>
<p>Y no quiero acabar sin un recuerdo para Casandra y Federico, que en <em>El castigo sin venganza</em>, de Lope, protagonizan uno de los mejores incestos escritos en espa&ntilde;ol,&nbsp; junto al de Rebeca y Jos&eacute; Arcadio hijo en <em>Cien a&ntilde;os de soledad </em>(&ldquo;Ay hermanita, ay hermanita&rdquo;, susurra &eacute;l mientras comienzan las caricias), o el de Fonchito y do&ntilde;a Lucrecia en <em>Elogio de la madrastra</em>, de Vargas Llosa, y supongo que alg&uacute;n otro que no recuerdo ahora. Y un recuerdo tambi&eacute;n para las mujeres de Kafka, que es un escritor m&aacute;s er&oacute;tico de lo que suele creerse: no hay m&aacute;s que leer el cap&iacute;tulo 3 de <em>El </em>proceso (<em>Primera investigaci&oacute;n</em>), donde el discurso de Josef K. en la sala del juicio abarrotada de gente es interrumpido por el chillido ag&oacute;nico de un orgasmo: un hombre le est&aacute; haciendo el amor a la lavandera y esposa del conserje, de pie, rodeados por un corro de curiosos, y ante la indiferencia del resto de la muchedumbre que puebla la sala. Es acaso la escena er&oacute;tica m&aacute;s p&uacute;blica y notoria que se haya escrito nunca. Y en <em>El castillo, </em>tambi&eacute;n en el cap&iacute;tulo 3, K. y Frieda hacen por primera vez el amor entre charcos de cerveza y restos de basura, y rodando por el suelo van a chocar contra la puerta tras la cual est&aacute; Klamm, el poderoso amante de Frieda, y no solo eso, sino que ella, enloquecida por la pasi&oacute;n, golpea en la puerta y grita: &ldquo;&iexcl;Estoy con el agrimensor!, &iexcl;estoy con el agrimensor!&rdquo; O Brunelda, en <em>Am&eacute;rica</em>, cuyos encantos atraen a los hombres tan fatalmente como la Eula de Faulkner o la Remedios de Garc&iacute;a M&aacute;zquez. Y un recuerdo para tantas otras que me han hecho vivir momentos inolvidables de pasi&oacute;n. Pero, sobre todo, para la pobre y admirable Ant&iacute;gona, a quien la abnegaci&oacute;n filial en <em>Edipo en Colono</em>, y luego el deber moral en la obra que lleva su nombre, le impidieron conocer los gozos del amor. Estas son sus &uacute;ltimas palabras:</p>
<p>&ldquo;Y ahora la muerte me lleva, tras cogerme en sus manos, sin lecho nupcial, sin canto de bodas, sin haber tomado parte en el matrimonio ni en la crianza de los hijos, sino que, abandonada por los amigos, infeliz, me dirijo viva hacia los sepulcros de los muertos&rdquo;.</p>
<p>Ant&iacute;gona es la doncella a la que el destino le niega las dulzuras amorosas, y esa usurpaci&oacute;n forma parte tambi&eacute;n de su car&aacute;cter tr&aacute;gico.</p>
<p>Y una cita final para cerrar este desordenado devaneo de lector. Son unas palabras de Zorba en <em>Vida y hechos de Zorba el griego,</em> de Kazantzakis:</p>
<p>&ldquo;Porque, joven se&ntilde;or, aquel que pudiendo acostarse con una mujer no lo hace, comete un gran pecado. Si una mujer te invita a compartir su lecho, y t&uacute; te niegas a satisfacer su deseo, &iexcl;pierdes el alma! Esa mujer lanzar&aacute; un gran suspiro el d&iacute;a del gran juicio de Dios, y el suspiro de esa mujer bastar&aacute; para echarte de cabeza al infierno. Si el infierno existe, no me libro de caer en &eacute;l, y la &uacute;nica causa de mi perdici&oacute;n habr&aacute; sido esta. &iexcl;No por haber robado, asesinado, cometido adulterio, no, no! Todo eso no significa nada. Dios lo perdona. Pero ha de precipitarme en el infierno s&oacute;lo porque una noche una mujer me esperaba y yo no acud&iacute;...&rdquo;</p>
<p>Ese es, pues, para Zorba, el &uacute;nico pecado que Dios no perdona. Pero quiz&aacute; aqu&iacute; empezamos a invadir el territorio inviolable de la realidad objetiva. La realidad de la vida, en la literatura, no permite su propio reflejo. Y, a prop&oacute;sito de la realidad, y ahora ya si acabo, &iquest;qu&eacute; nos deparar&aacute; hoy la realidad?, &iquest;qu&eacute; nos deparar&aacute; la realidad esta misma tarde? &iquest;Y esta noche, qu&eacute; nos tendr&aacute; reservado la realidad esta noche? Bueno, en el peor de los casos, yo te deseo, lector, que tengas sue&ntilde;os apacibles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 19 Mar 2018 08:08:24 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Turia entrevista a fondo a Martín Caparrós y Pablo d'Ors]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-entrevista-a-fondo-a-martin-caparros-y-pablo-d-ors/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2018/caparros500.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>TAMBI&Eacute;N PUBLICA UN IN&Eacute;DITO DE RAFAEL AZCONA</strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>MART&Iacute;N CAPARR&Oacute;S ANALIZA LAS CLAVES DE LO QUE NOS PASA: &ldquo;SOMOS MUY BUENOS INVENTANDO MITOS, NO SOMOS TAN BUENOS INVENTANDO PA&Iacute;SES&rdquo; </strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>PABLO D'ORS LO TIENE CLARO: &ldquo;LOS LIBROS SON M&Aacute;S INTELIGENTES QUE LOS AUTORES&rdquo;</strong></p>
<p>Nunca Mart&iacute;n Caparr&oacute;s ni Pablo d'Ors se hab&iacute;an sometido a unas entrevistas tan extensas e intensas como las que les ha realizado la revista TURIA en su nuevo n&uacute;mero, que se distribuye este mes de marzo. Ambos son dos de los m&aacute;s singulares protagonistas de nuestra actualidad cultural: el escritor y periodista argentino Mart&iacute;n Caparr&oacute;s es uno de los grandes cronistas lationamericanos del presente y en Pablo d'Ors el maridaje entre literatura y religi&oacute;n es un elemento clave que ha adquirido una nueva dimensi&oacute;n tras su nombramiento como consejero cultural del Papa Francisco.</p>
<p>Por otra parte, y coincidiendo con el d&eacute;cimo aniversario de su muerte, TURIA publica un poema in&eacute;dito de Rafael Azcona (Logro&ntilde;o, 1926 &ndash; Madrid, 2008), considerado el mejor guionista de cine espa&ntilde;ol y seg&uacute;n sus palabras &ldquo;uno de los m&aacute;s persistentes&rdquo;.</p>
<p>Caparr&oacute;s y d'Ors son, sin duda, dos personalidades tan distintas como destacadas y leer a ambos merece mucho la pena. En TURIA nos hablan, con absoluta libertad y sin reparos, de sus respectivas obras y trayectorias. Y, sobre todo, sus respuestas se ocupan tambi&eacute;n de abordar un amplio repertorio de temas. Con Mart&iacute;n Caparr&oacute;s conversamos sobre el futuro del periodismo comprometido o el actual auge de las cr&oacute;nicas. Exploramos las relaciones entre vida y literatura o comentamos la situaci&oacute;n de Argentina y Espa&ntilde;a.</p>
<p>En Pablo d'Ors, nieto del prestigioso ensayista y cr&iacute;tico de arte&nbsp;Eugenio d'Ors, la literatura y el sacerdocio ocupan sus principales intereses. De ah&iacute; que hablemos de los v&iacute;nculos entre arte y esp&iacute;ritu, o sobre el papel de la religi&oacute;n y sus instituciones, y de su exitosa apuesta por la meditaci&oacute;n a trav&eacute;s de libros como &ldquo;Biograf&iacute;a del silencio&rdquo;.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>MART&Iacute;N CAPARR&Oacute;S: &ldquo;LO M&Aacute;S PARECIDO A UNA PATRIA ES EL LUGAR DONDE UNO SE SIENTE M&Aacute;S A DISGUSTO&rdquo;</p>
<p>Mart&iacute;n Caparr&oacute;s (Buenos Aires, 1957) es hoy uno de los escritores y periodistas m&aacute;s interesantes del panorama de la cultura en espa&ntilde;ol. Sus colaboraciones en la prensa y sus libros lo han convertido ya en uno de los m&aacute;s relevantes cronistas del presente. Baste recordar el extraordinario ejercicio de investigaci&oacute;n y an&aacute;lisis que contienen libros suyos tan reveladores y conmovedores como &ldquo;El Hambre&rdquo; o compendios de cr&oacute;nicas como &ldquo;Larga distancia&rdquo;. De ah&iacute; que TURIA haya decidido entrevistarle para conocer mejor las claves de su trabajo creativo e informativo, as&iacute; como sus opiniones sobre un amplio abanico de cuestiones de inter&eacute;s.</p>
<p>Mart&iacute;n Caparr&oacute;s cuenta, en la conversaci&oacute;n con Emma Rodr&iacute;guez,&nbsp; que empez&oacute; en el periodismo por pura casualidad a los diecis&eacute;is a&ntilde;os: &ldquo;nunca decid&iacute; que quer&iacute;a ser periodista, escritor. Lo &uacute;nico que tengo claro es que desde siempre escrib&iacute;&rdquo;. A prop&oacute;sito del periodismo comprometido, Caparr&oacute;s reconoce que &ldquo;si un periodista tiene que jugarse la vida actualmente es porque su pa&iacute;s ha fracasado en la construcci&oacute;n de una sociedad en la cual eso no sea necesario&rdquo;. No obstante, apunta, &ldquo;los medios que me interesan son los que no se dejan domesticar&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Caparr&oacute;s mantiene su fascinaci&oacute;n por algunos autores: &ldquo;a Borges vuelvo siempre&rdquo; pero confiesa: &ldquo;no creo en la literatura como terapia, como algo que te ayude a asimilar nada&rdquo;. Adem&aacute;s, a prop&oacute;sito de c&oacute;mo se combinan en su caso periodismo y ficci&oacute;n, responde: &ldquo;lo que yo hago es escribir, cuando el referente es m&aacute;s real hablamos de periodismo y cuando lo es menos lo denominamos novela&rdquo;</p>
<p>Cr&iacute;tico con el vigente sistema econ&oacute;mico y social, Mart&iacute;n Caparr&oacute;s est&aacute; convencido de que el capitalismo tiene reemplazo y lo habr&aacute;: &ldquo;tratan de hacernos creer que no, que no hay ning&uacute;n reemplazo posible para el capitalismo, pero eso es un absoluto disparate. Estudi&eacute; Historia y una de las pocas cosas que aprend&iacute; con cierta convicci&oacute;n es que todos los sistemas pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos y sociales han ca&iacute;do y han cambiado, aunque, por supuesto, siempre se crey&oacute;, en cada momento, que nunca iban a caer y a ser reemplazados por otros. Ahora estamos en ese punto, no hay nada nuevo&rdquo;.</p>
<p>Preguntado por Argentina, Caparr&oacute;s afirma que &ldquo;es una especie de pa&iacute;s calesita, en espa&ntilde;ol tiovivo. Se dan vueltas, vueltas y vueltas, para siempre volver a lo mismo&rdquo;. Y respecto a Espa&ntilde;a, donde reside habitualmente entre viaje y viaje, considera que &ldquo;ahora est&aacute; infinitamente mejor que hace cincuenta a&ntilde;os&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>PABLO D'ORS : &ldquo;NUESTRA MISI&Oacute;N EN LA VIDA ES PONER LUZ DONDE HAY OSCURIDAD&rdquo;</p>
<p>Pablo d'Ors (Madrid, 1963) es sacerdote cat&oacute;lico, escritor y, por expresa designaci&oacute;n del Papa Francisco, consejero cultural del Vaticano. Tras conocer a Franz Jalics, funda en 2014 la asociaci&oacute;n Amigos del Desierto, cuyo prop&oacute;sito es profundizar y promover la pr&aacute;ctica de la meditaci&oacute;n. Ha publicado, entre otros libros, la llamada<em> &ldquo;Trilog&iacute;a del silencio&rdquo;</em>, conformada por &ldquo;<em>El amigo del desierto&rdquo;</em>, &ldquo;<em>El olvido de s&iacute;&rdquo; </em>y &rdquo;<em>Biograf&iacute;a del silencio</em>, libro este &uacute;ltimo publicado por Siruela y que ha constituido un aut&eacute;ntico fen&oacute;meno editorial. En el 2015 public&oacute; su&nbsp;novela <em>Contra la juventud </em>y recientemente su &uacute;ltimo libro titulado &ldquo;Entusiasmo&rdquo;, ambos en la editorial Galaxia Gutenberg, que ha emprendido la edici&oacute;n de su obra completa.</p>
<p>Pablo d'Ors, se muestra en la conversaci&oacute;n que mantiene para TURIA con Fernando del Val tal cual es: afable, reflexivo y sincero a prop&oacute;sito de las relaciones entre arte y espiritualidad. Para &eacute;l, &ldquo;muchos agn&oacute;sticos y no creyentes viven la dimensi&oacute;n espiritual desde la dimensi&oacute;n art&iacute;stica&rdquo;. Tambi&eacute;n asegura que &ldquo;las instituciones deben estar al servicio de las personas y de los ideales por que fueron creadas&rdquo;.</p>
<p>Preguntado por el panorama actual del cristianismo, Pablo d'Ors reconoce que la &ldquo;religi&oacute;n es un producto cultural. Cambia y se transforma. Es necesario que as&iacute; sea&rdquo;. De ah&iacute; que, seg&uacute;n &eacute;l, el cristianismo haya de ser &ldquo;rele&iacute;do desde la clave del silencio&rdquo;. Por otra parte, &ldquo;si t&uacute; crees en ti mismo, en los otros, en la vida y en el futuro, aunque no lo sepas, est&aacute;s creyendo en Dios&rdquo;. En cualquier caso, concluye d'Ors, &ldquo;el dep&oacute;sito de sabidur&iacute;a que aporta el cristianismo es un patrimonio tan abrumador que yo prefiero definirme como cristiano antes que como librepensador&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>RAFAEL AZCONA, EL GUIONISTA QUE ESCRIB&Iacute;A POEMAS</p>
<p>Uno de los principales estudiosos de la vida y obra de Rafael Azcona, el riojano Luis Alberto Cabez&oacute;n, publica en el nuevo n&uacute;mero de TURIA su reciente descubrimiento: un poema del c&eacute;lebre guionista, fechado anteriormente a 1956. Titulado &ldquo;Eros en la orilla&rdquo;, est&aacute; escrito en un momento en el que Rafael Azcona gozaba de cierta popularidad gracias a su personaje del &ldquo;Repelente Ni&ntilde;o Vicente&rdquo;, publicado en libro y en las p&aacute;ginas de &ldquo;La Codorniz&rdquo;. Ese mismo a&ntilde;o, Azcona publicar&iacute;a dos novelas: &ldquo;Cuando el toro se llama Felipe&rdquo; y &ldquo;Los muertos no se tocan, nene&rdquo;.</p>
<p>El poema de Azcona que ahora da a conocer TURIA es, seg&uacute;n se nos indica, &ldquo;el &uacute;nico de corte er&oacute;tico que le conocemos&rdquo;. Son versos que describen el encuentro de un joven en el r&iacute;o con una lavandera y, en opini&oacute;n de Luis Alberto Cabez&oacute;n, expresan &ldquo;el deseo contenido y la necesidad de escapar de la realidad de uno mismo&rdquo;.</p>
<p>Azcona siempre se sinti&oacute; esc&eacute;ptico sobre el valor de sus versos, as&iacute; lo cuenta en el libro &ldquo;Memorias de sobremesa&rdquo;: &ldquo;Como consecuencia de amar a alguien que no me hac&iacute;a caso, trat&eacute;, sin saber lo que hac&iacute;a, de sublimar aquello y por mimetismo empec&eacute; a descargar mi frustraci&oacute;n, o ll&aacute;mala como quieras, en unos papeles. Escrib&iacute;a remedando lo que hab&iacute;a le&iacute;do. Empec&eacute; con Amado Nervo, me da un poco de verg&uuml;enza decirlo ahora [&hellip;] Luego, poco a poco, otras lecturas me fueron aclarando aquel l&iacute;o [&hellip;] Yo venero a Machado, me siento insultado cuando alguien lo desde&ntilde;a, pero yo no ser&iacute;a el mismo de no haber le&iacute;do a Neruda&rdquo;.</p>
<p>No obstante, el que fuera guionista de t&iacute;tulos inolvidables del cine espa&ntilde;ol (&ldquo;El pisito&rdquo;, &ldquo;Pl&aacute;cido&rdquo;, &ldquo;El verdugo&rdquo;, &ldquo;El bosque animado&rdquo;, &ldquo;&iexcl;Ay, Carmela!&rdquo; o &ldquo;Belle Epoque&rdquo;) tuvo tambi&eacute;n una inicial actividad po&eacute;tica que, si hacemos caso a Josefina Aldecoa, &ldquo;est&aacute; ya el anuncio de lo que va a ser su literatura. La muerte, la soledad, el escepticismo, el amor imposible&rdquo;.</p>
<p>TURIA es, con 35 a&ntilde;os de trayectoria y periodicidad cuatrimestral, una de las publicaciones culturales espa&ntilde;olas m&aacute;s veteranas y reconocidas, por cuya labor obtuvo el Premio Nacional&nbsp; al Fomento de la Lectura. Desde hace un lustro, adem&aacute;s de su edici&oacute;n en papel, la revista TURIA tiene una versi&oacute;n digital a trav&eacute;s de una atractiva web y de una p&aacute;gina en Facebook que est&aacute; obteniendo una muy favorable acogida. &nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 19 Mar 2018 08:03:46 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La revista Turia descubre la vigencia de Friedrich Dürrenmatt]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-revista-turia-descubre-la-vigencia-de-friedrich-durrenmatt/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2018/FRIEDRICH_D_RRENMATT_4.jpg" alt="" /></p>
<p class="Textbody" style="text-align: left;"><strong>HOMENAJE AL ESCRITOR&nbsp; SUIZO, CON MOTIVO DEL 60 ANIVERSARIO DEL EXITO INTERNACIONAL DE &ldquo;LA VISITA DE LA VIEJA DAMA&rdquo;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21" style="text-align: left;" align="center"><strong>LUIS ALBERTO DE CUENCA PRESENTAR&Aacute; &ldquo;TURIA&rdquo; EL 21 DE MARZO EN&nbsp; EL GOETHE INSTITUT DE MADRID</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">El gran escritor suizo Friedrich D&uuml;rrenmatt ser&aacute; el principal protagonista del nuevo n&uacute;mero de la revista cultural TURIA. Un homenaje colectivo que, a trav&eacute;s de textos in&eacute;ditos, le rinden doce escritores y estudiosos con ocasi&oacute;n de celebrarse este a&ntilde;o el 60 aniversario de su consagraci&oacute;n internacional con la obra de teatro &ldquo;La visita de la vieja dama&rdquo;, una tr&aacute;gica y reveladora historia sobre la capacidad del ser humano de hacer cualquier cosa por dinero y justificarla, una inolvidable pieza sobre la lucha entre justicia y corrupci&oacute;n.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA pretende redescubrir a los lectores en espa&ntilde;ol el inter&eacute;s y la vigencia de la literatura comprometida de D&uuml;rrenmatt. No en vano, y como ha subrayado recientemente el actual presidente de la Confederaci&oacute;n Suiza, Alain Berset, &ldquo;para D&uuml;rrenmatt su rol social como artista consist&iacute;a en crear par&aacute;bolas en las que cada ser humano y cada comunidad se pudiera observar en un espejo cr&iacute;tico&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">El nuevo n&uacute;mero de TURIA ser&aacute; presentado en Madrid, en la sede del Goethe Institut, el pr&oacute;ximo d&iacute;a 21 de marzo. La tarea corresponder&aacute; a Luis Alberto de Cuenca, escritor, fil&oacute;logo e investigador del CSIC.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>UNA LITERATURA QUE INVITA AL AN&Aacute;LISIS CR&Iacute;TICO DE LA SOCIEDAD</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">Una aproximaci&oacute;n plural, rigurosa y atractiva a D&uuml;rrenmatt es la propuesta que realiza la revista cultural TURIA a sus lectores. Un sumario de cerca de 500 p&aacute;ginas que tiene como principal protagonista a uno de los m&aacute;s destacados escritores europeos del siglo XX.&nbsp; Es D&uuml;rrenmatt un moralista poco convencional. Un autor dotado de un humor corrosivo, que cultiv&oacute; un amplio repertorio de g&eacute;neros, transformando la escena teatral y contribuyendo a renovar la novela polic&iacute;aca.</p>
<p class="Textoindependiente21">Sin duda, Durrenmatt es un notabil&iacute;simo escritor que forma parte ya del canon literario de habla alemana pero que merece nuevas aproximaciones, as&iacute; como una mayor difusi&oacute;n, entre el p&uacute;blico lector de habla hispana. Una tarea de fomento de la lectura de D&uuml;rrenmatt en espa&ntilde;ol a la que TURIA quiere contribuir.</p>
<p class="Textoindependiente21">No en vano, y como escribe Isabel Hern&aacute;ndez en el art&iacute;culo que abre el monogr&aacute;fico que le dedica TURIA, D&uuml;rrenmatt &ldquo;contin&uacute;a siendo a d&iacute;a de hoy el dramaturgo de mayor peso en las letras alemanas&rdquo; tras Bertolt Brecht. Quien cuando empez&oacute; a escribir colg&oacute; en la puerta de su habitaci&oacute;n un letrero en el que se le&iacute;a: &ldquo;Friedrich D&uuml;rrenmatt. Escritor nihilista&rdquo;, termin&oacute; elaborando un vasto conjunto literario que, a pesar de su apariencia heterog&eacute;nea, se caracteriza precisamente por su unidad: por ofrecer en todos su textos visiones acerca de &ldquo;la confrontaci&oacute;n del mundo como es y las posibilidades que el hombre tiene a mano para hacerle frente&rdquo;.</p>
<p class="Standard">El monogr&aacute;fico de TURIA sobre D&uuml;rrenmatt ha sido coordinado por Isabel Hern&aacute;ndez, doctora en Filolog&iacute;a Alemana por la Universidad Complutense de Madrid. Tambi&eacute;n participan con art&iacute;culos in&eacute;ditos escritores y estudiosos tanto suizos como espa&ntilde;oles: Peter von Matt, Michael Fischer, Carlos Fortea,&nbsp; Fernando J. Palacios,&nbsp; Ulrich Weber, Lorena Silos Ribas, Yolanda Garc&iacute;a Hern&aacute;ndez, Lukas B&auml;rfuss, Beatrice von Matt y Peter Utz. Adem&aacute;s, la revista publica un texto in&eacute;dito en espa&ntilde;ol del propio D&uuml;rrenmatt.&nbsp;</p>
<p class="Textbody">Friedrich D&uuml;rrenmatt (1921-1990) ha sido uno de los autores m&aacute;s respetados, le&iacute;dos y representados internacionalmente de la literatura suiza. Sin duda D&uuml;rrenmatt es, junto a Max Frisch (a quien TURIA ya dedic&oacute; un monogr&aacute;fico apoyado por Pro-Helvetia), uno de los grandes escritores suizos de lengua alemana del siglo XX. Su extensa y variada obra literaria le ha dado fama y reconocimiento mundiales, aunque su faceta m&aacute;s conocida fuera la de dramaturgo.&nbsp;</p>
<p class="Textbody">Las relaciones y conflictos humanos que D&uuml;rrenmatt aborda en sus obras tienen inter&eacute;s y vigencia en nuestros d&iacute;as. Nos invitan a la reflexi&oacute;n y al an&aacute;lisis cr&iacute;tico de nuestra sociedad actual. Es un creador de perfil polifac&eacute;tico, aunque sobre todo destaca su obra como prosista, dramaturgo y pintor. &ldquo;Escribo conociendo lo absurdo de este mundo, pero sin desesperar&rdquo;, dijo como comentario a una producci&oacute;n creativa en la que predomina la s&aacute;tira y en la que, a menudo, se mezcla lo cruel con lo grotesco y que lo convierten en uno de los escritores m&aacute;s significativos de la segunda mitad del siglo XX.</p>
<p class="Textbody">En definitiva, como se asegura en las p&aacute;ginas de TURIA, D&uuml;rrenmatt &ldquo;siempre se expres&oacute; con claridad meridiana, y con humor, sobre todo aquello que le concern&iacute;a, sobre sus amigos, sus lecturas, su vida, sus viajes, sobre el significado y el origen de sus textos, sobre los efectos del contacto entre las artes, sobre la sociedad, sobre la libertad del individuo, sobre la tolerancia. Lo que sucede en el gran laberinto del mundo es igual que un espect&aacute;culo teatral y, por ello, es preciso analizarlo con los mismos presupuestos y nadie mejor que Friedrich D&uuml;rrenmatt para llevarlo a cabo con el humor y la iron&iacute;a necesarios para hacernos ver con absoluta claridad que en el mundo real nada es lo que parece&rdquo;.</p>
<p class="Textbody">TURIA es una revista de periodicidad cuatrimestral que tiene una edici&oacute;n en papel y otra&nbsp; digital (web y Facebook). Est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero dedicado a Friedrich D&uuml;rrenmatt ha sido posible gracias al apoyo de Pro Helvetia. Tambi&eacute;n ha contado con la colaboraci&oacute;n del Instituto Universitario de Lenguas Modernas y Traductores de la Universidad Complutense. En su presentaci&oacute;n colabora el Goethe Institut.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 09 Mar 2018 07:48:25 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En defensa de la escritura sumergida]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/en-defensa-de-la-escritura-sumergida/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/marzo/CLAUDIO_MAGRIS_2.jpg" alt="" /></p>
<p>A veces, la literatura in&eacute;dita es mejor que la publicada; revalorizada por lo digital, forma parte del patrimonio com&uacute;n. No existe &uacute;nicamente una econom&iacute;a sumergida, sino tambi&eacute;n una literatura sumergida. Hay una Italia que escribe a ritmo acelerado, que produce r&iacute;os de una literatura que permanece in&eacute;dita y est&aacute; destinada a seguir as&iacute;, pero que no es menos significativa, como &iacute;ndice de la mentalidad y del sentir general, que el oc&eacute;ano del papel impreso. La diferencia entre un texto rechazado y uno publicado, incluso con &eacute;xito, no es siempre evidente y, al contrario, en ocasiones ser&iacute;a mucho m&aacute;s l&oacute;gico que los dos textos intercambiaran sus destinos.</p>
<p>No existe &uacute;nicamente una econom&iacute;a sumergida, sino tambi&eacute;n una literatura sumergida. Es aplicable tambi&eacute;n a Italia, pues &mdash;al igual que a muchos otros pa&iacute;ses&mdash;, el viejo chiste habsb&uacute;rgico sobre los praguenses, de quienes se dec&iacute;a que eran todos escritores, hasta el punto de que, cuando alguien se tropezaba casualmente con uno en el tren, le preguntaba, despu&eacute;s de las presentaciones de rigor: &laquo;Ah, conque es usted de Praga, &iquest;y qu&eacute; novela dice que ha escrito?</p>
<p>No soy editor ni trabajo para editorial alguna, y sin embargo recibo cada d&iacute;a, con la excepci&oacute;n de s&aacute;bados y domingos, cuatro o cinco textos mecanografiados de personas desconocidas, que me instan a que los lea, los valore y los promueva; aproximadamente entre unos quince y veinte a la semana, setenta al mes, ochocientos al a&ntilde;o. Les respondo a todos &mdash;porque creo que todo interlocutor merece respeto y atenci&oacute;n&mdash;, intentando explicarles que resulta imposible para cualquiera, incluso aunque recibiera diariamente obras de Balzac o de Dickens, leer setenta libro al mes, en el llamado tiempo libre que nos queda despu&eacute;s de haber completado nuestra jornada laboral.</p>
<p>Con todo, cada lectura inevitablemente negada hace que me sienta inc&oacute;modo, porque el rechazo va dirigido a alguien que, independientemente de la calidad de lo que pueda haber escrito, parte en condiciones desfavorables, aislado de esos contactos y relaciones que tanto nos han ayudado a muchos de nosotros, m&aacute;s afortunados.</p>
<p>Hay algunos &mdash;m&aacute;s bien pocos&mdash; que entienden mis dificultades para atender a su petici&oacute;n, mientras que muchos me piden, en cambio, que me limite a leer su obra, desde&ntilde;ando todas los dem&aacute;s, con un resentimiento comprensible en quien se siente excluido pero que ofusca la comprensi&oacute;n objetiva de las cosas. En esa pl&eacute;tora de manuscritos habr&aacute;, cabe imaginarlo, muchas obras de escaso valor cuyo inter&eacute;s se circunscriba solo a quienes las han escrito; habr&aacute; otras mediocres y, quiz&aacute;, con todo, dignas de atenci&oacute;n; bastantes ser&aacute;n veleidosas o monomaniacas; otras, de calidad media no inferior a la de muchos otros libros que, en cambio, qui&eacute;n sabe por qu&eacute;, acaban siendo publicados o coronados incluso por el &eacute;xito; y acaso no falte incluso alguna obra maestra. Hace muchos a&ntilde;os, cuando recib&iacute;a muchos menos manuscritos y pod&iacute;a leer algunos de ellos, me top&eacute; hasta con algunas obras de gran hondura, que intent&eacute;, casi siempre en vano, que fueran publicadas.</p>
<p>Este vasto continente literario subacu&aacute;tico testimonia &mdash;a pesar de la vertiginosa transformaci&oacute;n, en todos los campos, de la vida y de nuestra forma de vivirla y concebirla&mdash; cu&aacute;n difundida y sentida sigue estando la necesidad que nos embarga de relatar nuestra propia existencia y nuestra propia visi&oacute;n del mundo, el deseo de sustraerla a la nada y al olvido, la fe en la capacidad de la literatura para redimir la vida. Fe falaz, porque ni siquiera una obra maestra inmortal puede redimirnos de un dolor o una injusticia, cuando est&aacute;n enraizados en el coraz&oacute;n humano.</p>
<p>En realidad, este mar de in&eacute;ditos es sobre todo un fen&oacute;meno social y cultural muy relevante, una realidad que refleja el clima de un pa&iacute;s, una producci&oacute;n no menos concreta respecto a la literatura editada de cuanto lo es la econom&iacute;a sumergida respecto a la oficialmente reconocida y computada. Nadie puede afirmar conocer la literatura &mdash;y por lo tanto la cultura&mdash; de un pa&iacute;s si solo conoce la que aparece impresa; por lo dem&aacute;s, si como es obvio resulta materialmente imposible sumergirse en la lectura de ese oc&eacute;ano de in&eacute;ditos, es igualmente imposible un conocimiento adecuado del mar de lo editado, extens&iacute;simo este tambi&eacute;n y, por lo dem&aacute;s, dilatado a menudo de forma casual y ca&oacute;tica. La diferencia entre un texto rechazado y uno publicado, tambi&eacute;n con &eacute;xito, no siempre es evidente y al contrario, en ocasiones, ser&iacute;a mucho m&aacute;s l&oacute;gico que a los dos textos les ocurriera lo opuesto.</p>
<p>En todo caso, las pilas de manuscritos que me llegan a m&iacute;, al igual, me imagino, que a muchos otros, forman parte de la literatura de hoy en d&iacute;a. La frontera entre lo in&eacute;dito y lo editado no es la frontera entre lo inexistente y la existente. Lo digital est&aacute; royendo o ha ro&iacute;do ya los r&iacute;gidos confines entre lo publicado y lo in&eacute;dito, entre lo p&uacute;blico y lo privado, entre la cultura oficialmente reconocida y la que habita en las distintas formas de comunicaci&oacute;n electr&oacute;nica. Es dif&iacute;cil decir si lo digital est&aacute; destinado a incrementar la diversidad y la libertad o llevar&aacute; m&aacute;s bien a una apagada homologaci&oacute;n de intereses, pasiones y costumbres, hacia una totalizadora y totalitaria democracia populista de masas, como la descrita y denunciada en sus mecanismos tir&aacute;nicos por Tocqueville. Lo digital puede ayudar, indudablemente, a que ese continente sumergido de lo in&eacute;dito emerja de sus ignotas profundidades, enriqueciendo as&iacute; el archipi&eacute;lago de la literatura. Claro que, a muchos de estos islotes emergidos de la oscuridad &mdash;como tambi&eacute;n a muchos libros publicados con &eacute;nfasis&mdash;, podr&iacute;a sucederles lo que le ocurri&oacute; a Ny&ouml;, un islote volc&aacute;nico que apareci&oacute; repentinamente de las aguas del mar en 1783, en las cercan&iacute;as de Islandia, para hundirse casi inmediatamente despu&eacute;s, mientras a&uacute;n se segu&iacute;a discutiendo a qui&eacute;n pertenec&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Corriere della Sera</em></p>
<p><em></em>(Traducci&oacute;n de Carlos Gumpert)</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 05 Mar 2018 13:47:25 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Turia publica inéditos de grandes autores internacionales]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-publica-ineditos-de-grandes-autores-internacinales/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2018/SAM_SHEPARD.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>EL NUEVO N&Uacute;MERO DE LA REVISTA DA A CONOCER TEXTOS DE SAM SHEPARD, PETER SLOTERDIJK Y L&Ecirc;DO IVO</strong></p>
<p>La revista cultural TURIA publica en su nuevo n&uacute;mero, que se distribuye este mes de marzo en Espa&ntilde;a y otros pa&iacute;ses, un sumario repleto de interesantes textos in&eacute;ditos de grandes autores internacionales. As&iacute;, TURIA da a conocer un fragmento de la primera novela del legendario escritor y actor norteamericano Sam Shepard. Titulada &ldquo;Yo por dentro&rdquo;, se trata de una historia crepuscular sobre la familia, el amor y la p&eacute;rdida. Shepard nos brinda, en este su &uacute;ltimo libro publicado antes de fallecer, un repertorio de algunos de los temas que le obsesionaron a lo largo de su carrera. Puede decirse que la narraci&oacute;n de Shepard es un aut&eacute;ntico &ldquo;tour de force&rdquo; de memoria, misterio, muerte y vida.</p>
<p>Tambi&eacute;n TURIA ofrece a los lectores un avance de &ldquo;&iquest;Qu&eacute; sucedi&oacute; en el siglo XX?&rdquo;, el nuevo libro del fil&oacute;sofo alem&aacute;n Peter Sloterdijk. Un volumen que re&uacute;ne las conferencias que pronunci&oacute; entre 2005 y 2014. Un conjunto de textos que se centran en analizar qu&eacute; cargas, doctrinas y esperanzas lega el siglo XX a nuestros d&iacute;as.&nbsp;</p>
<p>Menci&oacute;n destacada en el sumario de la revista merece tambi&eacute;n la presencia de la poes&iacute;a del brasile&ntilde;o L&ecirc;do Ivo. Quien ha sido uno de los autores m&aacute;s importantes de la literatura moderna de su pa&iacute;s y un gran enamorado de las letras espa&ntilde;olas, ve traducidos por primera vez cinco poemas de su libro in&eacute;dito en castellano &ldquo;Linguagem&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="left"><strong>SAM SHEPARD, UN MITO CONTEMPOR&Aacute;NEO </strong></p>
<p>Sam Shepard (1942-2017) es, sin duda, un personaje m&iacute;tico dentro de la cultura norteamericana contempor&aacute;nea. Fue amigo y colaborador de los Rolling Stones, Patti Smith y Bob Dylan. Quien fuera pareja de la c&eacute;lebre actriz Jessica Lange durante casi treinta a&ntilde;os, protagoniz&oacute; pel&iacute;culas como &ldquo;Elegidos para la gloria&rdquo;, &ldquo;Magnolias de acero&rdquo;, &ldquo;Frances&rdquo; o&nbsp; &ldquo;D&iacute;as del cielo&rdquo;. Tambi&eacute;n fue coguionista de filmes inolvidables como &ldquo;Paris, Texas&rdquo; o &ldquo;Zabriskie Point&rdquo;. Adem&aacute;s, Shepard est&aacute; considerado como uno de los grandes dramaturgos estadounidenses y es autor de m&aacute;s de cuarenta obras de teatro. Por una de ellas, &ldquo;Buried child&rdquo;, obtuvo en 1979 el Premio Pulitzer.</p>
<p>TURIA publica ahora, en primicia en espa&ntilde;ol, un adelanto de las primeras p&aacute;ginas del libro &ldquo;Yo por dentro&rdquo;. Una novela de Shepard que ser&aacute; editada este a&ntilde;o por Anagrama y que cuenta con un pr&oacute;logo de Patti Smith en que se nos dice: esta obra &ldquo;es un atlas coalescente, marcado por los tacones de las botas de alguien que instintivamente vagabundea, con los ojos abiertos, por sus extensiones de caminos sobrenaturales&rdquo;.</p>
<p>En&nbsp; &ldquo;Yo por dentro&rdquo;,&nbsp; Shepard &nbsp;nos&nbsp; cuenta&nbsp; c&oacute;mo&nbsp; de&nbsp; madrugada,&nbsp; echado&nbsp; en&nbsp; la&nbsp; cama, debati&eacute;ndose entre el sue&ntilde;o y la vigilia, un hombre solitario medita, evoca escenas y ajusta cuentas con el pasado. Por su cabeza merodean recuerdos, en ocasiones fugaces, de su juventud, de su carrera como actor, de la relaci&oacute;n compleja con su padre y del papel de las mujeres en su vida. La figura paterna aparece de modo recurrente en muchos de esos episodios lejanos: ese padre que form&oacute; parte de la tripulaci&oacute;n de un bombardero en la Segunda Guerra Mundial, ese padre que ten&iacute;a una novia muy joven, Felicity, con la que tambi&eacute;n &eacute;l mantuvo una relaci&oacute;n, formando un tri&aacute;ngulo que acabar&iacute;a desembocando en tragedia, etc. En suma, &ldquo;Yo por dentro&rdquo; es una novela crepuscular y elusiva, en la que se filtran no pocas referencias autobiogr&aacute;ficas. Una suerte de revelador e inolvidable testamento literario.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="left"><strong>PETER SLOTERDIJK, UNO DE LOS FIL&Oacute;SOFOS CONTEMPOR&Aacute;NEOS M&Aacute;S PRESTIGIOSOS Y POL&Eacute;MICOS </strong></p>
<p>Peter Sloterdijk (1947)&nbsp; no s&oacute;lo es uno de los fil&oacute;sofos alemanes m&aacute;s populares de nuestros d&iacute;as, tambi&eacute;n es uno de los m&aacute;s prestigiosos y pol&eacute;micos. De ah&iacute; que cada nuevo t&iacute;tulo suyo que se edita, siempre encomiable por su claridad y estilo, nunca pase desapercibido. Ahora TURIA anticipa un fragmento de &ldquo;&iquest;Qu&eacute; sucedi&oacute; en el siglo XX?, que ser&aacute; pr&oacute;ximamente publicado por la editorial Siruela.</p>
<p>Se trata de un libro que re&uacute;ne conferencias pronunciadas por Sloterdijk en los &uacute;ltimos a&ntilde;os y en el que se nos asegura que &ldquo;si el siglo XX puso en el orden del d&iacute;a la realizaci&oacute;n de los sue&ntilde;os de la Modernidad sin haberlos interpretado correctamente, del siglo XXI puede decirse que ha de comenzar con una nueva interpretaci&oacute;n de los sue&ntilde;os&rdquo;.</p>
<p>Seg&uacute;n la tesis de Sloterdijk, ning&uacute;n concepto aislado, ning&uacute;n eslogan pegadizo (desde &ldquo;era at&oacute;mica&rdquo; a &ldquo;globalizaci&oacute;n&rdquo;) contesta a la cuesti&oacute;n planteada en el t&iacute;tulo: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; sucedi&oacute; en el siglo XX?&rdquo;. Tampoco una mera historia de los acontecimientos o de las ideas puede captar el significado de este siglo para la posteridad. De ah&iacute; que, para Sloterdijk, se necesitan modos completamente nuevos de proceder en todos los campos, desde la econom&iacute;a a la filosof&iacute;a. Y de ah&iacute; que, con la iron&iacute;a y el arte metaf&oacute;rico que caracteriza al ensayista alem&aacute;n, se nos asegure que hay que preservar la naturaleza, la patria, la nave espacial Tierra, contra la raz&oacute;n extremista que caracteriz&oacute; el siglo pasado. Y Sloterdijk lo formula con un mensaje expl&iacute;cito: &ldquo;El ser humano se ha vuelto responsable de la habitaci&oacute;n y la administraci&oacute;n de la Tierra entera desde que su presencia en ella no se produce ya integr&aacute;ndose sin dejar huella&rdquo;.</p>
<p align="left">&nbsp;</p>
<p align="left"><strong>L&Ecirc;DO IVO, UN POETA TORRENCIAL Y PROFUNDAMENTE HUMANO </strong></p>
<p>TURIA tambi&eacute;n publica una selecci&oacute;n de poemas in&eacute;ditos del escritor brasile&ntilde;o&nbsp; L&ecirc;do&nbsp; Ivo (1924 - 2012), traducidos y presentados por Antonio Maura, miembro correspondiente de la Academia Brasile&ntilde;a de Letras y actual director del Instituto Cervantes de R&iacute;o de Janeiro.</p>
<p>En la nota introductoria a los poemas de L&ecirc;do Ivo que da a conocer la revista TURIA, Antonio Maura nos recuerda que se trata de un autor al que &ldquo;le interesa lo humano en todas las vertientes&rdquo;.&nbsp; Un poeta que desde muy joven se sinti&oacute; atra&iacute;do por las letras espa&ntilde;olas, que devor&oacute; la obra de Gonzalo de Berceo, Lope de Vega, Garc&iacute;a Lorca, Alberti y, sobre todo, que sent&iacute;a especial predilecci&oacute;n por Antonio Machado.</p>
<p>En definitiva, en los versos de L&ecirc;do Ivo encontraremos a &ldquo;un poeta que ha sabido desenterrar las ra&iacute;ces (&lsquo;Mi canci&oacute;n es como una vena abierta / o una ra&iacute;z central dentro de la tierra&rsquo;), que ha sabido levantar lo m&iacute;nimo, lo que en apariencia pudiera parecer intrascendente, para izarlo y fundirlo con las altas constelaciones. Y as&iacute;, solo as&iacute;, ofrendar ese ramo de vivencias reci&eacute;n florecidas a su dios desconocido&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA, que cumple este 2018 treinta y cinco a&ntilde;os de trayectoria, ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. Tiene periodicidad cuatrimestral en papel y cuenta tambi&eacute;n con una versi&oacute;n digital (web y Facebook). Est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 02 Mar 2018 11:31:30 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La revista Turia publica correspondencia inédita de Luis Buñuel]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-revista-turia-publica-correspondencia-inedita-de-luis-bunuel/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2018/bu_uel700.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>SE TRATA DE CARTAS DIRIGIDAS A JEAN-CLAUDE CARRI&Egrave;RE&nbsp;</strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>TAMBI&Eacute;N SE RINDE HOMENAJE AL HISTORIADOR ALBERTO GIL NOVALES, GRAN ESTUDIOSO DEL LIBERALISMO ESPA&Ntilde;OL</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El cineasta espa&ntilde;ol m&aacute;s universal, Luis Bu&ntilde;uel, vuelve a protagonizar las p&aacute;ginas de la revista TURIA con nuevo material in&eacute;dito. Si el pasado a&ntilde;o, la publicaci&oacute;n cultural dedic&oacute; un espectacular monogr&aacute;fico a analizar la etapa de &ldquo;Bu&ntilde;uel en M&eacute;xico&rdquo;, ahora da a conocer una parte de su correspondencia: la que mantuvo con su gran amigo y colaborador Jean-Claude Carri&egrave;re. En concreto, en su n&uacute;mero del pr&oacute;ximo mes de marzo, TURIA desvelar&aacute; varias cartas del epistolario Bu&ntilde;uel-Carri&egrave;re relativas a una de sus grandes pel&iacute;culas, &ldquo;Belle de jour&rdquo;, y al proyecto nunca filmado sobre &ldquo;Las bombas de Palomares&rdquo;.</p>
<p>Por otra parte, el pr&oacute;ximo n&uacute;mero de TURIA se ocupa tambi&eacute;n de glosar la brillante labor realizada por el historiador Alberto Gil Novales, gran estudioso del liberalismo espa&ntilde;ol, fallecido hace poco m&aacute;s de un a&ntilde;o.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ALGUNAS CARTAS DESCONOCIDAS DE BU&Ntilde;UEL</p>
<p>Javier Herrera, uno de los grandes especialistas en Bu&ntilde;uel, publica en TURIA un interesante art&iacute;culo sobre algunas de las cartas que el cineasta de Calanda dirigi&oacute; a Jean-Claude Carri&egrave;re, su fiel colaborador franc&eacute;s y buen amigo.</p>
<p>Desde que Carri&egrave;re conociera a Bu&ntilde;uel en el Festival de Cannes de 1963, puede decirse que fue, a excepci&oacute;n de su mujer Jeanne, la persona con la que m&aacute;s tiempo y mayor intensidad convivi&oacute; el c&eacute;lebre director de cine.</p>
<p>Carri&egrave;re y Bu&ntilde;uel pasaban juntos largas temporadas trabajando en los guiones pero, en los intervalos de dichos encuentros, &ldquo;llenaban el vac&iacute;o informativo y la necesidad de saber el uno del otro mediante el ejercicio del g&eacute;nero epistolar, en el que, como tantas veces sol&iacute;a repetir, Bu&ntilde;uel se consideraba (un poco exageradamente como en tantas otras cosas), como un aut&eacute;ntico&nbsp; <em>&aacute;grafo</em>; a pesar de ello en el archivo particular de Carri&egrave;re (de donde proceden) se encuentran 73 cartas suyas,&nbsp; un n&uacute;mero bastante considerable, frente a las 18 escritas por el franc&eacute;s&mdash;conservadas todas ellas en la Filmoteca Espa&ntilde;ola de Madrid&rdquo;.</p>
<p>Seg&uacute;n indica Javier Herrera, &ldquo;las cartas de Bu&ntilde;uel&mdash;la mitad escritas en franc&eacute;s y la otra mitad en espa&ntilde;ol&mdash;abarcan una cronolog&iacute;a que se inicia en M&eacute;xico el 6 de noviembre de 1965 en respuesta a una de Carri&eacute;re en Par&iacute;s del 25 de octubre relacionadas ambas con la escritura del gui&oacute;n de 'El monje', y concluye el 10 de abril de 1983 tambi&eacute;n en M&eacute;xico, unos pocos meses antes de su muerte (acaso la &uacute;ltima que escribi&oacute;)&rdquo;.</p>
<p>En el art&iacute;culo que TURIA dedica a la correspondencia de Bu&ntilde;uel, Javier Herrera presenta&nbsp; una selecci&oacute;n que gira en torno a dos cuestiones: las relacionadas con <em>Belle de Jour</em> y con <em>Las bombas de Palomares</em>, un proyecto nunca realizado.</p>
<p>Por ejemplo, la primera noticia sobre la pel&iacute;cula que protagonizara Catherine Deneuve la encontramos en una carta de Bu&ntilde;uel fechada el abril de 1966: &ldquo;Entre nosotros, tema absurdo pero tentador... Se trata de &ldquo;Belle de jour&rdquo;, de Kessel. Un ensayo sobre putas con conflictos espantosos entre el Super Ego y el Ello... &iexcl;Todo lo contrario de lo que pretende el cine moderno! Un argumento, muy, muy organizado dentro de un artificio muy atractivo&rdquo;.</p>
<p>En otra carta, fechada en julio de 1967, Bu&ntilde;uel informa a Carri&egrave;re que ha tenido una oferta de adaptaci&oacute;n de procedencia inglesa que le ha gustado mucho: &ldquo;Se trata de un reportaje admirable: un volumen de un periodista del <em>New York Times</em> cuyo t&iacute;tulo es 'The Bombs of Palomares'&hellip; El tema del film es de los [m&aacute;s] maravillosos de nuestra &eacute;poca. Por supuesto, si saliera, har&iacute;amos nosotros el gui&oacute;n juntos y despu&eacute;s yo coger&iacute;a a un miserable 'ghost writer' ingl&eacute;s para anglosajonizar nuestro alumbramiento&rdquo;.</p>
<p>En la siguiente carta, del 10 de agosto, le confirma que tiene v&iacute;a libre para escribir y realizar <em>Las bombas de Palomares</em>: &ldquo;Nosotros&mdash;dice con su proverbial sentido del humor&mdash;podr&iacute;amos disponer de la escuadra americana seg&uacute;n lo que el productor ha dicho a Paulette. Pero &eacute;l me pregunta si mi intenci&oacute;n es ir a favor o en contra de los Estados Unidos. Yo le respond&iacute; que me dejar&iacute;a emascular antes de hacer nada a FAVOR, que me mantendr&iacute;a en una objetividad total (para este hermoso pa&iacute;s ser neutral quiere decir estar en contra) y he previsto que pueda estar en la lista negra de la patria de Truman. Por eso creo que en estas condiciones es mejor pensar que el asunto est&aacute; jodido&hellip; &iquest;Se imagina usted entrando los dos en las bases secretas de los americanos en Espa&ntilde;a? &iquest;Y a m&iacute; echarle una bronca al almirante americano porque su portaviones no ha maniobrado a tiempo para entrar en c&aacute;mara? Pero yo quisiera que leyera el libro, es un reportaje extraordinario. Yo le llevar&eacute; mi ejemplar&rdquo;. Por desgracia, el proyecto nunca se llev&oacute; a cabo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ALBERTO GIL NOVALES, MUCHO M&Aacute;S QUE UN HISTORIADOR</p>
<p>Cuando ha transcurrido poco m&aacute;s de un a&ntilde;o de la muerte de Alberto Gil Novales, TURIA aprovecha este primer aniversario para brindar al lector un &uacute;til, did&aacute;ctico y recomendable art&iacute;culo divulgativo de Llu&iacute;s Roura acerca de la trayectoria intelectual&nbsp; de uno los historiadores de referencia del liberalismo y del siglo XIX espa&ntilde;ol.</p>
<p>Aunque nacido en Barcelona en 1930, form&oacute; parte de una familia querida y arraigada en Huesca y en la que tambi&eacute;n destaca la figura de su hermano, el escritor Ram&oacute;n Gil Novales. Buena prueba de esos v&iacute;nculos aragoneses es que leg&oacute; su espl&eacute;ndida biblioteca al Instituto de Estudios Altoaragoneses, entidad de la que fue consejero honorario.</p>
<p>&nbsp;En Alberto Gil Novales obra intelectual y dimensi&oacute;n vital van unidas. De ah&iacute; que&nbsp; declarara que hab&iacute;a comenzado &ldquo;trabajando sobre la revoluci&oacute;n liberal en Espa&ntilde;a, no por una elecci&oacute;n sabia y rigurosa, sino porque me lo ped&iacute;a mi propia vida&rdquo;. Seg&uacute;n Llu&iacute;s Roura, fue as&iacute; que se convirti&oacute; en un &ldquo;furibundo lector&rdquo; hasta el final de su vida y en &ldquo;un inquieto profesor que estrechar&iacute;a lazos importantes con el mundo universitario m&aacute;s all&aacute; de nuestras fronteras, incluso en los a&ntilde;os dif&iacute;ciles del franquismo; y en el ciudadano comprometido con los principios de la Ilustraci&oacute;n y la Revoluci&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>Su af&aacute;n como lector le llev&oacute; tempranamente a descubrir a Joaqu&iacute;n Costa. De donde arranc&oacute; su indagaci&oacute;n sobre los or&iacute;genes del liberalismo en Espa&ntilde;a. Un acicate que, como el propio Gil Novales manifestaba, le acompa&ntilde;ar&iacute;a hasta el fin.</p>
<p>De la impresionante labor como historiador de Alberto Gil Novales dan fe sus trescientos estudios publicados, de los cuales en torno a la treintena son libros. Entre ellos sobresalen t&iacute;tulos fundamentales de la historiograf&iacute;a espa&ntilde;ola del siglo XX como: &ldquo;Las Sociedades Patri&oacute;ticas (1820-1983)&rdquo; o el &ldquo;Diccionario Biogr&aacute;fico de Espa&ntilde;a (1808-1833). De los or&iacute;genes del liberalismo a la reacci&oacute;n absolutista&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;Ante la crisis que vive el mundo en este convulso siglo XXI Alberto Gil Novales se&ntilde;alaba que la Ilustraci&oacute;n y el contenido esencial de la Revoluci&oacute;n francesa son hoy nuestros puntos de referencia". Y es que, como asegura Llu&iacute;s Roura, &ldquo;a pesar del negro panorama en el que ve&iacute;a inmerso el mundo actual [Gil Novales] nunca renunci&oacute; al trabajo, a la cr&iacute;tica, ni a la esperanza para intentar cambiar las cosas&rdquo;</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 23 Feb 2018 08:22:59 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Adela Cortina, una mirada ética al mundo contemporáneo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/adela-cortina-una-mirada-etica-al-mundo-contemporaneo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/febrero/ADELA_CORTINA.jpg" alt="" /></p>
<p>Una intensa actividad did&aacute;ctica convierte a Adela Cortina en una viajera del pensamiento &eacute;tico. Goza de gran reconocimiento en el mundo intelectual y a&nbsp; la vez es una persona discreta. Al consultar su perfil biogr&aacute;fico en bibliotecas, revistas o en Internet, apenas se encuentran cuatro datos que, por otra parte, se repiten en todas las entradas. Su vida personal queda al margen, salvo cuando&nbsp; est&aacute; vinculada a su oficio de pensadora, divulgadora y profesora universitaria. Es una mujer con muchos frentes profesionales abiertos, todos ellos en el terreno de la &Eacute;tica. Una conferencia sobre &ldquo;&iquest;Las bases cerebrales de la Justicia y la&nbsp; Democracia?&rdquo;, en la Fundaci&oacute;n Juan March de Madrid, fue el lugar para nuestro encuentro de presentaci&oacute;n. Al verla ante su p&uacute;blico reafirm&eacute; la idea que ten&iacute;a de su manera de exponer sus convicciones: la mirada de Adela Cortina al mundo contempor&aacute;neo es rigurosa y cordial. Su capacidad reflexiva y dialogante imprime altas dosis de buena voluntad a&nbsp; temas conflictivos. Tan clara como profunda, habla con sencillez de aspectos &eacute;ticos del consumo, la sanidad, la legitimidad de la guerra, la ecolog&iacute;a y el cambio clim&aacute;tico, la educaci&oacute;n para la ciudadan&iacute;a, la crisis econ&oacute;mica y tambi&eacute;n la neurociencia.</p>
<p>Se siente afortunada por &ldquo;ejercer el magisterio en los distintos niveles. Aunque &ndash;advierte - j&oacute;venes los hay de todo pelaje, algunos ayudan a mantener la mente fresca y el coraz&oacute;n c&aacute;lido&rdquo;. Catedr&aacute;tica de &Eacute;tica y Filosof&iacute;a Pol&iacute;tica en la Universidad de Valencia, entiende su disciplina como &ldquo;reflexi&oacute;n filos&oacute;fica sobre la moralidad y desde ella trata de aclarar en qu&eacute; consiste, cual es su fundamento, si es que lo hay, y c&oacute;mo se aplican a la vida cotidiana los principios &eacute;ticos&rdquo;. Si esta sencilla formulaci&oacute;n de la asignatura que imparte necesita m&aacute;s de una aclaraci&oacute;n, ella misma se remite a &ldquo;Etica m&iacute;nima&rdquo;(1986) quiz&aacute; uno de sus libros m&aacute;s citados. Puede impresionar su bagaje bibliogr&aacute;fico, pero al escucharla o pedirla explicaci&oacute;n sobre alg&uacute;n concepto, su generosidad hace sentir muy c&oacute;modo al interlocutor. Ten&iacute;amos que abordar temas en alg&uacute;n punto pol&iacute;ticamente conflictivos y tem&iacute; que no quisiera entrar en alguna materia, pero ella no ha puesto pegas a nada, a todo ha respondido con equidad. Ya he dicho que su vida privada es la m&aacute;s desdibujada en sus perfiles, por eso empezamos por una pregunta personal. Quer&iacute;a saber si al entrar en la docencia, primero en la ense&ntilde;anza media y luego en la Universidad, tuvo alguna dificultad por discriminaci&oacute;n de g&eacute;nero. No era frecuente que hubiera mujeres en el campo de la filosof&iacute;a en el final de los sesenta y primeros setenta, es decir, en el &uacute;ltimo franquismo.</p>
<p><strong>-&nbsp;</strong>A fines de los sesenta exist&iacute;a un t&oacute;pico en las facultades de Filosof&iacute;a y Letras &ndash;responde Adela Cortina-&nbsp; el de que la especialidad de Filosof&iacute;a, de Filosof&iacute;a &ldquo;pura&rdquo; que se dec&iacute;a, era muy dif&iacute;cil y, por lo tanto, s&oacute;lo apta para cerebros varoniles. Pero la verdad es que la pr&aacute;ctica desment&iacute;a ese lugar com&uacute;n, porque ya en mi curso el n&uacute;mero de mujeres y el de varones era el mismo, y muchas de mis compa&ntilde;eras son desde hace muchos a&ntilde;os profesoras de ense&ntilde;anza media.</p>
<p>A la universidad optamos menos, eso es verdad, y en algunos departamentos hab&iacute;a una clara preferencia por los chicos para encomendarles clases, por aquella convicci&oacute;n, generalizada en la &eacute;poca, de que eran los varones los que ten&iacute;an que hacer carrera. &Eacute;se fue mi caso muy al comienzo, pero pronto las cosas cambiaron radicalmente.</p>
<p>En las oposiciones nunca me sent&iacute; discriminada por ser mujer, de hecho las saqu&eacute;. Lo que s&iacute; se percib&iacute;a con claridad es que quien no estaba alineado en un grupo con cierto poder lo ten&iacute;a muy dif&iacute;cil, fuera mujer o var&oacute;n. Ahora no es que lo tiene dif&iacute;cil, es que es imposible. El gran criterio para discriminar sigue siendo tener o no padrinos: tan antiguo como la historia de la humanidad.</p>
<p>Y tan antigua como esa historia es la brega por el reconocimiento, que no siempre viene de la lucha, sino tambi&eacute;n de la ocupaci&oacute;n pac&iacute;fica, pero inexorable. Recuerdo que un d&iacute;a, cuando estudiaba la carrera, me encontr&eacute; en el claustro de la Facultad a una se&ntilde;ora mayor que miraba con ternura las columnas, la estatua de Luis Vives, el reloj, y me dijo, con l&aacute;grimas en los ojos, que hab&iacute;a sido la primera mujer en estudiar en la Universidad de Valencia. Para entonces ya hab&iacute;a muchas mujeres estudiando Filosof&iacute;a y Letras, despu&eacute;s fuimos conquistando Derecho, Econ&oacute;micas, Medicina, las ingenier&iacute;as. Fue una conquista paulatina, imparable, hasta formar una innegable mayor&iacute;a. Y poco a poco fuimos tambi&eacute;n ocupando plazas de ense&ntilde;anza media y de universidad.</p>
<p>De hecho, si a fines de los sesenta no hab&iacute;a profesoras universitarias en Espa&ntilde;a, tampoco las hab&iacute;a en otros pa&iacute;ses europeos. En Alemania, por ejemplo, que es el pa&iacute;s que mejor conozco en este sentido, apenas hab&iacute;a profesoras de filosof&iacute;a en las universidades, y desde luego en el nivel m&aacute;s elevado (C4), ninguna.</p>
<p>- Adem&aacute;s de Catedr&aacute;tica, Adela Cortina es directora de la Fundaci&oacute;n para la &Eacute;tica de los Negocios. En estos tiempos de desconcierto laboral y empresarial es quiz&aacute; la persona m&aacute;s cualificada para hablar de la rentabilidad que aporta&nbsp; la &eacute;tica en el tejido industrial. Hablamos de rentabilidad econ&oacute;mica, pero sobre todo de&nbsp; rentabilidad social y&nbsp; humana. Entiendo, y as&iacute; se lo comento a ella, que en principio, no s&oacute;lo no hay contradicci&oacute;n, sino que hay una estrecha l&iacute;nea que une el bienestar de los trabajadores y su productividad.</p>
<p><strong>- </strong>En efecto &ndash;asiente nuestra interlocutora- justamente creamos la Fundaci&oacute;n &Eacute;TNOR, despu&eacute;s de un Seminario Permanente de &Eacute;tica Econ&oacute;mica y Empresarial que dur&oacute; tres a&ntilde;os y empez&oacute; en 1990, con la convicci&oacute;n de que la &eacute;tica en la empresa es un juego de suma positivo, que beneficia a todos los afectados por ella: trabajadores, clientes, accionistas, proveedores, entorno social y medio ambiente.</p>
<p>Formamos un grupo inicial de acad&eacute;micos y empresarios y nos lanzamos al ruedo con el eslogan &ldquo;la &eacute;tica es rentable para todos los componentes de la empresa&rdquo;. Frente a quienes cre&iacute;an que las empresas son perversas por definici&oacute;n, defendimos que ni hay empresas situadas m&aacute;s all&aacute; del bien y el mal moral (amorales), ni todas son perversas: que hay grados, como en todas las actividades humanas.</p>
<p>Entonces todav&iacute;a no estaba de actualidad la teor&iacute;a de los <em>stakeholders</em>, que habitualmente se traduce por &ldquo;grupos de inter&eacute;s&rdquo;, pero le fuimos dando una fundamentaci&oacute;n normativa desde nuestra peculiar &eacute;tica del discurso, entendiendo que es preciso tener en cuenta a todos los afectados. Es lo que vino a refrendar m&aacute;s tarde el discurso de la RSE: una empresa que hace el triple balance (econ&oacute;mico, social y medioambiental) es un bien p&uacute;blico.</p>
<p><strong>-&nbsp;</strong>Adela Cortina es tambi&eacute;n la primera mujer acad&eacute;mica de Ciencias Morales y Pol&iacute;ticas: ahora viaja a Madrid casi todas las semanas.&nbsp; En su doble condici&oacute;n de mujer y acad&eacute;mica su mirada a esa Instituci&oacute;n resulta singular. &iquest;C&oacute;mo la han acogido sus compa&ntilde;eros hombres, quienes precisamente la han elegido de entre todas las mujeres?</p>
<p><strong>-&nbsp;</strong>Realmente mis compa&ntilde;eros de Academia no me han elegido de entre las mujeres, - Adela Cortina rechaza la alusi&oacute;n algo b&iacute;blica a su forma de ser elegida- ni entre todas, ni entre unas pocas. M&aacute;s bien quienes me apoyaron pensaron en la persona y les alegraba tambi&eacute;n que por fin entrara una mujer. En este sentido las Academias espa&ntilde;olas tienen una inercia masculinista innegable, que tiene que ser vencida por un personalismo de sentido com&uacute;n. En ello estamos.</p>
<p>En cuanto a la acogida, ha sido excelente por parte de todos -contin&uacute;a satisfecha por su papel en la Academia- pero me gustar&iacute;a recordar especialmente el afecto de Sabino Fern&aacute;ndez Campo que, como presidente, empezaba las sesiones diciendo &ldquo;Se&ntilde;ora acad&eacute;mica y se&ntilde;ores acad&eacute;micos&rdquo;. Desgraciadamente muri&oacute; hace bien poco y ha sido una gran p&eacute;rdida para Espa&ntilde;a. Obviamente, todos estamos en el empe&ntilde;o de intentar que el trabajo de las Academias sea m&aacute;s visible y fecundo para la sociedad.</p>
<p>- La<strong> </strong>trayectoria<strong> </strong>intelectual de Adela Cortina comienza con una relaci&oacute;n de compromiso con el cristianismo militante, sigue por su relaci&oacute;n con la filosof&iacute;a de Kant y con la vanguardia intelectual de Europa, gracias a sus estudios en varias Universidades&nbsp; alemanas donde entr&oacute; en contacto con la Escuela de Frankfurt. El pensamiento de Habermas y Karl Otto Apel son sus referentes filos&oacute;ficos, a los que ella ha ido dando forma propia llev&aacute;ndola a decantarse por la &eacute;tica. Todo un viaje en el que ha ido cargando sus alforjas y transitando por muchas estaciones.</p>
<p>- La verdad es que no se trata de un viaje en el que vamos pasando de una estaci&oacute;n a otra, abandonando la anterior. M&aacute;s bien todas permanecen, aunque han ido apareciendo al hilo de la historia personal. Mi trayectoria acad&eacute;mica puede decirse que empieza con la tesis doctoral sobre &ldquo;Dios en la Filosof&iacute;a Trascendental kantiana&rdquo;, defendida en enero de 1976. Yo formaba parte del Departamento de Metaf&iacute;sica de la Universidad de Valencia y me interesaba especialmente la Teodicea. Sigue interes&aacute;ndome, por supuesto, pero en ese a&ntilde;o 1976, Jes&uacute;s Conill y yo, con quien me cas&eacute; en 1977, ganamos las oposiciones de Ense&ntilde;anza Media de Filosof&iacute;a y, antes de tomar posesi&oacute;n de la plaza, estuvimos un curso en Munich (1977/78) con sendas becas del DAAD y con una Licencia para Estudios en el Extranjero. En aquel tiempo Espa&ntilde;a daba el paso oficialmente a la democracia y nos preocupaba, entre otras cosas, que no fuera posible una &eacute;tica com&uacute;n a todos los espa&ntilde;oles. De ah&iacute; que fuera decant&aacute;ndome hacia la &eacute;tica y tratando de dise&ntilde;ar una &eacute;tica c&iacute;vica, que necesitaba como fundamento una &eacute;tica filos&oacute;fica. Apel hab&iacute;a publicado hac&iacute;a poco tiempo <em>Transformation der Philosophie</em> (1973) y Habermas, &ldquo;Vorbereitende Bemerkungen zu einer Theorie der kommunikativen Kompetenz&ldquo; (1971). Esas aportaciones supon&iacute;an la transformaci&oacute;n dial&oacute;gica de una &eacute;tica kantiana, que proporcionaba, desde una filosof&iacute;a del lenguaje, el fundamento para una &eacute;tica filos&oacute;fica y el criterio para una hermen&eacute;utica cr&iacute;tica.</p>
<p>De regreso a Espa&ntilde;a, ocupamos nuestras plazas en distintos institutos de la regi&oacute;n de Murcia y tambi&eacute;n pudimos impartir clase en la Universidad, en Metaf&iacute;sica y en &Eacute;tica. Aquellos a&ntilde;os fueron esenciales por las gentes a quienes conocimos, que son amigos entra&ntilde;ables. Pero nuevas oposiciones nos permitieron regresar a la Universidad de Valencia, y as&iacute; lo hicimos.</p>
<p>- Damos ahora<strong> </strong>un salto desde la formaci&oacute;n te&oacute;rica de Adela Cortina y pasamos a la pr&aacute;ctica de la filosof&iacute;a. Al fin y al cabo es una buena dosis de &eacute;tica y sentido com&uacute;n lo que le falta al sistema productivo y a los h&aacute;bitos de consumo de los ciudadanos para salir de esta crisis econ&oacute;mica y medioambiental en la que nos encontramos inmersos. Por las respuestas de los pol&iacute;ticos a la situaci&oacute;n actual, parecer&iacute;a como si en el interior del cerebro y del alma humana hubiera unos extra&ntilde;os resortes que nos llevaran a todos a seguir por un camino de perdici&oacute;n. &iquest;O quiz&aacute; tengamos que llegar hasta el &uacute;ltimo subsuelo del infierno para remontar y volver a la luz? La comento que personalmente no dejo de tener esperanza.</p>
<p>- Hay varios ingredientes trabados en esta p&oacute;cima. En principio, como analic&eacute; en <em>Por una &eacute;tica del consumo</em> (Taurus, 2002), hay una extra&ntilde;a concepci&oacute;n de la econom&iacute;a. En vez de aceptar, con Adam Smith, que el consumo es el fin de la producci&oacute;n, se entiende que el consumo es el motor de la producci&oacute;n. Si no hay consumo, &ldquo;no hay alegr&iacute;a&rdquo; en la sociedad, porque no hay producci&oacute;n, sin producci&oacute;n no hay trabajo, y las gentes no pueden ni siquiera sobrevivir con dignidad. De ah&iacute; que los productores intenten crear deseos en las gentes a trav&eacute;s de la publicidad para que consuman y se va generando ese <em>&ecirc;thos consumista</em> de quien cree que lo natural es consumir. Es lo que Galbraith llama el &ldquo;efecto dependencia&rdquo;: los deseos dependen del proceso por el que se satisfacen y, claro est&aacute;, nunca hay bastante.</p>
<p>- Entiendo que si salimos en falso de la crisis econ&oacute;mica seguiremos avanzando hacia sucesivas crisis y se agravar&aacute; el cambio clim&aacute;tico.</p>
<p>- Lo peor es que vamos a salir &ldquo;en falso&rdquo; con alt&iacute;sima probabilidad, porque de momento no hemos aprendido nada de la crisis. Ni estamos cambiando el modelo de crecimiento ni tampoco las formas de vida y de consumo. La historia de la inversi&oacute;n en I+D+i, la importancia de la educaci&oacute;n, el control del sistema financiero, la transformaci&oacute;n de los incentivos, todo est&aacute; quedando en agua de borrajas.</p>
<p>- Adela Cortina tiene sus propios an&aacute;lisis y posiciones sobre la&nbsp; "&eacute;tica del consumo". Es valedora de un saber capaz de defender con argumentos que hay formas de consumir m&aacute;s &eacute;ticas que otras. En otra de sus obras de referencia, <em>Por una &eacute;tica del consumo, la ciudadan&iacute;a del consumidor en un mundo global</em> (Taurus 2002), analiza el sentido del consumo en una sociedad m&aacute;s justa. &iquest;Cu&aacute;les ser&iacute;an esas formas de consumo respetuosas y respetables?</p>
<p>- En ese libro &ndash;explica con la claridad did&aacute;ctica que imprime a su funci&oacute;n docente- propuse una forma de consumo con cuatro caracter&iacute;sticas: un consumo liberador, justo, corresponsable y felicitante. Liberador, que nos sirva para aumentar nuestra libertad en vez de esclavizarnos. Justo, porque es de justicia pensar en la distribuci&oacute;n de las posibilidades de consumo en el nivel local y mundial. Corresponsable, ya que podemos asociarnos para cambiar nuestro modelo de consumo y tomar as&iacute; las riendas de la producci&oacute;n. Felicitante, que realmente nos haga m&aacute;s felices, para lo cual no hacen falta bienes costosos, sino lo necesario para disfrutar de las relaciones humanas, de la belleza y la solidaridad.</p>
<p>- Entiendo que la preocupaci&oacute;n por las falacias del consumo surgi&oacute; en los a&ntilde;os cincuenta. Los "cr&iacute;ticos de la cultura de masas", denunciaron las formas de consumo de las sociedades industriales por privar a los individuos de libertad. Marcuse, vinculado a la Escuela de Francfort, separ&oacute; el trigo de la paja y distingui&oacute; entre necesidades verdaderas y falsas. Adela Cortina ha explicado en alguno de sus art&iacute;culos que las necesidades "verdaderas" son inexcusables, aunque no todo el mundo pueda satisfacerlas: alimentaci&oacute;n, vestido y vivienda. &iquest;Cu&aacute;les ser&iacute;an las "falsas", y quien impone a los consumidores esas necesidades? &iquest;Con que intenci&oacute;n y efectos llegan hasta nosotros como consumidores?</p>
<p>- La distinci&oacute;n entre necesidades verdaderas y falsas no es tan clara como quer&iacute;a Marcuse. A mi juicio, es m&aacute;s fecundo distinguir entre necesidades y deseos, aunque tampoco sea posible separar unas de otros como con un bistur&iacute;. Pero s&iacute; es cierto que las necesidades se acercan m&aacute;s a lo biol&oacute;gico (alimentaci&oacute;n, vestido, vivienda) y por eso tienen un l&iacute;mite a la hora de satisfacerlas, mientras que los deseos son psicol&oacute;gicos y carecen de l&iacute;mite.</p>
<p>Tambi&eacute;n por eso algunos productores se esfuerzan por aumentar los deseos de las gentes con capacidad adquisitiva, a&ntilde;adiendo prestaciones a los coches, a los tel&eacute;fonos m&oacute;viles, perfeccionando los ordenadores y las televisiones, fomentando el consumo de alimentos que permiten mantenerse en forma o estar m&aacute;s sanos.</p>
<p>Naturalmente, las necesidades se modulan socialmente porque, como dec&iacute;an tanto Adam Smith como Marx, un obrero brit&aacute;nico necesita una camisa de lino para poder presentarse en p&uacute;blico sin tener que pasar verg&uuml;enza. Pero con las debidas matizaciones, las sociedades est&aacute;n obligadas a cubrir las necesidades de todos los seres humanos, de modo que puedan llevar adelante sus proyectos vitales.</p>
<p>Tal vez, en este sentido, sea m&aacute;s acertado el enfoque de las capacidades de Amartya Sen en su insistencia en que debemos empoderar las capacidades b&aacute;sicas de todas las personas. &Eacute;sta ser&iacute;a la tarea de los proyectos de desarrollo humano.</p>
<p>- Por lo que hemos le&iacute;do, Adela Cortina coincide con Habermas en su &ldquo;reparo a la pesimista filosof&iacute;a de la historia y considera que la cr&iacute;tica a los abusos ideol&oacute;gicos no deber&iacute;a acabar con toda aspiraci&oacute;n ut&oacute;pica&rdquo;. El pensamiento de esta profesora de la Universidad de Valencia, deja atr&aacute;s la idea de que el derecho natural es la fuente de la &Eacute;tica, que luego deriv&oacute; en la declaraci&oacute;n de los Derechos Humanos del 48, buscando aplicar la raz&oacute;n a unos principios &eacute;ticos que no necesariamente proceden del derecho natural. Cuestiona desde sus planteamientos filos&oacute;ficos el &ldquo;derecho natural&rdquo;, aquella disciplina que impart&iacute;a Joaqu&iacute;n Ruiz Jim&eacute;nez en la Facultad de Derecho de la Complutense y a la que yo asist&iacute; como alumno cuando nuestra interlocutora se incorporaba como docente a la Facultad de Filosof&iacute;a.</p>
<p>- A mi juicio, la Declaraci&oacute;n Universal de Derechos Humanos de 1948 es uno de los grandes hitos de la historia de la humanidad, porque por primera vez se proclama que todos los seres humanos, independientemente de la comunidad pol&iacute;tica a la que pertenezcan, tienen unos derechos que debe respetar cualquier pa&iacute;s que quiera considerarse civilizado. Encarnar el respeto a esos derechos en las instituciones y en la vida de las personas concretas es una exigencia de justicia y uno de nuestros mejores proyectos. Pero, claro, esos derechos tienen una historia. Nacen de lo que se entendieron como &ldquo;derechos naturales&rdquo;, ligados a la ley natural divina en el mundo medieval, y a la raz&oacute;n de todo hombre en la Modernidad. En la Declaraci&oacute;n de Derechos del Hombre y el Ciudadano de la Revoluci&oacute;n Francesa todav&iacute;a no se habla de derechos humanos, expresi&oacute;n que consagra la de 1948.</p>
<p>El inconveniente de la expresi&oacute;n &ldquo;derechos naturales&rdquo; es que se liga a la ley natural, que si es ley, no es natural, y si es natural, no es ley. Necesita ser interpretada por alg&uacute;n magisterio autorizado. En el caso del catolicismo ser&iacute;a el de la Iglesia, pero en sociedades pluralistas no tienen porqu&eacute; compartir todos los ciudadanos la autoridad de esa interpretaci&oacute;n, en cambio s&iacute; que todos deben compartir el respeto por los derechos humanos. Su fundamento filos&oacute;fico, entre otros posibles, se encuentra en la afirmaci&oacute;n kantiana de que todo ser humano es valioso en s&iacute; mismo, tiene dignidad, y no precio. El fundamento cristiano es que todo hombre est&aacute; hecho a imagen y semejanza de Dios, es sagrado para el hombre.</p>
<p>- Qu&eacute; les responde, desde sus postulados actuales, a los liberales que denuncian el marxismo impl&iacute;cito de la Escuela de Frankfurt y consideran que es un ataque a los valores tradicionales y a la familia.</p>
<p>- La Teor&iacute;a Cr&iacute;tica de la Escuela de Frankfurt naci&oacute; de forma expl&iacute;cita en 1923 como cr&iacute;tica de la econom&iacute;a pol&iacute;tica, en el sentido marxista de la cr&iacute;tica de la ideolog&iacute;a, pero despu&eacute;s fue evolu-cionando hacia la cr&iacute;tica de la raz&oacute;n instrumental, al percatarse, al menos desde 1940, de que la cosificaci&oacute;n no s&oacute;lo se produce en las sociedades capitalistas, sino tambi&eacute;n en las socialistas, porque es la raz&oacute;n instrumental la que preside el desarrollo de la historia occidental.</p>
<p>El mismo Habermas propone en <em>La reconstrucci&oacute;n del materialismo hist&oacute;rico </em>&nbsp;sacar a la luz las relaciones de producci&oacute;n, que Marx hab&iacute;a dejado encubiertas, y considerar que el progreso tiene que ser a la vez t&eacute;cnico y moral, progreso en el dominio de la raz&oacute;n instrumental, pero tambi&eacute;n, y muy especialmente, de la comunicativa. &ldquo;Los valores clave en esta &eacute;tica son la justicia y la solidaridad&rdquo; , seg&uacute;n expresi&oacute;n del propio Habermas. Pero, si intentamos reconstruir los pasos de esa &eacute;tica, son adem&aacute;s la autonom&iacute;a y la igualdad. No entiendo por qu&eacute; los liberales tienen que criticar estos valores.</p>
<p>Por otra parte, si podemos hablar de una Tercera Generaci&oacute;n de la Escuela de Frankfurt, representada sobre todo por Axel Honneth, &eacute;sta generaci&oacute;n recoge el valor de la familia como una de las instituciones necesarias para el reconocimiento en el progreso moral en la visibilidad.</p>
<p>- Desde el otro lado del espectro pol&iacute;tico, desde la izquierda, se considera que la Escuela de Frankfurt no es m&aacute;s que una cr&iacute;tica rom&aacute;ntica y elitista de la cultura de masas disfrazada de neomarxismo.</p>
<p>- Pues tienen una salida: proponer ellos una alternativa moralmente deseable y t&eacute;cnicamente viable, pero desde sociedades no capitalistas, que deber&iacute;an ser las m&aacute;s preparadas para lograrlo. Porque resulta bien poco cre&iacute;ble la cr&iacute;tica de una izquierda que vive en sociedades capitalistas, disfruta de sus ventajas, no se traslada a vivir a Cuba o a Corea del Norte ni por equivocaci&oacute;n, y, eso s&iacute;, desde ah&iacute; critican todo lo que otros intentan construir. Al menos los frankfurtianos empezaron honradamente en la cr&iacute;tica de la econom&iacute;a pol&iacute;tica pero, al percatarse de que el problema era m&aacute;s hondo, se vieron abocados a proseguir la tarea inacabada de la Ilustraci&oacute;n.</p>
<p>-<strong> </strong>&iquest;D&oacute;nde estaba Adela Cortina en Mayo del 68? &iquest;C&oacute;mo vivi&oacute; desde el mundo universitario esa convulsi&oacute;n en la que muchos sentimos que el mundo daba un giro copernicano, y en cierto sentido as&iacute; fue, aunque luego parece que hubi&eacute;ramos reculado hacia una realidad&nbsp; menos ambiciosa en el sentido del cambio y la creatividad?</p>
<p><strong>- </strong>Yo estaba estudiando la carrera, como tantos otros, deseando un cambio hacia una sociedad democr&aacute;tica y abierta, pero sin entender muy bien un conjunto de proclamas, que me parec&iacute;an al menos tan totalitarias como lo que ten&iacute;amos. En la facultad de Valencia no hab&iacute;a sino tres corrientes: neoescol&aacute;stica, neo-positivismo y marxismo. Ninguna de ellas ten&iacute;a la menor vocaci&oacute;n democr&aacute;tica y las tres trataban de desbancar a las dem&aacute;s.</p>
<p>La tradici&oacute;n del socialismo espa&ntilde;ol, que era un socialismo neokantiano, como supe m&aacute;s tarde, brillaba por su ausencia. No hab&iacute;a m&aacute;s socialismo que el marxista. Por desgracia, no se nombraba a Ortega, ni tampoco a Zubiri, La&iacute;n o Mar&iacute;as. Hubiera sido bueno para muchos de nosotros tanto haber conocido el socialismo &eacute;tico de la tradici&oacute;n espa&ntilde;ola, como tambi&eacute;n a estos representantes de la &ldquo;Tercera Espa&ntilde;a&rdquo;, porque hubi&eacute;ramos encontrado un sitio que no encontramos en los totalitarismos vigentes.</p>
<p>- &ldquo;Debajo de los adoquines est&aacute; la playa, Prohibido prohibir&rdquo; Es una evocaci&oacute;n personal que le traslado a Adela Cortina en forma de evocaci&oacute;n intelectual. &iquest;Qu&eacute; nos queda de todo aquello que tanto ten&iacute;a que ver con la Escuela de Frankfurt, con Marcuse, con Sartre? Lo pregunto con una cierta melancol&iacute;a, no s&eacute; si de mi juventud o de aquel mundo que 20 a&ntilde;os despu&eacute;s trajo la ca&iacute;da del muro de Berl&iacute;n, luego los atentados de las Torres Gemelas y los disparates geopol&iacute;ticos subsiguientes.</p>
<p>- Nos queda el trabajo bien hecho &ndash;responde la profesora comprometida- de los que se esforzaron por la socialdemocracia, tan denostada por derechas y por izquierdas. A los primeros les parec&iacute;a antiliberal, por intervencionista, y a los segundos, intolerable por capitalista. Hablar de Bernstein era entonces poco menos que una obscenidad, cuando era lo m&aacute;s constructivo que pod&iacute;amos encontrarnos. Y tambi&eacute;n nos queda el trabajo del liberalismo social, que defend&iacute;a la libertad frente al totalitarismo, con la convicci&oacute;n de que los seres humanos merecen igual consideraci&oacute;n y respeto y, por lo tanto, es injusto que no vean protegidos sus derechos civiles y pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos, sociales y culturales. Me emocionan mucho m&aacute;s esas gentes que los de &ldquo;la imaginaci&oacute;n al poder&rdquo; y &ldquo;prohibido prohibir&rdquo;.</p>
<p>- Las nuevas formas de vivir la sexualidad que propon&iacute;a por ejemplo Wilhelm Reich, tambi&eacute;n vinculado a la Escuela&nbsp; de Frankfurt, dieron lugar a movimientos feministas diferenciados de los que hab&iacute;an surgido a principios del siglo XX. &iquest;En este terreno d&oacute;nde se sit&uacute;a Adela Cortina?</p>
<p>- En el feminismo de la igualdad. Es urgente exigir que se respeten los derechos de todas las mujeres y de todos los varones de la tierra, sin discriminaciones, solapadas o expresas. Y es urgente complementar aquellas &ldquo;dos voces morales&rdquo; de las que habl&oacute; Carol Gilligan, la de la justicia, presuntamente masculina, y la del cuidado, presuntamente femenina. Las dos son voces de la humanidad, indispensables para seguir adelante.</p>
<p>- La febril actividad profesional de Adela Cortina la permite vincular la teor&iacute;a &eacute;tica con&nbsp; su compromiso personal con el presente. Compromiso a la hora de publicar y dar conferencias, mostrando su opini&oacute;n y conocimiento sobre temas de actualidad. Debate crispado y casi inveros&iacute;mil al que hemos asistido sobre la asignatura de &ldquo;Educaci&oacute;n para la ciudadan&iacute;a&rdquo; al que ella ha aportado cordura. En&nbsp;<em>&Eacute;tica de la raz&oacute;n cordial. Educar en la ciudadan&iacute;a en el siglo XXI&nbsp;</em>encontramos su propuesta para unas nuevas bases de valores c&iacute;vicos que preconiza y que representan el esp&iacute;ritu de lo que denomina "educaci&oacute;n cordial&rdquo;. En esta obra que le vali&oacute; el Premio Jovellanos 2007, propone la &eacute;tica cordial frente a la tiran&iacute;a del &ldquo;todo vale&rdquo; contempor&aacute;nea. &iquest;Qu&eacute; signific&oacute; personalmente ese galard&oacute;n?</p>
<p>- Signific&oacute; el reconocimiento de que, en efecto, es necesario educar ciudadanos que se reconozcan como interlocutores v&aacute;lidos, con capacidad de argumentar, pero tambi&eacute;n como personas en el sentido amplio de la palabra: con capacidad de estimar los valores, cultivar los sentimientos y adquirir virtudes. Poco a poco se van dando cita en ese concepto de ciudadan&iacute;a cordial la tradici&oacute;n germana de Kant, Apel y Habermas, y la tradici&oacute;n espa&ntilde;ola de Ortega, Zubiri, Aranguren y Mar&iacute;as. Todo un programa educativo para familias, escuelas, medios de comunicaci&oacute;n y pol&iacute;ticos.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; responsabilidad tendr&iacute;an las empresas en ese mundo regido por la raz&oacute;n cordial?</p>
<p>- La de tener en cuenta a todos los afectados por su actividad, asumiendo su Responsabilidad Corporativa desde la &eacute;tica, entendi&eacute;ndola como un instrumento de gesti&oacute;n, una medida de prudencia y una exigencia de justicia.</p>
<p>- Sugiero a Adela Cortina que precisamente hay falta de &eacute;tica, de sentido com&uacute;n y c&iacute;vico, de educaci&oacute;n ciudadana en la g&eacute;nesis de la crisis econ&oacute;mica. Una situaci&oacute;n que en nuestro pa&iacute;s surge a partir de la especulaci&oacute;n del ladrillo y est&aacute; vinculada tambi&eacute;n a los problemas del sistema financiero de Estados Unidos en este mundo global. Los valores que han de presidir hoy en d&iacute;a las relaciones entre los pueblos, los Estados y con el Medio ambiente deber&iacute;an ser tan globales como lo son las causas de esta crisis que en gran parte es una crisis de valores morales. &iquest;Es necesaria una &eacute;tica, una &eacute;tica global distinta de la tribal que parece inserta de forma indeleble sobre nuestras almas cerebro y de las que parece hoy en d&iacute;a dar cuenta la neurociencia?</p>
<p>- Efectivamente &ndash; confirma nuestra invitada- es necesaria esa &eacute;tica global, que en realidad no encuentra ning&uacute;n fundamento en las investigaciones de las neurociencias. Esas investigaciones, sometidas a control &eacute;tico y legal, nos sirven para comprendernos mejor, para evitar enfermedades y mejorar nuestras capacidades, pero no para saber qu&eacute; debemos hacer moralmente. Lo que venimos descubriendo desde esas ciencias es que adaptativamente nos conviene amar a los cercanos y desentendernos de los lejanos. Es lo que intent&eacute; mostrar en la conferencia de la Fundaci&oacute;n Juan March sobre &ldquo;Neuro&eacute;tica&rdquo;. Con esos mimbres no puede tejerse sino una &eacute;tica basada en el ego&iacute;smo de los que ayudan s&oacute;lo a quienes a su vez les pueden ayudar. Esa &eacute;tica del <em>homo reciprocans</em> deja necesariamente excluidos. Es una &eacute;tica del Intercambio Infinito que, de ser expl&iacute;citamente aceptada, legitimar&iacute;a la exclusi&oacute;n de quienes tienen poco o nada que ofrecer a cambio.</p>
<p>Las bases cerebrales no son fundamento para una &eacute;tica global, somos las personas quienes tenemos que asumir las riendas del progreso y decir qu&eacute; debemos hacer, creo yo desde una raz&oacute;n cordial.</p>
<p>- Para ampliar esta idea&nbsp; de una &eacute;tica global, <em>Alianza y contrato</em> (Trotta 2001), una nueva referencia a la obra de Adela Cortina. Un libro cuyo contenido nos puede llevar al d&iacute;a que hab&iacute;amos marcado para nuestra primera conversaci&oacute;n. Era diciembre y Barak Obama recib&iacute;a un controvertido (siempre lo es) Premio Nobel de la Paz. En su discurso, el Presidente de los Estados Unidos, el comandante en jefe del Primer ej&eacute;rcito de este maltrecho y superpoblado Planeta dijo: &ldquo;los instrumentos de guerra s&iacute; tienen una funci&oacute;n que jugar en la preservaci&oacute;n de la paz&rdquo;. Obama justific&oacute; la guerra y estableci&oacute; en Oslo las condiciones: &ldquo;que sea de &uacute;ltimo recurso o en defensa propia, si la fuerza usada es proporcional y si, siempre que sea posible, se libra a los civiles de la violencia&rdquo;. Al preparar esta entrevista le&iacute; que usted hab&iacute;a dicho que &ldquo;no hay ning&uacute;n motivo que justifique actualmente una guerra&rdquo;. Obama, no obstante, ha trazado justo los valores que no se dan en las intervenciones armadas de Estados Unidos en Irak y Afganist&aacute;n. Cree que su planteamiento le justifica para seguir manteniendo miles de soldados en esos pa&iacute;ses.</p>
<p>- Cuando afirm&eacute; que &ldquo;no hay ning&uacute;n motivo que justifique actualmente una guerra&rdquo; me refer&iacute;a a las guerras preventivas, concretamente, a la coartada de las armas de destrucci&oacute;n masiva con la que se pretendi&oacute; justificar la guerra de Irak. Aquello no ten&iacute;a justificaci&oacute;n alguna. Retirar tropas, una vez situadas en el lugar, s&iacute; que es una cuesti&oacute;n de prudencia, para no causar m&aacute;s da&ntilde;o que bien.</p>
<p>- Ya lo hemos dicho y lo sabemos, pero hay que insistir, vivimos en un Mundo, nos guste o no, globalizado tambi&eacute;n en el terreno de la &eacute;tica: esta nueva &eacute;tica es mucho m&aacute;s compleja porque el alcance de nuestras decisiones personales y colectivas afecta a todos. En el terreno de la ecolog&iacute;a -que esa s&iacute; que es global - las emisiones de CO2 que produce el carb&oacute;n en una f&aacute;brica de China nos afecta tanto como las que se emiten en Asturias y Le&oacute;n. Un cambio en la &eacute;tica global ser&aacute; el &uacute;nico capaz de salvar no al Planeta sino a nuestra civilizaci&oacute;n sobre la Tierra. &iquest;Tiene idea Adela Cortina de cuales tendr&iacute;an que ser&nbsp; esos principios que deber&iacute;an haber prevalecido en la cumbre de Copenhague y sobre todo, una vez terminada &eacute;sta, en las pol&iacute;ticas de los pa&iacute;ses y h&aacute;bitos ciudadanos?</p>
<p>- Los principios est&aacute;n pensados en esa noci&oacute;n de sostenibilidad, que todos dicen mantener. Otra cosa es que nadie se la crea ni tenga voluntad de ponerla en pr&aacute;ctica. Por eso la Cumbre de Copenhague parece haber sido un fracaso m&aacute;s.</p>
<p>- Es habitual encontrar la firma de Adela Cortina en publicaciones diarias. Sobre el aborto he le&iacute;do un art&iacute;culo suyo en &ldquo;<em>El Pa&iacute;s&rdquo; </em>en el que apuesta, como siempre, por el di&aacute;logo entre las partes enfrentadas<em>.&nbsp;</em>Mi reflexi&oacute;n, que quiero compartir con usted, es que muchos de los que&nbsp; se oponen a la nueva ley ignoran que la &uacute;nica alternativa que plantean con sus principios es meter a la mujer que aborta en la c&aacute;rcel agravando a&uacute;n m&aacute;s las condiciones que la han llevado a tomar esa tr&aacute;gica decisi&oacute;n.</p>
<p>- El objetivo prioritario de ese art&iacute;culo era subrayar la necesidad de un di&aacute;logo sin presupuestos descalificatorios y tambi&eacute;n la de descubrir juntos unos m&iacute;nimos &eacute;ticos compartidos desde &eacute;l. A mi juicio, nadie desea que la mujer que aborte vaya a la c&aacute;rcel, pero para evitarlo basta la ley actual, que despenaliza en determinados supuestos. Eso es lo que significa &ldquo;despenalizar&rdquo;: que no se penaliza. Por el contrario, hablar de un derecho al aborto me parece incoherente en un Estado de Derecho.</p>
<p>- Y ahora una evocaci&oacute;n de Bertrand Rusell y de Enrique Miret Magdalena &iquest;Por qu&eacute; es usted cristiana?</p>
<p>- Prefiero una evocaci&oacute;n de Ricardo Alberdi, un sacerdote irun&eacute;s, que profesaba una religi&oacute;n del hombre en relaci&oacute;n con Dios en el seno de la comunidad eclesial. Esa religi&oacute;n libera, porque no se conf&iacute;a en los poderosos, ni en la naci&oacute;n ni en la etnia, sino s&oacute;lo en quien puede salvar; hace de cada persona alguien sagrado para la otra persona; y abre el camino de la gracia, el consuelo y la esperanza.</p>
<p>- Adela Cortina es una lectora empedernida de Garc&iacute;a M&aacute;rquez, Vargas Llosa, Mart&iacute;n Gaite, Marina Mayoral, Delibes, Endo, Pamuk, Saint-Exup&eacute;ry, Michael Ende, por citar unos pocos de sus actores de referencia. Tiene tambi&eacute;n entre sus preferidos a&nbsp; poetas como&nbsp; Miguel Hern&aacute;ndez, Antonio Machado y Garc&iacute;a Lorca. Desde esa riqueza lectora entiende que tambi&eacute;n la &eacute;tica debe tocar a la est&eacute;tica y que &eacute;sta ha &ldquo;de ser realmente creatividad, y no intento cansino de llamar la atenci&oacute;n por lo extravagante o de vender sin m&aacute;s&rdquo;. En gustos personales, confiesa alimentarse, en todo caso, m&aacute;s como lectora que como&nbsp; espectadora de cine. No obstante ponemos fin a esta conversaci&oacute;n con una referencia cinematogr&aacute;fica, aunque basada en un relato literario. Volvemos al d&iacute;a en que&nbsp; la escuch&eacute; en la Juan March hablar de los grandes dilemas morales que se le pueden plantear al ser humano. Record&eacute; el que para m&iacute; es el mayor al que se puede enfrentar una madre. Es la &uacute;ltima secuencia de <em>La decisi&oacute;n de Sophie</em>: la protagonista llega deportada a una Estaci&oacute;n de tren para ingresar en un campo de concentraci&oacute;n nazi, un oficial sin escr&uacute;pulos la pone ante el dilema insoportable de tener que elegir a cual de sus hijos, ni&ntilde;a y ni&ntilde;o, elige para quedarse con ella, el otro morir&aacute;. Esta es, como digo, la &uacute;ltima secuencia, toda la pel&iacute;cula es el relato de la vida de esta mujer en Estados Unidos, marcada esa vida por aquel acontecimiento ocurrido algunos a&ntilde;os atr&aacute;s.</p>
<p>- Afortunadamente, en la vida no solemos encontrarnos con dilemas, sino con problemas. No suele haber s&oacute;lo dos caminos, sino que cabe pensar m&aacute;s posibilidades. Por eso me parece que los dilemas est&aacute;n muy bien para una ficci&oacute;n cinematogr&aacute;fica o literaria, pero dudo mucho de sus virtualidades cient&iacute;ficas, a pesar de que los neurocient&iacute;ficos y los psic&oacute;logos cognitivos les den mucho peso.</p>
<p>En <em>La decisi&oacute;n de Sophie </em>&nbsp;no se plantea un dilema moral, ni siquiera un problema moral, la protagonista no tiene siquiera la opci&oacute;n del mal menor, porque no existe. Su decisi&oacute;n no es moralmente buena ni mala, no se encuentra en el &aacute;mbito de la moralidad. Lo verdaderamente inmoral es que puedan existir seres humanos capaces de someter a otra persona, en este caso a una madre, a esa tortura. Lo realmente inmoral es el grado de inhumanidad al que puede llegar el ser humano.</p>
<p><strong>-&nbsp;</strong>Grado de sufrimiento por su inhumana situaci&oacute;n carcelaria, como el que debi&oacute; sentir Miguel Hern&aacute;ndez cuando escribi&oacute; en su celda de Diego de Le&oacute;n la &ldquo;Nana de la Cebolla&rdquo;.<strong> </strong>Adela Cortina lo ha elegido para despedirnos<strong>: </strong>&ldquo;Vuela ni&ntilde;o en la doble luna del pecho: &eacute;l triste de cebolla, t&uacute; satisfecho. No te derrumbes. No sepas lo que pasa ni lo que ocurre&rdquo;.<strong> </strong>Podr&iacute;a haber sido &ldquo;Vientos del pueblo me llevan&rdquo;, pero hemos preferido los &uacute;ltimos versos de esa obra del poeta de Orihuela entre los &ldquo;Muchos, much&iacute;simos&rdquo; que est&aacute;n en el alma intelectual de esta profesora universitaria, escritora y divulgadora de valores que nos ha regalado parte de su tiempo para nuestra compresi&oacute;n &eacute;tica del mundo.&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 23 Feb 2018 08:11:34 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El caso de los epílogos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-caso-de-los-epilogos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/febrero/mallo600.jpg" alt="" /></p>
<p>Estoy sentado en un banco de una plaza de la ciudad de Dallas, el suelo son baldosas que tienen defines y sirenas en relieve, y ese suelo es lo m&aacute;s parecido al Para&iacute;so que ahora mismo podr&iacute;a llegar a obtener, a mi lado hay un &aacute;rbol, el &aacute;rbol tiene en su base un enchufe con un protector para la humedad y el agua, el enchufe es de pl&aacute;stico, no s&eacute; c&oacute;mo se llama el barrio en&nbsp; el que me encuentro, conecto mi ordenador port&aacute;til al enchufe-&aacute;rbol, aqu&iacute; parece que en los &aacute;rboles ponen enchufes para que los hombres de negocios y los desocupados se conecten al m&aacute;s all&aacute; mientras toman fideos chinos al mediod&iacute;a o fuman un cigarrillo, e inmediatamente la bater&iacute;a de mi Mac se pone en modo carga, inevitablemente me pregunto de d&oacute;nde sale esa energ&iacute;a, inevitablemente pienso en la savia del &aacute;rbol, inevitablemente pienso en un sat&eacute;lite de comunicaciones, inevitablemente pienso en un r&iacute;o, la mayor&iacute;a de las cosas, me digo, si se piensan hasta sus &uacute;ltimas consecuencias terminan en la met&aacute;fora del sat&eacute;lite de comunicaciones o del r&iacute;o, ahora noto la energ&iacute;a de ese &aacute;rbol, me aprovecho de algo que, tengo la impresi&oacute;n, le sobra a la ciudad o la vampirizo, no s&eacute;, pasa un tipo con una carro de la compra, pasa por la acera de enfrente, tira de &eacute;l, el tipo va delante y el carro va detr&aacute;s, y pienso de repente en los ep&iacute;logos, s&iacute;, en lo que va detr&aacute;s de las obras, al final de las obras, pienso que una obra puede tener un ep&iacute;logo expl&iacute;cito, pensado, pero que voy a pensar en otra clase de ep&iacute;logos, me refiero a los ep&iacute;logos de la obras que no tienen ep&iacute;logos ni expl&iacute;citos ni pensados, hay dos formas de generar ep&iacute;logos una vez la obra han sido publicada, 1) modific&aacute;ndola cada cierto tiempo, y 2) no modific&aacute;ndola. En el primer caso, el ep&iacute;logo es evidente: las revisiones que el propio autor hace de su obra, y en el segundo caso, el ep&iacute;logo es, dig&aacute;moslo as&iacute;, mental, puramente temporal, y vendr&iacute;an a estar constituido por la suma de las relecturas de la obra, convirti&eacute;ndose as&iacute; ese ep&iacute;logo en un bloque de m&uacute;ltiples capas de ep&iacute;logos, no visibles, que el tiempo va creando, porque, y esto que dir&eacute; ahora es lo m&aacute;s importante que a este respecto pens&eacute; estando sentado en aquel banco y enchufado a un enchufe de un &aacute;rbol de un parque de una ciudad llamada Dallas: las m&uacute;ltiples relecturas que sobre la obra va haciendo el tiempo, aunque sean contrarias, aunque propongan &aacute;ngulos opuestos, no se anulan, se suman: la resta es una operaci&oacute;n aritm&eacute;tica que nada significa, es il&oacute;gica, cuando del tiempo y de la evoluci&oacute;n de una obra a trav&eacute;s de diferentes culturas estamos hablando. Un refundido de la obra en la propia obra. Me interesan esas capas de ep&iacute;logos, me dije.&nbsp; El ep&iacute;logo de un cuadro o de una foto anal&oacute;gica, adem&aacute;s de sus relecturas, es tambi&eacute;n el polvo que va acumulando, la modificaci&oacute;n de su propia materia, que cambia la impresi&oacute;n visual y t&aacute;ctil de la obra. En un libro eso no es posible. La naturaleza del libro se parece m&aacute;s a una foto digital, que no se corrompe materialmente a no ser que sea deliberadamente destruida, o cuando menos es otro tipo de corrupci&oacute;n m&aacute;s abstracta, m&aacute;s mental, que entronca, evidentemente, con la paranoia del lector. Pero pienso tambi&eacute;n en las ciudades, me interesan m&aacute;s las ciudades que cualquier libro, y me pregunto, &iquest;cu&aacute;l es el ep&iacute;logo de una ciudad? O mejor a&uacute;n &iquest;cu&aacute;l es el ep&iacute;logo de un pa&iacute;s? No creo que sea posible que algo, por definici&oacute;n inconcluso y siempre inacabado, como lo es un pa&iacute;s, pueda tener un ep&iacute;logo, a no ser que estemos hablando de pa&iacute;ses que ya no existen en los mapas, por ejemplo, Checoslovaquia, o la URSS. Pero no, no estoy hablando de esa clase de pa&iacute;ses. Podr&iacute;a pensarlo, podr&iacute;a pensar en esa clase pa&iacute;ses, pero ahora mismo me da pereza, ocurre muchas veces: tienes una idea, sabes que por poco que le des vueltas saldr&aacute;n cosas interesantes, percibes el potencial de esa idea como un todo que aunque no est&eacute; escrito ni verbalizado ya lo est&aacute;s viendo en tiempo presente, y pasas, no piensas en esa idea, y &eacute;se es ahora mi caso, porque prefiero hablar de los otros pa&iacute;ses, de los que a&uacute;n salen en los mapas. En Dallas hay un lugar llamado Deeley Square, una especie de plaza en la que desde hace 45 a&ntilde;os nada se modifica; ah&iacute; muri&oacute; asesinado JFK. En esa plaza, el punto exacto en el que se encontraba el descapotable cuando la cabeza del presidente recibi&oacute; el primer impacto de bala, est&aacute; se&ntilde;alado con una equis blanca en el asfalto. Nadie la toca salvo para repintarla. Alrededor, los &aacute;rboles, los edificios, el c&eacute;sped, la coloraci&oacute;n de los edificios, todo, se conserva en el mismo estado en que se encontraba&nbsp; aquel d&iacute;a, el de la tragedia. Todo parece indicar que en ese punto el tiempo se ha detenido en beneficio de una leyenda urbana, nacional, leyenda que no es el asesinato de JFK propiamente dicho, sino otra cosa que presumiblemente tiene que ver con ese asesinato, me explico: un d&iacute;a, en un tiempo que no queda determinado, pero hace menos de 45 a&ntilde;os, un coche entr&oacute; en lo que ya se da en llamar el &ldquo;radio de acci&oacute;n de fen&oacute;meno&rdquo; y su motor comenz&oacute; a hacer ruidos; en efecto, al llegar justo al lugar donde fue asesinado JFK, donde ahora hay una equis pintada en el asfalto, se par&oacute;. No volvi&oacute; a arrancar jam&aacute;s. Lo mismo ocurri&oacute; poco tiempo despu&eacute;s con un bus de jubilados: hall&aacute;ndose maravillados de que en ese lugar nada hubiera cambiado [todos lo hab&iacute;an visto cientos de veces en la famosa grabaci&oacute;n dom&eacute;stica del asesinato], el bus se detuvo; tuvieron que bajarse e ir caminando un par de calles, donde les recogi&oacute; otro bus de la misma compa&ntilde;&iacute;a; en ese trayecto, a pie, a un anciano le dio un infarto, pero eso es anecd&oacute;tico, el caso es que el bus no volvi&oacute; a arrancar m&aacute;s. Dados estos antecedentes, y a fin de saber hasta d&oacute;nde llegaba el radio de acci&oacute;n de ese &ldquo;tri&aacute;ngulo de las Bermudas&rdquo;, se ide&oacute; el siguiente m&eacute;todo: que un veh&iacute;culo fuera en direcci&oacute;n a la equis hasta que se detuviera por s&iacute; solo, y dejarlo all&iacute;, no tocarlo. Despu&eacute;s ir&iacute;a otro coche, que presumiblemente se parar&iacute;a al lado del anterior, y tampoco tocarlo. Ya ser&iacute;an 2. Despu&eacute;s otro, que se aproximar&iacute;a por el lado contrario, y al que le se supone que ocurrir&iacute;a lo mismo, y lo dejar&iacute;an all&iacute; tambi&eacute;n y as&iacute; con cuantos autom&oacute;viles fueran necesarios, para ir dibujando con ellos la extensi&oacute;n, forma y per&iacute;metro del extra&ntilde;o fen&oacute;meno. Por fuerza tendr&iacute;a que haber un punto m&aacute;s ac&aacute; a partir del cual ning&uacute;n motor se detuviera. El resultado de esa acumulaci&oacute;n de autom&oacute;viles parados arroj&oacute; una figura de un radio m&aacute;ximo de 38 metros, no exactamente circular, m&aacute;s bien abstracta, a la que, observada a vista de p&aacute;jaro, algunos le encontraron parecido con la cara de JFK de perfil, otros con la de Marilyn de frente, y la mayor&iacute;a con nada. Como todo lo que tiene que ver con el asesinato de JFK, la cosa qued&oacute; as&iacute;. Por perplejidad, no se investig&oacute; m&aacute;s. Exceptuando bicicletas, actualmente el &aacute;rea est&aacute; cerrada al tr&aacute;fico rodado. A esto me refer&iacute;a antes cuando me preguntaba por el ep&iacute;logo de un pa&iacute;s que a&uacute;n sale en los mapas. Est&aacute; claro que ese ep&iacute;logo no puede ser otra cosa que su dimensi&oacute;n fant&aacute;stica, sus leyendas, en este caso leyenda urbana, que, como los <em>n&uacute;meros complejos</em>, est&aacute;n&nbsp; compuestas por una parte real y su correspondiente parte imaginaria. En el caso JFK, una vez conocida esa extensi&oacute;n horizontal del fen&oacute;meno, imagino que quedar&iacute;a por determinar la dimensi&oacute;n vertical, es decir, qu&eacute; profundidad bajo tierra alcanza el efecto. Para ello habr&iacute;a que cavar, cosa que no se ha hecho ni creo que se piense hacer [ya que, entre otros motivos, se destruir&iacute;a f&iacute;sicamente la materia misma del mito nacional, cifrada en ese punto de asfalto marcado con una equis], y tirar al hueco autom&oacute;viles para observar si se detienen, aunque supongo que bastar&iacute;a con tirar motores de autom&oacute;viles en funcionamiento. O hacer t&uacute;neles, eso estar&iacute;a mejor, construir t&uacute;neles de metro a varias profundidades y ver cu&aacute;l es el primero en no detenerse al pasar bajo la equis pintada en el asfalto. Eso constituir&iacute;a un segundo ep&iacute;logo, un ep&iacute;logo al gran ep&iacute;logo norteamericano, pero no s&eacute; si ser&iacute;a posible en un pa&iacute;s como &eacute;ste en el que toda construcci&oacute;n cultural se fundamenta en el espacio, en el espacio horizontal: en el horizonte. En USA, todo mito construido sobre algo que penetre verticalmente en la tierra, se considerar&iacute;a monstruoso, infernal, de la misma manera que en tiempos de pioneros, los agricultores hac&iacute;an pozos para buscar agua, subterr&aacute;nea actividad que los ganaderos y vaqueros consideraban directamente diab&oacute;lica. Estoy sentado en un banco de una plaza de Dallas, a mi lado hay un &aacute;rbol, el &aacute;rbol tiene en su base un enchufe con un protector para la humedad y el agua, el enchufe es de pl&aacute;stico, desconecto mi ordenador port&aacute;til del enchufe-&aacute;rbol, inmediatamente noto que comienza a bajar el nivel del indicador de bater&iacute;a, baja muy r&aacute;pido, inevitablemente me pregunto d&oacute;nde ir&aacute; esa energ&iacute;a, inevitablemente pienso en la savia del &aacute;rbol, en sat&eacute;lites de comunicaciones que no conozco ni jam&aacute;s conocer&eacute;, en un r&iacute;o que idem, tambi&eacute;n noto una p&eacute;rdida energ&eacute;tica en m&iacute;, algo se aprovecha de m&iacute;, tengo la impresi&oacute;n de que la ciudad, el pa&iacute;s entero, me vampiriza, y que no parar&aacute; hasta que me desmaye sobre los adoquines de esta plaza, que tienen sirenas y defines en relieve y son lo m&aacute;s parecido al Para&iacute;so que en estos momentos podr&iacute;a llegar a obtener. &iquest;Y los muertos de una ciudad -me digo mientras me desplomo-, qu&eacute; clase de ep&iacute;logo son los muertos de una ciudad?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 23 Feb 2018 08:05:13 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Micronaciones]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/micronaciones/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/febrero/JOS_MAR_A_MERINO_2.jpg" alt="" /></p>
<p>El calor ha vuelto a imponerse sobre el ligero frescor de los d&iacute;as pasados y el profesor Souto ha dormido muy mal, como todas las noches, con sue&ntilde;os que no recuerda pero que le dejan una impresi&oacute;n desazonadora.</p>
<p>Ayer ha cenado con Ferr&aacute;n, un&nbsp; primo que pasa todos los veranos por su casa de vuelta a su tierra natal. Es un ardiente nacionalista, un nacionalista m&iacute;stico, soberanista, que al hablar de ello parece encenderse en una fe profunda que vuela por encima de lo que los dem&aacute;s puedan pensar.</p>
<p>El profesor Souto opina que el nacionalismo es una nueva enfermedad infantil de esta sociedad posmoderna, el intento de un imposible y falaz acceso a un &uacute;tero materno m&aacute;gico, trascendente, colmado de promesas fruct&iacute;feras. Que en el camino del logro so&ntilde;ado se pierdan cosas sustantivas para la propia colectividad, es lo de menos para esos devotos.</p>
<p>De la gente que lo rodea, el profesor Souto ha recogido algunas an&eacute;cdotas bastante ilustrativas del asunto. Un amigo suyo escritor le cont&oacute; que hace unos a&ntilde;os visit&oacute; Kazajst&aacute;n para un asunto literario. Esperaba poder contemplar la Estepa del Hambre, la Estepa Pobre,&nbsp; que cruz&oacute; el bravo Miguel Strogoff,&nbsp; as&iacute; como la cordillera del Himalaya desde el norte, esos lugares por donde debe serpentear el famoso Paso de Khyber, tan importante en el Gran Juego en el que estaba enredado Kim.</p>
<p>_Poder asomarme, en fin, a algunos de los parajes de la imaginaci&oacute;n literaria y cinematogr&aacute;fica de mi infancia y adolescencia. Sin embargo, una niebla espesa lo cubr&iacute;a todo, y adem&aacute;s me hicieron atravesar la Estepa Pobre en un tren nocturno, de manera que no consegu&iacute; ni siquiera vislumbrar aquellos parajes so&ntilde;ados en mis primeras lecturas, tan lejanas. Pero en aquellas jornadas tuve un encuentro con los escritores del Pen Club del pa&iacute;s, que viv&iacute;a la efervescencia de una recuperaci&oacute;n nacionalista marcada por el idioma, con claro rechazo de la lengua rusa. En cierto momento uno de los escritores locales, no sin una agresividad cuya causa no pude descifrar, me pregunt&oacute;, a trav&eacute;s del int&eacute;rprete si conoc&iacute;a algo de la literatura kazaja. &ldquo;Conozco la obra fundamental, seg&uacute;n ustedes mismos proclaman: <em>Sangre y sudor</em>, de Adizhamil Nurpe&iacute;sov.&rdquo; Mi interlocutor me miraba con sorpresa. &ldquo;Pero la conozco porque se tradujo al ruso, que es una de las grandes lenguas de cultura, y del ruso pudo pasar f&aacute;cilmente al espa&ntilde;ol. Si no se hubiera traducido al ruso, seguro que no la conocer&iacute;a&rdquo;, a&ntilde;ad&iacute;. Marc&oacute; el rostro del escritor local una mueca de disgusto, y yo desvi&eacute; los ojos. En el centro del restaurante, un lugar algo estramb&oacute;tico, de techo muy bajo,&nbsp; hab&iacute;a un peque&ntilde;o&nbsp; estanque que los camareros salvaban a trav&eacute;s de un puentecito, con bastante acrobacia de bandejas. Una carpa que nadaba en el estanque se detuvo, asom&oacute; la boca,&nbsp; y a m&iacute; me pareci&oacute; que exclamaba, de una forma que yo solamente pod&iacute;a entender: &ldquo;&iexcl;Viva nuestra gloriosa identidad!&rdquo;.</p>
<p>Su amigo hab&iacute;a contemplado al profesor Souto con aire risue&ntilde;o, antes de continuar cont&aacute;ndole lo que le hab&iacute;a dicho a su interlocutor:</p>
<p>_&ldquo;A partir de ahora, si ustedes pierden el ruso, sus obras maestras&nbsp; literarias lo van tener m&aacute;s dif&iacute;cil&nbsp; para atravesar las fronteras&rdquo;. El tipo no me volvi&oacute; a dirigir la palabra en todo el almuerzo, aunque yo llegu&eacute; a mantener un interesante cambio de impresiones con la carpa.&rdquo;</p>
<p>Otra historia que le cont&oacute; al profesor Souto un amigo escritor distinto del anterior:</p>
<p>_En una ocasi&oacute;n, en Harvard, invitaron a escritores de diferentes lenguas de Espa&ntilde;a para que expusi&eacute;semos nuestra relaci&oacute;n con el lenguaje como fuente de inspiraci&oacute;n e instrumento de trabajo. Tras el acto acad&eacute;mico, un escritor en su lengua vern&aacute;cula, a quien conozco desde hace muchos a&ntilde;os, continuando, ya en privado, la charla sobre el lenguaje, sus contenidos y sus posibilidades expresivas, me dijo: &ldquo;En castellano solo ten&eacute;is un t&eacute;rmino para expresar el tocamiento delicado del otro cuerpo: <em>acariciar</em>. En cambio, en nuestra lengua tenemos muchos m&aacute;s: sobar, manosear, magrear, popar, mimar&hellip;&rdquo; &ldquo;&iexcl; Si nosotros utilizamos tambi&eacute;n todos esos t&eacute;rminos!&rdquo;, repuse. &ldquo;Pero no les dais la misma ternura que nosotros.&rdquo; Disimul&eacute; mi sorpresa con un aparente halago: &ldquo;Eso debe significar que vosotros sois unos amantes extraordinarios.&rdquo; En su rostro se mostr&oacute; una sonrisa misteriosa. Entonces mir&eacute; a su compa&ntilde;era y descubr&iacute; en sus ojos un relumbre de brasas vivas que no supe c&oacute;mo interpretar. Prefer&iacute; guardar silencio y no decirle que esta lengua de la que &eacute;l no se sent&iacute;a due&ntilde;o, esta lengua m&iacute;a, tambi&eacute;n hab&iacute;a sido de los suyos alguna vez,&nbsp; y hab&iacute;a permitido, entre otras cosas, que muchos de ellos emigrasen a Am&eacute;rica para sobrevivir, y que grandes escritores de su tierra,&nbsp; que ellos no dejan de considerar suyos, han escrito en esta lengua &ldquo;m&iacute;a&rdquo; preciosos textos literarios.</p>
<p>Mientras Ferr&aacute;n sigue en su habitaci&oacute;n, sin duda durmiendo todav&iacute;a, al profesor Souto se le ocurre un cuento breve, que escribe sobre la marcha:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>&nbsp;</em></strong></p>
<p style="text-align: left;"><strong><em>CONTRA LA ESTUPIDEZ</em></strong></p>
<p>_Este fue uno de los espacios m&aacute;s singulares del planeta &ndash;explicaba el antrop&oacute;logo alien&iacute;gena a sus cong&eacute;neres,&nbsp; mientras sobrevolaban aquella parte del planeta.&nbsp; &ndash;El territorio no es muy extenso, como pod&eacute;is comprobar, pero es una pen&iacute;nsula en el extremo de un continente, situada frente a la cabecera de otro,&nbsp; rodeada por mares distintos, y en su superficie se alternan toda clase de estructuras tel&uacute;ricas, las costas verdes, las monta&ntilde;as abruptas, los p&aacute;ramos, los montes boscosos, los desiertos, las vaguadas, los valles, las vegas de peque&ntilde;os y&nbsp; grandes r&iacute;os. Como su poblamiento humano fue muy antiguo, en &eacute;l se fueron depositado sucesivos estratos culturales. Cuando la mayor&iacute;a de la pen&iacute;nsula constitu&iacute;a&nbsp; un solo sistema pol&iacute;tico, sus habitantes pod&iacute;an disfrutar f&aacute;cilmente de una variedad paisaj&iacute;stica, alimentaria, folkl&oacute;rica, arquitect&oacute;nica, ling&uuml;&iacute;stica, de la que todos eran comunes propietarios&hellip; Pero a mediados del siglo XXI, una parte de sus habitantes decidieron separar del resto sus peque&ntilde;os espacios, trazar fronteras de acuerdo con las diferentes lenguas y lo que sancionaron, con&nbsp; mendacidad, como contrapuestas culturas. La disgregaci&oacute;n se generaliz&oacute;, cada territorio vecino fue considerado un adversario, y ahora ese espacio singular se ha convertido en un mosaico de min&uacute;sculos territorios ensimismados en la contemplaci&oacute;n de su propia peque&ntilde;ez.</p>
<p>_&iquest;Y no se han planteado lo absurdo de ese desmenuzamiento? &iquest;No han comprendido que aquella diversidad era una riqueza para todos, y que la han desbaratado?</p>
<p>No. Y nadie pudo ayudarlos a comprenderlo, pues como dijo uno de los antiguos pensadores humanos, llamado Horacio, &ldquo;contra la estupidez, los propios dioses se encuentran impotentes&rdquo;.</p>
<p>Paseando ayer por el parque, antes de la llegada&nbsp; de su primo, el profesor Souto se encontr&oacute; con varios gatos sin hogar, y pens&oacute; que acaso estaban organizados en naciones. Una se denominar&iacute;a&nbsp; Teselia, por ejemplo, otra Laconia, la tercera ser&iacute;a Pr&eacute;lada, la cuarta, Densira, nombres sonoros. Sin embargo, los gatos se dispersan libremente, a no ser que se los encierre, porque solo los seres racionales comprendemos esos conceptos de Naci&oacute;n y de Estado: seres de la misma especie, separados por barreras artificiales. Claro que los gatos marcan con la orina su territorio: ellos tambi&eacute;n tienen&nbsp; una naci&oacute;n, en cierto modo. Esa misma que nosotros queremos marcar con el lenguaje, como una especie de orina simb&oacute;lica.</p>
<p>Despu&eacute;s de desayunar&nbsp; con Ferr&aacute;n, el profesor Souto vuelve durante un rato al ordenador, porque se le han ocurrido unos cuentecitos dist&oacute;picos:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;"><strong><em>MINILANDIA</em></strong></p>
<p>El maestro est&aacute; cada vez de peor humor, pues nadie en el alumnado sabe contestar a sus preguntas.</p>
<p>Ha empezado con pa&iacute;ses ex&oacute;ticos, Kazajst&aacute;n, Birmania, Rep&uacute;blica de Togo, Guinea Bissau, pero tampoco saben cu&aacute;l es la capital de Rusia, ni la de los Estados Unidos, ni la de Argentina, ni la de M&eacute;xico, ni la de China, ni siquiera la de Francia, Italia, o Alemania.</p>
<p>_ &iquest;Pero es posible que no conozc&aacute;is ninguna capital del mundo? &iquest;Se puede saber qu&eacute; hab&eacute;is estudiado?</p>
<p>Ni&ntilde;os y ni&ntilde;as lo miran confusos, con mucha extra&ntilde;eza, mostrando un desconcierto que parece sincero, como si estuviese habl&aacute;ndoles en un idioma desconocido.</p>
<p>_ A ver, Marquitos &ndash;exige el maestro , llamando a uno de los alumnos m&aacute;s aplicados de la clase. - Dime inmediatamente en qu&eacute; pa&iacute;s vivimos y cu&aacute;l es su capital.</p>
<p>_ Minilandia, capital Nan&oacute;polis - responde el ni&ntilde;o, sin titubear.</p>
<p>El maestro se ha quedado estupefacto, pues comprende que el ni&ntilde;o est&aacute; seguro de lo que ha dicho, y en las miradas del resto de la clase hay tambi&eacute;n la corroboraci&oacute;n de una certeza.</p>
<p>Los ojos del maestro vagan por la clase, tropiezan con el mapa, descubre que la familiar figura de la Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica, con las comunidades aut&oacute;nomas se&ntilde;aladas con diferentes colores, ha sido sustituida por otra figura, una especie de isla redondeada, y se siente arrollado por un v&eacute;rtigo atroz, al sospechar que toda la realidad que hasta ahora le rodeaba ha cambiado con&nbsp; inimaginable brusquedad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;"><strong><em>NAN&Oacute;POLIS</em></strong></p>
<p>_ Una ciudad &uacute;nica en el mundo -dice el portavoz de la&nbsp; comisi&oacute;n de juntas vecinales muy orgulloso, mientras los int&eacute;rpretes traducen sus palabras. -Est&aacute; constituida por diecisiete barrios, todos aut&oacute;nomos, cada uno con su lengua propia,&nbsp; con sus culturas y sus tradiciones, incluso con su nombre diferenciado para la ciudad, con su propio sistema escolar&nbsp; y sanitario, con sus transportes, que cubren solo el barrio correspondiente. &iexcl;El triunfo de las identidades en un mundo perversamente globalizador!</p>
<p>_ Pero resulta complicado recorrerla &ndash;aduce un periodista.</p>
<p>_ Las peque&ntilde;as dificultades no deben ser sino un aliciente m&aacute;s para el turista culto, -responde el portavoz con suficiente petulancia.- &iquest;Tienen alguna pregunta&nbsp; que hacer?</p>
<p>Otro periodista levanta la mano:</p>
<p>_ &iquest;Usted ha o&iacute;do hablar de Babel?</p>
<p>Ferr&aacute;n, que se va a marchar despu&eacute;s de comer, est&aacute; pesad&iacute;simo con el Estatut, el Tribunal Constitucional, las diferencias ontol&oacute;gicas y el natural soberanismo que se deduce de todo ello, y al profesor Souto se le ocurren nuevas ideas:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;"><strong><em>SOBERAN&Iacute;AS DE BOLSILLO</em></strong></p>
<p>_ El d&iacute;a en que hablemos cada uno solamente nuestra propia&nbsp; lengua, el gallego, el bable, el c&aacute;ntabru, el euskera, el navarro, la fabla, el ansotano, el panticuto, el cheso, el belset&aacute;n, el chistab&iacute;n, el patu&eacute;s, el catal&aacute;, el mallorqu&iacute;, el menorqu&iacute;, el patxuezu, el lliun&eacute;s, el castellano, el lleidat&aacute;, el tarragon&eacute;s, el madrile&ntilde;o, el castellon&eacute;s, el valenci&aacute;, el apitxat, el cast&uacute;o, el sayagu&eacute;s, el&nbsp; manchego, el alicant&iacute;, el alcoy&aacute;, el andal&uacute;, el sebiyano, el grana&iacute;no, el almeriense, el gaditano, el malague&ntilde;o, el canario santa cr&uacute;, el canario palme&ntilde;o&hellip; El d&iacute;a en que nuestros hijos puedan conocer profundamente las grandezas de nuestras historias respectivas y de sus h&eacute;roes y hero&iacute;nas&hellip; Ese d&iacute;a habr&aacute; desaparecido para siempre la opresi&oacute;n imperial que ahora nos asfixia y seremos libres, y tendremos cada uno fronteras claras que delimiten nuestro espacio nacional, y cada uno nuestro ej&eacute;rcito para defendernos y para reivindicar nuestra verdadera dimensi&oacute;n territorial. &iexcl;Ese d&iacute;a, por fin, seremos todos soberanos, en el mejor sentido de la palabra!</p>
<p>_ Me parece estupendo, querido, pero es hora de cenar y resulta que no tengo nada en casa. Voy a pedir una pizza por tel&eacute;fono.</p>
<p>_&iquest; Y no prefieres salir a tomar una hamburguesa?</p>
<p>Antes de salir a almorzar beben un vasito de vino y el profesor Souto lo paladea, le llena la mente y&nbsp; la boca de impresiones alegres. En este caso se trata de un espl&eacute;ndido Cabernet Sauvignon del Pened&eacute;s que ha tra&iacute;do como obsequio el primo Ferr&aacute;n. Una idea nueva ronda su cabeza, y espera escribirla por la tarde:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp; <strong><em>EL&nbsp; IDIOMA SECRETO</em></strong></p>
<p>Arnaldo Oseja sinti&oacute; iluminarse sus m&aacute;s hondos sentires el d&iacute;a que conoci&oacute; la existencia de Don Juan de la Coba y G&oacute;mez &ndash;hoy Xan da Coba &ndash;ilustre orensano &ndash;hoy ourens&aacute;n- agrimensor y prol&iacute;fico autor de teatro, que, a principios del siglo XIX, invent&oacute; un idioma particular, el <em>trampit&aacute;n</em>, y hasta escribi&oacute; en &eacute;l una &oacute;pera &ndash;<em>La trampitana</em>-. &iexcl;Un idioma particular, exclusiva propiedad de su imaginador!.</p>
<p>Se propuso llevar a cabo una construcci&oacute;n semejante, y lo ha conseguido tras cinco a&ntilde;os de invenci&oacute;n esforzada: tiene un lenguaje que s&oacute;lo &eacute;l conoce, en el que se propone pensar y sentir, que lo incomunica estrictamente del resto del mundo, aunque para relacionarse con sus vecinos, familiares y compa&ntilde;eros de trabajo utilice la lengua com&uacute;n.</p>
<p>Pero en ocasiones como esta, cuando celebra la exaltaci&oacute;n de su propia bandera, un rect&aacute;ngulo de seda donde se combinan los colores del rosado camis&oacute;n materno y de la corbata verdosa del abuelo Mat&iacute;as, piensa y habla en osej&iacute;n, y est&aacute; convencido de haber dado un paso m&aacute;s en la afirmaci&oacute;n de lo que el ser humano tiene de persona, mientras brinda en soledad con una copa de cava.</p>
<p>Cuando el primo Ferr&aacute;n se ha ido ya, el profesor Souto repasa sus ocurrencias y de repente le parece que no tiene sentido que, a estas alturas tenga ganas en enardecerse por algo tan est&uacute;pido como el nacionalismo o el antinacionalismo, por las lenguas y esas fascinaciones entra&ntilde;ables que suelen suscitar, y sobre los procesos de alquimia pol&iacute;tica que las quieren convertir en armas. Y va a cerrar el ordenador, cuando se le ocurre la &uacute;ltima idea:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;<strong><em>ABECED&Aacute;RICA NACIONAL </em></strong></p>
<p><strong>A</strong>utodeterminaci&oacute;n <strong>B</strong>ullente, <strong>C</strong>ondensando <strong>D</strong>iferentes <strong>E</strong>xigencias, <strong>F</strong>ulgura <strong>G</strong>enes&iacute;aca <strong>H</strong>acia <strong>I</strong>nefables <strong>J</strong>&uacute;bilos. <strong>K</strong>arma <strong>L</strong>iberado, <strong>M</strong>enosprecia <strong>N</strong>udos <strong>&Ntilde;</strong>o&ntilde;os, <strong>O</strong>lvida <strong>P</strong>asadas <strong>Q</strong>uimeras. <strong>R</strong>enazcamos <strong>S</strong>oberanos <strong>T</strong>repidantes:&nbsp; &iexcl;<strong>U</strong>nas <strong>V</strong>irulentas&nbsp; <strong>W</strong>ebs&nbsp; <strong>X</strong>en&oacute;fobas <strong>Y&nbsp; Z</strong>&uacute;rralos!</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 23 Feb 2018 07:56:30 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hospital]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/hospital/</link>
      <description><![CDATA[<p><img style="float: right;" src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/febrero/lucas600.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A cada hombre lo limita un deseo y un cansancio.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Es el precio de vivir.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tambi&eacute;n un filamento de tristeza,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; una impaciencia inigualable,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; un arrepentimiento por amor</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; y otras costumbres con que tensar la biograf&iacute;a,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; con que ofrecer misericordia a lo que existe,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; una respuesta a lo que nadie ha preguntado,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; un calor a quien nos educ&oacute; en el da&ntilde;o.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Vivir es una invitaci&oacute;n para el naufragio.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una norma convenida que decide por nosotros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Piensa en ti sobre esta cama de hospital.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Piensa en el atajo de los sueros y las sondas,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; agujas y saetas adentro de tu piel,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; en el miedo que se pone de tu parte.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y yo no s&eacute; si te das cuenta,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; pero en esta habitaci&oacute;n de solamente espera</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; la ausencia de tumulto nos hace m&aacute;s despojos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tanto tiempo para esto,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; tanta fundaci&oacute;n furiosa</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; y tanto empe&ntilde;o por amar de m&aacute;s a m&aacute;s,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; y hacer viajes muy largos,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; para ir hacia la muerte sin saber,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; confiado en que aguantar es el triunfo,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; seguro de que a&uacute;n no eres reliquia</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; porque hoy tu coraz&oacute;n resiste indultos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Qu&eacute; barrio viejo es la esperanza,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; qu&eacute; in&uacute;til la memoria,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; qu&eacute; brindis de la fiebre contra el ojo</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; cuando el fr&iacute;o ataca una vez m&aacute;s</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; y nada ya nos pertenece.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; C&oacute;mo cansa en este cuarto la grandeza de estar vivo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Qu&eacute; equ&iacute;voca piedad la del insomnio</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; cuando un padre se consume ante nosotros,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; cuando aprieta el gesto contra el mundo</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; y le falta su denario de aire limpio,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; la indulgencia tarde arriba del ox&iacute;geno,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; la mano condenada que reclama su entereza</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; y su estancia a&uacute;n entre nosotros,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; esa mano que el dolor allana</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; e intuye un d&iacute;a que morir</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; quiz&aacute; sea en verdad</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; aquello que viviendo casi olvidas.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </em></p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 13 Feb 2018 08:09:52 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El lamentable caso del señor Silva da Silva e Silva]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-lamentable-caso-del-senor-silva-da-silva-e-silva/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/febrero/Tabuchi600.jpg" alt="" /></p>
<p>El lamentable caso del se&ntilde;or Silva da Silva e Silva yace encerrado en los archivos del doctor Costa da Costa e Costa, psicoanalista portugu&eacute;s, y solo hoy puede ver la luz, considerado el &ldquo;vencimiento&rdquo; del caso, como m&aacute;s tarde se ver&aacute;, sin que con ello se vperjudique en manera alguna la sacrosanta privacidad del se&ntilde;or Silva da Silva e Silva.</p>
<p>El se&ntilde;or Silva da Silva e Silva naci&oacute; en mil novecientos cuarenta y dos en un gracioso barrio de la ciudad de Lisboa, el Restelo, lugar elegante y letificado por jardines, escogido como barrio residencial por las familias lisboetas de buen tono y zona predilecta de las embajadas de todo el mundo. Su padre, al parecer, era un afamado veterinario, a quien se confiaba la salud de los delicados caballos &aacute;rabes usados en las <em>touradas</em> y criados precipuamente en la zona de Alter do Ch&acirc;o, tradicional sede de fincas y finquitas de la peque&ntilde;a aristocracia portuguesa descendiente de los Marialva (familia notablemente antip&aacute;tica, seg&uacute;n dicen algunos, por m&aacute;s que esto, con el asunto que aqu&iacute; se trata, no tenga nada que ver).</p>
<p>El se&ntilde;or Silva da Silva e Silva fue el hijo &uacute;nico de una madre que hab&iacute;a dejado ya de ser joven cuando lo tuvo, lo cual, a decir del m&eacute;dico de Oxford que m&aacute;s tarde lo someti&oacute; a cura, podr&iacute;a hallarse acaso en la ra&iacute;z de sus tormentosos problemas. Pero no anticipemos el diagn&oacute;stico final, que, como veremos, fue muy distinto por lo dem&aacute;s. Tuvo, el angelote, como suele decirse, una infancia &ldquo;dorada&rdquo;, con muchos juguetes, much&iacute;simos. Todos lo adoraban, su pap&aacute;, su mam&aacute;, su vieja criada de confianza, Maria da Piedade de Lourdes da Ascen&ccedil;&acirc;o, a quien todos llamaban familiarmente en casa Maria da Piedade de Lourdes da Ascen&ccedil;&acirc;o (cosa de lo m&aacute;s comprensible, si se piensa en la abnegaci&oacute;n de las criadas de otros tiempos), y hasta la joven criadita Maria de Samantha, la &uacute;ltima en llegar a la casa de los Silva da Silva e Silva, y bastante descaradilla, por cierto. Y es que resultaba natural querer a aquel ni&ntilde;o: muy mono, de pelo rubio dorado sobre una tez clara (evidentemente, sus cromosomas eran de cepa c&eacute;ltica, como los de su madre, y no &aacute;rabes como los de su padre, aceitunadillo y bastante velloso adem&aacute;s), una sonrisa siempre radiante en su amable carita, incluso con los extra&ntilde;os, sin la menor sombra de recelo ante la maldad del mundo, lo que s&iacute; caracterizaba a sus padres, seg&uacute;n dec&iacute;an los conocidos. Era una alegr&iacute;a contemplarlo. Si en lugar de los dos caballos &aacute;rabes de la gloriosa familia Costa da Silva e Costa e Costa, como nos lo muestra su primera fotograf&iacute;a de su infancia, hubiera habido un buey y una mula, el peque&ntilde;o Silva da Silva e Silva ser&iacute;a igualito igualito al Ni&ntilde;o Jes&uacute;s, tal como se ve en los famosos calendarios del Padre Piedoso del Montequeso Mantecoso, fundador del Opus Night, una p&iacute;a comunidad de creyentes, decididos a defender a toda costa no solo la Vida sino tambi&eacute;n la Bolsa.</p>
<p>Adem&aacute;s de dorada, la infancia del se&ntilde;or Silva da Silva e Silva fue tambi&eacute;n feliz. Por lo menos hasta su segunda parotiditis. Porque la primera parotiditis la tuvo como todos los ni&ntilde;os, al igual que la varicela, la escarlatina, la rubeola, el sarampi&oacute;n, la tosferina y todo el resto de las inevitables enfermedades infecciosas que atormentan la infancia de los seres humanos (lombrices no, porque no son una enfermedad infecciosa y porque en casa de los Silva da Silva e Silva la comida era de primera calidad).</p>
<p>Durante todas esas enfermedades, el peque&ntilde;o Silva da Silva e Silva fue objeto de los amorosos cuidados de su mam&aacute;, de su pap&aacute;, de su m&eacute;dico de cabecera, el doctor Fonseca da Fonseca e Fonseca, as&iacute; como de su vieja criada de confianza, Maria da Piedade de Lourdes da Ascen&ccedil;&acirc;o, a quien todos llamaban familiarmente Maria da Piedade de Lourdes da Ascen&ccedil;&acirc;o. El preanuncio del lamentable caso que iba a atormentar la vida del se&ntilde;or Silva da Silva e Silva se present&oacute;, por lo tanto, con la segunda parotiditis, vulgarmente llamada paperas. El trece de mayo de mil novecientos cuarenta y siete, d&iacute;a de su quinto cumplea&ntilde;os, a la par que aniversario de la milagrosa aparici&oacute;n de Nuestra Se&ntilde;ora a los tres pastorcillos de F&aacute;tima; aquel d&iacute;a, los padres del peque&ntilde;o Silva da Silva e Silva, de regreso de las sacras celebraciones en la Bas&iacute;lica de Estrela, donde hab&iacute;an cantado p&iacute;as loas no solo para conmemorar la aparici&oacute;n de Nuestra Se&ntilde;ora, sino tambi&eacute;n para comunicarle que, si lo consideraba oportuno, no dudara en aparecer de nuevo, pues todo el mundo estar&iacute;a encantado, porque <em>repetitia iuvant</em>, le vieron salir a su encuentro en el pasillo, con los piececitos descalzos, los ojos enrojecidos, el cuello hinchado como un almohad&oacute;n, la frente en llamas a causa de la fiebre.</p>
<p>&mdash;Este ni&ntilde;o tiene paperas &mdash;exclam&oacute; la vieja criada Maria da Piedade de Lourdes da Ascen&ccedil;&acirc;o, a quien todos llamaban familiarmente Maria da Piedade de Lourdes da Ascen&ccedil;&acirc;o.</p>
<p>&mdash;Pero si ya las ha pasado &mdash;replicaron al un&iacute;sono sus consternados padres.</p>
<p>Fue llamado para una consulta el doctor Silva da Costa e Silva, quien confirm&oacute; el diagn&oacute;stico de parotiditis. Si bien, detalle importante, &uacute;nicamente en sus s&iacute;ntomas. Porque ex&aacute;menes m&aacute;s minuciosos a los que el escrupuloso doctor Fonseca da Fonseca e Fonseca le someti&oacute;, revelaron que a tales s&iacute;ntomas no resultaba corresponder patolog&iacute;a alguna. Fue as&iacute; como dio comienzo el lamentable caso del se&ntilde;or Silva da Silva e Silva.</p>
<p>Al a&ntilde;o siguiente contrajo unas fiebres tifoideas que casi lo llevan a la tumba. O, mejor dicho, los s&iacute;ntomas de estas, porque en un examen minucioso de la orina y de las heces no se detect&oacute; la bacteria del tifus. Cuatro a&ntilde;os m&aacute;s tarde, lleg&oacute; el turno de la malaria (enfermedad obviamente inconcebible en un barrio elegante como el de Restelo, por mucho que Portugal, en aquella &eacute;poca, no fuera exactamente un pa&iacute;s de lo m&aacute;s avanzado, como tantos otros, por lo dem&aacute;s) con tercianas espantosas, sudoraci&oacute;n y delirios. Pero tampoco esta vez el agente pat&oacute;geno pudo ser detectado al microscopio. A los catorce a&ntilde;os, se le manifest&oacute;, con todas las de la ley, una potente meningitis, de esas que presentan dos opciones ineluctables, el fallecimiento o la demencia incurable, que sumi&oacute; a los desdichados padres del peque&ntilde;o Silva da Silva e Silva en el p&aacute;nico m&aacute;s absoluto. Al cabo de una semana, el muchacho estaba mejor que nunca.</p>
<p>La adolescencia del joven Silva da Silva e Silva, que entretanto iba convirti&eacute;ndose en un muchacho de lo m&aacute;s atractivo, objeto de lascivas miradas por parte de sus compa&ntilde;eras de colegio (&ldquo;Loiro era e bonito e de aspecto gentil&rdquo;), como tuvo ocasi&oacute;n de decir una de sus profesoras de secundaria, quien, en vez de apreciar a Florbella Espanca, poetisa muerta suicida por amor, se concentraba qui&eacute;n sabe por qu&eacute; misteriosas razones en Dante Alighieri, por m&aacute;s que en traducci&oacute;n portuguesa, se presentaba bastante dif&iacute;cil. A los quince a&ntilde;os contrajo una blenorragia con numerosas complicaciones, como es natural, sin haberse acercado jam&aacute;s a hembra alguna (en el Portugal de la &eacute;poca, &iexcl;no faltaba m&aacute;s!), y por lo tanto completamente sintom&aacute;tico, que, como es natural, no fue curada por la penicilina que contra sus s&iacute;ntomas result&oacute; poco eficaz, sino por los amorosos cuidados maternos, por las exquisiteces culinarias de la devota Maria da Piedade de Lourdes da Ascen&ccedil;&acirc;o, a quien todos llamaban familiarmente Maria da Piedade de Lourdes da Ascen&ccedil;&acirc;o, y por unas vacaciones, notablemente prolongadas, en la finca de la aristocr&aacute;tica familia Costa da Silva e Costa e Costa, cuya generosidad lleg&oacute; al extremo de transformar algunos de sus establos en una <em>d&eacute;pendance</em> habitable, obra confiada al arquitecto Costa da Costa e Costa (primo del doctor Costa da Costa e Costa, que m&aacute;s tarde se convertir&iacute;a en su psicoanalista), uno de los m&aacute;s caros de Lisboa.</p>
<p>Mientras tanto, el muchacho se hab&iacute;a hecho un hombre y hab&iacute;a emprendido estudios de historiograf&iacute;a en la universidad local, entre una enfermedad y otra; o mejor dicho, entre los s&iacute;ntomas de una enfermedad y otra. Y hab&iacute;a encontrado una novia, enamorada como loca de &eacute;l, dado que era un hombre muy guapo, tal como su adolescencia daba ya a entender, la hija &uacute;nica del rey de los tribunales de Lisboa, el c&eacute;lebre abogado Fonseca da Fonseca e Fonseca, primo del m&eacute;dico de cabecera de la familia Silva da Silva e Silva.</p>
<p>La muchacha, de familia cosmopolita y acostumbrada por lo tanto a las grandes capitales europeas, a diferencia de su prometido, quien, aparte de Lisboa, solo conoc&iacute;a Santa Comba D&acirc;o, aldea natal de Ant&oacute;nio de Oliveira Salazar, sobre el que joven Silva da Silva e Silva estaba escribiendo su tesis de licenciatura, arm&aacute;ndose de valor, un d&iacute;a en el que se hallaban en el paseo mar&iacute;timo de Cascais, justo delante del palacete del ex rey de Italia, Humberto de Saboya, le dijo:</p>
<p>&mdash;Yo creo que tienes alg&uacute;n complejo freudiano que te horada el alma. Lo que te hace falta es un psicoanalista.</p>
<p>Fue as&iacute; como dio comienzo el an&aacute;lisis psicoanal&iacute;tico del joven Silva da Silva e Silva, en busca de su misterioso complejo, con el doctor Costa da Costa e Costa (primo del arquitecto que hab&iacute;a reformado los establos de la aristocr&aacute;tica familia Costa da Silva e Costa e Costa), uno de los m&aacute;s caros de Lisboa, que se prolong&oacute; durante a&ntilde;os, no solo porque las terapias psicoanal&iacute;ticas, como es bien sabido, son largas, sino sobre todo porque el complejo que desencadenaba los da&ntilde;inos s&iacute;ntomas de las inexistentes patolog&iacute;as del se&ntilde;or Silva da Silva e Silva se hallaba realmente reprimido, en un profund&iacute;simo agujerito de los abismos de su inconsciente, donde el pese a todo penetrante escandallo del doctor Costa da Costa e Costa era incapaz de llegar.</p>
<p>Pasaron los a&ntilde;os, el desafortunado se&ntilde;or Silva da Silva e Silva hab&iacute;a alcanzado su cuadrag&eacute;simo cuarto a&ntilde;o de edad. A estas alturas, se hab&iacute;a licenciado brillantemente y hab&iacute;a emprendido una a&uacute;n m&aacute;s brillante carrera de historiador. Pero no se hab&iacute;a casado a&uacute;n con su amad&iacute;sima Maria da Contri&ccedil;&acirc;o das Chagas e das Ang&uacute;stias Costa da Silva e Costa e Silva e Costa. Entre otras cosas, porque, m&aacute;s que frecuentar esos lugares horizontales propios de las personas que se aman, como la muchacha hubiera deseado, el se&ntilde;or Silva da Silva e Silva era m&aacute;s que nada asiduo del div&aacute;n del doctor Costa da Costa e Costa (primo del arquitecto Costa da Costa e Costa), hablando, hablando, hablando, y desentra&ntilde;ando sus m&aacute;s remotos recuerdos infantiles, en una fatigosa b&uacute;squeda del trauma que hac&iacute;a de su vida un infierno.</p>
<p>Hasta que un d&iacute;a, en su deslavazado relato, que el doctor Costa da Costa y Costa, con un eco vagamente lacaniano, defin&iacute;a el Verbo del Yo averiado, el se&ntilde;or Silva da Silva e Silva rememor&oacute; el potrillo. Un flash, una escena de su infancia m&aacute;s temprana que el tiempo parec&iacute;a haber borrado. Y aquel potrillo &eacute;l lo divisaba encabritado con las patas anteriores extendidas por el aire, mientras su cuerpecillo de tierno infante rodaba por los suelos. El doctor Costa da Costa e Costa, de dicha escena aludida de forma tan fantasmag&oacute;rica infiri&oacute; un trauma metaf&oacute;ricamente f&aacute;lico: en el m&aacute;s tierno Inconsciente del se&ntilde;or Silva da Silva e Silva hab&iacute;a un fantasma de formas equinas, y en esa sombra, enterrada en lo m&aacute;s profundo del se&ntilde;or Silva da Silva e Silva, se hallaba en la ra&iacute;z de todas sus desgracias, como le hab&iacute;a ocurrido al peque&ntilde;o Hans &iexcl;Pobre peque&ntilde;o Hans! &iexcl;Pobre peque&ntilde;o Silva da Silva e Silva! Con todo, el doctor Costa da Costa e Costa era un psicoanalista escrupuloso y prudente. No quiso extraer conclusiones apresuradas ni ahondar en tal direcci&oacute;n, orientando el an&aacute;lisis exclusivamente sobre aquella intuici&oacute;n suya. Hizo como si no pasara nada, pero esa misma noche telefone&oacute; a su Maestro, un gran psicoanalista de Oxford, que le hab&iacute;a transmitido toda su doctrina, para consultarlo con &eacute;l. El gran estudioso ingl&eacute;s, el profesor Smith of Smith and Smith, fulminante como a veces saben serlo las grandes eminencias cient&iacute;ficas, se limit&oacute; a decir:</p>
<p>&mdash;Que venga a verme, ya me encargo yo.</p>
<p>El se&ntilde;or Silva da Silva e Silva se traslad&oacute; pues a Gran Breta&ntilde;a, para confiar su lamentable caso en manos de quien tal vez pudiera curarlo. Alquil&oacute; un pisito en Oxford (que gravaba notablemente sobre las arcas casi agotadas de su pobre familia) y all&iacute; se instal&oacute;, renunciando a la presencia de su amada Maria da Contri&ccedil;&acirc;o das Chagas e das Ang&uacute;stias, que acud&iacute;a a visitarlo cada a&ntilde;o el veintiocho de mayo, d&iacute;a en el que el general Gomes da Costa (con un Costa solo) hab&iacute;a desalojado del parlamento portugu&eacute;s la quejumbrosa y perniciosa democracia, as&iacute; como a sus predilectos estudios sobre la vida del doctor Ant&oacute;nio de Oliveira Salazar, sobre cuya grandiosa vida en las bibliotecas de Oxford la bibliograf&iacute;a era escas&iacute;sima, o mejor dicho, inexistente.</p>
<p>Entretanto, iba estrechando una amistad con un becario italiano que aspiraba a convertirse en doctor en Filosof&iacute;a de la ciencia, de quien en sus cartas al doctor Costa da Costa e Costa, que exig&iacute;a ser informado de todo, proporciona un exhaustivo retrato, porque en aquel hombre hab&iacute;a encontrado, como iba diciendo, una afinidad electiva, goethianamente entendida, y no solo humana, sino tambi&eacute;n ideol&oacute;gica; y lo describ&iacute;a come un hombre de enorme sensibilidad, con un vast&iacute;simo conocimiento de Julio Verne, y atormentado, como si le royera por dentro un sentimiento de culpa, por una culpa que no era suya, sino de las costumbres de su pa&iacute;s, de sus leyes republicanas. Nacido en una aldea rural de la Toscana, pero de una Toscana apartada y secreta, tan secreta como para haber salido indemne de las degeneradas ideas del Renacimiento, y donde ni siquiera las llamadas ideas &laquo;ilustradas&raquo; del duque Leopoldo de Lorena hab&iacute;an conseguido penetrar, &eacute;l sent&iacute;a, por haberse dedicado a estudiar a ese hereje de Galileo, que hab&iacute;a traicionado la cultura de sus inocentes antepasados aldeanos, tolemaicos por naturaleza, cuyas creencias, cuya silvestre bondad, si as&iacute; pod&iacute;a decirse, por m&aacute;s que no hubiera le&iacute;do a&uacute;n a Rousseau, que el se&ntilde;or Silva da Silva e Silva no se hab&iacute;a atrevido a recomendarle porque, tras aquella magn&iacute;fica idea del buen salvaje, el ginebrino, como es bien sabido, celaba toda una serie de ideas libertinas (por ejemplo, empre&ntilde;ar a las marquesas o a las condesas que lo acog&iacute;an en sus vagabundeos de <em>ch&acirc;teau</em> en <em>ch&acirc;teau</em>) que sin duda turbar&iacute;an a su amigo italiano y bloquear&iacute;an el proceso de revisi&oacute;n que hab&iacute;a emprendido en sus propios estudios cientifistas. En efecto, en vez de en la austera biblioteca de la universidad, a esas alturas prefer&iacute;a meditar acerca del peligroso relativismo en el c&aacute;lido ambiente de un pub regentado por un jovial italiano del sur, que con cordialidad muy mediterr&aacute;nea los recib&iacute;a cada d&iacute;a con una antigua expresi&oacute;n, probablemente de origen prelatino, &ldquo;<em>my best wishes aa pucchiacchia 'e m&agrave;mmeta</em>&rdquo;; y es que la idea pecaminosa del relativismo no le consent&iacute;a el sosiego, habiendo comprendido &eacute;l que en este mundo nada es relativo, y le dejaba insomne todas las noches. Y ese insomnio culpable sin culpa, poco a poco hab&iacute;a ido descomponi&eacute;ndole las facciones, provoc&aacute;ndole incluso un ligero bocio y haciendo que pareciera un muerto viviente: p&aacute;lido, alucinado, con dos enormes ojeras azuladas, t&iacute;picas de determinados jovenzuelos degenerados que desahogan su propia concupiscencia con la mano en sus genitales y a los que San Luis Gonzaga devuelve a la recta v&iacute;a. Pero &eacute;l no era en absoluto un jovenzuelo, todo lo contrario, era un hombre maduro y sus ojeras, desde luego, no se deb&iacute;an a tocamientos &mdash;por m&aacute;s que eso el se&ntilde;or Silva da Silva e Silva nunca tuviera el valor de pregunt&aacute;rselo, porque, si bien hab&iacute;a confiado su propio ser a la m&aacute;s f&eacute;rrea l&oacute;gica del psicoan&aacute;lisis, en su interior sab&iacute;a que los caminos del Se&ntilde;or son infinitos, y que un arrepentimiento, una sana revisi&oacute;n de la propia vida y de la historia puede pasar incluso a trav&eacute;s de un peque&ntilde;o vicio secreto, que al fin y al cabo es innocuo, porque no produce embriones.</p>
<p>Una cosa que atormentaba especialmente a su amigo italiano era la protecci&oacute;n de la pureza de la raza occidental, e it&aacute;lica en particular, que ve&iacute;a fuertemente amenazada; una inconsciente alarma debido al peligro que corr&iacute;an sus paisanos, que habi&eacute;ndose desposado siempre entre consangu&iacute;neos desde el Neol&iacute;tico inferior (parece que ni siquiera los nazis, cuando devastaron la Toscana, se percataron de la existencia de aquella aldea oculta entre los montes) hab&iacute;an sido capaces de mantener una raza pur&iacute;sima, que m&aacute;s pura es imposible, de la que &eacute;l era precisamente un inequ&iacute;voco ejemplo. Pens&aacute;ndolo bien, la aldea del amigo italiano del se&ntilde;or Silva da Silva e Silva era un lugar realmente protegido por Dios, al menos por ese Dios para quien reviste particular importancia la raza pura del Neol&iacute;tico inferior de nuestro Occidente. En efecto, aquella aldea, m&aacute;s que una comunidad, era una extensa familia, que remontaba sus or&iacute;genes a un at&aacute;vico palafito de hom&iacute;nidos que, una vez desecadas las charcas pantanosas circunstantes, de una primitiva econom&iacute;a basada en la cr&iacute;a de cabras y verracos silvestres, hab&iacute;an pasado a convertirse en agricultores, porque un c&eacute;firo antiguo, de esos que soplaban sobre el mundo a&uacute;n virgen, llev&oacute; un d&iacute;a hasta all&iacute; cierta forma de polen, y alrededor de su palafito, para su enorme estupor, vieron crecer &aacute;rboles que produc&iacute;an jugosos frutos en forma de pera y que ellos inmediatamente llamaron &laquo;peras&raquo;. Y gracias a aquellos frutos pudieron darse un nombre, pues hasta entonces no lo ten&iacute;an, llam&aacute;ndose siempre con un expeditivo &laquo;oe, oe&raquo;: los Della Pera. Y a partir del palafito, la familia se hab&iacute;a extendido formando una aldea de una decena de caba&ntilde;as, trasformadas en el curso de los milenios en viviendas de piedra sin argamasa: en la calle principal, las cuatro casas pertenec&iacute;an a las hijas y a los hijos de los Della Pera nativos; m&aacute;s arriba se levantaban las casas de los nietos de los Della Pera, y en los alrededores, aqu&iacute; y all&aacute;, las viviendas de las criatura resultantes de los distintos cruces entre los Della Pera. Y, siglo tras siglo, finalmente, hab&iacute;a surgido anche una casa parroquial, con un reverendo Della Pera, hijo de algunos Della Pera que hab&iacute;an muerto de peste bub&oacute;nica, un hombre fl&aacute;ccido aunque en&eacute;rgico, introductor de la religi&oacute;n verdadera entre aquella comunidad que adoraba las cabras y los verracos, y a los que revel&oacute; que no se debe desear la mujer de otro, algo por lo dem&aacute;s imposible siendo toda hembra de por all&iacute; una Della Pera. Est&aacute;bamos en mil ochocientos sesenta y el viejo y querido suelo italiano, dominado por los austriacos, por los Borbones y por un papa que sab&iacute;a c&oacute;mo tratar a la plebe, estaba a punto de ser entregado, gracias a un ateo en camisa roja, a una familia real que hablaba franc&eacute;s, a un primer ministro que quer&iacute;a hacer que todos fueran italianos y que ten&iacute;a la man&iacute;a del registro civil y de los censos. Los Della Pera, obedientes, se inscribieron en masa en el registro civil como los Della Pera y, obligados a dar un nombre a su propia aldea, la bautizaron como Santa Della Pera en Colina, porque estaba a las faldas de un monte y el sol les daba hasta las dos de la tarde, para iluminar despu&eacute;s la cima de la colina que los Della Pera consideraban un lugar forastero.</p>
<p>Para el se&ntilde;or Silva da Silva e Silva hallar un modo para comunicar con el aspirante a fil&oacute;sofo de la ciencia no hab&iacute;a resultado f&aacute;cil. Porque este no hablaba portugu&eacute;s, lo que era&nbsp; comprensible, pero es que adem&aacute;s se negaba a hablar ingl&eacute;s, no por dificultad intelectiva, como insist&iacute;a en especificar, sino porque lo consideraba un idioma b&aacute;rbaro, y sobre todo protestante. Y no hab&iacute;a querido estudiar franc&eacute;s, juzg&aacute;ndolo el habla caprichosa de ese Siglo de las Luces que hab&iacute;a alumbrado la guillotina y a los jacobinos, gentuza que hab&iacute;a cortado la cabeza a un mont&oacute;n de personas con apellidos dotados de preposiciones; y aunque fueran preposiciones con min&uacute;scula, no dejaba de tratarse de preposiciones, y a ellas el Della Pera era particularmente sensible. Pero el se&ntilde;or Silva da Silva e Silva, que presum&iacute;a de conocer ciertas presuntas palabras del antiguo luso, que ciertos presuntos arque&oacute;logos hab&iacute;an hallado en la cer&aacute;mica de las excavaciones de la presunta Cit&acirc;nia, una comunidad del Neol&iacute;tico inferior, se percat&oacute; de que su amigo aspirante a fil&oacute;sofo, acaso porque el neolitiqu&eacute;s inferior era la lengua com&uacute;n de toda la civilizaci&oacute;n del Occidente (una aut&eacute;ntica lengua de nuestras ra&iacute;ces, que hubiera merecido figurar en la Constituci&oacute;n europea a la par que otras ra&iacute;ces) empez&oacute; a desempolvar algunas palabras que hab&iacute;a aprendido en sus fugaces a&ntilde;os de la Universidad de Coimbra. Lo que m&aacute;s tem&iacute;a el amigo del se&ntilde;or Silva da Silva e Silva, cual magnifico ejemplar de pura raza del Neol&iacute;tico inferior, era que su estirpe, que identificaba con la aldea de Santa Della Pera en Colina, esa estirpe feliz de la prehabla, precedente a la llegada de mestizos como Eneas o los etruscos, pudiera ser contaminada por la circulaci&oacute;n de razas vagabundas como los jud&iacute;os, los islamitas o los magreb&iacute;es, que tanto pod&iacute;an ser jud&iacute;os como islamitas; los curdos, o incluso los africanos, esos que eran negros pero negros de verdad. Razas que se alejaban volando en enjambres de sus colmenas de origen, como abejas fam&eacute;licas, para ir a absorber el n&eacute;ctar de las flores de las peraledas ajenas. De modo que el se&ntilde;or Silva da Silva e Silva, quien para alcanzar la cultura que a esas alturas hac&iacute;a de &eacute;l uno de los mayores historiadores de la escuela de Santa Comba D&atilde;o no solo hab&iacute;a debido estudiar a los m&aacute;s inasequibles pensadores lusitanos, como el mariscal Carmona o el cardenal Cerejeira, amiguete de Salazar y muy apreciado por P&iacute;o XII, sino tambi&eacute;n a pensadores extranjeros de la talla de Gobineau, Giovanni Gentile y Maurice Barr&egrave;s, decidi&oacute; un d&iacute;a que hab&iacute;a llegado el momento de poner al corriente a su amigo italiano de la profundidad tem&aacute;tica del fil&oacute;sofo franc&eacute;s. Y le habl&oacute; de la famosa conferencia que el eximio pensador, bajo los auspicios de la <em>Association pour la Patrie</em>, hab&iacute;a pronunciado el diez de marzo de mil ochocientos noventa, titulada <em>La terre et les morts</em>, en la que demostraba, sin el menor atisbo de duda, que la tierra pertenece a quienes, all&iacute; abajo, tienen sepultados a sus muertos: <em>do you understand?</em> No era f&aacute;cil hacer entender al It&aacute;lico el significado de la palabra francesa &laquo;terre&raquo;, que en portugu&eacute;s se dice &laquo;terra&raquo;, hasta que un d&iacute;a, en el pub regentado por el amable se&ntilde;or que siempre los recib&iacute;a con sus <em>best wishes a pucchiacchia 'e m&agrave;mmeta</em>, ayudado acaso por tres o cuatro pintas de cerveza roja, el aspirante a fil&oacute;sofo de la ciencia tuvo una revelaci&oacute;n, y como en una epifan&iacute;a joyceana exclam&oacute;: &laquo;<em>Ah, la t&egrave;ra!</em>&raquo;, que es como se pronuncia en su aldea desde hace millones de a&ntilde;os la palabra que indica los terrones y lo que est&aacute; debajo, sea caol&iacute;n o basalto. Y con <em>t&egrave;ra</em> dijo tambi&eacute;n: &laquo;<em>La gu&egrave;ra!</em>&raquo;, porque la idea de la propia <em>t&egrave;ra</em> hizo que su pensamiento saltara a la <em>gu&egrave;ra</em>: para defender la propia <em>t&egrave;ra</em>, come es l&oacute;gico. Solo que segu&iacute;a sin entender bien a qu&eacute; ven&iacute;a eso de los muertos, se le escapaba el nexo. De modo que el se&ntilde;or Silva da Silva e Silva, con algunas palabras en neol&iacute;tico occidental, y sobre todo mediante gestos, que son un lenguaje universal, se lo explic&oacute; pacientemente:</p>
<p>&mdash;Os mortos, les morts, los difuntos, the deads se meten bajo la t&egrave;ra, do you understand?.</p>
<p>Al aspirante a fil&oacute;sofo de la ciencia le costaba entender.</p>
<p>&mdash;El muerto a la t&egrave;ra &mdash;repet&iacute;a con flema el se&ntilde;or Silva da Silva e Silva&mdash;, muerto a la t&egrave;ra, percebe?&raquo;.</p>
<p>El It&aacute;lico ten&iacute;a en el rostro la antigua expresi&oacute;n de su estirpe que hab&iacute;a evitado durante siglos todo mestizaje, esa expresi&oacute;n originaria, pur&iacute;sima, del Neol&iacute;tico inferior. De modo que el se&ntilde;or Silva da Silva e Silva, haciendo el gesto de uno a quien le da un patat&uacute;s y cae desplomado, mientras con la mano derecha extendida se&ntilde;alaba el suelo, dijo:</p>
<p>&mdash;You pataleta &mdash;que es come se dice &laquo;patat&uacute;s&raquo; en portugu&eacute;s&mdash;, you bajo t&egrave;ra, do you understand?</p>
<p>En ese momento el aspirante a fil&oacute;sofo de la ciencia comprendi&oacute; el lazo que existe entre el muerto y la tierra, y el se&ntilde;or Silva da Silva e Silva, en parte en portugu&eacute;s y en parte en neol&iacute;tico occidental, sigui&oacute; explic&aacute;ndoselo:</p>
<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; alimenta, por ejemplo, el peral que crece en nuestra tierra? El muerto, nuestro muerto. Esa es la fuerza de la autocton&iacute;a, &iquest;entiende la palabra?, la autocton&iacute;a es la linfa que nuestros muertos dan a nuestros perales y a nuestras peras, el suyo es un abono sagrado, hecho de las mismas c&eacute;lulas de nuestra raza que hace de nuestra tierra un producto de denominaci&oacute;n de origen, piense en las peras williams austriacas, que los austriacos consiguen que crezcan hasta en las botellas de aguardiente: &iquest;sabe por qu&eacute; son de una calidad inigualable? Porque son arias de la mayor pureza, porque los serbios detuvieron a los sarracenos a las puertas de Viena. No hay ni un solo turco bajo estos perales, querido amigo, ni un solo turco, do you entender o no?&raquo;.</p>
<p>El aspirante a fil&oacute;sofo de la ciencia, al o&iacute;r hablar de esas peras y perales, por m&aacute;s que en su aldea no crecieran williams sino las llamadas peras almizcle&ntilde;as, entendi&oacute;, vaya si entendi&oacute;. Porque una pera no deja de ser una pera, es m&aacute;s, come hubiera dicho Gertrude Stein, una pera es una pera es una pera.</p>
<p>Fue realmente una hermosa amistad, basada en la camarader&iacute;a y en la autocton&iacute;a, palabra que el aspirante a fil&oacute;sofo descifraba mal al ser de origen griego, pero que entendi&oacute; mejor cuando el se&ntilde;or Silva da Silva e Silva le revel&oacute; que la palabra latina correspondiente a aut&oacute;ctonos era &laquo;terrigenes&raquo;, es decir, terreno. Una camarader&iacute;a que por desgracia dur&oacute; solo tres meses, porque el aspirante a fil&oacute;sofo ten&iacute;a una beca trimestral que le pagaban los sanperalistas en Colina que hab&iacute;an tenido que emigrar a los lugares m&aacute;s remotos del globo, porque en Santa Della Pera en Colina las peras no bastaban para todos. Y el presidente de la comunidad emigrada, gente que se hallaba a San Paolo tanto como en Canberra, cuando ley&oacute; el informe que el becario le hab&iacute;a enviado para conseguir la renovaci&oacute;n de la beca, reuni&oacute; la asamblea de los socios de Nueva York (la sede estaba en Nueva York, ciudad mestiza como pocas) y dijo:</p>
<p>&mdash;Estimadas socias y estimados socios, tenemos a un sanperalista en Colina a quien le hemos entregado nuestros ahorros durante tres meses para que cursara estudios en Inglaterra, que viene a decirnos que la tierra pertenece a los muertos que est&aacute;n enterrados bajo ella. Nuestros abuelos y nuestros padres, para no morir de hambre en ese agujero, fueron a morir a las cuatro esquinas del globo. Lo mejor ser&aacute; que devolvamos al becario a su pueblo, y que la palme debajo de un peral.</p>
<p>Y de esta forma le retiraron la beca, a mano alzada. Pero entre tanto, el aspirante a fil&oacute;sofo, tras la gran experiencia cultural que hab&iacute;a vivido con el se&ntilde;or Silva da Silva e Silva, quien le aconsejaba que abandonara la filosof&iacute;a y se dedicase a la pol&iacute;tica (&laquo;&iexcl;tenga el valor de hacerlo, usted que tiene la fortuna de vivir en ese gran pa&iacute;s donde el pensamiento de P&iacute;o XII, de Mussolini y del mariscal Graziani siguen a&uacute;n vivos!&raquo;) se dispon&iacute;a a convertirse en uno de los pol&iacute;ticos m&aacute;s visibles de la primera o segunda o tercera Rep&uacute;blica italiana, aunque eso no tenga importancia. En definitiva, esa breve relaci&oacute;n de camarader&iacute;a trimestral favoreci&oacute; el nacimiento de una larga amistad en el curso del tiempo, y una correspondencia que tal vez un d&iacute;a tengamos la fortuna de ver publicada. Y mientras tanto hab&iacute;an pasado once a&ntilde;os, y el se&ntilde;or Silva da Silva e Silva estaba entrando en su quincuag&eacute;simo quinto a&ntilde;o de edad, el mes de mayo resplandec&iacute;a (era el d&iacute;a trece), y el profesor Smith of Smith and Smith le hab&iacute;a asegurado que aquella ser&iacute;a la &uacute;ltima sesi&oacute;n. Ese d&iacute;a, el se&ntilde;or Silva da Silva e Silva tom&oacute; el tren y se dirigi&oacute; a Londres, porque era jueves, y los jueves el profesor Smith of Smith and Smith recib&iacute;a a sus pacientes en su gabinete londinense. Hac&iacute;a un d&iacute;a radiante, merece la pena repetirlo, algo bastante raro en tierras brit&aacute;nicas. La sesi&oacute;n fue breve, pero intensa, iluminadora, resolutiva. Guiado por dos o tres palabras del Maestro, tumbado en ese div&aacute;n, mirando por la ventana un inusitado cielo azul que lo devolvi&oacute;, como por encanto, al cielo de una remot&iacute;sima infancia, y a unas vacaciones en la finca de los Costa da Silva e Costa e Costa; como en un rel&aacute;mpago lustral, el se&ntilde;or Silva da Silva e Silva revivi&oacute; la escena del trauma. Se levant&oacute; del div&aacute;n. Era verdad, aquel potrillo hab&iacute;a amenazado realmente con embestirlo, aterrorizando su inconsciente durante toda la vida. El haber revivido la escena traum&aacute;tica con la consciencia del an&aacute;lisis hizo que se sintiera un hombre completamente distinto.</p>
<p>&mdash;Est&aacute; usted curado &mdash;dijo secamente el viejo sabio, estrech&aacute;ndole la mano&mdash;, pase a ver a mi secretaria y p&aacute;guele.</p>
<p>El se&ntilde;or Silva da Silva e Silva pag&oacute; sin rechistar, sin el menor intento de ahorrar ni un solo chel&iacute;n, tanta era la alegr&iacute;a de la nueva vida que sent&iacute;a latir dentro de &eacute;l. No tom&oacute; siquiera el ascensor, baj&oacute; las escaleras con el vigor de un redivivo adolescente, silbando alegremente <em>Barco Negro</em>, una antigua canci&oacute;n popular que habla de una barca de pescadores que naufraga contra una roca y de la que no se salva ni uno solo. Sali&oacute; del portal pensando en su nueva vida, y sobre todo en Maria da Contri&ccedil;&acirc;o das Chagas e das Ang&uacute;stias. En la acera de enfrente vio una cabina telef&oacute;nica, de esas t&iacute;picamente inglesas, de madera roja con las cristales peque&ntilde;os como ventanillas. Se dirigi&oacute; hacia all&aacute; resueltamente para anunciar a su prometida la buenas nuevas, mirando con prudencia a su izquierda; el autob&uacute;s de dos pisos, t&iacute;picamente londinense, lo embisti&oacute; de lleno, arrastr&aacute;ndolo, sin intentar frenar tan siquiera. El se&ntilde;or Silva da Silva e Silva, por desgracia, se hab&iacute;a olvidado de que al cruzar las calles en Inglaterra conviene mirar a la derecha. Fue trasladado con urgencia al hospital, pero ingres&oacute; ya cad&aacute;ver. Las exequias se celebraron, por voluntad de sus ancianos padres, en Alter do Ch&acirc;o, all&aacute; donde cre&iacute;an que su hijo hab&iacute;a pasado una infancia feliz entre caballos salvajes, en una min&uacute;scula capilla rom&aacute;nica de la finca de sus amigos de la familia Costa da Silva e Costa e Costa. Las honras f&uacute;nebres corrieron a cargo del reverendo padre Antonio Silva da Silva e Silva, primo segundo del se&ntilde;or Silva da Silva e Silva, que gozaba de fama de gran te&oacute;logo porque hab&iacute;a estudiado en Lovaina y que segu&iacute;a celebrado la misa en lat&iacute;n como en los buenos viejos tiempos, quien, al final de la ceremonia, en buen portugu&eacute;s, con el fin de que pudieran entenderle tambi&eacute;n los aparceros presentes, dirigi&eacute;ndose a los abatidos familiares y levantando los brazos hacia el cielo, pronunci&oacute; una frase que podr&iacute;a parecer misteriosa, pero que al mismo tiempo es inconcebible, dada adem&aacute;s la autoridad del te&oacute;logo en cuesti&oacute;n:</p>
<p>&mdash;Los caminos del Se&ntilde;or son infinitos.</p>
<p>Nadie supo jam&aacute;s que el se&ntilde;or Silva da Silva e Silva se hab&iacute;a curado por fin de su trauma infantil, el espanto ante un potrillo antojadizo que estuvo a punto de arrollarlo. Solo lo sab&iacute;a el profesor Smith of Smith and Smith, quien tuvo la premura de enviar m&aacute;s tarde la documentaci&oacute;n del an&aacute;lisis al doctor Costa da Costa y Costa. A quien va nuestra gratitud por la confidencia con la que nos honr&oacute;, un d&iacute;a en el que tal vez se dejara llevar un poco, en el pub al que acud&iacute;a su paciente predilecto. Pero incluso los psicoanalistas m&aacute;s duros sienten a veces la necesidad de confiarse: es humano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">(Traducci&oacute;n de Carlos Gumpert)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Nota del traductor</strong></p>
<p>Este relato, que permanec&iacute;a in&eacute;dito en castellano, fue publicado en franc&eacute;s en una plaquette de 2001, y si bien no fue incluido por su autor en ninguno de sus libros de cuentos, s&iacute; apareci&oacute; en el grueso volumen recopilatorio que public&oacute; en 2005 la editorial milanesa Feltrinelli, con el t&iacute;tulo general de Racconti [Relatos] y que recog&iacute;a los cuatro libros de cuentos de Tabucchi aparecidos hasta entonces, m&aacute;s otros dos textos sueltos bajo el ep&iacute;grafe de &ldquo;Dos cuentos in&eacute;ditos (2002-2005)&rdquo;. Uno de ellos, &ldquo;Los muertos a la mesa&rdquo;, fue incorporado m&aacute;s tarde en el que por desgracia acabar&iacute;a siendo el &uacute;ltimo libro de cuentos publicado por el escritor toscano en vida, <em>El tiempo envejece deprisa</em> (2009), y aunque no podamos saber si el segundo, que aqu&iacute; presentamos, hubiera acabado en alg&uacute;n libro posterior, no cabe la menor duda de que Antonio Tabucchi lo ten&iacute;a en alta consideraci&oacute;n, como lo demuestra el hecho de que quisiera incorporarlo a esa recopilaci&oacute;n can&oacute;nica que hemos mencionado, en la excluy&oacute; alg&uacute;n cuento publicado anteriormente, lo que es clara se&ntilde;al de su car&aacute;cter de summa cuent&iacute;stica.</p>
<p>Tiene la particularidad, adem&aacute;s, de tratarse de una de las escasas ocasiones en las que el escritor toscano despliega su vena grotesca, tan corriente en sus novelas, en un relato. Es bien sabido que Tabucchi, en quien todo &ldquo;parece configurar el ox&iacute;moron perfecto&rdquo;, como lo definiera insuperablemente Sergio Pitol, no tuvo nunca mayor inconveniente en combinar el v&eacute;rtigo ontol&oacute;gico de sus historias con el humor, pero generalmente en clave ir&oacute;nica. Sus lectores m&aacute;s devotos sabr&aacute;n apreciar c&oacute;mo da un paso m&aacute;s para poner en solfa algunas de las pese a todo constantes tem&aacute;ticas y estil&iacute;sticas que, en el fondo, marcan su obra (Portugal, la Toscana rural, el psicoan&aacute;lisis, las historias robadas, los meandros, muchas veces perversos, de la historia), en un delicioso divertimento.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 13 Feb 2018 08:05:25 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Seis poemas de C.P. Cavafis]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/seis-poemas-de-c-p-cavafis/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/febrero/CONSTANTINO_CAVAFIS.jpg" alt="" /></p>
<p>Pocos casos hay tan peculiares y llamativos en la historia literaria del pasado siglo como la fama p&oacute;stuma de la poes&iacute;a de Constantino Petrou Cavafis (Alejandr&iacute;a, 1863 &ndash; 1933). La labor divulgativa, en efecto, de un entusiasmado E.M. Forster ante el p&uacute;blico angl&oacute;fono acab&oacute; propiciando, tras diversos avatares y accidentes, que se editara una antolog&iacute;a de poemas cavafianos traducidos al ingl&eacute;s en 1951, 18 a&ntilde;os despu&eacute;s de la muerte del poeta alejandrino, nada menos. Y es precisamente a partir de esta v&iacute;a, en el centro mismo del antiguo imperio, tan alejada de la exc&eacute;ntrica y ex&oacute;tica Alejandr&iacute;a, cuando la poes&iacute;a de Cavafis comienza a ser le&iacute;da, traducida e imitada con fruici&oacute;n en el resto de Europa y, posteriormente, en todo el mundo occidental, de manera escalonada, eso s&iacute;, pero segura.</p>
<p>La figura de Cavafis, trascendiendo mil veces el &aacute;mbito de la poes&iacute;a neo-hel&eacute;nica (tan precariamente le&iacute;da a&uacute;n, siquiera conocida, estudiada o traducida), se sigue presentando ante nuestros ojos como la de un poeta s&iacute;mbolo, vindicado desde innumerables frentes, ya sean literarios o culturales; y, a pesar del vaiv&eacute;n de las modas y de las influencias po&eacute;ticas de todo pelaje, insiste en su arquetipo de autor inevitablemente contempor&aacute;neo. Muchos de sus versos se han convertido en lemas reiterados, y a&uacute;n los vemos medrar por internet o en las diversas redes sociales, a menudo&nbsp; a trav&eacute;s de traducciones ap&oacute;crifas. Y el conjunto de su poes&iacute;a, que a ojos vista parece tan alejada de las venerables ret&oacute;ricas rom&aacute;nticas, pero tambi&eacute;n de los funambulismos de las vanguardias del siglo XX, no deja de suscitar en cualquier lengua culta un sinn&uacute;mero de ex&eacute;gesis y de hojas cr&iacute;ticas. Sin embargo, hemos de decir que el canon irreprochable del que ya se hace dif&iacute;cil bajar a nuestro autor contrasta de manera palmaria con su propia concepci&oacute;n del quehacer po&eacute;tico, de la escritura y de la vida del artista.</p>
<p>Cavafis fue en vida lo que hoy llamar&iacute;amos un &laquo;poeta secreto&raquo;. Es cierto que en sus &uacute;ltimos a&ntilde;os se acab&oacute; ganando un grupo relativamente numeroso de lectores devotos entre sus paisanos; incluso tambi&eacute;n entre los distantes griegos &laquo;del continente&raquo;. Pero, salvo alguna publicaci&oacute;n anecd&oacute;tica y dispersa, el resto de su obra (lo que el poeta decidi&oacute; mostrar) no vio la luz sino a trav&eacute;s de hojas volanderas o ediciones no venales, distribuidas entre amigos y cercanos. Es evidente que su idea de la publicaci&oacute;n o la difusi&oacute;n de la poes&iacute;a dista mucho de la que impera hoy d&iacute;a. Pero tampoco vemos en Cavafis, a juzgar por lo que sabemos por su correspondencia o por otros escritos dispersos, a un ego herido o a un poeta incomprendido y torturado por una aspiraci&oacute;n, nunca satisfecha, a la gloria. Y tampoco (enti&eacute;ndase) advertimos una impostada auto-humillaci&oacute;n o un falso recato. Para Cavafis, como pudo serlo tambi&eacute;n para los poetas griegos arcaicos, el parnaso de la poes&iacute;a consist&iacute;a, sobre todo, en un acto de intimidad. Y la del poeta, en una labor asumidamente marginal y exc&eacute;ntrica. El poeta que encuentra en un solo lector a todos los lectores, porque sabe y acepta que no ha de merecer m&aacute;s premio que ese, un simple lector; porque sabe y acepta que cualquier voz de la voluble fama ya no le compete; y que las mayor&iacute;as y las minor&iacute;as lectoras, como abstracciones, no dejan de ser entelequias.</p>
<p style="text-align: justify;" align="center">Tal vez sea en la esfera de esa marginalidad donde la poes&iacute;a cavafiana nos entregue su brillo m&aacute;s sincero. En la siempre lejana Alejandr&iacute;a, la capital del Imperio Helen&iacute;stico, el centro alejado de ese otro m&aacute;s antiguo centro que fue Atenas, podemos encontrar el s&iacute;mbolo y la constataci&oacute;n de que todo centro es, al cabo, una utop&iacute;a, de que la vida se mueve en los arrabales y en el extrarradio. Los fil&oacute;logos alejandrinos quisieron tambi&eacute;n ser poetas, pues pensaron que hab&iacute;an descifrado el mecanismo del poema, y cre&iacute;an que era posible habitar ambos mundos, el de la filolog&iacute;a y la poes&iacute;a, a un tiempo. Sus versos fueron artificiales y descre&iacute;dos, signo de una decadencia y un cansancio que, parad&oacute;jicamente, tambi&eacute;n estaba dando origen a algo nuevo. Fue necesario que cayeran los siglos, uno tras otro, para encontrar en esa misma urbe alejandrina, con much&iacute;simo retraso, al postrero, al m&aacute;s puro de los poetas alejandrinos. Todo lo que era artificio en sus precedentes, la p&aacute;tina del tiempo y de la historia lo trastoc&oacute; en verdad a trav&eacute;s de la poes&iacute;a de Cavafis . Los ep&iacute;gonos de &eacute;ste, en diversas &eacute;pocas y lugares, naturalmente, s&oacute;lo se quedaron con la superficie, con las estatuas, los templos, las t&uacute;nicas de los efebos, la exaltaci&oacute;n de un pasado irreal y un paganismo de guardarrop&iacute;a. Pero la poes&iacute;a de Cavafis no est&aacute; en en las palabras, ancestrales palabras griegas, ni en su dicci&oacute;n anacr&oacute;nica donde conviv&iacute;an a capricho elementos del griego dem&oacute;tico y mestizo, con los cultismos ficticios del <em>kathar&eacute;vousa y </em>los giros cl&aacute;sicos, bizantinos u hom&eacute;ricos, sino en lo que mantiene unidas todas esas palabras, lo que no se ve: ese don de la melancol&iacute;a que ti&ntilde;e el tr&aacute;nsito de la belleza, la memoria, el tiempo, las contradicciones del ser humano y la encrucijada entre dos mundos condenados a convivir ya sin remedio, el pagano y el cristiano, el cuerpo y el alma. Esa melancol&iacute;a, que en ocasiones es tambi&eacute;n la leve sal que adereza los momentos ir&oacute;nicos, se manifiesta en una voz m&uacute;ltiple, a trav&eacute;s de la cual van pasando toda clase de personajes marginales: perdedores, granujas, traidores, tristes, enamorados, ambiciosos, lascivos, apasionados, cansados o incr&eacute;dulos de toda &eacute;poca. Ya sea en la antigua Antioqu&iacute;a, en Roma, en unos hex&aacute;metros de Homero o en las confusas calles de la Alejandr&iacute;a de principios del siglo XX, con sus caf&eacute;s, sus tabernas y sus proscritos placeres nocturnos, en todos los poemas de Cavafis habla siempre el ser humano, con una voz sin sordina y sin apuntador. Una voz, la de aquellas figuras dibujadas, o apenas esbozadas por el poeta, donde acabamos reconociendo nuestra propia voz, siempre en las afueras y siempre sin anclaje: porque, tal vez, ser de Alejandr&iacute;a equivale a no ser de ning&uacute;n sitio. </p>
<p>La presente traducci&oacute;n de estos seis poemas de Cavafis forma parte de mi traducci&oacute;n y edici&oacute;n de la poes&iacute;a completa del poeta alejandrino que, pr&oacute;ximamente, ver&aacute; la luz en la editorial Pre-Textos. Al pie de cada poema se indica la fecha en que est&aacute; datado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </em></p>
<h1 style="text-align: left;" align="center"><strong>CHE FECE .... IL GRAN RIFIUTO</strong></h1>
<p><strong><br /></strong></p>
<p>Para algunas personas llega un d&iacute;a</p>
<p>donde el gran S&iacute; o el gran No deben decir.</p>
<p>En seguida aparece aquel que lleva</p>
<p>el S&iacute; bien preparado, y pronunci&aacute;ndolo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>da un paso adelante en su estima y en su confianza.</p>
<p>El negador no se arrepiente. Preguntado de nuevo,</p>
<p>de nuevo dice No. Pero ese No &mdash;que es el correcto&mdash;</p>
<p>le abruma para el resto de su vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">(1901)</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<h1 style="text-align: left;" align="center"><strong>EN EL PUEBLO ABURRIDO </strong></h1>
<p><strong><br /></strong></p>
<p>En el pueblo aburrido donde trabaja</p>
<p>&mdash;empleado en un comercio,</p>
<p>muy joven&mdash;, donde espera</p>
<p>que pasen a&uacute;n dos o tres meses,</p>
<p>dos o tres meses a&uacute;n, y haya menos tarea,</p>
<p>y as&iacute; marchar a la ciudad, lanzarse</p>
<p>derecho hacia el bullicio y las diversiones;</p>
<p>En el pueblo aburrido donde espera</p>
<p><strong>&mdash;</strong>ha ca&iacute;do en su cama, de noche, pleno de deseo,</p>
<p>toda su juventud encendida en pasiones carnales,</p>
<p>en hermosa tensi&oacute;n toda su hermosa juventud;</p>
<p>Y entre los sue&ntilde;os el placer le acude; entre los sue&ntilde;os</p>
<p>contempla y abraza esa figura, la carne que desea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">(1925)</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<h1 style="text-align: left;" align="center"><strong>EN EL TEATRO </strong></h1>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me cans&eacute; de mirar el escenario,</p>
<p>y levant&eacute; los ojos a los palcos.</p>
<p>Y en uno de esos palcos fue donde te vi</p>
<p>con tu extra&ntilde;a belleza, tu depravada juventud.</p>
<p>Y enseguida volvi&oacute; a mi pensamiento</p>
<p>todo lo que de ti me contaron esta tarde,</p>
<p>y se me conmovieron cuerpo y mente.</p>
<p>Y mientras contemplaba, fascinado,</p>
<p>tu l&aacute;nguida belleza, tu juventud l&aacute;nguida,</p>
<p>tu refinado atuendo,</p>
<p>fantaseaba contigo y te me aparec&iacute;as</p>
<p>tal y como de ti me contaron esta tarde.</p>
<p style="text-align: left;" align="right">(1904)</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<h1 style="text-align: left;" align="center"><strong>CUANDO EL VIG&Iacute;A VIO LA LUZ </strong></h1>
<p>&nbsp;</p>
<p>En invierno, en verano se sentaba en el tejado</p>
<p>de los atridas el vig&iacute;a, y oteaba. Es ahora quien pregona</p>
<p>las buenas nuevas: ha visto, all&aacute; a lo lejos, encenderse el fuego.</p>
<p>Y se alegra. Y sus esfuerzos ya concluyen.</p>
<p>Es duro quedarse noche y d&iacute;a,</p>
<p>bajo el calor y el fr&iacute;o, a escudri&ntilde;ar la distancia por un fuego</p>
<p>que ha de encenderse sobre el Aracneo. Ahora aparece</p>
<p>la anhelada se&ntilde;al. Siempre que llega la felicidad</p>
<p>nos produce menos alegr&iacute;a</p>
<p>de lo que cabe esperar, mas indudablemente</p>
<p>se gana en esto: verse libre de esperanzas</p>
<p>y expectativas. Son muchas las cosas</p>
<p>que han de pasarle a los atridas. Cualquiera, sin ser sabio,</p>
<p>lo supone, ahora que el vig&iacute;a</p>
<p>ya divis&oacute; la luz. No hace falta, por tanto, exagerar.</p>
<p>Bella es la luz; y bellos los que acuden;</p>
<p>bellos tambi&eacute;n sus actos y sus palabras.</p>
<p>Y esperemos que todo salga a derechas. Pero</p>
<p>Argos bien puede hacerlo sin los atridas.</p>
<p>Los linajes no duran para siempre.</p>
<p>Seguramente muchos han de decir muchas cosas.</p>
<p>Las vamos a escuchar, mas no caeremos en la enga&ntilde;ifa</p>
<p>del Necesario, del &Uacute;nico, del Grande.</p>
<p>Necesario, &uacute;nico y grande, siempre en seguida</p>
<p>se encuentra a cualquier otro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">(1900)</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<h1 style="text-align: left;" align="center"><strong>LAS VENTANAS </strong></h1>
<p>&nbsp;</p>
<p>En estos cuartos sombr&iacute;os, donde paso</p>
<p>d&iacute;as de tedio, voy vagando de un lado a otro</p>
<p>en pos de las ventanas. &mdash;Cada vez</p>
<p>que se abre una ventana es un consuelo&mdash;.</p>
<p>Mas no hay ventanas, o es que yo no puedo</p>
<p>encontrarlas. Y acaso, mejor que no lo haga.</p>
<p>Acaso la luz sea otra tiran&iacute;a m&aacute;s. Qui&eacute;n sabe</p>
<p>qu&eacute; inusitadas cosas vendr&aacute; a mostrarnos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">(1903)</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<h1 style="text-align: left;" align="center"><strong>EN LA TARDE </strong></h1>
<p>&nbsp;</p>
<p>Despu&eacute;s de todo, no iba a durar mucho. La experiencia</p>
<p>de a&ntilde;os me lo ense&ntilde;a. Mas result&oacute; algo tajante</p>
<p>c&oacute;mo acudi&oacute; el Destino y le puso fin.</p>
<p>Breve fue la hermosa vida.</p>
<p>Pero qu&eacute; fuertes los aromas,</p>
<p>en qu&eacute; exquisitos lechos nos tendimos,</p>
<p>a qu&eacute; placeres dimos nuestros cuerpos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un eco de los d&iacute;as del deleite,</p>
<p>un eco de aquellos d&iacute;as vino a m&iacute;,</p>
<p>algo del fuego que, jovenes los dos, fue nuestro;</p>
<p>volv&iacute; a tomar una carta entre mis manos</p>
<p>y la le&iacute; una vez y otra vez, hasta que me qued&eacute; sin luz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y sal&iacute; fuera al balc&oacute;n con melancol&iacute;a,</p>
<p>sal&iacute; a pensar en otras cosas, al menos contemplando</p>
<p>un poco de la ciudad amada, un poco</p>
<p>de ese fragor de calles y de tiendas.</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">(1917)</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 13 Feb 2018 08:00:13 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Maleza del cambio]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/maleza-del-cambio/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/febrero/JORDI_DOCE_3.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 540px;"><em>(Fragmento)</em></p>
<p style="padding-left: 540px;"><em>Dondequiera que vaya, me viene bien </em>(Montaigne en Italia). Ah&iacute;,</p>
<p style="padding-left: 540px;">una norma de vida, un saber estar cuando el estar es leve, transitorio.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Amplitud: este caminar lento por el pasillo mientras julio avanza, un a&ntilde;o</p>
<p style="padding-left: 540px;">m&aacute;s. Desde el estudio, la luz incipiente de las nueve de la ma&ntilde;ana</p>
<p style="padding-left: 540px;">es una claridad sin peso, un estar de las cosas que parece</p>
<p style="padding-left: 540px;">venir del aire mismo y darle forma, formas, puntos de anclaje. Pronto</p>
<p style="padding-left: 540px;">ser&aacute; un garfio que ara&ntilde;e la nuca, por ejemplo, o ese perfil</p>
<p style="padding-left: 540px;">que mira hacia la calle sin dejar de mirar, a veces con torpeza, con</p>
<p style="padding-left: 540px;">impaciencia, la pantalla. Ayer, en una terraza, mientras beb&iacute;amos</p>
<p style="padding-left: 540px;">cerveza con el alivio indisimulado de quien ha cumplido alg&uacute;n trayecto,</p>
<p style="padding-left: 540px;">alg&uacute;n pacto consigo mismo, alguien habl&oacute; con s&uacute;bita agresividad. <em>Me</em></p>
<p style="padding-left: 540px;">habl&oacute;, en realidad, aprovechando un aparte en el que los dem&aacute;s</p>
<p style="padding-left: 540px;">se hallaban tan inmersos en su charla que no vieron, no pod&iacute;an ver,</p>
<p style="padding-left: 540px;">el arco de los hombros tens&aacute;ndose de pronto, el lienzo de la frente</p>
<p style="padding-left: 540px;">brillando con malicia impensada. <em>&iquest;Y t&uacute; qu&eacute; has hecho?</em> Hablas y hablas,</p>
<p style="padding-left: 540px;">te amparas siempre en el refr&aacute;n de la supervivencia, del trabajo</p>
<p style="padding-left: 540px;">pendiente,</p>
<p style="padding-left: 540px;">pero todo lo has hecho por ti, para ti. M&aacute;s tarde, tras volver de los aseos,</p>
<p style="padding-left: 540px;">me acomod&eacute; en la silla con rara cautela, sintiendo en la columna</p>
<p style="padding-left: 540px;">cada barra del respaldo, cada pliegue met&aacute;lico. Mis compa&ntilde;eros charlaban:</p>
<p style="padding-left: 540px;">cada cual con su vecino, o en grupos m&aacute;s amplios donde siempre</p>
<p style="padding-left: 540px;">hay alguien que se pierde o se abstrae un instante, que se esfuerza en o&iacute;r</p>
<p style="padding-left: 540px;">y oye tan solo su ansiedad, su af&aacute;n de estar en algo o con alguien. Era</p>
<p style="padding-left: 540px;">hermoso verlos hablar, ver fluir las palabras como una s&aacute;bana</p>
<p style="padding-left: 540px;">que se dobla entre dos, o los hilos que pasan de una pareja de manos</p>
<p style="padding-left: 540px;">a otra</p>
<p style="padding-left: 540px;">en el juego de los cordeles. S&iacute;miles: una insuficiencia en el decir,</p>
<p style="padding-left: 540px;">una explicaci&oacute;n no pedida, pero la imagen es completa</p>
<p style="padding-left: 540px;">y no carece de nada, se basta a s&iacute; misma, que es como decir:</p>
<p style="padding-left: 540px;">me basta. Y, sin embargo, siempre, el deseo inexplicable</p>
<p style="padding-left: 540px;">de explicarla. Segu&iacute; en ella,</p>
<p style="padding-left: 540px;">con ella,</p>
<p style="padding-left: 540px;">mientras volv&iacute;amos a casa y las calles nos exclu&iacute;an, tenaces, torcidas,</p>
<p style="padding-left: 540px;">haciendo y deshaciendo sus nudos de vida irreducible. <em>Dondequiera</em>.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">Aqu&iacute;, ahora, la ventana de cristal doble arroja un saldo abrumador:</p>
<p style="padding-left: 540px;">verde, casta&ntilde;o, aguamarina, un penacho de nube sobre la p&aacute;tina</p>
<p style="padding-left: 540px;">de agua estancada de los sauces, el azul profundo</p>
<p style="padding-left: 540px;">haciendo m&aacute;s grandes los cipreses, los pinos, sus copas api&ntilde;adas</p>
<p style="padding-left: 540px;">como cr&aacute;neos que miran desde siempre el brillo de mica del asfalto.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Y, m&aacute;s all&aacute;, el ojo de c&iacute;clope del verano, el ojo &uacute;nico que a&uacute;n espera</p>
<p style="padding-left: 540px;">abrirse del todo. Escucha. Escucha. No es un error. El ojo se abre,</p>
<p style="padding-left: 540px;">en efecto,</p>
<p style="padding-left: 540px;">y su mirar parece coincidir con el tuyo, desde esta cristalera</p>
<p style="padding-left: 540px;">que vibra levemente con el aire acondicionado y en la que posas</p>
<p style="padding-left: 540px;">la frente inquisitiva, la piel tibia. Estrechez: esa obstinaci&oacute;n</p>
<p style="padding-left: 540px;">por juzgar y ser juzgados, la vigilancia mutua. Tambi&eacute;n aqu&iacute;,</p>
<p style="padding-left: 540px;">mientras miras, mientras miro, la masa inerte de los &aacute;rboles</p>
<p style="padding-left: 540px;">y esas pocas figuras que se cruzan sin prisa por caminos de arena,</p>
<p style="padding-left: 540px;">su caminar que la distancia misma vuelve arena. Somos en la mirada,</p>
<p style="padding-left: 540px;">fatalmente,</p>
<p style="padding-left: 540px;">en la medida impuesta desde fuera, en el decir y desdecir del otro,</p>
<p style="padding-left: 540px;">su toma de partido. Escucha. <em>&iquest;Y t&uacute; qu&eacute; has hecho?</em> He vivido mi vida</p>
<p style="padding-left: 540px;">como he podido, como</p>
<p style="padding-left: 540px;">me dejaron, tratando de hacer lo que se esperaba de m&iacute;, lo que yo mismo</p>
<p style="padding-left: 540px;">esperaba. No te expliques. No te disculpes. No te envanezcas. No digas</p>
<p style="padding-left: 540px;">nada. Fuera, un aire s&uacute;bito enreda las ramas de los sauces y levanta</p>
<p style="padding-left: 540px;">una peque&ntilde;a nube de arena. Esa pregunta</p>
<p style="padding-left: 540px;">ten&iacute;a tambi&eacute;n su peque&ntilde;a historia detr&aacute;s, pero no importa. Lo que importa</p>
<p style="padding-left: 540px;">es la nube que levanta, el eco postergado. Alguien tiene raz&oacute;n</p>
<p style="padding-left: 540px;">cuando hace la pregunta que no has querido hacerte, cuando revela</p>
<p style="padding-left: 540px;">el flanco d&eacute;bil (porque hay un flanco d&eacute;bil). <em>&iquest;Qu&eacute; hemos hecho? &iquest;Qu&eacute;</em></p>
<p style="padding-left: 540px;"><em>saldo mostraremos cuando nos pidan cuentas? &iquest;Qu&eacute; diremos</em></p>
<p style="padding-left: 540px;"><em>en nuestro descargo?</em> Llegada la hora, lo otro, la suma</p>
<p style="padding-left: 540px;">provisional, no salva. Amplitud, estrechez. La s&iacute;stole y di&aacute;stole</p>
<p style="padding-left: 540px;">de un tiempo carcelero, la mano firme que insiste en tutelarnos</p>
<p style="padding-left: 540px;">aunque nunca tuvo permiso. S&iacute;, llamamos vida a esta ciencia</p>
<p style="padding-left: 540px;">del desperdicio, este escurrimiento de un viernes a las 10</p>
<p style="padding-left: 540px;">a otro viernes id&eacute;ntico, <em>dondequiera</em>&hellip; Pero era dulce</p>
<p style="padding-left: 540px;">verlos hablar, ver fluir las palabras en la mesa de juego</p>
<p style="padding-left: 540px;">del aire, sentirlas cerca, como tambi&eacute;n la luz est&aacute; con nosotros,</p>
<p style="padding-left: 540px;">otro d&iacute;a,</p>
<p style="padding-left: 540px;">este sol desorbitado de julio que toma la calle y la somete</p>
<p style="padding-left: 540px;">y abre un claro donde los ojos respiran (un instante)</p>
<p style="padding-left: 540px;">y nada rompe a&uacute;n su promesa, su reserva de aliento. Estrechez,</p>
<p style="padding-left: 540px;">amplitud. Aqu&iacute;,</p>
<p style="padding-left: 540px;">una norma de vida, un saber estar mientras las preguntas, como</p>
<p style="padding-left: 540px;">vencejos voraces, se van turnando en el aire del hacer.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 13 Feb 2018 07:51:33 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mar]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/mar/</link>
      <description><![CDATA[<p><img style="float: right;" src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/febrero/_NGEL_GUINDA.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;<strong></strong></p>
<p><strong>D</strong>entro de mi cabeza escucho siempre arder<strong></strong></p>
<p>un moscard&oacute;n de agua que me llama al o&iacute;do</p>
<p>moviendo con sus trancos oleadas de alas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desde las nubes braman, desde el deshielo gru&ntilde;en,</p>
<p>desde los r&iacute;os rugen esos remos del aire</p>
<p>a masticar la arena con sus dientes de espuma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El cielo desgarrado refleja, mar, en ti</p>
<p>lichis o albaricoques encendidos de sed.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mis ojos se levantan como faros insomnes,</p>
<p>oyen una invariable y hosca letan&iacute;a</p>
<p>que habla de la vida, del tiempo, de la muerte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con mis piernas y brazos, con mi boca y mis poros,</p>
<p>trago tu soledad m&aacute;s grande que la m&iacute;a,</p>
<p>inmensidad que avanza y retrocede,</p>
<p>avanza y retrocede sin parar.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 08 Feb 2018 11:41:26 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A la espera de la humedad]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/a-la-espera-de-la-humedad/</link>
      <description><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/febrero/FRANCISCO_FERRER_LER_N_2.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A la espera de la humedad, la impertinencia,</p>
<p>la negritud, no son virtudes extra&ntilde;as para quien naciera</p>
<p>en una carreta colmada</p>
<p>de mujeres muertas.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hablo de Jos&eacute; Garganta Dulleta, el Cojo Bonifa junior,</p>
<p>que acometiera con &eacute;xito al tigre de bengala C&eacute;sar,</p>
<p>y que,</p>
<p>atribulado,</p>
<p>negara la existencia de capillas disimuladas</p>
<p>en los edificios del barrio.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ahora,</p>
<p>en esta calc&aacute;rea residencia de mayores, en pleno auge</p>
<p>de fallidos organismos</p>
<p>bajo la advocaci&oacute;n de la can&iacute;cula nociva,</p>
<p>se amontonan sugerencias</p>
<p>cuyo origen</p>
<p>es el Reino de Apor&iacute;a; letrados</p>
<p>inteligentes, figuras</p>
<p>del estallido, hombres</p>
<p>especiales que, prosternados,</p>
<p>proponen l&aacute;pidas color verm&uacute;, dibujos</p>
<p>de un brib&oacute;n menor, lastrado</p>
<p>por el peso</p>
<p>de sugestivas entra&ntilde;as</p>
<p>y sagaces calcoman&iacute;as.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tambi&eacute;n,</p>
<p>alguien,</p>
<p>quiz&aacute; invidente,</p>
<p>postula &lsquo;su parecer como el L&iacute;bano&rsquo;</p>
<p>citando a Salom&oacute;n</p>
<p>&aacute;pud Hugo Blair</p>
<p>cuando evoca la dignidad, hermosura y gentileza del esposo.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 08 Feb 2018 11:36:49 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El hombre que fabula]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-hombre-que-fabula/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/febrero/LUIS_MATEO_D_EZ_2.jpg" alt="" /></p>
<p>El primer recuerdo que me viene a la cabeza es el de un despacho en la Casa de la Panader&iacute;a, y un balc&oacute;n que daba a la Plaza Mayor. Deb&iacute;a ser diciembre y fui a hacerle una visita con mi hijo Julio, que entonces ten&iacute;a siete u ocho a&ntilde;os. Y digo que deb&iacute;a ser diciembre porque tras los saludos, cordiales, algo protocolarios delante del ni&ntilde;o, tal vez intimidado con tanto ujier uniformado, de mangas entorchadas y ribetes, nos condujo por una serie de pasillos y dependencias llenas de archivadores y de cajas, para &eacute;l supongo familiares, para nosotros laber&iacute;nticos y umbr&iacute;os, hasta un sal&oacute;n grande, vac&iacute;o, con paredes desnudas y una enorme, descomunal, alfombra azul que cubr&iacute;a el suelo por completo y que daba al lugar una solemnidad un tanto empalagosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo recuerdo all&iacute;, alto, con una voz templada que rebotaba en la pared y el techo; un locutor de aquilatados adjetivos y adverbios y sustantivos limpios y notariales. Nos contaba que all&iacute;, tras de la cabalgata, cumpliendo un riguroso y regio protocolo, era donde los Reyes Magos recuperaban el resuello, el tacto de sus piernas ateridas, los colores del fr&iacute;o en las mejillas, antes de salir al balc&oacute;n a saludar junto al alcalde: las manos enguantadas, los anillos de piedras preciosas, ostentosas y grandes como l&aacute;pidas, y brillantes de un rojo, de un naranja, de un verde deslumbrante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y recuerdo la cara fascinada de mi hijo, su mano apret&aacute;ndome la m&iacute;a, que desde entonces y durante a&ntilde;os llam&oacute; a Luis Mateo D&iacute;ez &ldquo;tu amigo el de los Reyes&rdquo;, que tampoco es mal mote.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Conductor imaginario</strong></p>
<p>All&iacute;, en aquella plaza donde siempre da el sol, cuadrangular, castiza, llena de ecos remotos, ancestrales, de circos y autos de fe, nos hemos encontrado alguna vez que otra. Hemos charlado, all&iacute;, entre el bullicio cr&oacute;nico de las sombrerer&iacute;as, los corros de turistas, con cara de despiste, de gu&iacute;a oficial y foto, y las terrazas con sillas de aluminio alineadas como guardiamarinas. Y all&iacute;, en La escalinata, una cafeter&iacute;a con asientos de terciopelo rojo y apliques de similor, hemos tomado alguna vez caf&eacute;, tras llegar caminando a buen paso (leon&eacute;s) desde Sol.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>E insisto, caminando, porque nunca ha sabido conducir. Y es motivo de pasmo cuando lo cuenta, m&aacute;s a&uacute;n sabiendo que de ni&ntilde;o pas&oacute; horas entre los conductores de autobuses y camiones que paraban entre Le&oacute;n y Villablino, en La Magdalena, el pueblo de sus padres,&nbsp; donde unos familiares regentaban el bar en el que paraban los coches de l&iacute;nea, y donde los conductores, que entonces eran ch&oacute;feres, se tomaban un chato y un bocadillo de lomo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en aquel tr&aacute;fago de maletas de madera, bultos, paquetes, cajas aseguradas con atillos, y billetes que el conductor invalidaba por el sencillo, expeditivo m&eacute;todo de cortarlos en dos, el peque&ntilde;o Mateo jugaba con la cartera de cuero del cobrador, y se asomaba con experta curiosidad a los cap&oacute;s que cubr&iacute;an, como caparazones, manguitos polvorientos, tubos y cables sujetos con cinta aislante, y misteriosos dep&oacute;sitos met&aacute;licos que echaban humo como una cafetera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y tanto trajin&oacute; con los volantes, grandes como paelleras, y las cajas de cambio, tantas curvas tom&oacute; subido a la cabina -el parabrisas que limitaba el mundo, imitando el sonido del motor con la boca-, que luego no aprendi&oacute; a conducir m&aacute;s que de una manera imaginaria, so&ntilde;ada o recreada: imaginarias llaves de contacto, imaginarias manos que sal&iacute;an por las imaginarias ventanillas; pedales que chirriaban, despertando rec&oacute;nditos engranajes dentados, bielas, tornillos, ejes y tuercas tambi&eacute;n imaginarias.&nbsp;</p>
<p>As&iacute; que es un andariego peligroso. R&aacute;pido y distra&iacute;do, de piernas largas, articuladas con la aparente fragilidad de las zancudas, y una conversaci&oacute;n ordenada y precisa que pareciera traer escrita de casa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Infancia de r&iacute;o y desv&aacute;n</strong></p>
<p>&nbsp;En alguno de esos paseos por la plaza, abrigo largo y manos en los bolsillos, como una estatua, me habl&oacute; de ese ni&ntilde;o que viv&iacute;a en la casa consistorial de Villablino, donde su padre era secretario del Ayuntamiento. Un caser&oacute;n sobrio, plomizo, utilizado durante la guerra como hospital de sangre y que guardaba, all&iacute; en el desv&aacute;n, en ese orden incierto del pasado impreciso: cajas de libros prohibidos y salvados de la hoguera, ropa, camillas, autoclaves, y alg&uacute;n camastro de loza desportillada, llena de telara&ntilde;as y de polvo. All&iacute;, jugaba con sus amigos a las guerras; incursiones, emboscadas, desplomes&hellip; Y era motivo de acaloradas discusiones saber si alguno de los contendientes, aquellos ni&ntilde;os nacidos en el eco pesado de la guerra, silenciada, estaba herido, o muerto. Los primeros eran conducidos en camilla, tras las l&iacute;neas, a la c&aacute;lida y protectora retaguardia de los h&eacute;roes; los otros, arrinconados, las manos cruzadas sobre el pecho, los ojos cerrados, en un rinc&oacute;n. Sin pompa, sin honores, sin gritos ni salvas de ordenanza, ni arm&oacute;n, como los muertos de verdad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los muertos de los que todav&iacute;a se hablaba a escondidas a mediados de los a&ntilde;os cuarenta: gestos alertados de silencio, palabras recelosas bajo el eco remoto, fatal, de la tragedia: disparos en el monte, camionetas cargadas de guardias, largos fusiles, capotes, y leyendas de huidos&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Algo de aquel mundo legendario, de alacenas y s&aacute;banas, orfandad y misterio ha quedado despu&eacute;s en sus historias. Un mundo imaginario de silencios, ancestral y remoto, como la nieve, el fr&iacute;o.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y all&iacute; andaba aquel ni&ntilde;o, un tanto atribulado, no especialmente simp&aacute;tico y algo llor&oacute;n &ndash;confiesa-, que sin embargo ten&iacute;a una cierta predilecci&oacute;n por fabular. Una facilidad para inventar historias, contarlas y, a partir de un momento, hacia los doce a&ntilde;os, escribirlas.</p>
<p>Su hermano Ant&oacute;n las editaba, y las vend&iacute;a por el pueblo cobrando en caramelos, o en bolitas de an&iacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>As&iacute; que aquel ni&ntilde;o escritor &ndash;entra&ntilde;able, pat&eacute;tica figura- vivi&oacute; ya desde entonces las glorias del triunfo: la vanidad, el halago, la cr&iacute;tica, las opiniones, no siempre complacientes, de los lectores&hellip; Y ya entonces&nbsp; algo de esa pasi&oacute;n extrema por el lenguaje. Un exquisito celo de alquimista con el que elige cada palabra, selecta y expresiva, como se seleccionan albaricoques en una fruter&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Palabras que desvelan, en aquello que nombran, con pasmosa naturalidad, el hallazgo secreto, inadvertido pero al tiempo certero de que eso se ha llamado as&iacute; siempre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Rulfo y <em>El llano en llamas</em></strong></p>
<p>&nbsp;Y cuenta que fue Rulfo, El llano en llamas. Estudiaba Derecho en Oviedo y en la biblioteca Feijoo alguien le habl&oacute;, o se topo con Rulfo, y fue un deslumbramiento, una impresi&oacute;n feliz y extraordinaria. Tanto que se resisti&oacute; a devolver el libro, acumulando sellos rojos en la ficha, amenazas, miradas incendiarias de la bibliotecaria, hasta que compr&oacute; un ejemplar para &eacute;l. Rulfo que abri&oacute; la espita, tras las lecturas en la biblioteca paterna, de la literatura. Una literatura, durante a&ntilde;os, de tarde y temporada, vacaciones y fines de semana. Un trabajo de escritor a tiempo parcial que ha ido compaginando con esa doble vida de funcionario, de despacho y reuniones y un balc&oacute;n a la plaza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hace tiempo me regal&oacute; su primer libro, Memorial de hierbas. Gan&oacute; con &eacute;l, en 1973, el Premio Novelas y Cuentos. Y en &eacute;l hay una foto suya, espigado, con un jersey oscuro y gafas negras de concha, en blanco y negro, en su casa de entonces. Con paredes sin cuadros y al fondo una velada biblioteca.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Recuerdo su recepci&oacute;n como acad&eacute;mico. El calor insufrible, las alfombras all&iacute; en la docta casa, las escaleras como las del palacio de Sis&iacute;, su figura lejana, con el traje de gala, tambi&eacute;n en blanco y negro.&nbsp; En su discurso habl&oacute; de la imaginaci&oacute;n y la memoria, y de c&oacute;mo a veces se reponen en la ficci&oacute;n las carencias de la realidad. Pero tambi&eacute;n los sue&ntilde;os y obsesiones. La nostalgia, el fulgor, las preguntas. Todas esas historias que podr&iacute;an haber sido y no fueron y que son porque alguien las idea: la de Ezequiel, el del labio leporino; la de Cecilio, el cazador; la de la familia Villar, que lleg&oacute; al pueblo dos meses antes de que llegara el agua, o la de Belarmino Estrada, que muri&oacute; de unas fiebres de malta&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No s&eacute; los libros que ha publicado Mateo, y de ellos no s&eacute; los que he le&iacute;do exactamente, muchos.&nbsp; Guardo de ellos un recuerdo difuso -siempre he sido un lector olvidadizo-, una mezcla sutil de escenas y personajes, t&iacute;tulos y cubiertas, di&aacute;logos y palabras, que perfilan ese universo suyo, legendario, remoto, marcado por la obsesi&oacute;n y el desamparo, los viajes hacia ninguna parte, las pensiones donde resuena el eco lejano de una televisi&oacute;n prendida, viejos cines de techos desconchados, orfandad y trastorno &hellip; Habr&aacute; voces m&aacute;s autorizadas que la m&iacute;a que hablen de las cualidades de su literatura cuyo valor a estas alturas no es necesario que nadie se encargue de glosar. A m&iacute; gustar&iacute;a hablar de las veces que tomamos caf&eacute;. De su conversaci&oacute;n apasionada y sugestiva. De su sensatez y generosidad. Y de su magisterio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Guardo firmados muchos de sus libros, con su letra menuda, concisa y temeraria, siempre escrita con un rotulador de punta fina. El mismo con el que trabaja ante el ordenador, con un folio doblado para anotar y esos cuadernos de tapas duras donde nacen sus libros: notas, secuencias, nombres y el t&iacute;tulo, que es siempre lo primero: <em>Las fuentes de la edad</em>, <em>Las Estaciones provinciales</em>, <em>El expediente del n&aacute;ufrago</em>, Fantasmas del invierno, La gloria de los ni&ntilde;os, Pr&iacute;ncipes del olvido, Los frutos de la niebla o el mencionado Memorial de hierbas&hellip; Lo sopeso en la mano,&nbsp; aqu&iacute; sobre la mesa, lo hojeo, lo abro y leo lo escrito en la primera p&aacute;gina:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para Jes&uacute;s</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; estas hierbas que no</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; acaban de agostarse</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y me parece bien. Y hasta ajustado, de alg&uacute;n modo prof&eacute;tico, esa dedicatoria de mi amigo Mateo, el de la letra lacia, las palabras precisas, el de los Reyes Magos.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 08 Feb 2018 11:33:25 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Noticias del más reciente experimento sentimental]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/noticias-del-mas-reciente-experimento-sentimental/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/febrero/Mallo.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 480px;">No s&eacute; por qu&eacute; nos asusta la oscuridad si es una ausencia. Los espectros que antes daban miedo se han congelado, jadeas para respirar -no a la inversa-. De lo cocido a lo crudo. Brillamos dentro de la V&iacute;a L&aacute;ctea. Para qu&eacute; hemos levantado ese t&uacute;nel bajo el agua, &iquest;qui&eacute;n lo sostiene, qu&eacute; Zeppelin nos lleva? El oficio de carpintero fue inventado por necesidad, los &aacute;rboles incubaban la ret&oacute;rica de los ata&uacute;des -qu&eacute; raro ver a tanta gente reunida sin un objetivo-. Si Am&eacute;rica fue descubierta para no tener fondo, Europa fue fundada para alcanzarlo demasiado pronto, el reloj est&aacute; pensando, su tictac nos ha abandonado. La lluvia de las Highlands pone a prueba un diamante de barro -ll&aacute;male euro-. Lo dijo Sir Walter Raleigh (1552-1618):</p>
<p style="padding-left: 480px;"><em>desde entonces nuestra especie es insensible, resistente al dolor y al cuidado,</em></p>
<p style="padding-left: 480px;"><em>y prueba que nuestro cuerpo es de naturaleza rocosa. </em></p>
<p style="padding-left: 480px;">Revolver cajones ya no es un h&aacute;bito po&eacute;tico sino qu&iacute;mico. Objetos de neceser: peque&ntilde;a ciudad helada. S&oacute;lo las m&aacute;quinas no descansan. Esta noche cay&oacute; un rayo, un rayo com&uacute;n, sencillo, pero simult&aacute;neamente junto a ese rayo ca&iacute;a un 2&ordm; rayo que -como si fuera un proyector, una radiograf&iacute;a, no s&eacute;- carboniz&oacute; en la pared la silueta del 1&ordm;, y ya que estaba despierto me puse a pensar en ese experimento sentimental que es el Brexit.&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 480px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 480px;">Los r&iacute;os son flores gigantes, vistos desde el cielo toman</p>
<p style="padding-left: 480px;">un aspecto nervado, imposible escapar</p>
<p style="padding-left: 480px;">de la meteorolog&iacute;a. El aire se llena de cerraduras,</p>
<p style="padding-left: 480px;">vagan sin puertas. Cuando el lavavajillas parece haberse agotado</p>
<p style="padding-left: 480px;">a&uacute;n quedan tantas gotas como en el Mar del Norte pero ordenadas</p>
<p style="padding-left: 480px;">de otra manera. Carecemos de instrumentos para medir</p>
<p style="padding-left: 480px;">la costa de U.K., la legendaria fractalidad que nos separa.</p>
<p style="padding-left: 480px;">No nos aburr&iacute;amos, hab&iacute;a dos soles y uno</p>
<p style="padding-left: 480px;">parec&iacute;a muerto. &iquest;No ha sido siempre U.K.</p>
<p style="padding-left: 480px;">una roca desprendida, un elemento por ubicar</p>
<p style="padding-left: 480px;">en la tabla peri&oacute;dica? La Tierra no tiene razas, sino escollos.</p>
<p style="padding-left: 480px;">&iquest;No es el <em>bacon</em> una hoja seca, y el <em>roast beef</em>&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 480px;">un paquete de piedras muertas?</p>
<p style="padding-left: 480px;">Tratados de comercio inesperadamente abruptos, campos</p>
<p style="padding-left: 480px;">minados de comas, par&eacute;ntesis, corchetes,</p>
<p style="padding-left: 480px;">acotaciones al margen y pies</p>
<p style="padding-left: 480px;">de un mercado crepuscular: el reposo nunca es completo,&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 480px;">ciega obediencia</p>
<p style="padding-left: 480px;">a la rotaci&oacute;n de la Tierra, detalles sin importancia</p>
<p style="padding-left: 480px;">de una liturgia griega.</p>
<p style="padding-left: 480px;">Entre la lengua hablada y escrita hay un agujero</p>
<p style="padding-left: 480px;">m&aacute;s profundo que aquel verso de Keats que nos hizo llorar</p>
<p style="padding-left: 480px;">de miedo, por ah&iacute; se va</p>
<p style="padding-left: 480px;">toda tu luz interpuesta. Una estrella puede leerse</p>
<p style="padding-left: 480px;">astrof&iacute;sica o econ&oacute;micamente. Las mismas cuestiones</p>
<p style="padding-left: 480px;">que nos turbaban a&uacute;n no han ocurrido, y alguien mira los confines</p>
<p style="padding-left: 480px;">de un continente en el que s&oacute;lo de noche ha penetrado el viento.</p>
<p style="padding-left: 480px;">Asombran los milagros que se han obrado. Las huellas</p>
<p style="padding-left: 480px;">est&aacute;n al llegar. Lo anticip&oacute; Sir David Bowie (1947-2016):</p>
<p style="padding-left: 480px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 480px;"><em>Mira los ratones y su plaga de millones, </em></p>
<p style="padding-left: 480px;"><em>desde Ibiza hasta Norfolk Broads. </em></p>
<p style="padding-left: 480px;"><em>Rule Britannia est&aacute; prohibida para mi madre, </em></p>
<p style="padding-left: 480px;"><em>para mi perro y los payasos. </em></p>
<p style="padding-left: 480px;"><em>Pero la pel&iacute;cula aburre y entristece<br /> porque la he escrito m&aacute;s de diez veces,<br /> y est&aacute; a punto de ser dictada de nuevo.</em></p>
<p style="padding-left: 480px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 480px;">Sale el sol por duplicado, dos horizontes aguardan</p>
<p style="padding-left: 480px;">con la boca abierta. Partes en 2 una piedra</p>
<p style="padding-left: 480px;">y aparece un cuerpo,</p>
<p style="padding-left: 480px;">la partes en 3 y es sangre, la partes</p>
<p style="padding-left: 480px;">en 4 y ves los gl&oacute;bulos blancos y negros de todo un pueblo.</p>
<p style="padding-left: 480px;">El eco nada repite: es fuente original.</p>
<p style="padding-left: 480px;">Con la &uacute;ltima marea del Canal llegaron los cuerpos,</p>
<p style="padding-left: 480px;">parec&iacute;an trapos embalados, &ldquo;pueden contener trazas</p>
<p style="padding-left: 480px;">de algo que fue llamado Europa&rdquo;, dec&iacute;a la etiqueta,</p>
<p style="padding-left: 480px;">y un queso tan duro que era el hueso de la leche,</p>
<p style="padding-left: 480px;">o de las ubres, no s&eacute;&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 480px;">por qu&eacute; nos asusta la oscuridad si es una ausencia.</p>
<p style="padding-left: 480px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 480px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 08 Feb 2018 11:26:40 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las horas muertas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/las-horas-muertas/</link>
      <description><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/febrero/_SCAR_SIP_N_2.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>Si no he de conocerte nunca,</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>haz al menos que te extra&ntilde;e</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right">James Jones</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p>Llegu&eacute; al balneario por un doble motivo: el anuncio para la provisi&oacute;n de la plaza de m&eacute;dico-director de los ba&ntilde;os y la enfermedad de mi hermano Dar&iacute;o. Acababa de terminar los estudios de Medicina y esperaba suplir la falta de experiencia con la carta de recomendaci&oacute;n de un t&iacute;o de mi madre, Don Mat&iacute;as, que hab&iacute;a hecho fortuna introduciendo el pan de Viena en la pen&iacute;nsula ib&eacute;rica. Sentado en la sala de espera intentaba alisar mi &uacute;nico traje, algo maltrecho tras un infernal viaje en tren y</p>
<p>diligencia. El diploma enmarcado de la Exposici&oacute;n de Amsterdam, que le acreditaba como la mejor instalaci&oacute;n hidroter&aacute;pica de Espa&ntilde;a, presid&iacute;a la sala. Me asom&eacute; a la</p>
<p>ventana. Hac&iacute;a una ma&ntilde;ana luminosa y el viento rizaba el mar Cant&aacute;brico, arrojando destellos a los cuatro puntos cardinales. Se abri&oacute; la puerta y un hombre obeso y taciturno, de cuidada barba entrecana, me dio una mano de cal fr&iacute;a y, sin mirarme a los ojos, me invit&oacute; a pasar. Parec&iacute;a acostumbrado a manosear criadas y extender pagar&eacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Doctor P&iacute;o Baroja. Vascongado.</p>
<p>-As&iacute; es, nac&iacute; en San Sebasti&aacute;n. Pero el trabajo como ingeniero de minas de mi padre nos llev&oacute; a Madrid.</p>
<p>-Madrid&hellip;Demasiado ruidosa para m&iacute;. Reci&eacute;n doctorado, por lo que puedo ver. &iquest;Sobre qu&eacute; versaba su tesis?</p>
<p>-Sobre el dolor. Present&eacute; un estudio de psicof&iacute;sica, una aproximaci&oacute;n literaria al padecimiento humano.</p>
<p>-Como sabr&aacute;, Se&ntilde;or Baroja, la inesperada defunci&oacute;n del Doctor Pastor nos obliga a cubrir su plaza. &iquest;D&oacute;nde ley&oacute; el anuncio del puesto que ofertamos?</p>
<p>-En <em>La voz de Guipuzcoa</em>, a la que mis padres est&aacute;n suscritos desde hace a&ntilde;os.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llamaron a la puerta. Requer&iacute;an su presencia en otra sala. Me qued&eacute; curioseando los objetos del despacho. Tras un biombo japon&eacute;s se ocultaba la sombra de un div&aacute;n, donde lo imagin&eacute; haciendo la digesti&oacute;n con un orujo de hierbas apoyado en el pecho. En un mueble de caoba descubr&iacute; una edici&oacute;n en piel de <em>La Eneida</em>, probablemente del siglo XVI o XVII, soldados de plomo, miniaturas de porcelana italiana, un cr&aacute;neo de un oso adulto, cinco monedas romanas enmarcadas y cosas rescatadas del mar. De las paredes colgaban una serie de &oacute;leos antiguos con motivos cortesanos y los retratos de los socios fundadores. Las cortinas eran gruesas como muros de carga; al descorrerlas, la luz se apoder&oacute; de cada objeto con una violencia de tropas de ocupaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al regresar, pidi&oacute; disculpas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Era importante: el marqu&eacute;s de Comillas ha confirmado su estancia la semana pr&oacute;xima. &iquest;Por d&oacute;nde &iacute;bamos, Se&ntilde;or Baroja? S&iacute;, ahora recuerdo. &iquest;Qu&eacute; conoce de nuestro</p>
<p>balneario?</p>
<p>-Conozco la fama de la Fuente del H&iacute;gado. Los beneficios higi&eacute;nicos y curativos de estas aguas son su mejor publicidad.</p>
<p>-En realidad, buscamos pregoneros de esa fama y de ah&iacute; la importancia del puesto que ofrecemos. Contamos con algunos clientes que regresan desde hace m&aacute;s de veinte a&ntilde;os a tomar las aguas, la cura de reposo y los ba&ntilde;os de olas. Y la gente satisfecha corre la voz. Veo que su hermano Dar&iacute;o est&aacute; enfermo.</p>
<p>-As&iacute; es. Enferm&oacute; hace dos meses: tos cr&oacute;nica con esputo sanguinolento, fiebre, sudores nocturnos, p&eacute;rdida de peso&hellip;Los s&iacute;ntomas de la tuberculosis.</p>
<p>-Nos visitan m&aacute;s de ochocientos enfermos de tuberculosis al a&ntilde;o. Pero tambi&eacute;n epil&eacute;pticos, enfermos de s&iacute;filis, parejas con problemas de fertilidad o personas que sufren accidentes nerviosos. Incluso tuvimos a un industrial astillero que vino a tratarse su mal genio, como si el mal genio pudiese despacharse tomando vasos de agua. Pero sobre todo, contamos con gente adinerada que quiere y puede descansar. La salud tambi&eacute;n es un estado mental. &iquest;Cu&aacute;ndo llegaron?</p>
<p>-Ayer, a &uacute;ltima hora de la tarde &ndash;Y dej&eacute; escapar un suspiro, sin poder evitar acordarme de las horas de tren y estaci&oacute;n, de los chasquidos del l&aacute;tigo y la voz del</p>
<p>mayoral animando a los caballos y guiando la diligencia, de la respiraci&oacute;n entrecortada de mi hermano y de su palidez, de la belleza de la playa desierta y del sol adentr&aacute;ndose en las aguas, de la algazara de curiosos que se asomaban por las ventanas y de la gloriosa sensaci&oacute;n de dejarme caer en la cama del hotel y desmayarme. Diez horas despu&eacute;s me encontraba en una entrevista de trabajo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Su t&iacute;o es benefactor del balneario. Y eso es bueno para usted. &iquest;Qu&eacute; cree que es la Medicina, Se&ntilde;or Baroja?</p>
<p>-Yo dir&iacute;a que es la ciencia o el arte de curar.</p>
<p>-Una visi&oacute;n muy ut&oacute;pica. Discrepo, m&aacute;s bien ser&iacute;a el arte de mentir al paciente. Y la mentira es un placebo inmejorable. Someter&eacute; al consejo de administraci&oacute;n su candidatura y en el plazo de seis semanas recibir&aacute; nuestra contestaci&oacute;n. Muchas gracias, Se&ntilde;or Baroja. Que su estancia en nuestro balneario sea inolvidable y que su hermano se recupere pronto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nos dimos un apret&oacute;n de manos y sal&iacute; del despacho. Me sent&iacute;a euf&oacute;rico, convencido de haber conseguido la plaza, el inicio de mi carrera como m&eacute;dico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dej&eacute; a mi hermano en una ba&ntilde;era de cobre esta&ntilde;ado. Le hab&iacute;an prescrito un tratamiento intensivo de inhalaciones y deb&iacute;a seguirlo a rajatabla. Al cerrar la puerta, en el preciso instante que conectaban la estufa de desinfecci&oacute;n, me pareci&oacute; que Dar&iacute;o miraba al otro mundo. Recuerdo haber le&iacute;do algo inquietante al respecto: para el doctor</p>
<p>Charkovsky, el agua desarrollaba la clarividencia y la telepat&iacute;a. Me dirig&iacute; al caf&eacute;, donde un ej&eacute;rcito aburrido mataba el tiempo bebiendo vino cosechero. Se lo escuch&eacute; a un poeta borracho: hay tantas maravillas en un vaso de vino como en el fondo del mar. Los parroquianos bostezaban una y otra vez, en una epidemia no declarada, contemplando las pajareras de jilguero que colgaban de las vigas o asom&aacute;ndose a los recuerdos. El camarero, adivinando mis pensamientos, me cont&oacute; que los propietarios planeaban</p>
<p>construir un Casino para llenar las horas muertas.</p>
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<p>-Una buena t&aacute;ctica -le contest&eacute;-. Por la ma&ntilde;ana sanar&aacute;n los nervios que el juego ha destrozado por la tarde.</p>
<p>-La gente quiere sentir la adrenalina de ganar y el v&eacute;rtigo de perder, se&ntilde;or -sentenci&oacute; con gravedad mientras frotaba las copas con un pa&ntilde;o.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me sent&eacute; al fondo del local, junto a los ventanales, en una mesa de m&aacute;rmol de Carrara, y le ped&iacute; prestado <em>El Imparcial </em>a un notario riojano. <em>Es una basura, una sarta de mentiras y modernidades</em>, me dijo al entreg&aacute;rmelo, escandalizado, estrecho de miras como un cat&oacute;lico ferviente. <em>Los notarios tienen las caderas anchas y la mirada hueca de escriturar cada ma&ntilde;ana su decadencia ante el espejo</em>, apunt&eacute; en mi dietario. Atentado en Madrid contra Alfonso XIII el d&iacute;a de su boda con Victoria Eugenia de Battenberg. Al parecer, el anarquista Mateo Morral hab&iacute;a arrojado un ramo de flores con una bomba hacia la carroza real, matando a tres oficiales, cinco soldados y tres civiles que contemplaban el cortejo desde los balcones. Pude leer una nueva excentricidad de la actriz Sarah Bernhardt. Se acababa de retratar en el interior de un f&eacute;retro, con un vestido de raso blanco, las manos cruzadas, cerrados los ojos como si estuviese muerta. Y tan encantada hab&iacute;a quedado con el retrato, que inmediatamente hab&iacute;a dispuesto en su testamento que si muriese joven la enterrasen de esta manera. El resto no era m&aacute;s que palabrer&iacute;a comprada por el Gobierno, asaltos de bandolero narrados sin ning&uacute;n talento literario y anuncios de <em>Zarzaparrilla Bristol </em>-lo mejor para la corrupci&oacute;n de la sangre- o <em>Perlas Vitales </em>-para enfermedades incurables-.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aire y s&oacute;lo aire.</p>
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<p>A nuestra llegada, el recepcionista del hotel nos hab&iacute;a explicado las normas y horarios del complejo. A las ocho, el desayuno. De nueve a once, inhalaciones, ba&ntilde;os y</p>
<p>t&oacute;mas de agua. Despu&eacute;s de la comida, paseo por la playa o peque&ntilde;as excursiones por la arboleda. Y de siete a ocho de la tarde, la llegada del correo y de los nuevos ba&ntilde;istas. A las nueve, la cena de bienvenida que inauguraba la temporada. La noche se reservaba para el descanso o el amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sal&iacute; a pasear. Permanecer all&iacute;, en invierno, cuando la galerna se apoderase de tu &aacute;nimo y el cielo se cerrase sobre s&iacute; mismo, atrapado entre pensamientos y d&iacute;as tristes, podr&iacute;a resultar algo claustrof&oacute;bico. Pero el trabajo me permitir&iacute;a sacar el tiempo necesario para encarar la escritura de una novela que no dejaba de acosarme; dejar salir, de una vez, a la abeja laboriosa que llevaba dentro. Pasar a la posteridad. O preparar el final perfecto de todo escritor secreto: el seud&oacute;nimo en la l&aacute;pida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dos estudiantes de la Escuela Naval para Oficiales se bat&iacute;an en una carrera a nado hasta una boya de madera. El vencedor donar&iacute;a las 1.000 pesetas del premio a los hu&eacute;rfanos acogidos en el balneario. Los hu&eacute;rfanos, ni&ntilde;os de cabeza rapada incubando el bacilo de Koch o la mala suerte, contemplaban a los nadadores con la apat&iacute;a de los gatos caseros. Los nadadores alcanzaron la boya y regresaron al punto de partida; uno de ellos empez&oacute; a distanciarse brazada a brazada, para terminar rebasando a su contrincante por varios cuerpos de distancia. El ganador alz&oacute; los brazos y mir&oacute; abiertamente a las mujeres, que no dejaban de aplaudirle, antes de besar la mejilla t&iacute;sica de un hu&eacute;rfano. Si uno adaptaba las pupilas a la luz, se pod&iacute;a adivinar las infidelidades encubiertas en los peque&ntilde;os gestos de las damas y los caballeros. Un cura agrupaba a los hu&eacute;rfanos con silbidos de cabrero. Me alej&eacute; para escapar de la muchedumbre y sumergirme en <em>Historia de dos ciudades</em>, de Charles Dickens.</p>
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<p>Recuerdo que Dar&iacute;o no se encontraba bien y que no baj&oacute; a la cena de gala; se qued&oacute;, arropado entre almohadones, escribiendo en su diario. En ese tipo de actos sociales me sent&iacute;a como Jon&aacute;s en el interior de la ballena, pero me pareci&oacute; descort&eacute;s saltarme el protocolo. Compon&iacute;an la mesa central el afamado oculista Doctor Rovirosa, el ni&ntilde;o Losada, prodigioso violinista c&aacute;ntabro, el actor catal&aacute;n Le&oacute;n Fontova, el c&oacute;nsul de Espa&ntilde;a en Kingston, Se&ntilde;or Valls, Am&eacute;rico N&uacute;&ntilde;ez, conocido por sus &aacute;cidas caricaturas de la clase pol&iacute;tica, y el mago y escapista Mr. Laffitte, capaz de hacer desaparecer, seg&uacute;n proclamaba la propaganda de su espect&aacute;culo, cualquier objeto y cualquier recuerdo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Diluidas entre conversaciones, murmullos y risas, un pianista tocaba sonatas de Mozart. El sal&oacute;n era un hervidero de grillos, un baile de m&aacute;scaras no declarado.</p>
<p>Decenas de cabezas de ciervos colgaban de las paredes. Me instalaron en una mesa de cinco comensales, junto a un hombre de aspecto apagado que se apellidaba B&eacute;rges y la</p>
<p>mujer m&aacute;s hermosa que hab&iacute;a visto en mi vida. De inmediato, sent&iacute; un deseo marino sazonado de vulgaridad. Se present&oacute; como Nora Orlova. Su belleza cosmopolita, iluminada por las l&aacute;mparas de queroseno, hac&iacute;a da&ntilde;o; una mujer as&iacute; pod&iacute;a influir en mareas y terremotos. Deb&iacute;a de tener mi edad, pero yo me estaba quedando calvo, era melanc&oacute;lico y poco agraciado, y por mucho que lavase mi cara en el manantial de la belleza, nada se pod&iacute;a hacer. La imagin&eacute; dirigiendo un circo ecuestre o una academia de sordomudos. Un matrimonio franc&eacute;s de mediana edad, se&ntilde;or y se&ntilde;ora Feuilette, corresponsal de prensa &eacute;l, poeta ella, completaba el c&iacute;rculo. La se&ntilde;ora Feuilette sufr&iacute;a en la piel leucorreas, tambi&eacute;n llamadas <em>flores blancas. </em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tras el discurso de bienvenida &ndash;los pol&iacute;ticos hablaban lento para mentir r&aacute;pido-, nos sirvieron una rica ensalada de queso de cabra y pasas y un estofado de jabal&iacute; ba&ntilde;ado con un vino de la tierra que me result&oacute; desconcertante y delicioso. <em>El universo tiene que ser la distancia entre el paladar y el cerebro</em>, dijo Nora Orlova. Y yo me asom&eacute; a sus ojos verde clorofila para verla charlar, en un perfecto franc&eacute;s, con el matrimonio, gesticulando cuando hab&iacute;a que gesticular, sonriendo cuando hab&iacute;a que sonre&iacute;r, tan inalcanzable como el centro del sol.</p>
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<p>Supongo que mi juventud, mi condici&oacute;n de m&eacute;dico y el exceso de vino le dio al hombre apagado la confianza necesaria para entablar conversaci&oacute;n. Me relat&oacute; que hab&iacute;a trabajado toda su vida en el Instituto Anat&oacute;mico de C&oacute;rdoba, en Argentina, como profesor de Higiene. Ante la p&eacute;rdida de Danella, su &uacute;nica hija, decidi&oacute; que no pod&iacute;a vivir sin volver a verla y don&oacute; su cuerpo a la Universidad. Varias generaciones de estudiantes de Medicina hab&iacute;an realizado sus pr&aacute;cticas con ella, gan&aacute;ndose el sobrenombre de <em>La Bella Durmiente</em>. Me lo cont&oacute; con los ojos iluminados, con orgullo de padre y una tristeza cong&eacute;nita, y yo le sonre&iacute; entre el pavor y la l&aacute;stima; sin duda, alg&uacute;n d&iacute;a regresar&iacute;a sobre mis pasos para escribir aquella historia. Cruc&eacute; algunas miradas t&iacute;midas con Nora Orlova, pero nada m&aacute;s. Me retir&eacute; a mis aposentos en el preciso instante que le ped&iacute;an al ni&ntilde;o prodigio Losada que tocase su viol&iacute;n.</p>
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<p>No se pudo negar.</p>
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<p>La fiebre alta de Dar&iacute;o me tuvo dos d&iacute;as al lado de su cama, leyendo a ratos <em>Arroz y tartana</em>, de Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez, tom&aacute;ndole la temperatura casi todo el tiempo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una tarde encontr&eacute; a Nora Orlova en la peque&ntilde;a sala que serv&iacute;a de biblioteca. Consultaba unas cartas de navegaci&oacute;n con la intensidad en la mirada de una viuda</p>
<p>enterrando a su &uacute;nico hijo. Sent&iacute; el v&eacute;rtigo en las entra&ntilde;as, el desajuste entre lo imposible y lo improbable, un enamoramiento a escala de Dios. Carraspe&eacute; para no</p>
<p>asustarla y me acerqu&eacute;, quit&aacute;ndome el sombrero. Me dio la mano con delicadeza y se la bes&eacute;. A una mujer as&iacute; uno no le besa la piel, le besa el destino y las vidas anteriores.</p>
<p><em>Desde ni&ntilde;a me obsesiona la historia de un barco perdido: el Elsken -</em>me relat&oacute;.- <em>Parti&oacute; de la Isla de Luz&oacute;n, cargado de oro y seda, el 6 de diciembre de 1784, con once ca&ntilde;ones y la mar en calma, pero nunca lleg&oacute; a puerto</em>. <em>Me gusta especular con las posibles rutas que pudo tomar. Sin duda lo reclam&oacute; el oc&eacute;ano</em>, me dijo cerrando el tomo de golpe y levantando una nube de polvo en suspensi&oacute;n. Quiso devolverlo a la estanter&iacute;a, pero pesaba lo suyo y me ofrec&iacute; a ayudarla. Despu&eacute;s, olvidando el motivo que me hab&iacute;a llevado hasta all&iacute;, supongo que envalentonado o borracho de alegr&iacute;a, le propuse dar un paseo. Para un melanc&oacute;lico, el rechazo de una mujer bella es algo con lo que ya se cuenta. Si declinaba mi invitaci&oacute;n, llover&iacute;a sobre mojado. Pero el mundo pertenece a los valientes y, como dec&iacute;a un buen amigo, <em>sucede menos veces de las que esperas, pero sucede</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sorprendentemente, acept&oacute;.</p>
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<p>Se descalz&oacute; en la arena, abri&oacute; una sombrilla china y caminamos por la playa. El olor de la cena prepar&aacute;ndose volv&iacute;a locos a los perros que aullaban a las corrientes de aire. Una ni&ntilde;a volaba una cometa bajo la atenta supervisi&oacute;n de su institutriz; los hu&eacute;rfanos la miraban con las manos en los bolsillos de sus pantalones cortos, con ojos tristes de los que no han visto nada, pero lo han sentido todo.</p>
<p>Nos sentamos en un banco del paseo mar&iacute;timo. Un manco dibujaba a carboncillo un nav&iacute;o bautizado como <em>Sventure</em>. Un pescador amenazaba al mar con el pu&ntilde;o por cada gusano robado y arrojaba el sedal tan lejos del rompeolas como le era posible.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nora Orlova me cont&oacute; que hab&iacute;a vivido en todas partes, atravesado los desiertos de Persia oriental, Turquest&aacute;n, Afganist&aacute;n y Beluchist&aacute;n. Contrajo la malaria al este del</p>
<p>Caspio y se estaba recuperando camino de su siguiente aventura. Por sus venas corr&iacute;a sangre t&aacute;rtara y francesa y se hab&iacute;a criado con una condesa sajona sin descendencia que</p>
<p>le hab&iacute;a convertido en su heredera. No cre&iacute;a en las religiones, pero s&iacute; en la inteligencia y en el mundo interior. No ten&iacute;a residencia fija y no quer&iacute;a perder el tiempo con maridos y maternidades. <em>El amor se estropea como la fruta</em>, sentenci&oacute;. Me dijo todas estas cosas con los ojos sin miedo, la sonrisa torcida, el esp&iacute;ritu indomable. La bes&eacute; bajo un cielo plomizo de tormenta. Me llev&oacute; a su habitaci&oacute;n y me ense&ntilde;&oacute; las reglas de la inmortalidad: el arte de desnudar a una mujer y la <em>tristitia post coitum</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al d&iacute;a siguiente se march&oacute; sin despedirse, sin dejar una nota o una carta de navegaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al regresar a Madrid, descubr&iacute; que mis posibilidades para la plaza de m&eacute;dico-director de los ba&ntilde;os y aguas minerales eran inexistentes. El marqu&eacute;s de Colldecarrera, algo m&aacute;s que un benefactor, accionista mayoritario de la sociedad, hab&iacute;a pactado la llegada de su sobrino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y el dinero manda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La enfermedad se llev&oacute; a mi hermano Dar&iacute;o a los pocos meses. Acababa de cumplir veintitr&eacute;s primaveras. Pude llegar a tiempo desde Cestona, Guipuzcoa, donde ejerc&iacute;a como m&eacute;dico, y desearle buen viaje. Le promet&iacute; leer y luego destruir los diez grandes paquetes de cuartillas que compon&iacute;an su diario. Todav&iacute;a no he podido abrirlos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Veinte a&ntilde;os despu&eacute;s volv&iacute; a encontrar a Nora Orlova en la fotograf&iacute;a de un peri&oacute;dico: la hab&iacute;an detenido por su implicaci&oacute;n en el atentado de Sarajevo que termin&oacute; con la vida del archiduque Francisco Fernando de Austria y de su esposa, la condesa Sof&iacute;a Chotek.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fue fusilada al amanecer, los ojos sin miedo, la sonrisa torcida, el esp&iacute;ritu indomable.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 05 Feb 2018 08:06:59 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Verde y plata]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/verde-y-plata/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2018/neus_500.jpg" alt="" /></p>
<p>Tulia,&nbsp; fiel acompa&ntilde;ante de mis &uacute;ltimos a&ntilde;os, ser&aacute; la encargada de entregarte este pliego. As&iacute; se lo he pedido y as&iacute; lo har&aacute;. Se lo entregar&aacute; tras de mi&nbsp; fallecimiento a mi heredera, a la nueva due&ntilde;a de esta casa y de cuanto contiene. A ti, Yolanda. Ded&iacute;cale o no unos instantes de atenci&oacute;n, como gustes, ya ahora, al comenzar a redactarlo, s&eacute; que ser&aacute; largo; largo y tal vez arduo, de dif&iacute;cil comprensi&oacute;n. No me refiero ya a su contenido, a aquello que en estas p&aacute;ginas expreso o narro, sino a una caligraf&iacute;a que unas precarias condiciones de salud&nbsp; y unas manos destrozadas por la artrosis han convertido en poco menos que ilegible. Puedo imaginarte torciendo el gesto al recibirlo, nunca fuiste amiga de formalidades ni demasiado aficionada a la lectura; sobre este &uacute;ltimo punto no te recatabas en manifestarlo, no dejabas lugar a&nbsp; duda alguna&hellip; &ldquo;A m&iacute; nunca me pillar&aacute;n perdiendo el tiempo con libros&rdquo;, &iquest;recuerdas? Nada te dec&iacute;a entonces, nada te dije nunca, pero me dol&iacute;an tus palabras. Todos desear&iacute;amos que quienes nos rodean compartieran nuestras mismas aficiones, amaran cuanto hemos amado nosotros mismos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Comencemos pues, de Tulia en primer lugar quiero hablarte. Se ha portado bien conmigo, tenerla a mi lado durante este tiempo ha sido un consuelo; y los ancianos estamos tan necesitados de consuelo, agradecemos tanto una palabra de afecto&hellip; A m&iacute; me ha venido de una extra&ntilde;a, una inmigrante, una mujer llegada de esos pa&iacute;ses andinos que, hoy por hoy, se ven obligados a enviar a sus hijos m&aacute;s all&aacute; de sus fronteras, m&aacute;s all&aacute; del mar, en busca de una vida mejor y m&aacute;s digna. Tulia, una de ellos, una entre tantos. El destino la trajo aqu&iacute;, a mi casa; poco a poco nos fuimos conociendo, trat&aacute;bamos de infundirnos &aacute;nimos, de confortarnos la una a la otra. Ambas lo necesit&aacute;bamos. Ella me hablaba de su tierra, de su ciudad, rodeada de monta&ntilde;as, moles imponentes que parec&iacute;an celarla, guardarla. &ldquo;Ustedes los europeos muchas veces no resisten all&iacute;, les es dif&iacute;cil aclimatarse; el soroche; mal de altura ya sabe, nosotros estamos acostumbrados&rdquo;. Nostalgia, a&ntilde;oranza de lo suyo. Me hablaba de la familia que hab&iacute;a dejado atr&aacute;s, del marido muerto y la madre ya vieja, de los hijos. Acaso en alg&uacute;n momento, observando cuanto la rodeaba aqu&iacute;, en casa, recorriendo mis estancias, me haya envidiado al pensar que yo de nada carec&iacute;a. No sab&iacute;a que a mi vez le envidiaba esos hijos, los que nunca tuve, y as&iacute; se lo dije en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n, le dije que el que as&iacute; fuera, el no haber sido madre, me condenaba ahora a la soledad. Se re&iacute;a entonces. &ldquo;Tiene a su sobrina se&ntilde;ora, tiene a Yolanda y a los suyos, aunque&hellip; Bien, yo no me meto, eso no es asunto m&iacute;o. De todas maneras no se preocupe, me tiene tambi&eacute;n a m&iacute;, y yo no he de dejarla; me recuerda usted demasiado a mi mam&aacute;&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tulia, s&iacute;. Jam&aacute;s imagin&eacute;, all&aacute; en los lejanos tiempos de mi juventud, que alguien como ella ser&iacute;a mi &uacute;ltimo apoyo. Y que llegar&iacute;a a tomarle afecto, verdadero cari&ntilde;o. Por eso he querido que conservara un recuerdo m&iacute;o, ayudarla tal vez. No con dinero, no soy rica y lo sabes, pese a que alguna vez parezcas haber cre&iacute;do lo contrario. Tengo lo suficiente para vivir con modesta dignidad y para pagarle su sueldo a esa muchacha, nada m&aacute;s. Mi&nbsp; testamento est&aacute; en orden, t&uacute; eres la heredera; t&uacute;, la hija de mi hermana menor. La nuestra fue siempre una familia conservadora y por tanto es justo que as&iacute; sea. Observar&aacute;s sin embargo ciertos cambios en la casa, algunas cosas no est&aacute;n ya donde estaban ni como estaban.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En primer lugar la biblioteca de mi marido, tu t&iacute;o Santiago. Bien, de Santiago y m&iacute;a. Vas a encontrarte con un rimero de estantes vac&iacute;os Yolanda, no te extra&ntilde;e. Esos libros eran para m&iacute; un tesoro. Nuestra relaci&oacute;n, la que mantuvimos Santiago y yo, era la de dos buenos camaradas, dos amigos que comparten un mont&oacute;n de cosas que a ambos causan placer, no s&oacute;lo la cama. Una de ellas, quiz&aacute; la m&aacute;s importante, el amor a la lectura; no era raro que cualquiera de los dos, de regreso a casa una vez cumplidas las obligaciones del d&iacute;a, llegara con un bols&oacute;n de libros, ya fueran las &uacute;ltimas novedades ya los hallazgos &nbsp;en un comercio de viejo. Los le&iacute;amos juntos, los coment&aacute;bamos, cotej&aacute;bamos nuestros puntos de vista. Los disfrut&aacute;bamos, en suma. No, no tuerzas el gesto ni me compadezcas, imagino lo que piensas; fui feliz con Santiago, una felicidad mesurada, adulta. Apacible. Lejos de los ardores y arrebatos de la juventud, pero felicidad al fin. Aunque tambi&eacute;n yo fui joven, todos lo hemos sido, no lo olvides.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los libros&nbsp; los legu&eacute; a una biblioteca y all&iacute; est&aacute;n ahora, donde alguien sepa apreciarlos y pueda disfrutarlos. Duele, no creas, apena ver c&oacute;mo se los llevan, separarse de esos compa&ntilde;eros, contemplar el vac&iacute;o que han dejado, pero t&uacute; nada hubieras hecho con ellos, bien lo sabes. O tal vez s&iacute;, tal vez te hubieras apresurado a venderlos, &iquest;me equivoco? No lamentes demasiado no haber podido hacerlo, perm&iacute;teme informarte, para tu conocimiento, que las m&aacute;s de las veces los libros usados se pagan poqu&iacute;simo, precios de miseria para aquello que para m&iacute; no tiene precio, ya ves. Como sea, bien est&aacute;n&nbsp; en su nuevo destino.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Vamos ahora a otros detalles que para ti revestir&aacute;n mayor gravedad, algo que sin duda ha de contrariarte. Mis joyas. Siempre las admiraste. No son las de la corona brit&aacute;nica ni&nbsp; las de la difunta Liz Taylor, pero alcanzan un cierto valor, a qu&eacute; negarlo. A tu t&iacute;o le agradaba hacerme buenos regalos, aunque a m&iacute; aquello no me interesaba demasiado, siempre la sencillez fue mi norma, sobre todo en la edad adulta, pero &eacute;l era feliz as&iacute; y a m&iacute; no me costaba nada complacerle.</p>
<p>Perm&iacute;teme sobrina, te conozco, conozco tu sarcasmo, estar&aacute;s dici&eacute;ndote ahora mismo que nada cuesta complacer a quienes, con su prodigalidad, obran en nuestro beneficio, pero yo, y hablo en serio, hubiera preferido que tu t&iacute;o invirtiera ese dinero en otras cosas, no en alhajas. En viajes por ejemplo, es tan hermoso conocer el mundo,&nbsp; cuanto nos rodea&hellip; pero ah&iacute;&nbsp; topaba y top&eacute; siempre con una muralla, una negativa obstinada. Santiago, y &eacute;se para m&iacute; fue uno de sus defectos, era terriblemente sedentario; su casa, su sill&oacute;n junto al fuego, la compa&ntilde;&iacute;a de uno o varios perros y su pipa, eso que no se lo quitaran. In&uacute;tilmente trataba yo de arrancarle a semejante apat&iacute;a, casi te dir&iacute;a cachaza, de ilusionarle con la posibilidad de visitar aquellos pa&iacute;ses que conoc&iacute;amos a trav&eacute;s de nuestras lecturas o de documentales televisivos. &ldquo;&iquest;Para qu&eacute;? ya est&aacute; bien as&iacute;, a veces la realidad decepciona&rdquo;, esas eran sus palabras. S&oacute;lo en un par de ocasiones consegu&iacute; salirme con la m&iacute;a. Sin traspasar, desde luego, los l&iacute;mites de nuestra vieja Europa. Londres y Roma, hasta ah&iacute; lleg&oacute;. Roma, tan llena para m&iacute; de recuerdos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero no nos anticipemos Yolanda, volvamos a mis joyas. Observar&aacute;s que faltan algunas de las piezas de m&aacute;s valor. Valor sentimental sobre todo; aunque no la alianza, ese&nbsp; aro m&iacute;nimo y sencillo con el cual he dispuesto ser enterrada. Falta, s&iacute;, mi sortija de pedida, aquella esmeralda que parec&iacute;a deslumbrarte, y los pendientes de perlas. Santiago me obsequi&oacute; con ellos cuando se malogr&oacute; nuestro hijo, el que esper&aacute;bamos con&nbsp; ilusi&oacute;n indescriptible. Por unos instantes hab&iacute;amos acariciado la posibilidad de ser padres, de vivir la continuidad. En vano; demasiado tarde, as&iacute; nos lo dijeron, mi edad era avanzada en exceso. Se impon&iacute;a la resignaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las dos piezas, sortija y pendientes, est&aacute;n hoy en poder de Tulia, se las he entregado. Es mi voluntad, as&iacute; lo he querido y as&iacute; ser&aacute;. No, no te indignes, te queda el resto, que no est&aacute; mal en absoluto, no me lo negar&aacute;s. Es tuyo y bien tuyo, pero esas joyas ser&aacute;n para ella. Ha sido buena conmigo, generosa, me ha dedicado tiempo y desvelos y bien merece que la compense. &iquest;Que es una extra&ntilde;a y que esas alhajas pertenecen a la familia, que acaso no tarde en venderlas para aliviar su situaci&oacute;n? es muy due&ntilde;a. S&iacute;, probablemente antes o despu&eacute;s se deshar&aacute; de ellas. Qu&eacute;&nbsp; le vamos a hacer, entristece comprobar la poca o ninguna importancia que tiene para los otros cuanto ha conformado nuestra propia vida, objetos que nos han acompa&ntilde;ado en este breve peregrinar por la tierra y a los cuales nos sentimos unidos por lazos muchas veces inexplicables. Despu&eacute;s de nuestra muerte pierden su valor sentimental, se convierten en pura y simple mercanc&iacute;a cuando no en desecho. Y a veces no hace falta ni esperar a nuestra muerte.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dime sobrina, recuerda ahora y dime: &iquest;qu&eacute; otra cosa hiciste t&uacute; conmigo? &iquest;Qu&eacute; hiciste con aquel vestido verde y plata que te obsequi&eacute;? Era m&iacute;o, bien lo sabes, lo hab&iacute;a lucido en mi juventud. En una &uacute;nica ocasi&oacute;n, a los veinticuatro a&ntilde;os. Fue un instante de debilidad por mi parte, se avecinaban para ti momentos muy especiales y pens&eacute; que quiz&aacute; te causar&iacute;a placer ir ataviada con aquellas telas ligeras, vaporosas. Y ricas. Te lo entregu&eacute; sin condiciones, entreg&aacute;ndote con &eacute;l una parte de m&iacute; misma, de mis recuerdos m&aacute;s queridos. Sonre&iacute;ste al recibirlo pero apenas me escuchaste, otras minucias ocupaban tu mente, parec&iacute;as molesta al comprobar que mi talle, con veinticuatro a&ntilde;os, hab&iacute;a sido tan esbelto como el tuyo a los veinte; o acaso m&aacute;s. &ldquo;Habr&aacute; que arreglar esto, ensancharlo un poco&hellip;&rdquo; eran tus palabras, tu &uacute;nica preocupaci&oacute;n en aquellos momentos. Cu&aacute;l pudiera haber sido la historia de aquel traje de gala, mi historia, poco o nada te importaba.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mi vestido, mi hermoso vestido plateado&hellip;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Evoco hoy las horas en que lo luc&iacute;, tan lejanas. Evocarlas tal vez sea revivirlas un poco, escuchar de nuevo una melod&iacute;a suave, adormecida, pero no olvidada. Veinticuatro, esa era mi edad entonces, toda una mujer. Y no fea, perm&iacute;teme esa peque&ntilde;a vanidad. Eran otros los tiempos, otras las expectativas para las j&oacute;venes, viv&iacute;amos una espera ilusionada. Una falacia, tal vez un enga&ntilde;o, pero era as&iacute;. No se hab&iacute;a impuesto todav&iacute;a la feroz competitividad, la inhumana eficacia que parece imperar actualmente. O se iniciaba tan s&oacute;lo. No hab&iacute;a rastro en mis facciones de ese rictus de dureza que bien pronto se marc&oacute; en las tuyas. Cuando naciste, alguien, siguiendo esa inveterada costumbre de escrutar &nbsp;posibles parecidos familiares, dijo que eras mi vivo retrato. Me sent&iacute; complacida. Complacida, pero tambi&eacute;n incr&eacute;dula, esc&eacute;ptica; eras la hija de mi hermana, hab&iacute;amos convenido en que yo te llevar&iacute;a a la pila bautismal, y me hubiera halagado que as&iacute; fuera, que algo m&iacute;o heredaras, m&aacute;xime cuando todo parec&iacute;a indicar que mis propios hijos acaso no llegar&iacute;an.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En aquel instante,&nbsp; el de tu nacimiento, hac&iacute;a &nbsp;mucho que yo hab&iacute;a dejado atr&aacute;s mis veinticuatro a&ntilde;os. Mucho que, cuanto ahora voy a narrarte, no era ya m&aacute;s que un recuerdo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tiempos distintos Yolanda, &nbsp;te lo he dicho. Trabajaba yo entonces como enfermera; y me gustaba mi trabajo, aunque te confieso ahora que mi deseo hubiera sido cursar estudios de medicina. Todav&iacute;a recuerdo la pugna sostenida en casa hablando de mi futuro. &ldquo;M&eacute;dico, eso es lo que voy a ser, m&eacute;dico&rdquo;, &ldquo;Enfermera peque&ntilde;a, para una mujer es m&aacute;s adecuado y m&aacute;s que suficiente&rdquo;. As&iacute; lo decidieron por m&iacute; y as&iacute; se hizo, no hubo opci&oacute;n. La voluntad de los hijos no contaba como cuenta ahora, sus decisiones o proyectos a menudo no eran respetados; o no demasiado. Aquellos eran d&iacute;as en que una mujer m&eacute;dico pod&iacute;a ser considerada aun una rareza. O una extravagancia. Me resign&eacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mi vida pues era &eacute;sta. Mi trabajo en el hospital, el hogar, con mis padres, las salidas con amigos y compa&ntilde;eros&hellip; Debo decir que nunca nos aburr&iacute;amos, la ciudad, mi ciudad, nos ofrec&iacute;a inn&uacute;meras posibilidades. El hecho de ganar un sueldo me permit&iacute;a una cierta independencia en el aspecto econ&oacute;mico; o como m&iacute;nimo el poder satisfacer mis peque&ntilde;os caprichos. No deber nada a nadie, en suma.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aquel a&ntilde;o Emma y yo hab&iacute;amos decidido tomar juntas nuestras vacaciones. Emma, una antigua compa&ntilde;era de colegio, casi una hermana para m&iacute;. Por aquel entonces &eacute;ramos inseparables, luego la vida nos alej&oacute;, despu&eacute;s de su matrimonio ella y su marido marcharon a Santander. Durante alg&uacute;n tiempo menudearon cartas y llamadas que poco a poco, de forma casi insensible, se fueron espaciando hasta cesar por completo. Hoy no s&eacute; tan siquiera si vive todav&iacute;a. Muchas veces me propuse averiguarlo, incluso en una ocasi&oacute;n la llam&eacute;, marqu&eacute; un n&uacute;mero anotado de antiguo en mi agenda, casi olvidado&hellip; &ldquo;Se equivoca, aqu&iacute; no vive nadie con ese nombre&rdquo;. Desist&iacute; de intentos ulteriores y opt&eacute; por dejar las cosas como estaban. Hubiera sido doloroso saber que mi amiga hab&iacute;a fallecido, pero quiz&aacute; m&aacute;s todav&iacute;a constatar que ya nada ten&iacute;amos que decirnos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Muchos a&ntilde;os han transcurrido, muchos. En aquella ocasi&oacute;n Emma y yo estudi&aacute;bamos, felices, los folletos recogidos al azar en varias agencias de viajes. Aquellas iban a ser unas vacaciones distintas, se impon&iacute;a algo grande. Sonaban diferentes nombres, baraj&aacute;bamos posibilidades. Yo me inclinaba por Egipto, lo recuerdo muy bien, unas lecturas a las que ya entonces dedicaba buena parte de mi tiempo hab&iacute;an despertado mi curiosidad, una fuerte atracci&oacute;n hacia la tierra de los faraones, pero la perspectiva no parec&iacute;a entusiasmar a Emma. &ldquo;Qu&eacute; quieres, no voy a enga&ntilde;arte, no me interesa, quiero sentirme rodeada por seres de carne y hueso, quiero conocer pa&iacute;ses vivos, no muertos&rdquo;. Opini&oacute;n de todo punto rebatible, pero se trataba tambi&eacute;n de sus vacaciones. Ced&iacute;. Y finalmente llegamos a un acuerdo, un breve crucero por el Mediterr&aacute;neo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un crucero. Aquello, no me lo negar&aacute;s, sonaba magn&iacute;fico. Hoy los viajes de ese tipo se han masificado. No as&iacute; entonces, entonces los rodeaba todav&iacute;a un aura de sofisticaci&oacute;n, casi de misterio. Las dos, un poco petulantes, disfrut&aacute;bamos observando la mal encubierta envidia de nuestras amigas; o tal vez lo que cre&iacute;amos tal. Y ambas prepar&aacute;bamos con todo esmero nuestro equipaje. Ropas ligeras, frescas, ba&ntilde;adores. La &uacute;ltima noche se celebrar&iacute;a un baile de despedida, una fiesta de gala, la cena del capit&aacute;n. Algo para m&iacute; inimaginable. Pensando en esos momentos tan especiales adquir&iacute; un hermoso vestido verde y plata. Mi primer traje de noche.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Te aburro, &iquest;no es cierto, Yolanda? Consu&eacute;late, piensa que es por &uacute;ltima vez. Y que no voy a ser muy prolija, no voy a detallarte los puertos en que hicimos escala ni a hablarte tampoco de las diversiones a bordo. En realidad no fue mucho lo que vimos, un crucero no permite profundizar en el conocimiento de los lugares visitados. Nunca volv&iacute; a viajar de semejante manera, aunque reconozco que aquellos d&iacute;as fueron magn&iacute;ficos. Para dos muchachas una experiencia casi irreal, un sue&ntilde;o. Italia especialmente me fascin&oacute;. Encierra tanta belleza Florencia, es tan majestuosa Roma&hellip; No obstante, las impresiones m&aacute;s imborrables las viv&iacute; en la nave. Im&aacute;genes muy queridas que me han acompa&ntilde;ado hasta el fin, la a&ntilde;oranza de lo que un d&iacute;a fue; y de lo que pudo ser.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Recuerdo el embarque, recuerdo nuestra instalaci&oacute;n en el camarote. Y la salida del puerto. El buque no hab&iacute;a alcanzado todav&iacute;a la bocana cuando ya nosotras est&aacute;bamos en cubierta. Viajar por mar, qu&eacute; maravilla. El sol luc&iacute;a espl&eacute;ndido, los pasajeros parec&iacute;amos andar explorando nuestros nuevos dominios, la que, por unos pocos d&iacute;as, iba a ser nuestra casa flotante. Cerca de nosotras, apoyados en la borda, dos j&oacute;venes oficiales. De blanco, est&aacute;bamos en verano. Recuerdo nuestras sonrisas, nuestra excitaci&oacute;n y cuchicheos. &ldquo;No est&aacute;n mal, no est&aacute;n nada mal&rdquo;, &ldquo;Te cedo al m&aacute;s alto, yo me quedo con el rubio&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Palabras, palabras lanzadas sin pensar. Poco pod&iacute;a imaginar que, aquella misma noche, tras la cena de bienvenida, en el sal&oacute;n, durante el baile, aquel rubio y atractivo desconocido se convertir&iacute;a en mi pareja. Correct&iacute;simamente ataviado, en los galones de la bocamanga, en los hombros, luc&iacute;a la cruz de Malta. Yo era enfermera no lo olvides, sab&iacute;a lo que aquello significaba. Se trataba del m&eacute;dico de a bordo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Para qu&eacute; entrar ahora en detalles que poco o nada te interesan? La condici&oacute;n de m&eacute;dico de Vicente (ese era su nombre) le otorgaba una mayor libertad de acci&oacute;n que a sus compa&ntilde;eros, los oficiales. Siempre y cuando, claro est&aacute;, no hubiera enfermos entre el pasaje o la tripulaci&oacute;n. As&iacute; pues, no era infrecuente que nos acompa&ntilde;ara en visitas y excursiones. Incluso creo recordar que el capit&aacute;n, o tal vez el sobrecargo, insist&iacute;a en la conveniencia de que desembarcara con nosotros. En cualquier momento y de la forma m&aacute;s impensada pod&iacute;a producirse un accidente y ser entonces deseable la presencia del m&eacute;dico.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Baleares, T&uacute;nez, Malta, Sic&iacute;lia, pocas son las impresiones que todav&iacute;a retengo de aquellos lugares. Acaso lo que puedo contemplar en las viejas fotograf&iacute;as de mi &aacute;lbum. Tal vez la m&aacute;s v&iacute;vida sea la de la catedral de Monreale, s&eacute; que me deslumbraron su belleza y grandiosidad, el brillo de oro de unos mosaicos incre&iacute;bles. Finalmente, la Italia continental, Florencia, Roma. Ah&iacute; Vicente y yo logramos escabullirnos, dejar atr&aacute;s al resto del pasaje. No ya entonces monumentos y museos, no ya el continuo trasiego, el apearse una y otra vez del autocar en los lugares m&aacute;s frecuentados por la marea tur&iacute;stica, sino el paseo sin prisas y a nuestro aire por antiguas callejuelas, el almuerzo&nbsp; en una&nbsp; <em>trattoria </em>diminuta&hellip; Muy t&oacute;pico si quieres, pero nos sent&iacute;amos felices, en aquellos momentos nos hab&iacute;amos convertido ya en dos buenos amigos, en camaradas, aunque, no voy a neg&aacute;rtelo ahora, por mi parte &nbsp;sent&iacute;a despertar en m&iacute; sentimientos&nbsp; m&aacute;s profundos hacia Vicente. Y cre&iacute;a adivinar que lo mismo le suced&iacute;a a &eacute;l.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El tiempo pasa aprisa, muy aprisa, lleg&oacute; la &uacute;ltima noche, la despedida, y con ella la fiesta del capit&aacute;n. Puedes imaginarlo, el comedor como un ascua, una cena exquisita, trajes de etiqueta, uniformes de gala. Esas formalidades se observaban entonces en forma muy estricta, y resultaba sugerente, agradable que as&iacute; fuera. Vicente, como de costumbre, vino a buscarme en cuanto se inici&oacute; el baile. &ldquo;Menuda suerte has tenido, es todo un ejemplar, est&aacute; fenomenal, t&uacute; si que has aprovechado el crucero&hellip;&rdquo; Aun me parece o&iacute;r a Emma. Yo luc&iacute;a mi vestido de plata; verde y plata; reservado para aquella ocasi&oacute;n, para aquella m&aacute;gica noche.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Porque fue m&aacute;gica, no encuentro otra palabra m&aacute;s adecuada para definirla. Al sonar las doce, como en un cuento,&nbsp; Vicente me sonri&oacute;. &ldquo;Tengo una sorpresa para ti, quiero que conozcas un lugar muy especial. Ven&rdquo;. Escaleras, pasadizos que me parec&iacute;an interminables, no sab&iacute;a ad&oacute;nde me conduc&iacute;a mi compa&ntilde;ero. Por fin, me aclar&oacute; el enigma. &ldquo;Pedro entra de guardia a medianoche. Le he hablado y no pone ninguna objeci&oacute;n. Conocer&aacute;s el puente de mando&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El puente de mando, una zona vetada entonces al pasaje. Pedro, el mejor amigo de Vicente entre los oficiales, nos aguardaba all&iacute;, en la oscuridad, una oscuridad punteada tan s&oacute;lo por las luces de los paneles. Ya no de blanco, ya no con su uniforme de gala, sino con ropas oscuras, de abrigo, protegido contra el relente de la noche, siempre fr&iacute;a en alta mar. Un marinero le acompa&ntilde;aba, ambos permanec&iacute;an atentos a su labor, velar en todo instante por la seguridad de la nave. Apenas s&iacute; cruzamos unas palabras,&nbsp; parec&iacute;a un sacrilegio romper el silencio en torno. Vicente y yo salimos a cubierta; all&iacute;, ante nosotros, la proa; altiva, audaz, hendiendo incansable las aguas, levantando una y otra vez blancas espumas marinas bajo un firmamento tachonado de estrellas. Unas estrellas como jam&aacute;s las viera antes, como jam&aacute;s volv&iacute; a verlas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ignoro el tiempo que permanecimos all&iacute;, no lo sabr&eacute; nunca; ni me importa. Acaso fueran tan s&oacute;lo unos instantes; unos instantes con un mucho de eternidad. Vicente me hab&iacute;a hecho un regalo incre&iacute;ble. Vicente, quien, en un momento dado, rode&oacute; mis hombros con su brazo. &ldquo;Est&aacute;s helada, no puedes estar aqu&iacute; de esta manera, ser&aacute; mejor que volvamos dentro&rdquo;. Nos despedimos de Pedro, le di las gracias por habernos recibido. Mi compa&ntilde;ero me propuso entonces volver a la fiesta, pero me negu&eacute;. Despu&eacute;s de lo que acababa de vivir el bullicio no me apetec&iacute;a ya.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al d&iacute;a siguiente, de ma&ntilde;ana, lleg&aacute;bamos a nuestro destino, desembarc&aacute;bamos. De manera impensada, sin que yo supiera a qu&eacute; atribuirlo, Emma se mostraba ahora extra&ntilde;amente impaciente por encontrarse en su casa; impaciente y malhumorada, apenas s&iacute; me dirigi&oacute; la palabra. &iquest;Celos tal vez? yo hab&iacute;a desaparecido del sal&oacute;n la noche anterior &nbsp;y no hab&iacute;a regresado; como hab&iacute;a desaparecido con Vicente durante nuestra breve visita a Roma. &iquest;Reprobaba quiz&aacute; mi conducta? Nunca se aclar&oacute; aquello entre nosotras,&nbsp; ninguna de las dos volvi&oacute; a hacer alusi&oacute;n a aquel viaje. S&iacute; recuerdo que fuimos las primeras en abandonar la nave, que quedaba ahora all&iacute;, atracada al muelle. Ni siquiera&nbsp; me desped&iacute; de Vicente. Un error, lo s&eacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me dol&iacute;a y mucho Yolanda, no creas, no era insensible. Pero tampoco supe en aquellos momentos imponerle mi voluntad a Emma. Forjaba ya mis propios proyectos de futuro; aquel barco realizaba cruceros durante el verano, s&iacute;, pero en los meses invernales cubr&iacute;a las l&iacute;neas regulares con Sudam&eacute;rica. Eran los tiempos en que los reactores no hab&iacute;an impuesto aun su primac&iacute;a. En la consignataria me har&iacute;a con la informaci&oacute;n deseada; y la primera vez que el buque hiciera escala en mi ciudad yo estar&iacute;a aguard&aacute;ndolo; aguard&aacute;ndole. No lo sab&iacute;a entonces, no sab&iacute;a que la vida raramente nos ofrece una segunda oportunidad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando, unos meses m&aacute;s tarde, aquel d&iacute;a lleg&oacute;, me dirig&iacute; al puerto. No se me permiti&oacute; subir a bordo, pero solicit&eacute; ver al m&eacute;dico, el doctor&hellip; Me di cuenta de s&uacute;bito de que ni tan s&oacute;lo conoc&iacute;a su apellido, para m&iacute; aquel hombre era Vicente, nada m&aacute;s. &ldquo;Bien, no importa, si pudieran avisarle&hellip;&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me miraron, dudando, pero finalmente accedieron. Yo me debat&iacute;a entre la ilusi&oacute;n y una leve sensaci&oacute;n de rid&iacute;culo que comenzaba a incomodarme. El mismo Vicente, &iquest;c&oacute;mo me juzgar&iacute;a, c&oacute;mo interpretar&iacute;a aquello? Pronto sin embargo, casi de inmediato, todo se vino abajo, ante mi apareci&oacute; un hombre de mediana edad, moreno, con gafas de gruesos cristales, un desconocido que, a poco, me sonre&iacute;a comprensivo. &ldquo;No es a m&iacute; a quien usted buscaba, ya lo veo, es a mi predecesor. Apenas s&iacute; le conozco, nos presentaron el d&iacute;a en que le tom&eacute; el relevo. Me pareci&oacute; un buen muchacho. Es todo lo que s&eacute; de &eacute;l, creo que ya no trabaja en la compa&ntilde;&iacute;a&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Era pues el fin de mis ilusiones, nada pod&iacute;a hacer ya. &iquest;Investigar, tratar como fuera de hallarle? &nbsp;Absurdo. Fue en aquel momento cuando me di cuenta de que bien poco, nada en realidad, sab&iacute;a de Vicente, nada de sus aspiraciones, de su forma de ser y de pensar, de su vida toda. Durante unos d&iacute;as fue un amable compa&ntilde;ero, un perfecto camarada y, ya al final, me regal&oacute; toda la magia de una noche en el mar. Suficiente, pod&iacute;a considerarme afortunada. Eso, el recuerdo de aquellos momentos, de aquella &uacute;ltima noche, me acompa&ntilde;ar&iacute;a&nbsp; para siempre.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Guard&eacute; mi vestido, &uacute;nica prueba&nbsp; de que todo hab&iacute;a sido real. Jam&aacute;s volver&iacute;a a usarlo, lo sab&iacute;a; lo guard&eacute; como una reliquia en una c&oacute;moda, envuelto en &nbsp;papeles de seda. All&iacute; permaneci&oacute; durante largo tiempo; de vez en cuando lo recuperaba, acariciaba &nbsp;aquella tela suave, me envolv&iacute;a, nost&aacute;lgica, en el ayer.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los a&ntilde;os pasaron, la vida a mi alrededor no se deten&iacute;a. Alcanzada la madurez, pasados ya los cuarenta, conoc&iacute; a tu t&iacute;o Santiago, el compa&ntilde;ero perfecto. Con el lleg&oacute; la serenidad. Fuimos felices Yolanda, &nbsp;pero el recuerdo de Vicente me acompa&ntilde;ar&aacute; hasta el fin.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y lleg&oacute; un d&iacute;a en que t&uacute;, la hija de mi hermana, me hablaste de tus proyectos, de tus expectativas e ilusiones. Se acercaban momentos muy especiales para ti, te ve&iacute;a radiante. Eras ya una mujer. Quise entonces, para tales momentos, hacerte un obsequio muy especial, ropa de gala, mi traje de una noche. Me cre&iacute;a&nbsp; capaz de desprenderme del pasado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Fue un instante de debilidad por mi parte, pens&eacute; que tal vez t&uacute; fueras tan dichosa con aquel atav&iacute;o como lo hab&iacute;a sido yo. &ldquo;Lo luc&iacute; en horas m&aacute;gicas, en una ocasi&oacute;n inolvidable. Nunca volv&iacute; a usarlo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Inmediatamente comprend&iacute; que me hab&iacute;a equivocado, recibiste el regalo sin concederle importancia, sin el menor entusiasmo, lo examinaste con ojo cr&iacute;tico. &ldquo;Habr&aacute; que cambiarlo, reformarlo un poco, habr&aacute; que ensancharlo&rdquo;. Eres brusca Yolanda, eres dura, poco atenta a los sentimientos de quienes te rodean, perm&iacute;teme ahora este&nbsp; reproche. T&uacute; acaso hayas olvidado aquello, yo no. Estaba ya arrepinti&eacute;ndome de haberte entregado mi vestido, pero m&aacute;s habr&iacute;a de arrepentirme luego. Un d&iacute;a, tiempo despu&eacute;s, viniste a casa con un mont&oacute;n de fotograf&iacute;as. Hablabas y no acababas, la fiesta de fin de a&ntilde;o hab&iacute;a sido todo un &eacute;xito. Jos&eacute; Lu&iacute;s&nbsp; y t&uacute;, ese Jos&eacute; Lu&iacute;s a quien mencionabas a cada instante y que aquel d&iacute;a te pidi&oacute; en matrimonio, no os hab&iacute;ais separado en toda la noche y&hellip; s&iacute;, s&iacute;, aqu&iacute; pod&iacute;a verle, en esa fotograf&iacute;a en que aparec&iacute;ais los dos. Se os ve&iacute;a alegres, felices, bailando, tocados con absurdos gorritos de papel. Pero t&uacute;, contrariamente a lo que yo esperaba, aparec&iacute;as ataviada en color fucsia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Te interrogu&eacute; con la mirada.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -&iquest;Qu&eacute; te pasa? Ah s&iacute;, claro, el vestido. Es bonito, &iquest;verdad? Mam&aacute; me lo compr&oacute;, yo no hubiera podido, con la miseria que gano no tengo para nada. Me diste el tuyo, lo recuerdo. Estaba muy viejo, no resisti&oacute; la lavadora, qued&oacute; hecho trizas. Lo tir&eacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A buen seguro has olvidado, aquello carec&iacute;a para ti de importancia. Yo no, yo nunca pude olvidar. Me equivoqu&eacute; al entregarte el vestido, &nbsp;cierto; al d&aacute;rtelo era ya tuyo y pod&iacute;as hacer con &eacute;l lo que mejor te pareciera. Pero no te perdonar&eacute; nunca que lo destrozaras, eso no. Sin duda te sorprender&aacute; leerlo, si es que has tenido la paciencia de llegar a este punto. Sin duda me estar&aacute;s calificando de&hellip; imagino lo que piensas: &ldquo;Exageras t&iacute;a, total por un&nbsp; vestido viejo&hellip;&rdquo; Para m&iacute; era mucho m&aacute;s que eso Yolanda,&nbsp; era la &uacute;nica prueba tangible que conservaba de que un d&iacute;a ya muy lejano viv&iacute;, en el mar, momentos inolvidables junto al hombre amado, sent&iacute; la plenitud.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 02 Feb 2018 09:23:34 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La imagen de tu vida]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-imagen-de-tu-vida/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/febrero/goma600.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>1</strong> </p>
<p>La gloria es <em>la imagen de una vida sublime</em>.</p>
<p>Esta definici&oacute;n de la gloria se compone de dos elementos que conviene analizar por separado: &ldquo;lo sublime&rdquo; y la &ldquo;imagen de una vida&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La gloria escapa a una conceptualizaci&oacute;n rigurosa, pero, aun sin saber definirla con exactitud, todo el mundo la reconoce cuando se la encuentra delante. El pueblo aclama a caudillos, h&eacute;roes o artistas y les tributa p&uacute;blico homenaje. Y para hacerlo no necesita de una prueba oficial que acredite los m&eacute;ritos de estas personas. Porque la haza&ntilde;a que dichas personas han protagonizado exhibe una grandeza tan indiscutible que se impone por s&iacute; misma sin mayor demostraci&oacute;n. Ante tal evidencia de lo grandioso de nada sirven las reservas de un esp&iacute;ritu escrupuloso: s&oacute;lo es posible el reconocimiento hacia esa superioridad arrolladora.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La gloria se manifiesta como un esplendor que irradia quien ha realizado la gran gesta. En general, la idea de la gloria se asocia a la luminosidad. En pintura, por ejemplo, &ldquo;rompimiento de gloria&rdquo; designa esa apertura de los cielos que permite la visi&oacute;n de las divinas personas y que suele ir acompa&ntilde;ada de un gran aparato lum&iacute;nico.</p>
<p>Como es sabido, la &ldquo;luz&rdquo; es una de las dos definiciones de la belleza. Al principio, la belleza fue entendida sobre todo como &ldquo;forma&rdquo;, aquella <em>symmetria </em>que pone en consonancia las diversas partes que constituyen una cosa compuesta y la hacen placentera a la vista. Pero cuando Plotino quiso describir la belleza del Uno &ndash;es decir, de lo simple y sin partes situado m&aacute;s all&aacute; de las formas- hubo de recurrir a una belleza distinta de la que es peculiar a las cosas compuestas y dijo entonces que la belleza es &ldquo;luz&rdquo; incorp&oacute;rea. Un tiempo despu&eacute;s Pseudo-Dionisio dio la f&oacute;rmula definitiva para toda la Edad Media: la belleza es forma y luz, <em>consonantia</em> y <em>claritas</em>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hay una belleza del l&iacute;mite y de la armon&iacute;a que se asocia al ideal cl&aacute;sico de la forma. En cambio, las met&aacute;foras de la luz describen mejor ese resplandor que emana lo grandioso, esa belleza excesiva que rebasa las proporciones naturales y las somete a tensi&oacute;n. Esta segunda belleza suele calificarse de &ldquo;sublime&rdquo;.</p>
<p>Desde Burke y Kant, lo sublime se contrapone a lo bello y esta contraposici&oacute;n ha tenido nefastas consecuencias para las dos categor&iacute;as porque la modernidad ha pensado cada una con propiedades antag&oacute;nicas. La belleza, opuesta a lo sublime, es para Burke una sensaci&oacute;n sociable, de placer o amor, que suscita la visi&oacute;n de determinados cuerpos peque&ntilde;os, graciosos y delicados. Belleza natural, seca, sim&eacute;trica y ornamental, muy al gusto rococ&oacute; de la &eacute;poca. En contraste, lo sublime conecta con la fuerza est&eacute;tica de las cosas salvajes, ind&oacute;mitas, de proporciones infinitas y de extrema intensidad que, aunque feas o incluso monstruosas, producen un horror delicioso (<em>pleasing horror</em>)<em>.</em> Como dice Remo Bodei, &ldquo;el redescubrimiento de lo sublime en la Edad Moderna marca el comienzo del esfuerzo por recuperar aquella &laquo;fealdad&raquo; que lo bello oficial &ndash;al convertirse en gracioso y ya no turbador- ha terminado por eliminar de s&iacute;. Mediante ello, obtienen pleno derecho de ciudadan&iacute;a lo amorfo, lo disarm&oacute;nico, lo asim&eacute;trico y lo indefinido&rdquo;.</p>
<p>Lo sublime, durante la modernidad, pierde el resplandor luminoso de cierta belleza y se adentra en una oscuridad muchas veces siniestra.</p>
<p>En la Antig&uuml;edad no ocurr&iacute;a eso. Lo bello y lo sublime conviven en una tensi&oacute;n mutuamente fecunda. Por decirlo con mayor propiedad, lo sublime es una variedad de la belleza porque &eacute;sta se entiende en un sentido amplio que comprende el &eacute;xtasis, el hechizo y el entusiasmo que suscita lo sublime. &ldquo;En el mundo antiguo &ndash;contin&uacute;a Remo Bodei-, el elemento de respetuoso y religioso temor, lo <em>numinosum</em>, atribuido a lo sublime, hab&iacute;a sido prerrogativa de lo bello&rdquo;. Tanto el <em>I&oacute;n </em>de Plat&oacute;n como <em>Sobre lo sublime </em>de Longino corroboran esta visi&oacute;n griega de una &ldquo;belleza sublime&rdquo;. Sublime es aquella belleza que destaca por una elevaci&oacute;n tan extraordinaria que se ofrece como paradigma digno de imitaci&oacute;n y de perduraci&oacute;n en la posteridad. Y como tal belleza sublime, participa tanto de la <em>consonantia </em>de la forma como sobre todo de la <em>claritas</em> de la luz.</p>
<p>De las consideraciones anteriores se deduce una primera aproximaci&oacute;n a la idea de la gloria. La gloria es la luz que proyecta lo sublime.</p>
<p>Sucede que la categor&iacute;a de lo sublime se ha aplicado mayoritariamente a los hechos de la naturaleza o al arte pero muy rara vez a la acci&oacute;n humana. Se dice, por ejemplo, que una noche estrellada, una tempestad desatada en el oc&eacute;ano o un volc&aacute;n en erupci&oacute;n conforman un espect&aacute;culo sublime de la naturaleza. Tambi&eacute;n que las pir&aacute;mides del antiguo Egipto, las <em>Odas </em>de P&iacute;ndaro, la Capilla Sixtina, la novena sinfon&iacute;a de Beethoven o una eleg&iacute;a de Rilke son obras art&iacute;sticas sublimes.</p>
<p>Una manera de dotar de alguna mayor precisi&oacute;n t&eacute;cnica al concepto de gloria, por lo general muy evasivo, ser&iacute;a extender la categor&iacute;a originalmente est&eacute;tica de lo sublime al &aacute;mbito de la praxis moral. Tenemos noticia de gestas, incluso de vidas enteras, que destacan sobre las dem&aacute;s por una superioridad tan notoria que, aun sin propon&eacute;rselo, sirven de gu&iacute;a a su generaci&oacute;n como expresi&oacute;n ejemplar de lo humano y andando el tiempo imprimen su sello original (<em>proto-typos</em>)<em> </em>en las generaciones siguientes. Al calificar dichas gestas humanas de &ldquo;sublimes&rdquo;, justificamos ese particular resplandor que desprenden.</p>
<p>Teniendo en cuenta estas reflexiones, se puede avanzar un paso m&aacute;s en la determinaci&oacute;n del concepto y a&ntilde;adir: gloria es el resplandor que emana espec&iacute;ficamente la acci&oacute;n humana sublime. &nbsp;</p>
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<p style="text-align: left;" align="center"><strong>2</strong></p>
<p>La gloria se transmite a trav&eacute;s de &ldquo;aladas palabras&rdquo; (en expresi&oacute;n de Homero) y as&iacute; en la iconograf&iacute;a con frecuencia se representa a la Fama como una mujer que pregona las vidas ajenas sirvi&eacute;ndose de una trompa. Con todo, nada m&aacute;s efectivo para la transmisi&oacute;n de la gloria que la elevaci&oacute;n de un monumento en su honor.</p>
<p>Un monumento es una obra p&uacute;blica y patente levantada en memoria de una acci&oacute;n sumamente ejemplar. Puede asumir la forma arquitect&oacute;nica o art&iacute;stica de una columna que (como la de Trajano) narra las victorias militares del emperador que ordena alzarla, la de un sepulcro de colosales dimensiones que testimonia la grandeza del cad&aacute;ver que ahora alberga, o la de un retrato &ldquo;de aparato&rdquo; en el que el ilustre modelo posa ante el pintor investido de los s&iacute;mbolos impresionantes de la <em>maiestas</em>. Tambi&eacute;n puede adoptar la forma de un monumento literario, como esas epopeyas narradas por cronistas y celebradas por poetas que perpet&uacute;an por los siglos el excelso nombre de su h&eacute;roe.</p>
<p>Acaso en el punto m&aacute;s alto se encuentra el monumento musical, como el que Verdi compuso a la memoria del ilustre Manzoni, gloria de las letras italianas. A los pocos d&iacute;as de morir &eacute;ste, Verdi escribi&oacute; a su amiga, la condesa Maffei, estas palabras: &ldquo;Con &eacute;l se va la m&aacute;s pura, la m&aacute;s sagrada, la mayor de las nuestras glorias&rdquo;. Y para conmemorarla cre&oacute; ese hermos&iacute;simo <em>R&eacute;quiem</em>, estrenado en 1874, primer aniversario del fallecimiento de su amigo. &ldquo;Fue un impulso &ndash;escribir&aacute; Verdi en otra carta&shy;&shy;- o, para expresarlo mejor, una necesidad de mi coraz&oacute;n el honrar lo mejor que s&eacute; a este gran hombre al cual tengo en tan alta estima como escritor, al que tanto venero como hombre y como modelo de virtud y de patriotismo&rdquo;.</p>
<p>Gracias a su maestr&iacute;a art&iacute;stica, el <em>R&eacute;quiem</em> consigue mantener vivo el recuerdo luminoso de Manzoni y proyecta hasta nuestros d&iacute;as el resplandor de la imagen de su vida.</p>
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<p style="text-align: left;" align="center"><strong>3</strong></p>
<p>La definici&oacute;n inicial dec&iacute;a: &ldquo;La gloria es la imagen de una vida sublime&rdquo;. La gloria aureola una vida humana cuya grandeza es tan fehaciente que no puede ser negada por nadie. Por eso la gloria remite a la plasticidad de la imagen, poseedora de una verdad autoevidente no mediada por el signo ling&uuml;&iacute;stico, que es siempre de naturaleza arbitraria y abstracta. As&iacute; lo debi&oacute; de pensar S&eacute;neca cuando, en la &uacute;ltima hora antes de quitarse la vida, quiso dejar a la posteridad un testimonio de su vida ejemplar.</p>
<p>Cuenta T&aacute;cito en los <em>Anales</em> que en el a&ntilde;o 65 de nuestra era Cayo Pis&oacute;n conspir&oacute; contra Ner&oacute;n y tram&oacute; una conjura para asesinarlo. Descubierto el plan, el emperador, adem&aacute;s de ejecutar al cabecilla, orden&oacute; represalias indiscriminadas destinadas a provocar p&aacute;nico en el pueblo y mediante el terror disuadirlo de futuras acciones contra &eacute;l. Su cruel venganza alcanz&oacute; a quien hab&iacute;a sido su maestro y educador, S&eacute;neca, aunque no hab&iacute;a sido demostrada su participaci&oacute;n en la intriga.</p>
<p>Llega un centuri&oacute;n a la casa del campo del fil&oacute;sofo, a cuatro millas de Roma, cuando &eacute;ste se halla sentado a la mesa con su esposa y dos amigos. Le transmite la decisi&oacute;n del emperador, que exige su muerte inmediata, aunque le permite elegir el modo de llevarla a cabo. Sin inmutarse, escribe T&aacute;cito, pide las tablillas de su testamento. Como consumado ret&oacute;rico, la primera reacci&oacute;n de S&eacute;neca es producir un discurso escrito que compendiase con breves y hermosas palabras lo esencial de su paso por el mundo. Pero el centuri&oacute;n no le deja hacerlo. Entonces S&eacute;neca, a&ntilde;ade el historiador romano, &ldquo;se vuelve a sus amigos y les declara que, dado que se le proh&iacute;be agradecerles su afecto, les lega lo &uacute;nico, pero m&aacute;s hermoso, que posee: la imagen de su vida (<em>imaginem vitae suae</em>)&rdquo;. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; es la imagen de una vida?</p>
<p>La modernidad, por influencia del romanticismo, nos ha acostumbrado a pensar en la vida como una fuente incesante y casi infinita de posibilidades. La realidad es, en cambio, que el mundo nos ofrece a cada uno un surtido escaso y previsible de opciones vitales. En el camino de la vida atravesamos cuatro etapas bien definidas: infancia, adolescencia, madurez y ancianidad. Cada una de estas etapas enmarca un n&uacute;mero tipificado de las experiencias humanas posibles en ella. Y, por otro lado, las situaciones existenciales que conoce una persona en el curso de la vida est&aacute;n predeterminadas y son las mismas para todos: amor, miedo, esperanza, frustraci&oacute;n, dicha, dolor.</p>
<p>La imagen de nuestra vida resulta de una combinaci&oacute;n de estos elementos pautados y tasados bajo una forma individual. As&iacute; como averiguar el n&uacute;mero secreto de una caja fuerte permite abrir la puerta acorazada y descubrir el secreto que custodia, de igual manera conocer esa combinaci&oacute;n de elementos existenciales nos desvela los contornos esenciales de la imagen de la vida de una persona.</p>
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<p style="text-align: left;" align="center"><strong>4</strong></p>
<p>Ahora bien, esa imagen no se completa hasta la muerte de dicha persona. Un viejo adagio de la sabidur&iacute;a griega dice que no puede formularse un juicio sobre la vida de un hombre hasta que &eacute;ste haya muerto. En <em>&Eacute;tica a Nic&oacute;maco </em>Arist&oacute;teles cita en dos ocasiones la sentencia de Sol&oacute;n, uno de los siete sabios de Grecia, seg&uacute;n la cual no debemos llamar feliz a un hombre en tanto que vive, lo cual no quiere decir que s&oacute;lo alcance la felicidad una vez muerto, sino que la proposici&oacute;n que atribuye a un hombre el predicado de feliz &nbsp;puede ser formulada &uacute;nicamente en el momento de su muerte, es decir, en imperfecto.</p>
<p>Pierre Aubenque, en <em>El problema del ser en Arist&oacute;teles</em>, establece una conexi&oacute;n muy clarividente entre este adagio de la sabidur&iacute;a antigua y el concepto aristot&eacute;lico de esencia. Arist&oacute;teles se sirve de dos expresiones para designar la esencia de una cosa: &ldquo;<em>to ti esti</em>&rdquo; y &ldquo;<em>to ti en einai</em>&rdquo;. La primera, m&aacute;s general, se refiere a la esencia como <em>g&eacute;nero abstracto</em>, mientras que la segunda, que usa la forma imperfecta del verbo &ldquo;ser&rdquo;, la prefiere cuando la esencia contiene atributos <em>materiales-concretos</em> y encierra accidentes individuales, lo cual conviene en particular a la esencia de las personas.</p>
<p>La esencia de una mesa puede residir en su g&eacute;nero (la idea de mesa), pero la esencia de una persona no se agota en participar de la gen&eacute;rica y abstracta humanidad sino que se extiende a los rasgos idiosincr&aacute;sicos unidos a su corporalidad material. S&oacute;crates ‒con sus peculiaridades f&iacute;sicas y psicol&oacute;gicas-no es s&oacute;lo un caso del g&eacute;nero &ldquo;hombre&rdquo;, un ejemplo de humanidad, sino una entidad individual en formaci&oacute;n mientras vive. Por eso la esencia de una mesa responde a la pregunta de qu&eacute; <em>es</em> el ser, mientras que la esencia de S&oacute;crates responde a la pregunta de qu&eacute; <em>era </em>el ser. Arist&oacute;teles no pregunta qu&eacute; <em>es</em> S&oacute;crates sino qu&eacute; <em>era</em> para S&oacute;crates ser hombre, qui&eacute;n <em>fue</em> S&oacute;crates. La muerte de S&oacute;crates da forma a la esencia de S&oacute;crates y la completa. Para los griegos s&oacute;lo hab&iacute;a atribuci&oacute;n esencial en imperfecto, sobre el pasado concluido, una vez que la muerte ha detenido el curso imprevisible de la vida y transmutado su contingencia en necesidad retrospectiva.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mientras vivimos, la imagen de nuestra vida es todav&iacute;a incompleta y en ella lo esencial se mezcla con lo accidental. Siempre es inseguro el conocimiento que tenemos de una persona, pues su imagen, mezclada con el ritmo del diario devenir, es percibida s&oacute;lo confusamente. Entonces esa persona muere. Y al morir, entrega su esencia, despojada de los elementos azarosos que antes estorbaban la comprensi&oacute;n. Cesa la elaboraci&oacute;n de su ejemplo y contemplamos por primera vez la <em>imagen de su vida</em>, &iacute;ntegra pero tambi&eacute;n detenida en el tiempo para siempre. El conocimiento de esta clase de esencia es p&oacute;stumo. El propio t&eacute;rmino de &ldquo;meta-f&iacute;sica&rdquo; sugiere que el objeto de esta ciencia&nbsp; sobre el ser se sit&uacute;a en un m&aacute;s all&aacute; (<em>meta</em>) de la experiencia del mundo (<em>f&iacute;sica</em>).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se dice de quien abandona este mundo: &ldquo;Ha muerto pero nos queda su ejemplo&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; es, pues, la vida del hombre? Esto: la lenta elaboraci&oacute;n de un ejemplo p&oacute;stumo. As&iacute; la vida de S&eacute;neca fue una demorada preparaci&oacute;n del ejemplo que entreg&oacute; a quienes le sobrevivieron y que la posteridad a&uacute;n recuerda.</p>
<p>Con frecuencia se ha notado que la voz griega para &ldquo;verdad&rdquo; (<em>aletheia&shy;</em>) significa no-olvido (<em>a-lethos</em>), esto es, recuerdo. El precio de la verdad es la muerte, que desvela la esencia de las cosas s&oacute;lo cuando &eacute;stas ya no existen. Al rememorar el ejemplo de alguien que ha salido de este mundo, se le concede realidad, se le confiere <em>ser</em>. Olvidarlo, por el contrario, equivale a negarle sustancia y permitir que sea devorado por la nada.</p>
<p>Estas reflexiones ofrecen un nuevo &aacute;ngulo de aproximaci&oacute;n al concepto estudiado. La gloria, conforme a lo expuesto, ser&iacute;a el recuerdo de un ejemplo difunto y memorable.</p>
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<p style="text-align: left;" align="center"><strong>5</strong></p>
<p>Se trata ahora de encontrar un ejemplo difunto y memorable que, a causa de su ejemplaridad extraordinaria, se haya hecho acreedor de una imagen de vida gloriosa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para Homero el &ldquo;mejor de los aqueos&rdquo; ‒lo que equivale al &ldquo;mejor de los griegos&rdquo; y, por extensi&oacute;n, al &ldquo;mejor de los hombres&rdquo;‒ es Aquiles, hijo de la diosa Tetis, protagonista de la <em>Il&iacute;ada.</em> Personifica la ejemplaridad perfecta, el prototipo excelente por antonomasia. La excelencia de Aquiles consiste en reunir en su persona todas las virtudes &ndash;virtudes en sentido griego: capacidades, posesiones, fortuna- que en los dem&aacute;s h&eacute;roes se hallan dispersas. La epopeya le atribuye en grado eminente valent&iacute;a, belleza, rapidez, fuerza, juventud. Destaca en las dos esferas p&uacute;blicas del hombre antiguo: la batalla y la asamblea, esto es, con las armas y con la palabra.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como hijo de diosa, Aquiles es inmortal por nacimiento, pero el hado ha establecido que s&oacute;lo alcanzar&aacute; la gloria si participa en la guerra de Troya; ahora bien, si participa, los griegos ganar&aacute;n la guerra a los troyanos pero Aquiles perder&aacute; su condici&oacute;n divina, se convertir&aacute; en mortal y adem&aacute;s morir&aacute; todav&iacute;a joven en el mismo campo de batalla. Se enfrenta, pues, a un dilema tr&aacute;gico: vida larga pero destinada al olvido, o bien breve pero con gran gloria, dilema a cuyo estudio he dedicado el libro titulado <em>Aquiles en el gineceo, o aprender a ser mortal</em> (2007).</p>
<p>La pregunta que el libro formula es la siguiente: &iquest;Por qu&eacute; Aquiles decidi&oacute; participar en la guerra de Troya si eso implicaba rebajar su rango, asumir una condici&oacute;n mortal y morir joven?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El tema de la <em>Il&iacute;ada</em> es la c&oacute;lera de Aquiles, no el dilema. Homero no ignora pero suprime todo vestigio de esa otra m&aacute;s antigua tradici&oacute;n mitol&oacute;gica que presenta a Aquiles inmortal como un dios, invulnerable salvo en el tal&oacute;n. En la epopeya, aunque no narra la muerte que le est&aacute; destinada, Aquiles no s&oacute;lo comparte la misma condici&oacute;n mortal que el resto de los h&eacute;roes sino que es llamado reiteradamente &ldquo;el de m&aacute;s temprano hado&rdquo; o el &ldquo;de vida corta o ef&iacute;mera&rdquo; (<em>minunthadios</em>). El dilema planea por toda la obra, pero cuando se inicia la narraci&oacute;n de los hechos la decisi&oacute;n ya est&aacute; tomada.</p>
<p>A veces Aquiles amaga con volver a su patria y despierta en su pecho una duda entre regreso o gloria (<em>nostos</em> &oacute; <em>kleos</em>). Pero estas vacilaciones interiores del h&eacute;roe, a impulsos de la c&oacute;lera hacia Agamen&oacute;n, no deben confundirse con las alternativas del aut&eacute;ntico dilema, el cual es de naturaleza no psicol&oacute;gica sino <em>ontol&oacute;gica</em> porque se refiere al tipo de <em>ser</em> &ndash;ser divino o ser mortal- que Aquiles tiene la posibilidad de elegir. Si elige ser eterno como un dios, llevar&aacute; una existencia oscura, indefinida como una sombra, encerrada en s&iacute; misma, sin ejemplaridad ni individualidad. Si en cambio elige ser hombre, sacrificar&aacute; su vida pero lo har&aacute; en un acto de m&aacute;xima virtud al servicio de los intereses superiores de los griegos y, a consecuencia de ello, ser&aacute; reconocido por todos como el mejor de los hombres. Otros h&eacute;roes arriesgan su vida en beneficio de los dem&aacute;s hombres, Aquiles la entrega con plena consciencia.</p>
<p>Al optar por la com&uacute;n mortalidad en una decisi&oacute;n de insuperable grandeza, otorga a su vida una significatividad que de otra manera no tendr&iacute;a y consigue a cambio tener un destino ejemplar. Se dir&iacute;a que Aquiles se dijo a s&iacute; mismo los versos que Juvenal escribi&oacute; en sus <em>S&aacute;tiras</em>: que &ldquo;es suma injusticia preferir la vida al honor/ y por amor a la vida perder lo que la hace digna de ser vivida&rdquo;.</p>
<p>Para conocer la genealog&iacute;a del dilema hay, pues, que acudir a una tradici&oacute;n paralela a la troyana y tan antigua como ella, de gran belleza y fuerza simb&oacute;lica, que cuenta su adolescencia. Es la tradici&oacute;n de Esciros, que no ha tenido un aedo como Homero y que nos ha llegado dispersa en testimonios indirectos y parciales.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De ni&ntilde;o Aquiles fue educado por el centauro Quir&oacute;n, que lo instruy&oacute; en las virtudes heroicas, pero llegada cierta edad su madre, Tetis, para burlar el hado, escondi&oacute; a su hijo donde pens&oacute; que nadie ir&iacute;a a buscarlo: el gineceo de Licomedes, rey de Esciros, donde Aquiles, vestido de mujer, convivi&oacute; con las hijas del monarca y otras doncellas de la corte. Pas&oacute; los a&ntilde;os adolescentes entre delicadas muchachas dedicado a sus juegos femeninos y a pasatiempos como trabajar la lana o recoger flores. Para su madre, lo primero es que su hijo viva para siempre, inmortal como un dios, aunque sea convertido en un travestido andr&oacute;gino, y prefiero eso a verlo morir en la flor de la edad, por mucho que as&iacute; gane gloria eterna.</p>
<p>La estancia de Aquiles en el gineceo simboliza la adolescencia humana, caracterizada por la ambig&uuml;edad y la indeterminaci&oacute;n, una estancia que, cuando se prolonga m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites naturales, supone una alteraci&oacute;n an&oacute;mala en el desarrollo del h&eacute;roe, una detenci&oacute;n en la formaci&oacute;n de su personalidad. Inmortal s&iacute;, pero privado de nombre y de identidad propia, semejante a la sombra de un sue&ntilde;o.&nbsp;</p>
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<p style="text-align: left;" align="center"><strong>6</strong></p>
<p>El gineceo conten&iacute;a la semilla de su propia superaci&oacute;n. En esa situaci&oacute;n de inacci&oacute;n ociosa va madurando en el joven Aquiles su decisi&oacute;n heroica. Por una doble v&iacute;a: el amor a una mujer y la llamada de la comunidad que lo necesita para la victoria.</p>
<p>Por un lado, la inicial ambig&uuml;edad sexual del Aquiles adolescente entre las muchachas del gineceo evoluciona en una pasi&oacute;n violenta hacia una de ellas, Deidam&iacute;a, hija del rey y madre de su &uacute;nico hijo, Neopt&oacute;lemo, de quien se acordar&iacute;a con ternura despu&eacute;s en Troya en los momentos previos a la pelea definitiva contra H&eacute;ctor. Si Aquiles, en lugar de entretenerse con todas las mujeres de la corte, es capaz de amar a una &uacute;nica mujer, vulnerable y mortal, destinada a morir alg&uacute;n d&iacute;a, est&aacute; m&aacute;s cerca de elegir morir &eacute;l mismo. Al enamorarse de Deidam&iacute;a se <em>decidi&oacute;</em> por una sola de las mujeres del gineceo y renunci&oacute; a las dem&aacute;s. El amor es tambi&eacute;n un entrenamiento que le sirve al joven para ejercitarse gozosamente en la decisi&oacute;n y la renuncia. De modo que cuando llega la armada griega a las riberas de Esciros para recordarle sus deberes p&uacute;blicos, Aquiles ya se ha iniciado a trav&eacute;s del amor en el aprendizaje de la decisi&oacute;n heroica.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Porque, por otro lado, los griegos necesitan a Aquiles para tomar Troya, seg&uacute;n el segundo de los or&aacute;culos. Seguir en el gineceo no s&oacute;lo le condena a una vida sin publicidad y sin virtud, a una existencia an&oacute;nima, est&eacute;ril y alejada de la experiencia humana fundamental al amparo de una madre que lo protege tanto como lo castra. Seguir en el gineceo tambi&eacute;n condena a los suyos, los griegos, a un total fracaso pol&iacute;tico-militar. Por eso &eacute;stos mandan a Esciros al astuto Odiseo para tratar de persuadirlo.</p>
<p>Cuenta el mito que Odiseo, siempre f&eacute;rtil en recursos, logr&oacute; que se le autorizara el paso al gineceo disfrazado de comerciante y que, una vez dentro, extendi&oacute; sobre una manta sus relucientes mercanc&iacute;as delante de las muchachas, y confundido entre ellas acudi&oacute; tambi&eacute;n Aquiles. Aprovechando su presencia, Odiseo sopl&oacute; la flauta guerrera y el hijo de Tetis sinti&oacute; c&oacute;mo en su pecho renac&iacute;a el ardor guerrero. En ese instante, quit&aacute;ndose sus ropas femeninas, en un gesto sublime pidi&oacute; la espada.</p>
<p>La decisi&oacute;n est&aacute; tomada: participar&iacute;a en la guerra de Troya para asegurar la victoria griega. Mejor vida corta pero con gloria. Emprender&aacute; un viaje sin regreso y dejar&aacute; atr&aacute;s su patria, su casa, su madre, su infancia, su ambig&uuml;edad, su inmortalidad. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
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<p style="text-align: left;" align="center"><strong>7</strong></p>
<p>Ahora es el momento de recuperar la pregunta esencial antes mencionada: &iquest;Por qu&eacute; Aquiles fue a Troya si sab&iacute;a que iba a morir y prefiri&oacute; la vida breve antes que permanecer divinamente ocioso en el gineceo disfrutando de sus placeres? &iquest;En qu&eacute; consiste esa gloria que Aquiles antepuso a la inmortalidad?</p>
<p>El mito conmueve por su capacidad de presentar de forma narrativa, como una par&aacute;bola, el camino de la vida del hombre. Este camino comprende dos estadios: el est&eacute;tico y el &eacute;tico. El gineceo de Esciros representa el estadio est&eacute;tico de la vida, que se corresponde con la infancia y la adolescencia, cuando el menor de edad se beneficia de una ociosidad subvencionada -por la familia o la sociedad- y se siente inmortal como un dios. A cambio, sin responsabilidad, sin haza&ntilde;as, sin destino, sin experiencia de la vida, est&aacute; privado de una historia digna de ser cantada. El yo se recrea en la contemplaci&oacute;n de la pluralidad de sus posibilidades humanas sin definirse por ninguna y se posee a s&iacute; mismo sin darse.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El paso del estadio est&eacute;tico al &eacute;tico en el camino de la vida se produce a trav&eacute;s de la doble especializaci&oacute;n: la especializaci&oacute;n del oficio y la especializaci&oacute;n del coraz&oacute;n, producci&oacute;n (mercanc&iacute;as) y reproducci&oacute;n (hijos). En el caso de Aquiles, ya se ha visto, la uni&oacute;n con Deidam&iacute;a y el nacimiento de Neopt&oacute;lemo, por un lado, y la participaci&oacute;n en la expedici&oacute;n contra Troya, por otro. Llega una hora en que ese yo adolescente, ensimismado y narcisista, se enamora de otra persona y desea fundar una casa con ella. Y para el sostenimiento de la casa necesita escoger una profesi&oacute;n con la que ser productivo y ganarse la vida. Por medio de esta doble elecci&oacute;n el yo se socializa y asume una posici&oacute;n en el mundo. Al socializarse, experimenta una suerte de nuevo nacimiento: nace a la individualidad.</p>
<p>En efecto, s&oacute;lo cuando abandona el gineceo y se integra en la polis, el yo adquiere un nombre, una identidad reconocible por los dem&aacute;s y una individualidad propia. Parad&oacute;jicamente, uno encuentra la forma de su individualidad precisamente en el proceso de socializarse y abrirse a la generalidad de una polis. Contra lo que pens&oacute; la misantrop&iacute;a del romanticismo moderno, <em>toda aut&eacute;ntica individualidad es pol&iacute;tica</em>.</p>
<p>Pero es que, adem&aacute;s, al socializarse el yo entra por primera vez en el tiempo y experimenta con toda intensidad, dramatismo y fuerza su <em>condici&oacute;n mortal</em>. Progresar del estadio est&eacute;tico al &eacute;tico conlleva el descentramiento de un yo que antes se autopertenec&iacute;a y que ahora ha de generalizarse y poner su particularidad al servicio de un inter&eacute;s trascendente. Quien se sent&iacute;a &uacute;nico en el estadio est&eacute;tico se experimenta ahora como esencialmente sustituible, semejante a todas las otras mercanc&iacute;as intercambiables, finitas y reemplazables de este mundo. Pero esta condici&oacute;n mortal no la vive como una p&eacute;rdida sino al contrario como una ganancia. G&eacute;nero y especie son eternos, como le ocurre a una idea abstracta; s&oacute;lo lo individual es mortal. De manera que la mortalidad constituye el privilegio de las entidades verdaderamente individuales.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Dignidad y precio a la vez: he aqu&iacute; el enigma del hombre. En el estadio est&eacute;tico el yo descubre su <em>dignidad</em> infinita, como aquellas entidades que son fin en s&iacute; mismas y nunca medio de otras. Al&nbsp; entrar en el estadio &eacute;tico la experiencia de la vida ense&ntilde;a al hombre que, pese a toda su dignidad, puede ser y de hecho es siempre sustituido en la polis en condiciones semejantes a que aquellas otras cosas que s&oacute;lo tienen <em>precio</em> y son medio de un fin superior. La experiencia de la vida, en efecto, proporciona a quien la posee un saber sobre el propio dilema existencial de tener al mismo tiempo dignidad y precio; de ser, en consecuencia, y con igual legitimidad, &uacute;nico y sustituible, &uacute;nico como individuo est&eacute;ticamente absoluto y pleno, y sustituible como miembro prescindible y relativo de una comunidad. La tensi&oacute;n entre el momento est&eacute;tico y &eacute;tico del dilema, sin resolverse nunca en una s&iacute;ntesis o una imposible <em>concordantia oppositorum</em>, pertenece a la forma de la vida humana y persigue a donde vaya a toda figura humana viviente.<em> </em></p>
<p>Estudiando el mito con cuidado se observa que ir a Troya signific&oacute; para Aquiles muchas cosas al mismo tiempo: salir de la oscuridad del anonimato entrando en la esfera p&uacute;blica, ganarse la vida con su esfuerzo, prestar un servicio a los intereses de los griegos (a los que, con su participaci&oacute;n, garantizaba la victoria militar), hacerse acreedor al t&iacute;tulo de &ldquo;el mejor de los aqueos&rdquo;, que le proporcionaba una identidad social, y as&iacute; ser simplemente Aquiles, un hombre, un ejemplo sublime de lo humano. Muestra el mito que Aquiles &ndash;&eacute;l, el descendiente de Zeus, hijo de la diosa Tetis- debi&oacute; renunciar a su condici&oacute;n divina, rebajar su rango y <em>aprender a ser mortal</em>, no desear morir pero s&iacute; nacer a la mortalidad social como requisito previo imprescindible para llegar a ser el h&eacute;roe que es.</p>
<p>Porque, aunque suene extra&ntilde;o, la mortalidad debe elegirse y ser objeto de personal apropiaci&oacute;n, no es algo que est&eacute; dado o puede uno disponer de ello sin esfuerzo ni aprendizaje. M&aacute;s a&uacute;n, es la tarea de toda una vida que no termina nunca de completarse. Nuestra vida es una novela de educaci&oacute;n o <em>Bildungsroman</em> sobre ese viaje interminable desde el gineceo al campo de batalla troyano.</p>
<p>La respuesta a la pregunta de por qu&eacute; Aquiles decidi&oacute; salir del gineceo rumbo a Troya es, al final, la siguiente: esa decisi&oacute;n significaba aceptar su mortalidad y esta aceptaci&oacute;n era la &uacute;nica manera posible de ser individual y, como tal, tener experiencia, tener historia y un destino propio entre los hombres. Ser individual es superior a ser eterno como una divinidad griega, superior incluso a ser feliz como un adolescente en un gineceo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En Aquiles se confirma esa ecuaci&oacute;n anteriormente establecida entre ejemplaridad memorable, muerte, imagen de la vida sublime, verdad p&oacute;stuma, recuerdo y gloria. La gloria es el recuerdo del ejemplo virtuoso. Como Aquiles hab&iacute;a de ser el mejor de los hombres, deb&iacute;a consumar una acci&oacute;n m&aacute;ximamente ejemplar: ninguna haza&ntilde;a m&aacute;s grandiosa que la de renunciar a su condici&oacute;n divina y aprender a ser mortal. Poco despu&eacute;s de su gran gesta el h&eacute;roe muere y entrega la imagen de su vida a los supervivientes que recuerdan la verdad de su &ldquo;ser&rdquo; ahora revelada y la conmemoran.</p>
<p>La polis, adem&aacute;s de teatro de la finitud, es tambi&eacute;n el lugar de la celebraci&oacute;n edificante. El h&eacute;roe perece y nunca regresa a la inmortalidad ni a la vida mortal, pero la polis, consciente de la inmensa fuerza integradora del ejemplo, organiza p&oacute;stumamente su recuerdo glorioso y levanta un monumento conmemorativo destinado a animar a los ciudadanos a imitarlo: a dejar el gineceo como &eacute;l lo hizo y a encontrar su peculiar camino hacia Troya.</p>
<p>El monumento, en el caso de Aquiles, fue la <em>Il&iacute;ada</em>, poema fundador de la literatura occidental.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>8</strong></p>
<p>Como se dijo antes, la Antig&uuml;edad vio en lo sublime una modalidad de lo bello y entonces pudo hablarse con propiedad de una &ldquo;belleza sublime&rdquo;. Fue m&aacute;s tarde, durante la Ilustraci&oacute;n (Burke y Kant), cuando se estableci&oacute; un antagonismo radical entre lo bello y lo sublime. Este antagonismo dio lugar a una noci&oacute;n antisublime de la belleza y a una paralela noci&oacute;n antibella de lo sublime resultando de ello una sublimidad no s&oacute;lo sin <em>forma</em> (informe, deforme, fea) sino tambi&eacute;n sin <em>luz</em>, esto es, privada de <em>claritas</em> y, en consecuencia, tendente a lo oscuro, lo siniestro, lo m&oacute;rbido y aun lo demon&iacute;aco.</p>
<p>La etimolog&iacute;a latina de &ldquo;sublime&rdquo; (<em>sublimis</em>) se&ntilde;ala lo muy alto y &ldquo;sublimar&rdquo; signific&oacute; al principio levantar o elevar: sublime, en definitiva, remite a lo grande por su altura moral y est&eacute;tica. La modernidad se desentendi&oacute; del concepto originario de la grandeza como altura y lo sustituy&oacute; por otro que lo asimila a la intensidad del sentimiento o al gigantismo de los grandes n&uacute;meros (espectaculares obras de la arquitectura, n&uacute;mero impensable de estrellas y galaxias en el universo). Ese cambio de una grandiosidad cualitativa por otra meramente cuantitativa dej&oacute; a un lado aquella ejemplaridad que, por su car&aacute;cter extraordinario, se hace especialmente digna de generalizaci&oacute;n social por imitaci&oacute;n y de perduraci&oacute;n en el tiempo.</p>
<p>Ahora bien, una modernidad sin grandeza ejemplar es una modernidad sin gloria.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Podemos sentir, pensar y representar lo sublime en la actual &eacute;poca de la cultura? Muchos responder&iacute;an que no. La simple menci&oacute;n de lo sublime suscita un moh&iacute;n de escepticismo, cuando no una palabra de sarcasmo. El cinismo dominante habr&iacute;a desterrado del mundo contempor&aacute;neo la mera hip&oacute;tesis de lo grandioso. El igualitarismo democr&aacute;tico habr&iacute;a impuesto una nivelaci&oacute;n general que lo excluye. Al <em>homo democraticus</em> le ser&iacute;a dado disfrutar de las cosas sublimes producidas por los cl&aacute;sicos de nuestra tradici&oacute;n cultural &ndash;en una relaci&oacute;n arqueol&oacute;gica o anticuaria con ellas- pero ya no crearlas. &iquest;Es esto cierto?</p>
<p>Longino ya se preguntaba por qu&eacute; en su &eacute;poca escaseaban los poetas sublimes. Se daba dos razones. La primera, la ausencia durante el imperio romano de libertades democr&aacute;ticas: &ldquo;La democracia es una excelente nodriza de genios&nbsp; y s&oacute;lo con ella florecen los grandes hombres de letras&rdquo;. La segunda, el desmedido af&aacute;n de riquezas &shy;y de placeres de sus coet&aacute;neos, quienes, dominados por la indiferencia, ya no miraban hacia arriba ni emprend&iacute;an jam&aacute;s nada digno de emulaci&oacute;n y honor.</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; dir&iacute;amos de nuestra &eacute;poca? En este comenzado siglo XXI la democracia se halla s&oacute;lidamente asentada en Occidente, pero reina por todas partes la indiferencia ante lo sublime. &iquest;Por qu&eacute;? &iquest;S&oacute;lo por el af&aacute;n de riqueza y placeres?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin un anhelo de elevaci&oacute;n hacia lo &oacute;ptimo las culturas se empobrecen sin remedio. Cada &eacute;poca propone un ideal &ndash;griego, romano, medieval, renacentista, ilustrado, rom&aacute;ntico&ndash; que, como expresi&oacute;n suprema de lo humano, seduce por su perfecci&oacute;n, ilumina la experiencia individual y moviliza el entusiasmo latente haciendo avanzar al grupo en una direcci&oacute;n. Una sociedad sin ideal &ndash;y lo sublime es una forma de ideal- est&aacute; condenada fatalmente a no progresar, a repetirse y a la postre a retroceder.</p>
<p>Nada prueba la incompatibilidad esencial entre la democracia y un ideal sublime. S&oacute;lo existe dicha incompatibilidad con la visi&oacute;n distorsionada que de ese ideal nos ha legado la modernidad. Se hallar&iacute;a pendiente ahora la tarea de restauraci&oacute;n del concepto, que empezar&iacute;a por recuperar la noci&oacute;n de una &ldquo;belleza sublime&rdquo;, de esa luminosa belleza que es propia de lo grande y lo ejemplar, si bien se tratar&iacute;a de una grandeza y una ejemplaridad apropiadas para nuestra &eacute;poca democr&aacute;tica de la cultura.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mi libro <em>Ejemplaridad p&uacute;blica</em> (2009; en trad. italiana 2011) propone una teor&iacute;a de la ejemplaridad igualitaria, alternativa a la ejemplaridad aristocr&aacute;tica que, de forma impl&iacute;cita, ha sido hegem&oacute;nica durante milenios en la cultura. De este libro interesa ahora destacar s&oacute;lo uno de sus corolarios antropol&oacute;gicos. El ideal de la ejemplaridad se halla desterrado en la concepci&oacute;n moderna de la individualidad, porque la modernidad se imagina al yo aut&oacute;nomo, libre de la imitaci&oacute;n y de la gu&iacute;a de otros. Por otro lado, en esta concepci&oacute;n moderna cada yo tiene conciencia de su unicidad irrepetible y en consecuencia falta absolutamente ese elemento com&uacute;n entre las personas que fundamenta la imitaci&oacute;n del modelo ejemplar.</p>
<p>En efecto, desde Herder nos hemos acostumbrado a hallar lo individual de la individualidad humana s&oacute;lo en lo diferente, lo especial, lo peculiar de cada uno de nosotros: ser individual es ser distinto, &uacute;nico; tener experiencia es experimentar la propia singularidad irrepetible. La representaci&oacute;n moderna de la subjetividad toma prestadas las propiedades que Kant atribuye en exclusiva al genio art&iacute;stico: situarse por encima de las reglas comunes, ser creador y autolegislador. Esta misma repugnancia hacia lo com&uacute;n se observa tambi&eacute;n en <em>Sobre la libertad </em>&nbsp;de Stuart Mill, quien cree que la originalidad del individuo es &ldquo;la sal de la tierra&rdquo;. Enaltece la riqueza, variedad y pluralidad de formas de ser del yo y menosprecia a quienes obran conforme a las costumbres colectivas, para lo cual s&oacute;lo se requiere &ldquo;la facultad de imitaci&oacute;n de los simios&rdquo;. Para &eacute;l las costumbres &ndash;ese imprescindible elemento socializador y civilizador- son patrimonio de la masa, esa &ldquo;esa mediocridad colectiva&rdquo;. Frente a ella, recomienda al individuo que practique la &ldquo;excentricidad&rdquo;.</p>
<p>El ideal de la ejemplaridad exige buscar una&nbsp; representaci&oacute;n de la subjetividad que, en lugar de poner el acento en la excentricidad que nos separa, tenga en cuenta positivamente, por el contrario, aquello que es com&uacute;n y todos compartimos en cuanto hombres.</p>
<p>En realidad, nada nos obliga a fijarnos en los aspectos exc&eacute;ntricos de nuestra biograf&iacute;a, que no son generalizables porque s&oacute;lo nos conciernen a nosotros y nos separan de los dem&aacute;s. Porque, bien mirado, hay algo que, siendo radicalmente individual, es al mismo tiempo universal y nos iguala a todos los hombres frente a todas las aparentes diferencias. Algo &iacute;ntimamente subjetivo que, sin embargo, se relaciona con lo t&iacute;pico-paradigm&aacute;tico de la condici&oacute;n humana. Algo que, siendo irrenunciablemente m&iacute;o, comparto con todos los hombres.</p>
<p>Y ese algo es que todos participamos de una experiencia humana com&uacute;n, general, objetiva, que se resume en el universal &ldquo;vivir y envejecer&rdquo; de los hombres; una experiencia fundamental que, siendo <em>mi</em> experiencia, es tambi&eacute;n una experiencia <em>general</em>. Todos somos igualmente mortales y ese ser mortal nos es esencial. Todos los que, sobre la tierra, vivimos y envejecemos, formamos parte por igual del &ldquo;com&uacute;n de los mortales&rdquo;, y frente a esta experiencia decisiva cualquier diferencia se nos antoja irrelevante o secundaria.</p>
<p>La condici&oacute;n igualitaria y universalista del &ldquo;com&uacute;n de los mortales&rdquo; crea los presupuestos antropol&oacute;gicos de la ejemplaridad. S&oacute;lo si existe un substrato com&uacute;n que une a los hombres asemej&aacute;ndolos entre s&iacute;, la imitaci&oacute;n de un modelo vuelve a ser posible, y esto es as&iacute; porque lo ejemplar contiene por su propia naturaleza una llamada a la repetici&oacute;n y s&oacute;lo repite el ejemplo de otro quien tiene o puede llegar a tener algo en com&uacute;n con &eacute;l.</p>
<p>Y esto acontece tambi&eacute;n con Aquiles, el h&eacute;roe del mito anteriormente analizado. Su experiencia fundamental -la de aprender a ser mortal- es tambi&eacute;n la nuestra. Aquiles no s&oacute;lo protagoniza un bello mito antiguo, una amena f&aacute;bula de entretenimiento literario. Aquiles encierra el paradigma permanente de lo humano. Su gloria es tambi&eacute;n la nuestra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>9</strong></p>
<p>Cada uno de nosotros, los hombres y mujeres de aqu&iacute; y ahora, los reunidos en esta Piazza Grande, abandonamos como Aquiles el gineceo de nuestra adolescencia y nos embarcamos en las naves griegas con los dem&aacute;s h&eacute;roes en direcci&oacute;n hacia Troya, donde moriremos en la pelea a la vez que ganaremos un nombre, el de nuestra individualidad personal formada en el elemento de la mortalidad compartida. Esa traves&iacute;a mar&iacute;tima simboliza la empresa, com&uacute;n a todos los hombres en todos los tiempos y lugares del mundo, empresa permanente y nunca totalmente acabada, del aprendizaje de la condici&oacute;n mortal del ser humano.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La sublime grandeza de Aquiles se repite, pues, en tonos m&aacute;s cotidianos pero igualmente heroicos, en la vida de cada uno de nosotros. Ese yo que progresa en el camino y pasa del gineceo a Troya, es el nuevo Aquiles, la actualizaci&oacute;n contempor&aacute;nea del h&eacute;roe ejemplar, la reiteraci&oacute;n del mejor de los hombres.</p>
<p>El estadio &eacute;tico deja atr&aacute;s el universo del estadio anterior pero retiene de &eacute;ste un <em>momento est&eacute;tico </em>que, al conjugarse con la eticidad, alumbra la individualidad humana. &Eacute;sta, la individualidad, obra maestra del estadio &eacute;tico, conforma la experiencia com&uacute;n, general y normal del hombre en cuanto hombre. Montaigne replica anticipadamente a Mill y a su doctrina de un yo exc&eacute;ntrico cuando, en la &uacute;ltima p&aacute;gina de sus extensos <em>Ensayos</em>, registra una de sus convicciones m&aacute;s profundas: &ldquo;Las vidas m&aacute;s hermosas son, a mi juicio, aquellas que se acomodan al modelo com&uacute;n y humano, con orden pero sin milagro, sin extravagancia&rdquo;.</p>
<p>En efecto, cada hombre que nace, trabaja, funda una casa y muere, participa de la intensidad y el dramatismo del dilema aquileo. Contemplamos a ese yo cotidiano -cabeza de familia responsable y profesional competente- que envejece cumpliendo con su deber sin extravagancias y retorna cada d&iacute;a a su casa al final de una jornada mon&oacute;tona y previsible, s&iacute;, pero &uacute;til para la comunidad, y en ese yo <em>del mont&oacute;n</em>, de una ejemplaridad sin relieve, resplandece la gloria del antiguo h&eacute;roe.</p>
<p>Porque en ese yo se ha de admirar, en justicia, el acto heroico de asumir la propia mortalidad, aunque esa heroicidad quede en la mayor parte de los casos velada por el sereno cumplimiento del deber y la ausencia de manierismo propios del estadio &eacute;tico. Y aunque el romanticismo, que hizo del genio art&iacute;stico el patr&oacute;n de la individualidad moderna, nos ha dejado ciegos para percibir la noble sencillez y la serena grandeza de la normalidad &eacute;tica, la m&aacute;s alta misi&oacute;n del hombre consiste en merecer dicha normalidad. Lejos de no estar a la altura del hombre, no existe en el mundo otra mayor y m&aacute;s digna de &eacute;l, y constituye una tarea tan vasta que requiere todo una vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>10 <br /></strong></p>
<p>&iquest;Qu&eacute; es la gloria? El final confirma lo afirmado al principio: la gloria es la imagen de una vida sublime. Pero ahora, tras el rodeo de esta conferencia, podemos a&ntilde;adir: vida sublime es tambi&eacute;n la nuestra, la de nuestra <em>median&iacute;a sin relieve</em>, que discurre discretamente en las masificadas sociedades democr&aacute;ticas.</p>
<p>Las necrol&oacute;gicas que hoy leemos en los peri&oacute;dicos &ndash;un g&eacute;nero literario de primer&iacute;simo orden, quiz&aacute; la &uacute;nica aut&eacute;ntica ontolog&iacute;a posible- encuentra su antecedente en las <em>laudationes funebres</em> que los romanos pronunciaban en los funerales solemnes ensalzando el ejemplo que hab&iacute;a dejado el difunto en su paso por la tierra. Ahora, mientras vivimos, permanece abierto el contenido de nuestra futura <em>laudatio</em>.</p>
<p>Y pregunto a los reunidos aqu&iacute;, en esta hermosa Piazza Grande: T&uacute; que me est&aacute;s escuchando, &iquest;qu&eacute; renglones escribir&iacute;as en tu elogio p&oacute;stumo si estuviera en tu mano hacerlo? &iquest;Qu&eacute; querr&iacute;as que dijeran de ti? &iquest;C&oacute;mo te gustar&iacute;a ser recordado? No se trata de narcisismo. No. Es la pregunta griega por la esencia: &iquest;qu&eacute; clase de hombre fuiste t&uacute;? &iquest;C&oacute;mo se combinaron al final en ti los elementos pautados y qu&eacute; tipo de destino fue el tuyo?</p>
<p>La muerte es el momento de la verdad, en el que &eacute;sta queda fijada para siempre. Mientras llega, oh gentes de M&oacute;dena, cuidad de vuestra imagen.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 02 Feb 2018 09:19:27 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jacobo Siruela: "Lo bueno del oficio de editor es que siempre tienes que arriesgar"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jacobo-siruela-lo-bueno-del-oficio-de-editor-es-que-siempre-tienes-que-arriesgar/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/JACOBO_SIRUELA_2.jpg" alt="" /></p>
<p><strong></strong> Jacobo Siruela&nbsp; es un rastreador de libros exquisitos&nbsp; cuya m&aacute;s cualificada&nbsp; labor ha sido la creaci&oacute;n y direcci&oacute;n de varias editoriales. Es dise&ntilde;ador gr&aacute;fico y adem&aacute;s escribe. Pasa gran parte de sus trabajos y sus d&iacute;as en Mas Pou. Lleva una vida&nbsp; casi buc&oacute;lica en esta mas&iacute;a del Alto Ampud&aacute;n que no le impide desplegar una actividad viajera y global. Fundador de la editorial Siruela hace cuarenta a&ntilde;os, en 2005 se reinvent&oacute;&nbsp; a s&iacute; mismo y alumbr&oacute; Atalanta. En ambas, los libros&nbsp; son el reflejo de&nbsp; sus inquietudes. Ha publicado relatos del ciclo art&uacute;rico, autores olvidados, textos ignorados por nuestra cultura, obras de la literatura fant&aacute;stica y de pensamiento no convencional. Tambi&eacute;n cre&oacute; y dirigi&oacute; durante 15 a&ntilde;os la m&iacute;tica revista cultural <em>El Paseante</em>. En el haber de sus &eacute;xitos es legendaria la edici&oacute;n de <em>El mundo de Sof&iacute;a</em>, aquella novelesca aproximaci&oacute;n a la filosof&iacute;a del&nbsp; noruego Jostein Gaarder.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Jacobo Fitz-James Stuart y Mart&iacute;nez de Irujo, de la Casa de Alba, Conde de Siruela, prefiere que le consideren, por encima de todo, un <em>artesano multidisciplinar. </em>Teniendo ante s&iacute; todas las opciones, desde siempre, ha preferido dedicarse&nbsp; a&nbsp; tareas intelectuales.</p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong>Como la Princesa Turandot, de la &Oacute;pera de Puccini,&nbsp; la veloz Atalanta pone precio a su conquista a riesgo de que quienes la pretendan lleguen a morir en el intento. Jacobo Siruela, siete a&ntilde;os despu&eacute;s de haber fundado su segunda editorial, parece haber conjurado los malos augurios&nbsp; y ha puesto la suerte a su favor. Junto a Inka Mart&iacute;, ha sorteado numerosos obst&aacute;culos y&nbsp; ha convertido en triunfo esta editorial de peque&ntilde;o tama&ntilde;o pero de gran prestigio por sus obras, sus lectores y su dise&ntilde;o.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Suponemos que nuestro interlocutor suscribir&aacute; gran parte de los textos que publica.&nbsp; A lo largo de esta conversaci&oacute;n nos sumergimos en un p&aacute;rrafo de una de las obras de Atalanta que nos parece representativo de su l&iacute;nea editorial.&nbsp; Richard Tarnas en <em>La pasi&oacute;n de la mente occidental</em> escribe: &ldquo;creo que el incansable desarrollo interior de occidente y el incesante ordenamiento masculino de la realidad, ha ido llevando poco a poco en un movimiento dial&eacute;ctico de inmensa longitud, hacia un matrimonio profundo de&nbsp; muchos niveles de lo masculino y lo femenino. Una reuni&oacute;n triunfal y restauradora. A m&iacute; me parece que gran parte del conflicto de la confusi&oacute;n en esos tiempos es reflejo del hecho de que este drama evolutivo se esta aproximando a sus fases culminantes&rdquo;.<em>&nbsp; </em>Despu&eacute;s de leer el texto del profesor norteamericano, le se&ntilde;alo a Jacobo Siruela que Tarnas parece&nbsp; reflejar en su libro el momento exacto que estamos viviendo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Estamos avocados a cambiar&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;- Es la l&iacute;nea de pensamiento de Atalanta. La modernidad ha llegado, a partir de la postmodernidad, a poner en cuesti&oacute;n sus fundamentos totalizadores y su tendencia al materialismo. Cada vez existen m&aacute;s evidencias de que la explicaci&oacute;n cient&iacute;fica cartesiana es claramente insuficiente. La descripci&oacute;n puramente material del universo y de la vida es demasiado parcial. Es solo la mitad. &iquest;Qu&eacute; pasa con la otra mitad?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Jacobo Siruela contin&uacute;a su cuestionamiento del paradigma de nuestra civilizaci&oacute;n&nbsp; con otra pregunta que &eacute;l mismo lanza, abriendo enseguida la respuesta.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; - &iquest;C&oacute;mo debemos&nbsp; reaccionar si todo aquello que la Ilustraci&oacute;n tach&oacute; de falso e in&uacute;til no lo fuera del todo si es contemplado desde otra perspectiva?&nbsp; Nos encontramos frente a una crisis de la econom&iacute;a, de la pol&iacute;tica y la ecolog&iacute;a, y como nuestro sistema no es sostenible ni pol&iacute;tica, ni econ&oacute;mica, ni ecol&oacute;gicamente, hemos de cambiar. Si lo pensamos, todas estas l&iacute;neas caminan al colapso. Estamos avocados a cambiar. Hemos llegado a un punto de evoluci&oacute;n hist&oacute;rica en el que ya se pueden conciliar los opuestos y debemos recuperar lo que la modernidad reprimi&oacute; y rechaz&oacute; como f&aacute;bulas: la mitolog&iacute;a, los sue&ntilde;os, lo m&aacute;gico, lo an&iacute;mico, lo bello; en fin, los tesoros de la memoria y la imaginaci&oacute;n. Debemos&nbsp; recuperar toda la experiencia humana para ser completos.&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong>&nbsp;&nbsp; - Sus inquietudes, sus libros, su pensamiento est&aacute;n marcados por la misma inclinaci&oacute;n que le llev&oacute; a estudiar, hace cuatro d&eacute;cadas,&nbsp; la carrera de Filosof&iacute;a y Letras en la Universidad Aut&oacute;noma de Madrid. Celoso de su vida privada, hace ya muchos a&ntilde;os que Jacobo Siruela es poco dado a las vanidades de la vida social. Sin embargo es generoso y fluido en su discurso, cuando nos adentramos en su mundo intelectual. Su porte esbelto le da una&nbsp; apariencia de caballero postmoderno. En el momento del encuentro para dar cuerpo a esta conversaci&oacute;n estamos en plena Feria del libro de Madrid. Nos acoge el sal&oacute;n de un hotel madrile&ntilde;o&nbsp; cerca del parque del Retiro, donde se celebra la Feria. Atalanta tiene all&iacute;&nbsp; caseta propia. Como cada a&ntilde;o, &eacute;l la visita para, desde esta atalaya, conocer con libreros y otros editores la marcha del negocio del libro. Quiero saber si a una editorial de prestigio como la que &eacute;l dirige le afecta la profunda crisis que estamos viviendo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;- El consumo ha bajado m&aacute;s de un veinte por ciento. Creo que esto es lo m&aacute;s preocupante. Aunque los editores somos los que arriesgamos, &uacute;ltimamente algunas librer&iacute;as han cerrado y a&uacute;n pueden desaparecer algunas m&aacute;s. Ellos dependen totalmente de la oferta y la demanda. Los editores no al cien por cien. Nosotros somos una especie de tah&uacute;res y nuestra suerte depende de nuestras apuestas. En Atalanta este a&ntilde;o el libro de Edward Gibbon nos ha ido muy bien.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Se refiere a <em>Decadencia y ca&iacute;da del Imperio romano</em>. La reedici&oacute;n en dos vol&uacute;menes de esta obra del historiador brit&aacute;nico. Enseguida volveremos sobre ella por su significado en el momento actual. Seguimos hablando del mercado de los libros desde el punto de vista de un editor.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Aunque el consumo en general haya bajado, algunos temas, como el que aborda <em>Conciencia m&aacute;s all&aacute; de la vida</em> de Pim&nbsp; van Lommel, se han aceptado muy bien. <em>El mundo en el que vivo</em> de Helen Keller, va lento pero tambi&eacute;n se est&aacute; vendiendo. No deja de ser sorprendente que vaya teniendo salida este libro. Los editores dependemos de nuestra iniciativa. En cambio los libreros est&aacute;n mucho m&aacute;s sujetos al comportamiento general del mercado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;</p>
<p><strong>La importancia de la literatura fant&aacute;stica</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; - En 2004 Jacobo Siruela recibi&oacute; el Premio a la mejor labor editorial que concede el Ministerio de Cultura, una carrera de galardones que comenz&oacute; en 1980 con el reconocimiento al mejor libro editado tras la publicaci&oacute;n de <em>La muerte del Rey Arturo</em>, un texto an&oacute;nimo franc&eacute;s del siglo XIII. La pregunta parece obligada &iquest;C&oacute;mo descubre los libros que decide publicar?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Yo siempre digo que los libros nos los sacamos de la manga. No tenemos <em>coach</em>, ni vamos a agencias literarias. Generalmente hacemos investigaci&oacute;n y, cuando viajamos, rastreamos. Por mi parte, ahora estoy muy ilusionado preparando una gran antolog&iacute;a de literatura fant&aacute;stica de mil y pico p&aacute;ginas, cincuenta autores, m&uacute;ltiples lenguas: inglesa, francesa, h&uacute;ngara, alemana, japonesa. Incluir&aacute; al menos diez cuentos del mundo anglosaj&oacute;n, creo que desconocidos para el lector espa&ntilde;ol. &iexcl;Me lo estoy pasando en grande!&nbsp; Hace unos a&ntilde;os quer&iacute;a publicar la antolog&iacute;a de Roger Caillois. En Gallimard me dijeron que no me pod&iacute;an facilitar los derechos. Ya no dispon&iacute;an de la informaci&oacute;n. Entonces, frustrado por esta negativa, decid&iacute; hacer la m&iacute;a. Al fin y al cabo llevo toda la vida leyendo literatura fant&aacute;stica.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Al parecer y por la complejidad del trabajo a&uacute;n tardar&aacute; un tiempo en publicarse esta antolog&iacute;a: &ldquo;Es muy complicado -asegura<em>-</em>. Tienes que contratar cincuenta traducciones, veintitantos traductores,&nbsp; negociar los derechos de dieciocho cuentos&rdquo;<em>.</em> Como ya est&aacute; preparando la antolog&iacute;a le pedimos a Jacobo Siruela&nbsp; que nos adelante algo de los relatos y de los escritores que aparecer&aacute;n en el &iacute;ndice.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; - Son muchos los autores y los cuentos. Y todos de alto estilo. Mi tesis es la contraria a lo que se cre&iacute;a en los a&ntilde;os 60 en el mundo intelectual. Se consideraba lo fant&aacute;stico como una literatura de g&eacute;nero, de segundo orden. Yo pienso todo lo contrario, y lo quiero demostrar con esta antolog&iacute;a. Casi podr&iacute;amos decir que los mejores cuentos del XIX y XX son fant&aacute;sticos.</p>
<p>&nbsp; - Y ahora la opini&oacute;n de lector experto: &iquest;cuales considera que son los mejores relatos de los &uacute;ltimos dos siglos?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; - Sin duda, del diecinueve, &ldquo;Otra vuelta de tuerca&rdquo; de Henry James. &iquest;Cu&aacute;l es el relato mejor del siglo XX? Pues &ldquo;La metamorfosis&rdquo; de Kafka, o los cuentos de Borges, o de Cort&aacute;zar.</p>
<p>&nbsp; &nbsp;&nbsp;- Confirmamos as&iacute; que Jacobo Siruela no duda en situar al&nbsp; cuento fant&aacute;stico en el primer orden de la creaci&oacute;n literaria y no en el &aacute;mbito de los g&eacute;neros.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Los cuentos de fantasmas son de lo mejor que se escribe en el siglo XIX&nbsp;&nbsp; porque dan ese juego&nbsp; formidable de la ambig&uuml;edad.&nbsp; El cuento fant&aacute;stico nace de la duda racional. Es decir, el hombre cree en un mundo solamente material y, de pronto, hay algo que lo rompe. Entonces duda y su reacci&oacute;n es el terror. Anteriormente la gente aceptaba lo sobrenatural. No le daba ning&uacute;n miedo, formaba parte de su&nbsp; mundo. A&nbsp; partir de la Ilustraci&oacute;n, en el siglo XVIII&nbsp; la racionalidad moderna acaba con ello. Todo el bagaje de lo sobrenatural se refugia en el inconsciente. En el plano consciente la raz&oacute;n ha acabado con todo lo extra&ntilde;o, pero en el inconsciente siguen palpitando los viejos miedos y los s&iacute;mbolos siguen vivos. La literatura nace m&aacute;s de ese lugar incierto. A partir de ese momento la novela o el cuento de fantasmas se acerca a la poes&iacute;a. La poes&iacute;a incorpora lo que est&aacute; fuera del mundo real y prosaico. Acepta la met&aacute;fora.</p>
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<p><strong>&ldquo;Apostamos por el libro de papel, por el objeto sensual&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A esta altura de la conversaci&oacute;n escapamos de la fantas&iacute;a para volver &nbsp;a la realidad. Apunto c&oacute;mo el momento actual puede ser preocupante para libreros y editores. Todos ellos se enfrentan a la competencia de otros medios, como Internet o los libros electr&oacute;nicos. Atalanta no tiene nada que ver con ese mundo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Nosotros apostamos por el libro de papel, por el objeto sensual. Ahora bien, yo no estoy en contra de los <em>e-books</em>. Seguramente, acabaremos edit&aacute;ndolos, sobre todo por Latinoam&eacute;rica. Nuestros libros son muy caros en ese mercado, aunque por otra parte sean muy codiciados. Me parece que la edici&oacute;n de libros digitales puede ser una buena alternativa para lectores de bajo presupuesto. De todas formas creo que es una moda pasajera. Las navidades pasadas todo el mundo compr&oacute; <em>e-readers</em>. Tal vez ya se hayan cansado. Hay gente que piensa que es como el barco de vapor que sustituy&oacute; al barco de vela. Yo no lo creo en absoluto. El libro electr&oacute;nico es m&aacute;s perecedero a la larga&nbsp; que el libro de papel, aunque soy de los pocos que&nbsp; piensan de esta manera<em>. </em>Creo que la actualidad es plural y el futuro tambi&eacute;n lo va a ser. La radio no acab&oacute; con el peri&oacute;dico, ni la televisi&oacute;n con la radio. Es posible que los peri&oacute;dicos desaparezcan, y las enciclopedias y los libros escolares. Hay que reconocer que el <em>e-reader</em> es un utensilio muy c&oacute;modo. Si uno va de viaje se puede llevar dentro de esa herramienta un mont&oacute;n de libros. Si&nbsp; quiero un texto que est&aacute; editado en el extranjero, lo pido por Internet y lo tengo inmediatamente. Yo creo que todo esto tiene un sentido funcional, pero estoy convencido de que la alta cultura va a seguir vinculada al libro de papel. El libro es un arquetipo y los arquetipos nunca perecen.</p>
<p>&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;- En contra del uso y manejo de los libros electr&oacute;nicos, le planteo la dificultad de volver sobre una p&aacute;gina anterior para echar un vistazo de nuevo a un p&aacute;rrafo. No es c&oacute;modo&nbsp; ir hacia atr&aacute;s o hacia delante, revisar algo que se ha quedado atr&aacute;s y que cobra otro sentido veinte p&aacute;ginas adelante. Jacobo corrobora.</p>
<p>&nbsp; &nbsp;- Me lo dijo un joven: con el e-book no se tiene la sensaci&oacute;n de poseer un libro, de que el libro es m&iacute;o<em>.</em> Al verdadero amante de los libros, al lector, le gusta&nbsp; poseer el libro y tener una biblioteca, que en el fondo es la biograf&iacute;a de su alma.</p>
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<p><strong><em>La historia de Genji </em></strong><strong>&nbsp;y Gibbon, nuestros best sellers</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp; - La biograf&iacute;a del alma de Atalanta traz&oacute; su primera huella con <em>La historia de Genji</em>, aquella monumental obra de Murasaki Shikibu que&nbsp; inaugur&oacute; la colecci&oacute;n <em>Memoria mundi</em>.</p>
<p>&nbsp; &nbsp;- <em>La historia de Genji</em>, incre&iacute;blemente, ha sido nuestro <em>best seller</em>. Ni me acuerdo de cuantas ediciones llevamos, pero hemos vendido m&aacute;s de doce mil ejemplares del primer volumen; el segundo no ha ido tan bien.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;- Parece sorprendente el &eacute;xito de <em>La historia de Genji</em>, pero le recuerdo que estamos en un momento en el que la literatura nipona despierta una gran curiosidad en ambientes universitarios. No faltan las tertulias, seminarios y tesis sobre los autores de Jap&oacute;n. El libro de Murasaki Shikibu es <em>El Quijote</em> de esa literatura.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Es el libro fundacional de esta cultura<em>. </em>Toda la est&eacute;tica japonesa que conocemos parte tambi&eacute;n de esa &eacute;poca. Hay que leerlo pausadamente porque es un libro medieval que realmente nos introduce en un mundo muy lejano y vaporoso. La &eacute;poca Heian tuvo una de las cortes m&aacute;s refinadas que jam&aacute;s haya habido en la historia. Pr&aacute;cticamente destitu&iacute;an a un ministro si ten&iacute;a mala caligraf&iacute;a o si vest&iacute;a con mal gusto. Era una corte donde la est&eacute;tica era muy importante. Cada vez que mandaban una carta, escrib&iacute;an unos versos. Tambi&eacute;n hemos publicado <em>El mundo del pr&iacute;ncipe resplandeciente</em>, de Ivan Morris, que es&nbsp; la obra que introduce en su contexto todo el mundo en el que floreci&oacute; Genji. Curiosamente, el libro que mejor se ha vendido de nuestro fondo es <em>La historia de Genji</em> y el peor el de Ivan Morris.</p>
<p>&nbsp; - &iquest;C&oacute;mo explicar&iacute;amos que <em>El mundo del pr&iacute;ncipe resplandeciente </em>haya supuesto un cierto fracaso?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No hay explicaci&oacute;n. Y eso, en parte, es lo bueno de este oficio. Hay gente que parece saberlo todo. Yo creo que en la edici&oacute;n cuanto m&aacute;s sabes, menos sabes. Evidentemente hay unas pautas, pero caminas por intuici&oacute;n o por convicci&oacute;n. Yo jam&aacute;s hubiera pensado que el <em>Genji </em>fuera a tener tanto &eacute;xito, porque es una novela totalmente extempor&aacute;nea. Y, sin embargo, es un libro que hechiza. Sobre todo a las mujeres porque es un modelo para ellas. Lo interesante es que la primera novela de la literatura universal la haya escrito una mujer y precisamente gracias a una prohibici&oacute;n. Es todo lo contrario de lo que pasa ahora con la cultura de la queja, como la llam&oacute; Robert Hugues. A las mujeres se les prohib&iacute;a la instrucci&oacute;n de las letras. Hab&iacute;a una serie de t&oacute;picos que proven&iacute;an de la cultura china a la que obedec&iacute;an los hombres en esa &eacute;poca y que hoy no tiene ning&uacute;n inter&eacute;s para nosotros. En cambio las mujeres, y en este caso la dama Murasaki Shikibu, empez&oacute; a narrar la vida de la corte. Su relato estaba destinado solamente a la emperatriz y a las cincuenta o cien cortesanas que viv&iacute;an alrededor de ella. Hoy es inimaginable escribir una obra de casi dos mil p&aacute;ginas para menos de cien personas.</p>
<p>&nbsp; - No es ajena al &eacute;xito de sus editoriales la cuidada presentaci&oacute;n gr&aacute;fica, su dise&ntilde;o, del que es responsable. Jacobo Siruela ha cosechado algunos galardones en este terreno que domina, entre ellos el Premio Daniel Gil: &ldquo;No buscar nada nuevo ni 'original' en el dise&ntilde;o, sino algo aut&eacute;ntico y perdurable. Lo nuevo es lo que antes envejece. Tratar de buscar belleza &ndash;es decir, armon&iacute;a de formas y colores- frente al relativismo (un poco gregario) de las est&eacute;ticas instant&aacute;neas. Y &iexcl;Guerra al pl&aacute;stico!&rdquo; Son los criterios varias veces definidos por &eacute;l y que&nbsp; siguen siendo una lecci&oacute;n de buen hacer en la presentaci&oacute;n de libros. Le invito a comentarlos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Los dos primeros los sigo suscribiendo. Quitar&iacute;a lo de gregario que, obviamente, era una provocaci&oacute;n. Por desgracia no he podido cumplir completamente con el tercero, porque los libros de tapa dura no pueden tener una cubierta de papel, que siempre ser&iacute;a mucho m&aacute;s agradable al tacto que el pl&aacute;stico, al cual te obligan las encuadernaciones. Aunque debo decir que la encuadernaci&oacute;n en tapa dura plastificada en mate sin sobrecubierta, como hacemos ahora, fui el primero en hacerlo. Luego, me copiaron. Pero &iexcl;qu&eacute; importa!, el dise&ntilde;o es <em>artesan&iacute;a</em> y no hay <em>copyright</em>. Lo cual lo hace m&aacute;s digno, m&aacute;s por amor al arte.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Damos un nuevo giro a nuestra conversaci&oacute;n para hablar del &uacute;ltimo de la colecci&oacute;n &ldquo;Memoria Mundi&rdquo;<em>.</em> No hablamos ahora de dise&ntilde;o sino de contenido. Volvemos al texto que hab&iacute;amos mencionado antes: <em>Decadencia y ca&iacute;da Imperio romano</em>,&nbsp; una obra hist&oacute;rica publicada hace m&aacute;s de doscientos a&ntilde;os en Inglaterra y que hoy nos resulta muy clarificadora.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Esa ha sido uno de las claves de su &eacute;xito extraordinario. Se ha agotado la primera edici&oacute;n de tres mil&nbsp; ejemplares en tres meses. Seg&uacute;n Harold Bloom, existe un paralelismo enorme con la decadencia del Imperio norteamericano. Gibbon vio una similitud con el Imperio brit&aacute;nico, que en aquella &eacute;poca&nbsp; perdi&oacute; una de las colonias m&aacute;s importantes, el actual Estados Unidos. Adem&aacute;s el estilo es un prodigio. Nuestra edici&oacute;n en castellano&nbsp; se le acerca. Pero, aparte del estilo, lo incre&iacute;ble es que gran parte de este libro, escrito en el siglo XVIII, sigue vigente, especialmente toda la primera parte. En la segunda, cuando habla del Imperio bizantino, es muy cr&iacute;tico con el cristianismo. Gibbon proven&iacute;a de una familia protestante y se convirti&oacute; al catolicismo de una manera muy ferviente, para luego renegar de esta confesi&oacute;n y volverse un protestante ilustrado. Toda su magistral iron&iacute;a va en contra del cristianismo. Creo, sin embargo, que se equivoca al meterse con Bizancio porque gracias a este Imperio conocemos, entre otros fil&oacute;sofos, a Arist&oacute;teles y a Plat&oacute;n. Bizancio deposit&oacute; toda la sabidur&iacute;a cl&aacute;sica que hered&oacute; del Imperio romano.</p>
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<p><strong>Abrir la mente: la vida entendida como sue&ntilde;o</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;- Adem&aacute;s de dirigir Atalanta y editar libros esclarecedores como el de Gibbon, Jacobo Siruela tambi&eacute;n escribe. En su propia editorial hace ya&nbsp; dos a&ntilde;os public&oacute; <em>El mundo bajo los p&aacute;rpados</em>. En este ensayo&nbsp; indaga en el mundo de los sue&ntilde;os. Coincidiendo con la aparici&oacute;n del primer volumen, tuvimos la oportunidad de escucharle&nbsp; en la Fundaci&oacute;n Juan March de Madrid hablando del mundo on&iacute;rico. Fueron dos conferencias, ambas con el sal&oacute;n a rebosar. La primera ven&iacute;a a resumir el contenido de <em>El mundo bajo los p&aacute;rpados</em>.</p>
<p>&nbsp; - S&iacute;, la segunda conferencia era in&eacute;dita. La primera que di me basaba en el cap&iacute;tulo primero del libro, pero la segunda fue absolutamente in&eacute;dita. Pretendo escribir un segundo volumen, pero no tengo tiempo para hacer todo lo que me propongo. <em>El mundo bajo los p&aacute;rpados</em> es un ensayo fenomenol&oacute;gico. Trata del sue&ntilde;o como fen&oacute;meno hist&oacute;rico, sagrado, psicol&oacute;gico e incluso metaf&iacute;sico. Me met&iacute; en temas dif&iacute;ciles, pero es un libro literario, narrativo, y creo que nada aburrido. Pretende hacer contemplar el sue&ntilde;o desde otras perspectivas, racionales, pero no racionalistas, y abrir la mente. Pienso que la sustancia de la realidad es ampl&iacute;sima y misteriosa. El segundo volumen tratar&aacute; sobre las distintas met&aacute;foras del sue&ntilde;o, sobre sus distintos simbolismos. La conferencia de la Fundaci&oacute;n Juan March desarrollaba esa antiqu&iacute;sima idea sobre la vida entendida como sue&ntilde;o, su &uacute;ltima y m&aacute;s radical met&aacute;fora. Desgraciadamente no se puede sintetizar porque se trata de algo muy sutil imposible de entender literalmente y que se presta f&aacute;cilmente a una comprensi&oacute;n errada.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;<strong>&nbsp;&nbsp; </strong>&nbsp;- Para no traicionar su sentido, desistimos en nuestro intento de sintetizar aquella conferencia que, por otra parte, puede escucharse &iacute;ntegra en la p&aacute;gina web de la Fundaci&oacute;n Juan March. Volvemos al mundo de la edici&oacute;n. En su b&uacute;squeda de joyas para editar, Jacobo Siruela visita archivos, rebusca manuscritos,&nbsp; revisando cat&aacute;logos y textos con la lupa del buscador de tesoros.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Cada libro que publico lo trabajamos mucho. Repetirme me aburre, entonces investigo. Tres son las v&iacute;as de investigaci&oacute;n del proyecto Atalanta. Vindicar la brevedad. Recuperar la memoria, lo que hemos perdido. Y tambi&eacute;n el gozo de la imaginaci&oacute;n. Pero no la imaginaci&oacute;n como escapismo, sino como v&iacute;a de conocimiento. Quiero decir, que si publicamos mitos, sue&ntilde;os, alegor&iacute;as espirituales o cuentos fant&aacute;sticos, es porque todo ello est&aacute; rebosante de verdades internas, psicol&oacute;gicas y espirituales.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Coherente con estos mismos principios, en junio de 2012 intervino en la Biblioteca Nacional de Madrid. Ante un p&uacute;blico entregado, dio una conferencia sobre los libros secretos, unos textos que a&uacute;n no ha publicado pero que nuestro interlocutor ha rastreado por el inter&eacute;s personal en su contenido.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - S&iacute;, habl&eacute; sobre libros que siempre permanecen fieles a su secreto. Por ejemplo, el<em> manuscrito Voynich</em>, que es un manuscrito precioso, cuya&nbsp; escritura tiene unos caracteres que nadie sabe lo que significan. Est&aacute; escrito en una caligraf&iacute;a indescifrable. Habl&eacute; tambi&eacute;n all&iacute; de el<em> Libro mudo</em>, el <em>Mutus Liber</em>, una obra de alquimia sin texto, s&oacute;lo con im&aacute;genes. Los alquimistas dec&iacute;an que era el libro que m&aacute;s revelaba sobre el proceso alqu&iacute;mico. Es una obra fascinante, las im&aacute;genes son su significado. Otra de esas piezas secretas es&nbsp; el <em>Finnegans Wake</em> de Joyce, un libro inexplicable, incluso para los ingleses. Se dice que esta escrito en finengan&eacute;s.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - De hecho casi nadie ha podido leer entero este libro. Es intraducible, ininteligible, pero nuestro interlocutor lo tiene en la mesilla de noche y de vez en cuando lo hojea.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Est&aacute; escrito en un ingl&eacute;s con toques ga&eacute;licos y de otros cuarenta idiomas.&nbsp; Es una broma continua y magistral sobre el lenguaje. Pero es un laberinto verbal inextricable. Incluso para los ingleses es dif&iacute;cil. Y, claro,&nbsp; para los que no somos ingleses mucho m&aacute;s. Otro texto secreto es <em>La arquitectura natural</em>. Es un libro esot&eacute;rico que se hizo en 1940 sobre el pitagorismo. Explica c&oacute;mo todos los templos antiguos se basaban en el n&uacute;mero. Lo redact&oacute; un grupo de matem&aacute;ticos, f&iacute;sicos y esot&eacute;ricos de Par&iacute;s. Es tambi&eacute;n inextricable, un libro muy poco conocido.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;- Debido al &eacute;xito que tuvieron en el p&uacute;blico, esta conferencia en la Biblioteca Nacional y otra sobre Valentine Penrose en la Fundaci&oacute;n Bot&iacute;n de Santander, Jacobo Siruela ha decidido publicarlas en Atalanta con todas sus ilustraciones. Habr&aacute; que esperar. Le pregunto si, con el tiempo, veremos estos textos secretos editados en Espa&ntilde;a.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp; - Quiz&aacute; publique algunos de estos libros m&aacute;s adelante en Atalanta. Pero no es f&aacute;cil. M&aacute;s bien todo lo contrario. El&nbsp; <em>Finnegans Wake</em> es literalmente intraducible. El <em>manuscrito Voynich</em> ilegible. Quiz&aacute; sea viable la edici&oacute;n del <em>Libro Mudo</em> de <em>Eug&egrave;ne Canseliet</em>, pero la alquimia es lo m&aacute;s oscuro y opaco que se puede uno encontrar. Lo veo dif&iacute;cil. Son libros o impenetrables o arduos de entender y traducir. La gracia del &uacute;ltimo sobre el que he investigado est&aacute; en haber inspirado secretamente a Kandinsky y el proceso de creaci&oacute;n del arte abstracto.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Se refiere a <em>Formas de pensamiento</em>, un libro que hicieron dos te&oacute;sofos, Charles W. Leadbeater y&nbsp; Annie Besant.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; - S&iacute;, &eacute;ste libro es f&aacute;cil de entender, incluso resulta c&aacute;ndido. Trata sobre c&oacute;mo se generan los pensamientos y las emociones en formas y colores en otra dimensi&oacute;n puramente ps&iacute;quica que los videntes perciben como auras. Lo interesante de <em>Formas de pensamiento</em> es que influy&oacute; sobre Kandinsky, es decir, en el arte abstracto.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;- Defiende Jacobo Siruela que Kandinsky tuvo que tener en sus manos este libro en 1905, cuando sali&oacute;. Y explica por qu&eacute; lo cree as&iacute;: &ldquo;En varias ocasiones<em> </em>elogia la teosof&iacute;a y su base te&oacute;rica,<em> De lo espiritual en el arte</em> es muy similar. El arte abstracto surge a partir de 1910&rdquo;<em>.</em> &iquest;Sospecha de una captura &ldquo;intertextual&rdquo;, por parte de Kandinsky, de <em>Formas de pensamiento</em>?</p>
<p>&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;- No es que copiara, pero le inspir&oacute;. Es muy curioso, pero una de sus l&aacute;minas es un Kandinsky. Es el libro en el que se basa el arte abstracto porque, tanto Mondrian como Kandinsky, fueron devotos seguidores de la teosof&iacute;a. Adem&aacute;s, no se ha estudiado suficientemente la relaci&oacute;n del arte moderno con el esoterismo. Se considera que es un asunto de mal gusto. Los acad&eacute;micos rechazan abordar esta relaci&oacute;n. Pero Mondrian se adhiri&oacute; a una rama de la teosof&iacute;a y Kandinsky lo mismo. Y esto&nbsp; no sucede solamente con el arte abstracto. Casi todos los surrealistas&nbsp; estuvieron fascinados con el ocultismo. M&aacute;s tarde, en la Escuela de Nueva York, Barnett Newman lo estuvo con la c&aacute;bala, y Rothko con el misticismo y la tragedia griega. Esto me lleva a concluir que en el centro del movimiento moderno hay un ingrediente antimoderno, el mismo que alumbr&oacute; al romanticismo. La historia de la modernidad debe reinterpretarse integrando esa aparente contradicci&oacute;n.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Indagar y divulgar el pensamiento esot&eacute;rico</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;- Nuestro interlocutor lleva tiempo interesado en indagar y divulgar lo m&aacute;s rescatable del pensamiento esot&eacute;rico. Recuerdo que hace unos diez a&ntilde;os lleg&oacute;&nbsp; a mis manos&nbsp; <em>Del cielo y del infierno</em>, el libro de Emanuel Swedenborg que public&oacute; bajo su supervisi&oacute;n en Siruela. Le pido al editor que comente la importancia de esta obra, escrita originalmente por el te&oacute;logo sueco en lat&iacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Es un libro importante por declarar que el Cielo y el Infierno no son penas ni castigos sino meros estados an&iacute;micos, puramente ps&iacute;quicos. La vida y la muerte del ser humano es una interminable cadena de estados ps&iacute;quicos. Sus tesis son incre&iacute;blemente claras y fascinantes. Ha tenido una influencia enorme, por ejemplo en Balzac y tambi&eacute;n en Mallarm&eacute;, con la teor&iacute;a de las correspondencias, y en Baudelaire. Sobre todo en Francia tuvo bastante predicamento. Y encandil&oacute; a Borges.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Muchos de los libros de la colecci&oacute;n &ldquo;Imaginatio Vera&rdquo; reflejan la misma inquietud. El &uacute;ltimo es la biograf&iacute;a de Rudolf Steiner, personaje&nbsp; extra&ntilde;o y muy vinculado a la teosof&iacute;a que, entre otros movimientos y disciplinas, fund&oacute; la antroposof&iacute;a.</p>
<p>&nbsp; &nbsp;&nbsp;- Con la antroposof&iacute;a ocurre lo mismo. Por ejemplo, Paul Klee se carteaba con Rudolf Steiner, un personaje muy interesante. Tiene un libro fabuloso que critica la filosof&iacute;a del siglo XIX. Pero sus mejores obras, desde mi punto de vista, son las que investigan el pensamiento de&nbsp; Goethe. Construy&oacute; el &ldquo;Goetheanum&rdquo;, un edifico expresionista que puede estar perfectamente dentro del arte moderno de su &eacute;poca. Luego inventa la agricultura biodin&aacute;mica. Algo que empieza a cuajar en la agricultura del siglo XXI. Es muy curioso, pero he podido comprobar c&oacute;mo muchas&nbsp; bodegas francesas -&iexcl;el pa&iacute;s m&aacute;s racionalista de Europa&iexcl;- utilizan el m&eacute;todo steineriano. He visto en una bodega de Catalu&ntilde;a c&oacute;mo dinamizaban el agua y sembraban atendiendo a los ciclos de la luna y los astros. Steiner, a&uacute;na lo antiguo con lo ultramoderno. Luego est&aacute;n las escuelas Waldorf, que siguen funcionando. Su m&eacute;todo de ense&ntilde;anza es muy interesante. Steiner, junto a su mujer, invent&oacute; la <em>euritmia </em>que son una serie de movimientos arm&oacute;nicos de baile. Es un hombre para redescubrir. Hace poco hicieron en Suiza una exposici&oacute;n estupenda sobre &eacute;l, sus ideas y todas las influencias que ha tenido en el arte.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Escuchando a Jacobo Siruela uno se pregunta por el momento en el que surge su vocaci&oacute;n como editor. Alguna vez ha contado que los jardines del Palacio de Liria&nbsp; fueron el para&iacute;so de su infancia. All&iacute;&nbsp; abri&oacute; sus ojos a la realidad de los adultos y le surgieron algunas dudas sobre la manera de explicar el mundo. Esas dudas hicieron brotar su trayectoria intelectual. Hace siete a&ntilde;os, un grupo de periodistas escogidos asistimos en ese mismo&nbsp; edificio, ubicado en el coraz&oacute;n de Madrid,&nbsp; al nacimiento de Atalanta. Alumbr&oacute; la nueva editorial la misma idea que transmite en nuestra conversaci&oacute;n: &ldquo;hay una serie de pensadores que debemos&nbsp; sacar del oscurantismo,&nbsp; salvarlos<strong> </strong>de los prejuicios, y estudiarlos a fondo&rdquo;<em>.</em> Y a&ntilde;ade: &ldquo;Por lo visto, lo despreciable me interesa. Yo tambi&eacute;n escrib&iacute; ese&nbsp; libro sobre los sue&ntilde;os y mucha gente desprecia los sue&ntilde;os&rdquo;<em>.</em>&nbsp; Como ejemplo de lo que dice, hablamos de <em>Conciencia m&aacute;s all&aacute; de la vida</em>, uno de los &uacute;ltimos de &ldquo;Imaginatio Vera&rdquo;. Le se&ntilde;alo que ya existen una serie de libros que indagan en las experiencias pr&oacute;ximas a la muerte.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; - Si, pero suelen ser bastante endebles<em>.</em> En cambio &eacute;ste fue hecho por primera vez por un equipo de cuarenta m&eacute;dicos, de una forma sistem&aacute;tica. Pim Van Lommel empez&oacute; a ver casos.&nbsp; Es un libro interesant&iacute;simo. No es ninguna demostraci&oacute;n de la inmortalidad, pero, realmente, cambia absolutamente el paradigma al enfrentarnos a la paradoja de que cuando el cerebro est&aacute; muerto, es decir, con encefalograma plano, el sujeto puede tener experiencias extrasensoriales y&nbsp; <em>visiones </em>de su cuerpo desde varios metros de altura. Pensamos que&nbsp; la mente, el esp&iacute;ritu, se circunscribe al cerebro, pero, en realidad, no sabemos nada. Es como si dij&eacute;ramos que las im&aacute;genes de la televisi&oacute;n salen del aparato, dado que aparentemente as&iacute; lo parece. Pero entonces, &iquest;de donde salen los pensamientos? Hay gente fascinada por esta obra y otra que la repudia. Y como casi siempre ocurre, cada uno sigue sin moverse de su fe. Nunca convences a nadie con argumentos. La gente discute y lee para reforzarse, para conocer otras cosas o abrirse. Vivimos esclavos de los patrones que nos inculca nuestra sociedad y cultura. Van Lommel, en este libro, cuestiona&nbsp; d&oacute;nde empieza y d&oacute;nde acaba la consciencia. El autor asegura&nbsp; que&nbsp; todos estos fen&oacute;menos encajan&nbsp; en el paradigma de la f&iacute;sica cu&aacute;ntica.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp; - A lo que cuenta sobre esta obra, Jacobo a&ntilde;ade una confidencia: &ldquo;uno de nuestros lectores me habl&oacute; por Internet de este libro y, a partir de ah&iacute;, decid&iacute; publicarlo&rdquo;. Creo que en Holanda y en EE.UU ha llegado a ser un <em>best seller</em>. &iquest;Qu&eacute; tal se ha acogido en Espa&ntilde;a?</p>
<p>&nbsp; - Aqu&iacute; va muy bien. Evidentemente, a la prensa le cuesta atreverse. Es muy conservadora. Creo, sin embargo, que estamos saliendo de ese tosco materialismo del siglo XIX, dogm&aacute;tico, fan&aacute;tico. Aunque estos patrones siguen muy pegados a la mente occidental, ahora se empieza a abrir una perspectiva m&aacute;s amplia. No se trata de acabar con la Ilustraci&oacute;n sino de ampliar su paradigma. No podemos, en el siglo XXI, pensar de la misma manera que nuestros antepasados en el XVIII o XIX.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; - En esa misma l&iacute;nea estar&iacute;an&nbsp; <em>El fuego secreto de los fil&oacute;sofos</em> o <em>En los oscuros lugares del saber</em>. Este &uacute;ltimo lo rese&ntilde;amos en <em>Turia</em> cuando lo public&oacute; Atalanta.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; - Digamos que estos libros son una manera de ense&ntilde;ar lo que fueron las sabidur&iacute;as antiguas, esas formas de entender el mundo, pero explicadas con un lenguaje de hoy. Es decir, reactualizadas. En este mundo que se hunde, cada vez m&aacute;s perdido, necesitamos recuperar ese saber espiritual.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El cuento es una de las formas m&aacute;s refinadas y gozosas de la literatura&rdquo;</strong></p>
<p>- En otra l&iacute;nea convergente, pero m&aacute;s inclinada hacia lo literario, hace ya casi treinta a&ntilde;os que Jacobo Siruela cre&oacute; &nbsp;la "Biblioteca de Babel", dirigida y prologada por Jorge Luis Borges. M&aacute;s tarde sac&oacute; adelante "El Ojo sin P&aacute;rpado&rdquo;, una colecci&oacute;n de &nbsp;<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Literatura_fant&aacute;stica">literatura fant&aacute;stica</a>. Dentro de Atalanta, en &ldquo;Ars Brevis&rdquo;, encontramos textos de autores como Alejo Carpentier: Viaje a la semilla y <em>Concierto barroco</em>; de Turgu&eacute;niev,&nbsp; <em>La reliquia viviente</em>, u otros textos de escritores, para mi totalmente desconocidos hasta que salieron en Atalanta, como <em>Sin ma&ntilde;ana</em> de Vivant Denon o <em>La noche</em> de Francisco Tario.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; - En el &uacute;ltimo viaje a M&eacute;xico,&nbsp; me compr&eacute; su narrativa completa. Tario me parece un autor notable, y desconocido en Europa, aunque en su pa&iacute;s goce de cierto renombre. Compr&eacute; las obras completas e hice una selecci&oacute;n de los que yo creo que son sus mejores cuentos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; - &iquest;Con qu&eacute; criterios ha elegido durante todos estos a&ntilde;os a los autores que publica?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; - Cuando empezamos Atalanta me dijeron: &iexcl;ya no hay espacio en el mercado para nada! Entonces pens&eacute;, si queremos publicar diez libros muy selectivos, no vamos a hacer lo que&nbsp; todo el mundo, hagamos aquello que no hace nadie. Si todo el mundo publica novelas, nosotros no publicamos novelas. Publicamos cuentos<em>.</em> Nos advirtieron: &ldquo;el cuento no se vende&rdquo;. Y hay una parte de verdad, el cuento no se vende tanto. No lo entiendo, porque el cuento es una de las formas m&aacute;s refinadas y gozosas de la literatura. La perfecci&oacute;n siempre se logra en el cuento. No hay ninguna novela perfecta. La novela es m&aacute;s profunda, m&aacute;s ambiciosa, pero la perfecci&oacute;n se logra en el chispazo del cuento y el poema. Y apostamos por el cuento. Y no s&oacute;lo por el cuento, tambi&eacute;n por los aforismos, y por los cuentos un poco largos, lo que en Francia se llama <em>nouvelle</em>. Y sobre esto nos hemos basado. Uno de los primeros t&iacute;tulos fue <em>Sin ma&ntilde;ana</em> de Vivant Denon. Me pareci&oacute; muy paradigm&aacute;tico. En toda su vida Denon solo escribi&oacute; este cuento y es magistral. Milan Kundera lo encumbra&nbsp; en uno de sus libros, en <em>La lentitud</em>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; - Viajamos con nuestra memoria desde este hotel en el barrio de Salamanca de Madrid hasta Vila&uuml;r donde est&aacute; su casa y donde nos hemos visto en anteriores ocasiones. Algunos veranos, bajo su espl&eacute;ndido porche, con vistas a unos atardeceres plenos de matices, hemos compartido charlas y buenos caldos. Esta mas&iacute;a es tambi&eacute;n un hospedaje de escritores. Recuerdo alg&uacute;n a&ntilde;o en el que apareci&oacute; por ah&iacute; Bryce Echenique. &iquest;Creo que, sin embargo, a su pesar, &Aacute;lvaro Mutis nunca lleg&oacute; a estar en su casa de Girona?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No. A &Aacute;lvaro Mutis le he visto con Garc&iacute;a M&aacute;rquez en mi &uacute;ltimo viaje a M&eacute;xico.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Personalmente&nbsp; descubr&iacute; la obra del escritor colombiano hace 20 a&ntilde;os, cuando Siruela public&oacute; <em>Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero</em>. Me fascin&oacute; ese libro. Recuerdo que alguna vez hablamos en Mas Pou del escritor afincado desde hace lustros en M&eacute;xico. &iquest;Qu&eacute; ha pasado con &eacute;l? Aqu&iacute; en Espa&ntilde;a es como si se hubiera evaporado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Es ya muy mayor, tiene ochenta y tantos a&ntilde;os. Ahora est&aacute; gracios&iacute;simo, tiene un sentido del humor fant&aacute;stico. Sigue siendo una persona estupenda, aunque muy abatido por la muerte de su hija. Los autores tambi&eacute;n tienen sus momentos de olvido. Pero creo que Mutis permanecer&aacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Le comento que &Aacute;lvaro Mutis, como poeta s&iacute;, pero como narrador no estar&iacute;a dentro de la literatura fant&aacute;stica, pero se acerca a ella a trav&eacute;s de la poes&iacute;a. El personaje de Maqroll nace de la poes&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; - Exacto. Dec&iacute;a Borges que no perduran las novelas, perduran los personajes. Si&nbsp; logras crear un personaje potente, un personaje vivo, entonces perdura, y yo creo que Maqroll, <em>alter ego</em> del propio &Aacute;lvaro es, realmente, un personaje inolvidable</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Y a Garc&iacute;a M&aacute;rquez &iquest;como le ha visto en su &uacute;ltimo viaje a M&eacute;xico?&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp; - Bien. All&iacute; estaban los dos, Garc&iacute;a M&aacute;rquez y Mutis. Tienen muy buena relaci&oacute;n entre ellos, Son muy amigos, son &iacute;ntimos amigos. Dos colombianos, casi exiliados. El otro colombiano importante es Nicol&aacute;s G&oacute;mez D&aacute;vila. Un personaje tambi&eacute;n muy particular, como suelen ser todos mis autores. De &eacute;l publicamos un libro que se llama &ldquo;Escolios para un texto impl&iacute;cito&rdquo; que consta de alrededor de 8000 aforismos muy inteligentes y divertid&iacute;simos. Es una especie de tradicionalista heterodoxo, muy pol&eacute;mico porque realiza un ataque feroz a la modernidad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; - Como &Aacute;lvaro Mutis, que tambi&eacute;n es un tradicionalista.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; - S&iacute;, en eso coinciden. De hecho, Mutis escribi&oacute; sobre este autor. Incluso Garc&iacute;a M&aacute;rquez y Savater lo elogiaron por su estilo y su inteligencia. G&oacute;mez D&aacute;vila le&iacute;a griego, lat&iacute;n alem&aacute;n, ingles, franc&eacute;s. Era un hombre rico que dedic&oacute; toda su vida a cultivarse, y escribi&oacute; ese libro, que es una de las obras de pensamiento m&aacute;s interesantes de America Latina. &Eacute;l dice que cuando no hay nada que conservar, uno se vuelve reaccionario y reacciona contra todo. &Eacute;l reacciona contra todas las falacias de su &eacute;poca. Es un hombre con mucho humor, y tambi&eacute;n sensualidad. Digamos que era el latinoamericano que faltaba.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; - Lo descubrir&eacute; como a tantos autores gracias a la labor editorial de Jacobo Siruela. Por ejemplo, a trav&eacute;s del libro <em>Imagen del mito</em> de Joseph Campbell, que acaba de publicar Atalanta este oto&ntilde;o.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; -&nbsp; Joseph Campbell es junto a Mircea Eliade el gran mit&oacute;logo de la segunda mitad del siglo XX. Escribe varios libros muy importantes, entre ellos &ldquo;El h&eacute;roe de las mil caras&rdquo;. Pero &eacute;ste es uno de sus tres libros fundamentales. Era un gran comunicador y goz&oacute; de mucho &eacute;xito en su tiempo, incluso George Lucas le consult&oacute; cuando estaba elaborando el proyecto de &ldquo;Guerra de las Galaxias&rdquo;, porque el argumento de esta serie est&aacute; basada en una estructura literaria medieval, m&iacute;tica. Lo interesante de &eacute;l es que todo lo que toca est&aacute; vivo y nos hace entender la mitolog&iacute;a. Creemos que los mitos son simples f&aacute;bulas, pero los mitos son f&aacute;bulas s&oacute;lo desde el punto de vista exterior. Desde una perspectiva simb&oacute;lica, el mito es una realidad interna. Por ejemplo, los dioses griegos hablan de todas las situaciones que pueden sucederles a los hombres. Los griegos se comprendieron a s&iacute; mismos a trav&eacute;s de los dioses. La psicolog&iacute;a anal&iacute;tica ha tratado esto con gran penetraci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Entiendo que, desde el mito, la psicolog&iacute;a nos introduce en una realidad interna como son los sue&ntilde;os.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Mito y sue&ntilde;o son lo mismo. Campbell dec&iacute;a: &ldquo;El mito es un sue&ntilde;o colectivo y el sue&ntilde;o es un mito privado&rdquo;. Aunque Campbell se refiere a Freud en su libro, sobre todo sigue la senda de Jung. Freud y Jung estudiaron mitolog&iacute;a, simbolog&iacute;a y ejercieron con pacientes muchos a&ntilde;os, pero se salieron del canon cient&iacute;fico de la &eacute;poca y eso, sobre todo a Jung, nunca se lo han perdonado. Eso no quiere decir que sus teor&iacute;as sean endebles. Estoy convencido de que su visi&oacute;n de la psicolog&iacute;a abre una puerta enorme al siglo XXI.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Abrir las puertas de la mente contempor&aacute;nea es el empe&ntilde;o de Jacobo Siruela. Este verano nos hemos visto e intercambiado correos electr&oacute;nicos para construir juntos esta conversaci&oacute;n. Tambi&eacute;n este verano Zygmunt Bauman, de visita en Espa&ntilde;a, ha desentra&ntilde;ado los secretos de lo que el pensador polaco denomina modernidad l&iacute;quida. Como el Segismundo de Calder&oacute;n de la Barca, el reconocimiento de lo ef&iacute;mero en la civilizaci&oacute;n occidental lleva a Jacobo Siruela a mirar al fondo menos explorado de la cultura, para encontrar un nuevo sentido&nbsp; a nuestro mundo &ldquo;l&iacute;quido&rdquo;. Las obras que publica, las que escribe, las que dise&ntilde;a&nbsp; nacen con la ambici&oacute;n de sortear el juego de lo pasajero y alcanzar el sue&ntilde;o de lo perdurable.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 25 Jan 2018 08:42:46 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aniversario]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/aniversario/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/FRANCISCO_FERRER_LER_N_2.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">Fuiste Derrida y yo Paul de Man.</p>
<p style="text-align: left;" align="right">Y el abismo se abri&oacute; en el v&eacute;rtice de la palabra.</p>
<p style="text-align: left;" align="right">Hoy cumples una edad adolescente.</p>
<p style="text-align: left;" align="right">Yo, anteayer, un certificado de tr&aacute;nsito.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&Eacute;ramos caballeros que montan el mismo caballo,</p>
<p>cristos podridos, dir&iacute;a el pianista canadiense,</p>
<p>formas y sonidos / geometr&iacute;a y m&uacute;sica (Tommy Lasorda).</p>
<p>Por las rutas reales herv&iacute;amos en aceite</p>
<p>los cuatro pedazos del ajusticiado para que duraran m&aacute;s tiempo&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>y depil&aacute;bamos cad&aacute;veres (t&uacute; lo reclamaste),</p>
<p>ese oficio poco remunerado.</p>
<p>Zapadores de largas piernas,</p>
<p>m&aacute;s que podridos</p>
<p>crispados, eso s&iacute; con heridas purulentas; &iexcl;oh, Gr&uuml;newald!</p>
<p>&iexcl;oh, Braque, patr&oacute;n!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al llegar,</p>
<p>qu&eacute; regreso,</p>
<p>bebimos t&eacute; negro sujetando terrones de az&uacute;car entre los dientes</p>
<p>como las t&iacute;as abuelas italo-rumanas,</p>
<p>permanecimos al lado del asno</p>
<p>frente al perro rojizo que dorm&iacute;a; ese refugio, el universo,</p>
<p>ante el viento de superficie. El mar,</p>
<p>seg&uacute;n el excelente se&ntilde;or Auger,</p>
<p>fue licor de vida para los cuerpos de la ciudad (los billetes</p>
<p>del Waqf</p>
<p>estaban en franc&eacute;s). El mar</p>
<p>predec&iacute;a</p>
<p>el final del desatino.</p>
<p>Y s&iacute;, me olvidaba,</p>
<p>me olvido casi siempre,</p>
<p>en Turqu&iacute;a se camina</p>
<p>con zapatos de cuero. La cualidad,</p>
<p>que perdura en el arte,</p>
<p>es la visi&oacute;n propia del mundo:</p>
<p>laystall.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;</p>
<p>------</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Edward Hopper, <em>Escritos</em>, Elba, Barcelona, 2012.</p>
<p>Stefano Faravelli, <em>Istanbul</em>, Confluencias, Almer&iacute;a, 2011.</p>
<p>Francisco Arago, <em>Historia de mi juventud</em>, Austral, Buenos Aires, 1946.</p>
<p>Jean Paulhan, <em>Braque le patron</em>, Gallimard, Par&iacute;s, 1952.</p>
<p>Claude Roy, <em>Arts fantastiques</em>, Delpire, Par&iacute;s, 1960.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 25 Jan 2018 08:36:20 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El regreso de Juan de Mairena]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-regreso-de-juan-de-mairena/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/MANUEL_VILAS_2.jpg" alt="" /></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>PRIMERA CONVERSACI&Oacute;N</strong></p>
<p>Juan de Mairena pregunta sobre historia de la literatura universal a su alumno aventajado del M&aacute;ster de &ldquo;Escritura Creativa&rdquo; de la Universidad de Oxford.</p>
<p>MAIRENA: &iquest;qui&eacute;n es mejor escritor Bukowski o Faulkner?</p>
<p>ALUMNO: Ni Bukowski era tan malo ni Faulkner era tan bueno.</p>
<p>MAIRENA: Excelente, excelente.</p>
<p>ALUMNO: Gracias, maestro.</p>
<p>MAIRENA: Aplique ahora ese juicio a alg&uacute;n caso de la literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea.</p>
<p>ALUMNO: No puedo, es imposible.</p>
<p>MAIRENA: Tiene usted matr&iacute;cula de honor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>SEGUNDA CONVERSACI&Oacute;N</strong></p>
<p>Juan de Mairena pregunta sobre historia de la m&uacute;sica Pop a un alumno aventajado del M&aacute;ster de &ldquo;Direcci&oacute;n y tecnolog&iacute;a medi&aacute;tica de empresas discogr&aacute;ficas&rdquo;.</p>
<p>MAIRENA: &iquest;Qui&eacute;n fue mejor cantante popular americano Johnny Cash o Bob Dylan?</p>
<p>ALUMNO: Con todos mis respetos, maestro, creo que es una pregunta si no poco adecuada, al menos injusta.</p>
<p>MAIRENA: Est&aacute; usted arrogante esta espl&eacute;ndida ma&ntilde;ana universitaria.</p>
<p>ALUMNO: S&iacute;, brilla el sol, como en las viejas canciones de los a&ntilde;os sesenta de los Beatles.</p>
<p>MAIRENA: Pero d&iacute;game d&oacute;nde est&aacute; la injusticia de mi pregunta.</p>
<p>ALUMNO: Es una cuesti&oacute;n fenomenol&oacute;gica: Johnny Cash muri&oacute; en el a&ntilde;o 2003 y Bob Dylan est&aacute; vivo. Adem&aacute;s, eran amigos. No me parece justa la pregunta.</p>
<p>MAIRENA: Le dir&eacute; una cosa sobre la muerte de Johnny Cash, querido disc&iacute;pulo. No la olvide nunca.</p>
<p>ALUMNO: Tiene usted, maestro m&iacute;o, toda mi atenci&oacute;n.</p>
<p>MAIRENA: Es verdad que Johnny Cash est&aacute; muerto, completamente muerto; de hecho si &nbsp;exhumara usted su cad&aacute;ver, no hallar&iacute;a usted m&aacute;s que polvo, humedad y podredumbre, absolutamente nada, suciedad y despojo. Y sin embargo yo creo que no est&aacute; muerto. No es que me guste su m&uacute;sica, que por supuesto me gusta y mucho, es que creo que no est&aacute; muerto.</p>
<p>ALUMNO: Me ha emocionado usted (rompe a llorar).</p>
<p>MAIRENA: &iquest;No estar&aacute; usted enamorado?</p>
<p>ALUMNO: S&iacute;, de lo que acaba de decir.</p>
<p>MAIRENA: Lloremos juntos entonces. Lloremos toda la hora que resta de clase. Lloremos juntos. Somos los bien enamorados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 25 Jan 2018 08:24:43 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Julio Antonio Gómez in terra incognita]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/julio-antonio-gomez-in-terra-incognita/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/JULIO_ANTONIO_G_MEZ.jpg" alt="" /></p>
<p>Desde finales del siglo XIX, la construcci&oacute;n de la historia de la literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea se ha edificado en gran medida bajo el patr&oacute;n r&iacute;gido y alicorto de las generaciones, de tal manera que ha llegado a convertirse en una especie de <em>doxa</em> indiscutible la idea ampliamente extendida de que no hay pulso literario m&aacute;s all&aacute; de las estrechas fronteras que delimitan dichas generaciones. Ese modelo taxon&oacute;mico de car&aacute;cter selectivo y excluyente ha generado un escenario en el que no han encontrado ubicaci&oacute;n poetas de muy distinto signo que &mdash;por no haber militado en su respectivo batall&oacute;n generacional, por haber defendido unas po&eacute;ticas <em>&agrave; rebours</em> de las consignas oficiales de su momento y/o por haber desarrollado trayectorias an&oacute;malas marcadas por la disidencia est&eacute;tica&mdash; no han sido convenientemente atendidos por una cr&iacute;tica literaria narcotizada por la inercia y la comodidad. Si dejamos ahora al margen a Antonio Gamoneda (reconocido en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os con los m&aacute;s importantes premios literarios), ser&iacute;an, entre otros muchos, los casos de Juan Larrea, Francisco Pino, Juan Eduardo Cirlot, Miguel Labordeta, Jos&eacute; Mar&iacute;a Fonollosa, Carlos Edmundo de Ory, Alfonso Canales, C&eacute;sar Sim&oacute;n, Jos&eacute; Antonio Rey del Corral, An&iacute;bal N&uacute;&ntilde;ez e Ignacio Prat. En mi opini&oacute;n, Julio Antonio G&oacute;mez tambi&eacute;n se encontrar&iacute;a entre ellos.</p>
<p>Julio Antonio G&oacute;mez Fraile nace en Zaragoza el s&aacute;bado 27 de mayo de 1933. Es, pues, g&eacute;minis, una circunstancia que puede explicar, en opini&oacute;n del propio poeta, una compleja y &ldquo;doble personalidad&rdquo; que le llev&oacute; a crearse multitud de m&aacute;scaras con las que se desdoblaba en sucesivas e interminables identidades y tras las que se ocultaba un car&aacute;cter l&uacute;dico, inconformista, vulnerable y al mismo tiempo nunca satisfecho de s&iacute; mismo, una personalidad que, como cualquier otra, comenz&oacute; a fraguarse en la infancia, en un momento en que el joven Julio Antonio se vio obligado a reaccionar con gestos de rechazo y repulsa hacia unos cong&eacute;neres cuyos comportamientos estaban en gran medida orientados por la fuerza, la violencia y la hombr&iacute;a mal entendida.</p>
<p>Julio Antonio G&oacute;mez tuvo dos domicilios en Zaragoza. Con sus padres (Arturo G&oacute;mez Moreno y Luisa Fraile) y sus dos hermanos (Arturo Isidro Sebasti&aacute;n, que falleci&oacute; muy pronto, y Luis) vivi&oacute; en el barrio de San Jos&eacute; (Calle del Doce de octubre, 42); posteriormente se trasladar&iacute;a, ya solo, a Tenor Fleta, 115-117, domicilio que pude visitar a comienzos de los noventa gracias a la amabilidad de Mar&iacute;a Crespo (fue Ant&oacute;n Castro quien me facilit&oacute; el contacto), ama de llaves del poeta, y donde tuve oportunidad de consultar la documentaci&oacute;n personal del poeta all&iacute; conservada &mdash;cartas, pasaportes, manuscritos de sus obras, contratos de edici&oacute;n, recortes de prensa, etc.&mdash; y la modesta pero interesante y variada biblioteca que reuni&oacute; en su domicilio zaragozano, en donde encontr&eacute; obras sobre m&uacute;sica, cine, filosof&iacute;a, homosexualidad y, entre otras muchas, t&iacute;tulos de L&eacute;o Ferr&eacute; (a quien pudo escuchar en Par&iacute;s y cuya poes&iacute;a le marc&oacute; intensamente), Rimbaud, Verlaine (los tres en franc&eacute;s), Quevedo, Santa Teresa, Unamuno, Freud, Aleixandre, J. Guill&eacute;n, Quasimodo, Camus, Lezama Lima y Raymond Queneau (no sabemos, debido a la vida itinerante que llev&oacute; durante gran parte de su vida, cu&aacute;ntos libros se quedar&iacute;an por el camino en Par&iacute;s, T&aacute;nger, Las Palmas de Gran Canaria). La personalidad exageradamente extravertida, dicharachera, desprendida y noble de J. A. G&oacute;mez (en esto coinciden los testimonios de todos aquellos que le conocieron) hizo que su casa fuera durante muchos domingos centro de reuni&oacute;n e improvisada tertulia generosamente abastecida de comida y bebida por la que pasaron numerosos amigos y compa&ntilde;eros en diversos proyectos literarios (R. Salas, G. G&uacute;del, I. Ciordia, M. Rotellar, R. Tello, etc.). Pero junto a esa cara luminosa y radiante, hab&iacute;a otro rostro umbroso, caldeado por una cierta perversidad, una voz tocada en ocasiones por la crueldad y la maledicencia.</p>
<p>Tras haber superado, en sus propias palabras, &ldquo;un bachillerato muy accidentado&rdquo;, J. A. G&oacute;mez &mdash;gracias a la situaci&oacute;n econ&oacute;mica relativamente desahogada de su familia y al entusiasmo por aprender (solo aquello que m&aacute;s le interesaba, habr&iacute;a sin embargo que a&ntilde;adir)&mdash; tuvo la oportunidad &mdash;sin realizar estudios universitarios&mdash; de adquirir una considerable formaci&oacute;n cultural de tipo autodidacta en ciertas &aacute;reas de las humanidades: literatura contempor&aacute;nea, m&uacute;sica, cine, fotograf&iacute;a, dibujo, idiomas (franc&eacute;s, alem&aacute;n, ingl&eacute;s; por una carta a Jos&eacute; Mar&iacute;a Aguirre &mdash;<em>apud</em> G&oacute;mez, 1989&mdash;, sabemos incluso que intent&oacute;, en 1962, una traducci&oacute;n de <em>The Waste Land</em>, de Thomas Stearns Eliot).</p>
<p>Aunque pas&oacute; los &uacute;ltimos a&ntilde;os de su vida en Las Palmas de Gran Canaria, donde es muy probable que desarrollara cierta actividad po&eacute;tica, desconocida en cualquier caso hasta el momento, la vida de J. A. G&oacute;mez, al igual que ocurrir&aacute; con su poes&iacute;a, est&aacute; ligada principalmente a tres ciudades: Zaragoza, Par&iacute;s y T&aacute;nger (Salda&ntilde;a, 1993). En esas tres ciudades experiment&oacute; momentos de plenitud y de una intensa desolaci&oacute;n, y esa vida itinerante condicion&oacute; de una manera decisiva su poes&iacute;a, que se presenta, a partir de cierto momento, como el testimonio de un sujeto errante condenado a vagar sin tregua por escenarios urbanos en busca de su alma gemela. Llega un momento en que Zaragoza &mdash;que hab&iacute;a representado hasta ese instante la alegr&iacute;a existencial, la aventura c&oacute;mplice de la amistad y la ejecuci&oacute;n de proyectos literarios&mdash; se vuelve irrespirable, convirti&eacute;ndose en el comadreo, la amargura, la canalla infame y la mezquindad, el confinamiento y la c&aacute;rcel, la ciudad donde la muerte lleg&oacute; a imperar a sus anchas con su negaci&oacute;n hip&oacute;crita de la vida, la ruina y la miseria de un panorama desolador con el que el poeta quiso romper definitivamente. &ldquo;Zaragoza amarilla&rdquo;, poema incluido en <em>Acerca de las trampas</em>, muestra con claridad meridiana la distancia con que J. A. G&oacute;mez dibuja los ritos y los rasgos caracter&iacute;sticos de una ciudad que ya no siente como suya y la desaz&oacute;n que su memoria le provoca:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay edades como pen&iacute;nsulas de sombra,</p>
<p>tiempos lejanos con sienes inquietantes y colmillos dispuestos,</p>
<p>&oacute;rbitas habitadas por fantasmas, catedrales construidas</p>
<p>con un sudor-silencio gris, amontonando piedras</p>
<p>que huelen siempre a muerte&hellip;</p>
<p>as&iacute; eras t&uacute;, ciudad como mujer acostada sin tersura</p>
<p>ni anillos,</p>
<p>sucia de luces pardas que salpicaba el santo ebro avaricioso,</p>
<p>[&hellip;]</p>
<p>bajo el mont&oacute;n harapiento de tus vestidos cenizosos,</p>
<p>ausente</p>
<p>de todo cuanto tenga el poder de la vida:</p>
<p>[&hellip;]</p>
<p>una tremenda oscuridad</p>
<p>cay&oacute; de pronto agrietando las murallas</p>
<p>y el coso se enram&oacute; de procesiones</p>
<p>como venas urgentes,</p>
<p>soterradas algarab&iacute;as triunfalistas</p>
<p>con los ojos pintarrajeados de un violento violeta</p>
<p>escandalosamente funerario.</p>
<p>todo lejos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aunque ya hab&iacute;a cruzado la frontera con anterioridad en varias ocasiones, ser&aacute; en 1967 cuando Par&iacute;s se convierta en un revulsivo importante en su vida y en su obra (all&iacute; comparti&oacute; momentos decisivos con amigos &iacute;ntimos como Jos&eacute; Mar&iacute;a Alfonso o Joaqu&iacute;n Alc&oacute;n y all&iacute; fue donde, probablemente por primera vez en su vida, conoci&oacute; el sabor amargo de la soledad y la penuria econ&oacute;mica). A la estancia en la capital francesa debemos algunos de los m&aacute;s extra&ntilde;os y sugerentes poemas que escribiera (&ldquo;La vida no se repite nunca&rdquo;, &ldquo;Drugstore&rdquo;). A pesar de llevar en el bolsillo cartas de recomendaci&oacute;n de Vicente Aleixandre, Gabriel Celaya o Antonio Buero Vallejo, su vida all&iacute; no result&oacute; nada f&aacute;cil. Trabaj&oacute; en el servicio de limpieza del Banco de Indochina, situado en el Boulevard Haussmann, de contable en La Candelaria, un restaurante espa&ntilde;ol enclavado en el Barrio Latino. En fin, como el gran vitalista que siempre supo ser, y al decir de ese otro gran poeta contempor&aacute;neo, J. A. G&oacute;mez tambi&eacute;n vino a llevarse la vida por delante, y as&iacute; no repar&oacute; gastos ni esfuerzos y tan pronto se ganaba el pan fregando escaleras como derrochaba mil francos nuevos en solo una noche. En todo caso, Par&iacute;s represent&oacute; una victoria vital sobre la &ldquo;zaragozana gusanera&rdquo;, supuso una especie de renacimiento espiritual, tal como se desprende de la relaci&oacute;n epistolar que cruz&oacute; con su amigo Luciano Gracia, uno de los poqu&iacute;simos contactos que mantuvo con su ciudad natal.</p>
<p>La orientaci&oacute;n de sus viajes cambia a partir de los setenta. Su presencia en Zaragoza, despu&eacute;s de dos detenciones con sus consiguientes estancias en la prisi&oacute;n de Torrero, resultaba m&aacute;s que complicada. Su br&uacute;jula particular se&ntilde;ala ahora el Sur, Marruecos, una tierra en la que ya hab&iacute;a pasado varias temporadas y que recordaba con agrado. En la primavera de 1973 &mdash;despu&eacute;s de recibir su parte de la herencia familiar&mdash; se ausenta definitivamente de Zaragoza y se instala en T&aacute;nger (adquiere una casa en el n&uacute;mero 9 de la Rue Chorfa D&acute;Ouazzan), desde donde lleva a cabo constantes viajes por la geograf&iacute;a marroqu&iacute;. All&iacute; pudo conocer y tratar al escritor Mohammed Choukri (el autor de <em>El pan desnudo</em>), preparar una antolog&iacute;a de poes&iacute;a espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea vertida al &aacute;rabe (adquiri&oacute; conocimientos de dariya), traducir algunas canciones de Jos&eacute; Antonio Labordeta e interesarse muy vivamente por la cultura y la historia isl&aacute;micas (como podemos comprobar, son evidentes los paralelismos entre los itinerarios seguidos por J. A. G&oacute;mez y por Juan Goytisolo). All&iacute; continu&oacute; con su labor editorial y escribi&oacute; un libro de poes&iacute;a, <em>El fuego de la historia</em>, con el que gan&oacute; en 1977 el Premio Marruecos convocado por el diario hom&oacute;nimo para libros en espa&ntilde;ol. Todo parece indicar que en ese lugar encontr&oacute;, si no la felicidad, por lo menos la paz, la calma y la tranquilidad que en Zaragoza no hab&iacute;a disfrutado.</p>
<p>Sin embargo, 1977 marca un punto de inflexi&oacute;n en su vida; es el comienzo de una despedida anunciada desde hace tiempo. Los pocos lazos que manten&iacute;a con Zaragoza se rompen casi definitivamente. Por otra parte, alg&uacute;n hecho grave y penoso debi&oacute; de ocurrir en su vida como para abandonar el para&iacute;so marroqu&iacute; en el que parec&iacute;a haber encontrado su <em>locus amoenus</em> en este mundo y trasladarse, a finales de 1979, a Las Palmas de Gran Canaria, donde de nuevo volvi&oacute; a llevar una vida marcada por la inestabilidad econ&oacute;mica y la precariedad emocional y afectiva (trabaj&oacute; de contable en un local de prostituci&oacute;n denominado Flamingo, donde asimismo dispon&iacute;a de una peque&ntilde;a habitaci&oacute;n que acog&iacute;a sus noches aletargadas por el fr&iacute;o, la soledad y el desamor). La isla adonde fue a buscar puerto iba ya solo a reservarle la trampa definitiva.&nbsp; J. A. G&oacute;mez falleci&oacute; de un paro card&iacute;aco en la capital canaria poco antes de cumplir los cincuenta y cinco a&ntilde;os de edad, el 20 de abril de 1988. Tras su muerte, Ant&oacute;n Castro, uno de sus grandes valedores, edit&oacute; parte de la correspondencia epistolar (<em>apud</em> G&oacute;mez, 1989), Antonio P&eacute;rez Lasheras (1992) dedic&oacute; una intensa atenci&oacute;n a su obra, yo mismo publiqu&eacute; un ensayo sobre su poes&iacute;a (Salda&ntilde;a, 1994) y, recientemente, la revista <em>El Alambique</em> (en su n&uacute;m. 3, mayo-octubre 2011, coordinado por &Aacute;ngel Guinda) ha dedicado un homenaje colectivo al autor de <em>Acerca de las trampas</em>.</p>
<p>Julio Antonio G&oacute;mez mantuvo a lo largo de unos cuantos a&ntilde;os una considerable actividad editorial. Al margen de otras aventuras menores, sac&oacute; adelante dos importantes proyectos literarios: una revista de nombre mozartiano, <em>Papageno</em> (recuperada en edici&oacute;n facsimilar en 1991 por A. P&eacute;rez Lasheras), y una colecci&oacute;n de poes&iacute;a que tuvo una presencia significativa en el panorama editorial de finales de los sesenta y comienzos de los setenta, Fuendetodos. Aunque cont&oacute; con la ayuda de unos pocos y entusiastas amigos (G. G&uacute;del, L. Gracia, J. Alc&oacute;n, E. Valdivia), lo cierto es que ambos proyectos (revista y colecci&oacute;n po&eacute;tica) fueron consecuencia de la tenacidad y el esfuerzo de nuestro autor, quien se entreg&oacute; a estos trabajos con una generosidad y una dedicaci&oacute;n infinitas. El primer n&uacute;mero de la revista, miscel&aacute;neo, ve la luz en la primavera de 1958 y en &eacute;l pueden leerse, entre otras, colaboraciones de D. Alonso, G. Diego, A. Buero Vallejo, L. de Luis, M. Pinillos, M. Labordeta, A. Fern&aacute;ndez Molina, &Aacute;. Crespo, J. A. Labordeta y J. A. Bardem (con el guion de la secuencia 29 de su pel&iacute;cula <em>La venganza</em>, todav&iacute;a no estrenada en aquel momento). El segundo, y &uacute;ltimo, n&uacute;mero apareci&oacute; en el invierno de 1960 y en &eacute;l se public&oacute; exclusivamente <em>Oficina de horizonte</em>, esa suerte de representaci&oacute;n dramatizada con que Miguel Labordeta dio forma a su po&eacute;tica. Como sucede con muchas otras revistas literarias aparecidas durante esos a&ntilde;os, hay en <em>Papageno</em> una ausencia de programa te&oacute;rico y editorial definido, una independencia econ&oacute;mica del poder institucional y un resultado art&iacute;stico complejo y desigual.</p>
<p>Fuendetodos fue la ni&ntilde;a de sus ojos, la colecci&oacute;n de poes&iacute;a en la que J. A. G&oacute;mez se volc&oacute; hasta vaciarse, de una manera impresionante. Cansado de ver aparecer y desaparecer aventuras editoriales caracterizadas por el amiguismo y la limitaci&oacute;n de miras, se propuso una empresa de m&aacute;s alto vuelo, con mayores pretensiones, un considerable nivel t&eacute;cnico y tipogr&aacute;fico, apoyada en una l&iacute;nea editorial de calidad y una buena distribuci&oacute;n tanto en Espa&ntilde;a como en el extranjero, donde insistentemente andaba buscando suscripciones entre estudiantes, profesores e intelectuales. La colecci&oacute;n encontr&oacute; acomodo en la editorial Javalambre, fundada por Eduardo Valdivia en 1967, y en el lapso de cinco a&ntilde;os public&oacute; dieciocho libros, algunos magistrales, todos ellos resultado de un trabajo de composici&oacute;n, maquetaci&oacute;n, impresi&oacute;n y encuadernaci&oacute;n merecedor de los mayores elogios (hay que ver los vol&uacute;menes, apreciar al tacto el gramaje del papel empleado, disfrutar de la inteligencia y la sensibilidad con que se redactaron los colofones, olisquear todav&iacute;a hoy el rastro de las tintas utilizadas, etc., si se quiere valorar los logros de una colecci&oacute;n &uacute;nica en el conjunto de la edici&oacute;n po&eacute;tica espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea).</p>
<p>La primera entrega, <em>Los soliloquios</em>, de M. Labordeta, apareci&oacute; en 1969, poco antes de la muerte del autor de <em>Sumido 25</em>; la &uacute;ltima, <em>Funci&oacute;n de Uno, Equis, Ene. F (1.X.N)</em>, de Gabriel Celaya, en 1973. Entre ambos libros, t&iacute;tulos de L. Gracia (<em>Hablan los d&iacute;as</em>, 1969), R. de Garciasol (<em>Los que viven por sus manos</em>), J. A. G&oacute;mez (<em>Acerca de las trampas</em>), V. Aleixandre (<em>Mundo a solas</em>), L. de Luis (<em>Con los cinco sentidos</em>), B. de Otero (<em>Mientras</em>), con quien mantuvo algunas diferencias derivadas del proceso editorial, todos ellos en 1970. <em>Cantar y callar</em>, de J. A. Labordeta, <em>La mano en el sol</em>, de M. de Codes, y <em>Campos sem&aacute;nticos</em>, de G. Celaya, en 1971. En 1972 vieron la luz otros cinco libros: <em>Obras completas</em>, de M. Labordeta, <em>La soledad distinta</em>, de J. Gim&eacute;nez Arnau, <em>Luz sonre&iacute;da, Goya, amarga luz</em>, de I. M. Gil, <em>Segundo abril</em>, de L. Rosales, y <em>A flor de labio</em>, de A. Gast&oacute;n. Por &uacute;ltimo, de 1973 son <em>Sola en la sala</em>, de G. Fuertes, y <em>Tribulatorio</em>, de J. A. Labordeta. Estos fueron los dieciocho libros que finalmente se publicaron. Hubo otros proyectos que no cuajaron, entre los que se encuentran t&iacute;tulos de C. E. de Ory, Jorge Urrutia, Carmen Conde, Salvador Espriu, F&eacute;lix Grande, Luis Jim&eacute;nez Martos, Jos&eacute; Mar&iacute;a Aguirre, Jacinto Luis Guere&ntilde;a, etc. Son numerosos los testimonios que indican la importancia que tuvo la colecci&oacute;n en la vida de J. A. G&oacute;mez, quien se revela en todo momento &mdash;incluso en los m&aacute;s delicados, como los que pudo pasar en la c&aacute;rcel&mdash; como un editor pulcro, riguroso y exigente, obsesionado por alcanzar el mejor resultado posible, a pesar de los obst&aacute;culos que con frecuencia impon&iacute;an la censura o las dificultades econ&oacute;micas, atento a los m&aacute;s m&iacute;nimos detalles de edici&oacute;n. Su entrega es absoluta y sin reservas desde el comienzo y son constantes sus desvelos por airear la colecci&oacute;n en los ambientes acad&eacute;micos (de ah&iacute; sus contactos con F. Yndur&aacute;in, J. M. Aguirre, J. M. Blecua, R. Gull&oacute;n, J. O. Jim&eacute;nez). En todo caso, y atendiendo a la n&oacute;mina de autores que publicaron en la colecci&oacute;n, cabe decir que J. A. G&oacute;mez corri&oacute; pocos riesgos y procur&oacute; jugar siempre sobre seguro, tratando de integrar la poes&iacute;a aragonesa (los Labordeta, L. Gracia, &eacute;l mismo) en el conjunto de la espa&ntilde;ola, seleccionando en la mayor parte de las ocasiones a autores que ya contaban con un prestigio adquirido y una posici&oacute;n m&aacute;s o menos consolidada en el canon po&eacute;tico del momento (y cuando apost&oacute; por autores m&aacute;s o menos j&oacute;venes, poco conocidos &mdash;los casos de M. de Codes o J. Gim&eacute;nez Arnau&mdash;, lo cierto es que esa apuesta no tuvo continuidad por parte de los propios poetas).</p>
<p>La obra po&eacute;tica de J. A. G&oacute;mez consta de los siguientes t&iacute;tulos: <em>Los negros</em> (escrito en torno a 1955, presentado al Premio Doncel de Oro en 1959, publicado <em>post mortem</em>), <em>Las islas y los puertos</em> (en realidad, una <em>plaquette</em> con tan solo cuatro sonetos aparecida a finales de 1958 en edici&oacute;n limitada a cargo del autor), <em>El Cantar de los Cantares</em> (1959), <em>Al oeste del lago Kiv&uacute; los gorilas se suicidaban en manadas numeros&iacute;simas</em> (1960), <em>Acerca de las trampas</em> (1970), en rigor, la &uacute;nica obra con entidad de libro que public&oacute; en vida, y <em>El fuego de la historia</em>, Premio Marruecos 1977, texto del que solo conocemos los nueve poemas que edit&oacute; A. Castro en el volumen que recoge parte de la correspondencia epistolar de J. A. G&oacute;mez (1989). Adem&aacute;s de estos libros, es autor de una obra teatral titulada <em>La edad definitiva</em>, escrita hacia 1957, programada para estrenarse el s&aacute;bado 5 de diciembre de 1959 (en el &uacute;ltimo momento, la censura retir&oacute; el permiso para la representaci&oacute;n), se public&oacute; por primera vez en las &ldquo;Galeradas&rdquo; de <em>Andal&aacute;n</em> (n&uacute;m. 371, 1-15 de enero de 1983), una obra que guarda alguna relaci&oacute;n con <em>Oficina de horizonte</em>, el drama de M. Labordeta que se hab&iacute;a estrenado dos a&ntilde;os antes, en 1955. Con t&iacute;tulo procedente del poema &ldquo;Visitaci&oacute;n a Gabriel Mir&oacute;&rdquo;, de Gerardo Diego, se trata de una pieza de teatro breve que re&uacute;ne como fondo los temas del suicidio y la voluntad. Pr&oacute;xima en su concepci&oacute;n del fen&oacute;meno dram&aacute;tico al teatro del absurdo, presenta la paradoja de encontrar en la muerte la salida que la vida niega al protagonista, de hallar en la renuncia la respuesta de todos los interrogantes.</p>
<p>Aunque con proyecciones en otros &aacute;mbitos y con implicaciones de escritores y artistas de procedencia muy diversa, J. A. G&oacute;mez desarroll&oacute; una trayectoria literaria &mdash;como autor, editor o impulsor de diferentes iniciativas&mdash; vinculada a su ciudad natal a lo largo de, aproximadamente, veinte a&ntilde;os, desde 1955 hasta 1975, y, a pesar de la diferencia de edad que le separaba de Manuel Pinillos (1914-1989) y M. Labordeta (1921-1969), asumi&oacute; con ellos una cierta labor de animaci&oacute;n y liderazgo en muchas de las actividades desarrolladas en el entorno de lo que represent&oacute; el caf&eacute; Nik&eacute;. Nuestro poeta sent&iacute;a devoci&oacute;n y admiraci&oacute;n por M. Labordeta, con quien mantuvo una relaci&oacute;n marcada por la complicidad y la aut&eacute;ntica camarader&iacute;a, de quien tambi&eacute;n pudo aprender esa tendencia hacia la maledicencia, el retorcimiento expresivo y la perversi&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica y de quien sin duda tom&oacute; el gusto por la cr&iacute;tica &aacute;spera y la s&aacute;tira mordaz.</p>
<p>La poes&iacute;a de J. A. G&oacute;mez, a contracorriente de las tendencias m&aacute;s aplaudidas por la cr&iacute;tica en cada momento, alcanz&oacute; ese dif&iacute;cil punto de equilibrio entre lo que habitualmente conocemos como fondo y forma, contenido y expresi&oacute;n, mensaje y elaboraci&oacute;n art&iacute;stica, <em>qu&eacute;</em> y <em>c&oacute;mo</em>, una poes&iacute;a que, sin renunciar a expresar ese lastre existencial complejo que fue siempre caracter&iacute;stico del poeta moderno, se presenta como una escritura sombr&iacute;a, condicionada en gran parte por la clase de amor que revela (de tipo homoer&oacute;tico), dif&iacute;cil y poco gratificante en primeras y superficiales lecturas, reflejo de una personalidad que nunca encaj&oacute; entre los modelos sociales m&aacute;s o menos admitidos. Perdido el que habr&iacute;a de ser su primer libro (y del que solo conservamos su t&iacute;tulo, <em>Privilegio de lo grave</em>), <em>Los negros</em> muestra los primeros hallazgos de un poeta escasamente comprometido con su trabajo, preocupado m&aacute;s por la denuncia de la perversidad del mundo y por redimir a la humanidad de las injusticias que la golpean que por alcanzar una voz po&eacute;tica personal, un registro propio. Mal entendida la consigna aleixandrina (formulada y difundida luego por Bouso&ntilde;o) sobre la comunicaci&oacute;n po&eacute;tica, todo parece indicar que J. A. G&oacute;mez se vio a s&iacute; mismo en sus inicios m&aacute;s cerca del <em>docere</em> que del <em>delectare</em>, como una especie de voz de los sin voz, alguien llamado a reinstaurar a trav&eacute;s de la poes&iacute;a un determinado y perdido orden de justicia social. Sin embargo, esto no dur&oacute; mucho tiempo pues enseguida cobr&oacute; importancia en su obra la idea de la poes&iacute;a como exploraci&oacute;n de diferentes realidades, la poes&iacute;a como posibilidad de generar otro tipo de conocimiento.</p>
<p>Sin duda alguna, su primer gran libro literario, escrito con la conciencia de un escritor enfrentado a la tradici&oacute;n (seg&uacute;n la consigna eliotiana), es <em>El Cantar de los Cantares</em>, en donde sigue el conocido poema atribuido a Salom&oacute;n, con los personajes del libro b&iacute;blico, situados ahora en escenarios actuales. Se trata de un texto del que se han hecho numerosas versiones; en la tradici&oacute;n literaria del espa&ntilde;ol, adem&aacute;s de la poes&iacute;a epital&aacute;mica y las continuadas par&aacute;frasis que algunos autores de la m&iacute;stica hicieron del texto original (sobre todo, San Juan de la Cruz en el <em>C&aacute;ntico espiritual</em>), las m&aacute;s relevantes son las de Fray Luis de Le&oacute;n y Benito Arias Montano. Este libro introduce dos notas que aparecer&aacute;n con frecuencia en su obra po&eacute;tica posterior: la primera, de naturaleza tem&aacute;tica, alude al amor y al erotismo como contenidos esenciales del discurso po&eacute;tico; la segunda es la utilizaci&oacute;n del superlativo como un rasgo destacado de expresividad, ya desde el mismo t&iacute;tulo, <em>El Cantar de los Cantares</em>, es decir, el canto por antonomasia. Esboza t&oacute;picos tem&aacute;ticos (la pasi&oacute;n amorosa, la humanizaci&oacute;n de una naturaleza fuertemente sensualizada, la inevitabilidad de la muerte) que desarrollar&aacute; en libros posteriores; introduce s&iacute;mbolos y temas simb&oacute;licos (el vino, el mar, el sue&ntilde;o) que han adquirido cierta continuidad en su poes&iacute;a, rasgos que proporcionan al libro un aire de familia en el conjunto de su producci&oacute;n. Sin embargo, al presentarse dividido en cantos en los que intervienen distintos personajes (la amada, el amado, el coro), ensaya una estructura de poema dram&aacute;tico que no volver&aacute; a utilizar en el resto de su obra, y, sobre todo, dada la intensa sensualidad que envuelve al poema (en realidad, de eso se trata, de un &uacute;nico poema dividido en cantos), supone la manifestaci&oacute;n m&aacute;s contundente de imaginer&iacute;a verbal y plasticidad l&iacute;rica de entre toda la poes&iacute;a que public&oacute; su autor.</p>
<p>Con una tirada de tan solo doscientos ejemplares, en 1960 se public&oacute; el primer, y &uacute;nico, n&uacute;mero de la colecci&oacute;n Papageno, <em>Al oeste del lago Kiv&uacute; los gorilas se suicidaban en manadas numeros&iacute;simas</em> (el libro que mayor fortuna ha tenido pues se ha reeditado en dos ocasiones: en 1993, en la Instituci&oacute;n Fernando el Cat&oacute;lico, y en 2011, en Los libros del Se&ntilde;or James, en ambos casos con introducci&oacute;n de A. P&eacute;rez Lasheras). Dividido en cuatro libros formado cada uno de ellos por un solo poema, <em>Al oeste del lago Kiv&uacute; los gorilas se suicidaban en manadas numeros&iacute;simas</em> (rep&aacute;rese, de nuevo, en el superlativo) presenta la particularidad de ser la &uacute;nica obra publicada por J. A. G&oacute;mez que ofrece sus p&aacute;ginas numeradas. Si desde un punto de vista espacial o geogr&aacute;fico, <em>Los negros</em> y <em>El Cantar de los Cantares</em> eran libros ligados a la naturaleza (la selva, el jard&iacute;n), con esta obra &mdash;que representa en cierto sentido la plenitud de un ciclo po&eacute;tico, la depuraci&oacute;n y perfecci&oacute;n de una t&eacute;cnica expresiva ensayada en sus entregas anteriores&mdash; inaugura su gran poes&iacute;a de la ciudad, que culminar&aacute; en <em>Acerca de las trampas</em>. Poes&iacute;a urbana dotada de una inquietante belleza es, a pesar de la nota de humor introducida en el t&iacute;tulo, una composici&oacute;n amarga que sume al lector en una honda pesadumbre. Y con la entrada de la ciudad se produce tambi&eacute;n la incorporaci&oacute;n de un nuevo personaje poem&aacute;tico con una amplia presencia en la poes&iacute;a desde los inicios de la modernidad: la masa, la muchedumbre, la multitud, situaci&oacute;n que har&aacute; que el protagonista del discurso po&eacute;tico, sin llegar a desaparecer, se disuelva en un complejo escenario en el que el <em>yo</em> l&iacute;rico ha perdido algo de entidad en favor de ese otro personaje sin rostro que es el personaje colectivo. As&iacute;, la presencia de los gorilas ha de interpretarse como un s&iacute;ntoma deshumanizador y est&aacute; &iacute;ntimamente ligada a la de la masa (el p&uacute;blico, la gente) como elemento caracter&iacute;stico de la vida urbana. Muy probablemente, se trata de un rasgo heredado de M. Labordeta, quien ya hab&iacute;a utilizado los gorilas (u otros animales pertenecientes a su tronco com&uacute;n: monos, chimpanc&eacute;s, orangutanes) en diversas ocasiones y con parecidos prop&oacute;sitos: criticar procesos de deshumanizaci&oacute;n y despersonalizaci&oacute;n, reprobar modelos de adocenamiento colectivo.</p>
<p>Con <em>Acerca de las trampas</em> (1970) alcanza el volumen m&aacute;s compacto y consistente de su obra. Recapitulaci&oacute;n y s&iacute;ntesis de su producci&oacute;n literaria entre 1960 y 1970, es su gran libro de madurez existencial y expresiva, materializado en una expresi&oacute;n al mismo tiempo compleja y depurada gracias, en buena medida, al enorme revulsivo que supusieron sus diversas estancias parisinas, tanto en los aspectos relacionados con la canalizaci&oacute;n de sus afectos y emociones como en los vinculados con la destilaci&oacute;n de su t&eacute;cnica po&eacute;tica. Voz de voces, aqu&iacute; encontramos los temas que siempre le interesaron (el amor, a menudo insatisfecho, el desarraigo existencial de quien no pudo encontrar jam&aacute;s su <em>locus</em>, el odio cainita del perseguido y la coacci&oacute;n de la multitud, el anhelo de una vida plena y la presencia serena y raras veces amenazante de la muerte), tratados sin ning&uacute;n pudor, con una honestidad y una valent&iacute;a radicales (en ocasiones tambi&eacute;n con una visceralidad no suficientemente filtrada por el tamiz de la escritura) y configurando as&iacute; un universo po&eacute;tico poli&eacute;drico y polif&oacute;nico. El libro se abre con un dur&iacute;simo y desolador poema que cumple las funciones de po&eacute;tica, &ldquo;Pr&oacute;logo para un silencio interminable&rdquo;, t&iacute;tulo en el que aparece una de las palabras clave en la escritura de J. A. G&oacute;mez: &ldquo;silencio&rdquo;. En 1970, cuando aparece esta obra, hab&iacute;an transcurrido diez a&ntilde;os desde la anterior, y &mdash;con la excepci&oacute;n de una parte de <em>El fuego de la historia</em> (publicada en el diario <em>Marruecos</em> en 1977)&mdash; pasar&iacute;an otros dieciocho, hasta su muerte en 1988, de igual forma. Esto quiere decir que en veintiocho a&ntilde;os solo public&oacute; este libro, hecho que lleva a concluir que ese silencio, como indica el t&iacute;tulo del poema, fue en efecto interminable, la plasmaci&oacute;n de una realidad. El silencio, un campo sem&aacute;ntico recurrente a lo largo de toda su escritura, funciona aqu&iacute; como un balance de resultados po&eacute;ticos, met&aacute;fora final de una palabra enterrada en el desierto de la afon&iacute;a. Quien al principio del poema (vv. 1-3) ignora no solo la identidad de los destinatarios sino tambi&eacute;n la raz&oacute;n de la existencia de su poes&iacute;a,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con humildad escribo</p>
<p>la delirante arquitectura en reposo de mi poes&iacute;a,</p>
<p>para qu&eacute;, para qui&eacute;n,</p>
<p>al final del mismo (vv. 41-43), pertrechado de sabidur&iacute;a y experiencia, se dar&aacute; cumplida respuesta:</p>
<p>Tal pudo ser para nada ni nadie</p>
<p>al preguntarme ahora por los l&iacute;mites hondos de la pena</p>
<p>en el ruedo insensato de esta insultante eternidad bald&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Este poema adelanta algunos temas que reaparecer&aacute;n posteriormente: la ciudad (Zaragoza, Par&iacute;s), el pa&iacute;s (Espa&ntilde;a), el amor, critica la pasi&oacute;n espa&ntilde;ola por el juego (&ldquo;en un pa&iacute;s con alma de naipe&rdquo;, v. 9), la incansable persecuci&oacute;n a que es sometido por los guardianes de la moral y el orden p&uacute;blico (&ldquo;la desesperaci&oacute;n nocturna del asfalto que esp&iacute;a/irrevocables sufrimientos, ag&oacute;nico-girar-molino-coraz&oacute;n&rdquo;, vv. 14-15), la hipocres&iacute;a y la caridad mal entendidas (&ldquo;casas y cartapacios hartos de sopas y de misas&rdquo;, v. 22), la crueldad y la ignominia, en fin, de un sistema social que primero tortura a sus disidentes y luego los bendice (&ldquo;tapias de adobe civil a quienes a tiros arrancaron las camisas/para cubrirlas luego con casullas de sangre&rdquo;, vv. 25-26).</p>
<p>Zaragoza, ya ha sido anotado, es un motivo central en esta poes&iacute;a, en este libro y en otros lugares. Aparece, por ejemplo, en &ldquo;Geograf&iacute;a&rdquo;, poema recogido en un folleto titulado <em>Seminario de Poes&iacute;a</em> y publicado en 1970 por el Departamento de Literatura Espa&ntilde;ola de la Universidad de Zaragoza (la publicaci&oacute;n es reflejo de una sesi&oacute;n po&eacute;tica celebrada en la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras de Zaragoza el 17 de abril de 1970 en la que se leyeron poemas de M. Labordeta &mdash;en esa fecha ya fallecido&mdash;, L. Gracia y J. A. G&oacute;mez). En esta ocasi&oacute;n, la ciudad es descrita con una inusitada crueldad (explicable probablemente a partir de ciertas experiencias personales), contemplada como s&iacute;mbolo de la desesperaci&oacute;n, el confinamiento, la muerte, la venganza y la miseria moral, con una mirada muy pr&oacute;xima a esa otra con la que Cernuda contempla Espa&ntilde;a desde el destierro, y ello a pesar de que el zaragozano no sintiera especial predilecci&oacute;n por el autor de <em>Ocnos</em>, tal como se desprende de la lectura del ensayo <em>Espa&ntilde;a: Poes&iacute;a y Teatro contempor&aacute;neos, 1936-60</em> (G&oacute;mez, 1968). El dolor ha dejado paso al rencor:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Zaragoza limita al Norte con la Desesperaci&oacute;n</p>
<p>asomada a los crujientes secanos que buscan grandes puertas</p>
<p>para escapar al insulto de los Paradores de Turismo.</p>
<p>[&hellip;]</p>
<p>Zaragoza limita al Sur con las arpilleras rotas de los Presidios</p>
<p>balanceadas por el aliento de los castigados a celdas,</p>
<p>[&hellip;]</p>
<p>Zaragoza limita al Este con la ira del viento</p>
<p>que a&uacute;n no ha conseguido borrar los nidos de ametralladoras,</p>
<p>[&hellip;]</p>
<p>Zaragoza limita al Oeste con la indiferencia de los campanarios,</p>
<p>[&hellip;]</p>
<p>Zaragoza limita con toda limitaci&oacute;n, con el fr&iacute;o y las voces</p>
<p>de las esquinas custodiadas por los tercos vendedores de Iguales,</p>
<p>&uacute;nicas voces permitidas, &uacute;nicos gritos</p>
<p>golpeando las calles, &uacute;nicos</p>
<p>y ciegos.</p>
<p>Ciegos.</p>
<p>Abrid los ojos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ahondando en la l&iacute;nea inaugurada en <em>Al oeste del lago Kiv&uacute; los gorilas se suicidaban en manadas numeros&iacute;simas</em>, la poes&iacute;a de <em>Acerca de las trampas</em>, &iacute;ntimamente ligada al palpitar de la ciudad, contempla el alcohol como un elemento revelador y caracter&iacute;stico de ese escenario, un escenario que es din&aacute;mico y cambiante, donde se suceden el d&iacute;a y la noche, la alegr&iacute;a y la tristeza, el placer y el dolor, la abundancia y la pobreza, el sue&ntilde;o y la vigilia, el contacto y la ausencia, un escenario por el que circulan variopintos y singulares personajes que protagonizan diferentes acciones. As&iacute;, el alcohol alcanzar&aacute; un significado u otro en funci&oacute;n del estado de zozobra, plenitud, gracia, insatisfacci&oacute;n, alegr&iacute;a, etc., que se refleje en el poema-</p>
<p>Probablemente sea el amoroso el registro expresivo en el que J. A. G&oacute;mez alcanz&oacute; mayor solvencia y calidad literarias (Salda&ntilde;a, 1998). Su poes&iacute;a, en este campo sem&aacute;ntico, raras veces se resuelve en un punto de equilibrio; sometida a un acusado estado de ansiedad casi siempre insatisfecho, la tensi&oacute;n en la que se encuentran amante y amado &mdash;v&iacute;ctima y verdugo de una misma representaci&oacute;n dial&eacute;ctica&mdash; es una de sus caracter&iacute;sticas peculiares. En la mayor&iacute;a de las ocasiones, la voz del protagonista del enunciado (a quien identificamos inevitablemente con J. A. G&oacute;mez) es la del enamorado abandonado que trata de consolarse de la p&eacute;rdida de su amante. En todo caso, una <em>lectura atenta</em> del libro nos muestra que las dos grandes unidades tem&aacute;ticas que lo conforman, el ser social y el ser amoroso, dif&iacute;cilmente se dan aisladas, sino que elementos procedentes de la poes&iacute;a c&iacute;vica ti&ntilde;en la poes&iacute;a amorosa y, al contrario, elementos tomados de la poes&iacute;a amorosa entran a formar parte de poemas sociales; por otro lado, la ret&oacute;rica amorosa aparece frecuentemente salpicada de elementos propios de la arquitectura urbana (murallas, puertos, playas, faros, evacuatorios, estatuas, muros, t&uacute;neles, etc.) y elementos c&iacute;vicos, aunque presentados con un considerable ropaje metaf&oacute;rico, como &ldquo;libertad del firmamento&rdquo;, &ldquo;tierra sufriente&rdquo;, &ldquo;torrentes secos&rdquo;, &ldquo;polvorientos olivos de plata&rdquo;, etc.</p>
<p>Julio Antonio G&oacute;mez es un caso aparte en la historia de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola de su tiempo. Aunque aragon&eacute;s de nacimiento, sus lecturas y amistades for&aacute;neas, su educaci&oacute;n y formaci&oacute;n cosmopolitas, sus cada vez m&aacute;s frecuentes, prolongadas y hasta definitivas estancias en otros lugares, su despegue de lo que podr&iacute;amos presentar como rasgos caracter&iacute;sticos de un cierto imaginario po&eacute;tico aragon&eacute;s contempor&aacute;neo (parquedad expresiva, primac&iacute;a del contenido, d&eacute;ficit de recursos pl&aacute;sticos, desatenci&oacute;n formal) y su elaboraci&oacute;n de una poes&iacute;a del color y del sonido, plet&oacute;rica de im&aacute;genes, met&aacute;foras y s&iacute;mbolos, sensual y apasionada hasta la extenuaci&oacute;n, vibrante y musical, todos esos elementos hacen de &eacute;l un poeta en clara progresi&oacute;n ascendente que culmina su trayectoria con la redacci&oacute;n de un libro singular, <em>Acerca de las trampas</em>, condensaci&oacute;n y cenit de su po&eacute;tica, un libro repleto de aciertos expresivos que, sin embargo, fue escandalosamente silenciado por el <em>establishment</em> de la cr&iacute;tica literaria en el momento de su aparici&oacute;n, preocupado m&aacute;s en aquel instante por consolidar otro tipo de po&eacute;tica. Sin embargo, nuestro poeta parece que aprendi&oacute; la lecci&oacute;n: sin renunciar jam&aacute;s a la carga dram&aacute;tica, el humanismo, la sinceridad, el componente vital, la experiencia y la autenticidad (elementos que solo pueden conducir al patetismo, dir&iacute;an otros) como fuentes de una poes&iacute;a desigual y discontinua, supo dotarla en ocasiones de un armaz&oacute;n ret&oacute;rico bien construido, consistente, con una renovada y a veces compleja y retorcida sintaxis, unas t&eacute;cnicas expresivas cercanas unas veces al surrealismo, otras al expresionismo, y configurando con todo ello un escenario discursivo muy condensado de signos, significados y significaciones. Julio Antonio G&oacute;mez aprendi&oacute; la lecci&oacute;n y al final se convirti&oacute; en un jugador que hizo de las trampas de la vida la materia con la que pudo tejer los hilos de unos cuantos poemas memorables.</p>
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<p>Referencias bibliogr&aacute;ficas</p>
<p>G&oacute;mez, Julio Antonio (s. f.). <em>Los negros</em>, ejemplar mecanografiado [puede consultarse en A. P&eacute;rez Lasheras (1992)].</p>
<p>_____(1959). <em>El Cantar de los Cantares</em>, Zaragoza, ed. del autor.</p>
<p>_____(1960). <em>Al oeste del lago Kiv&uacute; los gorilas se suicidaban en manadas numeros&iacute;simas</em>, Zaragoza, col. Papageno, 1.</p>
<p>_____(1968). <em>Espa&ntilde;a: Poes&iacute;a y Teatro contempor&aacute;neos, 1936-60</em>, ejemplar manuscrito [puede consultarse en A. P&eacute;rez Lasheras (1992)].</p>
<p>&shy;_____(1970). <em>Acerca de las trampas</em>, Zaragoza, Ediciones Javalambre, col. Fuendetodos, 4.</p>
<p>_____(1989). <em>El coraz&oacute;n desbordado</em> (epistolario), ed. de A. Castro, Zaragoza, Olifante.</p>
<p>P&eacute;rez Lasheras, Antonio (1992). <em>Una pasi&oacute;n sombr&iacute;a: vida y obra de Julio Antonio G&oacute;mez</em>, 2 vols, Zaragoza, Diputaci&oacute;n de Zaragoza.</p>
<p>Salda&ntilde;a, Alfredo (1993). &ldquo;Zaragoza, Par&iacute;s, T&aacute;nger: notas para una geograf&iacute;a po&eacute;tica de Julio Antonio G&oacute;mez&rdquo;, <em>Alazet</em>, 5, 151-163.&nbsp;</p>
<p>_____(1994). <em>Con esa oscura intuici&oacute;n. Ensayo sobre la poes&iacute;a de Julio Antonio G&oacute;mez</em>, Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza.</p>
<p>_____(1998). &ldquo;<em>En la hora secreta de la dicha</em>: la poes&iacute;a amorosa de Julio Antonio G&oacute;mez&rdquo;, A. P&eacute;rez Lasheras y A. Salda&ntilde;a, eds., <em>El desierto sacudido </em>(Actas del Curso Poes&iacute;a aragonesa contempor&aacute;nea), Zaragoza, Diputaci&oacute;n General de Arag&oacute;n, 181-196<strong>.</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 25 Jan 2018 08:19:32 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cirlot y los hombres sensatos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/cirlot-y-los-hombres-sensatos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/JUAN_EDUARDO_CIRLOT_2.jpg" alt="" /></p>
<p>Ahora que, para decirlo como lo dijo en el generoso comentario a unos versos m&iacute;os hace casi veinte a&ntilde;os Luis Alberto de Cuenca, todo parece ser en torno nuestro &ldquo;conforme y seg&uacute;n&rdquo;, por fuerza ha de resultar natural que cualquier fervor, cualquier muestra de convicci&oacute;n adherida a alguna idea o sentimiento de tal modo absoluto como para dar forma a una acci&oacute;n de vida, se hagan extra&ntilde;os, puede que a duras penas tolerables, &uacute;nicamente accesibles a la imaginaci&oacute;n de &eacute;pocas o de culturas ajenas. Y esto debe ser cosa de nuestro tiempo &mdash;o sea, cosa hist&oacute;rica&mdash;, pero seguramente tambi&eacute;n ser&aacute; cosa de siempre, o sea, cosa de la edad.</p>
<p>Porque no tendr&aacute; nada de raro que una vez pasada y bien pasada la juventud (en el caso de aquellos versos m&iacute;os, ya postrera, aunque sostenida en pie creo que sobre un voluntarismo literario aferrado a cierta verdad, para entendernos, <em>del coraz&oacute;n</em>), nuestra representaci&oacute;n imaginaria nos la ofrezca en yunta con el fervor aquel, hasta dar por hecho que con la p&eacute;rdida de la juventud ha de llegar siempre, necesariamente, la de cualquier evidencia no ya apote&oacute;sica, sino sencillamente afirmativa de la realidad y de nuestro sitio en ella, y sobre todo de la realidad de la que hablan nuestros poemas, como ocurr&iacute;a, pensamos, antes de que todo fuera mordido por la duda.</p>
<p>No me cuesta ning&uacute;n esfuerzo llamar ahora a aquellos versos m&iacute;os fabulosos, rom&aacute;nticos, surrealizantes, y tambi&eacute;n <em>cirlotianos </em>&mdash;mi generoso amigo profesaba como yo esa devoci&oacute;n, y creo que la seguir&aacute; profesando&mdash;. Iba con ellos desde luego un af&aacute;n mitogr&aacute;fico; llevaban consigo el empe&ntilde;o proclamativo de un mundo esencial, que, &uacute;nicamente hecho de verdad po&eacute;tica, parec&iacute;a sin embargo resistir al otro, circunstante, al que, no obstante, aquel puramente po&eacute;tico no anulaba, sino al que transfiguraba o transustanciaba en una especie de materia o de geograf&iacute;a espiritual. &ldquo;La vivencia l&iacute;rica&rdquo;, como se titulaba uno de los art&iacute;culos publicados por Cirlot en los a&ntilde;os cuarenta en la revista <em>Entregas de poes&iacute;a</em> de Juan Ram&oacute;n Masoliver, &ldquo;tiende a una proyecci&oacute;n rec&iacute;proca &mdash;amorosa&mdash; de los dos mundos&rdquo;, dec&iacute;a el poeta. As&iacute; que en esos momentos de lirismo privilegiado, se ven&iacute;a a hacer posible lo imposible: que de las esencias imaginarias &mdash;y de su tiempo sin tiempo&mdash; tuvi&eacute;ramos alguna experiencia real. A la inversa, tambi&eacute;n suced&iacute;a que las im&aacute;genes de la naturaleza exterior que tenemos por m&aacute;s nuestra, por m&aacute;s aut&eacute;ntica (y yo ten&iacute;a una muy interiorizada conciencia de la propiedad de unos paisajes, a los que conced&iacute;a, pues, un valor metaf&iacute;sico) ganaran rango anal&oacute;gico de elementos imperecederos, no ya del reino de la existencia, sino del reino del ser, una vez cristalizados en el atanor del arte que habr&iacute;a suprimido de ellos &mdash;como dec&iacute;a Cirlot en el art&iacute;culo aquel&mdash; &ldquo;todo lo superfluo, todo lo in&uacute;tilmente repetido de nuestra existencia&rdquo;.</p>
<p>Henchida de pasi&oacute;n y casi guiada por ella, aquella idea la poes&iacute;a parec&iacute;a muy capaz de hacer valer los superiores derechos de la verdad imaginaria por sobre la verdad objetiva y com&uacute;n del mundo existente y, desde luego, por encima de los de la otra verdad pol&iacute;tica o consensuada del mundo hist&oacute;rico. Pero el tiempo pasa. El voluntarismo acaba siendo abandonado al darnos cuenta, en fin, de la indiferencia de lo real con respecto a nuestros deseos. La edad. Y tambi&eacute;n de la injusticia selectiva que significa imponer aquello esencial y, por tanto, imaginario, por sobre lo carnal, lo real, lo sensible &mdash;as&iacute; pues, &ldquo;lo superfluo&rdquo;, que dir&iacute;a Cirlot&mdash; en lo cual vivimos y amamos para nuestra dicha y nuestro dolor. Y vemos tambi&eacute;n que los momentos alumbrados en la susodicha &ldquo;vivencia&rdquo; son precisamente eso, <em>momentos</em>, como si dij&eacute;ramos puntos acotados de una&nbsp; plenitud discontinua, como lo son los milagros y las experiencias est&eacute;ticas, pese a que el poeta, y sobre todo el poeta o el artista surrealista o visionario, act&uacute;a en la sugesti&oacute;n de que el orden simb&oacute;lico ocupa la vida pr&aacute;ctica a tiempo completo.</p>
<p>Un d&iacute;a, por decirlo as&iacute;, nos parece que todo eso viene a ser lo mismo que ocultar la verdad. Y que, en efecto, m&aacute;s bien se canta en el gozo y la pena de las experiencias sensibles, en la conciencia de su discontinuidad. Pero el caso es que esto no me exige, ni mucho menos, emprender el repudio de aquel poeta y renunciar a su aprecio, para m&iacute; asociado al recuerdo de la juventud. Ser&iacute;a muy desagradecido. Y, sobre desagradecido, injusto, con el tipo de injusticia que se cometer&iacute;a si aquella juventud y sus fervores fuesen ahora enjuiciados por un tribunal senescente en aplicaci&oacute;n de leyes de un r&eacute;gimen derrocado. Pero para entender del todo la naturaleza de la injusticia que podr&iacute;amos cometer con Cirlot es importante retener aquella frase, en la que &eacute;l llamaba precisamente &ldquo;amorosa&rdquo; a la comunicaci&oacute;n entre esos mundos que ahora nos parecen antag&oacute;nicos, el de las esencias imaginarias y el de la existencia superflua y real, el del sue&ntilde;o de la plenitud y el de la intermitencia de sus instantes en la vida. Porque esa consideraci&oacute;n da cuenta, precisamente, de la conciencia reflexiva con la que el propio Cirlot acometi&oacute; la dualidad y su tragedia. Y porque es exactamente en esa calidad &ldquo;amorosa&rdquo; como la experiencia que cura de la dualidad misma de los mundos &mdash;&ldquo;la vivencia l&iacute;rica&rdquo;&mdash; declara su pertenencia a una tradici&oacute;n literaria y filos&oacute;fica antigua y venerable como pocas, que finalmente brota, creo yo, de manadero plat&oacute;nico. Pero vayamos por partes.</p>
<p>Mi primera intenci&oacute;n en este recuerdo de Juan-Eduardo Cirlot cuando se cumplen cien a&ntilde;os de su nacimiento, era evocar al menos tres encuentros no expresivos precisamente de su admiraci&oacute;n (que ya he expresado otras veces) sino enfilados a su cr&iacute;tica, a las razones por las que Cirlot pudo ir alej&aacute;ndose de las sinton&iacute;as de un poeta, ya no joven, que viajaba ahora, dig&aacute;moslo as&iacute;, m&aacute;s bien sobre el otro caballo de los que arrastran al auriga plat&oacute;nico, el que, en vez de entregarse al fervor, se refrena. Yo creo que Cirlot fue, desde luego, un poeta de raza rom&aacute;ntica y prof&eacute;tica, y que lo fue &mdash;esto es decisivo&mdash; sin sombra de iron&iacute;a, sin distancia, es decir, en el anhelo de que la &ldquo;vivencia l&iacute;rica&rdquo; no fuera espor&aacute;dica, sino vislumbre real de una temporalidad continua, de una vida verdadera, de la vida que, heideggerianamente, llamar&iacute;amos &ldquo;aut&eacute;ntica&rdquo;. Y el poeta-profeta, completamente persuadido de su convicci&oacute;n, no podr&aacute; conceder nunca que la verdad de su canto se circunscribe a su subjetividad, o sea, que consiste en un fragmento m&aacute;s del mundo de fragmentos innumerables entre los que, en nuestro r&eacute;gimen cultural, la verdad yace &mdash;pol&iacute;tica, institucionalmente&mdash; diseminada; nunca dudar&iacute;a, por decirlo as&iacute;, de la verdad de su poes&iacute;a, incluso extramuros del poema.</p>
<p>Por lo dem&aacute;s, nadie podr&aacute; decir de Cirlot como de alguien particularmente irreflexivo; no hay que olvidar su ingente obra en la cr&iacute;tica de arte o en el comentario literario, que su congruencia intelectual ti&ntilde;e, eso s&iacute;, del mismo y unitario profetismo de su poes&iacute;a. Ninguno de los fil&oacute;sofos de la tradici&oacute;n, ven&iacute;a a decir Leo Strauss en cierta p&aacute;gina sobre Spinoza, pens&oacute; que la verdad de su proposici&oacute;n pudiera ser punto menos que absoluta, aunque hoy cueste, por lo visto, entenderlo. Pero tambi&eacute;n podr&iacute;amos decir que la operaci&oacute;n po&eacute;tica propiamente <em>moderna</em>, antes que consistir en la renuncia a esa verdad absoluta, viene determinada por el acotamiento de las condiciones en las que su expresi&oacute;n puede resultar objetivamente eficiente, entre los linderos de un espacio espec&iacute;fico y cerrado de experiencia al que llamamos, justamente, poema; lo otro, la eficiencia de esa verdad a las afueras de ese objeto, ser&aacute; m&aacute;s bien un asunto especulativo. Pero esto quiere decir, en el fondo, que ya no hablamos de la verdad, sino de la verosimilitud, que es lo propio de los realismos y de todas las est&eacute;ticas hist&oacute;ricas sustentadas sobre una congruencia puramente interna. Por ejemplo, la que ven&iacute;a a proponer Robert Langbaum en su libro c&eacute;lebre, con &eacute;l que tiene que ver la primera de las tres circunstancias, una personal y otras dos estrictamente literarias, con las que me propon&iacute;a inicialmente ilustrar el alejamiento que cre&iacute; sentir de Cirlot a medida que cobraba conciencia de la juventud perdida y me iba alineando con otras po&eacute;ticas, m&aacute;s propias de los que llamaremos &ldquo;los hombres sensatos&rdquo;.</p>
<p>El nueve de diciembre de 1988 mi cabezoner&iacute;a me hac&iacute;a creer a&uacute;n que la subjetiva verdad de lo vivido como sentimiento pod&iacute;a manifestarse po&eacute;ticamente como una raz&oacute;n objetiva. En aquella fecha, que recuerdo al verla impresa en un libro, pregunt&eacute; con m&aacute;s o menos impertinencia por Cirlot &mdash;ya sab&iacute;a yo a grandes rasgos su opini&oacute;n y la de sus amigos&mdash; a Jaime Gil de Biedma, quien le&iacute;a por &uacute;ltima vez sus poemas en la Residencia de Estudiantes. Y le pregunt&eacute; incluso por Julio Garc&eacute;s, el amigo de Cirlot de quien yo iba a publicar, precisamente por intercesi&oacute;n de Luis Alberto, la poes&iacute;a completa. Fue muy amable, muy gentil, muy lejano, los record&oacute; a los dos &mdash;&ldquo;s&iacute;, el que se fue a Am&eacute;rica&hellip;; m&aacute;ndamelo&hellip;&rdquo;&mdash;; pas&oacute; por alto mi otra ingenua y descarada pregunta p&uacute;blica sobre sus imitadores y su gusto o no gusto por la m&uacute;sica de acorde&oacute;n&hellip; Yo sent&iacute;a mi admiraci&oacute;n por JGB de manera tan totalmente incompatible con la de Cirlot como sin duda era, pero deb&iacute;a ocult&aacute;rmelo, si es quer&iacute;a &mdash;como, de hecho, quer&iacute;a&mdash; seguir a resguardo de la metaf&iacute;sica mitogr&aacute;fica de mis poemas.</p>
<p>Cirlot ven&iacute;a, dicho con prisa, del surrealismo revivido en la pronta posguerra (pensemos en la exposici&oacute;n espa&ntilde;ola de los collages de Max Ernst de 1936) como una especie de neo-romanticismo; concretamente, en la Zaragoza de su servicio militar (y de Alfonso Bu&ntilde;uel, que practicaba con tenaz dedicaci&oacute;n el collage ernstiano). Y pas&oacute; luego por diversas etapas en las que al bagaje cultural se fueron incorporando el surrealismo franc&eacute;s, el <em>Dau al Set</em> barcelon&eacute;s, la simbolog&iacute;a musical de Schneider, la antropolog&iacute;a, la magia, el cine&hellip;, hasta articular una po&eacute;tica cuyo sistema de producci&oacute;n no se explica sin el recuerdo de ciertos mecanismos est&eacute;ticos no ya modernos, sino muy caracter&iacute;sticamente conformadores de esa subjetividad moderna que en su versi&oacute;n m&aacute;s radical Nietzsche vio como si fuera un baile de disfraces, en el que los hombres dispersos nos defendemos de la verdad tras una m&aacute;scara que, seg&uacute;n los momentos, puede ser neol&iacute;tica, sumeria, egipcia, romana, frisia, g&oacute;tica, etc., etc.. S&oacute;lo hay que recordar la inventiva a la que Cirlot apelaba para forjar una especie de ficci&oacute;n ap&oacute;crifa aprovechando las posibilidades alusivas de las modernas ampliaciones fotogr&aacute;ficas de objetos arqueol&oacute;gicos, por ejemplo. Pues bien, de todo esto era &eacute;l muy dolorosamente consciente; no lo viv&iacute;a, digamos, enajenadamente, con iron&iacute;a. Ni lo experimentaba en sesiones de duraci&oacute;n convenida, sino con la pretensi&oacute;n de vivir as&iacute; la vida en su plenitud entera y continua, la vida de verdad. El desgarro entre los dos mundos que atraviesa toda su poes&iacute;a es la que dicen estos versos c&eacute;lebres del poema-pr&oacute;logo a <em>Diariamente</em>, de 1949: &ldquo;Voy vestido de gris. A veces llevo / una corbata rosa&rdquo;, de un modo luego repetido, m&aacute;s o menos, en muchos otros libros, hasta la reaparici&oacute;n exacta y final en <em>Bronwyn Z</em>, veinte a&ntilde;os despu&eacute;s: &ldquo;Ando entre peatones y autom&oacute;viles / &hellip; / Voy vestido de gris y mi corbata / es rosa. / &hellip; / Y en esta vida me rodean / seres a los que quiero y que me quieren / m&aacute;s en lo humano siempre, sin poder / entrar en el castillo no visible / de aquellos &acute;m&aacute;s all&aacute;` que me dirigen / sonamb&uacute;licamente. // Siempre supe que no era de este mundo, / con todo he sido fiel a su presencia / y me adhiero con fuerza lo que real / se dice, se figura&rdquo;.</p>
<p>Todos los exteriores, por decirlo cinematogr&aacute;ficamente, de Cirlot, todos los decorados de su poes&iacute;a, todos sus egiptos, sus cartagos, sus pa&iacute;ses c&eacute;lticos o medievales, reflejan o traducen el paisaje de su subjetividad en condiciones que en nada lo asemejan a un paisaje &eacute;pico, objetivo, sino que declaran lo que es, un paisaje <em>l&iacute;rico</em>, como &eacute;l mismo llam&oacute; a su &ldquo;vivencia&rdquo;, fraguado como reflejo simb&oacute;lico de una conciencia de existir partida y doliente. M&aacute;s o menos iluminado, Cirlot ve, pero tambi&eacute;n <em>se ve</em> viendo, y entre ambas visiones hay un hiato que es fuente de dolor, tal como sucede en la experiencia &mdash;germen del famoso ciclo po&eacute;tico&mdash; de contemplar el rostro de Bronwyn, la protagonista de <em>El se&ntilde;or de la guerra</em>, y al mismo tiempo el de la actriz Rosemary Forsyth, eventualmente asimilados en el tiempo de la ficci&oacute;n narrativa. Ese dolor nac&iacute;a, sin duda, de la ansiedad con la que el poeta anhela conferir a su experiencia imaginaria una universalidad esencial; y es la herida que cerrar&iacute;an &mdash;aunque s&oacute;lo te&oacute;ricamente&mdash; los, por as&iacute; decir, &ldquo;realistas&rdquo; aislando de la vida el terreno de su experiencia est&eacute;tica, como en una especie de operaci&oacute;n anest&eacute;sica.</p>
<p>Unos a&ntilde;os despu&eacute;s, cuando yo ya no cre&iacute;a ni viv&iacute;a tan genuinamente los poemas que escrib&iacute;a &mdash;pero a&uacute;n los escrib&iacute;a&mdash; di con un retrato de Cirlot en el segundo volumen de las memorias de Carlos Barral, el m&aacute;s pr&oacute;ximo correligionario, quiz&aacute;, de Gil de Biedma en los a&ntilde;os en los que ambos se relacionaron con aquel personaje para ellos sin duda pintoresco, estramb&oacute;tico, el poeta-profeta tocado, no obstante, con un borsalino de ambigua pulcritud surrealista. Esas p&aacute;ginas de Barral, estupendas, que recuerdan a Cirlot en <em>Los a&ntilde;os sin escusa</em> (1977), hablan del coleccionista de espadas cuya fotograf&iacute;a tomada por Catal&agrave; Roca tantas veces ha sido reproducida&hellip; Por lo visto, Cirlot, &ldquo;una de las personalidades m&aacute;s ricas en sorpresas y contradicciones del mundillo cultural barcelon&eacute;s de aquellos a&ntilde;os&rdquo;, hacia mitad de los cincuenta se presentaba de continuo en casa de Barral (por lo dem&aacute;s, vecino entonces de T&agrave;pies) a fin de dar captura, en intercambio de otras piezas, a una daga francesa del siglo XV propiedad del poeta de Calafell. Al fin la consigui&oacute; mediante una apuesta, para perderla de nuevo a&ntilde;os despu&eacute;s a favor de su antiguo due&ntilde;o en la negociaci&oacute;n para la edici&oacute;n de un libro, precisamente, sobre T&agrave;pies. &ldquo;La fe surrealista &mdash;dice el memorialista&mdash; hab&iacute;a movilizado en &eacute;l unas zonas disparatadas de irracionalidad que una inteligencia nada despreciable fund&iacute;a en forma de filosof&iacute;a monstruosa y, naturalmente, dogm&aacute;tica&rdquo;. Y esta es la cuesti&oacute;n: m&aacute;s que lo real y lo fabuloso, m&aacute;s que una divergencia estil&iacute;stica, la incompatibilidad entre Cirlot y las inteligencias po&eacute;ticas de lo que el mismo Barral llamar&iacute;a &ldquo;operaci&oacute;n realismo&rdquo;, se encuentra en lo que vendr&iacute;a a ser una disputa acerca de la especializaci&oacute;n po&eacute;tica, de la circunscripci&oacute;n de esa experiencia a un territorio espec&iacute;fico, de la amplitud de la verdad en relaci&oacute;n con la poes&iacute;a. Cirlot habr&iacute;a arrostrado la escisi&oacute;n de su subjetividad tras atisbar, entre mundos, el sue&ntilde;o de una plenitud continua, mientras los otros habr&iacute;an acotado de partida el terreno po&eacute;tico hasta encajarlo en el espacio cerrado de unas experiencias eventuales. Para estos, el punto de vista de quien concede a la poes&iacute;a el campo de expansi&oacute;n completo de la vida, s&oacute;lo puede ser considerado monstruoso, como asimismo &ldquo;dogm&aacute;ticas&rdquo; las excursiones est&eacute;ticas del seg&uacute;n los d&iacute;as medieval o mesopot&aacute;mico Cirlot a los mundos perdidos de la historia del alma.</p>
<p>Finalmente, la tercera menci&oacute;n que en desapego de Cirlot me propon&iacute;a sacar a la palestra, es un fragmento de carta de Gabriel Ferrater a Gil de Biedma de 1959, en el que sin hablar, en concreto, nada de &eacute;l, se dice mucho, casi todo, del meollo de la diferencia; en la cita de Ferrater es, adem&aacute;s, donde aquel viej&iacute;simo asunto amoroso que da cuerpo a una historia entera de la poes&iacute;a, cobra de pronto una reviviscencia llena de resonancias. &ldquo;Creo que ese conjunto de poemas centrales en tu libro expresa muy bien &mdash;dice Ferrater a la publicaci&oacute;n de <em>Compa&ntilde;eros de viaje</em> &mdash; algo que, para decirlo en jerga sacrist&aacute;nica, es uno de los rasgos definitorios del ser &eacute;tico de los hombres de nuestro tiempo. Se trata de que somos sensatos &mdash;los que lo somos&mdash; sin tener razones para serlo. Lo somos porque &acute;nos lo son`, porque la vida lo es, y al irnos conformando <em>a</em> la vida y <em>con</em> la vida, nos lo volvemos; y de pronto nos damos cuenta de que lo somos, y nos coge de sorpresa. Vivimos en tiempos en que s&oacute;lo los locos disponen de justificaciones de alto calado, de teor&iacute;as bien redondas y de eficacia patentada: los locos inocentes son existencialistas o superrealistas o pintores abstractos, y los locos marrajos son cat&oacute;licos o comunistas, posturas todas ellas de alto prestigio. En cambio, el camino hacia la aceptaci&oacute;n de la vida como es &mdash;el &acute;viaje` de tu libro&mdash; lo recorre uno sin m&uacute;sicas y m&aacute;s bien furtivamente&rdquo;.</p>
<p>La cita incluye cosas importantes; una de ellas, claro, consiste en el quiz&aacute; rudo realismo con el que Ferrater habla de &ldquo;la vida como es&rdquo;, pasando por alto lo que el mism&iacute;simo Juan de Mairena, patrono titular de <em>los hombres sensatos</em>, pensaba de esa pre-existente realidad objetiva: &ldquo;es el milagro que obra el esp&iacute;ritu humano y el tomarla en vilo haza&ntilde;a de gigantes&rdquo;. O sea, que se trata con ella de una ficci&oacute;n (pese a que sea la ficci&oacute;n o mentira sobre la que se asienta la vida pol&iacute;tica en el r&eacute;gimen vigente del tiempo) y por tanto de un tiempo &ldquo;real&rdquo; que es, despu&eacute;s de todo, una completa producci&oacute;n <em>cultural</em>. Pero sobre todo es que no ya la verdad, sino la objetividad de esta &ldquo;vida como es&rdquo;, descansa, en fin, sobre su condici&oacute;n funcionalmente necesaria a un antagonismo t&aacute;ctico, seg&uacute;n el cual queda dibujado con claridad, frente al realismo que se postula, todo lo fabuloso, disparatado, inexistente, cosa, pues, de los locos, ya sean inocentes o marrajos. Los otros mundos. Pero es as&iacute;, tambi&eacute;n, como ese acotamiento de la poes&iacute;a a la experiencia del hombre com&uacute;n (lo que en definitiva ser&iacute;a el hombre en su estricta condici&oacute;n pol&iacute;tica) se parece mucho a lo que Eric Voegelin observaba que hab&iacute;a hecho Hegel como providencia previa a la construcci&oacute;n de su ajustado, cerrado y perfecto sistema comprensible: &ldquo;suprimir la pregunta&rdquo;.</p>
<p>Ambos tipos de poeta, el loco y el cuerdo, el pose&iacute;do y el sensato, tienen, como dec&iacute;amos, una antiqu&iacute;sima historia. Y el final de la remonta se encuentra, creo yo, en la misteriosa manera con la que el <em>Fedro </em>plat&oacute;nico parece ser a la vez (aunque no al mismo tiempo, sino m&aacute;s bien primero una cosa y luego la otra) un di&aacute;logo sobre el amor y un di&aacute;logo sobre la poes&iacute;a &mdash;y sobre la ret&oacute;rica, el discurso y la escritura&mdash;. Pues bien, aqu&iacute; es donde la frase antes retenida de Cirlot acerca de la proyecci&oacute;n que, seg&uacute;n &eacute;l, comunicaba los mundos esencial y existencial, imaginario y real, sensato e insensato, recobra toda su densidad. Que sea amorosa, propiamente er&oacute;tica, determinada por el deseo, la comunicaci&oacute;n capaz de suturar en una continuidad existencial el abismo que desgarra los paisajes del alma y los de la vida pr&aacute;ctica en una dial&eacute;ctica irresoluble, convierte sin remisi&oacute;n al poeta en amante. (El amor es creador, ya lo sabemos). Pero nada dir&iacute;amos con ello acerca de nuestra disputa si no concret&aacute;semos de qu&eacute; amor hablamos, m&aacute;s exactamente de cu&aacute;l de los dos amores a los que el <em>Fedro </em>se refiere. Hay que tener en cuenta que, mientras uno de ellos &mdash;el del primer discurso del di&aacute;logo&mdash; se correspond&iacute;a con la ceguera irreflexiva de una posesi&oacute;n entusiasmada, al otro m&aacute;s bien le cuadrar&iacute;a lo que el propio texto llama &ldquo;sensatez&rdquo; o buen sentido creciente a lo mejor. Pero el caso es que en lo que puede parecer una especie de palinodia, el di&aacute;logo emprende luego el elogio de la <em>man&iacute;a </em>por encima del buen pensamiento y su territorio acotado. &ldquo;Aquel que sin la locura de las musas &mdash;dice S&oacute;crates aunque lo atribuya a Estes&iacute;coro&mdash; acuda a las puertas de la poes&iacute;a, persuadido de que, como arte, va hacerse verdadero poeta, lo ser&aacute; imperfecto, y la obra que sea capaz de hacer, estando en su sano juicio, quedar&aacute; eclipsada por la de los inspirados y posesos&rdquo;. Y tambi&eacute;n: &ldquo;tanto es m&aacute;s bella la man&iacute;a que la sensatez, pues una nos la env&iacute;an los dioses y la otra es cosa de los hombres.&rdquo; &iquest;En qu&eacute; quedamos? Todo se aclara un poco si pensamos que, m&aacute;s que una contradicci&oacute;n inexplicable, lo que el texto plat&oacute;nico nos muestra es la compatibilidad que para el griego exist&iacute;a entre la sinraz&oacute;n po&eacute;tica y la inspiraci&oacute;n religiosa. En concreto para Plat&oacute;n, cuyo desvelo podr&iacute;amos resumir en el af&aacute;n de rescatar le eficiencia del lenguaje sagrado por v&iacute;a racional. Algo sin duda imposible, porque en ese espacio tambi&eacute;n espec&iacute;fico y acotado &mdash;el religioso&mdash;, la mentira pod&iacute;a igualmente dejar de serlo, pero volv&iacute;a a ser mentira contemplada desde afuera, racionalmente; tambi&eacute;n <em>ah&iacute;</em> lo insensato ten&iacute;a su funci&oacute;n, que perd&iacute;a en el desdoblamiento.</p>
<p>Lo que estuvo vedado a Cirlot, en suma, fue, la construcci&oacute;n de ese par&eacute;ntesis dentro del cual la integridad de lo real queda garantizada (para la raz&oacute;n) aunque interinamente suspendida (por la imaginaci&oacute;n). Cirlot sent&iacute;a la imposibilidad de esa suspensi&oacute;n, y por tanto lo irresoluble de la dial&eacute;ctica de la que mana el dolor. El muy filos&oacute;fico Cirlot, el nada inconsciente ni irreflexivo Cirlot, el plat&oacute;nico, el casi siempre heideggeriano Cirlot, acaba siendo el poeta contempor&aacute;neo que actualiza la relaci&oacute;n del amor y la poes&iacute;a con rasgos m&aacute;s atentos a sus ra&iacute;ces. Su mera consideraci&oacute;n de la dualidad significa ya hacerse cargo de la divisi&oacute;n de los mundos, que s&oacute;lo a trav&eacute;s del amor, seg&uacute;n &eacute;l, se comunican. Y junto a ese arrostramiento, es como si la ficci&oacute;n antigua y la suspensi&oacute;n moderna respondieran, en efecto, a una verdad, pero mediante lo que antes hemos llamado con Voegelin &ldquo;la supresi&oacute;n de la pregunta&rdquo;.</p>
<p>Aun as&iacute;, <em>verba non res</em>; las teor&iacute;as tienen una claridad que la realidad desbarata. Ni siquiera nuestros poetas sensatos, pol&iacute;ticos e hist&oacute;ricos, ignoraron lo suprimido ni acotaron la verdad en &ldquo;lo que in&uacute;tilmente se repite&rdquo;, como la teor&iacute;a experiencial propon&iacute;a. En &ldquo;Pand&eacute;mica y celeste&rdquo;, sin ir m&aacute;s lejos, el poema quiz&aacute; m&aacute;s <em>alto</em> de Jaime Gil, aparecen expl&iacute;citamente los dos amores, el de Urania y el de Pandemos, el celeste y el terrestre, el divino y el humano, como en el discurso de Pausanias; ah&iacute;, al lado de toda la eventualidad promiscua del sexo, tambi&eacute;n se dice del &ldquo;verdadero amor&rdquo;. Y est&aacute; tambi&eacute;n la observaci&oacute;n de Ferrater acerca, precisamente, del &ldquo;balanceo de la emoci&oacute;n (&hellip;) que carga alternativamente sobre el platillo de los apetitos fant&aacute;sticos &mdash;por as&iacute; decir&mdash; y sobre el de la objetividad&hellip;&rdquo;. Ocurre, pues, que suprimir la pregunta no significa, naturalmente, suprimir el dolor, acabar con el sentimiento de la disociaci&oacute;n, con la l&aacute;stima de la discontinuidad. Ya lo sabe quien, incluso mucho despu&eacute;s de despertar, recuerda el amor vivido en un sue&ntilde;o.</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 25 Jan 2018 08:14:38 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Después de vivir un siglo. 100 años de Nicanor Parra]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/despues-de-vivir-un-siglo-100-anos-de-nicanor-parra/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/parra500.jpg" alt="" /></p>
<p>En la historia de la poes&iacute;a en lengua espa&ntilde;ola hay un antes y despu&eacute;s de la publicaci&oacute;n en 1954 de <em>Poemas y antipoemas</em>, de Nicanor Parra. Entr&oacute; de golpe en la poes&iacute;a el habla de las calles, desalojando la predominancia del canto y de la imagen, el reinado de Neruda y la Generaci&oacute;n del 27, y entr&oacute; a la vez ese humor &aacute;spero y subversivo que se ha convertido en una marca indeleble de la obra de Parra. &ldquo;Advertencia al lector&rdquo;, el primero de los antipoemas &ndash;es decir, de los textos reunidos en la &uacute;ltima de las tres secciones de ese libro&ndash;, ya intu&iacute;a las protestas que provocar&iacute;a, escenific&aacute;ndolas en la boca de lectores imaginarios: &ldquo;&lsquo;&iexcl;las risas de este libro son falsas!&rsquo;, argumentar&aacute;n mis detractores, / &lsquo;sus l&aacute;grimas, &iexcl;artificiales!&rsquo; / &lsquo;En vez de suspirar, en estas p&aacute;ginas se bosteza.&rsquo; / &lsquo;Se patalea como un ni&ntilde;o de pecho.&rsquo; / &lsquo;El autor se da a entender a estornudos&rsquo;&rdquo;. Curiosamente, Parra se equivocaba. En alg&uacute;n momento, es cierto, hubo voces de protesta contra la antipoes&iacute;a, como el padre capuchino Prudencio Salvatierra, que preguntaba, indignado: &ldquo;&iquest;Puede admitirse que se lance al p&uacute;blico una obra como esa, sin pies ni cabeza, que destila veneno y podredumbre, demencia y satanismo? Me han preguntado si este librito es inmoral. Un tarro de basura no es inmoral, por muchas vueltas que le demos para examinar su contenido&rdquo;. Lo cierto, no obstante, es que <em>Poemas y antipoemas</em> tuvo una recepci&oacute;n bastante positiva. El mismo Neruda escribi&oacute; un p&aacute;rrafo elogioso para la contraportada y hasta el cr&iacute;tico oficial de <em>El Mercurio</em>, &ldquo;Alone&rdquo;, celebrar&iacute;a la modernidad de Parra y su talante &ldquo;impetuosamente libre&rdquo;. Durante los a&ntilde;os siguientes, y sobre todo en la d&eacute;cada de los sesenta, la antipoes&iacute;a ser&iacute;a le&iacute;da en todo el continente americano (incluso en Estados Unidos, donde Allen Ginsberg y Lawrence Ferlinghetti fueron amigos y traductores de Parra) y se convirti&oacute; en un modelo para una generaci&oacute;n de j&oacute;venes que intentaban adaptarse en su verso a tiempos revolucionarios, haciendo suyas sin duda las palabras de Julio Cort&aacute;zar, seg&uacute;n las cuales en Am&eacute;rica Latina hac&iacute;an falta &ldquo;los Che Guevaras del lenguaje, los revolucionarios de la literatura m&aacute;s que los literatos de la revoluci&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El primer hallazgo de ese libro de 1954 fue su t&iacute;tulo. Parra es un poeta que siempre ha paladeado sus t&iacute;tulos y a comienzos de los cincuenta barajaba varias posibilidades para el poemario. Si hubiese escogido de otra manera podr&iacute;amos estar hablando aqu&iacute; del &ldquo;c&eacute;lebre autor de <em>Oxford 1950&rdquo; o &ldquo;de Entre las nubes silba la serpiente</em>&rdquo;, pero no, eligi&oacute; bien: <em>Poemas y antipoemas</em> tuvo tanto &eacute;xito, como t&iacute;tulo, que se fij&oacute; en la memoria de cr&iacute;ticos y lectores y se ha hablado desde entonces de Parra como &ldquo;antipoeta&rdquo; y de su obra como &ldquo;antipoes&iacute;a&rdquo;. No es poco. Los dem&aacute;s son poetas, los dem&aacute;s escriben poemas; con su prefijo &ldquo;anti&rdquo; Parra, en cambio, es &uacute;nico, y como tal figura en las historias de la literatura.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para entender a Parra, creo que habr&iacute;a que pensar en tres aspectos fundacionales de su obra: su trabajo como profesor universitario de Ciencias, las ra&iacute;ces populares de su poes&iacute;a y su intenso contacto con la cultura anglosajona.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Poes&iacute;a + Ciencia = Antipoes&iacute;a</strong></p>
<p>Parra se gan&oacute; la vida, durante d&eacute;cadas, como profesor de Matem&aacute;ticas y F&iacute;sica en la Universidad de Chile. Se estren&oacute; en la docencia en un liceo de la ciudad de su infancia, Chill&aacute;n, en 1938; entre 1943 y 1945 fue becado para estudiar un postgrado en F&iacute;sica y Mec&aacute;nica Avanzada en la Universidad de Brown, en Estados Unidos; a su regreso a Chile, fue nombrado profesor titular de Mec&aacute;nica Racional en el Instituto Pedag&oacute;gico de la Universidad de Chile; entre 1949 y 1951, becado por el British Council, estudi&oacute; Cosmolog&iacute;a en la Universidad de Oxford con el prestigioso astrof&iacute;sico Edward Arthur Milne. En una entrevista de 1990, Parra reflexionar&iacute;a sobre la importancia de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica en su visi&oacute;n del mundo y, concretamente, en su obra (anti)po&eacute;tica: &ldquo;El Principio de Relatividad y el Principio de Indeterminaci&oacute;n, que son centrales de la F&iacute;sica de este siglo, a m&iacute; me llamaron mucho la atenci&oacute;n desde el comienzo. Creo que sin esos principios yo no me hubiera atrevido a relativizar, ni tampoco a indeterminar. Relativizar, porque la iron&iacute;a es un m&eacute;todo de distanciamiento&rdquo;; la F&iacute;sica le ense&ntilde;&oacute; que &ldquo;es muy dif&iacute;cil hacer aseveraciones tajantes, que el terreno que pisamos es muy d&eacute;bil&rdquo;, y &eacute;l &ndash;como ciudadano, poeta y antipoeta&ndash; no ha hecho m&aacute;s que trasladar los principios de relatividad e indeterminaci&oacute;n &ldquo;al campo de la pol&iacute;tica, de la cultura, de la literatura y de la sociolog&iacute;a&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me parece curioso que Parra ten&iacute;a, ya en la &eacute;poca en que escrib&iacute;a sus primeros antipoemas, una aguda conciencia respecto a estos v&iacute;nculos con la ciencia. En una po&eacute;tica escrita para la antolog&iacute;a <em>13 poetas chilenos</em>, de 1948, afirm&oacute; que se sent&iacute;a &ldquo;m&aacute;s cerca del hombre de ciencia que es el novelista que del poeta en su acepci&oacute;n restringida&rdquo;, y que &ldquo;el lenguaje period&iacute;stico de un Dostoievski, de un Kafka o de un Sartre, cuadran mejor con mi temperamento que las acrobacias verbales de un G&oacute;ngora o de un &lsquo;modernista&rsquo; tomado al azar&rdquo;. La idea del novelista como un hombre de ciencia es reveladora, porque es claro que Parra se identificaba con la indagaci&oacute;n del hombre y la sociedad contempor&aacute;neos emprendida por los narradores mencionados. Por otra parte, declaraba su inter&eacute;s, como poeta-cient&iacute;fico, no tanto por la angustia, la desesperaci&oacute;n y la nostalgia &ndash;&ldquo;aspectos parciales del alma humana&rdquo;&ndash; como por &ldquo;la frustraci&oacute;n y la histeria, factores determinantes de la vida moderna&rdquo;.</p>
<p>&nbsp; &iquest;En qu&eacute; sentido podr&iacute;amos ver en un texto como &ldquo;Los vicios del mundo moderno&rdquo;, tal vez el m&aacute;s conocido de <em>Poemas y antipoemas</em>, ese trabajo de investigaci&oacute;n y an&aacute;lisis cuasi-cient&iacute;fico? En primer lugar, habr&iacute;a que decir que se trata, como casi todos los antipoemas, de un texto situado en la gran ciudad, que percibe en la vida urbana la experiencia arquet&iacute;pica de la modernidad, pero que habla no solo <em>sobre</em> esa experiencia sino <em>a partir de</em> ella. La voz que habla no ofrece una denuncia fr&iacute;amente razonada y organizada de los vicios modernos; m&aacute;s bien, accedemos como lectores al proceso de razonamiento de alguien que se esfuerza por aclarar y argumentar sus ideas sobre la modernidad pero es incapaz de hacerlo: se distrae, se confunde, se deja llevar obsesivamente por extra&ntilde;as im&aacute;genes on&iacute;ricas (&ldquo;El mundo moderno es una gran cloaca: / los restoranes de lujo est&aacute;n atestados de cad&aacute;veres / digestivos y de p&aacute;jaros que vuelan peligrosamente a escasa altura&rdquo;), y cuando se pone a enumerar los vicios su discurso acelera vertiginosamente y empieza a incluir elementos disparatados que son cualquier cosa menos un vicio. Por &uacute;ltimo, nuestra sensaci&oacute;n &ndash;como lectores&ndash; de estar leyendo o escuchando a alguien que delira, que no sabe construir un argumento racional, nos lleva a pensar que el &ldquo;autor&rdquo; no puede estar de acuerdo con lo que dice, y que se trata en realidad de un personaje. Los profesores y estudiosos de la poes&iacute;a repiten siempre que no es el autor biogr&aacute;fico quien habla en el poema, que hay que distinguir el &ldquo;hablante&rdquo; del &ldquo;autor&rdquo;; en la pr&aacute;ctica, sin embargo, estamos acostumbrados a sentir, si no una identificaci&oacute;n entre hablante y autor, s&iacute; una especie de respaldo por parte de este, una aceptaci&oacute;n y no cuestionamiento de lo que se dice en el poema.</p>
<p>No es as&iacute; en Parra. En una carta enviada desde Oxford, a su amigo Tom&aacute;s Lago, en noviembre de 1949, volvi&oacute; a vincular poes&iacute;a y ciencia: &ldquo;es necesario mirar a mis &uacute;ltimas poes&iacute;as como hacia una ciencia literaria nueva&rdquo;. Hab&iacute;a que abandonar la &ldquo;poes&iacute;a egoc&eacute;ntrica de nuestros antepasados&rdquo; en busca de una &ldquo;reproducci&oacute;n objetiva de una realidad psicol&oacute;gica&rdquo;, la cual no se consegu&iacute;a &ldquo;tratando de mostrar solo aquello que se considera revestido de cierta dignidad. Un poema debe ser una especie de corte practicado en la totalidad del ser humano, en el cual se vean todos los hilos y todos los nervios, las fibras musculares y los huesos, las arterias, las venas, los pensamientos, las im&aacute;genes, las asociaciones, etc., etc.&rdquo;. En fin: el poeta &ldquo;debe ser un ojo que mira a trav&eacute;s de un microscopio en cuyo extremo pulula una fauna microbiana&rdquo;. El sujeto delirante que habla en &ldquo;Los vicios del mundo moderno&rdquo; y en casi toda la antipoes&iacute;a es, precisamente, eso: fauna microbiana, un objeto de an&aacute;lisis e investigaci&oacute;n, y como &ldquo;hombre moderno&rdquo; un caso ejemplar de histeria y frustraci&oacute;n para el poeta-cient&iacute;fico, que elabora &ndash;con el fr&iacute;o, y a menudo ir&oacute;nico, distanciamiento de rigor&ndash; su discurso sobre el caso.</p>
<p>En libros posteriores, como <em>Versos de sal&oacute;n</em> (1962) y <em>Obra gruesa</em> (1969), Parra seguir&iacute;a trabajando con t&eacute;cnicas narrativas y dram&aacute;ticas sobre personajes antipo&eacute;ticos literalmente fuera de s&iacute;, con los cuales pretend&iacute;a encarnar de alg&uacute;n modo la precariedad ps&iacute;quica &ndash;enajenaci&oacute;n, sobresaturaci&oacute;n de est&iacute;mulos y siempre la frustraci&oacute;n y la histeria&ndash; de los habitantes de nuestras masificadas urbes modernas. En esos nuevos libros, como el propio Parra ha se&ntilde;alado en entrevistas, el personaje se convert&iacute;a en una especie de energ&uacute;meno que iba vociferando sus mensajes inconexos &ndash;a veces agresivos, otras veces pat&eacute;ticos&ndash; a interlocutores que no respond&iacute;an, no le hac&iacute;an caso o procuraban evitarlo.</p>
<p>Quiz&aacute; la culminaci&oacute;n de este trabajo de an&aacute;lisis e investigaci&oacute;n haya sido la recreaci&oacute;n del personaje hist&oacute;rico, Domingo Z&aacute;rate Vega (El &ldquo;Cristo de Elqui&rdquo;), como personaje de sus libros <em>Sermones y pr&eacute;dicas del Cristo de Elqui</em> (1977) y <em>Nuevos sermones y pr&eacute;dicas del Cristo de Elqui</em> (1979). Parra hab&iacute;a conocido en su juventud a este predicador ambulante, que vend&iacute;a sus folletos y declamaba sus sermones en los parques de Santiago, y lo escogi&oacute; como un <em>alter ego</em> apto para los a&ntilde;os m&aacute;s oscuros de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990). Escudarse tras la identidad y la voz de un Cristo de Elqui tan delirante como l&uacute;cido permit&iacute;a al antipoeta resaltar la naturaleza &ldquo;ficcional&rdquo; de su obra y tratar temas &ndash;el abusos de los derechos humanos, los campos de concentraci&oacute;n y tortura, la falta de libertad de expresi&oacute;n&ndash; que de otro modo habr&iacute;an sido simplemente imposibles, y quiz&aacute;s incluso suicidas, en el enrarecido clima de miedo, censura y autocensura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Poes&iacute;a popular + poes&iacute;a culta = Antipoes&iacute;a</strong></p>
<p>Nicanor Parra se cri&oacute; en la ciudad de Chill&aacute;n, situada en el valle central de Chile a unos 400 kil&oacute;metros al sur de Santiago. Al igual que sus numerosos hermanos &ndash;entre ellos los notables m&uacute;sicos y cantautores Violeta y Roberto&ndash;, se nutri&oacute; desde la infancia de la m&uacute;sica y la poes&iacute;a populares, y en alguna ocasi&oacute;n se&ntilde;al&oacute; que all&iacute;, en los suburbios de Chill&aacute;n, naci&oacute; la antipoes&iacute;a, cuando &eacute;l y sus amigos jugaban con la estrofa de una copla &ndash;&ldquo;En una mesa te puse / un ramillete de flores, / Mar&iacute;a no seas ingrata, / reg&aacute;lame tus amores&rdquo;&ndash;, haciendo una versi&oacute;n propia cargada de picard&iacute;a infantil o preadolescente: &ldquo;En una mesa te puse / un plato de chicharrones, / Mar&iacute;a no seas ingrata, / y ab&aacute;jate los calzones&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Parra se estren&oacute; como poeta a finales de los a&ntilde;os treinta. Impresionado, como tantos escritores de la &eacute;poca, por la noticia del fusilamiento de Federico Garc&iacute;a Lorca, intent&oacute; adaptar el <em>Romancero gitano</em> a un contexto chileno en <em>Cancionero sin nombre</em>, una obra que arrastraba muchos tics del granadino pero gan&oacute; el importante Premio Municipal de Poes&iacute;a de Santiago en 1938. En ella estaban el l&eacute;xico decorativo de la albahaca, el jazm&iacute;n, las luci&eacute;rnagas y el n&aacute;car y tambi&eacute;n una reformulaci&oacute;n <em>sui generis</em> de las repeticiones lorquianas (&ldquo;mira, mira&rdquo;, &ldquo;luna, luna&rdquo;): &ldquo;Pero hablando en serio serio / que nadie me niega niega / que cuando subo a caballo / me pongo mis dos espuelas&rdquo;. Ahora bien, ya est&aacute;n los primeros indicios del antipoeta en ese primer libro: en las formas narrativas y dram&aacute;ticas de Lorca trasladadas al mundo popular chileno, en los personajes comunes despojados de toda estilizaci&oacute;n y dignidad, en un lenguaje a veces brutalmente coloquial y en las altas dosis de humor. El tono desafiante y agresivo habitual en la antipoes&iacute;a se hac&iacute;a presente, adem&aacute;s, desde los primeros versos del libro:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>D&eacute;jeme pasar, se&ntilde;ora,</p>
<p>que voy a comerme un &aacute;ngel,</p>
<p>con una rama de bronce</p>
<p>yo lo matar&eacute; en la calle.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>No se asuste usted, se&ntilde;ora,</p>
<p>que yo no he matado a nadie.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La lecci&oacute;n m&aacute;s importante que aport&oacute; Lorca a Parra fue la conciencia de que era posible franquear el abismo que hab&iacute;a separado, de manera a&uacute;n m&aacute;s n&iacute;tida en Chile que en Espa&ntilde;a, la tradici&oacute;n de la poes&iacute;a culta de la poes&iacute;a popular de raigambre oral. No exist&iacute;an cl&aacute;sicos chilenos como Quevedo, G&oacute;ngora o Sor Juana In&eacute;s de la Cruz que se hubiesen explayado con destreza en ambas tradiciones. Esa lecci&oacute;n lorquiana llev&oacute; a Parra, en obras posteriores, a un di&aacute;logo fruct&iacute;fero no con el romance espa&ntilde;ol, sino con la tradici&oacute;n de estirpe hispana pero libremente desarrolladas en Chile de la &ldquo;Lira popular&rdquo;, las coplas y las cuecas, donde los elementos narrativos y dram&aacute;ticos convivir&iacute;an con mucho humor, con un lenguaje coloquial y con personajes y historias de la vida cotidiana. En gran medida, la antipoes&iacute;a constituye una puesta al d&iacute;a de estos elementos dentro del molde culto y &ldquo;moderno&rdquo; del versolibrismo y del endecas&iacute;labo, que Parra maneja con insospechada maestr&iacute;a.</p>
<p>A lo largo de su vida, no obstante, Parra ha vuelto peri&oacute;dicamente a la poes&iacute;a popular de octos&iacute;labos y rima asonante. Hay textos populares en las dos primeras secciones de <em>Poemas y antipoemas</em>; en 1958 public&oacute; <em>La cueca larga</em>, un breve libro de cuatro poemas, dos de los cuales fueron musicalizados por su hermana Violeta; m&aacute;s tarde, en 1983, publicar&iacute;a <em>Coplas de navidad (antivillancico)</em>, y hay poemas populares tambi&eacute;n en el libro <em>Hojas de Parra</em> de 1985. En octubre de 2004, un &ldquo;Especial Parra&rdquo; publicado por la revista chilena <em>The Clinic</em> para festejar los noventa a&ntilde;os del antipoeta, incluy&oacute; una selecci&oacute;n in&eacute;dita de las &ldquo;Coplas de San Fabi&aacute;n&rdquo;, muchas de ellas &ndash;se afirmaba&ndash; recopiladas en 1997 durante un viaje de Parra a su pueblo natal de San Fabi&aacute;n de Alico. Son coplas, se dir&iacute;a, del Chile m&aacute;s profundo: &ldquo;Un cura se puso a miar / debajo de un lim&oacute;n verde / pas&oacute; una monja y le dijo / perro que ladra no muerde&rdquo;; &ldquo;Un cura se puso a miar / arriba una sepoltura / sali&oacute; el difunto y le dijo / cuidao con la pintura&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Poes&iacute;a chilena + poes&iacute;a anglosajona = Antipoes&iacute;a</strong></p>
<p>Los dos a&ntilde;os que vivi&oacute; Parra en Oxford (1949-1951) lo afianzaron en sus b&uacute;squedas antipo&eacute;ticas. Carlos Bouso&ntilde;o, cuya <em>Teor&iacute;a de la expresi&oacute;n po&eacute;tica</em> se public&oacute; por primera vez en 1952 y ser&iacute;a durante d&eacute;cadas el libro m&aacute;s prestigioso de teor&iacute;a po&eacute;tica en lengua espa&ntilde;ola, planteaba una oposici&oacute;n central entre lo po&eacute;tico y lo c&oacute;mico. Habr&iacute;a sido impensable en el mundo anglosaj&oacute;n. No es extra&ntilde;o, entonces, que Parra haya llegado en sus lecturas inglesas a las figuras can&oacute;nicas de T.S. Eliot y W.H. Auden, dos poetas fr&iacute;os, anal&iacute;ticos, y con notables momentos de comicidad en su obra; a Ezra Pound, cuya poes&iacute;a estaba llena de &ldquo;personae&rdquo; y voces y que tambi&eacute;n hab&iacute;a planteado, en un poema titulado &ldquo;Salutation the Second&rdquo;, las quejas y protestas de lectores imaginarios; a William Carlos Williams, que buscaba como Parra una poes&iacute;a que respirara con los ritmos del habla; y tambi&eacute;n &ndash;Oxford, a fin de cuentas, es la cuna de los estudios cl&aacute;sicos&ndash; a Arist&oacute;fanes, el fundador de la Comedia en Occidente, y a quien Parra mencionar&iacute;a al final de ese antipoema inaugural &ldquo;Advertencia al lector&rdquo;:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los p&aacute;jaros de Arist&oacute;fanes</p>
<p>Enterraban en sus propias cabezas</p>
<p>Los cad&aacute;veres de sus padres.</p>
<p>(Cada p&aacute;jaro era un verdadero cementerio volante).</p>
<p>A mi modo de ver</p>
<p>Ha llegado la hora de modernizar esta ceremonia</p>
<p>&iexcl;Y yo entierro mis plumas en la cabeza de los se&ntilde;ores lectores!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si el <em>Romancero gitano</em> signific&oacute; para Parra la dignificaci&oacute;n de la poes&iacute;a popular, sus lecturas inglesas constitu&iacute;an una dignificaci&oacute;n del humor en la poes&iacute;a. Hay lectores en Espa&ntilde;a, fieles a la tradici&oacute;n de Bouso&ntilde;o, que han visto en la comicidad de la antipoes&iacute;a una marca de superficialidad, pero el humor y la iron&iacute;a del chileno est&aacute;n directamente relacionados al esp&iacute;ritu cr&iacute;tico, a esa mirada anal&iacute;tica y distanciada, esa grieta establecida entre el &ldquo;autor&rdquo; y su hablante. Por eso, en &ldquo;La monta&ntilde;a rusa&rdquo;, una breve po&eacute;tica que forma parte de <em>Versos de sal&oacute;n</em>, Parra rechazaba la figura del &ldquo;tonto solemne&rdquo; que hab&iacute;a acaparado la poes&iacute;a &ldquo;durante medio siglo&rdquo;; y en ese mismo a&ntilde;o de 1962, en medio del discurso que imparti&oacute; cuando Neruda se recibi&oacute; como doctor &ldquo;honoris causa&rdquo; en la Universidad de Chile, Parra perfil&oacute; la m&aacute;s iluminadora &ndash;a mi juicio&ndash; de sus artes po&eacute;ticas. Comenzaba as&iacute;:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La seriedad con el ce&ntilde;o fruncido</p>
<p>(Se lee en uno de los antipoemas)</p>
<p>Es una seriedad de solterona</p>
<p>La seriedad con el ce&ntilde;o fruncido</p>
<p>Es una seriedad de juez de letras</p>
<p>La seriedad con el ce&ntilde;o fruncido</p>
<p>Es una seriedad de cura p&aacute;rroco</p>
<p>La verdadera seriedad es otra:</p>
<p>La seriedad de Kafka</p>
<p>La seriedad de Carlitos Chaplin</p>
<p>La seriedad de Chejov</p>
<p>La seriedad del autor del Quijote</p>
<p>La seriedad del hombre de gafas</p>
<p>(&Eacute;rase un hombre a una nariz pegado</p>
<p>&Eacute;rase una nariz superlativa)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Habr&iacute;a que imaginar, en la primera fila del auditorio, la incomodidad del homenajeado y muy narigudo Neruda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Artefactos y trabajos pr&aacute;cticos</strong></p>
<p>La trayectoria de Nicanor Parra como poeta visual se inici&oacute; con &ldquo;El Quebrantahuesos&rdquo;, un diario mural hecho a base de un collage de recortes period&iacute;sticos que prepar&oacute; en 1952 junto con Enrique Lihn y Alejandro Jodorowsky, y que se expon&iacute;a en un escaparate del centro de Santiago.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A mediados de los a&ntilde;os sesenta, a ra&iacute;z de su conocimiento en Estados Unidos de la contracultura y la escritura mural, Parra se embarc&oacute; en la creaci&oacute;n de breves y afilados textos epigram&aacute;ticos, pensando en un primer momento unirlos en un libro bajo el t&iacute;tulo de <em>W.C. Poems</em>, pero decidiendo al final bautizarlos como &ldquo;artefactos&rdquo;. Fascinaron a numerosos escritores y cr&iacute;ticos de la &eacute;poca. El poeta y cr&iacute;tico venezolano Guillermo Sucre comparaba al chileno con Samuel Beckett en su ruptura del hilo discursivo y su &ldquo;reducci&oacute;n total de los medios expresivos&rdquo;; el cr&iacute;tico uruguayo Emir Rodr&iacute;guez Monegal hablaba de una &ldquo;poes&iacute;a que opera sobre el filo mismo de la nada po&eacute;tica&rdquo;, mientras que el narrador chileno Antonio Sk&aacute;rmeta celebraba esas &ldquo;&uacute;ltimas composiciones, los epigram&aacute;ticos artefactos, alados pu&ntilde;etazos, m&aacute;s desbordantes en su parquedad que un romance&rdquo;, como &ldquo;la m&aacute;s incisiva vanguardia de Latinoam&eacute;rica&rdquo;. En 1972, se public&oacute; <em>Artefactos</em>, no en forma de libro sino como una caja de tarjetas postales, en la que los textos dialogaban con ilustraciones de Guillermo Tejeda. La obra suscit&oacute; una encendida pol&eacute;mica. En el ambiente ideol&oacute;gicamente crispado de la &eacute;poca, Parra &ndash;un &ldquo;francotirador&rdquo; que disparaba sus iron&iacute;as a diestra y siniestra&ndash; se hab&iacute;a convertido en <em>persona non grata</em> en grandes sectores de la izquierda chilena e hispanoamericana, y el humor de sus artefactos &ndash;por ejemplo: &ldquo;Donde cantan y bailan los poetas / no te metas Allende / no te metas&rdquo;; &ldquo;Cuba s&iacute; / yankees tambi&eacute;n&rdquo;; &ldquo;La izquierda y la derecha unidas / jam&aacute;s ser&aacute;n vencidas&rdquo;&ndash; cay&oacute; particularmente mal en el contexto de la guerra de Vietnam y de la crisis cada vez m&aacute;s marcada que viv&iacute;a el gobierno chileno de la Unidad Popular.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Parra sigui&oacute; en Chile despu&eacute;s del golpe militar de septiembre de 1973, y formar&iacute;a parte de ese &ldquo;exilio interior&rdquo; de intelectuales que poco a poco superaron el miedo y el estupor para articular una voz opositora a la dictadura. En 1975, en la revista <em>Manuscritos</em>, se publicaron los ejemplares sobrevivientes del diario mural &ldquo;El Quebrantahuesos&rdquo;, y una serie de poemas visuales titulados &ldquo;news from nowhere&rdquo;, entre los cuales destacaba el texto &ldquo;Filosof&iacute;a natural&rdquo; incluido arriba. A partir de comienzos de los ochenta, Parra se convirti&oacute; al ecologismo y tanto en el folleto <em>Ecopoemas</em> de 1982 como la antolog&iacute;a <em>Poes&iacute;a pol&iacute;tica</em> de 1983 volvi&oacute; a reivindicar una superaci&oacute;n de la oposici&oacute;n izquierda-derecha, pero desde una perspectiva ahora verde: &ldquo;Socialistas y capitalistas del mundo un&iacute;os / antes que sea demasiado tarde&rdquo;. En ese mismo a&ntilde;o de 1983, Parra public&oacute; una nueva caja de 250 tarjetas postales, <em>Chistes par<span style="text-decoration: line-through;">r</span>a desorientar a la <span style="text-decoration: line-through;">polic&iacute;a</span> poes&iacute;a</em>, con textos de contenido metapo&eacute;tico, ecol&oacute;gico y de oposici&oacute;n a la dictadura, dialogando esta vez con la obra de cuarenta artistas visuales.</p>
<p style="text-align: justify;" align="center">Durante los a&ntilde;os siguientes, Parra empez&oacute; a experimentar con lo que llamaba sus &ldquo;trabajos pr&aacute;cticos&rdquo;, objetos de desecho que interven&iacute;a con esp&iacute;ritu dada&iacute;sta &ndash;o neodada&iacute;sta&ndash;, sac&aacute;ndolos de sus contextos habituales y agregando un breve texto, escrito a mano, que sirviese como t&iacute;tulo. As&iacute;, una botella de Coca-Cola recib&iacute;a como t&iacute;tulo &ldquo;Mensaje en una botella&rdquo;; un crucifijo vac&iacute;o: &ldquo;Voy y vuelvo&rdquo;; un crucifijo con Cristo clavado: &ldquo;El que pierde gana&rdquo;; una bombilla rota: &ldquo;El insecto de Edison&rdquo;. Los trabajos pr&aacute;cticos se expusieron por primera vez en 1992, en Valencia y Chicago, en una muestra conjunta de obras de Parra y de Joan Brossa. A partir de ese a&ntilde;o, el chileno empez&oacute; a experimentar con un personaje &ndash;un &ldquo;coraz&oacute;n con patas&rdquo; llamado inicialmente &ldquo;El hablante l&iacute;rico&rdquo; y m&aacute;s tarde &ldquo;Mr. Nobody&rdquo;&ndash;, dibuj&aacute;ndolo habitualmente sobre las bandejitas de cart&oacute;n que se utilizan en las pasteler&iacute;as, con una mano levantada se&ntilde;alando el texto de turno: &ldquo;Respuesta del or&aacute;culo / hagas lo que hagas te arrepentir&aacute;s&rdquo;; &ldquo;Muchos los problemas / una la soluci&oacute;n: / econom&iacute;a mapuche de subsistencia&rdquo;; &ldquo;Yankee go home / &amp; take me with you&rdquo;. </p>
<p style="text-align: justify;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En 2001, se celebr&oacute; una imponente exponente de los trabajos pr&aacute;cticos, rebautizados ahora como &ldquo;Artefactos visuales&rdquo;, en la Fundaci&oacute;n Telef&oacute;nica primero de Madrid y luego de Santiago. Cinco a&ntilde;os despu&eacute;s, en el Centro Cultural Palacio de la Moneda de Santiago, hubo una nueva y muy pol&eacute;mica macroexposici&oacute;n de &ldquo;Obras p&uacute;blicas&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Parra desde los a&ntilde;os noventa</strong></p>
<p>Hay escritores renombrados que a partir de cierta edad caen en la complacencia y en la reiteraci&oacute;n <em>ad infinitum</em> de c&oacute;digos ya conocidos de sobra. El caso de Parra ha sido excepcional. A partir del regreso de la Democracia, en 1990, ha desarrollado la impresionante trayectoria de su poes&iacute;a visual que acabo de mencionar, pero se ha dedicado a la vez a otros dos proyectos literarios de alto voltaje.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En 1990, se le encarg&oacute; a Parra una versi&oacute;n de <em>El rey Lear</em> de Shakespeare para un montaje de la Escuela de Teatro de la Universidad Cat&oacute;lica. El encargo lo fascin&oacute;, y Parra se dedic&oacute; en cuerpo y alma al estudio y traducci&oacute;n de la obra, que ser&iacute;a estrenada con gran &eacute;xito en abril de 1992; sigui&oacute; revisando el texto durante m&aacute;s de dos d&eacute;cadas, hasta su publicaci&oacute;n en Chile, con el t&iacute;tulo <em>Lear Rey &amp; Mendigo</em>, en 2004. Se trata de una versi&oacute;n escrupulosamente leal al texto de Shakespeare pero a la vez libre y desafiante en su pertinencia ling&uuml;&iacute;stica a Chile y al siglo XXI.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En noviembre de 1991, durante su recepci&oacute;n en Guadalajara, M&eacute;xico, del Premio Juan Rulfo, Parra ley&oacute; el primero de sus &ldquo;Discursos de sobremesa&rdquo;, un nuevo g&eacute;nero po&eacute;tico que invent&oacute; para lidiar con las obligaciones a las que se ver&iacute;a sometido cada vez con mayor frecuencia, como homenajeado, premiado o invitado de honor. Son textos que juegan con las f&oacute;rmulas protocolarias de cualquier discurso formal &ndash;los agradecimientos de rigor, la falsa modestia, etc.&ndash;, y en los que Parra se autorretrata a s&iacute; mismo como personaje, problematizando de nuevo la identificaci&oacute;n entre hablante y autor. El ser grotescamente vanidoso que habla en estos discursos es y no es Parra. Los resultados son deslumbrantes y han significado, desde luego, una forma dign&iacute;sima de evitar los discursos sopor&iacute;feros, plagados de t&oacute;picos, que hasta los grandes intelectuales se ven obligados muchas veces a reiterar.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No puede haber, me parece, mejor forma de celebrar los cien a&ntilde;os de Nicanor Parra que con una muestra de versos tomados de algunos de sus discursos de sobremesa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Agradezco los narco-d&oacute;lares / Harta falta que me ven&iacute;an haciendo / Pero mi gran trofeo es Pedro P&aacute;ramo / No s&eacute; qu&eacute; decir / A los 77 a&ntilde;os de edad / he visto la luz / + que la luz he visto las tinieblas&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;No me explico Se&ntilde;or Rector / las razones que pudo tener el jurado / para asignarme a m&iacute; / que soy el &uacute;ltimo de la lista / una medalla de tantos quilates&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Hay una sola explicaci&oacute;n posible / El estado precario de salud / en que se debate el anciano decr&eacute;pito: / Primaron las razones humanitarias / sobre las acad&eacute;micas &amp; cient&iacute;ficas / &Eacute;ste es un premio a la longevidad / Acabo de salir / de mi tercera operaci&oacute;n a la pr&oacute;stata / To P or not to P / that is the question&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Qu&eacute; me propongo hacer con tanta plata? / Lo primero de todo la salud / En segundo lugar / reconstruir la Torre de Marfil / que se vino abajo con el terremoto. // Ponerme al d&iacute;a con impuestos internos // Y una silla de ruedas X si las moscas...&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Gracias Se&ntilde;or Rector / por este premio / tan contundente como inmerecido / Soy un monstruo insaciable / no puedo rechazarlo / Todas las flores me parecen pocas: / Es un honor muy grande para m&iacute;&rdquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 24 Jan 2018 07:19:05 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Conexión con Miguel (repleta de silencios e interferencias espaciales)]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/conexion-con-miguel-repleta-de-silencios-e-interferencias-espaciales/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/gaston600.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;Silencio, son noches estrelladas pirenaicas&hellip;, cordilleras y valles sin contaminaci&oacute;n&hellip;, contemplando luminosos espacios; repaso los apodos de las constelaciones preferidas&hellip;, recibo los mensajes inconclusos de dragones azules mientras dan otro premio a Jos&eacute; Antonio &mdash;amigo, hermano, malherido por r&aacute;fagas de tantos homenajes, pero l&uacute;cido, l&uacute;dico, hasta el fin...&mdash; y te vislumbro y sigo:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya ves, Miguel, que el cielo modifica sus b&aacute;rtulos casi todas las noches. Aqu&iacute; tambi&eacute;n, pero con poca contundencia. La OPI est&aacute; muy vieja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Debe ser lo normal, pues los recuerdos &mdash;aun siendo procesados en altas horas de la madrugada&mdash; reflotan empapados, semihundidos, en este ordenador de mis infartos. Hay que escurrirlos&hellip;, gota a gota. Escurro, rasgo&hellip;, exprimo los olvidos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Te mando intermitencias con troyanos para el cosmos-debate de tu cincuenta y tantos no s&eacute; qu&eacute;. Las gotas caen al Turia&hellip;, y yo sigo mirando firmamentos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No consigo ver C&aacute;ncer, el signo donde te hallas (como la barca de oro). Pero sigo inhalando fascinaciones del zodiaco con musas sondormidas y lega&ntilde;osas&hellip;, torno a evocar tus antipreceptivas pol&iacute;ticas, sociales, insoportables o po&eacute;ticas&hellip;, desde mi Capricornio surrealista, motaraz y de cola de sirena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las cenas de los gordos culturales est&aacute;n de moda por aqu&iacute;. No se permite entrar en los corrillos a los no acreditados como voceras imperantes, si no llevan disfraz de intelectuales que denote que son considerados le&iacute;dos&hellip;, &ldquo;mu le&iacute;dos&rdquo;. Nuestros antiguos colilleros &mdash;y nuestro b&uacute;ho y nuestro gordo aut&eacute;nticos&mdash; eran m&aacute;s tolerantes. Cierto que en esa &eacute;poca tambi&eacute;n se recriaban radicales instigados por Santiago Lagunas o por ti, o por Bu&ntilde;uel y Luis Garc&iacute;a-Abrines, o por Pinillos y Perico Mar&iacute;n&hellip; Hab&iacute;a recuas de borrachos, sin adicciones conocidas a la tortilla de patata, que pon&iacute;an alg&uacute;n impedimento. Pero entrar en la OPI era muy f&aacute;cil: todo pod&iacute;a depender de nuestro signo zodiacal dominante, en los momentos inici&aacute;ticos de nuestra aparici&oacute;n por Nik&eacute;&hellip;, o de si ca&iacute;as en la gracia divina del chung&oacute;n Gordo-Antonio, o del mir&oacute;n maledicente B&uacute;ho, para que no te hicieran imposible la vida y el caf&eacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>T&uacute; viniste a nacer por el a&ntilde;o 21 de nuestro siglo 20 pataf&iacute;sico, pero yo aterric&eacute; en el 35 junto a tu hermano Jos&eacute; Antonio; unas generaciones m&aacute;s o menos denotan pocas diferencias en las secuencias de las espirales y de las teor&iacute;as de las bra&ntilde;as y cuerdas. Pero tuvimos ocasiones de sufrir al un&iacute;sono y de poner a prueba nuestras risas con la mand&iacute;bula batiente&hellip;, batiente y combatiente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mis primeros recuerdos, algo nubepensantes, sobre ti, son de cuando contaba trece a&ntilde;os: t&uacute; ya eras el poeta incomprendido, pero tambi&eacute;n &ldquo;el peladilla&rdquo; para tus malvados disc&iacute;pulos. Te rememoro recomend&aacute;ndonos literatura junto a Pedro Dicenta. Nos dejab&aacute;is pillar muy lib&eacute;rrimamente&hellip;, cuantos libros quer&iacute;amos de la biblioteca de la vela (hasta los incluidos en el &iacute;ndice consagrado por otros). T&uacute;, Miguel, nos dec&iacute;as: para ser unos buenos transgresores lo mejor es San Juan de la Cruz (a pesar de ser santo), Homero, Gila..., y yo mismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y una profunda voz de los espacios del rapsoda P&iacute;o Fern&aacute;ndez Cueto&hellip;, ratificaba: &ldquo;los mejores poetas del mundo, de todos los tiempos, son: Homero, Shakespeare, Labordeta y Pinillos&rdquo; (risas).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>S&iacute;, amigo ciudadano, t&uacute; ya recomendabas que tanto t&uacute; como nosotros, deb&iacute;amos tragarnos la podredumbre de la vida en broma; menos mal&hellip;, poemando. Pero nunca sab&iacute;amos cu&aacute;ndo hablabas en serio porque eras un somarda. Recordamos cuando nos explicabas la historia paradoxiana de las luchas de las clases sociales. Ten&iacute;as un humor surrealista aragon&eacute;s que se met&iacute;a con el resto del mundo, pero con absoluta seriedad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&mdash;<strong>Se oye una voz, en off de los espacios, que sorpresivamente nos inquiere</strong>: &mdash;&iquest;Y c&oacute;mo era Miguel en las tertulias?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pues Miguel se re&iacute;a de s&iacute; mismo cuando hablaba o rug&iacute;a, no practicaba la gravedad profesoral, no hac&iacute;a frases largas ni preparadas, ni solemnes; era ir&oacute;nico, divertido, burl&oacute;n&hellip;, por el contrario&hellip;, su poes&iacute;a era larga y muy ancha, con versos casi interminables, de los que no acababan nunca ni deber&iacute;an acabar a&uacute;n. Nunca ley&oacute; ninguno en la tertulia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Voz insistente y preguntona en off</strong>: imagino que t&uacute; no te das por aludido con su verso &ldquo;Doy clases de Historia a cretinos simp&aacute;ticos&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No, o mejor, s&iacute; y no, porque &eacute;ramos c&oacute;mplices. Busc&aacute;bamos el humor inteligente del huevo de Col&oacute;n y del &ldquo;otro huevo de Col&oacute;n&rdquo;. &Eacute;l ten&iacute;a que re&iacute;rse de nosotros como se re&iacute;a de su &ldquo;cara de cura&hellip;&rdquo;, o de su &ldquo;pepino putrefacto y feliz&rdquo;. Ello nos permit&iacute;a a los alumnos la insubordinaci&oacute;n improvisada frente al programa educativo del nacional catolicismo y las esferas de influencias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya D. Miguel abuelo, el director del cole a quien llam&aacute;bamos &ldquo;el patas&rdquo; porque ten&iacute;a las piernas gordas y pisaba muy fuerte, tambi&eacute;n manejaba la iron&iacute;a frente a aquella Espa&ntilde;a violenta que ignoraba la posible lucidez del absurdo. Busc&aacute;bamos que la triste existencia nos provocase risa. A Miguel hijo creo que le hubiera gustado ser como otros opositores guapos que ten&iacute;an mucho &eacute;xito con las mujeres. Miguel no era un joven elegante, era descuidado o m&aacute;s bien, desastrado; pero sobre todo era un sarc&aacute;stico muy tierno que amaba y se re&iacute;a de sus alumnas favoritas, o &ldquo;a&ntilde;oraba una cita en bicicleta en el florido Parque de San Jorge con la mocosuela enemiga m&aacute;s bonita del mundo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ahora sopla el fr&iacute;o con el viento a estas horas duras de noche pirenaica y es que&hellip;, cuando se empieza a hablar de la relaci&oacute;n entre Miguel y las mujeres..., se nublan las estrellas&hellip;, como en aquel susurro&hellip;, de &ldquo;Galaxia m&iacute;a, amada m&iacute;a inexistente e inmortal&hellip;&rdquo;. Estuvo enamorado de varias mujeres, las m&aacute;s hermosas de cada curso, pero adem&aacute;s eran guapas de mente: Pilar, Encarnaci&oacute;n, Paulina, Laura&hellip; Quiz&aacute;s a Berlingtonia la incluy&oacute; por re&iacute;rse de la calle de Velintonia de Madrid donde viv&iacute;a Aleixandre, a quien consideraba un cursi y aflautado poeta interesante. De todas formas si nos acercamos a su &ldquo;Oficina Horizonte&rdquo; estaremos muy cerca de sus vivencias y sentimientos amorosos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Nuevamente interrumpe la voz en off de los espacios acusatorios:</strong> no supo enfrentarse a la realidad y decidi&oacute; el abandono: &ldquo;Destrui definitivamente / mi obtuso despertador card&iacute;aco&rdquo; (como si se propusiera dejar de enamorarse.) Se lo buscaba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ah, no&hellip;! Tambi&eacute;n parec&iacute;a enamorarse de algunas pseudonovias de los amigos o poetas, Esperanza, Gloria, Beatriz, Linnette, Silvia,&hellip; Incluso sigui&oacute; enamorado de mujeres lejanas y familiares&hellip;, era muy cari&ntilde;oso, con su madre, con sus cu&ntilde;adas&hellip;, a Juana de Grandes la quer&iacute;a tremendamente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>---La pelma voz en off sigue dando la lata:</strong> &iquest;y hab&iacute;as detectado diferencias entre el Miguel m&aacute;s joven y el &uacute;ltimo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nunca hubo diferencia alguna, Miguel siempre fue joven, hasta cuando muri&oacute;. Jam&aacute;s estuvo aislado o, mejor dicho, siempre estuvo aislado, pero consigo mismo y con sus amigotes elegidos, y entre ellos, tuvimos mucha suerte los de OPI, lo recordamos siempre joven, con la cara de torta, la calva prematura&hellip;, pero su alegr&iacute;a interior de chico malo se le escapaba siempre cuando se pon&iacute;a estupendo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(M&uacute;sica de cine y bulla de tasca, olor a cigarros &ldquo;Ideales&rdquo;)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Voz preguntona en off:</strong> &iquest;y t&uacute; recuerdas cuando se fue a Madrid &ldquo;con una escoba espiritual en la maleta&rdquo;?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No coincid&iacute;. Pude vivir su mundo de Madrid pero sin &eacute;l, con sus amigos y sobre todo con Dicenta. Yo sol&iacute;a frecuentar Madrid con mi padre, como Abogados con causas en el T. S. y qued&aacute;bamos con Pedro Dicenta (amigo de ambos), con Novais (director de <em>Le Monde</em> en Madrid)&hellip;, e &iacute;bamos de tabernas, diletantes&hellip;, en el Ateneo nos junt&aacute;bamos con toda la retah&iacute;la de j&oacute;venes poetas, pero ya carcamales muchos de ellos, y empez&aacute;bamos los primeros vinos por la zona de Echegaray, calle Pr&iacute;ncipe, Cuevas de S&eacute;samo, donde Dicenta ten&iacute;a otra tertulia, el bar de la Abuela, bares de toreros y de tapeo&hellip; Dicenta hab&iacute;a sido un gran gu&iacute;a de Miguel en Madrid y de Madrid sin Miguel. S&eacute; m&aacute;s o menos lo que sabemos todos por sus poemas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero hoy, en el Pirineo, siguen brillando las estrellas como lo hac&iacute;an en Canfranc cuando las miraba Miguel; hoy conectamos como Ciudadanos del Universo y el firmamento nos transporta con emoci&oacute;n-luz-panor&aacute;mica hasta los cineclubs que &eacute;l frecuentaba: Losey, la <em>Nouvelle Vague</em>, Murnau, Einsenstein, Manolo Rotellar, Buster Keaton&hellip; Termin&aacute;bamos recitando a este &uacute;ltimo con efluvios exiliados de Rafael Alberti y P&iacute;o Fern&aacute;ndez Cueto, y con aquella novia Georgina que era su verdadera vaca. Pero en lugar de correr por los campos se iba al f&uacute;tbol los domingos con aquella &ldquo;Ululante muchedumbre de energ&uacute;menos en flor&rdquo;. Miguel iba al f&uacute;tbol, le encantaban los estallidos sociales: provocar, protestar, hacer el muermo y molestar a los espectadores: esto va mal&hellip;, &iexcl;muy mal! (y llev&aacute;bamos tres goles de ventaja)..., esto se va a poner peor, era un cenizo, siempre llegaba tarde para poder hacer preguntas intempestivas: &iquest;c&oacute;mo van, c&oacute;mo van?, &iquest;seguro?..., seguro que la vamos a palmar&hellip; Y luego compon&iacute;a sus poemas a esas muchedumbres que llenaban los grader&iacute;os: &ldquo;espl&eacute;ndida cosecha de calaveras para el a&ntilde;o 2.000&rdquo;. Con el f&uacute;tbol, se quejaba de todo, de los periodistas, de los jugadores&hellip;; a &eacute;l le hubiera gustado ser un buen futbolista, grandes negocios, dec&iacute;a&hellip;, de compraventa&hellip;, de traspasos y cambios fenomenales&hellip;, y los &aacute;rbitros tienen toda la culpa&hellip;, y cu&aacute;nto habr&aacute;n cobrado por los fichajes&hellip;, sobre todo el linier.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Miguel era muy t&iacute;mido, como sus hermanos Jos&eacute; Antonio y Donato, pero les gustaba salir de la timidez con ingeniosas chorradas socarronas. &iexcl;Cu&aacute;nto le gustaba hacer el gamberro a Miguel!, nos hac&iacute;a faenas, sal&iacute;amos del cine y tocaba un pito tremendo de &aacute;rbitro&hellip;, y como era de noche ven&iacute;an los serenos: &eacute;l pon&iacute;a cara de serio director de colegio y nos dejaba a los dem&aacute;s con el culo al aire. Noctabul&aacute;bamos por las callejas del Boter&oacute;n y de La Seo, cant&aacute;bamos al De&aacute;n bajo el Arco mud&eacute;jar&hellip;, procazmente Miguel las repet&iacute;a&hellip;, todos nos esmer&aacute;bamos para decir las m&aacute;ximas tontadas. Segu&iacute;amos de bares&hellip;, pero Miguel no beb&iacute;a vino, le gustaba el agua mineral con gas y con tapas, muchas tapas; las banderillas las cog&iacute;a de las caras, de g&uuml;evo duro, de gambas&hellip; entr&aacute;bamos en un bar y comenzaba su cosecha de tapas, comi&eacute;ndolas deprisa para que no lo viese el barman&hellip;, los dem&aacute;s com&iacute;amos alguna pero nos daba verg&uuml;enza; era muy generoso e iba a invitar pero hac&iacute;a sufrir algo a los del mostrador, y al final preguntaba: &iquest;se debe algo?, &iquest;llev&aacute;is dinero alguno de vosotros? Luego, casi siempre pagaba &eacute;l.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Miguel elevaba a sagrado lo cotidiano sin sentido&hellip;, se inventaba entes divinos especiales para cada caso&hellip;, le encantaban los chistes de ap&oacute;stoles, de Cristo, de Abraham, ten&iacute;a un toque humano de humor irreverente, una cultura que nac&iacute;a en los cl&aacute;sicos: Homero, S&oacute;focles, Arist&oacute;fanes y se perd&iacute;a en el mundo esot&eacute;rico remoto, porque le&iacute;a de todo&hellip;, incluso a los f&iacute;sicos relativistas, a los alquimistas y a muchos esot&eacute;ricos... Conoc&iacute;a a Confucio y a Zoroastro a trav&eacute;s de Nietzsche. Miguel hab&iacute;a le&iacute;do a Dante, Milton, profundamente la <em>Divina Comedia</em>&hellip;, y todo ello le influy&oacute; y le revel&oacute; much&iacute;simo&hellip;, y el existencialismo interior y el absurdo extensivo, Kafka, Ionesco, Sartre, Camus, Kierkegaard, Beckett&hellip; No era f&aacute;cil &ldquo;existenciar la vida en esos tiempos&rdquo;&hellip;, y menos en Espa&ntilde;a, pero intent&aacute;bamos hacerlo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vivi&oacute;, con fundamento su gusanera zaragozana..., era una esponja con agujeros negros y predispuesta a est&iacute;mulos y luces de todas las vanguardias; tambi&eacute;n vivi&oacute;, aunque poco, Madrid, Par&iacute;s, Londres&hellip;, pero fue en Zaragoza, entre San Cayetano y el Mercado, donde supo encontrar un todo planetario de gentes &mdash;desde Luis Garc&iacute;a Abrines hasta Vicente Cazcarra&mdash; que comprend&iacute;an desde lo m&aacute;s disparatado hasta lo m&aacute;s responsable, para contradecir ideas y vivencias, e incluso muertes provisionales o conclusas, pues de Luis Garc&iacute;a Abrines se han ido publicando sucesivas esquelas necrol&oacute;gicas, y a&uacute;n colea (creemos). Sea por muchos a&ntilde;os.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Compart&iacute; con Miguel y los Jounakos y Opicilos vida de merendolas &mdash;y de caf&eacute;s y bares bastante intermitentes, en los que combin&aacute;bamos la marginalidad cultural con la poes&iacute;a y la risa, con predominio de esta &uacute;ltima. Tragos amargos como la censura, o como tal amigo se muere, o tal se ha ido del pueblo para siempre, o a tal podemos verlo en la c&aacute;rcel&hellip;, o la mano de hostias o torturas que le han pegado a tal&hellip;, &iacute;bamos super&aacute;ndolos con nuestras nubes de humor negro (bien cuidadas y bien estercoladas, como dijera aquel otro Miguel..., y Gila, Chummy, Mingote las codornices, los poetas absurdos, los ultra&iacute;stas y los atragantados por los sorbos amargos de la vida&hellip;, nos ayud&aacute;bamos a encontrar evasiones, como eran los libreros V&iacute;ctor Bailo y Pepe Alcrudo, que dio nombre al &ldquo;Grupo P&oacute;rtico&rdquo;. Ellos ayudaron mucho a los vanguardistas&hellip;, &iexcl;&iexcl;&iexcl;vaya pintores-planetas que eran Santiago Lagunas, Aguayo, Or&uacute;s, Laguardia, Vera&hellip;!!!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Miguel fue el elemento aglutinante de aquel &ldquo;gazpacho literario&rdquo; (retru&eacute;cano creado por el B&uacute;ho y referido a la revista que publicaba el mismo Miguel, <em>Despacho literario</em>) de poetas y absurdos. Los opicilos iban y ven&iacute;an.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Voz espacial en off: yo me imagino a Miguel como un faro curioseando Zaragoza; me sorprende c&oacute;mo atra&iacute;a y aprovechaba todo; a unos los contrataba para el colegio y..., que Eduardo Cirlot e Ibarrola hacen la mili en Zaragoza&hellip; &ldquo;&iexcl;pues que vengan al Nik&eacute;!&rdquo;. Y los que pasan unos d&iacute;as, tambi&eacute;n otros frecuentes visitantes como Cirlot, Gabriel Celaya o Blas de Otero o Fern&aacute;ndez Molina&hellip;, segu&iacute;an viniendo a saltos&hellip; Fern&aacute;ndez Molina se instal&oacute; definitivamente en Zaragoza justo cuando muri&oacute; Miguel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cerremos los ojos y pidamos un deseo, unas im&aacute;genes de los primeros decorados de <em>Oficina de horizonte</em> pintados por Ibarrola. Suger&iacute;an espelungas marinas de colores faubistas con andamios simuladores de una escala de faro abandonado, con cuevas y lucernarios para otear diversos horizontes&hellip;, y all&iacute; aparece &Aacute;ngel, vociferando poemas surrealistas con gestos teatrales, contagiando sus amores locos a los espectadores: la obra se estren&oacute; en el Teatro Argensola y la acci&oacute;n transcurr&iacute;a subiendo y bajando a lo alto del faro; recuerdo a P&iacute;o Fern&aacute;ndez Cueto cuando lo interpret&oacute;, vestido de arlequ&iacute;n totalmente amarillo de plexiglas, con botas altas negras y brillantes, el director fue Pedro Dicenta; tambi&eacute;n hab&iacute;a un departamento telegr&aacute;fico para conectar con otros planetas, una especie de laboratorio telef&oacute;nico-telep&aacute;tico, teledirigido, teletodo&hellip;, en l&iacute;nea directa con los dragones. Las dos actrices (musas contrapuestas) se repart&iacute;an los despojos de &Aacute;ngel hasta su aniquilaci&oacute;n final por las fuerzas del orden. La voz en off de Saturno era emitida, con reverberaciones e intermitencias por Jos&eacute; Antonio Labordeta,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Voz preguntona en off: &iquest;Fue muy grande la influencia de Miguel en Nik&eacute;?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>E.- En la OPI, que no en Nik&eacute;, todos influ&iacute;an en todos y procuraban no influir en nadie, porque casi todos quer&iacute;an romper con casi todo y ser creadores por s&iacute; mismos. Miguel se dirig&iacute;a siempre a las vanguardias y a la juventud. Le dol&iacute;an las &eacute;pocas que le hab&iacute;a tocado vivir creyendo en los mayores. Ten&iacute;a una gracia loca, lo pas&aacute;bamos en grande con &eacute;l&hellip;, compart&iacute;amos algunas trayectorias po&eacute;ticas y art&iacute;sticas, de las m&aacute;s rompedoras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Algunos de los s&iacute;mbolos labordetianos nos causaron impactos duraderos; uno de ellos fue aquel de Valdemargris, habitante de 30 a&ntilde;os de edad cuando lanza su mensaje de primavera a todos los j&oacute;venes del mundo, una contraposici&oacute;n a los carcas, a los indiferentes, a los dogm&aacute;ticos&hellip; Miguel en su poeta se lanzaba de manera prof&eacute;tica para lo bueno y para lo malo, buscaba ox&iacute;moros y contrastes tremendos, le gustaban localmente y adem&aacute;s todos hemos sido oximoronianos en el sentido mejor de las palabras, es decir, en po&eacute;tico lo que de otra forma ser&iacute;a manique&iacute;smo. Te permit&iacute;a hacer los contrastes enormes y confundirlos y fundirlos, y tanto un significado como el otro te pod&iacute;an causar un impacto-amor como el que desprend&iacute;a la poes&iacute;a de Miguel y como creemos que &eacute;l sent&iacute;a o al menos nos hac&iacute;a sentir a sus alumnos, disc&iacute;pulos, compa&ntilde;eros m&aacute;s j&oacute;venes&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mirando al este parece o&iacute;rse a Labordeta discutiendo con Celaya&hellip;, o quiz&aacute; es s&oacute;lo el gran poema con el que Gabriel le escribi&oacute; a su amigo Miguel. Se descubre a trav&eacute;s del gran poema una visi&oacute;n cr&iacute;tica del libertario mundo labordetiano, plasmada desde moldes de un mundo comunista&hellip; Miguel ya manten&iacute;a sus diatribas agudas con Otero, Celaya, Dicenta y otros varios, entre los que contaba su querido disc&iacute;pulo Vicente Cazcarra, el jovenc&iacute;simo Rey del Corral, G&oacute;mez de Pablos o el soci&oacute;logo Mario Gaviria, a quien consideraba comunista-yey&eacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Voz preguntona en off: &iquest;y sent&iacute;a mucho las injusticias del mundo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Totalmente en su piel y en sus poros, las trasladaba a s&iacute; mismo y en su mundo retrataba las profesiones elegidas: funcionarios, notarios&hellip;, salvando amigos como Ram&oacute;n Laguna, gente que ganaba mucho dinero&hellip;, y sin embargo hablaba del obrero con cari&ntilde;o&hellip; &Eacute;l denunciaba la injusticia pero la elevaba al absoluto, el mundo era injusto porque los dioses segu&iacute;an siendo injustos, como dice a&uacute;n Rafael S&aacute;nchez Ferlosio y como dec&iacute;an mucho antes el anciano de las manos trasl&uacute;cidas de Lorca&hellip;, y el dios que estaba enfermo&hellip;, grave&hellip;, de Vallejo. Miguel, tanto o m&aacute;s que un creador l&iacute;rico, fue un poeta social, lleno de innovaciones que no fueron reconocidas por las medi&oacute;cratas antolog&iacute;as sociales. Pero hac&iacute;a poemas a la sociedad de consumo mucho antes de que le asignaran tal nombre. Estaba cotidianamente al d&iacute;a de lo verdaderamente social, y cualquier transformaci&oacute;n o alteraci&oacute;n le interesaba, cr&iacute;tica y po&eacute;ticamente, aunque se mostrara esc&eacute;ptico y pasota en alguno de sus poemas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hace bastante fr&iacute;o en las intermitencias de nuestra conexi&oacute;n pirenaico-astral y me llega un mensaje que dice Tao, tao, Yoga&hellip; Lo interpreto y lo siento relacionado con aquella misiva de hace tiempo: &ldquo;Buenos Tauros, amigos, y hasta la quimera oto&ntilde;al de Sagitario. Tao Tao&rdquo;. Final del texto: &ldquo;Jounakos, inventor&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La misiva ha llegado desde la Constelaci&oacute;n zodiacal de C&aacute;ncer para un Capricornio de Zaragoza camino del oto&ntilde;o de 2010.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 23 Jan 2018 07:47:13 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sangre rosa]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/sangre-rosa/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/angelica_500.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 540px;">(Habla Ascensi&oacute;n. Farmace&uacute;tica. 2 de la tarde)</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">Despacho p&iacute;ldoras para el dolor del alma.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Puedo mirar a los ojos de un agon&iacute;a</p>
<p style="padding-left: 540px;">y determinar los d&iacute;as en que habr&aacute; sol dentro del pecho.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Mi horario es flexible,</p>
<p style="padding-left: 540px;">mi humor variable,</p>
<p style="padding-left: 540px;">como un term&oacute;metro de piel de melocot&oacute;n.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Estoy acostumbrada</p>
<p style="padding-left: 540px;">al ruido as&eacute;ptico,</p>
<p style="padding-left: 540px;">al nacimiento</p>
<p style="padding-left: 540px;">de balanzas renqueantes,</p>
<p style="padding-left: 540px;">a la tos de las aceras</p>
<p style="padding-left: 540px;">y al gemido insomne de un madre reci&eacute;n muerta.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Mi color preferido es el blanco que se ensucia.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Detesto el goteo de las palomas</p>
<p style="padding-left: 540px;">sobre el alf&eacute;izar</p>
<p style="padding-left: 540px;">y estoy aprendiendo</p>
<p style="padding-left: 540px;">a dejar de fumarme el humo de las f&aacute;bricas.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Un secreto:</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Suelo acomodarme en la barra de un bar los domingos</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; y beberme el tiempo silencioso.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Tengo un novio sin sangre</p>
<p style="padding-left: 540px;">que le lleva flores a la tumba de mi femineidad.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Y aunque apenas hago el amor,</p>
<p style="padding-left: 540px;">siempre hay guerra en el canto de mi pubis.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Por eso bailo</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; y bailo en mitad de las instrucciones.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Soy b&aacute;rbara</p>
<p style="padding-left: 540px;">y peque&ntilde;a</p>
<p style="padding-left: 540px;">y a menudo siento espanto de lo que fui.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Por eso invento un mal ap&oacute;crifo</p>
<p style="padding-left: 540px;">en las esquinas de mi carne</p>
<p style="padding-left: 540px;">y en casa,</p>
<p style="padding-left: 540px;">a salvo de las matem&aacute;ticas,&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">me tomo el pulso de un televisor.</p>
<p style="padding-left: 540px;">No hay diferencia entre vestir un caramelo ansioso</p>
<p style="padding-left: 540px;">o un cors&eacute; impregnado de mordiscos.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Y s&eacute; que la lluvia es roja</p>
<p style="padding-left: 540px;">y que la espera es azul.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Alguien me cont&oacute; que la felicidad</p>
<p style="padding-left: 540px;">ten&iacute;a cierto parecido</p>
<p style="padding-left: 540px;">a la sangre adulterada de un viejo</p>
<p style="padding-left: 540px;">pidiendo un cup&oacute;n de descuento sobre la boca del mostrador.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Despacho vidas (de 8 a 3).</p>
<p style="padding-left: 540px;">Entierro la pus de cualquier sue&ntilde;o.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 18 Jan 2018 11:05:21 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Testamento]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/testamento/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/rivero500.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 540px;">A mi abuelo Antonio le dejo</p>
<p style="padding-left: 540px;">mi nombre y mi miop&iacute;a,</p>
<p style="padding-left: 540px;">a mi padre un gesto que yo s&eacute;</p>
<p style="padding-left: 540px;">y el amor desmedido por mi madre,</p>
<p style="padding-left: 540px;">due&ntilde;a entera</p>
<p style="padding-left: 540px;">de esta nariz que le transmito.</p>
<p style="padding-left: 540px;">A una rama de su familia,</p>
<p style="padding-left: 540px;">la pasi&oacute;n por la m&uacute;sica y las artes.</p>
<p style="padding-left: 540px;">A mi t&iacute;a Carmela,</p>
<p style="padding-left: 540px;">cierta forma de m&iacute;stica.</p>
<p style="padding-left: 540px;">A mi tatarabuelo Enrique, un sable,</p>
<p style="padding-left: 540px;">o el gusto por los sables, no mellado</p>
<p style="padding-left: 540px;">por la leva que lo puso en territorios</p>
<p style="padding-left: 540px;">que yo s&oacute;lo he pisado por turismo.</p>
<p style="padding-left: 540px;">A mi abuela Mar&iacute;a, la mirada</p>
<p style="padding-left: 540px;">y a ciertos t&iacute;os la melancol&iacute;a,</p>
<p style="padding-left: 540px;">que me priv&oacute; de primos y de juegos</p>
<p style="padding-left: 540px;">en jardines est&eacute;riles.</p>
<p style="padding-left: 540px;">A todo mi linaje, mi deseo</p>
<p style="padding-left: 540px;">de cuerpos, que condujo hasta mi hoy,</p>
<p style="padding-left: 540px;">pues crecieron y se multiplicaron</p>
<p style="padding-left: 540px;">no como mis ra&iacute;ces, sino ramas</p>
<p style="padding-left: 540px;">de esta luz que da sentido</p>
<p style="padding-left: 540px;">a sus f&uacute;nebres sombras.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">A vosotros, alocados, mi experiencia,</p>
<p style="padding-left: 540px;">y a vosotros, sensatos, mi locura</p>
<p style="padding-left: 540px;">que hizo que saltaseis los obst&aacute;culos.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Os lego mis sillares, mis or&iacute;genes,</p>
<p style="padding-left: 540px;">y fundo vuestra estirpe en mi persona.</p>
<p style="padding-left: 540px;">C&oacute;mo os moldeo, desva&iacute;dos.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Ser&eacute;is como yo soy, desfigurados</p>
<p style="padding-left: 540px;">vagamente por un tiempo que huye.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">Reparto, distribuyo, dejo, doy.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Pero a ese del espejo, un parecido</p>
<p style="padding-left: 540px;">que nada tiene que ver con la realidad.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 18 Jan 2018 10:59:29 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La misión]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-mision/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/marzo/abril/CARLOS_CAST_N_3.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>1</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si llam&eacute; fue porque mi hermano estaba el pobre como que se hund&iacute;a, y yo estaba como que me hund&iacute;a tambi&eacute;n s&oacute;lo de verlo. Cada uno rodando por una pendiente distinta pero los dos hacia abajo a toda velocidad y no nos quedaban ya fuerzas ni palabras que decir. Por eso lo hice, no soy ninguna chivata. Creo que una hermana debe hacer eso, por m&aacute;s que se le haya repetido desde el principio, por activa y por pasiva, que en ese piso de estudiantes es la &uacute;ltima mona y que a alguien que llega all&iacute; de nuevas a cursar su primer a&ntilde;o de carrera lo que le conviene por encima de todo es tener muy clarito que callada est&aacute; m&aacute;s guapa. No era el simple hecho de que mi hermano hubiese vuelto a consumir, dicho as&iacute;, como si se tratara de un dato aislado del que simplemente se dispone o no se dispone, sino que hab&iacute;a llegado a un punto en que se pasaba las horas tirado en la cama, a veces temblando mucho y otras s&oacute;lo un poco, pero siempre temblando. Y cuando aparec&iacute;a por el sal&oacute;n o la cocina caminaba como arrastrando los pies y con nada que le dijeras o te mandaba a la mierda de un grito o se le saltaban las l&aacute;grimas y te ped&iacute;a un abrazo para esconder en tu cuello su cabeza, y quedarse all&iacute; todo el tiempo posible, hasta que al final hab&iacute;a que hacer bastante fuerza si quer&iacute;as arranc&aacute;rtelo de encima y entonces se quedaba de golpe como solo en el mundo, sin cuerpo sobre el que vencerse y deslumbrado por la luz. Hac&iacute;a llamadas que casi nunca le contestaban, escrib&iacute;a mensajes de texto a toda velocidad y luego arrojaba el m&oacute;vil sobre la mesa. Miraba el reloj cada tres minutos, beb&iacute;a a morro largos tragos de ginebra o de lo que hubiera por casa, culos de botella, los restos de las fiestas. Si le dec&iacute;a que no bebiera respond&iacute;a que el terapeuta le hab&iacute;a dicho que s&iacute;, que pod&iacute;a un poco si se notaba muy tenso. Un poco. &iquest;Y qu&eacute; es <em>un poco</em> cuando ya los nervios est&aacute;n deshechos y toda la carne le tiembla como un pastel de gelatina? Sin decir nada, se volv&iacute;a a encerrar a oscuras en su cuarto. Algunas veces echaba el pestillo y otras no, seg&uacute;n prefiriera soledad a lo bestia o dejar abierta la posibilidad de que pudiesen entrar unos pasos que, con cuidado de no pisar nada de lo que hab&iacute;a en el suelo (lleno siempre de todo tipo de ropas y trastos, las deportivas, los pa&ntilde;uelos de papel usados y todo aquel el l&iacute;o de cables) se acercaran a tientas a la cabecera de la cama y luego escuchar la voz que esos pasos hubiesen tra&iacute;do, la pregunta por c&oacute;mo se encuentra o el reproche casi dulce que se parece tanto a un consuelo algunas veces, y hacerse el dormido para o&iacute;r esas mismas pisadas alej&aacute;ndose de puntillas camino de la puerta, sorteando de nuevo el ordenador port&aacute;til, el cenicero repleto, el cargador del tel&eacute;fono, los calzoncillos usados. Y yo no puedo verlo as&iacute;. No puedo estar entrando a su habitaci&oacute;n cada poco rato para comprobar por mis propios ojos si todav&iacute;a respira, si sigo teniendo hermano o ya no tengo hermano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No puedo verlo as&iacute; porque es un ni&ntilde;o a fin de cuentas, aunque &eacute;l no lo sepa, a pesar de la voz ronca, de la serpiente feroz de su tatuaje, de la chupa de cuero desgastado y de su piercing de punta saliendo del labio de abajo, como una lanza dirigida al mundo que quiere decir algo as&iacute; como <em>estoy bien jodido pero intenta t&uacute; acercarte y hacerme m&aacute;s da&ntilde;o si tienes cojones</em> o simplemente <em>t&uacute; que miras</em> o <em>me importa una mierda lo que pienses de m&iacute;.</em> Pero luego lo ves llorar ah&iacute;, bocabajo, quedarse dormido y despertar de golpe, y sus ojos son los de hace poco tiempo, en casa de mam&aacute;, cuando se asustaba viendo los videos de pel&iacute;culas de terror como si de alguna manera supiese que iban a ser de verdad, andando el tiempo, todos aquellos monstruos, las ara&ntilde;as gigantes y la sangre ti&ntilde;endo las paredes; que llegar&iacute;a para &eacute;l una noche peor que la de aquellos cementerios de la pantalla, llenos de aullidos y sombras, una noche en la que el coraz&oacute;n pudiera reventarle en el pecho de tanto latir. Y yo veo ese ni&ntilde;o en &eacute;l. No quisiera verlo pero ah&iacute; est&aacute; todav&iacute;a, regresa sin avisar. Aparece y desaparece de sus ojos, ese ni&ntilde;o. Cuando dir&iacute;as que se ha evaporado para siempre, dejas pasar un momento y ah&iacute; lo tienes de nuevo, dando vueltas a un taz&oacute;n de leche con Cola Cao. No pasa de un instante el tiempo en que se muestra en su mirada pero para cuando quiere volver a esconderse tu coraz&oacute;n ya es otro, m&aacute;s amargo y m&aacute;s grande. Yo creo que tener un hermano es en parte eso: poder ver un ni&ntilde;o donde ya no est&aacute;. Y tambi&eacute;n saber que no va a lograr comerse ning&uacute;n mundo por m&aacute;s que a veces lo parezca; al rev&eacute;s, que la primera tormenta verdaderamente fuerte lo derribar&aacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Acab&oacute; en dos d&iacute;as con una caja de calmantes que ten&iacute;a que haberle durado toda la semana y parte de la siguiente. No sab&iacute;amos qu&eacute; m&aacute;s hacer. Y su novia, que se pega aqu&iacute; el d&iacute;a entero, tampoco ten&iacute;a ni idea de qu&eacute; hacer, aparte de mirar la tele y estar pendiente por si la llamaba un rato a su cuarto o la mandaba a la farmacia o a casa de alguien con el que hubiera apalabrado por tel&eacute;fono una bolsita de hierba. Y lo mismo sus amigas, que todas las tardes acud&iacute;an a engrosar el ret&eacute;n y que formaban una especie de gabinete de crisis que en lugar de repartirse jarras de caf&eacute; americano y poner en marcha tormentas de ideas se limitaba a arregl&aacute;rselas para que no faltasen nunca un par de litros de calimocho en la olla Express que ocupaba todo el estante bajo de la nevera, y liaban sus cigarrillos sentadas en el suelo y pon&iacute;an sin parar esa clase de discos que hacen que por momentos parezca que todo va bien.</p>
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<p>Y llam&eacute;. Pero no di, por as&iacute; decirlo, una voz de alarma oficial. No llam&eacute; a mam&aacute;, ni mucho menos a mi padre. Si llamo a mi padre siempre pregunta sobresaltado qu&eacute; ha ocurrido, y una vez que averigua que ning&uacute;n cami&oacute;n ha aplastado a nadie su pavor pasa a estar relacionado con que se le pida dinero. Nunca s&eacute; a ciencia cierta d&oacute;nde para, siempre lo imagino al otro lado del hilo en la habitaci&oacute;n de un hotel con el torso desnudo y una toalla anudada en la cintura mientras una arp&iacute;a de pelo enmara&ntilde;ado, cegada por la luz, pregunta desde la cama qu&eacute; hora es, qui&eacute;n co&ntilde;o molesta ahora por tel&eacute;fono y d&oacute;nde cojones est&aacute; el ibuprofeno. Puede que exista esa puta o puede que no, pero yo no puedo evitar sentir su presencia al otro lado cada vez que llamo a pap&aacute;, sus cremas pringando las s&aacute;banas, su mala hostia, las tetazas salpicadas de gotas de perfume. No recurr&iacute; a ninguno de los dos. Llam&eacute; al t&iacute;o Julio, que era una forma de avisar y al mismo tiempo no avisar, de poder compartir la losa que me hab&iacute;a ca&iacute;do encima sin provocar un cataclismo ni sentirme del todo una traidora.</p>
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<p>Yo hab&iacute;a imaginado de otra manera la llegada del t&iacute;o Julio. Supuse que vendr&iacute;a en&eacute;rgico y resolutivo: qu&eacute; est&aacute; pasando aqu&iacute;. Que coger&iacute;a a mi hermano por banda y hablar&iacute;a con el durante horas, quiz&aacute; pas&aacute;ndole el brazo por el hombro, con una mezcla de ternura y firmeza: yo lo entiendo todo, que me vas a contar, te quiero mucho y todo eso pero esta vez vas a hacer lo que yo te diga. Que lo arrastrar&iacute;a a la ducha, que se lo llevar&iacute;a despu&eacute;s a alguna de las terrazas del parque de abajo y le har&iacute;a beber enormes vasos de zumo de naranja natural mientras le obligaba a escuchar los p&aacute;jaros al atardecer, que es algo as&iacute; como el ruido de la vida cuando alguien se ha perdido, sobre todo si cierras un poco los ojos, porque trae a la cabeza, sin t&uacute; quererlo, los jardines medio olvidados de la infancia y tambi&eacute;n los que vendr&aacute;n, pinares llenos de nieve, palmeras junto al mar y cielos de pel&iacute;cula con sus nubes veloces, parajes lejos de todo esto, de los trozos de papel de plata sobre la mesa y las s&aacute;banas revueltas y el ch&aacute;ndal y la diarrea. Lejos de esta pesadilla de barrio, cada d&iacute;a m&aacute;s sucio con los montones de basura sacada a destiempo y dejada al borde de la acera, coci&eacute;ndose al sol, junto a muebles inservibles y colchones llenos de manchas de orines y sangre puestos en pie contra los pl&aacute;tanos o los sem&aacute;foros de la calle; y las ambulancias todo el d&iacute;a de aqu&iacute; para all&aacute; y los mendigos que te abordan cada pocos metros cerr&aacute;ndote el paso mientras hacen sonar las monedas en sus vasos de pl&aacute;stico y te insultan y se te r&iacute;en con sus dientes verdosos. Lejos de los camellos y la sed, del olor a fritanga que sale de los bares, del suelo pegajoso de las aceras, de las coderas del jersey siempre manchadas de cerveza seca.</p>
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<p>Yo supuse que el t&iacute;o Julio podr&iacute;a poner al menos algo de poes&iacute;a en todo esto. Al fin y al cabo, &eacute;l pas&oacute; antes por algo parecido. Habla muy poco, y todav&iacute;a menos de aquello, pero mam&aacute; nos lo ha contado como quien no quiere la cosa, en plan no me gustar&iacute;a que le juzgarais por ello pero mirad los peligros que acechan ah&iacute; fuera, justo donde la libertad parece m&aacute;s jugosa y m&aacute;s deslumbrante. Tiene adem&aacute;s unos cuadernos negros que suele llevar a todas partes en los que apunta cosas, llenos de borrones y abreviaturas. Pone cosas sobre el miedo y sobre amores que &eacute;l tiene y no debiera tener, y culpas que arrastra y todo eso. Y a veces, en esos cuadernos de caligraf&iacute;a endemoniada de los que yo hab&iacute;a podido leer algunas p&aacute;ginas a escondidas, nombraba ese tiempo en el que fue un son&aacute;mbulo y pasaba d&iacute;as enteros en la cama, como ahora mi hermano, entre sudores y n&aacute;useas y paseos al cuarto de ba&ntilde;o agarrado a los muebles y a los marcos de las puertas. Y hab&iacute;a hojas enteras que hablaban del temblor. Y le llam&eacute; por eso, a pesar de que sab&iacute;a que con mam&aacute; ya ni se hablan. Por eso le llam&eacute;.</p>
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<p><strong>2</strong></p>
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<p>Julio recibi&oacute; la llamada de su sobrina a la hora de la siesta, cuando dormitaba en el sof&aacute; leyendo como de costumbre un peri&oacute;dico del d&iacute;a anterior. Recorrer desganadamente las hojas de un diario pasado de fecha era para &eacute;l una especie de t&eacute;rmino medio entre no enterarse de nada en absoluto y la pulsi&oacute;n del hombre moderno, por sentirse informado al minuto, af&aacute;n que consideraba tan fingido como enfermizo e in&uacute;til. No puede decirse que fuera precisamente invencible su curiosidad por cuanto pudiera estar ocurriendo ventanas afuera, en un mundo que, cada vez m&aacute;s decididamente a medida que pasaba el tiempo, pertenec&iacute;a sobre todo a los dem&aacute;s. Desde su condici&oacute;n de prejubilado convaleciente, el tiempo era un animal monstruoso y lento que avanzaba dificultosamente hacia distintos ocasos yuxtapuestos: la ca&iacute;da de la tarde, la hora de las pastillas, el momento de ir pensando en ponerse el pijama y, al final, como al fondo de un pasillo oscuro igual que el que conduc&iacute;a en su casa a las habitaciones en desuso, el impreciso instante de empezar a morir. Hab&iacute;a vivido estos &uacute;ltimos a&ntilde;os repartido entre el miedo de que ocurriera algo, cualquier cosa, y el miedo a que no le pasara nunca nada m&aacute;s. Sobre la misma mesa baja en la que sol&iacute;a yacer medio olvidado el tel&eacute;fono inal&aacute;mbrico que son&oacute; esa tarde demostrando de ese modo no llevar semanas estropeado, hab&iacute;a tambi&eacute;n un plato con restos de ensalada, una botella de agua, un cenicero repleto de colillas, el mando a distancia de la tele y un caf&eacute; recalentado que hab&iacute;a vuelto a enfriarse.</p>
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<p>Cuando su sobrina le pidi&oacute; que acudiera de inmediato, superada la reacci&oacute;n inicial de pereza y fastidio, en lo primero que pens&oacute; Julio fue en si &eacute;l ten&iacute;a una maleta y en qu&eacute; demonios de armario podr&iacute;a estar. Y en que quiz&aacute; deber&iacute;a afeitarse. Y se pregunt&oacute; tambi&eacute;n si ser&iacute;a capaz de sacar un billete de tren por internet y, en general, si podr&iacute;a desplazarse sin mayores sobresaltos como hace todo el mundo cada fin de semana. El viaje que se le acababa de proponer iba mucho m&aacute;s all&aacute; de un simple cambio de ciudad: deb&iacute;a llegar hasta su antiguo barrio, al piso donde vivi&oacute; de joven con sus padres y que ahora utilizaban los hijos de su hermana mientras estudiaban sus carreras en la capital. Tendr&iacute;a que sentarse otra vez en el mismo sof&aacute; frente al televisor y ver los cuadros de siempre atornillados en las paredes, las fachadas de enfrente a trav&eacute;s de la ventana, los toldos verdes, el mismo cielo de entonces, el bar de abajo. Se pregunt&oacute; si todav&iacute;a estar&iacute;a en el mueble del sal&oacute;n la colecci&oacute;n de los premios Planeta encuadernada en rojo o las figuritas de adorno de bailarinas y payasos, y si el cuarto de ba&ntilde;o conservar&iacute;a a&uacute;n aquel olor penetrante del <em>after shave</em> de color azul que usaba su padre, aroma a madrug&oacute;n y a hombre como Dios manda y a la Espa&ntilde;a que trabaja. Y si seguir&iacute;an chillando desde sus jaulas en el patio de luces p&aacute;jaros tropicales descendientes de aquellos que a &eacute;l le destrozaban los nervios a la hora de la siesta. Eso s&iacute; iba a ser un viaje de verdad, y no esos otros que son cuesti&oacute;n solamente de kil&oacute;metros y paisaje. En ning&uacute;n momento la enorme pereza que le daba todo eso le hizo dudar de ponerse en camino, independientemente de lo que su hermana, la madre de los chicos, pensar&aacute; de &eacute;l, de si le llamaba o no le llamaba de un tiempo a esta parte, de si le importaba algo. Se sent&iacute;a responsable y hasta crey&oacute; notar, al o&iacute;r c&oacute;mo se quebraba la voz de la chica, eso a lo que otros se refieren como la llamada de la sangre. Por primera vez en muchos a&ntilde;os ten&iacute;a algo parecido a una misi&oacute;n.</p>
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<p>Al poco rato ya iba en un taxi camino de la estaci&oacute;n, reci&eacute;n duchado y con un tranquilizante disolvi&eacute;ndose despacio debajo de su lengua. Adem&aacute;s de la ropa limpia incluy&oacute; en el equipaje algunos de los enseres de la lista mental de cosas que, en la &eacute;poca en que viajaba con cierta frecuencia, ten&iacute;a como imprescindibles: un corta&uacute;&ntilde;as, el transistor, pilas de repuesto, sus cuadernos negros. Sab&iacute;a que deb&iacute;a de haber algo m&aacute;s pero con los nervios no era capaz de recordar el qu&eacute;. Alguna cosa se dejaba, eso era seguro, alguna cosa muy importante que su cabeza no era capaz de determinar por ahora cuya falta lamentar&iacute;a llegado el momento. Con esa sensaci&oacute;n hab&iacute;a cerrado tras de s&iacute; la puerta dejando completamente a oscuras, all&aacute; adentro, un desorden de libros y retratos que eran en realidad el fondo casi perpetuo de su figura, la polvorienta enmarcaci&oacute;n de s&iacute; mismo. A pesar de que daba paseos cada tarde, hac&iacute;a su compra una vez a la semana y a veces hasta se sentaba un buen rato en alg&uacute;n banco del parque, esta vez, al atravesar el umbral de su casa, se sinti&oacute; desnudo y extra&ntilde;o, fue como si saliese de una caverna en la que hubiera estado oculto durante un invierno largu&iacute;simo, aletargado en la penumbra. Sale de la oscuridad a la luz pero durante un tiempo tiene la sensaci&oacute;n de que esa oscuridad gotea todav&iacute;a de su cuerpo y ensucia un poco la calle, como si aportara cenizas o telara&ntilde;as o polvo a una tarde que hasta hace un momento estaba limpia. Un viaje es como meter un cuchar&oacute;n en la densidad pegajosa de la mente y removerlo todo despacio y a conciencia, hacer que emerjan a la superficie recuerdos y palabras que estaban como muertos, agarrados al fondo de la olla. Durante el trayecto, mientras contemplaba por la ventanilla campos y barrancos, pens&oacute; en la clase de cosas que podr&iacute;a decirle a su sobrino. Cosas como no seas idiota, chaval. Cosas como que la vida es hermosa y val&iacute;a la pena, palabras que en el acto habr&iacute;an sido rotundamente negadas por su propio tono y su expresi&oacute;n de derrota, sus ojos hundidos, la piel de su rostro, a veces amarillenta o incluso verdosa seg&uacute;n la luz que en cada momento la ilumine. Calcul&oacute; que si iba por ese camino f&aacute;cilmente podr&iacute;a darles a los dos, ah&iacute; mismo, donde quiera que estuvieran, un ataque de risa bastante amarga.</p>
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<p>Han pasado unos treinta a&ntilde;os desde que dej&oacute; el barrio y a&uacute;n siente un miedo absurdo de ser reconocido al recorrer las calles donde fue humillado. La vez que vomit&oacute; en aquel portal, la vez que le echaron de ese otro bar, el callej&oacute;n por el que regresaba a casa noche, las cosas que pensaba entonces, todo lo que llevaba en la cabeza, el miedo de su cuerpo, los nervios como cables despellejados. Se daba cuenta de que volv&iacute;a, al caminar, una verg&uuml;enza antigua y un sobrecogimiento ya olvidado, y era como si tuviese que pedir permiso para pisar las aceras que en su d&iacute;a recorri&oacute; aterrado.&nbsp;</p>
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<p style="text-align: left;"><strong>&nbsp;3</strong></p>
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<p>Estoy tumbado en esta cama y casi no me sale la voz cuando quiero pedir agua o que se acerque alguien porque noto que me voy, que ya me acabo, que me escurro al vac&iacute;o, y no deseo estar solo cuando eso ocurra. Cuando llamo no acude nadie. Acude cuando ella quiere, mi hermana. S&eacute; que estoy en su casa y eso quiere decir que si agonizo no lo har&eacute; como un perro. Lo s&eacute; porque reconozco algunos muebles y tambi&eacute;n adornos y libros que antes estaban en casa de pap&aacute; y mam&aacute;, los &aacute;lbumes de Tint&iacute;n, las aventuras de Los Cinco y el mismo reloj despertador con un dibujo del rat&oacute;n Mickey que convierte el silencio en una especie de tren camino del matadero. Todo es borroso ahora. S&eacute; que viaj&eacute; hasta Madrid porque me dijeron que el hijo de mi hermana estaba en peligro, y s&eacute; tambi&eacute;n que no lo salv&eacute;. Me pas&oacute; como les ocurre a veces a los que se lanzan sin pensar a rescatar de los remolinos de un r&iacute;o a alguien que se est&aacute; ahogando. &nbsp;No tengo una idea clara de qu&eacute; ha pasado exactamente porque los recuerdos regresan tan apenas como figuras de un carrusel que gira demasiado deprisa al otro lado de una muralla de humo que se aclara y se adensa cuando ella quiere: un frutero lleno de cubitos de hielo, unos muslos tatuados, la m&uacute;sica trepando desde el abismo, mis ojos cocidos en sus propias l&aacute;grimas. Noto que el embozo de la s&aacute;bana huele al suavizante que se us&oacute; en casa toda la vida. Oigo voces al otro lado de la puerta entornada, la voz de mi hermana que se convierte en un murmullo para informar a alguien de que me muero, creo, y habla de una ambulancia y de los d&iacute;as que estuve en coma, cuenta a no s&eacute; qui&eacute;n entre susurros c&oacute;mo me trajeron, los tr&aacute;mites, la fiebre, la tez amarillenta, y tambi&eacute;n las veces que me lo advirti&oacute;, una vez y otra vez, las mil formas en que me lo dijo. Y es verdad, hermana, t&uacute; misma me lo contabas hace tiempo para sacarme del mal camino, cuando yo corr&iacute;a a oscuras tras todos los venenos y era infinita la sed, que acabar&iacute;a expulsando el h&iacute;gado por la boca, acartonado y enorme, mientras &nbsp;ara&ntilde;as y lagartos se paseaban por mi piel. Y ahora, herido en el combate, vuelvo as&iacute;, como t&uacute; dec&iacute;as, vuelvo aqu&iacute;, y es como si un caballo despavorido me arrancase en el &uacute;ltimo instante del campo de batalla y depositara ante tu puerta lo que queda de m&iacute;, este cuerpo roto, este hilo de vida estrangul&aacute;ndome.</p>
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<p>Entras y me das de beber algo caliente, t&eacute; o manzanilla o algo de eso. Y te recuerdo de ni&ntilde;a, de muy peque&ntilde;a, cuando jugabas a las cocinitas y me tra&iacute;as una min&uacute;scula taza de pl&aacute;stico llena de arena. Ahora s&eacute; ad&oacute;nde era en realidad este viaje y tambi&eacute;n que he olvidado algo y sigo sin saber el qu&eacute;, quiz&aacute;s algo que deb&iacute; traerte, puede que solamente unas palabras, poco m&aacute;s. Acercas el vaso a mis labios y tus ojos de repente son aquellos de entonces. Tener una hermana es eso, &iquest;no es as&iacute;?, que pueda aparecer una ni&ntilde;a aunque s&oacute;lo sea unos segundos y despu&eacute;s se aleje de puntillas dejando en el aire un vapor en el que por fin es posible morir respirando algo parecido a la dulzura. El borde del vaso est&aacute; quemando. S&eacute; que no se bebe en realidad. S&oacute;lo hay que hacer el gesto y decir despu&eacute;s que est&aacute; muy rico. Aun as&iacute;, no s&eacute; si podr&eacute; ya, hermana, hermana m&iacute;a, estrella en la ventana al fondo de la noche, punz&oacute;n de miel, flor y alfiler, no s&eacute; si podr&eacute;: pesan tanto los p&aacute;rpados esta tarde como nunca en el mundo ha pesado nada.</p>
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      <pubDate>Thu, 18 Jan 2018 10:52:55 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Marienbad]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/marienbad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/GONZALO_HIDALGO_BAYAL_3.jpg" alt="" /></p>
<p>No s&eacute; si las confidencias de viaje son frecuentes o infrecuentes. S&iacute; s&eacute;, en cambio, que antes nos cuenta sus penas un viajero an&oacute;nimo que el vecino con el que coincidimos en el ascensor o la escalera, que los individuos con los que compartimos caf&eacute; a media ma&ntilde;ana. Tambi&eacute;n s&eacute; que, cuando tales confidencias se producen, las recibimos con cierto desagrado: porque no queremos ser elegidos para secretos insignificantes o desahogos an&oacute;nimos. Y, aunque no cabe pensar que cada vez que subimos a un tren vayamos a ser destinatarios de una de esas confesiones de viaje, a m&iacute; parece que me persiguen. La &uacute;ltima me sobrevino hace un par de semanas. Hab&iacute;a llegado a la estaci&oacute;n de Atocha con mucha antelaci&oacute;n, porque me hab&iacute;a cansado de callejear y hab&iacute;a recorrido ya la cuesta de Moyano arriba y abajo un par de veces con la consiguiente adquisici&oacute;n de mercanc&iacute;a anticuaria, as&iacute; que compr&eacute; un peri&oacute;dico (confieso que maldije el cansino azar con que nos castiga casi a diario la prensa, la inclusi&oacute;n en este caso de un dvd, que compr&eacute; sin mirar, por casi tres euros) y me sent&eacute; en la terracita de una cafeter&iacute;a min&uacute;scula y discreta. Otras veces me he entretenido observando el ajetreo, adivinando historias rec&oacute;nditas en las prisas de la gente, advirtiendo hast&iacute;o o desamparo en los paseantes solitarios, desventuras de amor en los ojos turbios o confusos o vidriosos de las despedidas. En esta ocasi&oacute;n, cansado tal vez de proyectar improbables tramas de ficci&oacute;n sobre figuras ajenas, me limit&eacute; a consumir la espera ante un caf&eacute; solo y ante las p&aacute;ginas brumosas del peri&oacute;dico. Con todo, lo acab&eacute; pronto (la prensa aburre, rumia sin fin nuestras peores insignificancias) y fue entonces cuando el individuo que ocupaba la mesa contigua hizo un adem&aacute;n hacia el peri&oacute;dico y pronunci&oacute; apenas una palabra. Puedo&hellip;, dijo. Consent&iacute;, naturalmente, con otro adem&aacute;n, y el hombre alarg&oacute; la mano para cogerlo, aunque con tal fortuna que resbal&oacute; el dvd y cay&oacute; al suelo. S&oacute;lo entonces llegu&eacute; a ver el t&iacute;tulo de la pel&iacute;cula, <em>El a&ntilde;o pasado en Marienbad</em>, como lo vio mi vecino de mesa, que no s&oacute;lo se apresur&oacute; a recogerlo sino que contempl&oacute; durante unos segundos la car&aacute;tula antes de dejarlo de nuevo, con cuidado (las mesas de estas terrazas suelen ser diminutas), junto a mi taza vac&iacute;a. Perd&oacute;n, dijo al soltarlo. Curiosamente, dej&oacute; tambi&eacute;n el peri&oacute;dico, sin siquiera hojearlo. Le indiqu&eacute; con un gesto que la invitaci&oacute;n segu&iacute;a en pie, pero con otro quit&oacute; &eacute;l importancia (o as&iacute; lo entend&iacute; yo) al peri&oacute;dico o a lo que fuere que le hubiera movido a ped&iacute;rmelo. Sospech&eacute; que se culpaba de la ca&iacute;da del dvd y no quise insistir, que extremar la cortes&iacute;a produce a menudo agobio y malestar. As&iacute; lo dejamos, pues. Y ahora, un punto desconcertado, s&iacute; me entretuve con mi pasatiempo de estaci&oacute;n (historias secretas, desventuras de amor, distancias y ausencias, desamparo y soledades), aunque liber&eacute; de mi afici&oacute;n al vecino de mesa, porque no me atrev&iacute;a a mirarlo tan de cerca con &aacute;nimo fabulador. Tampoco lo hice cuando al cabo de un rato se levant&oacute;, recogi&oacute; el equipaje, esboz&oacute; un gesto de adi&oacute;s (correspond&iacute;) y se perdi&oacute; entre la gente.</p>
<p>A la espera de que apareciera mi destino en los paneles electr&oacute;nicos, tambi&eacute;n intent&eacute; otras distracciones. Examin&eacute;, por ejemplo, la funda del dvd, la car&aacute;tula a imitaci&oacute;n de las antiguas carteleras, los cr&eacute;ditos, el t&iacute;tulo original, los nombres, la sinopsis, las iniciales de los personajes, la informaci&oacute;n suplementaria, <em>L'ann&egrave;e derni&egrave;re &agrave; Marienbad</em>, Alain Resnais y Alain Robbe-Grillet (aunque fuesen alanos, dec&iacute;a que eran podencos, brome&eacute; in mente), y fue entonces cuando me propuse rescatar de la memoria y del pasado el argumento. No era tarea f&aacute;cil. Ni interesante. Ni posible tal vez. Han pasado muchos a&ntilde;os, m&aacute;s de treinta, de cuarenta quiz&aacute;s, desde que vi la pel&iacute;cula, probablemente (no lo recuerdo) en alg&uacute;n colegio mayor de la ciudad universitaria, en aquellas sesiones nocturnas de cine f&oacute;rum m&aacute;s o menos clandestino en que el gesto m&aacute;s inocente revest&iacute;a inquietudes revolucionarias, o, acaso, en alguno de los cines que exhib&iacute;an pel&iacute;culas de las llamadas de arte y ensayo, es decir, raras, subtituladas y sin porvenir comercial, categor&iacute;a que sin duda le cuadraba a <em>El a&ntilde;o pasado en Marienbad</em> m&aacute;s que a cualquier otro t&iacute;tulo pasado, presente o futuro. No consegu&iacute;, sin embargo, sacar nada en claro del esfuerzo, extraer m&iacute;nimamente un esbozo de la trama, s&oacute;lo im&aacute;genes en blanco y negro de un lugar l&uacute;gubre y suntuoso y glacial y una voz en off hablando con mon&oacute;tona y obstinada insistencia de corredores, pasillos, senderos, estatuas, puertas, galer&iacute;as, un completo laberinto est&aacute;tico, inanimado, acorde, sin duda, con la quietud esquiva de la historia. Nada m&aacute;s. Hice entonces prop&oacute;sito de ver la pel&iacute;cula cuando llegara a casa, pronto al menos, antes de que se desvaneciera la ansiedad en que nos hunde a veces nuestra propia inconsistencia. Vano prop&oacute;sito, he de decir, pues, aunque todo tiene explicaci&oacute;n, lo cierto es que no la he visto.</p>
<p>Apareci&oacute; finalmente en los paneles el and&eacute;n en que se iba a situar mi tren, de modo que recog&iacute; el equipaje (maleta de viaje, bolso, los libros de Moyano, el peri&oacute;dico) y abandon&eacute; la cafeter&iacute;a. Todav&iacute;a me entretuve un rato deambulando de un lado a otro, tratando de distinguir a los viajeros de los son&aacute;mbulos, fil&oacute;sofos solitarios del tedio urbano que hacen de la estaci&oacute;n de Atocha su centro de observaci&oacute;n, pero, fatigado del viaje y de la espera, baj&eacute; pronto al and&eacute;n, busqu&eacute; el vag&oacute;n que me correspond&iacute;a, sub&iacute; y me acomod&eacute;. Al sacar el billete, hab&iacute;a tenido la precauci&oacute;n de elegir el asiento que m&aacute;s me gusta, en la direcci&oacute;n de la marcha, con ventanilla a la derecha, y en el centro, en el &uacute;nico lugar en que los trenes regionales tienen una mesita abatible (admito que esta ubicaci&oacute;n tiene ventajas e inconvenientes: no viaja uno encogido, pero puede compartir viaje frente a frente con vecinos inc&oacute;modos). Me sent&eacute;, pues, dispuesto a armarme de paciencia regional, a la espera de que arranc&aacute;ramos y nos fu&eacute;ramos poco a poco, con demasiadas intermitencias secundarias (este tren para en todas las estaciones, el trayecto parece un viacrucis territorial), acercando a casa. Y en esto estaba, concentrado en las musara&ntilde;as, pensando qu&eacute; libro de Moyano se adecuar&iacute;a m&aacute;s livianamente al recorrido, cuando ocup&oacute; su asiento frente a m&iacute; quien iba a ser mi compa&ntilde;ero de viaje. Perd&oacute;n, dijo sonriendo al tiempo que colocaba el equipaje en el maletero. No voy a decir que me asombrara, porque las casualidades se producen, pero no dej&oacute; por ello de parecerme singular casualidad que se tratara precisamente de quien me hab&iacute;a pedido primero el peri&oacute;dico en la cafeter&iacute;a y lo hab&iacute;a rechazado despu&eacute;s sin aparente raz&oacute;n de peso. Me pregunto ahora en cualquier caso si se trataba, o no, de causalidad, esto es, si ocup&oacute; el asiento que le correspond&iacute;a o si, en vista de que el vag&oacute;n iba casi vac&iacute;o, prefiri&oacute; hacer caso omiso a la ordenanza ferroviaria y eligi&oacute; a prop&oacute;sito mi compa&ntilde;&iacute;a. No lo s&eacute;, ni se me ocurri&oacute; entonces, y ahora ya no voy a saberlo. Lo cierto es que se sent&oacute; frente a m&iacute; y que al pronto guard&oacute; silencio, guardamos silencio.</p>
<p>No obstante, al cabo del rato, como si la coincidencia en la ubicaci&oacute;n ferroviaria tras el azar de la cafeter&iacute;a nos obligara a cierta cortes&iacute;a, el dvd sirvi&oacute; para romper el hielo. Me refiero al hielo de la confidencia, no de la conversaci&oacute;n. Porque hubo primero un intercambio neutro de informaciones y opiniones, sobre la lentitud del tren regional y sus incomodidades, sobre el viaje, sobre la actualidad (los titulares del peri&oacute;dico), pero s&oacute;lo el dvd dio pie a lo que sigue. Como he dicho, lo hab&iacute;a dejado todo sobre la mesa abatible, el peri&oacute;dico, la bolsa con los libros de Moyano y el dvd, y fue se&ntilde;alando el dvd como me pregunt&oacute; de pronto si hab&iacute;a estado alguna vez en Marienbad. No, respond&iacute;. En realidad ni siquiera sab&iacute;a d&oacute;nde estaba Marienbad, que, para m&iacute;, formaba parte m&aacute;s de la remota cinematograf&iacute;a universitaria que de la geograf&iacute;a europea. Fue tambi&eacute;n entonces cuando, como en trance de enso&ntilde;aci&oacute;n o de nostalgia, confes&oacute; que &eacute;l estuvo a punto de ir a Marienbad en una ocasi&oacute;n, hac&iacute;a bastantes a&ntilde;os. Pude ignorar el comentario, ciertamente, pero me pareci&oacute; poco considerado no preguntar c&oacute;mo hab&iacute;a sido y c&oacute;mo fue que no fue (que no estuvo en Marienbad, digo), pese a que no ten&iacute;a inter&eacute;s alguno en conocer la respuesta o, a tenor del resultado, los pormenores del relato. As&iacute; empez&oacute; una confesi&oacute;n de viaje, o de viajero, la confesi&oacute;n de alguien que no s&eacute; si desahogaba su pesadumbre o evocaba la aventura de su vida ante un desconocido por el puro deleite de evocarla, de ponerle palabras, texto oral, de modo que no sabr&iacute;a decidir si hablaba para m&iacute; o si yo era simplemente el instrumento que le permit&iacute;a contarse a s&iacute; mismo en voz alta una vez m&aacute;s su propia historia. Dir&eacute; tambi&eacute;n que al principio no prest&eacute; mucha atenci&oacute;n a sus palabras, porque no soy significativamente curioso ni me atraen en exceso las pesadumbres ajenas, pero, a medida que avanzaba en el relato, experiment&eacute; una sensaci&oacute;n contradictoria, cosa, por lo dem&aacute;s, que me suele ocurrir en muchas tramas de relatos rom&aacute;nticos, penas y desventuras de enamorados, pero en esta ocasi&oacute;n fui perdiendo el tino del entendimiento y segu&iacute; la peripecia complacido.</p>
<p>Al principio se demor&oacute; en consideraciones varias sobre Marienbad: que tampoco sab&iacute;a mucho del sitio, que para &eacute;l tuvo en su d&iacute;a las mismas resonancias austroh&uacute;ngaras (eso dijo) que para m&iacute;, etc&eacute;tera, pero luego cont&oacute; que hab&iacute;a conocido a&ntilde;os atr&aacute;s, en Italia, en una especie de congreso internacional, a una mujer, extranjera, y hermosa, dijo, pero no italiana (no me qued&oacute; clara la nacionalidad, aunque ahora, por deformaci&oacute;n quiz&aacute;s, la sit&uacute;o en las proximidades del mar Negro), con la que entabl&oacute; una amistad circunstancial, casi de hu&eacute;spedes de hotel. Pens&eacute; entonces en la dama del perrito (de ah&iacute; quiz&aacute;s lo del mar Negro), pero no dije nada. Duraron las sesiones tres o cuatro d&iacute;as y, tras las horas comunes de trabajo, el programa contemplaba generosos periodos de esparcimiento y distracci&oacute;n que mi interlocutor comparti&oacute; con la hermosa extranjera, en grupo algunas veces, otras a solas, en paseos, conversaciones, sesiones de cafeter&iacute;a e incluso, la &uacute;ltima noche, en una prolongada diversi&oacute;n festiva. Se despidieron a la ma&ntilde;ana siguiente e intercambiaron direcciones postales (eran tiempos predigitales), no s&oacute;lo con la hermosa extranjera, tambi&eacute;n con otros asistentes al congreso, pero s&oacute;lo a ella decidi&oacute; enviarle al cabo de un par de semanas una breve carta protocolaria. Siempre he visto mal, dijo, intercambiar direcciones para luego no usarlas jam&aacute;s y entonces, a&ntilde;adi&oacute;, viv&iacute;amos en una era postal, todav&iacute;a se escrib&iacute;an cartas (g&eacute;nero, por cierto, que no s&oacute;lo ha ca&iacute;do en desuso, sino en el m&aacute;s absoluto olvido). Por eso le escribi&oacute;, aunque sin duda no s&oacute;lo por eso. Fue una carta tambi&eacute;n circunstancial en la que se limit&oacute; a a&ntilde;orar la belleza de la ciudad, el sosiego del hotel, la bonanza de las pocas conversaciones que tuvieron en el comedor, en la cafeter&iacute;a y en los jardines, el enigma final de la noche postrera. Para su sorpresa, la mujer contest&oacute; con prontitud (a vuelta de correos, se dec&iacute;a entonces), y no fue un mero acuse de recibo, sino una carta que, sin proponerlo abiertamente, requer&iacute;a continuaci&oacute;n. Se entabl&oacute; as&iacute; una asidua, continuada y creciente comunicaci&oacute;n epistolar que, como era de esperar o de temer, desemboc&oacute; en una forma extra&ntilde;a de amor. Tal vez amor no fuera la palabra adecuada, dijo, nunca, de hecho, escribieron ellos la palabra amor, pero ninguna otra servir&iacute;a para hacer comprensible el relato, porque s&oacute;lo en un sentimiento as&iacute; conviven el ansia y la necesidad.</p>
<p>No alcanc&eacute; a distinguir si el amor (o lo que fuere) que sintieron, o que sinti&oacute; al menos mi interlocutor, fue un amor sublime y superior, un amor por encima de la carne e incluso por encima del esp&iacute;ritu, o si, m&aacute;s probablemente, fue un amor verbal e imaginario, sentimientos ambos que en modo alguno estoy en condiciones de juzgar, porque nunca me han sido concedidos. Creo que la mayor&iacute;a de la gente no est&aacute; determinada para la pasi&oacute;n, que est&aacute; determinada s&oacute;lo para sortear los requisitos de la especie de la forma m&aacute;s discreta y anodina, pero no para estar por encima de la necesidad y, a pesar de ella, convertir su vida en una cima activa de pasi&oacute;n. Pues bien, al parecer eso era lo que suced&iacute;a entre mi interlocutor y la hermosa extranjera: que les un&iacute;a una pasi&oacute;n por encima de la necesidad o, en todo caso, sujeta a una necesidad m&aacute;s all&aacute; de toda comprensi&oacute;n. Sin embargo, era en principio lo &uacute;nico que les un&iacute;a, porque les separaban miles de kil&oacute;metros, y no s&eacute; hasta qu&eacute; punto no era precisamente esa distancia en el espacio la que alimentaba su pasi&oacute;n. Casi estoy por asegurar que era as&iacute;. Por desgracia, o por fortuna, entonces, en la &eacute;poca en que se sit&uacute;a la historia, no hab&iacute;a m&aacute;s tecnolog&iacute;a de la comunicaci&oacute;n que el servicio postal, de modo que, a fin de cuentas, se trataba de una pasi&oacute;n estrictamente epistolar y aun dir&iacute;a que caligr&aacute;fica. Se escrib&iacute;an con la frecuencia que exig&iacute;an los sentimientos y la soledad, miraban cada d&iacute;a el buz&oacute;n con impaciencia, apenas conscientes de que la palabra escrita serv&iacute;a de acicate a la pasi&oacute;n. Utilizo el plural (escrib&iacute;an, miraban) porque mi interlocutor lo utilizaba (escrib&iacute;amos, mir&aacute;bamos), aunque ignoro si esa agitaci&oacute;n del esp&iacute;ritu y esa ansiedad formaban parte del contenido de las cartas o si mi interlocutor extend&iacute;a su conducta por inercia y como consuelo a la hermosa extranjera. Sea ello como fuere, lo cierto es que fue &eacute;l quien, en alg&uacute;n arrebato imprevisto, y aprovechando las circunstancias estivales, propuso encontrarse en alg&uacute;n punto intermedio. No sugiri&oacute; ning&uacute;n lugar, servir&iacute;a cualquiera que a ella le viniera bien, o apenas insinu&oacute; un regreso a Italia, para volver juntos sobre sus propios pasos. Nada le har&iacute;a m&aacute;s feliz, dijo, que la presencia y la figura. De hecho, s&oacute;lo de pensarlo le entraban unos temblores y unos estremecimientos que no sab&iacute;a si se deb&iacute;an al miedo o, por el contrario, al vislumbre del &eacute;xtasis, pues no lograba adivinar el grado de ventura que sin duda habr&iacute;a de derivarse de ese encuentro que ya se hab&iacute;a hasta tal punto producido en su imaginaci&oacute;n que no faltaba sino que la realidad viniera a certificar que, en efecto, todav&iacute;a pod&iacute;a aumentar la compenetraci&oacute;n de tan asiduos y fervientes corresponsales. Como las cartas tardaban en llegar varias jornadas, porque el correo internacional era lento y caprichoso, &eacute;l sigui&oacute; dibujando en cartas sucesivas la escenograf&iacute;a del encuentro, proponiendo ahora s&iacute; ciudades propicias (ex&oacute;ticas, rom&aacute;nticas, monumentales) y describiendo el entusiasmo que lo invad&iacute;a a medida que daba cuenta de lo que habr&iacute;a de ocurrir. Pero, al mismo tiempo, las cartas que recib&iacute;a eran respuesta a cartas anteriores, de modo que cuando lleg&oacute; la primera respuesta a la proposici&oacute;n primera y fue &eacute;sta negativa (no por falta de pasi&oacute;n, ni de voluntad, todo hay que decirlo, sino de las circunstancias, que a menudo se empe&ntilde;an en torcer los designios de los hombres), empez&oacute; a avergonzarse de las cartas siguientes que &eacute;l mismo hab&iacute;a escrito y que, tras el rechazo, no s&oacute;lo carec&iacute;an de sentido, sino que provocar&iacute;an en la hermosa extranjera, eso pensaba y no estaba equivocado, un sentimiento profundo de dolor, porque no har&iacute;an otra cosa que acentuar con su entusiasmo la cat&aacute;strofe de la imposibilidad del encuentro. Sinti&oacute;, pues, un intenso rid&iacute;culo, extra&ntilde;o adem&aacute;s, de muy confusa sincron&iacute;a, porque las palabras que lo avergonzaban estaban todav&iacute;a en terreno de nadie, en la traves&iacute;a postal de las comunicaciones. Era el rubor presente de una verg&uuml;enza m&uacute;ltiple y sin presente, de una verg&uuml;enza retroactiva, por lo escrito, y de una verg&uuml;enza anticipada, por la lectura de las cartas cuando llegaran al destino. Empez&oacute; entonces a desdecirse, a disculparse, a arrepentirse, y disculpas y arrepentimientos sobrevolaron Europa durante semanas. Las palabras, sin duda, surtieron efecto. Y por alg&uacute;n atisbo de esperanza que entrevi&oacute; en las respuestas, decidi&oacute; no hablar m&aacute;s del encuentro frustrado y aplaz&oacute; para el verano siguiente un nuevo intento. Al fin y al cabo, pens&oacute;, la circunstancia estival se produc&iacute;a cada a&ntilde;o. Continuaron, pues, con su pasi&oacute;n epistolar: cinco, seis, siete meses. No pudo, sin embargo, cumplir su prop&oacute;sito escrupulosamente, pues, llevado nuevamente por sus arrebatos, se precipit&oacute; otra vez en la propuesta de encuentro, m&aacute;s dichoso y venturoso ahora sin duda de lo que hubiera podido ser el anterior, pues bien se sabe que las dilaciones del deseo y la ansiedad act&uacute;an como fermento de grandezas. De ah&iacute; que su entusiasmo se desbordara de nuevo y que escribiera cartas y m&aacute;s cartas configurando la dicha de que al fin, y al cabo de tanto tiempo, iban a poder verse, a estar juntos, a saber en qu&eacute; consistir&iacute;a la presencia despu&eacute;s de tantas palabras, etc&eacute;tera. He dicho antes que las circunstancias se empe&ntilde;an a menudo en torcer los designios de los hombres, pero a veces son los designios de los hombres los que desprecian los beneficios de las circunstancias. Eso al menos fue lo que &eacute;l pens&oacute; cuando, por segunda vez, una carta aciaga de la hermosa extranjera truncaba toda previsi&oacute;n. No habr&iacute;a encuentro, pues. Fue as&iacute; como toda la bienaventuranza se torn&oacute; desdicha y como su coraz&oacute;n rebos&oacute; de dolor y angustia y como por caminos indirectos (inversamente proporcionales, podr&iacute;a decirse) supo qu&eacute; grado de felicidad habr&iacute;a alcanzado en donde quiera que fuera que se hubieran encontrado: exactamente el polo opuesto de su sufrimiento ante los hechos. Y fue as&iacute; tambi&eacute;n como aprendi&oacute; otra cosa: el gozo del dolor. (Tal vez tampoco ahora sea adecuada la palabra gozo, como no lo era antes la palabra amor, pero no siempre las palabras acuden en nuestra ayuda.) Al fin y al cabo, se dijo, toda pasi&oacute;n es dolor. Y sin penas ni servidumbres tampoco cabe imaginar venturas y felicidades. Se dedic&oacute;, por tanto, a explorar su dolor, a examinar con minuciosa reflexi&oacute;n cada detalle de su sufrimiento, a buscar en cada aguij&oacute;n el n&eacute;ctar y el veneno (algunas ret&oacute;ricas no caducan nunca). Pero tuvo la precauci&oacute;n de no exponer estas ideas en las cartas que sigui&oacute; intercambiando con la hermosa extranjera. De modo que sent&iacute;a que se hab&iacute;a producido en &eacute;l un desdoblamiento y que era, por una parte, el hombre apasionado que escrib&iacute;a cartas y que le&iacute;a con entusiasmo y devoci&oacute;n las cartas que recib&iacute;a y era, por otra, el hombre que se hab&iacute;a empe&ntilde;ado en llegar hasta el fondo en la exploraci&oacute;n del sufrimiento, esto es, el hombre solo y dolorido que a s&iacute; solo se bastaba y consigo solo hablaba. Y ambos hombres se complementaban, como si gracias al segundo pudiera mantenerse el primero y gracias al primero tuviera consistencia el segundo, una suerte de singularidad rec&iacute;proca, de esquizofrenia sentimental tal vez. Y ambos se necesitaban, como necesitaban la correspondencia con la bella extranjera, uno para ser feliz y otro para ser infeliz.</p>
<p>Y al cabo de una larga y penosa traves&iacute;a de meses de correspondencia ambigua (porque &eacute;l ocult&oacute; siempre la mitad amarga, o eso hab&iacute;a cre&iacute;do haste el momento) lleg&oacute; una carta hermosa y entusiasta y apasionada en que era la hermosa extranjera la que propon&iacute;a por fin un encuentro entre ambos aprovechando las circunstancias estivales y la que incluso indicaba el lugar propicio: Marienbad. Marienbad, repiti&oacute; se&ntilde;alando el dvd. Que, desde luego, no era ninguno de los sitios que &eacute;l hab&iacute;a imaginado en a&ntilde;os anteriores. Cabe decir que nunca hab&iacute;a sufrido &eacute;l tanto desconcierto como al ver esa propuesta y que no supon&iacute;a que podr&iacute;a sumirle en tan honda amargura. Pues s&oacute;lo entonces advirti&oacute; que hab&iacute;an pasado los meses y que ni siquiera hab&iacute;a pasado por su imaginaci&oacute;n la posibilidad de un nuevo encuentro ni siquiera de su sugerencia. Fue entonces cuando supo por qu&eacute;, fue entonces cuando supo que hab&iacute;a encontrado su camino y fue entonces, en fin, cuando dej&oacute; de escribir cartas.</p>
<p>En este punto estaba la conversaci&oacute;n cuando el tren empez&oacute; a aminorar la marcha. Mi compa&ntilde;ero de viaje se levant&oacute; y alcanz&oacute; su equipaje. Estamos llegando, dijo (un plural afectivo). En la despedida le pregunt&eacute; si hab&iacute;a visto <em>El a&ntilde;o pasado en Marienbad</em>. Dijo que no. Y, no s&eacute; bien por qu&eacute;, le tend&iacute; el dvd. Qu&eacute;deselo, dije, le sacar&aacute; m&aacute;s provecho que yo. Sonri&oacute;, baj&oacute; del tren y lo vi ir por el and&eacute;n de espaldas. En el &uacute;ltimo momento se volvi&oacute; y esboz&oacute; un gesto de despedida (correspond&iacute;). Enseguida, al quedarme solo, me arrepent&iacute; del regalo y dese&eacute; que no se le ocurriera ver la pel&iacute;cula. Surgieron entonces en mi imaginaci&oacute;n numerosas preguntas: contradictorias, esquivas. Me pregunt&eacute;, por ejemplo, por qu&eacute; la hermosa extranjera habr&iacute;a propuesto precisamente Marienbad como lugar de encuentro, c&oacute;mo contar&iacute;a ella la historia en el caso que de que a&uacute;n figurara en su memoria y si la elecci&oacute;n de Marienbad no ser&iacute;a a fin de cuentas una f&oacute;rmula cultural para declarar de antemano la imposibilidad de cualquier reencuentro. Me pregunt&eacute; tambi&eacute;n si no habr&iacute;a actuado el dvd como un resorte en la cafeter&iacute;a y no ser&iacute;a todo una invenci&oacute;n ad hoc de mi interlocutor, el rescate de alguna historia decimon&oacute;nica ajena o el resumen de alguna ficci&oacute;n rom&aacute;ntica. Y tambi&eacute;n, por &uacute;ltimo, me pregunt&eacute; si, en el caso de que no fuera una invenci&oacute;n, sino un episodio real de su biograf&iacute;a, acaso la &uacute;nica verdadera aventura sentimental que requer&iacute;a actualizaci&oacute;n narrativa, no habr&iacute;a cometido un error al regalarle un dvd que podr&iacute;a desvanecer su historia para siempre al hacerle entender que en Marienbad nunca hubiera encontrado a la hermosa extranjera, que, de encontrarla, no le habr&iacute;a reconocido y que de todo ello s&oacute;lo le habr&iacute;a quedado, en definitiva, una suerte de enso&ntilde;aci&oacute;n en off con corredores, pasillos, senderos, puertas, galer&iacute;as y estatuas, las estatuas vivientes en que se congela para siempre la memoria.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 18 Jan 2018 10:49:30 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El amor en Lobito Bay]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-amor-en-lobito-bay/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/L_DIA_JORGE.jpg" alt="" /></p>
<p>Nuestra casa en Lobito Bay estaba cubierta con tejas de barro. Otras viviendas ten&iacute;an tejados de zinc y otras a&uacute;n los ten&iacute;an de paja, amplios y en pico como si fuesen sombreros. Intercaladas al azar, el tipo diferente de las casas no las distingu&iacute;a en materia de orden a la orilla del mar. S&oacute;lo manifestaba el origen de sus habitantes, hablaba de su resistencia al calor y a la incidencia del sol sobre la arena y la superficie del agua. Algunos, como nosotros, hab&iacute;an venido de la zona norte del Atl&aacute;ntico y necesitaban sombra. Otros hab&iacute;an venido del Mediterr&aacute;neo y necesitaban un patio. Otros hab&iacute;an venido del &Iacute;ndico y necesitaban esteras. Los naturales del pa&iacute;s apenas necesitaban nada. Ten&iacute;an el sol, el agua, la fruta y la oferta del mundo natural. Pero si hab&iacute;a alguna diferencia entre los pescadores y sus mujeres, algunas de piel m&aacute;s oscura, otras de piel m&aacute;s clara, esta diferencia se dilu&iacute;a por completo en la banda indistinta que sus hijos formaban al caer la tarde. Lo recuerdo como si fuese hoy. En Lobito Bay, cuando el sol se iba poniendo y part&iacute;an los barcos a la pesca, nosotros, los hijos de los pescadores, nos lanz&aacute;bamos en direcci&oacute;n al bald&iacute;o, y all&iacute; corr&iacute;amos juntos, como si fu&eacute;semos hermanos, hijos indistintos de un &uacute;nico y primer hombre del mundo.</p>
<p>Cont&oacute; el profesor, cuando nos sentamos a la mesa.</p>
<p>Como si fu&eacute;semos hijos indistintos del primer hombre del mundo, form&aacute;bamos una bandada de hermanos en plena competici&oacute;n por nada, a&ntilde;adi&oacute; el profesor. En esta especie de exigencia de velocidad, la causa que nos mov&iacute;a era m&aacute;s fuerte que el objetivo. Mejor dicho, entre nosotros, la causa se confund&iacute;a con el objetivo, y causa y objetivo se realizaban a un tiempo y en conjunto. En conjunto tom&aacute;bamos posesi&oacute;n del terreno, en conjunto nos prepar&aacute;bamos. Como si la carrera fuese un acto oficial y &uacute;ltimo, en el momento de la salida permanec&iacute;amos tensos, ajustando con desvelo milim&eacute;trico los talones desnudos a la l&iacute;nea dibujada en el suelo. Concentrados, serios, contenidos, en cuanto o&iacute;amos la se&ntilde;al de partida nos lanz&aacute;bamos a una carrera enloquecida, viendo desaparecer ante nosotros las piernas de los m&aacute;s viejos, y viendo seguir sus huellas a los m&aacute;s &aacute;giles de entre los m&aacute;s j&oacute;venes, ganando distancia, mientras los menores y menos &aacute;giles iban quedando atr&aacute;s, cada vez m&aacute;s atr&aacute;s, sin perder, no obstante, el sentimiento de alegr&iacute;a de sentirnos lanzados a una carrera en la que s&oacute;lo podr&iacute;an resultar vencedores los m&aacute;s altos y &aacute;giles. Para los de menor edad nos bastaba sentirnos incluidos en el n&uacute;mero de treinta corredores de fondo que recorr&iacute;an la faja de bald&iacute;o que se extend&iacute;a a lo largo de la orilla. Con eso nos sent&iacute;amos orgullosos de nuestra vida.</p>
<p>&Eacute;ramos inocentes de todo lo que se pudiese decir con relaci&oacute;n a la terminolog&iacute;a atl&eacute;tica. No conoc&iacute;amos la palabra <em>sprint</em>, ni las palabras <em>match</em> o <em>team</em> formaban parte de nuestro escaso vocabulario, una especie de m&iacute;nimo denominador construido por sustracci&oacute;n entre las hablas diversas de nuestros padres. Verdad es que por aquel entonces, Frank Shorter se hab&iacute;a transformado en el rey de las carreras y la palabra <em>jogging</em> se hab&iacute;a extendido por los cuatro rincones del mundo, pero entre nosotros, sin televisi&oacute;n, sin peri&oacute;dicos, ni siquiera la palabra <em>atleta</em> era un t&eacute;rmino utilizado. Lo he dicho ya, lo que quer&iacute;amos nosotros s&oacute;lo era correr. Como desde siempre, como desde el principio del mundo, dese&aacute;bamos s&oacute;lo ser &uacute;nicos, y dese&aacute;bamos pertenecer. Pertenecer a la bandada de chiquillos cuyos pies alzaban el vuelo sobre la arena, formar parte de aquellos que ten&iacute;an alas en los pies, alas en los brazos, alas por todo el cuerpo, y ser alguien entre ellos. Eso era todo lo que quer&iacute;amos. Al final de la carrera, pod&iacute;a ser uno el pen&uacute;ltimo o incluso el &uacute;ltimo, eso no importaba. Compr&eacute;ndase. Cuando yo era ni&ntilde;o en Lobito Bay, uno no estaba vivo si no corr&iacute;a. Dijo el profesor. Correr, s&oacute;lo correr por correr, superar la distancia en medio de los otros, formar parte de aquella prueba de velocidad colectiva, eso era todo lo que uno pretend&iacute;a, independientemente de quien iba detr&aacute;s o delante, de quien ca&iacute;a y quedaba atr&aacute;s sangrando, o de quien alcanzaba la meta con los brazos al aire declar&aacute;ndose vencedor. En nuestro mundo, ni siquiera hab&iacute;a vencedor. S&oacute;lo hab&iacute;a corredor. Corredor de fondo. Ser y pertenecer, esa era la orden &uacute;nica impl&iacute;cita en el desorden que nos envolv&iacute;a. Como si fu&eacute;semos una bandada de p&aacute;jaros rebeldes, que en vez de hacer ejercicios en el cielo prefiri&eacute;semos&nbsp; hacerlos en la tierra.</p>
<p>&iquest;Por qu&eacute; no decirlo? Dijo el profesor.</p>
<p>Verdad es que a veces o&iacute;amos detonaciones rondando por el espacio abierto de Lobito Bay, y ten&iacute;amos noticia de que m&aacute;s all&aacute; de la vegetaci&oacute;n rala, hab&iacute;a unos libertadores que vendr&iacute;an un d&iacute;a a darnos lo que no ten&iacute;amos. O&iacute;amos disparos unas veces m&aacute;s lejos y otras m&aacute;s cerca, pero nada de eso nos importaba. Que disparasen. Lo que nos inquietaba eran los movimientos inexplicables de las bandadas de aves que pasaban ante nosotros. &iquest;Por qu&eacute; daban vueltas en conjunto, los p&aacute;jaros, sin equivocarse nunca? &iquest;Cu&aacute;l de ellos lideraba el grupo, y c&oacute;mo era elegido? &iquest;C&oacute;mo se distingu&iacute;an? &iquest;Por qu&eacute; aquella V abierta si volaban bajo, y aquella V aguda cuando volaban alto? &iquest;Por qu&eacute; aquel quiebro s&uacute;bito en la ruta, cuando iban en l&iacute;nea recta? &iquest;Y qu&eacute; especies eran aquellas que formaban las bandadas, y que no se distingu&iacute;an a lo lejos? Mientras, volando bajo, al alcance de nuestra visi&oacute;n, pasaban pardales, cuervos, garzas. En los charcos revoloteaban p&aacute;jaros-secretario, gaviotas y grandes zancudas, los ibis rojos, el flamenco rosado. Pero el p&aacute;jaro m&aacute;s amado por el grupo de los chicos de la zona de frontera con la ciudad de Lobito, a la que llam&aacute;bamos Lobito Bay, era otro.</p>
<p>Era un ave peque&ntilde;a, huidiza, un pajarillo que iba y ven&iacute;a, que ahora estaba o no estaba. Era la golondrina. Dijo el profesor, mientras nos serv&iacute;an el primer plato.</p>
<p>Hab&iacute;a razones para eso, a&ntilde;adi&oacute; el profesor. El p&aacute;jaro favorito de los chiquillos en Lobito Bay era la golondrina porque volaba bajo, porque parec&iacute;a no pesar nada, porque se desplazaba de modo tan r&aacute;pido que no paraba para alimentarse, porque volaba con el pico abierto, convertido en un embudo, para engullir los insectos en el aire, siguiendo viaje sin perder un instante. Desde hace tiempo se sab&iacute;a que la golondrina era el rey de los corredores, y tanto era as&iacute; que entre el grupo de los mayores se hab&iacute;a propagado cierto secreto que no se contaba a nadie. Pero el muchacho m&aacute;s alto y m&aacute;s &aacute;gil, el que m&aacute;s alzaba el brazo junto a la meta, un d&iacute;a, estando algunos de nosotros sentados en un escollo, escuchando a lo lejos los tiros de los libertadores, se olvid&oacute; de que yo era uno de los menores y confes&oacute; el secreto. Era cierto y seguro. Corr&iacute;a el rumor de que quien comiese el coraz&oacute;n de una golondrina acabar&iacute;a convirti&eacute;ndose en el corredor m&aacute;s r&aacute;pido del mundo. Por eso, &eacute;l, el m&aacute;s &aacute;gil, ya hab&iacute;a intentado todo para cazar una golondrina viva. Nos encontr&aacute;bamos sentados en la arena, de cara a la carretera, y todos ten&iacute;an la misma certeza. Quien comiese el coraz&oacute;n de una golondrina. Quien lo comiese. La cuesti&oacute;n es que corr&iacute;a el mes de marzo y pronto las golondrinas desaparecer&iacute;an. Se acercaba la primavera en Europa. Dentro de unos quince d&iacute;as, machos y hembras ya habr&iacute;an abandonado los nidos.</p>
<p>Dijo el profesor, iniciando s&oacute;lo entonces el segundo plato, cuando ya todos hab&iacute;amos dejado los cuchillos y los tenedores. Hab&iacute;amos invitado al profesor, quer&iacute;amos aprender del profesor.</p>
<p>S&iacute;, tambi&eacute;n yo so&ntilde;aba con esta captura imposible. Dijo &eacute;l. Era de los que permanec&iacute;an inm&oacute;viles en el suelo, antes de alcanzar a los que corr&iacute;an. Nada raro, las manos me sangraban, la barbilla estaba desollada,&nbsp; corr&iacute;a sangre de las rodillas. Incluso as&iacute;, me levantaba r&aacute;pido, y tan pronto la carne entrase en calor, y si no sangrase demasiado, continuaba yo la carrera. Una vez terminada, no dec&iacute;a nada. Cuando volv&iacute;a a casa, me sentaba bajo la gran tipuana que bordeaba nuestra casa, sin decir palabra. No obstante, nuestra madre sab&iacute;a lo que pasaba. Silenciosa, se acercaba con una palangana de agua tibia y un pa&ntilde;o blanco al hombro, se inclinaba sobre mis rodillas e iniciaba la operaci&oacute;n de limpiar las heridas. Con una pinza aguzada, retiraba uno a uno los granos de arena, luego con una especie de pincel, pasaba sobre las heridas una tinta roja que alargaba el aparato visual de las escoriaciones, d&aacute;ndoles el terrible aspecto de llagas. Al fin, como testigo de mi b&aacute;rbaro esfuerzo y de mi vano estoicismo, mi madre mov&iacute;a la cabeza &ndash;&ldquo;D&eacute;jalo, chico, uno nace para lo que nace. T&uacute; no naciste para corredor de fondo, eso se ve. D&eacute;jalo&hellip;&rdquo; Pero yo no lo dejaba. Dijo el profesor. Y en uno de esos d&iacute;as que siguieron al desastre monumental&nbsp; de un trompazo colectivo en la arena, con varios de mis compa&ntilde;eros saltando por encima de mi cuerpo, pero ellos heridos y yo no, ocurri&oacute; un milagro en Lobito Bay.</p>
<p>Ocurri&oacute; al caer la tarde, casi de noche.</p>
<p>Verdad es que, m&aacute;s o menos, a aquella hora, llegaba hasta nosotros el sonido de los estampidos secos, de los disparos de los libertadores, pero no hab&iacute;a ning&uacute;n peligro, pues los tiros part&iacute;an no s&oacute;lo de gente que deseaba libertar a alguien, sino que adem&aacute;s, fuese como fuese, esa liberaci&oacute;n ocurr&iacute;a a distancia. Entonces no era necesario pensarlo dos veces. Si en la cocina faltaban aceite y vinagre, y yo era el &uacute;nico hijo disponible ser&iacute;a yo quien fuese hasta la cantina, un almac&eacute;n, casi una barraca, que quedaba en el &uacute;ltimo extremo de la carretera. Los tiros sonaban muy lejos. Yo fui hacia all&aacute;, en una carrera, y nada especial aconteci&oacute;. Fue s&oacute;lo al regresar cuando ocurri&oacute; lo extraordinario. Cuando caminaba ya al paso, con los pies enterrados en la arena, de pronto, un peque&ntilde;o cuerpo alargado de color azul-golondrina, cay&oacute; a mis pies.</p>
<p>Incr&eacute;dulo, mir&eacute; al suelo, y vi que el peque&ntilde;o cuerpo fusiforme que hab&iacute;a ca&iacute;do ante m&iacute; era realmente una golondrina. Una golondrina maltrecha, con las piernas rotas, ca&iacute;da de lado, agitando sobre todo un ala, como queriendo en vano alzar la cabeza picuda. Se trataba de una golondrina azul que perneaba ah&iacute; en el suelo, mir&aacute;ndome. Tan verdadera era, que en aquella luz amarillenta del ocaso africano, parec&iacute;a negra, negra como en las leyendas. Las alas negras, el vientre blanco, el peque&ntilde;o pico amarillo, todo era real y verdadero. Mir&eacute; a mi alrededor, estaba solo, el mar, ante m&iacute;,mostraba su conformidad, y, encima, la b&oacute;veda celeste, casi oscura, tambi&eacute;n. No hab&iacute;a duda. La golondrina era m&iacute;a, s&oacute;lo m&iacute;a, y hab&iacute;a ca&iacute;do del cielo. Hab&iacute;a ca&iacute;do, sin duda, como resultado de un impacto contra los hilos el&eacute;ctricos que marcaban un trazo continuo a lo largo de la carretera y se perd&iacute;an m&aacute;s all&aacute;, pero, para m&iacute;, aquel p&aacute;jaro, hab&iacute;a ca&iacute;do del cielo. Las botellas de vinagre y aceite, metidas en la bolsa, quedaron bajo mi brazo. La golondrina, lustrosa como seda, e inm&oacute;vil, qued&oacute; presa entre mis dedos.</p>
<p>Sosteniendo la golondrina contra el pecho, corr&iacute; hacia mi casa. Dijo el profesor cuando ya nos serv&iacute;an otra vez el vino y el segundo plato. &iquest;Por qu&eacute; raz&oacute;n no quiso servirse el profesor?</p>
<p>&Eacute;l dijo. S&iacute;, corr&iacute; hacia la casa, entr&eacute; en la cocina donde mi madre, preocupada por mi retraso, estaba esper&aacute;ndome, pero antes de que pudiera decirme nada, e incluso antes a&uacute;n de entregarle las botellas, extend&iacute; mis manos sosteniendo la golondrina. Cont&eacute; lo que hab&iacute;a ocurrido, lo cont&eacute;&nbsp; conteniendo a duras penas&nbsp; la respiraci&oacute;n, le expliqu&eacute; lo que deseaba hacer con aquella golondrina que me hab&iacute;a enviado el azar. Le expliqu&eacute; sobresaltado, loco de emoci&oacute;n y alegr&iacute;a, que yo ten&iacute;a que comerme el coraz&oacute;n de aquel p&aacute;jaro. Mi madre se sent&oacute;, me pidi&oacute; que abriera las manos, que le mostrase el p&aacute;jaro que hab&iacute;a ca&iacute;do a mis pies. Cogi&oacute; ella la golondrina en sus manos, observ&oacute; las llagas, le pas&oacute; la mano por encima, y me pregunt&oacute; qu&eacute; quer&iacute;a hacer yo.</p>
<p>-Comerle el coraz&oacute;n &ndash;dije.</p>
<p>-&iquest;Y c&oacute;mo vas a hacerlo? &ndash;pregunt&oacute; mi madre.</p>
<p>Fui directo y claro, triunfador. -Primero le corto el pescuezo, despu&eacute;s le quito las plumas del pecho, despu&eacute;s con nuestro cuchillo de trinchar le saco el coraz&oacute;n del pecho. Despu&eacute;s, cojo el coraz&oacute;n y me lo como&hellip;</p>
<p>Yo repet&iacute;a lo que le hab&iacute;a o&iacute;do decir a mi colega mayor.</p>
<p>-&iquest;Qu&eacute; le comes el coraz&oacute;n as&iacute;, crudo, tal como est&aacute; dentro de ella? &ndash;quiso saber mi madre.</p>
<p>-S&iacute; &ndash;dije yo. &ndash;Quien come el coraz&oacute;n de una golondrina cogida viva ser&aacute; el corredor m&aacute;s r&aacute;pido del mundo. Yo voy a ser el corredor m&aacute;s r&aacute;pido del mundo, madre.</p>
<p>Mi madre manten&iacute;a al animal herido entre sus manos, y no se mov&iacute;a ni acababa de disponer la cena. Est&aacute;bamos encerrados en la cocina, porque as&iacute; lo hab&iacute;a querido yo, para que el p&aacute;jaro, con un s&uacute;bito aliento de vida, no pudiera escaparse por cualquier espacio mal cerrado de una puerta o una ventana. Mientras tanto, yo ya hab&iacute;a cogido el cuchillo. Un cuchillo corto y pesado, de los de trinchar. Lo agit&eacute; en el aire y s&iacute;, yo pod&iacute;a con &eacute;l. Pod&iacute;a manejarlo. Y fui hacia la golondrina.</p>
<p>Entonces, mi madre empez&oacute; a decir que me entend&iacute;a muy bien, que mi plan estaba muy bien, que era un plan muy eficaz, pero que ya era muy tarde, que mi padre estaba a punto de llegar y tambi&eacute;n mis hermanos, cuyas voces ya se o&iacute;an all&aacute; fuera, y que para que aquella ceremonia pudiese realizarse con tranquilidad, lo mejor ser&iacute;a dejarla para el d&iacute;a siguiente. Al d&iacute;a siguiente, cuando mi padre estuviera a&uacute;n en lo mejor de sus sue&ntilde;os, y cuando mis hermanos no se hubieran despertado a&uacute;n, entonces podr&iacute;a hacer lo que hab&iacute;a previsto. S&iacute;, con calma, yo podr&iacute;a matar la golondrina, sacarle el coraz&oacute;n del pecho, y&nbsp; comerlo en paz, como estaba previsto. Entre tanto, dejar&iacute;a la golondrina metida en una caja de zapatos hasta la ma&ntilde;ana siguiente, y la caja quedar&iacute;a bien cerrada dentro de mi cuarto.</p>
<p>-&iquest;Y si se escapa? &ndash;pregunt&eacute; yo, suspicaz, inquieto.</p>
<p>-&iquest;C&oacute;mo va a huir si t&uacute; mismo la guardas?</p>
<p>-Madre, esta noche no quiero acostarme.</p>
<p>-&iquest;Por qu&eacute; no?</p>
<p>-Madre, esta noche no quiero cenar.</p>
<p>Y me encerr&eacute; en mi cuarto, sin cenar, y no pude dormir. Miraba la caja de zapatos. En la tapa de la caja, mi madre hab&iacute;a hecho unos peque&ntilde;os agujeros para que el p&aacute;jaro pudiera respirar, y la dej&oacute; en la mesita de noche, al alcance de mi mano. Pues no. Yo no iba a quedarme dormido aunque los p&aacute;rpados me pesaban como si fueran de plomo. Me pesaban tanto que se cerraron por un breve instante.&nbsp; O un largo instante, yo, siempre vigilando. Pero a la ma&ntilde;ana siguiente, cuando despert&eacute;, abr&iacute;&nbsp; la caja y no estaba la golondrina.</p>
<p>Dijo el profesor, dejando el tenedor en el &uacute;ltimo plato.</p>
<p>S&iacute;, la caja estaba vac&iacute;a, la tapa levantada, y la golondrina hab&iacute;a escapado. Mis gritos despertaron a toda la casa. &iquest;Qui&eacute;n me ha robado la golondrina? Y, si nadie la rob&oacute;, entonces &iquest;c&oacute;mo se ha escapado? &iquest;Si estaba moribunda y paralizada cuando mi madre y yo la vimos por &uacute;ltima vez, antes de cerrar la caja? Y aunque se hubiese curado durante la noche &iquest;c&oacute;mo hab&iacute;a tenido el p&aacute;jaro fuerza suficiente para levantar la tapa? &iquest;Para cerrar la tapa? &iquest;Y por d&oacute;nde se hab&iacute;a escapado, si la ventana estaba cerrada, y tambi&eacute;n la puerta del cuarto? Ante mi padre y mis seis hermanos, todos de pie, de madrugada, mir&aacute;ndome, mis preguntas eran l&oacute;gicas pero la respuesta era s&oacute;lo una con relaci&oacute;n a la golondrina. Hiciese lo que hiciese, ya no podr&iacute;a cortar su pescuezo oscuro con un cuchillo, no arrancar&iacute;a las plumas de su blanco pecho, no arrancar&iacute;a el coraz&oacute;n de aquel pecho, no podr&iacute;a comer el coraz&oacute;n de la golondrina. El p&aacute;jaro hab&iacute;a desaparecido, hab&iacute;a desaparecido tambi&eacute;n toda mi esperanza, s&oacute;lo el cuchillo, el pesado cuchillo que yo la noche anterior hab&iacute;a so&ntilde;ado manejar con golpes certeros, eso s&iacute; estaba sobre la piedra de la cocina. Mis l&aacute;grimas, al mirar el cuchillo, brotaban en cascada. Y, encima, todos mis hermanos conoc&iacute;an ahora mi secreto, guardado hasta entonces con tanto cuidado. Conoc&iacute;an ahora mi esperanza secreta de convertirme en un gran corredor, el mejor del mundo, y eran testigos aquella ma&ntilde;ana de mi profundo descalabro. Mis hermanos. Y as&iacute; estuve llorando varios d&iacute;as no s&oacute;lo por la p&eacute;rdida en s&iacute;, sino, sobre todo, por la incapacidad de descubrir la clave del misterio de la desaparici&oacute;n del coraz&oacute;n de mi golondrina. Hasta que cambi&oacute; la vida en las sendas de Lobito Bay.</p>
<p>Dijo el profesor, cuando ya no hab&iacute;a ning&uacute;n plato en la mesa.</p>
<p>La vida cambi&oacute; inesperadamente en Lobito Bay, repiti&oacute; el profesor,&nbsp; y ya todos hab&iacute;amos comprendido que el profesor repet&iacute;a las palabras que m&aacute;s le interesaban, como si fuese un poeta.</p>
<p>Mi madre empez&oacute; a escatimar la comida, mi padre ya no fue m&aacute;s a pescar. Nosotros, los chicos, a&uacute;n nos encontr&aacute;bamos y nos prepar&aacute;bamos para&nbsp; volver a correr, pero apenas una semana despu&eacute;s los corredores del descampado dejaron de reunirse. De pronto, los rostros, todos los rostros, hasta los de los chiquillos, se hab&iacute;an vuelto sospechosos. Sin que nada hubiese&nbsp; ocurrido entre nosotros, nos hab&iacute;amos convertido en enemigos. Dijo el profesor. Los tiros sonaban incesantemente a nuestro alrededor. Nuestra tipuana fue alcanzada por los disparos y la palmera tambi&eacute;n. Rantantam, rantantam, se o&iacute;a en los arenales de Lobito Bay. No tardamos en entrar&nbsp; en un barco de fugitivos sin nada nuestro m&aacute;s que la ropa pegada al cuerpo. Tomamos asiento en un barco que sal&iacute;a del puerto, sin destino seguro, cuando los dos grupos ya se dispersaban por las calles y arrastraban tras ellos a gente que hasta entonces hab&iacute;a vivido en paz. Y as&iacute; nos apart&aacute;bamos del puerto que siete a&ntilde;os antes nos hab&iacute;a visto llegar, a mis seis hermanos, a mi padre, a mi madre, unidos, sin nada en las manos, cuando el barco dej&oacute; el muelle y se hizo a la mar. Pero el barco no rebas&oacute; la barra. Una embarcaci&oacute;n ligera, pilotada por libertadores armados, oblig&oacute; al barco a volver atr&aacute;s, con el pretexto de que hab&iacute;a infiltrados del grupo rival entre los pasajeros. Entonces, se oy&oacute; una sirena marcando el retorno, y fue todo muy r&aacute;pido. Dijo el profesor.</p>
<p>Est&aacute;bamos de nuevo en tierra ante el pont&oacute;n, sigui&oacute; diciendo.</p>
<p>La pasarela oscilaba, el pont&oacute;n oscilaba, nos pasaron revista, pues constaba que entre los embarcados hab&iacute;a libertadores del grupo rival, que por ahora era el derrotado. Libertadores cazando a libertadores. Descubrieron a dos libertadores rivales. Uno de ellos fue llevado a la amurada y no se oy&oacute; m&aacute;s que el disparo. Pero el segundo libertador estaba justo ante nosotros, todos vimos c&oacute;mo ese libertador era abatido. Mi madre tuvo tiempo a&uacute;n de gritar a los hijos -<em>&iexcl;Cerrad los ojos!</em> Con la mano izquierda intent&oacute; tapar los ojos de mi hermano menor, y con la derecha intent&oacute; tapar los ojos del pen&uacute;ltimo. El pen&uacute;ltimo era yo, dijo el profesor. Yo ten&iacute;a nueve a&ntilde;os, mi hermano ten&iacute;a ocho. Est&aacute;bamos todos en silencio absoluto, pegados a los tablones.</p>
<p>Pero mi madre no pod&iacute;a impedir que durante toda la vida la violencia nos rodeara. No pod&iacute;a. Hab&iacute;amos visto morir un hombre ante nosotros y ella no pod&iacute;a impedir que hubi&eacute;ramos visto la mirada de terror del libertador que iba a morir, su cuerpo estremecerse, saltar y despu&eacute;s caer hac&iacute;a adelante. Ella no pod&iacute;a impedir que vi&eacute;semos c&oacute;mo la espalda del libertador que&nbsp; disparaba sobre el que iba a morir, se alzaba y volv&iacute;a a la posici&oacute;n de quien se dispone a iniciar un bailoteo, pero era para tirar otros cinco tiros sobre el pecho del libertador que ten&iacute;amos delante. No lo pod&iacute;a evitar. Ni ella ni mi padre pod&iacute;an impedir que de la belleza de Lobito Bay se desprendieran al mismo tiempo el mal y el bien. Pues &iquest;c&oacute;mo iban a hacerlo si&nbsp; ni siquiera ellos pod&iacute;an impedir que, en nuestro propio coraz&oacute;n, cohabitasen al mismo tiempo la esperanza m&aacute;s pura y la m&aacute;s b&aacute;rbara brutalidad? Lo deseaban, pero no lo pod&iacute;an conseguir. Como tampoco pudieron evitar el viaje por la Costa Occidental de &Aacute;frica hasta Luanda, sin nada nuestro en las manos. No pudieron evitar de la Historia lo que es Historia, ni lo que en nuestra especie es caracter&iacute;stico. Pero la verdad es que tampoco pudieron evitar la imagen fundadora de mi vida. Dijo el profesor. Aquella que yo imagino que ocurri&oacute; en la noche en que una familia entera se puso de acuerdo para evitar que el segundo hijo m&aacute;s joven, el segundo hermano menor, agarrase un cuchillo y abriese con su propia mano el cuerpo de una golondrina. Cu&aacute;ntos hombres condenados a morir en el futuro no habr&aacute;n evitado la muerte a partir de esta noche de armisticio acontecida en Lobito Bay. Toda mi familia reunida, mientras yo dorm&iacute;a, llevado por sue&ntilde;os de victoria, en mi cuarto.</p>
<p>S&iacute;, me siento culpable, dijo el profesor. S&oacute;lo en donde no hay amor no hay culpa. Dijo tambi&eacute;n, y nosotros nos levantamos y salimos de all&iacute; mudos, uno tras otro. Lo hab&iacute;amos invitado para que nos hablase s&oacute;lo de la belleza, pero el profesor nos hab&iacute;a transformado, e &iacute;bamos ahora hacia la terraza, y no sab&iacute;amos qui&eacute;nes &eacute;ramos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>L&iacute;dia Jorge</p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 18 Jan 2018 10:45:27 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuestión de nada]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/cuestion-de-nada/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/J.A._GONZ_LEZ_S_INZ.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Desde que se hab&iacute;a separado de su mujer &mdash;de su compa&ntilde;era, dec&iacute;a &eacute;l&mdash;, iba ya para tres a&ntilde;os, Francisco Javier N&uacute;&ntilde;ez Blesa, Paco o Paco Ja para los amigos, sol&iacute;a pasar algunos fines de semana fuera de la peque&ntilde;a ciudad de provincia en la que ten&iacute;a instalada su consulta de dentista. El s&aacute;bado se levantaba temprano, preparaba la maletita de ruedines que hab&iacute;a comprado al efecto y se iba sin p&eacute;rdida de tiempo a coger un tren o un autob&uacute;s &mdash;no le gustaba nada conducir&mdash; para alguna ciudad o pueblo no siempre de las proximidades. Visitaba all&iacute; alg&uacute;n museo, alguna exposici&oacute;n que hubiera, la catedral o las iglesias m&aacute;s notables, y se pasaba horas callejeando sin rumbo no sab&iacute;a si buscando algo o saliendo al encuentro de algo o m&aacute;s bien sin buscar ni perseguir nada, s&oacute;lo andando, mirando, tal vez discurriendo o d&aacute;ndole vueltas a algo si ello no fuera ya igual que decir sencillamente andando.</p>
<p>Tanto el s&aacute;bado como el domingo, pero especialmente este &uacute;ltimo, com&iacute;a en alguno de los restaurantes que le aconsejaba la gu&iacute;a que hab&iacute;a adquirido tambi&eacute;n para el caso, y el s&aacute;bado por la noche buscaba alg&uacute;n local con m&uacute;sica en vivo o bien alguno de esos viejos caf&eacute;s que todav&iacute;a tienen algo &mdash;dec&iacute;a &eacute;l como si los dem&aacute;s no tuvieran ya nada&mdash; y all&iacute; se pasaba el rato leyendo tranquilamente la prensa y mirando en derredor, tratando incluso de hablar o pegar la hebra con alguien aunque no fuera una mujer. &iexcl;Est&aacute;s chapado a la antigua!, le dijo la chica con la que entabl&oacute; su &uacute;ltima relaci&oacute;n &iacute;ntima duradera &mdash;no lleg&oacute; a durarle un mes&mdash;; &ldquo;un tipo que lee los peri&oacute;dicos durante horas, y encima de papel, y se puede pasar todo el santo d&iacute;a en un caf&eacute; o caminando s&oacute;lo por caminar no va ya a ninguna parte por muy dentista que sea&rdquo;.</p>
<p>Desde entonces, y nunca supo si tambi&eacute;n por llevarle la contraria, resolvi&oacute; emprender sus peque&ntilde;as escapadas de fin de semana, una al mes como m&iacute;nimo y casi siempre dos. Aquel fin de semana, el fin de semana que inauguraba oficialmente la primavera, hab&iacute;a ido a la capital. Tras una agradable velada en un c&eacute;ntrico local &mdash;tan c&eacute;ntrico que se llamaba Caf&eacute; Central&mdash;&nbsp;con buena m&uacute;sica de jazz y buen ambiente, hab&iacute;a pasado la noche con una mujer entrada ya en a&ntilde;os como &eacute;l pero todav&iacute;a hermosa o m&aacute;s bien todav&iacute;a con un hermoso cuerpo, con un cuerpo envidiable a sus a&ntilde;os, seg&uacute;n hab&iacute;a pensado en seguida, aunque &eacute;l no lo envidi&oacute; sino que realmente lo tuvo.</p>
<p>&ldquo;Eso de que <em>realmente</em> lo tuvieras est&aacute; <em>realmente</em> por ver&rdquo;, estaba ya oyendo que le dec&iacute;a a la vuelta, cuando se lo contara, su amigo Rafael S&aacute;nchez Garc&eacute;s &mdash;S&aacute;nchez Gasset para los amigos&mdash;, profesor de filosof&iacute;a del instituto e incansable caminante, con el que se le pasaban las horas volando mientras platicaban caminando por las orillas del r&iacute;o o, durante las tardes m&aacute;s fr&iacute;as de los fines de semana que no se marchaba, en el viejo casino provinciano.</p>
<p>&mdash; Bueno, pues no te lo creas &mdash;le contestar&iacute;a.</p>
<p>&mdash; No es que yo me lo crea o me lo deje de creer; no es eso &mdash;le dir&iacute;a seguramente como ya antes le hab&iacute;a dicho muchas veces&mdash;. Es que las cosas que se cuentan no son cosas porque hayan podido existir (<em>realmente</em>, como dir&iacute;as t&uacute;) sino que son cosas porque se cuentan. Es el cuento, la palabra, lo que las hace existir <em>realmente</em>, con un <em>realmente</em> que, aunque tenga que ver, es muy due&ntilde;o y se&ntilde;or en relaci&oacute;n a la realidad que las pudo originar o no. Anota eso: tiene que ver, tiene que ver algo con la realidad, tiene que v&eacute;rselas con ella y <em>comprenderla</em>, dicho sea en todos los sentidos de la palabra y por lo tanto de la cosa.</p>
<p>&mdash; &iquest;As&iacute; que, seg&uacute;n t&uacute; &mdash;se ve&iacute;a ya pregunt&aacute;ndole por hacerle hablar tal vez m&aacute;s que por otra cosa&mdash;, yo no he estado <em>realmente</em> con ese cuerpo o, por as&iacute; decir, con ella porque <em>realmente </em>estuve sino porque te lo cuento? O dicho de otra forma: si hubo all&iacute; un &ldquo;ella&rdquo; que valiera, un &ldquo;ella&rdquo; y un &ldquo;yo&rdquo; que no eras t&uacute; ni podr&aacute;s serlo jam&aacute;s sino que fui yo, si hubo algo y se hizo algo donde no hab&iacute;a nada, no es tanto porque lo hubiera y se hiciera sino porque te lo cuento. Es decir que, si &eacute;sas tenemos, el hecho &mdash;el hecho real y corriente&mdash;, de la misma forma que el pecho real y, en este caso, te lo aseguro, nada corriente, no es real porque <em>fuera</em> sino que <em>es</em> porque te lo he dicho. O sea que si no se dicen las cosas a lo mejor han existido, pero desde luego ya no existen. No habr&iacute;a as&iacute; <em>realmente</em> otro hecho m&aacute;s real que el dicho, que es lo que hace ser a las cosas lo que son o ser reales. La mentira, entonces, har&iacute;a la realidad lo mismo que la verdad, primos gemelos.</p>
<p>&mdash;As&iacute; es. No &ldquo;a lo hecho, pecho&rdquo; &mdash;le hab&iacute;a replicado ya otra vez ante un caso semejante al de su fin de semana en Madrid&mdash; sino &ldquo;a lo pecho, dicho&rdquo;, porque si no se cuenta, el pecho tocado o, dicho en otras palabras (&iquest;hecho en otras palabras?), la materialidad originaria del pecho emp&iacute;rico corre el riesgo de desaparecer, de no haber sido tocado, que es como decir de no haber sido <em>tout court</em> &mdash;seg&uacute;n dec&iacute;an los dos pronunciando a la espa&ntilde;ola todas y cada una de las letras como para no dejar escapar nada de lo que esas letras dijeran.</p>
<p>&mdash; &ldquo;A lo dicho, pecho&rdquo;, &ldquo;dicho y pecho&rdquo; &mdash;elevar&iacute;a seguramente la apuesta S&aacute;nchez Gasset como en veces anteriores&mdash;, toda vez que el pecho corresponde ya ahora, en el ahora de la eternidad futura, esencialmente a lo dicho. De modo que te callas para no darme envidia.</p>
<p>&mdash; &iexcl;Ah, con que pesas tenemos! &mdash;le podr&iacute;a entonces rebatir&mdash;, &iexcl;envidia de los hechos, <em>envidia penis</em> vamos a decir, la envidia que las palabras tienen a las cosas! La envidia de la palabra teta a la teta propiamente dicha. Bueno no, propiamente dicha no &mdash;tendr&iacute;a que corregirse&mdash; sino propiamente tocada por quien la toc&oacute; y no por otro ninguno.</p>
<p>As&iacute; se pasaban las horas m&aacute;s crudas del invierno, filosofando o, como dec&iacute;a Rafael S&aacute;nchez Gasset, filosofando que es gerundio, que era la modalidad provinciana, pero no por ello menos fecunda, de la filosof&iacute;a contempor&aacute;nea. Aqu&iacute; en provincias hay tiempo, tiempo y asombro, dec&iacute;a. A lo que N&uacute;&ntilde;ez Blesa le sol&iacute;a responder: s&iacute;, y mala sombra, que tambi&eacute;n es importante para filosofar.</p>
<p>Ard&iacute;a en ganas de llamarle nada m&aacute;s llegar para quedar al d&iacute;a siguiente y darle cuenta de todo. Pero ya era como si lo estuviera escuchando: de modo que, resumiendo, el pecho que viste y que t&uacute; dices que tocaste &mdash;monumental, le contar&iacute;a &eacute;l, como la Almudena (el pecho de la Almudena, le faltar&iacute;a tiempo para subrayar, ya que no pod&iacute;a hacer otra cosa, a S&aacute;nchez Gasset)&mdash; existe s&oacute;lo de hecho porque lo has dicho y me lo has contado, o bien en cuanto dicho y contado, y no tanto en cuanto tocado o palpado o qui&eacute;n sabe lo que habr&aacute;s hecho con el dichoso pecho, dicho tambi&eacute;n en todos los sentidos; es decir, que es un decir el pecho y que su existencia estriba en su haber sido dicho y contado y no palpado o acariciado o besuqueado o lo que quiera que hayas hecho fuera del lenguaje (pero fuera del lenguaje, amigo m&iacute;o, dec&iacute;a siempre S&aacute;nchez Gasset o, seg&uacute;n los d&iacute;as, S&aacute;ncheztein, fuera del lenguaje hace mucho fr&iacute;o). Para que me entiendas mejor: dicho y hecho, y no hecho y dicho.&nbsp; &iquest;Me sigues?, le dir&iacute;a.</p>
<p>Te sigo, le responder&iacute;a &eacute;l como le respond&iacute;a siempre aunque no fuera verdad &mdash;&iquest;pero qu&eacute; era la verdad fuera del lenguaje?: fr&iacute;o, puro fr&iacute;o&mdash;. S&iacute;, la silicona del lenguaje, le pod&iacute;a decir ahora seg&uacute;n su experiencia en Madrid; a lo que Rafael S&aacute;nchez Gasset, que no en vano era profesor de filosof&iacute;a y no dentista como &eacute;l, seguro que le contestar&iacute;a que no, que no era eso, o bien que, si&eacute;ndolo tambi&eacute;n a lo mejor, era fundamentalmente otra cosa o bien la otra cosa en esencia, lo otro en esencia, que parec&iacute;a una marca de perfume pero era mucho m&aacute;s, lo mucho m&aacute;s que lo que hay. Que el lenguaje te tenga en su gloria, S&aacute;ncheztein, le dec&iacute;a cuando ya no val&iacute;a seguirle, pues no debe de haber otra gloria que no sea una gloria de palabras.</p>
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<p>En todas esas cosas iba pensando ya de vuelta el domingo en tren &mdash;otras veces hab&iacute;a recurrido al empaste como met&aacute;fora, el empaste del lenguaje, a lo que S&aacute;nchez Gasset le hab&iacute;a refutado que el lenguaje, siendo verdad que puede obturar y muchas veces obtura una caries de la realidad, m&aacute;s bien abre &eacute;sta o debiera abrirla&mdash;, cuando subi&oacute; al tren un tipo que, por sus trazas y su porte, le oblig&oacute; a dejar de dar rienda suelta a su viaje verdadero, es decir, a sus conversaciones, todav&iacute;a imaginarias, con S&aacute;nchez Gasset, para concentrarse por completo en mirarlo en realidad.</p>
<p>Alto, pero no excesivamente, bien trajeado y de buen parecer en general, subi&oacute; al tren segundos antes del cierre de puertas. Fue subir &eacute;l y cerrarse las puertas, seg&uacute;n se dice y seg&uacute;n fue, y una vez arriba pareci&oacute; ir en derechura adonde estaba N&uacute;&ntilde;ez Blesa. Iba hablando con el tel&eacute;fono m&oacute;vil y, sin dejar de hacerlo &mdash;sin dejar de escuchar m&aacute;s bien y de responder con monos&iacute;labos&mdash;, le pregunt&oacute; con la mirada si estaba libre el asiento frontero al suyo. Los otros dos asientos estaban ocupados por una se&ntilde;ora mayor, al lado de N&uacute;&ntilde;ez Blesa, y un hombre de una edad semejante a la suya en diagonal a &eacute;l.</p>
<p>Algo contrariado &mdash;se hab&iacute;a hecho ya la ilusi&oacute;n de tener libre durante todo el viaje el sitio de enfrente para poder estirar las piernas a gusto&mdash;, le contest&oacute; tambi&eacute;n con la mirada que s&iacute; y retir&oacute; en seguida el bolso que hab&iacute;a dejado en el asiento &mdash;su maletita la hab&iacute;a dispuesto en el portaequipajes de arriba. Desde el primer momento, como si de un im&aacute;n se tratara, aquel hombre le atrajo poderosamente la atenci&oacute;n. Por alguna raz&oacute;n no pod&iacute;a apartar los ojos de &eacute;l, hasta el punto de que no tard&oacute; en darse cuenta de que pod&iacute;a correr el riesgo de ser interpretado como un verdadero impertinente.</p>
<p>Mucho m&aacute;s joven que N&uacute;&ntilde;ez Blesa &mdash;a no dudar todav&iacute;a en la treintena&mdash;, el hombre no dejaba de escuchar el m&oacute;vil y de responder a &eacute;l con una solvencia y una precisi&oacute;n rotundas que en seguida le parecieron a N&uacute;&ntilde;ez Blesa fuera de lo com&uacute;n. Todav&iacute;a no se hab&iacute;a sentado &mdash;todav&iacute;a estaba de pie con su chaquet&oacute;n y todo encima del traje en el escaso espacio que quedaba entre las rodillas de N&uacute;&ntilde;ez Blesa y el asiento que iba a ocupar&mdash;, cuando sacando de un modo inveros&iacute;mil de su funda una tableta digital despu&eacute;s de haber dejado en la repisilla de la ventana el gran vaso de pl&aacute;stico que llevaba en la otra mano con su pajita correspondiente en el centro geom&eacute;trico de la tapa, dijo &ldquo;en seguida le llamo; compruebo los datos y en seguida le llamo&rdquo;. No dijo m&aacute;s, no se despidi&oacute; ni tard&oacute; un solo segundo en colgar tras haber dicho esa frase. S&oacute;lo entonces, con las mismas precisi&oacute;n y solvencia con las que contestaba al tel&eacute;fono y como si tuviera tantos brazos como una verdadera divinidad india, o bien tanta destreza como un extra&ntilde;o animal o, seg&uacute;n pensar&iacute;a luego, un impecable artilugio t&eacute;cnico, fue cuando se quit&oacute; por fin el chaquet&oacute;n, se afloj&oacute; ligeramente el nudo de la corbata, se estir&oacute; el traje y, tras atusarse el cabello, largo y pulcro y con un corte de moda, en un gesto que luego repetir&iacute;a cada cierto tiempo, se acomod&oacute; al fin en su sitio sin haber dado la menor muestra de perder m&iacute;nimamente la concentraci&oacute;n.</p>
<p>Segundos, todo ello ocurri&oacute; en segundos, o m&aacute;s bien en mil&eacute;simas de segundo, hubiera estado seguramente por decir N&uacute;&ntilde;ez Blesa, aunque eso ya s&oacute;lo fuera un decir por mucho que S&aacute;nchez Gasset o bien Garc&eacute;s, S&aacute;nchez Garc&eacute;s, hubiera dicho otra cosa de hab&eacute;rselo o&iacute;do decir. El caso es que, en menos de lo que se tarda en contarlo y sin haber soltado a&uacute;n, por inveros&iacute;mil que parezca, la tableta de las manos &mdash;el m&oacute;vil s&iacute; que lo hab&iacute;a dejado un momento sobre la repisa de la ventanilla junto al vaso de pl&aacute;stico&mdash;, en cuesti&oacute;n de nada (cuesti&oacute;n de nada: esto se lo tengo que decir a S&aacute;ncheztein, se dijo N&uacute;&ntilde;ez Blesa nada m&aacute;s haberlo pensado) el hombre joven impecablemente vestido estaba ya tecleando en su tableta con una concentraci&oacute;n rayana en lo impensable. No la abandon&oacute; un instante cuando ech&oacute; en seguida mano del m&oacute;vil &mdash;hab&iacute;a sonado en la repisa con un ligero clin tan discreto que apenas si lo oy&oacute; N&uacute;&ntilde;ez Blesa&mdash;, dio un toquecito exacto con el &iacute;ndice de la mano con la que no estaba tecleando e, injert&aacute;ndoselo entre el hombro&nbsp; izquierdo y su mejilla inclinada como si nunca hubiera hecho otra cosa en la vida, empez&oacute; a escuchar lo que le dec&iacute;an con una imperturbabilidad tan rayana en lo impensable como su concentraci&oacute;n y respondiendo &ldquo;s&iacute;&rdquo; de tanto en tanto, &ldquo;de acuerdo&rdquo;, &ldquo;sin duda es posible&rdquo;, &ldquo;perfecto&rdquo;, &ldquo;s&iacute;, perfecto, no hay ninguna duda&rdquo;.</p>
<p>Se volvi&oacute; a atusar el cabello por delante, primero por delante apart&aacute;ndoselo de la frente con los dedos abiertos a modo de p&uacute;as de un peine imaginario, y luego a un lado y a otro &mdash;cada cierto tiempo incluso por atr&aacute;s, por el cogote, con un gesto s&oacute;lo ligeramente menos sosegado&mdash;, y tras haber colgado con lo que, por mucho que no fuera casi nada, todav&iacute;a era un leve toquecito del &iacute;ndice sobre la superficie del tel&eacute;fono, marc&oacute; otro n&uacute;mero en el m&oacute;vil despu&eacute;s de haber le&iacute;do algo en su tableta con una atenci&oacute;n que hizo que se le sombrearan un poco m&aacute;s las ojeras que enmarcaban sus ojos tras las gafas. &ldquo;Cerrado el acuerdo, ya est&aacute;&rdquo;, dijo con un tono que no trasparentaba el menor sentimiento, &ldquo;s&iacute;&rdquo;, &ldquo;s&iacute;&rdquo;, &ldquo;eso es&rdquo;, y colg&oacute; sin despedirse siquiera. En ning&uacute;n momento dijo &ldquo;creo&rdquo; o &ldquo;eso es lo que me parece&rdquo;, &ldquo;podr&iacute;a&rdquo;, &ldquo;podr&iacute;a ser&rdquo; o &ldquo;vamos a ver&rdquo;, sino &ldquo;es&rdquo;, &ldquo;eso es&rdquo;, &ldquo;no hay ninguna duda&rdquo;. Por un tipo as&iacute; le hab&iacute;a dejado su mujer a N&uacute;&ntilde;ez Blesa ahora iba ya para tres a&ntilde;os; es comprensible, le dijo su amigo Rafael S&aacute;nchez Garc&eacute;s caminando juntos por el r&iacute;o, es la marcha de los tiempos, el esp&iacute;ritu del tiempo.</p>
<p>A S&aacute;nchez Garc&eacute;s tambi&eacute;n le hab&iacute;a abandonado ya por entonces su mujer porque, como hecho real, no le hac&iacute;a caso. Luego s&iacute;; luego, igual que antes de irse a vivir juntos, se consagr&oacute; a ella pod&iacute;a decirse que en cuerpo y alma o, como &eacute;l dec&iacute;a, en realidad y lenguaje, que es todo uno y lo mismo. A todo aquel que quer&iacute;a escucharle le hablaba de los muchos ratos hermosos que hab&iacute;an pasado juntos, de su belleza &mdash;tan irreal que parec&iacute;a verdad, dec&iacute;a&mdash; y del vac&iacute;o que le hab&iacute;a dejado al abandonarlo; un agujero, un verdadero descosido de la vida. Buena parte de los paseos por el r&iacute;o de los primeros tiempos tras la ruptura se pod&iacute;a decir, y as&iacute; era, que los hab&iacute;an dado los dos con ella, que, como hecho real, nunca les hab&iacute;a acompa&ntilde;ado fuera del lenguaje, seguramente ser&iacute;a por el fr&iacute;o. De modo que a ambos les hab&iacute;an abandonado por el esp&iacute;ritu del tiempo, por la marcha de los tiempos, eso que seguramente ten&iacute;a ahora N&uacute;&ntilde;ez Blesa ante sus narices y por eso no le quitaba ojo aun a riesgo de parecer desconsiderado.</p>
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<p>Nota.- El texto que aqu&iacute; se presenta comprende <em>las dos primeras partes</em> del relato del mismo nombre.</p>
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      <pubDate>Fri, 12 Jan 2018 09:43:51 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Daniel]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/daniel/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/MANUEL_VILAS_2.jpg" alt="" /></p>
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<p>Dormir en la misma casa,</p>
<p>t&uacute; en tu peque&ntilde;a habitaci&oacute;n,</p>
<p>yo en la m&iacute;a, que es tambi&eacute;n peque&ntilde;a,</p>
<p>pero un poco m&aacute;s grande que la tuya,</p>
<p>es un privilegio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Saber que est&aacute;s al otro lado del tabique me da paz.</p>
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<p>Pero hoy te has quedado dormido,</p>
<p>y llegas tarde al instituto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No sabes la pena que me causa</p>
<p>que te pierdas una hora de clase.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las leyes de los hombres &ndash;yo las conozco&mdash;son inflexibles,</p>
<p>y debes aprender a convivir con ellas,</p>
<p>como yo lo hice.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me he quedado pensando en tu futuro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dar&iacute;a mi vida por protegerte ma&ntilde;ana,</p>
<p>por que no te alcance nunca ninguna desdicha,</p>
<p>ning&uacute;n dolor, ning&uacute;n veneno de los hombres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Abro la ventana de tu cuarto y miro tus cosas y me conmuevo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Adoro todas tus cosas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Adoro tu letra, peque&ntilde;a, dulce, humilde,</p>
<p>la letra de un alma bondadosa.</p>
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<p>Adoro tu ropa colgada en mi armario,</p>
<p>tu cazadora marr&oacute;n, que me encanta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La fragilidad que expresa tu cuerpo me estremece</p>
<p>y me alegra al mismo tiempo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Est&aacute;s todo el d&iacute;a con los cascos, cuando te hablo no oyes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vives para el tel&eacute;fono m&oacute;vil,</p>
<p>y poco para m&iacute;,</p>
<p>que vivo para ti.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me gusta prepararte bocadillos delicados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pienso en que tendr&aacute;s hambre a media ma&ntilde;ana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Adivino tu vulnerabilidad y sufro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En ti me convertir&eacute; en ceniza</p>
<p>y tu vida nueva ver&aacute;</p>
<p>la ca&iacute;da de todas las cosas</p>
<p>que me hirieron.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 12 Jan 2018 09:39:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La mirada al mundo de Fernando del Val]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-mirada-al-mundo-de-fernando-del-val/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2018/FERNANDO_DEL_VAL.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp; </strong>Fernando del Val es periodista, pero tambi&eacute;n poeta, hombre de radio y esencialmente hombre de letras, ha cultivado el ensayo y muy importante es su libro de entrevistas Si te acercas m&aacute;s, disparo (editorial <em>Difacil</em>, donde ha publicado su obra esencial, en el a&ntilde;o 2017).</p>
<p>&nbsp; Del Val es tambi&eacute;n un hombre de mirada atenta, ha participado en los equipos de El Ojo Cr&iacute;tico y La estaci&oacute;n azul, entre otros, su labor de periodista y columnista en El Mundo en Castilla y Le&oacute;n desde 2003, adem&aacute;s de colaborador de Turia, le hace acreedor de una notable trayectoria en nuestras letras, dada su juventud, el a&ntilde;o que viene cumplir&aacute; cuarenta a&ntilde;os.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Una trayectoria tan prol&iacute;fica ha dado cinco libros esenciales de poemas, editados todos por <em>Difacil</em>, editorial que lleva siempre con buen tino Cesar Sainz, los libros tienen una portada elegante donde se esconde el influjo de del Val de una poes&iacute;a misteriosa y profunda que merece destacar.</p>
<p><em>&nbsp;&nbsp; Amanecer en Damasco</em> se public&oacute; en el 2005 y en &eacute;l vemos una poes&iacute;a bien hecha, de profunda lectura, son poemas en clave, con misterio, donde el lenguaje lo es todo (esencial en la poes&iacute;a de del Val), hay un af&aacute;n por hacer del verso un enigma que el lector ha de traducir, porque, como siempre ha dicho Francisco Brines, hay un segundo creador tras el poeta que hace el libro, el que lo lee, este lector es traductor tambi&eacute;n, he elegido un poema del libro titulado &ldquo;Maletas&rdquo;, donde expone el tema del libro que es, en mi opini&oacute;n, el af&aacute;n de crear un lenguaje que nos salve de la ruina de la vida, es en esa b&uacute;squeda donde la palabra triunfa y obtiene el r&eacute;dito que esperamos:</p>
<p>&ldquo;El cuerpo doblado de las persianas / golpeadas por el viento / las copas de los &aacute;rboles / un rayo deja herida la atm&oacute;sfera / a la espera de cura. / mil rayos nunca mataron un cielo / pero pos si acaso / todo amanecer es yodo para &ndash;los- des&aacute;nimos&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el poema late el deseo de crear, ese af&aacute;n de sentir que la vida es siempre &ldquo;amanecer&rdquo; porque algo nos golpea (el viento, los &aacute;rboles que cimbrean), para darnos a entender que hay que tener una fe, puede ser en la poes&iacute;a pero puede ser en aquello que nos salve de nuestra ruina vital, de la desolaci&oacute;n de sentirnos solos ante el mundo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hay en el lenguaje de Fernando del Val enigmas, palabras que van bailando para producir el efecto que llega al lector y que permite la imaginaci&oacute;n que vive en el poema.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; El homenaje a Damasco tambi&eacute;n es hermoso, `porque vuelve el amanecer, ese momento del d&iacute;a que le gusta al poeta, donde todo cobra sentido:</p>
<p>&ldquo;Damasco, serigrafiada tras la anatom&iacute;a / del cristal / y el bajorrelieve de tu mirada, / amanece, pero a tu lado&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando dice el poeta en otro verso: &ldquo;El ahora bien podr&iacute;a haber sido esta ma&ntilde;ana&rdquo; ya nos est&aacute; diciendo que el tiempo es eterno, en la belleza del paisaje, en su fluir, vive la Antig&uuml;edad y la historia, la vida en todo su esplendor.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Llega su homenaje a Nueva York, aquella ciudad que fascin&oacute; a Lorca para encontrar en ella la deshumanizaci&oacute;n latente de un mundo moderno siempre en perpetua construcci&oacute;n, si del Val mira el paisaje neoyorkino extrae de &eacute;l heridas y cicatrices, pulsa con acertado tino el don del lenguaje que se hace poes&iacute;a. Primero lleg&oacute; <em>Orfeo en Nueva York</em> (2011), donde va gestando poemas como sinfon&iacute;as, musicales, de enigm&aacute;tico mensaje, se vale del mito de Orfeo para ir creando poemas con mensaje, que parecen en s&iacute; aforismos, como deudas con el destino.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; No s&eacute; si hay una deuda latente del Jenaro Talens de <em>Orfeo filmado en el campo de batalla</em>, pero s&iacute; que aprecio ese deseo de hacer del poema una c&aacute;mara que filma la ciudad, la va desnudando lentamente, no en vano cita a Cocteau en un poema corto:</p>
<p>&ldquo;Amanece /el &aacute;rbol de un manicomio / pronto despegar&aacute;n los primeros gorriones / en c&aacute;mara lenta / filmados por cocteau&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No parece arbitraria la min&uacute;scula para el director de cine y ese af&aacute;n de c&aacute;mara lenta que es la vida en realidad cuando nos ponemos a pensar, hay paisaje y cine en este libro, la ciudad admirada por tantos se convierte en algo on&iacute;rico para del Val, como dice en este otro poema:</p>
<p>&ldquo;Mienten las cenizas cuando se posan en los tejados / miente la muerte / mienten las mentiras / todo es acabose / estamos hechos de irrealidad premeditada&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Nueva York es visto como un sue&ntilde;o, los t&uacute;neles, los metros, la soledad de los rascacielos, aparece el Hotel Plaza, King Kong, Audrey Hepburn, referencias cinematogr&aacute;ficas que convierte del Val en acto de lenguaje, sus versos son caligraf&iacute;as de idiomas que no son el nuestro, que van dando claves para entender la desolaci&oacute;n de la ciudad amada y odiada, la gran Nueva York.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Contin&uacute;a esa senda con <em>Lenguas de hielo</em> (2012) que edit&oacute;, como todos los libros comentados, Difacil, aparecen poemas cortos con algunos en prosa, que casi acaban el libro, de nuevo esa desolaci&oacute;n, ese mundo deshumanizado de la Gran Manzana, hay un poema que me gusta especialmente, ese homenaje a Cernuda, poeta del desencanto y de la memoria:</p>
<p>El p&aacute;jaro muerto al que se refer&iacute;a Luis Cernuda / estrella desterrada del trono de la noche / quiz&aacute;s asesinado a manos de alguien triste en los muros del cielo / lo encuentro yo cada ma&ntilde;ana apostado al otro lado del ventanal / cojeando en la repisa / lleno de la poca libertad que le cabe en el pico / la desolaci&oacute;n de la quimera / nunca sabr&eacute; si se refer&iacute;a a un animal o a un proyecto de vida&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hay algo lorquiano en estos versos: &ldquo;ese p&aacute;jaro muerto&rdquo; que nos recuerda a su Poeta en Nueva York, porque la ciudad asesina con sus manos a la Naturaleza, tal es el poder capitalista de esa ciudad adorada por poderosos y gente de &eacute;xito, insensible a la verdad del mundo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Concluye ese &ldquo;homenaje&rdquo; a Nueva York con <em>Regreso al Metropolita </em>(2013), publicado en el a&ntilde;o 2013, vemos en este libro el mismo tema de fondo, la ciudad que deshumaniza todo, donde las personas casi no son, son meros transe&uacute;ntes que parecen p&aacute;jaros muertos, recordando el poema anteriormente citado:</p>
<p>&ldquo;an new york am new york am new york / grita una mujer a mi espalda / no ha demenciado / no se cree m&aacute;s de lo que es / est&aacute; repartiendo el diario gratuito&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ciudad de sue&ntilde;os, donde la mayor&iacute;a no llega a triunfar, solo a&nbsp; sobrevivir, ciudad herida en los cuatro costados, como nos va mostrando en unos poemas muy esenciales, pero recojo esta vez el final de un poema en prosa:</p>
<p>&ldquo;Dec&iacute;a Melville, quien tanto gusta a Eduardo Lago, en Moby Dick, que los hombre que no logran superar los absurdos y las sinrazones de la vida terminan yendo al mar. Qui&eacute;n no es un inadaptado. Por si acaso, intento dejar en tierra cosas a recaudo, mi ordenador con poemas, libros sin publicar y as&iacute;&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Resume bien este libro, todos somos inadaptados, seres que ven el paso del tiempo sorprendidos, porque apenas entienden nada, un mundo que nos va deshaciendo, nos hace casi invisibles, como esos ciudadanos de Nueva York, tapados por rascacielos y por soledades.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se trata de un libro que cierra la trilog&iacute;a y demuestra que del Val es un gran poeta que entiende la sinraz&oacute;n de la vida, pero que hace del lenguaje un sortilegio para ir soport&aacute;ndola.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y en el a&ntilde;o 2017 llega <em>Los a&ntilde;os aurorales</em>, premio Ojo Cr&iacute;tico, merecido premio a una labor que ha ido gestando a&ntilde;os, a trav&eacute;s de sus libros de poemas, su labor de periodista, sus ensayos, su libro tan interesante de entrevistas, etc.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En <em>Los a&ntilde;os aurorales</em> ha ido buscando la esencia de su poes&iacute;a, en la estela juanramoniana, como si del Val dijera aquello de &ldquo;Inteligencia, dame el nombre exacto de las cosas&rdquo;. Su lenguaje se concreta y va a la esencia, as&iacute; nos deja poemas con eco, que debemos interpretar en nuestro fuero interno:</p>
<p>&ldquo;ser&iacute;a oto&ntilde;o / pero / el aire a&uacute;n conservaba&nbsp; / un olor destellado a luz&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me quedo con esos versos, porque late la esperanza, la desolaci&oacute;n anterior deja ese destello de luz, puede que estemos en sombras, nos dice del Val, pero queda algo de amanecer, el que tanto aparece en sus libros, el vac&iacute;o, la inconsistencia, nuestra levedad, siempre deja algo eterno, una esperanza, un devenir, un volver a ser.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con este libro hay aurora, hay deseo de creer en la vida, en la existencia, celebremos este libro premiado y a un poeta de mirada honda y verdadera, que ha ido gestando una obra po&eacute;tica cada vez m&aacute;s madura y llena de matices.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 12 Jan 2018 09:00:50 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Alfredo Castellón: televisión, cine, literatura (una aproximación)]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/alfredo-castellon-television-cine-literatura/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/Diciembre/ALFREDO_CASTELL_N.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuenta Alfredo Castell&oacute;n que, mientras preparaba con su amigo Julio Alejandro en su casa de J&aacute;vea el gui&oacute;n de <em>San Manuel Bueno, m&aacute;rtir</em>, &eacute;ste le espet&oacute;: &lt;&lt;&iexcl;Pero mira que eres raro, hijo m&iacute;o!&gt;&gt;. Una rareza que, de ser cierta, le coloca en un lugar un tanto marginal de la cultura espa&ntilde;ola del siglo XX pero que, ante todo, revela su capacidad de hombre polifac&eacute;tico, de variopintas aficiones y profesiones: licenciado en Derecho, dramaturgo, realizador de televisi&oacute;n, cineasta, escritor de literatura infantil, director teatral, viajero, ocasional poeta, articulista, cuentista, ensayista... Efectivamente, el <em>raro</em> Castell&oacute;n (Zaragoza, 1930) estudia Derecho en Zaragoza, Santiago de Compostela y Oviedo, aunque no ejercer&aacute; nunca la abogac&iacute;a; de hecho, ya en 1954 se matricular&aacute; a instancias de Jos&eacute; P&eacute;rez G&aacute;llego en la Escuela Oficial de Cine en Madrid &mdash;a&uacute;n bajo la denominaci&oacute;n de IIEC&mdash; para conjugar sus inquietudes de cin&eacute;filo, lector y viajero, y donde realizar&aacute; la pr&aacute;ctica de curso de trece minutos <em>Jarillo Garc&iacute;a</em> (1955), aunque su carrera queda finalmente inconclusa. Y una carta de recomendaci&oacute;n de Luis G. Berlanga le conduce poco despu&eacute;s a Roma, donde comienza como meritorio un rodaje inacabado de Michelangelo Antonioni, traba amistad duradera con Mar&iacute;a Zambrano<a title="" href="#_ftn1">[1]</a> y se matricula en el Centro Sperimentale de Cinematografia, donde s&iacute; se terminar&aacute; graduando en cine.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su escasa producci&oacute;n para la gran pantalla pertenece precisamente a los primeros a&ntilde;os de su carrera, en los que realiza algunos documentales de cortometraje. Ya en <em>Nace un salto de agua</em> (1954) &mdash;una oda a la tecnolog&iacute;a espa&ntilde;ola con el pretexto de la construcci&oacute;n de la presa de San Esteban del Sil en Orense desde las primeras mediciones hasta su definitiva formalizaci&oacute;n&mdash; quedan dibujados los trazos estil&iacute;sticos que configurar&aacute;n el esqueleto formal de la trayectoria posterior del director: af&aacute;n divulgativo, preocupaci&oacute;n por la calidad de la fotograf&iacute;a (aqu&iacute; un cuidado blanco y negro de Juan Julio Baena), textos un tanto ret&oacute;ricos y un detallista trabajo en la mesa de montaje. El tono y la est&eacute;tica son similares a los de cualquier documental coet&aacute;neo al uso, ya desde la voz <em>over</em> a cargo de Mat&iacute;as Prats que recita un breve y algo ampuloso texto, y un toque ciertamente triunfalista aprovecha para alabar (tanto en lo tecnol&oacute;gico como en lo humano) la moderna ingenier&iacute;a espa&ntilde;ola en una &eacute;poca en que el r&eacute;gimen intentaba <em>vender</em> una imagen de modernidad. La c&aacute;mara se recrea en la labor de las enormes m&aacute;quinas (se trataba de un trabajo por encargo de la empresa Saltos del Sil), manifestando una enorme fascinaci&oacute;n por ellas, y en la de la esforzada mano de obra de los operarios, que se convierten en protagonistas del discurso y llegan a poner en riesgo su vida en aras del progreso tecnol&oacute;gico.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Otros cortos cinematogr&aacute;ficos posteriores, siempre en 35 mil&iacute;metros, se suman a este primer acercamiento al documental, con un planteamiento similar: <em>Bailes de Galicia</em> y <em>Sonata</em> <em>gallega</em> (ambas de 1960), con el ballet de La Coru&ntilde;a; las primeras aproximaciones al universo pict&oacute;rico <em>Vel&aacute;zquez y su &eacute;poca</em> (1962) y <em>La paleta de Vel&aacute;zquez</em> (1962: en los cr&eacute;ditos aparece como realizador Manuel Hern&aacute;ndez Sanju&aacute;n); y el documental sobre iconograf&iacute;a religiosa <em>Los in&uacute;tiles</em> (1963: en los t&iacute;tulos se asigna a Juan Miguel Lamet la labor de realizaci&oacute;n). Adem&aacute;s, la carrera de Castell&oacute;n en el cine se completa &mdash; al margen de sus dos trabajos como realizador de largos, que luego comentaremos&mdash; con su labor como ayudante de direcci&oacute;n en <em>&Aacute;ngeles sin cielo</em>, de Sergio Corbucci y Carlos Ar&eacute;valo (1957), y como co-guionista en <em>El bord&oacute;n y la estrella</em>, de Le&oacute;n Klimovski (1966), y en <em>Una historia de amor</em>, de Jorge Grau (1969).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La televisi&oacute;n</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En octubre de 1956, Castell&oacute;n ingresa en la plantilla de la incipiente Televisi&oacute;n Espa&ntilde;ola como realizador de continuidad y de directos: &lt;&lt;Estaba estudiando en la universidad y me enter&eacute;, junto a los hermanos Summers, de que la televisi&oacute;n estaba buscando gente para comenzar su andadura. Me anim&eacute;...&gt;&gt;. Le contrataron, y all&iacute; permaneci&oacute; durante m&aacute;s de tres d&eacute;cadas de vida profesional, con el par&eacute;ntesis de alg&uacute;n a&ntilde;o sab&aacute;tico que se tom&oacute; para viajar por todo el mundo<a title="" href="#_ftn2">[2]</a>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Castell&oacute;n, que contaba como curr&iacute;culo con su t&iacute;tulo italiano, comienza siendo el responsable de la programaci&oacute;n en directo de los s&aacute;bados. Para aquella televisi&oacute;n primitiva, pero atenta a la cultura y en batalla permanente con la censura, realiza pronto breves dram&aacute;ticos basados en sainetes de los hermanos &Aacute;lvarez Quintero, la serie <em>Palma y don Jaime</em> y <em>&Eacute;rase una vez</em>, basada en cuentos infantiles de Jaime de Armi&ntilde;&aacute;n (1957), as&iacute; como el programa cultural <em>Tengo un libro en las manos</em> de Luis de Sosa (1960). Despu&eacute;s se especializar&aacute; en dram&aacute;ticos como <em>Primera fila</em> (con <em>El avaro </em>de Moli&egrave;re, una de sus obras m&aacute;s recordadas, de 1961) y los famosos <em>Novela </em>y <em>Estudio 1</em> (o <em>Teatro breve</em>, <em>Teatro de siempre</em>, o simplemente <em>Teatro</em>, seg&uacute;n las &eacute;pocas), muchas veces emitidos en directo (despu&eacute;s ya grabados en <em>videotape</em>), con los que muchos espa&ntilde;oles nos iniciamos (en una &eacute;poca poco propicia a cualquier tipo de iniciaci&oacute;n) en la literatura; Castell&oacute;n fue uno de los m&aacute;s habituales y eficaces realizadores de este tipo de espacios junto con Gustavo P&eacute;rez Puig, Cayetano Luca de Tena, Juan Guerrero Zamora, Pedro Amalio L&oacute;pez o Alberto Gonz&aacute;lez Vergel. As&iacute;, la etapa m&aacute;s intensa de la carrera del director zaragozano coincide tambi&eacute;n con los a&ntilde;os de esplendor de la televisi&oacute;n en Espa&ntilde;a, su llamada edad de oro<a title="" href="#_ftn3">[3]</a>, y su c&aacute;mara pone im&aacute;genes a textos de los m&aacute;s grandes autores como los cl&aacute;sicos griegos, Shakespeare, Moli&egrave;re, Calder&oacute;n de la Barca, Dumas, Chejov, Beckett, Coward, Osborne, Strindberg, Henry James o escritores espa&ntilde;oles contempor&aacute;neos como Benavente, Mihura, Llopis o Nieva. Castell&oacute;n dirige en ellos a un amplio elenco de actores de varias generaciones y registros interpretativos como Jos&eacute; B&oacute;dalo, Fernando Delgado, Emilio G. Caba, Amparo Bar&oacute;, Fernando Guill&eacute;n, Charo L&oacute;pez, Tina S&aacute;inz, Manuel Galiana, Emma Penella, Victoria Vera, Marisa Paredes o Eusebio Poncela.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su obra televisiva contar&aacute; igualmente con colaboraciones en <em>Pedrito Corchea</em>, <em>La familia de los Mart&iacute;nez</em>, <em>Tengo un libro en las manos</em>, <em>Usted pregunte lo que quiera, que yo le contestar&eacute; lo que me d&eacute; la gana</em> (&Aacute;lvaro de Laiglesia), <em>C&aacute;mara 64 </em>(<em>Goya</em>), <em>Figuras en su mundo</em> (1966-67), serie dedicada a personalidades de la cultura espa&ntilde;ola, <em>La m&uacute;sica </em>(divulgaci&oacute;n del arte musical, 1967) o <em>El &uacute;ltimo caf&eacute;</em> (Alfonso Paso, 1970-72). Realiza tambi&eacute;n doce episodios del dram&aacute;tico de tem&aacute;tica judicial <em>Visto para sentencia</em> (1971), protagonizado por Javier Escriv&aacute;, o las muy prestigiosas entregas de la serie <em>Biograf&iacute;a</em> dedicadas a Azor&iacute;n, Antonio Machado &mdash;que fue muy censurada: casi la mitad de su metraje&mdash; y Santiago Ram&oacute;n y Cajal. Su labor en el medio se completa, entre otros muchos espacios, con <em>Encuentros con las letras</em> (desde 1976), la serie dram&aacute;tica sobre la lucha de sexos <em>Nosotras y ellos</em> o <em>Tiempo libre, tiempo pleno</em>, y culminar&aacute; en los a&ntilde;os ochenta con la divulgativa <em>Mirar un cuadro</em>. Para este popular programa, estandarte de una cierta televisi&oacute;n de calidad de la primera era socialista, Castell&oacute;n ilumina y filma, entre otros lienzos, <em>Ad&aacute;n y Eva</em> de Durero, <em>La rendici&oacute;n de Breda</em> y <em>La Infanta do&ntilde;a Margarita</em> de Vel&aacute;zquez, la <em>Venus</em> de Tiziano, <em>El dos de mayo</em> de Goya o <em>Las tres gracias</em> de Rubens, entre otros lienzos de El Bosco, Tintoretto, Ribera, Watteau o El Greco. Castell&oacute;n ha teorizado tambi&eacute;n sobre su trabajo en el medio en su contribuci&oacute;n a la <em>Enciclopedia Juvenil </em>de la editorial Pal&aacute; (1974) y en el art&iacute;culo "Mis programas culturales en televisi&oacute;n"<a title="" href="#_ftn4">[4]</a>.</p>
<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </em>La obra audiovisual del creador aragon&eacute;s, que contiene otros espacios televisivos como <em>Stop</em> y <em>Mujeres</em> (con el episodio dedicado a su querida Mar&iacute;a Zambrano), incluye tambi&eacute;n los programas <em>Los mani&aacute;ticos</em> (1982), <em>Esta es mi tierra. Arag&oacute;n, dos r&iacute;os</em>, con Jos&eacute; Antonio Labordeta (1983) y <em>La voz humana</em> (1985). Todo ello le vale en 1966-67 una Antena de Oro de la Agrupaci&oacute;n Sindical Nacional de Radio y Televisi&oacute;n y en 1999 la concesi&oacute;n del Premio Talento en la modalidad de Realizaci&oacute;n otorgado por la Academia de Ciencias y Artes de Televisi&oacute;n.</p>
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<p><strong>Los largometrajes</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin duda en sinton&iacute;a con sus trabajos para la televisi&oacute;n, Castell&oacute;n ha acometido la adaptaci&oacute;n para largometraje de tres obras singulares (una de ellas no filmada) de la literatura espa&ntilde;ola del siglo XX. La elecci&oacute;n de los autores, Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, Ram&oacute;n J. Sender y Miguel de Unamuno, no nos parece inocente sino, antes bien, bastante significativa de la ideolog&iacute;a subyacente en ella. Ya en 1965 (en pleno franquismo, pues), Castell&oacute;n acometer&aacute; el trabajo de llevar a la gran pantalla <em>Platero y yo</em> de Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, si bien esta vez ocurre un tanto <em>de rebote</em>, pues sustituye al director previsto y asume el proyecto como propio. Tal cometido pod&iacute;a verse como una prolongaci&oacute;n en gran formato de sus trabajos televisivos coet&aacute;neos, pero no era una tarea sencilla convertir en im&aacute;genes f&iacute;lmicas la prosa po&eacute;tica de Juan Ram&oacute;n. La elecci&oacute;n tomada por Castell&oacute;n consist&iacute;a en combinar cierta intenci&oacute;n biogr&aacute;fica del poeta con el aire l&iacute;rico proveniente de su calidad de adaptaci&oacute;n, aunque libre, del texto original. A tal efecto, el director desarroll&oacute; una amplia investigaci&oacute;n en la comarca onubense, intentando siempre rodar en los emplazamientos aut&eacute;nticos que evoca el libro. El af&aacute;n de autenticidad documental era contrarrestado (quiz&aacute; de manera algo abrupta) por la plasticidad y la intensa componente l&iacute;rica que adornaban el relato, asumiendo el riesgo de convertirlo en algo m&aacute;s edulcorado; el gui&oacute;n, adem&aacute;s, se centraba especialmente en la narraci&oacute;n del amor de Jim&eacute;nez desdoblado en la inocente joven Aguedilla (&lt;&lt;la pobre loca de la calle del Sol&gt;&gt;) y en Blanca, la hija del cacique local, que permit&iacute;a al realizador denunciar la hipocres&iacute;a y la crueldad de la sociedad descrita. Sin duda, estos fueron los elementos que provocaron que la censura se cebara con <em>Platero y yo</em> (adem&aacute;s, Juan Ram&oacute;n, por razones evidentes, no era bien visto a la saz&oacute;n por las instancias oficiales), cortando cinco de sus escenas y declar&aacute;ndola no apta para menores, circunstancias que provocaron la ira del realizador, que no lleg&oacute; a entender esta medida por tratarse de un cuento infantil y que tuvo que rehacer en varias ocasiones su montaje. Adem&aacute;s, la modestia de su producci&oacute;n y de su <em>casting</em> motiv&oacute; que, provisionalmente, ninguna distribuidora quisiera hacerse cargo de su exhibici&oacute;n. En definitiva, el film tard&oacute; varios a&ntilde;os en comparecer ante los espectadores y lo hizo en unas condiciones poco favorables para el &eacute;xito; esta decepci&oacute;n (&lt;&lt;la experiencia fue penosa&gt;&gt;, recordaba una vez en <em>Heraldo de Arag&oacute;n</em>) motiv&oacute; que su director abandonara el cine y se dedicara definitivamente a los campos televisivo y literario. <em>Platero y yo</em>, no obstante, ha sido recientemente restaurado por la Filmoteca de Andaluc&iacute;a (en colaboraci&oacute;n con la de Zaragoza), que tambi&eacute;n ha editado su gui&oacute;n original, presentado en el marco del Festival de Cine Iberoamericano de Huelva de noviembre de 2009.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; M&aacute;s de veinte a&ntilde;os despu&eacute;s, Castell&oacute;n volver&iacute;a a verse tentado a realizar otro largometraje, aunque esta vez fuera en el marco de la televisi&oacute;n. Adaptar el texto senderiano <em>Las gallinas de Cervantes</em><a title="" href="#_ftn5">[5]</a> fue una iniciativa propia del director (a quien cost&oacute; bastante convencer a los ejecutivos de TVE por lo at&iacute;pico del proyecto), y el resultado art&iacute;stico ser&iacute;a notablemente superior a su primer intento: se trata de una curiosa y bastante libre versi&oacute;n del relato de Ram&oacute;n J. Sender, de claras resonancias surreales, que permitir&iacute;a a Castell&oacute;n plasmar en celuloide algunas de las l&iacute;neas tem&aacute;ticas del Barroco espa&ntilde;ol: la escabrosa frontera entre realidad y ficci&oacute;n, el sue&ntilde;o como motor de los aconteceres, la idea de la muerte como perfecci&oacute;n...</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A partir del relato original, que se basa en el acta matrimonial en que Catalina de Salazar aportaba una cierta cantidad de gallinas a Miguel de Cervantes como dote, el film desarrolla un argumento sat&iacute;rico ciertamente surreal (que no surrealista, como a veces se ha dicho) y de tintes absurdos y sat&iacute;ricos, narrando la peculiar y ficticia metamorfosis de Catalina en ave, a causa de un extra&ntilde;o hechizo. Ambas obras, literaria y f&iacute;lmica, desarrollan con tino el tema barroco &mdash;y tan cervantino&mdash; de los difusos l&iacute;mites entre realidad y ficci&oacute;n (incluidas ciertas inverosimilitudes hist&oacute;ricas, voluntarias) y se sumergen en la recreaci&oacute;n de una &eacute;poca y de una po&eacute;tica muy determinadas mediante las conexiones con el arte pict&oacute;rico a trav&eacute;s de El Greco y otros pintores del Siglo de Oro deformadores de la realidad. Todo ello impregnado de un sentido del humor sard&oacute;nico que su autor no ha dudado en calificar de &lt;&lt;bu&ntilde;ueliano&gt;&gt;: &lt;&lt;Bu&ntilde;uel no debi&oacute; de conocer la obra de Sender, de lo contrario la habr&iacute;a filmado&gt;&gt;, ha afirmado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; As&iacute;, la literatura cervantina (y la lopesca, o la propia de los corrales de comedias, tanto en lo narrativo como en lo ling&uuml;&iacute;stico) o la pintura del cretense se erigen en protagonistas de un relato f&iacute;lmico que se aparta ligeramente de la literalidad del de Sender con el fin de dotar de mayor <em>visualidad</em> al contenido. Sin embargo, la f&aacute;bula es conducida por Castell&oacute;n (y su co-guionista Alfredo Ma&ntilde;as) a los l&iacute;mites de un cierto academicismo &mdash;aunque es verdad que <em>Las gallinas de Cervantes</em> asume m&aacute;s riesgos narrativos y formales que otras de sus compa&ntilde;eras televisivas de generaci&oacute;n&mdash; mediante una puesta en escena que, aunque efect&uacute;a interesantes juegos con el espacio <em>off</em> y con frecuentes y abruptas elipsis temporales, no reh&uacute;ye algunas estrategias del cine <em>de qualit&eacute;</em>. Irregular pero muy sugerente, <em>Las gallinas de Cervantes</em> obtuvo en 1988 el Premio Europa en el festival de televisi&oacute;n de Berl&iacute;n, consiguiendo el prop&oacute;sito de la TVE de Pilar Mir&oacute;, aprovechando a&uacute;n la ley propugnada por el gobierno de UCD para llevar a la imagen grandes obras literarias espa&ntilde;olas, de producir programas de prestigio internacional.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Posteriormente, Castell&oacute;n ha intentado llevar al cine, junto a Julio Alejandro, y hasta ahora sin &eacute;xito, una versi&oacute;n (luego convertida en obra teatral) de la novela <em>San Manuel Bueno, m&aacute;rtir</em> de Miguel de Unamuno<a title="" href="#_ftn6">[6]</a>. Se trata de una adaptaci&oacute;n bastante literal del original, sin duda a causa de la indudable conexi&oacute;n de los autores con la visi&oacute;n ideol&oacute;gica y est&eacute;tica propuesta por Unamuno; en el gui&oacute;n se respeta el punto de vista de &Aacute;ngela, la muchacha que admira a Manuel hasta la devoci&oacute;n enamorada y que aqu&iacute; es convertida en monja, y, por supuesto, el discurso original que plantea el debate entre humanismo y fe, entre raz&oacute;n y doctrina, a partir de las dudas existenciales del p&aacute;rroco protagonista.</p>
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<p><strong>La literatura</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como ocurre con el cine, la actividad literaria de Castell&oacute;n se maneja mejor en las distancias cortas que en las de largo alcance; se inicia en edad temprana, cuando publica en <em>Blanco y negro</em>, en los especiales de fin de a&ntilde;o de 1954 y 1956, los relatos &ldquo;El ladronzuelo de estrellas&rdquo; y &ldquo;El &aacute;rbol de Navidad&rdquo;, que ense&ntilde;aba con orgullo a sus amigos zaragozanos de la tertulia del Nik&eacute;. La Navidad y sus resonancias humanistas estar&aacute;n muy presentes en su obra, que pronto se decanta por el teatro parab&oacute;lico y po&eacute;tico para p&uacute;blico infantil. De hecho, su primer volumen editado, <em>Teatro breve para Navidad</em>, incluye las piezas "El pastor y la estrella" (un pastor pobre regala al Ni&ntilde;o lo &uacute;nico que tiene, una estrella que ha robado al cielo), "Luces en el &aacute;rbol" (las dif&iacute;ciles relaciones entre abuelos y nietos en &eacute;poca navide&ntilde;a) y "El tr&iacute;o de los dos viejos" (dos ancianos y un ni&ntilde;o como mendigos callejeros), donde domina m&aacute;s el componente humano, siempre bajo el paraguas de la alegor&iacute;a, que el religioso. Estas obras, adem&aacute;s, fueron presentadas por TVE entre 1959 y 1962 coincidiendo con las fiestas navide&ntilde;as. En la misma l&iacute;nea literaria, en 1961 queda finalista del Premio de Teatro Valle-Incl&aacute;n con <em>La pasi&oacute;n de Bub&uacute;</em>, y a&ntilde;os despu&eacute;s publicar&aacute; <em>Teatrillo de Navidad</em> y la pieza aleg&oacute;rica <em>Jimi-Jomo</em>. Su obra para primeros lectores incluye tambi&eacute;n, aunque con un planteamiento bien distinto, <em>Cervantes para la imagen y la imaginaci&oacute;n</em>, adaptaci&oacute;n de textos cervantinos que cuenta con "El retablo de las maravillas", "El mono adivino" y "Los t&iacute;teres de maese Pedro" en la que ensaya una modernizaci&oacute;n del lenguaje para este tipo de receptor y trata el tema cervantino del teatro dentro del teatro y de las fronteras entre realidad y ficci&oacute;n que le lleva a reflexionar sobre las incertidumbres de la existencia humana. Y se cierra con <em>El m&aacute;s peque&ntilde;o del bosque</em>, ejercicio de narrativa infantil con un ep&iacute;logo de Mar&iacute;a Zambrano y partituras de nueve canciones a cargo de Crist&oacute;bal Halffter, que sufri&oacute; algunos problemas con la censura.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Castell&oacute;n siempre se ha declarado admirador y deudor del teatro del absurdo, especialmente de Jean Tardieu (o el propio Ionesco, con el que mantiene numeroso elementos de contacto), y se atisba tambi&eacute;n en su obra el legado de Miguel Mihura o de Jardiel Poncela (en <em>Los asesinos de la felicidad</em>, por ejemplo, estrenada en el madrile&ntilde;o Teatro Beatriz en 1967). Esa veta ser&aacute; explotada por el autor en obras como <em>Mon&oacute;logos y di&aacute;logos</em>;<em> </em>los primeros incluyen varias par&aacute;bolas sobre la muerte, con una alegor&iacute;a de Caronte y la laguna Estigia; un enfermo terminal agn&oacute;stico que se enfrenta a los &uacute;ltimos d&iacute;as de su vida; un ladr&oacute;n que habla con Cristo crucificado en el G&oacute;lgota y termina retando a Dios; o las reflexiones de un guardi&aacute;n de una c&aacute;rcel turca dedicados a los presos antes de que &eacute;stos sean ahorcados. Entre los di&aacute;logos sobresalen "El grito del agua", conversaci&oacute;n en Graus entre un Joaqu&iacute;n Costa anciano y otro de veinticinco a&ntilde;os, marcada por el desenga&ntilde;o y el fracaso de los ideales, un mon&oacute;logo que luego se convertir&aacute; en espect&aacute;culo de lectura dramatizada<a title="" href="#_ftn7">[7]</a>; "Dulce compa&ntilde;&iacute;a", radiograf&iacute;a del tedio conyugal con final esperanzador; o los antimilitaristas "Fusilados al amanecer" y "El saludador" y el anticapitalista "La isla de los burros".</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su teatro se convierte en hu&eacute;sped de colegios mayores y universidades, sobre todo en el momento en que &eacute;stos concentran la mayor parte de la cultura subterr&aacute;nea, y despu&eacute;s destacar&aacute; en el &aacute;mbito de la lectura dramatizada propuesto por diversas instituciones p&uacute;blicas. Otras piezas breves de alcance aleg&oacute;rico son <em>Los asesinos de la felicidad</em>, en la que dos parlanchines oradores de Hyde Park mantienen absurdos di&aacute;logos sobre lo humano y (menos) lo divino; <em>Las conexiones</em>, asunto futurista y anti-ut&oacute;pico con un porvenir tecnificado y deshumanizado; o <em>La intertextualidad</em>, estrenada por la SGAE en 2004 como lectura dramatizada, que el autor califica de &lt;&lt;farsa o esperpento&gt;&gt; y que resulta ser&nbsp; una denuncia del plagio, de la figura del <em>negro</em> literario y de los &lt;&lt;sin escr&uacute;pulos intelectuales&gt;&gt;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La obra escrita de Castell&oacute;n se completa con otros textos, como la traducci&oacute;n al castellano de la pieza <em>Salsa picante</em>, de Joyce Rayburn; la versi&oacute;n de la obra de Mar&iacute;a Zambrano <em>La tumba de Ant&iacute;gona</em>, que adem&aacute;s dirige en teatro; sus aportaciones narrativas a libros colectivos<a title="" href="#_ftn8">[8]</a>; y diferentes textos de creaci&oacute;n o ensayo aparecidos a lo largo del tiempo en revistas como <em>Blanco y negro</em>, <em>Botheghe Oscure</em> en sus a&ntilde;os italianos, <em>&Iacute;ndice</em>, <em>Quimera</em>, <em>Rolde</em>, <em>Art Teatral</em>, <em>Archivos de la Filmoteca</em> o la propia <em>Turia</em>, as&iacute; como en la prensa local (<em>Heraldo de Arag&oacute;n</em>).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hombre de esp&iacute;ritu independiente y variada impronta creativa, Castell&oacute;n, en definitiva, ha puesto en pr&aacute;ctica a lo largo de su trayectoria en varios &aacute;mbitos art&iacute;sticos sus deseos de libre expresi&oacute;n, reclamando la voz de la cultura (con min&uacute;sculas) y la palabra como mecanismos principales de comprensi&oacute;n del mundo y de b&uacute;squeda del deleite intelectual. As&iacute; lo dijo en un poema publicado hace ya algunos a&ntilde;os en estas mismas p&aacute;ginas: &lt;&lt;Pero un d&iacute;a / nos dijeron: / "Vuestras palabras, / vuestros gestos, / una inutilidad". / Necesit&aacute;is un gu&iacute;a / que ponga orden / y borre / la mirada verde / de vuestros ojos. / Y me parece que lo consigui&oacute; / porque a partir de entonces / ya no fuimos felices&gt;&gt;<a title="" href="#_ftn9">[9]</a>.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Selecci&oacute;n bibliogr&aacute;fica</strong></p>
<p><em>Contrapunto de Europa. Cantata en un acto</em>, Ayuso, Madrid, 1979.</p>
<p><em>Teatro breve para Navidad</em>, Edeb&eacute;, Barcelona, 1982 [2&ordf; edici&oacute;n; la 1&ordf; es de Bambalinas, Madrid, 1973].</p>
<p><em>La pasi&oacute;n de Bub&uacute;. Alguien grande va a nacer</em>, Ayuso, Madrid, 1983.</p>
<p><em>El suplicante y otras escenas parab&oacute;licas</em>, Endymi&oacute;n, Madrid, 1988.</p>
<p><em>Teatrillo de Navidad</em>, Escuela Espa&ntilde;ola, Madrid, 1989.</p>
<p><em>Los asesinos de la felicidad / Las conexiones</em>, Endymi&oacute;n, Madrid, 1992.</p>
<p><em>El m&aacute;s peque&ntilde;o del bosque</em>, Alfaguara, Madrid, 1984 (edici&oacute;n original en Vox Gala, Madrid, 1964).</p>
<p><em>La tumba de Ant&iacute;gona</em> (versi&oacute;n a cargo de Alfredo Castell&oacute;n), SGAE, Madrid, 1997 (hay edici&oacute;n italiana: La Tartaruga, Mil&aacute;n, 2001).</p>
<p><em>Jimi-Jomo</em> (junto a <em>Solim&aacute;n y la Reina de los peque&ntilde;os</em>, de Santiago Mart&iacute;n Berm&uacute;dez), Asociaci&oacute;n de Autores de Teatro - La Avispa, Madrid, 2002.</p>
<p><em>Mon&oacute;logos y di&aacute;logos</em>, La Avispa, Madrid, 2002.</p>
<p><em>Cervantes para la imagen y la imaginaci&oacute;n</em>, CCS, Madrid, 2002.</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> A ella dedicar&aacute; el art&iacute;culo "&iquest;Habr&aacute; perd&oacute;n para quien estrangula una paloma?", publicado en el cat&aacute;logo de la exposici&oacute;n <em>Mar&iacute;a Zambrano (1904-1991). De la raz&oacute;n c&iacute;vica a la raz&oacute;n po&eacute;tica</em>, Jes&uacute;s Moreno Sanz (coord.), Residencia de Estudiantes, Madrid, 2004, pp. 175-179.</p>
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<div>
<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> Relata Castell&oacute;n todo este proceso televisivo en el art&iacute;culo "Yo estaba all&iacute;", <em>Archivos de la Filmoteca</em>, n&uacute;mero 23-24, junio-octubre de 1996, pp. 40-48.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a> Para los interesados en profundizar en esta &eacute;poca de la televisi&oacute;n espa&ntilde;ola se recomienda la lectura de Manuel Palacio, <em>Historia de la televisi&oacute;n en Espa&ntilde;a</em>, Gedisa, Barcelona, 2001.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a> <em>Rep&uacute;blica de las Letras</em>, n&uacute;mero 86, 2004, pp. 95-115.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a> Existe una edici&oacute;n &iacute;ntegra del gui&oacute;n de esta producci&oacute;n de 1987 en VV. AA., <em>Ram&oacute;n J. Sender y el cine</em>, Huesca, Festival de Cine de Huesca - Gobierno de Arag&oacute;n - Instituto de Estudios Altoaragoneses, 2001, pp. 159-274.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a> Edici&oacute;n del gui&oacute;n: Julio Alejandro y Alfredo Castell&oacute;n, <em>San Manuel Bueno, m&aacute;rtir. Original de Miguel de Unamuno</em>, Diputaci&oacute;n General de Arag&oacute;n, Zaragoza, 1991.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a> Publicado en <em>Anales de la Fundaci&oacute;n Joaqu&iacute;n Costa</em>, n&uacute;mero 18, 2001, pp. 69-92. Existe una filmaci&oacute;n del espect&aacute;culo, producida por la Asociaci&oacute;n Conde de Aranda y dirigida por &Aacute;ngel Garc&iacute;a Su&aacute;rez, Madrid, 18 de noviembre de 2002 (disponible en youtube.com).</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref8">[8]</a> Castell&oacute;n ha publicado relatos diversos en los siguientes libros: Guillermo Alonso del Real <em>et al.</em>, <em>Escritores contra el racismo</em>, Talasa, Madrid, 1998; Ram&oacute;n Ac&iacute;n (ed.), <em>Los hijos del cierzo</em>, Prames, Zaragoza, 1999;&nbsp; Juan Casamayor (coord.), <em>La lucidez de un siglo</em>, P&aacute;ginas de Espuma, Madrid, 2000; Marta Sanz (ed.), <em>Rojo, amarillo, morado. Cuentos republicanos</em>, Mart&iacute;nez Roca - Fundaci&oacute;n Domingo Malag&oacute;n, Madrid, 2006. Adem&aacute;s, es autor del microrrelato con asunto suicida "La ruleta de los recuerdos", incluido en Clara Obligado (ed.), <em>Por favor, sea breve. Antolog&iacute;a de relatos hiperbreves</em>, P&aacute;ginas de Espuma, Madrid, 2001.</p>
</div>
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<p><a title="" href="#_ftnref9">[9]</a> "Cuentos para ni&ntilde;os del dos mil uno", <em>Turia</em>, n&uacute;mero 35-36, marzo de 1996, pp. 122-123.</p>
<p>&nbsp;</p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Thu, 14 Dec 2017 08:38:19 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[José Luis Pardo: Todos los hombres buscan por naturaleza la  lucidez]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/Todos-hombres-buscan-naturaleza-lucidez/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/Diciembre/JOS_LUIS_PARDO_500.jpg" alt="" /></p>
<p class="normal">De ni&ntilde;o su plan era quedarse &ldquo;toda la vida en casa escribiendo&rdquo;, pero tuvo que salir al patio del colegio, a la calle, a la sociedad, al mundo. Y con el tiempo, tras b&uacute;squedas, aventuras, azares, m&uacute;sicas y lecturas, se encontr&oacute; en el camino con la filosof&iacute;a, una ventana siempre abierta; el mejor modo de poner en pie preguntas y discusiones. T&iacute;mido, callado, muy volcado hacia dentro (as&iacute; le recuerda quien esto escribe de encuentros pasados) este hombre que confiesa no haber conseguido superar del todo su verg&uuml;enza a hablar en p&uacute;blico, pese al ejercicio continuado de la ense&ntilde;anza, ha conseguido, finalmente, dedicar, si no toda, s&iacute; gran parte de su existencia, a escribir, pensar, estudiar, poner en cuesti&oacute;n, desmitificar...</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><em>La intimidad, La banalidad, La regla del juego, Esto no es m&uacute;sica, Nunca fue tan hermosa la basura, </em>son distintas etapas de un trayecto que arranc&oacute; inicialmente de la fuente de un pensador como Deleuze, a quien tanto ha contribuido a difundir en castellano, y acab&oacute; encontrando, con el tiempo, su cauce personal. Los derroteros, inconsistencias y vaivenes de las sociedades contempor&aacute;neas, objeto de an&aacute;lisis de muchos de sus t&iacute;tulos, asoman en una de sus &uacute;ltimas entregas hasta el momento, <em>Estudios del malestar,</em> Premio Anagrama de Ensayo, donde, con un tono no exento de humor, observa la Espa&ntilde;a actual y se detiene en determinados movimientos y partidos que, en su opini&oacute;n, se aprovechan de la desaz&oacute;n colectiva para conseguir r&eacute;ditos pol&iacute;ticos.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">Tras varios intentos, frustrados por motivos de tiempo y agenda, esta entrevista tuvo lugar el pasado verano a trav&eacute;s de correo electr&oacute;nico. Hemos de leerla, pues, como un cruce de preguntas y respuestas a distancia. Hemos de imaginar a Jos&eacute; Luis Pardo, que se encontraba de vacaciones, interrumpiendo sus reuniones familiares, sus caminatas (se retrata como un <em>fl&acirc;neur</em>), y la lectura de los dos vol&uacute;menes de la biograf&iacute;a de Bob Dylan escritos por Ian Bell (<em>The lives of Bob Dylan), </em>en los que estuvo sumergido en<em> </em>un tiempo propicio a la calma, a la contemplaci&oacute;n, al descanso, para proceder a contestar, a argumentar, a repasar episodios de su biograf&iacute;a, a se&ntilde;alar, una vez m&aacute;s, que, pese a que, de cuando en cuando, alg&uacute;n responsable ministerial o asesor pedag&oacute;gico procure ridiculizar su presencia en los estudios secundarios, la filosof&iacute;a &ldquo;nos ha acompa&ntilde;ando desde que hay seres humanos sobre la tierra y no tiene pinta de que vaya a desaparecer de un d&iacute;a para otro, porque no es veros&iacute;mil que podamos conformarnos sin ella&rdquo;.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Fue en la Universidad donde descubr&iacute; mi vocaci&oacute;n filos&oacute;fica&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;Qu&eacute; le decidi&oacute; a estudiar Filosof&iacute;a? &iquest;Qu&eacute; fil&oacute;sofos le deslumbraron? &iquest;Cu&aacute;les siguen haci&eacute;ndolo hoy? Gilles Deleuze es fundamental en su trayectoria. Ha difundido su obra en Espa&ntilde;a. Ha escrito distintos ensayos sobre &eacute;l... &iquest;Cu&aacute;ndo y c&oacute;mo lo descubri&oacute;?</p>
<p class="normal">- En 1972 hab&iacute;a dejado los estudios sin llegar a terminar el Curso de Orientaci&oacute;n Universitaria con el que entonces se coronaba el bachillerato, y me hab&iacute;a puesto a trabajar (en varios empleos de poca monta) y a &ldquo;hacer la revoluci&oacute;n&rdquo;, como entonces se dec&iacute;a, como simpatizante de un partido de extrema izquierda. Esto proporcionaba la seguridad moral de estar en contra del franquismo (que era algo muy importante), pero obligaba a estar a favor de ciertas cosas que nunca pude creerme del todo. As&iacute; que, poco a poco, cambi&eacute; el <em>Tratado de econom&iacute;a marxista</em> de Ernest Mandel por las novelas de Sartre y de Camus y por la poes&iacute;a surrealista. Esto me llev&oacute; a un libro de Octavio Paz llamado <em>Claude L&eacute;vi-Strauss o el nuevo fest&iacute;n de Esopo</em>, que me descubri&oacute; el estructuralismo, un continente intelectual en el que entr&eacute; de un modo totalmente salvaje y que constituy&oacute; mi atm&oacute;sfera cultural durante a&ntilde;os. Y un d&iacute;a, en una librer&iacute;a, me encontr&eacute; con un volumen titulado <em>El Anti-Edipo</em>, de Gilles Deleuze y F&eacute;lix Guattari. Entend&iacute;a muy poco de lo que dec&iacute;a, pero en las notas a pie de p&aacute;gina estaban todos mis h&eacute;roes literarios, pol&iacute;ticos y art&iacute;sticos, adem&aacute;s de todos los estructuralistas, as&iacute; que decid&iacute; que merec&iacute;a la pena intentar entenderlo, y empec&eacute; a leer otras obras de Deleuze con ese prop&oacute;sito. Era un libro tan raro que yo no not&eacute; que, al meterme en ese jard&iacute;n, me estaba metiendo en la filosof&iacute;a (aunque creo que Deleuze tuvo la culpa de que muchas personas como yo, que no ten&iacute;amos antecedente filos&oacute;fico alguno y a las que nada destinaba a ese territorio, entr&aacute;semos en &eacute;l por v&iacute;as inesperadas, porque nos hac&iacute;a ver filosof&iacute;a en muchas cosas que entonces no lo parec&iacute;an en absoluto, y lo hac&iacute;a con una pasi&oacute;n y con un rigor inusitados). Fue la que entonces era mi novia la que me convenci&oacute;, primero, de que terminase el curso que hab&iacute;a dejado a medias unos a&ntilde;os antes y, segundo, de que despu&eacute;s de eso me matriculase en la Facultad de Filosof&iacute;a en lugar de hacerlo en la de Periodismo, como yo pretend&iacute;a. Aunque viviera mil a&ntilde;os me faltar&iacute;a tiempo para agradec&eacute;rselo, porque fue en la Universidad donde descubr&iacute; mi vocaci&oacute;n filos&oacute;fica. Hice la carrera en el turno de noche de la UCM, porque durante el d&iacute;a trabajaba como traductor en la Empresa Nacional de Electricidad, y dediqu&eacute; a Deleuze mi Memoria de Licenciatura y mi Tesis doctoral, adem&aacute;s de uno de mis primeros libros, <em>Deleuze: violentar el pensamiento</em>, de 1990.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;La persecuci&oacute;n del bienestar material es perfectamente leg&iacute;tima, pero este bienestar es solamente un medio al servicio de un fin&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- El hecho de que en esta sociedad tan utilitaria a&uacute;n siga habiendo j&oacute;venes que optan por estudiar Filosof&iacute;a, por ejercitar el pensamiento, ya es digno de elogio, sobre todo cuando es una disciplina cada vez menos valorada en los planes de estudio. &iquest;Habla eso a favor de sus estudiantes?</p>
<p class="normal">- &iexcl;Es que lo raro ser&iacute;a que esto no sucediera! Que la sociedad sea utilitaria es inevitable: si no nos dedic&aacute;semos a crear utilidad no podr&iacute;amos sobrevivir. Pero si <em>s&oacute;lo</em> nos dedic&aacute;semos a crear utilidad no querr&iacute;amos sobrevivir. La persecuci&oacute;n del bienestar material es perfectamente leg&iacute;tima, pero este bienestar es solamente un medio al servicio de un fin, a saber, el sentido que queremos darle a esa vida que hemos conseguido &ldquo;ganarnos&rdquo;. Y es de esto &uacute;ltimo, o sea, de mantener abierta la cuesti&oacute;n de cu&aacute;l es el sentido de la existencia, de lo que se ocupa la filosof&iacute;a. Los ataques a los que usted se refiere contra su presencia en las instituciones educativas son un indicio de que hay un cierto inter&eacute;s en dar la cuesti&oacute;n por terminada y ofrecernos un sentido &uacute;nico para nuestra vida con el que tendr&iacute;amos que conformarnos obligatoriamente.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Pretender que la ense&ntilde;anza tenga rentabilidad social o pol&iacute;tica inmediata y beneficio econ&oacute;mico directo es pervertir la idea misma de <em>saber cient&iacute;fico</em>&rdquo;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong></p>
<p class="normal">- &iquest;Es necesario hoy distanciar la ense&ntilde;anza, el conocimiento, del exceso de mercantilismo, de utilitarismo? &iquest;C&oacute;mo hacerlo? &iquest;Es b&aacute;sicamente un problema pol&iacute;tico? &iquest;Todo es cuesti&oacute;n de voluntad pol&iacute;tica?</p>
<p class="normal">- La ense&ntilde;anza y el conocimiento son, de entrada, distancia. Para empezar, las instituciones educativas distancian a los ni&ntilde;os y a los j&oacute;venes respecto de sus familias: les sacan de un plano privado, comunitario (el que significan sus apellidos y sus se&ntilde;as de identidad) para elevarles a un plano virtualmente universal (en el que se encuentran las ecuaciones de segundo grado o las leyes de la sintaxis) en donde sean capaces de ponerse en el lugar de cualquier otro, y no solamente de los suyos, a la hora de juzgar. Para seguir, la ense&ntilde;anza p&uacute;blica, tal y como se concibe en las sociedades ilustradas, es un intento de distanciar a los j&oacute;venes, durante su per&iacute;odo de formaci&oacute;n acad&eacute;mica, de las desigualdades econ&oacute;micas, neutraliz&aacute;ndolas mediante un sistema de igualdad de oportunidades. <em>Eso</em> es cuesti&oacute;n de voluntad pol&iacute;tica, pero la voluntad pol&iacute;tica no puede crear por s&iacute; sola riqueza, ni puede nada contra las leyes de la f&iacute;sica o contra las de la gram&aacute;tica. Por eso, finalmente, para que la ense&ntilde;anza y el conocimiento puedan estar realmente al servicio<em> de</em> la sociedad tienen que ser, parad&oacute;jicamente, independientes de ella (y del poder pol&iacute;tico y econ&oacute;mico de turno) en el terreno del saber: para que un ingeniero pueda construir los puentes que la sociedad necesita tiene que atender a su ciencia, no a los deseos de los pol&iacute;ticos, a los sondeos de opini&oacute;n o a los hombres de negocios del momento, pues s&oacute;lo de ese modo el puente no se caer&aacute; al primer vendaval. Pretender que la ense&ntilde;anza tenga rentabilidad social o pol&iacute;tica inmediata y beneficio econ&oacute;mico directo es pervertir la idea misma de &ldquo;saber cient&iacute;fico&rdquo;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Es fundamental no tratar a los cl&aacute;sicos como momias embalsamadas&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Precisamente en el ensayo <em>La regla del juego</em> se plantea la dificultad de aprender filosof&iacute;a. &iquest;C&oacute;mo mantener vivo el di&aacute;logo con los pensadores cl&aacute;sicos, c&oacute;mo seguir aprendiendo de ellos?</p>
<p class="normal">- Bueno, Gadamer sol&iacute;a decir (pensando, sobre todo, en la &ldquo;m&uacute;sica cl&aacute;sica&rdquo;) que cuando llamamos a algo cl&aacute;sico queremos decir que, sin necesidad de reconstruir su contexto hist&oacute;rico, lo encontramos, por alg&uacute;n motivo, inapelablemente correcto. Ya que menciona <em>La regla del juego</em>, yo dir&iacute;a m&aacute;s bien que las obras cl&aacute;sicas &mdash;en el arte, en la filosof&iacute;a y en todo lo dem&aacute;s&mdash; no lo son por ser mejores o peores que otras (a veces son imperfectas en muchos sentidos), sino porque expresan las reglas del juego al que pertenecen, su trama y su urdimbre, y por tanto al escucharlas, contemplarlas o leerlas, sentimos algo que de suyo no es sensible, a saber, la regla del bien construir una melod&iacute;a, un poema, una narraci&oacute;n, un concepto, un edificio o una composici&oacute;n pict&oacute;rica. Si seguimos poniendo en escena obras de S&oacute;focles o de Monteverdi, a pesar de que nuestro mundo se parece muy poco al mundo en el que esas obras nacieron y tuvieron sentido, es porque todav&iacute;a nos dicen algo que nos importa, porque no son simples monumentos de un pasado hist&oacute;rico caduco, sino que los problemas que plantean a&uacute;n no est&aacute;n resueltos, a&uacute;n son nuestros problemas, a&uacute;n nos descubren las reglas del juego al que nosotros jugamos, y por eso al contemplarlas podemos aprender algo m&aacute;s sobre nosotros mismos. Por tanto, para que ese di&aacute;logo sea posible es fundamental no tratar a los cl&aacute;sicos como momias embalsamadas ante las cuales hacer reverencias, no reducirlos a su lenguaje t&eacute;cnico, por muy importante que sea, y rescatarlos de aquello que la historia y los siglos de comentarios han hecho de ellos para devolverlos a la conversaci&oacute;n, para hacer de ellos pensadores en activo y no honorables jubilados. Naturalmente, hay que conocer muy bien a un pensador (empezando por su lenguaje t&eacute;cnico) para poder hacer eso, pero s&oacute;lo quienes, debido a ese conocimiento, ya no tienen necesidad de ponerse siempre los coturnos spinozianos para hablar de Spinoza o de decir cada dos minutos <em>a priori</em> para hablar de Kant son capaces, hasta donde llega mi experiencia, de quitarles el polvo a los cl&aacute;sicos en lugar de limitarse a sacarles brillo.</p>
<p class="normal"><br /> - &iquest;Podr&iacute;a se&ntilde;alar algunos momentos en que, personalmente, ese di&aacute;logo ha sido especialmente enriquecedor para usted? &iquest;Momentos de deslumbramiento, de apertura?</p>
<p class="normal">- No digo que me haya ocurrido s&oacute;lo con ellos, pero esa sensaci&oacute;n de no estar entrando en contacto con una<em> </em>filosof&iacute;a sino con la<em> </em>filosof&iacute;a, con la trama misma de lo que esa palabra significa en nuestra tradici&oacute;n cultural, es especialmente intensa en el caso de los pensadores de la antig&uuml;edad, sobre todo Plat&oacute;n y Arist&oacute;teles. Por una parte, est&aacute;n cultural e hist&oacute;ricamente tan lejos de nosotros que toda tentaci&oacute;n de manipulaci&oacute;n, de hacerles decir lo que nos conviene, queda, si no completamente neutralizada, s&iacute; bastante desactivada, y hay que tratar sus textos con un cuidado (para empezar, con un cuidado filol&oacute;gico) y con una delicadeza especial. Pero, por otra parte, es casi inevitable experimentar, al hacerlo, la sensaci&oacute;n de que las palabras que ellos utilizan <em>a&uacute;n</em> no se han convertido en lo que acabo de llamar un &ldquo;lenguaje t&eacute;cnico&rdquo;, de que sus estrategias discursivas a&uacute;n no son una &ldquo;metodolog&iacute;a&rdquo;, de que est&aacute;n intentando pensar en vivo y dar una forma conceptual a los problemas que luego la filosof&iacute;a &ldquo;escol&aacute;stica&rdquo; y &ldquo;acad&eacute;mica&rdquo; fijar&aacute; en una terminolog&iacute;a escolar, de que est&aacute;n haciendo &ldquo;filosof&iacute;a mundana&rdquo;, como alguien dijo, y eso resulta incre&iacute;blemente atractivo (y peligroso).</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Seguramente la filosof&iacute;a es el &uacute;nico saber cuyo primer precepto es el autocuestionamiento&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;Y qu&eacute; hay de la autocr&iacute;tica? &iquest;Deber&iacute;an los fil&oacute;sofos hacer autocr&iacute;tica? &iquest;Hasta qu&eacute;</p>
<p class="normal">punto la filosof&iacute;a se ha vuelto tan herm&eacute;tica que se ha alejado de la gente, de la calle? &iquest;Hasta qu&eacute; punto no ha empatizado con el sufrimiento, con las emociones...?</p>
<p class="normal">- &iquest;De qu&eacute; me suena a m&iacute; este reproche, que los fil&oacute;sofos no acompa&ntilde;an en sus sufrimientos a la gente de la calle, que no creen en los mismos dioses en los que cree el pueblo, d&oacute;nde habr&eacute; o&iacute;do yo antes la acusaci&oacute;n de apostas&iacute;a contra el fil&oacute;sofo? Ah, s&iacute;, ya me acuerdo: en el proceso contra S&oacute;crates en el a&ntilde;o 399 antes de nuestra era, que fue condenado por impiedad y por no compartir las creencias religiosas de sus vecinos (como dec&iacute;a Brassens: &ldquo;les braves gens n&rsquo;aiment pas que/ l&rsquo;on suive un autre&nbsp; route qu&rsquo;eux&rdquo;). Como la biograf&iacute;a de S&oacute;crates es el mito fundacional de la filosof&iacute;a, su historia no puede ser casual: un rasgo constitutivo de la filosof&iacute;a es que resulta inc&oacute;moda<em> </em>en la ciudad, demasiado &ldquo;acad&eacute;mica&rdquo;, pesada e in&uacute;til (como resultaba S&oacute;crates para la mayor&iacute;a de los atenienses). Pero no crea usted, en muchos momentos la filosof&iacute;a se ha avergonzado de su falta de empat&iacute;a con la sociedad y ha intentado librarse de esas acusaciones convirti&eacute;ndose en doctrina moral, en ideolog&iacute;a pol&iacute;tica, en terapia psicol&oacute;gica y hasta en materia de &ldquo;coaching&rdquo; empresarial; lo que pasa es que, en esos casos, lo menos que le ha sucedido es que ha hecho el rid&iacute;culo y ha languidecido precisamente por haberse adaptado tanto al mundo con el que pretend&iacute;a empatizar que ha perdido la libertad de juicio que le permit&iacute;a cuestionarlo. Sin embargo, esto no significa que la filosof&iacute;a no est&eacute; inc&oacute;moda en la Academia: como todos sabemos, desde su nacimiento hasta nuestros d&iacute;as no ha conseguido convertirse en una &ldquo;carrera&rdquo; o en una &ldquo;asignatura&rdquo; como todas las dem&aacute;s, y por eso est&aacute; perpetuamente cuestionada en el sistema educativo. Y tambi&eacute;n ha habido ocasiones en las que ha intentado librarse de ese complejo disfraz&aacute;ndose con los ropajes de la ciencia, pero asimismo en esos casos ha terminado convertida en una grotesca &aacute;lgebra sof&iacute;stica sin objeto ni contenido. Esta incomodidad constitutiva e insuperable de la filosof&iacute;a se debe a que, como dec&iacute;amos hace un momento, su finalidad es precisamente poner en cuesti&oacute;n cualquier finalidad en virtud de la cual los hombres intenten dar sentido a sus vidas, su misi&oacute;n es someter al examen de la raz&oacute;n cualquier cosa que pueda entenderse como una &ldquo;misi&oacute;n&rdquo;, empezando por la suya. Seguramente la filosof&iacute;a es el &uacute;nico saber cuyo primer precepto es el autocuestionamiento: en filosof&iacute;a no se trata nunca de elaborar una doctrina &ldquo;propia&rdquo; (el racionalismo, el empirismo, el idealismo o cualquiera de los r&oacute;tulos que llenan los manuales de historia de la filosof&iacute;a), sino de poner en discusi&oacute;n qu&eacute; es y qu&eacute; debe ser la filosof&iacute;a. Pero ocurre que, con frecuencia, no nos gusta demasiado que alguien venga a cuestionar el sentido que hemos decidido darle a nuestra vida.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Quienes se quejan de la falta de criterios o de valores en realidad se est&aacute;n quejando, no s&eacute; si sabi&eacute;ndolo o no, de la libertad&rdquo; </strong></p>
<p class="normal">- Plantea Javier Gom&aacute; que la filosof&iacute;a ha abandonado el objetivo de proponer un ideal, &ldquo;una visi&oacute;n omnicomprensiva de un deber ser, de lo que tiene que ser el hombre y la sociedad&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; opina al respecto?</p>
<p class="normal">- "Todas estas interpretaciones" -dice Hannah Arendt- "presuponen t&aacute;citamente que a los hombres s&oacute;lo se les puede exigir juzgar cuando poseen criterios, que la capacidad de juicio no es m&aacute;s que la aptitud para clasificar correcta y adecuadamente lo particular seg&uacute;n lo general que por com&uacute;n acuerdo le corresponde (...) La p&eacute;rdida de los criterios, que de hecho determina al mundo moderno en su facticidad, y que no es subsanable mediante ning&uacute;n retorno a los Buenos Antiguos ni mediante el establecimiento arbitrario de nuevos valores y criterios, s&oacute;lo es una cat&aacute;strofe (...) si se acepta que los hombres no est&aacute;n en condiciones de juzgar las cosas por s&iacute; mismos, que su capacidad de juicio no basta para juzgar originalmente, que s&oacute;lo puede exig&iacute;rseles aplicar correctamente reglas conocidas y servirse adecuadamente de criterios ya existentes". Y yo estoy de acuerdo con ella. Es m&aacute;s c&oacute;modo que nos den el paquete del sentido de la vida ya prefabricado, que nos digan qu&eacute; deben ser el hombre y la sociedad y que nos limitemos a aplicar esos criterios de acuerdo con unos tutores encargados de evitar las desviaciones. As&iacute; sucede en las sociedades tradicionales, en donde la religi&oacute;n monopoliza la producci&oacute;n de sentido y exige mantener la homogeneidad de la comunidad de creencias. Comprendo que se pueda sentir nostalgia de esa comunidad y de esa comodidad (y dejo a los historiadores la tarea de ilustrarnos acerca de si eran o no tan id&iacute;licas aquellas sociedades). Pero, como dice Hannah Arendt, creo que ser&iacute;a enga&ntilde;ar al p&uacute;blico prometer un retorno a los &ldquo;viejos buenos criterios tradicionales&rdquo;: puede que eso fuera posible para los antiguos griegos que descubrieron en la polis una pluralidad civil irreductible a la homogeneidad que exig&iacute;an las formas de gobierno que les rodeaban, pero para nosotros, los modernos, ha dejado de ser una opci&oacute;n. La estructura de convivencia pol&iacute;tica que hemos creado naci&oacute; de la experiencia del terror generado por las guerras de religi&oacute;n en Europa, y cualquier clase de retorno a unos valores y criterios de tipo premoderno, a pesar de la buena prensa de la que disfruta (entre gentes que, curiosamente, ser&iacute;an incapaces de soportar esos valores durante treinta segundos seguidos), s&oacute;lo podr&iacute;a ir en detrimento de las libertades civiles que definen el pluralismo pol&iacute;tico moderno. Porque quienes se quejan de la falta de criterios o de valores en realidad se est&aacute;n quejando, no s&eacute; si sabi&eacute;ndolo o no, de la libertad.</p>
<p class="normal"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Puede que haya gente que prefiera mentiras agradables a verdades inc&oacute;modas&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Si hay una defensa en toda su obra es la del cultivo del criterio propio. &iquest;C&oacute;mo es posible que ante tanta facilidad para acceder a la informaci&oacute;n, la gente est&eacute; tan desinformada y sea tan f&aacute;cilmente manipulable?</p>
<p class="normal">- Desde luego, para formarse un criterio acerca de algo hay que estar bien informado sobre ello, pero tambi&eacute;n hace falta tener criterio a la hora de informarse. Hoy tendemos a confundir con informaci&oacute;n cualquier <em>dato</em> que podemos obtener en tiempo real: pero es obvio que no es lo mismo ver lo que ahora mismo est&aacute; sucediendo en una calle de Kuala Lumpur que comprender lo que uno est&aacute; viendo (para lo cual habr&iacute;a que saber bastante acerca de la realidad actual de Malasia y de su historia), y eso sin hablar de que un dato no verificado puede ser un dato falsificado, manipulado o &ldquo;posverdadero&rdquo;. Sin esta verificaci&oacute;n y sin aquella elaboraci&oacute;n no podemos hablar de informaci&oacute;n&rdquo; sino m&aacute;s bien de propaganda, publicidad o intoxicaci&oacute;n. Y, lo que es peor, tendemos a llamar informaci&oacute;n tambi&eacute;n a la opini&oacute;n, a cualquier opini&oacute;n sin necesidad de que haya pasado filtro alguno ni haya sido jerarquizada por su relevancia. De manera que la presunta &ldquo;facilidad de acceso a la informaci&oacute;n&rdquo; puede estar contribuyendo a la desaparici&oacute;n de las estructuras capaces de dar cuenta de los hechos y a su sustituci&oacute;n por la fabricaci&oacute;n <em>ad libitum</em> de &ldquo;hechos alternativos&rdquo; al gusto de los consumidores y de hojas parroquiales que les confirmen en la fe que ya antes ten&iacute;an. Y puede que haya gente que prefiera mentiras agradables a verdades inc&oacute;modas. Tener un criterio propio no es dificil&iacute;simo, pero es much&iacute;simo m&aacute;s f&aacute;cil no tenerlo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Procuro huir de todo lo que pueda significar adoctrinamiento&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;C&oacute;mo se combate eso desde la universidad? &iquest;A t&iacute;tulo personal c&oacute;mo contribuye a la formaci&oacute;n de j&oacute;venes estudiantes, ciudadanos, capaces de pensar por s&iacute; mismos?</p>
<p class="normal">- Ya he dicho que intento tratar a los estudiantes como a adultos, y creo que ese es el n&uacute;cleo de la cuesti&oacute;n. Desde que le&iacute; <em>El cementerio de las naranjas amargas</em>, de Josef Winkler, siempre he llevado conmigo, a t&iacute;tulo de advertencia, una frase muy antip&aacute;tica del libro: &laquo;Los estudiantes que se dejan alimentar con el lenguaje universitario me recuerdan a los monos que comen en el Zoo, escupen en las manos su comida, vuelven a comerse lo vomitado y vomitan lo escupido por segunda, tercera o cuarta vez, antes de trag&aacute;rselo con esfuerzo y dificultad, darse la vuelta e irse a defecar. Sin embargo, no se debe acusar o compadecer a los que se convierten en monos, sino a los que fabrican esos monos&raquo;. M&aacute;s moderadamente, Wittgenstein dec&iacute;a que ense&ntilde;ar filosof&iacute;a no es alimentar a los estudiantes, sino ayudarles a cambiar de dieta. Y Kant, en una frase tan repetida como acertada, dec&iacute;a que no se trata de ense&ntilde;ar filosof&iacute;a (&ldquo;historia de la filosof&iacute;a&rdquo;, dir&iacute;amos hoy), sino de ense&ntilde;ar a filosofar. Intento, pues, no fabricar monos, lo que no quiere decir que lo consiga, y procuro huir de todo lo que pueda significar adoctrinamiento.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Es evidente que el valor de la rebeld&iacute;a depende de aquello <em>contra lo que</em> uno se rebela&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;En ese sentido, ser fil&oacute;sofo hoy, estudiar filosof&iacute;a, puede ser considerado un acto de rebeld&iacute;a, de resistencia?</p>
<p class="normal">- Quedar&iacute;a yo muy bien contestando que s&iacute;, y dibujando la imagen del fil&oacute;sofo como un Johnny Yuma de la cultura. Pero hay que tener cuidado con estas expresiones. Las sociedades modernas lo son porque est&aacute;n siempre en proceso de transformaci&oacute;n y c&iacute;clicamente revolucionan sus estructuras, a menudo con costes grav&iacute;simos para sus poblaciones. Por esta raz&oacute;n, la rebeld&iacute;a, e incluso la revoluci&oacute;n, tienden a ser consideradas buenas en s&iacute; mismas, como si el mero hecho de ser rebelde ya confiriese alg&uacute;n prestigio. Pero es evidente que el valor de la rebeld&iacute;a depende de aquello <em>contra lo que</em> uno se rebela (ya s&eacute; que este ejemplo est&aacute; muy manido, pero la sublevaci&oacute;n del general Franco en 1936 tambi&eacute;n fue un acto de rebeld&iacute;a). Pasa lo mismo con la resistencia, que su valor depende del de aquello a lo que uno se resiste (no es nada interesante tener una &ldquo;tos rebelde&rdquo; o una infecci&oacute;n &ldquo;resistente a los antibi&oacute;ticos&rdquo;). Y muy a menudo la rebeli&oacute;n de los fil&oacute;sofos consiste en rebelarse contra la rebeld&iacute;a misma, a pesar de su buena prensa.</p>
<p class="normal"><br /> - &iquest;Por qu&eacute; sigue siendo esencial la filosof&iacute;a? &iquest;Porque implica detenerse, parar, contemplar, ganar tiempo, en medio de las prisas, del ruido...? &iquest;Porque nos ayuda a mantener despiertas las preguntas, porque nos proporciona determinadas herramientas para cultivar el criterio propio en un mundo tan uniformado, tan falto de pluralismo?</p>
<p class="normal">- Imag&iacute;nese que me hubiese preguntado por qu&eacute; sigue siendo esencial la m&uacute;sica. Yo podr&iacute;a responderle que no se trata de averiguar las razones por las que es esencial, sino que todo parece indicar que viene en el mismo paquete que nosotros, que nos ha acompa&ntilde;ando desde que hay seres humanos sobre la tierra y que no tiene pinta de que vaya a desaparecer de un d&iacute;a para otro, porque no es veros&iacute;mil que podamos conformarnos sin ella (lo que no impide que de cuando en cuando alg&uacute;n responsable ministerial o asesor pedag&oacute;gico procure ridiculizar su presencia en los estudios secundarios). Pues pasa lo mismo con la filosof&iacute;a. No es cuesti&oacute;n de argumentar por qu&eacute; le buscamos un sentido a nuestra existencia: claro est&aacute; que, en cierto respecto, nuestra existencia ser&iacute;a m&aacute;s simple si no tuvi&eacute;ramos que darle un significado (como tambi&eacute;n ser&iacute;a un poco menos complicada si no hubiera m&uacute;sica), pero el asunto es que no podemos dejar de buscarle uno, y mientras esa cuesti&oacute;n siga abierta seguir&aacute; habiendo filosof&iacute;a. Nietzsche dec&iacute;a que podr&iacute;a pensarse en una existencia sin m&uacute;sica, pero que sin m&uacute;sica la vida ser&iacute;a una estupidez. A m&iacute; me gustar&iacute;a decir lo mismo de la filosof&iacute;a, pero no me atrevo, porque he conocido a fil&oacute;sofos muy est&uacute;pidos.</p>
<p class="normal"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;La falta de tiempo es uno de los males end&eacute;micos de los mortales&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Me detengo en el segundo interrogante: Agobio, prisa, urgencia, estr&eacute;s, son palabras del ahora. &iquest;El tiempo nos atenaza m&aacute;s que nunca? &iquest;Esa tiran&iacute;a, ese deseo de mantenerse ocupados, sin dejar de hacer, de producir, es uno de los males del presente?</p>
<p class="normal">- La falta de tiempo es uno de los males end&eacute;micos de los mortales. En el mundo moderno ha adoptado la figura de lo que suele llamarse &ldquo;aceleraci&oacute;n hist&oacute;rica&rdquo; (la sensaci&oacute;n de que el tiempo corre a&uacute;n m&aacute;s deprisa). Esto, obviamente, no se debe a que el tiempo vaya m&aacute;s o menos r&aacute;pido, sino, por una parte, a la implantaci&oacute;n de la producci&oacute;n industrial, con sus sistemas de medida de precisi&oacute;n y de aprovechamiento m&aacute;ximo del tiempo (<em>time is golden</em>); y, por otra, a que los adelantos en materia de transportes y de comunicaciones hacen que las noticias vuelen de un lado a otro del planeta en segundos (el lapso entre un suceso y la comunicaci&oacute;n del mismo se ha reducido pr&aacute;cticamente a cero, pero la velocidad a la que el cerebro humano puede procesar la informaci&oacute;n sigue siendo la misma que en la prehistoria). En este siglo, sin embargo, se ha generalizado una cierta forma de modelar el tiempo social que ha dado lugar a nuevos tipos de pobreza, lo que yo alguna vez llam&eacute; &ldquo;estrecheces cr&oacute;nicas&rdquo;: del mismo modo que se han reducido las distancias espaciales, tambi&eacute;n se han estrechado los marcos temporales. Y, de nuevo, la queja de la falta de tiempo encubre la de falta de sentido: el imperio del corto plazo, que tan brillantemente ha estudiado Richard Sennett en el mundo del trabajo, hace que los lapsos de tiempo con sentido, con argumento, sean cada vez m&aacute;s breves y fugaces, de manera que cuando apenas hemos comenzado el relato de una fase de nuestra vida ya tenemos que darla por clausurada porque ha perdido sus condiciones de posibilidad y el relato ha dejado de tener sentido, se ha vuelto inveros&iacute;mil. Ese tipo de &ldquo;precariedad&rdquo; creo que es una de las enfermedades m&aacute;s graves de nuestro tiempo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Son pol&iacute;ticas de malestar todas aquellas que tienden a dividir de nuevo la sociedad en amigos y enemigos, socavando as&iacute; el consenso prepol&iacute;tico que sostiene el pacto civil&rdquo;</strong></p>
<div>
<p class="normal">- Lleva ya mucho tiempo dando vueltas a la idea de &ldquo;malestar&rdquo;, analizando los derroteros y comportamientos de las sociedades contempor&aacute;neas. La idea de &ldquo;malestar&rdquo; aparece en el ensayo ganador del Premio Anagrama, pero antes en <em>Esto no es m&uacute;sica</em>, en <em>Nunca fue tan hermosa la basura</em>... Tambi&eacute;n se detecta el malestar en obras como <em>La intimidad</em> y <em>La banalidad</em>. &iquest;Cu&aacute;ndo fue consciente por primera vez de ese malestar, de la erosi&oacute;n de los modos de convivencia, del sentimiento colectivo de conspiraci&oacute;n, de mentira, en relaci&oacute;n a la pol&iacute;tica, al sistema global?</p>
<p class="normal">- As&iacute; es, llevo mucho tiempo (m&aacute;s o menos desde 1995) d&aacute;ndole vueltas al &ldquo;malestar&rdquo;. Me decid&iacute; por este t&eacute;rmino por varias razones, la principal de todas la gr&aacute;fica contraposici&oacute;n con el bienestar del &ldquo;estado del bienestar&rdquo;, pero ahora no s&eacute; si se entiende del todo bien. Desde que estall&oacute; la crisis econ&oacute;mica en 2008, cuando se habla de malestar en este contexto se piensa sobre todo en el descontento derivado de las restricciones del estado del bienestar debidas a los recortes presupuestarios provocados por la crisis. Pero est&aacute; claro que yo no pensaba en eso (pues en 1995 nadie preve&iacute;a la crisis econ&oacute;mica ni los recortes). A lo que yo me refer&iacute;a era a un cierto discurso ideol&oacute;gico que expresa su malestar <em>en y con el estado del bienestar</em>. El &ldquo;estado del bienestar&rdquo; es la forma que adopt&oacute; el Estado moderno tras la cat&aacute;strofe de las dos guerras mundiales. Se mire como se mire, esas guerras significaron hist&oacute;ricamente un fracaso del Estado de Derecho, una instituci&oacute;n nacida en el siglo XVII y que supuso una forma de legitimidad pol&iacute;tica hasta entonces in&eacute;dita. A principios del siglo XX, mucha gente (incluidos notables intelectuales y juristas) pensaba que esa instituci&oacute;n hab&iacute;a quedado obsoleta y estaba a punto de ser superada por nuevas formas de Estado. El problema es que estas nuevas formas de Estado terminaron siendo los totalitarismos. As&iacute; que, en 1945, las democracias liberales occidentales, que rechazaban tales sistemas pero que asum&iacute;an las lecciones de la guerra y del movimiento obrero, firmaron un nuevo contrato civil (simbolizado por el consenso entre los partidos de centro-izquierda y de centro-derecha) en torno al proyecto pol&iacute;tico de un Estado que hab&iacute;a de ser a la vez <em>social</em> (como lo eran, a su modo, los Estados fascistas y comunistas) y <em>de derecho</em> (como lo hab&iacute;a sido siempre la democracia parlamentaria moderna). Esta combinaci&oacute;n de bienestar jur&iacute;dico (derechos civiles) y bienestar material (derechos sociales) es lo que llamamos &ldquo;estado del bienestar&rdquo;, y nunca antes se hab&iacute;a propuesto de forma tan expl&iacute;cita. Las poblaciones de estos pa&iacute;ses, en t&eacute;rminos generales, apoyaron con sus votos a estos partidos &ldquo;moderados&rdquo;, y s&oacute;lo quedaron fuera de ese consenso (es decir, s&oacute;lo se sent&iacute;an descontentos en el estado del bienestar) quienes hab&iacute;an apostado por soluciones pol&iacute;ticas totalitarias (comunistas o fascistas), que eran electoralmente minoritarios y se vieron rechazados a los extremos del espectro pol&iacute;tico y, casi siempre, fuera de los parlamentos. Pero no fuera de las universidades, de las editoriales o de los escenarios, es decir, del territorio de la &ldquo;cultura&rdquo;. Fruto de su influencia en ese territorio fue la primera explosi&oacute;n de rabia contra el estado del bienestar de dimensiones importantes: el Mayo del 68 <em>franc&eacute;s</em>, precedido por la publicaci&oacute;n de <em>La sociedad del espect&aacute;culo</em>, de Guy Debord (pues eso era para Debord el estado del bienestar, un espect&aacute;culo para distraer al pueblo de su destino revolucionario). Las organizaciones pol&iacute;ticas que estuvieron en aquel movimiento eran todas ellas extraparlamentarias (y lo siguieron siendo), y en ese sentido pol&iacute;ticamente marginales, pero su ret&oacute;rica militante era la de la guerra, consideraban que la pol&iacute;tica <em>aut&eacute;ntica</em> era la que estaba desarroll&aacute;ndose en Vietnam o en Cuba, que los l&iacute;deres pol&iacute;ticos <em>aut&eacute;nticos</em> eran el Che<em> </em>Guevara y el General Giap, mientras que los presidentes de las rep&uacute;blicas y primeros ministros de las democracias liberales eran peleles del Gran Capital. Naturalmente, sus objetivos pol&iacute;ticos eran inveros&iacute;miles (la instauraci&oacute;n en Francia del gobierno de los Soviets, la disoluci&oacute;n de la familia, etc.), y en ese sentido pudo parecer una rabieta sin consecuencias pol&iacute;ticas (De Gaulle gan&oacute; las elecciones de junio de ese a&ntilde;o y tanto el partido comunista como el socialista perdieron diputados). Pero no fue as&iacute;, para empezar porque sus consecuencias <em>culturales</em> fueron incalculables. De ellas naci&oacute; una &ldquo;nueva izquierda&rdquo; (que en realidad ten&iacute;a poco de nueva, era la izquierda que hab&iacute;a sido &ldquo;derrotada&rdquo; pol&iacute;ticamente por el estado del bienestar gracias a la pacificaci&oacute;n de la lucha de clases y al nuevo pacto social), la <em>izquierda cultural</em> que siempre mostr&oacute; su resentimiento hacia el Estado del bienestar por su car&aacute;cter <em>social</em> (en el cual los foucaultianos, por ejemplo, ve&iacute;an un claro intento de control biopol&iacute;tico de las poblaciones) y que, ya que no pod&iacute;a reavivar el conflicto de clases, puso en marcha toda una serie de &ldquo;guerras culturales&rdquo; a trav&eacute;s de las llamadas &ldquo;pol&iacute;ticas de la identidad&rdquo;, que sin duda son lo que yo llamar&iacute;a <em>pol&iacute;ticas de malestar</em>, que no proponen ning&uacute;n modelo pol&iacute;tico alternativo pero que minan sistem&aacute;ticamente la figura central del &ldquo;sistema&rdquo; erigido en 1945 en las democracias occidentales avanzadas, que segu&iacute;a siendo la del ciudadano aut&oacute;nomo y sujeto de derechos. Es verdad que, a partir de 1970, las cr&iacute;ticas y los ataques al estado del bienestar vinieron principalmente de la derecha (aunque ciertos elementos de esas cr&iacute;ticas se volvieron pol&iacute;ticamente transversales), y de ellos naci&oacute; tambi&eacute;n una &ldquo;nueva derecha&rdquo; (que tampoco tiene mucho de nueva), m&aacute;s medi&aacute;tica que &ldquo;cultural&rdquo;, que no tardar&iacute;a en proponer, con gran &eacute;xito electoral, sus propias <em>pol&iacute;ticas de malestar</em>. Porque son pol&iacute;ticas de malestar todas aquellas que, aunque &mdash;como suced&iacute;a con los &ldquo;objetivos&rdquo; del Mayo franc&eacute;s&mdash; propongan unas metas positivas quim&eacute;ricas y extremistas (el cierre total de las fronteras nacionales o su total eliminaci&oacute;n, por ejemplo), tienden a dividir de nuevo la sociedad en amigos y enemigos, socavando as&iacute; el consenso prepol&iacute;tico que sostiene el pacto civil. No triunfan porque los votantes &ldquo;crean&rdquo; en la viabilidad de esas metas &ldquo;positivas&rdquo; (fantasmales y mal definidas), sino porque &ldquo;quieren&rdquo; los medios &ldquo;negativos&rdquo; o agresivos que proponen sus propagandistas, porque desean ver <em>castigados</em> a sus enemigos, esos enemigos (la &ldquo;casta&rdquo;, la &ldquo;inmigraci&oacute;n&rdquo;, los &ldquo;enemigos del pueblo&rdquo;&hellip;) construidos ad hoc a los que consideran culpables de todas sus desgracias.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Libro a libro ha ido evolucionando en la idea. &iquest;De qu&eacute; manera? &iquest;Ha tenido algo que ver Freud y su concepto de malestar de la cultura como punto de partida? &Eacute;l cre&iacute;a en el poder salvador de la cultura, en la b&uacute;squeda de ideales comunes, en el compromiso con esos ideales... &iquest;Es esa carencia la que conduce al malestar?</p>
<p class="normal">- Es evidente que el subt&iacute;tulo de <em>Esto no es m&uacute;sica </em>(&ldquo;Introducci&oacute;n al malestar en la cultura de masas&rdquo;) es un juego de palabras con el t&iacute;tulo de la obra de Freud, pero poco m&aacute;s. Mi objetivo al hablar de malestar en la cultura era ese tipo de &ldquo;resentimiento&rdquo; contra el estado del bienestar que se refugi&oacute; en el territorio de la cultura, seg&uacute;n acabamos de decir. Porque aquellas guerras culturales centradas en la identidad pasaron pronto a convertirse en pol&iacute;ticas de malestar, de discriminaci&oacute;n, de enemistad, creando lo que podr&iacute;amos llamar una cultura del malestar <em>en y contra</em> el estado del bienestar. El concepto de identidad sustituy&oacute; al de &ldquo;clase social&rdquo; como objeto del nuevo conflicto, y lo malo que tiene la identidad como identidad <em>pol&iacute;tica</em> es que siempre es antag&oacute;nica (se basa en la negaci&oacute;n de la identidad del enemigo), y ataca los pilares del Estado de Derecho. O sea que, a mi modo de ver, no se trata tanto de la carencia de ideales comunes como de la destrucci&oacute;n del proyecto colectivo ideado justamente como soluci&oacute;n para terminar con el &ldquo;estado de guerra&rdquo;.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Es evidente que algo fall&oacute; en los medios de comunicaci&oacute;n que ten&iacute;an como tarea la formaci&oacute;n de una opini&oacute;n p&uacute;blica libre y plural&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;Qu&eacute; parte de culpa tienen los medios de comunicaci&oacute;n en todo esto? Todorov indicaba que sin pluralismo en la informaci&oacute;n no puede haber democracias sanas. &iquest;C&oacute;mo es posible que se nos ofrezcan cada d&iacute;a titulares falsos, interesados, con tanta impunidad?</p>
<p class="normal">- Hay un factor importante en todo esto que no hemos mencionado apenas. Las pol&iacute;ticas de malestar de las que venimos hablando no se impusieron en Europa o en Am&eacute;rica mediante dictaduras militares o Estados totalitarios, sino mediante el voto popular con plenas garant&iacute;as jur&iacute;dicas. Fue &ldquo;la gente&rdquo; o ese &ldquo;pueblo&rdquo; que a veces se idealiza el que puso en el poder a Reagan, Thatcher, Bush, Trump, Tsipras, etc., y el que llev&oacute; a Marine Le Pen a disputar la presidencia de la Rep&uacute;blica francesa. Es muy sencillo decir que estas poblaciones &ldquo;fueron enga&ntilde;adas&rdquo; por la propaganda y la intoxicaci&oacute;n medi&aacute;tica, pero no se trata de poblaciones analfabetas o carentes de acceso a los instrumentos de cr&iacute;tica que permiten formarse un criterio propio. Es evidente que &ldquo;algo fall&oacute;&rdquo; en los medios de comunicaci&oacute;n que ten&iacute;an como tarea la formaci&oacute;n de una opini&oacute;n p&uacute;blica libre y plural. Tambi&eacute;n lo es que los medios de comunicaci&oacute;n que hoy llamamos &ldquo;tradicionales&rdquo; (como si hubiera otros) han entrado en una crisis estructural por diversas y complejas razones (que no son &uacute;nicamente tecnol&oacute;gicas) y que, en su b&uacute;squeda desesperada de clientes que permitan su supervivencia como empresas, han tendido por ello mismo al &ldquo;sensacionalismo&rdquo;, es decir, a convertirse m&aacute;s en catecismos que dan a sus lectores lo que &eacute;stos quieren recibir y les confirman en la opini&oacute;n que ya ten&iacute;an antes de leerlas, que en instrumentos que ofrecen a esos lectores los elementos que les permitir&aacute;n construir un criterio aut&oacute;nomo. El descr&eacute;dito de las fuentes de la verdad material (el conocimiento de los hechos y de los diversos puntos de vista sobre ellos) es una condici&oacute;n necesaria para la proliferaci&oacute;n de titulares period&iacute;sticamente impresentables. Pero en ese descr&eacute;dito las empresas period&iacute;sticas tambi&eacute;n tienen una parte importante de responsabilidad (o, quiz&aacute; mejor dicho, de irresponsabilidad).</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Un peque&ntilde;o inciso. Vayamos a su ensayo&nbsp; <em>La intimidad</em>, donde se refer&iacute;a a &ldquo;la inundaci&oacute;n de obscenidad&rdquo; y detectaba dos tipos de pornograf&iacute;a: la sentimental (explotaci&oacute;n de los secretos de familia) y la pol&iacute;tica. Esa tendencia, lejos de disminuir, ha aumentado. Las redes sociales, su mal uso, han contribuido a ello. &iquest;Estamos inmunizados ya, hemos perdido la noci&oacute;n de intimidad?</p>
<p class="normal">- Hay una gran diferencia entre escribir en un peri&oacute;dico y escribir en Facebook, en twitter o en un blog. Hay mucha gente que, por no haber conocido los peri&oacute;dicos en la &eacute;poca en la que ten&iacute;an significado como formadores de opini&oacute;n p&uacute;blica, la desconoce. La diferencia se puede expresar de muchas maneras. Una podr&iacute;a ser que el peri&oacute;dico es un dispositivo en el cual &ldquo;lo que pasa&rdquo; es sometido a un mont&oacute;n de controles, mediaciones y contrastaciones, hasta que se convierte en informaci&oacute;n, y s&oacute;lo entonces entra en el peri&oacute;dico, con la jerarqu&iacute;a que le corresponde. Por supuesto, en el peri&oacute;dico tambi&eacute;n hay opini&oacute;n, debidamente se&ntilde;alizada (para que nadie la confunda con &ldquo;informaci&oacute;n&rdquo;, con publicidad o propaganda) e igualmente sometida a controles y valoraciones jer&aacute;rquicas, y debidamente distinguida de la opini&oacute;n del equipo directivo del peri&oacute;dico, que es la que se expresa en el <em>editorial </em>y la &uacute;nica que no lleva la firma de una persona f&iacute;sica que se hace responsable de ella. En las redes sociales no hay nada de eso. &ldquo;Lo que pasa&rdquo; no es sometido a mediaci&oacute;n, control o contrastaci&oacute;n alguna, y por tanto no es informaci&oacute;n, sino &uacute;nicamente comunicaci&oacute;n directa de &ldquo;lo que le pasa&rdquo; (por la cabeza o por otros &oacute;rganos) al que escribe o se expresa. Es indistinguible lo que en esto haya de opini&oacute;n, de informaci&oacute;n, de publicidad o de propaganda (muy a menudo propaganda de s&iacute; mismo). En este oleaje de palabras e im&aacute;genes (b&aacute;sicamente privado o comunitario, pero no p&uacute;blico &mdash;se dice <em>community manager</em>, no <em>society manager</em>), por tanto, no hay casi nada m&aacute;s que el factor emocional (&ldquo;me gusta&rdquo;, &ldquo;te sigo&rdquo;, o por el contrario te insulto y te odio y te descalifico), que por su parte puede ponerse al servicio de lo comercial o de lo ideol&oacute;gico. Hoy, en efecto, la diferencia entre la pornograf&iacute;a sentimental y la pol&iacute;tica es casi imperceptible (se califica como &ldquo;programas de debate pol&iacute;tico&rdquo; a algunos espacios televisivos que tienen exactamente la f&oacute;rmula de las tertulias &ldquo;del coraz&oacute;n&rdquo;). Todo esto son maneras de convertir en privado (como privados son los sentimientos) lo p&uacute;blico, que tienen poco que ver con la intimidad.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;En una sociedad presuntamente tan abierta como la nuestra, escasean los espacios en donde se pueda libremente argumentar&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Y de aqu&iacute; a la &ldquo;banalidad&rdquo; el trecho es muy corto, &iquest;no? Es evidente que el debate a todos los niveles, pol&iacute;tico, cultural, se ha banalizado. &iquest;A&uacute;n puede salvarse o todav&iacute;a es susceptible de banalizarse m&aacute;s?</p>
<p class="normal">- No me atrevo a decir que ya no hay salvaci&oacute;n, ni tampoco que no se pueda a&uacute;n profundizar en la banalizaci&oacute;n. La banalidad, en el sentido de la &ldquo;normalidad&rdquo;, es un invento a veces muy necesario. El problema no es tanto que la gente no est&eacute; argumentando a todas horas, porque la argumentaci&oacute;n nunca ha sido demasiado popular. Lo malo son ese tipo de dispositivos, cada vez m&aacute;s abundantes, que no s&oacute;lo no propician la argumentaci&oacute;n sino que excluyen por completo su posibilidad. En una sociedad presuntamente tan abierta como la nuestra, escasean los espacios en donde se pueda libremente argumentar.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- En <em>Estudios del malestar</em> hay un tono de iron&iacute;a evidente a lo largo de todo el recorrido que, en cierto modo, puede llevarnos al Milan Kundera de su &uacute;ltima novela, <em>La fiesta de la insignificancia</em>: &ldquo;S&oacute;lo desde lo alto del infinito buen humor puedes observar debajo de ti la eterna estupidez de los hombres y re&iacute;rte de ella&rdquo;... &ldquo;Comprendimos desde hace mucho que ya no era posible subvertir el mundo, ni remodelarlo, ni detener su propia huida hacia adelante. S&oacute;lo hab&iacute;a una resistencia posible: no tomarlo en cuenta&rdquo;. &iquest;Hay algo de esto en su entrega?</p>
<p class="normal">- Ojal&aacute;. Me resulta dif&iacute;cil evitar el humor, porque en much&iacute;simas ocasiones lo encuentro mucho m&aacute;s eficaz y hasta mucho m&aacute;s completo que un sesudo argumento cr&iacute;tico. Sin embargo, por decirlo en los t&eacute;rminos de Kundera, al mundo no le gusta nada que no se le tome en cuenta. Quiero decir que cuando se hace una broma sobre algo la gente suele ofenderse e identificar la broma con el &ldquo;no tomar en serio&rdquo; aquello sobre lo que se bromea. Yo no creo que sea as&iacute;. He visto a moribundos bromear sobre su propia muerte inminente, y dudo que no se la tomasen en serio. Ya lo he dicho muchas veces: el Conde de Shaftesbury dec&iacute;a que una buena broma es aquella que, en cierto modo, podemos tomarnos en serio; yo suelo a&ntilde;adir que algo no es verdaderamente serio a menos que, en alg&uacute;n sentido, podamos tom&aacute;rnoslo a broma.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- En <em>Estudios del malestar</em> se detiene en determinados movimientos y partidos que, en su opini&oacute;n, se aprovechan del malestar colectivo para conseguir r&eacute;ditos pol&iacute;ticos. A todos ellos los denomina populistas. &iquest;No cree que se est&aacute;n metiendo demasiadas cosas en el saco del populismo?</p>
<p class="normal">- Sin duda. Se trata de un t&eacute;rmino que, desde las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo pasado, se ha venido usando peyorativamente en el &aacute;mbito medi&aacute;tico de la contienda pol&iacute;tica como marca de infamia para descalificar al adversario como enemigo (m&aacute;s o menos disimulado) de la democracia y del Estado de Derecho (y, por tanto, para reafirmarse uno mismo como defensor de ambas cosas), y se ha usado con tanta extensi&oacute;n, con tanta amplitud, con tanta variedad y para casos tan distintos que parece, por ello mismo, haber perdido todo valor conceptual. O, mejor dicho, <em>parec&iacute;a</em> haber perdido todo valor conceptual hasta que algunos de sus destinatarios decidieron, en torno al cambio de siglo, convertir la marca de infamia en <em>signo de distinci&oacute;n</em> (por utilizar la terminolog&iacute;a de Pierre Bourdieu) y conferirle al t&eacute;rmino una significaci&oacute;n <em>positiva</em>, dotarle de una carga (al menos aparentemente) te&oacute;rica, resemantiz&aacute;ndolo para convertirlo, no solamente en un instrumento pol&iacute;tico leg&iacute;timo, sino incluso en la <em>esencia</em> misma de la pol&iacute;tica, quiz&aacute; en la &uacute;nica forma de hacer pol&iacute;tica adecuada a los tiempos. Es a este uso al que yo principalmente me refiero, porque <em>Estudios del malestar</em> es, como todos los m&iacute;os, un libro de filosof&iacute;a (de filosof&iacute;a pol&iacute;tica, en este caso), no un panfleto sobre partidos o movimientos.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;El t&eacute;rmino &lsquo;populismo&rsquo; es a la pol&iacute;tica lo que al periodismo es el t&eacute;rmino &lsquo;sensacionalismo&rsquo;&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;Todo lo que sean propuestas para mejorar la vida de la gente, para combatir la desigualdad, es populismo? &iquest;En su opini&oacute;n, todo populismo es igualmente negativo, nefasto? Y una &uacute;ltima pregunta sobre el tema: &iquest;Al proponer mejoras para la sociedad, no es toda pol&iacute;tica, por naturaleza, populista?</p>
<p class="normal">- Voy a intentar explicarme con un ejemplo. Yo dir&iacute;a que el t&eacute;rmino &ldquo;populismo&rdquo; es a la pol&iacute;tica lo que al periodismo es el t&eacute;rmino &ldquo;sensacionalismo&rdquo;. Es verdad que para un periodista es muy f&aacute;cil acusar a la competencia de &ldquo;sensacionalista&rdquo; cuando publica una noticia con la que le va a superar en ventas de ejemplares, y sin embargo&hellip; &iquest;qu&eacute; periodista no ha apretado alguna vez el bot&oacute;n amarillo para <em>alegrar</em> un poco las cifras de ventas o de visitas a la p&aacute;gina <em>web</em>? Es m&aacute;s, &iquest;qu&eacute; peri&oacute;dico no practica todos los d&iacute;as una forma salvaje de sensacionalismo aceptado cuando mantiene a los redactores <em>atados</em> al mandato an&oacute;nimo de los usuarios &mdash;porque no se les puede a&uacute;n llamar &ldquo;lectores&rdquo;&mdash;, esos usuarios que hacen <em>click</em> en tal o cual titular o lo <em>tuitean</em> o lo propagan en Facebook? Pero, &iquest;qu&eacute; conclusi&oacute;n hemos de extraer de ello? &iquest;Acaso que hay que dejar de hablar (al menos peyorativamente) del &ldquo;sensacionalismo&rdquo;, que hay que renunciar al t&eacute;rmino puesto que la infecci&oacute;n se ha generalizado, o que hay que resemantizarlo para hacer del sensacionalismo algo bueno, que hay que resignarse a la confusi&oacute;n de &ldquo;periodismo&rdquo; con &ldquo;sensacionalismo&rdquo;? &iquest;Que como ahora todo periodismo tiende al sensacionalismo ya s&oacute;lo cabe distinguir entre un sensacionalismo <em>bueno</em> &mdash;el que se pone al servicio de causas &ldquo;populares&rdquo;, &ldquo;pol&iacute;ticamente correctas&rdquo; o moralmente intachables&mdash; y un sensacionalismo <em>malo</em>? Yo dir&iacute;a que no. Yo dir&iacute;a que, por muy extendida que est&eacute; la enfermedad, el sensacionalismo no deja de ser una patolog&iacute;a por la que el periodismo se desangra y abandona el terreno del inter&eacute;s p&uacute;blico (o sea, el de servir como instrumento para la formaci&oacute;n de la opini&oacute;n p&uacute;blica, que es una funci&oacute;n esencial en las sociedades democr&aacute;ticas) para convertirse, como alguien dijo, en mero seguidismo de los intereses <em>del </em>p&uacute;blico, frecuentemente de los intereses m&aacute;s bajos y m&aacute;s viles, a menudo contradictorios y siempre cambiantes y opacos, y que desde luego nada tienen que ver con el inter&eacute;s p&uacute;blico. Es decir que, a pesar de todo, merece la pena conservar la diferencia (por lo menos la diferencia <em>de iure</em>) entre periodismo y sensacionalismo, y que incluso los fines m&aacute;s santos se pervierten cuando se persiguen por medios mezquinos que convierten la informaci&oacute;n en propaganda sentimental. Pasa algo parecido con el populismo. Es muy f&aacute;cil para un pol&iacute;tico descalificar al adversario por &ldquo;populista&rdquo; por decirle a la gente lo que quiere o&iacute;r, aunque no sea verdad, y prometerle cosas que sabe imposibles de cumplir, o sea, por desplazarse aqu&iacute; tambi&eacute;n desde el inter&eacute;s p&uacute;blico al inter&eacute;s <em>del </em>p&uacute;blico. Pero ser&iacute;a muy dif&iacute;cil encontrar a uno solo que, en campa&ntilde;a electoral, no haya recurrido alguna vez a esos mensajes o a esas promesas para conseguir un pu&ntilde;ado de votos o para mejorar en los sondeos. Pero eso no significa, creo yo, que haya que abandonar el t&eacute;rmino porque todos los partidos caen a veces en el populismo, o redefinirlo para conformarse con elegir entre populistas mejores y peores, renunciando as&iacute; a la diferencia entre &ldquo;populismo&rdquo; y &ldquo;pol&iacute;tica&rdquo;. Aunque sea de una forma aparentemente imprecisa, el t&eacute;rmino nos ayuda a expresar <em>algo que tienen en com&uacute;n</em> maneras de hacer pol&iacute;tica que parecen separadas por grandes barreras ideol&oacute;gicas, culturales, religiosas o econ&oacute;micas, y a ver que todas ellas constituyen una amenaza real para la democracia representativa, uno de los principales peligros <em>transversales </em>que la acechan desde su interior. Cuando la democracia funciona bien (y reconozco que esto no pasa todos los d&iacute;as ni en todas partes), el pol&iacute;tico que alimenta las bajas pasiones de su clientela o hace promesas inveros&iacute;miles acaba pagando ese vicio en las urnas. S&oacute;lo hay una manera de librarse de pagar el precio pol&iacute;tico de la mentira, y consiste en forjar el mito de un enemigo omnipotente y despiadado que penetra todas las instituciones, que pervierte conspiratoriamente todos los espacios de libertad y de cr&iacute;tica y que es inmune a los mecanismos formales de la democracia liberal. Y esa es precisamente la f&oacute;rmula populista. Y cuando esta f&oacute;rmula tiene &eacute;xito, cuando cala con eficacia en la ciudadan&iacute;a &mdash;y por el momento est&aacute; teniendo bastante &eacute;xito&mdash;, cala tambi&eacute;n la idea de que, para vencer a ese enemigo, hace falta algo m&aacute;s que la democracia social de derecho y algo <em>mejor</em> que la pol&iacute;tica en su sentido moderno. Para lo cual es necesario apelar a un <em>pueblo</em> que tiene que desbordar la Constituci&oacute;n para luchar contra sus enemigos. En ese momento, la pol&iacute;tica es sustituida por la moral (o por una pol&iacute;tica &ldquo;moralizada&rdquo; que exige un cierre de filas frente a los enemigos del pueblo y anula el pluralismo). Y lo que entonces pasa factura en las urnas es contradecir los deseos de la clientela o negarse a prometer quimeras.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;El populismo no es una alternativa al neoliberalismo (ni tampoco al contrario): ambos son s&iacute;ntomas pertenecientes a un mismo s&iacute;ndrome de decadencia de la pol&iacute;tica&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;No ser&iacute;a igualmente enriquecedor desmontar los dogmas neoliberales, esa cobard&iacute;a, docilidad, que se ha inyectado a la sociedad para hacer creer que no hay alternativas de cambio, que hay que resignarse?</p>
<p class="normal">- Pero es que con el t&eacute;rmino &ldquo;neoliberalismo&rdquo; pasa lo mismo que con el t&eacute;rmino &ldquo;populismo&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; es el neoliberalismo? &iquest;Se trata de las doctrinas jur&iacute;dicas de Hayek o de las teor&iacute;as econ&oacute;micas de Friedman y la escuela de Chicago? &iquest;O se trata m&aacute;s bien de las pol&iacute;ticas aplicadas en EE.UU. por Reagan o en el Reino Unido por Margaret Thatcher? &iquest;Habr&iacute;a que incluir tambi&eacute;n el laborismo de la tercera v&iacute;a de Tony Blair? &iquest;&ldquo;Neoliberalismo&rdquo; es sin&oacute;nimo de mercantilismo proteccionista, de corporativismo de amiguetes, de anarcocapitalismo, o de lo que a veces se llama &ldquo;liberalismo social&rdquo;? &iquest;No estaremos creando, al hablar de &ldquo;neoliberalismo&rdquo;, un monstruo fantasmag&oacute;rico de mil cabezas que cumpla la funci&oacute;n de ese &ldquo;enemigo omnipotente&rdquo; que justifica las tentaciones autoritarias de los liderazgos carism&aacute;ticos de corte caudillista? Creo que el principal error te&oacute;rico consiste, en este caso, en aceptar la alternativa &ldquo;populismo/neoliberalismo&rdquo;, como si fuesen los t&eacute;rminos de una nueva confrontaci&oacute;n pol&iacute;tica, porque el tipo de pol&iacute;ticas que solemos aceptar como emblema del &ldquo;neoliberalismo&rdquo; actual (es decir, las de los citados Reagan y Thatcher) fue precisamente el primero en ostentar en nuestro entorno el calificativo de &ldquo;populista&rdquo;. Que tengamos que aceptar el populismo (cuyos vicios conocemos de sobra por la historia pol&iacute;tica reciente) para no caer en el neoliberalismo, o que tengamos que conformarnos con el neoliberalismo para evitar la deriva populista, ese es, creo yo, el planteamiento cobarde y d&oacute;cil al que no hay que resignarse. No es s&oacute;lo cierto que el &ldquo;populismo&rdquo; y el &ldquo;neoliberalismo&rdquo; se realimentan mutuamente, sino que son perfectamente compatibles, porque se trata (utilizando el t&eacute;rmino de L&eacute;vi-Strauss que tanto gustaba a Laclau) de <em>significantes vac&iacute;os</em> o conceptos imposibles cuya carga es fundamentalmente emocional y ret&oacute;rica. El populismo no es una alternativa al neoliberalismo (ni tampoco al contrario): ambos son s&iacute;ntomas pertenecientes a un mismo s&iacute;ndrome de decadencia de la pol&iacute;tica, de ruptura del contrato social que ha sido su fundamento desde la emergencia de la sociedad moderna. Quien haya le&iacute;do <em>La regla del juego</em>, <em>Esto no es m&uacute;sica</em> o <em>Nunca fue tan hermosa la basura</em> sabr&aacute; que yo me he aplicado con gran empe&ntilde;o a la cr&iacute;tica de todos los dogmas del llamado &ldquo;nuevo capitalismo&rdquo; (la ideolog&iacute;a de la flexibilidad, del cortoplacismo, de la privatizaci&oacute;n, etc.), aunque es verdad que tambi&eacute;n he procurado mostrar que toda esa jerga de lo fluido, lo &ldquo;l&iacute;quido&rdquo; y lo el&aacute;stico fue creada por la &ldquo;nueva izquierda&rdquo; antes de ser reutilizada por la &ldquo;nueva derecha&rdquo;. Y en eso mi posici&oacute;n no ha cambiado un &aacute;pice.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;La desafecci&oacute;n pol&iacute;tica no es consecuencia del populismo sino al rev&eacute;s: el populismo es una forma de desafecci&oacute;n pol&iacute;tica, de desconfianza con respecto a la pol&iacute;tica&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;Es el populismo el origen de la desafecci&oacute;n pol&iacute;tica, de la desconfianza hacia el sistema o el problema, como dec&iacute;a Tony Judt en su ensayo <em>Algo va mal</em> es que la socialdemocracia se olvid&oacute; de la gente? &ldquo;Durante 30 a&ntilde;os hemos hecho una virtud de la b&uacute;squeda del beneficio material: de hecho esta b&uacute;squeda es todo lo que queda de nuestro sentido de prop&oacute;sito colectivo&rdquo; (...) &ldquo;El miedo al cambio, a la decadencia, a los extra&ntilde;os y a un mundo ajeno, est&aacute; corroyendo la confianza y la interdependencia en que se basan las sociedades civiles&rdquo;, pon&iacute;a de manifiesto Judt. &iquest;Qu&eacute; opina al respecto Jos&eacute; Luis Pardo?</p>
<p class="normal">- Jos&eacute; Luis Pardo, que precisamente ha estado releyendo estos &uacute;ltimos meses <em>El olvidado Siglo XX</em>, se siente muy pr&oacute;ximo a Tony Judt en much&iacute;simas de sus consideraciones, y desde luego profundamente de acuerdo con la intenci&oacute;n general de sus reflexiones. Si lo de que la socialdemocracia se olvid&oacute; de la gente significa que, como hace un momento dec&iacute;amos de la prensa, los partidos socialdem&oacute;cratas tienen una gran responsabilidad (por su irresponsabilidad) en la crisis que hoy atraviesan, estoy totalmente de acuerdo. No me gusta demasiado, como ya he dicho antes, el recurso a &ldquo;la gente&rdquo; o al &ldquo;pueblo&rdquo;, como si alguien tuviera el monopolio de lo que &ldquo;la gente&rdquo; piensa o siente el pueblo, porque esto es algo de lo que s&oacute;lo nos enteramos (hasta cierto punto) a trav&eacute;s de las urnas electorales, y quienes pretenden tener un conocimiento m&aacute;s directo del asunto s&oacute;lo pueden ser farsantes. La desafecci&oacute;n pol&iacute;tica no es consecuencia del populismo sino al rev&eacute;s: el populismo es una forma de desafecci&oacute;n pol&iacute;tica, de desconfianza con respecto a la pol&iacute;tica y, por ende, de b&uacute;squeda de otras alternativas &ldquo;supra-pol&iacute;ticas&rdquo;. Pero no nos enga&ntilde;emos: antes de la crisis &ldquo;la gente&rdquo; no estaba entusiasmada con la participaci&oacute;n en la pol&iacute;tica y el debate sobre el modelo de pa&iacute;s. En cuanto a la b&uacute;squeda del bienestar material, creo que tambi&eacute;n lo he dicho ya, es irrenunciable para los humanos, pero tambi&eacute;n he dicho que esa b&uacute;squeda nunca es para nosotros <em>suficiente</em> si no disponemos de un sentido que otorgar a ese bienestar (pues el propio bienestar material por s&iacute; mismo no nos basta), y que al menos tan importante como el bienestar material (el estar bien) es el bienestar jur&iacute;dico (el tener derecho a estar materialmente tan bien como en cada caso sea posible de acuerdo con un reparto justo de la riqueza y de la pobreza).</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Entre sentirse mal a causa de la desigualdad y conceder el voto a un partido xen&oacute;fobo o que propone &ldquo;superar&rdquo; el Estado de Derecho hay un salto importante, y ese salto es el que hay que investigar&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;No cree que lo verdaderamente productivo, en lo que deber&iacute;an trabajar intelectuales, fil&oacute;sofos, soci&oacute;logos, pol&iacute;ticos de verdad comprometidos, es en la identificaci&oacute;n de ese malestar? &iquest;No est&aacute; la desigualdad, la corrupci&oacute;n de la pol&iacute;tica, los excesos del capitalismo, detr&aacute;s de esta sensaci&oacute;n que va en aumento?</p>
<p class="normal">- S&iacute;, lo he dicho muchas veces. Este no es un malestar absolutamente nuevo, pero s&iacute; es un malestar que estamos muy mal preparados para combatir y que, en efecto, requiere de la colaboraci&oacute;n entre intelectuales, fil&oacute;sofos, artistas y cient&iacute;ficos sociales. La desigualdad, la corrupci&oacute;n pol&iacute;tica y los excesos del capitalismo son al menos tan viejos como las sociedades modernas. Toda la cuesti&oacute;n est&aacute; en si tenemos o no instrumentos suficientes y adecuados para combatir esos males. El malestar creado por esos problemas no es una enfermedad; al contrario, es completamente sano &ldquo;estar mal&rdquo; ante esas realidades. Pero entre sentirse mal a causa de la desigualdad y conceder el voto a un partido xen&oacute;fobo o que propone &ldquo;superar&rdquo; el Estado de Derecho hay un salto importante, y ese salto es el que hay que investigar.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Veo much&iacute;simas cosas positivas en la Espa&ntilde;a de los &uacute;ltimos a&ntilde;os&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &nbsp;Su ensayo es muy duro, muy ir&oacute;nico, con todo lo acaecido en Espa&ntilde;a en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. &iquest;No ve nada positivo en la Espa&ntilde;a posterior al &ldquo;despertar&rdquo; del 15 M? &iquest;No considera que es necesario un cuestionamiento del pasado, de la etapa de la Transici&oacute;n?</p>
<p class="normal">- Veo much&iacute;simas cosas positivas en la Espa&ntilde;a de los &uacute;ltimos a&ntilde;os. En mi ensayo, hasta donde recuerdo, soy muy duro con la mitificaci&oacute;n de la Transici&oacute;n que se llev&oacute; a cabo a principios de este siglo, porque cuando el pasado se saca del &aacute;mbito de la historia y se sit&uacute;a en el de la poes&iacute;a se pisa un terreno muy peligroso, m&aacute;s a&uacute;n si de ello se pretenden extraer r&eacute;ditos pol&iacute;ticos. Pero, por lo mismo, tengo tambi&eacute;n muchas reservas a prop&oacute;sito de la mitificaci&oacute;n del &ldquo;15M&rdquo; (que fue mucho m&aacute;s r&aacute;pida que la de la Transici&oacute;n) como un &ldquo;despertar&rdquo;. Habl&aacute;bamos hace un momento de c&oacute;mo se puso en marcha el proyecto del estado del bienestar en 1945, y de c&oacute;mo quienes no estaban de acuerdo con ese &ldquo;tratado de paz&rdquo; y quer&iacute;an continuar la guerra (la lucha de clases o de naciones) se quedaron en minor&iacute;a en el tablero pol&iacute;tico y ocuparon el frente cultural. Algo parecido ocurri&oacute; en Espa&ntilde;a en 1978: quienes hab&iacute;an sido enemigos irreconciliables durante la guerra civil y los 40 a&ntilde;os de posguerra firmaron un acuerdo de paz civil y social, del que s&oacute;lo se autoexcluy&oacute; la extrema izquierda (incluida la <em>abertzale </em>y la <em>patri&ograve;tica</em>), que consideraba el estado social de derecho, nacido de la Constituci&oacute;n del 78, como un sue&ntilde;o (un &ldquo;espect&aacute;culo&rdquo;, seg&uacute;n Debord) que ocultaba, en realidad, una continuaci&oacute;n del franquismo, una dictadura disimulada. Por ser minoritario y parlamentariamente marginal, este discurso careci&oacute; durante a&ntilde;os de representatividad pol&iacute;tica, pero se hizo fuerte en lo que antes llam&eacute; &ldquo;el frente cultural&rdquo; (universidades, editoriales, escenarios), porque produc&iacute;a grandes rendimientos emocionales a quienes lo practicaban, reforzaba su identidad moral y est&eacute;tica e incluso les reportaba beneficios econ&oacute;micos. Claro est&aacute; que esa identificaci&oacute;n entre franquismo y democracia parlamentaria es, obviamente, una falsificaci&oacute;n hist&oacute;rica (yo conoc&iacute; bastante el franquismo, y recuerdo que no se parec&iacute;an en casi nada), es ficci&oacute;n y no realidad, pero sin esa licencia po&eacute;tica que consiste en creer que Espa&ntilde;a estuvo dormida primero por la pesadilla franquista y luego por la modorra consumista ser&iacute;a imposible considerar el &ldquo;15M&rdquo; como un &ldquo;despertar&rdquo;. Sin embargo, la crisis econ&oacute;mica &mdash;que, naturalmente, fue un acontecimiento catastr&oacute;fico para millones de personas&mdash; fue aprovechada por ciertas organizaciones emergentes para ampliar la audiencia de esta ficci&oacute;n, que se volvi&oacute;, incluso electoralmente, veros&iacute;mil, y para una parte notable de la poblaci&oacute;n la Transici&oacute;n se redujo de pronto a un amasijo de corrupci&oacute;n y contubernio. Los terribles recortes presupuestarios y la negativa de un pacto fiscal para Catalu&ntilde;a fueron convertidos por los pescadores de r&iacute;o revuelto en la ocasi&oacute;n para el despertar del pueblo oprimido y de la naci&oacute;n ultrajada, presuntamente mantenidos en estado comatoso durante a&ntilde;os mediante la anestesia del maldito &ldquo;bienestar&rdquo;. El resultado de todo ello ha sido un desplazamiento del espectro ideol&oacute;gico merced al cual, en el imaginario de este &ldquo;despertar&rdquo; revolucionario, quienes por aquel entonces se situaban en el centro-izquierda o en el centro-derecha (pero en contra del nacionalismo y del comunismo), sin cambiar de ideas, han quedado arrinconados en el lodazal del <em>facher&iacute;o</em>, en una posici&oacute;n &ldquo;reaccionaria&rdquo; incluso m&aacute;s extrema y viejuna que las de Trump o Le Pen, porque estos dos &uacute;ltimos al menos son &ldquo;antisistema&rdquo;, lo que siempre resulta muy juvenil y simp&aacute;tico; y las ideolog&iacute;as extremas, sin embargo, se han acercado al centro del espectro electoral. Yo dir&iacute;a que esto, m&aacute;s que un &ldquo;despertar&rdquo;, es una ilusi&oacute;n &oacute;ptico-pol&iacute;tica. Pero comprendo que, cuando millones de votantes act&uacute;an como si <em>creyeran</em> en esa alucinaci&oacute;n y se suman a sus pol&iacute;ticas de malestar y confrontaci&oacute;n, empe&ntilde;arse en distinguir entre poes&iacute;a e historia puede ser una batalla perdida. Claro que en ese tipo de batallas consiste, muy a menudo, el trabajo intelectual.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;No cree que, a nivel global, estamos inmersos en un cambio de rumbo cuya direcci&oacute;n a&uacute;n no est&aacute; clara?</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Pero esto mismo podr&iacute;a decirse de todos y cada uno de los momentos de la historia. Siempre tenemos que tomar decisiones antes de saber del todo en qu&eacute; direcci&oacute;n se mover&aacute; el mundo, en eso consiste la libertad (si supi&eacute;ramos de antemano en qu&eacute; parar&aacute; todo no habr&iacute;a que decidir, ser&iacute;a un proceso autom&aacute;tico).</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;En nuestro pa&iacute;s las discusiones intelectuales se traducen en seguida en diferencias ideol&oacute;gicas y en descalificaciones personales&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- En el pr&oacute;logo del libro dice ser consciente de que con &eacute;l iba a ganar enemigos. &iquest;Ha sido as&iacute;? &iquest;Lo escribi&oacute; con &aacute;nimo de levantar pol&eacute;mica, de encender el debate?</p>
<p class="normal">- No. No me interesan en absoluto las pol&eacute;micas. Lo que sab&iacute;a cuando escrib&iacute; el libro es que a quienes utilizan la filosof&iacute;a para hacer proselitismo pol&iacute;tico no les iba a gustar, pero no porque tengan graves objeciones te&oacute;ricas contra mis ideas, sino sencillamente porque no pueden apuntarme a su bando, y en un entorno tan polarizado por las bander&iacute;as como el que hoy vivimos en Espa&ntilde;a, esto (lo de apuntarse en alg&uacute;n bando) es lo m&aacute;s importante.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Hace falta m&aacute;s debate profundo, del sano, en la sociedad espa&ntilde;ola? De entre lo mucho que me ha interesado de <em>Estudios del malestar</em> est&aacute; esa capacidad de abrir ventanas de reflexi&oacute;n, de discusi&oacute;n.</p>
<p class="normal">- Sin duda, hace falta debate, cr&iacute;tica, discusi&oacute;n, pero en nuestro pa&iacute;s (incluso en el &aacute;mbito de la filosof&iacute;a, no digamos ya en el de la pol&iacute;tica) esto parece ser punto menos que imposible: las discusiones intelectuales se traducen en seguida en diferencias ideol&oacute;gicas y en descalificaciones personales. Los libros como los que yo escribo son siempre intentos de abrir discusiones, de iniciar conversaciones sobre asuntos que parecen excluidos del tr&aacute;fago de las controversias cotidianas y de los mapas ideol&oacute;gicos cerrados y cerriles. Pero no tengo la sensaci&oacute;n de haber tenido gran &eacute;xito en esto, y llevo en ello unos cuantos a&ntilde;os.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Zizek, adem&aacute;s de ser un profesor de filosof&iacute;a muy solvente, es un l&iacute;der de opini&oacute;n y un fen&oacute;meno de masas&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- La pol&eacute;mica, m&aacute;s que por el ensayo, lleg&oacute; hace poco con su art&iacute;culo sobre Slavoj Zizek, donde reduc&iacute;a su pensamiento a &ldquo;un sin fin de tuits&rdquo;. &iquest;No ve nada interesante en la obra de un fil&oacute;sofo que ha conseguido conectar con el p&uacute;blico m&aacute;s joven? Antes le comentaba el alejamiento de la filosof&iacute;a de la calle, del ahora...</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">-Creo que en su pregunta est&aacute; la respuesta. Usted considera que mi art&iacute;culo despert&oacute; <em>pol&eacute;mica</em>, pero cuando yo escucho esta palabra pienso en la pol&eacute;mica entre Leibniz y Newton sobre la naturaleza del espacio o en la disputa entre Galileo y los te&oacute;logos sobre el movimiento de la tierra, mientras que lo sucedido en este caso &mdash;m&aacute;s parecido, por lo que me han dicho, a una nube de aspirantes a <em>trolls </em>&nbsp;y <em>haters </em>en las redes sociales certificando la diferencia a la que antes alud&iacute; entre periodismo y ciberpropaganda&mdash; pertenece m&aacute;s al g&eacute;nero de &ldquo;la pol&eacute;mica de Terelu y Mila Xim&eacute;nez&rdquo; o a lo que yo llamaba en mi columna &ldquo;una turbulencia contagiosa que se agota en su propia agitaci&oacute;n&rdquo;. Yo dec&iacute;a en mi art&iacute;culo que Zizek hab&iacute;a construido una filosof&iacute;a que es &ldquo;como una cinta sin fin de tuits embutidos en la metaf&iacute;sica de Hegel&rdquo;, pero usted (no es un reproche, es lo que hacemos todos cada d&iacute;a) se ha quedado con el sinf&iacute;n de tuits y se ha olvidado de la metaf&iacute;sica de Hegel. Esa l&oacute;gica medi&aacute;tica del mercado cultural contempor&aacute;neo es la que Zizek ha comprendido a la perfecci&oacute;n, y por eso, adem&aacute;s de ser un profesor de filosof&iacute;a muy solvente (porque para embutir tuits en la metaf&iacute;sica de Hegel hay que conocer primero la metaf&iacute;sica de Hegel, y no es tarea f&aacute;cil), es un l&iacute;der de opini&oacute;n y un fen&oacute;meno de masas. No estoy en contra de Zizek, s&oacute;lo estoy en contra de esa l&oacute;gica del mercado cultural: &eacute;l se ha adaptado a ella con gran &eacute;xito, y probablemente ha hecho muy bien. Yo, por el momento, soy incapaz de hacerlo. Tambi&eacute;n creo haber dicho ya que no estoy nada seguro de que la calle (ni la f&iacute;sica ni la virtual) sea el lugar de la filosof&iacute;a.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;No conviene confundir lucidez con certidumbre&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;D&oacute;nde buscar hoy un poco de lucidez? &iquest;Persigue Jos&eacute; Luis Pardo esa lucidez? &iquest;En qu&eacute; proyectos est&aacute; trabajando ahora?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Creo, como Arist&oacute;teles, que todos los hombres buscan por naturaleza la lucidez. Pero no conviene confundir lucidez con certidumbre o, en todo caso, a quien busque certezas inconmovibles yo no le recomendar&iacute;a leer libros de filosof&iacute;a, porque saldr&aacute; de ellos tan decepcionado como quienes hoy buscan en la filosof&iacute;a una doctrina pol&iacute;tica alternativa. Por mi parte, huyo de las lecturas que me confirman en las convicciones que ya tengo, creo que la filosof&iacute;a consiste en buscar problemas m&aacute;s que en buscar soluciones, as&iacute; que recomendar&iacute;a a quien quiera leer filosof&iacute;a que rastree a los pensadores que se ocupan de los problemas que le apasionan y en los que est&eacute; dispuesto a perderse durante una buena temporada. Actualmente, estoy agradablemente perdido en cuestiones relacionadas con la conexi&oacute;n entre arte y filosof&iacute;a, pero no me siento capaz de hablar de proyectos propiamente dichos.</p>
</div>]]></description>
      <pubDate>Thu, 07 Dec 2017 09:36:03 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La infanta y el cardenal]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-infanta-y-el-cardenal/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2017/_NGEL_ALCAL_.jpg" alt="" /></p>
<p>&iquest;Puede una biograf&iacute;a de X ser, al mismo tiempo, una autobiograf&iacute;a de Y?&nbsp; &iquest;Puede una &ldquo;verdadera historia&rdquo; de un personaje del siglo XVIII, el infante don Luis de Borb&oacute;n, ser la verdadera historia de &Aacute;ngel Alcal&aacute;, &ldquo;impert&eacute;rrito fil&oacute;sofo, te&oacute;logo radical y mediocre escritor&rdquo; de nuestros d&iacute;as, como se retrata en esta novela a uno de sus protagonistas, Anselmo Galv&aacute;n?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pues aunque parezca la cuadratura del c&iacute;rculo, no solo es posible, es cierto.&nbsp; Para empezar, es cierto que Alcal&aacute; es un impert&eacute;rrito fil&oacute;sofo, es cierto que es un te&oacute;logo radical, y en cuanto a lo de &ldquo;mediocre escritor&rdquo;, &iquest;qui&eacute;n no lo es si nos comparamos con Shakespeare, Cervantes, Flaubert o Thomas Mann, por poner alg&uacute;n ejemplo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya sabemos que todo lo que escribimos est&aacute; sustanciado por nuestra particular biograf&iacute;a. Pero hay casos en que esta identificaci&oacute;n de lo ajeno con lo propio es mayor, casi un trasunto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y es que esta novela de nuestro ilustre fil&oacute;sofo, te&oacute;logo y escritor&nbsp; &Aacute;ngel Alcal&aacute;, adem&aacute;s de mucho rigor hist&oacute;rico, de mucha consulta de documentos, est&aacute; llena de trasplantes y gui&ntilde;os personales. Y no solo en la personificaci&oacute;n del autor con su declarado &ldquo;alto ego&rdquo;, Anselmo Galv&aacute;n -- <em>&ldquo;Yo baj&eacute; de posible cardenal a profesor y modestillo aprendiz de escritor&rdquo;, </em>se lee, y, quienes sabemos que los familiares de Alcal&aacute; ya pensaban en &eacute;l como cardenal reconocemos el gui&ntilde;o--, o en el hecho de poner en boca del infante don Luis la mayor parte de sus personales elucubraciones existenciales&hellip;, sino tambi&eacute;n en el retrato de su compinche dialogal, el erudito can&oacute;nigo Juan &Aacute;ngel Gimeno, amigo personal del autor, o en personajes como Jes&uacute;s de Vived, don Teofrasto, Agust&iacute;n Pi&ntilde;a&hellip;, y en muchas otras incidencias a lo largo del laborioso texto de Alcal&aacute;, que cuando justifica al infante don Luis, o critica acerbamente a&nbsp; Carlos III, trasluce hechos de su propio <em>curriculum</em>, que se nos aparecen como una especie de ajuste de cuentas, o como una forma cat&aacute;rtica de hacer aflorar sus demonios interiores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo esto, que puede ser bueno o malo, es indiferente literariamente, &nbsp;porque lo que estamos tratando (aunque en alguna ocasi&oacute;n adivinemos una tesis doctoral camuflada) es, sobre todo, una novela, una novela hist&oacute;rica, y a una novela hist&oacute;rica &nbsp;podemos y debemos, pedirle, adem&aacute;s de rigor hist&oacute;rico, imaginaci&oacute;n, elucubraci&oacute;n, hip&oacute;tesis, ucron&iacute;as, &nbsp;con que rellenar lo que la historiograf&iacute;a acad&eacute;mica, sujeta solo a lo documental, no alcanza a completar lo que podr&iacute;a haber sido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pueden los historiadores juzgar <em>La infanta y el cardenal</em> desde el punto de vista acad&eacute;mico, pero si uno se atreve a enhebrar una novela lo que debemos pedirle es que lo sea, de verdad, convincente, veros&iacute;mil, apasionante tambi&eacute;n, por m&aacute;s que la etiqueta de hist&oacute;rica comprometa, y limite mucho, al tiempo, la libertad creadora que se exige al g&eacute;nero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y que me perdonen los entom&oacute;logos de la literatura, pero creo que etiquetar las novelas en modalidades no hace sino confundir la sustancia de un g&eacute;nero. Por resumir el asunto de la novela de Alcal&aacute;, digamos que un tal Anselmo Galv&aacute;n (recordemos que Galv&aacute;n es el segundo apellido de nuestro autor) est&aacute; empe&ntilde;ado en escribir la biograf&iacute;a del infante don Luis de Borb&oacute;n, hermano de Carlos III. &iquest;Qui&eacute;n es este Galv&aacute;n? Nos dice el autor que dedica la vida a la docencia, que &ldquo;ni ocultaba ni ostentaba (o sea, que no hac&iacute;a ostentaci&oacute;n, rectifico al autor) su antigua condici&oacute;n de sacerdote&rdquo;, que es &nbsp;&ldquo;oriundo de una villa bajoaragonesa&rdquo;, &ldquo;amante de la vida, de la m&uacute;sica, del arte, y apasionado por la libertad&rdquo; y &ldquo;abierto a todo aire de doctrina&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pues bien, este Galv&aacute;n, tan alcala&iacute;no, con el fin de escribir esa biograf&iacute;a se desplaza a Zaragoza, para reunirse con la viuda del infante don Luis, do&ntilde;a Mar&iacute;a Teresa de Vallabriga, que habita el palacio de Zaporta. All&iacute;, entre las conversaciones con la Vallabriga, la lectura de su &ldquo;Diario&rdquo; (ap&oacute;crifo), los papeles de &ldquo;Recuerdos y olvidos&rdquo; (t&iacute;tulo ayaliano) escritos por don Luis (tambi&eacute;n ap&oacute;crifos), cartas y documentos, reales o ficticios, apoyaturas de los escritos del embajador Fern&aacute;n N&uacute;&ntilde;ez, utilizaci&oacute;n de la &ldquo;memoria enga&ntilde;osa&rdquo;, y recreaciones varias de la vida cortesana, se va enhebrando, a modo de gran tapiz goyesco, con constantes regresos al pasado, el retrato de una &eacute;poca, la borb&oacute;nica, a partir de Felipe V y sus primeros sucesores. Como un nuevo Goya retratista&mdash;recordemos la familia de Carlos IV o la del propio Luis de Borb&oacute;n--, Alcal&aacute; va fijando su atenci&oacute;n&nbsp; en cada uno de los personajes, hasta ofrecernos una radiograf&iacute;a de personalidades y comportamientos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como ya he apuntado, pero ahora amplifico, deduzco que lo que ha llevado a un historiador tan riguroso como &Aacute;ngel Alcal&aacute; a probar fortuna en la novela, aunque se trate de una novela hist&oacute;rica, es una suerte de identificaci&oacute;n personal con el destino vital&nbsp; del infante don Luis. Ese paralelismo de vidas, por muy distante que pudiera parecer entre figuras de tan distinta temporalidad y condici&oacute;n,&nbsp; tiene sin embargo un punto en com&uacute;n que, sin duda, no pod&iacute;a reflejarse adecuadamente en un libro de historia pura: el autor necesitaba de la libertad que permite el relato novelesco para plasmarlo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La novela, pese a su dual t&iacute;tulo, <em>La infanta y el cardenal</em>, tiene un solo protagonista: el infante don Luis, es decir, el cardenal. &nbsp;La infanta es como una receptora de los recuerdos y vivencias del aquel, su egregio y apesadumbrado esposo. Y se sustenta&nbsp;&nbsp; en dos ejes: la crisis de conciencia del infante, en una primera parte; y en el tema de la irregular sucesi&oacute;n a la Corona, que constituye el tema predominante que recorre toda la novela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En torno a don Luis, asistimos a la sucesi&oacute;n de monarcas y favoritos, de familiares y amigos, de cortesanos y pol&iacute;ticos, de gentes de la cultura y el espect&aacute;culo que rodean al protagonista. Frente a los estereotipos de la historia m&aacute;s divulgada, Alcal&aacute; abunda en aquellos aspectos que los contradicen o que nos dan aspectos ignorados del inframundo cortesano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alcal&aacute; parece querer poner en entredicho no solo a la historiograf&iacute;a oficial sino la acad&eacute;mica m&aacute;s o menos consagrada. Y un m&eacute;rito de esta novela es la imagen menos conocida que nos ofrece de sus protagonistas. Acierta de pleno. Sus semblanzas de los grandes personajes de la aristocracia espa&ntilde;ola de aquel tiempo no dejan de ser ins&oacute;litas, al menos para someros conocedores de la historia, como el que aqu&iacute; les habla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entra en la intimidad de sus h&aacute;bitos cotidianos, pero siempre apoyado en la pertinente documentaci&oacute;n.&nbsp; Su margen de ficci&oacute;n, de fabulaci&oacute;n para los personajes hist&oacute;ricos es pr&aacute;cticamente inexistente, como temeroso de faltar al rigor hist&oacute;rico, de dar a la novela un car&aacute;cter metahist&oacute;rico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A&uacute;n as&iacute;, su mirada se posa novedosamente en aquellos aspectos menos frecuentados por la historiograf&iacute;a habitual, que pasa por encima de esos aspectos m&aacute;s &iacute;ntimos y cotidianos presumibles, veros&iacute;milmente presumibles, que dan a su ficci&oacute;n un talante ver&iacute;dico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Donde mas brilla el Alcal&aacute; novelista es en esas deliciosas conversaciones en la Casa de Zaporta en las que Mar&iacute;a Teresa cuenta su vida, acompa&ntilde;ada de su hija Mar&iacute;a Luisa, del enigm&aacute;tico Francisco del Campo, de Galv&aacute;n y del can&oacute;nigo Juan &Aacute;ngel. O en esos paseos por ciudades, villas, palacios y vida cotidiana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otro de los <em>leit-motiv</em> recurrentes de la narraci&oacute;n alcala&iacute;na es la continua referencia a la sexualidad como determinante de hechos y conductas, poco habitual en el discurso historicista, lo que da a su narraci&oacute;n otro de sus aspectos m&aacute;s personales. Sus descripciones amorosas tienen un potente latido er&oacute;tico, como en el encuentro &nbsp;de la infanta Maria Teresa con Francisco del Campo, o el de la noche de bodas de la infanta y don Luis.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y hay una permanente preocupaci&oacute;n por definir el sentido de la historia, lo que debe hacer un historiador, que lo sea de verdad. El texto est&aacute; lleno de reflexiones al respecto, que parecen, como ya apuntamos antes, querer enmendar la plana a los historiadores de oficio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero lo que sin duda m&aacute;s diferencia a esta novela hist&oacute;rica de las habituales del g&eacute;nero es que la narraci&oacute;n no se limita&nbsp; a novelar una historia, m&aacute;s o menos conocida, sino que participa de los andamiajes de una novela de tesis, en la que se propone y defiende una nueva visi&oacute;n de la historia que rompe interpretaciones anteriores: me refiero, como ya he se&ntilde;alado, a la figura de Carlos III que, a partir de los documentos y de las reflexiones de los protagonistas,&nbsp; aparece con un perfil muy distinto al que estamos acostumbrados y nos da una opini&oacute;n de su personalidad poco acorde con la que, generalmente favorable, nos ofrece la historiograf&iacute;a habitual.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No s&eacute; si el autor se excede en su negativo retrato del monarca ilustrado en su af&aacute;n de defender la figura del infante don Luis, que, por otra parte, frente a la simpat&iacute;a que le muestra el autor, no deja de aparecer, por sus hechos y actitudes, como un personaje acomodaticio, ab&uacute;lico, t&iacute;mido, tibio, atolondrado, miedoso, timorato, &nbsp;incapaz de tomar las riendas de su destino, sometido sin orden ni medida a sus pasiones amorosas, atolondrado&hellip;, cuya educaci&oacute;n, cultura, liberalidad de &aacute;nimo no son capaces de evitar que sea juguete pasivo de los acontecimientos. En suma, la tesis que plantea Alcal&aacute;, su defensa del infante, no creo que salga muy bien parada, y en hechos como la decisi&oacute;n de don Luis de casarse con una prostituta parecen dar la raz&oacute;n a Carlos III en su trato al hermano, que se nos aparece, pese a los esfuerzos del autor, como un atolondrado de poca personalidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De todo lo dicho creo que estamos&nbsp; ante una novela que pretende dar una visi&oacute;n poco convencional de un periodo de la historia espa&ntilde;ola, como un tapiz goyesco aunque visto desde su rev&eacute;s, es decir, donde los nudos de la urdimbre revelan su artificio, su &uacute;ltima fabril realidad, como un ajuste de cuentas a la propia historiograf&iacute;a, aunque apoyado en ella, y de paso, como una oportunidad del autor de explicarse a s&iacute; mismo, a trav&eacute;s de sus dos &ldquo;alter egos&rdquo; en la trama: el infante don Luis y el fil&oacute;sofo, te&oacute;logo y escritor Anselmo Galv&aacute;n. Una autobiograf&iacute;a oculta en una biograf&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para los que somos curiosos de la historia, o mejor de la intrahistoria, esta es una novela reveladora, genuina, que hemos le&iacute;do ansiosamente con el &aacute;nimo de escrutar sus m&aacute;s o menos rec&oacute;nditos o transparentes rincones, porque sabemos que, en ella, tanto la verdad como la ficci&oacute;n son, al cabo, una misma cosa, y siempre nos apasiona escuchar palabras verdaderas.- JUAN DOM&Iacute;NGUEZ LASIERRA.</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>&Aacute;ngel Alcal&aacute;,<em> La infanta y el cardenal.</em><strong> </strong><em>La verdadera historia del matrimonio morgan&aacute;tico de don Luis de Borb&oacute;n y Farnesio y Mar&iacute;a Teresa de Vallabriga</em>, Madrid, La Esfera de los Libros, 2015.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 04 Dec 2017 09:11:30 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El oído absoluto]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-oido-absoluto/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/Diciembre/MANUEL_LONGARES_2.jpg" alt="" /></p>
<p>A la llamada del timbre, Palmira abrio la puerta y los encargados de la mudanza la saludaron como una coral que impartiera p&eacute;sames a domicilio. Uno sosten&iacute;a sin dificultad la escalera de mano, pero el otro, gordito, se agobiaba con las planchas de cart&oacute;n y el rollo de cuerda. Palmira, que les esperaba desde primera hora de la ma&ntilde;ana, los gui&oacute; a una rotonda atestada de libros donde dos ventanales quebraban la continuidad de las estanter&iacute;as.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mientras los hombres convert&iacute;an los cartones en cajas -entre reproches y amenazas, pues se mostraban desavenidos-, Palmira se refugio en el dormitorio donde murio M&aacute;ximo. Pero cuando los hombres desplegaron la escalera y desde los estantes m&aacute;s altos lanzaron los libros a las cajas como si echaran tierra sobre el ata&uacute;d cerrado del difunto, se alej&oacute; a la cocina. Desazonada, freg&oacute; la taza y la cuchara del desayuno, puso unas lentejas en agua y revis&oacute; el contenido del frigor&iacute;fico por si necesitaba ir al mercado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Almorz&oacute; a hurtadillas y, cuando los tipos de la mudanza se marcharon, renegando el uno del otro, regres&oacute; a la rotonda. Las cajas repletas de libros, precintadas y atadas, entorpec&iacute;an el tr&aacute;nsito. Los anaqueles vac&iacute;os de la biblioteca y el suelo deslucido y con colillas le deprimieron. Y ante la degradaci&oacute;n de ese sal&oacute;n de lectura, que era el principal de la casa, se ech&oacute; a llorar.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Si lo viera M&aacute;ximo -repet&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>M&aacute;ximo hab&iacute;a vendido la biblioteca al ayuntamiento de su pueblo para pagar los gastos de su enfermedad. Pero durante la negociaci&oacute;n no fue tan exigente en sus pretensiones econ&oacute;micas como en aplazar el traspaso a su fallecimiento. Ya con un pie en el estribo -enfatizaba-, le dol&iacute;a separarse de lo que siempre estuvo con &eacute;l. Y las autoridades de Pag&aacute;n accedieron al capricho de aquel paisano que parec&iacute;a m&aacute;s en el otro mundo que en &eacute;ste.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- <em>En la villa de Pag&aacute;n </em>-les asignaba el an&oacute;nimo-, <em>muchos piden, pocos dan</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre tanto, Palmira empez&oacute; a forrar los libros con papel blanco. Actuaba sin consultarlo con M&aacute;ximo, persiguiendo una simetr&iacute;a que a su juicio revalorizaba el conjunto. Pero cuando M&aacute;ximo alcanz&oacute; un acuerdo con los compradores, Palmira renunci&oacute; a su tarea. Era absurdo reanudarla -consider&oacute;-, si no influ&iacute;a en el precio.Y desde entonces la biblioteca de la rotonda, uniformada a medias, presentaba el aspecto de un traje con parches.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No se enter&oacute; M&aacute;ximo de esta ocurrencia de su criada. En esa etapa final de su vida pasaba acostado la mayor parte del tiempo y cuando Palmira le sacaba del cuarto y lo conduc&iacute;a a pasitos al sof&aacute; de la rotonda, le faltaba vista -y curiosidad- para descubrir los cambios de su biblioteca. En el sector ubicado entre los ventanales, eleg&iacute;a Palmira uno de esos vol&uacute;menes que ella hab&iacute;a vestido de dominico y, creyendo complacer a M&aacute;ximo, le le&iacute;a un fragmento:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Hoy ha muerto mam&aacute;. O quiz&aacute; ayer. No lo s&eacute;. Recib&iacute; un telegrama del asilo...</em></p>
<p><span style="text-decoration: underline;">&nbsp;</span></p>
<p>Pero as&iacute; escogiera para entretenerlo literatura contempor&aacute;nea o cl&aacute;sica...&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>La Aurora, de azafranado velo, de las corrientes de Oc&eacute;ano se levantaba para proporcionar luz a los inmortales y a los humanos...</em></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>...a M&aacute;ximo s&oacute;lo le interesaba el cuaderno de pastas negras en el que hablaba de su padre, el poeta Max Bru. Ocup&oacute; la mesilla de su cama mientras goz&oacute; de salud y pudo escribir en &eacute;l robando horas al sue&ntilde;o, pero cuando enferm&oacute; y la invasi&oacute;n de medicinas transform&oacute; el dormitorio en un hospital de campa&ntilde;a, el cuaderno fue trasladado a la rotonda, con los dem&aacute;s libros. Y en un estante de la biblioteca permanecio a su disposici&oacute;n, mas no para usarlo &eacute;l, pues ya no pod&iacute;a valerse, sino para que Palmira anotara en sus hojas lo que &eacute;l dec&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>M&aacute;ximo estuvo dictando a Palmira hasta que le fallaron las fuerzas. Receloso de su memoria -porque lo desamparaba a mitad de una frase incit&aacute;ndolo a peregrinar tras la referencia extraviada como&nbsp; ciego sin lazarillo-, confiaba al sentido com&uacute;n de su interlocutora la coherencia de su discurso y, con ello, la posibilidad de editarlo el d&iacute;a de ma&ntilde;ana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Entr&eacute;gaselo a Esquivias, el de la mancha -y Max se refer&iacute;a a la que desde nacimiento adornaba su frente-. Nadie ha hecho tanto por la obra de mi padre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La muerte de M&aacute;ximo estancaba el proyecto y el cuaderno de pastas negras se cubr&iacute;a de polvo en su anaquel. Los operarios debieron excluirlo de la mudanza por no tener formato de libro. Palmira lo limpi&oacute; por encima y lo abrio. Mas para su sorpresa, no era el que ella hab&iacute;a manejado: una letra diminuta reemplazaba a la suya. <em>&nbsp;</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>En el nombre de Max Bru </em>-ley&oacute; en la primera p&aacute;gina-, <em>poeta por la gracia de Dios</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Palmira midio la consistencia del cuaderno, algo m&aacute;s grueso que el utilizado por M&aacute;ximo y ella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Una joven me cuid&oacute; de ni&ntilde;o, aunque yo la cuidaba m&aacute;s </em>- comenzaba el texto-. <em>Por delicada y compasiva, no me apartaba de su lado. Con el candor de la infancia le jur&eacute; fidelidad eterna y una ma&ntilde;ana la encontraron muerta en su cama . Se hab&iacute;a ido sin avisarme y, tal vez, sin darse cuenta: su cara no reflejaba el sufrimiento de los que la sobrevivimos.</em></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>&iquest;Estaba ante las Memorias del padre de M&aacute;ximo, el libro que su hijo quiso conocer desde que supo que circulaba a sus espaldas?&nbsp;</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em>De su ausencia no me consol&oacute; el paso de los a&ntilde;os sino la que me rob&oacute; el coraz&oacute;n. Su estampa me acompa&ntilde;a d&iacute;a y noche, cuando cierro los ojos y cuando despierto, pero mi cuerpo gastado no responde a su hechizo.</em></p>
<p><span style="text-decoration: underline;">&nbsp;</span></p>
<p>Primer amor, primer dolor -se dijo Palmira, embebida en la narraci&oacute;n-. Y primer chasco, tambi&eacute;n.</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em>A los acordes del pianista endereza la figura y al vaiv&eacute;n de sus tacones cimbrea las caderas y modula el arabesco de las manos. Y con el resplandor de los bienaventurados se desliza sobre los algodones del cielo de tal modo que desearla duele. </em></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>- M&aacute;ximo no se relacion&oacute; con las amantes de su padre -record&oacute; Palmira-.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>&iexcl;Adi&oacute;s al garbo que promov&iacute;a el donaire! La enfermera de este pabell&oacute;n de terminales ci&ntilde;e a mi cuello una s&aacute;bana, me enjabona la cara y afila la navaja. Ante su anatom&iacute;a sin relieve -de tanta penitencia las samaritanas est&aacute;n en los huesos-, a&ntilde;oro el est&iacute;mulo de las impuras. Y as&iacute;, mientras me afeita, sit&uacute;o a la bailaora de mis fantas&iacute;as sobre el palpitante tablado...&nbsp; </em>.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;- El due&ntilde;o de este cuaderno es el mismo que se llev&oacute; el nuestro -intuy&oacute; Palmira-.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aburrida, puso la televisi&oacute;n. Retransmit&iacute;an una comedia rusa de la &eacute;poca zarista, en la que unos terratenientes de trajes frescos y sombreros de paja abandonaban la casa de campo familiar donde transcurrieron sus vacaciones de verano. Bajo la lluvia de oto&ntilde;o arrancaba su carruaje entre adioses y agitar de pa&ntilde;uelos, cuando un criado mayor y algo enfermo reclamaba formar parte de la expedici&oacute;n.&nbsp; Desde una ventana de la finca planteaba si el acto de dejarlo en tierra constitu&iacute;a una broma o un despiste, ya que no pod&iacute;a comprender que los se&ntilde;ores regresaran a la capital de Rusia sin su servidumbre. Pero el conductor, en vez de atender al quejoso e incorporarlo a la comitiva, prosegu&iacute;a su camino e incluso aceleraba, como si lo rehuyese. Inquieto, el criado llamaba a sus amos por el nombre de pila, y con la familiaridad de haberlos visto nacer les preguntaba si lo privaban del viaje de vuelta en castigo a su comportamiento en la ida. Pero desde esa ventana que utilizaba como plataforma de su elocuencia y por m&aacute;s que se desga&ntilde;itara, no deb&iacute;an llegar sus palabras al coche, o sus amos se&nbsp; absten&iacute;an de comentarlas, por lo que el criado, al notarse tan distante de ellos como de su carruaje y muy cerca de perder el tesoro de su aprecio, sacaba fuerzas de flaqueza para requerir, con la voz m&aacute;s pat&eacute;tica de su registro, que no prescindieran de &eacute;l, porque si lo confinaban hasta el verano pr&oacute;ximo en esa casa de campo donde no hab&iacute;a superiores a los que cuidar, quedar&iacute;a a merced del capataz y de su pelot&oacute;n de carniceros que todas las ma&ntilde;anas recorr&iacute;an el bosque poblado de fieras. El criado rogaba a sus se&ntilde;ores que por su buena conducta le evitaran ese suplicio. Y como no demandaba un imposible ni iba a ser el primer indultado de la historia, ante la eventualidad de que dieran marcha atr&aacute;s y se avinieran a recogerlo no se apartaba de la ventana,&nbsp; abierta de par en par pese a la temperatura desapacible. Pensaba el criado que si esta contrariedad le hubiera pillado de mozo, en vez de aguardar cruzado de brazos a que lo rehabilitaran, habr&iacute;a bajado a la cuadra, ensillado el caballo y peregrinado sin descanso hasta Mosc&uacute;, para obtener la gracia de sus amos. Pero a estas alturas de la vida, los minuciosos achaques de la vejez le incapacitaban para cualquier g&eacute;nero de galopadas, detestaba la humedad, le destemplaba el fr&iacute;o y, como el mal tiempo le quitaba oyentes, elevaba sus cuitas al cielo encapotado tensando el cuello a la manera del perro cuando gime, hasta que se le quebraba la garganta o le atascaba la tos. Entonces, para alardear de agilidad aunque las articulaciones le martirizaban, y como si gozara de facultades para percibir lo que nadie captaba a simple vista, fijaba su mirada en la senda por donde desaparecieron esos viajeros que eran sus amos, a los que hab&iacute;a consagrado su existencia y sin los cuales no entend&iacute;a el mundo, y mov&iacute;a la mano de un lado a otro en un saludo al horizonte que lo mismo quer&iacute;a decir bienvenidos que hasta siempre. Razonablemente esperanzado en que se acercaran por la misma ruta por la que se alejaron, fantaseaba desde su improvisado p&uacute;lpito con que&nbsp; pisar&iacute;an la finca entre fanfarrias y le besar&iacute;an como &eacute;l los bes&oacute; de cr&iacute;os, cuando los acunaba para que durmieran o cesaran de llorar. Ilusionado con esta recepci&oacute;n y como no ten&iacute;a en qu&eacute; distraerse, le impacientaba la tardanza de sus bienhechores. Pero a medida que pasaban las horas y persist&iacute;a la lluvia y cerraba la noche y la luna rehu&iacute;a posarse en un firmamento tan negro y ni un aullido ni un ladrido ni un gorjeo ni un relincho -y tampoco el arrastrar de una pezu&ntilde;a o el rodar de una carreta- osaban romper el pavoroso silencio de la llanura, le ganaba el desaliento. El sentido com&uacute;n le indicaba que si durante muchos a&ntilde;os fue indispensable en la cocina, en los establos y en los juegos de sal&oacute;n, donde acertaba todas las adivinanzas, hoy resultaba un estorbo para quien le encomendara un servicio. Era un rechazo instintivo, y m&aacute;s inapelable que si estuviera motivado, lo mismo que cuando sudaba por un golpe de calor o tiritaba porque la nieve empapaba su camisa. Y es que su edad lo incapacitaba para cualquier misi&oacute;n y, antes de reivindicar el favor de sus se&ntilde;ores, deb&iacute;a aceptar su declive.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Soy un in&uacute;til -se resignaba-. &iquest;Qui&eacute;n me va a querer d&eacute;bil y achacoso?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Coherentemente, cerraba la ventana, se ajustaba la chaqueta y con una luz se guiaba por el t&eacute;trico interior. Atravesaba los aposentos de los amos y las diminutas celdas de la servidumbre sin cruzarse con nadie, pero al acceder a la gran sala donde la desidia impregnaba l&aacute;mparas y cortinas afloraban las veladas veraniegas de su juventud, cuando el pianista tocaba polonesas en el jard&iacute;n de los cerezos, los camareros descorchaban champ&aacute;n y las doncellas se sonrojaban con las agudezas de los brigadieres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- S&eacute; que aspiro a un imposible, Aleksandra Fiodorovna, pero estoy enamorado de usted.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y al impulso de la evocaci&oacute;n, abrazaba el espejismo de risas y piropos y, con jovialidad renacida, bailaba por los pasillos solitarios con la soltura de los valseadores de Viena en el siglo en que todav&iacute;a se guardaban las formas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Con respeto se lo digo, Aleksandra Fiodorovna, &iexcl;huyamos a Par&iacute;s!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desentendi&eacute;ndose de lo que contaba la televisi&oacute;n, Palmira repasaba lo que le faltaba por hacer en aquellas habitaciones que reten&iacute;an la huella del difunto: fregar baldosas y azulejos, barnizar las baldas de la librer&iacute;a, vigilar a pintores y acuchilladores, almacenar en el guardamuebles lo que no se regalaba a la parroquia y negociar con Esquivias la edici&oacute;n de las Memorias de Max Bru..</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Un engorro -sentenci&oacute;, a la vez que el criado ruso se trastabillaba en un giro de vals-.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hoy s&oacute;lo los criados de la televisi&oacute;n mor&iacute;an de viejos en casa de sus amos. Palmira pod&iacute;a haber resistido en el piso de M&aacute;ximo alimentando an&eacute;cdotas de fantasmas y de herencias o a la espera de una decisi&oacute;n sobre las Memorias del padre de M&aacute;ximo; pero sus planes eran otros y cuando liquidase lo que le ataba all&iacute;, dar&iacute;a las llaves a los nuevos inquilinos y desaparecer&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iexcl;Adi&oacute;s libros y fantas&iacute;as de sedentario, adi&oacute;s, biblioteca de M&aacute;ximo, adi&oacute;s!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la televisi&oacute;n, unos hachazos en el jard&iacute;n de los cerezos&nbsp; interrump&iacute;an la condescendencia del criado nost&aacute;lgico con el vals y los amores heroicos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Nadie me inform&oacute; de esto -se sorprend&iacute;a-. Y querr&aacute;n resolverlo&nbsp; enseguida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero no pod&iacute;a salir a negociar con los le&ntilde;adores porque los amos hab&iacute;an echado la llave a la puerta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Me encerraron -se desmoralizaba-. No vendr&aacute;n a salvarme del capataz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en el destartalado sal&oacute;n donde hab&iacute;a rescatado su mejor &eacute;poca, temblaba al oir los golpes de la piqueta, como si hubiera unido su destino al de los cerezos sacrificados.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Resistir&eacute; la soledad -se dec&iacute;a-. Resistir&eacute; junto a las ruinas del esplendor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y reanudaba los &uacute;ltimos revoloteos del vals, los m&aacute;s imponentes y marciales...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- ... Adios, mi querida, mi dulce, mi maravillosa Aleksandra Fiodorovna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Trastornado por el torbellino de la m&uacute;sica y con la fatiga en el pecho...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- <em>Adi&oacute;s mi vida, mi juventud, mi felicidad</em>...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>... se recostaba en el div&aacute;n m&aacute;s pr&oacute;ximo a la chimenea, donde alentaba el primer fuego de oto&ntilde;o.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="text-decoration: underline;">- </span><em>La vida se me fue</em> -murmuraba-, <em>se me figura que no la he vivido...</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y mientras el criado se apagaba en la casa de campo de sus se&ntilde;ores...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-<em>Ya no me queda esp&iacute;ritu</em> -desvariaba-,<em> ya no me queda nada de nada</em>-...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>...Palmira dorm&iacute;a con la televisi&oacute;n encendida entre las ruinas de la biblioteca. &nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="right">(Fragmento de la novela <em>El o&iacute;do absoluto</em>)</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 04 Dec 2017 08:01:02 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Invocación]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/invocacion/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/Diciembre/andu500.jpg" alt="" /></p>
<p class="Texto" style="padding-left: 570px;">paisano</p>
<p class="Texto" style="padding-left: 570px;">ah&iacute; tu asilo</p>
<p class="Texto" style="padding-left: 570px;">la costumbre</p>
<p class="Texto" style="padding-left: 570px;" align="center">&nbsp;</p>
<p class="Texto" style="padding-left: 570px;">la vida</p>
<p class="Texto" style="padding-left: 570px;">a la ventura</p>
<p class="Texto" style="padding-left: 570px;" align="center">&nbsp;</p>
<p class="Texto" style="padding-left: 570px;">ese trocar</p>
<p class="Texto" style="padding-left: 570px;">a cada paso</p>
<p class="Texto" style="padding-left: 570px;">bald&iacute;o por bald&iacute;o</p>
<p class="Texto" style="padding-left: 570px;" align="center">&nbsp;</p>
<p class="Texto" style="padding-left: 570px;">n&oacute;mada</p>
<p class="Texto" style="padding-left: 570px;">entre n&oacute;madas</p>
<p class="Texto" style="padding-left: 570px;" align="center">&nbsp;</p>
<p class="Texto" style="padding-left: 570px;">en figura de nube</p>
<p class="Texto" style="padding-left: 570px;">&nbsp;</p>
<p class="Texto" style="padding-left: 570px;">invocas</p>
<p class="Texto" style="padding-left: 570px;">almas tierras</p>
<p class="Texto" style="padding-left: 570px;">invisibles</p>
<p style="padding-left: 570px;" align="center">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 570px;">y asiste</p>
<p style="padding-left: 570px;">a esta tu s&uacute;plica</p>
<p style="padding-left: 570px;">otro lar</p>
<p style="padding-left: 570px;" align="center">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 570px;">extra&ntilde;o</p>
<p style="padding-left: 570px;">errante</p>
<p style="padding-left: 570px;">mudo</p>
<p style="padding-left: 570px;" align="center">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 570px;">acaso</p>
<p style="padding-left: 570px;">de donde</p>
<p style="padding-left: 570px;">t&uacute;</p>
<p style="padding-left: 570px;" align="center">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 570px;">acaso</p>
<p style="padding-left: 570px;">de donde</p>
<p style="padding-left: 570px;">nadie</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 04 Dec 2017 07:55:54 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fin de año]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/fin-de-ano/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/Diciembre/_LVARO_GARC_A_2.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 720px;">Quieres captar la ausencia y la presencia<br /> y, sobre todo, ver lo que hay entre las dos: <br /> el tiempo vivo, el que reclama tiempo de los ojos<br /> igual que el folio quiso una gota de sangre de tu cuerpo.<br /> Hay como una reuni&oacute;n de tiempo puro<br /> en los que leen libros y en los libros,<br /> m&aacute;s tiempo que en cualquiera</p>
<p style="padding-left: 720px;">que pueda anhelar tiempo volviendo en fin de a&ntilde;o a esta terraza</p>
<p style="padding-left: 720px;">en la que retrat&aacute;bamos de ni&ntilde;os este tajo invariable,<br /> o amando a los que est&aacute;n y luego ya no est&aacute;n<br /> y est&aacute;n siendo velados por la criatura insomne</p>
<p style="padding-left: 720px;">de un cuadro, de una foto o de una p&aacute;gina.<br /> Pulsas el hueco para ver el tiempo,</p>
<p style="padding-left: 720px;">se deja ver un poco y ya no estamos.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 04 Dec 2017 07:50:46 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Huella en español de una Premio Nobel]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/Huella-en-espanol-de-una-premio-nobel/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/noviembre/wislawa500.jpg" alt="" /></p>
<p>Veinte a&ntilde;os no es nada&hellip;, o quiz&aacute; s&iacute;. Juguemos unos instantes con el tiempo.</p>
<p>A&ntilde;o 2017. Lejos quedan para el lector en lengua espa&ntilde;ola los d&iacute;as en los que el nombre de Wisława Szymborska no s&oacute;lo no tra&iacute;a ning&uacute;n eco, sino que adem&aacute;s resultaba pr&aacute;cticamente imposible encontrar ya no alg&uacute;n poema en espa&ntilde;ol de la poeta polaca, que tambi&eacute;n, sino cualquier menci&oacute;n a una autora para la que el a&ntilde;o 1996 supondr&iacute;a, seg&uacute;n sus propias palabras, como se ha repetido tantas veces, una tragedia, una cat&aacute;strofe. Decimos &ldquo;pr&aacute;cticamente imposible&rdquo; porque no significa que no hubiera afortunados que pudieran haber le&iacute;do un par de poemas, ya en 1969, de los publicados en el n&uacute;mero especial de la revista <em>Uni&oacute;n</em> de la Casa de las Am&eacute;ricas en Cuba, o en M&eacute;xico, los cuatro editados por la UNAM en <em>Materiales de lectura</em> en 1978, o los tres poemas aparecidos en la revista <em>Plural</em> en 1981, o los nueve poemas de nuestra autora aparecidos en la antolog&iacute;a de poes&iacute;a polaca que vio la luz en Cuba en 1984 (<em>Poes&iacute;a polaca</em>), o, a este otro lado del Atl&aacute;ntico, diez a&ntilde;os m&aacute;s tarde, en 1994, los tres publicados en la antolog&iacute;a <em>Poesi?a polaca contempora?nea</em> de la editorial Rialp&hellip; Poemas en espa&ntilde;ol hasta sumar unos 22. Eso era todo lo que el lector en espa&ntilde;ol pod&iacute;a haber le&iacute;do de Szymborska, siempre y cuando, claro est&aacute;, trat&aacute;ramos el territorio editorial de nuestra lengua como un territorio abierto a los cuatro puntos cardinales, cosa que en aquella &eacute;poca no resultaba en absoluto evidente, y quiz&aacute; ni siquiera en nuestros d&iacute;as, en la era de internet, lo sea. Dejamos de lado, la lectura a trav&eacute;s de otras lenguas de la obra de Szymborska, nada despreciable, pero del &aacute;mbito absolutamente personal de cada uno de los lectores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A&ntilde;o 1996. El Premio Nobel de Literatura reca&iacute;a en una poeta de la que en lengua espa&ntilde;ola apenas si exist&iacute;an 22 poemas traducidos, y como hemos podido ver, con una importante dispersi&oacute;n geogr&aacute;fica: Cuba, M&eacute;xico, Espa&ntilde;a. Se trataba de la poeta Wisława Szymborska, una poeta que ni siquiera en su pa&iacute;s, Polonia, era la m&aacute;s firme candidata para obtener el Nobel, ya que hac&iacute;a a&ntilde;os que ven&iacute;a sonando con mayor fuerza, se dir&iacute;a, el nombre de otro polaco, Zbigniew Herbert. De la noche a la ma&ntilde;ana, el n&uacute;mero de poemas de la poeta polaca que ver&aacute;n la luz en espa&ntilde;ol aumentar&aacute; sensiblemente. Los peri&oacute;dicos de los pa&iacute;ses de habla hispana se har&aacute;n eco inmediatamente de la noticia de la concesi&oacute;n del Nobel a &ldquo;una poeta desconocida&rdquo; y acudir&aacute;n a todas las fuentes posibles en busca de traductores que les permitan recoger en las ediciones del d&iacute;a despu&eacute;s del Nobel muestras de su obra. Y as&iacute;, al rebufo de la noticia, en los d&iacute;as siguientes aparecer&aacute;n publicados en un gran n&uacute;mero de diarios, peri&oacute;dicos, suplementos y revistas, diferentes poemas de W. Szymborska, que de alguna manera culminar&aacute;n en 1997 con sendas antolog&iacute;as de las editoriales Lumen e Hiperi&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A&ntilde;o 2017. Ha dejado de ser cierto que la presencia de Szymborska para el lector en lengua espa&ntilde;ola sea m&aacute;s bien anecd&oacute;ctica. Aquellos veintitantos poemas que se hab&iacute;an traducido hasta la concesi&oacute;n del Nobel, se han convertido &ndash;o est&aacute;n a punto de convertirse con la publicaci&oacute;n anunciada por la editorial N&oacute;rdica para 2018 de <em>Canci&oacute;n negra</em> y <em>Correo literario o como llegar a ser (o no llegar a ser) escritor</em>- en veinte libros. Veinte libros que convierten a Szymborska en el autor polaco m&aacute;s presente en el mercado editorial en lengua espa&ntilde;ola.<em> </em>Y as&iacute;, desde aquellos primeros <em>Paisaje con grano de arena</em>, <em>El gran n&uacute;mero. Fin y principio y otros poemas</em>, que vieron la luz en 1997 llegamos a contar en estos momentos en espa&ntilde;ol con quince libros m&aacute;s de nuestra escritora -<em>Poes&iacute;a no completa</em>, <em>Instante</em>, <em>Dos puntos</em>, <em>Poemas escogidos</em>, <em>Aqu&iacute;</em>, <em>Lecturas no obligatorias. Prosas</em>, <em>Amor feliz y otros poemas</em>, <em>M&aacute;s lecturas no obligatorias</em>, <em>Y hasta aqu&iacute;</em>, <em>Hasta aqu&iacute;</em>, <em>Leyendo a Szymborska (audiolibro, lee Julia Guti&eacute;rrez Caba)</em>, <em>Siempre lecturas no obligatorias</em>, <em>Saltar&eacute; sobre el fuego</em>, <em>Antolog&iacute;a po&eacute;tica (1945-2006)</em>, <em>Prosas reunidas</em>-, y con estudios sobre ella como el aparecido en Colombia, <em>La gran dama de la l&iacute;rica: Wisława Szymborska</em>, o la traducci&oacute;n de una biograf&iacute;a como es <em>Trastos, recuerdos. Una biograf&iacute;a de Wisława Szymborska</em>. Y no acaba ah&iacute; su presencia en espa&ntilde;ol. Durante estos veinte a&ntilde;os, ha sido posible tambi&eacute;n disfrutar de una exposici&oacute;n de ese &ldquo;g&eacute;nero menor&rdquo; e &iacute;ntimo, en la creaci&oacute;n de la poeta polaca, que eran sus collages y que ser&iacute;an expuestos en 2013 en la Casa del Lector en Madrid o de la proyecci&oacute;n de la versi&oacute;n en espa&ntilde;ol del documental <em>La vida a veces es soportable</em>, o las representaciones teatrales del teatro Replika de Madrid en 2014 bajo el t&iacute;tulo de <em>Instante</em>, o en Buenos Aires en 2017, por poner un par de&nbsp; ejemplos, de <em>Los ineludibles escombros de Szymborska</em>, de Alejandro Genes Radawski<em>.</em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p>Va a resultar que veinte a&ntilde;os s&iacute; son algo&hellip; Al menos, por lo que al conocimiento de Szymborska en el mundo de habla hispana se refiere. Veamos con mayor detalle los veinte a&ntilde;os transcurridos desde aquel 1996, desde el a&ntilde;o de la tragedia, de &ldquo;la cat&aacute;strofe de Estocolmo&rdquo;, como la propia Szymborska denominaba a la concesi&oacute;n del Premio Nobel en octubre de ese a&ntilde;o, y que significar&iacute;a una completa revoluci&oacute;n en su vida, revoluci&oacute;n que como hemos adelantado ya, podr&iacute;a ser aplicada tambi&eacute;n a la recepci&oacute;n de la obra de la autora polaca en los pa&iacute;ses de habla hispana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La presencia de la obra de la poeta polaca en lengua espa&ntilde;ola antes de 1996, como recoge Gerardo Beltr&aacute;n en su tesis de doctorado <em>Las traducciones de la poes&iacute;a polaca del sigo XX al espa&ntilde;ol: Aspectos de teor&iacute;a y pr&aacute;ctica de la traducci&oacute;n</em>, defendida en la Universidad de Varsovia el 22 de junio de 1998, se limitaba apenas a 22 poemas, que hab&iacute;an visto la luz en tres de los pa&iacute;ses de habla espa&ntilde;ola: M&eacute;xico, Cuba y Espa&ntilde;a. En todos los casos, los poemas formaban parte de antolog&iacute;as, aparecidas o bien en revistas o bien en libros, de menor o mayor extensi&oacute;n, en los que Szymborska era uno de los varios poetas antologados<a title="" href="#_ftn1">[1]</a> y la difusi&oacute;n de esas publicaciones estaba muy lejos de tener un car&aacute;cter amplio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esa situaci&oacute;n explicar&iacute;a por s&iacute; sola el hecho de que aquel jueves 3 de octubre de 1996 en el que el Nobel de Literatura de aquel a&ntilde;o fuera anunciado, los medios de comunicaci&oacute;n de los pa&iacute;ses hispanohablantes desconocieran pr&aacute;cticamente tanto a la poeta polaca, como su obra. Si, como hemos comentado, apenas 22 eran los poemas que hab&iacute;an visto la luz en espa&ntilde;ol hasta aquel momento, un d&iacute;a despu&eacute;s la situaci&oacute;n era ya sensiblemente distinta. Varios eran los peri&oacute;dicos que en las ediciones del d&iacute;a 4 de octubre no s&oacute;lo se har&iacute;an eco de la noticia de la concesi&oacute;n del Premio Nobel a la poeta afincada en Cracovia, sino que adem&aacute;s, muchos de ellos presentar&iacute;an tambi&eacute;n un breve perfil literario de Szymborska y algunos incluir&iacute;an ejemplos de su poes&iacute;a<a title="" href="#_ftn2">[2]</a> que ve&iacute;an la luz en espa&ntilde;ol por primera vez. A las noticias aparecidas en la prensa diaria en los d&iacute;as inmediatamente posteriores a la concesi&oacute;n del Nobel, seguir&iacute;a informaci&oacute;n m&aacute;s amplia publicada en los suplementos literarios y culturales de los distintos peri&oacute;dicos (Babelia, etc.) Pero tendr&iacute;an que pasar varios meses para que la obra de Szymborska pasara a tener presencia individualizada en las librer&iacute;as espa&ntilde;olas. El primer poemario de Szymborska en espa&ntilde;ol es publicado por la editorial Lumen bajo el t&iacute;tulo <em>Paisaje con grano de arena</em> en traducci&oacute;n de Jerzy Sławomirski y Anna Maria Moix y apenas un mes m&aacute;s tarde ver&aacute; la luz en la editorial Hiperi&oacute;n, otra antolog&iacute;a coordinada &eacute;sta por Maria Filipowicz y Juan Carlos Vidal, y con un estudio previo de Małgorzata Baranowska, cuyos ejes centrales ser&aacute;n los libros <em>El gran n&uacute;mero</em> y <em>Fin y principio</em>, pero que recoger&aacute; tambi&eacute;n otros poemas anteriores<a title="" href="#_ftn3">[3]</a>. Siete ser&aacute;n los traductores de esta segunda antolog&iacute;a que en gran parte nacer&aacute; en torno a la Instituto Cervantes de Varsovia. El eco que se hacen los medios de comunicaci&oacute;n de la publicaci&oacute;n de ambas obras es grande y Szymborska en menos de un a&ntilde;o pasa de ser una autora desconocida a ser la poeta polaca con m&aacute;s poemas traducidos en lengua espa&ntilde;ola. De la importancia de las dos antolog&iacute;as mencionadas pueden dar fe tanto las sucesivas ediciones de las obras, como los comentarios que de ellas se pueden encontrar tanto en internet, como en prensa y radio.&nbsp; As&iacute; pues, tal y como afirm&aacute;bamos m&aacute;s arriba, no parece arriesgado decir que es la concesi&oacute;n del Nobel de Literatura lo que abre las puertas a la poes&iacute;a de Szymborska en el &aacute;mbito hisp&aacute;nico, y, creemos, que por extensi&oacute;n a la poes&iacute;a polaca. Pero quiz&aacute; sea la publicaci&oacute;n en 2002 en una de las editoriales m&aacute;s importantes del &aacute;mbito hisp&aacute;nico, como es la mexicana Fondo de Cultura Econ&oacute;mica<a title="" href="#_ftn4">[4]</a> lo que marque un antes y un despu&eacute;s en el conocimiento de la obra de la Premio Nobel polaca.&nbsp; Con esta obra, de la que tanto la prensa especializada, como la prensa generalista se har&aacute;n eco a uno y otro lado del Oc&eacute;ano Atl&aacute;ntico, el lector hispanohablante pasa a tener acceso a la pr&aacute;ctica totalidad de la obra de la poeta polaca, hecho este ins&oacute;lito en espa&ntilde;ol por lo que se refiere a cualquier otro poeta polaco. En ese momento el lector en espa&ntilde;ol tiene la posibilidad de familiarizarse con la obra &ndash;con la pr&aacute;ctica totalidad de la misma- que le ha significado a Szymborska la concesi&oacute;n del Nobel. En seis a&ntilde;os, los que separan 1996 de 2002, se pasa de un generalizado desconocimiento de la autora y de su obra a tener publicada casi toda la obra po&eacute;tica, hasta aquel momento, de nuestra poeta. Hay que apuntar aqu&iacute;, que algunos poemas de Szymborska seguir&aacute;n apareciendo en antolog&iacute;as de car&aacute;cter general, como hab&iacute;a venido sucediendo hasta la concesi&oacute;n del Premio Nobel, y as&iacute; por ejemplo, con los poemas aparecidos en <em>16 poetas polacos</em> publicados por la editorial zaragozana Libros del Innombrable en 1998<a title="" href="#_ftn5">[5]</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En 2002, ver&aacute; la luz en Polonia el primer libro aparecido tras la obtenci&oacute;n del galard&oacute;n sueco,<em> Instante</em><a title="" href="#_ftn6">[6]</a>, y entre la publicaci&oacute;n de la obra en polaco y su traducci&oacute;n al espa&ntilde;ol no llegar&aacute;n a pasar dos a&ntilde;os. Szymborska es ya en esos momentos una escritora a la que sus lectores en espa&ntilde;ol, &aacute;vidos de nuevas lecturas, le siguen el rastro<a title="" href="#_ftn7">[7]</a>.&nbsp; Poetas y cr&iacute;ticos literarios de reconocido prestigio acoger&aacute;n gozosos el nuevo libro y dejar&aacute;n constancia de ello en rese&ntilde;as, programas de radios, etc.<a title="" href="#_ftn8">[8]</a> <em>Instante </em>podr&iacute;amos decir que coronar&iacute;a a la poeta polaca en lo que se refiere a la recepci&oacute;n de su obra en Espa&ntilde;a. El libro ocup&oacute; durante varias semanas el primer lugar de la lista de libros m&aacute;s vendidos de poes&iacute;a y en un tiempo r&eacute;cord tuvo varias ediciones y reimpresiones. Pero hay un hecho en 2004 que tambi&eacute;n de gran importancia en el conocimiento que de Szymborska pasar&aacute; a tener el lector en espa&ntilde;ol. En febrero de 2004, ve la luz en el suplemento cultural del peri&oacute;dico ABC una entrevista que el escritor y animador cultural espa&ntilde;ol F&eacute;lix Romeo Polonia le hace a Szymborska. La entrevista, que aparecer&iacute;a tambi&eacute;n en diferentes peri&oacute;dicos de Am&eacute;rica Latina<a title="" href="#_ftn9">[9]</a>, en numerosas p&aacute;ginas web y en el blog del propio escritor, acercar&iacute;a a Szymborska como persona a los lectores del &aacute;mbito hisp&aacute;nico y aumentar&iacute;an, si cabe, la atracci&oacute;n y el aprecio de los mismos por la poeta. La proximidad emocional que se vislumbraba y apuntaba, seg&uacute;n se se&ntilde;alaba en rese&ntilde;as period&iacute;sticas, comentarios, etc., que se le supon&iacute;a a Szymborska y que se desprend&iacute;a de la lectura sus poemas se ve&iacute;a reafirmada en una entrevista que acab&oacute; cautivando por su tono. Aquella entrevista, la primera que Szymborska conced&iacute;a para un medio de comunicaci&oacute;n en espa&ntilde;ol ven&iacute;a a contribuir a lo que ya entonces podr&iacute;amos denominar el fen&oacute;meno Szymborska. Los editores de <em>Instante</em> -la poeta espa&ntilde;ola Rosa Lentini y el escritor colombiano Ricardo Gaviria- ser&iacute;an tambi&eacute;n quienes publicar&iacute;an el siguiente libro de Szymborska, <em>Dos puntos</em><a title="" href="#_ftn10">[10]</a>. Szymborska hab&iacute;a pasado a formar parte del panorama po&eacute;tico en lengua espa&ntilde;ola y sus libros eran traducidos al espa&ntilde;ol no mucho despu&eacute;s de su aparici&oacute;n en polaco. Si la publicaci&oacute;n de <em>Instante</em> en espa&ntilde;ol hab&iacute;a venido, por as&iacute; decirlo, a coincidir en el tiempo con la aparici&oacute;n de la entrevista de F&eacute;lix Romeo, la publicaci&oacute;n de <em>Dos puntos </em>lo har&iacute;a con una nueva entrevista, esta vez para el peri&oacute;dico <em>La Vanguardia</em>. Xavi Ay&eacute;n, periodista de temas literarios y culturales, acompa&ntilde;ado del fot&oacute;grafo Kim Manresa, se hab&iacute;a desplazado a Cracovia para entrevistar a Szymborska y publicar la entrevista en el suplemento <em>Magazine</em> y en el marco de una serie, de irregular periodicidad, dedicada a los Premios Nobeles de Literatura, que gozaba de gran popularidad entre los lectores de <em>La Vanguardia</em><a title="" href="#_ftn11">[11]</a>. Tanto las fotograf&iacute;as del laureado Kim Manresa, como la entrevista, siguieron contribuyendo a aumentar el n&uacute;mero de incondicionales de Szymborska, y ello en muchas ocasiones, no s&oacute;lo desde el punto de vista literario.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Podr&iacute;a parecer que si bien antes de la concesi&oacute;n del Nobel, los poemas de Szymborska hab&iacute;an visto la luz sobre todo en M&eacute;xico y Cuba, aunque tambi&eacute;n en Espa&ntilde;a, el panorama editorial &ldquo;szymborskiano&rdquo; tras el Nobel se centra sobre todo en Espa&ntilde;a. Ser&iacute;a una visi&oacute;n muy superficial. En primer lugar porque la permeabilidad del mundo del libro en el mundo hisp&aacute;nico, si bien puede no ser la deseada, es lo suficientemente grande como para que, especialmente en el caso de la poes&iacute;a, los t&iacute;tulos y los poemas aparecidos en uno de los pa&iacute;ses de habla hispana, se extiendan, con relativa facilidad (tanto m&aacute;s en la era de internet) por el resto de pa&iacute;ses. Hay que tener en cuenta, tambi&eacute;n, por ejemplo, que en 2008 ver&iacute;a la luz la segunda edici&oacute;n de <em>Poes&iacute;a no completa</em> en el Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, y que en esta ocasi&oacute;n la distribuci&oacute;n editorial m&aacute;s all&aacute; de las fronteras mexicanas ser&iacute;a mucho m&aacute;s eficiente que en el caso de la primera edici&oacute;n. El eco que la aparici&oacute;n de esta segunda edici&oacute;n en revistas, peri&oacute;dicos, etc., fue mayor que el de la primera, y revistas literarias de prestigio internacional, como podr&iacute;a ser <em>Letras Libres</em>, publicaron extensas rese&ntilde;as<a title="" href="#_ftn12">[12]</a>. Pero no s&oacute;lo <em>Poes&iacute;a no completa</em> contribu&iacute;a a ir creando la imagen de la presencia de Szymborska en los pa&iacute;ses de habla hispana. Ese mismo a&ntilde;o, en Colombia, Bogdan Piotrowski publicar&iacute;a en el Instituto Caro y Cuervo una monograf&iacute;a bajo el t&iacute;tulo <em>La gran dama de la l&iacute;rica: Wisława Szymborska</em>. Szymborska, no s&oacute;lo era de entre los poetas polacos la m&aacute;s publicada y la m&aacute;s le&iacute;da, sino tambi&eacute;n aquella sobre la que m&aacute;s se escrib&iacute;a, ya fuera en c&iacute;rculos acad&eacute;micos, ya fuera &ndash;y de manera, quiz&aacute; m&aacute;s extendida- en c&iacute;rculos, por as&iacute; llamarlos, generales. En 2008, tambi&eacute;n ver&aacute; la luz en Cuba una nueva antolog&iacute;a de la poeta polaca, que se unir&aacute; a las ya existentes y publicadas varios a&ntilde;os atr&aacute;s en Espa&ntilde;a y M&eacute;xico<a title="" href="#_ftn13">[13]</a>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En 2009, Szymborska publicar&aacute; el que a la saz&oacute;n ser&aacute; su &uacute;ltimo poemario publicado en vida, <em>Aqu&iacute;</em><a title="" href="#_ftn14">[14]</a>. Y por primera vez, la traducci&oacute;n espa&ntilde;ola de una obra de Szymborska aparecer&aacute; el mismo a&ntilde;o que la publicaci&oacute;n original, separada apenas por unos meses. <em>Aqu&iacute;</em> volver&aacute; tambi&eacute;n a situarse durante varias semanas entre los libros m&aacute;s vendidos en Espa&ntilde;a, cosa que en el apartado de poes&iacute;a rara vez ocurre rara vez con libros de autores extranjeros. Una vez m&aacute;s, la prensa, las agencias de informaci&oacute;n, etc., hablar&aacute;n de Szymborska. Pero quiz&aacute; sean hechos un tanto ajenos a la literatura los que dan la medida de la presencia de un autor en el &aacute;mbito de una lengua, y as&iacute; llamar&aacute; la atenci&oacute;n que ese mismo a&ntilde;o de 2009, al jurar el cargo de lehendakari del gobierno vasco, Patxi L&oacute;pez renuncie a pronunciar un discurso y en su lugar lea &ldquo;Nada dos veces&rdquo; de Szymborska y un poema del poeta vasco Kirmen Uribe. La aparici&oacute;n de ep&iacute;grafes abriendo la obra de autores espa&ntilde;oles (la novelista Marcela Serrano, por ejemplo<a title="" href="#_ftn15">[15]</a>) puede ser otro de esos peque&ntilde;os detalles que arrojan luz sobre la presencia de un autor en un &aacute;mbito ling&uuml;&iacute;stico y literario. En 2009, sin embargo, la imagen de Szymborska en Espa&ntilde;a se ver&aacute; enriquecida por la publicaci&oacute;n de un volumen con algunas de las prosas, de las &ldquo;lecturas no obligatorias&rdquo; de la autora<a title="" href="#_ftn16">[16]</a>, volumen que recibe un gran acogida y que tres a&ntilde;os m&aacute;s tarde se ver&aacute; acompa&ntilde;ado de la publicaci&oacute;n de un segundo volumen<a title="" href="#_ftn17">[17]</a>, y m&aacute;s tarde de un tercero<a title="" href="#_ftn18">[18]</a>, hasta acabar siendo reunidas todas ellas en 2017 por la editorial Malpaso en un &uacute;nico volumen bajo el t&iacute;tulo de <em>Prosas reunidas</em><a title="" href="#_ftn19">[19]</a>. En 2009, aparecer&aacute; tambi&eacute;n la tercera de las entrevistas concedidas por Szymborska a un medio espa&ntilde;ol. En este caso se tratar&aacute; del diario <em>El Pa&iacute;s</em> y el entrevistador ser&aacute; el poeta y periodista Javier Rodr&iacute;guez Marcos. De alguna manera, entrevistas, poemarios, prosas &ndash;e incluso fotograf&iacute;as de Szymborska- van conformando a lo largo del tiempo una imagen que incluso se podr&iacute;a denominar familiar de la poeta polaca, y ello a pesar de que jam&aacute;s viniera a &ldquo;vernos a casa&rdquo;. Las invitaciones que recibi&oacute; Szymborska para viajar a Espa&ntilde;a fueron numerosas. Festivales po&eacute;ticos como Cosmopo&eacute;tica en C&oacute;rdoba, o el Garc&iacute;a Lorca de Granada, o instituciones como la Residencia de Estudiantes en Madrid, por citar algunos ejemplos, intentaron contar con la presencia de la poeta en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n, pero, por unos u otros motivos, nunca lleg&oacute; a cuajar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El &uacute;ltimo poemario publicado en espa&ntilde;ol en vida de Szymborska fue un poemario muy particular. Son conocidas las reticencias que la poeta ten&iacute;a a hacer antolog&iacute;as tem&aacute;ticas, y a pesar de ello hubo algunas excepciones, entre ellas la publicaci&oacute;n en polaco de <em>Miłość szczęśliwa i inne wiersze</em><a title="" href="#_ftn20">[20]</a><em>. Este libro ser&iacute;a traducido al espa&ntilde;ol y publicado en Venezuela por la editorial bid&amp;co</em><a title="" href="#_ftn21">[21]</a><em>, editorial que public&oacute; en su d&iacute;a una amplia antolog&iacute;a del tambi&eacute;n polaco Tadeusz R&oacute;żewicz.</em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p>Tras la muerte de Szymborska, y muy cercano en el tiempo a la publicaci&oacute;n en polaco, ver&aacute; la luz el libro p&oacute;stumo <em>Y hasta aqu&iacute;</em> publicado en M&eacute;xico en 2012<a title="" href="#_ftn22">[22]</a>, y presentado por la poeta polaca y amiga de Szymborska, Ewa Lipska y Abel Murcia en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en M&eacute;xico, libro que ser&aacute; publicado algo despu&eacute;s en Espa&ntilde;a con una ligera variaci&oacute;n en el t&iacute;tulo -<em>Hasta aqu&iacute;-</em> por Bartleby Editores y al que acompa&ntilde;ar&aacute;, a modo de ep&iacute;logo, una entrevista a los traductores del mismo (Abel Murcia y Gerardo Beltr&aacute;n) realizada por Javier Rodr&iacute;guez Marcos<a title="" href="#_ftn23">[23]</a>.</p>
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<p>Desde poco antes de la publicaci&oacute;n de <em>Hasta aqu&iacute;</em> en Espa&ntilde;a en 2014, hasta ahora, han aparecido tres nuevas antolog&iacute;as de la poes&iacute;a de Szymborska, una de car&aacute;cter un tanto especial, ya que se trata de una edici&oacute;n en espa&ntilde;ol que tiene su origen en Polonia y que, a la manera de audiolibro, acompa&ntilde;a la publicaci&oacute;n de los poemas de una serie de peque&ntilde;os art&iacute;culos, etc., del Presidente de la Fundaci&oacute;n Szymborska, Michał Rusinek, de los traductores &ndash;Abel Murcia y Gerardo Beltr&aacute;n-, y de una bibliograf&iacute;a de la auotra, tanto en polaco, como en espa&ntilde;ol. En <em>Leyendo a Szymborska</em><a title="" href="#_ftn24">[24]</a>, que &eacute;se es el t&iacute;tulo del audilibro, la actriz Julia Guti&eacute;rrez Caba pone voz en espa&ntilde;ol a veintitr&eacute;s poemas de la Premio Nobel, &ldquo;envueltos&rdquo; por as&iacute; decirlo en la m&uacute;sica de la polaca Urszula Dudziak. En la l&iacute;nea de esas casualidades sobre las que tanto llamaba la atenci&oacute;n la propia Szymborska, no dejar de ser curioso que frente a los 22 poemas de los que dispon&iacute;a el lector espa&ntilde;ol &ndash;y sumamente desperdigados tanto en el tiempo como en el espacio- un d&iacute;a antes de la concesi&oacute;n del Nobel, diecisiete a&ntilde;os m&aacute;s tarde, esa publicaci&oacute;n de car&aacute;cter antol&oacute;gico tenga precisamente un poema m&aacute;s, 23. Entre aquellos 22 y estos 23, el lector en espa&ntilde;ol tiene, cientos de poemas de los que disfrutar, y cuyo rastro va mucho m&aacute;s all&aacute; de los propios poemarios y de los pa&iacute;ses en los que &eacute;stos han sido publicados. La segunda de las antolog&iacute;as, publicada por N&oacute;rdica libros, cuya selecci&oacute;n corri&oacute; a cargo de Anna Kozłowska y con traducciones de Abel Murcia y Gerardo Beltr&aacute;n, ilustraciones de Kike de la Rubia, y una presentaci&oacute;n de Juan Marqu&eacute;s, se titula <em>Saltar&eacute; sobre el fuego</em><a title="" href="#_ftn25">[25]</a>, y la tercera, publicada en Visor Libros, <em>Antolog&iacute;a po&eacute;tica</em>, traducida por Elzbieta Bortkiewicz<a title="" href="#_ftn26">[26]</a>. Quiz&aacute; quepa mencionar aqu&iacute; que a finales de enero de 2017, el diario <em>ABC</em> anunciaba la pr&oacute;xima aparici&oacute;n &ndash;en 2018- de dos nuevos libros de Szymborska en espa&ntilde;ol, los dos en N&oacute;rdica Libros, noticia que acompa&ntilde;aba de un adelanto de ambas publicaciones: <em>Canci&oacute;n negra</em> &ndash;poemario p&oacute;stumo de poemas de juventud publicados por Szymborska en diferentes revistas pero nunca recogidos en un libro-, y <em>Correo literario, o como llegar a ser (o no llegar a ser) escritor</em> &ndash;libro aparecido en polaco en el a&ntilde;o 2000 y que recoge una selecci&oacute;n de respuestas a los lectores de la &eacute;poca en la que Szymborska trabajaba en la revista <em>Vida literaria</em>-.</p>
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<p>La presencia de la poes&iacute;a de Szymborska, las rese&ntilde;as sobre sus libros y textos en revistas, blogs, foros, facebook, radios, televisiones, etc., resulta imposible ni siquiera de esbozar. Poetas, periodistas, cr&iacute;ticos literarios, blogueros, y un largo etc&eacute;tera de personas interesadas de una u otra manera por la poes&iacute;a &ndash;&ldquo;dos de cada mil personas&rdquo; a las que les gusta la poes&iacute;a, como nos recordar&iacute;a Szymborska en su poema &ldquo;A algunos les gusta la poes&iacute;a&rdquo;- le han dedicado algunos de sus textos, programas, menciones,... Y as&iacute;, en nuestro pa&iacute;s, por citar a algunos, &Aacute;lvaro Valverde, Antonio Mu&ntilde;oz Molina, Benjam&iacute;n Prado, Care Santos, Eduardo Lago, Elena Medel, Erika Mart&iacute;nez, Fernando Savater, Jaime Siles, Luis Antonio de Villena, Luis Garc&iacute;a Montero, Manuel Rico, Mart&iacute;n L&oacute;pez Vega, Nacho Escu&iacute;n, nos han dejado algunas l&iacute;neas, comentarios, o reflexiones sobre la obra de la poeta polaca. No es de extra&ntilde;ar, por lo tanto que muchos de los libros mencionados hayan ido alimentando esa presencia en todo tipo de medios, y que sean numeros&iacute;simos los fragmentos, poemas, menciones, citas, etc. que el lector en espa&ntilde;ol puede encontrar. Nos consta tambi&eacute;n, que m&aacute;s all&aacute; de lo que nosotros podamos llegar a conocer de forma natural, existen ediciones m&aacute;s o menos &ldquo;irregulares&rdquo; que aparecen en diversos lugares<a title="" href="#_ftn27">[27]</a> y con las que hemos tropezado por mera casualidad. Sin entrar en las implicaciones legales de la cuesti&oacute;n, de lo que s&iacute; parece dar fe esa situaci&oacute;n es del enorme inter&eacute;s que la obra de Szymborska despierta en el mundo hisp&aacute;nico y de la presencia de la misma en el imaginario colectivo hisp&aacute;nico como gran figura de las letras.</p>
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<p>A todo lo mencionado en torno a la obra de Szymborska, habr&iacute;a que a&ntilde;adir que el inter&eacute;s despertado por Szymborska en los lectores de nuestra lengua trasciende, por as&iacute; decirlo, a la propia obra y se traslada a la vida de la autora &ndash;no parece que Szymborska haya podido salvaguardar despu&eacute;s de muerta la intimidad que tanto defendi&oacute; en vida- y, de esa manera, en marzo de 2015 ve&iacute;a la luz la traducci&oacute;n al espa&ntilde;ol de <em>Trastos, recuerdos. Una biograf&iacute;a de Wisława Szymborska</em><a title="" href="#_ftn28">[28]</a> y que vida y obra se conviertan en un &uacute;nico todo en el que todas las manifestaciones p&uacute;blicas o privadas interesen por igual al lector. Sus poemas, sus collages, como pudo verse en la Casa de Lector en Madrid, su biograf&iacute;a,&nbsp; permiten ir&nbsp; conformando una imagen global de la poeta polaca, que empezaba en sus poemas, se hac&iacute;a m&aacute;s c&oacute;mplice en sus entrevistas, se enriquec&iacute;a en sus prosas, se volv&iacute;a juguetona en los gui&ntilde;os de sus collages, y no la hac&iacute;a familiar en su biograf&iacute;a.</p>
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<p>Estamos convencidos de que son muchos los lectores que siguiendo las palabras de David P&eacute;rez Vega en su blog &ldquo;Desde la ciudad sin cines&rdquo; dir&iacute;an: &ldquo;El &uacute;nico problema de los libros de Szymborska es que se acaban demasiado r&aacute;pido y uno desea seguir leyendo (&hellip;)&rdquo;. En espa&ntilde;ol, desde 1997, podemos estar de enhorabuena, podemos leer y releer a Szymborska. Y ahora, veinte a&ntilde;os m&aacute;s tarde de la publicaci&oacute;n del primer libro de Szymborska en espa&ntilde;ol &ndash;veinte libros m&aacute;s tarde, querr&iacute;a uno decir- el hecho de que <em>Turia </em>le dedique un monogr&aacute;fico nos permite estar doblemente de enhorabuena, ya que, de esta manera, permite una aproximaci&oacute;n diferente, y tan necesaria, a la obra de Szymborska, una poeta que supo hacerse un hueco en nuestra lengua y que vino para quedarse.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [1] Las revistas y libros de pa&iacute;ses de habla espa&ntilde;ola en los que aparece alg&uacute;n poema de Szymborska antes de que &eacute;sta recibiera el Premio Nobel de literatura son: <em>Uni&oacute;n</em>, Casa de las Am&eacute;ricas, La Habana, 1969;<em> Poes&iacute;a polaca contempor&aacute;nea</em>, Material de Lectura 31, Serie Poes&iacute;a Moderna, Direcci&oacute;n General de Difusi&oacute;n Cultural, UNAM, M&eacute;xico, 1978; <em>Plural</em> n.&ordm; 112, M&eacute;xico, enero de 1981; <em>Poes&iacute;a polaca</em>, Editorial Arte y Literatura, La Habana, 1984; <em>Proceso</em>, M&eacute;xico, 11 de abril de 1988; Presa Gonz&aacute;lez, Fernando, <em>Poes&iacute;a polaca contempor&aacute;nea, de Czesław Miłosz a Marcin Hałaś</em>, Ediciones Rialp, Madrid, 1994.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [2] As&iacute;, y s&oacute;lo a modo de ejemplo, ver&iacute;a la luz por primera vez en espa&ntilde;ol &ldquo;Amor a primera vista&rdquo; en traducci&oacute;n de David Carri&oacute;n y Abel Murcia, publicado en el peri&oacute;dico barcelon&eacute;s <em>La Vanguardia</em>, o en el peri&oacute;dico <em>ABC</em>, el lector espa&ntilde;ol podr&iacute;a leer varios fragmentos de hasta un total de 10 poemas en traducci&oacute;n de Xaverio Ballester.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [3] <em>Paisaje con grano de arena</em>, trad. Anna Maria Moix y Jerzy Wojciech Slawomirski, Lumen, Barcelona, 1997; <em>El gran n&uacute;mero. Fin y principio y otros poemas</em>,&nbsp; trad. Xaverio Ballester, Gerardo Beltr&aacute;n, Elzbieta Bortkiewicz, David Carri&oacute;n, Carlos Marrod&aacute;n, Katarzyna Mołoniewicz, Abel Murcia, Hiperi&oacute;n, Madrid, 1997.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [4] <em>Poes&iacute;a no completa</em>, trad. Gerardo Beltr&aacute;n y Abel Murcia, Pr&oacute;logo de Elena Poniatowska, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, M&eacute;xico, 2002</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [5] <em>16 poetas polacos</em>, pr&oacute;logo y selecci&oacute;n de Antonio Beneyto Traducci&oacute;n de Krystyna Rodowska, Editorial Libros del Innombrable, Zaragoza, 1998.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [6] <em>Chwila</em>, Wydawnictwo Znak, Krak&oacute;w, 2002.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [7] <em>Instante</em>, trad. Gerardo Beltr&aacute;n y Abel Murcia, pr&oacute;logo de Mercedes Monmany, &Iacute;gitur, Barcelona, 2004.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref8">[8]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [8] Ejemplo de ello pueden ser las rese&ntilde;as que en el suplemento El Cultural del peri&oacute;dico <em>El Mundo</em> publica Jaime Siles el 2 de diciembre de 2004, o la publicada por F&eacute;lix Romeo en Blanco y Negro Cultural, el suplemento del peri&oacute;dico <em>ABC</em> el 30 de diciembre de 2004, en la r&uacute;brica sobre los Libros del A&ntilde;o 2004, donde en la categor&iacute;a de Poes&iacute;a, <em>Instante</em> se encuentra entre los mejores libros de poes&iacute;a publicados en Espa&ntilde;a ese a&ntilde;o.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref9">[9]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [9] Mencionar aqu&iacute;, por ejemplo, los peri&oacute;dicos <em>La Naci&oacute;n</em> de Argentina o <em>El Mercurio</em> de Chile, en los que aparecer&iacute;a la mencionada entrevista.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref10">[10]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [10] El original polaco aparecer&iacute;a en 2005 -D<em>wukropek</em>, Wydawnictwo a5, Krak&oacute;w, 2005- y la traducci&oacute;n al espa&ntilde;ol, acompa&ntilde;ada de un extenso pr&oacute;logo de Ricardo Cano Gaviria -<em>Dos puntos</em>, trad. Gerardo Beltr&aacute;n y Abel Murcia, &Iacute;gitur, Barcelona, 2007- saldr&iacute;a dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, tal y como sucediera en el caso de <em>Instante</em>.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref11">[11]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [11] Posteriormente, estas entrevistas se reunir&iacute;an en el libro <em>Rebeld&iacute;a de Nobel</em>, El Aleph Editores, Barcelona, 2009.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref12">[12]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [12] En enero de 2009, Tedi L&oacute;pez Mills publica en <em>Letras Libres</em> una extensa rese&ntilde;a de la que se har&iacute;an eco muchos otros medios de comunicaci&oacute;n de todo el continente americano y que tambi&eacute;n llegar&iacute;a a Espa&ntilde;a.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref13">[13]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [13] Se trata de <em>Poemas escogidos</em>, trad. &Aacute;ngel Zuazo L&oacute;pez, publicada en La Habana por la Uni&oacute;n de Escritores y Artistas de Cuba (2008).</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref14">[14]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [14] <em>Tutaj</em>, Społeczny Instytut Wydawniczy Znak, Krak&oacute;w, 2009.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref15">[15]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [15] <em>Diez mujeres</em>, editorial Alfaguara, 2011.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref16">[16]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [16] <em>Lecturas no obligatorias. Prosas</em>, trad. Manel Bellmunt Serrano, Alfabia, Barcelona, 2009.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref17">[17]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [17] <em>M&aacute;s lecturas no obligatorias. Prosas</em>, trad. Manel Bellmunt Serrano, Alfabia, Barcelona, 2012.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref18">[18]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [18] <em>Siempre lecturas no obligatorias,</em> trad. Manel Bellmunt Serrano, Alfabia, Barcelona, 2014.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref19">[19]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [19] <em>Prosas reunidas</em>, trad. Manel Bellmunt Serrano, Malpaso Ediciones, Barcelona, 2017.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref20">[20]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [20] <em>Miłość szczęśliwa i inne wiersze</em>, Wydawnictwo a5, Krak&oacute;w, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref21">[21]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [21] <em>Amor feliz y otros poemas</em>, trad. Gerardo Beltr&aacute;n y Abel Murcia, bid&amp;co, Caracas, 2010.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref22">[22]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [22] <em>Y hasta aqu&iacute;</em>, trad. Gerardo Beltr&aacute;n y Abel Murcia, PosData, Monterrey (M&eacute;xico), 2012.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref23">[23]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [23] <em>Hasta aqu&iacute;</em>, trad. Abel Murcia y Gerardo Beltr&aacute;n, Ep&iacute;logo-entrevista de Javier Rodr&iacute;guez Marcos a los traductores, Bartleby Editores, Madrid, 2014.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref24">[24]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [24] <em>Leyendo a Szymborska</em>, audiolibro, trad. de Gerardo Beltr&aacute;n y Abel Murcia, lectura de Julia Guti&eacute;rrez Caba, Babel Studio, Instituto Polaco de Cultura de Madrid, Varsovia, 2013.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref25">[25]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [25] <em>Saltar&eacute; sobre el fuego</em>, selecci&oacute;n Anna Kozłowska, ilustraciones Kike de la Rubia, presentaci&oacute;n Juan Marqu&eacute;s, trad. Abel Murcia y Gerardo Beltr&aacute;n, N&oacute;rdica libros, Madrid, 2015.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref26">[26]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [26] <em>Antolog&iacute;a po&eacute;tica</em>, trad. Elzbieta Bortkiewicz, Visor Libros, Madrid, 2015.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref27">[27]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [27] Podemos citar la edici&oacute;n aparecida en M&eacute;xico en octubre de 2007 en las Ediciones Taller Abierto / Cuadernos de la Feria, bajo el t&iacute;tulo de <em>Poes&iacute;a</em>, con presentaci&oacute;n e introducci&oacute;n de Francisco Amezcua, y donde ni siquiera se menciona la autor&iacute;a de las traducciones, ni figura el copyright de Szymborska a pesar de que si figura el de la editorial.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref28">[28]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [28] Anna Bikont y Joanna Szczęsna, <em>Trastos, recuerdos. Una biograf&iacute;a de Wisława Szymborska</em>, Trad. Elzbieta Bortkiewicz y Ester Quir&oacute;s, Editorial Pre-Textos, Valencia, 2015.</p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 27 Nov 2017 07:28:22 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La huella en español de una premio Nobel]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-huella-en-espanol-de-una-premio-nobel/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2017/szymbors500.jpg" alt="" /></p>
<p>Veinte a&ntilde;os no es nada&hellip;, o quiz&aacute; s&iacute;. Juguemos unos instantes con el tiempo.</p>
<p>A&ntilde;o 2017. Lejos quedan para el lector en lengua espa&ntilde;ola los d&iacute;as en los que el nombre de Wisława Szymborska no s&oacute;lo no tra&iacute;a ning&uacute;n eco, sino que adem&aacute;s resultaba pr&aacute;cticamente imposible encontrar ya no alg&uacute;n poema en espa&ntilde;ol de la poeta polaca, que tambi&eacute;n, sino cualquier menci&oacute;n a una autora para la que el a&ntilde;o 1996 supondr&iacute;a, seg&uacute;n sus propias palabras, como se ha repetido tantas veces, una tragedia, una cat&aacute;strofe. Decimos &ldquo;pr&aacute;cticamente imposible&rdquo; porque no significa que no hubiera afortunados que pudieran haber le&iacute;do un par de poemas, ya en 1969, de los publicados en el n&uacute;mero especial de la revista <em>Uni&oacute;n</em> de la Casa de las Am&eacute;ricas en Cuba, o en M&eacute;xico, los cuatro editados por la UNAM en <em>Materiales de lectura</em> en 1978, o los tres poemas aparecidos en la revista <em>Plural</em> en 1981, o los nueve poemas de nuestra autora aparecidos en la antolog&iacute;a de poes&iacute;a polaca que vio la luz en Cuba en 1984 (<em>Poes&iacute;a polaca</em>), o, a este otro lado del Atl&aacute;ntico, diez a&ntilde;os m&aacute;s tarde, en 1994, los tres publicados en la antolog&iacute;a <em>Poesi?a polaca contempora?nea</em> de la editorial Rialp&hellip; Poemas en espa&ntilde;ol hasta sumar unos 22. Eso era todo lo que el lector en espa&ntilde;ol pod&iacute;a haber le&iacute;do de Szymborska, siempre y cuando, claro est&aacute;, trat&aacute;ramos el territorio editorial de nuestra lengua como un territorio abierto a los cuatro puntos cardinales, cosa que en aquella &eacute;poca no resultaba en absoluto evidente, y quiz&aacute; ni siquiera en nuestros d&iacute;as, en la era de internet, lo sea. Dejamos de lado, la lectura a trav&eacute;s de otras lenguas de la obra de Szymborska, nada despreciable, pero del &aacute;mbito absolutamente personal de cada uno de los lectores.</p>
<p>A&ntilde;o 1996. El Premio Nobel de Literatura reca&iacute;a en una poeta de la que en lengua espa&ntilde;ola apenas si exist&iacute;an 22 poemas traducidos, y como hemos podido ver, con una importante dispersi&oacute;n geogr&aacute;fica: Cuba, M&eacute;xico, Espa&ntilde;a. Se trataba de la poeta Wisława Szymborska, una poeta que ni siquiera en su pa&iacute;s, Polonia, era la m&aacute;s firme candidata para obtener el Nobel, ya que hac&iacute;a a&ntilde;os que ven&iacute;a sonando con mayor fuerza, se dir&iacute;a, el nombre de otro polaco, Zbigniew Herbert. De la noche a la ma&ntilde;ana, el n&uacute;mero de poemas de la poeta polaca que ver&aacute;n la luz en espa&ntilde;ol aumentar&aacute; sensiblemente. Los peri&oacute;dicos de los pa&iacute;ses de habla hispana se har&aacute;n eco inmediatamente de la noticia de la concesi&oacute;n del Nobel a &ldquo;una poeta desconocida&rdquo; y acudir&aacute;n a todas las fuentes posibles en busca de traductores que les permitan recoger en las ediciones del d&iacute;a despu&eacute;s del Nobel muestras de su obra. Y as&iacute;, al rebufo de la noticia, en los d&iacute;as siguientes aparecer&aacute;n publicados en un gran n&uacute;mero de diarios, peri&oacute;dicos, suplementos y revistas, diferentes poemas de W. Szymborska, que de alguna manera culminar&aacute;n en 1997 con sendas antolog&iacute;as de las editoriales Lumen e Hiperi&oacute;n.</p>
<p>A&ntilde;o 2017. Ha dejado de ser cierto que la presencia de Szymborska para el lector en lengua espa&ntilde;ola sea m&aacute;s bien anecd&oacute;ctica. Aquellos veintitantos poemas que se hab&iacute;an traducido hasta la concesi&oacute;n del Nobel, se han convertido &ndash;o est&aacute;n a punto de convertirse con la publicaci&oacute;n anunciada por la editorial N&oacute;rdica para 2018 de <em>Canci&oacute;n negra</em> y <em>Correo literario o como llegar a ser (o no llegar a ser) escritor</em>- en veinte libros. Veinte libros que convierten a Szymborska en el autor polaco m&aacute;s presente en el mercado editorial en lengua espa&ntilde;ola.<em> </em>Y as&iacute;, desde aquellos primeros <em>Paisaje con grano de arena</em>, <em>El gran n&uacute;mero. Fin y principio y otros poemas</em>, que vieron la luz en 1997 llegamos a contar en estos momentos en espa&ntilde;ol con quince libros m&aacute;s de nuestra escritora -<em>Poes&iacute;a no completa</em>, <em>Instante</em>, <em>Dos puntos</em>, <em>Poemas escogidos</em>, <em>Aqu&iacute;</em>, <em>Lecturas no obligatorias. Prosas</em>, <em>Amor feliz y otros poemas</em>, <em>M&aacute;s lecturas no obligatorias</em>, <em>Y hasta aqu&iacute;</em>, <em>Hasta aqu&iacute;</em>, <em>Leyendo a Szymborska (audiolibro, lee Julia Guti&eacute;rrez Caba)</em>, <em>Siempre lecturas no obligatorias</em>, <em>Saltar&eacute; sobre el fuego</em>, <em>Antolog&iacute;a po&eacute;tica (1945-2006)</em>, <em>Prosas reunidas</em>-, y con estudios sobre ella como el aparecido en Colombia, <em>La gran dama de la l&iacute;rica: Wisława Szymborska</em>, o la traducci&oacute;n de una biograf&iacute;a como es <em>Trastos, recuerdos. Una biograf&iacute;a de Wisława Szymborska</em>. Y no acaba ah&iacute; su presencia en espa&ntilde;ol. Durante estos veinte a&ntilde;os, ha sido posible tambi&eacute;n disfrutar de una exposici&oacute;n de ese &ldquo;g&eacute;nero menor&rdquo; e &iacute;ntimo, en la creaci&oacute;n de la poeta polaca, que eran sus collages y que ser&iacute;an expuestos en 2013 en la Casa del Lector en Madrid o de la proyecci&oacute;n de la versi&oacute;n en espa&ntilde;ol del documental <em>La vida a veces es soportable</em>, o las representaciones teatrales del teatro Replika de Madrid en 2014 bajo el t&iacute;tulo de <em>Instante</em>, o en Buenos Aires en 2017, por poner un par de&nbsp; ejemplos, de <em>Los ineludibles escombros de Szymborska</em>, de Alejandro Genes Radawski<em>.</em></p>
<p>Va a resultar que veinte a&ntilde;os s&iacute; son algo&hellip; Al menos, por lo que al conocimiento de Szymborska en el mundo de habla hispana se refiere. Veamos con mayor detalle los veinte a&ntilde;os transcurridos desde aquel 1996, desde el a&ntilde;o de la tragedia, de &ldquo;la cat&aacute;strofe de Estocolmo&rdquo;, como la propia Szymborska denominaba a la concesi&oacute;n del Premio Nobel en octubre de ese a&ntilde;o, y que significar&iacute;a una completa revoluci&oacute;n en su vida, revoluci&oacute;n que como hemos adelantado ya, podr&iacute;a ser aplicada tambi&eacute;n a la recepci&oacute;n de la obra de la autora polaca en los pa&iacute;ses de habla hispana.</p>
<p>La presencia de la obra de la poeta polaca en lengua espa&ntilde;ola antes de 1996, como recoge Gerardo Beltr&aacute;n en su tesis de doctorado <em>Las traducciones de la poes&iacute;a polaca del sigo XX al espa&ntilde;ol: Aspectos de teor&iacute;a y pr&aacute;ctica de la traducci&oacute;n</em>, defendida en la Universidad de Varsovia el 22 de junio de 1998, se limitaba apenas a 22 poemas, que hab&iacute;an visto la luz en tres de los pa&iacute;ses de habla espa&ntilde;ola: M&eacute;xico, Cuba y Espa&ntilde;a. En todos los casos, los poemas formaban parte de antolog&iacute;as, aparecidas o bien en revistas o bien en libros, de menor o mayor extensi&oacute;n, en los que Szymborska era uno de los varios poetas antologados<a title="" href="#_ftn1">[1]</a> y la difusi&oacute;n de esas publicaciones estaba muy lejos de tener un car&aacute;cter amplio.</p>
<p>Esa situaci&oacute;n explicar&iacute;a por s&iacute; sola el hecho de que aquel jueves 3 de octubre de 1996 en el que el Nobel de Literatura de aquel a&ntilde;o fuera anunciado, los medios de comunicaci&oacute;n de los pa&iacute;ses hispanohablantes desconocieran pr&aacute;cticamente tanto a la poeta polaca, como su obra. Si, como hemos comentado, apenas 22 eran los poemas que hab&iacute;an visto la luz en espa&ntilde;ol hasta aquel momento, un d&iacute;a despu&eacute;s la situaci&oacute;n era ya sensiblemente distinta. Varios eran los peri&oacute;dicos que en las ediciones del d&iacute;a 4 de octubre no s&oacute;lo se har&iacute;an eco de la noticia de la concesi&oacute;n del Premio Nobel a la poeta afincada en Cracovia, sino que adem&aacute;s, muchos de ellos presentar&iacute;an tambi&eacute;n un breve perfil literario de Szymborska y algunos incluir&iacute;an ejemplos de su poes&iacute;a<a title="" href="#_ftn2">[2]</a> que ve&iacute;an la luz en espa&ntilde;ol por primera vez. A las noticias aparecidas en la prensa diaria en los d&iacute;as inmediatamente posteriores a la concesi&oacute;n del Nobel, seguir&iacute;a informaci&oacute;n m&aacute;s amplia publicada en los suplementos literarios y culturales de los distintos peri&oacute;dicos (Babelia, etc.) Pero tendr&iacute;an que pasar varios meses para que la obra de Szymborska pasara a tener presencia individualizada en las librer&iacute;as espa&ntilde;olas. El primer poemario de Szymborska en espa&ntilde;ol es publicado por la editorial Lumen bajo el t&iacute;tulo <em>Paisaje con grano de arena</em> en traducci&oacute;n de Jerzy Sławomirski y Anna Maria Moix y apenas un mes m&aacute;s tarde ver&aacute; la luz en la editorial Hiperi&oacute;n, otra antolog&iacute;a coordinada &eacute;sta por Maria Filipowicz y Juan Carlos Vidal, y con un estudio previo de Małgorzata Baranowska, cuyos ejes centrales ser&aacute;n los libros <em>El gran n&uacute;mero</em> y <em>Fin y principio</em>, pero que recoger&aacute; tambi&eacute;n otros poemas anteriores<a title="" href="#_ftn3">[3]</a>. Siete ser&aacute;n los traductores de esta segunda antolog&iacute;a que en gran parte nacer&aacute; en torno a la Instituto Cervantes de Varsovia. El eco que se hacen los medios de comunicaci&oacute;n de la publicaci&oacute;n de ambas obras es grande y Szymborska en menos de un a&ntilde;o pasa de ser una autora desconocida a ser la poeta polaca con m&aacute;s poemas traducidos en lengua espa&ntilde;ola. De la importancia de las dos antolog&iacute;as mencionadas pueden dar fe tanto las sucesivas ediciones de las obras, como los comentarios que de ellas se pueden encontrar tanto en internet, como en prensa y radio.&nbsp; As&iacute; pues, tal y como afirm&aacute;bamos m&aacute;s arriba, no parece arriesgado decir que es la concesi&oacute;n del Nobel de Literatura lo que abre las puertas a la poes&iacute;a de Szymborska en el &aacute;mbito hisp&aacute;nico, y, creemos, que por extensi&oacute;n a la poes&iacute;a polaca. Pero quiz&aacute; sea la publicaci&oacute;n en 2002 en una de las editoriales m&aacute;s importantes del &aacute;mbito hisp&aacute;nico, como es la mexicana Fondo de Cultura Econ&oacute;mica<a title="" href="#_ftn4">[4]</a> lo que marque un antes y un despu&eacute;s en el conocimiento de la obra de la Premio Nobel polaca.&nbsp; Con esta obra, de la que tanto la prensa especializada, como la prensa generalista se har&aacute;n eco a uno y otro lado del Oc&eacute;ano Atl&aacute;ntico, el lector hispanohablante pasa a tener acceso a la pr&aacute;ctica totalidad de la obra de la poeta polaca, hecho este ins&oacute;lito en espa&ntilde;ol por lo que se refiere a cualquier otro poeta polaco. En ese momento el lector en espa&ntilde;ol tiene la posibilidad de familiarizarse con la obra &ndash;con la pr&aacute;ctica totalidad de la misma- que le ha significado a Szymborska la concesi&oacute;n del Nobel. En seis a&ntilde;os, los que separan 1996 de 2002, se pasa de un generalizado desconocimiento de la autora y de su obra a tener publicada casi toda la obra po&eacute;tica, hasta aquel momento, de nuestra poeta. Hay que apuntar aqu&iacute;, que algunos poemas de Szymborska seguir&aacute;n apareciendo en antolog&iacute;as de car&aacute;cter general, como hab&iacute;a venido sucediendo hasta la concesi&oacute;n del Premio Nobel, y as&iacute; por ejemplo, con los poemas aparecidos en <em>16 poetas polacos</em> publicados por la editorial zaragozana Libros del Innombrable en 1998<a title="" href="#_ftn5">[5]</a></p>
<p>En 2002, ver&aacute; la luz en Polonia el primer libro aparecido tras la obtenci&oacute;n del galard&oacute;n sueco,<em> Instante</em><a title="" href="#_ftn6">[6]</a>, y entre la publicaci&oacute;n de la obra en polaco y su traducci&oacute;n al espa&ntilde;ol no llegar&aacute;n a pasar dos a&ntilde;os. Szymborska es ya en esos momentos una escritora a la que sus lectores en espa&ntilde;ol, &aacute;vidos de nuevas lecturas, le siguen el rastro<a title="" href="#_ftn7">[7]</a>.&nbsp; Poetas y cr&iacute;ticos literarios de reconocido prestigio acoger&aacute;n gozosos el nuevo libro y dejar&aacute;n constancia de ello en rese&ntilde;as, programas de radios, etc.<a title="" href="#_ftn8">[8]</a> <em>Instante </em>podr&iacute;amos decir que coronar&iacute;a a la poeta polaca en lo que se refiere a la recepci&oacute;n de su obra en Espa&ntilde;a. El libro ocup&oacute; durante varias semanas el primer lugar de la lista de libros m&aacute;s vendidos de poes&iacute;a y en un tiempo r&eacute;cord tuvo varias ediciones y reimpresiones. Pero hay un hecho en 2004 que tambi&eacute;n de gran importancia en el conocimiento que de Szymborska pasar&aacute; a tener el lector en espa&ntilde;ol. En febrero de 2004, ve la luz en el suplemento cultural del peri&oacute;dico ABC una entrevista que el escritor y animador cultural espa&ntilde;ol F&eacute;lix Romeo Polonia le hace a Szymborska. La entrevista, que aparecer&iacute;a tambi&eacute;n en diferentes peri&oacute;dicos de Am&eacute;rica Latina<a title="" href="#_ftn9">[9]</a>, en numerosas p&aacute;ginas web y en el blog del propio escritor, acercar&iacute;a a Szymborska como persona a los lectores del &aacute;mbito hisp&aacute;nico y aumentar&iacute;an, si cabe, la atracci&oacute;n y el aprecio de los mismos por la poeta. La proximidad emocional que se vislumbraba y apuntaba, seg&uacute;n se se&ntilde;alaba en rese&ntilde;as period&iacute;sticas, comentarios, etc., que se le supon&iacute;a a Szymborska y que se desprend&iacute;a de la lectura sus poemas se ve&iacute;a reafirmada en una entrevista que acab&oacute; cautivando por su tono. Aquella entrevista, la primera que Szymborska conced&iacute;a para un medio de comunicaci&oacute;n en espa&ntilde;ol ven&iacute;a a contribuir a lo que ya entonces podr&iacute;amos denominar el fen&oacute;meno Szymborska. Los editores de <em>Instante</em> -la poeta espa&ntilde;ola Rosa Lentini y el escritor colombiano Ricardo Gaviria- ser&iacute;an tambi&eacute;n quienes publicar&iacute;an el siguiente libro de Szymborska, <em>Dos puntos</em><a title="" href="#_ftn10">[10]</a>. Szymborska hab&iacute;a pasado a formar parte del panorama po&eacute;tico en lengua espa&ntilde;ola y sus libros eran traducidos al espa&ntilde;ol no mucho despu&eacute;s de su aparici&oacute;n en polaco. Si la publicaci&oacute;n de <em>Instante</em> en espa&ntilde;ol hab&iacute;a venido, por as&iacute; decirlo, a coincidir en el tiempo con la aparici&oacute;n de la entrevista de F&eacute;lix Romeo, la publicaci&oacute;n de <em>Dos puntos </em>lo har&iacute;a con una nueva entrevista, esta vez para el peri&oacute;dico <em>La Vanguardia</em>. Xavi Ay&eacute;n, periodista de temas literarios y culturales, acompa&ntilde;ado del fot&oacute;grafo Kim Manresa, se hab&iacute;a desplazado a Cracovia para entrevistar a Szymborska y publicar la entrevista en el suplemento <em>Magazine</em> y en el marco de una serie, de irregular periodicidad, dedicada a los Premios Nobeles de Literatura, que gozaba de gran popularidad entre los lectores de <em>La Vanguardia</em><a title="" href="#_ftn11">[11]</a>. Tanto las fotograf&iacute;as del laureado Kim Manresa, como la entrevista, siguieron contribuyendo a aumentar el n&uacute;mero de incondicionales de Szymborska, y ello en muchas ocasiones, no s&oacute;lo desde el punto de vista literario.</p>
<p>Podr&iacute;a parecer que si bien antes de la concesi&oacute;n del Nobel, los poemas de Szymborska hab&iacute;an visto la luz sobre todo en M&eacute;xico y Cuba, aunque tambi&eacute;n en Espa&ntilde;a, el panorama editorial &ldquo;szymborskiano&rdquo; tras el Nobel se centra sobre todo en Espa&ntilde;a. Ser&iacute;a una visi&oacute;n muy superficial. En primer lugar porque la permeabilidad del mundo del libro en el mundo hisp&aacute;nico, si bien puede no ser la deseada, es lo suficientemente grande como para que, especialmente en el caso de la poes&iacute;a, los t&iacute;tulos y los poemas aparecidos en uno de los pa&iacute;ses de habla hispana, se extiendan, con relativa facilidad (tanto m&aacute;s en la era de internet) por el resto de pa&iacute;ses. Hay que tener en cuenta, tambi&eacute;n, por ejemplo, que en 2008 ver&iacute;a la luz la segunda edici&oacute;n de <em>Poes&iacute;a no completa</em> en el Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, y que en esta ocasi&oacute;n la distribuci&oacute;n editorial m&aacute;s all&aacute; de las fronteras mexicanas ser&iacute;a mucho m&aacute;s eficiente que en el caso de la primera edici&oacute;n. El eco que la aparici&oacute;n de esta segunda edici&oacute;n en revistas, peri&oacute;dicos, etc., fue mayor que el de la primera, y revistas literarias de prestigio internacional, como podr&iacute;a ser <em>Letras Libres</em>, publicaron extensas rese&ntilde;as<a title="" href="#_ftn12">[12]</a>. Pero no s&oacute;lo <em>Poes&iacute;a no completa</em> contribu&iacute;a a ir creando la imagen de la presencia de Szymborska en los pa&iacute;ses de habla hispana. Ese mismo a&ntilde;o, en Colombia, Bogdan Piotrowski publicar&iacute;a en el Instituto Caro y Cuervo una monograf&iacute;a bajo el t&iacute;tulo <em>La gran dama de la l&iacute;rica: Wisława Szymborska</em>. Szymborska, no s&oacute;lo era de entre los poetas polacos la m&aacute;s publicada y la m&aacute;s le&iacute;da, sino tambi&eacute;n aquella sobre la que m&aacute;s se escrib&iacute;a, ya fuera en c&iacute;rculos acad&eacute;micos, ya fuera &ndash;y de manera, quiz&aacute; m&aacute;s extendida- en c&iacute;rculos, por as&iacute; llamarlos, generales. En 2008, tambi&eacute;n ver&aacute; la luz en Cuba una nueva antolog&iacute;a de la poeta polaca, que se unir&aacute; a las ya existentes y publicadas varios a&ntilde;os atr&aacute;s en Espa&ntilde;a y M&eacute;xico<a title="" href="#_ftn13">[13]</a>.</p>
<p>En 2009, Szymborska publicar&aacute; el que a la saz&oacute;n ser&aacute; su &uacute;ltimo poemario publicado en vida, <em>Aqu&iacute;</em><a title="" href="#_ftn14">[14]</a>. Y por primera vez, la traducci&oacute;n espa&ntilde;ola de una obra de Szymborska aparecer&aacute; el mismo a&ntilde;o que la publicaci&oacute;n original, separada apenas por unos meses. <em>Aqu&iacute;</em> volver&aacute; tambi&eacute;n a situarse durante varias semanas entre los libros m&aacute;s vendidos en Espa&ntilde;a, cosa que en el apartado de poes&iacute;a rara vez ocurre rara vez con libros de autores extranjeros. Una vez m&aacute;s, la prensa, las agencias de informaci&oacute;n, etc., hablar&aacute;n de Szymborska. Pero quiz&aacute; sean hechos un tanto ajenos a la literatura los que dan la medida de la presencia de un autor en el &aacute;mbito de una lengua, y as&iacute; llamar&aacute; la atenci&oacute;n que ese mismo a&ntilde;o de 2009, al jurar el cargo de lehendakari del gobierno vasco, Patxi L&oacute;pez renuncie a pronunciar un discurso y en su lugar lea &ldquo;Nada dos veces&rdquo; de Szymborska y un poema del poeta vasco Kirmen Uribe. La aparici&oacute;n de ep&iacute;grafes abriendo la obra de autores espa&ntilde;oles (la novelista Marcela Serrano, por ejemplo<a title="" href="#_ftn15">[15]</a>) puede ser otro de esos peque&ntilde;os detalles que arrojan luz sobre la presencia de un autor en un &aacute;mbito ling&uuml;&iacute;stico y literario. En 2009, sin embargo, la imagen de Szymborska en Espa&ntilde;a se ver&aacute; enriquecida por la publicaci&oacute;n de un volumen con algunas de las prosas, de las &ldquo;lecturas no obligatorias&rdquo; de la autora<a title="" href="#_ftn16">[16]</a>, volumen que recibe un gran acogida y que tres a&ntilde;os m&aacute;s tarde se ver&aacute; acompa&ntilde;ado de la publicaci&oacute;n de un segundo volumen<a title="" href="#_ftn17">[17]</a>, y m&aacute;s tarde de un tercero<a title="" href="#_ftn18">[18]</a>, hasta acabar siendo reunidas todas ellas en 2017 por la editorial Malpaso en un &uacute;nico volumen bajo el t&iacute;tulo de <em>Prosas reunidas</em><a title="" href="#_ftn19">[19]</a>. En 2009, aparecer&aacute; tambi&eacute;n la tercera de las entrevistas concedidas por Szymborska a un medio espa&ntilde;ol. En este caso se tratar&aacute; del diario <em>El Pa&iacute;s</em> y el entrevistador ser&aacute; el poeta y periodista Javier Rodr&iacute;guez Marcos. De alguna manera, entrevistas, poemarios, prosas &ndash;e incluso fotograf&iacute;as de Szymborska- van conformando a lo largo del tiempo una imagen que incluso se podr&iacute;a denominar familiar de la poeta polaca, y ello a pesar de que jam&aacute;s viniera a &ldquo;vernos a casa&rdquo;. Las invitaciones que recibi&oacute; Szymborska para viajar a Espa&ntilde;a fueron numerosas. Festivales po&eacute;ticos como Cosmopo&eacute;tica en C&oacute;rdoba, o el Garc&iacute;a Lorca de Granada, o instituciones como la Residencia de Estudiantes en Madrid, por citar algunos ejemplos, intentaron contar con la presencia de la poeta en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n, pero, por unos u otros motivos, nunca lleg&oacute; a cuajar.</p>
<p>El &uacute;ltimo poemario publicado en espa&ntilde;ol en vida de Szymborska fue un poemario muy particular. Son conocidas las reticencias que la poeta ten&iacute;a a hacer antolog&iacute;as tem&aacute;ticas, y a pesar de ello hubo algunas excepciones, entre ellas la publicaci&oacute;n en polaco de <em>Miłość szczęśliwa i inne wiersze</em><a title="" href="#_ftn20">[20]</a><em>. Este libro ser&iacute;a traducido al espa&ntilde;ol y publicado en Venezuela por la editorial bid&amp;co</em><a title="" href="#_ftn21">[21]</a><em>, editorial que public&oacute; en su d&iacute;a una amplia antolog&iacute;a del tambi&eacute;n polaco Tadeusz R&oacute;żewicz.</em></p>
<p>Tras la muerte de Szymborska, y muy cercano en el tiempo a la publicaci&oacute;n en polaco, ver&aacute; la luz el libro p&oacute;stumo <em>Y hasta aqu&iacute;</em> publicado en M&eacute;xico en 2012<a title="" href="#_ftn22">[22]</a>, y presentado por la poeta polaca y amiga de Szymborska, Ewa Lipska y Abel Murcia en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en M&eacute;xico, libro que ser&aacute; publicado algo despu&eacute;s en Espa&ntilde;a con una ligera variaci&oacute;n en el t&iacute;tulo -<em>Hasta aqu&iacute;-</em> por Bartleby Editores y al que acompa&ntilde;ar&aacute;, a modo de ep&iacute;logo, una entrevista a los traductores del mismo (Abel Murcia y Gerardo Beltr&aacute;n) realizada por Javier Rodr&iacute;guez Marcos<a title="" href="#_ftn23">[23]</a>.</p>
<p>Desde poco antes de la publicaci&oacute;n de <em>Hasta aqu&iacute;</em> en Espa&ntilde;a en 2014, hasta ahora, han aparecido tres nuevas antolog&iacute;as de la poes&iacute;a de Szymborska, una de car&aacute;cter un tanto especial, ya que se trata de una edici&oacute;n en espa&ntilde;ol que tiene su origen en Polonia y que, a la manera de audiolibro, acompa&ntilde;a la publicaci&oacute;n de los poemas de una serie de peque&ntilde;os art&iacute;culos, etc., del Presidente de la Fundaci&oacute;n Szymborska, Michał Rusinek, de los traductores &ndash;Abel Murcia y Gerardo Beltr&aacute;n-, y de una bibliograf&iacute;a de la auotra, tanto en polaco, como en espa&ntilde;ol. En <em>Leyendo a Szymborska</em><a title="" href="#_ftn24">[24]</a>, que &eacute;se es el t&iacute;tulo del audilibro, la actriz Julia Guti&eacute;rrez Caba pone voz en espa&ntilde;ol a veintitr&eacute;s poemas de la Premio Nobel, &ldquo;envueltos&rdquo; por as&iacute; decirlo en la m&uacute;sica de la polaca Urszula Dudziak. En la l&iacute;nea de esas casualidades sobre las que tanto llamaba la atenci&oacute;n la propia Szymborska, no dejar de ser curioso que frente a los 22 poemas de los que dispon&iacute;a el lector espa&ntilde;ol &ndash;y sumamente desperdigados tanto en el tiempo como en el espacio- un d&iacute;a antes de la concesi&oacute;n del Nobel, diecisiete a&ntilde;os m&aacute;s tarde, esa publicaci&oacute;n de car&aacute;cter antol&oacute;gico tenga precisamente un poema m&aacute;s, 23. Entre aquellos 22 y estos 23, el lector en espa&ntilde;ol tiene, cientos de poemas de los que disfrutar, y cuyo rastro va mucho m&aacute;s all&aacute; de los propios poemarios y de los pa&iacute;ses en los que &eacute;stos han sido publicados. La segunda de las antolog&iacute;as, publicada por N&oacute;rdica libros, cuya selecci&oacute;n corri&oacute; a cargo de Anna Kozłowska y con traducciones de Abel Murcia y Gerardo Beltr&aacute;n, ilustraciones de Kike de la Rubia, y una presentaci&oacute;n de Juan Marqu&eacute;s, se titula <em>Saltar&eacute; sobre el fuego</em><a title="" href="#_ftn25">[25]</a>, y la tercera, publicada en Visor Libros, <em>Antolog&iacute;a po&eacute;tica</em>, traducida por Elzbieta Bortkiewicz<a title="" href="#_ftn26">[26]</a>. Quiz&aacute; quepa mencionar aqu&iacute; que a finales de enero de 2017, el diario <em>ABC</em> anunciaba la pr&oacute;xima aparici&oacute;n &ndash;en 2018- de dos nuevos libros de Szymborska en espa&ntilde;ol, los dos en N&oacute;rdica Libros, noticia que acompa&ntilde;aba de un adelanto de ambas publicaciones: <em>Canci&oacute;n negra</em> &ndash;poemario p&oacute;stumo de poemas de juventud publicados por Szymborska en diferentes revistas pero nunca recogidos en un libro-, y <em>Correo literario, o como llegar a ser (o no llegar a ser) escritor</em> &ndash;libro aparecido en polaco en el a&ntilde;o 2000 y que recoge una selecci&oacute;n de respuestas a los lectores de la &eacute;poca en la que Szymborska trabajaba en la revista <em>Vida literaria</em>-.</p>
<p>La presencia de la poes&iacute;a de Szymborska, las rese&ntilde;as sobre sus libros y textos en revistas, blogs, foros, facebook, radios, televisiones, etc., resulta imposible ni siquiera de esbozar. Poetas, periodistas, cr&iacute;ticos literarios, blogueros, y un largo etc&eacute;tera de personas interesadas de una u otra manera por la poes&iacute;a &ndash;&ldquo;dos de cada mil personas&rdquo; a las que les gusta la poes&iacute;a, como nos recordar&iacute;a Szymborska en su poema &ldquo;A algunos les gusta la poes&iacute;a&rdquo;- le han dedicado algunos de sus textos, programas, menciones,... Y as&iacute;, en nuestro pa&iacute;s, por citar a algunos, &Aacute;lvaro Valverde, Antonio Mu&ntilde;oz Molina, Benjam&iacute;n Prado, Care Santos, Eduardo Lago, Elena Medel, Erika Mart&iacute;nez, Fernando Savater, Jaime Siles, Luis Antonio de Villena, Luis Garc&iacute;a Montero, Manuel Rico, Mart&iacute;n L&oacute;pez Vega, Nacho Escu&iacute;n, nos han dejado algunas l&iacute;neas, comentarios, o reflexiones sobre la obra de la poeta polaca. No es de extra&ntilde;ar, por lo tanto que muchos de los libros mencionados hayan ido alimentando esa presencia en todo tipo de medios, y que sean numeros&iacute;simos los fragmentos, poemas, menciones, citas, etc. que el lector en espa&ntilde;ol puede encontrar. Nos consta tambi&eacute;n, que m&aacute;s all&aacute; de lo que nosotros podamos llegar a conocer de forma natural, existen ediciones m&aacute;s o menos &ldquo;irregulares&rdquo; que aparecen en diversos lugares<a title="" href="#_ftn27">[27]</a> y con las que hemos tropezado por mera casualidad. Sin entrar en las implicaciones legales de la cuesti&oacute;n, de lo que s&iacute; parece dar fe esa situaci&oacute;n es del enorme inter&eacute;s que la obra de Szymborska despierta en el mundo hisp&aacute;nico y de la presencia de la misma en el imaginario colectivo hisp&aacute;nico como gran figura de las letras.</p>
<p>A todo lo mencionado en torno a la obra de Szymborska, habr&iacute;a que a&ntilde;adir que el inter&eacute;s despertado por Szymborska en los lectores de nuestra lengua trasciende, por as&iacute; decirlo, a la propia obra y se traslada a la vida de la autora &ndash;no parece que Szymborska haya podido salvaguardar despu&eacute;s de muerta la intimidad que tanto defendi&oacute; en vida- y, de esa manera, en marzo de 2015 ve&iacute;a la luz la traducci&oacute;n al espa&ntilde;ol de <em>Trastos, recuerdos. Una biograf&iacute;a de Wisława Szymborska</em><a title="" href="#_ftn28">[28]</a> y que vida y obra se conviertan en un &uacute;nico todo en el que todas las manifestaciones p&uacute;blicas o privadas interesen por igual al lector. Sus poemas, sus collages, como pudo verse en la Casa de Lector en Madrid, su biograf&iacute;a,&nbsp; permiten ir&nbsp; conformando una imagen global de la poeta polaca, que empezaba en sus poemas, se hac&iacute;a m&aacute;s c&oacute;mplice en sus entrevistas, se enriquec&iacute;a en sus prosas, se volv&iacute;a juguetona en los gui&ntilde;os de sus collages, y no la hac&iacute;a familiar en su biograf&iacute;a.</p>
<p>Estamos convencidos de que son muchos los lectores que siguiendo las palabras de David P&eacute;rez Vega en su blog &ldquo;Desde la ciudad sin cines&rdquo; dir&iacute;an: &ldquo;El &uacute;nico problema de los libros de Szymborska es que se acaban demasiado r&aacute;pido y uno desea seguir leyendo (&hellip;)&rdquo;. En espa&ntilde;ol, desde 1997, podemos estar de enhorabuena, podemos leer y releer a Szymborska. Y ahora, veinte a&ntilde;os m&aacute;s tarde de la publicaci&oacute;n del primer libro de Szymborska en espa&ntilde;ol &ndash;veinte libros m&aacute;s tarde, querr&iacute;a uno decir- el hecho de que <em>Turia </em>le dedique un monogr&aacute;fico nos permite estar doblemente de enhorabuena, ya que, de esta manera, permite una aproximaci&oacute;n diferente, y tan necesaria, a la obra de Szymborska, una poeta que supo hacerse un hueco en nuestra lengua y que vino para quedarse.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [1] Las revistas y libros de pa&iacute;ses de habla espa&ntilde;ola en los que aparece alg&uacute;n poema de Szymborska antes de que &eacute;sta recibiera el Premio Nobel de literatura son: <em>Uni&oacute;n</em>, Casa de las Am&eacute;ricas, La Habana, 1969;<em> Poes&iacute;a polaca contempor&aacute;nea</em>, Material de Lectura 31, Serie Poes&iacute;a Moderna, Direcci&oacute;n General de Difusi&oacute;n Cultural, UNAM, M&eacute;xico, 1978; <em>Plural</em> n.&ordm; 112, M&eacute;xico, enero de 1981; <em>Poes&iacute;a polaca</em>, Editorial Arte y Literatura, La Habana, 1984; <em>Proceso</em>, M&eacute;xico, 11 de abril de 1988; Presa Gonz&aacute;lez, Fernando, <em>Poes&iacute;a polaca contempor&aacute;nea, de Czesław Miłosz a Marcin Hałaś</em>, Ediciones Rialp, Madrid, 1994.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [2] As&iacute;, y s&oacute;lo a modo de ejemplo, ver&iacute;a la luz por primera vez en espa&ntilde;ol &ldquo;Amor a primera vista&rdquo; en traducci&oacute;n de David Carri&oacute;n y Abel Murcia, publicado en el peri&oacute;dico barcelon&eacute;s <em>La Vanguardia</em>, o en el peri&oacute;dico <em>ABC</em>, el lector espa&ntilde;ol podr&iacute;a leer varios fragmentos de hasta un total de 10 poemas en traducci&oacute;n de Xaverio Ballester.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [3] <em>Paisaje con grano de arena</em>, trad. Anna Maria Moix y Jerzy Wojciech Slawomirski, Lumen, Barcelona, 1997; <em>El gran n&uacute;mero. Fin y principio y otros poemas</em>,&nbsp; trad. Xaverio Ballester, Gerardo Beltr&aacute;n, Elzbieta Bortkiewicz, David Carri&oacute;n, Carlos Marrod&aacute;n, Katarzyna Mołoniewicz, Abel Murcia, Hiperi&oacute;n, Madrid, 1997.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [4] <em>Poes&iacute;a no completa</em>, trad. Gerardo Beltr&aacute;n y Abel Murcia, Pr&oacute;logo de Elena Poniatowska, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, M&eacute;xico, 2002</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [5] <em>16 poetas polacos</em>, pr&oacute;logo y selecci&oacute;n de Antonio Beneyto Traducci&oacute;n de Krystyna Rodowska, Editorial Libros del Innombrable, Zaragoza, 1998.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [6] <em>Chwila</em>, Wydawnictwo Znak, Krak&oacute;w, 2002.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [7] <em>Instante</em>, trad. Gerardo Beltr&aacute;n y Abel Murcia, pr&oacute;logo de Mercedes Monmany, &Iacute;gitur, Barcelona, 2004.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref8">[8]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [8] Ejemplo de ello pueden ser las rese&ntilde;as que en el suplemento El Cultural del peri&oacute;dico <em>El Mundo</em> publica Jaime Siles el 2 de diciembre de 2004, o la publicada por F&eacute;lix Romeo en Blanco y Negro Cultural, el suplemento del peri&oacute;dico <em>ABC</em> el 30 de diciembre de 2004, en la r&uacute;brica sobre los Libros del A&ntilde;o 2004, donde en la categor&iacute;a de Poes&iacute;a, <em>Instante</em> se encuentra entre los mejores libros de poes&iacute;a publicados en Espa&ntilde;a ese a&ntilde;o.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref9">[9]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [9] Mencionar aqu&iacute;, por ejemplo, los peri&oacute;dicos <em>La Naci&oacute;n</em> de Argentina o <em>El Mercurio</em> de Chile, en los que aparecer&iacute;a la mencionada entrevista.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref10">[10]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [10] El original polaco aparecer&iacute;a en 2005 -D<em>wukropek</em>, Wydawnictwo a5, Krak&oacute;w, 2005- y la traducci&oacute;n al espa&ntilde;ol, acompa&ntilde;ada de un extenso pr&oacute;logo de Ricardo Cano Gaviria -<em>Dos puntos</em>, trad. Gerardo Beltr&aacute;n y Abel Murcia, &Iacute;gitur, Barcelona, 2007- saldr&iacute;a dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, tal y como sucediera en el caso de <em>Instante</em>.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref11">[11]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [11] Posteriormente, estas entrevistas se reunir&iacute;an en el libro <em>Rebeld&iacute;a de Nobel</em>, El Aleph Editores, Barcelona, 2009.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref12">[12]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [12] En enero de 2009, Tedi L&oacute;pez Mills publica en <em>Letras Libres</em> una extensa rese&ntilde;a de la que se har&iacute;an eco muchos otros medios de comunicaci&oacute;n de todo el continente americano y que tambi&eacute;n llegar&iacute;a a Espa&ntilde;a.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref13">[13]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [13] Se trata de <em>Poemas escogidos</em>, trad. &Aacute;ngel Zuazo L&oacute;pez, publicada en La Habana por la Uni&oacute;n de Escritores y Artistas de Cuba (2008).</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref14">[14]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [14] <em>Tutaj</em>, Społeczny Instytut Wydawniczy Znak, Krak&oacute;w, 2009.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref15">[15]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [15] <em>Diez mujeres</em>, editorial Alfaguara, 2011.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref16">[16]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [16] <em>Lecturas no obligatorias. Prosas</em>, trad. Manel Bellmunt Serrano, Alfabia, Barcelona, 2009.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref17">[17]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [17] <em>M&aacute;s lecturas no obligatorias. Prosas</em>, trad. Manel Bellmunt Serrano, Alfabia, Barcelona, 2012.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref18">[18]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [18] <em>Siempre lecturas no obligatorias,</em> trad. Manel Bellmunt Serrano, Alfabia, Barcelona, 2014.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref19">[19]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [19] <em>Prosas reunidas</em>, trad. Manel Bellmunt Serrano, Malpaso Ediciones, Barcelona, 2017.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref20">[20]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [20] <em>Miłość szczęśliwa i inne wiersze</em>, Wydawnictwo a5, Krak&oacute;w, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref21">[21]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [21] <em>Amor feliz y otros poemas</em>, trad. Gerardo Beltr&aacute;n y Abel Murcia, bid&amp;co, Caracas, 2010.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref22">[22]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [22] <em>Y hasta aqu&iacute;</em>, trad. Gerardo Beltr&aacute;n y Abel Murcia, PosData, Monterrey (M&eacute;xico), 2012.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref23">[23]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [23] <em>Hasta aqu&iacute;</em>, trad. Abel Murcia y Gerardo Beltr&aacute;n, Ep&iacute;logo-entrevista de Javier Rodr&iacute;guez Marcos a los traductores, Bartleby Editores, Madrid, 2014.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref24">[24]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [24] <em>Leyendo a Szymborska</em>, audiolibro, trad. de Gerardo Beltr&aacute;n y Abel Murcia, lectura de Julia Guti&eacute;rrez Caba, Babel Studio, Instituto Polaco de Cultura de Madrid, Varsovia, 2013.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref25">[25]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [25] <em>Saltar&eacute; sobre el fuego</em>, selecci&oacute;n Anna Kozłowska, ilustraciones Kike de la Rubia, presentaci&oacute;n Juan Marqu&eacute;s, trad. Abel Murcia y Gerardo Beltr&aacute;n, N&oacute;rdica libros, Madrid, 2015.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref26">[26]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [26] <em>Antolog&iacute;a po&eacute;tica</em>, trad. Elzbieta Bortkiewicz, Visor Libros, Madrid, 2015.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref27">[27]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [27] Podemos citar la edici&oacute;n aparecida en M&eacute;xico en octubre de 2007 en las Ediciones Taller Abierto / Cuadernos de la Feria, bajo el t&iacute;tulo de <em>Poes&iacute;a</em>, con presentaci&oacute;n e introducci&oacute;n de Francisco Amezcua, y donde ni siquiera se menciona la autor&iacute;a de las traducciones, ni figura el copyright de Szymborska a pesar de que si figura el de la editorial.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref28">[28]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [28] Anna Bikont y Joanna Szczęsna, <em>Trastos, recuerdos. Una biograf&iacute;a de Wisława Szymborska</em>, Trad. Elzbieta Bortkiewicz y Ester Quir&oacute;s, Editorial Pre-Textos, Valencia, 2015.</p>
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      <pubDate>Tue, 21 Nov 2017 06:33:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[José Luis Pardo: "Todos los hombres buscan por naturaleza la lucidez"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jose-luis-pardo-todos-los-hombres-buscan-por-naturaleza-la-lucidez/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2017/pardo500.jpg" alt="" /></p>
<p class="normal">De ni&ntilde;o su plan era quedarse &ldquo;toda la vida en casa escribiendo&rdquo;, pero tuvo que salir al patio del colegio, a la calle, a la sociedad, al mundo. Y con el tiempo, tras b&uacute;squedas, aventuras, azares, m&uacute;sicas y lecturas, se encontr&oacute; en el camino con la filosof&iacute;a, una ventana siempre abierta; el mejor modo de poner en pie preguntas y discusiones. T&iacute;mido, callado, muy volcado hacia dentro (as&iacute; le recuerda quien esto escribe de encuentros pasados) este hombre que confiesa no haber conseguido superar del todo su verg&uuml;enza a hablar en p&uacute;blico, pese al ejercicio continuado de la ense&ntilde;anza, ha conseguido, finalmente, dedicar, si no toda, s&iacute; gran parte de su existencia, a escribir, pensar, estudiar, poner en cuesti&oacute;n, desmitificar...</p>
<p class="normal"><em>La Intimidad, La Banalidad, La regla del juego, Esto no es m&uacute;sica, Nunca fue tan hermosa la basura, </em>son distintas etapas de un trayecto que arranc&oacute; inicialmente de la fuente de un pensador como Deleuze, a quien tanto ha contribuido a difundir en castellano, y acab&oacute; encontrando, con el tiempo, su cauce personal. Los derroteros, inconsistencias y vaivenes de las sociedades contempor&aacute;neas, objeto de an&aacute;lisis de muchos de sus t&iacute;tulos, asoman en una de sus &uacute;ltimas entregas hasta el momento, <em>Estudios del malestar,</em> Premio Anagrama de Ensayo, donde, con un tono no exento de humor, observa la Espa&ntilde;a actual y se detiene en determinados movimientos y partidos que, en su opini&oacute;n, se aprovechan de la desaz&oacute;n colectiva para conseguir r&eacute;ditos pol&iacute;ticos.</p>
<p class="normal">Tras varios intentos, frustrados por motivos de tiempo y agenda, esta entrevista tuvo lugar el pasado verano a trav&eacute;s de correo electr&oacute;nico. Hemos de leerla, pues, como un cruce de preguntas y respuestas a distancia. Hemos de imaginar a Jos&eacute; Luis Pardo, que se encontraba de vacaciones, interrumpiendo sus reuniones familiares, sus caminatas (se retrata como un <em>fl&acirc;neur</em>), y la lectura de los dos vol&uacute;menes de la biograf&iacute;a de Bob Dylan escritos por Ian Bell (<em>The lives of Bob Dylan), </em>en los que estuvo sumergido en<em> </em>un tiempo propicio a la calma, a la contemplaci&oacute;n, al descanso, para proceder a contestar, a argumentar, a repasar episodios de su biograf&iacute;a, a se&ntilde;alar, una vez m&aacute;s, que, pese a que, de cuando en cuando, alg&uacute;n responsable ministerial o asesor pedag&oacute;gico procure ridiculizar su presencia en los estudios secundarios, la filosof&iacute;a &ldquo;nos ha acompa&ntilde;ando desde que hay seres humanos sobre la tierra y no tiene pinta de que vaya a desaparecer de un d&iacute;a para otro, porque no es veros&iacute;mil que podamos conformarnos sin ella&rdquo;.</p>
<p class="normal">- Me gustar&iacute;a empezar justo en el comienzo. En la infancia. Se dice que los ni&ntilde;os son fil&oacute;sofos por naturaleza, formuladores de preguntas. &iquest;Le gustaba preguntar de ni&ntilde;o, c&oacute;mo se recuerda?</p>
<p class="normal">- Freud dec&iacute;a que la mayor parte de nuestros recuerdos infantiles son &ldquo;recuerdos encubridores&rdquo;, es decir, est&aacute;n falsificados. Porque cuando uno <em>se </em>recuerda en tal o cual situaci&oacute;n de la ni&ntilde;ez, se ve a s&iacute; mismo haciendo esto o lo otro, y eso prueba que el recuerdo ha sido manipulado, ya que en la experiencia no nos vemos a nosotros mismos. Pero tambi&eacute;n dec&iacute;a que no puede perderse el tiempo en intentar recobrar la experiencia original, porque no la hay. El yo es justamente el conjunto de esas manipulaciones de la memoria, y por tanto pretender acceder a una experiencia no manipulada es como pretender buscar el yo donde a&uacute;n no estaba. As&iacute; que, para recordarme de ni&ntilde;o con cierta fidelidad, tengo que recurrir, m&aacute;s que a la memoria propia, a lo que los dem&aacute;s me han contado de cuando era peque&ntilde;o. Y nunca me han contado que irrumpiese en una habitaci&oacute;n para preguntar &ldquo;&iquest;Mam&aacute;, &iquest;qu&eacute; significa <em>ser</em>?&rdquo; ni cosas parecidas. Me resulta sospechosa la idea de que los ni&ntilde;os son fil&oacute;sofos &mdash;y no, por ejemplo, m&eacute;dicos o gu&iacute;as tur&iacute;sticos&mdash; por naturaleza. Viv&iacute;a en un barrio en el cual un varoncito no pod&iacute;a f&aacute;cilmente rondar por la calle sin verse involucrado en episodios de violencia, as&iacute; que me acostumbr&eacute; a jugar casi siempre en casa, y muy a menudo solo. Y empec&eacute; muy pronto a escribir (de hecho, mi madre me ense&ntilde;&oacute; a hacerlo antes de ir a la escuela), aunque lo que yo escrib&iacute;a en aquel entonces se deb&iacute;a parecer bastante a los ripios de Jack Torrance en <em>El resplandor</em>. Mi plan era quedarme en casa toda la vida &ldquo;escribiendo&rdquo;. Pero hubo una conspiraci&oacute;n de los adultos y me engatusaron con eso de que hab&iacute;a que ir al colegio (a lo que me resist&iacute; con todas mis fuerzas, aunque finalmente en vano). Y ese fue el principio del fin de mi infancia.</p>
<p class="normal">- &iquest;Qu&eacute; primeras lecturas le marcaron? &iquest;Hay alguna escena infantil que le guste rememorar? &iquest;Ser&iacute;a capaz de recuperar episodios concretos que determinaron su vocaci&oacute;n? &iquest;Tal vez alg&uacute;n descubrimiento de adolescencia?</p>
<p class="normal">- Siempre es un poco abusivo hablar de escenas decisivas, pero en mi memoria conservo dos de esos &ldquo;episodios&rdquo;.</p>
<p class="normal">Va el primero: Con 9 a&ntilde;os empec&eacute; a estudiar el bachillerato en una peque&ntilde;a academia, y all&iacute; me encontr&eacute; con un maestro, Don Alberto Campos, que explicaba Lat&iacute;n, Lengua y Literatura heroicamente a una caterva de chicos y chicas (juntos, porque el colegio no ten&iacute;a espacio suficiente para clases segregadas, aunque rigurosamente separados por el pasillo central) que en su inmensa mayor&iacute;a no hab&iacute;an visto un libro en su vida, pero que a&uacute;n sent&iacute;an un enorme respeto hacia esas materias. Y en alguno de sus cursos tuvo la santa paciencia de dedicar unas cuantas clases a leernos un libro entero en voz alta (porque sab&iacute;a bien que no pod&iacute;a mandar leer el libro en casa), una obra de teatro de Alejandro Casona, <em>La dama del alba</em>, de la que ninguno de sus oyentes sab&iacute;amos absolutamente nada. Y fue &mdash;no s&oacute;lo para m&iacute;&mdash; una lecci&oacute;n inolvidable: un aula entera de zopencos de un barrio obrero de los suburbios de Madrid absolutamente en vilo (aunque los varones l&iacute;deres de la manada no quisieran reconocerlo) por enterarse de lo que pasaba en aquella intriga llena de misterio. Y adem&aacute;s no era un relato &ldquo;para j&oacute;venes&rdquo; (yo sent&iacute;a un rechazo visceral hacia esa etiqueta), sino un libro hecho y derecho. As&iacute; que me puse a buscar en mi casa, entre los pocos libros que ten&iacute;amos, el que con mayor seguridad ostentase la categor&iacute;a de libro para adultos (no en el lamentable sentido que esta expresi&oacute;n ha adquirido en nuestros d&iacute;as), que result&oacute; ser <em>El retrato de Dorian Gray</em>, enorgulleci&eacute;ndome especialmente de que todo el mundo me dijera que era &ldquo;demasiado joven&rdquo; para leer aquello (y era verdad: he tenido que volver a leer luego esos libros para enterarme mejor). Y as&iacute; empec&eacute; mi carrera de lector.</p>
<p class="normal">Y va ahora el segundo &ldquo;episodio&rdquo;: Mi primera vocaci&oacute;n (al menos como adolescente) fue la m&uacute;sica. Nunca tuve un tocadiscos decente (los discos eran una afici&oacute;n muy cara), pero s&iacute; diversos magnet&oacute;fonos que alimentaba desde las emisoras de radio dedicadas a la m&uacute;sica pop. A los 14 a&ntilde;os, a trav&eacute;s de &ldquo;Radio Espa&ntilde;a&rdquo; (de Madrid) y de un programa de Alfonso Eduardo (P&eacute;rez Orozco), escuch&eacute;, yo dir&iacute;a que antes de que saliera al mercado, de principio a fin, el &uacute;ltimo disco de los Beatles, <em>Abbey Road</em>. No voy a decir esa cursilada de que &ldquo;aquello cambi&oacute; mi vida&rdquo;, pero sin duda fue una de las experiencias culturales m&aacute;s intensas y m&aacute;s fruct&iacute;feras que nunca he tenido (entre otras cosas, mi libro de 2007, <em>Esto no es m&uacute;sica</em>, procede de ella). Durante los a&ntilde;os siguientes lider&eacute; un muy modesto grupo musical llamado <em>La banda sonora</em>, cuyo &uacute;ltimo concierto (en Agosto de 1976) coincidi&oacute; con la redacci&oacute;n de mi primer libro, <em>Transversales. Texto sobre los textos</em>, que qued&oacute; finalista del Premio Anagrama de Ensayo y se public&oacute; en 1977, el a&ntilde;o en que me matricul&eacute; en 1&ordm; de Filosof&iacute;a.</p>
<p class="normal">- &iquest;Qu&eacute; le decidi&oacute; a estudiar Filosof&iacute;a? &iquest;Qu&eacute; fil&oacute;sofos le deslumbraron? &iquest;Cu&aacute;les siguen haci&eacute;ndolo hoy? Gilles Deleuze es fundamental en su trayectoria. Ha difundido su obra en Espa&ntilde;a. Ha escrito distintos ensayos sobre &eacute;l... &iquest;Cu&aacute;ndo y c&oacute;mo lo descubri&oacute;?</p>
<p class="normal">- En 1972 hab&iacute;a dejado los estudios sin llegar a terminar el Curso de Orientaci&oacute;n Universitaria con el que entonces se coronaba el bachillerato, y me hab&iacute;a puesto a trabajar (en varios empleos de poca monta) y a &ldquo;hacer la revoluci&oacute;n&rdquo;, como entonces se dec&iacute;a, como simpatizante de un partido de extrema izquierda. Esto proporcionaba la seguridad moral de estar en contra del franquismo (que era algo muy importante), pero obligaba a estar a favor de ciertas cosas que nunca pude creerme del todo. As&iacute; que, poco a poco, cambi&eacute; el <em>Tratado de econom&iacute;a marxista</em> de Ernest Mandel por las novelas de Sartre y de Camus y por la poes&iacute;a surrealista. Esto me llev&oacute; a un libro de Octavio Paz llamado <em>Claude L&eacute;vi-Strauss o el nuevo fest&iacute;n de Esopo</em>, que me descubri&oacute; el estructuralismo, un continente intelectual en el que entr&eacute; de un modo totalmente salvaje y que constituy&oacute; mi atm&oacute;sfera cultural durante a&ntilde;os. Y un d&iacute;a, en una librer&iacute;a, me encontr&eacute; con un volumen titulado <em>El Anti-Edipo</em>, de Gilles Deleuze y F&eacute;lix Guattari. Entend&iacute;a muy poco de lo que dec&iacute;a, pero en las notas a pie de p&aacute;gina estaban todos mis h&eacute;roes literarios, pol&iacute;ticos y art&iacute;sticos, adem&aacute;s de todos los estructuralistas, as&iacute; que decid&iacute; que merec&iacute;a la pena intentar entenderlo, y empec&eacute; a leer otras obras de Deleuze con ese prop&oacute;sito. Era un libro tan raro que yo no not&eacute; que, al meterme en ese jard&iacute;n, me estaba metiendo en la filosof&iacute;a (aunque creo que Deleuze tuvo la culpa de que muchas personas como yo, que no ten&iacute;amos antecedente filos&oacute;fico alguno y a las que nada destinaba a ese territorio, entr&aacute;semos en &eacute;l por v&iacute;as inesperadas, porque nos hac&iacute;a ver filosof&iacute;a en muchas cosas que entonces no lo parec&iacute;an en absoluto, y lo hac&iacute;a con una pasi&oacute;n y con un rigor inusitados). Fue la que entonces era mi novia la que me convenci&oacute;, primero, de que terminase el curso que hab&iacute;a dejado a medias unos a&ntilde;os antes y, segundo, de que despu&eacute;s de eso me matriculase en la Facultad de Filosof&iacute;a en lugar de hacerlo en la de Periodismo, como yo pretend&iacute;a. Aunque viviera mil a&ntilde;os me faltar&iacute;a tiempo para agradec&eacute;rselo, porque fue en la Universidad donde descubr&iacute; mi vocaci&oacute;n filos&oacute;fica. Hice la carrera en el turno de noche de la UCM, porque durante el d&iacute;a trabajaba como traductor en la Empresa Nacional de Electricidad, y dediqu&eacute; a Deleuze mi Memoria de Licenciatura y mi Tesis doctoral, adem&aacute;s de uno de mis primeros libros, <em>Deleuze: violentar el pensamiento</em>, de 1990.</p>
<p class="normal">- &iquest;Deleuze ya le ha mostrado todo lo que pod&iacute;a mostrarle? &iquest;Sigue siendo una fuente de inspiraci&oacute;n, de b&uacute;squedas...? &iquest;De qu&eacute; manera ha determinado su camino?</p>
<p class="normal">- Como ya he contado otras veces, tras esa publicaci&oacute;n empec&eacute; a notar que el traje de fil&oacute;sofo deleuzeano me resultaba inc&oacute;modo, seguramente me ven&iacute;a demasiado grande. Hice alg&uacute;n intento de arreglarlo para mis medidas pero, finalmente, con la publicaci&oacute;n de <em>La intimidad</em> en 1996, me fui desplazando hacia otra concepci&oacute;n de la filosof&iacute;a distinta de la de Deleuze. Con todo, ha dejado en mi pensamiento una impronta imborrable, y mi deuda intelectual con &eacute;l &mdash;con sus libros y con lo que ellos contienen de ense&ntilde;anza de la filosof&iacute;a&mdash; es incalculable, s&oacute;lo que no creo que esas deudas hayan de pagarse &uacute;nicamente en t&eacute;rminos de lealtad incondicional sino tambi&eacute;n mostrando los desacuerdos y las dificultades. Me gustar&iacute;a pensar que, con mis traducciones de Deleuze, y con mi docencia y mis art&iacute;culos y libros sobre su pensamiento, he contribuido en algo a la normalizaci&oacute;n acad&eacute;mica en Espa&ntilde;a de uno de los fil&oacute;sofos de mayor estatura de la segunda mitad del siglo XX.</p>
<p class="normal">- &iquest;C&oacute;mo era el Jos&eacute; Luis Pardo estudiante? &iquest;Hubo alg&uacute;n profesor o profesores que le influyeron especialmente?</p>
<p class="normal">-Deleuze, de quien ahora mismo habl&aacute;bamos, se lamentaba a veces de no haber tenido maestros, o sea, profesores con los que hubiese conectado especialmente y que le hubieran servido de gu&iacute;a. A m&iacute; me pas&oacute; lo mismo, y es una verdadera desgracia, porque me habr&iacute;a ahorrado muchos esfuerzos vanos y muchos disgustos. Cuando ya era profesor, s&iacute; que he tenido compa&ntilde;eros de los que he aprendido much&iacute;simo y que han sido para m&iacute; un ejemplo, empezando por Juan Manuel Navarro Cord&oacute;n, pero no tuve la suerte de que me dieran clase. Creo que fui un buen estudiante, en el sentido de que estaba completa y desinteresadamente entregado a la causa de la filosof&iacute;a, y el aprendizaje fue para m&iacute; un aut&eacute;ntico fest&iacute;n del esp&iacute;ritu, aunque me sobraban, como a tantos otros en aquella &eacute;poca, unos cuantos kilos de sobrepeso ideol&oacute;gico izquierdista (hay que reconocer, empero, que la filosof&iacute;a es uno de los mejores ant&iacute;dotos contra las ideolog&iacute;as) y un poco de arrogancia juvenil, muy inconveniente cuando es uno tan ignorante como yo lo era, no s&oacute;lo de la filosof&iacute;a sino tambi&eacute;n de la mayor&iacute;a de las cosas de la vida.</p>
<p class="normal">- &iquest;C&oacute;mo es el Jos&eacute; Luis Pardo profesor?</p>
<p class="normal">- No soy un gran profesor, eso seguro. Hay que tener en cuenta que yo estudi&eacute; esta carrera s&oacute;lo para mejorar mis recursos espirituales, porque ten&iacute;a asumido que trabajar&iacute;a toda mi vida en algo que para nada se relacionar&iacute;a con mi vocaci&oacute;n filos&oacute;fica y quer&iacute;a tener una vida intelectual (aunque fuese totalmente privada: recuerde que mi plan original era quedarme en casa escribiendo, algo que en ese momento ya s&oacute;lo pod&iacute;a hacer en mis horas libres) que me compensase por ello; pero jam&aacute;s pens&eacute;, ni en mis m&aacute;s remotas enso&ntilde;aciones, que pudiera ganarme la vida gracias a esa vocaci&oacute;n. De manera que llevo m&aacute;s de treinta a&ntilde;os dedicado &mdash;primero en la ense&ntilde;anza media, luego en la Universidad&mdash; a una profesi&oacute;n que nunca pens&eacute; ejercer y para la que no estoy especialmente dotado, porque tengo vocaci&oacute;n filos&oacute;fica, pero no pedag&oacute;gica (por ejemplo, no he conseguido superar del todo la verg&uuml;enza de hablar en p&uacute;blico).</p>
<p class="normal">- &iquest;Qu&eacute; intenta inculcar a sus alumnos? &iquest;Le gusta comenzar cada curso con el mismo discurso, con palabras similares, o var&iacute;a esa primera aproximaci&oacute;n seg&uacute;n humores y circunstancias? &iquest;Disfruta con la ense&ntilde;anza?</p>
<p class="normal">- Lo que yo hago para poder dar clase es, b&aacute;sicamente, estudiar; podemos darle el pomposo nombre de &ldquo;investigaci&oacute;n&rdquo; pero, al menos en esta materia, en donde no usamos tubos de ensayo ni esc&aacute;neres ni sofisticados programas inform&aacute;ticos, se trata de estudiar. Un profesor es un estudiante con m&aacute;s herramientas que el alumno, y su principal misi&oacute;n es transmitir a los estudiantes esas herramientas y ense&ntilde;arles a usarlas. Es una actividad rutinaria y un poco aburrida, como coser o tejer, que constituye el 95% del trabajo acad&eacute;mico, as&iacute; que lo primero que uno tiene que hacer es aprender a aburrirse, acostumbrarse a la rutina (en este sentido, cuando la rutina funciona, hay que procurar repetirla, y no obsesionarse con cambiar de discurso cada a&ntilde;o, lo que sucede es que, como lo que s&iacute; cambia cada a&ntilde;o es la audiencia, a menudo tiene uno que cambiar de rutina para que siga funcionando). Y, a poco bien que uno lea, ocurre que, de vez en cuando, tiene la sensaci&oacute;n de haber aprendido algo m&aacute;s de lo que sab&iacute;a cuando empez&oacute;. Y cuando uno cree haber hecho ese descubrimiento (lo que constituye el otro 5% del trabajo), tiene uno que intentar comunic&aacute;rselo, para empezar, a los dem&aacute;s miembros de la comunidad. En mi caso al menos, aunque luego pueda darle forma en un art&iacute;culo o en un libro, esa comunicaci&oacute;n empieza siempre por los estudiantes, ante quienes la estreno con m&aacute;s miedo que verg&uuml;enza; as&iacute; que, m&aacute;s que inculcarles algo, dir&iacute;a que intento tratar a los estudiantes como a adultos (no soy, para entendernos, ese tipo de profesor al que llamar&iacute;amos &ldquo;el colega de los alumnos&rdquo;), y creo que la docencia me ha ayudado enormemente a tratar con respeto al p&uacute;blico al que me dirijo. Estoy infinitamente agradecido a los estudiantes por aguantarme en mis d&iacute;as buenos y en los malos, que son la mayor&iacute;a.</p>
<p class="normal">- &iquest;C&oacute;mo compagina ambas vertientes? &iquest;El profesor ayuda al intelectual o viceversa?</p>
<p class="normal">- No veo mucha diferencia entre &ldquo;el profesor&rdquo; y &ldquo;el ensayista&rdquo;. Desde que hay filosof&iacute;a (o sea, desde Plat&oacute;n), la hay porque se escribe (as&iacute; los di&aacute;logos de Plat&oacute;n) y porque se ense&ntilde;a (as&iacute; las &ldquo;ense&ntilde;anzas no escritas&rdquo; de la Academia).</p>
<p class="normal">- El hecho de que en esta sociedad tan utilitaria a&uacute;n siga habiendo j&oacute;venes que optan por estudiar Filosof&iacute;a, por ejercitar el pensamiento, ya es digno de elogio, sobre todo cuando es una disciplina cada vez menos valorada en los planes de estudio. &iquest;Habla eso a favor de sus estudiantes?</p>
<p class="normal">- &iexcl;Es que lo raro ser&iacute;a que esto no sucediera! Que la sociedad sea utilitaria es inevitable: si no nos dedic&aacute;semos a crear utilidad no podr&iacute;amos sobrevivir. Pero si <em>s&oacute;lo</em> nos dedic&aacute;semos a crear utilidad no querr&iacute;amos sobrevivir. La persecuci&oacute;n del bienestar material es perfectamente leg&iacute;tima, pero este bienestar es solamente un medio al servicio de un fin, a saber, el sentido que queremos darle a esa vida que hemos conseguido &ldquo;ganarnos&rdquo;. Y es de esto &uacute;ltimo, o sea, de mantener abierta la cuesti&oacute;n de cu&aacute;l es el sentido de la existencia, de lo que se ocupa la filosof&iacute;a. Los ataques a los que usted se refiere contra su presencia en las instituciones educativas son un indicio de que hay un cierto inter&eacute;s en dar la cuesti&oacute;n por terminada y ofrecernos un sentido &uacute;nico para nuestra vida con el que tendr&iacute;amos que conformarnos obligatoriamente.</p>
<p class="normal">- &iquest;Es necesario hoy distanciar la ense&ntilde;anza, el conocimiento, del exceso de mercantilismo, de utilitarismo? &iquest;C&oacute;mo hacerlo? &iquest;Es b&aacute;sicamente un problema pol&iacute;tico? &iquest;Todo es cuesti&oacute;n de voluntad pol&iacute;tica?</p>
<p class="normal">- La ense&ntilde;anza y el conocimiento son, de entrada, distancia. Para empezar, las instituciones educativas distancian a los ni&ntilde;os y a los j&oacute;venes respecto de sus familias: les sacan de un plano privado, comunitario (el que significan sus apellidos y sus se&ntilde;as de identidad) para elevarles a un plano virtualmente universal (en el que se encuentran las ecuaciones de segundo grado o las leyes de la sintaxis) en donde sean capaces de ponerse en el lugar de cualquier otro, y no solamente de los suyos, a la hora de juzgar. Para seguir, la ense&ntilde;anza p&uacute;blica, tal y como se concibe en las sociedades ilustradas, es un intento de distanciar a los j&oacute;venes, durante su per&iacute;odo de formaci&oacute;n acad&eacute;mica, de las desigualdades econ&oacute;micas, neutraliz&aacute;ndolas mediante un sistema de igualdad de oportunidades. <em>Eso</em> es cuesti&oacute;n de voluntad pol&iacute;tica, pero la voluntad pol&iacute;tica no puede crear por s&iacute; sola riqueza, ni puede nada contra las leyes de la f&iacute;sica o contra las de la gram&aacute;tica. Por eso, finalmente, para que la ense&ntilde;anza y el conocimiento puedan estar realmente al servicio<em> de</em> la sociedad tienen que ser, parad&oacute;jicamente, independientes de ella (y del poder pol&iacute;tico y econ&oacute;mico de turno) en el terreno del saber: para que un ingeniero pueda construir los puentes que la sociedad necesita tiene que atender a su ciencia, no a los deseos de los pol&iacute;ticos, a los sondeos de opini&oacute;n o a los hombres de negocios del momento, pues s&oacute;lo de ese modo el puente no se caer&aacute; al primer vendaval. Pretender que la ense&ntilde;anza sea rentabilidad social o pol&iacute;tica inmediata y beneficio econ&oacute;mico directo es pervertir la idea misma de &ldquo;saber cient&iacute;fico&rdquo;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p class="normal">- Precisamente en el ensayo <em>La regla del juego</em> se plantea la dificultad de aprender filosof&iacute;a. &iquest;C&oacute;mo mantener vivo el di&aacute;logo con los pensadores cl&aacute;sicos, c&oacute;mo seguir aprendiendo de ellos?</p>
<p class="normal">- Bueno, Gadamer sol&iacute;a decir (pensando, sobre todo, en la &ldquo;m&uacute;sica cl&aacute;sica&rdquo;) que cuando llamamos a algo cl&aacute;sico queremos decir que, sin necesidad de reconstruir su contexto hist&oacute;rico, lo encontramos, por alg&uacute;n motivo, inapelablemente correcto. Ya que menciona <em>La regla del juego</em>, yo dir&iacute;a m&aacute;s bien que las obras cl&aacute;sicas &mdash;en el arte, en la filosof&iacute;a y en todo lo dem&aacute;s&mdash; no lo son por ser mejores o peores que otras (a veces son imperfectas en muchos sentidos), sino porque expresan las reglas del juego al que pertenecen, su trama y su urdimbre, y por tanto al escucharlas, contemplarlas o leerlas, sentimos algo que de suyo no es sensible, a saber, la regla del bien construir una melod&iacute;a, un poema, una narraci&oacute;n, un concepto, un edificio o una composici&oacute;n pict&oacute;rica. Si seguimos poniendo en escena obras de S&oacute;focles o de Monteverdi, a pesar de que nuestro mundo se parece muy poco al mundo en el que esas obras nacieron y tuvieron sentido, es porque todav&iacute;a nos dicen algo que nos importa, porque no son simples monumentos de un pasado hist&oacute;rico caduco, sino que los problemas que plantean a&uacute;n no est&aacute;n resueltos, a&uacute;n son nuestros problemas, a&uacute;n nos descubren las reglas del juego al que nosotros jugamos, y por eso al contemplarlas podemos aprender algo m&aacute;s sobre nosotros mismos. Por tanto, para que ese di&aacute;logo sea posible es fundamental no tratar a los cl&aacute;sicos como momias embalsamadas ante las cuales hacer reverencias, no reducirlos a su lenguaje t&eacute;cnico, por muy importante que sea, y rescatarlos de aquello que la historia y los siglos de comentarios han hecho de ellos para devolverlos a la conversaci&oacute;n, para hacer de ellos pensadores en activo y no honorables jubilados. Naturalmente, hay que conocer muy bien a un pensador (empezando por su lenguaje t&eacute;cnico) para poder hacer eso, pero s&oacute;lo quienes, debido a ese conocimiento, ya no tienen necesidad de ponerse siempre los coturnos spinozianos para hablar de Spinoza o de decir cada dos minutos <em>a priori</em> para hablar de Kant son capaces, hasta donde llega mi experiencia, de quitarles el polvo a los cl&aacute;sicos en lugar de limitarse a sacarles brillo.</p>
<p class="normal"><br /> - &iquest;Podr&iacute;a se&ntilde;alar algunos momentos en que, personalmente, ese di&aacute;logo ha sido especialmente enriquecedor para usted? &iquest;Momentos de deslumbramiento, de apertura?</p>
<p class="normal">- No digo que me haya ocurrido s&oacute;lo con ellos, pero esa sensaci&oacute;n de no estar entrando en contacto con una<em> </em>filosof&iacute;a sino con la<em> </em>filosof&iacute;a, con la trama misma de lo que esa palabra significa en nuestra tradici&oacute;n cultural, es especialmente intensa en el caso de los pensadores de la antig&uuml;edad, sobre todo Plat&oacute;n y Arist&oacute;teles. Por una parte, est&aacute;n cultural e hist&oacute;ricamente tan lejos de nosotros que toda tentaci&oacute;n de manipulaci&oacute;n, de hacerles decir lo que nos conviene, queda, si no completamente neutralizada, s&iacute; bastante desactivada, y hay que tratar sus textos con un cuidado (para empezar, con un cuidado filol&oacute;gico) y con una delicadeza especial. Pero, por otra parte, es casi inevitable experimentar, al hacerlo, la sensaci&oacute;n de que las palabras que ellos utilizan <em>a&uacute;n</em> no se han convertido en lo que acabo de llamar un &ldquo;lenguaje t&eacute;cnico&rdquo;, de que sus estrategias discursivas a&uacute;n no son una &ldquo;metodolog&iacute;a&rdquo;, de que est&aacute;n intentando pensar en vivo y dar una forma conceptual a los problemas que luego la filosof&iacute;a &ldquo;escol&aacute;stica&rdquo; y &ldquo;acad&eacute;mica&rdquo; fijar&aacute; en una terminolog&iacute;a escolar, de que est&aacute;n haciendo &ldquo;filosof&iacute;a mundana&rdquo;, como alguien dijo, y eso resulta incre&iacute;blemente atractivo (y peligroso).</p>
<p class="normal">- &iquest;Y qu&eacute; hay de la autocr&iacute;tica? &iquest;Deber&iacute;an los fil&oacute;sofos hacer autocr&iacute;tica? &iquest;Hasta qu&eacute; punto la filosof&iacute;a se ha vuelto tan herm&eacute;tica que se ha alejado de la gente, de la calle? &iquest;Hasta qu&eacute; punto no ha empatizado con el sufrimiento, con las emociones...?</p>
<p class="normal">- &iquest;De qu&eacute; me suena a m&iacute; este reproche, que los fil&oacute;sofos no acompa&ntilde;an en sus sufrimientos a la gente de la calle, que no creen en los mismos dioses en los que cree el pueblo, d&oacute;nde habr&eacute; o&iacute;do yo antes la acusaci&oacute;n de apostas&iacute;a contra el fil&oacute;sofo? Ah, s&iacute;, ya me acuerdo: en el proceso contra S&oacute;crates en el a&ntilde;o 399 antes de nuestra era, que fue condenado por impiedad y por no compartir las creencias religiosas de sus vecinos (como dec&iacute;a Brassens: &ldquo;<em>les braves gens n&rsquo;aiment pas que/ l&rsquo;on suive un autre&nbsp; route qu&rsquo;eux</em>&rdquo;). Como la biograf&iacute;a de S&oacute;crates es el mito fundacional de la filosof&iacute;a, su historia no puede ser casual: un rasgo constitutivo de la filosof&iacute;a es que resulta inc&oacute;moda<em> </em>en la ciudad, demasiado &ldquo;acad&eacute;mica&rdquo;, pesada e in&uacute;til (como resultaba S&oacute;crates para la mayor&iacute;a de los atenienses). Pero no crea usted, en muchos momentos la filosof&iacute;a se ha avergonzado de su falta de empat&iacute;a con la sociedad y ha intentado librarse de esas acusaciones convirti&eacute;ndose en doctrina moral, en ideolog&iacute;a pol&iacute;tica, en terapia psicol&oacute;gica y hasta en materia de &ldquo;coaching&rdquo; empresarial; lo que pasa es que, en esos casos, lo menos que le ha sucedido es que ha hecho el rid&iacute;culo y ha languidecido precisamente por haberse adaptado tanto al mundo con el que pretend&iacute;a empatizar que ha perdido la libertad de juicio que le permit&iacute;a cuestionarlo. Sin embargo, esto no significa que la filosof&iacute;a no est&eacute; inc&oacute;moda en la Academia: como todos sabemos, desde su nacimiento hasta nuestros d&iacute;as no ha conseguido convertirse en una &ldquo;carrera&rdquo; o en una &ldquo;asignatura&rdquo; como todas las dem&aacute;s, y por eso est&aacute; perpetuamente cuestionada en el sistema educativo. Y tambi&eacute;n ha habido ocasiones en las que ha intentado librarse de ese complejo disfraz&aacute;ndose con los ropajes de la ciencia, pero asimismo en esos casos ha terminado convertida en una grotesca &aacute;lgebra sof&iacute;stica sin objeto ni contenido. Esta incomodidad constitutiva e insuperable de la filosof&iacute;a se debe a que, como dec&iacute;amos hace un momento, su finalidad es precisamente poner en cuesti&oacute;n cualquier finalidad en virtud de la cual los hombres intenten dar sentido a sus vidas, su misi&oacute;n es someter al examen de la raz&oacute;n cualquier cosa que pueda entenderse como una &ldquo;misi&oacute;n&rdquo;, empezando por la suya. Seguramente la filosof&iacute;a es el &uacute;nico saber cuyo primer precepto es el autocuestionamiento: en filosof&iacute;a no se trata nunca de elaborar una doctrina &ldquo;propia&rdquo; (el racionalismo, el empirismo, el idealismo o cualquiera de los r&oacute;tulos que llenan los manuales de historia de la filosof&iacute;a), sino de poner en discusi&oacute;n qu&eacute; es y qu&eacute; debe ser la filosof&iacute;a. Pero ocurre que, con frecuencia, no nos gusta demasiado que alguien venga a cuestionar el sentido que hemos decidido darle a nuestra vida.</p>
<p class="normal">- Plantea Javier Gom&aacute; que la filosof&iacute;a ha abandonado el objetivo de proponer un ideal, &ldquo;una visi&oacute;n omnicomprensiva de un deber ser, de lo que tiene que ser el hombre y la sociedad&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; opina al respecto?</p>
<p class="normal">- "Todas estas interpretaciones" -dice Hannah Arendt- "presuponen t&aacute;citamente que a los hombres s&oacute;lo se les puede exigir juzgar cuando poseen criterios, que la capacidad de juicio no es m&aacute;s que la aptitud para clasificar correcta y adecuadamente lo particular seg&uacute;n lo general que por com&uacute;n acuerdo le corresponde (...) La p&eacute;rdida de los criterios, que de hecho determina al mundo moderno en su facticidad, y que no es subsanable mediante ning&uacute;n retorno a los Buenos Antiguos ni mediante el establecimiento arbitrario de nuevos valores y criterios, s&oacute;lo es una cat&aacute;strofe (...) si se acepta que los hombres no est&aacute;n en condiciones de juzgar las cosas por s&iacute; mismos, que su capacidad de juicio no basta para juzgar originalmente, que s&oacute;lo puede exig&iacute;rseles aplicar correctamente reglas conocidas y servirse adecuadamente de criterios ya existentes"<a title="" href="#_ftn1"><sup><sup>[1]</sup></sup></a>. Y yo estoy de acuerdo con ella. Es m&aacute;s c&oacute;modo que nos den el paquete del sentido de la vida ya prefabricado, que nos digan qu&eacute; deben ser el hombre y la sociedad y que nos limitemos a aplicar esos criterios de acuerdo con unos tutores encargados de evitar las desviaciones. As&iacute; sucede en las sociedades tradicionales, en donde la religi&oacute;n monopoliza la producci&oacute;n de sentido y exige mantener la homogeneidad de la comunidad de creencias. Comprendo que se pueda sentir nostalgia de esa comunidad y de esa comodidad (y dejo a los historiadores la tarea de ilustrarnos acerca de si eran o no tan id&iacute;licas aquellas sociedades). Pero, como dice Hannah Arendt, creo que ser&iacute;a enga&ntilde;ar al p&uacute;blico prometer un retorno a los &ldquo;viejos buenos criterios tradicionales&rdquo;: puede que eso fuera posible para los antiguos griegos que descubrieron en la polis una pluralidad civil irreductible a la homogeneidad que exig&iacute;an las formas de gobierno que les rodeaban, pero para nosotros, los modernos, ha dejado de ser una opci&oacute;n. La estructura de convivencia pol&iacute;tica que hemos creado naci&oacute; de la experiencia del terror generado por las guerras de religi&oacute;n en Europa, y cualquier clase de retorno a unos valores y criterios de tipo premoderno, a pesar de la buena prensa de la que disfruta (entre gentes que, curiosamente, ser&iacute;an incapaces de soportar esos valores durante treinta segundos seguidos), s&oacute;lo podr&iacute;a ir en detrimento de las libertades civiles que definen el pluralismo pol&iacute;tico moderno. Porque quienes se quejan de la falta de criterios o de valores en realidad se est&aacute;n quejando, no s&eacute; si sabi&eacute;ndolo o no, de la libertad.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Puede que haya gente que prefiera mentiras agradables a verdades inc&oacute;modas&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Si hay una defensa en toda su obra es la del cultivo del criterio propio. &iquest;C&oacute;mo es posible que ante tanta facilidad para acceder a la informaci&oacute;n, la gente est&eacute; tan desinformada y sea tan f&aacute;cilmente manipulable?</p>
<p class="normal">- Desde luego, para formarse un criterio acerca de algo hay que estar bien informado sobre ello, pero tambi&eacute;n hace falta tener criterio a la hora de informarse. Hoy tendemos a confundir con informaci&oacute;n cualquier <em>dato</em> que podemos obtener en tiempo real: pero es obvio que no es lo mismo ver lo que ahora mismo est&aacute; sucediendo en una calle de Kuala Lumpur que comprender lo que uno est&aacute; viendo (para lo cual habr&iacute;a que saber bastante acerca de la realidad actual de Malasia y de su historia), y eso sin hablar de que un dato no verificado puede ser un dato falsificado, manipulado o &ldquo;posverdadero&rdquo;. Sin esta verificaci&oacute;n y sin aquella elaboraci&oacute;n no podemos hablar de informaci&oacute;n&rdquo; sino m&aacute;s bien de propaganda, publicidad o intoxicaci&oacute;n. Y, lo que es peor, tendemos a llamar informaci&oacute;n tambi&eacute;n a la opini&oacute;n, a cualquier opini&oacute;n sin necesidad de que haya pasado filtro alguno ni haya sido jerarquizada por su relevancia. De manera que la presunta &ldquo;facilidad de acceso a la informaci&oacute;n&rdquo; puede estar contribuyendo a la desaparici&oacute;n de las estructuras capaces de dar cuenta de los hechos y a su sustituci&oacute;n por la fabricaci&oacute;n <em>ad libitum</em> de &ldquo;hechos alternativos&rdquo; al gusto de los consumidores y de hojas parroquiales que les confirmen en la fe que ya antes ten&iacute;an. Y puede que haya gente que prefiera mentiras agradables a verdades inc&oacute;modas. Tener un criterio propio no es dificil&iacute;simo, pero es much&iacute;simo m&aacute;s f&aacute;cil no tenerlo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Procuro huir de todo lo que pueda significar adoctrinamiento&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;C&oacute;mo se combate eso desde la universidad? &iquest;A t&iacute;tulo personal c&oacute;mo contribuye a la formaci&oacute;n de j&oacute;venes estudiantes, ciudadanos, capaces de pensar por s&iacute; mismos?</p>
<p class="normal">- Ya he dicho que intento tratar a los estudiantes como a adultos, y creo que ese es el n&uacute;cleo de la cuesti&oacute;n. Desde que le&iacute; <em>El cementerio de las naranjas amargas</em>, de Josef Winkler, siempre he llevado conmigo, a t&iacute;tulo de advertencia, una frase muy antip&aacute;tica del libro: &laquo;Los estudiantes que se dejan alimentar con el lenguaje universitario me recuerdan a los monos que comen en el Zoo, escupen en las manos su comida, vuelven a comerse lo vomitado y vomitan lo escupido por segunda, tercera o cuarta vez, antes de trag&aacute;rselo con esfuerzo y dificultad, darse la vuelta e irse a defecar. Sin embargo, no se debe acusar o compadecer a los que se convierten en monos, sino a los que fabrican esos monos&raquo;. M&aacute;s moderadamente, Wittgenstein dec&iacute;a que ense&ntilde;ar filosof&iacute;a no es alimentar a los estudiantes, sino ayudarles a cambiar de dieta. Y Kant, en una frase tan repetida como acertada, dec&iacute;a que no se trata de ense&ntilde;ar filosof&iacute;a (&ldquo;historia de la filosof&iacute;a&rdquo;, dir&iacute;amos hoy), sino de ense&ntilde;ar a filosofar. Intento, pues, no fabricar monos, lo que no quiere decir que lo consiga, y procuro huir de todo lo que pueda significar adoctrinamiento.</p>
<p class="normal">- &iquest;En ese sentido, ser fil&oacute;sofo hoy, estudiar filosof&iacute;a, puede ser considerado un acto de rebeld&iacute;a, de resistencia?</p>
<p class="normal">-Quedar&iacute;a yo muy bien contestando que s&iacute;, y dibujando la imagen del fil&oacute;sofo como un Johnny Yuma de la cultura. Pero hay que tener cuidado con estas expresiones. Las sociedades modernas lo son porque est&aacute;n siempre en proceso de transformaci&oacute;n y c&iacute;clicamente revolucionan sus estructuras, a menudo con costes grav&iacute;simos para sus poblaciones. Por esta raz&oacute;n, la rebeld&iacute;a, e incluso la revoluci&oacute;n, tienden a ser consideradas buenas en s&iacute; mismas, como si el mero hecho de ser rebelde ya confiriese alg&uacute;n prestigio. Pero es evidente que el valor de la rebeld&iacute;a depende de aquello <em>contra lo que</em> uno se rebela (ya s&eacute; que este ejemplo est&aacute; muy manido, pero la sublevaci&oacute;n del General Franco en 1936 tambi&eacute;n fue un acto de rebeld&iacute;a). Pasa lo mismo con la resistencia, que su valor depende del de aquello a lo que uno se resiste (no es nada interesante tener una &ldquo;tos rebelde&rdquo; o una infecci&oacute;n &ldquo;resistente a los antibi&oacute;ticos&rdquo;). Y muy a menudo la rebeli&oacute;n de los fil&oacute;sofos consiste en rebelarse contra la rebeld&iacute;a misma, a pesar de su buena prensa.</p>
<p class="normal">- &iquest;Por qu&eacute; sigue siendo esencial la filosof&iacute;a? &iquest;Porque implica detenerse, parar, contemplar, ganar tiempo, en medio de las prisas, del ruido...? &iquest;Porque nos ayuda a mantener despiertas las preguntas, porque nos proporciona determinadas herramientas para cultivar el criterio propio en un mundo tan uniformado, tan falto de pluralismo?</p>
<p class="normal">-Imag&iacute;nese que me hubiese preguntado por qu&eacute; sigue siendo esencial la m&uacute;sica. Yo podr&iacute;a responderle que no se trata de averiguar las razones por las que es esencial, sino que todo parece indicar que viene en el mismo paquete que nosotros, que nos ha acompa&ntilde;ando desde que hay seres humanos sobre la tierra y que no tiene pinta de que vaya a desaparecer de un d&iacute;a para otro, porque no es veros&iacute;mil que podamos conformarnos sin ella (lo que no impide que de cuando en cuando alg&uacute;n responsable ministerial o asesor pedag&oacute;gico procure ridiculizar su presencia en los estudios secundarios). Pues pasa lo mismo con la filosof&iacute;a. No es cuesti&oacute;n de argumentar por qu&eacute; le buscamos un sentido a nuestra existencia: claro est&aacute; que, en cierto respecto, nuestra existencia ser&iacute;a m&aacute;s simple si no tuvi&eacute;ramos que darle un significado (como tambi&eacute;n ser&iacute;a un poco menos complicada si no hubiera m&uacute;sica), pero el asunto es que no podemos dejar de buscarle uno, y mientras esa cuesti&oacute;n siga abierta seguir&aacute; habiendo filosof&iacute;a. Nietzsche dec&iacute;a que podr&iacute;a pensarse en una existencia sin m&uacute;sica, pero que sin m&uacute;sica la vida ser&iacute;a una estupidez. A m&iacute; me gustar&iacute;a decir lo mismo de la filosof&iacute;a, pero no me atrevo, porque he conocido a fil&oacute;sofos muy est&uacute;pidos.</p>
<p class="normal">- Me detengo en el segundo interrogante: Agobio, prisa, urgencia, estr&eacute;s, son palabras del ahora. &iquest;El tiempo nos atenaza m&aacute;s que nunca? &iquest;Esa tiran&iacute;a, ese deseo de mantenerse ocupados, sin dejar de hacer, de producir, es uno de los males del presente?</p>
<p class="normal">-La falta de tiempo es uno de los males end&eacute;micos de los mortales. En el mundo moderno ha adoptado la figura de lo que suele llamarse &ldquo;aceleraci&oacute;n hist&oacute;rica&rdquo; (la sensaci&oacute;n de que el tiempo corre a&uacute;n m&aacute;s deprisa). Esto, obviamente, no se debe a que el tiempo vaya m&aacute;s o menos r&aacute;pido, sino, por una parte, a la implantaci&oacute;n de la producci&oacute;n industrial, con sus sistemas de medida de precisi&oacute;n y de aprovechamiento m&aacute;ximo del tiempo (<em>time is golden</em>); y, por otra, a que los adelantos en materia de transportes y de comunicaciones hacen que las noticias vuelen de un lado a otro del planeta en segundos (el lapso entre un suceso y la comunicaci&oacute;n del mismo se ha reducido pr&aacute;cticamente a cero, pero la velocidad a la que el cerebro humano puede procesar la informaci&oacute;n sigue siendo la misma que en la prehistoria). En este siglo, sin embargo, se ha generalizado una cierta forma de modelar el tiempo social que ha dado lugar a nuevos tipos de pobreza, lo que yo alguna vez llam&eacute; &ldquo;estrecheces cr&oacute;nicas&rdquo;: del mismo modo que se han reducido las distancias espaciales, tambi&eacute;n se han estrechado los marcos temporales. Y, de nuevo, la queja de la falta de tiempo encubre la de falta de sentido: el imperio del corto plazo, que tan brillantemente ha estudiado Richard Sennett en el mundo del trabajo, hace que los lapsos de tiempo con sentido, con argumento, sean cada vez m&aacute;s breves y fugaces, de manera que cuando apenas hemos comenzado el relato de una fase de nuestra vida ya tenemos que darla por clausurada porque ha perdido sus condiciones de posibilidad y el relato ha dejado de tener sentido, se ha vuelto inveros&iacute;mil. Ese tipo de &ldquo;precariedad&rdquo; creo que es una de las enfermedades m&aacute;s graves de nuestro tiempo.</p>
<div>
<p class="normal">- Lleva ya mucho tiempo dando vueltas a la idea de &ldquo;malestar&rdquo;, analizando los derroteros y comportamientos de las sociedades contempor&aacute;neas. La idea de &ldquo;malestar&rdquo; aparece en el ensayo ganador del Premio Anagrama, pero antes en <em>Esto no es m&uacute;sica</em>, en <em>Nunca fue tan hermosa la basura</em>... Tambi&eacute;n se detecta el malestar en obras como <em>La intimidad</em> y <em>La banalidad</em>. &iquest;Cu&aacute;ndo fue consciente por primera vez de ese malestar, de la erosi&oacute;n de los modos de convivencia, del sentimiento colectivo de conspiraci&oacute;n, de mentira, en relaci&oacute;n a la pol&iacute;tica, al sistema global?</p>
<p class="normal">-As&iacute; es, llevo mucho tiempo (m&aacute;s o menos desde 1995) d&aacute;ndole vueltas al &ldquo;malestar&rdquo;. Me decid&iacute; por este t&eacute;rmino por varias razones, la principal de todas la gr&aacute;fica contraposici&oacute;n con el bienestar del &ldquo;estado del bienestar&rdquo;, pero ahora no s&eacute; si se entiende del todo bien. Desde que estall&oacute; la crisis econ&oacute;mica en 2008, cuando se habla de malestar en este contexto se piensa sobre todo en el descontento derivado de las restricciones del estado del bienestar debidas a los recortes presupuestarios provocados por la crisis. Pero est&aacute; claro que yo no pensaba en eso (pues en 1995 nadie preve&iacute;a la crisis econ&oacute;mica ni los recortes). A lo que yo me refer&iacute;a era a un cierto discurso ideol&oacute;gico que expresa su malestar <em>en y con el estado del bienestar</em>. El &ldquo;estado del bienestar&rdquo; es la forma que adopt&oacute; el Estado moderno tras la cat&aacute;strofe de las dos guerras mundiales. Se mire como se mire, esas guerras significaron hist&oacute;ricamente un fracaso del Estado de Derecho, una instituci&oacute;n nacida en el siglo XVII y que supuso una forma de legitimidad pol&iacute;tica hasta entonces in&eacute;dita. A principios del siglo XX, mucha gente (incluidos notables intelectuales y juristas) pensaba que esa instituci&oacute;n hab&iacute;a quedado obsoleta y estaba a punto de ser superada por nuevas formas de Estado. El problema es que estas nuevas formas de Estado terminaron siendo los totalitarismos. As&iacute; que, en 1945, las democracias liberales occidentales, que rechazaban tales sistemas pero que asum&iacute;an las lecciones de la guerra y del movimiento obrero, firmaron un nuevo contrato civil (simbolizado por el consenso entre los partidos de centro-izquierda y de centro-derecha) en torno al proyecto pol&iacute;tico de un Estado que hab&iacute;a de ser a la vez <em>social</em> (como lo eran, a su modo, los Estados fascistas y comunistas) y <em>de derecho</em> (como lo hab&iacute;a sido siempre la democracia parlamentaria moderna). Esta combinaci&oacute;n de bienestar jur&iacute;dico (derechos civiles) y bienestar material (derechos sociales) es lo que llamamos &ldquo;estado del bienestar&rdquo;, y nunca antes se hab&iacute;a propuesto de forma tan expl&iacute;cita. Las poblaciones de estos pa&iacute;ses, en t&eacute;rminos generales, apoyaron con sus votos a estos partidos &ldquo;moderados&rdquo;, y s&oacute;lo quedaron fuera de ese consenso (es decir, s&oacute;lo se sent&iacute;an descontentos en el estado del bienestar) quienes hab&iacute;an apostado por soluciones pol&iacute;ticas totalitarias (comunistas o fascistas), que eran electoralmente minoritarios y se vieron rechazados a los extremos del espectro pol&iacute;tico y, casi siempre, fuera de los parlamentos. Pero no fuera de las universidades, de las editoriales o de los escenarios, es decir, del territorio de la &ldquo;cultura&rdquo;. Fruto de su influencia en ese territorio fue la primera explosi&oacute;n de rabia contra el estado del bienestar de dimensiones importantes: el Mayo del 68 <em>franc&eacute;s</em>, precedido por la publicaci&oacute;n de <em>La sociedad del espect&aacute;culo</em>, de Guy Debord (pues eso era para Debord el estado del bienestar, un espect&aacute;culo para distraer al pueblo de su destino revolucionario). Las organizaciones pol&iacute;ticas que estuvieron en aquel movimiento eran todas ellas extraparlamentarias (y lo siguieron siendo), y en ese sentido pol&iacute;ticamente marginales, pero su ret&oacute;rica militante era la de la guerra, consideraban que la pol&iacute;tica <em>aut&eacute;ntica</em> era la que estaba desarroll&aacute;ndose en Vietnam o en Cuba, que los l&iacute;deres pol&iacute;ticos <em>aut&eacute;nticos</em> eran el <em>Che </em>Guevara y el General Giap, mientras que los presidentes de las rep&uacute;blicas y primeros ministros de las democracias liberales eran peleles del Gran Capital. Naturalmente, sus objetivos pol&iacute;ticos eran inveros&iacute;miles (la instauraci&oacute;n en Francia del gobierno de los Soviets, la disoluci&oacute;n de la familia, etc.), y en ese sentido pudo parecer una rabieta sin consecuencias pol&iacute;ticas (De Gaulle gan&oacute; las elecciones de Junio de ese a&ntilde;o y tanto el Partido comunista como el socialista perdieron diputados). Pero no fue as&iacute;, para empezar porque sus consecuencias <em>culturales</em> fueron incalculables. De ellas naci&oacute; una &ldquo;nueva izquierda&rdquo; (que en realidad ten&iacute;a poco de nueva, era la izquierda que hab&iacute;a sido &ldquo;derrotada&rdquo; pol&iacute;ticamente por el estado del bienestar gracias a la pacificaci&oacute;n de la lucha de clases y al nuevo pacto social), la <em>izquierda cultural</em> que siempre mostr&oacute; su resentimiento hacia el Estado del bienestar por su car&aacute;cter <em>social</em> (en el cual los foucaultianos, por ejemplo, ve&iacute;an un claro intento de control biopol&iacute;tico de las poblaciones) y que, ya que no pod&iacute;a reavivar el conflicto de clases, puso en marcha toda una serie de &ldquo;guerras culturales&rdquo; a trav&eacute;s de las llamadas &ldquo;pol&iacute;ticas de la identidad&rdquo;, que sin duda son lo que yo llamar&iacute;a <em>pol&iacute;ticas de malestar</em>, que no proponen ning&uacute;n modelo pol&iacute;tico alternativo pero que minan sistem&aacute;ticamente la figura central del &ldquo;sistema&rdquo; erigido en 1945 en las democracias occidentales avanzadas, que segu&iacute;a siendo la del ciudadano aut&oacute;nomo y sujeto de derechos. Es verdad que, a partir de 1970, las cr&iacute;ticas y los ataques al estado del bienestar vinieron principalmente de la derecha (aunque ciertos elementos de esas cr&iacute;ticas se volvieron pol&iacute;ticamente transversales), y de ellos naci&oacute; tambi&eacute;n una &ldquo;nueva derecha&rdquo; (que tampoco tiene mucho de nueva), m&aacute;s medi&aacute;tica que &ldquo;cultural&rdquo;, que no tardar&iacute;a en proponer, con gran &eacute;xito electoral, sus propias <em>pol&iacute;ticas de malestar</em>. Porque son pol&iacute;ticas de malestar todas aquellas que, aunque &mdash;como suced&iacute;a con los &ldquo;objetivos&rdquo; del Mayo franc&eacute;s&mdash; propongan unas metas positivas quim&eacute;ricas y extremistas (el cierre total de las fronteras nacionales o su total eliminaci&oacute;n, por ejemplo), tienden a dividir de nuevo la sociedad en amigos y enemigos, socavando as&iacute; el consenso prepol&iacute;tico que sostiene el pacto civil. No triunfan porque los votantes &ldquo;crean&rdquo; en la viabilidad de esas metas &ldquo;positivas&rdquo; (fantasmales y mal definidas), sino porque &ldquo;quieren&rdquo; los medios &ldquo;negativos&rdquo; o agresivos que proponen sus propagandistas, porque desean ver <em>castigados</em> a sus enemigos, esos enemigos (la &ldquo;casta&rdquo;, la &ldquo;inmigraci&oacute;n&rdquo;, los &ldquo;enemigos del pueblo&rdquo;&hellip;) construidos ad hoc a los que consideran culpables de todas sus desgracias.</p>
<p class="normal">- Libro a libro ha ido evolucionando en la idea. &iquest;De qu&eacute; manera? &iquest;Ha tenido algo que ver Freud y su concepto de malestar de la cultura como punto de partida? &Eacute;l cre&iacute;a en el poder salvador de la cultura, en la b&uacute;squeda de ideales comunes, en el compromiso con esos ideales... &iquest;Es esa carencia la que conduce al malestar?</p>
<p class="normal">-Es evidente que el subt&iacute;tulo de <em>Esto no es m&uacute;sica </em>(&ldquo;Introducci&oacute;n al malestar en la cultura de masas&rdquo;) es un juego de palabras con el t&iacute;tulo de la obra de Freud, pero poco m&aacute;s. Mi objetivo al hablar de malestar en la cultura era ese tipo de &ldquo;resentimiento&rdquo; contra el estado del bienestar que se refugi&oacute; en el territorio de la cultura, seg&uacute;n acabamos de decir. Porque aquellas guerras culturales centradas en la identidad pasaron pronto a convertirse en pol&iacute;ticas de malestar, de discriminaci&oacute;n, de enemistad, creando lo que podr&iacute;amos llamar una cultura del malestar <em>en y contra</em> el estado del bienestar. El concepto de identidad sustituy&oacute; al de &ldquo;clase social&rdquo; como objeto del nuevo conflicto, y lo malo que tiene la identidad como identidad <em>pol&iacute;tica</em> es que siempre es antag&oacute;nica (se basa en la negaci&oacute;n de la identidad del enemigo), y ataca los pilares del Estado de Derecho. O sea que, a mi modo de ver, no se trata tanto de la carencia de ideales comunes como de la destrucci&oacute;n del proyecto colectivo ideado justamente como soluci&oacute;n para terminar con el &ldquo;estado de guerra&rdquo;.</p>
<p class="normal">- &iquest;Qu&eacute; parte de culpa tienen los medios de comunicaci&oacute;n en todo esto? Todorov indicaba que sin pluralismo en la informaci&oacute;n no puede haber democracias sanas. &iquest;C&oacute;mo es posible que se nos ofrezcan cada d&iacute;a titulares falsos, interesados, con tanta impunidad?</p>
<p class="normal">-Hay un factor importante en todo esto que no hemos mencionado apenas. Las pol&iacute;ticas de malestar de las que venimos hablando no se impusieron en Europa o en Am&eacute;rica mediante dictaduras militares o Estados totalitarios, sino mediante el voto popular con plenas garant&iacute;as jur&iacute;dicas. Fue &ldquo;la gente&rdquo; o ese &ldquo;pueblo&rdquo; que a veces se idealiza el que puso en el poder a Reagan, Thatcher, Bush, Trump, Tsipras, etc., y el que llev&oacute; a Marine Le Pen a disputar la presidencia de la Rep&uacute;blica francesa. Es muy sencillo decir que estas poblaciones &ldquo;fueron enga&ntilde;adas&rdquo; por la propaganda y la intoxicaci&oacute;n medi&aacute;tica, pero no se trata de poblaciones analfabetas o carentes de acceso a los instrumentos de cr&iacute;tica que permiten formarse un criterio propio. Es evidente que &ldquo;algo fall&oacute;&rdquo; en los medios de comunicaci&oacute;n que ten&iacute;an como tarea la formaci&oacute;n de una opini&oacute;n p&uacute;blica libre y plural. Tambi&eacute;n lo es que los medios de comunicaci&oacute;n que hoy llamamos &ldquo;tradicionales&rdquo; (como si hubiera otros) han entrado en una crisis estructural por diversas y complejas razones (que no son &uacute;nicamente tecnol&oacute;gicas) y que, en su b&uacute;squeda desesperada de clientes que permitan su supervivencia como empresas, han tendido por ello mismo al &ldquo;sensacionalismo&rdquo;, es decir, a convertirse m&aacute;s en catecismos que dan a sus lectores lo que &eacute;stos quieren recibir y les confirman en la opini&oacute;n que ya ten&iacute;an antes de leerlas, que en instrumentos que ofrecen a esos lectores los elementos que les permitir&aacute;n construir un criterio aut&oacute;nomo. El descr&eacute;dito de las fuentes de la verdad material (el conocimiento de los hechos y de los diversos puntos de vista sobre ellos) es una condici&oacute;n necesaria para la proliferaci&oacute;n de titulares period&iacute;sticamente impresentables. Pero en ese descr&eacute;dito las empresas period&iacute;sticas tambi&eacute;n tienen una parte importante de responsabilidad (o, quiz&aacute; mejor dicho, de irresponsabilidad).</p>
<p class="normal">- Un peque&ntilde;o inciso. Vayamos a su ensayo&nbsp; <em>La intimidad</em>, donde se refer&iacute;a a &ldquo;la inundaci&oacute;n de obscenidad&rdquo; y detectaba dos tipos de pornograf&iacute;a: la sentimental (explotaci&oacute;n de los secretos de familia) y la pol&iacute;tica. Esa tendencia, lejos de disminuir, ha aumentado. Las redes sociales, su mal uso, han contribuido a ello. &iquest;Estamos inmunizados ya, hemos perdido la noci&oacute;n de intimidad?</p>
<p class="normal">-Hay una gran diferencia entre escribir en un peri&oacute;dico y escribir en Facebook, en twitter o en un blog. Hay mucha gente que, por no haber conocido los peri&oacute;dicos en la &eacute;poca en la que ten&iacute;an significado como formadores de opini&oacute;n p&uacute;blica, la desconoce. La diferencia se puede expresar de muchas maneras. Una podr&iacute;a ser que el peri&oacute;dico es un dispositivo en el cual &ldquo;lo que pasa&rdquo; es sometido a un mont&oacute;n de controles, mediaciones y contrastaciones, hasta que se convierte en informaci&oacute;n, y s&oacute;lo entonces entra en el peri&oacute;dico, con la jerarqu&iacute;a que le corresponde. Por supuesto, en el peri&oacute;dico tambi&eacute;n hay opini&oacute;n, debidamente se&ntilde;alizada (para que nadie la confunda con &ldquo;informaci&oacute;n&rdquo;, con publicidad o propaganda) e igualmente sometida a controles y valoraciones jer&aacute;rquicas, y debidamente distinguida de la opini&oacute;n del equipo directivo del peri&oacute;dico, que es la que se expresa en el <em>editorial </em>y la &uacute;nica que no lleva la firma de una persona f&iacute;sica que se hace responsable de ella. En las redes sociales no hay nada de eso. &ldquo;Lo que pasa&rdquo; no es sometido a mediaci&oacute;n, control o contrastaci&oacute;n alguna, y por tanto no es informaci&oacute;n, sino &uacute;nicamente comunicaci&oacute;n directa de &ldquo;lo que le pasa&rdquo; (por la cabeza o por otros &oacute;rganos) al que escribe o se expresa. Es indistinguible lo que en esto haya de opini&oacute;n, de informaci&oacute;n, de publicidad o de propaganda (muy a menudo propaganda de s&iacute; mismo). En este oleaje de palabras e im&aacute;genes (b&aacute;sicamente privado o comunitario, pero no p&uacute;blico &mdash;se dice <em>community manager</em>, no <em>society manager</em>), por tanto, no hay casi nada m&aacute;s que el factor emocional (&ldquo;me gusta&rdquo;, &ldquo;te sigo&rdquo;, o por el contrario te insulto y te odio y te descalifico), que por su parte puede ponerse al servicio de lo comercial o de lo ideol&oacute;gico. Hoy, en efecto, la diferencia entre la pornograf&iacute;a sentimental y la pol&iacute;tica es casi imperceptible (se califica como &ldquo;programas de debate pol&iacute;tico&rdquo; a algunos espacios televisivos que tienen exactamente la f&oacute;rmula de las tertulias &ldquo;del coraz&oacute;n&rdquo;). Todo esto son maneras de convertir en privado (como privados son los sentimientos) lo p&uacute;blico, que tienen poco que ver con la intimidad.</p>
<p class="normal">- Y de aqu&iacute; a la &ldquo;Banalidad&rdquo; el trecho es muy corto, &iquest;no? Es evidente que el debate a todos los niveles, pol&iacute;tico, cultural, se ha banalizado. &iquest;A&uacute;n puede salvarse o todav&iacute;a es susceptible de banalizarse m&aacute;s?</p>
<p class="normal">-No me atrevo a decir que ya no hay salvaci&oacute;n, ni tampoco que no se pueda a&uacute;n profundizar en la banalizaci&oacute;n. La banalidad, en el sentido de la &ldquo;normalidad&rdquo;, es un invento a veces muy necesario. El problema no es tanto que la gente no est&eacute; argumentando a todas horas, porque la argumentaci&oacute;n nunca ha sido demasiado popular. Lo malo son ese tipo de dispositivos, cada vez m&aacute;s abundantes, que no s&oacute;lo no propician la argumentaci&oacute;n sino que excluyen por completo su posibilidad. En una sociedad presuntamente tan abierta como la nuestra, escasean los espacios en donde se pueda libremente argumentar.</p>
<p class="normal">- En <em>Estudios del malestar</em> hay un tono de iron&iacute;a evidente a lo largo de todo el recorrido que, en cierto modo, puede llevarnos al Milan Kundera de su &uacute;ltima novela, <em>La fiesta de la insignificancia</em>: &ldquo;S&oacute;lo desde lo alto del infinito buen humor puedes observar debajo de ti la eterna estupidez de los hombres y re&iacute;rte de ella&rdquo;... &ldquo;Comprendimos desde hace mucho que ya no era posible subvertir el mundo, ni remodelarlo, ni detener su propia huida hacia adelante. S&oacute;lo hab&iacute;a una resistencia posible: no tomarlo en cuenta&rdquo;. &iquest;Hay algo de esto en su entrega?</p>
<p class="normal">-Ojal&aacute;. Me resulta dif&iacute;cil evitar el humor, porque en much&iacute;simas ocasiones lo encuentro mucho m&aacute;s eficaz y hasta mucho m&aacute;s completo que un sesudo argumento cr&iacute;tico. Sin embargo, por decirlo en los t&eacute;rminos de Kundera, al mundo no le gusta nada que no se le tome en cuenta. Quiero decir que cuando se hace una broma sobre algo la gente suele ofenderse e identificar la broma con el &ldquo;no tomar en serio&rdquo; aquello sobre lo que se bromea. Yo no creo que sea as&iacute;. He visto a moribundos bromear sobre su propia muerte inminente, y dudo que no se la tomasen en serio. Ya lo he dicho muchas veces: el Conde de Shaftesbury dec&iacute;a que una buena broma es aquella que, en cierto modo, podemos tomarnos en serio; yo suelo a&ntilde;adir que algo no es verdaderamente serio a menos que, en alg&uacute;n sentido, podamos tom&aacute;rnoslo a broma.</p>
<p class="normal">- &iquest;Le gusta leer novelas, no cree que muchas veces la literatura es capaz de hacernos comprender desde muy cerca aquello que otras disciplinas no consiguen? &iquest;Autores de cabecera, libros que, de alg&uacute;n modo, han transformado su visi&oacute;n de las cosas?</p>
<p class="normal">-Lo creo, pero soy muy mal lector de novelas, y he le&iacute;do infinitamente menos que libros de filosof&iacute;a o de ciencias humanas. Si empezamos a contar desde el siglo XX, pues claro est&aacute; que vuelvo siempre a los indiscutibles, como Kafka, Camus, Beckett,&nbsp; Kundera, Peter Handke&hellip; y he disfrutado mucho leyendo a Carr&egrave;re. Y, aunque su relaci&oacute;n con la novela es conflictiva, siempre he aprendido (y sigo haci&eacute;ndolo) leyendo a Rafael S&aacute;nchez Ferlosio.</p>
<p class="normal">- En <em>Estudios del malestar</em> se detiene en determinados movimientos y partidos que, en su opini&oacute;n, se aprovechan del malestar colectivo para conseguir r&eacute;ditos pol&iacute;ticos. A todos ellos los denomina populistas. &iquest;No cree que se est&aacute;n metiendo demasiadas cosas en el saco del populismo?</p>
<p class="normal"><br /> -Sin duda. Se trata de un t&eacute;rmino que, desde las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo pasado, se ha venido usando peyorativamente en el &aacute;mbito medi&aacute;tico de la contienda pol&iacute;tica como marca de infamia para descalificar al adversario como enemigo (m&aacute;s o menos disimulado) de la democracia y del Estado de Derecho (y, por tanto, para reafirmarse uno mismo como defensor de ambas cosas), y se ha usado con tanta extensi&oacute;n, con tanta amplitud, con tanta variedad y para casos tan distintos que parece, por ello mismo, haber perdido todo valor conceptual. O, mejor dicho, <em>parec&iacute;a</em> haber perdido todo valor conceptual hasta que algunos de sus destinatarios decidieron, en torno al cambio de siglo, convertir la marca de infamia en <em>signo de distinci&oacute;n</em> (por utilizar la terminolog&iacute;a de Pierre Bourdieu) y conferirle al t&eacute;rmino una significaci&oacute;n <em>positiva</em>, dotarle de una carga (al menos aparentemente) te&oacute;rica, resemantiz&aacute;ndolo para convertirlo, no solamente en un instrumento pol&iacute;tico leg&iacute;timo, sino incluso en la <em>esencia</em> misma de la pol&iacute;tica, quiz&aacute; en la &uacute;nica forma de hacer pol&iacute;tica adecuada a los tiempos. Es a este uso al que yo principalmente me refiero, porque <em>Estudios del malestar</em> es, como todos los m&iacute;os, un libro de filosof&iacute;a (de filosof&iacute;a pol&iacute;tica, en este caso), no un panfleto sobre partidos o movimientos.</p>
<p class="normal">- &iquest;Todo lo que sean propuestas para mejorar la vida de la gente, para combatir la desigualdad, es populismo? &iquest;En su opini&oacute;n, todo populismo es igualmente negativo, nefasto? Y una &uacute;ltima pregunta sobre el tema: &iquest;Al proponer mejoras para la sociedad, no es toda pol&iacute;tica, por naturaleza, populista?</p>
<p class="normal">-Voy a intentar explicarme con un ejemplo. Yo dir&iacute;a que el t&eacute;rmino &ldquo;populismo&rdquo; es a la pol&iacute;tica lo que al periodismo es el t&eacute;rmino &ldquo;sensacionalismo&rdquo;. Es verdad que para un periodista es muy f&aacute;cil acusar a la competencia de &ldquo;sensacionalista&rdquo; cuando publica una noticia con la que le va a superar en ventas de ejemplares, y sin embargo&hellip; &iquest;qu&eacute; periodista no ha apretado alguna vez el bot&oacute;n amarillo para <em>alegrar</em> un poco las cifras de ventas o de visitas a la p&aacute;gina <em>web</em>? Es m&aacute;s, &iquest;qu&eacute; peri&oacute;dico no practica todos los d&iacute;as una forma salvaje de sensacionalismo aceptado cuando mantiene a los redactores <em>atados</em> al mandato an&oacute;nimo de los usuarios &mdash;porque no se les puede a&uacute;n llamar &ldquo;lectores&rdquo;&mdash;, esos usuarios que hacen <em>click</em> en tal o cual titular o lo <em>tuitean</em> o lo propagan en Facebook? Pero, &iquest;qu&eacute; conclusi&oacute;n hemos de extraer de ello? &iquest;Acaso que hay que dejar de hablar (al menos peyorativamente) del &ldquo;sensacionalismo&rdquo;, que hay que renunciar al t&eacute;rmino puesto que la infecci&oacute;n se ha generalizado, o que hay que resemantizarlo para hacer del sensacionalismo algo bueno, que hay que resignarse a la confusi&oacute;n de &ldquo;periodismo&rdquo; con &ldquo;sensacionalismo&rdquo;? &iquest;Que como ahora todo periodismo tiende al sensacionalismo ya s&oacute;lo cabe distinguir entre un sensacionalismo <em>bueno</em> &mdash;el que se pone al servicio de causas &ldquo;populares&rdquo;, &ldquo;pol&iacute;ticamente correctas&rdquo; o moralmente intachables&mdash; y un sensacionalismo <em>malo</em>? Yo dir&iacute;a que no. Yo dir&iacute;a que, por muy extendida que est&eacute; la enfermedad, el sensacionalismo no deja de ser una patolog&iacute;a por la que el periodismo se desangra y abandona el terreno del inter&eacute;s p&uacute;blico (o sea, el de servir como instrumento para la formaci&oacute;n de la opini&oacute;n p&uacute;blica, que es una funci&oacute;n esencial en las sociedades democr&aacute;ticas) para convertirse, como alguien dijo, en mero seguidismo de los intereses <em>del </em>p&uacute;blico, frecuentemente de los intereses m&aacute;s bajos y m&aacute;s viles, a menudo contradictorios y siempre cambiantes y opacos, y que desde luego nada tienen que ver con el inter&eacute;s p&uacute;blico. Es decir que, a pesar de todo, merece la pena conservar la diferencia (por lo menos la diferencia <em>de iure</em>) entre periodismo y sensacionalismo, y que incluso los fines m&aacute;s santos se pervierten cuando se persiguen por medios mezquinos que convierten la informaci&oacute;n en propaganda sentimental. Pasa algo parecido con el populismo. Es muy f&aacute;cil para un pol&iacute;tico descalificar al adversario por &ldquo;populista&rdquo; por decirle a la gente lo que quiere o&iacute;r, aunque no sea verdad, y prometerle cosas que sabe imposibles de cumplir, o sea, por desplazarse aqu&iacute; tambi&eacute;n desde el inter&eacute;s p&uacute;blico al inter&eacute;s <em>del </em>p&uacute;blico. Pero ser&iacute;a muy dif&iacute;cil encontrar a uno solo que, en campa&ntilde;a electoral, no haya recurrido alguna vez a esos mensajes o a esas promesas para conseguir un pu&ntilde;ado de votos o para mejorar en los sondeos. Pero eso no significa, creo yo, que haya que abandonar el t&eacute;rmino porque todos los partidos caen a veces en el populismo, o redefinirlo para conformarse con elegir entre populistas mejores y peores, renunciando as&iacute; a la diferencia entre &ldquo;populismo&rdquo; y &ldquo;pol&iacute;tica&rdquo;. Aunque sea de una forma aparentemente imprecisa, el t&eacute;rmino nos ayuda a expresar <em>algo que tienen en com&uacute;n</em> maneras de hacer pol&iacute;tica que parecen separadas por grandes barreras ideol&oacute;gicas, culturales, religiosas o econ&oacute;micas, y a ver que todas ellas constituyen una amenaza real para la democracia representativa, uno de los principales peligros <em>transversales </em>que la acechan desde su interior. Cuando la democracia funciona bien (y reconozco que esto no pasa todos los d&iacute;as ni en todas partes), el pol&iacute;tico que alimenta las bajas pasiones de su clientela o hace promesas inveros&iacute;miles acaba pagando ese vicio en las urnas. S&oacute;lo hay una manera de librarse de pagar el precio pol&iacute;tico de la mentira, y consiste en forjar el mito de un enemigo omnipotente y despiadado que penetra todas las instituciones, que pervierte conspiratoriamente todos los espacios de libertad y de cr&iacute;tica y que es inmune a los mecanismos formales de la democracia liberal. Y esa es precisamente la f&oacute;rmula populista. Y cuando esta f&oacute;rmula tiene &eacute;xito, cuando cala con eficacia en la ciudadan&iacute;a &mdash;y por el momento est&aacute; teniendo bastante &eacute;xito&mdash;, cala tambi&eacute;n la idea de que, para vencer a ese enemigo, hace falta algo m&aacute;s que la democracia social de derecho y algo <em>mejor</em> que la pol&iacute;tica en su sentido moderno. Para lo cual es necesario apelar a un <em>pueblo</em> que tiene que desbordar la Constituci&oacute;n para luchar contra sus enemigos. En ese momento, la pol&iacute;tica es sustituida por la moral (o por una pol&iacute;tica &ldquo;moralizada&rdquo; que exige un cierre de filas frente a los enemigos del pueblo y anula el pluralismo). Y lo que entonces pasa factura en las urnas es contradecir los deseos de la clientela o negarse a prometer quimeras.</p>
<p class="normal">- &iquest;No ser&iacute;a igualmente enriquecedor desmontar los dogmas neoliberales, esa cobard&iacute;a, docilidad, que se ha inyectado a la sociedad para hacer creer que no hay alternativas de cambio, que hay que resignarse?</p>
<p class="normal">-Pero es que con el t&eacute;rmino &ldquo;neoliberalismo&rdquo; pasa lo mismo que con el t&eacute;rmino &ldquo;populismo&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; es el neoliberalismo? &iquest;Se trata de las doctrinas jur&iacute;dicas de Hayek o de las teor&iacute;as econ&oacute;micas de Friedman y la escuela de Chicago? &iquest;O se trata m&aacute;s bien de las pol&iacute;ticas aplicadas en EE.UU. por Reagan o en el Reino Unido por Margaret Thatcher? &iquest;Habr&iacute;a que incluir tambi&eacute;n el laborismo de la tercera v&iacute;a de Tony Blair? &iquest;&ldquo;Neoliberalismo&rdquo; es sin&oacute;nimo de mercantilismo proteccionista, de corporativismo de amiguetes, de anarcocapitalismo, o de lo que a veces se llama &ldquo;liberalismo social&rdquo;? &iquest;No estaremos creando, al hablar de &ldquo;neoliberalismo&rdquo;, un monstruo fantasmag&oacute;rico de mil cabezas que cumpla la funci&oacute;n de ese &ldquo;enemigo omnipotente&rdquo; que justifica las tentaciones autoritarias de los liderazgos carism&aacute;ticos de corte caudillista? Creo que el principal error te&oacute;rico consiste, en este caso, en aceptar la alternativa &ldquo;populismo/neoliberalismo&rdquo;, como si fuesen los t&eacute;rminos de una nueva confrontaci&oacute;n pol&iacute;tica, porque el tipo de pol&iacute;ticas que solemos aceptar como emblema del &ldquo;neoliberalismo&rdquo; actual (es decir, las de los citados Reagan y Thatcher) fue precisamente el primero en ostentar en nuestro entorno el calificativo de &ldquo;populista&rdquo;. Que tengamos que aceptar el populismo (cuyos vicios conocemos de sobra por la historia pol&iacute;tica reciente) para no caer en el neoliberalismo, o que tengamos que conformarnos con el neoliberalismo para evitar la deriva populista, ese es, creo yo, el planteamiento cobarde y d&oacute;cil al que no hay que resignarse. No es s&oacute;lo cierto que el &ldquo;populismo&rdquo; y el &ldquo;neoliberalismo&rdquo; se realimentan mutuamente, sino que son perfectamente compatibles, porque se trata (utilizando el t&eacute;rmino de L&eacute;vi-Strauss que tanto gustaba a Laclau) de <em>significantes vac&iacute;os</em> o conceptos imposibles cuya carga es fundamentalmente emocional y ret&oacute;rica. El populismo no es una alternativa al neoliberalismo (ni tampoco al contrario): ambos son s&iacute;ntomas pertenecientes a un mismo s&iacute;ndrome de decadencia de la pol&iacute;tica, de ruptura del contrato social que ha sido su fundamento desde la emergencia de la sociedad moderna. Quien haya le&iacute;do <em>La regla del juego</em>, <em>Esto no es m&uacute;sica</em> o <em>Nunca fue tan hermosa la basura</em> sabr&aacute; que yo me he aplicado con gran empe&ntilde;o a la cr&iacute;tica de todos los dogmas del llamado &ldquo;nuevo capitalismo&rdquo; (la ideolog&iacute;a de la flexibilidad, del cortoplacismo, de la privatizaci&oacute;n, etc.), aunque es verdad que tambi&eacute;n he procurado mostrar que toda esa jerga de lo fluido, lo &ldquo;l&iacute;quido&rdquo; y lo el&aacute;stico fue creada por la &ldquo;nueva izquierda&rdquo; antes de ser reutilizada por la &ldquo;nueva derecha&rdquo;. Y en eso mi posici&oacute;n no ha cambiado un &aacute;pice.</p>
<p class="normal">- &iquest;Es el populismo el origen de la desafecci&oacute;n pol&iacute;tica, de la desconfianza hacia el sistema o el problema, como dec&iacute;a Tony Judt en su ensayo <em>Algo va mal</em> es que la socialdemocracia se olvid&oacute; de la gente? &ldquo;Durante 30 a&ntilde;os hemos hecho una virtud de la b&uacute;squeda del beneficio material: de hecho esta b&uacute;squeda es todo lo que queda de nuestro sentido de prop&oacute;sito colectivo&rdquo; (...) &ldquo;El miedo al cambio, a la decadencia, a los extra&ntilde;os y a un mundo ajeno, est&aacute; corroyendo la confianza y la interdependencia en que se basan las sociedades civiles&rdquo;, pon&iacute;a de manifiesto Judt. &iquest;Qu&eacute; opina al respecto Jos&eacute; Luis Pardo?</p>
<p class="normal">-Jos&eacute; Luis Pardo, que precisamente ha estado releyendo estos &uacute;ltimos meses <em>El olvidado Siglo XX</em>, se siente muy pr&oacute;ximo a Tony Judt en much&iacute;simas de sus consideraciones, y desde luego profundamente de acuerdo con la intenci&oacute;n general de sus reflexiones. Si lo de que la socialdemocracia se olvid&oacute; de la gente significa que, como hace un momento dec&iacute;amos de la prensa, los partidos socialdem&oacute;cratas tienen una gran responsabilidad (por su irresponsabilidad) en la crisis que hoy atraviesan, estoy totalmente de acuerdo. No me gusta demasiado, como ya he dicho antes, el recurso a &ldquo;la gente&rdquo; o al &ldquo;pueblo&rdquo;, como si alguien tuviera el monopolio de lo que &ldquo;la gente&rdquo; piensa o siente el pueblo, porque esto es algo de lo que s&oacute;lo nos enteramos (hasta cierto punto) a trav&eacute;s de las urnas electorales, y quienes pretenden tener un conocimiento m&aacute;s directo del asunto s&oacute;lo pueden ser farsantes. La desafecci&oacute;n pol&iacute;tica no es consecuencia del populismo sino al rev&eacute;s: el populismo es una forma de desafecci&oacute;n pol&iacute;tica, de desconfianza con respecto a la pol&iacute;tica y, por ende, de b&uacute;squeda de otras alternativas &ldquo;supra-pol&iacute;ticas&rdquo;. Pero no nos enga&ntilde;emos: antes de la crisis &ldquo;la gente&rdquo; no estaba entusiasmada con la participaci&oacute;n en la pol&iacute;tica y el debate sobre el modelo de pa&iacute;s. En cuanto a la b&uacute;squeda del bienestar material, creo que tambi&eacute;n lo he dicho ya, es irrenunciable para los humanos, pero tambi&eacute;n he dicho que esa b&uacute;squeda nunca es para nosotros <em>suficiente</em> si no disponemos de un sentido que otorgar a ese bienestar (pues el propio bienestar material por s&iacute; mismo no nos basta), y que al menos tan importante como el bienestar material (el estar bien) es el bienestar jur&iacute;dico (el tener derecho a estar materialmente tan bien como en cada caso sea posible de acuerdo con un reparto justo de la riqueza y de la pobreza).</p>
<p class="normal">- &iquest;No cree que lo verdaderamente productivo, en lo que deber&iacute;an trabajar intelectuales, fil&oacute;sofos, soci&oacute;logos, pol&iacute;ticos de verdad comprometidos, es en la identificaci&oacute;n de ese malestar? &iquest;No est&aacute; la desigualdad, la corrupci&oacute;n de la pol&iacute;tica, los excesos del capitalismo, detr&aacute;s de esta sensaci&oacute;n que va en aumento?</p>
<p class="normal">-S&iacute;, lo he dicho muchas veces. Este no es un malestar absolutamente nuevo, pero s&iacute; es un malestar que estamos muy mal preparados para combatir y que, en efecto, requiere de la colaboraci&oacute;n entre intelectuales, fil&oacute;sofos, artistas y cient&iacute;ficos sociales. La desigualdad, la corrupci&oacute;n pol&iacute;tica y los excesos del capitalismo son al menos tan viejos como las sociedades modernas. Toda la cuesti&oacute;n est&aacute; en si tenemos o no instrumentos suficientes y adecuados para combatir esos males. El malestar creado por esos problemas no es una enfermedad; al contrario, es completamente sano &ldquo;estar mal&rdquo; ante esas realidades. Pero entre sentirse mal a causa de la desigualdad y conceder el voto a un partido xen&oacute;fobo o que propone &ldquo;superar&rdquo; el Estado de Derecho hay un salto importante, y ese salto es el que hay que investigar.</p>
<p class="normal">- &nbsp;Su ensayo es muy duro, muy ir&oacute;nico, con todo lo acaecido en Espa&ntilde;a en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. &iquest;No ve nada positivo en la Espa&ntilde;a posterior al &ldquo;despertar&rdquo; del 15 M? &iquest;No considera que es necesario un cuestionamiento del pasado, de la etapa de la Transici&oacute;n?</p>
<p class="normal">-Veo much&iacute;simas cosas positivas en la Espa&ntilde;a de los &uacute;ltimos a&ntilde;os. En mi ensayo, hasta donde recuerdo, soy muy duro con la mitificaci&oacute;n de la Transici&oacute;n que se llev&oacute; a cabo a principios de este siglo, porque cuando el pasado se saca del &aacute;mbito de la historia y se sit&uacute;a en el de la poes&iacute;a se pisa un terreno muy peligroso, m&aacute;s a&uacute;n si de ello se pretenden extraer r&eacute;ditos pol&iacute;ticos. Pero, por lo mismo, tengo tambi&eacute;n muchas reservas a prop&oacute;sito de la mitificaci&oacute;n del &ldquo;15M&rdquo; (que fue mucho m&aacute;s r&aacute;pida que la de la Transici&oacute;n) como un &ldquo;despertar&rdquo;. Habl&aacute;bamos hace un momento de c&oacute;mo se puso en marcha el proyecto del estado del bienestar en 1945, y de c&oacute;mo quienes no estaban de acuerdo con ese &ldquo;tratado de paz&rdquo; y quer&iacute;an continuar la guerra (la lucha de clases o de naciones) se quedaron en minor&iacute;a en el tablero pol&iacute;tico y ocuparon el frente cultural. Algo parecido ocurri&oacute; en Espa&ntilde;a en 1978: quienes hab&iacute;an sido enemigos irreconciliables durante la guerra civil y los 40 a&ntilde;os de posguerra firmaron un acuerdo de paz civil y social, del que s&oacute;lo se autoexcluy&oacute; la extrema izquierda (incluida la <em>abertzale </em>y la <em>patri&ograve;tica</em>), que consideraba el estado social de derecho, nacido de la Constituci&oacute;n del 78, como un sue&ntilde;o (un &ldquo;espect&aacute;culo&rdquo;, seg&uacute;n Debord) que ocultaba, en realidad, una continuaci&oacute;n del franquismo, una dictadura disimulada. Por ser minoritario y parlamentariamente marginal, este discurso careci&oacute; durante a&ntilde;os de representatividad pol&iacute;tica, pero se hizo fuerte en lo que antes llam&eacute; &ldquo;el frente cultural&rdquo; (universidades, editoriales, escenarios), porque produc&iacute;a grandes rendimientos emocionales a quienes lo practicaban, reforzaba su identidad moral y est&eacute;tica e incluso les reportaba beneficios econ&oacute;micos. Claro est&aacute; que esa identificaci&oacute;n entre franquismo y democracia parlamentaria es, obviamente, una falsificaci&oacute;n hist&oacute;rica (yo conoc&iacute; bastante el franquismo, y recuerdo que no se parec&iacute;an en casi nada), es ficci&oacute;n y no realidad, pero sin esa licencia po&eacute;tica que consiste en creer que Espa&ntilde;a estuvo dormida primero por la pesadilla franquista y luego por la modorra consumista ser&iacute;a imposible considerar el &ldquo;15M&rdquo; como un &ldquo;despertar&rdquo;. Sin embargo, la crisis econ&oacute;mica &mdash;que, naturalmente, fue un acontecimiento catastr&oacute;fico para millones de personas&mdash; fue aprovechada por ciertas organizaciones emergentes para ampliar la audiencia de esta ficci&oacute;n, que se volvi&oacute;, incluso electoralmente, veros&iacute;mil, y para una parte notable de la poblaci&oacute;n la Transici&oacute;n se redujo de pronto a un amasijo de corrupci&oacute;n y contubernio. Los terribles recortes presupuestarios y la negativa de un pacto fiscal para Catalu&ntilde;a fueron convertidos por los pescadores de r&iacute;o revuelto en la ocasi&oacute;n para el despertar del pueblo oprimido y de la naci&oacute;n ultrajada, presuntamente mantenidos en estado comatoso durante a&ntilde;os mediante la anestesia del maldito &ldquo;bienestar&rdquo;. El resultado de todo ello ha sido un desplazamiento del espectro ideol&oacute;gico merced al cual, en el imaginario de este &ldquo;despertar&rdquo; revolucionario, quienes por aquel entonces se situaban en el centro-izquierda o en el centro-derecha (pero en contra del nacionalismo y del comunismo), sin cambiar de ideas, han quedado arrinconados en el lodazal del <em>facher&iacute;o</em>, en una posici&oacute;n &ldquo;reaccionaria&rdquo; incluso m&aacute;s extrema y viejuna que las de Trump o Le Pen, porque estos dos &uacute;ltimos al menos son &ldquo;antisistema&rdquo;, lo que siempre resulta muy juvenil y simp&aacute;tico; y las ideolog&iacute;as extremas, sin embargo, se han acercado al centro del espectro electoral. Yo dir&iacute;a que esto, m&aacute;s que un &ldquo;despertar&rdquo;, es una ilusi&oacute;n &oacute;ptico-pol&iacute;tica. Pero comprendo que, cuando millones de votantes act&uacute;an como si <em>creyeran</em> en esa alucinaci&oacute;n y se suman a sus pol&iacute;ticas de malestar y confrontaci&oacute;n, empe&ntilde;arse en distinguir entre poes&iacute;a e historia puede ser una batalla perdida. Claro que en ese tipo de batallas consiste, muy a menudo, el trabajo intelectual.</p>
<p class="normal">- &iquest;No cree que, a nivel global, estamos inmersos en un cambio de rumbo cuya direcci&oacute;n a&uacute;n no est&aacute; clara?</p>
<p class="normal">-S&iacute;. Pero esto mismo podr&iacute;a decirse de todos y cada uno de los momentos de la historia. Siempre tenemos que tomar decisiones antes de saber del todo en qu&eacute; direcci&oacute;n se mover&aacute; el mundo, en eso consiste la libertad (si supi&eacute;ramos de antemano en qu&eacute; parar&aacute; todo no habr&iacute;a que decidir, ser&iacute;a un proceso autom&aacute;tico).</p>
<p class="normal">- En el pr&oacute;logo del libro dice ser consciente de que con &eacute;l iba a ganar enemigos. &iquest;Ha sido as&iacute;? &iquest;Lo escribi&oacute; con &aacute;nimo de levantar pol&eacute;mica, de encender el debate?</p>
<p class="normal">-No. No me interesan en absoluto las pol&eacute;micas. Lo que sab&iacute;a cuando escrib&iacute; el libro es que a quienes utilizan la filosof&iacute;a para hacer proselitismo pol&iacute;tico no les iba a gustar, pero no porque tengan graves objeciones te&oacute;ricas contra mis ideas, sino sencillamente porque no pueden apuntarme a su bando, y en un entorno tan polarizado por las bander&iacute;as como el que hoy vivimos en Espa&ntilde;a, esto (lo de apuntarse en alg&uacute;n bando) es lo m&aacute;s importante.</p>
<p class="normal">- &iquest;Hace falta m&aacute;s debate profundo, del sano, en la sociedad espa&ntilde;ola? De entre lo mucho que me ha interesado de <em>Estudios del malestar</em> est&aacute; esa capacidad de abrir ventanas de reflexi&oacute;n, de discusi&oacute;n.</p>
<p class="normal">-Sin duda, hace falta debate, cr&iacute;tica, discusi&oacute;n, pero en nuestro pa&iacute;s (incluso en el &aacute;mbito de la filosof&iacute;a, no digamos ya en el de la pol&iacute;tica) esto parece ser punto menos que imposible: las discusiones intelectuales se traducen en seguida en diferencias ideol&oacute;gicas y en descalificaciones personales. Los libros como los que yo escribo son siempre intentos de abrir discusiones, de iniciar conversaciones sobre asuntos que parecen excluidos del tr&aacute;fago de las controversias cotidianas y de los mapas ideol&oacute;gicos cerrados y cerriles. Pero no tengo la sensaci&oacute;n de haber tenido gran &eacute;xito en esto, y llevo en ello unos cuantos a&ntilde;os.</p>
<p class="normal">- La pol&eacute;mica, m&aacute;s que por el ensayo, lleg&oacute; hace poco con su art&iacute;culo sobre Slavoj Zizek, donde reduc&iacute;a su pensamiento a &ldquo;un sin fin de tuits&rdquo;. &iquest;No ve nada interesante en la obra de un fil&oacute;sofo que ha conseguido conectar con el p&uacute;blico m&aacute;s joven? Antes le comentaba el alejamiento de la filosof&iacute;a de la calle, del ahora...</p>
<p class="normal">-Creo que en su pregunta est&aacute; la respuesta. Usted considera que mi art&iacute;culo despert&oacute; <em>pol&eacute;mica</em>, pero cuando yo escucho esta palabra pienso en la pol&eacute;mica entre Leibniz y Newton sobre la naturaleza del espacio o en la disputa entre Galileo y los te&oacute;logos sobre el movimiento de la tierra, mientras que lo sucedido en este caso &mdash;m&aacute;s parecido, por lo que me han dicho, a una nube de aspirantes a <em>trolls </em>&nbsp;y <em>haters </em>en las redes sociales certificando la diferencia a la que antes alud&iacute; entre periodismo y ciberpropaganda&mdash; pertenece m&aacute;s al g&eacute;nero de &ldquo;la pol&eacute;mica de Terelu y Mira Xim&eacute;nez&rdquo; o a lo que yo llamaba en mi columna &ldquo;una turbulencia contagiosa que se agota en su propia agitaci&oacute;n&rdquo;. Yo dec&iacute;a en mi art&iacute;culo que Zizek hab&iacute;a construido una filosof&iacute;a que es &ldquo;como una cinta sin fin de tuits embutidos en la metaf&iacute;sica de Hegel&rdquo;, pero usted (no es un reproche, es lo que hacemos todos cada d&iacute;a) se ha quedado con el sinf&iacute;n de tuits y se ha olvidado de la metaf&iacute;sica de Hegel. Esa l&oacute;gica medi&aacute;tica del mercado cultural contempor&aacute;neo es la que Zizek ha comprendido a la perfecci&oacute;n, y por eso, adem&aacute;s de ser un profesor de filosof&iacute;a muy solvente (porque para embutir tuits en la metaf&iacute;sica de Hegel hay que conocer primero la metaf&iacute;sica de Hegel, y no es tarea f&aacute;cil), es un l&iacute;der de opini&oacute;n y un fen&oacute;meno de masas. Yo no estoy en contra de Zizek, s&oacute;lo estoy en contra de esa l&oacute;gica del mercado cultural: &eacute;l se ha adaptado a ella con gran &eacute;xito, y probablemente ha hecho muy bien. Yo, por el momento, soy incapaz de hacerlo. Tambi&eacute;n creo haber dicho ya que no estoy nada seguro de que la calle (ni la f&iacute;sica ni la virtual) sea el lugar de la filosof&iacute;a.</p>
<p class="normal">- &iquest;D&oacute;nde buscar hoy un poco de lucidez? &iquest;Persigue JLP esa lucidez? &iquest;En qu&eacute; proyectos est&aacute; trabajando ahora?</p>
<p class="normal">-Yo creo, como Arist&oacute;teles, que todos los hombres buscan por naturaleza la lucidez. Pero no conviene confundir lucidez con certidumbre o, en todo caso, a quien busque certezas inconmovibles yo no le recomendar&iacute;a leer libros de filosof&iacute;a, porque saldr&aacute; de ellos tan decepcionado como quienes hoy buscan en la filosof&iacute;a una doctrina pol&iacute;tica alternativa. Por mi parte, huyo de las lecturas que me confirman en las convicciones que ya tengo, creo que la filosof&iacute;a consiste en buscar problemas m&aacute;s que en buscar soluciones, as&iacute; que recomendar&iacute;a a quien quiera leer filosof&iacute;a que rastree a los pensadores que se ocupan de los problemas que le apasionan y en los que est&eacute; dispuesto a perderse durante una buena temporada. Yo, actualmente, estoy agradablemente perdido en cuestiones relacionadas con la conexi&oacute;n entre arte y filosof&iacute;a, pero no me siento capaz de hablar de proyectos propiamente dichos.</p>
<p class="normal">- &iquest;Qu&eacute; le gusta hacer en su tiempo de descanso? &iquest;Disfruta caminando? &iquest;Qu&eacute; libro o libros le acompa&ntilde;an en este momento, en sus d&iacute;as de vacaciones? &iquest;Qu&eacute; paisajes contempla?</p>
<p class="normal">-En una profesi&oacute;n como la m&iacute;a es dif&iacute;cil distinguir el tiempo de descanso del de trabajo, y los veranos de los profesores son, casi siempre, &eacute;pocas para preparar el curso siguiente. Disfruto caminando, es casi el &uacute;nico ejercicio f&iacute;sico que hago con cierta sistematicidad, m&aacute;s como <em>fl&acirc;neur</em> que como senderista, tambi&eacute;n disfruto con la m&uacute;sica y procuro viajar todo lo que puedo; y estoy leyendo, entre otras cosas, los dos vol&uacute;menes de la biograf&iacute;a de Ian Bell <em>The lives of Bob Dylan</em>.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
</div>
<p class="normal">&ldquo;La filosof&iacute;a consiste m&aacute;s en buscar problemas que soluciones&rdquo;</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">&ldquo;La filosof&iacute;a es uno de los mejores ant&iacute;dotos contra las ideolog&iacute;as&rdquo;</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p class="normal"><a title="" href="#_ftnref1"><sup><sup>[1]</sup></sup></a></p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Tue, 21 Nov 2017 06:32:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En la ausencia de Luis Izquierdo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/en-la-ausencia-de-luis-izquierdo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2017/luis500.jpg" alt="" />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Fue un compa&ntilde;ero de facultad, a principios del curso de 1996 y en el patio de letras de la Universidad de Barcelona, quien primero me habl&oacute; de Luis Izquierdo, dici&eacute;ndome que era poeta y que en sus clases no se ce&ntilde;&iacute;a tan s&oacute;lo al programa sino que hablaba de otros escritores europeos, como Hofmannsthal o Kafka. A pesar de que yo cursaba entonces otra filolog&iacute;a y aburrido como estaba de aquella facultad en tantos aspectos decepcionante, decid&iacute; acudir de oyente a una de sus clases sobre poes&iacute;a contempor&aacute;nea. El inmediato deslumbramiento me llev&oacute; a matricularme en todas las asignaturas que dio aquellos a&ntilde;os &ndash;sobre novela espa&ntilde;ola o hispanoamericana, tanto daba, puesto que sus clases, aunque te&oacute;ricamente adscritas al departamento de filolog&iacute;a hisp&aacute;nica, discurr&iacute;an en el &aacute;mbito de la <em>Weltliteratur</em>, de la literatura universal, a cuyo cosmopolitismo se plegaba mejor su temperamento.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aunque los aplicados las llamaban ca&oacute;ticas, sus lecciones eran s&oacute;lo digresivas, atentas a los autores obligatorios pero con puntuales excursiones a otros pa&iacute;ses y a otras disciplinas, principalmente a la pintura, la arquitectura o el cine. Era evidente su gusto por las vanguardias y su predilecci&oacute;n por la cultura urbana, a cuya expresi&oacute;n, tanto en arte como en novela o en poes&iacute;a dedic&oacute; buena parte de su estudio. La seducci&oacute;n que ejerc&iacute;a en tantos de nosotros se deb&iacute;a seguramente a su inagotable capacidad asociativa. Recuerdo el d&iacute;a en que nos descubri&oacute; a Wallace Stevens, a prop&oacute;sito de unas versiones que Jorge Guill&eacute;n hab&iacute;a hecho de algunos de sus poemas, convirtiendo una clase sobre la generaci&oacute;n del 27 en un ejercicio de verdadera cr&iacute;tica literaria. Siempre generoso con sus pasiones, sab&iacute;a contagiarnos su inquietud intelectual, provoc&aacute;ndonos a menudo. Acostumbrados a la mon&oacute;tona pr&eacute;dica doctoral de aquellos a&ntilde;os, nos encantaba y nos divert&iacute;a que un profesor se atreviera a argumentar sus reticencias, con autoridad y sentido del humor, sobre poetas intocables como Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez o Vicente Aleixandre. El legado m&aacute;s &uacute;til, pol&iacute;tico en un sentido lato, que puede dejar un profesor quiz&aacute; sea el de haber despertado el sentido cr&iacute;tico en sus alumnos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; F&iacute;sicamente, Luis se parec&iacute;a un poco al &uacute;ltimo Yeats, con esa pelambrera gris&aacute;cea siempre un tanto despeinada. M&aacute;s tarde supe adem&aacute;s que el poeta irland&eacute;s era uno de sus predilectos. &ldquo;My King a lost King, and lost soldiers my men&rdquo; (&ldquo;Mi rey, un rey vencido y soldados muertos mis hombres&rdquo;), sol&iacute;a citar a menudo para ilustrar el cometido b&aacute;sico de la poes&iacute;a, cantar lo que se pierde. Con su atuendo oxoniense &ndash;la pipa, el malet&iacute;n y las corbatas de lana&ndash; recordaba tambi&eacute;n a un profesor europeo exiliado en alg&uacute;n campus norteamericano, una caracterizaci&oacute;n que se aven&iacute;a muy bien con su formaci&oacute;n ecl&eacute;ctica y su nobleza de esp&iacute;ritu. Aunque siempre reivindicaba sus or&iacute;genes humildes &ndash;su padre, a quien perdi&oacute; siendo muy joven, hab&iacute;a sido peluquero en el Paseo de Gracia&ndash;, Luis ten&iacute;a un porte aristocr&aacute;tico, inducido por la destreza con que manejaba su castellano materno y por esa mueca sard&oacute;nica &ndash;<em>a grin</em>, en ingl&eacute;s, palabra tan precisa como intraducible&ndash; que a menudo acompa&ntilde;aba sus comentarios y en general su actitud ante la vida.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;Luis era un <em>outsider</em> en el departamento de hisp&aacute;nicas, reclutado en la filolog&iacute;a m&aacute;s por necesidad que por vocaci&oacute;n. Despu&eacute;s de dejar la carrera de derecho, hab&iacute;a estudiado filosof&iacute;a y letras, en la especialidad de germ&aacute;nicas, licenci&aacute;ndose con una tesina sobre <em>La muerte de Virgilio</em> de Hermann Broch, un autor al que nunca dej&oacute; de volver. Ampli&oacute; luego estudios de alem&aacute;n en Rothenburg ob der Tauber y en la Universidad de T&uuml;bingen, donde conoci&oacute; a Claudio Magris, con quien siempre mantuvo una buena amistad. En sus conversaciones sol&iacute;a recordar el impacto que le hab&iacute;an causado las conferencias de Ernst Bloch. Yo creo que el mundo germ&aacute;nico era el fundamento de su cultura, luego matizado o enriquecido por la aportaci&oacute;n anglosajona, sin olvidar su afici&oacute;n, muy propia de todos los de su edad, por la literatura francesa, adoptada como compensaci&oacute;n de nuestras carencias. Seguramente su &uacute;nico maestro reconocido fue Jos&eacute; Mar&iacute;a Valverde, con quien, adem&aacute;s de la vocaci&oacute;n comparatista, compart&iacute;a un sentido &eacute;tico de ra&iacute;z cristiana.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En 1961, Luis se cas&oacute; con Anna Ram&oacute;n, madre de sus tres hijos. Hay en la vida pocas experiencias tan gratas y humanamente reconfortantes como conocer a un matrimonio feliz y bien compenetrado. Anna y Luis eran, para los dem&aacute;s, m&aacute;s ellos mismos cuando estaban juntos. Su constelaci&oacute;n de buenos amigos &ndash;en Madrid como en Barcelona&ndash;, la variedad de sus intereses culturales, la seriedad de su compromiso pol&iacute;tico o su c&eacute;lebre hospitalidad &ndash;en el piso de la calle Girona como en la casa de Sant Vicen&ccedil; de Montalt&ndash; eran un reflejo de esa armon&iacute;a interior de la pareja que ni siquiera la enfermedad de los dos, en los &uacute;ltimos tiempos, pudo empa&ntilde;ar. Reci&eacute;n casados, se fueron a vivir a Estados Unidos, en lo que fue uno de los per&iacute;odos m&aacute;s intensos y enriquecedores de su vida. Gracias a Xavier Rubert de Vent&oacute;s, que le recomend&oacute; en el puesto, Luis pudo dar clases de literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea en Cincinnati (Ohio) y en Washington, una experiencia que siempre recordaba con nostalgia y gratitud. Huir de la sacrist&iacute;a franquista, disfrutando adem&aacute;s del refugio que la cultura europea hab&iacute;a encontrado en las universidades norteamericanas despu&eacute;s de la segunda guerra mundial, fue un privilegio y un est&iacute;mulo, una gran suerte. Luis siempre recordaba una conferencia de Harry Levin &ndash;no s&eacute; si en Cincinnati o en Washington&ndash; sobre Shakespeare. &ldquo;Era como escuchar m&uacute;sica&rdquo;, dec&iacute;a. A su paso por Nueva York, por iniciativa de Anna, fueron a visitar en su apartamento a Hannah Arendt, que les recibi&oacute; muy amablemente. Arendt era entonces presidente de los exiliados espa&ntilde;oles republicanos en la ciudad, seg&uacute;n me cont&oacute; Luis. Y estuvieron hablando, sobre todo, de Hermann Broch, a quien Arendt hab&iacute;a conocido y sobre quien hab&iacute;a escrito estupendos ensayos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los a&ntilde;os en Estados Unidos convirtieron a Luis en una especie de eterno ciudadano mental de Nueva York. De alguna manera, hizo suyo el mundo de Hannah Arendt, de Mary McCarthy y Edmund Wilson, de Auden y de Joseph Brodsky, del <em>New York Review of Books</em>, revista a la que estaba suscrito. Los autores por los que siempre se interes&oacute; son pr&aacute;cticamente los mismos que estudia Wilson en <em>El castillo de Axel </em>(1931), con la excepci&oacute;n de Kafka, a quien Wilson no entendi&oacute; y cuya obra era para Luis como un breviario. De Baudelaire y Flaubert hasta Yeats y Eliot, sus reflexiones literarias transcurrieron siempre dentro de lo que Cyril Connolly llam&oacute; el movimiento moderno, lo mejor que dio la literatura europea m&aacute;s o menos entre 1850 y 1960. Recuerdo, por ejemplo, una clase suya en la que analiz&oacute; la escena de los comicios agr&iacute;colas en <em>Madame Bovary</em> que nunca olvidar&eacute;, por la fruici&oacute;n con que comentaba cada uno de los detalles. O una conferencia que dio en el Institut d&rsquo;Humanitats de Barcelona, del que era vicepresidente &ndash;gracias a la generosidad y el sentido de la jerarqu&iacute;a de Jordi Llovet, otro gran maestro&ndash;, sobre <em>Lolita</em> de Nabokov y que ya est&aacute; para siempre asociada a mi lectura de esa novela.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A su regreso de Estados Unidos y gracias a su amigo Joaquim Marco, Luis entr&oacute; en la universidad de Barcelona. Como a&uacute;n no exist&iacute;a un departamento de literatura comparada &ndash;lo crear&iacute;a Llovet, contra viento y marea, much&iacute;simos a&ntilde;os despu&eacute;s&ndash;, Luis se doctor&oacute; en hisp&aacute;nicas con una tesis sobre Jos&eacute; Moreno Villa. Por aquellos a&ntilde;os, compagin&oacute; su labor docente con trabajos editoriales, lo que le permiti&oacute; conocer a poetas como Joan Oliver y Joan Vinyoli, correctores a sueldo, o a Carlos Barral en su &uacute;ltima vida como editor. De todos contaba siempre an&eacute;cdotas muy divertidas. En 1988 gan&oacute; finalmente una c&aacute;tedra de literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea, de la que se jubilar&iacute;a en el a&ntilde;o 2007. En un gesto t&iacute;picamente suyo, se neg&oacute; a ser catedr&aacute;tico em&eacute;rito por lo excesivo de la burocracia que exig&iacute;a el honor.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero m&aacute;s que catedr&aacute;tico o cr&iacute;tico literario, Luis era sobre todo poeta. Para &eacute;l la poes&iacute;a era una forma insustituible de pensar, hasta el punto de que realmente pensaba en verso. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, no era raro que sus amigos recibi&eacute;ramos sobres con tres o cuatro poemas improvisados &ndash;ripios, los llamaba &eacute;l&ndash; sobre alg&uacute;n pol&iacute;tico impresentable, la Iglesia o sobre cualquier libro que acabara de leer, desahogos y divertimentos que ilustraban hasta qu&eacute; punto la poes&iacute;a era para &eacute;l un fen&oacute;meno mental que le ayudaba a respirar. As&iacute; como su prosa cr&iacute;tica es para mi gusto demasiado envarada y conserva&nbsp; poco de la vivacidad y el humor de su conversaci&oacute;n o de sus clases, su poes&iacute;a es la justa estilizaci&oacute;n de su habla y de su inteligencia. Recuerdo perfectamente el impacto que me produjo el primer poema suyo que le&iacute;. Estaba en una librer&iacute;a de Barcelona y di por casualidad con <em>Se&ntilde;ales de nieve</em> (1995), entonces su t&iacute;tulo m&aacute;s reciente, publicado en Pamiela gracias a nuestro com&uacute;n amigo Ram&oacute;n Andr&eacute;s. Abr&iacute; el libro y empec&eacute; a leer el primer poema, titulado &ldquo;Letan&iacute;as profanas&rdquo;:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; He querido escribir un poema</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; de amor un claro vast&iacute;simo</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; poema de amor</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Durante muchos d&iacute;as con sus (ojos</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; de lince) noches he</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; querido escribir este amor</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; sus mel&oacute;dicas piernas y sus labios</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; encendidos y</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; sus pechos sosegados</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; elocuentes cadenciosos</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; que he custodiado (celoso,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; por supuesto)</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; sin otras concesiones</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; que no fueran las de la pasi&oacute;n</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; m&aacute;s desordenada</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; que atraves&eacute; rozando las salmodias</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Rosa Mystica Turris Eburnea</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Speculum Maiestatis</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [&hellip;]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desde entonces me lo s&eacute; de memoria y ha quedado ah&iacute;, como una parte de m&iacute; mismo, como s&oacute;lo ocurre con los pocos poemas o fragmentos de poema que se convierten en carne propia. Sigo creyendo que &ldquo;Letan&iacute;as profanas&rdquo; es uno de los mejores poemas de amor de la segunda mitad del siglo XX, de una especie de amor, adem&aacute;s, a la que pocas veces atiende la poes&iacute;a, m&aacute;s acostumbrada a cantar la exaltaci&oacute;n del enamoramiento o a lamentar su extinci&oacute;n. Como &ldquo;Pand&eacute;mica y Celeste&rdquo; de Jaime Gil de Biedma, pero con una propuesta &eacute;tica y vivencial muy distinta,&nbsp; &ldquo;Letan&iacute;as profanas&rdquo; habla del amor largo, del amor de muchos d&iacute;as, dif&iacute;cil y sostenido en el tiempo. El final es de una elevaci&oacute;n genuinamente eliotiana:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y hasta el olvido en que arder&aacute; el deseo</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; trasunto de nosotros sin historia</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; te dir&aacute; en toda piedra y en el blanco</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; que efunde el sol eterno de los cuerpos</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; resueltos a unidad cu&aacute;nto mi amor</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; te quer&iacute;a sin fin y te ten&iacute;a</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; y te quer&iacute;a</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; como quieren los astros silenciosos</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; y el diamante de arcilla que quemamos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Se&ntilde;ales de nieve</em> sigue siendo a mi juicio su mejor libro, el que contiene un mayor n&uacute;mero de poemas excelentes y en el que uno puede hacerse una idea m&aacute;s cabal del tipo de poeta que era. De alguna manera, ese poemario intensifica las virtudes y corrige los defectos de los tres anteriores, <em>Supervivencias</em> (1970), <em>El ausente</em> (1979) y <em>Calendario del n&oacute;mada</em> (1983). Desde el punto de vista del o&iacute;do, no hay en <em>Se&ntilde;ales de nieve</em> ni rastro de la tendencia al sonsonete que a veces le perd&iacute;a, por su talento para la versificaci&oacute;n f&aacute;cil. Y todas sus influencias est&aacute;n ah&iacute; ya bien integradas y domesticadas. Tanto su gusto como su dicci&oacute;n se hab&iacute;an educado con Antonio Machado y Pedro Salinas, un bagaje al que luego fue incorporando algo de la poes&iacute;a alemana &ndash;de Brecht y Gottfried Benn, principalmente&ndash; y bastante de la anglosajona, sobre todo de Robert Frost, Wallace Stevens, Auden o Philip Larkin. Con respecto a sus contempor&aacute;neos, Luis fue un poeta sin generaci&oacute;n que en realidad pertenec&iacute;a al grupo del 50. Ninguno de su edad supo asimilar mejor algunos aspectos de la poes&iacute;a de Carlos Barral, de Jaime Gil de Biedma o de Gabriel Ferrater, cuya descripci&oacute;n de Barcelona, en lo moral como en lo social, estudi&oacute; muy de cerca. Recuerdo siempre una clase que dedic&oacute; a comentar &ldquo;<em>Barcelona ja no &eacute;s bona</em> o mi paseo solitario en primavera&rdquo;, el poema de Gil de Biedma, admirando el virtuosismo t&eacute;cnico y compositivo (&ldquo;es una pieza flaubertiana&rdquo;), el ensamblaje de lo &iacute;ntimo y familiar con lo hist&oacute;rico y pol&iacute;tico, la administraci&oacute;n de los silencios. Fue para m&iacute; un precedente inolvidable.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No es f&aacute;cil, su poes&iacute;a. El tono casi siempre meditativo tiende a sintetizar la reflexi&oacute;n y a proyectarla en las im&aacute;genes que la acompa&ntilde;an, en un trasunto de su pensamiento en acto que muchas veces prescinde de la aclaraci&oacute;n al lector. Y ah&iacute; es donde mejor se aprecia la influencia de Barral o de Ferrater, menos preocupados que Gil de Biedma por evidenciar la an&eacute;cdota que inspira el poema. Algunos de sus asuntos recurrentes son la lectura, el padre ausente, el amor conyugal, los viajes, por supuesto la ciudad, la pintura y el cine. Quiz&aacute; sea frente a los cuadros, entre los libros y estando de viaje donde su verso adquiere mayor profundidad y mayor encanto. Hay por ejemplo una &eacute;cfrasis en <em>Se&ntilde;ales de nieve</em>, titulada &ldquo;Vue de Gen&egrave;ve&rdquo;, sobre una pintura de Jean-&Eacute;tienne Liotard, que es sencillamente magistral, por la manera en que logra describir a un tiempo el cuadro, el pensamiento que genera, su recuerdo y el viaje que hizo al lugar en el que se expon&iacute;a. Y sin duda su mejor comentario sobre su autor predilecto est&aacute; en &ldquo;Franz Kafka y el desierto&rdquo;, un poema de <em>No hay que volver</em> (2003), el primer libro que le publicamos en Lumen.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Muchos de sus poemas tienen tambi&eacute;n una dimensi&oacute;n pol&iacute;tica y demuestran que la poes&iacute;a, a trav&eacute;s de la resistencia de la memoria, ha sido a menudo el &uacute;ltimo refugio contra el totalitarismo. Es la &ldquo;conciencia de los incurables&rdquo;, de la que habl&oacute; en su poema sobre Brodsky, tambi&eacute;n en <em>No hay que volver</em>. Anna y Luis tuvieron desde muy j&oacute;venes un agudo sentido de la justicia y de la solidaridad. Ya en la democracia, pertenecieron a los c&iacute;rculos socialdem&oacute;cratas de Barcelona, reunidos en torno a la familia Maragall &ndash;Jordi Maragall i Noble, el <em>pater familias</em>, fue como un segundo padre para Luis&ndash; y en el que tambi&eacute;n estaban el rector Josep Maria Bricall, Joan Ravent&oacute;s o Jos&eacute; Antonio Gonz&aacute;lez Casanova, representantes todos ellos, cada uno en su &aacute;mbito, de una sociedad posible que fue marginada por el pujolismo y que ahora ya ha sido aniquilada por el independentismo. Como hab&iacute;a dicho Juan Garc&iacute;a Hortelano &ndash;tan querido por Luis&ndash; de los poetas de la generaci&oacute;n del 50, todos ellos fueron &ldquo;convictos de pertenecer a un pa&iacute;s b&aacute;rbaro&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuesta mucho, parafraseando a Saul Bellow, entregar a la muerte a un ser humano como Luis Izquierdo. Ni siquiera cuando enferm&oacute; de c&aacute;ncer dej&oacute; de dar muestras de generosidad y de atenci&oacute;n, de gratitud y de bondad. Luis ten&iacute;a una cualidad que he visto en muy pocas personas &ndash;otra de ellas fue su amiga Carmen Balcells&ndash; y era la capacidad limpia de admirar. Aunque tambi&eacute;n sab&iacute;a denostar con sarcasmo y malicia, si algo le entusiasmaba corr&iacute;a a felicitar al responsable y avisaba de ello a todo su c&iacute;rculo. Releyendo una carta que me envi&oacute; cuando est&aacute;bamos editando el que ser&iacute;a su &uacute;ltimo poemario, <em>La piel de los d&iacute;as</em> (2013), encuentro unas l&iacute;neas que definen perfectamente su talante: &ldquo;haber vivido y respirar todav&iacute;a, compartirlo y viajar con Anna, no perder hijos y ganar amigos &ndash;tampoco demasiados&ndash; me parece un privilegio&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ndash;y lo es&ndash; que no merezco, pero estoy por ello muy reconocido&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En una de las comidas que hac&iacute;amos a menudo con amigos &ndash;con Jordi Llovet, con Ana Mar&iacute;a Moix&ndash; recuerdo que le coment&eacute; c&oacute;mo me hab&iacute;a impresionado una reflexi&oacute;n de Walter Benjamin en <em>Direcci&oacute;n &uacute;nica</em>. Dice Benjamin &ndash;el fragmento se titula &ldquo;A media asta&rdquo;&ndash; que cuando perdemos a un ser querido sufrimos una serie de transformaciones que sentimos la necesidad de comunicarle a esa persona, hasta que nos damos cuenta de que esos cambios s&oacute;lo han sido posibles gracias a su ausencia. Y al final, dice Benjamin, le saludamos en una lengua que ya no entiende. Nunca olvidar&eacute; el gesto de &iacute;ntimo reconocimiento que hizo Luis al escuchar esas palabras. Ahora pienso que debi&oacute; identificarse por completo con esa observaci&oacute;n, pues toda su poes&iacute;a fue de alg&uacute;n modo un di&aacute;logo p&oacute;stumo con su padre ausente, al que quiso mucho. Alguna vez me hab&iacute;a comentado que cuando conduc&iacute;a por una carretera mar&iacute;tima de la costa catalana, al pasar por una determinada curva, le parec&iacute;a ver la figura de su padre, salud&aacute;ndole. Siempre le dec&iacute;a que ten&iacute;a que escribir un poema sobre eso, pero, claro, nunca hab&iacute;a dejado de hacerlo. Desde que muri&oacute;, cada vez que paso en coche por una curva al filo del mar, no importa d&oacute;nde, soy yo quien imagina a Luis salud&aacute;ndome, hasta que me doy cuenta de que ahora somos nosotros quienes le hablamos en un idioma que ya no entiende.</p>
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      <pubDate>Tue, 21 Nov 2017 06:31:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA RINDE HOMENAJE A WISLAWA SZYMBORSKA]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-rinde-homenaje-a-wislawa-szymborska/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2017/szymbors500.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;"><strong>SE CUMPLEN 5 A&Ntilde;OS DE LA MUERTE DE LA ESCRITORA&nbsp; POLACA Y PREMIO NOBEL DE LITERATURA </strong></p>
<p class="Textoindependiente21" style="text-align: left;" align="center"><strong>LA REVISTA LE DEDICA UN ESPECTACULAR MONOGR&Aacute;FICO REPLETO DE TEXTOS IN&Eacute;DITOS&nbsp; </strong></p>
<p class="Textoindependiente21" style="text-align: left;" align="center"><strong>SE PRESENT&Oacute; EN TERUEL EL D&Iacute;A 21 DE NOVIEMBRE Y EN LA BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPA&Ntilde;A EL 30 DE ESTE MES</strong>&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">La escritora polaca Wislawa Szymborska, Premio Nobel de Literatura en 1996, es la gran protagonista del nuevo n&uacute;mero de la revista cultural TURIA. Cuando se cumplen cinco a&ntilde;os de su muerte, un total de doce expertos conocedores de su obra participan en un atractivo monogr&aacute;fico que permitir&aacute; a los lectores conocer m&aacute;s y mejor las claves de su labor creativa y de su personalidad. Se trata de una aproximaci&oacute;n plural, sugerente y completa a una autora cercana, que se re&iacute;a de la solemnidad y de los clich&eacute;s, que siempre escribi&oacute; sobre la gente corriente y sobre su vida cotidiana, que siempre cultiv&oacute; una poes&iacute;a tan sencilla como profunda.</p>
<p class="Textoindependiente21">La revista TURIA se present&oacute; en el Museo de Teruel el d&iacute;a 21 de noviembre y en Madrid, en la sede de la Biblioteca Nacional de Espa&ntilde;a, lo har&aacute; el d&iacute;a 30 de noviembre. La presentaci&oacute;n turolense correr&aacute; a cargo de la escritora y cr&iacute;tica literaria Mercedes Monmany y el acto en Madrid ser&aacute; presentado por Abel Murcia, fil&oacute;logo y director del Instituto Cervantes de Mosc&uacute;.</p>
<p class="Textoindependiente21">El monogr&aacute;fico de TURIA sobre Szymborska tiene m&aacute;s de 100 p&aacute;ginas de textos originales sobre la poeta polaca e incluye tambi&eacute;n poemas, correspondencia y prosas in&eacute;ditas en espa&ntilde;ol, as&iacute; como una antolog&iacute;a po&eacute;tica de las obras ganadoras del premio que lleva su nombre. Con este conjunto de materiales literarios, TURIA ha elaborado una nueva aproximaci&oacute;n a su obra que permite un mayor y mejor conocimiento de su trabajo l&iacute;rico. M&aacute;xime teniendo en cuenta que Szymborska es una escritora cuya lectura y relectura resulta fascinante y no se agota nunca.</p>
<p>El monogr&aacute;fico de TURIA sobre Wislawa Szymborska lo integran destacados&nbsp; estudiosos y especialistas en su obra, tanto polacos como espa&ntilde;oles, as&iacute; como escritores de ambos pa&iacute;ses. Ha sido<strong> </strong>coordinado por el fil&oacute;logo Abel Murcia, gran conocedor y traductor de su poes&iacute;a. En &eacute;l participan tambi&eacute;n con textos in&eacute;ditos Adam Zagajewski, Mart&iacute;n L&oacute;pez-Vega, Xavier Farr&eacute;, Gerardo Beltr&aacute;n, Mercedes Monmany, Michal Rusinek, Jerzy Illg, Teresa Walas, &Aacute;lvaro Valverde, Ryszard Krynicki y Katarzyna Moloniewicz.</p>
<p>El material in&eacute;dito de Szymborska que ofrece TURIA a sus lectores lo integran un poema (&ldquo;Cumbre&rdquo;), una selecci&oacute;n de su correspondencia (&ldquo;El ser que mejor vive en este mundo es tu gato&rdquo;) y unos fragmentos ensay&iacute;sticos (&ldquo;Correo literario&rdquo;). Algunos de estos textos ser&aacute;n publicados pr&oacute;ximamente por la editorial N&oacute;rdica.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>UNA POETA ORIGINAL Y UNA MUJER IRREPETIBLE</strong></p>
<p>Wislawa Szymborska (K&oacute;rnik, 1923 &ndash; Cracovia, 2012)&nbsp; es una de las poetas de nuestra &eacute;poca m&aacute;s admiradas a nivel internacional. La gran calidad y la singularidad que ofrece su producci&oacute;n po&eacute;tica la han convertido en una escritora indiscutible en cualquier balance de la literatura contempor&aacute;nea. No en vano, son muchos los que consideran que el Premio Nobel de Literatura no hizo sino dar mayor visibilidad y reconocimiento a quien era ya una grand&iacute;sima escritora en su idioma". La propia Szymborska, preguntada acerca de su obra y de la poes&iacute;a en general, afirm&oacute; en una ocasi&oacute;n: "Tal vez haya poetas que sepan lo que es la poes&iacute;a; yo no lo s&eacute;. Y me parece mejor no saber ciertas cosas"<strong>.</strong></p>
<p>Abel Murcia y Gerardo Beltr&aacute;n, en su art&iacute;culo introductorio al monogr&aacute;fico Szymborska de TURIA trazan una oportuna y complet&iacute;sima panor&aacute;mica sobre &ldquo;La huella en espa&ntilde;ol de una Premio Nobel&rdquo; para concluir que la escritora polaca es &ldquo;una poeta que supo hacerse un hueco en nuestra lengua y que vino para quedarse&rdquo;.</p>
<p>Para Adam Zagajewski, autor premiado con el Princesa de Asturias de las Letras 2017,&nbsp; Wislawa Szymborska &ldquo;reun&iacute;a en una &uacute;nica persona dos cosas ins&oacute;litas: era una poeta tremendamente original, y al mismo tiempo una persona, una mujer, con un estilo de vida &uacute;nico e irrepetible. Un estilo, o incluso mucho m&aacute;s que eso, una filosof&iacute;a vital, una idea de c&oacute;mo vivir&rdquo;</p>
<p>Seg&uacute;n Mart&iacute;n L&oacute;pez-Vega, poeta y actual Director de Cultura del Instituto Cervantes, &ldquo;la poes&iacute;a de Szymborska ve lo que nadie ve, vuelve el mundo transparente. Ello es gracias a que ha podido conservar la ingenuidad en un mundo que ha perdido la inocencia; porque ha sabido re&iacute;rse de las ridiculeces propias antes que de las ajenas; porque ha sido capaz de construir una in&eacute;dita cercan&iacute;a ir&oacute;nica en un mundo cada vez m&aacute;s dado a la distancia c&iacute;nica. Y con ello ha salvado a la poes&iacute;a, que en ella nos sigue ense&ntilde;ando m&aacute;s sobre c&oacute;mo mirar y vivir que sobre la poes&iacute;a misma, aunque en ella no sean cosas distintas&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Completan el monogr&aacute;fico una estimable serie de art&iacute;culos (elaborados por Xavier Farr&eacute;, Mercedes Monmany, &Aacute;lvaro Valverde) y valiosos testimonios de personas que la conocieron bien como Michal Rusinek, Jerzy Illg, Teresa Walas y Ryszard Krynicki, as&iacute; una exhaustiva y &uacute;til biocronolog&iacute;a sobre Szymborska elaborada por Katarzyna Moloniewicz.</p>
<p class="Textoindependiente21">Finalmente se incluye una antolog&iacute;a de poemas de los autores galardonados con el Premio de poes&iacute;a Wislawa Szymborska. Y es que la escritora, en su testamento, dispuso&nbsp;la creaci&oacute;n de una fundaci&oacute;n que&nbsp;ten&iacute;a&nbsp;entre sus objetivos, adem&aacute;s de ocuparse y cuidar de su legado literario, su archivo y su biblioteca, etc., la creaci&oacute;n y gesti&oacute;n de un premio de poes&iacute;a. El Premio de Poes&iacute;a W. Szymborska, al&nbsp;mejor libro publicado en el a&ntilde;o anterior a la concesi&oacute;n del premio, se otorg&oacute; por primera vez en 2013. El jurado, de car&aacute;cter&nbsp;internacional, est&aacute; compuesto por cr&iacute;ticos literarios y profesores de universidad y traductores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>UN ATRACTIVO Y PLURAL CAT&Aacute;LOGO DE LECTURAS</strong></p>
<p>Adem&aacute;s del gran monogr&aacute;fico dedicado a Wislawa Szymborska, el nuevo n&uacute;mero de TURIA brinda un atractivo y plural cat&aacute;logo de lecturas. Por ejemplo da a conocer textos originales de grandes autores internacionales, como el italiano Antonio Tabucchi, el norteamericano Richard Ford o el austr&iacute;aco Alfred Brendel.</p>
<p>La personalidad y la obra de Luis Izquierdo, Azor&iacute;n y Francisco Umbral es objeto de estudio y divulgaci&oacute;n en las p&aacute;ginas de TURIA y protagoniza certeros art&iacute;culos elaborados, respectivamente, por Andreu Jaume, Francisco Fuster y Jes&uacute;s Ferrero.</p>
<p>Entre los nombres propios de la narrativa espa&ntilde;ola actual que aportan sus in&eacute;ditos a esta entrega de TURIA se&ntilde;alar a Luis Mateo D&iacute;ez, Agust&iacute;n S&aacute;nchez Vidal y Andr&eacute;s Barba.</p>
<p>Asimismo, las p&aacute;ginas de la revista se enriquecen con poemas in&eacute;ditos de autores como Clara Jan&eacute;s, Chantal Maillard, Ana Rossetti, Andr&eacute;s Neuman, Javier Lostal&eacute;, Antonio Rivero Taravillo, Amalia Iglesias, Ada Salas, Julieta Valero o Nuria Barrios, entre otros.</p>
<p>TURIA brinda adem&aacute;s la posibilidad de descubrir mejor las claves de uno de los intelectuales europeos con m&aacute;s seguidores de la actualidad: el fil&oacute;sofo esloveno Slavoj Zizek, un pensador que triunfa en las redes sociales con sus v&iacute;deos y que, utilizando un lenguaje desprejuiciado, conecta con el deseancanto de los j&oacute;venes. Sobre Zizek escribe un pormenorizado an&aacute;lisis el fil&oacute;sofo espa&ntilde;ol Germ&aacute;n Cano.</p>
<p class="Textoindependiente21">Especialmente recomendables son las dos reveladoras y extensas entrevistas exclusivas que TURIA publica con dos protagonistas de la cultura espa&ntilde;ola de nuestros d&iacute;as: el fil&oacute;sofo Jos&eacute; Luis Pardo (que declara &ldquo;todos los hombres buscan por naturaleza la lucidez&rdquo;) y el compositor Javier Navarrete (que opina: &ldquo;no hay experiencia m&aacute;s libre que la m&uacute;sica por la m&uacute;sica&rdquo;)</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA ha conseguido convertirse, tras m&aacute;s de 30 a&ntilde;os de trayectoria,&nbsp; en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. Tiene difusi&oacute;n nacional e internacional por suscripci&oacute;n y por sus p&aacute;ginas han pasado m&aacute;s de mil autores de diversas procedencias est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas, lo que da idea de la riqueza y pluralidad de sus contenidos. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>
<p class="Textoindependiente21">De periodicidad cuatrimestral, TURIA tiene una edici&oacute;n en papel y otra&nbsp; digital (web y Facebook). Est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel y cuenta con el patrocinio&nbsp; del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este nuevo n&uacute;mero tambi&eacute;n ha contado con el apoyo del Instituto Polaco de Cultura, del Ayuntamiento de Cracovia, de la Fundaci&oacute;n Wislawa Szymborska y de las empresas Anfaco y Gimex.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21" style="text-align: left;" align="center"><strong>UN IN&Eacute;DITO DE WISLAWA SZYMBORSKA: &ldquo;EL SER QUE MEJOR VIVE EN ESTE MUNDO ES TU GATO&rdquo;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">El nuevo n&uacute;mero TURIA publica varios textos in&eacute;ditos de Wislawa Szymborska (poemas, ensayos y correspondencia). Uno de ellos es esta carta que pertenece al volumen &ldquo;El ser que mejor vive en este mundo es tu gato&rdquo; y que ha sido traducida del polaco por Katarzyna Mołoniewicz:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;16.9.68</p>
<p>Kornel:</p>
<p>Te quiero mucho. Y haz el favor de no abusar del tel&eacute;fono para ponerlo en duda. Por tel&eacute;fono soy incapaz de demostrar cualquier cosa. Pero lo que realmente me preocupa es que en las cartas tampoco acabo de conseguirlo. Y si nos ponemos as&iacute;, deber&iacute;a ser a m&iacute; a quien devoraran las m&aacute;s terribles sospechas, o en el mejor de los casos, la incertidumbre. Y eso es exactamente lo que sucede, pero sufro en silencio y te doy tiempo para que acabes todas esas irresponsables relaciones sentimentales con las que has tenido ocasi&oacute;n de pas&aacute;rtelo tan bien durante mi ausencia. Como te ser&aacute; f&aacute;cil imaginar, te vuelvo a escribir despu&eacute;s de nuestra conversaci&oacute;n telef&oacute;nica &ldquo;del lunes&rdquo;, que hizo que me pusiera triste otra vez. Hoy la enfermera me ha inyectado por error nada menos que un gramo entero de estreptomicina y ahora la nalga derecha y la cabeza me duelen horrores. Por primera vez en mi vida se ha revelado la misteriosa relaci&oacute;n entre esas dos partes del cuerpo. Adem&aacute;s, las monta&ntilde;as se ven muy cerca, lo que anuncia el viento <em>halny</em> y otra vez lluvias. Si no logro coger el sue&ntilde;o, intentar&eacute; imaginarme lo maravilloso que ser&iacute;a estar contigo celebrando tu santo.</p>
<p>Besos.</p>
<p>Wislawa&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 21 Nov 2017 06:26:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Javier Navarrete: "No hay experiencia más libre que la música por la música"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/javier-navarrete-no-hay-experiencia-mas-libre-que-la-musica-por-la-musica/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2017/JAVIER_NAVARRETE_2.jpg" alt="" /></p>
<p>Visto y no visto, pero queda en la memoria. Como en un truco de magia, el arte es capaz de meterse en la piel del rel&aacute;mpago. Hace no mucho, Jordi Ball&oacute; dedicaba un art&iacute;culo al tapiz de Mir&oacute; destruido en el atentado de las Torres Gemelas. No fue la &uacute;nica pieza perdida: tambi&eacute;n se evaporaron, entre otras, de Lichtenstein y Calder. La del barcelon&eacute;s habitaba en el vest&iacute;bulo de la Torre Dos. Por fortuna, el encargado de tejerlo en 1974 se neg&oacute; a levantar una reproducci&oacute;n. De aquel tapiz s&oacute;lo quedan algunas fotograf&iacute;as &ldquo;y, sobre todo, la filmaci&oacute;n que le dedic&oacute; Pere Portabella&rdquo;. Lo sustancial es que aquella obra &ldquo;no muri&oacute; con su destrucci&oacute;n. Los rastros que a&uacute;n la recuerdan -el filme, las fotograf&iacute;as de Catal&agrave; Roca, el boceto conservado en la Fundaci&oacute; y las im&aacute;genes de tantos visitantes que la admiraron- demuestran que, incluso en condiciones extremas de destrucci&oacute;n, la memoria de una obra sobrevive en la conciencia ciudadana. Esta ser&iacute;a una caracter&iacute;stica de la obra p&uacute;blica: su capacidad para ser reutilizada, apropiada de nuevo, porque su constituci&oacute;n esencial s&oacute;lo se explica con relaci&oacute;n a sus destinatarios&rdquo;. La desaparici&oacute;n de una obra puede ser accidental&hellip; o premeditada: Javier Navarrete, mil historias, dos mil m&uacute;sicas y tres mil proyectos despu&eacute;s, acomete por vez primera una que aspira a ser <em>destruida</em>, entendiendo por tal, <em>preservada</em> en los ojos y en los o&iacute;dos de la gente. O sea, hecha para la recordaci&oacute;n. Vista y no vista. Relampagueada. Navarrete acomete, a lo Heidegger, una obra para la muerte, eso s&iacute;: y su posterior rescate en la conciencia de las personas que la vieron y ver&aacute;n. Cuando un artista da la espalda al salto mortal podemos decir que est&aacute; muerto. Sigue vivo, pero ha dejado de ser artista. La pirueta bien merece celebraci&oacute;n.</p>
<p><em>Los Amantes</em> fue representada cinco veces en febrero de 2017. En ellas, la &oacute;pera logr&oacute; una acogida que transform&oacute; la mera &ldquo;<strong>afici&oacute;n</strong>&rdquo; del <strong>compositor</strong>, seguidor del g&eacute;nero desde hace tres d&eacute;cadas, en un acontecimiento, prendiendo en propios y extra&ntilde;os. &ldquo;Cuando menciono fuera de Espa&ntilde;a que he hecho una &oacute;pera con tema y set g&oacute;ticos, usando s&oacute;lo talento local, y, sobre todo, que nunca se grabar&aacute;, y que, por tanto, la &uacute;nica forma de verla es yendo a Teruel, a la gente parece que se le funden los plomos y empieza a planear rutas mud&eacute;jares -ya hay en ello un par de periodistas estadounidenses-&rdquo;. Este a&ntilde;o se pudo ver a Neil Jordan por la capital aragonesa; el a&ntilde;o que viene, presumiblemente, a los Reyes. La web bajo su dominio [www.javiernavarrete.com] la ha acondicionado &iacute;ntegramente al proyecto, dot&aacute;ndola de un tratamiento filmogr&aacute;fico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La emoci&oacute;n que suscita el directo es intransferible&rdquo;</strong></p>
<p>Con estos enfoques, Navarrete se ha convertido en un cazador que apunta directamente a la corteza prefrontal y al hipocampo, que es donde se almacenan los recuerdos. &ldquo;Es pr&aacute;cticamente imposible &ndash;justifica- que una grabaci&oacute;n de audio o v&iacute;deo transmita lo mismo que un espect&aacute;culo en vivo concebido, adem&aacute;s, para la iglesia de San Pedro, lugar en el que, supuestamente, ocurri&oacute; el desenlace de los acontecimientos. La emoci&oacute;n que suscita el directo es intransferible, y aumenta por el hecho de saber que la est&aacute;s disfrutando quiz&aacute; por &uacute;nica vez en tu vida&rdquo;.</p>
<p>En un mundo en el que la totalidad de la m&uacute;sica escrita y grabada se encuentra al alcance de un clic, la creaci&oacute;n de un acontecimiento exclusivo genera inmediatamente un inter&eacute;s especial y convierte la m&uacute;sica en una <em>experiencia</em>, acercando lo <em>musical</em> a lo <em>art&iacute;stico</em>. As&iacute; lo confirman quienes se han acercado desde Barcelona o, incluso, Inglaterra. &ldquo;De otro modo, posiblemente, nunca habr&iacute;an visto torres mud&eacute;jares o sabido de la leyenda, que es un fragmento importante de la cultura espa&ntilde;ola&rdquo;.</p>
<p>Quedar&aacute; la experiencia, quedar&aacute;n entrevistas, recortes de peri&oacute;dico y enlaces de Internet. Quiz&aacute;s alguna imagen furtiva, que siempre hay quien las toma. De la &oacute;pera, propiamente quedar&aacute;n el libreto y la partitura, igual que del tapiz de Mir&oacute; conservamos los bocetos.</p>
<p>&ldquo;O amor, amor, amor, / dime qui&eacute;n eres, / qu&rsquo;es lo que puedes, qu&eacute; vales, / con qu&eacute; nos llevas do quieres, / siendo el fin de tus plazeres principio de nuestros males (&hellip;) Dolor tan fuerte, / mal tan extra&ntilde;o, / tan grande que mi muerte / no puede matar mi da&ntilde;o (&hellip;) Qu&aacute;l raz&oacute;n sufre / que vaes vos a morir / y quede yo biva? (&hellip;) O amor, amor, amor (&hellip;)&rdquo; [Los cad&aacute;veres han extendido un brazo hacia el otro, y vuelve a hacerse la oscuridad].</p>
<p>Al lector avisado, le resultar&aacute;n familiares los versos por m&aacute;s que le quepa desconocerlos. La sonoridad, cual machetazo, es palpablemente <em>cl&aacute;sica</em>. Navarrete no ha precisado meterse en la piel de un malherido en la Baja Edad Media por una pasi&oacute;n, ni se ha expuesto a que una danza negra aborte posibles idilios al cruzar un jard&iacute;n. El libreto est&aacute; cien por cien elaborado con textos recogidos en compilaciones medievales. El procedimiento ha sido el <em>collage</em>. S&oacute;lo ha modificado tiempos verbales y pronombres a fin de cuadrar las estrofas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Ojal&aacute; alguien use mi m&uacute;sica dentro de ochocientos a&ntilde;os con el mismo prop&oacute;sito que yo: hacer m&aacute;s interesante la vida de los que la escuchan&rdquo;</strong></p>
<p>Cuenta Jim&eacute;nez Lozano en sus <em>Impresiones provinciales</em> (2015) que Thomas Mann ambient&oacute; un libro en el castillo de D&uuml;sseldorf, y que en &eacute;l reprodujo p&aacute;ginas de otro preexistente, cuyo autor en ning&uacute;n caso delat&oacute; el <em>desfalco</em>. Un amigo del tomador distingui&oacute;: &ldquo;No se trata de un robo, sino de un <em>collage</em>&rdquo;. A lo que a&ntilde;ade don Jos&eacute; que la expresi&oacute;n es una confesi&oacute;n: &ldquo;Si se tratara de un escritor no tan ol&iacute;mpico ni aplaudido, se hubiera tratado de robo, desde luego&rdquo;. Traigo la an&eacute;cdota por el contraste: en el caso de Navarrete s&iacute; hay <em>collage</em>, en su caso, de textos que abarcan un periodo de tres siglos. No hay picaresca sino integridad. El hecho invita a la reflexi&oacute;n y a diferenciar la composici&oacute;n asociada a la t&eacute;cnica pict&oacute;rica del delito. Partiendo de que la historia de los amantes ha sido contada muchas veces, y con pocas diferencias, el problema consist&iacute;a en plegarse cabalmente a la narraci&oacute;n: idilio, pacto de cinco a&ntilde;os, viaje de Juan, retorno tard&iacute;o y muerte sucesiva de ambos. Dado que todo el mundo conoce el desarrollo, f&aacute;cil de explicar visualmente, Navarrete <em>s&oacute;lo</em> tuvo que encontrar los versos que mejor se adaptaban a las situaciones. &ldquo;Para ampliar el mundo relativamente limitado de la pareja, los padres de Isabel y su marido, incorpor&eacute; personajes aleg&oacute;ricos -la Guerra y la Muerte- y a San Cosme y San Dami&aacute;n, que aportan como un reverso ang&eacute;lico; y tambi&eacute;n a una criada de Isabel, una mujer mud&eacute;jar muda, pero m&uacute;sica. El uso que hago de estos versos, m&aacute;s que una apropiaci&oacute;n, es un reciclaje: ya que los he recibido, los transmito. Musicalizados y escenificados, pero, en mi opini&oacute;n, sin modificar en absoluto la intenci&oacute;n de las personas que los crearon y, a su vez, transmitieron. El primero en decir que la guerra era una <em>dan&ccedil;a negra, dan&ccedil;a de llanto poblada</em> quiso expresar exactamente lo mismo que yo cuando estaba poniendo m&uacute;sica a esas palabras suyas&rdquo;. Un trasvase que tiene que ver con las capacidades p&uacute;blicas de la obra mencionadas por Ball&oacute; &ndash;<em>reutilizada</em>, <em>apropiada de nuevo</em>-. El arte es un fondo de solidaridad. Y como retruque, ya que el arte, de alg&uacute;n modo, es un juego, pens&oacute; en la recreaci&oacute;n contraria: decir que la &oacute;pera estaba basada en un manuscrito medieval encontrado por &eacute;l en un anticuario londinense. Ello habr&iacute;a resultado muy contempor&aacute;neo, en l&iacute;nea con cierto documental cinematogr&aacute;fico de vanguardia, y con el propio Cervantes, que inaugura, tan temprano, la idea de modernidad &ndash;mezclando g&eacute;neros y responsabilizando del <em>Quijote</em> a un tal Cide Hamete Benengeli-, que tanto recorrido, mezclando ficci&oacute;n y realidad, y autoficci&oacute;n y metaliteratura, est&aacute; proporcionando a la escritura contempor&aacute;nea. Al final, se apiad&oacute; de las personas que pudieran tomarse a mal la atribuci&oacute;n, &ldquo;una falsificaci&oacute;n a la inversa&rdquo;, y descart&oacute; la idea, sin temer posicionarse con claridad respecto al llamado arte de apropiaci&oacute;n: &ldquo;No tengo reparos, siempre y cuando se trate de algo de dominio p&uacute;blico, es decir cuyo <em>copyright</em> haya caducado&rdquo;. De este modo, da la sensaci&oacute;n de que su &oacute;pera participa del lenguaje pl&aacute;stico actual, donde importan sobre todo las ideas y los conceptos. No es qu&eacute; materiales utilizas, sino c&oacute;mo los colocas. Puedes haberlos tomado por ah&iacute;, a ver qu&eacute; haces. &ldquo;Ojal&aacute; alguien use mi m&uacute;sica dentro de ochocientos a&ntilde;os con el mismo prop&oacute;sito que yo: hacer m&aacute;s interesante la vida de los que la escuchan&rdquo;. En todo caso, hay que decirlo, el <em>collage</em> se queda en la letra, la m&uacute;sica es completamente original.</p>
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<p><strong>&ldquo;La leyenda de los Amantes necesita una reivindicaci&oacute;n erudita&rdquo;</strong></p>
<p>Los Amantes forman parte de una tradici&oacute;n que no pocos turolenses califican de casposa. Es injusto. &ldquo;La leyenda necesita una reivindicaci&oacute;n erudita. Sabemos que hay turistas visitando el mausoleo, pero olvidamos que Tirso de Molina escribi&oacute; un drama basado en ellos en 1615. En los &uacute;ltimos cinco siglos, se han escrito numerosas obras de teatro y musicales. Todav&iacute;a quedan representaciones callejeras en clave de teatro popular&rdquo;. El t&iacute;tulo, sin apellidos &ndash;<em>Los Amantes</em>, y no <em>Los amantes de Teruel</em>-, se debe a que, al contrario que para Tirso y Bret&oacute;n, para &eacute;l los Amantes siempre lo fueron a secas -el mausoleo de los Amantes, la escalinata de los Amantes...-. Hay que atender a los matices que contiene la historia relacionados con la gran tradici&oacute;n del amor cort&eacute;s, un tema que siempre toc&oacute; al compositor, y cuyo inter&eacute;s se intensific&oacute; hace unos cinco a&ntilde;os, al conocer el <em>Bronwyn</em> de Juan Eduardo Cirlot, del cual tradujo al ingl&eacute;s algunos poemas para un libro-arte colaborativo con una <em>book-artist</em> inglesa, <strong>Tanya Peixoto</strong>. La tirada se compuso de nueve ejemplares. &ldquo;La leyenda posee todos los componentes del amor cort&eacute;s medieval: la sublimaci&oacute;n de una pasi&oacute;n y el consiguiente viaje inici&aacute;tico en busca de recursos que resultan ser de &iacute;ndole m&aacute;s espiritual que material, o adem&aacute;s de material&rdquo;. De hecho, la idea de montar la &oacute;pera le lleg&oacute; despu&eacute;s de la traducci&oacute;n. Cirlot, casualidades, practic&oacute; igualmente el <em>collage</em>, y justo durante el Ciclo Bronwyn, abierto en 1967. La interrelaci&oacute;n en los temas que jalonan su actividad como artista se hace evidente. &ldquo;En mi opini&oacute;n, el conjunto de libros dedicados a la figura idealizada de Bronwyn, son la cumbre de la poes&iacute;a de amor cort&eacute;s, curiosamente alcanzada ochocientos a&ntilde;os m&aacute;s tarde de su aparici&oacute;n en Provenza&rdquo;.</p>
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<p><strong>&ldquo;La cultura moderna es crecientemente vac&iacute;a y superficial, lo cual no es ni bueno ni malo&rdquo;</strong></p>
<p>A pesar del culturalismo evidente que rodea la labor de Javier <strong>Navarrete</strong>, su actividad compositiva la relaciona m&aacute;s con el <em>espect&aacute;culo</em> que con la <em>cultura</em>. Busquemos la aproximaci&oacute;n entre unos y otros ejes:</p>
<p>- Sospecho que hay m&aacute;s humildad que realismo en au adhesi&oacute;n a la primera categor&iacute;a. &iquest;Se puede desde ella combatir el vaciamiento de la cultura?</p>
<p>- No se puede combatir el vaciamiento de la cultura desde el mundo del espect&aacute;culo. Incluso tampoco se puede combatir desde el mundo del arte, o desde el de la propia cultura. La repetici&oacute;n de modelos y el culto a la banalidad son definitivos, y, finalmente se erigen en el n&uacute;cleo de nuestra cultura. La cultura moderna es crecientemente vac&iacute;a y superficial, lo cual supongo que, en principio, no es ni bueno ni malo. Lo superficial puede ser, a cambio, <em>extenso</em>: el arte pop, por ejemplo, es una cr&iacute;tica de la profundidad y, tambi&eacute;n, de la autenticidad. La repetici&oacute;n instant&aacute;nea de una imagen en miles de millones de televisores o de tel&eacute;fonos m&oacute;viles es modelo de lo extendido que puede llegar a ser el arte hoy d&iacute;a. Esa instantaneidad y esa ubicuidad producen un efecto de aceleraci&oacute;n que ser&aacute; muy interesante ver ad&oacute;nde nos lleva en el futuro. Como digo, lo vac&iacute;o deja espacio a otras posibilidades. Los j&oacute;venes, mis hijos por ejemplo, encuentran dif&iacute;cil una pel&iacute;cula si no est&aacute;n a la vez leyendo y enviando textos con el m&oacute;vil y resolviendo problemas de matem&aacute;ticas, o editando ellos mismos v&iacute;deos, y subi&eacute;ndolos a las redes. El <em>attention span</em> [capacidad de atenci&oacute;n] se acorta por momentos. En el futuro, cualquier narraci&oacute;n de m&aacute;s de cinco minutos podr&iacute;a considerarse un modelo de &eacute;pica, y es posible que las pel&iacute;culas que ahora nos parecen muy malas sean consideradas maestras simplemente por su duraci&oacute;n, por la capacidad que todav&iacute;a tengan de hacerse ver y escuchar durante hora y media. Por lo dem&aacute;s, la distinci&oacute;n entre cultura y espect&aacute;culo, a la que alude, es, en mi opini&oacute;n, un asunto de perspectiva.</p>
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<p>Su formaci&oacute;n es ecl&eacute;ctica y atraves&oacute; pronto cualquier frontera los diferentes g&eacute;neros y estilos. En ello tienen que ver tanto motivos derivados del yo como el propio contexto de la &eacute;poca, primer lustro de los setenta, con Espa&ntilde;a protagonizando cambios dr&aacute;sticos pol&iacute;ticos. En un momento, se dej&oacute; de ver a s&iacute; mismo como un <em>guitarrista</em> y comprendi&oacute; que deseaba ser <em>compositor</em>. No mucho m&aacute;s tarde, que si quer&iacute;a vivir de componer m&uacute;sica &ndash;&ldquo;y no de dar clases o de ser funcionario en Radio Nacional de Espa&ntilde;a, las dos principales ocupaciones de los compositores de mi generaci&oacute;n&rdquo;-, hab&iacute;a de convertirse en un compositor <em>comercial</em>, y, m&aacute;s concretamente, vinculado a la industria audiovisual. Entonces, se puso a estudiar solfeo y piano, e ingres&oacute; en el Conservatorio del Liceo, en Barcelona. Un reconocimiento del terreno y una determinaci&oacute;n que pasman por precoces. <strong>Aunque el paso por el Conservatorio fue fugaz y, por contra, s&iacute; resultar&iacute;a fundamental su vinculaci&oacute;n con Phonos, que fue fue un laboratorio de m&uacute;sica electr&oacute;nica fundado por varios compositores de Barcelona y que todav&iacute;a funciona vinculado a la Fundaci&oacute;n Mir&oacute;. </strong></p>
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<p><strong>&ldquo;La m&uacute;sica electr&oacute;nica es parte de la historia de la m&uacute;sica <em>seria</em> desde siempre&rdquo;</strong></p>
<p>- La electr&oacute;nica no es lo primero en lo que se piensa al hablar de un director sinf&oacute;nico. Usted ha mantenido las miras abiertas en un mundo que no gusta de clasificar la m&uacute;sica en buena y mala, sino en culta o popular.</p>
<p>- Bueno, cada vez m&aacute;s se identifica la culta con la orquesta y la popular con la electr&oacute;nica... Eso no siempre ha sido as&iacute;. La m&uacute;sica electr&oacute;nica es parte de la historia de la m&uacute;sica <em>seria</em> desde siempre, y muy particularmente desde las primeras obras de Stockhausen, Ligeti, etc&eacute;tera, a principios de los a&ntilde;os cincuenta.</p>
<p>- Sus inicios, digamos <em>desacralizadores</em>, &iquest;le influyen a la hora de relacionarse con su propio trabajo?</p>
<p>- La diferencia entre instrumentos tradicionales y electr&oacute;nicos es m&aacute;s o menos la que hay entre la pintura al &oacute;leo y el acr&iacute;lico. Los primeros siempre te dan m&aacute;s de lo que pensabas, con los segundos hay que seguir a&ntilde;adiendo detalles para que adquieran magia. A pesar del pensamiento generalizado, yo creo que los sintetizadores se han quedado bastante estancados desde los a&ntilde;os ochenta, cuando se generaliz&oacute; el MIDI &ndash;el protocolo que siguen los instrumentos electr&oacute;nicos-. Curiosamente, en cambio, se han desarrollado instrumentos ac&uacute;sticos, bien h&iacute;bridos, bien importados de culturas minoritarias, y adoptados al vuelo por no pocos m&uacute;sicos. La orquesta cl&aacute;sica admite poco desarrollo: en s&iacute; misma es un mundo completo, como la cadena de montaje de una f&aacute;brica: las secciones est&aacute;n perfectamente estructuradas y balanceadas para optimizar el esfuerzo de los m&uacute;sicos y la sonoridad del conjunto.</p>
<p>- Para terminar el apartado: en esa dicotom&iacute;a espect&aacute;culo-cultura, &iquest;qu&eacute; lugar ocupa el arte? &iquest;Reside en &eacute;l la visi&oacute;n autoral, m&aacute;s all&aacute; de los encargos que delimiten, o puedan delimitar?</p>
<p>- La idea del <em>autor</em> es t&iacute;pica del periodo rom&aacute;ntico. En la Edad Media no hab&iacute;a autores. Incluso las obras de Leonardo o Rafael eran fruto de un taller, de una empresa dirigida, por supuesto, por esos artistas. A ellos no les importaba que un aprendiz pintara el fondo y un asistente el cuerpo. Ellos se centraban en el rostro, cosa imposible doscientos a&ntilde;os despu&eacute;s.</p>
<p>- Nuestra actualidad, desde ese punto, &iquest;tiene algo de rom&aacute;ntica -o es deudora del romanticismo, o est&aacute; intervenida por &eacute;l-?</p>
<p>- Creo que lo que vemos ahora es justamente el final del periodo rom&aacute;ntico en todos los aspectos, con el consiguiente retorno de los creadores a un cierto anonimato o engranaje. Pongamos por caso los j&oacute;venes que hacen <em>hip-hop</em> y firman cada proyecto con un nombre distinto. En el cine, la idea de que el compositor sea un autor a lo Beethoven es poco menos que una ilusi&oacute;n: una pel&iacute;cula es un trabajo colaborativo, y, en el peor de los casos, una lucha armada entre los que la fabrican. El compositor se convierte en uno de los autores de la pel&iacute;cula, pero tambi&eacute;n se podr&iacute;a decir que el director de la pel&iacute;cula se convierte en uno de los autores de la m&uacute;sica.</p>
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<p><strong>&ldquo;No encuentro placer en escuchar bandas sonoras fuera de las pel&iacute;culas&rdquo;</strong></p>
<p>-La m&uacute;sica para el cine, &iquest;es, por lo general, funcional o aplicada, o es capaz de una vida aut&oacute;noma?</p>
<p>- Yo no encuentro placer en escuchar bandas sonoras fuera de las pel&iacute;culas, pero algunas personas por lo visto s&iacute;, y me merecen todo el respeto. La m&uacute;sica que he escrito fuera del cine o de la televisi&oacute;n, en su mayor parte ha ca&iacute;do en un cierto vac&iacute;o por falta de contexto o de marco. La &oacute;pera <em>Los amantes</em> parece una excepci&oacute;n precisamente por inscribirse en el marco tradicional de la leyenda, de la ciudad de Teruel y de la Iglesia de San Pedro.</p>
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<p><strong>&ldquo;Prefiero vivir al d&iacute;a y tener la ilusi&oacute;n de que el siguiente proyecto va a ser mejor que el anterior&rdquo;</strong></p>
<p>- Deduzco, entonces, que no siente inter&eacute;s por desarrollar m&uacute;sicas acotadas a un proyecto.</p>
<p>- Cada proyecto se desarrolla <em>en </em>otros proyectos. Aunque uno no quiera. Yo no me veo obteniendo un placer especial si recupero temas que escrib&iacute; cinco o diez a&ntilde;os atr&aacute;s. Prefiero vivir al d&iacute;a y tener la ilusi&oacute;n de que el siguiente proyecto va a ser mejor que el anterior.</p>
<p>- En cine, &iquest;atiende al concepto <em>sonido</em>, adem&aacute;s de al concepto <em>m&uacute;sica</em>?</p>
<p>- Cada estilo se caracteriza por estar iniciado en una vuelta<em> </em>al <em>sonido</em>. Los impresionistas quer&iacute;an apartarse de la m&uacute;sica y hacer, eso, <em>sonidos</em> -sonidos agradables, sin narrativa ni prop&oacute;sito-, y lo mismo se propon&iacute;an los rom&aacute;nticos. Hay que leer atentamente sus declaraciones para darse cuenta de que la ret&oacute;rica que hab&iacute;an aprendido se convirti&oacute; en un lastre del que intentaban liberarse para retomar el contacto con los aspectos m&aacute;s sensuales de la m&uacute;sica.</p>
<p>- &iquest;Ha realizado dise&ntilde;os sonoros?</p>
<p>- La m&uacute;sica en general y la de cine en particular son cada vez menos densas y m&aacute;s espaciadas. Aun as&iacute;, el compositor mantiene distancia con el <em>sound designer</em>, que es la persona encargada de llenar de sonidos una pel&iacute;cula. Entre ambos se produce un di&aacute;logo, que puede ser m&aacute;s o menos exitoso: la pel&iacute;cula <em>Dunkirk</em>, que vi el otro d&iacute;a, era excepcionalmente lograda en ese aspecto. Las voces son otro asunto: cuando propusieron a Arnold Sch&ouml;nberg que hiciera la m&uacute;sica de una pel&iacute;cula, s&oacute;lo puso dos condiciones: que las voces se grabaran despu&eacute;s que la m&uacute;sica para afinar mejor con ella y que le pagaran much&iacute;simo dinero. Curiosamente, el estudio accedi&oacute; a lo primero, pero no a lo segundo. Supongo que hoy ocurrir&iacute;a lo contrario.</p>
<p>- Hemos abandonado, entonces, cierto barroquismo.</p>
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<p><strong>&ldquo;Las bandas sonoras y tambi&eacute;n la m&uacute;sica popular son cada vez m&aacute;s simples&rdquo;</strong></p>
<p>- Una banda sonora de los a&ntilde;os 40 generalmente estaba atiborrada de notas, de cambios arm&oacute;nicos y contrastes que no siempre sincronizaban o ayudaban a la acci&oacute;n de la pel&iacute;cula. Bernard Herrmann -un hombre austero y preciso donde los haya- fue el primer compositor de cine que hizo limpieza y empez&oacute; a hacer partituras m&aacute;s simples y centradas en el esp&iacute;ritu y el detalle de la pel&iacute;cula. Hoy impera ese estilo: ideas sencillas pero muy bien producidas y muy pensadas para beneficiar a la pel&iacute;cula. Y tambi&eacute;n la m&uacute;sica popular es cada vez m&aacute;s simple: si vas a una discoteca, no oir&aacute;s melod&iacute;as, sino el mismo ritmo y los mismos sonidos repiti&eacute;ndose, con cambios m&iacute;nimos. &iexcl;Muy distinto de los Bee Gees!</p>
<p>- Se estudia solfeo, teor&iacute;a musical, armon&iacute;a, fuga, contrapunto, instrumentaci&oacute;n, pero&hellip; &iquest;composici&oacute;n? &iquest;Se puede estudiar? &iquest;No depende m&aacute;s de las intuiciones particulares? La composici&oacute;n como algo acad&eacute;mico&hellip; &iquest;no es algo demasiado fr&iacute;o?</p>
<p>- En realidad, no se <em>estudia</em>&hellip; ser&iacute;a como estudiar pintura o poes&iacute;a. Te ense&ntilde;an la t&eacute;cnica para hacer una sonata o un soneto, pero eso es s&oacute;lo el proleg&oacute;meno para que luego cada uno haga lo que quiera&hellip; aunque es verdad que puedes aprender a componer simplemente componiendo, sin practicar antes con formas establecidas, y yo lo hice as&iacute;, empec&eacute; a componer mi propia m&uacute;sica tutelado por un maestro, Gabriel Brncic. Todav&iacute;a no he hecho una sonata, aunque, si me lo propusiera, supongo que lo conseguir&iacute;a.</p>
<p>- Salvador Ruiz de Luna, en <em>La m&uacute;sica en el cine y la m&uacute;sica para el cine</em>, sit&uacute;a a Wagner, por su empleo del <em>leitmotiv</em>, como la primera referencia b&aacute;sica para los m&uacute;sicos que trabaj&aacute;is en el cine. La segunda es Claude Debussy, por su m&eacute;todo compositivo de im&aacute;genes o sensaciones. &iquest;Algo que objetar o compartir?</p>
<p>- S&iacute;, la primera referencia es Wagner y, a continuaci&oacute;n llegar&iacute;an los autores de poemas sinf&oacute;nicos, que est&aacute;n en el nacimiento de la m&uacute;sica de cine: Richard Strauss, Listz&hellip; <em>La noche transfigurada</em>, de Sch&ouml;nberg, es pura m&uacute;sica de pel&iacute;cula. Tambi&eacute;n es una cuesti&oacute;n de fechas: los compositores empezaron a hacer bandas sonoras justo despu&eacute;s de ellos.</p>
<p>- &iquest;Tiene alg&uacute;n referente claro del mundo cl&aacute;sico?</p>
<p>- Del mundo cl&aacute;sico me gusta e interesa en particular el periodo que va desde Wagner hasta los a&ntilde;os treinta, en el que encontramos a Mahler, Debussy, Webern, Satie, Shostakovich, Prokofiev&hellip; Es extremadamente fecundo, lleno de pasi&oacute;n, variedad y colorido.</p>
<p>- En una entrevista de 2003 se defin&iacute;a poco mel&oacute;dico, m&aacute;s inclinado al <em>ambient</em> y las atm&oacute;sferas&hellip; y lamentaba no haber podido combinar m&aacute;s la orquesta sinf&oacute;nica con los sintetizadores. Entonces ve&iacute;a &ldquo;muy dif&iacute;cil mantener una continuidad en el extranjero&rdquo;, a tenor de los &ldquo;estupendos compositores&rdquo; de Inglaterra y Estados Unidos. Sin embargo, la &uacute;ltima parte de su filmograf&iacute;a est&aacute; llena de t&iacute;tulos internacionales.</p>
<p>- Me alegra poder decir que ha habido grandes cambios en mi vida desde 2003: Guillermo del Toro me pidi&oacute; una partitura mel&oacute;dica para <em>El laberinto del fauno</em> (2006) y desde entonces soy considerado un compositor mel&oacute;dico. Tanto que corro el riesgo de encasillarme all&iacute; como antes lo estuve en el otro extremo. Desde entonces he trabajado con numerosas orquestas y he tenido ocasi&oacute;n de utilizarlas al lado de todo tipo de instrumentos -cl&aacute;sicos, ex&oacute;ticos y electr&oacute;nicos-. Tambi&eacute;n he tenido ocasi&oacute;n de hacer pel&iacute;culas en Europa, Estados Unidos y China. La verdad, no puedo quejarme.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me cuesta sentirme orgulloso de mis bandas sonoras, aunque eso mismo puede ser una forma exagerada de orgullo&rdquo;</strong></p>
<p>Ha trabajado en <em>Mirrors</em> (2008), <em>Inkheart</em> (2008), <em>Hemingway &amp; Gellhorn</em> (2012) y superproducciones por el estilo, normalmente exitazos de taquilla, que lo <em>son</em>, puntualiza, b&aacute;sicamente para los creadores. Combina, pues, n&uacute;meros de libertad con ejercicios de industria. Ha ganado un Emmy y ha estado nominado al Oscar. Si miramos atr&aacute;s, escribi&oacute;, en 1996, &lsquo;Atolladero&rsquo; para que la cantara Iggy Pop en la pel&iacute;cula hom&oacute;nima de &Oacute;scar Aibar. Antes hab&iacute;a ideado la m&uacute;sica ambiental del pabell&oacute;n de Navegaci&oacute;n de la Expo 92, grabada con la Royal Philharmonic Orchestra de Londres, y fue responsable de la m&uacute;sica que acompa&ntilde;&oacute; la llegada de la antorcha ol&iacute;mpica a <strong>Ampurias, que es por donde lleg&oacute; por mar, antes que a Barcelona.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- De los &uacute;ltimos, diez, doce o quince a&ntilde;os, &iquest;de qu&eacute; pel&iacute;culas se siente m&aacute;s orgulloso?</p>
<p>- Me cuesta sentirme orgulloso de mis bandas sonoras, aunque eso mismo puede ser una forma exagerada de orgullo. Me gusta la banda sonora de una pel&iacute;cula que es m&aacute;s antigua y nadie conoce, llamada <em>99.9. La frecuencia del terror</em> (1997), de Agust&iacute; Villaronga; siento afecto por el <em>Laberinto</em>&hellip;; y me gustar&iacute;a tener ocasi&oacute;n de hacer m&aacute;s partituras en el registro de <em>Cracks</em> (2009), de Jordan Scott, t&iacute;tulo que tampoco conoce nadie y que, creo, no me qued&oacute; mal.</p>
<p>- &iquest;Componer para un ballet es la experiencia de mayor libertad que ha tenido?</p>
<p>- No hay experiencia m&aacute;s libre que la m&uacute;sica por la m&uacute;sica, y, a ser posible, improvisada con amigos que anden en tu onda. Desgraciadamente, es una circunstancia que no se da a diario.</p>
<p>- &iquest;Y lo siguiente?</p>
<p>- Decir: &lsquo;Voy a escribir una &oacute;pera&rsquo;. O, en mi caso, unos nocturnos para piano. Siempre me han gustado los nocturnos y disfruto tocando, sobre todo, por la noche. Pero hete ah&iacute; que una &oacute;pera hay que producirla&hellip; y no siempre encuentras el respaldo hallado en <em>Los amantes</em>.</p>
<p>-&nbsp; Imagino que es un mundo opuesto al cine.</p>
<p>- La diferencia, c&oacute;mica, es que el compositor de m&uacute;sica para cine es por fuerza un temperamento modesto, cuando no un esclavo puro y simple, mientras para una &oacute;pera, al igual que para torear, hace falta acopiar grandes dosis de arrogancia, que ahora intento por todos los medios enmendar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Lo ideal ser&iacute;a trabajar la mitad del tiempo por libre y la otra mitad en colaboraci&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>- Hablaba de nocturnos. &iquest;Tiene compuestos?</p>
<p>- S&iacute;. Llevan dos a&ntilde;os in&eacute;ditos porque soy muy exigente en materia de discogr&aacute;ficas. Espero remediarlo a no tardar. Respondiendo a su pregunta, el ballet es un medio bastante libre si se compara con el cine. La tem&aacute;tica es muy abstracta, casi siempre. A veces te dan compuesta al detallada la coreograf&iacute;a -antes que la m&uacute;sica-, y todo se complica. Yo trabaj&eacute;, sobre todo, con bailarines y actores de <em>but&oacute;</em> -una especie de teatro-danza de origen japon&eacute;s- que manten&iacute;an una relaci&oacute;n bastante libre con la m&eacute;trica. Prefiero lo contrario: cuando bailan de forma muy sujeta a los acentos de la m&uacute;sica, como hac&iacute;a Pina Bausch, que era muy libre y muy teatral a la vez. Para m&iacute;, lo ideal ser&iacute;a trabajar la mitad del tiempo por libre y la otra mitad en colaboraci&oacute;n, o bajo la direcci&oacute;n de otras personas &ndash;ya sean directores de cine o core&oacute;grafos-. Un ideal que, creo, con el tiempo voy alcanzando.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 21 Nov 2017 06:25:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[WISLAWA SZYMBORSKA PROTAGONIZA LA REVISTA "TURIA"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/wislawa-szymbroska-protagoniza-la-revista-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2017/WISLAWA_SZYMBORSKA_4.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;"><strong>12 AUTORES ESPA&Ntilde;OLES Y POLACOS LE RINDEN HOMENAJE </strong></p>
<p class="Textoindependiente21" style="text-align: left;" align="center"><strong>TAMBI&Eacute;N PUBLICA TEXTOS IN&Eacute;DITOS DE ANTONIO TABUCCHI, RICHARD FORD, LUIS MATEO D&Iacute;EZ, CLARA JAN&Eacute;S Y CHANTAL MAILLARD</strong></p>
<p class="Textoindependiente21" style="text-align: left;"><strong>MERCEDES MONMANY PRESENTA HOY &ldquo;TURIA&rdquo; EN EL MUSEO DE TERUEL</strong>&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">La escritora polaca Wislawa Szymborska, Premio Nobel de Literatura en 1996, es la gran protagonista del nuevo n&uacute;mero de la revista cultural TURIA. Cuando se cumplen cinco a&ntilde;os de su muerte, un total de doce expertos conocedores de su obra participan en un atractivo monogr&aacute;fico que permitir&aacute; a los lectores conocer m&aacute;s y mejor las claves de su labor creativa y de su personalidad. Se trata de una aproximaci&oacute;n plural, sugerente y completa a una autora cercana, que se re&iacute;a de la solemnidad y de los clich&eacute;s, que siempre escribi&oacute; sobre la gente corriente y sobre su vida cotidiana, que siempre cultiv&oacute; una poes&iacute;a tan sencilla como profunda.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">El nuevo n&uacute;mero de TURIA en homenaje a Wislawa Szymborska ser&aacute; presentado hoy en Teruel por la escritora y cr&iacute;tica literaria Mercedes Monmany. El acto tendr&aacute; lugar a las 20 horas en el Museo de Teruel. Una segunda presentaci&oacute;n se llevar&aacute; a cabo en Madrid, en la Biblioteca Nacional de Espa&ntilde;a, el pr&oacute;ximo d&iacute;a 30 de noviembre y correr&aacute; a cargo de Abel Murcia, fil&oacute;logo y actual Director del Instituto Cervantes de Mosc&uacute;.&nbsp;&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">El monogr&aacute;fico de TURIA sobre Szymborska tiene m&aacute;s de 100 p&aacute;ginas de textos originales sobre la poeta polaca e incluye tambi&eacute;n poemas, correspondencia y prosas in&eacute;ditas en espa&ntilde;ol, as&iacute; como una antolog&iacute;a po&eacute;tica de las obras ganadoras del premio que lleva su nombre. Con este conjunto de materiales literarios, TURIA ha elaborado una nueva aproximaci&oacute;n a su obra que permite un mayor y mejor conocimiento de su trabajo l&iacute;rico. M&aacute;xime teniendo en cuenta que Szymborska es una escritora cuya lectura y relectura resulta fascinante y no se agota nunca.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p>El monogr&aacute;fico de TURIA sobre Wislawa Szymborska lo integran destacados&nbsp; estudiosos y especialistas en su obra, tanto polacos como espa&ntilde;oles, as&iacute; como escritores de ambos pa&iacute;ses. Ha sido<strong> </strong>coordinado por el fil&oacute;logo Abel Murcia, gran conocedor y traductor de su poes&iacute;a. En &eacute;l participan tambi&eacute;n con textos in&eacute;ditos Adam Zagajewski, Mart&iacute;n L&oacute;pez-Vega, Xavier Farr&eacute;, Gerardo Beltr&aacute;n, Mercedes Monmany, Michal Rusinek, Jerzy Illg, Teresa Walas, &Aacute;lvaro Valverde, Ryszard Krynicki y Katarzyna Moloniewicz.</p>
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<p class="Textoindependiente21">El material in&eacute;dito de Szymborska que ofrece TURIA a sus lectores lo integran un poema (&ldquo;Cumbre&rdquo;), una selecci&oacute;n de su correspondencia (&ldquo;El ser que mejor vive en este mundo es<br /> tu gato&rdquo;) y unos fragmentos ensay&iacute;sticos (&ldquo;Correo literario&rdquo;). Algunos de estos textos ser&aacute;n publicados pr&oacute;ximamente por la editorial N&oacute;rdica.</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>UN SUMARIO REPLETO DE TEXTOS Y AUTORES DE INTER&Eacute;S</strong></p>
<p>Adem&aacute;s del cuidado monogr&aacute;fico dedicado a Wislawa Szymborska, el nuevo n&uacute;mero de TURIA brinda un sumario repleto de lecturas y autores de inter&eacute;s.&nbsp; As&iacute;,&nbsp; las p&aacute;ginas de la revista se enriquecen con textos originales de importantes autores internacionales. Entre ellos, destacan el escritor italiano Antonio Tabucchi, el norteamericano Richard Ford o el austr&iacute;aco Alfred Brendel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Otros protagonistas de la nueva entrega de TURIA son autores como Azor&iacute;n, Francisco Umbral o Luis Izquierdo, sobre cuya obra se publican art&iacute;culos originales.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p>Tambi&eacute;n da a conocer textos narrativos in&eacute;ditos de Luis Mateo D&iacute;ez, Agust&iacute;n S&aacute;nchez Vidal, Andr&eacute;s Barba, Antonio Castellote e Iv&aacute;n Moure Pazos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA ofrece igualmente a los lectores poemas in&eacute;ditos de, entre otros, Clara Jan&eacute;s, Chantal Maillard, Ana Rossetti, Andr&eacute;s Neuman, Javier Lostal&eacute;, Antonio Rivero Taravillo, Amalia Iglesias Serna, Ada Salas, Julieta Valero y Nuria Barrios.&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p>Especialmente recomendables son las dos amplias entrevistas exclusivas que TURIA publica con dos nombres propios de la cultura espa&ntilde;ola muy relevantes: el fil&oacute;sofo Jos&eacute; Luis Pardo&nbsp; y el compositor Javier Navarrete.&nbsp; Ambos conversan con Fernando del Val&nbsp; acerca de un amplio repertorio de temas de inter&eacute;s. As&iacute;, mientras Jos&eacute; Luis Pardo asegura que &ldquo;Todos los hombres buscan por naturaleza la lucidez&rdquo;, Javier Navarrete est&aacute; convencido que &ldquo;no hay experiencia m&aacute;s libre que la m&uacute;sica por la m&uacute;sica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El escultor Jos&eacute; Gonzalvo (Rubielos de Mora, 1929 &ndash; Valencia, 2010) es el autor de las ilustraciones de este nuevo n&uacute;mero de TURIA. Se trata de una serie de dibujos de diversa tem&aacute;tica, en la que son mayor&iacute;a las im&aacute;genes de su localidad natal y que han sido facilitados a la revista por su familia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA ha conseguido convertirse, tras m&aacute;s de 30 a&ntilde;os de trayectoria, &nbsp;en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. Tiene difusi&oacute;n nacional e internacional y por sus p&aacute;ginas han pasado m&aacute;s de mil autores de diversas procedencias est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas, lo que da idea de la riqueza y pluralidad de sus contenidos. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA es una revista de periodicidad cuatrimestral que tiene una edici&oacute;n en papel y otra&nbsp; digital (web y Facebook). Est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel y patrocinada por el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero ha sido posible gracias a la colaboraci&oacute;n del Instituto Polaco de Cultura, de Cracovia &ndash; Ciudad de Literatura de la UNESCO, de la Fundaci&oacute;n Wislawa Szymborska y de las empresas espa&ntilde;olas Anfaco y Gimex.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p><strong>UNA POETA ORIGINAL Y UNA MUJER IRREPETIBLE</strong></p>
<p>Wislawa Szymborska (K&oacute;rnik, 1923 &ndash; Cracovia, 2012)&nbsp; es una de las poetas de nuestra &eacute;poca m&aacute;s admiradas a nivel internacional. La gran calidad y la singularidad que ofrece su producci&oacute;n po&eacute;tica la han convertido en una escritora indiscutible en cualquier balance de la literatura contempor&aacute;nea. No en vano, son muchos los que consideran que el Premio Nobel de Literatura no hizo sino dar mayor visibilidad y reconocimiento a quien era ya una grand&iacute;sima escritora en su idioma". La propia Szymborska, preguntada acerca de su obra y de la poes&iacute;a en general, afirm&oacute; en una ocasi&oacute;n: "Tal vez haya poetas que sepan lo que es la poes&iacute;a; yo no lo s&eacute;. Y me parece mejor no saber ciertas cosas"<strong>.</strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p>Abel Murcia y Gerardo Beltr&aacute;n, en su art&iacute;culo introductorio al monogr&aacute;fico Szymborska de TURIA trazan una oportuna y complet&iacute;sima panor&aacute;mica sobre &ldquo;La huella en espa&ntilde;ol de una Premio Nobel&rdquo; para concluir que la escritora polaca es &ldquo;una poeta que supo hacerse un hueco en nuestra lengua y que vino para quedarse&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para Adam Zagajewski, autor premiado con el Princesa de Asturias de las Letras 2017,&nbsp; Wislawa Szymborska &ldquo;reun&iacute;a en una &uacute;nica persona dos cosas ins&oacute;litas: era una poeta tremendamente original, y al mismo tiempo una persona, una mujer, con un estilo de vida &uacute;nico e irrepetible. Un estilo, o incluso mucho m&aacute;s que eso, una filosof&iacute;a vital, una idea de c&oacute;mo vivir&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Seg&uacute;n Mart&iacute;n L&oacute;pez-Vega, poeta y actual Director de Cultura del Instituto Cervantes, &ldquo;la poes&iacute;a de Szymborska ve lo que nadie ve, vuelve el mundo transparente. Ello es gracias a que ha podido conservar la ingenuidad en un mundo que ha perdido la inocencia; porque ha sabido re&iacute;rse de las ridiculeces propias antes que de las ajenas; porque ha sido capaz de construir una in&eacute;dita cercan&iacute;a ir&oacute;nica en un mundo cada vez m&aacute;s dado a la distancia c&iacute;nica. Y con ello ha salvado a la poes&iacute;a, que en ella nos sigue ense&ntilde;ando m&aacute;s sobre c&oacute;mo mirar y vivir que sobre la poes&iacute;a misma, aunque en ella no sean cosas distintas&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>LA POES&Iacute;A, UNA SEGUNDA RELIGI&Oacute;N PATRI&Oacute;TICA EN POLONIA</strong></p>
<p>Mercedes Monmany, gran conocedora de las literaturas centroeuropeas, subraya en TURIA la singularidad de la poes&iacute;a polaca: &ldquo;Cuando en 1996 le fue concedido el Premio Nobel de Literatura a Wislawa Szymborska se dio un hist&oacute;rico caso. De repente, dos premios Nobel de Literatura, de los mejores del pasado siglo, se ver&iacute;an reunidos en una misma ciudad, Cracovia, de las m&aacute;s bellas de Europa. Los dos eran polacos: el gran poeta, novelista y ensayista Czeslaw Milosz y la igualmente inmensa poeta y, a lo largo de su vida tambi&eacute;n at&iacute;pica articulista y autora de textos breves en prosa, Wislawa Szymborska. Los dos pertenec&iacute;an a una sufrida naci&oacute;n, Polonia, pulverizada varias veces, de forma vergonzosa, a lo largo de la Historia, por los diversos pactos y repartos territoriales llevados a cabo por sus poderosos y avariciosos vecinos, principalmente el Imperio Ruso,&nbsp; Prusia y tambi&eacute;n Austria. Una naci&oacute;n que devocionaba, como una segunda religi&oacute;n patri&oacute;tica, por encima de todo, la poes&iacute;a&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Completan el monogr&aacute;fico una estimable serie de art&iacute;culos (elaborados por Xavier Farr&eacute; y&nbsp; &Aacute;lvaro Valverde) y valiosos testimonios de personas que la conocieron bien como Michal Rusinek, Jerzy Illg, Teresa Walas y Ryszard Krynicki, as&iacute; una exhaustiva y &uacute;til biocronolog&iacute;a sobre Szymborska elaborada por Katarzyna Moloniewicz.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Finalmente se incluye una antolog&iacute;a de poemas de los autores galardonados con el Premio de poes&iacute;a Wislawa Szymborska. Y es que la escritora, en su testamento, dispuso la creaci&oacute;n de una fundaci&oacute;n que ten&iacute;a entre sus objetivos, adem&aacute;s de ocuparse y cuidar de su legado literario, su archivo y su biblioteca, etc., la creaci&oacute;n y gesti&oacute;n de un premio de poes&iacute;a. El Premio de Poes&iacute;a W. Szymborska, al mejor libro publicado en el a&ntilde;o anterior a la concesi&oacute;n del premio, se otorg&oacute; por primera vez en 2013. El jurado, de car&aacute;cter internacional, est&aacute; compuesto por cr&iacute;ticos literarios y profesores de universidad y traductores.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>&nbsp;AZOR&Iacute;N, FRANCISCO UMBRAL Y LUIS IZQUIERDO</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">El&nbsp; sumario&nbsp; de&nbsp; TURIA&nbsp; se&nbsp; abre,&nbsp; en&nbsp; esta&nbsp; ocasi&oacute;n,&nbsp; con&nbsp; un&nbsp; sugerente&nbsp; art&iacute;culo&nbsp; de Andreu Jaume en recuerdo del poeta, cr&iacute;tico literario y profesor Luis Izquierdo, de quien se cumple el primer aniversario de su muerte. En &eacute;l se subraya que, quien ejerciera como inolvidable catedr&aacute;tico de literatura espa&ntilde;ola en la Universidad de Barcelona, era sobre todo poeta: &ldquo;para &eacute;l la poes&iacute;a era una forma insustituible de pensar, hasta el punto de que realmente pensaba en verso&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p>En su art&iacute;culo &ldquo;Azor&iacute;n y la historia, medio siglo despu&eacute;s&rdquo;, Francisco Fuster desarrolla la tesis de que &ldquo;el inter&eacute;s por el pasado fue una constante en el pensamiento y la escritura de Jos&eacute; Mart&iacute;nez Ruiz, una especie de amor de juventud al que permaneci&oacute; fiel toda su vida&rdquo;. Con este texto, TURIA se suma a la efem&eacute;rides del cincuenta aniversario de la muerte de Azor&iacute;n (Mon&oacute;var, Alicante, 1972 &ndash; Madrid, 1967).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">La secci&oacute;n que TURIA dedica a los estudios literarios se cierra con un art&iacute;culo de Jes&uacute;s Ferrero sobre el escritor y periodista Francisco Umbral, fallecido hace diez a&ntilde;os. En un texto que titula &ldquo;En el nombre del hijo&rdquo;, Ferrero destaca &ldquo;Mortal y rosa&rdquo; como su mejor libro y se pregunta &ldquo;si alguna vez se ha escrito tan bien en espa&ntilde;ol, con ese ritmo, con esa fluidez, con esa ondulaci&oacute;n, con esa capacidad de adjetivaci&oacute;n, con esa delicadeza, con ese amor, con esa sensaci&oacute;n de estar configurando un espacio sagrado para la memoria, con ese dolor que se nutre de belleza en cada s&iacute;laba, con esa precisi&oacute;n l&iacute;rica clavando pu&ntilde;ales de plata en el alma inhumana de la noche&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>ANTONIO TABUCCHI, RICHARD FORD, ALFRED BRENDEL, CLARA JAN&Eacute;S, CHANTAL MAILLARD Y SLAVOJ ZIZEK</strong></p>
<p>Entre el buen surtido de lecturas in&eacute;ditas que ofrece TURIA sobresale un relato original del escritor italiano Antonio Tabucchi, uno de los nombres propios m&aacute;s relevantes de la literatura europea de nuestra &eacute;poca. Titulado &ldquo;Un curandeiro en la ciudad del agua&rdquo;, se trata de un texto que apareci&oacute; originalmente en portugu&eacute;s en el cat&aacute;logo de una exposici&oacute;n del pintor J&uacute;lio Pomar, uno de los artistas m&aacute;s singulares de nuestro pa&iacute;s vecino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tambi&eacute;n TURIA ofrece a los lectores un avance de &ldquo;Entre ellos. Recordando a mis padres&rdquo;, el nuevo libro del norteamericano Richard Ford.&nbsp; Una aproximaci&oacute;n honesta, y de gran voltaje literario, que es tambi&eacute;n una exploraci&oacute;n de la tan dispar personalidad de los responsables de su existencia: Parker y Edna, dos ejemplos de esas gentes que buscaron cambiar sus vidas en la Am&eacute;rica de la Gran Depresi&oacute;n. Todo un excelente ejemplo de ficci&oacute;n de clara ra&iacute;z autobiogr&aacute;fica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Adem&aacute;s, TURIA publica textos narrativos de Luis Mateo D&iacute;ez, Agust&iacute;n S&aacute;nchez Vidal, Andr&eacute;s Barba, Antonio Castellote e Iv&aacute;n Moure Pazos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Menci&oacute;n destacada en el sumario de la revista merece tambi&eacute;n la presencia de la poes&iacute;a del austriaco Alfred Brendel. Quien ha sido uno de los pianistas m&aacute;s notables de nuestro tiempo, c&eacute;lebre por sus magn&iacute;ficas interpretaciones de Haydn, Mozart, Beethoven, Schubert y Liszt, es tambi&eacute;n un ensayista brillante y un poeta a tener en cuenta. Sin embargo, esa faceta l&iacute;rica suya era hasta ahora desconocida en espa&ntilde;ol. Por eso, TURIA se enorgullece de publicar una breve antolog&iacute;a de sus poemas. Y&nbsp; tambi&eacute;n se ofrecen versos originales de, entre otros: Clara Jan&eacute;s, Chantal Maillard, Ana Rossetti, Andr&eacute;s Neuman, Javier Lostal&eacute;, Antonio Rivero Taravillo y Nuria Barrios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">En el apartado que TURIA dedica al ensayo, merece una atenta lectura el art&iacute;culo de Germ&aacute;n Cano sobre uno de los m&aacute;s c&eacute;lebres intelectuales europeos de nuestros d&iacute;as: &ldquo;Slavoj Zizek en el laberinto de la izquierda&rdquo;. Para Cano, la extraordinaria audiencia del discurso de un pensador como Zizek se &ldquo;explica por la situaci&oacute;n de crisis org&aacute;nica que afecta a nuestras instituciones, discursos y mediaciones tradicionales y por la emergencia de nuevos escenarios y formas comunicativas&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>ENTREVISTAS EXCLUSIVAS A JOS&Eacute; LUIS PARDO Y JAVIER NAVARRETE</strong></p>
<p>En la amplia conversaci&oacute;n con el fil&oacute;sofo Jos&eacute; Luis Pardo (Madrid, 1954) que publica TURIA&nbsp; descubriremos la trayectoria y las certeras opiniones de uno de nuestros pensadores de referencia. El autor de un libro tan clarividente como &ldquo;Estudios del malestar&rdquo;, Premio Anagrama de Ensayo, observa la Espa&ntilde;a actual y se detiene en determinados movimientos y partidos que, en su opini&oacute;n, se aprovechan de la desaz&oacute;n colectiva para conseguir r&eacute;ditos pol&iacute;ticos. Y es que, para Pardo, &ldquo;la persecuci&oacute;n del bienestar material es perfectamente leg&iacute;tima, pero este bienestar es solamente un medio al servicio de un fin&rdquo;. Tambi&eacute;n afirma en la entrevista que &ldquo;la voluntad pol&iacute;tica no puede crear por s&iacute; sola riqueza&rdquo; o que &ldquo;quienes se quejan de la falta de criterios o de valores en realidad se est&aacute;n quejando, no s&eacute; si sabi&eacute;ndolo o no, de la libertad&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En otro momento de la entrevista, y preguntado por la necesidad de cultivar el criterio propio, asegura Jos&eacute; Luis Pardo: &ldquo;puede que haya gente que prefiera mentiras agradables a verdades inc&oacute;modas&rdquo;. Aunque &eacute;l siempre procura &ldquo;huir de todo lo que puede significar adoctrinamiento&rdquo; y sobre la desafecci&oacute;n pol&iacute;tica nos dir&aacute; que &ldquo;no es consecuencia del populismo sino al rev&eacute;s: el populismo es una forma de desafecci&oacute;n pol&iacute;tica, de desconfianza con respecto a la pol&iacute;tica&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El compositor Javier Navarrete (Teruel, 1956) lo tiene claro: &ldquo;no hay experiencia m&aacute;s libre que la m&uacute;sica por la m&uacute;sica&rdquo;. Quien a los 19 a&ntilde;os se trasladara a Barcelona para seguir su camino profesional y vital, ha regresado ahora a su ciudad para participar como compositor de la &oacute;pera &ldquo;Los Amantes&rdquo;, todo un acontecimiento ef&iacute;mero y exitoso organizado con motivo de celebrarse el 800 aniversario de los Amantes de Teruel. Una leyenda que, en su opini&oacute;n, &ldquo;necesita una reivindicaci&oacute;n erudita.Sabemos que hay turistas visitando el mausoleo, pero olvidamos que Tirso de Molina escribi&oacute; un drama basado en ellos en 1615. En los &uacute;ltimos cinco siglos, se han escrito numerosas obras de teatro y musicales. Todav&iacute;a quedan representaciones callejeras en clave de teatro popular&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Navarrete, que cuenta en su haber con indiscutibles triunfos internacionales como compositor de m&uacute;sica para pel&iacute;culas (es autor, por ejemplo, de la banda sonora de filmes como &ldquo;El laberinto del fauno&rdquo; y &ldquo;El espinazo del diablo&rdquo;), afirma que &ldquo;la emoci&oacute;n que suscita el directo es intransferible&rdquo;. No dura tampoco en reconocer que &ldquo;la cultura moderna es crecientemente vac&iacute;a y superficial, lo cual no es ni bueno ni malo&rdquo; y que, para &eacute;l, &ldquo;lo ideal ser&iacute;a trabajar la mitad del tiempo por libre y la otra mitad en colaboraci&oacute;n&rdquo;.<strong></strong></p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>CARMEN MART&Iacute;N GAITE, MAR&Iacute;A MOLINER Y LA HUELLA DE LOS AMANTES DE TERUEL EN LA LITERATURA</strong></p>
<p>Respecto a sus dos secciones dedicadas a&nbsp; los asuntos o protagonistas aragoneses, TURIA&nbsp; publica un texto hasta ahora desconocido de la escritora Carmen Mart&iacute;n Gaite, una de las m&aacute;s importantes de nuestra literatura contempor&aacute;nea, sobre Teruel. Se trata de un trabajo de investigaci&oacute;n sobre la familia Tor&aacute;n, una de las conocidas en la capital de la provincia y de gran influencia en la vida de la ciudad durante los siglos XIX y XX.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como subraya el profesor Jos&eacute; Teruel, gran especialista en Carmen Mart&iacute;n Gaite y responsable de la edici&oacute;n de su obra completa, &ldquo;el texto sobre los or&iacute;genes de los Tor&aacute;n es in&eacute;dito. Seg&uacute;n indica la fecha de redacci&oacute;n, septiembre de 1964, es un periodo en que Carmen Mart&iacute;n Gaite acaba de publicar &ldquo;Ritmo lento&rdquo; (1963), sin demasiada resonancia, a pesar de haber sido finalista del premio Biblioteca Breve y experimenta cierta saturaci&oacute;n de escribir y leer ficci&oacute;n, que le llevar&aacute; a sus primeras pesquisas en el siglo XVIII, el pariente pobre de la historiograf&iacute;a oficial espa&ntilde;ola. El resultado ser&aacute; &ldquo;El proceso de Macanaz. Historia de un empapelamiento&rdquo;, publicado en diciembre de 1969. En ese lapsus entre 1963 y 1969, Mart&iacute;n Gaite acept&oacute; alg&uacute;n trabajo de encargo, como este que le ofreci&oacute; su amigo Jos&eacute; Tor&aacute;n Pel&aacute;ez&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otro gran nombre propio de la cultura del pasado siglo, la aragonesa Mar&iacute;a Moliner, ocupa tambi&eacute;n las p&aacute;ginas de TURIA. En este caso, y a trav&eacute;s de un art&iacute;culo de Julia Argem&iacute; Munar, se indaga acerca de una etapa clave en su vida: su labor fundamental en la implantaci&oacute;n y desarrollo de las llamadas &ldquo;Misiones Pedag&oacute;gicas&rdquo; durante la Segunda Rep&uacute;blica espa&ntilde;ola.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre los contenidos aut&oacute;ctonos del n&ordm; 124 de TURIA, sobresale un interesante trabajo sobre la literatura generada en torno a los Amantes de Teruel. Su autor es Juan Villalba Sebasti&aacute;n, profesor asociado de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de Teruel. El art&iacute;culo constituye una excelente aproximaci&oacute;n a la huella que a trav&eacute;s del tiempo ha tenido la c&eacute;lebre leyenda/historia de amor en la creatividad de los escritores de distintas &eacute;pocas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Asimismo, TURIA contiene&nbsp; la secci&oacute;n habitual denominada &ldquo;La isla&rdquo;, con fragmentos del diario de Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas enriquecidos gr&aacute;ficamente por Isidro Ferrer. Cierra el sumario de la revista una amplia secci&oacute;n de cr&iacute;tica de libros, &ldquo;La Torre de Babel&rdquo;, donde se analizan las novedades editoriales de mayor inter&eacute;s.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 17 Nov 2017 07:39:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA DESCUBRE UN TEXTO INÉDITO DE CARMEN MARTÍN GAITE SOBRE TERUEL]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-descubre-un-texto-inedito-de-carmen-martin-gaite-sobre-teruel/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2017/gaite500.jpg" alt="" /></p>
<p class="Textoindependiente21" style="text-align: left;" align="center"><strong>SE TRATA DE UN TRABAJO DE INVESTIGACI&Oacute;N SOBRE LA FAMILIA TOR&Aacute;N TAMBI&Eacute;N PUBLICA UN INTERESANTE ART&Iacute;CULO SOBRE MAR&Iacute;A MOLINER</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p>El nuevo n&uacute;mero de la revista cultural TURIA, que se distribuir&aacute; a partir del 21 de marzo,&nbsp; brinda a los lectores que se interesan por los asuntos o protagonistas aragoneses un atractivo repertorio de temas. En primer lugar, TURIA publica un texto hasta ahora desconocido de la escritora Carmen Mart&iacute;n Gaite, una de las m&aacute;s importantes de nuestra literatura contempor&aacute;nea, sobre Teruel. Se trata de un trabajo de investigaci&oacute;n sobre la familia Tor&aacute;n, una de las conocidas en la capital de la provincia y de gran influencia en la vida de la ciudad durante los siglos XIX y XX.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como subraya el profesor Jos&eacute; Teruel, gran especialista en Carmen Mart&iacute;n Gaite y responsable de la edici&oacute;n de su obra completa, &ldquo;el texto sobre los or&iacute;genes de los Tor&aacute;n es in&eacute;dito. Seg&uacute;n indica la fecha de redacci&oacute;n, septiembre de 1964, es un periodo en que Carmen Mart&iacute;n Gaite acaba de publicar &ldquo;Ritmo lento&rdquo; (1963), sin demasiada resonancia, a pesar de haber sido finalista del premio Biblioteca Breve y experimenta cierta saturaci&oacute;n de escribir y leer ficci&oacute;n, que le llevar&aacute; a sus primeras pesquisas en el siglo XVIII, el pariente pobre de la historiograf&iacute;a oficial espa&ntilde;ola. El resultado ser&aacute; &ldquo;El proceso de Macanaz. Historia de un empapelamiento&rdquo;, publicado en diciembre de 1969. En ese lapsus entre 1963 y 1969, Mart&iacute;n Gaite acept&oacute; alg&uacute;n trabajo de encargo, como este que le ofreci&oacute; su amigo Jos&eacute; Tor&aacute;n Pel&aacute;ez&rdquo;.</p>
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<p>Otro gran nombre propio de la cultura del pasado siglo, la aragonesa Mar&iacute;a Moliner, ocupa tambi&eacute;n las p&aacute;ginas de TURIA. En este caso, y a trav&eacute;s de un art&iacute;culo de Julia Argem&iacute; Munar, se indaga acerca de una etapa clave en su vida: su labor fundamental en la implantaci&oacute;n y desarrollo de las llamadas &ldquo;Misiones Pedag&oacute;gicas&rdquo; durante la Segunda Rep&uacute;blica espa&ntilde;ola.</p>
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<p><strong>CARMEN MART&Iacute;N GAITE, MENSAJERA DE JOS&Eacute; TOR&Aacute;N EN TERUEL</strong></p>
<p>En un art&iacute;culo previo al texto de Carmen Mart&iacute;n Gaite sobre los Tor&aacute;n que publica TURIA, Jos&eacute; Teruel cuenta c&oacute;mo &ldquo;en los &lsquo;Cuadernos de todo&rsquo;, en concreto en el n&uacute;mero 3, alude veladamente a ese viaje a Teruel en septiembre [de 1964] desde el cuarto de la pensi&oacute;n en que se instala, donde anota unas reflexiones que le servir&aacute;n para el tercer pr&oacute;logo de &lsquo;El cuento de nunca acabar&rsquo;. Destaco este apunte que alude directamente a la g&eacute;nesis de este cometido que hoy se publica: &laquo;Tor&aacute;n, al delegar en alguien la tarea de sus antepasados, al notar que el inter&eacute;s por ellos es compartido, se ha aliviado de lo que era fondo y lo ha asumido en cambio con nueva emoci&oacute;n: "Yo estoy aqu&iacute; en Madrid, lejos, trabajando en otra cosa, pero he mandado a mi mensajero"&raquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Tambi&eacute;n Jos&eacute; Teruel&nbsp; nos informa en TURIA sobre c&oacute;mo Jos&eacute; Tor&aacute;n actu&oacute; como mecenas en muchos momentos de la vida y obra de Carmen Mart&iacute;n Gaite: &ldquo;Ella misma lo confes&oacute; en sus conferencias sobre Juan Benet dictadas en la Universidad de Salamanca el 2 y el 3 de julio de 1996: &laquo;Cuando muri&oacute; Jos&eacute; Tor&aacute;n, uno de nuestros m&aacute;s fastuosos e imaginativos ingenieros hidr&aacute;ulicos, para quien tambi&eacute;n yo trabaj&eacute; algunos a&ntilde;os como correctora de estilo, Juan Benet escribi&oacute; tal vez el art&iacute;culo m&aacute;s emocionante que haya salido jam&aacute;s de su pluma&raquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing">Este texto que se publica por primera vez en la revista TURIA es un nuevo ejemplo del engarce en la obra de Carmen Mart&iacute;n Gaite (sea de encargo o sea fruto de la elecci&oacute;n propia) entre las historias y la Historia con may&uacute;scula. De sus trabajos de investigaci&oacute;n hist&oacute;rica destaco su paciente consulta de fuentes primarias. Pero sin duda lo que m&aacute;s atrapar&aacute; al lector &ndash;pese al esquematismo de un texto cuyo prop&oacute;sito era puramente documental e informativo&ndash; es la propensi&oacute;n al tratamiento narrativo de la Historia, en este caso de la genealog&iacute;a de la familia Tor&aacute;n, puesto particularmente de manifiesto cuando se enfoca en un personaje: la esposa de D&aacute;maso Tor&aacute;n S&aacute;nchez, Joaquina Herreras, con el sobrenombre de &laquo;la Torana&raquo;. En ese momento el pulso narrativo de Mart&iacute;n Gaite est&aacute; gestando un aut&eacute;ntico relato cargado de r&eacute;ditos literarios.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>MAR&Iacute;A MOLINER, UNA MUJER ILUSTRADA EN LA ESPA&Ntilde;A DE LOS A&Ntilde;OS 30</strong></p>
<p>Con su art&iacute;culo titulado &ldquo;Mar&iacute;a Moliner y las Misiones Pedag&oacute;gicas. Una mujer ilustrada en la Espa&ntilde;a de los a&ntilde;os 30&rdquo;, Julia Argem&iacute; Munar permite que los lectores de TURIA conozcan a la Mar&iacute;a Moliner (Paniza, Zaragoza, 1900 &ndash; Madrid, 1981) de los a&ntilde;os 30, &ldquo;la que tuvo un papel muy activo y fundamental en la difusi&oacute;n de la cultura, la bibliotecaria, la que impuls&oacute; un Plan Nacional de Bibliotecas durante la Segunda Rep&uacute;blica, la que fue delegada del Patronato de Misiones Pedag&oacute;gicas en Valencia&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sin duda, la contribuci&oacute;n intelectual de Mar&iacute;a Moliner no puede entenderse sin conocer sus or&iacute;genes, su infancia y adolescencia, y su juventud. Y es que la autora del &ldquo;Diccionario de uso del espa&ntilde;ol&rdquo;, esa obra ingente y fundamental en la Lexicograf&iacute;a espa&ntilde;ola de la segunda mitad del siglo xx, &ldquo;a pesar de las adversidades que la vida le depar&oacute;, encontr&oacute; un modo distinto de ser mujer y madre, al tiempo que bibliotecaria e intelectual, con una profunda preocupaci&oacute;n social y humana, sin perder nunca su modo de estar en el mundo, discreto y silencioso, pero enormemente productivo, sin renunciar a nada, ejerciendo en plenitud su destino de mujer. Sin ser feminista, fue un ejemplo para muchas feministas&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como nos recuerda Julia Argem&iacute;, &ldquo;La llegada de la Segunda Rep&uacute;blica fue una oportunidad para Mar&iacute;a Moliner, que ya estaba muy comprometida y concienciada socialmente, especialmente en lo relativo a la educaci&oacute;n y la cultura&rdquo;. Era cuesti&oacute;n de tiempo que Mar&iacute;a Moliner se sintiera atra&iacute;da por el flamante proyecto de las Misiones Pedag&oacute;gicas, m&aacute;xime cuando estaba presidido por el que fue su principal maestro. En agosto de ese mismo a&ntilde;o, Mar&iacute;a integr&oacute; la Delegaci&oacute;n Valenciana de las Misiones Pedag&oacute;gicas, con responsabilidades gestoras, entre otras. Y en enero de 1932 inici&oacute; su colaboraci&oacute;n con las Misiones Pedag&oacute;gicas, que durar&iacute;an hasta 1936.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;Mar&iacute;a Moliner hac&iacute;a suyas las palabras del profesor Coss&iacute;o cuando explicaba cu&aacute;l era el prop&oacute;sito de las Misiones: &laquo;despertar el af&aacute;n de leer en los que no lo sienten, pues s&oacute;lo cuando todo espa&ntilde;ol no s&oacute;lo sepa leer &mdash;que es bastante&mdash;, sino que tenga ansia de leer, de gozar y divertirse, s&iacute;, divertirse leyendo, habr&aacute; una nueva Espa&ntilde;a&raquo;.</p>
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<p style="text-align: left;" align="center"><strong>UN FRAGMENTO DE &ldquo;LOS TOR&Aacute;N&rdquo;, &nbsp;UN IN&Eacute;DITO DE CARMEN MART&Iacute;N GAITE</strong></p>
<p>El texto in&eacute;dito de Carmen Mart&iacute;n Gaite sobre Teruel que publicar&aacute; el nuevo n&uacute;mero de la revista TURIA, se inicia con el siguiente fragmento que reproducimos a continuaci&oacute;n:</p>
<p>&ldquo;En los primeros d&iacute;as de septiembre del a&ntilde;o 1965, he llegado a Teruel, por v&iacute;a f&eacute;rrea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo no le he dado importancia a este acontecimiento, tanta es la inconsciencia con que en nuestro siglo disfrutamos maquinalmente, sin la menor gratitud, de los adelantos por los que hace un pu&ntilde;ado de a&ntilde;os suspiraban en sus discursos los ciudadanos amantes del progreso, desvel&aacute;ndose por ser escuchados.</p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Hacia el a&ntilde;o 1891, por ejemplo, cuando todas las capitales de provincia estaban ya unidas entre s&iacute; por medio del ferrocarril, o ten&iacute;an asegurada su construcci&oacute;n, como Soria y Almer&iacute;a, &iexcl;con qu&eacute; vehemente elocuencia ped&iacute;a el mismo privilegio para su provincia el notable turolense Don Domingo Gasc&oacute;n desde las p&aacute;ginas de la publicaci&oacute;n gratuita <em>Miscel&aacute;nea Turolense</em> por el creada y dirigida!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Teruel, desde la construcci&oacute;n del ferrocarril del Mediterr&aacute;neo hab&iacute;a visto extinguirse su vida comercial, desviada la riqueza hacia otros puntos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Hace algunos a&ntilde;os &ndash;clama en sus escritos el buen don Domingo- la capital era considerada como una de las plazas m&aacute;s importantes de Arag&oacute;n para el comercio de cereales. All&iacute; aflu&iacute;an centenares de carros y millares de ac&eacute;milas cargados de los granos que en magn&iacute;fica abundancia producen el se&ntilde;or&iacute;o de Molina, los f&eacute;rtiles campos de Visiedo y Bello y la feraz campi&ntilde;a que se extiende desde Cella hasta Calamocha. Teruel era el granero que surt&iacute;a a la mayor parte del reino de Valencia&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;Y qu&eacute; decir de los carbones de Utrillas y Gargallo, del hierro y cobre de Albarrac&iacute;n, del antimonio de B&aacute;guena, de la pizarra bituminosa de Rubielos de Mora, de la piedra litogr&aacute;fica de Valdelinares, de los jaspes y m&aacute;rmoles de Alca&ntilde;iz, del yeso de primera de toda la provincia, que dio lugar a las obras m&aacute;s delicadas del Monasterio del Escorial!.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Muchas de estas minas &ndash;se lamenta- han estado en explotaci&oacute;n cuando no hab&iacute;a ferrocarriles en Espa&ntilde;a; pero hoy es imposible la competencia, por la dificultad de los arrastres&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y a lo largo de todos los n&uacute;meros de esta curiosa publicaci&oacute;n que se repart&iacute;a gratis y no admit&iacute;a suscripciones, contin&uacute;a machacando el se&ntilde;or Gasc&oacute;n sobre este problema del ferrocarril que tanto le obsesionaba, da cuenta de las distintas concesiones de la obra a distintas casas constructoras, desde mayo de 1888 en que se anunci&oacute; por primera vez la subasta de esta l&iacute;nea, Calatayud-Teruel-Valencia, de los trabajos paralizados, de los leves asomos de esperanza, del debate de la cuesti&oacute;n en el Congreso. Consumi&oacute; m&aacute;s de diez a&ntilde;os de su vida en campa&ntilde;a tan tenaz y apost&oacute;lica como bald&iacute;a al parecer, y lo m&aacute;s conmovedor es que de vez en cuando publicaba fotograf&iacute;as de trenes saliendo de un t&uacute;nel, con su leyenda debajo indicadora del lugar donde ocurr&iacute;a el prodigio, como si quisiera &ndash;pienso yo- darse &aacute;nimos a s&iacute; mismo a la vista de tan hermoso espect&aacute;culo, igual que se mira devotamente a una imagen sagrada para pedirle que nos fortalezca en nuestra vacilante fe. Y me imagino tambi&eacute;n que de la contemplaci&oacute;n de tales estampas saldr&iacute;a reconfortado y con nuevo entusiasmo, casi br&iacute;o ir&iacute;a a tomar su pluma abandonada para exclamar como si lo dijese por vez primera:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;La provincia de Teruel, madre fecunda de hombres insignes en todos los ramos del saber humano, teatro de sucesos memorables en todos los periodos de la historia, tan rica por don especial de la naturaleza en producciones de su suelo, como sistem&aacute;ticamente abandonada, necesita m&aacute;s que otra regi&oacute;n alguna de Espa&ntilde;a, el esfuerzo individual y colectivo de sus hijos para sacarla de la postraci&oacute;n y del abatimiento en que se halla sumida&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;Gran don Domingo!&rdquo;</p>
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<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 03 Nov 2017 07:16:11 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El otro Vargas Llosa]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-otro-vargas-llosa/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/noviembre/mario500.jpg" alt="" />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Narrar es hacer mundo. La obra de un autor configura un universo que surge desde su voz. Una ruta con particularidades: modos de la prosa; im&aacute;genes; contextualizaciones hist&oacute;ricas; voces; temas; peculiaridades de los personajes. Pero debo confesar que me apasionan los autores que se atreven a perturbar la coherencia de ese mundo propio, los que se atreven a seguir explorando m&aacute;s all&aacute; del territorio inicial que trazan sus palabras.</p>
<p>La d&eacute;cada del setenta tiene un especial inter&eacute;s para los lectores de Vargas Llosa porque es el momento cuando el escritor peruano, ya enaltecido y aclamado por la cr&iacute;tica mundial, procura abandonar el &aacute;mbito de su propio universo literario.</p>
<p>&ldquo;Totalidad&rdquo;, &ldquo;ambici&oacute;n infinita&rdquo;, &nbsp;&ldquo;catedrales narrativas&rdquo; podr&iacute;an ser hasta ese momento definiciones &uacute;tiles a la hora de resaltar la aspiraci&oacute;n contenida en sus tres primeras novelas<em>. </em>De all&iacute; la perplejidad que despertaron los dos t&iacute;tulos de ficci&oacute;n que aparecieron en esos a&ntilde;os: <em>Pantale&oacute;n y las visitadoras </em>(1973) y <em>La t&iacute;a Julia y el escribidor </em>(1977), piezas que de inmediato fueron etiquetadas como literatura menor, como perdonables divertimentos.</p>
<p>En palabras de Armas Marcelo, para ciertos lectores y cr&iacute;ticos era imposible que el autor de obras desmesuradas, excesivas, inabarcables, hubiese desembocado en esos tonos de la intimidad humana, en esos desarrollos anecd&oacute;ticos que no dudaban en convocar la risa y el regodeo sentimental. Recordemos que hasta ese momento Vargas Llosa se hab&iacute;a mostrado tajante al decir que el novelista era un competidor de Dios en tanto voluntad organizativa de mundos paralelos y que el humor convert&iacute;a las ficciones en un sub-g&eacute;nero de limitadas capacidades expresivas. Pero durante la d&eacute;cada del setenta Vargas Llosa no escuch&oacute; el coro entusiasta de quienes comentaban su producci&oacute;n, ni tampoco la verbosidad de sus anteriores prejuicios est&eacute;ticos. Por el contrario, hizo algo m&aacute;s cercano al ejercicio de la literatura: escuch&oacute; la propia voz que su relato iba modulando; escuch&oacute; el libro que estaba escribiendo en ese momento y detect&oacute; dentro de &eacute;l esa fuerza inagotable de la risa, del humor, del desparpajo y&nbsp; el exceso.</p>
<p>El escritor peruano comprendi&oacute; que de poco serv&iacute;an sus conceptos sobre la novela si no se dejaba arrastrar por la deliciosa corriente que emanaba de aquel relato selv&aacute;tico y disparatado que iba apareciendo entre sus manos. As&iacute;, el humor se convirti&oacute; en la columna vertebral de <em>Pantale&oacute;n y las visitadoras</em> e hizo posible una de las piezas m&aacute;s brillantes de su autor. Un humor conseguido especialmente a trav&eacute;s de la estrategia del contraste entre la ampulosidad, la rigidez de los informes redactados en el almidonado lenguaje militar, y las situaciones procaces que se van sucediendo en la novela. Explosiva combinaci&oacute;n; especie de mundo rabelesiano reorganizado en los esquematismos castrenses. No olvidemos que Mark Twain, al &nbsp;referirse a los tipos de cuentos que generaban la risa, resaltaba el &ldquo;cuento humor&iacute;stico&rdquo; pues seg&uacute;n su concpeto representaba una escala m&aacute;s elevada de la inteligencia y la est&eacute;tica. Categor&iacute;a que pod&iacute;a alcanzarse mediante una estrategia que resum&iacute;a en estos t&eacute;rminos: &ldquo; El cuento humor&iacute;stico se cuenta con un tono serio; el cuentista hace todo lo posible para ocultar que sospecha, siquiera vagamente de que sea de alg&uacute;n modo gracioso&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Por otro lado, necesario es rese&ntilde;ar los diversos los elementos que configuran <em>Pantale&oacute;n y las visitadoras</em>. As&iacute; lo que en un principio parece la din&aacute;mica constructiva del autor para exhibir la complejidad del mundo se transforma luego en la unidad que explica el sentido general de la novela. Las apariciones de un fan&aacute;tico, las tensiones de una familia en la que combaten dos mujeres, el vac&iacute;o de un personaje que s&oacute;lo sabe existir dentro del orden cuartelario, la aparici&oacute;n de una muchacha enloquecedora, un inescrupuloso locutor de radio, la mediocridad del mundo militar, avanzan a saltos, aparentemente dispersos, hasta que las p&aacute;ginas finales de esta obra los van anudando con feroz contundencia.</p>
<p>Desde luego nos encontramos frente a una novela donde la t&eacute;cnica resulta apasionante: mezcla de documentos oficiales, libretos de radio, formas dialogadas, vasos comunicantes, cartas. Las objeciones de lectores y cr&iacute;ticos de aquella &eacute;poca no pod&iacute;an referirse a la &ldquo;armaz&oacute;n&rdquo; de la obra porque esta ofrece una jugosa complejidad; lo que hab&iacute;a cambiado en relaci&oacute;n a los t&iacute;tulos anteriores era su tratamiento: ya no se trataba de lanzar las grandes preguntas que explicasen la realidad y la violencia latinoamericana, sino de jugar con las pasiones humanas y mirarlas con gesto divertido, risue&ntilde;o, como ya hab&iacute;a comenzado a hacer en esos mismos a&ntilde;os otro narrador peruano: Alfredo Bryce Echenique, de quien un cr&iacute;tico como Donald Shaw destacaba: &ldquo; su comicidad deliciosa&rdquo;.</p>
<p>Pero como adelant&aacute;bamos, una vez transitado el camino del humor, Vargas Llosa ir&iacute;a todav&iacute;a un poco m&aacute;s all&aacute; en su exploraci&oacute;n de otro tipo de novela diferente al que hab&iacute;a emprendido en sus inicios. Por eso <em>La T&iacute;a Julia</em><em> y el Escribidor</em> es ni m&aacute;s ni menos que la escenificaci&oacute;n folletinesca (y con juegos autoficcionales) de amores imposibles propios de la m&uacute;sica o la ficci&oacute;n popular. Ya no s&oacute;lo hay un distanciamiento de la novela que intenta explicar los grandes males de Am&eacute;rica Latina desde voces complejas y abarcantes, sino un regodeo en la m&iacute;nima an&eacute;cdota, en la peque&ntilde;ez de personajes que s&oacute;lo intentan explicarse y vivir la perplejidad de sus existencias.</p>
<p>Narraci&oacute;n que trabaja el mundo marginal y decadente de las ficciones masivas, Vargas Llosa en esta otra novela desarrolla un tipo de discurso&nbsp; que suele asociarse a las obras de Manuel Puig, autor que en palabras de Vivas Lacour se singulariza pues en sus relatos: &ldquo;aparece constantemente lo masificado, lo artificial, siempre asociado al deleite del p&uacute;blico com&uacute;n(&hellip;)&rdquo; y se trabaja: &ldquo;lo marginal, lo&nbsp; estereotipado, incluso lo cursi&rdquo;.</p>
<p>Gran salto expresivo el ofrecido por Vargas Llosa en esta pieza narrativa cuando podemos relacionar este texto con un autor tan divergente a su est&eacute;tica como fue Puig, y al que el propio peruano ha definido como escritor de poderosa imaginaci&oacute;n pero sin grandes ideas. Porque independientemente de las opiniones que pueda ofrecer Vargas Llosa sobre la novela sostenida en segmentos de la cultura popular, muchos coinciden en se&ntilde;alar la filiaci&oacute;n de este libro suyo con esa corriente narrativa.&nbsp; No en vano Cabrera Infante dijo en el 2000: &ldquo; <em>La T&iacute;a Julia</em><em> y el escribidor</em> no habr&iacute;a podido tener ese t&iacute;tulo sin la precedencia de Puig&rdquo;.</p>
<p>Risibles, exagerados radioteatros llenos de incestos, amores contrariados, cat&aacute;strofes,&nbsp; movilizan una pieza en la que por una parte se desarrolla la ficci&oacute;n degradada y ramplona que brota de los dramones folletinescos, y por el otro, como en una suerte de espejo (distorsionador quiz&aacute;s, pero espejo al fin) la historia de un enamorado y casi adolescente Vargas Llosa. Recurso que no es la &uacute;nica referencia duplicada de este libro pues &ldquo;Varguitas&rdquo; y el escribidor aparecen en un principio como figuras antag&oacute;nicas, uno anhelante de los grandes discursos de la literatura; el otro enfrascado en el trabajo incesante de sustituir la realidad gracias a una imaginaci&oacute;n mediatizada por las ficciones populares. Pero la novela lentamente los va aproximando, va revelando las sutiles conexiones que se desarrollan entre uno y otro, y la corriente de simpat&iacute;a que surge entre ambos revela c&oacute;mo para la formaci&oacute;n literaria del joven artista, ser&aacute; fundamental la pasi&oacute;n enfermiza de ese escribidor que de manera quijotesca desarrolla una fijaci&oacute;n por el trabajo que lo hunde en la locura.</p>
<p>Es aqu&iacute;, al ver en ambas novelas el despliegue de un desternillante humor y el acercamiento a la cultura popular y a materiales aparentemente degradados,<em> </em>cuando intuyo c&oacute;mo Vargas Llosa con inteligencia y valent&iacute;a se dedic&oacute; en la d&eacute;cada del setenta a desviar la trayectoria de su propio trabajo. Un desv&iacute;o que como lector yo sit&uacute;o en un terreno peculiar, pues pudiese evocar a Puig en su rescate de los materiales innobles de la ficci&oacute;n masificada, y &nbsp;tambi&eacute;n pudiese aproximarnos a Alfredo Bryce Echenique, con sus desmesurados juegos de humor y sentimentalidad.</p>
<p>De alguna manera, uno de los autores fundamentales del Boom de la narrativa hispanoamericana, se atrevi&oacute; en la d&eacute;cada del setenta a participar de los nuevos registros que novelistas posteriores a &eacute;l (los agrupados en los equ&iacute;vocos nombres del boom junior o el post boom) comenzaban a explorar. Hip&oacute;tesis que me resulta perturbadora y fascinante. La literatura que se contiene a s&iacute; misma, pero que tambi&eacute;n contiene la pluralidad de otra literatura que comienza perfilar un futuro. El vigor de un Vargas Llosa capaz de redescubrir nuevas voces en su consolidada voz; su valent&iacute;a al salir de s&iacute; mismo, de la seguridad de sus propios &eacute;xitos, para explorar la posibilidad de mundos novelescos que en sus tres primeras novelas no hubiese podido alcanzar.</p>
<p>Una manera de crecer desconoci&eacute;ndose; conoci&eacute;ndose en los otros. &nbsp;</p>
<p>Bibliograf&iacute;a:</p>
<p>JJ. ARMAS MARCELO, <strong>Vargas Llosa: el vicio de escribir, </strong>Random House Mondadori, Barcelona, 2008.</p>
<p>Alfredo BRYCE ECHENIQUE, <strong>La suprema iron&iacute;a cervantina, </strong>&nbsp;Editorial complutense, Madrid, 2010.</p>
<p>Guillermo CABRERA INFANTE, &ldquo;La &uacute;ltima traici&oacute;n de Manuel Puig&rdquo;, El Pa&iacute;s, 24 de julio de 1990.</p>
<p>Fernando IWASAKI, <strong>Mario Vargas Llosa: entre la libertad y el infierno, </strong>Estelar, Barcelona, 1992.</p>
<p>Mark &nbsp;TWAIN,&nbsp; <strong>C&oacute;mo contar un cuento, </strong>&nbsp;Langre, San Lorenzo de El Escorial, 2010.</p>
<p>Jos&eacute; Mar&iacute;a POZUELO YVANCOS,&nbsp; <strong>Figuraciones del yo en la narrativa, </strong>C&aacute;tedra Miguel Delibes, Valladolid, 2010.</p>
<p>Donalld L. SHAW, <strong>Nueva narrativa hispanoamericana, </strong>C&aacute;tedra, Barcelona, 1992.</p>
<p>Mario VARGAS LLOSA, <strong>&nbsp;Cartas a un joven novelista, </strong>Ariel/Planeta, Barcelona, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p><strong>La t&iacute;a Julia y el escribidor, </strong>Punto de lectura, Madrid, 2006.</p>
<p><strong>Pantale&oacute;n y las visitadoras, </strong>&nbsp;Bruguera, Barcelona, 1980.</p>
<p>Carmen Victoria VIVAS LACOUR, &ldquo;Las est&eacute;ticas rechazadas trasforman los espacios de legitimaci&oacute;n: la reconciliaci&oacute;n con el &ldquo;gran p&uacute;blico&rdquo; de Manuel Puig&rdquo;. <em>Revista Ling&uuml;&iacute;stica y Literatura, </em>Universidad de Antioquia, a&ntilde;o 29, N&uacute;mero 53, enero-junio 2008, pp.37-49.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 02 Nov 2017 07:50:38 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Antonio Rivero Taravillo: novelas con poeta]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/antonio-rivero-taravillo-novelas-con-poeta/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2017/taravillo500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La presencia de Octavio Paz y Elena Garro en la Guerra Civil espa&ntilde;ola, por una parte, y por otra la visita a Sevilla en el a&ntilde;o 1927 del poeta irland&eacute;s William Butler Yeats y su esposa George, semanas antes de la m&iacute;tica reuni&oacute;n de poetas que dar&iacute;a nombre a la generaci&oacute;n literaria m&aacute;s importante del siglo XX, suponen puntos de partida sugerentes e interesantes sobre los que construir sendas novelas. Dos argumentos que el escritor Antonio Rivero Taravillo ha sabido aprovechar en sus &uacute;nicas novelas hasta la fecha: <em>Los huesos olvidados</em> (Ed. Espuela de Plata, 2014) y <em>Los fantasmas de Yeats</em> (Ed. Espuela de Plata, 2017).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Rivero Taravillo (1963), nacido en Melilla pero residente en Sevilla desde su m&aacute;s temprana ni&ntilde;ez, ha publicado siete poemarios, el &uacute;ltimo de ellos<em> El bosque sin regreso</em>, de 2016; las biograf&iacute;as de Luis Cernuda y de Juan Eduardo Cirlot, premiada la primera con el premio Comillas, en 2007, y la segunda con el premio Antonio Dom&iacute;nguez Ortiz de Biograf&iacute;a, en 2016; cuatro libros de viaje, incluido <em>En busca de la isla esmeralda</em>, publicado recientemente; <em>Vilanos por el aire,</em> un libro que recoge sus aforismos, algunos ya conocidos por quien tenga la costumbre de seguir al autor en redes sociales; y muy numerosas traducciones del ingl&eacute;s, del irland&eacute;s y del ga&eacute;lico escoc&eacute;s (han le&iacute;do bien: Rivero Taravillo domina el ga&eacute;lico; probablemente el &uacute;nico escritor en lengua espa&ntilde;ola que puede presumir de este logro, Borges aparte).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No ser&iacute;a justo que esta prol&iacute;fica producci&oacute;n en otros g&eacute;neros eclipsase su breve producci&oacute;n novel&iacute;stica. Vamos, por tanto, a analizar con detenimiento en este art&iacute;culo ambas novelas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Los huesos olvidados.</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Encarnaci&oacute;n Exp&oacute;sito, una profesora jubilada de literatura espa&ntilde;ola, visita en M&eacute;xico a Octavio Paz y a Elena Garro, primera esposa del poeta. Trata de reconstruir la vida y, sobre todo, las circunstancias de la muerte<strong> </strong>de su padre, Jos&eacute; Juan Bosch, hijo de emigrantes catalanes y amigo de juventud de Paz. Expulsado de M&eacute;xico, Bosch regres&oacute; a Espa&ntilde;a y durante la Guerra Civil luch&oacute; a favor de la Rep&uacute;blica. Una primera versi&oacute;n de su muerte lo presenta como v&iacute;ctima de los combates en el frente de Arag&oacute;n. Pero la realidad es m&aacute;s inquietante.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En mayo de 1937, Paz y Garro se encontraban en Barcelona apoyando la causa republicana. El poeta asiste al Palau de la M&uacute;sica para recitar, entre otros poemas, su <em>Eleg&iacute;a a un compa&ntilde;ero muerto en el frente de Arag&oacute;n</em>. Pero Juan Bosch, el compa&ntilde;ero muerto al que est&aacute; dedicado el poema, en realidad se encuentra entre los asistentes al acto. Ante la estupefacci&oacute;n del poeta, Bosch le pide que acuda al d&iacute;a siguiente a una cita en la que le explicar&aacute; el grave peligro al que se enfrenta por su activa militancia en el POUM. Paz se presenta en el lugar acordado, pero no Bosch. Nunca volver&aacute;n a verse.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Salvo la existencia de Encarnaci&oacute;n Exp&oacute;sito, personaje ficticio, todo lo que se narra en la novela es real. Tambi&eacute;n lo es la an&eacute;cdota de la que parte la novela, la falsa muerte en el frente de Juan Bosch y su aparici&oacute;n en el recital del Palau; es el propio Paz quien la relata en el texto que acompa&ntilde;a a la <em>Eleg&iacute;a</em> en las Obras Completas del poeta. Reales son, por supuesto, los personajes, con Octavio Paz como presencia central a la que vemos en dos momentos de su vida muy alejados en el tiempo: su juventud entusiasta y plet&oacute;rica del a&ntilde;o 1937 y su vejez, con la enfermedad y la muerte al acecho, ya en los &uacute;ltimos a&ntilde;os del siglo XX.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La trama se desarrolla en tres momentos distintos que estructuran la novela: el a&ntilde;o 1998 en la primera parte, con la llegada de Encarnaci&oacute;n a M&eacute;xico; 1937 en los seis cap&iacute;tulos siguientes, con la estancia en Barcelona de Paz y Elena Garro; y una tercera parte que recoge la visita de Octavio Paz a Sevilla en 1988 con motivo del homenaje a Cernuda y la vuelta al a&ntilde;o 1998, con la resoluci&oacute;n de las indagaciones de Encarnaci&oacute;n Exp&oacute;sito.</p>
<p>Dos temas principales sustentan la novela: la necesidad de conocer el pasado y el poder que ostentan los sucesos hist&oacute;ricos de zarandear la vida de los individuos y convertirla en la torpe danza de una marioneta. El primer tema est&aacute; presente en toda la investigaci&oacute;n de Encarnaci&oacute;n, que ha convertido la b&uacute;squeda de su padre en el b&aacute;lsamo con el que curar las heridas de una vida que pasa por un momento dif&iacute;cil (divorcio incluido). El segundo tema aparece en la novela desde el ep&iacute;grafe, que reproduce unos versos del poema de Paz <em>Eleg&iacute;a a un compa&ntilde;ero muerto en el frente de Arag&oacute;n</em>:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Te imagino tirado en lodazales,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ca&iacute;do para siempre,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; sin m&aacute;scara, sonriente,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; tocando, ya sin tacto,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; las manos de otros muertos,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; las manos camaradas que so&ntilde;abas.</p>
<p>Has muerto entre los tuyos, por los tuyos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Este &uacute;ltimo verso resume el misterio que encierra y esclarece la novela: la muerte de Juan Bosch. La ambivalencia de la preposici&oacute;n &ldquo;por&rdquo; convierte el significado obvio del verso, que ser&iacute;a &ldquo;muerto en el acto de proteger y ayudar a los suyos&rdquo;, en una posibilidad m&aacute;s siniestra: muerto, en realidad, a manos de los suyos (algo que se explica en el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de la novela, en palabras de la protagonista).</p>
<p>Conviene recordar aqu&iacute; las circunstancias de la Barcelona de 1937, con una segunda guerra interna dentro de la barbarie de la Guerra Civil, que enfrentaba a los militantes trotskistas del POUM con los comunistas fieles a Stalin. Dentro de este enfrentamiento, el h&eacute;roe de la Rep&uacute;blica abatido en el frente de Arag&oacute;n es en realidad una v&iacute;ctima m&aacute;s de la represi&oacute;n ejercida, entre otros, por agentes del NKVD, la poderosa polic&iacute;a secreta sovi&eacute;tica. Esta es, as&iacute; lo acabar&aacute; descubriendo Encarnaci&oacute;n, la explicaci&oacute;n al misterio que envuelve la desaparici&oacute;n de su padre. Esta circunstancia hist&oacute;rica relaciona, como ya han se&ntilde;alado numerosos cr&iacute;ticos, <em>Los huesos olvidados </em>con la (excelente) novela de Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n <em>Enterrar a los muertos; </em>pero no solo con &eacute;sta, sino con novelas como <em>Homenaje a Catalu&ntilde;a</em>, de Orwell, <em>La plaza del Diamante</em>, de Merc&egrave; Rodoreda, o con la pel&iacute;cula <em>Tierra y libertad</em>, de Ken Loach (en la que, por cierto, particip&oacute; como asesor Wilebaldo Solano, dirigente del POUM en el exilio despu&eacute;s de la guerra).</p>
<p>Una novela como <em>Los huesos olvidados</em>, m&aacute;s cercana al devenir de la Historia que a la pura ficci&oacute;n, se ve favorecida por la escritura precisa, clara y atenta al detalle propia del bi&oacute;grafo; pero el Rivero Taravillo poeta tambi&eacute;n aparece para dejar escenas y descripciones de potente plasticidad:</p>
<p>&ldquo;A un rinc&oacute;n de la tela se hab&iacute;an trepado una hoz y un martillo que no se quer&iacute;an quedar quietos y, haciendo cada uno lo que le era propio, casi golpeaba este, el otro segaba el techo.&rdquo; (p&aacute;g. 100)</p>
<p>Una escritura f&aacute;cil tan solo en apariencia (un buen escritor debe trabajar mucho para evitarle trabajo al lector) que permite una lectura &aacute;gil; agilidad a la que contribuye la breve extensi&oacute;n de la novela, apenas doscientas p&aacute;ginas. El autor comprime la trama y deja la historia en lo esencial, sin ceder a la tentaci&oacute;n (tan com&uacute;n en otros escritores cuando se atreven con la novela hist&oacute;rica) de a&ntilde;adirle grasa innecesaria a su desarrollo. Ha respetado la verdad de los hechos: aquello que se afirma como verdad es verdad, quedando la ficci&oacute;n para rellenar las grietas que deja la realidad y dar vida, color y relieve a los hechos narrados.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Los fantasmas de Yeats.</strong></p>
<p>Una lectura superficial nos lleva a encontrar similitudes evidentes entre<em> Los huesos olvidados </em>y esta segunda novela de Antonio Rivero Taravillo. Las m&aacute;s obvias: ambas est&aacute;n protagonizadas por famosos poetas que se relacionan con la realidad espa&ntilde;ola en un momento determinado y parten de hechos reales a los que el autor es minuciosamente fiel. Ahondando m&aacute;s podemos encontrar otras similitudes. Por ejemplo, en las dos novelas encontramos parejas con una relaci&oacute;n desigual: Paz (el poeta laureado que vive en un hotel de lujo) y Elena Garro (la intelectual repudiada que, despu&eacute;s de la separaci&oacute;n de Paz, sobrevive con escasos medios); o Yeats (mayor, enfermo, infiel, enamorado de otra mujer) y George (a la busca de medios, materiales o sobrenaturales, con los que acercarse al hombre con el que vive).</p>
<p>Pero el modo de afrontar cada historia muestra diferencias notables. En <em>Los fantasmas de Yeats </em>el autor dobla la apuesta: la estructura es m&aacute;s compleja, los personajes que pueblan la novela se tornan multitud, la historia viaja adelante y atr&aacute;s en el tiempo, la voz narrativa oscila entre la primera y la tercera persona&hellip;</p>
<p>El argumento, con todo, resulta sencillo. Tres semanas antes del famoso homenaje a Luis de G&oacute;ngora que habr&aacute; de considerarse, en el futuro, el nacimiento oficial de la Generaci&oacute;n del 27, llegan a Sevilla el poeta irland&eacute;s William Butler Yeats y su esposa George. Buscan un clima templado que resulte favorable a la quebradiza salud del poeta pero encuentran un oto&ntilde;o sevillano particularmente fr&iacute;o. En el refugio de la habitaci&oacute;n Yeats y su esposa practican la escritura autom&aacute;tica y el espiritismo, pr&aacute;cticas de las que son devotos seguidores; tambi&eacute;n lo es Fernando Villal&oacute;n, poeta y ganadero, uno de los varios personajes exc&eacute;ntricos que pueblan la novela; y, junto a ellos, unos presentes en sus paseos por la ciudad y otros evocados en el recuerdo, aparecen Lorca y Cernuda, Aleister Crowley, Pessoa y Mme. Blavatsky, el torero Ignacio Sanchez Mej&iacute;as y el activista irland&eacute;s John MacBride, Rogelio Buend&iacute;a (m&eacute;dico especialista del pulm&oacute;n y primer traductor de Pessoa al castellano) y, por encima de todos, la presencia constante de Maud Gonne, esposa de McBride y amor imposible y eterno de Yeats.</p>
<p>La estructura, en cambio, seg&uacute;n se ha mencionado, es compleja, aunque la destreza narrativa de Rivero Taravillo mantiene la perfecta cohesi&oacute;n de las piezas que componen la trama. Merece la pena dedicar una l&iacute;neas a ordenar el tiempo y escenario en que se desarrolla cada cap&iacute;tulo de la novela.</p>
<p>Cap&iacute;tulo 1: viaje en barco de Inglaterra a Espa&ntilde;a, a&ntilde;o 1927.</p>
<p>Cap&iacute;tulo 2: Yeats sue&ntilde;a con el Levantamiento de Pascua en Dubl&iacute;n, que nos lleva a 1916.</p>
<p>Cap&iacute;tulos 3 y 4: de nuevo el viaje en barco y la llegada a Gibraltar.</p>
<p>Cap&iacute;tulo 5: entrevista de Mart&iacute;nez Sierra a John MacBride y Maud Gonne, de viaje en Espa&ntilde;a: retrocedemos al a&ntilde;o 1903.</p>
<p>Cap&iacute;tulo 6: estancia de Yeats y George en Algeciras, de nuevo 1927.</p>
<p>Cap&iacute;tulos 7 al 17: estancia de Yeats en Sevilla en 1927 (que podemos considerar el tiempo presente de la novela).</p>
<p>Cap&iacute;tulo 18: MacBride y Maud Gonne en Algeciras, 1903.</p>
<p>Cap&iacute;tulos 19 a 25: Sevilla, 1927.</p>
<p>Cap&iacute;tulos 26 y 27: 1889, a&ntilde;o en que se conocen Yeats y Maud Gonne, y 1891.</p>
<p>Cap&iacute;tulos 28 a 32: Sevilla, 1927.</p>
<p>Cap&iacute;tulo 33: 1916, ejecuci&oacute;n de MacBride.</p>
<p>Cap&iacute;tulos 34 y 35: Sevilla, 1927.</p>
<p>Cap&iacute;tulo 36: 1916, Yeats e Iseult (hija de MacBride y Maud) en Normand&iacute;a.</p>
<p>Cap&iacute;tulos 37: Yeats y George reci&eacute;n casados.</p>
<p>Cap&iacute;tulos 38 a 42: Sevilla, 1927.</p>
<p>Cap&iacute;tulos 43, 44 y 45: m&uacute;ltiple desplazamiento temporal.</p>
<p>Cap&iacute;tulo 46: Sevilla, 1927.</p>
<p>Cap&iacute;tulos 47 y 48: 1934, S&aacute;nchez Mej&iacute;as anuncia a su amigo Federico Garc&iacute;a Lorca su vuelta a los ruedos.</p>
<p>Cap&iacute;tulos 49 a 53: Sevilla, 1927.</p>
<p>Cap&iacute;tulo 54: 1905, Fernando Pessoa abandona Sud&aacute;frica para instalarse definitivamente en Lisboa.</p>
<p>Cap&iacute;tulos 55 y 56: Sevilla, 1927.</p>
<p>Cap&iacute;tulo 57: a&ntilde;o 2001.</p>
<p>Cap&iacute;tulos 58 y 59: Sevilla, 1927.</p>
<p>La novela est&aacute; narrada en su mayor parte en tiempo pasado pero cambia al presente cuando se sigue la vida de Maud Gonne (cap&iacute;tulos 5, 18 y 36) y cuando se describen los preparativos del congreso gongorino de 1927 (cap&iacute;tulos 12 y 34):</p>
<p>&ldquo;Luego, hechas las fotograf&iacute;as, comienzan los discursos y las lecturas de poemas. Ser&aacute; la primera de dos jornadas celebratorias. En esta primera Jos&eacute; Bergam&iacute;n, que parece un esqueleto ilustrado, culto y enteco, a&uacute;n tiene la voz intacta: en la segunda, a causa de trasnochar y trasegar vino y relente parecer&aacute; un cad&aacute;ver y, ronco, otro habr&aacute; de leer su intervenci&oacute;n como si se tratara de un m&eacute;dium por el que se manifiesta un esp&iacute;ritu.&rdquo; (p&aacute;ginas 76-77)</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Este cambio en el tiempo verbal sirve para destacar aquellos cap&iacute;tulos en los que Yeats no est&aacute; presente como protagonista; en estos, la narraci&oacute;n se acerca a la cr&oacute;nica period&iacute;stica y abandona el tono que predomina en el resto de la novela, marcado por los recuerdos y por un ambiente frecuentemente on&iacute;rico.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ejemplo de las conexiones que tejen la novela son los cap&iacute;tulos 43, 44 y 45, en los que la red se vuelve m&aacute;s tupida y fascinante. Un pa&iacute;s, M&eacute;jico, sirve de hilo conductor entre distintos personajes: S&aacute;nchez Mej&iacute;as y George, la esposa de Yeats, coinciden en una tienda a la que el torero ha entrado a interesarse por un sombrero mejicano, que le recuerda sus &eacute;xitos en las plazas de aquel pa&iacute;s; Yeats evoca el viaje a M&eacute;jico del mago negro Aleister Crowley y las experiencia con las drogas que vivir&aacute; a su lado; y por fin es Cernuda quien, en la casa mejicana de Concha M&eacute;ndez, rodeado de los hijos de su amigo (y editor) Manuel Altolaguirre, escribe un ensayo sobre Yeats, con el que se ha cruzado, sin reconocerlo, tres d&eacute;cadas antes, en el lejano a&ntilde;o 1927, una imagen que cierra el c&iacute;rculo de relaciones.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El esoterismo est&aacute; presente en toda la novela, poniendo en contacto a los vivos y a los ausentes a trav&eacute;s de las <em>s&eacute;ance </em>espiritistas y de los sue&ntilde;os (pesadillas) de un Yeats enfermo y permanentemente febril. Presente est&aacute; tamb&iacute;en la vida irlandesa, con comparaciones cercanas a la parodia, como si el Nobel irland&eacute;s y su esposa fuesen tan extraterrestres como el Gurb de la novela de Eduardo Mendoza; as&iacute;, cuando confunden la calle G&uuml;ines con la m&aacute;s cervecera y dublinesa Guiness; o en la identificaci&oacute;n de los aficionados verdiblancos del Betis con los jugadores de<em> hurling</em> del condado de Limerick.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y m&aacute;s Irlanda. La mitolog&iacute;a celta se relaciona con la tauromaquia espa&ntilde;ola a trav&eacute;s del h&eacute;roe Cuchulain y el Toro Colorado de Cuailgne, mito que Yeats relata a su esposa. De un lado, el folklore irland&eacute;s; del otro, la figura extravagante de Fernando Villal&oacute;n y la tr&aacute;gica de S&aacute;nchez Mej&iacute;as.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Los fantasmas de Yeats</em> est&aacute; surcada por vidas paralelas que no llegan a cruzarse pero que parecen movidas por hilos que est&aacute;n siempre a punto de hacerlas confluir. Como reflexiona George Yeats en el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de la novela:</p>
<p>&ldquo;Cu&aacute;ntas veces nos cruzamos con personas que no sabemos qui&eacute;nes son, cu&aacute;les son las historias de sus vidas, medit&oacute; George. Un minuto casi roz&aacute;ndose, y luego lejos. Cada cual recorre, sumido en su propia p&eacute;rdida, un laberinto compartido.&rdquo; (p&aacute;gina 270)&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 02 Nov 2017 07:43:53 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA PUBLICA INÉDITOS DE GRANDES AUTORES INTERNACIONALES]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-publica-ineditos-grandes-autores-internacionales/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2017/tabucchi500.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>EL NUEVO N&Uacute;MERO DE LA REVISTA DA A CONOCER TEXTOS DE ANTONIO TABUCCHI, RICHARD FORD Y ALFRED BRENDEL</strong></p>
<p>La revista cultural TURIA publica en su nuevo n&uacute;mero, que se distribuir&aacute; el pr&oacute;ximo mes de noviembre en Espa&ntilde;a y otros pa&iacute;ses, un sumario repleto de interesantes textos in&eacute;ditos de grandes autores internacionales. As&iacute;, TURIA da a conocer un relato original del escritor italiano Antonio Tabucchi, uno de los nombres propios m&aacute;s relevantes de la literatura europea de nuestra &eacute;poca. Titulado &ldquo;Un curandeiro en la ciudad del agua&rdquo;, se trata de un texto que apareci&oacute; originalmente en portugu&eacute;s en el cat&aacute;logo de una exposici&oacute;n del pintor J&uacute;lio Pomar, uno de los artistas m&aacute;s singulares de nuestro pa&iacute;s vecino.</p>
<p>Tambi&eacute;n TURIA ofrece a los lectores un avance de &ldquo;Entre ellos. Recordando a mis padres&rdquo;, el nuevo libro del norteamericano Richard Ford. &nbsp;Una aproximaci&oacute;n honesta, y de gran voltaje literario, que es tambi&eacute;n una exploraci&oacute;n de la tan dispar personalidad de los responsables de su existencia: Parker y Edna, dos ejemplos de esas gentes que buscaron cambiar sus vidas en la Am&eacute;rica de la Gran Depresi&oacute;n. Todo un excelente ejemplo de ficci&oacute;n de clara ra&iacute;z autobiogr&aacute;fica.</p>
<p>Menci&oacute;n destacada en el sumario de la revista merece tambi&eacute;n la presencia de la poes&iacute;a del austriaco Alfred Brendel. Quien ha sido uno de los pianistas m&aacute;s notables de nuestro tiempo, c&eacute;lebre por sus magn&iacute;ficas interpretaciones de Haydn, Mozart, Beethoven, Schubert y Liszt, es tambi&eacute;n un ensayista brillante y un poeta a tener en cuenta. Sin embargo, esa faceta l&iacute;rica suya era hasta ahora desconocida en espa&ntilde;ol. Por eso, TURIA se enorgullece de publicar una breve antolog&iacute;a de sus poemas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="left"><strong>ANTONIO TABUCCHI, CRONISTA DEL EXTRAV&Iacute;O EXISTENCIAL DEL SER HUMANO</strong><strong></strong></p>
<p>Antonio Tabucchi (Pisa, 1943 &ndash; Lisboa, 2012) es, sin duda, uno de los m&aacute;s protagonistas de la literatura italiana contempor&aacute;nea y est&aacute; considerado como uno de los grandes escritores europeos de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Seg&uacute;n la cr&iacute;tica, &ldquo;pocos como &eacute;l supieron transmutar en obra literaria el extrav&iacute;o existencial del ser humano en este tr&aacute;nsito de milenios&rdquo;. Y es que Tabucchi, profesor universitario de portugu&eacute;s y reconocido especialista en Fernando Pessoa, consigui&oacute; como pocos fascinar a sus lectores con una obra que incluye &eacute;xitos tan populares como su novela &ldquo;Sostiene Pereira&rdquo;, cuya versi&oacute;n cinematogr&aacute;fica tambi&eacute;n obtuvo una considerable audiencia y fue una de las &uacute;ltimas grandes interpretaciones del actor Marcello Mastroianni.</p>
<p>Ahora, el traductor Carlos Gumpert es el encargado de ofrecernos una de las peque&ntilde;as joyas &nbsp;que &nbsp;brinda &nbsp;el &nbsp;sumario &nbsp;de &nbsp;TURIA. &nbsp;&nbsp;Ese &nbsp;relato &nbsp;&nbsp;in&eacute;dito &nbsp;en &nbsp;espa&ntilde;ol &nbsp;de &nbsp;Antonio Tabucchi tiene un t&iacute;tulo muy sugestivo &ldquo;Un curandeiro en la ciudad del agua&rdquo;. Y tal y como se nos cuenta en la nota que acompa&ntilde;a el texto, se trata de un material literario que primero form&oacute; parte del cat&aacute;logo de la exposici&oacute;n del artista portugu&eacute;s Julio Pomar, para luego ser incluido en la recopilaci&oacute;n &ldquo;Racconti con figure&rdquo; (2011), in&eacute;dita en castellano. El propio Tabucchi nos dir&aacute; que en la &ldquo;base de este relato se halla, por encima de todo, la convicci&oacute;n de que solo los grandes artistas, que llegan a representar la locura del mundo, pueden ayudar al mundo a defenderse de su propia locura&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="left"><strong>RICHARD FORD, UN REFERENTE DE LAS LETRAS NORTEAMERICANAS</strong></p>
<p>Richard Ford (1944, Jackson, Mississippi) traza un magistral homenaje a sus padres en su nuevo libro &ldquo;Entre ellos&rdquo;, que ser&aacute; publicado en 2018 en Espa&ntilde;a por Anagrama. Una obra que ratifica su solvencia literaria y su capacidad para manejar creativamente materiales autobiogr&aacute;ficos sin caer en sentimentalismos ni en frivolidades gratuitas. TURIA publica ahora, en primicia en espa&ntilde;ol, un adelanto de las primeras p&aacute;ginas del libro que ser&aacute; editado este a&ntilde;o por Anagrama.</p>
<p>&ldquo;Entre ellos. Recordando a mis padres&rdquo; es un ejercicio de humildad y sinceridad&nbsp; llevado a cabo por uno de los novelistas m&aacute;s acreditados de los USA. Comparado con Faulkner, Hemingway o Steinbeck, Ford ha recibido por este nuevo libro el aplauso de la cr&iacute;tica nortemericana. Buena prueba de ello son los elogios recibidos en las p&aacute;ginas del &ldquo;New York Times&rdquo;: &ldquo;el profundo interrogatorio al que Ford somete las cosas que no sab&iacute;a y las que no puede saber acerca de sus padres corre junto con el hecho de que nadie los conoc&iacute;a mejor ni los recuerda con tanta precisi&oacute;n. Es en los pasajes donde late esta mezcla de conjeturas y conocimiento, recuerdos y suposiciones, donde Ford se aproxima m&aacute;s a captar plenamente qui&eacute;nes fueron sus padres&rdquo;.</p>
<p>No olvidemos que Richard Ford tiene, entre sus m&uacute;ltiples reconocimientos, el Premio Princesa de Asturias 2016 y el Premio Pulitzer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="left"><strong>ALFRED BRENDEL, EXCEPCIONAL PIANISTA Y BRILLANTE ESCRITOR </strong></p>
<p>TURIA tambi&eacute;n publica una selecci&oacute;n de poemas del excepcional pianista Alfred Brendel&nbsp; &nbsp;(Vizmek, Checoslovaquia,&nbsp; 1931), traducidos por Jos&eacute; Luis Reina Palaz&oacute;n y que forman parte de un libro de pr&oacute;xima publicaci&oacute;n por Ediciones Alfar. Son textos escritos, seg&uacute;n Brendel, &ldquo;entre el sue&ntilde;o y la vigila&rdquo; y para su traductor al espa&ntilde;ol &rdquo;combinan el sentido y el sinsentido, el orden y el desorden, melancol&iacute;a y humor, evocan con frecuencia el absurdo de la gente que incurre en ilusi&oacute;n, a veces con gracia a veces con temor, en una combinaci&oacute;n de elementos incongruentes que lleva al lector a una sonrisa a la vez sarc&aacute;stica y melanc&oacute;lica&rdquo;.</p>
<p>Alfred Brendel ofreci&oacute; su primer recital a los diecisiete y, poco despu&eacute;s, en 1949, dio inicio a su carrera de concertista tras conseguir el cuarto galard&oacute;n en el prestigioso Concurso Internacional de Piano Ferruccio Busoni. Ha recibido numerosos premios a lo largo de su carrera y se le han otorgado t&iacute;tulos &ldquo;Honoris causa&rdquo; en las universidades de Oxford y Yale, y es Caballero Comendador del Imperio Brit&aacute;nico. Como escritor ha publicado los ensayos &ldquo;Musical Thoughts and Afterthoughts&rdquo; (1976), &ldquo;Music Sounded Out&rdquo; (1990), la colecci&oacute;n de ensayos &ldquo;Sobre la m&uacute;sica&rdquo; (Acantilado, 2016), varios libros de poemas y un libro de conversaciones con el escritor Martin Meyer. Brendel est&aacute; considerado un ensayista brillante, dotado de la ins&oacute;lita capacidad de otorgar a la prosa la claridad y la originalidad expresiva que caracterizan sus interpretaciones al piano. Ahora, los lectores en espa&ntilde;ol podr&aacute;n descubrir su poes&iacute;a.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA, que cuenta ya con m&aacute;s de 30 a&ntilde;os de trayectoria,&nbsp; ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. Tiene periodicidad cuatrimestral en papel y cuenta tambi&eacute;n con una versi&oacute;n digital (web y Facebook). Est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 02 Nov 2017 07:34:05 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El mundo onírico de Lezama Lima]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-mundo-onirico-de-lezama-lima/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2017/JOS_LEZAMA_LIMA.jpg" alt="" /></p>
<p>Lezama Lima se nos aparece en las sombras poderosas de los sue&ntilde;os, porque en su m&aacute;gico y trascendente destino, Lezama vuelve, incitando a la Cuba so&ntilde;ada y la que a&uacute;n est&aacute; por despertar.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lezama juega con las palabras como si fuesen jerogl&iacute;ficos que &eacute;l dota de sentido, porque as&iacute; vive la vida, imaginando, reconstruyendo im&aacute;genes, pintando la realidad en novelas que sucumben ante la experiencia del surrealismo que Lezama tiene en las entra&ntilde;as.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Un&nbsp; breve repaso a su biograf&iacute;a resulta necesario, antes de adentrarse en las honduras de su estilo narrativo y de su forma de ver el mundo.</p>
<p>&nbsp; Lezama naci&oacute; el 19 de diciembre de 1910, con el nombre de Jos&eacute; Mar&iacute;a Andr&eacute;s Fernando Lezama Lima en el campamento militar de Columbia, la Habana. Hijo de Jos&eacute; Mar&iacute;a Lezama, coronel de artiller&iacute;a y de Rosa Lima, hija de emigrados revolucionarios.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; La muerte de su padre, el 19 de enero de 1919 en Pensacola (Estados Unidos), ya le familiariza con la imagen de la tragedia, con su fatum terrible hacia la vida, porque el escritor cubano vive muchas veces desde el dolor, lo expulsa en el lenguaje de sus novelas, de su poes&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; El asma hacen mella en Lezama, vuelve a Cuba, all&iacute; en 1929 comenz&oacute; la carrera de Derecho en la Universidad de la Habana. En 1930 ya participa en contra de la tiran&iacute;a del presidente Gerardo Machado. Fue en 1937 cuando entabla amistad con el poeta moguere&ntilde;o Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, se edita entonces la revista universitaria <em>Verbum</em> y Lezama se convierte en secretario de redacci&oacute;n, publica all&iacute; el poema <em>Muerte de</em> <em>Narciso.</em></p>
<p>&nbsp; Comienza en 1939 la amistad con el c&eacute;lebre poeta cubano Gast&oacute;n Baquero, tambi&eacute;n con Cintio Vitier y Eliseo Diego. En el a&ntilde;o 1941 publica <em>Enemigo rumor</em> y en 1944 inicia la revista <em>Or&iacute;genes</em>, que dirige junto a Jos&eacute; Rodr&iacute;guez Feo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; En el a&ntilde;o 1959, al triunfar la revoluci&oacute;n castrista, pasa a ser Director de Literatura y Publicaciones de la Direcci&oacute;n General de Cultura. En el a&ntilde;o 1966 public&oacute; su c&eacute;lebre novela <em>Paradiso</em>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; En 1968 se le nombr&oacute; Delegado al Congreso Cultural de la Habana. La Biblioteca Nacional Jos&eacute; Mart&iacute; le brinda un homenaje.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Muere el 9 de agosto de 1976 en la Habana.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Esta trayectoria ser&iacute;a insuficiente, sino viniese enriquecida por m&uacute;ltiples experiencias, amistades, etc.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Anton Arrufat cuenta en el n&uacute;mero 118 de la prestigiosa revista <em>Rep&uacute;blica de las</em> <em>Letras de la Asociaci&oacute;n Colegial de Escritores de Espa&ntilde;a</em>, en el n&uacute;mero dedicado a Lezama Lima, en octubre de 2010, su amistad con el escritor cubano, c&oacute;mo conoci&oacute; primero a Elo&iacute;sa, la hermana menor de Lezama. Fue en 1947 cuando conoci&oacute; a Elo&iacute;sa y, gracias a ella, entabl&oacute; contacto con el escritor cubano.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Toda la familia de Lezama hablaba de &eacute;l como el poeta, el hombre singular que constru&iacute;a un lenguaje misterioso, el intelectual que, despu&eacute;s, abrazar&iacute;a la revoluci&oacute;n castrista, sin darse cuenta de que &eacute;sta iba a restringir de manera muy acentuada los derechos de los cubanos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Arrufat cuenta en este art&iacute;culo la imagen que se ten&iacute;a de Lezama, le llamaban el &ldquo;gordo&rdquo;, debido a su voluminoso f&iacute;sico, amigos y admiradores le invitaban a comer en sitios lujosos para o&iacute;rlo disertar. Se hablaba de &eacute;l, se vert&iacute;an diferentes rumores sobre su homosexualidad, para alimentar la malsana curiosidad de la sociedad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero Lezama era un hombre de gran vanidad, tanto fue as&iacute; (pese a ser afable y atento con sus invitados), que quer&iacute;a constituir un Estado po&eacute;tico donde &eacute;l fuese el presidente. Por ello, como nos dice Arrufat, se volvi&oacute; radical en cuanto a otra forma de entender la poes&iacute;a que no fuese la suya, esta actitud le distanci&oacute; de Vintier, de Arrufat, de Pi&ntilde;eira y de otros amigos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero el escritor cubano era un hombre de una enorme capacidad intelectual, como nos recuerda Arrufat, cuando, despu&eacute;s de varios a&ntilde;os de separaci&oacute;n, reinician su relaci&oacute;n amistosa y literaria, se pon&iacute;an a hablar y el escritor cubano, presa de su talento innato, iba de un tema a otro, porque su mundo estaba lleno de im&aacute;genes, de luces que alumbraban la palabra, la significaban, la daban una solidez que se puede ver en libros como <em>Paradiso</em>, hechos con la fuerza de la poes&iacute;a que hay dentro de ellos:</p>
<p>&ldquo;Su hablar estaba vinculado a su forma de escribir. Sus grandes di&aacute;logos verbales ten&iacute;an cierta semejanza con su escritura. En su pl&aacute;tica se pod&iacute;a reconocer la imaginer&iacute;a, el don metaf&oacute;rico, la capacidad de asociaci&oacute;n, el culto al artificio y el tono reflexivo de su prosa&rdquo; (p. 43).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; No s&oacute;lo Arrufat reconoce en Lezama un art&iacute;fice del lenguaje oral y escrito, sino que Reynaldo Gonz&aacute;lez, otro de sus amigos de los a&ntilde;os anteriores a la Revoluci&oacute;n, dice que Lezama es pura imagen, su forma de entender el mundo est&aacute; lleno de lo visual, late en &eacute;l el sentido de la mirada, que se plasma en todo, que circula por cada espacio para hacer de la palabra pura met&aacute;fora, puro s&iacute;mbolo:</p>
<p>&ldquo;Piensa que el mundo existe o se vitaliza s&oacute;lo a trav&eacute;s de las im&aacute;genes que le provoca su decursar por una &ldquo;mirada&rdquo; peculiar; a saltos y en b&uacute;squeda de esencias ya premonitorias, ya conclusivas&rdquo; (p. 46).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esa idea de lo premonitorio est&aacute; en sus novelas, como si los sucesos ya se intuyen antes de ocurrir, la desgracia de la familia de Jos&eacute; Cem&iacute; en <em>Paradiso </em>se intuye, porque todos son s&iacute;mbolos que nos oprimen, nuestras vidas est&aacute;n dirigidas a la sombra de la muerte, que rodea a los personajes, lo que nos recuerda a la vida de Lezama, la pasi&oacute;n por su madre, Rosa Lima, el dolor terrible que sinti&oacute; al morir, como si se le desgajase una parte de su cuerpo, la muerte de su padre, cuando &eacute;l era un ni&ntilde;o, imagen que se repite para perpetuar el dolor y la magnificencia de las im&aacute;genes en su poes&iacute;a y en su prosa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo conclusivo nos remite a la muerte, &uacute;nico desenlace, sin olvidar el erotismo, la fuerza de los personajes, recordemos a Fronesis y Foci&oacute;n, el deseo que pervive, latente en su mundo de censura homosexual.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Julio Cort&aacute;zar tambi&eacute;n nos habla de Lezama, su amistad, los lazos que los unieron, porque Cort&aacute;zar, escritor prodigioso que nos dej&oacute; cuentos y novelas inolvidables (&iquest;qui&eacute;n no sinti&oacute; en la magistral <em>Rayuela</em> que la Maga era un personaje real, impactante e inolvidable?), dice sobre <em>Paradiso,</em> la mejor novela de Lezama (en mi opini&oacute;n) lo que sigue:</p>
<p>&ldquo;<em>Paradiso</em> es como el mar. Sorprendido en un comienzo, comprendo el gesto de mi mano cuando toma el grueso volumen para hojearlo una vez m&aacute;s;&nbsp; esto no es un libro para leer como se leen los libros, es un objeto con anverso y reverso, peso y densidad, olor y gusto, un centro de vibraci&oacute;n que no se deja alcanzar en su coto m&aacute;s entra&ntilde;able si no se va a &eacute;l con algo que participe del tacto, que busque el ingreso por &oacute;smosis y magia simp&aacute;tica&rdquo; (p. 88).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Cort&aacute;zar habla de dos grandes escritores cubanos, esencialmente barrocos, el gran Alejo Carpentier (recordemos su inolvidable <em>La consagraci&oacute;n de la primavera</em>, entre otras muchas de este hombre de talento prodigioso) y Lezama Lima, poeta de lo on&iacute;rico, capaz de dotar al lenguaje de una m&uacute;sica interior incomparable.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Pese a su adhesi&oacute;n a la revoluci&oacute;n cubana (Lezama considera que con Castro llega el h&eacute;roe que entr&oacute; en la ciudad donde todos los conjuros negativos hab&iacute;an sido decapitados), fruto de un entusiasmo primero que ir&aacute;, con el tiempo, perdiendo, como todo aquello que promete m&aacute;s que cumple, Lezama s&iacute; va a ser un gran promotor de la cultura, lo es porque tiene cargos importantes y ayuda a la edici&oacute;n de obras tales como la Antolog&iacute;a de la poes&iacute;a cubana, en tres vol&uacute;menes, la edici&oacute;n cr&iacute;tica de la obra de Juli&aacute;n de Casal, entre otros esfuerzos editoriales que promovi&oacute; el escritor cubano.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Si parte de la familia de Lezama se va al comenzar la Revoluci&oacute;n, &eacute;l permanece en Cuba, pero &eacute;l sigue apegado a su madre, Rosa Lima, la mujer de su vida, su verdadero apego a la vida.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Mar&iacute;a Zambrano, la ilustre pensadora, lo llam&oacute; &ldquo;&aacute;rbol &uacute;nico&rdquo;, sin duda, Lezama lo fue, como si de ese &aacute;rbol s&oacute;lo brotasen las ra&iacute;ces de la verdadera literatura, la fuente del saber. Concluyo con las palabras de Lezama, acerca de la muerte de su madre, las que iluminan una prosa prodigiosa, que debe releerse para saborear el idioma en toda su extensi&oacute;n, lejos de libros f&aacute;ciles, de usar y tirar de nuestros d&iacute;as:</p>
<p>&ldquo;Fui, acompa&ntilde;ado de mi madre al centro de la tierra. Despu&eacute;s, comprend&iacute; que ella quer&iacute;a, como en <em>La Odisea</em>, que yo ascendiese de nuevo a la luz. Hijo, ve a otra luz. Todav&iacute;a &eacute;ste no es tu reino, aunque bien s&eacute; que t&uacute; para estar conmigo ser&iacute;as capaz de escaparte de la pradera donde pace el ant&iacute;lope y el &aacute;guila traza c&iacute;rculos dentro de la Naturaleza&rdquo; (p. 104, recogido de la revista Rep&uacute;blica de las Letras, n&ordm; 118).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Su madre, como una mujer del Antiguo Testamento (as&iacute; la califica Lezama) le dio el don de la sabidur&iacute;a, la pertenencia al mundo de los sue&ntilde;os, la posibilidad de hacer de la literatura una sabia combinaci&oacute;n de im&aacute;genes llenas de m&uacute;ltiples significados.</p>
<p>&nbsp; Hay que leer a Lezama para entender la importancia del lenguaje, de la luz que irradia un escritor &uacute;nico en las letras cubanas, de dimensi&oacute;n universal.</p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 19 Oct 2017 08:11:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ángel Crespo y la salvación por la palabra poética]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/angel-crespo-y-la-salvacion-por-la-palabra-poetica/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/octubre/pilar500.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;&nbsp;&nbsp; 1</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el mes de junio de 1966 &ndash;es decir, casi exactamente un a&ntilde;o antes de que comenzase el autoexilio de &Aacute;ngel Crespo&nbsp; y cuando &eacute;ste llevaba veinte participando de una manera muy activa en la vida literaria espa&ntilde;ola cuyo negro aislamiento de la posguerra hab&iacute;a contribuido a oxigenar no solamente con su poes&iacute;a sino tambi&eacute;n con su cr&iacute;tica de arte y literatura, sus traducciones y las revistas que hab&iacute;a dirigido o codirigido- se publicaba en <em>ABC</em> una entrevista con &eacute;l (an&oacute;nima aunque dentro de la conocida secci&oacute;n de &ldquo;El escritor y su espejo&rdquo; ) a la que pertenece el siguiente fragmento:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;-Usted es un gran defensor de la vanguardia art&iacute;stica y desde la <em>Revista de Cultura brasile&ntilde;a</em> que dirige est&aacute; ofreciendo al p&uacute;blico espa&ntilde;ol ejemplos de la avanzada poes&iacute;a de vanguardia. Su <em>Docena florentina</em> &iquest;ser&aacute; un libro de este tipo?&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;-No, no es eso exactamente. Espa&ntilde;a es un pa&iacute;s de presupuestos culturales distintos de los del Brasil (aunque entre unos y otros haya puntos de contacto interesantes ) y no se puede hacer ahora aqu&iacute; lo que se hace all&iacute;. Por otra parte, creo que una obra debe renovarse partiendo de elementos que ella misma lleve en germen que fructifiquen en contacto con aportaciones exteriores, claro est&aacute;. Mi poes&iacute;a ha estado siempre dentro de una l&iacute;nea en la que he tratado de conjugar un modo de hacer muy acendrado en la tradici&oacute;n l&iacute;rica espa&ntilde;ola con mis experiencias personales, tanto vitales como literarias. Quiero decir que, en una forma que he trabajado mucho y he contrastado con poetas espa&ntilde;oles, tanto los medievales como los pre-renacentistas &ndash;por ejemplo- he querido integrar procedimientos modernos tales como la libertad de im&aacute;genes aportada a la poes&iacute;a mundial por el surrealismo y las de los dem&aacute;s ismos. Todo ello, como es l&oacute;gico, partiendo de mi experiencia vital, de mis vivencias del campo manchego, tanto como de las que me ha proporcionado mi actividad de cr&iacute;tico de artes pl&aacute;sticas, y mi contacto con la realidad espa&ntilde;ola en general (&hellip;) Yo nunca me he sentido tentado a abandonar la parte de artesano de la palabra que todo poeta debe tener. No creo en una poes&iacute;a en la que se descuida el lenguaje como no creo en una pintura en la que se descuida la t&eacute;cnica y no creer&iacute;a en una arquitectura en la que el arquitecto descuidase el material con que trabaja.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En aquel momento, y precisamente con <em>Docena florentina</em>, libro que aparecer&iacute;a poco despu&eacute;s, &Aacute;ngel estaba a punto de concluir lo que se convertir&iacute;a en la primera extensa etapa&nbsp; de su obra po&eacute;tica, comenzada en 1950 con <em>Una lengua emerge<a title="" href="#_ftn1"><strong>[1]</strong></a></em> y continuada con la serie de otros ocho libros<a title="" href="#_ftn2">[2]</a>&nbsp; que jalonar&iacute;an su vida desde <em>Claro: oscuro </em>(1975)&nbsp;&nbsp; hasta<em> Iniciaci&oacute;n a la sombra</em> , aparecido en 1996, a&ntilde;o siguiente al de su muerte.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En 1966 estaba, pues, &ldquo;en medio del camino&rdquo; de su vida, t&iacute;tulo que en 1971 dar&iacute;a &ndash;en homenaje a Dante, a quien estaba traduciendo entonces, pero tambi&eacute;n en alusi&oacute;n al momento de su obra propia- al volumen que recogi&oacute; su primera &eacute;poca y que apareci&oacute; en Barcelona cuando nosotros viv&iacute;amos ya en Puerto Rico y &eacute;l hac&iacute;a unos a&ntilde;os que se hab&iacute;a alejado de la escena literaria espa&ntilde;ola.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los a&ntilde;os 60 hab&iacute;an sido los de la lucha por el realismo en que se embarc&oacute; una buena parte de los poetas espa&ntilde;oles que se contaban entre&nbsp; los opositores a la dictadura franquista y &Aacute;ngel hab&iacute;a participado de una manera a la vez intensa y peculiar en esta batalla por el realismo &ndash;en pleno auge cuando nosotros nos conocimos- comulgando con los ideales de su generaci&oacute;n en cuanto a la necesidad de apoyar la denuncia&nbsp; de la falta de libertad y de la injusticia social que se viv&iacute;a en Espa&ntilde;a pero condenando a la vez la utilizaci&oacute;n en poes&iacute;a del lenguaje prosaico que hab&iacute;a impuesto el realismo marxista. Es a esta peculiaridad a la que se refer&iacute;a, sin duda Rafael Soto Verg&eacute;s cuando, al hacer una rese&ntilde;a de <em>Suma y sigue</em> &ndash;el libro que apareci&oacute; dentro de la Colecci&oacute;n Colliure en 1962- se&ntilde;ala el &ldquo;naturalismo latente, que no llega a serlo porque est&aacute; animado por el soplo del s&iacute;mbolo&rdquo; de los libros anteriores y, a prop&oacute;sito del rese&ntilde;ado indica &ldquo;la funci&oacute;n mediadora &ndash;t&eacute;cnica y tem&aacute;tica- de su poes&iacute;a entre el prosa&iacute;smo neoilustrativo de ciertas tendencias actuales justificado por ideas &eacute;tico-sociales, y el vigor expresivo y estil&iacute;stico abandonado por muchos poetas a tenor de una mayor eficacia ideol&oacute;gica&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La complejidad de la posici&oacute;n &ndash;a la vez realista y visionaria- en la que &Aacute;ngel se hab&iacute;a colocado entonces (que le habr&iacute;a de valer la separaci&oacute;n de sus compa&ntilde;eros de la generaci&oacute;n realista) era absolutamente coherente con lo que hab&iacute;a sido su poes&iacute;a desde 1950: es decir, la &eacute;poca que Leopoldo de Luis calificar&iacute;a en 1960 de m&aacute;gico-realista al hacer una cr&iacute;tica de la <em>Antolog&iacute;a</em> que le public&oacute; Jos&eacute; Albi (tambi&eacute;n en 1960)<a title="" href="#_ftn3">[3]</a> y se&ntilde;alar que su realismo-m&aacute;gico&nbsp; no adultera la realidad sino que la desentra&ntilde;a y que su misterio brota de las cosas. Ahondando m&aacute;s en el problema y tomando posici&oacute;n en la cuesti&oacute;n de la generaci&oacute;n realista, el hispanista italiano Mario Di Pinto public&oacute;, en 1964, un extenso estudio sobre la poes&iacute;a de Crespo <a title="" href="#_ftn4">[4]</a>&nbsp; en el cual llega a la conclusi&oacute;n de que &eacute;ste es un poeta &ldquo;de actitud realista&rdquo; ya que su primera formaci&oacute;n y la primeras etapas coinciden con la cr&oacute;nica literaria de los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os y participan de las convicciones y las pol&eacute;micas del grupo al que est&aacute; ligado ideol&oacute;gicamente , pero que &ldquo;en seguida se distingue , aun dentro de la tem&aacute;tica realista, por una preocupaci&oacute;n estil&iacute;stica m&aacute;s puntual, una perseguida y alcanzada personalidad expresiva que sus mismos compa&ntilde;eros de generaci&oacute;n reconocen. Se advierte en su poes&iacute;a , m&aacute;s abierta y consciente que en otras, la voluntad de conciliar el lenguaje l&iacute;rico con el narrativo&rdquo; Y a&ntilde;ade: &ldquo;Caballero Bonald ha puesto en evidencia el car&aacute;cter personal &ndash;y original en la poes&iacute;a actual- de esta fusi&oacute;n de t&eacute;cnicas expresivas: &lsquo;Acaso como ning&uacute;n otro espa&ntilde;ol de hoy Crespo gusta de yuxtaponer cualquier derivaci&oacute;n de tipo simb&oacute;lico a una premeditada apoyatura en el lenguaje de coloquio com&uacute;n&rsquo;&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; 2</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todas estas informaciones querr&iacute;a que sirviesen para situar, en medio de su curso, la trayectoria de un poeta que (como observaba Oreste Macr&iacute; en la rese&ntilde;a que en su momento dedic&oacute; al libro de Di Pinto) a pesar del aparente realismo de entonces se manifestaba como uno de los herederos del simbolismo europeo, y para explicar el por qu&eacute; la cr&iacute;tica lo califica de &ldquo;independiente&rdquo;, cosa que realmente fue pues si entr&oacute; en las cuestiones m&aacute;s palpitantes de su momento hist&oacute;rico lo hizo con esp&iacute;ritu cr&iacute;tico y sin alejarse de su concepci&oacute;n inicial de la poes&iacute;a como palabra salvadora, asunto para entrar en el cual quiero empezar citando -como he hecho en otras ocasiones- las declaraciones con que se presentaba la revista <em>Deucali&oacute;n<a title="" href="#_ftn5"><strong>[5]</strong></a>,</em> que &eacute;l fund&oacute; en 1951 y que fue su primera gran empresa cultural.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Haciendo referencia al h&eacute;roe griego que daba nombre a la revista y que seg&uacute;n los antiguos mitos hab&iacute;a repoblado la tierra despu&eacute;s de que &eacute;sta hubiera sido castigada por los dioses con un diluvio, se lee en las palabras liminares de su n&uacute;mero 1: &ldquo;Venimos, como Deucali&oacute;n, tirando piedras a nuestras espaldas; pretendemos, tambi&eacute;n, salvarnos del diluvio inevitable. Consultamos, asimismo a los dioses y, como &eacute;l, esperamos que nos acompa&ntilde;en.// El arte toma palabras y elementos heridos de muerte por la inanici&oacute;n y el cansancio y los trueca en cosas pimpantes, vivas y vivificadoras. E imprime al color sentido de m&uacute;sica o da a la palabra temblor de v&iacute;scera. El arte y la poes&iacute;a son, en su actuar, deucaliones eternos.// Reunimos aqu&iacute; los deucali&oacute;nicos frutos. Queremos dar a luz en estos cuadernos todo lo que trascienda sentido salvador&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Encubiertas por las referencias mitol&oacute;gicas, estas declaraciones &ndash;que &Aacute;ngel redact&oacute; junto con su juvenil compa&ntilde;ero de aventuras literarias en Ciudad Real Fernando Calatayud- alud&iacute;an a las circunstancias de la Espa&ntilde;a de la inmediata posguerra en la que todo deb&iacute;a ser reconstruido y de ellas quiero destacar la fe en el poder vivificador del arte, la condici&oacute;n de seres vivos con que se conciben las palabras, y la voluntad de ejercer una misi&oacute;n salvadora a trav&eacute;s del arte. En estas ideas y prop&oacute;sitos se advierte ya el n&uacute;cleo de la po&eacute;tica propia de &Aacute;ngel Crespo, que entonces hab&iacute;a realizado &ndash;a trav&eacute;s del postismo- el aprendizaje de las vanguardias&nbsp; y lo hab&iacute;a incorporado a su comprensi&oacute;n de la funci&oacute;n de la poes&iacute;a&nbsp; de la manera siguiente: &ldquo;Si la poes&iacute;a no sirviese para liberarnos no servir&iacute;a para nada. Tal vez esa liberaci&oacute;n siga caminos ocultos, como se dice de los de Dios, pero los resultados son innegables: &uacute;nica liberaci&oacute;n sin concesiones y sin est&eacute;riles derramamientos de sangre&rdquo;<a title="" href="#_ftn6">[6]</a>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Salvaci&oacute;n por el arte, liberaci&oacute;n a trav&eacute;s de la poes&iacute;a: &iquest;C&oacute;mo entender estas definiciones poni&eacute;ndolas en relaci&oacute;n con la obra de &Aacute;ngel Crespo? Para contestar a la pregunta tenemos que tener en cuenta que el desarrollo de su obra, unido al de su vida, se divide en las grandes etapas mencionadas antes que, a su vez, pueden subdividirse en otras dos. Si las dos m&aacute;s extensas est&aacute;n separadas por la fecha de su salida de Espa&ntilde;a, dentro de la primera&nbsp; se pueden se&ntilde;alar con claridad&nbsp; dos momentos diferentes que se corresponden con el cambio de d&eacute;cada, mientras que en la segunda se marca&nbsp; una diferencia entre la poes&iacute;a de los a&ntilde;os 70 y 80, en la que se trasluce la relaci&oacute;n con los distintos pa&iacute;ses en los que vivi&oacute;, y la de los 90, m&aacute;s abstracta y herm&eacute;tica<a title="" href="#_ftn7">[7]</a>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Empezando por la primera de todas ellas hay que decir que cuando aparecen <em>Una lengua emerge</em> y <em>Deucali&oacute;n</em> el poeta y sus compa&ntilde;eros de aventura-entre quienes se contaban artistas pl&aacute;sticos como Gregorio Prieto, Francisco Nieva, &Aacute;ngel Ferrant, Antonio Saura,&nbsp; Santiago Lagunas, Agust&iacute;n Redondela y Agust&iacute;n &Uacute;beda, y poetas como Carlos Edmundo de Ory, Gabriel Celaya, Carlos de la Rica, Miguel Labordeta, Jos&eacute; Albi, Ricardo Gull&oacute;n, Manuel &Aacute;lvarez Ortega, Camilo Jos&eacute; Cela, Gabino-Alejandro Carriedo, Antonio Fern&aacute;ndez Molina, Jos&eacute; Manuel Caballero Bonald, Miguel Pinillos, Antonio Murciano, Gloria Fuertes&hellip;- estaban dominados por el optimismo y el&nbsp; deseo de &ldquo;querer tener f&eacute;&rdquo; en el resultado de sus esfuerzos que alent&oacute; a muchos intelectuales y artistas de la inmediata posguerra en la tarea de reconstrucci&oacute;n de la vida del pa&iacute;s y de recuperaci&oacute;n de la brillante cultura espa&ntilde;ola anterior a la guerra.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tras su participaci&oacute;n en el postismo, el aprendizaje (autodidacta) de su adolescencia&nbsp; y la aparici&oacute;n de su primer libro, &Aacute;ngel sab&iacute;a muy bien lo que quer&iacute;a y &ndash;como explica en su &ldquo;Autolectura en Parma&rdquo;<a title="" href="#_ftn8">[8]</a>, la idea de la salvaci&oacute;n supuso entonces&nbsp; para &eacute;l la busca y la afirmaci&oacute;n de su propia personalidad mediante la comprensi&oacute;n del mundo que le rodeaba (que&nbsp; se le aparec&iacute;a lleno de misterios) y de su situaci&oacute;n respecto a &eacute;l, a trav&eacute;s de una palabra po&eacute;tica que s&oacute;lo podr&iacute;a iluminarlo si era nueva y propia, surgida de&nbsp; la circunstancia vital &uacute;nica del poeta en su mundo. Y si era capaz de enlazar la herencia del pasado con la apertura hacia el futuro, que es en lo que residir&iacute;a su funci&oacute;n curativa, liberadora.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ambas cosas juntas podr&iacute;amos decir que definen la utilidad personal y la funci&oacute;n social del arte que &Aacute;ngel busc&oacute; en aquel momento y desde el punto de vista formal est&aacute;n muy ligadas a las ambiciones de la pintura moderna (cuya cr&iacute;tica ejerc&iacute;a) que conceb&iacute;a la obra de arte como un objeto aut&oacute;nomo, capaz de contener su propio significado gracias a su forma. Ser&iacute;a interesante incluir aqu&iacute; ejemplos de lo que digo pero, por no salirme de los l&iacute;mites de este art&iacute;culo, remito al lector a poemas como&ldquo;El heredero&rdquo; de <em>La cesta y el r&iacute;o</em> (1957) o &ldquo;El lobo&rdquo; y &ldquo;Junio feliz&rdquo; de <em>Junio feliz</em> (1959), en los que resulta muy patente esa libertad surrealista de las im&aacute;genes, ese mundo visionario a que se refiere el mismo autor, y esa aura m&aacute;gica de que hablan los cr&iacute;ticos que he citado al principio con las que el poeta se enfrenta a las experiencias de su adolescencia descubri&eacute;ndose a si mismo y a sus reacciones al escuchar el aullido nocturno del lobo desde la casa familiar en el campo, descubrir el incomprensible sentimiento de culpa que le invade en el piso ciudadano y solitario, o encontrarse con los abuelos ya desaparecidos en las tierras que fueron suyas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La misma calidad de pieza art&iacute;stica y aut&oacute;noma que buscaba para la expresi&oacute;n de sus propias emociones la exig&iacute;a &Aacute;ngel Crespo en la poes&iacute;a comprometida y, con el prop&oacute;sito de reunir y estimular a quien pudiese estar de acuerdo con &eacute;,l fund&oacute; en 1960, con Gabino-Alejandro Carriedo, la nueva revista <em>Poes&iacute;a de Espa&ntilde;a</em> que jug&oacute; un papel en la unificaci&oacute;n de un lenguaje generacional que no ha sido a&uacute;n estudiado y que &ndash;cansados de la presi&oacute;n a favor de las tesis marxistas de sus compa&ntilde;eros de lucha pol&iacute;tica- sus fundadores dejaron de publicar tres a&ntilde;os despu&eacute;s de su aparici&oacute;n . Para entonces, &Aacute;ngel ya hab&iacute;a tomado nuevas posiciones en la defensa de la salvaci&oacute;n colectiva por el arte en la <em>Revista de Cultura Brasile&ntilde;a</em> que hab&iacute;a fundado con la complicidad de Jo&atilde;o Cabral de Melo Neto<a title="" href="#_ftn9">[9]</a> ,correligionario de lucha pol&iacute;tica y est&eacute;tica, y que dirigi&oacute; en solitario hasta 1970 cuando, viviendo ya nosotros en Puerto Rico, renunci&oacute; a ocuparse de ella.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Desde la <em>Revista de Cultura Brasile&ntilde;a</em> &ndash;que por ser editada por la Embajada del Brasil en Madrid no pasaba la censura franquista- pudimos difundir a nuestro gusto (pues yo tambi&eacute;n particip&eacute; en la tarea) entre los intelectuales y artistas espa&ntilde;oles un tipo de poes&iacute;a experimental de intenci&oacute;n revolucionaria, tanto en la intenci&oacute;n como en la forma, que estaba en estrecha relaci&oacute;n con las vanguardias europeas y, as&iacute;, apoyar el prop&oacute;sito que &Aacute;ngel explica claramente en las declaraciones a Leopoldo de Luis para su <em>Antolog&iacute;a de la poes&iacute;a social</em> de 1965 donde se lamenta de que&nbsp; la social espa&ntilde;ola del momento est&eacute; m&aacute;s cerca del tremendismo &ndash;que considera una supervivencia rom&aacute;ntica- que del realismo porque &ldquo;se ha tenido en cuenta lo que se dice pero no la manera de expresarlo&rdquo; y con ello &ldquo;se ha empobrecido el lenguaje y, as&iacute;, se ha producido esa crisis de expresi&oacute;n que ha conducido a la no menos triste de valores, que tambi&eacute;n padecemos&rdquo; porque &ldquo;&iquest;c&oacute;mo puede facilitarse un cambio de circunstancias sociales con una t&eacute;cnica conformista?&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;Como he mencionado al principio, en aquel a&ntilde;o de 1965 &Aacute;ngel hab&iacute;a escrito ya los poemas de <em>Docena florentina</em> que se publicaron en la colecci&oacute;n &ldquo;Poes&iacute;a para todos&rdquo; -que fue otro de los lugares de encuentro de la generaci&oacute;n realista junto con la Colecci&oacute;n Colliure, la reci&eacute;n citada <em>Antolog&iacute;a</em> de De Luis y <em>Poes&iacute;a de Espa&ntilde;a</em>- pero, como he escrito en otro lugar, en este librito de t&iacute;tulo a la vez minimalista y culto, &ldquo;a cuya g&eacute;nesis formal no fue ajeno sin duda el concretismo brasile&ntilde;o ni el collage de&nbsp; culturas e im&aacute;genes de las lecturas recientes de Ezra Pound a que le hab&iacute;a llevado el estudio del concretismo, emergen los temas de la libertad personal en la elecci&oacute;n de patria y de compa&ntilde;&iacute;a (&ldquo;Una patria se elige&rdquo;), el rechazo a la sociedad capitalista (&ldquo;Cambios&rdquo;,&ldquo;Ponte Vecchio&rdquo;,&hellip;), la cr&iacute;tica a la opresi&oacute;n nacionalcat&oacute;lica (&ldquo;Savonarola&rdquo;, Galileo Galilei&rdquo;)&hellip;) as&iacute; como tambi&eacute;n el tema del exilio propio, casi augurado por la figura de Dante (&ldquo;Dante Alighieri&rdquo;) a quien &ndash;despu&eacute;s de haber le&iacute;do en la adolescencia como viajero por los infiernos y encontrado en la juventud como &lsquo;il miglior fabro&rsquo; con la ayuda de Eduardo Chicharro, contempla ahora como el hombre pol&iacute;tico y exiliado que cumpli&oacute; lejos de la patria su destino de poeta&rdquo;<a title="" href="#_ftn10">[10]</a>. Se trata, pues, de un libro fronterizo entre la primera &eacute;poca y la segunda de su obra y de su vida y de una despedida de la inmersi&oacute;n en las luchas del tiempo hist&oacute;rico de la Espa&ntilde;a en que le hab&iacute;a tocado nacer y vivir su juventud. En agosto de 1967, cuando los dos nos fuimos a Puerto Rico, en cuya Universidad nos hab&iacute;an ofrecido trabajo, &Aacute;ngel ten&iacute;a cuarenta y un a&ntilde;os y dejaba en Madrid una buena posici&oacute;n como abogado y un puesto destacado en el mundo literario para emprender una nueva vida.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El alejamiento de las luchas espa&ntilde;olas &ndash;pol&iacute;ticas y literarias-, la adaptaci&oacute;n a un pa&iacute;s de diferente clima y cultura y la dedicaci&oacute;n a los trabajos que le impon&iacute;a la vida acad&eacute;mica iban a determinar de una manera muy directa el cambio de rumbo de su obra pues ahora se encontraba enfrentado de nuevo a su soledad, y a la necesidad de encontrarse otra vez a si mismo como en los tiempos adolescentes pero era poseedor de una experiencia que no iba a desperdiciar y&nbsp; su poes&iacute;a que es la parte m&aacute;s &iacute;ntima de su obra, va a conducirle hacia la exploraci&oacute;n de la propia conciencia y de sus relaciones con el mundo ya no de manera ingenua e intuitiva como en su juventud&nbsp; sino conscientemente de modo &ldquo;m&aacute;s metaf&iacute;sico que espiritualista y quiz&aacute;s un tanto enlazado, mucho m&aacute;s que con el platonismo, con las interpretaciones actuales y [suyas] personales del esoterismo eterno, es decir, po&eacute;tico&rdquo; como&nbsp; explicaba en la &ldquo;Autolectura&rdquo; ya mencionada que pronunci&oacute; en la Universidad de Parma en 1982. Esa busca de la salvaci&oacute;n,(de la liberaci&oacute;n) por caminos esot&eacute;ricos y espiritualistas&nbsp; es paralela a la que emprendieron otros poetas no realistas de su generaci&oacute;n (algunos unidos ocasionalmente a las revistas del realismo m&aacute;gico) como Juan Eduardo Cirlot, Carlos Edmundo de Ory, Miguel Labordeta y Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente quienes &ndash;como &Aacute;ngel-&nbsp; tiene como antecedentes famosos dentro de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola moderna a autores comoJuan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez y&nbsp; Valle- Incl&aacute;n,&nbsp; A ellos les convienen las palabras del cr&iacute;tico rumano Alejandro Busuiceanu quien , al hablar en la Espa&ntilde;a de la posguerra de una poes&iacute;a del conocimiento del tipo que &Aacute;ngel buscaba afirmaba: &ldquo; Toda actividad de orden creador se caracteriza por el esfuerzo del esp&iacute;ritu de escaparse a la realidad inmediata y de la tiran&iacute;a de la l&oacute;gica racional para alcanzar la libertad reveladora de lo irreal, lo irracional o, si se quiere, de aquella presencia abstracta y absconsa que presentimos pero que queda inaccesible al conocimiento l&oacute;gico, racional (&hellip;) Toda la poes&iacute;a moderna empezando por Baudelaire y llegando hasta los m&aacute;s inquietos poetas actuales, es el reflejo de este esfuerzo, a veces feliz, a veces desesperado, de penetrar por el pensamiento o por la visi&oacute;n reveladora en lo trascendental. El logro o el fracaso de este atrevido intento definen la posici&oacute;n del poeta y su actitud ante&nbsp; el sentido del mundo&rdquo;<a title="" href="#_ftn11">[11]</a>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp; 3</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Esta aventura del conocimiento superior, entendida como la salvaci&oacute;n del esp&iacute;ritu,&nbsp; y emprendida con todo el rigor y&nbsp; la pasi&oacute;n de una prueba inici&aacute;tica empieza a reflejarse en la poes&iacute;a de &Aacute;ngel a partir de <em>Claro: oscuro</em> (1978) donde aparecen las figuras de sus dioses sin nombre que encarnan las fuerzas de lo desconocido y que contin&uacute;an presentes en<em> El aire es de los dioses </em>(1982) y la mayor parte de los libros recogidos en <em>El bosque transparente</em> ( 1983), libro de libros en el que, sin embargo, se incluye uno, <em>&nbsp;Donde no corre el aire</em> (1981) donde el lenguaje mitol&oacute;gico cede terreno al alqu&iacute;mico &ndash;es decir, el de las referencias directas a los diferentes estados de una materia que se transforma- que va a expandirse en los dos &uacute;ltimos libros: <em>Ocupaci&oacute;n del fuego</em>(1990) e <em>Iniciaci&oacute;n a la sombra</em> (1996) y que refleja el &uacute;ltimo grado de un proceso de purificaci&oacute;n , a la vez m&iacute;stico y alqu&iacute;mico que hab&iacute;a comenzado con la b&uacute;squeda de lo misterioso en las realidades terrestres de su adolescencia y, despu&eacute;s de atravesar las luchas de la vida ciudadana y las creaciones humanas del arte, se sublima en la materia elemental del el aire, el fuego, la luz y las sombras<a title="" href="#_ftn12">[12]</a>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como en diferentes estudios y escritos sobre otros autores &Aacute;ngel se ha referido a la alquimia como transformaci&oacute;n espiritual y a la poes&iacute;a como alquimia es posible usar esta palabra &ndash;que aparece por primera vez en sus trabajos sobre Dante - para entender su propia poes&iacute;a y aplicarla a la transformaci&oacute;n que va experimentando&nbsp; su propia obra. As&iacute;, al referirse al poeta portugu&eacute;s Jorge de Sena, en una ponencia titulada &ldquo;Una lectura alqu&iacute;mica de las <em>Metamorfoses</em> de Jorge de Sena&rdquo; que present&oacute; en un Simposio sobre el portugu&eacute;s celebrado en la Universidad de California en 1981<a title="" href="#_ftn13">[13]</a>, y refiri&eacute;ndose a la posibilidad de experimentar una metamorfosis personal a trav&eacute;s de las actividades del esp&iacute;ritu, trae a colaci&oacute;n un p&aacute;rrafo del libro herm&eacute;tico<em> La luz que surge por si misma de las tinieblas</em> donde se afirma que &ldquo;la materia de la que se obtiene la piedra [filosofal] es &uacute;nica y, sin embargo, la poseen tanto los pobres como los ricos. En su craso error, el vulgo la desecha como si fuera cieno, o la vende frecuentemente a precios rid&iacute;culos, cuando es materia inapreciable para los fil&oacute;sofos avisados&rdquo;, y lo comenta del modo siguiente: &ldquo;&iquest;No ser&aacute; esta materia el esp&iacute;ritu? &iquest;&Uacute;nica base pensable de la inmortalidad, &uacute;nico agente realmente transmutador, metamorfoseador, al alcance del hombre, de todos los hombres? (&hellip;) Me atrevo a glosar que la piedra filosofal, seg&uacute;n Jorge de Sena, o bien es el esp&iacute;ritu del poeta que, en principio, es libre y a &eacute;l solo pertenece, o bien es la palabra po&eacute;tica &ndash;precipitado &uacute;nico, piedra filosofal del esp&iacute;ritu&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por mi parte, no puedo por menos de citar aqu&iacute;, como colof&oacute;n de estas palabras introductorias a los textos sobre &Aacute;ngel Crespo que publica la revista <em>Turia</em>&nbsp; los versos finales del poema titulado &ldquo;Mi palabra&rdquo; que aparecen en <em>Una lengua emerge</em> , como sabemos primer libro del poeta:</p>
<p>&hellip;&hellip;</p>
<p>&iquest;A d&oacute;nde ir&aacute;s, vendr&aacute;s?</p>
<p>T&uacute;, suspensa en el aire</p>
<p>-y nacida de mi-,</p>
<p>c&oacute;mo ser&aacute; posible que no quedes</p>
<p>y que te vayas para siempre ya?</p>
<p>&iquest;Toda tu fuerza acaba</p>
<p>en esa vibraci&oacute;n que hace que el aire</p>
<p>se conmueva, una pizca</p>
<p>de polvo haga caer</p>
<p>en una hoja?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero t&uacute;, mi palabra,</p>
<p>no te puedes perder.</p>
<p>la sangre de mi esp&iacute;ritu</p>
<p>no se puede perder, no nos podemos</p>
<p>perder, palabra m&iacute;a.</p>
<p>&iquest;A d&oacute;nde ir&aacute;s, iremos?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; A sus veinticuatro a&ntilde;os &Aacute;ngel Crespo hab&iacute;a encontrado ya intuitivamente que su salvaci&oacute;n depend&iacute;a de la palabra y andando el tiempo identificar&iacute;a la palabra po&eacute;tica con &ldquo;el precipitado &uacute;nico, la piedra filosofal del esp&iacute;ritu&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Toda su larga y variada traves&iacute;a estuvo guiada por aquel hallazgo sin que&nbsp; ello le hiciese renunciar a lo que a &eacute;l le gustar&iacute;a llamar su vertiente exot&eacute;rica: es decir, a su primer compromiso con la apertura de la cultura espa&ntilde;ola al mundo pues su aportaci&oacute;n directa&nbsp; a ella despu&eacute;s de su exilio no iba a ser solamente la poes&iacute;a que continuar&iacute;a escribiendo y publicando sino tambi&eacute;n los estudios y grandes traducciones que emprendi&oacute; desde su establecimiento en Puerto Rico y continu&oacute; durante los a&ntilde;os en que, tras su regreso a Espa&ntilde;a, vivi&oacute; en Barcelona y en Calaceite, empezando con la <em>Comedia</em> de Dante y terminando con la obra de Fernando Pessoa y los poetas italianos del siglo XX, sin olvidar a la poes&iacute;a brasile&ntilde;a y la portuguesa, la francesa medieval o un terreno tan desconocido como la retorromana, ni las colaboraciones en la prensa cultural que emprendi&oacute; a principios de los a&ntilde;os 80 y continuar&iacute;a hasta su muerte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> Entre<em> Una lengua emerge</em> y <em>Docena florentina</em> &Aacute;ngel Crespo public&oacute;<em> Quedan se&ntilde;ales</em>, <em>La Pintura</em>, <em>Todo est&aacute; vivo</em>,<em> La cesta y el r&iacute;o</em>, <em>Oda a Nanda Papiri</em>, <em>Puerta clavada</em>, <em>Suma y sigue</em>, <em>Cartas desde un pozo</em> y <em>No s&eacute; c&oacute;mo decirlo</em>.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> Entre<em> Claro:oscuro</em> e<em> Iniciaci&oacute;n a la sombra</em> aparecieron<em> Colecci&oacute;n de climas</em>,<em> Donde no corre el aire</em>, <em>El aire es de los dioses,</em> <em>Parnaso confidencial</em>, <em>El ave en su aire</em> y <em>Ocupaci&oacute;n del fuego</em>.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a> &Aacute;ngel Crespo, <em>Antolog&iacute;a po&eacute;tica</em>, selecci&oacute;n de &Aacute;ngel Crespo y Jos&eacute; Albi. Ediciones de la revista <em>Verbo</em>, 1960.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a> Este estudio de Di Pinto es el Prefacio a &Aacute;ngel Crespo, <em>Poesie</em>. A cura di Mario Di Pinto, Salvadores Sciacia Editore, Caltanissetta-Roma, 1964.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a> Diputaci&oacute;n de Ciudad Real, departamento Provincial de Seminarios, marzo de 1951-septiembre de 1953. Existe una edici&oacute;n facs&iacute;mil de 1986, editada por la Diputaci&oacute;n Provincial de Ciudad Real.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a> Cf &Aacute;ngel Crespo,<em> Antolog&iacute;a po&eacute;tica</em>. Selecci&oacute;n de &Aacute;ngel Crespo y Jos&eacute; Albi, cit.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a>Al pensar en la poes&iacute;a de los a&ntilde;os 90 me refiero, sobre todo, a <em>Ocupaci&oacute;n del fuego</em>&acute;e <em>Iniciaci&oacute;n a la sombra.</em></p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref8">[8]</a> Esta Autolectura fue pronunciada en la Universidad de Parma, en 1982, a invitaci&oacute;n del prof. Gaetano Chiappini.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref9">[9]</a> El poeta brasile&ntilde;o Joao Cabral de Melo, que era entonces C&oacute;nsul de su pa&iacute;s en Sevilla, hab&iacute;a estado antes destinado en los Consulados de Barcelona y Madrid, donde entabl&oacute; una estrecha amistad con &Aacute;ngel Crespo.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref10">[10]</a>Cf. Pilar G&oacute;mez Bedate, &ldquo;Para situar la obra de &Aacute;ngel Crespo&rdquo;, en la revista <em>&Iacute;nsula</em>, 670, p. 3.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref11">[11]</a> Cf. <em>&nbsp;&Iacute;nsula</em>, 39, 15 de marzo de 1949, p.8.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref12">[12]</a> Un tratamiento m&aacute;s detallado de este asunto lo he hecho en<em> &Iacute;nsula</em>,.670 cit. y en &ldquo;Una aproximaci&oacute;n a los dioses de &Aacute;ngel Crespo: de <em>Claro:oscuro</em> a <em>Ocupaci&oacute;n del fuego</em>&rdquo;, en VVAA,<em> En Florencia, para &Aacute;ngel Crespo y su poes&iacute;a</em>, <em>Atti della Giornata di Studi</em>, 1999, Florencia, Alinea Editore, 2000.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref13">[13]</a> Este estudio se public&oacute; por primera vez en VVAA, <em>Studies on Jorge de Sena</em>, Santa Barbara, Universidad de California, 1981. Posteriormente en A.Crespo,<em> Por los siglos</em>, Valencia, Pre-Textos, 2001.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Fri, 06 Oct 2017 06:58:49 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El gigante enterrado]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-gigante-enterrado/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/octubre/KAZUO_ISHIGURO.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">CAP&Iacute;TULO UNO</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Podr&iacute;ais haber pasado un buen rato tratando de localizar esos serpenteantes caminos o tranquilos prados por los que m&aacute;s tarde Inglaterra ser&iacute;a c&eacute;lebre. En lugar de eso, lo que hab&iacute;a entonces eran kil&oacute;metros de tierra desolada y sin cultivar; aqu&iacute; y all&aacute; toscos senderos sobre escarpadas colinas o yermos p&aacute;ramos. La mayor&iacute;a de las v&iacute;as que dejaron los romanos ya estaban en aquel entonces destrozadas o en mal estado, en muchos casos devoradas por la naturaleza. Sobre los r&iacute;os y ci&eacute;nagas se posaban neblinas heladas, que les eran propicias a los ogros que en aquel entonces todav&iacute;a poblaban estas tierras. La gente que viv&iacute;a en los alrededores &mdash;uno se pregunta qu&eacute; tipo de desesperaci&oacute;n les llev&oacute; a instalarse en unos parajes tan l&uacute;gubres&mdash; es muy probable que temiese a estas criaturas, cuya jadeante respiraci&oacute;n se o&iacute;a mucho antes de que sus deformes siluetas emergiesen entre la niebla. Pero esos monstruos no provocaban asombro. La gente entonces los ve&iacute;a como uno m&aacute;s de los peligros cotidianos, y en aquella &eacute;poca hab&iacute;a otras muchas cosas de las que preocuparse. C&oacute;mo sacar comida de esa tierra &aacute;rida; c&oacute;mo no quedarse sin le&ntilde;a para el fuego; c&oacute;mo detener la enfermedad que pod&iacute;a matar a una docena de cerdos en un solo d&iacute;a y provocar un sarpullido verdoso en las mejillas de los ni&ntilde;os.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En cualquier caso, los ogros no eran tan terribles, siempre que uno no les provocase. Aunque hab&iacute;a que dar por hecho que de vez en cuando, tal vez como consecuencia de alguna trifulca de dif&iacute;cil comprensi&oacute;n, de pronto una de esas criaturas se adentrar&iacute;a err&aacute;ticamente en una aldea, presa de una incontenible ira, y aunque se le recibiese a gritos y blandiendo ante ella armas, en su furia destructiva pod&iacute;a llegar a herir a cualquiera que no se apartase lo suficientemente r&aacute;pido de su camino. O que cada cierto tiempo un ogro pod&iacute;a llevarse consigo a un ni&ntilde;o y desaparecer entre la niebla. La gente de aquel entonces ten&iacute;a que tomarse con filosof&iacute;a estas atrocidades.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En un lugar as&iacute;, al borde de una enorme ci&eacute;naga, a la sombra de escarpadas colinas, viv&iacute;a una pareja de ancianos, Axl y Beatrice. Tal vez esos no fuesen sus nombres exactos o completos, pero, para simplificar, as&iacute; es como nos referiremos a ellos. Podr&iacute;a decir que esa pareja viv&iacute;a aislada, pero en aquel entonces muy pocos viv&iacute;an &laquo;aislados&raquo; en el sentido que nosotros le damos al t&eacute;rmino. Para garantizarse calor y protecci&oacute;n, los aldeanos viv&iacute;an en refugios, muchos de ellos excavados en las profundidades de la ladera de la colina, conectados unos con otros a trav&eacute;s de pasajes subterr&aacute;neos y pasadizos cubiertos. Nuestra pareja de ancianos viv&iacute;a en una de esas madrigueras con ramificaciones &mdash;&laquo;edificio&raquo; ser&iacute;a una palabra demasiado grandilocuente&mdash; junto a aproximadamente otros sesenta aldeanos. Si uno sal&iacute;a de esas madrigueras y caminaba veinte minutos por la colina, llegaba al siguiente asentamiento, que a simple vista resultaba id&eacute;ntico al primero. Pero a ojos de los propios habitantes habr&iacute;a un mont&oacute;n de detalles distintivos de los que sentirse orgullosos o avergonzados.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No pretendo dar la impresi&oacute;n de que eso era lo &uacute;nico que hab&iacute;a en la Inglaterra de aquel entonces; de que, en una &eacute;poca en la que florec&iacute;an civilizaciones esplendorosas en otras muchas partes del mundo, aqu&iacute; est&aacute;bamos no mucho m&aacute;s all&aacute; de la Edad de Hierro. Si hubieseis podido deambular a voluntad por la campi&ntilde;a, habr&iacute;ais descubierto castillos rebosantes de m&uacute;sica, buena comida y gente en perfecta forma f&iacute;sica, y monasterios cuyos moradores dedicaban sus vidas al conocimiento. Pero desplazarse era arduo. Incluso a lomos de un caballo fuerte, con buen tiempo, hubierais podido cabalgar durante d&iacute;as sin vislumbrar ning&uacute;n castillo o monasterio asomando entre la vegetaci&oacute;n. Os habr&iacute;ais topado mayormente con comunidades como la que acabo de describir, y a menos que llevaseis encima obsequios en forma de comida o ropa, o fueseis armados hasta los dientes, no hubierais tenido garantizado un buen recibimiento. Siento pintar semejante cuadro de nuestro pa&iacute;s en aquella &eacute;poca, pero as&iacute; eran las cosas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero regresemos a Axl y Beatrice. Como dec&iacute;a, esta pareja de ancianos viv&iacute;a en la zona m&aacute;s alejada de la red de madrigueras, donde su refugio estaba menos protegido de los elementos y apenas se beneficiaba del fuego de la Gran Estancia en la que todos se congregaban por la noche. Tal vez hubo un tiempo en que hab&iacute;an vivido m&aacute;s cerca del fuego, cuando viv&iacute;an con sus hijos. De hecho, esta idea era la que le rondaba por la cabeza a Axl mientras permanec&iacute;a tendido en el lecho durante las largas horas que preced&iacute;an al amanecer con su esposa profundamente dormida a su lado, y entonces una sensaci&oacute;n difusa de p&eacute;rdida se adue&ntilde;aba de su coraz&oacute;n, impidi&eacute;ndole volver a conciliar el sue&ntilde;o.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;Tal vez ese fue el motivo por el cual, esa ma&ntilde;ana en concreto, Axl se hab&iacute;a levantado del lecho y se hab&iacute;a deslizado sigilosamente hasta el exterior de la madriguera para sentarse en el torcido banco junto a la entrada, esperando all&iacute; los primeros atisbos del alba. Era primavera, pero el viento helado a&uacute;n se hac&iacute;a notar, incluso con la capa de Beatrice con la que se hab&iacute;a envuelto. Sin embargo, estaba tan absorto en sus pensamientos que, para cuando se dio cuenta del fr&iacute;o que hac&iacute;a, las estrellas ya hab&iacute;an desaparecido, por el horizonte se extend&iacute;a un resplandor y de la penumbra emerg&iacute;an las primeras notas del canto de los p&aacute;jaros.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se puso lentamente de pie, lamentado haber estado a la intemperie tanto rato. Gozaba de buena salud, pero le hab&iacute;a llevado alg&uacute;n tiempo sacarse de encima su &uacute;ltima fiebre y no quer&iacute;a volver a recaer. Ahora notaba la humedad en las piernas, pero mientras se daba la vuelta para volver adentro, se sent&iacute;a francamente satisfecho: porque esa ma&ntilde;ana hab&iacute;a logrado recordar varias cosas que hac&iacute;a ya tiempo que se hab&iacute;an desvanecido en su memoria. Adem&aacute;s, le parec&iacute;a que estaba a punto de llegar a alg&uacute;n tipo de decisi&oacute;n trascendental &mdash;una que llevaba mucho tiempo posponiendo&mdash; y sent&iacute;a una exaltaci&oacute;n interior que estaba ansioso por compartir con su esposa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dentro, los pasadizos de la madriguera estaban todav&iacute;a completamente a oscuras, y tuvo que avanzar por ellos gui&aacute;ndose por el tacto hasta dar con la puerta de su estancia. Muchas de las &laquo;puertas&raquo; de la madriguera eran simples arcadas que marcaban el umbral de una estancia. El car&aacute;cter abierto de este arreglo no parec&iacute;a incomodar a los aldeanos por la falta de privacidad, y en cambio permit&iacute;a que las estancias se beneficiasen del calor que se extend&iacute;a por los t&uacute;neles desde la gran hoguera o las hogueras m&aacute;s peque&ntilde;as permitidas en la madriguera. La estancia de Axl y Beatrice, sin embargo, al estar demasiado alejada de cualquiera de los fuegos, s&iacute; ten&iacute;a algo que podr&iacute;amos denominar una puerta; un enorme marco de madera con peque&ntilde;as ramas, enredaderas y cardos entrelazados que quien sal&iacute;a o entraba ten&iacute;a que apartar a un lado cada vez que cruzaba el umbral, pero que permit&iacute;a mantener a raya las g&eacute;lidas corrientes de aire. A Axl no le hubiera importado demasiado no contar con esa puerta, pero con el tiempo se hab&iacute;a convertido en objeto de considerable orgullo para Beatrice. A menudo, cuando &eacute;l regresaba, se encontraba a su mujer sacando las plantas marchitas de la estructura y sustituy&eacute;ndolas por otras reci&eacute;n cortadas que hab&iacute;a reunido durante el d&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esa ma&ntilde;ana, Axl movi&oacute; el parapeto justo lo suficiente para poder pasar, procurando hacer el menor ruido posible. Las primeras luces del alba se filtraban en la habitaci&oacute;n a trav&eacute;s de las peque&ntilde;as grietas de la pared exterior. Pod&iacute;a vislumbrar su propia mano d&eacute;bilmente iluminada ante &eacute;l y, sobre el lecho de hierba, la silueta de Beatrice, que segu&iacute;a profundamente dormida bajo las gruesas mantas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Estuvo tentado de despertar a su esposa. Porque una parte de &eacute;l le dec&iacute;a que, si en ese momento ella estuviese despierta y hablase con &eacute;l, cualquier &uacute;ltima barrera que todav&iacute;a se interpusiese entre &eacute;l y su decisi&oacute;n acabar&iacute;a por desmoronarse. Pero a&uacute;n faltaba un poco para que la comunidad se levantase y diese comienzo un nuevo d&iacute;a de trabajo, de modo que se acomod&oacute; en la banqueta baja en la esquina de la estancia, todav&iacute;a envuelto en la capa de Beatrice.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se pregunt&oacute; si esa ma&ntilde;ana la niebla ser&iacute;a muy espesa y si, a medida que la oscuridad se disipase, descubrir&iacute;a que se hab&iacute;a ido filtrando en su estancia a trav&eacute;s de las grietas. Pero de pronto sus pensamientos se alejaron de esos asuntos y regresaron a lo que llevaba un tiempo preocup&aacute;ndole. &iquest;Los dos hab&iacute;an vivido siempre as&iacute;, en la periferia de la comunidad? &iquest;O en alg&uacute;n momento del pasado las cosas hab&iacute;an sido muy diferentes? Hac&iacute;a un rato, en el exterior, hab&iacute;an vuelto a su mente algunos recuerdos fragmentarios: una fugaz imagen de s&iacute; mismo recorriendo el largo pasillo central de la madriguera rodeando con el brazo a uno de sus hijos, caminando un poco inclinado, no a causa de la edad como pod&iacute;a suceder ahora, sino simplemente porque quer&iacute;a evitar golpearse la cabeza con las vigas debido a la escasa luz. Probablemente el ni&ntilde;o estaba hablando con &eacute;l; acababa de contarle algo divertido y ambos se re&iacute;an. Pero ahora, como hac&iacute;a un rato en el exterior, no lograba que nada quedase fijado en su cabeza, y cuanto m&aacute;s se concentraba, m&aacute;s difusos parec&iacute;an hacerse los recuerdos. Tal vez todo esto no fuesen m&aacute;s que imaginaciones de un viejo chiflado. Tal vez Dios nunca les hubiese dado hijos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Acaso os pregunt&eacute;is por qu&eacute; Axl no se dirig&iacute;a a los otros aldeanos para que le ayudasen a recordar su pasado, pero no era tan sencillo como pueda parecer. Porque en esta comunidad raras veces se hablaba del pasado. No pretendo decir que fuese tab&uacute;. Quiero decir que en cierto modo se hab&iacute;a diluido en una niebla tan densa como la que queda estancada sobre las zonas pantanosas. Simplemente a estos aldeanos no se les pasaba por la cabeza pensar en el pasado, ni tan siquiera en el m&aacute;s reciente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por poner un ejemplo de algo que llevaba cierto tiempo preocupando a Axl: estaba seguro de que no hac&iacute;a mucho tiempo hab&iacute;a habitadoentre ellos una mujer con una larga melena pelirroja, una mujer considerada fundamental para la aldea. Cuando cualquiera se hac&iacute;a una herida o enfermaba, era a esta mujer pelirroja, experta en sanar, a la que se recurr&iacute;a. Y sin embargo ahora ya no hab&iacute;a ni rastro de ella, pero nadie parec&iacute;a preguntarse qu&eacute; hab&iacute;a sido de aquella se&ntilde;ora, ni se lamentaban de su ausencia. Cuando una ma&ntilde;ana Axl mencion&oacute; el asunto a tres vecinos mientras trabajaban juntos rompiendo la capa de hielo que cubr&iacute;a un campo, su respuesta le dej&oacute; claro que no ten&iacute;an ni idea de sobre qu&eacute; les estaba hablando. Uno de ellos incluso hab&iacute;a hecho una pausa moment&aacute;nea en el trabajo en un esfuerzo por recordar, pero hab&iacute;a acabado negando con la cabeza.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &mdash;Tuvo que ser hace mucho tiempo &mdash;sentenci&oacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &mdash;Yo tampoco recuerdo en absoluto a esa mujer &mdash;le hab&iacute;a asegurado Beatrice cuando &eacute;l le sac&oacute; el tema una noche&mdash;. Axl, tal vez la imaginaste en sue&ntilde;os porque te gustar&iacute;a contar con alguien as&iacute;, pese a que tienes una esposa que est&aacute; a tu lado y que es capaz de mantener la espalda erguida mejor que t&uacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Eso hab&iacute;a sucedido en alg&uacute;n momento del oto&ntilde;o pasado, y hab&iacute;an permanecido tumbados uno junto al otro en su lecho, completamente a oscuras, escuchando c&oacute;mo la lluvia repiqueteaba contra su refugio.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &mdash;Es cierto que en todos estos a&ntilde;os apenas has envejecido, princesa &mdash;le hab&iacute;a dicho Axl&mdash;. Pero esa mujer no era un sue&ntilde;o, y t&uacute; misma la recordar&iacute;as si dedicases un momento a pensar en ella. Hace tan s&oacute;lo un mes estaba ante nuestra puerta, un alma bondadosa preguntando si necesit&aacute;bamos que nos trajera algo. Seguro que lo recuerdas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &mdash;&iquest;Pero por qu&eacute; deseaba traernos algo? &iquest;Ten&iacute;a alguna relaci&oacute;n de parentesco con nosotros?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &mdash;-Creo que no, princesa. S&oacute;lo trataba de ser amable. Seguro que lo recuerdas. Aparec&iacute;a a menudo ante la puerta preguntando si ten&iacute;amos fr&iacute;o o hambre.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &mdash;Lo que pregunto, Axl, es &iquest;por qu&eacute; ten&iacute;a con nosotros esas deferencias?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &mdash;Yo tambi&eacute;n me lo preguntaba entonces, princesa. Recuerdo haber pensado: vaya, he aqu&iacute; una mujer que se preocupa por atender a los enfermos, y sin embargo nosotros dos estamos tan sanos como el resto de la comunidad. &iquest;Tal vez se habla de alguna plaga inminente y ella ha venido para examinarnos? Pero resulta que no hay ninguna plaga y esa mujer simplemente est&aacute; siendo amable. Ahora que hablamos de ella, me vienen m&aacute;s recuerdos a la cabeza. Se qued&oacute; all&iacute; de pie y nos dijo que no nos angusti&aacute;semos cuando los ni&ntilde;os se mofaban de nosotros. Eso fue todo. Y no volvimos a verla.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &mdash;Axl, no s&oacute;lo esa mujer pelirroja es fruto de tu imaginaci&oacute;n, sino que adem&aacute;s resulta que es tan tonta como para preocuparse por unos cuantos ni&ntilde;os y sus juegos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &mdash;Eso es lo que pens&eacute; entonces, princesa. Qu&eacute; da&ntilde;o pueden hacernos unos ni&ntilde;os que simplemente pasan el rato por aqu&iacute; cuando fuera hace un tiempo de perros. Le dije que ni se nos hab&iacute;a ocurrido pensar en eso, pero ella insisti&oacute; amablemente. Y recuerdo que entonces dijo que era una pena que hubi&eacute;ramos pasado tantas noches sin una simple vela.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &mdash;Si a esa mujer le apenaba que no dispusi&eacute;semos de una vela &mdash;hab&iacute;a dicho Beatrice&mdash;, al menos en algo ten&iacute;a toda la raz&oacute;n. Es un insulto que se nos haya prohibido tener una vela en noches como esta, teniendo unas manos tan firmes como las de cualquiera de ellos. Mientras que hay otros que tienen velas en sus estancias, pese a que cada noche se les sube la sidra a la cabeza o incluso tienen ni&ntilde;os que corretean como salvajes. Y sin embargo es a nosotros a quienes nos quitan la vela, y ahora, Axl, apenas puedo ver tu silueta pese a que est&aacute;s pegado a m&iacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &mdash;No tienen ninguna voluntad de ofendernos, princesa. Simplemente es el modo en que siempre se han hecho las cosas, no hay m&aacute;s motivo que &eacute;se.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &mdash;Bueno, tu mujer imaginaria no es la &uacute;nica que considera que es desconcertante que nos tengan que quitar la vela. Ayer, o tal vez fue anteayer, fui hasta el r&iacute;o y al pasar junto a las mujeres estoy segura de que les o&iacute; decir, cuando cre&iacute;an que ya no pod&iacute;a o&iacute;rlas, la desgracia que era que una pareja que todav&iacute;a camina perfectamente erguida como nosotros tuviera que pasar todas las noches a oscuras. De modo que esa mujer con la que has so&ntilde;ado no es la &uacute;nica que piensa de este modo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &mdash;No es fruto de mi imaginaci&oacute;n. Te lo repito, princesa. Hace un mes aqu&iacute; todo el mundo la conoc&iacute;a y ten&iacute;a una palabra amable para ella. &iquest;Cu&aacute;l puede ser la causa de que todos, incluida t&uacute;, os hay&aacute;is olvidado por completo de su existencia?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al recordar ahora, en esta ma&ntilde;ana de primavera, la conversaci&oacute;n, Axl se sinti&oacute; casi preparado para admitir que hab&iacute;a estado equivocado con respecto a la mujer pelirroja. Despu&eacute;s de todo, era un hombre de edad avanzada, propenso a las confusiones ocasionales. Y sin embargo, este asunto de la mujer pelirroja era uno m&aacute;s de una sucesi&oacute;n de episodios desconcertantes. Resultaba frustrante que ahora no le vinieran a la cabeza algunos de los m&uacute;ltiples ejemplos, pero hab&iacute;a muchos, de eso no hab&iacute;a duda. Estaba, sin ir m&aacute;s lejos, el incidente relacionado con Marta.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Era una ni&ntilde;a de nueve o diez a&ntilde;os que siempre hab&iacute;a tenido reputaci&oacute;n de no temerle a nada. Todas esas historias que pon&iacute;an los pelos de punta sobre lo que les pod&iacute;a suceder a los ni&ntilde;os que se iban por ah&iacute; solos no parec&iacute;an hacer mella en su afici&oacute;n por la aventura. De modo que la tarde en que, cuando quedaba menos de una hora de luz diurna, con la niebla avanzando y los aullidos de los lobos audibles en la ladera de la colina, se corri&oacute; la voz de que Marta hab&iacute;a desaparecido, todo el mundo dej&oacute; lo que estaba haciendo alarmado. Durante un rato, varias voces gritaron su nombre por toda la madriguera y se oyeron pasos corriendo arriba y abajo por los pasadizos mientras los aldeanos revisaban cada dormitorio, los huecos excavados como almacenes, las cavidades bajo los travesa&ntilde;os, cualquier escondrijo en el que una ni&ntilde;a pudiese esconderse para divertirse.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y entonces, en pleno p&aacute;nico, dos pastores que regresaban de su turno en las colinas entraron en la Gran Sala y empezaron a calentarse junto al fuego. Mientras lo hac&iacute;an, uno de ellos coment&oacute; que el d&iacute;a anterior hab&iacute;an visto a un &aacute;guila volando en c&iacute;rculo sobre sus cabezas, una, dos y hasta tres veces. No hab&iacute;a duda, dijeron, de que era un &aacute;guila. Sus palabras se propagaron r&aacute;pidamente y al poco rato se congreg&oacute; alrededor del fuego una multitud para escuchar a los pastores. Incluso Axl se apresur&oacute; a unirse a los dem&aacute;s, ya que la aparici&oacute;n de un &aacute;guila en su pa&iacute;s era desde luego una novedad. Entre los muchos poderes que se les atribu&iacute;an a las &aacute;guilas estaba la capacidad de ahuyentar a los lobos, y en otros lugares, se dec&iacute;a, los lobos hab&iacute;an desaparecido gracias a esos p&aacute;jaros.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al principio los dos pastores fueron &aacute;vidamente interrogados y les hicieron repetir la historia que contaban una y otra vez. Progresivamente se empez&oacute; a extender el escepticismo entre sus oyentes. Se hab&iacute;an o&iacute;do historias parecidas muchas veces, se&ntilde;al&oacute; alguien, y siempre hab&iacute;an acabado resultando infundadas. Otro de los presentes record&oacute; que esos mismos pastores hab&iacute;an contado la misma historia la primavera pasada y despu&eacute;s no se produjo ni un solo avistamiento. Los pastores negaron con indignaci&oacute;n haber contado nada de eso en el pasado y la multitud no tard&oacute; en dividirse entre los que se pusieron del lado de los pastores y los que afirmaban recordar vagamente el supuesto episodio del pasado a&ntilde;o.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A medida que la trifulca se avivaba, Axl not&oacute; que le invad&iacute;a esa sensaci&oacute;n familiar y agobiante de que algo no cuadraba y, alej&aacute;ndose del griter&iacute;o y los empellones, sali&oacute; al exterior para contemplar el cielo del anochecer y la niebla que se deslizaba a ras de suelo. Y al cabo de un rato, las piezas empezaron a encajar en su cabeza: la desaparici&oacute;n de Marta, el peligro, c&oacute;mo no hac&iacute;a mucho todo el mundo la hab&iacute;a estado buscando. Pero esos recuerdos ya se estaban haciendo confusos, de un modo parecido al de un sue&ntilde;o que se diluye durante los segundos posteriores al despertar , y fue s&oacute;lo mediante un supremo acto de concentraci&oacute;n que Axl logr&oacute; retener la imagen de Marta mientras las voces a sus espaldas segu&iacute;an discutiendo sobre el &aacute;guila. Y entonces, mientras segu&iacute;a all&iacute; plantado, oy&oacute; la voz de una ni&ntilde;a canturreando para s&iacute; misma y vio emerger a Marta de entre la niebla ante &eacute;l.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &mdash;Eres muy rara, ni&ntilde;a &mdash;le dijo Axl al verla venir brincando hacia &eacute;l&mdash;. &iquest;No tienes miedo de la oscuridad? &iquest;De los lobos o de los ogros?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &mdash;Oh, s&iacute; que les tengo miedo, se&ntilde;or &mdash;le respondi&oacute; con una sonrisa&mdash;. Pero s&eacute; c&oacute;mo esconderme de ellos. Espero que mis padres no hayan estado preguntando por m&iacute;. La semana pasada encontr&eacute; un escondrijo perfecto.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &mdash;&iquest;Preguntando por ti? Por supuesto que han estado preguntando por ti. &iquest;Acaso no ha estado la aldea entera busc&aacute;ndote? Escucha el alboroto que hay ah&iacute; dentro. Eso es por ti, ni&ntilde;a.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Marta se ri&oacute; y coment&oacute;:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &mdash;&iexcl;Oh, d&eacute;jelo ya, se&ntilde;or! Ya s&eacute; que no me han echado de menos. Y oigo perfectamente que ah&iacute; dentro no est&aacute;n hablando a gritos sobre m&iacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando la ni&ntilde;a dijo esto, Axl pens&oacute; que sin duda ten&iacute;a raz&oacute;n: las voces que llegaban desde el interior no discut&iacute;an sobre ella, sino sobre otro asunto completamente distinto. Se inclin&oacute; hacia la entrada para escuchar mejor y cuando caz&oacute; al vuelo una frase suelta entre los gritos empez&oacute; a recordar la historia de los pastores y el &aacute;guila. Se estaba preguntando si deber&iacute;a explicarle algo de eso a Marta cuando de pronto ella pas&oacute; junto a &eacute;l y se desliz&oacute; hacia el interior.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La sigui&oacute;, imaginando el alivio y la alegr&iacute;a que generar&iacute;a la reaparici&oacute;n de la ni&ntilde;a. Y sinceramente, se le pas&oacute; por la cabeza que al entrar con ella le atribuir&iacute;an parte del m&eacute;rito de su regreso. Pero cuando los dos se asomaron a la Gran Sala, los aldeanos segu&iacute;an tan enfrascados en su trifulca con los pastores que s&oacute;lo unos pocos se tomaron la molestia de volver la cabeza hacia &eacute;l y la ni&ntilde;a. La madre de Marta s&iacute; se apart&oacute; de la multitud lo suficiente para decirle a su hija: &laquo;&iexcl;De modo que aqu&iacute; est&aacute;s! &iexcl;No se te ocurra volver a desaparecer as&iacute;! &iquest;C&oacute;mo tengo que dec&iacute;rtelo?&raquo;, antes de volver a dirigir su atenci&oacute;n a la disputa alrededor del fuego. Al verlo, Marta sonri&oacute; a Axl como dici&eacute;ndole: &laquo;&iquest;Ves lo que te dec&iacute;a?&raquo; y desapareci&oacute; entre las sombras en busca de sus amiguitos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 06 Oct 2017 06:52:06 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Menú del día]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/menu-del-dia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/septiembre/CHARLES_SIMIC.jpg" alt="" /></p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Se&ntilde;or, s&oacute;lo nos queda</p>
<p>una cuchara y un cuenco vac&iacute;o</p>
<p>del que servirse</p>
<p>grandes sorbos de nada</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y hacer creer que eso que come</p>
<p>es una sopa espesa, oscura,</p>
<p>un potaje humeante</p>
<p>en el cuenco vac&iacute;o.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Traducci&oacute;n de Jordi Doce)</p>
<p style="padding-left: 690px;">Se&ntilde;or, s&oacute;lo nos queda</p>
<p style="padding-left: 690px;">una cuchara y un cuenco vac&iacute;o</p>
<p style="padding-left: 690px;">del que servirse</p>
<p style="padding-left: 690px;">grandes sorbos de nada</p>
<p style="padding-left: 690px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 690px;">y hacer creer que eso que come</p>
<p style="padding-left: 690px;">es una sopa espesa, oscura,</p>
<p style="padding-left: 690px;">un potaje humeante</p>
<p style="padding-left: 690px;">en el cuenco vac&iacute;o.</p>
<p style="padding-left: 690px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 690px;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 690px;" align="right">(Traducci&oacute;n de Jordi Doce)</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 29 Sep 2017 12:35:59 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Amanecer]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/amanecer/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/septiembre/DAVID_MAYOR_2.jpg" alt="" /></p>
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<p>A bordo de un rompehielos</p>
<p>de seis mil toneladas y dieciocho mil caballos,</p>
<p>leo tu libro, querido amigo, y leo</p>
<p>que el tiempo se ensombrece</p>
<p>en la obsesi&oacute;n de huir, sobre todo</p>
<p>de ti mismo, acechado</p>
<p>por el hast&iacute;o, esa partida</p>
<p>de luz morada, casi negra,</p>
<p>que tanto cansa, repetida</p>
<p>y &uacute;ltima.</p>
<p>Pero de uno mismo no se huye;</p>
<p>uno se enga&ntilde;a</p>
<p>simplemente,</p>
<p>con el fr&iacute;o de las horas contadas</p>
<p>que nadie recuerda; y negocia&nbsp;</p>
<p>un viaje hacia la primera aurora</p>
<p>en la lejan&iacute;a</p>
<p>del horizonte, donde los fantasmas</p>
<p>son s&oacute;lo el hielo que nos hace</p>
<p>y el aire nuevo limpia el pulm&oacute;n</p>
<p>que apenas te sostiene.</p>
<p>Este barco nos lleva a los dos</p>
<p>mientras escribo,</p>
<p>con tu furia y mi sosiego,</p>
<p>hasta el lugar de los principios.</p>
<p style="padding-left: 480px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 18 Sep 2017 08:09:26 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Heinrinch Böll: el escritor, el hombre]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/heinrich-boll-el-escritor-el-hombre/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/septiembre/aramburu500.jpg" alt="" /></p>
<p>Un escritor, bien. Un contador de historias, tambi&eacute;n. Con tales definiciones se mostraba Heinrich B&ouml;ll conforme; pero ocurre que sus contempor&aacute;neos se empe&ntilde;aron en asignarle apelativos que &eacute;l repetidamente rechaz&oacute;.</p>
<p>No le hac&iacute;a ninguna gracia que lo calificasen de escritor cristiano, por m&aacute;s que durante toda su vida profesara la fe con sostenido convencimiento. Mayor irritaci&oacute;n le causaba el ser conceptuado de moralista. Fue, s&iacute;, un hombre de su tiempo, atento a las cuestiones sociales. Un hombre que a menudo alz&oacute; la voz, que particip&oacute; en movimientos de protesta y expuso sus opiniones pol&iacute;ticas en innumerables entrevistas, art&iacute;culos, conferencias. Un entrevistador le pregunt&oacute; en cierta ocasi&oacute;n c&oacute;mo se explicaba que para un gran n&uacute;mero de ciudadanos alemanes &eacute;l representara algo as&iacute; como la conciencia moral de Alemania. Respondi&oacute; sin vacilar: &ldquo;Porque hay muy poca conciencia.&rdquo; B&ouml;ll percib&iacute;a que semejantes adscripciones a lo pol&iacute;tico y moral simplificaban su obra, si no es que la anulaban, convirti&eacute;ndola en un ap&eacute;ndice de sus opiniones.</p>
<p>Fue, a la manera de Antonio Machado, &ldquo;en el buen sentido de la palabra&rdquo;, un hombre bueno, propenso a la solidaridad y la compasi&oacute;n. Quienes lo conocieron de cerca destacan su sencillez en el trato, su sentido del humor, su autenticidad. B&ouml;ll fue un hombre honrado a carta cabal. Un hombre que no establec&iacute;a diferencias entre lo que pensaba y lo que dec&iacute;a en p&uacute;blico, y que auxiliaba con naturalidad a unos y otros, no pocas veces afrontando riesgos. Dividida Europa en dos bloques inconciliables, ayud&oacute; a una ciudadana a huir de Checoslovaquia; la invit&oacute; a tomar asiento en su autom&oacute;vil y le prest&oacute; el pasaporte de su mujer, sobre el cual peg&oacute; una foto de la fugitiva. Sabido es asimismo que B&ouml;ll pas&oacute; a Occidente, al t&eacute;rmino de una visita a la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, manuscritos de Alexandr Solzhenitsyn a cambio de nada, simplemente porque se lo pidieron; manuscritos de un escritor con el que apenas se pod&iacute;a comunicar (ninguno hablaba la lengua del otro) y del que lo separaban notables diferencias ideol&oacute;gicas. Ninguna de estas circunstancias import&oacute; a B&ouml;ll, para quien la ayuda al necesitado, y en esto se nota su profunda convicci&oacute;n cristiana, estaba por encima de cualesquiera otras consideraciones. M&aacute;s adelante acogi&oacute; a Solzhenitsyn en su casa.</p>
<p>B&ouml;ll goz&oacute; en vida de una enorme popularidad. El cr&iacute;tico Marcel Reich-Ranicki cifra el &eacute;xito de sus libros en la naturaleza humana de sus protagonistas. Son individuos apenas heroicos, que no fueron nazis ni enemigos del nacionalsocialismo, sino simples soldados a quienes de buenas a primeras les cay&oacute; encima el peso de la Historia. En diversos libros de cuentos y novelas, B&ouml;ll dio relevancia a un tipo de figura humana con la que muchos lectores alemanes pudieron identificarse, suscitando en ellos una intensa sensaci&oacute;n de veracidad. He aqu&iacute; un narrador, pensaron, que no miente, que cuenta las cosas sin glorificarlas ni tergiversarlas; antes bien, como fueron vividas (y padecidas) por un amplio sector de la poblaci&oacute;n.</p>
<p>Heinrich B&ouml;ll naci&oacute; en Colonia el d&iacute;a 21 de diciembre de 1917. Corr&iacute;an por entonces malos tiempos en Alemania, que se encontraba al borde de la derrota en la Primera Guerra Mundial. Se abr&iacute;a para el pueblo alem&aacute;n una &eacute;poca de privaciones, inflaci&oacute;n galopante e inestabilidad pol&iacute;tica. La familia de B&ouml;ll afrontar&aacute; dicho periodo de estrechez con cierta holgura, gracias al taller de ebanister&iacute;a del cual era propietario el padre de familia. B&ouml;ll creci&oacute; en un ambiente de acendrado catolicismo, con un claro componente antiprusiano y antimilitarista que marcar&aacute; de por vida su personalidad y tambi&eacute;n su literatura.</p>
<p>El triunfo de Hitler en las urnas, en enero de 1933, pilla a B&ouml;ll suficientemente vacunado contra cualquier tentaci&oacute;n totalitaria. Ni la exhibici&oacute;n de armamento, ni las banderas omnipresentes, ni los uniformes lograron nunca fascinarlo. En casa, al principio, sus familiares se mofan de los nazis. Pronto se percatan de que las burlas y la cr&iacute;tica en voz alta se han vuelto sobremanera peligrosas. No son desconocidos los campos de internamiento donde los nuevos amos del poder recluyen a los disidentes pol&iacute;ticos, los homosexuales y los jud&iacute;os.</p>
<p>A la edad de 15 a&ntilde;os, B&ouml;ll ha visto hordas de matones nazis campando por sus respetos en las calles de su ciudad natal. Se deja imaginar el rechazo que le inspiran, a &eacute;l que ya es un denodado lector, las quemas p&uacute;blicas de libros. El concordato firmado por la Santa Sede con Hitler en el verano de 1933 supuso un duro golpe para su familia, cuyos miembros estudian la posibilidad de abandonar la iglesia cat&oacute;lica. Este paso lo dar&aacute; cuarenta y dos a&ntilde;os despu&eacute;s Heinrich B&ouml;ll, sin renunciar por ello a la fe.</p>
<p>Al joven B&ouml;ll le habr&iacute;a gustado estudiar. Incluso lleg&oacute; a matricularse en la Universidad de Colonia con el fin de cursar German&iacute;stica y Filolog&iacute;a Cl&aacute;sica. Pocas semanas despu&eacute;s, la invasi&oacute;n alemana de Polonia determin&oacute; el comienzo de la Segunda Guerra Mundial e inmediatamente B&ouml;ll fue incorporado a filas, lo que dar&aacute; al traste con su sue&ntilde;o de hacer una carrera universitaria. Durante m&aacute;s de cinco a&ntilde;os, hasta muy poco antes de la capitulaci&oacute;n, Heinrich B&ouml;ll combatir&aacute; en diversos frentes antes de ser hecho prisionero. Al respecto dej&oacute; escrito: &ldquo;La guerra me ense&ntilde;&oacute; qu&eacute; rid&iacute;cula es la virilidad y qu&eacute; desamparado est&aacute; el hombre en la guerra.&rdquo; Una parte considerable de su literatura, la m&aacute;s testimonial, tendr&aacute; en cuenta ambas conclusiones. Podr&iacute;a incluso afirmarse que nacer&aacute; de ellas.</p>
<p>La guerra perjudic&oacute; seriamente la formaci&oacute;n intelectual del escritor. Entre los a&ntilde;os 1939 y 1945, aparte de cartas, B&ouml;ll no escribi&oacute; nada. Tras el cautiverio de varios meses, regresa a Colonia, destruida en m&aacute;s del 70% de su extensi&oacute;n urbana. Era un superviviente sin estudios, sin profesi&oacute;n, sin bienes de fortuna. Tard&oacute; obra de dos a&ntilde;os en recobrar la salud. Para entonces ya est&aacute; decidida su vocaci&oacute;n literaria. Sus primeros textos consisten en relatos vinculados tem&aacute;ticamente a las privaciones y la miseria de la reci&eacute;n comenzada posguerra, en una ciudad cubierta de polvo y casas derruidas. Es la llamada &ldquo;literatura de los escombros&rdquo; (<em>Tr&uuml;mmerliteratur</em>), de la que B&ouml;ll ser&aacute; uno de sus m&aacute;s destacados representantes. Escribe historias relacionadas con las triqui&ntilde;uelas del mercado negro, sobre hurtos para subsistir, sobre el racionamiento y las penalidades de toda &iacute;ndole en una sociedad marcada por la derrota b&eacute;lica, que se debate entre la desmoralizaci&oacute;n, el sentimiento de culpa y el deseo de olvidar y salir adelante como sea.</p>
<p>Su estilo literario, sencillo, directo, est&aacute; inspirado en el de sus modelos, Balzac y Dickens principalmente, as&iacute; como en el de otras c&eacute;lebres figuras del realismo decimon&oacute;nico. A este periodo de B&ouml;ll pertenecen numerosos relatos, la parte de su obra que, a mi juicio, mejor ha resistido el paso del tiempo, y su primera novela, <em>El tren lleg&oacute; puntual</em> (1949). Tambi&eacute;n en sus siguientes novelas, <em>&iquest;D&oacute;nde estabas, Adam?</em> (1951) y <em>La casa sin amo</em> (1954), B&ouml;ll escribi&oacute; sobre la experiencia de la guerra y sobre sus consecuencias y su sinsentido.</p>
<p>El nombre del escritor comenz&oacute; a sonar con fuerza en el a&ntilde;o 1951, a ra&iacute;z de su participaci&oacute;n en el s&eacute;ptimo encuentro del Grupo 47, durante el cual fue galardonado. El premio le supuso, adem&aacute;s de una respetable suma de dinero, un contrato de edici&oacute;n con la que ser&aacute; en adelante su editorial: Kiepenheuer &amp; Witsch. Aunque ya hab&iacute;a publicado con anterioridad algunas libros, es ahora cuando arranca con fuerte impulso la carrera literaria de Heinrich B&ouml;ll, quien atraviesa a lo largo de la d&eacute;cada de los cincuenta una fase especialmente productiva.</p>
<p>Sus tres novelas consideradas mayores est&aacute;n por llegar. La primera, en 1959, <em>Billar a las nueve y media</em>, contiene una sucesi&oacute;n de conversaciones y mon&oacute;logos sobre los conflictos familiares y personales de tres generaciones de arquitectos alemanes. Sigui&oacute;, cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s, <em>Opiniones de un payaso</em>, cuyo protagonista, Hans Schnier, un payaso de profesi&oacute;n que ha sido abandonado por su mujer, hace un repaso desencantado de su vida, sin ahorrar cr&iacute;ticas a la iglesia cat&oacute;lica y a la sociedad alemana de su tiempo. Por &uacute;ltimo, <em>Retrato de grupo con se&ntilde;ora</em> (1971) traza un complejo mosaico de las distintas capas sociales que sirven de marco a la vida de la protagonista, Leni, una mujer de clase acomodada que terminar&aacute; perdiendo sus privilegios a cambio de preservar la libertad. Un a&ntilde;o despu&eacute;s de la publicaci&oacute;n de esta &uacute;ltima novela, en 1972, Heinrich B&ouml;ll obtuvo el Premio Nobel.</p>
<p>Pero no todo fueron &eacute;xitos y parabienes en la vida de Heinrich B&ouml;ll. En 1953 tuvo un primer roce con representantes de la iglesia cat&oacute;lica, irritados por la emisi&oacute;n radiof&oacute;nica de un cuento suyo. Este incidente llev&oacute; a B&ouml;ll a instalarse durante una temporada en Irlanda, experiencia que le inspir&oacute; un c&eacute;lebre diario.</p>
<p>Sus cr&iacute;ticas contra el partido dem&oacute;crata-cristiano le acarrear&aacute;n una creciente hostilidad por parte de los medios de prensa del consorcio Springer, con los peri&oacute;dicos <em>Bild Zeitung</em> y <em>Die Welt</em> a la cabeza. B&ouml;ll goza de reconocimiento internacional, ha sido elegido presidente del PEN Club; as&iacute; pues, sus opiniones tienen peso, traspasan la frontera alemana y escuecen. Aprovecha su fama creciente para hacerse o&iacute;r. Protagoniza actos de protesta contra la guerra de Vietnam y contra la pol&iacute;tica agresiva del presidente Nixon. Secunda las reivindicaciones estudiantiles, reclama mayores emolumentos para los escritores, apoya abiertamente la candidatura a canciller del socialdem&oacute;crata Willy Brandt, en la d&eacute;cada de los ochenta se acercar&aacute; a Los Verdes. Es, en suma, un hombre p&uacute;blico que no elude en ocasiones la provocaci&oacute;n, como cuando felicit&oacute; con un ramo de flores a Beate Klarsfeld, la mujer que hab&iacute;a abofeteado durante un congreso del partido CDU al canciller Kiesinger por su pasado nazi.</p>
<p>En diciembre de 1971, B&ouml;ll se atrae las iras del <em>Bild Zeitung</em> al criticar a dicho peri&oacute;dico, mediante una carta abierta, por atribuir sin pruebas un atraco reciente a miembros de la Fracci&oacute;n del Ej&eacute;rcito Rojo. En adelante, B&ouml;ll ser&aacute; objeto de una campa&ntilde;a despiadada por parte de la prensa de Springer. El acoso al escritor no se limitar&aacute; a los medios de comunicaci&oacute;n. En junio de 1972, tras la detenci&oacute;n de Andreas Baader, la polic&iacute;a registra su casa en busca de terroristas. Un diputado de la CDU lo acusa de c&oacute;mplice de estos en el curso de una intervenci&oacute;n parlamentaria. A B&ouml;ll le llueven ep&iacute;tetos denigrativos de aqu&iacute; y all&aacute;, y reacciona (&iquest;se defiende?) publicando un libro de denuncia de los tejemanejes de la prensa sensacionalista de la &eacute;poca, <em>El honor perdido de Katharina Blum</em>, que lleva el significativo subt&iacute;tulo de <em>C&oacute;mo surge la violencia y ad&oacute;nde conduce</em>.</p>
<p>La novela, de tama&ntilde;o reducido, obtiene un &eacute;xito descomunal en Alemania. La protagonista, Katharina, traba relaci&oacute;n amorosa con un desertor. El caso llega a conocimiento de un reportero, que lo aprovecha para difamar sin compasi&oacute;n a la joven mujer, invent&aacute;ndose toda suerte de pormenores y lances. Incapaz de protegerse del poder desmesurado del peri&oacute;dico ni, por tanto, de lavar su honor, la joven mujer opta por matar al periodista.</p>
<p>La cr&iacute;tica literaria alemana constata en B&ouml;ll, avanzada la d&eacute;cada de los setenta, una p&eacute;rdida de sustancia creativa. A&uacute;n escribir&aacute; y publicar&aacute; unos cuantos t&iacute;tulos, si bien menores en el conjunto de su obra. Y no es s&oacute;lo que su dedicaci&oacute;n a los asuntos sociales, con todo lo que ello implica de desplazamientos, intervenciones p&uacute;blicas, presencia en foros diversos y tareas ocasionales de toda &iacute;ndole, menoscaben su capacidad de trabajo, restando al escritor tiempo y energ&iacute;as para la creaci&oacute;n literaria. No menos lo aparta del escritorio su delicado estado de salud, en parte ocasionado por su prolongada y excesiva adicci&oacute;n a los cigarrillos. B&ouml;ll arrastra problemas vasculares debidos al tabaquismo y padece diabetes. La edad y los achaques, distintas operaciones quir&uacute;rgicas, la muerte de un hijo en 1982, dejan en &eacute;l una huella que las fotograf&iacute;a de la &eacute;poca hacen evidente. El 16 de julio de 1985, poco despu&eacute;s de haber sido dado de alta en el hospital, Heinrich B&ouml;ll falleci&oacute; en su casa. D&iacute;as antes, el suplemento dominical del peri&oacute;dico <em>El Pa&iacute;s</em> hab&iacute;a publicado la que probablemente fue la &uacute;ltima entrevista de su vida. El entierro, multitudinario, se celebr&oacute; seg&uacute;n el rito cat&oacute;lico, con nutrida presencia de personalidades pol&iacute;ticas.</p>
<p>En el momento de fallecer, B&ouml;ll ten&iacute;a acabada una novela, <em>Mujeres a la orilla del r&iacute;o</em>, que se public&oacute; p&oacute;stumamente. Libro de conversaciones dispersas, sin una trama reconocible, los cr&iacute;ticos coincidieron en calificarlo de fallido. Yo tengo la impresi&oacute;n de que hoy d&iacute;a, en Alemania, el legado literario de Heinrich B&ouml;ll est&aacute; envuelto en una niebla de olvido. No, desde luego, en una niebla impenetrable que oculte por completo sus obras, al menos las m&aacute;s relevantes, que a&uacute;n siguen mereciendo un segmento de balda en numerosas librer&iacute;as. Lo cual no evita que a veces este o el otro t&iacute;tulo haya que encargarlo.</p>
<p>Como es habitual en el caso de los escritores fallecidos, se han recuperado textos suyos in&eacute;ditos; en concreto, algunas tentativas literarias de sus comienzos. Existe asimismo un llamado Archivo Heinrich B&ouml;ll, dedicado a preservar la memoria del escritor, a difundir su obra y facilitar el estudio de la misma. B&ouml;ll da asimismo nombre a varias escuelas p&uacute;blicas y a un premio literario que organiza anualmente la ciudad de Colonia. El partido pol&iacute;tico Los Verdes tuvo la deferencia de asignar el nombre del escritor a su fundaci&oacute;n.</p>
<p>Con eso y todo, y a pesar de la general simpat&iacute;a que despierta el novelista, se percibe en la actualidad una falta de presencia de sus obras en el debate general de las ideas y de los nuevos gustos est&eacute;ticos en Alemania. Es posible y deseable que la celebraci&oacute;n en 2015 del trig&eacute;simo aniversario de su fallecimiento brinde la oportunidad de reactualizar la figura de un escritor esencial de la posguerra alemana, as&iacute; como de releer sus libros y darlos a conocer a las j&oacute;venes generaciones, quit&aacute;ndoles la fina capa de polvo que hoy, a mi juicio, los cubre.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 18 Sep 2017 08:03:55 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tiempo de mudanzas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/tiempo-de-mudanzas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/septiembre/ANA_MERINO_2.jpg" alt="" /></p>
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<p>Lo que quedaba era mi casa vac&iacute;a,</p>
<p>el espacio claro que dejan las cosas</p>
<p>que se tuvieron que ir</p>
<p>de un d&iacute;a para otro en el furg&oacute;n de la mudanza.</p>
<p>El rastro del detergente y su limpieza meticulosa</p>
<p>adornada con la rabia de los min&uacute;sculos desaciertos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La casa que nunca fue m&iacute;a,</p>
<p>la que no me dio tiempo a colonizar con mi desorden.</p>
<p>Mi identidad de pelusas, mi s&iacute;ndrome de Di&oacute;genes</p>
<p>de mujer vieja guardando papeles</p>
<p>de palabras transparentes,</p>
<p>hojas muertas de mi propio oto&ntilde;o.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El embalaje de la vida</p>
<p>cuando cruzas el umbral de los cuarenta</p>
<p>y haces cajas con documentos que ya no valen nada,</p>
<p>pero quieres conservarlos</p>
<p>porque el vac&iacute;o da m&aacute;s v&eacute;rtigo</p>
<p>que esa acumulaci&oacute;n, que esa muralla</p>
<p>de bloques de cart&oacute;n y vida densa,</p>
<p>de muebles desgastados y alfombras enrolladas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El almac&eacute;n, el guardamuebles, la peque&ntilde;a cueva</p>
<p>donde el indio Joe se aliment&oacute; de murci&eacute;lagos.</p>
<p>La locura circular de las mudanzas precipitadas,</p>
<p>la huida de las llanuras, la enfermedad de los sin tierra</p>
<p>que envejecemos demasiado lejos</p>
<p>y nos arrepentimos cada d&iacute;a de ser n&oacute;madas,</p>
<p>de guardar la vida entera en cuadernos y agendas,</p>
<p>de sentirnos extranjeros en todos los pa&iacute;ses.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tanta transformaci&oacute;n, tanta capacidad para adaptarme,</p>
<p>para mezclarme con el hielo sin derretirlo,</p>
<p>para cambiar la voz y modular los tonos.</p>
<p>Tanta tenacidad, tanto esfuerzo</p>
<p>para ser parecida a la extra&ntilde;eza.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 11 Sep 2017 11:01:54 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Esqueletos en el armario]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/esqueletos-en-el-armario/</link>
      <description><![CDATA[<p style="text-align: left;" align="right"><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/septiembre/JOS_MAR_A_CONGET_2.jpg" alt="" />&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>Skeleton in the cupboard (North America: skeleton in the closet): A discreditable or embarrasing fact that someone wishes to keep secret.</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right">(Un hecho deshonroso o comprometedor que alguien desea mantener en secreto)</p>
<p style="text-align: left;" align="right">Oxford English Dictionary</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">La madre de mi padre &ndash;la lejan&iacute;a me traba el uso de la palabra abuela&mdash;se suicid&oacute; cuando mi padre no llevaba dos semanas en este mundo. Seguramente una depresi&oacute;n post-parto, aunque el caso dio lugar a que circulara sobre la mujer una historia novelesca: un noviazgo apasionado que se rompi&oacute; por razones ignoradas y una boda de compromiso con el que fue mi abuelo; tuvo un primer hijo var&oacute;n &ndash;el t&iacute;o m&iacute;o del que hered&eacute; el nombre de pila y que muri&oacute; de una tuberculosis contra&iacute;da durante la guerra civil--; el nacimiento del segundo hijo, mi padre, coincidi&oacute; con el regreso al pueblo del hombre al que todav&iacute;a quer&iacute;a, y esa presencia redobl&oacute; la atroz sensaci&oacute;n de estar atrapada en un matrimonio sin amor y con dos criaturas a su cargo. S&oacute;lo vio una salida: tirarse al canal. Todo esto ocurr&iacute;a en 1914, en un pueblo de Arag&oacute;n donde yo nunca vi un canal, pero quiz&aacute; lo hubiera, no existe otra versi&oacute;n del suicidio. Al parecer mi abuela dej&oacute; una carta que estuvo en posesi&oacute;n de otro hijo que mi abuelo engendr&oacute; en segundas nupcias; a mi madre se la ofreci&oacute; su cu&ntilde;ada, la mujer de mi t&iacute;o, pero mi madre no quiso leerla y pidi&oacute; que nunca le comunicaran su existencia a mi padre, estaba segura de que lo har&iacute;a sufrir in&uacute;tilmente, con lo que no sabremos las razones que en ella se esgrim&iacute;an para justificar una decisi&oacute;n tan truculenta y disponemos de campo libre para la especulaci&oacute;n. Es dif&iacute;cil juzgar estas cosas; a veces creo que mi madre se equivoc&oacute; priv&aacute;ndole a su marido de alguna certeza sobre su orfandad precoz que no dej&oacute; de atormentarle hasta la muerte; por otro lado, qui&eacute;n sabe si entre los motivos del suicidio se inclu&iacute;an en el mensaje rasgos de la conducta de mi abuelo que a mi padre, que adoraba al suyo, lo habr&iacute;an perturbado m&aacute;s que la ignorancia. A su manera, mi padre indag&oacute; qu&eacute; podr&iacute;a pasar por la cabeza de una mujer que abandona as&iacute; a dos ni&ntilde;os, uno de ellos reci&eacute;n nacido, y se aferr&oacute; a la idea de la locura por un doble consuelo. A su yerno siquiatra le interrog&oacute; por los trastornos s&iacute;quicos tras el parto y el yerno lo tranquiliz&oacute; explic&aacute;ndole los s&iacute;ntomas de la psicosis post-puerperal, posibilidad que, a su vez, mi padre traslad&oacute; a su confesor y a varios curas de su confianza porque a la tristeza de no haber sido querido por quien acababa de darle vida, se sumaba la inquietud mayor de que el alma de su madre ardiera en el infierno para la eternidad. De una religiosidad ingenua, que no hab&iacute;a superado la piedad y creencias que acompa&ntilde;an la primera comuni&oacute;n, mi padre preguntaba a los expertos en materia de moral y de conciencia si era posible cometer un pecado mortal de necesidad como el suicidio y sin embargo ir al para&iacute;so en caso de que la mente del suicida hubiera estado obnubilada. Esta historia nos lleg&oacute; indirectamente a trav&eacute;s de nuestra madre, incapaz de guardar un secreto y de una indiscreci&oacute;n ejemplar, ya que mi padre jam&aacute;s mencion&oacute; a sus hijos aquel trauma primordial, era pudoroso y adem&aacute;s no deseaba que nosotros carg&aacute;semos con lo que a &eacute;l le parec&iacute;a un estigma y una pesadumbre indelebles: el suicidio de nuestra abuela.</p>
<p>Los esqueletos del lado materno no permanecieron encerrados, como le hubiera gustado a parte de la familia, pues mi madre nos fue revelando su confusa historia apenas intuy&oacute; que la entender&iacute;amos. Yo viv&iacute;a durante el curso con mi abuela y mi t&iacute;a maternas que propend&iacute;an al cuchicheo, la ropa tendida y hay que ahorrarles a los ni&ntilde;os los cantos del obsceno p&aacute;jaro de la noche &ndash;ellas emplear&iacute;an otros t&eacute;rminos--, sin saber que en verano mi madre aprovechaba un paseo por el monte en busca de moras o la sala de espera de la seguridad social para sacar a la luz algunas tinieblas dom&eacute;sticas. Que mi abuela se hubiera casado con un hombre once a&ntilde;os m&aacute;s joven que ella no constitu&iacute;a un secreto, todo lo m&aacute;s una rareza de la que se podr&iacute;a incluso presumir, pero que mi abuelo padec&iacute;a una s&iacute;filis ya avanzada cuando contrajo matrimonio, que la enfermedad lo fue enloqueciendo de forma acelerada y que el trastorno se manifest&oacute; p&uacute;blicamente cuando en una funci&oacute;n del teatro Principal de Zaragoza se enfrent&oacute; por una tonter&iacute;a a un acomodador, y al guardia que intervino para que la bronca no fuera a mayores mi abuelo le sac&oacute; un ojo de un bastonazo, eso ya formar&iacute;a parte&nbsp; de la cr&oacute;nica oscura que mi abuela y mi t&iacute;a ocultaban y mi madre relataba no s&eacute; si por liberarse por su cuenta de un peso o por lo que en Arag&oacute;n llamamos desustanciadez. Mi abuelo muri&oacute; sin cumplir los treinta a&ntilde;os tras una estancia en un manicomio de Tarragona, creo --o de una ciudad lejos de la murmuraci&oacute;n colectiva, en cualquier caso&mdash;; al quejarse el interno de que le daban palizas, fue devuelto por fin a la custodia de su madre (no de su esposa) que me pregunto c&oacute;mo se las arreglar&iacute;a con un enfermo terminal y por lo visto con accesos de violencia. Al parecer, no contagi&oacute; a su mujer de milagro, pese a que la suya no fue una uni&oacute;n blanca: tuvieron tres hijos, la &uacute;ltima, mi t&iacute;a, era un beb&eacute; de pocos meses cuando el padre falleci&oacute;, lo que indica que en el periodo en que las consecuencias de la s&iacute;filis ya deb&iacute;an de ser m&aacute;s que notorias, la pareja continuaba teniendo relaciones sexuales --s&oacute;lo hay que recordar que el abuelo se cas&oacute; con veintid&oacute;s a&ntilde;os, es decir, en plena efervescencia er&oacute;tica--. Aprecio un cierto paralelismo entre los esqueletos de los armarios paternos y maternos: en los dos casos los protagonistas desaparecen en fecha muy temprana, cuando no habr&iacute;an olvidado a&uacute;n las fantas&iacute;as de las adolescencias respectivas; tambi&eacute;n les unen las connotaciones socialmente vergonzosas de sus muertes, una por propia mano, y como desenlace de una enfermedad ven&eacute;rea la otra. Ella estaba sin duda marcada por un temperamento tr&aacute;gico y &eacute;l por unos or&iacute;genes ileg&iacute;timos; en efecto, la pre&ntilde;ez de su madre se produjo mientras el marido combat&iacute;a en la guerra de Cuba, lo que, como era de esperar, destroz&oacute; el matrimonio, aunque el chico, supongo que para evitar mayor esc&aacute;ndalo, recibi&oacute; el apellido del cornudo. Que todo el entorno conoc&iacute;a la relaci&oacute;n de la madre con un hombre casado y de un c&iacute;rculo burgu&eacute;s con prestigio local, lo prueba el esmero con que en casa se evitaba la alusi&oacute;n a la &ldquo;otra&rdquo; familia, de manera que cuando yo coincid&iacute; en el colegio con un alumno que descend&iacute;a del verdadero y casquivano bisabuelo y pronunci&eacute; su patron&iacute;mico durante una comida, mi abuela y mi t&iacute;a cruzaron una mirada de alarma, que yo percib&iacute;, y mostraron por &eacute;l una curiosidad mal disimulada que me costaba comprender: se trataba de un chaval pijo, como tantos de mis compa&ntilde;eros, que destacaba en el f&uacute;tbol y no en lengua o matem&aacute;ticas. M&aacute;s tarde mi madre me revel&oacute; el apellido que, de haber sido reconocido el ni&ntilde;o por su verdadero progenitor, habr&iacute;a identificado al abuelo sifil&iacute;tico &ndash;y a m&iacute; mismo, tras el apellido de mi padre&mdash;, y comprend&iacute; que entre el muchacho rico, atl&eacute;tico y obtuso y yo exist&iacute;a un parentesco remoto y enrevesado, qui&eacute;n me lo iba a decir. Mi &ldquo;primo&rdquo; nunca lo lleg&oacute; ni a sospechar. Imagino que entre los esqueletos de su armario geneal&oacute;gico, que los habr&iacute;a y abundantes, apenas unos huesecillos testimoniar&iacute;an la historia de aquel hijo natural que probablemente no ser&iacute;a el &uacute;nico.&nbsp;</p>
<p>Aunque los esqueletos se arrumban en armarios familiares o personales,&nbsp; cada pa&iacute;s guarda los suyos por mucho que sean hist&oacute;ricamente fehacientes. Recuerdo cu&aacute;nto me sorprendieron las dificultades con las que tropez&oacute; una exposici&oacute;n del Smithsonian de Washington sobre los indios abor&iacute;genes norteamericanos en la que no se pasaba por alto el genocidio meticuloso del que fueron v&iacute;ctimas. O la ardua reapertura de las cloacas nazis en los juicios de Frankfurt entre 1963 y 1965 contra los funcionarios de Auschwitz. Por no mencionar, sin ir m&aacute;s lejos, los esqueletos, &eacute;stos bajo tierra, que conserva el campo espa&ntilde;ol mientras los pol&iacute;ticos debaten sobre la oportunidad de airearlos. No quiero creer en las culpas colectivas, bastante hemos padecido en la tradici&oacute;n judeocristiana con las consecuencias del dogma miserable de pecado original que nos privaba de la inocencia desde el momento mismo de nuestra concepci&oacute;n. No: los restos humanos sin identificar bajo las cunetas de carreteras secundarias andaluzas o extreme&ntilde;as, o los cad&aacute;veres mani&aacute;ticamente clasificados en los campos de concentraci&oacute;n de la Gestapo o en el gulag sovi&eacute;tico, se ocultan tambi&eacute;n en las conciencias individuales de sus asesinos y all&iacute; han perdido su camuflaje de met&aacute;fora; los esqueletos de esos armarios esconden huesos de verdad que alguna vez sostuvieron cuerpos que pisaron esta tierra y mordieron sus frutas y escrutaron los ojos de los verdugos. Pero yo prefiero ahora regresar a los estrictamente metaf&oacute;ricos.</p>
<p>Dec&iacute;a Malraux que el hombre es un mezquino montoncito de secretos. Hay muchos motivos por los que un secreto se ha convertido en secreto y algunos son m&aacute;s razonables de lo que pretende la despectiva definici&oacute;n de Malraux. Pienso en la familia de la escritora mexicana Angelina Mu&ntilde;iz-H&uuml;berman que durante siglos mantuvo un juda&iacute;smo clandestino en una Espa&ntilde;a que la habr&iacute;a enviado a la hoguera de haber descubierto la religi&oacute;n que verdaderamente profesaba; la evoluci&oacute;n del pa&iacute;s les permiti&oacute; manifestar su identidad sin riesgos inquisitoriales, pero su adscripci&oacute;n republicana les envi&oacute; al exilio y a otro tipo de peligro una vez que Hitler ocup&oacute; Francia e impuso all&iacute; las abominables leyes raciales. Angelina s&oacute;lo conoci&oacute; sus aut&eacute;nticas ra&iacute;ces cuando sus padres llevaban varios a&ntilde;os de seguridad en tierras americanas. La homofobia que ha manchado nuestras sociedades justifica que miles de personas encerraran en armarios profundos &ndash;incluso en un respetable guardarropas conyugal&mdash;su orientaci&oacute;n sexual heterodoxa, hasta el punto de que &ldquo;salir del armario&rdquo; traduce actualmente la declaraci&oacute;n sin disimulos de la propia homosexualidad, como si el esqueleto que all&iacute; se albergaba abarcase la &iacute;ntegra personalidad del individuo, y en cierto modo as&iacute; es. Sin duda una mayor prudencia respecto a su &ldquo;mezquino montoncito&rdquo; le habr&iacute;a ahorrado a Oscar Wilde el desenlace tr&aacute;gico de su trayectoria de escritor de &eacute;xito, aunque ese despiadado arrancarle en juicio p&uacute;blico un esqueleto no tan bien escondido nos lo ha aproximado como ser humano y ha hecho de &eacute;l un s&iacute;mbolo &ndash;un m&aacute;rtir-- de las reivindicaciones gay.&nbsp; En literatura los esqueletos de los autores dejan asomar por los resquicios del mueble de su prosa alguna tibia suelta o un h&uacute;mero mohoso; la ambig&uuml;edad que transpiran obras como <em>Muerte en Venecia</em> o <em>Doctor Faustus</em>, y que multiplica su fascinaci&oacute;n, nace de la osamenta que Thomas Mann hab&iacute;a clausurado tras siete cerraduras de su llavero de pr&oacute;cer oficial de la cultura europea. En otras ocasiones la obra surge a borbotones si el escritor rompe candados y tabiques que durante d&eacute;cadas han aprisionado un secreto; Henry Roth termin&oacute; un bloqueo de sesenta a&ntilde;os cuando decidi&oacute; ventilar un armario que no abr&iacute;a desde su juventud, de forma que el incesto con su hermana protagonizara los cuatro vol&uacute;menes de <em>Mercy of a rude stream</em> con los que Roth se despidi&oacute; de la literatura y de la vida. Angelica Garnett excava en el osario de su infancia, marcada por los disimulos parentales, en su autobiograf&iacute;a <em>Deceived with kindness</em>, que Mart&iacute;nez-Lage tradujo libremente y con acierto como <em>Una mentira piadosa</em>. Angelica era hija de Vanessa Bell &ndash;la hermana de Virginia Woolf, aclaro para alg&uacute;n lector despistado--; Vanessa estaba casada con el cr&iacute;tico de arte Clive Bell con el que hab&iacute;a tenido dos hijos, Julian y Quentin, pero hac&iacute;a tiempo que la pareja, que nunca se separ&oacute; oficialmente, manten&iacute;a otras relaciones sentimentales cuando Vanessa volvi&oacute; a quedarse embarazada, ahora del pintor bisexual Duncan Grant, amante a su vez del escritor David Garnett. Clive acept&oacute; dar su apellido a Angelica, la hija de Vanessa y Duncan, y constituy&oacute; una figura intermitente, amable y distante a lo largo de la ni&ntilde;ez y adolescencia de la muchacha. Cuando Angelica, cumplidos los veinte a&ntilde;os, se enamor&oacute; de David, el amante de su padre verdadero, Vanessa le revel&oacute; una parte del complejo entramado afectivo de la familia, lo que, coherente con la l&iacute;nea del grupo Bloomsbury, no impidi&oacute; la boda de&nbsp; Angelica y David. Una breve adenda: que Angelica deb&iacute;a de ser mujer de curiosas fijaciones lo demuestra el que, tras la ruptura con su marido, estableciese una relaci&oacute;n amorosa, si bien poco duradera, con George Bergen, otro amante de su padre; no hay que sorprenderse de que Henrietta, la segunda hija de Angelica, le pusiera a su&nbsp; <em>opera prima</em> el t&iacute;tulo de <em>Family Skeletons</em>.</p>
<p>He comenzado estas p&aacute;ginas sacando precisamente del armario esqueletos familiares que nunca me han obsesionado, y tal vez sea &eacute;sa la raz&oacute;n de que los haya venteado sin mayores escr&uacute;pulos. Es cierto que mis padres y todos los miembros de su generaci&oacute;n a los que pudiera afectar mi texto han muerto. Creo que la garruler&iacute;a materna rebaj&oacute; los tintes melodram&aacute;ticos que impregnan esta clase de oscuras historias y yo me he enfrentado a ellas sin mucho morbo y no excesiva curiosidad. &iquest;O mi rechazo al follet&iacute;n se vincula con cierta clase de represi&oacute;n y de ah&iacute; las digresiones hist&oacute;rico-literarias que han ocupado los p&aacute;rrafos anteriores? No lo s&eacute;. Mi aversi&oacute;n al sicoan&aacute;lisis, aparte de considerarlo una herencia fenicia del confesonario cat&oacute;lico, procede de mi sospecha de que, en su rastreo de muy sepultados esqueletos en el inconsciente personal, acaba por inventarse otros que nunca estuvieron all&iacute; y en definitiva no explora las vivencias reales del individuo sino la fabulaci&oacute;n que el proceso fuerza a inventar, y no digo que eso est&eacute; privado de inter&eacute;s pero para novelistas ya bastan con los que escribimos libros. A veces creo que los esqueletos m&aacute;s irrecuperables de cada uno carecen del brillo siniestro de los dramones y se asocian m&aacute;s a peque&ntilde;as vilezas cometidas contra personas amadas, las deslealtades que el tiempo ha ido sembrando, todo aquello que fuimos, profesamos y juramos y a lo que aplicamos los mejores esfuerzos de nuestra voluntad para que siga en un misericordioso olvido.</p>
<p>Mi padre llamaba madre a la segunda mujer de su padre. A nosotros nos confes&oacute; que su madre hab&iacute;a muerto cuando &eacute;l era muy peque&ntilde;o pero que deb&iacute;amos querer a su madrastra &ndash;qu&eacute; palabra de cuento infantil&mdash;como si fuera nuestra abuela, algo en lo que era imposible obedecerle. Ya he dicho al principio que gracias a nuestra madre sab&iacute;amos lo poco que se pod&iacute;a saber sobre la abuela aut&eacute;ntica y call&aacute;bamos para no perturbarlo. &iquest;Le habr&iacute;a aliviado contarnos &eacute;l mismo la verdad? Supongo que no, guardaba su esqueleto en el armario de su intimidad por no causarnos trastorno pero tambi&eacute;n por un respeto, un amor que no hab&iacute;a encontrado su cauce leg&iacute;timo hacia la madre que se suicid&oacute;. Cuando ya era muy viejo, se consolaba de la proximidad de la muerte, que no deseaba, pensando que por fin en la otra vida iba a conocer a su madre. Esa fe abrumadora y candorosa me conmueve todav&iacute;a. Yo, que no creo en la vida perdurable ni en la resurrecci&oacute;n de la carne, y la insistencia en semejante inverosimilitud me irrita m&aacute;s que otra cosa, s&oacute;lo he deseado que al menos como un espejismo p&oacute;stumo la mente de mi padre condensara en sus &uacute;ltimos segundos ciertas im&aacute;genes fant&aacute;sticas en las que, en un valle que se parecer&iacute;a a un huerto de verano de su pueblo, &eacute;l se encontrara con la mujer que lo llamar&iacute;a hijo, lo abrazar&iacute;a y lo acoger&iacute;a en su seno para siempre.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 11 Sep 2017 10:56:19 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nacimiento]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/nacimiento/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/FRANCISCO_BRINES500.jpg" alt="" /></p>
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<p>Hay viento, y el silencio<br /> Lo acuna:<br /> Es algo que quiere ser nacido.</p>
<p>Pues no puedes dormir<br /> Abandona la cama.<br /> As&oacute;mate al cristal:<br /> La habitaci&oacute;n y el mundo a oscuras.</p>
<p>Arriba, en el mural del cielo ,</p>
<p>Se desborda el osario<br /> Y nada all&aacute; , ni aqu&iacute;, palpita.</p>
<p>El Ni&ntilde;o ha sollozado.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 04 Sep 2017 07:50:13 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Viaje de Unamuno, con Portugal al fondo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/viaje-de-unamuno-con-portugal-al-fondo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/MIGUEL_DE_UNAMUNO.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;I</p>
<p>Har&aacute; cosa de cincuenta a&ntilde;os, por la parte de la provincia de Orense que hace linde con Portugal, en torno de Celanova y sus parroquias, creo que se lleg&oacute; a hacer muy popular una ins&oacute;lita orquesta que, a pique de las fiestas del verano, llegaba para amenizar las verbenas bajo los farolillos del atardecer; tan ins&oacute;lita que estaba compuesta por un solo individuo. Pocas veces, pues, se puede hablar m&aacute;s propiamente de un hombre-orquesta, de uno, por tanto, que era capaz de constituirse en su misma individualidad como una sociedad completa, o sea, en la pura contradicci&oacute;n del modelo seg&uacute;n el que reconocemos a las orquestas como tales. Para redundar en esa condici&oacute;n parad&oacute;jica, este hombre, adem&aacute;s, se presentaba cargando a cuestas con un bombo, que llevaba pintado en el derredor de la tripa este nombre: &ldquo;Orquesta <em>O Solo</em>&rdquo;. Algunas veces pregunt&eacute; al historiador Feliciano Novoa, que me contaba de estas andanzas, sobre el aspecto f&iacute;sico de aquel individuo, y hoy me ha quedado que O Solo deb&iacute;a ser un hombre peque&ntilde;o, delgado, muy moreno, con bigote fino y lacio, con el pelo negro pegado al cuero de la cabeza, por lo normal vestido con una camisa blanca y un pantal&oacute;n negro bastante rozado del polvo y el uso, todo lo cual le caracterizaba como lo que por all&iacute; se llamaba un &ldquo;lechugino portugu&eacute;s&rdquo;. Probablemente, al otro lado de la sierra del Laboreiro y a ojos vista de portugueses, entre los que tambi&eacute;n actuaba, O Solo se convertir&iacute;a justamente en un &ldquo;lechugino espa&ntilde;ol&rdquo;, pero en todo caso, unos y otros, portugueses y espa&ntilde;oles, lo ver&iacute;an por igual como a un extra&ntilde;o, alguien que solitariamente llegaba desde afuera. Mientras ellos hac&iacute;an con su fiesta celebraci&oacute;n de su comunidad de usos, costumbres y memorias, y lo hac&iacute;an juntos y bien orquestados, O Solo llegaba entre ellos como <em>solamente</em> un hombre, es decir, en la desligaci&oacute;n de quien no es miembro de ninguna comunidad, de manera que, al contrario de los paisanos que hac&iacute;an en su fiesta el cuento de sus vidas, la del m&uacute;sico errante no pod&iacute;a contar para nadie, ni en realidad nosotros podemos contarla hoy, de tan poco como sabemos de ella<a title="" href="#_ftn1">[1]</a> .</p>
<p>Aquellos paisanos metidos en fiestas y arropados a&uacute;n bajo sus cuentos colectivos, es muy posible que por aquel entonces todav&iacute;a creyeran escapar con ellos a la labilidad y fugacidad existencial de las vidas, puramente fortuitas, de los individuos errantes. La desnudez de estos ven&iacute;a a consistir, pues, en una desposesi&oacute;n de lo que Kierkegaard, en sus cavilaciones sobre la diferencia entre la tragedia antigua y la moderna, llamaba &ldquo;determinaciones sustanciales&rdquo; &mdash;Estado, familia y destino&mdash;, constitutivas de las viejas comunidades tradicionales como mundos enteros en cuya plenitud de significaci&oacute;n las vidas particulares se abrevaban de sentido, salv&aacute;ndose as&iacute; de lo desligado de las existencias&hellip; <em>desorquestadas</em>. Tal como parec&iacute;a pensar Arist&oacute;teles, el cometido de los personajes de la tragedia y la epopeya era hacer avanzar una acci&oacute;n mediante su inserci&oacute;n en una trama, es decir, en &ldquo;una acci&oacute;n entera y completa&rdquo;, con sus hechos concatenados a sus consecuencias, de ah&iacute; que se pueda decir que la trama tiene un gran inter&eacute;s en ellos. Pero lo que no tiene trama, en radical distinci&oacute;n de las tragedias, Arist&oacute;teles nos dice que es aquel arcaico realismo burlesco y carnavalesco en que se manifestaban las s&aacute;tiras viejas al albur de caminos, en el errabundaje propio de las borracher&iacute;as festivas dionisianas. Estas comparsas no actuaban en las ciudades, sino en los <em>komos</em> o aldeas, de cuyos extramuros proceder&iacute;a en fin la comedia y sus acciones ni completas ni conexas, sin argumentos ni tramas y &mdash;lo que importa m&aacute;s todav&iacute;a&mdash; sin imitaci&oacute;n de los h&eacute;roes <em>serios</em>, sino en toda caso de alguna persona real, tan irrepetible como cualquier mortal individuo existente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; II</p>
<p>Cuando el tiempo es &uacute;nicamente entendido como una trama, un argumento que la l&oacute;gica causal encauza a un desenlace (lo que modernamente llamar&iacute;amos un proceso), ya dec&iacute;a Hannah Arendt que lo normal es que los individuos no signifiquen demasiado &mdash;que <em>no cuenten</em>, que la narraci&oacute;n no tenga <em>inter&eacute;s </em>en ellos&mdash; salvo precisamente como elementos combustibles para empujar el movimiento de la acci&oacute;n, insignificantes, dir&iacute;amos que c&oacute;micos, en su propia entidad. &iquest;No dar&iacute;a risa la aparici&oacute;n de O Solo con sus b&aacute;rtulos en la plaza del pueblo en fiestas? Este hombre no tomaba parte en la fiesta, solamente la amenizaba, y yo he pensado a veces en &eacute;l. Me acuerdo de &eacute;l cuando pienso en la soledad; tambi&eacute;n cuando las criaturas individuales se me presentan bajo la amenaza de las universalizaciones especulativas, los planes hist&oacute;ricos, las teor&iacute;as sociales y las aniquilaciones gn&oacute;sticas o nihilistas que por lo visto exige la implantaci&oacute;n de otro mundo m&aacute;s perfecto&hellip; Me acuerdo tambi&eacute;n de O Solo cuando pienso en la identidad de una persona o una comunidad construida sobre un antagonismo con las otras. Igual que para O Solo, aquella marca divisoria entre Espa&ntilde;a y Portugal ten&iacute;a para Unamuno una desde luego que natural (aunque no oficial) permeabilidad cuando desde 1908 o 1909 hizo la cr&oacute;nica de sus viajes a un lado y otro de la frontera ib&eacute;rica que luego fueron publicadas en el libro <em>Por tierras de Portugal y Espa&ntilde;a</em> en 1911. Pienso en O Solo y pienso en Unamuno al pensar en Portugal y Espa&ntilde;a como si fueran en la realidad lo que todav&iacute;a pueden ser en la met&aacute;fora, esto es, tierras &uacute;ltimas, pasos &uacute;ltimos antes del definitivo <em>Abenland</em> o &uacute;ltimo conf&iacute;n postrimero tras el que, seg&uacute;n la imagen m&iacute;tica, todo desaparece, es decir, toda expectativa de desenlace favorable, fracasa. Y tambi&eacute;n pienso en el tipo de fijeza, igualmente m&iacute;tica, que tuvo la imagen caracteriol&oacute;gica de &ldquo;lo portugu&eacute;s&rdquo;, versi&oacute;n casera de &ldquo;lo tr&aacute;gico&rdquo;, en la que la postrimer&iacute;a geogr&aacute;fica contagiaba su desvanecimiento frente el abismo a un tipo humano que se reproduc&iacute;a, incluso, en conocidas personalidades egregias (la del desde&ntilde;oso Diego Vel&aacute;zquez o la del taciturno Antonio Machado, del que Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez dec&iacute;a que era un &ldquo;que m&aacute;s da&rdquo; y un &ldquo;medio portugu&eacute;s&rdquo;), como portavoces del lema que viene a decir que nada merece la pena dado que todos los sue&ntilde;os, esfuerzos y promesas de futuro se han de perder en la negra indiferenciaci&oacute;n del mar y del olvido. Unamuno mismo dej&oacute; escrito en sus cr&oacute;nicas viajeras que &ldquo;la vida no tiene para &eacute;l (para el pueblo portugu&eacute;s) un sentido trascendente&rdquo;, esto es, ning&uacute;n destino &mdash;desenlace&mdash; en ning&uacute;n sentido. Pero sinti&oacute; una preferencia por Portugal creo que inseparable de la querencia tr&aacute;gica de su esp&iacute;ritu. Por aquellos a&ntilde;os de la primera d&eacute;cada del siglo XX, visitaba el pa&iacute;s al menos una vez al a&ntilde;o. Viajaba a Coimbra en busca del poeta Eug&eacute;nio de Castro o a Amarante en busca de Teixeira de Pascoaes, desde cuya casa solariega quer&iacute;a ver la ca&iacute;da de la comarca de Traz-Os-Montes sobre las laderas que recogen al Mi&ntilde;o, es decir, bastante cerca de la parte por donde O Solo cosechaba sus triunfos orquestales. Estos &uacute;ltimos &ldquo;hombres tr&aacute;gicos&rdquo; todav&iacute;a se duelen o, por decirlo m&aacute;s unamunianamente, a ellos todav&iacute;a <em>les duele</em> esa muerte o final de mundo con el que desapareci&oacute; un universo de creencias en gran medida tejido &mdash;tramado&mdash; en forma de relatos comunitarios, pero tambi&eacute;n la muerte o derogaci&oacute;n de las modernas expectativas hist&oacute;ricas. Son tr&aacute;gicos, pues, a la antigua y a la moderna, si seguimos a Kierkegaard. Lo que muere ante ellos es en todo caso un relato o historia argumental en el que de una manera u otra quedaba articulada la unidad de lo pensado y lo existente.</p>
<p>A poco contacto que hayamos tenido con Unamuno, sabremos que la esperanza de perduraci&oacute;n &mdash;el futuro por antonomasia favorable de todos los relatos&mdash; es el asunto propiamente suyo, y es con este asunto con el que la tragicidad de los que consider&oacute; cuasi hermanos portugueses debi&oacute; venir a &eacute;l como el afluente al r&iacute;o que lo recoge. Por de pronto, el Unamuno de los viajes a Portugal es el inmediatamente posterior a la acu&ntilde;aci&oacute;n de sus ideas definitivas acerca de la Historia, a partir, sobre todo, de la publicaci&oacute;n de <em>Paz en la guerra</em>, en 1897. No se trata ya del joven Unamuno de fe socialista, progresista o historicista &mdash;el que cre&iacute;a en el cumplimiento de un relato&mdash;, sino el posterior a lo que los cr&iacute;ticos llamaron &ldquo;crisis religiosa&rdquo;, de la que dio testimonio en los cuadernos que s&oacute;lo los editores, muchos a&ntilde;os despu&eacute;s, llamaron <em>Diario &iacute;ntimo</em>. Nada seremos capaces de desentra&ntilde;ar de su pensamiento acerca de la Historia &mdash;acerca del Tiempo espec&iacute;ficamente argumental y narrativo&mdash; si no es en recuerdo de aquella novela, a cuya segunda edici&oacute;n (veintis&eacute;is a&ntilde;os despu&eacute;s, en 1923) puso un important&iacute;simo pr&oacute;logo; pero tampoco entender&iacute;amos nada si no es vinculando la ya defraudada esperanza <em>hist&oacute;rica</em> en la emancipaci&oacute;n humana, con la desesperada y tr&aacute;gica esperanza <em>religiosa</em> que cuando comienza el siglo es ya la proa de su pensamiento. Religi&oacute;n e Historia, es decir, &ldquo;verdad en misterio&rdquo; y &ldquo;verdad sin misterio&rdquo;, aparecen en todo caso como los elementos en liza, con sus dos tramas respectivas. Mientras la Historia, y por antonomasia la idea liberal, hegeliana y socialista de la Historia aparece orientada a su final favorable tras vencer (&ldquo;superar&rdquo;, dir&iacute;a la sem&aacute;ntica ideol&oacute;gica apropiada) toda resistencia en la pugna antagonista, la Religi&oacute;n, parece pensar Unamuno, hace poner ojos en una eternidad a la que precisamente el &eacute;xito mundano o hist&oacute;rico hace resistencia, es decir, una eternidad que no se podr&aacute; deducir jam&aacute;s de la luz o relumbr&oacute;n o &eacute;xito obtenidos en el mundo; y de ah&iacute; su querencia hacia lo que <em>aqu&iacute;</em> resulta invisible, secreto o escondido: la intrahistoria. Es por entonces cuando visita con cierta frecuencia a sus amigos portugueses, a los que considera tan pesimistas como al historiador Oliveira Martins, el autor de la <em>Historia de la civilizaci&oacute;n ib&eacute;rica</em>, del que dice que era &ldquo;un pesimista, es decir, un portugu&eacute;s. El portugu&eacute;s es constitucionalmente pesimista&rdquo;, etc.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; III</p>
<p>Que no haya Naturaleza sino s&oacute;lo Historia, viene a ser, en pocas palabras, el tr&aacute;gico y dial&eacute;ctico prop&oacute;sito moderno &mdash;la modalidad espec&iacute;fica de tragedia, dir&iacute;amos&mdash; que se le presentar&aacute; a Unamuno bajo el horror de una idea del Tiempo en el que el pasado ha de ser tomado por pasado (&ldquo;el muerto al hoyo&hellip;&rdquo;, se dice en castellano): &ldquo;Lo pasado, pasado (&hellip;) &iexcl;Frases terribles &mdash;escribir&aacute;&mdash;. S&iacute;, para los que viven en el tiempo fugitivo, para los que pasan por su carrera como un m&oacute;vil por su trayectoria, como la tierra por su &oacute;rbita, perdiendo la pasada posici&oacute;n a cada posici&oacute;n nueva. Hay que vivir recogiendo el pasado, guardando la serie del tiempo, recibiendo el presente sobre el atesorado pasado, en verdadero progreso, no en mero proceso&rdquo;. Porque, &iquest;qu&eacute; pasa entonces &mdash;pensamos, invitados por Unamuno&mdash; con los otros, los amortizados, los que no interesan al argumento que es contado y ven c&oacute;mo su peripecia vuelve siempre al olvido y a la nada de la indiferenciaci&oacute;n de lo real? Ninguna luz de mundo alumbrar&aacute; su condici&oacute;n, ni podr&aacute;n invocar en su ayuda justicia alguna, que no sea, claro est&aacute;, la de Quien, precisamente y como se dice en el Evangelio, &ldquo;ve en lo escondido&rdquo;, en lo oculto al relumbr&oacute;n de gloria y desapercibido al tejido de la historia.</p>
<p>Al pasar un d&iacute;a por la peque&ntilde;a Guarda, sobre la l&iacute;nea de Beira, en lo que no era sino ciudad a trasmano o dejada de la mano de las gu&iacute;as de viaje, Unamuno se hace su pregunta: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; tendr&aacute; este Portugal &mdash;pienso&mdash; para as&iacute; atraerme? &iquest;Qu&eacute; tendr&aacute; esta tierra, por defuera riente y blanda, por dentro atormentada y tr&aacute;gica? Yo no s&eacute;; pero, cuanto m&aacute;s voy a &eacute;l &mdash;dice&mdash;, m&aacute;s deseo volver. He llegado a creer si no ser&aacute; que estos extremos occidentales se han dado de manos espirituales con los extremos orientales, los de la India, y han llegado al triste meollo de la sabidur&iacute;a, a la comprensi&oacute;n de la vanidad de todo esfuerzo&hellip;&rdquo; Y eso era sin duda, dicho en un solo pasaje, lo que Unamuno ya llevaba previsto desde adentro de sus ojos al acercarse a Portugal. &ldquo;Represent&aacute;rame Portugal &mdash;dice&mdash; como una hermosa y dulce muchacha campesina que da espaldas a Europa, sentada a orillas del mar, con los descalzos pies en el borde mismo donde la espuma, etc. (&hellip;). Porque para Portugal el sol no nace nunca; muere siempre en el mar que fue teatro de sus haza&ntilde;as y cuna y sepulcro de sus glorias.&rdquo; No ser&aacute; esta la &uacute;nica figura literaria bajo la que cree ver a los seres sin salvaci&oacute;n narrativas, los que no pueden esperar nada de ning&uacute;n progreso ni proceso; los reconocer&aacute; en <em>Constan&ccedil;a</em> de Eug&eacute;nio de Castro o en la igualmente pobr&iacute;sima Mariana del <em>Amor de perdi&ccedil;ao</em>, de Camilo Castelo Branco; as&iacute; que ya podemos saber que es en esta literatura rom&aacute;ntica y moderna portuguesa, habitada por los seres en desdicha a los que no espera ninguna redenci&oacute;n argumental, en la que concreta su aprecio Unamuno, en simetr&iacute;a con el desprecio que le merec&iacute;a la heroica, plat&oacute;nica o renacentista a la que como cualquier otro pa&iacute;s Portugal se hab&iacute;a afiliado en su Siglo de Oro. &ldquo;El culto del dolor &mdash;escribi&oacute;, tras decirnos en unas l&iacute;neas de esos seres especiales&mdash; parece ser uno de los sentimientos m&aacute;s caracter&iacute;sticos de este melanc&oacute;lico y saudoso Portugal&rdquo;. Porque el Unamuno de aquellos a&ntilde;os 1907 o 1908 es el pensador en quien ha hecho crisis la confianza en el optimismo progresivo de la raz&oacute;n liberal y su esquema repleto de conceptos sin actos o, lo que es lo mismo, de ideas sin cosas, desencarnadas, esenciales: &ldquo;mi idealismo, mi socialismo, mi anarquismo, mi fenomenismo&hellip;&rdquo;. Y es, adem&aacute;s, no un <em>huido</em> de la religi&oacute;n tradicional, sino un exilado, que supo, como sus hermanos mayores Agust&iacute;n, Pascal, Kierkegaard&hellip;, que el retorno intelectual a la confianza cordial (a la sencillez lenta, escondida, de la vida intrahist&oacute;rica) es imposible, que el jarr&oacute;n roto no podr&aacute; ser recompuesto, que no podremos simular no saber lo que sabemos y que en la reflexi&oacute;n no seremos nunca capaces de rescatar &ndash;&eacute;se es el loco sue&ntilde;o de las restauraciones&mdash; lo que la propia imaginaci&oacute;n reflexiva nos presenta como perdido con la acci&oacute;n ingenua o t&aacute;cita. Y &eacute;sa es la tragedia: &ldquo;&iexcl;Santa sencillez, una vez perdida no se recobra!&rdquo;, exclama en el <em>Diario</em>. As&iacute; que la tan reiterada alusi&oacute;n, en <em>Paz en la guerra, </em>novela del sitio carlista del Bilbao de 1874, a la &ldquo;trama lenta de la vida&rdquo; o a &ldquo;la marcha del telar de la vida ordinaria&rdquo;, apunta a quienes no tienen historia ni significan nada en ella (pese a que, como el muchacho protagonista, Ignacio, todo lo midan en la comparaci&oacute;n con esos personajes de la mitolog&iacute;a, la leyenda y la historia &eacute;pica que significan, en efecto, mucho o todo en <em>una</em> historia: Sans&oacute;n, Fierabr&aacute;s, Oliveros, Rold&aacute;n, Simbad, El Cid, Cabrera, o el bandido Jos&eacute; Mar&iacute;a mismo, tanto le da), pero por eso mismo <em>son</em> eternos, es decir, viven en esa eternidad de la vida tr&aacute;gicamente perdida para el que la piensa desde la historia. Si el lector recuerda la novela, tambi&eacute;n recordar&aacute; la fiesta, la verbena, la broma continua &mdash;la <em>comedia</em>&mdash; en que vive la gente an&oacute;nima del Bilbao sitiado mientras la historia corre, all&aacute; en el monte, de mano de la guerra. Las filosof&iacute;as dial&eacute;cticas, tanto como las propulsiones restauradoras, representan igualmente acciones puestas en marcha por la lanzadera de un conflicto de base, de alguna guerra; si tomamos como paradigma la operaci&oacute;n hegeliana b&aacute;sica, veremos al modelo estampar su patr&oacute;n sobre todas las r&eacute;plicas posteriores que pretendieron entender la realidad como un proceso argumental orientado a la reposici&oacute;n sint&eacute;tica de la totalidad, al rescate de algo perdido. Por el contrario, la novela de Unamuno quiere serlo de la paz, aunque &mdash;esto es lo tr&aacute;gico&mdash; quien reflexiona en ella est&eacute; tan lejos de la paz oscura y lenta de &ldquo;los silenciosos, la sal de la tierra, los que no gustan en la historia&hellip;&rdquo;.</p>
<p>En los tr&aacute;gicos poetas y escritores portugueses a los que toma, como a Kierkegaard, por hermanos (los suicidas Antero de Quental o Camilo Castelo Branco, los desesperados o desesperanzados Eug&eacute;nio de Castro o Teixeira de Pascoaes, en fin, en ese &ldquo;pueblo suicida&rdquo;), Unamuno pareci&oacute; encontrar a los &uacute;ltimos hombres dolientes, desgarrados, anteriores a los nuevos hombres adaptados (&ldquo;el hombre ideal del racionalismo es el hombre aut&oacute;mata &mdash;dice&mdash;, perfectamente adaptado al ambiente [todos cuyos] actos son reflejos, y como no hay roce alguno entre su proceso interior ps&iacute;quico y el proceso exterior o c&oacute;smico, [tampoco] hay conciencia). Es decir, que crey&oacute; encontrar a los &uacute;ltimos hombres anteriores al paso de la socializaci&oacute;n por Europa y al labrado que sobre Europa estaba haciendo la historia acelerada hacia un sint&eacute;tico e inmanente final feliz. &ldquo;El saber de la tragedia rebasa cualquier did&aacute;ctica&rdquo;, dec&iacute;a Paul Ricoeur, &ldquo;pero sin embargo ense&ntilde;a algo&rdquo;. Ese algo quiz&aacute; no consista, sin embargo, en <em>un saber</em>, al modo de alg&uacute;n conocimiento, sino en <em>saber</em>, sencillamente, de manera tal que, en la reflexi&oacute;n retrospectiva, la felicidad o la plenitud toman imagen de ignorancia. El suicida de la moderna literatura de la desesperaci&oacute;n se nos presenta como el descubridor, a trav&eacute;s de la raz&oacute;n cr&iacute;tica &mdash;su saber&mdash; de una verdad, por supuesto inexistente, a la que no obstante ha atribuido las notas de la Unidad perdida y las de una Justicia que tras inculpar al mundo de imperfecciones es capaz de condenarlo a la aniquilaci&oacute;n en aras de la implantaci&oacute;n de la plenitud. <em>Fiat iustitia et pereat mundus</em> es as&iacute; el inevitable lema nihilista y conclusivo de todas las acciones revolucionarias o restauradoras de la historia en el siglo XX; se puede escuchar en las propias palabras de Antero de Quental o en las de quien Unamuno llamaba &ldquo;el gran Camilo&rdquo; &mdash;insignes suicidas&mdash;, o en las continuas invocaciones de Teixeira, bastante nietzscheanas, a la fusi&oacute;n en el Uno originario, y tambi&eacute;n en las de &ldquo;la muerte libertadora&rdquo; de la que hablaba a Unamuno su fraterno corresponsal don Manuel Laranjeira.</p>
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<p>La famos&iacute;sima frase del tr&aacute;gico Macbeth acerca de la vida como &ldquo;un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia, que nada significa&rdquo;, nos habla, sin embargo, de una modalidad del Tiempo rebelde a ese destino pre-escrito y por lo general dorado de las narraciones argumentales, tal como se presentaba a la imaginaci&oacute;n anticipatoria de Lady Macbeth la coronaci&oacute;n de su esposo, tan envuelta en resplandores que era capaz de atraer la acci&oacute;n hasta su plenitud realizada, pero m&aacute;s exacta y elocuentemente se dice all&iacute; que &ldquo;hasta la s&iacute;laba final del tiempo escrito&rdquo;. Y est&aacute; bien dicho: &ldquo;la s&iacute;laba final del tiempo escrito&rdquo;; porque ese es el tiempo tr&aacute;gico y &eacute;pico, el de lo predicho y prefigurado en las historias, el opuesto a aquel otro tiempo vivo, libre, sin trama ni argumento que en efecto se parece m&aacute;s a &ldquo;un cuento contado por un bobo, lleno de ruido y de furia&rdquo;.</p>
<p>Adem&aacute;s del plantel de poetas y novelistas desesperados y suicidas, est&aacute; entre los dilectos de Unamuno aquel ilustre <em>historiador-artista</em> que dec&iacute;amos, Oliveira Martins. Oliveira fue muy amigo de Antero de Quental, pero la predilecci&oacute;n unamuniana no se debe, claro, a la cercan&iacute;a del poeta, sino al descubrimiento en el historiador, por decirlo as&iacute;, de alguna especie de resistencia al optimismo narrativo que los historiadores europeos de la &eacute;poca parecieron hacer suyo comanditariamente. Esto exige una cierta exploraci&oacute;n. Don Marcelino Men&eacute;ndez Pelayo, seg&uacute;n recuerda el propio Unamuno, puso al historiador portugu&eacute;s entre los que &eacute;l llamaba &ldquo;historiadores artistas&rdquo; y as&iacute;, bajo ese tipo o clase, es como primeramente lo menciona dando por bueno el ojo de don Marcelino. &iquest;Qui&eacute;nes son estos &ldquo;historiadores artistas&rdquo;? En un art&iacute;culo o breve ensayo que titul&oacute; <em>El pedestal</em>, dec&iacute;a Unamuno: &ldquo;Oliveira (&hellip;), uno de los m&aacute;s grandes historiadores artistas del pasado siglo, tan grande como Michelet o Taine, Macaulay, o Carlyle&hellip;&rdquo;. Lo primero para el encomio fue, pues, situarlo entre aquellos que practicaron el &ldquo;arte&rdquo; de <em>componer</em> la historia&nbsp; al modo de una trama argumental, &ldquo;escrita&rdquo; &mdash;como se dec&iacute;a en Macbeth&mdash; a manera de un relato consecuente. (As&iacute; pues, lo que es Historia para Hegel podr&iacute;a ser, en mucho, lo que era Poes&iacute;a para Arist&oacute;teles). No hacemos sin embargo m&aacute;s que pasar unas poqu&iacute;simas p&aacute;ginas y vemos que el todav&iacute;a algo joven catedr&aacute;tico de Salamanca se lo ha vuelto a pensar, para negar, finalmente, la calificaci&oacute;n de Men&eacute;ndez Pelayo. Su admirado Oliveira Martins no pod&iacute;a ser, en fin, uno de aquellos art&iacute;fices en cuya composici&oacute;n literaria aparece la vida purificada de carne y hueso y sacrificada, en suma, a un desenlace o a la gloria especulativa de un tiempo <em>escrito</em>, tal y como parec&iacute;a esperar, por ejemplo, Michelet que suceder&iacute;a cuando fuera zanjado el combate entre Cristianismo y Revoluci&oacute;n. (Es precisamente contra la poes&iacute;a teleol&oacute;gica, epis&oacute;dica y rom&aacute;ntica de aquella narrativa contra la que conspiraron despu&eacute;s, durante el siglo XX, todos los realismos historiogr&aacute;ficos o literarios o cinematogr&aacute;ficos que llegaron a su apogeo hacia la mitad de la centuria. Los historiadores anti-rom&aacute;nticos y anti-micheletianos de Annales, los narradores de la <em>nouvelle vague</em>, los pintores informalistas, surgieron en reacci&oacute;n <em>descriptiva</em> a los modos <em>narrativos </em>de las historia concatenadas seg&uacute;n acciones progresivas y amortizantes)<a title="" href="#_ftn2">[2]</a>. Y en 1923, fecha del pr&oacute;logo decisivo, Unamuno ya se ve capaz de echar los ojos hacia atr&aacute;s lo bastante como para ver que aquella de la novela bilba&iacute;na fue para &eacute;l la primera pero tambi&eacute;n la &uacute;ltima ocasi&oacute;n en que lo descriptivo (es decir, lo realista, lo c&oacute;mico) y lo narrativo (lo idealista, lo que&nbsp; mueve la acci&oacute;n) compartieron p&aacute;ginas de novela, porque a partir de entonces las tomar&aacute; como cosas de distinto g&eacute;nero; por un lado ir&aacute;n los libros de andar y ver, y por otro los de contar las historias: &ldquo;En esta novela &mdash;escribi&oacute; en aquel crucial pr&oacute;logo que dec&iacute;amos&mdash; hay pinturas de paisaje, y dibujo y colorido de tiempo y de lugar. Porque despu&eacute;s he abandonado este proceder forjando novelas fuera de lugar y tiempo determinados, en esqueleto, a modo de dramas &iacute;ntimos, y dejando para otras obras la contemplaci&oacute;n de paisaje y celajes y marinas&rdquo;. Y adem&aacute;s de darnos cuenta del deslinde de g&eacute;neros, tambi&eacute;n dice all&iacute; cu&aacute;l es el concreto precedente de sus meditaciones narratol&oacute;gicas: &ldquo;&hellip; al entregar de nuevo al p&uacute;blico, o mejor a la naci&oacute;n (&hellip;) este relato del m&aacute;s grande y fecundo episodio nacional&hellip;&rdquo;. As&iacute; que ser&iacute;a verdaderamente in&uacute;til intentar escapar a la indicaci&oacute;n que exactamente localiza en los <em>Episodios</em> as&iacute; llamados &ldquo;Nacionales&rdquo; por don Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s el modelo o peralte del otro episodio que Unamuno mismo dice haber escrito con <em>Paz en la guerra</em>, lo cual nos informa de su &iacute;ndole ir&oacute;nica o par&oacute;dica (y eso por si los propios episodios galdosianos no hubieran tenido un car&aacute;cter ya ir&oacute;nico con respecto a las cr&oacute;nicas de las gestas y los reyes, asimismo concatenadas, causales y, finalmente,&hellip; <em>epis&oacute;dicas</em>). No hace falta, por lo dem&aacute;s, rebuscar mucho para dar con uno al menos de los precisos <em>loci </em>en los que, tras la Primera Serie (la m&aacute;s rom&aacute;ntica, es decir, la m&aacute;s narrativamente &ldquo;art&iacute;stica&rdquo;), don Benito va modificando su perspectiva hasta dar cabo a la Segunda con una declarada voluntad <em>realista</em>, es decir, descriptiva, proclive a fijarse, sobre todo, en aquella otra &ldquo;vida lenta oscura y profunda&rdquo; de quienes no significan apenas nada para la Historia: unos veinte a&ntilde;os antes de que don Miguel escriba su novela, en cierta p&aacute;gina de <em>El equipaje del rey Jos&eacute;</em> y m&aacute;s o menos a la llegada de los franceses en huida a la Puebla de Arganz&oacute;n cuando la batalla de Vitoria, leemos que uno de los personajes dice: &ldquo;&iexcl;Si en la historia no hubiera m&aacute;s que batallas; si sus &uacute;nicos actores fueran las celebridades personales, cu&aacute;n peque&ntilde;a ser&iacute;a! Est&aacute; en el vivir lento y casi siempre doloroso de la sociedad, en lo que hacen todos y en lo que hace cada uno. En ella nada es indigno de la narraci&oacute;n, as&iacute; como en la naturaleza no es menos digno de estudio el olvidado insecto que la inconmensurable arquitectura de los mundos (&hellip;). Sabemos por los libros las acciones culminantes, que siempre son batallas, carnicer&iacute;as, horrendas, o empalagosos cuentos de reyes y dinast&iacute;as, que preocupan al mundo con sus ri&ntilde;as o con sus casamientos; y entretanto la vida interna permanece oscura, olvidada, sepultada&rdquo;. Y sigue: &ldquo;Pero la posteridad quiere registrarlo todo; excava, revuelve, escudri&ntilde;a, interroga los olvidados huesos sin nombre (&hellip;); y deseando ahondar lo pasado quiere hacer revivir ante s&iacute; a otros grandes actores del drama de la vida, a aquellos para quienes todas las lenguas tienen un vago nombre, y la nuestra llama Fulano y Mengano&hellip;&rdquo;. Y a Fulano y Mengano a la fuerza es por lo dem&aacute;s que los veamos aqu&iacute;, no ya como de la misma familia de aquel O Solo que tocaba en la verbenas de Celanova y sus parroquias, excluido de la historia del lugar, sino a los tres como entre &ldquo;los incontables&rdquo; en cuya tumba sin gloria est&aacute;n llamados a descansar igualmente Constan&ccedil;a y Mariana, el Ignacio de <em>Paz en la guerra</em> y el propio Salvadorillo Monsalud que tan se siente expulsado de su bando como para acabar militando a favor de franceses. &ldquo;Era aquello &mdash;dice el mismo Salvador en el episodio siguiente, <em>La segunda casaca</em>&mdash; como el despertar un sainete despu&eacute;s de haber so&ntilde;ado tragedias&rdquo;. As&iacute; que comedia es, pues, y bien tr&aacute;gica, por dolorosa y sangrienta, la historia moderna, s&oacute;lo presta a la descripci&oacute;n realista, est&aacute;tica y puramente <em>mat&eacute;rica</em> (como se dec&iacute;a de las pinturas de los a&ntilde;os 50 en las que no hab&iacute;a nada que contar y todo por describir), tras que todos los relatos &ldquo;art&iacute;sticos&rdquo; hayan resultado gangrenados por la sospecha. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
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<p>Ram&oacute;n G&oacute;mez de la Serna vio en su <em>Automoribundia</em> a Portugal como &ldquo;una ventana hacia un sitio con m&aacute;s luz, hacia un m&aacute;s all&aacute; m&aacute;s plet&oacute;rico&rdquo;. Pero en el pr&oacute;logo escrito para presentar una edici&oacute;n de <em>Por tierras de Portugal y Espa&ntilde;a</em> record&oacute; haber visto, desde el autob&uacute;s que part&iacute;a de la plaza de la catedral de Salamanca al despunte del alba, a los mendigos que quedaban atr&aacute;s, al sol de las piedras, convertidos en encarnaciones personales de la eternidad. Aquellos mendigos, me hago yo idea que pensaba Ram&oacute;n, <em>son</em> la eternidad porque no significan nada en ninguna disposici&oacute;n argumental del tiempo; as&iacute; que resulta bastante inocuo y absurdo hacerles, cuando el autob&uacute;s arranca, un gesto de despedida; ellos no ocupan ning&uacute;n puesto en una l&iacute;nea de cifras dispuestas seg&uacute;n la distribuci&oacute;n sucesiva de las fechas y ante ellos no puede haber adi&oacute;s o bienvenida porque no los dejamos atr&aacute;s cuando partimos, ni podemos esperar hallarlos, all&aacute; adelante, cuando el viaje llegu&eacute; al final.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Los incontables&rdquo; se titula un par&aacute;grafo del libro de Jos&eacute; Luis Pardo <em>La intimidad</em>, (Pre-Textos, 1996, p. 208), en el que explor&oacute;, con tino admirable, la condici&oacute;n de quienes, precisamente y a fuerza de no pintar nada en historia ninguna, no tienen nada que contar y de ellos apenas se puede contar nada, excepci&oacute;n hecha, claro, de esa misma carencia de papel propio en ning&uacute;n argumento. Pero eso ya no ser&iacute;a contar o narrar, de ah&iacute; que &ldquo;los incontables&rdquo; resulten &uacute;nicamente accesibles a la descripci&oacute;n &mdash;lo que no se cuenta&mdash;, es decir, a esa relaci&oacute;n de caracteres que conforma lo que en espa&ntilde;ol llamamos su &ldquo;pinta&rdquo;.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;Aunque, en realidad, la descripci&oacute;n se hab&iacute;a hecho reina de la literatura ya en el mismo siglo anterior. <em>La educaci&oacute;n sentimental</em> puede muy bien ser le&iacute;da como la novela paradigm&aacute;tica de los objetos y su acumulaci&oacute;n fortuita sobre las consolas de 1840, con tant&iacute;simas p&aacute;ginas que parecen apuntar a aquella &ldquo;enumeraci&oacute;n infinita &ldquo; en la que para Albert Camus habr&iacute;a de acabar un realismo que fuera llevado a su colmo; de hecho, a ese &aacute;lgido extremo de la descripci&oacute;n acumulativa lleg&oacute;, me parece a m&iacute;, esa nueva tradici&oacute;n, en <em>La vida instrucciones de uso</em>, de Georges Perec (&uacute;til tambi&eacute;n para comprobar que realismo y realidad no siempre son t&eacute;rminos mutuamente condicionados). Para se&ntilde;alar alg&uacute;n apogeo de lo descriptivo &mdash;que es el de lo fortuito&mdash; frente a las acciones narrativas y concatenadas en las letras en espa&ntilde;ol, quiero acordarme de dos ejemplos: el de los poemas as&iacute; construidos como enumeraciones por Jorge Luis Borges y el de la peripecia familiar, por lo dem&aacute;s sin trama ninguna, que Jos&eacute; Emilio Buruc&uacute;a, tambi&eacute;n argentino, fue desgranando al escribir <em>La enciclopedia B-S</em>. (Perif&eacute;rica, 2011).</p>
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      <pubDate>Mon, 04 Sep 2017 07:46:40 +0000</pubDate>
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      <title><![CDATA[Juan Marsé: "La literatura española actual goza de buena salud"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/juan-marse-la-literatura-espanola-actual-goza-de-buena-salud/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/Julio/JUAN_MARS_3.jpg" alt="" /></p>
<p>Para un cl&aacute;sico de la novela espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea como Juan Mars&eacute;, cada a&ntilde;o que pasa deviene en conmemoraci&oacute;n. Si en el 2016 celebramos con una reedici&oacute;n el medio siglo de <em>&Uacute;ltimas tardes con Teresa</em>, el cap&iacute;tulo de efem&eacute;rides se completar&iacute;a con los cuarenta a&ntilde;os de la publicaci&oacute;n en Espa&ntilde;a de <em>Si te dicen que ca&iacute;</em>. Ambos t&iacute;tulos, capitales en la obra de Mars&eacute;, sufrieron el acecho de la censura franquista. Saltarse el l&aacute;piz rojo del censor de turno era mucho m&aacute;s duro que la tarea de escribir. Pese a las lecturas del marxismo, que pretend&iacute;a ver en el Pijoaparte la encarnaci&oacute;n de la conciencia de clase, era el sexo lo que realmente perturbaba a los censores, mucho m&aacute;s que el antifranquismo. M&aacute;s que las connotaciones pol&iacute;ticas, al Director General de Informaci&oacute;n, Carlos Robles Piquer, le preocupaba sobre todo que Mars&eacute; cambiara la palabra &ldquo;muslo&rdquo; por &ldquo;antepierna&rdquo;.</p>
<p>Y otro reconocimiento. Nuestro premio Cervantes 2009 recibi&oacute; el pasado 13 de octubre el Premio Liber 2016 al autor hispanoamericano m&aacute;s destacado como reconocimiento a su "trayectoria con proyecci&oacute;n universal vinculada a sus ra&iacute;ces barcelonesas".</p>
<p>El escritor recuerda cuando el periodista Manuel del Arco le comunic&oacute; que <em>&Uacute;ltimas tardes con Teresa</em> hab&iacute;a ganado el premio Biblioteca Breve y la prensa le esperaba en el museo Mar&eacute;s. Mar&eacute;s&hellip; Mars&eacute;. Personajes de novela como Manolo el Pijoaparte, intentando cambiar la barraca del Carmelo por una torre burguesa de Sarri&agrave;. El murciano, ese ep&iacute;gono bronceado y suburbial del Julien Sorel stendhaliano; o la rubia Teresa, a la que presenta &ldquo;con un pa&ntilde;uelo rojo asomando por el bolsillo de su gabardina blanca y con una temblorosa disposici&oacute;n musical en las piernas&rdquo;.</p>
<p>Cuando Seix Barral reedit&oacute; <em>&Uacute;ltimas tardes con Teresa -</em>ahora se ha vuelto a reeditar en su cincuentenario con una nueva portada- Arturo P&eacute;rez Reverte elogi&oacute; en el pr&oacute;logo el car&aacute;cter inmarcesible de la novela: &ldquo;Sigue tan fresca como cuando fue escrita. Ni siquiera los imb&eacute;ciles que entonces perdonaron a rega&ntilde;adientes la vida a su autor, los resentidos o los par&aacute;sitos que viven de explicar c&oacute;mo escribir&iacute;an ellos -si quisieran- los libros que escriben otros, se atreven ya a discutir que Manolo Reyes, alias <em>Pijoaparte</em>, es uno de los personajes mejor trazados en la literatura espa&ntilde;ola de la segunda mitad del siglo XX&rdquo;.</p>
<p>Si los encontronazos con el l&aacute;piz rojo se saldaron favorablemente en <em>&Uacute;ltimas tardes con Teresa</em> &ndash;ganadora del Biblioteca Breve del 65 y publicada en el 66 por Seix Barral-, no sucedi&oacute; lo mismo con <em>Si te dicen que ca&iacute;</em>. La novela hubo de ver la luz en M&eacute;xico y no se edit&oacute; en Espa&ntilde;a hasta 1976. De todo ello heos conversado con el escritor.</p>
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<p><strong>&ldquo;<em>Si te dicen que ca&iacute;</em> signific&oacute; una b&uacute;squeda de nuevas formas y estructuras narrativas&rdquo;</strong></p>
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<p>- &iquest;Qu&eacute; representaron <em>&Uacute;ltimas tardes con Teresa</em> y <em>Si te dicen que ca&iacute;</em> en su producci&oacute;n literaria?</p>
<p><em>-Ultimas tardes con Teresa</em> significa para m&iacute;, entre muchas otras cosas relacionadas con su primordial impulso narrativo, una manera de agradecer y homenajear la gran novela del siglo XIX, la que en mis lecturas adolescentes me abri&oacute; el camino hacia le verdadera literatura. En cuanto a <em>Si te dicen que ca&iacute;</em>, se trata de una novela que, m&aacute;s all&aacute; de sus primeros buceos en la memoria personal, m&aacute;s all&aacute; del deseo de recuperar la libertad y los sue&ntilde;os mediante las voces infantiles que recreaban la derrota cotidiana de la Espa&ntilde;a infausta de los a&ntilde;os cuarenta, signific&oacute; una b&uacute;squeda de nuevas formas y estructuras narrativas, apoy&aacute;ndome en las <em>aventis</em>, un juego que los chavales de mi barrio convirtieron en arte. Las <em>aventis</em>, relatos inventados que conten&iacute;an hechos reales o casi, est&aacute;n ah&iacute; al servicio del asunto nuclear de la novela: la imaginaci&oacute;n infantil reelaborando, mediante mentiras, la triste realidad de la dictadura franquista.&nbsp;</p>
<p>-<em>Si te dicen que ca&iacute;</em> vio la luz en M&eacute;xico, al no poder pasar la censura franquista. &iquest;C&oacute;mo surgi&oacute; esa posibilidad editorial?</p>
<p>-En 1973, un amigo me dio a leer en un peri&oacute;dico la convocatoria del Premio Internacional de Novela M&eacute;xico convocado por vez primera por Editorial Novaro. Yo ten&iacute;a la novela terminada y la total convicci&oacute;n de que la censura franquista no permitir&iacute;a su publicaci&oacute;n en Espa&ntilde;a, as&iacute; que, de acuerdo con mi agente Carmen Balcells, decid&iacute; probar y la envi&eacute; a M&eacute;xico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Conoc&iacute; personalmente a Bu&ntilde;uel en M&eacute;xico, &iexcl;que t&iacute;o m&aacute;s listo!&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; sinti&oacute; al ganar el Premio Internacional de Novela de M&eacute;xico?</p>
<p>- Signific&oacute; la posibilidad de ver publicada una novela que en Espa&ntilde;a no ver&iacute;a la luz hasta 1976, despu&eacute;s de la muerte de Franco. Signific&oacute; un premio de 10.000 d&oacute;lares, visitar M&eacute;xico por vez primera y conocer personalmente a Juan Rulfo y a Luis Bu&ntilde;uel.</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo recuerda aquellos encuentros?</p>
<p>-Fui invitado a la proyecci&oacute;n privada de un documental y en la entrada me presentaron a Bu&ntilde;uel. Le coment&eacute; que en mi viaje a M&eacute;xico hice escala en Paris y en un cine del barrio latino hab&iacute;a visto su &uacute;ltima pel&iacute;cula, <em>El discreto encanto de la burgues&iacute;a</em>, que fue aplaudida. &ldquo;&iquest;S&iacute;?&rdquo;, me dijo Bu&ntilde;uel muy interesado, &ldquo;&iquest;y hab&iacute;a mucha gente?&rdquo; &ldquo;Bueno, el cine estaba lleno&rdquo;, le respond&iacute;. &ldquo;Ya&rdquo;, repuso &eacute;l, &ldquo;pero esos cines del Barrio Latino son tan peque&ntilde;os...&rdquo; coment&oacute; con una sonrisa esc&eacute;ptica. Poco despu&eacute;s, iniciada la proyecci&oacute;n del documental, bastante plasta y dedicado a la mayor gloria del pintor Gironella, amigo de Bu&ntilde;uel y tambi&eacute;n en la sala, el cineasta aragon&eacute;s, sentado en la fila de butacas delante de la m&iacute;a, se levant&oacute; encorvado y apret&aacute;ndose el est&oacute;mago con la mano y exclam&oacute; con ronco y teatral vozarr&oacute;n: &ldquo;Me duele mucho la barriga&rdquo;, y se despidi&oacute; de aquella encerrona y se larg&oacute;. Y yo me dije: &iexcl;Qu&eacute; t&iacute;o m&aacute;s listo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Juan Rulfo, un genio</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Y Juan Rulfo?</p>
<p>-Le conoc&iacute; durante una cena a la que me invit&oacute; un amigo suyo, y en la que, nunca lo olvidar&eacute;, el autor de <em>Pedro P&aacute;ramo</em> se present&oacute; con su ejemplar de <em>&Uacute;ltimas tardes con Teresa</em> para que se lo dedicara. Nos cont&oacute; que hab&iacute;a dejado de beber y pidi&oacute; una coca-cola, la &uacute;nica que hab&iacute;a en la casa, pero durante la cena se las apa&ntilde;&oacute; para simular que su codo tropezaba accidentalmente con la botella y la hac&iacute;a caer al suelo, por lo que pidi&oacute; disculpas y un vasito de vino, ya que no hab&iacute;a otra cosa&hellip; Un genio.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; conserva en la memoria del M&eacute;xico de los primeros a&ntilde;os setenta?</p>
<p>-La cortes&iacute;a de la gente y ciertos resabios machistas.</p>
<p>-<em>Si te dicen que ca&iacute;</em> padeci&oacute; un via crucis censor y, digamos, algunos problemas tipogr&aacute;ficos. &iquest;Se puede considerar la m&aacute;s accidentada de sus novelas?</p>
<p>-Sin duda. Con Carlos Robles Piquer, el m&aacute;ximo responsable de la censura en los a&ntilde;os sesenta, hab&iacute;a ya entablado relaci&oacute;n para levantar la prohibici&oacute;n de <em>Ultimas tardes con Teresa</em>, y lo consegu&iacute;, pero con Ricardo de la Cierva, su sucesor en el cargo en la d&eacute;cada siguiente, todos mis intentos para que autorizara la publicaci&oacute;n en Espa&ntilde;a de <em>Si te dicen que ca&iacute;</em> fueron in&uacute;tiles. Me minti&oacute;. Me dijo que estaba haciendo lo imposible para conseguir el visto bueno de altas instancias, cuando, lo supe a&ntilde;os despu&eacute;s, no hizo absolutamente nada. La novela no se publicar&iacute;a en Espa&ntilde;a hasta tres a&ntilde;os despu&eacute;s de la primera edici&oacute;n mexicana, es decir, en 1976. Como he dicho, un a&ntilde;o despu&eacute;s de la muerte de Franco.</p>
<p>-En 1997 recogi&oacute; el premio que lleva el nombre del autor de <em>Pedro P&aacute;ramo</em>. &iquest;Era la culminaci&oacute;n de su larga relaci&oacute;n con M&eacute;xico?</p>
<p>-Ese premio fue una grat&iacute;sima sorpresa y una alegr&iacute;a muy &iacute;ntima y personal, pues llevaba el nombre de mi admirado maestro Juan Rulfo. Despu&eacute;s he visto que el nombre del Premio Juan Rulfo ha sido sustituido por el Premio Feria del Libro de Guadalajara, y no conozco la raz&oacute;n de ese cambio, que lamento. Yo me quedo con el Premio Rulfo, que signific&oacute; tanto para m&iacute;.</p>
<p>-Adem&aacute;s de Juan Rulfo, &iquest;qu&eacute; autores le han interesado m&aacute;s de la literatura mexicana?</p>
<p>-No estoy al corriente de muchos autores actuales. He conocido y admirado a Jos&eacute; Emilio Pacheco, a Sergio Pitol, a Federico Campbell, a Jorge Ibarg&uuml;engoitia, a Monterroso.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; recepci&oacute;n ha tenido su obra en Hispanoam&eacute;rica?</p>
<p>-No tengo ni idea. S&eacute; que ha interesado a algunas personas.</p>
<p>Y seguimos con las conmemoraciones. En 2017 se cumplir&aacute;n sesenta a&ntilde;os del primer art&iacute;culo de Mars&eacute;. Lo public&oacute; en la revista Arcinema. Era el kil&oacute;metro cero de una faceta period&iacute;stica que culmin&oacute; en los a&ntilde;os setenta en revistas como Don, Bocaccio -cabecera de la <em>gauche divine</em> que comandaba Oriol Reg&agrave;s- y en los turbulentos a&ntilde;os de la Transici&oacute;n en la revista Por Favor &ndash;permanentemente acosada por expedientes y multas administrativas- con dos secciones memorables: <em>Confidencias de un chorizo</em> y <em>Se&ntilde;oras y se&ntilde;ores. </em>En la &uacute;ltima entrega de la secci&oacute;n -retomada en los a&ntilde;os ochenta en el diario El Pa&iacute;s- Mars&eacute; esboza su autorretrato: &ldquo;No ha tenido mucho gusto de haberse conocido, habr&iacute;a preferido pasar de largo de s&iacute; mismo&hellip; El tipo es bajo, desma&ntilde;ado poco hablador, taciturno y burl&oacute;n. No se considera un intelectual, y soporta mal que lo traten como si lo fuera. Ama las tabernas y las papeler&iacute;as de barrio y los flancos luminosos de los quioscos que exhiben tebeos y novelas baratas de aventuras. Las banderas le producen aut&eacute;ntico terror. Come ensaladas y escribe a mano&rdquo;.</p>
<p>El escritor se confesaba en el documental de Xavier Robles <em>Un jard&iacute;n con ranas de cart&oacute;n</em> m&aacute;s deudor del cine que de la literatura y recordaba su condici&oacute;n de hijo adoptivo &ldquo;una historia que ser&iacute;a novela aparte que no voy a escribir nunca&rdquo;. Una historia que reconstruy&oacute; con todo detalle Josep Maria Cuenca en la biograf&iacute;a <em>Mientras llega la felicidad</em>, de 2015. El t&iacute;tulo alude a la afirmaci&oacute;n de un escritor que imprime car&aacute;cter a cada novela: &ldquo;Los momentos m&aacute;s felices de la vida se dan cuando uno consigue dejar de pensar en s&iacute; mismo&rdquo;.&nbsp; En el citado documental de Robles, Mars&eacute; ya avanzaba unas cuartillas de lo que iba a ser su pr&oacute;xima novela. Con una foto de Robert-Louis Stevenson en la estanter&iacute;a y el lema que preside su despacho &ndash;&ldquo;El esmero es la &uacute;nica convicci&oacute;n moral del escritor&rdquo;- le&iacute;a un fragmento de carga autobiogr&aacute;fica que reflejaba a las claras sus encontronazos con los responsables de la mala fortuna de sus novelas en la gran pantalla... esos que &eacute;l llama &ldquo;peliculeros&rdquo;. Los directores de cine han provocado serios desperfectos en la adaptaci&oacute;n de sus novelas: Jordi Cadena, Gonzalo Herralde, Vicente Aranda, Fernando Trueba... Pero de todos los que engloba bajo el ep&iacute;grafe de &ldquo;peliculeros&rdquo;, el que m&aacute;s da&ntilde;o le hizo fue el productor Andr&eacute;s Vicente G&oacute;mez cuando se carg&oacute; el gui&oacute;n de &ldquo;el embrujo de Shanghai&rdquo; de V&iacute;ctor Erice que acab&oacute; rodando Trueba con los resultados -malos- de todos conocidos.</p>
<p>En el verano del 82, el narrador de la novela se encuentra con un productor &ldquo;prepotente y mercachifle&rdquo; y el director Juan Antonio Bertr&aacute;n, &ldquo;distinguida gloria del cine espa&ntilde;ol de los a&ntilde;os cincuenta&rdquo;. Ambos &ldquo;peliculeros&rdquo; se proponen llevar a la pantalla un guion basado en un hecho real acaecido en 1949: una prostituta estrangulada en la cabina de proyecci&oacute;n del cine Delicias. La descripci&oacute;n no deja dudas sobre la identidad del director que inspira el personaje: &ldquo;Autor de una filmograf&iacute;a muy cr&iacute;tica con la Dictadura, valiente y bien intencionada pero, lamento decirlo, bastante plasta. Las orejeras ideol&oacute;gicas de este director constri&ntilde;eron su indudable talento y todas sus pel&iacute;culas de denuncia, tan celebradas anta&ntilde;o, adolecen de una fastidiosa monserga ideol&oacute;gica y pol&iacute;tica. Han envejecido mal debido a su didactismo maniqueo y hoy lucen unos resabios panfletarios marca PCE que dan grima&rdquo;. Mars&eacute; nos presenta a Bertr&aacute;n (Bardem) &ldquo;muy a gusto bordeando el panfleto y, seg&uacute;n pude comprobar en nuestra primera entrevista, segu&iacute;a empe&ntilde;ado en ello&rdquo;.</p>
<p>Finalmente, la primera novela que Mars&eacute; public&oacute; desde la concesi&oacute;n del premio Cervantes &ndash;<em>Caligraf&iacute;a de los sue&ntilde;os</em> (2011)- no se refer&iacute;a a los &ldquo;peliculeros&rdquo; sino a los personajes de posguerra que segu&iacute;an transitando por el Carmelo y las empinadas calles de adoqu&iacute;n del barrio de Gracia y el parque G&uuml;ell. Ringo se llama el adolescente quincea&ntilde;ero que nos remite al propio Mars&eacute; y esos padres adoptivos de esa historia personal que nunca iba a ser una novela pero que atraviesa todas sus ficciones.</p>
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<p><strong>&ldquo;Yo sigo dando m&aacute;s cr&eacute;dito a la ficci&oacute;n que a eso que llamamos realidad&rdquo;</strong></p>
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<p>- &iquest;<em>Caligraf&iacute;a de los sue&ntilde;os</em> es su novela m&aacute;s autobiogr&aacute;fica? Esa evocaci&oacute;n del anticlericalismo paterno, de la madre enfermera, del taller de joyer&iacute;a y el tostadero donde trabaja Ringo...</p>
<p>-Me gustar&iacute;a afirmar que todo es inventado. Me gustar&iacute;a jurarlo. Porque tendr&iacute;a m&aacute;s m&eacute;rito, y a menudo, m&aacute;s solvencia. Porque en este pa&iacute;s, despu&eacute;s de lo visto y o&iacute;do &ndash;y lo que nos queda por ver y o&iacute;r, me temo-, yo sigo dando m&aacute;s cr&eacute;dito a la ficci&oacute;n que a eso que llamamos realidad. Pero s&iacute;, algo de eso que todos hemos convenido en llamar realidad testimonial est&aacute; en algunos episodios de la novela. Algunas situaciones retocadas, reinventadas, otras tan ver&iacute;dicas y asombrosamente vividas que a m&iacute; mismo me cuesta creer que ocurrieran.</p>
<p>-Obsesionado por las &ldquo;ratas azules&rdquo; que infestan los cines de barrio en la posguerra, el padre de Ringo se adscribe al bando de los vencidos pero su hijo no comparte esa asunci&oacute;n de la derrota e intenta buscar su propio futuro. En sus novelas anteriores la figura del padre no aparec&iacute;a con tanto detalle introspectivo.</p>
<p>-Mi padre constituye en varias de mis novelas un cierto subtema: el de una ausencia, una no presencia que de alg&uacute;n modo se nota. El padre ausente est&aacute; siempre ah&iacute;, es una constante, pero nunca el tema central. En <em>Caligraf&iacute;a de los sue&ntilde;os</em> est&aacute; m&aacute;s presente y activo, pero sigue siendo un personaje del que no hay que fiarse mucho, aunque es un hombre de palabra. En realidad, sigue siendo un fantasma, pero se deja ver m&aacute;s, y sus actos son menos de fiar que sus palabras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me entiendo bien con los perdedores&rdquo;</strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p>- &iquest;De entre sus personajes novelescos, &iquest;con cu&aacute;l de ellas se siente m&aacute;s identificado?</p>
<p>-Me entiendo bien con los perdedores. Con la desdichada Montse, con el exboxeador Jan Julivert Mon, con el pirado capit&aacute;n Blay, con la prostituta Balbina, con el Pijoaparte y con la criada Maruja, con Sarnita y con todos aquellos chavales de cabeza rapada que contaban historias sentados en las aceras del barrio en <em>Si te dicen que ca&iacute;</em>.</p>
<p>-Despu&eacute;s de <em>Caligraf&iacute;a de los sue&ntilde;os</em> lleg&oacute; el relato <em>Noticias felices en aviones de papel. </em>&iquest;C&oacute;mo naci&oacute; esa historia?</p>
<p>-De la fotograf&iacute;a en portada de un libro sobre el gueto de Varsovia, editado por Wydawnictwo Parma Press, con textos y fotos del Instituto Jud&iacute;o de Historia. Me impresion&oacute; la mirada de unos chavales descalzos y harapientos sentados en el bordillo de la acera, me trajo recuerdos de la posguerra en Barcelona. Yo hab&iacute;a visitado Varsovia a&ntilde;os atr&aacute;s y estuve en la &uacute;nica calle que se conservaba del gueto, muy parecida a la calle Nowolipie que aparec&iacute;a en la foto. Adem&aacute;s de evocar la calle mediante una invenci&oacute;n, quer&iacute;a contar algo sobre una anciana de vida supuestamente fr&iacute;vola que evoca dolorosos fantasmas y un muchacho solitario que debe aprender a ser una persona solidaria y tolerante.</p>
<p>-De nuevo los trazos del Mars&eacute; adolescente. Sue&ntilde;os, tebeos, padre huidizo... &iquest;La adolescencia permite m&aacute;s sinceridad a la hora de narrar?</p>
<p>-Tengo mis dudas acerca de c&oacute;mo narrar desde el punto de vista de un adolescente. &iquest;Esta novelita ostenta ese punto de vista? No estoy seguro. Me manejo muy mal con las teor&iacute;as. El protagonista es un chaval de quince a&ntilde;os, de acuerdo, pero no es ese chaval el que cuenta lo que pasa. Si fuera as&iacute;, seg&uacute;n yo lo entiendo, se deber&iacute;an haber respetado ciertas normas... Pero salgamos de la cocina del escritor, que siempre est&aacute; llena de humo y de olores a refritos diversos.</p>
<p>-La anciana polaca quiere hacer aviones de papel con buenas noticias... Al final califica este pa&iacute;s de &ldquo;grit&oacute;n y malhablado&rdquo; &iquest;Es una alusi&oacute;n al periodismo de trinchera que de los tertulianos?</p>
<p>-La se&ntilde;ora se queja de que en los peri&oacute;dicos no hay muchas noticias felices para los ni&ntilde;os, ni para los adultos, pod&iacute;a haber a&ntilde;adido; dice que este es un pa&iacute;s grit&oacute;n y malhablado y acusa a la prensa escrita de lo mismo, cuando en realidad esa descalificaci&oacute;n la merece mucho m&aacute;s la radio y la televisi&oacute;n con sus chillonas, vacuas, carro&ntilde;eras e inc&iacute;vicas tertulias.</p>
<p>-Uno de sus personajes afirma que &ldquo;la memoria es una abeja muerta que nos acaba picando&rdquo;. &iquest;A qu&eacute; se refiere?</p>
<p>-Proviene de una frase del viejo Walter Brennan en una pel&iacute;cula de Howard Hawks: &ldquo;&iquest;A usted nunca le ha picado una abeja muerta?&rdquo; Pero no me pregunte qu&eacute; significa...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Mi estampa predilecta de un escritor sigue siendo la imagen de un hombre solitario bati&eacute;ndose con el lenguaje&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; papel ha de asumir el escritor en estos tiempos de comercialismo a la desesperada y pirater&iacute;a digital rampante?</p>
<p>-La imagen del escritor comprometido hoy se considera poco menos que una reliquia, y lo que en todo caso priva es el intelectual al servicio del poder, el figur&oacute;n pesebrero, un monigote bien relacionado para captar prebendas. El verdadero intelectual pinta poco, y con gobiernos mercachifles que desprecian la cultura, a&uacute;n pinta menos... Mi estampa predilecta de un escritor sigue siendo la de siempre, la de una foto de Balzac que ten&iacute;a cuando era chaval, un Balzac en camis&oacute;n escribiendo a la luz de una vela, es decir, la imagen de un hombre solitario bati&eacute;ndose con el lenguaje.</p>
<p>Corr&iacute;a 2014 y la que hasta el momento es la &uacute;ltima novela de Mars&eacute; andaba por los cien folios. El t&iacute;tulo original se modific&oacute; levemente &ndash;de <em>Una puta muy querida</em> a <em>Esa puta tan distinguida</em>-, o la novela sobre la desmemoria que, tambi&eacute;n, nos acaba picando cual abeja muerta. La reconstrucci&oacute;n del crimen de una prostituta &ndash;a cargo del hombre que la mat&oacute;, trasunto del asesino de aquella Carmen Broto que inspir&oacute; <em>Si te dicen que ca&iacute;</em>- ha de nutrir el gui&oacute;n de una pel&iacute;cula que acabar&aacute; siendo otra cosa para desesperaci&oacute;n del guionista. El ajuste de cuentas con los &ldquo;peliculeros&rdquo; sirve a Mars&eacute; para abordar &ldquo;las a&ntilde;agazas y las trampas que nos tiende la memoria, sea esta hist&oacute;rica o personal&rdquo;. En un principio, <em>Esa puta tan distinguida</em> deb&iacute;a formar parte de <em>Caligraf&iacute;a de los sue&ntilde;os</em> pero tom&oacute; tanto vuelo que el autor decidi&oacute; que ser&iacute;a otra novela. Reaparecen personajes, como el falangista y la se&ntilde;ora Mir con la cabeza sobre los ra&iacute;les del tranv&iacute;a en la calle Torrente Flores. La realidad como semillero de la ficci&oacute;n. En <em>Esa puta tan distinguida</em>, apunta Mars&eacute;, podr&iacute;a pesar m&aacute;s la realidad que la ficci&oacute;n pero solo en apariencia: &ldquo;Hay algunos toques a lo real bastante evidentes, todos en clave de humor, pero yo considero mucho m&aacute;s solvente la parte inventada, porque es la que afecta al nervio central de la novela&rdquo;.</p>
<p>-Su valoraci&oacute;n, tan negativa, de las adaptaciones de sus obras al cine y de su experiencia en el trabajo cinematogr&aacute;fico se deja notar...</p>
<p>-Pero no es el asunto central de la novela. Cualquiera que haya escrito para el cine sabe eso: no pocas expectativas se pueden frustrar, por falta de entendimiento o por intereses ajenos, por motivos comerciales o por desidia.</p>
<p>-El juicio sobre el cine espa&ntilde;ol que se desprende de la novela es demoledor.</p>
<p>-El cine espa&ntilde;ol me ha planteado siempre, incluso sus mejores pel&iacute;culas, un problema de credibilidad. No s&eacute; exactamente a qu&eacute; se debe. Se trata de un antiguo desencuentro con lo m&aacute;s cre&iacute;ble y cercano, lo que las personas solemos hacer todos los d&iacute;as en la realidad, que puede se incre&iacute;ble y absurda, por supuesto, pero &ldquo;incre&iacute;blemente cre&iacute;ble&rdquo;. Hay excepciones como las pel&iacute;culas de Berlanga, Erice, Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n, Jos&eacute; Luis Borau, Jos&eacute; Luis Cuerda y, sobre todo, las de Luis Bu&ntilde;uel, incluidas las mexicanas, donde los actores suelen ser incre&iacute;bles, pero las pel&iacute;culas son perfectamente cre&iacute;bles.</p>
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<p><strong>&ldquo;Escribo porque estoy en descuerdo con un mundo que no est&aacute; bien parido&rdquo;</strong></p>
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<p>- &iquest;Qu&eacute; escritores le han ayudado m&aacute;s a reinventarse a s&iacute; mismo?</p>
<p>-Baroja, Gald&oacute;s, Stevenson, Dickens, Cervantes, Rodoreda, Stendhal, Tolstoi, Ch&eacute;jov, Hemingway, Cheever, Faulkner, Chesterton, Rulfo, Onetti, Margarit, Mendoza, Gil de Biedma, Ferrater, Simenon, Coetzee... Y Proust, Flaubert, Kafka, Pla, Scott Fitzgerald, Nabokov, Carver, Vila Matas, Lowry, Machado (Antonio), Capote, Cernuda, P&agrave;mies, Melville, Borges y Flannery O&rsquo;Connor.</p>
<p>- &iquest;Y c&oacute;mo contempla la literatura espa&ntilde;ola actual?</p>
<p>- Quiz&aacute; necesite menos adjetivos y m&aacute;s sustantivos, pero en mi opini&oacute;n goza de buena salud.</p>
<p>Despu&eacute;s de publicar <em>Esa puta tan distinguida</em>, Juan Mars&eacute; ya trabaja en otros proyectos novelescos que, por supuesto, no nos va a desvelar: &ldquo;El porqu&eacute; escribe uno tiene cincuenta mil respuestas. Yo, porque no s&eacute; hacer otra cosa... O porque estoy en desacuerdo con un mundo que no est&aacute; bien parido: la ficci&oacute;n ofrece alternativas a esa realidad que no gusta&rdquo;.</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 03 Jul 2017 08:05:42 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ângelo de Lima, loco oficial de Orpheu]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/angelo-de-lima-loco-oficial-de-orpheu/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2017/_NGELO_DE_LIMA.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;"><strong></strong>&Acirc;ngelo Vaz Pinto Azevedo Coutinho de Lima, m&aacute;s conocido como &Acirc;ngelo de Lima, nace el 30 de julio de 1872 en Oporto y fallece el 14 de agosto de 1921, con apenas 49 a&ntilde;os, en el Hospital Psiqui&aacute;trico Rilhafoles de Lisboa (hoy Hospital Miguel Bombarda). Correcto dibujante y notable poeta, el joven &Acirc;ngelo hered&oacute; doblemente de su padre, el funcionario de correos Pedro de Lima, un vigoroso amor por la poes&iacute;a &ndash;su primog&eacute;nito hab&iacute;a publicado, en 1867, un irregular poemario titulado <em>Ocasos</em>&ndash; y una penosa e incapacitante tendencia a la locura que acompa&ntilde;ar&iacute;a a ambos hasta la muerte.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">En 1888, y tras ser expulsado del Colegio Militar de Lisboa, regresa a Oporto y se inscribe en la Facultad de Bellas Artes, estudios que abandona temporalmente para alistarse en el ej&eacute;rcito portugu&eacute;s. Bien considerado por sus superiores, alcanza el grado de segundo sargento; en 1891, de manera voluntaria, entra a formar parte de una expedici&oacute;n militar en Mozambique. Tras siete meses en &Aacute;frica, regresa a su ciudad materna; los primeros signos de locura comienzan a hacer acto de presencia.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">En 1894 retoma, con mayor &eacute;xito, sus estudios de Bellas Artes: tanto es as&iacute; que resulta elegido director art&iacute;stico de la revista <em>A Gera&ccedil;&atilde;o Nova</em>. Sin embargo, el 20 de noviembre de ese mismo a&ntilde;o ingresa en el Hospital do Conde de Ferreira de Oporto, diagnosticado de &ldquo;man&iacute;a persecutoria y alucinaciones auditivas&rdquo;. Despu&eacute;s de un largo periodo de hospitalizaci&oacute;n y un par de a&ntilde;os en el Algarve, en 1900 se instala en Lisboa, donde se entrega a una vida err&aacute;tica y ociosa. Vida que se ver&aacute; truncada el 19 de diciembre de 1901, &ndash;dos semanas despu&eacute;s de protagonizar un altercado en el Teatro Dona Am&eacute;lia que le supuso pena de prisi&oacute;n&ndash;, al ser ingresado en el Hospital Psiqui&aacute;trico de Rilhafoles, lugar en el que permanecer&aacute; hasta el final de sus d&iacute;as.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Es justo referir que un alto porcentaje del relativo prestigio literario de &Acirc;ngelo de Lima se debe a la aparici&oacute;n de varios de sus poemas en el n&uacute;mero 2 de la m&iacute;tica revista Orpheu (1915), n&uacute;mero dirigido conjuntamente por Fernando Pessoa y M&aacute;rio de S&aacute;-Carneiro. Algunos a&ntilde;os antes, el cr&iacute;tico Albino Forjaz de Sampaio hab&iacute;a publicado, en <em>Ilustra&ccedil;&atilde;o Portuguesa</em>, el art&iacute;culo &ldquo;<em>Um poeta em Rilhafoles</em>&rdquo;, dedicado a glosar la figura de &Acirc;ngelo de Lima; el atento Pessoa, atra&iacute;do por su fervor modernista y su surrealismo de tintes pante&iacute;stas, y dispuesto a epatar a la burgues&iacute;a portuguesa del momento, no dud&oacute; en publicar varios poemas de &Acirc;ngelo de Lima, de quien afirm&oacute; que, &ldquo;no siendo como nosotros, lleg&oacute; a convertirse en uno de los nuestros&rdquo;. Tambi&eacute;n son m&aacute;s que dignas de menci&oacute;n las labores posteriores de Ant&oacute;nio Salvado, que en 1959 recopil&oacute; 28 poemas de &Acirc;ngelo de Lima en la publicaci&oacute;n <em>Folhas de Poesia</em>, y del propio Herberto Helder, quien, junto con Ant&oacute;nio Arag&atilde;o, incluy&oacute; al <em>loco de Orpheu</em> en el primer n&uacute;mero de la antolog&iacute;a <em>Poesia Experimental</em> (Cadernos Hoje, Lisboa, 1964).</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Seg&uacute;n el volumen <em>Poesias Completas</em> de la editorial portuguesa Ass&iacute;rio &amp; Alvim (1991), que ha servido de base para este art&iacute;culo y cuya numeraci&oacute;n cronol&oacute;gica ha sido respetada, apenas se conservan 43 poemas de &Acirc;ngelo de Lima: se sabe que otros muchos, compuestos durante su prolongada reclusi&oacute;n forzosa, acabaron siendo alimento de la basura del psiqui&aacute;trico de Rilhafoles, considerados por el personal m&eacute;dico y auxiliar del hospital como desvar&iacute;os propios de un enfermo mental. Es por tanto un orgullo presentar aqu&iacute;, por vez primera en lengua castellana, la traducci&oacute;n de este ramillete de nueve poemas escogidos de entre la parte m&aacute;s coherente y valiosa del injustamente olvidado &Acirc;ngelo de Lima. Ojal&aacute; que, como afirma el poeta en uno de sus versos m&aacute;s c&eacute;lebres, no se nos <em>pare de repente el pensamiento</em> al enfrentarnos a su compleja dispersi&oacute;n c&oacute;smica, al entregarnos, pacientemente, a ellos.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">1.</p>
<p style="text-align: left;">&iexcl;Dicen los sabios que ya nada ignoran</p>
<p style="text-align: left;">que el alma es un mito...!</p>
<p style="text-align: left;">Los que hace tanto, en vano, de los cielos exploran</p>
<p style="text-align: left;">el alimento infinito&hellip;</p>
<p style="text-align: left;">Ellos, los que encontraron en el ente humano</p>
<p style="text-align: left;">nada m&aacute;s que esta faceta</p>
<p style="text-align: left;">de ser finito, org&aacute;nico, el gusano</p>
<p style="text-align: left;">que muere y nace,</p>
<p style="text-align: left;">se basan en la raz&oacute;n. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&iexcl;Y la raz&oacute;n yerra...!</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&iquest;Qui&eacute;n, de la oruga que se arrastra por la tierra,</p>
<p style="text-align: left;">puede suponer,</p>
<p style="text-align: left;">so&ntilde;ar siquiera, que un d&iacute;a ha de nacer</p>
<p style="text-align: left;">la mariposa, aquella alada flor</p>
<p style="text-align: left;">matiz de los cielos?</p>
<p style="text-align: left;">Sabios, buscad en vano el puede ser</p>
<p style="text-align: left;">Saber&hellip; Apenas Dios.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">El hombre se arrastra, igual que el verme</p>
<p style="text-align: left;">por no poseer la paz de la sepultura,</p>
<p style="text-align: left;">&iexcl;cu&aacute;nta labor bajo aparente calma!</p>
<p style="text-align: left;">Servir de abrigo a aquel ser desarmado</p>
<p style="text-align: left;">del que un d&iacute;a, despu&eacute;s de tarea oscura,</p>
<p style="text-align: left;">saldr&aacute; vivaz, alada y flor, el Alma.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">3. S&Uacute;PLICA</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Para alguien fue, de tu mirar, la llama,</p>
<p style="text-align: left;">como, tras noche oscura, fue la luz de la aurora.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Desde la &ldquo;selva oscura&rdquo; entre la sombr&iacute;a trama,</p>
<p style="text-align: left;">oye, mujer, como ese alguien te implora.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&iexcl;Oh, baja sobre m&iacute; tu mirada fulgente...!</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Que tu mirada es b&aacute;lsamo que ignora,</p>
<p style="text-align: left;">del cielo en este seno, en que, latente,</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">aflige, ya hace mucho, el c&aacute;ncer de un anhelo,</p>
<p style="text-align: left;">de un deseo insensato y sed ardiente</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">de un no s&eacute; qu&eacute;, que en tu mirada leo.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">4. A MI PADRE</p>
<p style="text-align: left;">(En el Santo D&iacute;a de los Difuntos)</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;A Natalia Garc&iacute;a Vilas</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&iexcl;Padre! Cuando en las horas del final del d&iacute;a</p>
<p style="text-align: left;">la vaga bruma cubre, tristemente, el Espacio</p>
<p style="text-align: left;">y a m&iacute; me envuelve en la melancol&iacute;a...</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&iexcl;Padre! Dime: &iquest;t&uacute; sabes qu&eacute; tan secreto lazo</p>
<p style="text-align: left;">me liga a m&iacute;, que vago por el mundo</p>
<p style="text-align: left;">triste, vencido bajo atroz cansancio,</p>
<p style="text-align: left;">contigo, que planeas en el cielo profundo...?</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&iexcl;Padre! &iexcl;Yo soy tu hijo! &iexcl;Siento que soy tu hijo!</p>
<p style="text-align: left;">No reniegues de m&iacute;, &iexcl;yo soy tu hijo! Padre...</p>
<p style="text-align: left;">&iquest;Pues no ves c&oacute;mo vago por este laberinto,</p>
<p style="text-align: left;">perdido, triste, alucinado, &iexcl;ay!,</p>
<p style="text-align: left;">al igual que esa nave en que Israel vag&oacute;,</p>
<p style="text-align: left;">y yerma, a la deriva, sobre las aguas va,</p>
<p style="text-align: left;">sin siquiera saber qu&eacute; fuerza me gui&oacute;,</p>
<p style="text-align: left;">sin que me gu&iacute;e voluntad alguna,</p>
<p style="text-align: left;">en la derrota que siguiendo voy?</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">As&iacute;, como a la nave que no tiene ninguna,</p>
<p style="text-align: left;">ninguna sombra de tripulaci&oacute;n,</p>
<p style="text-align: left;">sonr&iacute;e Vesper a&uacute;n, de entre la bruma,</p>
<p style="text-align: left;">as&iacute; mi enlutado coraz&oacute;n,</p>
<p style="text-align: left;">al que no gu&iacute;a ya ni un solo anhelo,</p>
<p style="text-align: left;">sonr&iacute;e, lejano, de entre las tinieblas,</p>
<p style="text-align: left;">&iexcl;Padre! &iexcl;El afecto de tu noble seno!</p>
<p style="text-align: left;">&iexcl;Padre! &iexcl;Mi noble, mi finado amigo...!</p>
<p style="text-align: left;">&iquest;Duermes, all&iacute; en la Nada majestuosa y triste,</p>
<p style="text-align: left;">o vives todav&iacute;a, como existe el Dolor...?</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&iexcl;Oh Padre! &iexcl;Qui&eacute;n pudiera marcharse all&iacute; contigo...!</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&iexcl;Oh Padre! &iexcl;La desgracia se ha juntado conmigo</p>
<p style="text-align: left;">desde el d&iacute;a en que, Padre, escapaste de m&iacute;...!</p>
<p style="text-align: left;">&iexcl;Oh, Padre! Si, en vuelo, por el cielo partiste,</p>
<p style="text-align: left;">dime cu&aacute;l es el rumbo, quiero ver si lo sigo...</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&iexcl;Padre! Tu pobre tumba, tan sencilla,</p>
<p style="text-align: left;">tal vez no tenga, como tienen otras,</p>
<p style="text-align: left;">hoy d&iacute;a, nadie que la deje flores...</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&iexcl;Ay qu&eacute; triste que es no tener a nadie!</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&iexcl;Mas por lo menos Eva, nuestro encanto, &minus;&iquest;la ves?&minus;,</p>
<p style="text-align: left;">y Pedro, y Vasco, est&aacute;n contigo all&iacute;...!</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">8.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Es el mundo estrecho coto,</p>
<p style="text-align: left;">es mal cazador osado,</p>
<p style="text-align: left;">mi alma es una ave asustada,</p>
<p style="text-align: left;">tu seno, abrigo anhelado.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">El mundo da tantas vueltas</p>
<p style="text-align: left;">que la gente ya ni sabe</p>
<p style="text-align: left;">si un tercio de lo que hoy piensa</p>
<p style="text-align: left;">ma&ntilde;ana lo pensar&aacute;.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Pasan nubes por el cielo estival y ameno</p>
<p style="text-align: left;">como pasan por mi alma los Dolores,</p>
<p style="text-align: left;">y pasada la nube queda sereno el cielo,</p>
<p style="text-align: left;">como pasa el dolor, y mi seno se calma.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">11. SOLO</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Quiero que cuando muera me arrope la Simpleza,</p>
<p style="text-align: left;">marchar sin pompa alguna hacia la sepultura,</p>
<p style="text-align: left;">que sea mi compa&ntilde;&iacute;a apenas la Tristeza,</p>
<p style="text-align: left;">&iexcl;que no vista de bronce el sonido, por los valles!</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Llore sobre m&iacute; el cielo en gotas de roc&iacute;o,</p>
<p style="text-align: left;">que la luz del ocaso refulja en su cristal,</p>
<p style="text-align: left;">c&aacute;ntenme el &ldquo;que descanses&rdquo;, a lo lejos, las olas.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Que la brisa, gimiendo, me recite su Am&eacute;n,</p>
<p style="text-align: left;">vaya as&iacute; hasta las yermas, las alejadas plagas...</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&iexcl;Y que me quede solo!</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iexcl;No vuelva nadie all&iacute;!</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">13. 1500</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">En las olas tranquilas del oc&eacute;ano</p>
<p style="text-align: left;">va serena la nao de blancas velas...</p>
<p style="text-align: left;">Trae en su flanco vestigio de tormentas,</p>
<p style="text-align: left;">all&aacute; en la mar, con gesto soberano...</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Un ligero batel burla al arcano</p>
<p style="text-align: left;">Y baja de la nao hasta las tierras,</p>
<p style="text-align: left;">que en candidez nupcial y de doncellas</p>
<p style="text-align: left;">alzan la flora al sol meridiano...</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Gente tostada por el viento amargo</p>
<p style="text-align: left;">salta en las playas del pa&iacute;s fecundo...</p>
<p style="text-align: left;">Llevan el gesto de los h&eacute;roes de Argo...</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Conteni&eacute;ndolos con mirar profundo,</p>
<p style="text-align: left;">Cabral<sup>1</sup> alza la voz en gesto vasto</p>
<p style="text-align: left;">&iexcl;y en la Ley Patria envuelve un Nuevo Mundo!</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">1. Pedro &Aacute;lvares Cabral, navegante portugu&eacute;s considerado el descubridor de Brasil.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">14.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">S&uacute;bito se me para el pensamiento&hellip;</p>
<p style="text-align: left;">Como si de repente refrenara</p>
<p style="text-align: left;">la loca correr&iacute;a&hellip; en que, llevado...</p>
<p style="text-align: left;">anda en busca&hellip; de Paz&hellip; y del Olvido</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Para perplejo&hellip; Escrutador&hellip; Atento</p>
<p style="text-align: left;">como para&hellip; un caballo alucinado</p>
<p style="text-align: left;">ante un abismo&hellip; ante sus pies rasgado&hellip;</p>
<p style="text-align: left;">Para&hellip; Queda&hellip; Dem&oacute;rase un momento&hellip;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Viene tra&iacute;do en loca correr&iacute;a</p>
<p style="text-align: left;">a orillas del abismo, y se demora,</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">y sumerge en la noche, oscura y fr&iacute;a</p>
<p style="text-align: left;">su mirada de acero, que all&aacute; en la noche explora&hellip;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Pero&hellip; la espuela del dolor su flanco estr&iacute;a...</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Y &eacute;l salta&hellip; y contin&uacute;a&hellip; &iexcl;bajo la espuela!</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">42. VIVIR</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&iexcl;Vivir...!</p>
<p style="text-align: left;">&iexcl;Vivir...! &iexcl;Y Palpitar...!</p>
<p style="text-align: left;">&iexcl;Ser...! &iexcl;Amar...!&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iexcl;Vencer...! &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iexcl;Y Conquistar...!</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&iexcl;Vivir!</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iexcl;Oh Fantas&iacute;a...!</p>
<p style="text-align: left;">&iexcl;Luz...! &iexcl;Perfume...! &iexcl;Canci&oacute;n...!&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iexcl;De Amor...!</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iexcl;Poes&iacute;a...!</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&iexcl;Pasi&oacute;n y Gloria!</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&iexcl;Embriaguez...! &iexcl;Jolgorio...!</p>
<p style="text-align: left;">&iexcl;Vivir...! &iexcl;Un d&iacute;a...!</p>
<p style="text-align: left;">Vivir...</p>
<p style="text-align: left;">Vencer...</p>
<p style="text-align: left;">Amar...</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Rosa de vida... &iexcl;Rosa de Alegr&iacute;a...!</p>
<p style="text-align: left;">Flor de Vida y Pasi&oacute;n,&nbsp; &iexcl;Epurpur Rosa...!</p>
<p style="text-align: left;">&iexcl;Deliciosa! &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&iexcl;Que es como la Rosa</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;que Fenece un D&iacute;a!</p>
<p style="text-align: left;">Un D&iacute;a en que Adormece Toda Gloria...</p>
<p style="text-align: left;">&iexcl;Placer o Dolor...!</p>
<p style="text-align: left;">&iexcl;Odio o Amor...!</p>
<p style="text-align: left;">&iexcl;Del Palpitar, de la Vida Transitoria...!</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">43. EL MAR&hellip;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Semejante a alg&uacute;n monstruo, cuando duerme,</p>
<p style="text-align: left;">el Mar&hellip; Era sombr&iacute;o, vasto, enorme&hellip;</p>
<p style="text-align: left;">&iexcl;Balanceo demorado</p>
<p style="text-align: left;">inmenso bajo los Cielos!</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Tal inmenso y sombr&iacute;o el Mar ser&iacute;a,</p>
<p style="text-align: left;">&iexcl;y as&iacute;, en olas tristes, ondear&iacute;a</p>
<p style="text-align: left;">en el tiempo en que el esp&iacute;ritu de Dios</p>
<p style="text-align: left;">sobre &eacute;l era llevado!</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 03 Jul 2017 07:56:36 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[John Banville: artesano y artista]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/john-banviolle-artesano-y-artista/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/junio/john_banville500.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Nam est aliquis ac nescio an maximus etiam ex secretis studiis fructus ac tum pura voluptas litterarum, cum ab actu, id est opera recesserunt et contemplatione sui fruuntur.</p>
<p style="text-align: left;">(Quint. <em>inst</em>. 2, 18, 4)</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El pasado 4 de junio, el secretario del jurado del Premio Pr&iacute;ncipe de Asturias de las Letras 2014 le&iacute;a un acta que compendia oportunamente la l&iacute;nea de un novelista cuya prosa &ldquo;se abre a deslumbrantes espacios l&iacute;ricos, a trav&eacute;s de referencias culturales, donde se revitalizan los mitos cl&aacute;sicos y la belleza va de la mano de la iron&iacute;a. Al mismo tiempo, muestra un an&aacute;lisis intenso de complejos seres humanos que nos atrapan en su descenso a la oscuridad de la vileza o en su fraternidad existencial. Cada creaci&oacute;n suya atrae y deleita por la maestr&iacute;a en el desarrollo de la trama y en el dominio de los registros y matices expresivos, y por su reflexi&oacute;n sobre los secretos del coraz&oacute;n humano&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>De acuerdo con aqu&eacute;llos que lo consideran decadente, distanciado, dif&iacute;cil y arrogante, &eacute;l se tiene por autodidacta y &ldquo;posthumanista&rdquo;. Con pr&aacute;cticas alusivas y formas barrocas, ya sea bajo la presi&oacute;n del simbolismo o mediante la digresi&oacute;n filos&oacute;fica, la intensidad de su escritura y el lirismo de su prosa lo acreditan como uno de los estilistas irlandeses m&aacute;s notables de su generaci&oacute;n. Inmediatamente despu&eacute;s de leer <em>Dubliners</em>, a los 12 a&ntilde;os, comenz&oacute; a escribir &ldquo;horribles imitaciones&rdquo; de la obra de Joyce con la vieja Remington de su t&iacute;a. Pero tambi&eacute;n el humor negro y el ingenio de Beckett, as&iacute; como las instancias narrativas de Nabokov han ejercido su influjo, sin preterir a Nietzsche, &ldquo;el gran fil&oacute;sofo de nuestro tiempo&rdquo;. En un momento de su adolescencia quiso ser pintor: advirti&oacute; que no ten&iacute;a aptitudes para ello, mas aquella aplicaci&oacute;n le servir&iacute;a para contemplar la experiencia de una suerte minuciosa y condensada, y como met&aacute;fora de repetici&oacute;n intertextual. Hace de la literatura un medio para filtrar la compleja y ambigua realidad, y una manera de reconocer la raleza del mundo que nos rodea. Al cabo, toda obra de arte exhibe una &ldquo;textura de cicatriz&rdquo; y la novela es como la vida misma: &ldquo;una aventura c&oacute;mica con irrupciones ocasionales de lo tr&aacute;gico&rdquo;. Quiz&aacute; por eso emplea narradores poco fidedignos, que dudan y desvar&iacute;an, desconectados y desplazados, cuando no odiosos y canallescos. Parecidos, pues, a los escritores, que, seg&uacute;n ha observado, son seres como cualquier otro, s&oacute;lo que un poco m&aacute;s obsesionados. Y, efectivamente, cuanto m&aacute;s viejo se hace uno, m&aacute;s confundido se encuentra, lo cual es bueno para el artista, supuesto que favorece el concurso de la intuici&oacute;n, los sue&ntilde;os, las fantas&iacute;as y los recuerdos. Hablando de confusi&oacute;n e indeterminaci&oacute;n, la lengua de Irlanda (<em>Hiberno-English</em>, <em>Irish English</em> o tambi&eacute;n llamada, imprecisamente, <em>Anglo-Irish</em>) no tan directa, m&aacute;s oblicua, con sus diferencias fonol&oacute;gicas, sint&aacute;cticas y l&eacute;xicas respecto a otros acentos del ingl&eacute;s, le proporciona esa ambig&uuml;edad po&eacute;tica que requiere y que, a veces, realza con un lenguaje arcano. Toda vez que &ldquo;la frase es el mayor invento de la civilizaci&oacute;n&rdquo;, considera su oficio un privilegio y, cuando escribe, se abstrae de todo lo dem&aacute;s, empe&ntilde;ado s&oacute;lo en escoger cuidadosamente las palabras que han de formar la oraci&oacute;n perfecta. Sorprendido de que, en una &eacute;poca dominada por la televisi&oacute;n y la m&uacute;sica pop, todav&iacute;a hay gente que lee, ha declarado su modesta ambici&oacute;n en la vida, cual es la de cambiar la novela completamente. Y puesto que estamos ante un g&eacute;nero cada vez m&aacute;s maltrecho, se ha arrogado el deber de protegerlo. Dado este contexto, no tiene inconveniente en decir alto y claro lo que piensa, como cuando sostuvo en una rese&ntilde;a que <em>Saturday</em>, el libro que acababa de publicar Ian McEwan, era &ldquo;espantosamente malo&rdquo;.<a title="" href="#_ftn1">[1]</a></p>
<p>John Banville tiene 68 a&ntilde;os y vive en la punta norte de la bah&iacute;a de Dubl&iacute;n. Naci&oacute; en Wexford y se form&oacute; con los Hermanos Cristianos y en el St. Peter&rsquo;s College de su ciudad natal. Siempre c&aacute;ustico, el maestro de la iron&iacute;a recuerda con frecuencia que la educaci&oacute;n religiosa es muy importante para un escritor, pues lo impregna de sentido de culpa, lo cual conviene al narrador de ficciones. Una vez completada la educaci&oacute;n secundaria, en lugar de ir a la universidad y hacerse arquitecto, como quer&iacute;a su madre, ansioso por escapar del ambiente familiar, se puso a trabajar de administrativo en la aerol&iacute;nea Aer Lingus, lo que le permiti&oacute; viajar por el mundo a un coste &iacute;nfimo. Realmente debi&oacute; de ser la parte m&aacute;s sugestiva del empleo: como &eacute;l mismo recuerda, el hecho de poder volar de Londres a San Francisco por dos libras, en primera clase (de la &eacute;poca), tuvo que significar mucho para un joven inquieto en un pa&iacute;s pobre y aislado del mundo, durante la d&eacute;cada de los sesenta en el siglo pasado. Tras vivir un par de a&ntilde;os en California, donde conoce a la que despu&eacute;s ser&iacute;a su esposa, vuelve a casa en 1969 para dedicarse al periodismo y la literatura. Primero fue redactor del <em>Irish Press</em>; luego, desde 1988 y a lo largo de diez a&ntilde;os, desempe&ntilde;o el cargo de director literario en <em>The Irish Times</em>. Desde 1990 colabora regularmente en <em>The New York Review of Books</em> no como cr&iacute;tico literario, sino como rese&ntilde;ador de libros, pues le gusta establecer la diferencia entre uno y otro: el primero ha de situar la obra en la tradici&oacute;n; el segundo tiene que introducirla al p&uacute;blico lector. En todo caso, las rese&ntilde;as y los art&iacute;culos literarios lo redimen del &ldquo;tormento constante&rdquo; de la ficci&oacute;n y le proporcionan el &ldquo;placer del artesano&rdquo;.</p>
<p>El profesor Imhof<a title="" href="#_ftn2">[2]</a> lo situ&oacute; en el contexto internacional de la denominada ficci&oacute;n postmodernista: un novelista &ldquo;cr&iacute;tico&rdquo; o <em>metaficcional</em> que, altamente preocupado por la forma, trasciende los g&eacute;neros narrativos irlandeses para escrutar las posibilidades de la novela y hallar una voz propia, consciente de que se encuentra en la era posterior a Joyce y Beckett. M&aacute;s tarde, Joseph McMinn<a title="" href="#_ftn3">[3]</a> lo considera en el &aacute;mbito de la teor&iacute;a literaria contempor&aacute;nea, particularmente el postmodernismo y el feminismo, argumentando que su obra est&aacute; muy influida por las mitolog&iacute;as rom&aacute;nticas y modernistas de la imaginaci&oacute;n creativa, como las expresadas por Coleridge y Wallace Stevens. Finalmente, Berensmeyer<a title="" href="#_ftn4">[4]</a> intentar&aacute; demostrar que el autor es &ldquo;metaficcional&rdquo; en el sentido de que su obra trata de la creaci&oacute;n de ficciones en unos contextos que no implican necesariamente el proceso de la escritura, como son los de la ciencia y el arte.</p>
<p>Con objeto de compendiar la obra y extraer su tem&aacute;tica cardinal, frecuentamos la interesante &ldquo;perspectiva cr&iacute;tica&rdquo; del Dr. Nick Turner<a title="" href="#_ftn5">[5]</a>, seg&uacute;n la cual nos hallamos ante un &ldquo;novelista filos&oacute;fico preocupado por la naturaleza de la percepci&oacute;n, el conflicto entre imaginaci&oacute;n y realidad, y el aislamiento existencial del individuo&rdquo;. En sus primeras creaciones &ndash;<em>Long Lankin</em> (1970), <em>Nightspawn</em> (1971) y <em>Birchwood</em> (1973)&ndash;, marca el territorio no realista, fija una tendencia a las ideas metaf&iacute;sicas, consolida la prosa barroca y orienta la meditaci&oacute;n po&eacute;tica hacia las relaciones de la memoria y la fantas&iacute;a, para concluir con una advertencia decisiva en boca del narrador:</p>
<p>&ldquo;We imagine that we remember things as they were, while in fact all we carry into the future are fragments which reconstruct a wholly illusory past. That first death we witness will always be a murmur of voices down a corridor and a clock falling silent in the darkened room, the end of love is forever two spent cigarettes in a saucer and a white door closing&rdquo;.<a title="" href="#_ftn6">[6]</a></p>
<p>Esos fueron, pues los comienzos del aprendizaje: una colecci&oacute;n de relatos, a la manera de Joyce, vinculados por la trama y la cronolog&iacute;a, que exploran las emociones del miedo, los celos y el deseo en la vida cotidiana, y cuyo t&iacute;tulo evoca una popular balada acerca del crimen gratuito. Luego, con un narrador ya conocido, pero ahora en primera persona, y con ecos de Beckett y Nabokov, y con citas de T.S. Eliot, se adereza la primera novela, la cual es un <em>thriller</em> psicol&oacute;gico ambientado en una isla griega en v&iacute;speras de un golpe militar, pero tambi&eacute;n es una parodia que socava los fundamentos de la narrativa tradicional, desfigurando los contornos del narrador, el autor y el personaje. Y, finalmente, con elementos de novela g&oacute;tica y de realismo m&aacute;gico, el &ldquo;poeta que escribe prosa&rdquo; sigue el modelo estructural de Proust: el protagonista, &ldquo;a la b&uacute;squeda del tiempo equivocado&rdquo; vuelve a la decadente mansi&oacute;n familiar para descubrir que su primo es su hermano, fruto de una relaci&oacute;n incestuosa entre su padre y su t&iacute;a. El &ldquo;sujeto de la obra&rdquo; es un autor impl&iacute;cito que deambula por una trama circular tratando de encontrar un sentido en el pasado, rememor&aacute;ndolo y d&aacute;ndole forma narrativa, con objeto de ordenar el caos, entender el presente y dar significado a las cosas.</p>
<p>Despu&eacute;s de su &ldquo;novela irlandesa&rdquo;, Banville, tratando de sortear la etiqueta, se aleja de la tem&aacute;tica de su pa&iacute;s y se pone a escribir sobre la invasi&oacute;n normanda del siglo XII, pero aquello, sin saber c&oacute;mo, se transformar&aacute; en un libro acerca del fundador de la astronom&iacute;a moderna. Entretanto, ha recuperado al Arthur Koestler de su adolescencia, supuesto que le sigue fascinando todo lo relacionado con el proceso creativo y, como al autor de <em>The Sleepwalkers</em>, tambi&eacute;n a &eacute;l le interesan sobremanera los paralelismos entre la invenci&oacute;n cient&iacute;fica y la creaci&oacute;n art&iacute;stica. As&iacute; pues, en la denominada &ldquo;tetralog&iacute;a cient&iacute;fica&rdquo;, pulsar&aacute; las estructuras astron&oacute;micas o matem&aacute;ticas como &ldquo;lenguajes&rdquo; alternativos de conocimiento y someter&aacute; la epistemolog&iacute;a a un examen implacable. Son tres ficciones &ldquo;hist&oacute;ricas&rdquo; sobre Cop&eacute;rnico, Kepler y Newton, respectivamente, m&aacute;s un cuarto volumen &ndash;<em>Mefisto</em> (1986)&ndash; que, como el t&iacute;tulo sugiere, es un relato f&aacute;ustico en torno a un prodigio matem&aacute;tico que empieza y termina con la palabra &ldquo;casualidad&rdquo;.</p>
<p><em>Doctor Copernicus</em> (1976) se abre con un ep&iacute;grafe de tres l&iacute;neas que pertenecen a un largo poema en el que Wallace Stevens medita sobre la naturaleza de la realidad, la percepci&oacute;n humana y la imaginaci&oacute;n po&eacute;tica<a title="" href="#_ftn7">[7]</a>. La vida (y la obra) del protagonista, desde su infancia hasta su muerte, se dispone en cuatro partes. Ya desde el mismo principio, el ni&ntilde;o inocente se recrea en &ldquo;cuestiones enigm&aacute;ticas&rdquo; sobre el &ldquo;objeto mismo&rdquo; y las palabras que lo nombran, que por s&iacute; solas no significan nada, pues s&oacute;lo son signos arbitrarios. Es la disonancia entre las cosas y los nombres:</p>
<p>&ldquo;Everything had a name, but although every name was nothing without the thing named, the thing cared nothing for its name, had no need of a name, and was itself only&rdquo;.<a title="" href="#_ftn8">[8]</a></p>
<p>Los padres mueren muy pronto y los cuatro hermanos quedan a cargo del t&iacute;o Lucas, can&oacute;nigo influyente, que decide orientar a los dos chicos, Nicol&aacute;s y Andreas, hacia la Universidad de Cracovia. Ya en el colegio, el primero aprende con demasiada facilidad y, por lo general, le aburren las materias. Hay un profesor que le aconseja que tenga cuidado con los enigmas, pues ejercitan la mente, pero no ense&ntilde;an a vivir, y le advierte que todas las teor&iacute;as son s&oacute;lo nombres, mientras que <em>el mundo es una cosa</em>. Es el can&oacute;nigo Wodka, que le muestra su observatorio y lo introduce en la historia de la cosmolog&iacute;a basada en la teor&iacute;a de Tolomeo, una hip&oacute;tesis que, formulada en Alejandr&iacute;a trece siglos antes, a&uacute;n era aceptada universalmente. El coraz&oacute;n del muchacho, todav&iacute;a inc&oacute;lume ante los escr&uacute;pulos de la ortodoxia, se colma de felicidad.</p>
<p>&ldquo;Out there was unlike here, utterly. Nothing that he knew on earth could match the pristine purity he imagined in the heavens, and when he looked up into the limitless blue he saw beyond the uncertainty and the terror an intoxicating, marvelous grave gaiety&rdquo;.<a title="" href="#_ftn9">[9]</a></p>
<p>En la universidad se dedica a las humanidades y la teolog&iacute;a, como su t&iacute;o, ahora obispo, hab&iacute;a dispuesto. Abstra&iacute;do por el estudio, se aparta del mundo y descubre su problema: si bien no puede contradecir al universo real, siente que debe hacerlo o desesperar. Por eso, en el choque con el profesor Brudzewski, astr&oacute;nomo y matem&aacute;tico, cuando &eacute;ste trata de &ldquo;justificar los fen&oacute;menos&rdquo;, afirmando que la astronom&iacute;a no muestra al universo tal como es, sino como nosotros lo observamos, Cop&eacute;rnico, que no cree en palabras, sino en cosas, afirma que el conocimiento debe convertirse en percepci&oacute;n.</p>
<p>En 1496, el ya can&oacute;nigo Koppernigk y el vago de su hermano parten hacia Italia, unidos por &ldquo;correas de odio y pavoroso amor&rdquo;, con objeto de estudiar en Bolonia y Roma. Nicol&aacute;s obtiene el doctorado en derecho can&oacute;nico, en un acto ritual que adquiere ribetes de farsa cuando se confunden los textos y el nombre del doctorando, del que se dan hasta cinco transcripciones distintas, reflejo asimismo de la realidad. En todo caso, la caliente y ca&oacute;tica Italia renacentista colisiona con su car&aacute;cter prusiano, esc&eacute;ptico y fr&iacute;o, lo mismo que la relaci&oacute;n con el arist&oacute;crata Girolamo. Incapaz de liberar al hombre f&iacute;sico, se refugia una vez m&aacute;s en la ciencia, tratando de buscar la esencia por medio de la astronom&iacute;a, admitiendo que lo fundamental no eran los teoremas, sino la relaci&oacute;n entre ellos: <em>el acto de creaci&oacute;n</em>.</p>
<p>&ldquo;Out of nothing, next to nothing, disjointed bits and scraps, he would have to weld together an explanation of the phenomena. The enormity of the problem terrified him, yet he knew that it was that problem and nothing less that he had to solve, for his intuition told him so, and he trusted his intuition &ndash; he must, since it was all he had&rdquo;.<a title="" href="#_ftn10">[10]</a></p>
<p>La segunda secci&oacute;n empieza y acaba con una misma pesadilla para proyectar la traum&aacute;tica relaci&oacute;n con su hermano, el cual, a estas alturas, est&aacute; a punto de morir corro&iacute;do por la s&iacute;filis. Encontramos a un Cop&eacute;rnico de 33 a&ntilde;os en el castillo de Heilsberg, donde, adem&aacute;s de m&eacute;dico, secretario y fact&oacute;tum, tendr&aacute; que actuar como aliado en las conspiraciones de su t&iacute;o. &Eacute;l, que no era ni alem&aacute;n ni polaco, ni siquiera prusiano, en el conflicto del rey de Polonia con los Caballeros Teut&oacute;nicos, tendr&aacute; que aceptar el ejercicio maquiav&eacute;lico que le brinda el Gran Maestre Albrecht, quien, ech&aacute;ndole en cara que no comprende los &ldquo;conceptos abstractos&rdquo;, le asegura que los dos son los &ldquo;creadores de ficciones supremas&rdquo;. La pr&aacute;ctica de la medicina era un espacio de escondite desde donde pod&iacute;a dedicarse a sus verdaderas aficiones. Y segu&iacute;a d&aacute;ndole vueltas a su teor&iacute;a, la cual en s&iacute; no era err&oacute;nea, pero carec&iacute;a de alguna conexi&oacute;n fundamental. Hab&iacute;a algo que fallaba y que convert&iacute;a la astronom&iacute;a en un &ldquo;proceso progresivo de fracaso&rdquo;, hasta el punto que el autor deja de creer en su libro, y a la crisis espiritual se yuxtapone una tribulaci&oacute;n intelectual:</p>
<p>&ldquo;He had believed it possible to say the truth; now he saw that all that could be said was the saying. His book was not about the world, but about itself. More than once he snatched up this hideous ingrown thing and rushed with it to the fire, but he had not the strength to perform that ultimate act&rdquo;.<a title="" href="#_ftn11">[11]</a></p>
<p>Tras la muerte de su t&iacute;o, es nombrado prep&oacute;sito de tierras y, en contra de su voluntad, se convierte en un hombre p&uacute;blico que llega a estar alarmado por las responsabilidades de los asuntos de estado. El cap&iacute;tulo se cierra con unas cuantas cartas de varios obispos sobre pol&iacute;tica eclesi&aacute;stica, pero antes se presenta la historia de Anna Schillings, una prima lejana del can&oacute;nigo que se convertir&aacute; en su <em>focaria</em>. Y en ese pasaje, la tercera persona narrativa parece mantener un mon&oacute;logo, o un &ldquo;di&aacute;logo interiorizado&rdquo; con el lector.</p>
<p>La tercera parte es una versi&oacute;n subjetiva, en primera persona, a cargo del disc&iacute;pulo Rheticus, un luterano de Wittenberg. Es &eacute;l quien publica <em>Narratio Prima</em>, una glosa de <em>De revolutionibus orbium mundi</em>, y quien, con gran esfuerzo y dedicaci&oacute;n, logra que se divulgue este libro finalmente, pero se sentir&aacute; traicionado, porque no aparece ni una sola menci&oacute;n de su nombre, as&iacute; que est&aacute; aqu&iacute; para vengarse, creando incluso personajes imaginarios y situaciones ficticias, con objeto de lanzarlos contra su maestro. Sabemos ahora que esa procrastinaci&oacute;n constante de Cop&eacute;rnico se explica por el miedo al rid&iacute;culo, debido a la falta de pruebas en su teor&iacute;a, y a la enormidad del descubrimiento, que pod&iacute;a causar una gran conmoci&oacute;n de car&aacute;cter teol&oacute;gico, eclesi&aacute;stico y epistemol&oacute;gico. Las reticencias se exponen abiertamente:</p>
<p>&ldquo;My book is not science &ndash; it is a dream. I am not even sure if science is possible. [&hellip;] We think only those thoughts that we have the words to express, but we acknowledge that limitation only by our wilfully foolish contention that the words mean more than they say; it is a pretty piece of sleight of hand, that: it sustains our illusions wonderfully, until, that is, the time arrives when the sands have run out, and the truth breaks in upon us&rdquo;.<a title="" href="#_ftn12">[12]</a></p>
<p>La &uacute;ltima secci&oacute;n vuelve al punto de vista de una tercera persona omnisciente que narra la decadencia f&iacute;sica y mental del protagonista, y su muerte. En el momento de la agon&iacute;a es visitado por los esp&iacute;ritus de Osiander y Andreas. El primero le comunica que ha cambiado el t&iacute;tulo del libro: ha sustituido <em>mundi</em> por <em>coelestium</em>, buscando la seguridad que le proporciona la distancia. Su hermano, por otra parte, surge como&nbsp; &ldquo;un &aacute;ngel redentor&rdquo;, pues no predica la desesperaci&oacute;n, sino la aceptaci&oacute;n. Y nos conduce a la preocupaci&oacute;n tem&aacute;tica cardinal:</p>
<p>&ldquo;It is the manner of knowing that is important. We know the meaning of the singular thing only so long as we content ourselves with knowing it in the midst of other meanings; isolate it, and all meaning drains away. It is not the thing that counts, you see, only the interaction of things; and of course, the names&hellip;&rdquo;<a title="" href="#_ftn13">[13]</a>&nbsp;</p>
<p>Todos los intertextos, notas, alusiones, referencias&hellip;, la estructura circular (u <em>orbital</em>), las estrategias de variaci&oacute;n y repetici&oacute;n, las citas anacr&oacute;nicas de cient&iacute;ficos modernos, la fusi&oacute;n de formas cl&aacute;sicas y rom&aacute;nticas, etc., nos llevan a la conclusi&oacute;n de que, en lugar de una historia ficcional o ficci&oacute;n hist&oacute;rica, estamos ante una &ldquo;novela de ideas&rdquo; y, como las dem&aacute;s de la tetralog&iacute;a, una &ldquo;par&aacute;bola de la imaginaci&oacute;n creativa&rdquo;.<a title="" href="#_ftn14">[14]</a></p>
<p>Sigue a continuaci&oacute;n una enigm&aacute;tica trilog&iacute;a &ldquo;art&iacute;stica&rdquo; &ndash;<em>The Book of</em> <em>Evidence</em> (1989), <em>Ghosts</em> (1993) y <em>Athena</em> (1995)&ndash;, comparada por algunos con la de Beckett. Ahora Freddie Montgomery, una narrador simp&aacute;tico y, a la vez, desagradable, existencialmente inseguro o n&aacute;ufrago, sirve de coartada intertextual y anagram&aacute;tica para situar un dilema &eacute;tico en un contexto de identidad quebradiza. Se han establecido paralelismos de <em>El libro de la pruebas </em>con <em>El extranjero</em> y con <em>Crimen y castigo. </em>Como la obra de Camus, &eacute;sta tambi&eacute;n &ldquo;explora una personalidad malvada y la personalidad del Mal&rdquo;<a title="" href="#_ftn15">[15]</a>. En efecto, ambas se basan en el crimen &ldquo;accidental&rdquo; de un inocente y en las dos ocasiones, el asesino confiesa algo m&aacute;s que su culpa. En todo caso, los acontecimientos medulares del asesinato y la fuga subsiguiente se basan en el asunto de Malcolm Macarthur, quien, en 1982, mat&oacute; a una enfermera dublinesa a la que quer&iacute;a robar el coche. El exc&eacute;ntrico acreditado en los c&iacute;rculos sociales de la ciudad, que hab&iacute;a enga&ntilde;ado a mucha gente con una sarta de ficciones sobre su pasado y su linaje, aporre&oacute; a la joven con un martillo y huy&oacute;, dej&aacute;ndola moribunda en el asiento trasero. Luego busc&oacute; refugio como invitado en la casa del entonces Fiscal General de Irlanda, y all&iacute; ser&iacute;a arrestado con el esc&aacute;ndalo consiguiente.<a title="" href="#_ftn16">[16]</a></p>
<p>&nbsp;A los 38 a&ntilde;os, Frederick se encuentra en prisi&oacute;n, encerrado &ldquo;como un animal ex&oacute;tico&rdquo;, a punto de ser juzgado por robo y asesinato. Entre tanto, bajo la forma de confesi&oacute;n dirigida al juez, adereza lo que podr&iacute;amos denominar unas &ldquo;memorias desde la c&aacute;rcel&rdquo;. Se trata, por tanto, de un relato subjetivo de las experiencias, sentimientos e ideas de un narrador desorientado, poco fiable, que se inventa los nombres y, tal vez, los personajes, y que atribuye el crimen a &ldquo;un fallo de la imaginaci&oacute;n&rdquo;. Su mon&oacute;logo dram&aacute;tico, discontinuo, plagado de incisos y digresiones, no persigue la apolog&iacute;a ni la defensa, sino que es un intento de explicar los actos de un hombre que hizo lo que hizo porque no pod&iacute;a hacer otra cosa. El joven de buena familia,&nbsp; otrora cient&iacute;fico brillante, profesor en una universidad americana, dedicado a la estad&iacute;stica y a la teor&iacute;a de las probabilidades, aqu&eacute;l que siempre hab&iacute;a considerado la materia como un torbellino de colisiones azarosas, ha vivido los &uacute;ltimos a&ntilde;os, a la deriva por las islas del Mediterr&aacute;neo, una vida que &ldquo;fomentaba ilusiones&rdquo;. A causa de un coqueteo fatal con el mundo de las drogas, v&iacute;ctima de un chantaje, tendr&aacute; que volver a Irlanda en busca de dinero; pero su madre ha malvendido la colecci&oacute;n de cuadros que constitu&iacute;a su patrimonio para pagar las deudas que dej&oacute; su padre. Tratando de seguir el rastro de las pinturas, se topa con una que le fascina en gran manera, un retrato holand&eacute;s an&oacute;nimo que intentar&aacute; robar. En el curso de la sustracci&oacute;n, se cruza en su camino una joven criada, a la que secuestra y golpea hasta la muerte.</p>
<p>&ldquo;It was incomprehensible. Even still, when I say <em>I did it</em>, I am not sure I know what I mean. Oh, do not mistake me. I have no wish to vacillate, to hum and haw and kick dead leaves over the evidence. I killed her, I admit it freely. And I know that if I were back there today I would do it again, not because I would want to, but because I would have no choice.&rdquo;<a title="" href="#_ftn17">[17]</a></p>
<p>La segunda parte sigue las deambulaciones de Frederick por Dubl&iacute;n, guarecido en la casa de un viejo amigo que lo acoge sin preguntas, hasta que lo detiene la polic&iacute;a. Conmocionado, perplejo, en un&nbsp; estado de desapego on&iacute;rico, observa que ya no va a tener que fingir ante s&iacute; mismo que era lo que no era. Lo que no es &oacute;bice para que se sienta responsable de su acto: hab&iacute;a destrozado una vida que era irreemplazable y que, de alg&uacute;n modo, ten&iacute;a que ser reemplazada. Al final, el narrador convierte el texto en testimonio y lo entrega a un inspector para que lo guarde &ldquo;con las otras ficciones&rdquo;,&nbsp; pues, &ldquo;&iquest;qu&eacute; es la verdad?&rdquo;, se pregunta. &ldquo;Todo. Nada. S&oacute;lo la verg&uuml;enza&rdquo;, se responde.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>El autor ha cultivado la agudeza y el humor negro especialmente en <em>The Untouchable </em>(1997), un &ldquo;roman &agrave; clef&rdquo; libremente basado en la figura de Anthony Blunt, el historiador de arte brit&aacute;nico y esp&iacute;a sovi&eacute;tico que se desenmascara, al tiempo que medita sobre la naturaleza de la traici&oacute;n, cuando examina la vacuidad de su vida. Y m&aacute;s recientemente, ha regresado al melodrama g&oacute;tico existencial con <em>Eclipse</em> (2000) y <em>Shroud</em> (2002), donde vemos a un narrador en crisis, ajeno a s&iacute; mismo, perseguido por los &ldquo;fantasmas&rdquo; de sus recuerdos personales y la soledad, prisionero del pasado o atrapado en la impostura. Con su decimocuarta novela, <em>El mar</em> (<em>The Sea</em>, 2005), Banville gan&oacute; el prestigioso Man Booker Prize. En una re&ntilde;ida competici&oacute;n frente a otros cinco destacados, entre los que Julian Barnes era el favorito, se impuso este &ldquo;magistral estudio del recuerdo del dolor, la memoria y el amor&rdquo;. El texto, cargado de referencias literarias y analog&iacute;as pict&oacute;ricas, reclama un relato acerca del mar y la infancia, pero el narrador, como instancia reguladora de la omnisciencia, interrumpe al emisor con la historia de su esposa, y entonces el discurso, fragmentado e indirecto, o por medio del di&aacute;logo interiorizado, se transforma en un ensayo eleg&iacute;aco sobre el fin de la inocencia y el principio del envejecimiento. La trama fluct&uacute;a constantemente entre el pasado y el presente; avanza, retrocede y da vueltas, marcando el itinerario de un viaje que realiza la memoria (o la conciencia) en pos de la p&eacute;rdida y la muerte. El relator nos resulta familiar: contrariado por la imprecisi&oacute;n del lenguaje y la inexactitud de las reminiscencias, ve los episodios como un cuadro vivo, pero puede perder el hilo de la narraci&oacute;n; con su visi&oacute;n limitada de la vida, se convierte en otro esteta a la deriva o, tal como &eacute;l mismo se ve, &ldquo;una persona de escaso talento y m&aacute;s escasa ambici&oacute;n, agrisada por los a&ntilde;os, insegura y errante y que necesita consuelo y el ef&iacute;mero alivio del olvido que provoca el alcohol&rdquo;. Es un historiador del arte que lleva mucho tiempo atascado en una monograf&iacute;a sobre Pierre Bonnard, el &ldquo;nab&iacute;&rdquo; intimista que, si bien anduvo fascinado por la perspectiva, pintaba el mundo absteni&eacute;ndose de comentar la vida, pues evitaba toda revelaci&oacute;n subjetiva en sus complejas composiciones, tanto narrativas como autobiogr&aacute;ficas. Muy adecuado para un intermediario entre el emisor y la narraci&oacute;n que, en un sue&ntilde;o, intenta redactar su testamento con una m&aacute;quina de escribir a la que le falta la letra &ldquo;I&rdquo; (yo). Un erudito, ora sarc&aacute;stico, ora l&iacute;rico, que, cansado de la definici&oacute;n de los dem&aacute;s, siempre ha querido ser otra persona, y al que ahora no le gusta nada lo que otea en el espejo del cuarto de ba&ntilde;o.</p>
<p>&ldquo;El pasado late en mi interior como un segundo coraz&oacute;n&rdquo;, confiesa Max Morden en el momento de iniciar su peregrinaci&oacute;n mental, impulsado por una visi&oacute;n en la que su viaje nunca acaba, mientas que &eacute;l no llega a ninguna parte, y no pasa nada. Perplejo, doliente y solitario tras el reciente fallecimiento de su esposa, encogido bajo el control de su hija &uacute;nica, busca en la bebida un anest&eacute;sico emocional; con problemas de identidad, en oto&ntilde;o, es decir, fuera de temporada, decide volver al pueblo costero donde verane&oacute; con sus padres hace m&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os, cuando ten&iacute;a diez u once (no puede recordarlo con exactitud). As&iacute; que, intentando evadirse de una p&eacute;rdida actual y con objeto de administrar sus efectos colaterales, va a enfrentarse a un trauma remoto cuando rememore aquel verano decisivo, durante el cual conoci&oacute; a los &ldquo;dioses&rdquo; de la familia Grace y, con ellos, descubri&oacute; la amistad y el amor, si bien en aquella &ldquo;extra&ntilde;a marea&rdquo; aflor&oacute; asimismo la incomunicaci&oacute;n, la aflicci&oacute;n y la muerte. As&iacute; y todo, como en las novelas de Banville las cosas no son lo que parecen y por m&aacute;s que algunas im&aacute;genes se tornen presagios, el lector ha de esperar a que se descubra el enigma en un sorprendente cl&iacute;max epif&aacute;nico, al final de este viaje evocatorio. En cualquier caso, el narrador s&oacute;lo ha buscado cobijo y redenci&oacute;n, una liberaci&oacute;n del presente intolerable; otra cosa es que haya logrado exorcizar sus fantasmas:</p>
<p>&ldquo;To be concealed, protected, guarded, that is all I have ever truly wanted, to burrow down into a place of womby warmth and cower there, hidden from the sky&rsquo;s indifferent gaze and the harsh air&rsquo;s damagings, That is why the past is just such a retreat for me, I go there eagerly, rubbing my hands and shaking off the cold present and the colder future. And yet, what existence, really does it have, the past? After all, it is only what the present was, once, the present that is gone, no more than that. And yet.&rdquo;<a title="" href="#_ftn18">[18]</a></p>
<p>Las &uacute;ltimas novelas publicadas hasta la fecha son <em>The Infinities</em> (2009) y <em>Ancient Light</em> (2012). La primera, otra vez alusiva y autorreferencial, est&aacute; inspirada en el mito de Anfitri&oacute;n, que el autor ya adapt&oacute; para la escena en el a&ntilde;o 2000, a partir de una versi&oacute;n del alem&aacute;n Heinrich von Kleist. Narrada por Hermes, presenta las travesuras de unos dioses griegos que interfieren con una familia reunida en torno al lecho de muerte de un matem&aacute;tico ilustre. En <em>Antigua Luz</em>, un viejo actor de teatro recuerda su primer amor de adolescente con la madre de su mejor amigo, veinte a&ntilde;os mayor que &eacute;l. De nuevo la forma confesional genera la doble trama habitual del presente frente al pasado, con objeto de cuestionar si hay alguna diferencia entre la memoria y la invenci&oacute;n. Pero no podemos acabar el esbozo sin nombrar a Benjamin Black, el <em>alter ego</em> de Banville, su &ldquo;oscuro hermano gemelo&rdquo;, al que deriva la energ&iacute;a literaria que le sobra. Con este seud&oacute;nimo ha publicado ocho novelas policiacas, la mayor&iacute;a de ellas ambientadas en el Dubl&iacute;n de los a&ntilde;os cincuenta y protagonizadas por Quirke, un pat&oacute;logo solitario, bebedor y algo lerdo, pero caballeroso y tenaz, que a&uacute;n cree en cierto tipo de justicia. La serie se inicia con una trama de tenebrosos intereses familiares, titulada <em>El Secreto de Christine</em> (<em>Christine Falls</em>, 2006), y se completa con <em>La rubia de ojos negros</em> (<em>The Black-Eyed Blonde</em>, 2014), en la que, a petici&oacute;n de los herederos de Raymond Chandler, se resucita al c&eacute;lebre detective Philip Marlowe.</p>
<p>Seg&uacute;n ha manifiestado el autor, este nuevo rumbo literario es favorecido por la lectura de algunas obras de George Simenon, que no son las historias del comisario Maigret, sino esa narrativa denominada <em>roman dur</em>, una literatura existencial superior a la de Sartre o Camus. Advierte asimismo que, mientras John Banville puede escribir doscientas palabras al d&iacute;a, Benjamin Black llega hasta las dos mil en una ma&ntilde;ana, algo que no se explica porque el primero componga con pluma estilogr&aacute;fica y el segundo, directamente en el ordenador, sino porque a aqu&eacute;l lo distingue la reflexi&oacute;n; a &eacute;ste, la espontaneidad. Uno es el artista; el otro, el artesano. As&iacute; y todo, Black, citando al propio Chandler, aclara que le importa poco qui&eacute;n mata al mayordomo, pero le importa mucho el estilo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Seguimos varias entrevistas del novelista, principalmente la de Belinda McKeon, para <em>The Paris Review </em>&lt;(http://www. theparisreview.org/interviews/5907/the-art-of-fiction-no-200-john-banville&gt;; la de Juan J. Delaney, para <em>La Naci&oacute;n</em> &lt;<a href="http://www.lanacion.com.ar/1030412-soy-un-poeta-que-escribe-en-prosa">http://www.lanacion.com.ar/1030412-soy-un-poeta-que-escribe-en-prosa</a>&gt;, y la de Mark Sarvas para el blog <em>The Elegant Variation</em> &lt;http://marksarvas.blogs.com/elegvar/the_john_banville_interview/&gt;.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; R&uuml;diger Imhof, <em>John Banville. </em><em>A Critical Introduction</em>. Dublin: Wolfhound Press, 1989. Es la primera introducci&oacute;n cr&iacute;tica a las obras de Banville publicadas hasta la fecha, es decir, hasta <em>Mefisto</em> (1986). Se trata de una reflexi&oacute;n profunda en el entorno de la ficci&oacute;n irlandesa contempor&aacute;nea, pero tambi&eacute;n en relaci&oacute;n con la tradici&oacute;n literaria, la experimentaci&oacute;n postmodernista y la sensibilidad art&iacute;stica.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Joseph McMinn, <em>The Supreme Fictions of John Banville</em>. Manchester and New York: Manchester University Press, 1999. En la introducci&oacute;n se relaciona la obra de Banville con la literatura irlandesa, europea y americana. El an&aacute;lisis de los textos, desde <em>Long Lankin</em> (1970) hasta <em>The Untouchable</em> (1997), se centra en el inter&eacute;s del autor por los sistemas de conocimiento y las formas de representaci&oacute;n, haciendo especial hincapi&eacute; en el uso de los cuadros como met&aacute;foras.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ingo Berensmeyer, <em>John Banville: Fictions of Order</em>. Heidelberg: Universit&auml;tsverlag C. WINTER, 2000. El estudio posterga las cuestiones de sucesi&oacute;n peri&oacute;dica o de construcciones taxon&oacute;micas y se dedica a las consideraciones te&oacute;ricas de &ldquo;autoridad&rdquo;, &ldquo;autor&iacute;a&rdquo; y &ldquo;autenticidad&rdquo;. Asimismo hace uso de las novelas para explorar las posibilidades de comunicaci&oacute;n literaria en relaci&oacute;n con el discurso cient&iacute;fico y est&eacute;tico.&nbsp;</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En &lt;<a href="http://literature.britishcouncil.org/john-banville">http://literature.britishcouncil.org/john-banville</a>&gt;.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; John Banville, <em>Birchwood</em>, London: Granada, 1984, p. 12.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Imaginamos que recordamos las cosas como fueron, pero, en realidad, lo &uacute;nico que trasladamos al futuro son&nbsp; fragmentos con los que reconstruimos un pasado totalmente ilusorio. La primera muerte que presenciamos siempre ser&aacute; un murmullo de voces por un pasillo y un reloj que se queda parado en la habitaci&oacute;n oscura, y el final del amor se reduce a dos cigarrillos gastados en un platillo y una puerta blanca que se cierra&rdquo;.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El poema se titula <em>Notes Toward a Supreme Fiction</em> (1942) y en &eacute;l sostiene el vate de Pennsylvania que la realidad est&aacute; cambiando constantemente y que la imaginaci&oacute;n &ndash;la suprema ficci&oacute;n&ndash; es la mejor forma de comprender esa realidad variable. En ese contexto, el poeta ha de ofrecer una ficci&oacute;n que satisfaga, de la misma manera que, en otro tiempo, la creencia en una deidad personal procur&oacute; gozo espiritual. A su vez, esa ficci&oacute;n dispensa una fe por la que el ser humano puede vivir y morir.&nbsp;&nbsp;</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref8">[8]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; John Banville, <em>Doctor Copernicus</em>. London: Paladin Grafton Books, 1976, p. 13.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Cada cosa ten&iacute;a un nombre, pero a pesar de que los nombres no eran nada sin aquello que defin&iacute;an, a las cosas&nbsp; no les importaba su nombre, no lo necesitaban, se limitaban a ser ellas mismas&rdquo;. John Banville, <em>Cop&eacute;rnico</em>. Madrid: El Pa&iacute;s, 2005,&nbsp; p. 11. Traducci&oacute;n de Mar&iacute;a Eugenia Ciocchini.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref9">[9]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Vid. John Banville, <em>Doctor Copernicus, </em>p.32.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;All&iacute; fuera todo era absolutamente distinto, nada de lo que &eacute;l conoc&iacute;a en la tierra podr&iacute;a igualar la pr&iacute;stina pureza que &eacute;l imaginaba en los cielos, y cuando miraba hacia arriba en el azul infinito, m&aacute;s all&aacute; de la duda y el terror, contemplaba una embriagadora, maravillosa y majestuosa alegr&iacute;a&rdquo;. Vid. John Banville, <em>Cop&eacute;rnico</em>, p. 33.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref10">[10]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Vid. John Banville, <em>Doctor Copernicus, </em>p.95.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Tendr&iacute;a que forjar una explicaci&oacute;n de los fen&oacute;menos partiendo de la nada, o de casi nada,&nbsp; juntando trozos y piezas destartalados. La enormidad del problema le produc&iacute;a p&aacute;nico, pero sab&iacute;a que deb&iacute;a intentar&nbsp; resolverlo, pues su intenci&oacute;n as&iacute; se lo indicaba. &Eacute;l se fiaba de su intuici&oacute;n, ten&iacute;a que hacerlo, ya que era lo &uacute;nico con que contaba&rdquo;. Vid. John Banville, <em>Cop&eacute;rnico</em>, p. 105-106.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref11">[11]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Vid. John Banville, <em>Doctor Copernicus, </em>p.128.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Le hab&iacute;a parecido posible decir la verdad, ahora ve&iacute;a que todo lo que pod&iacute;an decirse eran palabras. El libro no hablaba del mundo, sino de s&iacute; mismo. M&aacute;s de una vez cogi&oacute; aquel horrible manuscrito dispuesto a tirarlo al fuego, pero no tuvo el valor para cometer aquel acto definitivo&rdquo;. Vid. John Banville, <em>Cop&eacute;rnico</em>, p. 142.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref12">[12]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Vid. John Banville, <em>Doctor Copernicus, </em>p.220.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Mi libro no es ciencia, es solo un sue&ntilde;o; ni siquiera estoy seguro de que la ciencia sea posible. [&hellip;] S&oacute;lo concebimos pensamientos que podemos expresar con palabras,&nbsp; pero admitimos esta limitaci&oacute;n con la idea, obstinadamente est&uacute;pida, de que las palabras significan m&aacute;s de lo que dicen. Es un bonito truco de magia que mantiene el enga&ntilde;o maravillosamente, hasta que llega el momento en que la verdad irrumpe con toda su fuerza ante nosotros&rdquo;. Vid. John Banville, <em>Cop&eacute;rnico</em>, p. 243.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref13">[13]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Vid. John Banville, <em>Doctor Copernicus, </em>p.251.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Lo que importa es la forma de conocer. Conocemos el significado de una cosa en particular s&oacute;lo si nos contentamos con percibirla en medio de otros significados; pues en cuanto intentamos separarla, todo su significado se desvanece. Ya ves, lo que cuenta no son las cosas, sino la interacci&oacute;n entre ellas y, por supuesto, los nombres&hellip;&rdquo;. Vid. John Banville, <em>Cop&eacute;rnico</em>, p. 279.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref14">[14]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Vid. R&uuml;diger Imhof, pp. 74, 97. Es la necesidad de trascender los l&iacute;mites del lenguaje para acceder a la realidad de las cosas. Y como&nbsp; indica Berensmeyer, el conflicto, ya expresado en los libros anteriores, radica en la incapacidad de llegar a la realidad sin el concurso de las creaciones ficcionales. Vid. Ingo Berensmeyer, p. 133.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref15">[15]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Vid. Joseph McMinn, p. 103.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref16">[16]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En 2012, mientras Banville era entrevistado en el Trinity College, pudo verse entre el p&uacute;blico a Macarthur,&nbsp; puesto en libertad poco tiempo antes. El escritor se fue nada m&aacute;s terminar la entrevista, pero el ex convicto se qued&oacute; al c&oacute;ctel.&nbsp;</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref17">[17]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; John Banville, <em>The Book of Evidence</em>. London: Picador, 1998, p. 150.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Resultaba incomprensible. A pesar de todo, cuando digo <em>lo hice</em> no estoy seguro de a qu&eacute; me refiero. No se me entienda mal. No es mi intenci&oacute;n vacilar, titubear y arrojar hojas secas sobre las pruebas. La mat&eacute;, lo reconozco libremente. Y s&eacute; que si hoy volviera a estar all&iacute;, volver&iacute;a a hacerlo, no porque quisiera, sino porque no me quedar&iacute;a otra opci&oacute;n&rdquo;. John Banville, <em>El libro de las pruebas</em>. Barcelona: Anagrama, 2000, p. 164. Traducci&oacute;n de Horacio Gonz&aacute;lez Trejo.&nbsp;</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref18">[18]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; John Banville, <em>The Sea</em>. London: Picador, 2012, p. 60-61.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Esconderme, protegerme, guarecerme, eso es lo &uacute;nico que realmente he querido siempre, amadrigarme en un lugar de calor uterino y quedarme all&iacute; encogido, oculto de la indiferente mirada del sol y de la severa erosi&oacute;n del aire. Por eso el pasado supone para m&iacute; un refugio, all&iacute; voy de buena gana, me froto las manos y me sacudo el fr&iacute;o presente y el fr&iacute;o futuro. Y, no obstante, &iquest;cu&aacute;l es la verdadera existencia del pasado? Despu&eacute;s de todo, no es m&aacute;s que lo que fue el presente una vez el presente ya ha pasado, no m&aacute;s que eso. Pero vaya&rdquo;. John Banville, <em>El mar</em>. Barcelona: Anagrama, 2006. Traducci&oacute;n de Dami&aacute;n Alou.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
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</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Tue, 27 Jun 2017 06:57:20 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[José Luis Cuerda:"Azcona era un enemigo a muerte de la infección sentimental"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jose-luis-cuerda-azcona-era-un-enemigo-a-muerte-de-la-infeccion-sentimentel/</link>
      <description><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/junio/RAFAEL_AZCONA_2.jpg" alt="" /></p>
<p>Sigue teniendo presente a Azcona, pero si fija el pensamiento en &eacute;l, las nubes bajan como una persiana y la luz desaparece. Son las an&eacute;cdotas de recuerdos compartidos las que devuelven luminosidad a su conciencia, y hablan por &eacute;l de la relaci&oacute;n. Una relaci&oacute;n que se remonta a mitad de los ochenta. El primer contacto personal lo propici&oacute; Eduardo Ducay, el productor de<em> El bosque animado.</em> Le hab&iacute;a dejado el guion para ver si le apetec&iacute;a dirigirlo. Jos&eacute; Luis Cuerda lo ley&oacute; y le pareci&oacute; que pod&iacute;a moverse dentro de &eacute;l <em>como pez en el agua</em>. Acept&oacute; en seguida, sin ver la necesidad de cambiar nada. &ldquo;Despu&eacute;s, como suele pasar siempre, durante el rodaje y, m&aacute;s tarde todav&iacute;a, durante el montaje, hubo alguna modificaci&oacute;n. La que mejor recuerdo, porque incluye a otra de las personas con la que m&aacute;s a gusto he trabajado, Luis Ciges, es la <em>morcilla</em> que introdujo en la secuencia en la que entrega un ternero como regalo a la familia D&rsquo;Abondo. &Eacute;l me hab&iacute;a preguntado al principio del rodaje si yo era un director como Berlanga, que le dejaba improvisar, o por el contrario, si era de los mani&aacute;ticos que se empe&ntilde;aban en que se dijeran los di&aacute;logos como estaban escritos en el guion. Le contest&eacute; muy serio que era de los mani&aacute;ticos. Y quiso probarme: cuando &iacute;bamos a rodar la escena con la familia D&rsquo;Abondo, me dijo: &lsquo;Jos&eacute; Luis, &iquest;me dejas que, despu&eacute;s de regalarles el ternero, les diga que otro d&iacute;a les traer&eacute; unas gallinas de colores?&rsquo;. Le respond&iacute; que s&iacute;. Se puso tan contento y coloc&oacute; su estupenda <em>morcilla</em>&rdquo;.</p>
<p>-&iquest;C&oacute;mo era compartir escritura con Azcona &ndash;casos de <em>La lengua de las mariposas</em> y <em>Los girasoles ciegos</em>-?</p>
<p>-No escribimos nunca juntos. &Eacute;l lo hac&iacute;a en su casa y yo, al principio, en cafeter&iacute;as, solo, a mano y con may&uacute;sculas -porque no entend&iacute;a mi propia letra-. Cuando aparecieron, primero, las m&aacute;quinas de escribir el&eacute;ctricas; despu&eacute;s, los <em>preordenadores</em> &ndash;Amstrad-; y, por &uacute;ltimo, los Appel -del primer modelo, tama&ntilde;o maceta, al reci&eacute;n llegado; en paralelo y con intercambio telef&oacute;nico continuo de instrucciones para su manejo-, Azcona y yo hablabamos m&aacute;s de los dichosos aparatos que del gui&oacute;n en s&iacute;. Como siempre escribimos adaptaciones, nuestro m&eacute;todo era seleccionar el material a utilizar de la obra literaria, reordenarlo y hacer con ello un tratamiento de unas veinte o treinta p&aacute;ginas. Yo le suger&iacute;a a&ntilde;adidos y reorganizaciones, si lo cre&iacute;a oportuno. Los coment&aacute;bamos y pact&aacute;bamos el resultado a ense&ntilde;ar al productor. Azcona hac&iacute;a un tratamiento m&aacute;s extenso y el productor le daba el visto bueno o ped&iacute;a alg&uacute;n cambio. Atendidos, o no, esos cambios -yo recuerdo que, con mi visto bueno a esas alturas del proceso se sol&iacute;an aceptar con muy pocas excepciones y que tambi&eacute;n eran muy pocos-, Azcona escrib&iacute;a el guion y &eacute;ste iba a misa. Azcona siempre dijo que, como escritor &ndash;&eacute;l siempre quiso ser poeta o novelista-, el autor de un gui&oacute;n deb&iacute;a asumir el papel de puta: satisfacer a la clientela &ndash;productor-, que paga, o director que, en definitiva a la hora de rodar y de montar siempre har&aacute; lo que le de la gana con el guion -si el productor le deja, a&ntilde;ado yo-.</p>
<p>-&iquest;Por qu&eacute; <em>El bosque animado</em> la escribe Azcona en solitario?</p>
<p>- La adaptaci&oacute;n de la novela de Wenceslao Fernandez Florez se la encarg&oacute; Ducay, el productor, sin contar previamente con ning&uacute;n director. Ducay siempre se ha considerado un productor a la americana y la verdad es que lo ha hecho muy bien, con resultados espl&eacute;ndidos la mayor&iacute;a de las veces.</p>
<p>- Ustedes dijeron que hab&iacute;a una pel&iacute;cula en <em>El &aacute;rbol de la ciencia</em>. &iquest;Qu&eacute; la frustr&oacute;?</p>
<p>- Somos no pocos los que hemos querido adaptar esa novela de Baroja. Los personajes y las situaciones tienen una urdimbre dram&aacute;tica y psicol&oacute;gica de primera magnitud. Pero muy pocos lo intentaron porque todos sab&iacute;amos la cerraz&oacute;n de su sobrino y coheredero P&iacute;o Caro, que, casi con toda seguridad, quer&iacute;a dirigirla &eacute;l.</p>
<p>- El 29 de agosto de 2008 se estrena <em>Los girasoles ciegos</em>. En julio de 2007 a Azcona se le hab&iacute;a detectado un c&aacute;ncer pulmonar ya avanzado. &iquest;Cu&aacute;ndo se entera?</p>
<p>- Me enter&eacute; en un curso de verano en Almer&iacute;a, ese mismo julio de 2007. Particip&aacute;bamos Manolo Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n, Vicente Molina Foix, &Aacute;ngel S&aacute;nchez Harguindey, Manolo Vicent, Rafael Azcona y yo. A la hora de comer, coincid&iacute; con Rafael, camino del bufet. &Iacute;bamos con nuestras bandejas en las manos para recoger el condumio, cuando Azcona me confes&oacute;: &ldquo;Jos&eacute; Luis, estoy muy malito&rdquo;. Yo sab&iacute;a que ten&iacute;a algunos achaques, pero no le di importancia. Pocos d&iacute;as antes de su muerte lo invit&eacute; por el telefonillo del portal de su casa para que bajara a tomar algo. Bajaron Susan y &eacute;l. Rafa&eacute;l ya no hablaba. Se fueron a hacer alg&uacute;n recado y yo no me atrev&iacute; a acompa&ntilde;arlos. No soportaba la idea de que aquella pod&iacute;a ser la &uacute;ltima vez que nos ve&iacute;amos. Y as&iacute; fue.</p>
<p>- Dentro del ciclo &ldquo;Joyas del Cine Espa&ntilde;ol&rdquo;, usted particip&oacute; junto a Jos&eacute; Luis Garc&iacute;a S&aacute;nchez y a Fernando Trueba en un coloquio-homenaje, y destac&oacute; su honradez. Trueba apunt&oacute; que tal vez si hubiera nacido en otra &eacute;poca -&ldquo;en esta&rdquo;-, habr&iacute;a sido guionista-director, no s&oacute;lo guionista. &iquest;C&oacute;mo lo ve?</p>
<p>- Sab&iacute;a tanto de direcci&oacute;n como de gui&oacute;n. Hab&iacute;a aprendido la narrativa cinematogr&aacute;fica de primera mano con sus colegas italianos del neorrealismo, y repet&iacute;a, siempre que ven&iacute;a a cuento, m&aacute;ximas del tipo: &ldquo;No le pongas pie a la foto&rdquo;, lo que se est&eacute; viendo no necesita ser dicho. Y era un enemigo a muerte de la infecci&oacute;n sentimental. No soportaba la televisi&oacute;n actual. El ir a saco al coraz&oacute;n del espectador le parec&iacute;a una indecencia insoportable. Hubiera dirigido tan bien como escrib&iacute;a; pero dudo que le apeteciera tener a un productor, a un distribuidor o a una actriz o actor estrella a sus espaldas, mientras escrib&iacute;a un gui&oacute;n, d&aacute;ndole su opini&oacute;n sobre el mismo, o intentando imponerla, cosa que un director evita con dificultades durante su trabajo.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; etapa de la obra de Azcona prefiere, si es que hay alguna?</p>
<p>- Siempre que me han preguntado cu&aacute;l es para m&iacute; la mejor pel&iacute;cula de la historia de cine he respondido una que se titula <em>Pl&aacute;cido-El apartamento</em>, podr&iacute;a adherir otras diez y entrar&iacute;a alguna m&aacute;s de Azcona Berlanga. Cuando me pidieron una lista de mis diez directores favoritos, me salieron cien.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 26 Jun 2017 07:26:24 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pegada contra un muro]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/pegada-contra-un-muro/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/junio/SONIA_SAN_ROM_N.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 630px;">Pegada contra un muro</p>
<p style="padding-left: 630px;">observo el bullicio de los parques,</p>
<p style="padding-left: 630px;">los ni&ntilde;os de padres sonrientes,</p>
<p style="padding-left: 630px;">los balancines como catapultas.</p>
<p style="padding-left: 630px;">Yo resisto en presentes imperfectos</p>
<p style="padding-left: 630px;">porque adoro jugar en los desvanes:</p>
<p style="padding-left: 630px;">maletas, longanizas, ropa vieja,</p>
<p style="padding-left: 630px;">cartas sin enviar, fotograf&iacute;as,</p>
<p style="padding-left: 630px;">hilachas de oto&ntilde;o, jaulas de p&aacute;jaros.</p>
<p style="padding-left: 630px;">Recomponer los trozos de nostalgias</p>
<p style="padding-left: 630px;">que ni siquiera me pertenecieron.</p>
<p style="padding-left: 630px;">Me gusta calentarme con la lumbre</p>
<p style="padding-left: 630px;">de ese sol solitario y mortecino.</p>
<p style="padding-left: 630px;">Un sol perfecto para ahondar en madrigueras</p>
<p style="padding-left: 630px;">y negar el vaiv&eacute;n de los columpios</p>
<p style="padding-left: 630px;">o asomar el hocico hacia la noche</p>
<p style="padding-left: 630px;">y ver una lluvia de asteroides.</p>
<p style="padding-left: 630px;">Espejos nocturnos, como luci&eacute;rnagas</p>
<p style="padding-left: 630px;">a la deriva que nadie m&aacute;s ve</p>
<p style="padding-left: 630px;">porque nadie m&aacute;s mira.</p>
<p style="padding-left: 630px;">Una bicicleta pende del techo</p>
<p style="padding-left: 630px;">e invoca un dolor antiguo,</p>
<p style="padding-left: 630px;">un sonido a pozo,</p>
<p style="padding-left: 630px;">un sabor a cuchillo y a cerezas.</p>
<p style="padding-left: 630px;">Los antiguos amores ya est&aacute;n calvos.</p>
<p style="padding-left: 630px;">Algunos hay, incluso, que est&aacute;n muertos.</p>
<p style="padding-left: 630px;">En ti, rosa marchita y viento helado.</p>
<p style="padding-left: 630px;">Vivir agota m&aacute;s en resistencia.</p>
<p style="padding-left: 630px;">Dejar que el mar te arrastre.</p>
<p style="padding-left: 630px;">Desobedecer sin discrepar,</p>
<p style="padding-left: 630px;">-seguir de frente-,</p>
<p style="padding-left: 630px;">arranca la piel, te desolla el ansia</p>
<p style="padding-left: 630px;">como a un cordero de meses</p>
<p style="padding-left: 630px;">atado boca abajo en un nogal</p>
<p style="padding-left: 630px;">cuya sangre chorrea y se desliza</p>
<p style="padding-left: 630px;">calle abajo densa como el mercurio.</p>
<p style="padding-left: 630px;">Nadie recordar&aacute; el da&ntilde;o.</p>
<p style="padding-left: 630px;">Vendr&aacute; la lluvia y se llevar&aacute; el rastro.</p>
<p style="padding-left: 630px;">Solo t&uacute; percibir&aacute;s</p>
<p style="padding-left: 630px;">el escozor del m&uacute;sculo desnudo</p>
<p style="padding-left: 630px;">del que desobedece</p>
<p style="padding-left: 630px;">pero ya no intenta</p>
<p style="padding-left: 630px;">convencer a otros.</p>
<p style="padding-left: 630px;">Duele el cansancio como un valle</p>
<p style="padding-left: 630px;">horadado por un glaciar azul.</p>
<p style="padding-left: 630px;">Solo hay l&iacute;quenes &aacute;speros y oscuros.</p>
<p style="padding-left: 630px;">Y madrigueras.</p>
<p style="padding-left: 630px;">Y ocultarse.</p>
<p style="padding-left: 630px;">Y mirar</p>
<p style="padding-left: 630px;">la noche y el sol de oto&ntilde;o</p>
<p style="padding-left: 630px;">y lo imperfecto</p>
<p style="padding-left: 630px;">y pegarse contra un muro</p>
<p style="padding-left: 630px;">y odiar los parques.</p>
<p style="padding-left: 630px;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 26 Jun 2017 07:16:36 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Informe sobre una apoteosis a cámara lenta: Rafael Chirbes]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/informe-sobre-una-apoteosis-a-camara-lenta-rafael-chirbes/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/junio/RAFAEL_CHIRBES_3.jpg" alt="" /></p>
<p>Entre los muchos casos singulares que he vivido como editor, la trayectoria de Rafael Chirbes ha sido quiz&aacute; (o sin quiz&aacute;) la m&aacute;s singular de los autores de Anagrama. Y desde luego con un resultado espectacular: confirma el triunfo de un escritor con una vocaci&oacute;n profunda, con un rigor indesmayable, al servicio exclusivamente de la literatura, de la mejor y m&aacute;s cr&iacute;tica literatura a contrapelo de todas las facilidades, de la gran literatura incluso en estos tiempos tan poco propicios.</p>
<p>Un autor de quien hemos publicado sus nueve novelas. Chirbes debuta en 1988 con <em>Mimoun</em>, a la que siguen <em>En la lucha final </em>(1991), <em>La buena letra</em> (1992) y <em>Los disparos del cazador</em> (1994): cuatro novelas breves, de extensi&oacute;n inferior a 200 p&aacute;ginas, y con una excelente acogida cr&iacute;tica todas ellas, excepto <em>En la lucha final</em>, que tuvo recensiones discretas y cuya reedici&oacute;n Chirbes ha descartado. Despu&eacute;s empieza una ambiciosa suerte de &ldquo;trilog&iacute;a&rdquo; &nbsp;de novelas independientes conformada por <em>La larga marcha</em> (1996), <em>La ca&iacute;da de Madrid</em> (2000) y <em>Los viejos amigos</em> (2003). Y finalmente dos novelas definitivas, que se pueden considerar un &ldquo;d&iacute;ptico&rdquo;: <em>Crematorio</em> (2007) y <em>En la orilla</em> (2013).</p>
<p>Asimismo Anagrama ha publicado sus cuatro libros de ensayo literario y de viajes: <em>El novelista perplejo</em> (2002), <em>El viajero sedentario. Ciudades</em> (2004), <em>Mediterr&aacute;neos</em> (2008) y <em>Por cuenta propia</em> (2010).</p>
<p>Y, paralelamente a su consagraci&oacute;n como escritor indispensable prosigue, su despliegue internacional, al que prestar&eacute; especial atenci&oacute;n.</p>
<p align="center">***</p>
<p>El manuscrito de <em>Mimoun</em> apareci&oacute; en la editorial gracias a los buenos oficios de Carmen Mart&iacute;n Gaite, a quien con demasiada frecuencia le llegaban textos de escritores que quer&iacute;an publicar en Anagrama y ella los le&iacute;a con tanta diligencia como extremo rigor. Pero <em>Mimoun</em> logr&oacute; superar la severa criba. Alent&oacute; a Chirbes a presentarse a nuestro premio de novela, del que qued&oacute; finalista. Las rese&ntilde;as espa&ntilde;olas fueron perspicaces: as&iacute; &Aacute;lvaro Pombo escribi&oacute;: &ldquo;Chirbes ha sabido inventar una nueva voz&rdquo;, Javier Go&ntilde;i la defini&oacute; como &ldquo;una espl&eacute;ndida novela&rdquo; y Carmen Mart&iacute;n Gaite la adjetiv&oacute; como &ldquo;hermosa e inquietante&rdquo;.</p>
<p align="center">***</p>
<p>Con Chirbes actuamos tambi&eacute;n como agentes literarios para sus traducciones, como con tantos escritores en lengua espa&ntilde;ola. As&iacute;, entre otros y durante muchos a&ntilde;os, con &Aacute;lvaro Pombo, Carmen Mart&iacute;n Gaite, Javier Mar&iacute;as, Enrique Vila-Matas, Javier Tomeo, Jos&eacute; Antonio Marina o Roberto Bola&ntilde;o.</p>
<p><em>Mimoun</em>, pese a ser la primera novela de un autor desconocido, consigui&oacute; traducciones de cuatro editoriales: dos excelentes editores independientes con quienes sosten&iacute;a una estrecha relaci&oacute;n, Klaus Wagenbach en Alemania y Pete Ayrton (Serpent&rsquo;s Tail) en Gran Breta&ntilde;a, una min&uacute;scula y ef&iacute;mera editorial, Microart, en Italia y Rivages en Francia.</p>
<p>Me detendr&eacute; en los pa&iacute;ses en los que la obra de Chirbes ha sido m&aacute;s difundida, que son Alemania (muy en primer lugar) y Francia, seguidos por Italia, Holanda y Grecia. Y debe mencionarse, en lugar muy destacado, la extraordinaria labor de tres traductoras, Elke Wehr y luego Dagmar Ploetz en Alemania, y Denise Laroutis, responsable de la traducci&oacute;n de toda su obra en Francia.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Alemania</strong></p>
<p>Despu&eacute;s de Wagenbach, la prestigiosa editora independiente Antje Kunstmann tom&oacute; el relevo en 1994, con <em>Los disparos del cazador</em>, y ha ido publicando toda la obra narrativa de Chirbes con un &eacute;xito espectacular, muy superior al de&nbsp; cualquier otro pa&iacute;s. Los libros de Chirbes se han publicado no s&oacute;lo en edici&oacute;n <em>trade</em> por Antje Kunstmann, sino que tambi&eacute;n ha conseguido ediciones de bolsillo, de club, escolares, etc.</p>
<p>Aparte del excelente trabajo de su editora, result&oacute; fundamental el apoyo del gran pope de la cr&iacute;tica literaria Reich-Ranicki en su programa televisivo muy influyente <em>Das Literarische Quartett</em>.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Francia</strong></p>
<p>Rivages era una editorial, vinculada al grupo Payot, con cuyo editor literario, Gilles Barbedette, responsable de literatura extranjera, ten&iacute;a muchas afinidades y una buena amistad. Entre sus primeros t&iacute;tulos figuraban autores comunes, Daniele del Giudice, Andrea de Carlo, Grace Paley y pronto Javier Mar&iacute;as. A&ntilde;os despu&eacute;s empez&oacute; en su cat&aacute;logo Rafael Chirbes. Por desgracia Barbedette falleci&oacute; prematuramente y en Rivages se han producido cinco cambios de director editorial, con los consabidos trastornos. Sin embargo, la editorial ha seguido fiel a Chirbes&nbsp; y han publicado todas sus novelas. No en vano la recepci&oacute;n cr&iacute;tica de Chirbes en Francia es inmejorable.</p>
<p>Recientemente Rivages ha pasado a manos de la editorial Actes Sud, ha conseguido una mayor estabilidad, y su nueva directora, Alzira Martins, es una entusiasta de Rafael Chirbes, de quien se apresta a publicar <em>En la orilla</em>.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Italia</strong></p>
<p>Adem&aacute;s de Microart (<em>Mimoun</em>) y Le Lettere (<em>La buena letra</em>), Frassinelli emprendi&oacute; las ediciones de <em>La larga marcha</em> y <em>La ca&iacute;da de Madrid</em>. Luego sigui&oacute; Garzanti con <em>Crematorio</em>. Ahora Feltrinelli ha tomado el relevo, tras esa dispersi&oacute;n editorial: publicar&aacute;n en septiembre de 2014 <em>En la orilla</em>, traducida por el novelista Pino Cacucci. Chirbes participar&aacute; en septiembre en el festival de Mantova y confiamos en la recuperaci&oacute;n progresiva de su obra en Italia para que tenga la difusi&oacute;n que merece.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Holanda</strong></p>
<p>En este pa&iacute;s una peque&ntilde;a y entusiasta editorial, que public&oacute; a algunos de los mejores autores espa&ntilde;oles, Menken, Kasander &amp; Wigman, capitaneada por Paul Menken, public&oacute; cuatro novelas de Chirbes, empezando por <em>Los disparos del cazador</em>, a la que siguieron <em>La ca&iacute;da de Madrid</em>, <em>Los viejos amigos</em> y <em>Crematorio</em>. Pr&oacute;ximamente la editora Nelleke Geel publicar&aacute; <em>En la orilla</em> en el nuevo sello independiente Meridiaan.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Grecia</strong></p>
<p>En dicho pa&iacute;s Eikostou Protou public&oacute; <em>La buena letra</em>, Graphes <em>La larga marcha,</em> Agra <em>Los disparos del cazador</em> y Kedros publicar&aacute; <em>En la orilla</em>.</p>
<p align="center">***</p>
<p>En Espa&ntilde;a los mejores cr&iacute;ticos literarios, as&iacute; como grandes novelistas, se percataron muy pronto de la calidad de Rafael Chirbes y las ventas no fueron nada desde&ntilde;ables, en especial las de <em>La larga marcha</em> y <em>La ca&iacute;da de Madrid</em>. Sin embargo, este autor tan poco amante de amiguismos, de vinculaciones con ning&uacute;n circuito de poder, durante d&eacute;cadas recluido en un pueblecito de Extremadura y luego en otro de Valencia, fue, en cierto modo, para el gran p&uacute;blico y tambi&eacute;n para el &ldquo;poder literario&rdquo; (digamos el entramado de grandes premios institucionales, para abreviar), un escritor &ldquo;oculto&rdquo;, secreto o semisecreto hasta la publicaci&oacute;n en 2007 de <em>Crematorio</em>. Con esta novela obtuvo su primer galard&oacute;n importante, el Premio Nacional de la Cr&iacute;tica, al que siguieron el C&aacute;lamo (de la librer&iacute;a C&aacute;lamo de Zaragoza), el de la Cr&iacute;tica Valenciana, el de Turia, el Qwerty de PTV y el Dulce Chac&oacute;n, que contribuyeron a fijar la atenci&oacute;n en un autor ya para muchos de primer&iacute;sima fila. Una buena adaptaci&oacute;n en forma de serie televisiva apoy&oacute; su creciente popularidad.</p>
<p>Seis a&ntilde;os despu&eacute;s, en 2013 se decidi&oacute; por fin a librar <em>En la orilla</em>, no en vano Chirbes es un escritor lento, riguroso, con un elevado grado de autoexigencia (y la consabida inseguridad), cuyas obras precisan una maceraci&oacute;n prolongada. La recepci&oacute;n fue, de inmediato, extraordinaria, como si fuera el libro necesario que tantos lectores y cr&iacute;ticos literarios estuvieran esperando.</p>
<p align="center">***</p>
<p>Poco despu&eacute;s de la publicaci&oacute;n en marzo de <em>En la orilla</em>, el 19 de mayo de 2013, el peri&oacute;dico <em>ABC</em> realiz&oacute; una sonada &ldquo;Gran Encuesta de <em>ABC</em>&rdquo;, entre un centenar de escritores, editores, agentes literarios y personalidades de la cultura para elegir <em>La mejor novela espa&ntilde;ola del siglo XXI</em>. Result&oacute; ganadora <em>La Fiesta del Chivo</em> de Mario Vargas Llosa (quien goza de doble nacionalidad, peruana y espa&ntilde;ola), seguida de <em>Crematorio</em> de Rafael Chirbes. En palabras de <em>ABC</em>, &ldquo;destaca enormemente, en un verdadero t&uacute; a t&uacute; con el ganador, la obra <em>Crematorio</em> de Rafael Chirbes, que desde la &oacute;ptica realista ha sabido retratar la profunda crisis (econ&oacute;mica, moral, casi total) de la sociedad espa&ntilde;ola de manera dolorosa y fidedigna&rdquo;.</p>
<p>En tercer lugar figur&oacute; <em>Tu rostro ma&ntilde;ana</em> de Javier Mar&iacute;as y luego <em>Soldados de Salamina</em> de Javier Cercas, <em>La sombra del viento</em> de Carlos Ruiz Zaf&oacute;n, <em>Los enamoramientos</em> de Javier Mar&iacute;as, <em>La piel fr&iacute;a</em> de Albert S&aacute;nchez Pi&ntilde;ol, <em>El mal de Montano</em> de Enrique Vila-Matas, <em>Rabos de lagartija</em> de Juan Mars&eacute; y <em>El d&iacute;a de ma&ntilde;ana</em> de Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n.</p>
<p>Tambi&eacute;n figur&oacute; (con dos votos) <em>En la orilla</em>, reci&eacute;n editada y por tanto a&uacute;n poco le&iacute;da.</p>
<p>En el resumen de los autores m&aacute;s votados figur&oacute; en primer lugar Mario Vargas Llosa con 12 votos por <em>La Fiesta del Chivo</em>, seguido por Rafael Chirbes con 10 votos (8 para <em>Crematorio</em> y 2 para <em>En la orilla</em>), y en tercer lugar Javier Mar&iacute;as con 9 votos (6 para <em>Tu rostro ma&ntilde;ana</em> y 3 para <em>Los enamoramientos</em>). Despu&eacute;s, Javier Cercas (8 votos), Enrique Vila-Matas (7 votos), Carlos Ruiz Zaf&oacute;n (4 votos), Juan Mars&eacute; (3 votos) y Alberto S&aacute;nchez Pi&ntilde;ol (3 votos).</p>
<p align="center">***</p>
<p>Desde inicios de 2014 <em>En la orilla</em> tuvo una segunda vida a&uacute;n m&aacute;s pujante. Empez&oacute; con las listas de los suplementos culturales.</p>
<p>En <em>El Pa&iacute;s</em> fue elegido mejor libro del a&ntilde;o, en <em>ABC</em> mejor libro en lengua espa&ntilde;ola, en <em>El Mundo</em> mejor novela en lengua espa&ntilde;ola, mientras que en <em>La Vanguardia</em>, en el apartado &ldquo;Ficci&oacute;n en castellano&rdquo;, figur&oacute; en segundo lugar. Entre otras distinciones cabe destacar la del blog de Fernando Valls <em>La Nave de los Locos</em>, en el que colaboraron doce de los m&aacute;s prestigiosos cr&iacute;ticos literarios espa&ntilde;oles y en el que <em>Crematorio</em> obtuvo diez votos y <em>Daniela Astor y la caja negra</em> de Marta Sanz result&oacute; finalista.</p>
<p>En enero de 2014 se le otorg&oacute; el Premio Francisco Umbral. En abril el Premio Nacional de la Cr&iacute;tica (por segunda vez, caso infrecuente en la historia de dicho galard&oacute;n, despu&eacute;s de <em>Crematorio</em>) y en mayo el Premio de la Cr&iacute;tica Valenciana.</p>
<p>En mayo de 2014 se produjo otro <em>coup d&rsquo;effet</em>: en la encuesta elaborada por los cr&iacute;ticos literarios de <em>El Mundo</em> sobre las 25 mejores novelas espa&ntilde;olas de los &uacute;ltimos 25 a&ntilde;os, tres novelas de Chirbes fueron seleccionadas: <em>En la orilla</em> en primer lugar, <em>Crematorio</em> en tercero y <em>La larga marcha</em> en octavo.</p>
<p>La lista &iacute;ntegra est&aacute; formada por las siguientes novelas: <em>En la orilla</em>, Rafael Chirbes; <em>La noche de los tiempos</em>, Antonio Mu&ntilde;oz Molina; <em>Crematorio</em>, Rafael Chirbes; <em>Rabos de lagartija</em>, Juan Mars&eacute;; <em>Juegos de la edad tard&iacute;a</em>, Luis Landero; <em>El hereje</em>, Miguel Delibes; <em>Verdes valles, colinas rojas</em>, Ramiro Pinilla; <em>La larga marcha</em>, Rafael Chirbes; <em>El d&iacute;a de ma&ntilde;ana</em>, Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n; <em>El mal de montano</em>, Enrique Vila-Matas; <em>Los peces de la amargura</em>, Fernando Aramburu; <em>Coraz&oacute;n tan blanco</em>, Javier Mar&iacute;as; <em>El metro de platino iridiado</em>, &Aacute;lvaro Pombo; <em>Gal&iacute;ndez</em>, Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n; <em>La ruina del cielo</em>, Luis Mateo Diez; <em>El embrujo de Shanghai</em>, Juan Mars&eacute;; <em>Estatua con palomas</em>, Luis Goytisolo; <em>Romanticismo</em>, Manuel Longares; <em>La leyenda del C&eacute;sar visionario</em>, Francisco Umbral; <em>El coraz&oacute;n helado</em>, Almudena Grandes; <em>Soldados de Salamina</em>, Javier Cercas; <em>La saga de los Marx</em>, Juan Goytisolo; <em>El esp&iacute;ritu &aacute;spero</em>, Gonzalo Hidalgo Bayal; <em>El cazador de leones</em>, Javier Tomeo; <em>Los girasoles ciegos</em>, Alberto M&eacute;ndez.</p>
<p>El boca-oreja se expandi&oacute;, l&oacute;gicamente, de forma espectacular y como resultado las ventas de <em>En la orilla</em> en el primer semestre de 2014 fueron incluso muy superiores a las de 2013, un fen&oacute;meno inusual en estos tiempos de rapid&iacute;sima rotaci&oacute;n.</p>
<p align="center">***</p>
<p>Entretanto el n&uacute;mero de traducciones de <em>En la orilla</em> se ha incrementado significativamente. A sus habituales editores,&nbsp; Antje Kunstmann en Alemania y Rivages en Francia, se han unido Feltrinelli en Italia, Meridiaan en Holanda, Celanders en Noruega, Kedros en Grecia, Ass&iacute;rio &amp; Alvin en Portugal y People&rsquo;s Republic of China Publishing House en China. Y, en el dif&iacute;cil mercado anglosaj&oacute;n, Harvill Secker lo publicar&aacute; en Gran Breta&ntilde;a, mientras que en Estados Unidos la editora Barbara Epler, de New Directions, ha comprado los derechos de <em>En la orilla</em> y tambi&eacute;n de <em>Crematorio</em>. New Directions es una prestigios&iacute;sima editorial literaria, fundada en 1936, que se ha distinguido por su infalible gusto literario. Ha publicado, entre otros, a escritores en lengua espa&ntilde;ola como Borges, Bola&ntilde;o, Mar&iacute;as, Vila-Matas o Aira, mientras que en otras lenguas, por mencionar algunas traducciones recientes, a Sebald, Tabucchi, Nabokov, etc.</p>
<p><em>En la orilla</em> se ha publicado ya en Alemania, en enero de 2014, y ha sido muy celebrada.</p>
<p>As&iacute;, el cr&iacute;tico y novelista Paul Ingendaay, quien ya calific&oacute; en su d&iacute;a <em>La larga marcha</em> como &ldquo;una obra maestra en todos los sentidos&rdquo; y que conoce a fondo el panorama literario espa&ntilde;ol, escribi&oacute; en <em>Frankfurter Allgemeine</em>, peri&oacute;dico del que fue corresponsal durante a&ntilde;os en Madrid, una amplia rese&ntilde;a:</p>
<p><em>&ldquo;</em>Rafael Chirbes golpea con la bola demoledora en su grandiosa novela sobre la ruina de Espa&ntilde;a. Pero tampoco deja en pie mucho en lo que se refiere a nuestro cuento del bienestar (&hellip;).<em> En la orilla</em> se leer&aacute; como la novela de la crisis espa&ntilde;ola. La crisis de la construcci&oacute;n, la crisis de la deuda, la crisis econ&oacute;mica. La crisis familiar. La crisis institucional. La crisis de los sentidos en general. Y ni siquiera estar&iacute;a mal. S&oacute;lo que los escritores no piensan con las expresiones de los tertulianos. Chirbes no quer&iacute;a que su gran alabada novela anterior, <em>Crematorio</em>, que se public&oacute; en 2008 en alem&aacute;n, se entendiera como la novela del desenfreno del boom inmobiliario, del mismo modo tampoco entiende <em>En la orilla</em> como el libro de la crisis. Su novela trata sobre el alma humana en el inicio del siglo XXI, y esto lo podemos generalizar tranquilamente y referirlo a la sociedad industrial occidental (&hellip;).<em> </em>Se puede equiparar al portugu&eacute;s Antonio Lobo Antunes como su alma gemela<em> </em>(&hellip;).<em> </em>Una claridad y brillantez que corta el aliento<em> </em>(&hellip;)<em>. </em>Es como si la propia palabra se alzara en contra de la destrucci&oacute;n que ella misma describe&rdquo;.</p>
<p>Ralph Hammerthaler en su rese&ntilde;a del <em>S&uuml;ddeutscheZeitung</em> escribi&oacute;:</p>
<p>&ldquo;<em>En la orilla</em> se desarrolla en un solo d&iacute;a, as&iacute; como sus novelas <em>La ca&iacute;da de Madrid</em> y <em>Crematorio</em>. Un d&iacute;a le sobra a Chirbes para convocar en brutales mon&oacute;logos interiores tiempo y pasado de sus actores. Aqu&iacute; ya nadie habla del futuro (&hellip;). Parece como si Rafael Chirbes hubiera escrito la novela de la crisis espa&ntilde;ola. Por suerte el libro contiene muchas m&aacute;s cosas. Chirbes trata en &eacute;l sus grandes temas sobre la muerte y el pasado enlazados de novela a novela&rdquo;.</p>
<p align="center">***</p>
<p><strong>Reich-Ranicki, el gran prescriptor</strong></p>
<p>Marcel Reich-Ranicki fue durante muchos a&ntilde;os de su larga vida el m&aacute;s prestigioso cr&iacute;tico alem&aacute;n, el &ldquo;pope&rdquo; por antonomasia, y estuvo al frente del muy influyente programa televisivo dedicado a los libros <em>Das Literarische Quartett</em>.</p>
<p>Un programa determinante para la difusi&oacute;n de la buena literatura en Alemania, a menudo con resultados espectaculares (y no siempre positivos: as&iacute;, Reich-Ranicki, col&eacute;rico, destroz&oacute; ante las c&aacute;maras con sus propias manos un ejemplar de un libro de G&uuml;nter Grass). Dos autores espa&ntilde;oles fueron bendecidos por Reich-Ranicki. El primero fue Javier Mar&iacute;as en dos ocasiones: en 1996 por <em>Coraz&oacute;n tan blanco</em> y en 1998 por <em>Ma&ntilde;ana en la batalla piensa en m&iacute;</em>. El segundo fue Chirbes, en tres ocasiones y en a&ntilde;os consecutivos: por <em>La larga marcha</em> en 1998, por <em>La buena letra</em> en 1999 y por <em>La ca&iacute;da de Madrid</em> en 2000. El impacto para Mar&iacute;as y para Chirbes en dicho pa&iacute;s fue enorme, tanto en consideraci&oacute;n literaria como en n&uacute;mero de lectores.</p>
<p>Reich-Ranicki, por ejemplo, afirm&oacute; que <em>La larga marcha</em> era &ldquo;el libro que necesitaba Europa&rdquo;, y a&ntilde;adi&oacute; que en &ldquo;<em>La larga marcha</em> se habla una y otra vez de una &lsquo;nueva Espa&ntilde;a&rsquo;, y todo el que cree en la posibilidad del cambio deposita en esa idea siempre el mismo ingenuo entusiasmo. Lo que ocurre con Rafael Chirbes es que ha escrito una historia de las grandes esperanzas y las grandes promesas, pero tambi&eacute;n de los grandes desencantos&rdquo;.</p>
<p>A t&iacute;tulo informativo, entre los autores traducidos al alem&aacute;n, el &uacute;nico escritor en lengua espa&ntilde;ola con tres t&iacute;tulos escogidos, adem&aacute;s de Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez por <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em>, <em>Del amor y otros demonios</em> y <em>Doce cuentos peregrinos</em>, ha sido Rafael Chirbes.</p>
<p>Tambi&eacute;n fueron escogidos con tres t&iacute;tulos Paul Auster, Louis Begley, Milan Kundera, <em>Imre Kert&eacute;sz</em><em> </em>y Cees Nooteboom. Y con cuatro Ant&oacute;nio Lobo Antunes, Vladimir Navokov y John Updike y con cinco Philip Roth.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>A modo de ap&eacute;ndice:</strong></p>
<p align="center"><strong>Inventario sucinto de glosas de la cr&iacute;tica alemana y francesa</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De un modo sucinto, incompleto y provisional, el lector encontrar&aacute; aqu&iacute; reunidos textos significativos sobre la repercusi&oacute;n de la obra de Chirbes, en Alemania y Francia, incluso desde sus primeros t&iacute;tulos. Un inventario similar de las cr&iacute;ticas de comentaristas espa&ntilde;oles constituir&iacute;a en s&iacute; mismo un volumen, por lo que me he limitado a dejar constancia significativa de los premios y distinciones que ha obtenido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>ALEMANIA</strong></p>
<p><strong><em>- La buena letra</em></strong><strong></strong></p>
<p>&ldquo;Profundiza en la dimensi&oacute;n filos&oacute;fica de la literatura (&hellip;). Vuelve a poner en danza el trinomio de la literatura mundial &ndash;al amor, el sufrimiento y la muerte&ndash; (&hellip;). Una obra maestra&rdquo; (T. Paprotny, <em>Hamburger Abendblatt</em>).</p>
<p><strong><em>- Los disparos del cazador</em></strong></p>
<p>&ldquo;Una obra dens&iacute;sima e inteligentemente configurada (&hellip;). Revela una maestr&iacute;a que va mucho m&aacute;s all&aacute; del mero oficio narrativo&rdquo; (<em>Frankfuter Allgemeine Zeitung</em>).</p>
<p>&ldquo;Su lenguaje sereno y l&iacute;mpido modifica el tenor moral de la narraci&oacute;n, que debe mucho a Graham Green y Joseph Conrad&rdquo; (<em>Sueddeutsche Zeitung</em>).</p>
<p>&ldquo;Una obra escrita con cuidado y exactitud&rdquo; (<em>Der Spiegel</em>).</p>
<p>&ldquo;Maestr&iacute;a t&eacute;cnica&rdquo; (<em>Die Tageszeitung</em>).</p>
<p>&ldquo;De improviso se infiltra en nuestras mentes y despliega un efecto inquietante&rdquo; (<em>Berliner Morgenpost</em>).</p>
<p>&ldquo;Lenguaje cristalino que dibuja las im&aacute;genes y recuerdos de modo agudo y exacto&rdquo; (<em>Facts</em>).</p>
<p><strong><em>-&nbsp; La larga marcha</em></strong><strong></strong></p>
<p>&ldquo;Gracias al espl&eacute;ndido trabajo de la traductora Dagmar Ploetz, Rafael Chirbes ha sido vertido al alem&aacute;n en toda su esencia y al mismo nivel que las grandes figuras literarias mundiales. Un doble golpe de suerte&rdquo; (Tilman Spengles, <em>Der Spiegel</em>).</p>
<p>&ldquo;Rafael Chirbes s&oacute;lo ha publicado dos novelas cortas en alem&aacute;n y ambas&nbsp; bastaban para poner de manifiesto que es un narrador consistente (...). Sin embargo, se dir&iacute;a que<em> La larga marcha</em> pertenece a otro autor: emocionante y variopinta, aunque no de un modo inc&oacute;modo, sensible y al mismo tiempo precisa, bien concebida y de una estructura sumamente refinada. Una obra maestra en todos los sentidos (...). Esta extraordinaria novela nos permite percibir la magnitud de la violencia, la esperanza y el pertinaz tradicionalismo que Espa&ntilde;a empezaba a dejar a la espalda hace veinte a&ntilde;os&rdquo; (Paul Ingendaay, <em>Frankfurter Allgemeine</em>).</p>
<p>&ldquo;Esta novela ha llegado con &lsquo;zarpas de terciopelo&rsquo; &lsquo;ovill&aacute;ndose como un gatito&rsquo;. Habla de un modo muy perturbador de un pa&iacute;s extra&ntilde;o pero al mismo tiempo conocido. Un pa&iacute;s donde la voz de la naturaleza humana fue silenciada y que estaba gobernado por el crudo lenguaje de la violencia. <em>La larga marcha </em>de Rafael Chirbes habla de un pa&iacute;s en&nbsp; medio de Europa, la Espa&ntilde;a de Franco; habla de las vidas de dos generaciones bajo la campana de cristal de una dictadura sumamente larga (...). Rafael Chirbes (1949) consigue describir este per&iacute;odo agitado con la mirada comprensiva de quien ha sido testigo. Sus personajes son reales y estimulantes&rdquo; (Patrick Horst, <em>Hamburger Abendblatt</em>).</p>
<p>&ldquo;El retrato que hace Chirbes de la sociedad espa&ntilde;ola se sit&uacute;a en la frontera donde convergen la reproducci&oacute;n fotogr&aacute;fica y la concentraci&oacute;n po&eacute;tica. Como si el objetivo de una c&aacute;mara enfocase el mundo sin ceder a la frialdad de los instrumentos t&eacute;cnicos,&nbsp;Chirbes controla magistralmente sus malabarismos (&hellip;). Un realismo admirable: el tipo de literatura que sin&nbsp;juicios y con&nbsp; una sinceridad que desarma coloca en su sitio fragmentos de nuestra realidad&rdquo; (Stephanie Gerhold, <em>Berliner Morgenpost</em>)<em>.</em></p>
<p>&ldquo;El escritor espa&ntilde;ol Rafael Chirbes ha escrito un libro muy importante para su pa&iacute;s. Ante todo, esta novela es una obra de arte que retrata la historia reciente de Espa&ntilde;a (...). La novela examina el oscuro legado de la divisi&oacute;n y la dictadura. Este libro es especialmente significativo para la Espa&ntilde;a moderna, como <em>Hijos de medianoche</em>, de Salman Rushdie, lo fue para la India. Y, al igual que ese libro, <em>La larga marcha </em>posee una belleza incomparable y es una gran obra maestra en la que se reflejan muchas facetas del pasado&rdquo; (Ulrich Selich, <em>Handelsblatt</em>).</p>
<p>&ldquo;Un libro extraordinario cuyo lenguaje preciso y po&eacute;tico ayuda a comprender el per&iacute;odo que se extiende desde el final de la guerra civil hasta la muerte de Franco. El conocimiento y la comprensi&oacute;n de este oscuro periodo invariablemente proporcionan la clave para entender el presente; y quiz&aacute; no s&oacute;lo en el caso de la sociedad espa&ntilde;ola&rdquo; (<em>G&ouml;ttinger Drucksache</em>).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>FRANCIA</strong></p>
<p>Tambi&eacute;n en este pa&iacute;s, pese a carecer del efecto Reich-Ranicki, la obra de Chirbes goz&oacute; de una temprana y sostenida reputaci&oacute;n.</p>
<p>As&iacute;, la perspicaz Martine Silber, tan atenta a la literatura espa&ntilde;ola, ya afirm&oacute; en su d&iacute;a en <em>Le Monde</em>: &ldquo;Con <em>La buena letra</em> y <em>Los disparos del cazador</em> Rafael Chirbes se ha situado entre los mejores novelistas contempor&aacute;neos&rdquo;.</p>
<p><strong><em>- La ca&iacute;da de Madrid</em></strong></p>
<p>&ldquo;En una novela llena de sensibilidad y de sutileza, Rafael Chirbes retrata con talento la sociedad espa&ntilde;ola ante la muerte de Franco (...). La finura del libro reside en la complejidad de los personajes, cuyo apariencia social se ve iluminada por los matices de una introspecci&oacute;n, de un cara a cara con su pasado y su futuro, con los otros, sus amigos y enemigos, y sobre todo con la historia, la ca&iacute;da de un orden establecido que se hunde en lo desconocido (&hellip;). Al ritmo de las largas frases, el lector se deja a veces acunar, dulzonamente, y a veces sacudir, vertiginoso, por el relato a ratos sensual y a ratos violento, pero permanece esclavo del narrador, sin poder anticiparse nunca, sin ser en ning&uacute;n momento capaz de dominar el torbellino que le arrastra. &iexcl;M&aacute;s dura ser&aacute; la ca&iacute;da!&rdquo; <em>(&Agrave; voir lire)</em>.</p>
<p><strong><em>- Los viejos amigos</em></strong></p>
<p>&ldquo;<em>Los viejos amigos</em>, una vez m&aacute;s, estremecer&aacute; a sus lectores y los llevar&aacute; a interrogarse sobre la amistad, el paso del tiempo, las ilusiones perdidas, la escritura, la historia, el dinero, la traici&oacute;n y todo lo que contiene la vida (&hellip;). El lector pasa as&iacute; de un tema a otro. Las teselas del mosaico de este &lsquo;colectivo&rsquo;, como dice Chirbes, se ajustan, las historias de los personajes se cruzan, se superponen, los destinos y los caracteres desfilan. Al hilo del relato teje una tragicomedia humana, eminentemente balzaquiana, inscrita en su tiempo, en nuestra historia. Y no se preocupen, despu&eacute;s de haber publicado <em>La ca&iacute;da de Madrid</em>, en el a&ntilde;o 2000, Chirbes dec&iacute;a ya que no podr&iacute;a seguir escribiendo porque hab&iacute;a escrito su mejor novela. <em>Los viejos amigos</em> sin duda s&oacute;lo son una dura etapa, sin duda ser&aacute; necesario que las hojas que sigue amontonando se organicen para que cobre cuerpo, quiz&aacute; a pesar de &eacute;l, otra novela que se inscribir&aacute; en esta obra global y vigorososa&rdquo; (Martine Silber, <em>Le Monde</em>).</p>
<p>&ldquo;Un cuarto de siglo despu&eacute;s de la muerte de Franco, los antiguos componentes de una c&eacute;lula comunista se re&uacute;nen para cenar. Aburguesados. Envejecidos. Embrollados consigo mismos y con el mundo. En lo que a &eacute;l respecta, Rafael Chirbes est&aacute; en plena forma (&hellip;). La revoluci&oacute;n, la fiebre activista, se desarrollaba hace treinta a&ntilde;os. Ahora son todos cincuentones, incluso m&aacute;s viejos. Los negocios han prosperado, la <em>movida</em> obliga. Han hecho dinero con la construcci&oacute;n, la promoci&oacute;n inmobiliaria, el marketing, el mercado del arte, los medios de comunicaci&oacute;n, la cultura (...). Cierto que amaron la revoluci&oacute;n (...). &nbsp;Se comprende, sin embargo, desde las primeras l&iacute;neas, que Rafael Chirbes (nacido en 1949) no sucumbe a las cobard&iacute;as del autoescarnio, esa suave violencia que se infligen los rentistas narcisistas de la renuncia (&hellip;). El lector descubre la complejidad de los personajes a medida que se mezclan las voces y las miradas que se dirigen unos a otros&hellip;Todo se sostiene: la psicolog&iacute;a, la pol&iacute;tica, la est&eacute;tica. Bajo las facetas fascinantes de este caleidoscopio, la base es firme, irrompible (&hellip;). La novela de Rafael Chirbes capta con un solo gesto, en el mismo instante, la fealdad y la belleza, los tiempos que se entremezclan, el presente y el pasado. Y lo hace con un vigor que no contiene, esta vez, la menor desilusi&oacute;n&hellip;&rdquo; (Jean-Maurice de Montremy, <em>Avant-Critique</em>).</p>
<p>&ldquo;Al igual que en <em>La ca&iacute;da de Madrid</em>, que se desarrollaba en un solo d&iacute;a, la v&iacute;spera de la muerte del viejo dictador, Rafael Chirbes recurre al mon&oacute;logo. No se entrega ni a un ejercicio de escarnio sobre los compromisos de los personajes ni a una evocaci&oacute;n nost&aacute;lgica de su juventud militante. Se sit&uacute;a en el lado de la crueldad, de la violencia y de la negativa a la resignaci&oacute;n. Y para ello despliega una prosa sorprendente, que tuerce y amasa la lengua para engullirnos junto a sus protagonistas nunca caricaturescos, a la vez&nbsp; perturbadores y pat&eacute;ticos. Por poco que el lector se avenga a que le arrastre y le sacuda el ritmo obsesivo de esta novela, emerge de ella con un nudo en la garganta, casi hipnotizada por este torrente verbal&rdquo; (<em>Paris-Match</em>).</p>
<p>- <strong><em>Crematorio</em></strong></p>
<p>&nbsp;&ldquo;Aqu&iacute; est&aacute; el dinero-rey, la frustraci&oacute;n, el trastorno, la falta de reparto, las ilusiones perdidas. El mundo de Misent es el de la especulaci&oacute;n llevada al extremo, servida por la droga, el sexo, la corrupci&oacute;n. Aqu&iacute;, destruir el medio ambiente es mostrar tu poder. En cuanto a la destrucci&oacute;n de los dem&aacute;s, no es m&aacute;s que afirmarte. Sin embargo, no se busca a los inmundos, a los canallas. Ni tampoco a los h&eacute;roes. La novela de Chirbes se lee como un testamento de &eacute;poca (&hellip;). En <em>Los viejos amigos</em> (Rivages, 2006) se reun&iacute;an alrededor de una mesa unos antiguos militantes antifranquistas que hab&iacute;an pasado por el aro, cumplida la cincuentena.&nbsp; De la misma manera, la pregunta que plantea, con m&aacute;s dolor y m&aacute;s intensidad, es la siguiente: &iquest;c&oacute;mo hemos podido llegar a esto? Pero es un hecho. Toda la sociedad corre hacia un apocalipsis pat&eacute;tico y grotesco. Aguardamos&nbsp; las olas que van a inundarlo todo&rdquo; (Xavier Houssin, <em>Le Monde</em>).</p>
<p>&ldquo;<em>Crematorio</em> es la quiebra de una &eacute;poca &ndash;la nuestra&ndash;, y de un pa&iacute;s: el suyo. Espa&ntilde;a con un fondo de negocios turbios, esc&aacute;ndalos inmobiliarios, traiciones privadas, como captada en el alba macilenta que sigue a una noche de fiesta (&hellip;). Novelas como otros tantos <em>retratos de grupos con desilusiones</em>, exentas de todo&nbsp; folclorismo, cultivadas, elegantes, enlutadas, en las que resuenan los ecos de los tan amados Broch, D&ouml;blin, Mann o Musil. Despu&eacute;s de este sublime <em>Crematorio</em>, f&uacute;nebre y&nbsp; peligroso <em>punto final</em>, Rafael Chirbes aguarda en su pueblo cerca de Valencia, releyendo a su maestro Braudel, que algo suceda. Ha encontrado la eternidad&hellip;&rdquo; (Olivier Mony, <em>Le Figaro</em>).</p>
<p>&ldquo;El texto avanza con largos mon&oacute;logos interiores, de acuerdo con una t&eacute;cnica muy sutil, que recuerda al Faulkner de <em>Mientras agonizo </em>o de<em> &iexcl;Absal&oacute;n, Absal&oacute;n!</em> Pero toda comparaci&oacute;n ser&iacute;a descort&eacute;s, tan poderosas son las frases de Chirbes que hacen &uacute;nica esta obra, tanto por su mensaje como por su forma. La novela seg&uacute;n Chirbes sigue siendo el g&eacute;nero total que engloba todos los dem&aacute;s, la poes&iacute;a, el panfleto, la historia, la reflexi&oacute;n filos&oacute;fica y la meditaci&oacute;n sobre el arte, todos los estilos, del eleg&iacute;aco al obsceno, en una impresionante ola de pensamientos, sensaciones, narraciones que aspiran a agotar la descripci&oacute;n de un mundo deshecho&rdquo; (Bernard Fauconnier, <em>Le Magazine Litt&eacute;raire</em>).</p>
<p>&ldquo;Chirbes muestra que el cad&aacute;ver franquista se remueve todav&iacute;a en los ruedos donde bulle una jaur&iacute;a detestable, la de los arribistas y los especuladores. Son el blanco favorito del escritor, el m&aacute;s feroz y el m&aacute;s balzaquiano de la generaci&oacute;n de posguerra. Es una &nbsp;sociedad que baila con el diablo mientras desembarcan mafiosos y prostitutas rusas. &lsquo;Quer&iacute;a hacer la autopsia de nuestra alma a principios del siglo XXI&rsquo;, ha dicho Chirbes. Su sulfuroso <em>Crematorio</em> es el m&aacute;s despiadado de sus libros, porque en &eacute;l explora los bastidores de una Espa&ntilde;a que huele a carro&ntilde;a&rdquo; (A. C., <em>Lire</em>).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
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<p align="center"><strong>Chirbes par lui-m&ecirc;me</strong></p>
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<p>Este informe polif&oacute;nico parece pertinente terminarlo d&aacute;ndole la palabra a su protagonista. Un Chirbes que sigue siendo el escritor antidivo de siempre, algo abrumado por su &eacute;xito <em>in crescendo</em>, requerido aqu&iacute; y all&aacute;, con una especie de informal &ldquo;ruta Chirbes&rdquo; en torno al pueblecito donde vive, Beniarbeig, con problemas de salud ya superados, con la perspectiva de los correspondientes viajes promocionales de sus traducciones... Conf&iacute;o en que m&aacute;s o menos pronto me diga las consabidas palabras&nbsp; rituales &ldquo;S&iacute;, escribo, pero no tengo nada&hellip;&rdquo; y, un d&iacute;a, m&aacute;s adelante, &ldquo;Oigo voces&rdquo;, la contrase&ntilde;a m&aacute;gica, la garant&iacute;a que ya est&aacute; encarrilando un nuevo proyecto.</p>
<p>Cuando iba a sumergirme de nuevo en sus ensayos literarios, la lectura de un blog, &ldquo;Despu&eacute;s del hipop&oacute;tamo&rdquo;, me ofrece una s&iacute;ntesis excelente. Su autor, cuyo nombre no consta en dicho blog, propone, a partir de una selecci&oacute;n de textos del libro de Chirbes <em>Por cuenta propia</em>, lo que denomina una &ldquo;entrevista falsa a un escritor aut&eacute;ntico&rdquo;. Los textos vienen precedidos de unas preguntas del autor del blog y &ldquo;nacen de las respuestas de Chirbes, aunque es obvio que tal vez se plante&oacute; cuestiones diferentes y, sin duda, superiores a las m&iacute;as&rdquo;.</p>
<p align="center">***</p>
<p><em>Escribir una novela, &iquest;es una cuesti&oacute;n de oficio? &iquest;Se siente m&aacute;s seguro ahora que al principio de su carrera?</em></p>
<p>El novelista se encuentra ante cada obra tan desprotegido como el jugador de ruleta que, en cada tirada, vuelve a empezar desde cero. La literatura no surge por acumulaci&oacute;n de esfuerzos, aunque el esfuerzo sea imprescindible: uno puede adquirir&nbsp; desenvoltura, eso que llaman oficio, habilidades que m&aacute;s bien lastrar&aacute;n las alas de una nueva novela. Conocemos tipos poco brillantes capaces de escribir espl&eacute;ndidas novelas y, por el contrario, gente con cabezas magn&iacute;ficamente amuebladas que naufragan al intentar el g&eacute;nero narrativo. No sabemos muy bien de d&oacute;nde surge la fuerza de las novelas. La mayor parte de las veces los autores no tenemos la lucidez necesaria para saber qu&eacute; es exactamente lo que estamos haciendo.</p>
<p><em>Cuando comienza una novela, &iquest;tiene clara su estructura?, &iquest;conoce ya su final?</em></p>
<p>En ninguno de mis libros he tenido una idea demasiada clara ni de cu&aacute;l era el tema de lo que estaba escribiendo, ni de los instrumentos de los que me serv&iacute;a, pr&aacute;cticamente hasta que lo he tenido terminado. No creo en la escritura autom&aacute;tica, en la inconsciencia, pero s&iacute; en que escribir supone una excavaci&oacute;n en un t&uacute;nel oscuro: estoy convencido de que todos mis libros han nacido de esa inmersi&oacute;n en lo que podr&iacute;a llamar mi subconsciente&hellip;</p>
<p><em>Pero si hay algo que destaca en &lsquo;En la orilla&rsquo; es su elaborada estructura, su orden&hellip;</em></p>
<p>No hay orden novelesco sin punto de vista, que es tanto como decir que no hay novela sin que el autor ponga a prueba su fuste &eacute;tico. Encontrar ese lugar desde el que mirar y escribir yo dir&iacute;a que es el &uacute;nico verdadero problema al que se enfrenta el novelista, ya que se trata nada m&aacute;s y nada menos que de poner en orden y dotar de sentido la infinita variedad en la que se le ofrece la vida. Por eso los grandes maestros de la narrativa no vienen s&oacute;lo de los que mejor dominaron el oficio; a veces hay que buscarlos fuera del g&eacute;nero: puedo decir que mis novelas deben tanto a Marx o a Lucrecio como a Balzac y a Proust.</p>
<p><em>Y ese &ldquo;fuste &eacute;tico&rdquo;, &iquest;deber&iacute;a obligar al escritor a separarse del poder?</em></p>
<p>Hoy, en un tiempo y un lugar en los que los novelistas posan en las p&aacute;ginas de sociedad de los dominicales de los peri&oacute;dicos y compiten en brillantez, miramos hacia atr&aacute;s, y nos decimos que la gran narrativa del XIX fue la escuela formativa de la sensibilidad burguesa; sin embargo, sus contempor&aacute;neos no lo vieron as&iacute;. Los novelistas sufrieron marginaci&oacute;n, agresiones, desprecios, procesos. El novelista est&aacute; obligado a ser un animal atento, liebre, pulga; a saber escapar un minuto antes de que el poder lo colonice.</p>
<p><em>Pero, a pesar de que la lectura y la escritura sean actos solitarios, &iquest;tiene un novelista una obligaci&oacute;n con la sociedad?, &iquest;o, al menos, con los perdedores de la sociedad en la que vive?</em></p>
<p>En mis primeras novelas, muchos lectores creyeron que yo quer&iacute;a hacer una cr&oacute;nica del franquismo, m&aacute;s bien arqueolog&iacute;a. Pero no era as&iacute;. El pa&iacute;s hab&iacute;a emprendido otros rumbos y era como si lo que yo hab&iacute;a vivido en mi primera infancia y me hab&iacute;a ayudado a ser quien era, no hubiese existido nunca. Me dol&iacute;a pensar que el tremendo aporte de sufrimiento de aquella gente hab&iacute;a resultado in&uacute;til. Los arribistas de ambos bandos hab&iacute;an tomado el poder de la nueva Espa&ntilde;a y escrib&iacute;an la historia a su medida. Los reci&eacute;n llegados &ndash; muchos de los cuales se apresuraban&nbsp; a enriquecerse &ndash; no ten&iacute;an la difusa sensaci&oacute;n de culpa que marcaba a la vieja capa dominante, engordada&nbsp; a la sombra de la dictadura. A su manera, reproduc&iacute;an comportamientos que ten&iacute;an que ver con los que mantuvieron quienes llegaron al poder al final de la guerra civil.</p>
<p><em>&iquest;Qu&eacute; es ser novelista en el siglo XXI?</em></p>
<p>Aparentemente, novelista y novela se encuentran en un escal&oacute;n bastante elevado en la consideraci&oacute;n social. Se habla de unos y otras en los peri&oacute;dicos, en las revistas, en la televisi&oacute;n, y, pese a ello, uno tiene la impresi&oacute;n de que las novelas hablan cada vez menos por s&iacute; mismas y de que lo hacen en voz cada vez m&aacute;s baja. Se quedan en la mesilla de noche, al lado del frasco con las pastillas y del vaso de agua. Son, cada vez m&aacute;s, un asunto de estricta vida privada. En cierto modo, es normal. Se lee a solas.</p>
<p><em>Y esa publicidad, &iquest;sirve para que leamos m&aacute;s?</em></p>
<p>En la sociedad contempor&aacute;nea, se habla excesivamente de los autores, y de los libros que escriben, en vez de leerlos. Los autores hablamos demasiado. El p&uacute;blico cree conocer a un autor o un libro porque ha o&iacute;do hablar de ellos en la radio o en la televisi&oacute;n, porque ha le&iacute;do las cr&iacute;ticas que los peri&oacute;dicos publican sobre ellos, o incluso ha escuchado y visto al autor responder con soltura o brillantez en un programa de televisi&oacute;n. Lo que se dice de un libro ha pasado a ocupar el lugar de lo que dice un libro. La escritura parece ser m&aacute;s bien la excusa para que se levanten las carpas del circo medi&aacute;tico.</p>
<p><em>&iquest;Cu&aacute;l es el futuro de la novela?</em></p>
<p>Personalmente advierto en la novela una capacidad de resistencia y una tozudez admirables: cuando se la da por muerta, renace con cualquier excusa. Para Roth, la novela acabar&aacute; siendo un hobby para un peque&ntilde;o grupo de aficionados, del mismo nivel que los coleccionistas de sellos o de soldaditos de plomo. Yo no estoy tan seguro de que eso vaya a ser as&iacute;, ni de que deba ser as&iacute;.</p>
<p><em>A&uacute;n as&iacute;, &iquest;a&ntilde;ora algo de las novelas del pasado, de los grandes cl&aacute;sicos?</em></p>
<p>Perm&iacute;tanme que hoy eche de menos aquellas novelas que, en unas pocas p&aacute;ginas &ndash; a veces, s&oacute;lo en unas pocas l&iacute;neas -, suspend&iacute;an tu c&oacute;digo para imponerte el suyo. Te exig&iacute;an silencio, pero, a cambio, te llevaban a una estaci&oacute;n de tren en la que ol&iacute;as el humo de las m&aacute;quinas, y, desde tu butaca o desde el hueco c&aacute;lido de la cama, recib&iacute;as el aire cortante de la madrugada de San Petersburgo. Era excitante. Novelistas que aspiraban a regalarte el mundo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 26 Jun 2017 07:11:48 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sin los cinco sentidos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/sin-los-cinco-sentidos/</link>
      <description><![CDATA[<p style="text-align: left;" align="right"><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/junio/_NGEL_GUINDA_1.jpg" alt="" /> &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp; <em>Para Giselle</em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em>&nbsp;</em><em></em></p>
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<p>&iquest;Qu&eacute; persigue el cicl&oacute;n exasperadamente?</p>
<p>&iexcl;Ya no s&eacute; d&oacute;nde est&aacute;s de tanto ser distancia!</p>
<p>De puerto en puerto voy como un barco en la noche</p>
<p>dando tumbos, buscando tu resplandor de faro.</p>
<p>&iquest;D&oacute;nde estar&aacute;s ahora que est&aacute;s dentro de m&iacute;?</p>
<p>Las olas son monta&ntilde;as de llanto por tu ausencia.</p>
<p>&iexcl;Me estoy quedando ciego de no mirar tus ojos!</p>
<p>&iexcl;De no tocar tu cuerpo estoy perdiendo el tacto!</p>
<p>Tu piel es el temblor de todas las banderas.</p>
<p>&iquest;A qu&eacute; sabe el delirio cuando se para el mundo?</p>
<p>&iquest;A qu&eacute; huelen las cruces que nos clava la muerte?</p>
<p>&iexcl;Me estoy quedando sordo de no escuchar tu voz!</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 19 Jun 2017 11:10:52 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fuego Blanco]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/fuego-blanco/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/junio/TOM_S_SEGOVIA.jpg" alt="" /></p>
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<p class="cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="cuerpo">Este sol cegador de fuego blanco</p>
<p class="cuerpo">Roto por frescas sombras negras</p>
<p class="cuerpo">Que tachonan la tierra como salpicaduras</p>
<p class="cuerpo">Me pone limpiamente en paz</p>
<p class="cuerpo">Para llenar de nuevo mis pulmones</p>
<p class="cuerpo">De una antigua inocencia</p>
<p class="cuerpo">Que respiraba vida a ojos cerrados</p>
<p class="cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="cuerpo">Y vivir vuelve a ser nadar de s&iacute; en s&iacute;</p>
<p class="cuerpo">Dejando siempre atr&aacute;s cualquier quiz&aacute;</p>
<p class="cuerpo">Tener el d&iacute;a limpio sin tener que lavarlo</p>
<p class="cuerpo">Recibir siempre antes de pensar en pagar</p>
<p class="cuerpo">No tener nada que perder ni en que perderse</p>
<p class="cuerpo">Ni tener nunca nada que ganar</p>
<p class="cuerpo">Que es tener todo ya ganado</p>
<p class="cuerpo">Estar inerme frente al fuego blanco</p>
<p class="cuerpo">y cegador del sol</p>
<p class="cuerpo">Sintiendo que en mi piel la brisa fr&iacute;a</p>
<p class="cuerpo">Me habla en su emocionante lenguaje indescifrado</p>
<p class="cuerpo">Y esperar la llegada del momento que viene</p>
<p class="cuerpo">Como esperar ser bendecido.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 19 Jun 2017 11:07:19 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["TURIA" RINDIÓ HOMENAJE A LUIS BUÑUEL EN EL INSTITUTO CERVANTES DE MADRID]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-inde-homanaje-hoy-a-luis-bunuel-en-el-instituto-cervantes-de-madrid/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2017/LUIS_BU_UEL_2.jpg" alt="" /></p>
<p align="left">&nbsp;</p>
<p><strong>JUAN MANUEL BONET&nbsp; DA A CONOCER EL ESPECIAL &ldquo;LETRAS DE ESPA&Ntilde;A Y M&Eacute;XICO&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p><strong>20 AUTORES PARTICIPAN CON TEXTOS ORIGINALES EN EL MONOGR&Aacute;FICO &ldquo;BU&Ntilde;UEL EN M&Eacute;XICO&rdquo;</strong></p>
<p><strong>UN POEMA DE JOS&Eacute; MORENO VILLA, Y FRAGMENTOS DE LA CORRESPONDENCIA CON CARLOS FUENTES Y GABRIEL FIGUEROA, ENTRE EL MATERIAL IN&Eacute;DITO QUE DIFUNDE LA REVISTA</strong></p>
<p>Luis Bu&ntilde;uel es el gran protagonista del nuevo n&uacute;mero de la revista cultural TURIA que ser&aacute; presentado hoy, a las 19'30 horas, en el Instituto Cervantes de Madrid. Su director, Juan Manuel Bonet, ser&aacute; el encargado de dar a conocer esta interesante publicaci&oacute;n. Un total de 20 autores participan en un atractivo monogr&aacute;fico sobre &ldquo;Bu&ntilde;uel en M&eacute;xico&rdquo; que permitir&aacute; conocer m&aacute;s y mejor la etapa m&aacute;s productiva de su carrera como director de cine. Adem&aacute;s, esta iniciativa constituye una magn&iacute;fica oportunidad para sumar m&aacute;s voces mexicanas al actual boom en los estudios sobre Bu&ntilde;uel y fomentar la entrada de nuevos investigadores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El monogr&aacute;fico &ldquo;Bu&ntilde;uel en M&eacute;xico&rdquo; de TURIA forma parte de un n&uacute;mero especial de la revista denominado &ldquo;Letras de Espa&ntilde;a y M&eacute;xico&rdquo;. Este espectacular sumario contiene textos in&eacute;ditos de 100 escritores espa&ntilde;oles y mexicanos y ocupa 500 p&aacute;ginas. Sin duda, supone una magn&iacute;fica oportunidad de fomentar la colaboraci&oacute;n cultural&nbsp; entre ambos pa&iacute;ses.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No debemos olvidar que el trabajo f&iacute;lmico de Bu&ntilde;uel integra a M&eacute;xico y Espa&ntilde;a en el reconocimiento a una figura clave de su respectivo patrimonio art&iacute;stico. Adem&aacute;s, una de las etapas m&aacute;s dilatadas, prol&iacute;ficas y brillantes de Bu&ntilde;uel fue su producci&oacute;n cinematogr&aacute;fica desarrollada en M&eacute;xico: 20 de las 32 pel&iacute;culas que dirigi&oacute; fueron hechas en ese pa&iacute;s, un lugar donde fij&oacute; su residencia desde el a&ntilde;o 1946 hasta su muerte en 1983.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre los materiales in&eacute;ditos que TURIA pone al alcance de los lectores, adem&aacute;s de un poema-canci&oacute;n de Jos&eacute; Moreno Villa, destacan las cartas entre Bu&ntilde;uel y Gabriel Figueroa que avalan la buena relaci&oacute;n entre ambos: seg&uacute;n refiere el propio Bu&ntilde;uel en una de sus cartas, Figueroa ser&iacute;a &ldquo;su fot&oacute;grafo predilecto&rdquo;. Tambi&eacute;n TURIA presenta una entrevista in&eacute;dita realizada por Nelson Carro a Figueroa, que confirma hasta qu&eacute; punto Figueroa se convirti&oacute; en confidente de los planes profesionales de Bu&ntilde;uel. Por &uacute;ltimo, TURIA aborda los proyectos cinematogr&aacute;ficos que Bu&ntilde;uel y Carlos Fuentes intentaron realizar juntos a trav&eacute;s del an&aacute;lisis de la correspondencia entre ambos que realizan los expertos Jo Evans y Breixo Viejo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Previamente a este evento en el Instituto Cervantes, la revista TURIA present&oacute; su n&uacute;mero en homenaje a Luis Bu&ntilde;uel en la propia Ciudad de M&eacute;xico los pasados d&iacute;as 8 y 12 de junio, con la participaci&oacute;n del escritor Jorge Volpi, actual coordinador de Difusi&oacute;n Cultural de la UNAM.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Este&nbsp; n&uacute;mero&nbsp; especial&nbsp; de TURIA dedicado a las &ldquo;Letras de Espa&ntilde;a y M&eacute;xico&rdquo; ha sido posible gracias al apoyo econ&oacute;mico de la Secretar&iacute;a de Estado de Cultura del Gobierno de Espa&ntilde;a y de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico (UNAM), as&iacute; como del Gobierno de Arag&oacute;n.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>UNA PANOR&Aacute;MICA PLURAL Y ATRACTIVA DE LAS LETRAS HISPANO-MEXICANAS </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El nuevo n&uacute;mero de TURIA tiene como objetivo ofrecer no s&oacute;lo una nueva aproximaci&oacute;n a los a&ntilde;os de Bu&ntilde;uel en M&eacute;xico, una etapa a menudo injustamente valorada o llena de t&oacute;picos, sino brindar tambi&eacute;n una panor&aacute;mica plural y atractiva de las letras espa&ntilde;olas y mexicanas contempor&aacute;neas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un total de m&aacute;s de 100 autores participan en esta entrega de 500 p&aacute;ginas de TURIA marcada por la pluralidad y la calidad. As&iacute; se publican art&iacute;culos originales en homenaje al Ateneo Espa&ntilde;ol de M&eacute;xico y a cuatro grandes protagonistas de la cultura en espa&ntilde;ol del siglo XX: los mexicanos Juan Rulfo (de quien se celebra, en este 2017, el centenario de su nacimiento),&nbsp; Octavio Paz (Premio Nobel de Literatura en 1990) y Mathias Goeritz o el hispano-mexicano Tom&aacute;s Segovia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En este nuevo n&uacute;mero de TURIA participan con textos in&eacute;ditos relevantes autores de ambos pa&iacute;ses. Entre los espa&ntilde;oles, cabe citar a Juan Mars&eacute;, Jaime Siles, Felipe Ben&iacute;tez Reyes, Jos&eacute; Carlos Llop, Juana Castro, Sara Mesa, Pilar Ad&oacute;n, Manuel Vilas y Olivia Mu&ntilde;oz Rojas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre los autores mexicanos no hay que olvidar a Elena Poniatowska, Juan Villoro, Jorge Volpi, Guadalupe Nettel, Pedro Serrano, Carmen Carrara, Antonio Deltoro, Carmen Boullosa, Francisco Segovia, Jeannette L. Clariond, Alberto Blanco, Marco Antonio Campos y Roc&iacute;o Cer&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Especialmente recomendables son las dos amplias entrevistas exclusivas que TURIA publica con dos escritores muy relevantes y galardonados ambos con el prestigioso premio Cervantes: Juan Mars&eacute; y Elena Poniatowska. Mars&eacute;, que confiesa en la conversaci&oacute;n que nunca olvidar&aacute; a Juan Rulfo, declara que &ldquo;la literatura espa&ntilde;ola actual goza de buena salud&rdquo; y tambi&eacute;n que sigue &ldquo;dando m&aacute;s cr&eacute;dito a la ficci&oacute;n que a eso que llamamos realidad&rdquo;. Poniatowska, por su parte, asegura que &ldquo;en M&eacute;xico, la realidad nos lleva a la ficci&oacute;n, a la imaginaci&oacute;n&rdquo; y se muestra convencida de que &ldquo;la palabra es poderos&iacute;sima, con ella se han ganado muchas batallas, no hay que claudicar&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otra de las sorpresas y rescates culturales que contiene esta nueva entrega de TURIA es el redescubrimiento de la obra fotogr&aacute;fica de Ricardo Fern&aacute;ndez Balbuena (Madrid, 1890 &ndash; M&eacute;xico, 1966) miembro destacado del exilio espa&ntilde;ol republicano en M&eacute;xico. Amigo de Juan Rulfo y conocido como pintor y arquitecto, ahora sus im&aacute;genes ilustrar&aacute;n la portada y las p&aacute;ginas interiores de la revista y servir&aacute;n para reivindicar su obra y su legado en nuestros d&iacute;as.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;<strong>&iexcl;QU&Eacute; CHULO ES M&Eacute;XICO!</strong></p>
<p>A&nbsp; pesar&nbsp; de&nbsp; ser&nbsp; el&nbsp; periodo&nbsp; m&aacute;s&nbsp; productivo de la carrera de Luis Bu&ntilde;uel (1900-1983) como</p>
<p>director de cine, no abundan los estudios sobre su etapa mexicana. Por esta raz&oacute;n, el nuevo n&uacute;mero de TURIA tiene como finalidad principal conocer mejor un periodo que abarca casi cuatro d&eacute;cadas (desde 1946 hasta 1983).&nbsp; Un total de 20 autores, tanto especialistas mexicanos y espa&ntilde;oles como vinculados personalmente a Bu&ntilde;uel, ofrecen un panorama amplio, diverso y original sobre la trayectoria y el trabajo f&iacute;lmico realizado en M&eacute;xico por nuestro m&aacute;s c&eacute;lebre cineasta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una de las novedades de este monogr&aacute;fico sobre &ldquo;Bu&ntilde;uel en M&eacute;xico&rdquo; de TURIA es el que cede el protagonismo a la versi&oacute;n mexicana de los hechos. De ah&iacute; que la mayor parte de los autores escriban sobre Bu&ntilde;uel &ldquo;en&rdquo; M&eacute;xico y &ldquo;desde&rdquo; M&eacute;xico. Gracias a estas colaboraciones, el periodo m&aacute;s largo y productivo del realizador cuenta con una mirada actual y, en buena parte, hecha en M&eacute;xico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La etapa mexicana de Bu&ntilde;uel es objeto en TURIA de un completo an&aacute;lisis, tanto personal como profesional, generando un monogr&aacute;fico repleto de textos in&eacute;ditos que brindan un amplio abanico de perspectivas interpretativas sobre el autor y su producci&oacute;n: sus obras, su relevancia&nbsp; dentro del contexto mexicano de la &eacute;poca y el lugar que ocupa en la actualidad. No podemos olvidar que, como escribiera el propio Bu&ntilde;uel, en una de sus cartas de los a&ntilde;os 60 al director de fotograf&iacute;a Gabriel Figueroa: &ldquo;&iexcl;Viva M&eacute;xico! Paris es magn&iacute;fico pero &iexcl;que chulo es M&eacute;xico!&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El coordinador y autor del art&iacute;culo introductorio del monogr&aacute;fico Bu&ntilde;uel de TURIA es Mario Barro, uno de los m&aacute;s j&oacute;venes y brillantes investigadores latinoamericanos de su cine. Licenciado en Comunicaci&oacute;n Audiovisual y doctor por la Universidad Complutense de Madrid , Barro es autor de una tesis titulada &ldquo;Po&eacute;tica de la obra f&iacute;lmica de Luis Bu&ntilde;uel: etapa mexicana (1946-1964)&rdquo; por la que recibi&oacute; la calificaci&oacute;n de sobresaliente cum laude. Ha realizado estudios en M&eacute;xico, Cuba y Estados Unidos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los autores y especialistas que colaboran en este especial &ldquo;Bu&ntilde;uel en M&eacute;xico&rdquo; son todos ellos buenos conocedores de su filmograf&iacute;a y muchos de ellos est&aacute;n vinculados a la UNAM: Aurelio de los Reyes (&ldquo;De la vanguardia a la retaguardia. Luis Bu&ntilde;uel: su aprendizaje del oficio&rdquo;), Eduardo de la Vega Alfaro (&ldquo;El retrato documental de M&eacute;xico DF en &lsquo;La ilusi&oacute;n viaja en tranv&iacute;a&rsquo;&rdquo;, Rafael Avi&ntilde;a (&ldquo;Luis Bu&ntilde;uel y las zonas de esplendor y de oscuridad del Alemanismo&rdquo;), Nelson Carro (&ldquo;El M&eacute;xico de Bu&ntilde;uel&rdquo;, Armando Casas y Leticia Flores Fart&aacute;n(&ldquo;&rsquo;Susana&rsquo;, el diablo se disfraza de mujer&rdquo;), Miguel Errazu (&ldquo;El maravilloso plano de Lorenzana&rdquo;) y Jos&eacute; Manuel Garc&iacute;a Ortega (&ldquo;Luis Bu&ntilde;uel y la Filmeteca de la UNAM&rdquo;). Tambi&eacute;n participan estudiosos espa&ntilde;oles como Amparo Mart&iacute;nez (&ldquo;Cr&oacute;nica de un encuentro. Dancigers y el asentamiento de Bu&ntilde;uel en M&eacute;xico&rdquo;), Javier Mill&aacute;n (&ldquo;Biocronolog&iacute;a de Bu&ntilde;uel en M&eacute;xico&rdquo;) y Breixo Viejo o la hispanista brit&aacute;nica Joanna Evans (ambos firman el art&iacute;culo &ldquo;No hay creaci&oacute;n sin maldici&oacute;n: proyectos cinematogr&aacute;ficos de Luis Bu&ntilde;uel y Carlos Fuentes&rdquo;). Otros testimonios provienen de personas que trabajaron con &eacute;l como la c&eacute;lebre actriz mexicana Silvia Pinal; que lo conocieron como Gillian Turner, viuda de Tom&aacute;s P&eacute;rez Turrent, autor&nbsp; del&nbsp; m&aacute;s&nbsp; importante&nbsp; libro&nbsp; de entrevistas con Bu&ntilde;uel publicado: &ldquo;Prohibido asomarse al interior&rdquo;; o que tuvieron una buena amistad con Bu&ntilde;uel, como el sacerdote Juli&aacute;n Pablo Fern&aacute;ndez.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>JUAN RULFO, OCTAVIO PAZ Y TOM&Aacute;S SEGOVIA</strong></p>
<p>El sumario de TURIA se abre, en esta ocasi&oacute;n, con un sugerente art&iacute;culo de Jos&eacute; Carlos Gonz&aacute;lez Boixo sobre el c&eacute;lebre escritor mexicano Juan Rulfo. Bajo el t&iacute;tulo &ldquo;Rulfo en el siglo XXI&rdquo;, el texto invita a reflexionar, con motivo de celebrarse este a&ntilde;o el centenario de su nacimiento, sobre la obra literaria de Rulfo y su proyecci&oacute;n en nuestro siglo. Y es que, hoy como ayer, el autor de la novela &ldquo;Pedro P&aacute;ramo&rdquo; sigue siendo uno de los escritores m&aacute;s admirados y le&iacute;dos, con m&aacute;s de un centenar de traducciones. Adem&aacute;s, el art&iacute;culo muestra como la cr&iacute;tica del siglo XXI&nbsp; ha contribuido a una mejor comprensi&oacute;n de la obra de Rulfo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Menci&oacute;n&nbsp; destacada&nbsp; merece&nbsp; tambi&eacute;n&nbsp; un original art&iacute;culo titulado &ldquo;Octavio Paz, cosm&oacute;grafo&rdquo;. En &eacute;l, su autor Diego Valverde Villena, asegura que el territorio del Premio Nobel de Literatura en 1990 es &ldquo;esa intersecci&oacute;n entre poes&iacute;a y ensayo. Un lugar donde la palabra l&iacute;rica es una candela que ilumina, en el que Paz reescribe el mundo en cada lectura&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La secci&oacute;n que TURIA dedica a los estudios literarios se cierra con un art&iacute;culo sobre &ldquo;Tom&aacute;s Segovia: la traducci&oacute;n como escritura&rdquo;. En &eacute;l, su autor Pedro Serrano argumenta c&oacute;mo la traducci&oacute;n de poes&iacute;a dentro de la obra de Tom&aacute;s Segovia no es una addenda sino una parte sustancial de su propia obra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>JORGE VOLPI, JUAN VILLORO, GUADALUPE NETTEL, MATHIAS GOERTIZ Y EL ATENEO ESPA&Ntilde;OL DE M&Eacute;XICO</strong></p>
<p>Entre el buen surtido de lecturas in&eacute;ditas que ofrece TURIA sobresalen los textos narrativos de Jorge Volpi, Juan Villoro, Guadalupe Nettel, Felipe Ben&iacute;tez Reyes, Sara Mesa, Pilar Ad&oacute;n y Sergio del Molino. Una selecci&oacute;n de autores muy plural y representativa tanto de los escritores ya consolidados como emergentes en la literatura en espa&ntilde;ol.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En poes&iacute;a, TURIA ofrece versos originales de autores espa&ntilde;oles y mexicanos tan diversos como de indiscutible inter&eacute;s: Jaime Siles, Antonio Deltoro, Jos&eacute; Carlos Llop, Alberto Blanco, Enrique Andr&eacute;s Ruiz, Carmen Boullosa, Juana Castro, Juan Antonio Gonz&aacute;lez Iglesias, Francisco Segovia, Manuel Vilas, Marco Antonio Campos, Ana Merino, Abraham Gragera, Jeannette L. Clariond, Juan Carlos Reche, Roc&iacute;o Cer&oacute;n, Erika Mart&iacute;nez, Vanesa P&eacute;rez-Sahuquillo, Jos&eacute; Saborit y Carmen Garrido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;En&nbsp; el&nbsp; apartado&nbsp; que&nbsp; TURIA&nbsp; dedica&nbsp; al ensayo, merece una atenta lectura el art&iacute;culo de Jos&eacute;</p>
<p>Mar&iacute;a Espinasa: &ldquo;Raz&oacute;n de ser del Ateneo Espa&ntilde;ol de M&eacute;xico&rdquo;. En el se traza una brillante s&iacute;ntesis de la trayectoria y logros de una de las iniciativas m&aacute;s f&eacute;rtiles del exilio republicano espa&ntilde;ol en M&eacute;xico. Una entidad que ha cumplido una tarea de puente entre el medio cultural nacional y lo que se ha llamado la generaci&oacute;n hispano-mexicana. Como asegura Espinasa, &ldquo;sin su actividad a lo largo de 65 a&ntilde;os la cultura mexicana ser&iacute;a m&aacute;s pobre y no podr&iacute;amos reconstruir la de la Espa&ntilde;a peregrina. Sin su permanencia como centro de informaci&oacute;n bibliogr&aacute;fica pol&iacute;tica y cultural, la comprensi&oacute;n plena de lo sucedido ser&iacute;a imposible&rdquo;.&nbsp; No obstante, y aunque &ldquo;en M&eacute;xico el exilio espa&ntilde;ol ya no est&aacute; en el exilio, en Espa&ntilde;a a&uacute;n no ha sido comprendido del todo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No menos recomendables son otros los dos art&iacute;culos que integran la secci&oacute;n de ensayos: &ldquo;Las ciudades del Nuevo Mundo. El modelo urban&iacute;stico y sus implicaciones culturales. Una visi&oacute;n cr&iacute;tica&rdquo;, de Olivia Mu&ntilde;oz-Rojas y &ldquo;Mathias Goeritz, entre bromas y veras&rdquo;, de Chus Tudelilla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>ENTREVISTAS A JUAN MARS&Eacute; Y ELENA PONIATOWSKA</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">En la secci&oacute;n que TURIA dedica a las entrevistas a fondo, este n&uacute;mero tiene dos protagonistas estelares de las letras en espa&ntilde;ol. Los premios Cervantes Juan Mars&eacute; y Elena Poniatowska. Ambas conversaciones muestran a dos autores de indiscutible personalidad y valiosa trayectoria.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">En la entrevista que TURIA publica con Juan Mars&eacute;, realizada por Sergi Doria, el autor de &ldquo;Si te dicen que ca&iacute;&rdquo;&nbsp; nos habla de sus conflictos con la censura franquista, de la oportunidad que le brind&oacute; ganar el Premio Internacional de Novela M&eacute;xico para conocer personalmente a Juan Rulfo (&ldquo;un genio&rdquo;) y a Luis Bu&ntilde;uel (&ldquo;&iexcl;qu&eacute; t&iacute;o m&aacute;s listo!&rdquo;) y hace balance positivo de la situaci&oacute;n de nuestras letras: &ldquo;la literatura espa&ntilde;ola actual goza de buena salud&rdquo;. Tambi&eacute;n reconoce Mars&eacute; que se entiende bien con los perdedores y que sigue &ldquo;dando m&aacute;s cr&eacute;dito a la ficci&oacute;n que a eso que llamamos realidad&rdquo;. Al fin y al cabo, confiesa que escribe &ldquo;porque estoy en desacuerdo con un mundo que no est&aacute; bien parido&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">La escritora y periodista Elena Poniatowska protagoniza en TURIA una entrevista llena de complicidades y opiniones clarificadoras sobre cuanto ocurre en M&eacute;xico. As&iacute;, a las preguntas de Carmen Carrara, responde: &ldquo;en M&eacute;xico, la realidad nos lleva a la ficci&oacute;n a la imaginaci&oacute;n&rdquo;. Reconoce Poniatowska que &ldquo;ser curiosa y preguntar me ha servido mucho&rdquo;. Tambi&eacute;n est&aacute; convencida que &ldquo;vivimos en un pa&iacute;s donde ser mujer es pertenecer a un grupo sin derechos&rdquo;. Pese a todo, nos dir&aacute; que &ldquo;la palabra es poderos&iacute;sima, con ella se han ganado muchas batallas, no hay que claudicar&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>FRANCISCO AZOR&Iacute;N Y FERNANDO FERRER&Oacute;</strong></p>
<p>Respecto a sus dos secciones dedicadas a&nbsp; los asuntos o protagonistas aragoneses, TURIA&nbsp; publica un art&iacute;culo del historiador Seraf&iacute;n Aldecoa sobre la intensa, poli&eacute;drica y productiva vida y obra de un insinge turolense errante: Francisco Azor&iacute;n (Monforte de Moyuela, Teruel, 1875 &ndash; Ciudad de M&eacute;xico, 1975). Se traza aqu&iacute; la rica trayectoria de quien ejerci&oacute; una valiosa labor pol&iacute;tica como promotor del socialismo y el sindicalismo en Espa&ntilde;a y fue un reputado arquitecto. Adem&aacute;s de un acreditado esperantista, Azor&iacute;n fue miembro de la masoner&iacute;a y desarroll&oacute; una intensa labor profesional y docente en sus a&ntilde;os de exilio en M&eacute;xico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un singular nombre propio de las letras aragonesas contempor&aacute;neas, Fernando Ferrer&oacute;, ocupa tambi&eacute;n las p&aacute;ginas de TURIA. En este caso, y a trav&eacute;s de un art&iacute;culo de Julio del Pino Perales, se indaga acerca la obra po&eacute;tica de Ferrer&oacute; (Zaragoza, 1927) como merecedora una mayor proyecci&oacute;n dentro de la literatura espa&ntilde;ola dada la originalidad de un estilo que parece reparar la uni&oacute;n anta&ntilde;o rota entre poes&iacute;a y filosof&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Asimismo, TURIA contiene&nbsp; la secci&oacute;n habitual denominada &ldquo;La isla&rdquo;, con fragmentos del diario de Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas enriquecidos gr&aacute;ficamente por Isidro Ferrer. Cierra el sumario de la revista una amplia secci&oacute;n de cr&iacute;tica de libros, &ldquo;La Torre de Babel&rdquo;, donde se analizan las novedades editoriales tanto espa&ntilde;olas como mexicanas de mayor inter&eacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;TURIA&rdquo;, 34 A&Ntilde;OS DE TRAYECTORIA</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA, que cuenta ya con 34 a&ntilde;os de trayectoria,&nbsp; ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. Fundada y dirigida por el escritor y periodista Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas, tiene periodicidad cuatrimestral en papel y cuenta tambi&eacute;n con una versi&oacute;n digital (web y Facebook) que ha incrementado notablemente su difusi&oacute;n entre el p&uacute;blico lector: su p&aacute;gina en Facebook cuenta con m&aacute;s de 9.200 seguidores y m&aacute;s de 5.000 usuarios al mes acceden a los contenidos de la web. TURIA est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel y su edici&oacute;n cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura. <strong></strong></p>
<p class="Textoindependiente21" align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21" align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 19 Jun 2017 10:59:22 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Juan Goytisolo, la lucidez de un intelectual contemporáneo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/juan-goytisolo-la-lucidez-de-un-intelectual-contemporaneo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2017/JUAN_GOYTISOLO.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp; </strong>Leer a Goytisolo es un acto de reflexi&oacute;n, una aproximaci&oacute;n a una amplia cultura, una meditaci&oacute;n sobre la escritura y su peso en el mundo. Fue galardonado con el Premio Cervantes, el escritor nacido en Barcelona, merece una reflexi&oacute;n sobre una obra de gran calado intelectual, una obra de diferentes interpretaciones, que expongo en este estudio. Su muerte nos invita a una lectura atenta y reflexiva.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Como dijo M. Carmen Porr&uacute;a en su art&iacute;culo &ldquo;Un itinerario &eacute;tico y est&eacute;tico&rdquo;, publicado en la revista de la Asociaci&oacute;n de Escritores, <em>Rep&uacute;blica de las Letras</em>, en el monogr&aacute;fico dedicado al escritor en julio-agosto del 2007, la escritura de este est&aacute; afincada al compromiso: &ldquo;La escritura goytisoliana refleja una actitud &eacute;ticamente comprometida en relaci&oacute;n a las cuestiones pol&iacute;ticas y morales de nuestra &eacute;poca&rdquo; (p. 27).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Libros como <em>Cuadernos de Sarajevo</em>, <em>Argelia en el vendaval</em> o <em>Paisajes de guerra en</em> <em>Chechenia al fondo</em>, son claros ejemplos de esta actitud, la del hombre que piensa el mundo, que reflexiona sobre su devenir, un escritor que conoce el dolor, lo expone y medita sobre &eacute;l, acerca de la injusticia de un mundo que se desangra por guerras y conflictos continuos, un lugar que merece este espacio de meditaci&oacute;n que Goytisolo dedica, porque solo as&iacute; podemos intentar ser mejores y buscar una soluci&oacute;n al caos que nos rodea.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hay una denuncia continua en su obra, un compromiso ideol&oacute;gico con los desprotegidos, con los que tienen menos, un deseo de abolir el dolor a trav&eacute;s de su denuncia, el rechazo a un capitalismo furibundo, a una sociedad de consumo que fagocita al individuo en sus redes. Todo ello se aprecia muy bien en libros como <em>Furg&oacute;n de cola</em> (1967), hasta <em>P&aacute;jaro que ensucia su propio nido</em> (2001).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; El af&aacute;n del escritor es apoyar la integraci&oacute;n, el multiculturalismo, la pervivencia de razas en un mismo &aacute;mbito (temas presentes en sus famosas novelas <em>Se&ntilde;as de</em> <em>identidad</em> o <em>Juan sin tierra</em>).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Es la trilog&iacute;a de &Aacute;lvaro Mendiola el testimonio m&aacute;s fiel de ese sincretismo, de esa b&uacute;squeda de un hogar com&uacute;n que rompa los laberintos del tiempo y que consolide la uni&oacute;n de razas que deben encontrar su sinton&iacute;a, su armon&iacute;a a un mismo lugar.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; La presencia &aacute;rabe en la Pen&iacute;nsula, su legado, es el leit motiv de esas novelas de indudable peso en nuestra literatura contempor&aacute;nea, son la b&uacute;squeda de un eslab&oacute;n cultural que no debe romperse y una cr&iacute;tica soterrada a la idea de los Reyes Cat&oacute;licos sobre la unidad de Espa&ntilde;a. Goytisolo reafirma el culturalismo, la herencia &aacute;rabe como un sustrato que enriquece nuestra cultura, por ello, utiliza el &aacute;rabe en sus novelas, ya que en <em>Juan sin tierra</em> (1975), termina el relato con formas escritas en caracteres ar&aacute;bigos y <em>Makbara</em> (1980) es un relato donde pervive lo oriental en cada p&aacute;gina.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Para el escritor, todo proceso nace de una b&uacute;squeda de lo oriental que da luz a las ventanas de nuestra historia. Es lo &aacute;rabe la mejor vidriera, donde se debe filtrar la luz&nbsp; del edificio de nuestra historia, donde los rayos iluminen nuestro presente desde un pasado que no podemos olvidar ni rechazar.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tambi&eacute;n el escritor es un amanuense que da caligraf&iacute;a a sus textos, genera, desde el relato de la ficci&oacute;n, otros textos secundarios que enriquecen el basamento original. Sin duda alguna, hay relatos interiores, di&aacute;logos, ensayos dentro de la novela, para conformar una arquitectura del pensamiento, un s&oacute;lido edificio de palabras donde convivan, en armon&iacute;a, lo &eacute;tico y lo est&eacute;tico.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el escritor catal&aacute;n, pero universal, la radiograf&iacute;a del tiempo es ineludible, en una buena y profunda lectura de su obra, la Guerra Civil, la &eacute;poca contempor&aacute;nea, son eslabones necesarios para generar un discurso sobre nuestra historia, el cual no eluda la Edad Media, como la semilla de una cultura creciente, con el legado de los &aacute;rabes y los a&ntilde;os de las Conquista musulmana y el Renacimiento, esplendor que debe ser recuperado en tiempos de crisis como estos. Todo encaja en el caleidoscopio de este novelista, ensayista, que busca el multiculturalismo como una raz&oacute;n de ser.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hay un eco manrique&ntilde;o en <em>Tel&oacute;n de boca</em>, en manos de ese septuagenario que recorre su vida, hay un tempus fugit presente en el dolor del paso del tiempo, donde anida el eco de Proust y de Tolstoi, escritores que admira Goytisolo, como si en ellos se reviviese el esp&iacute;ritu del mejor pasado literario.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Los personajes de sus libros tambi&eacute;n tienen m&uacute;ltiples rostros, son seres hilvanados con la mirada del entom&oacute;logo, lo podemos ver en novelas como El sitio de los sitios, Las semanas del jard&iacute;n, Paisajes despu&eacute;s de la batalla. Los seres que aparecen en sus novelas-ensayos son ejemplos de protagonistas polif&oacute;nicos, seres que pertenecen a un lugar y a ninguno, desterrados del para&iacute;so terrenal.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como dijo Marco Kunz en su art&iacute;culo &ldquo;En torno al otro lado: La escritura transfronteriza de Juan Goytisolo&rdquo;, aparecido en la revista <em>Rep&uacute;blica de las Letras</em> en el monogr&aacute;fico ya citado, el escritor es una combinaci&oacute;n de culturas, en un espacio que abarca el mundo y lo borra, en su af&aacute;n transfigurador.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dice as&iacute;: &ldquo;Juan Goytisolo es, sin duda, el escritor menos espa&ntilde;ol de la literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea, y al mismo tiempo, el m&aacute;s mud&eacute;jar y el m&aacute;s hispanoamericano&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Goytisolo que vive desde hace muchos a&ntilde;os en Marruecos, lugar que engloba su visi&oacute;n del mundo, entiende el mismo como un espacio lleno de traducciones, donde debemos transcribir las palabras para entender su significado profundo, cualquier lengua es recipiente de ese paisaje de ideas que es la literatura del escritor espa&ntilde;ol.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; No hay duda que Goytisolo se nutre del estilo cervantino, como demuestra <em>Las semanas del jard&iacute;n</em>, ya que se trata de historias que tienen un decidido af&aacute;n did&aacute;ctico, pero tambi&eacute;n son espejos de cajas rusas, unas dentro de otras, lo que enriquece el conjunto, pervive tambi&eacute;n la influencia de Bocaccio y su <em>Decameron,</em> donde el relato oral pesa como un legado que no podemos eludir, una literatura contada unos a otros, para buscar el sentido de la vida. El relato cervantino, su famoso <em>Quijote</em>, est&aacute; dentro de ese esp&iacute;ritu de Goytisolo, las diferentes perspectivas y un af&aacute;n por desdramatizar al personaje, hacerlo risible y, a la vez, profundo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hay un af&aacute;n en el escritor de realzar lo ficticio sobre lo real, como ocurre con Don Alosno Quijano, hacer que el personaje traspase las p&aacute;ginas y est&eacute; m&aacute;s vivo que nuestros amigos o amores, m&aacute;s carnal y, a la vez, esencialmente, espiritual, en este proceso de vivificaci&oacute;n del personaje inventado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hay ecos en el escritor de Pirandello y Unamuno, en su famosa Niebla, donde el personaje se rebela al autor que lo ha creado, hay, tambi&eacute;n una algarab&iacute;a de voces y puntos de vista, Goytisolo impone la voz del personaje, su alter ego que sirve para explicar el mundo y sus contradicciones.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Sobrevuela otro tema en la obra del escritor catal&aacute;n, la idea del exilio, que est&aacute; presente en <em>Reivindicaci&oacute;n del Conde don Juli&aacute;n</em>, el punto que lo domina es la ciudad de T&aacute;nger, que sirve de perspectiva multicultural para hablar de un territorio que quiere y siente a Espa&ntilde;a, que ama el pasado que los une y que lamenta el tiempo que los separa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y, como &uacute;ltimo tema, el humor, muy presente en su obra, porque la iron&iacute;a lo asola todo, una mirada que burla las apariencias, pero que presencia ese tiempo de cr&iacute;tica y censura que fue el franquismo, hay una lucidez presente en el hombre que ha entendido la mediocridad de la Espa&ntilde;a de la dictadura y el af&aacute;n, siempre vivo, de ir m&aacute;s all&aacute;, hacia una modernidad, que no anule lo bueno de nuestro enriquecimiento cultural en el Medievo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Hay un &uacute;ltimo Goytisolo, el poeta, que hace lirismo de su prosa, como dijo Luis Vicente de Aguinaga en otro art&iacute;culo del Monogr&aacute;fico dedicado por la revista <em>Rep&uacute;blica de las Letras</em> al escritor catal&aacute;n, dice lo que sigue: &ldquo;la obra de Goytisolo es arriesgada y compleja&rdquo;, sin duda alguna, porque su prosa est&aacute; imbuida de una poes&iacute;a que radica en lo mejor de nuestra l&iacute;rica espa&ntilde;ola, como muestra en su libro Reivindicaci&oacute;n del conde don Juli&aacute;n, donde late G&oacute;ngora, el poeta cordob&eacute;s que hace del verso una luz interior, llena de sombras y de claroscuros.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; En su Polifemo, entiende Goytisolo la Espa&ntilde;a l&uacute;cida, pero tr&aacute;gica, fea, pero hermosa, pac&iacute;fica, pero con genes de violencia, la Espa&ntilde;a que genera arte y lo destruye.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como conclusi&oacute;n a esta mirada a un escritor que ahora recibe el Cervantes por su alto compromiso con la literatura y con el pensamiento, cabe decir que se trata de un escritor de gran calado intelectual, casi un visionario, que en la &eacute;poca de la dictadura ya alumbr&oacute; el deseo de una Espa&ntilde;a multicultural, que recuperase aquel esp&iacute;ritu perdido por los Reyes Cat&oacute;licos y su af&aacute;n homogeneizador y de pedante beaterio, donde la Iglesia era el poder omn&iacute;modo en sinton&iacute;a con el de la Monarqu&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hubo, nos dice Goytisolo, una Espa&ntilde;a plural, sabia, sincr&eacute;tica, multicultural, que el tiempo ha recuperado y que no debemos perder, tierra de emigrantes como de emigrados, se trata de una Espa&ntilde;a que algunos quieren olvidar, aquellos que de forma sectaria imponen sus criterios, pero que debe seguir creciendo, tal es el legado de este hombre que ha cultivado la narrativa como si fuese un ensayo y este como una novela, porque no entiende de g&eacute;neros, todo es literatura y esta anida dentro de nosotros, como espejo de nuestra vida, merecido Cervantes el de este hombre l&uacute;cido de pensamiento inquietante y provocador, como deben ser los grandes hombres de la cultura de cualquier tiempo que se precie de serlo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Goytisolo ha muerto pero queda su obra y su alta hondura intelectual.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 19 Jun 2017 10:42:40 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Juan Marsé: "La literatura española actual goza de buena salud"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jua-marse-la-literatura-espanola-actual-goza-de-buena-salud/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2017/JUAN_MARS_2.jpg" alt="" /></p>
<p>Para un cl&aacute;sico de la novela espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea como Juan Mars&eacute;, cada a&ntilde;o que pasa deviene en conmemoraci&oacute;n. Si en el 2016 celebramos con una reedici&oacute;n el medio siglo de <em>&Uacute;ltimas tardes con Teresa</em>, el cap&iacute;tulo de efem&eacute;rides se completar&iacute;a con los cuarenta a&ntilde;os de la publicaci&oacute;n en Espa&ntilde;a de <em>Si te dicen que ca&iacute;</em>. Ambos t&iacute;tulos, capitales en la obra de Mars&eacute;, sufrieron el acecho de la censura franquista. Saltarse el l&aacute;piz rojo del censor de turno era mucho m&aacute;s duro que la tarea de escribir. Pese a las lecturas del marxismo, que pretend&iacute;a ver en el Pijoaparte la encarnaci&oacute;n de la conciencia de clase, era el sexo lo que realmente perturbaba a los censores, mucho m&aacute;s que el antifranquismo. M&aacute;s que las connotaciones pol&iacute;ticas, al Director General de Informaci&oacute;n, Carlos Robles Piquer, le preocupaba sobre todo que Mars&eacute; cambiara la palabra &ldquo;muslo&rdquo; por &ldquo;antepierna&rdquo;.</p>
<p>Y otro reconocimiento. Nuestro premio Cervantes 2009 recibi&oacute; el pasado 13 de octubre el Premio Liber 2016 al autor hispanoamericano m&aacute;s destacado como reconocimiento a su "trayectoria con proyecci&oacute;n universal vinculada a sus ra&iacute;ces barcelonesas".</p>
<p>El escritor recuerda cuando el periodista Manuel del Arco le comunic&oacute; que <em>&Uacute;ltimas tardes con Teresa</em> hab&iacute;a ganado el premio Biblioteca Breve y la prensa le esperaba en el museo Mar&eacute;s. Mar&eacute;s&hellip; Mars&eacute;. Personajes de novela como Manolo el Pijoaparte, intentando cambiar la barraca del Carmelo por una torre burguesa de Sarri&agrave;. El murciano, ese ep&iacute;gono bronceado y suburbial del Julien Sorel stendhaliano; o la rubia Teresa, a la que presenta &ldquo;con un pa&ntilde;uelo rojo asomando por el bolsillo de su gabardina blanca y con una temblorosa disposici&oacute;n musical en las piernas&rdquo;.</p>
<p>Cuando Seix Barral reedit&oacute; <em>&Uacute;ltimas tardes con Teresa -</em>ahora se ha vuelto a reeditar en su cincuentenario con una nueva portada- Arturo P&eacute;rez Reverte elogi&oacute; en el pr&oacute;logo el car&aacute;cter inmarcesible de la novela: &ldquo;Sigue tan fresca como cuando fue escrita. Ni siquiera los imb&eacute;ciles que entonces perdonaron a rega&ntilde;adientes la vida a su autor, los resentidos o los par&aacute;sitos que viven de explicar c&oacute;mo escribir&iacute;an ellos -si quisieran- los libros que escriben otros, se atreven ya a discutir que Manolo Reyes, alias <em>Pijoaparte</em>, es uno de los personajes mejor trazados en la literatura espa&ntilde;ola de la segunda mitad del siglo XX&rdquo;.</p>
<p>Si los encontronazos con el l&aacute;piz rojo se saldaron favorablemente en <em>&Uacute;ltimas tardes con Teresa</em> &ndash;ganadora del Biblioteca Breve del 65 y publicada en el 66 por Seix Barral-, no sucedi&oacute; lo mismo con <em>Si te dicen que ca&iacute;</em>. La novela hubo de ver la luz en M&eacute;xico y no se edit&oacute; en Espa&ntilde;a hasta 1976. De todo ello heos conversado con el escritor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;<em>Si te dicen que ca&iacute;</em> signific&oacute; una b&uacute;squeda de nuevas formas y estructuras narrativas&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; representaron <em>&Uacute;ltimas tardes con Teresa</em> y <em>Si te dicen que ca&iacute;</em> en su producci&oacute;n literaria?</p>
<p><em>-Ultimas tardes con Teresa</em> significa para m&iacute;, entre muchas otras cosas relacionadas con su primordial impulso narrativo, una manera de agradecer y homenajear la gran novela del siglo XIX, la que en mis lecturas adolescentes me abri&oacute; el camino hacia le verdadera literatura. En cuanto a <em>Si te dicen que ca&iacute;</em>, se trata de una novela que, m&aacute;s all&aacute; de sus primeros buceos en la memoria personal, m&aacute;s all&aacute; del deseo de recuperar la libertad y los sue&ntilde;os mediante las voces infantiles que recreaban la derrota cotidiana de la Espa&ntilde;a infausta de los a&ntilde;os cuarenta, signific&oacute; una b&uacute;squeda de nuevas formas y estructuras narrativas, apoy&aacute;ndome en las <em>aventis</em>, un juego que los chavales de mi barrio convirtieron en arte. Las <em>aventis</em>, relatos inventados que conten&iacute;an hechos reales o casi, est&aacute;n ah&iacute; al servicio del asunto nuclear de la novela: la imaginaci&oacute;n infantil reelaborando, mediante mentiras, la triste realidad de la dictadura franquista.&nbsp;</p>
<p>-<em>Si te dicen que ca&iacute;</em> vio la luz en M&eacute;xico, al no poder pasar la censura franquista. &iquest;C&oacute;mo surgi&oacute; esa posibilidad editorial?</p>
<p>-En 1973, un amigo me dio a leer en un peri&oacute;dico la convocatoria del Premio Internacional de Novela M&eacute;xico convocado por vez primera por Editorial Novaro. Yo ten&iacute;a la novela terminada y la total convicci&oacute;n de que la censura franquista no permitir&iacute;a su publicaci&oacute;n en Espa&ntilde;a, as&iacute; que, de acuerdo con mi agente Carmen Balcells, decid&iacute; probar y la envi&eacute; a M&eacute;xico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Conoc&iacute; personalmente a Bu&ntilde;uel en M&eacute;xico, &iexcl;que t&iacute;o m&aacute;s listo!&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; sinti&oacute; al ganar el Premio Internacional de Novela de M&eacute;xico?</p>
<p>- Signific&oacute; la posibilidad de ver publicada una novela que en Espa&ntilde;a no ver&iacute;a la luz hasta 1976, despu&eacute;s de la muerte de Franco. Signific&oacute; un premio de 10.000 d&oacute;lares, visitar M&eacute;xico por vez primera y conocer personalmente a Juan Rulfo y a Luis Bu&ntilde;uel.</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo recuerda aquellos encuentros?</p>
<p>-Fui invitado a la proyecci&oacute;n privada de un documental y en la entrada me presentaron a Bu&ntilde;uel. Le coment&eacute; que en mi viaje a M&eacute;xico hice escala en Paris y en un cine del barrio latino hab&iacute;a visto su &uacute;ltima pel&iacute;cula, <em>El discreto encanto de la burgues&iacute;a</em>, que fue aplaudida. &ldquo;&iquest;S&iacute;?&rdquo;, me dijo Bu&ntilde;uel muy interesado, &ldquo;&iquest;y hab&iacute;a mucha gente?&rdquo; &ldquo;Bueno, el cine estaba lleno&rdquo;, le respond&iacute;. &ldquo;Ya&rdquo;, repuso &eacute;l, &ldquo;pero esos cines del Barrio Latino son tan peque&ntilde;os...&rdquo; coment&oacute; con una sonrisa esc&eacute;ptica. Poco despu&eacute;s, iniciada la proyecci&oacute;n del documental, bastante plasta y dedicado a la mayor gloria del pintor Gironella, amigo de Bu&ntilde;uel y tambi&eacute;n en la sala, el cineasta aragon&eacute;s, sentado en la fila de butacas delante de la m&iacute;a, se levant&oacute; encorvado y apret&aacute;ndose el est&oacute;mago con la mano y exclam&oacute; con ronco y teatral vozarr&oacute;n: &ldquo;Me duele mucho la barriga&rdquo;, y se despidi&oacute; de aquella encerrona y se larg&oacute;. Y yo me dije: &iexcl;Qu&eacute; t&iacute;o m&aacute;s listo!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Juan Rulfo, un genio</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Y Juan Rulfo?</p>
<p>-Le conoc&iacute; durante una cena a la que me invit&oacute; un amigo suyo, y en la que, nunca lo olvidar&eacute;, el autor de <em>Pedro P&aacute;ramo</em> se present&oacute; con su ejemplar de <em>&Uacute;ltimas tardes con Teresa</em> para que se lo dedicara. Nos cont&oacute; que hab&iacute;a dejado de beber y pidi&oacute; una coca-cola, la &uacute;nica que hab&iacute;a en la casa, pero durante la cena se las apa&ntilde;&oacute; para simular que su codo tropezaba accidentalmente con la botella y la hac&iacute;a caer al suelo, por lo que pidi&oacute; disculpas y un vasito de vino, ya que no hab&iacute;a otra cosa&hellip; Un genio.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; conserva en la memoria del M&eacute;xico de los primeros a&ntilde;os setenta?</p>
<p>-La cortes&iacute;a de la gente y ciertos resabios machistas.</p>
<p>-<em>Si te dicen que ca&iacute;</em> padeci&oacute; un via crucis censor y, digamos, algunos problemas tipogr&aacute;ficos. &iquest;Se puede considerar la m&aacute;s accidentada de sus novelas?</p>
<p>-Sin duda. Con Carlos Robles Piquer, el m&aacute;ximo responsable de la censura en los a&ntilde;os sesenta, hab&iacute;a ya entablado relaci&oacute;n para levantar la prohibici&oacute;n de <em>Ultimas tardes con Teresa</em>, y lo consegu&iacute;, pero con Ricardo de la Cierva, su sucesor en el cargo en la d&eacute;cada siguiente, todos mis intentos para que autorizara la publicaci&oacute;n en Espa&ntilde;a de <em>Si te dicen que ca&iacute;</em> fueron in&uacute;tiles. Me minti&oacute;. Me dijo que estaba haciendo lo imposible para conseguir el visto bueno de altas instancias, cuando, lo supe a&ntilde;os despu&eacute;s, no hizo absolutamente nada. La novela no se publicar&iacute;a en Espa&ntilde;a hasta tres a&ntilde;os despu&eacute;s de la primera edici&oacute;n mexicana, es decir, en 1976. Como he dicho, un a&ntilde;o despu&eacute;s de la muerte de Franco.</p>
<p>-En 1997 recogi&oacute; el premio que lleva el nombre del autor de <em>Pedro P&aacute;ramo</em>. &iquest;Era la culminaci&oacute;n de su larga relaci&oacute;n con M&eacute;xico?</p>
<p>-Ese premio fue una grat&iacute;sima sorpresa y una alegr&iacute;a muy &iacute;ntima y personal, pues llevaba el nombre de mi admirado maestro Juan Rulfo. Despu&eacute;s he visto que el nombre del Premio Juan Rulfo ha sido sustituido por el Premio Feria del Libro de Guadalajara, y no conozco la raz&oacute;n de ese cambio, que lamento. Yo me quedo con el Premio Rulfo, que signific&oacute; tanto para m&iacute;.</p>
<p>-Adem&aacute;s de Juan Rulfo, &iquest;qu&eacute; autores le han interesado m&aacute;s de la literatura mexicana?</p>
<p>-No estoy al corriente de muchos autores actuales. He conocido y admirado a Jos&eacute; Emilio Pacheco, a Sergio Pitol, a Federico Campbell, a Jorge Ibarg&uuml;engoitia, a Monterroso.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; recepci&oacute;n ha tenido su obra en Hispanoam&eacute;rica?</p>
<p>-No tengo ni idea. S&eacute; que ha interesado a algunas personas.</p>
<p>Y seguimos con las conmemoraciones. En 2017 se cumplir&aacute;n sesenta a&ntilde;os del primer art&iacute;culo de Mars&eacute;. Lo public&oacute; en la revista Arcinema. Era el kil&oacute;metro cero de una faceta period&iacute;stica que culmin&oacute; en los a&ntilde;os setenta en revistas como Don, Bocaccio -cabecera de la <em>gauche divine</em> que comandaba Oriol Reg&agrave;s- y en los turbulentos a&ntilde;os de la Transici&oacute;n en la revista Por Favor &ndash;permanentemente acosada por expedientes y multas administrativas- con dos secciones memorables: <em>Confidencias de un chorizo</em> y <em>Se&ntilde;oras y se&ntilde;ores. </em>En la &uacute;ltima entrega de la secci&oacute;n -retomada en los a&ntilde;os ochenta en el diario El Pa&iacute;s- Mars&eacute; esboza su autorretrato: &ldquo;No ha tenido mucho gusto de haberse conocido, habr&iacute;a preferido pasar de largo de s&iacute; mismo&hellip; El tipo es bajo, desma&ntilde;ado poco hablador, taciturno y burl&oacute;n. No se considera un intelectual, y soporta mal que lo traten como si lo fuera. Ama las tabernas y las papeler&iacute;as de barrio y los flancos luminosos de los quioscos que exhiben tebeos y novelas baratas de aventuras. Las banderas le producen aut&eacute;ntico terror. Come ensaladas y escribe a mano&rdquo;.</p>
<p>El escritor se confesaba en el documental de Xavier Robles <em>Un jard&iacute;n con ranas de cart&oacute;n</em> m&aacute;s deudor del cine que de la literatura y recordaba su condici&oacute;n de hijo adoptivo &ldquo;una historia que ser&iacute;a novela aparte que no voy a escribir nunca&rdquo;. Una historia que reconstruy&oacute; con todo detalle Josep Maria Cuenca en la biograf&iacute;a <em>Mientras llega la felicidad</em>, de 2015. El t&iacute;tulo alude a la afirmaci&oacute;n de un escritor que imprime car&aacute;cter a cada novela: &ldquo;Los momentos m&aacute;s felices de la vida se dan cuando uno consigue dejar de pensar en s&iacute; mismo&rdquo;.&nbsp; En el citado documental de Robles, Mars&eacute; ya avanzaba unas cuartillas de lo que iba a ser su pr&oacute;xima novela. Con una foto de Robert-Louis Stevenson en la estanter&iacute;a y el lema que preside su despacho &ndash;&ldquo;El esmero es la &uacute;nica convicci&oacute;n moral del escritor&rdquo;- le&iacute;a un fragmento de carga autobiogr&aacute;fica que reflejaba a las claras sus encontronazos con los responsables de la mala fortuna de sus novelas en la gran pantalla... esos que &eacute;l llama &ldquo;peliculeros&rdquo;. Los directores de cine han provocado serios desperfectos en la adaptaci&oacute;n de sus novelas: Jordi Cadena, Gonzalo Herralde, Vicente Aranda, Fernando Trueba... Pero de todos los que engloba bajo el ep&iacute;grafe de &ldquo;peliculeros&rdquo;, el que m&aacute;s da&ntilde;o le hizo fue el productor Andr&eacute;s Vicente G&oacute;mez cuando se carg&oacute; el gui&oacute;n de &ldquo;el embrujo de Shanghai&rdquo; de V&iacute;ctor Erice que acab&oacute; rodando Trueba con los resultados -malos- de todos conocidos.</p>
<p>En el verano del 82, el narrador de la novela se encuentra con un productor &ldquo;prepotente y mercachifle&rdquo; y el director Juan Antonio Bertr&aacute;n, &ldquo;distinguida gloria del cine espa&ntilde;ol de los a&ntilde;os cincuenta&rdquo;. Ambos &ldquo;peliculeros&rdquo; se proponen llevar a la pantalla un guion basado en un hecho real acaecido en 1949: una prostituta estrangulada en la cabina de proyecci&oacute;n del cine Delicias. La descripci&oacute;n no deja dudas sobre la identidad del director que inspira el personaje: &ldquo;Autor de una filmograf&iacute;a muy cr&iacute;tica con la Dictadura, valiente y bien intencionada pero, lamento decirlo, bastante plasta. Las orejeras ideol&oacute;gicas de este director constri&ntilde;eron su indudable talento y todas sus pel&iacute;culas de denuncia, tan celebradas anta&ntilde;o, adolecen de una fastidiosa monserga ideol&oacute;gica y pol&iacute;tica. Han envejecido mal debido a su didactismo maniqueo y hoy lucen unos resabios panfletarios marca PCE que dan grima&rdquo;. Mars&eacute; nos presenta a Bertr&aacute;n (Bardem) &ldquo;muy a gusto bordeando el panfleto y, seg&uacute;n pude comprobar en nuestra primera entrevista, segu&iacute;a empe&ntilde;ado en ello&rdquo;.</p>
<p>Finalmente, la primera novela que Mars&eacute; public&oacute; desde la concesi&oacute;n del premio Cervantes &ndash;<em>Caligraf&iacute;a de los sue&ntilde;os</em> (2011)- no se refer&iacute;a a los &ldquo;peliculeros&rdquo; sino a los personajes de posguerra que segu&iacute;an transitando por el Carmelo y las empinadas calles de adoqu&iacute;n del barrio de Gracia y el parque G&uuml;ell. Ringo se llama el adolescente quincea&ntilde;ero que nos remite al propio Mars&eacute; y esos padres adoptivos de esa historia personal que nunca iba a ser una novela pero que atraviesa todas sus ficciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Yo sigo dando m&aacute;s cr&eacute;dito a la ficci&oacute;n que a eso que llamamos realidad&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;<em>Caligraf&iacute;a de los sue&ntilde;os</em> es su novela m&aacute;s autobiogr&aacute;fica? Esa evocaci&oacute;n del anticlericalismo paterno, de la madre enfermera, del taller de joyer&iacute;a y el tostadero donde trabaja Ringo...</p>
<p>-Me gustar&iacute;a afirmar que todo es inventado. Me gustar&iacute;a jurarlo. Porque tendr&iacute;a m&aacute;s m&eacute;rito, y a menudo, m&aacute;s solvencia. Porque en este pa&iacute;s, despu&eacute;s de lo visto y o&iacute;do &ndash;y lo que nos queda por ver y o&iacute;r, me temo-, yo sigo dando m&aacute;s cr&eacute;dito a la ficci&oacute;n que a eso que llamamos realidad. Pero s&iacute;, algo de eso que todos hemos convenido en llamar realidad testimonial est&aacute; en algunos episodios de la novela. Algunas situaciones retocadas, reinventadas, otras tan ver&iacute;dicas y asombrosamente vividas que a m&iacute; mismo me cuesta creer que ocurrieran.</p>
<p>-Obsesionado por las &ldquo;ratas azules&rdquo; que infestan los cines de barrio en la posguerra, el padre de Ringo se adscribe al bando de los vencidos pero su hijo no comparte esa asunci&oacute;n de la derrota e intenta buscar su propio futuro. En sus novelas anteriores la figura del padre no aparec&iacute;a con tanto detalle introspectivo.</p>
<p>-Mi padre constituye en varias de mis novelas un cierto subtema: el de una ausencia, una no presencia que de alg&uacute;n modo se nota. El padre ausente est&aacute; siempre ah&iacute;, es una constante, pero nunca el tema central. En <em>Caligraf&iacute;a de los sue&ntilde;os</em> est&aacute; m&aacute;s presente y activo, pero sigue siendo un personaje del que no hay que fiarse mucho, aunque es un hombre de palabra. En realidad, sigue siendo un fantasma, pero se deja ver m&aacute;s, y sus actos son menos de fiar que sus palabras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me entiendo bien con los perdedores&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;De entre sus personajes novelescos, &iquest;con cu&aacute;l de ellas se siente m&aacute;s identificado?</p>
<p>-Me entiendo bien con los perdedores. Con la desdichada Montse, con el exboxeador Jan Julivert Mon, con el pirado capit&aacute;n Blay, con la prostituta Balbina, con el Pijoaparte y con la criada Maruja, con Sarnita y con todos aquellos chavales de cabeza rapada que contaban historias sentados en las aceras del barrio en <em>Si te dicen que ca&iacute;</em>.</p>
<p>-Despu&eacute;s de <em>Caligraf&iacute;a de los sue&ntilde;os</em> lleg&oacute; el relato <em>Noticias felices en aviones de papel. </em>&iquest;C&oacute;mo naci&oacute; esa historia?</p>
<p>-De la fotograf&iacute;a en portada de un libro sobre el gueto de Varsovia, editado por Wydawnictwo Parma Press, con textos y fotos del Instituto Jud&iacute;o de Historia. Me impresion&oacute; la mirada de unos chavales descalzos y harapientos sentados en el bordillo de la acera, me trajo recuerdos de la posguerra en Barcelona. Yo hab&iacute;a visitado Varsovia a&ntilde;os atr&aacute;s y estuve en la &uacute;nica calle que se conservaba del gueto, muy parecida a la calle Nowolipie que aparec&iacute;a en la foto. Adem&aacute;s de evocar la calle mediante una invenci&oacute;n, quer&iacute;a contar algo sobre una anciana de vida supuestamente fr&iacute;vola que evoca dolorosos fantasmas y un muchacho solitario que debe aprender a ser una persona solidaria y tolerante.</p>
<p>-De nuevo los trazos del Mars&eacute; adolescente. Sue&ntilde;os, tebeos, padre huidizo... &iquest;La adolescencia permite m&aacute;s sinceridad a la hora de narrar?</p>
<p>-Tengo mis dudas acerca de c&oacute;mo narrar desde el punto de vista de un adolescente. &iquest;Esta novelita ostenta ese punto de vista? No estoy seguro. Me manejo muy mal con las teor&iacute;as. El protagonista es un chaval de quince a&ntilde;os, de acuerdo, pero no es ese chaval el que cuenta lo que pasa. Si fuera as&iacute;, seg&uacute;n yo lo entiendo, se deber&iacute;an haber respetado ciertas normas... Pero salgamos de la cocina del escritor, que siempre est&aacute; llena de humo y de olores a refritos diversos.</p>
<p>-La anciana polaca quiere hacer aviones de papel con buenas noticias... Al final califica este pa&iacute;s de &ldquo;grit&oacute;n y malhablado&rdquo; &iquest;Es una alusi&oacute;n al periodismo de trinchera que de los tertulianos?</p>
<p>-La se&ntilde;ora se queja de que en los peri&oacute;dicos no hay muchas noticias felices para los ni&ntilde;os, ni para los adultos, pod&iacute;a haber a&ntilde;adido; dice que este es un pa&iacute;s grit&oacute;n y malhablado y acusa a la prensa escrita de lo mismo, cuando en realidad esa descalificaci&oacute;n la merece mucho m&aacute;s la radio y la televisi&oacute;n con sus chillonas, vacuas, carro&ntilde;eras e inc&iacute;vicas tertulias.</p>
<p>-Uno de sus personajes afirma que &ldquo;la memoria es una abeja muerta que nos acaba picando&rdquo;. &iquest;A qu&eacute; se refiere?</p>
<p>-Proviene de una frase del viejo Walter Brennan en una pel&iacute;cula de Howard Hawks: &ldquo;&iquest;A usted nunca le ha picado una abeja muerta?&rdquo; Pero no me pregunte qu&eacute; significa...</p>
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<p><strong>&ldquo;Mi estampa predilecta de un escritor sigue siendo la imagen de un hombre solitario bati&eacute;ndose con el lenguaje&rdquo;</strong></p>
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<p>- &iquest;Qu&eacute; papel ha de asumir el escritor en estos tiempos de comercialismo a la desesperada y pirater&iacute;a digital rampante?</p>
<p>-La imagen del escritor comprometido hoy se considera poco menos que una reliquia, y lo que en todo caso priva es el intelectual al servicio del poder, el figur&oacute;n pesebrero, un monigote bien relacionado para captar prebendas. El verdadero intelectual pinta poco, y con gobiernos mercachifles que desprecian la cultura, a&uacute;n pinta menos... Mi estampa predilecta de un escritor sigue siendo la de siempre, la de una foto de Balzac que ten&iacute;a cuando era chaval, un Balzac en camis&oacute;n escribiendo a la luz de una vela, es decir, la imagen de un hombre solitario bati&eacute;ndose con el lenguaje.</p>
<p>Corr&iacute;a 2014 y la que hasta el momento es la &uacute;ltima novela de Mars&eacute; andaba por los cien folios. El t&iacute;tulo original se modific&oacute; levemente &ndash;de <em>Una puta muy querida</em> a <em>Esa puta tan distinguida</em>-, o la novela sobre la desmemoria que, tambi&eacute;n, nos acaba picando cual abeja muerta. La reconstrucci&oacute;n del crimen de una prostituta &ndash;a cargo del hombre que la mat&oacute;, trasunto del asesino de aquella Carmen Broto que inspir&oacute; <em>Si te dicen que ca&iacute;</em>- ha de nutrir el gui&oacute;n de una pel&iacute;cula que acabar&aacute; siendo otra cosa para desesperaci&oacute;n del guionista. El ajuste de cuentas con los &ldquo;peliculeros&rdquo; sirve a Mars&eacute; para abordar &ldquo;las a&ntilde;agazas y las trampas que nos tiende la memoria, sea esta hist&oacute;rica o personal&rdquo;. En un principio, <em>Esa puta tan distinguida</em> deb&iacute;a formar parte de <em>Caligraf&iacute;a de los sue&ntilde;os</em> pero tom&oacute; tanto vuelo que el autor decidi&oacute; que ser&iacute;a otra novela. Reaparecen personajes, como el falangista y la se&ntilde;ora Mir con la cabeza sobre los ra&iacute;les del tranv&iacute;a en la calle Torrente Flores. La realidad como semillero de la ficci&oacute;n. En <em>Esa puta tan distinguida</em>, apunta Mars&eacute;, podr&iacute;a pesar m&aacute;s la realidad que la ficci&oacute;n pero solo en apariencia: &ldquo;Hay algunos toques a lo real bastante evidentes, todos en clave de humor, pero yo considero mucho m&aacute;s solvente la parte inventada, porque es la que afecta al nervio central de la novela&rdquo;.</p>
<p>-Su valoraci&oacute;n, tan negativa, de las adaptaciones de sus obras al cine y de su experiencia en el trabajo cinematogr&aacute;fico se deja notar...</p>
<p>-Pero no es el asunto central de la novela. Cualquiera que haya escrito para el cine sabe eso: no pocas expectativas se pueden frustrar, por falta de entendimiento o por intereses ajenos, por motivos comerciales o por desidia.</p>
<p>-El juicio sobre el cine espa&ntilde;ol que se desprende de la novela es demoledor.</p>
<p>-El cine espa&ntilde;ol me ha planteado siempre, incluso sus mejores pel&iacute;culas, un problema de credibilidad. No s&eacute; exactamente a qu&eacute; se debe. Se trata de un antiguo desencuentro con lo m&aacute;s cre&iacute;ble y cercano, lo que las personas solemos hacer todos los d&iacute;as en la realidad, que puede se incre&iacute;ble y absurda, por supuesto, pero &ldquo;incre&iacute;blemente cre&iacute;ble&rdquo;. Hay excepciones como las pel&iacute;culas de Berlanga, Erice, Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n, Jos&eacute; Luis Borau, Jos&eacute; Luis Cuerda y, sobre todo, las de Luis Bu&ntilde;uel, incluidas las mexicanas, donde los actores suelen ser incre&iacute;bles, pero las pel&iacute;culas son perfectamente cre&iacute;bles.</p>
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<p><strong>&ldquo;Escribo porque estoy en descuerdo con un mundo que no est&aacute; bien parido&rdquo;</strong></p>
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<p>- &iquest;Qu&eacute; escritores le han ayudado m&aacute;s a reinventarse a s&iacute; mismo?</p>
<p>-Baroja, Gald&oacute;s, Stevenson, Dickens, Cervantes, Rodoreda, Stendhal, Tolstoi, Ch&eacute;jov, Hemingway, Cheever, Faulkner, Chesterton, Rulfo, Onetti, Margarit, Mendoza, Gil de Biedma, Ferrater, Simenon, Coetzee... Y Proust, Flaubert, Kafka, Pla, Scott Fitzgerald, Nabokov, Carver, Vila Matas, Lowry, Machado (Antonio), Capote, Cernuda, P&agrave;mies, Melville, Borges y Flannery O&rsquo;Connor.</p>
<p>- &iquest;Y c&oacute;mo contempla la literatura espa&ntilde;ola actual?</p>
<p>- Quiz&aacute; necesite menos adjetivos y m&aacute;s sustantivos, pero en mi opini&oacute;n goza de buena salud.</p>
<p>Despu&eacute;s de publicar <em>Esa puta tan distinguida</em>, Juan Mars&eacute; ya trabaja en otros proyectos novelescos que, por supuesto, no nos va a desvelar: &ldquo;El porqu&eacute; escribe uno tiene cincuenta mil respuestas. Yo, porque no s&eacute; hacer otra cosa... O porque estoy en desacuerdo con un mundo que no est&aacute; bien parido: la ficci&oacute;n ofrece alternativas a esa realidad que no gusta&rdquo;.</p>
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      <pubDate>Mon, 05 Jun 2017 07:07:03 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Elena Poniatowska: "En México la realidad nos lleva a la ficción, a la imaginación"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/elena-poniatowska-en-mexico-la-realidad-nos-lleva-a-la-ficcion-a-la-imaginacion/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2017/poniatowska500.jpg" alt="" /></p>
<p>Llegar a la casa de Elena Poniatowska es regresar, es desandar el tiempo hacia las calles angostas, empedradas, los &aacute;rboles a&ntilde;osos y desembocar en la emblem&aacute;tica y entra&ntilde;able,&nbsp; para todos los citadinos de mi generaci&oacute;n,&nbsp; plaza&nbsp; de Chimalistac&nbsp; con su&nbsp; templo peque&ntilde;ito en el que cabe su grandiosa belleza. La Capilla de San Sebasti&aacute;n M&aacute;rtir fue construida a finales del siglo XVI y modificada en los siglos XVII y XX. Es una de las construcciones m&aacute;s antiguas del barrio. Ah&iacute; se film&oacute;, en 1931, <em>Santa</em>, la primera pel&iacute;cula sonora mexicana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es un lunes a medio d&iacute;a y la iglesita est&aacute; abierta. Elena me invit&oacute; a comer, me acerqu&eacute; a su puerta y mientras la enredadera se me ca&iacute;a encima tuve tiempo de arrancar unas flores secas y sentir como empez&oacute; a regresar el carrete de la memoria.</p>
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<p>Recuerdo el cuento de Elena &ldquo;Boda en Chimalistac&rdquo;. Un cuento infantil que narra la historia de amor y desencuentro entre un &aacute;rbol limonero y una jacaranda; seguro que se desarrolla en este jard&iacute;n, pero no reconozco a los protagonistas ya que no es la &eacute;poca en que florean y cubren nuestras calles de ese violeta color de infancia y de ternura.</p>
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<p>La buena de Martina me abre sonriente acompa&ntilde;ada de Shadow, el enorme perro que hered&oacute; a Elena su hijo Felipe. Recorremos el abigarrado jardincito, la entrada a la casa, salvamos la mesa redonda llena de retratos de familia y una avalancha de libros que nos rodea. Oigo a lo lejos la voz inconfundible de Elena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Recuerdo sus clases. No puedo separar mi larga amistad del inicio cuando fue mi maestra, all&aacute; por los a&ntilde;os setenta cuando ella coordinaba un taller maravilloso llamado &ldquo;El grupo&rdquo;. De ella no solo se aprend&iacute;a a redactar, a ser concreta en el discurso; nos ense&ntilde;aba a buscar la verdad, a adentrarnos en el alma de las cosas y los seres. El aprendizaje de tenerla cerca cada ocho d&iacute;as durante m&aacute;s de diez a&ntilde;os fue un privilegio, fue parte de la educaci&oacute;n sentimental, tal vez tard&iacute;a, de muchos seres que la escuch&aacute;bamos semana a semana. Su honestidad, su congruencia y su compromiso con la palabra, sobre todo su compromiso con el otro, con los otros, fue y sigue siendo un ejemplo de vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Me pide la Se&ntilde;ora Elena que por favor la espere. Tome asiento. - Me dice Martina con una sonrisa.&nbsp; A un lado de los sillones, sobre una mesita, muy bien colocada, una charola con dos copas tequileras, dos botellas; una de mezcal y otra de tequila y un par de servilletas est&aacute;n esper&aacute;ndonos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aparece Elena, sonriente y c&aacute;lida como siempre y despu&eacute;s de intercambiar saludos y recuerdos, Martina nos acerca un platito de porcelana con un mousse delicioso.&nbsp; Me interesan tantas cosas de esta mujer que todo lo que ten&iacute;a planeado preguntarle desaparece de mi mente. Ahora no s&eacute; por d&oacute;nde empezar y, por alguna raz&oacute;n incomprensible, le lanzo la primera pregunta. Tal vez porque al estar con ella despu&eacute;s de un largo tiempo me vuelven recuerdos del pasado y le comento: tal vez por los recuerdos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- En el libro de Michael Schuessler, hay un texto tuyo sobre tus padres, bell&iacute;simo, lleno de amor. Los dibujas aut&eacute;nticos, sin reproches, sobre todo a Paulette, tu madre &iexcl;c&oacute;mo la guardas en tu coraz&oacute;n! Dices: &ldquo;a mi madre siempre la traje dentro y ahora m&aacute;s que nunca, siempre (o casi) est&aacute; conmigo, es mi fuerza&rdquo;. Cuando lo le&iacute; supe de donde proviene la fuerza que te impulsa y te sostiene, y a ella, Do&ntilde;a Paulette, la voy a recordar siempre erguida y elegante, tan bella, tan dama y se&ntilde;ora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- S&iacute;, as&iacute; era ella y no sabes c&oacute;mo me arrepiento de no haberla llevado al <em>&nbsp;</em>Grupo, a la casa de Alicia Trueba donde nos reun&iacute;amos cada semana, hubiera sido muy feliz, porque era una mujer culta e inteligente y hubiera disfrutado mucho, estoy segura. La sigo llevando conmigo, muy cerca, siempre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Bueno, pero hablemos de ti. En una entrevista de la<em> </em>editorial<em> </em>Era se analiza tu trabajo. Afirman que muchos de tus textos est&aacute;n escritos desde la culpa. Yo pienso que nos contagias de esa supuesta culpa, nos enfrentas con realidades y personajes que no sab&iacute;amos que estaban ah&iacute;, personajes casi invisibles, del pueblo, del barrio o de la calle y nos sacas de nuestra comodidad;&nbsp; como dicen ahora,&nbsp; de nuestra zona de confort. Porque no solo los haces evidentes sino que les das voz. Julio Cort&aacute;zar dec&iacute;a &ldquo;es m&aacute;s c&oacute;modo no pensar&rdquo;. Nos sentimos "catrines" como t&uacute; te identificas a veces,&nbsp; Nos enfrentas a una realidad que tal vez no queremos ver&nbsp; &iquest;qu&eacute; opinas?&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Recuerda que yo llegu&eacute; de Paris de 10 a&ntilde;os, y todo me sorprend&iacute;a. Mi idioma materno era el franc&eacute;s. En Par&iacute;s no se ve&iacute;a gente descalza en las calles, aqu&iacute;, en la calle de Berl&iacute;n o de Londres, en la colonia Ju&aacute;rez por donde viv&iacute;a con mi abuela, cerca del Paseo de la Reforma -nuestros <em>Champs Elys&eacute;es-</em>, ve&iacute;a mujeres que caminaban pegaditas a la pared que se bajaban de la banqueta para que t&uacute; pasaras y se tapaban su carita con el rebozo para que no las vieras. Las mujeres que sal&iacute;an en su coche con sus bolsas muy buenas y zapatos de piel de cocodrilo o sombreros no caminaban por las calles; en Par&iacute;s ve&iacute;as a esas mujeres caminando entre la gente, aqu&iacute; en M&eacute;xico la gente bien vestida va en coche. Y todav&iacute;a lo ves, no recorren las calles caminando. Bueno, la mezclilla ha sido dem&oacute;crata. Pero el lujo est&aacute; aislado. Las muchachas que trabajan detr&aacute;s de esas bardas en esas casonas enormes, si les falta algo para cocinar las tiene que llevar el chofer a alg&uacute;n supermercado. El lujo no se mezcla. No conocen los llamados barrios bajos, las colonias conurbadas no existen. No se mezclan. Ni les importa.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Muchas mujeres suplen su capacidad de creaci&oacute;n por capacidad de compra&rdquo;</strong><strong></strong></p>
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<p>- Elena, hace tiempo que vives aqu&iacute;, en un barrio maravilloso, pero que a unos pasos, poco a poco se ha llenado de centros comerciales. Como si hicieran falta m&aacute;s. Qu&eacute; maravilla que la plaza siga intacta, Pero eso no ha sucedido en muchos barrios, en colonias de clase media, con calles arboladas, donde en cada esquina encontrabas una mercer&iacute;a, una tienda de abarrotes, una miscel&aacute;nea o pod&iacute;as comprar el pan sin tener que ir a un enorme centro comercial o a un supermercado como ahora.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Es verdad, se ha perdido el concepto de barrio, en Europa todav&iacute;a te encuentras la carnicer&iacute;a o la panader&iacute;a cercana m&aacute;s a mano. La cultura del <em>mall </em>es tremenda. Muchas mujeres suplen su capacidad de creaci&oacute;n por capacidad de compra. Ahora los <em>malls</em> est&aacute;n estudiad&iacute;simos. Llenos de gente, hay cines y tiendas de especialidades;&nbsp; est&aacute;n las tiendas de departamentos, de marcas importadas, restaurantes.&nbsp; Las mujeres tienen la culpa, porque en vez de comprar tantas <em>chingamusas </em>podr&iacute;an crear algo; la costura es creativa, podr&iacute;an coser, bordar alguna prenda, algo. La clase que est&aacute; subiendo tiene que visitar esos enormes centros comerciales. Es un modo de vida importado. Ya se acab&oacute; la vida de barrio, una vida m&aacute;s humana. Ya no hay changarritos. Nos estamos convirtiendo en un Dallas (Texas). Las familias completas van aunque no compren, van de paseo. Aunque s&iacute; compran quiz&aacute; por una necesidad de integrarse a otra clase social. Y ya van desapareciendo los parques, antes los domingos iban las familias a los parques a pasear, con los ni&ntilde;os, ahora pasean en los centros comerciales y los ni&ntilde;os juegan ah&iacute; y aprenden el juego de la compradera.</p>
<p class="Body">&nbsp;</p>
<p>- Pero hablemos de tus temas recurrentes, Elena:&nbsp; te interesa el ser humano. Sobre todo las mujeres, de diferentes estratos -y no me refiero a la multitud de entrevistas de toda tu vida, sino a los personajes que creas-. Tus cuentos est&aacute;n llenos de verdad, de compasi&oacute;n, de vida y respeto al otro. La compasi&oacute;n, del lat&iacute;n <em>compassio</em> que significa &ldquo;sufrir juntos&rdquo;, es un valor del ser humano que es capaz de comprender la situaci&oacute;n del otro conect&aacute;ndose desde un sentimiento espont&aacute;neo de solidaridad. A ese sentimiento me refiero, no a lo que se confunde con l&aacute;stima. Te metes en el ser humano; hurgas en las almas. Me recuerdas a Mar&iacute;a Zambrano, una de las Mar&iacute;as que t&uacute; admiras y que has mencionado en tus textos. &ldquo;Un buen texto, prosa o poes&iacute;a debe tener verdad del alma&rdquo;&nbsp; Recuerdo que en tus clases alguna vez nos dijiste: "hay que escribir con sangre y semen".</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- Yo no me acuerdo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y sonr&iacute;e arrugando su nariz con gracia. La sonrisa de Elena es una ventana abierta a la vida, es como su jard&iacute;n brillante y c&aacute;lido, acogedor. Sonr&iacute;e mientras acaricia a uno de sus dos gatos, creo que es <em>Monsi</em>; el otro que anda por ah&iacute; rond&aacute;ndole, dice Elena, se llama <em>V&aacute;is</em>. En homenaje a su querido amigo Carlos quien viv&iacute;a rodeado de gatos, siempre fueron parte importante en la vida del escritor, dicen sus amigos que eran veintid&oacute;s las mascotas que lo acompa&ntilde;aban en sus noches y sus d&iacute;as de trabajo. Al estar con Elena es imposible no hacer referencia a sus amigos cercanos, personajes importantes de la cultura de &eacute;ste pa&iacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Vivimos en un pa&iacute;s donde ser mujer es pertenecer a un</strong><strong> grupo </strong><strong>sin derechos&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Algunos de tus libros no solo son verdaderas novelas hist&oacute;ricas, son mucho mas. &nbsp;Ese inter&eacute;s y admiraci&oacute;n que tienes por tus personajes y su entorno, lo contagias al lector, sobre todo por personajes femeninos importantes, como Tina Modotti, Leonora Carrington o Lupe Mar&iacute;n; porque nos das todo un contexto social, cultural y pol&iacute;tico de la &eacute;poca como en <em>Las ind&oacute;mitas</em> el t&iacute;tulo de tu m&aacute;s reciente libro. Te interesan las mujeres fuertes, valientes, transgresoras que logran destacarse. Adem&aacute;s de la solidaridad que siempre tienes con tus cong&eacute;neres &iquest;De d&oacute;nde surge &eacute;ste tema tan recurrente en tu obra?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Yo creo que surge de mi propia historia y porque vivimos en un pa&iacute;s donde ser mujer es pertenecer a un grupo sin derechos. Y me interesa destacar esa lucha solitaria, para lograr lo que una se propone. El mundo del periodismo, sobre todo cuando yo me inici&eacute; desde muy joven, era un mundo de hombres, en el que eran pocas las mujeres dedicadas a ello.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-<strong> </strong>Alguna vez dijiste que<strong> </strong>siempre te persigui&oacute; la misoginia, que nunca tuviste un escritorio, ni un salario semejante a tus colegas hombres, pero lograste destacar como la gran entrevistadora. &iquest;ya no te interesa la entrevista?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Bueno, ahora me interesa m&aacute;s la novela; ya he hecho mucho periodismo desde muy joven. Me he convertido en una celosa de mi tiempo, lo reconozco. Pero estoy atiborrada de trabajo, ahora s&iacute;, con mis proyectos, aunque para escribir de temas que no conozco tengo que entrevistar a mucha gente. As&iacute; aprendo, porque acu&eacute;rdate que yo no estudi&eacute; una carrera. Cada tema que abordo tengo que estudiarlo y entrevistar a los que saben.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Ser curiosa e investigar y preguntar me ha servido mucho&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Sin embargo has recibido varios doctorados honoris causa en universidades nacionales y en el extranjero. &iquest;Te pes&oacute; mucho en la vida no haber estudiado una carrera universitaria?</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- F&iacute;jate que s&iacute;, durante muchos a&ntilde;os me pes&oacute;. Tal vez por eso soy obsesiva en informarme bien sobre los temas que abordo. Ser curiosa e investigar y preguntar me ha servido mucho. Soy muy necia. Muy obstinada.</p>
<p class="Body">&nbsp;</p>
<p>- Una ni&ntilde;a europea, con una infancia que ya has mencionado y que te marc&oacute;. &iquest;Crees qu&eacute; esto hizo que te dedicaras al periodismo desde tan joven? &iquest;Qu&eacute; encontrabas en las calles de M&eacute;xico y en sus habitantes? &iquest;Te asalt&oacute; tu propia identidad en esos caminos que no eran de la Mancha? &iquest;Ten&iacute;as, como Cervantes,&nbsp; necesidad de pertenencia? &iquest;Qu&eacute; opinas de esto?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-<strong> </strong>S&iacute;, yo creo que s&iacute;. Pertenencia. Al a&ntilde;o de mi llegada a M&eacute;xico todo segu&iacute;a sorprendi&eacute;ndome, Y s&iacute;, tal vez por eso me dediqu&eacute; al periodismo; sin embargo cuando entr&eacute; a <em>Excelsior</em>, al mismo tiempo sali&oacute; mi libro de cuentos <em>Lilus Kikus</em>. Cuando uno es periodista creen que no puede escribir ficci&oacute;n. He escrito muchos cuentos; <em>Hojas de papel volando<strong> </strong></em>es el libro m&aacute;s reciente, nuevo,<strong><em> </em></strong>me lo acaba de publicar Era. Hay cuentos y hay novelas pero estamos marcados por el periodismo y el periodismo est&aacute; ligado a la pol&iacute;tica, sobre todo a la situaci&oacute;n pol&iacute;tica del momento y todos quieren que abordes ese tema, lo esperan.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-<strong> </strong>Yo no quiero preguntarte de pol&iacute;tica. Y por supuesto tienes raz&oacute;n, si algo hay en <em>Lilus Kikus</em> es imaginaci&oacute;n, creatividad, hay literatura, en esa ni&ntilde;a llena de preguntas, de fantas&iacute;a; tambi&eacute;n de conflictos con lo religioso, con la culpa y el pecado, ah&iacute; est&aacute; ya la escritora. La escritora que se cuestiona el mundo que la rodea. Y lo femenino, el personaje de la ficci&oacute;n es una ni&ntilde;a. Una ni&ntilde;a que viaja en el mundo de los sue&ntilde;os. En realidad &iquest;nunca te ha conflictuado este paso de la cr&oacute;nica o entrevista a la ficci&oacute;n?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Cuando haces periodismo te creen incapaz de escribir otra cosa&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-<strong> </strong>&iquest;Cu&aacute;l conflicto? En M&eacute;xico la realidad nos lleva a la ficci&oacute;n, a la imaginaci&oacute;n. El sello que nos da el periodismo es muy fuerte, cuando haces periodismo est&aacute;s metida en la realidad y te creen incapaz de escribir otra cosa. Elena Garro fue la &uacute;nica que me lo dijo cuando todav&iacute;a era esposa de Octavio Paz; me dijo: &iquest;por qu&eacute; no escribes lo tuyo en lugar de entrevistar babosos? He escrito muchos cuentos y novelas; no solo entrevistas. Pero uno queda marcado por el periodismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Me intriga saber si alg&uacute;n entrevistado te ha reclamado alguna imprecisi&oacute;n o interpretaci&oacute;n de sus respuestas. &iquest;Qu&eacute; nos puedes contar al respecto?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>- </strong>Ya nadie te puede reclamar, porque est&aacute; la grabaci&oacute;n y les puedes demostrar y comprobar lo que dijeron, pero hace tiempo cuando uno tomaba notas en una libreta, s&iacute;. Hab&iacute;a una Doctora, Talam&aacute;s de Quitani; era cirujana pl&aacute;stica. Ella me reclam&oacute;. Porque yo dije que a cierto paciente le hab&iacute;a quitado un metro de piel de la nalga. Aquello era imposible: &iquest;de d&oacute;nde iba a salir tanta piel? -Y Elena lanza una vez m&aacute;s su maravillosa sonrisa de la que escribi&oacute; Jos&eacute; Joaqu&iacute;n Blanco&nbsp; &ldquo;Su voluntad de sonrisa y de vida...su mayor logro literario, fue ense&ntilde;ar a la literatura mexicana a sonre&iacute;r&rdquo;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;La literatura es una carrera contra el tiempo&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- Has hablado mucho de tus procesos creadores. Cada historia, cr&oacute;nica o reportaje se convierte en una novela hist&oacute;rica, en creaci&oacute;n, en literatura. Leerte es conocer a M&eacute;xico, a dos m&eacute;xicos o las muchas caras de este pa&iacute;s. A trav&eacute;s de tu pluma conocemos a personajes que eran una referencia cultural, pero t&uacute; les das vida a ellos y a su tiempo. Por ejemplo, en <em>Tin&iacute;sima</em> recreas una &eacute;poca irrepetible, como t&uacute; le llamas, un testimonio de la cultura que marc&oacute; a M&eacute;xico y un retrato de sus fascinantes personajes,. Admiro tu trabajo. Es obsesivo y constante. Tan absorbente que&nbsp; parece que escapas; cuando escribes cuesta trabajo encontrarte. Te entregas al quehacer de la escritura como nadie.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>- </strong>La literatura es un trabajo muy solitario &nbsp;-contesta muy seria- y ya tengo muchos a&ntilde;os. Es tambi&eacute;n una carrera contra el tiempo; tengo planes para escribir m&aacute;s -se queda callada, pensativa; le pregunto si est&aacute; cansada e inmediatamente sonr&iacute;e- estoy esperando a un polaco &ndash;me dice-.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La tarde empieza a caer sobre el jard&iacute;n que veo por la ventana, el d&iacute;a se empieza a cansar tambi&eacute;n, como ella, y me preocupa incomodarla..</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Ahora estoy escribiendo la novela de los Poniatowski&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>- </strong>&iquest;Ahora de qu&eacute; o de qui&eacute;n quieres dejar testimonio&nbsp; &iquest;Qu&eacute; buscas? &iquest;Qu&eacute; tanto quieres decir o a qui&eacute;n nos vas a descubrir? Tu trabajo, siempre nos sorprende, es como si le quisieras ganar al tiempo &iquest;Qu&eacute; tanto quieres decir? Ahora &iquest;de qu&eacute; o de qui&eacute;n hablar&aacute;s? &iquest;a qui&eacute;n nos descubrir&aacute;s?&nbsp;&nbsp; &iquest;Qu&eacute; buscas?&nbsp; Me recuerdas a Cervantes a sus luchas y a su maravilloso Quijote. Sus antecedentes jud&iacute;os ocultos en su momento, su identidad de cristiano nuevo, converso en la b&uacute;squeda tambi&eacute;n de pertenencia. Pero tambi&eacute;n como &eacute;l, sabes sacar la sonrisa de tus lectores y las bondades y colorido de los paisajes.</p>
<p class="Body">&nbsp;</p>
<p class="Body">- Te digo que ahora estoy esperando a un polaco porque estoy escribiendo la novela de los Poniatowski. F&iacute;jate que el &uacute;ltimo rey de Polonia fue mi antepasado, Estanislao Poniatowski, muy jovencito fue amante de Catalina la Grande, &eacute;l era virgen, ella era una mujer extraordinaria. Naci&oacute; en (Stettin, hoy Szazecin, actual Polonia en 1729. Fue emperatriz de Rusia (1762-1796). Princesa alemana de la dinast&iacute;a Anhalt-Zerbst, fue enviada por su familia a Rusia para contraer matrimonio con el gran duque Pedro, nieto de Pedro el Grande. Una vez en San Petersburgo cambi&oacute; su nombre original, Sof&iacute;a Augusta, por el de Catalina Alexeievna, y entr&oacute; en la Iglesia Ortodoxa rusa, gesto que fue decisivo para su futuro pol&iacute;tico. Cas&oacute; en 1745 con el gran duque, quien accedi&oacute; al trono ruso en enero de 1762 con el nombre de Pedro III. Impregnada del esp&iacute;ritu iluminista de la &eacute;poca, dice la historia que Catalina mantuvo relaciones poco disimuladas con numerosos amantes, pero supo ganarse el respeto de la mayor&iacute;a de los gobernantes europeos y de los intelectuales ilustrados de la &eacute;poca, como es el caso de Diderot, uno de sus m&aacute;s pr&oacute;ximos consejeros.</p>
<p class="Body">&nbsp;</p>
<p class="Body">- Pero &iquest;c&oacute;mo lleg&oacute; a ser rey de Polonia tu antepasado Poniatowski?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Fue gracias a la influencia de la zarina, ella lo impuso, en 1764,&nbsp; hab&iacute;a sido su amante y algo m&aacute;s tarde logr&oacute; que las leyes polacas estuviesen bajo su observancia, era muy poderosa hasta lleg&oacute; a contar con el &nbsp;apoyo de la aristocracia terrateniente rusa para desarrollar su programa de reformas liberalizadoras y racionalistas. Era un mujer muy inteligente y emprendedora, adem&aacute;s culta. Ella compr&oacute; toda la biblioteca de los enciclopedistas. Y cre&oacute; el espl&eacute;ndido Museo del Hermitage en San Petersburgo. Lo inici&oacute; con la compra de una extensa colecci&oacute;n de obras de los m&aacute;s importantes pintores de la &eacute;poca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El enciclopedismo se plasm&oacute; en la famosa Enciclopedia, impulsada y editada por Diderot y D'Alembert, y contribuyeron a su redacci&oacute;n algunas de las figuras m&aacute;s notables de la Ilustraci&oacute;n, como Voltaire, Rousseau y Montesquieu y la visitaban, ella depart&iacute;a con estos personajes.</p>
<p><br /> Fue una mujer extraordinaria. Despu&eacute;s de Pedro el Grande, Rusia era una estepa, solamente hab&iacute;a osos. Se sabe que ella le hizo la vida imposible a Estanislao Poniatowski. &Eacute;l era un chavito muy joven y se apoder&oacute; de &eacute;l como de Polonia:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Igual se quiso posesionar de Austria y Rusia. Polonia es un pa&iacute;s que tiene mucha alma. Fig&uacute;rate qu&eacute; terrible, en 100 a&ntilde;os desapareci&oacute; de la faz de la tierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Sabremos m&aacute;s en M&eacute;xico y en el mundo de Polonia y de algunos recovecos de la historia &iacute;ntima de sus personajes. Porque a trav&eacute;s de tus libros y cr&oacute;nicas nos descubres mundos diferentes, tiempos ya idos y siempre lo m&aacute;s profundo del ser humano. En el fondo sospecho que hay tambi&eacute;n una gran admiraci&oacute;n por ese personaje del siglo XVIII terrible y extraordinario. Un personaje femenino de la historia universal sorprendente.&nbsp; &iquest;&eacute;ste es tu proyecto actual?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>E. </strong>Bueno, tambi&eacute;n quiero escribir sobre mi hermano Jan quien muri&oacute; en un accidente en 1968. No he empezado pero tengo planes de resucitar a un joven ni&ntilde;o, reivindicarlo. Un suicida, para atacarme a m&iacute;, habl&oacute; adjudic&aacute;ndole a mi hermano una inclinaci&oacute;n sexual inventada. Era casi un ni&ntilde;o, a esa edad todav&iacute;a no se define la sexualidad. Y es falso lo que dijo. Lo que me duele es que lo haya sacado de la tumba para atacarme a m&iacute;. Ser&aacute; un libro chiquito, pero necesito escribirlo.</p>
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<p><strong>&ldquo;Es una pena que nuestros cient&iacute;ficos se tengan que quedar en el extranjero porque aqu&iacute; no hay apoyos&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Como en<strong><em> </em></strong>&nbsp;<em>La piel del cielo</em>,<strong> </strong>tan justamente premiada &iquest;es una reivindicaci&oacute;n o un reconocimiento a Guillermo Haro, tu esposo,&nbsp; y a su trabajo como astrof&iacute;sico?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- No, en realidad lo que yo quise hacer en ese libro es, s&iacute; una reivindicaci&oacute;n pero m&aacute;s bien&nbsp; a la ciencia y a los cient&iacute;ficos &nbsp;que a Guillermo, en un pa&iacute;s que no los apoya. Trat&oacute; de ser una cr&iacute;tica a la pol&iacute;tica del pa&iacute;s. Nuestros cient&iacute;ficos que salen del pa&iacute;s a realizar sus doctorados, se tienen que quedar en el extranjero porque aqu&iacute; no hay apoyos. Ya lo dije alguna vez, es una pena. Si Mario Molina se hubiera quedado aqu&iacute; nunca hubiera obtenido el Premio Nobel. El gobierno no le dedica recursos a la educaci&oacute;n, ni a la cultura, ni a la ciencia y &nbsp;menos ahora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Completamente de acuerdo. Por supuesto, tienes raz&oacute;n, pero Volvamos a las mujeres. Tal vez ahora te interesa Catalina la Grande, pero en&nbsp; <em>Luz y Luna, las lunitas</em>, hay mujeres del campo, mexicanas otra vez, retratos de artesanas. Siempre mujeres fuertes, luchadoras. Las juchitecas sobre todo. Me encant&oacute; que te vistieras de juchiteca para recibir el premio Cervantes. Un homenaje a tu identidad mexicana tan asumida.</p>
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<p>- Y f&iacute;jate, fui muy criticada ac&aacute;, sin embargo casualmente el traje llevaba los colores de la bandera de Espa&ntilde;a, rojo y amarillo. Y all&aacute; en Espa&ntilde;a les encant&oacute; el detalle, yo no me hab&iacute;a dado cuenta, pero me sali&oacute; muy bien. Me lo agradecieron mucho, pensaron que hab&iacute;a sido planeado. Y s&iacute;, es muy lindo, me lo hicieron las juchitecas. Cada vez que voy all&aacute; me regalan un vestido, ellas lo hacen. Es una maravilla. Imag&iacute;nate, yo francesa, ten&iacute;a que ir de mexicana &iquest;no crees? No me pudieron peinar como hace algunos a&ntilde;os porque mi pelo ya no alcanza, ellas lo trenzan por encima de la cabeza con listones y flores y es una maravilla. Y le tuve que poner mangas porque ya no me gusta ense&ntilde;ar los brazos.</p>
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<p><strong>&ldquo;S&oacute;lo voy recogiendo las vidas que hay que destacar&rdquo;</strong></p>
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<p class="NoSpacing">- Elena, sonriente, me muestra su fotograf&iacute;a de hace 5 a&ntilde;os, con el pelo recogido entrelazado con listones de colores y flores como lo usan ellas, y su franca y dulce sonrisa que la identifica. Est&aacute; bell&iacute;sima, sin edad, ni nacionalidad. Es como un cuadro pintado por uno de tantos de los artistas pl&aacute;sticos con los que ha compartido su amistad. Y no descansa, la llaman por tel&eacute;fono, personas que salen del fondo de la casa y se despiden, asistentes; alumnos, no lo s&eacute;. Pero s&iacute; estoy segura que son personas que la apoyan en su trabajo y tal vez algunas a quienes ayuda. Le pregunto: en tu discurso, cuando recibiste el premio Cervantes mencionas al Quijote y a Sancho que van encontrando en el camino a personajes de la Espa&ntilde;a de ese tiempo, personajes de a pie. As&iacute; t&uacute; vas por la vida desfaciendo entuertos con el arma m&aacute;s noble, la palabra. &iquest;qu&eacute; opinas?</p>
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<p>- Eso lo dices t&uacute;, son palabras tuyas; yo solo voy recogiendo las vidas que hay que destacar, es como un tributo a personajes que admiras, que reconoces sus esfuerzos y sus logros; es como decirles a todas las mujeres: s&iacute; se puede. Recoger no solo las voces sino tambi&eacute;n el paisaje, los colores, los aromas, que son una maravilla; cuando viajas por este M&eacute;xico tan lastimado todo te sorprende &iquest;no crees?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- En tu recorrido, no por La Mancha, sino por los caminos de &eacute;ste pa&iacute;s, que es tan tuyo, hablaste en una ocasi&oacute;n de la ciudad de M&eacute;xico como &ldquo;una ciudad que llora&rdquo; y t&uacute; lloras con ella. Qu&eacute; me dices &iquest;sigues llorando?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-<strong> </strong>Ahora m&aacute;s que nunca, es el peor de los M&eacute;xico que he conocido y que he vivido. Es muy doloroso; un pa&iacute;s tan corrompido, abandonado a su suerte, saqueado y tan da&ntilde;ado por sus dirigentes. No es posible que los ciudadanos votemos tan mal. Mucho se debe a la pobreza, el voto se vende por un pedazo de pan o por tortillas. &iquest;No le daremos una oportunidad a la izquierda?&nbsp; Parece que no, y mientras siga la pobreza y falte lo elemental en las familias ser&aacute; muy dif&iacute;cil que cambie la situaci&oacute;n. Pero hay que seguir luchando.</p>
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<p><strong>&ldquo;La palabra es poderos&iacute;</strong><strong>si</strong><strong>ma, con ella se han ganado muchas batallas, no hay que claudicar&rdquo;</strong><strong></strong></p>
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<p>-<strong> </strong>&nbsp;O morir en el intento &iquest;no? Y no puedo evitar recordar la lucha cervantina y el discurso del <em>Quijote</em> sobre las armas y las letras. Tus armas son las palabras&hellip; Elena se queda callada unos instantes antes de responder como para s&iacute; misma:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Palabras&hellip; c&oacute;mo combatir?&nbsp; Finalmente es la comunicaci&oacute;n, no solo con la palabra, el amor, las expresiones de amor, las expresiones del cuerpo o el gesto, expresiones de amor o solidaridad. La comunicaci&oacute;n que hace tanta falta, hay un gran individualismo, a nadie le importa el de al lado, el de enfrente, el que no tiene. -Se queda pensativa y contin&uacute;a- la palabra en espa&ntilde;ol es una maravilla, es una lengua maravillosa que hablan millones en el mundo, la palabra es poderos&iacute;sima, con ella se han ganado muchas batallas, no hay que claudicar. Sin embargo en los peri&oacute;dicos ya es dif&iacute;cil que nos escuchen, ellos van a su fin. La noticia que no vende, no sirve.&nbsp; La comunicaci&oacute;n humana se ha perdido mucho con todos los medios digitales, se ha deformado por las redes, se ha pervertido, y esto es muy grave y muy doloroso. No hay que claudicar&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; puedo preguntarle despu&eacute;s de esto? Las dos nos quedamos calladas y en este a&ntilde;o ya por terminarse, recordando a Cervantes humanista y libertario, me viene un verso a la memoria: &ldquo;Se&ntilde;or Don Quijote, &iquest;acaso es el amor lo que nos salva?&rdquo; Y al releerlo no puedo evitar que Elena, la Poni, vuelva a mi mente, combatiendo incansable con la palabra, la &uacute;nica arma posible, y por supuesto, tambi&eacute;n con el amor, con su sonrisa y su vitalidad, en contra de tanta violencia que nos rodea.</p>
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<p class="Textosinformato1">&nbsp;</p>
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<p class="Textosinformato1">&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 05 Jun 2017 07:02:29 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rulfo en el siglo XXI]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/rulfo-en-el-siglo-xxi/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2017/JUAN_RULFO.jpg" alt="" /></p>
<p>La celebraci&oacute;n del centenario del nacimiento de Juan Rulfo (16 de mayo de 1917) invita a reflexionar sobre la trascendencia de la obra literaria del autor mexicano y su proyecci&oacute;n en nuestro siglo. La publicaci&oacute;n de su novela <em>Pedro P&aacute;ramo</em> en 1955 supuso un antes y un despu&eacute;s en el contexto global de la narrativa hispanoamericana, abriendo las puertas a la novel&iacute;stica del &ldquo;boom&rdquo; de los a&ntilde;os sesenta y setenta. Considerada por muchos cr&iacute;ticos como la novela m&aacute;s perfecta del siglo XX en Hispanoam&eacute;rica y una de las m&aacute;s significativas en el &aacute;mbito universal, opac&oacute;, en cierta medida, su colecci&oacute;n de cuentos <em>El Llano en llamas</em> (1953) que, sin embargo, tambi&eacute;n ha sido destacada como una de las obras m&aacute;s importantes del cuento hispanoamericano del siglo XX. Reconocido por ambas obras como uno de los maestros &ldquo;cl&aacute;sicos&rdquo; de las letras en espa&ntilde;ol, tambi&eacute;n han de tenerse en cuenta la novela <em>El gallo de oro </em>(escrita entre 1956 y 1958), publicada en 1980, y otros textos escritos en los a&ntilde;os cincuenta, que no alcanzaron su versi&oacute;n definitiva, pero que muestran la calidad literaria de su escritura. Su breve obra se explica por la depuraci&oacute;n a la que someti&oacute; sus textos, pues no puede decirse que escribiese poco, ya que tenemos constancia de obras escritas que destruy&oacute;: tal fue su af&aacute;n de perfecci&oacute;n que apenas sobrevivieron ese reducido n&uacute;mero de p&aacute;ginas que componen su obra editada y que le han convertido en uno de los escritores m&aacute;s admirados.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ni los lectores han deca&iacute;do en nuestro siglo XXI, ni los cr&iacute;ticos literarios han dejado de aportar otras perspectivas en sus an&aacute;lisis. Esa inmensa masa cr&iacute;tica (por cada p&aacute;gina publicada de Rulfo existe un libro que analiza su obra) se ha visto enriquecida en los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os por nuevas orientaciones que ponen en valor su dedicaci&oacute;n a la fotograf&iacute;a, desde el punto de vista art&iacute;stico, y su participaci&oacute;n en proyectos cinematogr&aacute;ficos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;</p>
<p><strong>El escritor. Los textos can&oacute;nicos</strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La aparici&oacute;n de <em>El Llano en llamas</em> supuso un notable &eacute;xito y el libro recibi&oacute; elogios de los cr&iacute;ticos. En apariencia, Rulfo no se desviaba demasiado de la narrativa habitual de aquellos a&ntilde;os, heredera del regionalismo mundonovista y anclada en los ambientes rurales. En realidad, esa ambientaci&oacute;n rural que ligaba su narrativa con la tradici&oacute;n literaria no era m&aacute;s que una pantalla en la que se proyectaba la verdadera dimensi&oacute;n de la literatura de Rulfo, la presencia de los grandes temas universales que afectan al hombre. La publicaci&oacute;n, dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, de su novela <em>Pedro P&aacute;ramo</em> fue una gran sorpresa: todo resultaba tan nuevo que la tem&aacute;tica rural pareci&oacute; un elemento indiferente ante las vanguardistas t&eacute;cnicas narrativas empleadas. Cuando a comienzos de los a&ntilde;os sesenta se evidencia ese cambio sustancial que se produce entre la narrativa realista tradicional y la &ldquo;nueva narrativa&rdquo;, las miradas de los cr&iacute;ticos se dirigieron a Rulfo para otorgarle el merecido reconocimiento de haber sido el iniciador de aquel movimiento literario que asombr&oacute; al mundo. &nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En sus cuentos y en su novela, a trav&eacute;s de historias que transcurren en lugares de del &aacute;mbito rural mexicano, cuya referencialidad es equ&iacute;voca y que desemboca en simbolismo universal, Rulfo supo captar la esencia del hombre, encarnada en el campesino y su relaci&oacute;n con la Naturaleza, al igual que hicieron otros autores del &aacute;mbito hisp&aacute;nico, como C&eacute;sar Vallejo, Gabriela Mistral, Miguel Delibes o Luis Mateo D&iacute;ez, cuyas obras son expresi&oacute;n de una cultura ancestral a punto de desaparecer. Frente a un mundo globalizado, Rulfo consigui&oacute; que perdure en nuestra memoria la existencia de un mundo rural que hoy d&iacute;a apenas podemos reconocer, pero que en &eacute;l dej&oacute; una honda huella. No es extra&ntilde;o que en sus obras el testimonio de esa realidad est&eacute; marcado por la cr&iacute;tica, por la denuncia social, podr&iacute;a decirse. Pero a&uacute;n m&aacute;s importante que la constataci&oacute;n de un mundo dominado por la injusticia resulta la capacidad que, a trav&eacute;s de una concepci&oacute;n de la vida que no conoce lo superfluo, ofrec&iacute;a ese mundo rural para representar los elementos sustanciales de la vida humana: el peso de las creencias religiosas, los sentimientos primarios, los valores de la cultura tradicional. Ese fue el legado que seguimos admirando hoy en <em>El Llano en llamas </em>y en <em>Pedro P&aacute;ramo.</em></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La publicaci&oacute;n, en marzo de 1980, de <em>El gallo de oro</em> fue un acontecimiento literario mucho menos celebrado de lo que cab&iacute;a esperar, si se tienen en cuenta las expectativas que el propio autor hab&iacute;a ido alimentando sobre nuevos textos que estaba escribiendo y que vendr&iacute;an a paliar el ya largo silencio mantenido desde la publicaci&oacute;n de <em>Pedro P&aacute;ramo</em>. Con la perspectiva que da el paso del tiempo, hoy se puede considerar que el planteamiento de la edici&oacute;n de 1980 no fue muy acertado, pues, al vincular la obra a un proyecto cinematogr&aacute;fico y publicarla junto a otros textos del autor -estos s&iacute;, guiones y argumentos para el cine-, se la marginaba del &aacute;mbito literario. Por otro lado, la aparente desvinculaci&oacute;n de Rulfo respecto a la edici&oacute;n no hizo sino a&ntilde;adir m&aacute;s incertidumbre. Las ediciones actuales<a title="" href="#_ftn1">[1]</a> han permitido una mejor valoraci&oacute;n de esta novela, corta en extensi&oacute;n (entre 50 y 60 p&aacute;ginas, seg&uacute;n la edici&oacute;n), pero de gran profundidad en su planteamiento, que fue escrita por Rulfo como un texto literario no vicario de su finalidad cinematogr&aacute;fica. Sin llegar a la perfecci&oacute;n de <em>El Llano en llamas</em> y <em>Pedro P&aacute;ramo</em>, es una obra que debemos situar en ese mismo nivel de calidad literaria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Otros textos</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al margen de la obra can&oacute;nica de Rulfo, numerosos textos suyos han terminado por ver la luz editorial. Para afrontar su an&aacute;lisis es necesario dividirlos en dos grupos: los de car&aacute;cter literario y los ensay&iacute;sticos o hist&oacute;ricos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entre los literarios, algunos se publicaron en vida de Rulfo: &ldquo;Un pedazo de noche&rdquo; (1959), que fue el &uacute;nico fragmento rescatado de su frustrada primera novela, <em>El hijo del desconsuelo</em>, escrita en torno a 1938, y &ldquo;La vida no es muy seria en sus cosas&rdquo; (1945); ambos textos fueron juzgados muy negativamente por Rulfo y, en efecto, pueden considerarse como propios de su etapa de formaci&oacute;n. Otros textos, que se mencionan a continuaci&oacute;n, se editaron p&oacute;stumamente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En primer lugar hay que destacar <em>Los cuadernos de Juan Rulfo<a title="" href="#_ftn2"><strong>[2]</strong></a></em>, una extensa publicaci&oacute;n de 180 p&aacute;ginas que recupera manuscritos y mecanuscritos, entre los que se encuentran relatos que podr&iacute;a considerarse que alcanzaron la versi&oacute;n definitiva (&ldquo;Mi t&iacute;a Cecilia&rdquo;, &ldquo;Clotilde&rdquo; o &ldquo;Se nos enfri&oacute; el comal&rdquo;), versiones previas de <em>Pedro P&aacute;ramo</em> y fragmentos de la proyectada novela <em>La cordillera</em><a title="" href="#_ftn3">[3]</a><em>.</em> Se trata de un material muy valioso, pero dif&iacute;cil de analizar al carecer de datos sobre su proceso de escritura, entre ellos su secuencia cronol&oacute;gica. Es posible que no podamos ir m&aacute;s all&aacute; de la admiraci&oacute;n que produce la belleza literaria de estas p&aacute;ginas, historias truncas que no sabemos ubicar en muchos casos, pero que ofrecen la posibilidad de analizar el proceso creativo de Rulfo al comparar las distintas versiones de un mismo relato.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En segundo lugar merece destacarse el texto <em>Castillo de Teayo</em>, un relato de cinco p&aacute;ginas escrito hacia 1952, editado por primera vez en el a&ntilde;o 2002<a title="" href="#_ftn4">[4]</a>, en el que se a&uacute;nan las experiencias personales del viaje a esas ruinas arqueol&oacute;gicas con la reflexi&oacute;n sobre el ejercicio desp&oacute;tico del poder a lo largo de la historia<a title="" href="#_ftn5">[5]</a>. Se trata de una narraci&oacute;n de gran calidad literaria que ha sido incorporada a las ediciones que recogen la obra literaria completa de Rulfo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En tercer lugar, ha despertado un llamativo inter&eacute;s la versi&oacute;n que Rulfo realiz&oacute;, entre los a&ntilde;os 1945 y 1953, de las <em>Eleg&iacute;as de Duino</em> de Rainer Mar&iacute;a Rilke. Los cuadernos manuscritos y las hojas mecanografiadas fueron descubiertas en el archivo personal del escritor por Alberto Vital y, bajo su direcci&oacute;n, se public&oacute; la versi&oacute;n rulfiana en el a&ntilde;o 2006, en una edici&oacute;n de gran rigor acad&eacute;mico. Rulfo se bas&oacute; en las ediciones en espa&ntilde;ol de Juan Jos&eacute; Domenchina (1945) y Gonzalo Torrente Ballester (1946)<a title="" href="#_ftn6">[6]</a>, para realizar su propia versi&oacute;n que, si bien en algunas partes es mera trascripci&oacute;n, puede considerarse una recreaci&oacute;n personal de gran altura po&eacute;tica. Considerada por algunos cr&iacute;ticos como la versi&oacute;n al espa&ntilde;ol m&aacute;s bella de las eleg&iacute;as de Rilke, ha vuelto a ser editada en formato comercial<a title="" href="#_ftn7">[7]</a>. No tenemos ning&uacute;n testimonio del motivo que le llev&oacute; a Rulfo a efectuar el laborioso trabajo de apropiaci&oacute;n del poema de Rilke, pero puede entenderse como parte de una natural vocaci&oacute;n lectora y de su inter&eacute;s por el mundo literario de Rilke, cuyos grandes temas universales &ndash;soledad, amor, muerte, humanidad- muestran una afinidad evidente con Rulfo y, de manera especial, en lo relativo al concepto de desilusi&oacute;n ante la realidad. Al margen, no cabe duda de que para Rulfo fue un ejercicio de estilo, en esa constante b&uacute;squeda de la perfecci&oacute;n del lenguaje literario que apreciamos en las distintas versiones de sus propios textos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por &uacute;ltimo, cabe incluir entre sus textos literarios la colaboraci&oacute;n que desarroll&oacute; para <em>El cuento. Revista de imaginaci&oacute;n</em> entre los a&ntilde;os 1964 y 1966. Bajo el t&iacute;tulo de <em>Retales</em>, seleccion&oacute; diecisiete textos, la mayor&iacute;a de tipo literario, de autores muy conocidos, como Faulkner, o, en otros casos, absolutamente desconocidos. El inter&eacute;s radica tanto en que, en ocasiones, somete al texto a un proceso de reescritura, como porque esa gavilla de autores pueden indicar las variadas preferencias de sus lecturas. La excelente edici&oacute;n de estos textos en el a&ntilde;o 2008<a title="" href="#_ftn8">[8]</a> nos permite indagar en su faceta de &ldquo;lector profesional&rdquo;, tal vez lo &uacute;nico de lo que Rulfo se sent&iacute;a orgulloso.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En cuanto a los textos de Rulfo de car&aacute;cter no literario nos encontramos lejos de poseer una relaci&oacute;n precisa y, menos a&uacute;n, de un an&aacute;lisis cr&iacute;tico que nos permita una mejor valoraci&oacute;n de la que en este momento puede hacerse. Habr&iacute;a que distinguir entre los textos publicados por &eacute;l y los que, p&oacute;stumamente, han ido apareciendo, realizar una catalogaci&oacute;n de los mismos (Rulfo escribi&oacute; rese&ntilde;as de libros, ensayos hist&oacute;ricos y de cr&iacute;tica literaria), recuperar sus art&iacute;culos, generalmente relacionados con la arquitectura o la historia de M&eacute;xico, en revistas con las que colabor&oacute;, analizar la importancia de los textos manuscritos o mecanografiados que se encuentran en su archivo personal. No es escaso el material publicado, pero su dispersi&oacute;n dificulta su estudio, tema que queda pendiente. El principal corpus se recogi&oacute;, bajo el t&iacute;tulo &ldquo;Ensayos, discursos, conferencias y pr&oacute;logos&rdquo; en <em>Toda la obra</em> (1992)<a title="" href="#_ftn9">[9]</a>. All&iacute; encontramos dos textos fundamentales para entender la concepci&oacute;n literaria de Rulfo: &ldquo;Situaci&oacute;n actual de la novela contempor&aacute;nea&rdquo; y &ldquo;El desaf&iacute;o de la creaci&oacute;n&rdquo;. Especial inter&eacute;s tiene el libro, ya citado, <em>Juan Rulfo. Letras e im&aacute;genes</em> (2002), tanto por el estudio introductorio de V&iacute;ctor Jim&eacute;nez (p&aacute;gs. 17-27) que nos muestra las grandes posibilidades de investigaci&oacute;n que al respecto ofrece el archivo personal de Juan Rulfo, como por la publicaci&oacute;n de algunos textos sobre historia y arquitectura mexicanas (que Rulfo fue recopilando de otros autores, a modo de materiales de trabajo para alg&uacute;n proyecto que no culmin&oacute;), en los que a&ntilde;adi&oacute; comentarios, algunos de car&aacute;cter literario (p&aacute;gs. 30-46). Para finalizar, mencionar&eacute; dos interesantes textos: &ldquo;<em>Pedro P&aacute;ramo</em> treinta a&ntilde;os despu&eacute;s&rdquo;, escrito y publicado en 1985 -y reproducido en muchas ocasiones- y el texto publicado en 1954 &ldquo;The Real World of William Faulkner&rdquo;, recuperado por Jorge Zepeda en 2005<a title="" href="#_ftn10">[10]</a>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Rulfo, fot&oacute;grafo y sus proyectos en el cine</strong></p>
<p>Desde que en 1980<a title="" href="#_ftn11">[11]</a> se &ldquo;descubri&oacute;&rdquo; que la conocida afici&oacute;n de Rulfo a la fotograf&iacute;a era, en realidad, una manifestaci&oacute;n art&iacute;stica de suma importancia, han sido muchas las exposiciones de su obra fotogr&aacute;fica que han podido verse en diversos pa&iacute;ses y, tambi&eacute;n, numerosos los libros que han reproducido sus fotograf&iacute;as. Hoy puede afirmarse que en el campo de la fotograf&iacute;a tiene un lugar importante que debemos desligar de su fama literaria. Sin alcanzar, por ce&ntilde;irnos al &aacute;mbito latinoamericano, la significaci&oacute;n de Mart&iacute;n Chambi o Manuel &Aacute;lvarez Bravo, ni la difusi&oacute;n de Sebasti&acirc;o Salgado o de Marcos Zimmermann, su nombre figura de igual a igual con la mayor&iacute;a de los fot&oacute;grafos m&aacute;s reconocidos. La abundante bibliograf&iacute;a sobre esta nueva faceta del escritor ha permitido descubrir, adem&aacute;s, las confluencias tem&aacute;ticas con sus obras narrativas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su afici&oacute;n por la fotograf&iacute;a se inici&oacute; muy pronto y de ella quedaron algunos testimonios en im&aacute;genes de Apulco y San Gabriel, correspondientes a los a&ntilde;os treinta, pudi&eacute;ndose establecer una continuidad en su actividad fotogr&aacute;fica a lo largo de los a&ntilde;os cuarenta, un punto &aacute;lgido en los cincuenta y un progresivo abandono en los a&ntilde;os siguientes, aunque sus fotograf&iacute;as llegan a los a&ntilde;os ochenta. En todos los casos estamos hablando de fotograf&iacute;as realizadas desde una perspectiva art&iacute;stica. El inter&eacute;s de los cr&iacute;ticos por la fotograf&iacute;a de Rulfo se inicia a partir de la exposici&oacute;n de 1980, pero ha sido en el siglo XXI cuando se han recuperado materiales e informaciones que permiten trazar la cronolog&iacute;a de su obra, m&aacute;s all&aacute; del conocimiento muy parcial que se ten&iacute;a hasta ese momento. El deslumbramiento que produjo su exposici&oacute;n de 1980 encontr&oacute; su explicaci&oacute;n en una imagen simplificada del escritor famoso que hab&iacute;a mantenido oculta una afici&oacute;n que, casi de manera fortuita, es descubierta. Algo de cierto hay en ese encubrimiento que deriva en descubrimiento (unos siete mil negativos guardados en cajas de zapatos)<a title="" href="#_ftn12">[12]</a>, pero cuando rastreamos su trayectoria fotogr&aacute;fica nos damos cuenta de que fue p&uacute;blica y bien conocida, aunque su fama como escritor termin&oacute; convirti&eacute;ndola en un mero recuerdo del que solo sobrevivi&oacute; esa imagen del escritor que era aficionado a la fotograf&iacute;a<a title="" href="#_ftn13">[13]</a>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su relaci&oacute;n con el cine nos remite de nuevo al escritor, porque en esta faceta de su obra lo que consideramos son los textos que escribi&oacute; para el cine (sinopsis de argumentos, di&aacute;logos de personajes y guiones literarios), sin que llegase a escribir guiones cinematogr&aacute;ficos, en el sentido estricto del t&eacute;rmino. El proyecto m&aacute;s importante en el que estuvo involucrado fue <em>El gallo de oro</em>, pues aunque el texto que escribi&oacute; es una novela, no cabe duda de que tuvo presente su destino cinematogr&aacute;fico<a title="" href="#_ftn14">[14]</a>. El periodo que va de 1955 (participaci&oacute;n de Rulfo, en calidad de fot&oacute;grafo, en la filmaci&oacute;n de la pel&iacute;cula <em>La Escondida</em>) a 1964 (estreno de <em>El gallo de oro</em>, bajo la direcci&oacute;n de Gavald&oacute;n) concentra su inter&eacute;s por el cine y plantea no pocas cuestiones de inter&eacute;s, entre ellas, la relaci&oacute;n de Rulfo con ese medio profesional y su disyuntiva entre el cine comercial y el vanguardista. La trayectoria de Rulfo en el cine muestra de forma rotunda su concepci&oacute;n &ldquo;art&iacute;stica&rdquo; de este medio expresivo y su inter&eacute;s por aportar novedades a un cine mexicano que se estaba anquilosando a finales de los a&ntilde;os cincuenta.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En 1960 participa en <em>El despojo</em>, cortometraje (12 min.) de Antonio Reynoso, en cuyos cr&eacute;ditos figura &ldquo;L&iacute;nea argumental y di&aacute;logos: Juan Rulfo&rdquo;. Podr&iacute;a pensarse que, dado su car&aacute;cter de cortometraje, su relevancia es escasa; sin embargo, es una pieza precursora del nuevo cine que se intentar&aacute; hacer en M&eacute;xico en los a&ntilde;os siguientes. La cinta puede verse como el paradigma de la creaci&oacute;n cinematogr&aacute;fica desde la perspectiva de Rulfo y su contribuci&oacute;n m&aacute;s exitosa al cine. El argumento de Rulfo coincide con las historias habituales de su obra literaria: la profundizaci&oacute;n en temas universales (dolor, soledad, injusticia) a trav&eacute;s de una imagen desolada del M&eacute;xico rural.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De su segunda intervenci&oacute;n en una pel&iacute;cula conservamos algunos fragmentos que formaron parte del guion de <em>Paloma herida</em> (1962) dirigida por Emilio Fern&aacute;ndez &ldquo;El Indio&rdquo;, publicados en <em>Los cuadernos de Juan Rulfo</em><a title="" href="#_ftn15">[15]</a>: un an&aacute;lisis comparativo con <em>El despojo</em> permite establecer numerosos elementos comunes de car&aacute;cter art&iacute;stico.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por &uacute;ltimo, la participaci&oacute;n de Rulfo en <em>La f&oacute;rmula secreta</em> (1964) de Rub&eacute;n G&aacute;mez es significativa. La cinta -un mediometraje (44 minutos)- es una radical muestra de cine experimental, cuya caracter&iacute;stica m&aacute;s relevante es su tono surrealista. Rulfo colabor&oacute; en ella con un texto (en los cr&eacute;ditos se se&ntilde;ala &ldquo;texto de Juan Rulfo&rdquo;) que una voz&nbsp; en off declama acompa&ntilde;ando las im&aacute;genes de dos de las diez escenas de que consta la pel&iacute;cula. Recibi&oacute; el 1&ordm; premio en el concurso de cine experimental mexicano de 1965 y es considerada un referente del cine independiente. Lo mismo que en el caso de <em>El despojo</em>, Rulfo se sent&iacute;a satisfecho del resultado y no deja de ser llamativo que sean justamente las dos escenas en que se utiliza el texto de Rulfo las vertebradoras de la pel&iacute;cula y que, adem&aacute;s, ambas tengan un car&aacute;cter muy diferente al resto, que trascurren en un &aacute;mbito urbano: la presencia de campesinos, el mundo rural desolado y&nbsp; la acentuaci&oacute;n est&eacute;tica del dramatismo son elementos que remiten a sus textos literarios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Conclusiones</strong><em> <br /></em></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Desde su aparici&oacute;n, <em>El Llano en llamas</em> y <em>Pedro P&aacute;ramo</em> se han reeditado de forma constante<a title="" href="#_ftn16">[16]</a>. De forma paralela, el reconocimiento cr&iacute;tico se efectu&oacute; desde las primeras ediciones, lleg&aacute;ndose en la actualidad a m&aacute;s de un centenar de libros monogr&aacute;ficos, una cincuentena de libros recopilatorios de art&iacute;culos, una decena de libros de car&aacute;cter biogr&aacute;fico y, como puede adivinarse, un n&uacute;mero ingente, y en la pr&aacute;ctica imposible de cuantificar, de art&iacute;culos en revistas especializadas. Desde la perspectiva cr&iacute;tica, los a&ntilde;os setenta y ochenta del pasado siglo resultaron especialmente significativos, pues en ellos se fijaron las diversas posiciones interpretativas del universo literario rulfiano<a title="" href="#_ftn17">[17]</a>, centr&aacute;ndose en sus dos obras can&oacute;nicas. Aunque ya desde la d&eacute;cada de los ochenta comienza a prestarse atenci&oacute;n a <em>El gallo de oro</em> y a su labor fotogr&aacute;fica y f&iacute;lmica, ha sido en las &uacute;ltimas dos d&eacute;cadas cuando estos estudios se han afrontado de manera m&aacute;s rigurosa. En los siguientes puntos podemos concretizar en qu&eacute; medida la cr&iacute;tica del siglo XXI ha contribuido a una mejor comprensi&oacute;n de la obra de Juan Rulfo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 1) La creaci&oacute;n de la &ldquo;Fundaci&oacute;n Juan Rulfo&rdquo; en 1996 ha resultado ser un hecho relevante. Organismo de &aacute;mbito privado ligado a la familia del escritor, sin subvenciones p&uacute;blicas, se encarga de proteger el legado del escritor y facilitar su estudio. Su funci&oacute;n ha sido determinante en la difusi&oacute;n de la actividad fotogr&aacute;fica de Rulfo, participa en la organizaci&oacute;n de actos acad&eacute;micos y lleva a cabo una intensa labor investigadora, colaborando con diversas editoriales comerciales y acad&eacute;micas (de manera especial con la editorial RM). Uno de sus mayores logros ha sido la fijaci&oacute;n de los textos de Rulfo, tanto en <em>El Llano en llamas</em> (en el a&ntilde;o 2000) como en&nbsp; <em>Pedro P&aacute;ramo</em> (en 2001), caso este verdaderamente singular en la transmisi&oacute;n de un texto del siglo XX, pues las variantes significativas entre las distintas ediciones llegaron a sobrepasar las doscientas (unas debidas a la intervenci&oacute;n de Rulfo, otras a numerosas erratas de los editores y algunas a modificaciones inexplicables). A trav&eacute;s de un minucioso examen, la Fundaci&oacute;n Juan Rulfo ha mejorado notablemente la &uacute;ltima versi&oacute;n sobre la que Rulfo tuvo alguna intervenci&oacute;n (ediciones 1980/1981 del F.C.E.), tomando como referente los mecanuscritos que, en casos dudosos, permiten apreciar &ndash;a veces con correcciones a pluma de Rulfo- la versi&oacute;n definitiva<a title="" href="#_ftn18">[18]</a>. De igual manera, las nuevas ediciones que a partir del a&ntilde;o 2010 han aparecido de <em>El gallo de oro</em> cuentan con un texto definitivo e introducciones que permiten ubicar la novela en el contexto literario apropiado. Tan significativa resulta esta fijaci&oacute;n de los textos que invalida las ediciones anteriores al a&ntilde;o 2000, siendo ahora las de las editoriales RM y C&aacute;tedra las &uacute;nicas autorizadas<a title="" href="#_ftn19">[19]</a>, y en ellas deber&iacute;an basarse las traducciones, tema complejo y en el que, por su trascendencia, la Fundaci&oacute;n realiza el m&aacute;ximo esfuerzo de asesoramiento<a title="" href="#_ftn20">[20]</a>.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 2) Tradicionalmente, los estudios cr&iacute;ticos se han centrado en el an&aacute;lisis de <em>El Llano en llamas</em> y <em>Pedro P&aacute;ramo</em>. En el siglo XXI se ha continuado esta l&iacute;nea de investigaci&oacute;n y han aparecido diversos libros, que muestran la vitalidad de los estudios sobre Rulfo, entre ellos una obra fundamental para el an&aacute;lisis de la novela, <em>La recepci&oacute;n inicial de &ldquo;Pedro P&aacute;ramo&rdquo; (1955-1963)</em> de Jorge Zepeda, (<em>op. cit.</em>), un denso libro con gran aporte documental.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 3) Otra de las novedades que ha aportado el siglo XXI ha sido el inter&eacute;s por la biograf&iacute;a del escritor. En el a&ntilde;o 2000 se publicaron las cartas que Rulfo hab&iacute;a escrito entre 1945 y 1950 a Clara, su entonces novia (nueva edici&oacute;n en la editorial RM en 2012). Aunque no deja de ser un asunto delicado la publicaci&oacute;n de textos privados, no cabe duda de que esas cartas aportan informaciones interesantes tanto desde el plano puramente biogr&aacute;fico como en relaci&oacute;n con sus actividades literarias y fotogr&aacute;ficas. Tambi&eacute;n en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os se han publicado varias biograf&iacute;as sobre Rulfo. Hay que decir que son bastantes discutibles porque, basadas en las entrevistas de Rulfo, reiterando lugares comunes y afianz&aacute;ndose en testimonios poco fiables, han contribuido a crear una imagen distorsionada del escritor, fruto m&aacute;s del acercamiento aprior&iacute;stico del bi&oacute;grafo que de la investigaci&oacute;n documental. En cambio, puede considerarse acertada la realizada por Alberto Vital<a title="" href="#_ftn21">[21]</a>, en un excelente libro basado en una documentaci&oacute;n exhaustiva. Tambi&eacute;n son destacables las investigaciones de varios autores, recopiladas en <em>Nuevos indicios</em> (<em>op. cit.</em>, 2010).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 4) Hay que insistir, y ya se ha puesto de manifiesto, que ha sido en estas dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas cuando se ha ampliado la valoraci&oacute;n de Rulfo m&aacute;s all&aacute; de sus dos obras can&oacute;nicas. Una aportaci&oacute;n significativa, en este sentido, fue la aparici&oacute;n de <em>Tr&iacute;ptico para Juan Rulfo</em> (<em>op. cit.</em>, 2006), libro en el que un buen n&uacute;mero de especialistas contribuyeron al an&aacute;lisis de facetas poco estudiadas, destacando por su novedad la publicaci&oacute;n de la versi&oacute;n de las <em>Eleg&iacute;as de Duino</em>, tal como ya se ha mencionado, y los trabajos sobre fotograf&iacute;a y cine, aspectos en los que m&aacute;s se ha avanzado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os<a title="" href="#_ftn22">[22]</a>. Hay que destacar, en el apartado de la fotograf&iacute;a, la selecci&oacute;n de <em>100 fotograf&iacute;as de Juan Rulfo</em><a title="" href="#_ftn23">[23]</a> por cuanto representa, entre las numerosas ediciones de sus fotograf&iacute;as, el conjunto m&aacute;s equilibrado y representativo de las diversas tem&aacute;ticas que le interesaron.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 5) Las traducciones que se han hecho de las obras de Rulfo son m&aacute;s de un centenar<a title="" href="#_ftn24">[24]</a>, lo que indica la universalizaci&oacute;n de su obra. De modo paralelo, aunque en una escala mucho menor, tambi&eacute;n han sido relevantes las contribuciones cr&iacute;ticas en otros idiomas, especialmente en ingl&eacute;s, tendencia que se ha consolidado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. La recepci&oacute;n que la obra de Rulfo ha tenido desde otras culturas y, especialmente, la ardua tarea de la traducci&oacute;n de sus textos fue el tema del voluminoso <em>Juan Rulfo: otras miradas</em> (<em>op.cit.</em>, 2010), libro de referencia sobre esta fundamental cuesti&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Unas &uacute;ltimas pinceladas. Rulfo realiz&oacute; un n&uacute;mero asombrosamente elevado de entrevistas que resultan, en general, de dif&iacute;cil acceso. Ser&iacute;a interesante su recopilaci&oacute;n en un libro porque ofrecen muchas claves para entender su obra. Una curiosidad: una encuesta realizada en 2008 entre cien escritores espa&ntilde;oles e hispanoamericanos para seleccionar las cien mejores obras literarias de todos los tiempos situ&oacute; a Rulfo en el puesto 16 con <em>Pedro P&aacute;ramo</em> (con la misma puntuaci&oacute;n de <em>La monta&ntilde;a m&aacute;gica</em> de Thomas Mann, que figura en el 15). El primer puesto lo ocupaba Cervantes con el <em>Quijote</em> y solo dos escritores en espa&ntilde;ol aparec&iacute;an por delante de Rulfo, Borges con <em>Ficciones</em> (n&ordm; 10) y Garc&iacute;a Lorca con <em>Poeta en Nueva York</em> (n&ordm; 11). Garc&iacute;a M&aacute;rquez aparec&iacute;a en el puesto 59 con <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em><a title="" href="#_ftn25">[25]</a>. Un testimonio: el del c&eacute;lebre autor colombiano que acabamos de mencionar, cuando recuerda su encuentro con <em>Pedro P&aacute;ramo</em><a title="" href="#_ftn26">[26]</a>: &ldquo;Aquella noche no pude dormir mientras no termin&eacute; la segunda lectura. Nunca, desde la noche tremenda en que le&iacute; la <em>Metamorfosis</em> de Kafka, en una l&uacute;gubre pensi&oacute;n de estudiantes de Bogot&aacute; -casi diez a&ntilde;os antes-, hab&iacute;a sufrido una conmoci&oacute;n semejante [...]. El resto de aquel a&ntilde;o no pude leer a ning&uacute;n otro autor, porque todos me parec&iacute;an menores&rdquo;.&nbsp;&nbsp;</p>
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<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> <em>El gallo de oro</em>, M&eacute;xico/Barcelona, RM, 2010. Nueva edici&oacute;n (2016).</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> <em>Los cuadernos de Juan Rulfo</em> (ed. de Yvette Jim&eacute;nez de B&aacute;ez), M&eacute;xico, Era, 1994.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a> Respectivamente, p&aacute;gs. 13-28 y 103-122; 45-94; 127-152.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a> Juan Rulfo, <em>Letras e im&aacute;genes</em> (ed. de V&iacute;ctor Jim&eacute;nez), M&eacute;xico, RM, 2002. Se reproducen 116 fotograf&iacute;as de tema arquitect&oacute;nico y 16 textos relativos a esta cuesti&oacute;n.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a> Es un tema esencial para Rulfo, presente en sus textos literarios, en sus ensayos y en su fotograf&iacute;a. En este relato se contextualiza en el apogeo y decadencia de las culturas ind&iacute;genas mexicanas, marcadas por ese signo de la violencia que define sus cuentos y su novela <em>Pedro P&aacute;ramo</em>.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a> En <em>Tr&iacute;ptico</em> <em>&nbsp;para Juan Rulfo: poes&iacute;a, fotograf&iacute;a, cr&iacute;tica</em> (coords. V&iacute;ctor Jim&eacute;nez, Alberto Vital y Jorge Zepeda), M&eacute;xico, Fundaci&oacute;n Juan Rulfo/RM, 2006, se editan conjuntamente el texto alem&aacute;n de Rilke, la versi&oacute;n de Domenchina (basada en traducciones inglesas, francesas e italianas), la traducci&oacute;n directa del alem&aacute;n de Torrente y la versi&oacute;n de Rulfo (p&aacute;gs. 93-215). Es relevante la informaci&oacute;n de Alberto Vital en su art&iacute;culo &ldquo;Rulfo y Rilke&rdquo; (p&aacute;gs. 17-32), ampliado en &nbsp;Alberto Vital,<em> Rilke, Rulfo</em>, M&eacute;xico, Samsara, 2012.</p>
</div>
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<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a> En la editorial Sexto Piso (Madrid/M&eacute;xico, 2015).</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref8">[8]</a> Juan Rulfo, <em>Retales</em> (V&iacute;ctor Jim&eacute;nez, Alberto Vital y Sonia Pe&ntilde;a, editores), M&eacute;xico, Terracota, 2008.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref9">[9]</a> Juan Rulfo, <em>Toda la obra</em> (coord. Claude Fell), Colecci&oacute;n Archivos, Madrid, CSIC, 1992 (ed. de L&oacute;pez Mena). Nueva edici&oacute;n ampliada en 1996, p&aacute;gs. 369-447.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref10">[10]</a> Ambos textos se publican en Jorge Zepeda, <em>La recepci&oacute;n inicial de &ldquo;Pedro P&aacute;ramo&rdquo; (1955-1963)</em>, M&eacute;xico, Fundaci&oacute;n Juan Rulfo/RM, 2005.</p>
</div>
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<p><a title="" href="#_ftnref11">[11]</a> De manera bastante casual, se realiz&oacute; una exposici&oacute;n de unas cien fotograf&iacute;as suyas con motivo de los actos de homenaje que en ese a&ntilde;o se le tributaron en el Palacio de Bellas Artes de M&eacute;xico.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref12">[12]</a> Aproximadamente, conocemos unas quinientas fotograf&iacute;as, muchas de las cuales se han reproducido de manera reiterada.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref13">[13]</a> En <em>Tr&iacute;ptico para Juan Rulfo</em> (<em>op. cit.</em>, 2006) diversos estudios permiten tener una vis&oacute;n bastante completa de su actividad fotogr&aacute;fica. Tienen gran inter&eacute;s los encartes de las 11 fotograf&iacute;as que publica en la revista <em>Am&eacute;rica</em> en 1949 y de las 23 fotograf&iacute;as de la, hasta entonces desconocida, exposici&oacute;n de Guadalajara.</p>
</div>
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<p><a title="" href="#_ftnref14">[14]</a> An&aacute;lisis comparativos entre el texto de Rulfo, el guion cinematogr&aacute;fico que escribieron Garc&iacute;a M&aacute;rquez y Carlos Fuentes y las dos versiones f&iacute;lmicas (Gavald&oacute;n y Ripstein) pueden verse en la edici&oacute;n ya citada de 2010 de <em>El gallo de oro</em> y en <em>Rethinking Juan Rulfo&rsquo;s Creative World Prose, Photography, Film</em>, editated by Dylan Brennan and Nuala Finnegan, Cambridge (Great Britain),&nbsp; Modern Humanities Research Association and Many Publishig, 2016.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref15">[15]</a> Se publicaron con el ep&iacute;grafe &ldquo;Borradores para un guion cinematogr&aacute;fico&rdquo; (<em>op. cit.</em>, p&aacute;gs. 155-160), sin fecha ni otros datos.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref16">[16]</a> Con relaci&oacute;n a <em>Pedro P&aacute;ramo</em>, Zepeda (<em>op.cit.</em>, 2005, p&aacute;gs. 298-305) menciona alrededor de 50 ediciones en castellano. Desde la fecha del recuento, 2004, las ediciones han seguido aumentando a buen ritmo.&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref17">[17]</a> La recensi&oacute;n de Gerald Martin, &ldquo;Vista panor&aacute;mica: la obra de Juan Rulfo en el tiempo y en el espacio&rdquo; (Rulfo, <em>Toda la obra</em>, <em>op. cit.</em>, p&aacute;gs 471-545), analiza los estudios m&aacute;s significativos y los categoriza por tendencias cr&iacute;ticas.</p>
</div>
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<p><a title="" href="#_ftnref18">[18]</a> En relaci&oacute;n con el complejo tema de la fijaci&oacute;n textual de la novela, v&eacute;ase Gonz&aacute;lez Boixo (&ldquo;Historia textual de <em>Pedro P&aacute;ramo</em>&rdquo;, p&aacute;gs 77-94, en <em>Juan Rulfo: perspectivas cr&iacute;ticas. Ensayos in&eacute;ditos</em> (coord. Pol Popovic y Fidel Ch&aacute;vez), M&eacute;xico, Siglo XXI, 2007) y Gonz&aacute;lez Boixo, &ldquo;Introducci&oacute;n&rdquo; (p&aacute;gs. 37-53) y &ldquo;Ap&eacute;ndice II: an&aacute;lisis y registro de variantes&rdquo; (p&aacute;gs. 215-254), en Juan Rulfo, <em>Pedro P&aacute;ramo </em>(edici&oacute;n cr&iacute;tica), Madrid, C&aacute;tedra, 2013.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref19">[19]</a> De forma ocasional se han publicado ediciones especiales en otras editoriales. Es el caso de la edici&oacute;n para bibli&oacute;filos (525 ejemplares numerados) de <em>Pedro P&aacute;ramo</em> (Madrid, Turner, 2005) y la lujosa edici&oacute;n <em>El Llano en llamas</em>, <em>Pedro P&aacute;ramo</em> y <em>El gallo de oro</em> publicada por la Secretar&iacute;a de Cultura del Estado de Jalisco (2011).</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref20">[20]</a> Una amplia panor&aacute;mica de las actividades de la Fundaci&oacute;n Juan Rulfo puede verse en la entrevista que Julio Moguer realiz&oacute; a su director, &ldquo;Por los caminos de Rulfo: conversaci&oacute;n con V&iacute;ctor Jim&eacute;nez&rdquo; (<em>Nuevos indicios sobre Juan Rulfo: genealog&iacute;a, estudios, testimonios</em> (2010) (coord. Jorge Zepeda), M&eacute;xico, Fundaci&oacute;n Juan Rulfo / Juan Pablos Editor, p&aacute;gs 233-252.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref21">[21]</a> <em>Noticias sobre Juan Rulfo. 1784-2003</em>, M&eacute;xico, RM, 2004.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref22">[22]</a> En cuanto a la fotograf&iacute;a de Rulfo es importante el art&iacute;culo de Paulina Mill&aacute;n, &ldquo;La difusi&oacute;n inicial de las fotograf&iacute;as de Juan Rulfo, 1949-1964&rdquo; (en <em>Nuevos indicios</em>, <em>op. cit.</em>, p&aacute;gs. 91-133) y, en cuanto a la relaci&oacute;n de Rulfo con el cine, varios art&iacute;culos del volumen colectivo <em>Rethinking Juan Rulfo&rsquo;s</em><em> </em>&nbsp;(2016). Est&aacute; prevista tambi&eacute;n la publicaci&oacute;n en 2017, por parte de Douglas J. Weatherford, m&aacute;ximo especialista en el tema en estos momentos, de un libro sobre el cine y Rulfo, que incluir&aacute; la edici&oacute;n de los guiones cinematogr&aacute;ficos que sobre <em>El gallo de oro</em> y <em>Pedro P&aacute;ramo</em> escribieron Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez y Carlos Fuentes.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref23">[23]</a><em> </em>M&eacute;xico/Barcelona, RM. Tambi&eacute;n hay que destacar la edici&oacute;n de Juan Rulfo, <em>En los ferrocarriles</em>, M&eacute;xico, RM/Fundaci&oacute;n Juan Rulfo/UNAM, 2014. Contiene 64 fotograf&iacute;as y varios estudios</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref24">[24]</a> Jorge Zepeda en &ldquo;Juan Rulfo en traducci&oacute;n&rdquo; (en <em>Juan Rulfo: otras miradas</em> (eds. V&iacute;ctor Jim&eacute;nez, Julio Moguel y Jorge Zepeda), M&eacute;xico, Juan Pablos Editor/Fundaci&oacute;n Juan Rulfo, 2010, p&aacute;gs. 471-480) hace un an&aacute;lisis hasta 2008. <em>Pedro P&aacute;ramo </em>se tradujo al ingl&eacute;s en 1955, en el mismo a&ntilde;o de su publicaci&oacute;n en castellano.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref25">[25]</a> Encuesta de <em>El Pa&iacute;s semanal</em> (en <em>Juan Rulfo: otras miradas</em>, <em>op. cit.</em>, p&aacute;gs. 144-150).</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref26">[26]</a> &ldquo;Breves nostalgias sobre Juan Rulfo&rdquo;. El texto se public&oacute; por primera vez en 1980, en la revista mexicana <em>Proceso</em> (29 de septiembre). Ha sido reproducido en innumerables ocasiones, pero no siempre de forma completa, como puede leerse en <em>Juan Rulfo: otras miradas</em>, <em>op.cit.</em>, p&aacute;gs. 89-94.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 05 Jun 2017 06:55:54 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Luis Buñuel en México: una introducción ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/luis-bunuel-en-mexico-una-introduccion/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2017/luisbunuel500.jpg" alt="" /></p>
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<p class="normal" align="right"><em>&iexcl;VIVA M&Eacute;XICO! Par&iacute;s es magn&iacute;fico pero... &iexcl;qu&eacute; chulo es M&eacute;xico!</em></p>
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<p class="normal">Se dice de Bu&ntilde;uel, m&aacute;s o menos con raz&oacute;n, que es uno de los directores que m&aacute;s atenci&oacute;n ha recibido a lo largo de la Historia, junto con otros cineastas como Charles Chaplin, John Ford, Sergei Eisenstein, Alfred Hitchcock o Akira Kurosawa. Basta con echar un vistazo a la entrada &ldquo;Bu&ntilde;uel&rdquo; en el cat&aacute;logo de la Filmoteca espa&ntilde;ola para comprobar la cantidad de documentaci&oacute;n existente s&oacute;lo en dicho acervo. Y, lejos del olvido, el inter&eacute;s por Bu&ntilde;uel en la actualidad sigue gozando de una excelente salud gracias, en parte, a la actualizaci&oacute;n de conocimientos aportada por recientes investigaciones, as&iacute; como por el alcance de numerosos proyectos culturales dise&ntilde;ados para difundir su vida y su obra. En ese sentido, el llamado periodo mexicano es un terreno muy f&eacute;rtil, tanto porque profesionalmente fue el m&aacute;s productivo de su carrera: 20 de las 32 pel&iacute;culas que dirigi&oacute; fueron hechas en M&eacute;xico; como por ser el lugar donde fij&oacute; su residencia desde el a&ntilde;o 1946 hasta su muerte en 1983. Y, m&aacute;s all&aacute; de las interpretaciones y el continuo inter&eacute;s por su cine, o la fascinaci&oacute;n por su filosof&iacute;a de vida rebelde y surrealista, es importante hablar del impacto de Bu&ntilde;uel en M&eacute;xico midiendo el alcance de los proyectos derivados en torno a su figura.</p>
<p class="normal">Una de las intervenciones m&aacute;s interesantes realizadas con relaci&oacute;n al rescate y difusi&oacute;n de Bu&ntilde;uel en M&eacute;xico ha sido la adquisici&oacute;n de la que fuera su casa en la Ciudad de M&eacute;xico, ubicada en la calle Cerrada de F&eacute;lix Cuevas 27 de la Colonia del Valle. Me gustar&iacute;a empezar hablando de este lugar que conoc&iacute; de cerca y que, tristemente, en la actualidad se encuentra en penumbras, acumulando polvo en su interior y maleza en las fachadas.</p>
<p class="normal">Bu&ntilde;uel empez&oacute; a construir su casa tras adquirir un terreno de 554 metros cuadrados al sur de la ciudad en el a&ntilde;o 1952, seis a&ntilde;os despu&eacute;s de su llegada a M&eacute;xico, con ayuda del arquitecto Arturo S&aacute;enz de la Calzada. Ambos se conoc&iacute;an de haber coincidido en la residencia de Estudiantes de Madrid en los a&ntilde;os veinte y se reencontraron porque S&aacute;enz de la Calzada hab&iacute;a llegado con el exilio a M&eacute;xico en 1939. En la entrevista que le realiz&oacute; Max Aub para su proyecto <em>Bu&ntilde;uel: novela</em> el arquitecto recuerda: &ldquo;cuando le hice la casa, (Bu&ntilde;uel) me dijo: &laquo;Bueno, pero no creas que aqu&iacute; vas a ver a muchas estrellas de cine y de tal, no, no. Yo llevo una vida muy sencilla y muy retirado del mundo, y no.&raquo;&rdquo;.</p>
<p class="normal">Al igual que la Residencia de Estudiantes de Madrid, la casa que Bu&ntilde;uel dise&ntilde;&oacute; destaca por el uso del ladrillo rojo, aunque tambi&eacute;n incorpora elementos de piedra volc&aacute;nica, un material muy t&iacute;pico en las construcciones del sur de la Ciudad de M&eacute;xico. El inmueble tiene tres niveles pero, antes de entrar, el visitante se encuentra con un gran muro, del cual Bu&ntilde;uel conversa con Robert Valey en la entrevista que este le hace para el primer cap&iacute;tulo de <em>Cin&eacute;astes de notre temps</em> (1964), contando que el muro de su casa es tan alto para evitar la entrada de ladrones, no para aislarse de la sociedad mexicana. Tras el muro, un patio donde nunca quiso tener plantas por temor a las ara&ntilde;as. Sin embargo, una de las paredes qued&oacute; adornada con un mural de flores pintado por Jos&eacute; Moreno Villa y una frase: &ldquo;las flores que no plant&eacute;, crecieron en mi jard&iacute;n&rdquo;. En la parte trasera, una parrilla donde hac&iacute;a paellas los domingos. En la parte delantera, un porche con garaje. El interior de la planta baja, de 240 metros cuadrados, tiene la cocina, el desayunador, una sala con chimenea, un comedor con acceso al patio y, al fondo, el lugar preferido de Bu&ntilde;uel, donde pasaba las mejores horas del d&iacute;a: el bar.</p>
<p class="normal">En el primer piso, cuatro habitaciones: la del hijo menor, Rafael; la del primog&eacute;nito, Juan Luis; la de Jeanne, o como cari&ntilde;osamente se le conoce: Juanita, esposa y compa&ntilde;era fiel durante casi seis d&eacute;cadas; y la de Bu&ntilde;uel. El matrimonio dorm&iacute;a en cuartos separados, unidos por un balc&oacute;n que daba al patio, donde Jeanne hac&iacute;a ejercicio, en ocasiones, con un cigarro en una mano y un tequila en la otra. Bu&ntilde;uel instal&oacute; su cama junto a la biblioteca y su escritorio. Cuando Rafael se mud&oacute; a Estados Unidos, esa rec&aacute;mara pas&oacute; a ser la de Bu&ntilde;uel, era la m&aacute;s peque&ntilde;a y en donde se guardaban tambi&eacute;n los muebles y objetos viejos que no se utilizaban.</p>
<p class="normal">El segundo piso era para instalar a los visitantes: familiares y amigos que se hospedaban en F&eacute;lix Cuevas cuando viajaban a M&eacute;xico. Aparentemente, ser anfitri&oacute;n por mucho tiempo no era lo que m&aacute;s le agradaba a Bu&ntilde;uel. En una carta que envi&oacute; a Eduardo Ducay en agosto de 1971 hace un amargo y quejumbroso recuento: &ldquo;Mi casa est&aacute; llena. Cuente: <em>men&aacute;ge </em>Jeanne y Luis, hijos Juan Luis y Rafael, nuera Joyce, la nieta, la amiga de Rafael. Y cuatro en la cocina. Entre nosotros: horrible&rdquo;. A pesar de no ser amante de las grandes multitudes, como &eacute;l mismo deja claro en sus memorias, su predilecci&oacute;n por la soledad era s&oacute;lo &ldquo;con la condici&oacute;n de que venga de vez en cuando alg&uacute;n amigo a hablarme de ella&rdquo;. Por eso, por su casa pasaron muchos amigos espa&ntilde;oles, franceses y mexicanos de todas las etapas de su vida, como George Sadoul que, invitado por Jeanne, visit&oacute; la casa en diciembre de 1960, tras participar como miembro del jurado en el Festival de Acapulco, aunque Bu&ntilde;uel estaba en Madrid y no coincidieron.</p>
<p class="normal">Entre los que visitaron a Bu&ntilde;uel en su casa, todos destacan la sobriedad del lugar. Pocos objetos de lujo exceptuando el famoso retrato hecho por Dal&iacute; en 1924, que actualmente se exhibe en el Museo Reina Sof&iacute;a de Madrid junto a la proyecci&oacute;n permanente de <em>Un perro andaluz (Un chien andalou, 1929)</em>; otro retrato hecho por Moreno Villa; el cuadro de Leonora Carrington, <em>Le Bon Roi Dagobert;</em> o los grabados que le regalaron Alberto Gironella o el padre Juli&aacute;n Pablo. Tambi&eacute;n ten&iacute;a una espl&eacute;ndida biblioteca, que actualmente es parte del Archivo Bu&ntilde;uel de la Filmoteca Espa&ntilde;ola. Y, en uno de los armarios de la casa, el mayor tesoro: copias de sus primeras pel&iacute;culas y de su etapa en Film&oacute;fono, que don&oacute; a la Cineteca Nacional en 1974 y que, con toda probabilidad, se perdieron en el incendio del 24 de marzo de 1982, que inici&oacute; casualmente mientras se exhib&iacute;a la pel&iacute;cula <em>La yegua de fuerza</em> de Joyce Bu&ntilde;uel, la nuera de Luis Bu&ntilde;uel.</p>
<p class="normal">Las paredes de esa casa fueron testigos de un sinf&iacute;n de an&eacute;cdotas, como las que narra Jeanne Rucar en <em>Memorias de una mujer sin piano</em> o Claudio Isaac en <em>Luis Bu&ntilde;uel: a mediod&iacute;a</em>. Por ejemplo, las fiestas de disfraces con los amigos del exilio; la visita del Presidente de M&eacute;xico Miguel de la Madrid, que se qued&oacute; comiendo y bebiendo hasta tarde; las sesiones espiritistas donde Bu&ntilde;uel se entreten&iacute;a hipnotizando; la convivencia con los animales, como el loro de <em>Robinson Crusoe</em>, las ratitas blancas, el perro Le&oacute;n y despu&eacute;s, la perra Tristana; los encuentros con otros directores, compa&ntilde;eros de profesi&oacute;n y admiradores, como un jovenc&iacute;simo Michel Ciment, cr&iacute;tico y editor de la revista francesa <em>Positif</em>, que visit&oacute; a Bu&ntilde;uel aprovechando un viaje que hizo a M&eacute;xico a sus 18 a&ntilde;os; o las paellas y borracheras con los amigos m&aacute;s &iacute;ntimos. El lugar tambi&eacute;n aparece de fondo en numerosas fotograf&iacute;as y algunos documentales que se hicieron sobre Bu&ntilde;uel en M&eacute;xico como <em>El n&aacute;ufrago de la calle Providencia</em>, documental de Rafael Castanedo y Arturo Ripstein o <em>El Bu&ntilde;uel mexicano</em>, dirigido por Emilio Maill&eacute;.</p>
<p class="normal">Tras la muerte de Luis Bu&ntilde;uel, en 1983, su viuda Jeanne Rucar sigui&oacute; viviendo en la casa, como cont&oacute; en sus memorias, acostumbr&aacute;ndose poco a poco a la ausencia de Luis. Los hijos, Juan Luis y Rafael viv&iacute;an en Francia y Estados Unidos respectivamente y, tras el fallecimiento de Juanita en 1994, decidieron poner la casa en alquiler. Curiosamente, el lugar se convirti&oacute; en oficina de una productora de cine, Casa B Productions, que hizo la pel&iacute;cula <em>D&iacute;as de gracia</em> (2011) del director Everardo Gout, estrenada en el Festival Internacional de Cannes. En el 2008, Juan Luis volvi&oacute; a visitar la casa de F&eacute;lix Cuevas en compa&ntilde;&iacute;a del guionista Jean-Claude Carri&egrave;re y Claudio Isaac para el rodaje del documental <em>El &uacute;ltimo gui&oacute;n. Bu&ntilde;uel en la memoria </em>(2008), dirigido por Gaizka Urresti y Javier Espada; fue por entonces que se hizo p&uacute;blica la intenci&oacute;n de vender el inmueble.</p>
<p class="normal">La casa fue adquirida por el Ministerio de Cultura de Espa&ntilde;a, siendo ministra &Aacute;ngeles Gonz&aacute;lez Sinde, tambi&eacute;n cineasta. La operaci&oacute;n se llev&oacute; a cabo a mediados del mes de agosto del a&ntilde;o 2010 por un valor de 284.228,00 &euro;. Los medios recogieron la noticia a partir de diciembre de 2011 con motivo de la inauguraci&oacute;n de la exposici&oacute;n <em>Viridiana 5.0</em>, a la que acudieron las autoridades culturales de Espa&ntilde;a y M&eacute;xico, sellando un acuerdo de cooperaci&oacute;n entre ambas naciones para sumar esfuerzos en ambos lados del Atl&aacute;ntico con el prop&oacute;sito de mantener viva la memoria del gran cineasta compartido.</p>
<p class="normal">La exposici&oacute;n <em>Viridiana 5.0 </em>se exhibi&oacute; con la vivienda casi en las mismas condiciones que cuando su uso era privado. Para darle un nuevo uso como centro cultural, era necesario realizar obras de mejora y adaptaci&oacute;n de los espacios. Para ello, a mediados de 2012, se inici&oacute; la ejecuci&oacute;n de un proyecto de remodelaci&oacute;n integral, a cargo del despacho JSa Arquitectos, quienes respetando la estructura original por su valor hist&oacute;rico, realizaron las intervenciones necesarias: se instal&oacute; un acceso para minusv&aacute;lidos, se ampli&oacute; la zona de servicios y se quit&oacute; el muro que separaba los cuartos principales. Tambi&eacute;n, hubo que remodelar el jard&iacute;n, protegiendo las pinturas de Moreno Villa y poniendo grava donde antes hab&iacute;a pasto. Tras limpiar la fachada, sanear las tuber&iacute;as, realizar las instalaciones el&eacute;ctricas, pintar todo y equipar los ba&ntilde;os y la cocina, a inicios de 2013 el lugar qued&oacute; listo para empezar una nueva etapa.</p>
<p class="normal">Casa Bu&ntilde;uel en M&eacute;xico se llam&oacute; y pas&oacute; a depender del Instituto de las Artes y de las Ciencias Cinematogr&aacute;ficas espa&ntilde;ol (ICAA), &ndash;organismo aut&oacute;nomo adscrito a la Secretar&iacute;a de Estado de Cultura del Ministerio de Educaci&oacute;n, Cultura y Deporte de Espa&ntilde;a&ndash;, desde donde se busc&oacute; la complicidad de instituciones mexicanas para compartir el impulso y la ilusi&oacute;n por la creaci&oacute;n en este espacio de un centro cultural con residencia para artistas e investigadores. Con este fin, se cre&oacute; un comit&eacute; en donde, junto al ICAA, particip&oacute; la Oficina Cultural de la Embajada de Espa&ntilde;a en M&eacute;xico y la Filmoteca de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico (UNAM). Entre todos dise&ntilde;amos un programa de trabajo cuyos objetivos eran: 1) Recopilar, promover el estudio, difundir y poner en valor la obra de Bu&ntilde;uel. 2) Constituir un espacio de residencia, encuentro, trabajo y formaci&oacute;n para creadores, investigadores y profesionales del arte y la cultura. 3) Fomentar la investigaci&oacute;n, el conocimiento, el pensamiento cr&iacute;tico y la difusi&oacute;n de la cinematograf&iacute;a y de las artes. 4) Promover la creaci&oacute;n y la formaci&oacute;n de profesionales y p&uacute;blicos en el &aacute;mbito de las artes cinematogr&aacute;ficas y audiovisuales. 5) Configurar pol&iacute;ticas de intercambio, reflexi&oacute;n y cooperaci&oacute;n cinematogr&aacute;fica.</p>
<p class="normal">Para cumplir los objetivos, se llevaron a cabo numerosas iniciativas en todos los programas que se lanzaron durante el tiempo que Casa Bu&ntilde;uel estuvo en funcionamiento. Para fomentar la creaci&oacute;n art&iacute;stica, Casa Bu&ntilde;uel funcion&oacute; como sede del &ldquo;Programa de Residencias Art&iacute;sticas para Creadores de Iberoam&eacute;rica en M&eacute;xico&rdquo; del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) mexicano. En el programa acad&eacute;mico, en colaboraci&oacute;n con la UNAM, se ofertaron varios talleres con invitados de primer nivel, como Harun Farocki. Para la programaci&oacute;n de cine, se cre&oacute; un cineclub junto con la C&aacute;tedra Bergman de la UNAM, el cineclub F&aring;r&ouml;, donde cineastas mexicanos e internacionales presentaron sus &uacute;ltimas pel&iacute;culas y debatieron con los invitados. Se hicieron varias exposiciones tambi&eacute;n, como la que organiz&oacute; el cineasta y productor Roberto Fiesco con su colecci&oacute;n de fotograf&iacute;as de actores espa&ntilde;oles exiliados en M&eacute;xico. Y, adem&aacute;s, gracias a la cesi&oacute;n en comodato por parte de Marco Aurelio Torres H. Mantec&oacute;n, se rescat&oacute; uno de los elementos m&aacute;s importantes de la memoria de la casa: el famoso piano de &ldquo;una mujer sin piano&rdquo;.</p>
<p class="normal">Casa Bu&ntilde;uel, en definitiva, funcion&oacute; intensamente como un entra&ntilde;able espacio de encuentro para la comunidad cin&eacute;fila, visitado con el mismo inter&eacute;s por aficionados an&oacute;nimos, como por conocidas figuras como la escritora Elena Poniatowska, la actriz &Aacute;ngela Molina o el director h&uacute;ngaro B&eacute;la Tarr. La recepci&oacute;n que tuvo entre la poblaci&oacute;n local fue excelente, as&iacute; como el grado de implicaci&oacute;n de las instituciones mexicanas que colaboraron en los proyectos. Un aspecto tambi&eacute;n muy importante fue el impacto que tuvo en la opini&oacute;n de las personas que conocieron o colaboraron con Bu&ntilde;uel en M&eacute;xico, &ndash;como Arturo Ripstein, el padre Juli&aacute;n, Silvia Pinal, Jos&eacute; de la Colina, Sergio Olhovich, Pilar Pellicer, entre otros&ndash;, que volvieron a visitar la cerrada de F&eacute;lix Cuevas durante los actos de homenaje que se organizaron con motivo del 30&ordm; aniversario luctuoso del cineasta en 2013, y se mostraron muy agradecidos por la existencia de un proyecto pensado para el beneficio de los j&oacute;venes creadores y la preservaci&oacute;n de la memoria de Don Luis.</p>
<p class="normal">En enero de 2015, Casa Bu&ntilde;uel fue cerrada indefinidamente sin explicaciones oficiales. Desde mi punto de vista, el cierre se debi&oacute; principalmente a dos motivos. El primero puede ser, por decirlo de alg&uacute;n modo, legal u organizativo: Casa Bu&ntilde;uel nunca existi&oacute; con personalidad jur&iacute;dica propia en M&eacute;xico ni en Espa&ntilde;a. Se encontraba en una situaci&oacute;n administrativa muy particular; es decir, como un proyecto adscrito al ICAA con unos objetivos espec&iacute;ficos, pero a m&aacute;s de 9,000 kil&oacute;metros, en otro pa&iacute;s, en otro continente, muy alejado geogr&aacute;ficamente y, tal vez, tambi&eacute;n de las prioridades de quienes deb&iacute;an liderar el proyecto. Por otro lado, al no contar con una estructura administrativa, era imposible recibir directamente los recursos necesarios para su funcionamiento. Todo lo necesario, &ndash;incluyendo el personal, reducido a tres personas: un guardia de seguridad, la se&ntilde;ora de la limpieza y un coordinador de actividades&ndash;, deb&iacute;a ser gestionado por intermediarios: la Embajada de Espa&ntilde;a en M&eacute;xico, la Filmoteca de la UNAM o la Empresa de Transformaci&oacute;n Agraria (Tragsa), empresa especializada en encomiendas para la ejecuci&oacute;n de obras y actuaciones de emergencia. &iquest;C&oacute;mo iba a sobrevivir un proyecto como Casa Bu&ntilde;uel con esa configuraci&oacute;n tan desestructurada?</p>
<p class="normal">La segunda cuesti&oacute;n tiene que ver con aspectos m&aacute;s hist&oacute;ricos: la acci&oacute;n cultural espa&ntilde;ola en el exterior, desde el franquismo, se ha llevado a cabo desde el Ministro de Asuntos Exteriores; actualmente, a trav&eacute;s de la Agencia Espa&ntilde;ola de Cooperaci&oacute;n Internacional para el Desarrollo (AECID). En el a&ntilde;o 2013, Espa&ntilde;a en M&eacute;xico contaba con una oficina cultural junto a la Embajada, un gran centro cultural, reci&eacute;n remodelado y ampliado en 2011, dotado con un buen presupuesto y a espaldas de la catedral; tambi&eacute;n, financi&oacute; la remodelaci&oacute;n de un centro conjunto para el Ateneo espa&ntilde;ol, la Consejer&iacute;a de Educaci&oacute;n de la Embajada y la Universidad Nacional de Educaci&oacute;n a Distancia (UNED), ubicado en un bello edificio de una de las colonias m&aacute;s c&eacute;ntricas de la ciudad, capaz de albergar exposiciones y actividades culturales. Por esto, desde el Ministerio de Asuntos Exteriores se desaconsej&oacute; la adquisici&oacute;n de Casa Bu&ntilde;uel, pues las actividades culturales pod&iacute;an encontrar acomodo en cualquiera de los tres centros espa&ntilde;oles existentes en la ciudad. Por tanto, con relaci&oacute;n a este proyecto, no hubo una colaboraci&oacute;n efectiva entre el Ministerio de Exteriores y el de Cultura.</p>
<p class="normal">En febrero de 2016, con motivo de la celebraci&oacute;n por su 70&ordm; aniversario, la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematogr&aacute;ficas (AMACC) se propuso mudar de lugar sus oficinas y se fijaron como prioridad la Casa Bu&ntilde;uel. Para ello, desarrollamos un proyecto de adaptaci&oacute;n de los espacios y objetivos fundacionales de Casa Bu&ntilde;uel en l&iacute;nea con los requerimientos de una nueva sede para la AMACC. En el documento presentado y aprobado por los Secretarios de Cultura de Espa&ntilde;a y M&eacute;xico, se contemplaba un espacio de oficinas; otro para miembros de la AMACC que quieran trabajar o convivir donde lo hac&iacute;a Bu&ntilde;uel; un tercer uso para el hospedaje de creadores e invitados especiales; y, por supuesto, varios espacios para el p&uacute;blico interesado, con biblioteca, una sala de cine y un sal&oacute;n para todo tipo de actividades culturales. El esp&iacute;ritu que motiv&oacute; esta iniciativa, fundamentalmente, se bas&oacute; en el anhelo de volver a ver ese lugar de nuevo funcionando como lo que siempre fue: el epicentro de nuevos proyectos y testigo de momentos inolvidables. La noticia fue anunciada p&uacute;blicamente en mayo del mismo a&ntilde;o en la ceremonia de entrega del premio Ariel. No obstante, por el cambio de los titulares de cultura en los gobierno de M&eacute;xico y en el de Espa&ntilde;a, un a&ntilde;o m&aacute;s tarde la transformaci&oacute;n a&uacute;n no se ha ejecutado.</p>
<p class="normal" align="center">*&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; *&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; *</p>
<p class="normal">Pase lo que pase con Casa Bu&ntilde;uel, el rescate del legado del director aragon&eacute;s no debe depender s&oacute;lo del inter&eacute;s de los bur&oacute;cratas. Hay mucha gente repartida por todo el mundo interesada en investigar, analizar y descubrir cosas nuevas sobre Bu&ntilde;uel, aunque sea de un modo independiente. A&uacute;n queda mucho por hacer. Ah&iacute; est&aacute;, por ejemplo, la investigaci&oacute;n sobre las fotograf&iacute;as que hizo Bu&ntilde;uel en M&eacute;xico, un proyecto que actualmente desarrollo junto a la Cineteca Nacional. El trabajo fotogr&aacute;fico de Bu&ntilde;uel apenas ha sido analizado; s&oacute;lo se conoce una peque&ntilde;a parte gracias a las exposiciones comisariadas por Elena Cervera y Javier Espada. Sin embargo, los escasos textos cr&iacute;ticos que hay ponen su inter&eacute;s en comentar las fotograf&iacute;as en funci&oacute;n de las escenas a las que sirven de referencia, m&aacute;s que en otros enfoques posibles. Este material es susceptible de un an&aacute;lisis m&aacute;s amplio, que busque conexiones entre el contexto hist&oacute;rico, las fotos y la praxis profesional del director. Adem&aacute;s, puede ser &uacute;til para conocer mejor el proceso de descubrimiento del contexto local por parte de Bu&ntilde;uel: su mirada en los viajes que hizo y sus compa&ntilde;eros de aventuras mexicanas.</p>
<p class="normal">Como se&ntilde;al&eacute; al inicio, gracias a las publicaciones hechas en la &uacute;ltima d&eacute;cada por investigadores como Agust&iacute;n S&aacute;nchez Vidal, Rom&aacute;n Gubern, Paul Hammond, Fernando Gabriel Mart&iacute;n, Amparo Mart&iacute;nez Herranz o Ian Gibson, entre muchos otros, es posible afirmar que estamos siendo testigos de un nuevo <em>boom</em> en los estudios sobre el director calandino. Sin embargo, para que esta labor sea exitosa, es imprescindible sumar m&aacute;s voces mexicanas a la causa porque, como bien saben los estudiosos de Bu&ntilde;uel, a&uacute;n queda mucho por decir sobre su periodo mexicano. Es obvio que hay una desproporci&oacute;n cualitativa con relaci&oacute;n a los conocimientos que se tiene sobre su primera etapa entre Espa&ntilde;a, Francia y Estados Unidos. En parte, esto se debe a que la documentaci&oacute;n de las productoras mexicanas con las que trabaj&oacute; &ndash;Ultramar Films, Internacional Cinematogr&aacute;fica, Producciones Barbachano Ponce o Gustavo Alatriste&ndash;, o documentos antiguos del Sindicato de Trabajadores de la Producci&oacute;n Cinematogr&aacute;fica (STPC), no est&aacute;n localizados.<a title="" href="#_ftn1">[1]</a> La biograf&iacute;a definitiva de Bu&ntilde;uel en M&eacute;xico es un proyecto pendiente y que podr&iacute;a empezar por rastrear y encontrar fuentes de informaci&oacute;n tan relevantes como las que acabo de mencionar. Tambi&eacute;n, los guiones de trabajo de dos pel&iacute;culas que hizo en M&eacute;xico y que no han sido localizados: <em>Abismos de pasi&oacute;n </em>(1953) y <em>La muerte en este jard&iacute;n </em>(<em>La mort en ce jardin</em>, 1956). Por todo lo anterior, es imprescindible mantener vivo el inter&eacute;s de todos los que ya est&aacute;n implicados a la vez que se fomenta la entrada de nuevas generaciones de investigadores mexicanos.</p>
<p class="normal">En definitiva, por sumarse a esta tarea, considero que debemos un gran agradecimiento a la revista Turia, a la Direcci&oacute;n General de Fomento Editorial y Publicaciones de la UNAM, a la Filmoteca de la UNAM y al Centro de Estudios Mexicanos en Espa&ntilde;a (CEM-Espa&ntilde;a) de la UNAM por juntar esfuerzos para la edici&oacute;n y publicaci&oacute;n de este monogr&aacute;fico. La constante aparici&oacute;n de Bu&ntilde;uel en Turia desde su fundaci&oacute;n hace m&aacute;s de 30 a&ntilde;os en Teruel, la provincia natal de Bu&ntilde;uel, ha hecho que esta revista sea uno de los espacios m&aacute;s significativos para la publicaci&oacute;n de textos relacionados con el director aragon&eacute;s. Como bien sabr&aacute; el lector asiduo, Bu&ntilde;uel ha sido el protagonista en cientos de sus p&aacute;ginas, con art&iacute;culos firmados por los principales expertos a nivel mundial. Concretamente, Bu&ntilde;uel est&aacute; presente en el n&uacute;mero 23, el 26, el n&uacute;mero doble 28-29, el 50, el 76, el 88 y en el n&uacute;mero doble 105-106. Gracias a su incansable labor, Turia se ha ganado un merecido lugar entre las principales referencias para todo aquel que desee conocer la obra y la vida del cineasta turolense m&aacute;s ilustre.</p>
<p class="normal">En esta ocasi&oacute;n el n&ordm; 123 de Turia dedica su <em>cartapacio</em> a Bu&ntilde;uel en M&eacute;xico, dando importancia a las preposiciones y cediendo el protagonismo no s&oacute;lo al periodo hist&oacute;rico, sino tambi&eacute;n a la versi&oacute;n mexicana de los hechos. Por eso, se busc&oacute; que la mayor parte de los colaboradores escribieran sobre Bu&ntilde;uel <em>en</em> M&eacute;xico y <em>desde</em> M&eacute;xico, lo cual se logr&oacute; un 70%.</p>
<p class="normal">El n&uacute;mero se abre con el texto de Aurelio de los Reyes, investigador em&eacute;rito de la UNAM,<strong> </strong><em>De la vanguardia a la retaguardia. Luis Bu&ntilde;uel: su aprendizaje del oficio</em>, donde narra los inicios de Bu&ntilde;uel en el cine as&iacute; como las motivaciones que lo llevaron a adentrarse en ese mundo, sobre las influencias en sus primeros filmes y c&oacute;mo va adquiriendo mayor dinamismo a la vez que manifiesta ciertos retrocesos en sus diferentes pel&iacute;culas; describe sus tendencias teatrales y los elementos que se vuelven una constante, casi una marca particular, en su trabajo.</p>
<p class="normal">En <em>Cr&oacute;nica de un encuentro</em>, Amparo Mart&iacute;nez relata los eventos que llevaron a un Bu&ntilde;uel en situaci&oacute;n precaria a buscar nuevos caminos para establecerse en M&eacute;xico. &ldquo;Bu&ntilde;uel iba de paso&rdquo;, pero la ayuda de amigos y el apoyo fundamental de &Oacute;scar Dancigers le muestran un pa&iacute;s con un abanico de posibilidades seductoras.&nbsp;</p>
<p class="normal">Eduardo de la Vega hace un an&aacute;lisis del M&eacute;xico de los a&ntilde;os cincuenta, enfocado a los motivos que suscitaron que algunos filmes de Bu&ntilde;uel fueran menospreciados o infravalorados. Tal fue el caso de <em>La ilusi&oacute;n viaja en tranv&iacute;a </em>(1953), del cual identifica elementos de &iacute;ndole documental, que hacen de esta pel&iacute;cula una mirada a la situaci&oacute;n de extremos radicales de esa urbe en crecimiento descontrolado que fue la Ciudad de M&eacute;xico durante esa &eacute;poca.</p>
<p class="normal">Rafael Avi&ntilde;a describe el impacto que tuvo para el cine mexicano&nbsp; la entrada del primer presidente civil a M&eacute;xico (Miguel Alem&aacute;n Vald&eacute;s). Por medio del an&aacute;lisis de tres filmes de Bu&ntilde;uel, &ndash;<em>El r&iacute;o y la muerte </em>(1954), <em>&Eacute;l</em> (1953) y <em>Ensayo de un crimen / La vida criminal de Archivaldo de la Cruz</em> (1955)&ndash;, Avi&ntilde;a nos muestra la manera &ldquo;at&iacute;pica, subversiva y de una extra&ntilde;a mezcla de drama y humor negro&rdquo;, en que el director retrata su visi&oacute;n de la &eacute;poca.</p>
<p class="normal">La Filmoteca de la UNAM, gracias a su extenso archivo, se dio a la tarea en el a&ntilde;o 2000 de homenajear el centenario del nacimiento de Bu&ntilde;uel, en algo que denominar&iacute;a: El Bu&ntilde;uel Mexicano. Jos&eacute; Manuel Garc&iacute;a Ortega nos relata c&oacute;mo la Filmoteca uni&oacute; fuerzas con otras instituciones, y con la embajada de Espa&ntilde;a en M&eacute;xico, para la adquisici&oacute;n de una colecci&oacute;n completa y basta que sirviera para la exhibici&oacute;n. Adem&aacute;s, cuenta los hallazgos y hechos afortunados que resultaron de este acontecimiento; siendo uno de los m&aacute;s destacables el descubrimiento de un segundo final para la pel&iacute;cula <em>Los olvidados </em>(1950), que nunca hab&iacute;a sido presentado al mundo y que, gracias a esto, fue dado a conocer.</p>
<p class="normal">Jo Evans y Breixo Viejo presentan un fascinante texto sobre dos de las figuras m&aacute;s destacables de la cultura latinoamericana, Luis Bu&ntilde;uel y Carlos Fuentes, centr&aacute;ndose en los intentos por trabajar juntos en tres proyectos cinematogr&aacute;ficos. Primero, con la intenci&oacute;n de Bu&ntilde;uel por adaptar al cine la novela corta de Fuentes, <em>Aura</em>. Despu&eacute;s, con <em>Bajo el volc&aacute;n</em>, novela que Bu&ntilde;uel buscaba llevar a la pantalla con la ayuda de Fuentes y por &uacute;ltimo <em>Cumplea&ntilde;os</em>, una nueva versi&oacute;n de <em>Aura</em> que el escritor ansiaba que su amigo dirigiese. Los autores del texto muestran un panorama general e in&eacute;dito sobre los m&eacute;todos pre-producci&oacute;n y las vicisitudes a las que se tuvo que enfrentar Bu&ntilde;uel y su equipo de trabajo para ver finalmente frustrados algunos de sus proyectos.</p>
<p class="normal">Miguel Errazu titula su texto <em>El maravilloso plano de Lorenzana</em>, donde analiza y describe un plano particular en la pel&iacute;cula <em>La ilusi&oacute;n viaja en tranv&iacute;a</em> (1953). El autor nos adentra en ese peque&ntilde;o instante de la mirada del ni&ntilde;o &ldquo;Lorenzana&rdquo;, volvi&eacute;ndolo un elemento de gran poder por lo inusitado, &uacute;nico e inesperado que resulta su presencia en la filmograf&iacute;a de Bu&ntilde;uel. En s&iacute;ntesis, este texto se encarga de la descomposici&oacute;n de ese plano, - de apenas dos segundos de duraci&oacute;n -, en todas sus partes y nos contagia de lo extraordinario de su significado.</p>
<p class="normal">En <em>Susana, el diablo se disfraza de mujer, </em>Armando Casas y Leticia Flores hacen una revisi&oacute;n del conocido uso ir&oacute;nico de Bu&ntilde;uel hacia la moral y las pr&aacute;cticas conservadoras, como se refleja en su pel&iacute;cula <em>Susana (Carne y demonio)</em> (1950).<sup>2</sup><a title="" href="#_ftn2">[2]</a> En este texto se hace un an&aacute;lisis de los personajes y algunas escenas del film, donde se deja ver c&oacute;mo una mujer de apariencia angelical, pero alma demon&iacute;aca, pone en riesgo el equilibrio de toda una sociedad hecha a las buenas costumbres y la devoci&oacute;n cristiana. Los autores hacen notar la iron&iacute;a que Bu&ntilde;uel pretendi&oacute; plasmar en &ldquo;un final milagrosamente feliz&rdquo; que se prest&oacute; a m&uacute;ltiples malas interpretaciones.</p>
<p class="normal">Jordi Xifra, actual director del Centro Bu&ntilde;uel de Calanda, aporta una visi&oacute;n de los elementos pertenecientes al hogar de infancia de Bu&ntilde;uel y aquellos que aparecen en la pel&iacute;cula <em>&Eacute;l</em> (1953). Hace notar la importante influencia de la casa familiar de Calanda, &ndash;que conoce mejor que nadie&ndash;, en la elaboraci&oacute;n del film, dato que el mismo Bu&ntilde;uel afirmara. El autor se&ntilde;ala en este texto las caracter&iacute;sticas m&aacute;s interesantes del edificio, las cuales hacen que se convierta en un &ldquo;protagonista fundamental de la historia&rdquo;, aportando elementos que contribuyen a la psique del film; haciendo notar por qu&eacute; esta podr&iacute;a ser la pel&iacute;cula m&aacute;s autobiogr&aacute;fica del director.</p>
<p class="normal">En <em>El M&eacute;xico de Bu&ntilde;uel</em>, Nelson Carro narra la evoluci&oacute;n del arte y la cultura en el M&eacute;xico de los a&ntilde;os cuarenta. Nos cuenta sobre el gran auge y el crecimiento que hubo en este terreno despu&eacute;s de la segunda Guerra Mundial, donde el pa&iacute;s supo aprovechar el conflicto a su favor, y la situaci&oacute;n econ&oacute;mica favoreci&oacute; el desarrollo de instituciones como el Fondo de Cultura Econ&oacute;mica y el Instituto Nacional de Bellas Artes. Del mismo modo, se impuls&oacute; la producci&oacute;n de cine mexicano, permitiendo la aparici&oacute;n de nuevos directores durante la llamada &Eacute;poca de Oro. Sin embargo, despu&eacute;s llegar&iacute;a una crisis econ&oacute;mica, coincidiendo con la llegada de Bu&ntilde;uel a M&eacute;xico, donde el panorama se complicar&iacute;a para los cineastas debutantes.</p>
<p class="normal">Para la realizaci&oacute;n de este cartapacio de dedicado a Bu&ntilde;uel en M&eacute;xico, se contact&oacute; con algunas personas que estuvieron personal o profesionalmente cercanas a &eacute;l. Mediante la obtenci&oacute;n de testimonios se buscaba revivir la memoria de algunos momentos especiales de la vida en M&eacute;xico del director aragon&eacute;s y de su quehacer profesional. Al final, estas colaboraciones resultaron ser una fuente privilegiada de an&eacute;cdotas que nos permiten reconstruir una idea m&aacute;s o menos aproximada de la relaci&oacute;n de Bu&ntilde;uel con el contexto mexicano.</p>
<p class="normal">Es preciso se&ntilde;alar que las conversaciones que se incluyen con Silvia Pinal, Juli&aacute;n Pablo y Gillian Turner fueron transcritas tras haber sido grabadas y que, por razones de extensi&oacute;n, no se reproduce &iacute;ntegramente todo el contenido. En su lugar, se ha optado por reconstruir el discurso en primera persona de cada uno bas&aacute;ndonos en los fragmentos m&aacute;s sustanciales para el prop&oacute;sito de este especial de <em>Turia</em>. Las grabaciones originales de estas entrevistas se encuentran depositadas en el Archivo de la Filmoteca de la UNAM, al alcance de cualquiera que sienta m&aacute;s curiosidad por el di&aacute;logo que mantuvimos con las personas mencionadas anteriormente.</p>
<p class="normal">Por otro lado, hay que reconocer que para convertir estas conversaciones orales en textos escritos se hicieron algunos ajustes a expresiones excesivamente locales o coloquiales, haciendo un gran esfuerzo por no transformar sustancialmente y, mucho menos, amputar el mensaje de estos colaboradores. No me queda m&aacute;s que agradecer sinceramente a todos ellos por la generosidad y la valiosa contribuci&oacute;n que ofrecieron a este proyecto.</p>
<p class="normal">Los testimonios de dos mujeres que conocieron estrechamente a Bu&ntilde;uel: Silvia Pinal y Elena Poniatowska, nos acercan a alguien extremadamente puntual, agradable y c&oacute;mico, pero estricto y ordenado en el trabajo seg&uacute;n refiere Pinal, que trabaj&oacute; con &eacute;l por primera vez en la pel&iacute;cula <em>Viridiana</em> (1961). El relato de Poniatowska cuenta la visita de ambos al Palacio de Lecumberri (penitenciar&iacute;a mexicana que aloj&oacute; varios presos pol&iacute;ticos) donde se dan cita para ver a &Aacute;lvaro Mutis. Elena nos cuenta sobre un Bu&ntilde;uel generoso, que no deja de asombrarse ante esa cara del M&eacute;xico lleno de contrastes, a pesar de estar tan familiarizado con ella.</p>
<p class="normal">Un amigo cercano de Bu&ntilde;uel, Juli&aacute;n Pablo Fern&aacute;ndez, narra de manera &iacute;ntima la manera en que lo conoci&oacute;, ese "clic" que hubo entre ellos desde la primera charla que tuvieron, y las frecuentes visitas de Fern&aacute;ndez a casa del director. Lo describe como un verdadero amigo, generoso y de un particular buen humor. Seg&uacute;n refiere Claudio Isaac en su libro, el padre Juli&aacute;n Pablo era a la &uacute;nica persona que Bu&ntilde;uel sol&iacute;a buscar: &ldquo;tomaba el tel&eacute;fono y lo buscaba, algo que no hac&iacute;a por nadie en absoluto&rdquo;.</p>
<p class="normal">Marco Aurelio Torres Mantec&oacute;n fue casi un pupilo para Bu&ntilde;uel y &eacute;l, a su vez, un tercer abuelo para Marco Aurelio. Cuenta sobre los libros que Bu&ntilde;uel le regal&oacute; y le dedicaba de manera &ldquo;ingeniosa y divertida&rdquo;, sobre la amistad de Bu&ntilde;uel con su abuelo Mantec&oacute;n y las an&eacute;cdotas sobre las reuniones de ambas familias; una de ellas es esa particular broma donde Jeanne pierde su preciado piano a cambio de unas botellas de champa&ntilde;a.</p>
<p class="normal">Gillian Turner, viuda de Tom&aacute;s P&eacute;rez Turrent, relata cu&aacute;n admirador fue su esposo de Luis Bu&ntilde;uel y c&oacute;mo sucedi&oacute; que P&eacute;rez Turrent y Jos&eacute; de la Colina iniciaron el viaje, primero para persuadir, y luego para la realizaci&oacute;n del libro de entrevistas con Bu&ntilde;uel, junto con el de Max Aub, m&aacute;s importante que se ha publicado: <em>Prohibido asomarse al interior.</em> En su testimonio, Turner habla de las entrevistas, pero tambi&eacute;n de las reuniones para comer, beber y fumar con Bu&ntilde;uel.</p>
<p class="normal">En el apartado de materiales in&eacute;ditos, dedicado a la relaci&oacute;n entre <em>Luis Bu&ntilde;uel y Gabriel Figueroa, </em>encontramos una lectura que nos deja ver de cerca la buena relaci&oacute;n entre Bu&ntilde;uel y el que fuera &ldquo;su fot&oacute;grafo predilecto&rdquo;, seg&uacute;n refiere el propio director en una de las cartas que publicamos. Se presenta una entrevista in&eacute;dita realizada por el cr&iacute;tico y programador de cine Nelson Carro a uno de los cinefot&oacute;grafos m&aacute;s importantes del cine mexicano que, adem&aacute;s de trabajar estrechamente con Bu&ntilde;uel, se convirtiera en confidente de sus planes profesionales, como se alcanza a percibir con esta documentaci&oacute;n.</p>
<p class="normal">En el texto que cierra este cartapacio, junto al periodista y cr&iacute;tico de cine turolense Javier Mill&aacute;n, presentamos una cronolog&iacute;a que va desde 1938, primera aparici&oacute;n de Bu&ntilde;uel en M&eacute;xico de la que se tiene constancia, hasta el presente. Intentamos recoger los hechos m&aacute;s destacables de su vida en M&eacute;xico: sus proyectos profesionales; la obtenci&oacute;n de premios; la participaci&oacute;n en festivales; los viajes de ida y vuelta a Europa; en definitiva, ofrecemos una aproximaci&oacute;n m&aacute;s o menos amplia a la vida del cineasta en su pa&iacute;s adoptivo, redactada con base en los documentos que se conservan en el archivo Bu&ntilde;uel de la Filmoteca espa&ntilde;ola, m&aacute;s algunas entrevistas, conversaciones, libros claves y el proyecto de publicaci&oacute;n del epistolario escogido de Bu&ntilde;uel, facilitado amablemente para esta tarea por Jo Evans y Breixo Viejo. La cronolog&iacute;a se completa con los hechos m&aacute;s importantes sucedidos desde la muerte de Bu&ntilde;uel hasta el presente, orientados al rescate y a la difusi&oacute;n del legado del director, con &eacute;nfasis en el contexto mexicano.</p>
<p class="normal" align="center">*&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; *&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; *</p>
<p class="normal">Me gustar&iacute;a agradecer, antes de concluir, a todos los autores de los textos que aqu&iacute; se presentan, deseando que sigamos nutriendo este gran proyecto colectivo y polif&oacute;nico que consiste en dar a conocer la figura de Bu&ntilde;uel. Gracias a estas colaboraciones, el periodo m&aacute;s largo y productivo del realizador cuenta con una mirada actual y, en buena parte, hecha en M&eacute;xico. Una deuda que se ha ido acumulando desde <em>Mi &uacute;ltimo suspiro</em>, libro dictado por Bu&ntilde;uel y escrito por Jean-Claude Carri&egrave;re, injusto con la etapa mexicana por el poco espacio que le dedica y, cuando lo hace, se limita a transmitir una opini&oacute;n negativa de aspectos que considera culturales, como la violencia o la corrupci&oacute;n. Sin embargo, leyendo con detenimiento la correspondencia que mantiene con una serie de amigos &iacute;ntimos, &ndash; como Lulu Jourdain, Rubia Barcia, Luis Alcoriza, Carlos Fuentes o Gabriel Figueroa &ndash;, es posible darse cuenta que Bu&ntilde;uel confesaba sin complejos un gran aprecio hacia M&eacute;xico. Por ello, debemos mantener estos espacios de reflexi&oacute;n en torno al Bu&ntilde;uel mexicano, que permitan dar visibilidad y compartir qu&eacute; signific&oacute; Bu&ntilde;uel para M&eacute;xico y M&eacute;xico para Bu&ntilde;uel: las im&aacute;genes, las palabras, las personas y los lugares que dieron forma y sustancia a su cine y a su vida en &ldquo;la patria de Ju&aacute;rez&rdquo; y que permanecer&aacute;n indivisiblemente ligadas a &eacute;l para siempre, como en el poema que reproducimos a continuaci&oacute;n, escrito por su amigo Jos&eacute; Moreno Villa, con M&eacute;xico y su familia como protagonistas.</p>
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<p class="normal" align="right">Dedicado a Luis Bu&ntilde;uel, en la Ciudad de M&eacute;xico, 22 de febrero de 2017.<sup>3</sup><a title="" href="#_ftn3">[3]</a></p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 1 Aprovecho para agradecer a Breixo Viejo sus comentarios con relaci&oacute;n a este tema.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a><br clear="all" /> <sup>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 2[2]</sup>En Espa&ntilde;a, el subt&iacute;tulo de la pel&iacute;cula se presenta al rev&eacute;s: <em>Susana (Demonio y carne)</em>.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a><br clear="all" /> <sup>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 3[3]</sup>Agradezco a Javier Mill&aacute;n, Breixo Viejo y Sharold Camacho sus comentarios y aportaciones al borrador de este texto. Y, muy especialmente, a Javier Mart&iacute;nez por el empe&ntilde;o que puso en la realizaci&oacute;n de este proyecto editorial.</p>
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<p>&nbsp;</p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 05 Jun 2017 06:50:42 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Luis Buñuel, socio ignoto]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/luis-bunuel-socio-ignoto/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/junio/LUIS_BU_UEL_2.jpg" alt="" /></p>
<p>El secretismo, o gusto por los secretos, es una constante en el laber&iacute;ntico car&aacute;cter de Bu&ntilde;uel poco estudiada a&uacute;n por exegetas y analistas. Y, sin embargo, se da tanto en las pel&iacute;culas como en la vida personal del director aragon&eacute;s.</p>
<p>Dejando a un lado aquellas, y puestos a hablar s&oacute;lo de la biograf&iacute;a, nadie ha podido deducir a trav&eacute;s de sus palabras, casi siempre contradictorias, en qu&eacute; punto dej&oacute;, por ejemplo, varias de las diferentes carreras emprendidas, suponiendo que llegara a concluir alguna. Y otro tanto cabr&iacute;a decir de su posible adscripci&oacute;n a un partido comunista, fuera el espa&ntilde;ol o el franc&eacute;s, pues tampoco sol&iacute;a manifestarse con claridad al respecto. <a title="" href="#_ftn1">[1]</a></p>
<p>Sobre las etapas que conformaron tan ajetreada vida, existen testimonios para todos los gustos, algunos de amigos &iacute;ntimos incluso, pero pocos parecen concluyentes. Y es que, cuando se le preguntaba, Bu&ntilde;uel confirmaba a veces el hecho en cuesti&oacute;n, otras lo daba por supuesto y, en m&aacute;s de un caso, rebat&iacute;a su mera posibilidad con total aplomo.</p>
<p>&iquest;Desempe&ntilde;&oacute; trabajos de espionaje a favor de la Rep&uacute;blica, en Par&iacute;s, durante la guerra civil, como parecen indicar ciertos encuentros con una dama de la alta sociedad, o se limit&oacute; a trabajar refugiado en la embajada de Marcelino Pascua, antiguo compinche de correr&iacute;as por el Madrid de la primera Dictadura, el de la &ldquo;Resi&rdquo; y las verbenas de San Antonio? &iquest;A d&oacute;nde iba en los frecuentes viajes de salida y entrada en Francia durante los &uacute;ltimos meses de la contienda? &iquest;C&oacute;mo consigui&oacute; su empleo en el MOMA de Nueva York, apenas termin&oacute; &eacute;sta? &iquest;S&oacute;lo por una carta de Rockefeller a la &iacute;nclita Iris Barry, figura tampoco bien estudiada, por cierto?.</p>
<p>Ni la familia lleg&oacute; a conocer la magnitud real o el verdadero desenlace de algunos incidentes al ser relatados por el propio cineasta en el seno del hogar, agrandando o recortando con frecuencia sus proporciones. Sirvan como bot&oacute;n de muestra las memorias de la esposa, <a title="" href="#_ftn2">[2]</a> o un caso que citamos de primera mano y bien puede calificarse de significativo a distintos efectos.</p>
<p>A principios de los a&ntilde;os ochenta, Rafael Bu&ntilde;uel, el hijo menor, con quien mantenemos buena y vieja amistad, cont&oacute; c&oacute;mo, en una solemne cena de Nochebuena, su padre y otro invitado decidieron &ndash;a instancia del primero, sin duda- cargarse el gran &aacute;rbol de Navidad que presid&iacute;a la mesa, por considerarlo s&iacute;mbolo de cuanto &eacute;l, como buen surrealista, detestaba m&aacute;s: la religi&oacute;n, la sociedad burguesa, el capitalismo opresor, etc. Pero que, intimidados a fin de cuentas por el ambiente amistoso, ambos fueron aplazando e momento del destrozo, pasando del primer plato al segundo y de &eacute;ste al postre, sin atreverse por fin a cumplir su prop&oacute;sito, posponiendo el arrebato para mejor ocasi&oacute;n.</p>
<p>As&iacute; nos lo cont&oacute; Rafael y as&iacute; lo archivamos en nuestra memoria, por considerar la an&eacute;cdota ejemplo de comprensible, y al fin humana, cobard&iacute;a. Pero hete aqu&iacute; que, un par de a&ntilde;os despu&eacute;s, en situaci&oacute;n de andar uno recogiendo informaci&oacute;n con destino a cierta biograf&iacute;a del director Henri d&rsquo;Abbadie d&rsquo;Arrast &ndash; amigo de Edgar Neville y, a trav&eacute;s suyo, de buena parte de la colonia hispana emigrada a Hollywood en los principios de la etapa sonora para hacer <em>spanish versions</em> de los films americanos de mayor &eacute;xito-, hablamos con Jos&eacute; L&oacute;pez Rubio, escritor, director, y presente en la famosa cena. &ldquo;&iquest;C&oacute;mo que no se atrevieron?&rdquo;, exclam&oacute; el autor de <em>Celos del aire</em>. &ldquo;&iexcl;Ya lo creo que s&iacute;!&rdquo;, a&ntilde;adi&oacute;, irritado todav&iacute;a con el recuerdo de semejante esc&aacute;ndalo. Y pas&oacute; a proporcionar los datos completos del mismo.</p>
<p>Hab&iacute;a ocurrido en casa del humorista Antonio Lara, <em>Tono</em>, en la Nochebuena de 1930, y en presencia de Charles Chaplin y de su enamorada por entonces, Lita Grey; el c&oacute;mplice de Bu&ntilde;uel era el actor Julio Pe&ntilde;a, y la reacci&oacute;n se produjo a ra&iacute;zde que el tambi&eacute;n actor Rafael Ribelles, asistente al banquete en compa&ntilde;&iacute;a de su esposa, igualmente c&oacute;mica, Mar&iacute;a Fernanda Ladr&oacute;n de Guevara, se ofreciera para recitar fragmentos de En Flandes se ha puesto el sol, poema dram&aacute;tico de Eduardo Marquina que gozaba de gran predicamento desde su triunfal estreno, veinte a&ntilde;os atr&aacute;s.</p>
<p>Considerando los tales versos de un patriotismo insoportable y rancio, Bu&ntilde;uel y Pe&ntilde;a se levantaron al un&iacute;sono para emprenderla con el abeto de marras hasta abatirlo, pisoteando ramas y regalos con aut&eacute;ntica fiereza, en medio de las imprecaciones e insultos de rigor. Chaplin no sal&iacute;a de su asombro, bastante mayor todav&iacute;a que el del resto de los comensales, conocedores a la postre del car&aacute;cter nacional por una parte, y de la rabia iconoclasta de Bu&ntilde;uel, por otra.</p>
<p>L&oacute;pez Rubio nos proporcionar&iacute;a, adem&aacute;s, el remate de la historia, &eacute;ste si verdaderamente chapliniano. Encantado, pese a todo, con la invitaci&oacute;n de amigos tan peculiares, Charlot propuso corresponder celebrando la Nochevieja en su mansi&oacute;n angelina. Y all&iacute;, refiri&eacute;ndose al &aacute;rbol que daba la bienvenida a los invitados, bastante m&aacute;s reluciente y lujoso &ndash;es de suponer- que el de Tono, le dijo en un aparte a Bu&ntilde;uel, apenas llegado &eacute;ste a la casa: &ldquo;Si lo van a derribar ustedes, mejor que lo hagan al principio, porque luego, con la cena, el desbarajuste es tremendo&rdquo;. &ldquo;Yo no me dedico a eso&rdquo;, parece ser que refunfu&ntilde;&oacute;, un tanto cortado, el de Calanda.</p>
<p>&ldquo;Era muy mentiroso&rdquo;, ha declarado repetidamente y con cari&ntilde;o quien mejor le conoc&iacute;a o, en cualquier caso, uno de sus primeros y m&aacute;s fieles admiradores, el incombustible Pep&iacute;n Bello:<a title="" href="#_ftn3">[3]</a> compa&ntilde;ero de Residencia, testigo impar de andanzas dentro y fuera de la misma y, seg&uacute;n testimonio de varios de sus contempor&aacute;neos, el verdadero inspirador de algunos de los frutos m&aacute;s sonados de aquel &ldquo;enigma sin fin&rdquo;.<a title="" href="#_ftn4">[4]</a></p>
<p>Mentiras o tergiversaciones que, por supuesto, alcanzaban al propio Bello sin que &eacute;l hubiera llegado a enterarse, como pudimos comprobar en la apertura oficial de la &ldquo;Sala Bu&ntilde;uel y su entorno&rdquo; del Museo Reina Sof&iacute;a, de Madrid. <a title="" href="#_ftn5">[5]</a> Interrogado sobre las actividades atene&iacute;stas del director aragon&eacute;s, su paisano Pep&iacute;n<a title="" href="#_ftn6">[6]</a> contest&oacute; con rotundidad: &ldquo;Ninguna&rdquo;, pasando a explicarnos que la docta casa, aquella que seg&uacute;n Pla fue conocida en el siglo XIX como &ldquo;la de Holanda&rdquo; por su alto rigor intelectual,<a title="" href="#_ftn7">[7]</a> jam&aacute;s hab&iacute;a significado nada para ninguno de ellos.</p>
<p>El Ateneo Cient&iacute;fico, Literario y Art&iacute;stico de Madrid, fundado en 1820 de acuerdo con los vientos que impulsaran a&ntilde;os antes la m&iacute;tica Constituci&oacute;n de C&aacute;diz &ndash;la denostada Pepa-, era considerado por los disc&iacute;pulos de Jim&eacute;nez Fraud, al entender de Bello por lo menos, algo as&iacute; como un nido de carcamales, aut&eacute;ntica cueva de &ldquo;putrefactos&rdquo;, en connivencia con los poderes tradicionales del pa&iacute;s pese a las protestas que alguna de sus figuras m&aacute;s relevantes pudieran hacer de laicidad, liberalismo o progres&iacute;a.</p>
<p>Y ante nuestra insistencia sobre la condici&oacute;n, documentada, de socio de Bu&ntilde;uel, todav&iacute;a se permiti&oacute; a&ntilde;adir:</p>
<p>- Lo dudo.</p>
<p>La circunstancia de que s&oacute;lo dos residentes &ndash;el poeta Pedro Garfias y el pintor y tambi&eacute;n poeta Jos&eacute; Moreno Villa-<a title="" href="#_ftn8">[8]</a> figuren apuntados en los correspondientes anales, parec&iacute;a confirmar la incredulidad de Bello. Incluso el alma mater de la casa, el venerado don Alberto, como si hubiera hecho suyo el rechazo de hu&eacute;spedes tan influyentes, lleg&oacute; a pedir la baja en la instituci&oacute;n. <a title="" href="#_ftn9">[9]</a></p>
<p>Y, sin embargo, don Luis Bu&ntilde;uel Portol&eacute;s, nacido en la localidad de Calanda, provincia de Teruel, el d&iacute;a 22 de febrero de 1900, seg&uacute;n consta en dichos anales, se dio de alta en el Ateneo exactamente el 10 de octubre de 1924, declarando como profesi&oacute;n la de &ldquo;estudiante&rdquo;, y como domicilio, el de la Residencia en la Colina de los Chopoas, es decir: Pinar, 17. Pag&oacute; las setenta y cinco pesetas a que ascend&iacute;a por entonces la cuota de entrada, y qued&oacute; registrado como socio de pleno derecho con el n&uacute;mero 11.153.</p>
<p>&iquest;Por qu&eacute; ocult&oacute; Bu&ntilde;uel tal inscripci&oacute;n?. Existe la posibilidad, claro, de que su &iacute;ntimo amigo, al cabo de stenta y nueve a&ntilde;os, que es cuando se le hiciera la pregunta, hubiese olvidado el hecho, pero Pep&iacute;n &ndash;nosotros preferimos seguir ll&aacute;ndole as&iacute;- es hombre tenido como de excelente memoria aun hoy en d&iacute;a y, por otra parte, ninguno de sus contempor&aacute;neos hizo nunca, en relaci&oacute;n con el de Calanda, la menor alusi&oacute;n a tan contradictorio empadronamiento.</p>
<p>-Pues ah&iacute; est&aacute; el detalle-, como hubiera dicho su compatriota Cantinflas, una vez que, en 1949, Bu&ntilde;uel se nacionalizara mexicano. O, si lo prefieren, por ser palabra que parece inventada a prop&oacute;sito del creador de <em>La vida criminal de Archibaldo de la Cruz</em>, el intr&iacute;ngulis de la presente semblanza.</p>
<p>Por desgracia, la quema, robo y destrucci&oacute;n de documentos llevada a cabo en el cas&oacute;n de la calle del Prado a ra&iacute;z de la guerra civil o, mejor dicho, de la victoria que le siguiera, como muy bien se encarg&oacute; de precisar Fernando Fern&aacute;n-G&oacute;mez en su famosa frase final de <em>Las bicicletas son para el verano</em>, no permiten reconstruir hoy los pasos del cineasta, suponiendo que diera alguno, por las salas y biblioteca del mismo a lo largo de los siete a&ntilde;os y ocho meses trascurridos desde el d&iacute;a de su inscripci&oacute;n hasta el 10 de junio de 1932, fecha en la que, de acuerdo con el mismo registro, causara baja voluntaria en las filas de socios.</p>
<p>Pero s&iacute; podemos recordar sus movimientos en Madrid y fuera de Espa&ntilde;a, durante ese mismo periodo, y aventurar, aun a costa de cierto riesgo historiogr&aacute;fico, las razones por las que pudo inscribirse, as&iacute; como las que le llevar&iacute;an, pasado el tiempo indicado, a decir adi&oacute;s a la instituci&oacute;n.</p>
<p>Sobrese&iacute;dos los estudios de ingenier&iacute;a agr&oacute;noma que un d&iacute;a le permitieran salir de su cuasi natal Cesaraugusta, y abandonados igualmente los de Ciencias Naturales, inmerso ya de lleno en el ambiente intelectual y creativo de la &ldquo;Resi&rdquo;, Bu&ntilde;uel parec&iacute;a abocado sin remedio al ejercicio de la literatura como &uacute;nico medio de satisfacer los afanes de relevancia y brillo personal que desde ni&ntilde;o le obsesionaban, seg&uacute;n testimonio un&aacute;nime de sus hermanos y el de quienes llegaron a compartir la primera juventud a orillas del Ebro.</p>
<p>Otras salidas, la pintura o la m&uacute;sica, pongamos por caso, quedaron excluidas <em>ab initio</em> ante la poca disposici&oacute;n demostrada para su ejercicio. Con todo, aquellos de la &ldquo;Resi&rdquo; eran momentos de indecisi&oacute;n, que Max Aub ha descrito con claridad: &ldquo;Lorca quer&iacute;a ser poeta (ya lo era) y Dal&iacute;, pintor. Pero los dem&aacute;s no estaban muy seguros de por d&oacute;nde iban a tirar. Alberti pretend&iacute;a ser pintor, y Bu&ntilde;uel trataba de escribir poemas&rdquo;. <a title="" href="#_ftn10">[10]</a></p>
<p>As&iacute; que, tras un periodo de cierto gamberrismo de corte an&aacute;rquico, durante el cual consigui&oacute; dar la campanada ante afines y contrarios, a lo largo y a lo ancho del callejero capitalino, Bu&ntilde;uel emprende colaboraciones en revistas culturales de cierta envergadura &ndash;<em>Ultra</em>, <em>Horizonte</em>, <em>Alfar</em>-; asiste a homenajes p&uacute;blicos &ndash;el de Araquistain, sin ir m&aacute;s lejos-; ofrece alguna que otra conferencia; visita exposiciones; acude a estrenos sonados &ndash;el de <em>Santa Isabel de Ceres</em>, de Vidal y Planas, a quien se tomar&iacute;a por un Genet <em>avant l&acute;homme</em>, <a title="" href="#_ftn11">[11]</a> y se deja caer por diversas tertulias de escritores y artistas: la del Caf&eacute; Castilla, la del Plater&iacute;as, la de la Granja del Henar y, sobre todo, la celeb&eacute;rrima de Pombo, conformada a mayor honor y gloria de su m&aacute;ximo oficiante, el proteico Ram&oacute;n.</p>
<p>Aun cuando Bu&ntilde;uel hablara luego con cierto despego de la famosa cripta, la verdad es que fue asiduo de ella y que siempre consider&oacute; a G&oacute;mez de la Cerna &ndash;seg&uacute;n transcribe sus apellidos el pendolista Carri&eacute;re en la edici&oacute;n princeps de <em>Mon dernier soupir</em>- <a title="" href="#_ftn12">[12]</a> el autor de mayor talento, o al menos de mayor originalidad, en las letras espa&ntilde;olas de por entonces.</p>
<p>Bu&ntilde;uel acud&iacute;a a sus convocatorias, se disfrazaba de lo que fuera preciso, lo cual no le costaba ning&uacute;n esfuerzo porque siempre le encant&oacute; hacerlo, tanto de caballero rom&aacute;ntico como de Don Juan y hasta &iexcl;de monja!, eligiendo a&ntilde;os despu&eacute;s, al autor de <em>Cinelandia</em> como coguionista de su primer proyecto cinematogr&aacute;fico, inspirado en las p&aacute;ginas de un peri&oacute;dico imaginario, escrito de pe a pa por el propio Ram&oacute;n, y cuyo t&iacute;tulo habr&iacute;a de ser <em>El mundo por diez c&eacute;ntimos</em>.</p>
<p>Prop&oacute;sito nunca cumplido, dicho sea de paso, al hab&eacute;rselo quitado de la cabeza el egoc&eacute;ntrico y avispado Dal&iacute; durante un posterior veraneo de ambos en Cadaqu&eacute;s. En su lugar, parece ser que el catal&aacute;n le aconsej&oacute; rodar juntos unos cuantos sue&ntilde;os propios y entremezclarlos al buen tunt&uacute;n: la salida de un ej&eacute;rcito de hormigas de la mano, burros muertos sobre pianos de cola o el ojo de la madre del aragon&eacute;s, rasgado por una cuchilla de afeitar. <em>El perro andaluz</em>, en suma.</p>
<p>Volviendo a los comienzos literarios, el problema principal radicaba en el trabajo descomunal que a Bu&ntilde;uel le costaba redactar, sobre todo poes&iacute;a. Alberti lo explicar&iacute;a muy bien: &ldquo;...sufr&iacute;a much&iacute;simo y se pasaba las noches, seg&uacute;n me contaban Federico (Lorca) y los dem&aacute;s, escribiendo sus cosas literarias con un gran dolor, con un gran esfuerzo, hasta que insensiblemente fue descubriendo su verdadero camino...&rdquo; <a title="" href="#_ftn13">[13]</a> Las cr&iacute;ticas y aun los relatos se le daban bastante mejor, seg&uacute;n puede advertirse en la recopilaci&oacute;n de su obra literaria preparada, todav&iacute;a en vida del cineasta, por el referido profesor de la Universidad de Zaragoza, Agust&iacute;n S&aacute;nchez Vidal. <a title="" href="#_ftn14">[14]</a> Eso s&iacute;, todo a costa de un enorme sacrificio.</p>
<p>La idea de abandonar Biolog&iacute;a&nbsp; para pasarse a Filosof&iacute;a y Letras le vino durante un viaje a Toledo, ciudad de la que siempre se proclam&oacute; partidario &ndash;como sabemos, en 1923 fundar&iacute;a la orden que pretend&iacute;a acoger a sus devotos, y all&iacute; situar&iacute;a la acci&oacute;n de <em>Tristana</em>, casi medio siglo despu&eacute;s-, pero fue Am&eacute;rico Castro quien, camino esa vez de Alcal&aacute;, dio el empuj&oacute;n definitivo al informarle de que muchas universidades extranjeras, en particular norteamericanas, ped&iacute;a sin cesar lectores de Literatura o de Historia espa&ntilde;olas. &iquest;Por qu&eacute; no ser uno de ellos?</p>
<p>Bu&ntilde;uel, que en el fondo buscaba salir de la capital como antes lo hab&iacute;a hecho de la provincia, siempre en pos de escenarios id&oacute;neos para su talento, vio el cielo abierto. Adem&aacute;s, los Estados Unidos significaban a su entender &ndash;y nunca dejar&iacute;an de hacerlo en buena medida- el <em>non plus ultra</em>, el paradigma de la modernidad. As&iacute; que eligi&oacute; la rama de Historia como la m&aacute;s apropiada. Corr&iacute;a el a&ntilde;o 1921.</p>
<p>Y fue al terminar esos estudios, o darlos por concluidos &ndash;que en esto tampoco nadie se ha puesto de acuerdo, ni el mismo Bu&ntilde;uel si fu&eacute;ramos a tomar sus palabras al pie de la letra-, cuando nuestro hombre decidi&oacute; inscribirse como miembro del Ateneo madrile&ntilde;o. Con un cierto retraso a decir verdad, porque hubiera sido antes, durante la etapa universitaria, cuando m&aacute;s le habr&iacute;an valido las ventajas de la instituci&oacute;n, empezando por la de su biblioteca, una de las mejores de aquel Madrid, veintitantos mil vol&uacute;menes, y frecuentad&iacute;sima por estudiosos e investigadores quienes, tras la lectura y el estudio &ndash;o quiz&aacute; en sustituci&oacute;n de ambos, vaya usted a saber-, discut&iacute;an sobre lo divino y lo humano en la c&eacute;lebre Cacharrer&iacute;a de abajo.</p>
<p>Con retraso, y buena dosis de discreci&oacute;n adem&aacute;s, como explica la circunstancia de que su confidente Pep&iacute;n quedara al margen del paso dado. Quiz&aacute;, Bu&ntilde;uel crey&oacute; conveniente para desarrollar futuros trabajos y as&iacute; codearse con personalidades relevantes del mundo acad&eacute;mico, siguiendo en eso la pauta marcada por el encuentro con don Am&eacute;rico. Su padre hab&iacute;a muerto en mayo del a&ntilde;o anterior y, &eacute;l como hijo mayor y favorito de la madre que era, se consideraba ya el cabeza de familia, sin necesidad por tanto de rendir cuenta de sus actos a nadie, excepto en el terreno econ&oacute;mico, pues segu&iacute;a dependiendo de la viuda Portol&eacute;s.</p>
<p>La rama de Historia no le llev&oacute; a cruzar el oc&eacute;ano pero s&iacute; facilit&oacute;, poco despu&eacute;s de su ingreso en el Ateneo, la traves&iacute;a de los Pirineos con un plan bajo el brazo, lo cual tampoco era desde&ntilde;able. Enterado de la existencia en Par&iacute;s de cierta Societ&eacute; Internationale de Cooop&eacute;ration Intellectuelle &ndash;rama o fruto de la flamante Sociedad de Naciones-, en cuya primera l&iacute;nea figuraba el fil&oacute;sofo gerundense don Eugenio d&rsquo;Ors, Bu&ntilde;uel acudi&oacute; a Pablo de Azc&aacute;rate, <a title="" href="#_ftn15">[15]</a> siendo informado de que un par de cursos de franc&eacute;s e ingl&eacute;s podr&iacute;an colmar la preparaci&oacute;n necesaria para formar parte de la susodicha Societ&eacute;, cuyos objetivos nadie fue capaz de especificarle con entera claridad, ni siquiera el citado Xenius, con quien el futuro cineasta manten&iacute;a una buena relaci&oacute;n.</p>
<p>De ah&iacute; que, cumplidas las Navidades de aquel a&ntilde;o &ndash;el 7 de enero de 1925- Bu&ntilde;uel llegase a Par&iacute;s, dejando poco menos que sin efecto su flamante condici&oacute;n atene&iacute;sta. Y el primer movimiento, al d&iacute;a siguiente, fue acudir a la tertulia que don Miguel de Unamuno, desterrado a la saz&oacute;n por el general Primo de Rivera, manten&iacute;a un tanto a la espa&ntilde;ola en el caf&eacute; La Rotonde ante un selecto grupo de compatriotas e hispanoamericanos: C&eacute;sar Vallejo, Pablo Neruda, Joan Mir&oacute; o Pancho Coss&iacute;o, entre otros. Gesto demostrativo a todas luces de su decisi&oacute;n de mantenerse ligado al mundo intelectual y literario, &uacute;nico horizonte que por el momento vislumbraba nuestro hombre para alcanzar la preeminencia.</p>
<p>Curiosamente, el cine no formaba parte a&uacute;n de sus prop&oacute;sitos, al menos de los m&aacute;s directos. &Eacute;l declar&oacute; en varias ocasiones que fue <em>Las tres luces</em>, una pel&iacute;cula de Fritz Lang rodada en 1921 y estrenada en Espa&ntilde;a poco despu&eacute;s, el origen de su definitiva vocaci&oacute;n. <a title="" href="#_ftn16">[16]</a> Pero tambi&eacute;n pudo verla en el Vieux Colombier de Par&iacute;s, donde se reestrenar&iacute;a a bombo y platillo, como homenaje y reparaci&oacute;n al maestro vien&eacute;s por la indiferencia con que el film &ndash;una historia f&aacute;ustica, repleta de efectos fotogr&aacute;ficos, en la que el personaje de la Muerte jugaba principal&iacute;simo papel- fuese recibido en Alemania. Conversi&oacute;n o deslumbramiento que bien podr&iacute;an explicar el que, sin previo aviso, ese mismo a&ntilde;o Bu&ntilde;uel iniciara s&uacute;bitamente sus colaboraciones en la revista <em>Cahiers d&rsquo;Art</em> como cr&iacute;tico cinematogr&aacute;fico.</p>
<p>El resto de las actividades parisinas es de sobra conocido para pormenorizarlo aqu&iacute;. Se apunta a la Academie de Cinema, regida por el prestigioso realizador Jean Epstein, con el que Bu&ntilde;uel establecer&iacute;a una estrecha relaci&oacute;n; hace publicidad visual para una marca de muebles; ayuda y act&uacute;a de figurante en la versi&oacute;n de <em>Carmen</em> dirigida por Jacques Feyder, con Raquel Meller en el papel central; es pluriempleado en <em>Les aventures de Robert Macaire</em> y en <em>Maupras</em>, ambos t&iacute;tulos rodados por el mismo Epstein en 1925-26; corre con la puesta en escena &ndash;curiosa experiencia- del <em>Retablo de Maese Pedro</em> de Falla en &Aacute;msterdam y, ya en 1927, trabaja de ayudante en una pel&iacute;cula de Josephine Baker, <em>La sirena del Tr&oacute;pico</em>, <a title="" href="#_ftn17">[17]</a> env&iacute;a cr&iacute;ticas a <em>La Gaceta Literaria</em> de Gim&eacute;nez Caballero, escribe en un velador del caf&eacute; Montparnasse su <em>Hamlet</em>, <em>tragedia c&oacute;mica,</em> bosqueja un gui&oacute;n sobre la figura de Goya, con miras a las pr&oacute;ximas celebraciones en Zaragoza del centenario de la muerte del pintor, y durante un viaje a Espa&ntilde;a presenta diferentes pel&iacute;culas al equipo de la <em>Revista de Occidente</em>.</p>
<p>Son a&ntilde;os de actividad fren&eacute;tica, con un fin superior: devorar etapas en la carrera hacia el triunfo. Sigue actuando de ayudante en films de Germaine Dulac, del maestro Epstein &ndash;trabaja con &eacute;l nada menos que en <em>El hundimiento de la casa Usher</em>, <a title="" href="#_ftn18">[18]</a> sobre Allan Poe-, y planea con su admirado Ram&oacute;n el rodaje de una &oacute;pera prima, proyecto desbaratado por Dal&iacute; durante las vacaciones navide&ntilde;as de 1928, y sustituido por <em>Le chien andalou</em>, como ya se ha dicho.</p>
<p>Probablemente no ha habido en el campo cinematogr&aacute;fico debut m&aacute;s sonado que el de Bu&ntilde;uel, s&oacute;lo comparable, en t&eacute;rminos creativos, al de Orson Welles con <em>Citizen Kane</em> en el Hollywood inmediatamente anterior a la segunda guerra mundial. El esc&aacute;ndalo que sigui&oacute; al estreno parisino de <em>Le chien</em> &ndash;el 6 de junio de 1929 en Le Studio des Ursulines-, habr&iacute;a de conducirle en volandas al exigente grupo surrealista, capitaneado por Breton y Aragon. Se desbordan los comentarios, los aplausos y los insultos. En Madrid, proyectado por primera vez en el cine Royalty, Gim&eacute;nez Caballero llega a presentarlo como &ldquo;una desesperada llamada al crimen&rdquo;.</p>
<p>Jean Cocteau introduce a Bu&ntilde;uel en el particular &ndash;hoy dir&iacute;amos exclusivo- reino de los barones de Noailles, que inmediatamente le acogen en su corte y acuerdan producir el proyecto siguiente de este nuevo &ldquo;enfant terrible espagnol&rdquo;, habiendo sido Picasso el anterior. Vuelven a trabajar juntos el aragon&eacute;s y el catal&aacute;n, &eacute;ste sometido ya a la influencia de su futura Gala, a quien es tradici&oacute;n que Bu&ntilde;uel intent&oacute; estrangular en Cadaqu&eacute;s. Y <em>L&rsquo;age d&rsquo;or</em> aun antes de estrenarse, le vale al primero un pasaporte para el ansiado Hollywood, bajo contrato como director franc&eacute;s por el casi omn&iacute;modo Irving Thalberg, de la Metro Goldwyn Mayer.</p>
<p>Pero hasta California llega el eco del nuevo esc&aacute;ndalo parisino ante esa segunda pel&iacute;cula. Cinco d&iacute;as despu&eacute;s de darse a conocer p&uacute;blicamente en la sala Studio 28, comisarios de Action Fran&ccedil;aise &ndash;cuyo radicalismo habr&iacute;a de ser recreado por Bu&ntilde;uel treinta y cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s-, <a title="" href="#_ftn19">[19]</a> en connivencia con representantes de la Liga Anti-jud&iacute;a, destrozan el local. Y las cr&iacute;ticas, los aplausos y los insultos vuelven a llover, ahora en la distancia, sobre el director</p>
<p>Thalberg no sabe qu&eacute; hacer con asalariado tan conflictivo, quien durante seis meses vaga por los plat&oacute;s de la Metro, curioseando rodajes ajenos, hasta que Greta Garbo le expulsa de uno suyo. <a title="" href="#_ftn20">[20]</a> A partir de entonces, el aragon&eacute;s s&oacute;lo se acerca a los estudios de Culver City para cobrar el sueldo especificado en el contrato: doscientos cincuenta d&oacute;lares a la semana. Por no tenerlo mano sobre mano, Thalberg le llama para que, como espa&ntilde;ol, eche una ojeada a la actuaci&oacute;n de Lili Damita en un film de ambiente hispano. Pero Bu&ntilde;uel se niega, pretextando que est&aacute; all&iacute; como realizador franc&eacute;s. &ldquo;Adem&aacute;s &ndash;a&ntilde;ade-, no me da la gana asesorar a una puta&rdquo;. <a title="" href="#_ftn21">[21]</a> Es el final del primer cap&iacute;tulo hollywoodiense de Bu&ntilde;uel. A trav&eacute;s de Frank Davies, supervisor del departamento de producciones en espa&ntilde;ol, Thalberg le devuelve a Europa y, ya en Par&iacute;s, el aragon&eacute;s toma un taxi cuando la Rep&uacute;blica espa&ntilde;ola apenas cuenta con veinticuatro horas de vida &ndash;no con un a&ntilde;o m&aacute;s, como el inefable Carri&eacute;re anotara en el susodicho <em>Soupir</em>- para presentarse en Zaragoza y seguir viaje a Madrid. Asiste a un mitin anarco sindicalista en la plaza de toros, y al d&iacute;a siguiente vuelve a Francia donde ocasionalmente se incorpora a los rodajes de las versiones hispanas que, por aquella &eacute;poca, se realizan en los estudios de Joinville, bajo el control del escritor canario Claudio de la Torre.</p>
<p>Pero la alegr&iacute;a dura poco en casa del pobre, y tras los primeros momentos de entusiasmo popular, comienzan los incidentes que habr&iacute;an de desembocar, al cabo de cinco a&ntilde;os, en la infausta guerra civil. El 11 de mayo, veintitantos d&iacute;as despu&eacute;s del cambio de r&eacute;gimen, se produce la quema de conventos en Madrid y, en pleno arrebato republicano y surrealista, Bu&ntilde;uel propone a Breton volver juntos a Espa&ntilde;a para incendiar, adem&aacute;s, el Museo del Prado. De paso, destruir&iacute;an el negativo de <em>L&rsquo;age d&rsquo;or</em>. &ldquo;As&iacute; eran los surrealistas&rdquo;, escribi&oacute; Max Aub con desd&eacute;n y cierto deslumbramiento, <a title="" href="#_ftn22">[22]</a> refiri&eacute;ndose sin duda a otra quema, la llevada a cabo por Louis Aragon del manuscrito de su novela <em>La defense de l&rsquo;infini</em>, precisamente en un hotel de la madrile&ntilde;a Puerta del Sol, en 1928.</p>
<p>Breton, futuro autor de <em>L&rsquo;amour fou</em>, <a title="" href="#_ftn23">[23]</a> debi&oacute; sentir al escuchar a Bu&ntilde;uel un escalofr&iacute;o similar al que embargara a Chaplin durante la famosa Nochebuena en casa de Tono, aun cuando consiguiera hacerle desistir de tan radicales prop&oacute;sitos. Prop&oacute;sitos que hoy han de parecernos de dudosa sinceridad, por lo menos.</p>
<p>El prestigio de Bu&ntilde;uel en Par&iacute;s se ha consolidado, entre tanto. La tambi&eacute;n exclusiva reuni&oacute;n de 1932 en el castillo de Hy&egrave;res, propiedad de los Noailles, con la crema de la sociedad intelectual de entreguerras &ndash;santones como Giacometti, Desormieres, Poulenc, Christian Berard, Auric, Markevitch, Pierre Colle, Henri Sauguet o Igor Stravinski- viene a confirmarlo. Y surge la posibilidad de realizar un nuevo film, tan violento, mordaz y surrealista como los anteriores, aunque en apariencia perteneciera al g&eacute;nero documental: <em>Las Hurdes</em>. <a title="" href="#_ftn24">[24]</a></p>
<p>Vuelve a Espa&ntilde;a para preparar el rodaje y, una semana antes de su comienzo, el 10 de abril de aquel mismo a&ntilde;o decide darse de baja en el Ateneo. La gran universidad libre de Espa&ntilde;a, seg&uacute;n lo bautizara Francisco Giner de los R&iacute;os, no significaba ya ninguna plataforma para el de Calanda, abandonado de una vez por todas el proyecto literario y en trance de convertirse en figura universal del reci&eacute;n bautizado S&eacute;ptimo Arte.</p>
<p>La rebeli&oacute;n del ej&eacute;rcito espa&ntilde;ol en julio de 1936 pareci&oacute; dar definitivamente al traste con tales perspectivas pero, por fortuna, s&oacute;lo vino a suponer en el arto profesional del director un episodio de extrema dificultad, pese a la inmensa tragedia que conllevaba. Y el premio del Festival de Cannes, en 1951, a su film mexicano <em>Los olvidados</em>, tras un largo par&eacute;ntesis de trabajos m&aacute;s o menos oscuros en Nueva York, Los &Aacute;ngeles y M&eacute;xico DF, vendr&iacute;a a significar la resurrecci&oacute;n del ave f&eacute;nix, tras haber sido el nombre del aragon&eacute;s poco menos que arrumbado, o constituir una simple nota en el enloquecido periodo de la vanguardia europea de los veinte. En el d&iacute;a de San Isidro de 1996, cuando la actriz Ver&oacute;nica Forqu&eacute; &ndash;hija de otro afamado director aragon&eacute;s, por cierto- hiciera entrega solemne del cuadro del pintor Jos&eacute; Luis de Palacio donado por EGEDA <a title="" href="#_ftn25">[25]</a> para que engrosara la formidable colecci&oacute;n de retratos de atene&iacute;stas ilustres, no falt&oacute; quien manifestase sorpresa y hasta cierto reparo en cuanto a la inclusi&oacute;n de Bu&ntilde;uel en tal galer&iacute;a.</p>
<p>Y es que, a fin de cuentas, se trataba de un socio ignoto.</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> Hoy parece definitivamente establecido que ingres&oacute; en el PCE durante la primavera de 1932, quiz&aacute; a la vuelta del rodaje de Las Hurdes o justo antes de su inicio. Lo confirma una carta del propio Bu&ntilde;uel al m&aacute;ximo preboste del movimiento surrealista, Andr&eacute; Breton, con fecha 6 de mayo de aquel a&ntilde;o, aparecida en la Biblioteca Nacional, de Par&iacute;s. Sigue sin saberse, no obstante, cu&aacute;ndo caus&oacute; baja en el mismo, si es que lo hizo ya que no siempre era cumplida tal formalidad.</p>
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<div>
<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> Jeanne Rucar: <em>Memorias de una mujer sin piano</em>, Madrid, Alianza Editorial, 1995.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a> Entrevista concedida a Jes&uacute;s Ruiz Mantilla en <em>El Pa&iacute;s</em> el 7 de mayo de 2004.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a> Referencia a la relevante obra del profesor Agust&iacute;n S&aacute;nchez Vidal <em>Bu&ntilde;uel, Lorca, Dal&iacute;: el enigma sin fin</em>. Barcelona, Editorial Planeta, 1996.</p>
</div>
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<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a> Inaugurada con la asistencia de la entonces ministra de Cultura, Pilar del Castillo, y de Rafael Bu&ntilde;uel el 28 de mayo de 2003.</p>
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<div>
<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a> Cuando cumpli&oacute; cien a&ntilde;os &ndash;el d&iacute;a 13 de mayo de 2004- Bello fue homenajeado en la Residencia de Estudiantes con unas jornadas &ndash;celebradas del 18 al 20 del mismo mes- en las que participaron los profesores e historiadores: Ferr&aacute;n Alberich, Rom&aacute;n Gubern, Juan Jos&eacute; Lahuerta, Ricard M&aacute;s Peinado, C. Brian Morris, Agust&iacute;n S&aacute;nchez Vidal y Andr&eacute;s Soria Olmedo.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a> En su admirable descripci&oacute;n de la capital durante los primeros a&ntilde;os treinta. Madrid, el advenimiento de la Rep&uacute;blica. Madrid, Alianza Editorial, 1986.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref8">[8]</a> El primero aparece en una relaci&oacute;n de socios sin mayor precisi&oacute;n, mientras que Moreno Villa consta que ingres&oacute; el 1 de septiembre de 1913, causando baja el 1 de octubre de 1920.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref9">[9]</a> Con fecha 3 de junio de 1925.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref10">[10]</a> En <em>Conversaciones con Luis Bu&ntilde;uel</em>, Madrid, Editorial Aguilar, 1985.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref11">[11]</a> Bu&ntilde;uel le emplear&iacute;a como traductor en los estudios de doblaje de la Warner, de Hollywood, mediados los a&ntilde;os cuarenta.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref12">[12]</a> Libro de memorias (Robert Laffont, Par&iacute;s, 1982), dictado por el director a su guionista Jean-Claude Carri&egrave;re y traducido en Espa&ntilde;a como <em>Mi &uacute;ltimo suspiro</em>, Barcelona, Plaza &amp; Jan&eacute;s, 1982</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref13">[13]</a> Recogido en la citada obra de Max Aub.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref14">[14]</a> Introducci&oacute;n y notas a Luis Bu&ntilde;uel. Obra literaria, Zaragoza, Editorial Heraldo de Arag&oacute;n, 1982.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref15">[15]</a> Don Pablo de Azc&aacute;rte, catedr&aacute;tico de Derecho en distintas universidades, alcanzar&iacute;a el puesto de secretario general adjunto de la Sociedad de Naciones en 1933.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref16">[16]</a> <em>Der M&uuml;de Tod</em>, Fritz Lang, 1921.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref17">[17]</a> <em>La sir&eacute;ne des Tropiques</em>, Henri Eti&eacute;vant/Mario Nalpas, 1927.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref18">[18]</a> <em>La chute de la maison Usher</em>, Jean Epstein, 1928.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref19">[19]</a> En el film <em>Le journal d&rsquo;une femme de chambre</em>, 1964.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref20">[20]</a> Seguramente, del de <em>Susan Lenox: Her Fall and Rise</em>, Robert Z. Leonard, 1931.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref21">[21]</a> Habida cuenta de que esta actriz de origen franc&eacute;s no hizo otra pel&iacute;cula con MGM, cabe suponer que se trataba de The Bridge of San Luis Rey, primera versi&oacute;n de la novela de Thornton Wilder, ambientada en un Per&uacute; dieciochesco. Se hab&iacute;a rodado muda el a&ntilde;o anterior pero el estudio decidi&oacute; a&ntilde;adirle alguna sonorizaci&oacute;n a posteriori, pr&aacute;ctica corriente para no excluir un costoso producto de la imparable carrera del cine hablado. Y su director, el mediocre Charles Brabin, hubo de aceptar la componenda. Por otra parte &ndash;lo cual aliviar&iacute;a s&oacute;lo en cierta medida el exabrupto de Bu&ntilde;uel-, Lili Damita, futura esposa de Errol Flynn, gozaba fama de mujer sentimentalmente ajetreada.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref22">[22]</a> Max Aub, en la obra citada.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref23">[23]</a> Par&iacute;s, Editorial Gallimard, 1937.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref24">[24]</a> T&iacute;tulo alternativo: <em>Tierra sin pan</em>.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref25">[25]</a> Ver&oacute;nica, hija de Jos&eacute; Mar&iacute;a Forqu&eacute;. EGEDA: siglas de Entidad de Gesti&oacute;n de Derechos Audiovisuales.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Fri, 02 Jun 2017 09:35:31 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Foto de Farrah Fawcett como origen del mudo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/foto-de-farrah-fawcett-como-origne-del-mundo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/junio/JOAQU_N_P_REZ_AZA_STRE_2.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 420px;">Ese ba&ntilde;ador rojo con la curva en el vientre</p>
<p style="padding-left: 420px;">luciendo la sonrisa de las gotas doradas,</p>
<p style="padding-left: 420px;">con la dura pericia &aacute;gil de dos rub&iacute;es</p>
<p style="padding-left: 420px;">dispuestos a volar el blindaje de un cuerpo.</p>
<p style="padding-left: 420px;">No eres un &aacute;ngel, Farrah, no has podido ser nada</p>
<p style="padding-left: 420px;">m&aacute;s que susurro ungido con las alas partidas</p>
<p style="padding-left: 420px;">por la boca dentada de la voracidad.</p>
<p style="padding-left: 420px;">No quedan dedos, Farrah, que no hayan modelado</p>
<p style="padding-left: 420px;">esa frescura rubia de tus piernas al sol.</p>
<p style="padding-left: 420px;">&iquest;Posaste alguna vez sobre la arena?</p>
<p style="padding-left: 420px;">Las plantas de tus pies, el pulgar de tu beso,</p>
<p style="padding-left: 420px;">&iquest;sinti&oacute; la torcedura de mi cuchillo de ante?</p>
<p style="padding-left: 420px;">&iquest;Has sido alguna vez algo mejor que un p&oacute;ster?</p>
<p style="padding-left: 420px;">Y qu&eacute; hay mejor que un eco colgado en la pared</p>
<p style="padding-left: 420px;">como los sue&ntilde;os, Farrah, por qu&eacute; hay que ser mejor</p>
<p style="padding-left: 420px;">que tu imagen de un d&iacute;a como diosa del mundo.</p>
<p style="padding-left: 420px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 420px;">Dime si de verdad tu ambici&oacute;n superaba</p>
<p style="padding-left: 420px;">las palabras de esmalte, el carm&iacute;n de tu idioma.</p>
<p style="padding-left: 420px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 420px;">La vida es el cartel de mujeres sin cielo</p>
<p style="padding-left: 420px;">con los muslos de nubes: ellas nos amamantan</p>
<p style="padding-left: 420px;">como t&uacute; nuestra infancia de domingos peque&ntilde;os</p>
<p style="padding-left: 420px;">mientras eras posible, poco antes de ser Farrah,</p>
<p style="padding-left: 420px;">cuando la leche parda sobre el c&aacute;liz caliente</p>
<p style="padding-left: 420px;">arropaba al ocaso con tu gasa encendida,</p>
<p style="padding-left: 420px;">bajo la placidez astral de los veranos</p>
<p style="padding-left: 420px;">eternos de las chicas que olvidaron su nombre.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 02 Jun 2017 09:27:17 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las lecciones de Antonio Machado]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/las-lecciones-de-antonio-machado/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/junio/LUIS_GARC_A_MONTERO.jpg" alt="" /></p>
<p>El 22 de febrero de 2007 particip&eacute; en Colliure en un homenaje a Antonio Machado. Hac&iacute;a 68 a&ntilde;os de su muerte. Fue una experiencia de profunda emoci&oacute;n para m&iacute;. Escrib&iacute; entonces el poema &ldquo;Colliure&rdquo;, publicado en mi libro <em>Vista cansada</em> (2008). Ahora me gustar&iacute;a argumentar en prosa las razones de esta emoci&oacute;n, es decir, explicar la conciencia de haber homenajeado a una figura decisiva en la tradici&oacute;n a la que yo he querido sumarme como poeta, profesor y ciudadano.</p>
<p>Antonio Machado es lo m&aacute;s parecido que tenemos en Espa&ntilde;a a <em>un poeta nacional</em>. Citamos sus versos en nuestras conversaciones y los pol&iacute;ticos repiten sus sentencias en los discursos. Sus poemas son le&iacute;dos, cantados, estudiados. Ante las rutinas sociales, siempre cabe la posibilidad de salir corriendo y mirar hacia otro lado en nombre de la originalidad. Se queda mejor con una impertinencia. Pero creo que en el caso de Machado, y soportando la crisis social que vivimos, no conviene evitar la pregunta sobre su valor en la educaci&oacute;n sentimental de los espa&ntilde;oles. Por eso quiero empezar esta reflexi&oacute;n con alguno de sus versos m&aacute;s citados:</p>
<p>Y al cabo, nada os debo; me deb&eacute;is cuanto he escrito.</p>
<p>A mi trabajo acudo, con mi dinero pago</p>
<p>el traje que me cubre y la mansi&oacute;n que habito,</p>
<p>el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.</p>
<p>Se trata de una declaraci&oacute;n de orgullo c&iacute;vico, en la que se mezclan los datos biogr&aacute;ficos y las intenciones po&eacute;ticas. El famoso &ldquo;Retrato&rdquo; prologa a <em>Campos de Castilla</em> se public&oacute; por primera vez en 1908, en una galer&iacute;a de retratos que publicaba el peri&oacute;dico <em>El Liberal</em>. Un poco antes, el 16 de abril de 1907, Machado hab&iacute;a recibido el nombramiento oficial como catedr&aacute;tico de Franc&eacute;s del Instituto de Soria. Era su primer trabajo, una verdadera conquista a los 32 a&ntilde;os. No hab&iacute;a sido buen estudiante, le hab&iacute;a costado mucho acabar mal y tarde el bachillerato. M&aacute;s que en la ense&ntilde;anza oficial, su formaci&oacute;n humana madur&oacute; en el ambiente de la Instituci&oacute;n Libre de Ense&ntilde;anza, al amparo del magisterio de Francisco Giner de los R&iacute;os. Los lazos con la Instituci&oacute;n le ven&iacute;an a trav&eacute;s de su padre, Antonio Machado y &Aacute;lvarez, y de su abuelo, Antonio Machado N&uacute;&ntilde;ez. La austeridad moral, la disciplina &eacute;tica, la ilusi&oacute;n de unir la educaci&oacute;n y el trabajo para modernizar el pa&iacute;s, fueron una lecci&oacute;n institucionista, a la que Machado rindi&oacute; homenaje con motivo de la muerte de Francisco Giner en un conocid&iacute;simo poema. La labor sustituye al clericalismo: &ldquo;&iexcl;Yunques sonad, enmudeced campanas!&rdquo;. Giner pide: &ldquo;Hacedme / un duelo de labores y esperanzas. / Sed buenos y no m&aacute;s&hellip;&rdquo;. Se resume as&iacute; la idea del trabajo como un factor esencial en la generaci&oacute;n del sentimiento de ciudadan&iacute;a. A trav&eacute;s &nbsp;del trabajo se llega al compromiso esperanzado de reformar la vida espa&ntilde;ola. Se comprende que, desde esta postura &eacute;tica, fuese tan importante encontrar trabajo y pagar con el dinero de un salario el traje, la casa, el pan y la cama. Machado estaba orgulloso de su puesto conseguido en el instituto.</p>
<p>Pero sent&iacute;a tambi&eacute;n un especial orgullo po&eacute;tico. En los a&ntilde;os del modernismo, hab&iacute;a cobrado importancia la leyenda del artista bohemio, del poeta maldito, del dandi. Manuel Machado, en un maravilloso poema, &ldquo;Adelfos&rdquo;, redonde&oacute; un desplante lleno de orgullo personal:</p>
<p>Nada os pido. Ni os amo, ni os odio. Con dejarme,</p>
<p>lo que hago por vosotros hacer pod&eacute;is por m&iacute;...</p>
<p>&iexcl;Que la vida se tome la pena de matarme,</p>
<p>ya que yo no me tomo la pena de vivir&hellip;!</p>
<p>Su hermano Antonio tampoco le debe nada a nadie, pero m&aacute;s que un alejamiento de la sociedad, recurre a sus gotas de sangre jacobina y a su torpe ali&ntilde;o indumentario para defender una idea c&iacute;vica de la poes&iacute;a. 1907 no hab&iacute;a sido s&oacute;lo el a&ntilde;o en encontrar un humilde trabajo como profesor en un humilde instituto, sino tambi&eacute;n el a&ntilde;o en el que estaba madurando un buscado cambio po&eacute;tico.</p>
<p>Hay otra estrofa del &ldquo;Retrato&rdquo; muy citada, pero a veces no del todo entendida en su valor:</p>
<p>Desde&ntilde;o la romanza de los tenores huecos</p>
<p>y el coro de los grillos que cantan a la luna.</p>
<p>A distinguir me paro las voces de los ecos,</p>
<p>y escucho solamente, entre las voces, una.</p>
<p>Tendemos ahora a identificar esta estrofa con la b&uacute;squeda de originalidad, la voz &uacute;nica, frente al eco de los imitadores y los ep&iacute;gonos. Pero conviene entender bien el sentido de estos versos. En la tradici&oacute;n en la que se hab&iacute;a formado Antonio Machado, la deriva simbolista del romanticismo, lo verdaderamente prestigioso eran los ecos. Lo peligroso para el poeta eran las voces. El gran Gustavo Adolfo B&eacute;cquer hab&iacute;a sido el poeta de los rumores, los murmullos, la niebla, los ecos, el cendal, la gasa. Acaba as&iacute; la rima XXIV:</p>
<p>Dos ideas que al par brotan,</p>
<p>dos besos que a un tiempo estallan,</p>
<p>dos ecos que se confunden,</p>
<p>eso son nuestras dos almas.</p>
<p>Don Gustavo Adolfo hab&iacute;a ironizado en la rima XXVI sobre el prosa&iacute;smo decimon&oacute;nico y sobre la ret&oacute;rica po&eacute;tica grandilocuente, el oro falso del lenguaje:</p>
<p>Voy contra mi inter&eacute;s a confesarlo,</p>
<p>no obstante, amada m&iacute;a,</p>
<p>pienso cual t&uacute; que una oda s&oacute;lo es buena</p>
<p>de un billete del Banco al dorso escrita.</p>
<p>No faltar&aacute; alg&uacute;n necio que al o&iacute;rlo</p>
<p>se haga cruces y diga:</p>
<p>&iexcl;Mujer al fin del siglo diez y nueve,</p>
<p>material y prosaica!... &iexcl;Bober&iacute;as!</p>
<p>&iexcl;Voces que hacen correr cuatro poetas</p>
<p>que en invierno se embozan con la lira!</p>
<p>&iexcl;Ladridos de los perros a la luna!</p>
<p>T&uacute; sabes y yo s&eacute; que en esta vida</p>
<p>con genio es muy contado quien la <em>escribe</em></p>
<p>y con oro cualquiera <em>hace</em> poes&iacute;a.</p>
<p>Dos p&aacute;jaros de un tiro, el prosa&iacute;smo y el falso oro de la poes&iacute;a ret&oacute;rica. Frente a ese falso oro, B&eacute;cquer y los poetas simbolistas se refugian en el matiz, la sugerencia, el eco, la alusi&oacute;n. A Antonio Machado le lleg&oacute; esta po&eacute;tica del propio B&eacute;cquer y de Paul Verlaine. Recibi&oacute; un c&oacute;digo est&eacute;tico basado en el fracaso del lenguaje como un correlato del fracaso de la sociedad. El signo ling&uuml;&iacute;stico siempre ha sido una met&aacute;fora del contrato social. Cuando el contrato fracasa y se hunden las ilusiones p&uacute;blicas, el lenguaje entra en crisis, porque es tambi&eacute;n una realidad social. Constituye un problema de primera magnitud para la poes&iacute;a, &nbsp;ya que su materia de trabajo es un lenguaje envenenado. Por citar a B&eacute;cquer una &uacute;ltima vez, podemos resumir el riesgo de la escritura con una estrofa de la rima I:</p>
<p>Yo quisiera escribirle, del hombre</p>
<p>domando el rebelde, mezquino idioma,</p>
<p>con palabras que fuesen a un tiempo</p>
<p>suspiros y risas, colores y notas.</p>
<p>Lenguaje mezquino, no s&oacute;lo rebelde. La escritura se hace simbolista, se refugia en la alusi&oacute;n, el eco, el suspiro, la nota, que puede plasmar una verdad del alma. S&oacute;lo es puro aquello que es presocial, pre-hist&oacute;rico, como el silencio. Esta fue la est&eacute;tica en la que madur&oacute; la primera poes&iacute;a de Antonio Machado, en esa obra maestra que es <em>Soledades. Galer&iacute;as. Otros poemas</em> (1907). Antonio Machado se hab&iacute;a alejado del modernismo ret&oacute;rico dominante en la primera edici&oacute;n de <em>Soledades</em> (1903), a favor de un simbolismo de matices suaves e &iacute;ntimos. M&aacute;s que la argumentaci&oacute;n o que la realidad de las palabras mismas, era importante la palpitaci&oacute;n del alma contagiada:</p>
<p>La fuente de piedra</p>
<p>vert&iacute;a su eterno</p>
<p>cantar de leyenda.</p>
<p>Cantaban los ni&ntilde;os</p>
<p>canciones ingenuas,</p>
<p>de un algo que pasa</p>
<p>y que nunca llega:</p>
<p>la historia confusa</p>
<p>y clara la pena.</p>
<p>Segu&iacute;a su cuento</p>
<p>la fuente serena;</p>
<p>borrada la historia,</p>
<p>contaba la pena.</p>
<p>Ese era el reto de la escritura, inyectar un algo que no puede confundirse con un argumento. Es clara la pena, pero la historia confusa. El poeta identifica su palabra con el murmullo de la fuente. Pero a lo largo de la composici&oacute;n definitiva de sus <em>Soledades </em>Machado empieza a hacerse preguntas que abren nuevas perspectivas y dudas en los c&oacute;digos del simbolismo. La originalidad en poes&iacute;a tiene mucho que ver con la necesidad de hacer preguntas. Una estrategia de rarezas es menos eficaz que una pregunta a tiempo. La evoluci&oacute;n del g&eacute;nero es un encadenamiento de preguntas oportunas. Y Machado pregunt&oacute;. &iquest;Qu&eacute; es la intimidad, la verdad sentimental, ese territorio que la ideolog&iacute;a subjetiva define como un espacio puro, no contaminado por la historia? &iquest;Qu&eacute; cantamos al encerrarnos en nuestra subjetividad m&aacute;s profunda? Hay un poema de <em>Soledades</em> que a m&iacute; me parece muy importante en este sentido. El poema XXXVII dialoga con la noche, la mensajera de su intimidad oculta, y le pregunta &ldquo;si son m&iacute;as las l&aacute;grimas que vierto&rdquo;. En el simbolismo los c&oacute;digos po&eacute;ticos se basan en el concepto de <em>expresividad</em>, que etimol&oacute;gicamente se relaciona con el de <em>exprimir</em>. El poeta se exprime para sacar su zumo interior, el de la verdad esencial humana, y la met&aacute;fora tradicional de ese zumo suelen ser las l&aacute;grimas.</p>
<p>&iquest;Son m&iacute;as las l&aacute;grimas que vierto?, pregunta Machado, que es como preguntar si la condici&oacute;n humana, la verdad subjetiva, cae de las nubes, se forma como un alma independiente y sagrada, o es en realidad algo que se forma con la historia, junto a los dem&aacute;s, un territorio que participa como otro cualquiera de las energ&iacute;as de la sociedad. A partir de aqu&iacute; los c&oacute;digos de la poes&iacute;a de Machado sufren un vuelco. La noche contesta:</p>
<p>Yo nunca supe, amado,</p>
<p>si eras t&uacute; ese fantasma de tu sue&ntilde;o,</p>
<p>ni averig&uuml;e si era su voz la tuya,</p>
<p>o era la de un histri&oacute;n grotesco.</p>
<p>Y despu&eacute;s matiza todav&iacute;a m&aacute;s la gravedad de su respuesta:</p>
<p>Yo me asomo a las almas cuando lloran</p>
<p>y escucho su hondo rezo,</p>
<p>humilde y solitario,</p>
<p>&nbsp;ese que llamas salmo verdadero;</p>
<p>pero en las hondas b&oacute;vedas del alma</p>
<p>no s&eacute; si el llanto es una voz o un eco.</p>
<p>Ahora el sentido de la conciencia po&eacute;tica es otro. Primero, se trata de comprender que los sentimientos, las verdades interiores, forman parte de nuestra educaci&oacute;n sentimental, de nuestra historia, porque la vida es una conversaci&oacute;n y nos definimos como seres sociales. Hay muchas cosas que parecen nuestra verdad original y s&oacute;lo son un eco de las corrientes de opini&oacute;n de la sociedad, de los valores y las ideolog&iacute;as impuestas. En segundo lugar, debemos elegir nuestra voz, saber distinguir nuestra propia opini&oacute;n. Machado se define como ciudadano, como individuo social, comprende que no hay verdades al margen de la historia, y luego asume la tarea de buscar la suya propia. Ese es el significado profundo de un acto po&eacute;tico que se separa de las purezas antisociales para responsabilizarse c&iacute;vicamente de su voz, como se responsabiliza de su trabajo, del traje que le cubre, de la mansi&oacute;n que habita y del lecho en el que descansa.</p>
<p>El &ldquo;Retrato&rdquo; de <em>Campos de Castilla</em> no es s&oacute;lo una declaraci&oacute;n &eacute;tica, sino una afirmaci&oacute;n de que su palabra po&eacute;tica es inseparable de su compromiso c&iacute;vico. Por eso en <em>Campos de Castilla</em> cambia de tono, y recoge poemas con voluntad de regeneraci&oacute;n, de estirpe institucionista, propia de disc&iacute;pulo de Giner de los R&iacute;os. Los art&iacute;culos que escribe en la &eacute;poca insisten tambi&eacute;n en este punto. La educaci&oacute;n de los ciudadanos y el trabajo, entendido como primer compromiso de socializaci&oacute;n individual, son el fundamento de una ilusionada voluntad colectiva que espera un pa&iacute;s m&aacute;s justo. Se trata de crear Estado y tejido social al mismo tiempo, porque el Estado no es algo ajeno al tejido social, sino su formulaci&oacute;n m&aacute;s madura, m&aacute;s justa, en las gotas de sangre jacobina de Machado.</p>
<p>Pensando en la situaci&oacute;n espa&ntilde;ola, en el a&ntilde;o 1913 publica un art&iacute;culo titulado &ldquo;Sobre pedagog&iacute;a&rdquo;, en el peri&oacute;dico <em>El porvenir castellano</em>. Dice nuestro profesor de franc&eacute;s: &ldquo;Mientras no se descienda a estudiar al hombre del campo, no acabaremos de explicarnos los m&aacute;s rudimentarios fen&oacute;menos de la vida espa&ntilde;ola. De los dos elementos que nos empujan &ndash;no dirigen, porque no puede dirigir lo inconsciente-, que nos mueven o nos arrastran a un porvenir catastr&oacute;fico, est&aacute;n ausentes las huellas de la ciudadan&iacute;a. Ambos son campesinos. Estos elementos son la pol&iacute;tica y la Iglesia, o por decirlo claramente, los caciques y los curas&rdquo;. Machado sabe que lo inconsciente es tambi&eacute;n parte de la historia, y la educaci&oacute;n sentimental de Espa&ntilde;a estaba en manos de los caciques y los curas. Estaban ausentes de nuestro pa&iacute;s las huellas de la ciudadan&iacute;a.</p>
<p>Ese es el motivo de que don Antonio se presente en su &ldquo;Retrato&rdquo; de manera orgullosa, nada m&aacute;s, pero nada menos tambi&eacute;n, como un ciudadano. Y que nadie se extra&ntilde;e de car&aacute;cter despreciativo con el que utiliza aqu&iacute; la palabra <em>pol&iacute;tica</em>, como nadie debe extra&ntilde;arse tampoco del empe&ntilde;o con el que Federico Garc&iacute;a Lorca defendi&oacute; en su correspondencia de los a&ntilde;os 20, ante su familia y ante don Fernando de los R&iacute;os, que su drama <span style="text-decoration: underline;">Mariana Pineda</span> no era una obra pol&iacute;tica. En la Restauraci&oacute;n, para los intelectuales comprometidos y c&iacute;vicos, la pol&iacute;tica no formaba parte de la Espa&ntilde;a real. Era tan s&oacute;lo una farsa de la Espa&ntilde;a oficial, el juego de los caciques, el cambio de turno entre liberales y conservadores, las dos caras de la misma mentira. Se suelen utilizar mucho unos versos de Machado para hablar de las &ldquo;dos Espa&ntilde;as&rdquo;. Todos nos acordamos: &ldquo;Espa&ntilde;olito que vienes / al mundo te guarde Dios. / Una de las dos Espa&ntilde;as / ha de helarte el coraz&oacute;n&rdquo;. Pero casi siempre se olvida que Machado no hablaba de las dos Espa&ntilde;as de la Guerra Civil, de los dem&oacute;cratas y los reaccionarios, sino de los liberales y los conservadores, las dos Espa&ntilde;as de la Restauraci&oacute;n, sometidas por igual a los caciques y a la Iglesia. Los unos y los otros te enga&ntilde;ar&aacute;n, son la farsa de los turnos sin alternativa, las dos caras de una &uacute;nica moneda.</p>
<p>Antonio Machado, como tantos escritores e intelectuales de su tiempo, vivieron con pasi&oacute;n el sue&ntilde;o republicano, un deseo patri&oacute;tico de que la naci&oacute;n se vertebrara, de que la Espa&ntilde;a real se uniera con la Espa&ntilde;a oficial, consiguiendo un nuevo prestigio y un nuevo sentido para la pol&iacute;tica. Esta es la tradici&oacute;n, la estirpe machadiana, en la que yo quiero justificar algunas de sus lecciones, decisivas para mi trabajo como poeta, profesor y como ciudadano.</p>
<p>Como poeta, acud&iacute; pronto a estas meditaciones de su &ldquo;Proyecto de un Discurso de Ingreso en la Academia Espa&ntilde;ola&rdquo;: &ldquo;Una nueva sensibilidad ser&iacute;a un hecho biol&oacute;gico muy dif&iacute;cil de observar y que, tal vez, no sea apreciable durante la vida de una especie zool&oacute;gica. Nueva sentimentalidad suena peor y, sin embargo, no me parece un desatino. Los sentimientos cambian a trav&eacute;s de la historia, y a&uacute;n durante la vida de un individuo. En cuanto resonancias cordiales en boga, los sentimientos var&iacute;an cuando estos valores se desdoran, enmohecen o son sustituidos por otros&rdquo;.</p>
<p>Los sentimientos son parte de la historia, un argumento para definir cualquier forma renovada y real de pol&iacute;tica. Ahora que la pol&iacute;tica ha comprendido esto y defienden dentro de sus idearios sociales las pol&iacute;ticas de igualdad, de libertad y dignidad en las vidas privadas; ahora que estamos intentando renovar el significado social de palabras como hombre, mujer, sexualidad y libertad, me atrevo a recordar con orgullo que la poes&iacute;a, la poes&iacute;a representada por Antonio Machado, apost&oacute; por las transformaciones en la sentimentalidad. En una &eacute;poca dominada por los cambios formalistas, estilistas y llamativos de la vanguardia, Machado se atrevi&oacute; a decir que s&oacute;lo nacer&iacute;a una nueva l&iacute;rica, o una nueva sociedad, cuando fu&eacute;semos capaces de vivir una nueva sentimentalidad.</p>
<p>A principios de los a&ntilde;os 80, Javier Egea, &Aacute;lvaro Salvador y yo, formados en el magisterio de Juan Carlos Rodr&iacute;guez, presentamos nuestra poes&iacute;a como la b&uacute;squeda de una <em>sentimentalidad otra</em>. Intentamos defender que la libertad no supon&iacute;a s&oacute;lo el derecho a votar, sino que deb&iacute;a significar sobre todo un cambio profundo en la sociedad espa&ntilde;ola. Intentamos tambi&eacute;n romper las pol&eacute;micas ingenuas entre compromiso y pureza o intimidad y realismo. Entre los que entend&iacute;an el compromiso pol&iacute;tico como una divulgaci&oacute;n panfletaria y los que se vanagloriaban de su calidad est&eacute;tica por su alejamiento de la realidad, las lecciones de Antonio Machado nos fueron imprescindibles en un ambiente entonces muy politizado. Se pod&iacute;a indagar en la intimidad sin ser un reaccionario y mantener la vinculaci&oacute;n y el compromiso c&iacute;vico sin caer en la superficialidad de los panfletos. La apuesta &eacute;tica de Machado era f&eacute;rtil como lecci&oacute;n porque coincid&iacute;a con su originalidad po&eacute;tica. Pocas tareas son tan radicales y de tanta complicidad con el sentido social de la historia como la superaci&oacute;n de la estirpe simbolista en una mentalidad que tiende a recortarle la dimensi&oacute;n social a la palabra libertad para confundirla con el ego&iacute;smo individual.</p>
<p>Estas reflexiones sirven tambi&eacute;n para justificar la herencia machadiana que asum&iacute; como profesor. La nueva pedagog&iacute;a no puede fundarse s&oacute;lo en un aprovechamiento de los avances tecnol&oacute;gicos, sino en la formulaci&oacute;n de un nuevo contrato social, o pedag&oacute;gico, en el que los valores de la ciudadan&iacute;a sean capaces de ofrecer respuestas al mundo en el que vivimos, respuestas desde luego planetarias, donde la formaci&oacute;n de los ciudadanos, la educaci&oacute;n human&iacute;stica de las conciencias, los valores, sean tan importante como el aprovechamiento de los avances cient&iacute;ficos y t&eacute;cnicos. Debido a un complejo de inferioridad frente al paradigma del saber cient&iacute;fico, los humanistas han insistido en presentarse en los &uacute;ltimos a&ntilde;os a trav&eacute;s de unos protocolos te&oacute;ricos y unos vocabularios de tono cientifista. Ha sido un doble error. En primer lugar, porque quien se averg&uuml;enza del sentido abierto, social,&nbsp; interpretativo, de las humanidades, renuncia a unos valores fundamentales para el saber y la educaci&oacute;n democr&aacute;tica. Ninguna met&aacute;fora mejor que el propio hecho de la lectura si se quiere caracterizar la modernidad desde sus mejores posibilidades. Pero en segundo lugar, se ha facilita algo a&uacute;n m&aacute;s peligroso: que los cient&iacute;ficos y los t&eacute;cnicos se desentiendan del fondo humanista que hay en sus tareas, esa parte de responsabilidad social y de poes&iacute;a que motiva su trabajo.</p>
<p>Frente a las modas del descr&eacute;dito y frente al clericalismos monetario de los tecn&oacute;cratas, conviene que los humanistas nos declaremos humanistas como el mismo orgullo sin verg&uuml;enza que emple&oacute; Antonio Machado para retratarse como un poeta c&iacute;vico en tiempos de bohemia. Y frente a los dogmas y las certezas, recordemos aqu&iacute; unas palabras de Antonio Machado, pertenecientes a las lecciones de <em>Juan de Mairena</em>. Las he repetido durante 30 a&ntilde;os para empezar o concluir mis cursos universitarios: &ldquo;Pl&aacute;ceme poneros un poco en guardia contra m&iacute; mismo. De buena fe os digo cuanto me parece que puede ser m&aacute;s fecundo en vuestras almas, juzgando por aquello que, a mi parecer, fue m&aacute;s fecundo en la m&iacute;a. Pero &eacute;sta es una norma expuesta a m&uacute;ltiples yerros. Si la empleo es por no haber encontrado otra mejor. Yo os pido un poco de amistad y ese m&iacute;nimo de respeto que hace posible la convivencia entre personas durante algunas horas. Pero no me tom&eacute;is demasiado en serio. Pensad que no siempre estoy seguro de lo que os digo, y que, aunque pretenda educaros, no creo que mi educaci&oacute;n est&eacute; mucho m&aacute;s avanzada que la vuestra. No es f&aacute;cil que pueda yo ense&ntilde;aros a hablar, ni a escribir, ni a pensar correctamente, porque yo soy la incorrecci&oacute;n misma, un alma siempre en borrador, llena de tachones, de vacilaciones y arrepentimientos. Llevo conmigo un diablo &ndash;no el demonio de S&oacute;crates-, sino un diablejo que me tacha a veces lo que escribo, para escribir encima lo contrario de lo tachado; que a veces habla por m&iacute; y otras yo por &eacute;l, cuando no hablamos los dos a la par, para decir en coro cosas distintas. &iexcl;Un verdadero l&iacute;o! Para los tiempos que vienen, no soy yo el maestro que deb&eacute;is elegir, porque de m&iacute; s&oacute;lo aprender&eacute;is lo que tal vez os convenga ignorar toda la vida: a desconfiar de vosotros mismos&rdquo;.</p>
<p>El Daimon de S&oacute;crates no era signo del mal, sino un intermediario entre los hombres y los dioses. La verdad de Machado no era una herencia divina, sino su responsabilidad c&iacute;vica, su necesidad de hacerse d&iacute;a a d&iacute;a, y no como un alma esencial, sino como un borrador. De ah&iacute; que las lecciones de Antonio Machado hayan tenido tambi&eacute;n una decisiva significaci&oacute;n &eacute;tica, un valor civil. Las razones del civismo son inseparables de un modo de entender el trabajo. En esta responsabilidad de hacerse como ciudadano y poeta, Antonio Machado y Juan de Mairena, se plantearon el sentido de la libertad. Nos advirtieron que no se trata s&oacute;lo de poder decir lo que pensamos, sino tambi&eacute;n de poder pensar lo que decimos. El libro de <em>Juan de Mairena</em> se public&oacute; en 1936, a&ntilde;o de un golpe de Estado que ense&ntilde;&oacute; a los espa&ntilde;oles lo importante que es el poder decir lo que pensamos. Ahora en el 2012, con el control medi&aacute;tico del mundo, que sustituye la experiencia hist&oacute;rica por la realidad virtual, debemos recordar a Machado, intentar hacernos due&ntilde;os de nuestras propias opiniones y aprender a pensar lo que decimos.</p>
<p>Estos son algunos de los motivos por los que yo me emocion&eacute; el 22 de febrero de 2007 ante la tumba de Machado. Hay, sin embargo, uno m&aacute;s que no me gustar&iacute;a pasar por alto. Hice ese viaje junto al poeta y profesor &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez. Sus ensayos sobre el poeta sevillano han iluminado el valor radical de una poes&iacute;a con apariencia sencilla. Pocas cosas tan originales en la l&iacute;rica espa&ntilde;ola como el atrevimiento de cambiar el significado del eco y de la voz. &Aacute;ngel, como otros amigos de la generaci&oacute;n del 50, asumi&oacute; tambi&eacute;n la tradici&oacute;n machadiana del poeta c&iacute;vico.</p>
<p>A esa tradici&oacute;n me sum&eacute;. El hundimiento de la democracia europea y del humanismo que ahora vivimos no me ha pillado entre princesas, artefactos barrocos o falsos cientifismos. A Antonio Machado se lo debo. &nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 02 Jun 2017 08:25:18 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los amores posibles]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/los-amores-posibles/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/junio/_SCAR_SIP_N_2.jpg" alt="" /></p>
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<p align="right"><em><br /></em></p>
<p align="right"><em>Cuando se es virgen se piensa que</em></p>
<p align="right"><em>todos los amores son posibles</em></p>
<p align="right">Erri de Luca</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>TERMIN&Oacute; LA GUERRA y continu&eacute; envi&aacute;ndoles cartas de amor a los pilotos. Me despertaba con las primeras luces del alba, les sonre&iacute;a a las fotos colgadas del espejo y me sentaba a escribir. Dorian dejaba demasiada carne en la corteza del mel&oacute;n y se dorm&iacute;a pronunciado mi nombre, con esa respiraci&oacute;n de perro trufero sin suerte. A Marcelo nunca podr&iacute;an derribarlo: ten&iacute;a el cuerpo musculado de un fauno y hab&iacute;a nacido para que yo le contemplase desnudo en una cama del Hotel Tannh&auml;user. La tristeza de Holden, aleaci&oacute;n de cuatro partes de derrota y una de futuro, era el mayor de los animales terrestres. A veces mis caricias o la oscuridad luminosa de un cine consegu&iacute;an diluir la ausencia de otra mujer. Y el dolor daba paso a algo parecido a la esperanza.</p>
<p>Escrib&iacute;a a diario a mis pilotos porque afuera todo era gris. Calentaba el caf&eacute; de puchero, cerraba los sobres, dejando un rastro velado de carm&iacute;n, me pon&iacute;a el abrigo que perteneci&oacute; a mam&aacute; y sal&iacute;a al encuentro del buz&oacute;n de correos agujereado por la metralla.</p>
<p>Al regresar a casa y cambiar las flores de las tumbas, me sent&iacute;a en paz.</p>
<p>En el vecindario dec&iacute;an que estaba loca, que no era m&aacute;s que una solterona amargada, pero ahora que ha estallado de nuevo la guerra, la &uacute;nica casa que no han bombardeado, la &uacute;nica que sigue en pie, es la m&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>REBELI&Oacute;N EN LA GRANJA </strong></p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="right"><em>Liebre: corredor que participa en las carreras de</em></p>
<p align="right"><em>mediofondo para imprimir un ritmo vivo capaz</em></p>
<p align="right"><em>de permitir a otros corredores un buen tiempo.</em></p>
<p align="right"><em>&nbsp;</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>DESDE HACE A&Ntilde;OS pago las facturas marcando tiempos de record y abandonando en las &uacute;ltimas vueltas: me derramo en el tart&aacute;n para que otros alcancen la gloria.</p>
<p>Poco antes de la maldici&oacute;n de los despertadores, salgo a entrenar. Me gusta escuchar el fuelle de mi respiraci&oacute;n desafiando al repartidor de peri&oacute;dicos montado en su bicicleta, mientras la ciudad duerme. Al regresar a casa, recibo como premio el adem&aacute;n despectivo del portero, que no me conoce oficio ni beneficio, y una ducha. Desayuno formulando preguntas al retrato que le hice a Marta el d&iacute;a que se march&oacute;.&nbsp;</p>
<p>En el vestuario, las estrellas del mediofondo revisan ante el espejo su nuevo corte de pelo y sus tatuajes tribales, y luego realizan estiramientos con sus iPods de &uacute;ltima generaci&oacute;n, concentrados, supersticiosos y egoc&eacute;ntricos. Ni siquiera se percatan de mi presencia: yo no me alojo en hoteles de cinco estrellas, sino en pensiones de trabajadores que roncan hasta el alba, no entreno en centros de alto rendimiento, no aparezco en la publicidad de las grandes marcas deportivas y no soy una amenaza en la pista. Como hijo de minero, sufro la invisibilidad de los microbios.</p>
<p>Tras el disparo inicial, me coloco en cabeza, con el zumbido del p&uacute;blico como paisaje de fondo, forzando la marcha hasta que, hiperventilando y medio desmayado, siento la amenaza de los calambres. Apenas me queda un resquicio de aire en los pulmones, as&iacute; que trato de buscarlo en los recuerdos. Mis amigos me lanzaban en las discotecas para que entablara conversaci&oacute;n con chicas que siempre lloraban en mi hombro y terminaban en sus brazos.&nbsp;Soy una liebre sentimental.</p>
<p>Llega la hora de las medallas. Suena la campana que indica que debo retirarme y dar paso a los verdaderos protagonistas. Y no dejo de pensar en la soledad de los entrenamientos pisando la escarcha o soportando la lluvia, en el dolor de las lesiones, en la ausencia definitiva de Marta.&nbsp;En un acto de rebeli&oacute;n, decido competir, incrementando el ritmo ante la sorpresa y la ira de atletas, entrenadores y patrocinadores que me dan de comer y que nunca volver&aacute;n a contratarme.&nbsp;</p>
<p>Un &uacute;ltimo esfuerzo, ya casi llego.</p>
<p>A veces las liebres no son cazadas. A veces las liebres escapan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>MI BRAZO FANTASMA</p>
<p>Desde que perd&iacute; el brazo izquierdo en un accidente de moto su presencia es m&aacute;s real. Resentido con el mundo por su nueva condici&oacute;n de fantasma, mi brazo se ha vuelto retorcido y caprichoso: exige tocar la guitarra dos horas al d&iacute;a, hacerse un tatuaje de un Cristo yacente y golpear al guardia que nos mult&oacute;; me amenaza con un dolor intenso si no secuestro a la vecina del quinto que tanto nos gusta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>G&Oacute;NDOLA<br /> <br /> Enfrascado en sus pensamientos, el gondolero veneciano avist&oacute; las costas de Tahit&iacute;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>FOTOGRAF&Iacute;A A&Eacute;REA</p>
<p>Un hombre llam&oacute; a mi puerta y me ofreci&oacute; una fotograf&iacute;a a&eacute;rea de mi pueblo. Colgada en la pared del comedor, me siento orgulloso de las murallas romanas, de los palacios ex&oacute;ticos y de ese mar que nunca tuvimos.</p>
<p>Me preocupa el avance de las tropas enemigas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>OJO POR OJO</p>
<p>Cuando el grillo se durmi&oacute;, los vecinos cantaron todo el d&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>MANICOMIO</p>
<p>Todo el mundo lee novelas para evadirse de la realidad. Al final lo conseguir&aacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>VOCABULARIO</p>
<p>Dicen que los perros pueden aprender hasta 150 palabras. <br /> ..<br /> Mi perro me mira desde el borde del agujero sin saber qu&eacute; hacer y yo me maldigo por haber malgastado su vocalubario con el inicio del Quijote.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>PREMIO</p>
<p>Siempre jugaba al n&uacute;mero que le tatuaron a mi abuelo en Mauthausen, hasta que un d&iacute;a me toc&oacute;. Ahora mi abuelo me pertenece.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>MAYO DEL 68</p>
<p>Bajo los adoquines de la ciudad estaba la playa, ese infierno de sombrillas y turistas sonrosados.</p>
<p>Mejor no levantar los adoquines.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>TRAS LA PARED</p>
<p>Los oigo copular a todas horas, tras la pared de mi habitaci&oacute;n.</p>
<p>Quiz&aacute;s deb&iacute; emparedarlos por separado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>MEMENTO MORI</p>
<p>Todos los d&iacute;as hac&iacute;a el mismo recorrido y all&iacute;, en ese punto del camino, no hab&iacute;a ninguna tumba. Era una cruz tosca de piedra, sin basamento, con un sencillo epitafio: De un tiro aqu&iacute; muri&oacute; la Chana (2006-2008). Como homenaje a un animal de compa&ntilde;&iacute;a, probablemente una perra, me pareci&oacute; esperp&eacute;ntico. Esos seis kil&oacute;metros de subidas y bajadas, atravesando un bosque de hayas y cruzando un r&iacute;o, entre el ulular del viento en las copas y una vegetaci&oacute;n asfixiante, formaban parte de mi disciplina diaria: corr&iacute;a para escapar de un temario insufrible de oposici&oacute;n. &iquest;Funcionario de prisiones? T&uacute; lo que quieres es cumplir el sue&ntilde;o er&oacute;tico de todo t&iacute;o: convertirte en el carcelero de una prisi&oacute;n de mujeres, se burlaban mis amigos. Pero yo no ser&iacute;a reponedor de supermercado toda la vida. A la semana siguiente, una nueva tumba acompa&ntilde;aba a la de la perra. Aqu&iacute; yace Miriam Santolaria Urta&iacute;n, ahogada en un estanque por vanidad (1985-2008). Cuando le&iacute; la necrol&oacute;gica en el peri&oacute;dico, decid&iacute; cambiar la ruta para siempre. Pero el d&iacute;a en que salieron las listas y consegu&iacute; la plaza de funcionario, con la adrenalina de un atleta llegando el primero en unas olimpiadas y, al mismo tiempo, con esa tranquilidad de futuro resuelto, me dej&eacute; guiar por el instinto. El bosque estaba muy silencioso. Un sudor fr&iacute;o, precedido de un bisbiseo en el aire, me anticip&oacute; la desgracia. Qued&eacute; paralizado ante una nueva tumba: Aqu&iacute; yace Oscar Sip&aacute;n Sanz, eterno opositor (1974-2008). Paso las horas vagando por los alrededores de mi tumba, pidi&eacute;ndole a Dios que me despierte de esta pesadilla, sin alejarme jam&aacute;s de lo &uacute;nico que me ata a la vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ADONDE QUIERAS IR, CON QUIEN QUIERAS ESTAR</p>
<p>&ldquo;Se abrazaron y se besaron</p>
<p>y el uno arrincon&oacute; la oscuridad del otro&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>HUBERT SELBY JR</p>
<p>Nos encontramos con Sebasti&aacute;n Ortiz, que ayer, en este desmonte cercano al r&iacute;o Ebro, descubri&oacute;&hellip; corta, corta. Repetimos. Sr. Ortiz, por favor, no mire a c&aacute;mara. M&iacute;reme a m&iacute;, con naturalidad, le explica la periodista enrollando el cable del micr&oacute;fono con una mano y consultando el m&oacute;vil con la otra.</p>
<p>Borra todo rastro de emoci&oacute;n, se ajusta las gafas al tabique nasal, inspira, expira y retoma la entrevista:</p>
<p>Nos encontramos con Sebasti&aacute;n Ortiz, que ayer, en este desmonte cercano al r&iacute;o Ebro, en el t&eacute;rmino municipal de El Burgo, descubri&oacute; los restos &oacute;seos de un cad&aacute;ver. Los investigadores creen que pudieron ser desplazados en la &uacute;ltima riada. Sr. Ortiz, &iquest;d&oacute;nde encontr&oacute; el esqueleto?</p>
<p>Encontr&eacute; a la mujer&hellip;</p>
<p>&iquest;C&oacute;mo sabe que se trata de una mujer? Todav&iacute;a no hay dictamen del forense.</p>
<p>Por el tama&ntilde;o de la cabeza y de la mand&iacute;bula, adem&aacute;s de las zapatillas, que correspond&iacute;an a unos pies peque&ntilde;os, del treinta y poco... No recordaba que tuviese los pies tan peque&ntilde;os.</p>
<p>&iquest;Est&aacute; insinuando que la conoc&iacute;a?, le pregunta muy nerviosa, detectando la exclusiva.</p>
<p>Sebasti&aacute;n Ortiz da un paso atr&aacute;s y contesta con la mirada perdida:</p>
<p>Enjabonada en la ba&ntilde;era, con el pelo a lo gar&ccedil;on, parec&iacute;a una huerita triste con los recuerdos cosidos a besos y un pubis como de lana vieja. Le gustaba hacerse una madeja en la cama y escuchar los bufidos del viento golpeando las contraventanas, abandonarse a los presagios, arquear el lomo como un gato erizado al levantarse, reblandecer el pan en la leche caliente y escribir su nombre en harina. Por mucho que los psiquiatras le explicaron, con esa serenidad de los locos, que los miedos anidan en el &aacute;rbol geneal&oacute;gico y que a veces Dios reparte las cartas con la cabeza en otro sitio, ella lloraba todo el tiempo, como las gaseosas de papel.</p>
<p>La &uacute;ltima nochevieja destrip&oacute; las uvas, como siempre, y levant&oacute; la copa muchas veces, brindando por una vida sin andamios, para terminar borracha y enmantada y despedirse con esta frase, en un susurro, despu&eacute;s de hacer el amor: adonde quieras ir, con quien quieras estar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 02 Jun 2017 08:18:09 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[LUIS BUÑUEL PROTAGONIZA EL NUEVO NÚMERO DE TURIA]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/luis-bunuel-protagoniza-el-nuevo-numero-de-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p align="left"><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2017/bunuel500actualidad.jpg" alt="" />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p>
<p><strong>JORGE VOLPI PRESENTA HOY LA REVISTA EN EL</strong><strong> CENTRO CULTURAL DE ESPA&Ntilde;A EN M&Eacute;XICO</strong><strong></strong></p>
<p><strong>TAMBI&Eacute;N PUBLICA TEXTOS IN&Eacute;DITOS SOBRE RULFO, OCTAVIO PAZ Y</strong><strong> TOM&Aacute;S SEGOVIA Y ENTREVISTAS CON JUAN MARS&Eacute; Y ELENA PONIATOWSKA</strong></p>
<p>Luis Bu&ntilde;uel es el gran protagonista del nuevo n&uacute;mero de la revista cultural TURIA. Un total de 20 autores participan en un atractivo monogr&aacute;fico sobre &ldquo;Bu&ntilde;uel en M&eacute;xico&rdquo; que permitir&aacute; conocer m&aacute;s y mejor la etapa m&aacute;s productiva de su carrera como director de cine. Adem&aacute;s, esta iniciativa constituye una magn&iacute;fica oportunidad para sumar m&aacute;s voces mexicanas al actual boom en los estudios sobre Bu&ntilde;uel y fomentar la entrada de nuevos investigadores.</p>
<p>El monogr&aacute;fico &ldquo;Bu&ntilde;uel en M&eacute;xico&rdquo; de TURIA forma parte de un n&uacute;mero especial de la revista denominado &ldquo;Letras de Espa&ntilde;a y M&eacute;xico&rdquo;. Este espectacular sumario contiene textos in&eacute;ditos de 100 escritores espa&ntilde;oles y mexicanos y ocupa 500 p&aacute;ginas. Sin duda, supone una magn&iacute;fica oportunidad de fomentar la colaboraci&oacute;n cultural&nbsp; entre ambos pa&iacute;ses.</p>
<p>No debemos olvidar que el trabajo f&iacute;lmico de Bu&ntilde;uel integra a M&eacute;xico y Espa&ntilde;a en el reconocimiento a una figura clave de su respectivo patrimonio art&iacute;stico. Adem&aacute;s, una de las etapas m&aacute;s dilatadas, prol&iacute;ficas y brillantes de Bu&ntilde;uel fue su producci&oacute;n cinematogr&aacute;fica desarrollada en M&eacute;xico: 20 de las 32 pel&iacute;culas que dirigi&oacute; fueron hechas en ese pa&iacute;s, un lugar donde fij&oacute; su residencia desde el a&ntilde;o 1946 hasta su muerte en 1983.</p>
<p>El escritor Jorge Volpi, uno de los autores latinoamericanos m&aacute;s relevantes de nuestros d&iacute;as y actual coordinador de Difusi&oacute;n Cultural de la UNAM, presenta hoy la revista TURIA en la Ciudad de M&eacute;xico. El Centro Cultural de Espa&ntilde;a en M&eacute;xico es el espacio escogido para la primera presentaci&oacute;n mexicana de una publicaci&oacute;n literaria que, editada en Teruel pero de vocaci&oacute;n universal, se ha convertido en una revista de referencia en espa&ntilde;ol.</p>
<p>Como complemento al acto que se desarrolla en esta jornada a las 19 horas, en la Filmoteca de la UNAM se ha organizado el d&iacute;a 12 de junio y a las 18 horas la proyecci&oacute;n de la pel&iacute;cula &ldquo;Sim&oacute;n del desierto&rdquo;, de Luis Bu&ntilde;uel. Tras dicha proyecci&oacute;n se desarrollar&aacute; un coloquio sobre &ldquo;Bu&ntilde;uel en M&eacute;xico&rdquo;.</p>
<p>La celebraci&oacute;n de ambos eventos permitir&aacute; que la revista TURIA tenga mayor visibilidad y difusi&oacute;n en M&eacute;xico y d&eacute; a conocer all&iacute; a una labor de fomento de la creatividad art&iacute;stica y literaria, as&iacute; como de an&aacute;lisis y divulgaci&oacute;n cultural que viene desarrollando desde hace m&aacute;s de tres d&eacute;cadas. Con esta doble presentaci&oacute;n en Ciudad de M&eacute;xico, TURIA confirma su condici&oacute;n de revista cultural hecha en Teruel pero de dimensi&oacute;n nacional e internacional. Una difusi&oacute;n que comenz&oacute; en 1999 en Nueva York y que luego la ha llevado dar a conocer su trabajo intelectual en Brasil, Francia y Portugal.</p>
<p>&nbsp;Este&nbsp; n&uacute;mero&nbsp; especial&nbsp; de TURIA dedicado a las &ldquo;Letras de Espa&ntilde;a y M&eacute;xico&rdquo; ha sido posible</p>
<p>gracias al apoyo econ&oacute;mico de la Secretar&iacute;a de Estado de Cultura del Gobierno de Espa&ntilde;a y de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico (UNAM), as&iacute; como del Gobierno de Arag&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>100 AUTORES, 500 P&Aacute;GINAS</strong></p>
<p>El nuevo n&uacute;mero de TURIA tiene como objetivo ofrecer no s&oacute;lo una nueva aproximaci&oacute;n a los a&ntilde;os de Bu&ntilde;uel en M&eacute;xico, una etapa a menudo injustamente valorada o llena de t&oacute;picos, sino brindar tambi&eacute;n una panor&aacute;mica plural y atractiva de las letras espa&ntilde;olas y mexicanas contempor&aacute;neas.</p>
<p>Un total de m&aacute;s de 100 autores participan en esta entrega de 500 p&aacute;ginas de TURIA marcada por la pluralidad y la calidad. As&iacute; se publican art&iacute;culos originales en homenaje al Ateneo Espa&ntilde;ol de M&eacute;xico y a cuatro grandes protagonistas de la cultura en espa&ntilde;ol del siglo XX: los mexicanos Juan Rulfo (de quien se celebra, en este 2017, el centenario de su nacimiento),&nbsp; Octavio Paz (Premio Nobel de Literatura en 1990) y Mathias Goeritz o el hispano-mexicano Tom&aacute;s Segovia.</p>
<p>En este nuevo n&uacute;mero de TURIA participan con textos in&eacute;ditos relevantes autores de ambos pa&iacute;ses. Entre los espa&ntilde;oles, cabe citar a Juan Mars&eacute;, Jaime Siles, Felipe Ben&iacute;tez Reyes, Jos&eacute; Carlos Llop, Juana Castro, Sara Mesa, Pilar Ad&oacute;n, Manuel Vilas y Olivia Mu&ntilde;oz Rojas</p>
<p>Entre los autores mexicanos no hay que olvidar a Elena Poniatowska, Juan Villoro, Jorge Volpi, Guadalupe Nettel, Pedro Serrano, Carmen Carrara, Antonio Deltoro, Carmen Boullosa, Francisco Segovia, Jeannette L. Clariond, Alberto Blanco, Marco Antonio Campos y Roc&iacute;o Cer&oacute;n.</p>
<p>Especialmente recomendables son las dos amplias entrevistas exclusivas que TURIA publica con dos escritores muy relevantes y galardonados ambos con el prestigioso premio Cervantes: Juan Mars&eacute; y Elena Poniatowska. Mars&eacute;, que confiesa en la conversaci&oacute;n que nunca olvidar&aacute; a Juan Rulfo, declara que &ldquo;la literatura espa&ntilde;ola actual goza de buena salud&rdquo; y tambi&eacute;n que sigue &ldquo;dando m&aacute;s cr&eacute;dito a la ficci&oacute;n que a eso que llamamos realidad&rdquo;. Poniatowska, por su parte, asegura que &ldquo;en M&eacute;xico, la realidad nos lleva a la ficci&oacute;n, a la imaginaci&oacute;n&rdquo; y se muestra convencida de que &ldquo;la palabra es poderos&iacute;sima, con ella se han ganado muchas batallas, no hay que claudicar&rdquo;.</p>
<p>Otra de las sorpresas y rescates culturales que contiene esta nueva entrega de TURIA es el redescubrimiento de la obra fotogr&aacute;fica de Ricardo Fern&aacute;ndez Balbuena (Madrid, 1890 &ndash; M&eacute;xico, 1966) miembro destacado del exilio espa&ntilde;ol republicano en M&eacute;xico. Amigo de Juan Rulfo y conocido como pintor y arquitecto, ahora sus im&aacute;genes ilustrar&aacute;n la portada y las p&aacute;ginas interiores de la revista y servir&aacute;n para reivindicar su obra y su legado en nuestros d&iacute;as.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>BU&Ntilde;UEL: &iexcl;VIVA M&Eacute;XICO!</strong></p>
<p>A&nbsp; pesar&nbsp; de&nbsp; ser&nbsp; el&nbsp; periodo&nbsp; m&aacute;s&nbsp; productivo de la carrera de Luis Bu&ntilde;uel (1900-1983) como director de cine, no abundan los estudios sobre su etapa mexicana. Por esta raz&oacute;n, el nuevo n&uacute;mero de TURIA tiene como finalidad principal conocer mejor un periodo que abarca casi cuatro d&eacute;cadas (desde 1946 hasta 1983).&nbsp; Un total de 20 autores, tanto especialistas mexicanos y espa&ntilde;oles como vinculados personalmente a Bu&ntilde;uel, ofrecen un panorama amplio, diverso y original sobre la trayectoria y el trabajo f&iacute;lmico realizado en M&eacute;xico por nuestro m&aacute;s c&eacute;lebre cineasta.</p>
<p>Una de las novedades de este monogr&aacute;fico sobre &ldquo;Bu&ntilde;uel en M&eacute;xico&rdquo; de TURIA es el que cede el protagonismo a la versi&oacute;n mexicana de los hechos. De ah&iacute; que la mayor parte de los colaboradores escriban sobre Bu&ntilde;uel &ldquo;en&rdquo; M&eacute;xico y &ldquo;desde&rdquo; M&eacute;xico. Gracias a estas colaboraciones, el periodo m&aacute;s largo y productivo del realizador cuenta con una mirada actual y, en buena parte, hecha en M&eacute;xico.</p>
<p>La etapa mexicana de Bu&ntilde;uel es objeto en TURIA de un completo an&aacute;lisis, tanto personal como profesional, generando un monogr&aacute;fico repleto de textos in&eacute;ditos que brindan un amplio abanico de perspectivas interpretativas sobre el autor y su producci&oacute;n: sus obras, su relevancia&nbsp; dentro del contexto mexicano de la &eacute;poca y el lugar que ocupa en la actualidad. No podemos olvidar que, como escribiera el propio Bu&ntilde;uel, en una de sus cartas de los a&ntilde;os 60 al director de fotograf&iacute;a Gabriel Figueroa: &ldquo;&iexcl;Viva M&eacute;xico! Paris es magn&iacute;fico pero &iexcl;que chulo es M&eacute;xico!&rdquo;</p>
<p>El coordinador y autor del art&iacute;culo introductorio del monogr&aacute;fico Bu&ntilde;uel de TURIA es Mario Barro, uno de los m&aacute;s j&oacute;venes y brillantes investigadores latinoamericanos de su cine. Licenciado en Comunicaci&oacute;n Audiovisual y doctor por la Universidad Complutense de Madrid , Barro es autor de una tesis titulada &ldquo;Po&eacute;tica de la obra f&iacute;lmica de Luis Bu&ntilde;uel: etapa mexicana (1946-1964)&rdquo; por la que recibi&oacute; la calificaci&oacute;n de sobresaliente cum laude. Ha realizado estudios en M&eacute;xico, Cuba y Estados Unidos.</p>
<p>Los autores y especialistas que colaboran en este especial &ldquo;Bu&ntilde;uel en M&eacute;xico&rdquo; son todos ellos buenos conocedores de su filmograf&iacute;a y muchos de ellos est&aacute;n vinculados a la UNAM: Aurelio de los Reyes (&ldquo;De la vanguardia a la retaguardia. Luis Bu&ntilde;uel: su aprendizaje del oficio&rdquo;), Eduardo de la Vega Alfaro (&ldquo;El retrato documental de M&eacute;xico DF en &lsquo;La ilusi&oacute;n viaja en tranv&iacute;a&rsquo;&rdquo;, Rafael Avi&ntilde;a (&ldquo;Luis Bu&ntilde;uel y las zonas de esplendor y de oscuridad del Alemanismo&rdquo;), Nelson Carro (&ldquo;El M&eacute;xico de Bu&ntilde;uel&rdquo;, Armando Casas y Leticia Flores Fart&aacute;n(&ldquo;&rsquo;Susana&rsquo;, el diablo se disfraza de mujer&rdquo;), Miguel Errazu (&ldquo;El maravilloso plano de Lorenzana&rdquo;) y Jos&eacute; Manuel Garc&iacute;a Ortega (&ldquo;Luis Bu&ntilde;uel y la Filmeteca de la UNAM&rdquo;). Tambi&eacute;n participan estudiosos espa&ntilde;oles como Amparo Mart&iacute;nez (&ldquo;Cr&oacute;nica de un encuentro. Dancigers y el asentamiento de Bu&ntilde;uel en M&eacute;xico&rdquo;), Javier Mill&aacute;n (&ldquo;Biocronolog&iacute;a de Bu&ntilde;uel en M&eacute;xico&rdquo;) y Breixo Viejo o la hispanista brit&aacute;nica Joanna Evans (ambos firman el art&iacute;culo &ldquo;No hay creaci&oacute;n sin maldici&oacute;n: proyectos cinematogr&aacute;ficos de Luis Bu&ntilde;uel y Carlos Fuentes&rdquo;).</p>
<p>Otros testimonios provienen de personas que trabajaron con &eacute;l como la c&eacute;lebre actriz mexicana Silvia Pinal; que lo conocieron como Gillian Turner, viuda de Tom&aacute;s P&eacute;rez Turrent, autor&nbsp; del&nbsp; m&aacute;s&nbsp; importante&nbsp; libro&nbsp; de entrevistas con Bu&ntilde;uel publicado: &ldquo;Prohibido asomarse al interior&rdquo;; o que tuvieron una buena amistad con Bu&ntilde;uel, como el sacerdote Juli&aacute;n Pablo Fern&aacute;ndez.</p>
<p>Entre los materiales in&eacute;ditos que TURIA pone al alcance de los lectores, adem&aacute;s de un poema- canci&oacute;n de Jos&eacute; Moreno Villa, destacan las cartas entre Bu&ntilde;uel y Gabriel Figueroa que avalan la buena relaci&oacute;n entre ambos: seg&uacute;n refiere el propio Bu&ntilde;uel en una de sus cartas, Figueroa ser&iacute;a &ldquo;su fot&oacute;grafo predilecto&rdquo;. Tambi&eacute;n TURIA presenta una entrevista in&eacute;dita realizada por Nelson Carro a Figueroa, que confirma hasta qu&eacute; punto Figueroa se convirti&oacute; en confidente de los planes profesionales de Bu&ntilde;uel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>JUAN RULFO, OCTAVIO PAZ Y TOM&Aacute;S SEGOVIA</strong></p>
<p>El sumario de TURIA se abre, en esta ocasi&oacute;n, con un sugerente art&iacute;culo de Jos&eacute; Carlos Gonz&aacute;lez Boixo sobre el c&eacute;lebre escritor mexicano Juan Rulfo. Bajo el t&iacute;tulo &ldquo;Rulfo en el siglo XXI&rdquo;, el texto invita a reflexionar, con motivo de celebrarse este a&ntilde;o el centenario de su nacimiento, sobre la obra literaria de Rulfo y su proyecci&oacute;n en nuestro siglo. Y es que, hoy como ayer, el autor de la novela &ldquo;Pedro P&aacute;ramo&rdquo; sigue siendo uno de los escritores m&aacute;s admirados y le&iacute;dos, con m&aacute;s de un centenar de traducciones. Adem&aacute;s, el art&iacute;culo muestra como la cr&iacute;tica del siglo XXI&nbsp; ha contribuido a una mejor comprensi&oacute;n de la obra de Rulfo.</p>
<p>Menci&oacute;n&nbsp; destacada&nbsp; merece&nbsp; tambi&eacute;n&nbsp; un original art&iacute;culo titulado &ldquo;Octavio Paz, cosm&oacute;grafo&rdquo;. En &eacute;l, su autor Diego Valverde Villena, asegura que el territorio del Premio Nobel de Literatura en 1990 es &ldquo;esa intersecci&oacute;n entre poes&iacute;a y ensayo. Un lugar donde la palabra l&iacute;rica es una candela que ilumina, en el que Paz reescribe el mundo en cada lectura&rdquo;.</p>
<p>La secci&oacute;n que TURIA dedica a los estudios literarios se cierra con un art&iacute;culo sobre &ldquo;Tom&aacute;s Segovia: la traducci&oacute;n como escritura&rdquo;. En &eacute;l, su autor Pedro Serrano argumenta c&oacute;mo la traducci&oacute;n de poes&iacute;a dentro de la obra de Tom&aacute;s Segovia no es una addenda sino una parte sustancial de su propia obra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>JORGE VOLPI, JUAN VILLORO, GUADALUPE NETTEL, MATHIAS GOERTIZ Y EL ATENEO ESPA&Ntilde;OL DE M&Eacute;XICO</strong></p>
<p>Entre el buen surtido de lecturas in&eacute;ditas que ofrece TURIA sobresalen los textos narrativos de Jorge Volpi, Juan Villoro, Guadalupe Nettel, Felipe Ben&iacute;tez Reyes, Sara Mesa, Pilar Ad&oacute;n y Sergio del Molino. Una selecci&oacute;n de autores muy plural y representativa tanto de los escritores ya consolidados como emergentes en la literatura en espa&ntilde;ol.</p>
<p>En poes&iacute;a, TURIA ofrece versos originales de autores espa&ntilde;oles y mexicanos tan diversos como de indiscutible inter&eacute;s: Jaime Siles, Antonio Deltoro, Jos&eacute; Carlos Llop, Alberto Blanco, Enrique Andr&eacute;s Ruiz, Carmen Boullosa, Juana Castro, Juan Antonio Gonz&aacute;lez Iglesias, Francisco Segovia, Manuel Vilas, Marco Antonio Campos, Ana Merino, Abraham Gragera, Jeannette L. Clariond, Juan Carlos Reche, Roc&iacute;o Cer&oacute;n, Erika Mart&iacute;nez, Vanesa P&eacute;rez-Sahuquillo, Jos&eacute; Saborit y Carmen Garrido.</p>
<p>En&nbsp; el&nbsp; apartado&nbsp; que&nbsp; TURIA&nbsp; dedica&nbsp; al ensayo, merece una atenta lectura el art&iacute;culo de Jos&eacute; Mar&iacute;a Espinasa: &ldquo;Raz&oacute;n de ser del Ateneo Espa&ntilde;ol de M&eacute;xico&rdquo;. En el se traza una brillante s&iacute;ntesis de la trayectoria y logros de una de las iniciativas m&aacute;s f&eacute;rtiles del exilio republicano espa&ntilde;ol en M&eacute;xico. Una entidad que ha cumplido una tarea de puente entre el medio cultural nacional y lo que se ha llamado la generaci&oacute;n hispano-mexicana. Como asegura Espinasa, &ldquo;sin su actividad a lo largo de 65 a&ntilde;os la cultura mexicana ser&iacute;a m&aacute;s pobre y no podr&iacute;amos reconstruir la de la Espa&ntilde;a peregrina. Sin su permanencia como centro de informaci&oacute;n bibliogr&aacute;fica pol&iacute;tica y cultural, la comprensi&oacute;n plena de lo sucedido ser&iacute;a imposible&rdquo;.&nbsp; No obstante, y aunque &ldquo;en M&eacute;xico el exilio espa&ntilde;ol ya no est&aacute; en el exilio, en Espa&ntilde;a a&uacute;n no ha sido comprendido del todo&rdquo;.</p>
<p>No menos recomendables son otros los dos art&iacute;culos que integran la secci&oacute;n de ensayos: &ldquo;Las ciudades del Nuevo Mundo. El modelo urban&iacute;stico y sus implicaciones culturales. Una visi&oacute;n cr&iacute;tica&rdquo;, de Olivia Mu&ntilde;oz-Rojas y &ldquo;Mathias Goeritz, entre bromas y veras&rdquo;, de Chus Tudelilla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>ENTREVISTAS A JUAN MARS&Eacute; Y ELENA PONIATOWSKA</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">En la secci&oacute;n que TURIA dedica a las entrevistas a fondo, este n&uacute;mero tiene dos protagonistas estelares de las letras en espa&ntilde;ol. Los premios Cervantes Juan Mars&eacute; y Elena Poniatowska. Ambas conversaciones muestran a dos autores de indiscutible personalidad y valiosa trayectoria.</p>
<p class="Textoindependiente21">En la entrevista que TURIA publica con Juan Mars&eacute;, realizada por Sergi Doria, el autor de &ldquo;Si te dicen que ca&iacute;&rdquo;&nbsp; nos habla de sus conflictos con la censura franquista, de la oportunidad que le brind&oacute; ganar el Premio Internacional de Novela M&eacute;xico para conocer personalmente a Juan Rulfo (&ldquo;un genio&rdquo;) y a Luis Bu&ntilde;uel (&ldquo;&iexcl;qu&eacute; t&iacute;o m&aacute;s listo!&rdquo;) y hace balance positivo de la situaci&oacute;n de nuestras letras: &ldquo;la literatura espa&ntilde;ola actual goza de buena salud&rdquo;. Tambi&eacute;n reconoce Mars&eacute; que se entiende bien con los perdedores y que sigue &ldquo;dando m&aacute;s cr&eacute;dito a la ficci&oacute;n que a eso que llamamos realidad&rdquo;. Al fin y al cabo, confiesa que escribe &ldquo;porque estoy en desacuerdo con un mundo que no est&aacute; bien parido&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">La escritora y periodista Elena Poniatowska protagoniza en TURIA una entrevista llena de complicidades y opiniones clarificadoras sobre cuanto ocurre en M&eacute;xico. As&iacute;, a las preguntas de Carmen Carrara, responde: &ldquo;en M&eacute;xico, la realidad nos lleva a la ficci&oacute;n a la imaginaci&oacute;n&rdquo;. Reconoce Poniatowska que &ldquo;ser curiosa y preguntar me ha servido mucho&rdquo;. Tambi&eacute;n est&aacute; convencida que &ldquo;vivimos en un pa&iacute;s donde ser mujer es pertenecer a un grupo sin derechos&rdquo;. Pese a todo, nos dir&aacute; que &ldquo;la palabra es poderos&iacute;sima, con ella se han ganado muchas batallas, no hay que claudicar&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>FRANCISCO AZOR&Iacute;N Y FERNANDO FERRER&Oacute;</strong></p>
<p>Respecto a sus dos secciones dedicadas a&nbsp; los asuntos o protagonistas aragoneses, TURIA&nbsp; publica un art&iacute;culo del historiador Seraf&iacute;n Aldecoa sobre la intensa, poli&eacute;drica y productiva vida y obra de un insinge turolense errante: Francisco Azor&iacute;n (Monforte de Moyuela, Teruel, 1875 &ndash; Ciudad de M&eacute;xico, 1975). Se traza aqu&iacute; la rica trayectoria de quien ejerci&oacute; una valiosa labor pol&iacute;tica como promotor del socialismo y el sindicalismo en Espa&ntilde;a y fue un reputado arquitecto. Adem&aacute;s de un acreditado esperantista, Azor&iacute;n fue miembro de la masoner&iacute;a y desarroll&oacute; una intensa labor profesional y docente en sus a&ntilde;os de exilio en M&eacute;xico.</p>
<p>Un singular nombre propio de las letras aragonesas contempor&aacute;neas, Fernando Ferrer&oacute;, ocupa tambi&eacute;n las p&aacute;ginas de TURIA. En este caso, y a trav&eacute;s de un art&iacute;culo de Julio del Pino Perales, se indaga acerca la obra po&eacute;tica de Ferrer&oacute; (Zaragoza, 1927) como merecedora una mayor proyecci&oacute;n dentro de la literatura espa&ntilde;ola dada la originalidad de un estilo que parece reparar la uni&oacute;n anta&ntilde;o rota entre poes&iacute;a y filosof&iacute;a.</p>
<p class="Textoindependiente21">Asimismo, TURIA contiene&nbsp; la secci&oacute;n habitual denominada &ldquo;La isla&rdquo;, con fragmentos del diario de Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas enriquecidos gr&aacute;ficamente por Isidro Ferrer. Cierra el sumario de la revista una amplia secci&oacute;n de cr&iacute;tica de libros, &ldquo;La Torre de Babel&rdquo;, donde se analizan las novedades editoriales tanto espa&ntilde;olas como mexicanas de mayor inter&eacute;s. Por ejemplo, se publican cuidadas rese&ntilde;as de libros recientes de autores como H&eacute;ctor Aguilar Cam&iacute;n, Guillermo Arriaga, Luciano Concheiro, Pere Gimferrer, Enrique Krauze, Julio Llamazares, Jos&eacute; Luis Pardo,&nbsp; Marta Sanz, Juan Pablo Villalobos o Jorge Zepeda Patterson.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;TURIA&rdquo;, 34 A&Ntilde;OS DE TRAYECTORIA</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA, que cuenta ya con 34 a&ntilde;os de trayectoria,&nbsp; ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. Fundada y dirigida por el escritor y periodista Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas, tiene periodicidad cuatrimestral en papel y cuenta tambi&eacute;n con una versi&oacute;n digital (web y Facebook) que ha incrementado notablemente su difusi&oacute;n entre el p&uacute;blico lector: su p&aacute;gina en Facebook cuenta con m&aacute;s de 9.200 seguidores y m&aacute;s de 5.000 usuarios al mes acceden a los contenidos de la web. TURIA est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel y su edici&oacute;n cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura. <strong></strong></p>
<p class="Textoindependiente21" align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21" style="text-align: left;" align="center"><strong>UNA CANCI&Oacute;N-POEMA IN&Eacute;DITO DEDICADO A LUIS BU&Ntilde;UEL</strong></p>
<p class="normal">Entre las sorpresas y textos originales que brinda TURIA a los lectores se encuentra un poema in&eacute;dito de Jos&eacute; Moreno Villa (M&aacute;laga, 1887 - Ciudad de M&eacute;xico, 1955) dedicado a Luis Bu&ntilde;uel. El poema se publica por primera vez gracias a la autorizaci&oacute;n de Jos&eacute; Moreno Nieto (hijo de Jos&eacute; Moreno Villa). El original se encuentra en el Archivo Bu&ntilde;uel de la Filmoteca Espa&ntilde;ola.</p>
<p>&nbsp;El poema-canci&oacute;n de Jos&eacute; Moreno Villa sobre Bu&ntilde;uel que TURIA publica es el siguiente:</p>
<p class="normal">&ldquo;En el camino de Cuernava / Rafaelito perdi&oacute; su petaca // En el sendero de Texcoco / Rafaelito se limpiaba el moco // En la carretera de Taxco / Juan Luis se puso hecho un asco // Cerca del pueblo de Chapingo / Se qued&oacute; Juanita hecha un pingo // En la cercania de Oaxaca / el condestable se hizo caca // En la cima del Paricutin / dej&oacute; Pepe una gota de orin // En Tepeaca y en Coahulia / Toma Concha te con tequila // Y Mantecon que est&aacute; en Tampico / bebe Moca y jarabe de pico // Por el camino de Tacuba / Isabel iba hecha una cuba // Mientras Alvaro Custodio escrib&iacute;a / de las estrellas de Almeria // Al llegar cerca de Laredo / mi buen Ugarte solt&oacute; un pedo // Y Sanchez Ventura por ley / se cag&oacute; sobre Monterrey // Y Vicens que no es de Jalisco / va como borreguito al aprisco&rdquo;</p>
<p class="normal">Este poema se escribi&oacute; inspirado en los viajes que hac&iacute;a la familia Bu&ntilde;uel en compa&ntilde;&iacute;a de la familia Moreno, donde el autor aprovech&oacute; las an&eacute;cdotas de los paseos para componer un poema que, luego, se convertir&iacute;a en una canci&oacute;n para acompa&ntilde;ar los viajes; tal como cont&oacute; Juan P&eacute;rez de Ayala, amigo de la familia, en una historia que reproduce TURIA: &ldquo;La vez que estuve en M&eacute;xico, en casa de Bu&ntilde;uel conociendo a Juanita, estaba tambi&eacute;n Rafael Bu&ntilde;uel, el hijo peque&ntilde;o, recuerdo que esa tarde se pusieron madre e hijo a contarme cosas de Pepe Moreno. Rafael me cont&oacute; que, cuando iban de excursi&oacute;n en coche de los Bu&ntilde;uel a alg&uacute;n pueblo cercano, - parece ser que sol&iacute;an viajar a menudo: Luis Bu&ntilde;uel, Juanita, Pepe Moreno, su esposa Consuelo y los hijos de ambos matrimonios -, cantaban esa canci&oacute;n-poema que les compuso a ellos, especialmente a Pepe Moreno Nieto y a Rafael Bu&ntilde;uel Rucar (ambos nacieron en 1940 y tienen la misma edad). Dicho poema se qued&oacute; convertido en una canci&oacute;n de infancia y compa&ntilde;era de viajes de la familia Bu&ntilde;uel. Rafael Bu&ntilde;uel me la cant&oacute; ese d&iacute;a, la recordaba muy bien, yo se que fue motivada porque cuando llegaban a alg&uacute;n pueblo algo pasaba. Juanita me trajo el manuscrito que guardaba del poema que le escribi&oacute; Moreno, en Par&iacute;s, ante sus ojos. Ahora que he vuelto a leer el poema me he acordado al momento de Rafael, de esa tarde en la Cerrada F&eacute;lix Cuevas, en la casa construida por Arturo S&aacute;enz de la Calzada, y de todo lo que me contaron&rdquo;</p>
<p>Jos&eacute; Moreno Villa, considerado por muchos como el &ldquo;hermano mayor&rdquo; de la Generaci&oacute;n del 27,&nbsp; es un escritor especial en el panorama de la literatura espa&ntilde;ola. En su amplia obra destacan dos libros que han pasado a la leyenda por su calidad y porque son imprescindibles para conocer la literatura espa&ntilde;ola del siglo XX: &ldquo;Jacinta la pelirroja&rdquo; y &ldquo;Vida en claro&rdquo;. El primero es un libro de poemas; el segundo son sus memorias, una obra fundamental para conocer la vida cultural espa&ntilde;ola en el primer tercio de siglo XX.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>&nbsp;</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 02 Jun 2017 08:09:21 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[JORGE VOLPI PRESENTA TURIA EN CIUDAD DE MÉXICO]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jorge-volpi-presenta-turia-en-ciudad-de-mexico/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2017/JORGE_VOLPI.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>LA REVISTA PUBLICA IN&Eacute;DITOS&nbsp; DE 100 AUTORES ESPA&Ntilde;OLES Y MEXICANOS </strong></p>
<p>El escritor Jorge Volpi, uno de los autores latinoamericanos m&aacute;s relevantes de nuestros d&iacute;as y actual coordinador de Difusi&oacute;n Cultural de la UNAM, presentar&aacute; la revista TURIA en la Ciudad de M&eacute;xico el pr&oacute;ximo 8 de junio. El Centro Cultural de Espa&ntilde;a en M&eacute;xico es el espacio escogido para la primera presentaci&oacute;n mexicana de una publicaci&oacute;n literaria que, editada en Teruel pero de vocaci&oacute;n universal, se ha convertido en una revista de referencia en espa&ntilde;ol.</p>
<p>El nuevo n&uacute;mero de TURIA es un especial denominado &ldquo;Letras de Espa&ntilde;a y M&eacute;xico&rdquo;&nbsp; y contiene un monogr&aacute;fico que protagoniza Luis Bu&ntilde;uel. Un total de 100 autores espa&ntilde;oles y mexicanos participan en el sumario con textos in&eacute;ditos de creaci&oacute;n, ensayo y cr&iacute;tica.</p>
<p>Como complemento al acto del d&iacute;a 8, en la Filmoteca de la UNAM se ha organizado el d&iacute;a 12 de junio la proyecci&oacute;n de la p&eacute;licula &ldquo;Sim&oacute;n del desierto&rdquo;, de Luis Bu&ntilde;uel. Tras dicha proyecci&oacute;n se desarrollar&aacute; un coloquio sobre &ldquo;Bu&ntilde;uel en M&eacute;xico&rdquo;. Se trata de un evento que servir&aacute; para dar a conocer el interesante trabajo realizado por TURIA en torno al c&eacute;lebre cineasta hispano-mexicano nacido en Calanda.</p>
<p>La celebraci&oacute;n de ambos actos permitir&aacute; que la revista TURIA tenga mayor visibilidad y difusi&oacute;n en M&eacute;xico y d&eacute; a conocer all&iacute; su labor de fomento de la creatividad art&iacute;stica y literaria, as&iacute; como de an&aacute;lisis y divulgaci&oacute;n. Sin duda, nada mejor que analizar la trayectoria y la obra mexicana del cineasta y escritor Luis Bu&ntilde;uel para mostrar los v&iacute;nculos culturales que unen a Espa&ntilde;a y M&eacute;xico. No debemos olvidar que su trabajo f&iacute;lmico integra a ambos pa&iacute;ses en el reconocimiento de una figura clave de su respectivo patrimonio cultural. Adem&aacute;s, una de las etapas m&aacute;s dilatadas, prol&iacute;ficas y brillantes de Bu&ntilde;uel fue su producci&oacute;n cinematogr&aacute;fica desarrollada en M&eacute;xico.</p>
<p>Con la presentaci&oacute;n en Ciudad de M&eacute;xico, TURIA confirma su condici&oacute;n de revista cultural hecha en Teruel pero de dimensi&oacute;n nacional e internacional. Una difusi&oacute;n que comenz&oacute; en 1999 en Nueva York, tambi&eacute;n con un monogr&aacute;fico protagonizado por Bu&ntilde;uel, y que luego la ha llevado dar a conocer su trabajo intelectual en Brasil, Francia y Portugal. En Espa&ntilde;a, adem&aacute;s de su presentaci&oacute;n anual en Teruel, TURIA ha protagonizado presentaciones en Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valencia, Huesca, Sevilla, C&oacute;rdoba, Soria, Badajoz&nbsp; y Salamanca.</p>
<p><strong>JORGE VOLPI, UN MEXICANO UNIVERSAL</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">El sumario de TURIA que presentar&aacute; el escritor mexicano Jorge Volpi va a resultar muy atractivo, tanto para los lectores habituales como nuevos, de una publicaci&oacute;n peri&oacute;dica que siempre se ha caracterizado por su capacidad de integraci&oacute;n cultural. Adem&aacute;s de presentar la revista, Volpi es uno de los autores participantes en el apartado de narrativa con un texto in&eacute;dito.</p>
<p class="Textoindependiente21">Jorge Volpi (M&eacute;xico, 1968) respaldar&aacute; con su intervenci&oacute;n en la presentaci&oacute;n de TURIA en M&eacute;xico esa filosof&iacute;a de trabajo que viene caracterizando la trayectoria de TURIA: ser capaz de reunir en sus p&aacute;ginas lo universal y lo local. Fundada en 1983, TURIA ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia y ha situado a Teruel en el mapa literario en espa&ntilde;ol, gracias a su difusi&oacute;n nacional e internacional por suscripci&oacute;n. En sus p&aacute;ginas han publicado m&aacute;s de mil autores de diversas procedencias est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas, lo que da idea de la riqueza y pluralidad de sus contenidos. Como reconocimiento a su labor, la revista obtuvo en 2002 el Premio Nacional al Fomento de la Lectura. Junto a su tradicional edici&oacute;n en papel, de periodicidad cuatrimestral, la revista tiene tambi&eacute;n desde hace cuatro a&ntilde;os una versi&oacute;n digital (web y Facebook) que ha incrementado notablemente su difusi&oacute;n entre el p&uacute;blico lector.</p>
<p class="Textoindependiente21">Jorge Volpi tiene una dilatada y brillante trayectoria como escritor, estando sus obras traducidas a veinticinco idiomas. Su &uacute;ltimo libro, publicado este mismo a&ntilde;o, se titula &ldquo;Examen de mi padre&rdquo; y es una disecci&oacute;n del M&eacute;xico que vivi&oacute; su padre y del que se ha dado cuenta quedan a&uacute;n muchas llagas: &ldquo;la violencia extrema a partir de la guerra contra el narcotr&aacute;fico, la gran desigualdad, la corrupci&oacute;n&hellip;&rdquo;</p>
<p class="Textoindependiente21">Tambi&eacute;n ha desempe&ntilde;ado Jorge Volpi numerosos puestos de responsabilidad en materia de gesti&oacute;n cultural. As&iacute;, actualmente es coordinador de Difusi&oacute;n Cultural de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico (UNAM). Una entidad p&uacute;blica que, con 350.000 alumnos, se sit&uacute;a entre las diez mayores universidades del mundo. Anteriormente fue director general del Festival Internacional Cervantino.</p>
<p>Licenciado en Derecho y maestro en Letras Mexicanas por la UNAM, doctor en Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica por la Universidad de Salamanca, Jorge Volpi&nbsp; es autor de las novelas &ldquo;<em>La paz de los sepulcros&rdquo;</em>, &ldquo;<em>El temperamento melanc&oacute;lico&rdquo;</em> y &ldquo;<em>En busca de Klingsor&rdquo;</em> (premios Biblioteca Breve y Deux Oc&eacute;ans-Grinzane Cavour). Con ella inici&oacute; una "Trilog&iacute;a del siglo XX", cuya segunda parte es &ldquo;<em>El fin de la locura</em><em> </em>y la tercera &ldquo;<em>No ser&aacute; la Tierra&rdquo;</em>. Tambi&eacute;n ha escrito las novelas cortas reunidas en el volumen &ldquo;<em>D&iacute;as de ira&rdquo;</em>, as&iacute; como &ldquo;<em>Sanar tu piel amarga&rdquo;</em><em>,</em> &ldquo;<em>El jard&iacute;n devastado&rdquo; </em>y &ldquo;<em>Oscuro bosque oscuro&rdquo;</em>. Es autor de los ensayos &ldquo;<em>La imaginaci&oacute;n y el poder&rdquo;</em>, &ldquo;<em>La guerra y las palabras&rdquo;</em>, &ldquo;<em>Mentiras contagiosas&rdquo;</em> (Premio Mazat&aacute;n al mejor libro del a&ntilde;o 2008), &ldquo;<em>El insomnio de Bol&iacute;var&rdquo; </em>(Premio Debate-Casa de Am&eacute;rica 2009) y &ldquo;<em>Leer la mente&rdquo;</em>. En 2009 obtuvo el Premio Jos&eacute; Donoso de Chile por el conjunto de su obra.</p>
<p>Volpi ha sido profesor en las universidades de Emory, Cornell, Las Am&eacute;ricas de&nbsp; Puebla, Pau, Cat&oacute;lica de Chile, Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico y Princeton. Ha sido becario de la Fundaci&oacute;n Guggenheim y miembro del Sistema Nacional de Creadores de M&eacute;xico. Condecorado como Caballero de la Orden de Artes y Letras de Francia y con la Orden de Isabel la Cat&oacute;lica de Espa&ntilde;a, fue director de Canal 22 entre 2007 y 2011. Es colaborador de los peri&oacute;dicos &ldquo;<em>Reforma&rdquo; y &ldquo;El Pa&iacute;s&rdquo;</em>. Sus libros han sido traducidos a veinticinco idiomas. En 2012 recibi&oacute; el premio Planeta-Casa de Am&eacute;rica por su novela &ldquo;<em>La tejedora de sombras&rdquo;.</em> Sus &uacute;ltimas novelas son &ldquo;<em>Memorial del enga&ntilde;o&rdquo; (2014) y en &ldquo;Las elegidas&rdquo; (2015) </em></p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;La relaci&oacute;n de Jorge Volpi con TURIA se inicia en 2011, con su participaci&oacute;n en el espectacular monogr&aacute;fico que la revista dedic&oacute; a Mario Vargas Llosa. En aquel texto, Volpi defin&iacute;a a Vargas Llosa como un autor perteneciente a &ldquo;la corriente central y m&aacute;s valiosa de nuestra literatura. A la vez, nuestro Balzac y nuestro Flaubert&rdquo;. Tambi&eacute;n aseguraba que &ldquo;si algo hay que alabar a Vargas Llosa, quiz&aacute; m&aacute;s que a cualquier otro escritor de su generaci&oacute;n, es su temperamento pol&eacute;mico. Dice y escribe lo que piensa, sin importar a qui&eacute;n incomode. Ha incomodado a la izquierda desde hace d&eacute;cadas; y ahora incomoda a sus supuestos aliados de la derecha al criticar tan severa y seriamente a Israel, por ejemplo&rdquo;.</p>
<p>Este n&uacute;mero especial de TURIA dedicado a las &ldquo;Letras de Espa&ntilde;a y M&eacute;xico&rdquo; ha sido posible gracias al apoyo econ&oacute;mico de la Secretar&iacute;a de Estado de Cultura del Gobierno de Espa&ntilde;a y de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico (UNAM), as&iacute; como del Gobierno de Arag&oacute;n. TURIA, que es una publicaci&oacute;n editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n Provincial de Teruel, cuenta adem&aacute;s con el apoyo habitual del Ayuntamiento de Teruel y el mecenazgo puntual de patrocinadores privados. Una suma de recursos que, junto a los generados por los suscriptores y lectores de la revista, hacen viable este proyecto cultural.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 02 Jun 2017 07:46:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA REDESCUBRE LA OBRA FOTOGRÁFICA DE ROBERTO FERNÁNDEZ BALBUENA]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-redescubre-la-obra-fotografica-de-roberto-fernandez-balbuena/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2017/Foto_PORTADA_-_TURIA_123.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>AMIGO DE JUAN RULFO Y MIEMBRO DESTACADO DEL EXILIO ESPA&Ntilde;OL, SUS IM&Aacute;GENES ILUSTRAN EL N&Uacute;MERO DE LA REVISTA EDICADO A M&Eacute;XICO</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>El pr&oacute;ximo mes de junio, la revista TURIA presentar&aacute; en Ciudad de M&eacute;xico un n&uacute;mero especial denominado &ldquo;Letras de Espa&ntilde;a y M&eacute;xico&rdquo; que protagoniza Luis Bu&ntilde;uel. Este espectacular sumario contiene, adem&aacute;s, otras sorpresas y rescates culturales. Entre ellos destaca el redescubrimiento de la obra fotogr&aacute;fica de Roberto Fern&aacute;ndez Balbuena (Madrid, 1890 &ndash; M&eacute;xico, 1966) miembro destacado del exilio espa&ntilde;ol republicano en M&eacute;xico. Conocido como pintor y arquitecto, ahora sus im&aacute;genes ilustrar&aacute;n la portada y las p&aacute;ginas interiores de la revista y servir&aacute;n para reivindicar su obra y su legado en nuestros d&iacute;as.</p>
<p>Como recuerda el escritor, cr&iacute;tico de arte y colaborador de TURIA, Enrique Andr&eacute;s Ruiz, &ldquo;en todo caso y hasta que Freijo Gallery recopil&oacute; y expuso una peque&ntilde;a parte de su archivo en Madrid en 2011 (positivada por Jos&eacute; Manuel Castro Prieto), su faceta art&iacute;stica m&aacute;s desconocida fue la desarrollada en M&eacute;xico a partir de los &uacute;ltimos a&ntilde;os cuarenta en el &aacute;mbito de la fotograf&iacute;a. Amigo y compa&ntilde;ero de excursiones de Juan Rulfo &mdash;tambi&eacute;n excelente fot&oacute;grafo&mdash; por el campo mexicano, &ldquo;Balbuena&rdquo;, como le dec&iacute;an all&iacute;, realiz&oacute; precisas y misteriosas fotograf&iacute;as de objetos, parajes, &aacute;rboles, cielos y luces que por alg&uacute;n lado evocan las formas inquietantes del realismo m&aacute;gico que como pintor hab&iacute;a conocido en su juventud&rdquo;.</p>
<p>Transcurridos seis a&ntilde;os de la &uacute;nica exposici&oacute;n realizada en Espa&ntilde;a, en la galer&iacute;a Freijo Gallery de Madrid, ahora la revista TURIA ha seleccionado una serie de once fotograf&iacute;as en blanco y negro&nbsp; que enriquecen gr&aacute;ficamente su sumario. Son instant&aacute;neas que ponen de relieve la magn&iacute;fica y poco conocida labor que Roberto Fern&aacute;ndez Balbuena llev&oacute; a cabo como fot&oacute;grafo.</p>
<p>La pasi&oacute;n por la fotograf&iacute;a de Roberto Fern&aacute;ndez Balbuena comienza cuando adquiere una c&aacute;mara Hasselblad y con ella toma cientos de im&aacute;genes que han permanecido ocultas hasta hace poco tiempo. Son negativos de 6 x 6, que forman un testimonio muy singular de la visi&oacute;n&nbsp; de un arquitecto y pintor que, a los 50 a&ntilde;os, descubre la magia de la fotograf&iacute;a.&nbsp;Esta actividad se convertir&iacute;a en su cuaderno de apuntes, creando composiciones con objetos cotidianos, llenos de intimidad, donde la gama de grises y la luz dotan de un atractivo extraordinario a estas obras. Tambi&eacute;n fotografi&oacute; Balbuena &aacute;rboles milenarios, cactus, edificios y jardines. Cables de luz, esquinas y nubes. Nubes llenas de nostalgia.</p>
<p>Por otra parte, la revista TURIA quiere agradecer la amabilidad y disposici&oacute;n de Angustias Freijo y Freijo Gallery of Fine Arts para que su nuevo n&uacute;mero incluya una muestra representativa de las fotograf&iacute;as de Roberto Fern&aacute;ndez Balbuena. Un conjunto de im&aacute;genes que constituyen el mejor homenaje a su personalidad creadora y un evocador recuerdo de su amigo Juan Rulfo en el centenario de su nacimiento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>PINTOR, ARQUITECTO Y SUBDIRECTOR DEL MUSEO DEL PRADO </strong></p>
<p>Roberto Fern&aacute;ndez Balbuena nace en Madrid en 1890. Pintor y arquitecto espa&ntilde;ol que cultiv&oacute; el retrato y el paisaje, fue socio de honor de los Salones de Oto&ntilde;o de Madrid. &nbsp;Presidente de la&nbsp;Junta de Incautaci&oacute;n y Protecci&oacute;n del Patrimonio Art&iacute;stico, desde 1936,&nbsp;y delegado del Ministerio de Instrucci&oacute;n P&uacute;blica. Subdirector del Museo del Prado en 1938 bajo la direcci&oacute;n de Pablo Picasso, en realidad terminar&iacute;a ejerciendo de director en funciones ya que Picasso nunca lleg&oacute; a tomar posesi&oacute;n del cargo.</p>
<p><br /> Realiz&oacute; sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando y en la Oficial de Arquitectura de Madrid. Posteriormente ampli&oacute; su formaci&oacute;n en Roma como pensionado. Comenz&oacute; a trabajar como arquitecto junto a su hermano Gonzalo. Remiti&oacute; sus obras a las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes y fue premiado con la tercera medalla en 1924 y con la segunda en la edici&oacute;n de 1926, por el lienzo propiedad del Museo del Prado, <em>En el claustro.</em></p>
<p>Seg&uacute;n indica Juan Manuel Bonet en su &ldquo;Diccionario de las vanguardias en Espa&ntilde;a&rdquo;, Roberto Fern&aacute;ndez Balbuena &ldquo;practic&oacute; una figuraci&oacute;n post-cubista y post-V&aacute;zquez D&iacute;az, t&iacute;midamente renovadora. Entre sus cuadros destacan &ldquo;Mesa de caf&eacute;&rdquo;, fechado en 1927 y algunos bodegones cercanos al realismo m&aacute;gico&rdquo;. El Museo Centro Nacional de Arte Reina Sof&iacute;a posee en sus colecciones varias obras pict&oacute;ricas de Fern&aacute;ndez Balbuena.</p>
<p>Durante la guerra civil espa&ntilde;ola, el gobierno de la Rep&uacute;blica le nombra comisario para la Exposici&oacute;n Universal de Nueva York de 1939 y agregado cultural de la Embajada espa&ntilde;ola en Suecia. Al finalizar la guerra, organiz&oacute; desde Francia y junto a Jos&eacute; Bergam&iacute;n, la acogida de los intelectuales, creadores y profesionales espa&ntilde;oles que se han visto obligados a tomar el camino del exilio. Ser&aacute; M&eacute;xico el pa&iacute;s m&aacute;s generoso en acoger las demandas de asilo de los afines a la causa de la Rep&uacute;blica.&nbsp; Y all&iacute; se instal&oacute; tambi&eacute;n Fern&aacute;ndez Balbuena, contrayendo matrimonio con la pintora, igualmente exiliada y a la que hab&iacute;a conocido ya en Espa&ntilde;a, Elvira Gasc&oacute;n.</p>
<p>En M&eacute;xico llev&oacute; a cabo tareas docentes y ejerci&oacute; la arquitectura. Todo ello sin olvidar una intensa dedicaci&oacute;n a la pintura. No en vano, para el centenario de su nacimiento se celebr&oacute; en el museo del Palacio de Bellas Artes de M&eacute;xico una gran exposici&oacute;n homenaje de su obra. Uno de sus amigos, el escritor mexicano Juan Jos&eacute; Arreola, dijo de Roberto Fern&aacute;ndez Balbuena que &ldquo;era intransigente con lo que no pod&iacute;a aceptar y era profundamente sincero&rdquo;. Y sobre su obra art&iacute;stica asegur&oacute; que &ldquo;a Roberto le gustaba que la luz besara cada una de las superficies del cuadro. Su paleta era realmente iridiscente: azules, verdes y morados que eran como cada una de las escamas de los tejos de luz de las alas de las mariposas&rdquo;.</p>
<p>Otro de sus grandes amigos, Antonio S&aacute;enz de la Calzada lo defini&oacute; como &ldquo;ese esp&iacute;ritu colmado de inquietudes y entusiasmo, dotado de una aguda y fin&iacute;sima sensibilidad siempre alerta y estremecida, que lo manten&iacute;a casi continuamente en vilo&rdquo;.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>INCANSABLE FOT&Oacute;GRAFO DE LO COTIDIANO</strong></p>
<p>Ahora, la divulgaci&oacute;n que TURIA realiza de la sugerente obra fotogr&aacute;fica de Roberto Fern&aacute;ndez Balbuena nos confirma hasta qu&eacute; punto resulta cierta la afirmaci&oacute;n de Sebasti&acirc;o Salgado de que &ldquo;un fot&oacute;grafo es, literalmente, alguien que dibuja con la luz, alguien que escribe y reescribe el mundo con luces y sombras&rdquo;.</p>
<p>Si Juan Rulfo es un ejemplo indiscutible de escritor fot&oacute;grafo, Roberto Fern&aacute;ndez Balbuena lo es de incansable retratista de lo cotidiano. Compa&ntilde;eros ambos de excursiones que ten&iacute;an como atractivo fotografiar el campo mexicano, &ldquo;de alguna manera los dos, mano a mano escrib&iacute;an, constru&iacute;an, fotografiaban su futuro&rdquo;, seg&uacute;n anota Angustias Freijo en el cat&aacute;logo de la exposici&oacute;n que su galer&iacute;a de arte dedic&oacute; a Fern&aacute;ndez Balbuena.</p>
<p>En ese mismo texto se nos dir&aacute;, con buen criterio, que &ldquo;su c&aacute;mara y la compa&ntilde;&iacute;a de Juan Rulfo en esas excursiones al campo mexicano, supusieron una producci&oacute;n de im&aacute;genes de &aacute;rboles, de cortezas, de sombras, de bodegones&hellip; de M&eacute;xico, de costumbrismo y de magia, que fueron la gloria de esos a&ntilde;os&rdquo;. &nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 29 May 2017 06:24:23 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nupcias]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/nupcias/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/mayo/LUIS_MATEO_D_EZ_2.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <br /></strong></p>
<p class="Mateo-Ruina" style="text-align: left;"><strong>1</strong></p>
<p class="Mateo-Ruina"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Mateo-Ruina">Nadie se hab&iacute;a percatado de que&nbsp; Ezequiel no estaba cuando lleg&oacute; la novia.</p>
<p class="Mateo-Ruina">Por la alfombra tendida en la escalinata del Santo Reducto, en aquel mediod&iacute;a en que la primavera de Solba hac&iacute;a brillar el ramo nupcial como una perla, la novia ascendi&oacute; reposando la mano en el brazo de su padre, con algunas damas revoloteando detr&aacute;s, y seg&uacute;n alcanzaban el atrio hubo un imprevisto revuelo entre quienes all&iacute; aguardaban</p>
<p class="Mateo-Ruina">No estaba Ezequiel, no estaba el novio al lado de la madrina, para recibir a la novia, y componer la comitiva que ya deb&iacute;a ir desfilando hacia el interior de la iglesia, donde el &oacute;rgano arrancaba las primeras notas de la marcha nupcial.</p>
<p class="Mateo-Ruina">Nadie se hab&iacute;a percatado entre los familiares y amigos m&aacute;s cercanos, como si en el nervioso bullicio que unos y otros protagonizaban, con la madre de Ezequiel en el centro de atenci&oacute;n y su padre a un lado, la presencia crucial se hubiese esfumado o la ausencia del novio perteneciera a uno de esos n&uacute;meros de magia que suscitan improvisadas desapariciones.&nbsp;</p>
<p class="Mateo-Ruina">Alguien pudo llegar a pensar burlonamente que el novio ni siquiera exist&iacute;a. Probablemente alguno de los taimados amigos de Ezequiel, acaso acostumbrados a las ausencias que denotaban las fugas o al juego de sus inventos y malabarismos.</p>
<p class="Mateo-Ruina">El novio lleg&oacute; con el movimiento escurrido de quien viene sin que nadie adivine de d&oacute;nde, tom&oacute; del brazo a la madrina que era la que apenas hab&iacute;a reaccionado en el desconcierto, y se sumaron a la comitiva.</p>
<p class="Mateo-Ruina">La ceremonia discurri&oacute; seg&uacute;n lo previsto. Nada alteraba la solemnidad de un acto en el que los novios intercambiaban la complicidad de algunas sonrisas.</p>
<p class="Mateo-Ruina">Los invitados, que llenaban las naves del Santo Reducto, asist&iacute;an encantados, con ese gesto com&uacute;n que atestigua un deseo colectivo de felicidad.</p>
<p class="Mateo-Ruina">Apenas hubo otro diminuto revuelo al final de la ceremonia, tras las &uacute;ltimas fotos en el altar, mientras la novia descend&iacute;a y recib&iacute;a los primeros besos y felicitaciones de los familiares m&aacute;s allegados y alguna amiga, cuando los novios eran reclamados para ir a la sacrist&iacute;a con sus testigos, y Ezequiel tampoco estaba.</p>
<p class="Mateo-Ruina">Del interior de la sacrist&iacute;a a los pelda&ntilde;os del altar, en el voy y vengo confuso en que se solicitaba la presencia de los contrayentes, fue el nombre de Ezequiel el m&aacute;s insistentemente reclamado.</p>
<p class="Mateo-Ruina">El novio no estaba al lado de la novia y, aunque el desconcierto fue menos aparente, el padre de Ezequiel sinti&oacute; un amago de congoja que reiteraba su inquietud.</p>
<p class="Mateo-Ruina">El padre de Ezequiel era, entre todos los presentes, el m&aacute;s preocupado, sin duda porque conoc&iacute;a mejor que nadie a su hijo, sobre todo en las vicisitudes inesperadas con que tantos disgustos hab&iacute;a tenido que sobrellevar.</p>
<p class="Mateo-Ruina">Siempre en Ezequiel hab&iacute;a algo sorprendente, igual en sus estudios o en sus trabajos, que en sus enfermedades y ocurrencias.</p>
<p class="Mateo-Ruina">Algo pod&iacute;a suceder cuando menos se esperase. Una matricula de honor en vez de un suspenso o la expulsi&oacute;n del Colegio cuando era el primero de la clase, la mejor oferta al ejecutivo m&aacute;s brillante y el fiasco de una operaci&oacute;n financiera maravillosamente planeada. Las peores inversiones en el negocio familiar, a las que el progenitor se hab&iacute;a negado y, a la vez, las mejores transacciones por Ezequiel asesoradas. Una salud de hierro, refrendada en sus cualidades deportivas, y el l&iacute;mite de la septicemia o las &uacute;lceras alborotadas.</p>
<p class="Mateo-Ruina">Un chico contradictorio, pod&iacute;a haber dicho su padre en alg&uacute;n momento, si se hubiera avenido a entender lo que el hijo significaba en el desorden familiar, con el grado de generosa comprensi&oacute;n que hubiese sido necesario, pero don Bento hab&iacute;a padecido demasiado y en el destino del v&aacute;stago constataba por encima de todo el desatino, y la conciencia de la contradicci&oacute;n ya no era suficiente.</p>
<p class="Mateo-Ruina">Por eso fue el primero en percibir las solapadas ausencias de Ezequiel en aquella ma&ntilde;ana, cuando todav&iacute;a apenas indicaban un descuido, sin que nadie se percatase, pero que &eacute;l comenz&oacute; a advertir, orientado en el presentimiento de sus congojas y, por supuesto, avalado por la inquietud.</p>
<p class="Mateo-Ruina">Los novios fueron a hacerse la fotograf&iacute;a al Estudio de Benamar, que era el fot&oacute;grafo m&aacute;s cl&aacute;sico de Solba, el &uacute;nico retratista superviviente de otra &eacute;poca, y mientras los acompa&ntilde;antes, sobre todo las amigas de la novia, se encargaban de retocar su vestido, reordenando los tules y ajustando el velo, cuando ya el retratista se dispon&iacute;a a accionar el dispositivo de su m&aacute;quina, el novio no se encontraba al lado de su pareja.</p>
<p class="Mateo-Ruina">La extra&ntilde;eza se correspond&iacute;a ahora no ya con el resultado del desconcierto, sino con la sensaci&oacute;n de un descontrol que hac&iacute;a m&aacute;s ingrata la sorpresa.</p>
<p class="Mateo-Ruina">No era posible que Ezequiel no estuviese all&iacute;. No exist&iacute;a ning&uacute;n otro sitio donde pudiera estar, aunque en el r&aacute;pido repaso a las circunstancia de con qui&eacute;n hab&iacute;a venido o d&oacute;nde quedaba cuando los coches se fueron del Santo Reducto, nadie pod&iacute;a asegurar nada a ciencia cierta.</p>
<p class="Mateo-Ruina">Las fotograf&iacute;as de la novia solitaria, que el retratista hizo de acuerdo a la innata inspiraci&oacute;n t&eacute;cnica, en repetidos disparos, lograron que los presentes sostuvieran estupefactos el mismo gesto que ella no logr&oacute; evitar, a pesar de los requerimientos del fot&oacute;grafo.</p>
<p class="Mateo-Ruina">Ninguno de los invitados, que se arremolinaban en los jardines de los Salones Encomienda, supo que el novio no hab&iacute;a estado con la novia en el Estudio de Benamar, y en el encuentro de ambos nadie escuch&oacute; disculpas o explicaciones, apenas ten&iacute;an tiempo de saludar a unos y otros, urgidos por tantos requerimientos.</p>
<p class="Mateo-Ruina">El padre de Ezequiel se enter&oacute; del incidente justo en el momento en que los invitados, tras la copa en el jard&iacute;n, hac&iacute;an su entrada en el Sal&oacute;n Morado, el m&aacute;s grande y elegante de Encomienda, donde se celebraba el banquete, y observ&oacute; a su hijo, ligeramente alejado de la novia, con la colilla de un cigarrillo en los labios, los hombros encogidos, y el gesto ausente de quien no acaba de enterarse de lo que sucede a su alrededor.</p>
<p class="Mateo-Ruina">Fue entonces cuando don Bento decidi&oacute; hablar con &eacute;l, aunque s&oacute;lo fuera un instante, antes de sentarse a la mesa donde los novios y sus allegados presidir&iacute;an el banquete.</p>
<p class="Mateo-Ruina">Pero no lo logr&oacute;. La novia llegaba al Sal&oacute;n, entre aplausos, tomada del brazo por su padre y padrino, y el novio no acompa&ntilde;aba a su madrina y madre, que avanzaba desorientada entre las mesas, con m&aacute;s requerimientos que atenciones, tan perdida la mirada como los pasos.</p>
<p class="Mateo-Ruina">Ezequiel se sent&oacute; el &uacute;ltimo. La novia, a su lado, hab&iacute;a sufrido un sobresalto al verlo, como si el novio fuese una aparici&oacute;n que no se correspond&iacute;a exactamente con el verdadero, o en la presencia de Ezequiel hubiese alg&uacute;n desarreglo que lo trastocaba. Posiblemente algo de lo que don Bento tambi&eacute;n se percataba, con la indignaci&oacute;n que ya hac&iacute;a reflotar la congoja.</p>
<p class="Mateo-Ruina">Era visible la corbata torcida del novio, un lampar&oacute;n en las solapas del chaqu&eacute;, el pelo revuelto y, lo peor, los ojos enrojecidos que denotaban cierta aspereza, en lo que podr&iacute;a considerarse algo as&iacute; como el malestar de la mirada.</p>
<p class="Mateo-Ruina">A la novia le sobrevino un llanto flojo al cortar la tarta. Ezequiel acababa de dejar caer caer un trozo en el vestido. La crema se derram&oacute; por el tul antes de que un avispado camarero lograra evitarlo.</p>
<p class="Mateo-Ruina">Una novia llorosa y un novio hirsuto abrieron el baile con el vals m&aacute;s est&aacute;tico que los invitados recordaran en sus existencias festivas.</p>
<p class="Mateo-Ruina">Un novio que en los brazo de la novia parec&iacute;a un espectro, y una novia que apenas se dejaba sostener, como si de un maniqu&iacute; se tratase, ya que el novio daba la impresi&oacute;n de que poco a poco, en la creciente inmovilidad, se estaba diluyendo y acabar&iacute;a por escurrirse dentro del chaqu&eacute;, mientras ella quedaba tiesa, erguida en la figura inerte.</p>
<p class="Mateo-Ruina">Bailaron los invitados.</p>
<p class="Mateo-Ruina">Se retiraron los novios a la mesa presidencial y cuando ya don Bento estaba a punto de echarle la zarpa al espectro, Ezequiel hizo un r&aacute;pido quiebro y se fue del Sal&oacute;n como el mism&iacute;simo fantasma que aparentaba.</p>
<p class="Mateo-Ruina">Los novios se alojaron en el Hotel Conmemoraci&oacute;n, a las afueras de Balboa.</p>
<p class="Mateo-Ruina">La felicidad de la noche de bodas tuvo el contraste de un amanecer lluvioso, que deposit&oacute; el fr&iacute;o de los cristales de la ventana en las pupilas despiertas de la novia, al tiempo que su mano rastreaba el vac&iacute;o de la cama, donde el novio hab&iacute;a dejado un hueco h&uacute;medo.</p>
<p class="Mateo-Ruina">Ezequiel no estaba en la habitaci&oacute;n, pero ella no se asust&oacute;.</p>
<p class="Mateo-Ruina">La noche hab&iacute;a colmado la felicidad de lo que recordaba como un d&iacute;a lleno de sensaciones extra&ntilde;as, una jornada que poco a poco se disipaba en su pensamiento, como si al disiparse abriera una perspectiva distinta en lo que podr&iacute;a ser el futuro de su matrimonio.</p>
<p class="Mateo-Ruina">Ezequiel regres&oacute; a la habitaci&oacute;n cuando ella todav&iacute;a no hab&iacute;a decidido levantarse.</p>
<p class="Mateo-Ruina">Ven&iacute;a vestido con el chaqu&eacute;, chorreando agua por todas partes, y mientras se desvest&iacute;a ella le prepar&oacute; un ba&ntilde;o de agua caliente, y lo acompa&ntilde;&oacute; desnudo a la ba&ntilde;era, mientras &eacute;l tiritaba y aseguraba que el largo paseo bajo la lluvia, al amanecer de aquel d&iacute;a tan malo, era lo que mejor justificaba el amor que la ten&iacute;a, y la promesa de hacerla feliz por encima de cualquier tentaci&oacute;n de perderla&hellip;</p>
<p class="Mateo-Ruina">Fue en ese momento cuando ella supo que aquella promesa no se cumplir&iacute;a, y cuatro d&iacute;a despu&eacute;s Ezequiel desapareci&oacute; sin dejar rastro.</p>
<p class="Mateo-Ruina">Ese chico nunca debi&oacute; casarse, fue lo &uacute;nico que se le ocurri&oacute; pensar a don Bento para justificar lo que tanto tem&iacute;a, y volvi&oacute; a recordar las angustias familiares causadas por el ni&ntilde;o que no estaba en la cuna, el adolescente que no regresaba del colegio y el joven huido al que los guardias devolv&iacute;an a casa, con las narices rotas y el estupor de unos ojos vidriados, que nadie se atrev&iacute;a a suponer lo que pod&iacute;an haber visto en cualquier rinc&oacute;n remoto.</p>
<p class="Mateo-Ruina">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 19 May 2017 06:52:18 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vida crisálida]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/vida-crisalida/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/mayo/martadominguez500.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 510px;">As&iacute; es la vida</p>
<p style="padding-left: 510px;">un inmenso holograma</p>
<p style="padding-left: 510px;">pura apariencia que se despliega</p>
<p style="padding-left: 510px;">( en el vac&iacute;o).</p>
<p style="padding-left: 510px;">Justificada en cambio</p>
<p style="padding-left: 510px;">en secuencias que nombr&oacute; Fibonacci</p>
<p style="padding-left: 510px;">(interminables).</p>
<p style="padding-left: 510px;">Disquisiciones de un dios a</p>
<p style="padding-left: 510px;">5000 fotogramas por segundo,</p>
<p style="padding-left: 510px;">cris&aacute;lidas rompiendo</p>
<p style="padding-left: 510px;">capullos en flor.</p>
<p style="padding-left: 510px;">Escudri&ntilde;a la explosi&oacute;n</p>
<p style="padding-left: 510px;">de formas y colores</p>
<p style="padding-left: 510px;">geometr&iacute;a atada a cal y canto</p>
<p style="padding-left: 510px;">de un modo perfunctorio.</p>
<p style="padding-left: 510px;">Yo soy solo escribiente</p>
<p style="padding-left: 510px;">de la obra de la vida.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 19 May 2017 06:46:23 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La belleza y la pena]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-belleza-y-la-pena/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/mayo/GUSTAVO_MART_N_GARZO.jpg" alt="" /></p>
<p>Son muchos los momentos de las historias de Miguel Delibes en que la naturaleza parece ponerse a hablar de igual a igual con los personajes. En El camino, por ejemplo, podemos leer este fragmento: <em>Si La Mica se au&shy;sentaba del pueblo, el valle se ensombrec&iacute;a a los ojos de Da&shy;niel, el Mochuelo, y parec&iacute;a que el cielo y la tierra se tornasen yermos, amenazantes y gri&shy;ses. Pero cuando ella regresaba, todo tomaba otro aspecto y otro color, se hac&iacute;an m&aacute;s dulces y cadenciosos los mugidos de las vacas, m&aacute;s incitante el verde de los prados y hasta el canto de los mirlos adquir&iacute;a, entre los bar&shy;dales, una sonoridad m&aacute;s matizada y cristalina. Acontec&iacute;a, en&shy;tonces, como un portentoso re&shy;nacimiento del valle, una acen&shy;tuaci&oacute;n exhaustiva de sus posibilidades, aromas, tonali&shy;dades y rumores peculiares</em>. En una palabra, como si en aquel valle no hubiera ya otro sol que los ojos de La Mica y otra brisa que el viento de sus palabras. Daniel ve las cosas transfiguradas por el senti&shy;miento amoroso, y su mirada es una celebraci&oacute;n de la vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todos los grandes persona&shy;jes de Delibes tienen un modo de mirar las cosas <em>atento, concienzudo e in&shy;saciable</em> (<em>El camino</em>). Esa mirada es la del ni&ntilde;o protagonista de <em>Las ratas</em>. <em>El Nini, el chiquillo, sab&iacute;a ahora que el pueblo no era un desierto y que en cada obrada de sembrado o de bald&iacute;o alentaban un cente&shy;nar de seres vivos. Le bastaba agacharse para descubrirlos. Unas huellas, unos cortes, unos excrementos, una pluma en el suelo le suger&iacute;an, sin m&aacute;s, la presencia de los sisones, las co&shy;madrejas, el erizo o el alcara&shy;v&aacute;n</em>. Una mirada que s&oacute;lo pue&shy;de nacer de una atenci&oacute;n extrema, de un conoci&shy;miento que no remite al mundo de las ideas, sino al de los senti&shy;mientos: un conocimiento entra&ntilde;ado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>S&oacute;lo entonces la naturaleza se ofrece a cuantos saben me&shy;recerla. El paisaje en las nove&shy;las de Delibes es siempre natu&shy;raleza que se ofrece. Hay que responder a esa llamada, conseguir que <em>se quiebre la racha de escasez</em> (<em>La caza de la perdiz roja</em>). Porque la naturaleza, ante los ojos de quien no se detiene a escucharla, es un lugar indiferente, desierto, un lugar sin voz. As&iacute; suele ver el campo el hombre de la ciudad, as&iacute; lo ve Columba, en <em>Las ratas</em>, que no soportando la mo&shy;noton&iacute;a del pueblo s&oacute;lo piensa en marcharse. <em>Para la Colum&shy;ba, el pueblo era un desierto y la arribada de las abubillas, las golondrinas y los vencejos no alteraba para nada su punto de vista. Tampoco lo alteraban la llegada de las codornices, los rabilargos, los abejarucos, o las torcaces volando en nutridos bandos a dos mil metros de altura. Ni lo alteraban el chas&shy;quido fren&eacute;tico del chotaca&shy;bras, el mon&oacute;tono y penetrante concierto de los grillos en los sembrados, ni. el seco ladrido del b&uacute;ho rival.</em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p>El aprendizaje b&aacute;sico es aprender a mirar. Un aprendizaje que los libros no pueden ofrecer (ni El <em>Nini </em>ni Daniel necesitan ir a la escuela) y que s&oacute;lo puede darse como ciencia infusa. Ante los grandes personajes de Delibes tenemos la sensaci&oacute;n de que han recibido un don inexplicable. Su figura remite a la de los san&shy;tos porque su saber no es interesado, y porque su vida se da en continuidad con las otras criaturas del mundo. Son ni&ntilde;os -Daniel, El Nini-, o idiotas -Azar&iacute;as-, o en todo caso seres que conservan un resto de inocencia, una parte no contami&shy;nada, libre de culpa, un segmento a&uacute;n activo de esa naturaleza ad&aacute;nica que se hace patente en su franciscanismo, en la relaci&oacute;n que tienen con los anima&shy;les. A Pa&shy;c&iacute;fico, en <em>Las guerras de nues&shy;tros antepasados</em>, no le pican las abejas; El Nini cr&iacute;a y domes&shy;tica un zorrito; y Azar&iacute;as, en <em>Los santos inocentes</em>, consigue que una grajilla baje a comer a sus manos. El Nini entre los hombres del pueblo es como <em>Jes&uacute;s entre los doctores</em>, y la abuela Benilde, en <em>Las gue&shy;rras de nuestros antepasados</em>, <em>por d&iacute;as y en algunos sitios tiene corona</em>. Hay en todos ellos una relaci&oacute;n de continuidad con la naturaleza, de cuyo cuer&shy;po se dir&iacute;a que no han termina&shy;do de desgajarse del todo. Pac&iacute;fico sufre si se podan los &aacute;rboles, tiene tiritonas cuan&shy;do en el camueso se anuncian la aparici&oacute;n de las primeras yemas; y el t&iacute;o Ratero, en <em>Las ratas</em>, se niega a abandonar su cueva y a cambiarla por una ca&shy;sa. La cueva que le hace igual a las ratas de agua, los animales de los que vive, y donde constituye su familia, cuyo callado misterio quedar&aacute; fijado en nuestra memoria en estas l&iacute;neas inolvidables en las que Delibes rinde tributo a todas las Sagradas Familias del mundo del mito: <em>Mata&shy;ba la llama, pero dejaba la brasa y al tibio calor del rescoldo dorm&iacute;an los tres sobre la paja; el ni&ntilde;o en el regazo del hombre, la perra en el regazo del ni&ntilde;o y, mientras el zorrito fue otro compa&ntilde;ero. el zorro en el rega&shy;zo de la perra.</em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p>La figura de estos <em>inocentes, </em>de estos despose&iacute;dos, no es leja&shy;na de la del cazador. Todos ellos tienen una relaci&oacute;n de honda comunicaci&oacute;n con su medio. Todos le conocen &iacute;ntimamente, llegan por momentos a confun&shy;dirse con &eacute;l; y todos obtienen de esa relaci&oacute;n un sentimiento de familiaridad y plenitud. <em>Nos re&iacute;a&shy;mos a carcajadas como dos men&shy;guados. Era por do&ntilde;a Flora y por la media liebre y por el cielo azul intenso. y por el campo abierto a lo largo y a lo ancho y por nuestras fuertes pisadas pa&shy;ra recorrerlo </em>(<em>Diario de un cazador</em>). Esta risa es tambi&eacute;n la de El Nini ante las camadas de las liebres, y expresa un sentimiento de complicidad con el mundo. Porque tanto para El Nini como para Lorenzo, el cazador, el mundo est&aacute; abier&shy;to, es el &aacute;mbito de la posibilidad renovada, infinita, jovial. <em>Distin&shy;gu&iacute;a como nadie a las aves por la violencia o los espasmos del vuelo o por la manera de gorjear; adivinaba sus instintos; co&shy;noc&iacute;a con detalle sus costum&shy;bres; present&iacute;a la influencia de los cambios atmosf&eacute;ricos en ellas y se dir&iacute;a que, de haberlo deseado, habr&iacute;a aprendido a vo&shy;lar</em> (<em>El camino</em>). Germ&aacute;n, el Ti&ntilde;oso, busca sin saberlo transformarse en un p&aacute;jaro, y El Nini y Pac&iacute;fico claman por una metamorfo&shy;sis que les permita confundirse con lo que ven. El mundo para ellos es un solo cuerpo. La boca de Anita (<em>Diario de un cazador</em>) <em>es una nidada de besos</em>, y la gotita que cuelga de la nariz del Barbas (<em>La caza de la perdiz roja</em>) se confunde con una gota de roc&iacute;o. El diente del Bisa (<em>Las guerras de nuestros antepasados</em>) <em>ha&shy;c&iacute;a cuej-cuej-cuej, como las ga&shy;viotas reidoras de la charca</em>, y los pelos de la barba del Barbas, salpicados por su propia saliva, brillan como los tallos trunca&shy;dos de los rastrojos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero la naturaleza tambi&eacute;n es conflicto, destrucci&oacute;n. Delibes conoce dema&shy;siado bien al ser humano como para ignorar una verdad as&iacute;. Por eso sus personajes nun&shy;ca responden a la imagen del buen salva&shy;je. La vida es para ellos&nbsp; lucha, p&eacute;rdida constante. No se rebe&shy;lan contra la muerte. La muerte irrumpe en sus vidas como un fen&oacute;meno na&shy;tural, que todo lo trastorna, como un pedrisco o un nublado ante cuya ley no cabe hacer nada. La muerte del hombre no es distinta de la de los anima&shy;les. El suicidio del jabal&iacute;, en <em>Las guerras de nuestros antepasados</em>, es equivalente al de la abuela Benilda, que de hecho induce; y la muerte de su <em>mila&shy;na</em> lleva a Azar&iacute;as al asesinato. Los personajes de Delibes no retroceden ante la brutalidad de las cosas. El universo es para ellos un conflicto de contrarios -una guerra de todo contra todo- donde todas las fuerzas son extremas y excesivas. El Nini no se escandaliza por&shy;que el Ratero mate a un mucha&shy;cho, por una simple cuesti&oacute;n de competencia; Pac&iacute;fico asesina al hermano de su novia sin otro motivo aparente que el de la territoriedad; y Tochano en un arranque dispara contra su pe&shy;rro sin m&aacute;s, por pura rabia. Este lado brutal, ciego, que no acierta a expresar sino descontento, de&shy;saz&oacute;n ante el mundo y la vida misma, constituye el coraz&oacute;n mismo de la una de las novelas menos conocidas de Delibes <em>El Tesoro</em>. En ella, un grupo de arque&oacute;logos acude a clasificar un hallazgo arqueol&oacute;gico&nbsp; y deben enfrentarse a la oposici&oacute;n que su llegada provoca en las gentes del pueblo. El tesoro no es para estas gentes una mera colecci&oacute;n de piezas arqueol&oacute;gicas, meros signos de tiempos pret&eacute;ritos; ni siquiera un valor de cambio, traducible a una cuenta banca&shy;ria. Es un centro, un lugar privilegiado de comu&shy;nicaci&oacute;n c&oacute;smica, de regenera&shy;ci&oacute;n. Es desde esta perspectiva desde la que hay que entender la negativa de los campesinos, dirigidos por el Pa&shy;po (que por cierto cojea, como Edipo), a que les arrebaten esa riqueza. La p&eacute;rdida ser&iacute;a irreparable, ya que en el mundo del mito es gracias a esos tesoros ocultos, que la vida, la fertilidad de los campos y de los animales, est&eacute; asegu&shy;rada.</p>
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<p>Es el propio Delibes, por bo&shy;ca del alcalde del pueblo, el que nos da la clave de una interpre&shy;taci&oacute;n as&iacute;. <em>H&aacute;gase car&shy;go, se&ntilde;or. Es la fiebre del oro</em>. Esa presencia del oro, de las pepitas, tambi&eacute;n aparec&iacute;a en <em>Las guerras de nuestros ante&shy;pasados</em>, e incluso, en la forma de un billete de loter&iacute;a, en el <em>Diario de un cazador</em>, y es una obsesi&oacute;n en la mente del alcalde y de Lorenzo. Obse&shy;si&oacute;n por la existencia de una riqueza oculta, que se ofrecer&aacute; de una sola vez, como una cosecha inagotable. La idea de acceder al mundo de la abundancia alude a la edad de oro, a la existencia de un reino donde todos los deseos ser&aacute;n satisfechos.</p>
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<p>El hallazgo del tesoro es, en suma, el encuentro con lo valioso, con aquello capaz de dar sentido a las cosas. Es el mismo encuentro del cazador con sus piezas lumino&shy;sas, vibrantes; y el de los enamorados, cuyos cuerpos en el amor son semejantes a esos cuerpos <em>claros y pausaditos</em> de la caza, ante los que no es posi&shy;ble reprimirse. <em>Una ganga vi&shy;no a tirarse a la salina y vir&oacute; al guiparnos. Volaba tan reposada que le vi a la perfecci&oacute;n el colla&shy;r&oacute;n y las timoneras picudas</em> (<em>Diario de un cazador</em>). &iquest;No ve as&iacute;, con esa claridad, el enamo&shy;rado al ser que quiere, la madre a su ni&ntilde;o peque&ntilde;o? El caza&shy;dor caza porque no puede repri&shy;mirse, y luego se come su pieza; y el acto amoroso termina tam&shy;bi&eacute;n con un banquete. La p&aacute;gi&shy;na m&aacute;s hermosa de <em>El tesoro</em> es precisamente la descripci&oacute;n de el Papo comi&eacute;ndose una pera. <em>Recost&oacute; en la muleta todo el peso de su cuerpo y, con la mano izquierda, extrajo del morral de cazador que portaba, una pera, que mir&oacute; y remir&oacute; varias veces, antes de arrancar&shy;le el rabillo y clavarle en el pez&oacute;n la u&ntilde;a negra y larga de su pulgar. Parsimoniosamente desgaj&oacute; un pedazo y se lo llev&oacute; a la boca. Sus pausados ademanes denotaban el mismo regodeo que el del gato ante el rat&oacute;n acosado</em>. No es f&aacute;cil leer estas l&iacute;neas sin sentir una mezcla de turbaci&oacute;n y respeto. Sentimos al Papo en pose&shy;si&oacute;n de una sabidur&iacute;a oculta, de una aptitud no contaminada pa&shy;ra distinguir esa pulpa y hacerla suya, como cuando viendo el reguerillo de zumo que le corre por la mano se la lleva a la boca para chup&aacute;rsela. Su brutalidad, su rencor, es de pronto delicadeza. &iexcl;Qu&eacute; dife&shy;rencia entre esta escena y la de los arque&oacute;logos clasificando el tesoro en la caja del banco! La escena de la pera contiene todas las contradicciones de la vida, que es brutal y delicada, vibrante y abyecta, luminosa y oscura a la vez. S&iacute;, el Papo es el heredero natural de los due&ntilde;os del tesoro, y es a los seres como &eacute;l a quienes pertenece verdaderamente, como posibi&shy;lidad, como f&aacute;bula.</p>
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<p><em>El Tesoro</em> es una reescritura del <em>Diario</em>. En ambas novelas se nombra una pasi&oacute;n absorbente -la arqueolo&shy;g&iacute;a en Gero, la caza en Lorenzo- que lleva a sus protagonistas a la naturaleza, y en ambas hay un conflicto amoroso que se resuelve en la &uacute;ltima p&aacute;gina. La mirada del cazador no es sin embargo la del arque&oacute;logo. La del arque&oacute;logo busca ratificar un saber pre&shy;vio, la naturaleza es para &eacute;l un palimpsesto que debe des&shy;cifrar. La mirada del cazador es ardiente, la del cuerpo que act&uacute;a, que arriesga. El arque&oacute;logo habla para clasificar, para definir; el cazador es como Ad&aacute;n, un creador de lenguaje. Constata lo que ve, y sus nombres son una respuesta a la incitaci&oacute;n constante y diversa de las cosas. El mundo de Delibes es m&aacute;s pr&oacute;xi&shy;mo en esto al de Antonio Ma&shy;chado que al de Jorge Guill&eacute;n, en cuya obra hay siempre un yo que se entusiasma, que se arrebata, que se mira a s&iacute; mismo, en una suerte de encendido narcisis&shy;mo. A Delibes y a Machado les basta con asombrarse. El asombro que lleva al nombre, al simple acto de se&ntilde;alar y de decir <em>mira</em>. El asombro de Azar&iacute;as declarando interminablemente el nombre de su amor, <em>milana bonita, milana bonita</em>, el asombro que lleva a una suerte de tartamu&shy;deo inconsciente a la propia prosa de Delibes, que se repite, que vuelve a decir lo mismo, que se articula sobre frases, palabras ya escri&shy;tas, en una suerte de imposibili&shy;dad de desapego, de persisten&shy;cia del hechizo.</p>
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<p>La reali&shy;dad tambi&eacute;n aqu&iacute;, como en la obra de Machado, mezcl&aacute;ndose con los sue&ntilde;os. No hay cosifica&shy;ci&oacute;n del paisaje, que vibra, que inexplicablemente se ofrece co&shy;mo algo casi irreal, hecho de la materia de los sue&shy;&ntilde;os. <em>Ahora veo a la madre don&shy;de antes no la ve&iacute;a: en el mont&oacute;n de ropa sucia, en el bando de gorriones que revolotea en la terraza, en el Talgo que pasa cada tarde o en el Sagrado Cora&shy;z&oacute;n iluminado. Pero cuando la madre se afanaba en silencio, no la ve&iacute;a, ni sab&iacute;a que en sus movimientos hab&iacute;a un sentido pr&aacute;ctico</em>. No ver lo que no hay, en una suerte de delirio de la subjetividad, sino ver donde an&shy;tes no se ve&iacute;a. Ver el mundo en los dos planos, el de la presencia y el de la transfiguraci&oacute;n.</p>
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<p>El descendi&shy;miento de la milana, en <em>Los santos inocentes</em>, la re&shy;surrecci&oacute;n del ni&ntilde;o del Mele en el <em>Diario de un cazador</em>, el p&aacute;jaro muerto junto al cad&aacute;ver del Ti&ntilde;oso en <em>El camino, </em>son algunos ejemplos de lo que acabo de decir<em>. </em>En las novelas de&nbsp; Delibes siempre hay un momento en que la historia se transforma en Misterio. Es curioso que todos estos momentos nos lleguen de mano de&nbsp; los despose&iacute;dos. En la obra de Miguel Delibes siempre ha habido una mirada compasiva hacia el otro. Es una mirada que guarda en su interior la eterna&nbsp; pregunta por el sentido de las cosas, como si nuestra pobre vida s&oacute;lo pudiera encontrar justificaci&oacute;n en ese encuentro con los dem&aacute;s. Es esto lo que sucede en las &uacute;ltimas p&aacute;ginas de <em>El hereje</em>, cuando en uno de las escenas m&aacute;s conmovedoras&nbsp; de nuestra literatura, Minervina aparece para acompa&ntilde;ar a Cipriano, su antiguo ni&ntilde;o, hasta la hoguera, en un gesto que viene a decirnos que si bien la muerte no puede evitarse la misi&oacute;n del hombre es hacer, como ped&iacute;a Quevedo, de su propia vida&nbsp; polvo enamorado.</p>
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<p>Jorge Luis Borges dijo que hay dos tipos de narradores, los que todo lo basan en la expresi&oacute;n, y los que poseen el arte de la alusi&oacute;n y la sugerencia. Miguel Delibes pertenece sin duda a este segundo grupo. Es un escritor realista, pero no se limita a pasear un espejo por un camino, como ped&iacute;a Stendhal (cosa, por otra parte, que tampoco hizo &eacute;l), aunque muchas veces pueda parecerlo. Es verdad que nos muestra en sus libros un mundo definido y concreto, el campo castellano, su explotaci&oacute;n y su miseria, o la peque&ntilde;a y mezquina vida de las provincias espa&ntilde;olas durante el franquismo, pero s&oacute;lo para llevarnos a un instante de apertura, de revelaci&oacute;n de otra verdad. James Joyce llam&oacute; epifan&iacute;as a estos instantes de encantamiento. Y la obra de Delibes est&aacute; salpicada de ellos. Es esa capacidad para transformar el detalle trivial en s&iacute;mbolo prodigioso la que le hace ser el gran escritor que es.</p>
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<p>En un cuento de I. B. Singer, dos muchachos jud&iacute;os, quieren huir del gueto de Varsovia. El muchacho consigue una vela, y la encienden para celebrar una de sus fiestas. Y, animados por el poder de esa luz, que despierta en ellos una fuerza&nbsp; y una esperanza nuevas, emprenden la huida y logran burlar el cerco de sus verdugos y escapar de la muerte. En <em>La mortaja</em> tambi&eacute;n el ni&ntilde;o protagonista encuentra una luz as&iacute;, la luz que desprende una luci&eacute;rnaga. El cuento es terrible, pues nos enfrenta al ego&iacute;smo y la mezquindad de los hombres, pero el ni&ntilde;o encuentra gracias&nbsp; a esa luci&eacute;rnaga, como los ni&ntilde;os del cuento de Singer, la fuerza para enfrentarse a la muerte de su padre y a la miseria que le rodea. Y al terminar de leer el relato algo nos dice que est&aacute; preparado para enfrentarse a los problemas de la vida. Ese di&aacute;logo entre la belleza y la pena que seg&uacute;n Rilke es la realidad m&aacute;s honda del coraz&oacute;n humano, constituye el centro de la obra de Delibes.</p>
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      <pubDate>Fri, 19 May 2017 06:41:13 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Juan Marsé múltiple]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/juan-marce-multiple/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/mayo/JUAN_MARS_2.jpg" alt="" /></p>
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<p>Si te fijas mucho, si de verdad quieres ver lo que miras, no te dejes deslumbrar por el sol.</p>
<p><em>Historia de detectives</em></p>
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<p>Alguien que lleva 45 a&ntilde;os publicando libros y cuenta con novelas tan notables como <em>&Uacute;ltimas tardes con Teresa</em>, <em>Si te dicen que ca&iacute;</em>, <em>Ronda del Guinard&oacute;</em>, <em>El embrujo de Shanghai </em>y <em>Rabos de lagartija</em>, o cuentos como &ldquo;Teniente bravo&rdquo; e &ldquo;Historia de detectives&rdquo;, me parece que posee un lugar asegurado en la historia de la literatura en castellano. No en vano, Juan Mars&eacute; tiene en su haber todos los reconocimientos importantes que se conceden en el idioma, como el Premio de la Cr&iacute;tica, el Nacional de narrativa, el Premio Juan Rulfo y el Cervantes. Con 80 a&ntilde;os cumplidos sigue en activo como escritor y no parece estar dispuesto sino a completar la nueva novela que se trae entre manos.</p>
<p>Qui&eacute;n sea nuestro autor no parece f&aacute;cil de dilucidar, pero despu&eacute;s de la aparici&oacute;n de la biograf&iacute;a de Josep Maria Cuenca<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>, han quedado desvelados algunos de los misterios que hab&iacute;an convertido sus or&iacute;genes en casi legendarios: su nacimiento y la relaci&oacute;n con sus padres biol&oacute;gicos y adoptivos, los Faneca y los Mars&eacute;. Asimismo se ha clarificado la posible vinculaci&oacute;n entre vida y obra, o cu&aacute;l es el aut&eacute;ntico talante de la persona que a veces se enmascara tras los narradores o protagonistas de sus libros. Disponemos, adem&aacute;s, de un impagable autorretrato, pues quiz&aacute; resultaba inevitable que alguien que ha escrito dos libros de retratos literarios acabara contempl&aacute;ndose &eacute;l mismo en el espejo. Y as&iacute; lo hizo y por partida doble en <em>Se&ntilde;oras y se&ntilde;ores </em>(1975 y 1988).</p>
<p>Las primeras semanas de vida de Juan Mars&eacute; en la Barcelona de 1933 han tenido hasta hace bien poco un cierto h&aacute;lito legendario. Rosa Roca, su madre, muri&oacute; al poco de nacer &eacute;l, por una complicaci&oacute;n en el posparto. Su padre, Domingo <em>Mingo</em> Faneca, ch&oacute;fer de una familia adinerada de Sarri&aacute;, se hab&iacute;a quedado viudo con una ni&ntilde;a de cinco a&ntilde;os, llamada Carmen, y un ni&ntilde;o de semanas, Juan, por lo que acab&oacute; cedi&eacute;ndoselo a los Mars&eacute;, compa&ntilde;eros de militancia pol&iacute;tica, quienes finalmente lo adoptaron. As&iacute;, quien iba a ser Juan Faneca Roca se convirti&oacute; en Juan Mars&eacute; Carb&oacute; y pas&oacute; de residir en la vivienda del servicio de una elegante casa de Sarri&aacute; a otra de la barriada de La Salud, en los bajos del n&uacute;mero 104 de la calle Mart&iacute;, en Gracia, donde vivir&aacute; hasta que en 1966 se case con Joaquina Hoyas, con quien tendr&aacute; dos hijos: Sasha y la escritora Berta Mars&eacute;, autora de dos libros de cuentos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La mayor parte de su infancia la pas&oacute; Mars&eacute; con sus abuelos, en el campo, pero en 1943 regresa a Barcelona para vivir con sus padres adoptivos. Entre esa fecha y 1946 estudi&oacute; en el Colegio del Divino Maestro, pero ni de aquel centro ni de su director guarda buenos recuerdos. Muy pronto, a los 13 a&ntilde;os, entra como aprendiz en un taller de joyer&iacute;a, que tampoco rememora con agrado. S&iacute; parece claro que el cine tuvo una importancia decisiva en su formaci&oacute;n intelectual. Mars&eacute; ha contado en numerosas ocasiones que en esos a&ntilde;os sus &ldquo;v&iacute;as de escape eran el cine y los libros&rdquo;: alquilaba novelas y asist&iacute;a a las sesiones dobles de los cines de barrio. El cine, prefer&iacute;a los <em>westerns</em> y el cine negro norteamericano de los a&ntilde;os treinta y cuarenta, fue para &eacute;l una forma de evadirse de una realidad terrible, pero sobre todo el acicate ideal para sus sue&ntilde;os y mitos. Sus primeros libros fueron <em>La isla del tesoro </em>(le gusta afirmar que lo tiene todo: &ldquo;aventura, misterio y escritura transparente&rdquo;) y <em>Veinte mil leguas de viaje submarino</em>, donde se encontrar&iacute;a con algunos de sus personajes favoritos, como Long John Silver, Jim y el capit&aacute;n Nemo, a los que habr&iacute;a que sumar obras de Salgari, Edgar Wallace, Balzac, Stevenson y Stendhal, junto con las novelas polic&iacute;acas de la Biblioteca Oro, las de Conan Doyle, o las que editaba Jan&eacute;s, obras de Somerset Maugham o Lajos Zilahy, Cecil Roberts, Stefan Zweig y Maxence van der Meersch.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para Mars&eacute; la novela por excelencia es la del XIX, aquella en la que se cuenta una historia con personajes para fascinar al lector. No obstante, suele recordar con entusiasmo el descubrimiento de Faulkner. Asimismo, entre los narradores espa&ntilde;oles sus preferidos son Cervantes, Gald&oacute;s, Clar&iacute;n (&ldquo;<em>La Regenta </em>me la s&eacute; casi de memoria&rdquo;, ha declarado)<a title="" href="#_ftn2">[2]</a>, Valle-Incl&aacute;n y P&iacute;o Baroja. Pero, adem&aacute;s, siempre le han gustado las novelas de Dickens, Tolstoi, Chesterton, Joseph Roth, Nabokov y Juan Carlos Onetti. Mars&eacute; distingue con buen tino a los prosistas de los novelistas. As&iacute;, Joyce, Cela, Luis Mart&iacute;n-Santos y Juan Benet, sostiene, pueden ser grandes prosistas pero le parecen novelistas mediocres. Con lo cual no es dif&iacute;cil deducir que su novela ideal ser&iacute;a aquella capaz de hacerle olvidar que est&aacute; leyendo, de conmover y entretener al lector, dotando de verdad y vida la historia relatada.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En sus inicios como escritor resulta fundamental la figura de la escritora Paulina Crusat, quien lo alienta para publicar nada menos que en la revista <em>&Iacute;nsula </em>dos relatos: &ldquo;Plataforma posterior&rdquo; (1957) y &ldquo;La calle del drag&oacute;n dormido&rdquo; (1959); y lo anima a presentarse al Premio S&eacute;samo, que gana en 1959 con &ldquo;Nada para morir&rdquo;. Mars&eacute; es un autor singular porque su formaci&oacute;n literaria e intelectual fue autodidacta, a diferencia de la mayor&iacute;a de autores de su grupo. Con su primera novela, <em>Encerrados con un solo juguete</em> (1960), se presenta al premio Biblioteca Breve, que ese a&ntilde;o declararon desierto, pero el intento le sirve para trabar amistad con los miembros de la editorial Seix Barral, sobre todo con Carlos Barral y Jaime Gil de Biedma, con quien compart&iacute;a inclinaciones pol&iacute;ticas y gustos literarios.</p>
<p>En esta primera novela Mars&eacute; pretend&iacute;a plasmar el &ldquo;callej&oacute;n sin salida a que estuvo abocada cierta juventud de postguerra&rdquo;<a title="" href="#_ftn3">[3]</a>. Le&iacute;da hoy nos interesa en especial la falta de inquietudes e ilusiones, y las extra&ntilde;as relaciones que se crean entre Tina, Andr&eacute;s y Mart&iacute;n, los j&oacute;venes protagonistas. Podr&iacute;amos definirlos,&nbsp; respectivamente, como ab&uacute;lica, indiferente y s&aacute;dico, quienes viven aburridos y amargados, &uacute;nicamente interesados por ese &ldquo;solo juguete&rdquo; que aqu&iacute; es el sexo. Entre ellos y sus padres, que han padecido la guerra, se abre por tanto un abismo insondable, resumido en la queja de Andr&eacute;s: &ldquo;Demasiados a&ntilde;os lamentando lo que ya no tiene remedio, no quiero saber nada m&aacute;s, no deseo conocer m&aacute;s detalles, ni de un frente ni de otro. &iexcl;Estoy harto!&rdquo;<a title="" href="#_ftn4">[4]</a>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A instancias de Carlos Barral, Castellet le consigui&oacute; una bolsa de viaje para ir a Par&iacute;s con el fin de aprender franc&eacute;s y en el futuro ganarse la vida como traductor. Entre las gentes que trat&oacute;, destacar&iacute;a a los componentes de Ruedo Ib&eacute;rico, sobre todo a Jos&eacute; Mart&iacute;nez y a Antonio P&eacute;rez, quien poco despu&eacute;s, en un segundo viaje a la capital francesa, le encontrar&iacute;a trabajo como &ldquo;gar&ccedil;on de laboratoire&rdquo; en el Instituto Pasteur que dirig&iacute;a Jacques Monod. En Par&iacute;s se hace militante del PCE y luego, al regresar a Barcelona, del PSUC, aunque su afiliciaci&oacute;n solo dur&oacute; entre 1961 y 1967, por la intransigencia y puritanismo del partido en materia sexual. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, Mars&eacute; se ha definido pol&iacute;ticamente como un esc&eacute;ptico con mentalidad de izquierdas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su empe&ntilde;o por abandonar el trabajo en el taller de joyer&iacute;a lo lleva a escribir durante 1961 su segunda novela, <em>Esta cara de la luna</em> (1962), de la que nunca se sinti&oacute; del todo satisfecho, de ah&iacute; que se haya negado a reeditarla. En esta obra insiste en la separaci&oacute;n entre padres e hijos, representados aquellos por una &ldquo;generaci&oacute;n de hamaca y balanc&iacute;n con f&aacute;brica al fondo&rdquo;, y estos por un personaje, Miguel Dot, que pasar&aacute; de la oposici&oacute;n revolucionaria al cinismo m&aacute;s descorazonador, uno de esos falsos rebeldes que volveremos a encontrar en <em>&Uacute;ltimas tardes con Teresa</em>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Durante estos a&ntilde;os su vocaci&oacute;n se decanta definitivamente por la escritura. As&iacute;, en el verano de 1965 concluye en Nava de la Asunci&oacute;n, <em>&Uacute;ltimas tardes con Teresa</em> (1966), con la que por fin obtendr&iacute;a el prestigioso Premio Biblioteca Breve, no sin pol&eacute;mica, y el definitivo reconocimiento como escritor. Su origen se halla en la imagen de una verbena durante la Noche de San Juan. En particular, se relatan los delirios amorosos entre Teresa, la fant&aacute;stica, una ni&ntilde;a bien de Barcelona, y Manolo el Pijoaparte, un atractivo charnego que vive en las barracas del Monte Carmelo, a quien la joven confunde con un obrero revolucionario. En este sorprendente equ&iacute;voco se basa la narraci&oacute;n, historia de dos mitos paralelos, pues ambos confunden al personaje que se han inventado con la persona. Pero adem&aacute;s novela par&oacute;dica de la literatura social, de los libros de amores de verano y del activismo subversivo universitario protagonizado por algunos ni&ntilde;os bien. Por &uacute;ltimo, es tambi&eacute;n una obra sobre la imposibilidad de ascender socialmente y la inoperancia del antifranquismo de sal&oacute;n de ciertos burguesitos catalanes.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su siguiente novela, <em>La oscura historia de la prima Montse </em>(1970), un relato sobre diversas tomas de posici&oacute;n moral, no obtiene tanto &eacute;xito. En ella, el pariente pobre, mestizo y algo resentido, Paco Bodegas, y su prima y amante malcasada, Nuria Claramunt, evocan la vida de Montse, su hermana, una joven desvalida que encarna a la perfecci&oacute;n la inocencia, pues se ha cre&iacute;do &ndash;por &ldquo;la monstruosa educaci&oacute;n familiar recibida&rdquo; (p. 307)- casi todo lo que le contaron sobre la existencia... As&iacute;, la novela es el recuerdo de una destrucci&oacute;n. En su desenlace llegamos a comprender por qu&eacute; Montse se quit&oacute; la vida cuando vio que no se sosten&iacute;a su ideal de ajustar la conducta a &ldquo;aquel viejo sue&ntilde;o de integridad, de ofrecimiento total, de solidaridad o como quiera llamarse eso que la hab&iacute;a mantenido en pie, con sus grandes ojos negros alucinados y el coraz&oacute;n palpitante, frente a miserables enfermos, presidiarios sin entra&ntilde;as y hu&eacute;rfanos de profesi&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>Lo que lleva a la pobre Montse a su desgraciado final es, pues, su deslumbramiento por el expresidiario Manuel, que no es otro que Manolo Reyes, el antes llamado Pijoaparte, quien sigue aspirando al bienestar burgu&eacute;s. Pero tambi&eacute;n la ya indicada desilusi&oacute;n que le produce la hipocres&iacute;a de su acomodada familia. La diferencia fundamental con aquella narraci&oacute;n de 1966 estriba en que si Teresa representaba la frivolidad, Montse Claramunt simboliza el prototipo de la entereza ante la adversidad, aunque es cierto que ambas padecer&iacute;an un &ldquo;espejismo amoroso&rdquo;. En resumidas cuentas, esta narraci&oacute;n no debe dejar de leerse como una burla feroz de la hip&oacute;crita burgues&iacute;a catalanista y cat&oacute;lica (&ldquo;mandarines de la catalanidad&rdquo;, &ldquo;benefactora y limosnera burgues&iacute;a&rdquo;, los llama), con su empalagosa caridad de catequesis, de la que el arribista Salvador Vilella es un buen paradigma. Pero donde quiz&aacute;s el sarcasmo alcance cotas m&aacute;s elevadas sea en el relato de la &ldquo;terrible maquinaria&rdquo; de los Cursillos de Cristiandad en Vich, en los cap&iacute;tulos 14-19, un claro injerto dentro de la novela, as&iacute; como en la parodia de las cr&oacute;nicas sociales sobre los bailes de debutantes propias de la revista <em>&iexcl;Hola!</em>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando a Mars&eacute; se le ha preguntado por sus personajes femeninos (s&oacute;lo hay que recordar la importancia que tienen Tina, Teresa y Montse en las novelas reci&eacute;n comentadas), ha respondido que sus protagonistas son muchachas que se adelantan a su tiempo, por lo que la sociedad o la familia terminan pas&aacute;ndoles factura. Pueden tener en com&uacute;n, aclara, &ldquo;cierta rom&aacute;ntica capacidad o voluntad de enso&ntilde;aci&oacute;n, de adecuar su ideal de la personalidad &ndash;reprimida por el entorno familiar y social, la educaci&oacute;n recibida y la estrategia moral de una clase- a una realidad social anhelada por ellas, m&aacute;s justa y m&aacute;s libre, pero que todav&iacute;a no existe&rdquo;<a title="" href="#_ftn5">[5]</a>.</p>
<p>Muy pronto Mars&eacute; toma la decisi&oacute;n de no ganarse la vida s&oacute;lo escribiendo novelas, entre otras razones, porque se da cuenta de que al ritmo que trabaja no le es posible. Y como tampoco le gustaba hacer de intelectual, es decir, dar conferencias, escribir art&iacute;culos de opini&oacute;n, etc., opta por ejercer de periodista en diversas revistas (<em>Bocaccio</em>, <em>Don </em>y <em>Por Favor</em>), escribir guiones o publicar libros sobre cine, como la manera m&aacute;s sensata de hacerlo. Los trabajos que Mars&eacute; escribi&oacute; para <em>Por favor</em> los recoger&iacute;a en <em>Confidencias de</em> <em>un chorizo</em> (1977) y <em>Se&ntilde;oras y se&ntilde;ores</em> (1975 y 1977, 1988). Este &uacute;ltimo t&iacute;tulo, en realidad, se compon&iacute;a de dos vol&uacute;menes distintos, formados por retratos &ldquo;morales&rdquo; realizados a partir de la descripci&oacute;n de los rasgos f&iacute;sicos de los personajes, adobados con un gran sentido del humor, sin que faltase a veces su vitri&oacute;lica iron&iacute;a. La edici&oacute;n de 1988 recog&iacute;a las colaboraciones en el diario <em>El Pa&iacute;s</em>, donde resucit&oacute; la secci&oacute;n. En este nuevo siglo ha publicado varios libros dedicados al cine, su otra gran pasi&oacute;n, tales como <em>Un paseo por las estrellas</em> (2001) y <em>Momentos inolvidables del cine </em>(2004), donde recrea noventa y nueve escenas de otras tantas pel&iacute;culas que prefiere.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Si te dicen que ca&iacute;</em> (1973) quiz&aacute; sea su mejor novela y probablemente una de las mejores espa&ntilde;olas del siglo XX<a title="" href="#_ftn6">[6]</a>. Esta constituye el relato de la infancia, del recuerdo de lo que aquella &eacute;poca fue en los barrios del autor. Como la obra se proh&iacute;be en Espa&ntilde;a por la censura, aparece primero en M&eacute;xico, donde obtuvo el I Premio Internacional de Novela. As&iacute;, utilizando distintas voces que se complementan y contradicen, se narra en ella, entre la ternura y la crudeza, el pasado de Java, Sarnita y los otros ni&ntilde;os kabile&ntilde;os, quienes se cuentan aventis (historias, aventuras) para que se imponga &ldquo;la verdad verdadera&rdquo;, mientras intentan sobrevivir en una complicada y s&oacute;rdida Barcelona reci&eacute;n salida de la guerra, en la que la corrupci&oacute;n campa por sus respetos<a title="" href="#_ftn7">[7]</a>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Acaso sea en esta obra, como en ninguna otra de las suyas, donde puede observarse mejor de qu&eacute; modo utiliza Mars&eacute; la escenograf&iacute;a urbana. Al igual que ocurre en sus dem&aacute;s narraciones, el espacio es real, aunque no aparezca en la realidad tal y como &eacute;l nos lo presenta, pues el autor opta por crear un &ldquo;c&oacute;ctel de barriadas&rdquo;, hasta formar, al fin y a la postre un &ldquo;barrio mental (...), un compuesto flexible de La Salud, el Carmelo, el Guinard&oacute; y Gracia&rdquo;. Lo cierto es que aqu&iacute; nos encontramos tambi&eacute;n con toda una serie de personajes, lugares y motivos omnipresentes en su literatura: las hu&eacute;rfanas de la Casa de Familia; Carmen Broto, la prostituta rubia platino asesinada, que tambi&eacute;n es Aurora y Menchu; las bandas de pistoleros anarquistas; la Capilla de las &Aacute;nimas y sus alrededores, donde los chicos juegan, torturan a las j&oacute;venes y se cuentan aventis; la Fiesta Mayor del barrio; las funciones de Els Pastorets, etc.</p>
<p>En 1977 publica Mars&eacute; un cuento en la revista <em>Bazaar</em>, &ldquo;Parabellum&rdquo;, en el que relata en s&iacute;ntesis lo que ser&iacute;a <em>La muchacha de las bragas de oro</em>. Con ella obtiene, en 1978, el Premio Planeta. En esta obra se produce, en suma, una confrontaci&oacute;n entre los valores tradicionales del escritor y exfalangista Luys Forest y los modernos de su joven sobrina Mariana. En realidad, la novela trata -lo ha explicado muy bien Jos&eacute;-Carlos Mainer- de las culpas contra&iacute;das durante la guerra civil y la postguerra. Y, sin embargo, el autor no duda en utilizar a este escritor falangista para reflexionar acerca del oficio, sobre el modo de convertir la realidad en ficci&oacute;n manejando verdades y mentiras. La novela puede leerse tambi&eacute;n como una respuesta a <em>Descargo de conciencia </em>(1976), las memorias de Pedro La&iacute;n Entralgo en las que se presenta como un intelectual franquista arrepentido.</p>
<p>En <em>Un d&iacute;a volver&eacute; </em>(1982) se narra el regreso al barrio del pistolero Jan Julivert Mon, quien tras pasar doce a&ntilde;os en la c&aacute;rcel, en apariencia desea recobrar el amor de su cu&ntilde;ada y llevar una existencia m&aacute;s pl&aacute;cida. Pero este hombre derrotado que ha ido perdiendo sus antiguas inquietudes pol&iacute;ticas, debe enfrentarse al personaje mitificado en que lo han convertido los suyos, quienes durante su ausencia esperaban de &eacute;l una conducta heroica. Frente a la complejidad estructural de <em>Si te dicen que ca&iacute;</em>, &eacute;sta es una novela lineal que muestra el mundo del barrio desde los ojos de un adolescente, N&eacute;stor; y la vida de la peque&ntilde;a burgues&iacute;a degradada por los efectos de la represi&oacute;n de la postguerra. Lo que se presenta, en contraste, son las esperanzas de diversos personajes y en lo que la realidad las ha acabado convirtiendo. As&iacute;, Jan Julivert quiere olvidar su pasado y vivir tranquilo, mientras que N&eacute;stor, su sobrino, espera un acto heroico de su parte, una venganza ejemplar que restituya el equilibrio perdido. En realidad, lo que esta melanc&oacute;lica narraci&oacute;n presenta son las esperanzas de estas gentes en 1959, fecha en que transcurre la acci&oacute;n.</p>
<p>A finales de agosto de 1984, durante sus vacaciones en L&acute;Arbo&ccedil;, Mars&eacute; sufre un infarto. Desde entonces no fuma, bebe con prudencia, sigue una dieta controlada e intenta llevar una vida tranquila. Ese mismo a&ntilde;o se publica <em>Rond&aacute; del Guinardo</em>, una obra maestra de la novela corta. Su acci&oacute;n transcurre en un espacio acotado durante un tiempo reducido, a caballo entre el relato del presente y los recuerdos del pasado, que no<em> </em>es otro que el &ldquo;paisaje moral&rdquo; de la infancia de Mars&eacute;. Lo que se narra es el recorrido que emprenden juntos los dos protagonistas: Rosita, una chica de casi 14 a&ntilde;os, recogida en un orfanato, y un innominado inspector de polic&iacute;a. Se trata de un v&iacute;a crucis de miseria, dolor y sordidez. Lo que singulariza a esta narraci&oacute;n es la depuraci&oacute;n de elementos, su singular estructura, el recorrido mismo por el Guinard&oacute;. La media distancia en que se desenvuelve tiene algo de la intensidad, concisi&oacute;n y redondez del cuento, sin que por ello carezca de ese car&aacute;cter expansivo que suele definir a la novela. La misma historia que se narra, esto es, la de una joven que debe ir a reconocer el cad&aacute;ver de quien parece ser que fue su violador, exige altas dosis de contenci&oacute;n. La acci&oacute;n transcurre a lo largo de medio d&iacute;a, durante el 8 de mayo de 1945, el d&iacute;a de la capitulaci&oacute;n de Alemania. Cuando concluya la jornada sabremos que ni Rosita es la ni&ntilde;a inocente que era, ni el inspector el tipo duro, vencedor en la guerra, que hab&iacute;a sido, pues ambos han sido derrotados.</p>
<p>Un poco despu&eacute;s, en 1986 aparece su &uacute;nico libro de cuentos, <em>Teniente Bravo</em>. La pieza que da t&iacute;tulo al volumen, la m&aacute;s sobresaliente del conjunto<a title="" href="#_ftn8">[8]</a>, se inspira en un hecho real que vivi&oacute; &eacute;l mismo en su servicio militar en Ceuta. Durante a&ntilde;os se la estuvo relatando a sus amigos hasta cerciorarse de que la narraci&oacute;n hab&iacute;a adquirido el ritmo, la intriga y los matices necesarios para poder ser transcrita. En este grotesco episodio un teniente tan loco como soberbio se empecina infructuosamente en saltar el potro ante la tropa. El cuento, que baraja humor y patetismo, puede leerse asimismo de manera aleg&oacute;rica, lo ha explicado muy bien Cecilio Alonso, como &ldquo;la descomposici&oacute;n de unas formas &eacute;picas del poder y del dominio social, que marcaron negativamente la vida espa&ntilde;ola desde 1939&rdquo;<a title="" href="#_ftn9">[9]</a>.</p>
<p>&ldquo;El fantasma del cine Roxy&rdquo;, un homenaje al cine preferido por el autor, se basa en una an&eacute;cdota real, el di&aacute;logo entre un director de cine y un guionista que lo cr&iacute;tica; sin duda alguna, el mismo Mars&eacute;. A este relato le dedicar&iacute;a Serrat una canci&oacute;n que lleva el mismo t&iacute;tulo. Por su parte, &ldquo;Noches de Bocaccio&rdquo; constituye una burla del esnobismo, de la tonta frivolidad y del vanguardismo papanatas de las gentes de la llamada <em>gauche</em> <em>divine</em>. &ldquo;Historia de detectives&rdquo;, el otro cuento destacable del volumen, arranca con una cita del <em>Libro del desasosiego</em>, de Pessoa, que bien puede valer como resumen argumental no s&oacute;lo de esta narraci&oacute;n sino de una buena parte de la obra de Mars&eacute;. Dice as&iacute;: &ldquo;como los ni&ntilde;os pobres que juegan a ser felices&rdquo;. No en vano, esta pieza podr&iacute;a haberse desgajado perfectamente de <em>Si te dicen que ca&iacute; </em>o de la misma <em>Ronda del Guinard&oacute;</em>, sin que ello significase poner en duda su valor como cuento. En este relato, <em>Mingo</em> Roca (el nombre del personaje proviene del apelativo de su padre biol&oacute;gico y del apellido de su madre) recuerda un episodio de su infancia, junto a aquella pandilla de <em>trinxas</em> encabezada por Juanito Mar&eacute;s<a title="" href="#_ftn10">[10]</a>, cuando jugaban a detectives y esp&iacute;as, y persegu&iacute;an a la gente para luego contarse lo que les hab&iacute;a sucedido, o en realidad lo que les hubiera gustado que les sucediera. Pero sobre todo se relata, al fin y a la postre, la historia del ahorcado de la calle Legalidad, sus celos, el amor por su mujer..., las penurias y el dolor sin fin de la postguerra.</p>
<p>Con&nbsp; <em>El amante biling&uuml;e</em> obtiene en 1990 el Premio Ateneo de Sevilla, de la editorial Planeta. Se trata de un sarc&aacute;stico relato en el que, tras la soterrada burla de la pol&iacute;tica nacionalista imperante en Catalu&ntilde;a, se plantea la imposibilidad de llegar a ser feliz sin enmascararse. M&aacute;s en concreto, se cuenta en primera persona, diez a&ntilde;os despu&eacute;s de transcurridos los hechos, lo que tiene que hacer un catal&aacute;n de origen humilde, e incluso folletinesco, para reconquistar a su exmujer, Norma Valent&iacute;, una burguesa catalana que padece una curiosa inclinaci&oacute;n sexual por los charnegos m&aacute;s caracter&iacute;sticos, tan atractivos como primarios. La novela es, en verdad, la historia de un fracaso, pero tambi&eacute;n una burla de la pol&iacute;tica ling&uuml;&iacute;stica de la Generalitat, llevada a cabo durante el mandato de Converg&egrave;ncia. El deterioro del emblem&aacute;tico Walden 7, de Ricardo Bofill, edificio financiado por la Banca Catalana de Jordi Pujol, en donde reside el protagonista, funciona como s&iacute;mbolo de la degradaci&oacute;n de la existencia del personaje, aparte de como parodia de ciertos delirios intelectuales herederos del 68. Pero, sobre todo, la novela, cuya trama se halla compuesta con un gran distanciamiento, est&aacute; llena de humor, siempre te&ntilde;ido por una l&uacute;cida mala leche que le permite a Mars&eacute; plantear sin ambages una cuesti&oacute;n silenciada por la sociedad catalana.</p>
<p><em>El embrujo de Shanghai</em> (1994) fue una novela afortunada pues obtuvo el reconocimiento dentro y fuera de Espa&ntilde;a: el Premio de la Cr&iacute;tica y el Aristeion Europeo de Novela. En ella cuenta ahora Mars&eacute; una historia de traiciones y desenga&ntilde;os, de &ldquo;c&oacute;mo los sue&ntilde;os juveniles se corrompen en boca de los adultos&rdquo;, seg&uacute;n se afirma en el inicio. Asimismo, debe relacionarse con la primera obra del autor, tanto por su esquema compositivo general como por el espacio en que transcurre gran parte de la acci&oacute;n, la torre de Anita y Susana, aunque aparezca situada en la calle Camelias en lugar de en la del Laurel. Por lo dem&aacute;s, el a&ntilde;orado progenitor de aquella primera novela aparece finalmente en Shanghai, como el ingeniero Esteban Climent Comas.</p>
<p>En el relato se alternan dos tramas argumentales: la primera transcurre en una Barcelona gris, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os cuarenta; mientras que la segunda se desarrolla por un lado en el exilio penoso y oscuro de los luchadores antifranquistas, en Toulouse, sin duda mitificado por los republicanos que se quedaron en Espa&ntilde;a, y por otro en el exilio fabuloso, de pel&iacute;cula, de la lejana Shanghai de 1948, durante las v&iacute;speras de la victoria comunista de Mao. Si el primer exilio se presenta como un mundo real, el segundo resulta inventado. As&iacute;, Nandu Forcat evoca para los j&oacute;venes Dani y Susana, como si les contara una aventi china, las peripecias de Kim, el padre de la joven, en la ex&oacute;tica ciudad. Seg&uacute;n Mars&eacute;, la infancia ser&iacute;a el &uacute;nico territorio donde tienen cabida la esperanza, la ilusi&oacute;n y los sue&ntilde;os. Por su parte, Daniel (quien posee mucho del ni&ntilde;o que fue Mars&eacute;) recuerda su infancia desde el presente, los paseos con el esperp&eacute;ntico capit&aacute;n Blay en busca de firmas mediante las cuales denunciar la `contaminaci&oacute;n&acute; del barrio, adem&aacute;s de las tardes que pas&oacute; con Susana, la ni&ntilde;a t&iacute;sica, y c&oacute;mo lograron sobrevivir en una triste postguerra al calor de los relatos de Forcat sobre las andanzas de Kim en Shanghai.</p>
<p>Con su siguiente novela, <em>Rabos de lagartija</em> (2000), Mars&eacute; volvi&oacute; a obtener el Premio de la Cr&iacute;tica y el Premio Nacional de Narrativa. Los protagonistas de esta obra son la familia Bartra, la madre embarazada y el hijo, Rosa la pelirroja y David; pero tambi&eacute;n V&iacute;ctor, el padre hu&iacute;do; Juan, el hermano mayor muerto; y el peque&ntilde;o V&iacute;ctor, quien recuerda los hechos a&ntilde;os despu&eacute;s, por medio de lo que le han contado y &eacute;l se imagina. La peripecia central es producto del &ldquo;funesto combate&rdquo; que se nombra en la novela y se genera por el enfrentamiento de dos deseos contrapuestos: el del inspector Galv&aacute;n, colado por la pelirroja, a la que quiere conquistar mientras ella se deja querer, y el de David quien se empe&ntilde;a en desenmascararlo para desacreditarlo ante su madre. La novela podr&iacute;a leerse, por tanto, como el desarrollo de las artima&ntilde;as del joven a fin de que su madre no se encandile con un polic&iacute;a bien parecido, quien se muestra sol&iacute;cito y los ayuda, aunque al fin y a la postre represente el r&eacute;gimen represor, pues s&oacute;lo les muestra su mejor cara.</p>
<p>La acci&oacute;n empieza en 1945, con el bombardeo de Hiroshima, el a&ntilde;o de la `bomba atomicia&acute;, como la llama la abuela Tecla, y acaba en 1951, coincidiendo con la huelga de tranv&iacute;as en Barcelona y la muerte de David, una vez &eacute;ste ha asumido la verdad, tras pasar a la acci&oacute;n e intentar defenderla con su c&aacute;mara de fotos, la &uacute;nica y mejor arma que posee. Casi toda la trama transcurre en la casa familiar, un consultorio m&eacute;dico realquilado pr&oacute;ximo a un barranco. Desde all&iacute; se evoca la trayectoria del padre, un resistente, convertido en el fantasma que se arrastra con el culo ensangrentado; la del doctor libertario P. J. Ros&oacute;n-Ansio y tambi&eacute;n los avatares del moribundo perro Chispa. Pero las historias se gestan en el toma y daca constante, lleno de iron&iacute;a y sarcasmo, que David mantiene sucesivamente con su padre, sus hermanos V&iacute;ctor y Juan, con el piloto derribado de la RAF, con el polic&iacute;a, al que le toma el pelo siempre que puede y con su amigo Paulino Bardolet, Pauli, un gordito homosexual que tiene almorranas y del que se aprovecha sexualmente su t&iacute;o, adem&aacute;s de las charlas con la abuela Tecla.</p>
<p><em>Canciones de amor en Lolita&acute;s Club </em>(2005) transcurre en el presente y la acci&oacute;n predomina sobre la reflexi&oacute;n. En ella, un polic&iacute;a bravuc&oacute;n, solitario y justiciero regresa a la casa familiar con la amenaza de ser expedientado y un pasado lleno de actuaciones brutales. Lo que se cuenta, por tanto, es la vuelta del hijo pr&oacute;digo, su redenci&oacute;n por amor, tras desencadenar una serie de conflictos que lo enfrentan no s&oacute;lo con los miembros de su familia sino tambi&eacute;n con casi todos los estamentos sociales con los que se topa. Pero la novela es, ante todo, una historia sentimental, una tragedia amorosa con el trasfondo de un presente agitado por los atentados etarras, el tr&aacute;fico de emigrantes y el blanqueo ilegal de dinero. Gran parte de la acci&oacute;n transcurre en un modesto burdel de carretera, donde trabaja Milena, la prostituta colombiana que enfrenta y transforma la existencia de los gemelos Fuentes.</p>
<p>Quiz&aacute; sea en <em>Caligraf&iacute;a de los sue&ntilde;os</em> (2011) donde la presencia de lo autobiogr&aacute;fico sea mayor que en ninguna otra de sus narraciones. Lo que se nos cuenta, en s&iacute;ntesis, son dos historias: el paso de la pubertad a la madurez, con la b&uacute;squeda de la identidad y el descubrimiento de la vocaci&oacute;n de Ringo, trasunto del joven que fue el autor; y las cuitas sentimentales de Victoria Mir, Vicky, una mujer madura, sedienta de felicidad. Ambas narraciones aparecen entrelazadas no s&oacute;lo por desarrollarse en un mismo espacio f&iacute;sico y porque la segunda proceda de la versi&oacute;n que el chico nos proporciona de los hechos, sino tambi&eacute;n porque la conducta de la se&ntilde;ora Mir le muestra al joven Ringo el tipo de realidad que debe procurar eludir, tratando de no quedar engullido por ella: la del mero costumbrismo tragic&oacute;mico. As&iacute;, regresa el autor a su mundo literario habitual y a sus temas predilectos, en la Barcelona de 1948, una ciudad gris y &ldquo;ratonera&rdquo;; contrapone apariencia y realidad, pues casi nada resulta ser lo que parece; muestra la precaria existencia y la solidaridad entre los derrotados por la guerra, junto con el despertar de la vocaci&oacute;n y los impedimentos que surgen para llevarla a cabo y el descubrimiento de la orfandad por la ausencia frecuente del padre y el aprendizaje de la piedad, as&iacute; como el despertar del deseo. Mars&eacute; baraja aqu&iacute; a la perfecci&oacute;n lo tr&aacute;gico y lo c&oacute;mico, lo sublime y lo grotesco.</p>
<p>Y aunque ya ha anunciado que est&aacute; trabajando en una nueva novela, provisionalmente titulada <em>Una puta muy querida</em>, la &uacute;ltima publicada ha sido <em>Noticias felices en aviones de papel </em>(2015), con la que regresa al g&eacute;nero de la novela corta y a varios de los mimbres que reconocer&aacute;n sus lectores: el barrio de Gracia; una madre comprensiva y generosa (Ruth) y un hijo adolescente, silencioso y esquivo (Bruno); un padre ausente y cantama&ntilde;as (Amador Cano Raciocinio); los ni&ntilde;os con sus cabezas rapadas (los hermanos Rabinad); y una vecina mochales, la se&ntilde;ora Pauli. En esta ocasi&oacute;n el tema es la memoria, &ldquo;la abeja muerta que pica&rdquo;. Los protagonistas adultos poseen un pasado que ha marcado su existencia, pues los padres de Bruno, en los a&ntilde;os setenta, vivieron en Ibiza en una comuna <em>hippie</em>; mientras que la se&ntilde;ora Pauli hab&iacute;a nacido en Varsovia siete d&eacute;cadas atr&aacute;s, aunque llevara desde 1942 en Barcelona, despu&eacute;s de morir su familia en los campos de exterminio alemanes, y desaparecer su novio, un joven boxeador, durante la guerra. En 1941, con la ayuda de un oficial alem&aacute;n que se enamora de ella, Hanna consigue llegar a Barcelona, para acabar convirti&eacute;ndose en corista del Paralelo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como suele ser habitual en su obra, Mars&eacute; se nutre del pasado, aunque en esta ocasi&oacute;n sea a trav&eacute;s de los ecos de la pesadilla nacionalsocialista, de la persecuci&oacute;n de los jud&iacute;os. Sin embargo, la historia no es lo que al principio del relato pudiera parecer, pues el autor baraja varias tramas que transcurren en tiempos y espacios diferentes: Varsovia durante la Segunda Guerra Mundial, la Barcelona de su infancia y la de 1989, todas ellas trenzadas con maestr&iacute;a. Se trata, en suma, de un relato sobre el acceso a la madurez de un joven que va conociendo la amistad, el sufrimiento y el peso de la historia, junto con la solidaridad y la compasi&oacute;n. Tras haber padecido el ego&iacute;smo y la degradaci&oacute;n del padre, ahora reconvertido en &ldquo;vendedor de imposturas y patra&ntilde;as&rdquo;, el joven Bruno primero lo rechaza, para acabar estim&aacute;ndolo despu&eacute;s. Como tambi&eacute;n aprende a distinguir lo que tienen de aut&eacute;nticos recuerdos los delirios de la se&ntilde;ora Pauli. Si esta nunca pudo olvidarse del balc&oacute;n de su casa en el gueto de Varsovia, tampoco Mars&eacute; consigue alejarse de aquellos ni&ntilde;os pobres sin escuela de su infancia que fumaban y so&ntilde;aban en la calle.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dentro del conjunto de su obra, la cr&iacute;tica ha destacado la adecuaci&oacute;n de su estilo al mundo narrado; su innegable habilidad, sobre todo a partir de ese gran equ&iacute;voco que es <em>&Uacute;ltimas tardes con Teresa</em>, para dar con un tono capaz de mostrar a la perfecci&oacute;n los conflictos que se generan en Barcelona durante los primeros a&ntilde;os de la postguerra. En un pa&iacute;s en el que se opt&oacute; por olvidar el franquismo, Mars&eacute; se ha nutrido precisamente de esos materiales de derribo que han ido alimentado su memoria, desechos de una sociedad que se crey&oacute; impoluta pero que result&oacute; esconder la basura bajo la alfombra. Por consiguiente, sus historias, una combinaci&oacute;n feliz de imaginaci&oacute;n y memoria a partes iguales, infalibles hechizando al lector, constituyen la mejor manera de combatir &ldquo;la olla podrida del olvido&rdquo;, para decirlo con una frase de <em>Un d&iacute;a volver&eacute;</em>. En su caso, la novela no pretende ser un arte de lo que fue, sino de lo que pudo haber sido. De ah&iacute; que sus personajes y su mundo sean los propios de la dur&iacute;sima postguerra espa&ntilde;ola, con los barrios de su infancia, la ni&ntilde;as bien de la burgues&iacute;a, el proletariado, la oposici&oacute;n clandestina... Los vencidos, en suma. Un espacio fijado en el tiempo por esa ficci&oacute;n que es siempre la memoria.</p>
<p>Mars&eacute; se vale de dos registros ling&uuml;&iacute;sticos diferentes: el m&aacute;s literario (e incluso l&iacute;rico, en ocasiones) del narrador, y otro m&aacute;s suelto y espont&aacute;neo, propio del di&aacute;logo. La divergencia entre ellos, la natural y frecuente transici&oacute;n entre uno y otro, no entra en conflicto. Antes bien, hace que la historia fluya con absoluta normalidad. El narrador aporta entidad y sentido al marco en el que se desenvuelve la acci&oacute;n, as&iacute; como a los diversos elementos que aparecen en el espacio. De hecho, lo presenta muy someramente, junto con los personajes. En los di&aacute;logos, en cambio, utiliza Mars&eacute; una lengua literaria basada en el habla cotidiana: pone en boca de sus criaturas un idioma mestizo, un castellano digl&oacute;sico, plagado de catalanismos, variante esta que puede o&iacute;rse todav&iacute;a hoy en Barcelona, en barrios cuya convivencia entre burgueses catalanes y emigrantes era frecuente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una parte importante del ox&iacute;geno de sus mejores p&aacute;ginas suele proceder del humor que acostumbra a enriquecer con iron&iacute;a y sarcasmo. Quiz&aacute; por ello, aquel que prefiere Mars&eacute; provenga de cierta dosis de mala leche, de la sana indignaci&oacute;n que produce lo injusto o arbitrario. El humor constituye, en definitiva, la mejor &ldquo;estrategia para hacer m&aacute;s soportable la verdad&rdquo;, &ldquo;la expresi&oacute;n m&aacute;s noble de la verdad&rdquo;<a title="" href="#_ftn11">[11]</a>. Su m&aacute;s acusada veta es la tragic&oacute;mica, la cual tal vez alcance su cumbre mayor en el cuento &ldquo;Teniente Bravo&rdquo;. Pero tambi&eacute;n el humor puede ser en ocasiones una defensa, y de este modo lo utiliza David en <em>Rabos de lagartija </em>en relaci&oacute;n con el inspector Galv&aacute;n, el enamorado complaciente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; As&iacute; las cosas, parece que Mars&eacute; se haya pasado la vida soportando con cachazuda paciencia alg&uacute;n que otro sambenito, o bien intentando aclarar este o aquel malentendido. Primero, Carlos Barral y c&iacute;a. se empe&ntilde;aron en que fuera la quintaesencia del escritor obrero, aunque &eacute;l nunca estuviera por una labor que quiz&aacute; le iba a proporcionar r&eacute;ditos a corto plazo pero que, a la larga, lo hubiera condenado sin duda al olvido, como a tantos otros que se apuntaron a aquella ocasional est&eacute;tica. Mars&eacute; s&oacute;lo aspiraba a ser un contador de aventis; un narrador intuitivo capaz de conmover y entretener a los lectores con unas historias que en el fondo, enmascaradas en mayor o menor medida, &eacute;l mismo hab&iacute;a vivido.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Que la vida no es como la esper&aacute;bamos ya lo mostr&oacute; Chejov con absoluta lucidez, y nos lo record&oacute; Gil de Biedma. A&ntilde;os despu&eacute;s, El&iacute;as Canetti nos mostrar&iacute;a lo poco que suele quedar de cuanto so&ntilde;amos, aunque pese lo suyo... De hecho, estas son tambi&eacute;n las lecciones de Mars&eacute;, pues los sue&ntilde;os juveniles se corrompen con la madurez. En definitiva, junto a unas cuantas narraciones memorables, Mars&eacute; nos ha dejado otros tantos personajes inolvidables, como esa dorada Teresa que va y viene sin cesar; o el iluso arribista Manolo Reyes, el Pijoaparte; o tal vez ese &ldquo;luchador que ha dejado de luchar&rdquo; que es Jan Julivert Mon; o Java, el ni&ntilde;o Sarnita y Aurora/Ramona; o incluso la prima Montse, Susana, la pelirroja Rosa y la se&ntilde;ora Mir, Vicky, o aquel otro personaje bajito, moreno, de pelo rizado, que siempre andaba enredando entre las chicas... Todo ese mundo de memoria e imaginaci&oacute;n desatada lo ha levantado un individuo que se retrata a s&iacute; mismo como &ldquo;bajo, poco hablador, taciturno y burl&oacute;n&rdquo;, un escritor que en un pa&iacute;s en el que cada vez hay m&aacute;s gente con deseos de formar parte del reba&ntilde;o, ha sido capaz de mantener su voz propia, discordante, ajena a las componendas y parabienes del poder, ya sea este local, auton&oacute;mico&nbsp; o nacional. Y as&iacute; esperamos que contin&uacute;e mientras nos llega esa nueva novela cuyo t&iacute;tulo definitivo no ser&aacute; probablemente <em>Una puta muy querida</em>, pues tambi&eacute;n se lo cambiar&aacute; poco antes de que entre en imprenta. FERNANDO VALLS</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a>. <em>Vid</em>. Josep Maria Cuenca, <em>Mientras llega la felicidad. Una biograf&iacute;a de Juan Mars&eacute;</em>, Anagrama, Barcelona, 2015.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a>.&nbsp; <em>Vid</em>., por ejemplo, en <em>Ronda del Guinardo</em>, el pasaje en que Rosita recuerda a su violador, inspirado en las l&iacute;neas finales de <em>La Regenta</em>, en donde se habla de &ldquo;su boca sin dientes, que ol&iacute;a a habas crudas y era resbalosa y blanda como un sapo&rdquo;.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a>. <em>Cf</em>. <em>El Pijoaparte y otras historias</em>, Bruguera, Barcelona, 1981, p. 49. En este volumen de imprescindible consulta, muy poco utilizado por la cr&iacute;tica, respondiendo a las preguntas de Lolo Rico Oliver, el autor comenta, una a una, todas sus obras.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a>. <em>Encerrados con un solo juguete</em>, Lumen, Barcelona, 1999, p. 206.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a>. <em>Vid</em>. <em>El Pijoaparte y otras historias</em>, p. 114.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a>. Al menos eso se deduce de la encuesta de la revista <em>Quimera</em>, n&uacute;ms. 214-215, abril del 2002, dedicado a &ldquo;La novela espa&ntilde;ola del siglo XX&rdquo;.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a>. Puede verse mi art&iacute;culo &ldquo;Teor&iacute;a y pr&aacute;ctica de la <em>aventi</em> en Juan Mars&eacute;&rdquo;, <em>&Iacute;nsula</em>, n&uacute;m. 755, noviembre del 2009, pp. 23-27.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref8">[8]</a>. En una encuesta publicada por la revista <em>Quimera</em>, n&uacute;ms. 242 y 243, abril del 2004, en un monogr&aacute;fico dedicado al cuento espa&ntilde;ol del siglo XX era recordado, junto a &ldquo;Cabeza rapada&rdquo;, de Jes&uacute;s Fern&aacute;ndez Santos, como los mejores relatos de la centuria pasada.&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref9">[9]</a>. <em>Cf</em>. &ldquo;`Teniente bravo&acute;. Juan Mars&eacute;&rdquo;, <em>Quimera</em>, <em>ibid</em>., pp. 68 y 69.&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref10">[10]</a>. El autor, como es habitual en &eacute;l, juega aqu&iacute; con la similitud de los nombres de los personajes con los suyos propios. No s&oacute;lo vuelve a utilizar el Mar&eacute;s/Mars&eacute; sino que tambi&eacute;n se dice que la madre de Mingo se llama Berta Roca. Lo que nos hace recordar que las dos madres de Mars&eacute;, la biol&oacute;gica y la adoptiva, se llamaban, respectivamente, Rosa Roca y Berta Carb&oacute;.&nbsp;&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref11">[11]</a>. <em>Vid</em>. Juan Cruz, &ldquo;Juan Mars&eacute;. El escritor descalzo&rdquo;, <em>Gentleman</em>, n&uacute;m. 2, noviembre del 2003, p. 55.&nbsp;</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Fri, 12 May 2017 11:16:39 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[LA REVISTA TURIA SE PRESENTARÁ EN MÉXICO]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-revista-turia-se-presentara-en-mexico/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2017/turia500.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>CONTIENE UN ATRACTIVO MONOGR&Aacute;FICO SOBRE LUIS BU&Ntilde;UEL</strong></p>
<p>El pr&oacute;ximo mes de junio, la revista TURIA presentar&aacute; en Ciudad de M&eacute;xico un n&uacute;mero especial denominado &ldquo;Letras de Espa&ntilde;a y M&eacute;xico&rdquo; que protagoniza Luis Bu&ntilde;uel. Este espectacular sumario contiene textos in&eacute;ditos de 100 autores hispano-mexicanos y ocupa 500 p&aacute;ginas. Sin duda, supone una magn&iacute;fica oportunidad de fomentar la colaboraci&oacute;n cultural entre ambos pa&iacute;ses.</p>
<p>El Centro Cultural de Espa&ntilde;a en M&eacute;xico y la Filmoteca de la UNAM ser&aacute;n los espacios donde, los d&iacute;as 8 y 12 de junio respectivamente, se dar&aacute; a conocer la labor de est&iacute;mulo&nbsp; de la creatividad art&iacute;stica y literaria, as&iacute; como de an&aacute;lisis y divulgaci&oacute;n, que realiza TURIA.</p>
<p>Esta iniciativa permitir&aacute; que la revista TURIA tenga mayor visibilidad y difusi&oacute;n en M&eacute;xico y d&eacute; a conocer all&iacute; a una labor de fomento de la lectura que viene desarrollando desde hace m&aacute;s de tres d&eacute;cadas. Como elemento central de este nuevo n&uacute;mero de TURIA destaca un interesante monogr&aacute;fico sobre &ldquo;Bu&ntilde;uel en M&eacute;xico&rdquo;. Porque nada mejor que analizar la trayectoria y la obra mexicana del cineasta y escritor Luis Bu&ntilde;uel para mostrar los v&iacute;nculos culturales que unen Espa&ntilde;a y M&eacute;xico. No debemos olvidar que su trabajo f&iacute;lmico integra a ambos pa&iacute;ses en el reconocimiento a una figura clave de su respectivo patrimonio cultural. Adem&aacute;s, una de las etapas m&aacute;s dilatadas, prol&iacute;ficas y brillantes de Bu&ntilde;uel fue su producci&oacute;n cinematogr&aacute;fica desarrollada en M&eacute;xico.</p>
<p>Con la presentaci&oacute;n en Ciudad de M&eacute;xico, TURIA confirma su condici&oacute;n de revista cultural hecha en Teruel pero de dimensi&oacute;n nacional e internacional. Una difusi&oacute;n que comenz&oacute; en 1999 en Nueva York y que luego la ha llevado dar a conocer su trabajo intelectual en Brasil, Francia y Portugal. En Espa&ntilde;a, adem&aacute;s de su presentaci&oacute;n anual en Teruel, TURIA ha protagonizado presentaciones en Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valencia, Huesca, Sevilla, C&oacute;rdoba, Soria, Badajoz&nbsp; y Salamanca.</p>
<p>Este n&uacute;mero especial de TURIA dedicado a las &ldquo;Letras de Espa&ntilde;a y M&eacute;xico&rdquo; ha sido posible gracias al apoyo econ&oacute;mico de la Secretar&iacute;a de Estado de Cultura del Gobierno de Espa&ntilde;a y de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico (UNAM).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>100 AUTORES, 500 P&Aacute;GINAS</strong></p>
<p>El nuevo n&uacute;mero de TURIA tiene como objetivo ofrecer no s&oacute;lo una nueva aproximaci&oacute;n a los a&ntilde;os de Bu&ntilde;uel en M&eacute;xico, una etapa a menudo injustamente valorada o llena de t&oacute;picos, sino brindar tambi&eacute;n una panor&aacute;mica plural y atractiva de las letras espa&ntilde;olas y mexicanas contempor&aacute;neas.</p>
<p>Un total de m&aacute;s de 100 autores participan en esta entrega de 500 p&aacute;ginas de TURIA marcada por la pluralidad y la calidad. As&iacute; se publican art&iacute;culos originales en homenaje al Ateneo Espa&ntilde;ol de M&eacute;xico y a cuatro grandes protagonistas de la cultura en espa&ntilde;ol del siglo XX: los mexicanos Juan Rulfo (de quien se celebra, en este 2017, el centenario de su nacimiento),&nbsp; Octavio Paz (Premio Nobel de Literatura en 1990) y Mathias Goeritz o el hispano-mexicano Tom&aacute;s Segovia.</p>
<p>En este nuevo n&uacute;mero de TURIA participan con textos in&eacute;ditos relevantes autores de ambos pa&iacute;ses. Entre los espa&ntilde;oles, cabe citar a Juan Mars&eacute;, Jaime Siles, Felipe Ben&iacute;tez Reyes, Jos&eacute; Carlos Llop, Juana Castro, Sara Mesa, Pilar Ad&oacute;n, Manuel Vilas y Olivia Mu&ntilde;oz Rojas.</p>
<p>Entre los autores mexicanos no hay que olvidar a Elena Poniatowska, Juan Villoro, Jorge Volpi, Guadalupe Nettel, Pedro Serrano, Carmen Carrara, Antonio Deltoro, Carmen Boullosa, Francisco Segovia, Jeannette L. Clariond, Alberto Blanco, Marco Antonio Campos y Roc&iacute;o Cer&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>BU&Ntilde;UEL: &iexcl;VIVA M&Eacute;XICO!</strong></p>
<p>A pesar de ser el periodo m&aacute;s productivo de la carrera de Luis Bu&ntilde;uel (1900-1983) como director de cine, no abundan los estudios sobre su etapa mexicana. Por esta raz&oacute;n, el nuevo n&uacute;mero de TURIA tiene como finalidad principal conocer mejor un periodo que abarca casi cuatro d&eacute;cadas (desde 1946 hasta 1983).&nbsp; Un total de dieciocho autores de prestigio, tanto especialistas mexicanos y espa&ntilde;oles como vinculados personalmente a Bu&ntilde;uel, ofrecen un panorama amplio, diverso y original sobre la trayectoria y el trabajo f&iacute;lmico realizado en M&eacute;xico por nuestro m&aacute;s c&eacute;lebre cineasta.</p>
<p>La etapa mexicana de Bu&ntilde;uel es objeto en TURIA de un completo an&aacute;lisis, tanto personal como profesional, generando un monogr&aacute;fico repleto de textos in&eacute;ditos que brindan un amplio abanico de perspectivas interpretativas sobre el autor y su producci&oacute;n: sus obras, su relevancia&nbsp; dentro del contexto mexicano de la &eacute;poca y el lugar que ocupa en la actualidad. No podemos olvidar que, como escribiera el propio Bu&ntilde;uel, en una de sus cartas de los a&ntilde;os 60 al director de fotograf&iacute;a Gabriel Figueroa: &ldquo;&iexcl;Viva M&eacute;xico! Paris es magn&iacute;fico pero &iexcl;que chulo es M&eacute;xico!&rdquo;</p>
<p>El coordinador y autor del art&iacute;culo introductorio del monogr&aacute;fico Bu&ntilde;uel de TURIA es Mario Barro, uno de los m&aacute;s j&oacute;venes y brillantes investigadores latinoamericanos de su cine. Licenciado en Comunicaci&oacute;n Audiovisual y doctor por la Universidad Complutense de Madrid , Barro es autor de una tesis titulada &ldquo;Po&eacute;tica de la obra f&iacute;lmica de Luis Bu&ntilde;uel: etapa mexicana (1946-1964)&rdquo; por la que recibi&oacute; la calificaci&oacute;n de sobresaliente cum laude. Ha realizado estudios en M&eacute;xico, Cuba y Estados Unidos.</p>
<p>Los autores y especialistas que participan en este especial &ldquo;Bu&ntilde;uel en M&eacute;xico&rdquo; son todos ellos buenos conocedores de su filmograf&iacute;a y muchos de ellos est&aacute;n vinculados a la UNAM: Aurelio de los Reyes, Eduardo de la Vega Alfaro, Rafael Avi&ntilde;a, Nelson Carro, Armando Casas, Leticia Flores Farf&aacute;n, Miguel Errazu y Jos&eacute; Manuel Garc&iacute;a Ortega. Tambi&eacute;n participan estudiosos espa&ntilde;oles como Amparo Mart&iacute;nez, Javier Mill&aacute;n y Breixo Viejo o la hispanista brit&aacute;nica Joanna Evans. Otros testimonios provienen de personas que trabajaron con &eacute;l como la c&eacute;lebre actriz mexicana Silvia Pinal; que lo conocieron como Gillian Turner, viuda de Tom&aacute;s P&eacute;rez Turrent, autor del m&aacute;s importante libro de entrevistas con Bu&ntilde;uel publicado: &ldquo;Prohibido asomarse al interior&rdquo;; o que tuvieron una buena amistad con Bu&ntilde;uel, como el sacerdote Juli&aacute;n Pablo Fern&aacute;ndez.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;TURIA&rdquo;, 34 A&Ntilde;OS DE TRAYECTORIA</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA, que cuenta ya con 34 a&ntilde;os de trayectoria,&nbsp; ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. Fundada y dirigida por el escritor y periodista Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas, tiene periodicidad cuatrimestral en papel y cuenta tambi&eacute;n con una versi&oacute;n digital (web y Facebook) que ha incrementado notablemente su difusi&oacute;n entre el p&uacute;blico lector: su p&aacute;gina en Facebook cuenta con m&aacute;s de 9.200 seguidores y m&aacute;s de 5.000 usuarios al mes acceden a los contenidos de la web. TURIA est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel y su edici&oacute;n cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 12 May 2017 11:08:27 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Venus del espejo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/venus-del-espejo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/mayo/amalia500.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 540px;">La veo tan moderna, tan poco preocupada</p>
<p style="padding-left: 540px;">por lo que las generaciones</p>
<p style="padding-left: 540px;">futuras digan de ella,</p>
<p style="padding-left: 540px;">que no puedo evitar pensar en sus iguales</p>
<p style="padding-left: 540px;">de hoy y de cualquier tiempo.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Pienso en cu&aacute;ntas posaron para cu&aacute;ntos mediocres,</p>
<p style="padding-left: 540px;">cu&aacute;ntas fueron amantes del artista de turno,</p>
<p style="padding-left: 540px;">cu&aacute;ntas quisieron serlo,</p>
<p style="padding-left: 540px;">cu&aacute;ntas so&ntilde;aron con la inmortalidad</p>
<p style="padding-left: 540px;">de su cuerpo y su gesto,</p>
<p style="padding-left: 540px;">nunca la de su nombre.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Tampoco hac&iacute;a falta tanto:</p>
<p style="padding-left: 540px;">una figura deseable,</p>
<p style="padding-left: 540px;">un pudor que pod&iacute;a ser vencido</p>
<p style="padding-left: 540px;">y alguna tonelada de vanidad hambrienta.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 05 May 2017 10:34:18 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Árbol]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/arbol/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/mayo/JAVIER_LOSTAL_3.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 510px;">Ese &aacute;rbol peque&ntilde;o</p>
<p style="padding-left: 510px;">no busca amparo</p>
<p style="padding-left: 510px;">en ninguna mirada humana.</p>
<p style="padding-left: 510px;">Cada d&iacute;a se recibe a s&iacute; mismo</p>
<p style="padding-left: 510px;">hasta alcanzar sin memoria</p>
<p style="padding-left: 510px;">su honda plenitud,</p>
<p style="padding-left: 510px;">y as&iacute; repartir su gracia</p>
<p style="padding-left: 510px;">sin escuchar otra respuesta</p>
<p style="padding-left: 510px;">que el vuelo quieto</p>
<p style="padding-left: 510px;">de su propia respiraci&oacute;n.</p>
<p style="padding-left: 510px;">Ese &aacute;rbol eres t&uacute;,</p>
<p style="padding-left: 510px;">solitario canto enamorado,</p>
<p style="padding-left: 510px;">en medio de un paisaje</p>
<p style="padding-left: 510px;">que mudo tambi&eacute;n te responde</p>
<p style="padding-left: 510px;">hasta amanecer</p>
<p style="padding-left: 510px;">en todo lo que no sabes</p>
<p style="padding-left: 510px;">pero que ya te inunda con su luz.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 05 May 2017 10:29:01 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Niña en la orilla]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/nina-en-la-orilla/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/JOSE_MANUEL_BEN_TEZ_ARIZA.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p style="padding-left: 240px;">Tu mejor baza: hallarte en la frontera,</p>
<p style="padding-left: 240px;">con un pie a cada lado. Como quien</p>
<p style="padding-left: 240px;">salta para esquivar la raya tenue</p>
<p style="padding-left: 240px;">de espuma en que terminan de morir</p>
<p style="padding-left: 240px;">las olas, o se rinde a su caricia</p>
<p style="padding-left: 240px;">y con los pies mojados se estremece</p>
<p style="padding-left: 240px;">al experimentar la sensaci&oacute;n</p>
<p style="padding-left: 240px;">de hallarse en otro medio, de ser otro,</p>
<p style="padding-left: 240px;">de haberse convertido en uno m&aacute;s</p>
<p style="padding-left: 240px;">de los que chapotean sin reparos</p>
<p style="padding-left: 240px;">a pocos metros de la orilla, due&ntilde;os</p>
<p style="padding-left: 240px;">de un mundo m&aacute;s ruidoso y arriesgado</p>
<p style="padding-left: 240px;">(y que no es, todav&iacute;a, el universo</p>
<p style="padding-left: 240px;">de s&oacute;lidas rutinas que gobiernan</p>
<p style="padding-left: 240px;">a su manera los adultos). Juegas</p>
<p style="padding-left: 240px;">en una de esas charcas como espejos</p>
<p style="padding-left: 240px;">que hace el mar en la orilla. Retrocedes</p>
<p style="padding-left: 240px;">al tiempo sin edad en que estrenabas</p>
<p style="padding-left: 240px;">el tacto de la arena, el estallido</p>
<p style="padding-left: 240px;">del agua bajo tus andares torpes,</p>
<p style="padding-left: 240px;">el frescor como un don de la intemperie.</p>
<p style="padding-left: 240px;">Puedes hacerlo todav&iacute;a sin</p>
<p style="padding-left: 240px;">acusar la impostura del adulto</p>
<p style="padding-left: 240px;">cuando juega a ser ni&ntilde;o, sin fingirte</p>
<p style="padding-left: 240px;">otra distinta a la que eres: una</p>
<p style="padding-left: 240px;">sombra l&iacute;quida m&aacute;s entre las muchas</p>
<p style="padding-left: 240px;">siluetas inasibles que el sol &uacute;ltimo</p>
<p style="padding-left: 240px;">recorta contra la textura densa</p>
<p style="padding-left: 240px;">de la arena mojada. Todav&iacute;a</p>
<p style="padding-left: 240px;">puedes tumbarte impunemente sobre</p>
<p style="padding-left: 240px;">la l&aacute;mina encendida y agitar</p>
<p style="padding-left: 240px;">los brazos para provocar, de nuevo,</p>
<p style="padding-left: 240px;">una lluvia de esquirlas luminosas,</p>
<p style="padding-left: 240px;">como si el cielo fuera a deshacerse</p>
<p style="padding-left: 240px;">sobre ti, sobre quienes te rodean,</p>
<p style="padding-left: 240px;">ba&ntilde;&aacute;ndonos de luz agradecida.</p>
<p style="padding-left: 240px;">Todav&iacute;a te sabes animal</p>
<p style="padding-left: 240px;">de la orilla, pez tibio, azogue vivo,</p>
<p style="padding-left: 240px;">manojo de algas, n&aacute;car encendido,</p>
<p style="padding-left: 240px;">rumor de caracola, comez&oacute;n</p>
<p style="padding-left: 240px;">de criatura trasl&uacute;cida que busca</p>
<p style="padding-left: 240px;">confundirse en la trama movediza</p>
<p style="padding-left: 240px;">del fondo. Barro de la orilla eres,</p>
<p style="padding-left: 240px;">arcilla modelada por el mar,</p>
<p style="padding-left: 240px;">tocada por el sol que da la vida.</p>
<p style="padding-left: 240px;">Y juegas como entonces, como siempre,</p>
<p style="padding-left: 240px;">Sin dar el paso que te lleve fuera</p>
<p style="padding-left: 240px;">del c&iacute;rculo privilegiado, en pos</p>
<p style="padding-left: 240px;">de esas otras siluetas que destellan,</p>
<p style="padding-left: 240px;">agua por la cintura, m&aacute;s all&aacute;</p>
<p style="padding-left: 240px;">de donde rompe el oleaje, al filo</p>
<p style="padding-left: 240px;">del mar inabarcable. Te levantas.</p>
<p style="padding-left: 240px;">Te comparas con ellos. Eres casi</p>
<p style="padding-left: 240px;">tan alta como alguno de ellos. Brilla</p>
<p style="padding-left: 240px;">tu pelo al sol y tu cintura alcanza</p>
<p style="padding-left: 240px;">el raso igualador del horizonte.</p>
<p style="padding-left: 240px;">Y te unir&iacute;as al tropel, de no</p>
<p style="padding-left: 240px;">quedar en ti, por poco tiempo, un resto</p>
<p style="padding-left: 240px;">de esa perplejidad con que los ni&ntilde;os</p>
<p style="padding-left: 240px;">miran a los que apenas han dejado</p>
<p style="padding-left: 240px;">de serlo y ya campan al margen, fuera</p>
<p style="padding-left: 240px;">de aquella protecci&oacute;n interesada</p>
<p style="padding-left: 240px;">que les brindaban los adultos. T&uacute;</p>
<p style="padding-left: 240px;">todav&iacute;a te sientes protegida</p>
<p style="padding-left: 240px;">por la mirada atenta del adulto,</p>
<p style="padding-left: 240px;">a salvo de cualquier temor que no</p>
<p style="padding-left: 240px;">responda a sus temores prefijados.</p>
<p style="padding-left: 240px;">Tomas de nuevo posesi&oacute;n del charco</p>
<p style="padding-left: 240px;">y tus manos deshacen el espejo</p>
<p style="padding-left: 240px;">en el que empiezas a entreverte otra.</p>
<p style="padding-left: 240px;">Y dura demasiado ese temblor,</p>
<p style="padding-left: 240px;">Como si ya las aguas no supieran</p>
<p style="padding-left: 240px;">devolverte la imagen de quien fuiste,</p>
<p style="padding-left: 240px;">de quien ya pronto dejar&aacute;s de ser.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 05 May 2017 06:43:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El ajedrez de la vida]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-ajedrez-de-la-vida/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2017/500ajedrez.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Julio Castedo es un m&eacute;dico y escritor madrile&ntilde;o de or&iacute;genes turolenses por parte de madre, hasta el momento ha publicado cuatro novelas: <em>El jugador de ajedrez, Apolog&iacute;a de Venus, El fot&oacute;grafo de cad&aacute;veres y Redenci&oacute;n</em>. Con todas ellas ha conseguido importantes &eacute;xitos, hasta el punto de que la &uacute;ltima fue publicada por Planeta, editorial que ha vuelto a apostar por &eacute;l y ha reeditado recientemente en su Colecci&oacute;n Booket la primera, <em>El jugador de ajedrez</em>. Por si esto fuera poco, ma&ntilde;ana se estrenar&aacute; la pel&iacute;cula dirigida por Luis Oliveros, con gui&oacute;n del propio Castedo, y protagonizada, entre otros, por Marc Clotet y Melina Mattews.</p>
<p>Diego Padilla&nbsp; -inspirado en la azarosa y cinematogr&aacute;fica vida del campe&oacute;n del mundo Alex&aacute;nder Aliojin, m&aacute;s conocido como Alekhine-&nbsp; es el campe&oacute;n de Espa&ntilde;a de ajedrez de 1934, con motivo de la entrega de un trofeo es entrevistado por la bella periodista francesa Marianne Latour, de la que se enamora perdidamente y con la que poco despu&eacute;s se casar&aacute; y tendr&aacute; una hija, Margaux. Tras la guerra civil, partir&aacute; hacia Francia buscando la realizaci&oacute;n profesional de su mujer y un futuro mejor para la ni&ntilde;a, pero se encontrar&aacute; con un pa&iacute;s vencido y entregado a la vor&aacute;gine de la locura nazi que lo arrastrar&aacute; consigo hasta una de sus c&aacute;rceles, en la que lograr&aacute; sobrevivir gracias a la afici&oacute;n por el ajedrez del oficial al mando, el coronel Maier.</p>
<p>A pesar del tel&oacute;n de fondo de la Guerra Civil primero y despu&eacute;s del de la II Guerra Mundial, <em>El jugador de ajedrez </em>no es una novela hist&oacute;rica, es una novela epistolar de corte psicol&oacute;gico salpimentada con hechos hist&oacute;ricos, mediante la cual el protagonista, Diego Padilla, un hombre bueno y honesto, se retrata como persona y se presenta a su hija reci&eacute;n recuperada junto con su libertad, y le cuenta su historia de pesadilla para explicarle su ausencia de cuatro a&ntilde;os. En el fondo es una confesi&oacute;n de amor y de lucha por la vida, en la que su conocimiento del ajedrez, el juego de estrategia e inteligencia por excelencia, juega -nunca mejor dicho- un papel importante, pero que por s&iacute; solo, sin la decisiva presencia de los sentimientos, sin la tabla de salvaci&oacute;n del recuerdo de ella y de su madre, de la esperanza de recuperarlas en el futuro, no hubiera sido suficiente para sobrevivir en el horror cotidiano de la prisi&oacute;n de las SS en la que ha estado encerrado todos esos a&ntilde;os.</p>
<p>A diferencia del mundo bicolor del ajedrez, donde el objetivo es lograr la derrota del otro para obtener la victoria, la vida no es un tablero en blanco y negro, sino que nos ofrece una infinita gama de colores que hace m&aacute;s complejas nuestras decisiones y nos obliga a reinventar en cada momento las reglas del juego para llegar a un punto en que la victoria de uno no implique necesariamente la derrota del otro, las tablas en la vida son, en la mayor parte de los casos, la soluci&oacute;n.</p>
<p>La prosa de Julio es sencilla, directa e impactante, fluye sin alardes y nos seduce invit&aacute;ndonos a seguirla hasta la &uacute;ltima p&aacute;gina sin hacernos perder el inter&eacute;s ni anticipar el final de esta hermosa historia de amor, supervivencia, bondad, amistad, traici&oacute;n, violencia, barbarie, mezquindad, ego&iacute;smo y, claro, como no, de la grandeza y emoci&oacute;n del ajedrez.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>JULIO CASTEDO, <em>EL JUGADOR DE AJEDREZ, </em>Barcelona<em>, </em>Planeta, 2017.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 02 May 2017 07:32:33 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rosa Montero: "Las novelas nacen del mismo lugar que los sueños"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/rosa-montero-las-novelas-nacen-del-mismo-lugar/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/septiembre/montero500.jpg" alt="" /></p>
<p>Hace cuatro a&ntilde;os public&oacute; un punto de inflexi&oacute;n llamado <em>La rid&iacute;cula idea de no volver a verte</em> (2013). Con aquel libro fund&oacute; una etapa que es en la que se encuentra. Dec&iacute;a all&iacute; que s&oacute;lo siendo absolutamente libre se puede bailar bien, hacer bien el amor y escribir bien, &ldquo;actividades todas ellas important&iacute;simas&rdquo;. De seguido cuestionaba si lo estaba siendo en ese momento y respond&iacute;a que no. Le siguieron <em>El peso del coraz&oacute;n</em> (2015) y, ahora, <em>La carne</em> (2016).</p>
<p>Saluda y bebe un trago de agua. &ldquo;Totalmente libre puede que no llegue a ser&rdquo;. Parece nerviosa pero es imposible: para ella <em>hacer</em> entrevistas debe de ser como para Pen&eacute;lope hacer jers&eacute;is. Verbalmente es capaz de lanzar el c&oacute;rner y rematar de cabeza. Sabe qu&eacute; quiere decir y c&oacute;mo, no hace falta que nadie le d&eacute; pie. Y sabe, sobre todo, que la libertad es un don que no se halla entre las cosas sino muy por encima; en eso se parece a la claridad. Dice que est&aacute; m&aacute;s a gusto que nunca, y vuelve a beber.</p>
<p>-&iquest;Por qu&eacute; es tan dif&iacute;cil la libertad?</p>
<p>-Porque nos borra. Dec&iacute;a Julio Ram&oacute;n Ribeyro que una novela madura exige la muerte del autor, no literalmente, claro. Habla de la muerte del <em>yo</em>, de su desaparici&oacute;n. Debes dejarte atravesar libre y totalmente por la novela.</p>
<p>- Lo importante no es controlar la vida sino dejar fluir el arte.</p>
<p>- Mientras lo est&aacute;s practicando, s&iacute;.</p>
<p>- Usted convierte la expresi&oacute;n de manchar folios, tan material, en una ascesis.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Escribir es un camino zen&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Puede parecer exagerado, no lo es. Dir&iacute;a que escribir es un camino zen. &Uacute;ltimamente me he liberado hasta de las expectativas de escribir una buena novela. Ello forma parte del camino de la libertad &ndash;del irse borrando-.</p>
<p>- &iquest;Usted cree que sus lectores entienden esto?</p>
<p>- No tienen por qu&eacute;. Su punto de vista no es el m&iacute;o.</p>
<p>- Si se borra y <em>desaparece</em>, ser&aacute; para <em>aparecer</em> de otro modo. &iquest;Hablamos de consciencia e inconsciencia?</p>
<p>- Totalmente: la libertad tiene que ver con dejar circular el inconsciente. Las novelas nacen del mismo lugar que los sue&ntilde;os.</p>
<p>- Y usted se coarta.</p>
<p>- Todo el rato. Desde peque&ntilde;a, mi visi&oacute;n del mundo ha estado marcada por una parte muy racional [subraya el adverbio, y traza una l&iacute;nea horizontal imaginaria con la mano]. Por otra parte, he sido una loca. Lo que la gente entiende por <em>realidad</em> a m&iacute; me parece un empeque&ntilde;ecimiento de <em>lo real</em>. Lo mensurable limita y empobrece. La realidad incluye fantas&iacute;a y delirio -el nazismo fue un delirio que cambi&oacute; el siglo XX-. Para m&iacute; ha estado claro desde siempre.</p>
<p>&iquest;Desde siempre? Su narrativa ha cambiado en cuatro d&eacute;cadas, no cab&iacute;a ser de otro modo. Empez&oacute; a trabajar con 19 como periodista, nada m&aacute;s entrar en la facultad. Eran los a&ntilde;os &uacute;ltimos del franquismo, donde &ldquo;ibas a pedir trabajo y te dec&iacute;an que no contrataban mujeres. Pod&iacute;an hacerlo. No estaba prohibido. Para ser aceptada, manifest&eacute; un lado hiperracional. Discut&iacute;a de t&uacute; a t&uacute; con los t&iacute;os&rdquo;. Es decir, guard&oacute; la parte on&iacute;rica, o, tal vez, s&oacute;lo la dejaba entrever en su faceta m&aacute;s privada. Cuenta en <em>La est&uacute;pida idea</em>&hellip;: &ldquo;Era dif&iacute;cil que te tomaran en serio siendo mujer; en consecuencia, hab&iacute;a que parecerlo m&aacute;s bien poco. Hab&iacute;a que mimetizarse (&hellip;) viv&iacute;amos y foll&aacute;bamos como hombrecitos (&hellip;) las fantas&iacute;as eran vagarosas tontunillas de mujer. Por eso mis primeras novelas son todas realistas, y s&oacute;lo pude comenzar a liberarme de esa represi&oacute;n o mutilaci&oacute;n mental con mi quinto libro, <em>Temblor</em>, en 1990&rdquo;. Contaba casi 40 a&ntilde;os.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;En periodismo hablas de lo que sabes y, en ficci&oacute;n, de lo que no sabes que sabes&rdquo;</strong></p>
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<p>- A desembarazarse de esa pulsi&oacute;n de realidad, &iquest;le asiste un alejamiento del periodismo?</p>
<p>- Al comienzo, no, ahora s&iacute; estoy harta de ser periodista. He aprendido y, sobre todo, conocido muchos mundos, no s&oacute;lo geogr&aacute;ficos. Ha sido un oficio estupendo pero un oficio, y no hay nadie que trabaje m&aacute;s de cuatro d&eacute;cadas en lo mismo sin cansarse. Pero para escribir bien novela no necesit&eacute; alejarme de &eacute;l. El periodismo escrito es un g&eacute;nero literario, no el que se ejerce en radio y televisi&oacute;n, pero el nuestro es igual a cualquier otro, y capaz de la misma altura. En periodismo est&aacute;s hablando de los &aacute;rboles y en ficci&oacute;n intentas hablar del bosque. Son niveles distintos. En periodismo hablas de lo que sabes &ndash;te documentas, preguntas, entrevistas,&hellip;-, y, en ficci&oacute;n, de lo que no sabes que sabes.</p>
<p>- No sabe que sabe&hellip; pero acaba sabiendo. Ofrece referencias puntuales.</p>
<p>- En ficci&oacute;n, la documentaci&oacute;n es s&uacute;per peligrosa. Hay grandes novelas lastradas por un exceso de este tipo. Lo mismo que la consciencia, puede tumbar un proyecto. S&iacute; cabe con mucho cuidado y en escenarios concretos. <em>Historia del rey transparente</em> (2005), ambientada en el siglo XII est&aacute; muy documentada en apariencia, pero el proceso fue inverso: me dio por leer un par de a&ntilde;os Historia Medieval, y no s&oacute;lo Historia: Chr&eacute;tien de Troyes, los <em>Lais</em> de Mar&iacute;a de Francia, cosas de ese tipo. Fruto de ello, se me ocurri&oacute; la novela. La <em>documentaci&oacute;n</em> se hizo carne.</p>
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<p><strong>&ldquo;Cada vez practico una literatura m&aacute;s mestiza&rdquo;</strong></p>
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<p>-Me refer&iacute;a m&aacute;s a una documentaci&oacute;n no impl&iacute;cita, a esas adendas que sit&uacute;a en varios libros. En <em>El amor de mi vida </em>cada uno de los 45 relatos va seguido de una <em>bibliograf&iacute;a</em> [en total, cientos de referencias]. En <em>El peso del coraz&oacute;n</em> recomienda &ldquo;vivamente&rdquo; al lector el documental <em>Hasta la eternidad</em> (2009), de Michael Madsen, sobre Onkalo. En otros vol&uacute;menes informa hasta de qu&eacute; personas le aconsejaron qu&eacute; t&iacute;tulos durante el proceso de escritura.</p>
<p>-Ah, bueno&hellip; esa informaci&oacute;n es complementaria y se debe a que me gustan los h&iacute;bridos. Cada vez practico una literatura m&aacute;s mestiza. Somos hijos de nuestros padres y nuestras madres literarios, que, en nuestro caso, han roto las paredes del mundo. La novela de hoy intenta reflejar la realidad, y yo la veo mezclada de fantas&iacute;a y divulgaci&oacute;n. En el XIX escrib&iacute;an &iexcl;con tantas limitaciones! Novelones maravillosos, pero propios del siglo XIX. Un escritor ten&iacute;a tantas deudas convencionales contra&iacute;das que, si escrib&iacute;a en primera persona, se ve&iacute;a obligado a a&ntilde;adir: &lsquo;He encontrado este manuscrito en la biblioteca de mi abuelo&rsquo;. En caso contrario, el lector no lo entend&iacute;a.</p>
<p>-Pasa en el <em>Quijote</em>: Cide Hamete Benengeli.</p>
<p>-El <em>Quijote</em> fue rompedor. Gracias a todos los ejemplos habidos desde entonces, podemos hacer lo que nos da la gana, es una maravilla. De la uni&oacute;n de lo fant&aacute;stico y lo real sale <em>la Realidad</em>. Cervantes fue el primero en darse cuenta. Lo que &eacute;l hizo repercuti&oacute; en todos.</p>
<p>Hay, pues, una trabaz&oacute;n entre lo que dan unos y reciben otros, aunque los segundos no sean los destinatarios prioritarios de los primeros. Esta es una idea presente en su obra entera, en primer plano o de tapadillo. En el caso de Cervantes y los escritores contempor&aacute;neos, positiva. Si hablamos de energ&iacute;a nuclear [Onkalo es un cementerio finland&eacute;s de residuos], negativa. Leyendo a Montero da la sensaci&oacute;n de que hasta el mal humor de un sidney&eacute;s al levantarse por la ma&ntilde;ana repercutir&aacute; sobre la atm&oacute;sfera nocturna de Madrid. Sensaci&oacute;n compensada por la sonrisa de hoja perenne que profesa y que invita al aliento.</p>
<p>[&ldquo;Lo que Fieldman ven&iacute;a a decir es que todo lo que hacemos repercute en los dem&aacute;s. Si cometemos actos malignos, malignizamos el mundo (&hellip;) Hay toda una serie de investigadores que sostienen que los seres vivos se influyen entre s&iacute; por medio de unos campos de fuerzas que reciben diversos nombres: campos biol&oacute;gicos, o posicionales, o morfogen&eacute;ticos&hellip; por ejemplo, seg&uacute;n Rupert Sheldrake, los seres vivos est&aacute;n interrelacionados por un campo m&oacute;rfico que hace que los actos individuales de las criaturas repercutan, o resuenen, como &eacute;l dice, en las dem&aacute;s criaturas de la misma especie&rdquo;. <em>Instrucciones para salvar el mundo</em>, 2008]</p>
<p>Los autores est&aacute;n conectados, asimismo los g&eacute;neros. Fruto de su afici&oacute;n por la mezcolanza, en 2011, Alexis Grohmann, de la universidad de Edimburgo, la incluy&oacute; en <em>Literatura y Errabundia</em>, libro centrado, adem&aacute;s de en ella, en Javier Mar&iacute;as y Mu&ntilde;oz Molina. Le agrada la definici&oacute;n, <em>escritora errabunda</em>, &ldquo;eso es ser libre tambi&eacute;n&rdquo;, habla rauda como un tren pasando por un t&uacute;nel. <em>La carne</em> incluye biograf&iacute;as, otra debilidad, sobre todo de escritores y artistas. Montero incluye fragmentos de vidas de malditos, &ldquo;todos reales menos uno, no vamos a decir cu&aacute;l&rdquo;, y todos extraordinarios de incre&iacute;bles. La protagonista, Soledad, se mira en ellos como ante un espejo. Culta y reconocida en su profesi&oacute;n, no pocas veces se ha sentido marginada, al borde del abismo, &ldquo;un monstruo&rdquo;, afirma, igual que Adam, el gigol&oacute; al que contrata para dar celos a un examante. Igual es cierto eso de Satoshi Kanazawa: los inteligentes hacen todo mejor excepto las cosas pr&aacute;cticas y terrenales tales como encontrar pareja, educar a un hijo y hacer amigos. El resto de energ&iacute;as Soledad las gasta en la exposici&oacute;n que le han encargado en la Biblioteca Nacional sobre los aludidos. En un momento, da cuenta de ella y explica: &ldquo;Ser maldito es saber que tu discurso no puede tener eco porque no hay o&iacute;dos que lleguen a entenderte. En esto se parece a la locura. Ser maldito es no coincidir con tu tiempo, con tu clase, con tu entorno, con tu lengua, con la cultura a la que se supone que perteneces. Ser maldito es desear ser como los dem&aacute;s pero no poder. Y querer que te quieran pero s&oacute;lo producir miedo o quiz&aacute; risa. Ser maldito es no soportar la vida y, sobre todo, no soportarte a ti mismo&rdquo;. Se est&aacute; definiendo a s&iacute;. Tiene sesenta a&ntilde;os. Ha encontrado una v&iacute;a de escape en el sexo, pero no ha conocido el amor y teme morir sin hacerlo. La novela dice sin decir que, adem&aacute;s de saber desear, hay que saber querer. Entretanto, Soledad se aferra al sexo, que puede consolarte &ldquo;o volverte loco, liberarte o humillarte. Ayudar a que una relaci&oacute;n t&oacute;xica se cierre como una argolla, o a hacerte revivir. El sexo puede ser absolutamente todo&rdquo;. Vuelve a servirse agua. La libertad es interior, pero termina contamin&aacute;ndolo todo, la vida entera, y, en los escritores, la obra; existe aqu&iacute; y refracta all&aacute;. La de Rosa Montero tiene que ver, adem&aacute;s, con cierta comprensi&oacute;n inalcanzable para la ni&ntilde;a de doce a&ntilde;os que cree ser. La madurez no se alcanza ganando edad, sino perdiendo miedos. La &uacute;ltima es la novela que con menos ataduras ha escrito.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La gente carga el amor de cosas que no son&rdquo;</strong></p>
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<p>-La actriz Gwyneth Paltrow dice que el sexo es su mejor truco de belleza [a Montero se le escapa una risa]. &iquest;Lo ligamos demasiado a los sentimientos? La Paltrow, por ejemplo, no tiene pareja. Igual por salud, deber&iacute;amos unirlo menos [ahora re&iacute;mos los dos].</p>
<p>-Me parece, en efecto, que el sexo sin amor cabe. Incido porque hay mucha gente incapaz de reconocerlo. Tambi&eacute;n le digo que hacerlo no implica practicarlo todo el d&iacute;a. Se puede asumir dentro de una <em>responsabilidad</em>. Si no, te pasa como a Soledad. Lo que quiero decir es que el sexo est&aacute; mitificado y, cuando mitificas algo, puede convertirse en germen de conflicto. Su presencia es importante, no desmesurada. Pero, all&aacute; cada cual, oiga, que tener pareja es complicado, todos lo sabemos. Lo que me apena es ver parejas que funcionan, e igual llevan quince a&ntilde;os y, despu&eacute;s de una infidelidad, tiran todo por la borda. No tiene objetivamente esa importancia. No la tiene. La gente carga el amor de cosas que no son.</p>
<p>-&iquest;Est&aacute; demasiado moralizado?</p>
<p>-Por completo. Lo hemos <em>trascendentalizado</em>. Existe el sexo por el puro placer, &iexcl;y qu&eacute; maravilla!</p>
<p>-Aunque unido al amor...</p>
<p>-&hellip; es m&aacute;s entretenido [r&iacute;e, mal&eacute;vola].</p>
<p>-&iquest;S&oacute;lo <em>entretenido</em>? [r&iacute;o ahora yo]</p>
<p>-M&aacute;s excitante. Mucho mejor.</p>
<p>-Y conduce a otra dimensi&oacute;n.</p>
<p>-C&oacute;mo no: cuando est&aacute;s de subid&oacute;n pasional-afectivo-fusional eres eterno. &iexcl;Eterno!</p>
<p>-&iquest;Nos puede enamorar el sexo? He le&iacute;do que durante su pr&aacute;ctica se liberan oxitocina y hormonas que generan lazos afectivos. Igual puedes empezar por el sexo y quedarte prendado.</p>
<p>-Es una propuesta interesante. No me cabe la menor duda de que el sexo es una v&iacute;a de conocimiento de primer orden, al nivel de cualquier otra -una conversaci&oacute;n profunda, por caso-. No a la primera, pero s&iacute; una forma r&aacute;pida y efectiva de conocer una parte muy &iacute;ntima del otro, y no hablo de la desnudez, sino de su manera de ser. Y, como es una forma de conocer al otro, claro que puede serlo de enamorarse. Igual que puede ocurrir en una de esas conversaciones durante las que algo hace clic. Pasa poco, pero pasa: est&aacute;s hablando con alguien, un compa&ntilde;ero de trabajo, al que durante tres a&ntilde;os no prestaste atenci&oacute;n y, un d&iacute;a, tomando una copa de la oficina, en una esquina os pon&eacute;is a hablar, y tras una hora de intimidad, le empiezas a <em>conocer</em> por primera vez. Pues, en el sexo, igual. Es una oportunidad.</p>
<p>-En <em>La carne</em>, igual que en otros trabajos, junto al erotismo est&aacute; la muerte. Hablar de ella, &iquest;es un signo de vitalidad?</p>
<p>-[por primera, y &uacute;nica vez, la respuesta no es inmediata] No lo s&eacute;. Lo que s&eacute; es que hablar de ella deber&iacute;a ser lo m&aacute;s normal. A veces me preguntan por qu&eacute; escribo sobre la muerte. &iexcl;Pero c&oacute;mo no voy a escribir sobre ella! Me dejan pasmada. &ldquo;T&uacute; no te mueres, &iquest;no?&rdquo;. [incr&eacute;dula]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;No alcanzaremos cierta serenidad sin haber llegado antes a un acuerdo con nuestra propia muerte y con la de los dem&aacute;s&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-La historia de la literatura no ha dejado de hacer otra cosa.</p>
<p>-&iexcl;Claro! [y aguza la voz:] &iexcl;Toda la vida est&aacute; hecha contra la muerte! &iexcl;Toda! Todo lo que hacemos, d&iacute;a a d&iacute;a, va contra la muerte. &iexcl;C&oacute;mo no vamos a pensar en ella! Para vivir tenemos que hacer algo con la muerte, asumir su presencia. Por eso escrib&iacute; <em>La rid&iacute;cula idea</em>&hellip;, que, en realidad, es un libro sobre la vida y sobre el modo de intentar vivir m&aacute;s plenos. No alcanzaremos cierta serenidad sin haber llegado antes a un acuerdo con nuestra propia muerte y con la de los dem&aacute;s. Por eso, aunque es un libro sobre la vida, habla de la muerte. Quiz&aacute; [me corrige] la pregunta que me quer&iacute;a hacer es: &lsquo;Si uno piensa a menudo en la muerte, &iquest;puede vivir bien, o vivir mejor?&rsquo;. Son dos polos. La verdad, siempre he tenido una consciencia aguda del paso del tiempo. Me recuerdo con diez a&ntilde;os dici&eacute;ndome: &ldquo;Mira, Rosita, qu&eacute; tarde tan bonita. Disfr&uacute;tala porque en seguida se har&aacute; de noche y estar&aacute;s durmiendo. En seguida estar&aacute;s por la ma&ntilde;ana en el colegio&hellip; un rollo. Y, en seguida te habr&aacute;s hecho adulta: otro rollo. Se habr&aacute;n muerto tus padres y, en seguida pasar&aacute; m&aacute;s, y morir&aacute;s t&uacute;&rdquo;. Que no es nada aterrador porque lo que digo es: &ldquo;Mira, Rosita, qu&eacute; tarde tan bonita. Disfr&uacute;tala&rdquo;. O sea, llegamos a su enunciado: cuando eres muy consciente de la muerte, eres muy consciente de estar vivo. S&iacute;.</p>
<p>-Y esa reflexi&oacute;n temprana, &iquest;tiene que ver con los cuatro a&ntilde;os de postraci&oacute;n que sufri&oacute; de los cinco a los nueve?</p>
<p>-No. Conozco a personas que estuvieron enfermas en la cama cuatro a&ntilde;os como yo, que son directores de banco y que carecen de toda noci&oacute;n sobre el asunto. Mi enfermedad y mis pensamientos proceden de un mismo origen, que es otro.</p>
<p>-&iquest;Romanticismo? [re&iacute;mos porque fue tuberculosis lo que la postr&oacute;; la misma enfermedad que acab&oacute; con la madre de Marie Curie, de quien se ha ocupado literariamente]</p>
<p>-No. Las enfermedades tienen un factor sicosom&aacute;tico. El cuerpo dice cosas de ti. Es elocuente.</p>
<p>-&iquest;Lo deja ah&iacute;?</p>
<p>-No estoy en un div&aacute;n de analista.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Posiblemente como reacci&oacute;n a un momento de cambios profundos en el mundo, convivimos con un rearme de la edad entendida como algo positivo, y el cinismo entendido como algo protector. Se viene a la cabeza <em>Contra la juventud</em>, de Pablo D&rsquo;Ors -aunque no contra los j&oacute;venes, matiz&oacute;-. A menudo confundimos juventud con adolescencia, aunque los dos periodos, es cierto, se comunican, a veces, luminosamente. &ldquo;Es doloroso haber dejado atr&aacute;s Venecia (&hellip;) Para nuestro castigo fuimos adolescentes&rdquo;, dice Gimferrer en un poema de <em>Arde el mar</em>. Y: &ldquo;Tiempo destruye a tiempo (&hellip;) Lejos anduve, lejos qued&oacute; todo&rdquo;, en otro. La juventud como lugar de ideas y empuje, futura morada de nostalgias; la <em>madurez</em> es ir con el freno echado, desconocerse camino de la muerte, donde esperan la ceniza o los gusanos. Con el freno puedes controlar la direcci&oacute;n, dif&iacute;cilmente avanzar, y el mundo existe en tanto hay avance. El de Montero se produce hacia una escritura depurada y m&aacute;s profunda. Al escuchar los versos de Gimferrer, exclama, en voz baja: &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; bonitos!...&rdquo;, y explica que en la mayor&iacute;a cumplir a&ntilde;os delata poco m&aacute;s que una merma en la capacidad de seguir imaginando y jugando. &ldquo;Una parte esencial de la vida es jugar. Como en el arte. &iquest;Se imagina a un artista <em>viejo</em>? Yo no&rdquo;.</p>
<p>-&ldquo;Lo que importa no es lo que se tiene, sino lo que se a&ntilde;ora&rdquo;.</p>
<p>-Lo dice Miguel, el matem&aacute;tico. Soledad envidia a Ana porque tiene juventud, vida por delante, un hijo y unos padres. &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s quiere?, da igual si le va mal en un momento. &ldquo;Ser viejo era tener un pasado irremediable y carecer de tiempo para enmendarlo&rdquo;. Lo importante es aprovechar la vida, t&oacute;pico pero cierto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Escribes para aprender, y para poner luz sobre las cosas que te angustian&rdquo;</strong></p>
<p>-Pensamiento propio de <em>La rid&iacute;cula idea</em>&hellip;, de <em>El peso del coraz&oacute;n</em>, de <em>L&aacute;grimas en la lluvia</em> (2011)&hellip; Las conexiones tambi&eacute;n afectan a sus libros.</p>
<p>- Todos los escritores afrontamos continuamente las mismas obsesiones. T&uacute; no escribes para ense&ntilde;ar nada, escribes para aprender, y para poner luz sobre las cosas que te angustian.</p>
<p>- Pero cada vez de un modo: <em>La carne</em> no podr&iacute;a haber sido escrito hace diez a&ntilde;os.</p>
<p>- De ninguna manera. Desde <em>La rid&iacute;cula idea</em>&hellip; me siento en plenitud. Tanto <em>El peso del coraz&oacute;n</em> como &eacute;ste se escribieron desde <em>otro lugar</em>.</p>
<p>- El propio de la libertad.</p>
<p>- S&iacute;, como de vuelo.</p>
<p>- &hellip;y de madurez.</p>
<p>- Madurez, d&iacute;galo sin miedo. La novela es un g&eacute;nero de madurez, al contrario que la poes&iacute;a. Ahora escribo mejor. <em>La carne</em> pienso que es mi mejor novela.</p>
<p>-Estoy de acuerdo. Sin embargo se alude a que a partir de cierto momento el lector se refugia en biograf&iacute;as, ensayos, diarios, memorias&hellip; y poes&iacute;a.</p>
<p>-Eso pasa cuando caducamos, si se muere el ni&ntilde;o que llevamos dentro. Dejar de consumir novela es un s&iacute;ntoma de envejecimiento&hellip; mala cosa. De la misma manera que las arterias se endurecen, se endurece la imaginaci&oacute;n.</p>
<p>-De envejecimiento, que no de sabidur&iacute;a.</p>
<p>-De envejecimiento, que no de sabidur&iacute;a. Exacto. De envejecimiento. Puro y duro.</p>
<p>-O sea, usted es una ni&ntilde;a que practica un g&eacute;nero maduro.</p>
<p>-Podemos decirlo as&iacute;. Supongo que una cosa es sentirse joven y otra serlo.</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;C&oacute;mo incide la cultura en el envejecimiento? &iquest;Libera o es fuente de escepticismo?</p>
<p>-&iquest;No hab&iacute;amos quedado en que envejecer no es sin&oacute;nimo de hacerse sabio? La sabidur&iacute;a no viene de f&aacute;brica. &Uacute;nicamente la adquieres si te la curras, y emprendes el camino correcto y no paras de esforzarte&hellip; dentro de una vida, por lo dem&aacute;s, que no es lineal, que tiene idas y venidas, agujeros. La vida es larga y consta de muchas vidas, no todas buenas.</p>
<p>-Usted afirma llegarse por la cuarta o la quinta.</p>
<p>-Y eso me alegra porque hay estudios, varios, que hablan de la forma en <em>u</em> de la felicidad. La gente es feliz de joven. Sigue una bajada y la parte m&aacute;s baja, la m&aacute;s negra, coincide con los cuarenta a&ntilde;os.</p>
<p>-Tiene sentido.</p>
<p>-Sentido&hellip; &iquest;hasta qu&eacute; punto?... porque la vejez es una edad heroica. La debes conquistar. Dec&iacute;a Bette Davis que envejecer no es para cobardes.</p>
<p>-En <em>El peso del coraz&oacute;n</em> Bruna Husky enuncia: &ldquo;Hacerte mayor es irte convirtiendo en reh&eacute;n de tu cuerpo. T&uacute; cre&iacute;as que tu cuerpo eras t&uacute;&rdquo;. Lo dice Bruna, pero lo dice usted porque ella es su <em>alter ego</em>. Si las neuronas son carne, y nosotros somos ellas, confirmaremos que s&iacute; resultamos ser nuestro cuerpo.</p>
<p>-A ver, no sabemos qu&eacute; somos, seguimos pregunt&aacute;ndonoslo, pero sobre todo somos carne&hellip; <em>carne el&eacute;ctrica</em>.</p>
<p>En m&aacute;s de una ocasi&oacute;n ha confesado saber lo que es sentirse fe&uacute;cha -&ldquo;En esos papeles que tocan en la familia, a mi hermano le toc&oacute; ser guapo, valiente y vago&rdquo;-. Igualmente admite que no le ha ido mal. Pero que sonr&iacute;e porque no le gusta c&oacute;mo luce seria en las fotos. Seria o no, de cerca parece como si la escritura, o el beber agua, o el cumplir a&ntilde;os, le rejuvenecieran; y su simpat&iacute;a es contagiosa como esas pandemias que combate la OMS. Y, claro, le gustan bien parecidos. &ldquo;Por qu&eacute; le gustar&iacute;an tanto los guapos. Por qu&eacute; tendr&iacute;a esa maldita debilidad, esa fijaci&oacute;n&rdquo;, leemos en <em>La carne</em>, cuyo narrador habla de Soledad como Montero de s&iacute; misma en <em>La rid&iacute;cula idea</em>&hellip;: &ldquo;Para mi verg&uuml;enza, me gustan los guapos. No es justo, no es racional, no casa con mis principios ni con mis ideas&rdquo;. Todo est&aacute; conectado, pero para qu&eacute; preguntar las nexos con sus personajes si atribuir al narrador rasgos del autor es de primerizos, y, en todo caso, siempre hay concomitancias: el autor es normal que se filtre en lo que escribe, sean descripciones f&iacute;sicas o temperamentales. Para qu&eacute; preguntar, si sabemos que para confeccionar a Soledad se fij&oacute; en una conocida. Y, sobre todo, cuando nos recuerda en <em>La loca de la casa</em> (2003) que toda biograf&iacute;a es ficcional y toda ficci&oacute;n autobiogr&aacute;fica, citando a Barthes en un <em>post scriptum</em> que termina: &ldquo;Todo lo que cuento en este libro es cierto (&hellip;), responde a una verdad oficial documentalmente verificable. Me temo que no puedo asegurar lo mismo sobre aquello que roza mi propia vida&rdquo;.</p>
<p>-Meterse como personaje de ficci&oacute;n, &iquest;no es vanidoso?</p>
<p>-Al contrario. Es un juego de los m&iacute;os, entre la realidad y la fantas&iacute;a. En <em>La hija del can&iacute;bal</em> (1997) ya mencion&eacute; a una Rosa Montero escritora, pero negra y guineana. Lo primero, es normal que Soledad hable conmigo porque conoce mis ensayos biogr&aacute;ficos. Lo segundo, Soledad no dice que Montero sea importante, al rev&eacute;s: la pone a parir. De igual modo, sale Ana Santos Aramburu, directora de la Biblioteca Nacional.</p>
<p>-&iquest;Es posible un amor muy intenso y no caer en el patetismo &ndash;o en la obsesi&oacute;n, o en la locura-?</p>
<p>-Ya lo creo. Puedes tener un amor muy intenso, y que sea conmovedor y sano. Cosa distinta es <em>perder el juicio</em>, como sucede en la <em>pasi&oacute;n</em> o el <em>amor pasional</em>. El amor pasional, dec&iacute;a san Agust&iacute;n, es el deseo de sentirse enamorado. No vemos al otro, nos enamoramos del primero que pasa. Amas <em>el amor</em> [p&aacute;gina 29 de <em>La carne</em>]. Y puedes desembocar en toxicidades.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Quedarse en la fase del amor pasional, no alcanzar el <em>real</em>, es un poco tonto porque es un proceso centr&iacute;fugo&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Nuestro amor, el rom&aacute;ntico, procede del siglo XIX.</p>
<p>-Eso de &lsquo;Estoy enamorad&iacute;simo&rsquo; y &lsquo;Es mi media naranja&rsquo;, es un invento delirante que te pone en contacto con tu parte m&aacute;s oscura y herida. La gente hasta hace poco se casaba con quien le tocaba, o escog&iacute;an los padres, o por simple conveniencia. El amor rom&aacute;ntico masivo es un invento reciente. Suele estar ligado al sexo y el sexo es animal, o sea, evolutivo. Digo <em>suele</em> porque el amor, incluso el rom&aacute;ntico, o sobre todo, puede darse sin sexo. Pero si andas m&aacute;s o menos equilibrado, vivir&aacute;s un amor pasional eterno de tres meses, lleno de frenes&iacute;, y, luego, menos mal -si no, no podr&iacute;as vivir-, mirar&aacute;s c&oacute;mo es de verdad la otra persona, valorar&aacute;s si te gusta realmente y si cabe una relaci&oacute;n. Ir&aacute;s haciendo cesiones y, con suerte, se convertir&aacute; en una relaci&oacute;n de amor cotidiana y tangible.</p>
<p>-Sabiendo que el delirio es ilusorio, &iquest;por qu&eacute; hay gente que vuelve a caer?</p>
<p>-Porque siente apetencia por el subid&oacute;n qu&iacute;mico. El yonqui sabe que toma droga, pero el para&iacute;so en que le coloca es demasiado grande y &eacute;l es demasiado incapaz de reaccionar. Quedarse en la fase del amor pasional, no alcanzar el <em>real</em>, es un poco tonto porque es un proceso centr&iacute;fugo. Desgraciado aquel que no lo conozca, ya que es uno de los grandes sue&ntilde;os de la humanidad, pero m&aacute;s desgraciado el que s&oacute;lo conozca ese.</p>
<p>-Lo d&eacute;bil, &iquest;es la carne o son las neuronas?</p>
<p>-Las neuronas son carne [nuevas risas]. Lo que llamamos <em>consciencia</em>, o <em>yo</em>, o <em>alma</em>, o <em>esp&iacute;ritu</em>, o <em>identidad</em>, es un chisporroteo de briznas de carne sometido a sopas bioqu&iacute;micas y procesos degenerativos. D&eacute;bil es todo.</p>
<p>-Atribuimos a las neuronas inteligencia, pero da la sensaci&oacute;n de que en ocasiones no piensan: aboc&aacute;ndonos a amores imposibles, personas fatales, relaciones t&oacute;xicas&hellip;</p>
<p>-Le recomiendo <em>Inc&oacute;gnito</em> (2013), de David Eagleman. Es uno de los ensayos m&aacute;s importantes que he le&iacute;do. Eagleman, que es neurocient&iacute;fico, dice que el yo consciente es <em>como un polizonte en un trasatl&aacute;ntico</em>, una imagen preciosa. O sea: damos importancia a un elemento min&uacute;sculo en nuestro sistema neurol&oacute;gico, que es el que nos hace ser como somos.</p>
<p>-Hasta en las personas m&aacute;s <em>con los pies en el suelo</em>.</p>
<p>-En todas. Nada que hacer. El yo consciente es m&iacute;nimo.</p>
<p>-&iquest;Est&aacute;n dando la raz&oacute;n a Freud los neur&oacute;logos?</p>
<p>-Freud hablaba del <em>inconsciente</em> y estos hablan de <em>la</em> <em>carne</em>. Esa es la diferencia.</p>
<p>-No peque&ntilde;a, pero ambos coinciden en que nuestro comportamiento no viene motivado principalmente por eso que damos en llamar <em>racionalidad</em>.</p>
<p>-Eso s&iacute;. Porque es un polizonte. Debemos atender a la neurociencia, nos ense&ntilde;a a conocernos de un modo cient&iacute;fico, sin presunciones. La prefiero a la sicolog&iacute;a.</p>
<p>-Bruna fue a un sico-gu&iacute;a. &iquest;Usted ha ido al sic&oacute;logo?</p>
<p>-Tres veces, cada una durante un a&ntilde;o, o a&ntilde;o y pico.</p>
<p>-Y, &iquest;despu&eacute;s de 2009?</p>
<p>-&iquest;Despu&eacute;s de la muerte de Pablo? Esa fue la &uacute;ltima.</p>
<p>-&iquest;Cu&aacute;nto le dur&oacute; el duelo?</p>
<p>-&hellip; Dur&oacute;. Al cabo de un a&ntilde;o pens&eacute; que me vendr&iacute;a bien ayuda porque deseaba superarlo y por mis medios ve&iacute;a que me iba a costar. A m&iacute; me fue bien, pero no hay que poner normas. Si dura, que dure. Estoy en contra de establecer dec&aacute;logos. Hay que tom&aacute;rselo con calma. Hombre, si notas que puede ser patol&oacute;gico, busca ayuda, que puedes recibirla sin que lo sea. Ir a sic&oacute;logos y terapeutas de cualquier tipo me parece interesante en muchos sentidos.</p>
<p>&ldquo;Una soledad tan grande que no cabe dentro de la palabra soledad y que uno no puede ni llegar a imaginar si no ha estado ah&iacute; (&hellip;) La pena aguda es una enajenaci&oacute;n. Te callas y te encierras&rdquo;, dice de Curie. O de ella. O de usted, lector. Muchos acuden al sic&oacute;logo en sus libros y entrevistas.</p>
<p>-Llevan a&ntilde;os detr&aacute;s de una pastilla que borre los malos recuerdos. Usted se ha ocupado del tema, y mencionado que el Instituto Tecnol&oacute;gico de Massachusetts valora la implantaci&oacute;n de recuerdos. &iquest;El dolor es malo? Lo caracter&iacute;sticamente humano, &iquest;no es sentir y, por tanto, ser feliz unas veces e infeliz otras?</p>
<p>-Estoy con usted. Por eso en <em>L&aacute;grimas en la lluvia</em> hablo de un lugar en el que se borran los recuerdos, y Bruna y Yiannis se niegan a acudir. Pero conozco situaciones traum&aacute;ticas. Hace veintipico a&ntilde;os visit&eacute; una fundaci&oacute;n danesa que trataba a personas que hab&iacute;an sido torturadas -principalmente en Latinoam&eacute;rica, pero no s&oacute;lo-. Lo que intentaban all&iacute; era eliminar de alg&uacute;n modo recuerdos que imped&iacute;an vivir. Si son dolorosos, no los magnifiquemos. Me repatea el dicho &ldquo;el sufrimiento ense&ntilde;a&rdquo;. Te ense&ntilde;a si no te mata. Y muchas veces mata. No nos enga&ntilde;emos: la persona va a sufrir de todos modos&hellip; as&iacute; que cuanto menos, mejor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Hay desconsuelos que ser&iacute;a maravilloso erradicar&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Usted ha manifestado alegrarse de haber pasado &ldquo;crisis angustiosas&rdquo; porque le han ayudado a &ldquo;agrandar&rdquo; su conocimiento del mundo.</p>
<p>-Esa es mi elecci&oacute;n, y la de mis personajes, que escogen recordar a sus muertos. Pero no se la impondr&iacute;a a nadie: hay desconsuelos, ya digo, que ser&iacute;a maravilloso erradicar.</p>
<p>-Se anda tras el uso de la tecnolog&iacute;a para superar las limitaciones biol&oacute;gicas. &iquest;El <em>transhumanismo</em> ser&aacute; un humanismo?</p>
<p>-Terminaremos siendo clones. Yo ya tengo cuatro tornillos en la espalda y una placa de titanio. Por no hablar de una lentilla intraocular y tres implantes dentales. No me da miedo. Es fascinante. Abre interrogantes, indudablemente. &iquest;Qu&eacute; ser&aacute; humano y qu&eacute; no cuando tengamos personas mayoritariamente parcheadas, injertadas, <em>artificializadas</em>. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; el <em>yo</em>?</p>
<p>-Sus novelas acaban bien o, cuando menos, abiertas a un camino de luz.</p>
<p>-La narrativa del siglo XX es de antih&eacute;roes. Yo misma cre&iacute; estar escribiendo sobre perdedores. Hasta que una vez, en un acto p&uacute;blico, me escuch&eacute; que estaba trabajando en &ldquo;una novela de supervivencia, como todas las m&iacute;as&rdquo; [<em>Instrucciones para salvar el mundo</em>]. Me qued&eacute; patidifusa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Creo en la capacidad incre&iacute;ble del ser humano para volver a ponerse en pie&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-M&aacute;s que supervivencia, advierto esperanza. No <em>happy endings</em>, pero casi.</p>
<p>-Que el final sea esperanzador forma parte de mi visi&oacute;n profunda de la vida. No comparto que sea <em>finales felices</em>. Son finales <em>abiertos</em>.</p>
<p>-Abiertos y nada aciagos: <em>Temblor</em>, <em>La hija del can&iacute;bal</em>, <em>Cr&oacute;nica del desamor</em> (1979), <em>Instrucciones para salvar el mundo</em>, <em>El peso del coraz&oacute;n</em>,&hellip;</p>
<p>-Sin duda, el personaje termina mejor que como empieza. Salvo en <em>Te tratar&eacute; como una reina</em>, que es novela negra y desesperanzada. Yo tambi&eacute;n creo ser una superviviente. Y creo en la capacidad incre&iacute;ble del ser humano para volver a ponerse en pie. Gracias a esa capacidad de adaptaci&oacute;n nos hemos convertido en un virus para el planeta. &iexcl;La especie tiene un &eacute;xito impresionante!</p>
<p>-Adem&aacute;s de traslucir lecturas cient&iacute;ficas y divulgativas, su escritura participa del relato, la memoria y la biograf&iacute;a. &iquest;Y poes&iacute;a?</p>
<p>-Debo de ser el &uacute;nico espa&ntilde;ol que no ha escrito un solo poema [r&iacute;e, maliciosa, a salvo de los peque&ntilde;os naufragios en que mucho narrador neto incurri&oacute; al principio de su carrera]. &iexcl;Ni en una servilleta de bar! Seguramente porque empec&eacute; a escribir prosa &iexcl;a los cinco a&ntilde;os!</p>
<p>-&iquest;Tampoco la lee?</p>
<p>-Leo muy poca. Me quedo antes con la prosa po&eacute;tica que con la poes&iacute;a: me gusta m&aacute;s <em>Los cuadernos de Malte Laurids Brigge</em>, de Rilke, que su <em>Libro de horas</em>.</p>
<p>-Sin embargo, antes ha citado a dos que la cultivaron -Chr&eacute;tien de Troyes y Mar&iacute;a de Francia- y cuando habla de la importancia de la infancia cita recurrentemente a Wordsworth [&ldquo;El ni&ntilde;o es el padre del hombre&rdquo;].</p>
<p>-Hombre, si quieres pensamientos redondos tienes que acudir a poetas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Ni pena ni miedo. Me siento representada por esas palabras de Ra&uacute;l Zurita&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Tiene tatuado un verso de Ra&uacute;l Zurita [en la nuca, &ldquo;Ni pena ni miedo&rdquo;].</p>
<p>-Me siento representada en esas palabras.</p>
<p>-Le sigue.</p>
<p>-Conozco bastante de &eacute;l. Hay cosas que me encantan y otras que no, ya que responden a una parte ensimismada y narcisista que no me interesa.</p>
<p>Ha sabido leer que la profunda pena del poeta comenz&oacute; tras el fallecimiento de su padre y de su abuelo, cuando ten&iacute;a dos a&ntilde;os. &ldquo;Ni pena ni miedo&rdquo; es un verso que Zurita mand&oacute; excavar en el desierto de Atacama. &ldquo;S&oacute;lo puede verse desde el aire. Tiene 3.140 metros de longitud&rdquo;, dice Montero, que se pregunta si los grandes poetas lo son justamente porque no pueden salir de ellos mismos. Ha escrito que Zurita &ldquo;aletea de ansias de vida como un p&aacute;jaro encerrado en una jaula demasiado peque&ntilde;a&rdquo;, diagn&oacute;stico similar al que rescata de Carmen Laforet en <em>La est&uacute;pida idea</em>&hellip;: &ldquo;Eran como p&aacute;jaros envejecidos y oscuros, con las pechugas palpitantes de haber volado mucho en un trozo de cielo muy peque&ntilde;o&rdquo;. La mirada de Montero est&aacute; tan viva que sus ojos simulan ser aves a punto de echar el vuelo camino de las nubes. En 1993, dejaron a Zurita escribir poemas en el cielo de Nueva York. Form&oacute; palabras con las estelas de cinco aviones. El humo era luz en mitad del firmamento azul que tan bien describi&oacute; Juan Ram&oacute;n en su <em>Diario de un poeta reci&eacute;n casado</em>. Y &ldquo;el arte es una herida hecha de luz&rdquo;, refiere Montero de Braque, otra vez, en <em>La est&uacute;pida idea</em>&hellip; &ldquo;Mi dios es hambre&rdquo;, puso Zurita. Hambre pas&oacute; tambi&eacute;n Curie: &ldquo;En su familia no hab&iacute;a ni un c&eacute;ntimo para pagar los estudios a la ni&ntilde;a (&hellip;) En Varsovia, la familia pas&oacute; por enormes apuros econ&oacute;micos, hasta el punto de poner una especie de pensi&oacute;n en su casa y alquilar habitaciones a estudiantes (&hellip;) En su leyenda consta que, durante los cuatro a&ntilde;os que estudi&oacute; en La Sorbona, se alimentaba de pan, chocolate, huevos y fruta (&hellip;) y ten&iacute;a que romper el hielo de la palangana para lavarse&rdquo;.</p>
<p>-Con la de poetas malditos que hay, y no se ha fijado en ellos para la exposici&oacute;n de la Biblioteca Nacional [que endosa a Soledad en la novela]</p>
<p>-Hay una menci&oacute;n a St&eacute;phane Mallarm&eacute;, pero, s&iacute;, faltan&hellip; [se queda pensando] &iquest;y no hay ning&uacute;n poeta en la lista?</p>
<p>-No lo aseguro, pero, que recuerde, est&aacute;n Maupassant, Philip K. Dick, Mar&iacute;a Lej&aacute;rraga, Pedro Luis de G&aacute;lvez, Anne Perry&hellip;</p>
<p>-&hellip; Ya, ya&hellip; pues lo lamento, podr&iacute;a haber hablado de Rimbaud, desde luego, un maldito-maldit&iacute;simo, de c&oacute;mo se pegaba tiros y acuchillaba con Verlaine, otro que tal.</p>
<p>-De los que habl&oacute; en <em>Pasiones</em>. En las primeras p&aacute;ginas de <em>La carne</em> desliza la figura de Marga, la poeta y escultora que se descerraj&oacute; un tiro a los veinticuatro por amor a Juan Ram&oacute;n. No s&eacute; si est&aacute; en la n&oacute;mina.</p>
<p>-Tendr&iacute;a que repasarla detenidamente. Es verdad que, a su modo, Marga fue maldita. Era una artista importante. En la novela la introduzco para preguntarme si el amor camufla el desequilibrio, o si es posible matarse por amor fuera del libreto oper&iacute;stico.</p>
<p>-Al comienzo hablamos de periodismo. Usted no ha sido una periodista-tipo, ha sido m&aacute;s <em>colaboradora</em> que <em>redactora</em>.</p>
<p>-El trabajo es el mismo, &iquest;qu&eacute; m&aacute;s da?</p>
<p>- El suyo es m&aacute;s creativo.</p>
<p>- No necesariamente. Estuve unos a&ntilde;os en n&oacute;mina en <em>El Pa&iacute;s</em>.</p>
<p>- &iquest;Sentada todos los d&iacute;as en la redacci&oacute;n?</p>
<p>- Solamente me sent&eacute; mientras fui redactora-jefa del dominical.</p>
<p>- Un a&ntilde;o.</p>
<p>- A&ntilde;o y pico&hellip; La verdad es que siempre he ido por libre. Pero si haces reportajes tampoco andas todo el d&iacute;a en la redacci&oacute;n. Vas y vienes.</p>
<p>- La mayor&iacute;a hace la noticia <em>ramplona</em> del d&iacute;a, eso usted no lo ha tocado.</p>
<p>- S&iacute; lo he tocado. He hecho noticias cotidianas y peque&ntilde;as tambi&eacute;n, &iquest;eh?</p>
<p>- Ser&iacute;a en el <em>Arriba</em>, pero eso es tanto como remontarse a su &eacute;poca de pr&aacute;cticas.</p>
<p>- No deja de ser hacer el d&iacute;a a d&iacute;a. Y dos o tres piezas por jornada. Siendo <em>colaboradora</em>.</p>
<p>- Experiencia docente, &iquest;tiene?</p>
<p>- No me gusta dar clase. Lo hago cuando no tengo m&aacute;s remedio, o a cambio de algo. Acept&eacute; dar clases como profesora invitada en Estados Unidos para vivir en el pa&iacute;s, y conocer la vida de sus universidades incre&iacute;bles y sus campus maravillosos&hellip; era una experiencia vital que me interesaba. Sacrifiqu&eacute; dos a&ntilde;os y medio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Los medios de comunicaci&oacute;n estamos instalados en el desastre, pero albergo esperanza&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-En <em>La carne</em>, Ana [joven periodista que ya sali&oacute; en <em>Cr&oacute;nica del desamor</em>] est&aacute; en el paro y debe doscientos treinta euros de luz. Tristemente es t&oacute;pico hablar de lo da&ntilde;ado que est&aacute; el oficio; lo que le pregunto es si ve reversi&oacute;n. Llevamos mucho as&iacute;.</p>
<p>-Los medios de comunicaci&oacute;n fuertes son fundamentales para una democracia; en alg&uacute;n momento el sistema tendr&aacute; que autorregularse. Seguimos en la traves&iacute;a del desierto, pero no del periodismo en s&iacute;, sino del modelo de mercado. Los digitales no dan dinero. En Espa&ntilde;a, como sabe, los medios han sido el segundo sector m&aacute;s afectado por la crisis despu&eacute;s del ladrillo. Los medios se han quedado en el esqueleto. Tenemos a la tercera parte de redactores haciendo cuatro veces m&aacute;s trabajo. Para colmo, no hay correctores. En las actuales condiciones, aunque siendo un genio, es imposible hacer buen periodismo. Y, para rematar, los medios andan entrampados con los bancos, por lo que su pierden libertad, y no s&oacute;lo eso: desesperados, apuestan por temas absurdos y sensacionalistas. Estamos instalados en el desastre. Pero albergo esperanza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Europa ha sido un andrajo toda la vida. Somos unos cobardes&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- La democracia est&aacute; cuestionada en Europa&hellip;</p>
<p>- &hellip; y en todo el mundo.</p>
<p>- En los setenta, protagoniz&oacute; la obra de teatro <em>Contrapunto de Europa</em> (en papel, en 1978) de Alfredo Castell&oacute;n. De fondo, Vietnam y Estados Unidos. El texto arrancaba: &ldquo;Europa era un andrajo / vestida de derrota / en su mitad inferior / y el centro&rdquo;. &iquest;Volvemos al andrajo?</p>
<p>-Europa ha sido un andrajo toda la vida. Somos unos cobardes. Los medios hallar&aacute;n salida&hellip; si el sistema democr&aacute;tico perdura [risa nerviosa]&hellip; porque vivimos la mayor crisis de legitimidad que ha habido. Hay que refundar el sistema porque fuera de la democracia lo que hay es llanto y crujir de dientes, y a eso vamos.</p>
<p>-A pesar de su car&aacute;cter autocr&aacute;tico, &iquest;hay algo que agradecer a Putin?</p>
<p>-[por primera vez abandona la sonrisa] &iquest;Agradecer a Putin?</p>
<p>-Distintos sectores est&aacute;n poniendo en valor su actuaci&oacute;n en el desastre sirio.</p>
<p>-La <em>putinizaci&oacute;n</em> me parece que uno de los mayores peligros a que estamos enfrentados.</p>
<p>-Fue de los pocos en ver la desestabilizaci&oacute;n que conllevar&iacute;an las bautizadas primaveras &aacute;rabes.</p>
<p>-La idea era buena, por desgracia no sali&oacute;. Reina una complejidad dif&iacute;cil de analizar, que Putin y personajes como &eacute;l contribuyen a enrarecer m&aacute;s. Las primaveras no salen porque hay jugadores que perder&iacute;an peones en ese tablero del mundo.</p>
<p>-Europa ha estado inactiva, eso s&iacute;.</p>
<p>-Europa es un espanto. Su inactividad es su fracaso. Si la reacci&oacute;n a la crisis de refugiados es el <em>Brexit</em>, apaga y v&aacute;monos.</p>
<p>-Merkel ha dado un giro en su pol&iacute;tica de acogida.</p>
<p>-Merkel es el &uacute;nico l&iacute;der europeo que ha arriesgado su credibilidad para ayudar. O sea, un respeto. Hay mucha manipulaci&oacute;n. No s&oacute;lo se pueden colar terroristas entre los refugiados. De Espa&ntilde;a est&aacute; partiendo gente para unirse al Isis. Hay que preguntarse por qu&eacute; no representamos una opci&oacute;n atractiva y democr&aacute;tica.</p>
<p>Coge aire y bebe agua por &uacute;ltima vez.</p>
<p>[&ldquo;A veces pienso que todos los seres humanos estamos unidos por lazos intangibles, que la especie se toca y nuestras mentes se rozan, que formamos un todo capaz de moverse al un&iacute;sono a trav&eacute;s del &eacute;ter, como un cardumen de peces en el mar del tiempo. Qu&eacute; pena que, pese a esa profunda y delicada sinton&iacute;a, no consigamos dejar de matarnos los unos a los otros&rdquo;. <em>El peso del coraz&oacute;n</em>.]</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 28 Apr 2017 10:19:01 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Insidias]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/insidias/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/abril/ANTONIO_HERN_NDEZ.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 540px;">Esta ma&ntilde;ana me dedicaron una placa</p>
<p style="padding-left: 540px;">Conmemorativa en la casa donde nac&iacute;.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Despu&eacute;s, fui al otorrinoetc&eacute;tera.</p>
<p style="padding-left: 540px;">M&aacute;s tarde rotularon una calle con mi nombre.</p>
<p style="padding-left: 540px;">A continuaci&oacute;n me recibi&oacute; el cardi&oacute;logo</p>
<p style="padding-left: 540px;">quien coment&oacute; que deb&iacute;a cuidarme.</p>
<p style="padding-left: 540px;">A la una visit&eacute; un instituto</p>
<p style="padding-left: 540px;">(Los ni&ntilde;os recitaron perplejos</p>
<p style="padding-left: 540px;">varios poemas m&iacute;os).</p>
<p style="padding-left: 540px;">Poco despu&eacute;s me esperaba el dentista</p>
<p style="padding-left: 540px;">y me habl&oacute; sobre la higiene</p>
<p style="padding-left: 540px;">y que una persona como yo</p>
<p style="padding-left: 540px;">deb&iacute;a dar ejemplo.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Al terminar el almuerzo con las autoridades</p>
<p style="padding-left: 540px;">Inauguramos un taller literario</p>
<p style="padding-left: 540px;">-que preside mi nombre, por supuesto-</p>
<p style="padding-left: 540px;">en el Hogar del Pensionista.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Acto seguido me fui al neur&oacute;logo</p>
<p style="padding-left: 540px;">y luego al psiquiatra,</p>
<p style="padding-left: 540px;">quien me recomend&oacute; que abandonara el escaparate.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Sobre las siete, al gimnasio,</p>
<p style="padding-left: 540px;">donde me di un buen tute para estar en forma</p>
<p style="padding-left: 540px;">cuando dos horas despu&eacute;s me nombraran</p>
<p style="padding-left: 540px;">hijo predilecto de la ciudad.</p>
<p style="padding-left: 540px;">No ha sido posible. Al atardecer</p>
<p style="padding-left: 540px;">He muerto y el sacerdote ha oficiado</p>
<p style="padding-left: 540px;">una misa por el eterno descanso de mi alma.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Pero tampoco ha habido suerte</p>
<p style="padding-left: 540px;">para mi alma, y ya estoy a la vez</p>
<p style="padding-left: 540px;">en la muy fugaz gloria de la tierra</p>
<p style="padding-left: 540px;">y en el furor m&aacute;s largo del infierno.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Baudelaire, Marlowe, Verlaine o Pavese</p>
<p style="padding-left: 540px;">se preguntan qui&eacute;n ser&aacute; el desgraciado</p>
<p style="padding-left: 540px;">que acaba de llegar y ya crepita,</p>
<p style="padding-left: 540px;">como la casta&ntilde;a que es, a la brasa.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">Son, naturalmente, insidias del sue&ntilde;o.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 12 Apr 2017 10:08:02 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El descuartizador]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-descuartizador/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/abril/MARIO_HINOJOSA.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">Ten&iacute;amos un pacto,</p>
<p style="padding-left: 510px;">algo&nbsp; entre caballeros,</p>
<p style="padding-left: 510px;">yo aprend&iacute;a a re&iacute;r y &eacute;l me respetaba,</p>
<p style="padding-left: 510px;">pero no cumpli&oacute;</p>
<p style="padding-left: 510px;">y empez&oacute; por llenarme la barriga,</p>
<p style="padding-left: 510px;">sigui&oacute; quit&aacute;ndome el pelo a mech&oacute;n limpio,</p>
<p style="padding-left: 510px;">lo de la miop&iacute;a y el astigmatismo vinieron por decantaci&oacute;n,</p>
<p style="padding-left: 510px;">m&aacute;s tarde la acumulaci&oacute;n de desastres,</p>
<p style="padding-left: 510px;">el desempleo de larga duraci&oacute;n</p>
<p style="padding-left: 510px;">fuera el caf&eacute; y otras chucher&iacute;as,</p>
<p style="padding-left: 510px;">el mapa de las arterias a punto de reventar</p>
<p style="padding-left: 510px;">ni huevos ni grasas,</p>
<p style="padding-left: 510px;">y el sexo con profesionales y poco esfuerzo.</p>
<p style="padding-left: 510px;">Me quedaba mucho por hacer,</p>
<p style="padding-left: 510px;">eso s&iacute;,</p>
<p style="padding-left: 510px;">contemplar atardeceres,</p>
<p style="padding-left: 510px;">recordar libros,</p>
<p style="padding-left: 510px;">el chismorreo, deporte muy completo,</p>
<p style="padding-left: 510px;">la maledicencia,</p>
<p style="padding-left: 510px;">la genuflexi&oacute;n,</p>
<p style="padding-left: 510px;">todas esas cosas.</p>
<p style="padding-left: 510px;">Me dijo,</p>
<p style="padding-left: 510px;">no hay m&aacute;s,</p>
<p style="padding-left: 510px;">apr&eacute;ndelo de una vez.</p>
<p style="padding-left: 510px;">Y saben que hice</p>
<p style="padding-left: 510px;">obedec&iacute;</p>
<p style="padding-left: 510px;">y aqu&iacute; estoy</p>
<p style="padding-left: 510px;">vivito y coleando.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 12 Apr 2017 10:02:29 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La zurcidora]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-zurcidora/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/abril/guadalupe500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">ante la fractura de cuatro hojas, John lleva en el reloj un tr&eacute;bol, en la otra, un and&eacute;n</p>
<p style="padding-left: 540px;">cualquiera con tres manos de frente sabe que no son lo mismo, y lo m&aacute;s sencillo es llegar tarde a parte alguna</p>
<p style="padding-left: 540px;">cualquiera, b&aacute;lsamo o belleza, ha dejado de saber y escucha al pez enredado en la locomotora&nbsp; de la confusi&oacute;n.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">ante el vaso roto que el ave del para&iacute;so comparte con el gorri&oacute;n, John ata con el pa&ntilde;uelo de su hermana un zapato al &aacute;nfora y lanza el otro al cable del tel&eacute;grafo, cebo entre los tiburones de la ominosa omisi&oacute;n.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">cualquiera sabe que hay cosas que es m&aacute;s f&aacute;cil entender descalzo, como nadie sabe que un cord&oacute;n sobre un pa&ntilde;uelo es el idioma a las puertas del mercado donde la mucha agua pasa bajo los puentes.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">y no hay castigo ni perd&oacute;n delante del d&iacute;a que se ha marchado dej&aacute;ndonos la cautela de todos sus dones</p>
<p style="padding-left: 540px;">dej&aacute;ndonos una idea fija en el aire,</p>
<p style="padding-left: 540px;">la rana nen&uacute;far del fracaso y juventud de lo desconocido.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">de eso no puedo estar segura, piensa Fanny, hoy un poco m&aacute;s tonta de lo habitual, creyendo que su dulzura puede zurcir un calcet&iacute;n.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 12 Apr 2017 09:58:26 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gonzalo Hidalgo Bayal: nos configura lo que leemos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/gonzalo-hidalgo-bayal/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/abril/GONZALO_HIDALGO_BAYAL_3.jpg" alt="" /></p>
<p>Tiene los ojos sucios de lecturas y limpia la mirada. El bol&iacute;grafo es un esqueje en sus manos. Igual que las lecturas. Todav&iacute;a no se ha puesto con la rutilante biograf&iacute;a completa de Kafka. Sin echarla un ojo &ndash;&ldquo;A las librer&iacute;as de Plasencia no ha llegado&rdquo;-, se la pidi&oacute; a los Reyes [la conversaci&oacute;n tiene lugar a finales de diciembre]. Le basta conocer el segundo tomo de Reiner Stach, de 2002, traducido en 2003, como <em>Los a&ntilde;os de las decisiones</em>, tambi&eacute;n por Carlos Fortea. &ldquo;Hubiera preferido la obra en tres tomos, la verdad. Han tenido que partir el segundo libro&rdquo;.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; le parece <em>La transformaci&oacute;n</em> en lugar de <em>La metamorfosis</em>?</p>
<p>- Prefiero <em>La metamorfosis</em>. Me da igual si fue un error la primera traducci&oacute;n, cuya autor&iacute;a ignoramos, aun atribuida a Borges. <em>La metamorfosis</em> tiene una dimensi&oacute;n po&eacute;tica inexistente en <em>La transformaci&oacute;n</em>, que no s&eacute; si triunfar&aacute; a largo plazo: para nosotros hay dos metamorfosis: la de Ovidio y la de Kafka.</p>
<p>Los temas de Kafka son, con variaciones, los mismos en ese relato que en sus novelas. Muchas veces se dice que el primer libro de un autor prefigura el resto de su obra, como si en &eacute;l encontrase como por accidente una linterna kilom&eacute;trica de la que ya no se va a separar. &ldquo;En general disponemos de cuatro ideas y sobre ellas nos movemos, escribamos siete libros o catorce. Uno es lo que es. Da lo que da&rdquo;. Gonzalo Hidalgo Bayal no es una excepci&oacute;n y en el primer t&iacute;tulo publicado, <em>Certidumbre de invierno</em> (1986) &ndash;antes hab&iacute;a escrito la novela <em>M&iacute;sera fue, se&ntilde;ora, la osad&iacute;a</em> (1988)-, halla eco la raigambre de su pensamiento, con versos que son autopsias -&ldquo;Vivir limita en un dolor est&eacute;ril&rdquo;- y que hallan r&aacute;pida y l&oacute;gica continuaci&oacute;n en la novela <em>El cerco oblicuo</em> (1993) -&ldquo;El quiosquero, siempre con un optimismo injustificado&rdquo;-. Lucidez rayana en el humor de quien sabe, contra la m&aacute;xima, que querer no es poder, y que el humor no tiene que ver con la jocosidad &ndash;en <em>El esp&iacute;ritu &aacute;spero</em> (2009) rebosa-. Aquellos libros ochenteros llegaron tras una juventud recogida parcialmente en <em>Campo de amapolas blancas</em> (2008). De su parte, la cr&iacute;tica &ndash;acaban de otorgarle el reivindicativo Tigre Juan por <em>Nemo</em> (2016)-, y un p&uacute;blico no mayoritario pero esmerado y fiel. <em>Campo de amapolas</em>&hellip; es una historia basada en hechos reales no exenta de elaboraci&oacute;n. Cuenta la historia de un amigo junto al que comparti&oacute; lecturas de Leopardi, Sartre y Camus. De este &uacute;ltimo aprendieron a resumir el mundo en una frase: &ldquo;Los hombres mueren sin haber sido felices&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Al cumplir a&ntilde;os, la vida se degrada y te proporciona una perspectiva esc&eacute;ptica o indiferente&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Se puede ser existencialista despu&eacute;s del existencialismo?</p>
<p>- Al modo po&eacute;tico, como experiencia personal y manera de entender el mundo, el existencialismo probablemente sea, no s&eacute; si decir, inmortal. Gran parte de la juventud tiende, o tend&iacute;a, a interpretar la realidad de un modo rom&aacute;ntico, doloroso y al mismo tiempo&hellip; [suspende la o]</p>
<p>-&hellip; &iquest;placentero?...</p>
<p>-Algo as&iacute;. Porque engloba una especie de reafirmaci&oacute;n basada en la conducta individual. Las cosas en mi &eacute;poca las ve&iacute;amos literaturizadas o pasadas por el cine. Son los a&ntilde;os, entre bachillerato y universidad, en que todo est&aacute; por decidir. Son <em>los a&ntilde;os de las decisiones</em> [vuelve a Kafka], cuando todo es a la vez negro y esperanzado. Al cumplir a&ntilde;os, la vida se degrada y te proporciona una perspectiva esc&eacute;ptica o indiferente.</p>
<p>- Pero esos autores no ten&iacute;an dieciocho a&ntilde;os. Quiero decir: el absurdo de la vida no parece incompatible con un pensamiento maduro.</p>
<p>- No lo es, cierto, y mis escritos conservan ese componente. Yo hablaba de mi posici&oacute;n lectora, distinta de la de autor. Si uno lee a los diecisiete <em>La n&aacute;usea</em>, <em>El extranjero</em>, incluso <em>El existencialismo es un humanismo</em>, se queda con aquello que le afecta intelectualmente. No creo que se sienta lo mismo a los 40. &iexcl;C&oacute;mo nos habr&iacute;a gustado conocer a Cioran!, solamente sus t&iacute;tulos ya resultan conmovedores: invitan a la amargura, el pesimismo, la incertidumbre&hellip;</p>
<p>- Los del propio Kierkegaard. En esa colecci&oacute;n de Orbis [se&ntilde;alo un lateral del despacho] figura <em>El concepto de la angustia</em>.</p>
<p>- Y <em>Temor y temblor</em>, otro buen t&iacute;tulo, &iquest;eh?&hellip; A Kierkegaard lo le&iacute; en Austral.</p>
<p>- A Kafka, &iquest;lo conoc&iacute;an?</p>
<p>- S&oacute;lo <em>La metamorfosis</em>, creo recordar. <em>Am&eacute;rica</em> y <em>El proceso</em> llegaron en la facultad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Faulkner me hizo pasar de los endecas&iacute;labos a la prosa&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo que recuerda sin dubitaci&oacute;n es que <em>Crimen y castigo</em> cay&oacute; a los catorce y <em>Mientras agonizo</em>, a los diecis&eacute;is. Poco antes, con el amigo mencionado, se plante&oacute; una propuesta lectora de literatura espa&ntilde;ola cuya idea era empezar por el <em>M&iacute;o Cid</em>, pasar al <em>Libro de buen amor</em>, <em>La celestina</em>, y as&iacute;, que result&oacute; heterodoxa. &ldquo;Perdimos el norte y dimos en <em>Mientras agonizo</em>, en Aguilar [posteriormente la compr&oacute; en Seix Barral, Anagrama y C&aacute;tedra] y fue un descubrimiento. Choqu&eacute; contra una prosa especialmente intensa y po&eacute;tica. Mi vida cambi&oacute;: dej&eacute; de escribir serventesios. Igual hubiera acabado en las novelas que he escrito, pero Faulkner me hizo pasar de los endecas&iacute;labos a la prosa&rdquo;. El tercer gran deslumbramiento pertenece a Kafka: <em>El castillo</em>, entre <em>El proceso</em> y <em>Am&eacute;rica</em> &ndash;<em>El desaparecido</em>-, seg&uacute;n publicaci&oacute;n de Max Brod. &ldquo;Eso llev&oacute; a inferir a Benjamin una evoluci&oacute;n inexistente, ya que <em>Am&eacute;rica</em> hab&iacute;a sido escrita en primer lugar, y su primer cap&iacute;tulo, &lsquo;El fogonero&rsquo;, hab&iacute;a salido como novelita corta&rdquo;. A pesar del impacto, releer&iacute;a antes <em>Am&eacute;rica</em>. &ldquo;No s&eacute; cu&aacute;ndo abord&eacute; <em>El proceso</em>, pero fue despu&eacute;s de ver, en el 70, la pel&iacute;cula de Welles&rdquo;.</p>
<p>- Dice en su pr&oacute;logo a <em>La metamorfosis</em> &ndash;Akal- que el criterio estil&iacute;stico de Kafka se hallaba pr&oacute;ximo al expresionismo checo, con cuyos representantes [Gottfried Benn, Ernst Stadler, Georg Heym&hellip;] compart&iacute;a visi&oacute;n distorsionada y l&oacute;brega de la realidad. &iquest;Puede haber conexi&oacute;n, entonces, entre Sartre y Camus -o sea, el existencialismo- y los expresionistas? Igual es una l&iacute;nea que atraviesa el siglo.</p>
<p>- Efectivamente, el expresionismo de Kafka no tiene que ver con el de Valle. Kafka te puede afectar personalmente, Valle no. Probablemente sea as&iacute;, y haya una l&iacute;nea marcada por el <em>absurdo</em>. Si en la &eacute;poca de <em>Campo de amapolas</em> no conoc&iacute;a a Kafka, mucho menos a los poetas expresionistas que fallecieron j&oacute;venes en la Primera Guerra Mundial, tipo Georg Trakl, por quien Kafka sent&iacute;a admiraci&oacute;n. Nuestras lecturas estaban centradas en el periodo de Entreguerras. He le&iacute;do con m&aacute;s provecho a los novecentistas &ndash;y Kafka estar&iacute;a por edad entre ellos- y a quienes vinieron despu&eacute;s de los a&ntilde;os cuarenta que a nuestros autores del Cincuenta &ndash;a Cela y Delibes acud&iacute; lateralmente-.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Dudo que la ense&ntilde;anza pueda crear lectores literarios&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Ahora los alumnos, &iquest;pueden con esa novel&iacute;stica? En <em>El esp&iacute;ritu</em>&hellip; se afirma que, en estos tiempos, &ldquo;es discutible que se ejercite la inteligencia en la escuela&rdquo;.</p>
<p>- Yo no los veo m&aacute;s inmaduros, &iquest;eh? Esa opini&oacute;n, &iquest;corresponde al profesor o al narrador?</p>
<p>- Al narrador.</p>
<p>- El narrador no tiene por qu&eacute; estar de acuerdo con el autor, aunque ciertamente est&aacute; controlado por &eacute;l. Es un tema controvertido. En mi &eacute;poca, dese cuenta, hab&iacute;a dificultades de todo tipo: estudiaban Sexto de Bachillerato cincuenta o sesenta personas en el mismo radio comarcal en el que ahora pueden hacerlo dos mil. A los ex&aacute;menes de ingreso se sumaban las limitaciones econ&oacute;micas y otras de tipo sociol&oacute;gico. Era una cosa de alpinistas. &lsquo;El que llegue, llegue; y el que no, se apa&ntilde;e&rsquo;. El conocimiento no estaba al alcance de todos, esa es la mayor diferencia respecto de hoy. La Formaci&oacute;n Profesional era un recogedero. Hoy un alumno bueno, al acabar Segundo de Bachillerato, dispone de una preparaci&oacute;n mejor que la que yo tuve en PREU. Otra cuesti&oacute;n es la <em>competencia lectora</em>. Es verdad que el estudio de Lengua y Literatura estaba mejor antes, en el antiguo BUP. Ahora est&aacute;n juntas las dos asignaturas y prevalece la sintaxis. Los &uacute;ltimos a&ntilde;os, impartiendo clase en ESO, era imposible dedicar tiempo a <em>lectura comprensiva</em>; hab&iacute;a que cumplir un programa. En tercer lugar tenemos la <em>lectura literaria</em>. &Eacute;sta no s&eacute; de qu&eacute; depende. Dudo que la ense&ntilde;anza pueda crear lectores literarios. El momento en que alguien se hace lector convulso solo depende de ese alguien. No se puede ense&ntilde;ar. Muchos leen empujados en el instituto y, cuando deben ser aut&oacute;nomos, se retiran. Yo lo comparo a la Primera Comuni&oacute;n: se preparan, la hacen y no vuelven a misa ni a comulgar ni a confesarse.</p>
<p>Aunque &ldquo;se escribe mucho&rdquo; y &ldquo;no hay mucho sobre lo que escribir&rdquo;, y a pesar de que la verdad &ldquo;en estos tiempos modernos siempre es mediocre y prosaica&rdquo;, no detecta en s&iacute; ning&uacute;n malestar en la cultura y se lleva bien con el presente. &ldquo;Es arriesgado pretender <em>leer hacia fuera</em> los libros&rdquo;. No niega que comparte lo dicho en <em>Nemo</em> -que se escriba demasiado y la verdad sea barata-, pero, sobre todo, a Bayal le interesa ser le&iacute;do <em>hacia dentro</em>: lo que se dice debe tener justificaci&oacute;n<em> interna</em>. &ldquo;En <em>Nemo</em>, puesto que el personaje decide guardar silencio, todo lo que se acumule en torno a la saturaci&oacute;n de las palabras y la malversaci&oacute;n de la lengua, tiene sentido. &iquest;Que luego se pueden sacar conclusiones <em>hacia fuera</em>? De acuerdo&rdquo;.</p>
<p>- Lo que se diga, al servicio de la idea de la novela.</p>
<p>- Si es coherente <em>dentro</em>, me despreocupo de c&oacute;mo se reciba <em>fuera</em>. Y eso de que no haya mucho que escribir igual es una frase m&aacute;s redonda que cierta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Si no hay nada que aportar, mejor callarse&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Pero todos sentimos que sobran palabras, que hay palabrer&iacute;a.</p>
<p>- Eso s&iacute;. Ferlosio habl&oacute; de <em>las cajas vac&iacute;as</em> refiri&eacute;ndose al espacio del peri&oacute;dico que hay que llenar de todas-todas, haya algo que decir o no. Se preguntaba: &lsquo;Si un d&iacute;a sale con cuarenta p&aacute;ginas, &iquest;por qu&eacute; no lo hace otro con ocho?&rsquo;. Pues no: pase lo que pase, cuarenta.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; lee m&aacute;s: opini&oacute;n o informaci&oacute;n?</p>
<p>- Cada d&iacute;a menos opini&oacute;n. En casa, leemos en papel y en la red y nos cuesta encontrar una opini&oacute;n enjundiosa. Hay gente escribiendo a diario, o una vez por semana, o cada quincena. &iquest;C&oacute;mo se puede tener algo de inter&eacute;s que decir con esas frecuencias? En mi blog me he propuesto varias veces publicar al menos doscientas palabras una vez por semana, pero me siento incapaz &iquest;De qu&eacute; voy a hablar?: &iquest;de Susana D&iacute;az?, &iquest;de FAES? Adem&aacute;s, ya lo han dicho todo otros, a favor y en contra. Si no hay nada que aportar, mejor callarse.</p>
<p>- La semana pasada, Julio Llamazares reivindic&oacute; a Sartre en su columna, lamentando que Dylan no haya rechazado el Nobel&hellip;</p>
<p>- &hellip; lo le&iacute;. Lo que pasa es que once a&ntilde;os m&aacute;s tarde reclam&oacute; el dinero a trav&eacute;s de un intermediario, seg&uacute;n supimos por las memorias de un miembro de la Academia.</p>
<p>-&hellip;vaya. El caso es que, entre unas cosas y otras, ha sido como apartado en beneficio de Camus; principalmente con eso de que apoy&oacute; el mao&iacute;smo a ciegas y sus cr&iacute;ticos opinan que a sabiendas de las malaventuras de la Revoluci&oacute;n Cultural. Arrabal, Bloom&hellip; siguen hablando bien de &eacute;l, centrados en su obra, pero no cotiza al alza. &iquest;Usted se reconoce sartreano?</p>
<p>- La edad te cambia. He rele&iacute;do a autores del Cincuenta frecuentados a los veinte, y he salido diciendo [en voz baja]: &ldquo;Qu&eacute; cosa m&aacute;s malita y torpe, madre, c&oacute;mo me pudo entusiasmar&rdquo;; no hablo [recupera la voz] de Ferlosio, Benet o Aldecoa, naturalmente. &iexcl;Y al rev&eacute;s!: hubo libros de realismo social que en la universidad no me agradaron y ahora s&iacute;. Si tuviera que volver a un libro de Sartre, escoger&iacute;a <em>Las palabras</em>, con sus dos cap&iacute;tulos: &lsquo;Leer&rsquo; y &lsquo;Escribir&rsquo;. No me disgustaron <em>Qu&eacute; es la literatura</em> ni las deliberaciones de <em>El idiota de la familia</em>, sobre Flaubert, al menos las del primer volumen, que es el que le&iacute;. <em>El ser y la nada</em> se me escapa y el teatro lo tengo olvidado. De Camus optar&iacute;a por esa autobiograf&iacute;a moral e intelectual que es su novela p&oacute;stuma: <em>El primer hombre</em>. <em>La peste</em> nunca me gust&oacute; por lo de antes: est&aacute; escrita con voluntad aleg&oacute;rica y te obliga a leer <em>hacia fuera</em>. Lo mismo me acaba de ocurrir con <em>Las tierras del ocaso</em>, de Gracq. Me gusta cuando es descriptivo y sensorial; aqu&iacute; hay que suponer que est&aacute; hablando de los a&ntilde;os cuarenta en Francia&hellip; no es aut&oacute;nomo.</p>
<p>- Si hay algo <em>para</em> <em>afuera</em> es la poes&iacute;a. Alegor&iacute;as, lenguaje &ndash;y/o pensamiento- m&aacute;s o menos cr&iacute;ptico...</p>
<p>- La poes&iacute;a se proyecta por encima de nosotros. No me opongo en absoluto. Y si me lo explican en una novela, digo: &ldquo;Ah, pues bien&rdquo;. No censuro que un libro vaya <em>hacia fuera</em> -de <em>Nemo</em> se pueden, y tal vez se deben, extraer conclusiones-, aspiro a justificarlo, antes que nada, <em>hacia dentro</em>. Por s&iacute; mismo. A que su valor no dependa de lo extr&iacute;nseco.</p>
<p>- &iquest;Por qu&eacute; abandona la poes&iacute;a?</p>
<p>- No me surge. Para escribir m&aacute;s all&aacute; de las bromas parapo&eacute;ticas de mi blog tendr&iacute;a que esforzarme, y me parece tramposo. Yo no tengo que esforzarme para avanzar en una novela.</p>
<p>- &iquest;La sigue leyendo?</p>
<p>- Cada vez menos. Releo a los poetas que conozco. Entrar en j&oacute;venes me da pereza. Si es cierto lo que dijo Pla, que quien lee novela despu&eacute;s de los cuarenta es tonto, yo soy tont&iacute;simo.</p>
<p>- &ldquo;Los &aacute;rboles desnudos son apenas / insinuaci&oacute;n fugaz de la desidia&rdquo;. &ldquo;La luna vaga c&oacute;mplice, culpable&rdquo;. En Certidumbre&hellip; el mundo parece un trampantojo, &iquest;de qu&eacute;?</p>
<p>- De qui&eacute;n: de m&iacute;. Pretend&iacute;a una expresi&oacute;n unitaria y objetiva de la tristeza. Sin intervenci&oacute;n de la primera persona. Surgi&oacute; en el 84-85, y sali&oacute; en el 86. En contra de la teor&iacute;a seg&uacute;n la cual la l&iacute;rica es la expresi&oacute;n literaria del sentimiento; el ensayo, del pensamiento; y la novela, de la acci&oacute;n o del movimiento, mi objetivo era que el libro fuera triste sin que el poeta lo estuviera.</p>
<p>Gabriel y Gal&aacute;n no fue un poeta triste. Llama la atenci&oacute;n el pr&oacute;logo que escribi&oacute; a prop&oacute;sito de &eacute;l en 1991, logrando encajar a William Blake y Robert Walser. &ldquo;Me compromet&iacute; con &Aacute;ngel Campos: &eacute;l har&iacute;a <em>El miaj&oacute;n de los cast&uacute;os</em>, de Chamizo, y yo de las<em> Extreme&ntilde;as</em>; pero no cumpli&oacute; lo pactado y me qued&eacute; solo en el empe&ntilde;o&rdquo;. La Diputaci&oacute;n de Badajoz, por medio de Ricardo Senabre, puso en marcha una colecci&oacute;n destinada a publicar con cierta decencia a autores extreme&ntilde;os <em>cl&aacute;sicos</em> &ndash;Reyes Huerta&hellip;-. Las ediciones deb&iacute;an estar a cargo de gente no especialmente conectada y en ning&uacute;n caso <em>extreme&ntilde;ista</em>. &ldquo;Sigue habiendo <em>extreme&ntilde;istas</em>&hellip; el otro d&iacute;a discut&iacute; con uno curiosamente a cuenta de Gabriel y Gal&aacute;n, sobre si era o no buen poeta. Ten&iacute;a habilidades m&eacute;tricas y pare de contar. Yo tambi&eacute;n puedo escribir un soneto en diez minutos, de metro perfecto; otra cosa es la sustancia&hellip; No me import&oacute; hacer el pr&oacute;logo, no es ofensivo y no digo que sea grande&rdquo;. Manej&oacute; primeras ediciones &ldquo;disparatadas&rdquo;. Gabriel y Gal&aacute;n falleci&oacute; a los 34 de apendicitis y leg&oacute; una obra corta y sin fijar. &ldquo;Los editores cometieron un desatino dialectal tras otro. Me libr&eacute; de un nuevo pr&oacute;logo, a&ntilde;os despu&eacute;s, a una obra completa que preparaban los nietos, que son <em>extreme&ntilde;istas</em>, o, por lo menos uno, con el que negoci&eacute;. No interesaba mi presencia. A m&iacute; tampoco me hac&iacute;a mayor ilusi&oacute;n. Ni siquiera nos pon&iacute;amos de acuerdo en el criterio de los t&iacute;tulos, algo parecido a lo de <em>La transformaci&oacute;n</em>&rdquo;. Bayal era partidario de mantener los can&oacute;nicos -<em>Religiosas</em>, <em>Campesinas</em>, <em>Extreme&ntilde;as</em>, <em>Castellanas</em>- y ellos de cambiarlos. &ldquo;Buena gana. &iquest;C&oacute;mo salieron? Ni idea. Yo creo que los lectores de Gabriel y Gal&aacute;n no existen porque los muy fieles &ndash;en los pueblos pegados a Salamanca, Ahigal: Guijo, Granadilla&hellip;- se lo saben de memoria y no precisan leerlo; y los dem&aacute;s no meten en &eacute;l ni un pie.</p>
<p>- Tampoco es m&eacute;rito peque&ntilde;o pasar a la oralidad.</p>
<p>-No lo es, pero, entre otros, ese es el motivo que le lleva a la extinci&oacute;n. Poca gente defiende a estas alturas el cast&uacute;o, dialecto que tambi&eacute;n morir&aacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Venir de fuera propicia ver lo que los propios no ven&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Ginsberg practic&oacute; la poes&iacute;a oral y le ha servido, si bien no la deslig&oacute; de la escrita.</p>
<p>- Las banderas de ese poeta pueden seguir m&aacute;s o menos en pie, el mundo del nuestro ha desaparecido. Los poemas dialectales tampoco van m&aacute;s all&aacute; de ocho o diez. &Eacute;l era maestro en Piedrah&iacute;ta, &Aacute;vila. En el fondo, un se&ntilde;orito que vino al campo [extreme&ntilde;o] tras casarse. Aqu&iacute; se limitaba a ver a los mozos arando, segando, trillando. Ese mundo est&aacute; sepultado. Mi madre tiene en la mesilla sus obras. No lee bien porque la letra es peque&ntilde;a, pero le gusta porque se cri&oacute; en un pueblo y ha vivido el tipo de cosas que cuenta. &iquest;Alguien lee a su amigo Pereda? Tampoco a otros del XIX, pero a Pereda&hellip; [abre los brazos]. Como mucho, podr&aacute; pervivir como poeta fundacional. En esta zona, dejemos las cosas claras, hay dos elementos fundacionales: uno, Gabriel y Gal&aacute;n. Dos, Bu&ntilde;uel. Pero como <em>Las Hurdes, tierra sin pan</em> es la intervenci&oacute;n del diablo -por llevarlo a Blake-, cuenta con los odios y las fobias de los nativos. Su pel&iacute;cula viene a ser como <em>Lo que el viento se llev&oacute;</em> en Atlanta, pero al rev&eacute;s: aqu&iacute; no logran encontrar un aspecto positivo. As&iacute; que nos movemos entre las <em>Extreme&ntilde;as</em> y <em>Las Hurdes</em>. Nuestra <em>Il&iacute;ada</em> y nuestra <em>Odisea</em>.</p>
<p>- Los dos, oriundos.</p>
<p>- Venir de fuera propicia ver lo que los propios no ven. Con Gabriel y Gal&aacute;n no hay problema por complaciente, pero el a&ntilde;o pasado Jes&uacute;s Santos organiz&oacute; un congresillo bu&ntilde;ueliano en la alquer&iacute;a de Las Mestas [n&uacute;cleo de Ladrillar, mancomunidad de Las Hurdes] y los hurdanos segu&iacute;an echando espumarajos por la boca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Con <em>Las Hurdes, tierra sin pan</em>, lo que pretende Bu&ntilde;uel es mostrar una realidad trist&iacute;sima&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Es el componente <em>rural</em> lo que les lleva a no cejar?</p>
<p>- &hellip; Dicen que Bu&ntilde;uel false&oacute; la realidad, y efectivamente lo hizo, pero era su deber: una cosa es la verdad literaria -o cinematogr&aacute;fica- y otra la hist&oacute;rica. Por ejemplo: la pel&iacute;cula muestra un ni&ntilde;o muriendo y ellos se quejan de que <em>ese</em> ni&ntilde;o no muri&oacute;. De que es falso y est&aacute; guionizado. &iquest;Y? Lo que pretende es mostrar una realidad trist&iacute;sima.</p>
<p>- &iexcl;Qu&eacute; cosas!: en un filme, cuando hay una boda, ni los personajes son novios, ni se est&aacute;n casando. Esa realidad mostrada, &ldquo;trist&iacute;sima&rdquo;, es una mentira al servicio de la verdad, de la que es equivalente.</p>
<p>- Pero cuando la verdad duele, el pueblo se pone en contra.</p>
<p>- Todav&iacute;a si fuera un elogio de la pobreza -como algunos nuevos <em>neorruralistas</em> est&aacute;n pr&oacute;ximos a cometer- lo entender&iacute;a. &iquest;No ser&aacute; llanamente que la recepci&oacute;n <em>popular</em> ha filtrado poca cultura y sus sostenedores no saben no ser susceptibles?</p>
<p>- Mara&ntilde;&oacute;n escribi&oacute; un diario curioso durante una visita a las Hurdes para preparar el viaje de Alfonso XIII. Pasa por un sitio, ve a gente fam&eacute;lica y, a continuaci&oacute;n, se pega una comilona op&iacute;para. En el fondo, no oculta los problemas de inanici&oacute;n. Vio a un hombre, tan enfermo que parec&iacute;a a punto de morir, matar a un cabrito, com&eacute;rselo, y curarse. Su enfermedad no era otra que el hambre. Mara&ntilde;&oacute;n cuenta en esencia lo mismo que Bu&ntilde;uel.</p>
<p>- A &eacute;l no se enfrentan porque no lo han le&iacute;do.</p>
<p>-De Mara&ntilde;&oacute;n no opinan. Dif&iacute;cilmente sabr&aacute;n qui&eacute;n es; que lean su diario es tarea imposible. Mi edici&oacute;n es en facs&iacute;mil, no creo que est&eacute; distribuido.</p>
<p>- Eso que dice en el precioso volumen <em>La princesa y la muerte</em> (2001) de que los enemigos son m&aacute;s misericordiosos que los amos, &iquest;procede del agro?</p>
<p>- En la ciudad es posible con los asalariados, pero el origen y el sentido son campesinos, efectivamente. El amo persigue el mayor rendimiento del siervo, sin consideraciones. Hoy ya no lo s&eacute;, en estos tiempos convulsos, pero en la tradici&oacute;n los enemigos son <em>iguales</em>. Podemos verlo en la <em>Il&iacute;ada</em>. Saben que pertenecen al mismo rango y se respetan; y si muere el de enfrente, el de este lado permite unas exequias heroicas. Mi madre se crio en un pueblo &ndash;a&ntilde;os treinta y cuarenta- y contaba las pr&aacute;cticas de los amos con los jornaleros. En la moda actual de lo rural, han convertido las migas, qu&eacute; curioso, en plato tur&iacute;stico: las ofrecen de primero en los restaurantes. Pero, igual que el gazpacho, no era m&aacute;s que un plato de pobre para aprovechar el pan duro. Yo he o&iacute;do contar a mi madre c&oacute;mo los ricos mandaban a los criados al campo y les preparaban unas migas muy aceitosas para desayunar. Ingeridas, se expanden y ya no comes en todo el d&iacute;a. Era una t&aacute;ctica para explotar a los jornaleros. Se ahorraban la comida del mediod&iacute;a o les daban una muy escasa y de bajo coste. Esa deferencia era un modo de crueldad. A los se&ntilde;ores jam&aacute;s se les ocurri&oacute; comer migas.</p>
<p>- Ahora que est&aacute;n, como atestigua, de moda la naturaleza y los pueblos, me ha gustado apreciar cierta <em>vindicaci&oacute;n</em> de la ciudad en <em>Paradoja del interventor</em> (2006), si a tal cosa llega. Establece que hasta los p&aacute;jaros se marchan a las ciudades. Puede ser la simple constataci&oacute;n de un hecho, pero acompa&ntilde;ada de barrabasadas rurales tales como apedrear a perros que se est&aacute;n apareando; mientras las ciudades emergen como el &uacute;nico sitio donde hay mendigos. Sin descuidar que, en sinton&iacute;a con Las Hurdes, en &eacute;pocas pret&eacute;ritas &ldquo;se malviv&iacute;a con una mala huerta y se padec&iacute;an todas las enfermedades de la tierra&rdquo;. No s&eacute; si hay mirada piadosa hacia el entorno rural. Doy por hecho que s&iacute;. Pero tambi&eacute;n la constataci&oacute;n de que el desarrollo est&aacute; donde est&aacute;.</p>
<p>- Recuerdo que a mi pueblo [Higuera de Albalat, C&aacute;ceres], acud&iacute;a de vez en cuando un mendigo. Pasaba unos d&iacute;as en &eacute;l e iba al siguiente pueblo. No ped&iacute;a, se limitaba a dejar que los vecinos le socorrieran como bien pudiesen. Iba descalzo, un aut&eacute;ntico pordiosero. Lo comentabas en zonas cercanas y te dec&iacute;an: &ldquo;Pero si tambi&eacute;n pasa por aqu&iacute;&rdquo;. Esas cosas desaparecieron. Anta&ntilde;o hab&iacute;a una mendicidad ambulante rural. De la misma manera que hubo, y hay, una emigraci&oacute;n del campo a la ciudad por cuestiones perfectamente comprensibles, tambi&eacute;n la hubo y la hay de los p&aacute;jaros. &iquest;D&oacute;nde van a encontrar mejor comida?</p>
<p>- En mi ciudad las cig&uuml;e&ntilde;as salen a comer a los basureros, pero en seguida vuelven. Les gusta la contaminaci&oacute;n de la vida moderna. Pasean por el centro de las ciudades. Desde las alturas ven las pasteler&iacute;as, los hospitales, las bibliotecas, las fuentes, los parques, los museos...</p>
<p>- Pues como las cig&uuml;e&ntilde;as, los dem&aacute;s. Mi pueblo est&aacute; en cien habitantes&hellip; &iquest;c&oacute;mo van a ir mendigos? En Plasencia, todav&iacute;a: tenemos una mendicidad <em>comunitaria</em>. Si salimos y vamos por la calle Sol, encontraremos en un sitio a una chica rumana y en otro a un se&ntilde;or de no s&eacute; d&oacute;nde. Pero, &iquest;d&oacute;nde?: en la calle Sol, donde hay aglomeraci&oacute;n. En Madrid acostumbro a subir por la calle Torrecilla de Leal hacia Ant&oacute;n Mart&iacute;n para desayunar. Bien, pues m&aacute;s all&aacute; del bar Parrondo, al lado de una panader&iacute;a, se pone una se&ntilde;ora, siempre la misma, como si tuviera el sitio reservado, con un letrero muy bonito que dice: &lsquo;Soy una mujer triste&rsquo;. Tiene que estar en un punto de paso. En las novelas de Gald&oacute;s eran las puertas de las iglesias, y se armaban unos tinglados parecidos a los que saca Bu&ntilde;uel en <em>Viridiana</em> -Bu&ntilde;uel es rompedor: se supone que, ante la caridad, el socorrido debe responder con agradecimiento. &Eacute;l da la vuelta al sobreentendido igual que los hurdanos le dan la vuelta a &eacute;l, pensando que les quiere denigrar cuando les muestra conviviendo con animales&hellip; cosa que he visto yo en los a&ntilde;os sesenta y setenta: en la misma casa con el burro y el mulo-. Pues ahora la mendicidad se ha desligado de las puertas de las iglesias hacia Callao, Preciados, la FNAC, El Corte Ingl&eacute;s y calles concurridas como la de la Mujer Triste. Ella te dice <em>buenos d&iacute;as</em> cuando te acercas. A veces das y a veces no. Si das, no hay problema: le devuelves el saludo. Pero, si no, &iquest;contestas? Si contestas y no le das&hellip; no queda muy bien, pero si no contestas suena maleducado. &iquest;Qu&eacute; haces? No se me escapa que su <em>buenos d&iacute;as</em> es su instrumento de trabajo. Es lo que sustituye al <em>una limosnita por el amor de dios</em>. Si en lugar de estar sentada al lado del recipiente, estuviera de pie a dos metros, no me saludar&iacute;a. Su <em>buenos d&iacute;as</em> no es el que doy al portero por la ma&ntilde;ana. Me crea un dilema, no s&eacute; c&oacute;mo comportarme. Si no le voy a dar, acabo escogiendo la otra acera.</p>
<p>- Es un saludo utilitario, no hay urbanidad.</p>
<p>- Totalmente utilitario. Cuando hablaba de las funciones del lenguaje en clase, contaba que a veces la representativa, que es la neutra, contiene funciones interrogativas o expresivas o exhortativas. Esto es un poco lo mismo. Es un <em>buenos d&iacute;as</em> que de <em>buenos d&iacute;as</em> no tiene nada. Llaman la atenci&oacute;n el cartel, bien escrito, igual confeccionado por otra persona, y ese acierto ret&oacute;rico: &lsquo;Soy una mujer triste&rsquo;. Qu&eacute; distinto de otros -&lsquo;Soy espa&ntilde;ol&rsquo;, &lsquo;Soy extreme&ntilde;o&rsquo;&hellip;- que caen en la xenofobia mendicante, o aquellos que apelan a la conmoci&oacute;n: &lsquo;Estoy en paro&rsquo;, &lsquo;Tengo tres hijos&rsquo;&hellip; Yo le doy mi dinero a ella antes que a cualquier otro.</p>
<p>- Su interventor [<em>Paradoja</em>&hellip;], &iquest;podr&iacute;a pasar por mendigo?</p>
<p>- Se convierte casi en uno, va adquiriendo el ropaje&hellip; pero no lo era y no lo es. Una vez pasa por una churrer&iacute;a a punto de cerrar, casi de madrugada y no s&eacute; si paga algo o le invitan&hellip;</p>
<p>- &hellip; creo que le invitan&hellip;</p>
<p>- &hellip; pues luego le invitan una segunda vez, cuando vuelve y dice que solamente quiere oler. Y renuncia a pasar m&aacute;s: si le socorren dos veces y a la tercera le mandan a paseo, &eacute;l ser&aacute; culpable de convertir un acto generoso en insolidario.</p>
<p>- Tambi&eacute;n le invitan a caf&eacute; en la estaci&oacute;n.</p>
<p>- Pero no adquiere perfil pordiosero, se busca la vida... A m&iacute; me interesaba ver c&oacute;mo alguien se va degradando al no contar con recursos, pero tambi&eacute;n resaltar el rechazo por parte del entorno al personaje que se encuentra en esa situaci&oacute;n.</p>
<p>- Luego entabla alguna amistad.</p>
<p>- Con otros llegados de fuera que se han acomodado, pero est&aacute;n en situaci&oacute;n parecida: el barquillero, el trapero&hellip;</p>
<p>Lo acaba de decir: un principio narrativo suyo consiste en situar en una localidad a un for&aacute;neo con problemas de adaptaci&oacute;n. Eso pasa en los pueblos, pero tambi&eacute;n en las ciudades, en diferentes grados y por diferentes motivos. En <em>M&iacute;sera</em>&hellip; &ndash;con alguien que va a la ciudad a investigar sobre el padre-, en <em>Amad a la dama</em> (2002) &ndash;con esa especie de indiano rico que llega al pueblo-, en <em>El esp&iacute;ritu</em>&hellip; -Gumersindo vive dentro de la ciudad pero al margen-, en <em>Nemo</em> &ndash;el entorno m&aacute;s peque&ntilde;o todav&iacute;a-. &Eacute;l se percat&oacute; de este eje en la presentaci&oacute;n del <em>Interventor</em>. &ldquo;Espero explorar cada vez mejor el territorio. Welles se quejaba de que los cr&iacute;ticos censuraban siempre su &uacute;ltima pel&iacute;cula en relaci&oacute;n a las precedentes, que eran magn&iacute;ficas&rdquo;. De acuerdo a las categor&iacute;as de su admirado Ferlosio en <em>Las semanas del jard&iacute;n</em>, escribe novelas-ajo. &ldquo;Hay dos procesos narrativos: el ajo y la cebolla. La cebolla es investigar la verdad por capas y no llegar al fondo hasta el final; son novelas de averiguaci&oacute;n -las detectivescas, pero no s&oacute;lo-. El ajo es el procedimiento de aquellas en que todas las partes est&aacute;n a la misma distancia del centro. Eso, que &eacute;l aplica como teor&iacute;a narrativa, lo ser&iacute;a a todo lo que uno escribe. Puede que la segunda novela sea mejor que la primera, y la cuarta sea mejor que la segunda, o al rev&eacute;s. Lo interesante es que todas guarden equidistancia en torno a un centro&rdquo;. Y el centro de Bayal debe de ser la no asimilaci&oacute;n del que llega de fuera por parte del colectivo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El atractivo de las ruinas viene de ser lo que son y el destino de lo que han sido&rdquo;</strong><strong></strong></p>
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<p>- Otro centro suyo es la belleza de las ruinas [&ldquo;El est&iacute;mulo eleg&iacute;aco, fugaz y desolado de las ruinas&rdquo; &ndash;<em>Amad</em>&hellip;-; &ldquo;Prefer&iacute; cavilar sobre las tristezas del crep&uacute;sculo, la seducci&oacute;n de las ruinas&rdquo; &ndash;<em>Nemo</em>-].</p>
<p>- Las ruinas, tan frecuentes en Benet, &iquest;verdad? Su contemplaci&oacute;n me resulta atractiva. Recuerdo un viaje a Grecia, hace mucho. Subimos a Micenas, el reino de Agamen&oacute;n. Ver que no quedaba nada fue fascinante&hellip; El atractivo de las ruinas viene de ser lo que son y el destino de lo que han sido. Si yo voy en coche y veo un edificio flamante, lo desprecio, pero ante uno ruinoso paro, si puedo. El nuevo tiene, a lo sumo, porvenir de esperanza; el derruido emite se&ntilde;ales aunque no las sepas descifrar. Pero, cualquier tipo de ruina, &iquest;eh?, no hace falta irse a Grecia. La caseta misma del guardagujas que sale en el <em>Interventor</em>. Me bas&eacute; en una a la que dejaron de llegar trenes. Se qued&oacute; sin techo y al final sin paredes. Hoy no existe salvo en mi memoria.</p>
<p>-&iquest;Se puede decir que el griego antiguo y el lat&iacute;n son lenguas muertas &ndash;que tambi&eacute;n le fascinan-?</p>
<p>- Desde el punto de vista ling&uuml;&iacute;stico, s&iacute;. Pero conservan su vigor. Acudir a los primeros testimonios del castellano medieval es arqueolog&iacute;a, lo que no pasa con el lat&iacute;n y el griego. Muchos textos se han perdido, pero los que conservamos mantienen vigente lo mejor de aquellas lenguas, de aquella cultura y de aquella literatura. &iexcl;No puedo comprender tanta sutileza en Lucrecio!, &iexcl;da gusto leerlo! &iquest;Y las cartas de Plinio?, y eso que no es un autor cimero. &iexcl;Qu&eacute; clarividentes!, &iexcl;qu&eacute; inteligentes! Y los frailes medievales&hellip; s&oacute;lo anotan unas palabritas en el margen. Plat&oacute;n y Arist&oacute;teles no son ruinas.</p>
<p>- Ellos no. La lengua que usaron, detenida.</p>
<p>- Un amigo me dijo hace poco que despu&eacute;s de muchos a&ntilde;os leyendo a Kant, por fin hab&iacute;a entendido la <em>Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n pura</em>. Yo creo que por mucho que lea a Plat&oacute;n y a Arist&oacute;teles no llegar&eacute; a entenderlos de manera completa.</p>
<p>Tal vez las ruinas sean la m&aacute;s perfecta representaci&oacute;n de la imperfecci&oacute;n que ata&ntilde;e al hombre. Tal vez en ellas hay algo definitivo que no se puede ya romper. Y eso las acerca a la eternidad, ansiada y lejana, imposible. &ldquo;La felicidad es imperfecci&oacute;n&rdquo;, dice en <em>Amad</em>&hellip; En cambio, en otro libro sostiene que decir precisi&oacute;n es tanto como decir belleza. De esa mezcla de contrarios surge la plenitud en la p&oacute;cima de la belleza.</p>
<p>- Otro centro suyo es la geometr&iacute;a, presente pr&aacute;cticamente en todos los t&iacute;tulos: <em>El desierto de Takla-Mak&aacute;n</em>, <em>El cerco</em>&hellip;, <em>Un artista del billar</em>, <em>Amad</em>&hellip;, <em>Nemo</em>. Excepto en <em>El cerco</em>, el c&aacute;lculo sim&eacute;trico da idea de una configuraci&oacute;n m&aacute;s o menos organizada del mundo.</p>
<p>- Yo creo que s&iacute;. Dec&iacute;a Henry Miller que llamamos confusi&oacute;n a un orden que no entendemos. Mis personajes son ordenados y yo, probablemente, dentro del desorden que pueda haber en mi biblioteca, tambi&eacute;n. En <em>El cerco</em> quise ejemplificar los desvar&iacute;os de la raz&oacute;n a base de combinaciones geom&eacute;tricas urbanas.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; lugar ocupa la imprecisi&oacute;n en la geometr&iacute;a? Recordemos el calor humano que hay en lo defectivo.</p>
<p>- Las imprecisiones del narrador son, m&aacute;s all&aacute; de lo que yo haya hecho, elementos de verosimilitud. La imprecisi&oacute;n es del narrador. Que la precisi&oacute;n sea bella, sin duda. Hoy admitir&iacute;a que la imprecisi&oacute;n tambi&eacute;n lo puede ser. No es inc&oacute;modo, cuando uno tiene que narrar desde un punto de vista que no es la primera persona, el dejar las cosas en suspenso. Hay cosas que no se saben o no se pueden decir porque ser&iacute;a narrativamente contraproducente. Es mejor ir sembrando imprecisiones capaces de ocultar otros silenciamientos, dejar piedrecitas blancas de Pulgarcito. El narrador omnisciente no tiene por qu&eacute; saberlo todo, una vez me dijo un alumno: &lsquo;Si el narrador es omnisciente, &iquest;por qu&eacute; no lo cuenta todo?&rsquo;.</p>
<p>- Uniendo la imperfecci&oacute;n de las ruinas, la perfecci&oacute;n de la geometr&iacute;a, las imprecisiones del narrador y la belleza de la precisi&oacute;n&hellip; llegamos sin duda a los jardines, donde tambi&eacute;n se mete usted. En <em>Nemo</em> vemos que si est&aacute;n cerrados son clausura.</p>
<p>- Los jardines son la negaci&oacute;n del para&iacute;so, o del para&iacute;so privado.</p>
<p>- Si la idea es muy redonda, &iquest;ahoga la belleza?</p>
<p>- Los jardines son objetos de contemplaci&oacute;n est&eacute;tica pero nadie vive en el jard&iacute;n &ndash;o sea, en el para&iacute;so-. Y el que vive lo tiene como oficio, no como un destino existencial.</p>
<p>- &ldquo;Quien vive en el jard&iacute;n es jardinero y el jard&iacute;n es su oficio, no su para&iacute;so. El jard&iacute;n es una aspiraci&oacute;n, no un destino: se desea entrar, pero es mejor verlo desde fuera, incluso a distancia, desde lejos, porque en el momento en que se accede al jard&iacute;n su condici&oacute;n se desvanece. Los jardines son s&oacute;lo fantas&iacute;as visuales y crueles&rdquo;. En <em>Amad</em>.</p>
<p>-Podr&iacute;amos usar la sentencia de <em>Campo de amapolas</em>&hellip;<em> </em>y <em>El esp&iacute;ritu</em>&hellip;: &lsquo;<em>Custos quoque captivus</em>&rsquo; -El carcelero es tambi&eacute;n un prisionero-. Ser&iacute;a como vivir en el jard&iacute;n.</p>
<p>-En <em>Conversaci&oacute;n</em> dice que la c&aacute;rcel &ldquo;no es un lugar relacionado con el pecado, sino con el delito&rdquo;.</p>
<p>- Y que el delito es un pecado social y el pecado un delito religioso. Y que puede haber pecados que no sean inmorales e inmoralidades que no sean delito.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El estado de esperanza es m&aacute;s venturoso que el de consecuci&oacute;n&rdquo;</strong></p>
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<p>- &iquest;La belleza es un delito?</p>
<p>- La belleza puede ser un pecado.</p>
<p>- &iquest;Las flores detentan belleza o son esclavas de s&iacute; mismas?</p>
<p>- No me llaman la atenci&oacute;n los paisajes suntuosos.</p>
<p>- Hablemos de lo comestible de las plantas, pues. &ldquo;El pecado original no es comer la fruta prohibida, sino querer permanecer en el jard&iacute;n sin convertirse en jardinero&rdquo;.</p>
<p>- En el momento en el que se entra en el jard&iacute;n, el jard&iacute;n deja de ser aquello a lo que se aspiraba.</p>
<p>- Que est&aacute; en <em>Amad</em>&hellip;</p>
<p>- Claro, el estado de esperanza es m&aacute;s venturoso que el de consecuci&oacute;n. Uno puede sacar unas oposiciones de instituto, y no disfrutarlas&hellip; En un porcentaje alto, los fracasos amorosos se producen por entrar en el jard&iacute;n.</p>
<p>- Pero hay que conservar lo alcanzado.</p>
<p>- La vida es una tarea fatigosa. Todo lo que merece la pena es laborioso de mantener. Hay que darse cuenta de que ser jardinero no es tan malo.</p>
<p>- Antes mencion&oacute; la peripecia m&eacute;trica de las formas po&eacute;ticas cerradas. En <em>Campo de amapolas</em>&hellip;, H califica el soneto de &ldquo;habilidad est&eacute;ril&rdquo; y, en su alegato contra la pintura, testifica que un bodeg&oacute;n &ldquo;es un soneto&rdquo;.</p>
<p>- Alguien dijo que no existe el soneto perfecto. Quiz&aacute;s una de las mejores aproximaciones en castellano es el &lsquo;Amor constante m&aacute;s all&aacute; de la muerte&rsquo;&hellip; pero s&oacute;lo los tercetos [y recita a doble velocidad]: &ldquo;Alma a quien todo un dios prisi&oacute;n ha sido, / venas que humor a tanto fuego han dado, / m&eacute;dulas que han gloriosamente ardido, / su cuerpo dejar&aacute;, no su cuidado; / ser&aacute;n ceniza, mas tendr&aacute; sentido; polvo ser&aacute;n, mas polvo enamorado&rdquo;. Es probable que en el soneto prevalezca la forma sobre la idea. Dec&iacute;a Fabio Mor&aacute;bito que un poema se escribe verso a verso: cuando escribes el primero no tienes el segundo, ignoras hacia d&oacute;nde va la palabra. Puede que tenga raz&oacute;n: la forma narrativa consta de un recorrido y, en la po&eacute;tica, uno escribe un primer verso, el que dan los dioses, y no sabe si continuar&aacute;. Eso me pas&oacute; en mi poema favorito de <em>Certidumbre</em>&hellip;, que consta de dos versos -un apunte que no hall&oacute; desarrollo-: &ldquo;Siembran los hombres con torpeza lenta / su ruda cicatriz sobre la nieve&rdquo;. Pues cuando uno escribe un soneto, la idea de la prosa interfiere en la poes&iacute;a. Es probable que prevalezca la habilidad sobre la idea, es muy dif&iacute;cil adecuar una estructura cerrada a una significaci&oacute;n inicial amorfa. Entonces, tiene algo de bodeg&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me declaro juanramoniano y ferlosiano&rdquo; </strong></p>
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<p>- &iquest;Le gusta Juan Ram&oacute;n?</p>
<p>- Mucho.</p>
<p>- Tuve la impresi&oacute;n de lo contrario. Dice que lleva el intimismo melanc&oacute;lico a la saturaci&oacute;n.</p>
<p>- Es que escribi&oacute; muchos bodegones, &iquest;eh? Pero si mira lo que hay a su espalda, la balda de abajo entera es Juan Ram&oacute;n. En la adolescencia hay gente que lee <em>Romancero gitano</em> y escribe a lo Lorca. Yo le&iacute; repetidamente a Juan Ram&oacute;n, sobre todo al primero, y mis composiciones eran puro &eacute;l, romances pla&ntilde;ideros.</p>
<p>- &iquest;Al primero? El segundo lo pone al nivel de Val&eacute;ry, Pessoa y Eliot.</p>
<p>- Pero a los quince s&oacute;lo conoc&iacute;a al primero. Escrib&iacute; una cosa titulada &lsquo;Los chopos del Jerte&rsquo;, imitaci&oacute;n endeble y descarada, sin darme cuenta, de <em>Arias tristes</em>, <em>Jardines lejanos</em> y <em>Pastorales</em>. No lo citan entre mis influencias, pero, m&aacute;s tarde, el prosista Juan Ram&oacute;n fue un maestro para m&iacute;. Hay dos libros perfectos: <em>Platero</em>&hellip;, de prosa l&iacute;rica, subordinada, con muchas comas; y <em>Espa&ntilde;oles de tres mundos</em>, intelectual y constre&ntilde;ido. Me declaro juanramoniano.</p>
<p>- Y Ferlosiano. &ldquo;Por raz&oacute;n narrativa cabe entender cierta forma de predeterminaci&oacute;n esencial y la decidida disposici&oacute;n personal que subyace en el proceso literario, desde la situaci&oacute;n preverbal y silenciosa que ilumina el entendimiento del escritor y pone en marcha los mecanismos remotos de la narratividad hasta el comportamiento y los productores ling&uuml;&iacute;sticos resultantes&rdquo; -El <em>desierto</em>&hellip; -.</p>
<p>- El subt&iacute;tulo de <em>Camino de Jot&aacute;n</em> es &lsquo;La raz&oacute;n narrativa de Ferlosio&rsquo;. En ese libro [<em>El desierto</em>&hellip;] s&oacute;lo hay dos cosas con entidad: &lsquo;Elogio del Jeco&rsquo; y &lsquo;El argumento y la felicidad&rsquo;. Las dem&aacute;s son circunstanciales. Quer&iacute;a dar a entender que, escribiera lo que escribiera, Ferlosio es un narrador. Por mucho que elucubre abstrusamente, su exposici&oacute;n es fundamentalmente narrativa porque su raz&oacute;n es una funci&oacute;n narrativa antes que intelectual.</p>
<p>- La raz&oacute;n, &iquest;es lo que te empuja a ser lo que eres por encima de que no quieras serlo?</p>
<p>- Dir&iacute;a que s&iacute;, en un escritor polifac&eacute;tico &ndash;capaz de poes&iacute;a, teatro, novela, m&uacute;sica y pintura- con la idea viene la forma: si es poes&iacute;a o relato. Mayoritariamente disponemos de una sola raz&oacute;n, y limitada. La prueba de que se hagan antolog&iacute;as es que mucho de lo que hacemos sobra. La visi&oacute;n optimista es que conseguimos aciertos. La antolog&iacute;a corresponde a la raz&oacute;n po&eacute;tica y el resto es <em>la</em> <em>labor</em> del que la lleva a cabo. Hay una predisposici&oacute;n en un sentido u otro que no tiene que ver con lo de &lsquo;&iquest;el poeta nace o se hace?&rsquo;. La predisposici&oacute;n no tiene que ser innata. Si uno escribe novelas y deja de leer novelas, y pasa a leer poes&iacute;a, acabar&aacute; escribiendo poes&iacute;a. Nos configura lo que leemos. Y viceversa.</p>
<p>- Hay un componente intelectual.</p>
<p>-S&iacute;, porque si yo hubiera tenido unas posibilidades o circunstancias diferentes, lo mismo en lugar de escribir novelas, rodaba pel&iacute;culas.</p>
<p>- Y une lo intelectual a lo surreal, normalmente separado. &ldquo;Ya cuando ni&ntilde;o aprendi&oacute; que todas las combinaciones o v&iacute;nculos de inter&eacute;s se producen siempre en un plano surreal, puramente intelectual&rdquo;. <em>El esp&iacute;ritu</em>&hellip;</p>
<p>- Tenemos un modo de comprender la realidad. Cada cual, el suyo. Y ese modo puede ser surreal. Uno est&aacute; afectado por su comprensi&oacute;n, que puede ir contra los modos habituales de entender y hasta ser equivocados. Probablemente de una asimilaci&oacute;n err&oacute;nea, surgen las genialidades, las diferencias respecto a la comprensi&oacute;n com&uacute;n de los hechos.</p>
<p>Se dice en <em>Nemo</em>, y funciona hacia dentro y hacia fuera, que, si las palabras mienten, &ldquo;es mejor no utilizarlas&rdquo;. A la vista est&aacute; que a veces la conversaci&oacute;n es mejor que el silencio. Entonces la vida parece un jard&iacute;n habitable.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 12 Apr 2017 09:53:17 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Anarcosicalipsis]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/Anarcosicalipsis/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2017/PILAR_RUIZ_-_LA_DANZA_DE_LA_SERPIENTE.JPG" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo">&iquest;Es posible compaginar Victor Hugo o Dostoievsky con el <em>Ulysses</em> de Joyce, es posible casar a Don Benito con Valle? Pilar Ruiz lo consigue con una descocada pedagog&iacute;a literaria. Todo se sostiene en una estructura caleidosc&oacute;pica, cubista en cierto modo, aunque trabada por la l&oacute;gica causal-teleol&oacute;gica que mostrara Arist&oacute;teles. Es como si asisti&eacute;ramos a una ca&oacute;tica explosi&oacute;n que va cobrando orden casi sin darnos cuenta. He aqu&iacute; una novela del siglo XXI que parece del XX y por momentos del XIX, aunque su esp&iacute;ritu sea muy dieciochesco, por perverso y juguet&oacute;n. El siglo de las Luces, de hecho, supo acompasar la Raz&oacute;n ilustrada con la imaginaci&oacute;n sadiana, la frivolidad con la profundidad de pensamiento; Ruiz, que, con permiso de Rajoy, es muy poco ruin y s&iacute; muy osada, lo ha logrado tambi&eacute;n. Pero este es un milagro que no se revelar&aacute; en los mentideros controlados por el poder may&uacute;sculo de min&uacute;scula decencia. Pilar, como sus personajes, quedar&aacute; en los m&aacute;rgenes elegidos para seguir ri&eacute;ndose del esperpento circundante. Ella ir&aacute; a lo suyo, a cultivar esa sabidur&iacute;a narrativa que se da por supuesta, pero que pocos escritores espa&ntilde;oles atesoran, quiz&aacute; porque lo dan por sabida. Una ciencia narrativa que le lleva a comenzar los cap&iacute;tulos <em>in medias res,</em> a enhebrar con singular soltura tramas y subtramas, a entrecruzar el destino de los personajes, a culminar cada cabalgada narrativa al borde de un acantilado del que cuelga expectante nuestra tensi&oacute;n lectora&hellip;</p>
<p class="Cuerpo">Estamos ante una divina comedia que ha localizado los infiernos dantescos en un cabaret, m&aacute;s bien la boca del drag&oacute;n por donde mueren todos los vicios (por algo El Bosco los represent&oacute; como peces) pero donde se alumbra una salida (no abandonemos toda esperanza): la sicalipsis, el vicio dosificado con arte y talento. La autora no es una novelista hist&oacute;rica, es una narradora del presente ampar&aacute;ndose en un pasado imaginario. Los paralelismos entre el declive de la monarqu&iacute;a borb&oacute;nica, en manos de un Conde tan vampiro como Dr&aacute;cula solo que m&aacute;s c&iacute;nico porn&oacute;grafo, y los estertores de la Monarqu&iacute;a postfranquista en manos de un in&uacute;til corrupto, son m&aacute;s que evidentes, pero hay que descubrirlos. Porque <em>La danza de la serpiente</em> no se agota en lecturas de primer grado como tantas de sus supuestas parientes del g&eacute;nero hist&oacute;rico (esta novela no se adscribe all&iacute;) y garbancero (con permiso del Gran Gald&oacute;s, que no era nada garbancero). El contexto queda siempre al fondo, integrado, presente pero no omnipresente. Es una novela hiperdocumentada, pero en ning&uacute;n momento eso se hace visible, sino que la informaci&oacute;n ha sido dosificada de sabia manera a trav&eacute;s de certeras pinceladas. Tampoco son necesarios excursos ni morosas descripciones, el p&aacute;lpito de aquel presente primisecular de hace una centuria se presiente como un decorado complejo, magn&iacute;fico, viscontiano. Un escenario provinciano, al que Flaubert, Clar&iacute;n o Faulkner tanto partido le han sacado.</p>
<p class="Cuerpo">Nuestra escritora c&aacute;ntabra pinta un Santander que es la met&aacute;fora&nbsp; de la Espa&ntilde;a hiperprovinciana, pero al que las vacaciones <em>Belle &Eacute;poque</em> y la <em>Grande Guerre</em> convierten en un teatro de operaciones inesperadamente cosmopolita; all&iacute; se cruzan el terrorismo anarquista y el glamur de las clases dirigentes, la mojigater&iacute;a menendezpelayana &ndash;aunque Don Marcelino en la vida real era un cr&aacute;pula, como tantos hombres de orden de la &eacute;poca- con la desopilada sicalipsis, el espionaje internacional con la pornograf&iacute;a mon&aacute;rquica, Oscar Wilde con el populacho. Escenario id&oacute;neo para unos personajes de carne y hueso que se definen sobre todo por sus acciones &ndash;como en el cine- y por sus di&aacute;logos, elaborados, precisos, incisivos, alejados de ese falso naturalismo de naftalina, como en las mejores pel&iacute;culas cl&aacute;sicas.&nbsp; Por all&iacute; desfilan pioneras sufraguistas devotas de Krauss (Julia, tan pr&oacute;xima a la Amelia de <em>El Ministerio del tiempo)</em> y los representantes del orden tradicional (Dios, Patria y Rey). Las dos Espa&ntilde;as de siempre, pero con la presencia de esa otra &ldquo;tercera Espa&ntilde;a&rdquo; nada gongorina del <em>&ldquo;ande yo caliente&hellip;&rdquo;,</em> esa que vende la patria por un mendrugo y se apunta al &ldquo;&iexcl;Vivan las caenas!&rdquo; por una copa de aj&eacute;n, ej&eacute;n. Est&aacute;n claras las simpat&iacute;as de la novelista, pero no hay ni un asomo de adoctrinamiento, sino un sano escepticismo ante el activismo acompa&ntilde;ado de cierta fascinaci&oacute;n por los que eligen estar al margen con elegancia, sofisticaci&oacute;n y sicalipsis.</p>
<p class="Cuerpo">Tan sofisticado y elegante como el ambiente es el estilo que luce la novela. Abundante vocabulario, adaptado al a&ntilde;ejo sabor de &eacute;poca (resuenan vocablos nada comunes: achares, agarinos), que se canaliza en un decir primoroso, preciso, nada afectado. Todo fluye porque hay conciencia de que la escritura es ritmo, algo no muy habitual en la Rep&uacute;blica de las Letras de las Hesp&eacute;rides&hellip; Sorprendente dominio de un lenguaje que domina todos los niveles del habla, que es, al decir de L&aacute;zaro Carreter, la mayor de las riquezas idiom&aacute;ticas; lo vulgar, lo exquisito, lo sublime, lo culto, lo t&eacute;cnico, lo sical&iacute;ptico conforman tal variedad de registros ling&uuml;&iacute;sticos que enriquecen el sonido de un &oacute;rgano perfectamente afinado en su alt&iacute;sima fidelidad musical. Pero no todo son m&uacute;sicas celestiales, pues en cierto modo, <em>La danza de la serpiente</em> es explosiva. Una bomba discursiva servida por una editorial <em>mainstream</em>, una provocaci&oacute;n con guante de seda, un esputo envuelto en terciopelo. Y esto tambi&eacute;n forma parte la anarcosicalipsis que la distingue.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Termino diciendo que, si bien en este puerto recalan los tres &uacute;ltimos siglos en su legado ideol&oacute;gico y literario, no es menos cierto que estamos ante un artilugio inmersivo del siglo XXI. Pues es un texto que llama al lector a una experiencia que es a la vez entretenida y enriquecedora; como en las mejores apuestas contempor&aacute;neas la densidad est&aacute; ah&iacute;, aunque oculta, y la escritura emergida nos brinda una inmersi&oacute;n entretenida, ligera, c&oacute;mplice, en sugestivas capas de cebolla&hellip; Esta liviandad profunda, este hondo entretenimiento l&uacute;dico debe mucho a ese arte teatral que est&aacute; muy presente tambi&eacute;n en la obra y al que la propia autora homenajea. Los cap&iacute;tulos m&aacute;s bien parecen escenas y los personajes desfilan por las p&aacute;ginas como salidos de las bambalinas, porque la escritura es tan carnosa que los imaginamos entre tramoyas y luces, con esa sensualidad estilizada que solo las tablas saben transmitir. Teatral tambi&eacute;n esa perspectiva desde la s&eacute;ptima fila que adivinamos en su autora, un punto de vista distanciado y c&oacute;mplice a la vez con sus criaturas sobre el que sobrevuela otro mucho m&aacute;s despiadado sobre aquella sociedad tan miserable como la de hoy d&iacute;a, el gran teatro del mundo en definitiva, que nunca fue grande. Liviandad profunda, hondo entretenimiento l&uacute;dico que forma parte de las se&ntilde;as de identidad de un escritor del siglo XXI que ha aprendido, de verdad, sin pantomimas ni m&iacute;mesis baratas, la gran lecci&oacute;n de la tradici&oacute;n narrativa que arranca en Cervantes, remonta el vuelo en el XVIII y florece en los dos siglos siguientes.</p>
<p class="Cuerpo" align="center"><strong><em>&nbsp;</em></strong></p>
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<p class="Cuerpo" align="center"><strong><em>&nbsp;</em></strong></p>
<p class="Cuerpo">Pilar Ruiz,<em> La danza de la serpiente, </em>Barcelona, Ediciones B, 2016.</p>
<p class="Cuerpo" align="right"><strong><em>&nbsp;</em></strong></p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 07 Apr 2017 10:10:03 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El teatro del mundo, el hombre]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-teatro-del-mundo-el-hombre/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2017/LUIS_RODR_GUEZ_-_EL_RETABLO_DEL_NO.JPG" alt="" /></p>
<p>Luis Rodr&iacute;guez no es un escritor, es un fil&oacute;sofo con voz propia, arriesgado, transgresor, vanguardista, que reflexiona sobre la vida sin concesiones de cara a la galer&iacute;a. Escribe para &eacute;l, para investigar en su propia po&eacute;tica, sabe que hacerlo para el lector es un error. La presunci&oacute;n de inteligencia en &eacute;l le obliga a ser honesto en cuanto a su obra en marcha y persiste en su camino, en evoluci&oacute;n siempre, pero con coherencia: la identidad es un proceso en eterna construcci&oacute;n, el ser humano vive en tr&aacute;nsito, explorar y tratar de aprehender la realidad y mostrarla en su multiformidad, de recomponer ese rompecabezas a base de letras que forman palabras, palabras que crean textos, textos que sintetizan historias, que a su vez se bifurcan en diferentes realidades, realidades que conectan mundos y tiempos, pasado y futuro en continuidad, en relaci&oacute;n biun&iacute;voca, influy&eacute;ndose mutuamente&hellip; Nos hemos vuelto a topar con un infinito, con un caleidoscopio en el que solo se ve una &iacute;nfima parte de la realidad, su &uacute;nica verdad es su naturaleza escurridiza, desbordante, polic&eacute;ntrica -&iquest;ca&oacute;tica?- y, sobre todo, polif&oacute;nica. Una sucesi&oacute;n de part&iacute;culas unidas por hilos-historias que no se sabe de d&oacute;nde vienen ni hacia donde se dirigen, o tal vez s&iacute;, hacia la muerte: &ldquo;todo cuanto vive debe morir &ndash;dice la reina en <em>Hamlet</em>-, cruzando por la vida hacia la eternidad.&rdquo;</p>
<p>La cuarta novela de Luis Rodr&iacute;guez no es una novela, <em>El retablo del no</em> es, como m&iacute;nimo, dos NO-velas espejo con haz y env&eacute;s, realidad y reflejo, ser y sombra, actores y personajes, una de diez mil palabras y otra, que contiene la anterior, de veinte mil.</p>
<p><em>El retablo del no </em>no es teatro, es teatro contado, es vida teatralizada. En el peque&ntilde;o escenario de una cafeter&iacute;a varios actores - t&iacute;teres de la vida- narran a modo de retablo historias fragmentadas, episodios absurdos con explicaci&oacute;n l&oacute;gica, an&eacute;cdotas incre&iacute;bles absolutamente reales&hellip; Vivir es puro teatro, el teatro es pura vida. Como dec&iacute;a aquel director teatral al comenzar la obra: "Damas y caballeros, aqu&iacute; termina el teatro y comienza la vida. &iexcl;Principiamos!". Y al terminar la funci&oacute;n conclu&iacute;a: "Damas y caballeros, aqu&iacute; termin&oacute; la vida y comienza el teatro.&rdquo;</p>
<p>La negaci&oacute;n es una de las connotaciones del g&eacute;nero humano que nos permite ser libres. La libertad da a las personas la posibilidad de decir no y Luis Rodr&iacute;guez ejerce su libertad y entiende la negaci&oacute;n desde el punto de vista m&eacute;dico como una de las etapas psicol&oacute;gicas por las que pasa el enfermo a partir del momento en que sabe o sospecha que va a morir, pero tambi&eacute;n como el fil&oacute;sofo se ocupa de los conceptos vinculados a la negaci&oacute;n, a saber, el de oposici&oacute;n, el de no-existencia, el de diferencia y el de proposici&oacute;n negada: la realidad y su reflejo en el espejo; el hombre y su sombra, el concepto del doble, del actor y su personaje&hellip; La negaci&oacute;n constituye un mecanismo comunicativo que empleamos desde nuestro nacimiento (el llanto de los reci&eacute;n nacidos manifiesta ya su disconformidad por haber dejado el seno materno) hasta su muerte (el silencio de los cad&aacute;veres como negaci&oacute;n de la existencia).</p>
<p>Quien lea <em>El retablo del no</em> se ver&aacute; a s&iacute; mismo incompleto, fragmentado, confundido. Luis Rodr&iacute;guez lo llevar&aacute; m&aacute;s all&aacute; del sentido controlado del relato, lo situar&aacute; al borde del precipicio y tal vez lo arroje incluso al abismo interior de sus emociones, al terror de sus intuiciones.</p>
<p>Luis Rodr&iacute;guez, <em>El retablo del no</em>, Tropo Editores, 2017.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&hellip;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 31 Mar 2017 11:19:27 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poemas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/poemas-de-roberto-mussapi/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2017/ROBERTO_MUSSAPI_2.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Roberto Mussapi naci&oacute; en C&uacute;neo (Piamonte) en 1952 y reside en Mil&aacute;n.<br /> Entre otros libros, ha publicado: <em>Gita meridiana</em>, <em>Antartide</em> y <em>La stoffa dell'ombra e delle cose</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p><br /> <strong>LLANURA</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tengo angustia de la llanura, en mi coraz&oacute;n</p>
<p>evoca el mar inm&oacute;vil y desanimado</p>
<p>de la bonanza, cuando no sopla brisa</p>
<p>y las velas cuelgan como vampiros por la ma&ntilde;ana.</p>
<p>Recuerdo las dunas del desierto, las extensiones,</p>
<p>las largas caravaneras y el lento paso</p>
<p>al mundo de los t&aacute;rtaros, al oriente lejano:</p>
<p>all&iacute; fui consustancial a la llanura,</p>
<p>al descenso hacia un continuo ignoto.</p>
<p>Y en m&iacute; vive tambi&eacute;n el viaje de los Magos,</p>
<p>montes llenos de nieve, luego altiplanos,</p>
<p>y largas extensiones lisas donde se posaba el cielo.</p>
<p>Y luego el viento y las olas crestadas,</p>
<p>all&aacute;, allende Gibraltar y Cabo de Hornos, hacia Occidente,</p>
<p>en los mares donde el sol se ahoga y muere.</p>
<p>Fueron pesadillas los d&iacute;as de llanura,</p>
<p>mar sin alma, cielo sin aliento,</p>
<p>y nosotros inm&oacute;viles sobre la toldilla, como expiando.</p>
<p>Se convirti&oacute; en un atlas, aquella aventura:</p>
<p>todo fue allanado y extendido,</p>
<p>nada qued&oacute; desconocido.</p>
<p>As&iacute; murieron deseo y amor</p>
<p>mientras el dibujo del mundo se cerraba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luego, desde la oscuridad y desde el vac&iacute;o de la bodega</p>
<p>descendimos a las cavernas y tocamos la luna,</p>
<p>el fondo, el origen de la sangre y de la especie,</p>
<p>y all&aacute;, en lo alto, hacia las estrellas y el cielo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ay&uacute;dame a volver a la llanura,</p>
<p>a creer que no ha muerto la aventura</p>
<p>incluso all&aacute; abajo donde el tiempo se ha estirado,&nbsp;</p>
<p>ahora que el horizonte no me angustia,</p>
<p>ahora que s&eacute; que no s&eacute;,</p>
<p>que estoy de nuevo sucio y en la calle,</p>
<p>que he aprendido otra vez a llorar y a rezar.</p>
<p><strong><em>SAILING FROM VENEZIA</em></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esto es el cristal, se hincha</p>
<p>con el soplido, coge la forma de la respiraci&oacute;n,</p>
<p>todo lo que tintinea, que r&iacute;e, fue soplado,</p>
<p>sientes los labios del hombre en el borde del vaso,</p>
<p>he aqu&iacute; porque r&iacute;en as&iacute;, las muchachas,</p>
<p>con esas voces argentinas, de brindis,</p>
<p>eso es el cristal donde todo espejea,</p>
<p>el canal, mira, la ciudad reflejada,</p>
<p>los cimientos en paz con las aguas,</p>
<p>como una flota detenida en un oc&eacute;ano</p>
<p>de cristal y de silencio,</p>
<p>esto es el parabrisas, en agosto,</p>
<p>los mosquitos aplastados, la prueba del viaje,</p>
<p>del pie en el acelerador, de la noche,</p>
<p>llover&aacute;, el tiempo ser&aacute; marcado por el limpiaparabrisas,</p>
<p>los p&aacute;rpados palpitan con el ritmo de la respiraci&oacute;n,</p>
<p>se abren inspirando,</p>
<p>desde all&iacute; yo veo el mundo.<br /> <br /> <br /> <strong><em>AS TEARS GO BY, OFELIA</em></strong><em>&nbsp;</em><br /> <br /> <em>a Marianne Faithfull</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luego fueron s&iacute;labas aquellas que hab&iacute;an sido palabras</p>
<p>y versos que me desgarraban la garganta,</p>
<p>pedazos, grumos de vozsangre</p>
<p>de toda imagen que anta&ntilde;o hab&iacute;a sido,</p>
<p>ahora perdida en el fondo bajo arena vidriada.</p>
<p>E inhallable como quien es mudo</p>
<p>de golpe y con la voz su mirada ha perdido</p>
<p>por un dolor que s&oacute;lo puedes intuir</p>
<p>en esa c&oacute;rnea de repente vac&iacute;a,</p>
<p>o como de golpe a ciento sesenta en un t&uacute;nel</p>
<p>con el pie hipnotizado en el acelerador</p>
<p>y yo, yo, lengua quebrada, yo, ahogada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>He interpretado a Ofelia, conozco la locura,</p>
<p>y s&eacute; que te golpea por exceso de amor,</p>
<p>cuando tus ojos no sostienen una silla</p>
<p>si ves en su paja las tramas de oro,</p>
<p>y el aura de aquella c&aacute;tedra y su luz,</p>
<p>y los beatos que se posaron en inconsciente plegaria,</p>
<p>si tiemblas por una persona que se sienta</p>
<p>y se acerca al centro del fango y de los grandes r&iacute;os,</p>
<p>y s&eacute; qu&eacute; significa exceso de amor,</p>
<p>cuando aquel al que amas se disipa y calla,</p>
<p>o no consigue responderte, y t&uacute; mueres,</p>
<p>por extinci&oacute;n, deshidratada en piedra.</p>
<p>Yo estoy ahogada en la charca y subida</p>
<p>entre hojas ca&iacute;das, muertas y siemprevivas,</p>
<p>desde el fondo limoso subiendo a la luz,</p>
<p>desde el fondo he encontrado g&eacute;nesis y amor,</p>
<p>ahora que vuelve a ser m&iacute;a, en m&iacute;, mi voz,</p>
<p>nada que pedir, subir despacio</p>
<p>como la linfa del c&aacute;lamo a la flor</p>
<p>despu&eacute;s de ser estrangulada por el invierno y por el hielo</p>
<p>entre hojas podridas, y el rito humoral</p>
<p>asciende a los campos y al oro de las gavillas</p>
<p>entre casa y casa, entre las luces y las calles.</p>
<p>Conozco la locura y estoy ahogada,</p>
<p>y ahora s&eacute; que era solamente amor.</p>
<p><br /> <br /> <strong>PALABRAS DEL ZAMBULLIDOR DE PAESTUM</strong><br /> <br /> Yo soy el alma de tu padre, el zambullidor:<br /> te he seguido cada d&iacute;a, estoy a tu lado,<br /> conozco como entonces tus zonas de sombra,<br /> el lenguaje de los movimientos trazado por tu cara,<br /> nada ha cambiado desde entonces, en este sentido.<br /> Esto es lo primero que he descubierto,<br /> lo primero que quer&iacute;a decirte: no cambia la percepci&oacute;n<br /> de tus momentos, como no cambiaba<br /> de noche, en el sue&ntilde;o, o por la distancia.<br /> S&eacute; que este soplo m&iacute;o (desde el fondo del agua,<br /> entre las an&eacute;monas)<br /> ser&aacute; para ti como mis palabras de anta&ntilde;o:<br /> que te infund&iacute;an memoria y valor,<br /> m&aacute;s que el vino o que una mujer que te mira.<br /> Mi primer descubrimiento, la primera verdad es que nada<br /> se rompe en el secreto del alma.<br /> El resto es confuso, es pronto<br /> para intentar contarte,<br /> corales, an&eacute;monas, vidas que se dibujan con un movimiento<br /> de agua y se disipan al instante.<br /> No todo es luz, transparencia, silencio,<br /> galer&iacute;as de oscuridad, respiraciones contenidas, luego voces<br /> que inhalan en m&iacute; como si hablase.<br /> Me deslizo hacia un fondo cada vez m&aacute;s distante<br /> y siento que una luz sumergida me llama desde oriente:<br /> no s&eacute; d&oacute;nde acaba, por ahora,<br /> no s&eacute; qu&eacute; es, pero s&eacute; qu&eacute; amor<br /> la mueve y determina su respiraci&oacute;n.<br /> De este viaje hablar&eacute; m&aacute;s adelante,<br /> cuando la experiencia sea conocimiento,<br /> puedo hablarte de cuanto he dejado,<br /> sobre la superficie azul de las aguas,<br /> entre las arenas blanqu&iacute;simas, las palmeras,<br /> la sombra de los olivos, el vino<br /> vertido de las &aacute;nforas:<br /> ama la tierra rosa en el ocaso,<br /> sum&eacute;rgete en el mar para jugar, como un trit&oacute;n,<br /> saborea la fruta, el pan, bebe y come,<br /> escucha las risas de las muchachas,<br /> busca su boca, r&iacute;e y desesp&eacute;rate,<br /> agradece cada d&iacute;a tu pa&iacute;s resplandeciente.<br /> Yo no soy tu padre sino su alma,<br /> no soy aquello que vivo sino recuerdo,<br /> la ribera, la piscina, los colores que forman<br /> el extra&ntilde;o dibujo de la vida mortal.<br /> Vive en esa cer&aacute;mica deslumbrante y espera<br /> cuanto sabr&eacute; decirte m&aacute;s adelante, al final del viaje.<br /> Pero ahora que duermes como cuando en una cuna<br /> parec&iacute;as buscar los secretos del mundo,<br /> ahora que tienes las espaldas m&aacute;s anchas y los cabellos m&aacute;s ralos,<br /> escucha las palabras de mi alma<br /> no s&eacute; mucho de ella, de m&iacute; misma,<br /> (es pronto, hijo, no conozco bastante,<br /> apenas he comenzado, estoy nadando),<br /> no pienses en mi cuerpo (es tarde,<br /> perlas, los que fueron mis ojos,<br /> y mis labios reducidos a corales),<br /> pero conozco su matrimonio,<br /> cuando viv&iacute;an al un&iacute;sono en el mundo<br /> y yo, el alma de tu padre, el zambullidor,<br /> te entrego s&oacute;lo esta experimentada certeza<br /> (desde el fondo del abismo, en el escalofr&iacute;o de la zambullida):<br /> que tambi&eacute;n el hombre puede amar eternamente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 31 Mar 2017 11:14:32 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[LUIS  LANDERO PROTAGONIZA LA REVISTA “TURIA” ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/luis-landero-protagoniza-la-revist-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2017/LUIS_LANDERO_3.jpg" alt="" /></p>
<p class="Textoindependiente21">El escritor Luis Landero es el gran protagonista del nuevo n&uacute;mero de la revista cultural TURIA. Un total de 12 autores de distintos pa&iacute;ses participan en un atractivo monogr&aacute;fico que permitir&aacute; a los lectores conocer m&aacute;s y mejor las claves de su obra y su personalidad. Se trata de una aproximaci&oacute;n plural, interesante y completa al autor que nos fascin&oacute; con novelas como &ldquo;Juegos de la edad tard&iacute;a&rdquo; y que contin&uacute;a haci&eacute;ndolo con su reciente &ldquo;La vida negociable&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">El nuevo n&uacute;mero de TURIA en homenaje a Luis Landero se present&oacute; en Badajoz por el poeta &Aacute;lvaro Valverde. El acto, que cont&oacute; con la presencia del propio Landero, tuvo lugar a las 20 horas y en el Museo Extreme&ntilde;o e Iberoamericano de Arte Contempor&aacute;neo (MEIAC).&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">A trav&eacute;s de un sumario de 500 p&aacute;ginas, TURIA no s&oacute;lo analiza y fomenta la lectura de la obra de Luis Landero, tambi&eacute;n realiza una plural aproximaci&oacute;n a la literatura extreme&ntilde;a actual a trav&eacute;s de textos in&eacute;ditos (relatos, poemas, aforismos, art&iacute;culos, ensayos y cr&iacute;ticas de libros) de un total de 25 autores.</p>
<p class="Textoindependiente21">&ldquo;Internarse en la obra de Luis Landero &ndash;reconoce Elvire Gomez-Vidal, hispanista francesa que ha coordinado el monogr&aacute;fico de TURIA- es ingresar en un universo genuino inmediatamente reconocible por lo que se podr&iacute;a llamar un &lsquo;estilo&rsquo; inimitable, dotado de una agradable fluidez pero tambi&eacute;n de gran densidad, sutil y profundo aunque de aparente sencillez y hasta de ingravidez a veces, que va involucrando al lector en su trama de manera ineludible.&nbsp; Es una obra que se resiste a las categorizaciones o a los encasillamientos porque tiene voz propia en el panorama de la narrativa espa&ntilde;ola actual&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Sin duda, Landero merece un lugar de honor en la literatura de nuestra &eacute;poca y sus libros nos confirman que domina como pocos el arte de narrar. &ldquo;Landero &ndash;seg&uacute;n asegura la profesora Gomez-Vidal en TURIA- ha sabido crear un universo novelesco propio que deslumbra, despierta la curiosidad del lector, y lo alienta a relecturas por los descubrimientos sucesivos de datos, ideas, hilos narrativos que no hab&iacute;a captado en un primer momento&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>UN SUMARIO REPLETO DE TEXTOS Y AUTORES DE INTER&Eacute;S</strong></p>
<p>Adem&aacute;s del cuidado monogr&aacute;fico dedicado a Luis Landero, el nuevo n&uacute;mero de TURIA brinda un sumario repleto de lecturas y autores de inter&eacute;s.&nbsp; As&iacute;,&nbsp; las p&aacute;ginas de la revista se enriquecen con textos de importantes autores internacionales. Entre ellos, destacan el escritor mexicano Carlos D&iacute;az Duf&oacute;o hijo, el portugu&eacute;s Manuel Antonio Pina o el italiano Luciano Canfora.&nbsp;</p>
<table cellspacing="0" cellpadding="0" align="left">
<tbody>
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<td width="57" height="58">&nbsp;</td>
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<td>&nbsp;</td>
<td>&nbsp;</td>
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</tbody>
</table>
<p class="Textoindependiente21">Otros protagonistas de la nueva entrega de TURIA son autores como Javier Cercas, Lorrie Moore o I&ntilde;aki Uriarte, sobre cuya obra se publican art&iacute;culos originales.</p>
<p>Tambi&eacute;n da a conocer textos narrativos in&eacute;ditos de Manuel Longares, Eugenio Fuentes y Patricia Esteban Erl&eacute;s. Tres autores que, por su calidad, figuran entre los m&aacute;s valorados dentro de las letras espa&ntilde;olas de nuestros d&iacute;as.&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA ofrece igualmente a los lectores poemas in&eacute;ditos de Andr&eacute;s Trapiello, Pureza Canelo, &Aacute;lvaro Valverde, Ana Rossetti, Jordi Doce y Basilio S&aacute;nchez.</p>
<p>Especialmente recomendables son las dos amplias entrevistas exclusivas que TURIA publica con dos escritores muy relevantes: Rosa Montero y Gonzalo Hidalgo Bayal.&nbsp; Ambos conversan con Fernando del Val&nbsp; acerca de un amplio repertorio de temas de inter&eacute;s. As&iacute;, con la periodista y escritora hablamos sobre el sexo y la muerte, la novela y la madurez. Igualmente analizamos el presente y el futuro de los medios de comunicaci&oacute;n, el papel de Europa o el actual cuestionamiento de la democracia. Por lo que se refiere a la entrevista con el profesor y autor de &ldquo;Nemo&rdquo;, repasamos sus devociones literarias: Kafka, Faulkner, Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez o Rafael S&aacute;nchez Ferlosio. Se habla tambi&eacute;n de Bu&ntilde;uel y de la trist&iacute;sima realidad que mostr&oacute; en &ldquo;Las Hurdes, tierra sin pan&rdquo;, de la situaci&oacute;n de la ense&ntilde;anza o de la atracci&oacute;n que siente hacia las ruinas.</p>
<p>Este nuevo n&uacute;mero de TURIA ha sido ilustrado por el poeta visual Antonio G&oacute;mez.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA ha conseguido convertirse, tras m&aacute;s de 30 a&ntilde;os de trayectoria,&nbsp; en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. Tiene difusi&oacute;n nacional e internacional y por sus p&aacute;ginas han pasado m&aacute;s de mil autores de diversas procedencias est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas, lo que da idea de la riqueza y pluralidad de sus contenidos. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA es una revista de periodicidad cuatrimestral que tiene una edici&oacute;n en papel y otra&nbsp; digital (web y Facebook). Est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero ha sido posible gracias a la colaboraci&oacute;n de la Junta de Extremadura, la Diputaci&oacute;n de Badajoz y Fundaci&oacute;n Caja Badajoz (Obra Social IberCaja).</p>
<p><strong>LUIS LANDERO, ENTRE CERVANTES Y KAFKA</strong></p>
<p>Luis Landero (Alburquerque, Badajoz, 1948)&nbsp; es uno de los escritores m&aacute;s reconocidos y le&iacute;dos tanto en Espa&ntilde;a como en otros pa&iacute;ses. De ah&iacute; que, en el monogr&aacute;fico que TURIA le dedica, se publiquen textos originales sobre su obra de las m&aacute;s diversas procedencias.&nbsp; Ha sido coordinado por Elvire Gomez-Vidal, profesora em&eacute;rita de Universidad de Burdeos y reconocida experta en Landero. Tambi&eacute;n participan con art&iacute;culos in&eacute;ditos: Luis Beltr&aacute;n Almer&iacute;a (Universidad de Zaragoza), Ra&uacute;l Nieto de la Torre, Fernando Valls (Universidad de Barcelona), Irina Enache (Universidad de la Sorbona-Par&iacute;s IV), Anal&iacute;a V&eacute;lez de la Villa (Universidad Cat&oacute;lica Argentina), Alfonso Ruiz de Aguirre, Epicteto D&iacute;az Navarro (Universidad Complutense), Natalie Noyaret (Universidad de Caen), Antonio Rivas (Fairleigh Dickinson University, USA) y Gonzalo Hidalgo Bayal.</p>
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<p>&nbsp;Adem&aacute;s,&nbsp; TURIA&nbsp; publica&nbsp; un&nbsp; ensayo&nbsp; in&eacute;dito&nbsp; de&nbsp; Luis&nbsp; Landero:&nbsp; &ldquo;Devaneos&nbsp; de&nbsp; lector&rdquo; y una xtensa y reveladora entrevista realizada por la periodista cultural Emma Rodr&iacute;guez. En ella, Landero nos dir&aacute; que &ldquo;la cultura ha pasado a ser un suburbio del entretenimiento&rdquo;. Y tambi&eacute;n que &ldquo;no hay nada peor que la complacencia para un escritor&rdquo;.&nbsp; Cierra el monogr&aacute;fico una exhaustiva biocronolog&iacute;a.</p>
<p class="Textoindependiente21">En TURIA nos gusta Luis Landero porque, como ha escrito Elvire Gomez-Vidal,&nbsp; &ldquo;sin grandilocuencia alguna, con extremada humildad, el autor deja asentada la figura del escritor en tanto conciencia &eacute;tica, en tanto guardi&aacute;n de&nbsp; un patrimonio literario, de una cultura popular&nbsp; que corren a la par con valores esenciales para la humanidad y su supervivencia: una simbiosis entre la &eacute;tica, la est&eacute;tica y el juego&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Para Fernando Valls, &ldquo;si la primera letra del alfabeto literario de Luis Landero es la C de Cervantes, la segunda quiz&aacute; sea la K de Franz Kafka&rdquo;. No en vano, y seg&uacute;n ha afirmado el propio Landero, &ldquo;Kafka es el escritor del siglo XX para m&iacute; m&aacute;s querido&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Por otro lado, y seg&uacute;n Luis Beltr&aacute;n Almer&iacute;a, m&aacute;s all&aacute; de la tendencia de Landero al autobiografismo, a elementos de educaci&oacute;n, al cervantismo, hay que subrayar que es un &ldquo;autor de novelas biogr&aacute;ficas, de novelas de educaci&oacute;n o de novelas humor&iacute;sticas&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Entre los art&iacute;culos in&eacute;ditos que TURIA publica sobre Landero, sobresale el texto del tambi&eacute;n escritor extreme&ntilde;o Gonzalo Hidalgo Bayal: &ldquo;El h&eacute;roe y sus heter&oacute;nimos&rdquo;. En &eacute;l reconoce que no hay mejor gu&iacute;a de lectura que &ldquo;aventurarse en los escritos de Landero con la avidez y la inocencia del lector af&iacute;n&rdquo;. No obstante, para Hidalgo Bayal &ldquo;la obra de Landero es, sin duda, m&aacute;s ambiciosa, pero es tambi&eacute;n la memoria literaria de la dif&iacute;cil aclimataci&oacute;n del siglo XIX rural en el siglo XX urbano, del ensamblaje de esos dos mundos en v&iacute;as de desaparici&oacute;n, si es que &lsquo;en v&iacute;as&rsquo; no es una locuci&oacute;n en exceso optimista y estamos en realidad a estas alturas ante el emotivo testimonio de dos mundos extintos&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">&ldquo;Lograr que literatura y vida se confundan, que lleguen a ser la misma cosa, que puedan ser&nbsp; afrontadas con el mismo sentimiento de realidad y de plenitud es el af&aacute;n que Luis Landero persigue con su obra&rdquo;, asegura la profesora argentina Anal&iacute;a V&eacute;lez de Villa.</p>
<p class="Textoindependiente21">Por su parte, Ra&uacute;l Nieto de la Torre opina que &ldquo;no se puede entender la obra de Landero sin la conflictiva y todopoderosa figura del padre, motor inm&oacute;vil que, desde un m&aacute;s all&aacute; impreciso, influye decisivamente en la vida del hijo&rdquo;. Y tambi&eacute;n da cuenta de otra clave que descubrimos al leer cualquier libro de Landero: &ldquo;hay una verdadera vocaci&oacute;n, de corte cervantino, por integrar la literatura oral en la textura de la literatura escrita&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Alfonso Ruiz de Aguirre concluye su art&iacute;culo en TURIA afirmando que &ldquo;la representaci&oacute;n de la sexualidad sirve a Landero para proyectar sobre el mundo una mirada traviesa y aguda&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Seg&uacute;n Epicteto D&iacute;az Navarro, Landero ser&iacute;a un escritor que innova la tradici&oacute;n y en cuya trayectoria debe subrayarse c&oacute;mo sus narraciones muestran &ldquo;con una rara originalidad el poder transformador de la palabra, una intensa imagen del hombre como individuo libre y una sutil iron&iacute;a que no deja al margen la autocr&iacute;tica&rdquo;.</p>
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<p class="Textoindependiente21"><strong>JAVIER CERCAS, LORRIE MOORE E I&Ntilde;AKI URIARTE </strong></p>
<p class="Textoindependiente21">El&nbsp; sumario&nbsp; de&nbsp; TURIA&nbsp; se&nbsp; abre,&nbsp; en&nbsp; esta&nbsp; ocasi&oacute;n,&nbsp; con&nbsp; un&nbsp; sugerente&nbsp; art&iacute;culo&nbsp; de Domingo</p>
<p class="Textoindependiente21">R&oacute;denas de Moya sobre la trayectoria literaria de Javier Cercas. En &eacute;l se subraya la condici&oacute;n esencialmente autobiogr&aacute;fica de su obra: &ldquo;desde &ldquo;El m&oacute;vil&rdquo; (1987) hasta &ldquo;El monarca de las sombras&rdquo; (2017) los reflejos de su propia biograf&iacute;a son permanentes y crecientes aunque siempre enmascarados con artificios diversos, y no es el menor el de fingir que el narrador de sus libros, a veces con su propio nombre, es &eacute;l mismo&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Adem&aacute;s, seg&uacute;n R&oacute;denas de Moya, la preocupaci&oacute;n constante de Javier Cercas &ldquo;por el modo en que se construyen y carburan los artefactos literarios hace de &eacute;l un escritor ajeno a la espontaneidad y a salvo de la ingenuidad, lo que no significa que sea cerebral ni intelectual ni, a&uacute;n menos, g&eacute;lido&rdquo;.</p>
<p>Menci&oacute;n destacada en el sumario de la revista merece un sugerente art&iacute;culo sobre los relatos de la norteamericana Lorrie Moore, uno de los nombres propios m&aacute;s relevantes de la narrativa de nuestros d&iacute;as. Bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Los relatos de Lorrie Moore o Bob Marley haciendo quimioterapia&rdquo;, el profesor de la Universidad de Oviedo Javier Garc&iacute;a Rodr&iacute;guez analiza la obra de una escritora que es un buen ejemplo de la &ldquo;calidad y variedad de la cuent&iacute;stica norteamericana contempor&aacute;nea&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">La secci&oacute;n que TURIA dedica a los estudios literarios se cierra con un art&iacute;culo sobre uno de los diaristas espa&ntilde;oles actuales m&aacute;s valorados por la cr&iacute;tica y los lectores: &ldquo;La quinta rueda del carro. Los diarios de I&ntilde;aki Uriarte&rdquo;, de Manuel Arranz.</p>
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<p class="Textoindependiente21"><strong>ANDR&Eacute;S TRAPIELLO, MANUEL LONGARES, CARLOS D&Iacute;AZ DUF&Oacute;O, MANUEL ANTONIO PINA, LUCIANO CANFORA Y RAM&Oacute;N CARANDE</strong></p>
<p>Entre el buen surtido de lecturas in&eacute;ditas que ofrece TURIA sobresalen los 25 epigramas del mexicano Carlos D&iacute;az Duf&oacute;o hijo, todo un c&eacute;lebre raro de las letras latinoamericanas. Y es que este escritor de vida breve (naci&oacute; en Ciudad de M&eacute;xico en 1888 y se suicid&oacute; en la misma urbe cuando contaba con 44 a&ntilde;os) se ha convertido en referente de sucesivas generaciones de lectores y escritores como autor de unos magistrales &ldquo;Epigramas&rdquo; que, como bien subraya Luis Mar&iacute;a Marina en su nota introductoria, constituyen &ldquo;una aut&eacute;ntica &eacute;tica del fracaso&rdquo;.</p>
<p>Adem&aacute;s, TURIA publica textos narrativos de Manuel Longares, Eugenio Fuentes, Patricia Esteban Erl&eacute;s y un fragmento de los diarios de Jos&eacute; Luis Garc&iacute;a Mart&iacute;n.</p>
<p>No menos interesantes son los aforismos in&eacute;ditos de tres de sus m&aacute;s relevantes cultivadores: Manuel Neila, Jos&eacute; Mar&iacute;a Cumbre&ntilde;o y El&iacute;as Moro. Sus textos confirman la notable pujanza creativa que goza actualmente el g&eacute;nero del aforismo en Espa&ntilde;a&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">En poes&iacute;a, TURIA publica un breve antolog&iacute;a del portugu&eacute;s Manuel Ant&oacute;nio Pina, con traducci&oacute;n de Antonio S&aacute;ez Delgado. Y&nbsp; tambi&eacute;n se ofrecen versos originales de, entre otros: Andr&eacute;s Trapiello, Pureza Canelo, Ana Rosetti, &Aacute;lvaro Valverde, Jordi Doce, Basilio S&aacute;nchez, Javier Lostal&eacute;, Jorge Riechmann, Eduardo Moga e Inma Chac&oacute;n.</p>
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<p class="Textoindependiente21">En el apartado que TURIA dedica al ensayo, merece una atenta lectura un fragmento de la&nbsp; nueva obra del prestigioso intelectual italiano Luciano Canfora: &ldquo;Libro y libertad&rdquo;, un texto apasionante y sorprendente sobre el poder del libro y la lucha entre el libro y el poder.</p>
<p class="Textoindependiente21">No menos recomendable es el homenaje que, bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Ram&oacute;n Carande, un humanista singular&rdquo;, rinde Manuel Pecell&iacute;n a esta gran personalidad de la cultura y la econom&iacute;a espa&ntilde;olas del siglo XX.</p>
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<p class="Textoindependiente21"><strong>ENTREVISTAS A ROSA MONTERO Y GONZALO HIDALGO BAYAL</strong></p>
<p>Rosa Montero&nbsp; y Gonzalo Hidalgo Bayal forman, sin duda, una extra&ntilde;a pareja por las diferencias que los separan, pero ambos comparten un valioso v&iacute;nculo: son dos de los m&aacute;s relevantes escritores espa&ntilde;oles de nuestros d&iacute;as. De ah&iacute; que la revista TURIA no haya dudado en dedicarles a cada uno de ellos sendas entrevistas a fondo y en exclusiva.</p>
<p>En la amplia conversaci&oacute;n con Rosa Montero (Madrid, 1951) que publica TURIA&nbsp; descubriremos a una autora que est&aacute; &ldquo;harta de ser periodista&rdquo; y que reconoce que &ldquo;en periodismo hablas de lo que sabes y en ficci&oacute;n de lo que no sabes que sabes&rdquo;. Confiesa Rosa Montero que, para ella, &ldquo;escribir es un camino zen&rdquo; y que &ldquo;la libertad tiene que ver con dejar circular el inconsciente. Las novelas nacen del mismo lugar que los sue&ntilde;os&rdquo;. La autora, reconoce que cada vez practica una literatura m&aacute;s mestiza: &ldquo;la novela de hoy intenta reflejar la realidad, y yo la veo mezclada de fantas&iacute;a y divulgaci&oacute;n&rdquo;. Adem&aacute;s, &ldquo;de la uni&oacute;n de lo fant&aacute;stico y lo real sale la realidad. Cervantes fue el primero en darse cuenta. Lo que &eacute;l hizo repercuti&oacute; en todos&rdquo;.</p>
<p>Para&nbsp; la&nbsp; autora&nbsp; de&nbsp; t&iacute;tulos&nbsp; como&nbsp; &ldquo;La&nbsp; rid&iacute;cula&nbsp; idea&nbsp; de no volver a verte&rdquo; o &ldquo;La carne&rdquo;, &ldquo;la gente carga el amor de cosas que no son. Lo hemos trascendentalizado&rdquo;. Y respecto al sexo nos dir&aacute;: &ldquo;no me cabe la menor duda de que el sexo es una v&iacute;a de conocimiento de primer orden, al nivel de cualquier otra &ndash;una conversaci&oacute;n profunda, por caso-. No a la primera, pero s&iacute; una forma r&aacute;pida y efectiva de conocer una parte muy &iacute;ntima del otro, y no hablo de la desnudez, sino de su manera de ser&rdquo;.</p>
<p>De Gonzalo Hidalgo Bayal (Higuera de Albalat, C&aacute;ceres, 1950), se ha dicho que es uno de los &ldquo;Bartlebys&rdquo; de nuestra narrativa, de esos escritores escondidos centrados en su obra y alejados del espect&aacute;culo medi&aacute;tico. Quien durante a&ntilde;os diera clases en un instituto de secundaria, duda que la ense&ntilde;anza pueda crear lectores literarios: &ldquo;El momento en que alguien se hace lector convulso solo depende de ese alguien. No se puede ense&ntilde;ar. Muchos leen empujados en el instituto y, cuando deben ser aut&oacute;nomos, se retiran. Yo lo comparo a la Primera Comuni&oacute;n: se preparan, la hacen y no vuelven a misa ni a comulgar ni a confesarse&rdquo;.</p>
<p>Preguntado por aquellos primeros deslumbramientos que tuvo como lector y escritor no duda en reconocerse juanramoniano y ferlosiano, y que &ldquo;Faulkner me hizo pasar de los endecas&iacute;labos a la prosa&rdquo;. Asegura tambi&eacute;n que Kafka te puede afectar personalmente y que &ldquo;si no hay nada que aportar, mejor callarse&rdquo;.</p>
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<p class="Textoindependiente21"><strong>VICENTE BLASCO IB&Aacute;&Ntilde;EZ, RAM&Oacute;N J. SENDER Y JOS&Eacute; RAM&Oacute;N ARANA</strong></p>
<p>Respecto a sus dos secciones dedicadas a&nbsp; los asuntos o protagonistas aragoneses, TURIA&nbsp; publica un art&iacute;culo sobre la presencia de Teruel en la narrativa de Vicente Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez, el gran escritor valenciano universal del que se celebra este a&ntilde;o el 150 aniversario de su nacimiento. Su autor, Francisco L&aacute;zaro Polo, nos recuerda los v&iacute;nculos familiares de Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez con Arag&oacute;n y con Teruel (su padre era originario de Aguilar de Alfambra y su madre de Calatayud) y c&oacute;mo la presencia de personajes procedentes de tierras turolenses tiene un notable protagonismo en sus novelas de tema regional valenciano como &ldquo;Arroz y tartana&rdquo;, &ldquo;Ca&ntilde;as y barro&rdquo; y en algunos de sus &ldquo;Cuentos valencianos&rdquo;. Se certificar&iacute;an as&iacute; literariamente los v&iacute;nculos hist&oacute;ricos entre las gentes de Teruel y las tierras valencianas, siempre vistas por los habitantes del sur de Arag&oacute;n como lugar de promisi&oacute;n y de futuro.</p>
<p>Otros dos grandes nombres propios de la cultura aragonesa del siglo XX, Ram&oacute;n J. Sender y Jos&eacute; Ram&oacute;n Arana, ocupan tambi&eacute;n las p&aacute;ginas de TURIA. En este caso, y a trav&eacute;s de un art&iacute;culo de Olga Pueyo Dolader, se indaga acerca del papel de la Iglesia en la guerra civil espa&ntilde;ola&nbsp; mediante el an&aacute;lisis de dos c&eacute;lebres novelas publicadas originalmente en el exilio: &ldquo;R&eacute;quiem por un campesino espa&ntilde;ol&rdquo; (titulada inicialmente &ldquo;Mos&eacute;n Mill&aacute;n&rdquo;) de Sender y &ldquo;El cura de Almuniaced&rdquo; de Jos&eacute; Ram&oacute;n Arana. Resulta interesante comprobar c&oacute;mo, desde el posicionamiento republicano y anticlerical de ambos autores, se perfila la labor de la Iglesia en el Arag&oacute;n rural a trav&eacute;s de dos curas de aldea: mos&eacute;n Mill&aacute;n y mos&eacute;n Jacinto. Sin duda, sus posicionamientos divergentes marcan su perfil humano ante el conflicto fraticida.</p>
<p class="Textoindependiente21">Asimismo, TURIA contiene&nbsp; la secci&oacute;n habitual denominada &ldquo;La isla&rdquo;, con fragmentos del diario de Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas enriquecidos gr&aacute;ficamente por Isidro Ferrer. Cierra el sumario de la revista una amplia secci&oacute;n de cr&iacute;tica de libros, &ldquo;La Torre de Babel&rdquo;, donde se analizan las novedades editoriales de mayor inter&eacute;s.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 28 Mar 2017 05:45:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rosa Montero: “Las novelas nacen del mismo lugar que los sueños”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/rosa-montero-las-novelas-nacen-del-mismo-lugar-que-los-suenos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2017/ROSA_MONTERO.jpg" alt="" /></p>
<p>Hace cuatro a&ntilde;os public&oacute; un punto de inflexi&oacute;n llamado <em>La rid&iacute;cula idea de no volver a verte</em> (2013). Con aquel libro fund&oacute; una etapa que es en la que se encuentra. Dec&iacute;a all&iacute; que s&oacute;lo siendo absolutamente libre se puede bailar bien, hacer bien el amor y escribir bien, &ldquo;actividades todas ellas important&iacute;simas&rdquo;. De seguido cuestionaba si lo estaba siendo en ese momento y respond&iacute;a que no. Le siguieron <em>El peso del coraz&oacute;n</em> (2015) y, ahora, <em>La carne</em> (2016).</p>
<p>Saluda y bebe un trago de agua. &ldquo;Totalmente libre puede que no llegue a ser&rdquo;. Parece nerviosa pero es imposible: para ella <em>hacer</em> entrevistas debe de ser como para Pen&eacute;lope hacer jers&eacute;is. Verbalmente es capaz de lanzar el c&oacute;rner y rematar de cabeza. Sabe qu&eacute; quiere decir y c&oacute;mo, no hace falta que nadie le d&eacute; pie. Y sabe, sobre todo, que la libertad es un don que no se halla entre las cosas sino muy por encima; en eso se parece a la claridad. Dice que est&aacute; m&aacute;s a gusto que nunca, y vuelve a beber.</p>
<p>-&iquest;Por qu&eacute; es tan dif&iacute;cil la libertad?</p>
<p>-Porque nos borra. Dec&iacute;a Julio Ram&oacute;n Ribeyro que una novela madura exige la muerte del autor, no literalmente, claro. Habla de la muerte del <em>yo</em>, de su desaparici&oacute;n. Debes dejarte atravesar libre y totalmente por la novela.</p>
<p>- Lo importante no es controlar la vida sino dejar fluir el arte.</p>
<p>- Mientras lo est&aacute;s practicando, s&iacute;.</p>
<p>- Usted convierte la expresi&oacute;n de manchar folios, tan material, en una ascesis.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Escribir es un camino zen&rdquo;</strong></p>
<p>- Puede parecer exagerado, no lo es. Dir&iacute;a que escribir es un camino zen. &Uacute;ltimamente me he liberado hasta de las expectativas de escribir una buena novela. Ello forma parte del camino de la libertad &ndash;del irse borrando-.</p>
<p>- &iquest;Usted cree que sus lectores entienden esto?</p>
<p>- No tienen por qu&eacute;. Su punto de vista no es el m&iacute;o.</p>
<p>- Si se borra y <em>desaparece</em>, ser&aacute; para <em>aparecer</em> de otro modo. &iquest;Hablamos de consciencia e inconsciencia?</p>
<p>- Totalmente: la libertad tiene que ver con dejar circular el inconsciente. Las novelas nacen del mismo lugar que los sue&ntilde;os.</p>
<p>- Y usted se coarta.</p>
<p>- Todo el rato. Desde peque&ntilde;a, mi visi&oacute;n del mundo ha estado marcada por una parte muy racional [subraya el adverbio, y traza una l&iacute;nea horizontal imaginaria con la mano]. Por otra parte, he sido una loca. Lo que la gente entiende por <em>realidad</em> a m&iacute; me parece un empeque&ntilde;ecimiento de <em>lo real</em>. Lo mensurable limita y empobrece. La realidad incluye fantas&iacute;a y delirio -el nazismo fue un delirio que cambi&oacute; el siglo XX-. Para m&iacute; ha estado claro desde siempre.</p>
<p>&iquest;Desde siempre? Su narrativa ha cambiado en cuatro d&eacute;cadas, no cab&iacute;a ser de otro modo. Empez&oacute; a trabajar con 19 como periodista, nada m&aacute;s entrar en la facultad. Eran los a&ntilde;os &uacute;ltimos del franquismo, donde &ldquo;ibas a pedir trabajo y te dec&iacute;an que no contrataban mujeres. Pod&iacute;an hacerlo. No estaba prohibido. Para ser aceptada, manifest&eacute; un lado hiperracional. Discut&iacute;a de t&uacute; a t&uacute; con los t&iacute;os&rdquo;. Es decir, guard&oacute; la parte on&iacute;rica, o, tal vez, s&oacute;lo la dejaba entrever en su faceta m&aacute;s privada. Cuenta en <em>La est&uacute;pida idea</em>&hellip;: &ldquo;Era dif&iacute;cil que te tomaran en serio siendo mujer; en consecuencia, hab&iacute;a que parecerlo m&aacute;s bien poco. Hab&iacute;a que mimetizarse (&hellip;) viv&iacute;amos y foll&aacute;bamos como hombrecitos (&hellip;) las fantas&iacute;as eran vagarosas tontunillas de mujer. Por eso mis primeras novelas son todas realistas, y s&oacute;lo pude comenzar a liberarme de esa represi&oacute;n o mutilaci&oacute;n mental con mi quinto libro, <em>Temblor</em>, en 1990&rdquo;. Contaba casi 40 a&ntilde;os.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;En periodismo hablas de lo que sabes y, en ficci&oacute;n, de lo que no sabes que sabes&rdquo;</strong></p>
<p>- A desembarazarse de esa pulsi&oacute;n de realidad, &iquest;le asiste un alejamiento del periodismo?</p>
<p>- Al comienzo, no, ahora s&iacute; estoy harta de ser periodista. He aprendido y, sobre todo, conocido muchos mundos, no s&oacute;lo geogr&aacute;ficos. Ha sido un oficio estupendo pero un oficio, y no hay nadie que trabaje m&aacute;s de cuatro d&eacute;cadas en lo mismo sin cansarse. Pero para escribir bien novela no necesit&eacute; alejarme de &eacute;l. El periodismo escrito es un g&eacute;nero literario, no el que se ejerce en radio y televisi&oacute;n, pero el nuestro es igual a cualquier otro, y capaz de la misma altura. En periodismo est&aacute;s hablando de los &aacute;rboles y en ficci&oacute;n intentas hablar del bosque. Son niveles distintos. En periodismo hablas de lo que sabes &ndash;te documentas, preguntas, entrevistas,&hellip;-, y, en ficci&oacute;n, de lo que no sabes que sabes.</p>
<p>- No sabe que sabe&hellip; pero acaba sabiendo. Ofrece referencias puntuales.</p>
<p>- En ficci&oacute;n, la documentaci&oacute;n es s&uacute;per peligrosa. Hay grandes novelas lastradas por un exceso de este tipo. Lo mismo que la consciencia, puede tumbar un proyecto. S&iacute; cabe con mucho cuidado y en escenarios concretos. <em>Historia del rey transparente</em> (2005), ambientada en el siglo XII est&aacute; muy documentada en apariencia, pero el proceso fue inverso: me dio por leer un par de a&ntilde;os Historia Medieval, y no s&oacute;lo Historia: Chr&eacute;tien de Troyes, los <em>Lais</em> de Mar&iacute;a de Francia, cosas de ese tipo. Fruto de ello, se me ocurri&oacute; la novela. La <em>documentaci&oacute;n</em> se hizo carne.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Cada vez practico una literatura m&aacute;s mestiza&rdquo;</strong></p>
<p>-Me refer&iacute;a m&aacute;s a una documentaci&oacute;n no impl&iacute;cita, a esas adendas que sit&uacute;a en varios libros. En <em>El amor de mi vida </em>cada uno de los 45 relatos va seguido de una <em>bibliograf&iacute;a</em> [en total, cientos de referencias]. En <em>El peso del coraz&oacute;n</em> recomienda &ldquo;vivamente&rdquo; al lector el documental <em>Hasta la eternidad</em> (2009), de Michael Madsen, sobre Onkalo. En otros vol&uacute;menes informa hasta de qu&eacute; personas le aconsejaron qu&eacute; t&iacute;tulos durante el proceso de escritura.</p>
<p>-Ah, bueno&hellip; esa informaci&oacute;n es complementaria y se debe a que me gustan los h&iacute;bridos. Cada vez practico una literatura m&aacute;s mestiza. Somos hijos de nuestros padres y nuestras madres literarios, que, en nuestro caso, han roto las paredes del mundo. La novela de hoy intenta reflejar la realidad, y yo la veo mezclada de fantas&iacute;a y divulgaci&oacute;n. En el XIX escrib&iacute;an &iexcl;con tantas limitaciones! Novelones maravillosos, pero propios del siglo XIX. Un escritor ten&iacute;a tantas deudas convencionales contra&iacute;das que, si escrib&iacute;a en primera persona, se ve&iacute;a obligado a a&ntilde;adir: &lsquo;He encontrado este manuscrito en la biblioteca de mi abuelo&rsquo;. En caso contrario, el lector no lo entend&iacute;a.</p>
<p>-Pasa en el <em>Quijote</em>: Cide Hamete Benengeli.</p>
<p>-El <em>Quijote</em> fue rompedor. Gracias a todos los ejemplos habidos desde entonces, podemos hacer lo que nos da la gana, es una maravilla. De la uni&oacute;n de lo fant&aacute;stico y lo real sale <em>la Realidad</em>. Cervantes fue el primero en darse cuenta. Lo que &eacute;l hizo repercuti&oacute; en todos.</p>
<p>Hay, pues, una trabaz&oacute;n entre lo que dan unos y reciben otros, aunque los segundos no sean los destinatarios prioritarios de los primeros. Esta es una idea presente en su obra entera, en primer plano o de tapadillo. En el caso de Cervantes y los escritores contempor&aacute;neos, positiva. Si hablamos de energ&iacute;a nuclear [Onkalo es un cementerio finland&eacute;s de residuos], negativa. Leyendo a Montero da la sensaci&oacute;n de que hasta el mal humor de un sidney&eacute;s al levantarse por la ma&ntilde;ana repercutir&aacute; sobre la atm&oacute;sfera nocturna de Madrid. Sensaci&oacute;n compensada por la sonrisa de hoja perenne que profesa y que invita al aliento.</p>
<p>[&ldquo;Lo que Fieldman ven&iacute;a a decir es que todo lo que hacemos repercute en los dem&aacute;s. Si cometemos actos malignos, malignizamos el mundo (&hellip;) Hay toda una serie de investigadores que sostienen que los seres vivos se influyen entre s&iacute; por medio de unos campos de fuerzas que reciben diversos nombres: campos biol&oacute;gicos, o posicionales, o morfogen&eacute;ticos&hellip; por ejemplo, seg&uacute;n Rupert Sheldrake, los seres vivos est&aacute;n interrelacionados por un campo m&oacute;rfico que hace que los actos individuales de las criaturas repercutan, o resuenen, como &eacute;l dice, en las dem&aacute;s criaturas de la misma especie&rdquo;. <em>Instrucciones para salvar el mundo</em>, 2008]</p>
<p>Los autores est&aacute;n conectados, asimismo los g&eacute;neros. Fruto de su afici&oacute;n por la mezcolanza, en 2011, Alexis Grohmann, de la universidad de Edimburgo, la incluy&oacute; en <em>Literatura y Errabundia</em>, libro centrado, adem&aacute;s de en ella, en Javier Mar&iacute;as y Mu&ntilde;oz Molina. Le agrada la definici&oacute;n, <em>escritora errabunda</em>, &ldquo;eso es ser libre tambi&eacute;n&rdquo;, habla rauda como un tren pasando por un t&uacute;nel. <em>La carne</em> incluye biograf&iacute;as, otra debilidad, sobre todo de escritores y artistas. Montero incluye fragmentos de vidas de malditos, &ldquo;todos reales menos uno, no vamos a decir cu&aacute;l&rdquo;, y todos extraordinarios de incre&iacute;bles. La protagonista, Soledad, se mira en ellos como ante un espejo. Culta y reconocida en su profesi&oacute;n, no pocas veces se ha sentido marginada, al borde del abismo, &ldquo;un monstruo&rdquo;, afirma, igual que Adam, el gigol&oacute; al que contrata para dar celos a un examante. Igual es cierto eso de Satoshi Kanazawa: los inteligentes hacen todo mejor excepto las cosas pr&aacute;cticas y terrenales tales como encontrar pareja, educar a un hijo y hacer amigos. El resto de energ&iacute;as Soledad las gasta en la exposici&oacute;n que le han encargado en la Biblioteca Nacional sobre los aludidos. En un momento, da cuenta de ella y explica: &ldquo;Ser maldito es saber que tu discurso no puede tener eco porque no hay o&iacute;dos que lleguen a entenderte. En esto se parece a la locura. Ser maldito es no coincidir con tu tiempo, con tu clase, con tu entorno, con tu lengua, con la cultura a la que se supone que perteneces. Ser maldito es desear ser como los dem&aacute;s pero no poder. Y querer que te quieran pero s&oacute;lo producir miedo o quiz&aacute; risa. Ser maldito es no soportar la vida y, sobre todo, no soportarte a ti mismo&rdquo;. Se est&aacute; definiendo a s&iacute;. Tiene sesenta a&ntilde;os. Ha encontrado una v&iacute;a de escape en el sexo, pero no ha conocido el amor y teme morir sin hacerlo. La novela dice sin decir que, adem&aacute;s de saber desear, hay que saber querer. Entretanto, Soledad se aferra al sexo, que puede consolarte &ldquo;o volverte loco, liberarte o humillarte. Ayudar a que una relaci&oacute;n t&oacute;xica se cierre como una argolla, o a hacerte revivir. El sexo puede ser absolutamente todo&rdquo;. Vuelve a servirse agua. La libertad es interior, pero termina contamin&aacute;ndolo todo, la vida entera, y, en los escritores, la obra; existe aqu&iacute; y refracta all&aacute;. La de Rosa Montero tiene que ver, adem&aacute;s, con cierta comprensi&oacute;n inalcanzable para la ni&ntilde;a de doce a&ntilde;os que cree ser. La madurez no se alcanza ganando edad, sino perdiendo miedos. La &uacute;ltima es la novela que con menos ataduras ha escrito.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La gente carga el amor de cosas que no son&rdquo;</strong></p>
<p>-La actriz Gwyneth Paltrow dice que el sexo es su mejor truco de belleza [a Montero se le escapa una risa]. &iquest;Lo ligamos demasiado a los sentimientos? La Paltrow, por ejemplo, no tiene pareja. Igual por salud, deber&iacute;amos unirlo menos [ahora re&iacute;mos los dos].</p>
<p>-Me parece, en efecto, que el sexo sin amor cabe. Incido porque hay mucha gente incapaz de reconocerlo. Tambi&eacute;n le digo que hacerlo no implica practicarlo todo el d&iacute;a. Se puede asumir dentro de una <em>responsabilidad</em>. Si no, te pasa como a Soledad. Lo que quiero decir es que el sexo est&aacute; mitificado y, cuando mitificas algo, puede convertirse en germen de conflicto. Su presencia es importante, no desmesurada. Pero, all&aacute; cada cual, oiga, que tener pareja es complicado, todos lo sabemos. Lo que me apena es ver parejas que funcionan, e igual llevan quince a&ntilde;os y, despu&eacute;s de una infidelidad, tiran todo por la borda. No tiene objetivamente esa importancia. No la tiene. La gente carga el amor de cosas que no son.</p>
<p>-&iquest;Est&aacute; demasiado moralizado?</p>
<p>-Por completo. Lo hemos <em>trascendentalizado</em>. Existe el sexo por el puro placer, &iexcl;y qu&eacute; maravilla!</p>
<p>-Aunque unido al amor...</p>
<p>-&hellip; es m&aacute;s entretenido [r&iacute;e, mal&eacute;vola].</p>
<p>-&iquest;S&oacute;lo <em>entretenido</em>? [r&iacute;o ahora yo]</p>
<p>-M&aacute;s excitante. Mucho mejor.</p>
<p>-Y conduce a otra dimensi&oacute;n.</p>
<p>-C&oacute;mo no: cuando est&aacute;s de subid&oacute;n pasional-afectivo-fusional eres eterno. &iexcl;Eterno!</p>
<p>-&iquest;Nos puede enamorar el sexo? He le&iacute;do que durante su pr&aacute;ctica se liberan oxitocina y hormonas que generan lazos afectivos. Igual puedes empezar por el sexo y quedarte prendado.</p>
<p>-Es una propuesta interesante. No me cabe la menor duda de que el sexo es una v&iacute;a de conocimiento de primer orden, al nivel de cualquier otra -una conversaci&oacute;n profunda, por caso-. No a la primera, pero s&iacute; una forma r&aacute;pida y efectiva de conocer una parte muy &iacute;ntima del otro, y no hablo de la desnudez, sino de su manera de ser. Y, como es una forma de conocer al otro, claro que puede serlo de enamorarse. Igual que puede ocurrir en una de esas conversaciones durante las que algo hace clic. Pasa poco, pero pasa: est&aacute;s hablando con alguien, un compa&ntilde;ero de trabajo, al que durante tres a&ntilde;os no prestaste atenci&oacute;n y, un d&iacute;a, tomando una copa de la oficina, en una esquina os pon&eacute;is a hablar, y tras una hora de intimidad, le empiezas a <em>conocer</em> por primera vez. Pues, en el sexo, igual. Es una oportunidad.</p>
<p>-En <em>La carne</em>, igual que en otros trabajos, junto al erotismo est&aacute; la muerte. Hablar de ella, &iquest;es un signo de vitalidad?</p>
<p>-[por primera, y &uacute;nica vez, la respuesta no es inmediata] No lo s&eacute;. Lo que s&eacute; es que hablar de ella deber&iacute;a ser lo m&aacute;s normal. A veces me preguntan por qu&eacute; escribo sobre la muerte. &iexcl;Pero c&oacute;mo no voy a escribir sobre ella! Me dejan pasmada. &ldquo;T&uacute; no te mueres, &iquest;no?&rdquo;. [incr&eacute;dula]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;No alcanzaremos cierta serenidad sin haber llegado antes a un acuerdo con nuestra propia muerte y con la de los dem&aacute;s&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-La historia de la literatura no ha dejado de hacer otra cosa.</p>
<p>-&iexcl;Claro! [y aguza la voz:] &iexcl;Toda la vida est&aacute; hecha contra la muerte! &iexcl;Toda! Todo lo que hacemos, d&iacute;a a d&iacute;a, va contra la muerte. &iexcl;C&oacute;mo no vamos a pensar en ella! Para vivir tenemos que hacer algo con la muerte, asumir su presencia. Por eso escrib&iacute; <em>La rid&iacute;cula idea</em>&hellip;, que, en realidad, es un libro sobre la vida y sobre el modo de intentar vivir m&aacute;s plenos. No alcanzaremos cierta serenidad sin haber llegado antes a un acuerdo con nuestra propia muerte y con la de los dem&aacute;s. Por eso, aunque es un libro sobre la vida, habla de la muerte. Quiz&aacute; [me corrige] la pregunta que me quer&iacute;a hacer es: &lsquo;Si uno piensa a menudo en la muerte, &iquest;puede vivir bien, o vivir mejor?&rsquo;. Son dos polos. La verdad, siempre he tenido una consciencia aguda del paso del tiempo. Me recuerdo con diez a&ntilde;os dici&eacute;ndome: &ldquo;Mira, Rosita, qu&eacute; tarde tan bonita. Disfr&uacute;tala porque en seguida se har&aacute; de noche y estar&aacute;s durmiendo. En seguida estar&aacute;s por la ma&ntilde;ana en el colegio&hellip; un rollo. Y, en seguida te habr&aacute;s hecho adulta: otro rollo. Se habr&aacute;n muerto tus padres y, en seguida pasar&aacute; m&aacute;s, y morir&aacute;s t&uacute;&rdquo;. Que no es nada aterrador porque lo que digo es: &ldquo;Mira, Rosita, qu&eacute; tarde tan bonita. Disfr&uacute;tala&rdquo;. O sea, llegamos a su enunciado: cuando eres muy consciente de la muerte, eres muy consciente de estar vivo. S&iacute;.</p>
<p>-Y esa reflexi&oacute;n temprana, &iquest;tiene que ver con los cuatro a&ntilde;os de postraci&oacute;n que sufri&oacute; de los cinco a los nueve?</p>
<p>-No. Conozco a personas que estuvieron enfermas en la cama cuatro a&ntilde;os como yo, que son directores de banco y que carecen de toda noci&oacute;n sobre el asunto. Mi enfermedad y mis pensamientos proceden de un mismo origen, que es otro.</p>
<p>-&iquest;Romanticismo? [re&iacute;mos porque fue tuberculosis lo que la postr&oacute;; la misma enfermedad que acab&oacute; con la madre de Marie Curie, de quien se ha ocupado literariamente]</p>
<p>-No. Las enfermedades tienen un factor sicosom&aacute;tico. El cuerpo dice cosas de ti. Es elocuente.</p>
<p>-&iquest;Lo deja ah&iacute;?</p>
<p>-No estoy en un div&aacute;n de analista.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Posiblemente como reacci&oacute;n a un momento de cambios profundos en el mundo, convivimos con un rearme de la edad entendida como algo positivo, y el cinismo entendido como algo protector. Se viene a la cabeza <em>Contra la juventud</em>, de Pablo D&rsquo;Ors -aunque no contra los j&oacute;venes, matiz&oacute;-. A menudo confundimos juventud con adolescencia, aunque los dos periodos, es cierto, se comunican, a veces, luminosamente. &ldquo;Es doloroso haber dejado atr&aacute;s Venecia (&hellip;) Para nuestro castigo fuimos adolescentes&rdquo;, dice Gimferrer en un poema de <em>Arde el mar</em>. Y: &ldquo;Tiempo destruye a tiempo (&hellip;) Lejos anduve, lejos qued&oacute; todo&rdquo;, en otro. La juventud como lugar de ideas y empuje, futura morada de nostalgias; la <em>madurez</em> es ir con el freno echado, desconocerse camino de la muerte, donde esperan la ceniza o los gusanos. Con el freno puedes controlar la direcci&oacute;n, dif&iacute;cilmente avanzar, y el mundo existe en tanto hay avance. El de Montero se produce hacia una escritura depurada y m&aacute;s profunda. Al escuchar los versos de Gimferrer, exclama, en voz baja: &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; bonitos!...&rdquo;, y explica que en la mayor&iacute;a cumplir a&ntilde;os delata poco m&aacute;s que una merma en la capacidad de seguir imaginando y jugando. &ldquo;Una parte esencial de la vida es jugar. Como en el arte. &iquest;Se imagina a un artista <em>viejo</em>? Yo no&rdquo;.</p>
<p>-&ldquo;Lo que importa no es lo que se tiene, sino lo que se a&ntilde;ora&rdquo;.</p>
<p>-Lo dice Miguel, el matem&aacute;tico. Soledad envidia a Ana porque tiene juventud, vida por delante, un hijo y unos padres. &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s quiere?, da igual si le va mal en un momento. &ldquo;Ser viejo era tener un pasado irremediable y carecer de tiempo para enmendarlo&rdquo;. Lo importante es aprovechar la vida, t&oacute;pico pero cierto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Escribes para aprender, y para poner luz sobre las cosas que te angustian&rdquo;</strong></p>
<p>-Pensamiento propio de <em>La rid&iacute;cula idea</em>&hellip;, de <em>El peso del coraz&oacute;n</em>, de <em>L&aacute;grimas en la lluvia</em> (2011)&hellip; Las conexiones tambi&eacute;n afectan a sus libros.</p>
<p>- Todos los escritores afrontamos continuamente las mismas obsesiones. T&uacute; no escribes para ense&ntilde;ar nada, escribes para aprender, y para poner luz sobre las cosas que te angustian.</p>
<p>- Pero cada vez de un modo: <em>La carne</em> no podr&iacute;a haber sido escrito hace diez a&ntilde;os.</p>
<p>- De ninguna manera. Desde <em>La rid&iacute;cula idea</em>&hellip; me siento en plenitud. Tanto <em>El peso del coraz&oacute;n</em> como &eacute;ste se escribieron desde <em>otro lugar</em>.</p>
<p>- El propio de la libertad.</p>
<p>- S&iacute;, como de vuelo.</p>
<p>- &hellip;y de madurez.</p>
<p>- Madurez, d&iacute;galo sin miedo. La novela es un g&eacute;nero de madurez, al contrario que la poes&iacute;a. Ahora escribo mejor. <em>La carne</em> pienso que es mi mejor novela.</p>
<p>-Estoy de acuerdo. Sin embargo se alude a que a partir de cierto momento el lector se refugia en biograf&iacute;as, ensayos, diarios, memorias&hellip; y poes&iacute;a.</p>
<p>-Eso pasa cuando caducamos, si se muere el ni&ntilde;o que llevamos dentro. Dejar de consumir novela es un s&iacute;ntoma de envejecimiento&hellip; mala cosa. De la misma manera que las arterias se endurecen, se endurece la imaginaci&oacute;n.</p>
<p>-De envejecimiento, que no de sabidur&iacute;a.</p>
<p>-De envejecimiento, que no de sabidur&iacute;a. Exacto. De envejecimiento. Puro y duro.</p>
<p>-O sea, usted es una ni&ntilde;a que practica un g&eacute;nero maduro.</p>
<p>-Podemos decirlo as&iacute;. Supongo que una cosa es sentirse joven y otra serlo.</p>
<p>-&iquest;C&oacute;mo incide la cultura en el envejecimiento? &iquest;Libera o es fuente de escepticismo?</p>
<p>-&iquest;No hab&iacute;amos quedado en que envejecer no es sin&oacute;nimo de hacerse sabio? La sabidur&iacute;a no viene de f&aacute;brica. &Uacute;nicamente la adquieres si te la curras, y emprendes el camino correcto y no paras de esforzarte&hellip; dentro de una vida, por lo dem&aacute;s, que no es lineal, que tiene idas y venidas, agujeros. La vida es larga y consta de muchas vidas, no todas buenas.</p>
<p>-Usted afirma llegarse por la cuarta o la quinta.</p>
<p>-Y eso me alegra porque hay estudios, varios, que hablan de la forma en <em>u</em> de la felicidad. La gente es feliz de joven. Sigue una bajada y la parte m&aacute;s baja, la m&aacute;s negra, coincide con los cuarenta a&ntilde;os.</p>
<p>-Tiene sentido.</p>
<p>-Sentido&hellip; &iquest;hasta qu&eacute; punto?... porque la vejez es una edad heroica. La debes conquistar. Dec&iacute;a Bette Davis que envejecer no es para cobardes.</p>
<p>-En <em>El peso del coraz&oacute;n</em> Bruna Husky enuncia: &ldquo;Hacerte mayor es irte convirtiendo en reh&eacute;n de tu cuerpo. T&uacute; cre&iacute;as que tu cuerpo eras t&uacute;&rdquo;. Lo dice Bruna, pero lo dice usted porque ella es su <em>alter ego</em>. Si las neuronas son carne, y nosotros somos ellas, confirmaremos que s&iacute; resultamos ser nuestro cuerpo.</p>
<p>-A ver, no sabemos qu&eacute; somos, seguimos pregunt&aacute;ndonoslo, pero sobre todo somos carne&hellip; <em>carne el&eacute;ctrica</em>.</p>
<p>En m&aacute;s de una ocasi&oacute;n ha confesado saber lo que es sentirse fe&uacute;cha -&ldquo;En esos papeles que tocan en la familia, a mi hermano le toc&oacute; ser guapo, valiente y vago&rdquo;-. Igualmente admite que no le ha ido mal. Pero que sonr&iacute;e porque no le gusta c&oacute;mo luce seria en las fotos. Seria o no, de cerca parece como si la escritura, o el beber agua, o el cumplir a&ntilde;os, le rejuvenecieran; y su simpat&iacute;a es contagiosa como esas pandemias que combate la OMS. Y, claro, le gustan bien parecidos. &ldquo;Por qu&eacute; le gustar&iacute;an tanto los guapos. Por qu&eacute; tendr&iacute;a esa maldita debilidad, esa fijaci&oacute;n&rdquo;, leemos en <em>La carne</em>, cuyo narrador habla de Soledad como Montero de s&iacute; misma en <em>La rid&iacute;cula idea</em>&hellip;: &ldquo;Para mi verg&uuml;enza, me gustan los guapos. No es justo, no es racional, no casa con mis principios ni con mis ideas&rdquo;. Todo est&aacute; conectado, pero para qu&eacute; preguntar las nexos con sus personajes si atribuir al narrador rasgos del autor es de primerizos, y, en todo caso, siempre hay concomitancias: el autor es normal que se filtre en lo que escribe, sean descripciones f&iacute;sicas o temperamentales. Para qu&eacute; preguntar, si sabemos que para confeccionar a Soledad se fij&oacute; en una conocida. Y, sobre todo, cuando nos recuerda en <em>La loca de la casa</em> (2003) que toda biograf&iacute;a es ficcional y toda ficci&oacute;n autobiogr&aacute;fica, citando a Barthes en un <em>post scriptum</em> que termina: &ldquo;Todo lo que cuento en este libro es cierto (&hellip;), responde a una verdad oficial documentalmente verificable. Me temo que no puedo asegurar lo mismo sobre aquello que roza mi propia vida&rdquo;.</p>
<p>-Meterse como personaje de ficci&oacute;n, &iquest;no es vanidoso?</p>
<p>-Al contrario. Es un juego de los m&iacute;os, entre la realidad y la fantas&iacute;a. En <em>La hija del can&iacute;bal</em> (1997) ya mencion&eacute; a una Rosa Montero escritora, pero negra y guineana. Lo primero, es normal que Soledad hable conmigo porque conoce mis ensayos biogr&aacute;ficos. Lo segundo, Soledad no dice que Montero sea importante, al rev&eacute;s: la pone a parir. De igual modo, sale Ana Santos Aramburu, directora de la Biblioteca Nacional.</p>
<p>-&iquest;Es posible un amor muy intenso y no caer en el patetismo &ndash;o en la obsesi&oacute;n, o en la locura-?</p>
<p>-Ya lo creo. Puedes tener un amor muy intenso, y que sea conmovedor y sano. Cosa distinta es <em>perder el juicio</em>, como sucede en la <em>pasi&oacute;n</em> o el <em>amor pasional</em>. El amor pasional, dec&iacute;a san Agust&iacute;n, es el deseo de sentirse enamorado. No vemos al otro, nos enamoramos del primero que pasa. Amas <em>el amor</em> [p&aacute;gina 29 de <em>La carne</em>]. Y puedes desembocar en toxicidades.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Quedarse en la fase del amor pasional, no alcanzar el <em>real</em>, es un poco tonto porque es un proceso centr&iacute;fugo&rdquo;</strong></p>
<p>-Nuestro amor, el rom&aacute;ntico, procede del siglo XIX.</p>
<p>-Eso de &lsquo;Estoy enamorad&iacute;simo&rsquo; y &lsquo;Es mi media naranja&rsquo;, es un invento delirante que te pone en contacto con tu parte m&aacute;s oscura y herida. La gente hasta hace poco se casaba con quien le tocaba, o escog&iacute;an los padres, o por simple conveniencia. El amor rom&aacute;ntico masivo es un invento reciente. Suele estar ligado al sexo y el sexo es animal, o sea, evolutivo. Digo <em>suele</em> porque el amor, incluso el rom&aacute;ntico, o sobre todo, puede darse sin sexo. Pero si andas m&aacute;s o menos equilibrado, vivir&aacute;s un amor pasional eterno de tres meses, lleno de frenes&iacute;, y, luego, menos mal -si no, no podr&iacute;as vivir-, mirar&aacute;s c&oacute;mo es de verdad la otra persona, valorar&aacute;s si te gusta realmente y si cabe una relaci&oacute;n. Ir&aacute;s haciendo cesiones y, con suerte, se convertir&aacute; en una relaci&oacute;n de amor cotidiana y tangible.</p>
<p>-Sabiendo que el delirio es ilusorio, &iquest;por qu&eacute; hay gente que vuelve a caer?</p>
<p>-Porque siente apetencia por el subid&oacute;n qu&iacute;mico. El yonqui sabe que toma droga, pero el para&iacute;so en que le coloca es demasiado grande y &eacute;l es demasiado incapaz de reaccionar. Quedarse en la fase del amor pasional, no alcanzar el <em>real</em>, es un poco tonto porque es un proceso centr&iacute;fugo. Desgraciado aquel que no lo conozca, ya que es uno de los grandes sue&ntilde;os de la humanidad, pero m&aacute;s desgraciado el que s&oacute;lo conozca ese.</p>
<p>-Lo d&eacute;bil, &iquest;es la carne o son las neuronas?</p>
<p>-Las neuronas son carne [nuevas risas]. Lo que llamamos <em>consciencia</em>, o <em>yo</em>, o <em>alma</em>, o <em>esp&iacute;ritu</em>, o <em>identidad</em>, es un chisporroteo de briznas de carne sometido a sopas bioqu&iacute;micas y procesos degenerativos. D&eacute;bil es todo.</p>
<p>-Atribuimos a las neuronas inteligencia, pero da la sensaci&oacute;n de que en ocasiones no piensan: aboc&aacute;ndonos a amores imposibles, personas fatales, relaciones t&oacute;xicas&hellip;</p>
<p>-Le recomiendo <em>Inc&oacute;gnito</em> (2013), de David Eagleman. Es uno de los ensayos m&aacute;s importantes que he le&iacute;do. Eagleman, que es neurocient&iacute;fico, dice que el yo consciente es <em>como un polizonte en un trasatl&aacute;ntico</em>, una imagen preciosa. O sea: damos importancia a un elemento min&uacute;sculo en nuestro sistema neurol&oacute;gico, que es el que nos hace ser como somos.</p>
<p>-Hasta en las personas m&aacute;s <em>con los pies en el suelo</em>.</p>
<p>-En todas. Nada que hacer. El yo consciente es m&iacute;nimo.</p>
<p>-&iquest;Est&aacute;n dando la raz&oacute;n a Freud los neur&oacute;logos?</p>
<p>-Freud hablaba del <em>inconsciente</em> y estos hablan de <em>la</em> <em>carne</em>. Esa es la diferencia.</p>
<p>-No peque&ntilde;a, pero ambos coinciden en que nuestro comportamiento no viene motivado principalmente por eso que damos en llamar <em>racionalidad</em>.</p>
<p>-Eso s&iacute;. Porque es un polizonte. Debemos atender a la neurociencia, nos ense&ntilde;a a conocernos de un modo cient&iacute;fico, sin presunciones. La prefiero a la sicolog&iacute;a.</p>
<p>-Bruna fue a un sico-gu&iacute;a. &iquest;Usted ha ido al sic&oacute;logo?</p>
<p>-Tres veces, cada una durante un a&ntilde;o, o a&ntilde;o y pico.</p>
<p>-Y, &iquest;despu&eacute;s de 2009?</p>
<p>-&iquest;Despu&eacute;s de la muerte de Pablo? Esa fue la &uacute;ltima.</p>
<p>-&iquest;Cu&aacute;nto le dur&oacute; el duelo?</p>
<p>-&hellip; Dur&oacute;. Al cabo de un a&ntilde;o pens&eacute; que me vendr&iacute;a bien ayuda porque deseaba superarlo y por mis medios ve&iacute;a que me iba a costar. A m&iacute; me fue bien, pero no hay que poner normas. Si dura, que dure. Estoy en contra de establecer dec&aacute;logos. Hay que tom&aacute;rselo con calma. Hombre, si notas que puede ser patol&oacute;gico, busca ayuda, que puedes recibirla sin que lo sea. Ir a sic&oacute;logos y terapeutas de cualquier tipo me parece interesante en muchos sentidos.</p>
<p>&ldquo;Una soledad tan grande que no cabe dentro de la palabra soledad y que uno no puede ni llegar a imaginar si no ha estado ah&iacute; (&hellip;) La pena aguda es una enajenaci&oacute;n. Te callas y te encierras&rdquo;, dice de Curie. O de ella. O de usted, lector. Muchos acuden al sic&oacute;logo en sus libros y entrevistas.</p>
<p>-Llevan a&ntilde;os detr&aacute;s de una pastilla que borre los malos recuerdos. Usted se ha ocupado del tema, y mencionado que el Instituto Tecnol&oacute;gico de Massachusetts valora la implantaci&oacute;n de recuerdos. &iquest;El dolor es malo? Lo caracter&iacute;sticamente humano, &iquest;no es sentir y, por tanto, ser feliz unas veces e infeliz otras?</p>
<p>-Estoy con usted. Por eso en <em>L&aacute;grimas en la lluvia</em> hablo de un lugar en el que se borran los recuerdos, y Bruna y Yiannis se niegan a acudir. Pero conozco situaciones traum&aacute;ticas. Hace veintipico a&ntilde;os visit&eacute; una fundaci&oacute;n danesa que trataba a personas que hab&iacute;an sido torturadas -principalmente en Latinoam&eacute;rica, pero no s&oacute;lo-. Lo que intentaban all&iacute; era eliminar de alg&uacute;n modo recuerdos que imped&iacute;an vivir. Si son dolorosos, no los magnifiquemos. Me repatea el dicho &ldquo;el sufrimiento ense&ntilde;a&rdquo;. Te ense&ntilde;a si no te mata. Y muchas veces mata. No nos enga&ntilde;emos: la persona va a sufrir de todos modos&hellip; as&iacute; que cuanto menos, mejor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Hay desconsuelos que ser&iacute;a maravilloso erradicar&rdquo;</strong></p>
<p>-Usted ha manifestado alegrarse de haber pasado &ldquo;crisis angustiosas&rdquo; porque le han ayudado a &ldquo;agrandar&rdquo; su conocimiento del mundo.</p>
<p>-Esa es mi elecci&oacute;n, y la de mis personajes, que escogen recordar a sus muertos. Pero no se la impondr&iacute;a a nadie: hay desconsuelos, ya digo, que ser&iacute;a maravilloso erradicar.</p>
<p>-Se anda tras el uso de la tecnolog&iacute;a para superar las limitaciones biol&oacute;gicas. &iquest;El <em>transhumanismo</em> ser&aacute; un humanismo?</p>
<p>-Terminaremos siendo clones. Yo ya tengo cuatro tornillos en la espalda y una placa de titanio. Por no hablar de una lentilla intraocular y tres implantes dentales. No me da miedo. Es fascinante. Abre interrogantes, indudablemente. &iquest;Qu&eacute; ser&aacute; humano y qu&eacute; no cuando tengamos personas mayoritariamente parcheadas, injertadas, <em>artificializadas</em>. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; el <em>yo</em>?</p>
<p>-Sus novelas acaban bien o, cuando menos, abiertas a un camino de luz.</p>
<p>-La narrativa del siglo XX es de antih&eacute;roes. Yo misma cre&iacute; estar escribiendo sobre perdedores. Hasta que una vez, en un acto p&uacute;blico, me escuch&eacute; que estaba trabajando en &ldquo;una novela de supervivencia, como todas las m&iacute;as&rdquo; [<em>Instrucciones para salvar el mundo</em>]. Me qued&eacute; patidifusa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Creo en la capacidad incre&iacute;ble del ser humano para volver a ponerse en pie&rdquo;</strong></p>
<p>-M&aacute;s que supervivencia, advierto esperanza. No <em>happy endings</em>, pero casi.</p>
<p>-Que el final sea esperanzador forma parte de mi visi&oacute;n profunda de la vida. No comparto que sea <em>finales felices</em>. Son finales <em>abiertos</em>.</p>
<p>-Abiertos y nada aciagos: <em>Temblor</em>, <em>La hija del can&iacute;bal</em>, <em>Cr&oacute;nica del desamor</em> (1979), <em>Instrucciones para salvar el mundo</em>, <em>El peso del coraz&oacute;n</em>,&hellip;</p>
<p>-Sin duda, el personaje termina mejor que como empieza. Salvo en <em>Te tratar&eacute; como una reina</em>, que es novela negra y desesperanzada. Yo tambi&eacute;n creo ser una superviviente. Y creo en la capacidad incre&iacute;ble del ser humano para volver a ponerse en pie. Gracias a esa capacidad de adaptaci&oacute;n nos hemos convertido en un virus para el planeta. &iexcl;La especie tiene un &eacute;xito impresionante!</p>
<p>-Adem&aacute;s de traslucir lecturas cient&iacute;ficas y divulgativas, su escritura participa del relato, la memoria y la biograf&iacute;a. &iquest;Y poes&iacute;a?</p>
<p>-Debo de ser el &uacute;nico espa&ntilde;ol que no ha escrito un solo poema [r&iacute;e, maliciosa, a salvo de los peque&ntilde;os naufragios en que mucho narrador neto incurri&oacute; al principio de su carrera]. &iexcl;Ni en una servilleta de bar! Seguramente porque empec&eacute; a escribir prosa &iexcl;a los cinco a&ntilde;os!</p>
<p>-&iquest;Tampoco la lee?</p>
<p>-Leo muy poca. Me quedo antes con la prosa po&eacute;tica que con la poes&iacute;a: me gusta m&aacute;s <em>Los cuadernos de Malte Laurids Brigge</em>, de Rilke, que su <em>Libro de horas</em>.</p>
<p>-Sin embargo, antes ha citado a dos que la cultivaron -Chr&eacute;tien de Troyes y Mar&iacute;a de Francia- y cuando habla de la importancia de la infancia cita recurrentemente a Wordsworth [&ldquo;El ni&ntilde;o es el padre del hombre&rdquo;].</p>
<p>-Hombre, si quieres pensamientos redondos tienes que acudir a poetas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Ni pena ni miedo. Me siento representada por esas palabras de Ra&uacute;l Zurita&rdquo;</strong></p>
<p>-Tiene tatuado un verso de Ra&uacute;l Zurita [en la nuca, &ldquo;Ni pena ni miedo&rdquo;].</p>
<p>-Me siento representada en esas palabras.</p>
<p>-Le sigue.</p>
<p>-Conozco bastante de &eacute;l. Hay cosas que me encantan y otras que no, ya que responden a una parte ensimismada y narcisista que no me interesa.</p>
<p>Ha sabido leer que la profunda pena del poeta comenz&oacute; tras el fallecimiento de su padre y de su abuelo, cuando ten&iacute;a dos a&ntilde;os. &ldquo;Ni pena ni miedo&rdquo; es un verso que Zurita mand&oacute; excavar en el desierto de Atacama. &ldquo;S&oacute;lo puede verse desde el aire. Tiene 3.140 metros de longitud&rdquo;, dice Montero, que se pregunta si los grandes poetas lo son justamente porque no pueden salir de ellos mismos. Ha escrito que Zurita &ldquo;aletea de ansias de vida como un p&aacute;jaro encerrado en una jaula demasiado peque&ntilde;a&rdquo;, diagn&oacute;stico similar al que rescata de Carmen Laforet en <em>La est&uacute;pida idea</em>&hellip;: &ldquo;Eran como p&aacute;jaros envejecidos y oscuros, con las pechugas palpitantes de haber volado mucho en un trozo de cielo muy peque&ntilde;o&rdquo;. La mirada de Montero est&aacute; tan viva que sus ojos simulan ser aves a punto de echar el vuelo camino de las nubes. En 1993, dejaron a Zurita escribir poemas en el cielo de Nueva York. Form&oacute; palabras con las estelas de cinco aviones. El humo era luz en mitad del firmamento azul que tan bien describi&oacute; Juan Ram&oacute;n en su <em>Diario de un poeta reci&eacute;n casado</em>. Y &ldquo;el arte es una herida hecha de luz&rdquo;, refiere Montero de Braque, otra vez, en <em>La est&uacute;pida idea</em>&hellip; &ldquo;Mi dios es hambre&rdquo;, puso Zurita. Hambre pas&oacute; tambi&eacute;n Curie: &ldquo;En su familia no hab&iacute;a ni un c&eacute;ntimo para pagar los estudios a la ni&ntilde;a (&hellip;) En Varsovia, la familia pas&oacute; por enormes apuros econ&oacute;micos, hasta el punto de poner una especie de pensi&oacute;n en su casa y alquilar habitaciones a estudiantes (&hellip;) En su leyenda consta que, durante los cuatro a&ntilde;os que estudi&oacute; en La Sorbona, se alimentaba de pan, chocolate, huevos y fruta (&hellip;) y ten&iacute;a que romper el hielo de la palangana para lavarse&rdquo;.</p>
<p>-Con la de poetas malditos que hay, y no se ha fijado en ellos para la exposici&oacute;n de la Biblioteca Nacional [que endosa a Soledad en la novela]</p>
<p>-Hay una menci&oacute;n a St&eacute;phane Mallarm&eacute;, pero, s&iacute;, faltan&hellip; [se queda pensando] &iquest;y no hay ning&uacute;n poeta en la lista?</p>
<p>-No lo aseguro, pero, que recuerde, est&aacute;n Maupassant, Philip K. Dick, Mar&iacute;a Lej&aacute;rraga, Pedro Luis de G&aacute;lvez, Anne Perry&hellip;</p>
<p>-&hellip; Ya, ya&hellip; pues lo lamento, podr&iacute;a haber hablado de Rimbaud, desde luego, un maldito-maldit&iacute;simo, de c&oacute;mo se pegaba tiros y acuchillaba con Verlaine, otro que tal.</p>
<p>-De los que habl&oacute; en <em>Pasiones</em>. En las primeras p&aacute;ginas de <em>La carne</em> desliza la figura de Marga, la poeta y escultora que se descerraj&oacute; un tiro a los veinticuatro por amor a Juan Ram&oacute;n. No s&eacute; si est&aacute; en la n&oacute;mina.</p>
<p>-Tendr&iacute;a que repasarla detenidamente. Es verdad que, a su modo, Marga fue maldita. Era una artista importante. En la novela la introduzco para preguntarme si el amor camufla el desequilibrio, o si es posible matarse por amor fuera del libreto oper&iacute;stico.</p>
<p>-Al comienzo hablamos de periodismo. Usted no ha sido una periodista-tipo, ha sido m&aacute;s <em>colaboradora</em> que <em>redactora</em>.</p>
<p>-El trabajo es el mismo, &iquest;qu&eacute; m&aacute;s da?</p>
<p>- El suyo es m&aacute;s creativo.</p>
<p>- No necesariamente. Estuve unos a&ntilde;os en n&oacute;mina en <em>El Pa&iacute;s</em>.</p>
<p>- &iquest;Sentada todos los d&iacute;as en la redacci&oacute;n?</p>
<p>- Solamente me sent&eacute; mientras fui redactora-jefa del dominical.</p>
<p>- Un a&ntilde;o.</p>
<p>- A&ntilde;o y pico&hellip; La verdad es que siempre he ido por libre. Pero si haces reportajes tampoco andas todo el d&iacute;a en la redacci&oacute;n. Vas y vienes.</p>
<p>- La mayor&iacute;a hace la noticia <em>ramplona</em> del d&iacute;a, eso usted no lo ha tocado.</p>
<p>- S&iacute; lo he tocado. He hecho noticias cotidianas y peque&ntilde;as tambi&eacute;n, &iquest;eh?</p>
<p>- Ser&iacute;a en el <em>Arriba</em>, pero eso es tanto como remontarse a su &eacute;poca de pr&aacute;cticas.</p>
<p>- No deja de ser hacer el d&iacute;a a d&iacute;a. Y dos o tres piezas por jornada. Siendo <em>colaboradora</em>.</p>
<p>- Experiencia docente, &iquest;tiene?</p>
<p>- No me gusta dar clase. Lo hago cuando no tengo m&aacute;s remedio, o a cambio de algo. Acept&eacute; dar clases como profesora invitada en Estados Unidos para vivir en el pa&iacute;s, y conocer la vida de sus universidades incre&iacute;bles y sus campus maravillosos&hellip; era una experiencia vital que me interesaba. Sacrifiqu&eacute; dos a&ntilde;os y medio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Los medios de comunicaci&oacute;n estamos instalados en el desastre, pero albergo esperanza&rdquo;</strong></p>
<p>-En <em>La carne</em>, Ana [joven periodista que ya sali&oacute; en <em>Cr&oacute;nica del desamor</em>] est&aacute; en el paro y debe doscientos treinta euros de luz. Tristemente es t&oacute;pico hablar de lo da&ntilde;ado que est&aacute; el oficio; lo que le pregunto es si ve reversi&oacute;n. Llevamos mucho as&iacute;.</p>
<p>-Los medios de comunicaci&oacute;n fuertes son fundamentales para una democracia; en alg&uacute;n momento el sistema tendr&aacute; que autorregularse. Seguimos en la traves&iacute;a del desierto, pero no del periodismo en s&iacute;, sino del modelo de mercado. Los digitales no dan dinero. En Espa&ntilde;a, como sabe, los medios han sido el segundo sector m&aacute;s afectado por la crisis despu&eacute;s del ladrillo. Los medios se han quedado en el esqueleto. Tenemos a la tercera parte de redactores haciendo cuatro veces m&aacute;s trabajo. Para colmo, no hay correctores. En las actuales condiciones, aunque siendo un genio, es imposible hacer buen periodismo. Y, para rematar, los medios andan entrampados con los bancos, por lo que su pierden libertad, y no s&oacute;lo eso: desesperados, apuestan por temas absurdos y sensacionalistas. Estamos instalados en el desastre. Pero albergo esperanza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Europa ha sido un andrajo toda la vida. Somos unos cobardes&rdquo;</strong></p>
<p>- La democracia est&aacute; cuestionada en Europa&hellip;</p>
<p>- &hellip; y en todo el mundo.</p>
<p>- En los setenta, protagoniz&oacute; la obra de teatro <em>Contrapunto de Europa</em> (en papel, en 1978) de Alfredo Castell&oacute;n. De fondo, Vietnam y Estados Unidos. El texto arrancaba: &ldquo;Europa era un andrajo / vestida de derrota / en su mitad inferior / y el centro&rdquo;. &iquest;Volvemos al andrajo?</p>
<p>-Europa ha sido un andrajo toda la vida. Somos unos cobardes. Los medios hallar&aacute;n salida&hellip; si el sistema democr&aacute;tico perdura [risa nerviosa]&hellip; porque vivimos la mayor crisis de legitimidad que ha habido. Hay que refundar el sistema porque fuera de la democracia lo que hay es llanto y crujir de dientes, y a eso vamos.</p>
<p>-A pesar de su car&aacute;cter autocr&aacute;tico, &iquest;hay algo que agradecer a Putin?</p>
<p>-[por primera vez abandona la sonrisa] &iquest;Agradecer a Putin?</p>
<p>-Distintos sectores est&aacute;n poniendo en valor su actuaci&oacute;n en el desastre sirio.</p>
<p>-La <em>putinizaci&oacute;n</em> me parece que uno de los mayores peligros a que estamos enfrentados.</p>
<p>-Fue de los pocos en ver la desestabilizaci&oacute;n que conllevar&iacute;an las bautizadas primaveras &aacute;rabes.</p>
<p>-La idea era buena, por desgracia no sali&oacute;. Reina una complejidad dif&iacute;cil de analizar, que Putin y personajes como &eacute;l contribuyen a enrarecer m&aacute;s. Las primaveras no salen porque hay jugadores que perder&iacute;an peones en ese tablero del mundo.</p>
<p>-Europa ha estado inactiva, eso s&iacute;.</p>
<p>-Europa es un espanto. Su inactividad es su fracaso. Si la reacci&oacute;n a la crisis de refugiados es el <em>Brexit</em>, apaga y v&aacute;monos.</p>
<p>-Merkel ha dado un giro en su pol&iacute;tica de acogida.</p>
<p>-Merkel es el &uacute;nico l&iacute;der europeo que ha arriesgado su credibilidad para ayudar. O sea, un respeto. Hay mucha manipulaci&oacute;n. No s&oacute;lo se pueden colar terroristas entre los refugiados. De Espa&ntilde;a est&aacute; partiendo gente para unirse al Isis. Hay que preguntarse por qu&eacute; no representamos una opci&oacute;n atractiva y democr&aacute;tica.</p>
<p>Coge aire y bebe agua por &uacute;ltima vez.</p>
<p>[&ldquo;A veces pienso que todos los seres humanos estamos unidos por lazos intangibles, que la especie se toca y nuestras mentes se rozan, que formamos un todo capaz de moverse al un&iacute;sono a trav&eacute;s del &eacute;ter, como un cardumen de peces en el mar del tiempo. Qu&eacute; pena que, pese a esa profunda y delicada sinton&iacute;a, no consigamos dejar de matarnos los unos a los otros&rdquo;. <em>El peso del coraz&oacute;n</em>.]</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 28 Mar 2017 05:45:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gonzalo Hidalgo Bayal: "Nos configura lo que leemos"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/gonzalo-hidalgo-bayal-nos-configura-lo-que-leemos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2017/bayal500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Tiene los ojos sucios de lecturas y limpia la mirada. El bol&iacute;grafo es un esqueje en sus manos. Igual que las lecturas. Todav&iacute;a no se ha puesto con la rutilante biograf&iacute;a completa de Kafka. Sin echarla un ojo &ndash;&ldquo;A las librer&iacute;as de Plasencia no ha llegado&rdquo;-, se la pidi&oacute; a los Reyes [la conversaci&oacute;n tiene lugar a finales de diciembre]. Le basta conocer el segundo tomo de Reiner Stach, de 2002, traducido en 2003, como <em>Los a&ntilde;os de las decisiones</em>, tambi&eacute;n por Carlos Fortea. &ldquo;Hubiera preferido la obra en tres tomos, la verdad. Han tenido que partir el segundo libro&rdquo;.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; le parece <em>La transformaci&oacute;n</em> en lugar de <em>La metamorfosis</em>?</p>
<p>- Prefiero <em>La metamorfosis</em>. Me da igual si fue un error la primera traducci&oacute;n, cuya autor&iacute;a ignoramos, aun atribuida a Borges. <em>La metamorfosis</em> tiene una dimensi&oacute;n po&eacute;tica inexistente en <em>La transformaci&oacute;n</em>, que no s&eacute; si triunfar&aacute; a largo plazo: para nosotros hay dos metamorfosis: la de Ovidio y la de Kafka.</p>
<p>Los temas de Kafka son, con variaciones, los mismos en ese relato que en sus novelas. Muchas veces se dice que el primer libro de un autor prefigura el resto de su obra, como si en &eacute;l encontrase como por accidente una linterna kilom&eacute;trica de la que ya no se va a separar. &ldquo;En general disponemos de cuatro ideas y sobre ellas nos movemos, escribamos siete libros o catorce. Uno es lo que es. Da lo que da&rdquo;. Gonzalo Hidalgo Bayal no es una excepci&oacute;n y en el primer t&iacute;tulo publicado, <em>Certidumbre de invierno</em> (1986) &ndash;antes hab&iacute;a escrito la novela <em>M&iacute;sera fue, se&ntilde;ora, la osad&iacute;a</em> (1988)-, halla eco la raigambre de su pensamiento, con versos que son autopsias -&ldquo;Vivir limita en un dolor est&eacute;ril&rdquo;- y que hallan r&aacute;pida y l&oacute;gica continuaci&oacute;n en la novela <em>El cerco oblicuo</em> (1993) -&ldquo;El quiosquero, siempre con un optimismo injustificado&rdquo;-. Lucidez rayana en el humor de quien sabe, contra la m&aacute;xima, que querer no es poder, y que el humor no tiene que ver con la jocosidad &ndash;en <em>El esp&iacute;ritu &aacute;spero</em> (2009) rebosa-. Aquellos libros ochenteros llegaron tras una juventud recogida parcialmente en <em>Campo de amapolas blancas</em> (2008). De su parte, la cr&iacute;tica &ndash;acaban de otorgarle el reivindicativo Tigre Juan por <em>Nemo</em> (2016)-, y un p&uacute;blico no mayoritario pero esmerado y fiel. <em>Campo de amapolas</em>&hellip; es una historia basada en hechos reales no exenta de elaboraci&oacute;n. Cuenta la historia de un amigo junto al que comparti&oacute; lecturas de Leopardi, Sartre y Camus. De este &uacute;ltimo aprendieron a resumir el mundo en una frase: &ldquo;Los hombres mueren sin haber sido felices&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Al cumplir a&ntilde;os, la vida se degrada y te proporciona una perspectiva esc&eacute;ptica o indiferente&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Se puede ser existencialista despu&eacute;s del existencialismo?</p>
<p>- Al modo po&eacute;tico, como experiencia personal y manera de entender el mundo, el existencialismo probablemente sea, no s&eacute; si decir, inmortal. Gran parte de la juventud tiende, o tend&iacute;a, a interpretar la realidad de un modo rom&aacute;ntico, doloroso y al mismo tiempo&hellip; [suspende la o]</p>
<p>-&hellip; &iquest;placentero?...</p>
<p>-Algo as&iacute;. Porque engloba una especie de reafirmaci&oacute;n basada en la conducta individual. Las cosas en mi &eacute;poca las ve&iacute;amos literaturizadas o pasadas por el cine. Son los a&ntilde;os, entre bachillerato y universidad, en que todo est&aacute; por decidir. Son <em>los a&ntilde;os de las decisiones</em> [vuelve a Kafka], cuando todo es a la vez negro y esperanzado. Al cumplir a&ntilde;os, la vida se degrada y te proporciona una perspectiva esc&eacute;ptica o indiferente.</p>
<p>- Pero esos autores no ten&iacute;an dieciocho a&ntilde;os. Quiero decir: el absurdo de la vida no parece incompatible con un pensamiento maduro.</p>
<p>- No lo es, cierto, y mis escritos conservan ese componente. Yo hablaba de mi posici&oacute;n lectora, distinta de la de autor. Si uno lee a los diecisiete <em>La n&aacute;usea</em>, <em>El extranjero</em>, incluso <em>El existencialismo es un humanismo</em>, se queda con aquello que le afecta intelectualmente. No creo que se sienta lo mismo a los 40. &iexcl;C&oacute;mo nos habr&iacute;a gustado conocer a Cioran!, solamente sus t&iacute;tulos ya resultan conmovedores: invitan a la amargura, el pesimismo, la incertidumbre&hellip;</p>
<p>- Los del propio Kierkegaard. En esa colecci&oacute;n de Orbis [se&ntilde;alo un lateral del despacho] figura <em>El concepto de la angustia</em>.</p>
<p>- Y <em>Temor y temblor</em>, otro buen t&iacute;tulo, &iquest;eh?&hellip; A Kierkegaard lo le&iacute; en Austral.</p>
<p>- A Kafka, &iquest;lo conoc&iacute;an?</p>
<p>- S&oacute;lo <em>La metamorfosis</em>, creo recordar. <em>Am&eacute;rica</em> y <em>El proceso</em> llegaron en la facultad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Faulkner me hizo pasar de los endecas&iacute;labos a la prosa&rdquo;</strong></p>
<p>Lo que recuerda sin dubitaci&oacute;n es que <em>Crimen y castigo</em> cay&oacute; a los catorce y <em>Mientras agonizo</em>, a los diecis&eacute;is. Poco antes, con el amigo mencionado, se plante&oacute; una propuesta lectora de literatura espa&ntilde;ola cuya idea era empezar por el <em>M&iacute;o Cid</em>, pasar al <em>Libro de buen amor</em>, <em>La celestina</em>, y as&iacute;, que result&oacute; heterodoxa. &ldquo;Perdimos el norte y dimos en <em>Mientras agonizo</em>, en Aguilar [posteriormente la compr&oacute; en Seix Barral, Anagrama y C&aacute;tedra] y fue un descubrimiento. Choqu&eacute; contra una prosa especialmente intensa y po&eacute;tica. Mi vida cambi&oacute;: dej&eacute; de escribir serventesios. Igual hubiera acabado en las novelas que he escrito, pero Faulkner me hizo pasar de los endecas&iacute;labos a la prosa&rdquo;. El tercer gran deslumbramiento pertenece a Kafka: <em>El castillo</em>, entre <em>El proceso</em> y <em>Am&eacute;rica</em> &ndash;<em>El desaparecido</em>-, seg&uacute;n publicaci&oacute;n de Max Brod. &ldquo;Eso llev&oacute; a inferir a Benjamin una evoluci&oacute;n inexistente, ya que <em>Am&eacute;rica</em> hab&iacute;a sido escrita en primer lugar, y su primer cap&iacute;tulo, &lsquo;El fogonero&rsquo;, hab&iacute;a salido como novelita corta&rdquo;. A pesar del impacto, releer&iacute;a antes <em>Am&eacute;rica</em>. &ldquo;No s&eacute; cu&aacute;ndo abord&eacute; <em>El proceso</em>, pero fue despu&eacute;s de ver, en el 70, la pel&iacute;cula de Welles&rdquo;.</p>
<p>- Dice en su pr&oacute;logo a <em>La metamorfosis</em> &ndash;Akal- que el criterio estil&iacute;stico de Kafka se hallaba pr&oacute;ximo al expresionismo checo, con cuyos representantes [Gottfried Benn, Ernst Stadler, Georg Heym&hellip;] compart&iacute;a visi&oacute;n distorsionada y l&oacute;brega de la realidad. &iquest;Puede haber conexi&oacute;n, entonces, entre Sartre y Camus -o sea, el existencialismo- y los expresionistas? Igual es una l&iacute;nea que atraviesa el siglo.</p>
<p>- Efectivamente, el expresionismo de Kafka no tiene que ver con el de Valle. Kafka te puede afectar personalmente, Valle no. Probablemente sea as&iacute;, y haya una l&iacute;nea marcada por el <em>absurdo</em>. Si en la &eacute;poca de <em>Campo de amapolas</em> no conoc&iacute;a a Kafka, mucho menos a los poetas expresionistas que fallecieron j&oacute;venes en la Primera Guerra Mundial, tipo Georg Trakl, por quien Kafka sent&iacute;a admiraci&oacute;n. Nuestras lecturas estaban centradas en el periodo de Entreguerras. He le&iacute;do con m&aacute;s provecho a los novecentistas &ndash;y Kafka estar&iacute;a por edad entre ellos- y a quienes vinieron despu&eacute;s de los a&ntilde;os cuarenta que a nuestros autores del Cincuenta &ndash;a Cela y Delibes acud&iacute; lateralmente-.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Dudo que la ense&ntilde;anza pueda crear lectores literarios&rdquo;</strong></p>
<p>- Ahora los alumnos, &iquest;pueden con esa novel&iacute;stica? En <em>El esp&iacute;ritu</em>&hellip; se afirma que, en estos tiempos, &ldquo;es discutible que se ejercite la inteligencia en la escuela&rdquo;.</p>
<p>- Yo no los veo m&aacute;s inmaduros, &iquest;eh? Esa opini&oacute;n, &iquest;corresponde al profesor o al narrador?</p>
<p>- Al narrador.</p>
<p>- El narrador no tiene por qu&eacute; estar de acuerdo con el autor, aunque ciertamente est&aacute; controlado por &eacute;l. Es un tema controvertido. En mi &eacute;poca, dese cuenta, hab&iacute;a dificultades de todo tipo: estudiaban Sexto de Bachillerato cincuenta o sesenta personas en el mismo radio comarcal en el que ahora pueden hacerlo dos mil. A los ex&aacute;menes de ingreso se sumaban las limitaciones econ&oacute;micas y otras de tipo sociol&oacute;gico. Era una cosa de alpinistas. &lsquo;El que llegue, llegue; y el que no, se apa&ntilde;e&rsquo;. El conocimiento no estaba al alcance de todos, esa es la mayor diferencia respecto de hoy. La Formaci&oacute;n Profesional era un recogedero. Hoy un alumno bueno, al acabar Segundo de Bachillerato, dispone de una preparaci&oacute;n mejor que la que yo tuve en PREU. Otra cuesti&oacute;n es la <em>competencia lectora</em>. Es verdad que el estudio de Lengua y Literatura estaba mejor antes, en el antiguo BUP. Ahora est&aacute;n juntas las dos asignaturas y prevalece la sintaxis. Los &uacute;ltimos a&ntilde;os, impartiendo clase en ESO, era imposible dedicar tiempo a <em>lectura comprensiva</em>; hab&iacute;a que cumplir un programa. En tercer lugar tenemos la <em>lectura literaria</em>. &Eacute;sta no s&eacute; de qu&eacute; depende. Dudo que la ense&ntilde;anza pueda crear lectores literarios. El momento en que alguien se hace lector convulso solo depende de ese alguien. No se puede ense&ntilde;ar. Muchos leen empujados en el instituto y, cuando deben ser aut&oacute;nomos, se retiran. Yo lo comparo a la Primera Comuni&oacute;n: se preparan, la hacen y no vuelven a misa ni a comulgar ni a confesarse.</p>
<p>Aunque &ldquo;se escribe mucho&rdquo; y &ldquo;no hay mucho sobre lo que escribir&rdquo;, y a pesar de que la verdad &ldquo;en estos tiempos modernos siempre es mediocre y prosaica&rdquo;, no detecta en s&iacute; ning&uacute;n malestar en la cultura y se lleva bien con el presente. &ldquo;Es arriesgado pretender <em>leer hacia fuera</em> los libros&rdquo;. No niega que comparte lo dicho en <em>Nemo</em> -que se escriba demasiado y la verdad sea barata-, pero, sobre todo, a Bayal le interesa ser le&iacute;do <em>hacia dentro</em>: lo que se dice debe tener justificaci&oacute;n<em> interna</em>. &ldquo;En <em>Nemo</em>, puesto que el personaje decide guardar silencio, todo lo que se acumule en torno a la saturaci&oacute;n de las palabras y la malversaci&oacute;n de la lengua, tiene sentido. &iquest;Que luego se pueden sacar conclusiones <em>hacia fuera</em>? De acuerdo&rdquo;.</p>
<p>- Lo que se diga, al servicio de la idea de la novela.</p>
<p>- Si es coherente <em>dentro</em>, me despreocupo de c&oacute;mo se reciba <em>fuera</em>. Y eso de que no haya mucho que escribir igual es una frase m&aacute;s redonda que cierta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Si no hay nada que aportar, mejor callarse&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>- Pero todos sentimos que sobran palabras, que hay palabrer&iacute;a.</p>
<p>- Eso s&iacute;. Ferlosio habl&oacute; de <em>las cajas vac&iacute;as</em> refiri&eacute;ndose al espacio del peri&oacute;dico que hay que llenar de todas-todas, haya algo que decir o no. Se preguntaba: &lsquo;Si un d&iacute;a sale con cuarenta p&aacute;ginas, &iquest;por qu&eacute; no lo hace otro con ocho?&rsquo;. Pues no: pase lo que pase, cuarenta.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; lee m&aacute;s: opini&oacute;n o informaci&oacute;n?</p>
<p>- Cada d&iacute;a menos opini&oacute;n. En casa, leemos en papel y en la red y nos cuesta encontrar una opini&oacute;n enjundiosa. Hay gente escribiendo a diario, o una vez por semana, o cada quincena. &iquest;C&oacute;mo se puede tener algo de inter&eacute;s que decir con esas frecuencias? En mi blog me he propuesto varias veces publicar al menos doscientas palabras una vez por semana, pero me siento incapaz &iquest;De qu&eacute; voy a hablar?: &iquest;de Susana D&iacute;az?, &iquest;de FAES? Adem&aacute;s, ya lo han dicho todo otros, a favor y en contra. Si no hay nada que aportar, mejor callarse.</p>
<p>- La semana pasada, Julio Llamazares reivindic&oacute; a Sartre en su columna, lamentando que Dylan no haya rechazado el Nobel&hellip;</p>
<p>- &hellip; lo le&iacute;. Lo que pasa es que once a&ntilde;os m&aacute;s tarde reclam&oacute; el dinero a trav&eacute;s de un intermediario, seg&uacute;n supimos por las memorias de un miembro de la Academia.</p>
<p>-&hellip;vaya. El caso es que, entre unas cosas y otras, ha sido como apartado en beneficio de Camus; principalmente con eso de que apoy&oacute; el mao&iacute;smo a ciegas y sus cr&iacute;ticos opinan que a sabiendas de las malaventuras de la Revoluci&oacute;n Cultural. Arrabal, Bloom&hellip; siguen hablando bien de &eacute;l, centrados en su obra, pero no cotiza al alza. &iquest;Usted se reconoce sartreano?</p>
<p>- La edad te cambia. He rele&iacute;do a autores del Cincuenta frecuentados a los veinte, y he salido diciendo [en voz baja]: &ldquo;Qu&eacute; cosa m&aacute;s malita y torpe, madre, c&oacute;mo me pudo entusiasmar&rdquo;; no hablo [recupera la voz] de Ferlosio, Benet o Aldecoa, naturalmente. &iexcl;Y al rev&eacute;s!: hubo libros de realismo social que en la universidad no me agradaron y ahora s&iacute;. Si tuviera que volver a un libro de Sartre, escoger&iacute;a <em>Las palabras</em>, con sus dos cap&iacute;tulos: &lsquo;Leer&rsquo; y &lsquo;Escribir&rsquo;. No me disgustaron <em>Qu&eacute; es la literatura</em> ni las deliberaciones de <em>El idiota de la familia</em>, sobre Flaubert, al menos las del primer volumen, que es el que le&iacute;. <em>El ser y la nada</em> se me escapa y el teatro lo tengo olvidado. De Camus optar&iacute;a por esa autobiograf&iacute;a moral e intelectual que es su novela p&oacute;stuma: <em>El primer hombre</em>. <em>La peste</em> nunca me gust&oacute; por lo de antes: est&aacute; escrita con voluntad aleg&oacute;rica y te obliga a leer <em>hacia fuera</em>. Lo mismo me acaba de ocurrir con <em>Las tierras del ocaso</em>, de Gracq. Me gusta cuando es descriptivo y sensorial; aqu&iacute; hay que suponer que est&aacute; hablando de los a&ntilde;os cuarenta en Francia&hellip; no es aut&oacute;nomo.</p>
<p>- Si hay algo <em>para</em> <em>afuera</em> es la poes&iacute;a. Alegor&iacute;as, lenguaje &ndash;y/o pensamiento- m&aacute;s o menos cr&iacute;ptico...</p>
<p>- La poes&iacute;a se proyecta por encima de nosotros. No me opongo en absoluto. Y si me lo explican en una novela, digo: &ldquo;Ah, pues bien&rdquo;. No censuro que un libro vaya <em>hacia fuera</em> -de <em>Nemo</em> se pueden, y tal vez se deben, extraer conclusiones-, aspiro a justificarlo, antes que nada, <em>hacia dentro</em>. Por s&iacute; mismo. A que su valor no dependa de lo extr&iacute;nseco.</p>
<p>- &iquest;Por qu&eacute; abandona la poes&iacute;a?</p>
<p>- No me surge. Para escribir m&aacute;s all&aacute; de las bromas parapo&eacute;ticas de mi blog tendr&iacute;a que esforzarme, y me parece tramposo. Yo no tengo que esforzarme para avanzar en una novela.</p>
<p>- &iquest;La sigue leyendo?</p>
<p>- Cada vez menos. Releo a los poetas que conozco. Entrar en j&oacute;venes me da pereza. Si es cierto lo que dijo Pla, que quien lee novela despu&eacute;s de los cuarenta es tonto, yo soy tont&iacute;simo.</p>
<p>- &ldquo;Los &aacute;rboles desnudos son apenas / insinuaci&oacute;n fugaz de la desidia&rdquo;. &ldquo;La luna vaga c&oacute;mplice, culpable&rdquo;. En Certidumbre&hellip; el mundo parece un trampantojo, &iquest;de qu&eacute;?</p>
<p>- De qui&eacute;n: de m&iacute;. Pretend&iacute;a una expresi&oacute;n unitaria y objetiva de la tristeza. Sin intervenci&oacute;n de la primera persona. Surgi&oacute; en el 84-85, y sali&oacute; en el 86. En contra de la teor&iacute;a seg&uacute;n la cual la l&iacute;rica es la expresi&oacute;n literaria del sentimiento; el ensayo, del pensamiento; y la novela, de la acci&oacute;n o del movimiento, mi objetivo era que el libro fuera triste sin que el poeta lo estuviera.</p>
<p>Gabriel y Gal&aacute;n no fue un poeta triste. Llama la atenci&oacute;n el pr&oacute;logo que escribi&oacute; a prop&oacute;sito de &eacute;l en 1991, logrando encajar a William Blake y Robert Walser. &ldquo;Me compromet&iacute; con &Aacute;ngel Campos: &eacute;l har&iacute;a <em>El miaj&oacute;n de los cast&uacute;os</em>, de Chamizo, y yo de las<em> Extreme&ntilde;as</em>; pero no cumpli&oacute; lo pactado y me qued&eacute; solo en el empe&ntilde;o&rdquo;. La Diputaci&oacute;n de Badajoz, por medio de Ricardo Senabre, puso en marcha una colecci&oacute;n destinada a publicar con cierta decencia a autores extreme&ntilde;os <em>cl&aacute;sicos</em> &ndash;Reyes Huerta&hellip;-. Las ediciones deb&iacute;an estar a cargo de gente no especialmente conectada y en ning&uacute;n caso <em>extreme&ntilde;ista</em>. &ldquo;Sigue habiendo <em>extreme&ntilde;istas</em>&hellip; el otro d&iacute;a discut&iacute; con uno curiosamente a cuenta de Gabriel y Gal&aacute;n, sobre si era o no buen poeta. Ten&iacute;a habilidades m&eacute;tricas y pare de contar. Yo tambi&eacute;n puedo escribir un soneto en diez minutos, de metro perfecto; otra cosa es la sustancia&hellip; No me import&oacute; hacer el pr&oacute;logo, no es ofensivo y no digo que sea grande&rdquo;. Manej&oacute; primeras ediciones &ldquo;disparatadas&rdquo;. Gabriel y Gal&aacute;n falleci&oacute; a los 34 de apendicitis y leg&oacute; una obra corta y sin fijar. &ldquo;Los editores cometieron un desatino dialectal tras otro. Me libr&eacute; de un nuevo pr&oacute;logo, a&ntilde;os despu&eacute;s, a una obra completa que preparaban los nietos, que son <em>extreme&ntilde;istas</em>, o, por lo menos uno, con el que negoci&eacute;. No interesaba mi presencia. A m&iacute; tampoco me hac&iacute;a mayor ilusi&oacute;n. Ni siquiera nos pon&iacute;amos de acuerdo en el criterio de los t&iacute;tulos, algo parecido a lo de <em>La transformaci&oacute;n</em>&rdquo;. Bayal era partidario de mantener los can&oacute;nicos -<em>Religiosas</em>, <em>Campesinas</em>, <em>Extreme&ntilde;as</em>, <em>Castellanas</em>- y ellos de cambiarlos. &ldquo;Buena gana. &iquest;C&oacute;mo salieron? Ni idea. Yo creo que los lectores de Gabriel y Gal&aacute;n no existen porque los muy fieles &ndash;en los pueblos pegados a Salamanca, Ahigal: Guijo, Granadilla&hellip;- se lo saben de memoria y no precisan leerlo; y los dem&aacute;s no meten en &eacute;l ni un pie.</p>
<p>- Tampoco es m&eacute;rito peque&ntilde;o pasar a la oralidad.</p>
<p>-No lo es, pero, entre otros, ese es el motivo que le lleva a la extinci&oacute;n. Poca gente defiende a estas alturas el cast&uacute;o, dialecto que tambi&eacute;n morir&aacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Venir de fuera propicia ver lo que los propios no ven&rdquo;</strong></p>
<p>- Ginsberg practic&oacute; la poes&iacute;a oral y le ha servido, si bien no la deslig&oacute; de la escrita.</p>
<p>- Las banderas de ese poeta pueden seguir m&aacute;s o menos en pie, el mundo del nuestro ha desaparecido. Los poemas dialectales tampoco van m&aacute;s all&aacute; de ocho o diez. &Eacute;l era maestro en Piedrah&iacute;ta, &Aacute;vila. En el fondo, un se&ntilde;orito que vino al campo [extreme&ntilde;o] tras casarse. Aqu&iacute; se limitaba a ver a los mozos arando, segando, trillando. Ese mundo est&aacute; sepultado. Mi madre tiene en la mesilla sus obras. No lee bien porque la letra es peque&ntilde;a, pero le gusta porque se cri&oacute; en un pueblo y ha vivido el tipo de cosas que cuenta. &iquest;Alguien lee a su amigo Pereda? Tampoco a otros del XIX, pero a Pereda&hellip; [abre los brazos]. Como mucho, podr&aacute; pervivir como poeta fundacional. En esta zona, dejemos las cosas claras, hay dos elementos fundacionales: uno, Gabriel y Gal&aacute;n. Dos, Bu&ntilde;uel. Pero como <em>Las Hurdes, tierra sin pan</em> es la intervenci&oacute;n del diablo -por llevarlo a Blake-, cuenta con los odios y las fobias de los nativos. Su pel&iacute;cula viene a ser como <em>Lo que el viento se llev&oacute;</em> en Atlanta, pero al rev&eacute;s: aqu&iacute; no logran encontrar un aspecto positivo. As&iacute; que nos movemos entre las <em>Extreme&ntilde;as</em> y <em>Las Hurdes</em>. Nuestra <em>Il&iacute;ada</em> y nuestra <em>Odisea</em>.</p>
<p>- Los dos, oriundos.</p>
<p>- Venir de fuera propicia ver lo que los propios no ven. Con Gabriel y Gal&aacute;n no hay problema por complaciente, pero el a&ntilde;o pasado Jes&uacute;s Santos organiz&oacute; un congresillo bu&ntilde;ueliano en la alquer&iacute;a de Las Mestas [n&uacute;cleo de Ladrillar, mancomunidad de Las Hurdes] y los hurdanos segu&iacute;an echando espumarajos por la boca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Con <em>Las Hurdes, tierra sin pan</em>, lo que pretende Bu&ntilde;uel es mostrar una realidad trist&iacute;sima&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Es el componente <em>rural</em> lo que les lleva a no cejar?</p>
<p>- &hellip; Dicen que Bu&ntilde;uel false&oacute; la realidad, y efectivamente lo hizo, pero era su deber: una cosa es la verdad literaria -o cinematogr&aacute;fica- y otra la hist&oacute;rica. Por ejemplo: la pel&iacute;cula muestra un ni&ntilde;o muriendo y ellos se quejan de que <em>ese</em> ni&ntilde;o no muri&oacute;. De que es falso y est&aacute; guionizado. &iquest;Y? Lo que pretende es mostrar una realidad trist&iacute;sima.</p>
<p>- &iexcl;Qu&eacute; cosas!: en un filme, cuando hay una boda, ni los personajes son novios, ni se est&aacute;n casando. Esa realidad mostrada, &ldquo;trist&iacute;sima&rdquo;, es una mentira al servicio de la verdad, de la que es equivalente.</p>
<p>- Pero cuando la verdad duele, el pueblo se pone en contra.</p>
<p>- Todav&iacute;a si fuera un elogio de la pobreza -como algunos nuevos <em>neorruralistas</em> est&aacute;n pr&oacute;ximos a cometer- lo entender&iacute;a. &iquest;No ser&aacute; llanamente que la recepci&oacute;n <em>popular</em> ha filtrado poca cultura y sus sostenedores no saben no ser susceptibles?</p>
<p>- Mara&ntilde;&oacute;n escribi&oacute; un diario curioso durante una visita a las Hurdes para preparar el viaje de Alfonso XIII. Pasa por un sitio, ve a gente fam&eacute;lica y, a continuaci&oacute;n, se pega una comilona op&iacute;para. En el fondo, no oculta los problemas de inanici&oacute;n. Vio a un hombre, tan enfermo que parec&iacute;a a punto de morir, matar a un cabrito, com&eacute;rselo, y curarse. Su enfermedad no era otra que el hambre. Mara&ntilde;&oacute;n cuenta en esencia lo mismo que Bu&ntilde;uel.</p>
<p>- A &eacute;l no se enfrentan porque no lo han le&iacute;do.</p>
<p>-De Mara&ntilde;&oacute;n no opinan. Dif&iacute;cilmente sabr&aacute;n qui&eacute;n es; que lean su diario es tarea imposible. Mi edici&oacute;n es en facs&iacute;mil, no creo que est&eacute; distribuido.</p>
<p>- Eso que dice en el precioso volumen <em>La princesa y la muerte</em> (2001) de que los enemigos son m&aacute;s misericordiosos que los amos, &iquest;procede del agro?</p>
<p>- En la ciudad es posible con los asalariados, pero el origen y el sentido son campesinos, efectivamente. El amo persigue el mayor rendimiento del siervo, sin consideraciones. Hoy ya no lo s&eacute;, en estos tiempos convulsos, pero en la tradici&oacute;n los enemigos son <em>iguales</em>. Podemos verlo en la <em>Il&iacute;ada</em>. Saben que pertenecen al mismo rango y se respetan; y si muere el de enfrente, el de este lado permite unas exequias heroicas. Mi madre se crio en un pueblo &ndash;a&ntilde;os treinta y cuarenta- y contaba las pr&aacute;cticas de los amos con los jornaleros. En la moda actual de lo rural, han convertido las migas, qu&eacute; curioso, en plato tur&iacute;stico: las ofrecen de primero en los restaurantes. Pero, igual que el gazpacho, no era m&aacute;s que un plato de pobre para aprovechar el pan duro. Yo he o&iacute;do contar a mi madre c&oacute;mo los ricos mandaban a los criados al campo y les preparaban unas migas muy aceitosas para desayunar. Ingeridas, se expanden y ya no comes en todo el d&iacute;a. Era una t&aacute;ctica para explotar a los jornaleros. Se ahorraban la comida del mediod&iacute;a o les daban una muy escasa y de bajo coste. Esa deferencia era un modo de crueldad. A los se&ntilde;ores jam&aacute;s se les ocurri&oacute; comer migas.</p>
<p>- Ahora que est&aacute;n, como atestigua, de moda la naturaleza y los pueblos, me ha gustado apreciar cierta <em>vindicaci&oacute;n</em> de la ciudad en <em>Paradoja del interventor</em> (2006), si a tal cosa llega. Establece que hasta los p&aacute;jaros se marchan a las ciudades. Puede ser la simple constataci&oacute;n de un hecho, pero acompa&ntilde;ada de barrabasadas rurales tales como apedrear a perros que se est&aacute;n apareando; mientras las ciudades emergen como el &uacute;nico sitio donde hay mendigos. Sin descuidar que, en sinton&iacute;a con Las Hurdes, en &eacute;pocas pret&eacute;ritas &ldquo;se malviv&iacute;a con una mala huerta y se padec&iacute;an todas las enfermedades de la tierra&rdquo;. No s&eacute; si hay mirada piadosa hacia el entorno rural. Doy por hecho que s&iacute;. Pero tambi&eacute;n la constataci&oacute;n de que el desarrollo est&aacute; donde est&aacute;.</p>
<p>- Recuerdo que a mi pueblo [Higuera de Albalat, C&aacute;ceres], acud&iacute;a de vez en cuando un mendigo. Pasaba unos d&iacute;as en &eacute;l e iba al siguiente pueblo. No ped&iacute;a, se limitaba a dejar que los vecinos le socorrieran como bien pudiesen. Iba descalzo, un aut&eacute;ntico pordiosero. Lo comentabas en zonas cercanas y te dec&iacute;an: &ldquo;Pero si tambi&eacute;n pasa por aqu&iacute;&rdquo;. Esas cosas desaparecieron. Anta&ntilde;o hab&iacute;a una mendicidad ambulante rural. De la misma manera que hubo, y hay, una emigraci&oacute;n del campo a la ciudad por cuestiones perfectamente comprensibles, tambi&eacute;n la hubo y la hay de los p&aacute;jaros. &iquest;D&oacute;nde van a encontrar mejor comida?</p>
<p>- En mi ciudad las cig&uuml;e&ntilde;as salen a comer a los basureros, pero en seguida vuelven. Les gusta la contaminaci&oacute;n de la vida moderna. Pasean por el centro de las ciudades. Desde las alturas ven las pasteler&iacute;as, los hospitales, las bibliotecas, las fuentes, los parques, los museos...</p>
<p>- Pues como las cig&uuml;e&ntilde;as, los dem&aacute;s. Mi pueblo est&aacute; en cien habitantes&hellip; &iquest;c&oacute;mo van a ir mendigos? En Plasencia, todav&iacute;a: tenemos una mendicidad <em>comunitaria</em>. Si salimos y vamos por la calle Sol, encontraremos en un sitio a una chica rumana y en otro a un se&ntilde;or de no s&eacute; d&oacute;nde. Pero, &iquest;d&oacute;nde?: en la calle Sol, donde hay aglomeraci&oacute;n. En Madrid acostumbro a subir por la calle Torrecilla de Leal hacia Ant&oacute;n Mart&iacute;n para desayunar. Bien, pues m&aacute;s all&aacute; del bar Parrondo, al lado de una panader&iacute;a, se pone una se&ntilde;ora, siempre la misma, como si tuviera el sitio reservado, con un letrero muy bonito que dice: &lsquo;Soy una mujer triste&rsquo;. Tiene que estar en un punto de paso. En las novelas de Gald&oacute;s eran las puertas de las iglesias, y se armaban unos tinglados parecidos a los que saca Bu&ntilde;uel en <em>Viridiana</em> -Bu&ntilde;uel es rompedor: se supone que, ante la caridad, el socorrido debe responder con agradecimiento. &Eacute;l da la vuelta al sobreentendido igual que los hurdanos le dan la vuelta a &eacute;l, pensando que les quiere denigrar cuando les muestra conviviendo con animales&hellip; cosa que he visto yo en los a&ntilde;os sesenta y setenta: en la misma casa con el burro y el mulo-. Pues ahora la mendicidad se ha desligado de las puertas de las iglesias hacia Callao, Preciados, la FNAC, El Corte Ingl&eacute;s y calles concurridas como la de la Mujer Triste. Ella te dice <em>buenos d&iacute;as</em> cuando te acercas. A veces das y a veces no. Si das, no hay problema: le devuelves el saludo. Pero, si no, &iquest;contestas? Si contestas y no le das&hellip; no queda muy bien, pero si no contestas suena maleducado. &iquest;Qu&eacute; haces? No se me escapa que su <em>buenos d&iacute;as</em> es su instrumento de trabajo. Es lo que sustituye al <em>una limosnita por el amor de dios</em>. Si en lugar de estar sentada al lado del recipiente, estuviera de pie a dos metros, no me saludar&iacute;a. Su <em>buenos d&iacute;as</em> no es el que doy al portero por la ma&ntilde;ana. Me crea un dilema, no s&eacute; c&oacute;mo comportarme. Si no le voy a dar, acabo escogiendo la otra acera.</p>
<p>- Es un saludo utilitario, no hay urbanidad.</p>
<p>- Totalmente utilitario. Cuando hablaba de las funciones del lenguaje en clase, contaba que a veces la representativa, que es la neutra, contiene funciones interrogativas o expresivas o exhortativas. Esto es un poco lo mismo. Es un <em>buenos d&iacute;as</em> que de <em>buenos d&iacute;as</em> no tiene nada. Llaman la atenci&oacute;n el cartel, bien escrito, igual confeccionado por otra persona, y ese acierto ret&oacute;rico: &lsquo;Soy una mujer triste&rsquo;. Qu&eacute; distinto de otros -&lsquo;Soy espa&ntilde;ol&rsquo;, &lsquo;Soy extreme&ntilde;o&rsquo;&hellip;- que caen en la xenofobia mendicante, o aquellos que apelan a la conmoci&oacute;n: &lsquo;Estoy en paro&rsquo;, &lsquo;Tengo tres hijos&rsquo;&hellip; Yo le doy mi dinero a ella antes que a cualquier otro.</p>
<p>- Su interventor [<em>Paradoja</em>&hellip;], &iquest;podr&iacute;a pasar por mendigo?</p>
<p>- Se convierte casi en uno, va adquiriendo el ropaje&hellip; pero no lo era y no lo es. Una vez pasa por una churrer&iacute;a a punto de cerrar, casi de madrugada y no s&eacute; si paga algo o le invitan&hellip;</p>
<p>- &hellip; creo que le invitan&hellip;</p>
<p>- &hellip; pues luego le invitan una segunda vez, cuando vuelve y dice que solamente quiere oler. Y renuncia a pasar m&aacute;s: si le socorren dos veces y a la tercera le mandan a paseo, &eacute;l ser&aacute; culpable de convertir un acto generoso en insolidario.</p>
<p>- Tambi&eacute;n le invitan a caf&eacute; en la estaci&oacute;n.</p>
<p>- Pero no adquiere perfil pordiosero, se busca la vida... A m&iacute; me interesaba ver c&oacute;mo alguien se va degradando al no contar con recursos, pero tambi&eacute;n resaltar el rechazo por parte del entorno al personaje que se encuentra en esa situaci&oacute;n.</p>
<p>- Luego entabla alguna amistad.</p>
<p>- Con otros llegados de fuera que se han acomodado, pero est&aacute;n en situaci&oacute;n parecida: el barquillero, el trapero&hellip;</p>
<p>Lo acaba de decir: un principio narrativo suyo consiste en situar en una localidad a un for&aacute;neo con problemas de adaptaci&oacute;n. Eso pasa en los pueblos, pero tambi&eacute;n en las ciudades, en diferentes grados y por diferentes motivos. En <em>M&iacute;sera</em>&hellip; &ndash;con alguien que va a la ciudad a investigar sobre el padre-, en <em>Amad a la dama</em> (2002) &ndash;con esa especie de indiano rico que llega al pueblo-, en <em>El esp&iacute;ritu</em>&hellip; -Gumersindo vive dentro de la ciudad pero al margen-, en <em>Nemo</em> &ndash;el entorno m&aacute;s peque&ntilde;o todav&iacute;a-. &Eacute;l se percat&oacute; de este eje en la presentaci&oacute;n del <em>Interventor</em>. &ldquo;Espero explorar cada vez mejor el territorio. Welles se quejaba de que los cr&iacute;ticos censuraban siempre su &uacute;ltima pel&iacute;cula en relaci&oacute;n a las precedentes, que eran magn&iacute;ficas&rdquo;. De acuerdo a las categor&iacute;as de su admirado Ferlosio en <em>Las semanas del jard&iacute;n</em>, escribe novelas-ajo. &ldquo;Hay dos procesos narrativos: el ajo y la cebolla. La cebolla es investigar la verdad por capas y no llegar al fondo hasta el final; son novelas de averiguaci&oacute;n -las detectivescas, pero no s&oacute;lo-. El ajo es el procedimiento de aquellas en que todas las partes est&aacute;n a la misma distancia del centro. Eso, que &eacute;l aplica como teor&iacute;a narrativa, lo ser&iacute;a a todo lo que uno escribe. Puede que la segunda novela sea mejor que la primera, y la cuarta sea mejor que la segunda, o al rev&eacute;s. Lo interesante es que todas guarden equidistancia en torno a un centro&rdquo;. Y el centro de Bayal debe de ser la no asimilaci&oacute;n del que llega de fuera por parte del colectivo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El atractivo de las ruinas viene de ser lo que son y el destino de lo que han sido&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p>- Otro centro suyo es la belleza de las ruinas [&ldquo;El est&iacute;mulo eleg&iacute;aco, fugaz y desolado de las ruinas&rdquo; &ndash;<em>Amad</em>&hellip;-; &ldquo;Prefer&iacute; cavilar sobre las tristezas del crep&uacute;sculo, la seducci&oacute;n de las ruinas&rdquo; &ndash;<em>Nemo</em>-].</p>
<p>- Las ruinas, tan frecuentes en Benet, &iquest;verdad? Su contemplaci&oacute;n me resulta atractiva. Recuerdo un viaje a Grecia, hace mucho. Subimos a Micenas, el reino de Agamen&oacute;n. Ver que no quedaba nada fue fascinante&hellip; El atractivo de las ruinas viene de ser lo que son y el destino de lo que han sido. Si yo voy en coche y veo un edificio flamante, lo desprecio, pero ante uno ruinoso paro, si puedo. El nuevo tiene, a lo sumo, porvenir de esperanza; el derruido emite se&ntilde;ales aunque no las sepas descifrar. Pero, cualquier tipo de ruina, &iquest;eh?, no hace falta irse a Grecia. La caseta misma del guardagujas que sale en el <em>Interventor</em>. Me bas&eacute; en una a la que dejaron de llegar trenes. Se qued&oacute; sin techo y al final sin paredes. Hoy no existe salvo en mi memoria.</p>
<p>-&iquest;Se puede decir que el griego antiguo y el lat&iacute;n son lenguas muertas &ndash;que tambi&eacute;n le fascinan-?</p>
<p>- Desde el punto de vista ling&uuml;&iacute;stico, s&iacute;. Pero conservan su vigor. Acudir a los primeros testimonios del castellano medieval es arqueolog&iacute;a, lo que no pasa con el lat&iacute;n y el griego. Muchos textos se han perdido, pero los que conservamos mantienen vigente lo mejor de aquellas lenguas, de aquella cultura y de aquella literatura. &iexcl;No puedo comprender tanta sutileza en Lucrecio!, &iexcl;da gusto leerlo! &iquest;Y las cartas de Plinio?, y eso que no es un autor cimero. &iexcl;Qu&eacute; clarividentes!, &iexcl;qu&eacute; inteligentes! Y los frailes medievales&hellip; s&oacute;lo anotan unas palabritas en el margen. Plat&oacute;n y Arist&oacute;teles no son ruinas.</p>
<p>- Ellos no. La lengua que usaron, detenida.</p>
<p>- Un amigo me dijo hace poco que despu&eacute;s de muchos a&ntilde;os leyendo a Kant, por fin hab&iacute;a entendido la <em>Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n pura</em>. Yo creo que por mucho que lea a Plat&oacute;n y a Arist&oacute;teles no llegar&eacute; a entenderlos de manera completa.</p>
<p>Tal vez las ruinas sean la m&aacute;s perfecta representaci&oacute;n de la imperfecci&oacute;n que ata&ntilde;e al hombre. Tal vez en ellas hay algo definitivo que no se puede ya romper. Y eso las acerca a la eternidad, ansiada y lejana, imposible. &ldquo;La felicidad es imperfecci&oacute;n&rdquo;, dice en <em>Amad</em>&hellip; En cambio, en otro libro sostiene que decir precisi&oacute;n es tanto como decir belleza. De esa mezcla de contrarios surge la plenitud en la p&oacute;cima de la belleza.</p>
<p>- Otro centro suyo es la geometr&iacute;a, presente pr&aacute;cticamente en todos los t&iacute;tulos: <em>El desierto de Takla-Mak&aacute;n</em>, <em>El cerco</em>&hellip;, <em>Un artista del billar</em>, <em>Amad</em>&hellip;, <em>Nemo</em>. Excepto en <em>El cerco</em>, el c&aacute;lculo sim&eacute;trico da idea de una configuraci&oacute;n m&aacute;s o menos organizada del mundo.</p>
<p>- Yo creo que s&iacute;. Dec&iacute;a Henry Miller que llamamos confusi&oacute;n a un orden que no entendemos. Mis personajes son ordenados y yo, probablemente, dentro del desorden que pueda haber en mi biblioteca, tambi&eacute;n. En <em>El cerco</em> quise ejemplificar los desvar&iacute;os de la raz&oacute;n a base de combinaciones geom&eacute;tricas urbanas.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; lugar ocupa la imprecisi&oacute;n en la geometr&iacute;a? Recordemos el calor humano que hay en lo defectivo.</p>
<p>- Las imprecisiones del narrador son, m&aacute;s all&aacute; de lo que yo haya hecho, elementos de verosimilitud. La imprecisi&oacute;n es del narrador. Que la precisi&oacute;n sea bella, sin duda. Hoy admitir&iacute;a que la imprecisi&oacute;n tambi&eacute;n lo puede ser. No es inc&oacute;modo, cuando uno tiene que narrar desde un punto de vista que no es la primera persona, el dejar las cosas en suspenso. Hay cosas que no se saben o no se pueden decir porque ser&iacute;a narrativamente contraproducente. Es mejor ir sembrando imprecisiones capaces de ocultar otros silenciamientos, dejar piedrecitas blancas de Pulgarcito. El narrador omnisciente no tiene por qu&eacute; saberlo todo, una vez me dijo un alumno: &lsquo;Si el narrador es omnisciente, &iquest;por qu&eacute; no lo cuenta todo?&rsquo;.</p>
<p>- Uniendo la imperfecci&oacute;n de las ruinas, la perfecci&oacute;n de la geometr&iacute;a, las imprecisiones del narrador y la belleza de la precisi&oacute;n&hellip; llegamos sin duda a los jardines, donde tambi&eacute;n se mete usted. En <em>Nemo</em> vemos que si est&aacute;n cerrados son clausura.</p>
<p>- Los jardines son la negaci&oacute;n del para&iacute;so, o del para&iacute;so privado.</p>
<p>- Si la idea es muy redonda, &iquest;ahoga la belleza?</p>
<p>- Los jardines son objetos de contemplaci&oacute;n est&eacute;tica pero nadie vive en el jard&iacute;n &ndash;o sea, en el para&iacute;so-. Y el que vive lo tiene como oficio, no como un destino existencial.</p>
<p>- &ldquo;Quien vive en el jard&iacute;n es jardinero y el jard&iacute;n es su oficio, no su para&iacute;so. El jard&iacute;n es una aspiraci&oacute;n, no un destino: se desea entrar, pero es mejor verlo desde fuera, incluso a distancia, desde lejos, porque en el momento en que se accede al jard&iacute;n su condici&oacute;n se desvanece. Los jardines son s&oacute;lo fantas&iacute;as visuales y crueles&rdquo;. En <em>Amad</em>.</p>
<p>-Podr&iacute;amos usar la sentencia de <em>Campo de amapolas</em>&hellip;<em> </em>y <em>El esp&iacute;ritu</em>&hellip;: &lsquo;<em>Custos quoque captivus</em>&rsquo; -El carcelero es tambi&eacute;n un prisionero-. Ser&iacute;a como vivir en el jard&iacute;n.</p>
<p>-En <em>Conversaci&oacute;n</em> dice que la c&aacute;rcel &ldquo;no es un lugar relacionado con el pecado, sino con el delito&rdquo;.</p>
<p>- Y que el delito es un pecado social y el pecado un delito religioso. Y que puede haber pecados que no sean inmorales e inmoralidades que no sean delito.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El estado de esperanza es m&aacute;s venturoso que el de consecuci&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;La belleza es un delito?</p>
<p>- La belleza puede ser un pecado.</p>
<p>- &iquest;Las flores detentan belleza o son esclavas de s&iacute; mismas?</p>
<p>- No me llaman la atenci&oacute;n los paisajes suntuosos.</p>
<p>- Hablemos de lo comestible de las plantas, pues. &ldquo;El pecado original no es comer la fruta prohibida, sino querer permanecer en el jard&iacute;n sin convertirse en jardinero&rdquo;.</p>
<p>- En el momento en el que se entra en el jard&iacute;n, el jard&iacute;n deja de ser aquello a lo que se aspiraba.</p>
<p>- Que est&aacute; en <em>Amad</em>&hellip;</p>
<p>- Claro, el estado de esperanza es m&aacute;s venturoso que el de consecuci&oacute;n. Uno puede sacar unas oposiciones de instituto, y no disfrutarlas&hellip; En un porcentaje alto, los fracasos amorosos se producen por entrar en el jard&iacute;n.</p>
<p>- Pero hay que conservar lo alcanzado.</p>
<p>- La vida es una tarea fatigosa. Todo lo que merece la pena es laborioso de mantener. Hay que darse cuenta de que ser jardinero no es tan malo.</p>
<p>- Antes mencion&oacute; la peripecia m&eacute;trica de las formas po&eacute;ticas cerradas. En <em>Campo de amapolas</em>&hellip;, H califica el soneto de &ldquo;habilidad est&eacute;ril&rdquo; y, en su alegato contra la pintura, testifica que un bodeg&oacute;n &ldquo;es un soneto&rdquo;.</p>
<p>- Alguien dijo que no existe el soneto perfecto. Quiz&aacute;s una de las mejores aproximaciones en castellano es el &lsquo;Amor constante m&aacute;s all&aacute; de la muerte&rsquo;&hellip; pero s&oacute;lo los tercetos [y recita a doble velocidad]: &ldquo;Alma a quien todo un dios prisi&oacute;n ha sido, / venas que humor a tanto fuego han dado, / m&eacute;dulas que han gloriosamente ardido, / su cuerpo dejar&aacute;, no su cuidado; / ser&aacute;n ceniza, mas tendr&aacute; sentido; polvo ser&aacute;n, mas polvo enamorado&rdquo;. Es probable que en el soneto prevalezca la forma sobre la idea. Dec&iacute;a Fabio Mor&aacute;bito que un poema se escribe verso a verso: cuando escribes el primero no tienes el segundo, ignoras hacia d&oacute;nde va la palabra. Puede que tenga raz&oacute;n: la forma narrativa consta de un recorrido y, en la po&eacute;tica, uno escribe un primer verso, el que dan los dioses, y no sabe si continuar&aacute;. Eso me pas&oacute; en mi poema favorito de <em>Certidumbre</em>&hellip;, que consta de dos versos -un apunte que no hall&oacute; desarrollo-: &ldquo;Siembran los hombres con torpeza lenta / su ruda cicatriz sobre la nieve&rdquo;. Pues cuando uno escribe un soneto, la idea de la prosa interfiere en la poes&iacute;a. Es probable que prevalezca la habilidad sobre la idea, es muy dif&iacute;cil adecuar una estructura cerrada a una significaci&oacute;n inicial amorfa. Entonces, tiene algo de bodeg&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me declaro juanramoniano y ferlosiano&rdquo; </strong></p>
<p>- &iquest;Le gusta Juan Ram&oacute;n?</p>
<p>- Mucho.</p>
<p>- Tuve la impresi&oacute;n de lo contrario. Dice que lleva el intimismo melanc&oacute;lico a la saturaci&oacute;n.</p>
<p>- Es que escribi&oacute; muchos bodegones, &iquest;eh? Pero si mira lo que hay a su espalda, la balda de abajo entera es Juan Ram&oacute;n. En la adolescencia hay gente que lee <em>Romancero gitano</em> y escribe a lo Lorca. Yo le&iacute; repetidamente a Juan Ram&oacute;n, sobre todo al primero, y mis composiciones eran puro &eacute;l, romances pla&ntilde;ideros.</p>
<p>- &iquest;Al primero? El segundo lo pone al nivel de Val&eacute;ry, Pessoa y Eliot.</p>
<p>- Pero a los quince s&oacute;lo conoc&iacute;a al primero. Escrib&iacute; una cosa titulada &lsquo;Los chopos del Jerte&rsquo;, imitaci&oacute;n endeble y descarada, sin darme cuenta, de <em>Arias tristes</em>, <em>Jardines lejanos</em> y <em>Pastorales</em>. No lo citan entre mis influencias, pero, m&aacute;s tarde, el prosista Juan Ram&oacute;n fue un maestro para m&iacute;. Hay dos libros perfectos: <em>Platero</em>&hellip;, de prosa l&iacute;rica, subordinada, con muchas comas; y <em>Espa&ntilde;oles de tres mundos</em>, intelectual y constre&ntilde;ido. Me declaro juanramoniano.</p>
<p>- Y Ferlosiano. &ldquo;Por raz&oacute;n narrativa cabe entender cierta forma de predeterminaci&oacute;n esencial y la decidida disposici&oacute;n personal que subyace en el proceso literario, desde la situaci&oacute;n preverbal y silenciosa que ilumina el entendimiento del escritor y pone en marcha los mecanismos remotos de la narratividad hasta el comportamiento y los productores ling&uuml;&iacute;sticos resultantes&rdquo; -El <em>desierto</em>&hellip; -.</p>
<p>- El subt&iacute;tulo de <em>Camino de Jot&aacute;n</em> es &lsquo;La raz&oacute;n narrativa de Ferlosio&rsquo;. En ese libro [<em>El desierto</em>&hellip;] s&oacute;lo hay dos cosas con entidad: &lsquo;Elogio del Jeco&rsquo; y &lsquo;El argumento y la felicidad&rsquo;. Las dem&aacute;s son circunstanciales. Quer&iacute;a dar a entender que, escribiera lo que escribiera, Ferlosio es un narrador. Por mucho que elucubre abstrusamente, su exposici&oacute;n es fundamentalmente narrativa porque su raz&oacute;n es una funci&oacute;n narrativa antes que intelectual.</p>
<p>- La raz&oacute;n, &iquest;es lo que te empuja a ser lo que eres por encima de que no quieras serlo?</p>
<p>- Dir&iacute;a que s&iacute;, en un escritor polifac&eacute;tico &ndash;capaz de poes&iacute;a, teatro, novela, m&uacute;sica y pintura- con la idea viene la forma: si es poes&iacute;a o relato. Mayoritariamente disponemos de una sola raz&oacute;n, y limitada. La prueba de que se hagan antolog&iacute;as es que mucho de lo que hacemos sobra. La visi&oacute;n optimista es que conseguimos aciertos. La antolog&iacute;a corresponde a la raz&oacute;n po&eacute;tica y el resto es <em>la</em> <em>labor</em> del que la lleva a cabo. Hay una predisposici&oacute;n en un sentido u otro que no tiene que ver con lo de &lsquo;&iquest;el poeta nace o se hace?&rsquo;. La predisposici&oacute;n no tiene que ser innata. Si uno escribe novelas y deja de leer novelas, y pasa a leer poes&iacute;a, acabar&aacute; escribiendo poes&iacute;a. Nos configura lo que leemos. Y viceversa.</p>
<p>- Hay un componente intelectual.</p>
<p>-S&iacute;, porque si yo hubiera tenido unas posibilidades o circunstancias diferentes, lo mismo en lugar de escribir novelas, rodaba pel&iacute;culas.</p>
<p>- Y une lo intelectual a lo surreal, normalmente separado. &ldquo;Ya cuando ni&ntilde;o aprendi&oacute; que todas las combinaciones o v&iacute;nculos de inter&eacute;s se producen siempre en un plano surreal, puramente intelectual&rdquo;. <em>El esp&iacute;ritu</em>&hellip;</p>
<p>- Tenemos un modo de comprender la realidad. Cada cual, el suyo. Y ese modo puede ser surreal. Uno est&aacute; afectado por su comprensi&oacute;n, que puede ir contra los modos habituales de entender y hasta ser equivocados. Probablemente de una asimilaci&oacute;n err&oacute;nea, surgen las genialidades, las diferencias respecto a la comprensi&oacute;n com&uacute;n de los hechos.</p>
<p>Se dice en <em>Nemo</em>, y funciona hacia dentro y hacia fuera, que, si las palabras mienten, &ldquo;es mejor no utilizarlas&rdquo;. A la vista est&aacute; que a veces la conversaci&oacute;n es mejor que el silencio. Entonces la vida parece un jard&iacute;n habitable.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 28 Mar 2017 05:41:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Luis Landero: El arte de narrar]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/luis-landero-el-arte-de-narrar/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2017/landero500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; Internarse en la obra de Luis Landero es ingresar en un universo genuino inmediatamente reconocible por lo que se podr&iacute;a llamar un &ldquo;estilo&rdquo; inimitable, dotado de una agradable fluidez pero tambi&eacute;n de gran densidad, sutil y profundo aunque de aparente sencillez y hasta de ingravidez a veces, que va involucrando al lector en su trama de manera ineludible.&nbsp; Es una obra que se resiste a las categorizaciones o a los encasillamientos porque tiene voz propia en el panorama de la narrativa espa&ntilde;ola actual, una obra que ha creado un &ldquo;lenguaje&rdquo;, un &ldquo;idioma&rdquo;, fen&oacute;meno que observaba Proust&nbsp;en las grandes novelas: &ldquo;Los bellos libros est&aacute;n escritos en una suerte de idioma extranjero&rdquo;. Esa originalidad es fruto de una escritura pulida, cincelada, de absoluta precisi&oacute;n, de una diversidad y de una amplitud l&eacute;xicas impresionantes; en ese&nbsp; aspecto&nbsp; la escritura de Landero se asemeja a la de Flaubert&nbsp;por la exigencia de perfecci&oacute;n y de exactitud: &ldquo;Una buena oraci&oacute;n en prosa ha de ser como un verso, inmutable, igual de cadenciosa, de sonora&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las novelas de Landero, al contrario de lo que se podr&iacute;a suponer en el marco de una primera lectura, gozan de una estructuraci&oacute;n narrativa sumamente rigurosa que va conduciendo con extremada pericia hacia el desenlace. El narrador entreteje los hilos de las diversas historias narradas gracias a una arquitectura narrativa cuya riqueza y variedad de una novela a otra se hacen patentes en una lectura anal&iacute;tica&nbsp;en la que se pueden desvelar sus significaciones:&nbsp; un tratamiento especial de la voz o las voces narrativas que son muy variables de una novela a otra; un manejo particular de la representaci&oacute;n del tiempo, con sus elipsis, sus vueltas al pasado, sus anuncios del futuro, lo cual genera una serie de suspenses y permite la maduraci&oacute;n de las acciones y la evoluci&oacute;n de los personajes ; un juego con los espacios que suelen tomar la forma de la tradicional oposici&oacute;n entre campo y ciudad completamente renovada y actualizada; una inserci&oacute;n acertada de los di&aacute;logos o de las conversaciones en el relato, di&aacute;logos y conversaciones fundamentales en las novelas del escritor, todos ellos impregnados de reminiscencias socr&aacute;ticas y cervantinas; un sabio ordenamiento de los encuentros y de los desencuentros entre los personajes&nbsp;; la ubicaci&oacute;n textual adecuada de lances imprevistos que adem&aacute;s sorprenden por su inventiva, por lo que se ha podido hablar de la teatralidad de las novelas de Landero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las historias narradas son aventuras vivenciales e interiores de unos personajes &ldquo;mediocres&rdquo; en el sentido etimol&oacute;gico de la palabra o sea en su sentido de &ldquo;median&iacute;a&rdquo;, pero tambi&eacute;n en su sentido despectivo, antih&eacute;roes que sin embargo se enfrentan a un mundo laber&iacute;ntico y a una realidad aplastante, movidos por &ldquo;el af&aacute;n&nbsp;&ldquo;, por la fuerza del deseo, y que intentan metamorfosearlos para que se acoplen a sus anhelos, arriesgando sus haberes, su posici&oacute;n social, su vida, con lo cual, sin saberlo, se convierten en &ldquo;&nbsp;h&eacute;roes de la cotidianeidad&nbsp;&ldquo; (seg&uacute;n el feliz hallazgo del escritor Ra&uacute;l Nieto de la Torre).&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los textos est&aacute;n traspasados por referencias m&aacute;s o menos veladas a una cultura literaria cl&aacute;sica y popular, lo cual acarrea el que la prosa de Landero cobre una textura tornasolada, &laquo;espejeante&raquo;, o&nbsp; sea que lance destellos conforme se la va recorriendo pues remite a la memoria y a la cultura del lector jugando con esa intertextualidad de m&uacute;ltiples maneras, mediante la simple referencia, la cita, la alusi&oacute;n, la parodia, el pastiche, la &ldquo;desvirtuaci&oacute;n&rdquo; burlesca, a la vez que cuestiona de manera general la noci&oacute;n misma de cultura y los fines de &eacute;sta. El amplio abanico intertextual convocado por los textos de Landero produce efectos de gran comicidad gracias a diversos procedimientos: el desfase entre los conocimientos de algunos personajes (en general sumamente elementales&nbsp; y utilizados en forma ostentosa) y los del lector, quien con la ayuda de un narrador benevolente y, &eacute;l s&iacute; de una extraordinaria erudici&oacute;n, experimenta una grata sensaci&oacute;n de superioridad frente a &eacute;stos, cuyos recuerdos escolares son fragmentarios, aproximativos y a veces convertidos en jocoso batiburrillo;&nbsp; la ignorancia de otros, cuyo saber se limita a un poema, a unas cuantas frases famosas o a un libro incansablemente le&iacute;do durante toda una vida, lo que les vuelve monomani&aacute;ticos; los personajes de letrados, que anhelan escribir alg&uacute;n libro decisivo y disponen de unos conocimientos muy extensos, pero que,&nbsp; en general, los supeditan a la vanidad social, o se pierden en consideraciones secundarias.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De hecho, la obra de Landero recorre toda la escala de la comicidad, desde la farsa m&aacute;s trivial hasta el humor m&aacute;s ligero y se asienta precisamente en esos desajustes entre las ambiciones de los personajes y la ruin realidad y en una filosof&iacute;a de lo absurdo heredada de Kafka pero tambi&eacute;n de Camus, que no est&aacute; desprovista de patetismo a veces pero que en regla general el narrador prefiere tratar con elegancia mediante el humor y el distanciamiento. Y es que las novelas de Luis Landero nutren toda una meditaci&oacute;n filos&oacute;fica desprovista de pedanter&iacute;a, y sin recurrir a exposiciones te&oacute;ricas que paralizar&iacute;an el relato de la acci&oacute;n. Los textos de Landero est&aacute;n amasados, cosidos con una dimensi&oacute;n filos&oacute;fica, ontol&oacute;gica, que cuestiona con tes&oacute;n la relaci&oacute;n del hombre con un mundo despiadado: b&uacute;squeda de la verdad interior de uno, v&iacute;nculos entre los individuos,&nbsp; relaciones de poder, oposici&oacute;n y dial&eacute;ctica entre el ser y el parecer, papel del azar, de la fortuna, de la fatalidad&nbsp; en la existencia del hombre, lucha por conquistar esa verdad y el lugar exacto y adecuado&nbsp; de uno en el mundo hasta pactar un compromiso entre la realidad y los ensue&ntilde;os.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A&ntilde;adir&eacute; a estas caracter&iacute;sticas una tem&aacute;tica esencial que tal vez no haya sido suficientemente tomada en cuenta por la cr&iacute;tica: la omnipresencia del acto de narrar que extiende sus mallas por todos y por cada uno de los libros del autor. Esta &ldquo;obsesi&oacute;n&rdquo;&nbsp; del autor se manifiesta a trav&eacute;s de las m&uacute;ltiples narraciones de unos personajes a otros, de los comentarios y glosas de &eacute;stos en cuanto a esas narraciones, de los muchos personajes de poetas o de escritores fallidos o de amantes de la literatura y de las palabras o de &ldquo;sabios&rdquo; que surgen&nbsp; en ellas, todo lo cual favorece una reflexi&oacute;n de tipo metatextual acerca de los relatos, ya sean orales ya sean escritos, de la poes&iacute;a y de las potencialidades l&iacute;ricas de las palabras, y de la ficci&oacute;n en general, de sus virtudes y de su poder&iacute;o, de sus peligros tambi&eacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tras esta visi&oacute;n panor&aacute;mica y sint&eacute;tica del conjunto, conviene ahora considerar con atenci&oacute;n c&oacute;mo se manifiestan estas constantes en la obra de Landero a lo largo del transcurso del tiempo gracias a una perspectiva m&aacute;s precisa y pormenorizada. As&iacute; intentar&eacute; sacar a la luz las redes de significaciones que la recorren, lo cual tambi&eacute;n permitir&aacute; destacar las evoluciones y las bifurcaciones de una escritura cuyos innovadores recursos no dejan de deslumbrar a sus lectores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Las dos primeras novelas: <em>Juegos de la edad tard&iacute;a</em> (1989) y <em>Caballeros de fortuna </em>(1994)</strong><strong></strong></p>
<p align="left"><strong>La fundaci&oacute;n de un universo novelesco:</strong><strong><em> </em></strong><strong><em>Juegos de la edad tard&iacute;a</em></strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; La publicaci&oacute;n de&nbsp; <em>Juegos de la edad tard&iacute;a</em> en 1989 constituy&oacute; un acontecimiento literario de gran magnitud. Celebrada por los cr&iacute;ticos m&aacute;s exigentes, la novela goz&oacute; y sigue gozando de un &eacute;xito inmenso entre el p&uacute;blico lector y fue galardonada con premios tan prestigiosos como el &Iacute;caro, el de la Cr&iacute;tica, el Nacional de Literatura. Primera novela de un escritor desconocido hasta ese momento, sorprendi&oacute; y maravill&oacute; por su madurez, su genialidad, su originalidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Juegos de la edad tard&iacute;a </em>plantea y dise&ntilde;a en tono jocoso y burlesco la obsesi&oacute;n&nbsp; mayor que, lo descubrimos <em>a posteriori</em>,&nbsp; recorre toda la obra de Landero: la porosidad de las lindes que unen y separan la realidad y el &ldquo;af&aacute;n&rdquo;, la realidad y las apariencias, la realidad y la ficci&oacute;n. Rasgo constitutivo de la novel&iacute;stica del autor, la exposici&oacute;n de tal dilema es fruto de la existencia de personajes productores de ensue&ntilde;os, en este caso, Gregorio Ol&iacute;as, insignificante oficinista, quien aspira a ser un gran escritor, dotado de todos los atributos del poeta maldito:&nbsp; hermosura, juventud, talento, y hasta varias obras publicadas, as&iacute; como una vida azarosa, llena de viajes y de aventuras. Va elaborando tan aparatosa figura para un interlocutor &uacute;nico, un tal Gil Gil Gil, compa&ntilde;ero de trabajo en la empresa, representante de &eacute;sta en provincias, con el cual s&oacute;lo mantiene relaciones telef&oacute;nicas. Este es el dato providencial que autoriza el desarrollo suntuoso de la &ldquo;farsa&rdquo;, del &ldquo;enga&ntilde;o&rdquo;, de la &ldquo;supercher&iacute;a&rdquo;. El narrador, invisible, omnisciente e impersonal, expone al lector todas las etapas de la creaci&oacute;n progresiva de un ente fabuloso, <em>alter ego</em> magnificado de Gregorio Ol&iacute;as, quien lo nombra Faroni. El contraste entre la mediocridad del personaje y la extraordinaria figura del grandioso Faroni, poeta maldito perseguido por los esbirros del &ldquo;General&rdquo; y condenado por ello a la clandestinidad, genera situaciones de gran comicidad pues el narrador pone en escena gracias a &ldquo;focalizaciones sobre el personaje&rdquo; (o sea adoptando el punto de vista de &eacute;ste) todas las tretas, artima&ntilde;as y trapisondas de Gregorio para convencer y deslumbrar a su ingenuo interlocutor. Todo se complica cuando &eacute;ste, el &ldquo;bobo&rdquo; en su sentido cl&aacute;sico, nombrado &ldquo;Gil&rdquo; como los bobos del teatro medieval y de las Comedias (tres veces &ldquo;Gil&rdquo; incluso), fascinado por &ldquo;el &aacute;ngel&nbsp; rebelde&rdquo; (pues Gregorio le ha mandado una foto supuestamente suya en que aparece bajo los rasgos de un &ldquo;desconocido&rdquo; que el lector, guiado por el narrador, identifica como Lord Byron), toma la decisi&oacute;n de ir a la ciudad&nbsp; sin nombre de la novela a conocerlo personalmente. Acorralado por esa temible confrontaci&oacute;n entre la realidad y su ficci&oacute;n, Gregorio trama entonces una serie de estratagemas para evitar el encuentro, para que la farsa, de importancia vital para &eacute;l, perdure, lo cual propicia mil aventuras descabelladas que embelesan y mueven a risa al lector por su inventiva y su loca audacia y que recuerdan irresistiblemente la gesta de don Quijote por convertirse en caballero andante. Gregorio lucha por mantener en vida su creaci&oacute;n y esas batallas para amoldar la realidad a sus anhelos cobran un car&aacute;cter &eacute;pico en su imaginaci&oacute;n (nada menos que&nbsp; la &ldquo;lucha entre moros y cristianos&rdquo; y otros &ldquo;episodios patrios&rdquo;) que choca burlescamente con las taimadas manipulaciones, los triviales tejemanejes (expuestos a toda luz y con fruici&oacute;n por el narrador) del &ldquo;heroico caballero&rdquo;&nbsp; aquejado por una invencible ramploner&iacute;a.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las estructuras novelescas parecen dar cuenta de la evoluci&oacute;n de la trama argumental. La primera parte de la novela est&aacute; &ldquo;cl&aacute;sicamente&rdquo; (entre comillas pues el narrador parodia precisamente ese recurso algo trasnochado de la novela decimon&oacute;nica) dedicada a la ni&ntilde;ez y a la juventud del protagonista, Gregorio Ol&iacute;as, y se acaba cuando llega a su madurez. Ese periodo est&aacute;&nbsp; marcado por &ldquo;el af&aacute;n&rdquo; que, como le ense&ntilde;aron su padre y su abuelo, &ldquo;es el deseo de ser un gran hombre y la pena y la gloria que todo eso produce&rdquo; (p. 50); por los conocimientos que le transmite el t&iacute;o F&eacute;lix gracias a &ldquo;las tres Enciclopedias&rdquo;,&nbsp; los &ldquo;tres libros m&aacute;gicos&rdquo;&nbsp; que contienen un saber universal y que son literalmente la representaci&oacute;n&nbsp; exacta del mundo; por su paso por las academias nocturnas donde una juventud muerta de sue&ntilde;o, como narcotizada (y este es tema recurrente en la obra de Landero), asiste a unas clases incomprensibles, juventud inmersa en una sociedad aletargada y fosilizada,&nbsp; y en fin por el noviazgo y el matrimonio, tediosos, con Angelines.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;Esta primera parte consta de cinco cap&iacute;tulos. En cuanto a la segunda parte, se compone de diez. Esa multiplicaci&oacute;n por dos de la materia narrativa parece expresar mim&eacute;ticamente el encuentro con Gil, v&iacute;ctima&nbsp; y c&oacute;mplice a la vez, y la edificaci&oacute;n fecunda y feliz de la farsa por la pareja creadora. La tercera parte, en cambio, s&oacute;lo est&aacute; constituida por nueve cap&iacute;tulos: ah&iacute; es donde la farsa empieza a peligrar y donde Gregorio lo pone todo en juego para que sobreviva a toda costa. Frente a la simetr&iacute;a perfecta de la primera y de la segunda parte, esta composici&oacute;n de la &uacute;ltima parte parece traducir la imperfecci&oacute;n, &ldquo;la cojera&rdquo; de la invenci&oacute;n frente a una realidad que va acosando en <em>crescendo</em> a Gregorio. Sin embargo, y &eacute;ste es otro motivo repetitivo en la obra de Landero, el narrador halla una suerte de compromiso, &ldquo;un pacto&rdquo;, entre realidad y embuste mediante un sacrificio heroico de Gregorio: ha de &ldquo;matar&rdquo; a Faroni para que &eacute;ste siga viviendo en la mente y en la memoria de Gil y entonces es cuando el embuste deja de serlo y se metamorfosea en leyenda y ficci&oacute;n. Este sacrificio har&aacute; posible la redenci&oacute;n del protagonista y propiciar&aacute; el milagroso encuentro final entre Gil, el devoto receptor de la farsa, y un Gregorio despojado ya de los magn&iacute;ficos atav&iacute;os de Faroni y humildemente convertido en bi&oacute;grafo del gran poeta supuestamente muerto en &ldquo;la India&rdquo;, lugar m&aacute;gico e indefinido en el que se plasmaron tantas&nbsp; ilusiones anta&ntilde;o.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Este resumen anal&iacute;tico del asunto de <em>Juegos de la edad tard&iacute;a </em>no agota las riquezas de una novela excepcional que tiene m&uacute;ltiples niveles de lectura y que como otra obra maestra del siglo XX, aunque muy diferente en sus tem&aacute;ticas y en su escritura, me refiero a <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em> de Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez (1967), puede ser le&iacute;da y apreciada por un muy amplio espectro de lectores, del m&aacute;s sencillo al m&aacute;s culto, pues&nbsp; goza de varios estratos de comprensi&oacute;n y de significaci&oacute;n: no son tantas las novelas que se pueden preciar de tal haza&ntilde;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Continuidad y nuevos rumbos:</strong><em> <strong>Caballeros de fortuna</strong></em></p>
<p>En 1994 se public&oacute;&nbsp; <em>Caballeros de fortuna</em> y esta segunda novela confirma las excelsas cualidades de novelista de Luis Landero: la renovaci&oacute;n estil&iacute;stica y tem&aacute;tica operada por el escritor entre la primera y la segunda novela es notable a la vez que desarrolla y confirma ciertos rasgos distintivos, como &ldquo;el af&aacute;n&rdquo; y el tono humor&iacute;stico de su escritura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El ejercicio de la narraci&oacute;n est&aacute; ahora en manos, no de un narrador impersonal, sino de un narrador colectivo, un coro, un &ldquo;nosotros&rdquo; indefinido y variable, constituido, como lo precisa de inmediato el autor narrador, por un&nbsp; grupo de ancianos, individuos an&oacute;nimos, personajes de la historia narrada pero &ldquo;espectadores&rdquo; m&aacute;s que actores (&ldquo;un grupo de observadores imparciales&rdquo;; &ldquo;los cronistas de la actualidad&rdquo;), que observaron y ahora comentan desde el banco donde est&aacute;n sentados en 1993, en la Plaza de Espa&ntilde;a de un pueblo sin nombre pero situado por &ldquo;los Bald&iacute;os de G&eacute;vora&rdquo;, una serie de acontecimientos que se produjeron unos quince a&ntilde;os atr&aacute;s, en 1977, y que desembocaron en un crimen imprevisible. Informados por diferentes interlocutores, testigos o actores del drama, cuyos testimonios est&aacute;n engarzados a retazos con delicada adecuaci&oacute;n en tal o cual punto del avance de su relato (&ldquo;todav&iacute;a ahora, quince a&ntilde;os despu&eacute;s, Belmiro recuerda que [&hellip;]&rdquo;, p. 226; &ldquo;cuenta Leonor que [&hellip;]&rdquo;, p. 271; &ldquo;y dice Esteban que entonces [&hellip;]&rdquo;, p. 315), llevan a cabo una verdadera pesquisa policial que reconstituye en qu&eacute; forma los hilos del destino, de la Fortuna, se entreveraron hasta&nbsp; culminar en un tr&aacute;gico desenlace. El&nbsp; &ldquo;nosotros&rdquo; del narrador coral tiene adem&aacute;s la virtud de atraer en su seno al que lee, y de darle la ilusi&oacute;n de participar en la elaboraci&oacute;n de su reconstituci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El autor narrador (que solo se manifiesta aqu&iacute; en tanto instancia organizadora del texto) va trenzando con maestr&iacute;a varias historias: la de Belmiro Ventura, el erudito reci&eacute;n jubilado que vuelve al pueblo a gozar de sus libros y de la soledad y se ve de repente atrapado en las redes del amor; el joven Luciano Obispo, casi un ni&ntilde;o, destinado a ser &ldquo;cura y santo&rdquo;, quien descubre el amor y se entrega a &eacute;l con toda ingenuidad y frenes&iacute;; Amalia Guzm&aacute;n, la maestra, que desata la pasi&oacute;n de estos dos hombres y duda entre el oto&ntilde;o sereno del uno, la primavera transgresora del otro, o la soledad consigo misma; las ambiciones de don Julio Mart&iacute;n Aguado, admirador de Ortega y Gasset y de Alejandro Magno, convencido de sus dotes para convertirse en figura pol&iacute;tica; Esteban Tejero, el inocente, descendiente &eacute;l tambi&eacute;n, como Belmiro&nbsp; Ventura, del gran Quint&iacute;n de Vargas y Ventura, &ldquo;h&eacute;roe de la Conquista de Chile&rdquo;, quien aspira a reparar &ldquo;los cuatro siglos de expolio&rdquo; sufridos por esta rama pobre de la ilustre familia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los puntos de convergencia entre estos destinos dispares est&aacute;n minuciosamente calibrados dentro de una progresi&oacute;n sumamente estudiada hasta confluir de forma magistral en un desenlace tr&aacute;gico e impensado.&nbsp; En el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de la novela, por fin, &ldquo;el destino mostr&oacute; las cartas de su &uacute;ltima jugada magistral&rdquo; (p. 286). Con un montaje tan riguroso como el de una obra del teatro cl&aacute;sico franc&eacute;s dotada de unidad de tiempo, de lugar, de acci&oacute;n, confluyen todos los personajes del drama a un mismo lugar, a una misma hora, convocados por la fatalidad en el acto final de su representaci&oacute;n: el 23 de junio de 1977 a las 10.40 de la noche en la Plaza del pueblo.&nbsp; Los afanes humanos se estrellan frente a los caprichos de la Fortuna: Amalia nunca tendr&aacute; &ldquo;los ojos azules&rdquo; a pesar de tanto haber tocado la canci&oacute;n <em>Mirando al mar</em>, Estaban no se convertir&aacute; nunca en un caballero, Belmiro no escribir&aacute; nunca su libro tan ansiado. El &uacute;nico que alcanza sus metas es el bufonesco don Julio, caricatura del poder pol&iacute;tico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el &ldquo;Final&rdquo;, un apartado que hace las veces de ep&iacute;logo, en simetr&iacute;a perfecta con el principio de la novela, el nosotros coral hace el balance de este relato mediante el cual ha ido armando y volviendo a armar, a lo largo de los quince a&ntilde;os transcurridos, el puzle de los afanes de todos los protagonistas, lo cual confiere de hecho&nbsp; a la novela la estructura circular del &ldquo;cuento de nunca acabar&rdquo;. Este andamiaje novelesco se combina con lo que Mario Vargas Llosa nombra &ldquo;el dato escondido&rdquo;. La canci&oacute;n <em>Mirando al mar </em>tocada al piano por Amalia, y silbada por los dos hombres que la aman, detalle nimio en apariencia, es la melod&iacute;a secreta que recorre la novela entera y que desempe&ntilde;ar&aacute; un papel esencial en el desenlace dram&aacute;tico. La canci&oacute;n <em>Mirando al mar</em>, que solo cobra su resplandor particular tras un apretado an&aacute;lisis textual, abre nuevos corredores de significaci&oacute;n: aporta un toque de lirismo a estas historias de amor, a&ntilde;ade una dimensi&oacute;n mitol&oacute;gica y filos&oacute;fica a la novela al convertirse en el instrumento de Fortuna que vence a Amalia/Afrodita, la diosa del amor, a&uacute;na con mayor intensidad todos los hilos de la trama, y por fin otorga un tono burlesco a tantos desvelos, pues la &uacute;nica que al final ver&aacute; el mar ser&aacute; Leonor, la madre de Esteban, &iexcl;quien nunca ha experimentado la llama abrasadora del af&aacute;n!</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El autor ha remozado y actualizado la muy antigua disyuntiva del poder&iacute;o de la diosa Fortuna que se burla de la vanidad de los deseos de los hombres cortando los hilos de su vida a su antojo.&nbsp; Pero los hombres tienen un poder secreto que es el relato: son due&ntilde;os de la palabra, y ese es su tesoro m&aacute;s preciado e inalienable. Es lo que celebra aqu&iacute;&nbsp; el autor, pues el acto de contar tal vez sea el rasgo m&aacute;s constitutivo de nuestra &ldquo;humanidad&rdquo;:&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Nadie sabe por qu&eacute;, pero nos produce placer narrar, recrear con palabras lo que hemos vivido. [&hellip;] El placer de a&ntilde;adir un cuerno al caballo y de que nos salga un unicornio. De ese modo vivimos dos veces el mismo hecho: cuando lo vivimos y cuando lo contamos&rdquo;. (<em>Entre l&iacute;neas</em>, 1996, p. 83)<strong></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Los narradores y el &ldquo;yo&rdquo; autobiogr&aacute;fico</strong><strong><em></em></strong></p>
<p><strong><em>El m&aacute;gico aprendiz </em></strong><strong>y el &ldquo;motivo&rdquo; del balc&oacute;n</strong><em></em></p>
<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </em>En la tercera novela del escritor, <em>El m&aacute;gico aprendiz </em>(1999), la narraci&oacute;n est&aacute; asumida de nuevo, como en la primera, por un narrador omnisciente, invisible, impersonal, que logra exponer las dudas, raciocinios y temores del protagonista, Mat&iacute;as Moro, mediante ese procedimiento de &ldquo;la focalizaci&oacute;n sobre el personaje&rdquo;. Procedimiento que permite adoptar su perspectiva&nbsp; de tal modo que ingresamos en sus pensamientos pero en tercera persona o sea con una distancia mucho mayor que si el narrador recurriese al &ldquo;yo&rdquo; que involucra al lector por una suerte de identificaci&oacute;n y de inmersi&oacute;n en la ficci&oacute;n de las que uno no siempre es consciente y a la que no escapan los lectores m&aacute;s avezados.&nbsp; Mat&iacute;as Moro tal vez sea uno de los pocos protagonistas de las novelas de Landero desprovisto de af&aacute;n aunque se encandila transitoriamente con la ilusi&oacute;n del amor, de la riqueza, del poder y de una supuesta generosidad, hasta dejarse convencer por sus compa&ntilde;eros, entre los cuales Pacheco, &eacute;l s&iacute; dotado de un prodigioso af&aacute;n, verdadero poeta del <em>marketing</em>, de montar una empresa fabulosa. El narrador aprovecha esta incursi&oacute;n en el mundo de la empresa para levantar una caricatura mordaz y burlesca del capitalismo liberal, poniendo al desnudo su vacuidad, su af&aacute;n de lucro, sus estrategias de embaucamiento.</p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un detalle de esta novela resulta muy interesante pues cobra retrospectivamente una importancia insospechada cuando se considera el conjunto de la obra de Landero: el espacio del balc&oacute;n con el cual se abre y se cierra la novela (&ldquo;Incapaz de hacer nada, sali&oacute; al balc&oacute;n, [&hellip;] y durante largo rato estuvo fumando y mirando a la calle sin ilusi&oacute;n ni voluntad.&rdquo;, p. 13, y&nbsp; p. 408:&nbsp; &ldquo;[&hellip;] finalmente sali&oacute; al balc&oacute;n a fumar y a contemplar el espect&aacute;culo del mundo&rdquo;). De manera general, los comienzos de una novela, as&iacute; como el final, son ubicaciones textuales privilegiadas a las cuales conviene prestar gran atenci&oacute;n pues el lector ingresa en el universo de ficci&oacute;n y lo abandona con las im&aacute;genes y las ideas ah&iacute; depositadas. En este caso, el balc&oacute;n es el espacio donde acude Mat&iacute;as Moro con una sensaci&oacute;n de hast&iacute;o al principio de la historia y al cual regresa al final considerando ahora el afuera con sosiego y hasta alegr&iacute;a.&nbsp; Tras una serie de aventuras, de encuentros, de experiencias que no parecen haber cambiado su vida ni sus h&aacute;bitos pero que le han metamorfoseado interiormente, ha&nbsp; conquistado una armon&iacute;a entre &eacute;l y el mundo, ha&nbsp; logrado una reconciliaci&oacute;n consigo mismo y con las cosas. El espacio del balc&oacute;n cobra pues especial relevancia en esta novela. Veamos c&oacute;mo se convierte en&nbsp; &ldquo;motivo&rdquo;,&nbsp; o sea en tema que se repite como en una pieza musical.</p>
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<p align="left"><strong><em>El balc&oacute;n en invierno</em></strong><strong> y el &ldquo;yo&rdquo; autobiogr&aacute;fico</strong></p>
<p>El balc&oacute;n, espacio ambiguo,&nbsp; nos encamina con un&nbsp; salto temporal de unos quince a&ntilde;os hacia el &uacute;ltimo libro de Landero titulado precisamente&nbsp; <em>El balc&oacute;n en invierno</em> (2014). El cap&iacute;tulo 2 de este libro, titulado &ldquo;El sonido m&aacute;s triste del mundo&rdquo;, empieza con estas palabras:</p>
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<p>&ldquo;Sal&iacute; al balc&oacute;n, a ese espacio intermedio entre la calle y el hogar, la escritura y la vida, lo p&uacute;blico y lo privado, lo que no est&aacute; fuera ni dentro, ni a la intemperie ni a resguardo, y entonces me acord&eacute; de un anochecer de verano de 1964&rdquo;. (p. 31)</p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta vez, el narrador es un yo autobiogr&aacute;fico que se confunde con la misma persona del autor Luis Landero. Nutridos indicios, coincidencias absolutas entre lo que se sabe de la biograf&iacute;a del escritor y lo que el &ldquo;yo&rdquo; relata en este libro confirman que s&iacute; se trata de una autobiograf&iacute;a aunque el escritor&nbsp; a menudo se refiera a ella utilizando el t&eacute;rmino &ldquo;novela&rdquo;. La madre del narrador-autor, en varias ocasiones, lo tacha cari&ntilde;osamente de &ldquo;mentiroso&rdquo;, por ejemplo p. 77: &ldquo;Hay que ver qu&eacute; mentiroso ha salido este ni&ntilde;o&rdquo;. A lo que &eacute;l responde: &ldquo;No, esta vez no hay mentiras. Es un libro donde todo lo que se dice es verdad.&rdquo; (p. 212). Sin embargo,&nbsp; no cabe duda de que Luis Landero se resiste a dejarse encerrar totalmente en el g&eacute;nero autobiogr&aacute;fico y en su pacto de exactitud absoluta en cuanto a los hechos narrados. Nunca en este libro aparece el&nbsp; nombre del&nbsp; &ldquo;yo&rdquo; narrador, lo cual es revelador de cierta reticencia a aceptar con todo su rigor &ldquo;el pacto autobiogr&aacute;fico&rdquo; (que el cr&iacute;tico franc&eacute;s Philippe Lejeune&nbsp; defini&oacute; en su libro del mismo nombre en 1975) que separa n&iacute;tidamente la ficci&oacute;n de la autobiograf&iacute;a, integrando a &eacute;sta en los llamados &ldquo;relatos referenciales&rdquo; (o sea que han de remitir con toda exactitud a la realidad, como cr&oacute;nicas, libros de historia, art&iacute;culos de prensa, etc.), como si aspirara a dejarse un margen de libertad. El mismo matiza tales reglas en varios pasajes del libro: &ldquo;Pero la imaginaci&oacute;n, con sus mentiras tan necesarias y sinceras, ven&iacute;a a anudar los hilos de una realidad fragmentaria y ca&oacute;tica.&rdquo; (p. 77).</p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;En <em>El balc&oacute;n en invierno</em>, el balc&oacute;n es un espacio real donde el narrador mantiene una conversaci&oacute;n esencial con su madre justo despu&eacute;s de la muerte del padre y se supone que muchos otros di&aacute;logos se produjeron all&iacute; a lo largo de los a&ntilde;os, dada la complicidad que siempre les uni&oacute;. No obstante, aparece sobre todo como un espacio simb&oacute;lico en el que, en esta etapa de su vida, el autor narrador de <em>El balc&oacute;n en invierno</em> tal vez desee quedarse afincado ya&nbsp; para siempre y que finalmente tal vez considere como el lugar que mejor le conviene y le define. En &ldquo;el invierno&rdquo; de la vejez cercana, el yo autobiogr&aacute;fico parece designar y elegir &ldquo;el balc&oacute;n&rdquo; como el lugar abierto que da rienda suelta a la memoria personal y colectiva, a la imaginaci&oacute;n, que da acceso a una inserci&oacute;n en el mundo exterior m&aacute;s bien en tanto espectador que en tanto actor de la vida social desde luego,&nbsp; qued&aacute;ndose en los umbrales, con la posibilidad de un regreso casi inmediato al refugio de la intimidad, de la privacidad, del secreto de su vida interior, de sus libros y de sus lecturas, &ldquo;en el c&aacute;lido cubil de las palabras&rdquo; (p. 223).</p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esas reticencias, ese pudor tal vez, esa necesidad de un espacio de libertad en el marco de la confesi&oacute;n se manifestaban ya en un hermoso libro entre novela o cuento y ensayo publicado en 1996, titulado <em>Entre l&iacute;neas</em>, con dibujos de Javier Fern&aacute;ndez de Molina (Del Oeste Ediciones, Badajoz, y luego vuelto a editar en 2001 con ciertas modificaciones y nuevos aportes en Tusquets, bajo el t&iacute;tulo <em>Entre l&iacute;neas: el cuento o la vida</em>). En &eacute;l aparec&iacute;a un personaje llamado Manuel P&eacute;rez Aguado, quien &ldquo;adem&aacute;s de profesor, es lector y escritor&rdquo; (p. 30), y quien imparte unas clases de literatura maravillosas de riqueza, agudeza y simplicidad como aquella en la que, a ra&iacute;z del cuento del pescador,&nbsp; demuestra c&oacute;mo la ficci&oacute;n y la realidad se entrelazan (p. 23). El tal Manuel P&eacute;rez Aguado (&ldquo;Aguado&rdquo; vale decir diluido, de identidad borrosa, como desdibujado), tambi&eacute;n es un personaje &ldquo;an&oacute;nimo&rdquo;: &ldquo;An&oacute;nima la narradora, an&oacute;nimo el cuento, an&oacute;nimo el oyente. An&oacute;nimo tambi&eacute;n el profesor. An&oacute;nimos todos y finalmente todos necesarios.&rdquo; (p. 90). Un anonimato que hace de ellos las figuras emblem&aacute;ticas de tantos narradores de la cotidianeidad dotados del arte de narrar, idea que ronda toda la obra de Landero. Ahora bien,&nbsp; P&eacute;rez Aguado, quien tiene una abuela llamada Francisca, quien viv&iacute;a de ni&ntilde;o en Alburquerque, descubre &ldquo;el laberinto de papel&rdquo; en el que los libros de la literatura universal se aluden unos a otros, la pasi&oacute;n incontenible del hombre por contar y los poderes de esos relatos, la magia y el esfuerzo de la escritura &ldquo;para decir lo indecible&rdquo;: ya son muchas las coincidencias entre este personaje &ldquo;an&oacute;nimo&rdquo; y la biograf&iacute;a del escritor Luis Landero. A todo esto conviene a&ntilde;adir que la segunda versi&oacute;n de <em>Entre l&iacute;neas</em> consta de unos textos suplementarios intercalados y escritos en it&aacute;licas que utilizan la primera persona del singular, un &ldquo;yo&rdquo; indefinido cuyos recuerdos (particularmente aquellos referentes al padre), deshilachados, como los &ldquo;despojos de un continuo naufragio&rdquo; (p. 94) mucho se asemejan, lo averiguamos retrospectivamente, a &ldquo;los p&aacute;lidos fantasmas del ayer&rdquo; de <em>El balc&oacute;n en invierno</em> (p. 241). De tal modo que tal vez se pueda concluir que el &ldquo;yo&rdquo; de este &uacute;ltimo libro es el que m&aacute;s se acerca al yo de la autobiograf&iacute;a, el m&aacute;s cargado de sinceridad que puede entregar el escritor en cuanto al relato de su vida, sin renunciar por ello a que la imaginaci&oacute;n contamine la memoria, a que lo so&ntilde;ado o lo le&iacute;do afecte a la vida (p. 195).</p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>El balc&oacute;n en invierno </em>es un libro que entrega muchas informaciones fehacientes y muchas claves en cuanto a la obra entera de Luis Landero ya que descubre la veta autobiogr&aacute;fica que la recorre entera. Ahora bien ser&iacute;a sumamente reductor y empobrecedor el considerar a &eacute;sta como un mero ejercicio de variaciones literarias en torno a las vivencias del autor. Primero, porque hay en toda ella un extraordinario trabajo de escritura (claro, me pueden objetar que en Proust tambi&eacute;n, y en ese sentido, concedo que la obra de Landero tiene acentos proustianos), y luego, porque si el recuerdo es a menudo el gatillo que dispara la escritura del autor, &eacute;ste manifiesta un genio creador al metamorfosear esos recuerdos en novelas, en novelarlos,&nbsp; y tambi&eacute;n en inventar, gracias a su imaginaci&oacute;n, a su arte y a su inmensa cultura, tramas, historias, argumentos, que poco deben a su vida personal.</p>
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<p><strong>Las otras m&aacute;scaras del escritor: <em>El guitarrista </em>y <em>&nbsp;Retrato de un hombre inmaduro </em></strong></p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong>Ahora bien, la primera persona del singular ya aparec&iacute;a en dos novelas de Luis Landero: en su cuarta novela, <em>El guitarrista </em>(2002), as&iacute; como en <em>Retrato de un hombre inmaduro</em> (2009). Un &ldquo;yo&rdquo; muy diferente en cada uno de estos dos casos. El &ldquo;yo&rdquo; de <em>El guitarrista</em> es un &ldquo;yo&rdquo; ambiguo que mucho tiene del &ldquo;yo&rdquo; autobiogr&aacute;fico de <em>El balc&oacute;n en invierno </em>pero que no se puede confundir con &eacute;l.&nbsp; &ldquo;Hace <em>&nbsp;</em>mucho tiempo (cuando yo ni siquiera sospechaba que alg&uacute;n d&iacute;a llegar&iacute;a a ser escritor) fui guitarrista, y a&uacute;n antes trabaj&eacute; de aprendiz en un taller mec&aacute;nico&rdquo;,&nbsp; esta es la frase de apertura, el <em>incipit </em>propiamente dicho, de <em>El guitarrista</em>: datos concretos y ver&iacute;dicos de la vida de Luis Landero, recordados en <em>El balc&oacute;n en invierno.</em> En <em>El guitarrista</em> surgen reminiscencias que remiten con exactitud a una etapa de su juventud en que efectivamente, incitado a ello por su primo Paco (&ldquo;[&hellip;] mi primo Paco era D&eacute;dalo instruyendo al joven &Iacute;caro para volar y escapar juntos &ndash;hacia el sol- del m&iacute;sero&nbsp; laberinto en el que viv&iacute;amos cautivos los dos.&rdquo;, <em>El balc&oacute;n en invierno</em>, p. 144)<em>, </em>Luis Landero aprendi&oacute; a tocar guitarra y durante unos cuantos a&ntilde;os form&oacute; parte del mundo de la far&aacute;ndula. Tambi&eacute;n en <em>El guitarrista </em>est&aacute; el primo Raimundo, cuyo seud&oacute;nimo de artista en Par&iacute;s ha sido &ldquo;<em>L&rsquo;enfant brillant</em>&rdquo;, y quien animado por un af&aacute;n entusiasta de vivir del arte y por el arte, de hacerse rico y famoso, de conquistar a las mujeres m&aacute;s hermosas, ense&ntilde;a al &ldquo;yo&rdquo; personaje protagonista y narrador llamado Emilio (<em>alter ego</em> novelado de Luis Landero joven), a tocar la guitarra para que compartan&nbsp; la gloria y el &eacute;xito en un futuro cercano. Aquellos a&ntilde;os de la juventud fueron a&ntilde;os de trabajo duro entre el taller, la academia nocturna, el aprendizaje de la guitarra, &ldquo;a&ntilde;os perros de verdad&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta novela viene a ser un relato inici&aacute;tico: el paso de la adolescencia a la edad adulta. El narrador descubre el misterioso cuerpo femenino y supera el amor ed&iacute;pico que experimenta por su madre. Se desvanecen ciertas ilusiones, la del amor en particular, con el juego perverso y cruel del matrimonio Adriana/don Osorio que le ha manejado como una marioneta, aunque siempre perdurar&aacute; la duda de si Adriana ha amado realmente o no al joven. Parad&oacute;jicamente, est&aacute; muy presente la fuerza del amor puesto que al final Raimundo renuncia al arte y a la vida bohemia para vivir en el campo con &ldquo;la mujer de su vida&rdquo;, Hortensia, Pen&eacute;lope que ya no quiere esperar m&aacute;s. Tambi&eacute;n florecen nuevas pasiones como la de los libros y ah&iacute; queda esa semilla, o legado, como un tesoro en una arquita (p. 242), que le deja el se&ntilde;or Rod&oacute;, el escritor &ldquo;con af&aacute;n pero sin talento&rdquo;, y que m&aacute;s adelante dar&aacute; sus frutos. El final es un final abierto y esperanzado: Emilio logra escapar a &ldquo;la trampa de la hormiga le&oacute;n&rdquo;&nbsp; y&eacute;ndose solo a Par&iacute;s, a crear su propio laberinto.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El &ldquo;yo&rdquo;, personaje narrador de&nbsp; <em>Retrato de un hombre inmaduro</em> (2009), es muy diferente: &eacute;ste no est&aacute; en los albores prometedores de la juventud sino en un lecho de agon&iacute;a. Dirige su parlamento postrero a una interlocutora cuya presencia y cuyas escasas intervenciones se hacen manifiestas por las mismas preguntas ret&oacute;ricas del anciano (&ldquo;&iquest;Y qu&eacute; podr&iacute;a contarle ahora? Por donde seguir en esa aldea en ruinas que es la memoria al cabo de los a&ntilde;os ?&rdquo;, p. 89). Esos discursos, que parecen ca&oacute;ticos&nbsp; como si reprodujesen los balbuceos, los saltos y los rotos de la memoria del personaje, est&aacute;n de hecho organizados dentro de una armaz&oacute;n narrativa rigurosa que permite abarcar diferentes vivencias, experiencias y reflexiones acumuladas a lo largo de su vida: la tentaci&oacute;n perpetua entre el bien y el mal con episodios jocosos como el del inv&aacute;lido Oskar que&nbsp; tima al narrador personaje; el embaucamiento consentido de Catalina, quien acepta que &eacute;l bien podr&iacute;a ser su sobrino raptado de ni&ntilde;o;&nbsp; su empat&iacute;a repentina con Agapito, el obrero muerto accidentalmente, y sobre todo con su apetitosa viuda; la fascinaci&oacute;n por el poder que solo logra ejercer muy transitoriamente y en forma poco halagadora; el amor, la amistad, sus trampas, sus alegr&iacute;as y sus tristezas; consideraciones sobre la vida y &ldquo;sus mal hilvanados a&ntilde;os&rdquo;,&nbsp; los recuerdos y la muerte siempre salpicados por alg&uacute;n toque de cinismo, de desencanto y de auto irrisi&oacute;n (como el relato tragic&oacute;mico de su &uacute;ltimo y &uacute;nico amor que surge de repente en su librer&iacute;a y en su vida cuando est&aacute; leyendo una revista pornogr&aacute;fica y muere en sus brazos asesinada a traici&oacute;n). Como en todas las novelas de Landero el humor va entrelazado con lo tr&aacute;gico, lo insignificante con la gravedad e incluso con altas reflexiones filos&oacute;ficas. El libro, confesi&oacute;n, memorias, o parodia de &eacute;stas,&nbsp; pues las &ldquo;haza&ntilde;as&rdquo; de ese &ldquo;yo&rdquo; an&oacute;nimo no son merecedoras del honor y de la ejemplaridad de &eacute;stas, pone al desnudo la mediocridad de ese &ldquo;hombre inmaduro&rdquo;, pues la vejez no es forzosamente fuente de sabidur&iacute;a ni de serenidad, en un balance que algo debe tambi&eacute;n a la novela picaresca y a la novela de lo absurdo (&ldquo;Y, en fin que as&iacute; es como el amor y la muerte llegaron juntos a mi vida para cerrarla y sellarla con un rid&iacute;culo toque de esperanza.&rdquo;, p. 216). Y a pesar de esa mediocridad, de esa inmadurez, surgen sin embargo raptos de grandeza y meditaciones de alto alcance dignos de figurar en algunas Memorias de alg&uacute;n hombre ilustre porque tal vez la grandeza tambi&eacute;n forme parte de la mediocridad, &ldquo;de una voz sin historia, como mi propia vida&rdquo; (p. 234):</p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Y oyendo la lluvia y pensando en los muertos me lleno de piedad por mis antepasados, los que fueron los due&ntilde;os de la tierra, de las aguas, del aire y de la luz hace siglos, los que vistieron t&uacute;nicas o pellicas, los que bailaron con fino escarp&iacute;n y breve talle al son de las mandolinas y les pusieron palabras nuevas al amor y que vieron la misma luna que nosotros&hellip; [&hellip;] Me dan pena los muertos. &iquest;Y sabe? Me consuela confundirme con ellos, pasar a formar parte de la memoria de la especie, perderme en el olvido para toda la eternidad&rdquo;. (p. 225)</p>
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<p><strong><em>&nbsp;</em></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>La figura del Padre/Dios y sus implicaciones novelescas</strong><strong><em></em></strong></p>
<p><strong><em><span style="text-decoration: underline;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span></em></strong><strong><em></em></strong></p>
<p><strong><em>Hoy, J&uacute;piter</em></strong><strong>: la muerte simb&oacute;lica del Padre</strong></p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En<em> Hoy, J&uacute;piter</em> publicada en 2007, como en <em>Juegos de la edad tard&iacute;a</em>, surge n&iacute;tidamente la figura del padre, portador del af&aacute;n y amargado por un destino sin gloria. El narrador es un narrador en tercera persona, de nuevo omnisciente e invisible que adopta en forma alternada&nbsp; el punto de vista del profesor y escritor Tom&aacute;s Montejo, y&nbsp; el de D&aacute;maso M&eacute;ndez, hijo maldito, expulsado del Para&iacute;so de la ni&ntilde;ez por el Padre/Dios, quien lo condena as&iacute; a errar solitario por el mundo. El &ldquo;hijo&rdquo; favorito, el joven Bernardo, un joven campesino dotado de todas las cualidades y que ha sido integrado a la familia, &ldquo;el usurpador&rdquo; seg&uacute;n D&aacute;maso, ser&aacute; el encargado de llevar a cabo los afanes del padre, las grandes esperanzas que &eacute;ste ha depositado en &eacute;l. En la primera novela del escritor, el padre, quien sembraba la semilla del af&aacute;n en Gregorio, no ocupaba un lugar preeminente; en cambio, en <em>Hoy, J&uacute;piter</em>, la figura del padre todopoderoso desempe&ntilde;a un papel determinante desde el principio hasta el final del libro, ya sea en forma directa o indirecta: &ldquo;[&hellip;] D&aacute;maso lo recordar&iacute;a ya siempre como una especie de tit&aacute;n, un Atlas que sostiene sobre sus&nbsp; hombros el peso sobrehumano de una pasi&oacute;n inasequible&rdquo; (p. 175). El papel destacado del Padre/Dios en esta novela desvela por fin al hacedor de esos personajes que tanto se asemejan en la obra de Landero: surge aqu&iacute; la figura del titiritero mayor, el ladr&oacute;n de infancias, aquel que mueve los hilos de sus marionetas, responsable de las imposturas disparatadas de sus criaturas, quienes para complacerle, se han convertido en &ldquo;actores&rdquo; de su propia vida. Actores en el sentido teatral del t&eacute;rmino, como lo demuestra la escena final en que Bernardo exhibe el escenario de teatro que cre&oacute; en su propia casa para poder mandar al padre durante tantos a&ntilde;os fotos de sus supuestos &eacute;xitos y haza&ntilde;as en tanto pruebas tangibles de su vida esplendorosa, con ayuda de disfraces y de decorados. Entonces es cuando los personajes y el lector descubren los entresijos de una realidad falsificada, adulterada, un penoso simulacro. &ldquo;J&uacute;piter&rdquo;, el Dios de los Dioses es sin lugar a dudas, la met&aacute;fora de la todopoderosa figura paterna y a la vez, la del destino despiadado que priva a Bernardo de la mujer tan amada, Natalia (p. 393), aunque mediante ese sacrificio cruel, despierta del sue&ntilde;o en el que estaba sumido.</p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En <em>Hoy, J&uacute;piter</em>, el autor deja asentada la muerte novelesca y simb&oacute;lica del Padre que tal vez s&oacute;lo haya podido llevar a cabo gracias a ese distanciamiento con las propias circunstancias de uno que&nbsp; permite la ficci&oacute;n y ese recurso al parecer insignificante que viene a ser el empleo de la tercera persona: con esta novela se abre y se cierra un ciclo en la obra de Luis Landero que se engalana aun con otra dimensi&oacute;n ya que tambi&eacute;n se la puede conceptuar como un ejercicio l&uacute;dico de exorcismo autobiogr&aacute;fico.</p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Era de suponer que despu&eacute;s de una novela esencial como <em>Hoy, J&uacute;piter</em>, la escritura de Landero y sus tem&aacute;ticas tomar&iacute;an un giro diferente. As&iacute; fue puesto que las dos novelas que escribi&oacute; a continuaci&oacute;n, <em>Retrato de un hombre inmaduro </em>(2009) que acabamos de evocar desde otro enfoque, y <em>Absoluci&oacute;n </em>(2012), as&iacute; como su libro autobiogr&aacute;fico <em>El balc&oacute;n en invierno</em> (2014) que tambi&eacute;n hemos comentado anteriormente, evidenciaron una bifurcaci&oacute;n de sus tem&aacute;ticas por otros derroteros.&nbsp; Efectivamente, la novela <em>Hoy, J&uacute;piter</em> que, entre otras cosas, es un arreglo de cuentas con la figura tir&aacute;nica del Padre, un ejercicio de exorcismo autobiogr&aacute;fico, lo hemos dicho, quiz&aacute;s haya autorizado el surgimiento ulterior del &ldquo;yo&rdquo; ag&oacute;nico de <em>Retrato de un hombre inmaduro </em>que se podr&iacute;a conceptuar como un &ldquo;avatar&rdquo; novelado de la figura misma del autor, ahora solo frente a la vida, frente a la vejez y a la muerte por venir a las que habr&aacute; que encarar con humor y bizarr&iacute;a. Y tal vez, m&aacute;s adelante, estas dos novelas hayan hecho posible el que, en<em> El balc&oacute;n en invierno</em>, aflore un &ldquo;yo&rdquo; autobiogr&aacute;fico m&aacute;s aut&eacute;ntico, muy cercano a la estampa real del escritor, que logra llevar a cabo un emocionante reencuentro con el padre muerto tantos a&ntilde;os atr&aacute;s. Ahora bien, estas consideraciones son s&oacute;lo hip&oacute;tesis interpretativas que se pueden barajar al considerar la evoluci&oacute;n de la obra del gran novelista dentro de un transcurso temporal.</p>
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<p align="left"><strong><em>Absoluci&oacute;n</em></strong><strong>: el poder del relato</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; En cuanto a la novela <em>Absoluci&oacute;n </em>(2012) cuyo t&iacute;tulo, desde esta perspectiva, podr&iacute;a ser revelador de una suerte de redenci&oacute;n y de inocencia recobrada, tambi&eacute;n tiene que ver con esta evoluci&oacute;n que se&ntilde;al&aacute;bamos. Aunque el narrador elija de nuevo la tercera persona en tanto narrador omnisciente, adopta el enfoque del personaje hasta tal punto que algunos pasajes se asemejan al mon&oacute;logo interior gracias, no al &ldquo;yo&rdquo; tradicional de este procedimiento narrativo, sino al &ldquo;t&uacute;&rdquo; de lo que se podr&iacute;a llamar &ldquo;el di&aacute;logo interior&rdquo; que uno mantiene consigo mismo: &ldquo;&iquest;Ser&aacute; posible que al fin hayas logrado ser feliz?, piensa mientras se afeita y observa en el espejo su cara radiante de felicidad. [&hellip;] Todo era cuesti&oacute;n de esperar, de ir madurando, de encontrar tu ritmo, de no perder la fe [&hellip;].&rdquo; (p. 13); un &ldquo;di&aacute;logo interior&rdquo; que volvemos a encontrar en el <em>Balc&oacute;n en invierno </em>por lo dem&aacute;s<em>. </em>&nbsp;En todo caso, como en <em>El m&aacute;gico aprendiz</em>, los relatos de pensamientos en los que se exponen el discurrir, los recuerdos y los raciocinios del personaje dominan en el texto.&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En <em>Absoluci&oacute;n</em>, el protagonista &ldquo;Lino o Nilo&rdquo; (p. 14), buscar&aacute; su identidad m&aacute;s profunda a trav&eacute;s de un recorrido a la vez real, errando por los caminos, espacio novelesco propicio para tantos encuentros fructuosos, e interior gracias al cual hallar&aacute; la paz y se reconciliar&aacute; consigo mismo. El narrador desarrolla aqu&iacute; una hermosa y pertinente teor&iacute;a que ya afloraba en <em>Retrato de un hombre inmaduro</em>: la oposici&oacute;n entre &ldquo;n&oacute;madas&rdquo; o &ldquo;fugitivos&rdquo; y &ldquo;sedentarios&rdquo;. Lino/Nilo es un fugitivo constitutivo cuyo crimen (en defensa propia y que no lo descalifica moralmente) exacerba la atracci&oacute;n por la huida y por la b&uacute;squeda de refugios transitorios. El r&iacute;o de Her&aacute;clito tal vez sea la imagen que mejor lo retrate ya que traduce el fluir incesante dentro de la permanencia: &ldquo;Como el r&iacute;o de Her&aacute;clito, &eacute;l necesitaba cambiar continuamente, ser el mismo pero a la vez ser otro a cada instante&rdquo; (p. 288). Figura m&iacute;tica tambi&eacute;n pues, como lo subraya varias veces el narrador, Lino/Nilo presenta caracter&iacute;sticas que lo acercan a h&eacute;roes mitol&oacute;gicos a veces tr&aacute;gicos como&nbsp; Ant&iacute;gona, Edipo, Orestes, Ulises, con quienes comparte ese destino de errantes.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tal vez lo que le salve real y definitivamente sea la palabra, los intercambios amistosos con hombres llenos de experiencia, figuras literarias no ya del padre, sino del &ldquo;maestro&rdquo; que, como siempre en la obra de Landero, cobran rasgos ambivalentes pues oscilan entre la sabidur&iacute;a y la extravagancia: el viajante G&aacute;lvez, representante de la firma Pascual, &ldquo;fugitivo&rdquo; ind&oacute;mito, el campesino Olmedo afincado en lo que queda de las tierras familiares devoradas por la especulaci&oacute;n inmobiliaria y que ha convertido en peque&ntilde;o Ed&eacute;n, el se&ntilde;or Levin, su confidente m&aacute;s &iacute;ntimo, perdidamente enamorado de la &ldquo;fugitiva&rdquo; Paula. A fin de cuentas, el relato tal vez sea lo que redime al hombre y lo que da sentido a su vida: &ldquo;[&hellip;] entre vivir y contar, si me dieran a elegir, no s&eacute; con qu&eacute; me quedar&iacute;a. Al final, lo que perdura son las historias, y lo dem&aacute;s es pasto del olvido.&rdquo; dice el se&ntilde;or Levin casi al final (p. 315).</p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tras este an&aacute;lisis del conjunto de la obra de Landero, quiz&aacute;s se pueda vislumbrar &ldquo;el arte de narrar&rdquo; de este gran escritor actual quien ha sabido crear un universo novelesco propio que deslumbra, despierta la curiosidad del lector, y lo alienta a relecturas por los descubrimientos sucesivos de datos, ideas, hilos narrativos que no hab&iacute;a captado en un primer momento. A la postre, la met&aacute;fora del &ldquo;secreter&rdquo;, a la que recurr&iacute;a el joven &ldquo;yo&rdquo; narrador de <em>El guitarrista</em> intentando apresar los misterios del cuerpo femenino, tal vez se ajuste con gran adecuaci&oacute;n a las caracter&iacute;sticas de la novela en la obra de Luis Landero: &ldquo;un secreter lleno de cajoncitos, unos verdaderos y otros falsos, y de gavetitas, y de puertecitas y de resortes secretos y de compartimientos escondidos que lo hacen poco menos que inextricable.&rdquo; (p. 91).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Conclusi&oacute;n: &ldquo;El reto a la muerte&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&ldquo;El argumento del drama consiste en que el hombre se esfuerza y lucha por realizar, en el mundo que al nacer encuentra, al personaje imaginario que constituye su verdadero yo.&rdquo;&nbsp; Esta cita de Jos&eacute; Ortega y Gasset, uno de los ep&iacute;grafes&nbsp; de <em>Hoy, J&uacute;piter</em>, podr&iacute;a ser una s&iacute;ntesis del anhelo que mueve a los personajes de Landero. Ahora bien,&nbsp; &eacute;l a&ntilde;ade una dimensi&oacute;n muy suya al concepto:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Toda la vida caminando, o m&aacute;s bien intentando avanzar, con una carga enormemente superior a sus fuerzas. Desde que era casi un ni&ntilde;o, desde que alguien, queriendo redimirlo, sembr&oacute; en &eacute;l la semilla maldita de la ambici&oacute;n ilimitada, de la lucha sin tregua, del triunfo y del poder por &uacute;nica bandera. Y la tentaci&oacute;n de retar a la muerte oponi&eacute;ndole el conjuro de un nombre y de una obra. (<em>Hoy, J&uacute;piter</em>, p. 390).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tal vez la &uacute;ltima frase de este pasaje d&eacute; con el <em>quid </em>de la cuesti&oacute;n, con el impulso secreto que anima a los personajes de Landero: &ldquo;el af&aacute;n&rdquo; no es sino ese grandioso &ldquo;reto a la muerte&rdquo; cuya meta es alcanzar la eternidad en la memoria de los hombres y para ello ha de pasar <em>in fine</em> e ineludiblemente por las v&iacute;as del relato. Esta declaraci&oacute;n pone al desnudo uno de los motores fundamentales de la obra del escritor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mucho se ha hablado desde la publicaci&oacute;n de la primera novela del escritor, <em>Juegos de la edad tard&iacute;a</em>, de la influencia cervantina en la obra de Landero por la estructura dial&oacute;gica de la novela, por esa asociaci&oacute;n parad&oacute;jica entre grandeza y ramploner&iacute;a,&nbsp; que desemboca a veces en carcajada, y que tambi&eacute;n suscita profundas reflexiones, por esa aspiraci&oacute;n a ser otro, un yo imaginado m&aacute;s perfecto y m&aacute;s ilustre, por la mezcla de hero&iacute;smo y de mediocridad, por esos personajes que, de una forma u otra, son todos &ldquo;caballeros andantes&rdquo; en pos de un sue&ntilde;o imposible. Su lucha toma carices &eacute;picos frente a una realidad absurda que, de una obra a otra, es &ldquo;un laberinto&rdquo;, &ldquo;una telara&ntilde;a&rdquo;, &ldquo;la trampa de la hormiga le&oacute;n&rdquo;, con sus trampantojos, sus espejismos y sus peligros. Ellos quieren entrar a intervenir en ese &ldquo;juego de dioses&rdquo; y convertirse en due&ntilde;os y se&ntilde;ores de su destino.&nbsp; Como lo se&ntilde;al&eacute; en otra ocasi&oacute;n, son &ldquo;personajes de papel y tinta&rdquo; desprovistos de verosimilitud sicol&oacute;gica pero en cambio ponen en juego aspiraciones muy humanas, que van a perseguir hasta el delirio, e incluso hasta la muerte, o hasta el crimen. El narrador no deja de experimentar una compasi&oacute;n infinita por esos personajes desvalidos que, a pesar de su ridiculez, de sus lacras, de sus insuficiencias, est&aacute;n dispuestos a jug&aacute;rselo todo, en forma heroica de hecho, para alcanzar sus disparatadas metas. Por consiguiente,&nbsp; las novelas de Landero nunca utilizan lo pat&eacute;tico como recurso para crear una empat&iacute;a entre estos personajes y el lector, tampoco desembocan en la desesperaci&oacute;n&nbsp; de las novelas de lo absurdo (estoy pensando en <em>El t&uacute;nel</em> de S&aacute;bato, en <em>La na&uacute;sea</em> de Sartre, en la obra de Camus). Con una benignidad, una tolerancia y una bondad que forman parte de la filosof&iacute;a de la obra de Luis Landero, &eacute;ste siempre les proporciona una puerta de salida, un compromiso, un pacto, lo dijimos, entre la realidad y sus anhelos.</p>
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<p>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ahora bien, esta obra tan densa tambi&eacute;n tiene acentos &ldquo;rabelesianos&rdquo; que son evidentes para un lector conocedor de la obra de otro de los fundadores de la novela&nbsp; moderna, el franc&eacute;s Rabelais, con su <em>Pantagruel</em> (1532) y <em>Gargantua</em> (1534),&nbsp; por su truculencia, la audacia de su fantas&iacute;a, su rechazo de la vanidad del poder, de las jerarqu&iacute;as, sus cr&iacute;ticas frente a una educaci&oacute;n dogm&aacute;tica, su exaltaci&oacute;n de la imaginaci&oacute;n y de la libertad. La veta bufonesca e irrespetuosa en la obra de Landero es a mi modo de ver, un legado de Rabelais, quien gustaba de vincular lo refinado y lo grosero,&nbsp; lo sagrado y lo profano, lo espiritual con lo m&aacute;s trivial. Buen ejemplo de ello son esos personajes de escritores o de poetas presentes en todas las novelas de Landero que manejan una cultura a veces realmente erudita como Tom&aacute;s el profesor y escritor de <em>Hoy, J&uacute;piter</em>, el se&ntilde;or Rod&oacute; de <em>El guitarrista</em>, y Belmiro el letrado de <em>Caballeros de fortuna</em>. Sin entrar en detalles, todos est&aacute;n atormentados por la escritura de un libro que jam&aacute;s lograr&aacute;n escribir pues se les va el tiempo en c&aacute;lculos estrat&eacute;gicos en cuanto a la forma de escribirlo, a la tem&aacute;tica, etc., de tal modo que no consiguen nunca entrar en materia. Gregorio, de <em>Juegos de la edad tard&iacute;a</em>, ser&iacute;a el remedo m&aacute;s disparatado y m&aacute;s c&oacute;mico de esos escritores sin libros. Adem&aacute;s, sus desvelos siempre se ven burlescamente desvirtuados: Belmiro, quien con sus sesenta a&ntilde;os, duda del vigor de su virilidad, observa que una combinaci&oacute;n entre m&uacute;sica cl&aacute;sica y libros de gran espiritualidad le devuelve toda su energ&iacute;a (&ldquo;algunos autores, como Tuc&iacute;dides y Falla, Liszt y Montaigne, y sobre todo la combinaci&oacute;n de Wagner con alg&uacute;n fil&oacute;sofo ilustrado, lo estimulaban de una forma casi milagrosa&rdquo;; p. 281). En cuanto a Tom&aacute;s Montejo, ense&ntilde;a con tanto entusiasmo &ldquo;los polvos de papel&rdquo; de la historia de la literatura a sus estudiantes que se ve atrapado en las garras de una de ellas, quien quiere llevar a la pr&aacute;ctica el sexo seg&uacute;n lady Chatterley y su amante Mellors, o D&eacute;sdemona y Otelo, etc., de tal modo que lo que hab&iacute;a empezado como un hermoso romance termina convirti&eacute;ndose en verdadera pesadilla.</p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Estos personajes muy particulares y recurrentes son remedos caricaturescos y burlones de la figura del escritor o del poeta, y no dejan de ser la expresi&oacute;n de una auto irrisi&oacute;n muy propia de Luis Landero. A la vez, y es otra de las paradojas de la escritura de Landero, gracias a esos personajes, as&iacute; como a los muchos humildes narradores orales de la cotidianeidad incluidos en sus novelas,&nbsp; el escritor introduce siempre de una forma u otra unas &ldquo;obsesiones&rdquo; que brindan una profundidad particular a su obra: una dimensi&oacute;n metatextual, o sea&nbsp; una reflexi&oacute;n acerca del acto de contar o de escribir; una exhibici&oacute;n de las potencialidades po&eacute;ticas del lenguaje y de las palabras (&ldquo;Bastaba una palabra, pues cualquiera contiene a las dem&aacute;s, en cualquiera puede uno reconocer su patria ilimitada&rdquo;, <em>Juegos</em>, p. 57); lo que llamo &ldquo;la vocaci&oacute;n antol&oacute;gica&rdquo; de su obra entera que aspira a integrar todo un patrimonio literario a punto de hundirse en el olvido, y que el escritor&nbsp; consigna y cita y parodia con pasi&oacute;n.&nbsp; Su celebraci&oacute;n del acto de narrar es un ardiente alegato del intercambio humano&nbsp; y del poder de la palabra que hace posible la transfiguraci&oacute;n de la realidad.&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y es que el acto de narrar posee un prodigioso poder: &ldquo;La realidad nos pone en nuestro sitio; luego, nosotros, por medio de la narraci&oacute;n, ponemos a la realidad en el suyo&rdquo; (<em>Entre l&iacute;neas</em>, p. 83). La obra de Landero est&aacute; traspasada por un af&aacute;n prometeico: como Prometeo quien rob&oacute; el fuego a los Dioses para entreg&aacute;rselo a los mortales, el escritor aspira a compartir el fuego de la palabra con todos los hombres.</p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A la vez, esta obra plantea un cuestionamiento &eacute;tico acerca de la cultura que ha de servir al bien com&uacute;n y colmar el placer est&eacute;tico, y que no est&aacute; destinada a la satisfacci&oacute;n de la vanidad personal ni a la conquista de un estatuto social y lo hace mediante el juego, enlazando as&iacute; con la funci&oacute;n l&uacute;dica de las primeras novelas modernas, y de la literatura en general, como lo recuerda el investigador franc&eacute;s Michel Picard en <em>La lecture comme jeu</em> (Les &eacute;ditions de Minuit, Paris, 1985): juego con las palabras, juego con los andamiajes novelescos, juego con las m&aacute;scaras de la figura del escritor, juego con los valores sociales dominantes, juego con tantas obras del pasado. El juego es un elemento vital en la obra de Landero.</p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tal vez el libro <em>El balc&oacute;n en invierno </em>entregue algunas claves en cuanto a lo que Luis Landero considera el cometido, la responsabilidad del escritor en el mundo que nos rodea. En&nbsp; <em>El balc&oacute;n en invierno</em>, el &ldquo;yo&rdquo; autobiogr&aacute;fico rescata un pasado del que ya solo quedan recuerdos deshilachados, y a veces ruinas concretas (como la aldea en la que pas&oacute; su infancia la madre del autor). Hace revivir, por la magia de la rememoraci&oacute;n y de las palabras, un modo de vida rural devorado ineludiblemente por &ldquo;el progreso&rdquo; y por el desarrollo urbano, da fe de los refinamientos de &ldquo;una cultura popular milenaria&rdquo; de la que ya solo quedan residuos y fragmentos&nbsp; que acaso est&eacute;n destinados a desaparecer por completo. Entonces&nbsp; el autor narrador escribe un libro testamento, que es un legado para sus descendientes y para las generaciones venideras, sin amargura, pero con profunda nostalgia, a la vez que&nbsp; reconoce el inmenso poder y la pujanza de la vida, en la que &ldquo;en cada peque&ntilde;o acontecer, lo trivial y lo misterioso van a partes iguales&rdquo; (p. 245):</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Pienso entonces que acaso estas p&aacute;ginas puedan servir para que lo vivido no se pierda del todo, [&hellip;]. Que se oiga, o se imagine o&iacute;r, el alegre o triste repicar de la vida a trav&eacute;s de los siglos. Que se sepa y no solo con el pensamiento sino ante todo con la cercan&iacute;a de los sentidos y del coraz&oacute;n, que se vivi&oacute;, y se so&ntilde;&oacute; y que si en ese desear y afanarse ning&uacute;n acto lleg&oacute; a ser del todo provechoso tampoco fue del todo en vano. Y que la sangre que circula por nuestro cuerpo circula tambi&eacute;n por los siglos pasados y circular&aacute; por los venideros hasta el fin de los tiempos&hellip;&rdquo; (p. 244).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al escritor, en tanto escritor, le tocar&iacute;a pues una suerte de papel social sagrado: llevar a cabo una labor de memoria no solo para su propia estirpe sino para el conjunto de los humanos y tal vez sobre todo para los m&aacute;s humildes de entre ellos. Sus escritos vendr&iacute;an a constituir un eslab&oacute;n que asegurara la perpetuaci&oacute;n de la cadena infinita de la humanidad,&nbsp; de la vida y del arte. Sin grandilocuencia alguna, con extremada humildad, el autor deja asentada la figura del escritor en tanto conciencia &eacute;tica, en tanto guardi&aacute;n de&nbsp; un patrimonio literario, de una cultura popular&nbsp; que corren a la par con valores esenciales para la humanidad y su supervivencia: una simbiosis entre la &eacute;tica, la est&eacute;tica y el juego.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 28 Mar 2017 05:40:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Larvatus prodeo: variaciones Cercas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/larvatus-prodeo-variaciones-cercas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2017/JAVIER_CERCAS_2.jpg" alt="" /></p>
<p>La publicaci&oacute;n del ensayo <em>El punto ciego </em>(2016) confirma a Javier Cercas como novelista autoconsciente, miembro nato de ese club de escritores que, desde Flaubert y Henry James hasta Mario Vargas Llosa o J. M. Coetzee, han acompa&ntilde;ado su obra narrativa de una reflexi&oacute;n sobre los problemas y m&eacute;todos de la escritura, sobre los mecanismos compositivos del texto, sobre la relaci&oacute;n del mundo ficcional con el mundo emp&iacute;rico y, en fin, sobre los engranajes cognitivos que se activan en el lector cuando procesa un relato. Antes de este ensayo, cuya g&eacute;nesis es muy anterior a las lecciones de la c&aacute;tedra Weidenfeld de Oxford donde desgran&oacute; el concepto, Cercas hab&iacute;a dejado abundantes pruebas de su condici&oacute;n de escritor cr&iacute;tico. Un par de libros aparecidos en dos etapas bien distintas de su trayectoria, antes y despu&eacute;s del <em>big bang</em> de <em>Soldados de Salamina</em>, testimonian su propensi&oacute;n al cuestionamiento te&oacute;rico del oficio de novelista: <em>Una buena temporada</em> (1998) y <em>La verdad de Agamen&oacute;n</em> (2004), sin olvidar que en las cr&oacute;nicas de <em>Relatos reales</em> (2000) y en sus columnas semanales en <em>El Pa&iacute;s</em> menudean las reflexiones sobre la literatura, la ficci&oacute;n y la realidad (sin ir m&aacute;s lejos, v&eacute;ase la que dedica a David Foster Wallace el 18 de diciembre de 2016).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta preocupaci&oacute;n constante por el modo en que se construyen y carburan los artefactos literarios hace de &eacute;l un escritor ajeno a la espontaneidad (que, sin embargo, puede simular perfectamente) y a salvo de la ingenuidad (que, aun as&iacute;, puede emplear como generador de perplejidades), lo que no significa que sea cerebral ni intelectual ni, a&uacute;n menos, g&eacute;lido, puesto que uno de los rasgos de su obra consiste en el aquilatamiento de los ingredientes que pueden desencadenar una determinada emoci&oacute;n. Este c&aacute;lculo de los elementos que se combinan en la qu&iacute;mica del texto la aplica, de hecho, no solo a los que pueden ser catalizadores emotivos sino a todos los que entran en juego en la cristalizaci&oacute;n de la obra. En un c&eacute;lebre ensayo, Friedrich Schiller consider&oacute; que esta consciencia de la forma era inherente a los escritores modernos (para &eacute;l los rom&aacute;nticos), a los que llama &laquo;sentimentales&raquo; (<em>sentimentalisch</em>), frente los &laquo;ingenuos&raquo; que escriben sin el estorbo de inquietudes te&oacute;ricas (el qu&eacute;, el c&oacute;mo, el por qu&eacute; de lo escrito), con la <em>naturalidad</em> con que se sucede a s&iacute; misma la naturaleza, como si una fuerza externa (la inspiraci&oacute;n, la divinidad, el pueblo) les dictara la obra. El ensayo de Schiller, que ha fascinado a escritores como Thomas Mann o Orhan Pamuk, utiliza como quicio de discernimiento entre esas dos categor&iacute;as la facultad cr&iacute;tica que est&aacute; presente en los escritores &laquo;sentimentales&raquo; y no en los &laquo;ingenuos&raquo;, una facultad que les permite distinguir entre el objeto representado (la naturaleza) y los medios de representaci&oacute;n, entre &laquo;realidad&raquo; y simulacro art&iacute;stico, de suerte que sus creaciones suelen estar precedidas o escoltadas por una elaboraci&oacute;n reflexiva que, a menudo, se inscribe dentro de la obra misma, como sucede en la metaliteratura.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En tanto que escritor autocr&iacute;tico (o &laquo;sentimental&raquo;), Cercas no deja de hacerse preguntas, fuera y dentro de sus libros, sobre su pasi&oacute;n y profesi&oacute;n literaria. Muchas de esas preguntas tienen que ver con el funcionamiento del texto, con la relaci&oacute;n de este con la coyuntura hist&oacute;rica en que se produce y con el grado de implicaci&oacute;n (o explicitud) del autor; otras, que suelen ser las que irradian el magnetismo que unifica el sentido de la novela, poseen un denso car&aacute;cter moral y apuntan a problemas &eacute;ticos de profundo calado. La combinaci&oacute;n de sus inquisiciones formales en el territorio de la novela y de los conflictos morales que plantea permite ver la trayectoria de Cercas como una serie de variaciones sobre una matriz esencial que se despliega en subtemas, confluencias y desarrollos diversos. Una matriz de consistencia larvadamente autobiogr&aacute;fica, porque desde <em>El m&oacute;vil</em> (1987) hasta <em>El monarca de las sombras</em> (2017) los reflejos de su propia biograf&iacute;a son permanentes y crecientes aunque siempre enmascarados con artificios diversos, y no es el menor el de fingir que el narrador de sus libros, a veces con su propio nombre, es &eacute;l mismo. Utilizarse a s&iacute; mismo como disfraz es un buen disfraz. Como Descartes, tambi&eacute;n Cercas podr&iacute;a hacer suyo el <em>motto</em> &laquo;larvatus prodeo&raquo; y es casi lo que ha hecho al titular una compilaci&oacute;n de escritos diversos <em>Formas de ocultarse</em> (2016). Pero la astucia de la ocultaci&oacute;n no concierne solo a su figura sino tambi&eacute;n al coraz&oacute;n de sus novelas, el centro motor invisible que bombea sentido a todo el libro y del que emana la fuerza de su significaci&oacute;n: una indeterminaci&oacute;n, una ambig&uuml;edad o contradicci&oacute;n que puede formularse como una pregunta irresoluble (por lo menos en la misma novela) y que es lo que ha llamado &laquo;punto ciego&raquo;. A las novelas de punto ciego pertenecen todas las suyas.&nbsp;</p>
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<p><strong>Variaci&oacute;n posmoderna</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La estancia en la Universidad de Urbana-Champaign en Illinois, en 1987-1988 fue una tediosa bendici&oacute;n. En un campus universitario perdido en la nada, con una biblioteca fastuosa, un joven doctorando espa&ntilde;ol con vocaci&oacute;n de novelista pod&iacute;a cumplir con creces su sue&ntilde;o de leer desmedidamente, sin tasa, todo aquello que no llegaba a Espa&ntilde;a, que era mucho. En los dos cursos acad&eacute;micos que pas&oacute; Cercas en Illinois se familiariz&oacute; con la narrativa posmoderna norteamericana de Thomas Pynchon, Kurt Vonnegut o Joseph Heller, pero especialmente con la de los autores m&aacute;s metaficcionales, como Robert Coover (sobre todo <em>Gerald's Party</em>), Donald Bathelme (los cuentos de <em>City Life</em>), Richard Brautigan, John Barth, William H. Gass, Ronald Sukenick, Gilbert Sorrentino o Raymond Federman. Cercas ya conoc&iacute;a el giro autorreferencial del posmodernismo, entre otras cosas porque era lector rendido de Borges (y del <em>Quijote</em>) y se sab&iacute;a a Samuel Beckett, Vladimir Nabokov, Julio Cort&aacute;zar e Italo Calvino, pero en Estados Unidos ampli&oacute; y profundiz&oacute; las genealog&iacute;as que ligaban el experimentalismo narrativo con esos precedentes. Junto a este fest&iacute;n de metaliteratura, Cercas se empap&oacute; de la cr&iacute;tica y la teor&iacute;a que esa corriente de <em>fabulistas </em>(t&eacute;rmino que utiliz&oacute; Robert Scholes) estaba generando. Quiz&aacute; una de las lecturas m&aacute;s esclarecedoras pudo ser un ensayo de Robert Alter, <em>Partial Magic. The Novel as a Self-Conscious Genre</em>, que tomaba su t&iacute;tulo &mdash;y algo m&aacute;s&mdash; de las &laquo;Magias parciales del <em>Quijote</em>&raquo; de Borges, y donde se traza una recta genealog&iacute;a de esa otra tradici&oacute;n novel&iacute;stica, refractaria al realismo convencional,&nbsp; la de la novela que llama la atenci&oacute;n sobre su condici&oacute;n de artificio. A esa tradici&oacute;n que se remonta a Cervantes, contin&uacute;a con Laurence Sterne (<em>Tristram Shandy</em>) y Denis Diderot (<em>Jacques le fataliste</em>), conoce una &eacute;poca de florecimiento en la modernidad (o <em>modernism</em>) y llega hasta el presente (que para Alter era 1975, cuando public&oacute; el libro) era a la que Cercas quiso pertenecer.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero, al lado de aquel obstinado vicio de romper la ilusi&oacute;n ficcional del lector, la narrativa posmoderna exhib&iacute;a otro rasgo acusado, el de la ruptura de las jerarqu&iacute;as culturales que hab&iacute;an sido habituales en la primera mitad del siglo y que separaban la alta cultura propia de las minor&iacute;as refinadas de la cultura popular propia de las masas indoctas. La recusaci&oacute;n de ese clasismo cultural hab&iacute;a impulsado una jubilosa imitaci&oacute;n y absorci&oacute;n de los temas, registros, medios y formatos populares, no solo literarios (subg&eacute;neros como la novela negra o detectivesca, hist&oacute;rica, fant&aacute;stica o de terror, rosa y er&oacute;tica, el <em>pulp</em>, etc.) sino tambi&eacute;n audiovisuales, desde el cine a la radio y la televisi&oacute;n. Todos los patrones y convenciones pod&iacute;an servir de combustible para la imaginaci&oacute;n posmoderna, convertida en un gigantesco est&oacute;mago de degluci&oacute;n simb&oacute;lica. Tambi&eacute;n en esa fiesta quiso estar Cercas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La bibliograf&iacute;a sobre las estrategias autorreflexivas del posmodernismo iba a alimentar el cuerpo te&oacute;rico de una tesis que naci&oacute; por aquellos d&iacute;as y cuyo tema fue el primer escritor posmoderno espa&ntilde;ol: Gonzalo Su&aacute;rez, descubierto tambi&eacute;n en los anaqueles de la biblioteca de Urbana. Y la obra de Su&aacute;rez, junto a las ingentes lecturas de fabulistas y parodistas posmodernos, se&ntilde;alaba unas confluencias de la alta literatura con la cultura de masas que ofrec&iacute;an un men&uacute; de lo m&aacute;s incitante. Los planteamientos te&oacute;ricos de los propios escritores ya los hab&iacute;a conocido Cercas antes de marcharse a Illinois, gracias a la traducci&oacute;n que Quim Monz&oacute; hab&iacute;a hecho en 1983 de los dos art&iacute;culos seminales de John Barth, &laquo;The Literature of the Exhaustion&raquo; (1967) y &laquo;The Literature of Replenishment&raquo; (1980). Hab&iacute;an aparecido en la revista <em>Els Marges</em>, creada por el editor Jaume Vallcorba, para el que Cercas realizaba algunos trabajos editoriales. Pero el conocimiento de aquellos certeros diagn&oacute;sticos de Barth se hab&iacute;a completado con una inmersi&oacute;n en esa literatura hiperliteraria y al&eacute;rgica a los moldes heredados.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ese no fue a&uacute;n plenamente el contexto del primer empe&ntilde;o narrativo de Cercas: <em>El m&oacute;vil</em> (1987), un heterog&eacute;neo volumen que reun&iacute;a cuatro cuentos y una novela corta que prestaba t&iacute;tulo al libro. Aunque ser&iacute;a m&aacute;s cierto decir que de los cinco textos el &uacute;nico que respond&iacute;a a la nueva fuente de est&iacute;mulos era &laquo;El m&oacute;vil&raquo; y quiz&aacute; por eso, en su reedici&oacute;n de 2003, el libro, expurgado de los relatos cortos, qued&oacute; reducido a esa novela t&iacute;picamente posmoderna sobre un escritor enfrascado en la escritura de una historia de misterio y crimen que acaba aparcando todo escr&uacute;pulo moral en aras de llevar a buen puerto su obsesivo proyecto: una f&aacute;bula sobre la derrota de la &eacute;tica a manos de la est&eacute;tica. M&aacute;s deudora de los a&ntilde;os norteamericanos fue <em>El inquilino</em> (1989), otra novela corta que se ambientaba en un campus universitario muy parecido al de Urbana-Champaign y giraba alrededor de un joven profesor, Mario Rota, cuya pl&aacute;cida &mdash;e indolente&mdash; vida cotidiana se ve sacudida por la llegada de un colega, Daniel Berkowicz, mucho m&aacute;s brillante y exitoso y que, adem&aacute;s, se aloja en el mismo edificio que &eacute;l. Al tronco de la novela de campus, Cercas le injert&oacute; componentes de g&eacute;nero fant&aacute;stico y de <em>thriller </em>psicol&oacute;gico estudiadamente dosificados para ir desenvolviendo una an&eacute;cdota en torno al motivo rom&aacute;ntico del <em>doppelg&auml;nger</em> (con Edgar Allan Poe al fondo), gui&ntilde;&aacute;ndole un ojo a otra de las querencias tem&aacute;ticas posmodernas, el car&aacute;cter ilusorio de la realidad. Una torcedura de tobillo provoca una torcedura de las leyes del tiempo y el espacio y hasta de la l&oacute;gica ordinaria.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hasta la aparici&oacute;n de su siguiente novela, <em>El vientre de la ballena</em> (1998) transcurrieron muchos a&ntilde;os, principalmente dedicados a su carrera acad&eacute;mica, pero ese intervalo no borr&oacute; ciertas l&iacute;neas continuidad con <em>El inquilino</em>. La m&aacute;s obvia es que se trata de una nueva novela de campus, si bien ahora el paisaje del medio-oeste americano ha sido sustituido por la Universidad Aut&oacute;noma de Barcelona y la matriz del relato fant&aacute;stico y de misterio ha sido relevada por un c&oacute;ctel de novela intelectual (es decir, con abundante trasiego de ideas) y farsa costumbrista. El protagonista guarda algo m&aacute;s que un aire de familia con Mario Rota y su desma&ntilde;a al enfrentarse con los nimios retos del d&iacute;a a d&iacute;a es muy semejante; pero a diferencia de Mario, Tom&aacute;s, el protagonista, es tambi&eacute;n el narrador, y no se abstiene de hacerlo manifiesto, como hab&iacute;a sucedido en <em>El m&oacute;vil</em>. El paso adelante en esta estratagema metaficcional consiste, sin embargo, en que Tom&aacute;s empieza a acercarse en algunas de sus caracter&iacute;sticas al autor (a Javier Cercas) y, hacia el final de la novela, admite que &laquo;ya hace m&aacute;s de un mes empec&eacute; a escribir esta historia inventada pero verdadera&raquo;, con una paradoja aparente, la de la verdad de las ficciones (o invenciones), que desde entonces ha sido crucial en la obra de Cercas y en su reflexi&oacute;n sobre &laquo;la verdad de las mentiras&raquo;, por decirlo con la f&oacute;rmula de Vargas Llosa.</p>
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<p><strong>Variaci&oacute;n Salamina</strong></p>
<p>A <em>Soldados de Salamina</em> (2001) se llega a trav&eacute;s del itinerario que he esbozado, al que le falta un tramo inexcusable: las cr&oacute;nicas period&iacute;sticas reunidas en <em>Relatos reales</em> (2000). De hecho, el narrador de la novela, el periodista &laquo;Javier Cercas&raquo;, pretende escribir un &laquo;relato real&raquo; como los que hab&iacute;a publicado el Cercas de carne y hueso en el diario <em>El Pa&iacute;s</em>, aunque m&aacute;s extenso. &nbsp;Cercas hace confluir la estrategia metaficcional (una novela sobre un escritor que escribe o que aspira a escribir un libro) con el recurso autoficcional de conferirle al protagonista-narrador su propio nombre y&nbsp; prestarle una porci&oacute;n de rasgos suyos mezclados con muchos otros inventados. El Javier Cercas ficticio (como ficticios son los personajes de Andr&eacute;s Trapiello o Roberto Bola&ntilde;o) ha publicados libros de t&iacute;tulos id&eacute;nticos a los del aut&eacute;ntico, ambos practican eso que llaman, por v&iacute;a de ox&iacute;moron, &laquo;relato real&raquo;, y, en fin, ambos son autores de dos cr&oacute;nicas <em>casi</em> id&eacute;nticas que conmemoran la muerte de Antonio Machado y evocan el fusilamiento fallido de Rafael S&aacute;nchez Mazas. Sin embargo, el trampantojo de esos pr&eacute;stamos atributivos no debe confundir a ning&uacute;n lector sensato y hacerle creer que los dos Cercas son uno y el mismo. Ese juego de pr&eacute;stamos tambi&eacute;n ten&iacute;a marchamo posmoderno, si bien, a trav&eacute;s de Borges, se remontaba hasta el Cervantes que asoma aqu&iacute; y all&aacute; en el <em>Quijote</em>, como amigo del cura o como un tal de Saavedra.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El tema del escritor atascado volv&iacute;a a ser productivo para Cercas y lo mismo cabe decir del reciclaje de g&eacute;neros y modalidades de discurso, puesto que en <em>Soldados de Salamina</em> combina la narraci&oacute;n detectivesca o de investigaci&oacute;n con el relato hist&oacute;rico y con el enfoque cron&iacute;stico y de reportaje (en la reconstrucci&oacute;n de la biograf&iacute;a de S&aacute;nchez Mazas). Pero todo ese instrumental t&eacute;cnico se pone al servicio de un may&uacute;sculo encomio de la ficci&oacute;n novelesca o de la imaginaci&oacute;n literaria, que aqu&iacute; vienen a ser lo mismo. &iquest;C&oacute;mo? A trav&eacute;s de la peripecia de ese atrabiliario &laquo;Javier Cercas&raquo; que se entera de que un miliciano an&oacute;nimo perdon&oacute; la vida, contra todo pron&oacute;stico, a un falangista conspicuo y, necesitado de una buena historia, resuelve emprender una concienzuda investigaci&oacute;n para contar lo sucedido. Pero la realidad tiene sus limitaciones y el periodista solo logra una reconstrucci&oacute;n biogr&aacute;fica del falangista (el segundo cap&iacute;tulo) insatisfactoria, sobre todo porque falta el otro &mdash;y principal&mdash; agente, el soldado republicano que tiene el gesto magn&aacute;nimo o irresponsable de dejarle escapar. Y ah&iacute;, en el espeso anonimato, no hay manera de avanzar. Hasta que este &laquo;Cercas&raquo; descubre lo que Cercas ya sabe: que hay verdades que solo se revelan a trav&eacute;s de la imaginaci&oacute;n. Y entonces inventa a Miralles, el miliciano, o m&aacute;s bien inventa la entrevista con Miralles en un asilo de Dijon, transformando de ese modo lo que iba a ser un &laquo;relato real&raquo; en una novela, ahora ya parecida a la que escribi&oacute; Javier Cercas, pero sin que se confundan.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta galer&iacute;a de espejos metaliterarios incorporaba en <em>Soldados de Salamina</em> dos dimensiones nuevas que iba a determinar las variaciones posteriores en la obra de Cercas. La m&aacute;s ostensible concierne a los asuntos tratados y suscitados y se abre a la revisi&oacute;n de la Historia reciente, a la llamada memoria colectiva (aunque toda memoria es individual) y a la gesti&oacute;n que hacemos de las herencias patentes y latentes del pasado traum&aacute;tico o conflictivo: de la guerra civil, de la dictadura franquista, de la transici&oacute;n a la democracia, del olvido consentido, impuesto y en todo caso injusto y hasta ignominioso. Miralles, en la mitad ficcional de la novela, encarna a quienes dieron su vida por defender los valores de la libertad y la democracia, en Espa&ntilde;a y en Europa, y fueron luego olvidados, archivados en el rinc&oacute;n oscuro de la memoria hist&oacute;rica. La mirada de Miralles a S&aacute;nchez Mazas no es un s&iacute;mbolo absolutorio de la culpa de los fascistas, no es un gesto de perd&oacute;n de quienes se alzaron contra un r&eacute;gimen leg&iacute;timo y establecieron una dictadura interminable, sino que es una sublimaci&oacute;n literaria de las valores ilustrados, un ejercicio moral que responde al imperativo categ&oacute;rico y, en cierto sentido, un instante de hero&iacute;smo: lo f&aacute;cil, seg&uacute;n dictaba el deber, hubiera sido disparar; no hacerlo, cuando ya nada iba a cambiar el curso de una guerra perdida, pod&iacute;a acarrear graves consecuencias. Miralles opta por lo menos f&aacute;cil, por traicionar su obligaci&oacute;n como soldado sin m&aacute;s objetivo superior que el de ahorrarle una muerte m&aacute;s a la matanza general. El suyo es el hero&iacute;smo de la traici&oacute;n o el desacato sobre el que volver&aacute; Cercas en novelas posteriores.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La otra dimensi&oacute;n es la que estrecha los lazos entre la novela y la realidad emp&iacute;rica, entre la invenci&oacute;n (o la ficci&oacute;n) y la constataci&oacute;n. Se trata de una dimensi&oacute;n compleja y de galer&iacute;as m&uacute;ltiples en la que, por un lado, las alusiones desde texto a la realidad empiezan a reclamar un estatuto referencial cada vez m&aacute;s pr&oacute;ximo al period&iacute;stico o hist&oacute;rico, esto es, cada vez m&aacute;s despojado de datos inventados. Este despojamiento a&uacute;n es incipiente en <em>Soldados de Salamina</em>, que mantiene su condici&oacute;n de novela, pero ser&aacute; completo en <em>Anatom&iacute;a de un instante</em> (2009), un libro que pone en solfa los l&iacute;mites del g&eacute;nero. Por otro lado, o por otra galer&iacute;a, esa creciente conexi&oacute;n referencial entre novela y mundo exterior alcanza de lleno a la voz narrativa, que ir&aacute; evolucionando hacia una identificaci&oacute;n tambi&eacute;n plena con la del autor, rayana en lo autobiogr&aacute;fico, que culmina en <em>El impostor</em> (2015) y en <em>El monarca de las sombras</em> (2017). Aunque la inmediatez de la voz que cuenta recuerda la de los narradores autoficcionales, portadores del nombre de sus autores y protagonistas de su relato, el &laquo;Javier Cercas&raquo; de estas dos &uacute;ltimas novelas no acapara protagonismo sino que act&uacute;a como investigador y cronista de esa investigaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Y la guerra civil? Bueno, no es m&aacute;s que un azar que &laquo;Cercas&raquo; se entere de la an&eacute;cdota del fusilamiento cuando necesita una buena historia para salir del atolladero en que se encuentra. Para Cercas, en cambio, no es azaroso que el embri&oacute;n de la novela sea un episodio menor de la guerra civil, porque le interesa hablar de lo remota que quedaba ya esa guerra para la mayor&iacute;a de espa&ntilde;oles del a&ntilde;o 2000, tan remota como la batalla naval de Salamina entre griegos y persas veinticinco siglos atr&aacute;s, a pesar de que a&uacute;n sobreviv&iacute;an algunas v&iacute;ctimas y algunos verdugos, aquellos sin reparaci&oacute;n y estos sin castigo, todos a la sombra de una memoria sin justicia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La novela fue un &eacute;xito abrumador. Cientos de miles de ejemplares vendidos, traducciones a decenas de idiomas, versi&oacute;n cinematogr&aacute;fica, lluvia ininterrumpida de premios, parabienes y elogios de nombres venerados como los de Vargas Llosa, George Steiner, Susan Sontag, J. M. Coetzee... Desde entonces todo dio un vuelco, para Cercas y para la novela espa&ntilde;ola.</p>
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<p><strong>Variaci&oacute;n sobre el bloqueo</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al tema del bloqueo del escritor hab&iacute;a dedicado Cercas <em>El m&oacute;vil</em> y <em>Soldados de Salamina</em>, pero tras el hurac&aacute;n provocado por esta novela se encontr&oacute; &eacute;l mismo enfrentado al miedo esc&eacute;nico del qu&eacute; decir. Sali&oacute; adelante con una argucia posmoderna aprendida en Borges, la misma que expuso John Barth en 1967: si la literatura ha agotado sus temas y formas, hay que hacer de ese agotamiento el asunto mismo de la nueva literatura. Con ese bucle, Cercas convirti&oacute; su &eacute;xito y las consecuencias perniciosas del mismo en el n&uacute;cleo originario de <em>La velocidad de la luz</em> (2005), a la vez que anudaba hilos procedentes de su obra anterior: la novela de campus en Illinois, la metaficci&oacute;n, los ademanes autobiogr&aacute;ficos, la utilizaci&oacute;n del motivo del doble por cuenta de un excombatiente en Vietnam, Rodney Falk... Esa maniobra le permiti&oacute; realizar un ejercicio de autocr&iacute;tica cuyo objetivo solapado era el de conjurar el efecto paralizante del &eacute;xito y la cat&aacute;strofe que puede acompa&ntilde;arlo: la soberbia, la vanidad monstruosa, la egolatr&iacute;a, la pulsi&oacute;n autodestructiva, la enajenaci&oacute;n del entorno familiar, amistoso y profesional o, sencillamente, la maldad. Con esta primera novela despu&eacute;s del tsunami de <em>Salamina</em>, Cercas se previno (o se rescat&oacute;) a s&iacute; mismo de esos derrumbamientos. Por medio de esta f&aacute;bula sobre la redenci&oacute;n, el escritor se purg&oacute; de los t&oacute;xicos que pod&iacute;an haberle inmovilizado tras el aparatoso triunfo y se puso en disposici&oacute;n de encarar nuevas metas.</p>
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<p><strong>Variaciones del instante y el devenir</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La primera meta fue una sorpresa colosal que pareci&oacute; una majader&iacute;a. Vio la luz en 2009, en una editorial distinta de la suya (pas&oacute; de Tusquets a Mondadori), se titul&oacute; <em>Anatom&iacute;a de un instante</em> y era un grueso ensayo interpretativo sobre el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, el <em>tejerazo</em>. Pero podr&iacute;a describirse de otro modo: era un an&aacute;lisis minucioso y estrictamente hist&oacute;rico de un momento televisivo &uacute;nico en la democracia espa&ntilde;ola, la imagen de tres individuos sentados en sus esca&ntilde;os mientras unos guardias civiles ametrallaban el Congreso de los Diputados. E incluso a&uacute;n podr&iacute;a decirse que se trataba de una novela muy rara resultante de una bancarrota de la imaginaci&oacute;n, una novela que requer&iacute;a una privaci&oacute;n absoluta de elementos ficticios, una concordancia total con los datos hist&oacute;ricos y verificables, pero que, como cualquier novela, deb&iacute;a regularse internamente por un sistema de recurrencias, anticipaciones y conjeturas veros&iacute;miles, por un ritmo y unas t&eacute;cnicas narrativas sometidos a un control f&eacute;rreo. Y, como cualquier novela de punto ciego, esta tambi&eacute;n persegu&iacute;a dar respuesta a una pregunta sin respuesta: &iquest;por qu&eacute; Su&aacute;rez, Guti&eacute;rrez Mellado y Carrillo se mantuvieron en su asiento bajo las balas? No es la pregunta de un historiador, sino la de un novelista: &iquest;qu&eacute; biograf&iacute;a condujo a esos tres individuos tan distintos y tan dispares ideol&oacute;gicamente a arriesgar sus vidas por defender una forma de dignidad o quiz&aacute; de lealtad? Dar satisfacci&oacute;n a este enigma arrastra al narrador a una investigaci&oacute;n (otra m&aacute;s) que refiere en su decurso y en sus resultados para desembocar en una conclusi&oacute;n final, la de que los tres (y de manera particular Adolfo Su&aacute;rez) fueron h&eacute;roes de la traici&oacute;n, puesto que supieron que deb&iacute;an traicionar su propio pasado autoritario (dos de ellos procedentes de las tripas del franquismo y uno del estalinismo) para ser fieles al presente y sobre todo a la posibilidad de un futuro esperanzador.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <strong> </strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al libro no le faltaba el aspecto acad&eacute;mico de un estudio riguroso, con sus notas y su bibliograf&iacute;a, pero tanto el pr&oacute;logo como el ep&iacute;logo esclarec&iacute;an que se trataba de un producto de alta elaboraci&oacute;n literaria, por mucho que se hubiera sujetado al ascetismo de los hechos rotundamente factuales. En una inversi&oacute;n conceptual muy del gusto de Cercas, el pr&oacute;logo se llamaba &laquo;Ep&iacute;logo de una novela&raquo;, que era una supuesta novela sobre el 23-F que hab&iacute;a embarrancado y de cuyo fracaso hab&iacute;a surgido <em>Anatom&iacute;a de un instante</em>; en tanto que el ep&iacute;logo se titulaba &laquo;Pr&oacute;logo a una novela&raquo; y en &eacute;l se revela el motivo secreto de la obra: la simetr&iacute;a (o analog&iacute;a) entre Su&aacute;rez y el padre de Cercas (o del narrador), detr&aacute;s de la que se entrev&eacute; la imagen de Tel&eacute;maco buscando el reencuentro con el padre perdido.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De la tela de ara&ntilde;a que teje el cronista de <em>Anatom&iacute;a de un instante</em> escapa la &laquo;verdad&raquo;, entendida esta como el desciframiento radical de todos los enigmas, pero quedan atrapadas distintas versiones de la verdad, distintos planes golpistas que difuminan, al superponerse, la recta interpretaci&oacute;n de lo ocurrido y que demuestran que la verdad es escurridiza, aunque no inextricable ni inaccesible ni incesantemente diferida, como pretend&iacute;a cierto pensamiento posmoderno. De hecho, Cercas est&aacute; menos interesado en la determinaci&oacute;n de la verdad hist&oacute;rica, como ser&iacute;a propio de un historiador, cuyo prop&oacute;sito consiste en elucidar el pasado, que en la exploraci&oacute;n de una verdad moral, la de los &laquo;h&eacute;roes de la traici&oacute;n&raquo;, gracias a la cual se allan&oacute; el camino hacia el presente. Como novelista, a Cercas le interesa solo el tiempo presente. Su inter&eacute;s por el pasado es vicario de su inter&eacute;s por el presente: aquel ilumina el proceso que ha conducido al mundo actual. En cierto modo esa hab&iacute;a sido un aprendizaje derivado del &eacute;xito de <em>Soldados de Salamina</em>: las brasas de la remota guerra civil no se hab&iacute;an apagado y miles de lectores probaban que el pasado, por decirlo con una expresi&oacute;n de William Faulkner cara a Cercas, no es pasado sino una dimensi&oacute;n del presente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esa convicci&oacute;n la trasvas&oacute; en 2012 a la novela <em>Las leyes de la frontera</em> (2012), en la que regresaba a una narrativa m&aacute;s tradicional, alejada de los resortes de la autoficci&oacute;n y de la hibridaci&oacute;n intergen&eacute;rica, para contar la historia de una salvaci&oacute;n, la de un muchacho (Ca&ntilde;as, el narrador) que, en los a&ntilde;os setenta, pudo haber arruinado su vida en una banda de quinquis o como heroin&oacute;mano arrastrado por un enamoramiento, el de Tere, del que nunca se ha recuperado. El primer plano del relato lo componen las andanzas del novio de Tere, un h&eacute;roe averiado, el delincuente juvenil El Zarco, carism&aacute;tico y temido, un fuera de la ley sin la menor posibilidad de futuro y cuya ca&iacute;da en desgracia se debe a una delaci&oacute;n no aclarada. Toda la novela est&aacute; sembrada de ambig&uuml;edades sobre la motivaci&oacute;n y las acciones de los personajes y en ella parece practicar Cercas, que no deja de estar emboscado en el adolescente enamoradizo que pudo caer del lado equivocado, su teor&iacute;a del punto ciego: &iquest;qui&eacute;n delata a El Zarco? &iquest;alguna vez quiso Tere a Ca&ntilde;as?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Casi como si la empleara de trampol&iacute;n, Cercas salt&oacute; desde esta ficci&oacute;n hacia el espacio donde se ha movido con asombrosa agilidad, la novela <em>sin ficci&oacute;n</em> que se articula como una pesquisa. En <em>El impostor </em>(2014) convergen muchas de las variaciones Cercas: la reflexividad sobre la propia carrera literaria, que aqu&iacute; adquiere una dureza sin indulgencia, la presencia del narrador autoficcional, la consideraci&oacute;n sobre los confines y la legitimidad de la verdad y la mentira, la habil&iacute;sima incrustaci&oacute;n de los g&eacute;neros no inventivos, como el reportaje, la entrevista, el ensayo, de nuevo el sabio racionamiento de las informaciones que van revelando al personaje y el sentido de la obra. El protagonista es Enric Marco, el supuesto deportado nazi al campo de concentraci&oacute;n de Flossenb&uuml;rg que result&oacute; ser un embustero patol&oacute;gico y que, sin embargo, puso su impostura al servicio de una buena causa: la dignificaci&oacute;n de la memoria de las v&iacute;ctimas. &iquest;Merece reprobaci&oacute;n y condena por haber contribuido a mantener vivo el recuerdo de la atrocidad a costa de alimentar su narcisismo insaciable? Es uno de los puntos ciegos del libro, pero no el &uacute;nico.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tambi&eacute;n encierra un punto ciego su &uacute;ltima novela, <em>El monarca de las sombras</em> (2017), que vuelve a organizarse como una indagaci&oacute;n autoficcional de un pasado cancelado, el de la guerra civil y el envenenamiento ideol&oacute;gico de muchos de los j&oacute;venes que perdieron en ella la vida. La figura rescatada del olvido es Manuel Mena, t&iacute;o abuelo de Cercas que entr&oacute; en Falange a los diecisiete a&ntilde;os y muri&oacute; en la batalla del Ebro a los diecinueve, un adolescente embaucado por el populismo falangista que fue empujado, como tantos, al matadero de la guerra. Su causa estuvo equivocada, pero quiz&aacute; no su idealismo, semejante al de Miralles, aunque la causa de este fuera justa y mereciera seguramente el sacrificio. Mena y Miralles, dos h&eacute;roes defectuosos, porque el primero no pas&oacute; de ser carne de ca&ntilde;&oacute;n al que luego se glorific&oacute; en la familia, mientras que el segundo careci&oacute; del reconocimiento que se le adeuda a cualquier h&eacute;roe y acept&oacute;, como h&eacute;roe que era, la iron&iacute;a amarga de haber dado sus mejores a&ntilde;os por una recompensa de postergaci&oacute;n y olvido.&nbsp; Quiz&aacute; Mena tuvo la certeza, en alg&uacute;n momento &mdash;y ese es el punto ciego&mdash;, demasiado tarde, de que las ideas que le hab&iacute;an inoculado eran baratijas y que iba a dar su vida por un fraude colectivo.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 28 Mar 2017 05:29:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poemas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/poemas-giacomo-scotti/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2017/GIACOMO_SCOTTI.jpg" alt="" /></p>
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<p>Taducci&oacute;n de Carlos Vitale</p>
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<p>Giacomo Scotti naci&oacute; en 1928 en Saviano (N&aacute;poles). Entre otros libros, ha publicado: <em>Se il diavolo &egrave; nero</em>, <em>Poesie per mio figlio</em> y <em>Rabbia e amore</em>.</p>
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<p><br /> <strong>EL D&Iacute;A DE HIROSHIMA</strong><br /> <br /> Aquel d&iacute;a en que los &aacute;rboles desaparecieron<br /> en una llamarada<br /> y del hombre s&oacute;lo qued&oacute; la sombra<br /> estampada sobre el empedrado de Hiroshima,<br /> aquel d&iacute;a est&aacute; al acecho en nuestra<br /> indiferencia.<br /> Pero escrito a fuego en el pasado, es un d&iacute;a<br /> que no tendr&aacute; futuro si en los ojos<br /> llevamos aquella sombra y aquella llamarada.<br /> <br /> <em>(6 de agosto de 1944)</em><br /> </p>
<p><strong>DUERME POR ENCIMA DE LAS GUERRAS</strong><br /> <br /> De nuevo llega el estruendo de una guerra<br /> desde mares lejan&iacute;simos.<br /> De nuevo el cielo est&aacute; quieto, los trenes pasan.<br /> Se llena y vac&iacute;a el cenicero:<br /> las colillas del pensamiento, del escribir.<br /> En el cesto de pl&aacute;stico terminan<br /> mis batallas perdidas, algunos resplandores<br /> de fantas&iacute;a quemada, papeles rotos.<br /> Son las nueve, es domingo: mi hijo<br /> duerme por encima de las guerras.<br /> <br /> <br /> <br /> <strong>TE MIRO</strong><br /> <br /> Los ojos, la boca:<br /> el don de la alegr&iacute;a.<br /> <br /> <br /> <br /> <strong>EL ARCO DE LA EXISTENCIA</strong><br /> <br /> Del nacimiento a la muerte,<br /> el espacio entre dos dedos.<br /> &iexcl;Pero cu&aacute;nto vivir entra<br /> en tan poca vida!</p>
<p><br /> <br /> <br /> <strong>&iquest;YO O EL PIE?</strong><br /> <br /> S&aacute;bana, mantas,<br /> me cubro bien y duermo.<br /> Cuando me besa el sol, encuentro siempre<br /> un pie fuera.<br /> &iquest;Qui&eacute;n quer&iacute;a huir?</p>
<p><br /> <br /> <br /> <strong>LA POQUEDAD DEL HOMBRE</strong><br /> <br /> Sobre esta hoja blanca el sol escribe,<br /> mi mano borra.</p>
<p><br /> <br /> <br /> <strong>PARTEN LOS PESCADORES</strong><br /> <br /> Las ropas al viento ondean en los balcones<br /> sobre la curva del puerto. Una inquieta<br /> blanca asamblea<br /> de s&aacute;banas y camisas<br /> saluda a los pescadores que parten.<br /> Las ropas a secar<br /> son el lecho y la mujer.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 23 Mar 2017 09:00:02 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA rinde homenaje a Luis Landero]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-rinde-homenaje-a-luis-landero/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2017/landero500.jpg" alt="" /></p>
<p class="Textoindependiente21">El escritor Luis Landero es el gran protagonista del nuevo n&uacute;mero de la revista cultural TURIA. Un total de 12 autores de distintos pa&iacute;ses participan en un atractivo monogr&aacute;fico que permitir&aacute; a los lectores conocer m&aacute;s y mejor las claves de su obra y su personalidad. Se trata de una aproximaci&oacute;n plural, sugerente y completa al autor que nos fascin&oacute; con novelas como &ldquo;Juegos de la edad tard&iacute;a&rdquo; y que contin&uacute;a haci&eacute;ndolo con su reciente &ldquo;La vida negociable&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Sin duda, Landero es un autor que merece un lugar de honor en las letras espa&ntilde;olas de nuestra &eacute;poca y cuyos libros alientan la pasi&oacute;n lectora m&aacute;s all&aacute; de las modas. &ldquo;Landero &ndash;reconoce Elvire Gomez-Vidal, hispanista francesa que ha coordinado el monogr&aacute;fico- ha sabido crear un universo novelesco propio que deslumbra, despierta la curiosidad del lector, y lo alienta a relecturas por los descubrimientos sucesivos de datos, ideas, hilos narrativos que no hab&iacute;a captado en un primer momento&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Este n&uacute;mero de TURIA en homenaje a Luis Landero ser&aacute; presentado por el poeta &Aacute;lvaro Valverde en su Extremadura natal, concretamente en la ciudad de Badajoz, el pr&oacute;ximo d&iacute;a 28 de marzo y en el Museo Extreme&ntilde;o e Iberoamericano de Arte Contempor&aacute;neo (MEIAC). Cuando se cumplen 30 a&ntilde;os de la publicaci&oacute;n de su primer cuento en la revista, TURIA quiere rendirle homenaje a trav&eacute;s de un original e imprescindible acercamiento a su vida y obra elaborado por 14 destacados autores y especialistas que aportan interesantes textos in&eacute;ditos.</p>
<p class="Textoindependiente21">&ldquo;Lograr que literatura y vida se confundan, que lleguen a ser la misma cosa, que puedan ser&nbsp; afrontadas con el mismo sentimiento de realidad y de plenitud es el af&aacute;n que Luis Landero persigue con su obra&rdquo;, asegura la profesora argentina Anal&iacute;a V&eacute;lez de Villa. Y es que, en el monogr&aacute;fico que TURIA dedica a Landero, encontraremos textos originales de estudiosos de su obra procedentes no s&oacute;lo de Espa&ntilde;a sino de universidades de pa&iacute;ses como Francia, Argentina o Estados Unidos. Un dato que confirma a&nbsp; Landero como uno de nuestros escritores m&aacute;s reconocidos, traducidos y le&iacute;dos internacionalmente.&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Para Fernando Valls, &ldquo;si la primera letra del alfabeto literario de Luis Landero es la C de Cervantes, la segunda quiz&aacute; sea la K de Franz Kafka&rdquo;. Por otro lado, y seg&uacute;n Luis Beltr&aacute;n Almer&iacute;a, m&aacute;s all&aacute; de la tendencia de Landero al autobiografismo, a elementos de educaci&oacute;n, al cervantismo, hay que subrayar que es un &ldquo;autor de novelas biogr&aacute;ficas, de novelas de educaci&oacute;n o de novelas humor&iacute;sticas&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Entre los art&iacute;culos in&eacute;ditos que TURIA publica sobre Landero, sobresale el texto del tambi&eacute;n escritor extreme&ntilde;o Gonzalo Hidalgo Bayal: &ldquo;El h&eacute;roe y sus heter&oacute;nimos&rdquo;. En &eacute;l reconoce que no hay mejor gu&iacute;a de lectura que &ldquo;aventurarse en los escritos de Landero con la avidez y la inocencia del lector af&iacute;n&rdquo;. No obstante, para Hidalgo Bayal &ldquo;la obra de Landero es, sin duda, m&aacute;s ambiciosa, pero es tambi&eacute;n la memoria literaria de la dif&iacute;cil aclimataci&oacute;n del siglo XIX rural en el siglo XX urbano, del ensamblaje de esos dos mundos en v&iacute;as de desaparici&oacute;n, si es que &lsquo;en v&iacute;as&rsquo; no es una locuci&oacute;n en exceso optimista y estamos en realidad a estas alturas ante el emotivo testimonio de dos mundos extintos&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Adem&aacute;s, la revista publica una amplia conversaci&oacute;n en exclusiva con el autor de &ldquo;Juegos de la edad tard&iacute;a&rdquo;, realizada por la periodista Emma Rodr&iacute;guez. En ella, Landero nos dir&aacute; que &ldquo;la cultura ha pasado a ser un suburbio del entretenimiento&rdquo;. Y tambi&eacute;n que &ldquo;no hay nada peor que la complacencia para un escritor&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Completan el monogr&aacute;fico un ensayo in&eacute;dito del propio Landero, &ldquo;Devaneos de lector&rdquo; y una exhaustiva biocronolog&iacute;a elaborada por Alfonso Ruiz de Aguirre.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>UN ATRACTIVO Y PLURAL CAT&Aacute;LOGO DE LECTURAS</strong></p>
<p>Adem&aacute;s del gran monogr&aacute;fico dedicado a Luis Landero, el nuevo n&uacute;mero de TURIA brinda un sugerente y plural aproximaci&oacute;n a las letras extreme&ntilde;as actuales con la presencia de 25 autores de calidad contrastada que confirman la buena salud creativa de este territorio. No en vano, el sumario de la revista se inicia con un art&iacute;culo sobre la obra de Javier Cercas.</p>
<p>Otros nombres propios de la literatura espa&ntilde;ola actual que aportan sus in&eacute;ditos a esta entrega de TURIA son Andr&eacute;s Trapiello, Manuel Longares, Ana Rossetti, Jordi Doce, Javier Lostal&eacute; o Jorge Riechmann.</p>
<p>Asimismo, las p&aacute;ginas de la revista se enriquecen con textos in&eacute;ditos de importantes autores internacionales. As&iacute;, TURIA da a conocer 25 epigramas del mexicano Carlos D&iacute;az Duf&oacute;o hijo, todo un c&eacute;lebre raro de las letras latinoamericanas.</p>
<p>Tambi&eacute;n TURIA ofrece a los lectores una breve antolog&iacute;a po&eacute;tica del portugu&eacute;s Manuel Ant&oacute;nio Pina. Estudiados y traducidos por Antonio S&aacute;ez Delgado, profesor de la Universidad de &Euml;vora, los poemas de Pina lo avalar&iacute;an como un escritor total que merece ser descubierto en espa&ntilde;ol y que certifica la rica creatividad literaria del pa&iacute;s vecino.</p>
<p>TURIA brinda adem&aacute;s la posibilidad de disfrutar con la lectura de un fragmento del nuevo ensayo del prestigioso intelectual italiano Luciano Canfora: &ldquo;Libro y libertad&rdquo;, un texto apasionante y sorprendente sobre el poder del libro y la lucha entre el libro y el poder.</p>
<p>Menci&oacute;n destacada en el sumario de la revista merece un sugerente art&iacute;culo sobre los relatos de la norteamericana Lorrie Moore, una escritora que seg&uacute;n el profesor de la Universidad de Oviedo Javier Garc&iacute;a Rodr&iacute;guez, &ldquo;es un buen ejemplo de la &ldquo;calidad y variedad de la cuent&iacute;stica norteamericana contempor&aacute;nea&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Especialmente recomendables son las dos reveladoras y extensas entrevistas exclusivas que TURIA publica con dos destacados escritores espa&ntilde;oles de nuestros d&iacute;as: Rosa Montero y Gonzalo Hidalgo Bayal. Ella, con una acreditada trayectoria como periodista, es tambi&eacute;n &nbsp;una &nbsp;de &nbsp;las &nbsp;autoras &nbsp;m&aacute;s poli&eacute;dricas y le&iacute;das. La autora de &ldquo;La carne&rdquo; opina en la entrevista que &ldquo;las novelas nacen del mismo lugar que los sue&ntilde;os&rdquo; y se muestra muy preocupada por al situaci&oacute;n actual de los medios de comunicaci&oacute;n: &ldquo;en las actuales condiciones, aun siendo un genio, es imposible hacer buen periodismo. Y, para rematar, los medios andan entrampados con los bancos, por lo que pierden libertad y no s&oacute;lo eso: desesperados, apuestan por temas absurdos y sensacionalistas&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">De Gonzalo Hidalgo Bayal se ha dicho que es uno de esos grandes escritores escondidos y centrados en su obra, lejos del espect&aacute;culo medi&aacute;tico. Quien durante a&ntilde;os diera clases en un instituto de secundaria, duda que la ense&ntilde;anza pueda crear lectores literarios: &ldquo;El momento en que alguien se hace lector convulso solo depende de ese alguien. No se puede ense&ntilde;ar. Muchos leen empujados en el instituto y, cuando deben ser aut&oacute;nomos, se retiran. Yo lo comparo a la Primera Comuni&oacute;n: se preparan, la hacen y no vuelven a misa ni a comulgar ni a confesarse&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA ha conseguido convertirse, tras m&aacute;s de 33 a&ntilde;os de trayectoria,&nbsp; en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. Tiene difusi&oacute;n nacional e internacional por suscripci&oacute;n y por sus p&aacute;ginas han pasado m&aacute;s de mil autores de diversas procedencias est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas, lo que da idea de la riqueza y pluralidad de sus contenidos. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>
<p class="Textoindependiente21">De periodicidad cuatrimestral, TURIA tiene una edici&oacute;n en papel y otra&nbsp; digital (web y Facebook). Est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel y cuenta con el patrocinio&nbsp; del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este nuevo n&uacute;mero ha contado tambi&eacute;n con el apoyo de la Junta de Extremadura, la Diputaci&oacute;n de Badajoz y la Fundaci&oacute;n Caja Badajoz.</p>
<p class="Textoindependiente21" align="center">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21" style="text-align: left;" align="center"><strong>UN IN&Eacute;DITO DE LUIS LANDERO: &ldquo;DEVANEOS DE LECTOR&rdquo;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">El nuevo n&uacute;mero TURIA publica un sugestivo ensayo in&eacute;dito de Luis Landero, titulado &ldquo;Devaneos de lector&rdquo; y del que ofrecemos el siguiente fragmento:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Yo, en principio, quer&iacute;a hablaros de las cosas peque&ntilde;as de la literatura. Por eso me compr&eacute; un cuadernito donde escribir algo sobre la fascinaci&oacute;n literaria que ejercen sobre m&iacute; los detalles. Yo amo los detalles, como escritor, como lector, como profesor. Pero no el detalle aislado y un tanto gratuito (el brillo de una frase, por ejemplo, o la mera ingeniosidad), sino el detalle capaz de crear un personaje, o una atm&oacute;sfera, o de atrapar alg&uacute;n matiz ins&oacute;lito del alma o de la realidad exterior, el detalle narrativamente potente, significativo, de esos que leemos una vez y ya no olvidamos nunca.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si nos fijamos, tambi&eacute;n la memoria, en la vida real, funciona as&iacute;, con detalles cargados de sugerencia, de significados. Recordamos un olor, un sabor, un rostro, la pesadumbre de una lejana tarde de lluvia, el sonido de una campana, y a veces es solo una sensaci&oacute;n casi inefable, una sensaci&oacute;n que es la experiencia destilada en el alma y hecha ya sentimiento. A veces vivimos sucesos importantes, y al final lo que queda son detalles que no parec&iacute;an destinados a perpetuarse, detalles un tanto caprichosos, y gracias a los cuales podemos reconstruir nuestro pasado. Yo me acuerdo que en 1971 fui a Argel a tocar la guitarra con un grupo flamenco. Nos recibi&oacute; el presidente Bumediam en el &ldquo;Palais du Peuple&rdquo;, y hubo otros hechos memorables que no vienen al caso. Pero el recuerdo m&aacute;s tenaz, m&aacute;s v&iacute;vido, es el de unos ni&ntilde;os que, en una plaza enfrente del palacio, disparaban con tirachinas a los p&aacute;jaros que empezaban a acomodarse en los &aacute;rboles para dormir. No hace falta citar a Proust ni a Antonio Machado para saber que la memoria es po&eacute;tica, y lo es por la depuraci&oacute;n y selecci&oacute;n imprevisibles que hace de nuestras vivencias.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me pregunto qu&eacute; huellas quedar&aacute;n en nosotros de este d&iacute;a en que escribo estas l&iacute;neas, o en que t&uacute;, lector, las est&aacute;n leyendo, dentro de diez o quince a&ntilde;os, si es que vivimos para recordarlo. Lo m&aacute;s probable es que permanezca vinculada a alg&uacute;n detalle menor, del que en este momento acaso no somos ni siquiera conscientes. Lo que s&iacute; s&eacute; es que en ese detalle estar&aacute; para entonces el embri&oacute;n de un poema, si sabemos escribirlo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y eso, claro est&aacute;, ocurre tambi&eacute;n en los libros. Leemos libros magn&iacute;ficos, y &iquest;qu&eacute; queda de la lectura al cabo de los a&ntilde;os? Determinadas escenas, determinados detalles. Y de eso es de lo que yo quer&iacute;a hablar: de los mejores despojos de mi naufragio de lector.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el borrador que hice para este breve ensayo, que en realidad aspira a ser una charla amigable del lector que yo soy con el lector que me lee a m&iacute;, empec&eacute; a apuntar algunos y, no s&eacute; por qu&eacute;, cuando me di cuenta, llevaba media docena y todos estaban relacionados con alg&uacute;n personaje femenino. Entonces decid&iacute; hablar de algunas de las mujeres que m&aacute;s me han seducido en la literatura. No voy a hacer, desde luego, una relaci&oacute;n exhaustiva de mi donjuanismo literario, porque eso (con perd&oacute;n) ser&iacute;a el cuento de nunca acabar, sino solo de las que se me vayan viniendo a la cabeza durante el tiempo que dure este vagabundeo por mi memoria literaria.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si a m&iacute; me concediesen el don de convertirme en una criatura literaria, yo elegir&iacute;a ser el rey Shariar. Este es uno de los hombres m&aacute;s afortunados que hayan existido nunca, porque se cas&oacute; con una joven muy bella, que adem&aacute;s ten&iacute;a en su casa un mill&oacute;n de libros, y los hab&iacute;a le&iacute;do y los hab&iacute;a memorizado todos, y era la mejor contadora de historias de la que los siglos tienen noticias. Se llamaba Scherazade, claro est&aacute;, y yo creo que solo hay un hombre que la hubiese merecido de verdad: don Quijote. A la mejor narradora hay que casarla con el mejor lector. Hubieran sido las criaturas m&aacute;s felices del mundo. &iquest;C&oacute;mo ser&iacute;a la voz de Scherazade? Yo me la imagino c&aacute;lida, viva, insinuante, capaz de muchos matices, y desde luego muy seductora. Scherazade salva la vida gracias a su talento narrativo. En las <em>Mil y una noches</em> hay bastantes personajes que salvan el pellejo gracias a que se saben una buena historia. Los reyes m&aacute;s crueles se vuelven magn&aacute;nimos cuando alguien los embauca con un relato bien urdido. No dicen: &ldquo;La bolsa o la vida&rdquo;, sino: &ldquo;El cuento o la vida&rdquo;. Y es que las palabras, cuando est&aacute;n bien puestas una detr&aacute;s de otra, tienen un gran poder. Celestina embrolla a sus v&iacute;ctimas con palabras, y esa es su mejor magia. Don Quijote y Emma Bovary pierden el sentido de la realidad cotidiana, y fundan otra imaginaria, porque son lectores que tambi&eacute;n sucumben al hechizo de los relatos. Hasta Sancho, para no quedarse solo en la noche temerosa de los batanes, retiene a su amo con el se&ntilde;uelo de un cuento extravagante. Otelo seduce a Desd&eacute;mona con palabras; Iago envenena el alma de Otelo con palabras; Otelo se entrega al placer morboso y terrible de convertir a su mujer en una puta, y todo gracias al poder de las palabras. Todos se cuentan historias y todos acaban siendo destruidos por las historias.&rdquo;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>&nbsp;</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 16 Mar 2017 09:54:45 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Alemania]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/alemania/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/marzo/LUIS_ALBERTO_DE_CUENCA_4.jpg" alt="" /></p>
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<p>De las mitolog&iacute;as que inventaron los hombres</p>
<p>para explicar el mundo, prefiero la germ&aacute;nica,</p>
<p>que es la m&aacute;s divertida &mdash;y terrible&mdash; de todas.</p>
<p>Pero, como el Marqu&eacute;s de Bradom&iacute;n, detesto</p>
<p>a Wagner, que en sus &oacute;peras traicion&oacute; las ra&iacute;ces</p>
<p>sagradas de la&nbsp;<em>Deutschtum</em>, convirti&eacute;ndolas</p>
<p>en pasto para&nbsp;<em>snobs</em>&nbsp;e hipernacionalistas.</p>
<p>En todo lo dem&aacute;s soy german&oacute;filo.</p>
<p>El&nbsp;<em>Minnesang</em>, Von Eschenbach, el&nbsp;<em>Nibelungenlied</em>,</p>
<p>Hans Sachs, el&nbsp;&nbsp;<em>Cherubinischer Wandersmann</em>&nbsp;de Silesius,</p>
<p>Jacob y Wilhelm Grimm, el viejo Goethe, Hoffmann,</p>
<p>Von Kleist, Wiene, Murnau, Fritz Lang, Von B&aacute;ky, Altdorfer, Gr&uuml;newald, Friedrich..., son dioses de mi Walhalla</p>
<p>privado, talismanes que protegen mi paso</p>
<p>por este mundo, iconos a los que venerar.</p>
<p>Por eso me fastidia el antigermanismo</p>
<p>reinante, como si la cultura germ&aacute;nica</p>
<p>fuese la de la esv&aacute;stica y la barbarie nazi</p>
<p>y no el fruto de siglos de f&eacute;rtil mestizaje</p>
<p>que dieron a luz gente como Kafka, Brahms, Heine</p>
<p>y tantos otros nombres que Hitler detestaba.</p>
<p>La verdad es que siento a Alemania muy dentro</p>
<p>de m&iacute;, como algo propio, familiar, entra&ntilde;able.</p>
<p>No s&eacute; por qu&eacute; ser&aacute;, pero es as&iacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 09 Mar 2017 08:36:11 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Turia entrevista a fondo a Rosa Montero: "las novelas nacen del mismo lugar que los sueños"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-entrevista-a-fondo-a-rosa-montero-las-novelas-nacen-del-mismo-lugar-que-los-suenos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2017/ROSA_MONTERO.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 1</p>
<p>Rosa Montero&nbsp; y Gonzalo Hidalgo Bayal forman, sin duda, una extra&ntilde;a pareja por las diferencias que los separan, pero ambos comparten un valioso v&iacute;nculo: son dos de los m&aacute;s relevantes escritores espa&ntilde;oles de nuestros d&iacute;as. Ella, con una acreditada trayectoria como periodista, es tambi&eacute;n una de las autoras m&aacute;s poli&eacute;dricas y le&iacute;das. &Eacute;l ha ejercido como docente en secundaria y ha construido una obra de indiscutible calidad&nbsp; lejos de los cen&aacute;culos literarios. Ambos poseen biograf&iacute;as y obras muy s&oacute;lidas, valiosas e indiscutibles dentro de la literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea. De ah&iacute; que la revista TURIA no haya dudado, en su nuevo n&uacute;mero que se distribuir&aacute; este mes de marzo, en dedicarles a cada uno de ellos sendas entrevistas a fondo y en exclusiva.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tanto Rosa Montero como Gonzalo Hidalgo Bayal conversan con Fernando del Val&nbsp; acerca de un amplio repertorio de temas de inter&eacute;s. As&iacute;, con la periodista y escritora hablamos sobre el sexo y la muerte, la novela y la madurez. Igualmente analizamos el presente y el futuro de los medios de comunicaci&oacute;n, el papel de Europa o el actual cuestionamiento de la democracia. Por lo que se refiere a la entrevista con el profesor y autor de &ldquo;Nemo&rdquo;, repasamos sus devociones literarias: Kafka, Faulkner, Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez o Rafael S&aacute;nchez Ferlosio. Se habla tambi&eacute;n de Bu&ntilde;uel y de la trist&iacute;sima realidad que mostr&oacute; en &ldquo;Las Hurdes, tierra sin pan&rdquo;, de la situaci&oacute;n de la ense&ntilde;anza o de la atracci&oacute;n que siente hacia las ruinas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ROSA MONTERO: &ldquo;LOS MEDIOS DE COMUNICACI&Oacute;N ESTAMOS INSTALADOS EN EL DESASTRE, PERO ALBERGO ESPERANZA&rdquo;</p>
<p>En la amplia conversaci&oacute;n con Rosa Montero (Madrid, 1951) que publica TURIA &nbsp;descubriremos a una autora que est&aacute; &ldquo;harta de ser periodista&rdquo; y que reconoce que &ldquo;en periodismo hablas de lo que sabes y en ficci&oacute;n de lo que no sabes que sabes&rdquo;. Sin embargo, sus lectores la admiramos porque, como afirma su entrevistador, ella siempre &ldquo;sabe qu&eacute; quiere decir, y c&oacute;mo, no hace falta que nadie le d&eacute; pie. Y sabe, sobre todo, que la libertad es un don que no se halla entre las cosas sino muy por encima; en eso se parece a la claridad&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Confiesa Rosa Montero que, para ella, &ldquo;escribir es un camino zen&rdquo; y que &ldquo;la libertad tiene que ver con dejar circular el inconsciente. Las novelas nacen del mismo lugar que los sue&ntilde;os&rdquo;. La autora, reconoce que cada vez practica una literatura m&aacute;s mestiza: &ldquo;la novela de hoy intenta reflejar la realidad, y yo la veo mezclada de fantas&iacute;a y divulgaci&oacute;n&rdquo;. Adem&aacute;s, &ldquo;de la uni&oacute;n de lo fant&aacute;stico y lo real sale la realidad. Cervantes fue el primero en darse cuenta. Lo que &eacute;l hizo repercuti&oacute; en todos&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para&nbsp; la&nbsp; autora&nbsp; de&nbsp; t&iacute;tulos&nbsp; como&nbsp; &ldquo;La&nbsp; rid&iacute;cula&nbsp; idea&nbsp; de no volver a verte&rdquo; o &ldquo;La carne&rdquo;, &ldquo;la gente carga el amor de cosas que no son. Lo hemos trascendentalizado&rdquo;. Y respecto al sexo nos dir&aacute;: &ldquo;no me cabe la menor duda de que el sexo es una v&iacute;a de conocimiento de primer orden, al nivel de cualquier otra &ndash;una conversaci&oacute;n profunda, por caso-. No a la primera, pero s&iacute; una forma r&aacute;pida y efectiva de conocer una parte muy &iacute;ntima del otro, y no hablo de la desnudez, sino de su manera de ser&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Rosa Montero, que empez&oacute; a trabajar como periodista a los 19 a&ntilde;os, asegura que &ldquo;en las actuales condiciones, aun siendo un genio, es imposible hacer buen periodismo. Y, para rematar, los medios andan entrampados con los bancos, por lo que pierden libertad y no s&oacute;lo eso: desesperados, apuestan por temas absurdos y sensacionalistas. Estamos instalados en el desastre. Pero albergo esperanza&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Preguntada por el papel de Europa y la crisis de las democracias occidentales, Rosa Montero se muestra contundente: &ldquo;Europa ha sido un andrajo toda la vida. Somos unos cobardes&rdquo;. Adem&aacute;s reconoce que &ldquo;vivimos la mayor crisis de legitimidad que ha habido. Hay que refundar el sistema porque fuera de la democracia lo que hay es llanto y crujir de dientes, y a eso vamos&rdquo;. Por &uacute;ltimo, muestra su simpat&iacute;a por la canciller alemana Angela Merkel: &ldquo;es el &uacute;nico l&iacute;der que ha arriesgado su credibilidad para ayudar. Hay que preguntarse por qu&eacute; no representamos una opci&oacute;n atractiva y democr&aacute;tica&rdquo;. &nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>GONZALO HIDALGO BAYAL: &ldquo;DUDO QUE LA ENSE&Ntilde;ANZA PUEDA CREAR LECTORES LITERARIOS&rdquo;</p>
<p>De Gonzalo Hidalgo Bayal (Higuera de Albalat, C&aacute;ceres, 1950), se ha dicho que es uno de los &ldquo;Bartlebys&rdquo; de nuestra narrativa, de esos escritores escondidos centrados en su obra y alejados del espect&aacute;culo medi&aacute;tico. Su entrevistador dice de &eacute;l en TURIA que &ldquo;tiene los ojos sucios de lecturas y limpia la mirada&rdquo;. Es la suya &ldquo;una lucidez rayana en el humor de quien sabe, contra la m&aacute;xima, que querer no es poder, y que el humor no tiene que ver con la jocosidad&rdquo;. Tambi&eacute;n cree Hidalgo Bayal que &ldquo;nos configura lo que leemos&rdquo; y que &ldquo;al cumplir a&ntilde;os, la vida se degrada y te proporciona una perspectiva esc&eacute;ptica o indiferente&rdquo;. Por otra parte, &ldquo;venir de fuera propicia ver lo que los propios no ven&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quien durante a&ntilde;os diera clases en un instituto de secundaria, duda que la ense&ntilde;anza pueda crear lectores literarios: &ldquo;El momento en que alguien se hace lector convulso solo depende de ese alguien. No se puede ense&ntilde;ar. Muchos leen empujados en el instituto y, cuando deben ser aut&oacute;nomos, se retiran. Yo lo comparo a la Primera Comuni&oacute;n: se preparan, la hacen y no vuelven a misa ni a comulgar ni a confesarse&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Preguntado por aquellos primeros deslumbramientos que tuvo como lector y escritor no duda en reconocerse juanramoniano y ferlosiano, y que &ldquo;Faulkner me hizo pasar de los endecas&iacute;labos a la prosa&rdquo;. Asegura tambi&eacute;n que Kafka te puede afectar personalmente y que &ldquo;si no hay nada que aportar, mejor callarse&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>TURIA posee el Premio Nacional al Fomento de la Lectura y es, con sus m&aacute;s de 30 a&ntilde;os de trayectoria, una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. Su edici&oacute;n en papel tiene una periodicidad cuatrimestral y, en cada entrega, publica 500 p&aacute;ginas de textos in&eacute;ditos que sirven para tomar el pulso a la creatividad literaria nacional e internacional. Cuenta tambi&eacute;n con una versi&oacute;n digital (web y Facebook) muy apreciada por los lectores.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 09 Mar 2017 07:24:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aquello era realmente música]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/aquello-era-realmente-musica/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2017/ALMUDENA_S_NCHEZ_-_LA_AC_STICA_DE_LOS_IGL_S.jpg" alt="" /></p>
<p class="CuerpoA">Las citas de los maestros con las que comienza un libro nos dan ya indicios de sus analog&iacute;as. Son su contrase&ntilde;a de entrada. El autor las coloca en el umbral de su obra como si se tratase de exvotos para que el lector perciba los primeros atisbos de lo que hallar&aacute; en sus p&aacute;ginas, de las f&aacute;bulas y personajes que habitan ese <em>locus</em> que va a recorrer con los ojos y con la imaginaci&oacute;n. <em>La ac&uacute;stica de los igl&uacute;s</em>, primer libro de relatos<em> </em>de la autora mallorquina Almudena S&aacute;nchez, da comienzo con estas dos citas: "Hay algo de lo que no nos curamos, y de lo que no nos curaremos nunca", Natalia Ginzburg y "Hablar es un acto de desesperaci&oacute;n", Eloy Tiz&oacute;n.</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">Natalia Ginzburg alude con sus palabras al mal individual de la creaci&oacute;n, ese mal alojado en alg&uacute;n lugar entre la cabeza y el coraz&oacute;n que reverbera con un ruido propio. Experiencias, personajes e historias viajan en el pensamiento creativo como voces de fantasmas en una campana de cristal o en un refugio de hielo. Se trata de un mal autoinmune e incurable que solo halla alivio en el acto de escribir en esa "lengua extranjera" &mdash;recordando a Proust&mdash; que es la literatura. Una lengua que se parece a la que hablamos pero que es susceptible de cambiar de color y de naturaleza cuando el escritor sufre ese momento de tribulaci&oacute;n o de &eacute;xtasis que le permite expresar su &ldquo;mal&rdquo; en un tizoniano acto desesperado. Esto es lo que nos anuncia Almudena S&aacute;nchez con sus citas. Que se propone hablar de aquella m&uacute;sica incesante que lleva dentro. Y que lo har&aacute; de manera libre y gozosa, creando im&aacute;genes de otro mundo, de un mundo original, viajero, solitario, rec&oacute;ndito, gal&aacute;ctico, musical e indomable. As&iacute; habla un personaje en uno de los relatos: &ldquo;Seguro que aquello era realmente m&uacute;sica. Aquello se o&iacute;a de lejos, como pasa con los susurros y con algunos pensamientos: hay que aguzar bien la mirada para que se aguce de forma simult&aacute;nea el o&iacute;do. Hay que agudizar el tacto, para que se aguce el aparato respiratorio o para reactivar, de una vez por todas, el diafragma. Hay que aguzar el olfato para pronosticar algunos d&iacute;as de mucha, much&iacute;sima lluvia&rdquo;.</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">Hay en los relatos de Almudena S&aacute;nchez confluencias y homenajes a la narrativa de Clarice Lispector. Comparten ambas el erotismo, el inter&eacute;s por episodios de la infancia, el dolor del pasado, pero tambi&eacute;n el goce de las peque&ntilde;as felicidades clandestinas en medio de un mundo de frustraciones y enfermedad: &ldquo;Se pulsa un bot&oacute;n y la vida se enciende&rdquo;, dice Clarice Lispector. &ldquo;La muerte nos despide con los ojos abiertos&rdquo;, dice Almudena S&aacute;nchez.</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">En los relatos de Lispector hay un zool&oacute;gico emblem&aacute;tico y real, de animales que nos miran con amor o con odio. En los de S&aacute;nchez los animales huelen la enfermedad prematura y la olfatean con gusto, con placer o con rabia: &ldquo;Quer&iacute;a saber hasta qu&eacute; punto los animales detectaban mi enfermedad. El zoo estaba en calma. Los elefantes se mov&iacute;an en el espacio raqu&iacute;tico de veinte metros cuadrados, y aunque yo me acercaba con cautela, como otro animal herido, para que me olfatearan, no me hac&iacute;an demasiado caso. La fauna segu&iacute;a su curso, entre bambalinas, comiendo pescado y moras, acical&aacute;ndose, relamiendo un tronco &aacute;rido casi seco y pisando charcos de barro. Los delfines saltaban encasillados. &iquest;Existe un salto m&aacute;s triste y m&aacute;s aplaudido que el del delfin?&rdquo;</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">En las lecciones que Italo Calvino se propon&iacute;a dar en Harvard, a finales de los ochenta, el maestro apuntaba ciertas caracter&iacute;sticas y tendencias del cuento a partir de las cuales los autores desarrollaban su propia gram&aacute;tica literaria, o si se prefiere, su propia visi&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica, filos&oacute;fica y est&eacute;tica del cuento. Como consecuencia de esas gram&aacute;ticas propias, desde finales del siglo veinte se ha producido una hibridaci&oacute;n de g&eacute;neros en la narrativa breve. Un difuminado y hasta borrado de fronteras entre lo fant&aacute;stico y lo realista.</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">A <em>La ac&uacute;stica de los igl&uacute;s</em> no le sientan bien las etiquetas, o al menos las etiquetas excluyentes. Porque se trata de un libro con elementos fant&aacute;sticos y un sustrato bien pegado a tierra. En sus p&aacute;ginas se habla de la enfermedad, la muerte, la precariedad, el desempleo, el menosprecio a la cultura, la filosof&iacute;a agonizante, la disciplina, el despertar sexual, los miedos, los deseos, la necesidad de fingir, la supervivencia&hellip; Son relatos de ideas &aacute;giles que ocurren en coordenadas espacio-temporales no siempre ajustadas a la l&oacute;gica real: carreteras que conducen a ninguna parte, arenas movedizas, un sat&eacute;lite en alg&uacute;n lugar de la galaxia, telef&eacute;ricos que dan la vuelta al mundo... Relatos de im&aacute;genes memorables, del alta fantas&iacute;a, llenas de analog&iacute;as y contraposiciones. Mundos de potente cromatismo, con m&uacute;ltiples y trabajadas capas de significado, de complejidad tan atractiva como enigm&aacute;tica, en los que se aprecia una fijaci&oacute;n obsesiva por los peque&ntilde;os detalles y un inter&eacute;s meticuloso por la fragmentaci&oacute;n de tiempo y escenas.</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">En las narraciones de <em>La ac&uacute;stica de los igl&uacute;s</em> confluyen un raro existencialismo y la mejor literatura del absurdo. Son historias marcadas por el humor&nbsp;y la sorpresa como elementos para denunciar situaciones sociales o para reflexionar sobre cuestiones vitales de manera discontinua, pero persistente. Con frecuencia encontramos en ellas pensamientos expresados a la manera certera y sugerente de los aforismos: &ldquo;En el hospital, se tiene una visi&oacute;n amplia de nuestros alrededores. Como si la enfermedad, en esencia, incluyera unos prism&aacute;ticos&rdquo;. &ldquo;Los sue&ntilde;os son recuerdos art&iacute;sticos&rdquo;.&nbsp; &ldquo;Hay momentos en que el deseo se torna desafiante y pegajoso&rdquo;.</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">En el universo ac&uacute;stico de Almudena S&aacute;nchez todo sucede como en un falso cuento de hadas, cuya luminosidad se degrada a medida que avanzan los miedos, los reveses y los naufragios. Sus escenarios pl&aacute;sticos y cinematogr&aacute;ficos, de misteriosas claves, engranajes secretos y tiernas im&aacute;genes nos hacen sentir el raro hechizo de una sala de cine a oscuras.</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">A Borges y luego a Piglia debemos el concepto de <em>lector c&oacute;mplice</em>, el lector como parte integradora en la construcci&oacute;n y desarrollo de la historia. Un lector predispuesto a lo l&uacute;dico en la lectura, colaborador en su interpretaci&oacute;n y su mensaje, si el relato es lo suficientemente sugerente como para suscitar en &eacute;l reacciones emocionales de cualquier signo. <em>La ac&uacute;stica de los igl&uacute;s</em> tampoco admite lecturas indiferentes, solo los lectores c&oacute;mplices podr&aacute;n disfrutar enteramente de sus relatos.</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">Tras leer <em>La ac&uacute;stica de los igl&uacute;s</em>, me vienen a la cabeza las siguientes palabras de Miranda July, escritora, guionista y cineasta norteamericana: &ldquo;En el arte tienes que quedarte ah&iacute; colgado, no sabes qu&eacute; est&aacute;s haciendo y de repente todo da un giro y llega el significado y la conexi&oacute;n. Tienes que hacer el trabajo de todos modos con una devoci&oacute;n que roza el rito y luego algo ocurre, como en un matrimonio. Al final todo tiene que ver con el esfuerzo, as&iacute; es como funcionan las cosas&rdquo;.&nbsp; Y realmente funcionan.</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
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<p class="CuerpoA">Almudena S&aacute;nchez, <em>La ac&uacute;stica de los igl&uacute;s</em>, Barcelona, Caballo de Troya, 2016.</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>
<p class="CuerpoA">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 03 Mar 2017 13:37:05 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Turia publica inéditos de escritores de México, Portugal, Italia y USA]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-publica-ineditos-de-escritores-de-mexico-portugal-italia-y-usa/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2017/lorrie500.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>LA REVISTA INCLUYE EN SU NUEVO N&Uacute;MERO TEXTOS DE </strong></p>
<p><strong>CARLOS D&Iacute;AZ DUF&Oacute;O, MANUEL ANT&Oacute;NIO PINA, LUCIANO CANFORA </strong></p>
<p><strong>Y SOBRE LORRIE MOORE</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>La revista cultural TURIA publica, en su nuevo n&uacute;mero que se distribuir&aacute; este mes de marzo en Espa&ntilde;a y otros pa&iacute;ses, un sumario repleto de interesantes textos in&eacute;ditos de destacados escritores internacionales. No en vano TURIA siempre ha cre&iacute;do en la universalidad de la cultura, de ah&iacute; que en sus sumarios venga llevando a cabo un permanente ejercicio de mestizaje, de integraci&oacute;n, que supera toda tentaci&oacute;n aislacionista o favorable a establecer falsas fronteras a la creatividad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>As&iacute;, TURIA da a conocer 25 epigramas del mexicano Carlos D&iacute;az Duf&oacute;o hijo, todo un c&eacute;lebre raro de las letras latinoamericanas. Y es que este escritor de vida breve (naci&oacute; en Ciudad de M&eacute;xico en 1888 y se suicid&oacute; en la misma urbe cuando contaba con 44 a&ntilde;os) se ha convertido en referente de sucesivas generaciones de lectores y escritores como autor de unos magistrales &ldquo;Epigramas&rdquo; que, como bien subraya Luis Mar&iacute;a Marina en su nota introductoria, constituyen &ldquo;una aut&eacute;ntica &eacute;tica del fracaso&rdquo;. Una opci&oacute;n que parece ser la &uacute;nica que la moral admite en estos tiempos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tambi&eacute;n TURIA ofrece a los lectores una breve antolog&iacute;a po&eacute;tica del portugu&eacute;s Manuel Ant&oacute;nio Pina. Estudiados y traducidos por Antonio S&aacute;ez Delgado, profesor de la Universidad de &Euml;vora, los poemas de Pina lo avalar&iacute;an como uno de los autores m&aacute;s genuinos y l&uacute;cidos de las letras portuguesas de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Un escritor total que merece ser descubierto en espa&ntilde;ol y que certifica la rica creatividad literaria del pa&iacute;s vecino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>TURIA brinda adem&aacute;s la posibilidad de disfrutar con la lectura de un fragmento del nuevo ensayo del prestigioso intelectual italiano Luciano Canfora: &ldquo;Libro y libertad&rdquo;, un texto apasionante y sorprendente sobre el poder del libro y la lucha entre el libro y el poder. Se trata de un anticipo del volumen que publicar&aacute; la editorial Siruela dentro de unos meses.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Menci&oacute;n destacada en el sumario de la revista merece un sugerente art&iacute;culo sobre los relatos de la norteamericana Lorrie Moore, uno de los nombres propios m&aacute;s relevantes de la narrativa de nuestros d&iacute;as. Bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Los relatos de Lorrie Moore o Bob Marley haciendo quimioterapia&rdquo;, el profesor de la Universidad de Oviedo Javier Garc&iacute;a Rodr&iacute;guez analiza la obra de una escritora que es un buen ejemplo de la &ldquo;calidad y variedad de la cuent&iacute;stica norteamericana contempor&aacute;nea&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>D&Iacute;AZ DUF&Oacute;O, UN PEQUE&Ntilde;O CL&Aacute;SICO DEL SIGLO XX</strong></p>
<p>Los epigramas de D&iacute;az Duf&oacute;o hijo, que TURIA publica ahora junto a su tambi&eacute;n &nbsp;imprescindible &nbsp;&ldquo;Di&aacute;logo &nbsp;contra &nbsp;el &nbsp;&eacute;xito &nbsp;literario&rdquo;, constituyen &nbsp;la &nbsp;obra &nbsp;maestra &nbsp;de &nbsp;&nbsp;un escritor cuya excentricidad, como bien subraya Luis Mar&iacute;a Marina en su nota introductoria, &ldquo;podr&iacute;a explicarse atendiendo s&oacute;lo a razones biogr&aacute;ficas&rdquo;. Pero hay mucho m&aacute;s: su jerarqu&iacute;a como peque&ntilde;o cl&aacute;sico del siglo XX va m&aacute;s all&aacute; de su dandismo, de su &nbsp;&nbsp;suicidio, de su pasi&oacute;n por la filosof&iacute;a, de su bibliofilia, de su exilio interior&nbsp; o de su condici&oacute;n de cuasi &aacute;grafo, pues s&oacute;lo se autopublic&oacute; un libro en vida. Lo importante en D&iacute;az Duf&oacute;o&nbsp; es constatar c&oacute;mo su breve obra supo interpretar el esp&iacute;ritu de su tiempo y presagiar el gusto por venir, tanto en la forma (lo fragmentario) como en el fondo (la elecci&oacute;n del fracaso como leit-motiv).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los epigramas de Duf&oacute;o mantienen su vigencia porque son textos clarividentes,&nbsp; capaces de reflejar la conciencia desgarrada y escindida de nuestro tiempos. Son epigramas que ponen voz a &ldquo;todo aquel que se afirma negando la estupidez de los tiempos&rdquo;. Y es que, seg&uacute;n asegura Duf&oacute;o en uno de sus celebrados escritos,&nbsp; la vida es &ldquo;Un continuo descontento para el que siempre hay causa. Una alegr&iacute;a continua para la que hay siempre raz&oacute;n. Llorar sin motivo y re&iacute;r sin por qu&eacute;&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>MANUEL ANTONIO PINA, UNA POES&Iacute;A ENTRE LA REALIDAD Y EL SUE&Ntilde;O</strong></p>
<p>Otro de los descubrimientos que TURIA brinda a sus lectores es el de la poes&iacute;a del portugu&eacute;s Manuel Ant&oacute;nio Pina (1943-2012). Ejemplo de escritor de m&uacute;ltiples registros y escasamente conocido en espa&ntilde;ol, Pina es autor de una obra l&iacute;rica que lo sit&uacute;a como una de las m&aacute;s relevantes voces de la poes&iacute;a portuguesa del &uacute;ltimo siglo.&nbsp; Y es que, seg&uacute;n la informada opini&oacute;n de su estudioso y traductor Antonio S&aacute;ez Delgado, este poeta, cronista, narrador, periodista, dramaturgo, traductor, autor de guiones&nbsp; de cine y televisi&oacute;n, de obras ilustradas y de literatura infanto-juvenil siempre intent&oacute; comprender el mundo a trav&eacute;s de un eje central: la poes&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A trav&eacute;s de los seis textos que TURIA publica, descubriremos c&oacute;mo &ldquo;la poes&iacute;a de Manuel Ant&oacute;nio Pina est&aacute; llena de emociones concretas que son, exactamente por ello, plenamente universales, que hablan de la experiencia del hombre no solo a partir de su propia vida real, sino tambi&eacute;n de la experiencia que el propio poema crea o recrea, gracias a la memoria y el intelecto como filtros de las emociones&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LUCIANO CANFORA Y EL PODER DEL LIBRO</strong></p>
<p>La revista TURIA publica este mes de marzo, en primicia en espa&ntilde;ol, un adelanto de las primeras p&aacute;ginas de &ldquo;Libro y libertad&rdquo;, el nuevo ensayo traducido del siempre inteligente y apasionado helenista Luciano Canfora. Este profesor italiano de filolog&iacute;a cl&aacute;sica en la Universidad de Bari es autor de una ampl&iacute;sima obra que ha contribuido en gran medida a renovar la visi&oacute;n de aspectos esenciales de la cultura de la antigua Grecia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Censura, quema de ejemplares, vol&uacute;menes &uacute;nicos, raros o so&ntilde;ados, biblioman&iacute;a y crimen, el poder del libro y la lucha entre el libro y el poder, la lectura como obsesi&oacute;n incontrolable, las bibliotecas como espejo de sus poseedores, de quienes las dise&ntilde;an o de aquellos que las imaginan, el ardiente furor por atesorar un cat&aacute;logo infinito o la docta ignorancia del bibliotecario profesional&hellip; Luciano Canfora nos ofrece en &ldquo;Libro y libertad&rdquo; una serie de amenas y eruditas reflexiones sobre el inagotable mundo de ese objeto que, como escribi&oacute; Umberto Eco, "es igual que la cuchara, el martillo, la rueda o las tijeras. Una vez se han inventado, no puede hacerse nada mejor&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LORRIE MOORE O EL MARAVILLOSO ARTE DE CONTAR HISTORIAS</strong></p>
<p>La norteamericana Lorrie Moore (Glens Falls, Nueva York, 1957) es una de las m&aacute;s brillantes narradoras de nuestros d&iacute;as. Con una obra en gran medida traducida ya al espa&ntilde;ol, TURIA se ocupa ahora de analizar las claves de su &eacute;xito a trav&eacute;s de un art&iacute;culo de Javier Garc&iacute;a Rodr&iacute;guez, experto conocedor de las letras de los USA. Y es que la autora de libros de relatos como &ldquo;P&aacute;jaros de Am&eacute;rica&rdquo;&nbsp; o &ldquo;Gracias por la compa&ntilde;&iacute;a&rdquo; sabe &ldquo;conjugar el paradigma culto con la cultura popular. Sabe tambi&eacute;n usar la distancia ir&oacute;nica para paliar el sentimentalismo exacerbado, aunque no renuncia a este cuando es necesario. Sabe que el humor salva pero tambi&eacute;n deja huellas. Y que las trazas de violencia no inmunizan a los lectores pero les pone sobre aviso de la tragedia presentida&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA, que cuenta ya con m&aacute;s de 33 a&ntilde;os de trayectoria,&nbsp; ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. Tiene periodicidad cuatrimestral en papel y cuenta tambi&eacute;n con una versi&oacute;n digital (web y Facebook). Est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>DIEZ EPIGRAMAS DE CARLOS D&Iacute;AZ DUF&Oacute;O HIJO</strong></p>
<p>La selecci&oacute;n de epigramas de Carlos D&iacute;az Duf&oacute;o hijo que la revista TURIA publica son toda una carga de profundidad en el alma del lector de cualquier &eacute;poca. Buena prueba son los que reproducimos a continuaci&oacute;n:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;COMENZ&Oacute; una vez y luego volvi&oacute; a comenzar. Comenz&oacute; de nuevo, comenz&oacute; en mil ocasiones, comenz&oacute; siempre. Cuando otros llegaban &eacute;l comenzaba. No lleg&oacute; nunca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>REGALABA, generosamente, las ideas ajenas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>NUNCA pudo entender que su vida eran dos vidas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>HIZO muchos planes. No cumpli&oacute; ninguno. Cada d&iacute;a era un nuevo fracaso, pero cada d&iacute;a era tambi&eacute;n una nueva aurora y un fuego imperecedero encend&iacute;a cada d&iacute;a en &eacute;l el deseo de las cosas perfectas que no se realizan. Un soplo eterno reanimaba, diariamente, la potencia intacta y est&eacute;ril.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>MURIERON tristes y austeros, dejando tras de s&iacute; hijos felices y fr&iacute;volos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>CUANDO se convenci&oacute; de que hab&iacute;a tocado un puerto seguro, al abrigo de los vientos de la fortuna, pidi&oacute; prestada una teor&iacute;a social, moderada y rotunda, y compr&oacute; un respetable sistema religioso que resolv&iacute;a, sin sobresaltos, todos los problemas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>EL movimiento se demuestra andando. S&iacute;, para el que anda. No, para el que ve andar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>DE los libros valen los escritos con sangre, los escritos con bilis y los escritos con luz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>CREE en las ideas con la sumisa ilusi&oacute;n con que un ciego de nacimiento cree en la luz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>GAST&Oacute; largos a&ntilde;os para hacer un estilo. Cuando lo tuvo, nada tuvo que decir con &eacute;l.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 03 Mar 2017 13:28:59 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La traición]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-traicion/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/Febrero/JES_S_JIM_NEZ.jpg" alt="" /></p>
<p class="Standard" style="text-align: left; padding-left: 210px;" align="right"><em><br /></em></p>
<p class="Standard" style="text-align: left; padding-left: 210px;" align="right"><em>Cuando pronuncio la palabra silencio,</em></p>
<p class="Standard" style="text-align: left; padding-left: 210px;" align="right"><em>lo destruyo</em></p>
<p class="Standard" style="text-align: left; padding-left: 210px;" align="right">Wislawa Szymborska</p>
<p style="padding-left: 210px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 210px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 210px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 210px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 210px;">&nbsp;</p>
<p class="Standard" style="padding-left: 210px;" align="right">&nbsp;</p>
<p class="Standard" style="padding-left: 210px;">Lo que la Sospecha cree o&iacute;r cuando nada se escucha</p>
<p class="Standard" style="padding-left: 210px;">ni anda desnuda la Evidencia detr&aacute;s de las puertas.</p>
<p class="Standard" style="padding-left: 210px;">Lo que se calla el algod&oacute;n, lo que la nieve se guarda.</p>
<p class="Standard" style="padding-left: 210px;">&nbsp;</p>
<p class="Standard" style="padding-left: 210px;">Lo que la sordina pretende de la trompeta.</p>
<p class="Standard" style="padding-left: 210px;">Lo que el silenciador exige a la pistola.</p>
<p class="Standard" style="padding-left: 210px;">Lo que el dedo &iacute;ndice solicita de los labios.</p>
<p class="Standard" style="padding-left: 210px;">&nbsp;</p>
<p class="Standard" style="padding-left: 210px;">Aquello que el mudo le dijo al sordo no lo debiste contar</p>
<p class="Standard" style="padding-left: 210px;">si a estas horas pretend&iacute;as todav&iacute;a conservarlo.</p>
<p class="Standard" style="padding-left: 210px;">&nbsp;</p>
<p class="Standard" style="padding-left: 210px;">El sigilo del que roba guantes con manoplas de lana,</p>
<p class="Standard" style="padding-left: 210px;">del que tapa con resina los agujeros de las flautas.</p>
<p class="Standard" style="padding-left: 210px;">El mutismo del que calla, la reserva del que otorga.</p>
<p class="Standard" style="padding-left: 210px;">El silencio encendido de las casas vac&iacute;as</p>
<p class="Standard" style="padding-left: 210px;">y el eco sofocado de las cosas llenas.</p>
<p class="Standard" style="padding-left: 210px;">&nbsp;</p>
<p class="Standard" style="padding-left: 210px;">Los secretos llevados de la alcoba a la tumba.</p>
<p class="Standard" style="padding-left: 210px;">En carrozas funerarias. Con ruedas forradas de felpa.</p>
<p class="Standard" style="padding-left: 210px;">&nbsp;</p>
<p class="Standard" style="padding-left: 210px;">Un cresp&oacute;n negro sobre la mordaza blanca.</p>
<p class="Standard" style="padding-left: 210px;">Un minuto de ruido por el <span style="text-decoration: line-through;">Silencio</span> muerto.</p>
<p style="padding-left: 210px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 16 Feb 2017 08:11:26 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los hombres]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/los-hombres/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/Febrero/CRISTIAN_ALCARAZ.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 360px;"><strong></strong>Sin saber diferenciar entre sangre y barro viejo,</p>
<p style="padding-left: 360px;">combustible, l&aacute;grima, eyaculaci&oacute;n, mi boca se cierra&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 360px;">y se cantea como el filo de un sepulcro.</p>
<p style="padding-left: 360px;">En presencia de otros hombres&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 360px;">mi lengua es firme, acepta no probar el resultado.</p>
<p style="padding-left: 360px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 360px;">Ellos,</p>
<p style="padding-left: 360px;">nacidos para el sexo y las corrientes,&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 360px;">recrean el cielo con el semen del ombligo.</p>
<p style="padding-left: 360px;">Mi cabeza revestida: anhelo, grieta,</p>
<p style="padding-left: 360px;">patada.</p>
<p style="padding-left: 360px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 360px;">Sin saber apretar tanto las manos,&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 360px;">golpear tanto los allozos, resisto ante el impulso</p>
<p style="padding-left: 360px;">de tocarles. Soy bosque y deber&iacute;a ser ej&eacute;rcito</p>
<p style="padding-left: 360px;">-sudor de monedas en la mano,</p>
<p style="padding-left: 360px;">misiles apretando el cintur&oacute;n-.</p>
<p style="padding-left: 360px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 360px;">Como todo var&oacute;n conozco mi cuerpo,</p>
<p style="padding-left: 360px;">germino mis s&aacute;banas, aprendo r&aacute;pido&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 360px;">a controlar la maquinaria. Rodeado de hombres</p>
<p style="padding-left: 360px;">afianzo el fr&iacute;o. Deseo</p>
<p style="padding-left: 360px;">los cuerpos que se me parecen.</p>
<p style="padding-left: 360px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 360px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 16 Feb 2017 08:02:27 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carlos Saura: "A Rafael le debo el rigor en la escritura"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/carlos-saura-a-rafael-le-debo-el-rigor-en-la-escritura/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/Febrero/saura500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un lejano d&iacute;a a finales de los sesenta, cuando estaba escribiendo con Angelino Fons el gui&oacute;n de <em>Peppermint Frapp&eacute;,</em> Carlos Saura se encontr&oacute; por la calle con Rafael Azcona y le pidi&oacute; que le echara una mano para mejorar el texto. Los dos viv&iacute;an en Madrid, eran&nbsp; vecinos del barrio y se conoc&iacute;an desde hac&iacute;a&nbsp; una d&eacute;cada. Uno y otro ya hab&iacute;an cosechado cierto prestigio, como director y&nbsp; guionista respectivamente. Saura hab&iacute;a triunfado en el Festival de Berl&iacute;n con <em>La Caza</em> y Azcona&nbsp; hab&iacute;a escrito para Marco Ferrreri y Berlanga.</p>
<p>Cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s, en 2007,&nbsp; Rafael Azcona, que estaba gravemente enfermo, cont&oacute; para el n&uacute;mero 85-86 de <em>Turia</em> dedicado a Carlos Saura que nunca se hab&iacute;a sentido coguionista de esa pel&iacute;cula. Aquel encuentro, en el que Saura le pidi&oacute; que leyera y diera retoques a ese gui&oacute;n, inaugur&oacute; una colaboraci&oacute;n profesional que se prolongar&iacute;a durante m&aacute;s de veinte a&ntilde;os. &iexcl;<em>Ay Carmela&iexcl;</em>&nbsp;&nbsp; fue el &uacute;ltimo trabajo juntos, aunque esa colaboraci&oacute;n hab&iacute;a quedado&nbsp; suspendida un tiempo por&nbsp; discrepancias sobre <em>La prima Ang&eacute;lica</em>.</p>
<p>&nbsp; La primera pregunta vuelve a los or&iacute;genes de esa relaci&oacute;n: &iquest;Qu&eacute; aport&oacute;&nbsp; realmente Azcona al&nbsp; gui&oacute;n de <em>Peppermint Frapp&eacute;</em>? &ldquo;El&iacute;as Querejeta, como buen productor que era, pens&oacute; que el gui&oacute;n de <em>Peppermint</em> era mejorable &ndash;empieza reconociendo Saura- y se le ocurri&oacute; que interviniera Rafael.&nbsp; Azcona dijo que el gui&oacute;n estaba muy bien y que s&oacute;lo habr&iacute;a que eliminar algunas reiteraciones. As&iacute; lo hicimos&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Despu&eacute;s de <em>&nbsp;</em>esa primera aportaci&oacute;n vino <em>La madriguera</em>, una idea de Geraldine Chaplin cuyo gui&oacute;n firman la propia Geraldine, Carlos Saura y Rafael Azcona. Hab&iacute;an pasado dos a&ntilde;os desde el estreno de <em>Peppermint Frapp&eacute;</em>. Lo que le decidi&oacute; a Saura a pedirle a Rafael que escribiera ese gui&oacute;n fue su convicci&oacute;n de que era &ldquo;el guionista ideal para trabajar en el tema.&nbsp; Eso s&iacute; la &uacute;nica condici&oacute;n que puse -asegura Carlos Saura - era que no trabaj&aacute;ramos en un caf&eacute; p&uacute;blico sino en casa. Rafael acept&oacute;. En todo caso la aportaci&oacute;n de Geraldine fue esencial&rdquo;.</p>
<p>Ambos siguieron recorrido cinematogr&aacute;fico con&nbsp; <em>El jard&iacute;n de las delicias y Ana y los Lobos</em>. Entre la amistad y el oficio de escribir establecieron una relaci&oacute;n que el propio Saura califica de <em>peculiar.</em></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Rafael exig&iacute;a que antes de escribir una sola letra &ndash;explica el realizador- le contaras el argumento de la pel&iacute;cula, los personajes, los escenarios. S&oacute;lo entonces, si le parec&iacute;a bien, aceptaba la colaboraci&oacute;n. Todas las ma&ntilde;anas trabaj&aacute;bamos en casa,&nbsp; y m&aacute;s tarde en el hotel de la estaci&oacute;n de Chamart&iacute;n que nos ven&iacute;a mejor a los dos porque yo entonces viv&iacute;a en la Sierra. Rafael era ordenado y met&oacute;dico. Escrib&iacute;a lo que hab&iacute;amos hablado y a la ma&ntilde;ana siguiente llegaba con varios folios muy bien escritos con las notas que hab&iacute;a tomado, m&aacute;s sus aportaciones. Intercambi&aacute;bamos opiniones, le&iacute;amos en voz alta los di&aacute;logos hasta dejar el texto m&aacute;s o menos definitivo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Aceptaba &eacute;l de buen grado correcciones en caso de que hubiera diferencias de criterio?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Siempre me he reservado el derecho de escribir la &uacute;ltima versi&oacute;n del gui&oacute;n poniendo o quitando aquello que no me parec&iacute;a bien. Nuestra relaci&oacute;n siempre fue cordial y amistosa, pero debo decir que Rafael era una persona m&aacute;s compleja de lo que parec&iacute;a. No era dado a confidencias y manten&iacute;a un cierto misterio sobre su vida. Ten&iacute;a sus man&iacute;as, era mis&oacute;gino, nunca me invit&oacute; a su piso y guardaba celosamente a su mujer,&nbsp; ten&iacute;a amistades que yo no compart&iacute;a. Creo que a veces sufr&iacute;a porque no se le reconociera su talento como escritor y guionista. En eso ten&iacute;a raz&oacute;n&rdquo;.</p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong><em>La prima Ang&eacute;lica,</em> su quinta y pen&uacute;ltima pel&iacute;cula juntos les llev&oacute; a la ruptura por una diferencia de criterios sobre el personaje de Ang&eacute;lica. Recupero ahora lo que el propio Saura cont&oacute;&nbsp; en la conversaci&oacute;n que mantuvimos para el n&uacute;mero de <em>Turia</em> al que ya nos hemos referido. &ldquo;Despu&eacute;s de haber terminado <em>La prima Ang&eacute;lica</em> me ech&oacute; en cara que hab&iacute;a construido el personaje de la chica como un ser maravilloso. Me hart&eacute;, est&aacute;bamos comiendo, y le grit&eacute;: mira t&uacute; eres un idiota. Y ah&iacute; nos enfadamos. Le hab&iacute;an dado a la pel&iacute;cula el premio especial del jurado del Festival de Cannes. Quise celebrarlo con Rafael y entonces en esa comida que est&aacute;bamos encantados resulta que nos peleamos&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al leerle ahora aquello que coment&oacute; entonces, el director a&ntilde;ade: &ldquo;ya digo que Azcona era a veces una persona complicada, a veces tierna, a veces violenta. Nuestra separaci&oacute;n no fue s&oacute;lo porque yo dibujara al personaje de Ang&eacute;lica como una chica sensible y delicada, cosa que le fastidiaba, sino por otras razones que inclu&iacute;an su rechazo a ciertas escenas de la pel&iacute;cula&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Le recuerdo que Azcona&nbsp; nos cont&oacute;&nbsp; que&nbsp; Carlos Saura era muy exigente y que cuando trabajaba en alg&uacute;n gui&oacute;n suyo<em> </em>&ldquo;iba a su casa o qued&aacute;bamos en la estaci&oacute;n de Chamart&iacute;n con horario, como las asistentas, aunque tambi&eacute;n recuerda de aquellas jornadas de trabajo los drymartinis que preparaba Geraldine&rdquo;.<em> </em></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;No s&eacute; cu&aacute;ndo dijo eso, pero es una graciosa frivolidad -comenta Carlos Saura- que no responde a la verdad, aparte de los <em>drymartinis.</em> Es cierto que prefiero trabajar en un lugar aislado, en casa o en cualquier lugar, pero no en el tumulto del caf&eacute; Gij&oacute;n en donde Rafael sol&iacute;a hacerlo con Luis Berlanga. Yo no s&eacute; trabajar as&iacute;.&nbsp; El cine que yo hago requiere una cierta concentraci&oacute;n y aislamiento.&nbsp; Creo que esa es la &uacute;nica manera seria de hacer las cosas. Soy una persona solitaria, me gusta trabajar en casa, escuchar m&uacute;sica, que siempre me acompa&ntilde;a, escribir, dibujar, hacer fotograf&iacute;as y compartir mi soledad con mi mujer y mis hijos&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Unos catorce a&ntilde;os despu&eacute;s de&nbsp; aquella ruptura por <em>La prima Ang&eacute;lica</em>,&nbsp; Saura y Azcona volvieron a trabajar juntos en el gui&oacute;n de &iexcl;<em>Ay Carmela</em>&iexcl; El reencuentro lleg&oacute; por sugerencia del productor Andr&eacute;s Vicente G&oacute;mez.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Fue Andr&eacute;s quien me inst&oacute; a que viera la obra de teatro &iexcl;<em>Ay, Carmela!</em> de Jos&eacute; Sanchis Sinisterra,&nbsp; por si ve&iacute;a la posibilidad de hacer una adaptaci&oacute;n al cine. Mientras segu&iacute;a atentamente la representaci&oacute;n, en medio de un p&uacute;blico enfervorecido, vi con claridad que la obra de teatro ten&iacute;a en potencia todo lo que necesitaba para hacer una pel&iacute;cula sobre la guerra de Espa&ntilde;a. Desde el principio decid&iacute; que la historia se desarrollara&nbsp; linealmente y que Rafael Azcona ser&iacute;a el colaborador perfecto para escribirla. Una de las cosas que m&aacute;s me atra&iacute;a de la obra teatral era su tono de tragicomedia. Unos a&ntilde;os antes yo hubiera sido incapaz&nbsp; de ver la guerra civil con humor -como hicieron por ejemplo los italianos con la contienda europea - pero en ese momento era distinto, hab&iacute;a pasado el tiempo suficiente para poder tener una perspectiva m&aacute;s amplia y no hay duda de que as&iacute; se pod&iacute;an decir cosas que de otra manera resultar&iacute;a mucho m&aacute;s dif&iacute;cil, por no decir imposible de contar&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Debi&oacute;&nbsp; de ser complicado volver a trabajar juntos en el gui&oacute;n de &iexcl;<em>Ay Carmela&iexcl;</em> Pero sobre todo debi&oacute; de suponer un gran esfuerzo poner nuevamente en marcha su colaboraci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;El primer encuentro con Rafael no pudo ser m&aacute;s desafortunado &ndash;se lamenta Carlos Saura- le encontr&eacute;&nbsp; pesado, reiterativo y aburrido. Hab&iacute;a cambiado mucho. Hab&iacute;a perdido la alegr&iacute;a y el entusiasmo de antes. Ahora era dogm&aacute;tico y afirmaba cualquier cosa con una agresividad y una seguridad&nbsp; molesta, quiz&aacute;s porque estaba a la defensiva. Era el momento de tomar una decisi&oacute;n. Le dije que&nbsp; hab&iacute;a sido un error llamarle y que era mejor&nbsp; que nos fu&eacute;ramos cada uno a nuestra casa. &Eacute;l estaba de acuerdo. Una vez tomada la decisi&oacute;n me sincer&eacute; y le dije todo lo que pensaba sobre su injusta y est&uacute;pida postura cuando nos separamos en el restaurante "Jockey" despu&eacute;s de <em>La prima Ang&eacute;lica</em>. Le cont&eacute; lo mucho que me hab&iacute;a dolido nuestra ruptura y que hasta ese momento le hab&iacute;a considerado un amigo. &iexcl;Yo no tengo amigos!<em>-</em> me replic&oacute; Rafael. Pues yo s&iacute; -le contest&eacute;-, pocos, pero buenos amigos y yo te consideraba uno de ellos. &iexcl;No se puede ser amigo y colaborador! -puntualiz&oacute;.&nbsp; &iquest;Qu&eacute; quieres de m&iacute;? - me pregunt&oacute; entonces. Le dije que le consideraba&nbsp; la persona ideal para escribir el gui&oacute;n de <em>&iexcl;Ay, Carmela!</em>. A partir&nbsp; de ese momento Rafael cambia radicalmente de actitud. Se vuelve otra persona. &iexcl;No me lo puedo creer! Me sorprende su reacci&oacute;n. &iexcl;Esperaba todo lo contrario, incluso estaba preparado para un rapto de violencia!&nbsp; El caso es que en ese momento volvi&oacute; a comenzar nuestra colaboraci&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Le comento a Carlos Saura que quiz&aacute; despu&eacute;s de m&aacute;s de diez a&ntilde;os la manera de trabajar de ambos habr&iacute;a cambiado y ello pudo alterar la manera de afrontar el&nbsp; gui&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Con Rafael creamos nuevas situaciones &ndash;me responde - y personajes para dar m&aacute;s consistencia al relato. Otros caracteres a los que apenas se alude en la obra de teatro fueron desarrollados con amplitud y adquirieron rango de coprotagonistas. La linealidad de la historia nos permiti&oacute;&nbsp; en las poco m&aacute;s de&nbsp; 48 horas durante las&nbsp; que transcurre la acci&oacute;n hablar de la guerra civil con sus crueldades y contradicciones. Me gustaba mucho que &iexcl;<em>Ay, Carmela</em>! fuera, adem&aacute;s, un musical&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Saura y Azcona: dos cineastas, un guionista y un director volviendo a trabajar codo con codo, uno al mando casi absoluto, el otro un ser dif&iacute;cil y genial. No debi&oacute; ser f&aacute;cil.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Mientras trabaj&aacute;bamos redescubr&iacute; al Rafael que ya conoc&iacute;a- afirma casi aliviado Carlos Saura- segu&iacute;a siendo un personaje muy especial, tierno, agresivo, violento, iconoclasta. No fue f&aacute;cil encajar con &eacute;l. En nuestra larga y antigua colaboraci&oacute;n hab&iacute;amos tenido sus m&aacute;s y sus menos, aunque desde la actual perspectiva de los a&ntilde;os pasados, veo que nuestras diferencias eran peque&ntilde;as y se deb&iacute;an m&aacute;s a nuestra terquedad que a otra cosa. En todo caso, en esta nueva etapa era para m&iacute; un est&iacute;mulo y una diversi&oacute;n encontrarme con &eacute;l todas las ma&ntilde;anas en el bar del hotel de la estaci&oacute;n de Chamart&iacute;n, que volvi&oacute; a ser nuestro punto de reuni&oacute;n. Sin Rafael yo nunca hubiera podido hacer &iexcl;<em>Ay, Carmela!</em>, que sigue siendo una de mis pel&iacute;culas favoritas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p><strong><em>&nbsp;&nbsp; </em></strong>&nbsp;&nbsp;Sabemos, porque Carlos Saura nos lo cont&oacute; en 2007, que&nbsp; <em>&iexcl;Ay Carmela&iexcl;</em> no gan&oacute; el Premio a la mejor pel&iacute;cula europea en 1990 para disgusto de Bergman. El director sueco hab&iacute;a participado en las deliberaciones pero no pudo defender, como hubiera querido, que se hiciera con el galard&oacute;n. El consuelo fue que&nbsp; Carmen Maura se llev&oacute;, por el papel protagonista, el de mejor actriz europea de aquel a&ntilde;o. Luego el musical tragic&oacute;mico de Faustino y Carmela, entre otros muchos premios, en la quinta edici&oacute;n de los Goya consigui&oacute; trece de los quince galardones a los que aspiraba. Entre esos premios Goya se llev&oacute; el de mejor gui&oacute;n adaptado que compartieron Saura y Azcona. &iquest;C&oacute;mo lo celebraron? Rafael no era muy aficionado a recoger premios y acudir a galas, ni a la vida social del cine.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ldquo;Fue una gran satisfacci&oacute;n para todos &ndash;afirma rotundo Carlos Saura- Creo recordar que Rafael no estaba. Le guard&eacute; el Goya que m&aacute;s tarde le entregu&eacute;&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Le pregunto entonces si, aparte de no haber trabajado juntos durante m&aacute;s de una d&eacute;cada mantuvieron la amistad, al menos alguna forma de&nbsp; relaci&oacute;n personal. Azcona volvi&oacute; a trabajar con Berlanga, escribi&oacute; en esos a&ntilde;os para Jos&eacute; Luis Garc&iacute;a S&aacute;nchez, Jos&eacute; Luis Cuerda y Fernando Trueba. Y, entre tanto, Carlos Saura sigui&oacute; su propio camino&nbsp; escribiendo guiones y dirigiendo pel&iacute;culas<em>. </em></p>
<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </em>&ldquo;La ruptura con Rafael me sirvi&oacute; para decidirme a escribir en solitario. Escrib&iacute; -sigue recordando aquellos a&ntilde;os- con mucho temor <em>Cr&iacute;a cuervos</em>, y como la cosa funcion&oacute; muy bien escrib&iacute; despu&eacute;s <em>Elisa, vida m&iacute;a; Mam&aacute; cumple 100 a&ntilde;os</em>,<em>&nbsp; Carmen, Tango, </em>y alg&uacute;n otro gui&oacute;n. En esa &eacute;poca madur&eacute; como escritor y como guionista<em>.</em>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Carlos Saura asegura que no se les qued&oacute; en el tintero ninguno de&nbsp; los proyectos que hubieran emprendido juntos y que cuando deriv&oacute; hacia las pel&iacute;culas musicales&nbsp; &ldquo;supuso un cambio dr&aacute;stico en mi camino abri&eacute;ndome un mundo que siempre me hab&iacute;a fascinado&rdquo;. Saura no recuerda que Rafael Azcona apareciera jam&aacute;s por ninguno de sus rodajes ni de pel&iacute;culas con gui&oacute;n suyo. Una vez entregado el libreto nunca se permiti&oacute; intervenir sobre la marcha de la pel&iacute;cula.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Adem&aacute;s de trabajar juntos ambos eran amigos, una amistad fuera del mundo del cine.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Nuestra relaci&oacute;n comienza incluso&nbsp; antes de mi primera pel&iacute;cula, <em>Los golfos</em> &ndash;rememora Saura- Rafael viv&iacute;a entonces en un bajo min&uacute;sculo de la Avenida de Men&eacute;ndez y Pelayo, dibujaba y escrib&iacute;a para <em>La Codorniz</em>. Yo creo que malviv&iacute;a. Ya m&aacute;s adelante se hizo un nombre prestigioso como guionista y cambi&oacute; de domicilio. A veces nos ve&iacute;amos tanto en Espa&ntilde;a como en Italia cuando &eacute;l trabajaba con Ferreri. Ellos se llevaban muy bien. Y tambi&eacute;n nos ve&iacute;amos en la &eacute;poca en la que escrib&iacute;a para&nbsp; Luis Berlanga, por supuesto, y con otros directores. Como ya he dicho, consideraba a Rafael un amigo, un buen amigo, m&aacute;s all&aacute; del trabajo com&uacute;n&rdquo;.</p>
<p>&nbsp; Repasamos la trayectoria de Carlos Saura en relaci&oacute;n a otros cineastas y artistas con los que ha escrito guiones&nbsp; para&nbsp; comparar la manera de hacer de unos y otros y entender la diferencia con Azcona. Adem&aacute;s de escribir en solitario los guiones de algunas de sus pel&iacute;culas, Saura&nbsp; ha escrito junto a Angelino Fons, Fernando Fern&aacute;n G&oacute;mez, Jean-Claude Carri&egrave;re, Antonio Gades. Con El&iacute;as Querejeta tambi&eacute;n colabor&oacute; en el gui&oacute;n de <em>33 d&iacute;as</em> proyecto que, a estas alturas y despu&eacute;s de varios a&ntilde;os intent&aacute;ndolo, y darle muchos quebraderos de cabeza, parece que no saldr&aacute; adelante.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;La idea de <em>33 d&iacute;as</em> era de El&iacute;as &ndash;afirma Saura- y fue &eacute;l quien me llam&oacute; para que escribi&eacute;ramos juntos el gui&oacute;n. Era un amigo y un magnifico productor que nunca se decidi&oacute; a dirigir, aunque estaba tentado y preparado para ello.&nbsp; Tambi&eacute;n trabaj&eacute; con Carri&egrave;re, una persona maravillosa y un excelente escritor. Con Antonio Gades ten&iacute;amos una gran complicidad y decidimos firmar juntos el gui&oacute;n y la coreograf&iacute;a en los proyectos que trabajamos juntos en&nbsp; cine y en teatro, por una raz&oacute;n muy sencilla: consideraba injusto que&nbsp; la coreograf&iacute;a&nbsp; no cobrara entonces derechos de autor.&nbsp; La realidad es que la coreograf&iacute;a le pertenece a Gades y el gui&oacute;n lo escrib&iacute; yo.&nbsp; Cada uno de ellos era diferente en su manera de trabajar, incluido Rafael&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta conversaci&oacute;n&nbsp; la hemos mantenido mientras Carlos Saura preparaba&nbsp; las maletas para volar a Buenos Aires. En su casa de Collado Mediano hablamos hace a&ntilde;os entre jaras, libros, pel&iacute;culas, c&aacute;maras de fotos, <em>storyboards</em>, de muchos temas, incluido lo que hemos recordado de Azcona. Ahora parece resignado a que una vez m&aacute;s se frustre el rodaje de <em>33 d&iacute;as</em>,&nbsp; ese gui&oacute;n sobre el tiempo en el que Pablo Picasso estuvo&nbsp; pintando el <em>Guernica</em> y para el que&nbsp; Antonio Banderas deb&iacute;a interpretar al pintor malague&ntilde;o. Ya camino del aeropuerto de Barajas me confirma que, por problemas de producci&oacute;n,&nbsp; no saldr&aacute; adelante. Pero Carlos Saura tiene &iacute;mpetu y est&aacute; lleno de proyectos. En Buenos Aires se ha pasado la primavera austral&nbsp; en el Galp&oacute;n de la Boca, unos estudios en los que ha estado rodando un musical sobre &ldquo;chacareras, zambas y todo el folclore argentino que me ha gustado desde peque&ntilde;o como el flamenco o el fado&rdquo;<em>. </em>De nuevo en Espa&ntilde;a tiene previsto rodar otro musical en la India. Ya nunca podr&aacute; trabajar con Rafael Azcona pero del guionista y amigo fallecido aprendi&oacute; mucho del arte de escribir guiones: &ldquo;durante a&ntilde;os, Rafael Azcona fue mi compa&ntilde;ero de viaje y colaborador. A&nbsp; &eacute;l le debo,&nbsp; entre otras cosas, el rigor en la escritura de un gui&oacute;n. Aprend&iacute; mucho a su lado&rdquo;<em>. </em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 16 Feb 2017 07:58:47 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La hondura humana y narrativa de José Luis Sampedro]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-hondura-humana-y-narrativa-de-jose-luis-sampedro/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2017/JOS_LUIS_SAMPEDRO.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp; Al morir hace casi cuatro a&ntilde;os una de las figuras m&aacute;s sobresalientes del panorama human&iacute;stico espa&ntilde;ol, el merecido homenaje a una trayectoria donde ha prevalecido la clarividencia y la honestidad y el compromiso &eacute;tico con los m&aacute;s desfavorecidos, se hace necesario, ahora que se cumple el centenario de su nacimiento.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Desde su nacimiento en Barcelona el 1 de febrero de 1917 hasta su muerte el 8 de abril del 2013, podemos descubrir un camino donde el esfuerzo y el af&aacute;n por comprometerse &eacute;ticamente con los dem&aacute;s es clave.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Al a&ntilde;o de nacer, su familia se traslad&oacute; a T&aacute;nger (Marruecos), donde vivi&oacute; hasta los trece a&ntilde;os, en 1936 fue movilizado por el ej&eacute;rcito republicano en la Guerra Civil espa&ntilde;ola, combatiendo en el batall&oacute;n anarquista. Sus peripecias en la Guerra son clave para entender c&oacute;mo se fraguar&aacute; despu&eacute;s un hombre pac&iacute;fico, que defender&aacute; los valores del di&aacute;logo y la honestidad con el mundo. Despu&eacute;s de esos a&ntilde;os de contienda pasados en Catalu&ntilde;a, Guadalajara y Huete (Cuenca), es reclutado por el bando sublevado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Este cambio de bando no va a mermar su forma de ver el mundo, atendiendo ese reclutamiento a los avatares del destino. Obtuvo plaza de funcionario de aduanas en Santander, traslad&aacute;ndose luego a Madrid, donde en 1944 contrae matrimonio con Isabel Pellicer y realiz&oacute; sus estudios universitarios de Ciencias Econ&oacute;micas, que finaliz&oacute; en 1947 con Premio Extraordinario.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Su trabajo en el Banco Exterior de Espa&ntilde;a se combina con sus clases en la Universidad. Llega en 1955 a ser Catedr&aacute;tico de Estructura Econ&oacute;mica por la&nbsp; Universidad Complutense de Madrid, puesto que ocupar&aacute; hasta 1969.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; De este per&iacute;odo destaca su necesidad de escribir teatro, Un sitio para vivir, tambi&eacute;n estudios econ&oacute;micos como Realidad econ&oacute;mica y an&aacute;lisis estructural y El futuro europeo de Espa&ntilde;a.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el a&ntilde;o 1965 y 1966, decide irse como profesor visitante a las Universidades de Salford y Liverpool, tras la destituci&oacute;n de los catedr&aacute;ticos L&oacute;pez Aranguren y Tierno Galv&aacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; A su vuelta a Espa&ntilde;a, pide la excedencia en la Universidad Complutense y publica El caballo desnudo, una s&aacute;tira sobre la situaci&oacute;n del pa&iacute;s. En 1976 vuelve al Banco Exterior de Espa&ntilde;a, como economista asesor. En 1977, fue nombrado senador por designaci&oacute;n real, en las primeras Cortes democr&aacute;ticas, puesto que ocupar&iacute;a hasta 1979.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Al jubilarse, se dedica plenamente a escribir, dando lugar a una obra fecunda y de notable inter&eacute;s donde prevalece un humanismo necesario para entender el mundo. Escribe Octubre, Octubre, La sonrisa etrusca y La vieja sirena, entre otras. Su mujer, Pilar Pellicer, muere en 1986.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; En 1990 fue nombrado miembro de la Real Academia Espa&ntilde;ola, con un discurso de ingreso basado en la tolerancia y el amor.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Se cas&oacute; con Olga Lucas de Torre, escritora, poetisa y traductora, en el a&ntilde;o 2003, pasando largas temporadas en Tenerife donde escribe su novela La senda del drago.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Se ha convertido en un referente fundamental para generaciones m&aacute;s j&oacute;venes, donde la reflexi&oacute;n y el deseo de una regeneraci&oacute;n pol&iacute;tica para acercarse al pueblo y a sus verdaderos valores, ha triunfado para muchos. Sampedro se ha considerado un indignado m&aacute;s, porque considera que el poder econ&oacute;mico, con sus terribles fauces ha anulado a muchas personas, se ha impuesto como el gran lobo que ha de devorar a sus hijos, donde pol&iacute;ticos corruptos e ineficaces pueden aniquilar literalmente derechos sociales sin que se les mueva una sola ceja. Sampedro, estoy seguro, sufr&iacute;a en los &uacute;ltimos a&ntilde;os de su vida, de este deterioro imparable de las Instituciones de su querido pa&iacute;s, sembradas de pol&iacute;ticos corruptos, juicios donde la impunidad para los poderosos prevalece y una Monarqu&iacute;a en grave crisis de credibilidad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Pero Sampedro tambi&eacute;n fue un hombre de palabra verdadera, que dej&oacute; en una narrativa que pretendo analizar en las siguientes p&aacute;ginas, en tres ejemplos interesantes, el amor a los dem&aacute;s en Conferencia en Estocolmo (1952), a la Naturaleza en El r&iacute;o que nos lleva (1961), el amor a los dem&aacute;s en &nbsp;uno de sus libros m&aacute;s bellos La sonrisa etrusca (1985), tres ejemplos de gran literatura, donde Sampedro nos dice que somos algo m&aacute;s que n&uacute;meros, somos seres que habitan en las incertidumbres, pero llenos de alma y de luz, un potencial que en sus novelas no deja de brillar.</p>
<p><strong>UN NARRADOR DE MIRADA L&Uacute;CIDA Y VERDADERA</strong></p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp; </strong>En Congreso en Estocolmo (1952) asistimos al encuentro de seres que aman la cultura, donde sobrevuela el tema de la amistad y del amor en un marco aparentemente austero, el del paisaje n&oacute;rdico de Estocolmo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; La amistad aparece trenzada como un valor que se va hilvanando, demostrando que, para el novelista, esta es una virtud necesaria para ser feliz, los hombres y mujeres que se contagian de la amistad tienen un alto sentido &eacute;tico, conocen el esfuerzo y saben compartirlo, en una suerte de generosidad que es la que practic&oacute; Sampedro a lo largo de su vida:</p>
<p>&ldquo;Y volver a hablar de la amistad, a tratar de definirla, a permitirla &eacute;l y a aceptarla ella. En el fondo, a saborear la palabra y todos sus indefinibles arm&oacute;nicos y cautivaodras resonancias&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; El narrador sabe que la palabra es tesoro, precioso don donde conviven hombres y mujeres que saben que el lenguaje precisa el entendimiento &eacute;tico que hay en el ser humano, solo as&iacute; el lenguaje es limpio y verdadero.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Pero tambi&eacute;n la ciudad de Estocolmo, como si el narrador se hallase encandilado de sus aguas, aparece definido en este precioso p&aacute;rrafo del libro:</p>
<p>&ldquo;La ciudad era todav&iacute;a m&aacute;s exquisita bajo la lluvia mansa. Todo el colorido diverso de las fachadas adquir&iacute;a delicados tonos de pastel y los tejados de verde cadernillo reluc&iacute;an concentrando suavemente la luz&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Paisaje que va dejando sus poros en sus habitantes, llenando de fulgor a los seres, como si se impregnasen de la luz de la ciudad n&oacute;rdica, fr&iacute;a y cercana a la vez, como el amor y la amistad.</p>
<p>Karin, Klara, son seres hechos con el molde de la vida, con sus luces y sombras, en ese &aacute;mbito elegante de Estocolmo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Lleg&oacute; El r&iacute;o que nos lleva (1961), novela desbordante donde la figura de los gancheros que se encaraman al r&iacute;o Tajo, poniendo en riesgo su vida para coger los troncos que van arrojando los &aacute;rboles, nos seduce, novela hermosa, donde las descripciones se convierten en mosaicos de luz, en cuadros que el cine llevar&aacute; m&aacute;s tarde a la pantalla, lo que demuestra el sentido narrativo de Sampedro para crear una novela de gran hondura:</p>
<p>&ldquo;Sinti&oacute; muy inmediato la atracci&oacute;n de un remolino, pero lo salv&oacute; sin soltar al chico, aunque hundi&eacute;ndose. Un golpe de piernas contra el forro fangoso le impuls&oacute; hacia arriba con su presa; pero casi falto de aire y turbia la vista, sali&oacute; por donde pudo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; El Tajo como el r&iacute;o que lleva la vida de los hombres, expuestos al peligro de su trabajo, heridos por la vida, seres a la deriva, como la novela se encarga de contar. Don Pedro, El Seco, Paula, son espejos de la vida dura de los gancheros.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Tambi&eacute;n los di&aacute;logos sirven para entender el esfuerzo del narrador para que los personajes nos lleguen, se aproximen a nosotros, se conviertan en seres reales, tan verdaderos como nuestras propias sombras y luces ante la vida:<br /> &ldquo;Y contrata a la gente, se bebe la salida pa animarse y, &iexcl;hala!, a trajinar&hellip; Yo, que andaba aburr&iacute;o, pues me enganch&eacute;&hellip;&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; La Naturaleza, lugar de remanso, pero devastadora tambi&eacute;n, donde los gancheros sirven su vida como ofrenda, para contarnos esta historia que va calando, con el paisaje como fondo, porque la novela destila belleza en cada p&aacute;gina:</p>
<p>&ldquo;Detr&aacute;s de la casa estaba la peque&ntilde;a represa. Por las grietas del azul se escapaba el agua, pero a&uacute;n reten&iacute;a un estanque incre&iacute;blemente quieto, lleno de ovas y musgo, en la fr&iacute;a muerte invernal agravando su desolaci&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Novela culminante, donde los personajes se meten dentro de nosotros, su compromiso &eacute;tico con la vida es espejo del novelista, convertido en hombre entregado al don de la narraci&oacute;n, donde todos podemos mirar mundos parecidos y lejanos al nuestro.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Por &uacute;ltimo, un reflejo de la bondad de Sampedro ante sus personajes fue La sonrisa etrusca, donde el novelista cuenta la vida de un hombre en la culminaci&oacute;n de sus d&iacute;as, un hombre que encuentra en su nieto un confidente para reflexionar sobre la vida, desde dos prismas, el que da la experiencia y el que da la inocencia, dos reversos de un tiempo relativamente corto, pero que va dejando en nosotros un poso imborrable, que perdurar&aacute; en el tiempo:</p>
<p>&ldquo;La tortura del viejo culmina en el dolor de ese silencio que, aun cuando previsto, le desgarra. Se descubre empapado de sudor, imagina a la v&iacute;ctima vencida, al ni&ntilde;o m&aacute;s solo que nunca, sin fe ya ni en ese viejo con el que hab&iacute;a sellado un pacto; en cuyos brazos se refugi&oacute; momentos antes y que ya le hab&iacute;a traicionado&hellip;&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Resumen magn&iacute;fico de dos mundos, dos seres que abren y cierran la vida, donde Sampedro medita, para que la visi&oacute;n &eacute;tica de un mundo cuya desolaci&oacute;n no le impide seguir so&ntilde;ando, ese sue&ntilde;o que ha interrumpido la muerte, ya en sus noventa y seis a&ntilde;os, indignado con lo que, como dir&iacute;a Lorca, muerden a los hombres que no sue&ntilde;an.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Sampedro no morir&aacute;, porque m&aacute;s all&aacute; de su literatura, brillante desde luego, queda un hombre de mirada honda y limpia, tan necesaria en estos tiempos.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 03 Feb 2017 11:04:17 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gamoneda interior, el paso al verso verdadero]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/gamoneda-interior-el-paso-al-verso-verdadero/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2017/ANTONIO_GAMONEDA_2.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong>Antonio Gamoneda canta y lo hace as&iacute;, con el verso hondo y claro, como dijo Miguel Casado en su art&iacute;culo publicado en <em>La Rep&uacute;blica de las Letras</em> en el n&uacute;mero de noviembre y diciembre del 2007, titulado &ldquo;En el espacio de la poes&iacute;a moderna&rdquo;: &ldquo;Pero la escritura transparente tambi&eacute;n es un modo de desvelamiento, no s&oacute;lo formal, sino de lo que subyace; la escritura transparente revela lo que est&aacute; debajo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y es la escritura transparente la que enuncia el poema de Gamoneda, ese verso claro y di&aacute;fano, casi cristalino que abre sus ventanas a un eco amoroso.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Como dice Miguel Casado en el art&iacute;culo citado, la escritura transparente hace visible aquello que trasparece, lo que est&aacute; debajo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Su canto a la madre es una muestra de afecto, como cuando el poeta dice en &ldquo;Hablo con mi madre&rdquo;: &ldquo;Mam&aacute;: quiero olvidar todas las cosas / en el final de mi respiraci&oacute;n que canta&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si la escritura es &ldquo;transparente&rdquo;, todo lo que canta se revela, tiene destellos, halos de luminosidad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero Gamoneda sabe que decir la verdad en el verso es callar tambi&eacute;n porque:</p>
<p>&ldquo;S&eacute; que el &uacute;nico canto / la &uacute;nica poes&iacute;a / es la que calla y a&uacute;n ama este mundo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por ello, en los poemas de Gamoneda hay huecos, son silencios que desvelan la imposibilidad de decirlo todo, de sincerarse ante el mundo, late el eco de la duda ante la existencia, siempre en continuo desvelamiento, como si abriese telones y cerrase espacios abiertos, todo en eterna contradicci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Hay poemas de Gamoneda como &ldquo;Geolog&iacute;a&rdquo;, &ldquo;Paisaje&rdquo;, &ldquo;Invierno&rdquo;, donde el poeta calla en el verso la hondura del mundo, busca en lo cotidiano, en los objetos y utensilios de cada d&iacute;a aquello que enuncia la verdad, en una sart&eacute;n, en una cesta, cualquier objeto es presencia, no nos lleva a los terrenos inh&oacute;spitos del pensamientos, donde todo es duda y temor, lo verdadero se revela y se hace canto.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como le ocurri&oacute; a Blas de Otero en su libro de 1955 <em>Pido la paz y la palabra</em>, Gamoneda, como dijo Ildefonso Rodr&iacute;guez, es el poeta ciego, el Homero que abre los ojos y descubre el poema en la verdad de los objetos cotidianos, su poes&iacute;a se socializa, olvida todo lo anterior y entra en contacto con el mundo, se hace verdadera, cuando, como le ocurri&oacute; a Aleixandre en <em>Historia del coraz&oacute;n</em> toma contacto con los otros hombres y con los objetos cotidianos, que le alejan ya para siempre de toda trascendencia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; El poeta considera que &ldquo;mi canto est&aacute; mal hecho&rdquo;, Gamoneda cree que la denuncia no vale, es insuficiente, si en el poeta no late un verso revelador, que ense&ntilde;e el lenguaje de cada d&iacute;a, que se identifique as&iacute; con el pueblo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Dice el poeta: &ldquo;Fui ciego / como piedra de cripta hasta que un d&iacute;a / vi en el mundo las cosas verdaderas&rdquo;. Poeta atravesado por la verdad, cuya fe manifiesta, ciego del mundo, cuya revelaci&oacute;n no llega hasta su libro <em>Blues castellano</em>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si la poes&iacute;a viv&iacute;a en sus primeros libros como <em>Sublevaci&oacute;n inm&oacute;vil</em> (1960), Gamoneda&nbsp; no ha encontrado todav&iacute;a el lenguaje verdadero, ese que le una al mundo, a&uacute;n vive entre luces y sombras, entre el misterio del pecado original y la intrascendencia humana.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ser&aacute; despu&eacute;s cuando abra ese caudal, en <em>Blues castellano</em> hay un apartamiento de la indignidad del mundo, Gamoneda se siente avergonzado de ese lenguaje anterior, solo y desvalido ante sus propios espejismos, quiere compartir y dar a los otros su verdad, entender el mundo que lo rodea y serle fiel. Para llegar a los dem&aacute;s solo existe el dolor que vive dentro de su piel.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; En <em>Blues castellano</em> hay un llanto a secas, por la vida, la injusticia y el dolor que late en todo, por la respiraci&oacute;n de las cosas, las oye como si encontrara el ox&iacute;geno que necesita para volver a enfrentarse al mundo. A trav&eacute;s de un nuevo lenguaje, el poeta encuentra su &iacute;ntimo decir que est&aacute; con los otros, en sinton&iacute;a y armon&iacute;a vital.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero las palabras de &Aacute;ngel Luis Prieto de Paula en su art&iacute;culo de <em>Rep&uacute;blica de las</em> <em>Letras</em>, en el citado n&uacute;mero dedicado a Gamoneda, nos aclara el pasado que ha vivido en &eacute;l y que hace necesario ese nuevo ser ante el mundo. El art&iacute;culo se titula: &ldquo;El sabor de la desaparici&oacute;n en Antonio Gamoneda&rdquo; y dice el prestigioso profesor e investigador que Gamoneda fue un ni&ntilde;o de la guerra y eso le marc&oacute;, su poes&iacute;a se bas&oacute; en ese tiempo de dolor, hasta que en &ldquo;Descripci&oacute;n de la mentira&rdquo; reflej&oacute; &ldquo;su fracaso hist&oacute;rico y temporal&rdquo;. Ya en ese libro, de 1977, se revela el deseo de cambia, de unirse al mundo, de encontrar un nuevo verso, que culminar&aacute; en <em>Blues castellano</em> y que recopilar&aacute; en <em>Edad </em>(1987), un libro que recoge una antolog&iacute;a de su poes&iacute;a, publicado en C&aacute;tedra.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Coincide Antonio Colinas con Prieto de Paula en que <em>Descripci&oacute;n de la mentira</em> es el comienzo de ese cambio en su poes&iacute;a, cuando comienza la palabra verdadera, palabra-origen, en la senda de Valente, comienzo de un nuevo lenguaje que cobra todo su sentido en su famoso <em>Blues castellano</em>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Concluyo diciendo que Gamoneda es un poeta de verso llano y profundo, que revela al ser que vivi&oacute; la Guerra Civil de ni&ntilde;o y que vivi&oacute; una dura posguerra, ese ser que encuentra en los dem&aacute;s el verdadero sentido de una obra po&eacute;tica de altura que hay que celebrar.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 27 Jan 2017 11:33:58 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Muerte y futuro de Gracq]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/muerte-y-futuro-de-graca/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/ENRIQUE_VILA-MATAS_2.jpg" alt="" /></p>
<p class="Enrique">Ha muerto Gracq, me dijeron. Yo estaba en Par&iacute;s, en el caf&eacute; Bonaparte, cuando supe que hab&iacute;a muerto Gracq aquella misma ma&ntilde;ana. En un primer momento, a pesar de la edad del escritor, 97 a&ntilde;os, permanec&iacute; incr&eacute;dulo ante la noticia. Yo acababa de llegar aquel mismo d&iacute;a a Par&iacute;s y no pod&iacute;a creer que, a las pocas horas de volver a estar en aquella ciudad, se hubiera muerto Gracq, precisamente el escritor sobre el que en mi casa de Barcelona, poco antes de subirme al avi&oacute;n, acababa de escribir un texto de homenaje que hab&iacute;a enviado al suplemento <em>Babelia</em>. Ahora ten&iacute;a que pensar a Gracq de una forma ligeramente distinta. Lo imagin&eacute; inmortal. Record&eacute; que, en <em>A lo largo del camino<a title="" href="#_ftn1"><strong>[1]</strong></a></em>,&nbsp; Gracq dec&iacute;a que lo que llamamos inmortalidad no es a menudo sino una continuidad m&iacute;nima de existencias en biblioteca, capaces de ser movilizadas de vez en cuando para avalar la moda o el car&aacute;cter literario de la &eacute;poca.</p>
<p class="Enrique">&nbsp;</p>
<p class="Enrique">La continuidad m&iacute;nima de existencia de la obra de Gracq en bibliotecas est&aacute; sobradamente asegurada y ser&iacute;a una sorpresa que sucediera lo contrario, pues ya en vida era un cl&aacute;sico. Perdurar&aacute; su genial <em>El mar de las Sirtes<a title="" href="#_ftn2"><strong>[2]</strong></a></em>, pero perdurar&aacute; tambi&eacute;n sin duda su obra ensay&iacute;stica, ya que contiene opiniones sobre la literatura francesa que no pasar&aacute;n de moda; son comentarios muy penetrantes, de una agudeza singular, en los que para los autores comentados tiene cr&iacute;ticas, movimientos que reprobar, pero tambi&eacute;n palabras de admiraci&oacute;n que componen fragmentos que respiran una pasi&oacute;n por la literatura dif&iacute;cilmente igualable. Gracq comunicaba pasi&oacute;n por la lectura. Tiene precisamente comentarios muy perspicaces acerca del arte de la lectura y las diferentes variantes del mismo: &ldquo;Es divertido pasar del Diario de Gide a los Cuadernos de Val&eacute;ry: de un esp&iacute;ritu que s&oacute;lo se anima con sus lecturas a otro a quien la producci&oacute;n mental ajena ofusca, y que s&oacute;lo admite a t&iacute;tulo de corroboraci&oacute;n &ndash;muy a menudo indeseada- de su propio pensamiento. Quienquiera que piense, y piense al margen de &eacute;l, lo arremete: es de aquellos para quienes los libros de los otros invaden por naturaleza su espacio vital propio, y sienten la concreci&oacute;n de un pensamiento ajeno como una medio insolencia&rdquo;<a title="" href="#_ftn3">[3]</a>.</p>
<p class="Enrique">&nbsp;</p>
<p class="Enrique">Como lector, Gracq estaba mucho m&aacute;s pr&oacute;ximo a Gide, por supuesto. Aunque&nbsp; inmensamente cr&iacute;tico con lo que le&iacute;a, era generoso. Era un cazador de fragmentos que intu&iacute;a que pod&iacute;an describir en su esencia misma la po&eacute;tica de un escritor. As&iacute; sucede, por poner un solo ejemplo, con un fragmento de Val&eacute;ry Larbaud en <em>Gaston d&acute;Ercoule</em>, que a Gracq le parece m&aacute;s que suficiente para comprender la naturaleza de la escritura feliz de ese autor: &ldquo;Estaci&oacute;n, en una tarde de verano: el mundo abierto de par en par y tranquilo y luminoso en los extremos de la b&oacute;veda&rdquo;.</p>
<p class="Enrique">&nbsp;</p>
<p class="Enrique">No se puede estar m&aacute;s alegre y abierto al mundo que Larbaud en ese fragmento. Como lector, al igual que Gide, Gracq tambi&eacute;n estaba extraordinariamente abierto al mundo. Es la antitesis del lector egoc&eacute;ntrico y avaro;&nbsp; de Paul Val&eacute;ry a fin de cuentas. A &eacute;ste le defini&oacute; as&iacute;: &ldquo;Sombr&iacute;o exclusivamente mental que se desarrolla a partir de un pensamiento esencialmente fragmentario, parecido a esas soberan&iacute;as desmigajadas y dispersas del antiguo Sacro Imperio, para las cuales cualquier masa estatal lim&iacute;trofe significaba peligro&rdquo;.</p>
<p class="Enrique">&nbsp;</p>
<p class="Enrique">Al &ldquo;sombr&iacute;o exclusivamente mental&rdquo;, Gracq opon&iacute;a la apertura al mundo de Gide o la alegr&iacute;a de Larbaud, ambas procedentes de su escritor posiblemente m&aacute;s admirado y que a m&iacute; me parece que era Stendhal, de quien nos dice: &ldquo;No tiene maravillas concretas, mientras que un Huysmans s&oacute;lo tiene de &eacute;stas. En la p&aacute;gina de Stendhal hay diez veces menos que espigar para el <em>discurso franc&eacute;s </em>de un candidato que en la de Balzac o Flaubert; como novelista, s&oacute;lo destaca por sus conjuntos, porque reside aproximadamente en su <em>movimiento</em> (siempre ese <em>allegro</em> del que hablaba el otro d&iacute;a, verdaderamente, en toda la extensi&oacute;n de la palabra, <em>vivace</em>: ser sensible o no, es casi una cuesti&oacute;n de ritmo mental, de longitud de onda &iacute;ntima: el alegro de Mozart me parece tan excesivo como me alegra el de Stendhal&rdquo;<a title="" href="#_ftn4">[4]</a>.</p>
<p class="Enrique">Esa justa medida de la alegr&iacute;a de Stendhal es la que complace a Gracq, sospechamos que rendido metaf&oacute;ricamente siempre ante la alegr&iacute;a contenida, pero <em>general</em>, de su maestro. Es como en el amor. Podemos amar detalles, pero cuando amamos el conjunto, amamos su alegr&iacute;a y ritmo generales, estamos sin duda perdidamente enamorados, no hay disimulo posible.</p>
<p class="Enrique">&nbsp;</p>
<p class="Enrique">La sombra de Stendhal se proyecta en los libros de ficci&oacute;n de Gracq, como en <em>Los ojos del bosque<a title="" href="#_ftn5"><strong>[5]</strong></a></em>, por ejemplo. Recuerdo los d&iacute;as en que, al encargarme una editorial un breve pr&oacute;logo a una edici&oacute;n de bolsillo de ese libro, decid&iacute; preparar el prefacio retir&aacute;ndome por una temporada&nbsp; a un albergue en los confines de las &Aacute;rdenas, donde me sent&iacute; feliz, instalado deliberadamente en un tiempo muerto parecido al de la&nbsp; <em>dr&ocirc;le de guerre</em> de las &Aacute;rdenas en la que se enmarca la acci&oacute;n de la novela. Me sent&iacute; perfecto viviendo con la alegr&iacute;a de Larbaud y de Stendhal en esa especie de tiempo paralizado, casi irreal, mezcla de<em> dr&ocirc;le de guerre</em> y de no tener nada que hacer salvo planear un pr&oacute;logo. Me pasaba el d&iacute;a <em>leyendo, escribiendo</em>, por decirlo en t&eacute;rminos de t&iacute;tulo de un libro de Gracq<a title="" href="#_ftn6">[6]</a> . Era mi forma de revivir la experiencia del oficial Grange, el personaje central de la novela. La verdad es que necesitaba yo hacer algo as&iacute; para recuperarme de las heridas de la vida mundana, necesitaba eso tanto como vivir en la confianza de que un d&iacute;a podr&iacute;a volver a vivir de nuevo en la discreci&oacute;n y la tranquilidad de los a&ntilde;os de mi juventud, aquellos en los que se desarroll&oacute; mi primera etapa como escritor: volver a los d&iacute;as en que Marcel Duchamp&nbsp; &ndash;cuyas tomas de posici&oacute;n ante la vida y el arte creo que&nbsp; tienen puntos en com&uacute;n con Gracq-&nbsp; era mi modelo existencial. Y era mi modelo por su discreci&oacute;n, geometr&iacute;a, clasicismo, elegancia y calma.</p>
<p class="Enrique">&nbsp;</p>
<p class="Enrique">Fueron d&iacute;as felices, de pr&oacute;logo lento y jam&aacute;s tan disfrutado.&nbsp; Desde el balc&oacute;n de mi cuarto de albergue se divisaba toda esa zona boscosa que es el escenario de la b&uacute;squeda interior del joven oficial franc&eacute;s Grange en <em>Los ojos del bosque</em>. Estaba yo bien cerca de los lugares donde transcurr&iacute;a la acci&oacute;n de esta novela que&nbsp; Gracq&nbsp; hab&iacute;a publicado en 1958 y&nbsp; que fue&nbsp; la &uacute;ltima de las suyas, pues tras ella se desvi&oacute; del camino narrativo adentr&aacute;ndose en sus cuadernos de notas y en otras obras fragmentarias de orden ensay&iacute;stico.</p>
<p class="Enrique">&nbsp;</p>
<p class="Enrique">All&iacute; en las Ardenas, en mi balc&oacute;n sobre el bosque, descubr&iacute; o confirm&eacute; (ya no recuerdo) que en su deseo de preservarse, de no ser molestado, de decir no, en definitiva, en&nbsp; ese &ldquo;dejadme en mi rinc&oacute;n y pasad de largo&rdquo; que Gracq atribu&iacute;a a su ascendencia <em>vendeana</em>, se o&iacute;an sin duda los ecos esenciales de H&ouml;lderlin y de Robert Walser; ecos&nbsp; que, a fin de cuentas, conviv&iacute;an con los de los antepasados del escritor, aquellos hombres que vencieron, masacraron en sus tierras a las tropas de la Convenci&oacute;n. De hecho, Gracq fue siempre un digno heredero de ellos, un gran experto en resistir a Par&iacute;s. Basta recordar cuando en 1951 rechaz&oacute; el premio Goncourt. Fue asimismo un superviviente y un resistente de la escritura desde su legendaria <em>La literatura en el est&oacute;mago</em>, libro prof&eacute;tico que avanzaba el circo medi&aacute;tico actual. Que no haya edici&oacute;n espa&ntilde;ola de ese panfleto debe atribuirse a las perversidades del propio mercado. Ah&iacute;, en ese op&uacute;sculo, Gracq lo dice todo sobre lo que pasa ahora &ndash;ahora mismo- en el mundillo de la literatura.</p>
<p class="Enrique">&nbsp;</p>
<p class="Enrique">Andr&eacute; Bret&oacute;n consider&oacute; surrealista a Gracq cuando &eacute;ste en 1938&nbsp; public&oacute; <em>El castillo de Argol<a title="" href="#_ftn7"><strong>[7]</strong></a></em>, <em>&nbsp;</em>su primera novela. Pero yo creo que esa alabanza hablaba m&aacute;s del tradicionalismo profundo de Breton que del propio Gracq, pues en realidad&nbsp; el autor de <em>&nbsp;Los ojos del bosque&nbsp; </em>poco tiene&nbsp; de experimental&nbsp; y lo que tra&iacute;a a colaci&oacute;n con su castillo de Argol era nada menos que la leyenda del Santo Grial, tratada con una sagrada seriedad que hoy desconocen los Dan Brown de turno.&nbsp; Tal vez lo que revelaban los elogios de Breton era lo mucho que hab&iacute;a en el surrealismo de clasicismo y&nbsp; de feliz regreso al simbolismo medieval. Despu&eacute;s de todo, para Gracq ir tras el Grial era, m&aacute;s que buscar un objeto milagroso, cifrar la esencia de la condici&oacute;n humana. Cifrarla fue siempre su objetivo y yo creo que la cifr&oacute;, por ejemplo, cuando habl&oacute; del vac&iacute;o y del grito de la zumaya en la linde m&aacute;s cercana a los ojos de aquel bosque lleno de terrores ante el que me asom&eacute; yo durante unas semanas mientras escrib&iacute;a mi pr&oacute;logo feliz.</p>
<p class="Enrique">&nbsp;</p>
<p class="Enrique">Gracq ha muerto. Al releer recientemente <em>El mar de las Sirtes</em>, me ha parecido ver que esta novela se halla muy conectada con el aire de nuestro tiempo y alineada con lo m&aacute;s renovador de las tendencias narrativas de estos comienzos de siglo. No deja de ser sorprendente que esto ocurra con un libro que, cuando apareci&oacute; en 1951, fue visto como una narraci&oacute;n brillantemente anticuada, de un sublime clasicismo extempor&aacute;neo. Pero lo cierto es que, rele&iacute;da ahora, <em>El mar de las Sirtes</em> no s&oacute;lo parece contener&nbsp; la belleza extrema de la m&aacute;s absoluta modernidad, sino que, adem&aacute;s, se dir&iacute;a que, cargada de la electricidad est&aacute;tica de una vieja biblioteca, esta novela se proyecta de forma inquietante, como el propio volc&aacute;n T&auml;ngri de su s&eacute;ptimo cap&iacute;tulo, hacia nuestro futuro.</p>
<p class="Enrique">&nbsp;</p>
<p class="Enrique">&nbsp;Justo es reconocer que tambi&eacute;n yo la vi de forma parecida, como brillantemente anclada en el pasado, cuando hace unos a&ntilde;os pude leerla por primera vez en la magn&iacute;fica traducci&oacute;n al espa&ntilde;ol de Jos&eacute; Escu&eacute;. Reconoc&iacute; ya entonces muchas de sus virtudes (precisi&oacute;n verbal, rigor de la lengua y sintaxis implacable: formalismo de car&aacute;cter <em>esencial</em>, donde la elaboraci&oacute;n por medio de las palabras respond&iacute;a a un fondo concreto, a un pensamiento, a una concepci&oacute;n muy elevada del arte),&nbsp; pero&nbsp; me equivoqu&eacute; al creer que <em>El mar de las Sirtes</em>, por sus aciertos formales y sus ecos decimon&oacute;nicos, ser&iacute;a estudiada en el futuro, en amable asincron&iacute;a, al lado de las obras de Balzac o Stendhal.</p>
<p class="Enrique">&nbsp;</p>
<p class="Enrique">Rele&iacute;da ahora, lo primero que me ha parecido ver es que&nbsp; su m&eacute;todo narrativo es sorprendentemente contempor&aacute;neo, pues acoge con hospitalidad variadas tendencias literarias que el autor absorbe, intertextualiza y transforma, lo que le relaciona, aunque sea s&oacute;lo de forma oblicua, con ciertas t&eacute;cnicas posmodernas o, mejor dicho, <em>borgianas</em> de trabajo. Y es que <em>El mar de las Sirtes</em> no s&oacute;lo se alimenta de los materiales que le proporciona la vida, sino que tambi&eacute;n crece, misteriosamente, sobre otros libros. Esto no hace m&aacute;s que confirmarnos que, como dice Gracq, el genio no es m&aacute;s que una aportaci&oacute;n de bacterias particulares, una delicada qu&iacute;mica individual en medio de la cual un esp&iacute;ritu nuevo absorbe, transforma y, finalmente, restituye, con una forma in&eacute;dita, no el mundo en bruto, sino m&aacute;s bien la enorme materia literaria que le precede.</p>
<p class="Enrique">&nbsp;</p>
<p class="Enrique">En <em>El mar de las Sirtes</em> esta delicada operaci&oacute;n con la materia literaria se ha hecho, por otra parte, fondeando en las aguas de la tradici&oacute;n m&aacute;s noble y m&aacute;s radicalmente revolucionaria de la poes&iacute;a. Y &eacute;sta es una de las vertientes por las que entronca con lo m&aacute;s avanzado de las tendencias novel&iacute;sticas actuales, porque seguramente la novela del siglo XXI poseer&aacute; altos registros po&eacute;ticos, <em>o no ser&aacute;</em>.&nbsp; Sospecho que Gracq es nuestro contempor&aacute;neo tambi&eacute;n en este aspecto. Es, ante todo, un poeta de la novela, como lo prueba el hecho de que Nerval,&nbsp; Rimbaud y Breton vertebren <em>El mar de las Sirtes</em> confirmando, de pasada,&nbsp; que escribir se relaciona raramente con un impulso plenamente aut&oacute;nomo: &ldquo;El mimetismo espont&aacute;neo cuenta mucho: no hay escritores sin inserci&oacute;n en una <em>cadena</em> de escritores ininterrumpida&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Enrique">&nbsp;</p>
<p class="Enrique">De Nerval&nbsp; extrae el lenguaje de la locura, de la libertad expresiva en su faceta m&aacute;s vagabunda, y encuentra en este autor una inyecci&oacute;n omnipresente del recuerdo, &ldquo;una canci&oacute;n del tiempo pasado que vuela y que se desarrolla a partir de las llamadas incluso m&aacute;s tenues de lo reciente como de lo lejano, y que no veo en ning&uacute;n otro escritor&rdquo;. Con Rimbaud le ocurre algo por el estilo, con el a&ntilde;adido de que es un autor que indefectiblemente siempre le sobrecoge y le fascina hasta el punto de caer hipnotizado bajo su influjo&nbsp; de la misma manera que puede retenerle en su balc&oacute;n durante horas una tarde de mal tiempo en Sion: &ldquo;furor deshecho que se concentra virgen de nuevo,&nbsp; inconcebible desencadenamiento de energ&iacute;a equivocada&rdquo;. Y en cuanto a Breton lo esencial de la obra de &eacute;ste lo halla en <em>Nadja</em> y su <em>alma errante</em> capaz de vivir acontecimientos previstos con anterioridad y de llevar al lector y al autor&nbsp; por una realidad donde todo es ins&oacute;lito.</p>
<p class="Enrique">&nbsp;</p>
<p class="Enrique">El vagabundeo libre y a veces anticipatorio de Nerval y Nadja, la configuraci&oacute;n ps&iacute;quica tormentosa de Rimbaud, los signos exteriores procesados por una mente sesgadamente surrealista, todo eso forma parte de la configuraci&oacute;n de <em>El mar de las Sirtes.</em> Cuando la percibimos ahora tan contempor&aacute;nea, comenzamos a explicarnos las reacciones de estupor o de altivo menosprecio que provocaron sus innovadoras <em>bacterias literarias</em> entre los supuestos genios que triunfaban por aquellos d&iacute;as&nbsp; &ndash;eran <em>tiempos</em> <em>modernos</em>- de 1951, el a&ntilde;o en el que apareci&oacute; el &ldquo;anticuado&rdquo; libro de Gracq y&nbsp; fue premiado con aquel legendario Goncourt que rechaz&oacute;.</p>
<p class="Enrique">&nbsp;</p>
<p class="Enrique">Una tenebrosa intuici&oacute;n de futuro est&aacute; extra&ntilde;amente agazapada a lo largo de la luz fr&iacute;a de Syrtes y de la morosa espera que cruza&nbsp; toda la trama de esta novela en la que Gracq nos va contando c&oacute;mo se a&iacute;sla el <em>esp&iacute;ritu de la historia</em> a base de concentrar el proceso que llev&oacute; a la explosi&oacute;n de una guerra, tal como &eacute;l lo vivi&oacute; antes de 1939. Y es que al&nbsp; tiempo que nos cuenta todo esto, va dirigiendo sus espirituales pasos hacia una visi&oacute;n, m&aacute;s bien escalofriante, del terror&iacute;fico y est&eacute;ril, tembloroso porvenir que a Occidente le espera. Porque ah&iacute; est&aacute; otro de los aspectos que hacen tan actual a este libro. Percibe el futuro. Debido&nbsp; a esto, la misma novela es una sorprendente aproximaci&oacute;n a&nbsp; lo que <em>nos est&aacute; sucediendo ahora</em>, es la narraci&oacute;n&nbsp; de una espera y&nbsp; el anuncio de una renovaci&oacute;n que nunca llega, una historia de iniciaci&oacute;n, y naturalmente la oscilaci&oacute;n entre el secreto y una posible revelaci&oacute;n, que, a trav&eacute;s casi siempre del enfrentamiento con la muerte, resulta ser al final la revelaci&oacute;n del relato en s&iacute;, la triunfal afirmaci&oacute;n de la literatura sobre el mundo. Esa&nbsp; gloriosa afirmaci&oacute;n no hace m&aacute;s que confirmar que nos encontramos ante un libro excepcional sobre nuestro presente, un libro que quiz&aacute;s estemos comenzando a poder leer hoy, puesto que nos habla, a trav&eacute;s de su&nbsp; noble y moroso palabreo intertextual, de nuestra <em>veneciana</em>&nbsp; decadencia de ahora.</p>
<p class="Enrique">&nbsp;</p>
<p class="Enrique">Y si digo <em>veneciana</em> es porque la trama, que sirve de pretexto para intentar descifrar y aislar el <em>esp&iacute;ritu de la historia</em>&nbsp; &nbsp;se ocupa de un imaginario lugar, el se&ntilde;or&iacute;o de Orsenna, que es una especie de Venecia en los d&iacute;as de su ocaso final y d&oacute;nde&nbsp; el h&eacute;roe rompe con su vida f&aacute;cil y pide ser destinado al sur, en la l&iacute;nea fronteriza de las Sirtes, descubriendo all&iacute; una guerra olvidada entre dos estados ficticios, enfrentados desde hace siglos por motivos que ya ni se recuerdan. Esta historia de <em>El mar de las Sirtes </em>&nbsp;posee una trama tan lenta como el atardecer terrible de una civilizaci&oacute;n de antiguo esplendor, ya apag&aacute;ndose. Estamos ante una novela de la inactividad y&nbsp; de la enso&ntilde;aci&oacute;n solitaria y de un contagio nebuloso entre la trama y el estilo.</p>
<p class="Enrique">&nbsp;</p>
<p class="Enrique">La trama se arrastra detr&aacute;s del estilo, que avanza a zancadas. Y es en el fondo una trama de luz fr&iacute;a y terriblemente moderna,&nbsp; importando poco si es&nbsp; ficci&oacute;n o realidad, verdad o mentira. Muy especialmente con libros como el de Gracq&nbsp; poco importa resolver esa trasnochada disyuntiva, y digo trasnochada pues, a fin de cuentas,&nbsp; la tarea de la literatura ha sido siempre ocuparse del sentido y no de la verdad, y esto que digo es algo que no por casualidad parece que s&oacute;lo tienen&nbsp; realmente presente los narradores de vanguardia de estos&nbsp; principios de siglo XXI.</p>
<p class="Enrique">&nbsp;</p>
<p class="Enrique">Por literatura de <em>percepci&oacute;n</em>&nbsp; no entiendo una literatura prof&eacute;tica, porque &eacute;sta es algo muy distinto y sin duda nada interesante.&nbsp; Por <em>El mar de las Sirtes</em>&nbsp; lo que fluye es&nbsp; una extra&ntilde;a retah&iacute;la de iluminaciones de estirpe <em>rimbaudiana</em>, algo as&iacute; como una gran sabidur&iacute;a de <em>percepci&oacute;n</em> del futuro, en la l&iacute;nea de un Kafka, por ejemplo. Como se sabe, uno de los aspectos m&aacute;s seductores de la literatura se encuentra en el hecho de que algunas veces puede ser algo as&iacute; como un espejo que se adelanta; un espejo que, como algunos relojes, tiene la capacidad de avanzarse. Kafka fue un buen ejemplo de esto porque <em>percibi&oacute;</em> hacia donde evolucionar&iacute;a la distancia entre estado e individuo, m&aacute;quina de poder e individuo, singularidad y colectividad, masa y ser ciudadano. Kafka vio el panorama m&aacute;s all&aacute; en la evoluci&oacute;n. Eso explica que le gustara tanto otro libro de marcado acento perceptivo, <em>Bouvard et Pecuchet</em>, donde hay ya un espl&eacute;ndido diagn&oacute;stico de c&oacute;mo la estupidez avanzar&aacute; imparable en el mundo occidental. El libro de Gracq se sit&uacute;a en esta corriente de escritores con espejos que tienen la capacidad de adelantarse. Parece conocer el n&uacute;cleo de nuestro problema actual: la situaci&oacute;n de absoluta imposibilidad, de impotencia del individuo frente a la m&aacute;quina devastadora del poder, del sistema pol&iacute;tico.</p>
<p class="Enrique">&nbsp;</p>
<p class="Enrique">Hasta el siglo diecinueve, el gran pol&iacute;tico y el gran escritor pod&iacute;an confluir en una similitud solidaria de lenguajes. La novela decimon&oacute;nica retrataba el mundo con las mismas categor&iacute;as que presid&iacute;an la labor del pol&iacute;tico que constru&iacute;a el mundo. La literatura pod&iacute;a ser&nbsp; <em>central</em>, colocarse en el centro del devenir hist&oacute;rico. En el siglo veinte, aquella solidaridad se quebr&oacute;. El pol&iacute;tico y el escritor, la historia y la poes&iacute;a, comenzaron a hablar dos lenguajes diferentes e incompatibles. Sus&nbsp; mundos empezaron&nbsp; a no coincidir uno con otro. Flaubert primero y Kafka despu&eacute;s fueron los maestros&nbsp; de esta sutil, decisiva inversi&oacute;n. Musil iba a ser el &uacute;ltimo de este brillante eslab&oacute;n cerr&aacute;ndolo con su monumental obra abierta, <em>El hombre sin atributos</em>, donde presentaba un nuevo modo de narrar que se constitu&iacute;a en un permanente ensayo de la vida. Su obra cerr&oacute; todo un ciclo de la narrativa europea,&nbsp; y para algunos fue el &uacute;ltimo de nuestros novelistas, pues terminada la segunda guerra mundial, ya no qued&oacute; nada <em>narrable</em> en el continente. Hoy, en lo que entendemos por nuestro presente, ya puede decirse que <em>no pasa nada</em>, porque en realidad todo ya ha pasado, todo acab&oacute;. Ah&iacute; creo que habr&iacute;a que inscribir ese <em>&ldquo;Cela c&acute;est pass&eacute;</em>&rdquo;, que es una de las palabras clave de Rimbaud&nbsp; y a la que el propio Gracq dice que no se le concede la atenci&oacute;n que merecer&iacute;a.</p>
<p class="Enrique">&nbsp;</p>
<p class="Enrique">&nbsp;Esa calma y esas descripciones <em>surrealizadas</em> de paisajes que siguen&nbsp; a <em>todo eso que ces&oacute;</em> podr&iacute;a ser el contexto en el que Gracq&nbsp; sit&uacute;a la trama de su novela, cuya inactiva&nbsp; acci&oacute;n&nbsp; sucede en una especie de inmensa sala de espera que recuerda a una ciudad de antiguos esplendores como Venecia en los d&iacute;as de su decadencia final, o al mism&iacute;simo&nbsp; apagado crep&uacute;sculo occidental de nuestros d&iacute;as. Y s&iacute;, en efecto. Todo eso estar&iacute;a dando pleno sentido a que un escritor, tan consciente de la asimetr&iacute;a con el lenguaje pol&iacute;tico como Gracq, viviera durante tantos a&ntilde;os <em>apartado</em> radicalmente. Para bien o para mal (probablemente para lo segundo), en Occidente el brillo y horror de otro tiempo se fue y <em>todo ahora ya pas&oacute;</em>. Toda la historia europea ha acabado por ser la historia de un gran vac&iacute;o provocado por ese inmenso orgullo de pensar que, muertos los dioses, nosotros somos lo &uacute;nico&nbsp; inmortal que existe. Ese extraordinario desaf&iacute;o nos llev&oacute; a la conquista del mundo. Y es que, como dice F&eacute;lix de Az&uacute;a, un vac&iacute;o tan grande nos provoc&oacute; tal desesperaci&oacute;n que inevitablemente terminamos por convertirnos en la cultura m&aacute;s guerrera que ha existido nunca. &iquest;Para qu&eacute;? No lo sabemos. Es la nuestra una pura actividad sin fin, una enloquecida carrera hacia la nada. Y ese es&nbsp; precisamente el paisaje moral y literario que&nbsp; prefigura Gracq en su tan&nbsp; perceptiva <em>El mar de las Sirtes</em>, publicada nueve a&ntilde;os despu&eacute;s de la muerte de Musil &ndash;sin que eso signifique m&aacute;s que eso: nueve a&ntilde;os despu&eacute;s-&nbsp; y donde el g&eacute;nero novel&iacute;stico es abordado&nbsp; como g&eacute;nero supremo de la utop&iacute;a y como instrumento id&oacute;neo para ense&ntilde;orearse nuevamente de la irrealidad&nbsp; en una &eacute;poca en la que &ndash;precisamente lo mismo que est&aacute; sucediendo en nuestros d&iacute;as- la realidad est&aacute;&nbsp; perdiendo todo sentido si no es que lo perdi&oacute; ya del todo.</p>
<p class="Enrique">&nbsp;</p>
<p class="Enrique">&nbsp;Toda esa atm&oacute;sfera gracquiana alcanza en <em>El mar de las Sirtes</em> su cumbre m&aacute;xima<em> </em>cuando, en el s&eacute;ptimo cap&iacute;tulo, vemos aparecer, fantasmag&oacute;rico, el volc&aacute;n T&auml;ngri, una monta&ntilde;a salida del mar, un cono blanco y nevado flotando como un alba lunar sobre un tenue velo morado que lo despega del horizonte. A veces esa memorable <em>iluminaci&oacute;n</em>, esa imagen volc&aacute;nica me evoca al propio Gracq&nbsp; y su papel &ndash;creo que va a crecer despu&eacute;s de su muerte-&nbsp; en la historia de la renovaci&oacute;n de las tendencias narrativas: &ldquo;All&iacute; estaba. Su luz fr&iacute;a irradiaba como un manantial de silencio con una virginidad desierta y constelada de estrellas&rdquo;.</p>
<p class="Enrique">&nbsp;</p>
<p class="Enrique">&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> J. Gracq, <em>A lo largo del camino</em>, Acantilado, Barcelona, 2008.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> J. Gracq, <em>El mar de las Sirtes</em>, Mondadori/Debolsillo, Barcelona, 2006.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a> J. Gracq, <em>A lo largo del camino</em>, Acantilado, Barcelona, 2008.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a> J. Gracq, <em>Leyendo, escribiendo</em>, Fuentetaja, Madrid, 2005</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a> J. Gracq, <em>Los ojos del bosque</em>, Mondadori/Debolsillo, Barcelona, 2006.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a> J. Gracq, <em>Leyendo, escribiendo</em>, Fuentetaja, Madrid, 2005</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a> J. Gracq, <em>El castillo de Argol</em>,, Mondadori/Debolsillo, Barcelona, 2006.</p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Fri, 27 Jan 2017 11:29:16 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El combate de la desigualdad. Una aproximación a la literatura más reciente]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-combate-de-la-desigualdad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/urquizu500.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpo">En los &uacute;ltimos tiempos, las librer&iacute;as se han llenado de textos que abordan el problema de la desigualdad. Fruto de las crisis econ&oacute;mica y social por las que pasa nuestra sociedad, m&uacute;ltiples acad&eacute;micos han decidido aportar todo su saber en un tema que es recurrente en la literatura. Porque desigualdades siempre ha habido, aunque su presencia en las sociedades ha ido cambiando con el tiempo. Adem&aacute;s, como veremos a continuaci&oacute;n, muchos de estos trabajos no son s&oacute;lo de autores espa&ntilde;oles. Es decir, el resurgimiento de la desigualdad como tema de inter&eacute;s se ha producido m&aacute;s all&aacute; de nuestras fronteras. Pero, &iquest;qu&eacute; dicen todos estos libros?</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Antes de responder a esta pregunta, me gustar&iacute;a dejar claras mis intenciones. El principal objetivo de este art&iacute;culo es revisar algunos de los trabajos m&aacute;s relevantes que se han publicado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os sobre esta cuesti&oacute;n, con el deseo de animar al lector a que se aproxime a esta tem&aacute;tica. As&iacute;, espero que tras leer estas l&iacute;neas, algunos de los lectores decidan hacerse con alguno de los libros que aqu&iacute; se citan y realizar su propia lectura cr&iacute;tica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Si uno va a un estanter&iacute;a de una librer&iacute;a cualquiera, descubrir&aacute; que la literatura sobre desigualdad tiene m&uacute;ltiples enfoques. Dicho en otras palabras, no existe una visi&oacute;n &uacute;nica de la desigualdad y est&aacute; siendo abordada desde varias perspectivas. As&iacute;, algunos autores como Pierre Rosanvallon (<em>La sociedad de los iguales</em>, RBA, 2012) han preferido una visi&oacute;n mucho m&aacute;s filos&oacute;fica e hist&oacute;rica de este tema. A lo largo de su trabajo, el historiador franc&eacute;s realiza un recorrido por las diferentes acepciones y significados que ha tenido la idea de la igualdad en nuestra historia. Junto a esta visi&oacute;n m&aacute;s &ldquo;descriptiva&rdquo;, en la parte final de su libro incluye un cap&iacute;tulo mucho m&aacute;s propositivo donde presenta su idea de&nbsp; c&oacute;mo deber&iacute;a ser la sociedad moderna. Para Rosanvallon, en la sociedad de los iguales la idea de igualdad tendr&iacute;a un significado mucho m&aacute;s ligado a la relaci&oacute;n social entre sus individuos que un concepto de distribuci&oacute;n igualitarista. Es decir, Rosanvallon hace hincapi&eacute; en aspectos que van m&aacute;s all&aacute; de los meramente econ&oacute;micos, centr&aacute;ndose tambi&eacute;n en cuestiones como los derechos.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Desde luego que esta visi&oacute;n es tremendamente enriquecedora y relevante. El historiador franc&eacute;s recupera de alguna forma la idea de ciudadan&iacute;a que present&oacute; en su momento Thomas H. Marshall en su influyente texto: <em>Ciudadan</em><em>&iacute;</em><em>a y Clase Social</em> (Alianza Editorial, 1992). Para este soci&oacute;logo brit&aacute;nico, la idea de ciudadan&iacute;a se construye sobre la consecuci&oacute;n de tres tipos de derechos: civiles, pol&iacute;ticos y socioecon&oacute;micos. S&oacute;lo cuando los alcanzamos podemos ser considerados como ciudadanos plenos.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Para ambos autores la igualdad ser&iacute;a algo m&aacute;s que la distribuci&oacute;n de la riqueza: tambi&eacute;n afectar&iacute;a a nuestras relaciones dentro de la sociedad con los dem&aacute;s ciudadanos y la adquisici&oacute;n de derechos. Es decir, un primer acercamiento al tema de la desigualdad dejar&iacute;a de lado las cuestiones m&aacute;s economicistas para centrarse en la visiones m&aacute;s filos&oacute;ficas y jur&iacute;dicas de este concepto. El reciente trabajo de Rosavallon entrar&iacute;a dentro de esta perspectiva y permite construir una idea de la igualdad mucho m&aacute;s reflexiva.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">El segundo conjunto de an&aacute;lisis son mucho m&aacute;s cuantitativos y su enfoque se acercan bastante m&aacute;s a la econom&iacute;a y a la sociolog&iacute;a que a la filosof&iacute;a o el derecho. No obstante, como se&ntilde;ala Thomas Piketty en la introducci&oacute;n de su libro (<em>El capital en el siglo XXI</em>, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2014), ser&iacute;a un error considerar al conjunto de las ciencias sociales como compartimentos estancos. Dicho en otras palabras, no podemos entender los datos econ&oacute;micos sin complementarlos con perspectivas hist&oacute;ricas o an&aacute;lisis m&aacute;s sociodemogr&aacute;ficos. Por ello, su texto es un recurrido por varios siglos de desigualdad. Su mayor valor a&ntilde;adido es haber sido capaz de medir la distribuci&oacute;n de la riqueza y de los ingresos desde el siglo XVIII hasta la actualidad en una veintena de pa&iacute;ses desarrollados. A trav&eacute;s de diversas t&eacute;cnicas estad&iacute;sticas y tras un tedioso trabajo de investigaci&oacute;n, Piketty nos presenta una foto de la desigualdad en los &uacute;ltimos 350 a&ntilde;os. Adem&aacute;s es una imagen muy completa, con datos muy novedosos que aportan una gran informaci&oacute;n.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Su evidencia emp&iacute;rica muestra una de las conclusiones m&aacute;s relevantes de su trabajo: en varias etapas de nuestra historia la acumulaci&oacute;n de capital y de patrimonio ha crecido con m&aacute;s vigor que la econom&iacute;a y los ingresos. Estas divergencias en el crecimiento est&aacute;n detr&aacute;s del auge de las desigualdades en las sociedades. Pero cada pa&iacute;s ha seguido su propia trayectoria. De hecho, considera que no todos tenemos la misma capacidad de hacer crecer nuestro capital. Por ello, el aumento de la desigualdad no siempre se ha producido al mismo tiempo y de la misma forma en todas las sociedades y para todos los individuos. No obstante, Piketty s&iacute; que concluye que desde la Primera Guerra Mundial hasta la actualidad nuestras econom&iacute;as han pasado por tres etapas claramente diferenciadas. Entre 1914 y 1945, los pa&iacute;ses desarrollados pasaron por una fase de gran destrucci&oacute;n de capital como resultado de las dos guerras mundiales. Esta etapa dio paso a una segunda fase y la sit&uacute;a en los treinta a&ntilde;os posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Durante este periodo de tiempo las sociedades occidentales experimentaron una disminuci&oacute;n de la desigualdad que se fren&oacute; en los a&ntilde;os 70, que es cuando comienza la tercera fase. As&iacute;, en los &uacute;ltimos cuarenta a&ntilde;os las diferencias sociales han vuelto a crecer de forma muy significativa fruto de una mayor acumulaci&oacute;n de capital y riqueza frente a econom&iacute;as que crec&iacute;an de forma mucho m&aacute;s lenta.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Estas tesis han generado una enorme controversia en el mundo acad&eacute;mico y no han sido aceptadas siempre con el mismo grado de satisfacci&oacute;n. Algunas de estas cr&iacute;ticas, como la que realiz&oacute; el editor del <em>The Financial Times</em>, Chris Giles, se centraron en la construcci&oacute;n de la base de datos y las posibles incorrecciones que pod&iacute;a tener la parte m&aacute;s estad&iacute;stica. Piketty contest&oacute; a estas cr&iacute;ticas con un extenso art&iacute;culo, desmontando gran parte de estos argumentos.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Quiz&aacute;s el an&aacute;lisis m&aacute;s riguroso y cr&iacute;tico de la obra de Piketty aparece en el n&uacute;mero de diciembre del a&ntilde;o pasado en la revista: <em>The British Journal of Sociology, </em>que dedic&oacute; un n&uacute;mero especial a analizar con detenimiento los principales argumentos del libro de Piketty. Los art&iacute;culos aparecen firmados por acad&eacute;micos tan relevantes como Anthony B. Atkinson, David Soskice o David Piachaud. Me voy a detener en uno de ellos, el de David Soskice: &ldquo;Capital in the twenty-first century: a critique&rdquo;.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Soskice cree que el principal argumento de Piketty se fundamenta en dos supuestos un tanto d&eacute;biles que no necesariamente funciona como el economista franc&eacute;s cree. El primero de ellos tiene que ver con el papel de los ahorradores. Seg&uacute;n el modelo te&oacute;rico que presenta el libro, los due&ntilde;os del capital ahorrar&aacute;n parte de sus ganancias para luego reinventirlas y as&iacute; seguir aumentando su riqueza. Pero Soskice considera que este argumento no es plausible por dos razones. En primer lugar, la inversi&oacute;n no la realizan los ahorradores, sino los empresarios. En segundo lugar, en una etapa de tanta incertidumbre y d&eacute;bil crecimiento econ&oacute;mico como fueron los a&ntilde;os 80 y parte de los 90, &iquest;por qu&eacute; los empresarios iban a invertir ante unas expectativas de bajo crecimiento? Es decir, desligar la acumulaci&oacute;n de capital y la inversi&oacute;n del crecimiento de la econom&iacute;a como si fueran factores independientes no parece del todo correcto, especialmente en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">La segunda cr&iacute;tica de Soskice se centra en el an&aacute;lisis &ldquo;hist&oacute;rico&rdquo; que hace Piketty del periodo que va desde la Segunda Guerra Mundial. El mismo economista franc&eacute;s reconoce la vocaci&oacute;n interdisciplinar de sus argumentos. Como se ha se&ntilde;alado anteriormente, Piketty considera que un an&aacute;lisis econ&oacute;mico, para que sea riguroso, debe tener en cuenta m&aacute;s disciplinas adem&aacute;s de la econom&iacute;a: historia, sociolog&iacute;a, antropolog&iacute;a, etc. En cambio, el modelo que presenta Piketty del periodo tras 1945 deja de lado aspectos tan relevantes como los cambios tecnol&oacute;gicos que pueden explicar tanto el crecimiento econ&oacute;mico como la acumulaci&oacute;n de capital. Es decir, el economista franc&eacute;s no presenta un relato completo de lo que sucedi&oacute; en las sociedades desarrolladas en la segunda mitad del siglo XX. Por ello, Soskice considera que los argumentos de Piketty son incompletos.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Una segunda conclusi&oacute;n que me gustar&iacute;a destacar de este libro es la visi&oacute;n optimista del economista franc&eacute;s, quien cree que el avance de la desigualdad se puede corregir y para ello propone establecer un impuesto transnacional sobre el capital. Es decir, se tratar&iacute;a de gravar con una tasa el origen de la desigualdad. Pero lo cierto es que no deja de ser un voluntarismo dif&iacute;cil de traducir en una decisi&oacute;n pol&iacute;tica. Dicho de otra forma, no parece tan sencillo como Piketty cree la posibilidad de establecer este tipo de impuesto.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Pero al margen de todas las controversias, de lo que nadie duda es que <em>El capital en el siglo XXI</em> es ya una obra de referencia. Toda la controversia y lo r&iacute;os de tinta que ha generado lo ha convertido en un libro que seguir&aacute; dando que hablar. Seguramente pasar&aacute; el tiempo y los cient&iacute;ficos sociales seguiremos recurriendo a este texto a la hora de hablar de la desigualdad.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Dentro de esta perspectiva anal&iacute;tica hay una segunda obra que ha aparecido en los &uacute;ltimos tiempos y que sin poseer la misma riqueza emp&iacute;rica, analiza de forma muy brillante la misma cuesti&oacute;n. Se trata del trabajo de Branko Milanovic: <em>Los que tienen y los que no tienen. Una breve y singular historia de la desigualdad global </em>(Alianza Editorial, 2012). En los diferentes cap&iacute;tulos del libro el autor analiza las diferencias sociales entre personas, la desigualdad entre naciones y las diferencias socioecon&oacute;micas en el mundo. Para ello recurre a historias que resumen de forma muy gr&aacute;fica muchos de sus argumentos. A diferencia del trabajo de Piketty, Milanovic ha escrito en realidad un ensayo. Pero su capacidad explicativa y su rigurosidad en el empleo de los datos tambi&eacute;n convierten a este libro en una obra a ser considerada en cuenta dentro de los debates sobre la desigualdad.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Finalmente, dentro de nuestras fronteras merece la pena citar tres trabajos distintos que ofrecen una perspectiva muy interesante sobre la evoluci&oacute;n de la desigualdad en Espa&ntilde;a. El primero de ellos fue publicado en 2013 por Jos&eacute; Saturnino Mart&iacute;nez: <em>Estructura Social y desigualdad en Espa</em><em>&ntilde;</em><em>a </em>(Catarata). Este soci&oacute;logo canario recorre a trav&eacute;s de los distintos cap&iacute;tulos c&oacute;mo ha cambiado nuestro pa&iacute;s desde los a&ntilde;os 70 hasta ahora en t&eacute;rminos de clase social, ofreciendo adem&aacute;s una perspectiva comparada. Para ello recurre no s&oacute;lo a indicadores internacionales como el &iacute;ndice Gini o los informes PISA, sino que adem&aacute;s utiliza los microdatos de las encuestas del Instituto Nacional de Estad&iacute;stica para presentar una fotograf&iacute;a lo m&aacute;s exacta posible de cuestiones tan relevantes como nuestro mercado laboral y sus diferencias internas o las desigualdades de g&eacute;nero. La aportaci&oacute;n de Jos&eacute; Saturnino es doble. Por un lado, ofrece datos in&eacute;ditos y dif&iacute;ciles de encontrar en otros trabajos. Por otro lado, muchas de sus explicaciones y argumentos a la hora de entender las desigualdades en nuestro pa&iacute;s son en ocasiones contraituivos y novedosos.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">El segundo de los trabajos es de pr&oacute;xima aparici&oacute;n en la editorial Catarata y ha sido elaborado por el soci&oacute;logo Ildefonso Marqu&eacute;s Perales. Su trabajo analiza una de las desigualdades m&aacute;s intrigantes y complejas que existen: la igualdad de oportunidades. Al igual que el trabajo de Jos&eacute; Saturnino, el valor a&ntilde;adido de este texto radica tanto en la novedad de sus datos como de sus argumentos. Esta obra presenta c&oacute;mo ha cambiado la igualdad de oportunidades en nuestro pa&iacute;s desde los a&ntilde;os 60 hasta ahora, cuestionando hasta qu&eacute; punto vivimos en una sociedad abierta. As&iacute;, el trabajo muestra un retroceso muy evidente de la igualdad de oportunidades en Espa&ntilde;a desde mediados de los a&ntilde;os 90, aumentando de forma muy contundente el v&iacute;nculo social entre padres e hijos. Es decir, el ascensor social, la posibilidad de cambiar de clase social respecto al punto de partida familiar, se ha debilitado en Espa&ntilde;a especialmente en los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">El tercero de los trabajos ofrece una perspectiva totalmente distinta. Se trata del Informe sobre la Desigualdad que elabora la Fundaci&oacute;n Alternativas. Se trata de una obra colectiva donde en los diferentes cap&iacute;tulos se abordan cuestiones muy de actualidad relacionadas con esta cuesti&oacute;n. El primer Informe se elabor&oacute; en 2013 y ofrece an&aacute;lisis sobre el mercado de trabajo, el desempleo de los inmigrantes, las mujeres y los j&oacute;venes o sobre la capacidad redistributiva de nuestras pol&iacute;ticas sociales. Esta &uacute;ltima cuesti&oacute;n merece una reflexi&oacute;n un poco m&aacute;s extensa.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Si en algo coinciden muchos estudios es que la capacidad de generar redistribuci&oacute;n por parte de nuestro estado del bienestar es m&aacute;s bien reducida. Esto tiene mucho que ver con los componentes del gasto p&uacute;blico, que benefician especialmente a los que se llaman <em>insiders. </em>Es decir, aquellos que tienen una posici&oacute;n m&aacute;s o menos c&oacute;moda en el mercado laboral disfrutan adem&aacute;s de un generoso estado del bienestar. En cambio, los denominados <em>outsiders</em>, que suelen ser los colectivos m&aacute;s d&eacute;biles de la sociedad (mujeres, j&oacute;venes e inmigrantes), no s&oacute;lo poseen peores condiciones laborales, sino que adem&aacute;s el estado del bienestar es m&aacute;s bien parco con ellos. Es por esta raz&oacute;n por la que nuestro estado del bienestar tiene un alcance m&aacute;s bien modesto a la hora de generar igualdad.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">El Informe de la Fundaci&oacute;n Alternativas analiza de forma pormenorizada esta cuesti&oacute;n, presentando un estudio riguroso sobre aquellas pol&iacute;ticas p&uacute;blicas que tienen una mayor capacidad de redistribuir la renta. Frente a &eacute;stas, tambi&eacute;n muestra los componentes del gasto p&uacute;blico que son m&aacute;s bien limitados a la hora de generar igualdad.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">En definitiva, la cuesti&oacute;n de la desigualdad ha generado un enorme inter&eacute;s en la literatura m&aacute;s reciente. Desde luego que el contexto por el que pasan nuestras sociedades ha ayudado a este inter&eacute;s. Es decir, es dif&iacute;cil entender el resurgir de los trabajos sobre la desigualdad sin detenerse en la situaci&oacute;n econ&oacute;mica por la que pasa especialmente Europa. As&iacute;, el contexto socioecon&oacute;mico explica en gran parte porqu&eacute; han aparecido muchas de estas publicaciones.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">No obstante, ser&iacute;a una conclusi&oacute;n incompleta. Como se ha se&ntilde;alado anteriormente, la presencia de la desigualdad en las sociedades es algo que se viene observando desde el principio de los tiempos. Quiz&aacute;s no con la misma dimensi&oacute;n e intensidad que en la actualidad. Pero el porqu&eacute; de las diferencias sociales, c&oacute;mo ser&iacute;amos capaces de corregirlas y qu&eacute; consecuencias tienen para la sociedad en las que se producen han suscitado un enorme inter&eacute;s en cada momento hist&oacute;rico.</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">Seguramente, responder a estas cuestiones no s&oacute;lo no tienen una &uacute;nica respuesta, sino que adem&aacute;s todav&iacute;a hay un gran margen para explorar nuevas pol&iacute;ticas p&uacute;blicas. La evidencia emp&iacute;rica, aunque es rica, tambi&eacute;n tiene un enorme margen de mejora, tal y como ha demostrado el trabajo de Piketty. Por todo ello, es previsible que en el futuro sigan apareciendo nuevas publicaciones sobre desigualdad. Mientras tanto seguiremos debatiendo sobre cu&aacute;les son las mejores formas de combatirla, c&oacute;mo se manifiesta la desigualdad en nuestras sociedades y qu&eacute; grado de diferencias sociales son soportables para una sociedad. La desigualdad no es una cuesti&oacute;n menor. Si los individuos creen que viven en una sociedad injusta donde el m&eacute;rito y su esfuerzo no se ajusta a los resultados que obtienen, es muy probable que sea el primer paso para la desafecci&oacute;n y el rechazo al sistema pol&iacute;tico en el que viven. Es por ello que la crisis social por la que pasa nuestro pa&iacute;s ha acabado generando en una crisis pol&iacute;tica. Aunque eso es otra historia&hellip;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p class="Cuerpo">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 19 Jan 2017 11:21:51 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bitácora de un reencuentro: Isaiah Berlín, entre Moscú y Leningrado]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/bitacora-de-un-reencuentro-isaiah-berlin-entre-moscu-y-leningrado/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/isaiah.jpg" alt="" /></p>
<ol start="1">
<li><strong>De vuelta a casa.</strong></li>
</ol>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>El 8 de septiembre de 1945 Isaiah Berlin viajaba con destino a Mosc&uacute;. En el ambiente de la Europa que sobrevolaba todav&iacute;a resonaban los ecos de la guerra mundial. Hac&iacute;a tan s&oacute;lo un mes que las hostilidades hab&iacute;an cesado en el Pac&iacute;fico. La foto de la capitulaci&oacute;n japonesa sobre la cubierta del acorazado Missouri y las im&aacute;genes de los hongos at&oacute;micos que hab&iacute;an arrasado Hiroshima y Nagasaki estaban grabadas en la retina de la gente. El mundo recobraba la paz pero no la ilusi&oacute;n. Se hab&iacute;a perdido tanto que era imposible recuperar el optimismo. Ya nada volver&iacute;a a ser igual y en el horizonte se present&iacute;an nuevas tensiones y dificultades.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un d&iacute;a antes nuestro protagonista hab&iacute;a aterrizado en Berl&iacute;n. Entre las ruinas de la antigua capital del Reich de los Mil a&ntilde;os hab&iacute;a tenido la oportunidad de ver c&oacute;mo los vencedores se miraban con recelo. Una especie de tel&oacute;n de odio se iba interponiendo entre los antiguos aliados seg&uacute;n transcurr&iacute;an los meses. &iquest;Qu&eacute; se hizo de la camarader&iacute;a vivida durante aquellos a&ntilde;os de lucha contra el nazismo? Berlin hab&iacute;a regresado a Inglaterra en la primavera despu&eacute;s de pasar la guerra en Washington. Al otro lado del Atl&aacute;ntico desempe&ntilde;&oacute; labores de informaci&oacute;n para el Foreign Office, gan&aacute;ndose una excelente reputaci&oacute;n ya que los memorandos que firmaba hab&iacute;an sido altamente valorados por el ministro Eden y por Winston Churchill. De hecho &eacute;ste hab&iacute;a dicho que estaban tan bien escritos que cuando los le&iacute;a ten&iacute;a la impresi&oacute;n de disfrutar de un apasionante cuadro de los asuntos norteamericanos<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>.</p>
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<p>Prueba de la buena impresi&oacute;n causada fue el nuevo destino que se le hab&iacute;a confiado en Mosc&uacute;. Isaiah Berlin ten&iacute;a la misi&oacute;n de sondear el estado de la disidencia rusa. Los brit&aacute;nicos sospechaban que su situaci&oacute;n estaba a punto de empeorar. Stalin hab&iacute;a aunado durante la guerra los esfuerzos de todos los rusos para arrojar a los alemanes del pa&iacute;s. Tras obtener la victoria el panorama hab&iacute;a cambiado. La Guerra Fr&iacute;a que se entreve&iacute;a en el horizonte no iba a ser una guerra patri&oacute;tica sino ideol&oacute;gica. Eso significaba que aquellos que no estuviesen al lado del r&eacute;gimen sovi&eacute;tico pasar&iacute;an a ser sospechosos de estar en su contra. La URSS se sab&iacute;a mucho m&aacute;s poderosa que antes de la invasi&oacute;n nazi y se aprestaba a proyectar su fuerza despu&eacute;s de que los acuerdos de Yalta le hubiesen atribuido el control de media Europa.</p>
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<p>Isaiah Berlin intu&iacute;a todo esto y le fascinaba el panorama que se abr&iacute;a ante &eacute;l. Viajaba a las entra&ntilde;as de un Leviat&aacute;n revolucionario que estaba decidido a disputar a las democracias liberales el liderazgo del planeta. Con todo, la sensaci&oacute;n de v&eacute;rtigo que le produc&iacute;a el viaje no s&oacute;lo se deb&iacute;a a las circunstancias hist&oacute;ricas y pol&iacute;ticas que acabamos de describir. Para Berlin aquel destino supon&iacute;a psicol&oacute;gicamente regresar al pa&iacute;s en el que hab&iacute;a nacido treinta y seis a&ntilde;os antes. En realidad, si algo le atra&iacute;a de todo aquello era afrontar la experiencia de reencontrarse con su pasado. Algo que le seduc&iacute;a pero que a la vez le inquietaba ya que no estaba exento de ciertos peligros, pues, a pesar del tiempo transcurrido segu&iacute;a siendo b&aacute;sicamente un exiliado pol&iacute;tico.</p>
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<p>Sumido en un amasijo de emociones confuso y desafiante, Berlin pis&oacute; por fin suelo sovi&eacute;tico despu&eacute;s de veinticinco a&ntilde;os de ausencia. Lo hizo llevando una maleta repleta de ropa de invierno, puritos suizos con boquilla y unas botas para Boris Pasternak que las hermanas de &eacute;ste le mandaban desde Inglaterra. Ya hemos dicho que ten&iacute;a 36 a&ntilde;os, a lo que hay que a&ntilde;adir que estaba soltero, ten&iacute;a aspecto bonach&oacute;n, ve&iacute;a las cosas con ojos de miope y luc&iacute;a en la solapa de su biograf&iacute;a la brillante escarapela que le proporcionaba ser un profesor de Oxford que disfrutaba de poderosos protectores en el gobierno brit&aacute;nico. Con esta aureola que envolv&iacute;a la desnudez de su condici&oacute;n de jud&iacute;o nacido en Letonia antes de la revoluci&oacute;n, Isaiah Berlin cruz&oacute; el control de pasaportes sin levantar sospechas entre los agentes de la NKVD. De hecho, como cuenta Ignatieff en su biograf&iacute;a sobre Berlin, lo hizo tan r&aacute;pido y todo fue tan bien que &ldquo;con su habitual buena suerte, lleg&oacute; a Mosc&uacute; a tiempo de asistir a una fiesta en la embajada, en la que hizo contactos que le abrir&iacute;an las puertas de la comunidad art&iacute;stica rusa durante su estancia&rdquo;<a title="" href="#_ftn2">[2]</a>.</p>
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<p>Precisamente aquel primer encuentro con la intelectualidad le revel&oacute; nada m&aacute;s llegar lo que sospechaba: que detr&aacute;s de la m&aacute;scara amable del todav&iacute;a aliado sovi&eacute;tico se escond&iacute;a el rostro de una tiran&iacute;a amenazante. De hecho, a las pocas horas de aterrizar ya hab&iacute;a sentido los latidos del miedo en el pulso de las conservaciones que intercambi&oacute; con los invitados. Entre ellos estaban el director de teatro Alexander Tairov, el escritor Korney Chukovsky y Serguei Eisenstein. En todos hab&iacute;a percibido lo mismo: una mueca disimulada de sufrimiento que los meses posteriores confirmar&iacute;an. Pero no adelantemos acontecimientos. Dejemos a nuestro personaje sumergido en la penumbra del pesimismo que le transmitieron aquellos primeros testimonios de las v&iacute;ctimas de una dictadura que se hab&iacute;a propuesto sojuzgarlo todo, empezando por la espont&aacute;nea creatividad de los artistas.&nbsp;</p>
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<ol start="2">
<li><strong>Viaje a los confines de la <em>Noche Cerrada</em>.</strong></li>
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<p>Para Berlin aquello que hab&iacute;a vivido en la embajada no era nuevo ya que supon&iacute;a reabrir viejas heridas alojadas en la memoria. No hay que olvidar que hab&iacute;a nacido en Riga, el 6 de junio de 1909, en el seno de una familia jud&iacute;a perteneciente a la secta heterodoxa de los hasidi. Su padre hab&iacute;a sido un rico comerciante de mentalidad angl&oacute;fila y de ideas liberales. La Primera Guerra Mundial hizo que la familia se estableciera en 1915 en la antigua San Petersburgo, viviendo en esta ciudad tanto la revoluci&oacute;n como el derrumbe del gobierno de Kerensky y la toma del poder por los bolcheviques. De hecho, fue por aquel entonces cuando, siendo todav&iacute;a un ni&ntilde;o, tuvo la oportunidad de presenciar el primer ejercicio consciente de un acto de disidencia. Lo protagoniz&oacute; el peri&oacute;dico liberal <em>D&iacute;a</em>, que utiliz&oacute; su cabecera para denunciar la creciente arbitrariedad del r&eacute;gimen leninista. As&iacute; fue rebautiz&aacute;ndose con los nombres sucesivos de <em>Tarde</em>, <em>Noche</em>, <em>Medianoche</em> y <em>Noche Cerrada</em>, hasta que al cabo de cinco d&iacute;as de utilizar este &uacute;ltimo nombre fue cerrado definitivamente<a title="" href="#_ftn3">[3]</a>.</p>
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<p>Y aunque en 1921 abandon&oacute; el pa&iacute;s con su familia, lo cierto es que el ambiente de opresi&oacute;n y arbitrariedad que hab&iacute;a vivido hasta ese momento permaneci&oacute; en el recuerdo, incluso despu&eacute;s de instalarse en Inglaterra y adaptar completamente su mentalidad a la atm&oacute;sfera de seguridad t&iacute;pica de la clase media brit&aacute;nica. Producto de ella y de la formaci&oacute;n recibida en Oxford mientras estudiaba Ciencias Cl&aacute;sicas e Historia Moderna, Berlin lleg&oacute; a ser el primer jud&iacute;o que accedi&oacute; a la condici&oacute;n de <em>fellow</em> en el elitista colegio de <em>All Souls</em>. Con estos antecedentes biogr&aacute;ficos a sus espaldas, no es de extra&ntilde;ar que despu&eacute;s de aquel primer contacto con el Mosc&uacute; de Stalin, Berlin volviese a revivir la experiencia de aquella <em>Noche Cerrada</em> que tuvo la oportunidad de experimentar cuando el comunismo comenzaba a dar sus primeros pasos. Es cierto que aquellas impresiones de su juventud se hab&iacute;an relajado con el trato que hab&iacute;a mantenido con sus colegas de Oxford, muchos de ellos comunistas. Al lado de ellos hab&iacute;a mantenido largas conservaciones en el <em>Pink Lunch Club </em>mientras preparaba su estudio sobre Marx. &iquest;No hab&iacute;a escuchado a Maurice Bowra y a Stephen Spender afirmar con ardor que la URSS era un faro de esperanza para las clases trabajadoras frente al capitalismo y las degradadas democracias burguesas?</p>
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<p>Sin embargo, hab&iacute;a bastado una sola noche en la Rusia sovi&eacute;tica para desterrar cualquier atisbo de admiraci&oacute;n hacia ella. Los d&iacute;as posteriores le convencieron de ello. Es m&aacute;s, estaba seguro de que si sus amigos hubieran podido acompa&ntilde;arlo por las calles de Mosc&uacute; hubieran compartido tambi&eacute;n esta impresi&oacute;n. &iquest;Acaso no habr&iacute;an experimentado la misma repugnancia intelectual que &eacute;l mismo hab&iacute;a sentido cuando vio en la &ldquo;Biblioteca Lenin&rdquo; c&oacute;mo los estudiantes de doctorado tan s&oacute;lo pod&iacute;an citar los libros que no hab&iacute;an sido previamente censurados?<a title="" href="#_ftn4">[4]</a>. En aquellas circunstancias era evidente que la URSS no pod&iacute;a ser tenida como gu&iacute;a para nadie. Se hab&iacute;a convertido en la patria de un dogma cuyos confines eran los de aquella <em>Noche Cerrada</em> que Isaiah Berlin hab&iacute;a vivido cuando era ni&ntilde;o.</p>
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<p>Por delante ten&iacute;a una estancia de varios meses y una misi&oacute;n que cumplir. Se sent&iacute;a vigilado y percib&iacute;a a sus espaldas el movimiento de figuras con gabardina que aparec&iacute;an y desaparec&iacute;an sin dejar rastro. Aquello era inc&oacute;modo pero por el momento no pasaba de ah&iacute;. Ten&iacute;a que ser capaz de fotografiar con la misma habilidad que hab&iacute;a mostrado en Washington la atm&oacute;sfera de miedo que se palpaba a su alrededor. Sab&iacute;a que era cuesti&oacute;n de tiempo, aunque lejos estaba de sospechar que lo har&iacute;a provisto del rostro inesperado que ofrece el amor.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
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<p><strong>3. <em>Relatos de Mosc&uacute;</em>.</strong></p>
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<p>Durante las semanas siguientes Isaiah Berlin no s&oacute;lo hizo su trabajo cotidiano en la canciller&iacute;a, sino que visit&oacute; a su t&iacute;o Leo, un hermano de su padre que era profesor de Diet&eacute;tica en la Universidad de Mosc&uacute;, as&iacute; como a otros parientes que viv&iacute;an en la ciudad. Con ellos comparti&oacute; noticias y disfrut&oacute; de alg&uacute;n que otro momento entra&ntilde;able a su lado. Pero no fue hasta principios de oto&ntilde;o cuando pudo por fin cumplir el&nbsp; encargo que le hab&iacute;an hecho las hermanas de Boris Pasternak. Lo hizo una tarde luminosa y de temperatura inusualmente c&aacute;lida. Se desplaz&oacute; en tren hasta la dacha en la que resid&iacute;a el novelista a las afueras de Mosc&uacute;. El ambiente en el que se desarroll&oacute; el encuentro parece sacado de una obra de teatro de Ch&eacute;jov. Tuvo lugar en el porche del jard&iacute;n y propici&oacute; las confidencias de los protagonistas. De hecho, al poco de hacerle entrega de las botas que le mandaban sus hermanas, Pasternak record&oacute; que no las ve&iacute;a desde hac&iacute;a diez a&ntilde;os, cuando viaj&oacute; a Par&iacute;s para asistir al Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura que hab&iacute;a organizado Andr&eacute; Malraux. De repente, y como si pensara que no ten&iacute;a mucho tiempo antes de que el profesor ingl&eacute;s que hab&iacute;a ido a verle se fuera, evoc&oacute; aquellos d&iacute;as del mes de junio de 1935:</p>
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<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Ilya Ehrenburg me entreg&oacute; el discurso que ten&iacute;a que leer</em>, dijo Pasternak, <em>y yo me negu&eacute; a hacerlo. </em></p>
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<p>Despu&eacute;s sigui&oacute; hablando. Describi&oacute; la sala donde se celebrada el Congreso y c&oacute;mo sus palabras hab&iacute;an ca&iacute;do como un jarro de agua fr&iacute;a sobre la ardiente militancia comunista de la mayor&iacute;a de los asistentes.</p>
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<p>- <em>No organic&eacute;is ninguna resistencia al fascismo</em>, les hab&iacute;a dicho.<em> Los escritores debemos mantenernos al margen de la pol&iacute;tica</em>&hellip;&nbsp;&nbsp;</p>
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<p>Berlin se imaginaba al novelista pronunciando aquellas palabras. Su voz sombr&iacute;a y melanc&oacute;lica ten&iacute;a que haber conmocionado al auditorio. De hecho, hab&iacute;a en su tono una nota de dolor y distancia que daba a&uacute;n m&aacute;s fuerza expresiva a sus recuerdos.</p>
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<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Nadie parec&iacute;a entender nada. Pero lo m&aacute;s desgarrador fue el momento en el que decid&iacute; no seguir hablando y permanecer en silencio</em>.</p>
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<p>En aquella actitud estaba dicho todo. El compromiso de Pasternak hab&iacute;a sido personal. Colocaba a cada uno de los que le hab&iacute;an escuchado ante el reto de interpretar el porqu&eacute; de todo aquello. Para Isaiah Berlin el testimonio de Pasternak demostraba que la historia no era algo inevitable. Incluso bajo la m&aacute;s f&eacute;rrea y opresiva de las circunstancias el hombre segu&iacute;a conservando un papel decisivo en la formaci&oacute;n del mundo hist&oacute;rico. Pod&iacute;a elegir sus propias metas y asumir las consecuencias de ello. &iquest;Por qu&eacute; Pasternak hab&iacute;a hecho lo contrario de lo que se esperaba de &eacute;l? &iquest;Por qu&eacute; hab&iacute;a sido capaz de expresar de aquel modo su disidencia y de enfrentarse abiertamente con el estalinismo? La respuesta era clara. Porque quer&iacute;a ser Boris Pasternak y desarrollar una identidad propia que estuviera atrapada dentro de sus particulares fines y metas. Frente a lo que pensaba Marx, la vida humana no se sustentaba en una estructura de necesidad econ&oacute;mica que, removida por la revoluci&oacute;n, habr&iacute;a de traer una sociedad perfecta. Berlin hab&iacute;a estudiado el marxismo y sab&iacute;a muy bien que, como todos los monismos, fallaba tambi&eacute;n por su base: en creer que exist&iacute;an unos valores objetivos, universales, verdaderos e inalterables que pod&iacute;an ser sistematizados en un todo ordenado y coherente capaz de gobernar la vida de los hombres individual y colectivamente<a title="" href="#_ftn5">[5]</a>.</p>
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<p>Pasternak demostraba con su conducta que no era cierta la tesis del materialismo hist&oacute;rico por la cual &ldquo;la verdadera libertad ser&iacute;a inalcanzable mientras la sociedad no se tornase racional, esto es, mientras no superase las contradicciones que dan lugar a ilusiones que distorsionan la comprensi&oacute;n&rdquo; del mundo y de su estructura, que para Marx y sus seguidores en la URSS estaba regida fundamentalmente por la necesidad econ&oacute;mica<a title="" href="#_ftn6">[6]</a>. En la actitud de Pasternak se plasmaba lo contrario. Se ve&iacute;a a un hombre que se resist&iacute;a a ser un objeto natural casualmente determinado. Marx hab&iacute;a transmutado la necesidad hist&oacute;rica en autoridad moral y Pasternak impugnaba esta l&oacute;gica de ra&iacute;z, pues, en la observaci&oacute;n de su conducta se pod&iacute;a apreciar que la libertad no s&oacute;lo segu&iacute;a siendo posible sino que era antropol&oacute;gicamente inevitable. De hecho, el individuo nunca pod&iacute;a renunciar a tener que elegir. Precisamente en esta necesidad estaba el fundamento de su propia libertad, pues era una libertad ag&oacute;nica que estaba indisolublemente ligada a la conducta.</p>
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<p>Con los a&ntilde;os Berlin ir&iacute;a decantando esta visi&oacute;n de la libertad y d&aacute;ndole una nota cada vez m&aacute;s antropol&oacute;gica y agonista, especialmente a partir de sus lecturas de Vico y Herder. Con todo, en la actitud que hab&iacute;a mostrado Pasternak en Par&iacute;s ya se plasmaba a su entender el ejercicio de una libertad que estaba b&aacute;sicamente condicionada por unas ra&iacute;ces psicol&oacute;gicas tan profundas que escapaban a la l&oacute;gica de cualquier car&aacute;cter prescriptivo de tipo racional y monista. Los fines y las metas de Pasternak hab&iacute;an sido suyas. Tan suyas que despu&eacute;s de desafiar al r&eacute;gimen sovi&eacute;tico, hab&iacute;a vuelto a Mosc&uacute; para afrontar el desenlace que acarreaba su disidencia. &iquest;Se pod&iacute;a explicar aquello? Berlin pensaba que s&iacute;. Bastaba con asomarse al rostro de aquel hombre que ten&iacute;a delante para comprenderlo. En su cara se refleja la identidad de un ser autocreativo. Alguien de cuya conducta no pod&iacute;a descubrirse ninguna estructura axiol&oacute;gica que fuese absolutamente intercambiable, por ejemplo, con la suya o con la que cualquier otra persona.</p>
<p>Berlin y Pasternak compart&iacute;an ideas y valores, pero los fines que reg&iacute;an sus respectivas vidas eran un producto de sus conciencias particulares. As&iacute; pasaba con todos los hombres, que hac&iacute;an esto o aquello de acuerdo con sus elecciones particulares. Las consecuencias que se desprend&iacute;an eran inmediatas: se generaba un pluralismo valorativo que minaba la solidez de cualquier cosmovisi&oacute;n monista. Si cada hombre defend&iacute;a internamente sus creencias por ser suyas, entonces, desaparec&iacute;a un patr&oacute;n superior que determinase objetivamente si eran correctas o incorrectas. De este modo, el monismo marxista que actuaba como el patr&oacute;n metaf&iacute;sico que jerarquizaba el bien y el mal sufr&iacute;a tambi&eacute;n un cuestionamiento directo a trav&eacute;s de la conducta que hab&iacute;a mostrado Pasternak y, con &eacute;l, aquellos disidentes que se hab&iacute;an enfrentado con el r&eacute;gimen sovi&eacute;tico y que segu&iacute;an haci&eacute;ndolo.</p>
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<p>De poco serv&iacute;an las f&eacute;rreas prescripciones que impon&iacute;a el comunismo auxiliado por la violencia y la propaganda. Pod&iacute;a restringir la capacidad de elegir pero no imped&iacute;a que la libertad siguiera su curso psicol&oacute;gicamente, y hasta desplegar sus efectos de forma secreta, tal y como tuvo la oportunidad de vivir el propio Berlin ese mismo d&iacute;a cuando, tras despedirse de Pasternak, emprendi&oacute; el camino de vuelta a Mosc&uacute;. Y as&iacute; mientras esperaba el tren, una pareja de j&oacute;venes trabaron conversaci&oacute;n con &eacute;l de forma inesperada. Hab&iacute;a empezado a llover y los tres se refugiaron en una marquesina apartada. All&iacute; hablaron de literatura y Berlin percibi&oacute; que sus interlocutores mostraban un indisimulado entusiasmo por los literatos prerrevolucionarios. Cuando les pregunt&oacute; si les gustaba la literatura sovi&eacute;tica la respuesta no se hizo esperar: &ldquo;&iquest;Y a usted?&rdquo;. Luego, comenzaron las confidencias y hasta las cr&iacute;ticas al sistema. Finalmente cuando lleg&oacute; el tren decidieron separarse. Hicieron el viaje en silencio como si nunca hubieran hablado entre ellos<a title="" href="#_ftn7">[7]</a>. Sin embargo, para Berlin aquel incidente volvi&oacute; a poner de manifiesto lo que hab&iacute;a pensado durante su conversaci&oacute;n con Pasternak. Que la disidencia estaba en cualquier sitio, oculta detr&aacute;s de un ejercicio secreto de la libertad, pues como escribir&iacute;a muchos a&ntilde;os despu&eacute;s: &ldquo;Si la creencia en la libertad &ndash;que se basa en el supuesto de que los seres humanos tienen a veces la capacidad de elegir y que esto no se explica por completo mediante las explicaciones causales del tipo de las que se aceptan, digamos en F&iacute;sica o en Biolog&iacute;a- es una ilusi&oacute;n necesaria, &eacute;sta es tan profunda y est&aacute; tan adentro que no se la considera como tal ilusi&oacute;n. Sin duda podemos intentar convencernos a nosotros mismos de que estamos sistem&aacute;ticamente enga&ntilde;ados, pero a no ser que intentemos aclarar las implicaciones que lleva consigo esta posibilidad y cambiemos nuestros modelo de pensar y de hablar para tenerla en cuenta constantemente, esta hip&oacute;tesis sigue siendo falsa; es decir, veremos que es impracticable incluso mantenerla seriamente si hay que tomar nuestra conducta como prueba de lo que podemos resignarnos a creer o a suponer, no s&oacute;lo en teor&iacute;a, sino tambi&eacute;n en la pr&aacute;ctica&rdquo;<a title="" href="#_ftn8">[8]</a>.</p>
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<p><strong>4. Destino Leningrado.</strong></p>
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<p>Los d&iacute;as posteriores a la visita que hizo a Pasternak estuvieron marcados por la monoton&iacute;a de su trabajo en la embajada. Sus encuentros con &eacute;l continuaron, aunque tambi&eacute;n frecuent&oacute; el trato con otros intelectuales, alguno de ellos miembro de la <em>intelligentsia</em> que era af&iacute;n al partido comunista. Con todo, las numerosas tareas que le confiaban y las salidas nocturnas -iba al ballet, al teatro y a la &oacute;pera todas las noches- hac&iacute;an que aplazase lo que para &eacute;l supon&iacute;a un destino apetecido desde que hab&iacute;a llegado a Mosc&uacute;: Leningrado, la ciudad de su ni&ntilde;ez y de la que tan s&oacute;lo le separaban unas pocas horas de tren. Finalmente la noticia de que las mejores librer&iacute;as de viejo de todo el pa&iacute;s se encontraban all&iacute; fue lo que hizo que removiese todos los obst&aacute;culos cotidianos que hasta entonces hab&iacute;an entorpecido su escapada.</p>
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<p>El 12 de noviembre cogi&oacute; el Flecha Roja que comunicaba ambas ciudades. El tren cubr&iacute;a el trayecto de noche y viaj&oacute; en coche cama junto a una compa&ntilde;era del British Council, Brenda Tripp<a title="" href="#_ftn9">[9]</a>. Tras tomar habitaciones en un hotel del centro, decidieron deambular por las calles de una ciudad que todav&iacute;a mostraba las huellas del dur&iacute;simo asedio al que hab&iacute;a sido sometida durante la Segunda Guerra Mundial. Seg&uacute;n cuenta la que fue su acompa&ntilde;ante durante aquellos d&iacute;as, nada m&aacute;s llegar a Leningrado Isaiah Berlin fue presa de un ataque de nostalgia. Se trasladaron hasta la casa de su ni&ntilde;ez y all&iacute;, de pie en medio del patio, absorbi&oacute; la atm&oacute;sfera fr&iacute;a y h&uacute;meda del lugar, rebrotando el pasado y las im&aacute;genes de unos a&ntilde;os que nunca fueron del todo olvidados<a title="" href="#_ftn10">[10]</a>. De hecho, como muchas d&eacute;cadas despu&eacute;s reconocer&iacute;a, los ecos de los disparos que escuch&oacute; durante la revoluci&oacute;n nunca se extinguieron en su memoria, ni el fragor de las huelgas, ni sobre todo los gritos que acompa&ntilde;aron al asesinato de un antiguo polic&iacute;a zarista que fue golpeado hasta su muerte por una turba que lo hab&iacute;a reconocido por la calle<a title="" href="#_ftn11">[11]</a>.</p>
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<p>Berlin hab&iacute;a vuelto a Leningrado, y eso significaba explorar el abismo de su identidad. Por lo pronto supon&iacute;a asomarse al que hab&iacute;a sido muchos a&ntilde;os atr&aacute;s y, de paso, asumir la experiencia de tener que palpar la sustancia de un tiempo que hab&iacute;a modelado su personalidad despu&eacute;s de veinticinco a&ntilde;os de acci&oacute;n. Desde que hab&iacute;a vuelto a Rusia esta reflexi&oacute;n le hab&iacute;a acompa&ntilde;ado, pero al encontrarse de nuevo en la ciudad de su infancia resurgi&oacute; con toda su viveza. Esto ten&iacute;a una trascendencia especial en su caso ya que, como luego estudiar&iacute;a de la mano de Vico, los hombres desarrollan sus particulares horizontes valorativos en contacto con un condicionante cultural que mediatiza la percepci&oacute;n que cada uno tiene de las cosas<a title="" href="#_ftn12">[12]</a>. En su caso esto no era tan simple. No hay que olvidar que tras el exilio de su familia, Berlin hab&iacute;a elegido una plataforma cultural distinta a la de su ni&ntilde;ez, pues, naci&oacute; ruso y se hizo ingl&eacute;s, aunque conservando su lengua materna ya que sigui&oacute; ley&eacute;ndola y, sobre todo, habl&aacute;ndola con otro ni&ntilde;o ruso en el colegio<a title="" href="#_ftn13">[13]</a>. Todo ello tuvo su reflejo en la compleja y poli&eacute;drica psicolog&iacute;a de Berlin. Hasta el punto de afirmar &eacute;ste -cuando ya era un anciano- que su compromiso personal nunca hab&iacute;a sido con un concreto horizonte valorativo sino con varias constelaciones de valores que hab&iacute;a seleccionado personalmente mediante el ejercicio de un voluntarismo que, en ocasiones, hab&iacute;a sido radical<a title="" href="#_ftn14">[14]</a>.</p>
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<p>Para el liberal que ya era Berlin por aquellas fechas en las que visit&oacute; Leningrado, aquel viaje fue una dura experiencia de introspecci&oacute;n. B&aacute;sicamente supuso la tarea de hurgar en los entresijos inconscientes de su personalidad con el prop&oacute;sito de explicarse a s&iacute; mismo o, si se prefiere, de analizar c&oacute;mo hab&iacute;a ido forjando su ser en funci&oacute;n de una serie de elecciones radicales que le hab&iacute;an obligado a decidir entre inconmensurables. Quiz&aacute;&nbsp; por eso dijera dos d&eacute;cadas despu&eacute;s cuando reflexionaba sobre la figura de John Stuart Mill que: &ldquo;Para &eacute;l, el hombre se diferencia de los animales no tanto por ser poseedor de entendimiento o inventor de instrumentos como por tener capacidad de elecci&oacute;n; por elegir y no ser elegido; por ser jinete y no cabalgadura; por ser buscador de fines, fines que cada uno persigue a su manera, y no &uacute;nicamente de medios. Con el corolario de que cuanto m&aacute;s variadas sean esas formas tanto m&aacute;s ricas ser&aacute;n las vidas de esos hombres; cuanto m&aacute;s amplio sea el campo de intersecci&oacute;n entre los individuos, tanto mayores ser&aacute;n las oportunidades de cosas nuevas e inesperadas; cuanto m&aacute;s numerosas sean las posibilidades de alterar su propio car&aacute;cter hacia una direcci&oacute;n nueva o inexplorada, tanto mayor ser&aacute; el n&uacute;mero de caminos que se abrir&aacute;n ante cada individuo y tanto m&aacute;s amplia ser&aacute; su libertad de acci&oacute;n y de pensamiento&rdquo;<a title="" href="#_ftn15">[15]</a>.</p>
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<p>De ah&iacute; que al volver a uno de los lugares en los que precisamente se evidenciaban m&aacute;s tr&aacute;gicamente las intersecciones que &eacute;l mismo hab&iacute;a experimentado a lo largo de su corta pero ya compleja biograf&iacute;a, no fuera de extra&ntilde;ar que tuviera la sensaci&oacute;n de hallarse &ldquo;suspendido entre el mundo tremendamente real del pasado y el irreal del presente&rdquo;<a title="" href="#_ftn16">[16]</a>. Leningrado supon&iacute;a para Isaiah Berlin volver a los or&iacute;genes de s&iacute; mismo y confrontarse con aquel que hab&iacute;a llegado a ser. La impresi&oacute;n debi&oacute; de ser fuerte, pero no tanto como la experiencia que lleg&oacute; a vivir unas pocas horas m&aacute;s tarde, cuando de repente el amor irrumpi&oacute; en su vida a lomos de una pasi&oacute;n que vivi&oacute; con tintes adolescentes.</p>
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<p><strong>5. Breve encuentro.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al d&iacute;a siguiente de su llegada a Leningrado, Brenda Tripp e Isaiah Berlin decidieron iniciar su ruta por las librer&iacute;as de viejo m&aacute;s afamadas. Casi al final de la perspectiva Nevsky descubrieron una que no figuraba en su lista y que estaba repleta de libros prerrevolucionarios. Su nombre era &ldquo;Librer&iacute;a de Escritores&rdquo; y la regentaba un jud&iacute;o que nada m&aacute;s entrar les invit&oacute; a pasar hasta el fondo del local, a una especie de habitaci&oacute;n separada por un cortin&oacute;n en la que se custodiaban los libros m&aacute;s preciados. All&iacute;, entre primeras ediciones de Tolstoi, Dostoievski, Turgu&eacute;niev y Gogol trabaron conservaci&oacute;n con un cr&iacute;tico literario e historiador, Vladimir Orlov, que pronto les puso al d&iacute;a de c&oacute;mo estaban las cosas del mundo art&iacute;stico en la ciudad. Berlin pregunt&oacute; por casualidad que hab&iacute;a sido de los escritores m&aacute;s conocidos de Leningrado. Concretamente mencion&oacute; a Mija&iacute;l Zoshchenko y Anna Ajm&aacute;tova. La sorpresa vino a continuaci&oacute;n. Zoshchenko estaba all&iacute; mismo, leyendo en un butac&oacute;n medio desvencijado, pero el estado de salud del escritor era tan lamentable que s&oacute;lo fue posible un simple apret&oacute;n de manos. M&aacute;s suerte parec&iacute;a augurarle el nombre de la famosa poeta. Orlov le dijo que viv&iacute;a muy cerca y que si quer&iacute;a pod&iacute;an hacerle una visita. Berlin se mostr&oacute; encantado, pues aunque no hab&iacute;a le&iacute;do nada de ella, sin embargo, sab&iacute;a por Maurice Bowra que era una de las voces m&aacute;s importantes de la poes&iacute;a rusa y una mujer de leyenda, tanto por su talento como por su belleza, hab&iacute;a sido amante de pintores y literatos, y amiga de Modigliani y de Ossip Mandelstam<a title="" href="#_ftn17">[17]</a>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una simple llamada telef&oacute;nica franque&oacute; el paso hasta ella. Brenda Tripp decidi&oacute; volverse al hotel mientras que Berlin y Orlov iniciaron su paseo hasta el piso de Ajm&aacute;tova. La tarde era gris y fr&iacute;a. Hab&iacute;a empezado a nevar cuando llegaron a un antiguo palacio rococ&oacute; situado a la vera del canal Fontanka. All&iacute;, en el tercer piso viv&iacute;a Anna Ajm&aacute;tova con su ex marido, la mujer de &eacute;ste y su hijo. Los esperaba en su habitaci&oacute;n, que estaba desnuda de casi todo. Tres sillas, una mesa, un arc&oacute;n y, junto a la cama, un boceto que le hab&iacute;a hecho Modigliani durante su visita a Par&iacute;s en 1911. Al verlos entrar se levant&oacute; majestuosa. Berlin se acerc&oacute; y se inclin&oacute; como en los viejos tiempos ante aquella mujer que ten&iacute;a veinte a&ntilde;os m&aacute;s que &eacute;l y que mostraba en el rostro y en sus gestos la desnudez del sufrimiento infligido por la tiran&iacute;a a millones de v&iacute;ctimas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para Berlin esta relaci&oacute;n trabada por casualidad fue &ldquo;el acontecimiento m&aacute;s importante de su vida&rdquo; porque a partir de &eacute;l &ldquo;concibi&oacute; un odio hacia la tiran&iacute;a sovi&eacute;tica que iba a informar pr&aacute;cticamente todo lo que escribi&oacute; en defensa del liberalismo occidental y las libertades pol&iacute;ticas a partir de entonces&rdquo;<a title="" href="#_ftn18">[18]</a>. Lo que hab&iacute;a estado buscando desde su llegada a la URSS hab&iacute;a cobrado forma ante &eacute;l. Anna Ajm&aacute;tova era la expresi&oacute;n pl&aacute;stica de las penurias f&iacute;sicas e intelectuales de una sociedad que soportaba con estoicismo los efectos de una revoluci&oacute;n que, sin embargo, hab&iacute;a sido hecha para redimirla del pasado y sus injusticias. Por eso al escuchar su voz qued&oacute; atrapado por la fascinaci&oacute;n que le transmiti&oacute; alguien que lo hab&iacute;a perdido todo pero que hab&iacute;a sido capaz de sobrevivir en medio de todas las dificultades imaginables<a title="" href="#_ftn19">[19]</a>. Ajm&aacute;tova era, en realidad, la otra cara de s&iacute; mismo, pues, cuando &eacute;l abandonaba Rusia en 1921, comenzaba para la poeta el itinerario de dolor que desde entonces nunca hab&iacute;a dejado de acompa&ntilde;arla. De hecho, ese mismo a&ntilde;o su primer marido, Nikolai Gumilyov, hab&iacute;a sido ejecutado por conspirar contra Lenin. A partir de ese momento no pudo publicar y tuvo que ganarse la vida con traducciones y trabajando como bibliotecaria en un instituto agrario. Las sucesivas purgas ordenadas por Stalin fueron reduciendo el c&iacute;rculo de sus amigos e, incluso, su hijo desapareci&oacute; durante un a&ntilde;o para luego aparecer recluido en las profundidades del gulag siberiano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si Berlin hubiera permanecido en Rusia en vez de exiliarse probablemente hubiera compartido un destino semejante. Esta circunstancia fue lo que estimul&oacute; la empat&iacute;a que desde el principio sinti&oacute; hacia aquella mujer que no ocultaba sus heridas. En aquel primer encuentro, Berlin y Ajm&aacute;tova hablaron de la guerra y de algunos poemas de ella. Fue una visita breve, que se interrumpi&oacute; antes de tiempo por culpa de un amigo de Berlin que acudi&oacute; a buscarlo desde el hotel en el que se alojaban<a title="" href="#_ftn20">[20]</a>. Con todo, esta circunstancia no impidi&oacute; que al d&iacute;a siguiente volvieran a verse y que esta vez el encuentro se prolongara hasta la madrugada. Fue entonces cuando la complicidad que hab&iacute;a surgido el d&iacute;a anterior se transform&oacute; en algo m&aacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mucho se ha hablado y discutido sobre la semana que compartieron Isaiah Berlin y Anna Ajm&aacute;tova en Leningrado<a title="" href="#_ftn21">[21]</a>. Baste citar ahora el poema que evoca uno de los momentos que compartieron juntos y que Ajm&aacute;tova titul&oacute; <em>En la realidad</em>: &ldquo;Y se fue el tiempo y el espacio se fue, / y de la noche blanca vi todo a trav&eacute;s: / los narcisos en cristal en tu mesa, / y el humo azul del cigarrillo, / y aquel espejo, donde como en agua tersa, / ahora te reflejar&iacute;as en su brillo. / Y se fue el tiempo y el espacio se fue&hellip; / Y que t&uacute; ya me ayudes tampoco puede ser&rdquo;<a title="" href="#_ftn22">[22]</a>. M&aacute;s all&aacute; de la historia de amor que surgi&oacute; al comienzo de la Guerra Fr&iacute;a entre un profesor de Oxford y una poeta perseguida por las autoridades comunistas, lo relevante de su encuentro reside en las consecuencias intelectuales que tuvo, especialmente para Berlin, ya que atribuy&oacute; a su pensamiento una beligerancia ideol&oacute;gica que hasta entonces se hab&iacute;a mantenido latente o, si se prefiere, en un segundo plano. De hecho, esto se puso de manifiesto un mes despu&eacute;s, a la vuelta de su estancia en Leningrado y tras enfrascarse nuestro protagonista en la composici&oacute;n de un memorando que reprodujo con precisi&oacute;n el estado en el que se encontraba la disidencia literaria e intelectual al comunismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>6. Algo m&aacute;s que un memorando.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Isaiah Berlin ocup&oacute; el mes de diciembre en la redacci&oacute;n de un texto que remiti&oacute; al Foreign Office. Llevaba tres meses en la URSS y su entorno de relaciones superaba con creces lo que se esperaba de &eacute;l. A sus espaldas ten&iacute;a ya una serie de experiencias e informaciones que le permit&iacute;an emitir un an&aacute;lisis lo suficientemente documentado sobre cu&aacute;l era el estado en el que se encontraba la intelectualidad rusa a finales de 1945. Su relaci&oacute;n con Ajm&aacute;tova hab&iacute;a acelerado las conclusiones que hasta entonces ven&iacute;a madurando. Despu&eacute;s de despedirse de ella y regresar a Mosc&uacute;, se dedic&oacute; a escribir el informe. Quer&iacute;a ser concluyente y mostrar una imagen lo m&aacute;s precisa posible de la situaci&oacute;n. No cabe duda de que consigui&oacute; este objetivo. Como se&ntilde;ala Ignatieff al describir <em>A Note on Literature and the Arts in the RSFSR in the Closing Months of 1945</em>, el texto de Berlin logr&oacute; transmitir a los lectores de Whitehall la sensaci&oacute;n de que los &uacute;nicos portavoces aceptables de la cultura rusa segu&iacute;an siendo los miembros de una intelectualidad prerrevolucionaria envejecida, pero elocuente, &ldquo;profundamente civilizada, sensible y exigente que no se dejaba enga&ntilde;ar&rdquo; por el r&eacute;gimen. En realidad, Berlin elabor&oacute; un memorando extraordinariamente ambicioso: una &ldquo;historia de la cultura rusa en la primera mitad del siglo XX, una cr&oacute;nica de la malhadada generaci&oacute;n de Ajm&aacute;tova. Era probablemente la primera exposici&oacute;n occidental sobre la guerra de Stalin contra la cultura rusa&rdquo;. De hecho, en cada una de sus p&aacute;ginas se advert&iacute;a &ldquo;la huella de lo que Ajm&aacute;tova &ndash;y tambi&eacute;n Chukovsky y Pasternak- le dijeron sobre sus experiencias en los a&ntilde;os de persecuci&oacute;n&rdquo;<a title="" href="#_ftn23">[23]</a>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para Isaiah Berlin, la URSS que conoci&oacute; durante aquellos meses era una tiran&iacute;a que proscrib&iacute;a la creaci&oacute;n y toda manifestaci&oacute;n de la libertad espiritual o personal. De hecho, la cr&iacute;tica al r&eacute;gimen o la disidencia tan s&oacute;lo pod&iacute;an desenvolverse secretamente. La l&oacute;gica totalitaria impon&iacute;a una violencia homogeneizadora que estaba al servicio de una estructura social planificada donde los rasgos individuales no ten&iacute;an cabida. La sociedad sovi&eacute;tica no exteriorizaba ninguna pluralidad. Bajo sus leyes no hab&iacute;a margen para poder elegir, ni siquiera a los amigos. Todo estaba f&eacute;rreamente administrado. La complejidad se laminaba a todos los niveles y no hab&iacute;a margen de maniobra para esa diferencia que identifica naturalmente a los hombres. En la URSS no operaba la din&aacute;mica del pluralismo. Se gobernaba por un monismo que hab&iacute;a decretado por la fuerza una cosmovisi&oacute;n total que daba respuesta a todas las preguntas, constituyendo un todo coherente que desterraba cualquier posibilidad de conflicto. Como le hab&iacute;a reconocido Ajm&aacute;tova durante una de sus conversaciones: &ldquo;Usted viene de una sociedad de seres humanos, mientras que nosotros aqu&iacute; estamos divididos entre personas y [verdugos]&rdquo;<a title="" href="#_ftn24">[24]</a>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la URSS las metas eran colectivas y nada por debajo de ellas era tolerado. Bajo una estructura as&iacute;, la indecencia institucional ten&iacute;a sus consecuencias: la vulneraci&oacute;n constante de una escala axiol&oacute;gica de valores fundamentales que llegaba incluso a la negaci&oacute;n de la idea misma de humanidad. Al igual que hab&iacute;a sucedido en la Alemania hitleriana, el comunismo hab&iacute;a logrado introducir un sistema que proscrib&iacute;a sistem&aacute;ticamente los derechos humanos. El objeto de sus instituciones no era otro que humillar a las personas e imponerles un espacio p&uacute;blico dentro del que no pudiera darse nunca una coexistencia de valores que fueran dispares entre s&iacute;<a title="" href="#_ftn25">[25]</a>. Desprovisto de un entorno de justicia razonable, el determinismo ideol&oacute;gico en el que se fundaba el marxismo hab&iacute;a fijado un monismo que unificaba la existencia del conjunto de la sociedad. De este modo, en la URSS operaba una visi&oacute;n antropol&oacute;gicamente materialista que despreciaba todo aquello que no estuviera al servicio &uacute;ltimo del triunfo de la revoluci&oacute;n. En realidad, era un formidable Leviat&aacute;n que hab&iacute;a sido capaz de edificar su poder sobre la base de un sufrimiento colectivo infligido a un pueblo al que se unificaba a la fuerza, o si se prefiere, a golpes de violencia, mentira y manipulaci&oacute;n ut&oacute;pica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hasta aqu&iacute; nada nuevo. En el fondo, Isaiah Berlin ya sab&iacute;a todo esto despu&eacute;s de haber estudiado durante casi seis a&ntilde;os el pensamiento de Marx. Con todo, el par&eacute;ntesis temporal que pudo vivir en la Rusia de Stalin a finales de 1945 y, particularmente, la relaci&oacute;n que entabl&oacute; con Anna Ajm&aacute;tova, le descubrieron toda la crudeza que encerraba la pr&aacute;ctica totalitaria en el que incurr&iacute;a el comunismo. De hecho, en Pasternak y, sobre todo, en Ajm&aacute;tova, encontr&oacute; cristalizado el testimonio de aquellos que padec&iacute;an cotidianamente un r&eacute;gimen que no admit&iacute;a discrepancias ni disidencias a la verdad oficializada mediante el terror y la propaganda. Gracias a la experiencia personal que cosech&oacute; de primera mano durante su estancia al otro lado del Tel&oacute;n de Acero, Berlin extrajo una conclusi&oacute;n que al cabo de los a&ntilde;os llegar&iacute;a a demostrar toda su certeza: que la batalla que la sociedad rusa libraba todos los d&iacute;as con su resistencia al comunismo imped&iacute;a que &eacute;ste fuese inevitable. &iquest;No le hab&iacute;an dicho Pasternak y Ajm&aacute;tova que durante la guerra los soldados rusos se transmit&iacute;an de memoria sus versos a pesar de que estaban prohibidos? Es m&aacute;s, &iquest;acaso los prisioneros del gulag no hab&iacute;an sido capaces de coser &ldquo;los poemas de Ajm&aacute;tova encuadernados con corteza de tronco de abedul&rdquo; y llevarlos &ldquo;consigo entre sus harapos&rdquo;?. En todos estos hechos, pensaba Berlin, se pon&iacute;a de manifiesto el deseo de mucha gente de hacer el esfuerzo de seguir viviendo de pie, esto es, manteniendo la orgullosa verticalidad que, seg&uacute;n su amigo el poeta Auden, identificaba la esencia de la dignidad del hombre. Y es que detr&aacute;s de cada uno de esos hechos estaba el deseo de elegir por s&iacute; mismo, de fijar unas metas que colisionaban frontalmente con las establecidas por el poder. Por eso, pensaba Berlin, &ldquo;la cultura rusa&rdquo; tarde o temprano &ldquo;romper&iacute;a alg&uacute;n d&iacute;a sus grilletes sovi&eacute;ticos&rdquo; y ser&iacute;a libre<a title="" href="#_ftn26">[26]</a>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y es que para el que luego llegar&iacute;a a ser un aventajado disc&iacute;pulo de Herder, el ideal de una sociedad perfecta estaba abocado al fracaso. Era, como explicar&iacute;a despu&eacute;s en <em>Vico y el ideal de la Ilustraci&oacute;n</em>: &ldquo;un intento de soldar atributos incompatibles: caracter&iacute;sticas, ideales, talentos, propiedades, valores que pertenecen a normas diferentes de pensamiento, acci&oacute;n, vida, y por lo tanto no pueden ser desprendidos y unidos en un todo&rdquo;<a title="" href="#_ftn27">[27]</a>. Su relaci&oacute;n con Ajm&aacute;tova lo hab&iacute;a demostrado y el tiempo evidenciar&iacute;a tambi&eacute;n la imposibilidad de que pudiera mantenerse la estructura monista sobre la que se sustentaba el comunismo. Quiz&aacute; por eso mismo Anna Ajm&aacute;tova escribi&oacute; refiri&eacute;ndose a sus encuentros con Berlin que: &ldquo;No ser&aacute; un amante esposo para m&iacute; / pero lo que nosotros, &eacute;l y yo, logramos / inquietar&aacute; al Siglo Veinte&rdquo;<a title="" href="#_ftn28">[28]</a>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>7. Despedida en forma de <em>addenda</em>.</strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La tarde del 4 de enero de 1946 se vieron por &uacute;ltima vez. Berlin hab&iacute;a llegado de Mosc&uacute; e iba camino de Helsinki. Volv&iacute;a a Inglaterra y tomaba la ruta que sigui&oacute; con su familia cuando se fueron al exilio. Hab&iacute;a entregado ya su memorando y antes de abandonar el pa&iacute;s quer&iacute;a despedirse de la mujer que hab&iacute;a sido su primer amor. El encuentro fue breve, un intercambio de regalos y unas pocas palabras. &Eacute;l le entreg&oacute; un ejemplar en ingl&eacute;s de <em>El castillo </em>de Kafka y una antolog&iacute;a de poemas de los hermanos Edith, Osbert y Sacheverell Sitwell que hab&iacute;a sido publicada en 1930. Ella, a su vez, le regal&oacute; varios ejemplares de su poes&iacute;a, todos ellos dedicados. Uno de los libros ten&iacute;a incluso un poema que hab&iacute;a compuesto expresamente para &eacute;l. Su historia de amor qued&oacute; sellada con una despedida escrita en la que Ajm&aacute;tova le dec&iacute;a a Berlin: &ldquo;Sabes muy bien que no voy a celebrar / el d&iacute;a m&aacute;s amargo de nuestro encuentro. / &iquest;Qu&eacute; dejarte en recuerdo? / &iquest;Mi sombra? &iquest;De qu&eacute; puede servirte un fantasma? /&rdquo;<a title="" href="#_ftn29">[29]</a>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De este modo concluy&oacute; una relaci&oacute;n que para ambos fue uno de esos sucesos inesperados que generan consecuencias que perduran toda la vida. Cabe preguntarse si cuando se despidieron no qued&oacute; prendida del ambiente la promesa de algo m&aacute;s. Es posible. Mario Vargas Llosa cree que hubo incluso alg&uacute;n proyecto a largo plazo que pod&iacute;a haberles unido de manera permanente<a title="" href="#_ftn30">[30]</a>. Si fue as&iacute;, el tiempo enfri&oacute; aquella vivencia y acab&oacute; aloj&aacute;ndola en el recuerdo. Ajm&aacute;tova mantuvo viva la llama de aquella relaci&oacute;n durante mucho tiempo. Berlin no tanto. Poco a poco fue envolvi&eacute;ndose en un silencio que tan s&oacute;lo rompi&oacute; muchos a&ntilde;os despu&eacute;s, cuando en 1965 logr&oacute; que la Universidad de Oxford homenajeara a la poeta rusa con el doctorado honoris causa. Fue entonces cuando se produjo el reencuentro entre ambos, pero no tuvo ninguna consecuencia salvo la alegr&iacute;a de volver a verse despu&eacute;s de dos d&eacute;cadas. Con todo, la influencia que ejerci&oacute; Ajm&aacute;tova sobre Berlin fue enorme en t&eacute;rminos intelectuales. A partir de su vuelta definitiva a la Universidad en abril en 1946, la mayor parte de su actividad acad&eacute;mica se localiz&oacute; en combatir con la fuerza de las ideas al totalitarismo. De hecho el objetivo principal de su pensamiento fue desde entonces estudiar cu&aacute;les eran los fundamentos y la proyecci&oacute;n de la libertad en la historia<a title="" href="#_ftn31">[31]</a>. La influencia que sobre esta decisi&oacute;n tuvo su relaci&oacute;n con Ajm&aacute;tova es evidente. Sobre todo porque a su lado aprendi&oacute; aquello sobre lo que luego &eacute;l se pas&oacute; el resto de su vida teorizando: que &ldquo;la historia pod&iacute;a verse obligada a ceder ante el puro tes&oacute;n de la conciencia humana&rdquo;<a title="" href="#_ftn32">[32]</a>.</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> <strong>M. Ignatieff</strong>, <em>Isaiah Berlin. Su vida</em>, Taurus, Madrid, 1999, p. 74.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> <em>Ib&iacute;d</em>., p. 87.</p>
</div>
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<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a> <strong>R. Jahanbegloo</strong>, <em>Isaiah Berlin en conversaci&oacute;n con Ramin Jahanbegloo</em>, Anaya &amp; Mario Muchnik, Madrid, 1993, pp. 19-20.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a><strong> M. Ignatieff</strong>, <em>Isaiah Berlin. Su vida</em>, cit., 191.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a> <strong>I. Berlin</strong>, <em>El fuste torcido de la humanidad. Cap&iacute;tulo de historia de las ideas</em>, Pen&iacute;nsula, Madrid, 1992, pp. 42-43.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a> <strong>I. Berlin</strong>, <em>Karl Marx</em>, Alianza Editorial, Madrid, 2000, pp. 158.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a> <strong>M. Ignatieff</strong>, <em>Isaiah Berlin. Su vida</em>, cit., p. 201.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref8">[8]</a> <strong>I. Berlin</strong>, <em>Cuatro ensayos sobre la libertad</em>, Alianza Editorial, Madrid, 1993, pp. 138-139.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref9">[9]</a> <strong>M. Ignatieff</strong>, <em>Isaiah Berlin. Su vida</em>, cit., p. 205.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref10">[10]</a> <em>Ib&iacute;d</em>., pp. 205-206.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref11">[11]</a> <strong>R. Jahanbegloo</strong>, <em>Isaiah Berlin en conversaci&oacute;n con Ramin Jahanbegloo</em>, cit., p. 20.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref12">[12]</a> <strong>I. Berlin</strong>, <em>Vico y Herder. Dos estudios en la historia de las ideas</em>, C&aacute;tedra, Madrid, 2000, pp. 99-104.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref13">[13]</a> <strong>R. Jahanbegloo</strong>, <em>Isaiah Berlin en conversaci&oacute;n con Ramin Jahanbegloo</em>, cit., p. 21.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref14">[14]</a> <strong>I. Berlin</strong>, <em>Between Philosophy and the History of Ideas: a Conversation with Stephen Lukes</em>, multicopiado, p. 38, citado por <strong>J. Gray</strong>, <em>Isaiah Berlin</em>, Novatores, Valencia, 1996, p. 204, nota 17.<em> </em></p>
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<div>
<p><a title="" href="#_ftnref15">[15]</a> <strong>I. Berlin</strong>, <em>Cuatro ensayos sobre la libertad</em>, cit., p. 249.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref16">[16]</a> <strong>M. Ignatieff</strong>, <em>Isaiah Berlin. Su vida</em>, cit., p. 206.</p>
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<div>
<p><a title="" href="#_ftnref17">[17]</a> <em>Ib&iacute;d</em>., pp. 207-208.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref18">[18]</a> <em>Ib&iacute;d</em>., p. 230.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref19">[19]</a> <strong>I. Berlin</strong>, <em>Personal Impressions</em>, Hogarth Press, London, 1980, pp. 233.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref20">[20]</a> <em>Ib&iacute;d.</em>., pp. 238-239.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref21">[21]</a> <strong>G. Dalos</strong>, <em>The Guest From the Future: Anna Akhmatova and Isaiah Berlin</em>, Murray, London, 1998, pp. 25-27.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref22">[22]</a> <strong>A. Ajm&aacute;tova</strong>, <em>R&eacute;quiem y otros poemas</em>, Alfar, Sevilla, 1993, p. 164.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref23">[23]</a> <strong>M. Ignatieff</strong>, <em>Isaiah Berlin. Su vida</em>, cit., p. 222.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref24">[24]</a> <strong>I. Berlin</strong>, <em>Personal Impressions</em>, cit., p. 237.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref25">[25]</a> <strong>A. Margalit</strong>, <em>The Decent Society</em>, Harvard University Press, Cambridge, 1996, p. 1.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref26">[26]</a> <strong>M. Ignatieff</strong>, <em>Isaiah Berlin. Su vida</em>, cit., p. 222.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref27">[27]</a> <strong>I. Berlin</strong>, <em>Contra la corriente. Ensayo sobre historia de las ideas</em>, FCE, M&eacute;xico D. F.,&nbsp; 1992, p. 198.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref28">[28]</a> <strong>M. Ignatieff</strong>, <em>Isaiah Berlin. Su vida</em>, cit., p. 230.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref29">[29]</a> <em>Ib&iacute;d.</em>., pp. 224-225.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref30">[30]</a> <strong>M. Vargas Llosa</strong>, &ldquo;El huesped del futuro&rdquo;, en <em>El Pa&iacute;s</em>, 18-diciembre-2005.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref31">[31]</a> <strong>R. P. Hanley</strong>, &ldquo;Berlin and History&rdquo;, en <strong>G. Crowder y H. Hardy</strong> (eds.), <em>The One and the Many. Reading Berlin</em>, Prometheus Books, N. York, 2007, pp. 159-180.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref32">[32]</a> <strong>M. Ignatieff</strong>, <em>Isaiah Berlin. Su vida</em>, cit., p. 230.</p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Thu, 19 Jan 2017 11:17:25 +0000</pubDate>
    </item>
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      <title><![CDATA[Bodas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/bodas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/elvira500.jpg" alt="" /></p>
<p>Llegu&eacute; tarde al convite de la primera boda a la que me invitaron ese a&ntilde;o y no com&iacute; nada. Algunos amigos nos pusimos de acuerdo para hacer un bote y comprar un regalo realmente &uacute;til, por ejemplo un jam&oacute;n ib&eacute;rico de bellota. Los novios no ten&iacute;an necesidades econ&oacute;micas y no hicieron lista de boda en El Corte Ingl&eacute;s. Les daba asimismo igual que pagaras el cubierto. El grupo de amigos que &iacute;bamos a regalarles a los novios algo realmente &uacute;til pasamos tanto tiempo intercambiando correos y definiendo qu&eacute; es la utilidad que al final no les regalamos nada. Puesto que, como ya he dicho, los novios no ten&iacute;an necesidades econ&oacute;micas, no me sent&iacute; culpable. La segunda boda del a&ntilde;o se celebr&oacute; en la terraza del Ada Palace de Madrid. Hac&iacute;a calor y sirvieron infinitos canap&eacute;s. Fue una boda de alta alcurnia. Com&iacute; hasta verme obligada a desabrocharme el vestido y apenas bail&eacute;, pues unos zapatos de tiras me martirizaban los pies. Ello no impidi&oacute; que volviera a mi casa andando; era incapaz de meterme en la cama con todos esos canap&eacute;s diluy&eacute;ndose en mis jugos g&aacute;stricos. Para el regalo, acord&eacute; con la ex mujer de un amigo comprar a medias un set de cocteler&iacute;a. Nuestra idea era esperar a que los novios volvieran de su luna de miel y presentarnos en su casa con el set para estrenarlo en una cena. La ex mujer de mi amigo y yo manten&iacute;amos una relaci&oacute;n superficial, y a las dos nos costaba encontrar un d&iacute;a libre para llevarles el juego de c&oacute;ctel juntas. Siempre ten&iacute;amos cosas mejores que hacer. Pasaron los meses, luego un a&ntilde;o. En ese tiempo no hubo m&aacute;s bodas; por separado nos excus&aacute;bamos ante la pareja por no haberles entregado el obsequio. Los reci&eacute;n casados al principio tambi&eacute;n se excusaban; tras la boda y el viaje, hab&iacute;an hecho varias estancias en el extranjero (ella estaba terminando su doctorado en Par&iacute;s), y tampoco encontraban tiempo para las reuniones sociales. M&aacute;s tarde dejaron de excusarse, y nosotras de hablar del regalo. Los ve&iacute;amos cada vez menos; el marido llevaba su anillo, la esposa se lo hab&iacute;a quitado porque no le gustaba que la consideraran una mujer casada. Me sent&iacute; culpable no por no haberles regalado todav&iacute;a nada (aunque yo hab&iacute;a pagado mi regalo, es decir, ese regalo exist&iacute;a), sino por pensar que ellos opinar&iacute;an que me importaban muy poco si, habiendo comprado el regalo, no era capaz de quedar con la ex mujer de mi amigo para llev&aacute;rselo. Supongo que la ex mujer de mi amigo, que ten&iacute;a el set de cocteler&iacute;a en su casa, se sent&iacute;a a&uacute;n peor que yo.</p>
<p>Cuando ya me hab&iacute;a olvidado de esa boda me invitaron a otras. Se cas&oacute; una prima con la que me llevo mal y que no nada en la abundancia. No le hice ning&uacute;n regalo porque no hac&iacute;a falta: mi padre le hab&iacute;a soltado una cantidad considerable de dinero, y yo le hab&iacute;a dejado el anillo de diamantes de mi madre, muerta poco antes. Lo hice enfadada porque sab&iacute;a que esta prima, que culpaba a la parte paterna de su familia de no haber impedido que su padre dejara a su madre y cre&iacute;a merec&eacute;rselo todo por considerarse una v&iacute;ctima, no iba ni siquiera a darme las gracias por haberle prestado un anillo que ya no era de mi madre, sino m&iacute;o. En la boda no se acerc&oacute; a la mesa donde est&aacute;bamos sentados quienes pertenec&iacute;amos a la rama de su familia paterna. Ella pasaba delante de nosotros una y otra vez, bella porque es realmente hermosa, y rid&iacute;cula porque caminaba imitando el paso de las modelos, con la cabeza alta y el gesto desde&ntilde;oso, luciendo sus atuendos gracias al dinero que le hab&iacute;an dado la parte de la familia a la que odiaba y a la que no se dign&oacute; a saludar, y gracias tambi&eacute;n a mi anillo de diamantes, que luc&iacute;a como si no fuese yo la que se lo hab&iacute;a prestado, sino el fantasma de mi madre. La agradable noche estival se llen&oacute; de ruindad y dolores antiguos. En silencio contemplamos la selecci&oacute;n de fotos de la novia, que comenzaba cuando su familia no era disfuncional y su hermano a&uacute;n viv&iacute;a. No estaba claro si esa selecci&oacute;n de im&aacute;genes del pasado nos invitaba a reconciliarnos o serv&iacute;a para acentuar su condici&oacute;n de v&iacute;ctima, lo que nos hac&iacute;a a nosotros, su familia paterna, a&uacute;n m&aacute;s verdugos. Quiz&aacute; no era ni una cosa ni otra, quiz&aacute; ese &aacute;lbum estaba ah&iacute; como mero testigo, pues lo cierto es que no se pod&iacute;a impugnar la selecci&oacute;n de fotos ni acusarla a ella de manipuladora. De veras eran hechos felices y cotidianos acaecidos cuando las familias no estaban peleadas ni asoladas por la muerte de los dos &uacute;nicos miembros capaces de mediar entre nosotros: el hermano de mi prima y mi madre. El convite se celebraba en el patio de un cortijo. Era un sitio bien elegido, bello y modesto, rodeado de olivos entre los que camin&eacute; de madrugada con los primos de esta prima, con quienes yo sol&iacute;a alternar en las vacaciones estivales. Nos hab&iacute;amos ido de la fiesta porque no soport&aacute;bamos la m&uacute;sica hortera que sigui&oacute; al baile nupcial. Llegu&eacute; a las cinco de la madrugada y dorm&iacute; mal, con el est&oacute;mago revuelto por las mezquindades de las dos familias. Eso inclu&iacute;a de manera preeminente las m&iacute;as. Me levant&eacute; a las siete de la madrugada para vomitar. Me dije que aquella iba a ser la &uacute;ltima vez que yo me relacionara con aquella prima y con su madre, y no por rencor o incomodidad, sino por el asco que me produc&iacute;a contemplar mi bajeza. Antes de la boda, estuve convencida de que mi prima y su madre ser&iacute;an capaces de simular que hab&iacute;an perdido el anillo de diamantes de mi madre para quedarse con &eacute;l. Este pensamiento me avergonzaba, pues sab&iacute;a que la posibilidad era remota, pero no pod&iacute;a evitarlo. Hab&iacute;a sentido durante demasiado tiempo el rencor de mi prima y de su madre, y no pod&iacute;a sino suponerles una vileza que era el espejo de lo que yo era capaz de imaginar sobre ellas desde mi vileza y mi rencor.</p>
<p>Tras esa horrible boda vino la de uno de mis mejores amigos de la infancia. Se casaba en Manzanares. Hasta ese momento, yo hab&iacute;a podido sortear casi todas los enlaces que se celebraban fuera de Madrid, donde vivo, porque ninguno de mis mejores amigos, actuales o antiguos, se hab&iacute;a casado. Si no tengo una relaci&oacute;n muy estrecha con alguno de los contrayentes o un compromiso familiar ineludible, como el de la prima con la que no me hablo, jam&aacute;s me desplazo a otra localidad para ir a este tipo de celebraciones. &Eacute;sta era una boda tradicional, por la Iglesia, con muchos invitados y lista de regalos en El Corte Ingl&eacute;s. No ten&iacute;a amigos comunes a los que unirme para comprar algo de la lista (la &uacute;nica persona que tambi&eacute;n fue amiga de este amigo que ahora se casaba era mi primo, el hermano de la prima con la que no me hablo, y que muri&oacute;). Lo m&aacute;s barato eran unas maletas de 200 euros. Yo no estaba bien de dinero. Le pregunt&eacute; a una amiga, casada y con tres ni&ntilde;os, cu&aacute;nto era el m&iacute;nimo para no quedar mal. Siempre supongo que una casada con hijos sabe m&aacute;s sobre bodas que una soltera sin hijos, como yo. Mi amiga me dijo que ella era una rata y que no daba m&aacute;s de 50 euros. Hice mis c&aacute;lculos a partir de la informaci&oacute;n que me hab&iacute;a facilitado la que se acusaba de rata. Yo no quer&iacute;a quedar como una rata, y puse 100 euros en la lista de El Corte Ingl&eacute;s. Era razonable pensar que el doble de 50 te exclu&iacute;a de que te considerasen avara. Adem&aacute;s, ten&iacute;a que pagarme el alojamiento en Manzanares y el viaje; esperaba que mi mejor amigo de la infancia fuera comprensivo. Ocurr&iacute;a no obstante que yo ya no sol&iacute;a hablar a menudo con mi amigo, y cuando lo hac&iacute;a no le mencionaba mi situaci&oacute;n econ&oacute;mica. Tampoco sab&iacute;a mucho sobre la suya y s&oacute;lo pod&iacute;a hacer suposiciones tales como que se hab&iacute;a comprado un piso cuando casi nadie de mi generaci&oacute;n puede permitirse adquirir una vivienda, si bien esta vivienda estaba en una zona modesta de una ciudad de provincias. Mi amigo trabajaba, junto con unos cuantos empleados m&aacute;s, en un negocio familiar. Yo pod&iacute;a pensar que si el negocio le daba para varios sueldos, una casa y una boda, no ten&iacute;a una mala situaci&oacute;n, lo que no significaba que fuera buena. Pod&iacute;a ser normal, o regular, y en todo caso ya era significativo que hubiese una lista de boda en El Corte Ingl&eacute;s. Mi amigo, adem&aacute;s, hab&iacute;a llegado a mencionarme que estaban tratando de no despedir a nadie. Me present&eacute; en la boda con el mismo vestido que hab&iacute;a lucido en dos convites anteriores. La iglesia era blanca, con un altar barroco de pan de oro; no recuerdo qu&eacute; dijo el cura porque doy por hecho que los curas s&oacute;lo dicen variaciones de lo mismo y no les escucho. El banquete tuvo lugar en un castillo convertido en restaurante. Se trataba de un sitio discretamente lujoso, como un parador sin parafernalia. Estaba segura de haber cubierto con mis 100 euros lo que costar&iacute;a una cena en Manzanares, y de que incluso sobrar&iacute;a algo para que los novios pudieran tomarse un pisco sour en Lima &ndash;se iban a Per&uacute; de luna de miel-. Cuando empezaron a pasar bandejas de un exquisito jam&oacute;n comenzaron unas dudas que la cena empeor&oacute;. Los entrantes y el pescado eran de calidad; de carne sirvieron un tern&iacute;simo lech&oacute;n ib&eacute;rico asado. El regalo de los novios consisti&oacute; en botellas de aceite de oliva virgen extra y vino de Valdepe&ntilde;as. Aunque el aceite y el vino no fueran caros, se trataba de un buen obsequio, a diferencia de las necesarias pero fam&eacute;licas pulseras de pl&aacute;stico contra el c&aacute;ncer que hab&iacute;a repartido la prima que me ca&iacute;a mal (su hermano hab&iacute;a fallecido a causa de un c&aacute;ncer de est&oacute;mago). Com&iacute; jam&oacute;n, com&iacute; pescado, com&iacute; cerdo. No sobr&oacute; nada de mis platos y s&oacute;lo renunci&eacute; al postre. Durante la cena, la hermana de mi amigo me pregunt&oacute; sobre la boda de mi prima, de la que se rumoreaba que hab&iacute;a sido tensa. Le contest&eacute; que en efecto en la boda hab&iacute;a cuchillos debajo de las mesas. Pens&eacute; asimismo, aunque esto no se lo dije, que en muchas bodas lo de menos es celebrar la uni&oacute;n, y que lo que m&aacute;s cuenta es lo que los contrayentes y sus familias quieren demostrar a los invitados. Cuanto m&aacute;s acomplejados o rencorosos son los novios, m&aacute;s sirven las bodas como mecanismos de resarcimiento e incluso de escarnio. Me escabull&iacute; tras el baile nupcial, y cuando me acost&eacute; s&oacute;lo consegu&iacute; marear la cama, que a oscuras se confund&iacute;a con mi buche, donde la comida se revolcaba, y con mis pensamientos sobre lo que costaban los tres ricos platos y los entrantes. Estaba ya convencida de que mis 100 euros ni siquiera hab&iacute;an bastado para costear mi cubierto. Mi amigo comprobar&iacute;a que en la lista de El Corte Ingl&eacute;s mi nombre iba seguido de una cantidad miserable. Para torturarme m&aacute;s, al d&iacute;a siguiente, ya en Madrid, me dediqu&eacute; a averiguar en foros de Internet cu&aacute;nto era el m&iacute;nimo que se deb&iacute;a dar en las bodas para no quedar como la rata de mi amiga. Conclu&iacute; que eran 150 euros. Ten&iacute;a los p&aacute;rpados llenos de petequias, pues en mitad de la noche hab&iacute;a vomitado el lech&oacute;n, el pescado, el jam&oacute;n y el vino.</p>
<p>La siguiente boda se celebr&oacute; en el Museo del Traje, en Madrid. El novio se casaba por segunda vez; ella por primera. Se prepar&oacute; un acto a la americana, en el que el novio, la novia, el hermano del novio y la hermana de la novia soltaron unos breves, simp&aacute;ticos, t&oacute;picos y emotivos discursos. A la novia se le rompi&oacute; la cremallera del vestido y tuvo que llamar a la modista; la ceremonia se retras&oacute; una hora, en la que los invitados esperamos en los jardines bebiendo vino. Cuando llegaron los novios, ya est&aacute;bamos un poco borrachos. Los novios no ten&iacute;an necesidades econ&oacute;micas, as&iacute; que pod&iacute;a regalarles cualquier cosa que se ajustara a mi presupuesto. No me result&oacute; pesado esperar a la novia porque hab&iacute;a muchos amigos con los que hablar. Yo llevaba unas sandalias c&oacute;modas, unos pantalones negros, una camisa de seda cruda heredada de mi madre; quienes se me acercaban me dec&iacute;an que hab&iacute;a escogido un look oriental, y yo les explicaba que lo &uacute;nico que ten&iacute;a para ponerme era un vestido que ya luc&iacute; ante ellos en una boda anterior, raz&oacute;n por la cual hab&iacute;a tenido que improvisar esa facha de jarr&oacute;n japon&eacute;s, o chino. Lo que secretamente deseo cuando me invitan a una boda es vestirme como un se&ntilde;or, con un traje de chaqueta y una corbata, el pelo recogido en una cola prieta. Las bodas son el &uacute;nico sitio donde podr&iacute;a satisfacer mi deseo de ir de etiqueta a la manera de un hombre. Ese mismo d&iacute;a, a primera hora de la tarde, hab&iacute;a comprado un set de cocteler&iacute;a que entregu&eacute; poco despu&eacute;s del convite; en mi rapidez hab&iacute;a un deseo de reparar la desidia que hab&iacute;a tenido a la hora de darles el otro set de cocteler&iacute;a a los otros novios (de hecho, a d&iacute;a de hoy creo que ese set a&uacute;n sigue en casa de la ex mujer de, precisamente, este amigo al que le entregu&eacute; el segundo set). La boda transcurri&oacute; tranquila, y cenamos canap&eacute;s en los jardines. La comida no fue muy abundante; por primera vez tras una boda, llegu&eacute; a mi casa sin ganas de vomitar. Incluso ten&iacute;a hambre.</p>
<p>Para la siguiente boda tuve que desplazarme a Ja&eacute;n. Cuando se acerc&oacute; la fecha, la novia escribi&oacute; dos e-mails con profusas indicaciones para los invitados. Los e-mails estaban llenos de signos con los que la contrayente expresaba peque&ntilde;os ataques de entusiasmo. Por ejemplo, a &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; fotos m&aacute;s estupendas van a salir&hellip;!&rdquo; le segu&iacute;a un :D; &ldquo;&iquest;con qu&eacute; os identific&aacute;is m&aacute;s, con la armon&iacute;a, los acordes y los grupos de instrumentos, o con las melod&iacute;as y el ritmo?&rdquo; y &ldquo;&iexcl;y bienvenidas pamelas, sombreros y tocados&hellip;!&rdquo; iban seguidos de ;), mientras que a &ldquo;DJ&rsquo;Nono&rdquo; y &ldquo;&iexcl;Antes muertas que sencillas&hellip;!&rdquo; le acompa&ntilde;aba un ^^ que me hizo gui&ntilde;ar los ojos. Los novios hab&iacute;an preparado una ceremonia repleta de &ldquo;sorpresas y momentazos&rdquo;, y confiaban en que iba a ser un d&iacute;a &ldquo;pleno de emociones&rdquo;. Las emociones consist&iacute;an en varios c&aacute;nticos no religiosos que salpicaban la ceremonia, en actores que se levantaban en mitad de la funci&oacute;n para declamar textos de Ch&eacute;jov y de Lope de Vega y en sendos discursos de los novios sobre el amor. El novio fue discreto: dijo que cuando alguien le preguntaba si hab&iacute;a encontrado a su media naranja contestaba que se hab&iacute;a topado con una fruta completamente distinta. La novia, mi amiga, se hab&iacute;a preparado unos cuantos folios, y cuando iba por la mitad de su serm&oacute;n empec&eacute; a desear que se hubiera casado por la Iglesia, pues al menos no tendr&iacute;a la tentaci&oacute;n de criticarla a ella por la homil&iacute;a, sino al p&aacute;rroco. Se hab&iacute;a propuesto darnos a todos unas cuantas lecciones. Dijo que el amor consiste en elegir a personas completamente distintas a ti, pues s&oacute;lo alguien diferente va a ponerte a prueba (&iquest;y qu&eacute; es el amor sin pruebas?) y te va a permitir aprender lo que necesitas. Quienes eligen a sus iguales, se&ntilde;al&oacute;, son personas c&oacute;modas que no asumen riesgos, y puesto que el amor es un riesgo, queda claro que esas personas son incapaces de amar. Por otra parte, continu&oacute;, tampoco hay amor en esas parejas que llevan toda la vida casadas y que se limitan a criar hijos, traer dinero a casa y ver la televisi&oacute;n por las noches: esa gente son muertos en vida que han renunciado por comodidad y estupidez a la Gran Tarea del Amor (la boda estaba llena de familiares del novio y de la novia cuyo aspecto no hac&iacute;a pensar en grandes gestas, y s&iacute; en sudor, piaras de hijos y tedio consensuado en el mejor de los casos; no pude evitar el pensamiento de que el amor estaba m&aacute;s bien del lado de esas manos callosas y resignadas). El amor, sigui&oacute; diciendo mi amiga, tampoco es sin&oacute;nimo de enamoramiento, y quien lo busca en los chisporrotazos del principio de una relaci&oacute;n est&aacute; condenado a quedarse en la superficialidad, en bobas pasiones que conducen no al amor, sino a la inmadurez emocional, la neurosis y el autoenga&ntilde;o. El amor, finaliz&oacute;, es la construcci&oacute;n de dos personas para llegar a ser mejores de lo que eran cuando estaban solas. A ella adem&aacute;s le gustaba decir que hab&iacute;a conocido al que iba a ser su marido cuando estaba preparada para amarle, porque sab&iacute;a que ese iba a ser el reto m&aacute;s dif&iacute;cil y estimulante de su vida. Ese d&iacute;a vomit&eacute; incluso antes de llegar a la pensi&oacute;n donde pernoctaba. Me tuve que ir al hotel de en frente para que ning&uacute;n invitado me viera salir congestionada y con el r&iacute;mel corrido del v&aacute;ter.</p>
<p>No es que este recuento de bodas, m&aacute;s bien escaso, me convierta en una experta. Sin embargo, creo que puedo sacar algunas conclusiones a modo de recapitulaci&oacute;n. La primera es que las bodas no cambian tu relaci&oacute;n con la persona que te ha invitado. No vas a pensar mejor de ella ni de su boda aunque se haya esforzado por hacer una celebraci&oacute;n apote&oacute;sica y por facilit&aacute;rselo todo a los invitados. Tampoco vas a pensar peor. Las bodas son el reflejo de las aspiraciones de quienes se casan, tanto materialmente (no he ido a ninguna boda en la que los novios hayan desistido de toda pompa, si bien creo que pocos reconocer&iacute;an la importancia que le dan), como en lo que se escenifica (las novias quieren estar t&oacute;picamente guapas; los novios dan menos juego, y lo que puede observarse en ellos es su grado de aceptaci&oacute;n de las convenciones). Por otra parte las bodas rara vez est&aacute;n relacionadas solo con el amor. Asimismo, se puede se&ntilde;alar que hay una queja general de lo mucho que se come en un convite nupcial, y tambi&eacute;n cuando la comida no cumple con la abundancia que todo enlace promete, sobre todo para aquellos que est&aacute;n a r&eacute;gimen y han decidido salt&aacute;rselo. Esas personas se van decepcionadas a casa y a su nevera, llena de lechugas y yogures desnatados. En relaci&oacute;n a lo anterior, cabe a&ntilde;adir aquello por lo que mucha gente reniega cuando son invitados a una boda: que son pesadas y poco saludables. Los gru&ntilde;idos se multiplican cuando el evento sale por un ojo de la cara y encima no hay compensaci&oacute;n por acudir, sea porque no conoces a casi nadie (o s&iacute; pero no te cae bien, o te resulta indiferente), sea porque te viene fatal (llegaste al convite con estr&eacute;s porque apenas descansaste el &uacute;ltimo fin de semana, y saliste de la boda peor de lo que llegaste y con 400 kil&oacute;metros encima), sea porque perteneces a la parte de la familia que alguno de los novios odia (y en consecuencia te odian buena parte de los invitados). La conclusi&oacute;n m&aacute;s importante es que suele ser mentira que est&eacute;s invitado en el sentido m&aacute;s cotidiano de la palabra, que es el de que te conviden, ya que, por lo menos, debes pagarte el cubierto.</p>
<p>Habida cuenta del horror con el que suelen acogerse las bodas, propongo que las invitaciones se planteen de otra manera. Por ejemplo:</p>
<table border="1" cellspacing="0" cellpadding="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="576">
<p><em>Queridos familiares y amigos:</em></p>
<p><em>Hemos decidido casarnos y nos gustar&iacute;a celebrar una boda tradicional, con un banquete en un sitio agradable y sin tener que comprar un vestido de novia de segunda mano ni alquilar un esmoquin. Los tiempos est&aacute;n dif&iacute;ciles, y por ello apelamos a vuestra ayuda para poder promover el evento. Vamos a poner toda nuestra ilusi&oacute;n en organizarlo de la mejor manera para que vuestras aportaciones hagan de este d&iacute;a algo inolvidable para todos.</em></p>
<p><em>Os rogamos que no os sint&aacute;is culpables si no pod&eacute;is contribuir. Ser&aacute; una pena que no nos acompa&ntilde;&eacute;is, aunque al mismo tiempo estaremos felices por no haberos obligado a afrontar gastos extra.</em></p>
<p><em>Pod&eacute;is hacer vuestra aportaci&oacute;n en este n&uacute;mero de cuenta XXXX (hemos fijado un m&iacute;nimo de X euros para cubrir el cubierto).</em></p>
<p><em>Os rogamos que pong&aacute;is vuestro nombre en el ingreso para poder confirmar vuestra asistencia.</em></p>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>&nbsp;&iquest;Acaso no se movilizar&iacute;an con mejor humor los invitados si considerasen la boda como una empresa suya?</p>
<p>Sin embargo, es probable que este tipo de invitaci&oacute;n complicase a&uacute;n m&aacute;s el problema. Y es que, &iquest;no ocurre que, si se plantea la cuesti&oacute;n con honestidad, crea mayores obligaciones?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 19 Jan 2017 11:00:52 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ricardo Piglia: una vida no basta]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/ricardo-piglia-una-vida-no-basta/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2017/PIGLIA500.jpg" alt="" /></p>
<p>Escribir es una forma de huida: un escritor, dado que tiene (que se sepa) una sola vida, se ve obligado a inventar otras: otras historias, que son siempre la misma. Una vida no es suficiente: un t&oacute;pico, y como todos ellos, verdad. A veces hace falta, por la raz&oacute;n que sea (h&aacute;bito del idioma, exceso de imaginaci&oacute;n, curiosidad, libido, rechazo a la idea de finalidad) multiplicar las posibilidades. Dif&iacute;cil pensar en un escritor que haya multiplicado sus posibilidades m&aacute;s veces que el autor que nos ocupa; en su multi-narrativa, infinitamente divergente, la superposici&oacute;n de mundos ficticios, muchos de los cuales involucran a su alter ego, Emilio Renzi, privilegia los repentinos puntos de vista, hasta el infinito.</p>
<p>Ricardo Piglia (Adrogu&eacute;, 1940 - Buenos Aires, 2017) es uno de esos escritores singulares, perturbadores, que van contra la corriente, contra el flujo de la cultura de su tiempo, y para el cual los precursores son tan dif&iacute;ciles de encontrar como los sucesores. Los ensayos y diarios que aqu&iacute; analizamos representan s&oacute;lo una parte de los logros del autor argentino, que incluye cuentos y novelas, la mayor&iacute;a, breves, as&iacute; como convincentes, a menudo lacerantes, traducciones de obras extranjeras. Su literatura ha abierto una ventana a un mundo, mucho m&aacute;s plural y democr&aacute;tico, durante todos estos a&ntilde;os de oscuridades.</p>
<p>Su literatura despliega una predilecci&oacute;n por los misterios irresolubles y los mitos literarios, con los que gusta de envolverse a s&iacute; mismo. Pero lo m&aacute;s incre&iacute;ble de esos mitos es que, en las p&aacute;ginas de su obra, acaban por volverse reales. Es dif&iacute;cil no leer sus libros, cuyas dimensiones interiores parecen duplicarlos, sin reparar en que han sido escritos por un hombre que trata de escapar del silencio. No hay principio ni fin a su trabajo; que es, por as&iacute; decirlo, ilimitado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La forma inicial</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Impulsa la obra ensay&iacute;stica de Piglia la negativa a seguir las reglas o las expectativas sobre lo que debe ser un ensayo. Sus preceptos son m&aacute;s bien es el esfuerzo radical de alguien que se ha aislado a fin de aferrarse a las cosas en s&iacute; mismas, alguien que solo se deja guiar por el af&aacute;n de originalidad. &ldquo;Las pulsiones (&hellip;) hacen que un escritor funcione (&hellip;) claro que un escritor es mucho m&aacute;s que eso&rdquo;. Los aspirantes a autor de ficci&oacute;n somos los destinatarios, en &uacute;ltima instancia, de la colecci&oacute;n de ensayos, conversaciones y entrevistas <em>La forma inicial</em> (Sexto Piso, 2015), donde el autor de <em>Plata quemada</em> (1997), uno de los m&aacute;s grandes novelistas argentinos del siglo XX y lo que va del XXI, divulga los secretos del oficio, es decir, los m&eacute;todos de los narradores m&aacute;s importantes de todos los tiempos.</p>
<p>En <em>La forma</em>, se expresan opiniones controvertidas, pero siempre educadas, sobre los m&eacute;ritos de los rivales: &ldquo;A m&iacute; me interes&oacute; siempre algo que Borges hace muy bien (&hellip;) la ficci&oacute;n del nombre (&hellip;) Alguien que dice que se llama de un modo que no es como se llama (&hellip;) la l&oacute;gica de la falsificaci&oacute;n&rdquo;. Este libro sobre cr&iacute;tica literaria obedece m&aacute;s a los caprichos del ritmo (&ldquo;la velocidad (&hellip;) la marcha, es esencial. La clave para m&iacute; es el tono, cierta m&uacute;sica de la prosa, que hace avanzar la historia y la define&rdquo;) que a la inflexibilidad de un patr&oacute;n establecido. De esa forma, el argentino allana el camino para explorar cuestiones est&eacute;ticas y biogr&aacute;ficas, tanto propias como ajenas.</p>
<p>Se suceden las reflexiones del autor sobre el amor, la clase y la cultura, el p&aacute;nico y el vac&iacute;o, la prosa y la poes&iacute;a, la conexi&oacute;n y la desconexi&oacute;n, pero sobre todo la forma (inicial y final) en que se mira a la condici&oacute;n humana. Aunque el autor de <em>Respiraci&oacute;n artificial </em>(1980) admira el estilo de la prosa de otros autores, su humanismo y su elegancia moral, de ninguna manera es un admirador acr&iacute;tico: &ldquo;Sabemos que Onetti usa demasiados gerundios, que la conclusi&oacute;n de las frases por momentos es incierta, que los pronombres no siempre est&aacute;n bien definidos (&hellip;) pero esa suma de imperfecciones (&hellip;) convierten su escritura en algo &uacute;nico (&hellip;) un gran acontecimiento de la lengua&rdquo;.</p>
<p><em>La forma </em>supone, en definitiva, una vasta mirada a la cultura occidental. Con gran autoridad, se coloca a cada autor en el contexto art&iacute;stico de su &eacute;poca. Su experiencia sugiere que la inspiraci&oacute;n deriva de una creatividad esencialmente intermitente: &ldquo;Las grandes po&eacute;ticas contempor&aacute;neas insisten mucho en la necesidad de interrupci&oacute;n. En el sentido de ir a la vida&rdquo;. La literatura consiste en una serie de descubrimientos intermitentes y sus interrelaciones. La novela debe ceder a &ldquo;las interrupciones de la pasi&oacute;n, la sexualidad, la pol&iacute;tica&rdquo;, medios por los cuales se convierte en un artefacto complejo y apasionado.</p>
<p>Complicaci&oacute;n y pasi&oacute;n son cualidades a admirar en el arte como en la vida, seg&uacute;n el autor de <em>Los diarios de Emilio Renzi</em> (2015), hasta que tiene lugar &ldquo;la irrupci&oacute;n de ese final inesperado&rdquo;. Se tiene una clara y certera comprensi&oacute;n de la teor&iacute;a literaria; se escribe extensa y llanamente sobre cada aspecto; se posee una amplia experiencia literaria y un o&iacute;do en sinton&iacute;a con su car&aacute;cter acad&eacute;mico. Aunque <em>La forma </em>no es un libro demasiado extenso, es rico en matices, es sugerente y est&aacute; escrito con serena autoridad. Cualquier persona interesada en todos los aspectos de la ficci&oacute;n (culturales, tem&aacute;ticos, formales y t&eacute;cnicos) lo encontrar&aacute; maravillosamente estimulante y consecuente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Diarios de Emilio Renzi</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La forma en que est&aacute;n escritos estos diarios se encuentra m&aacute;s cerca de las variaciones musicales, desplegadas en im&aacute;genes, escenas o personajes, que adoptan diferentes formas cada vez, as&iacute; que de su conjunto se desprende que est&aacute; fuera de los patrones de asociaci&oacute;n idiosincr&aacute;sica. El progreso, el cl&iacute;max y el desenlace se resisten a cada paso. A veces la narraci&oacute;n da lugar a fragmentos inconexos, que aluden a citas fallidas, irrecuperables.</p>
<p>Un diario puede ser una compleja obra de arte, a pesar de que utiliza una l&oacute;gica narrativa muy b&aacute;sica: el transcurrir de los acontecimientos. Dentro de esa estructura sencilla, puede pasar cualquier cosa, ya que las conexiones entre las distintas entradas no solo se basan en la estructura mental de su autor, sino en el paso del tiempo. Piglia comenz&oacute; a escribir a diario sus impresiones en 1957, con apenas 17 a&ntilde;os, y lo ha seguido haciendo hasta nuestros d&iacute;as. Durante estos a&ntilde;os, se ha convertido en un novelista y cr&iacute;tico de &eacute;xito.</p>
<p>Sin embargo, se atribuyen sus diarios a su alter ego, un tal Emilio Renzi, con el que se comparte escritura, &ldquo;desorden de los sentimientos (&hellip;) una po&eacute;tica personal&rdquo;, y vida. En otras palabras, escribir, para ambos, es un oficio que tienen que aprender, y una vez aprendido, sostener, con esfuerzo. La literatura se presenta en <em>Los diarios de Emilio Renzi</em> (Anagrama, 2015) como una forma de tomar el control de una existencia que escapa a la propia comprensi&oacute;n. No una manera de desaparecer, de evadirse, sino una afirmaci&oacute;n positiva, &ldquo;que permite reconstruir una historia que se desplaza a lo largo del tiempo&rdquo;.</p>
<p>Los escritos de Piglia est&aacute;n protagonizados por una figura contemplativa que asiste a los eventos, que est&aacute;n fuera de &eacute;l. Sus novelas m&aacute;s conocidas (<em>Respiraci&oacute;n artificial</em> (1980), <em>Plata quemada</em> (1997)), presentan invariablemente un <em>doppelg&auml;nger</em> en quien el autor delega, alguien externo que participa de la acci&oacute;n. Lo mismo sucede en estos diarios. Alguien vive las experiencias de Piglia, para &ldquo;ver desde el futuro (&hellip;) para poder soportar el presente, comprender que ya no es posible la ilusi&oacute;n&rdquo; ya que &ldquo;en todo se agazapa la destrucci&oacute;n, nadie tiene asegurado el dominio de s&iacute; mismo&rdquo;.</p>
<p>La casa familiar se encuentra en Adrogu&eacute;, un pueblo a las afueras de Buenos Aires. Al mudarse a la capital, Renzi/Piglia empieza a atribuir valores excluyentes para los dos territorios: Buenos Aires es el dominio de la modernidad, del intelectualismo sofisticado; Adrog&uacute;e es el lugar de una realidad f&iacute;sica irracional y sin compromisos. El deseo de que ambos mundos se reconcilien o se superpongan tiende a quebrarse bajo la convicci&oacute;n de que siempre se est&aacute; condenado a elegir entre formas de vida contrapuestas.</p>
<p>En la universidad, Piglia entra en contacto con la obra de cl&aacute;sicos y contempor&aacute;neos que influir&aacute;n en su obra, no solo extranjeros (Dostoievski, Kafka, Proust, Fitzgerald, Faulkner, Hemingway), sino argentinos (Borges y Cort&aacute;zar, Rodolfo Walsh, Haroldo Conti y Edgardo Cozarinsky), escritores cuya expansi&oacute;n, optimismo y compromiso intenso con la vida son polos opuestos del taciturno Renzi, a menudo en estado contemplativo. As&iacute; comienza su etapa como activista, convencido de que la literatura es &ldquo;un presente narrativo &hellip; de pura acci&oacute;n&rdquo; que amenaza cualquier r&eacute;gimen totalitario.</p>
<p>Ocupan estas 360 p&aacute;ginas los intentos de su autor por definir la relaci&oacute;n entre el arte y la realidad y establecer la naturaleza de la propia psicolog&iacute;a. Los lectores de <em>Los diarios de Emilio Renzi</em>, primera parte del proyecto de publicaci&oacute;n de sus dietarios en tres tomos, encontrar&aacute;n en ellos no solo &ldquo;figuras, escenas, fragmentos de di&aacute;logos, restos perdidos que renacen cada vez&rdquo;, sino un relato de las controvertidas circunstancias hist&oacute;ricas y sociales del escritor argentino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Los a&ntilde;os felices</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre otras cosas, un diario es un vasto archivo de ansiedades y ambiciones frustradas. M&aacute;s de 40 a&ntilde;os despu&eacute;s de haber sido escritas, las entradas de la segunda entrega de <em>Los diarios de Emilio Renzi</em> (Anagrama, 2016) nos siguen pareciendo subversivas, cuando no amenazantes. El escalofr&iacute;o que uno siente al leer esa &ldquo;sucesi&oacute;n de aventuras&rdquo; de alguien &ldquo;que envejece y no aprende&rdquo;, es dolorosamente real. Este libro de libros, donde &ldquo;la forma y los procedimientos se hacen visibles por medio de la violaci&oacute;n de las normas&rdquo;, se r&iacute;e de nosotros, de nuestro conformismo peque&ntilde;oburgu&eacute;s, mimados como seguimos por las comodidades modernas.</p>
<p>&ldquo;La historia literaria es siempre una condena para el que escribe en el presente, all&iacute; todos los libros est&aacute;n terminados y funcionan como monumentos&rdquo;. En este segundo volumen de sus diarios, <em>Los a&ntilde;os felices</em>, asistimos al viaje de Piglia/Renzi hacia el auto-conocimiento. Se decide el protagonista a seguir sus deseos a expensas de pareja y fortuna; huye de la sociedad convencional y del trabajo intelectual para dedicarse a sus fantas&iacute;as, este &ldquo;relato de no ficci&oacute;n&rdquo; que tiene &ldquo;la tensi&oacute;n de un juicio abierto en el que hay decidir qui&eacute;n es el responsable de la derrota&rdquo;. El <em>Diario</em> se convierte as&iacute; en un cat&aacute;logo de males y esperanzas frustradas: la dura lucha contra el anonimato, las indignidades de la cr&iacute;tica, la falta de ventas, la perfidia de los colaboradores, el &eacute;xito inmerecido de los amigos.</p>
<p>&ldquo;&iquest;Un diario (&hellip;) repite esta t&eacute;cnica medieval?: dispersi&oacute;n, copia, libro para ser le&iacute;do despu&eacute;s de la muerte&rdquo;. Lo que se podr&iacute;a aplicar a la obra de Kafka (&ldquo;no entender lo que est&aacute; pasando&rdquo;) es clave en la obra de Renzi, centrada &ldquo;en el anhelo de una trascendencia que fracasa&rdquo;. Su h&eacute;roe, al igual que el de <em>El proceso</em>, &ldquo;busca el sentido y no transige ni concilia&rdquo;. Piglia nos vuelve a hacer conscientes de nuestros l&iacute;mites, mientras nos pide que dibujemos de nuevo el mapa de nuestras prioridades. &ldquo;A partir del diario, escribir una novela de educaci&oacute;n (sentimental)&rdquo;. No es s&oacute;lo que las ideas sean impactantes. Es que el interlocutor trata de seducir y convencernos, al mismo tiempo que se justifica a s&iacute; mismo, a trav&eacute;s de ese &ldquo;narrador que siempre he buscado: furioso, ir&oacute;nico, desesperado, el&iacute;ptico&rdquo;.</p>
<p>El proceso de convertirse en escritor es el tema de estos <em>Diarios</em>: sus imperfecciones e indiscreciones, su falta de organizaci&oacute;n art&iacute;stica y tem&aacute;tica, todo aquello que convierte su lectura en un placer. El h&aacute;bito de la transcripci&oacute;n diaria informa la historia &iacute;ntima, el recuento de visitas, observaciones incidentales y reflexiones. El chisme alcanza aqu&iacute; la significaci&oacute;n epigram&aacute;tica de la poes&iacute;a. A diferencia de las fotograf&iacute;as, las im&aacute;genes verbales se desarrollan y cambian con el tiempo, de acuerdo con las fluctuaciones de la fortuna de las personas afectadas y sus cambiantes relaciones con el autor. En lo personal, la lectura de este volumen supone, al igual que sucede con el primero de la serie, una bofetada en el rostro, una que nos recuerda que no se trata de un libro m&aacute;s, sino un compendio de literatura universal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Infinitud</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La obra de Piglia es el registro herm&eacute;tico de la lucha de un escritor consigo mismo y con las formas literarias, un escritor que est&aacute; dispuesto a perseguir tenazmente la inutilidad en lugar de tener &eacute;xito en t&eacute;rminos establecidos, que trata de luchar contra las dimensiones desconocidas tanto como consigo mismo. M&aacute;s que universo, agujero negro, m&aacute;s que ebullici&oacute;n, colapso de las literaturas, revelaci&oacute;n inusual, con cualidades impredecibles. Sus <em>Diarios</em> se&ntilde;alan el camino a seguir, proporcionando a su autor una inmensa cantera para su futuro trabajo, al abordar toda una serie de temas y, tal vez inseparable de ellos, una nueva forma. En ellos, se a&uacute;na poes&iacute;a, narrativa e imagen. &nbsp;A menudo dos conceptos se constelan o fusionan, que rigen el progreso de la entrada. Al fondo reside, normalmente, una percepci&oacute;n sensorial.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La geometr&iacute;a irregular de las cl&aacute;usulas de sus ensayos y conferencias arriba mencionadas, tiende a oponer las reflexiones en &aacute;ngulos extra&ntilde;os las unas de las otras, hasta que al final la frase las resuelve o al menos las vuelve a alinear. Mucho depende tambi&eacute;n de la resonancia de sus l&iacute;neas finales, que a menudo reinscriben la trayectoria de todo el ensayo, evitando h&aacute;bilmente lo epigram&aacute;tico. El autor argentino es la representaci&oacute;n de un fracaso, aunque como prueba de resistencia, valor y lealtad a la propia originalidad.</p>
<p>Aunque en sus escritos se opone obstinadamente a toda forma de totalitarismo, no es un escritor pol&iacute;tico. Su dura visi&oacute;n inclusiva, as&iacute; como su negativa a apartarse de la miseria humana, dan a sus escritos un, casi documental, valor adicional. Sus narrativas se reflejan de manera deliberada, se refractan unas a otras (todas ellos son, de alguna manera, sobre escritores, pero no descartan la violencia, el sexo), muestran su fe en la literatura como la &uacute;nica forma de yuxtaponer muchas narrativas en un solo libro, en una sola vida, donde unas tramas conducen a otras. La ilusi&oacute;n de infinitud s&oacute;lo se ve reforzada por el hecho de que manuscritos inacabados sigan apareciendo. &nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="right">Sevilla 2017</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 19 Jan 2017 10:51:28 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poemas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/poemas-benito-la-mantia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2017/CARLOS_VITALE_500.jpg" alt="" /></p>
<p>Traduci&oacute;n de Carlos Vitale</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Benito La Mantia naci&oacute; en Palermo en 1940 y reside en Mezzano (R&aacute;vena).<br /> Entre otros libros, ha publicado: <em>Lindos</em>, <em>Knossos</em> y <em>Taccuino</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><br /> <br /><strong>HAZ DE MODO...</strong></p>
<p>Haz de modo que yo</p>
<p>nunca sea celebrado</p>
<p>ni se me asignen</p>
<p>premios de ninguna clase</p>
<p>no dejes que escriban sobre m&iacute;</p>
<p>porque ser&aacute;n todos modos</p>
<p>de liquidarme</p>
<p>cuando ya no te sirva</p>
<p>ll&eacute;vame a mi tierra</p>
<p>y qu&eacute;mame</p>
<p>de manera que permanezca en el aire</p>
<p>para cualquier eventualidad.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LAS GRANDES IDEAS...</strong><br /> <br /> Las grandes ideas<br /> los grandes temas<br /> los grandes movimientos<br /> la ca&iacute;da<br /> desgraciada<br /> del trampol&iacute;n<br /> y el trasero en el agua<br /> ni siquiera tibia.<br />&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>ES CURIOSO...&nbsp;</strong><br /> <br /> Es curioso</p>
<p>que en el colmo de la desesperaci&oacute;n</p>
<p>en estas ruinas</p>
<p>t&uacute; percibas</p>
<p>todas las posibilidades de la revuelta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><br /><strong>TONTER&Iacute;AS...</strong><br /> <br /> Tonter&iacute;as por tonter&iacute;as:<br /> si pudieses volver<br /> del reino de los muertos<br /> diciendo<br /> hijos<br /> aqu&iacute; no hay un carajo<br /> bueno, no te creer&iacute;an.<br /> La imbecilidad es ya<br /> una instituci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LA POLIC&Iacute;A...</strong></p>
<p>La polic&iacute;a</p>
<p>ya se sabe</p>
<p>dispara siempre al aire</p>
<p>nunca tira al blanco.</p>
<p>La culpa&nbsp;</p>
<p>fue de aquel est&uacute;pido marroqu&iacute;</p>
<p>que se hab&iacute;a puesto a volar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><br /><strong>CUANDO ACEPTES...</strong><br /> <br /> Cuando aceptes<br /> que te endosen un uniforme<br /> y que te coloquen<br /> una bandera al pecho<br /> ya no tendr&aacute;s batallas que ganar<br /> las habr&aacute;s perdido todas.</p>
<p><br /> <br /><strong>ALDEBAR&Aacute;N&hellip;</strong><br /> <br /> Aldebar&aacute;n es el ojo candente del toro<br /> que recorre los oscuros meandros de la mente<br /> y cada acto escapa a la raz&oacute;n<br /> por el delirio de las ideas imperfectas<br /> as&iacute; lo posible se ha reducido<br /> y pr&oacute;ximo se anuncia el fin de los acontecimientos.</p>
<p><br /> <br /><strong>A LOS BURGUESES...</strong><br /> <br /> A los burgueses a los burgueses<br /> que su dios<br /> los conserve en la gloria<br /> y no los suelte:<br /> quisiera evitar al menos<br /> tenerlos en mi infierno.</p>
<p><br /><strong>CUANDO...</strong><br /> <br /> Cuando le anunci&eacute;<br /> enf&aacute;tico<br /> a mi hijo<br /> que le dejar&iacute;a<br /> en herencia el mundo<br /> me dijo<br /> que impugnar&aacute;<br /> el testamento.</p>
<p><br /><strong>BEBO...</strong><br /> <br /> Bebo en la copa del tiempo<br /> s&oacute;lo tu vida<br /> y la ca&iacute;da irremediable del mundo.<br /> In&uacute;tilmente<br /> el cerezo me seduce.<br /> Es tanta la tristeza<br /> tanta.</p>
<p><br /> <br /><strong>HOY HA SIDO&hellip;</strong><br /> <br /> Hoy ha sido un d&iacute;a<br /> tan l&iacute;mpido<br /> que casi me he<br /> avergonzado de existir<br /> observando la oscuridad<br /> que se debat&iacute;a<br /> como la actual<br /> incapacidad de la raz&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>PERO, &iquest;NO ENTIENDES&hellip;?</strong><br /> <br /> Pero, &iquest;no entiendes que seremos los &uacute;ltimos?<br /> Nosotros desordenados embrollones<br /> pendencieros como gallitos pic pic<br /> y ellos met&oacute;dicos como nazis<br /> nosotros en el gueto<br /> afuera<br /> la pura raza necia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Y ENTONCES&hellip;</strong><br /> <br /> Y entonces llegaron los ingleses<br /> me cuenta el nigeriano en el Beaubourg<br /> y sosten&iacute;an alta una cruz en la mano<br /> y nos dijeron: mirad al cielo.<br /> Y nosotros miramos.<br /> Pero cuando volvimos<br /> los ojos al suelo<br /> el oro ya no estaba.</p>
<p><br /> <br /><strong>&iquest;Y QU&Eacute; DIJO...?</strong><br /> <br /> &iquest;Y qu&eacute; dijo Periandro<br /> al embajador de Mileto<br /> cuando le pregunt&oacute;<br /> por la mejor manera de ejercer el poder?<br /> Nada dijo.<br /> No dijo nada.<br /> Llev&oacute; al tipo a un campo<br /> y con golpes secos de bast&oacute;n<br /> seg&oacute; las espigas m&aacute;s altas de trigo.<br />&nbsp; <strong></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>M&Aacute;S ALL&Aacute;...</strong><br /> <br /> M&aacute;s all&aacute; del punto<br /> para verificar tu fracaso<br /> para escapar incesantemente de la muerte.<br /> Pasajes, pues, no arribos.<br /> En las verdades se ocultan<br /> las m&aacute;s p&eacute;rfidas mentiras.<br /> Las ideas<br /> encuentran decencia<br /> s&oacute;lo en estado fluido.<br /> <br /> <br /> <br /> <strong></strong></p>
<p><strong>CARGAD...</strong><br /> <br /> Cargad.<br /> Apuntad.<br /> Fuego.<br /> Y el anarquista Masetti<br /> dispar&oacute;<br /> pero a su comandante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 19 Jan 2017 09:30:43 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hay poemas sobre poemas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/hay-poemas-sobre-poemas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2017/wislawa500.jpg" alt="" /></p>
<p>Afirmar que Wislawa Szymborska es uno de los grandes referentes de la poes&iacute;a actual no sorprende a nadie, es m&aacute;s, en cualquiera de las listas que pudi&eacute;ramos hacer de los poetas m&aacute;s trascendentes del s. XX y principio del s. XXI, la Nobel polaca siempre deber&iacute;a estar presente. Pero la afirmaci&oacute;n contiene un segundo sentido ya que a partir de ella pueden entenderse algunas po&eacute;ticas o, incluso, podr&iacute;amos llegar a decir que se ha convertido en un icono para las nuevas generaciones po&eacute;ticas europeas (y espa&ntilde;olas, por supuesto). Su impacto y asimilaci&oacute;n en los c&iacute;rculos po&eacute;ticos j&oacute;venes y femeninos (y feministas)&nbsp; es de tal calado que ser&iacute;a imposible explicar las po&eacute;ticas de algunos de sus referentes, como Elena Medel, Sof&iacute;a Casta&ntilde;&oacute;n o Sara Herrera Peralta, sin la precisi&oacute;n &ldquo;m&eacute;dica&rdquo; de Szymborska con la que desgrana cada imagen. No hay posibilidades a estas alturas de producci&oacute;n cr&iacute;tica sobre la autora polaca de aportar algo que no se haya dicho al respecto, pero s&iacute; existe la posibilidad de trazar lo significativo de su po&eacute;tica en la de los dem&aacute;s.</p>
<p>Met&oacute;dica en el uso del lenguaje, circular en la concepci&oacute;n del poema y sagaz en el uso y el abuso de las palabras y sus sentidos, Wislawa Szymborska ha fascinado del mismo modo a los j&oacute;venes poetas como pudieran haberlo hecho en un momento determinado el aullido de Ginsberg, el fascinante territorio de T.S.Eliot o la r&iacute;tmica y atronadora po&eacute;tica de Leopoldo Mar&iacute;a Panero. Estamos, pues, ante una de las grandes figuras de la poes&iacute;a europea, convertida ya en icono de una generaci&oacute;n que anhela su capacidad metapo&eacute;tica, su visi&oacute;n terrenal y espacial y sus saltos en el tiempo y en el vac&iacute;o en busca del secreto de la identidad y de aquello que fuimos un d&iacute;a y no sabemos ya d&oacute;nde ha quedado o c&oacute;mo encontrarlo de nuevo.</p>
<p><em>Hasta aqu&iacute; </em>es el libro que recoge los &uacute;ltimos trece poemas escritos por la poeta y una interesant&iacute;sima entrevista realizada por Javier Rodr&iacute;guez Marcos a los dos traductores del libro, Abel Murcia y Gerardo Beltr&aacute;n. Ellos dos, junto a Xavier Farr&eacute;, son los responsables del auge de la poes&iacute;a polaca en Espa&ntilde;a. Su pulcra manera de traducir a la que suman su atinado sentido del ritmo, como buenos poetas que son, han hecho de la literatura polaca, de su poes&iacute;a, el lugar al que todos los lectores de este g&eacute;nero acudimos en busca tanto de las voces m&aacute;s conocidas (R&oacute;zewicz, Zagajewski, Herbert, Krynicky&hellip;) como a los nuevos nombres (recogidos en esa monumental antolog&iacute;a editada por PUZ, <em>Poes&iacute;a a contragolpe. Antolog&iacute;a de poes&iacute;a polaca contempor&aacute;nea</em> y que desde estas l&iacute;neas etiquetamos como obligatoria y necesaria).</p>
<p><em>Hasta aqu&iacute; </em>plantea las claves y constantes de la poes&iacute;a de Wislawa Szymborska, su juego continuo con las palabras y sus significados (que tan bien se aprecia en el poema titulado &ldquo;Reciprocidad&rdquo;: &ldquo;Hay cat&aacute;logos de cat&aacute;logos. / Hay poemas sobre poemas. / Hay obras sobre actores representadas por actores. / Cartas motivadas por cartas. / Palabras que sirven para explicar palabras&rdquo;) y la belleza de una manera de decir que huye de la grandilocuencia y encuentra en lo sencillo y en las palabras justas, en la esencia del propio lenguaje (como siempre se&ntilde;alan los grandes poetas &ndash;Gamoneda y Salda&ntilde;a entre ellos hablan de este compromiso con la palabra), el secreto de la comunicaci&oacute;n m&aacute;s intensa (como bien podemos observar en el poema titulado &ldquo;Mapa&rdquo;: &ldquo;Me gustan los mapas porque mienten. / Porque no dejan paso a la cruda verdad. / Porque magn&aacute;nimos y con humor bonach&oacute;n / me despliegan en la mesa un mundo / no de este mundo&rdquo;).</p>
<p>Este es un poemario que completa el anteriormente editado por Bartleby Editores, <em>Aqu&iacute; </em>(2009) y&nbsp; que fue traducido por los mismos traductores del libro que aqu&iacute; tratamos. A Pepo Paz, editor del sello, corresponde agradecerle la apuesta por estos dos vol&uacute;menes que han completado la edici&oacute;n de la poes&iacute;a de esta autora que nos ha hecho tan felices.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Wislawa Szymborska, <em>Hasta aqu&iacute;,</em> traducci&oacute;n de Abel Murcia y Gerardo Beltr&aacute;n, Madrid, Bartleby Editores, 2014.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 13 Jan 2017 11:43:31 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Principio de exclusión]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/principio-de-exclusion/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/CLARA_JAN_S_2.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left; padding-left: 600px;" align="right"><em>Wolfgang Pauli</em></p>
<p style="text-align: left; padding-left: 600px;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left; padding-left: 600px;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="padding-left: 600px;">El cuervo que a s&iacute; mismo</p>
<p style="padding-left: 600px;">se quit&oacute; los ojos</p>
<p style="padding-left: 600px;">no quer&iacute;a ver la asimetr&iacute;a</p>
<p style="padding-left: 600px;">de aquellos n&uacute;meros,</p>
<p style="padding-left: 600px;">tem&iacute;a la desigualdad invencible,</p>
<p style="padding-left: 600px;">ese ordenamiento inverso</p>
<p style="padding-left: 600px;">que comporta</p>
<p style="padding-left: 600px;">la impenetrabilidad</p>
<p style="padding-left: 600px;">de la materia.</p>
<p style="padding-left: 600px;">Vano es, pues, el intento de los m&iacute;os</p>
<p style="padding-left: 600px;">si no puedo incorporarte.</p>
<p style="padding-left: 600px;">&iquest;Qui&eacute;n mira, al fin?</p>
<p style="padding-left: 600px;">&iquest;Qui&eacute;n modifica el movimiento?</p>
<p style="padding-left: 600px;">&iquest;Qui&eacute;n expresa lo que queda dicho?</p>
<p style="padding-left: 600px;">Derrotada la raz&oacute;n</p>
<p style="padding-left: 600px;">por el poema</p>
<p style="padding-left: 600px;">que nadie sabe c&oacute;mo se escribi&oacute;,</p>
<p style="padding-left: 600px;">una vez m&aacute;s</p>
<p style="padding-left: 600px;">planea en el aire</p>
<p style="padding-left: 600px;">la sombra de la letra griega.</p>
<p style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 600px;">Pero ya Odiseo, el que no se deten&iacute;a,</p>
<p style="padding-left: 600px;">se hizo llamar &ldquo;nadie&rdquo;...</p>
<p style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 13 Jan 2017 11:35:22 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dentro de cualquier Atlántico]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/dentro-de-cualquier-atlantico/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/NURIA_RUIZ_DE_VI_ASPRE.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 420px;">Dentro de cualquier Atl&aacute;ntico hay una piscina iluminada. Una zanja cuyo fondo es fango y ci&eacute;naga sin m&aacute;s vida que su sombra cuando el sol se inclina. Sigo los pasos del mapa. Pero olvido el mapa. Encero el suelo de barro y escribo sobre lo que no s&eacute; hablar. No. Escribo sobre la que no sabe hablar. Un <em>yo</em> denso de h&aacute;bito arbustivo. Ese <em>yo</em> que no es m&aacute;s que una cepa rarificada sin ese <em>t&uacute;</em> que no se sabe. Hablar. Una peque&ntilde;a palabra. Un <em>t&uacute;</em>. Un no sabe. &iquest;Qu&eacute; no sabe? Leer el mundo. No sabe leer posos de piscinas. Ver su car&aacute;cter al fondo. Hay tres filas de dos puntos al horizonte. Tres puntos en vertical debajo. <em>Debajo estoy yo. </em>Soy la que no sabe hablar. Hablar dentro del no hablar. Que es lo mismo que hablar para no escribir por ejemplo que soy un cuadernillo <em>rubio</em> donde plagiar espirales id&eacute;nticas. Patrones.&nbsp;Patrones del <em>t&uacute;</em> que sigue mi mano primera. Un boj. Dos boj. Tres boj. Patrones concluyentes. Dentro de la zanja hay un lobo enganchado a mi nuca. Eso s&iacute; es un patr&oacute;n concluyente. Borra mi cabeza porque ya soy otro cuento dentro de este cuento. Grita. Blancanieves est&aacute; preparando una tarta. Ella dice que escribir es el gerundio de un enano. M&aacute;s lejos no hay fon&eacute;tica. La vida es un borrador. Un boceto calvo en el que repetimos patrones de barcos que no tienen patrones ni moldes de madre. No hablo. No me gusta hablar. Mientras la voz del <em>t&uacute;</em> me da vueltas el yo. Escribo que soy la que escribe sobre aquello que no sabe hablar. No. Sobre aquella que no sabe hablar. &iquest;Escribir plurales? Femenino singular que no se sabe si no escribe. Escribo entonces para lavar a mano las palabras. Palabras peque&ntilde;as como <em>t&uacute;</em>. Pro-nombres que <em>pronombran</em> dep&oacute;sitos de agua. Escribo para restaurar el orden. En-cubierta. Camino en cubierta sin voz. Camino y el pasado camina conmigo y es un tiempo mononucleado. El grito est&aacute; vivo. Hace mucho tiempo all&iacute; no hab&iacute;a nada. Aqu&iacute; el miedo me mantiene ilesa. Mientras, Blancanieves destruye la m&eacute;trica con sus manos macr&oacute;fagas. El fin anunciado de toda escritura... a mano.</p>
<p style="padding-left: 420px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 13 Jan 2017 11:27:21 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ni siquiera monstruos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/ni-siquiera-monstruos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/eloy500.jpg" alt="" /></p>
<p>Sombras que se deslizan bajo mi ventana. Ah&iacute; fuera: ruido de motores, ladridos, frenazos deportivos, politonos de m&oacute;viles. Aqu&iacute; dentro: noticias de actualidad, teletipos, &uacute;ltima hora, y en medio de todo este nerviosismo, zas, salta la foto de un ni&ntilde;o. Hoy. Es un ni&ntilde;o guerrero, africano, de unos siete u ocho a&ntilde;os, no m&aacute;s, que posa vestido con uniforme de soldado, pantalones de camuflaje que le quedan anch&iacute;simos y se le escurren, boina ladeada, botas mar&shy;cia&shy;les, mirando desafiante a la c&aacute;ma&shy;ra, &iquest;me est&aacute;s amenazando t&uacute; a m&iacute;?, un cigarrillo colgado del labio, va armado con un lan&shy;za&shy;lla&shy;mas casi m&aacute;s grande que &eacute;l, dispuesto a quemarlo todo, a arrasar con todo: la aldea, la es&shy;cue&shy;la, su familia, el planeta en&shy;te&shy;ro, un tenedor que ha llegado hasta sus pies, empujado por el r&iacute;o. Sus ojos, sin embargo, y es lo terrible de la instant&aacute;nea, siguen siendo inocentes, de una pureza satinada.</p>
<p>Oh boy.</p>
<p>Este ni&ntilde;o asesino da miedo, no por lo que pueda hacer, sino por lo que antes le han hecho a &eacute;l. Para que este ni&ntilde;o sea capaz de matar, han tenido que matarle a &eacute;l primero. Secarle el coraz&oacute;n a base de drogas, borracheras, palizas y vejaciones sexuales. Extirparle la sonrisa. Desviarle la sangre y colocarle, en su lugar, una bolita de plomo. Es el mundo en que vivimos. Hoy. Siete u ochos a&ntilde;os. No hay otro.</p>
<p>Quemarlo todo. Y despu&eacute;s sentarse a fumar un cigarrillo, dos cigarrillos, &iquest;quieres t&uacute; uno?, con toda tran&shy;qui&shy;lidad, sobre los escombros calientes del Vaticano.</p>
<p>El miedo tiene una ventaja sobre el valor: que siempre es sincero. No enga&ntilde;a.</p>
<p>Detroit. Hoy toca hablar de Detroit, acordarse de Detroit, en el estado de Michigan, no s&eacute; por qu&eacute;. Detroit est&aacute; en bancarrota. Es una ciudad fantasma, un urbanismo de huecos, en el que apenas vive nadie, aparte de unas cuantas hordas de polic&iacute;as sin control, asolada por los chillidos de ratas. Las calles son t&uacute;neles de una mina de carb&oacute;n a cielo abierto, el Chern&oacute;bil del ca&shy;pi&shy;ta&shy;lis&shy;mo. El gobierno, si te instalas en aquel verte&shy;de&shy;ro de almas, te regala una casa. Cuatro pa&shy;re&shy;des ruino&shy;sas, imagi&shy;no, un charco t&oacute;xico de c&eacute;sped, todo roto, negro, traumatizado. Cochambre por todas partes. Ca&ntilde;er&iacute;as retorcidas. Un tablero de ajedrez empotrado entre dos &aacute;rboles, con agujeros de bala. En el aire flotan centenares de plumas diminutas, parece un exterminio de aves a gran escala. Puedes respirar en Detroit todo el ox&iacute;&shy;ge&shy;no que desees, eso s&iacute;, sin res&shy;tric&shy;cio&shy;nes. El gobierno te permite atascarte los pulmones con todas aquellas plumas.</p>
<p>En Detroit llueven gallinas.</p>
<p>Detroit no es una met&aacute;fora, sino una realidad palpable. Algo que suda y sangra y vomita, acurrucado en un portal, con tiritona y una aguja clavada en el brazo. Quiz&aacute; un destino, una sobredosis del mundo moderno o un lugar de vacaciones ideal para enfermos terminales o de&shy;sem&shy;plea&shy;dos, v&eacute;ngase usted una temporada a Detroit y tr&aacute;igase a su familia, con todos los gastos pa&shy;gados, ver&aacute; qu&eacute; bien, nosotros le invitamos. &iquest;Nosotros? &iquest;Qui&eacute;nes somos nosotros? No&shy;so&shy;tros, ya sabe usted, la Marca, la &uacute;nica que existe, para la que todos trabajamos de un modo u otro. Usted y yo, por ejemplo. Todos nosotros. La Marca &Uacute;nica. Por lo dem&aacute;s, no hay met&aacute;foras, la met&aacute;fora no existe, todo es atroz&shy;men&shy;te literal.</p>
<p>Un tren. Acaba de pasar un tren, impulsado por un largo pitido. Noto en el suelo la onda vibratoria que sube hasta mis rodillas, coquetea con la tapa de la tetera, con las hojas del t&eacute; ya fr&iacute;as, la carpeta con mis anotaciones, recortes de peri&oacute;dicos, informes m&eacute;dicos, dibujos y mensajes enviados por los ni&ntilde;os desde tan lejos, ahora, con su caligraf&iacute;a gorda de colorear monstruos. Hablan mucho de monstruos, de c&oacute;mo son los monstruos, papi, de si los monstruos planean atacarnos o no, papi, con sus naves espaciales y sus ojos que echan chorros de rayos gamma, y en qu&eacute; momento. Su nueva casa les gusta, dicen, porque desde un rinc&oacute;n del piso de arriba pueden ver un tri&aacute;ngulo de arena en el que hacen caca los perros, y eso les en&shy;tu&shy;sias&shy;ma. Que un perro haga caca en la v&iacute;a p&uacute;blica, a la vista de todos, eso es algo fabuloso. Mi exmujer va a casarse de nuevo. Eso pone el mensaje. Ellos tendr&aacute;n pronto &ndash;o tienen ya, no lo s&eacute;&ndash; un nuevo padre. Dos padres. Un padre duplicado. El otro y yo. No me lo esperaba, soy re&shy;por&shy;te&shy;ro gr&aacute;&shy;fi&shy;co, cazador de fotos, carezco de ima&shy;gi&shy;na&shy;ci&oacute;n para in&shy;ven&shy;tar&shy;me nada.</p>
<p>Ni siquiera monstruos.&nbsp;</p>
<p>Detroit y yo. Ambos somos tan reales. Una foto. Demasiado reales, dir&iacute;a. Existimos aqu&iacute; y ahora, en este punto concreto del universo. Desde el espacio un sat&eacute;lite nos podr&iacute;a fo&shy;to&shy;gra&shy;fiar, re&shy;trans&shy;mi&shy;tirnos en directo a cualquier rinc&oacute;n del globo. Todos estamos en todos lados, ahora, sin necesidad de movernos; milagros del yo tecnol&oacute;gico. Todos estamos en parte tristes, en parte alegres, en parte solos. Otra foto. Y otra m&aacute;s. Un avi&oacute;n desovando bombas. Estatuas gigantes de Buda en medio de la selva en llamas. Cientos de rostros, de manos, de eya&shy;cu&shy;la&shy;cio&shy;nes, una ola humana que crece y palpita, con su cenefa de espuma sucia, hasta desbordarse; una calle de Beirut con bi&shy;ci&shy;cle&shy;tas y mariposas, la posibilidad de ser feliz o desgraciado en cualquier sitio, la alegr&iacute;a de un r&iacute;o, la soledad de la viuda, los zapatos del muerto colocados con todo cuidado encima del ata&uacute;d. Alguien (pero, &iquest;qui&eacute;n?) tuvo la de&shy;fe&shy;ren&shy;cia de abrillantarlos hasta el mareo, se tom&oacute; la molestia de anudar los cordones en lazadas virtuosas, medir la distancia exacta desde las punteras hasta los bordes del f&eacute;retro, para que quedasen sim&eacute;tricos, todo tan calculado y perfecto que casi entraban ganas de gritar. Y all&iacute; qued&oacute; expuesta, en el centro de la capilla ardiente, entre gimoteos de pla&ntilde;ideras, aquella obra maestra de la ciencia fu&shy;ne&shy;ra&shy;ria: los zapatos de un hombre muerto en&shy;ci&shy;ma de su ata&uacute;d.</p>
<p>Pregunta: &iquest;cu&aacute;ntas palabras se necesitan para nombrar la perplejidad? &iquest;Cu&aacute;ntas?</p>
<p>Titular: las autoridades chinas han decretado oficialmente que los ba&ntilde;os p&uacute;blicos de Pek&iacute;n no podr&aacute;n tener m&aacute;s de dos moscas.</p>
<p>Hasta dos moscas es legal. Una m&aacute;s, y a partir de ah&iacute; se extiende el territorio convulso de la ilegalidad, los sobornos, las delaciones, el crimen.</p>
<p>Raro.</p>
<p>Se enciende. Se apaga. Se enciende. Se apaga. As&iacute;, durante cerca de media hora, o m&aacute;s. Vaya, los vecinos de enfrente deben de estar practicando (se enciende) alguna clase de juego con los interruptores de la luz que (se) desconozco (apaga).</p>
<p>Se enciende.</p>
<p>En el colegio, una vez, a los once o doce a&ntilde;os, me hicieron repetir curso, porque dijeron que iba demasiado adelantado para mi edad. Adelantado, yo. Lo dijo el supervisor enviado por el ministerio de Educaci&oacute;n y Cien&shy;cia, un hombre calvo, atildado, con gafas de miop&iacute;a de pasta y media sonrisa manchada de caf&eacute; con leche, traje de pana de bolsillos abultados, semibarba semisucia, labios libidinosos, despu&eacute;s de ins&shy;pectorear un rato mi expediente y me&shy;ro&shy;dear por all&iacute;, olfate&aacute;ndolo todo, abriendo y cerrando ar&shy;chi&shy;va&shy;do&shy;res, como un lobo p&aacute;lido. Se seca el sudor de la frente con un pa&ntilde;uelo t&iacute;mido, encoge un hom&shy;bro, se rasca una r&oacute;tula (la derecha, si mal no recuerdo) y a continuaci&oacute;n no cede. Se man&shy;tiene firme, rocoso, ana&shy;cre&oacute;n&shy;ti&shy;co, tras negarse a firmar aquel acta: no y no. Yo no. No firmo eso. Que no. Yo no dicto las leyes, sino que me limito a cumplirlas: las leyes me dictan a m&iacute;. No es culpa m&iacute;a, ni de nadie, la normativa es la normativa y uno no puede salt&aacute;rsela. &iquest;C&oacute;mo po&shy;dr&iacute;a&shy;mos vivir sin la normativa, quiere dec&iacute;rmelo usted? Yo no podr&iacute;a, ni nadie. Fija en m&iacute; sus ojos de color ladrillo. Aparta el papel con asco. No es nada per&shy;so&shy;nal, no me juz&shy;ga &eacute;l, que es un simple delegado, sino la Educaci&oacute;n y la Ciencia.</p>
<p>Tampoco era una met&aacute;fora, claro. La Educaci&oacute;n y la Ciencia me apuntaron con sus &iacute;n&shy;di&shy;ces majestuosos y dictaron su sentencia: t&uacute; no.</p>
<p>El cosmos gir&oacute; y me dio la espalda, dej&aacute;ndome abandonado en aquella esquina precisa. El supervisor me dio, al salir, un cachete m&iacute;stico en la mejilla, de falsa complicidad, y eso fue lo peor de todo. Lo m&aacute;s humillante. Un paso atr&aacute;s. Una mancha en mi expediente. La huella ino&shy;por&shy;tu&shy;na de un pulgar en la tarta.</p>
<p>Conclusi&oacute;n: repito curso.</p>
<p>Se apaga.</p>
<p>Hubo, pues, que retrasar los relojes y volver al pasado, a la edad media, vivir o revivir de nuevo lo que ya hab&iacute;a vivido o semivivido antes. Me obligaron a camuflarme de repetidor para aprobar de nuevo un curso que ya ten&iacute;a apro&shy;ba&shy;do. Entr&eacute; en la noria de las repeticiones, las duplicidades y los si&shy;mu&shy;la&shy;cros. Otra foto. Aburrid&iacute;simo, entre alumnos desconocidos que no sab&iacute;an mi nombre y se dirig&iacute;an a m&iacute; llam&aacute;ndome Fer, Fido o t&uacute;, ese de ah&iacute;. Lejos de mis amigos de la ruta escolar, a los que tuve que renunciar a la fuerza, se&shy;pa&shy;rar&shy;me de ellos y no volv&iacute; a ver, solo de lejos, de vez en cuando, en el recreo, con pena y bo&shy;ca&shy;di&shy;llos, ya &eacute;ramos otros.</p>
<p>En el aula: bostezos lacrim&oacute;genos, el tedio hecho migra&ntilde;a, los techos cada vez m&aacute;s bajos, los suelos cada vez m&aacute;s altos, hormigueo en las piernas, la misma soluci&oacute;n al mismo pro&shy;ble&shy;ma de &aacute;lgebra o religi&oacute;n, las sem&shy;pi&shy;ternas bata&shy;llas per&shy;di&shy;das o ganadas por los mismos re&shy;ye&shy;zue&shy;los borrosos a lomos de corceles con crines de &oacute;leo, cu&aacute;nta mono&shy;to&shy;n&iacute;a, qu&eacute; horror, el Tigris y el &Eacute;ufrates, la du&shy;pli&shy;ca&shy;ci&oacute;n arb&oacute;rea de las monocotiled&oacute;neas.</p>
<p>Entonces fuera, en el patio, ocurri&oacute; algo: estall&oacute; la primavera. Floreci&oacute; un almendro. Poco despu&eacute;s otro almendro, contagiado, relaj&oacute; con suavidad su pu&ntilde;o blanco. La pelota de ba&shy;lon&shy;ces&shy;to se qued&oacute; congelada en el aire, inm&oacute;vil, sus&shy;pen&shy;di&shy;da en la duda eterna de encestar o no en la canasta. Y all&iacute; sigue.</p>
<p>Qui&eacute;n sabe qu&eacute; hubiese sido de m&iacute; sin repetir aquel curso. Ahora podr&iacute;a ser abogado. O detective. O teniente coronel. O controlador a&eacute;reo. O escritor. O escritora. O padecer agora&shy;fobia y estar soltero y sin hijos. Me perd&iacute; un mont&oacute;n de cosas, algunas interesantes y otras no tanto.</p>
<p>Siempre es as&iacute;. Una nimiedad lo altera todo, un detalle del tama&ntilde;o de un alfiler es suficiente para mostrar las discontinuidades en el tejido de la realidad. Algo chirr&iacute;a, un breve corte de luz, nada, una recolocaci&oacute;n de las mol&eacute;culas de ozono, una frase de m&aacute;s o de menos, un cambio de billetes de &uacute;ltima hora, un ma&shy;len&shy;ten&shy;dido rid&iacute;culo, una broma desafortunada a nuestro jefe (aquel martes nos levantamos ariscos), parece que no tiene importancia y sin embargo ah&iacute; comienza el primer paso que nos conducir&aacute;, andando el tiempo, tras una larga cadena de tropezones, nuevos errores y fal&shy;si&shy;fi&shy;ca&shy;cio&shy;nes de pruebas, a terminar empu&ntilde;ando una pistola en una sucursal bancaria, publicando una novela o vo&shy;cean&shy;do kl&iacute;nex en los se&shy;m&aacute;&shy;foros.</p>
<p>A partir de cierto punto, todo es descenso.</p>
<p>En los &uacute;ltimos tiempos ni siquiera dorm&iacute;amos juntos, demasiada intimidad, lo hac&iacute;amos en habitaciones se&shy;pa&shy;ra&shy;das, cada uno en un extremo del pasillo, disimulando, por los ni&ntilde;os, fingiendo que todo iba bien a pesar de que, desayunos en familia, &iquest;te sirvo m&aacute;s zumo? Una vida peque&ntilde;a, sin sobresaltos, de cotizaciones sociales y arroz hervido, sostenida por la arga&shy;ma&shy;sa del ahorro y la moderaci&oacute;n en las costumbres. Un destino previsible, sellado, de cuando en cuando un zarandeo interior, apenas un zumbido de la sangre correteando por las arterias, &iquest;hay alguien ah&iacute;? Y nunca pasa nada. Y de pronto ocurre algo que desestabiliza el cuadro y raja los interruptores de la luz. Todo es distinto. La fruta sabe a prodigio. Huele a tormenta. La pata de cabra de la motocicleta ya no sujeta nada. Antes de que nos demos cuenta, ya le hemos dado la espalda a todo eso. Estamos hablando solos, en un cuarto con cicatrices. Un escritor debe hacerse cargo de su propio relato. Tus padres en contra, tu pareja en contra, tus hijos en contra, tus amigos en contra. T&uacute; sigues adelante. Escribir es siempre una traici&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>Y aquel supervisor del ministerio de Educaci&oacute;n y Ciencia, por qu&eacute; me acuerdo tanto, cualquiera sabe qu&eacute; habr&aacute; sido de &eacute;l, con su calva y su media sonrisa manchada de caf&eacute; con leche, miop&iacute;a destellante de las gafas, encogimiento de hombros, semibarba semisucia, picor en la r&oacute;tula (derecha). Le atro&shy;pe&shy;ll&oacute; un autob&uacute;s al salir del centro escolar, aquella misma ma&ntilde;ana, y muri&oacute; al instante.</p>
<p>No lo vio venir. Fue un esc&aacute;ndalo de luz, que le ceg&oacute;. Cruz&oacute; la calle sin mirar a los lados, y aquel fest&iacute;n de dolor y hierros se precipit&oacute; sobre &eacute;l, aniquil&aacute;ndolo. Cristales en el pelo, gafas rebotadas y gomosas estir&aacute;ndose indefinidamente. El conductor del autob&uacute;s se salt&oacute; el se&shy;m&aacute;&shy;fo&shy;ro. No fue culpa de nadie. Fue culpa de todo el mundo. M&aacute;s tarde alguien (pero, &iquest;qui&eacute;n?) coloc&oacute; sus zapatos encima del ata&uacute;d. Sim&eacute;tricos. Dos peque&ntilde;as jaulas de tiempo y pasos. Esa foto.</p>
<p>Te visten con traje y corbata negros, te peinan duro y apretado, hoy vas a ver a tu primer muerto real. Aprendes una nueva palabra: sepelio. En la boca, cuando la pronuncias, tiene la textura car&shy;no&shy;sa y ligeramente grasa de una patata cocida, pelada.</p>
<p>No fue as&iacute;: retiro lo dicho. Falleci&oacute; de viejo, mucho m&aacute;s tarde, en una residencia de ancianos, sin acordarse de nada, ahogado con un hueso de aceituna. Muri&oacute; sin molestar a nadie, a una hora c&oacute;moda para todo el mundo. En otra versi&oacute;n de la historia, todav&iacute;a vive. Yo, que escribo esto, le permito seguir viviendo, tantos a&ntilde;os despu&eacute;s. Consigo que salga de su tumba, con su hueso de aceitu&shy;na bail&aacute;ndole en la mejilla, y recupere el aliento, el lenguaje es capaz de eso, de lo imposible, lev&aacute;ntate y anda. Aprovecha la ocasi&oacute;n y huye, sal co&shy;rrien&shy;do, supervisor, no te detengas. Vive. Cambia de pro&shy;fe&shy;si&oacute;n, de pa&iacute;s, de sexo, hazte m&uacute;sico ca&shy;lle&shy;je&shy;ro o madre superiora. &iquest;No ser&iacute;a Dios, aquel hombre? O al menos una es&shy;pe&shy;cie de subdios de tercera categor&iacute;a, enviado para ocuparse de todo el papeleo pendiente. Aquel funcionario ten&iacute;a la ex&shy;clu&shy;si&shy;vi&shy;dad de las palabras. Pod&iacute;a con&shy;se&shy;guir que el reloj detuviese sus manecillas con solo chasquear los dedos. Pod&iacute;a duplicar, si as&iacute; se le an&shy;to&shy;ja&shy;ba, los cursos. Pod&iacute;a separar amigos, disolver fa&shy;mi&shy;lias, alborotar calendarios. Pod&iacute;a enviar ni&ntilde;os al pasado (y quiz&aacute; tam&shy;bi&eacute;n al futu&shy;ro), en misiones de&shy;li&shy;ran&shy;tes, como astronautas del tiempo.</p>
<p>Un ni&ntilde;o es demasiado tiempo.</p>
<p>Tres moscas chinas en un ba&ntilde;o p&uacute;blico son demasiadas. Sobra una.</p>
<p>Respuesta correcta: para nombrar la perplejidad se necesitan muchas palabras. Todas.</p>
<p>Quemarlo todo.</p>
<p>Oh boy oh boy oh boy.</p>
<p>Se enciende se apaga se enciende.</p>
<p>Ahora tengo una casa propia en Detroit, regalada por el gobierno. Una casa amarilla, regular, sin cimientos ni calefacci&oacute;n ni agua corriente. La bomba de calor est&aacute; en el s&oacute;tano, pero no conviene encenderla por precauci&oacute;n. <em>Just in case.</em> No es tan malo como puede parecer. Me distraigo oyendo pasar el sonido antiguo de los trenes, ninguno de los cuales para. Los trenes que uno oye pasar a lo lejos nunca son los que paran; solo paran los otros. Respiro plumas, que flotan en el aire dulz&oacute;n. Siguen lloviendo gallinas. En el buz&oacute;n del patio, atra&shy;gan&shy;ta&shy;do con la ho&shy;ja&shy;ras&shy;ca pro&shy;pa&shy;gan&shy;d&iacute;s&shy;tica de cl&iacute;nicas de desintoxicaci&oacute;n y control de plagas, figura un nombre medio ilegible, el del anterior pro&shy;pie&shy;ta&shy;rio, que no logro des&shy;ci&shy;frar. No es asunto m&iacute;o, y quiz&aacute; no sea el de nadie. En&shy;tre&shy;cerrando los ojos, bajo la luz de barniz llu&shy;vio&shy;so de las cuatro de la tarde, podr&iacute;a distinguirse Fer, o Fido o cualquier otro. As&iacute; y todo, es una casa. Cuatro paredes. De mo&shy;men&shy;to no puedo aspirar a nada mejor, ya digo. Y est&aacute; en Detroit.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 13 Jan 2017 09:41:56 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De la literatura como autobiografía]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/de-la-literatura-como-autobiografia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2017/piglia500.jpg" alt="" /></p>
<p>La Editorial Anagrama ha publicado el volumen de <em>Los diarios de Emilio Renzi</em> correspondiente a los <em>A&ntilde;os de formaci&oacute;n</em>, al que seguir&aacute;n <em>Los a&ntilde;os felices</em> y <em>Un d&iacute;a en la vida</em>. El per&iacute;odo rememorado, desde 1957 hasta 1967, abunda en aspectos de inter&eacute;s: desde el &aacute;ngulo pol&iacute;tico, para los argentinos fueron a&ntilde;os sobre todo de proscripci&oacute;n del peronismo, cuya presi&oacute;n sobre sucesivos y dispares gobiernos de la Uni&oacute;n C&iacute;vica Radical determin&oacute; la actitud cada vez m&aacute;s intransigente de los militares, que terminaron por asumir directamente el poder en octubre de 1966; desde el &aacute;ngulo de la literatura, fueron los a&ntilde;os de consolidaci&oacute;n creciente de la producci&oacute;n latinoamericana, con su&nbsp; manifestaci&oacute;n fundamental en el <em>boom</em> de su narrativa. Ricardo Piglia demostr&oacute; conocer de cerca ese fen&oacute;meno al preparar con pr&oacute;logo y notas la antolog&iacute;a de cuentos que titul&oacute; <em>Cr&oacute;nicas de Latinoam&eacute;rica</em> (1968), y tuvo ocasi&oacute;n de vivir tanto los avatares del proceso pol&iacute;tico nacional como los ecos que encontraba la revoluci&oacute;n cubana, intensos sobre todo cuando Ernesto Che Guevara fue asesinado en Bolivia, en 1967, mientras Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez triunfaba con su novela <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em>.</p>
<p>Algo de esas circunstancias se filtra en los diarios de Emilio Renzi, entre citas de autores numerosos, referencias a abundantes lecturas y reflexiones a prop&oacute;sito de ellas. Aunque se dedique tambi&eacute;n una atenci&oacute;n notable a las mujeres ―otro tema dominante a la hora de reflexionar sobre la experiencia de la memoria y sobre las peculiaridades del pasado―, el libro se ocupa sobre todo de literatura y de la iniciaci&oacute;n a la creaci&oacute;n literaria. No en vano el diario concluye con el a&ntilde;o en el que Piglia public&oacute; el volumen de cuentos que se titul&oacute; <em>Jaulario</em> en la edici&oacute;n de La Habana y <em>La invasi&oacute;n</em> en la de Buenos Aires, esta &uacute;ltima con correcciones m&aacute;s o menos relevantes y un relato m&aacute;s. Por entonces Piglia empezaba a elaborar alguno de los luego incluidos en el libro <em>Nombre falso</em> (1975), as&iacute; como la novela que pensaba titular <em>Entre hombres</em> y termin&oacute; siendo <em>Plata quemada</em> (1997). Hab&iacute;a iniciado tambi&eacute;n su trabajo como cr&iacute;tico o te&oacute;rico de la literatura, lo que tal vez encontr&oacute; su mejor manifestaci&oacute;n temprana en 1965 con el &uacute;nico n&uacute;mero de la revista <em>Literatura y Sociedad</em>, cuya direcci&oacute;n compart&iacute;a y en cuya presentaci&oacute;n analiz&oacute; el pasado reciente para proponer una salida a los inofensivos intelectuales argentinos de izquierda.</p>
<p>A esa iniciaci&oacute;n parecen corresponder ensayos y relatos incluidos en este volumen, alguna vez en proceso de elaboraci&oacute;n, junto con las ideas que justificaron su redacci&oacute;n o la impulsaron. Entre tanta literatura los seguidores de Piglia podr&aacute;n reconocer algunos detalles de su biograf&iacute;a: la mudanza familiar desde Adrogu&eacute; a Mar del Plata, su experiencia como estudiante y profesor en la Universidad de La Plata, sus irrupci&oacute;n en los medios literarios de Buenos Aires, sus relaciones con la pol&iacute;tica del momento, su inter&eacute;s por el cine o la m&uacute;sica. La lectura reciente de la novela <em>El camino de Ida </em>(2013) facilita la identificaci&oacute;n de Piglia con Renzi, personaje que tal vez apareci&oacute; por primera vez en el cuento "La invasi&oacute;n" y que quiz&aacute; inici&oacute; en "El fin del viaje" (<em>Nombre falso</em>) la aproximaci&oacute;n a su creador. Ahora esa identificaci&oacute;n no es simple, ciertamente, pues desde el principio entra en juego un "autor" que presenta el libro y que en las primeras p&aacute;ginas, en otras intermedias y en las &uacute;ltimas conversa con Renzi en alg&uacute;n caf&eacute; de Buenos Aires o en su estudio, en un desdoblamiento que permite ofrecer recuerdos y reflexiones relacionados con la &eacute;pica familiar que estar&iacute;a en el fondo de toda la obra de Piglia, as&iacute; como dar sentido a la recuperaci&oacute;n o elaboraci&oacute;n final de esos diarios que en el presente la enfermedad lo obliga a dictar.</p>
<p>Si antes hab&iacute;a buscado una ficci&oacute;n consciente de s&iacute; misma y de sus poderes, Piglia pone en pr&aacute;ctica ahora el diario consciente de que lo es en la medida en que alguien lo comenta, lo critica o lo traiciona al sacarlo del &aacute;mbito &iacute;ntimo que le es natural; nada de particular para quien en <em>Respiraci&oacute;n artificial</em> (1980) ya hab&iacute;a conjugado el discurso narrativo con otro ensay&iacute;stico que consegu&iacute;a integrar cartas y diarios en la ficci&oacute;n. A pesar de las fechas y de los datos hist&oacute;ricos correspondientes a la d&eacute;cada reconstruida, los diarios ahora editados bien podr&iacute;an ser simplemente otro fruto de la imaginaci&oacute;n creadora del escritor. No en vano Renzi admite alguna vez que en un diario se escribe lo que se cree que ha sucedido, y que la realidad puede desmentirlo. La nota previa del autor respalda esa actitud al recordar la significaci&oacute;n que Renzi atribu&iacute;a a su rid&iacute;cula pretensi&oacute;n de registrar la vida personal: condici&oacute;n ineludible para escribir otras obras, y configuraci&oacute;n de un yo que no es sino las palabras que dicen de &eacute;l, aunque lo que dicen no siempre coincida con sus recuerdos, que llegan desde la infancia con especial intensidad.</p>
<p>Puesto que Renzi se pregunta alguna vez para qui&eacute;n escribe ese diario, y finalmente lo publica, nada impide replantear ahora esa cuesti&oacute;n. Los diarios pertenecen al &aacute;mbito de la autobiograf&iacute;a, y la autobiograf&iacute;a demanda un lector que rompa su mon&oacute;logo o complete el c&iacute;rculo de su expresividad: Piglia, con ayuda de Roland Barthes, lo entend&iacute;a as&iacute; al presentar los textos dispares que &eacute;l mismo hab&iacute;a reunido en <em>Yo</em> (1968), pr&oacute;logo que Renzi recupera ahora, con variaciones. Este lector confiesa que ese autor que es y no es Piglia, y que fue y no fue el que recuerda haber sido ―a esa multiplicaci&oacute;n posible de s&iacute; mismo alude el ep&iacute;grafe inicial de Marcel Proust―, le produce cierta incomodidad: me interesa, desde luego, el diario de Piglia, como tal y en tanto que constituye una posibilidad de entender mejor las ficciones y los ensayos de su autor; me cuesta decir lo mismo del pasado de Renzi, quien parece menos atento a lo vivido o recordado que a la imagen personal que pretende y consigue construir.</p>
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<p>Ricardo Piglia, <em>Los diarios de Emilio Renzi. A&ntilde;os de formaci&oacute;n</em>, Barcelona, Anagrama, 2015.</p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 09 Jan 2017 07:37:24 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Despedida sin marcha]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/despedida-sin-marcha/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas16/diciembre/JOS_NGEL_CILLERUELO.jpg" alt="" /></p>
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<p>Abre los ojos para no ver nada.</p>
<p>Un ni&ntilde;o que a&uacute;n no la tiene,</p>
<p>se ha quedado sin lengua. Mira. Abre</p>
<p>los ojos. Y los cierra, sin idioma.</p>
<p>La enfermera le limpia, le retira</p>
<p>el pa&ntilde;al h&uacute;medo.</p>
<p>Un ni&ntilde;o que su cuerpo no conoce,</p>
<p>que no sabe moverlo,</p>
<p>un co&aacute;gulo con el que desaprende.</p>
<p>Abre los ojos para mirar nada,</p>
<p>sin respuestas, sin reconocimientos.</p>
<p>El ox&iacute;geno burbujea, &uacute;nico</p>
<p>lenguaje en el silencio</p>
<p>del cuarto. Y si los cierra</p>
<p>deja hueca la realidad,</p>
<p>desamparada.</p>
<p>Qui&eacute;n ser&eacute; yo, al que aprieta</p>
<p>su mano, al que sus ojos nada dicen.</p>
<p>Qu&eacute; ser&aacute; este lugar donde no ha entrado</p>
<p>por su pie. Tiempo que no le acoge.</p>
<p>Se presenta el neur&oacute;logo de guardia.</p>
<p>Qui&eacute;n ser&eacute; yo que hablo</p>
<p>por lo que no consigue ni escuchar.</p>
<p>Yo, que oigo razones, diagn&oacute;sticos, y digo</p>
<p>que entiendo sin entender.</p>
<p>Cuando abre los ojos y los cierra.</p>
<p>Un ni&ntilde;o abandonado por su padre.</p>
<p>Que soy yo. Tambi&eacute;n padre, ahora,</p>
<p>de mi padre.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 22 Dec 2016 08:28:58 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ventanas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/ventanas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas16/diciembre/castano500.jpg" alt="" /></p>
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<p>Son una ventana abierta al mundo.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El racimo de una regi&oacute;n. Un cielo diletante.</p>
<p>La mand&iacute;bula del horizonte llen&aacute;ndose como un vaso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las nuestras antes estaban</p>
<p>hechas de madera vieja;</p>
<p>responso tonto del bosque,</p>
<p>ajuar poroso y podrido, una</p>
<p>rutina de corteza seca d&iacute;a a d&iacute;a perdiendo centro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Te acuerdas de c&oacute;mo se las pod&iacute;a horadar con la u&ntilde;a del dedo me&ntilde;ique?</p>
<p>Mira que te he hablado veces de la conciencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>C&aacute;scara del casta&ntilde;o, quillas de nuestro asombro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Este es el cristalino de la casa ungido por la transparencia.</p>
<p>Pulguitas de luz repican en los marcos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A veces ten&iacute;amos que poner un tope</p>
<p>improvisado para mantenerlas abiertas.</p>
<p>O no cerraban bien,</p>
<p>y el viento entraba silbante y violador por una grieta</p>
<p>hasta el puro hogar de nuestras casas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;C&oacute;mo prescindir de ellas? &iquest;C&oacute;mo estar sin estar?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso ahora sonre&iacute;mos felices, satisfechos,</p>
<p>emprendimos reformas e instalamos por fin las radiantes, las inteligentes</p>
<p>nuevas ventanas.</p>
<p>Como p&aacute;jaros oscilobatientes encajan, reverencian.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se abren para dentro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 22 Dec 2016 08:22:36 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Julián Sorel a orillas del Ebro]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/julian-sorel-a-orillas-del-ebro/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas16/diciembre/BENJAM_N_JARN_S.jpg" alt="" /></p>
<p>Llegu&eacute; tard&iacute;amente a la obra de Benjam&iacute;n Jarn&eacute;s. De joven rechac&eacute; sus textos por el sambenito de deshumanizados que, no siempre con justicia, pend&iacute;a de ellos. Era un momento en el que yo buscaba la voz comprometida, como se dec&iacute;a entonces, de los exiliados republicanos y no alardes de intelectualismo exquisito. Gracias al pr&eacute;stamo de un amigo bibli&oacute;filo hab&iacute;a intentado disfrutar con <em>Viviana y Merl&iacute;n,</em> pero tras conocer la traici&oacute;n de Mos&eacute;n Mill&aacute;n a Paco el del Molino y la angustia del Campo de los Almendros no vi en el juguete art&uacute;rico de Jarn&eacute;s la defensa de la pasi&oacute;n amorosa que all&iacute; subyace sino un ejercicio vacuo de cultura elitista. Intent&eacute; con m&aacute;s &eacute;xito &ndash;y mayor madurez&mdash;la comprensi&oacute;n del escritor durante&nbsp; mis a&ntilde;os en Nueva York. Con fiebre obsesiva de coleccionista, que recordada hoy me llena de cierta extra&ntilde;eza, adquir&iacute;a yo libros con la pretensi&oacute;n de crear una gran biblioteca hisp&aacute;nica en el Instituto Cervantes de esa ciudad. Hab&iacute;a descubierto los fondos sin fondo de la librer&iacute;a de Eliseo Torres que, como un trasatl&aacute;ntico encallado en el Bronx y tripulado solo por papel, parec&iacute;a el escenario de un sue&ntilde;o de Borges: la cueva de Ali Bab&aacute; de todos los tesoros literarios de nuestra lengua. El gallego Eliseo marcaba su mercanc&iacute;a con precios que respond&iacute;an a un criterio m&aacute;s caprichoso que comercial, de forma que una novela de Baroja en Alianza costaba veinte d&oacute;lares y solo cinco la primera edici&oacute;n de esa misma obra. As&iacute; que por muy poco desembolso de las arcas del Instituto gran parte de la producci&oacute;n jarnesiana&nbsp; anterior a la guerra civil pas&oacute; de las cavernas del Bronx a unas estanter&iacute;as que en esos a&ntilde;os se extend&iacute;an en el octavo piso de un rascacielos de la calle 42 de Manhattan. Y en aquellas ediciones de Espasa-Calpe, la Revista de Occidente, la Gaceta Literaria, me reconcili&eacute; con mi paisano Jarn&eacute;s.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Acabo de releer las dos novelas&mdash;<em>El convidado de papel</em>, <em>Lo rojo y lo azul</em>&mdash;que m&aacute;s huella me dejaron. No es fortuito que sobre ambas se cierna la sombra amistosa de Stendhal, el escritor decimon&oacute;nico que Jarn&eacute;s m&aacute;s admiraba. El t&iacute;tulo de la segunda alude al pensamiento revolucionario y al color del uniforme de paseo del ej&eacute;rcito espa&ntilde;ol, pero tambi&eacute;n, obviamente, a <em>Rojo y negro</em> y, si la novela del aragon&eacute;s especifica desde la portada su <em>Homenaje a Stendhal</em>, habr&iacute;a que a&ntilde;adir que la fuente de inspiraci&oacute;n, o de identificaci&oacute;n, no es cualquier personaje sino esencialmente Juli&aacute;n Sorel. En el pr&oacute;logo a una reedici&oacute;n moderna de esta novela, Francisco Ayala asegura que Jarn&eacute;s no se identificaba con la personalidad de Sorel sino con sus circunstancias. Con ello pod&iacute;a referirse a los cursos de Jarn&eacute;s en el seminario y a su breve experiencia como tutor de ni&ntilde;os de padres acomodados; con Henri Beyle le un&iacute;a la carrera militar (no es sorprendente, pues, que en el ep&iacute;logo de <em>El hombre de los medios abrazos,</em> de 1932, donde Samuel Ros re&uacute;ne en la celebraci&oacute;n de una boda grotesca a toda la plana mayor y menor de la cultura de la &eacute;poca, se mencione a Benjam&iacute;n Jarn&eacute;s como &ldquo;gloriosamente anclado en la literatura despu&eacute;s de las fugas del seminario y el cuartel&rdquo;). Pero hay otros elementos sorelianos menos evidentes.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como recordar&aacute; el lector de <em>El convidado de papel</em>, el sintagma titular se refiere a las lecturas <em>non sanctas</em> que los seminaristas realizan a escondidas de sus profesores, entre ellas <em>Rojo y negro</em> que los dos protagonistas se intercambian con recomendaci&oacute;n de gran inter&eacute;s a pesar de su &ldquo;sequedad de estilo&rdquo;. Tambi&eacute;n Sorel en el libro de Stendhal ocultaba un convidado de papel que en su caso se traduc&iacute;a en un retrato de Napole&oacute;n, s&iacute;mbolo para su propietario de los valores opuestos al clericalismo reaccionario de la Restauraci&oacute;n que padec&iacute;a en carne propia. El miedo a que un registro descubriera las piezas prohibidas es similar en los personajes de ambas novelas. Que se ven obligados a otros teatros, otros disimulos. El desparpajo con que Julio Aznar (alter ego de Jarn&eacute;s pero solo a medias en este libro, como veremos) se desenvuelve en medio de la opresi&oacute;n del seminario, contrasta con el apocamiento y temores de su amigo Adolfo. Es sabido que Aznar, como el Antoine Doinel de Truffaut, crecer&aacute; y protagonizar&aacute; varias novelas posteriores de Jarn&eacute;s e incluso firmar&aacute; la &uacute;ltima de ellas, <em>Constelaci&oacute;n de Frin&eacute;</em>. Pero creo que es un error considerar que encarna por completo la personalidad y vivencias del escritor en <em>El Convidado</em> sin tener en cuenta al mucho m&aacute;s acobardado Adolfo, d&eacute;cimo s&eacute;ptimo hijo de una familia numerosa (exactamente igual que Jarn&eacute;s) y, si no doble especular de Julio, s&iacute; con toda certeza su complementario. Es posible rastrear otras semejanzas del autor, no solo de sus criaturas de ficci&oacute;n, con el h&eacute;roe, o antih&eacute;roe, de Stendhal. Sorel es un infiltrado en un mundo al que no pertenece y sospecho que alguna vez Jarn&eacute;s se sinti&oacute;, ya que no infiltrado social, algo as&iacute; como un arribista intelectual. Este chico de pueblo que se educ&oacute; en un seminario donde, como era muy inteligente, aprovech&oacute; una formaci&oacute;n human&iacute;stica cl&aacute;sica, pas&oacute; de escribir una hagiograf&iacute;a de su hermano cura &ndash;<em>Mos&eacute;n Pedro</em>&mdash;a la publicaci&oacute;n m&aacute;s rigurosa y <em>&agrave; la page</em> del momento, Revista de Occidente, y del compa&ntilde;erismo con los muchachos a los que la pobreza, m&aacute;s que la vocaci&oacute;n, hab&iacute;a encarrilado hacia el sacerdocio, a codearse con Ortega y Gasset y los grandes de las letras espa&ntilde;olas. Pero le qued&oacute; un resentimiento de desclasado O al menos cierto resentimiento discierno en la descalificaci&oacute;n generacional de los poetas del 27, con quienes m&aacute;s de un rasgo ten&iacute;a en com&uacute;n y a los que sin embargo llam&oacute; hijos de familias bien, que era como rebajarlos al papel de se&ntilde;oritos con pruritos l&iacute;ricos (y algo se&ntilde;oritos eran, para ser justos, pero su obra trascend&iacute;a la adscripci&oacute;n peque&ntilde;oburguesa o burguesa a secas).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Menci&oacute;n aparte merece el tratamiento de lo amoroso. Juli&aacute;n Sorel planifica la conquista de Madame Renal con el prop&oacute;sito de demostrarse su superioridad y sangre fr&iacute;a, pero en el desarrollo de su proyecto acaba enamor&aacute;ndose de la madre de sus tutelados. Adolfo --&iquest;una referencia a la novela del tocayo Constant?&mdash;mantiene una relaci&oacute;n con su cu&ntilde;ada Eulalia a la que hace pasar por hermana suya para facilitar las visitas al internado. Adolfo se siente culpable, a diferencia de Sorel y de Julio, a quien la perspectiva futura de la sotana no impide los amores mercenarios. En la novela siguiente Julio recordar&aacute; de su periodo seminarista que &ldquo;la mujer era para m&iacute; un tema de ret&oacute;rica escolar. O un aborto del infierno&rdquo;. No es esa la impresi&oacute;n que transmite <em>El convidado de papel</em>; la culpa no ha sido obst&aacute;culo para que Adolfo goce de su amante y Julio se nos presenta liberado desde el principio de todo escr&uacute;pulo represivo en materia er&oacute;tica. Si el amor es motor de las acciones en la obra de Stendhal, para Jarn&eacute;s es el equivalente de la plena realizaci&oacute;n humana y, quiz&aacute; por las torturas que podemos imaginar en el adolescente que estudiaba para cantar misa, la eliminaci&oacute;n de la pacata moral cat&oacute;lica se manifiesta en un tono reivindicativo de afirmaci&oacute;n del cuerpo que, mal que le pese, lo aproxima a ciertos poetas contempor&aacute;neos suyos por los que no experimentaba simpat&iacute;a. En <em>Lo rojo y lo azul</em> afirma que &rdquo;no se comienza a amar a la humanidad mientras no se logra ver desnuda, en soledad, a una linda mujer&rdquo;, maximalismo ingenuo pero de apabullante sinceridad de ex-seminarista.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Lo rojo y lo azul</em>, que comienza y termina en la capital de provincia Augusta, es probablemente la novela menos deshumanizada, por seguir utilizando la contaminante terminolog&iacute;a orteguiana, de las que escribi&oacute; Jarn&eacute;s. Aunque el autor no se resite a la tentaci&oacute;n de los fuegos artificiales del ingenio, como en la descripci&oacute;n de las notas musicales a base de met&aacute;foras, asociaciones culturalistas y ensayos de greguer&iacute;as (a cuyo inventor tampoco apreciaba Jarn&eacute;s demasiado), encontramos alguna declaraci&oacute;n de principios, con ciertos ecos freudianos, que mal se compagina con la asepsia de la pureza art&iacute;stica: &ldquo;De sobra conocemos todos que la m&aacute;s bella construcci&oacute;n mental descansa en la premisa inflamada de un &iacute;mpetu carnal, en una pasi&oacute;n, en un vicio, en un vil contacto con la tierra&rdquo;. De hecho, Julio Aznar descubre en estas p&aacute;ginas la capacidad de indignarse con la injusticia y la voluntad para involucrarse en la lucha social violenta, bien que se detendr&aacute; antes de dar los pasos definitivos. Inspirada en el fallido levantamiento anarquista del Cuartel del Carmen de Zaragoza en enero de 1920, el relato entrevera varias historias de amor igualmente fracasadas con la progresiva toma de conciencia pol&iacute;tica del protagonista. Si hacemos caso a su autor cuando afirma que &rdquo;suele ser la novela una biograf&iacute;a embozada, cuando no una desnuda autobiograf&iacute;a&rdquo;, <em>Lo rojo y lo azul</em> refleja el debate interno de Jarn&eacute;s en relaci&oacute;n a los acontecimientos de la vida espa&ntilde;ola, puesto que damos por descontado que no particip&oacute;, ni siquiera durante sus preparativos, en el intento de sublevaci&oacute;n cuartelera. El planteamiento moral en torno a la legitimidad de la violencia, aun cuando mueran inocentes, no queda resuelto por el mensaje de las palabras finales &ndash;&ldquo;que aquel que no pueda gozar de una libre e intensa vida se encadene odiando&rdquo;--, que sin duda irritar&iacute;an, cuando menos, a quienes viv&iacute;an en circunstancias que imposibilitaban de ra&iacute;z esa vida intensa y libre. Igual que Fabrizio del Dongo &ndash;hemos cambiado de h&eacute;roe stendhaliano&mdash;no llega a saber qu&eacute; es una verdadera batalla a pesar de su presencia en Waterloo, Julio reacciona con un desmayo ante la propia impotencia para detonar la rebeli&oacute;n de cuyo desastre no ser&aacute; testigo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;S&eacute; que el dolor est&aacute; detr&aacute;s de todo&rdquo;, declara Julio Aznar en alguna p&aacute;gina de la novela, y enseguida a&ntilde;ade que solo siente &ldquo;aquella parte del dolor que da a la armon&iacute;a&rdquo;. Esa determinaci&oacute;n optimista choca con un momento anterior en el que el narrador acepta que el hambre, &ldquo;el hambre verdadero, no reconoce m&aacute;s fascinaci&oacute;n que el pan&rdquo;. Creo que la dial&eacute;ctica entre la aspiraci&oacute;n a la armon&iacute;a y la aplastante realidad del &ldquo;hambre&rdquo; &ndash;de las desigualdades, de la miseria de los oprimidos&mdash;obtiene en Jarn&eacute;s la resignada s&iacute;ntesis que Arturo, otro desdoblamiento de Aznar, le aconseja a su amigo: que se conforme con hacer feliz a alguien ya que es imposible hacer felices a todos. Pero no quiero abandonar estas novelas en esa nota conformista. Jarn&eacute;s es uno de los primeros narradores espa&ntilde;oles en mencionar la inserci&oacute;n de las salas de cine en el paisaje urbano &ndash;dedic&oacute; al cine un espl&eacute;ndido volumen de ensayos, <em>Cita de ensue&ntilde;os</em> (1936)--, la novedad de las bandas de jazz y el derecho de la mujer a una sexualidad libre y satisfactoria, tan apartada de las &ntilde;o&ntilde;eces de las clases conservadoras como de la caricatura de los relatos sical&iacute;pticos, de tanto &eacute;xito en su tiempo.&nbsp; Por eso quiero terminar evocando el final de <em>El convidado de papel</em>: Julio&nbsp; ha huido del seminario y su estimulante recorrido por el centro de la ciudad &ndash;&ldquo;lejos de todos los museos de esp&iacute;ritus, lejos de los yertos laboratorios de almas&rdquo;--, el encuentro con una mujer sobre el puente del r&iacute;o y una especie de alucinaci&oacute;n er&oacute;tica confirman el vitalismo que todav&iacute;a nos engancha a la obra de Jarn&eacute;s. Nadie ignora que esa ciudad moderna, Augusta, es Zaragoza y sabemos qu&eacute; r&iacute;o observa Julio Aznar cuando conoce a la mujer so&ntilde;ada. Juli&aacute;n Sorel hab&iacute;a llegado al Ebro.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 22 Dec 2016 08:17:40 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La ética de un superviviente: Drama patrio, de Juan Gil-Albert]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-etica-de-un-superviviente-drama-patrio-de-juan-gil-albert/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2016/diciembre/albert500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp; <em>Drama Patrio</em> apareci&oacute; por primera vez en la colecci&oacute;n <em>Marginales</em> en 1977, este interesante libro de Gil-Albert nos envuelve en el conflicto m&aacute;s grave de la historia de Espa&ntilde;a: la Guerra Civil.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; El escritor nos describe el proceso que comienza a finales del siglo XIX con la llegada a la monarqu&iacute;a de Alfonso XIII, hasta el estallido de la Guerra Civil espa&ntilde;ola, pero no lo har&aacute; como un ensayo cualquiera, comparando opiniones y extrayendo conclusiones, sino reflexionando sobre algunos acontecimientos que conoci&oacute; de primera mano y que son tristemente conocidos por todos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Comienza ofreciendo una afirmaci&oacute;n que sirve de base para explicar el desenlace del siglo XX y la Guerra Civil en s&iacute;. Se trata de las &ldquo;instituciones&rdquo; que empiezan a surgir en el siglo XIX y que condicionar&aacute;n (ya sin posibilidad de cambio) la vida espa&ntilde;ola en los primeros a&ntilde;os del siglo XX: &ldquo;Desde el fondo del siglo XIX nos llegan dos &ldquo;instituciones&rdquo; sin las cuales no puede entenderse bien el fundamento de la vida espa&ntilde;ola: los caciques y el anarquismo&rdquo; (Juan Gil-Albert, 2004: 216).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Esta existencia, el caciquismo, paraliza al pa&iacute;s a la vez que desmoraliza a la sociedad y el anarquismo, va a traer al pueblo espa&ntilde;ol la ruptura del orden p&uacute;blico que se agudizar&aacute; en la Rep&uacute;blica Espa&ntilde;ola.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Es significativo, antes de seguir con el libro de Gil-Albert, revisar el gran estudio de Gerald Brenan <em>El laberinto espa&ntilde;ol</em> donde el escritor brit&aacute;nico, afincado en M&aacute;laga, afirma: &ldquo;La &eacute;poca de mayor florecimiento del caciquismo hay que situarla entre 1840 y 1917; a partir de esta fecha, la aparici&oacute;n y consolidaci&oacute;n de una verdadera opini&oacute;n p&uacute;blica y un aut&eacute;ntico cuerpo de votantes empezaron a desposeerlos de su influencia&rdquo; (Gerald Brenan, 1994: 36).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Como se&ntilde;ala Brenan, esta presencia va a constituir, sin duda, una merma para un sistema democr&aacute;tico que s&oacute;lo a partir de 1917 encuentra su lugar.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; El escritor afirma en su famoso libro que las causas de la Guerra Civil se fueron gestando por el clima cada vez m&aacute;s enrarecido y excesivo (de violencia) que se desarroll&oacute; en la Segunda Rep&uacute;blica. Pero el problema de fondo viene de antes: una monarqu&iacute;a indigna (seg&uacute;n Brenan), los pronunciamientos militares del siglo anterior que podr&iacute;an albergar esa misma posibilidad en el siglo XX, la Iglesia y su poder ya antiguo en Espa&ntilde;a y el problema econ&oacute;mico, la pobreza de gran parte del pa&iacute;s.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Dicho todo esto, se sit&uacute;a mejor el grado de intensidad del conflicto. Gil-Albert, en <em>Drama Patrio</em>, dice, coincidiendo curiosamente con las opiniones de Brenan, que la pobreza es inherente al pa&iacute;s, y cita un art&iacute;culo de Azor&iacute;n, escrito en 1913 para un diario de La Habana donde el insigne escritor se&ntilde;ala lo siguiente:&ldquo;Ahora, sobre las calamidades tradicionales, centenarias, de la rutina, la ignorancia, la pobreza se a&ntilde;ade la guerra&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Se refiere Azor&iacute;n a la Guerra de Marruecos. Es interesante se&ntilde;alar lo que Gil-Albert dice sobre el conflicto: &ldquo;No hay nada m&aacute;s triste que la historia de este protectorado, triste y anodino, cuyas escenas se pod&iacute;an contemplar, a diario, en las viejas revistas gr&aacute;ficas&rdquo;. (220), y har&aacute; tambi&eacute;n menci&oacute;n del desastre de vidas que aquella guerra supuso: &ldquo;Sangr&iacute;a impopular por lo sangrienta y por lo in&uacute;til&rdquo; (Juan Gil-Albert, 2004: 220).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Pasar&aacute; luego a hablar del dictador Primo de Rivera, el cual ya apareci&oacute; en un episodio de su <em>Cr&oacute;nica General</em>. Nos comenta Gil-Albert que la dictadura de Primo de Rivera fue bastante distinta a la del General Franco, el talante del dictador as&iacute; lo demostr&oacute;: &ldquo;Fue &eacute;ste&nbsp; un&nbsp; ensayo, endeble, del franquismo. El&nbsp; dictador, gran se&ntilde;or andaluz de feria</p>
<p>y sarao, no era cruel y ni siquiera serio&rdquo; (Juan Gil-Albert, 2004: 222).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Dista mucho esta imagen benevolente de la que el escritor trazar&aacute; de Franco, como luego veremos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; El escritor alicantino nos cuenta que Ortega y Gasset hab&iacute;a hablado bastante claro sobre la dictadura del General Primo de Rivera y, sin embargo, Don Miguel de Unamuno, en aquellos momentos, manten&iacute;a su pulso con el rey, m&aacute;s que con la dictadura, pese a que &eacute;sta le llev&oacute; al exilio.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Unamuno es un hombre que, a lo largo de muchos art&iacute;culos, va a criticar, al igual que Joaqu&iacute;n Costa, la clase dominante. Pero hay diferencias entre ellos, Unamuno cree en el pueblo, Costa no. Unamuno tiene una viva conciencia de religiosidad, Costa, sin dejar de ser creyente, no es practicante. Pero ambos desarrollar&aacute;n en su obra una b&uacute;squeda de lo tradicional en el pueblo y no en sus dirigentes.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Esta digresi&oacute;n es necesaria para entender c&oacute;mo pensaban algunos de nuestros intelectuales a principios del siglo XX.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Siguiendo con el libro de Gil-Albert, llegamos a lo m&aacute;s interesante, la descripci&oacute;n que supuso la aparici&oacute;n de la II Rep&uacute;blica en Espa&ntilde;a: &ldquo;En un corto lapso de tiempo, el pa&iacute;s experimenta, en lo m&aacute;s hondo de su fibra sensible, el paso de una r&aacute;faga disonante que va de alegr&iacute;a esperanzada al encono vengador&rdquo; (Juan Gil-Albert, 2004: 229).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &iquest;Qu&eacute; va a ocurrir en Espa&ntilde;a para que se produzca el paso de una situaci&oacute;n de alegr&iacute;a a un temor creciente y a una realidad que, como se ver&aacute; poco despu&eacute;s, ser&aacute; desesperada?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; La respuesta a este panorama viene muy bien descrita por Gerald Brenan en <em>El laberinto espa&ntilde;ol</em>&nbsp; cuando&nbsp; nos&nbsp; sit&uacute;a&nbsp; en&nbsp; la&nbsp;&nbsp; &eacute;poca&nbsp; del&nbsp; Frente&nbsp; Popular,&nbsp; dice&nbsp; as&iacute;: &ldquo; La</p>
<p>Primavera y principios del verano se pasaron en una continua efervescencia: Solamente</p>
<p>en el norte y en Catalu&ntilde;a hab&iacute;a una relativa tranquilidad. Huelgas rel&aacute;mpago de la CNT, terribles tiroteos entre socialistas y falangistas en Madrid, una iglesia quemada de vez en cuando por la F.A.I., era la regla diaria por doquier&rdquo; (Gerald Brenan, 1994: 329).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Como podemos suponer, en este clima tan violento la Guerra Civil se hac&iacute;a casi inevitable y adem&aacute;s, como muy bien se&ntilde;ala Gil-Albert en su libro, un acontecimiento funciona como desencadenante de todo lo ya descrito por Brenan: &ldquo;Cuando la Rep&uacute;blica trata de meter en cintura a los dos poderes, la nobleza y el clero, comienzan a ocurrir, por la actitud intransigente de los denunciados de una parte, y de otra, por la explosi&oacute;n retardada de la hostilidad popular, los hechos consecuentes en cualquier lugar de la tierra, pero que adoptan entre nosotros una tradici&oacute;n genuina: invasiones de fincas, incendios de iglesias&rdquo; (Juan Gil-Albert, 2004: 235).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Vemos que Gil-Albert&nbsp; s&iacute; encuentra en la Iglesia una responsabilidad en el conflicto que se desencadena en Espa&ntilde;a, si bien el escritor alicantino va a condenar semejante violencia, la considera fruto de un car&aacute;cter an&aacute;rquico, el del espa&ntilde;ol, que no encuentra medida en las cosas y no sabe gobernarse (para &eacute;l se trata de un pueblo extremado en todo, desde tiempos medievales).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ataca en el libro a esa anarqu&iacute;a, pero tambi&eacute;n a sus causantes, culpables de esa situaci&oacute;n injusta que estalla por doquier: &ldquo;Pero olvid&aacute;ndose (el conservadurismo atacado) de que, con sus premisas endurecidas, es precisamente ese conservadurismo la clase, y la culpa, de la situaci&oacute;n&rdquo; (Juan Gil-Albert, 2004: 235).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Se&ntilde;ala el escritor muy acertadamente que ese poder de la clase dirigente, que podr&iacute;a haber creado un pa&iacute;s pr&oacute;spero econ&oacute;micamente y equilibrado intelectualmente, no ha conseguido, en siglos, ese objetivo. Por ello se ha generado una pobreza y una injusticia que ser&aacute; la causa del gran desastre de la Guerra Civil espa&ntilde;ola.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Merece la pena mencionar c&oacute;mo un dirigente, concretamente Aza&ntilde;a, no supo sopesar el clima terrible que se avecinaba, en un interesante libro sobre el famoso pol&iacute;tico espa&ntilde;ol, titulado <em>Entre el mito y la leyenda</em>, su autora, M.&ordf; &Aacute;ngeles Egido Le&oacute;n dice lo siguiente: &ldquo;Pensaba que pod&iacute;a dominarlo todo desde el gobierno, que bastar&iacute;a con actuar con firmeza y decisi&oacute;n y que los socialistas, a trav&eacute;s de sus centrales sindicales, deb&iacute;an ser capaces de controlar a sus afiliados&rdquo; (M.&ordf; &Aacute;ngeles Egido Le&oacute;n, 1998: 341).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Aza&ntilde;a no imaginaba una situaci&oacute;n terrible para su pa&iacute;s, confiaba (equivocadamente, seg&uacute;n se vio) en su palabra. &Aacute;ngeles Egido dice algo muy interesante sobre el pol&iacute;tico republicano: &ldquo;Estaba acostumbrado a conseguirlo todo con la fuerza de su palabra o, lo que en Aza&ntilde;a era lo mismo, con la fuerza arrolladora de su razonamiento, siempre l&uacute;cido y&nbsp; exacto, expresado a&nbsp; trav&eacute;s de la palabra&rdquo; (M.&ordf; &Aacute;ngeles Egido Le&oacute;n, 1998: 342).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; El conflicto b&eacute;lico demostr&oacute; que la palabra no serv&iacute;a, no era suficiente para parar a la izquierda y a la derecha en su sed de sangre. El resultado ser&aacute;, como se&ntilde;ala Gil-Albert en <em>Drama Patrio</em> &ldquo;un mill&oacute;n de muertos&rdquo; (241). El escritor insiste en la responsabilidad de los dirigentes en su libro, no ya causantes del desastre, sino como responsables de una situaci&oacute;n que no supieron detener.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; En su estudio nivelar&aacute; Gil-Albert a los dos bandos, conociendo que la condici&oacute;n humana est&aacute; hecha de crueldad y que, una vez abierto el ba&uacute;l de los desmanes, ya no hay forma de parar la violencia: &ldquo;Se mataron unos a otros con sa&ntilde;a cainita&rdquo;&nbsp; (242).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Adem&aacute;s, se&ntilde;ala que Europa entera tiene una responsabilidad sobre la Guerra Civil, por no haber hecho todo lo posible para detener semejante atrocidad: &ldquo;La guerra&nbsp; civil espa&ntilde;ola quedar&aacute; en los fastos contempor&aacute;neos como un caso rotundo de fracaso europeo&rdquo; (Juan Gil-Albert, 2004: 243).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Afirma Gil-Albert que Inglaterra y Francia, debido a los propios temores de la guerra mundial que se avecinaba, no intervinieron lo suficiente y prefirieron ser &ldquo;habilidosas a honradas&rdquo; (Juan Gil-Albert, 2004: 243-244).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Pasar&aacute; a contarnos la desigualdad de los ej&eacute;rcitos durante la Guerra Civil y no duda el escritor alicantino que el teniente coronel Rojo fue uno de los art&iacute;fices de los mayores &eacute;xitos del bando republicano durante la citada guerra.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Muy interesante es su opini&oacute;n sobre el&nbsp; papel del comunismo en la contienda. Su idea incide en que el comunismo atroz que intervino en la guerra para masacrar curas y gentes de derecha fue creado tras el levantamiento militar y no antes: &ldquo;El comunismo hab&iacute;a sido, hasta ese momento de la sublevaci&oacute;n militar, un partido minoritario que contaba como afiliados a los obreros en primer lugar y que comenzaba a ser foco de atracci&oacute;n entre la clase intelectual&hellip;&rdquo; (Juan Gil-Albert, 2004: 248).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Ofrece Gil-Albert su opini&oacute;n sobre las consecuencias nefastas del golpe militar: &ldquo;Fue como resultas del levantamiento que las filas del comunismo se nutrieron del golpe. Y lo mismo ocurri&oacute;, en el campo nacional, con el falangismo&rdquo; (Juan Gil-Albert, 2004: 249).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; No parece que piense as&iacute; P&iacute;o Moa en su libro <em>Los mitos de la Guerra Civil</em>, cuando abre una brecha en esa categor&iacute;a intelectual que Gil-Albert dota a los comunistas antes de la guerra. P&iacute;o Moa manifiesta que la violencia ya estaba presente antes del levantamiento militar: &ldquo;Atacando a la rep&uacute;blica burguesa y&nbsp; tachando al&nbsp; PSOE de &ldquo;socialfascista&rdquo;, el PCE particip&oacute;, no obstante, en la revoluci&oacute;n de octubre del 34, hasta se distingui&oacute; en Asturias, en los &uacute;ltimos d&iacute;as de la revuelta, si bien en conjunto su papel fue auxiliar&hellip;&rdquo; (P&iacute;o Moa, 2004: 108).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Como vemos, no fue tan pac&iacute;fica la actitud comunista antes de la guerra, como tampoco lo fue la que llev&oacute; a cabo los militantes de la Falange, sabemos que estos &uacute;ltimos cometieron graves asesinatos y actos de violencia callejera antes del estallido de la Guerra Civil.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Aunque P&iacute;o Moa, debido a su ideolog&iacute;a, considera que Jos&eacute; Antonio y su grupo sufrieron graves atentados y tuvieron, por tanto, que responder, hay unas l&iacute;neas donde delata que la Falange s&iacute; era una organizaci&oacute;n violenta en su fuero interno, nacida con el objetivo de dominar un amplio estrato de la sociedad espa&ntilde;ola: &ldquo;Resulta instructivo el paralelismo entre la Falange y el PCE. La ampliaci&oacute;n explosiva de ambos en el curso de la guerra tiene, en parte, una explicaci&oacute;n f&aacute;cil: estaban mejor preparados, por su m&iacute;stica, disciplina y organizaci&oacute;n, para una situaci&oacute;n b&eacute;lica&rdquo; (P&iacute;o Moa, 2004: 133).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Merece la pena tambi&eacute;n dedicar unas l&iacute;neas de reflexi&oacute;n hacia el movimiento anarquista. Los miembros de la F.A.I. hicieron graves actos de violencia en la guerra. Gerald Brenan, en <em>El laberinto espa&ntilde;ol</em>, reflexiona sobre el anarquismo: &ldquo;A nadie le puede quedar la menor duda de que si los anarquistas hubieran ganado la guerra, hubieran impuesto su voluntad no s&oacute;lo sobre la burgues&iacute;a sino sobre los campesinos y los obreros sin la menor compasi&oacute;n&rdquo; (Gerald Brenan, 1984: 222).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; La historia est&aacute; plagada de hechos parecidos, el comunismo sovi&eacute;tico de Stalin fue una gran masacre y una ofensa, por su violaci&oacute;n de derechos humanos, para el mundo civilizado, y el pueblo que se rebel&oacute; a los reyes en La Revoluci&oacute;n Francesa estaba dotado de una crueldad no menor que la de sus enemigos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Gil-Albert nos cuenta en su libro que ambos bandos estaban preparados para la barbarie, y se&ntilde;ala un acontecimiento muy importante que hoy ha despertado gran inter&eacute;s por&nbsp;&nbsp; la&nbsp;&nbsp; aparici&oacute;n&nbsp; del&nbsp;&nbsp; impactante&nbsp;&nbsp; libro&nbsp; de&nbsp; C&eacute;sar&nbsp; Vidal&nbsp;&nbsp; <em>Checas&nbsp; de&nbsp; Madrid</em>:&nbsp;&nbsp; &ldquo;Los comunistas, racionalistas extremos a quienes toda acci&oacute;n desorbitada irrita, montaron el rigor legal, por decirlo as&iacute;, de las checas, de cuyo funcionamiento subterr&aacute;neo estaba excluida toda debilidad&rdquo; (Juan Gil-Albert, 2004: 251).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Sobre este acontecimiento terrible de las checas (las c&aacute;rceles que se organizaron para fusilar gente de derechas por parte de socialistas, comunistas o anarquistas), cuenta C&eacute;sar Vidal en el libro que se escogieron conventos o lugares de culto cat&oacute;lico para organizar las famosas checas, por ejemplo, el convento de las Salesas Reales de la calle de San Bernardo, n&uacute;mero 72,&nbsp; se convirti&oacute; en una c&eacute;lebre checa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Es necesario recoger, por escalofriantes y necesarios para el conocimiento de una &eacute;poca terrible, los m&eacute;todos de tortura que se aplicaban en estas checas de Madrid : &ldquo;As&iacute;, en la checa comunista de la Guindalera, sita en la calle Alonso Heredia n&uacute;mero 9, en el interior de un chalet conocido como &ldquo;El Castillo&rdquo;, se recurr&iacute;a adem&aacute;s de a las palizas a la aplicaci&oacute;n de hierros al rojo y a arrancar las u&ntilde;as de los dedos de las manos y los pies&rdquo; (C&eacute;sar Vidal, 2003: 91).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Como podemos observar, la violencia no ten&iacute;a l&iacute;mites, el sadismo de los torturadores prueba la crueldad inherente a la condici&oacute;n humana. Vidal nos cuenta tambi&eacute;n que los torturadores, jact&aacute;ndose de sus &ldquo;actos heroicos&rdquo;, llamaban &ldquo;corridas de toros&rdquo; a las sesiones de tortura.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Todo ello se hizo con la connivencia del Frente Popular&nbsp; y&nbsp; de&nbsp; sus&nbsp;&nbsp; dirigentes, lo que</p>
<p>resulta desolador,&nbsp; como se&ntilde;ala de forma muy documentada el libro. Al final del mismo, viene una relaci&oacute;n de asesinados en Madrid y su provincia bajo el gobierno del Frente Popular (desde julio de 1936 a marzo de 1939). La lista abarca 11.705 personas, es&nbsp; estremecedor, porque muestra el salvajismo y la&nbsp; crueldad&nbsp; que se llev&oacute; a cabo, por parte</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>de unos y de otros, en esos terribles a&ntilde;os.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Gil-Albert, sentencia claramente que la brutalidad era patrimonio de ambos bandos: &ldquo;En la guerra civil nadie escapaba a su poder (de la justicia militar nacionalista). Tomadas las ciudades, la caza del republicano, o del obrero, se organizaba con la misma avidez de represalia que, en el campo contendiente, la del fascista o del cura&rdquo; (Juan Gil-Albert, 2004: 251).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Dejando a un lado todo este horror, me detengo en otro suceso relevante, la actitud de los intelectuales ante la barbarie que se estaba cometiendo. El escritor alicantino, en <em>Drama Patrio,</em> nos se&ntilde;ala que el exilio o el silencio ante esta oscura &eacute;poca fue el resultado principal en la posguerra: &ldquo;Ortega y Gasset consider&oacute; los desmanes y, abochornado, se expatri&oacute;. Otros, como Azor&iacute;n y Baroja, los repudiaron con su silencio aunque justo es a&ntilde;adir, tambi&eacute;n, que durante los a&ntilde;os franquistas no dedicaron una sola palabra de loa al vencedor&rdquo; (Juan Gil-Albert, 2004: 252).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Cuenta en el libro otros casos de repulsa de intelectuales como el ya conocido caso de Antonio Machado que muri&oacute; muy pronto en Colliure (Francia) o el de Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez que se exili&oacute; a Puerto Rico.</p>
<p>Acerca de este interesante tema, hay que tener en cuenta un libro que ha aparecido recientemente, escrito por Jordi Gracia y titulado <em>La resistencia silenciosa. </em>Dicho libro examina el comportamiento de intelectuales&nbsp; durante el&nbsp; franquismo&nbsp; y&nbsp;&nbsp;&nbsp; nos ofrece datos y p&aacute;ginas muy curiosas para conocer actitudes y comportamientos ante la<em> </em>&nbsp;notoria</p>
<p>barbarie acaecida en Espa&ntilde;a: &ldquo;Debieron de ser todos muy cobardes, sin duda, pero reconstruyendo lo que pens&oacute; y lo que hizo Baroja en plena guerra, escribiendo en Par&iacute;s, publicando en Buenos Aires y suspirando por Itzea, aparece como el menos cobarde de todos&rdquo; (Jordi Gracia, 2004: 94).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Se refiere Jordi Gracia a intelectuales tan importantes como Ortega, Mara&ntilde;&oacute;n o Azor&iacute;n. El escritor ofrece claves importantes para descubrir c&oacute;mo algunos ya hab&iacute;an adulado al r&eacute;gimen (caso claro de Mara&ntilde;&oacute;n o el falangista Dionisio Ridruejo) y otros callaron ante injusticias graves que se cometieron como en el caso de&nbsp;&nbsp; Ortega y&nbsp;&nbsp; Gasset</p>
<p>(Antes de la Guerra Civil muchos creyeron que la derecha era mejor garant&iacute;a de orden que el avance comunista).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Jordi Gracia escribe sobre algunos de ellos: &ldquo;El mundo al que se refiere Baroja (en el libro <em>Ayer y hoy</em>), que es el&nbsp; Par&iacute;s de la guerra, muy probablemente se tiene en la cabeza a &eacute;l mismo, a Azor&iacute;n, a Mara&ntilde;&oacute;n, a P&eacute;rez de Ayala y quiz&aacute; unos cuantos m&aacute;s a quienes el &ldquo;miedo y la prudencia&rdquo; les ha borrado las ganas de &ldquo;vanidad y exhibicionismo&rdquo; para hacerlos &ldquo;gente t&iacute;mida y asustadiza&rdquo; y hasta algo m&aacute;s&rdquo; (Jordi Gracia, 2004: 95).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Se refiere el escritor catal&aacute;n a la no aparici&oacute;n de un manifiesto claro de repulsa de todos ellos para que existiese un m&iacute;nimo de humanidad en el trato de detenidos y heridos en la Guerra Civil.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Como podemos ver, P&iacute;o Baroja (para Gracia) fue el que mostr&oacute; una repulsa m&aacute;s clara en multitud de art&iacute;culos escritos durante mucho tiempo condenando a fascistas y comunistas por igual.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Baroja reedit&oacute; en Santiago de Chile los art&iacute;culos publicados en forma de libro antes de 1938, llamado <em>Ayer y hoy</em> donde se explicitan las condenas a todos ellos y al nuevo poder en Espa&ntilde;a, es decir, al r&eacute;gimen de Franco.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Hay p&aacute;ginas muy interesantes en el libro de Gracia, cr&iacute;ticas muy duras al doctor Mara&ntilde;&oacute;n o a falangistas como Pedro La&iacute;n Entralgo o Eugenio D&acute;Ors. Para el escritor catal&aacute;n es la figura de Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, una de las m&aacute;s sinceras y valientes, junto a Baroja, a la hora de condenar la Guerra Civil y el&nbsp; r&eacute;gimen de Franco.</p>
<p align="center">--</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Volviendo al libro de Gil-Albert, sus &uacute;ltimas p&aacute;ginas est&aacute;n dedicadas al resultado de toda esta contienda, una &eacute;poca que no le gusta al escritor alicantino porque considera que est&aacute; basada en la falta de libertad y en la mentira.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Recojo unas l&iacute;neas de <em>Drama Patrio</em> en su apartado final que merecen nuestro inter&eacute;s: &ldquo;Una inmoralidad general, no de superficie sino de fondo, y que tiene como base la mentira masticada por todos, gobernantes y gobernados, ha convertido a las clases burguesas, y a un gran sector popular, en una naci&oacute;n de apol&iacute;ticos, de arribistas y de descre&iacute;dos, cuyo af&aacute;n es el medro, la diversi&oacute;n y la comodidad: panem et circenses&rdquo; (Juan Gil-Albert, 2004: 257).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Para el escritor, atendiendo a su &eacute;tica de hombre libre, que desea la libertad para todos, la dictadura ha provocado una gran mascarada, donde la mediocridad inunda todo. Un pa&iacute;s con censura, sin verdaderos derechos, presidido por un sistema donde el culto a la Iglesia cat&oacute;lica y al Ej&eacute;rcito lo son, lamentablemente, todo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Naturalmente, en este &aacute;mbito de desolaci&oacute;n, la figura del Caudillo tiene mucho que ver y a &eacute;l le dedica las &uacute;ltimas p&aacute;ginas de este&nbsp; interesante estudio de una &eacute;poca sesgada por el conflicto b&eacute;lico.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Los comentarios que Gil-Albert dedica a la figura de Franco&nbsp; nos&nbsp; demuestran que el escritor considera al dictador como un personaje del siglo XIX, de aquellos que llevaban a cabo pronunciamientos militares, de esos generales escasos de cultura que, haciendo uso de la fuerza, tomaron el poder en Espa&ntilde;a.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Cito esta impresi&oacute;n: &ldquo;El Caudillo es hoy, m&aacute;s que nada, un &iacute;dolo aureolado por el miedo y la superstici&oacute;n. No se le quiere, m&aacute;s que por los suyos&rdquo; (Juan Gil-Albert, 2004: 258). Considera&nbsp; al&nbsp; dictador&nbsp; como&nbsp; un&nbsp; hombre pose&iacute;do por una &ldquo;gracia de Dios&rdquo; que&nbsp; le&nbsp;&nbsp; llevaba&nbsp;&nbsp; en&nbsp;&nbsp; sus&nbsp;&nbsp; discursos&nbsp;&nbsp; a&nbsp;&nbsp; citar&nbsp;&nbsp; comentarios&nbsp;&nbsp;&nbsp; sobre&nbsp;&nbsp; la&nbsp; Cruzada&nbsp; espa&ntilde;ola&nbsp; y</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>desmanes semejantes.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Considera tambi&eacute;n&nbsp; al Caudillo como un hombre aislado, incapaz de abrir sus horizontes y, por ende, los de Espa&ntilde;a, envuelto siempre en una ret&oacute;rica beata y retr&oacute;grada: &ldquo;Inmovilizado dentro de su red de premisas arcaicas, Franco ha sucumbido, inevitablemente, no importa que se disfrace de paisano, a la par&aacute;lisis&rdquo; (Juan Gil-Albert, 2004: 258).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Le acusa de no postrarse ante el Papa, de no viajar al otro Continente, es decir, de no ejercer como l&iacute;der, sino como lo que realmente fue, un poso de tiempos arcaicos, recluido como Felipe II en su Escorial para verg&uuml;enza de los tiempos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Termino este interesante estudio de esta obra clave (por su tem&aacute;tica y su visi&oacute;n cronol&oacute;gica brillante sobre los antecedentes de la guerra y sus consecuencias) con las opiniones de Paul Preston sobre el comportamiento del Caudillo ante la corrupci&oacute;n: &ldquo;Franco nunca mostr&oacute; el menor inter&eacute;s en detener los sobornos, sino que se val&iacute;a de su conocimiento de ellos para aumentar su poder sobre los implicados&rdquo; (Paul Preston, 2001: 46).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Y cuenta tambi&eacute;n Preston que no recomendaba a los que le informaban de la corrupci&oacute;n, sino que &eacute;stos eran delatados por&nbsp; el Caudillo a los culpables (los corruptos)</p>
<p>de dicha acusaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Hay muchos detalles interesantes, pero ser&iacute;a muy extenso y nos saldr&iacute;amos de nuestro objetivo, la visi&oacute;n que Gil-Albert tiene del personaje, la desconfianza del escritor a una Espa&ntilde;a que progrese en semejantes circunstancias. En su libro <em>Drama Patrio</em> ya nos revela que la mentira y la vulgaridad han fundamentado el sistema franquista.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; A&uacute;n as&iacute;, s&iacute; quiero se&ntilde;alar un &uacute;ltimo apunte del libro de Preston para que podamos comprender&nbsp; que&nbsp; lo&nbsp; que&nbsp; m&aacute;s odia el&nbsp; escritor alicantino en Franco es su incompetencia</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>para abrir un proyecto de Espa&ntilde;a. Cito una &uacute;ltima l&iacute;nea del&nbsp; libro de Preston donde escribe sobre la escasa cultura del Caudillo: &ldquo;Desde el comienzo de sus a&ntilde;os en el poder, raramente le&iacute;a libros, miraba por encima los peri&oacute;dicos y se interesaba poco por la cultura o por el arte&rdquo; (Paul Preston, 2001: 57). Lo dice muy bien el escritor, cuando indica que no parec&iacute;a el hombre preparado para mejorar Espa&ntilde;a, como tambi&eacute;n se&ntilde;al&oacute; muy bien Gil-Albert en su libro.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Hemos podido ver que el escritor alicantino mostr&oacute; una sinceridad tanto en el exilio, como a su vuelta a Espa&ntilde;a en 1947. Fue un hombre incapaz de hacer cualquier acercamiento a un r&eacute;gimen que detestaba y su falta de prisa y su decencia le llevaron a esperar un mejor momento para que algunas de sus obras m&aacute;s pol&eacute;micas pudiesen publicarse.</p>
<p>&nbsp; El caso de Gil-Albert en su cr&iacute;tica a la dictadura es semejante al que Gracia citaba en Baroja o Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez. Pero hay otro caso admirable, el de Pedro Salinas, el cual no ces&oacute; de manifestar su odio a los fascistas en cartas y art&iacute;culos. En sus cartas a Katherine Whitmore le declarar&aacute; la repugnancia que siente hacia el comportamiento de algunos intelectuales como Ortega o Salvador de Madariaga y en 1941 escribi&oacute;: &ldquo;Ortega, franquista; Ram&oacute;n (G&oacute;mez de la Serna), franquista. Y P&eacute;rez de Ayala. &iexcl;Mara&ntilde;&oacute;n en Par&iacute;s, colaborando con los alemanes!&rdquo; (estas l&iacute;neas est&aacute;n extra&iacute;das del estudio de Jordi Gracia ya comentado, 2004:177).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Termino este repaso a <em>Drama Patrio</em> que, si bien se escribi&oacute; en 1964, no vio la luz hasta 1977. Nos preguntamos por qu&eacute; este per&iacute;odo de oscuridad en un libro tan interesante. Podemos imaginar que en un pa&iacute;s donde la censura franquista pon&iacute;a cortapisas a muchos libros, este testimonio fuera censurado y no pudiera vivir en libertad como muchos hubieran deseado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Como hombre arraigado a su pa&iacute;s y como hombre sensible que deseaba un mundo m&aacute;s libre, podemos entender el exilio inevitable ante la demencia de la Guerra Civil. Al volver a Espa&ntilde;a, se centr&oacute; en su af&aacute;n de conocer todos los aspectos de la historia de su pa&iacute;s, al igual que mostr&oacute; su inter&eacute;s por el arte en general. Su &eacute;tica le llev&oacute; a denunciar en esta obra un mundo regido por la mediocridad, haciendo del libro un gran testimonio de su sentido &eacute;tico de la vida. Hoy nos parece mucho m&aacute;s valioso porque nos sirve para reflexionar en la distancia y no olvidar lo que cuenta tan brillantemente en sus p&aacute;ginas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>CONCLUSI&Oacute;N: <em>DRAMA PATRIO</em>, UNA CR&Iacute;TICA DEMOLEDORA CONTRA TODA IDEOLOG&Iacute;A</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp; El libro de Gil-Albert no s&oacute;lo constituye un repaso a los antecedentes de la Guerra Civil espa&ntilde;ola, sino que es una cr&iacute;tica demoledora contra toda ideolog&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; El escritor alicantino pertenece, por su origen, a un mundo conservador, pero las circunstancias que se manifestaron a partir del a&ntilde;o 1936 le llevan a expresar sus ideas republicanas. Es consciente de los graves errores de los pol&iacute;ticos dirigentes, pero no por ello puede apoyar la rebeli&oacute;n de los militares. Su contribuci&oacute;n a la revista <em>Hora de</em> <em>Espa&ntilde;a</em> y su alianza con los intelectuales antifascistas prueba su compromiso &eacute;tico con la Rep&uacute;blica.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; El libro es, tambi&eacute;n, una dura cr&iacute;tica contra los excesos de ambos bandos, ya que tanto la izquierda como la derecha cometieron atrocidades en la Guerra Civil. Para Gil-Albert, las promesas del comunismo como un sistema justo para el mundo entran en grave crisis, tanto por los m&uacute;ltiples asesinatos que se cometen en los a&ntilde;os de la Guerra, como por el fracaso del comunismo en el mundo. La figura de Franco, su incompetencia, es otra de las cr&iacute;ticas claves del libro. La falta de libertad, la presencia omnipotente de la Iglesia, demuestran que el pa&iacute;s abunda en la mediocridad y en la ignorancia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;Por ello, el libro es muy interesante, demuestra que el escritor alicantino no tiene ning&uacute;n reparo en manifestar su discrepancia con un r&eacute;gimen que ha abolido la libertad como principio b&aacute;sico.</p>
<p>&nbsp; Los comentarios de Gil-Albert me han servido para profundizar en algunos de los problemas que Espa&ntilde;a vivi&oacute; en el siglo XX. Por ello, he considerado oportuno citar las opiniones de diferentes escritores sobre la Guerra Civil, sus or&iacute;genes y sus consecuencias.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Considero un apartado interesante el dedicado a la posici&oacute;n de los intelectuales en la posguerra espa&ntilde;ola. La decisi&oacute;n de algunos de adherirse al r&eacute;gimen y de otros de criticarlo con dureza, muestran la diversidad ideol&oacute;gica de Espa&ntilde;a. Algunos de los intelectuales citados en el estudio no mostraron su discrepancia con el r&eacute;gimen, por no perder su posici&oacute;n en el mismo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Termino insistiendo en la talla de un hombre como Gil-Albert que pudo, debido a su situaci&oacute;n econ&oacute;mica privilegiada, adherirse al bando de los vencedores de la Guerra Civil, pero que, por compromiso &eacute;tico, mostr&oacute; siempre su disconformidad con el r&eacute;gimen de Franco.</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 16 Dec 2016 09:42:59 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A ratos perdidos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/a-ratos-perdidos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas16/diciembre/RAFAEL_CHIRBES_3.jpg" alt="" /></p>
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<p>Me piden de la revista <em>Turia</em> que les env&iacute;e alg&uacute;n escrito in&eacute;dito, e imagino que seguramente querr&aacute;n un cap&iacute;tulo de una novela que se est&eacute; horneando, un cuento, lo que se dice un trabajo de creaci&oacute;n, pero el horno de casa sigue apagado y la masa fr&iacute;a. Defraudando seguramente las expectativas de los editores, busco en los cuadernos en los que, con escasa disciplina, vengo anotando opiniones y recuerdos desde mediados de los a&ntilde;os ochenta, y selecciono algunas notas que tienen como banda sonora com&uacute;n un fondo de violencia. Me parece que pueden cobrar alg&uacute;n sentido en estos tiempos en los que, cien a&ntilde;os despu&eacute;s de la Primera Gran Guerra, se sigue cavando en la inmensa trinchera que va desde Estonia hasta Afganist&aacute;n.&nbsp;</p>
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<p><strong>26 de febrero 2006</strong></p>
<p>Colocando los libros, aparece un tomito min&uacute;sculo cuya existencia no recordaba: <em>Textos sobre el poder negro</em>. Me pongo a leerme algunos de Malcom X, duros, violentos, con una claridad de ideas cegadora, textos que s&oacute;lo puede escribir alguien que est&aacute; muy seguro de qui&eacute;n es su sujeto hist&oacute;rico y social, el que &eacute;l define como el negro campesino (el que quiere la tierra), el negro nacionalista (el que aspira a la naci&oacute;n negra) y el negro que desea hacer su revoluci&oacute;n, la revoluci&oacute;n negra, y sabe que tendr&aacute; que hacerla con sangre (la revoluci&oacute;n es la tierra, el poder; y nadie cede la tierra y el poder sin sangre). Malcom X no quiere <em>una</em> <em>revoluci&oacute;n</em> <em>de</em> <em>negros</em>, sino la revoluci&oacute;n negra. En estos tiempos en los que la violencia del islamismo ha pasado a primer plano, sorprende encontrar un texto de Malcom X escrito en el 63 en el que reclama <em>El</em> <em>Cor&aacute;n </em>como religi&oacute;n de venganza. Imagino que este texto que yo no he vuelto a leer desde hace treinta y cinco a&ntilde;os, actualmente debe ser de ense&ntilde;anza obligatoria de j&oacute;venes islamistas en las madrasas de los suburbios estadounidenses. Admira su potencia verbal, su l&oacute;gica, su definici&oacute;n implacable del mecanismo social. Al leerlo, qu&eacute; blandos y falaces parecen tantos y tantos textos de pol&iacute;tica y sociolog&iacute;a difundidos en los &uacute;ltimos decenios. Pienso en lo que, desde el poder occidental, han tenido que hacer<em> </em>para<em> </em>liquidar<em> </em>cabezas<em> </em>como<em> </em>&eacute;sa<em>, </em>con<em> </em>un<em> </em>mensaje<em> </em>tan<em> </em>claro y poderoso, tan bien armado (en todos los sentidos): corrompieron, asesinaron, infiltraron, hundieron a tres generaciones en un basurero de drogas adulteradas, delaci&oacute;n y miseria. A&uacute;n est&aacute;n ah&iacute; en ese oscuro batiburrillo de sangre de Oriente Medio.</p>
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<p>El texto (con la historia de la ni&ntilde;a china matando a su padre, <em>un</em> <em>chino</em>-<em>Tom</em>) resulta escalofriante, insoportable para nuestra moral, pero nadie puede negarle la lucidez. El poder no se toma por las buenas. Leo a Malcom X y en su cortante prosa resuena Maquiavelo, a quien le&iacute; d&iacute;as atr&aacute;s (por cierto, en uno de los textos Malcom se refiere a los bombardeos a las iglesias de los negros; treinta o cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s, los peri&oacute;dicos de estos d&iacute;as informan de numerosos incendios en iglesias baptistas del sur de los Estados Unidos: nuevos cap&iacute;tulos para a&ntilde;adir a los discursos del activista de los <em>Black</em> <em>Panters</em>).</p>
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<p>Algunos ejemplos de la potencia verbal de Malcom X:</p>
<p>&ldquo;si fueras norteamericano no vivir&iacute;as en un infierno. Vives en un infierno porque eres negro. T&uacute; vives en un infierno y todos nosotros vivimos en un infierno por la misma raz&oacute;n.</p>
<p>As&iacute; que todos somos gente negra, eso que llaman &ldquo;los negros&rdquo;, ciudadanos de segunda, exesclavos. Ustedes no son m&aacute;s que exesclavos. A ustedes no les gusta que se lo digan. Pero, &iquest;qu&eacute; otra cosa son? Son esclavos. No vinieron en el Mayflower. Vinieron en un barco de esclavos. Encadenados como un caballo, o una vaca, o una gallina. Y los trajeron los que vinieron en el Mayflower, a ustedes los trajeron los llamados Peregrinos o Padres Fundadores de la Patria. Ellos fueron quienes los trajeron aqu&iacute;&rdquo;.</p>
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<p>En otro discurso (&eacute;ste del 64), dice: &ldquo;&iquest;qui&eacute;n es el que se opone a la aplicaci&oacute;n de la ley? El propio departamento de polic&iacute;a. Con perros polic&iacute;as y con garrotes. Siempre que ustedes se est&eacute;n manifestando contra la segregaci&oacute;n, ya se trate de la ense&ntilde;anza segregada, de la vivienda segregada o de cualquier otra cosa, la ley estar&aacute; de parte suya y el que se les ponga en el camino deja de ser la ley. Est&aacute; violando la ley, no es representativo de la ley. Siempre que ustedes se est&eacute;n manifestando contra la segregaci&oacute;n y un hombre tenga la osad&iacute;a de echarles encima un perro polic&iacute;a, maten a ese perro, m&aacute;tenlo, les digo que maten a ese perro. Se lo digo aunque ma&ntilde;ana me cueste la c&aacute;rcel: maten a ese perro&rdquo;<em>. </em>Poco tiene que ver esa violencia que sacudi&oacute; nuestra juventud con lo que estos d&iacute;as muestran las televisiones, las radios, aprovechando el treinta aniversario de la muerte de Franco: Beatles, hippies, Mary Quant, canciones de Joan Baez y Dylan, florecitas trenzadas en los cabellos, velas. Eso estaba m&aacute;s bien como contrapunto de la verdadera discusi&oacute;n acerca de c&oacute;mo desalojar del poder al dictador, una discusi&oacute;n violenta, terrible, que era ponzo&ntilde;a, porque nadie est&aacute; fuera de su tiempo, y &eacute;se fue nuestro tiempo. La gran discusi&oacute;n: <em>Ballots</em> o <em>bullets</em>. Todo nuestro idealismo adolescente no consegu&iacute;a convertir ese malestar en cosa de broma. Pero no s&oacute;lo era &ndash;Malcom X como prueba- un tema espa&ntilde;ol. Era la vigilia de la revoluci&oacute;n mundial. No parec&iacute;a tan lejos. Al capitalismo se le hab&iacute;a ido de las manos el poder en medio mundo, y en la otra mitad lo defend&iacute;a sin parar en mientes. Napalm, guerra qu&iacute;mica, y degollina. Luego ha restablecido m&aacute;s o menos sus modales corteses, pero, al menos desde la revoluci&oacute;n rusa, no hab&iacute;a sido as&iacute; (&iquest;y antes? &iquest;y esa criminal acumulaci&oacute;n de capital en las f&aacute;bricas de M&aacute;nchester, en los campos de algod&oacute;n de las colonias?, &iquest;en los de ca&ntilde;a, en los de caf&eacute;?, &iquest;en los latifundios andaluces y extreme&ntilde;os?: A Delibes a&uacute;n le dio tiempo de escribir <em>Los santos inocentes</em>): a mediados de los sesenta y principios de los setenta, se mataba en Vietnam, en Camboya, en Indonesia. El sudeste asi&aacute;tico se ba&ntilde;aba en sangre. Y tambi&eacute;n buena parte de &Aacute;frica; y Am&eacute;rica Latina: Bolivia, Per&uacute;, Colombia; a&uacute;n estaba por llegar lo peor en Am&eacute;rica Latina: las dictaduras de Chile, de Argentina, de Uruguay, las matanzas en Nicaragua<em>,</em> en El Salvador&hellip; Era la sangrienta lucha final. A vida o muerte. Ve&iacute;amos estallar los conflictos cada vez m&aacute;s cerca: la tentaci&oacute;n de la muerte se hab&iacute;a instalado en Europa: los <em>Baader</em>-<em>Meinhof</em> en Alemania; las <em>Brigate</em> <em>rosse</em>, en Italia; Eta, Frap y Grapo entre nosotros. En aquellos a&ntilde;os violentos, se permiti&oacute; todo. Se fomentaron los golpes de Estado, las guerras sucias, los grupos armados fascistas; se emponzo&ntilde;&oacute; el movimiento izquierdista europeo &ndash;infiltrado por los servicios de informaci&oacute;n, encanallado, encauzado hacia la violencia ciega- y se persigui&oacute; de todas las maneras posibles a los Panteras Negras hasta eliminarlos: los reventaron a balazos y a chutes de hero&iacute;na. Malcom X cuenta las maniobras de los Kennedy para inventarse la figura de Martin Luther King como forma de encauzar el por entonces incontrolable movimiento negro. Malcom X odia a Luther King, al que considera un miserable <em>t&iacute;o</em> <em>Tom</em>. Lo de <em>I</em> <em>had</em> <em>a</em> <em>dream</em> le parece un eslogan propagand&iacute;stico inventado y puesto<em> </em>en<em> </em>circulaci&oacute;n por los servicios secretos, para dividir un movimiento negro activo, virulento, que no toleraba componendas. As&iacute; &ndash;y no como hoy nos cuenta la tele- fueron los &uacute;ltimos sesenta, los primeros setenta. Hoy, los vencedores &ndash;el pegajoso conglomerado- han restablecido la historia &uacute;nica y algodonosa, lectura unidireccional. No triunfaron los dem&oacute;cratas, ni los republicanos: triunf&oacute; la m&aacute;quina. Los socialdem&oacute;cratas presumen todav&iacute;a de que, con ellos, los bancos pueden exhibir paz social y, al mismo tiempo presentarles a sus accionistas mejores resultados econ&oacute;micos (nos lo repiten estos<em> </em>d&iacute;as aqu&iacute; en Espa&ntilde;a). Nuestro socialdem&oacute;crata Zapatero se muestra orgulloso de que las multinacionales y la banca repartan mejores dividendos que cuando gobernaba el PP. Adem&aacute;s, se supone que nuestro Bambi es m&aacute;s simp&aacute;tico que aquel ce&ntilde;udo Aznar.</p>
<p>Malcom X se&ntilde;ala la conferencia de Bandung como el lugar en que se escenific&oacute; la aparici&oacute;n de contrapoderes. El grupo de pa&iacute;ses all&iacute; representado se convirti&oacute; en el gran objetivo a batir. Basta leer en los libros de historia la evoluci&oacute;n posterior de cada uno de ellos para calibrar la cantidad de sufrimiento que supuso esa guerra del capitalismo para recuperar su estatus de modelo &uacute;nico, perdido desde la Revoluci&oacute;n rusa, reconquistar parcela a parcela los pa&iacute;ses perdidos en Asia y en &Aacute;frica. Hay que leer lo que cuenta Malcom de la Marcha sobre Washington y comparar su versi&oacute;n con lo que los reportajes de la televisi&oacute;n y las pel&iacute;culas que hemos visto nos cuentan: comparar las versiones es una lecci&oacute;n de historia, que deber&iacute;a propon&eacute;rseles a los escolares. Martin Luther King no sale nada bien parado. Y ni siquiera a &eacute;l fueron capaces de trag&aacute;rselo, ni a los que Malcom X supone que se lo inventaron: Luther King, los Kennedy, Malcom X, todos asesinados.</p>
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<p>&nbsp;<strong>2 de julio 2006</strong></p>
<p>Antes de acostarme, me pongo <em>El triunfo de la voluntad</em>, de Leni Riffenstal en un dvd que ayer me compr&eacute; en Valencia, y que incluye tambi&eacute;n <em>Olimpia</em>. Hitler convirti&oacute; a toda esa gente que llena la pantalla en int&eacute;rprete de un espect&aacute;culo total, con momentos de casi insoportable sobrecarga esc&eacute;nica: por ejemplo, &eacute;se en que las brigadas de trabajadores empiezan a preguntarse unos a otros en voz alta: &iquest;T&uacute; de d&oacute;nde vienes? Y&nbsp; responden: Yo de tal sitio, y de nuevo la pregunta, T&uacute;, &iquest;de d&oacute;nde?, y la respuesta: yo vengo de tal otro, y, en todas las ocasiones, acompa&ntilde;an su respuesta con una frase corta de extrema artificiosidad, que define el lugar nombrado con una caracter&iacute;stica. Visto ahora, resulta casi imposible creer que esos hombres fueran capaces de decir cosas como que el sitio del que proceden est&aacute; <em>en los sombr&iacute;os bosques</em>, u &ndash;otros- <em>en los h&uacute;medos pantanos. </em>Leen un gui&oacute;n aprendido, pero se han prestado a hacerlo y se supone que no sienten pudor, o verg&uuml;enza. El poder del teatro para meterte en su c&oacute;digo, aquello que dec&iacute;a La Capria del <em>Huis clos</em> de Sartre, que convierte en estupenda obra de teatro elementos que, fuera de esa trama, ser&iacute;an rid&iacute;culos. Si te dejas llevar, el teatro te introduce en un mundo que tiene reglas diferentes. Me digo que deber&iacute;a ponerme la pel&iacute;cula en otra ocasi&oacute;n para reproducir en este cuaderno la secuencia, con los di&aacute;logos completos. Hitler y la Riffenstal han invitado a esos hombretones a participar en una obra de teatro colegial, de gui&oacute;n dudosamente cre&iacute;ble, y ellos cumplen con docilidad, ilusionados con su papel. Influye en esa impresi&oacute;n el tono de voz en el que se les pregunta, que es a gritos, y con qu&eacute; orgullo responden ellos, que se negar&iacute;an a decir cosas as&iacute; en cualquier otro lugar, porque se sentir&iacute;an rid&iacute;culos. Sin embargo, en este caso se sienten fascinados por el lenguaje que suponen propio de la cultura, un lenguaje elevado, y aceptan el juego que creen que los levanta por arriba de su prosaica existencia cotidiana. &Eacute;se es el hechizo de la cultura que en tan peligrosos convierte a los brujos que manipulan la combinaci&oacute;n de los ingredientes del bebedizo y grad&uacute;an la dosis. Me deprime terriblemente esa sensaci&oacute;n humillante. Uno ve la pel&iacute;cula setenta a&ntilde;os m&aacute;s tarde y sabe a lo que llev&oacute; todo ese ajetreo, las banderas, l&iacute;tores, pendones, tambores, uniformes, gritos, tirones de brazo y paso de la oca. El teatrillo infantil. Ves desfilar a esos j&oacute;venes sabiendo que se convirtieron en carniceros antes de cumplir el papel de ovejas en el inmenso matadero. Mataron y se dejaron matar. Gimieron, lloriquearon y ensuciaron los pantalones antes de morir. Ves la pel&iacute;cula, miles y miles de ojos espl&eacute;ndidamente fotografiados, bocas, manos, caras, m&uacute;sculos, y te preguntas cu&aacute;ntos de ellos llegaron con vida a la primavera de 1945: s&oacute;lo diez a&ntilde;os despu&eacute;s de que el documental se rodara, ya era carro&ntilde;a la mayor parte de la carne humana fotografiada por Riffenstal. Y la que quedaba con vida se hab&iacute;a convertido en deshecho. Durante la hora y media que dura la pel&iacute;cula, no consigo apartar de m&iacute; una telara&ntilde;a, un pesar que me encoge el &aacute;nimo.</p>
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<p>En los desfiles que aparecen en la pel&iacute;cula consiguen ponerme especialmente nervioso los momentos en los que los participantes se ponen a marcar el paso de la oca: me desazona la forma en que levantan al un&iacute;sono la pierna a cada paso. La precisi&oacute;n y la velocidad a la que lo hacen convierte a esos hombres en una especie de figuras mec&aacute;nicas movidas por un resorte, sin que, por ello, las figuras dejen de ser sospechosamente humanas, un ser humano al que le hubieran puesto un motor ajeno, le hubieran cambiado desde dentro el juego de sus articulaciones. Los miras marcar el paso de la oca y tienen algo de animalito agresivo (la velocidad con que levantan y bajan las piernas; la rapidez con la que avanzan, el modo c&oacute;mo yerguen la cabeza, transmiten esa impresi&oacute;n de agresividad animal, pollos o patos furiosos que quieren picotear a un intruso que se ha metido en el corral), pero tambi&eacute;n de juguete mec&aacute;nico, aunque todo eso no anula la visi&oacute;n de que se trata de seres racionales que aplican ese forcejeo sobre el propio cuerpo como met&aacute;fora del retorcido esfuerzo al que deber&aacute; someterse la sociedad que ellos moldeen, la que formen, deformen o conquisten. El complejo juego de s&iacute;mbolos me llega cada vez que veo pasar por la pantalla a un batall&oacute;n marcando ese paso. Si los que aparecen marcando el paso de la oca son los dos o tres oficiales que preceden al grupo, y la c&aacute;mara los muestra as&iacute;, aislados, aunque sigue predominando en su manera de avanzar lo animal -aves zancudas en ejercicio de un juego de coqueter&iacute;a-, hay tambi&eacute;n una afectaci&oacute;n rid&iacute;cula en sus movimientos: viejas damas pintarrajeadas que se pavonearan ante un grupo de jovenzuelos, convencidas de su capacidad de seducci&oacute;n. Yo le encuentro muchos rasgos femeninos al pavoneo castrense, me ha ocurrido presenciando otros desfiles: como si la marcialidad, as&iacute; ordenada, milimetrada, codificada en toda una serie de llamativos movimientos, limitase con el ballet, con las contorsiones de las coristas en una revista musical, lo cual, adem&aacute;s, no tiene nada de extra&ntilde;o ya que el orden de los ballets de revista se ha inspirado no poco en la quincalla b&eacute;lica: no me refiero ahora a los amor&iacute;os entre oficial y corista, Mill&aacute;n Astray-Celia G&aacute;mez, ni a la asiduidad con que la milicia llenaba los teatros de variedades. Cu&aacute;ntas veces no hemos visto en los teatros de variet&eacute;s a las chicas desfilando con p&iacute;cara marcialidad y cargando sobre el hombro con un fusil o con algo que lo representa o sustituye. La supervedette, encabeza el desfile o se pone en el centro cuando las chicas se abren en abanico sobre el escenario, y, a veces, lleva una gorra de plato.</p>
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<p>Tambi&eacute;n resulta muy femenina la forma en que Hitler extiende y recoge el brazo para hacer el saludo a la romana, en &eacute;l se trata de un gesto m&aacute;s coqueto que marcial, casi un gui&ntilde;o para entendidos (entre los gays se dice, &eacute;se entiende, cuando se reconoce a alguien af&iacute;n) en una fiesta multitudinaria, coqueter&iacute;a que se prolonga en el recogimiento con que recibe los aplausos y v&iacute;tores de la multitud (obs&eacute;rvenlo: una quincea&ntilde;era a la que su novio le dice al o&iacute;do algo turbador, escabroso. Chaplin lo descifr&oacute; muy bien en su pel&iacute;cula: esos mohines). Aunque, a medida que sus discursos avanzan, los gestos se vuelven m&aacute;s expl&iacute;citos, m&aacute;s teatrales, el movimiento de ojos, brazos y manos se acerca a lo convulso, se escapan del espacio femenino, se descontrolan, y remiten m&aacute;s bien a los cat&aacute;logos de s&iacute;ntomas que se explican en los tratados de psiquiatr&iacute;a.</p>
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<p><strong>15 de diciembre de 2007</strong></p>
<p><strong></strong>Viaje rel&aacute;mpago a San Sebasti&aacute;n. La playa de la Concha desde una habitaci&oacute;n del Hotel Londres y desde la cristalera de la cafeter&iacute;a. La ma&ntilde;ana, muy fr&iacute;a, despliega un cielo pur&iacute;simo, una luz que fluct&uacute;a entre el acero y el oro. Todo se recorta con nitidez, sobresale, reluce: el barrio de pescadores al pie del Urgull, las torres doradas del Ayuntamiento, un pretencioso juguete. El mar es una l&aacute;mina, espejo sobre el que se reflejan las edificaciones como en una acuarela impresionista: colores levemente desva&iacute;dos, fin&iacute;simos. En esa calma, sorprende el borde de espuma de las olas al romper en la playa, formando un impecable arco de circunferencia: entre las boyas dispersas en la bah&iacute;a se ven las cabezas cubiertas con gorro y los brazos que se levantan r&iacute;tmicamente por encima del agua: son las nadadoras del Club Atl&eacute;tico, mujeres maduras &ndash;algunas, ya ancianas- que ni siquiera esta g&eacute;lida ma&ntilde;ana de diciembre renuncian a su ba&ntilde;o diario. El term&oacute;metro que hay a pocos metros del hotel marca dos grados por encima de cero.</p>
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<p>A las once de la ma&ntilde;ana ya estamos tomando riojas y unos pinchos &ndash;mis a&ntilde;oradas gambas con gabardina, crujientes y esponjosas, como hace a&ntilde;os que no las tomo, una delicada tortilla- en una tasca que se llama Paco Bueno, en el barrio viejo. Mientras damos cuenta de nuestra consumici&oacute;n, el propietario cierra las puertas met&aacute;licas porque hay convocada una huelga general de dos horas en protesta por la ilegalizaci&oacute;n de Batasuna. Permanecemos en el interior del local, en compa&ntilde;&iacute;a de unos cuantos hombres con aspecto de jubilados, varios de ellos tocados con txapelas y con ese aspecto tan caracter&iacute;stico de la tierra: tipos humanos polis&eacute;micos, porque parece que concentran en su f&iacute;sico rasgos campesinos, arrantxales y urbanos, como si para tallar sus caras hubieran trabajado en equipo el mar, la tierra y la ciudad, tambi&eacute;n su pausada manera de caminar, el tono de su voz es extra&ntilde;a mezcla de mar y monta&ntilde;a, de lo r&uacute;stico y lo urbano. Cuando salimos, las calles que media hora antes bull&iacute;an de actividad, se han quedado desiertas, reina un ambiente como de ma&ntilde;ana de domingo. La ciudad est&aacute; acostumbrada a estas peculiares ceremonias c&iacute;vicas que todo el mundo cumple con la misma mezcla de devoci&oacute;n e indiferencia que en los a&ntilde;os cincuenta se ten&iacute;a en las ciudades castellanas por la liturgia religiosa: cumplimiento del deber de conciencia en unos, y en otros un variable temor a perder la consideraci&oacute;n por parte de la sociedad; en muchos, una confusa mezcla de ambas cosas. Ser un buen cat&oacute;lico te colocaba en una escala de valores que te amparaba m&aacute;s como ciudadano que como persona, salvaba tu d&iacute;a a d&iacute;a m&aacute;s que tu aspiraci&oacute;n a la eternidad.</p>
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<p>En el apacible callejeo, mis acompa&ntilde;antes saludan a buena parte de la gente con la que nos cruzamos, al estilo de quien es alguien en una peque&ntilde;a ciudad; la gente viste bien, con ropa de calidad y marca, y muchas de las se&ntilde;oras que pasean en peque&ntilde;os grupos o que caminan a solas, se enfundan en caros y elegantes abrigos de pieles que entonan con la calidad de la arquitectura, el buen gusto de lo que exhiben los escaparates, o la excelencia de los productos que se exponen en la barra de la taberna que hemos abandonado hace un rato: el conjunto transmite la imagen de una sociedad refinada y opulenta lo que, para quien viene de fuera, convierte en bastante inexplicable que, por debajo, exista ese violento enfrentamiento entre espa&ntilde;olistas y nacionalistas, y sea uno de los puntos del mundo en que se libra una guerra. No cabe en la cabeza que por detr&aacute;s de las ostentosas joyer&iacute;as (consagraci&oacute;n de lo eterno) o tiendas <em>gourmet</em> (celebraci&oacute;n de lo ef&iacute;mero), por debajo de las elegantes instalaciones de este hotel con sus pretensiones decorativas de vieja aristocracia <em>british</em>, se muevan fabricantes de explosivos, pistoleros que le aprietan a alguien la bocacha de un arma en la sien o en la nuca, confidentes con las manos manchadas de sangre, polic&iacute;as torturadores, pistoleros y matones. Me esfuerzo por armonizar esa doble imagen, por superponer los dos planos ajustando los perfiles de una y otra para que formen una sola figura, pero me cuesta, no lo consigo, m&aacute;s a&uacute;n cuando por la noche ceno con los organizadores del acto en el que he intervenido, en un saloncito privado del Kursaal. El camino hasta all&iacute;: la arquitectura del Victoria Eugenia y el Casino, los globos luminosos del elegante puente del Kursaal, todo tan <em>belle &eacute;poque</em>, tan hecho para gustar, y esta gente afectuosa, amigable, tan civilizada, tan acostumbrada a comer y beber bien, tan amiga de cocineros y artistas, atravesada por esa latente pulsi&oacute;n de violencia: cuadra todo muy mal, el hedor de la sangre, los miembros esparcidos en mitad de esta calle que pisan zapatos elegantes. El centro en el que he dado la charla se llama Ernest Lluch en memoria del socialista asesinado por Eta. Las luces de Navidad componen consignas pol&iacute;ticas &ndash;ASKATUT, leo- como si pudiera existir una lucha que compaginara la sangre con el buen gusto. S&iacute;, ya lo s&eacute;, el nacionalismo, Franco lo exacerb&oacute;, claro que s&iacute;, yo estuve en Carabanchel por apoyar a los vascos en el siniestro consejo de guerra que se conoci&oacute; como Proceso de Burgos, conviv&iacute; en Carabanchel con Sabino Arana Bilbao, uno de los condenados en el proceso (evidentemente, no el ide&oacute;logo decimon&oacute;nico Sabino Arana Goiri), inteligente y generoso, y con un muchacho bueno y noble que se llamaba I&ntilde;aki Aizpuru Zubitu, los recuerdo con afecto, claro que s&iacute;, era el franquismo, hab&iacute;a que enfrentarse a &eacute;l, pero Franco se muri&oacute; hace m&aacute;s de treinta a&ntilde;os, y antes de Franco fue lo de Isabel II, fueron las guerras carlistas, el clericalismo y antirrepublicanismo de una gente que luchaba contra esa fr&aacute;gil flor que fue la I Rep&uacute;blica, los siniestros vaticanistas de <em>El intruso </em>de Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez, los curas montaraces, el oscuro mugido de violencia del que nos habla en sus novelas Baroja y, con una lucidez hiriente, S&aacute;nchez Ostiz.</p>
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<p>A la ma&ntilde;ana siguiente, antes de abandonar el hotel, otra vez el cielo cristalino y fr&iacute;o, el arco perfecto que forma la puntilla de espuma sobre la arena, los que caminan por la playa, los bracitos que salen intermitentemente del agua y los flotantes gorros multicolores de las mujeres que se ba&ntilde;an a pesar de los dos grados bajo cero de hoy, la sensaci&oacute;n de una ciudad hermosa, provinciana y serena, tan lejos del turismo chabacano del Mediterr&aacute;neo, donde sin embargo nadie tiene la impresi&oacute;n de tener que luchar por nada, ni de que le est&eacute;n quitando nada, cuando all&iacute; s&iacute; que les han quitado la historia, la arquitectura, el paisaje, los han despojado de todo, arruinado: a esos s&iacute; que los entender&iacute;a volando con explosivos de dinamita kil&oacute;metros de edificaciones, devorando las tripas de las rapaces que se los han estado comiendo a ellos. Y justo esos, se est&aacute;n quietos. Ni p&iacute;an.</p>
<p>De vuelta, me pongo en el coche la cinta de Mikel Laboa que me acaban de regalar, <em>Xoriak</em>. Escucho esa voz desgarrada, melanc&oacute;lica, trist&iacute;sima, y me entran ganas de llorar; el acompa&ntilde;amiento musical es a ratos jazz, en otros momentos se vuelve una sonata cl&aacute;sica, o te estremece con la <em>txalaparta</em>: fondo musical trabajad&iacute;simo, refinado, complejo, incluso sobrecargado de referencias al jazz, al blues, al soul, pero la voz de Mikel Laboa se impone, posee una hondura extra&ntilde;a, prehist&oacute;rica, es a ratos voz de la tribu, y en otros momentos grito de animal herido &ndash;ese p&aacute;jaro ciego, al que se refiere en la m&aacute;s hermosa canci&oacute;n del disco, y en la que Laboa le pone m&uacute;sica a un poema de Ungaretti. Entre los campesinos era costumbre pincharles los ojos a los jilgueros para que cantaran mejor. Hay una trama sonora culta en el disco, de ra&iacute;ces profundamente urbanas, cosmopolitas, a trav&eacute;s de la que se abre paso la voz de Laboa, que parece proceder de la oscuridad de los bosques, o de una herida abierta en el animal humano, lugares auditivos del dolor, topos ante los que uno se arruga temeroso. &ldquo;Dif&iacute;cilmente deja su lugar natal / quien all&aacute; tiene sus ra&iacute;ces. / Dif&iacute;cilmente deja su tierra el &aacute;rbol; / s&oacute;lo cuando lo abaten y lo hacen tablas&rdquo;, dice la traducci&oacute;n de un poema de Bernardo Atxaga que aparece en el libreto que acompa&ntilde;a al cd. Y tambi&eacute;n canta Laboa esa otra: &ldquo;El p&aacute;jaro / si le hubiera cortado las alas / habr&iacute;a sido m&iacute;o, / no habr&iacute;a escapado, / pero, /as&iacute; / habr&iacute;a dejado de ser p&aacute;jaro/ y era un p&aacute;jaro lo que yo quer&iacute;a&rdquo;.</p>
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<p>Cada uno de estos viajes dejo en casa la novela de Balzac. Me llevo otras lecturas. No quiero leer <em>Splendeurs</em> a salto de mata, y, sobre todo, no quisiera por nada del mundo perder el libro. &iquest;C&oacute;mo volver a encontrar un ejemplar en franc&eacute;s en pocos d&iacute;as? No me resignar&iacute;a a interrumpirlo a la fuerza: no es un libro sal&oacute;n, es un libro ciudad, un libro mundo. Es Par&iacute;s entero, incluso me atrevo a decir que es Francia entera. S&iacute;, el mundo. En Balzac, no hay paisaje: hay econom&iacute;a, clases sociales. El paisaje es un espacio econ&oacute;mico. Si habla de un bosque, enseguida lo mide en arpentas de tierra, e inmediatamente le pone el precio y la renta que puede dejar al a&ntilde;o, y nombra al propietario que lo tiene escriturado a su nombre. Tambi&eacute;n la vida social &ndash;incluido, c&oacute;mo no, el matrimonio, n&uacute;cleo financiero- es cuesti&oacute;n de rentas y dotes. La pasi&oacute;n situada fuera de la econom&iacute;a circula por el lado peligroso, y hay que controlarla, poni&eacute;ndole alg&uacute;n piso, comprando unos muebles y dejando caer un poco de dinero para atarla al circuito de la econom&iacute;a. No es dif&iacute;cil.</p>
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<p><strong>18 de diciembre</strong></p>
<p>Me<em> </em>cambian la direcci&oacute;n del correo electr&oacute;nico y, a pesar de que cumplo las instrucciones y compruebo con ayuda telef&oacute;nica del proveedor de internet que est&aacute; todo en orden, resulta que ya no puedo entrar como lo hac&iacute;a antes, ahora todo es m&aacute;s dif&iacute;cil e infinitamente m&aacute;s lento. En esos quehaceres (o quebraderos de cabeza) est&uacute;pidos, e intentando responder a las preguntas que me env&iacute;an para una entrevista, se me va medio d&iacute;a. La otra mitad &ndash;la ma&ntilde;ana- la he pasado en Denia. De camino, a la ida, a la vuelta, oigo el disco de Laboa que me regal&oacute; Hasier Etxeberria. Se me saltan las l&aacute;grimas oyendo esa voz desolada que chapurrea o se inventa letras en franc&eacute;s o en ingl&eacute;s, haciendo que <em>Ne me quittes pas</em> pierda la m&iacute;nima part&iacute;cula que pudiera quedarle de cursiler&iacute;a al texto de Brel, y se convierta en algo as&iacute; como el mugido de un buey al que arrastran al matadero y huele la sangre de sus cong&eacute;neres reci&eacute;n sacrificados; esa voz dolorida que recita historias de p&aacute;jaros que mueren durante el invierno en los bosques y cuyos esqueletos no encontramos cuando llega el buen tiempo (Atxaga), la que, con palabras de Ungaretti canta: morir como las alondras sedientas; o como la codorniz que, tras cruzar el mar, se rinde junto a las primeras matas de la reci&eacute;n alcanzada costa, porque ya no tiene ganas de volar. Mejor esas muertes que vivir lament&aacute;ndose como un jilguero al que han cegado. Tambi&eacute;n est&aacute;n los versos que inclu&iacute; en <em>Crematorio</em>: &ldquo;si le hubiera cortado las alas al p&aacute;jaro&hellip;&rdquo;<em> </em>O esos otros: &ldquo;Les abr&iacute;s las manos, las ventanas de vuestras casas y vuestros ojos. Alab&aacute;is a los p&aacute;jaros, les dedic&aacute;is halagos l&iacute;ricos&hellip; Pero los p&aacute;jaros os reh&uacute;yen&hellip;&ldquo;.<em> </em>Todo esto es muy hermoso y muy triste, me eleva y me hace sufrir.</p>
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<p>Por la noche, me paso un buen rato contemplando un espl&eacute;ndido libraco de fotograf&iacute;a titulado <em>Berl&iacute;n</em>, que ha publicado Taschen. Un siglo de la vida de la ciudad en im&aacute;genes, muchas de ellas tomadas por artistas que ten&iacute;an una mirada que a&uacute;n hoy nos sorprende por su originalidad, aunque, desde la perspectiva actual, nos admira, sobre todo, la belleza convulsa, violenta e incluso tr&aacute;gica, de un mundo que se ha ido; hablo de esa gente que construy&oacute; la ciudad y luego la vio destruida, que hoy ya no est&aacute;, pero cuyos cuerpos, sus caras, sus miradas, sus sonrisas o sus gestos de alegr&iacute;a o de preocupaci&oacute;n podemos ver, aunque s&oacute;lo sea en estas reproducciones en papel: eran ni&ntilde;os y jugaban, eran j&oacute;venes y bailaban, eran lecheros, eran carpinteros, transportaban cubas de agua en las que se manten&iacute;an vivas las truchas destinadas al mercado; remaban junto con otros miles de aficionados una tarde de domingo en aguas del Spree: el hechizo de toda esa gente que no est&aacute; y de la que las fotograf&iacute;as nos entregan algo de su cuerpo, de su vida; en una sola imagen, nos parece capturar incluso su car&aacute;cter (como piensan muchos pueblos primitivos: el retrato te roba el alma). El gesto, la pose en los que han sido sorprendidos y que han quedado fijados para siempre, los convierte en ellos mismos y, a la vez, en s&iacute;mbolos: del buen humor, de la felicidad, de la energ&iacute;a, de la laboriosidad, de la crueldad, de la diferencia de clases, de la brutalidad: la fotograf&iacute;a nos devuelve la realidad de entonces, pero sobrecargada de significado: esos personajes que sonr&iacute;en se nos convierten en la alegr&iacute;a de la juventud; los que beben juntos representan la camarader&iacute;a; y esos otros son el mundo del trabajo, o la altiva burgues&iacute;a, o la riqueza, o el poder, o la prostituci&oacute;n callejera: todo lo recogido en las instant&aacute;neas del &aacute;lbum de fotos nos llega sobrecargado, lo particular como metonimia, materializaci&oacute;n o concreci&oacute;n de ciertas ideas abstractas. La fotograf&iacute;a las ha convertido en signo, lo particular vuelto universal; el rasgo individual, materia de algo colectivo. La colecci&oacute;n de fotograf&iacute;as clasifica el universo urbano (&iexcl;el &aacute;lbum es Berl&iacute;n a lo largo de un siglo!), lo ordena, lo fija en una edad, en una actitud ante la vida, en una pertenencia: al fijar un momento de verdad, se convierte en una verdad de orden superior: instruye sobre lo general a partir de un rasgo, de un movimiento, de un primer plano o de un plano de detalle.</p>
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<p><strong>10 de febrero de 2008</strong></p>
<p><strong></strong>Hac&iacute;a a&ntilde;os que no le&iacute;a a Walt Whitman. Anoche volv&iacute; a caer entre sus brazos. Esa tremenda energ&iacute;a. Cog&iacute; sus <em>Obras</em> <em>completas</em> porque quer&iacute;a extraer una cita para lo de Leipzig, y ya no pude dejarlo: escribir una novela como el poema de Whitman que se titula <em>Manahatta</em>: en realidad, en esos versos est&aacute; toda la narrativa sobre la ciudad del siglo XX. Dos Passos y D&ouml;blin, desde luego. Pero incluso Selby, con su <em>&Uacute;ltima salida para Brooklyn</em>. O las novelas de Henry Roth. Seducido por los versos de Whitman, vuelvo a ponerme la pel&iacute;cula de Rutmann, <em>Berl&iacute;n. Sinfon&iacute;a de una ciudad</em>. Pienso que toda esa gente que va de ac&aacute; para all&aacute;, que trabaja, pasea, camina apresurada, o se divierte, e incluso buena parte de los paisajes urbanos que aparecen en la pel&iacute;cula, han desaparecido para siempre, ya no est&aacute;n, o s&oacute;lo est&aacute;n en esas sombras en blanco y negro que muestra la pantalla, como los carreteros y marineros de Whitman est&aacute;n s&oacute;lo en sus versos. La extra&ntilde;a fuerza de la palabra, de las im&aacute;genes (se entiende: del arte), los personajes de los cuadros holandeses, sus habitaciones y despachos, las elegantes ropas. En realidad, <em>Hojas de hierba </em>tiene algo de gran novela l&iacute;rica, narraci&oacute;n en verso. Ni siquiera me atrever&iacute;a a decir que le falta acci&oacute;n. Todo el poema est&aacute; marcado por un gran movimiento, a la vez colectivo e &iacute;ntimo: el nacimiento de una naci&oacute;n y la creaci&oacute;n de un yo que crece con ella, que se siente parte de ella, y pone su palabra como material de construcci&oacute;n del edificio patri&oacute;tico, que es el p&oacute;rtico de entrada a esa inmensa <em>koin&eacute;</em> en la que se agitan los hombres de todas las razas, de todos los oficios, de todas las lenguas: <em>Salut au monde! </em>&nbsp;</p>
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<p>Beniarbeig, 12 de septiembre de 2014. El aire trae ceniza en suspensi&oacute;n y huele a resina quemada.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 16 Dec 2016 09:29:06 +0000</pubDate>
    </item>
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      <title><![CDATA[J.M. Caballero Bonald: "Creo en la revelación, en la iluminación repentina, soy así de iluso"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/j-m-caballero-bonald-creo-en-la-revelacion-en-la-iluminacion-repentina-soy-asi-de-iluso/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/JOS_MANUEL_CABALLERO_BONALD.jpg" alt="" /></p>
<p>Jos&eacute; Manuel Caballero Bonald es una zona baja del Guadalquivir que transcurre parte del a&ntilde;o por el centro de la pen&iacute;nsula. Su piel sanluque&ntilde;a, su rostro, son el mapa a mano alzada de un tesoro escondido en las p&aacute;ginas de su literatura, mezcla perfecta de vida escrita, le&iacute;da, pensada, intuida y vivida. Las l&iacute;neas que siguen son el atisbo posible de una prosopograf&iacute;a.</p>
<p>- Hace tres a&ntilde;os conversamos en torno a la figura de &Aacute;ngel Crespo para otra entrevista en <em>Turia</em>. Entonces manifest&oacute; no disponer de ganas suficientes para escribir el tercer volumen de sus memorias, ese que, partiendo de la muerte de Franco, contendr&iacute;a el desenga&ntilde;o de la transici&oacute;n y llegar&iacute;a a nuestros d&iacute;as. &iquest;Puede que alguno de los movimientos en que est&aacute; dividido <em>Entreguerras</em> &ndash; 2012 - contribuya a paliar ese vac&iacute;o?</p>
<p>- No, no exactamente. <em>Entreguerras </em>es m&aacute;s bien un recuento de hechos vividos, libros escritos, experiencias que se me hab&iacute;an quedado como traspapeladas en la memoria y que ahora recupero o reconstruyo en este largo poema fluvial. M&aacute;s que de una prolongaci&oacute;n de mis Memorias, habr&iacute;a que hablar de un sondeo complementario, de una revisi&oacute;n selectiva, vista desde otro &aacute;ngulo, de mi historia personal.</p>
<p>La poes&iacute;a todo lo puede: historia &ndash; <em>La Iliada </em>-, autobiograf&iacute;a &ndash; <em>Espacio </em>-, ficci&oacute;n discursiva &ndash; <em>Divina comedia </em>-, filosof&iacute;a moral &ndash; <em>De la naturaleza de las cosas </em>-, ep&iacute;stola &ndash; B&eacute;cquer -. Caballero Bonald acaba de fusionar todos los g&eacute;neros en uno, el &uacute;nico, aquel que abraza &ldquo;la m&aacute;xima temperatura que puede alcanzarse con el manejo de la lengua&rdquo;: la poes&iacute;a. Este compendio de vida y literatura pretende ser, con los matices que veremos, el punto final de una carrera con la que ha logrado casi todo el prestigio que pueden otorgar las letras. La hip&oacute;tesis de que, con &eacute;l, haya terminado no solamente la literatura, sino la vida, es superada gracias a la sensaci&oacute;n de plenitud que produce el trabajo cumplido. M&aacute;s de tres mil versos: una catarata que a&uacute;na, intensa, deshielos del siglo XX y primeros del XXI; una salmodia que bajo la membrana de la ausencia proyecta insegura, pero casi feliz, un mon&oacute;logo interior que, al final, resulta un t&uacute; a t&uacute; mantenido con algo parecido a la eternidad.</p>
<p>- El prefacio de <em>Entreguerras</em> sali&oacute; publicado como <em>fragmento de un libro in&eacute;dito</em> al final de <em>Ruido de muchas aguas</em> -2010-, la antolog&iacute;a sustanciosa que Aurora Luque prepar&oacute; sobre usted. Hay pocos pero evidentes cambios entre aquella versi&oacute;n y la definitiva. &iquest;Hasta qu&eacute; punto modifica la correcci&oacute;n la esencia del impulso primero?</p>
<p>- De todos mis libros, este es, junto con <em>&Aacute;gata ojo de gato</em>, el que he escrito con mayor exaltaci&oacute;n y el que m&aacute;s trabajo me ha costado. Ha tenido hasta cuatro borradores en los que anduve suprimiendo, a&ntilde;adiendo, variando. Es cierto que toda correcci&oacute;n desvirt&uacute;a el sentido primordial de la experiencia que motiv&oacute; un poema, pero, a fin de cuentas, a m&iacute; lo que de veras me importa es el hecho literario consumado, no la fidelidad a las experiencias vividas. La poes&iacute;a tambi&eacute;n es un g&eacute;nero de ficci&oacute;n.</p>
<p>- Reconoce que <em>Entreguerras</em> posee algo de &uacute;ltima voluntad. &iquest;El autor puede actuar sobre su inspiraci&oacute;n, neg&aacute;ndola el paso? Antonio Gamoneda plane&oacute; el final con <em>Arden las p&eacute;rdidas</em> y luego naci&oacute; su nieta y escribi&oacute; <em>Cecilia</em>.</p>
<p>- Lo que no pienso hacer es plantearme un libro a largo plazo. Ya no me tienta para nada emprender un trabajo as&iacute;, tampoco me queda ya tiempo y adem&aacute;s me flaquea el &aacute;nimo. Pero poemas aislados s&iacute; que har&eacute;, supongo. Un poema, el presunto arranque de un poema, se cruza de repente por la cabeza y no voy a evitar esa tentaci&oacute;n. Claro que tambi&eacute;n puede ocurrir que ya no tenga ninguna necesidad de escribir poes&iacute;a y me dedique, como quien dice, a la vida contemplativa, que tampoco es mala elecci&oacute;n.</p>
<p>- La plana mayor de la cr&iacute;tica ha dedicado una opini&oacute;n inmejorable a <em>Entreguerras</em>. Debido a la ambici&oacute;n de g&eacute;neros que ampara, &iquest;puede que sea su libro de poes&iacute;a menos po&eacute;tico?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Pues yo creo que es un libro eminentemente po&eacute;tico. Aunque las fronteras de los g&eacute;neros est&eacute;n m&aacute;s o menos difuminadas, entrelazadas, la poes&iacute;a constituye claramente el fundamento. O eso es lo que yo he querido hacer. Sin embargo, es posible que el propio torrente reflexivo, el largo proceso acumulativo de la memoria, tienda en alg&uacute;n momento a la <em>narratividad</em>, pero eso s&oacute;lo ocurre de modo pasajero, lo que domina en todo el libro es el torrente po&eacute;tico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Intento explicarme mejor a m&iacute; mismo por medio de la poes&iacute;a&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Las&nbsp; primeras&nbsp; p&aacute;ginas&nbsp; de&nbsp; este&nbsp; poema-r&iacute;o&nbsp; dejan&nbsp; claro&nbsp; que&nbsp; la memoria tiene</p>
<p>mucho de desmemoria. Usted se presenta ignorante, incr&eacute;dulo, perdido, equivocado, err&aacute;tico: &ldquo;cuando ya nada es cierto sino aquello que incluye el rango de duda&rdquo;. El paso del tiempo otorga distancia con lo sucedido. &iquest;Favorece el juicio o lo nubla?</p>
<p>- No lo s&eacute;, o quiz&aacute; no me interese mucho saberlo. Me aturde un poco andar meti&eacute;ndome en esos atolladeros mentales&hellip; El paso del tiempo oscurece los recuerdos, qu&eacute; duda cabe, pero tambi&eacute;n ordena el caos general de la memoria. Y lo que yo he pretendido es eso: bucear en mi memoria, organizar el desorden, intentar explicarme mejor a m&iacute; mismo por medio de la poes&iacute;a.</p>
<p>- El pasado como incertidumbre, dolor y cementerio. Sin embargo, la nostalgia &ldquo;en todos los pret&eacute;ritos / hay un jir&oacute;n impuro que te acompa&ntilde;a igual que una / insidiosa cicatriz&rdquo;; &ldquo;el tiempo tiene algo de exequias de la credulidad&rdquo;; &ldquo;all&iacute; donde tambi&eacute;n se han ido amontonando los desperdicios de la historia / hasta formar un insepulto estorbo de afrentas malandanzas desmanes&rdquo;. El pasado siempre tiene algo de dudoso, de inseguro. Todo el que recuerda se equivoca de alg&uacute;n modo porque es pr&aacute;cticamente imposible reconstruir a ciencia cierta los hechos vividos, y m&aacute;s si esos hechos datan de hace cuarenta, cincuenta a&ntilde;os. Uno act&uacute;a siempre por aproximaciones, con la debida incertidumbre. Para m&iacute;, la incertidumbre es un est&iacute;mulo. No deseo llegar a ninguna verdad, sino valerme de la poes&iacute;a para arrojar un poco de luz sobre esa incertidumbre, sobre las nieblas de la memoria sin disiparlas del todo.</p>
<p>- Escribiendo <em>Tiempo de guerras perdidas</em> dec&iacute;a que 1939 le parece un tiempo inveros&iacute;mil. &iquest;El futuro es m&aacute;s o menos inveros&iacute;mil que ese pasado lejano?</p>
<p>- A mi edad el pasado se va haciendo cada vez m&aacute;s extenso, m&aacute;s inabarcable, mientras que al futuro le ocurre todo lo contrario: cada vez es m&aacute;s angosto, m&aacute;s exiguo. Y adem&aacute;s, el pasado y el futuro pueden ser igualmente inveros&iacute;miles y tambi&eacute;n se pueden alterar en la memoria, se pueden adaptar a los propios deseos.</p>
<p>- Su estilo ha virado del barroco a cierta austeridad, siempre en busca de lo oculto por medio de un lenguaje no exento de hermetismo y complicaci&oacute;n &ndash;&ldquo;el hermetismo no es m&aacute;s que el resultado de demasiada lucidez&rdquo;-. &iquest;Usted parte del irracionalismo por vocaci&oacute;n o por necesidad?: &iquest;puede que se debiera a que faltaba experiencia y, por tanto, memoria, la misma que despu&eacute;s ha sido la base de su creaci&oacute;n?</p>
<p><strong>- </strong>Ver&aacute;,<strong> </strong>yo siempre he entendido el irracionalismo como una v&iacute;a de conocimiento. Por lo com&uacute;n, he usado las herramientas irracionalistas para sacar conclusiones racionales. Adem&aacute;s, pienso que el hermetismo, la presunta oscuridad del poema, no es m&aacute;s que una consecuencia de la propia oscuridad de la experiencia que se pretende sacar a flote. Al fin y al cabo mi experiencia po&eacute;tica tambi&eacute;n tiene algo que ver con mi manera de ser, con mi modo de vivir, que tambi&eacute;n pueden ser bastante contradictorios.</p>
<p>- &ldquo;Al menos entend&iacute; lo m&aacute;s palmario: que la literatura se parece a una carta que el escritor se manda sin cesar a s&iacute; mismo&rdquo;. T&uacute;a Blesa, en la cr&iacute;tica a su &uacute;ltimo libro &ndash;que califica el mejor de su carrera-, recuerda que escribir es escribirse desde Montaigne; &eacute;l es quien pone &ldquo;las piedras fundadoras de la modernidad al instalar en el centro de la conciencia la conciencia de s&iacute;&rdquo;. Y cita a Machado: &ldquo;Converso con el hombre que siempre va conmigo&rdquo;. Hay, sin embargo, quienes ven en el yo excesivo precio de uno, ensimismamiento, egotismo.</p>
<p>- Bueno, ya que ha citado a Montaigne, tambi&eacute;n yo recojo en mi libro una conocida frase suya: &ldquo;Je suis moi m&ecirc;me la mati&egrave;re de mon livre&rdquo;. Por ah&iacute; podr&iacute;a encontrarse uno de los hilos conductores del pensamiento po&eacute;tico de <em>Entreguerras</em>, que es un largo soliloquio, una larga conversaci&oacute;n conmigo mismo, donde se hilvana una serie de preguntas que a lo mejor no tienen respuesta. &ldquo;Yo soy la materia de mi libro&rdquo; viene a ser como el enunciado de lo que tiene mi poes&iacute;a de ensimismada, de tentativa para entenderme mejor ahondando en mi experiencia&hellip;</p>
<p>La indagaci&oacute;n en el yo es, tal vez, la l&iacute;nea m&aacute;s recta para universalizar la experiencia. A esa tarea han dedicado esfuerzo, adem&aacute;s de Montaigne, autores insignes tales como Gustave Flaubert &ndash;&ldquo;Madame Bovary c&acute;est moi&rdquo;-, Charles Dickens -&ldquo;Si al final resultar&eacute; ser el protagonista de mi propia vida&rdquo;, comienza <em>David Copperfield</em>-, Marcel Proust &ndash;<em>En busca del tiempo perdido</em> no trata sino de las recordaciones del narrador-, y hasta P&eacute;rez Gald&oacute;s &ndash;fij&eacute;monos en la primera persona de <em>Fortunata y Jacinta</em>-. Esa es la tradici&oacute;n literaria en la que se debe enmarcar el uso que realiza Caballero Bonald, entrecort&aacute;ndolo de una sensibilidad enriquecida por la fusi&oacute;n de lo vivido y lo imaginado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Mi trabajo creador encauza po&eacute;ticamente tentativas para ver lo invisible&rdquo;</strong></p>
<p>A <em>Entreguerras</em> le precedieron <em>La noche no tiene paredes</em> -2009- y <em>Manual de</em></p>
<p><em>infractores</em> -2005-. Juntos componen la terna que perfecciona su po&eacute;tica. Esos t&iacute;tulos no le hicieron&nbsp; falta para obtener el Reina Sof&iacute;a de Poes&iacute;a y en tres ocasiones el Premio de la Cr&iacute;tica. Despu&eacute;s vinieron el Nacional de las Letras y el Nacional de Poes&iacute;a. Ha puesto de acuerdo en la alabanza a Jos&eacute; Carlos Mainer, a T&uacute;a Blesa, a Jos&eacute; Mar&iacute;a Pozuelo Yvancos, a Javier Lostal&eacute;, a Garc&iacute;a Posada, a Garc&iacute;a Jambrina, a Jenaro Talens. Seg&uacute;n Armas Marcelo es &ldquo;el escritor m&aacute;s importante de Espa&ntilde;a&rdquo; y seg&uacute;n Luis Mar&iacute;a Anson, &ldquo;no se puede escribir mejor&rdquo;.</p>
<p>Por supuesto, est&aacute; incluido en el proyecto antol&oacute;gico-po&eacute;tico en espa&ntilde;ol m&aacute;s ambicioso que la luz ha visto: <em>Las &iacute;nsulas extra&ntilde;as</em> -2002-, reuni&oacute;n de las mejores voces de la segunda mitad del siglo veinte a ambos lados del Atl&aacute;ntico firmada por Eduardo Mil&aacute;n, Andr&eacute;s S&aacute;nchez Robayna, Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente y Blanca Varela. No siempre el t&oacute;pico anula la elocuencia del motivo al que se refiere: resulta dif&iacute;cil sustraerse de la tentaci&oacute;n de citar a: Claudio Rodr&iacute;guez, Carlos Barral, &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez, Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente, Gil de Biedma, Garc&iacute;a Hortelano, Blas de Otero, Jos&eacute; Mar&iacute;a Valverde, Jos&eacute; Agust&iacute;n Goytisolo, Eladio Caba&ntilde;ero. Todos cayeron. De la Generaci&oacute;n del Cincuenta quedan Brines, Gamoneda y &eacute;l. Hablamos de una persona en la cima de la cima, consciente de que el que se salva de un naufragio &ldquo;siempre arrastrar&aacute; el fantasma persecutorio del mar defraudado&rdquo;. &Eacute;l, que se ha salvado de varios, alimenta los peces m&aacute;s profundos con la palabra. En ese tratamiento abisal radica la clave segunda de su obra, que abarca m&aacute;s vol&uacute;menes antol&oacute;gicos que originales exentos en verso y consta de memorias, novelas &ndash; <em>&Aacute;gata ojo de gata</em> es su favorita -, adaptaciones teatrales &ndash; Tirso, Lope, Rojas Zorrilla - y miscel&aacute;nea - el baile andaluz, G&oacute;ngora, Espronceda, Cuba -. &ldquo;El tema de Caballero Bonald (&hellip;) no es en &uacute;ltima instancia otro que el propio idiolecto po&eacute;tico, en el que por definici&oacute;n se contiene la propia moral&rdquo;. Aqu&iacute; tenemos un nuevo refuerzo del yo. El entrecomillado pertenece al pr&oacute;logo que Pere Gimferrer escribi&oacute; para <em>Doble vida</em> -1989-. El autor de <em>Arde el mar</em> -1966- a&ntilde;ade: &ldquo;Maneja un vocabulario con frecuencia abstracto (&hellip;) pero se sirve de &eacute;l conforme a leyes cercanas a las de la coloquialidad (&hellip;) Extremo en densidad, en rigor, llama la atenci&oacute;n de esta poes&iacute;a, por encima quiz&aacute; de cualquier otro rasgo estil&iacute;stico, la capacidad autogen&eacute;sica que en ella posee el lenguaje (&hellip;) Se suscita a s&iacute; mismo, se nutre a s&iacute; mismo, se propaga a s&iacute; mismo, se destruye a s&iacute; mismo, se redescubre a s&iacute; mismo: la palabra, aqu&iacute;, vive de la palabra, jam&aacute;s del palabreo o de la palabrer&iacute;a&rdquo;. Como consecuencia, &ldquo;pone en movimiento el habla, la tarea primigenia del poeta&rdquo;.</p>
<p>El yo fertiliza la relaci&oacute;n entre obra y vida. En el pr&oacute;logo de <em>Summa vitae</em> -2007- asume: &ldquo;Hay en mi poes&iacute;a un protagonista que (&hellip;) suele compartir mis observancias y transgresiones en asuntos de la vida cotidiana&rdquo;. En <em>Descr&eacute;dito del h&eacute;roe</em> -1997- consiente: &ldquo;Cu&aacute;ntos d&iacute;as bald&iacute;os / haci&eacute;ndome pasar por el que soy&rdquo;. &iquest;La m&aacute;scara es el agua que mancha la cara o aquella que la lava? &iquest;Es posible desprender sus costuras? Por un lado, se pone de parte de Rilke &ndash;quien consideraba necesario un n&uacute;mero de vivencias antes de escribir el primer verso de un poema- y titula la primera reuni&oacute;n completa de su poes&iacute;a <em>Vivir para contarlo</em> &ndash;1969-. Por otra, se distancia de las pr&aacute;cticas un&iacute;vocas de lo sentido por medio de la antolog&iacute;a <em>Doble vida</em>. El t&iacute;tulo procede del decimoctavo poema de <em>Laberinto de fortuna</em> -1984-, cuyos versos finales verifican: &ldquo;Mi memoria equidista de un espacio / donde no estuve nunca: / ya no me queda sitio sino tiempo&rdquo;. Al enunciado lo apoyan conclusiones m&aacute;s recientes: &ldquo;No hace falta que sean experiencias vividas de verdad, sino imaginadas&rdquo;. Al fin y al cabo, &iquest;no levant&oacute; pasarelas Jacques Lacan entre ling&uuml;&iacute;stica y psicolog&iacute;a al establecer: &ldquo;La verdad tiene estructura de ficci&oacute;n&rdquo;?</p>
<p>-&iquest;C&oacute;mo entrelaza el juego de ser y no ser en los poemas y en la vida?</p>
<p>-Esa es una cuesti&oacute;n bastante compleja, por ah&iacute; se puede llegar a uno de los soportes conceptuales del trabajo creador. Ya he recordado que la poes&iacute;a tambi&eacute;n es un g&eacute;nero de ficci&oacute;n, aparte de que para m&iacute; sea fundamentalmente un hecho ling&uuml;&iacute;stico, un acto de lenguaje. Lo que yo quiero encauzar po&eacute;ticamente son sobre todo im&aacute;genes, visiones de la parte oculta de la realidad, digamos que tentativas para ver lo invisible.</p>
<p>El estilo es el sost&eacute;n. Y gracias a &eacute;l la literatura se aleja de la cr&oacute;nica period&iacute;stica. Miguel Garc&iacute;a Posada explic&oacute; en <em>La palabra suficiente</em> -2000- que Caballero Bonald desarrolla &ldquo;una poes&iacute;a de lenguaje centr&iacute;peto &ndash;Northrop Frye-, voluntariamente opaca (&hellip;) porque el discurso verbal es al cabo su gran protagonista: (&hellip;) para extraer de su propia densidad las fuerzas de la revelaci&oacute;n, el <em>dictum</em> oracular que instaura la verdad o la ausencia de toda verdad frente a los discursos falaces&rdquo;.</p>
<p>-Llegamos a algo importante: se declara partidario de la articulaci&oacute;n art&iacute;stica como fundamento del texto literario. &iquest;Cree que los autores reflexionan sobre el sentido y las caracter&iacute;sticas generales del arte, sobre su mismo fundamento?</p>
<p><strong>-</strong>Por lo que yo s&eacute;, o por lo que yo leo, la literatura tiende hoy a la simplificaci&oacute;n, al esquematismo. En general, casi todos los escritores cuentan la vida tal como es, cultivan un realismo sin relieve, que copia la realidad, no la interpreta. Ofrecen una visi&oacute;n plana del mundo y no una interpretaci&oacute;n del mundo. Se desde&ntilde;a la preocupaci&oacute;n estil&iacute;stica, se escribe como se habla y todo eso&hellip; Cada vez me siento m&aacute;s desentendido de ese tipo de literatura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Es muy alarmante la idea de que el compromiso est&aacute; pasado de moda&rdquo;</strong></p>
<p>La pol&iacute;tica es otra manera de combatir la realidad. En su &uacute;ltimo libro habla de c&oacute;mo comenz&oacute; &ldquo;a activar una apremiante provisi&oacute;n de desobediencias&rdquo;; y no duda en indicar en las entrevistas la existencia de un franquismo &ldquo;latente&rdquo;. Tampoco reh&uacute;ye las obligaciones: &ldquo;Hay una sensaci&oacute;n de frivolidad, de neutralidad, de derechizaci&oacute;n, la idea de que el compromiso est&aacute; pasado de moda, que eso ten&iacute;a sentido en la &eacute;poca de la dictadura y que ahora ya no hace falta ning&uacute;n tipo de intervenci&oacute;n cr&iacute;tica. Eso es muy alarmante&rdquo;.</p>
<p>- Usted, con periodos de quebranto, parece vital y a su generaci&oacute;n se la llam&oacute; De la Felicidad: al franquismo se le combati&oacute; hasta desde la cantina &ndash;&ldquo;fue entonces cuando el lento el l&iacute;vido alacr&aacute;n de la ginebra / mediaba en la liturgia de todos los adictos residuales a la indocilidad&rdquo;-. &iquest;Hasta qu&eacute; punto la vivencia es importante para escribir? Estima que Onetti es el autor m&aacute;s importante de la segunda mitad del siglo XX y se pas&oacute; media vida en la cama.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Yo he sido bastante enfermizo y bastante depresivo. Hace tiempo me pas&eacute; m&aacute;s de un a&ntilde;o en la cama y mis experiencias en esa larga cura de reposo pudieron ser tan aprovechables como las vividas por ah&iacute; viajando, trasnochando&hellip; Ya le dije antes: a efectos literarios, da igual que la vida contada sea real o ficticia, si se consigue que el lenguaje, que las palabras, generen un mundo art&iacute;sticamente v&aacute;lido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La imaginaci&oacute;n puede llegar hasta donde la memoria no llega&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el volcado de la experiencia en la literatura funde los g&eacute;neros y convierte sus</p>
<p>libros de remembranza &ndash; <em>Tiempo de guerras perdidas</em> (1995) y <em>La costumbre de vivir</em> (2001) - en una especie de aventura protagonizada por &eacute;l mismo: <em>La novela de la memoria</em> - 2010 -. Dice que se propone narrar las cosas &ldquo;sin ning&uacute;n tipo de tapujos, recovecos o pistas falsas&rdquo;, o sea, conforme fueron vividas, lo cual nos devuelve al yo <em>real</em>. En cambio, hay hechos que prueban el recuerdo como una suerte de fantas&iacute;a. La ficci&oacute;n entrampada con la realidad &iexcl;surge hasta del propio &aacute;rbol geneal&oacute;gico heredado de la familia!, a cuyo pie figura el pr&iacute;ncipe Prisco Lavinio. Caballero no le da importancia: &ldquo;Una conjetura fantasiosa o un simple delirio especulativo&rdquo;. Puede que literalmente sea cierto; su apellido identificativo remite, por v&iacute;a materna, al vizconde y fil&oacute;sofo racionalista franc&eacute;s Bonald.</p>
<p>- En su caso, la memoria se interviene por la imaginaci&oacute;n. &iquest;La segunda no pervierte la primera? &iquest;Hay alg&uacute;n caso en que no puedan, o deban, unirse?</p>
<p><strong>- </strong>Se sabe que el funcionamiento de los recuerdos es muy complicado, muy arbitrario.<strong> </strong>Hay recuerdos deformados por la distancia, recuerdos falsos, recuerdos ajenos de los que uno se apropia, y as&iacute;&hellip; La imaginaci&oacute;n puede sustituir a la memoria si el trabajo creador lo requiere. O sea, que en t&eacute;rminos literarios lo que no se recuerda, se inventa.</p>
<p>A la hora de relatar un hecho emp&iacute;rico vuelve la duda. Se acuerda de cuando, en plena guerra civil, se escap&oacute; del colegio y film&oacute; con la mirada una secuencia &aacute;spera: ni&ntilde;os harapientos cazando un gato, una anciana temblorosa masticando gram&iacute;neas silvestres, un hombre envuelto en una manta cuartelera. Y a continuaci&oacute;n se pregunta: &ldquo;&iquest;Vi todo eso realmente o me imagino ahora que lo vi?&rdquo;. Incluso presenta dudas aquello fidedigno, pongamos una vivienda archisabida de Villamart&iacute;n, en Jerez, que revisitada ofrece un aspecto distinto: &ldquo;La visi&oacute;n desde el zagu&aacute;n coincid&iacute;a muy defectuosamente con la de mi memoria&rdquo;.</p>
<p>- En el debate entre ficci&oacute;n y realidad, &iquest;la memoria es la primera posible infiel, m&aacute;s que la imaginaci&oacute;n?</p>
<p>- Ya le digo, la imaginaci&oacute;n puede llegar hasta donde la memoria no llega. Algo que tambi&eacute;n se podr&iacute;a aplicar a los conceptos de realidad y ficci&oacute;n. Detr&aacute;s de la realidad hay siempre un enigma, y detr&aacute;s de la memoria un mundo imaginario, quiz&aacute; inveros&iacute;mil. Recuerdo que hace muchos a&ntilde;os, la primera vez que fui a Par&iacute;s, me ocurri&oacute; algo misterioso. Llegu&eacute; una ma&ntilde;ana a la estaci&oacute;n de Saint Lazare. Iba solo y pregunt&eacute; a un mozo si pod&iacute;a indicarme un hotel econ&oacute;mico por all&iacute; cerca. Me se&ntilde;al&oacute; uno en una calle aleda&ntilde;a, en la rue Amsterdam, y all&iacute; me dirig&iacute;. La se&ntilde;ora que me atendi&oacute; me condujo a una habitaci&oacute;n dici&eacute;ndome que fuera deshaciendo la maleta, que ya ir&iacute;a luego a inscribirme. Y en eso estaba cuando llamaron a mi puerta y o&iacute; que me llamaban: &ldquo;Monsieur Cabalego Bonald, au t&eacute;l&eacute;phone&rdquo;. Yo me qued&eacute; estupefacto. Nadie pod&iacute;a saber que estaba all&iacute;, tampoco me hab&iacute;a inscrito todav&iacute;a. La se&ntilde;ora me ratific&oacute; que era a m&iacute; a quien llamaban. As&iacute; que acud&iacute; al tel&eacute;fono y o&iacute; unas palabras m&aacute;s o menos ininteligibles. Eso fue todo. Uno de los enigmas que me ha acompa&ntilde;ado hasta hoy mismo. Algo muy ligado a lo que se entiende por enigmas de la realidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La memoria es un ajuste de cuentas contra uno mismo&rdquo;</strong></p>
<p>- En sus memorias desacraliza algunas vacas: Almod&oacute;var -&ldquo;modelo de la groser&iacute;a nacional&rdquo;-, Hemingway, Baroja,... Sabemos que despu&eacute;s de su publicaci&oacute;n dos personas le retiraron la palabra. Adem&aacute;s de contra otros y contra la realidad misma, &iquest;la memoria, en poes&iacute;a, en prosa, es un ajuste de cuentas contra uno mismo?</p>
<p>- S&iacute;, eso de ajustar cuentas con uno mismo puede ser uno de los soportes dial&eacute;cticos de las memorias. Es una especie de recapitulaci&oacute;n cr&iacute;tica de lo vivido o de lo que uno imagina que ha vivido. Y si hablo de cosas m&iacute;as con las que a lo mejor estoy en desacuerdo, &iquest;por qu&eacute; no iba a referirme a personas que me producen alg&uacute;n tipo de rechazo? Adem&aacute;s, el hecho de desmontar ciertos pedestales que considero falsos, es una ocupaci&oacute;n que te deja de lo m&aacute;s satisfecho&hellip;</p>
<p>Quien esto firma piensa que la Real Academia Espa&ntilde;ola no cumpli&oacute; con lo que se debe al hurtarse de un creador may&uacute;sculo. El desprecio de Caballero Bonald por el estereotipo, su af&aacute;n por la exploraci&oacute;n, la derivaci&oacute;n, los prefijos, el neologismo y, sobre todo, su clara voluntad de ampliar el significado de las palabras a partir de las conexiones que con ellas establece resulta un paralelismo con el viejo &ldquo;nuevo aspecto de las cosas&rdquo; que anunciaba Lucrecio. &ldquo;queriendo ansiosamente atribuir a la palabra la condici&oacute;n de fundadora / rehacerla seg&uacute;n su m&aacute;s impredecible capacidad reproductiva / su condici&oacute;n de inexistente antes del momento mismo de haber sido usada&rdquo;.</p>
<p>El mundo no empieza ni termina en la instituci&oacute;n sobre la que recae la directriz ling&uuml;&iacute;stica en nuestro idioma: a Francisco Umbral le parec&iacute;a m&aacute;s importante tener una silla en las tertulias del Caf&eacute; Gij&oacute;n que un sill&oacute;n en ella. Pero choca que el autor solvente con dos palabras el tema. Francisco Ayala, Carlos Bouso&ntilde;o y Alonso Zamora Vicente propusieron tres veces su candidatura y &ldquo;fue tres veces negada&rdquo;, tal y como reza <em>premonitoriamente</em> el primer verso de su poema &lsquo;El amor es como un c&iacute;rculo&rsquo;, de 1954. Era 1999. Para m&aacute;s inri, poco despu&eacute;s se daba el visto bueno a Arturo P&eacute;rez Reverte. Nieva habl&oacute; de &ldquo;fatalidad&rdquo;, Rico lo sinti&oacute; &ldquo;en el alma&rdquo; y Mu&ntilde;oz Molina estableci&oacute; mejor que nadie: &ldquo;Ha perdido la instituci&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>- En 2004 le pregunt&eacute; y zanj&oacute;: &ldquo;Cosas que pasan&rdquo;. En 2008 me dijo: &ldquo;No tiene importancia&rdquo;. &iquest;De verdad siente tanta indiferencia?</p>
<p>- Confieso que a m&iacute; me hac&iacute;a cierta ilusi&oacute;n ser acad&eacute;mico. Presentaron mi nombre y no me admitieron. Eso es lo que pas&oacute; y lo que acab&oacute; desilusion&aacute;ndome. Ahora ya no quiero ni o&iacute;r hablar de ese asunto. La Academia me trae sin cuidado. Punto.</p>
<p>- En <em>Prefiguraciones</em>, Anna Caball&eacute; deja caer que Camilo Jos&eacute; Cela<a title="" href="#_ftn1">[1]</a> pudo ejercer presi&oacute;n en contra&hellip;</p>
<p>- No s&eacute;&hellip;, es posible. No lo supe entonces y ya no me importa en absoluto saberlo.</p>
<p>- La figura Cela parece haberse difuminado despu&eacute;s de muerto. &iquest;Motivos literarios o personales?</p>
<p>- Cela fue una persona muy contradictoria, de trato dif&iacute;cil. Pasaba de ser muy tratable, muy bien educado, a ser un grosero, un insolente. Pero tambi&eacute;n fue un verdadero maestro del lenguaje, eso es indiscutible. Lo que ocurre es que entr&oacute; en una especie de decadencia literaria casi a continuaci&oacute;n de que le dieran el premio Nobel. Se copi&oacute; a s&iacute; mismo de manera desafortunada y ya no hab&iacute;a quien lo leyese. Pero ah&iacute; est&aacute;n algunos libros suyos ejemplares: <em>Mrs. Caldwell habla con su hijo</em>,<em> Oficio de tinieblas&hellip;</em></p>
<p>- Su particular y reconocible poes&iacute;a, lo ha dicho, indaga en la precisi&oacute;n, que ignoro cu&aacute;nto tiene ver con la de, por ejemplo, Juan Ram&oacute;n, autor al que admira. M&aacute;s que precisi&oacute;n, &iquest;se puede decir que usted aspira a <em>la palabra insustituible</em>?<strong> </strong></p>
<p>- Algo de eso he intentado, s&iacute;&hellip; Pero hablar de palabras insustituibles es un poco petulante, &iquest;no? Ya se sabe que un poema es, por definici&oacute;n, un artefacto que admite un infinito n&uacute;mero de correcciones. &iquest;Hasta d&oacute;nde hay que corregir para llegar a lo insustituible? Una pregunta tramposa. Porque pensar que algo es insustituible es como pensar en la perfecci&oacute;n. Y esa meta, naturalmente, no existe. A lo m&aacute;s que puede llegarse es a dar por buena una versi&oacute;n entre otras varias.</p>
<p>- Sostiene que el barroquismo &ldquo;nunca ha sido una complicaci&oacute;n sint&aacute;ctica ni l&eacute;xica ni una acumulaci&oacute;n de bellos t&eacute;rminos para llenar un vac&iacute;o, sino una aproximaci&oacute;n a la realidad a trav&eacute;s de palabras nunca usadas para definir esa realidad&rdquo;. Debido a la interpretaci&oacute;n que admite y a lo intrincado que se refiere, el hermetismo en poes&iacute;a, &iquest;es un l&iacute;mite o un punto de partida?</p>
<p>- Ser&aacute; en todo caso un l&iacute;mite, una situaci&oacute;n l&iacute;mite. Las experiencias intrincadas generan reglas po&eacute;ticas intrincadas. Ser&iacute;a absurdo hablar de ese hermetismo como un punto de partida. El poeta no se propone ser herm&eacute;tico, dificultoso, sino que lo es a medida que escribe, sin ning&uacute;n prop&oacute;sito previo. Sin duda, hay una poes&iacute;a clara, expl&iacute;cita, directa, pero no es desde luego la que yo practico.</p>
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<p><strong>&ldquo;Siempre me he sentido mitad rom&aacute;ntico, mitad surrealista&rdquo;</strong></p>
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<p>- Usted afirma no escribir como si le vigilara un jefe de negociado, sino cuando se siente absolutamente necesitado de hacerlo. &ldquo;Si me sale bien, sigo adelante, y, si no, lo dejo y en paz&rdquo;. Eso se suele entender en poes&iacute;a, pero usted ha escrito tambi&eacute;n novela y memoria atravesada de ensayo. &iquest;Aborda la escritura, al margen del g&eacute;nero, desde una &oacute;ptica exclusivamente po&eacute;tica, digamos, tocada por la <em>inspiraci&oacute;n</em>?, contra la opini&oacute;n casi generalizada de que esta debe pillar al autor trabajando.</p>
<p>- Aparte de que la inspiraci&oacute;n sea una especie de consecuencia del buen funcionamiento de la imaginaci&oacute;n, tambi&eacute;n se pueden cruzar por la cabeza otros est&iacute;mulos creadores, casi siempre derivados de la intuici&oacute;n. Creo en la revelaci&oacute;n, en la iluminaci&oacute;n repentina, soy as&iacute; de iluso. Quiz&aacute; eso me venga de mi gusto por ciertos componentes del romanticismo. Siempre me he sentido mitad rom&aacute;ntico, mitad surrealista.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Evocamos entonces sus versos: &ldquo;(&hellip;) un repliegue de indicios que me dejaron entender qui&eacute;n fui qui&eacute;n era / qui&eacute;n puedo seguir siendo antes que el tiempo acabe / antes que la memoria tal vez se angoste se consuma en puras descubiertas / por las bifurcaciones menos figurativas de la veracidad / palabras que se juntan como bocas como centellas en mitad de la noche&rdquo;.</p>
<p>Hablando de inspiraci&oacute;n y de misterio. Cuando era ni&ntilde;o le ense&ntilde;aron que los receptores de galena atraen el sonido por medio del azufre. Se ha referido a las se&ntilde;ales audibles flotando por las ondas de un modo que recuerda a los enigmas de las ideas. Para su profesor de Ciencias Naturales, don Marcelo, era &ldquo;una prueba m&aacute;s de la presencia divina en la naturaleza&rdquo;. Incluso, el escritor y poeta reuni&oacute; prontuarios con la intenci&oacute;n de huir de compuestos conocidos y ensay&oacute; combinaciones en busca de propiedades a&uacute;n ignoradas de un modo que despu&eacute;s llevar&iacute;a a la palabra. &ldquo;No s&eacute; si esa ambici&oacute;n me hab&iacute;a llegado por v&iacute;a gen&eacute;tica de las sabidur&iacute;as qu&iacute;micas de abuelo o bien se me hab&iacute;a transmitido espont&aacute;neamente a trav&eacute;s de las inducciones quim&eacute;ricas de la voluntad&rdquo;.</p>
<p>Entre un experimento y otro, lleg&oacute; a incendiar habitaciones y, por medio de la intuici&oacute;n, alumbr&oacute; fabricaciones dis&iacute;miles, entre ellas, la p&oacute;lvora. Fue una etapa de formaci&oacute;n &ldquo;por los atajos vertiginosos de una sabidur&iacute;a con trazas de clarividente&rdquo;. La literatura se lo agradecer&iacute;a a&ntilde;os despu&eacute;s. Prueban la instrucci&oacute;n en adivinaciones<a title="" href="#_ftn2">[2]</a> cuanto oy&oacute; a trav&eacute;s de minerales y los explosivos que fabricaba con las manos, pero tambi&eacute;n sus ojos, sometidos a leyes de una imprecisa procedencia. Se acuerda de un mendigo que barr&iacute;a el jard&iacute;n de su casa y suministraba tierra vegetal a cambio de un plato de comida que preparaba su madre. A&ntilde;os despu&eacute;s el suceso conscientemente olvidado emergi&oacute;: &ldquo;Se conoce que fui anotando todo en alg&uacute;n subalterno resquicio de la memoria&rdquo;. Y traspas&oacute; al menesteroso a uno de sus primeros poemas. Estando tan rodeado por el misterio desde ni&ntilde;o no extra&ntilde;a que atendiese a la s&uacute;plica de la poes&iacute;a.</p>
<p>- &iquest;D&oacute;nde hallamos el l&iacute;mite en los enigmas del arte? Para usted los poemas son una alianza de c&aacute;lculo y melod&iacute;a: &ldquo;las m&uacute;sicas que con las matem&aacute;ticas conforman la poes&iacute;a&rdquo;, exactamente. &iquest;La ciencia puede albergar <em>magia</em>?</p>
<p><strong>- </strong>El misterio est&aacute; agazapado detr&aacute;s de la realidad, lo estamos viendo a cada paso. Vas andando por la calle, viajas por ah&iacute;, te despiertas por la noche, y de pronto ocurre algo que no entiendes, algo que no tiene explicaci&oacute;n l&oacute;gica. La l&oacute;gica es siempre una mala compa&ntilde;&iacute;a po&eacute;tica. Ya le he contado esa experiencia de mi llegada a Par&iacute;s. Podr&iacute;a hablar de otras por el estilo&hellip; Existe en la ciencia, en la f&iacute;sica, el llamado principio de incertidumbre que puede aplicarse perfectamente a la indeterminaci&oacute;n de la vida cotidiana.</p>
<p>- Entre los temas bonaldianos tenemos la noche, el mar, la infancia y el mito. &iquest;Es este una realidad superior? &iquest;Corre peligro?</p>
<h1>- Soy un simbolista, en el sentido m&aacute;s estricto de ese t&eacute;rmino. Ya se sabe que el simbolismo, como tal concepto est&eacute;tico, rechaza la copia fiel de la realidad y busca equivalencias entre lo oculto y lo perceptible. Todo eso de la sinestesia usada digamos que para dar visibilidad a lo invisible. Lo que se ha llamado con mucho tino &ldquo;matem&aacute;tica tiniebla&rdquo;.</h1>
<p>- Tom&oacute; el habla, se ha dicho, en el punto en que fue legado por los poetas del veintisiete. &iquest;Est&aacute; al cabo de los derroteros actuales de la poes&iacute;a? &iquest;Cree que hay continuidad intergeneracional?</p>
<p>- Quiz&aacute; mis antecedentes po&eacute;ticos m&aacute;s evidentes vengan de G&oacute;ngora y luego de Juan Ram&oacute;n y de Cernuda y de Lorca y de los simbolistas franceses&hellip; Yo soy el poeta que soy porque antes le&iacute; a esos poetas, que son los que me dejaron una huella m&aacute;s emocionante. Siempre ocurre as&iacute;. En cuanto a la poes&iacute;a actual, procuro estar al tanto. Me identifico muy bien con algunos j&oacute;venes que pretenden ramificaciones nuevas dentro del simbolismo, que es en lo que yo tambi&eacute;n he andado trabajando.</p>
<p>Ma&ntilde;ana parte hacia Sanl&uacute;car. Apagamos la grabadora y enciende las maletas. Le espera el aliento del mar. &ldquo;La verdad es que nunca se ha vivido lo suficiente si no se ha naufragado un poco&rdquo;, expone en el pr&oacute;logo a <em>Mar adentro</em> -2001-. En ese libro, el mar &ldquo;es como si ocupara una habitaci&oacute;n sin paredes&rdquo;. Y al invocar esas palabras cae la noche. El mar tambi&eacute;n est&aacute; lleno de memoria, como la sombra. Y de palabras -&ldquo;cuya naturaleza nadie conoce sino despu&eacute;s de haber sido escritas&rdquo;-.</p>
<p>En la oscuridad, como en el poema, no queda sitio, pero s&iacute; tiempo, que es mejor. La luz m&aacute;s prestidigitadora nace de la oscuridad y el misterio de lo inexplicable ofrece como resultado su misma presencia siempre sigilosa. Recuerda Caballero que si perdiera la memoria no escribir&iacute;a. En sus palabras hay coral: &ldquo;Suenan rastros de luz por dentro de la noche / (&hellip;) / Imagen ya de mi exterminio, / se realiza de nuevo cuanto ha muerto. / Mi propia profec&iacute;a es mi memoria. / Mi esperanza de ser lo que ya he sido&rdquo;<a title="" href="#_ftn3">[3]</a>.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp; Caballero Bonald fue secretario de redacci&oacute;n en la revista <em>Papeles de Son Armadans</em>, dirigida por Cela. En <em>La costumbre de vivir</em> refiere los m&aacute;s que menos que mantuvo con Rosario Conde, esposa del Nobel. &ldquo;Fue una decisi&oacute;n que inclu&iacute;a de antemano la pr&oacute;rroga de sus propias y furtivas implicaciones morales. La experiencia tuvo sus l&oacute;gicos desv&iacute;os traum&aacute;ticos y las mismas circunstancias en que se produjo, o se fue produciendo, acabaron afect&aacute;ndome seriamente y con muy contradictorios da&ntilde;os sicol&oacute;gicos&rdquo;. Duda met&oacute;dica: &ldquo;&iquest;Me reconozco de veras en el que ahora creo que fui, en ese personaje secreto del que nunca habl&eacute; y que s&oacute;lo coincide con el que se ha ido adecuando a lo que podr&iacute;an ser los c&iacute;rculos externos de mi personalidad? (&hellip;) A lo mejor todo eso no era sino el resultado de una difusa inseguridad, un intermitente reclamo de la raz&oacute;n para que me defendiera del tiempo venidero renunciando de antemano a todo aquello que no iba a poder alcanzar o que me iba a conducir hacia donde yo no quer&iacute;a. Es una idea bastante pretenciosa, am&eacute;n de extravagante, pero en ning&uacute;n caso me parece infundada&rdquo;.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Las adivinaciones</em> es su primer libro de poes&iacute;a, de 1952.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Memorias de poco tiempo</em>, 1954.</p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Fri, 16 Dec 2016 09:20:19 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Francisco J. Uriz: un explorador en la jungla de las palabras]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/j-uriz-un-explotador-en-la-jungla-de-las-palabras/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/uriz500.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>1. El traductor Francisco J. Uriz (con una coda para aragoneses)</strong></p>
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<p>Apostar&iacute;a algo importante a que el curr&iacute;culum v&iacute;tae de Francisco J. Uriz es casi tan voluminoso como este tomo de <em>Turia</em> que, agazapado lector, tienes en las manos. Y, en todo caso, estoy seguro de que tomando exclusivamente su labor literaria, listando la bibliograf&iacute;a primaria de sus poemas, obras de teatro, art&iacute;culos, pr&oacute;logos, columnas, reportajes o, sobre todo, traducciones, obtendr&iacute;amos un nuevo libro que alcanzar&iacute;a al menos esas mismas doscientas p&aacute;ginas que comprenden sus entretenid&iacute;simas memorias, <em>Pas&oacute; lo que recuerdas</em> (Zaragoza, Biblioteca Aragonesa de Cultura, 2006), y que podr&iacute;a servir de anejo perfecto para las mismas (y para esos <em>Accesorios y complementos</em>, tambi&eacute;n muy personales pero m&aacute;s miscel&aacute;neos y centrados en asuntos suecos, que public&oacute; en 2008 en Zaragoza, Libros del Innombrable).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aparte de sus tareas como profesor, int&eacute;rprete contratado por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Suecia (responsabilidad que, entre otras cosas, le llev&oacute; a acompa&ntilde;ar a su admirado Olof Palme en sus visitas oficiales a Hispanoam&eacute;rica), informal consejero de la Academia Sueca o promotor, fundador y director de la Casa del Traductor de Tarazona, detr&aacute;s de su impagable aportaci&oacute;n a la literatura hay un hombre tenaz, ilusionado y algo zumb&oacute;n que tiene mucho de artesano pero tambi&eacute;n un poco de jornalero. Como si hubiera hecho suyo el lema de su ilustre amigo Artur Lundkvist ("Hay que evitar el escepticismo paralizante y actuar como si se pudiese cambiar el mundo y mejorar la Humanidad": <em>Pas&oacute; lo que recuerdas</em>, p. 158), Uriz se ha movido desde el principio hasta hoy mismo con un impulso constructor que es mezcla de pasi&oacute;n y cabezoner&iacute;a, de amor por las letras y de af&aacute;n de ofrecer a su pr&oacute;jimo las cosas que a &eacute;l le han hecho disfrutar, de compartir con nosotros textos extraordinariamente valiosos a los que dif&iacute;cilmente podr&iacute;amos haber accedido sin su intermediaci&oacute;n. De ese modo Uriz es, a sus ochenta y dos a&ntilde;os, mucho m&aacute;s joven que la mayor&iacute;a de personas que conozco, si por juventud entendemos las ganas de aprender y ense&ntilde;ar, el apetito por descubrir, la vocaci&oacute;n de explorador en la jungla de palabras y la conservaci&oacute;n de cierta ingenuidad, e incluso candor (que para m&iacute; son, por supuesto, sustantivos elogiosos), que le hacen perseverar en esa b&uacute;squeda, en ese rastreo que se hace sin impaciencia, sin prisa, sin ansiedad, casi siempre con una actitud que, por sabia, inteligente y veterana, se muestra sonriente, bienhumorada, te&ntilde;ida de una alegr&iacute;a elemental. Si se me admite la peque&ntilde;a paradoja, el suyo es un trabajo muy serio y consciente que, sin embargo, se lleva a cabo con cierta despreocupaci&oacute;n de fondo, pero ese desenfado lo enriquece. Responsable, constante y cumplidor en lo profesional, sereno y ligero de equipaje en lo vital, Uriz lleva en s&iacute; una mezcla de virtudes y talentos que explican sus resultados y credenciales. &Eacute;l, adem&aacute;s, se lo pasa bien, y eso se nota y se contagia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Unas pocas l&iacute;neas arriba he escrito "vocaci&oacute;n", y sobre eso escribi&oacute; tambi&eacute;n en su libro de recuerdos, al considerar que la vocaci&oacute;n verdadera implica "f&eacute;rrea voluntad y mucho trabajo", y que, emparentada por tanto con el azar, "depende de genes o de una predisposici&oacute;n natural que nadie sabe qui&eacute;n ha metido all&iacute; donde est&eacute;" (p. 67). No hay duda de que no hay modo de escapar a esa suerte de <em>fatum</em>, pues, aunque las citadas memorias terminan con un amago de despedida de Uriz como traductor, asegurando que "voy a terminar lo que tengo muy avanzado [...] y ya" (p. 187), lo cierto es que casi diez a&ntilde;os despu&eacute;s Uriz sigue felizmente activo, sin que su ritmo de publicaciones se haya visto reducido en absoluto. De hecho, uno de los mejores y m&aacute;s sorprendentes libros de poes&iacute;a que se ha publicado en Espa&ntilde;a en 2014 ha llegado hasta nosotros gracias a &eacute;l: me refiero al deslumbrante <em>Alfabeto</em> de la danesa Inger Christensen (publicado en Madrid por Sexto Piso), a quien Uriz ya tuvo en cuenta en su monumental antolog&iacute;a <em>Poes&iacute;a n&oacute;rdica</em> (Madrid, Ediciones de la Torre, 1995), tit&aacute;nico trabajo que le llev&oacute; a merecer el Premio Nacional a la Mejor Traducci&oacute;n de ese a&ntilde;o (galard&oacute;n al que en 2012, por fin, se uni&oacute; el Premio Nacional a la Obra de un Traductor).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La tard&iacute;a publicaci&oacute;n en Espa&ntilde;a de ese magistral libro de Christensen (de la que ahora, en marzo de 2015, se publica <em>Eso</em>, tambi&eacute;n en Sexto Piso y por supuesto tra&iacute;do de nuevo a nuestro idioma por Uriz) es s&oacute;lo el hito m&aacute;s reciente de un listado de centenares de traducciones de textos de sobrecogedora calidad entre las que cabe destacar un pu&ntilde;ado de libros necesarios (que en parte acabo de recordar apresuradamente en el art&iacute;culo "Algo de lo que debemos a Uriz", publicado en el n&uacute;mero 6 de la revista zaragozana <em>Crisis</em>, dedicado monogr&aacute;ficamente a Suecia). Si algo querr&iacute;a saber expresar en estas primeras notas que ando garabateando es que esos miles de p&aacute;ginas de literatura sueca que Uriz nos ha acercado son sencillamente imprescindibles para entender determinados detalles y tal vez tambi&eacute;n tendencias de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola de los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os, perceptibles especialmente en la obra de los nacidos en la d&eacute;cada de los setenta. Autores principales de esa generaci&oacute;n como Carlos Pardo, Abraham Gragera o Mart&iacute;n L&oacute;pez-Vega han dejado reconocida por escrito su deuda con esas lecturas (m&aacute;s o menos visible en sus propios versos), y no hace falta ser especialmente perspicaz para adivinar en muchos otros poetas j&oacute;venes actitudes y melod&iacute;as que eran desconocidas entre nosotros antes de la recepci&oacute;n en espa&ntilde;ol de la obra de los suecos Harry Martinson, Gunnar Ekel&ouml;f o Tomas Transtr&ouml;mer, del dan&eacute;s Henrik Nordbrandt o de los finlandeses Claes Andersson y Marta Tikkannen. Con un poco de tiempo se podr&iacute;a documentar y demostrar esa influencia, cotejando versos espa&ntilde;oles de las &uacute;ltimas promociones con el tono de la poes&iacute;a escandinava (que no es el modo personal como Uriz traduce, seg&uacute;n han pensado algunos, sino realmente un estilo m&aacute;s o menos com&uacute;n que, con variantes naturales junto a heterodoxias y desobediencias de todo signo, caracteriza e ilumina buena parte de la poes&iacute;a de aquellos fr&iacute;os lugares, y muy espec&iacute;ficamente la que procede de Suecia, pa&iacute;s que oficialmente ha reconocido, agradecido y premiado la larga y profunda dedicaci&oacute;n de Uriz a difundir su cultura), y concluir&iacute;amos que una porci&oacute;n muy considerable de lo mejor de nuestras &uacute;ltimas cosechas nacionales (o al menos lo m&aacute;s celebrado y prestigioso) tiene mucho menos que ver con la tradici&oacute;n hisp&aacute;nica que con la del Norte de Europa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y por ello, por la determinante huella que el trabajo como traductor de Uriz ha dejado en la nueva literatura espa&ntilde;ola, por el modo en que ha inspirado y ha contribuido a articular la voz de los pen&uacute;ltimos poetas espa&ntilde;oles -que a su vez influyen indisimuladamente a los &uacute;ltimos...-, por su propia calidad y por su inesperada trascendencia..., considero indiscutible su importancia en el &aacute;mbito de las letras y, as&iacute;, me parece incomprensible y casi aberrante que hasta hoy los sucesivos jurados del Premio de las Letras Aragonesas hayan ido dejando pasar el nombre del zaragozano por juzgar que no es pertinente tener en cuenta a traductores, por buenos que sean o por consagrados que est&eacute;n. Uriz no es s&oacute;lo, cualitativa y cuantitativamente, un grand&iacute;simo y sobresaliente traductor, internacionalmente aplaudido (pues tambi&eacute;n ha publicado con mucha frecuencia en Am&eacute;rica Latina), sino alguien que, para decirlo simplemente, ha cambiado y mejorado las cosas como muy pocos de nuestros paisanos. Y adem&aacute;s cuenta, como autor, con una obra po&eacute;tica, dram&aacute;tica, cr&iacute;tica y testimonial m&aacute;s que notable, digna de gran estima y de la mayor atenci&oacute;n.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>2. El poeta Francisco J. Uriz.</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Apartadas de mi mesa de trabajo las memorias de Francisco J. Uriz y las inestables pilas de sus traducciones, me quedo con un solo volumen ante m&iacute;. Se trata de la <em>Poes&iacute;a reunida</em>, publicada por Libros de Innombrable en diciembre de 2012, cuando su autor llegaba a los ochenta a&ntilde;os de vida.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En estas seiscientas cincuenta p&aacute;ginas de versos se recopilan en realidad pocos libros, los &uacute;nicos seis que Uriz ha publicado exentos a lo largo de las d&eacute;cadas, a los que habr&iacute;a que sumar los poemas dispersos que el poeta ha ido colocando aqu&iacute; y all&aacute;, en revistas, antolog&iacute;as, cat&aacute;logos o libros monogr&aacute;ficos, textos a veces de circunstancias o de encargo que van desde sus primeros tientos l&iacute;ricos en la d&eacute;cada de los sesenta hasta "Poderosa Afrodita", el par&oacute;dico y ripioso poema que ha entregado recientemente para acompa&ntilde;ar a una de las subversivas acuarelas que "SEM", seud&oacute;nimo tras el que tal vez se ocultaban Valeriano y Gustavo Adolfo B&eacute;cquer, dibuj&oacute; bajo el osado t&iacute;tulo de <em>Los Borbones en pelota</em> (Zaragoza, Olifante, 2014).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como testimonio retrospectivo de hasta qu&eacute; punto la trayectoria vital y literaria de Uriz ha estado unida a Suecia, sus dos primeros libros de poemas se publicaron no s&oacute;lo en sellos de all&aacute; sino traducidos al sueco por su mujer, Marina Torres, y por Artur Lundkvist, junto al texto original. Son <em>Ett skri &auml;r ett skri &auml;r ett / Un grito es un grito es un grito es un grito</em> (Estocolmo, Raben &amp; Sj&ouml;gren, 1969) y <em>Janus' ansikten / Las caras de Jano</em> (Estocolmo, Arbetarkultur, 1983). Los otros cuatro fueron publicados en Zaragoza por Libros del Innombrable: <em>Un rect&aacute;ngulo de hierba </em>(2002), <em>Mi palacio de invierno</em>&nbsp; y <em>Cuaderno de cuadraturas</em> <em>y otras incorrecciones</em> (en un solo volumen de 2005) y, finalmente, <em>Cuaderno de bit&aacute;cora</em> (2009).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En <em>Pas&oacute; lo que recuerdas</em> (p. 67 y ss.) Uriz ha evocado c&oacute;mo fue gest&aacute;ndose <em>Un grito es un grito es un grito es un grito</em>, poemario monogr&aacute;fico sobre la guerra de Vietnam: "No pretend&iacute;a cambiar el mundo ni frenar la guerra sino mostrar mi rechazo personal, manifestar mi repulsa a una pol&iacute;tica imperialista" (p&aacute;g. 68). Es, pues, poes&iacute;a social y comprometida en su variante m&aacute;s cruda y descarnada, y lo que urge y palpita en ella es la informaci&oacute;n, la denuncia, el "yo acuso"..., pero que lo fundamental sea lo que se dice no implica que no se cuide el c&oacute;mo se dice, aunque Uriz, como es habitual en ese tipo de poes&iacute;a combativa, somete al lenguaje a las necesidades del mensaje, prescindiendo incluso de puntuaci&oacute;n, may&uacute;sculas y desestructurando la sintaxis para obtener una comunicaci&oacute;n m&aacute;s eficaz. De ese modo, en este debut po&eacute;tico leemos muchos "titulares" a los que se les da la vuelta, buscando y exponiendo sus trampas; estructuras paralel&iacute;sticas que desnudan la falaz l&oacute;gica aristot&eacute;lica de otros discursos; interrogaciones ret&oacute;ricas; datos expuestos con prosa&iacute;smo que dan pie a una conclusi&oacute;n hermosamente literaria... Un poema sobre los bombardeos titulado "escalada" que comienza as&iacute;: "la sombra / es luz / interrumpida en su camino / luz / que no llega / a su destino / -si la luz tiene destino-", se cierra con dolorosa belleza: "si la ley de la gravedad no tiene patria / el &uacute;nico lugar seguro es el cielo" (en <em>Poes&iacute;a reunida</em>, p. 159).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Artur Lunkvist cre&oacute; por aquellas fechas una cierta controversia en el seno de la muy politizada poes&iacute;a sueca de la &eacute;poca al afirmar que "el compromiso literario del escritor es comprometerse con la literatura misma y luego, aparte, est&aacute; su compromiso o militancia pol&iacute;tica" (<em>Pas&oacute; lo que recuerdas</em>, p. 71). Pero el tono de la &oacute;pera prima del poeta zaragozano no es incoherente ni incompatible con esa apreciaci&oacute;n cuando lo que realmente m&aacute;s te preocupa, ocupa e indigna en tu d&iacute;a a d&iacute;a es esa guerra, la injusticia, la violencia contra los inocentes. Es dif&iacute;cil escribir sobre cualquier otra cosa en tiempos como aqu&eacute;llos, especialmente cuando el autor dedicaba buena parte de su tiempo a asambleas, debates y publicaciones pol&iacute;ticas, multiplicadas desde su ingreso en 1963 en el Partido Comunista. Pero los buenos poetas encuentran caminos originales y sublimes para transmitir esas cosas, y Uriz hace bien en reproducir &iacute;ntegramente en sus memorias los catorce preciosos y sencillos versos de "belleza de Estocolmo", uno de los mejores poemas que ha escrito nunca, en el que, seg&uacute;n &eacute;l mismo, "polemizaba con aquellos que nos exig&iacute;an saber todo de Vietnam, su historia, la de Estados Unidos, las caracter&iacute;sticas del napalm, la velocidad de los bombarderos, los acuerdos de paz de Indochina, etc&eacute;tera, para poder criticar la agresi&oacute;n norteamericana" (<em>Pas&oacute; lo que recuerdas</em>, p&aacute;g. 68). El poema es &eacute;ste (lo copio de <em>Poes&iacute;a reunida</em>, p&aacute;g. 82, donde encuentro tres variantes poco significativas con respecto al que se volvi&oacute; a publicar en <em>Mi palacio de invierno</em>: ver p&aacute;g. 287):</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>agua n&oacute;rdica</p>
<p>bella azul met&aacute;lica</p>
<p>lago Melgar</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>nunca he visto una gota de agua</p>
<p>a trav&eacute;s del microscopio</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>desde el puente observo</p>
<p>la belleza</p>
<p>el hielo separa sus muslos</p>
<p>para dar a luz</p>
<p>el agua de primavera</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;microscopio?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>me basta</p>
<p>ver el azul met&aacute;lico del lago Melar</p>
<p>para tomar partido</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Catorce a&ntilde;os transcurrieron antes de que Uriz publicase un segundo libro de poemas, pero cuando lo hizo, en 1983 (y de nuevo en edici&oacute;n biling&uuml;e, con versi&oacute;n al sueco de Torres y Lundkvist), el poeta insist&iacute;a en una po&eacute;tica muy deliberadamente ideologizada. En el "Pr&oacute;logo" a <em>Poes&iacute;a reunida</em> Uriz ha explicado que quiso titular el libro "Relaciones de producci&oacute;n" (un sintagma que se lee muchas veces en su interior), pero Lundkvist le disuadi&oacute; y la balanza termin&oacute; cediendo hacia el lado del menos expl&iacute;cito <em>Las caras de Jano</em>, al que se a&ntilde;adi&oacute; el subt&iacute;tulo aclarador<em> Diario de una d&eacute;cada -1960-1970- de esperanzas y frustraciones</em>. El libro, pues, se hab&iacute;a ido escribiendo mucho antes de su aparici&oacute;n y a lo largo de bastante tiempo. "M&aacute;s que un poemario -ha explicado su autor en esa misma introducci&oacute;n- es una autobiograf&iacute;a externa, es decir, mis reacciones a acontecimientos pol&iacute;ticos de esos a&ntilde;os" (p&aacute;g. XII). El ep&iacute;grafe de la primera secci&oacute;n del libro, de Attila J&oacute;zsef, dice: "Anda, poes&iacute;a, participa en la lucha de clases" (p&aacute;g. 101), toda una declaraci&oacute;n de intenciones a la que Uriz se abalanza con gusto para hablar del Che Guevara, Cuba, la "Primavera de Praga" o el Tercer Mundo, aparte de las situaciones en Espa&ntilde;a (en la secci&oacute;n "Mi pa&iacute;s 1") y Suecia (en "Mi pa&iacute;s 2"), en una ensalada de acontecimientos, personajes y an&eacute;cdotas que recuerda a los poemarios de su amigo Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el libro hay cabida para todo, pero en general prosigue con el tono de <em>Un grito es un grito es un grito es un grito</em>, prolongando su lenguaje directo, poco artificioso y a menudo afor&iacute;stico, su humor algo desenga&ntilde;ado o su protesta dolorida, pero dejando tambi&eacute;n lugar para una cierta esperanza (como en el poema "la cu&ntilde;a": p. 175, que volver&aacute; a figurar en <em>Mi palacio de invierno</em>: p&aacute;g. 309), que se mezcla con un punto de pesimismo ya un tanto oto&ntilde;al con respecto a las utop&iacute;as. En el mejor poema de <em>Las caras de Jano</em>, "sentido de la proporci&oacute;n", dedicado a su hijo Juan Uriz Torres, se dir&iacute;a que el poeta, acaso sin darse cuenta, pasa al ni&ntilde;o el testigo de las ilusiones (<em>Poes&iacute;a reunida</em>, 120; y de nuevo en <em>Mi palacio de invierno</em>: p. 315):</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alguien le hab&iacute;a dicho en la guarder&iacute;a:</p>
<p>"Si te llevas al o&iacute;do una caracola</p>
<p>oir&aacute;s el oleaje del mar".</p>
<p>Pas&oacute; el tiempo y &eacute;l segu&iacute;a fascinado</p>
<p>por el insondable misterio.</p>
<p>Siempre anhel&oacute; o&iacute;r el oleaje del mar en una caracola.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mi hijo se llev&oacute; al o&iacute;do una concha min&uacute;scula</p>
<p>y estall&oacute; en alegr&iacute;a: "&iexcl;Pap&aacute;, ya oigo el oleaje!"</p>
<p>mientras pase&aacute;bamos por una playa</p>
<p>azotada por un clamoroso viento, en T&uacute;nez.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Casi completamente distinto, al menos en cuanto a lo tem&aacute;tico, fue el tercer libro de Uriz, <em>Un rect&aacute;ngulo de hierba</em>, en el que se abordaba monogr&aacute;ficamente el mundo del f&uacute;tbol, otra de las grandes pasiones de este poeta (de la que ha recopilado dos simp&aacute;ticas antolog&iacute;as: <em>Poes&iacute;a a patadas. Antolog&iacute;a de poes&iacute;a futbolera</em>, peque&ntilde;o volumen no venal que se public&oacute; en 2009 en C&oacute;rdoba bajo el sello del festival de poes&iacute;a Cosmopo&eacute;tica, y la mucho m&aacute;s amplia <em>El gol nuestro de cada d&iacute;a. Poemas sobre f&uacute;tbol</em>, publicada en Madrid por Vaso Roto en 2010, con un pr&oacute;logo soberbio de Miguel Pardeza). Este libro, como todos los de poemas de Uriz, es irregular y m&aacute;s voluminoso de lo que suelen serlo los de versos. En &eacute;l el humor adquiere otro matiz, menos herido que aquel al que se recurr&iacute;a en los libros anteriores para soportar y compensar los horrores de la Historia a los que se alud&iacute;a. Pero aqu&iacute;, a trav&eacute;s del balompi&eacute;, tambi&eacute;n se encuentran pretextos para la expresi&oacute;n ideol&oacute;gica, as&iacute; como una gran excusa para echar la vista atr&aacute;s y recuperar cosas ancladas en la propia memoria, de modo que el libro tiene sus zonas &iacute;ntimas y aun confesionales, que se cuentan en poemas de notable narratividad como &eacute;ste, titulado "Auxilio Social" (<em>Poes&iacute;a reunida</em>, p. 220):</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un domingo</p>
<p>puse con tembloroso apremio</p>
<p>-el partido lo exig&iacute;a-</p>
<p>en la desgastada taquilla</p>
<p>el dinero justo para la entrada</p>
<p>que llevaba apretado en la mano.</p>
<p>Como era d&iacute;a de Auxilio Social</p>
<p>y no me quedaban ni los c&eacute;ntimos del emblema</p>
<p>no pude entrar.</p>
<p>Me qued&eacute; en los desmontes a o&iacute;r el clamor de Torrero.</p>
<p>S&iacute;, era un suced&aacute;neo,</p>
<p>pero tambi&eacute;n me sab&iacute;a bien el caf&eacute; con leche</p>
<p>-la achicoria- del desayuno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hay varios poemas m&aacute;s sobre la propia infancia en Zaragoza, una infancia que, como tan bien expresa el poema anterior, ten&iacute;a tantas carencias como ilusiones, una mezcla de privaci&oacute;n y magia. Esos fragmentos de recuerdos quedan ubicados al comienzo del libro, y despu&eacute;s se pasa a las reflexiones generales sobre ese deporte, a los retratos de determinados futbolistas, a la reflexi&oacute;n sobre el alcance de algunas gestas, a la tristeza por su progresiva y ya imparable mercantilizaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Mi palacio de invierno</em>, como he dejado apuntado arriba, contiene dos libros que se publicaron originalmente en tiradas muy reducidas, casi secretas, que el propio autor coordinaba en la muy cuidada serie "Papeles de Tarazona" (ver <em>Poes&iacute;a reunida</em>, p&aacute;gs. XII-XIII): los poemas del que responde a ese t&iacute;tulo son, seg&uacute;n cuenta su autor en su pr&oacute;logo m&aacute;s reciente, "los que trataban de mi relaci&oacute;n con el comunismo, [...] textos y notas dispersas que comentan acontecimientos pol&iacute;ticos, tomadas d emanera discontinua desde 1969. Se fueron convirtiendo en una especie de diario, compuesto de im&aacute;genes, frases le&iacute;das en peri&oacute;dicos o en pancartas, o&iacute;das en la radio o en la calle, que ya no recuerdo de d&oacute;nde proceden" (ib&iacute;dem, pp. 271-272). Todo ello har&aacute; suponer que en estos textos Uriz vuelve al lenguaje desnudo, a la tendencia al apotegma informativo y conciso, que en este libro (y sobre todo en el adjunto <em>Cuaderno de cuadraturas</em>) da lugar a una serie de poemas m&aacute;s breves, con algo de sabor cl&aacute;sico, en su l&iacute;nea burlona, carnavalesca y epigram&aacute;tica, como en estas "Confidencias a Bruno" (p. 327):</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Muchos sapos hemos tenido que tragar</p>
<p>Sobre todo palabras vomitadas por otros</p>
<p>- esas palabras hoy enterradas</p>
<p>para que no nos sepulte la verg&uuml;enza</p>
<p>Te observo comer satisfecho tu v&oacute;mito</p>
<p>y te envidio</p>
<p>Al menos es el tuyo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En cuanto a <em>Cuaderno de cuadraturas y otras incorrecciones</em>, publicado en el mismo volumen, pretend&iacute;a recoger "los que comentaban la transici&oacute;n -espa&ntilde;ola, claro- vivida desde Estocolmo" (p. 271). Lleva una impactante cita general de Wolf Biermann que Uriz ha repetido numerosas veces, asumi&eacute;ndola como propia: "S&oacute;lo el que cambia es fiel a s&iacute; mismo": p. 391), y en ese sentido es destacar su "brechtiano" poema de rectificaci&oacute;n con respecto a ETA, en el que se exp&iacute;a una culpa com&uacute;n de la militancia antifranquista ("Silencios": p. 420):</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el principio fue la opresi&oacute;n.</p>
<p>Empezaron matando polic&iacute;as</p>
<p>y los apoy&eacute;.</p>
<p>Mataron al pol&iacute;tico de lo bien atado.</p>
<p>Fueron perseguidos y me solidaric&eacute; con ellos.</p>
<p>Condenados a muerte</p>
<p>pas&eacute; hambre por ellos.</p>
<p>Transcurri&oacute; el tiempo y algo cambi&oacute;.</p>
<p>Pero siguieron matando</p>
<p>y me call&eacute;.</p>
<p>Mataron generales, polic&iacute;as, pol&iacute;ticos</p>
<p>de uno y otro partido, mataron</p>
<p>a gente que pasaba por all&iacute;</p>
<p>y me call&eacute;.</p>
<p>Me call&eacute;</p>
<p>y hoy mi apat&iacute;a en la repulsa</p>
<p>me averg&uuml;enza.</p>
<p>Por los muchos silencios junto al m&iacute;o.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por &uacute;ltimo, <em>Cuaderno de bit&aacute;cora</em> es el libro de Uriz que menos generalizaciones admite. Es en sus primeros poemas donde encontramos, si se me permite esta boba forma de decirlo, al Uriz "m&aacute;s poeta", en el que la contemplaci&oacute;n es m&aacute;s importante que la meditaci&oacute;n. Hay paisajes y poemas de amor antes de que llegue de nuevo la sorna (como en una respuesta a &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez: p. 497), los homenajes a amigos (Julio Cort&aacute;zar, Natalio Bayo), las an&eacute;cdotas de las que se extraen s&iacute;mbolos. En la segunda secci&oacute;n del libro se recogen poemas sobre animales (otra veta ins&oacute;lita en Uriz), aunque &eacute;stos son m&aacute;s bien un medio para hablar de otras cosas, o con intenciones que pod&iacute;an ir de lo did&aacute;ctico a lo corrosivo, como tambi&eacute;n hac&iacute;an los poetas antiguos. En "Evoluci&oacute;n" (p. 514), leemos:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dicen que con el tiempo</p>
<p>todo chimpanc&eacute; acaba en hombre.</p>
<p>Pero uno se neg&oacute;.</p>
<p>Se hab&iacute;a enterado de que</p>
<p>un diamante imperfecto vale m&aacute;s</p>
<p>que una piedra perfecta.</p>
<p>Y por miedo</p>
<p>retrocedi&oacute; del hombre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En las dos siguientes secciones, vuelve el repaso a la situaci&oacute;n internacional, la denuncia de la macroeconom&iacute;a, la reivindicaci&oacute;n de la solidaridad. Basta con ver algunos t&iacute;tulos ("Vietnam", "Ejercicio con ej&eacute;rcitos", "Un beduino en el hemiciclo", "&iquest;Progreso?", "Supermercado", "Refundaci&oacute;n del capitalismo"...) para saber por d&oacute;nde van los versos, pero en la quinta y &uacute;ltima secci&oacute;n, antes de un poema epilogal que es el mismo "Striptease final" que remataba <em>Pas&oacute; lo que recuerdas</em>, aqu&iacute; titulado "Punto final": p. 627), llega algo que el propio Uriz tiene como "m&aacute;s personal, [...] una breve seleecci&oacute;n de los poemas que ilustraban unos &aacute;lbumes de fotos de viajes que mi mujer, marina, y yo hicimos por Francia, en la d&eacute;cada de 1990" (p. 479). Y dentro de ella, este "Despertar en Orthez" (p. 613):</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el c&aacute;lido silencio sab&aacute;nico</p>
<p>un p&aacute;lpito</p>
<p>atado a&uacute;n a la columna del sue&ntilde;o.</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; palpita? &iquest;Es &eacute;l?</p>
<p>&iquest;Es la boca?</p>
<p>&iquest;Son los dedos -una amorosa prisi&oacute;n de dedos-</p>
<p>lo que palpita?</p>
<p>&iquest;O son alas</p>
<p>que lo llevan a tu cueva a ofrendar la esencia de los sue&ntilde;os</p>
<p>como un p&aacute;lpito?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 16 Dec 2016 09:05:02 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Estigma]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/estigma/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/PILAR_AD_N_2.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 480px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 480px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 480px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 480px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 480px;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Nunca la vi llorar. A mi abuela.</p>
<p style="text-align: left;">Se le sali&oacute; la matriz por la vagina</p>
<p style="text-align: left;">y ella se la cur&oacute; con lim&oacute;n</p>
<p style="text-align: left;">porque mi abuela lo trataba todo con lim&oacute;n. Y con saliva.</p>
<p style="text-align: left;">Barro, humedad y fuego.</p>
<p style="text-align: left;">La punta babeada de los pa&ntilde;uelos que llevaba en el bat&iacute;n.</p>
<p style="text-align: left;">Las medias de algod&oacute;n. Agujeros en su faldagr&iacute;s de abuela.</p>
<p style="text-align: left;">Y las capas de tela desdibujada</p>
<p style="text-align: left;">tras la que ocultaba el calor enchufado a la trampa</p>
<p style="text-align: left;">que colgaba del techo.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">No preguntar. No saber.</p>
<p style="text-align: left;">Meti&oacute; el pulgar en la tierra y lo sac&oacute; negro.</p>
<p style="text-align: left;">Barro seco y disperso. Pedazos de ladrillo bajo las plantas.</p>
<p style="text-align: left;">Restos pegados a las p&uacute;as del tenedor.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Elevaba el cuchillo por encima de la cabeza.</p>
<p style="text-align: left;">Lo bajaba y lo hund&iacute;a en la madera.</p>
<p style="text-align: left;">Cortaba las u&ntilde;as a las ni&ntilde;as reci&eacute;n nacidas</p>
<p style="text-align: left;">para que cantaran bien. Bien como ella.</p>
<p style="text-align: left;">Voz de ofrenda, voz de Pascua.</p>
<p style="text-align: left;">Mas conmigo no lo hizo.</p>
<p style="text-align: left;">Yo era de rodillas ara&ntilde;adas, picaduras de avispa.</p>
<p style="text-align: left;">Huida de insectos y huida de juegos.</p>
<p style="text-align: left;">Apoyada la cara entre las manos, al tanto de mi situaci&oacute;n.</p>
<p style="text-align: left;">Con las cejas sobre las piernas, las manos alrededor,</p>
<p style="text-align: left;">y luego cruzada de brazos</p>
<p style="text-align: left;">caminando hacia el puente.</p>
<p style="text-align: left;">Botas altas sobre el borde de los charcos.</p>
<p style="text-align: left;">Sin admitir el abandono ni la pauta.</p>
<p style="text-align: left;">La c&oacute;lera de la herencia.</p>
<p style="text-align: left;">El b&aacute;lsamo del humo lejano. La calidez y el resguardo</p>
<p style="text-align: left;">de la casa. Camino arriba.</p>
<p style="text-align: left;">Un ser org&aacute;nico que mudaba y crec&iacute;a.</p>
<p style="text-align: left;">La incertidumbre y el temblor.</p>
<p style="text-align: left;">Por si nadie volv&iacute;a a buscarme.</p>
<p style="text-align: left;">Las burriagas del bocadillo. Las l&aacute;grimas tras el coche</p>
<p style="text-align: left;">que arrancaba y desaparec&iacute;a.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Tanta traici&oacute;n. Tanta reverencia.</p>
<p style="text-align: left;">Sus papeles con tersura de piedra, base en los cajones.</p>
<p style="text-align: left;">Pa&ntilde;os de cuadros quemados. Vasos sucios.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Perdi&oacute; un hijo y un marido.</p>
<p style="text-align: left;">Se qued&oacute; ciega. Y la atamos a una silla</p>
<p style="text-align: left;">para evitar que se tirara al suelo y reptara hasta su casa</p>
<p style="text-align: left;">lejos de ancianos tendidos sobre falsas mesas,</p>
<p style="text-align: left;">unidos por su calidad de ancianos.</p>
<p style="text-align: left;">Derribados sobre falsos sof&aacute;s.</p>
<p style="text-align: left;">Envueltos en falsas mantas y en sonrisas postizas.</p>
<p style="text-align: left;">Con las u&ntilde;as crecidas y los labios prietos,</p>
<p style="text-align: left;">entre voces conocidas que arropan en tonos azules</p>
<p style="text-align: left;">y por la ma&ntilde;ana entregan desayunos.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">La piel, c&aacute;psula gris, respondiendo al pliegue de cada dedo.</p>
<p style="text-align: left;">En medio del or&iacute;n y el desinfectante.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">La ni&ntilde;a se llamar&aacute; Julia.</p>
<p style="text-align: left;">&iquest;No ves una moto ah&iacute; fuera?</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Siempre quiso estar en su casa, mi abuela.</p>
<p style="text-align: left;">Y ahora la van a vender por 30.000 euros.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 16 Dec 2016 08:49:47 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La elegante heterodoxia de Mauricio Wiesenthal]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-elegante-heterodoxia-de-mauricio-wiesenthal/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas16/diciembre/MAURICIO_WIESENTHAL_3.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="center">&nbsp;Los encuentros con Mauricio Wiesenthal siempre tienen algo de luminoso. Ser&aacute; porque a su cabellera pelirroja le acompa&ntilde;a una sonrisa amable, distinguida, que anuncia una inteligente conversaci&oacute;n. Un di&aacute;logo siempre rico en matices, generoso en saberes y salpicado de an&eacute;cdotas cultas. Nos hemos citado hoy en el viejo sal&oacute;n del Colegio de Periodistas de Barcelona, afortunadamente tranquilo esta ma&ntilde;ana, para recorrer el espacio y tiempo de su obra, sue&ntilde;os y&nbsp; vida.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p>Dicen de &eacute;l, no sin raz&oacute;n, que este escritor,&nbsp; en&oacute;logo&nbsp; y fot&oacute;grafo espa&ntilde;ol de origen alem&aacute;n&nbsp; se ha convertido en un admirable maestro del memorialismo,&nbsp;&nbsp; como atestigua su inolvidable <em>Libro de R&eacute;quiems, </em>o en el original novelista <em>&nbsp;</em>&nbsp;que apreciamos los lectores de <em>Luz de V&iacute;speras. </em>Su intensa, vers&aacute;til y prol&iacute;fica&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; peripecia vital nutre sus textos de unos perfiles de gozosa erudici&oacute;n y extrema sensibilidad que lo convierten en aut&eacute;ntico heterodoxo de nuestro tiempo. Un personaje cuya elegante rareza y originalidad apreciamos sobremanera en&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; esta &eacute;poca en que la cultura occidental aparece lastrada de mediocridades y ortodoxias nada recomendables.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Recuerdo ahora, aqu&iacute; sentados y conversando pl&aacute;cidamente, aquella primera tertulia de hace dos a&ntilde;os. Ya entonces le sent&iacute; como un marino. Creo que usted empu&ntilde;a un tim&oacute;n literario, y aferrado a &eacute;l con los m&uacute;sculos doloridos de soportar la tensi&oacute;n de una dif&iacute;cil navegaci&oacute;n, a veces en mares de sargazos,&nbsp; sigue el rumbo de sus sue&ntilde;os. Pese a todo. Siempre.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Tal vez porque en una &eacute;poca, cuando era ni&ntilde;o, quise ser marino. Y algo de ese sue&ntilde;o queda en m&iacute;, pues como los marinos tengo mis mares y mis puertos preferidos. Adem&aacute;s he navegado mucho, incluso entre tormentas de hielo en el Atl&aacute;ntico Norte y doblado el Cabo de Hornos.&nbsp; He escrito abundantemente en la mar durante los viajes largos, y todav&iacute;a cuando voy a Am&eacute;rica prefiero hace el trayecto de ida en barco y volver en avi&oacute;n; eso me permite preparar las clases, las conferencias, lo que vaya a impartir. El barco es mi vida, a&uacute;n lo siento as&iacute;. Creo que sigo teniendo algo de marino.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- &iquest;Cu&aacute;ndo surgi&oacute; esa vocaci&oacute;n que m&aacute;s tarde abandonar&iacute;a por la de escribir?. Una aptitud que, tal y como demuestran los excelentes libros nacidos de la mar, tan cercana es a la buena literatura</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- Mi padre me llevaba a pasear por el puerto de C&aacute;diz para que conociese, no los grandes trasatl&aacute;nticos, esos buques gigantescos y lujosos en los que me imaginaba al mando o bailando un vals en la noche del capit&aacute;n con la pasajera m&aacute;s guapa del buque. No, mi padre me ense&ntilde;aba los barcos carboneros donde los capitanes iban con una boina y sucios hasta las narices.&nbsp; Y tambi&eacute;n los barcos fruteros que ven&iacute;an haciendo cabotaje desde Barcelona, Alicante, Cartagena... Porque en aquella &eacute;poca te educaban as&iacute;, quer&iacute;an que conocieses los oficios desde abajo. Pero con los a&ntilde;os se me fue la vocaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Los puertos son lugares singulares y, en otras &eacute;pocas, ten&iacute;an algo de m&aacute;gico, Excitaban la imaginaci&oacute;n y los deseos de conocer otros mundos por ese trasiego continuo de mercanc&iacute;as y bajeles.</p>
<h2>&nbsp;</h2>
<h2>- S&iacute;, recuerdo aquel maravilloso puerto de C&aacute;diz en que se cargaban las botas de vino de Jerez de la Frontera que iban para Am&eacute;rica. Donde se desembarcaba el caf&eacute; y otras mercanc&iacute;as que arribaban en los barcos. Era un mundo arom&aacute;tico, de especias&hellip; Un mundo maravilloso el de aquel puerto.</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Es curioso que, en vez de convertirse en un capit&aacute;n de barco dedicado a surcar los mares profesionalmente, haya recorrido por v&iacute;a terrestre los r&iacute;os. Las orillas de los r&iacute;os, como narra en <em>El esnobismo de las golondrinas</em>. Y que, como si fueran un afluente menor de un gran sue&ntilde;o, haya seguido su rastro hasta que, como todos lo sue&ntilde;os, desembocan al final en la mar.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- &iexcl;Es verdad!. No hab&iacute;a pensado que el r&iacute;o ten&iacute;a un elemento inici&aacute;tico en este sentido. Soy un hombre de andar, de caminos. A m&iacute; me escandaliza la gente inm&oacute;vil. Un d&iacute;a marqu&eacute; una entrevista capotica, como las preguntas aquellas que se hac&iacute;a Truman Capote y que &eacute;l respond&iacute;a m&aacute;s o menos literariamente. A d&oacute;nde vivir&iacute;a dec&iacute;a yo que lo ten&iacute;a claro: Lo har&iacute;a en una frontera porque as&iacute; siempre podr&iacute;a asomarme al extranjero y tenerlo cerca. Me ahogo en los mundos cerrados, no puedo soportarlos. Cuando estoy mucho tiempo en Barcelona me voy a un hotel, el que sea, y me tomo all&iacute; un caf&eacute;. Y lo hago&nbsp; porque necesito sentir que se hablan otras lenguas, que hay gentes de otros pa&iacute;ses, de otras razas.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Usted dej&oacute; de plantearse muy pronto aquella pregunta de la vieja canci&oacute;n de Bob Dylan: &iquest;d&oacute;nde van los trenes, los barcos y los aviones que yo no abordo? Eso le habr&aacute; alejado de posibles afectos y cobijos.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- No he podido nunca en la vida pensar que encontrar&iacute;a una novia en una vecina. Me horripila, parece como si fuera a acostarme con mi hermana. Cuanta m&aacute;s lejana sea la figura que encuentre resulta m&aacute;s sano, m&aacute;s higi&eacute;nico y m&aacute;s bello. Tengo ese concepto del mundo, no puedo evitarlo.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Algo que est&aacute; inherente en su obra, al menos hasta donde mis luces alcanzan,&nbsp; es la mujer. Y lo femenino, que es diferente. Y los distintos lenguajes. Y tambi&eacute;n las ciudades. Cuando escribe sobre Rusia, por ejemplo, hay ciertas palabras que son hermosas porque, adem&aacute;s, son definitorias del oficio al que nombra y usted dice que son en femenino. Tambi&eacute;n, cuando habla de Yahv&eacute; asegura que igualmente es femenino.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- S&iacute;, del esp&iacute;ritu. Del esp&iacute;ritu sobre todo. Eso me interesa mucho, es un tema que me engolfa enseguida. A ver, cuando se lee al poeta Sergu&eacute;i Es&eacute;nin que dice que &ldquo;el abedul es un hada de los cabellos de seda&rdquo; hay que darse cuenta que la diosa, el abedul, es femenino en ruso. Cuando llega la primavera, que siempre llega tard&iacute;a, sobre todo encima de Moskowia, en abril y mayo, los campesinos m&aacute;s primitivos se abrazan al abedul y sienten la savia del abedul femenino. Le cantan como si fuera su amada y se emocionan.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Lo femenino entonces, tambi&eacute;n puede ser la luminosidad con la que un escritor puede seguir escribiendo al atardecer.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Exacto. T&uacute; puedes buscar la mar. Has puesto el g&eacute;nero, la mar, en femenino. Pues, en este sentido a m&iacute; me gusta ese mundo de equilibrios que considero tan importante. Y veo que, a veces, en las malas traducciones se pierden los sentidos. Has citado antes la palabra esp&iacute;ritu en hebreo: Yahv&eacute;, que es femenino, la esp&iacute;ritu. Es por eso que se representa como una paloma, una forma femenina. Todo eso se pierde, esas ambig&uuml;edades, esas sutilezas, cuando se quiere crear un lenguaje puramente viril en que no aparecen las figuras femeninas.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- En su literatura muestra lo mejor de la mujer como ser humano y de su condici&oacute;n femenina. Es el caso de Anna Ajm&aacute;tova, por la que siente predilecci&oacute;n.&nbsp; Sobre todo, intuyo, por su desgarrada y terrible vida, aparte de por su extraordinaria obra como poetisa. Y tambi&eacute;n, por un personaje como Ana Karenina, ese ejemplo de amor tan desgraciado. Pero hay varias m&aacute;s.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- S&iacute;, as&iacute; es. Existencias reales y literarias que son de una atracci&oacute;n y excelencia extraordinarias. &iquest;Qui&eacute;n no puede amar la figura de Ana Karenina, tan sublime y desgarradora en toda su proyecci&oacute;n?.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- En el trasfondo de su obra se percibe indefectiblemente el peso de la emoci&oacute;n, un sentimiento que la impregna y distingue sobremanera. Transciende de la mera escritura y alienta como un aut&eacute;ntico sentido de la vida.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Pienso esa emotividad y, cuando escribo mucho (sobre el ritmo, sobre el aliento) y la pierdo dejo de escribir.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Eso debe tremendamente duro, porque la emoci&oacute;n llega un momento determinado que duele y hay que detenerse.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Tienes que parar y te hace da&ntilde;o. Y te das cuenta que casi enfermas. Pero me acostumbr&eacute; a escribir as&iacute;. No s&eacute; escribir de otra forma. Tengo en cierta manera un temperamento musical y necesito emocionarme y dejarme llevar por el ritmo para que me salga esa comunicaci&oacute;n que es mi comunicaci&oacute;n interior.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- A mi entender, usted compone. Se gu&iacute;a por una literatura que es una partitura musical.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- S&iacute;, lo hago mucho. Es porque mi bisabuelo era m&uacute;sico y, a veces, he pensado si no ser&aacute; que hered&eacute; una manera de trabajar que es muy <em>sui generis</em> y que la reconozco en alg&uacute;n otro escritor, como Stefan Zweig, que tiene esa musicalidad que sale de su o&iacute;do musical. Es como tocar el viol&iacute;n. Hay en eso algo de gitano. El gitano que toca el viol&iacute;n se deja transportar.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Eso me recuerda al viejo gitano serbio (y jud&iacute;o) de <em>Luz de v&iacute;speras</em>, tan pat&eacute;tico y tierno como maravilloso. Con &eacute;l cre&oacute; usted una de las figuras m&aacute;s potentes y fundamentales, a pesar de la brevedad de su aparici&oacute;n, de la novela. A&uacute;n me parece o&iacute;r el rasgueo de su viejo viol&iacute;n, tal es la impresi&oacute;n que me caus&oacute;.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Est&aacute; hecho con puro sentimiento, lo trabaj&eacute; as&iacute;. Lo escrib&iacute; con el coraz&oacute;n. Y adem&aacute;s, todo corresponde a la realidad. Hay gitanos, personajes por m&iacute; conocidos, trasplantados de otro lugar, de otras experiencias de mi vida y que han creado al gitano de la novela.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Otra de las consideraciones que percibo en todos sus libros, es una persistencia indomable en pro de una buena educaci&oacute;n human&iacute;stica, un intento desde la literatura de ayudar a&nbsp; que el mundo sea mejor.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Esa ha sido siempre mi idea. Hace dos a&ntilde;os di una conferencia en la Universidad Men&eacute;ndez Pelayo que a Castilla del Pino le gust&oacute; mucho. Me dec&iacute;a lo que para m&iacute; est&aacute; claro: que el fundamento de la memoria es la emotividad. Uno de los problemas que sufrimos en el mundo es que vamos eliminando la emotividad y eso produce tantos desvar&iacute;os y vac&iacute;os de memoria. De ah&iacute; que el cultivo de la emotividad, de referencias como la m&uacute;sica, el color o los aromas puedan ser una terapia fundamental para quienes padecen la p&eacute;rdida de memoria.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Usted se aleja de cualquier discurso racionalista que no despierte o intente hacer desaparecer la emotividad, y los considera prosa, en ning&uacute;n caso &ldquo;m&uacute;sica&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Si la memoria est&aacute; basada en la emotividad yo la recupero en el momento en que recurro a ella. Con eso recobro el tiempo perdido en el sentido proustiano. Me emociono con un tema cualquiera y de ah&iacute; sale todo. Recuerdo una noche en Roma, siendo yo muy joven, en que iba a encontrarme con unos amigos para disfrutar de la velada. Era una noche de bruma y llovizna y a m&iacute; deb&iacute;a embargarme cierta emoci&oacute;n especial por alg&uacute;n motivo. Caminaba abstra&iacute;do y, de improviso, v&iacute; surgir una mano. Una mano que era la de una mendiga que suplicaba ayuda. Le di cuanto llevaba para la fiesta de esa noche, y recuerdo que me dijo &ldquo;gracias hijo&rdquo; y que detr&aacute;s estaba una ni&ntilde;a. &iexcl;A esa ni&ntilde;a la he vuelto a encontrar varias veces en mi vida!</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- La mujer, el personaje femenino sale de cualquier esquina de su obra, en cualquier cap&iacute;tulo. Por ejemplo, cuando usted busca a su amigo Fi&oacute;dor Mij&aacute;ilovich Dostoievski y recuerda en ese recorrido por San Petersburgo a Natalia Fonviziane, la mujer que le hab&iacute;a regalado una Biblia en el camino a Siberia y de la cual le pidi&oacute; a su esposa Anna Grig&oacute;rievna, en su lecho de muerte, que le leyese &ldquo;al azar un fragmento&rdquo;. O cuando, tal y como explica en el <em>Libro de R&eacute;quiems</em>, &nbsp;le pregunta por el escritor a una joven prostituta rubia y p&aacute;lida y la trata en su descripci&oacute;n como el ser maravilloso que debi&oacute; ser o es, a pesar de esa circunstancia horrible.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Respondo a eso con una palabra rilkeana.&nbsp; De ese mundo en el que mi padre me introdujo ley&eacute;ndome en alem&aacute;n sus poemas en Ronda, lugar donde hab&iacute;a vivido, yo tambi&eacute;n comparto algunas cosas. Respondo, pues, a esa apreciaci&oacute;n, de manera rilkeana: hay mendigos que nos piden, y a los cuales si quieres les das o no. Y hay advertidores. He encontrado a veces en la vida esas apariciones que se disfrazan de mendigo o de lo que t&uacute; quieras, pero son advertidores. En la librer&iacute;a Shakespeare and Company de Par&iacute;s, adonde iba cuando viv&iacute;a all&iacute;, hay todav&iacute;a hoy un cartel sobre la puerta que dice: &ldquo;No seas inhospitalario con los extranjeros porque pueden ser &aacute;ngeles disfrazados&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Creo recordar que tambi&eacute;n Rilke ha escrito que, &iexcl;cuidado con los &aacute;ngeles, puesto que cada &aacute;ngel puede ser terrible!</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- En efecto, terrible. Por eso les llamo advertidores, por todo lo que la palabra tiene en s&iacute;.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Me pregunto si usted que sabe fijar personajes, lugares y ciudades se convirti&oacute; en fot&oacute;grafo durante una &eacute;poca de su vida precisamente por eso, por la maestr&iacute;a en captar el detalle. Y presiento igualmente que no era partidario de utilizar el flash en sus trabajos, y que abr&iacute;a todo lo que pod&iacute;a el objetivo.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Eso es. Nunca me ha importado la profundidad de campo, porque siempre he querido meter el modelo dentro, sobre todo cuando era un rostro humano. De todas formas nunca pude, por decirlo as&iacute;, hacer una fotograf&iacute;a tan plenamente como me hubiera gustado, dedic&aacute;ndome a ella. Siempre me iba hacia la literatura y, al cabo de un tiempo, terminaba pensando en que lo que hac&iacute;a me iba a servir para ilustrar un art&iacute;culo, con lo que acababa desvirtuando mi trabajo de fot&oacute;grafo.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Entonces viajaba mucho por &Aacute;frica y siempre les ped&iacute;a a mis modelos permiso para fotografiarles. Procuraba aprender algo del idioma del pa&iacute;s y me deten&iacute;a a charlar con la gente en los mercados o donde fuera. Regresaba con pocas fotos, por lo que pens&eacute; que mis viajes nunca ser&iacute;an rentables.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Las fotos se escriben o se disparan, y usted deb&iacute;a escribirlas. Y es que todo depende del hechizo, y saber captar ese hechizo significa respeto. Y respeto en &Aacute;frica es tambi&eacute;n no tener prisa.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- S&iacute;, es verdad. Aparte de que, cuando vas a hacer una foto, tomas todas esas sensibilidades y distancias, la fotograf&iacute;a exige conocer un poco al personaje que uno va a retratar. Y todo ello me permit&iacute;a charlar, pararme con la gente y vivir el momento. Por eso he disfrutado mucho con la fotograf&iacute;a. En Par&iacute;s trabaj&eacute; para las agencias Sipa y Gamma haciendo reportajes que ilustraba con mis propias fotos, y as&iacute; me ganaba la vida en esa &eacute;poca. Recuerdo haber hecho reportajes para revistas especializadas, como uno sobre el canto gregoriano y tambi&eacute;n haciendo las fotos de los monasterios del Cister.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- &iquest;C&oacute;mo era su vida en el Par&iacute;s de aquellos a&ntilde;os?</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Viv&iacute;a en una buhardilla cerca del mercado de Saint Germain, en el Marais. Al lado, la hermana de Brigite Bardot ten&iacute;a un peque&ntilde;o taller de patchwork, donde hac&iacute;a tortugas, caballitos y diversos animales. Se me&nbsp; ocurri&oacute; entonces hacer un reportaje sobre las buhardillas de Par&iacute;s que cita Honor&eacute; de Balzac en su obra, y en las que &eacute;l hab&iacute;a vivido. Todo era igual que en su &eacute;poca, las buhardillas eran las mismas; y en muchos de estos rincones de Par&iacute;s apenas ha cambiado. Yo sacaba mis fotos desde los tejados, detr&aacute;s de las chimeneas, pero parec&iacute;an fotos modernas. Por ejemplo, unas se&ntilde;oritas en bikini tomando el sol aparecieron en una de aquellas azoteas al enfocar mi lente. &iexcl;Eso no estaba en la &eacute;poca de Balzac, era un contraste!. Aparec&iacute;an escenas as&iacute;. Hice muchos de estos reportajes en Par&iacute;s.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- All&iacute; se acostumbr&oacute;, supongo, a elaborar los itinerarios de personajes hist&oacute;ricos que m&aacute;s tarde plasmar&iacute;a literariamente.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- S&iacute;, realic&eacute; itinerarios de personajes. Se trataba de contar d&oacute;nde hab&iacute;an vivido y andado Proust, Balzac o Andrea Chenier, entre otros. Y tambi&eacute;n los itinerarios de los cementerios hist&oacute;ricos. Lugares que luego he llevado al <em>Libro de r&eacute;quiems</em> o al de <em>El esnobismo de las golondrinas</em>. A la vez,&nbsp; ve&iacute;a y me entrevistaba por aquel tiempo con Ionesco en Montparnasse, delante justo de la estatua de Balzac.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Aunque Par&iacute;s fue importante para usted, hay otras ciudades que ha visitado frecuentemente. O, por lo menos, lo ha hecho en reiteradas ocasiones: Estambul, Weimar...</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- En Estambul he vivido varias veces, pero mi estancia m&aacute;s larga no lleg&oacute; al a&ntilde;o. Era un tiempo en el que, adem&aacute;s, trabajaba en el museo Topkapi documentando gr&aacute;ficamente elementos que luego vend&iacute;a a editoriales en Francia. Me encargaban fotograf&iacute;as determinadas&nbsp; que estaban en la biblioteca del museo, como manuscritos antiguos persas y c&oacute;dices de Constantino y su &eacute;poca.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Aunque residir entonces en Estambul no era tan caro, &iquest;c&oacute;mo se financiaba para poder trasladarse y permanecer tanto tiempo en Turqu&iacute;a?</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Escribiendo gu&iacute;as. As&iacute; fue como me financi&eacute; uno de los viajes. Escrib&iacute;a biblias para ni&ntilde;os: el antiguo y nuevo testamento. Los editores me pagaban por anticipado. Con ese dinero yo recorr&iacute;a lugares en Turqu&iacute;a, fui a &Eacute;feso para conocer los sitios donde hab&iacute;a vivido la Virgen. Tambi&eacute;n hice traducciones en Francia para un libro de reporteros: <em>Reporteros en las guerras</em>, y por supuesto tomaba fotograf&iacute;as. Consegu&iacute;a conectar con editoriales y les mandaba las que me ped&iacute;an. Con todos esos trabajos eso ganaba alg&uacute;n dinero y pod&iacute;a permitirme vivir all&iacute;.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Recordar esa etapa&nbsp; de su vida parece agradarle. Debi&oacute; de ser una experiencia muy gratificante, le pregunto viendo el entusiasmo con que acoge el retornar a una &eacute;poca, sin duda, apasionante para &eacute;l.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Resid&iacute;a en el Park Hotel que, sin ser tan bueno como el Hilton, estaba muy bien. Ten&iacute;a amigos y amigas, como las bibliotecarias de Topkapi&nbsp; con las que he vivido infinitas aventuras muy bonitas en la noche de Estambul. All&iacute; conoc&iacute; a la baronesa&nbsp; rusa Valentine Taskin, que tocaba el piano en algunos lugares. Me mov&iacute;a por&nbsp; aquellos restaurantes y sitios que fueron importantes durante las dos guerras mundiales, cuando Estambul era un nido de agentes y esp&iacute;as.</p>
<p class="Textoindependiente21">- La Turqu&iacute;a de esos a&ntilde;os era, sin duda, un naci&oacute;n menos problem&aacute;tica y con menos rigor religioso que la actual.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Todos mis amigos eran musulmanes liberales, no fan&aacute;ticos. Resultaba&nbsp; maravilloso hablar con ellos. Como yo hab&iacute;a vivido en Marruecos sab&iacute;a algo de &aacute;rabe. Al haber estudiado griego en la Universidad me permitieron escoger entre el lat&iacute;n y el &aacute;rabe. Eleg&iacute; el &aacute;rabe y tuve como profesor al prestigioso&nbsp; Delkader, que me cogi&oacute; mucho cari&ntilde;o porque yo trabajaba bien el idioma. Luego, aunque en Marruecos se habla un &aacute;rabe dialectal,&nbsp; practiqu&eacute; y pude por mis estudios y experiencia comunicarme con el Muft&iacute; de Estambul.&nbsp; Me lo present&oacute; mi amigo Kaya Savkay,&nbsp; que trabajaba como delegado de turismo en la ciudad y&nbsp; me ayudaba a conseguir permisos para mis fotograf&iacute;as y dem&aacute;s. Ten&iacute;a su oficina muy pr&oacute;xima a la mezquita de Suleim&aacute;n, y nos hicimos muy amigos. Le encant&oacute; encontrar una persona que le gustaba hablar con &eacute;l de &aacute;rabe, de versiones del Cor&aacute;n, de las suras mohabits del Profeta. Y cuando yo me desped&iacute;a ceremoniosamente, como hab&iacute;a aprendido en Marruecos, se emocionaba.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- H&aacute;bleme de su estancia en Marruecos.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Cuando mi padre era profesor en la Escuela de Comercio y en la facultad de Medicina, todav&iacute;a iba al antiguo Protectorado espa&ntilde;ol a examinar&nbsp; alumnos a Tetu&aacute;n y yo le acompa&ntilde;aba. M&aacute;s tarde, cuando yo tambi&eacute;n comenc&eacute; como profesor de Historia de la Cultura en dicha Escuela, lo primero que hice en cuanto pude fui irme a Marruecos. Alquil&eacute; una casa en Marrakech, que entonces era una ciudad barata.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- &iquest;Y lleg&oacute; a integrarse como en Estambul?</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- En Marruecos nunca me integr&eacute; en el mundo de la religi&oacute;n, porque era un mundo prohibido, donde un&nbsp; occidental no entraba. Yo viv&iacute;a en Marruecos, pero ese mundo no era el m&iacute;o. Conoc&iacute;a las costumbres, hablaba con la gente, pero no estaba en la mezquita. Lo bonito que ten&iacute;a Turqu&iacute;a, y tuvo Ir&aacute;n antes de los ayatol&aacute;s, es que cualquiera se pod&iacute;a introducir en el Islam como hereje, porque entraba a trav&eacute;s de lo menos duro. No pod&iacute;as entrar as&iacute; cuando estabas viviendo en el Yemen o en Arabia Saudita.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Hay varios pa&iacute;ses que han sido lanzados, precipitados a mi juicio, al radicalismo religioso m&aacute;s feroz.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Por esta pol&iacute;tica que hemos hecho desde Occidente. Y me resulta muy triste porque, para m&iacute;, ese mundo isl&aacute;mico tiene otro contenido. Yo lo he vivido de otra manera. Es un mundo al que me siento unido con mucha humildad. Por eso te digo que soy un m&iacute;stico. Tengo tendencia a creer estas construcciones idealistas, pero m&aacute;s f&aacute;cilmente las que gravitan sobre estos mundos de las religiones monote&iacute;stas: jud&iacute;o, &aacute;rabe y cristiano. A veces tambi&eacute;n entiendo m&aacute;s f&aacute;cilmente a los brahmanistas, al mundo hind&uacute;, que al budismo.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Siguiendo con sus estancias en ciudades, Weimar ha sido de&nbsp; las que ha visitado reiteradamente.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Cuando iba a la antigua Alemania Oriental a trabajar sobre Goethe, Thomas Mann y Nietzsche,&nbsp; me asentaba en Weimar. Era una ciudad incre&iacute;ble por los personajes que han residido all&iacute;. Entonces viv&iacute; algunas an&eacute;cdotas por el estado policial que hab&iacute;a en la Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica Alemana. La bibliotecaria municipal me dijo un d&iacute;a que despertaba ciertas sospechas &ldquo;por el apellido que tiene, al ser alem&aacute;n piensan que viene usted a llevarse algo&rdquo;. El resultado es que por la noche, cansado de tanta suspicacia, cuando llegaba al Hotel Elephant donde me hospedaba, levantaba la colcha de mi cama y dec&iacute;a en voz alta: &ldquo;Aqu&iacute; Mauricio Wiesenthal hablando para los micr&oacute;fonos que la Stasi ha instalado en esta habitaci&oacute;n&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- &iquest;Y le acabaron expulsando de Weimar?</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- La cosa acab&oacute; cuando otro d&iacute;a me dijeron: &ldquo;&iexcl;Vayase, porque los clientes est&aacute;n enloquecidos con usted!. Como se mete en los cementerios leyendo las l&aacute;pidas, y se mete en todos los archivos, lo mejor es que se marche, porque un d&iacute;a va a tener un disgusto. Y, como ya hab&iacute;a terminado mi trabajo, no me import&oacute; irme. Nietzsche era el personaje que m&aacute;s les preocupaba que estudiara. Con Goethe, cuyo legado ten&iacute;an cuidado de maravilla, te dejaban hacer lo que fuera. Pero con Nietzsche no, aparte de ser un calvario subir a la casa donde hab&iacute;a vivido su hermana, que, f&iacute;jate, era un personaje antisemita y todo lo que eso conlleva.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Eso le facilit&oacute; a Goebbels poder utilizar a Nietzsche en favor de la causa nazi. Hay personajes injustamente tratados, como Franz Liszt, cuyos preludios durante a&ntilde;os fueron prohibidos por los Aliados por haberse servido Goebbels de ellos en sus alocuciones.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Y en la Primera Guerra Mundial no se pod&iacute;a o&iacute;r a Beethoven&nbsp; en Francia o no se pod&iacute;an leer ciertas obras en Alemania. Esa fue la gran lucha entre Romain Rolland y Stefan Zweig, que se comunicaban pas&aacute;ndose a veces, en la revista que colaboraban, temas de la cultura francesa y alemana que ten&iacute;an que conocer en un lado y otro. Y luego lo pon&iacute;an entre comillas diciendo &ldquo;para que sea vea qu&eacute; cosas han hecho tan terribles en Francia&rdquo;, por ejemplo. Y citaban un texto de Romain Rolland, y esto lo publicaba Zweig en Alemania y viceversa.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Al plantearle el tema de los nacionalismos, que tanta sangre han causado en Europa con su intransigencia y extremismo, Mauricio Wiesenthal se muestra concluyente.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Los nacionalismos, no digamos el racismo y la xenofobia, me resultan aborrecibles. &nbsp;No los soporto. Yo, por mi condici&oacute;n de sangre e historia, cuando encuentro algo monocolor me siento mal. A m&iacute; me gusta que pueda existir siempre la diversidad, es decir, otra gente que pueda ser disidente. Porque yo de heterodoxo me siento bien.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">El que todo el mundo sea monocorde, ortodoxo, de la misma religi&oacute;n e idea, me horripila. Y el nacionalismo tiene tendencia a crear eso. Se creen que la condici&oacute;n de un pueblo consiste en lo que ellos dictan, y en la caricatura de ese pueblo que ellos hacen. No son capaces ni de entender siquiera las contradicciones que hay en la historia de todo pueblo. Y entonces quieren someter a un pueblo a su caricatura, y te persiguen porque t&uacute; no correspondes al esquema que tienen. No puedes afirmarte si no lo ves de esa manera.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Es como el amor mal entendido, donde el quiero cobra importancia sobre todo para imponer su dominio sobre el otro.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- En espa&ntilde;ol utilizar el quiero me horroriza por lo que tiene la palabra querer de posesi&oacute;n, mientras que el amar &ndash;te amo- est&aacute; basada en generosidad, en libertad, precisamente en todo aquello que la voluntad no quiere. Porque la voluntad es un apetito que realmente puede llegar a la brutalidad.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- &iquest;No ser&aacute; que las palabras est&aacute;n en ocasiones muy mal empleadas y enturbian los sentimientos y condicionan las actuaciones?.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- En general, tenemos un problema mayor en Espa&ntilde;a, y que en mi <em>Luz de v&iacute;speras</em> lo trataba de manos de un personaje espa&ntilde;ol. Tenemos una palabra terrible que no existe en otras lenguas, que es la palabra <em>cursi</em> para hablar de los sentimientos. El espa&ntilde;ol le tiene un miedo enorme al rid&iacute;culo, es a lo que m&aacute;s teme, porque es un pueblo como dec&iacute;a Ortega y Gasset de plaza. Es un pueblo de exhibirse, es un pueblo de pasearse.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- No bromea Mauricio Wiesenthal al decirlo. Su rostro se ensombrece y recalca las palabras como un afilado cuchillo que despiezara un cuerpo -en este caso, un alma- con meticulosidad.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Es as&iacute;, es lo que le distingue. Como nuestro baile, el pasodoble, que es una exhibici&oacute;n.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Y ese terror que, seg&uacute;n usted, padece el espa&ntilde;ol a d&oacute;nde le lleva.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- A hacerse autocr&iacute;tica y a plantearse si esto o aquello no ser&aacute; cursi, y entonces limita todos los sentimientos. Yo me enternezco viendo el mundo de Austria y Alemania, donde me he criado de peque&ntilde;o, o de Suiza, donde se hacen unas cosas tan simples. Tan ingenuas cuando se habla de sentimientos. Como en todos los lugares&nbsp; del mundo,&nbsp; los enamorados se dicen cosas en diminutivo con una ternura infinita. Lo mismo tenemos en toda una Am&eacute;rica Latina que habla nuestra lengua, y donde estos diminutivos son tan bellos. All&iacute; no existe ese criterio de lo <em>cursi</em>, esto es t&iacute;picamente espa&ntilde;ol.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- En su literatura hay muchas referencias a los aromas y las flores, supongo que tendr&aacute;n que ver con su experiencia como en&oacute;logo, y tambi&eacute;n por su afici&oacute;n a la monta&ntilde;a.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Voy todos los veranos a Saint Marie, en el sureste de Suiza y lindando con Austria e Italia. Es un lugar ideal de Europa porque por los caminos se hablan todas las lenguas: del romanche, oriundo de la Engadina, al franc&eacute;s. All&iacute; me encuentro&nbsp; todos los a&ntilde;os con un bot&aacute;nico ya viejo pero con la cabeza muy clara que, acompa&ntilde;ado con su hija, recorre los senderos y coincidimos en los paseos. Hablamos de las plantas alpinas, de las que &eacute;l conoce m&aacute;s que yo, y me cuenta historias sobre ellas.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Mauricio Wiesenthal entorna los ojos con un gesto de ternura al evocar los personajes que su padre le presentaba siendo &eacute;l ni&ntilde;o, y c&oacute;mo le explicaba qui&eacute;nes eran.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Conoc&iacute; al poeta griego Kazantzakis en la Costa Azul, cuando de ni&ntilde;o veraneaba en Antibes y en los paseos por la playa nos encontr&aacute;bamos con &eacute;l. Mi padre me dec&iacute;a quien era, y que escrib&iacute;a con especias. Yo deb&iacute;a pensar que se trataba, siendo poeta y griego, de Homero. Iba con su mujer y estaba ya medio ciego por una alergia. Me explicaba que su bisabuelo hab&iacute;a sido un pirata cretense y que, cuando saqueaba un barco de especias, las repart&iacute;a generosamente en su pueblo.</p>
<p class="Textoindependiente21">- Apenas se conoce poes&iacute;a en su obra literaria, aunque estoy seguro que usted la frecuenta. Me gustar&iacute;a conocer cuales son sus influencias y cuando se decidir&aacute; usted publicar un poemario.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Toda la poes&iacute;a m&iacute;stica &aacute;rabe y persa (y su ascendiente) es un mundo que por identidad, por haber vivido en Andaluc&iacute;a, tengo muy cercano. Probablemente ponga mi poes&iacute;a a la luz p&uacute;blica, porque s&oacute;lo tengo editada una poes&iacute;a m&iacute;a y el resto est&aacute; oculto.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Me siento muy influido por la poes&iacute;a oriental, fundamentalmente porque nace de la sensualidad &ndash;incluyendo la turca de la &eacute;poca de los Poetas de los Tulipanes- y creo que la poes&iacute;a est&aacute; basada precisamente en el mundo de la sensualidad. Por eso me molestan los poetas modernos que hablan universitariamente de conceptos hasta geom&eacute;tricos y faltos de sensualidad.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Entiendo que no aprecia usted la poes&iacute;a que no llega a trav&eacute;s de los sentidos, a trav&eacute;s del arte.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- No creo que un se&ntilde;or pueda hacer una poes&iacute;a filol&oacute;gica bas&aacute;ndose en las palabras. Se basa uno en los sonidos que es la parte sensorial de la palabra. &iexcl;La palabra como concepto no vale nada!.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Hablando de palabras y de su construcci&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; le parecen los &uacute;ltimos cambios&nbsp; que ha llevado a cabo la Real Academia de la Lengua (RAE)?</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- Acabar&aacute; cre&aacute;ndose una confusi&oacute;n mayor sobre el idioma. Hay algunas etimolog&iacute;as que propone el diccionario de la lengua que son descabelladas. Y no me importa calificarlas con todo&nbsp; rigor de etimolog&iacute;as de paleto. En todos los pueblos hay etimolog&iacute;as de paleto que hacen re&iacute;r y son divertid&iacute;simas, se podr&iacute;a hacer un libro con ellas. Es como sacar un personaje de Dostoievski en una taberna hablando as&iacute;. Pero una Real Academia no puede recoger ciertas etimolog&iacute;as, olvidando verdaderamente lo que es el rigor de la lengua. Es decir, cuando consultas el diccionario de Covarrubias es mucho m&aacute;s interesante, mucho m&aacute;s rico de leer, que lo es el de la Real Academia hoy en d&iacute;a. Hemos sufrido un retroceso desde la &eacute;poca de Covarrubias, no digamos desde la de Lebrija hasta nuestros d&iacute;as. Es terror&iacute;fico.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- &iquest;Tan desacertados son a su juicio?</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- No puede mantenerse as&iacute; una lengua que es tan rica y exige sensibilidad para entrar en ella. Cito una cosa que me concierne como especialista en enolog&iacute;a: los t&eacute;rminos enol&oacute;gicos de la RAE no hay por donde cogerlos la mitad de ellos. No corresponden ni a la ciencia. La Real Academia define mal, pero con errores cient&iacute;ficos.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">&iquest;Y la supresi&oacute;n de la tilde, de acentos, los cambios de la doble l antes elle, la y griega&nbsp; y dem&aacute;s modernizaciones?.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">- La comodidad. Es el mundo de las zapatillas. Y cuando una persona est&aacute; en zapatillas, como dir&iacute;a mi viejo maestro Eugenio D'Ors, ha perdido todo lo que es cultura para convertirse en comodidad. Entonces, cuando un se&ntilde;or de la Academia nos va proponiendo las zapatillas, est&aacute; olvid&aacute;ndonos que lo m&aacute;s importante de la Academia es la cultura. Me gustar&iacute;a decirle a ese personaje que nos propone estas modernizaciones f&aacute;ciles y c&oacute;modas para que podamos escribir sin tilde, lo que le espet&oacute; Disraeli a un decano universitario de Inglaterra cuando le propuso algo parecido: &ldquo;le recuerdo Sr. Decano que sin disciplina no hay decanos&rdquo;. Esto me permite recordarles que sin disciplina no hay Academia, Sr. Acad&eacute;mico. Sin tilde sobran los acad&eacute;micos. Para ir en zapatillas no necesito tener a un maestro de ceremonias.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">A pesar de que las &uacute;ltimas referencias a la lengua y sus cambios le han tornado un tanto severo, de inmediato la sonrisa aparece y distiende sus facciones, por unos momentos en&eacute;rgicamente serias. Han transcurrido m&aacute;s de tres horas de conversaci&oacute;n y reconozco la imposibilidad de haberme acercado siquiera a&nbsp; una m&iacute;nima parte de su vida. Contemplo a Mauricio Wiesenthal con su sobria y bonita chaqueta tradicional austr&iacute;aca sin cuello, gris, y pienso que en ella falta un edelweiss, la flor que se consideraba el reconocimiento de un guerrero completo en las culturas alpinas. Se despide jovialmente, con esa ternura amable y caballeresca tan suya, de hombre renancentista y so&ntilde;ador. Despu&eacute;s se aleja con elegancia y decisi&oacute;n rumbo a alguna Babel que le mantenga espl&eacute;ndidamente vivo y creador.&nbsp;&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 12 Dec 2016 11:24:01 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La isla de la infancia. Mi lucha: Tomo III]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-isla-de-la-infancia-mi-lucha-tomo-iii/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas16/diciembre/karl500.jpg" alt="" /></p>
<p align="center">Cuarta parte</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un tibio y nublado d&iacute;a del mes de agosto de 1969, por una estrecha carretera del extremo de una isla de la costa sur de Noruega, entre jardines y pe&ntilde;ascos, prados y bosquecillos, subiendo y bajando peque&ntilde;as cuestas, doblando cerradas curvas, unas veces con &aacute;rboles a ambos lados, como en un t&uacute;nel, y otras pegado al mar, iba un autob&uacute;s. Pertenec&iacute;a a la Compa&ntilde;&iacute;a de Vapores de Arendal, y, como todos susautobuses, era de varias tonalidades de marr&oacute;n. Cruz&oacute; un puente a lo largo de un brazo de mar, puso el intermitente a la derecha y se detuvo. Se abri&oacute; la puerta y una peque&ntilde;a familia baj&oacute; de &eacute;l. El padre, un hombre alto y delgado con camisa blanca y pantal&oacute;n claro de tergal, llevaba dos maletas. La madre, con un abrigo beige y un pa&ntilde;uelo azul claro que cubr&iacute;a su largo pelo, empujaba un cochecito de beb&eacute; con una mano, y llevaba cogido a un ni&ntilde;o de la otra. El humo gris y aceitoso se qued&oacute; suspendido por un instante sobre el asfalto despu&eacute;s de que el autob&uacute;s se hubiera ido.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ndash;Hay que andar un trecho &ndash;dijo el padre.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ndash;&iquest;Crees que podr&aacute;s, Yngve? &ndash;pregunt&oacute; la madre, mirando al ni&ntilde;o, que asent&iacute;a con la cabeza.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ndash;Claro que s&iacute; &ndash;contest&oacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ten&iacute;a cuatro a&ntilde;os y medio, el pelo rubio, casi blanco, y la piel bronceada despu&eacute;s de un largo verano al sol. Su hermano, de apenas ocho meses, estaba tumbado en el cochecito, mirando fijamente al cielo, sin saber ni d&oacute;nde estaban, ni ad&oacute;nde se dirig&iacute;an.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Empezaron a subir lentamente la cuesta. El camino era de gravilla, y estaba lleno de baches de todos los tama&ntilde;os tras un chaparr&oacute;n. A ambos lados hab&iacute;a campos de labranza. Al final del llano, que med&iacute;a unos quinientos metros de largo, empezaba un bosque bajo, como encogido por el viento del mar, que descend&iacute;a hacia las playas de cantos rodados.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A la derecha hab&iacute;a una casa reci&eacute;n construida. Por lo dem&aacute;s, no se ve&iacute;a ning&uacute;n edificio.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La suspensi&oacute;n del cochecito cruj&iacute;a. El beb&eacute; iba cerrando los ojos, mecido por ese delicioso balanceo, hasta quedarse dormido. El padre, que ten&iacute;a el pelo oscuro y corto, y una tupida barba negra, dej&oacute; una de las maletas en el suelo para secarse el sudor de la frente con una mano.</p>
<p>&ndash;Hace bochorno &ndash;dijo.</p>
<p>&ndash;S&iacute; &ndash;asinti&oacute; la mujer&ndash;, pero tal vez haga m&aacute;s fresco cuando nos acerquemos al mar.</p>
<p>&ndash;Esperemos &ndash;dijo &eacute;l, cogiendo de nuevo la maleta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esta familia, en todos los sentidos normal y corriente, con padres j&oacute;venes, como lo eran casi todos en aquella &eacute;poca, y dos hijos, como casi todas las familias de entonces, se hab&iacute;a mudado de Oslo, donde hab&iacute;a vivido durante cinco a&ntilde;os en la calle Therese, muy cerca del estadio de Bislet, a la isla de Trom, donde les estaban construyendo una casa en una urbanizaci&oacute;n. Mientras esperaban a que estuviera acabada, alquilar&iacute;an otra, una casa vieja, en Hove. En Oslo, &eacute;l hab&iacute;a estudiado ingl&eacute;s y noruego en la universidad, mientras trabajaba de vigilante por las noches; ella hab&iacute;a estudiado enfermer&iacute;a en la escuela de Ullev&aring;l. Aunque &eacute;l a&uacute;n no hab&iacute;a terminado la carrera, hab&iacute;a conseguido un puesto de profesor en el Instituto Roligheden, y ella trabajar&iacute;a en el sanatorio de Kokkeplassen para personas nerviosas. Se conocieron en Kristiansand cuando ten&iacute;an diecisiete a&ntilde;os, ella se qued&oacute; embarazada a los diecinueve y se casaron a los veinte, en la peque&ntilde;a granja del oeste en la que ella se hab&iacute;a criado. Nadie de la familia de &eacute;l asisti&oacute; a la boda, y aunque sonr&iacute;e en todas las fotos, una zona de soledad se cierne sobre su rostro; se ve que no encaja bien entre todos los hermanos y hermanas, t&iacute;os y t&iacute;as, primos y primas de ella.</p>
<p>En este momento tienen veinticuatro a&ntilde;os y su verdadera vida por delante. Trabajos propios, casa propia, hijos propios. Son ellos dos, y tambi&eacute;n ese futuro en el que est&aacute;n entrando es el suyo propio.</p>
<p>&iquest;O no lo es?</p>
<p>Nacieron en el mismo a&ntilde;o, 1944, y pertenecen a la primera generaci&oacute;n de posguerra que en muchos aspectos represent&oacute; algo nuevo, en gran parte porque estuvieron entre las primeras personas de este pa&iacute;s que alcanzaron a vivir en una sociedad en buena medida planificada. La d&eacute;cada de los cincuenta fue la del nacimiento de los entes p&uacute;blicos &ndash;el ente de educaci&oacute;n, el ente de asuntos sociales, el ente de carreteras&ndash;, las direcciones generales y las administraciones, con una monumental centralizaci&oacute;n, que en el transcurso de un tiempo asombrosamente corto tendr&iacute;a consecuencias sobre el modo de vida. El padre de ella, nacido a principios del siglo xx, ven&iacute;a de la granja en la que ella naci&oacute; y se cri&oacute;, en S&oslash;rb&oslash;v&aring;g, en la parte de los fiordos de la provincia de Sogn, y no ten&iacute;a ninguna formaci&oacute;n. Su abuelo paterno ven&iacute;a de una de las islas de la regi&oacute;n, como seguramente ser&iacute;a el caso de su padre y del padre de &eacute;ste. La madre ven&iacute;a de una granja en J&oslash;lster, a unos cien kil&oacute;metros de distancia; ella tampoco ten&iacute;a estudios, y la presencia de sus antepasados en ese lugar estaba documentada hasta el siglo xvi. La familia de &eacute;l se encontraba en un nivel m&aacute;s alto que la de ella en la escala social, ya que tanto su padre como sus t&iacute;os varones ten&iacute;an estudios superiores. Pero tambi&eacute;n ellos vivieron en el mismo sitio que sus padres, es decir, en Kristiansand. Su madre, que tampoco ten&iacute;a ninguna formaci&oacute;n, ven&iacute;a de Ǻsg&aring;rdstrand, su padre fue pr&aacute;ctico, y en la familia hab&iacute;a tambi&eacute;n polic&iacute;as. Cuando conoci&oacute; a su marido, se mud&oacute; con &eacute;l a su ciudad. Eso era lo acostumbrado. Ese cambio que tuvo lugar en la d&eacute;cada de los cincuenta y de los sesenta fue una revoluci&oacute;n, s&oacute;lo que desprovista de la violencia e irracionalidad de las revoluciones habituales. No s&oacute;lo empezaron a estudiar en la universidad los hijos de pescadores y peque&ntilde;os granjeros, obreros de la industria y dependientes de las tiendas, hijos que luego ser&iacute;an profesores y psic&oacute;logos, historiadores y trabajadores sociales; muchos de ellos tambi&eacute;n se fueron a vivir a lugares muy alejados de las comarcas de las que proven&iacute;an sus familias. El que todo esto lo hicieran con la mayor naturalidad dice algo de la fuerza del esp&iacute;ritu de la &eacute;poca. Ese esp&iacute;ritu viene de fuera, pero act&uacute;a por dentro. Para &eacute;l todos son iguales, pero &eacute;l no es igual para todos. Para esta joven madre de la d&eacute;cada de los sesenta habr&iacute;a sido un pensamiento absurdo el casarse con un chico de una de las granjas vecinas, y pasarse all&iacute; el resto de su vida. &iexcl;Ella quer&iacute;a salir! &iexcl;Quer&iacute;a vivir su propia vida! Lo mismo ocurr&iacute;a con su hermano y sus hermanas, y as&iacute; suced&iacute;a en familias por todo el pa&iacute;s. Pero &iquest;por qu&eacute; quer&iacute;an eso? &iquest;De d&oacute;nde ven&iacute;a ese deseo tan fuerte? En la familia de ella no hab&iacute;a ninguna tradici&oacute;n de algo parecido; el &uacute;nico que se hab&iacute;a march&oacute; fue el hermano de su padre, Magnus, y se fue a Estados Unidos huyendo de la pobreza. La vida que llev&oacute; en Am&eacute;rica fue durante mucho tiempo sorprendentemente parecida a la que hab&iacute;a llevado en Noruega. El caso del joven padre de la d&eacute;cada de los sesenta era distinto; en su familia lo natural era procurarse una educaci&oacute;n superior, pero tal vez no casarse con la hija de un peque&ntilde;o granjero del oeste del pa&iacute;s e irse a vivir a una urbanizaci&oacute;n a las afueras de una peque&ntilde;a ciudad del sur.</p>
<p>Pero all&iacute; estaban ese d&iacute;a c&aacute;lido y nublado de agosto de 1969, camino de su nuevo hogar, &eacute;l arrastrando dos pesadas maletas llenas de ropa de la d&eacute;cada de los sesenta, ella empujando un cochecito de la d&eacute;cada de los sesenta, con un beb&eacute; vestido con ropa de los sesenta, es decir, blanca y llena de encajes, y entre ambos, movi&eacute;ndose de un lado para otro, alegre y lleno de curiosidad, emocionado y expectante, su hijo mayor, Yngve. Cruzaron el llano, pasaron por la peque&ntilde;a zona de bosque hasta la puerta abierta de la verja y entraron en la zona del antiguo campamento. A la derecha hab&iacute;a un taller de coches, propiedad de un tal Vraaldsen; a la izquierda, grandes barracones rojos en torno a un llano de gravilla, y detr&aacute;s, un pinar.</p>
<p>A un kil&oacute;metro hacia el este estaba la iglesia; era de piedra y databa de 1150, pero ten&iacute;a partes incluso m&aacute;s antiguas, y era probablemente una de las iglesias m&aacute;s antiguas del pa&iacute;s. Estaba situada sobre una peque&ntilde;a colina y desde tiempos inmemoriales hab&iacute;a funcionado como punto de referencia para los barcos que pasaban por all&iacute;, y estaba marcada en todos los mapas de navegaci&oacute;n. En Mӕrd&oslash;, una peque&ntilde;a isla de las muchas que bordeaban el litoral, hab&iacute;a una vieja casa de capit&aacute;n de barco, como testimonio de la &eacute;poca de esplendor de la zona &ndash;los siglos xviii y xix&ndash;, cuando floreci&oacute; el comercio con el mundo exterior, sobre todo el de la madera. Durante las excursiones al museo provincial de Aust-Agder, a los chicos de los colegios se les ense&ntilde;aban objetos holandeses y chinos de aquella &eacute;poca y de m&aacute;s atr&aacute;s a&uacute;n. En Trom&oslash;ya hab&iacute;a plantas raras y ex&oacute;ticas que hab&iacute;an llegado hasta all&iacute; en los barcos que vaciaban sus aguas de lastre, y en el colegio aprendieron que fue en Trom&oslash;ya donde se cultiv&oacute; por primera vez la patata en el pa&iacute;s. En las sagas reales de Snorri la isla se menciona varias veces; bajo la tierra de prados y campos cultivados se encontraron puntas de flecha de la Edad de Piedra, y entre las piedras redondas de las largas playas de cantos rodados hab&iacute;a f&oacute;siles.</p>
<p>Pero cuando esta familia nuclear llegada de fuera atraves&oacute; con todas sus pertenencias y a paso lento ese espacio abierto, el entorno no recordaba ni al siglo x, ni al xiii, ni al xvii, ni al xviii, sino a la Segunda Guerra Mundial. El lugar hab&iacute;a sido utilizado por los alemanes durante la guerra; fueron ellos los que construyeron gran parte de los barracones y las casas. En el bosque hab&iacute;a b&uacute;nkeres de piedra completamente intactos, y en lo alto de las pendientes sobre las playas se ve&iacute;an varios emplazamientos de ca&ntilde;ones. Hab&iacute;a incluso por all&iacute; un peque&ntilde;o aer&oacute;dromo alem&aacute;n.</p>
<p>La casa en la que vivir&iacute;an los a&ntilde;os siguientes era un edificio solitario en medio del bosque. Estaba pintada de rojo, con los marcos de las ventanas blancos. Se o&iacute;a un constante murmullo procedente del mar, que no se ve&iacute;a, pero que estaba a s&oacute;lo un par de cientos de metros m&aacute;s abajo. Ol&iacute;a a bosque y a agua salada.</p>
<p>El padre dej&oacute; las maletas en el suelo, sac&oacute; la llave y abri&oacute; la puerta. Dentro hab&iacute;a una entrada, una cocina, una sala de estar con una estufa de le&ntilde;a y un cuarto de ba&ntilde;o, que tambi&eacute;n serv&iacute;a de lavadero; en el piso de arriba hab&iacute;a tres dormitorios. Las paredes no ten&iacute;an aislamiento, la cocina estaba escasamente equipada. No hab&iacute;a tel&eacute;fono, ni friegaplatos, ni lavadora, ni televisi&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ndash;Pues ya hemos llegado &ndash;dijo el padre, y llev&oacute; las maletas al dormitorio, mientras Yngve corr&iacute;a de ventana en ventana mirando fuera y la madre aparcaba el cochecito con el ni&ntilde;o dormido en el umbral de la puerta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Claro est&aacute; que yo no recuerdo nada de aquella &eacute;poca. Resulta completamente imposible identificarse con ese beb&eacute; al que mis padres hac&iacute;an fotos, resulta tan dif&iacute;cil que casi parece mal emplear la palabra &ldquo;yo&rdquo;,para hablar de aquello. Tumbado en el cambiador, por ejemplo, con la piel inusualmente roja, las piernas y los brazos abiertos y una cara retorcida en un grito cuya causa ya nadie recuerda, o sobre una piel de oveja en el suelo con un pijama blanco, todav&iacute;a con la cara roja y grandes ojos oscuros ligeramente bizcos. &iquest;Esa criatura es la misma que la que est&aacute; aqu&iacute; sentada, en Malm&ouml;, escribiendo esto? &iquest;Y esa criatura sentada en Malm&ouml; escribiendo esto con cuarenta a&ntilde;os, un d&iacute;a nublado de septiembre, en una habitaci&oacute;n llena del murmullo del tr&aacute;fico de fuera y el viento oto&ntilde;al que a&uacute;lla por el anticuado sistema de ventilaci&oacute;n, ser&aacute;la misma que ese anciano gris y enjuto que dentro de cuarenta a&ntilde;os tal vez est&eacute; sentado temblando y babeando en una residencia de mayores en alg&uacute;n lugar dentro de los bosques suecos? Por no hablar del cuerpo que un d&iacute;a estar&aacute; tendido sobre una mesa en una morgue. Se seguir&aacute; hablando de &eacute;l como &ldquo;Karl Ove&rdquo;. &iquest;No es, en realidad, incre&iacute;ble que un solo nombre contenga todo esto? &iquest;Que contenga el feto en el vientre, el beb&eacute; en el cambiador, el cuarent&oacute;n detr&aacute;s del ordenador, el anciano en el sill&oacute;n, el cad&aacute;ver sobre la mesa? &iquest;No ser&iacute;a m&aacute;s natural operar con distintos nombres, ya que la identidad y el concepto de uno mismo var&iacute;an tant&iacute;simo? Se podr&iacute;a imaginar que el feto se llamara Jens Ove, por ejemplo, el beb&eacute; Nils Ove, el ni&ntilde;o entre los cinco y los diez a&ntilde;os Per Ove, el de entre diez y doce Geir Ove, el de entre diecisiete y veintitr&eacute;s John Ove, el de entre veintitr&eacute;s y treinta y dos Tor Ove, el de entre treinta y dos y cuarenta y seis Karl Ove, etc&eacute;tera, etc&eacute;tera. Entonces el primer nombre representar&iacute;a lo propio de la edad, el segundo nombre la continuidad y el apellido, la pertenencia familiar.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No, no recuerdo nada de aquella &eacute;poca, ni siquiera s&eacute; cu&aacute;l era la casa que habitamos, aunque mi padre me lo indic&oacute; en una ocasi&oacute;n. Todo lo que s&eacute; de aquella &eacute;poca lo s&eacute; por lo que me han contado mis padres y por las fotos que he visto. Aquel invierno la nieve alcanz&oacute; varios metros, como sucede algunas veces en la regi&oacute;n de S&oslash;rlandet, y el camino hasta la casa parec&iacute;a un estrecho desfiladero. En una foto Yngve est&aacute; empujando un carro conmigo dentro, en otra est&aacute; con sus cortos esqu&iacute;s sonriendo al fot&oacute;grafo. En otra de dentro de casa me est&aacute; se&ntilde;alando, ri&eacute;ndose, y en otra estoy yo solo agarrado a la cuna. Yo le llamaba &ldquo;Aua&rdquo;, fue mi primera palabra. Seg&uacute;n me han contado, &eacute;l era el &uacute;nico que entend&iacute;a lo que yo dec&iacute;a y se lo traduc&iacute;a a mis padres. Tambi&eacute;n s&eacute; que Yngve iba por las casas llamando a la puerta y preguntando si hab&iacute;a all&iacute; alg&uacute;n ni&ntilde;o, esa historia la contaba siempre luego mi abuela paterna. &ldquo;&iquest;Vive aqu&iacute; alg&uacute;n ni&ntilde;o?&rdquo; preguntaba ella con voz de ni&ntilde;o ri&eacute;ndose. Y s&eacute; que me ca&iacute; por las escaleras y que tuve una especie de conmoci&oacute;n, dej&eacute; de respirar, la cara se me puso azul y tuve espasmos, mi madre se fue corriendo conmigo en brazos a la casa m&aacute;s pr&oacute;xima con tel&eacute;fono. Ella cre&iacute;a que era epilepsia, pero no lo era. No fue nada. Y s&eacute; que mi padre estaba a gusto de profesor, que era un buen pedagogo, y que uno de aquellos a&ntilde;os acompa&ntilde;&oacute; a una clase a la monta&ntilde;a. Existen fotos de esa excursi&oacute;n, &eacute;l parece joven y alegre en todas, rodeado de adolescentes vestidos de esa manera tierna tan caracter&iacute;stica de los primeros a&ntilde;os de la d&eacute;cada de los setenta. Jers&eacute;is de punto, pantalones anchos, botas de goma. Ten&iacute;an el pelo abultado, pero no recogido en un mo&ntilde;o como en la d&eacute;cada de los sesenta, sino cayendo suavemente sobre sus dulces rostros adolescentes. Mi madre dijo una vez que &eacute;l nunca fue tan feliz como en aquella &eacute;poca. Y luego est&aacute;n las fotos de la abuela:Yngve y yo delante de un lago helado, Yngve y yo con holgadas chaquetas de punto, ambas hechas por ella, la m&iacute;a color mostaza y marr&oacute;n, y dos sacadas en la terraza de su casa de Kristiansand: en una, ella tiene su mejilla junto a la m&iacute;a, es oto&ntilde;o, el cielo est&aacute; azul, el sol bajo, estamos mirando la ciudad, yo tendr&iacute;a unos dos o tres a&ntilde;os.</p>
<p>Uno podr&iacute;a imaginarse que estas fotos representan una especie de memoria, una especie de recuerdo, s&oacute;lo que carentes de ese &ldquo;yo&rdquo; del que suelen salir los recuerdos, y la pregunta natural es &iquest;qu&eacute; significan entonces? He visto innumerables fotos de la misma &eacute;poca de las familias de mis amigos y novias, y son de un parecido sorprendente. Los mismos colores, la misma ropa, las mismas habitaciones, los mismos quehaceres. Pero a esas habitaciones no asocio nada, son hasta cierto punto carentes de sentido, y a&uacute;n m&aacute;s claro me parece ese aspecto cuando veo fotos de la generaci&oacute;n anterior, lo que veo no es m&aacute;s que un grupo de personas vestidas con ropa extra&ntilde;a, haciendo algo para m&iacute; enigm&aacute;tico. Lo que fotografiamos es la &eacute;poca, no los seres humanos dentro de ella, ellos no se dejan captar. Tampoco lo hicieron las personas de mi entorno m&aacute;s cercano. &iquest;Qui&eacute;n era esa mujer que posaba delante de la cocina el&eacute;ctrica del piso de la calle Therese, ataviada con un vestido azul claro, con las rodillas juntas y las piernas separadas, ese postura tan t&iacute;pica de los sesenta? &iquest;La del pelo recogido en un mo&ntilde;o, los ojos azules y esa leve sonrisa, que era tan leve que casi no era una sonrisa? &iquest;La que ten&iacute;a una mano alrededor de la reluciente cafetera con tapadera roja? Pues s&iacute;, era mi madre, mi madre en persona, pero &iquest;qui&eacute;n era ella? &iquest;En qu&eacute; estaba pensando? &iquest;C&oacute;mo consideraba su vida, la que hab&iacute;a vivido hasta entonces, y la que le esperaba? Eso s&oacute;lo lo sabe ella, y la foto no dice nada al respecto. Una mujer desconocida en una habitaci&oacute;n desconocida, eso es todo. &iquest;Y ese hombre que diez a&ntilde;os despu&eacute;s est&aacute; sentado en una monta&ntilde;a bebiendo caf&eacute; de esa misma tapadera roja, pues se olvid&oacute; de meter unas tazas en la mochila antes de irse? &iquest;Qui&eacute;n era &eacute;l? &iquest;El hombre de la barba cuidada y abundante pelo negro? &iquest;El de los labios finos y los ojos alegres? Ah s&iacute;, era mi padre, mi padre en persona. Pero nadie sabe ya qui&eacute;n era &eacute;l para s&iacute; mismo, ni en ese momento, ni en todos los dem&aacute;s momentos. Y as&iacute; pasa con todas esas fotos, tambi&eacute;n con las m&iacute;as. Est&aacute;n completamente vac&iacute;as, el &uacute;nico significado que se puede sacar de ellas es el que les ha proporcionado el tiempo. Y sin embargo esas fotos forman parte de m&iacute; y de mi historia m&aacute;s &iacute;ntima, de la misma manera que las fotos de otros forman parte de la suya. Lleno de sentido, vac&iacute;o de sentido, lleno de sentido, vac&iacute;o de sentido, que tiene sentido, que no tiene sentido, esa es la ola que atraviesa nuestra vida y que constituye su emoci&oacute;n fundamental. Todo lo que recuerdo de mis primeros seis a&ntilde;os de vida, y todo lo que existe de fotos y objetos de esa &eacute;poca es algo que me atrae, constituye una parte importante de mi identidad, y llena de sentido y continuidad esa periferia por lo dem&aacute;s vac&iacute;a y carente de recuerdos del &ldquo;yo&rdquo;. Gracias a todos esos fragmentos y piezas me he construido un Karl Ove y tambi&eacute;n un Yngve, una madre, un padre, una casa en Hove y otra en Tybakken, unos abuelos paternos y unos abuelos maternos, un vecindario, y un mont&oacute;n de ni&ntilde;os.</p>
<p>Ese estado provisional chabolista es lo que yo llamo mi infancia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La memoria no es una magnitud fiable en una vida. No lo es por la sencilla raz&oacute;n de que la memoria no antepone la verdad a todo. No es nunca la exigencia de veracidad lo que decide si la memoria reproduce un suceso correctamente o no. Lo decide el inter&eacute;s personal. La memoria es pragm&aacute;tica, es insidiosa y astuta, pero no de un modo hostil o malicioso; al contrario, hace todo lo posible para satisfacer a su amo. Algunas cosas las empuja hasta el vac&iacute;o del olvido, otras las retuerce hasta lo irreconocible, otras las malinterpreta elegantemente, y algunas, que es casi nada, las recuerda n&iacute;tida y correctamente. T&uacute; no puedes nunca decidir qu&eacute; es lo que se recuerda correctamente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En mi caso, el recuerdo de los primeros a&ntilde;os es pr&aacute;cticamente nulo. Apenas recuerdo nada. No tengo ni idea de qui&eacute;n me cuidaba, qu&eacute; hac&iacute;a, con qui&eacute;n jugaba, es como si el viento se hubiera llevado todo, los a&ntilde;os entre 1968 y 1974 son un gran vac&iacute;o en mi vida. Lo poco que recuerdo no vale gran cosa: Estoy en un puente de madera dentro de un ralo bosque que casi podr&iacute;a ser alta monta&ntilde;a, por debajo de m&iacute; corre un gran arroyo, el agua es verde y blanca, yo doy saltos en el puente, el puente se balancea, y yo me r&iacute;o. A mi lado est&aacute; Geir Prestbakmo, el chico de los vecinos, tambi&eacute;n &eacute;l saltando y ri&eacute;ndose. Estoy sentado en el asiento trasero de un coche, nos detenemos en un cruce con sem&aacute;foros, mi padre se vuelve y dice que estamos en Mj&oslash;ndalen. Me dijeron luego que &iacute;bamos camino de un partido con el Start, pero no recuerdo nada ni del viaje hasta all&iacute;, ni del partido, ni del viaje de vuelta a casa. Subo la cuesta de delante de casa empujando un gran cami&oacute;n de pl&aacute;stico, es amarillo y verde y me produce una fant&aacute;stica sensaci&oacute;n de riqueza, bienestar y alegr&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Eso es todo. Esos son mis primeros seis a&ntilde;os.</p>
<p>Pero estos son los recuerdos canonizados ya en el chico de siete u ocho a&ntilde;os, la magia de la infancia: &iexcl;lo primero que recuerdo! No obstante, existe otra clase de recuerdos. Los que no est&aacute;n fijados y no se dejan evocar por la voluntad, pero que de vez en cuando se desprenden y asoman a la conciencia por su cuenta, y durante un rato se mueven por ella como una especie de medusas transparentes, despertados por un determinado olor, un determinado sabor, un determinado sonido&hellip; Siempre van acompa&ntilde;ados de una inmediata e intensa sensaci&oacute;n de felicidad. Luego est&aacute;n los recuerdos relacionados con el cuerpo, cuando haces algo que hiciste en alg&uacute;n momento, levantar la mano para protegerte del sol, recibir un bal&oacute;n en el aire, correr por un prado con la cuerda de una cometa en la mano y tus hijos a tus talones. Tambi&eacute;n est&aacute;n los recuerdos que vienen con los sentimientos: la rabia repentina, el llanto repentino, el miedo repentino, y te encuentras all&iacute; donde estabas como lanzado hacia atr&aacute;s dentro de ti mismo, lanzado a trav&eacute;s de las edades a una velocidad vertiginosa. Y luego est&aacute;n los recuerdos relacionados con el paisaje. Porque el paisaje de la infancia no es el mismo que los que siguen luego, est&aacute; cargado de una manera muy diferente. En ese paisaje cada piedra, cada &aacute;rbol ten&iacute;a un significado; tanto porque todo era visto por primera vez, como porque fue visto muchas veces se ha sedimentado en lo m&aacute;s profundo de la conciencia, no s&oacute;lo vaga y aproximadamente, tal y como el paisaje aparece delante de la casa de los adultos si cierran los ojos para evocarlo, sino de un modo casi monstruosamente preciso y detallado. En el pensamiento s&oacute;lo tengo que abrir la puerta y salir para que las im&aacute;genes me fluyan. La gravilla de la entrada de los coches en el verano, de un color casi azulado. &iexcl;S&oacute;lo eso, las entradas de coches de la infancia! &iexcl;Y esos coches de los setenta aparcados en ellas! Escarabajos, Sapos, Taunus, Granadas, Asconas, Kadets, C&oacute;nsules, Ladas, Amazones&hellip; Pero sigamos, cruzamos la gravilla, caminamos junto a la valla de madera impregnada, vamos dando zancadas por encima de la cuneta poco profunda que hab&iacute;a entre nuestra calle, la carretera circular de Nord&aring;sen y la calle Elgstien, que atravesaban toda la zona y que pasaban por dos urbanizaciones, adem&aacute;s de la nuestra. &iexcl;La pendiente de tierra oscura y grasienta que bajaba desde el borde del camino y se adentraba en el bosque! C&oacute;mo unos finos y verdes tallos hab&iacute;an empezado a crecer casi espont&aacute;neamente en ella; fr&aacute;giles y solitarios en todo eso nuevo, grande y negro, y luego la multiplicaci&oacute;n casi brutal durante el a&ntilde;o siguiente, hasta que la pendiente estuvo completamente cubierta por unos matorrales espesos y frondosos. Arbolillos, hierba, dedaleras, diente de le&oacute;n, helechos y arbustos que borraban por completo la separaci&oacute;n hasta entonces tan clara entre la calle y el bosque. Subamos por esa cuesta a lo largo del asfalto con los estrechos adoquines de cemento, y, ah, el agua que murmuraba y flu&iacute;a junto a &eacute;l cuando llov&iacute;a. El sendero de la derecha, un estrecho atajo hasta el nuevo supermercado B&ndash;Max. La peque&ntilde;a zona pantanosa, no m&aacute;s grande que dos plazas de aparcamiento, los abedules como colgando sedientos encima. La casa de los Olsen, en la parte de m&aacute;s arriba del peque&ntilde;o p&aacute;ramo y la calle que se met&iacute;a por detr&aacute;s. Se llamaba Grevlingveien. En la primera casa del lado izquierdo viv&iacute;an John y su hermana Trude, en un lugar que no era m&aacute;s que un mont&oacute;n de piedras. Yo siempre ten&iacute;a miedo cuando me ve&iacute;a obligado a pasar por delante de esa casa. En parte porque tem&iacute;a que John estuviera all&iacute; escondido tirando piedras o bolas de nieve a todos los ni&ntilde;os que pasaban, en parte porque ten&iacute;an un pastor alem&aacute;n&hellip; Aquel pastor alem&aacute;n&hellip; Ah s&iacute;, ahora me acuerdo. Qu&eacute; salvaje era aquel animal. Estaba atado en el porche o en la entrada de los coches, y ladraba a todos los que pasaban por delante de la casa, deambulando por el espacio que le permit&iacute;a la cuerda, aullando y lanzando quejidos. Estaba delgaducho y ten&iacute;a los ojos saltones y amarillos. Una vez baj&oacute; la cuesta a toda prisa hacia m&iacute;, con Trude pis&aacute;ndole los talones y arrastrando una correa detr&aacute;s. Yo hab&iacute;a o&iacute;do decir que no hab&iacute;a que correr cuando un animal te persegu&iacute;a, por ejemplo, un oso en el bosque, sino que hab&iacute;a que quedarse quieto y hacer como si nada, de modo que as&iacute; lo hice, me par&eacute; moment&aacute;neamente al verlo llegar. No sirvi&oacute; de nada. No le import&oacute; que yo estuviera inm&oacute;vil, abri&oacute; las fauces y me clav&oacute; los dientes en el antebrazo, muy cerca de la mu&ntilde;eca. Trude tard&oacute; un segundo en llegar hasta &eacute;l, agarr&oacute; la correa y tir&oacute; de ella con tanta fuerza que el perro dio un paso atr&aacute;s. Yo me ech&eacute; a llorar y me fui corriendo. Ese animal, todo en &eacute;l me asustaba. Los ladridos, los ojos amarillos, la baba que le escurr&iacute;a de las fauces, los dientes redondos y afilados de los que ya ten&iacute;a una marca en el brazo. En casa no dije nada de lo ocurrido por miedo a que me rega&ntilde;aran, porque en un suceso as&iacute; hab&iacute;a muchas posibilidades de reproche. Yo no deber&iacute;a haber estado all&iacute;, o no deber&iacute;a haberme puesto a llorar, &iquest;a qu&eacute; ven&iacute;a tenerle miedo a un perro? Desde ese d&iacute;a el miedo siempre se apoderaba de m&iacute; cuando ve&iacute;a a ese animal. Y eso era fatal, porque no s&oacute;lo hab&iacute;a o&iacute;do decir que hab&iacute;a que quedarse quieto cuando un animal peligroso te atacaba, tambi&eacute;n hab&iacute;a o&iacute;do que un perro era capaz de oler el miedo. No s&eacute; qui&eacute;n lo dijo, pero era una de esas cosas que se dec&iacute;an, y que todo el mundo sab&iacute;a: los perros pueden oler el miedo. Y entonces pueden asustarse o ponerse agresivos y atacar. Si uno no tiene miedo, ellos son buenos.</p>
<p>Yo meditaba mucho sobre eso. &iquest;C&oacute;mo pod&iacute;an <em>oler </em>el miedo? &iquest;Y no era posible hacer como si uno no tuviera miedo y los perros no notaran el sentimiento <em>real </em>que uno escond&iacute;a?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="right">Traducci&oacute;n del noruego de Kirsti Baggethun y Asunci&oacute;n Lorenzo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="right">(Fragmento del libro <em>La isla de la infancia. Mi lucha. Tomo III</em>, de Karl Ove Knausgard, que ser&aacute; pr&oacute;ximamente publicado por la editorial Anagrama)</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 12 Dec 2016 09:55:58 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Recuerdos de Rafael]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/recuerdos-de-rafael/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas16/diciembre/RAFAEL_AZCONA.jpg" alt="" /></p>
<p>Durante los &uacute;ltimos 15 a&ntilde;os de su vida, Rafael Azcona fue uno de los grandes lujos de la m&iacute;a. Siete a&ntilde;os despu&eacute;s de su muerte, el eco de su voz a&uacute;n me ronda, cada d&iacute;a. Tengo un mont&oacute;n de recuerdos con &eacute;l de protagonista. Esta es la cr&oacute;nica de algunos de ellos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>1993</strong>. Viernes 12 de febrero. Sala de espera del aeropuerto de Barajas. Estoy con Fernando Trueba, Maribel Verd&uacute;, Jorge Sanz, Pen&eacute;lope Cruz, Gabino Diego, Andr&eacute;s Vicente G&oacute;mez y Carmen Rico Godoy. Nos dirigimos a Berl&iacute;n, al festival, donde se va a presentar &ldquo;Belle &Eacute;poque&rdquo;. Un hombre con aspecto muy afable viene hacia mi corrillo, nos tiende la mano y se presenta: &ldquo;Hola, soy Rafael Azcona&rdquo;. Nos quedamos paralizados. Rafael era un mito para todos nosotros por varias razones: era un genio, era el escritor de algunas de nuestras pel&iacute;culas m&aacute;s queridas, &ldquo;Belle &Eacute;poque&rdquo; incluida, y era c&eacute;lebre su af&aacute;n de huir de cualquier exposici&oacute;n p&uacute;blica. No le pegaba nada acudir a un festival de cine. Enseguida nos enteramos de la raz&oacute;n: quer&iacute;a visitar en Berl&iacute;n los viejos estudios de la productora UFA y documentarse para una historia protagonizada por un grupo de espa&ntilde;oles que, durante la Guerra Civil, acuden a rodar una pel&iacute;cula a la Alemania nazi. Estaba a punto de nacer &ldquo;La ni&ntilde;a de tus ojos&rdquo;. Jos&eacute; Luis Garc&iacute;a S&aacute;nchez y Fernando y David Trueba com&iacute;an con &eacute;l todas las semanas y ya nos hab&iacute;an advertido de que, pese a lo que se podr&iacute;a pensar, Rafael era el reverso de un ser hosco y hura&ntilde;o. Nos da una pista de su car&aacute;cter cuando, en el aeropuerto, al ver a Jorge Sanz, le saluda as&iacute;: &ldquo;&iexcl;&iexcl;Hombre, Peci&ntilde;a&iexcl;&iexcl;&rdquo;. Peci&ntilde;a es el nombre del personaje de Jorge en &ldquo;La miel&rdquo; (1979), la pel&iacute;cula, dirigida por Pedro Mas&oacute; y escrita por Rafael, con la que debut&oacute; a los nueve a&ntilde;os. Pasamos tres d&iacute;as en Berl&iacute;n, con Rafael entre nosotros. Cada vez que me acuerdo de Berl&iacute;n lo veo a la salida de un restaurante diciendo: &ldquo;Pedid codillo, buen&iacute;simo&rdquo;. Ten&iacute;a 67 a&ntilde;os.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el avi&oacute;n de vuelta de Berl&iacute;n, Pen&eacute;lope se sienta entre Rafael y yo. Azcona nos habla de la historia de &ldquo;La ni&ntilde;a de tus ojos&rdquo;. Pen&eacute;lope le escucha con los ojos muy abiertos, sin sospechar, ni ella ni nadie, que cinco a&ntilde;os y medio despu&eacute;s ser&iacute;a la estrella de una pel&iacute;cula decisiva en su carrera.</p>
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<p>En ese mismo vuelo, hablamos de Julio Alejandro, el escritor de Huesca, el guionista de &ldquo;Nazar&iacute;n&rdquo;, &ldquo;Viridiana&rdquo; &ldquo;Sim&oacute;n del desierto&rdquo; o &ldquo;Tristana&rdquo;, nada m&aacute;s y nada menos. Rafael cree que Julio sigue en M&eacute;xico, su pa&iacute;s de acogida desde los primeros a&ntilde;os 50. Pero yo le aclaro que Julio vive en Madrid y que es amigo m&iacute;o. Rafael tiene un impulso de fan que me pareci&oacute; ins&oacute;lito en alguien como &eacute;l: &ldquo;Quiero conocer a ese hombre&rdquo;. Le prometo que en mi pr&oacute;ximo viaje a Madrid organizar&eacute; un encuentro. Al volver a Zaragoza lo primero que hago es llamar a Julio y contarle qui&eacute;n le quiere conocer. Le doy una alegr&iacute;a inmensa. A los pocos d&iacute;as &Aacute;lex de la Iglesia, con 27 a&ntilde;os, viene a Zaragoza a presentar &ldquo;Acci&oacute;n mutante&rdquo;, su primer largometraje. Le comento la cita que estoy preparando con Julio y Rafael y &eacute;l dice eso no se lo pierde ni loco. Ese es el origen de una de las mejores tardes de mi vida.</p>
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<p><strong>1993. </strong>Viernes 12 de marzo. Quedo con Rafael y &Aacute;lex en el bar del edificio de la Avenida de Am&eacute;rica en el que vive Julio con su hermano Fernando. Julio tiene 88 a&ntilde;os. Subimos al piso. Nos abre Fernando. Rafael le tiende la mano a Julio pero &eacute;ste abre los brazos mientras dice: &ldquo;Ven aqu&iacute; y dame un abrazo, hombre, que ten&iacute;a muchas ganas de conocerte. No sabes cu&aacute;nto me alegro de estar con alguien con el que me puedo pasar 20 horas seguidas sin fatigarme&rdquo;. La tertulia dura tres horas pero se nos pasa volando. Rafael, al despedirse, le regala a Julio un ejemplar del gui&oacute;n de &ldquo;Belle &Eacute;poque&rdquo; y esta dedicatoria: &ldquo;Para Julio Alejandro, maestro de mi oficio, este humilde homenaje a la Segunda Rep&uacute;blica Espa&ntilde;ola&rdquo;. Al d&iacute;a siguiente se celebran los Goya en los que &ldquo;Belle Epoque&rdquo; ganar&iacute;a nueve premios &ndash;incluido el de gui&oacute;n- y &ldquo;Acci&oacute;n mutante&rdquo; tres. Al salir de casa de Julio, &Aacute;lex y yo nos vamos a cenar con Rafael y evocamos la fant&aacute;stica personalidad de Julio. Unos meses m&aacute;s tarde, vuelvo con Rafael a visitar a Julio, acompa&ntilde;ados por Jos&eacute; Luis &ndash;Pepe- Garc&iacute;a S&aacute;nchez. Y Pepe y Julio se hacen amigos para siempre.</p>
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<p><strong>1995</strong>. 22 de septiembre. Muere Julio Alejandro. Fernando, el hermano de Julio, me cuenta que la intenci&oacute;n es enterrar sus cenizas, el 28 de octubre, al lado de un roble, en una finca cercana al Monasterio de Veruela. Se lo cuento a Rafael y decide venir a Veruela en el coche de David Trueba. Rafael no sabe conducir. Para David estar al lado de Rafael es un placer m&aacute;ximo. Siempre dice: &ldquo;Soy mejor que ayer pero peor que Rafael Azcona&rdquo;. El entierro de las cenizas de Julio es surrealista. Luego, en Zaragoza, en La bodega de Chema, con un grupo de amigos, celebramos una comida disparatada. Salimos del restaurante hacia las seis de la tarde. Entonces Mariano Gista&iacute;n y yo cruzamos a la acera de enfrente, nos bajamos los pantalones y nos ponemos a bailar y a cantar. Ante nuestra estupefacci&oacute;n, Rafael, 69 a&ntilde;os, cruza la acera y nos acompa&ntilde;a: se baja los pantalones y se pone a bailar y a cantar con nosotros, en calzoncillos. Ese es otro de los instantes de oro de mi vida.</p>
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<p>Por esa &eacute;poca, Rafael y Pepe Garc&iacute;a S&aacute;nchez disfrutan de otros arrebatos de fans con dos amigos m&iacute;os muy queridos, Agust&iacute;n S&aacute;nchez Vidal y Miguel Pardeza. Me cuentan sus ganas de conocerles y yo les digo que lo van a tener muy sencillo: la admiraci&oacute;n mutua es una de las cosas que m&aacute;s allanan las amistades. En los dos casos, se sigui&oacute; el mismo ritual: comida en el restaurante el Front&oacute;n de Madrid, larga sobremesa hasta el anochecer y afecto eterno entre ellos.</p>
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<p><strong>1997</strong>. Se estrena &ldquo;Siempre hay un camino a la derecha&rdquo;, la primera pel&iacute;cula de la productora creada por Rafael con Garc&iacute;a S&aacute;nchez y Juan Luis Galiardo. Rafael asume su condici&oacute;n de productor y eso determina un cambio de actitud, por pura complicidad con sus amigos y socios: ahora s&iacute; que tiene sentido que se implique en la promoci&oacute;n. Eso hace que Rafael vuelva a Zaragoza, con Pepe y Juan Luis, a presentar la pel&iacute;cula en los cines Renoir. Luego comemos en Casa Emilio, a partirnos de risa con Galiardo. Jos&eacute; Luis Melero, Ana Marques&aacute;n, Jos&eacute; Mar&iacute;a G&oacute;mez &ldquo;Cuchi&rdquo;, Daniel Gasc&oacute;n o Jos&eacute; Antonio Labordeta son algunos de los amigos que nos acompa&ntilde;an. Un par de a&ntilde;os despu&eacute;s, el escritor, periodista y editor de Alfaguara Juan Cruz anima la edici&oacute;n de &ldquo;Estrafalario&rdquo;, un volumen que re&uacute;ne tres relatos de Rafael de los a&ntilde;os 50,&nbsp; &ldquo;El pisito&rdquo;, &ldquo;El cochecito&rdquo; y &ldquo;Los muertos no se tocan, nene&rdquo;. Juan resulta decisivo para que Rafael d&eacute; la cara, ahora, como escritor. Eso es lo que, sobre todo, se siente Rafael: escritor, en estado puro.</p>
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<p><strong>1998</strong>. &Aacute;ngel S&aacute;nchez Harguindey provoca unas conversaciones entre dos de los mejores conversadores del mundo, Rafael y Manuel Vicent, en las que los dos escritores hablan sobre la vida. Ellos tres, con Pepe Garc&iacute;a S&aacute;nchez, Jos&eacute; Luis Cuerda, Jordi Soc&iacute;as, Manolo Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n, Juan Cruz o David Trueba, se re&uacute;nen a comer muy a menudo, para re&iacute;r y disfrutar de la amistad. El resultado de la iniciativa de Harguindey es, sencillamente, maravilloso. El libro se titula &ldquo;Memorias de sobremesa&rdquo;. En &eacute;l Rafael me estampa esta dedicatoria: &ldquo;Para Luis que, adem&aacute;s de saber leer este libro, es amigo m&iacute;o&rdquo;.</p>
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<p><strong>2004</strong>. Octubre. Pozoblanco, C&oacute;rdoba. Se celebran unas jornadas sobre cine y literatura, en las que intervienen Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n, David Trueba, Ariadna Gil, Gonzalo Su&aacute;rez, &Aacute;ngeles Caso, Antonio Soler, Lorenzo Silva, Julio Llamazares, Jos&eacute; Luis Borau o Rafael Azcona y Manuel Vicent. En esos d&iacute;as me hago la &uacute;nica foto que conservo con Rafael. Recuerdo a Rafael y Borau hablar de un gui&oacute;n que hab&iacute;an escrito juntos, &ldquo;Las hermanas del Don&rdquo;. La pel&iacute;cula no acababa de salir adelante.</p>
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<p><strong>2005</strong>. Rafael se encuentra en esa &eacute;poca en la que dice a casi todo que s&iacute; y acepta las tres propuestas que le hago: en junio, mantener una charla con &Aacute;lex de la Iglesia en un ciclo de la Academia del Cine concebido por David Trueba y arropado por Genoveva Crespo e Ibercaja; durante la primera semana de julio cerrar un curso sobre cine espa&ntilde;ol organizado por la Universidad Complutense en El Escorial y, a finales de octubre, formar parte del jurado del Festival de Cine &Oacute;pera Prima de Tudela. En Tudela, le rodeo de algunos de sus m&aacute;s &iacute;ntimos - &Aacute;ngel S&aacute;nchez Harguindey, David Trueba y Pepe Garc&iacute;a S&aacute;nchez- y de algunos de sus m&aacute;s profundos admiradores: Mara Torres, Santiago Segurola, Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n y Bernardo S&aacute;nchez, su paisano y principal estudioso. Rafael le ha encontrado el gusto, o al menos lo lleva con mucha alegr&iacute;a, al ir a lugares donde antes era imposible encontrarle.</p>
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<p>A la charla con &Aacute;lex de la Iglesia en junio acude Pep Guardiola que, por esas fechas, est&aacute; en Madrid mientras sigue un curso de entrenador. Rafael y Pep es otra de esas reuniones en la cumbre que tengo la ocasi&oacute;n de vivir en primera fila.</p>
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<p><strong>2006</strong>. 18 de marzo. Rafael acepta el homenaje que le rinde el Festival de M&aacute;laga, que edita un estupendo libro de Bernardo S&aacute;nchez. Rafael disfruta mucho en el festival, rodeado de amigos. Uno de los m&aacute;s especiales, porque apenas le ve pero al que admira mucho, es Jos&eacute; Luis L&oacute;pez V&aacute;zquez, el protagonista de &ldquo;El pisito&rdquo;, su primera pel&iacute;cula. Uno de sus grandes devotos, Agust&iacute;n D&iacute;az Yanes, sostiene que Rafael es uno de los grandes genios del siglo XX.</p>
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<p><strong>2006</strong>. Julio Alejandro vuelve a nuestra vida. El 16 de junio el Festival de Cine de Huesca organiza un coloquio-homenaje sobre Julio al que estoy invitado con Rafael, Juan Luis Bu&ntilde;uel, V&iacute;ctor Erice, Asunci&oacute;n Balaguer o Pepe Garc&iacute;a S&aacute;nchez. Rafael, Pepe y yo volvemos a Zaragoza en el coche de Ant&oacute;n Castro. Comemos en Zaragoza, en la bodega de Casa Herm&oacute;genes. Durante la sobremesa, ocurre algo: no hay nadie en el restaurante y Rafael y yo nos tumbamos en los bancos de madera, uno a continuaci&oacute;n del otro, y nos echamos la siesta, mientras nuestras cabezas se rozan. Herm&oacute;genes Carazo siempre evoca ese momento como una de las cosas m&aacute;s fabulosas y estrafalarias que han sucedido en su restaurante. Despu&eacute;s de la siesta vamos a la Facultad de Empresariales. Rafael es el invitado de &ldquo;La buena estrella&rdquo;, el ciclo de coloquios organizado por la Universidad. En la charla hablamos de &ldquo;Los europeos&rdquo;, una novela de Rafael de finales de los 50 que se ha reeditado este a&ntilde;o. Entre el p&uacute;blico se encuentran Carlos Forcadell y Juan Jos&eacute; Carreras. Poco despu&eacute;s, en los primeros d&iacute;as de julio, presentamos &ldquo;Los europeos&rdquo; en Barcelona. A la presentaci&oacute;n acuden Enrique Vila-Matas o Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n. Comemos con Pep Guardiola, que nos lleva en su coche de un sitio a otro. Al salir del restaurante, en plena plaza Catalunya, nos encontramos, por pura casualidad, con Jos&eacute; Luis Cuerda, otro de sus grandes amigos y admiradores, y el director del &uacute;ltimo gui&oacute;n de Rafael &ldquo;Los girasoles ciegos&rdquo;, protagonizada por Javier C&aacute;mara y Maribel Verd&uacute;.</p>
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<p><strong>2006</strong>. Octubre. Rafael me concede una entrevista para &ldquo;El reservado&rdquo;, un programa que presento en Arag&oacute;n TV, la televisi&oacute;n auton&oacute;mica aragonesa. Rafael se muestra encantador. Pocos meses despu&eacute;s acepta otra entrevista que le hacemos Beatriz P&eacute;cker y yo en Radio Nacional. Rafael es un entrevistado &uacute;nico.</p>
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<p><strong>2007</strong>. Febrero. David Trueba y yo hemos estrenado hace un par de meses &ldquo;La silla de Fernando&rdquo;, una pel&iacute;cula-conversaci&oacute;n con Fernando Fern&aacute;n-G&oacute;mez que Rafael hab&iacute;a visto en el primer pase que hicimos para amigos, en junio de 2006. Como no pod&iacute;a ser de otra manera, David y yo pensamos que Rafael tambi&eacute;n es perfecto para proponerle una pel&iacute;cula en la que &eacute;l nos cuente su modo de ver la vida. Pero Rafael nos invita a comer para decirnos, con todo el cari&ntilde;o del mundo, que no se siente a la altura de lo que queremos hacer. No le insistimos, como es natural.</p>
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<p>Rafael Azcona, Luis Garc&iacute;a Berlanga y Fernando Fern&aacute;n-G&oacute;mez figuran en mi altar personal como lo mejor del cine espa&ntilde;ol. Entre s&iacute; fueron muy amigos y yo fui muy amigo de los tres. Sin embargo, conoc&iacute; a Rafael en una &eacute;poca en la que apenas se ve&iacute;an. Nunca estuve con dos de ellos a la vez.</p>
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<p><strong>2007</strong>. Junio. Rafael tiene su propia manera de mostrar sus afectos. En un email me escribe: &ldquo;Eres un hijo de puta y la verg&uuml;enza de Arag&oacute;n. Tantos a&ntilde;os de amistad y nunca me hab&iacute;as hablado de la trenza de Almud&eacute;var&rdquo;. Rafael acaba de descubrir en El Corte Ingl&eacute;s de Madrid ese exquisito dulce aragon&eacute;s y se acuerda de m&iacute;. Poco despu&eacute;s de recibir ese email, en los primeros d&iacute;as de julio, David Trueba est&aacute; en Zaragoza, mi ciudad. Hemos de ir al Escorial, a un curso de la Complutense, para hablar de &ldquo;La silla de Fernando&rdquo;. La idea es viajar hasta Madrid en AVE. Antes de ir la estaci&oacute;n, pasamos por una pasteler&iacute;a. Le cuento a David lo de Rafael y la trenza de Almud&eacute;var y compramos un par de ellas, con la idea de llev&aacute;rselas a nuestro amigo. Mientras bajamos con las trenzas en la mano por las escaleras mec&aacute;nicas de la estaci&oacute;n del AVE de Zaragoza pienso que, tal vez, tendr&iacute;amos que haber llamado a Rafael y asegurarnos de que est&aacute; en Madrid. Entonces, David, se&ntilde;ala el and&eacute;n y dice: &ldquo;Mira qui&eacute;n est&aacute; ah&iacute;, Rafael Azcona, con Susi&rdquo;. Me quedo mudo. Llegamos hacia ellos y Rafael, con una enorme naturalidad, nos saluda: &ldquo;Hombre, ahora mismo le dec&iacute;a a Susi, &iexcl;pues mira que si nos encontramos por aqu&iacute; a Luis Alegre!&rdquo;. Rafael nos explica por qu&eacute; se encuentran en la estaci&oacute;n de Zaragoza: acaban de traerles en coche desde la Rioja y est&aacute;n esperando el AVE hacia Madrid. Hablamos muy brevemente porque enseguida nos hemos de separar: el tren llega y tenemos que subir y buscar nuestros asientos. Al llegar a nuestra localidad, David y yo nos encontramos, en los asientos de al lado, a Rafael y Susi. Nos miramos, perplejos, y nos echamos a re&iacute;r. David dice: &ldquo;Este tipo de cosas son las que demuestran que Dios no existe&rdquo;. Nos pasamos el viaje charlando con Rafael. Esa es la &uacute;ltima vez que le veo. Pocas semanas despu&eacute;s me entero de que le han detectado un c&aacute;ncer de pulm&oacute;n.</p>
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<p><strong>2008</strong>. Enero. Rafael apenas puede ya hablar y se comunica por sms con los amigos. Un d&iacute;a me escribe uno en el que, a su manera, me pide un peque&ntilde;o favor, &eacute;l que odia pedir favores: &ldquo;Querido Luis: el d&iacute;a 5 de febrero al mediod&iacute;a se entregan las Medallas del Trabajo. Yo no podr&eacute; recoger la m&iacute;a. Lo que sigue no es una petici&oacute;n sino una pregunta: &iquest;T&uacute; crees que Maribel Verd&uacute;, en el caso de que pudiera, y con la justificaci&oacute;n de protagonizar la &uacute;ltima pel&iacute;cula que he escrito, aceptar&iacute;a la propuesta de recogerla ella?. Un abrazo. Rafael.&rdquo; Rafael no simplifica ninguna palabra cuando escribe un sms. Consulto con Maribel y le respondo que para ella es un honor y una alegr&iacute;a. Azcona me escribe esto: &ldquo;Sin acabar de reponerme de la conmoci&oacute;n -que Maribel haya reaccionado tan generosa e incondicionalmente me ha acongojado- ah&iacute; va mi gratitud, primero hacia ti y luego hacia nuestra adorable amiga. Gracias, gracias a los dos. Os abraza vuestro, Rafael&rdquo;. Tampoco he borrado el sms de Maribel cuando le reenvi&eacute; los sms de Rafael: &ldquo;No tengo palabras. Es el m&aacute;s grande y el m&aacute;s generoso. Y nunca me he sentido tan orgullosa de hacer algo por alguien&rdquo;.Y el siguiente de Rafael: &ldquo;Ayer, con la excitaci&oacute;n, se me pas&oacute; pedirte el tel&eacute;fono y direcci&oacute;n de Maribel, que supongo que pedir&aacute;n los del protocolo. A Maribel le dir&aacute;n que la costumbre es hablar un minuto: creo que sobran los eufemismos y los ditirambos, si dice que estoy en tratamiento de un tumor pulmonar y que me manda un beso, yo encantado&rdquo;. Rafael siente aut&eacute;ntica debilidad por Maribel. Siempre dice que Maribel lleva varias &ldquo;Rafaelas Aparicio&rdquo; dentro.</p>
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<p><strong>2008</strong>. 22 de enero. &Aacute;lex de la Iglesia vuelve a Zaragoza a una charla sobre &ldquo;Los cr&iacute;menes de Oxford&rdquo;. Han pasado 15 a&ntilde;os desde que vino a estrenar &ldquo;Acci&oacute;n mutante&rdquo; y hablamos de Rafael. Cuando estamos en Radio Zaragoza, a punto de entrar en el programa de Miguel Mena, me llama Rafael. Quiere ultimar alg&uacute;n detalle relacionado con Maribel. &Aacute;lex, al saber que es Rafael, me coge el m&oacute;vil y le dice: &ldquo;Te quiero mucho, Rafael&rdquo;. Y Rafael, con la voz agotada y d&eacute;bil, le responde: &ldquo;Yo tambi&eacute;n, &Aacute;lex&rdquo;.</p>
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<p><strong>2008. </strong>Marzo. Escribo a Rafael muchos sms. &Eacute;l responde enseguida. Sus mensajes siempre llevan un toque de humor, a menudo negro. El domingo 23 de marzo estoy en Nantes, en el festival de cine espa&ntilde;ol. Desde all&iacute; le env&iacute;o otro sms. Pero ese no me lo responde. El martes 25 de marzo me entero de que Rafael no ha podido leer mi &uacute;ltimo mensaje. Hacia las cuatro de la tarde la periodista Elsa Fern&aacute;ndez-Santos me comunica que Rafael ha muerto hace un par de d&iacute;as. Realmente, el que estuviera muerto era la &uacute;nica raz&oacute;n para que Rafael no respondiera el mensaje de un amigo. Al colgar con Elsa me llama Maribel Verd&uacute;, rota de dolor, y los dos lloramos sin pudor, aprovechando que Rafael ya no nos puede ver.</p>
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<p><strong>&ldquo;Como dec&iacute;a Rafael Azcona&rdquo;</strong></p>
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<p>Como muchos de sus amigos, evoco y cito a Rafael a las primeras de cambio. La expresi&oacute;n &ldquo;Como dec&iacute;a Rafael Azcona&rdquo; es una de mis favoritas, una de las que m&aacute;s repito.</p>
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<p>Una an&eacute;cdota que refiero a menudo es esa que &eacute;l contaba de su infancia para explicar el sentido de culpa que provoca el placer, sobre todo a su generaci&oacute;n y a la de sus padres. Cuando, excepcionalmente, a su padre sastre le iban bien las cosas y entraba en casa muy contento y se creaba en un clima de cierta euforia, su madre, en el momento m&aacute;s &aacute;lgido, dejaba caer esto: &ldquo;Ya lo pagaremos, ya&rdquo;.</p>
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<p>Para &eacute;l fue clave su contacto con Italia y la cultura italiana, en la que le sumergi&oacute; Marco Ferreri. &ldquo;Mientras en Espa&ntilde;a nos educan para morir bien, en Italia es lo contrario: se prepara a la gente para vivir bien&rdquo;. Ese fue un descubrimiento esencial, que marc&oacute; su manera de entender la vida.</p>
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<p>Dec&iacute;a que el sacramento de la confesi&oacute;n, como idea, es una obra maestra: cometes el acto m&aacute;s atroz, vas a un confesionario, te autoinculpas y sanseacab&oacute;.</p>
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<p>Dec&iacute;a que la Iglesia Cat&oacute;lica hab&iacute;a decidido que el disfrute del sexo era pecado mortal por puro instinto de supervivencia. Su negocio se basa en que la gente considere que este mundo es un horror y perciba el otro mundo, el que la Iglesia &ldquo;vende&rdquo;, como el para&iacute;so. Eso aconseja condenar los placeres, para devaluar este mundo y revalorizar el otro. Rafael ven&iacute;a a decir que si el sexo no fuera pecado a nadie le acabar&iacute;a de seducir el otro mundo.</p>
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<p>Rafael trabaj&oacute; de contable en un banco de Logro&ntilde;o. &Eacute;l dec&iacute;a que dej&oacute; de ser contable porque los n&uacute;meros le provocaban muchos dolores de cabeza.</p>
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<p>Dec&iacute;a que &eacute;l no se planteaba preguntas demasiado complicadas alrededor del sentido de la vida porque eso le mareaba. Recordaba que una noche de verano, en Ibiza, iba en bicicleta y mir&oacute; al cielo mientras se hac&iacute;a preguntas sobre el misterio del universo. Lo que le pas&oacute; es que perdi&oacute; el equilibrio y se cay&oacute; al suelo.</p>
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<p>Dec&iacute;a que la gente, cuando se pon&iacute;a sincera, sol&iacute;a deslizar muchas mentiras.</p>
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<p>Fue uno de los muchos espa&ntilde;oles que pas&oacute; hambre en la guerra y posguerra. &Eacute;l dec&iacute;a que a&uacute;n sufr&iacute;a &ldquo;hambre psicol&oacute;gica&rdquo;. Tal vez por eso el regalo que m&aacute;s le gustaba recibir era un paquete de comida. Dec&iacute;a: &ldquo;He comido todo lo que he podido, por el placer de comer. Recuerdo que un d&iacute;a le dije a Marco Ferreri: Extremadura es muy grande, &iquest;por qu&eacute; no vamos y nos la comemos?&rdquo;. Su mayor placer cotidiano era el de desayunar un pan con anchoas frotado con tomate.</p>
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<p>Dec&iacute;a: &ldquo;Hasta que leo el peri&oacute;dico mis ma&ntilde;anas son extraordinarias&rdquo;.</p>
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<p>Era un devoto de las nuevas tecnolog&iacute;as. Se apunt&oacute; enseguida a todo, al m&oacute;vil, a Internet, al correo electr&oacute;nico. Sin embargo, &eacute;l sospechaba que el uso del m&oacute;vil era muy da&ntilde;ino para la salud y que ese dato lo ocultaban cuidadosamente los medios de comunicaci&oacute;n, para no perder la publicidad de las compa&ntilde;&iacute;as relacionadas con la telefon&iacute;a. Juan Cruz y Rafael Azcona hablaban con el m&oacute;vil todos los s&aacute;bados por la ma&ntilde;ana.</p>
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<p>Le daba la vuelta a casi todo. El clich&eacute; dice: &ldquo;Un cr&iacute;tico es un creador frustrado&rdquo;. Rafael dec&iacute;a: &ldquo;Un cr&iacute;tico es un cr&iacute;tico frustrado. Que, adem&aacute;s, no tiene casa&rdquo;.</p>
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<p>Dec&iacute;a &ldquo;Hay que fastidiarse con lo de &ldquo;Pobre pero honrado&rdquo;. &iquest;C&oacute;mo se le puede exigir a un pobre que sea honrado&rdquo;.</p>
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<p>Hablaba de &ldquo;los escr&uacute;pulos de pobre&rdquo;. Dec&iacute;a que a los pobres les molestaba mucho llevar rotas las prendas de vestir y siempre las llevaban zurcidas. Dec&iacute;a que a los pobres les gustaba pagar las peque&ntilde;as rondas porque les hac&iacute;a sentir ricos. Tambi&eacute;n dec&iacute;a que los ricos no pagaban nunca.</p>
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<p>Dec&iacute;a que cada ma&ntilde;ana le&iacute;a el ABC para saber qu&eacute; es lo que no ten&iacute;a que opinar.</p>
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<p>Dec&iacute;a que en el arte las comparaciones no ten&iacute;an mucho sentido y, sobre todo, que era bastante est&uacute;pido sentenciar qu&eacute; era lo mejor. Dec&iacute;a: &ldquo;Mejor solo se puede decir cuando hay cron&oacute;metro&rdquo;.</p>
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<p>De joven le gustaron mucho los toros pero un d&iacute;a le dejaron de interesar. El f&uacute;tbol le gust&oacute; siempre, aunque dej&oacute; de acudir al Bernab&eacute;u el d&iacute;a que descubri&oacute; a los Ultra Sur.</p>
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<p>Dec&iacute;a que uno de los errores de los guionistas y directores espa&ntilde;oles era que hab&iacute;an dejado de ir en autob&uacute;s.</p>
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<p>Dec&iacute;a que una de las cosas m&aacute;s peligrosas en esta vida era decir s&iacute;. Era algo que te pod&iacute;a llevar hasta el matrimonio.</p>
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<p>Dec&iacute;a que nadie estaba preparado para el matrimonio y que nadie nos preparaba para &eacute;l.</p>
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<p>Dec&iacute;a que a &eacute;l le costaba mucho decir &ldquo;te quiero&rdquo;. Le parec&iacute;a algo demasiado serio. Incluso a su mujer, para pedirle la mano, le dijo: &ldquo;Yo creo que ya estoy maduro para el matrimonio&rdquo;.</p>
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<p>Tambi&eacute;n dec&iacute;a que la monogamia era un espanto pero que no se hab&iacute;a inventado nada mejor ni menos doloroso. Y un d&iacute;a le o&iacute; esto: &ldquo;Desde que me cas&eacute;, no me ha pasado nada&rdquo;.</p>
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<p>Dec&iacute;a que, por la noche, en la cama, al apagar la luz, cuando repasaba su d&iacute;a, si reparaba en que hab&iacute;a hecho algo de lo que se avergonzaba, se pon&iacute;a muy colorado. Pero, como la luz estaba apagada, no le afectaba.</p>
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<p>Todas las noches le&iacute;a antes de dormir. Pero cuando llegaba a casa un poco bebido y se pon&iacute;a a leer, al d&iacute;a siguiente no se acordaba de nada y ten&iacute;a que volver a leerlo.</p>
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<p>Dec&iacute;a que a la lectura aplicaba el mismo criterio que a la comida. Igual que hab&iacute;a comidas exquisitas que a &eacute;l no le gustaban, tambi&eacute;n hab&iacute;a libros y autores extraordinarios que a &eacute;l no le atra&iacute;an nada. Si empezaba a leerlos y no le gustaban, los dejaba y no se sent&iacute;a culpable. &Eacute;l dec&iacute;a que perdi&oacute; muy pronto el sentido del pecado.</p>
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<p>Dec&iacute;a que los cines de la posguerra se hubiesen llenado aunque en ellos no hubieran proyectado pel&iacute;culas: en esos cines hab&iacute;a muchas m&aacute;s comodidades y se estaba mucho m&aacute;s calentito que en las casas.</p>
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<p>Dec&iacute;a que, en la posguerra, estaba muy mal visto que los novios se besaran en p&uacute;blico. Y contaba lo que hac&iacute;an algunos novios de Logro&ntilde;o: ir a la estaci&oacute;n de tren y colocarse en el and&eacute;n. Cuando el tren estaba a punto de salir, los novios fing&iacute;an que se desped&iacute;an y, entonces, se besaban.</p>
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<p>Dec&iacute;a que la posguerra dur&oacute; hasta Tejero.</p>
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<p>Dec&iacute;a que cuando era ni&ntilde;o y o&iacute;a toser a un viejo siempre pensaba que lo hac&iacute;a aposta para fastidiar.</p>
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<p>Era un gran trabajador. Madrugaba mucho y se impon&iacute;a un horario de oficina: escrib&iacute;a en su casa desde las ocho hasta las dos o las tres, seg&uacute;n hubiera quedado o no a comer.</p>
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<p>Dec&iacute;a, como Picasso, que el dinero serv&iacute;a, sobre todo, para no pensar en el dinero.</p>
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<p>Dec&iacute;a que desconfiaba de los sentimientos porque eran muy f&aacute;ciles de manipular. Sin embargo, confiaba enormemente en los sentidos, por los que le entraba el mundo.</p>
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<p>Dec&iacute;a que no era buena idea revolcarse en el pasado y que la nostalgia despide un olor a nardos putrefactos. Quer&iacute;a mirar al futuro, prefer&iacute;a la esperanza a la nostalgia.</p>
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<p>Dec&iacute;a que hab&iacute;a llegado a los 80 a&ntilde;os con un aspecto tan saludable porque no sab&iacute;a conducir. Iba a casi todos los sitios caminando. Tambi&eacute;n dec&iacute;a que le ayudaba mucho el tomarse las cosas con sosiego y el no competir.</p>
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<p>A los 80 a&ntilde;os dec&iacute;a que &eacute;l no pod&iacute;a retirarse, que ten&iacute;a que trabajar para mantenerse. Pero dec&iacute;a que a &eacute;l le encantar&iacute;a dejar de trabajar porque el trabajo le parec&iacute;a una lata. Cuando algunos le comentaban que si dejara de trabajar se aburrir&iacute;a, &eacute;l les replicaba: &ldquo;Me ir&iacute;a a un parque y me sentar&iacute;a en un banco a leer el peri&oacute;dico&rdquo;. Los otros se lo discut&iacute;an: &ldquo;Ya, y al d&iacute;a siguiente y al otro haciendo lo mismo, no lo podr&iacute;as soportar&rdquo; Y les dec&iacute;a Rafael: &ldquo;S&iacute;, porque tengo imaginaci&oacute;n. Al otro d&iacute;a me sentar&iacute;a en otro banco&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Siempre le recuerdo contento. &Eacute;l sol&iacute;a decir que, cada ma&ntilde;ana, al despertarse y comprobar que segu&iacute;a vivo se llevaba una alegr&iacute;a tan grande que ya le duraba todo el d&iacute;a. El humor fue su gran venganza contra los horrores de la vida y el absurdo del mundo. Rafael se supo re&iacute;r de la muerte como nadie se ha re&iacute;do. Una de sus m&aacute;s refinadas obras maestras nos la regal&oacute; en sus &uacute;ltimos d&iacute;as. A Jos&eacute; Luis Garc&iacute;a S&aacute;nchez todos los amigos le llamamos &ldquo;Pepe&rdquo;, menos Rafael, que siempre le llamaba Jos&eacute; Luis. Entonces, en pleno acoso de la enfermedad, Rafael, con el hilillo de voz, le dijo: &ldquo; &iquest;Yo tambi&eacute;n te puedo llamar Pepe?. Es que con esto del c&aacute;ncer de pulm&oacute;n me queda poco fuelle y me resulta mucho m&aacute;s c&oacute;modo llamarte Pepe&rdquo;. Rafael se despidi&oacute; de la vida con un humor y una delicadeza insuperables. Durante su enfermedad, se neg&oacute; a que los amigos le visit&aacute;ramos, para ahorrarnos el espect&aacute;culo de su sufrimiento. Y le pidi&oacute; Susi, su mujer, que no nos anunciara su muerte hasta dos d&iacute;as despu&eacute;s, para evitar que, por su culpa, tuvi&eacute;ramos que participar en un circo que no ten&iacute;a ninguna gracia. Rafael nunca te dec&iacute;a te quiero pero, hasta m&aacute;s all&aacute; del final, fue grande y cari&ntilde;oso como s&oacute;lo &eacute;l sab&iacute;a serlo.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 12 Dec 2016 09:35:15 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aforismos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/forismos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas16/diciembre/AITOR_FRANCOS.jpg" alt="" /></p>
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<p class="ListParagraphCxSpLast" style="text-align: left;">Para tratar con la realidad hace falta ser imaginativo.</p>
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<p class="ListParagraphCxSpLast">Hay palabras que nos responden, y no sabemos qu&eacute; preguntar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpLast">Escribir es como buscar a un prisionero en un espejo; cuando lo encuentres no tendr&aacute;s posibilidad de liberarlo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpLast">Imagina que lo que escribes es blanco, casi tan blanco como lo que no escribes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpLast">En el fondo la literatura es ciega porque el escritor ha omitido infinidad de detalles intrascendentes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpLast">Me acerqu&eacute; al escenario temiendo que el texto me reconociese.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpLast">Me he observado detenidamente pero no he encontrado fallo alguno en el espejo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpLast">Si yo fuese el Tiempo me sentir&iacute;a inc&oacute;modo ante tal proliferaci&oacute;n de bi&oacute;grafos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpLast">Tanto tiempo de espera en el museo para robar una estatua y acabar llev&aacute;ndome una reproducci&oacute;n de lo que soy.</p>
<p class="CM229">&nbsp;</p>
<p class="CM229">&nbsp;</p>
<p class="CM229">Ciego es aquel que s&oacute;lo ve la ceguera.</p>
<p class="CM229">&nbsp;</p>
<p class="CM229">&nbsp;</p>
<p class="CM229">Por m&aacute;s que abro el libro no se ilumina la habitaci&oacute;n.</p>
<p class="CM229">&nbsp;</p>
<p class="CM229">&nbsp;</p>
<p class="CM229">Un cr&iacute;tico deber&iacute;a saber escoger bien sus dientes de leche.</p>
<p class="CM229">&nbsp;</p>
<p class="CM229">&nbsp;</p>
<p class="CM229">Una m&aacute;quina de escribir que no se usa es como un gato gordo que ronronea una caricia debajo de la mesa.</p>
<p class="CM229">&nbsp;</p>
<p class="CM229">&nbsp;</p>
<p class="CM229">En la literatura, como en el amor, la flor que no comemos es la que m&aacute;s nos indigesta.</p>
<p class="CM229">&nbsp;</p>
<p class="CM229">&nbsp;</p>
<p class="CM229">A lo largo de mi vida, me he imitado muchas veces, pero nunca he conseguido llegar a ser yo mismo.</p>
<p class="CM229">&nbsp;</p>
<p class="CM229">&nbsp;</p>
<p class="CM229">Cuando hago un c&iacute;rculo siempre quiero estar fuera de &eacute;l.</p>
<p class="CM229">&nbsp;</p>
<p class="CM229">&nbsp;</p>
<p class="CM229">No est&aacute; permitido el suicidio, salvo que sea en defensa propia.</p>
<p class="CM229">&nbsp;</p>
<p class="CM229">&nbsp;</p>
<p class="CM229">Decir nada no es callar. Lo mismo que tachar no es corregir y que escribir al rev&eacute;s no es no escribir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpLast">Una biblioteca en la que faltan mis libros es una biblioteca razonablemente completa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpLast">Los &aacute;rboles se mueven m&aacute;s que nadie pero no pierden el tiempo en cambiar de lugar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpLast">La vida te persigue, pero no te espera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpLast">Cambiar la m&aacute;scara de maleta es el modo m&aacute;s seguro de viajar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpLast">Un libro le&iacute;do es siempre un amigo que habla bien de nosotros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpLast">Consejo a un lector de De Quincey: En la vida, ya la primera p&aacute;gina ten&iacute;a una inquietante doblez.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpLast">Sin la literatura nada que se inventase podr&iacute;a ser real.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpLast">Las verdades son n&uacute;meros aislados. Las mentiras tienen la necesidad de la suma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpLast">Cuando no s&eacute; qu&eacute; hacer, dibujo un &aacute;rbol. Y cada vez que &eacute;ste mueve una rama, yo le a&ntilde;ado una palabra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpLast">Hay tres estadios de confianza: mirar, perseguir y dominar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpLast">Qu&eacute; dif&iacute;cil es compararse con uno mismo cuando uno no acaba de saber qui&eacute;n es.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="ListParagraph">La certeza es como un espectador que nunca aplaude.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">Escribir como si continuamente se estuviese trasladando la funci&oacute;n a otro escenario. Escribir (o no escribir), sabiendo que una forma de no responder es contestar a todas las preguntas.</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpMiddle">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpLast">No te preocupes, cuando me vaya te dejar&eacute; los obst&aacute;culos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpLast">No puedo renunciar a un mundo que ha puesto a mi disposici&oacute;n toda su tristeza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpLast">La identidad es el paso atr&aacute;s que se da cuando uno se queda a solas con lo que no es.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpLast">Me reprochan que muera con dedicaci&oacute;n absoluta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpLast">Conviene que la escritura se ensucie, de vez en cuando, con nuestra transparencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpLast">Se tarda una vida en fracasar completamente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpFirst">&nbsp;</p>
<p class="ListParagraphCxSpLast">Lo po&eacute;tico desaparece en lo que ello mismo hace aparecer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 12 Dec 2016 09:09:49 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un amor español]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-amor-espanol/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas16/diciembre/medel500.jpg" alt="" /></p>
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<p style="text-align: left;" align="center">I&nbsp;</p>
<p>Un perro tirita abrig&aacute;ndose en el da&ntilde;o, se estremece contra</p>
<p>la debilidad; tiembla frente a nosotros. Me refiero a la costumbre en diagonal, al regreso</p>
<p>que las migas encaminan sobre el plato. Hablo</p>
<p>de buscar la tarde y encontrar la sobreprotecci&oacute;n. El fr&iacute;o significa aprendizaje.</p>
<p>Caf&eacute; en el caf&eacute;, expectativas en las suyas, me dice que sufrir</p>
<p>nos fortalece. Sin saber &eacute;l qu&eacute; entiende por herida, sin saber &eacute;l</p>
<p>qu&eacute; entiende, yo pienso en el dolor que me provoca; yo s&eacute; que me lo hace por mi bien.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II&nbsp;</p>
<p>Responde al golpe en su hombro que &eacute;l es de los que piensan</p>
<p>que las heridas se curan solas. Dolor al golpe</p>
<p>de mi hombro. Contesta &mdash;el golpe&mdash; que las heridas</p>
<p>las abren los dem&aacute;s. No el golpe, sino su mano en realidad</p>
<p>sobre mi hombro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>III&nbsp;</p>
<p>Nada suele gustarle a la primera. Repite y repite</p>
<p>hasta que se acostumbra. Identifica, reconoce:</p>
<p>entonces s&iacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>IV&nbsp;</p>
<p>A la ma&ntilde;ana siguiente, un e-mail con el asunto</p>
<p><em>por si no te enteraste de nada</em>.</p>
<p>Tampoco ahora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>V</p>
<p>Busc&aacute;bamos el fr&iacute;o porque el fr&iacute;o da&ntilde;aba</p>
<p>y porque el da&ntilde;o proteg&iacute;a. No te preguntes</p>
<p>por qu&eacute; el da&ntilde;o ni el fr&iacute;o ni preguntes:</p>
<p>pregunta qu&eacute; busc&aacute;bamos</p>
<p>la ma&ntilde;ana siguiente a la ma&ntilde;ana anterior.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="right">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 12 Dec 2016 08:57:21 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Julián Casanova: "Hay muy poco conocimiento de historia comparada"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/julian-casanova-hay-muy-poco-conocimiento-de-historia-comparada/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas16/diciembre/casanova500.jpg" alt="" /></p>
<p>Catedr&aacute;tico de Historia Moderna y Contempor&aacute;nea de la Universidad de Zaragoza, Juli&aacute;n Casanova Ruiz (Valdealgorfa, Teruel, 1956), ha cimentado un s&oacute;lido prestigio profesional como investigador, autor prol&iacute;fico y profesor en Espa&ntilde;a, EE. UU. y varios pa&iacute;ses latinoamericanos. El estudio de la Segunda Rep&uacute;blica espa&ntilde;ola, la Guerra Civil y la represi&oacute;n desatada por el franquismo constituyen buena parte de su insoslayable aportaci&oacute;n a la historiograf&iacute;a moderna. Tambi&eacute;n se ha ocupado de la historia social o la Europa de entreguerras. Miembro del consejo de redacci&oacute;n de acreditadas revistas cient&iacute;ficas como <em>Historia del presente</em> (Madrid) o <em>Historia social</em> (Valencia); del consejo asesor de <em>Studia Hist&oacute;rica</em> (Salamanca); adscrito al comit&eacute; cient&iacute;fico de <em>Cuadernos de Historia de Espa&ntilde;a</em> (Buenos Aires, Argentina) y a la junta editorial de <em>The International Journal of Iberian Studies</em> (Bradford, England), el profesor Casanova promueve entre sus alumnos proyectos de historia comparada, investigaciones y tesis m&aacute;s all&aacute; de las fronteras universitarias espa&ntilde;olas. Asiduo en la impartici&oacute;n de cursos, seminarios y conferencias en Londres, Harvard, Indiana o Nueva York, proyecta su futuro profesional en Estados Unidos en un horizonte pr&oacute;ximo.&nbsp;</p>
<p>Juli&aacute;n Casanova es autor de trabajos de referencia en torno al anarquismo -<em>Anarquismo y revoluci&oacute;n en la sociedad rural aragonesa, 1936-1938</em> (1985), <em>De la calle al frente. El anarcosindicalismo en Espa&ntilde;a, 1931-1939 </em>(1997)-; el papel de la Iglesia durante la Guerra Civil -<em>La iglesia de Franco</em> (2001)-; la represi&oacute;n -editor de <em>El pasado oculto. Fascismo y violencia en Arag&oacute;n, 1936-1939</em> (1992), <em>V&iacute;ctimas de la guerra civil</em> (1999), coordinado por Santos Juli&aacute;-; las dictaduras -coordinador de<em> Morir, matar, sobrevivir. La violencia en la dictadura de Franco</em> (2002)-; la historiograf&iacute;a -<em>La historia social y los historiadores. &iquest;Cenicienta o princesa?</em> (1991)-, y las grandes s&iacute;ntesis de los per&iacute;odos cruciales de la Espa&ntilde;a del siglo XX -<em>Historia de Espa&ntilde;a. Rep&uacute;blica y guerra civil</em> (2007).</p>
<p>Compagina su ingente labor profesional con la presencia habitual en medios de comunicaci&oacute;n nacionales, haciendo del ejercicio de la opini&oacute;n en la prensa y la radio, un compromiso &eacute;tico, intelectual y cr&iacute;tico. Divulgador riguroso y ameno, con un calculado tono de apasionamiento en ocasiones -conserva en su despacho un arsenal de an&oacute;nimos poco amables, aunque tambi&eacute;n notas de agradecimiento- y dial&eacute;ctico siempre, Juli&aacute;n Casanova ha hecho de la tenacidad y el trabajo instrumentos al servicio de la cultura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>En el origen, el anarquismo</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las inquietudes intelectuales del joven Juli&aacute;n Casanova vinculaban sus intereses primeros con la sociolog&iacute;a o la ciencia pol&iacute;tica, pero sobre todo con la filosof&iacute;a pura. Dado que ninguna de estas disciplinas se pod&iacute;a cursar en la Universidad de Zaragoza a mediados de los a&ntilde;os 70, opt&oacute; por matricularse en Historia, carrera que manten&iacute;a relaciones fraternas con las anteriores y tambi&eacute;n con la literatura, otra de las sugerentes inclinaciones que conformaban el perfil del estudiante y tambi&eacute;n militante pol&iacute;tico de origen turolense. A punto de obtener la licenciatura tom&oacute; la determinaci&oacute;n de dedicarse a la investigaci&oacute;n y planificar su futuro supeditado a la f&eacute;rrea voluntad de construir una obra reconocible y s&oacute;lida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- En la tradici&oacute;n docente espa&ntilde;ola nunca se ha hecho demasiado hincapi&eacute; en la orientaci&oacute;n universitaria al final de los ciclos medios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- No hay nada de vocaci&oacute;n en el oficio del historiador, pero s&iacute; hay caminos que te llevan a &eacute;l. El compromiso en aquel momento con los temas sociales y pol&iacute;ticos me inclin&oacute; a la Historia. Entonces ten&iacute;a una militancia antifranquista desde grupos cristianos, vinculados con la editorial Cix, que publicaba los libros heterodoxos que se pod&iacute;an permitir sobre el marxismo, sobre Miguel Hern&aacute;ndez, sobre anarquismo. Era una militancia a caballo entre consejos obreros y anarquismo pasada por cristianismo con un grupo que se llamaba &laquo;Liberaci&oacute;n&raquo;, un compromiso anticapitalista, antisistema con ra&iacute;ces morales y religiosas pr&oacute;ximas a la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n. A mitad de carrera abandon&eacute; la parte cristiana de la militancia y me integr&eacute; en los grupos aut&oacute;nomos de Comit&eacute;s de Estudiantes. Los dos &uacute;ltimos a&ntilde;os de carrera dej&eacute; la militancia pol&iacute;tica para dedicarme exclusivamente a estudiar, lo que me vali&oacute; uno de los m&aacute;s brillantes expedientes acad&eacute;micos de la especialidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Su inter&eacute;s, digamos cient&iacute;fico, por el anarquismo cu&aacute;ndo se despierta?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&nbsp; Mis preocupaciones hacia el anarquismo no son ajenas a mis tempranas militancias, aunque tambi&eacute;n hab&iacute;a otros ingredientes, como el hecho de haberme criado en el Bajo Arag&oacute;n y recibir los ecos de lo que hab&iacute;an sido las colectivizaciones y por otra parte, dada la mediocridad en que se encontraba entonces la Universidad, hubo un importante componente de autodidactismo en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Le&iacute; autores entre la protesta social y los testimonios de la Guerra Civil que me hicieron ver que el anarquismo hab&iacute;a tenido una importancia capital en Arag&oacute;n. Tom&eacute; Arag&oacute;n no como historia local, sino como escenario para estudiar mis preocupaciones sobre el anarquismo.&nbsp;</p>
<p>Otras circunstancias vinieron en mi ayuda. Durante la mili, nada m&aacute;s terminar la carrera, y con destino en Madrid, gracias a unos contactos tuve la suerte de ser enviado al Servicio Hist&oacute;rico Militar, con lo que al tiempo que hac&iacute;a la mili redactaba la tesis de licenciatura. Cuando acab&eacute;, tambi&eacute;n ten&iacute;a finalizada la tesis sobre el Consejo de Arag&oacute;n utilizando las fuentes primarias encontradas en el archivo del Hist&oacute;rico Militar. Era septiembre de 1980. El Archivo Hist&oacute;rico Militar, y yo entonces no lo sab&iacute;a, conten&iacute;a el mejor fondo para estudiar el Consejo de Arag&oacute;n puesto que Arag&oacute;n cay&oacute; de golpe y all&iacute; estaba toda la documentaci&oacute;n antes de que se recompusiera el Archivo de Salamanca y fuera trasladada. All&iacute; tom&eacute; conciencia de que mi tesis doctoral ser&iacute;a a prop&oacute;sito del anarquismo, las colectivizaciones y a tenor de todo ello formular problemas generales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El magisterio de &Aacute;lvarez Junco</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-<strong> </strong>Las formulaciones en torno al Consejo de Arag&oacute;n m&aacute;s bien parecen vinculadas a cuestiones de historia local.</p>
<p>- Yo, en aquel momento, por parad&oacute;jico que parezca, estaba bastante en contra de la historia local, ya que me parec&iacute;a que era una forma de marco reducido que nunca hac&iacute;a preguntas generales, aunque empec&eacute; a captar que ya hab&iacute;a much&iacute;sima gente que estaba renovando la historiograf&iacute;a espa&ntilde;ola. En el &uacute;ltimo congreso de Pau, en 1980, luego vino a Segovia y a Cuenca, advert&iacute; que la fuerza del congreso estaba en las gentes que hac&iacute;an historiograf&iacute;as locales, pero yo no encontr&eacute; aqu&iacute; ninguna persona que me orientara en ese camino&hellip; sin embargo tuve mucha suerte, porque en el &uacute;ltimo a&ntilde;o de carrera hab&iacute;a le&iacute;do el libro <em>La ideolog&iacute;a pol&iacute;tica del anarquismo espa&ntilde;ol</em>, (Siglo XXI Editores, 1976) de Jos&eacute; &Aacute;lvarez Junco, que era el mejor libro que hab&iacute;a hallado sobre ese tema y me puse en contacto con &eacute;l, le plante&eacute; mi l&iacute;nea de investigaci&oacute;n, le entusiasm&oacute; y empezamos una relaci&oacute;n, de manera que cuando acab&eacute; la mili, al a&ntilde;o siguiente, tuve un hueco en su casa con su familia. As&iacute; las cosas me encontr&eacute; en Madrid, con una beca de investigaci&oacute;n que me hab&iacute;an concedido para 4 a&ntilde;os con el fin de hacer la tesis, en casa de &Aacute;lvarez Junco, utilizando su biblioteca y en su Seminario de Historia de los Movimientos Sociales&hellip; de modo que todo lo que no hab&iacute;a tenido, que era un maestro lo acab&eacute; teniendo reci&eacute;n finalizada la carrera.&nbsp;</p>
<p>La segunda fuente de influencia fue mi hermano, que estaba en el extranjero en aquel tiempo y me anim&oacute; a salir fuera; luego lo primero que hice el verano siguiente fue marcharme a EE.UU. all&iacute; estuve en la Biblioteca del Congreso, en Washington. En Nueva York encontr&eacute; a viejos anarquistas que escrib&iacute;an sobre el anarquismo espa&ntilde;ol. Fui a &Aacute;msterdam, a Par&iacute;s&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&nbsp; &iquest;Qu&eacute; le debe al magisterio de &Aacute;lvarez Junco en el largo camino de su tesis?<strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- Acab&eacute; la tesis en 1983, un a&ntilde;o antes de que terminara el plazo estipulado. Eso fue producto de un intenso trabajo y porque creo que encontr&eacute; las fuentes de inspiraci&oacute;n te&oacute;ricas e interpretativas, as&iacute; como las fuentes primarias, es decir encontr&eacute; aquello a lo que un historiador puede aspirar que es un archivo o varios con fuentes primarias, mucha literatura secundaria, m&eacute;todos y teor&iacute;as que gu&iacute;an y buenos est&iacute;mulos como la amistad de &Aacute;lvarez Junco, que fue b&aacute;sica, y su prestigio, tanto por su trabajo sobre el anarquismo como por su Seminario de Estudios Sociales. &Aacute;lvarez Junco me ense&ntilde;&oacute; a ser riguroso con los conceptos, &eacute;l ten&iacute;a una especie de obsesi&oacute;n por hacer expl&iacute;citos los conceptos que utilizaba porque &eacute;l ven&iacute;a de la sociolog&iacute;a y al contrario que la mayor parte de los historiadores que iban al archivo y no se planteaban nada m&aacute;s, &Aacute;lvarez Junco part&iacute;a de que toda investigaci&oacute;n deb&iacute;a tener unos presupuestos metodol&oacute;gicos, interpretativos y te&oacute;ricos. Yo de all&iacute; sal&iacute; ganando, porque en mi tesis doctoral de historia, hab&iacute;a ya claras conexiones con las ciencias sociales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Tambi&eacute;n el profesor Carreras influy&oacute; en sus m&eacute;todos de trabajo.</p>
<p>-&nbsp; Fue el segundo per&iacute;odo de Juan Jos&eacute; Carreras en la Universidad de Zaragoza. &Eacute;l firm&oacute; mi tesis doctoral y ya me qued&eacute; en Zaragoza. Carreras abund&oacute; en la importancia de la historiograf&iacute;a que yo ya hab&iacute;a percibido, pero &eacute;l me mostr&oacute; el m&eacute;todo y la l&iacute;nea de indagaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El auxilio de las ciencias sociales</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;De qu&eacute; modo se imbrican la filosof&iacute;a, la literatura, la sociolog&iacute;a, la antropolog&iacute;a, la econom&iacute;a&hellip; en la experiencia del historiador?<strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- La gente que hab&iacute;a ido a Francia hab&iacute;a captado la relaci&oacute;n entre la Historia y las ciencias sociales a trav&eacute;s de la Escuela de <em>Annales</em>, y fundamentalmente gracias a lo que se hab&iacute;a traducido aqu&iacute; de Lucien Febvre, Marc Bloch o Fernand Braudel. La Historia ten&iacute;a tres niveles: las estructuras econ&oacute;micas y sociales, la coyuntura y despu&eacute;s estaban los acontecimientos. Yo, sin embargo, por influencia de &Aacute;lvarez Junco y aunque hab&iacute;a estudiado siempre franc&eacute;s, gir&eacute; hacia el mundo angloamericano, con lo cual tuve influencia de los marxistas brit&aacute;nicos que hab&iacute;an incorporado la experiencia de los franceses desde la sociolog&iacute;a y la antropolog&iacute;a, aunque ten&iacute;an menos demograf&iacute;a y menos econom&iacute;a que ellos, pero sobre todo ten&iacute;an una especie de pasi&oacute;n, de obsesi&oacute;n, por la narraci&oacute;n y la literatura, y tambi&eacute;n por la s&iacute;ntesis, con lo cual me fui por ese camino&hellip; En Georges Rud&eacute; o en E. P. Thompson hay mucha m&aacute;s narraci&oacute;n e imaginaci&oacute;n literaria que en Braudel que te habla de las estructuras. A m&iacute;, eso, me marc&oacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo se concret&oacute; en su carrera esa mirada al mundo anglosaj&oacute;n?&nbsp;</p>
<p>- Fui a Inglaterra con Preston, era el a&ntilde;o 1986. Paul Preston todav&iacute;a no hab&iacute;a publicado la obra que lo lanz&oacute; a la fama, <em>Franco</em>, aunque ya ten&iacute;a ultimado el libro sobre la Transici&oacute;n y su trabajo sobre la Guerra Civil en el a&ntilde;o que se conmemoraba el 50 aniversario del inicio de la contienda. En Inglaterra, a donde viaj&eacute; con mi mujer, encontramos la amistad y la generosidad de Preston y un ambiente de trabajo y relaciones. Descubr&iacute; a la gente de la Historia Social Marxista, sobre todo la <em>History Workshop</em>, una especie de taller del historiador creado por un personaje clave, Raphael Samuel, que hab&iacute;a incorporado a gente que sin ser acad&eacute;mica ten&iacute;a pasiones, erudiciones y conexiones con la Historia&hellip; era como una especie de universidad abierta, obrera, en el coraz&oacute;n de Oxford. Raphael Samuel nos honr&oacute; con su amistad y nos abri&oacute; su casa donde siempre hab&iacute;a reuniones de comunistas, de gente relacionada con el teatro, con la cultura, el arte&hellip;, es decir, lo que era la tradici&oacute;n marxista brit&aacute;nica que ten&iacute;a mucha conexi&oacute;n con el mundo de la escena y la literatura. Esa fue una influencia muy clara en mi vida que me permiti&oacute; conectar con algunas de las personas que yo hab&iacute;a le&iacute;do.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&nbsp; Fue algo as&iacute; como un viaje inici&aacute;tico cuya influencia no ha olvidado.&nbsp;</p>
<p>- Empec&eacute; a trabajar en lo que ser&iacute;a mi futuro libro, <em>La historia social y los</em> <em>historiadores</em> (Cr&iacute;tica, 1991). Desde el final de la carrera yo intu&iacute;a que esa miseria metodol&oacute;gica, te&oacute;rica e interpretativa que hab&iacute;a sufrido, de alguna manera ten&iacute;a que servirme para que yo publicara un libro sobre el m&eacute;todo y sobre la introducci&oacute;n a la Historia para que lo pudieran leer los estudiantes. <em>La historia social&hellip;</em> es un libro muy atrevido que marc&oacute; toda una &eacute;poca y caus&oacute; pol&eacute;micas porque en Espa&ntilde;a algunos consideraban que la metodolog&iacute;a y la reflexi&oacute;n deber&iacute;an estar en manos de mayores y los j&oacute;venes dedicarse a las investigaciones primarias. Este criterio todav&iacute;a se mantiene. El libro fue el resultado de este caudal, de este magma y todo ello basado en criterios que me inculc&oacute; &Aacute;lvarez Junco: habla s&oacute;lo cuando tengas los conceptos claros; hay que estudiar a los autores; hay que leer a los autores originales, no a trav&eacute;s de lo que dicen los dem&aacute;s&hellip; si hablas de Marx hay que leerlo. &Aacute;lvarez Junco siempre dec&iacute;a que hab&iacute;a descubierto que la gente hablaba de anarquismo y no hab&iacute;a le&iacute;do las obras de Bakunin, ni a Malatesta, ni a Kropotkin&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; relaci&oacute;n mantuvo con Paul Preston, c&oacute;mo influy&oacute; en su trabajo de este tiempo?<strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- Preston marc&oacute; de alguna manera la gran investigaci&oacute;n que emprend&iacute; despu&eacute;s de publicar mi tesis sobre el anarquismo y el volumen de la historia social. Con Preston habl&eacute; much&iacute;simo. &Eacute;l ya hab&iacute;a realizado trabajos y escrito art&iacute;culos sobre la tradici&oacute;n militarista y golpista y a menudo me dec&iacute;a que mis libros eran importantes y hab&iacute;an sido muy bien recibidos en Inglaterra, tambi&eacute;n Raymond Carr dijo en <em>El Pa&iacute;s</em> que mi libro sobre el anarquismo era el m&aacute;s original que se hab&iacute;a publicado sobre la guerra&hellip; Preston no dejaba de repetirme que el Consejo de Arag&oacute;n hab&iacute;a durado poco y la dictadura hab&iacute;a durado mucho. As&iacute; es como planteamos la posibilidad de dar un giro y de ah&iacute; surgi&oacute; <em>El pasado oculto</em>.<em> Fascismo y violencia en Arag&oacute;n, 1936-1939</em>.&nbsp;</p>
<p>En 1987 solicit&eacute; un proyecto de investigaci&oacute;n a la DGA y me lo denegaron aduciendo que hab&iacute;a que estudiar las dos zonas, no s&oacute;lo una. Al a&ntilde;o siguiente s&iacute; entraron a financiarlo con 600.000 pesetas que sirvieron para aglutinar un grupo de trabajo que dej&oacute; finalizada la investigaci&oacute;n en 1991, un a&ntilde;o antes de la publicaci&oacute;n en Siglo XXI, ya que la DGA tambi&eacute;n declin&oacute; la edici&oacute;n. Aqu&iacute; cerr&eacute; un cap&iacute;tulo y me fui a Harvard.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- <em>El pasado oculto</em> es un libro de referencia, sin duda, en el que aglutin&oacute; un importante equipo de investigadores de su propia escuela: &Aacute;ngela Cenarro, Pilar Maluenda, Julita Cifuentes, Pilar Salom&oacute;n&hellip;<strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- Yo me hab&iacute;a quejado siempre de que no hubiera maestros, no en el sentido de personas a las que adoras y reverencias, sino maestros que crean c&iacute;rculos de trabajo y hacen escuela. Entonces empec&eacute; a dirigir trabajos de investigaci&oacute;n como pudo ser <em>El pasado oculto</em>. Discut&iacute;amos las tesis, los argumentos, hac&iacute;amos cr&iacute;ticas al trabajo con una gente que acaba de terminar la carrera&hellip; es una de las cosas de las que me siento m&aacute;s orgulloso y creo que en eso aprend&iacute; mucho de Preston que es un personaje, aparte de su val&iacute;a personal indiscutible, que crea amplios grupos de trabajo. Hay un momento en que la historiograf&iacute;a angloamericana sobre la Guerra Civil se qued&oacute; pr&aacute;cticamente hu&eacute;rfana de los j&oacute;venes porque los viejos no dejaban nada detr&aacute;s: Stanley G. Payne, Edgard Malekafis, Raymond Carr&hellip; pero Preston sigui&oacute; trabajando con los j&oacute;venes y de &eacute;l tom&eacute; la ense&ntilde;anza de que hay que dedicarse en cuerpo y alma a trabajar con la gente que viene al despacho para hablar contigo.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-<strong>&nbsp; </strong>Dice que con <em>El pasado oculto</em> cierra un cap&iacute;tulo y se va Harvard.&nbsp;</p>
<p>- En Harvard empec&eacute; a dar mis primeras clases en EE. UU. y precisamente all&iacute; descubr&iacute; otro mundo, el mundo de la Europa de entreguerras y empec&eacute; a interesarme por la historia comparada de aquella Europa de la que hab&iacute;a le&iacute;do much&iacute;simo: los Balcanes, el Este, los fascismos&hellip; En Estados Unidos naci&oacute; mi hijo, luego viajamos mucho por pa&iacute;ses como Ecuador, donde impart&iacute; algunos cursos en relaci&oacute;n con el libro sobre los m&eacute;todos. De inmediato emprend&iacute; lo que era mi ambici&oacute;n desde la tesis, hacer una s&iacute;ntesis del anarquismo en los a&ntilde;os 30, <em>De la calle al frente.</em> <em>El anarcosindicalismo en Espa&ntilde;a, 1931-1939</em>, (Cr&iacute;tica, 1997).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Desconocimiento de la historia comparada</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Tiene capacidad, recursos y profesorado competente, la Universidad espa&ntilde;ola para formar buenos historiadores?</p>
<p>- Est&aacute; habiendo cambios importantes. Sale m&aacute;s gente fuera producto del programa <em>Erasmus</em> y se investiga m&aacute;s porque hay m&aacute;s fondos, tambi&eacute;n hay profesores que han estimulado a los estudiantes a salir fuera. Mucho se est&aacute; moviendo en la historiograf&iacute;a espa&ntilde;ola, y cuando uno hace balances por temas comprueba que hay gente que est&aacute; avanzando. Creo, no obstante, que hay cosas que no est&aacute;n solucionadas. La mayor parte de la gente que sale, aun sabiendo idiomas, termina investigando sobre Espa&ntilde;a, es decir, no hay espa&ntilde;oles especialistas en Hitler, la revoluci&oacute;n rusa o la revoluci&oacute;n industrial; como s&iacute; hay historiadores franceses, norteamericanos o brit&aacute;nicos que se especializan en Espa&ntilde;a. La presencia del historiador espa&ntilde;ol en los &aacute;mbitos internacionales siempre es para hablar de tema espa&ntilde;ol, aunque ya pueda hacerlo en varios idiomas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Por qu&eacute; ocurre esto? Alguna responsabilidad tendr&aacute;n los departamentos universitarios.&nbsp;</p>
<p>- Es un d&eacute;ficit en la formaci&oacute;n, forma parte del legado del pasado. No tenemos en los departamentos especialistas en otras cosas que no sean Espa&ntilde;a. S&oacute;lo unos pocos hablamos de Europa, tampoco hay una tradici&oacute;n de referirnos a Latinoam&eacute;rica, la gente desconoce todo acerca de estas latitudes. Es decir, hay muy poco conocimiento de historia comparada, pero adem&aacute;s, las grandes l&iacute;neas de investigaci&oacute;n en Espa&ntilde;a se hacen a trav&eacute;s de equipos de especialistas financiados por institutos de estudios locales, provinciales y regionales, con lo cual, el principal obst&aacute;culo para abrir el mercado historiogr&aacute;fico al &aacute;mbito internacional es que casi todo el mundo tiene que realizar sus tesis doctorales financiadas por institutos de proyecci&oacute;n local que exigen de alguna manera enfocar el estudio a su propio &aacute;mbito de trabajo. Est&aacute; claro que alguien puede hacer un trabajo microsc&oacute;pico y lanzarlo al universo, pero yo voy m&aacute;s all&aacute;, me refiero al hecho de que alguien con apellido espa&ntilde;ol fuera respetado en Inglaterra o en otro pa&iacute;s por haber hecho un trabajo muy bueno por ejemplo sobre la crisis del 29 en la industria de Manchester. Es el caso paralelo del ingl&eacute;s que viene a Espa&ntilde;a y hace un trabajo ya no s&oacute;lo sobre Espa&ntilde;a, sino algo tan concreto como la Iglesia cat&oacute;lica en Salamanca en 1936&hellip; Es un d&eacute;ficit que debemos salvar los historiadores espa&ntilde;oles, que estamos muy autocomplacidos, para poder competir en el mercado internacional en t&eacute;rminos de igualdad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Las tesis que usted dirige contemplan una proyecci&oacute;n supranacional, fomenta el inter&eacute;s por la historia comparada?<strong>&nbsp;</strong></p>
<p>- Est&aacute; en marcha un gran trabajo sobre el terror republicano partiendo de varios ejemplos en el marco de la sociedad espa&ntilde;ola, este trabajo se est&aacute; redactando en Estados Unidos; las relaciones durante la Segunda Rep&uacute;blica entre la Iglesia y el Vaticano a la luz de las nuevas fuentes vaticanas referidas a la Rep&uacute;blica; Guerra Civil, franquismo y memoria a trav&eacute;s del cine, es una investigaci&oacute;n de una becaria que ha trabajado varios a&ntilde;os en Nantes en su festival de cine; la participaci&oacute;n de los aragoneses en la Segunda Guerra Mundial contra el nazismo en Francia; hay dos becarios en Argentina, uno de ellos vinculado a un gran proyecto de investigaci&oacute;n y coordinaci&oacute;n que yo dirijo con profesores argentinos y espa&ntilde;oles, y otro estudio sobre protesta social y relaciones entre anarquistas espa&ntilde;oles y argentinos; un estudio comparado entre el Movimiento de Liberaci&oacute;n Nacional, la guerrilla colombiana y ETA, realizado en Colombia, se leer&aacute; este a&ntilde;o en Zaragoza. En definitiva, procuro abrir perspectivas comparadas con otros pa&iacute;ses y abrir caminos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- En alguna ocasi&oacute;n usted ha dicho que se encuentra m&aacute;s c&oacute;modo trabajando en Estados Unidos que en Espa&ntilde;a.&nbsp;</p>
<p>- S&iacute;, por varias razones. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os en EE. UU. s&oacute;lo he dado clases a alumnos de doctorado, gente que ha terminado la licenciatura, y eso produce muchas satisfacciones. Tambi&eacute;n es cierto que te exige mucho. Esas clases son una especie de aula de la ONU, hay cuarenta alumnos de m&uacute;ltiples procedencias, a todos hay que dirigirles las investigaciones, corregir sus trabajos&hellip; y adem&aacute;s hay muchos m&aacute;s medios, las bibliotecas son infinitamente mejores, hay seminarios de discusi&oacute;n y un ambiente que no existe aqu&iacute;. Por otro lado, siempre hay algo de rom&aacute;ntico cuando vas fuera, en la medida que no est&aacute;s comprometido con los trabajos burocr&aacute;ticos y administrativos que aqu&iacute; ocupan mucho tiempo, ni tampoco inmerso en las pugnas y luchas acad&eacute;micas y la toma de decisiones acerca de colegas que tienen que venir a la universidad o no... Si yo terminara all&iacute; trabajando una parte de ese romanticismo desaparecer&iacute;a porque me ver&iacute;a sumido en esa vor&aacute;gine del papeleo. El sistema, con todo, es all&iacute; bastante mejor porque la universidad norteamericana es una mezcla de exilio del per&iacute;odo de entreguerras, de la &eacute;tica protestante y de juda&iacute;smo, y esa mezcla con recursos econ&oacute;micos es explosiva. No es, a pesar de todo, una instituci&oacute;n conectada con el poder, en el sentido de colaborar o criticar a los poderosos, pero s&iacute; un foco de discusi&oacute;n y debate que no se produce en los &aacute;mbitos de la sociedad. All&iacute; hay capacidad cr&iacute;tica y libertad en el trabajo y una &eacute;tica que otorga m&aacute;s &eacute;nfasis a los m&eacute;ritos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Tiene intenci&oacute;n de irse definitivamente a trabajar a la universidad americana?&nbsp;</p>
<p>- Insisto en lo dicho, me siento mucho m&aacute;s a gusto fuera que aqu&iacute;, a pesar de que tengo un compromiso con el mundo de la Historia y con la sociedad espa&ntilde;ola a trav&eacute;s de los medios de comunicaci&oacute;n, que me ser&iacute;a muy dif&iacute;cil llevar a cabo en Estados Unidos. En fin, s&iacute; me gustar&iacute;a irme y si no lo he hecho todav&iacute;a ha sido b&aacute;sicamente por una raz&oacute;n familiar, adem&aacute;s del v&iacute;nculo que tengo con los estudiantes a los que dirijo trabajos de investigaci&oacute;n y que de alguna manera deber&iacute;a resolver. Esa posibilidad, en efecto, s&iacute; est&aacute; en el horizonte, y adem&aacute;s en un horizonte cercano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La necesidad del debate intelectual en los medios</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Valora de modo muy destacado su presencia en los medios&hellip;&nbsp;</p>
<p>- Siempre ha habido una sensaci&oacute;n parad&oacute;jica en el mundo de los historiadores. Por un lado hay una queja de que el poder no nos atiende, que las editoriales s&oacute;lo publican libros que tengan difusi&oacute;n&hellip; una queja en torno a que hemos perdido poder, pero por otro lado hay muy pocos historiadores que hayan dado el paso de querer transmitir lo que est&aacute;n haciendo aqu&iacute; con el compromiso de divulgaci&oacute;n, difusi&oacute;n y aparici&oacute;n en los medios. Es decir, se produce la queja pero la gente no pone remedio y por otro lado, cuando alguien pone remedio hay quien sospecha que ese no es el camino, que el camino est&aacute; s&oacute;lo en las revistas cient&iacute;ficas y en los libros. Me parece una paradoja muy grande, m&aacute;xime si consideramos que no hay historiadores que a partir de una determinada edad, unos 50 a&ntilde;os, publiquen mucho en revistas cient&iacute;ficas. La presencia en el extranjero, en libros y en revistas es nula en el mundo de la Historia, con lo cual al final la gente acaba teniendo relaciones de poder internas, o de proyecci&oacute;n social de su titular, pero sin la frescura del compromiso. Las publicaciones s&oacute;lidas de historiadores consagrados no son tantas, las de j&oacute;venes s&iacute; son abundantes. A m&iacute; me parece que estamos en un momento de tensi&oacute;n en ese aspecto, y creo que Espa&ntilde;a tiene una gran necesidad de gente que entre en el debate intelectual y pol&iacute;tico conectando con la Historia y desde ese punto de vista creo que hay que hacerlo en la radio, en la televisi&oacute;n, en la prensa, abriendo caminos, aprovechando los cauces&hellip; aunque a veces te censuren, como me ha ocurrido a m&iacute; mismo en Zaragoza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Incluso participando en tertulias radiof&oacute;nicas, un g&eacute;nero a menudo de escaso relieve y dudoso prestigio period&iacute;stico?&nbsp;</p>
<p>- Cuando me lo plantearon era el momento de la memoria hist&oacute;rica y me pareci&oacute; oportuno intervenir en radios que tienen una buena audiencia, aun a sabiendas de que hay d&iacute;as que es necesario hablar de cosas que no te apetecen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Sus colegas historiadores no lo pueden tachar de fr&iacute;volo, incluso superficial por intervenir en estos programas? Adem&aacute;s, pueden argumentar que precisamente su presencia en los medios le resta tiempo y esfuerzo a su trabajo intelectual, en beneficio de una proyecci&oacute;n social y el cultivo de una imagen&hellip;&nbsp;</p>
<p>- Hay dos argumentos para desmontar esa tesis, si es que alguien se atreve a formularla. Primero, estoy en los medios de comunicaci&oacute;n al tiempo que aparece una colecci&oacute;n de libros de Historia y el primero que presenta su trabajo soy yo que cumplo mis compromisos con las editoriales. El proyecto de Historia de Espa&ntilde;a est&aacute; ahora medio parado porque dos libros que deb&iacute;an haber entrado en imprenta a finales de 2007 todav&iacute;a no se han entregado al editor. Mi <em>Rep&uacute;blica y Guerra Civil</em>, no s&oacute;lo cumpli&oacute; con los plazos establecidos, sino que va a ser influyente en la historiograf&iacute;a y va a ser traducido al ingl&eacute;s. &iquest;Se traducen libros de Historia de Espa&ntilde;a teniendo a Preston y otros autores? Otro argumento, no s&eacute; si hay un historiador en Espa&ntilde;a que dirija m&aacute;s tesis que yo&hellip; y que pregunten a los alumnos, en fin&hellip; los argumentos se deshacen, aunque puede ser que alguien los utilice. Lo que termina dando la medida de las cosas es la investigaci&oacute;n, la docencia, los lectores, los alumnos, los que te rodean&hellip; He dirigido 20 tesis doctorales, decenas de tesinas&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo es su relaci&oacute;n con el poder?&nbsp;</p>
<p>- Mis relaciones con el poder institucional son nulas, nunca he tenido una relaci&oacute;n, un cargo&hellip; las pocas veces que me han sondeado cuando he puesto condiciones se han echado atr&aacute;s, lo que me parece ciertamente clarificador, y lo creo as&iacute; porque si tengo una proyecci&oacute;n social, editorial, una proyecci&oacute;n con los medios, es raro que no la haya tenido en otras facetas, aunque posiblemente por mi propia decisi&oacute;n no la tendr&iacute;a. La explicaci&oacute;n es muy clara, al margen de lo que cada uno piense, soy una persona poco d&oacute;cil y tengo pocos compromisos desde esa perspectiva con la gente que est&aacute; en el poder, adem&aacute;s me interesa muy poco este compromiso. No soy una persona neutral, ni inocente en la ideolog&iacute;a, ni en la forma de plantear las cosas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;En qu&eacute; proyecto est&aacute; trabajando ahora?&nbsp;</p>
<p>- Voy a escribir una s&iacute;ntesis sobre el siglo XX espa&ntilde;ol que tengo comprometida para publicar en 2009. La verdad es que hace tiempo tengo el proyecto de hacer un libro sobre Europa entera, ya veremos qu&eacute; hago con &eacute;l. Adem&aacute;s, acabo de proponer la investigaci&oacute;n magna sobre las responsabilidades pol&iacute;ticas en Arag&oacute;n, ya est&aacute; creado el equipo de trabajo. Pero las cosas no deben parar aqu&iacute;, hay que abundar en el conocimiento e indagaci&oacute;n en torno al franquismo, conocer las oligarqu&iacute;as, el desarrollo del urbanismo, de la industria, las elites de los profesionales liberales, los medios de comunicaci&oacute;n&hellip; es una historia pendiente, pero tambi&eacute;n es una historia maldita en la que probablemente nadie se atrever&aacute; a entrar. La represi&oacute;n es un tema duro, pero aparentemente es m&aacute;s f&aacute;cil profundizar ahora en ese aspecto que proponer una biograf&iacute;a sobre G&oacute;mez Laguna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- La Guerra Civil nunca dejar&aacute; de ofrecer materia para la investigaci&oacute;n y el conocimiento.&nbsp;</p>
<p>- Es siempre un tema abierto. Desde el punto de vista de las grandes cuestiones de la guerra, las grandes respuestas est&aacute;n enunciadas: razones del golpe de Estado, por qu&eacute; unos ganaron y otros perdieron, la internacionalizaci&oacute;n de la guerra, los grandes problemas de la revoluci&oacute;n y la contrarrevoluci&oacute;n, la violencia pol&iacute;tica, los conocimientos de las grandes biograf&iacute;as de los personajes&hellip; todo esto ya est&aacute; formulado. Ahora bien, como es un tema que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os la investigaci&oacute;n tambi&eacute;n lo ha referido al testimonio y la memoria, aunque a veces se confundan, el pasado y el presente de la Guerra Civil ya no se analizan s&oacute;lo en t&eacute;rminos historiogr&aacute;ficos. Nunca est&aacute; cerrado este tema, adem&aacute;s, los archivos van a seguir dando sorpresas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 02 Dec 2016 11:43:32 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Causas y efectos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/causas-y-efectos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas16/diciembre/RAFAEL_COURTOISIE.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>1)</p>
<p>Una condici&oacute;n absoluta</p>
<p>habita la materia</p>
<p>de la voz</p>
<p>la mirada escucha</p>
<p>el color canta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>2)</p>
<p>Llueve</p>
<p>no en el espacio</p>
<p>sino en la lengua del viento.</p>
<p>Un pensamiento corporal</p>
<p>llena el silencio, lo colma.</p>
<p>Agua de las palabras</p>
<p>desnudas en la boca.</p>
<p>El sonido y la furia:</p>
<p>furia dulce</p>
<p>sonido rojo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>3)</p>
<p>Cautela para penetrar la noche</p>
<p>y suavidad para dejarla</p>
<p>tibia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>4)</p>
<p>No escucho: bebo</p>
<p>como si fuera agua</p>
<p>lo que dices.</p>
<p>Besa mi sed.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>5)</p>
<p>La respuesta inventa la pregunta.</p>
<p>El sol la noche.</p>
<p>Caricia es la respuesta</p>
<p>a la pregunta de la piel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>6)</p>
<p>El animal de la serenidad</p>
<p>da un zarpazo, un rel&aacute;mpago</p>
<p>ocre en el pensamiento.</p>
<p>Se apaga la noche</p>
<p>recuerda el cuerpo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>7)</p>
<p>Las piedras son voces</p>
<p>f&oacute;siles de una lengua muerta</p>
<p>altas palabras sin carne</p>
<p>gritos de hueso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>8)</p>
<p>El sentido del musgo</p>
<p>contradice el sentido del sol.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 02 Dec 2016 11:37:25 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Silencio]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/silencio/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas16/diciembre/molino500.jpg" alt="" /></p>
<p>&Eacute;ramos pobres, pero ten&iacute;amos Francia. Tras el divorcio de mis padres, Michel trajo a mi madre un amor sencillo y diurno, y a m&iacute; me regal&oacute; Francia entera, unos abuelos franceses, otro idioma y otros veranos, verdes y fluviales. Todo lo que a uno le regalan en la adolescencia le pertenece para siempre, y yo me hice franc&eacute;s a los quince a&ntilde;os, con la determinaci&oacute;n inapelable de los quince a&ntilde;os.</p>
<p>En aquellos veranos no fumaba Marlboro, como hac&iacute;a en Espa&ntilde;a. Me cambiaba al negro arom&aacute;tico, que all&iacute; no se llamaba negro. Compraba Gauloises porque era lo que se fumaba en los libros de Julio Cort&aacute;zar, que tambi&eacute;n era un franc&eacute;s electivo. A veces, compraba Gitannes, porque sonaba mejor. Me los fumaba en paseos solitarios, a escondidas, con el pretexto de explorar la ciudad por mi cuenta, lejos de la familia. Me fumaba Francia en caladas ansiosas, encantado de parecer y de sonar extranjero. Me fumaba su silencio de provincias de las seis de la tarde y sus contraventanas cerradas. Me fumaba todo el desembarco de Normand&iacute;a, sus bandos gaullistas en las paredes de las <em>mairies</em>, sus avenidas Pr&eacute;sident Wilson, General L&eacute;crerc y L&eacute;gion Tcheque. Me fumaba sus G&eacute;ant Casino, sus tiendas de BD y sus <em>boulangeries</em>.</p>
<p>&Eacute;ramos pobres, pero ten&iacute;amos los veranos en el camping de Durtal, donde mis nuevos abuelos hab&iacute;an anclado una caravana enorme, bajo cuyo toldo daban de comer a toda la familia comidas francesas de tres horas a la orilla del Loir. All&iacute;, en un embarcadero de madera, le&iacute;a a Proust, porque, si quer&iacute;a ser un escritor franc&eacute;s, deb&iacute;a leer a Proust, y lo le&iacute;a en un paisaje muy parecido al de Combray, que estaba ciento y pico kil&oacute;metros r&iacute;o arriba, en direcci&oacute;n a Par&iacute;s. Yo recorr&iacute;a sentado el camino de Swann y Francia entera era m&iacute;a en aquellas tardes de Durtal. Michel me sorprend&iacute;a leyendo a Proust y me contaba que &eacute;l hab&iacute;a ido a la escuela con un sobrino-nieto suyo. El primer d&iacute;a, al pasar lista, el profesor brome&oacute; con su apellido. &iquest;No ser&aacute; usted familiar de Marcel Proust, verdad? El chico, muy serio, le dijo que s&iacute;, que era su t&iacute;o-abuelo, y el profesor no quiso creerle. En aquella escuela perdida de <em>provinces</em>, &eacute;l ten&iacute;a sangre de gloria nacional en uno de sus pupitres. Aquello era m&aacute;s grave que una aparici&oacute;n mariana, pero el chico lo dec&iacute;a con una naturalidad de blasfemia. Para el alumno, ser pariente de Proust era lo normal, como si se pudiera ser pariente de Proust sin prosodia ni ceremonia, sin una sola frase subordinada, sin un triste adjetivo.</p>
<p>Michel me contaba todo eso, pero yo no escuchaba. Ten&iacute;a quince a&ntilde;os, me estaba fumando Francia y aquello me parec&iacute;a una frivolidad y una estupidez. &Eacute;l habr&iacute;a ido a clase con el sobrino-nieto de Proust, pero yo <em>entend&iacute;a</em> a Proust porque pertenec&iacute;a a su estirpe. Yo ser&iacute;a un escritor franc&eacute;s, me ligar&iacute;a a &eacute;l con una <em>liaison</em> m&aacute;s fuerte y noble que la sangre, ser&iacute;a su pariente de letras, el sobrino-nieto letraherido. S&oacute;lo quer&iacute;a que mi padrastro (pues cuando me irritaba se convert&iacute;a en eso, en mi padrastro) dejara de molestarme con sus an&eacute;cdotas escolares para so&ntilde;arme cien kil&oacute;metros r&iacute;o arriba, en el pueblo llamado Illiers-Combray. Lo ten&iacute;a localizado en la gu&iacute;a Michelin del coche de Michel y me hab&iacute;a enterado de que, hasta 1971, se llamaba s&oacute;lo Illiers. Pero, ese a&ntilde;o, sus vecinos se rindieron y a&ntilde;adieron un gui&oacute;n seguido de su verdadero nombre, el que le puso Proust. La literatura gan&oacute; a la toponimia, y entonces me pareci&oacute; algo hermoso y justiciero. Sent&iacute; mucho m&aacute;s amor por mi nuevo pa&iacute;s.</p>
<p>Francia me dio otra historia y otro pasado. Cuando no estaban en Durtal, mis abuelos franceses viv&iacute;an en una casita de Angers que ellos mismos hab&iacute;an construido en un barrio donde todo el mundo se hab&iacute;a construido su casa. En la primera y la segunda planta reinaba la abuela, pero en el garaje y en la <em>cave</em>, mandaba el abuelo Louis, con su desorden, su grasa y su poso de aperitivo anisado. Compraba vino a granel que &eacute;l mismo embotellaba y etiquetaba. Una parte de la <em>cave</em> era la bodega propiamente dicha, con hileras de botellas tumbadas de todos los pueblos del viejo Anjou, cuyas a&ntilde;adas se distingu&iacute;an antes por el grosor de la capa de polvo que por la numeraci&oacute;n de la etiqueta. La otra mitad del subterr&aacute;neo eran estanter&iacute;as con papelotes. Miles de recortes de peri&oacute;dico y documentos. Casi todos, de la guerra y de los a&ntilde;os cincuenta. Una hemeroteca socialista y resistente, el legado pol&iacute;tico del sindicalista Louis.</p>
<p>Porque aquel anciano de sordera vespertina y sonrisa madrugadora hab&iacute;a sido un h&eacute;roe nacional. Ferroviario nacido en Burdeos (y sus ra&iacute;ces bordelesas eran tambi&eacute;n motivo de admiraci&oacute;n, como si procediese de un sur salvaje y republicano, y no se hubiera adaptado al noble y civilizado pa&iacute;s del Loira), le toc&oacute; mover trenes por la Francia ocupada. Era joven, socialista y de Burdeos, as&iacute; que la Resistencia le reclut&oacute; enseguida. Deseaba dejarse reclutar. Boicoteaba v&iacute;as, inutilizaba locomotoras, ayudaba a colarse a los resistentes que colocaban las bombas o les pasaba hojas de ruta con los horarios y las estaciones de convoyes que se pod&iacute;an asaltar o descarrilar. All&iacute;, en aquellos papelotes, junto a sus vinos de Anjou legitimistas, se exhib&iacute;a su orgullo republicano.</p>
<p>Mi abuelo franc&eacute;s se recreaba en su pasado porque estaba muy orgulloso de &eacute;l y sab&iacute;a que el pa&iacute;s se sent&iacute;a tambi&eacute;n orgulloso. Estaba en el lado bonito de los libros de texto. Cuando sus nietos estudiaban historia en clase, le estudiaban a &eacute;l, le admiraban a &eacute;l. Era algo ins&oacute;lito para m&iacute;, que bajaba a la <em>cave</em> mareado por el empacho de rillettes y frases de Proust. El pasado como orgullo. El pasado como explicaci&oacute;n. Yo ven&iacute;a del silencio espa&ntilde;ol, de la verg&uuml;enza y del d&eacute;jalo estar. Me abrumaba tanta palabra. Estaba acostumbrado a encontrar a mi abuelo carnal en los m&aacute;rgenes de los libros de texto, en la parte medio dicha de las conversaciones y en las frases interrumpidas con carraspeos. Cre&iacute;a que todos los abuelos rumiaban el mismo silencio culpable y avergonzado, pero en Francia, aunque la hierba era m&aacute;s verde, jugosa y abundante, m&aacute;s propia de cuadr&uacute;pedos mansos, los abuelos se pintaban her&aacute;ldicos y carn&iacute;voros. No parec&iacute;an rumiantes silenciosos, sino leones en sobremesa, satisfechos con su caza.</p>
<p>Todos en Francia eran parientes de Proust. Todos convert&iacute;an su pasado en literatura lib&eacute;rrima y magn&iacute;fica, con frases que no ped&iacute;an disculpas ni callaban nada. Como Proust, los abuelos franceses quer&iacute;an decirse enteros. Como Proust, ten&iacute;an un pa&iacute;s dispuesto a escucharles y darles la raz&oacute;n. Menos mal que ten&iacute;a Francia. Menos mal que ten&iacute;a Durtal y el Loir y la <em>cave</em> del abuelo Louis. Me gustaba m&aacute;s mi pasado franc&eacute;s que mi pasado espa&ntilde;ol. Hoy s&eacute; que s&oacute;lo caminaba hacia mi pasado espa&ntilde;ol dando un rodeo. Por eso, esta historia empieza en Francia, a mis quince a&ntilde;os, pero arranca de verdad en Espa&ntilde;a, a mis diecisiete, el d&iacute;a que o&iacute; hablar, como si lo hiciera por primera vez, a mi abuelo real, que parec&iacute;a tan de mentira al lado de mi abuelo franc&eacute;s. Tan poco abuelo, apenas una presencia sorda y quieta. Supe que mi abuelo era raro al mismo tiempo que me apropi&eacute; de Francia, en la <em>cave</em> de aquel otro abuelo mucho m&aacute;s plausible, hecho de sonrisas y pellizcos en la mejilla. Fue en Francia, tan pobre y tan fumador clandestino, tan cursi y tan altivo, donde descubr&iacute; lo extra&ntilde;a y silenciosa que era mi estirpe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Fragmento de novela in&eacute;dita)</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 02 Dec 2016 11:33:54 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Turia redescubre a Ramón Acín]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-redescubre-a-ramon-acin/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2016/acin500_1.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>LA REVISTA TAMBI&Eacute;N ANALIZA LA REPERCUSI&Oacute;N DE LOS AMANTES DE TERUEL EN LAS ARTES PL&Aacute;STICAS</strong></p>
<p><strong>LUIS ANTONIO DE VILLENA PRESENT&Oacute; LA REVISTA&nbsp; EN TERUEL</strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>14 AUTORES TUROLENSES PARTICIPAN EN EL SUMARIO</strong></p>
<p><strong>Ram&oacute;n Ac&iacute;n, uno de los grandes nombres propios del arte de vanguardia y libertario espa&ntilde;ol del siglo XX, es el principal protagonista del nuevo n&uacute;mero de la revista cultural TURIA. Se trata de un homenaje colectivo que le rinden catorce autores y estudiosos con ocasi&oacute;n de celebrarse este a&ntilde;o el 80 aniversario de su muerte. TURIA pretende as&iacute; redescubrir a los lectores en espa&ntilde;ol el inter&eacute;s y la vigencia de la creatividad comprometida de un personaje tan &uacute;nico como irrepetible.</strong></p>
<p><strong>El nuevo n&uacute;mero de TURIA fue presentado el d&iacute;a 29 de noviembre en Teruel por el escritor Luis Antonio de Villena.</strong></p>
<p><strong>Entre los contenidos del n&ordm; 120 de TURIA sobresale un interesante trabajo sobre &ldquo;Los Amantes de Teruel en las artes pl&aacute;sticas&rdquo;. Su autora es Marta Marco Mallent, profesora de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de Teruel, y el art&iacute;culo constituye una excelente aproximaci&oacute;n a la huella que a trav&eacute;s del tiempo ha tenido la c&eacute;lebre leyenda/historia de amor en la creatividad de los artistas de distintas &eacute;pocas.</strong></p>
<p><strong>Por otra parte, conviene destacar la participaci&oacute;n de un total de 14 autores turolenses o residentes en Teruel en el sumario de la revista.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UN SUMARIO REPLETO DE LECTURAS Y AUTORES DE INTER&Eacute;S</strong></p>
<p>A trav&eacute;s de 150 p&aacute;ginas de textos in&eacute;ditos, TURIA ofrece una aproximaci&oacute;n plural, rigurosa y atractiva a figura y la obra de Ram&oacute;n Ac&iacute;n: &ldquo;un hombre de escandalosa ejemplaridad cuyo &uacute;nico defecto fue su bondad&rdquo;, seg&uacute;n lo describiera su coet&aacute;neo y destacado intelectual republicano Rafael S&aacute;nchez Ventura. Y es que, en ese eterno debate entre el arte y la vida, son pocos los que como Ac&iacute;n se empe&ntilde;aron &ldquo;en hacer de cada vida una obra de arte y de cada arte una vida&rdquo;, en palabras de su amigo Felipe Alaiz.</p>
<p>Sin duda, su condici&oacute;n de creador multifac&eacute;tico y comprometido de Ram&oacute;n Ac&iacute;n, su humanismo y su perfil libertario, hacen de &eacute;l un creador singular en el panorama espa&ntilde;ol del siglo XX y convierten a su legado en un patrimonio &eacute;tico y est&eacute;tico, literario y art&iacute;stico, merecedor de una mayor y permanente difusi&oacute;n global en espa&ntilde;ol. Una tarea de fomento, de redescubrimiento de la obra de Ac&iacute;n entre el lector de habla hispana, a la que TURIA puede y quiere contribuir.</p>
<p>Adem&aacute;s de cuidado monogr&aacute;fico dedicado a Ram&oacute;n Ac&iacute;n, el nuevo n&uacute;mero de TURIA brida un sumario repleto de lecturas y autores de inter&eacute;s. As&iacute;, el escritor argentino Patricio Pron da a conocer un interesante art&iacute;culo sobre su c&eacute;lebre compatriota Jorge Luis Borges. Tambi&eacute;n encontraremos una completa y rigurosa aproximaci&oacute;n al universo literario de Roberto Bola&ntilde;o, uno de los escritores latinoamericanos m&aacute;s importantes de los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Y, entre otros contenidos de relieve, una grata sorpresa en primicia en espa&ntilde;ol: un fragmento de El n&uacute;mero 11, la nueva novela del escritor brit&aacute;nico Jonathan Coe, uno de los nombres m&aacute;s destacados de la narrativa inglesa contempor&aacute;nea.</p>
<p>Tambi&eacute;n da a conocer relatos in&eacute;ditos de Clara Us&oacute;n, Manuel Vilas y Carlos Cast&aacute;n. Tres autores que, por su calidad, son ya indiscutibles en el panorama de la narrativa espa&ntilde;ola de nuestros d&iacute;as.</p>
<p>Por otra parte, TURIA ofrece a los lectores poemas in&eacute;ditos de Luis Antonio de Villena, Eloy S&aacute;nchez Rosillo, Agust&iacute;n Fern&aacute;ndez Mallo, Jes&uacute;s Aguado y Francisco Ferrer Ler&iacute;n, entre otros. Mientras, en la secci&oacute;n dedicada al ensayo, sobresales un art&iacute;culo de Valent&iacute; Puig: &ldquo;Malestar democr&aacute;tico y migraci&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>Especialmente recomendables son las dos amplias entrevistas exclusivas que TURIA publica con el escritor Luis Antonio de Villena y con el dise&ntilde;ador Isidro Ferrer, que tambi&eacute;n ilustra el sumario. Con ambos repasamos sus respectivas trayectorias y, sobre todo, conseguimos que nos desvelen sus opiniones, con complicidad y sin reparos, acerca de un amplio repertorio de temas. Luis Antonio de Villena reconoce que &ldquo;la cultura y la belleza han dado sentido a mi vida&rdquo; y lamenta que &ldquo;a nivel global, estamos gobernados por imb&eacute;ciles&rdquo;. Sobre su oficio, Isidro Ferrer lo tiene claro: &ldquo;los dise&ntilde;adores no somos artistas, resolvemos problemas&rdquo;. Tambi&eacute;n se muestra convencido de que &ldquo;Internet es el nuevo autoesclavismo&rdquo;.</p>
<p>Respecto a sus dos secciones dedicadas a los asuntos o protagonistas aragoneses, TURIA da a conocer un pormenorizado y atractivo art&iacute;culo sobre &ldquo;Los Amantes de Teruel en las artes pl&aacute;sticas&rdquo;. En &eacute;l se nos dir&aacute; que el romance de Isabel y Diego, los Amantes de Teruel, sea un aut&eacute;ntico icono popular de los amores imposibles lo avala el hecho, seg&uacute;n Marta Marco, de que &ldquo;a lo largo de varios siglos, poetas, dramaturgos y narradores dieron forma a una leyenda que conmovi&oacute; al pueblo e inspir&oacute; a m&uacute;sicos y pintores, sobre todo a partir del siglo XIX&rdquo;. Otro de los temas de inter&eacute;s es la difusi&oacute;n de un cuento desconocido del escritor Ram&oacute;n J. Sender.</p>
<p>TURIA ha conseguido convertirse, tras 33 a&ntilde;os de trayectoria, en una de las revistas culturales ya cl&aacute;sicas en el panorama de publicaciones peri&oacute;dicas en espa&ntilde;ol. Tiene difusi&oacute;n nacional e internacional y por sus p&aacute;ginas han pasado m&aacute;s de mil autores de diversas procedencias est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas, lo que da idea de la riqueza y pluralidad de sus contenidos. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo en 2002 el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>
<p>TURIA es una revista de periodicidad cuatrimestral que tiene una edici&oacute;n en papel y otra digital (web y Facebook). Est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero ha sido posible gracias al patrocinio de la Diputaci&oacute;n de Huesca, y ha contado tambi&eacute;n con el mecenazgo de la empresa Aragonesa de Servicios P&uacute;blicos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>RAM&Oacute;N AC&Iacute;N: EJEMPLO DE ARTISTA TOTAL Y CIUDADANO COMPROMETIDO</strong></p>
<p>Ram&oacute;n Ac&iacute;n (Huesca, 1888-1936) es un inequ&iacute;voco ejemplo de artista total y de ciudadano comprometido. Su vida fue breve pero intensa y muy fruct&iacute;fera: &ldquo;Ram&oacute;n es un se&ntilde;ero creador de la vanguardia espa&ntilde;ola que desea estetizar la vida para hacerla m&aacute;s habitable y humana. Simult&aacute;neamente comprende que es imposible que la belleza tenga lugar en un mundo injusto y por ello pretender&aacute; la revoluci&oacute;n social y el cambio pedag&oacute;gico para que la est&eacute;tica ocupe plaza y pueda celebrarse&rdquo;, se nos dir&aacute; en TURIA.</p>
<p>Algunos han calificado a Ram&oacute;n Ac&iacute;n como el &ldquo;Garc&iacute;a Lorca aragon&eacute;s&rdquo; tanto por su desbordante creatividad como por su tr&aacute;gica muerte al inicio de la guerra civil espa&ntilde;ola. Recordemos, en ese sentido, que ambos fueron asesinados por los rebeldes al gobierno leg&iacute;timo de la Rep&uacute;blica en agosto de 1936.</p>
<p>Tras un largo periodo de forzoso olvido, la actual etapa democr&aacute;tica ha ido recuperando progresivamente para la cultura espa&ntilde;ola la enorme dimensi&oacute;n de lo que hizo y c&oacute;mo lo hizo. Una tarea de redescubrimiento a la que TURIA se suma ahora. Porque aquel ser poli&eacute;drico llamado Ram&oacute;n Ac&iacute;n siempre mereci&oacute; la pena y ha llegado la hora de recrear su vida y su obra, de conocerla a fondo, de leer sus textos y de visualizar sus trabajos gr&aacute;ficos.</p>
<p>Adem&aacute;s, este abanderado del arte de vanguardia desde la periferia, llevado por su af&aacute;n pedag&oacute;gico lleg&oacute; a inventar una mesa-caballete declarada de utilidad para la ense&ntilde;anza del dibujo, promovi&oacute; el que los escolares de la &eacute;poca se realizaran sus propios libros e imparti&oacute; clases en su propia casa a ni&ntilde;os de familias con escaso poder adquisitivo, complementando su labor docente en la Escuela de Magisterio.</p>
<p>No olvidemos tampoco que fue el libertario y pacifista Ram&oacute;n Ac&iacute;n quien financi&oacute;, con el importe del premio &ldquo;gordo&rdquo; de la Loter&iacute;a de Navidad que en 1932 cay&oacute; en Huesca, la pel&iacute;cula &ldquo;Tierra sin pan&rdquo; de su amigo Luis Bu&ntilde;uel. Lo hab&iacute;a conocido en Par&iacute;s y en los cr&eacute;ditos de aquel c&eacute;lebre filme documental aparecer&aacute; como ayudante de direcci&oacute;n.</p>
<p>El monogr&aacute;fico de TURIA sobre Ram&oacute;n Ac&iacute;n ha sido coordinado por Jos&eacute; Domingo Due&ntilde;as y V&iacute;ctor Pardo Lancina, reconocidos expertos en su obra. Lo integran los siguientes trabajos in&eacute;ditos: &ldquo;Entre el arte y la vida: el caso de Ram&oacute;n Ac&iacute;n&rdquo;, de Carlos Mas Arrondo; &ldquo;El compromiso po&eacute;tico de Ram&oacute;n Ac&iacute;n&rdquo;, de Concha Lomba Serrano; &ldquo;Ram&oacute;n Ac&iacute;n o la creaci&oacute;n plena: el artisa en sus escritos&rdquo;, de Jos&eacute; Domingo Due&ntilde;as; &ldquo;Pedagog&iacute;a libertaria&rdquo;, de V&iacute;ctor Pardo Lancina; &ldquo;Ram&oacute;n Ac&iacute;n, (sobre todo) dibujante e ilustrador&rdquo;, de Fernando Alvira Banzo; &ldquo;El profesor Ac&iacute;n en su contexto socioeducativo, 1914-1936&rdquo;, de Juan Mainer; &ldquo;La Fundaci&oacute;n Ram&oacute;n y Katia Ac&iacute;n&rdquo;, de Ram&oacute;n Garc&iacute;a-Bragado, &ldquo;Fortuna cr&iacute;tica de Ram&oacute;n Ac&iacute;n&rdquo;, de Manuel Garc&iacute;a Guatas; &ldquo;Sol y Katia Ac&iacute;n en el laberinto&rdquo;, de Ismael Grasa; &ldquo;'T&uacute; eres antes que todo'. La correspondencia entre Ram&oacute;n Ac&iacute;n y Conchita Monr&aacute;s&rdquo;, de V&iacute;ctor Juan; &ldquo;Ram&oacute;n Ac&iacute;n y el aragonesismo&rdquo;, de Antonio Peir&oacute; Arroyo y &ldquo;Ram&oacute;n Ac&iacute;n y la Asociaci&oacute;n provincial de periodistas de Huesca&rdquo;, de Julio Alvira Banzo.</p>
<p>Tambi&eacute;n se reproduce un fragmento del texto que, sobre el c&eacute;lebre monumento aciniano de 'Las Pajaritas' de Huesca, elaborara el pintor Antonio Saura en 1988. Con esta iniciativa, TURIA quiere rendir un tributo de gratitud y reconocimiento a la malograda galerista y cr&iacute;tica de arte oscense Mar&iacute;a Jes&uacute;s Buil. Un desgraciado accidente de circulaci&oacute;n acab&oacute; con su vida y la de su compa&ntilde;ero &Aacute;ngel Ram&iacute;rez el pasado mes de septiembre cuando ten&iacute;a previsto elaborar su art&iacute;culo para el monogr&aacute;fico Ac&iacute;n titulado &ldquo;El discreto encanto de Las Pajaritas&rdquo;.</p>
<p>Bajo la denominaci&oacute;n de &ldquo;Palabra de Ac&iacute;n&rdquo;, Emilio Casanova Gil ha elaborado una breve pero reveladora antolog&iacute;a de textos que nos confirman hasta qu&eacute; punto &ldquo;la escritura formaba parte de su coherencia vita: como educador de maestros, como movilizador social, como dirigente anarcosindicalista y, m&aacute;s precisamente, como 'anarcoindividualista', t&eacute;rmino que hoy podr&iacute;a parecer un ox&iacute;moron y sin embargo fue pieza fundamental de su car&aacute;cter y de sus conceptos pacifistas, de su capacidad para conectar con personas de una ideolog&iacute;a diferente y de su negaci&oacute;n al culto a l&iacute;deres y verdades sempiternas o reci&eacute;n inventadas: al sectarismo que tanto mat&oacute; y sigue haci&eacute;ndolo&rdquo;. Y, claro, no hay que dejar su vasta cultura en las artes y en la vida&rdquo;.</p>
<p>Cierran el cartapacio de TURIA sobre Ram&oacute;n Ac&iacute;n una pormenorizada biocronolog&iacute;a elaborada tambi&eacute;n por Emilio Casanova Gil.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>JORGE LUIS BORGES Y ROBERTO BOLA&Ntilde;O</strong></p>
<p>El sumario de TURIA se abre, en esta ocasi&oacute;n, con un sugerente art&iacute;culo de Patricio Pron sobre uno de los grandes autores de la literatura universal: el argentino Jorge Luis Borges. En &eacute;l, Pron analiza c&oacute;mo es primordial resolver el llamado &ldquo;problema Borges&rdquo;: &ldquo;a treinta a&ntilde;os de su muerte, la omisi&oacute;n de la obra de Borges en el repertorio de la literatura argentina contempor&aacute;nea parece constituir una de esas incomodidades voluntarias e in&uacute;tiles creadas por Macedonio Fern&aacute;ndez. Y es que, seg&uacute;n Patricio Pron, &ldquo;sin Borges, la literatur argentina no vale mucho, casi nada&rdquo;.</p>
<p>La secci&oacute;n contiene tambi&eacute;n una atractiva aproximaci&oacute;n a Roberto Bola&ntilde;o, un autor cuya influencia no ha dejado de crecer tras su muerte. El art&iacute;culo ha sido elaborado por Jes&uacute;s Ferrer Sol&aacute;, profesor de la Universidad de Barcelona. En &eacute;l se traza una panor&aacute;mica de la trayectoria creativa de Bola&ntilde;o y se reflexiona sobre la vigencia de su &eacute;xito: &ldquo;al reconocimiento de la cr&iacute;tica, que el propio autor vivi&oacute; en la recta final de su trayectoria novel&iacute;stica, se ha unido una aut&eacute;ntica mitificaci&oacute;n acad&eacute;mica y universitaria -sobre todo estadounidense e hispanoamericana- de su particular est&eacute;tica narrativa, sin olvidar una creciente masa lectora que sigue expectante la acostumbrada publicaci&oacute;n de recuperados in&eacute;ditos; se conoce ya el t&iacute;tulo y la pr&oacute;xima aparici&oacute;n de una nueva entrega de esta singular literatura p&oacute;stuma: &ldquo;El esp&iacute;ritu de la ciencia-ficci&oacute;n&rdquo;, una novela en la habitual l&iacute;nea intergen&eacute;rica y multitem&aacute;tica del m&aacute;s caracter&iacute;stico Bola&ntilde;o&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>JONATHAN COE, CLARA US&Oacute;N, MANUEL VILAS Y CARLOS CAST&Aacute;N</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre el buen surtido de lecturas in&eacute;ditas que ofrece TURIA sobresale un anticipo de &ldquo;El n&uacute;mero 11&rdquo;, la nueva novela del escritor brit&aacute;nico Jonahtan Coe. La obra, que ser&aacute; editada el pr&oacute;ximo a&ntilde;o por Anagrama, es la und&eacute;cima novela de su autor y constituye una s&aacute;tira pol&iacute;tica muy mordaz sobre la Inglaterra actual. &ldquo;El n&uacute;mero 11&rdquo; puede considerarse una secuela de &ldquo;&iexcl;Menudo reparto!, uno de sus libros m&aacute;s celebrados por la cr&iacute;tica y los lectores de todo el mundo, con quien comparte temas y referencias a eventos y personajes. Ahora es la sociedad post-Blair la que es objeto de burla y escarnio.</p>
<p>Adem&aacute;s, TURIA publica una selecci&oacute;n de textos in&eacute;ditos de algunos de los mejores autores del momento: relatos de Clara Us&oacute;n, Manuel Vilas y Carlos Cast&aacute;n. Tres autores que, por su calidad, son ya indiscutibles en el panorama de la narrativa espa&ntilde;ola de nuestros d&iacute;as.</p>
<p>No menos interesantes son los relatos de &Aacute;ngel Gracia, &Oacute;scar Sip&aacute;n, Chusa Garc&eacute;s y Miguel Jim&eacute;nez. En suma, un conjunto de narraciones que muestran la pujanza creativa que vive hoy el g&eacute;nero del cuento.</p>
<p>En poes&iacute;a, TURIA descubre la poes&iacute;a disidente de Javier Carnicer y tambi&eacute;n publica un in&eacute;dito de Luis Antonio de Villena. Asimismo se ofrecen versos originales de, entre otros: Eloy S&aacute;nchez Rosillo, Agust&iacute;n Fern&aacute;ndez Mallo, Jes&uacute;s Aguado, Francisco Ferrer Ler&iacute;n, Mar&iacute;a &Aacute;ngeles P&eacute;rez L&oacute;pez, Raquel Lanseros o Isabel Garc&iacute;a Mellado.</p>
<p>La n&oacute;mina de poetas, fiel reflejo de la pluralidad de est&eacute;ticas y procedencias que nutre los sumarios de TURIA, se completa con: Aitor Francos, Ver&oacute;nica Aranda, Olga Mu&ntilde;oz Carrasco, Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz, Fernando A&iacute;nsa, Fernando Sarr&iacute;a, Agust&iacute;n P&eacute;rez Leal, Ana Mu&ntilde;oz, Jos&eacute; Manuel Soriano Degracia, In&eacute;s Ram&oacute;n, Mario Ropero, Luz Rodr&iacute;guez, Ang&eacute;lica Morales, Javier Ram&oacute;n Jarn&eacute;, Jos&eacute; Mart&iacute;n Retortillo, Estela Puyuelo, Mar&iacute;a Ben&iacute;tez y Dalila Eslava.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>MALESTAR DEMOCR&Aacute;TICO Y MIGRACI&Oacute;N</strong></p>
<p>En el apartado que TURIA dedica al ensayo, merece una atenta lectura el art&iacute;culo del escritor y periodista Valent&iacute; Puig sobre uno de los temas que protagonizan la actualidad: la cuesti&oacute;n migratoria. Bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Malestar democr&aacute;tico y migraci&oacute;n&rdquo;, Puig nos recuerda que &ldquo;los flujos migratorios han ido fragmentando el mapa pol&iacute;tico de Europa que fue configurado despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial. Con su correlato consecutivo de reacci&oacute;n populista, ahora mismo nada inquieta m&aacute;s a los europeos que la inmigraci&oacute;n, salvo el terrorismo y el paro&rdquo;.</p>
<p>Valent&iacute; Puig, que es uno de los analistas de referencia del pensamiento liberal-conservador espa&ntilde;ol, asegura que la actual crisis migratoria genera las reacciones propias de una crisis de identidad. Y proclama que &ldquo;la seguridad de Europa y de sus Estados-miembro habr&aacute; de recomponer equilibrios entre los flujos migratorios, la preservaci&oacute;n de las libertades, la amenaza islamista y la solidez del proceso de integraci&oacute;n, puesto en riesgo en frentes tan diversos como el &ldquo;Brexit&rdquo; de Gran Breta&ntilde;a, la reafirmaci&oacute;n de Putin, la guerra de Siria, un Erdogan cada vez m&aacute;s agresivo y la necesidad de competir econ&oacute;micamente en un mundo global&rdquo;.</p>
<p>Su reflexi&oacute;n final resulta clarividente: &ldquo;En sociedades abiertas, libertad y seguridad se retroalimentan, entrecruzan y se refuerzan rec&iacute;procamente. No hay otro modo de que el malestar democr&aacute;tico deje de aumentar con la inmigraci&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>ENTREVISTAS A LUIS ANTONIO DE VILLENA E ISIDRO FERRER</strong></p>
<p>Dos conversaciones a fondo y de lectura muy provechosa ofrece TURIA: con el escritor Luis Antonio de Villena y con el dise&ntilde;ador Isidro Ferrer. Entrevistado por Emma Rodr&iacute;guez, el poeta repasa su trayectoria creativa y su evoluci&oacute;n personal. No faltan tampoco sus sinceras opiniones sobre un variado repertorio de temas. As&iacute;, declara con convicci&oacute;n que &ldquo;la cultura y la belleza han dado sentido a mi vida&rdquo;. De igual forma, considera que &ldquo;la literatura es una especie de don, o de maldici&oacute;n, seg&uacute;n se mire. Es una especie de sentimiento, de vocaci&oacute;n que surge en ti de repente, como por efecto de magia&rdquo;. Habla tambi&eacute;n de tres autores muy importantes en su biograf&iacute;a: Vicente Aleixandre, Juan Gil-Albert y Rosa Chacel. A prop&oacute;sito de sus memorias, de las que acaba de publicar su primer volumen, nos dir&aacute;: &ldquo;lo que he buscado es cultivar el arte de la dif&iacute;cil facilidad&rdquo;.</p>
<p>Reconoce que ha perdido ilusi&oacute;n y fe en las personas: &ldquo;los amigos que te enga&ntilde;an, que te venden, que no saben ser amigos, la mala amistad... Para m&iacute; esa es una de las mayores decepciones de la vida. Con los a&ntilde;os me he ido encontrando con personas estupendas, generosas, esenciales, pero tambi&eacute;n he cre&iacute;do ser amigo de muchas otras que me han demostrado ser unas sinverg&uuml;enzas y eso me ha dolido mucho, no ya tanto por m&iacute; como por la constataci&oacute;n de la existencia de esa posibilidad&rdquo;.</p>
<p>Por su parte, Isidro Ferrer reconoce que utiliza recursos po&eacute;ticos para llev&aacute;rselos al terreno de la ilustraci&oacute;n. Aunque se muestra contundente cuando asegura: &ldquo;los dise&ntilde;adores no somos artistas, resolvemos problemas&rdquo;. La tenacidad y la innovaci&oacute;n de este madrile&ntilde;o residente en Huesca, y habitual ilustrador de TURIA, ha sido mayoritariamente reconcida. De ah&iacute; que su trabajo haya recibido un doble galard&oacute;n: es Premio Nacional de Dise&ntilde;o y tambi&eacute;n de Ilustraci&oacute;n. Confiesa que tiene pavor a repetirse y no cree en los estilos.</p>
<p>A Isidro Ferrer le gusta trabajar solo, ser due&ntilde;o de su tiempo. Reclama tambi&eacute;n que &ldquo;el compromiso no puede ser una obligaci&oacute;n: es una decisi&oacute;n&rdquo;. Y denuncia que Internet provoca un estr&eacute;s enorme: &ldquo;Internet es un nuevo autoesclavismo. Y la cosa va mucho m&aacute;s all&aacute; porque tambi&eacute;n supone una anulaci&oacute;n de los sentidos en base &uacute;nicamente a focalizarse en el de la vista. Nos a&iacute;sla en exceso, nos genera barreras epid&eacute;rmicas que son muy dif&iacute;ciles de traspasar...&rdquo;.</p>
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<p><strong>UN AUT&Eacute;NTICO ICONO POPULAR DE LOS AMORES IMPOSIBLES</strong></p>
<p>En la secci&oacute;n que TURIA dedica a la tem&aacute;tica turolense destaca un art&iacute;culo sobre &ldquo;Los Amantes de Teruel en las artes pl&aacute;sticas&rdquo;. El texto de la profesora Marta Marco Mallent se inicia con un apartado sobre &ldquo;Teruel, escenario para una leyenda&rdquo; en el que se subraya que &ldquo;La ciudad de Teruel, destacable en muchos aspectos hist&oacute;ricos y culturales, suele ser com&uacute;nmente recordada como lugar en el que aconteci&oacute; una historia de amor que ha dejado impronta a lo largo de varios siglos&rdquo;. Numerosos poetas, dramaturgos, narradores, m&uacute;sicas y pintores se han inspirado en una leyenda que conmueve a quienes la conocen.</p>
<p>A continuaci&oacute;n, Marta Marco expone &ldquo;Algunas notas sobre el amor en el arte&rdquo; y nos recuerda que &ldquo;el amor es un tema universal y recurrente como pocos que viene represent&aacute;ndose ininterrumpidamente en la historia del arte&rdquo;. De ah&iacute; que se&ntilde;ale algunos hitos que sirven para ubicar el tema concreto de los Amantes de Teruel en el contexto art&iacute;stico. Por eso nos explica la representaci&oacute;n del amor en la pintura y la escultura durante la Edad Media, el Renacimiento, el Barroco, el Romanticismo y los siglos XIX y XX.</p>
<p>Respecto a la recreaci&oacute;n pl&aacute;stica de los Amantes de Teruel, se nos dir&aacute; primero que &ldquo;la bibliograf&iacute;a existente sobre los Amantes ha estado m&aacute;s centrada en la demostraci&oacute;n de la autenticidad y origen de la historia que en las creaciones art&iacute;sticas surgidas en torno a la misma&rdquo;. No obstante, y m&aacute;s all&aacute; de esa coyuntura adversa, para la profesora Marco &ldquo;el escaso inter&eacute;s que la cuesti&oacute;n ha suscitado entre los investigadores no se justifica ante la calidad de algunas de las creaciones existentes desde el siglo XIX y el resurgir de la leyenda en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, en los que el trabajo art&iacute;stico en torno a los Amantes se ha retomado por parte de artistas contempor&aacute;neos como Agust&iacute;n Alegre o Jorge Gay en el &aacute;mbito de la pintura&rdquo;.</p>
<p>Una parte fundamental del art&iacute;culo es la dedicada a valorar la contribuci&oacute;n de los artistas m&aacute;s destacados a la hora de representar art&iacute;sticamente la leyenda de los Amantes de Teruel. Un itinerario que comienza a mediados del siglo XIX con el lit&oacute;grafo espa&ntilde;ol Contreras, al que algunos atribuyen un bonito grabado representando la muerte de Diego y que servir&aacute; de modelo para posteriores creaciones pict&oacute;ricas. Otro cultivador de la pintura de historia fue Juan Garc&iacute;a Mart&iacute;nez (Calatayud, Zaragoza, 1989 &ndash; Madrid, 1895), cuyo m&aacute;s c&eacute;lebre cuadro es precisamente &ldquo;Los amantes de Teruel&rdquo; y con el que obtuvo la medalla de la Exposici&oacute;n Nacional de 1858.</p>
<p>Salvador Gisbert (Blesa, Teruel, 1951 &ndash; Teruel, 1912) realiz&oacute; una serie de dibujos y aguadas sobre la leyenda de los Amantes del que destaca &ldquo;Muerte de Isabel de Segura en la iglesia de San Pedro&rdquo; e ilustr&oacute; el libro &ldquo;Breve resumen de la Historia de los Amantes de Teruel&rdquo; de Federico Andr&eacute;s y Tornero.</p>
<p>Juan Jos&eacute; G&aacute;rate (Albalate del Arzobispo, Teruel &ndash; 1869 &ndash; Madrid, 1939) obtuvo una beca de la Diputaci&oacute;n de Teruel para continuar sus estudios en la Academia de Espa&ntilde;a en Roma al presentar la obra &ldquo;La muerte de Diego Marcilla&rdquo;.</p>
<p>Antonio Mu&ntilde;oz Degra&iacute;n (Valencia, 1840 &ndash; M&aacute;laga, 1924) pint&oacute; su gran cuadro &ldquo;Los amantes de Teruel&rdquo; en Italia, consiguiendo llevar a cabo la considerada como obra maestra de toda su producci&oacute;n y una de las piezas capitales de la pintura espa&ntilde;ola de todo el siglo XX.</p>
<p>Subraya tambi&eacute;n Marta Marco que, &ldquo;con el paulatino abandono de la pintura de historia desde finales del siglo XIX y la irrupci&oacute;n de las vanguardias art&iacute;sticas a principios del XX, el tema de los amantes no se retoma hasta mediados del siglo XX, cuando tras la guerra civil espa&ntilde;ola, se fomenta el regionalismo, las tradiciones y el folklore popular&rdquo;.</p>
<p>En el &aacute;mbito de la escultura, sobresalen el altorrelieve de Aniceto Marinas (Segovia, 1866 &ndash; Madrid, 1953) de factura cl&aacute;sica y que, fechado en 1922, ocupa la escalinata del paseo del &Oacute;valo de Teruel y las dos magn&iacute;ficas esculturas en m&aacute;rmol realizadas en 1955 por Juan de &Aacute;valos (M&eacute;rida, 1911 &ndash; Madrid, 2006) para los sepulcros de los Amantes en la iglesia de San Pedro.</p>
<p>Entre las &uacute;ltimas manifestaciones art&iacute;sticas que el tema de los Amantes nos ha dejado, la profesora Marco se detiene a analizar las dos m&aacute;s sobresalientes aportaciones: la que protagoniza Agust&iacute;n Alegre Monferrer, que realiz&oacute; desde 1985 hasta 1989 un ambicioso proyecto pict&oacute;rico por encargo del Ayuntamiento de Teruel consistente en dos tr&iacute;pticos al &oacute;leo sobre lienzo de grandes dimensiones. Tambi&eacute;n el mismo artista ha llevado recientemente una serie de dibujos y pinturas sobre la fiesta de las Bodas de Isabel de extraordinario inter&eacute;s. La otra gran aportaci&oacute;n pl&aacute;stica la protagoniza Jorge Gay (Zaragoza, 1950), autor del espl&eacute;ndido mural que decora el actual Mausoleo de los Amantes que bajo patrocinio del Gobierno de Arag&oacute;n y la Fundaci&oacute;n Amantes se llev&oacute; a cabo en 2005 de la mano del arquitecto Alejandro Ca&ntilde;ada. La original interpretaci&oacute;n que hace Gay de la leyenda denota las influencias estil&iacute;sticas de Malevich, Leger, Max Beckmann, De Chirico, Carr&aacute;, Picasso, etc.</p>
<p>Finaliza Marta Marco su recorrido con una breve glosa de otros autores contempor&aacute;neos con obra vinculada a la leyenda amantista: el acuarelista Pascual Berniz, los ilustradores Iker Mateo y Javier Rubio, el trabajo escult&oacute;rico de Manuel Escriche, o las pinturas del turolense afincado en Ponferrada Luis G&oacute;mez Domingo o las del castellonense Lorenzo Ram&iacute;rez. Para acabar cita la obra del ceramista Mariano Calv&eacute;.</p>
<p>Asimismo, TURIA contiene la secci&oacute;n habitual denominada &ldquo;La isla&rdquo;, con fragmentos del diario de Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas enriquecidos gr&aacute;ficamente por Isidro Ferrer. Cierra el sumario de la revista una amplia secci&oacute;n de cr&iacute;tica de libros. &ldquo;La Torre de Babel&rdquo;, donde se analizan las novedades editoriales de mayor inter&eacute;s.</p>
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      <pubDate>Fri, 25 Nov 2016 11:18:51 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ramón Acín protagoniza el nuevo número de Turia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/ramon-acin-protagoniza-el-nuevo-numero-de-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2016/acin500_1.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="CENTER"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;"><strong>LA REVISTA REDESCUBRE A ESTE FASCINANTE ARTISTA Y AGITADOR CULTURAL Y POL&Iacute;TICO</strong></span></span></p>
<p style="text-align: left;" align="CENTER"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;"><strong><br /></strong></span></span></p>
<p style="text-align: left;" align="CENTER"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;"><strong>TAMBI&Eacute;N PUBLICA TEXTOS IN&Eacute;DITOS DE JONATHAN COE, LUIS ANTONIO DE VILLENA, VALENT&Iacute;, PUIG, PATRICIO PRON, MANUEL VILAS Y CARLOS CAST&Aacute;N</strong></span></span></p>
<p style="text-align: left;" align="CENTER"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;"><strong><br /></strong></span></span></p>
<p style="text-align: left;" align="CENTER"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;"><strong>CLARA US&Oacute;N PRESENT&Oacute; &ldquo;TURIA EN HUESCA</strong></span></span></p>
<p style="text-align: left;" align="CENTER"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;"><strong><br /></strong></span></span></p>
<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;"><strong>Ram&oacute;n Ac&iacute;n, uno de los grandes nombres propios del arte de vanguardia y libertario espa&ntilde;ol del siglo XX, es el principal protagonista del nuevo n&uacute;mero de la revista cultural TURIA. Se trata de un homenaje colectivo que le rinden catorce autores y estudiosos con ocasi&oacute;n de celebrarse este a&ntilde;o el 80 aniversario de su muerte. TURIA pretende as&iacute; redescubrir a los lectores en espa&ntilde;ol el inter&eacute;s y la vigencia de la creatividad comprometida de un personaje tan &uacute;nico como irrepetible. </strong></span></span></p>
<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;"><strong>El nuevo n&uacute;mero de TURIA se present&oacute; en Huesca por la escritora Clara Us&oacute;n. El acto tuvo lugar a las 20 horas y en la Diputaci&oacute;n de Huesca.</strong></span></span></p>
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<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;">A trav&eacute;s de 150 p&aacute;ginas de textos in&eacute;ditos, TURIA ofrece una aproximaci&oacute;n plural, rigurosa y atractiva a &ldquo;un hombre de escandalosa ejemplaridad cuyo &uacute;nico defecto fue su bondad&rdquo;, seg&uacute;n lo describiera su coet&aacute;neo y destacado intelectual republicano Rafael S&aacute;nchez Ventura. Y es que, en ese eterno debate entre el arte y la vida, son pocos los que como Ac&iacute;n se empe&ntilde;aron &ldquo;en hacer de cada vida una obra de arte y de cada arte una vida&rdquo;, en palabras de su amigo Felipe Alaiz.</span></span></p>
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<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Sin duda, su condici&oacute;n de creador multifac&eacute;tico y comprometido de Ram&oacute;n Ac&iacute;n, su humanismo y su perfil libertario, hacen de &eacute;l un creador singular en el panorama espa&ntilde;ol del siglo XX y convierten a su legado en un patrimonio &eacute;tico y est&eacute;tico, literario y art&iacute;stico, merecedor de una mayor y permanente difusi&oacute;n global en espa&ntilde;ol. Una tarea de fomento, de redescubrimiento de la obra de Ac&iacute;n entre el lector de habla hispana, a la que TURIA puede y quiere contribuir.</span></span></p>
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<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;">No en vano, y como bien subraya Carlos Mas Arrondo en el art&iacute;culo introductorio del monogr&aacute;fico, &ldquo;cuando en agosto de 1936 lo asesinan, se le declara 'el extremista m&aacute;s peligroso de Huesca'. Hab&iacute;a sido m&aacute;s que espectador pasivo, un ciudadano que participaba desde la opini&oacute;n y la acci&oacute;n en multitud de campos de la vida local y nacional. Alcanz&oacute; algo m&aacute;s inquietante que el poder, la influencia&rdquo;.</span></span></p>
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<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;"><strong>UN SUMARIO REPLETO DE LECTURAS Y AUTORES DE INTER&Eacute;S</strong></span></span></p>
<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Adem&aacute;s de cuidado monogr&aacute;fico dedicado a Ram&oacute;n Ac&iacute;n, el nuevo n&uacute;mero de TURIA brinda un sumario repleto de lecturas y autores de inter&eacute;s. As&iacute;, el escritor argentino Patricio Pron da a conocer un interesante art&iacute;culo sobre su c&eacute;lebre compatriota Jorge Luis Borges. Tambi&eacute;n encontraremos una completa y rigurosa aproximaci&oacute;n al universo literario de Roberto Bola&ntilde;o, uno de los escritores latinoamericanos m&aacute;s importantes de los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Y, entre otros contenidos de relieve, una grata sorpresa en primicia en espa&ntilde;ol: un fragmento de El n&uacute;mero 11, la nueva novela del escritor brit&aacute;nico Jonathan Coe, uno de los nombres m&aacute;s destacados de la narrativa inglesa contempor&aacute;nea.</span></span></p>
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<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Tambi&eacute;n da a conocer relatos in&eacute;ditos de Clara Us&oacute;n, Manuel Vilas y Carlos Cast&aacute;n. Tres autores que, por su calidad, son ya indiscutibles en el panorama de la narrativa espa&ntilde;ola de nuestros d&iacute;as.</span></span></p>
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<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Por otra parte, TURIA ofrece a los lectores poemas in&eacute;ditos de Luis Antonio de Villena, Eloy S&aacute;nchez Rosillo, Agust&iacute;n Fern&aacute;ndez Mallo, Jes&uacute;s Aguado y Francisco Ferrer Ler&iacute;n, entre otros. Mientras, en la secci&oacute;n dedicada al ensayo, sobresales un art&iacute;culo de Valent&iacute; Puig: &ldquo;Malestar democr&aacute;tico y migraci&oacute;n&rdquo;.</span></span></p>
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<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Especialmente recomendables son las dos amplias entrevistas exclusivas que TURIA publica con el escritor Luis Antonio de Villena y con el dise&ntilde;ador Isidro Ferrer, que tambi&eacute;n ilustra el sumario. Con ambos repasamos sus respectivas trayectorias y, sobre todo, conseguimos que nos desvelen sus opiniones, con complicidad y sin reparos, acerca de un amplio repertorio de temas. Luis Antonio de Villena reconoce que &ldquo;la cultura y la belleza han dado sentido a mi vida&rdquo; y lamenta que &ldquo;a nivel global, estamos gobernados por imb&eacute;ciles&rdquo;. Sobre su oficio, Isidro Ferrer lo tiene claro: &ldquo;los dise&ntilde;adores no somos artistas, resolvemos problemas&rdquo;. Tambi&eacute;n se muestra convencido de que &ldquo;Internet es el nuevo autoesclavismo&rdquo;. </span></span></p>
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<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;">TURIA ha conseguido convertirse, tras 33 a&ntilde;os de trayectoria, en una de las revistas culturales ya cl&aacute;sicas en el panorama de publicaciones peri&oacute;dicas en espa&ntilde;ol. Tiene difusi&oacute;n nacional e internacional y por sus p&aacute;ginas han pasado m&aacute;s de mil autores de diversas procedencias est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas, lo que da idea de la riqueza y pluralidad de sus contenidos. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo en 2002 el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</span></span></p>
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<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;">TURIA es una revista de periodicidad cuatrimestral que tiene una edici&oacute;n en papel y otra digital (web y Facebook). Est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero ha sido posible gracias al patrocinio de la Diputaci&oacute;n de Huesca, y ha contado tambi&eacute;n con el mecenazgo de la empresa Aragonesa de Servicios P&uacute;blicos.</span></span></p>
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<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;"><strong>RAM&Oacute;N AC&Iacute;N: EJEMPLO DE ARTISTA TOTAL Y CIUDADANO COMPROMETIDO</strong></span></span></p>
<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Ram&oacute;n Ac&iacute;n (Huesca, 1888-1936) es un inequ&iacute;voco ejemplo de artista total y de ciudadano comprometido. Su vida fue breve pero intensa y muy fruct&iacute;fera: &ldquo;Ram&oacute;n es un se&ntilde;ero creador de la vanguardia espa&ntilde;ola que desea estetizar la vida para hacerla m&aacute;s habitable y humana. Simult&aacute;neamente comprende que es imposible que la belleza tenga lugar en un mundo injusto y por ello pretender&aacute; la revoluci&oacute;n social y el cambio pedag&oacute;gico para que la est&eacute;tica ocupe plaza y pueda celebrarse&rdquo;, se nos dir&aacute; en TURIA. Algunos han calificado a Ram&oacute;n Ac&iacute;n como el &ldquo;Garc&iacute;a Lorca aragon&eacute;s&rdquo; tanto por su desbordante creatividad como por su tr&aacute;gica muerte al inicio de la guerra civil espa&ntilde;ola. Recordemos, en ese sentido, que ambos fueron asesinados por los rebeldes al gobierno leg&iacute;timo de la Rep&uacute;blica en agosto de 1936.</span></span></p>
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<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Tras un largo periodo de forzoso olvido, la actual etapa democr&aacute;tica ha ido recuperando progresivamente para la cultura espa&ntilde;ola la enorme dimensi&oacute;n de lo que hizo y c&oacute;mo lo hizo. Una tarea de redescubrimiento a la que TURIA se suma ahora. Porque aquel ser poli&eacute;drico llamado Ram&oacute;n Ac&iacute;n siempre mereci&oacute; la pena y ha llegado la hora de recrear su vida y su obra, de conocerla a fondo, de leer sus textos y de visualizar sus trabajos gr&aacute;ficos.</span></span></p>
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<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Adem&aacute;s, este abanderado del arte de vanguardia desde la periferia, llevado por su af&aacute;n pedag&oacute;gico lleg&oacute; a inventar una mesa-caballete declarada de utilidad para la ense&ntilde;anza del dibujo, promovi&oacute; el que los escolares de la &eacute;poca se realizaran sus propios libros e imparti&oacute; clases en su propia casa a ni&ntilde;os de familias con escaso poder adquisitivo, complementando su labor docente en la Escuela de Magisterio. </span></span></p>
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<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;">No olvidemos tampoco que fue el libertario y pacifista Ram&oacute;n Ac&iacute;n quien financi&oacute;, con el importe del premio &ldquo;gordo&rdquo; de la Loter&iacute;a de Navidad que en 1932 cay&oacute; en Huesca, la pel&iacute;cula &ldquo;Tierra sin pan&rdquo; de su amigo Luis Bu&ntilde;uel. Lo hab&iacute;a conocido en Par&iacute;s y en los cr&eacute;ditos de aquel c&eacute;lebre filme documental aparecer&aacute; como ayudante de direcci&oacute;n.</span></span></p>
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<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;">El monogr&aacute;fico de TURIA sobre Ram&oacute;n Ac&iacute;n ha sido coordinado por Jos&eacute; Domingo Due&ntilde;as y V&iacute;ctor Pardo Lancina, reconocidos expertos en su obra. Lo integran los siguientes trabajos in&eacute;ditos: &ldquo;Entre el arte y la vida: el caso de Ram&oacute;n Ac&iacute;n&rdquo;, de Carlos Mas Arrondo; &ldquo;El compromiso po&eacute;tico de Ram&oacute;n Ac&iacute;n&rdquo;, de Concha Lomba Serrano; &ldquo;Ram&oacute;n Ac&iacute;n o la creaci&oacute;n plena: el artisa en sus escritos&rdquo;, de Jos&eacute; Domingo Due&ntilde;as; &ldquo;Pedagog&iacute;a libertaria&rdquo;, de V&iacute;ctor Pardo Lancina; &ldquo;Ram&oacute;n Ac&iacute;n, (sobre todo) dibujante e ilustrador&rdquo;, de Fernando Alvira Banzo; &ldquo;El profesor Ac&iacute;n en su contexto socioeducativo, 1914-1936&rdquo;, de Juan Mainer; &ldquo;La Fundaci&oacute;n Ram&oacute;n y Katia Ac&iacute;n&rdquo;, de Ram&oacute;n Garc&iacute;a-Bragado, &ldquo;Fortuna cr&iacute;tica de Ram&oacute;n Ac&iacute;n&rdquo;, de Manuel Garc&iacute;a Guatas; &ldquo;Sol y Katia Ac&iacute;n en el laberinto&rdquo;, de Ismael Grasa; &ldquo;'T&uacute; eres antes que todo'. La correspondencia entre Ram&oacute;n Ac&iacute;n y Conchita Monr&aacute;s&rdquo;, de V&iacute;ctor Juan; &ldquo;Ram&oacute;n Ac&iacute;n y el aragonesismo&rdquo;, de Antonio Peir&oacute; Arroyo y &ldquo;Ram&oacute;n Ac&iacute;n y la Asociaci&oacute;n provincial de periodistas de Huesca&rdquo;, de Julio Alvira Banzo.</span></span></p>
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<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Tambi&eacute;n se reproduce un fragmento del texto que, sobre el c&eacute;lebre monumento aciniano de 'Las Pajaritas' de Huesca, elaborara el pintor Antonio Saura en 1988. Con esta iniciativa, TURIA quiere rendir un tributo de gratitud y reconocimiento a la malograda galerista y cr&iacute;tica de arte oscense Mar&iacute;a Jes&uacute;s Buil. Un desgraciado accidente de circulaci&oacute;n acab&oacute; con su vida y la de su compa&ntilde;ero &Aacute;ngel Ram&iacute;rez el pasado mes de septiembre cuando ten&iacute;a previsto elaborar su art&iacute;culo para el monogr&aacute;fico Ac&iacute;n titulado &ldquo;El discreto encanto de Las Pajaritas&rdquo;. </span></span></p>
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<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Bajo la denominaci&oacute;n de &ldquo;Palabra de Ac&iacute;n&rdquo;, Emilio Casanova Gil ha elaborado una breve pero reveladora antolog&iacute;a de textos que nos confirman hasta qu&eacute; punto &ldquo;la escritura formaba parte de su coherencia vita: como educador de maestros, como movilizador social, como dirigente anarcosindicalista y, m&aacute;s precisamente, como 'anarcoindividualista', t&eacute;rmino que hoy podr&iacute;a parecer un ox&iacute;moron y sin embargo fue pieza fundamental de su car&aacute;cter y de sus conceptos pacifistas, de su capacidad para conectar con personas de una ideolog&iacute;a diferente y de su negaci&oacute;n al culto a l&iacute;deres y verdades sempiternas o reci&eacute;n inventadas: al sectarismo que tanto mat&oacute; y sigue haci&eacute;ndolo&rdquo;. Y, claro, no hay que dejar su vasta cultura en las artes y en la vida&rdquo;.</span></span></p>
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<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Cierran el cartapacio de TURIA sobre Ram&oacute;n Ac&iacute;n una pormenorizada biocronolog&iacute;a elaborada tambi&eacute;n por Emilio Casanova Gil. </span></span></p>
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<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;"><strong>JORGE LUIS BORGES Y ROBERTO BOLA&Ntilde;O</strong></span></span></p>
<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;">El sumario de TURIA se abre, en esta ocasi&oacute;n, con un sugerente art&iacute;culo de Patricio Pron sobre uno de los grandes autores de la literatura universal: el argentino Jorge Luis Borges. En &eacute;l, Pron analiza c&oacute;mo es primordial resolver el llamado &ldquo;problema Borges&rdquo;: &ldquo;a treinta a&ntilde;os de su muerte, la omisi&oacute;n de la obra de Borges en el repertorio de la literatura argentina contempor&aacute;nea parece constituir una de esas incomodidades voluntarias e in&uacute;tiles creadas por Macedonio Fern&aacute;ndez. Y es que, seg&uacute;n Patricio Pron, &ldquo;sin Borges, la literatur argentina no vale mucho, casi nada&rdquo;.</span></span></p>
<p align="JUSTIFY">&nbsp;</p>
<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;">La secci&oacute;n contiene tambi&eacute;n una atractiva aproximaci&oacute;n a Roberto Bola&ntilde;o, un autor cuya influencia no ha dejado de crecer tras su muerte. El art&iacute;culo ha sido elaborado por Jes&uacute;s Ferrer Sol&aacute;, profesor de la Universidad de Barcelona. En &eacute;l se traza una panor&aacute;mica de la trayectoria creativa de Bola&ntilde;o y se reflexiona sobre la vigencia de su &eacute;xito: &ldquo;al reconocimiento de la cr&iacute;tica, que el propio autor vivi&oacute; en la recta final de su trayectoria novel&iacute;stica, se ha unido una aut&eacute;ntica mitificaci&oacute;n acad&eacute;mica y universitaria -sobre todo estadounidense e hispanoamericana- de su particular est&eacute;tica narrativa, sin olvidar una creciente masa lectora que sigue expectante la acostumbrada publicaci&oacute;n de recuperados in&eacute;ditos; se conoce ya el t&iacute;tulo y la pr&oacute;xima aparici&oacute;n de una nueva entrega de esta singular literatura p&oacute;stuma: &ldquo;El esp&iacute;ritu de la ciencia-ficci&oacute;n&rdquo;, una novela en la habitual l&iacute;nea intergen&eacute;rica y multitem&aacute;tica del m&aacute;s caracter&iacute;stico Bola&ntilde;o&rdquo;. </span></span></p>
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<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;"><strong>JONATHAN COE, CLARA US&Oacute;N, MANUEL VILAS Y CARLOS CAST&Aacute;N</strong></span></span></p>
<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Entre el buen surtido de lecturas in&eacute;ditas que ofrece TURIA sobresale un anticipo de &ldquo;El n&uacute;mero 11&rdquo;, la nueva novela del escritor brit&aacute;nico Jonahtan Coe. La obra, que ser&aacute; editada el pr&oacute;ximo a&ntilde;o por Anagrama, es la und&eacute;cima novela de su autor y constituye una s&aacute;tira pol&iacute;tica muy mordaz sobre la Inglaterra actual. &ldquo;El n&uacute;mero 11&rdquo; puede considerarse una secuela de &ldquo;&iexcl;Menudo reparto!, uno de sus libros m&aacute;s celebrados por la cr&iacute;tica y los lectores de todo el mundo, con quien comparte temas y referencias a eventos y personajes. Ahora es la sociedad post-Blair la que es objeto de burla y escarnio.</span></span></p>
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<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Adem&aacute;s, TURIA publica una selecci&oacute;n de textos in&eacute;ditos de algunos de los mejores autores del momento: relatos de Clara Us&oacute;n, Manuel Vilas y Carlos Cast&aacute;n. Tres autores que, por su calidad, son ya indiscutibles en el panorama de la narrativa espa&ntilde;ola de nuestros d&iacute;as. </span></span></p>
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<p align="JUSTIFY">&nbsp;<span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;">No menos interesantes son los relatos de &Aacute;ngel Gracia, &Oacute;scar Sip&aacute;n, Chusa Garc&eacute;s y Miguel Jim&eacute;nez. En suma, un conjunto de narraciones que muestran la pujanza creativa que vive hoy el g&eacute;nero del cuento.</span></span></p>
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<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;">En poes&iacute;a, TURIA descubre la poes&iacute;a disidente de Javier Carnicer y tambi&eacute;n publica un in&eacute;dito de Luis Antonio de Villena. Asimismo se ofrecen versos originales de, entre otros: Eloy S&aacute;nchez Rosillo, Agust&iacute;n Fern&aacute;ndez Mallo, Jes&uacute;s Aguado, Francisco Ferrer Ler&iacute;n, Mar&iacute;a &Aacute;ngeles P&eacute;rez L&oacute;pez, Raquel Lanseros o Isabel Garc&iacute;a Mellado.</span></span></p>
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<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;">La n&oacute;mina de poetas, fiel reflejo de la pluralidad de est&eacute;ticas y procedencias que nutre los sumarios de TURIA, se completa con: Aitor Francos, Ver&oacute;nica Aranda, Olga Mu&ntilde;oz Carrasco, Jos&eacute; Ver&oacute;n Gormaz, Fernando A&iacute;nsa, Fernando Sarr&iacute;a, Agust&iacute;n P&eacute;rez Leal, Ana Mu&ntilde;oz, Jos&eacute; Manuel Soriano Degracia, In&eacute;s Ram&oacute;n, Mario Ropero, Luz Rodr&iacute;guez, Ang&eacute;lica Morales, Javier Ram&oacute;n Jarn&eacute;, Jos&eacute; Mart&iacute;n Retortillo, Estela Puyuelo, Mar&iacute;a Ben&iacute;tez y Dalila Eslava. </span></span></p>
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<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;"><strong>MALESTAR DEMOCR&Aacute;TICO Y MIGRACI&Oacute;N</strong></span></span></p>
<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;">En el apartado que TURIA dedica al ensayo, merece una atenta lectura el art&iacute;culo del escritor y periodista Valent&iacute; Puig sobre uno de los temas que protagonizan la actualidad: la cuesti&oacute;n migratoria. Bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Malestar democr&aacute;tico y migraci&oacute;n&rdquo;, Puig nos recuerda que &ldquo;los flujos migratorios han ido fragmentando el mapa pol&iacute;tico de Europa que fue configurado despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial. Con su correlato consecutivo de reacci&oacute;n populista, ahora mismo nada inquieta m&aacute;s a los europeos que la inmigraci&oacute;n, salvo el terrorismo y el paro&rdquo;.</span></span></p>
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<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Valent&iacute; Puig, que es uno de los analistas de referencia del pensamiento liberal-conservador espa&ntilde;ol, asegura que la actual crisis migratoria genera las reacciones propias de una crisis de identidad. Y proclama que &ldquo;la seguridad de Europa y de sus Estados-miembro habr&aacute; de recomponer equilibrios entre los flujos migratorios, la preservaci&oacute;n de las libertades, la amenaza islamista y la solidez del proceso de integraci&oacute;n, puesto en riesgo en frentes tan diversos como el &ldquo;Brexit&rdquo; de Gran Breta&ntilde;a, la reafirmaci&oacute;n de Putin, la guerra de Siria, un Erdogan cada vez m&aacute;s agresivo y la necesidad de competir econ&oacute;micamente en un mundo global&rdquo;. </span></span></p>
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<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Su reflexi&oacute;n final resulta clarividente: &ldquo;En sociedades abiertas, libertad y seguridad se retroalimentan, entrecruzan y se refuerzan rec&iacute;procamente. No hay otro modo de que el malestar democr&aacute;tico deje de aumentar con la inmigraci&oacute;n&rdquo;. </span></span></p>
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<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;"><strong>ENTREVISTAS A LUIS ANTONIO DE VILLENA E ISIDRO FERRER</strong></span></span></p>
<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Dos conversaciones a fondo y de lectura muy provechosa ofrece TURIA: con el escritor Luis Antonio de Villena y con el dise&ntilde;ador Isidro Ferrer. Entrevistado por Emma Rodr&iacute;guez, el poeta repasa su trayectoria creativa y su evoluci&oacute;n personal. No faltan tampoco sus sinceras opiniones sobre un variado repertorio de temas. As&iacute;, declara con convicci&oacute;n que &ldquo;la cultura y la belleza han dado sentido a mi vida&rdquo;. De igual forma, considera que &ldquo;la literatura es una especie de don, o de maldici&oacute;n, seg&uacute;n se mire. Es una especie de sentimiento, de vocaci&oacute;n que surge en ti de repente, como por efecto de magia&rdquo;. Habla tambi&eacute;n de tres autores muy importantes en su biograf&iacute;a: Vicente Aleixandre, Juan Gil-Albert y Rosa Chacel. A prop&oacute;sito de sus memorias, de las que acaba de publicar su primer volumen, nos dir&aacute;: &ldquo;lo que he buscado es cultivar el arte de la dif&iacute;cil facilidad&rdquo;.</span></span></p>
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<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Reconoce que ha perdido ilusi&oacute;n y fe en las personas: &ldquo;los amigos que te enga&ntilde;an, que te venden, que no saben ser amigos, la mala amistad... Para m&iacute; esa es una de las mayores decepciones de la vida. Con los a&ntilde;os me he ido encontrando con personas estupendas, generosas, esenciales, pero tambi&eacute;n he cre&iacute;do ser amigo de muchas otras que me han demostrado ser unas sinverg&uuml;enzas y eso me ha dolido mucho, no ya tanto por m&iacute; como por la constataci&oacute;n de la existencia de esa posibilidad&rdquo;.</span></span></p>
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<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Por su parte, Isidro Ferrer reconoce que utiliza recursos po&eacute;ticos para llev&aacute;rselos al terreno de la ilustraci&oacute;n. Aunque se muestra contundente cuando asegura: &ldquo;los dise&ntilde;adores no somos artistas, resolvemos problemas&rdquo;. La tenacidad y la innovaci&oacute;n de este madrile&ntilde;o residente en Huesca, y habitual ilustrador de TURIA, ha sido mayoritariamente reconcida. De ah&iacute; que su trabajo haya recibido un doble galard&oacute;n: es Premio Nacional de Dise&ntilde;o y tambi&eacute;n de Ilustraci&oacute;n. Confiesa que tiene pavor a repetirse y no cree en los estilos.</span></span></p>
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<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;">A Isidro Ferrer le gusta trabajar solo, ser due&ntilde;o de su tiempo. Reclama tambi&eacute;n que &ldquo;el compromiso no puede ser una obligaci&oacute;n: es una decisi&oacute;n&rdquo;. Y denuncia que Internet provoca un estr&eacute;s enorme: &ldquo;Internet es un nuevo autoesclavismo. Y la cosa va mucho m&aacute;s all&aacute; porque tambi&eacute;n supone una anulaci&oacute;n de los sentidos en base &uacute;nicamente a focalizarse en el de la vista. Nos a&iacute;sla en exceso, nos genera barreras epid&eacute;rmicas que son muy dif&iacute;ciles de traspasar...&rdquo;.</span></span></p>
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<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;"><strong>UN CUENTO DESCONOCIDO DE RAM&Oacute;N J. SENDER</strong></span></span></p>
<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Otro contenido no menos relevante del nuevo n&uacute;mero de TURIA es que la revista da a conocer el que puede considerarse el primer cuento publicado por un jovenc&iacute;simo Ram&oacute;n J. Sender. El relato se titula &ldquo;Eco monta&ntilde;&eacute;s&rdquo; y apareci&oacute; en el peri&oacute;dico madrile&ntilde;o &ldquo;los comentarios&rdquo; el 27 de diciembre de 1916. Sender ten&iacute;a entonces quince a&ntilde;os y ya hab&iacute;a publicado en la prensa aragonesa varios art&iacute;culos de diversa naturaleza. De ah&iacute; que este rescate documental confirme la precocidad literaria del autor de t&iacute;tulos inolvidables de las letras espa&ntilde;olas del siglo XX como &ldquo;Cr&oacute;nica del alba&rdquo; o &ldquo;R&eacute;quiem por un campesino espa&ntilde;ol&rdquo;. Ahora TURIA, gracias a la labor del investigador Javier Barreiro, redescubre este texto perdido y lo analiza para los lectores de nuestros d&iacute;as.</span></span></p>
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<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;">En su estudio sobre las caracter&iacute;sticas y la singularidad del primer cuento publicado por Sender, Javier Barreiro llama la atenci&oacute;n &ldquo;sobre la tan realista como convincente descripci&oacute;n de la siesta y el trabajo de los segadores en un t&oacute;rrido verano, que el narrador sabe casi hacernos sentir f&iacute;sicamente. Tambi&eacute;n, la fidelidad en la reproducci&oacute;n del di&aacute;logo, plagado de aragonesismos, especialmente fon&eacute;ticos, para los que el joven Sender demuestra un o&iacute;do alerta. No es exactamente la lengua de su tierra del Cinca; tiene m&aacute;s similitudes con la de Tauste, donde hab&iacute;a pasado unos meses de preadolescente pero, sobre todo, con la del bajo Jal&oacute;n, que habr&iacute;a o&iacute;do tantas veces en una Zaragoza como la de la segunda d&eacute;cada del siglo XX, abundosa en campesinos transe&uacute;ntes, de compras, de visita o de chalaneo&rdquo;.</span></span></p>
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<p align="JUSTIFY"><span style="font-family: Arial,sans-serif;"><span style="font-size: medium;">Asimismo, TURIA contiene la secci&oacute;n habitual denominada &ldquo;La isla&rdquo;, con fragmentos del diario de Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas enriquecidos gr&aacute;ficamente por Isidro Ferrer. Cierra el sumario de la revista una amplia secci&oacute;n de cr&iacute;tica de libros. &ldquo;La Torre de Babel&rdquo;, donde se analizan las novedades editoriales de mayor inter&eacute;s.</span></span></p>
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      <pubDate>Fri, 25 Nov 2016 09:48:32 +0000</pubDate>
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      <title><![CDATA[Entre el arte y la vida: el caso de Ramón Acín]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/entre-arte-vida-caso-ramon-acin/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2016/acin500.jpg" alt="" /></p>
<p>Nos pide Ram&oacute;n Ac&iacute;n Aquilu&eacute; (Huesca, 1888-1936) que hagamos ahora con su vida lo que &eacute;l vino a hacer anteriormente: re-crearla. Y para recomponerla contamos con trozos, rotos en mil pedazos en muchas de las ocasiones, con fragmentos que debemos construir como si de un puzle&nbsp; se tratara. Tenemos retazos, solo retazos; bastantes, si los comparamos con lo que queda de otros mortales y pocos si se miden con la avidez del historiador. Hay textos publicados por &eacute;l pero son normalmente art&iacute;culos period&iacute;sticos; ni ensayos ni libros. Hay xilograf&iacute;as e ilustraciones, pero escasas; &oacute;leos, pero en su mayor&iacute;a de peque&ntilde;o tama&ntilde;o, y tampoco abundantes; dibujos, muchos dibujos, pero encerrados en reducidos &aacute;lbumes; proyectos que no llegaron a cuajar; conferencias de las que no hay texto alguno; esculturas de m&eacute;rito que se empezaron a hacer en la &uacute;ltima etapa de su vida y no tuvo tiempo de desarrollar. No pasar&aacute; nuestro oscense a la historia del pensamiento anarcosindicalista aunque su labor como activista pol&iacute;tico fuera tan intensa como oculta por la clandestinidad obligada. La pedagog&iacute;a de Ac&iacute;n est&aacute; m&aacute;s en sus alumnos que en su obra. Sin embargo, lo que debemos &ldquo;recrear&rdquo; es mucho porque, a estas alturas de los estudios acinianos, podemos compartir lo que pensaban coet&aacute;neos que lo conoc&iacute;an bien: su &ldquo;empe&ntilde;o en hacer de cada vida una obra de arte y de cada arte una vida&rdquo;.<a title="" href="#_ftn1">[1]</a></p>
<p>Flaubert defend&iacute;a que el fondo es el fuego y la forma la llama. Habr&aacute; que viajar, pues, hacia el hond&oacute;n y empezar por el final: desde la periferia de la modernidad de la Huesca en la que naci&oacute; y muri&oacute; -y en el convulso periodo de entreguerras-, Ram&oacute;n es un se&ntilde;ero creador de la vanguardia espa&ntilde;ola que desea estetizar la vida para hacerla m&aacute;s habitable y humana. Simult&aacute;neamente comprende que es imposible que la belleza tenga lugar en un mundo injusto y por ello pretender&aacute; la revoluci&oacute;n social y el cambio pedag&oacute;gico para que la est&eacute;tica ocupe plaza y pueda celebrarse. Entre el anhelo de liberaci&oacute;n personal y la desorientaci&oacute;n de un mundo cambiante (en el que todo debe ser pensado desde cero), es perentorio adelantarse a la vida. En la revista oscense <em>Floreal</em> (1919-1920) escrib&iacute;a una secci&oacute;n titulada <em>Espigas Rojas</em>; ni nos ha llegado la revista ni el libro que quer&iacute;a editar con la recopilaci&oacute;n de sus art&iacute;culos pero en 1924 explica el significado de semejante t&iacute;tulo: &ldquo;preparar bien la tierra, trabajarla con amor y no temer al sacrificio, que no es sacrificio, es sacrificar unas espigas a cambio de la belleza encendida y roja como corazones, de unas amapolas&rdquo;.<a title="" href="#_ftn2">[2]</a> El trigo es el amarillo (y el pan); el rojo, la emoci&oacute;n que es el origen de la creaci&oacute;n, &ldquo;la belleza encendida&rdquo;. Necesidad, est&eacute;tica y vida en libertad.</p>
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<p><strong>LA VENTANA Y EL TIEMPO</strong></p>
<p>Coleccionaba Ac&iacute;n almanaques y relojes de sol. La ventana desde la que mira al mundo nace de su concepci&oacute;n omnicomprensiva del tiempo. En el futuro se encuentra la utop&iacute;a por llegar porque &ldquo;nosotros que hoy somos hombres de ma&ntilde;ana, ma&ntilde;ana lo seremos tambi&eacute;n. Siempre seremos hombres de ma&ntilde;ana, porque, como dec&iacute;a Zola, el ma&ntilde;ana tendr&aacute; raz&oacute;n&rdquo;.<a title="" href="#_ftn3">[3]</a> Anticipar el futuro no es f&aacute;cil cuando &ldquo;lo que se va no se ha ido a&uacute;n y lo que llega no ha llegado todav&iacute;a&rdquo;.&nbsp; En el &uacute;ltimo de sus art&iacute;culos, en 1936, define con claridad esa &eacute;poca que permite la convivencia de grandes prejuicios junto a grandes atrevimientos, a la par que mueren los &uacute;ltimos quinqu&eacute;s al comp&aacute;s del Vals de las olas y los hermanos Wright surcan los cielos. Tradici&oacute;n y Modernidad, la misma frontera l&aacute;bil en la que se situaron las vanguardias; no disyunci&oacute;n sino copulaci&oacute;n porque &ldquo;el arte sin tradici&oacute;n no es nada y tampoco es nada sin modernidad&rdquo;. Medirse con la tradici&oacute;n es el punto de partida de la vanguardia que no viene a negarla sino a establecer una arm&oacute;nica s&iacute;ntesis: aquella en la que, como afirmaba en el verano de 1935, a la vez que las gentes se desplazan en aviones a quinientos por hora, se dar&aacute;n premios a los que fabriquen cometas con dos palmos de percalina y cuatro ca&ntilde;as; aquella en la que peque&ntilde;as imprentas escolares sustituyan a los libros de texto y sus trafagosas rotativas; y en la que las f&aacute;bricas de harina, escamoteadoras de vitaminas, se vean sustituidas por peque&ntilde;os molinos de piedra caseros. El tiempo de Ac&iacute;n se proyecta hacia una sociedad futura que dar&aacute; por desaparecida, como defend&iacute;a Proudhon, la diferencia entre el productor y el consumidor, entre el ciudadano y el pr&iacute;ncipe ya que pasar&aacute;n a ser la misma persona.&nbsp; Encontramos la m&aacute;quina en algunas de sus acuarelas protagonizadas por aeroplanos o un zeppel&iacute;n surcando el cielo de un pueblo antiguo, presidido por su iglesia, o locomotoras que vienen precipitas hacia nosotros como ese Dornier que canta en un art&iacute;culo cruzando el Atl&aacute;ntico. Ritmo, movimiento y velocidad futurista. Celebra Ac&iacute;n la radio -posee una de las primeras en Huesca-, la cinematograf&iacute;a que tanto frecuenta, la electricidad, el coche y el transporte r&aacute;pido pero no deja de ver el peligro de una mecanizaci&oacute;n totalitaria, deshumanizadora y&nbsp; uniformadora: hay algo del &ldquo;estilo maquinista&rdquo; de Francis Picabia de la segunda d&eacute;cada del siglo XX en sus series contra la Gran Guerra como <em>La Ciencia Boche</em> o <em>Escenas alusivas a la Primera Guerra Mundial</em> de 1919 y en las que la m&aacute;quina pasa a ser un instrumento de tortura. Cree Ram&oacute;n en el Progreso, con todas estas pertinentes matizaciones, porque, adem&aacute;s, ser&aacute; el tiempo futuro el de la creaci&oacute;n cuajada como le recordaba Hokusai.</p>
<p>Ten&iacute;a 47 a&ntilde;os cuando lo fusilan en agosto de 1936. Le impiden ese merecido futuro pero no pueden evitar su golosa mirada hacia el pasado. Si la lectura del porvenir no estaba exenta de restricciones para el artista, tampoco lo estar&aacute; la del tiempo pret&eacute;rito. Primero debe hacerse una labor expurgatoria de prejuicios, supersticiones y sistemas opresivos de propiedad. En su esencia, es un mundo que se pierde inexorablemente, llev&aacute;ndose consigo todo un acervo cultural. La tierra de Huesca remite a Ac&iacute;n a su infancia, aquella a la que no quiere renunciar y de la que se siente orgulloso. En las costumbres, en la alimentaci&oacute;n, en los objetos cotidianos de esa vida agropecuaria premoderna, en la etnolog&iacute;a del Alto Arag&oacute;n, vive su particular Breta&ntilde;a o su Tahit&iacute;, la pulsi&oacute;n primitiva que le lleva m&aacute;s all&aacute; del mundo cl&aacute;sico y m&aacute;s all&aacute; de la modernidad: sabe que el campesino o el pastor de las monta&ntilde;as pirenaicas al subirse a un tren siente lo mismo que hubiese sentido un hombre del Paleol&iacute;tico ante igual circunstancia y sabe tambi&eacute;n que, m&aacute;s que el contrato y la parcelaci&oacute;n, le interesan las costumbres, las instituciones populares y el habla tradicional. Su Trocadero oscense y aragon&eacute;s le regala desde un vestido fragat&iacute; hasta un entierro en Ans&oacute; pasando por esos &ldquo;moricos&rdquo; o morillos altoaragoneses que pon&iacute;a a &ldquo;cabalgar en las alturas&rdquo; de su casa, como dice su hija Sol. Coplas y dichos, viajes de inter&eacute;s etnol&oacute;gico, expediciones frecuentes m&aacute;s por una cultura que por una civilizaci&oacute;n, incontaminada, infantil, pr&iacute;stina, que aprecia en los valores del &ldquo;jotismo&rdquo;, que no del baturrismo; esas mismas caracter&iacute;sticas verdaderas que llevaron a Falla, a Lorca y a Ignacio Zuloaga a promover un concurso de cante jondo en Granada el a&ntilde;o 1922 para diferenciarlo del flamenco. Paisaje y paisanaje; caras sin careta; plazas y placetas; ferias y romer&iacute;as; calles y procesiones; retratos y m&aacute;s retratos de sus gentes. Se le antoja urgente reconstruir en un museo aragon&eacute;s la vida popular, convencido de que Arag&oacute;n era todav&iacute;a una inmensa cueva de Altamira en la que encontrar a cada paso no vestigios de la prehistoria sino prehistoria viva; en los prados de monta&ntilde;a, la edad de la piedra tallada y la edad de hierro, y en las riberas, una &eacute;poca de transici&oacute;n premoderna. Escribe as&iacute; Ac&iacute;n (al lado de su amigo el fot&oacute;grafo Ricardo Compair&eacute; o el escritor L&oacute;pez Allu&eacute;) su particular &ldquo;Poema de cante jondo&rdquo; lorquiano cuando colecciona objetos compulsivamente, se deja patilla de bandolero y fotograf&iacute;a a su mujer Concha Monr&aacute;s vestida de gitana o a su hija Katia disfrazada de ansotana. Como la pareja formada por Viladrich y Julio Antonio hab&iacute;an hecho por Espa&ntilde;a, viaja por las cercan&iacute;as de Huesca para buscar lo primitivo, la esencia.</p>
<p>La mirada del espectador de las sociedades tradicionales se hab&iacute;a venido circunscribiendo a un espacio concreto y a una superficie delimitada. Si, como afirma el poeta armenio Sayat Nova, el mundo no es m&aacute;s que una ventana, los quicios ahora, en entreguerras, se mueven y giran a m&aacute;s velocidad dando a la visi&oacute;n un mayor horizonte. Es la profundidad con la que aprecia Ram&oacute;n el turismo del Altoarag&oacute;n al que convierte, de forma pionera, en paisaje natural y cultural al tiempo. Y es el mismo marco desde el que debe entenderse ese costismo compartido con muchos de sus amigos. La visi&oacute;n de la naturaleza, tambi&eacute;n, queda modificada desde esta nueva perspectiva y pasa a ser contemplada en tanto que proyecci&oacute;n de un estado de &aacute;nimo, un lugar incontaminado o &ndash;y es el caso de su <em>Paisaje fant&aacute;stico</em> de 1929-, un sue&ntilde;o cercano al para&iacute;so. Al artista se le brindan hermosos rincones que deben ser preservados al igual que los monumentos antiguos, sin dejar intervenir a los hombres con sus leyes y contratos. Una especie de pante&iacute;smo en cuyo seno, y no al margen, se desarrolla la vida humana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LA CASA, LA ALQUIMIA Y EL ALQUIMISTA </strong></p>
<p>La casa de Ac&iacute;n est&aacute; a mitad de camino de la de tres de sus amigos: del madrile&ntilde;o Torre&oacute;n Vel&aacute;zquez de Ram&oacute;n G&oacute;mez de la Serna, habitado antes por nuestro Ram&oacute;n, verdadero &ldquo;desv&aacute;n de postrimer&iacute;as&rdquo;; de esa &ldquo;Urganda Desconocida&rdquo; en la que convirti&oacute; Miquel Viladrich el castillo fragat&iacute;; y, por &uacute;ltimo, del estudio ambulante del caricaturista y conferenciante mudo Rom&agrave; Bonet i Sintes (Bon). En la calle oscense de Las Cortes, n&ordm; 3, instal&oacute; nuestro artista su estudio y su hogar. Nos lo describe Rafael Sender, uno de los hermanos de Ram&oacute;n J. Sender, que fue alumno suyo:</p>
<p>&ldquo;(&hellip;) La familia Ac&iacute;n habitaba una planta espaciosa de un antiguo palacio o mansi&oacute;n se&ntilde;orial de t&iacute;pico estilo aragon&eacute;s, con su espaciosa y suave escalinata, amplio vest&iacute;bulo de entrada, pasillos y salones. De elevados techos, el conjunto daba la impresi&oacute;n, muy grave, de un museo de arte o exposici&oacute;n de anticuario. En un rinc&oacute;n del vest&iacute;bulo, una armadura montada de guerrero medieval, grandes p&aacute;jaros disecados, l&aacute;mparas de forja antigua y multitud de piezas de cer&aacute;mica, hierros forjados, &uacute;tiles de antiguos hogares y chimeneas, relojes de pared, mapas antiguos, cuadros, telas y tapices cubriendo las paredes. Todo sin agobio ni aprisionamiento, m&aacute;s bien a manera de coleccionista experto&rdquo;.<a title="" href="#_ftn4">[4]</a></p>
<p>A la casa se entraba por un recibidor en el que al pasar repicaba una campanilla. All&iacute;, un armario de madera noble de grandes puertas y un arc&oacute;n sobre el que brillaba el cobre de un quinqu&eacute; mientras se animaba un cuadro de barquitas, trenes y figuras, en un puerto m&aacute;s o menos italiano y te segu&iacute;a, fueras donde fueses, la mirada de una virgen. Se pasaba de ah&iacute; al comedor, iluminado a trav&eacute;s de un balc&oacute;n orientado al mediod&iacute;a y que ten&iacute;a como centro una gran mesa de nogal rodeada de regias sillas, comedor desde el que se pasaba a un sal&oacute;n isabelino de cortinajes rojos, a la vez refugio de un p&aacute;jaro musical en jaula dorada, instrumentos de m&uacute;sica, mesitas filipinas y el piano de Conchita. Estas salas eran el escenario casual de belenes y de teatrillos en miniatura, con sus telones, tramoyas, luces y personajes de cart&oacute;n que serv&iacute;an para representar <em>El mercader de Venecia</em>, <em>Hamlet</em> o la <em>Fierecilla domada.</em> Sum&eacute;mosle a todo lo dicho, un misterioso esqueleto o un arpa que Ram&oacute;n tocaba para los ni&ntilde;os. Por la izquierda se pasaba al que llamaban &ldquo;cuarto de los toros&rdquo;, repleto de cuadros de la fiesta en tiempos de Goya y que se abr&iacute;a a una primera alcoba con cuartito ropero. La casona ten&iacute;a un espacio exterior, el llamado &ldquo;hortal&rdquo;, lleno de acacias y hierbas que crec&iacute;an libremente y que brindaba amplias vistas y serv&iacute;a de escenario para juegos infantiles y tertulias.</p>
<p>Abarcando toda la anchura del piso, sin embargo, el estudio, el taller se convert&iacute;a en el verdadero ombligo: la pared de la izquierda se cerraba con un retablo barroco convertido en biblioteca y decorado con columnas salom&oacute;nicas. En el eje axial, una hornacina con una talla de san Jorge. Enfrente, un libro de coro con notaci&oacute;n musical gregoriana, un globo terr&aacute;queo y varios tableros de dibujo, en su mayor&iacute;a llenos de libros y papeles, caballetes, bastidores de tijera para las carpetas. En el centro de la habitaci&oacute;n, el punto de reuni&oacute;n: divanes, sillones, la estufa de hierro para el invierno frente a la enorme boca de la alcoba de los padres en la que colgaban de una de sus paredes las estrellas de Ferm&iacute;n Gal&aacute;n.</p>
<p>Este taller, este laboratorio de artista, era tambi&eacute;n un hogar. En enero de 1923 contrae matrimonio con Conchita Monr&aacute;s, hija de un profesor del instituto de Huesca y de caligraf&iacute;a de la Escuela Normal, compa&ntilde;ero, por tanto, de su yerno y de procedencia barcelonesa. Era Concha una mujer culta, diez a&ntilde;os menor que &eacute;l: pianista, esperantista, jugadora de tenis, gustaba del teatro, del cine y de la literatura. En uno de los rincones del hogar qued&oacute; colgado un retrato del matrimonio realizado por el fot&oacute;grafo Compair&eacute;: sobre las estanter&iacute;as, asadores del Pirineo y &oacute;leos antiguos, tambi&eacute;n uno moderno regalado por Ismael Gonz&aacute;lez de la Serna; en sendas sillas de anea se sienta la pareja en dos &aacute;ngulos distintos y la mirada fija el uno en el otro en perfecta simetr&iacute;a. La composici&oacute;n queda centrada en una escorzada jaula que tiene dentro una pajarita de papel blanco. Para solemnizar el VII centenario de la muerte de Francisco de As&iacute;s, liberar&aacute; Ram&oacute;n al p&aacute;jaro de carne y plumas que ten&iacute;a en esta jaula y lo reemplazar&aacute;&nbsp; por el papirofl&eacute;xico &ldquo;ya que llamar hermano al p&aacute;jaro y ser su carcelero no lo encuentro bien&rdquo;.</p>
<p>La din&aacute;mica de la casa no termina aqu&iacute;: al taller, al hogar, a la casa de acogida, se suma tambi&eacute;n la escuela. Optaron los padres por no llevar al colegio a sus hijas Katia (quiz&aacute; por alg&uacute;n personaje de las novelas de Tolstoi o la misma novela hom&oacute;nima) y Sol (el nombre, por cierto, de la &uacute;ltima de las hijas de Ferrer y Guardia). Se convierten as&iacute; en maestros, ayudados por amigos -como en su momento el inspector Herminio Almendros y su mujer Mar&iacute;a Cuy&aacute;s-, y por alumnos y alumnas de la Escuela Normal. Seleccionaban libros, pel&iacute;culas, juegos y frecuentes salidas al campo. En las habitaciones de las chicas hab&iacute;a dibujos hechos por ellas de cosas varias como mu&ntilde;ecos, paisajes, adem&aacute;s de fotos de Oliver y Hardy. Una mezcla de libertad y disciplina, al margen de la instituci&oacute;n educativa del momento, que Katia y Sol recordaron siempre como cercana al ed&eacute;n.</p>
<p>El m&aacute;gico espacio de esta casa no siempre fue habitado por el mismo Ram&oacute;n. Los autorretratos y fotograf&iacute;as que tenemos del rostro de Ac&iacute;n nos invitan a la prudencia a la hora de interpretarlos porque, m&aacute;s que representar los distintos estados de &aacute;nimo de este alquimista, nos muestran a las claras los diversos papeles que va a asumir a lo largo del tiempo. Primero vemos a un joven gozoso de aire rom&aacute;ntico, de capa, sombrero de alta copa y bigote <em>connoiseur</em>; le dice al mundo que es un artista, un inconformista que ha optado por la bohemia como forma de vida y, como tal, atenta contra las divisiones sociales, proclama su autonom&iacute;a individual y su diferencia mientras huye de la mediocridad. Se separa de los profesionales de la Academia, es autodidacta y muestra su escepticismo ante las convenciones y la sociedad en la que vive. El segundo Ac&iacute;n, pr&oacute;ximo a los a&ntilde;os veinte, se presenta acusando un mayor acercamiento cr&iacute;tico hacia la realidad y proponi&eacute;ndose como profeta, mago o sacerdote de un nuevo mundo pero con sombrero de papel: es el demiurgo que se disfraza en ocasiones de buf&oacute;n para, al igual que en las obras de Shakespeare, poder decir siempre la verdad. El tercero de los acines, el &uacute;ltimo, se muestra m&aacute;s melanc&oacute;lico, triste, ensimismado y hasta sombr&iacute;o; el humor ha dejado paso a cierto desenga&ntilde;o (se autocalifica de exhumorista) porque la frustraci&oacute;n acompa&ntilde;a las esperanzas que el cambio republicano no ha visto cumplir. La misma casa y el mismo taller; quien ha ido cambiando es su morador.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>EL P&Oacute;RTICO</strong></p>
<p>El imaginario atrio de este templo que era la casa de Ac&iacute;n se prolongaba m&aacute;s all&aacute; de los soportales oscenses. En este umbral no est&aacute; el mercado del arte ni el arte como instituci&oacute;n. Por cada encargo que consigue (de los ayuntamientos de Huesca, Jaca o Zaragoza) son cuatro los que no llegan a buen puerto o le son rechazados. En 1926 da una conferencia en el Casino Mercantil de Zaragoza. La pretensi&oacute;n es recaudar fondos para su maestro F&eacute;lix Lafuente que languidece en par&aacute;lisis y pobreza sus &uacute;ltimos a&ntilde;os. Paral&iacute;tico, nos dice Ac&iacute;n, como Oswaldo, ese terrible personaje de &ldquo;Espectros&rdquo;, obra de Ibsen de 1881. En ella el autor critica duramente la moral conservadora que termina haciendo que el hijo pague los pecados del capit&aacute;n Alving. Un mal heredado, que no cometido. La cita no es casual: el artista est&aacute; purgando la hipocres&iacute;a de la &eacute;poca y, obligado a penar una culpa que no es suya, recibe, a cambio de la belleza producida, miseria y olvido. Una vez m&aacute;s el creador oscense se queja de la condici&oacute;n social del artista y de su penosa relaci&oacute;n con el mercado.</p>
<p>El atrio de Ram&oacute;n, pues, se sit&uacute;a en otro &aacute;mbito: una red entretejida por viajes y personas que ampl&iacute;an su &aacute;mbito vital y le emplazan, a trav&eacute;s de lecturas, contactos y experiencias, en un horizonte que le permitir&aacute; salir de la periferia en la que se encontraba. Huesca ser&aacute; siempre su base de operaciones: le fijan all&iacute; su familia, las amistades, el amor a la tierra y la interinidad primero y titularidad despu&eacute;s de la plaza obtenida como profesor de dibujo de las Escuelas Normales de Maestros y Maestras de Huesca entre 1916 y 1917. Se casar&aacute; en 1923 y en el plazo de dos a&ntilde;os nacer&aacute;n sus hijas. Sin embargo, antes y despu&eacute;s de estas fechas, Ram&oacute;n pasar&aacute; largas temporadas fuera de su ciudad natal: en 1908 vive en Zaragoza y, dos a&ntilde;os despu&eacute;s, en Madrid. En 1913 quiere marchar a Par&iacute;s pero se queda en Barcelona escribiendo en la revista &ldquo;La Ira&rdquo; para, tras obtener una beca de la Diputaci&oacute;n de Huesca, estar entre 1914 y 1915 en Barcelona, Madrid, Toledo y Granada. En varias ocasiones volver&aacute; a la capital de Espa&ntilde;a y a Barcelona -donde tiene familia tanto de su parte como de la de su mujer, que era de all&iacute;-. Entre junio y noviembre de 1926 vive en Par&iacute;s,&nbsp; donde piensa instalar un estudio cuando se exilie en diciembre de 1930; lo intentar&aacute; de nuevo pidiendo una pensi&oacute;n a la Junta de Ampliaci&oacute;n de Estudios para el curso 1935-1936. Lo tenemos en las Hurdes&nbsp; en los meses de abril y mayo de 1933, y ese mismo a&ntilde;o tratar&aacute; de obtener la plaza de profesor de dibujo en la Normal de Madrid. Sum&eacute;mosle a todo ello los frecuentes desplazamientos por el Pirineo aragon&eacute;s y las comarcas de Huesca y L&eacute;rida, as&iacute; como el retorno a Catalu&ntilde;a durante los veranos, sobre todo a partir de 1932 porque en esta fecha hereda Conchita Monr&aacute;s una casa en La Pobla de Montorn&eacute;s. Muchos viajes, sin duda, para un hombre de la &eacute;poca.</p>
<p>Viajes y relaciones humanas, algunas de ellas de &iacute;ntima amistad. Est&aacute; por estudiar, y no es ahora el caso, la crucial influencia que esta tupida red tuvo sobre Ram&oacute;n; no obstante, puede afirmarse con rotundidad que sin ellas no hubiese sido el mismo. Dos rasgos principales le acompa&ntilde;ar&aacute;n siempre en este &aacute;mbito: en primer lugar, se trata de contactos pertenecientes a estratos sociales distintos y hasta opuestos (labriegos, juristas, intelectuales, menestrales, militares, artistas, pedagogos,&hellip;), como bien ha sabido analizar V&iacute;ctor Pardo en el caso oscense; el segundo de los rasgos puede apreciarse en el principio de lealtad que mantuvo por encima de cualquier diferencia ideol&oacute;gica: escribe de su amistad con Joaqu&iacute;n Maur&iacute;n, aun cuando este hubiese abandonado los principios libertarios que en su momento compartieron, o es capaz de realizar un sentido obituario en 1935 a la mujer de Jos&eacute; Mar&iacute;a Lacasa, creador del Orfe&oacute;n Oscense y para entonces l&iacute;der de la Falange.</p>
<p>Huesca era la capital de una provincia de car&aacute;cter agrario sometida a un mod&eacute;lico caciquismo que hac&iacute;a de cada pretendida elecci&oacute;n el fraudulento triunfo de la oligarqu&iacute;a local. Cuando Ram&oacute;n ten&iacute;a once a&ntilde;os, el 22&rsquo;5% del censo electoral era analfabeto. Una Hoya con abundante contrataci&oacute;n de jornaleros en contraste con una capital de hortelanos, funcionarios, talleres artesanales y peque&ntilde;os comerciantes que presenciaban c&oacute;mo el obispo excomulgaba al diario local de car&aacute;cter liberal-conservador mientras se ansiaba, en claro esquema restauracionista, una escuela, un parque, una l&iacute;nea f&eacute;rrea, un canal y la a&ntilde;orada universidad perdida. Esta Huesca aciniana es buena muestra, como dec&iacute;amos, de la heterog&eacute;nea capacidad de Ram&oacute;n en cuanto a sus relaciones humanas. Jos&eacute; Domingo Due&ntilde;as es capaz de explicarnos el variopinto grupo que formaban con Ac&iacute;n los redactores de la desaparecida revista <em>Tali&oacute;n</em>, unidos por una lectura anarquizante de Joaqu&iacute;n Costa (&Aacute;ngel Samblancat, Gil Bel, su compa&ntilde;ero de instituto Felipe Alaiz, Joaqu&iacute;n Maur&iacute;n); todos ellos ser&aacute;n escritores o pol&iacute;ticos que alcanzar&aacute;n proyecci&oacute;n nacional. A&ntilde;adamos a esta red la formada por el mundo art&iacute;stico local (Mart&iacute;n Coronas, Avent&iacute;n Llanas, Felipe Coscolla, y su maestro F&eacute;lix Lafuente), la intelectualidad (Manuel Besc&oacute;s, que se hac&iacute;a llamar &ldquo;Silvio Kossti&rdquo;, el escritor costumbrista Luis L&oacute;pez Allu&eacute;, Luis Mur, Ricardo del Arco,&hellip;), el &aacute;mbito de la ense&ntilde;anza formado por colegas o alumnos (los hermanos Carrasquer, Sime&oacute;n Omella, Evaristo Vi&ntilde;uales, Paco Ponz&aacute;n,&hellip;), el farmace&uacute;tico y fot&oacute;grafo Ricardo Campair&eacute;, los periodistas como Mariano A&ntilde;oto o correligionarios tal como el artesano Juan Arnalda. Zaragoza ser&aacute;, por su parte, el segundo n&uacute;cleo de referencia. Ofrec&iacute;a un ambiente que transitaba entre el tard&iacute;o modernismo y el casticismo baturro. Un fuerte crecimiento econ&oacute;mico le har&iacute;a superar los cien mil habitantes y llevar&aacute; aparejado el incremento de las tensiones sociales mientras iba incorpor&aacute;ndose a la modernidad durante la dictadura primorriverista. Si, por un lado, encontraremos el arte nuevo en revistas como <em>Cierzo</em> o <em>Noreste</em>, o en los integrantes del Sal&oacute;n de Humoristas Aragoneses, por otro, las resistencias eran evidentes. Las abundantes tertulias quer&iacute;an saldar estas disputas en los frecuentados y m&uacute;ltiples caf&eacute;s pero el pensamiento reaccionario dominaba los resortes del poder y reclamaba, como hac&iacute;a en 1911 el joven jurista Jos&eacute; Cast&aacute;n, la presencia de m&aacute;s curas y barberos que expurgasen las modernas bibliotecas y limitasen la &ldquo;libertad de pluma&rdquo;. Dar&aacute; cuenta aqu&iacute; nuevamente de un grupo de amigos y conocidos en diversos estratos de la sociedad. Su relaci&oacute;n con Rafael S&aacute;nchez Ventura era fraterna (es el padrino de Sol Ac&iacute;n), al igual que con otros comilitones que formaban parte de la Pe&ntilde;a Salduba: los hermanos Alcrudo, Miguel Chueca Cuartero, Luis Mainar, Miguel Ab&oacute;s, Servet y Mart&iacute;nez. Con todo, no debemos olvidar a personas que ser&aacute;n muy importantes para Ram&oacute;n como Luis Bu&ntilde;uel, compa&ntilde;ero de pupitre en el instituto de Ram&oacute;n J. Sender (una de cuyas hermanas, por cierto, era cu&ntilde;ada de Concha Monr&aacute;s), Rafael Barradas, con quien ya en 1915 comparte exposici&oacute;n de una obra en el Casino Mercantil, y lo mismo podemos decir de Fernando Garc&iacute;a Mercadal, los j&oacute;venes Honorio Garc&iacute;a Condoy o Julio Castro, adem&aacute;s de Mart&iacute;n Durban, F&eacute;lix Burriel o Jos&eacute; Bueno. Precisamente en 1931 ilustrar&aacute; un libro de Ram&oacute;n y Cajal, al lado de F&eacute;lix Gazo y Gonz&aacute;lez Bernal.</p>
<p>&nbsp;Como queda dicho, Barcelona, con su medio mill&oacute;n de habitantes, ser&aacute; una capital muy frecuentada por Ram&oacute;n. Supone un aumento de escala importante: era llamada por los anarquistas a comienzos de la pasada centuria &ldquo;La Rosa de foc&rdquo;. Hab&iacute;a presenciado entre 1888 y 1909, entre la Exposici&oacute;n Universal y la Semana Tr&aacute;gica, esfumarse la ilusi&oacute;n de que la modernizaci&oacute;n pod&iacute;a producirse sin coste social a&ntilde;adido. Se estaban operando all&iacute; dos eclosiones que interesaban mucho a nuestro oscense: el pensamiento libertario y la vanguardia art&iacute;stica. Los contactos se multiplican: anarquistas como Salvador Segu&iacute;, Hermoso Plaja, Federico Urales o, m&aacute;s tard&iacute;amente, Manuel Buenacasa. A la vez, sumemos el plantel de inmigrantes que formaban artistas de la altura de Picabia, el matrimonio Delaunay o Torres Garc&iacute;a (compatriota de Barradas), y las visitas a&nbsp; exposiciones que brindaban las <em>Galer&iacute;es Laietanes</em> o la Dalmau y que le permit&iacute;an contemplar en directo a Matisse, Marquet, Bonnard, C&eacute;sar Lagar, Joan Mir&oacute; o a los cubistas. Le influyeron, y mucho, el plantel de ilustradores catalanes (Nonell, Opisso, Nogu&eacute;s,&hellip;), junto a sus amigos Juan Bautista Acher (Shum) y Bon, al que invit&oacute; a dar una conferencia en Huesca. Queda finalmente Madrid, la capital, que si bien es cierto que carec&iacute;a de una burgues&iacute;a activa como la ciudad condal o bien que no ten&iacute;a una identidad diferenciadora, se hab&iacute;a incorporado desde 1918 definitivamente a la vanguardia. El inquieto visitante de provincias se encontraba con infinidad de libros en un mercado de lance o en puestecillos de viejo; tertulias y m&aacute;s tertulias permit&iacute;an contactos frecuentes con viejas y j&oacute;venes celebridades dispuestas a hablar desde la ca&iacute;da de la tarde hasta la noche y esto hac&iacute;a posible, como nos dice Jaime Brihuega, que la gran ciudad se convirtiese en un peque&ntilde;o mundo en el que todos se conoc&iacute;an. El Caf&eacute; Colonial, el del Prado, el Oriente y el Pombo, pasaban a ser puntos de encuentro sin cita previa para poetas, m&uacute;sicos, cient&iacute;ficos, literatos, arquitectos, y pintores que miraban embelesados hacia Par&iacute;s. Ac&iacute;n accede a la Residencia de Estudiantes a trav&eacute;s de Bu&ntilde;uel, S&aacute;nchez Ventura o el mismo Lorca, al que imagin&aacute;bamos conoc&iacute;a desde su estancia en Granada, y pudieron presentarle a Dal&iacute; o a Jos&eacute; Moreno Villa, poeta y pintor que lleg&oacute; a influir en su obra. El C&iacute;rculo de Bellas Artes y el Ateneo se muestran activos ante el arte nuevo; Guillermo de Torre&nbsp; -promotor del ultra&iacute;smo, y que hab&iacute;a colaborado de joven con la revista <em>Paraninfo</em> de Zaragoza- es hilo conductor hacia Norah Borges, su pareja, que contribuir&aacute; de forma indubitable en muchos de los grabados de Ac&iacute;n, del mismo modo que el catal&aacute;n instalado en Madrid, Lluis Bagaria, lo har&aacute; en sus vi&ntilde;etas, como la obra del gallego Alfonso Rodr&iacute;guez Castelao. Habr&aacute; que ponderar que fuese G&oacute;mez de la Serna, el pont&iacute;fice de la modernidad madrile&ntilde;a, quien calificase a nuestro Ram&oacute;n de &ldquo;raro&rdquo; mientras introduc&iacute;a en Espa&ntilde;a el futurismo, el cubismo y muchos otros &ldquo;ismos&rdquo;, y le relacionaba con Viladrich y Julio Antonio.</p>
<p>Resta Par&iacute;s, definitivamente, no ya sat&eacute;lite sino epicentro de la modernidad. Aqu&iacute; el enlace principal es Ismael Gonz&aacute;lez de la Serna, amigo no solo de Ram&oacute;n sino de su familia y compa&ntilde;ero de vivencias con el joven cient&iacute;fico Pedro Aznar y Luis Bu&ntilde;uel de las que da cuenta en alguno de sus art&iacute;culos. No nos consta, pero parece imposible que en sus estancias parisinas no se empapase Ac&iacute;n del arte de vanguardia de los amigos de Ismael (Gris, Gargallo, Julio Gonz&aacute;lez, Soutine o el mismo Picasso que llam&oacute; &ldquo;grande&rdquo; al de Guadix). As&iacute; nos lo hace ver su producci&oacute;n art&iacute;stica desde 1926.</p>
<p>&Eacute;ste y no otro es el amplio p&oacute;rtico de la casa de Ac&iacute;n y, desde all&iacute;, Huesca queda m&aacute;s cercana al centro.</p>
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<p><strong>EST&Eacute;TICA</strong></p>
<p>Ni pertenece a un movimiento, ni firma un manifiesto, ni es &ldquo;campanero de una sola campana&rdquo;. Por eso, sistematizar los fundamentos de la est&eacute;tica de Ac&iacute;n resulta complejo porque, seg&uacute;n&nbsp; su propia afirmaci&oacute;n,&nbsp; si no se teme al fracaso y se conf&iacute;a en uno mismo, &ldquo;el mejor m&eacute;todo es no tenerlo&rdquo;. Adem&aacute;s, en el artista se produce una evoluci&oacute;n cuya cesura podemos situar en el &uacute;ltimo lustro de la d&eacute;cada de los a&ntilde;os veinte: en una primera etapa, lo que gustaba a los dem&aacute;s a &eacute;l no le dejaba satisfecho; por contra, cuando le empieza a gustar lo que hace, es a los dem&aacute;s a quienes no termina de convencer. Como lo bello es vario -solo es uno el general, el obispo, el cacique, la propiedad-, el programa debe ser necesariamente indefinido. Ya su amigo Felipe Alaiz dec&iacute;a &ldquo;que el artista no da explicaciones porque en la obra se agazapan todas&rdquo;. Desde sus obras -los textos, la labor pl&aacute;stica-, reconstruyamos una definici&oacute;n que pudiera ser del gusto de nuestro creador:</p>
<p>El Arte es un lenguaje universal que, m&aacute;s que imitar la realidad, interviene sobre ella en distintos &aacute;mbitos. Desde el establecimiento de relaciones y una perspectiva de globalidad, se trata de alcanzar un arte total que recupere la creativa mirada del ni&ntilde;o para fundamentar las correspondientes categor&iacute;as est&eacute;ticas sostenidas por la geometr&iacute;a y la estilizaci&oacute;n.</p>
<p>Interesa a la est&eacute;tica aciniana que el objetivo sea una obra que pueda ser vivida y habitada en busca de nuevos l&iacute;mites perceptivos. Los tr&aacute;nsitos devienen permanentes: del dibujo al &oacute;leo y al grabado; de la caricatura a la escultura; de la descripci&oacute;n a la expresi&oacute;n; del concepto a la pl&aacute;stica; de la pl&aacute;stica a la arquitectura. Se desterritorializan las fronteras entre lo que es arte y lo que no porque ni reproduce ni representa en exclusiva sino que sugiere y modifica el esp&iacute;ritu y la vida. Puede estar a la vez dise&ntilde;ando una mesa-caballete para las Escuelas Normales que elaborando un juego did&aacute;ctico de geograf&iacute;a; escribiendo un art&iacute;culo o pensando en proponer un monumento al burro o un quiosco de la m&uacute;sica a la vez que pintando un &oacute;leo o ilustrando la portada de un libro. Cuando obligan a llevar bozal a los perros, le pinta uno al suyo que sustituya al de verdad; cuando se trata de planificar un nuevo barrio, propone al alcalde de turno que las calles lleven nombre de color en consonancia con el que tendr&aacute;n las casas. Y hasta el final: en agosto de 1936 se esconde de sus asesinos en un zulo casero junto a su amigo Juan Arnalda; para que escape, le brinda uno de sus gorros y le pinta bigotes de camuflaje. El arte es una praxis vital.</p>
<p>Observamos evoluci&oacute;n en sus casi 25 a&ntilde;os de producci&oacute;n art&iacute;stica. Primero, toma nota y aprehende a trav&eacute;s del dibujo el vocabulario de la descripci&oacute;n, como se aprecia en sus &aacute;lbumes hasta 1914 (siempre ser&aacute;, antes que nada, un dibujante). Despu&eacute;s ligar&aacute; la imagen a la palabra a trav&eacute;s de vi&ntilde;etas humor&iacute;sticas, mientras aplica la deformaci&oacute;n de la caricatura. Posteriormente ampl&iacute;a los l&iacute;mites del dibujo y la pintura hacia otros formatos (escultura, grabado, ilustraci&oacute;n, ambientes arquitect&oacute;nicos) menos estrechos para ir de la idea hacia la realizaci&oacute;n con s&iacute;mbolos y alegor&iacute;as. De la m&iacute;mesis, la copia o la imitaci&oacute;n a la alusi&oacute;n y la interpretaci&oacute;n que plasmen pensamientos y significados, tratando de suavizar los contrarios por medio del &ldquo;humorismo&rdquo; tan defendido por muchos en la &eacute;poca y que opera de s&iacute;ntesis, esa &ldquo;alegr&iacute;a en el dolor&rdquo; goyesca reflejada en el ex libris que propone como suyo, &ldquo;el cr&aacute;neo agujereado de un uncido con una chulona tocando casta&ntilde;uelas&rdquo;. A medida que ampl&iacute;a el concepto de objeto art&iacute;stico hacia el arte total, estiliza, simplifica las formas y los planos que siguen conservando apariencia figurativa. Este proceso de depuraci&oacute;n formal pretende una triple finalidad: de un lado, incrementar la reproductibilidad, tal como le confiesa al cr&iacute;tico Manuel Abril; de otro, espiritualizar la materia, que es el papel que confiere a la geometr&iacute;a; y, por &uacute;ltimo, la reducci&oacute;n de lo m&uacute;ltiple a un nivel m&aacute;s manejable que refleje la esencia y pueda hacerse m&aacute;s universal.</p>
<p>Es el arte un lenguaje. Y conviene aqu&iacute; matizar bien para acercarnos con rigor a la concepci&oacute;n aciniana, no exenta de alguna contradicci&oacute;n. Una cosa es el aprendizaje del dibujo como veh&iacute;culo de expresi&oacute;n: si se hace bien, este puede ser universal. En 1935 solicita una beca de ampliaci&oacute;n de estudios para viajar al extranjero, y deja patente su opini&oacute;n: &ldquo;(&hellip;) todos, a&uacute;n los que no re&uacute;nen aptitudes ni aficiones para el dibujo, pueden llegar a poseer el dibujo como un medio de expresi&oacute;n y desenvolvimiento de sus actividades de su vida pr&aacute;ctica y profesional, pero esto suceder&aacute;, a nuestro entender, y lo decimos despu&eacute;s de tantos a&ntilde;os de profesorado, cuando se oriente la ense&ntilde;anza del Dibujo al margen del arte como se ense&ntilde;a a escribir al margen de la Literatura&rdquo;.<a title="" href="#_ftn5">[5]</a> Sin embargo, si bien el arte no es una religi&oacute;n y est&aacute; en la mano de todos moldear su vida como una obra, lo cierto es que las exigencias que propone para el artista alcanzan una excelsitud solo propia de una minor&iacute;a porque estamos hablando entonces del h&eacute;roe: aquel que restablece la armon&iacute;a y el equilibrio perdidos, y lo hace en nombre de la comunidad entera. Las exigencias &eacute;ticas del creador son elevadas y requisito imprescindible de su est&eacute;tica: ser humano antes que artista; estar en contacto con la vida, con sus luchas y pasiones, teniendo como motor la curiosidad permanente (&ldquo;mi musa es la curiosidad&rdquo;). De ah&iacute; proceder&aacute; la pasi&oacute;n, la rebeli&oacute;n y la sinceridad que le lleven a buscar &ldquo;Verdad, Justicia, Valor Moral y Jovialidad, Fiebre, Amor, Pudor y Coraz&oacute;n&rdquo;. Con may&uacute;sculas todas y &ldquo;sin medir el trabajo con el rasero de las pesetas&rdquo;. En suma, el artista del romanticismo.</p>
<p>De la concepci&oacute;n est&eacute;tica y la funci&oacute;n social del artista, derivar&aacute; su estilo. Cuando escribe, como dice su amigo Felipe Alaiz, &ldquo;el secreto de la frase &uacute;nica en el escrito corto&rdquo;, siendo esclavo de la eubolia y la autenticidad. La pulsi&oacute;n originaria es casi org&aacute;nica, &ldquo;cuando la bilis nos ahoga o cuando nos salta el coraz&oacute;n&rdquo;; despu&eacute;s viene la ordenaci&oacute;n, la meticulosidad y la capacidad de establecer conexiones seg&uacute;n el principio sapiencial de que saber no es acumular informaci&oacute;n sino relacionarla. El m&eacute;todo es inductivo y pedag&oacute;gico, pr&oacute;ximo al de la Escuela Moderna de Ferrer y Guardia: de lo cercano a lo concreto; y de ah&iacute; a lo general, y a la raz&oacute;n. El verbo se alimenta, en ocasiones, de valores pl&aacute;sticos que ha sabido ver Jos&eacute; Domingo Due&ntilde;as. Cuando se expresa en el terreno de las artes, &ldquo;la parte pl&aacute;stica es la fundamental&rdquo;. El origen, una idea clara y concisa; la realizaci&oacute;n, sin adornos y con delicadeza, equilibrio de masas y armon&iacute;a de colores. Despu&eacute;s, adaptaci&oacute;n a las exigencias propias del material con el que se trabaja. Todo un oficio.</p>
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<p><strong>EL PENSAMIENTO Y LA ACCI&Oacute;N</strong></p>
<p><strong>Libertad con arroz </strong></p>
<p>&ldquo;Pusieron en libertad a un revolucionario y al salir de la c&aacute;rcel abri&oacute; la jaula a un gorri&oacute;n y llev&oacute; al r&iacute;o un pez que ten&iacute;a en la pecera vivito y coleando. Desde aquel momento comenzaron los tres a luchar desesperadamente para vivir. Un día, el revolucionario salió de la ciudad y tumbose a la orilla del río. El pez y el gorrión que le vieron acercáronse al revolucionario. El gorrión añoraba los cañamones de la jaula, y el pez añoraba el piscidín que le servían de alimento. El revolucionario añoraba también el rancho de la prisión, mediano o malo, de judías y arroz. Y vino en pensar, que la libertad que hoy se defiende, es otra de la libertad que defendieron nuestros abuelos&rdquo;<em>. </em></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; RA, &ldquo;Arca de No&eacute;&rdquo;, <em>Diario de Huesca</em>, 20- IV-1924.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hemos medido a Ram&oacute;n por lo que hizo; tambi&eacute;n por lo que hubiese podido hacer si no le hubiesen arrebatado el tiempo. Por lo que encontr&oacute;, por las respuestas que hall&oacute; a las preguntas formuladas. Y por lo que eligi&oacute;: dejar atr&aacute;s a ese miembro de la clase media provinciana con habilidades art&iacute;sticas, funcionario de vida resuelta en su c&aacute;tedra de la Escuela Normal, con muchas posibilidades de llegar a ser un pr&oacute;cer local. A cambio, &eacute;l se autocalific&oacute; sucesivamente de &ldquo;caricaturista&rdquo;, &ldquo;escritor&rdquo;, &ldquo;humorista&rdquo;, &ldquo;artista&rdquo; y, desde los veinticinco a&ntilde;os, &ldquo;revolucionario con la puntera de la bota metida en la anarqu&iacute;a&rdquo;. En el a&ntilde;o 1927 dice de &eacute;l que es un &ldquo;libertario individualista&rdquo;, en oposici&oacute;n al comunismo ruso y, tres a&ntilde;os despu&eacute;s, se proclama &ldquo;comunista libertario&rdquo;.</p>
<p>Su verdadera definici&oacute;n, sin embargo, remite siempre a su relaci&oacute;n con el poder. Comentaba con sus amigos esta an&eacute;cdota de Dionisio de Siracusa: al tirano no le bastaba con ejercer de tal y quer&iacute;a ser poeta; llam&oacute; al mejor de la corte y le ley&oacute; sus versos, inquiri&eacute;ndole con avidez su opini&oacute;n. Este, no queriendo adularlo, se limit&oacute; a decir: &ldquo;Que me lleven a la c&aacute;rcel&rdquo;. Posiblemente en recuerdo de esta circunstancia, el Ac&iacute;n del exilio parisino tras los sucesos de Jaca fue interpelado por sus compa&ntilde;eros de infortunio (muchos de ellos futuros miembros de los gobiernos republicanos) ante su silencio clamoroso en las tertulias y no se le ocurri&oacute; otra cosa que pedir que adecentaran las c&aacute;rceles. Sab&iacute;a, como as&iacute; fue, que las habitar&iacute;a. J. Luis Ledesma llama la atenci&oacute;n (y a la prudencia) sobre las etiquetas pol&iacute;ticas en esos confusos a&ntilde;os veinte y treinta espa&ntilde;oles: primero, porque podemos trasladar esquemas de presente a un pasado distinto; y segundo por la intr&iacute;nseca complejidad del movimiento libertario de car&aacute;cter tan poli&eacute;drico. Emplazar a Ram&oacute;n en la izquierda del momento es evidente porque suma la mayor parte de los ingredientes: cr&iacute;tica al caciquismo y al restauracionismo, anticlericalismo, vegetarianismo, naturismo, internacionalismo, pacifismo, federalismo, republicanismo. Sin embargo, su postura va un paso m&aacute;s lejos; lo vemos situarse contra la propiedad, contra el capitalismo como sistema deshumanizador, contra una pol&iacute;tica en la que pueda darse paso a una rep&uacute;blica burguesa que sustituya la sangre del rey por &ldquo;los reyes del hierro o del petr&oacute;leo&rdquo;; y, a la vez, en contra del comunismo en su versi&oacute;n bolchevique, ese comunismo de estado que en principio le ilusion&oacute; hasta apreciar que imped&iacute;a el que llamaba &ldquo;comunismo de abajo a arriba&rdquo;. Nos lo dice, &ldquo;arroz y libertad&rdquo;;&nbsp; sin tener cubierta la necesidad no es posible la libertad.</p>
<p>Para no equivocarse, habr&aacute; que pegarse a los hechos (y ser necesariamente enumerativos): politizaci&oacute;n temprana, reflejada en dibujos entre 1907 y 1910 de Marx, Kropotkin y Bakunin; participaci&oacute;n en Barcelona en la revista <em>La Ira</em> en 1913 y primer procesamiento, al que seguir&aacute; su colaboraci&oacute;n con <em>Tali&oacute;n</em> en 1915; entrada en la CNT, posiblemente antes de 1917, y asistencia entonces en el verano de 1918 al Congreso de Sans en Barcelona; participaci&oacute;n en 1919 en el II Congreso del Teatro de la Comedia de Madrid de la CNT como representante de mil sindicalistas de Barbastro, Graus, Binefar, Monz&oacute;n, etc, y presentaci&oacute;n de una ponencia sobre &ldquo;Prensa y propaganda&rdquo;; m&iacute;tines y organizaci&oacute;n sindical por Huesca y L&eacute;rida, y procesamiento por fuero de guerra en 1920, quiz&aacute; por su apoyo a los encarcelados debido al asalto en el Cuartel del Carmen de Zaragoza. A&ntilde;o 1922, asistencia a la conferencia de la CNT celebrada en Zaragoza; 1923, participaci&oacute;n frecuente en <em>Solidaridad Obrera</em>, &oacute;rgano central de la CNT, con la columna &ldquo;Florecicas&rdquo;; 1923-30, desde la clandestinidad, activismo sindical, propaganda y organizaci&oacute;n en el Altoarag&oacute;n. En diciembre de 1930 figura como articulador de la trama civil oscense de la Sublevaci&oacute;n de Jaca que dirig&iacute;a Ferm&iacute;n Gal&aacute;n; de enero de 1930 a abril de 1931, exilio en Par&iacute;s: cuando la Rep&uacute;blica se proclama, manifestaci&oacute;n de apoyo a su persona a la puerta de su casa oscense. En junio de 1931, delegado de la CNT en el Congreso de Madrid y comisionado en la defensa de los mineros asturianos ante el Ministerio de Trabajo; organizaci&oacute;n posterior de la Conferencia provincial de Huesca y preparaci&oacute;n de las &ldquo;federaciones de industria&rdquo;; 1932-1933, tres detenciones e ingreso en prisi&oacute;n por promover &ldquo;acciones huelgu&iacute;sticas e insurreccionales&rdquo;; mayo de 1936, asistencia al Congreso Confederal de Zaragoza en el Teatro Iris y dictamen sobre la pedagog&iacute;a. Cuando en agosto de 1936 lo asesinan, se le declara &ldquo;el extremista m&aacute;s peligroso de Huesca&rdquo;. Hab&iacute;a sido m&aacute;s que espectador pasivo, un ciudadano que participaba desde la opini&oacute;n y la acci&oacute;n en multitud de campos de la vida local y nacional. Alcanz&oacute; algo m&aacute;s inquietante que el poder, la influencia.</p>
<p>Si contextualizamos los mencionados acontecimientos en la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola de entreguerras, podremos encontrar una diacron&iacute;a significativa. La inicial actitud anarquista viene marcada por cierto &ldquo;aire de &eacute;poca&rdquo;: Miguel Utrillo se refer&iacute;a a Barcelona, y a la tertulia del <em>Quatre Gats</em> de principios de siglo barcelon&eacute;s, como un lugar en el que todos eran anarquistas e incluso Ram&oacute;n J. Sender afirma que en las primeras d&eacute;cadas del siglo en Madrid se dec&iacute;a que &ldquo;el que a los veinte a&ntilde;os no es anarquista es que es un retrasado mental&rdquo;. Originariamente se trata de un anarquismo m&aacute;s intuitivo y sentimental, que en el caso de nuestro autor viene acompa&ntilde;ado de costismo y hasta de un cierto cristianismo primitivo, como apunta Jos&eacute; Carlos Mainer. El costismo regeneracionista no se ve secundado por la burgues&iacute;a para dirigir un impulso renovador desde la c&uacute;spide; el socialismo, por su parte, hab&iacute;a hecho dejaci&oacute;n de una postura pacifista inequ&iacute;voca durante la Gran Guerra y su presencia sindical era escasa, al menos en Huesca. A cambio, al finalizar la guerra mundial, crece algo nuevo: un sindicato de base amplia en el que caben exaltados activistas junto a pacifistas, libertarios, anarquistas y sindicalistas moderados, y que es capaz de movilizar a cientos de miles de trabajadores.</p>
<p>Como a toda su generaci&oacute;n, la guerra colonial de Marruecos, la primera guerra mundial y la revoluci&oacute;n rusa marcar&aacute;n su evoluci&oacute;n y formaci&oacute;n pol&iacute;tica. Un viejo mundo termina y da paso a otro que est&aacute; por construir. La dictadura primorriverista, por su parte, fue una importante piedra de toque y dej&oacute; a las claras el silencio, cuando no la colaboraci&oacute;n de muchos porque, como dec&iacute;a Unamuno, &ldquo;no puede vivir digno el que no se allana a silenciar la verdad y a no denunciar la injusticia&rdquo;.<a title="" href="#_ftn6">[6]</a></p>
<p>Todo este itinerario, todo este proceso, lo analiza Ac&iacute;n en 1930:</p>
<p>&ldquo;No olvidemos que Costa fue el hombre del 98 y el 98, o el post 98 mejor, con el movimiento de las C&aacute;maras de Comercio e Industria a la cabeza, fue un momento especialmente burgu&eacute;s. Momento que la burgues&iacute;a espa&ntilde;ola no supo aprovechar y que bien habr&aacute; de pesarle, pues, sin haberse cerrado el ciclo burgu&eacute;s, tendr&aacute; esta que sufrir una realidad proletaria&rdquo;<em>. </em></p>
<p>&nbsp;Despu&eacute;s del intento fallido de la Sublevaci&oacute;n de Jaca, la llegada de la II Rep&uacute;blica se convierte en una esperanza y en una posibilidad de revoluci&oacute;n, en igual medida que campo abonado para la frustraci&oacute;n. En junio de 1931 expone en el Ateneo madrile&ntilde;o, en la remodelada sala El Saloncito. Cobran sentido en este contexto las palabras de presentaci&oacute;n que hace de su obra &ldquo;porque m&aacute;s que artista, en estos momentos altamente humanos, importa ser grano de arena que se sume al simoun que todo lo barrer&aacute;&rdquo;.</p>
<p>Ram&oacute;n se adelanta a esa &ldquo;generaci&oacute;n entumecida&rdquo; de la que hablaba Luis Bu&ntilde;uel antes del cambio que se producir&aacute; en los a&ntilde;os treinta y no pertenec&iacute;a al grupo de artistas a los que Sender auguraba la &ldquo;venganza implacable de la vida, que no tolera desdenes&rdquo;, por haberse quedado del lado de la espiritualizaci&oacute;n de los sentimientos o la idealizaci&oacute;n de las pasiones.</p>
<p>La Exposici&oacute;n de Artistas Ib&eacute;ricos, a la cabeza del arte de vanguardia espa&ntilde;ol, realiza una muestra el a&ntilde;o 1931 en San Sebasti&aacute;n donde recoge obra de Ram&oacute;n, al que califica de &ldquo;un gran desconocido para la mayor&iacute;a de interesados en nuestro arte contempor&aacute;neo&rdquo;. Tras mencionar el viaje a Par&iacute;s en 1926, su amistad con Ismael Gonz&aacute;lez de la Serna y las exposiciones en la Galer&iacute;a Dalmau de Barcelona y el Rinc&oacute;n de Goya zaragozano, se dice:&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Un aspecto a tener en cuenta es su claro compromiso pol&iacute;tico, que le acababa de llevar a tomar parte en la llamada &ldquo;sublevaci&oacute;n de Jaca&rdquo; en 1930 y a su consiguiente exilio de varios meses en Par&iacute;s. A principios de la d&eacute;cada de los treinta, Ac&iacute;n se halla en la primera l&iacute;nea de la escultura moderna que se hace dentro de nuestro pa&iacute;s&rdquo;. <a title="" href="#_ftn7">[7]</a></p>
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<p>Considero inoportuno separar la labor sindical y pol&iacute;tica del creador oscense, incluso su labor art&iacute;stica, de su vertiente pedag&oacute;gica, entre otras razones porque &eacute;l no viv&iacute;a esta pretendida escisi&oacute;n: &ldquo;Su gran idea &ndash;nos dice Felipe Alaiz- consist&iacute;a en animar a un n&uacute;cleo de pedagogos modernos para que difundieran la semilla libertaria, haciendo de la ense&ntilde;anza un servicio social&rdquo;. De hecho, apreciaba que el progreso era la recuperaci&oacute;n de la infancia porque los ni&ntilde;os constitu&iacute;an la &uacute;nica esperanza de un ma&ntilde;ana mejor. Frente al infante aislado, hambriento, triste, inclusero, sumiso, &ldquo;mortijuelo&rdquo; (ese p&aacute;rvulo a punto de ser enterrado), creado la mayor parte de las veces por la desigualdad social y por esa escuela al uso que practica un &ldquo;infanticidio lento&rdquo; y que&nbsp; ense&ntilde;a m&aacute;s misterios que verdades, debe alzarse la escuela &ldquo;nueva y laica&rdquo; que le deje al ni&ntilde;o ser lo que es: alegre, ingenuo, con curiosidad innata por el conocimiento y deseo irrefrenable de jugar.</p>
<p>Fragmentos de la pedagog&iacute;a de Ac&iacute;n est&aacute;n en sus propios alumnos (Evaristo Vi&ntilde;uales, Francisco Ponz&aacute;n, Sebasti&aacute;n Gertr&uacute;dix,&hellip;). Es un maestro que nunca suspende y se dedica a aquellos alumnos que de verdad quieren aprender porque consideraba que los ex&aacute;menes, y la ense&ntilde;anza reglada, armaban unos criterios que nada ten&iacute;an que ver con el verdadero talento. Amante del trabajo de campo, convert&iacute;a el parque y la naturaleza, el visionado de una pel&iacute;cula o la fotograf&iacute;a, en la verdadera aula; tambi&eacute;n el caf&eacute;, la calle o su casa. Paciente, generoso, con sentido del humor, buscaba hacer sencillo lo complejo partiendo siempre de cada uno de los alumnos. Evaristo Vi&ntilde;uales se dirige a &eacute;l en estos t&eacute;rminos: &ldquo;S&oacute;lo se aprende de aquel a quien se quiere. T&uacute; supiste hacerte querer por muchos; por eso fuiste todo un pedagogo&rdquo;.</p>
<p>No inventa nuestro profesor una nueva metodolog&iacute;a did&aacute;ctica sino que se suma a los planteamientos que ven&iacute;an de atr&aacute;s, derivados de la concepci&oacute;n libertaria de la educaci&oacute;n y de una forma distinta de enjuiciar la infancia y, m&aacute;s concretamente, el arte infantil. Cuando solicita, a trav&eacute;s de la Junta de Ampliaci&oacute;n de Estudios, un viaje de formaci&oacute;n en el extranjero en 1935 quiere plaza en Par&iacute;s para viajar a Ginebra, Londres y Munich, siguiendo la pista de A. Ferri&egrave;re, &Eacute;. Chapar&egrave;de, K. Gross o de W. Boyd para quien &ldquo;el nuevo educador mira la vida a trav&eacute;s de los ojos del ni&ntilde;o para liberarlo de los obst&aacute;culos y limitaciones de los adultos&rdquo;. En la academia que crea Ac&iacute;n en su casa en 1922, abierta a ni&ntilde;os, proletarios y alumnos de la Normal, se postula como artista-profesor que comunica a sus disc&iacute;pulos en directo el placer de la creaci&oacute;n, como hac&iacute;an &Aacute;ngel Ferrant, Torres-Garc&iacute;a o Rafael P&eacute;rez Contel.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Las coincidencias con su faceta de creador de vanguardia son palmarias: &iquest;no fue C&egrave;zanne quien dijo que hab&iacute;a que ver como un reci&eacute;n nacido?; &iquest;no afirm&oacute; acaso Matisse que se deb&iacute;a ver a lo largo de toda la vida como se vio el mundo de ni&ntilde;o? En semejante contexto, nada puede extra&ntilde;ar que Ac&iacute;n se sumase con entusiasmo a la escuela freinetiana que vino a Huesca de la mano del inspector Herminio Almendros y su mujer Mar&iacute;a Cuy&aacute;s. La pedagog&iacute;a popular de Freinet &ndash;militante anarquizante para quien &ldquo;l&rsquo;enfants d&rsquo;abord&rdquo;- se basaba en principios que nuestro creador demostr&oacute; que formaban parte de su concepci&oacute;n m&aacute;s &iacute;ntima: la defensa de la autonom&iacute;a individual del alumno junto a la socializaci&oacute;n por medio de la organizaci&oacute;n cooperativa; nada m&aacute;s f&aacute;cil pues para Ac&iacute;n que ense&ntilde;ar no tanto lo que sab&iacute;a sino lo que era. En 1927 se crea en Francia la &ldquo;Cinemath&egrave;que Cooperative de l&rsquo;Enseignement La&iuml;c&rdquo;; Ac&iacute;n ten&iacute;a previsto elaborar un film did&aacute;ctico hacia 1935, como recordaba su hija Katia. No pudo hacerlo pero s&iacute; cooperar dos a&ntilde;os antes en el documental rodado en Las Hurdes por Luis Bu&ntilde;uel, <em>Tierra sin pan</em>. Rafael S&aacute;nchez Ventura ofici&oacute; de ayudante de direcci&oacute;n y Ac&iacute;n facilit&oacute; la financiaci&oacute;n y&nbsp; -al decir de Merc&egrave; Ibarz-, dej&oacute; su impronta (y la de Herminio Almendros) en la insistencia pedag&oacute;gica del relato hurdano. En la primavera de 1933, coincidiendo pr&aacute;cticamente con el rodaje, participa Ram&oacute;n en Las Hurdes Bajas en una experiencia freinetiana en compa&ntilde;&iacute;a del maestro oscense llegado a las Hurdes en 1930, Maximino Cano: los ni&ntilde;os de tres pueblos redactan, dibujan y editan unos cuadernos que se imprimir&aacute;n finalmente en Vilafranca del Pened&eacute;s. La llamada a la revuelta y a la lucha social del film, el arte y la renovaci&oacute;n pedag&oacute;gica unidos inextricablemente. El propio Freinet&nbsp; propon&iacute;a a sus maestros la pr&aacute;ctica de un diario mural en el que los cuatro rubros de las columnas fuesen los siguientes: <em>critico</em>, <em>felicito</em>, <em>cosas hechas</em> y <em>quiero</em>. Parecen estructurar el gui&oacute;n de vida de nuestro creador.</p>
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<p><strong>EP&Iacute;LOGO</strong></p>
<p>La ventana desde la que Ac&iacute;n mir&oacute; al mundo &ndash;y con la que empez&aacute;bamos- tiene los marcos m&oacute;viles. Es en esos marcos, en esas transiciones donde puede encontrarse el sentido. El artista, siempre un contador de historias, quiere atisbar un mundo nuevo en un horizonte l&aacute;bil y ejemplifica bien lo que dice Perry Anderson:</p>
<p>&ldquo;(&hellip;) La vanguardia europea de los primeros a&ntilde;os surgi&oacute; en la intersecci&oacute;n de un orden dominante semiaristocr&aacute;tico, una econom&iacute;a capitalista semiindustrializada y un movimiento obrero semiemergente o semiinsurgente&rdquo;.<a title="" href="#_ftn8">[8]</a></p>
<p>Un espacio abierto y en movimiento: se ajusta a la l&oacute;gica que la re-creaci&oacute;n de Ram&oacute;n que nos propon&iacute;amos inicialmente se haya venido convirtiendo, si acaso, en una imagen postcubista. S&eacute;pase, en todo caso, que el modelo es siempre superior al retrato.</p>
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<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Felipe Alaiz, &ldquo;Arte accesible&rdquo;, en F&eacute;lix Carrasquer, <em>Felipe Alaiz. Estudio y antolog&iacute;a del primer escritor anarquista espa&ntilde;ol</em>, Ediciones J&uacute;car, Madrid, 1981, p. 253.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; RA, &ldquo;Los amigos&rdquo;, <em>Diario de Huesca</em>, 6-VII-1924. A partir de ahora, las referencias que se hagan a textos de RA remitir&aacute;n a <em>Ram&oacute;n Ac&iacute;n toma la palabra. Edici&oacute;n anotada de los escritos (1913-1936</em>), (coord. Carlos Mas y Emilio Casanova),&nbsp; Ed. Debate, Barcelona, 2015. La principal base documental, en <em>Fundaci&oacute;n Ram&oacute;n y Katia Ac&iacute;n</em>, http://www.fundacionacin.org/.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; RA, &ldquo;Ma&ntilde;ana&rdquo;, <em>Revista Ma&ntilde;ana</em>, mayo 1930, Barcelona.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Rafael Sender-Sol Ac&iacute;n,&nbsp; El Frago, 22-VIII-1988.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; V&iacute;ctor Juan, Ana Garc&iacute;a-Bragado y Jos&eacute; Manuel Onta&ntilde;&oacute;n, <em>Ram&oacute;n Ac&iacute;n y la Junta para la Ampliaci&oacute;n de Estudios</em>, Encartes del Museo Pedag&oacute;gico de Arag&oacute;n, n&ordm; 1, Gobierno de Arag&oacute;n, 2010, p. 14.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; J. L&oacute;pez Rey, <em>Los estudiantes frente a la Dictadura</em>, Madrid, Javier Morata, Editor, 1930, p. 22.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Javier P&eacute;rez Segura, <em>Arte Moderno, vanguardia y Estado. La Sociedad de Artistas Ib&eacute;ricos y la Rep&uacute;blica (1931-1936)</em>, Biblioteca de Historia del Arte. CSIC, Museo Extreme&ntilde;o e Iberoamericano de Arte Contempor&aacute;neo, Junta de Extremadura, 2003. (Pr&oacute;logo de Jaime Brihuega), p. 68. El subrayado es nuestro.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref8">[8]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Perry Anderson, <em>Campos de Batalla</em> (Sobre Marshall Berman, &ldquo;Todo lo s&oacute;lido se desvanece en el aire&rdquo;, M&eacute;xico, 1988), Anagrama, 1998, p. 65.</p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Tue, 22 Nov 2016 06:50:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Luis Antonio de Villena: "La cultura y la belleza han dado sentido a mi vida"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/luis-antonio-de-villena-la-cultura-y-la-belleza-han-dado-sentido-a-mi-vida/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2016/LUIS_ANTONIO_DE_VILLENA.jpg" alt="" /></p>
<p>En <em>El fin de los palacios de invierno</em>, el primer tomo de sus memorias, publicado recientemente por la editorial Pre-Textos, Luis Antonio de Villena (Madrid, 1951) recurre a una cita de Walter Benjamin: &ldquo;La aut&eacute;ntica medida de la vida es el recuerdo&rdquo;. Llamar, estimular el brote de los recuerdos, es lo que ha hecho en una entrega que combina las r&aacute;fagas de la propia memoria con los testimonios cercanos, familiares, que son los que verdaderamente ayudan a conformar el mundo de los primeros a&ntilde;os, a dibujar sobre el lienzo en blanco que es toda vida en sus inicios. Aunque una veta muy biogr&aacute;fica recorre el conjunto de su obra, nunca como hasta ahora el autor hab&iacute;a decidido mirarse, definir los contornos de su identidad de una manera tan directa, tan clara y frontal.</p>
<p>Lector y cr&iacute;tico atent&iacute;simo, ant&oacute;logo, traductor, amante de la mitolog&iacute;a, buscador ac&eacute;rrimo de la belleza en todas sus manifestaciones y referente de la narrativa de tem&aacute;tica homosexual, este escritor precoz, que con apenas 19 a&ntilde;os se dio a conocer con <em>Sublime Solarium</em>, su primer poemario, no ha dejado de escribir desde entonces. Incansable&nbsp; y&nbsp; prol&iacute;fico,&nbsp; es dif&iacute;cil no encontrar una novedad en las librer&iacute;as de quien se declara, pese a su inclinaci&oacute;n por la novela y el ensayo, poeta por encima de todo. <em>Im&aacute;genes en fuga de esplendor y tristeza </em>(Visor), es su &uacute;ltimo manojo de versos, un volumen que se acompa&ntilde;a de fotograf&iacute;as, en el que poemas e im&aacute;genes conviven para dar otra vuelta de tuerca a los recuerdos, para evocar escenas determinadas, como si nuestro protagonista estuviese en una fase de recapitulaci&oacute;n, de b&uacute;squeda y exploraci&oacute;n en su trayecto personal, enfocando y desenfocando momentos m&aacute;s o menos decisivos, rostros, conversaciones, experiencias...</p>
<p>La muerte de su madre hace poco m&aacute;s de un a&ntilde;o, parece haber agitado la necesidad de mirar hacia atr&aacute;s, de hacer una parada para poder seguir adelante. La figura de la madre aparece en ambos libros y est&aacute; muy presente en esta entrevista en la que Villena adelanta que, entre sus pr&oacute;ximos proyectos, habr&aacute; un libro dedicado enteramente a ella. En este presente de p&eacute;rdida y aprendizaje de un nuevo tiempo en soledad, el escritor insiste en una idea expresada en sus memorias: &ldquo;La vida tiene m&aacute;s da&ntilde;o que alegr&iacute;a, pero en los buenos instantes de j&uacute;bilo, no seamos taca&ntilde;os, parece sublime, ub&eacute;rrima, casi grandiosa&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El diario, cuando es bueno, siempre es fruto de la elaboraci&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>- Empecemos hablando de <em>El fin de los palacios de invierno</em>. &iquest;C&oacute;mo est&aacute; resultando la experiencia de mirarte tan de cerca? &iquest;C&oacute;mo sigue la aventura?</p>
<p>- Bueno, llevo algo m&aacute;s de cien p&aacute;ginas del segundo tomo, que ser&aacute; m&aacute;s amplio, y que he retomado cuando me ha vuelto a apetecer, casi un a&ntilde;o despu&eacute;s de la publicaci&oacute;n del primero, en noviembre de 2015. Mi idea es que proyecto conste de tres tomos. Me gusta el g&eacute;nero. Tengo cuadernos de hace much&iacute;simos a&ntilde;os, desde el 69, cuando todav&iacute;a no hab&iacute;a ni siquiera publicado un libro. Los primeros son malos, porque en realidad lo que hac&iacute;a era ir apuntando frases que se me ocurr&iacute;an y que me parec&iacute;an buenas, siguiendo un poco el modelo de los <em>Cahiers </em>de Paul Valery, que yo hab&iacute;a le&iacute;do entonces, muy jovencito, con 17, 18 a&ntilde;os. Pero no fue hasta comienzos de los 70 que empec&eacute; a dar forma a un diario de verdad, aunque nunca se me ocurri&oacute; que viese la luz. Como Jaime Gil de Biedma, siempre he pensado que un diario en su versi&oacute;n original no puede ser publicable, que resulta muy aburrido. El diario, cuando es bueno, es fruto de la elaboraci&oacute;n. En mi caso, yo cre&iacute; que con el tiempo esas anotaciones pod&iacute;an servirme para hacer memoria; que all&iacute; se conservar&iacute;an muchos datos que pod&iacute;a olvidar, pero, sin embargo, en el primer tomo no he utilizado esos cuadernos para nada. He preferido dejar hablar a la memoria, siguiendo el t&iacute;tulo de Nabokov, <em>Habla memoria</em>, un t&iacute;tulo muy bueno que indica que va a haber olvidos, aunque no olvidos intencionados.</p>
<p>- Proust dec&iacute;a que &eacute;l tiempo vivido no ata&ntilde;e s&oacute;lo a nuestra vida, sino a las vidas de quienes hemos conocido. Es algo que recuerdas en el libro.</p>
<p>- Como te dec&iacute;a, yo creo que una de las gracias de un libro de estas caracter&iacute;sticas es dejarse llevar por la propia memoria, y yo he querido ser muy fiel a mi memoria y a la de otros, porque en muchos casos lo que cuento es lo que me han contado a m&iacute;. Por ejemplo lo que digo de mi padre no es mi recuerdo, porque yo era muy peque&ntilde;o cuando &eacute;l muri&oacute;, en 1962, y la imagen que tengo es una imagen ef&iacute;mera, cordial, la de un se&ntilde;or altivo que me hac&iacute;a muchos regalos. Pero de su vida privada, como es natural, no sab&iacute;a nada. Fue mi madre la que me cont&oacute;, muchos a&ntilde;os despu&eacute;s, c&oacute;mo fue su vida y lo que yo he escrito no son mis recuerdos, son los recuerdos de ella, y de otra gente que lo conoci&oacute;. Es a eso a lo que se refiere Proust, claro, a c&oacute;mo conservamos en nuestra memoria las vidas de quienes hemos conocido y a c&oacute;mo nuestra propia vida, cuando hayamos muerto, pasar&aacute; a manos de quienes nos han tratado.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;No es la muerte, sino la ausencia, asumir que esa persona que te proteg&iacute;a, que velaba por ti ya no est&aacute;, lo que resulta mucho m&aacute;s dif&iacute;cil de superar&rdquo;</strong></p>
<p>- Hablas del recuerdo cordial que tienes de tu padre, pero tambi&eacute;n insistes en el dolor que te produjo su muerte, en lo mucho que te marc&oacute;.</p>
<p>- S&iacute;. Cuando muri&oacute; sent&iacute; que me faltaba algo, que hab&iacute;a perdido un referente. Y ah&iacute; fue cuando empez&oacute; lo doloroso. El da&ntilde;o lleg&oacute;, evidentemente, con la ausencia. Yo no hab&iacute;a asistido al proceso de su enfermedad, a su muerte... Me hab&iacute;an llevado a casa de mis abuelos. En el &uacute;ltimo mes de su vida, no lo vi... Y la verdad no fui consciente de lo mucho que me iba a afectar. Ese aprendizaje de que a veces la ausencia es m&aacute;s dolorosa que la muerte misma vino despu&eacute;s. Y he podido comprobarlo ahora, ya desde la madurez, con mi madre. Las circunstancias han sido muy diferentes, porque ella ten&iacute;a 91 a&ntilde;os y muri&oacute; tranquilamente, como quer&iacute;a. Lo hab&iacute;amos hablado, sab&iacute;amos que iba a suceder y yo lo tom&eacute; como algo muy natural. No es la muerte, sino la ausencia, asumir que esa persona que te proteg&iacute;a, que velaba por ti ya no est&aacute;, lo que resulta mucho m&aacute;s dif&iacute;cil de superar.</p>
<p>- En <em>Im&aacute;genes en fuga de esplendor y tristeza</em>, tu &uacute;ltimo libro de poemas, aparece una fotograf&iacute;a de tus padres que enlaza con episodios reflejados en las memorias.</p>
<p>- S&iacute;. En este libro se mezclan elementos de mi vida muy atravesados por la ficci&oacute;n con otros absolutamente reales, como el poema en el que hago hablar a mi madre, que se acompa&ntilde;a de la foto de ella con mi padre a la que haces referencia, una imagen que transmite sensaci&oacute;n de alegr&iacute;a. En ese poema recojo el momento en el que ella me cont&oacute; c&oacute;mo era la relaci&oacute;n entre ambos. No fue nada f&aacute;cil porque no le gustaba hablar del tema, porque al final acabaron llev&aacute;ndose muy mal y el matrimonio, absolutamente fallido, se mantuvo simplemente porque en esa &eacute;poca no hab&iacute;a divorcio ni separaci&oacute;n. Pero yo quer&iacute;a saber qu&eacute; pas&oacute; y, poco a poco, empec&eacute; a hacer preguntas. Ten&iacute;a necesidad de que me contara cosas y lo fui logrando. Un d&iacute;a llegu&eacute; a decirle que en una casa como la suya, con tantas fotos de familiares, pod&iacute;a haber una de mi padre. Le pregunt&eacute; por qu&eacute; no hab&iacute;a ninguna, por qu&eacute; al cabo de tantos a&ntilde;os no le hab&iacute;a perdonado. No me dijo nada en el momento, pero al cabo de una semana me indic&oacute; que mirase en una de las mesas. Ah&iacute; estaba la foto de la que hablamos, una foto peque&ntilde;a en la que estaban los dos. Ella ya era una mujer de ochenta y muchos a&ntilde;os &ndash;ten&iacute;a 35 cuando &eacute;l muri&oacute;&ndash;. S&iacute;, la verdad es que tard&oacute; mucho tiempo en perdonarlo. El poema termina diciendo: &ldquo;S&iacute;, vivir&iacute;a otra vez&rdquo;. Una frase que retrata mucho a mi madre, una persona muy vitalista, mucho m&aacute;s que yo.</p>
<p>- En toda tu obra hay mucho elemento biogr&aacute;fico, pero es ahora cuando has decidido afrontar el tema de manera m&aacute;s directa, m&aacute;s frontal. &iquest;Ha llegado el momento de mirar atr&aacute;s, de hacer recapitulaci&oacute;n?</p>
<p>- Bueno, en mi literatura hay un fondo autobiogr&aacute;fico siempre, es cierto, pero tambi&eacute;n hay mucha ficci&oacute;n. Hace a&ntilde;os escrib&iacute; unas memorias juveniles noveladas que titul&eacute; <em>Ante el espejo</em>, pero si ahora comparamos ese libro con el primer tomo de las memorias se ve la diferencia que hay entre algo que era prematuramente memorial&iacute;stico, y que terminaba siendo una novela, a esto, que s&iacute; son de verdad unas memorias. He tenido que cambiar, eso s&iacute;, alg&uacute;n nombre por respeto a determinadas personas. Son nombres que al lector no le dir&iacute;an nada, pero que s&iacute; tienen una significaci&oacute;n personal. Y tambi&eacute;n hay ausencias involuntarias, porque, como dec&iacute;a antes, lo que yo quer&iacute;a era contar aquello de lo que me iba acordando y en el proceso de reescritura, a lo largo de un a&ntilde;o de trabajo, iba a&ntilde;adiendo cosas nuevas, detalles que fueron agrandando y mejorando el relato. Insisto en que quise hacer unas memorias porque a m&iacute; siempre me ha gustado el g&eacute;nero, unas memorias bonitas, legibles, que se leyeran con placer.</p>
<p>- Podr&iacute;amos decir que son el preludio del Luis Antonio de Villena que conocemos, del escritor, del personaje p&uacute;blico.</p>
<p>- As&iacute; es. Y por eso todos me dicen que el pr&oacute;ximo tomo ser&aacute; el bueno. Ya se empieza a ver en la segunda mitad del primero que estar&aacute; lleno de literatura, porque yo entr&eacute; con apenas 18 a&ntilde;os en ese mundo y ya cuento aqu&iacute; mis experiencias con Aleixandre, el d&iacute;a que conoc&iacute; a Tennessee Williams y otras cosas por el estilo que llevan a imaginar el contenido del segundo volumen, un volumen que estar&aacute; impregnado de sexo y de literatura.</p>
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<p><strong>&ldquo;En mis memorias lo que he buscado es cultivar el arte de la dif&iacute;cil facilidad&rdquo;</strong></p>
<p>- El estilo de <em>El fin de los palacios de invierno </em>es un estilo sencillo, despojado, directo, en contraste con otros libros tuyos, de cariz mucho m&aacute;s preciosista...</p>
<p>- Bueno, en este caso lo que he buscado es un estilo noble, con una cadencia regular; un estilo cl&aacute;sico, pero limpio, sin adornos, aunque haya algunos cap&iacute;tulos, muy poquitos, tres o cuatro, que no cuentan casi nada, que son evocaciones l&iacute;ricas. Muy al principio, por ejemplo, hay una evocaci&oacute;n del pueblo en el que naci&oacute; mi abuelo, el padre de mi madre, en 1885. Se trata de un pueblo que yo no conozco, pero que imagino c&oacute;mo ser&iacute;a en el siglo XIX. Y tambi&eacute;n hay otra estampa en la que me pongo a imaginar a un compa&ntilde;ero de colegio que me gustaba jugando al hockey. Pero, quitando esos fragmentos que son, adem&aacute;s, cortos, lo que he buscado es cultivar el arte de la dif&iacute;cil facilidad.</p>
<p>- Otra de tus pretensiones ha sido romper con el mito del para&iacute;so de la infancia. Y eso pese a ser tan proustiano...</p>
<p>- Es que a m&iacute; las memorias de esos ni&ntilde;os que juegan, que se lo pasan bien, que son muy dichosos, me parecen mentira. Y por eso quise eludir, y lo cuento muy al principio, todos esos t&oacute;picos. Tiene que ver con que no tuve una infancia bonita por muchas razones; la principal, como contaba antes, el hecho de vivir en una familia rota, pero, independientemente de esto, nunca he cre&iacute;do en esa infancia feliz y nunca he entendido a los escritores que se entretienen contando los juegos de la ni&ntilde;ez. El propio Gide, en sus memorias, se entretiene contando esos juegos, y a m&iacute; esas p&aacute;ginas me aburren mucho. Lo que interesa de los ni&ntilde;os no es a lo que juegan, sino acercarse a sus sentimientos. Lo que a m&iacute; me atrae es explorar c&oacute;mo en el ni&ntilde;o va creciendo la persona, c&oacute;mo se va forjando el car&aacute;cter, sin que a menudo los adultos lo vean. En mi caso, yo me sent&iacute;a muy desdichado, pero en mi casa pensaban que era feliz porque era un ni&ntilde;o muy querido, mimado, absolutamente mimado, al que nunca le falt&oacute; de nada. Incluso cuando la familia, a la muerte de mi padre, empez&oacute; a tener problemas econ&oacute;micos, a m&iacute; no me falt&oacute; de nada. Fui un privilegiado a ojos de los dem&aacute;s, pero, sin embargo, no era feliz, algo de lo que ni mi madre, ni mis t&iacute;as, se daban cuenta.</p>
<p>- No s&oacute;lo rompes el mito de la infancia dichosa, sino que eres bastante contundente al respecto. Dices que la primera adolescencia fue un profundo pozo de tristeza, con la muerte temprana de tu padre, el acoso escolar y la sensaci&oacute;n constante de estar excluido...</p>
<p>- S&iacute;. Todo era as&iacute;, y, al mismo tiempo, como te dec&iacute;a, iba unido a una parte exterior totalmente contraria. Yo era alumno del colegio m&aacute;s exclusivo de Madrid, mi mam&aacute; me llevaba a los mejores sitios, la acompa&ntilde;aba a cenar a restaurantes de lujo, iba vestido con ropa car&iacute;sima... Es decir, ese ni&ntilde;o, de fondo tan desdichado, contrastaba con un ni&ntilde;o muy mimado, enormemente consentido y al que no le faltaba absolutamente de nada. Si yo ped&iacute;a un juguete lo ten&iacute;a al momento. Es evidente que las cosas materiales no lo son todo, pero yo me refugiaba ah&iacute;. Como no estaba integrado en nada, lo que deseaba de ni&ntilde;o era estar en el jard&iacute;n del chalet de mis abuelos, un jard&iacute;n con &aacute;rboles frutales donde pasaba muchas horas, rodeado de mis juguetes. Me lo pasaba bien, pero en soledad, lo que no deja de ser extra&ntilde;o en un ni&ntilde;o de 8, de 9 a&ntilde;os... Ten&iacute;a muy pocos amigos, no me sent&iacute;a para nada integrado en un colectivo, en parte porque vivir tan pronto la muerte, la ausencia de mi padre, me hizo un poco t&iacute;mido, apocado. Y eso fue tomado por algunos compa&ntilde;eros del colegio como se&ntilde;a de que era diferente. Y ser diferente era ser mariquita. En ese momento, yo a&uacute;n no ten&iacute;a conciencia de mi identidad sexual, simplemente era t&iacute;mido, introvertido, pero empec&eacute; a ser v&iacute;ctima de acoso escolar. Aunque mucho menos terrible que las historias de acoso que se cuentan ahora, fue muy doloroso para m&iacute;. En las memorias digo que, en realidad, quienes me molestaban y me hac&iacute;an sentir el rechazo del grupo eran tres o cuatro de una clase de treinta. Hab&iacute;a muchos m&aacute;s compa&ntilde;eros, una veintena larga, que no se met&iacute;an conmigo para nada, pero que tampoco me ayudaban. Y era saber que todos esos no hac&iacute;an nada para bien ni para mal, lo que me hac&iacute;a sentir peor. Por eso digo que siempre he odiado el t&eacute;rmino mayor&iacute;a silenciosa. Lo de silenciosa me parece una imbecilidad. Pero esa mayor&iacute;a existe, desde luego. Yo tengo pruebas fehacientes de que existe la mayor&iacute;a silenciosa.</p>
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<p><strong>&ldquo;He partido de mis propios recuerdos, pero tambi&eacute;n de lo que me contaban a m&iacute;&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;No hay una magdalena en tu vida?</p>
<p>- No, porque la magdalena a Proust para lo que le sirvi&oacute; fue para ejercitar la memoria involuntaria y eso ya lo hizo &eacute;l de forma magistral. Yo recuerdo una experiencia muy similar a la suya, pero si a &eacute;l fue un sabor lo que le hizo revivir el tiempo pasado, en mi caso fue un olor. Una vez en el campo ol&iacute; una hierba y eso me condujo a la &eacute;poca en la que estuve en un campamento para ni&ntilde;os, de la OJE, de la Falange. Pod&iacute;a haberlo contado en las memorias, pod&iacute;a haber recurrido, a partir del olor, a la rememoraci&oacute;n de esa experiencia, pero sent&iacute; que eso ya lo hab&iacute;a le&iacute;do en Proust. Como te explicaba antes yo he partido de mis propios recuerdos, pero tambi&eacute;n de lo que me contaban a m&iacute;. Y en ese camino hay sensaciones, objetos, que cobran especial relevancia.</p>
<p>- &iquest;Por ejemplo?</p>
<p>- Pues recuerdo muy bien que mi padre ten&iacute;a una prima a la que todo el mundo trataba un poco de pobre mujer, porque se hab&iacute;a casado con un comandante de la Guardia Civil y viv&iacute;a modestamente. A m&iacute; me gustaba mucho ir a su casa porque &eacute;l hab&iacute;a estado destinado durante la guerra en Guinea y ten&iacute;an una piel de leopardo extendida sobre la cama. Me encantaba ir a esa casa para ver la piel de leopardo. Sab&iacute;a que esa se&ntilde;ora era prima de mi padre, pero no me enteraba de mucho m&aacute;s. Fueron despu&eacute;s mi madre y otros los que me contaron que era una mujer que ten&iacute;a problemas econ&oacute;micos, porque el marido se hab&iacute;a tenido que jubilar antes de tiempo por culpa del asma y su pensi&oacute;n era muy peque&ntilde;a. Me enter&eacute; de que los dem&aacute;s la ayudaban un poco subrepticiamente. Le llevaban lana para que hiciera un jersey, por ejemplo, y cuando lo terminaba le daban algo de dinero. Todo eso yo no lo sab&iacute;a mientras ocurr&iacute;a. Ser consciente de la importancia de asumir los recuerdos de la gente de al lado, poner eso de manifiesto, ha sido mi punto de partida. Si nos limit&aacute;ramos a los estrictos recuerdos que conservamos de la ni&ntilde;ez todo se reducir&iacute;a a flashes sueltos, inconexos, sin sentido.</p>
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<p><strong>&ldquo;La literatura es una especie de don, o de maldici&oacute;n, seg&uacute;n se mire. Es una especie de sentimiento, de vocaci&oacute;n que surge en ti de repente, como por efecto de magia&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Crees que la creaci&oacute;n, la literatura, germina especialmente en aquellos que se sienten aislados, excluidos, diferentes?</p>
<p>- Puede ser. Pero yo tengo la teor&iacute;a de que la literatura es una especie de don, o de maldici&oacute;n, seg&uacute;n se mire. Es una especie de sentimiento, de vocaci&oacute;n que surge en ti de repente, como por efecto de magia. En mi caso apareci&oacute; muy temprano, entre los 10 y los 12 a&ntilde;os. El detonante fue la lectura de un libro de mitolog&iacute;a griega. Me hab&iacute;a gustado tanto que quer&iacute;a escribir algo que se le pareciese. Y me puse a ello, pero a mis 12 a&ntilde;os no pod&iacute;a decir m&aacute;s que lo que contaba el libro, no ten&iacute;a m&aacute;s conocimientos, y cuando llevaba escritas tres cuartillas lo dej&eacute; porque me di cuenta de que no se trataba de eso. Lejos de decepcionarme la experiencia, a partir de entonces nunca dej&eacute; de escribir.</p>
<p>- Pero la soledad s&iacute; hizo que te convirtieras en un lector precoz. Claro. El hecho de haber estado tan solo hizo que leyera con avidez, que me metiera tanto en los libros, al principio en los tebeos. Nunca he contado mucho sobre eso, pero la verdad es que yo empec&eacute; siendo un enorme lector de c&oacute;mics. Los c&oacute;mics, sin embargo, s&oacute;lo me han gustado de ni&ntilde;o. No me ha pasado como a algunos que conozco que han seguido rindi&eacute;ndoles culto. Yo ese culto no lo entiendo. No me veo consumiendo c&oacute;mics ahora, ya no me entretienen, pero a los 10, 12 a&ntilde;os, los le&iacute; a patadas.</p>
<p>- Pasada esa fase, &iquest;cu&aacute;les fueron los primeros libros que te fascinaron?</p>
<p>- Bueno, me gustaron mucho libros propios de adolescentes: las novelas del oeste de Karl May, las historias de Salgari y tambi&eacute;n de Julio Verne... Eran historias que se devoraban, que ten&iacute;an la magia de cierta literatura considerada f&aacute;cil, pero que, sin embargo, lograba algo muy dif&iacute;cil de conseguir: que cuando empiezas a leer un libro no lo puedes dejar. Durante un a&ntilde;o disfrut&eacute; enormemente con esos autores, hasta que descubr&iacute; otras obras destinadas al p&uacute;blico adulto.</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo se produjo ese descubrimiento?</p>
<p>- Tuvo que ver con el colegio. Un profesor de literatura, en cuarto de bachillerato, nos estaba explicando, muy por encima, las novelas de la antig&uuml;edad. Dec&iacute;a cosas muy someras, muy elementales, pero en un momento dado se&ntilde;al&oacute; que entre esas novelas estaba <em>El Satiric&oacute;n </em>de Petronio, que, a partir de entonces, siempre ha sido uno de mis libros favoritos. El profesor se refiri&oacute; a la obra y dijo que era un libro muy escandaloso, muy inconveniente, que &eacute;l hab&iacute;a le&iacute;do a los 25 a&ntilde;os. Bast&oacute; escuchar eso para que, nada m&aacute;s salir de la clase, corriera a una librer&iacute;a en compa&ntilde;&iacute;a de uno de los pocos amigos que ten&iacute;a. &Iacute;bamos con una enorme sensaci&oacute;n de culpa, porque pens&aacute;bamos que el librero nos rega&ntilde;ar&iacute;a por la petici&oacute;n. Sin embargo, ante nuestra sorpresa, sin inmutarse, nos entreg&oacute; un libro de bolsillo que a&uacute;n conservo. Le&iacute; la novela, subidita de tono para un ni&ntilde;o de 13 a&ntilde;os en aquella &eacute;poca, y me gust&oacute; tanto que pens&eacute; que para qu&eacute; seguir leyendo las aventuras de los piratas del Caribe si hab&iacute;a otras cosas...</p>
<p>- El primer tomo de las memorias tambi&eacute;n es un libro de homenajes, est&aacute; lleno de personajes familiares y de figuras que han influido mucho en ti, en tu formaci&oacute;n.</p>
<p>- Bueno, lo de los homenajes no est&aacute; hecho a posta, pero s&iacute; es verdad que al escribir iba buscando a las personas que m&aacute;s ten&iacute;an que ver conmigo, con mi forma de ser y de entender el mundo. En el libro yo hablo menos de mi abuela paterna, a la que quise mucho de peque&ntilde;o, &ndash;casi, casi, m&aacute;s que a mi madre&ndash; que de su hermana, que viv&iacute;a en Par&iacute;s y era quien realmente me atra&iacute;a. La hab&iacute;a tratado mucho menos, porque estaba lejos, pero todo lo que se contaba de ella llamaba mi atenci&oacute;n, me resultaba misterioso, m&aacute;s a&uacute;n cuando fuimos a verla y surgi&oacute; el personaje que era, una mujer que se hab&iacute;a afrancesado, que dec&iacute;a que a veces se olvidaba del espa&ntilde;ol y era considerada por mi abuela una snob. Me sent&iacute;a fascinado. Aunque no fue la persona de mi familia a la que trat&eacute; m&aacute;s, ni mucho menos, s&iacute; era una de las que ten&iacute;an algo que ver con el mundo que me gustaba, con lo que yo entend&iacute;a que deb&iacute;a ser la vida. En las memorias cuento que cuando ella muri&oacute;, en Madrid, a donde regres&oacute; de mayor, ya enferma, mi t&iacute;a &ndash;su sobrina&ndash; y yo, que ten&iacute;a ya 19 a&ntilde;os, fuimos a Par&iacute;s a ver qu&eacute; pasaba con sus cosas, con el espl&eacute;ndido piso que ten&iacute;a al lado de la &Oacute;pera Garnier.</p>
<p>- Un&nbsp; piso que te hubiera gustado heredar...</p>
<p>- S&iacute;. Yo ten&iacute;a la sensaci&oacute;n vaporosa de que ese piso iba a ser para m&iacute;, puesto que ella no ten&iacute;a hijos y la heredera era mi t&iacute;a, que tampoco los ten&iacute;a. Pero el piso no se pod&iacute;a mantener porque hab&iacute;a muchas deudas. Fue volviendo en el coche cama del famoso Puerta del Sol, que iba de la estaci&oacute;n de Chamart&iacute;n a la de Austerlitz, cuando mi t&iacute;a me explic&oacute; cu&aacute;l era la situaci&oacute;n y fui consciente de ese gusto m&iacute;o, de siempre, por los perdedores. En la historia de esa mujer hab&iacute;a un sentido de p&eacute;rdida. Hab&iacute;a vivido muy bien, pero al final de su vida no hab&iacute;a conservado nada. Recuerdo que en el lujoso coche cama mi t&iacute;a me dijo de repente: &ldquo;Como aqu&iacute; no hay champ&aacute;n, vamos a pedir un vino blanco y brindamos por ella&rdquo;. Yo era un chico de 19 a&ntilde;os brindando en el tren por una t&iacute;a&nbsp; abuela que acababa de morir y que no hab&iacute;a dejado nada de valor, salvo algunos objetos personales. Y eso, que ten&iacute;a que ver con la sensaci&oacute;n del perdedor que pierde dentro de un estilo, el perdedor del nivel alto, es un poco la historia que yo he conocido m&aacute;s: la de gente que viv&iacute;a aparentemente muy bien, con un sentido del lujo, de la existencia, muy refinado, pero que se quedaba sin dinero porque lo hab&iacute;a gastado o lo hab&iacute;a perdido, o no hab&iacute;a sabido administrarlo.</p>
<p>- En&nbsp; esa galer&iacute;a de personajes, claro, aparece tu madre, pero no hay un cap&iacute;tulo entero dedicado a ella.</p>
<p>- As&iacute; es. Y hay una raz&oacute;n. El inicio de las memorias lo escrib&iacute; cuando todav&iacute;a viv&iacute;a, a lo largo de 2014, aunque se public&oacute; en abril del a&ntilde;o siguiente, cuando ya hab&iacute;a muerto, por lo que le a&ntilde;ad&iacute; una dedicatoria. Afortunadamente no lleg&oacute; a verlo, porque s&eacute; que no le hubiera gustado ver reflejadas por escrito muchas cosas que me cont&oacute;. Falta ese cap&iacute;tulo en el tomo, s&iacute;, pero en estos momentos tengo iniciado un libro sobre ella en forma de di&aacute;logo. No s&eacute; muy bien cu&aacute;ndo lo podr&eacute; terminar y sobre todo no se me ocurre el t&iacute;tulo. Puede que simplemente se acabe llamando <em>Mam&aacute;</em>. &iquest;Por qu&eacute; no? Yo nunca la llam&eacute; madre. La verdad es que era una mujer muy especial, muy lectora. Le&iacute;a muchas obras de historia, y tambi&eacute;n novelas, pero no era amiga de la poes&iacute;a. Estoy convencido de que mis libros de poemas apenas los hojeaba. Un d&iacute;a me dijo que ten&iacute;a que contar su historia y le dije que mientras estuviera conmigo me ser&iacute;a imposible. M&aacute;s tarde ella misma se puso delante de un ordenador a relatar su vida, pero, claro, no era escritora y a las quince p&aacute;ginas ya iba por los 20 a&ntilde;os... Cuando muri&oacute;, yo vi lo que hab&iacute;a escrito. Todo me lo hab&iacute;a contado, no dec&iacute;a nada nuevo. Lo &uacute;nico que yo no sab&iacute;a es que hab&iacute;a tenido un novio antes que mi padre. En el texto contaba d&oacute;nde lo hab&iacute;a conocido.</p>
<p>- Me imagino que su p&eacute;rdida ha modificado mucho tu vida. &iquest;Crees que eso se va a reflejar en lo que escribir&aacute;s a partir de ahora? &iquest;Ser&aacute; un empezar de nuevo?</p>
<p>- Por completo. Es un antes y un despu&eacute;s. Mi vida ha cambiado much&iacute;simo. A partir de ahora, no s&eacute;, podr&aacute; darse un empezar de nuevo, como dices, o un terminar. Hace m&aacute;s de un a&ntilde;o que se muri&oacute;, pero se ha abierto un per&iacute;odo totalmente nuevo para m&iacute;, inimaginable. Ella me dec&iacute;a: &ldquo;Me vas a echar mucho de menos cuando yo no est&eacute;&rdquo;. Y es literalmente as&iacute;. Su muerte fue algo esperado, sobre lo que los dos hab&iacute;amos hablado mucho. Lo que sent&iacute;, m&aacute;s o menos al cabo de un mes, fue la ausencia. Y la sigo sintiendo mucho todav&iacute;a. Es una gran sensaci&oacute;n de desamparo. Con 64 a&ntilde;os verme solo ha sido un golpe enorme. No s&eacute; si me he repuesto todav&iacute;a, probablemente no me repondr&eacute; nunca. Como te contaba, era un personaje muy singular, para nada una persona corriente. En su casa yo segu&iacute;a teniendo una habitaci&oacute;n, un despacho y casi la mitad de mi biblioteca. Cuando me quedaba all&iacute; no ten&iacute;a que hacer nada, ni contestar al tel&eacute;fono siquiera. Era ella quien se ocupaba de las cosas pr&aacute;cticas. Se desvelaba por m&iacute;, su &uacute;nico hijo. Entre los dos creamos un mundo muy especial, en el que tambi&eacute;n hubo discusiones tremendas. Era una persona muy fuerte, con car&aacute;cter. A sus casi 91 a&ntilde;os manten&iacute;a esa fortaleza y la elegancia que la caracteriz&oacute; siempre. Nunca dejo de acordarme de ella, ning&uacute;n d&iacute;a.</p>
<p>- Hablemos un poco m&aacute;s de tu &uacute;ltimo libro de poemas, <em>Im&aacute;genes en fuga de esplendor y tristeza. </em>En cierto modo es un libro paralelo, &iquest;no? Porque tambi&eacute;n hay muchos recuerdos familiares, nombres de personajes, un intenso ejercicio de memoria... Resulta muy interesante el juego con las fotograf&iacute;as.</p>
<p>- S&iacute;. Hay mucho ejercicio de memoria, aunque est&aacute; tratado de otro modo, se ve desde otro punto de vista. Hay personajes hist&oacute;ricos y mucho elemento culturalista que no tiene que ver con la memoria personal. Es un libro que contiene poemas escritos a lo largo de cuatro a&ntilde;os, donde el juego con las fotograf&iacute;as es un elemento fundamental, porque yo me di cuenta de que en todos los poemas hablaba de fotos, de im&aacute;genes, y llegu&eacute; a la conclusi&oacute;n de que esas instant&aacute;neas eran absolutamente necesarias, de que sin ellas no se entend&iacute;a del todo el sentido de los poemas. Hay, por ejemplo, un poema dedicado a Machado que comienza diciendo: &ldquo;Muchas veces me he avergonzado de esta foto...&rdquo; Es evidente que si no se ve la foto delante, no se sabe cu&aacute;l es la imagen de la que avergonzarse. En el libro las fotos no son un adorno, sino una parte del poema. En cuanto al paralelismo del que hablas entre las dos obras, la verdad es que, en ciertos tramos, la escritura de <em>Im&aacute;genes en fuga... </em>coincidi&oacute; con la elaboraci&oacute;n de las memorias y es evidente que ese clima pudo influirle. Pero se trata de un enfoque distinto. En los poemas que tienen que ver con la infancia, con la vida de campamento, recurro a la ficci&oacute;n. Los chicos adolescentes de los que hablo, aunque no lo parezca, no me retratan a m&iacute; siempre.</p>
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<p><strong>Sobre Vicente Aleixandre, Juan Gil-Albert y Rosa Chacel</strong></p>
<p>- Vicente Aleixandre es otro personaje fundamental en tu vida.</p>
<p>- A Aleixandre lo conoc&iacute; cuando ten&iacute;a 19 a&ntilde;os reci&eacute;n cumplidos. Nunca lo vi como un maestro ni como una figura paterna, algo que, por otra parte, &eacute;l aborrec&iacute;a. Como cuento en las memorias, cuando me pidi&oacute; que le tutease, algo que no hac&iacute;a con todas las personas, despu&eacute;s de a&ntilde;o y pico trat&aacute;ndole de usted, para m&iacute; fue como un triunfo. Cuando Aleixandre conced&iacute;a el tuteo era como una especie de consagraci&oacute;n de la amistad. &ldquo;Lo bonito de esto del usted es que luego te da una gran alegr&iacute;a cuando llega el t&uacute;&rdquo;, me dijo en una ocasi&oacute;n Juan Gil-Albert, a quien, por cierto, s&iacute; tute&eacute; desde el principio.</p>
<p>- &iquest;De qu&eacute; manera ambos te han influido como poeta, como persona?</p>
<p>- Como poeta Aleixandre no me ha influenciado. Mi obra es muy lejana a la suya. Lo que s&iacute; aprend&iacute; de &eacute;l fue a tener una mirada muy amplia sobre la poes&iacute;a, no restrictiva, porque a Aleixandre, escribiendo como escrib&iacute;a, si t&uacute; le ense&ntilde;abas un poema realista, del tono m&aacute;s realista que te puedas imaginar, lo juzgaba con total serenidad y nunca te dec&iacute;a que no era ese el estilo de poes&iacute;a que ten&iacute;as que hacer. &Eacute;l ten&iacute;a una mirada sobre la poes&iacute;a que ya quisieran todos los que intentan pontificar desde un determinado &aacute;ngulo, condenando todo lo dem&aacute;s. Con &eacute;l pasaba todo lo contrario. MIraba la calidad del poema, pero ten&iacute;a una aut&eacute;ntica visi&oacute;n panor&aacute;mica. En cuanto a Gil-Albert, no s&eacute;. Siempre le he considerado mejor prosista que poeta. En lo que s&iacute; me han marcado ambos es en el plano personal, porque los conoc&iacute; de muy joven, a cada uno en circunstancias muy diferentes. Aleixandre, debido a su delicada salud, estaba siempre en casa, pero a Gil-Albert le trat&eacute; mucho fuera. Ten&iacute;a una relaci&oacute;n intensa con los dos. Y tambi&eacute;n me sucedi&oacute; con Rosa Chacel, otra gran amiga. Curiosamente, ella y Aleixandre se detestaban. Cuando Rosa volvi&oacute; del exilio fue a verlo y no se entendieron. Eran dos viejos que llevaban mucho tiempo sin tratarse, que, en realidad, tampoco antes hab&iacute;an sido especialmente amigos. &ldquo;S&iacute;, fui a ver a Vicente Aleixandre, y le encontr&eacute; muy anticuado&rdquo;, dec&iacute;a Rosa. Y &eacute;l comentaba: &ldquo;S&iacute;, Rosa Chacel vino a verme pero no ten&iacute;amos mucho que decirnos&rdquo;. Yo lo entend&iacute;a. Ten&iacute;an raz&oacute;n los dos. Eran dos mundos muy distintos. Se citaron porque eran de la misma generaci&oacute;n y de la misma &eacute;poca, pero en realidad ten&iacute;an poco en com&uacute;n.</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo era la Rosa Chacel que conociste?</p>
<p>- En la continuaci&oacute;n de mis memorias contar&eacute;, entre otras cosas, su predisposici&oacute;n a privilegiar a los amigos masculinos frente a las mujeres de su entorno. Hay un trozo en sus diarios donde lo demuestra, donde se refiere a como a sus amigas mujeres, caso de Clara Jan&eacute;s, las trataba mucho peor, como si fuesen sus ayudantes o sirvientas. Yo fui</p>
<p>testigo en una ocasi&oacute;n de eso... En realidad, Rosa ten&iacute;a una idea muy peculiar sobre el feminismo. Ella pensaba que si las mujeres hab&iacute;an sido menos en la cultura se deb&iacute;a a una raz&oacute;n hist&oacute;rica, a que se hab&iacute;an dedicado al hogar y a cuidar al &ldquo;maridito&rdquo;... Dec&iacute;a que las mujeres hab&iacute;an asumido un rol hogare&ntilde;o y no ten&iacute;an tiempo para la cultura, algo que ella, que siempre mantuvo una relaci&oacute;n muy independiente con su marido y con su hijo, criticaba mucho. Era una mujer muy dura realmente, pero conmigo siempre fue muy cari&ntilde;osa. Yo nunca la consider&eacute; como una maestra, sino como una amiga, del mismo modo que a Aleixandre o a GilAlbert. Nunca los he visto como mentores y mucho menos a Gil de Biedma, que era para m&iacute; como un hermano mayor. &iquest;C&oacute;mo voy a tomar como maestro a un se&ntilde;or al que he visto borracho, ligando...?</p>
<p>- &iquest;En este libro cuentas cosas que no hab&iacute;as contado nunca? Por ejemplo, las conversaciones con Aleixandre, lo que te dec&iacute;a sobre la homosexualidad...</p>
<p>- Por escrito nunca lo hab&iacute;a contado, oralmente quiz&aacute;s s&iacute;. Lo que m&aacute;s me gusta y aprecio es la confianza que me manifestaba con esas confidencias. Yo sab&iacute;a que Aleixandre era homosexual, porque me lo hab&iacute;a dicho Brines, entre otros, pero &eacute;l cre&iacute;a que era discret&iacute;simo. &Eacute;l lo confesaba y pensaba que nadie lo iba a divulgar, pero era un secreto a voces, aunque mientras vivi&oacute; no se public&oacute; nada al respecto. Yo lo cont&eacute; en el a&ntilde;o 88, en unos recuerdos sobre Luis Cernuda, y ya hac&iacute;a cuatro que &eacute;l hab&iacute;a muerto. Recuerdo que primero habl&aacute;bamos de la homosexualidad en general, como si fuera un tema que nos interesara, pero con el que no tuvi&eacute;ramos nada que ver. Pero cuando yo romp&iacute; eso cont&aacute;ndole una historia m&iacute;a, &eacute;l, de modo natural, me cont&oacute; una suya. Antes me hab&iacute;a hablado de la homosexualidad de Lorca, de Federico, que era como se refer&iacute;a siempre a &eacute;l, porque eran muy amigos. Para entrar en materia, de golpe, sol&iacute;a relatar una historia sobre &eacute;l que yo narro en el libro, con el t&iacute;tulo de <em>Te sabe a rosas</em>. &ldquo;Un d&iacute;a vino Federico, que ven&iacute;a mucho a verme. Era muy derrochador, entraba y dejaba fuera el taxi, sin bajar la bandera. El taxi segu&iacute;a marcando y yo a veces le recriminaba por eso, pero a &eacute;l le daba igual. Y un d&iacute;a vino y me dijo: &ldquo;Oye, &iquest;t&uacute; cuando la chupas, te lo tragas?&rdquo; As&iacute; sol&iacute;a contarlo y a continuaci&oacute;n dec&iacute;a que &eacute;l se hab&iacute;a quedado horrorizado y le&nbsp; hab&iacute;a&nbsp; dicho&nbsp; que&nbsp; no, que en absoluto, a lo que Federico le contest&oacute;: &ldquo;Pues no sabes lo que te pierdes, porque sabe a rosas&rdquo;. Esa historia, que sale en las memorias, no se hab&iacute;a contado nunca, y yo, antes de publicar el libro se la transmit&iacute; a la sobrina de Lorca, a Laura. Le pareci&oacute; muy bonita y me pregunt&oacute; que porqu&eacute; no la hab&iacute;a contado antes. Yo sab&iacute;a que su padre y su t&iacute;a hab&iacute;an sido enemigos de esa historia y se lo se&ntilde;al&eacute;. &ldquo;S&iacute;, pero yo no soy ni mi padre ni mi t&iacute;a&rdquo;, me respondi&oacute;. &ldquo;Afortunadamente para ti&rdquo;, le dije. Yo la habr&iacute;a sacado igual. Pero me agrad&oacute; su reacci&oacute;n. Y, adem&aacute;s, me alent&oacute; mucho a contar las cosas que me dec&iacute;a Aleixandre sobre su t&iacute;o, cosas que ella quer&iacute;a conocer.</p>
<p>- Se transmite muy bien la etapa de apertura de antes de la guerra, pero luego fueron a&ntilde;os de mucha represi&oacute;n.</p>
<p>- S&iacute;. Aleixandre llegaba a hablar con pelos y se&ntilde;ales de los novios de antes de la guerra, pero luego se volvi&oacute; muy pudoroso. Y da la sensaci&oacute;n de que inmediatamente despu&eacute;s de la guerra no hubo nada importante, aunque &eacute;l recib&iacute;a en casa todas las tardes, recib&iacute;a a poetas j&oacute;venes y ah&iacute; surg&iacute;an historias. M&aacute;s tarde vino Carlos Bouso&ntilde;o, que fue el gran amor de su vida. Bouso&ntilde;o siempre le quiso mucho, le iba a ver pr&aacute;cticamente a diario cuando ya no hab&iacute;a nada entre ellos y eran simplemente amigos. Carlos Bouso&ntilde;o era un se&ntilde;or claramente bisexual. Ten&iacute;a dos a&ntilde;os un novio y dos a&ntilde;os una novia. Lo llevaba con mucha naturalidad, pero, ya de mayor, se cas&oacute; con una mujer m&aacute;s joven y ella se ha afanado por ocultar todo ese cap&iacute;tulo de la relaci&oacute;n con Aleixandre. Es una pena.</p>
<p>- Hay dos etapas muy marcadas en este primer tomo: la etapa de la infancia, de la adolescencia, llena de personajes familiares, marcada por una tristeza de fondo, y luego la fase de apertura que se inicia a partir de los 18, 19 a&ntilde;os, cuando, tal como dices, puedes ser realmente t&uacute;.</p>
<p>- S&iacute;. Esa etapa se inici&oacute; cuando entr&eacute; en el mundo de la literatura. Estaba todav&iacute;a en la universidad cuando publiqu&eacute; <em>Sublime solarium</em>. En ese momento ya conoc&iacute;a a Aleixandre y a Antonio Prieto, que era profesor y que me incluy&oacute; en una antolog&iacute;a [ampliaci&oacute;n de la c&eacute;lebre de &ldquo;los nov&iacute;simos&rdquo; de Castellet]. Ah&iacute; fue cuando mi vida cambi&oacute; por completo, porque ten&iacute;a otras referencias y ten&iacute;a amigos que pertenec&iacute;an a ese mundo: Luis Alberto de Cuenca, Jaime Siles, Marcos Ricardo Barnat&aacute;n... Lo que no cambiaba era mi vida sexual. Se puede decir que ten&iacute;a una vida intelectual muy madura, mucho m&aacute;s madura de lo que correspond&iacute;a a mi edad, y, sin embargo, estaba sin estrenar afectivamente. Eso creaba una situaci&oacute;n extra&ntilde;a que, de alguna manera, ha perdurado en mi vida: la madurez intelectual y la inmadurez sentimental.</p>
<p>- El deseo, el sexo, y la belleza, sobre todo la belleza, son pilares b&aacute;sicos de toda tu obra.</p>
<p>- En parte s&iacute;. Pero la belleza en general, la belleza del arte, de la cultura, del mundo intelectual... Y luego, por supuesto, la belleza de las personas. Es en la combinaci&oacute;n de todo eso donde se produce una situaci&oacute;n un poco extra&ntilde;a, porque yo lo he mezclado todo con lecturas del mundo griego, de Plat&oacute;n, del neoplatonismo, y he acabado forjando una falsa historia, trabajando mentalmente un deseo basado en el platonismo. &iquest;Qu&eacute; ha pasado? Pues que las personas con las que he anhelado estar ten&iacute;an que ser de una gran belleza porque esto era lo que hab&iacute;a le&iacute;do en todos estos libros. El amor para m&iacute; s&oacute;lo ha podido ser fruto de la idealizaci&oacute;n y est&aacute; claro que una figura ideal no puede ser una persona cualquiera. Es ah&iacute; cuando comienza el segundo tomo. Narro la &eacute;poca en la que entr&eacute; en el mundo gay, con veintipocos a&ntilde;os, y empec&eacute; a rechazar a todos los novios que me surg&iacute;an porque iba tras el ideal sublime, inseparable de la belleza f&iacute;sica. Como es l&oacute;gico, ese tipo de belleza no siempre va unida a una belleza interior, intelectual, y ah&iacute; es donde, una y otra vez, surg&iacute;a el problema. Eso me hizo ser muy promiscuo, cambiar mucho de pareja, de relaci&oacute;n, lo que me llevaba a una especie de inmadurez sentimental que contrastaba mucho con la madurez intelectual. Un psiquiatra que me psicoanaliz&oacute; termin&oacute; dici&eacute;ndome: &ldquo;Bueno, su ideal ser&iacute;a encontrar una persona m&aacute;s joven que le gustara, que lo quisiera, pero m&aacute;s madura sentimentalmente que usted&rdquo;. Y claro, si yo ten&iacute;a 50 a&ntilde;os, y buscaba a uno de 22, eso era algo dif&iacute;cil de lograr. Quiz&aacute;s lo he conseguido a trozos, pero no de una manera sostenida en el tiempo.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Lo que yo he vivido es una especie de pasi&oacute;n continuada por la belleza&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;No has vivido una relaci&oacute;n estable?</p>
<p>- No, porque para m&iacute; el amor siempre ha sido la belleza. Lo que yo he vivido es una especie de pasi&oacute;n continuada por la belleza. Para m&iacute; el amor era una consecuencia de eso y lo que yo he vivido han sido trozos de amor. Pero no una historia continuada en el tiempo. Tampoco he padecido grandes penas de amor. Adem&aacute;s, las relaciones las he terminado casi siempre yo porque necesitaba otra historia, otro rostro, otra forma de lo que llamaba Plotino el uno universal. Siempre he buscado lo mismo, pero en formas diferentes. Cuando pasaban unos meses, unos a&ntilde;os, me acababa cansando.</p>
<p>- &iquest;Y ahora en qu&eacute; momento est&aacute;s afectivamente?</p>
<p>- &iquest;En qu&eacute; momento afectivo se puede estar a mi edad? Te dir&iacute;a que en ese mismo. No ha cambiado nada. Tuve, poco antes de morir mi madre, una bonita historia que podr&iacute;a haber llegado a ser algo m&aacute;s, pero dur&oacute; apenas un a&ntilde;o y cuando termin&oacute; pudo haber derivado en una amistad, pero no pudo ser... Sigo estando en las mismas: soy una persona intelectualmente muy madura y sentimentalmente un poco inmadura. A lo que yo me he dedicado no es al amor. Mis poemas no hablan de amor ni tampoco de sexo, salvo unos pocos. Yo me refiero todo el rato al deseo y a la belleza. Hay mucha sensualidad, pero no sexo. Incluso es as&iacute; en los poemas de este &uacute;ltimo libro, donde cuatro o cinco hablan de relaciones cibern&eacute;ticas, en Internet.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Internet te lleva a situaciones muy atractivas de belleza, de entretenimiento, de excitaci&oacute;n, pero todo suele acabar en decepci&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>- Alguien que en los 80 vivi&oacute; la Movida tan de cerca como t&uacute;, &iquest;c&oacute;mo ve y analiza esta nueva realidad virtual?</p>
<p>- Pues la veo peor, indudablemente. Lo &uacute;nico positivo que encuentro es que, a trav&eacute;s de la pantalla del ordenador, ves a gente bell&iacute;sima, algo de agradecer para alguien como yo, pero, en cierto modo, estamos volviendo al amor de los trovadores. Se trata de un amor de lejos que no se va a cumplir nunca, sobre todo cuando hablas, a trav&eacute;s de chats, de p&aacute;ginas de contactos, con alguien que a lo mejor est&aacute; en Canad&aacute;. Lo m&aacute;s probable es que no llegues a conocerlo nunca. Esa relaci&oacute;n, basada sobre todo en el f&iacute;sico, no va a servir para nada y al final puede resultar muy in&uacute;til, muy frustrante. <em>Im&aacute;genes en fuga de esplendor y tristeza </em>es un libro que hace reflexionar sobre todo esto. Internet te lleva a situaciones muy atractivas de belleza, de entretenimiento, de excitaci&oacute;n, pero todo suele acabar en decepci&oacute;n. Pueden producirse encuentros cuando es en la misma ciudad o en el mismo pa&iacute;s, no digo que no, pero a m&iacute; nunca me ha pasado eso. En el 90 por ciento de los casos no llegas a conocer a tus contactos, aunque tengas mucha confianza con ellos; aunque a trav&eacute;s del chat, de la conversaci&oacute;n, se produzcan situaciones de mucha intimidad. Siempre sucede con un cristal de por medio. Como fen&oacute;meno es interesante, tan interesante que he escrito cinco poemas sobre ello. Y no hay tanta poes&iacute;a sobre las relaciones y el sexo por Internet.</p>
<p>- &iquest;Definitivamente te quedas con lo de antes?</p>
<p>- Sin duda. A m&iacute; me gustaba mucho m&aacute;s lo de ir a un bar y encontrar all&iacute; gente a la que poder mirar y con la que iniciar un acercamiento, hablar, decidir si te interesaba o no. Pero muchos ya se conforman &uacute;nicamente con el sexo cibern&eacute;tico. No siempre quieren conocerse, incluso viviendo cerca. Es un mundo que tiene la enorme pobreza de que no hay contacto. Hablas con la persona, la ves desnuda, pero en realidad no llegas a conocerla, no puedes tocarla. Yo he estado mucho m&aacute;s tiempo en lo real, pero ahora lo real est&aacute; en decadencia. Y todo indica que las consecuencias no van a ser buenas, porque esa falta de contacto personal, a no ser que se cree una nueva poblaci&oacute;n rob&oacute;tica, que se conforme con el sexo cibern&eacute;tico, puede llevar a una degradaci&oacute;n humana muy grande.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;A nivel global, estamos gobernados por imb&eacute;ciles&rdquo;</strong></p>
<p>- Tambi&eacute;n hay un cierto desencanto social, pol&iacute;tico, en el arranque de tus memorias. En un momento dado dices que la rancia Espa&ntilde;a, la que viviste en tu infancia, la Espa&ntilde;a de &ldquo;cerrado y sacrist&iacute;a&rdquo;, atrasada y pobre, no ha muerto del todo.</p>
<p>- As&iacute; es. Esa Espa&ntilde;a no ha muerto del todo. Hay mucha gente que no ha evolucionado y en este momento sigue habiendo una falta de esperanza total, porque los pol&iacute;ticos son todos un desastre, tanto la derecha como la izquierda. A m&iacute; el mundo actual me decepciona much&iacute;simo. Me parece que, a nivel global, estamos gobernados por imb&eacute;ciles. Europa es como un cad&aacute;ver, parece que se ha convertido en un gran museo. Cuando el museo cierra a las ocho de la noche ya no hay nada. Por eso nos gusta y nos atrae m&aacute;s Latinoam&eacute;rica, porque est&aacute; viva. Europa es un continente al que de verdad le ha llegado la vejez, la vejez en todos los sentidos. En cuanto a Espa&ntilde;a, yo he llegado a decir incluso que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os de Franco estaba mejor que ahora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;S&oacute;lo podr&aacute; haber democracia de verdad cuando haya pueblos con criterio, capaces de pensar, de decidir&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;No te parece muy duro decir eso?</p>
<p>- Claro que s&iacute;. Me parece muy duro si lo vemos desde el ahora, pero no si pensamos que entonces la gente ten&iacute;a mucha esperanza. En el 74 la dictadura ya no era lo que fue en sus inicios y pod&iacute;amos confiar en el futuro. Ahora ha llegado la estupidez total. Tanto la derecha como la izquierda han declinado su papel y lo nuevo que surge es una especie de ridiculizaci&oacute;n. Algo va mal, algo va mal en las propias democracias. Tambi&eacute;n digo que los pueblos ignorantes no pueden ser dem&oacute;cratas, que lo que hay son democracias basura. Y eso tambi&eacute;n es muy duro, pero es lo que hay. S&oacute;lo podr&aacute; haber democracia de verdad cuando haya pueblos con criterio, capaces de pensar, de decidir.</p>
<p>- Eres un autor muy prol&iacute;fico. La lista de tus libros parece interminable, pero si tuvieras que elegir, &iquest;con cu&aacute;les te quedar&iacute;as; hay obras que marcan momentos cruciales en tu trayecto?</p>
<p>- Yo creo que los autores siempre juzgamos mal nuestra propia obra. A uno le suele interesar m&aacute;s lo &uacute;ltimo que ha hecho, porque est&aacute; m&aacute;s cerca, vital y sentimentalmente, pero a lo mejor lo &uacute;ltimo no es necesariamente lo mejor. Hoy en d&iacute;a no creo mucho en la cr&iacute;tica, m&aacute;s bien poco, pero a veces los cr&iacute;ticos te van indicando cu&aacute;les son esos libros que marcan tu trayectoria, aunque eso tampoco quiere decir que sean los mejores. Todo el mundo coincide en decir que <em>Hymnica, </em>que escrib&iacute; a los 26 a&ntilde;os, es un libro esencial. No lo s&eacute;. Te podr&iacute;a decir los que yo prefiero por motivos muy personales. En novela: <em>F&aacute;cil</em>, <em>Divino </em>y tambi&eacute;n <em>La nave de los muchachos griegos</em>, que fracas&oacute; comercialmente porque la editorial Alfaguara crey&oacute; que pod&iacute;a ser un best seller cuando empezaba a cobrar cierto auge la narrativa gay y no se alcanzaron las expectativas. Para m&iacute; ese libro, una novela dif&iacute;cil, rara, y no s&oacute;lo por la tem&aacute;tica, sino porque tiene una parte que es una biograf&iacute;a inventada de Petronio y porque re&uacute;ne cosas sueltas de diferentes &eacute;pocas, que se tienen que ir hilvanando con el relato lineal de la biograf&iacute;a, me parece que es uno de los mejores que he escrito. Y luego destacar&iacute;a mi &uacute;ltimo libro de poes&iacute;a. M&aacute;s all&aacute; de lo cercano que est&aacute;, me parece muy diferente respecto a lo que se hace actualmente en la poes&iacute;a espa&ntilde;ola.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El segundo tomo de mis memorias ser&aacute; un compendio de sexo y libros&rdquo;</strong></p>
<p>- Por lo que has contado, el segundo tomo de las Memorias va a deparar m&aacute;s de una sorpresa.</p>
<p>- Bueno, va a incluir muchas cosas que no se han contado, que yo no he contado hasta ahora. Ser&aacute; un compendio de sexo y libros, donde van a salir muchos escritores, donde voy a hablar de muchas cosas de gente conocida que yo creo que no se conocen. Por ejemplo, nadie ha contado todav&iacute;a el famoso Congreso de escritores en lengua espa&ntilde;ola, que hubo en Las Palmas el a&ntilde;o 79 y que fue divertid&iacute;simo. Ah&iacute; estaban Rulfo y Onetti, que se pasaron todo el tiempo borrachos, porque era la &eacute;poca en que en Canarias el whisky era todav&iacute;a mucho m&aacute;s barato...Onetti creo que ni siquiera sali&oacute; de la habitaci&oacute;n del hotel. Todo eso lo estoy escribiendo ahora. Recuerdo que yo coincid&iacute; con Onetti en el avi&oacute;n de vuelta y hab&iacute;a un ni&ntilde;o que era un incordio, que no dejaba de molestar jugando en los pasillos. En un momento dado Onetti, al que yo entonces hab&iacute;a le&iacute;do poco, se levant&oacute; de la butaca e hizo al ni&ntilde;o el gesto de disparar. Todo el mundo lo tom&oacute; como un chiste, como que se hab&iacute;a puesto a jugar con el ni&ntilde;o a pistoleros, pero yo pens&eacute;: &ldquo;no, a este se&ntilde;or el ni&ntilde;o le molesta enormemente y est&aacute; haciendo ese gesto de verdad, para expresar su deseo de acabar con la situaci&oacute;n&rdquo;. Estaba muy serio, con su rostro inexpresivo... No estaba jugando al hacer &ldquo;pum, pum, pum&rdquo;...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La vida es un fracaso, un error, pero con momentos fascinantes&rdquo;</strong></p>
<p>- Un p&aacute;rrafo de <em>El fin de los palacios de invierno </em>para acabar: &ldquo;La vida tiene m&aacute;s da&ntilde;o que alegr&iacute;a, pero en los buenos instantes de j&uacute;bilo, no seamos taca&ntilde;os, parece sublime, ub&eacute;rrima, casi grandiosa&rdquo;.</p>
<p>- Es verdad. Yo creo que si fu&eacute;ramos paso a paso, los momentos malos de la vida son muchos m&aacute;s que los buenos, pero es verdad que los buenos son muy buenos y tienden a borrar a los malos. Ahora bien, si uno hace un balance, los malos son muy malos y la mayor&iacute;a de nosotros somos perdedores porque no hemos hecho la vida que quer&iacute;amos hacer y no hemos logrado lo que quer&iacute;amos lograr. La vida, en cierto modo, es un fracaso, y yo soy de los que creen que tal vez es un error. &iquest;Por qu&eacute; hay algo en lugar de nada?, se pregunt&oacute; Leibniz sobre el universo. La vida es un error, s&iacute;, pero ese error que es la vida tiene, curiosamente, momentos muy fascinantes. Cuando nos sentimos en comuni&oacute;n con ella, en armon&iacute;a, es estupendo. Pero tampoco hay que olvidar que los hombres han sido una raza desastrosa. Una raza que ha dado genios maravillosos, sin duda, genios que no son bastantes para suplir el horror de los otros. Yo soy muy pesimista en eso. Me parece que la raza humana perecer&aacute; y que se lo tiene muy merecido. El planeta merece poder quitarse de encima a ese mont&oacute;n de bichos que han hecho todo lo posible por ser da&ntilde;inos y que cada vez est&aacute;n m&aacute;s cerca de conseguirlo.</p>
<p>- Y desde el punto de vista personal. &iquest;Qu&eacute; has perdido y qu&eacute; has ganado en el camino?</p>
<p>- He ganado eso que se llama experiencia y el haber vivido todo lo que la vida me ha ido dando, pero he perdido ilusi&oacute;n y fe en las personas. Con el tiempo se tiende a no creer ya en casi nadie, a pensar en el famoso todos mienten. A m&iacute; me ha pasado. Ahora soy consciente de que, en mi caso, con lo que me quedo es con la cultura, con la belleza. Eso es lo que para m&iacute; da sentido a la vida, lo mismo que se la daba cuando ten&iacute;a 16 a&ntilde;os. A la contra, las relaciones con los dem&aacute;s han resultado m&aacute;s negativas que positivas, y aqu&iacute; digo lo mismo que de los buenos y los malos momentos. Cuando las relaciones son buenas son estupendas, pero luego hay tantos momentos malos, tantos momentos de traici&oacute;n... La traici&oacute;n es una de las cosas peores de los v&iacute;nculos humanos. Los amigos que te enga&ntilde;an, que te venden, que no saben ser amigos, la mala amistad... Para m&iacute; esa es una de las mayores decepciones de la vida. Con los a&ntilde;os me he ido encontrando con personas estupendas, generosas, esenciales, pero tambi&eacute;n he cre&iacute;do ser amigo de muchas otras que me han demostrado ser unas sinverg&uuml;enzas y eso me ha dolido mucho, no ya tanto por m&iacute; como por la constataci&oacute;n de la existencia de esa posibilidad. Hay grandes nombres propios que no voy a citar de personas que en este momento me parecen siniestras y de las que yo he sido muy amigo. Ha habido, por ejemplo, hombres y mujeres, en alguna ocasi&oacute;n parejas, que han presumido de izquierdas y que luego han demostrado ser una especie de bandoleros, capaces de hacer cualquier cosa con tal de trepar. Eso me parece absolutamente innoble.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 22 Nov 2016 06:36:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Isidro Ferrer: "Los diseñadores no somos artistas, resolvemos problemas"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/isidro-ferrer-los-disenadores-no-somos-artistas-resolvemos-problemas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2016/isidro500.jpg" alt="" /></p>
<p>Es un hombre de tiempos lentos, e incluso se muestra pausado cuando habla. Eso hace su conversaci&oacute;n enigm&aacute;tica y envolvente. Y el tiempo se convierte en ingrediente fundamental de su trabajo. Es el que le permite explorar con calma otros territorios desde la ilustraci&oacute;n y el dise&ntilde;o, a donde &eacute;l mismo salt&oacute; desde el teatro, al que de alguna forma sigue vinculado, ya que es responsable de la carteler&iacute;a del Centro Dram&aacute;tico Nacional desde hace m&aacute;s de una d&eacute;cada, uno de los encargos que m&aacute;s le llenan, seg&uacute;n reconoce. Pero en absoluto el &uacute;nico (de hecho, es un habitual de <em>Turia</em>), aunque prefiere esconderse tras los resultados de sus trazos, de marcad&iacute;sima personalidad, vibriantes y cambiantes. La tenacidad y la innovaci&oacute;n tienen su recompensa y por eso hoy Isidro Ferrer (Madrid, 1963) es doble Premio Nacional de Dise&ntilde;o y tambi&eacute;n de ilustraci&oacute;n. Su estilo se caracteriza por su cercan&iacute;a a la poes&iacute;a. Tambi&eacute;n al arte. No en vano, hay quien relaciona a este creador con Joaqu&iacute;n Torres-Garc&iacute;a. Le tiene casi declarada la guerra al ordenador, y se reivindica como dise&ntilde;ador de l&aacute;piz, porque para &eacute;l lo importante son los procesos, la asunci&oacute;n de los materiales, su manipulaci&oacute;n. Tambi&eacute;n ha renunciado a los grandes estudios, a los grandes centros, lo que no implica que le guste viajar, desplazarse para entrar en contacto con nuevas realidades. Ferrer es un hombre de periferias (vive y trabaja en Huesca, en lo que fuera una antigua tintorer&iacute;a), desde donde puede contemplar el mundo y quedarse con lo que realmente le interesa. Bienvenidos a su universo, plagado de referencias y pulsiones que merecen la pena ser conocidas.&nbsp;</p>
<p>- Cuando uno se define o lo definen como dise&ntilde;ador e ilustrador, y tiene el Premio nacional en ambas categor&iacute;as, &iquest;qu&eacute; escribe cuando tiene que rellenar un formulario en el que le solicitan la profesi&oacute;n?</p>
<p>- Lo m&aacute;s f&aacute;cil y digno es escribir &ldquo;dise&ntilde;ador&rdquo;, que est&aacute; bastante m&aacute;s reconocido que ilustrador y por lo que hay que dar menos respuestas. El de dise&ntilde;ador es un t&eacute;rmino muy amplio, que no define en exceso, pero que se encuentra entre las profesiones consolidadas, dentro de lo art&iacute;stico. Sin embargo, &ldquo;ilustrador&rdquo; s&iacute; que requiere una explicaci&oacute;n a posteriori.</p>
<p>- &iquest;Usted hace distinciones entre lo uno y lo otro cuando trabaja?</p>
<p>- A la hora de trabajar no, pero lo que s&iacute; que tengo claro es hacia d&oacute;nde se dirige un resultado y otro. Y s&iacute; que hay diferencias entre un territorio y otro, sobre todo en los tiempos de lectura, que ser&iacute;a la gran diferencia entre el dise&ntilde;o y la ilustraci&oacute;n.</p>
<p>- La ilustraci&oacute;n lo exige; el dise&ntilde;o debe funcionar de inmediato. &iquest;est&aacute; de acuerdo?</p>
<p>- As&iacute; es. La ilustraci&oacute;n requiere de un tiempo lento, porque va acompa&ntilde;ada de un texto. Siempre est&aacute; en un entorno de lectura, normalmente editorial, y el dise&ntilde;o gr&aacute;fico se sit&uacute;a en un &aacute;mbito de resoluci&oacute;n de problemas, de comunicaci&oacute;n visual, lo que requiere de otras estrategias y de un tiempo mucho m&aacute;s r&aacute;pido.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Utilizo los recursos po&eacute;ticos para llev&aacute;rmelos al terreno de la ilustraci&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Quiz&aacute;s el concepto que lo englobe todo sea el de poeta visual?</p>
<p>- Pese a m&iacute; mismo. En realidad, no me gusta entrar en terrenos que no me pertenecen. Yo soy un invitado a todo ello: lo soy de la poes&iacute;a visual. Me gusta recuperar las palabras de Clarice Lispector cuando dec&iacute;a que ella era una invitada a la literatura. Yo me siento ajeno a toda la corriente oficialista en estos espacios estancos. Y me gusta jugar con todos. Me encanta la poes&iacute;a visual, me gusta utilizar la met&aacute;fora, la simbolog&iacute;a de los objetos, todo lo que conlleva el uso de componentes po&eacute;ticos dentro de la imagen, pero nunca trabajo a la manera de los poetas, sino que utilizo unos recursos po&eacute;ticos; pero lo hago de la misma manera que empleo unos recursos pict&oacute;ricos o escult&oacute;ricos para llev&aacute;rmelos al terreno de la ilustraci&oacute;n o de la comunicaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El dise&ntilde;o fue un descubrimiento tard&iacute;o por el que me dej&eacute; llevar&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo es posible que uno se acueste graduado en teatro y como actor y se levante dedicado a estas otras profesiones?</p>
<p>- Pues dej&aacute;ndose conducir por las corrientes de la vida. Hay momentos cruciales en los que uno tiene que decidir y en los que se abren puertas que van a determinar el futuro. Tal vez no es algo que sucede de manera inmediata, en un cruce de caminos, en un momento puntual, sino que hay una deriva que va marcando una senda. Tambi&eacute;n, por el apasionamiento, hay toda una cantidad de situaciones que posibilitan que uno, a pesar de pelearse contra aquellas fantas&iacute;as que construye en su cabeza para ocupar terrenos profesionales, la vida lo conduce hacia otros derroteros que son inesperados. As&iacute; me pas&oacute; con la ilustraci&oacute;n, pero especialmente con el dise&ntilde;o. El dise&ntilde;o fue un descubrimiento tard&iacute;o contra el que no pude pelear y por el que me dej&eacute; llevar.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; ocurri&oacute; en su caso?</p>
<p>- Sucedi&oacute; que, a ra&iacute;z de un peque&ntilde;o accidente que sufro, me tengo que apartar de las tablas y empiezo a ver el teatro desde fuera. Y lo que veo no termina de convencerme. Empiezo a percibirme no como parte integrante del teatro, sino como espectador, pero sabiendo perfectamente c&oacute;mo funciona y cu&aacute;les son sus mecanismos. A su vez fui padre muy joven, por lo que ten&iacute;a una obligaci&oacute;n de rentabilidad, de obtener recursos para mantenernos, y eso me condujo a buscar alternativas laborales inmediatas. Una de las que se present&oacute; -adem&aacute;s, de manera muy azarosa, porque yo ilustraba, colaboraba por diversi&oacute;n en fanzines en los 80 en los movimientos alternativos de Zaragoza, en la &eacute;poca que coincide con el Madrid de la Movida- fue la de entrar a trabajar en un departamento nuevo del Heraldo de Arag&oacute;n, el de composici&oacute;n o maquetaci&oacute;n, justo cuando se produce un cambio y ya no se trabaja sobre las galeradas, sino que se dise&ntilde;a antes para que el periodista escriba sobre lo determinado y hacerlo as&iacute; m&aacute;s fielmente. Eso me permite contar con un primer sueldo fijo y descubrir cosas que ven&iacute;an ya en mi agenda gen&eacute;tica. Porque mi abuelo trabaj&oacute; en una imprenta, era cajista&hellip; Ese hilo familiar me un&iacute;a con el mundo de las artes gr&aacute;ficas, que me apasionaba, y empiezo a concebir el territorio del libro y el espacio f&iacute;sico de la lectura de una manera distinta. As&iacute; llego al dise&ntilde;o. Fue gracias a un programa de &ldquo;Metr&oacute;polis&rdquo; en televisi&oacute;n que descubro la figura de Peret y sufro una especie de epifan&iacute;a. Eso era lo que yo quer&iacute;a ser.</p>
<p>- &iquest;Dej&oacute; poso el teatro que le haya servido despu&eacute;s?</p>
<p>- Absolutamente. Pero no de una manera consciente, sino muy tribal. Es decir, est&aacute; ah&iacute; dentro y aflora de formas de las que uno no es consciente. Yo lo fui muy tarde. El teatro queda aparcado, lo dejo, pero de alguna manera sigo vinculado con la profesi&oacute;n a trav&eacute;s de amigos. Y este ha ido saliendo de forma natural muy a posteriori, cuando yo dejo de mirar hacia afuera y empiezo a trabajar m&aacute;s desde dentro. Y entonces uno echa mano de los recursos que posee. Y sin yo buscarlo empiezan a surgir cosas que entiendo que son muy esc&eacute;nicas y escenogr&aacute;ficas: la disposici&oacute;n, los tiempos, el uso de ciertas herramientas casi escenogr&aacute;ficas, sobre todo compositivas... Incluso cuestiones que afectan al propio relato, a la manera de contar las cosas.</p>
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<p><strong>&ldquo;Soy afortunado por trabajar para &aacute;mbitos que me apasionan, uniendo el teatro con el dise&ntilde;o gr&aacute;fico y la ilustraci&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>- Cuando le piden que seleccione tres trabajos esenciales en su carrera acude al que a&uacute;n desarrolla para el Centro Dram&aacute;tico Nacional. La sombra del teatro es alargada.</p>
<p>Es que ese es el gran regalo de los &uacute;ltimos a&ntilde;os: c&oacute;mo el Centro Dram&aacute;tico Nacional llega a interesarse por m&iacute; y me solicita elaborar la gr&aacute;fica de temporada. Llevo colaborando con ellos pr&aacute;cticamente una d&eacute;cada. Para m&iacute; es una de las grandes fortunas la de trabajar para &aacute;mbitos que me apasionan, uniendo el teatro con el dise&ntilde;o gr&aacute;fico y la ilustraci&oacute;n. A m&iacute; me ha servido much&iacute;simo mi pasado teatral para entender bien cu&aacute;l es la fenomeolog&iacute;a del teatro y poder llevarla de forma condensada a una imagen. Leer teatro no es f&aacute;cil, porque no es narraci&oacute;n, es todo di&aacute;logo y hay que extraer de estos lo esencial, pero me encanta ese trabajo de lectura previo a la b&uacute;squeda de las im&aacute;genes porque ya ah&iacute;, en ese terreno de la hipotiposis, de generar im&aacute;genes a trav&eacute;s de la lectura, yo voy construyendo la propia obra. Para m&iacute; es un trabajo en el que conjugo dos pasiones, y lo disfruto de principio a fin.</p>
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<p><strong>&ldquo;Tengo pavor a repetirme y no creo en los estilos&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo se consigue despu&eacute;s de diez a&ntilde;os que a uno no le ahogue su propio proyecto, su propio estilo aplicado a lo mismo?</p>
<p>- Hay una cosa sobre la que trabajo constantemente y es sobre la duda y no sobre la certeza. Tengo pavor a repetirme, no creo en los estilos, que considero que son una consecuencia de las limitaciones, y creo m&aacute;s en las voces que en la forma. Cada a&ntilde;o me pongo el reto de cambiar sustancialmente el lenguaje para encontrar elementos coherentes a una l&iacute;nea, a un discurso gr&aacute;fico que, pese a que mantengan la esencia del reconocimento de la gr&aacute;fica existente del Centro Dram&aacute;tico Nacional, var&iacute;en o cambien de senda. Y una vez encauzado el territorio de actuaci&oacute;n, es cada obra de teatro la que me dictamina cu&aacute;l ser&aacute; el resultado, cu&aacute;l la b&uacute;squeda. Y no s&oacute;lo hay una; son varias las posibles. Nunca estoy al cien por cien satisfecho con los resultados. En mi caso, siempre hay mucha satisfacci&oacute;n pero poca autocomplacencia.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;El dise&ntilde;o es un aprendizaje constante y continuo&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Qui&eacute;n es su mejor cr&iacute;tico?</p>
<p>En el caso del CDN, su equipo: el propio director, Ernesto Caballero, pero a quien&nbsp; m&aacute;s le debo es a Gerardo Vera. &Eacute;l es una de las personas que m&aacute;s me ayud&oacute; a construir el lenguaje de la instituci&oacute;n, porque es de una exigencia enorme, tambi&eacute;n con criterio y fundamento. No s&oacute;lo es un grand&iacute;simo director, sino que adem&aacute;s tiene una cultura visual importante, muy cercana a la gr&aacute;fica, de forma que puede introducir correcciones y matizaciones, para m&iacute;, fundamentales. Nunca he procedido como lo hago con Gerardo Vera, a veces, por repetici&oacute;n, con obras en las que el cartel ha variado porque he hecho hasta 16 versiones distintas para la misma obra, pero siempre con una mirada muy anal&iacute;tica, algo fundamental. El trabajo del dise&ntilde;o es prestar tu voz, estar al servicio de otros intereses, y que haya un interlocutor s&oacute;lido detr&aacute;s da mucha seguridad porque este es un aprendizaje constante y continuo.</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;l ser&iacute;an los otros dos proyectos a destacar?</p>
<p>- <em>El libro de las preguntas</em>, de Pablo Neruda, es una obra con la que sufr&iacute;, pero tambi&eacute;n con la que disfrut&eacute; mucho. Me cost&oacute; casi tres a&ntilde;os de realizar, pero es una obra muy teatral, en la que juego con muchas de mis obsesiones al servicio de las de Neruda, a pesar de que &eacute;ste no es uno de mis poetas favoritos. Sin embargo, hay cosas que me aproximan mucho a &eacute;l. Yo no soy coleccionista, pero s&iacute; que acumulo objetos. Me interes&oacute; su amar las cosas sobre todas las cosas, su aproximarse a los objetos de una manera po&eacute;tica hasta el punto de hacerle una oda a una cuchara de palo y sacarle toda su dignidad a lo m&aacute;s esencial y b&aacute;sico. Eso fue bonito de descubrir. Pero luego era un libro endiablado, muy complicado, ya que no era una narraci&oacute;n, sino un compendio de preguntas, algunas, que no requer&iacute;an de respuesta o no se pod&iacute;an apuntar porque hab&iacute;a que mantener el enigma y los interrogantes. Finalmente decid&iacute; construir un relato alternativo que a&ntilde;adiese preguntas a las preguntas y me sirviese como discurso paralelo. De esa forma, hay dos libros puestos en frente el uno del otro, o incluso m&aacute;s, en ese libro.</p>
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<p><strong>&ldquo;Me gusta colaborar con artesanos capaces de aportar soluciones &uacute;nicas y llenas de vitalidad&rdquo;</strong></p>
<p>- Nos queda uno.</p>
<p>- Por lo que ha supuesto, mencionar&eacute; un trabajo muy reciente, una l&iacute;nea de producto muy diferente a las otras dos anteriores, realizado para una empresa de iluminaci&oacute;n de Valencia, Lucifer, que, a partir de un encargo muy concreto, el de definir la l&iacute;nea gr&aacute;fica de la campa&ntilde;a de su comunicaci&oacute;n, me llev&oacute; a trabajar sobre la forma y la materia. Ellos lo hacen con la madera y, todo eso deriv&oacute; en una experiencia personal manejando materiales nobles y trabaj&aacute;ndolos en un torno, aqu&iacute; en Huesca, que dio pie a una familia de animales. En un salto de escala, se ha convertido en un conjunto de esculturas luminosas que se est&aacute;n realizando con artesanos de la madera, con los que, despu&eacute;s de tres a&ntilde;os, sigo colaborando y evolucionando hacia derroteros muy expresivos. Una de las cuestiones que m&aacute;s me gusta de esta profesi&oacute;n es precisamente eso: poder colaborar con artesanos que vienen de lugares supuestamente lejanos de lo que entendemos por la gr&aacute;fica, pero que son capaces de aportar soluciones &uacute;nicas y llenas de vitalidad.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>- Considera a Pere Torrent su padre profesional en las disciplinas que le ocupan ahora. &iquest;Cu&aacute;l fue su mejor consejo, que quiz&aacute;s es uno que no se verbaliz&oacute;?</p>
<p>- Una de las mejores cosas que Peret hizo conmigo fue frenarme y, adem&aacute;s, desde la cr&iacute;tica. Yo, como todos los j&oacute;venes, cuando sal&iacute; de su estudio, ten&iacute;a mucha prisa, en esa verborrea y fren&eacute;tica de los a&ntilde;os noventa. Todo pasaba muy r&aacute;pido y las instituciones apostaban por la cultura y por los perfiles m&aacute;s frescos. Me dej&eacute; llevar y ten&iacute;a unas ganas enormes de exponer y ser artista. Le envi&eacute; un proyecto de exposici&oacute;n para la Diputaci&oacute;n de Zaragoza y me hizo una cr&iacute;tica demoledora que me tuvo varios d&iacute;as llorando. Y me dijo: &ldquo;Isidro, la prisa es el peor consejero. Tienes toda la vida por delante. T&oacute;mate tu tiempo&rdquo;. A m&iacute; eso me sirvi&oacute; much&iacute;simo. Renunci&eacute; a la muestra y comenc&eacute; a trabajar de una manera m&aacute;s sensata y apaciguada.&nbsp;&nbsp;</p>
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<p><strong>&ldquo;No entiendo la individualidad&rdquo;</strong></p>
<p>- Destaca tambi&eacute;n otros grandes nombres: Vicente Ferrer (de la editorial Media Vaca), Jacques Lecoq, Daniel Gil, se le vincula con Torres Garc&iacute;a&hellip;</p>
<p>- A&ntilde;adir&iacute;a otros como el de Ra&uacute;l, ahora en <em>La Raz&oacute;n</em>, pero que durante a&ntilde;os fue ilustrador de <em>El Pa&iacute;s</em>&hellip; Torres Garc&iacute;a est&aacute; presente, por supuesto, a nivel mat&eacute;rico, pero tambi&eacute;n est&aacute;n ah&iacute; Picasso, la po&eacute;tica de Mir&oacute;, Joan Brossa con su antipoes&iacute;a y su poes&iacute;a visual&hellip; Tambi&eacute;n me siento hermanado a Chema Madoz, a Pep Carri&oacute;, a Saul Steinberg, que me parece uno de los grandes de la ilustraci&oacute;n y una de las personas que m&aacute;s ha hecho por la disciplina... No puedo olvidarme de Ana Ballester. La lista es larga. Soy muy consciente de que las personas nos hacemos de fragmentos, y fragmentos de todos los dem&aacute;s, de todos los que nos rodean. Nos vamos construyendo y renovando constantemente a partir de los otros. Me reconozco en todos estos nombres porque soy lo que soy gracias a todos ellos. No entiendo la individualidad.</p>
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<p><strong>&ldquo; Disfruto con el p&aacute;nico a la p&aacute;gina en blanco&rdquo;</strong></p>
<p>- Portadas de libros, carteles, historietas, mu&ntilde;ecos, animaciones, ilustraciones infantiles&hellip; &iquest;Se ha llegado a especializar en algo? O, dicho en otras palabras, &iquest;en qu&eacute; &aacute;mbito se siente m&aacute;s c&oacute;modo?</p>
<p>- En el de la cultura, en mi caso. A m&iacute; lo que me interesa es que se me conceda un margen de libertad, pero tambi&eacute;n es b&aacute;sico el desplazamiento, esa falta de pudor para caminar por territorios distintos. El reto es encontrar respuestas en los &aacute;mbitos que no son los habituales. No me gusta especializarme. Es m&aacute;s: adoro cambiarme, saltar de un lugar a otro, porque ah&iacute; est&aacute;n la sorpresa y el miedo. El miedo es lo que te hace temblar, pero tambi&eacute;n lo que te pone el coraz&oacute;n a dos mil por hora. No me gusta encontrarme en lugares que controlo y que ya s&eacute; c&oacute;mo resolver, ni utilizar recursos que me conduzcan a la repetici&oacute;n. Disfruto con el p&aacute;nico a la p&aacute;gina en blanco. No me he especializado. He sido muy osado; a veces, yo dir&iacute;a que inconscientemente atrevido. Pero los errores que uno puede cometer meti&eacute;ndose en esos lugares que no le corresponden se pueden suplir con miradas alternativas o con respuestas que no entran dentro de lo pautado.</p>
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<p><strong>&ldquo;Hay un p&uacute;blico sensible. Capaz de intuir que, tras las im&aacute;genes, hay algo m&aacute;s&rdquo;</strong></p>
<p>- Aunque usa el ordenador, se define como &ldquo;dise&ntilde;ador de l&aacute;piz&rdquo;. &iquest;Quedan a&uacute;n espectadores que sepan mirar im&aacute;genes m&aacute;s all&aacute; de una pantalla?</p>
<p>- Dir&iacute;amos que s&iacute;. Hay un p&uacute;blico sensible. Lo que ocurre es que hay que buscarlo. No es f&aacute;cil. Pero hay algo en las im&aacute;genes que trasciende, que est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de uno mismo. Es verdad que estamos anestesiados, que hay una cantidad enorme de informaci&oacute;n visual que contamina nuestro d&iacute;a a d&iacute;a y nos insensibiliza: todo es pr&aacute;cticamente lo mismo. Pero cuando llegas a im&aacute;genes que tienen un significado o contienen misterio, que te ponen a prueba o te generan preguntas, uno es capaz de intuir que ah&iacute; hay algo m&aacute;s. Y eso es algo que no tiene que ver tanto con la educaci&oacute;n como con la sensibilidad.</p>
<p>- Lo parad&oacute;jico es que todos los esfuerzos se orientan a que aprendamos a leer, pero no a que sepamos ver im&aacute;genes o generarlas.</p>
<p>Una de las grandes carencias de la educaci&oacute;n es esa: la visual, la educaci&oacute;n comprensiva. Lo que se llama lectura comprensiva est&aacute; dirigida unicamente a la lectura del texto. Pero toda imagen tambi&eacute;n requiere de una comprensi&oacute;n y de una lectura detallada para sacarle la m&aacute;xima rentabilidad a sus contenidos. Los planes educativos ahora pasan por reconvertir los contenidos visuales en una materia sin importancia. Incluso se elimina del curr&iacute;culum.</p>
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<p><strong>&ldquo;Internet es un nuevo autoesclavismo&rdquo;</strong></p>
<p>- Y no es s&oacute;lo una cuesti&oacute;n de miradas. El ordenador tambi&eacute;n ha acabado con los aspectos m&aacute;s artesanales de este tipo de labores. Por no hablar de la eliminaci&oacute;n de procesos&hellip;</p>
<p>- El ordenador ha cambiado aspectos vitales, no s&oacute;lo en el &aacute;mbito de los procesos, sino tambi&eacute;n todo lo relacionado con nuestra manera de desenvolvernos con el medio y relacionarnos con los dem&aacute;s. Habr&iacute;a que revisar todo esto porque conduce a terrenos, no s&eacute; si peligrosos, pero s&iacute; en los que estamos muy a merced de intereses comerciales y manipulaciones por exceso. Hay un libro muy interesante de un fil&oacute;sofo coreano, Byung-Chul Han, que se titula <em>La sociedad del cansancio</em>, en el que se ocupa de esto. En otra obra, <em>Psicopol&iacute;tica</em>, deja muy claro c&oacute;mo ha variado de lugar el ejercicio de poder y c&oacute;mo antes el punto de sumisi&oacute;n del ser humano era el cuerpo, a trav&eacute;s de la fatiga y el agotamiento, que ven&iacute;a ejercida por los poderes f&aacute;cticos de entonces, que eran la realeza, el poder pol&iacute;tico&hellip; Eso ahora ha derivado al poder econ&oacute;mico, las grandes empresas, que son las que manejan al hombre, pero haci&eacute;ndole tremendamente libre, responsable del ejercicio de su propia libertad. Cuanto m&aacute;s libre es el individuo, m&aacute;s esclavo es de s&iacute; mismo y sus libertades. Y eso est&aacute; muy ligado a todos los contenidos en internet, porque, y aunque nosotros controlamos algunos, casi todos vienen desde fuera; son est&iacute;mulos ingentes que llegan a la vez, que nos dan una libertad absoluta de movimiento mientras parad&oacute;jicamente nos lo restringen. Los algoritmos que se manejan se basan en estudios de nuestros gustos, rentables para sus mercados. Es un nuevo autoesclavismo. Y la cosa va mucho m&aacute;s all&aacute; porque tambi&eacute;n supone una anulaci&oacute;n de los sentidos en base &uacute;nicamente a focalizarse en el de la vista. Nos aisla en exceso, nos genera barreras epidermicas que son muy dif&iacute;ciles de traspasar&hellip; Claro que tiene sus pros, pero, en lo laboral, lo que est&aacute; ocurriendo en el terreno de la gr&aacute;fica, es que los recursos que se est&aacute;n empleando, por la rapidez de los procesos, son ficticios, ya est&aacute;n contemplados dentro de las herramientas del propio ordenador, de forma que no hay diferencia en la forma de hacer porque no intervienen las manos, no intervienen esos procesos que humanizan el producto y que tienen que ver con a parte f&iacute;sica de cada uno de nosotros.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>- Me estoy especializando en recorrer los estudios de los creadores. &iquest;C&oacute;mo es el suyo? Y una segunda pregunta: &iquest;Por qu&eacute; es tan importante que no est&eacute; en casa?</p>
<p>- En mi caso, es b&aacute;sico separar lo p&uacute;blico de lo privado, pero tambi&eacute;n, un tipo de trabajo de otro. Es cierto que yo estoy trabajando todo el rato, mi cabeza est&aacute; implicada en la soluci&oacute;n de problemas constantemente. Pero tengo que apartarme del estudio fisicamente para dejar el cuerpo libre, para que pueda actuar en otros terrenos. El estudio necesariamente tiene que estar en otro lugar para que eso ocurra. Si no, acabar&iacute;a estando todo el d&iacute;a metido dentro del mismo ritmo de producci&oacute;n. Y a m&iacute; me gusta salir del taller, y vivir en una ciudad peque&ntilde;a, porque encuentro actividades muy satisfactorias en peque&ntilde;os rituales rutinarios: el cultivo del huerto, salir en bicicleta por los alrededores, ir a nadar un par de veces a la semana&hellip; Ese sentir el cuerpo de una manera distinta, para m&iacute;, es fundamental. Y el estudio es otra de esas cosas azarosas que te regala la vida. Era una antigua tintoreria en un edificio racionalista que cerr&oacute; y qu&eacute; as&iacute; permaneci&oacute; durante mucho tiempo. Me interes&eacute; por &eacute;l de una forma curiosa, porque me parec&iacute;a un lugar arquitect&oacute;nicamente destacable, con una luz tan hermosa, y dio la casualidad de que a la persona a la que pregunt&eacute; era amiga de otra, y consegu&iacute; llegar a este lugar por un precio bastante econ&oacute;mico.</p>
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<p><strong>&ldquo;Trabajo solo, porque quiero vivir intensamente cada uno de los procesos del dise&ntilde;o y la ilustraci&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Ha llegado ya a ese punto en el que se pueden rechazar encargos o la precariedad con la que me suelo encontrar en el mundo del arte se repite en el del dise&ntilde;o y la ilustraci&oacute;n?</p>
<p>- Yo soy de los afortunados, y a veces me da pudor decirlo, que no s&oacute;lo puedo, sino que debo rechazar determinados encargos, porque no puedo con todos. Otra de las cosas que he hecho ha sido moderarme. He decidido no crecer. Trabajo solo, sin asistentes, porque quiero vivir intensamente cada uno de los procesos, desde la generaci&oacute;n de la idea hasta el resultado final. Me parece que es la manera de vivirlo realmente. Con el volumen de trabajo que llega al estudio perfectamente podr&iacute;a tener un equipo m&aacute;s amplio, pero ya no estar&iacute;a viviendo los procesos, sino que tendr&iacute;a que asumir otra tarea como es la de direcci&oacute;n. Y para eso tambi&eacute;n hacen falta tener dotes, que yo no poseo. La duda constante que aplico conmigo mismo tambi&eacute;n la aplico frente a los dem&aacute;s. No sabr&iacute;a decidir en un momento determinado o marcar pautas muy concretas.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>- En su opini&oacute;n, &iquest;hemos vivido un boom del libro ilustrado o ha sido s&oacute;lo un espejismo? Precisamente cuando el libro vive tambi&eacute;n su readaptaci&oacute;n al mundo digital&hellip;</p>
<p>Este es un mercado que parece nuevo, aunque no lo es, puesto que la novela gr&aacute;fica tiene muchos a&ntilde;os de existencia. Lo que ocurre es que en Espa&ntilde;a, de forma artificial y por un inter&eacute;s comercial, el c&oacute;mic se ha convertido en novela gr&aacute;fica simplemente cambi&aacute;ndole el formato. Y nosotros nunca hemos tenido una tradici&oacute;n del c&oacute;mic tal y como se entiende en Estados Unidos de superh&eacute;roes y revista en kioskos, sino que ha sido otro tipo de aproximaci&oacute;n al g&eacute;nero m&aacute;s y como lo manejan en Europa. Lo que ha sucedido es que el lector no ha tenido que avergonzarse de leer c&oacute;mic, porque era un subg&eacute;nero bastante denostado que estaba relacionado con gente alternativa o con ni&ntilde;os. Al denominarlo &ldquo;novela gr&aacute;fica&rdquo;, la propia novela lo dignifica y lo sit&uacute;a en otro territorio.</p>
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<p><strong>&ldquo;Tenemos que aprender a ser due&ntilde;os de nuestro tiempo&rdquo;</strong></p>
<p>- Le leo que la emoci&oacute;n es el ingrediente definitivo de un trabajo. Y el tiempo, su herramienta fundamental. &iquest;Eso se consigue siempre, que haya tiempo y emoci&oacute;n?</p>
<p>Es la intenci&oacute;n, pero tambi&eacute;n hay otros ingredientes: tambi&eacute;n hay miedo, hay vac&iacute;o, mucha angustia&hellip; Pero todo eso se contempla en la emoci&oacute;n, porque esta no siempre es positiva. Para m&iacute; es fundamental que me emocione con un trabajo para que &eacute;ste tenga un recorrido. Adem&aacute;s yo s&eacute; de antemano si eso va a suceder. Y si no es as&iacute;, no me interesa demasiado, porque no me aporta grandes cosas. Tal vez s&iacute; en lo econ&oacute;mico, pero deber&iacute;a suponer mucho en este aspecto para que yo pudiera decidir que compensa. Y el tiempo es fundamental. Es lo que tenemos y a lo que no deber&iacute;amos nunca renunciar. Tenemos que aprender a ser due&ntilde;os de nuestro tiempo, que es algo con lo que peleo mucho: que no me maneje a m&iacute;, sino que yo lo manipule en funci&oacute;n de mis propias necesidades.</p>
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<p><strong>&ldquo;Un premio nacional sirve para darte visibilidad&rdquo;</strong></p>
<p>- Habl&aacute;bamos antes de Premios Nacionales. Si no me falla el dato, solo hay dos personas que dupliquen premio. La otra es Joan Fontcuberta. &iquest;Para qu&eacute; sirve un premio nacional?</p>
<p>- Tambi&eacute;n est&aacute; Max, que tiene el de Ilustraci&oacute;n y el de c&oacute;mic... Pues sirve para darte visibilidad. Yo creo que te sit&uacute;a en otro terreno de mayor prestigio. Pero para otra cosa no se si sirve, porque tampoco aporta m&aacute;s trabajo. Y este prestigio s&oacute;lo te lo aporta en el &aacute;mbito en el que uno se mueve. Es un reconocimiento que tiene que ver con el oficio. Eso es realmente lo que me gusta, porque son tus compa&ntilde;eros los que te lo otorgan y subrayan el valor de tu trabajo.</p>
<p>- &iquest;Trabaja m&aacute;s para el extranjero o para Espa&ntilde;a?</p>
<p>- Pues casi al cincuenta por ciento. Es cierto que desde hace 8 a&ntilde;os he tenido que abrirme mucho hacia fuera porque aqu&iacute; la cosa ha estado bastante mal, sobre todo ese trabajo que tiene que ver con lo institucional y con lo cultural. Ese tipo de encargo ha sufrido un varapalo importante e, incluso, pr&aacute;cticamente ha desaparecido. Ello me ha abierto m&aacute;s hacia afuera, y ahora los encargos vienen tanto del exterior como de dentro.</p>
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<p><strong>&ldquo;Internet provoca un estr&eacute;s enorme&rdquo;</strong></p>
<p>- Para la imagen, &iquest;internet es el aliado o el enemigo?</p>
<p>Si te lo tomas con prudencia, puede ser un aliado. Si te dejas avasallar, es un enemigo. Lo que produce internet es que te aporta una informaci&oacute;n muy r&aacute;pida e instant&aacute;nea, tambi&eacute;n en gran cantidad, pero eso te puede bloquear. Est&aacute; todo ah&iacute; y al mismo nivel. Produce unos niveles de ansiedad importantes. Yo no tengo blog, ni ninguna red social porque me apabulla ese nivel de informaci&oacute;n y ese nivel de presencia constante de estar viendo lo que est&aacute;n haciendo todos los dem&aacute;s, lo que implica no s&oacute;lo gente conocida, sino tambi&eacute;n verdaderos desconocidos, que tambi&eacute;n hacen obra hermosa. Pero es una cantidad tan exagerada que hace que no dejes de compararte todo el rato con lo que se hace fuera, lo que provoca un estr&eacute;s enorme. Yo he decidido mirar lo justo para obtener informaci&oacute;n y s&oacute;lo cuando necesito esa informaci&oacute;n. El resto del tiempo quiero seguir habitando los espacios de privacidad de lo cotidiano que me sit&uacute;an realmente donde estoy, que es justo debajo de mi sombra. Soy un cuerpo con todas sus limitaciones, que se nutre de lo que le rodea y no de toda esa cantidad informe y enorme que est&aacute; en el hiperespacio.</p>
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<p><strong>&ldquo;Una de las capacidades del lenguaje gr&aacute;fico es la de generar emociones y contenidos&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;l es el estado de salud de las disciplinas hoy? Ha declarado: &ldquo;No he visto nunca mejores resultados, ni tan vac&iacute;os. Y la raz&oacute;n no es la crisis&rdquo;.</p>
<p>Tristemente es as&iacute;. Hay un nivel de resoluci&oacute;n t&eacute;cnica alt&iacute;simo, pero muy poco contenido. La plasticidad es enorme, pero se cuentan nader&iacute;as. Realmente se est&aacute; recurriendo al recurso est&eacute;tico. Eso me parece preocupante, por un lado, y triste, por otro. Porque una de las capacidades del lenguaje gr&aacute;fico es la de generar emociones y contenidos, no s&oacute;lo y &uacute;nicamente belleza.</p>
<p>- Suya es la imagen corporativa de varias administraciones, de la carteler&iacute;a del Centro Dram&aacute;tico Nacional, de portadas de libros de Random House Mondadori&hellip; &iquest;Qu&eacute; eso no lo sepa el p&uacute;blico generalista es bueno o malo?</p>
<p>Es bueno. Y es lo que tiene que ser. Nosotros no somos artistas. Tan s&oacute;lo resolvemos problemas. Si una buena imagen aproxima al lector, lo seduce o facilita que alguien consuma un producto, eso es positivo. El nombre es algo completamente anecd&oacute;tico. Qui&eacute;n est&aacute; detr&aacute;s s&oacute;lo le importa a la gente del gremio o a las propias empresas que buscan a alguien que les facilite esos recursos. Pero de cara al reconocimiento masivo, lo considero totalmente innecesario. Trabajamos con la comunicaci&oacute;n y al servicio de los dem&aacute;s. No se trata de dejar nuestro sello o firma, sino que somos mediadores.</p>
<p>- Le iba a preguntar justo ahora por el Isidro Ferrer artista, pero lo voy a dejar en el Isidro Ferrer que acumula im&aacute;genes &ldquo;sin utilidad&rdquo; que quiz&aacute;s no han visto la luz.</p>
<p>- Digamos que existen esos diarios personales, pero no con vocaci&oacute;n art&iacute;stica, sino m&aacute;s bien intimista. Tengo la necesidad de acompa&ntilde;arme de libretas en las que vuelco las cosas que me pasan, mis emociones, mis angustias o mis descubrimientos. Cuando viajo, me sirven para recopilar informaci&oacute;n. Todos esos diarios no se confeccionan pensando en un fin utilitario, sino m&aacute;s bien por la necesidad de ordenar el universo, lo que me rodea, de sujetarme a mis propias vivencias.&nbsp;</p>
<p>- Me interesa el Isidro Ferrer que no se ve, el amante de la monta&ntilde;a, el que colecciona etiquetas, el que hace fotos&hellip; &iquest;C&oacute;mo revierte eso en el que s&iacute; conocemos?</p>
<p>Es un Isidro al que le gusta la lectura, la familia, la naturaleza, la cerveza, viajar&hellip; Y que intenta disfrutar de los regalos que vienen acompa&ntilde;ados de esta profesi&oacute;n. Yo soy un afortunado, y soy consciente de esa fortuna, por lo que intento sacarle el m&aacute;ximo partido. Me muevo entre dos polos distintos: el foco de lo p&uacute;blico, cuando salgo y trabajo y viajo, y luego el del anonimato y lo privado, cuando estoy en Huesca. Ese andar entre esos dos &aacute;mbitos antag&oacute;nicos, algo que podr&iacute;a convertirse en una especie de esquizofrenia, a m&iacute; me resulta nutritivo, porque lo uno hace posible lo otro y lo otro no se entiende sin lo uno. Para m&iacute;, cuando trabajo, viajar es fundamental, as&iacute; como estar en contacto con otras personas cuando lo hago. Pero cuando vuelvo a casa y comparto todo eso con mi familia y vivo en el silencio de Huesca y del estudio, es la forma de asentar todas esas vivencias, de poder asumirlas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El compromiso no puede ser una obligaci&oacute;n: es una decisi&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>- Tambi&eacute;n es interesante su concepto de compromiso. No es muy partidario del concepto &ldquo;compromiso pol&iacute;tico&rdquo; aplicado a la cultura.</p>
<p>- Ha habido un momento en el que se nos ha obligado a estar comprometidos pol&iacute;ticamente. Y a la gente con visibilidad p&uacute;blica, a&uacute;n m&aacute;s. Yo estoy comprometido con las cosas que me interesan y con las que as&iacute; quiero que sea. Pero el compromiso no puede ser una obligaci&oacute;n: es una decisi&oacute;n. Yo decidir&eacute; en que terrenos o con qu&eacute; cuestiones lo hago. Cuando me mostr&eacute; frente al Rey y le hice aquel alegato antibelicista en los Premios Nacionales de Dise&ntilde;o, hubo quien me intent&oacute; utilizar pol&iacute;ticamente. Se entendi&oacute; que mi actuaci&oacute;n estaba pr&oacute;xima a una ideolog&iacute;a pol&iacute;tica. En ese momento hubo alg&uacute;n partido que decidi&oacute; que ten&iacute;a que sacarle rendimiento a aquello. Y yo me sent&iacute; muy utilizado. Pero dije &ldquo;no&rdquo;. Yo votar&eacute; a quien sea. Mi compromiso no se puede poner al servicio de ninguna ideolog&iacute;a, porque es individual.</p>
<p>- &iquest;En qu&eacute; est&aacute; ahora?</p>
<p>- Estoy ocupado con la &uacute;ltima temporada del Centro Dram&aacute;tico Nacional. Y estoy trabajando para Camper, la firma de calzado, en su l&iacute;nea infantil, renovando la imagen, las cajas, los elementos de comunicaci&oacute;n&hellip; Camper tambi&eacute;n es de esos clientes fant&aacute;sticos que dejan trabajar y que me han dado una libertad importante para poder proyectar de una forma peculiar.&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 22 Nov 2016 06:29:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El universo literario de Roberto Bolaño]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-universo-literario-de-roberto-bolano/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2016/roberto500.jpg" alt="" /></p>
<p>Hace ya trece a&ntilde;os que muri&oacute; Roberto Bola&ntilde;o y su figura literaria no ha dejado de crecer. Al reconocimiento de la cr&iacute;tica, que el propio autor vivi&oacute; en la recta final de su trayectoria novel&iacute;stica, se ha unido una aut&eacute;ntica mitificaci&oacute;n acad&eacute;mica y universitaria -sobre todo estadounidense e hispanoamericana- de su particular est&eacute;tica narrativa, sin olvidar una creciente masa lectora que sigue expectante la acostumbrada publicaci&oacute;n de recuperados in&eacute;ditos; se conoce ya el t&iacute;tulo y la pr&oacute;xima aparici&oacute;n de una nueva entrega de esta singular literatura p&oacute;stuma: <em>El esp&iacute;ritu de la ciencia-ficci&oacute;n</em>, una novela en la habitual l&iacute;nea intergen&eacute;rica y multitem&aacute;tica del m&aacute;s caracter&iacute;stico Bola&ntilde;o. Es este un escritor que ha ido afianz&aacute;ndose con el tiempo como un claro ejemplo de entrega total a una escritura reivindicada personalmente como de elaborada factura estil&iacute;stica, creativos argumentos de ideol&oacute;gica intencionalidad, original interacci&oacute;n entre los g&eacute;neros literarios y un elevado rigor en la configuraci&oacute;n pros&iacute;stica del relato. Y, adem&aacute;s, su oficio estaba profundamente entra&ntilde;ado en una concepci&oacute;n visceral e &iacute;ntima de la propia existencia; &ldquo;Para Roberto -ha escrito Rodrigo Fres&aacute;n- ser escritor no era una vocaci&oacute;n, era un modo de ser y de vivir la vida&rdquo;.<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>&nbsp; Por otro lado, la literatura es aqu&iacute; una forma de conocimiento, una metodolog&iacute;a de conformaci&oacute;n de la realidad ficticia. Por ello, nuestro novelista rechazar&aacute; -es ya legendario su enfrentamiento dial&eacute;ctico con Isabel Allende- una escritura de la mera fabulaci&oacute;n l&uacute;dica o el discurso de simple informaci&oacute;n testimonial. Bajo esta idiosincrasia conviene revisar qu&eacute; tipo de escritor es Roberto Bola&ntilde;o, cu&aacute;les son sus se&ntilde;aladas filias y fobias, a qu&eacute; modalidad del realismo se le podr&iacute;a adscribir, en qu&eacute; consiste la hasta cierto punto desconcertante originalidad de su particular est&eacute;tica y c&oacute;mo su obra se ha erigido en un icono del obsesivo rigor de una escritura sin fin.</p>
<p>Remont&aacute;ndonos a aquel inquieto joven, de airada pose y trangresor estilo, a principios de los a&ntilde;os setenta en M&eacute;xico, encontramos ya la decidida formaci&oacute;n de un personal e incipiente canon literario que define muy tempranamente su perfil intelectual. Se muestra fascinado ante <em>La regi&oacute;n m&aacute;s transparente</em>, de Carlos Fuentes, aunque este escritor, de quien admiraba la atinada complejidad estructural de su novel&iacute;stica, le parecer&aacute; de una diplom&aacute;tica lejan&iacute;a y un cierto engreimiento cultural y personal (Lo mismo le suceder&iacute;a, en curiosa mera coincidencia, a&ntilde;os despu&eacute;s, a Reinaldo Arenas). Ante Octavio Paz muestra una distante admiraci&oacute;n ir&oacute;nica, que escenificar&aacute; durmi&eacute;ndose ostentosamente en una conferencia suya<a title="" href="#_ftn2">[2]</a>;&nbsp; prefiere a Borges, enigm&aacute;tico, ocurrente y penetrante, antes que a Neruda, de quien rechaza su cosmog&oacute;nica grandilocuencia y ortodoxo surrealismo; le deslumbra el impresionante Garc&iacute;a M&aacute;rquez de <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em> y le fascinar&aacute; sin reservas Julio Cort&aacute;zar, de quien destaca su entereza ideol&oacute;gica, su creativa narratividad de clara intenci&oacute;n rupturista y la construcci&oacute;n de inolvidables personajes -la Maga al frente- de bohemia y desclasada referencialidad. Y caso aparte es la entrega a Juan Jos&eacute; Arreola, a quien califica de &ldquo;anticuentista&rdquo;, como innovador total del relato breve, deslumbrado Bola&ntilde;o ante la original revisi&oacute;n que el mexicano realiza del &ldquo;tranche de vie&rdquo; de ascendencia mauppassiana.</p>
<p>Hallamos en suma a un joven letraherido, lector compulsivo y mordaz opinante de lo le&iacute;do, con un definido criterio que, en esencia, mantendr&aacute; toda su vida, sin dejar de ser aquel enfant terrible, rebelde con causa -la de la rigurosa literatura-, impulsor de unas emociones vitales que circulaban ya por la entregada dedicaci&oacute;n a la escritura. Resulta curioso observar en esa &eacute;poca el poco entusiasmo, por no decir rechazo, que le suscitan los emblem&aacute;ticos pintores muralistas mexicanos; Diego Rivera o David Alfaro Siqueiros le parecer&aacute;n convencionales gestores est&eacute;ticos de un ideol&oacute;gico arte de masas, h&aacute;biles creadores de un hier&aacute;tico realismo simb&oacute;lico. Y es que para Bola&ntilde;o la realidad debe mutar en ficci&oacute;n literaria desprendi&eacute;ndose de su anclaje testimonial y civil, recreando as&iacute; un espacio metafabulesco donde el relato tiene entidad propia, responde s&oacute;lo ante la calidad estil&iacute;stica, la imaginativa invenci&oacute;n y el compromiso rigurosamente est&eacute;tico.</p>
<p>Las caracter&iacute;sticas maneras literarias que apuntaba desde su juventud se ir&iacute;an reforzando a trav&eacute;s de habituales grandes cl&aacute;sicos contempor&aacute;neos, de entre los que cabe destacar a Franz Kafka. El autor de <em>La metamorforsis</em> orienta a nuestro escritor por la senda de una antinarrativa donde el absurdo existencial y la l&uacute;cida desesperanza se combinan con una oscura iron&iacute;a: tramas argumentales de dudoso sentido l&oacute;gico, personajes desubicados en busca de su destino, una soterrada violencia cotidiana y la propia irracionalidad de la condici&oacute;n humana. Sin olvidar el singular protagonismo de un texto metaliterario que se fuga continuamente del descripcionismo realista, adentr&aacute;ndose en el juego de opciones morales -que no moralistas-, pintorescas situaciones e insospechados planteamientos en el que viven los protagonistas del mundo bola&ntilde;iano. &Eacute;ste se explica mejor con la simple menci&oacute;n de autores tan cercanos, tan coincidentes con muchas de estas propuestas como Francisco Casavella, F&eacute;lix Romeo, Jordi Bonells, Javier Tomeo, Rodolfo Wilcock, Enrique Vila-Matas o, claro est&aacute;, Antonio Garc&iacute;a Porta, de estrechas complicidades novelescas. Resulta com&uacute;n a la mayor&iacute;a de ellos el elemento autorreferencial; es decir, sin ser el suyo exactamente un relato autobiogr&aacute;fico estricto, esta escritura se desenvuelve en la est&eacute;tica del "otro yo" autorial, del desdoblamiento del escritor en un protagonista que ostenta reconocibles perfiles, datos y episodios de su m&aacute;s se&ntilde;alada idiosincrasia; de m&aacute;s est&aacute; recordar la "construcci&oacute;n" de Arturo Belano como ente altereg&oacute;tico que recorre Los detectives salvajes como un investigador de la vida, un indagador en la realidad po&eacute;tica y ficcional.</p>
<p>Estamos, en suma, ante un estilo marcado por el reflejo de lo personal, la expresi&oacute;n heterodoxa, el desinhibido tono vital y una disimulada -aunque evidente- tendencia a la transgresora pulsi&oacute;n vanguardista. Recu&eacute;rdese en este sentido el protagonismo del joven Bola&ntilde;o en M&eacute;xico como impulsor del rupturista grupo de noveles escritores "infrarrealistas", atrabiliarios y algo juerguistas postulantes de un arte de la desfiguraci&oacute;n narrativa y la subversiva cr&iacute;tica antiburguesa; y su admiraci&oacute;n por Georges Perec, en cuya literatura cabe el diario personal, la reflexi&oacute;n &iacute;ntima, la an&eacute;cdota epis&oacute;dica, los juegos ideogr&aacute;ficos, la teorizaci&oacute;n conceptual y la meditaci&oacute;n ir&oacute;nica. Se trata de una vocaci&oacute;n literaria llevada al l&iacute;mite, en la arriesgada frontera en que transcurre lo ins&oacute;lito y original; nuestro escritor lo ten&iacute;a claro: "&iquest;Entonces qu&eacute; es una escritura de calidad? Pues lo que siempre ha sido: saber meter la cabeza en lo oscuro, saber saltar al vac&iacute;o, saber que la literatura b&aacute;sicamente es un oficio peligroso".<a title="" href="#_ftn3">[3]</a>&nbsp;</p>
<p>Uno de los m&aacute;s caracter&iacute;sticos temas bola&ntilde;ianos es la violencia; violaciones y cr&iacute;menes a menudo indiscriminados se suceden en parte de esta narrativa, integrados en una sociolog&iacute;a del terror que tiene un fondo at&aacute;vico, tel&uacute;rico y visceral. <em>Los detectives salvajes</em> y, sobre todo <em>2666</em> son novelas motivadas por el horror colectivo de numerosas mujeres torturadas y asesinadas, impune y sistem&aacute;ticamente, en el actual M&eacute;xico profundo -en el entorno de Ciudad Ju&aacute;rez- de las maquiladoras, trabajadoras ya de por s&iacute; duramente explotadas laboralmente. El periodista y escritor mexicano Sergio Gonz&aacute;lez Rodr&iacute;guez ha documentado definitivamente este singular fen&oacute;meno en <em>Huesos en el desierto</em><a title="" href="#_ftn4">[4]</a>, un libro que aborda las vertientes machista, de marginalidad social, miseria econ&oacute;mica y hasta sospechosa proyecci&oacute;n pol&iacute;tica de toda esta crueldad. Pero en Bola&ntilde;o destaca el compromiso del artista que debe enfrentarse a una representaci&oacute;n de la realidad, donde el miedo y la muerte forman parte del tejido social hispanoamericano, como arraigada herencia de una mentalidad salvaje y depredadora.</p>
<p>Esos cuatro profesores de literatura, fascinados por la obra literaria de un tal Archimboldi, son en <em>2666</em> el s&iacute;mbolo de una voluntad indagadora que, m&aacute;s all&aacute; de lo acad&eacute;mico, les llevar&aacute; a ir incardinando diversas historias conc&eacute;ntricas vinculadas a cr&iacute;menes atroces que alientan en esa conocida dial&eacute;ctica entre civilizaci&oacute;n y barbarie. Si alg&uacute;n tipo de l&oacute;gica pudieran tener todas esas muertes nos encontrar&iacute;amos, de modo absurdamente inexplicable, ante el narcotr&aacute;fico, las sectas sat&aacute;nicas, el sadismo mis&oacute;gino o la simple expresi&oacute;n de la pura maldad. Una cierta distancia ir&oacute;nica, determinada tendencia a una melanc&oacute;lica tristeza, imprimen al extens&iacute;simo relato un tono de desgarrado melodrama envuelto en una caracter&iacute;stica cr&oacute;nica criminal. Los feminicidios de la aqu&iacute; imaginaria ciudad de Santa Teresa conllevan una visi&oacute;n apocal&iacute;ptica de la Am&eacute;rica latina; una cuesti&oacute;n que, en su dram&aacute;tica cosmogon&iacute;a, aparece trasladada a los a&ntilde;os setenta en <em>Nocturno de Chile</em> y <em>Estrella distante</em>, novelas donde la violencia adquiere un claro valor nacional identitario.</p>
<p>En <em>2666</em> el estilo narrativo es duro, deliberadamente impersonal, de una sobrecogedora frialdad y un evidente tono testimonial; en referencia, por ejemplo, a Mar&iacute;a Estela Ramos, personaje reivindicador de mejoras laborales, leemos: "Seg&uacute;n el forense, la causa del deceso hab&iacute;a sido un golpe con objeto contundente en la cabeza, aunque tambi&eacute;n ten&iacute;a cinco costillas rotas y heridas de arma blanca, de tipo superficial, en los brazos. Hab&iacute;a sido violada. Y su muerte se produjo por lo menos cuatro d&iacute;as antes de que los drogadictos la encontraran entre las basuras y malezas del descampado de la Sur"<a title="" href="#_ftn5">[5]</a>.&nbsp; Compartiendo elementos del relato polic&iacute;aco, la cr&oacute;nica de sucesos, la denuncia social o la intriga sentimental esta novela representa una definitiva inmersi&oacute;n en un universo marcado por la violencia metaliteraria -el propio Sergio Gonz&aacute;lez aparece en el relato- y el horror como tema conceptual.</p>
<p>Uno de los mejores hallazgos de la narrativa de Bola&ntilde;o radica en la creaci&oacute;n de unos protagonistas inquietantes y perturbadores, cuando no decididamente luciferinos, mal&eacute;volos, parafascistas (o fascistas directamente), encarnaci&oacute;n del mal y esencia de lo m&aacute;s denigrante de la condici&oacute;n humana. Ya en una de sus primeras novelas, <em>La literatura nazi en Am&eacute;rica</em>, aparec&iacute;a un ficcionario basado en entradas bibliogr&aacute;ficas y rese&ntilde;as cr&iacute;ticas sobre inventados escritores de reaccionaria ideolog&iacute;a y atrabiliaria trayectoria. El efecto, entre divertido y desconcertante, no pod&iacute;a ser m&aacute;s eficaz en la recreaci&oacute;n de un imaginario universo, se&ntilde;aladamente borgeano e ir&oacute;nicamente cultista, donde una relaci&oacute;n de esquinados personajes simbolizaban la negatividad del racismo, la misoginia o la homofobia. <em>Estrella distante</em> desarrolla la historia, en el convulso Chile de los a&ntilde;os setenta, de un siniestro tipo, el poeta Ruiz-Tagle reconvertido en el aviador militar Wieder, quien colaborar&aacute; del m&aacute;s sangriento modo con la dictadura pinochestista. La efectividad de esta novela consiste en la hip&oacute;crita capacidad de este ambivalente ser para moverse entre el oscuro lirismo y la desgarradora brutalidad. Una vez m&aacute;s hallamos una fabulaci&oacute;n basada en la funesta caracterizaci&oacute;n del personaje que, en su sibilina maldad, atrae y fascina. Bianca es la joven protagonista de <em>Una novelita lumpen</em>; a ra&iacute;z de la accidentada muerte de sus padres, se adentra en una imparable espiral de violencia personal. Maquiav&eacute;licos enga&ntilde;os y estudiadas mentiras hacen avanzar una trama centrada en la degeneraci&oacute;n &iacute;ntima de esta muchacha. En <em>El Tercer Reich</em>, el protagonista es un creador de juegos de ficci&oacute;n b&eacute;lica como el que da t&iacute;tulo a la novela; junto a su novia, se ver&aacute; introducido en una extra&ntilde;a comunidad sectaria, donde proliferan inquietantes personajes de simb&oacute;lico nombre, como el Lobo o el Cordero; o el Quemado, taciturno constructor de un enigm&aacute;tico b&uacute;nker, y el Musculitos, quien ostenta en su cuerpo misteriosas e impresionantes cicatrices. Aqu&iacute; lo siniestro se reparte entre personajes secundarios, pero no banales, porque en conjunto forman un mal&eacute;volo elenco de indefinida perversidad. Y, de un modo todav&iacute;a m&aacute;s disperso, en <em>Los detectives salvajes</em> pulula un apreciable reparto de matones a sueldo, asesinos profesionales, conspicuos traficantes, alg&uacute;n que otro neonazi ocasional y variados desesperados de la fortuna, con los que se van topando los ya emblem&aacute;ticos Arturo Belano -trasunto recordemos del propio Bola&ntilde;o- y Ulises Lima (a todas luces, el poeta Mario Santiago, muerto en 1998 y buen amigo de nuestro novelista) en sus mixtificantes investigaciones; un claro ejemplo aqu&iacute; de esa transgresora idiosincrasia del mal que protagoniza en buena medida toda esta narrativa. Por no detenernos en<em> 2666</em>, donde aparece una prolija relaci&oacute;n de impunes cr&iacute;menes sobre los que alienta la difusa culpabilidad de una siniestra especie social. Se trata as&iacute; de un discurso narrativo presidido en buena medida por una eficaz, e ir&oacute;nica visi&oacute;n en ocasiones, de lo tr&aacute;gico y mal&eacute;volo como motor de historias, ejerciendo lo da&ntilde;ino, inquietante y desastrado una poderosa fascinaci&oacute;n narrativa.</p>
<p>Se reconoce a Roberto Bola&ntilde;o como un maestro de la denominada "novela total", un tipo de extenso discurso narrativo en el que se entrelazan diversas tramas argumentales y multitud de protagonistas encaran variadas experiencias personales. Un estilo torrencial, un pulso pros&iacute;stico incesante configuran una escritura que descompone la estructura cl&aacute;sica del realismo. El conocido trinomio de planteamiento, nudo y desenlace se dinamita en aras de un multitexto poliforme, de numerosas posibilidades argumentativas y donde la iron&iacute;a y hasta la parodia de g&eacute;neros literarios tienen mucho que ver. G&eacute;rard Genette, en <em>Palimpsestos</em>. <em>La literatura en segundo grado</em>, apuntaba as&iacute; los t&eacute;rminos de esta especie de "no-novela": "La antinovela es, pues, una pr&aacute;ctica hipertextual compleja, que se emparenta por algunos de sus rasgos con la parodia, pero a la que su referencia textual siempre m&uacute;ltiple y gen&eacute;rica impide definir como una transformaci&oacute;n de texto. Su hipotexto es, de hecho, un hipog&eacute;nero".<a title="" href="#_ftn6">[6]</a></p>
<p>(6) Bola&ntilde;o no s&oacute;lo rebasa y supera as&iacute; el realismo m&aacute;gico en el que se form&oacute;, sino que se adentra en una reinterpretaci&oacute;n de la novela como ente de ficci&oacute;n basado en una sucesi&oacute;n acumulativa, hasta ir&oacute;nicamente fatigosa, de situaciones, an&eacute;cdotas e incidencias de muy variada extracci&oacute;n. Un potente hilo argumental, generalmente de car&aacute;cter detectivesco-policial, aglutina una aparente trama donde lo esencial radica en las atrabiliarias relaciones establecidas entre extravagantes personajes. Pero nuestro escritor tambi&eacute;n lleg&oacute; a dominar la t&eacute;cnica y los formantes del cuento como g&eacute;nero de enormes capacidades expresivas, donde la estructura ausente y la realidad el&iacute;ptica tienen tanta presencia -o m&aacute;s- que la evidencia escrita. En este sentido, la cr&iacute;tica ha convenido, con raz&oacute;n, que "Sensini", relato incluido en Llamadas telef&oacute;nicas, es una muestra perfecta de lo que supone la conversi&oacute;n de una reducida acci&oacute;n anecd&oacute;tica en una historia de contenidos autobiogr&aacute;ficos, te&oacute;rico-literarios, de azarosa y sugestiva sentimentalidad. El narrador protagonista, aqu&iacute; el propio Bola&ntilde;o en sus primeros a&ntilde;os en Girona, elabora la ficci&oacute;n de su amistad con un escritor argentino, Luis Antonio Sensini, con quien comparte una persistente dedicaci&oacute;n a los concursos de cuentos que proliferan por toda una provinciana geograf&iacute;a espa&ntilde;ola. A partir de este planteamiento, se evidencian los m&aacute;s claros referentes bola&ntilde;ianos: su admiraci&oacute;n hacia el malogrado Rodolfo Walsh, su mantenida fascinaci&oacute;n por Kafka (Gregorio, por Gregor Samsa, es el nombre del hijo de Sensini), la conciencia de que el relato breve requiere una metodolog&iacute;a propia, la nostalgia y emotividad que contiene el pasado (a trav&eacute;s de las fotos familiares del admirado escritor que motiva el cuento), la certidumbre identitaria de lo hispanoamericano, la eficacia narrativa del sistema epistolar (un cruce de cartas que puede valer por un conocimiento personal) y la reivindicada dedicaci&oacute;n exclusiva al oficio de escribir, dentro de una digna austeridad cotidiana. "El polic&iacute;a de las ratas", de <em>El gaucho insufrible</em>, es asimismo un representativo relato, en este caso de cierta tendencia contenidamente surreal que se observa en la obra de Bola&ntilde;o. Recordemos que se trata de la figuraci&oacute;n fant&aacute;stica de una sociedad de ratas en la que un esforzado pol&iacute;c&iacute;a patrulla las alcantarillas, investigando lo que parecen ser cr&iacute;menes de sus cong&eacute;neres a cargo de indeterminados depredadores. Pero la desconcertante realidad se abre paso, desmintiendo el aserto fundamental del relato, "Las ratas no matan ratas"<a title="" href="#_ftn7">[7]</a>, ante la sospecha de que el asesino sea de su misma especie. A partir de esta imaginativa ficci&oacute;n, se establece una mirada ir&oacute;nica sobre las relaciones de poder en toda sociedad constituida. En un anecdotario paralelo a la propia condici&oacute;n humana, estos roedores evidencian las desigualdades de toda comunidad, sus terrores colectivos, ancestrales prejuicios y absurdas mentalidades.</p>
<p>Es muy posible que la imagen de Bola&ntilde;o como poeta haya quedado algo desdibujada por la abrumadora envergadura de su obra narrativa. Quiz&aacute; ha sido incluso algo tard&iacute;amente descubierto, sobre todo a trav&eacute;s de un p&oacute;stumo volumen compilatorio de su l&iacute;rica fundamental, <em>La Universidad Desconocida</em>, que da la medida de su entregada dedicaci&oacute;n po&eacute;tica. En diversos textos autorreferenciales mostrar&iacute;a su admiraci&oacute;n por Georg Trakl, Charles Baudelaire o C&eacute;sar Vallejo, mientras que siempre mantuvo una lejan&iacute;a admirativa respecto a un Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez o a la generaci&oacute;n del 27. Cabr&iacute;a deducir de estas preferencias que su po&eacute;tica es antisentimental, de cierto contenido vanguardista, de un neorromanticismo sarc&aacute;stico, tendente a la antipoes&iacute;a (leer&iacute;a con atenci&oacute;n toda su vida a Nicanor Parra), de claros acentos autobiogr&aacute;ficos y notable admiraci&oacute;n hacia la an&eacute;cdota cotidiana. Cercano por lo tanto a la l&iacute;rica de la experiencia, aunque no formalmente encuadrado en ella, sus versos son de una caracter&iacute;stica figuraci&oacute;n pros&iacute;stica, de un significativo coloquialismo y de una frecuente intencionalidad ir&oacute;nica; sin olvidar el componente claramente autobiogr&aacute;fico. V&eacute;ase, por ejemplo, el poema titulado "Seg&uacute;n Alain Resnais": "Seg&uacute;n Alain Resnais / hacia el final de su vida / Lovecraft fue vigilante nocturno / de un cine en Providence. // P&aacute;lido, sosteniendo un cigarrillo / entre los labios, con un metro / setenta y cinco de estatura / leo esto en la noche del camping / Estrella de Mar." Tem&aacute;ticamente se observa una preferencia por escenas y situaciones que expresan un cierto desencanto, un nihilismo literario y vital pr&oacute;ximo a una est&oacute;ica desesperanza, a una calmada serenidad, como lo muestra "Dentro de mil a&ntilde;os no quedar&aacute; nada": "Dentro de mil a&ntilde;os no quedar&aacute; nada / de cuanto se ha escrito en este siglo. / Leer&aacute;n frases sueltas, huellas / de mujeres perdidas, / fragmentos de ni&ntilde;os inm&oacute;viles, / tus ojos lentos y verdes / simplemente no existir&aacute;n. / Ser&aacute; como la Antolog&iacute;a Griega, / a&uacute;n m&aacute;s distante, / como una playa en invierno / para otro asombro y otra indiferencia." No descuida la reflexi&oacute;n sobre el hecho po&eacute;tico, plante&aacute;ndose los propios l&iacute;mites de su expresi&oacute;n l&iacute;rica, con sentido autocr&iacute;tico, l&uacute;cidamente acertado en la significaci&oacute;n de unos versos que huyen de la convencionalidad intimista y sentimental. Un poema como "&Eacute;sta es la pura verdad" muestra a las claras estos aspectos: "Me he criado al lado de puritanos revolucionarios. / He sido criticado ayudado empujado por h&eacute;roes / de la poes&iacute;a l&iacute;rica / y del balanc&iacute;n de la muerte. / Quiero decir que mi lirismo es DIFERENTE / (ya est&aacute; todo expresado pero permitidme / a&ntilde;adir algo m&aacute;s). / Nadar en los pantalones de la cursiler&iacute;a / es para m&iacute; como un Acapulco de mercurio / un Acapulco de sangre de pescado / una Disneylandia submarina / en donde estoy en paz conmigo." No es su poes&iacute;a, como quiz&aacute; fuera f&aacute;cil pensar, una prolongaci&oacute;n de su obra narrativa; tiene una entidad y una idiosincrasia propias, basadas en la autoreferencialidad, el coloquialismo de lo cotidiano, la iron&iacute;a metaliteraria, el escepticismo existencial y un contenido malditismo no exento de una particular ternura, algo desabrida y esquinada.</p>
<p>La literatura bola&ntilde;iana, que conoci&oacute; ya en vida de su autor un notable reconocimiento de cr&iacute;tica y p&uacute;blico, se ha ido afianzando en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os; ha ayudado a ello la publicaci&oacute;n de diversos textos in&eacute;ditos, la atenci&oacute;n que le ha dedicado el mundo acad&eacute;mico y la permanencia -y el incremento- de un lector fiel y entregado a las particularidades de esta singular escritura. Se caracteriza la misma por una magistral construcci&oacute;n de inquietantes personajes, representaci&oacute;n simb&oacute;lica de tel&uacute;ricas fuerzas del mal, que acaso no sea m&aacute;s que la expresi&oacute;n est&eacute;tica de oscuros resortes de la condici&oacute;n humana. Y es una narrativa igualmente efectiva tanto en la estructura de una ambiciosa "novela total", de sobrepuestas tramas argumentales, como en el estilizado desarrollo del relato breve, con cuentos donde un caracter&iacute;stico horror existencial y un curioso sentido metaf&oacute;rico de lo anecd&oacute;tico alcanzan su mejor expresi&oacute;n art&iacute;stica. Una poes&iacute;a entre la est&eacute;tica de la experiencia, el autobiografismo y la libre coloquialidad completan la rica versatilidad de una obra de rigurosa elaboraci&oacute;n y entregada factura. "Soy mucho m&aacute;s feliz leyendo que escribiendo".<a title="" href="#_ftn8">[8]</a>,&nbsp; se&ntilde;alaba Bola&ntilde;o en palabras de clara reminiscencia borgeana. Muy probablemente en la madurez de su trayectoria literaria nuestro escritor acabara siendo, como su admirado Kafka, ya s&oacute;lo pura literatura, culminando as&iacute; un proceso vocacional ineludible, basado en el viejo arte de contar historias, pretendiendo as&iacute; asumir la realidad y dar sentido a la vida.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Enrique Vila-Matas: "Un plato fuerte de la China destruida". En Edmundo Paz Sold&aacute;n y Gustavo Faver&oacute;n Patriau: <em>Bola&ntilde;o salvaje</em>. Candaya. Barcelona, 2008, p. 48.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Jaime Quezada: <em>Bola&ntilde;o antes de Bola&ntilde;o. Diario de una residencia en M&eacute;xico (1971-1972)</em>. Catalonia. Santiago de Chile, 2007, pp. 54-55.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Roberto Bola&ntilde;o: "Discurso de Caracas". En Edmundo Paz Sold&aacute;n y Gustavo Faver&oacute;n Patriau: <em>Bola&ntilde;o salvaje</em>. Candaya. Barcelona, 2008, p. 39.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sergio Gonz&aacute;lez Rodr&iacute;guez: <em>Huesos en el desierto</em>. Anagrama. Barcelona, 2002.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Roberto Bola&ntilde;o: <em>2666</em>. Anagrama. Barcelona, 2004, p. 722.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; G&eacute;rard Genette: <em>Palimpsestos. La literatura en segundo grado</em>. Taurus. Madrid, 1989, p.189.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Roberto Bola&ntilde;o: <em>El gaucho insufrible</em>. Anagrama. Barcelona, 2003, p. 84.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref8">[8]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Roberto Bola&ntilde;o: <em>Entre par&eacute;ntesis</em>. Anagrama. Barcelona, 2004, p.20.</p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Tue, 22 Nov 2016 06:05:00 +0000</pubDate>
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      <title><![CDATA[Juan Eduardo Zúñiga: "La memoria es el motor de toda literatura"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/juan-eduardo-zuniga-la-memoria-es-el-motor-de-toda-literatura/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas16/noviembre/JUAN_EDUARDO_Z_IGA_2.jpg" alt="" /></p>
<p>De que Juan Eduardo Z&uacute;&ntilde;iga pase por autor realista seguramente tiene culpa la antolog&iacute;a <em>Art&iacute;culos sociales de Mariano Jos&eacute; de Larra</em> que prepar&oacute; en mil novecientos sesenta y siete para la editorial Taurus bajo la convicci&oacute;n de que los autores generan conciencia en la sociedad sobre la que escriben. Al mismo tiempo, contribuy&oacute; pertenecer, aun de perfil, a la generaci&oacute;n de los cincuenta y haber ejercido el socialrealismo. Por si fuera poco, d&eacute;cadas m&aacute;s tarde, la trilog&iacute;a de la Guerra Civil y la Posguerra hizo el resto. Estos vol&uacute;menes son una lucha por la vida barojiana que podr&iacute;a encontrar correspondencia en el t&iacute;tulo de su primer libro: <em>In&uacute;tiles totales</em>. Pese a todo lo anterior, Juan Eduardo Z&uacute;&ntilde;iga posee una veta imaginativa incuestionable. Por medio de la fantas&iacute;a supera la previsibilidad de la ficci&oacute;n igual en <em>Largo noviembre de Madrid</em> y <em>La tierra ser&aacute; un para&iacute;so</em>, entreveradas de realismo, que en <em>Misterios de las noches y los d&iacute;as</em>. En <em>Brillan monedas oxidadas</em>, reci&eacute;n editada, tambi&eacute;n recurre a la mezcla expresiva, visible en el cuento &lsquo;Has de cruzar la ciudad&rsquo;, con un final enigm&aacute;tico donde se relaciona la libertad con los miedos y las trampas.</p>
<p><em>Brillan monedas oxidadas</em> es una lustrosa colecci&oacute;n de quince textos ajenos al cerco de Madrid y los dominios de la guerra, caracter&iacute;sticos en su argumento narrativo, para entrar en la vida de personas radicadas en entornos de paz social, pero en conflicto intestino. El libro hace fonda en la precisi&oacute;n del lenguaje, en la dificultad para encontrar solidaridad y amparo y en la sombra que la avaricia proyecta sobre las vidas del com&uacute;n, que, en conjunto, ofrecen un doblez enfermo a la primera de cambio. Esa persistencia en la b&uacute;squeda, a pesar de la contumacia con que se manifiesta la realidad saca a flote toda la pasi&oacute;n rom&aacute;ntica del autor. En las p&aacute;ginas iniciales de su &uacute;ltima entrega, un personaje burgu&eacute;s de eco bu&ntilde;ueliano sugiere que lo mejor &ldquo;es no pensar&rdquo; en los temporales, &ldquo;como si no existieran&rdquo;. Una opci&oacute;n que no parece secundar el autor, pues en la literatura, igual que en la vida, no pensar en los problemas ni los elimina ni previene a quienes los padecen de verse literalmente arrasados por ellos. Conviven el l&eacute;xico a&ntilde;ejo -yacija, fluxi&oacute;n, cincha, palafrenero&hellip;- y las costumbres de otra &eacute;poca &ndash;en &lsquo;El campanero de San Sebasti&aacute;n&rsquo; se acarrean haces de le&ntilde;a, sacas de grano, gavillas de heno, serones de arena, se lustran las botas al amo- con el simbolismo, especialmente en el segundo cap&iacute;tulo &ndash;&lsquo;La mujer del chal&aacute;n&rsquo;- a trav&eacute;s de unos fuegos que brotan en lo alto de un campanario y son presagio de la mala fortuna que porta una visita inminente.</p>
<p>-En &lsquo;Jazz session&rsquo;, tambi&eacute;n de <em>Brillan monedas oxidadas</em>, leemos: &ldquo;&Eacute;l &ndash;un camarero- conoc&iacute;a a todos y sab&iacute;a lo que iban a beber, cu&aacute;ndo se levantar&iacute;an y c&oacute;mo pagar&iacute;an&rdquo;. Los clientes son &ldquo;aut&oacute;matas, obligados a leyes&rdquo; que forzosamente se han de cumplir. En &lsquo;El ramo de lilas&rsquo; contemplamos el paso mon&oacute;tono y devorador del tiempo reflejado en tres escenarios: un puerto, una mercer&iacute;a y un matrimonio que olvid&oacute; por qu&eacute; lleg&oacute; a casarse. Se aprecia una desmemoria producto de la mec&aacute;nica social: &ldquo;Muchas veces se daba cuenta de que no pensaba y que viv&iacute;a como un crust&aacute;ceo, pegado a la hendidura de una roca, sin acordarse de lo que ya hab&iacute;a pasado&rdquo;. Usted indaga en la tramoya del ser humano de un modo que &iquest;ser&iacute;a posible calificar de marxista?</p>
<p>-No s&oacute;lo en <em>Brillan monedas oxidadas</em> sino, yo dir&iacute;a, en el conjunto de mi obra. Yo trato de abarcar un doble plano: la profundizaci&oacute;n sicol&oacute;gica de los personajes y la descripci&oacute;n del contexto hist&oacute;rico y social, que, a veces, puede ser meramente alusivo. El paso del tiempo es tambi&eacute;n importante en estos relatos. El tiempo que pauta la evoluci&oacute;n de los sentimientos y que marca la permanencia de la memoria o el olvido.</p>
<p>-Adem&aacute;s de una base &eacute;tica, &iquest;un texto bien escrito ayuda a la cohesi&oacute;n del mundo?</p>
<p>-Una obra literaria exige un detenido trabajo del lenguaje junto a la ambici&oacute;n de reflejar sentimientos profundos en situaciones bien cotidianas, bien extraordinarias. La literatura puede influir en la conciencia de un lector y ayudarle a entender su realidad tanto como proporcionarle el acceso a otras vidas.</p>
<p>En sus &uacute;ltimos relatos el callejero de la capital sale no m&aacute;s que, puntualmente, como tel&oacute;n de fondo. Ya no importan tanto la verosimilitud y la memoria. El autor se presenta g&oacute;tico &ldquo;con reminiscencias de B&eacute;cquer, Hoffmann y Poe&rdquo; y se desprende del realismo social para dar en el impresionismo &ndash;&lsquo;Agon&iacute;a bajo el manto de oro&rsquo;- y en el simbolismo &ndash;&lsquo;La mujer del chal&aacute;n&rsquo; y &lsquo;El ramo de lilas&rsquo;-. Somete los significados a hechos cuasi fant&aacute;sticos, algo antes s&oacute;lo abordado claramente en su segunda novela, la aleg&oacute;rica <em>El coral y las aguas</em>, portadora de un simbolismo sa&ntilde;udo donde la moral casa con la est&eacute;tica m&aacute;s riesgosa. La primera tirada contuvo unas palabras preliminares que arrojaban parcialmente luz al respecto. La estrategia no distaba mucho de aqu&eacute;lla de Larra, alabada en su antolog&iacute;a: &ldquo;Su cr&iacute;tica se dirig&iacute;a a puntos neur&aacute;lgicos de la estructura del pa&iacute;s y por este motivo se vio obligado, para que le fuera permitida, a enmascararla&rdquo;.</p>
<p>En la edici&oacute;n cr&iacute;tica de Israel Prados, en C&aacute;tedra, se desglosan algunas identificaciones entre las im&aacute;genes que contiene y el franquismo. La acci&oacute;n transcurre en Tarsys, una isla que remite a Tartessos, Asia Menor, en la que Plat&oacute;n pareci&oacute; inspirarse para su Atl&aacute;ntida. En el segundo cap&iacute;tulo, unos j&oacute;venes &ldquo;transportan una pesada mole, el altar de una divinidad antigua y poderosa, transportan un cad&aacute;ver gigantesco y cada uno de ellos cree que es su propia vida, lo convierte en su propia alma, tan hondo es su sometimiento&rdquo;. El cr&iacute;tico entiende que no es dif&iacute;cil relacionar este pasaje &ldquo;con la comitiva que llev&oacute; a hombros el f&eacute;retro de Jos&eacute; Antonio desde Alicante hasta El Escorial&rdquo;. En una conversaci&oacute;n mantenida en dos mil dos con Antonio Ferres, conducida por Ignacio Echevarr&iacute;a en <em>El Pa&iacute;s</em>, el propio Z&uacute;&ntilde;iga evocaba el episodio, admitiendo la represi&oacute;n sistem&aacute;tica de la dictadura, con fusilamientos a diario. &ldquo;A su paso por los pueblos preguntaban si quedaba alg&uacute;n rojo y fusilaban a cualquiera por nada, acaso porque en su d&iacute;a le&iacute;a El Imparcial, que era un peri&oacute;dico de izquierdas&rdquo;. No queda ah&iacute; la cosa en la novela: &ldquo;Las aguas, poderoso enemigo, la rodean y arrojan contra ella su peso y su violencia incansable; sin parar, golpean con fuerza una cosa tan insignificante, pero &eacute;sta crece lentamente, triunfa de aquella ciega furia y noche y d&iacute;a levanta sus ramas las extiende y ni abandona una lucha en la que vencer&aacute; (&hellip;) era un presagio hallar el coral: significaba que todo lo secreto, lo ignorado, vendr&aacute; a la superficie, cuanto parec&iacute;a oscuro e incomprensible quedar&aacute; entendido y ser&aacute; lo nuevo, la fuerza del futuro&rdquo;. Israel Prados comenta &ldquo;el simbolismo pol&iacute;tico del coral, representado por el color rojo de la resistencia antifranquista, que <em>crece lentamente</em> &ndash;el coral se levanta sobre sus propios cad&aacute;veres-, y el del mar que lo azota, azul como el color emblem&aacute;tico del r&eacute;gimen de Franco. Los personajes se llaman Paracata, Ictio, Zim&oacute;s, Asbestes, Tussos. La confusi&oacute;n fue tal que la editorial present&oacute; la novela, su &uacute;nica novela pura, como un libro de cuentos.</p>
<p>-No ha vuelto a usar recursos tan ajenos a la claridad. &iquest;Cabe suponer que considera esta t&eacute;cnica exclusiva para circunstancias excepcionalmente adversas?</p>
<p>-Bajo la construcci&oacute;n idealizada del mundo cl&aacute;sico griego pretend&iacute; reflejar la situaci&oacute;n pol&iacute;tica de la Espa&ntilde;a de los cuarenta. Sin duda, influy&oacute; la vigilancia de la censura de libros, pero tambi&eacute;n estuvieron presentes en la creaci&oacute;n de esta novela los reducidos l&iacute;mites est&eacute;ticos del neorrealismo que, en aquella &eacute;poca, imperaban en la literatura comprometida.</p>
<p>-&iquest;Hoy tendr&iacute;a sentido escribir as&iacute; o ser&iacute;a mero esteticismo? La pirueta estil&iacute;stica al margen del contexto, &iquest;tiene valor?, quiero decir: una cr&iacute;tica tan enmascarada corre el riesgo de pasar inadvertida.</p>
<p>-Crear un clima fant&aacute;stico, buscar alegor&iacute;as, permite una mayor libertad a la hora de describir personajes significativos y creo que tambi&eacute;n puede proporcionar al lector un horizonte m&aacute;s amplio de lectura.</p>
<p>Seg&uacute;n Gautier, &ldquo;los rusos tienen la pasi&oacute;n de los gitanos&rdquo;. Z&uacute;&ntilde;iga, como buen ruso, dedica a las gitanas un cap&iacute;tulo de <em>Brillan monedas oxidadas</em> y las mienta en otro. Tambi&eacute;n salen en <em>Misterios de las noches y los d&iacute;as</em> y, por descontado, en sus memorias sobre escritores rusos, recientemente reunidos bajo el sugerente t&iacute;tulo <em>Desde los bosques nevados</em>. Las dedic&oacute; un estudio completo &ndash;el n&uacute;mero seis- en <em>El anillo de Pushkin</em> a trav&eacute;s de las de Turgu&eacute;nev, Pushkin, Gorki, Tolst&oacute;i y Andr&eacute;yev. Y en el cap&iacute;tulo quinto de <em>Las inciertas pasiones de Iv&aacute;n Turgu&eacute;nev</em>, refiere que el padre de la amada del protagonista, Paulina Viardot, tambi&eacute;n era gitano.</p>
<p>-&iquest;De d&oacute;nde procede esa fascinaci&oacute;n?</p>
<p>-Siempre me ha seducido el mundo de los z&iacute;ngaros de la Europa oriental, que representan para m&iacute; unas figuras de libertad. Esta etnia milenaria puede apasionar por su folklore, sus cualidades musicales y su idioma. A ellos me refiero cuando hablo de gitanos en mis relatos, no a los gitanos espa&ntilde;oles, que tienen costumbres muy diferentes.</p>
<p>La correspondencia entre costumbres, historia, gentes, paisajes y arte que Juan Eduardo Z&uacute;&ntilde;iga halla en la cultura rusa la aplica meticulosamente en sus argumentos con herramientas propias. Del mismo modo que Petersburgo &ldquo;aparece como una fantas&iacute;a inquietante&rdquo; en los poemas y relatos de Batiushkov, Vi&aacute;zemski, Y&aacute;kov Polonski, Sumar&oacute;kov, Saltikov-Shchedr&iacute;n, Dostoyeski &ndash;todos ellos estudiados por el espa&ntilde;ol-, Madrid, en sus libros, se vuelve parecidamente imprevisible, &ldquo;hambrienta, sucia y fantasmal&rdquo;. <em>Capital de la gloria</em> es un volumen paradigm&aacute;tico a este respecto. La portada est&aacute; ocupada sin gratuidad por una imagen de Robert Capa. Lo mismo que el fot&oacute;grafo dec&iacute;a que si una instant&aacute;nea no es buena se debe a que no se ha estado lo suficientemente cerca de la escena, Z&uacute;&ntilde;iga se arrima a los acontecimientos para lograr la descripci&oacute;n m&aacute;s ajustada. <em>Capital de la gloria</em> est&aacute; tan llena de cascotes y ladrillos desprendidos de las fachadas que leerla se convierte en un paseo inc&oacute;modo a lo largo del que constantemente hay que mirar al suelo para no tropezar. Al igual que el escritor se fija en las estatuas de Pedro el Grande, sus lectores hacemos lo propio en el puente de los Franceses. Si la construcci&oacute;n de Petersburgo &ldquo;exigi&oacute; v&iacute;ctimas y miles de campesinos&rdquo;, la destrucci&oacute;n de Madrid vio &ldquo;cad&aacute;veres extendidos en las aceras&rdquo;. Si Od&oacute;yevski, en uno de sus cuentos, sue&ntilde;a que la ciudad va a ser destruida -parecidos sentimientos, en forma de deseo, manifiestaron L&eacute;rmontov, Pechorin, Dm&iacute;triev, G&oacute;gol, Nekr&aacute;sov, Rask&oacute;lnikov-, en Madrid, las casas ard&iacute;an y se derrumbaban efectivamente &ldquo;en una oleada de vigas de madera, cascotes y tejas&rdquo;.</p>
<p>Si por las novelas de Fedin, de Kaverin, de Lvreniov, de Kat&aacute;yev, de Ogniov se recorren las calles, los barrios, de Mosc&uacute;, en Madrid paseamos por la Casa de Campo, por Santa Ana, por Vistillas, por Arg&uuml;elles, por Cuatro Vientos, por el Prado, por la calle de Morat&iacute;n, por la de Alarc&oacute;n, por la avenida Reina Victoria. Igual que la madre de Kropotkin &ldquo;copiaba en secreto poemas de poetas contrarios al zarismo (&hellip;) que proclamaban la libertad&rdquo;, los personajes de Z&uacute;&ntilde;iga soportan miedo sabi&eacute;ndose perseguidos y oprimidos. La misma Rosa de Madrid adquiere rasgos evidentes de mujer rusa, &ldquo;emblema primordial&rdquo; en los libros de Gorki, Tolst&oacute;i, Goncharov y Turgu&eacute;nev, unas veces impenetrable y a menudo defraudada. Igual que Ch&eacute;jov traslad&oacute; a sus cuentos la frustraci&oacute;n que producen el deseo insatisfecho y los sue&ntilde;os imposibles, Z&uacute;&ntilde;iga trasluce la frustraci&oacute;n padecida por seres que han renunciado a ser felices, &ldquo;sometidos al destino doloroso de los vencidos&rdquo;. Y si Ch&eacute;jov incluy&oacute; en su teatro &ldquo;la latente o manifiesta solicitud de amor como si &eacute;sta fuera suprema raz&oacute;n de felicidad&rdquo;, en <em>Brillan monedas oxidadas</em> tenemos una equivalencia fiel: el cuento &lsquo;Lejano amor so&ntilde;ado&rsquo; habla exactamente de la poes&iacute;a y del amor como &uacute;nicos instrumentos de tal felicidad.</p>
<p>-Usted ve &ldquo;ocupados de memoria&rdquo; los libros rusos. &iquest;Qu&eacute; porcentaje de su biblioteca est&aacute; destinado a ellos? &iquest;De qu&eacute; obra tiene m&aacute;s ediciones y traducciones?</p>
<p>-Nunca he contado los libros que hay en mi biblioteca, varios miles, con predominio de la literatura pero tambi&eacute;n ensayo, arte e historia. Muchos son de literatura espa&ntilde;ola y no s&oacute;lo de contempor&aacute;neos. En proporci&oacute;n, los autores rusos ocupan varios estantes. Tengo ediciones originales as&iacute; como traducciones a otros idiomas, no s&oacute;lo al castellano. Conservo con especial afecto las que hizo Cansinos Assens. Pero del libro que tengo m&aacute;s ediciones y traducciones es de <em>La Divina Comedia</em>, obra tan sugerente e inabarcable.</p>
<p>-Dice en el primer cap&iacute;tulo de <em>Las inciertas pasiones de Iv&aacute;n Turgu&eacute;nev</em> que este autor ha sido, &ldquo;junto a Tolst&oacute;i y Dostoyevski, el mejor acogido en Occidente por la calidad literaria de su obra&rdquo; y cita el inter&eacute;s concreto que suscita en Inglaterra, Alemania y Francia. Sin embargo, no parece que en Espa&ntilde;a haya despertado tanto, o, al menos, su nombre se cae de las citas habituales. &iquest;A qu&eacute; se debe?</p>
<p>-Iv&aacute;n Turgu&eacute;nev&nbsp; demuestra ser un autor cl&aacute;sico. Continuamente se hacen nuevas ediciones en castellano de sus novelas y relatos y han mejorado mucho las traducciones, y en varios cat&aacute;logos importantes se encuentran ahora obras suyas. Incluso se ha adaptado al teatro, como la reciente versi&oacute;n en catal&aacute;n de su obra <em>Un mes en el campo</em>, representada en el Teatro Nacional de Catalu&ntilde;a.</p>
<p>-Al igual que Ch&eacute;jov, usted retrata el desenga&ntilde;o que producen las ilusiones fracasadas. &iquest;Es posible la felicidad y, al mismo tiempo, ser consciente de la frustraci&oacute;n que depara el hecho de vivir?</p>
<p>-Ch&eacute;jov describe magistralmente las frustraciones que ocasiona la vida en una sociedad estancada que no parece tener futuro. La felicidad es un sentimiento muy subjetivo y que tiende, aun en momentos de gran fracaso vital, a transformarse en esperanza.</p>
<p>&ldquo;Su carrera literaria se ha construido contra s&iacute; misma&rdquo;, lleg&oacute; a juzgar Rafael Conte. &ldquo;A base de discreci&oacute;n, estudio, detenimiento y dentro de una austeridad que la ha te&ntilde;ido de clandestinidad&rdquo;. Imposible conocer si el fracaso de su primera obra, <em>In&uacute;tiles totales</em>, a la larga le ha beneficiado, permiti&eacute;ndole no precipitar su escritura a los c&aacute;nones del mercado. &ldquo;Su obra &ndash;dice Gustavo Mart&iacute;n Garzo-, breve e intensa, es comparable a la de todos los grandes moralistas en el sentido que Camus da a esta palabra: los que tienen la pasi&oacute;n del coraz&oacute;n humano&rdquo;. Y as&iacute;, auscultando los afectos, se pas&oacute; el siglo veinte, oculto, dedicado a la lectura y a la tarea de escribir. No ha trascendido mucho m&aacute;s de sus ocupaciones. &ldquo;Mi ni&ntilde;ez fue trist&iacute;sima, prefiero olvidarla&rdquo;. La biograf&iacute;a de Juan Eduardo Z&uacute;&ntilde;iga est&aacute; llena de olvidos voluntarios y huecos cavados cuidadosamente. A las empresas se&ntilde;aladas podemos a&ntilde;adir la traducci&oacute;n: en mitad de una Espa&ntilde;a empobrecida, inculta y escasa de recursos, se puso a la faena lun&aacute;tica de estudiar &aacute;rabe, ingl&eacute;s, franc&eacute;s y ruso. Ni siquiera hoy, segunda d&eacute;cada del veintiuno, hemos conseguido hablar y escribir correctamente un segundo idioma, c&oacute;mo consigui&oacute; avanzar en tales aprendizajes forma parte del misterio que ata&ntilde;e a su figura, extensible hasta la misma fecha de nacimiento: hay quien le pone ochenta a&ntilde;os y quien le aproxima al siglo, un arco ciertamente abierto y enigm&aacute;tico.</p>
<p>Durante ese siglo veinte vivido y escrito, cuando sal&iacute;a de casa a quemar el ocio, lo hac&iacute;a sin la menor candidez. Arturo del Hoyo cont&oacute; de Z&uacute;&ntilde;iga en mil novecientos noventa: &ldquo;Te invitaba a dar paseos, a primera vista inocentes, hasta que te encontrabas ante las ignoradas tumbas de los brigadistas en el cementerio del pueblo de Fuencarral, o ante los severos, aunque arrogantes, epitafios del cementerio civil. O bajo los todav&iacute;a tr&aacute;gicos mu&ntilde;ones de la Casa de Campo&rdquo;. Una manera de homenajear, de ilustrar sin abierta intenci&oacute;n, de preservar la memoria en consonancia con su manera de entender la literatura, siempre cargada de responsabilidad.</p>
<p>- &ldquo;En el poema &lsquo;La desconocida&rsquo; una mujer entra en el caf&eacute; donde Blok refugia su soledad&rdquo;. Los caf&eacute;s &ndash;Lisboa, Pelayo-, &iquest;eran, adem&aacute;s de refugio, sitio para burlar las limitaciones oficiales y la prohibici&oacute;n establecida respecto del propio derecho de reunirse?</p>
<p>-Las tertulias en el Caf&eacute; de Lisboa y en el Pelayo reun&iacute;an contertulios muy distintos y adem&aacute;s ten&iacute;an lugar en &eacute;pocas diferentes. Las discusiones sobre literatura, sobre el realismo o las t&eacute;cnicas narrativas del <em>nouveau roman</em> no imped&iacute;an, por supuesto, debates apasionados sobre pol&iacute;tica.</p>
<p>-Usted ha reconocido p&uacute;blicamente que no encuentra mucha diferencia entre la imaginaci&oacute;n y la vida real debido a que la fantas&iacute;a tambi&eacute;n se nutre de los datos que llamamos comprobados. Y, por descontado, alude a la importancia de la memoria. &iquest;Puede la memoria estar hecha, tambi&eacute;n, de ficci&oacute;n?</p>
<p>-La fantas&iacute;a siempre hunde sus ra&iacute;ces en la realidad y la imaginaci&oacute;n configura el desarrollo del relato. La memoria no es &uacute;nicamente el recuerdo del pasado, es la experiencia revivida, es el motor de toda literatura.</p>
<p>-En la escasa atenci&oacute;n que recibi&oacute; durante m&aacute;s de la mitad de su carrera, &iquest;qu&eacute; responsabilidad tiene el g&eacute;nero que practic&oacute; &ndash;cuento-, al que no se ha prestado an&aacute;lisis y adecuada lectura hasta hace bien poco?</p>
<p>-La novela ha sido la reina de la literatura en Espa&ntilde;a y, s&iacute;, hasta hace pocos a&ntilde;os el cuento era una literatura marginal. A pesar de la existencia de excelentes escritores de relatos no han gozado &eacute;stos, como g&eacute;nero, de la consideraci&oacute;n que han tenido en el &aacute;mbito anglosaj&oacute;n. Sin duda, ello ha contribuido a un menor conocimiento de mi obra.</p>
<p>-Informa Fernando Valls en el n&uacute;mero 89-90 de Turia de que, durante la d&eacute;cada del cincuenta, usted incluy&oacute; numerosos cuentos en &Iacute;nsula, &Iacute;ndice de Artes y Letras, Acento y Triunfo, &ldquo;la mayor&iacute;a de ellos nunca publicados en libro&rdquo;. Imagino que lo mismo ha pasado con otros trabajos. &iquest;Qu&eacute; sucede en el salto entre lo escrito y lo publicado en libro? &iquest;Qu&eacute; le empuja o retrae a la hora de lanzar algo definitivamente a la luz?</p>
<p>-Escribo mucho, pero mi m&eacute;todo de trabajo es lento, en el sentido de que escribo y corrijo, y corrijo bastante, hasta que doy por v&aacute;lido un texto. Mis relatos no son aut&oacute;nomos, est&aacute;n siempre unidos por una l&iacute;nea interna que puede ser invisible pero est&aacute; presente. De hecho, algunos cr&iacute;ticos han considerado que <em>Flores de plomo</em>, por ejemplo, es una novela.</p>
<p>-&iquest;Y cu&aacute;nto deja normalmente dormir un texto? &iquest;Reescribe? &iquest;Qu&eacute; volumen de in&eacute;ditos tiene?</p>
<p>-Algunos textos pueden dormir eternamente en las carpetas. Tengo un buen n&uacute;mero de in&eacute;ditos, pero en su mayor&iacute;a son demasiado autobiogr&aacute;ficos y, de momento, no&nbsp; veo su publicaci&oacute;n.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 18 Nov 2016 09:25:44 +0000</pubDate>
    </item>
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      <title><![CDATA[Momentos estelares de funambulismo feliz]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/momentos-estelares-de-funambulismo-feliz/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2016/mora500.jpg" alt="" /></p>
<p>Lo m&aacute;s llamativo de la poes&iacute;a de &Aacute;ngeles Mora es la delicadeza con que opera. Y opera en fibras sensibles con escalpelos de orqu&iacute;dea&hellip; Como si los p&eacute;talos tuvieran filo, y, antes de sajar, nos anestesiaran a fuerza de perfume. As&iacute;: <em>mata dulcemente</em>. Ya lo dice la canci&oacute;n con que titula un poema; mata sonriente, como la vida la mata a ella cada d&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Este es el tono general: el de un poema t&iacute;mido como &ldquo;un ramo de flores que se esconde en la espalda&rdquo;, pero&hellip;.vitalmente letal.&nbsp; Como la sustancia misma que atraviesa el libro y anuncia, inminente, con toda la calma del mundo, que este ramo, esta vida, sin prisa y sin pausa, se est&aacute;n marchitando ante nuestros ojos.</p>
<p>Sin embargo, ese alambre del tiempo que va de comienzo a fin del libro, permite momentos estelares de funambulismo feliz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Instantes de gloria&hellip; con el sol rayando y nosotros al borde del abismo, detenidos en un momento de vibrante eternidad, &ldquo;con el cuerpo que logra no pesar / como no pesa la alegr&iacute;a&rdquo;<em>. </em>Para llegar ah&iacute;, p&aacute;gina 47, antes hizo falta presentar al personaje y darle un marco.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un personaje desdoblado entre una que la habita, la diurna, que entra y sale del rol previsto por la sociedad para la mujer, y ella, la de la vigilia de los ojos cerrados, que a su vez habita su mente, su pensamiento, sus sue&ntilde;os.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quiero recordar aqu&iacute;, en apoyo de la intuici&oacute;n que &Aacute;ngeles pone en boca del sujeto l&iacute;rico, la conclusi&oacute;n del gran neur&oacute;logo Rafael Llin&aacute;s, que tras muchos experimentos de laboratorio descubre lo que la poeta sabe por experiencia propia.&nbsp; Juzga Llin&aacute;s &ldquo;que cuando estamos despiertos y conscientes, en realidad estamos so&ntilde;ando&hellip;. y esos sue&ntilde;os est&aacute;n siendo dominados por los sentidos,&nbsp; que a su vez est&aacute;n gobernados por el mundo exterior. Mientras que cuando dormimos, est&aacute;n gobernados por la memoria. As&iacute;, los sue&ntilde;os son la conciencia en s&iacute; misma. Mientras que la realidad est&aacute; permeada por lo que llega de fuera&rdquo;.</p>
<p>De hecho, &Aacute;ngeles utiliza como ep&iacute;grafe para el primer apartado titulado: &ldquo;Qui&eacute;n anda aqu&iacute;&rdquo;<em>,</em> una cita de la poeta Adrienne Rich, que resume ese ver en sue&ntilde;os, dormida, que los poetas buscamos atrapar en la escritura: &ldquo;Y quiero mostrarle un poema, que es el poema de mi vida. Pero dudo, y me despierto&rdquo;. As&iacute;, unos versos de este libro dicen: &ldquo;se apaga el d&iacute;a mientras llega / la noche lenta / de la que no quiero salir&rdquo;<em>. </em>Y por la ma&ntilde;ana, le gustar&iacute;a hacer durar esa noche, por temor &ldquo;a que llegue el d&iacute;a y sus mandatos&rdquo;<em>. </em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esos mandatos que est&aacute;n muy claros, pues &ldquo;los hombres no barr&iacute;an la casa / mi hermano estaba poco en la cocina / yo hac&iacute;a la mayonesa o limpiaba el polvo para ayudar: de d&iacute;a&rdquo;<em>.&nbsp; </em>Y aunque las noches son suyas,&nbsp; de esa doble jornada sale la otra que la habita: diurna, cotidiana, tributante &ndash;que dir&iacute;a Pessoa- ; esa que padece la soledad del ama de casa: <em>con su elocuencia rota.</em> La nocturna, en cambio,&nbsp; no est&aacute; sola, pues: &ldquo;el pensamiento no deja de latir, da golpes, bulle&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya en el segundo apartado titulado &ldquo;Emboscadas&rdquo; surgen las trampas y tentaciones del entorno, y la querella con la otra que la habita, la diurna: &ldquo;Siempre est&aacute;s a disgusto con ella / con la que adentro llevas&rdquo;<em>, </em>en su faceta<em> </em>&ldquo;de chica sentimental de clase media&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero una composici&oacute;n pone las cartas sobre la mesa, y resume las conclusiones de otro sabio, Levi Straus y sus leyes de parentesco, cuando afirm&oacute; &ldquo;que las sociedades est&aacute;n estructuradas alrededor del intercambio de mujeres entre hombres&rdquo;.&nbsp; Breve pero eficaz, &ldquo;Dinero de bolsillo&rdquo;<em>,</em> est&aacute; contado desde el punto de vista de esa mercanc&iacute;a humana que es la mujer dentro de este sistema. Lo transcribo: &ldquo;Se aconseja no cotizar en bolsa. / Una mujer no aprende / el &iacute;nfimo valor de su moneda / hasta que no circula / en el devaluado / mercado de las letras / de cambio&rdquo;.</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>Tras describir a esas &ldquo;estrellas fr&iacute;as o mujeres cl&aacute;sicas llenas de orgullo y prejuicio&rdquo;, el personaje se abre en busca de otros marcos posibles, una vez que ha abandonado el estrecho molde que le estaba destinado.&nbsp; Aunque no hace falta irse muy lejos, pues como sab&iacute;an los surrealistas: hay otros mundos pero est&aacute;n en este. Depende de c&oacute;mo se habite. As&iacute;, es posible que la inspiraci&oacute;n y la palabra cuajen donde menos se lo piensa. &ldquo;No-lugares, o lugares de nada&rdquo; donde se est&aacute;, por ejemplo, mientras se lavan los platos. Lugares semejantes, se nos ocurre, al de Spinoza mientras pul&iacute;a sus lentes. Lugares sin prestigio, donde la corriente mental sigue discurriendo -armando su discurso- sin parar, porque &ldquo;escribir es un vicio que nunca se detiene&rdquo;<em>&hellip;</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El tercer apartado: &ldquo;Palabras nuestras&rdquo;, dedicado al nombrar amoroso, al compartir, homenajea esas precisas invocaciones &ldquo;con esa m&uacute;sica secreta / que esconden / los nombres del ma&ntilde;ana&rdquo;<em>.</em> Porque el amor, dicho a trav&eacute;s de ellas,&nbsp; es motor de b&uacute;squeda y esperanza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El cuarto apartado: &ldquo;Los instantes del tiempo&rdquo;, esta dedicado a esa labor de Cronos que barre, incesante, y sedimenta y abona el presente, con&nbsp; aquello mismo que derriba.</p>
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<p>Por &uacute;ltimo, el quinto apartado: &ldquo;El cuarto de afuera&rdquo;<strong>, </strong>evoca potentes escenarios de una infancia de posguerra, donde el buril de p&eacute;talos de orqu&iacute;dea trabaja sobre un p&aacute;rpado insomne. Poemas en los que con tomas precisas sugiere el entorno completo de una &eacute;poca dolorosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Ficciones para una autobiograf&iacute;a</em> es un libro donde la voz de &Aacute;ngeles Mora alcanza la dif&iacute;cil sencillez, y roza como con una gasa las heridas, que nos devuelve perfumadas. Porque&hellip; qu&eacute; duro es sufrir, pero qu&eacute; dulce haber sufrido, y sin embargo, no hay nostalgia, sino presente puro. Un libro vivo y delicado, fuerte y flexible como una vara de bamb&uacute;.</p>
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<p>&Aacute;ngeles Mora, <em>Ficciones para una autobiograf&iacute;a</em>, Madrid, Bartleby Editores, 2015.</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 15 Nov 2016 07:23:30 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gervasio Sánchez: "La autocrítica debe ser la base del periodismo"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/gervasio-sanchez-la-autocritica-debe-ser-la-base-del-periodismo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas16/noviembre/GERVASIO500.jpg" alt="" /></p>
<p>Lo ha visto todo y lo ha fotografiado todo. Y lo ha narrado todo. O casi todo, porque tiene ganas de continuar. En Chile, en Guatemala, en Argentina, en Per&uacute;, en Camboya, en Irak, en Israel, en Sarajevo, en El Salvador, que es donde comenz&oacute; a saber lo que es una guerra y a donde ha vuelto a narrar sus secuelas hasta en siete ocasiones&hellip; Tambi&eacute;n en Espa&ntilde;a, por qu&eacute; no subrayarlo, que a veces somos incapaces de ver las realidades m&aacute;s pr&oacute;ximas, aunque nos est&eacute;n estallando en la cara. Podr&iacute;a haberse colocado del lado de los grandes, pero prefiri&oacute; dar voz a las v&iacute;ctimas. Siempre tuvo claro que quer&iacute;a ser periodista &ndash;&ldquo;Si me preguntan hace treinta a&ntilde;os, habr&iacute;a dicho que el periodismo serv&iacute;a para salvar el mundo. A d&iacute;a de hoy, me sirve para salvaguardar mi propia conciencia&rdquo;, afirma&ndash;. Ha pisado con su trabajo las Naciones Unidas, y recibido premios como el Nacional de Fotograf&iacute;a (2009), el Ortega y Gasset de Periodismo en su categor&iacute;a gr&aacute;fica (2008) o el Rey de Espa&ntilde;a (2009) por la serie &ldquo;Vidas minadas&rdquo; (en la que lleva m&aacute;s de diez a&ntilde;os trabajando y para la que renunci&oacute; a los derechos de autor). Hijo adoptivo de la ciudad de Zaragoza, Enviado Especial de la UNESCO por la Paz, autor de publicaciones como &ldquo;El cerco de Sarajevo&rdquo; (1994), &ldquo;Ni&ntilde;os de la guerra&rdquo; (2000), &ldquo;Los ojos de la guerra&rdquo; (2001, junto a Manu Leguineche, otro grande del reporterismo de raza en espa&ntilde;ol), y los vol&uacute;menes que ha dado de s&iacute; el mencionado proyecto desarrollado junto a las v&iacute;ctimas de las minas antipersona. Responsable de un incontable n&uacute;mero de cr&oacute;nicas -desde la imagen, la voz y la palabra escrita- para prensa, radio y televisi&oacute;n&hellip; Gervasio S&aacute;nchez (C&oacute;rdoba, 1959), de alg&uacute;n modo se sigue considerando un principiante. Y eso es posible porque sigue enfrent&aacute;ndose a su profesi&oacute;n con la ilusi&oacute;n del primer d&iacute;a (&ldquo;Soy periodista de vocaci&oacute;n y quiero morir como periodista&rdquo;, explica tajante), que en su caso significa dignificar al excluido, al que sufre, al que peor sale parado del horror de la guerra. Hay una cuesti&oacute;n que siempre le ha acompa&ntilde;ado y es su inter&eacute;s por los desaparecidos, que ahora ha fructificado en un magno proyecto editorial y expositivo (comisariado por Sandra Balsells, y en el que ha colaborado una vez m&aacute;s con el artista Ricardo Calero y el fot&oacute;grafo Juan Manuel Castro Prieto), que se ha podido contemplar a comienzos de este a&ntilde;o y simult&aacute;neamente en El Centro de Cultura Contempor&aacute;nea de Barcelona, el MUSAC de Le&oacute;n y La Casa Encendida de Madrid. Nos encontramos con &eacute;l en este &uacute;ltimo espacio para recorrer su trayectoria vital y profesional en sentido inverso. Estos son sus titulares, plagados de referencias a personas an&oacute;nimas, que a&uacute;n le acompa&ntilde;an, que han ayudado a elevar una de las carreras period&iacute;sticas m&aacute;s personales en Espa&ntilde;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &ldquo;Desaparecidos&rdquo; es la &uacute;ltima parada en el camino hasta la fecha y su proyecto expositivo m&aacute;s ambicioso: tres espacios expositivos (Madrid, Le&oacute;n y Barcelona), doble cat&aacute;logo, dos audiovisuales, mesas redondas&hellip; &iquest;Qu&eacute; es lo que se propon&iacute;a con &eacute;l?</p>
<p>- Aunque sea el &uacute;ltimo de mis proyectos, tiene mucho que ver con el inicio de mi carrera profesional. Fue ya mientras era estudiante de periodismo en la Universidad Aut&oacute;noma de Barcelona cuando empec&eacute; a tratar el tema de los desaparecidos. En unos talleres que he celebrado recientemente ense&ntilde;&eacute; uno de los primeros art&iacute;culos que publiqu&eacute; al respecto, y estamos hablando del a&ntilde;o 1983. Posteriormente comenc&eacute; a viajar por Am&eacute;rica Latina, fundamentalmente a Guatemala, a El Salvador y a Chile, donde en 1986 publiqu&eacute;, semanas despu&eacute;s del atentado contra Pinochet, uno de mis primeros reportajes sobre sus desaparecidos. Ya entonces tuve conciencia de lo que significaba ser un desaparecido forzoso, un tema importante que no se hab&iacute;a tratado hasta ese momento con el rigor necesario. Cuando se hablaba de cualquier posguerra, era una cuesti&oacute;n que aparec&iacute;a solapada, muy desfigurada. Si se trataba de una dictadura militar, ni se pod&iacute;a mencionar la cuesti&oacute;n y, en &aacute;mbitos con gobiernos democr&aacute;ticos, ni los que estaban en el poder, ni los que los sustitu&iacute;an parec&iacute;an interesados. Durante toda la d&eacute;cada de los ochenta y la de los noventa hice muchos reportajes de este signo para diarios y dominicales. Y ya a partir de 1998, justo despu&eacute;s de presentar &ldquo;Vidas minadas&rdquo;, me di cuenta de que ya ten&iacute;a la suficiente experiencia como para plantearme un proyecto sobre los desaparecidos con un cierto peso. Las fotograf&iacute;as m&aacute;s antiguas de estas exposiciones son de ese mismo a&ntilde;o. Yo creo que la desaparici&oacute;n forzosa es mucho peor que la muerte. Por otro lado, es una tem&aacute;tica que ha atravesado toda mi trayectoria profesional.</p>
<p>- Tanto el CCCB como la Casa Encendida son dos &aacute;mbitos m&aacute;s proclives a la entrada del fotoperiodismo. No as&iacute; el MUSAC. &iquest;C&oacute;mo se les ocurri&oacute; llamar a las puertas de estos tres espacios?</p>
<p>- Pues, curiosamente, la iniciativa del proyecto parte del MUSAC, porque hay responsables muse&iacute;sticos que son valientes. Fue su primer director, Rafael Doctor, en 2005, un mes despu&eacute;s de que inaugurase el centro, el que me llam&oacute; y me ofreci&oacute; su espacio para exponer este proyecto del que yo ya le hab&iacute;a hablado mientras &eacute;l estuvo trabajando en Madrid en La Casa de Am&eacute;rica y donde a m&iacute; ya me hab&iacute;a propuesto hacer un trabajo que yo por entonces no termin&eacute; de ver claro. Cuando me invit&oacute; a entrar en Le&oacute;n, yo me qued&eacute; muy sorprendido, pues siempre he dejado claro que soy un fotoperiodista. La tendencia de los directores de museo es a tratarnos como si fu&eacute;ramos la &uacute;ltima escoria de la fotograf&iacute;a, como si fu&eacute;ramos su pariente pobre. Y luego, curiosamente, nuestras exposiciones las visitan muchas m&aacute;s personas, producen mucho m&aacute;s impacto, son muy bien valoradas&hellip; Por eso creo que Doctor fue muy valiente al ofrecerle a un fotoperiodista como yo un espacio como el MUSAC para exponer su trabajo. Y fue &eacute;l el que convenci&oacute; a Jos&eacute; Guirao para llegar a La Casa Encendida, y el que, en charlas con &eacute;l y con Agust&iacute;n P&eacute;rez Rubio, el actual director del MUSAC, propuso buscar una tercera sede. &iexcl;Yo no sab&iacute;a si iba a estar a la altura de las circunstancias! Me propusieron el CCCB, que era un sitio que ya conoc&iacute;a bien porque hab&iacute;a expuesto all&iacute;. Y esa es la singularidad del proyecto, que tiene tres espacios y contenidos distintos.</p>
<p>- &iquest;Y por qu&eacute; era mejor exponer simult&aacute;neamente en tres sedes en lugar de hacer una gran exposici&oacute;n itinerante?</p>
<p>- Exposiciones m&aacute;s grandes de las que puedan realizarse en el MUSAC o en el CCCB, es dif&iacute;cil planificarlas. El Ministerio de Cultura se plantea ahora hacerme una antol&oacute;gica, resultado del Premio Nacional de Fotograf&iacute;a que me otorgaron recientemente, y eso ser&aacute; una gran exposici&oacute;n. Pero los tres espacios de &ldquo;Desaparecidos&rdquo; funcionan muy bien entre s&iacute;. No comparten ninguna fotograf&iacute;a, aunque s&iacute; la misma divisi&oacute;n por apartados. Y creo en el impacto que provoca lo de las sedes compartidas. De hecho, se est&aacute; pensando en una itinerancia para la muestra. Estamos en un momento cr&iacute;tico econ&oacute;micamente hablando, pero hay mucha gente interesada en el fotoperiodismo y en estas tem&aacute;ticas que abordo, mucha gente, cr&eacute;eme; y el asunto del dinero est&aacute; salvaguardado porque las muestras est&aacute;n ya producidas. Y me gustar&iacute;a que con este proyecto ocurriera como con &ldquo;Vidas minadas&rdquo;, que en estos d&iacute;as ha vuelto a inaugurar una nueva entrega en Honduras. Yo quiero que las exposiciones se puedan ver. Porque aunque la gente del mundo del arte se crea que los ciudadanos se mueven de un lado para otro, de una ciudad a otra para visitar sus maravillosos museos, eso es totalmente falso. Y la gente de Barcelona no va a Madrid a ver una exposici&oacute;n o viceversa. Van como mucho a ver un partido contra el Madrid o el Barcelona. Se hacen pocas coproducciones de este calado en Espa&ntilde;a. Y en &eacute;poca de crisis, de lo que se trata es de darle al coco. Prima m&aacute;s lo de tirarse el pisto y decir que fuiste el primero que te trajiste a no s&eacute; qui&eacute;n desde el extranjero.</p>
<p>- Las muestras incluyen, a modo de ep&iacute;logo, un apartado especial dedicado a Espa&ntilde;a. A veces lo m&aacute;s cercano es de lo que m&aacute;s nos cuesta percatarnos&hellip;</p>
<p>- Yo he empezado a trabajar con Espa&ntilde;a muy tarde, desde 2008, pero s&iacute; movido un poco por la indignaci&oacute;n por la situaci&oacute;n que vivimos aqu&iacute;. Tras 35 a&ntilde;os de democracia, los pol&iacute;ticos de este pa&iacute;s han sido incapaces de desarrollar un proyecto en profundidad sobre la b&uacute;squeda de los desaparecidos de la guerra civil espa&ntilde;ola y la posguerra. Yo siento verg&uuml;enza por nuestra clase pol&iacute;tica. Son todos unos cobardes, independientemente de su ideolog&iacute;a. Analizando la realidad nacional en fr&iacute;o, me di cuenta de que aqu&iacute; hab&iacute;a cosas mucho peores que en Guatemala, en Colombia o en Bosnia, pa&iacute;ses se supone que del Tercer Mundo. En &ldquo;Desaparecidos&rdquo;, este asunto se contempla como un ep&iacute;logo, pero ya estoy empezando a trabajar en un proyecto que se llamar&aacute; &ldquo;Desaparecidos en Espa&ntilde;a&rdquo;. Espero que dentro de cinco o seis a&ntilde;os se pueda presentar. Me siento obligado a hacerlo por ser un tema absolutamente olvidado. La democracia barri&oacute; con todo este dolor. Los familiares siempre te dicen que hubieran preferido encontrar el cuerpo de su familiar, incluso destrozado o irreconocible, antes que vivir el drama de a&ntilde;os de silencio y b&uacute;squeda.</p>
<p>- Uno de los talleres de &ldquo;Desaparecidos&rdquo; se ocup&oacute; de c&oacute;mo el espacio de los medios de comunicaci&oacute;n es cada vez m&aacute;s limitado para este tipo de contenidos, lo que obliga a buscar otros soportes. Deber&iacute;amos explicar ambas afirmaciones.</p>
<p>- Los grandes medios se han olvidado de estas cuestiones porque hace mucho tiempo que dejaron de ser los vigilantes del poder para convertirse en sus amigos. Han dejado de creer en los principios b&aacute;sicos del periodismo, y muchos de sus responsables no tienen agallas para enfrentarse al estamento econ&oacute;mico y al poder pol&iacute;tico, y est&aacute;n all&iacute; para aceptar cualquier prebenda que se les presente sin girar la cara. S&oacute;lo eso explica que muchos temas ya no est&eacute;n en la agenda de los grandes medios. Se dice que es la audiencia la que no est&aacute; interesada. Eso es absolutamente falso. Los temas sociales siempre han sido demandados por el gran p&uacute;blico. Pero tienen que estar bien hechos y bien analizados. Por otro lado, los medios tienen vetados determinados espacios a determinados temas. Por ejemplo, los dominicales a penas dedican espacio a este tipo de asuntos porque las marcas de publicidad que en ellos se anuncian imponen una serie de normas de estilo. Y nadie va a decir que esto no es verdad. No les interesa aparecer al lado de historias duras, de historias sobre el dolor, sobre gente desaparecida, sobre mujeres violadas&hellip; Y cuando se incluyen, se hace de una forma muy vaga y difusa. Se buscan formas est&eacute;ticas de representar la violencia o el dolor y muy pocas veces van al grano. Una de las cosas incre&iacute;bles que me han pasado a m&iacute; fue a ra&iacute;z de la prepublicaci&oacute;n en el magazine de La Vanguardia del contenido de estas exposiciones, un reportaje de portada y con doce p&aacute;ginas interiores. La gente me felicit&oacute; por romper la t&oacute;nica de los dominicales que ya no se hacen eco de temas como &eacute;ste y que cuando lo han hecho han sido valorados y han gustado, a pesar de ser temas duros. Hay una contradicci&oacute;n entre lo que quieren los directores de los medios y lo que quieren sus lectores.</p>
<p>- &iquest;Pero los nuevos soportes son la soluci&oacute;n?</p>
<p>- Te voy a ser sincero: yo cada vez que presento una exposici&oacute;n, intento por todos los medios que tenga repercusi&oacute;n en la prensa escrita, la televisiva y la radiof&oacute;nica. Esta muestra ha sido muy visitada, quiz&aacute;s por 20.000 personas durante el primer mes desde que abri&oacute; sus puertas. Sin embargo, un dominical alcanza a dos millones de personas. Tienes que hacer el esfuerzo de venir a ver una exposici&oacute;n. En Barcelona incluso hay que pagar por hacerlo. Eso no significa que todo el mundo que ve el dominical lo entiende, lo lee o le interesa, pero hay una especie de cercan&iacute;a. Yo soy periodista y creo que las historias deben aparecer reflejadas en la prensa. Eso s&iacute;, yo exijo un respeto sobre mi trabajo a aquellos medios con los que publico. &ldquo;Desaparecidos&rdquo; ha tenido eco en muchas redes de Internet. Eso es importante. Pero Internet ha creado una idea equivocada y es la de que todo es gratuito. Y por ese camino no vamos a ninguna parte. Este es un trabajo de trece a&ntilde;os. No todos los medios pueden pagarlo, pero s&iacute; deben pagar por el reportaje publicado. Hay que buscar un equilibrio que, hoy por hoy, no existe en la Red, pues pone en entredicho la posibilidad de trabajar para mucha gente. Todo corre m&aacute;s r&aacute;pido en la web, pero es m&aacute;s complicado recuperar el feedback. Que te paguen es lo que te permite seguir trabajando.</p>
<p>- Usted lo ha dicho: es periodista. Sin embargo,&nbsp; quiz&aacute;s se le conozca menos por sus reportajes y sus cr&oacute;nicas y m&aacute;s por su labor como fotorreportero.</p>
<p>- Es relativo eso de que soy menos conocido como periodista de prensa escrita y radiof&oacute;nica. Se debe a la tendencia de los medios de Madrid y Barcelona, sobre todo de los primeros, a creerse que solo existen ellos. Eso es falso de solemnidad. De hecho, la mejor prensa que hay en Espa&ntilde;a es la regional. De lejos. Yo siempre he trabajado para diarios regionales. El verano pasado me llamaron para dar una clase magistral en los cursos de verano en Santander, algo a lo que invitan a gente del rango de Vargas Llosa y muchos otros por encima de m&iacute;. Me preguntaron que qu&eacute; cargo me pon&iacute;an, y yo les dije que periodista del <em>Heraldo de Arag&oacute;n</em>. &ldquo;&iquest;<em>Heraldo de Arag&oacute;n</em>?&rdquo;, me respondieron. &ldquo;S&iacute;. &iquest;Cu&aacute;l es el problema?&rdquo;, les contest&eacute;. Es la cabecera con la que trabajo desde marzo de 1987.&nbsp; All&iacute; jam&aacute;s me han tocado ni una sola l&iacute;nea, algo seguro imposible en los grandes diarios de Madrid. Eso significa que no soy conocido como periodista para el que no ha querido conocerme. He trabajado para La Vanguardia, para El Pa&iacute;s, que ha tenido que publicar cr&oacute;nicas m&iacute;as con el copyright de El Heraldo de Arag&oacute;n, lo que no deja de tener su gracia&hellip; Estudi&eacute; en la universidad cinco a&ntilde;os de periodismo y jam&aacute;s hice un curso de fotograf&iacute;a. Y me gustar&iacute;a hacer alg&uacute;n d&iacute;a alg&uacute;n curso en profundidad sobre periodismo literario. Y he trabajado en radio para la SER y para otros medios. Lo que es raro es que un freelance como yo pueda desplegarse en variedades de periodismo tan diversas. Es algo posible. El problema es que tienes que trabajar tres veces m&aacute;s.</p>
<p>Le habr&aacute;n preguntado mil veces por qu&eacute; eligi&oacute; esta profesi&oacute;n que compartimos, pero casi me interesa m&aacute;s saber c&oacute;mo se decant&oacute; por el reporterismo de guerra&hellip;</p>
<p>Yo soy periodista, de vocaci&oacute;n y de oficio. Empec&eacute; a trabajar desde muy joven. Y mi sue&ntilde;o desde siempre fue el de viajar. De ni&ntilde;o me encantaba memorizar las capitales del mundo; me las sab&iacute;a todas, y por eso mi idea era recorrerlas. Cre&iacute;a que los periodistas conoc&iacute;an mundo porque viajaban mucho. Luego te das cuenta que de lo que viajan es de aeropuerto en aeropuerto, que es lo &uacute;nico que conocen, y de hotel de cinco estrellas en hotel de cinco estrellas. Hay que tratar bien a sus se&ntilde;or&iacute;as para que no se hernien. Yo era el &uacute;nico de mis compa&ntilde;eros de instituto en los a&ntilde;os setenta que iba a clase con un peri&oacute;dico. Es verdad que era un diario deportivo, entono el mea culpa. Pero ten&iacute;a muy claro a lo que me quer&iacute;a dedicar y en lo que me quer&iacute;a especializar. Es como lo del tema de los desparecidos. Era algo que ha estado siempre en mi cabeza. Lo que necesitaba era que llegara el momento de poder desarrollarlo. Porque ese es el gran problema de esta profesi&oacute;n: que es un oficio con muchos, muchos obst&aacute;culos. Para esto es importante tener paciencia, creer en lo que haces, saber que va a ser para siempre, que no hay vuelta atr&aacute;s y que se es periodista las 24 horas del d&iacute;a.&nbsp;</p>
<p>Rechaza la etiqueta de &ldquo;periodismo comprometido&rdquo;. &iquest;Eso es porque todo periodismo deber&iacute;a serlo?</p>
<p>Es una etiqueta que me molesta mucho. Yo soy un periodista. Punto. El periodismo es compromiso. Por eso me enciende cuando compa&ntilde;eros prostituyen y pisotean los principios b&aacute;sicos del periodismo. Porque me acuerdo de mis otros compa&ntilde;eros muertos por hacer aquello en lo que creyeron. El periodismo es algo tan necesario para la sociedad como la sanidad y la educaci&oacute;n. Una sociedad sin buen periodismo est&aacute; absolutamente mermada y es muy f&aacute;cilmente manipulable.</p>
<p>Es muy cr&iacute;tico con los grandes medios. &iquest;C&oacute;mo se relaciona con los que trabaja?</p>
<p>Es b&aacute;sico el respeto. Y no a m&iacute;, como persona, que se da por descontado, sino a los protagonistas de mis historias. Por esta cuesti&oacute;n yo he dejado de colaborar con medios muy conocidos. Mis protagonistas son las grandes v&iacute;ctimas de los conflictos armados, los grandes olvidados y la &uacute;nica verdad incuestionable de una guerra. El d&iacute;a en el que alguno de los medios con los que trabajo cambien de direcci&oacute;n, u ocurra algo que me molesta, buscar&eacute; otros lugares sin problemas. Y no se trata de crearse un top de medios. El fin no es trabajar para el m&aacute;s grande. Yo me siento orgulloso de colaborar con la prensa regional. Me ha dado muchas ventajas, y viceversa, porque yo soy muy generoso con la gente que me respeta.</p>
<p>Ha dicho que nunca hizo un curso de fotograf&iacute;a, pero jugaba con ventaja, y es que aprendi&oacute; junto a los m&aacute;s grandes del oficio.</p>
<p>Tuve la suerte de encontrarme en el camino con los mejores fot&oacute;grafos del mundo, que, y aunque parezca contradictorio, suelen ser los m&aacute;s humildes.&nbsp; Hay una tendencia en el mundo del periodismo y la fotograf&iacute;a, y es que, cuando te vas haciendo mayor y vas teniendo poder, te conviertes en un ego&iacute;sta y un prepotente. Esos &ldquo;profesionales&rdquo; son los menos interesantes, los m&aacute;s mediocres. El problema es que hay demasiados mediocres en puestos de responsabilidad y en todos los &aacute;mbitos. Pero es que para controlar un poder son necesarias personas que no sean contestatarias. Yo aprend&iacute; mucho dejando de hacer mi trabajo y viendo como trabajaban estos grandes fot&oacute;grafos. Les ped&iacute;a consejo, y a veces sus respuestas eran dur&iacute;simas. Pero eso me sirvi&oacute; para ser muy autocr&iacute;tico conmigo. Esa, sin contemplaciones, es la base del periodismo. Sobre todo cuando empieza a llegar la cosecha de premios, que a la gente joven le hace polvo y a la mayor les vuelve hip&oacute;critas. Como dice un amigo m&iacute;o, cuando est&eacute;s subiendo las escaleras, saluda a los que est&aacute;n bajando porque quiz&aacute;s alg&uacute;n d&iacute;a te los encuentres en el camino de vuelta. He tenido la suerte de encontrarme sobre el terreno con gente con muy buena onda.</p>
<p>Afirma que la primera v&iacute;ctima de una guerra es la verdad. Y sus depositarias suelen ser las v&iacute;ctimas&hellip;</p>
<p>Eso lo dijo un senador norteamericano en los a&ntilde;os veinte. &iexcl;Ni siquiera lo dijo un periodista! &iexcl;Tuvo que ser un pol&iacute;tico el que expresara una verdad como un templo!</p>
<p>Cuando uno estudia la carrera de periodismo le repiten una&nbsp; otra vez que debe ser objetivo. Con materiales tan sensibles como estos, eso es complicado.</p>
<p>Pero, vamos a ver, &iquest;c&oacute;mo se le puede pedir ser objetivo a una persona que ocupa la mayor parte de las veces el &uacute;ltimo puesto del escalaf&oacute;n, cuando el medio para el que trabaja no lo es? Los medios se pasan por el arco la objetividad todos los d&iacute;as; no tienen valent&iacute;a ni agallas para enfrentarse a los poderes f&aacute;cticos. &iexcl;La objetividad es un absurdo en el mundo del periodismo! Es una palabra que habr&iacute;a que desterrar de los planes de estudio. Lo que hay que ser es riguroso. Siempre. Siempre. En esto, como en todo, como te pillen una vez, la cagaste para toda la vida. Y ya puedes luego hacer cien buenas acciones. Ni subir&aacute;s, ni bajar&aacute;s escalones. Te quedar&aacute;s ah&iacute;. Si no tienes seguridad en la noticia que vas a dar, no la des. Es un consejo que doy a los nuevos periodistas, pero tambi&eacute;n a muchos expertos.</p>
<p>Es cierto que no tenemos una clase pol&iacute;tica como para estar orgullosos de ella. Pero la sociedad civil tampoco hace nada por desperezarse. &iquest;Qu&eacute; est&aacute; fallando?</p>
<p>El nivel pol&iacute;tico en Espa&ntilde;a est&aacute; por los suelos. Y no es que lo diga yo. Solo hay que ver las respuestas a las encuestas cuando se le pregunta a la gente que valore a sus pol&iacute;ticos. &iexcl;No aprueba ni el que est&aacute; a punto de ganar unas elecciones por mayor&iacute;a absoluta! Y hay otro problema grave y es que, como dec&iacute;a antes, los medios de comunicaci&oacute;n han dejado de hacer su trabajo. No crean opini&oacute;n y van a trancas y barrancas de los temas. En todos los medios hay tres o cuatro periodistas de referencia que escriben al dictado. El otro d&iacute;a le le&iacute;a a uno de ellos que Espa&ntilde;a iba a dejar de vender armas a Libia. La pregunta que hab&iacute;a que hacerse era: &ldquo;&iexcl;Ah! &iquest;Pero es que le vend&iacute;amos armas a Libia?&rdquo;. &iexcl;Si no se puede! &iexcl;Si la ley internacional lo impide! &iquest;Por qu&eacute; ese mismo periodista no cont&oacute; un a&ntilde;o antes que vend&iacute;amos armas a Libia? Todo eso confunde a la opini&oacute;n p&uacute;bica. Los medios se dedican a hacer entrevistas pactadas. &iexcl;Hay personajes a los que no se le deber&iacute;a dejar vivo period&iacute;sticamente hablando cuando se enfrentan a una rueda de prensa! &iquest;C&oacute;mo es posible que a los protagonistas ya no se les pregunte por los temas de agenda, los de obligaci&oacute;n? Ahora te piden el cuestionario para ver si van a tu tele o a tu radio, &iexcl;o no te dejan hacer preguntas en las ruedas de prensa! Eso es la ant&iacute;tesis del periodismo. Finalmente, lo que est&aacute; claro es que la gente solo se mueve por cosas que le tocan de lleno. La mayor parte de los conflictos armados, el sufrimiento humano, est&aacute;n muy alejados de nuestras vidas. Lo que nos preocupa del Magreb es si nos van a dejar sin petr&oacute;leo. A nadie le interesa por qu&eacute; occidente ha estado vendiendo armas y haciendo negocio con todos estos cafres y dictadores. Nadie entra al debate. Se&ntilde;ores, &iexcl;en 2007, Gadafi estuvo en Sevilla y todo el mundo fue all&iacute; a bajarse los pantalones! Desde 2004, el gobierno del &ldquo;no a la guerra&rdquo; ha cuadruplicado la venta de armas al extranjero. Se ha pasado de 450 millones a 1.800 millones de inversi&oacute;n. Y para saber eso no hay m&aacute;s que meterse en Google y poner &ldquo;venta armas Espa&ntilde;a&rdquo;. &iexcl;Si encima son cifras oficiales! Luego las universidades est&aacute;n en paro mental. No hay debate. La prensa, bajo m&iacute;nimos. La situaci&oacute;n es muy complicada como para ver una salida.</p>
<p>Hablando as&iacute;, &iquest;No se ha visto tentado por la pol&iacute;tica, la verdadera pol&iacute;tica?</p>
<p>No. A m&iacute; lo &uacute;nico que me interesa es el periodismo. Y as&iacute; ser&aacute; hasta que me muera. Mi sue&ntilde;o es morir ejerciendo esta profesi&oacute;n. Para que yo hiciera pol&iacute;tica habr&iacute;a que cambiar la estructura de los partidos. Habr&iacute;a que cambiar a los responsables de esos partidos. Y habr&iacute;a que transformar las perspectivas para que la gente se viera interesada por la pol&iacute;tica. Los propios pol&iacute;ticos se han cargado la pol&iacute;tica. Han defraudado tanto que la gente cree que pol&iacute;tica es sin&oacute;nimo de corrupci&oacute;n y mentira.</p>
<p>Usted lleva m&aacute;s de 25 a&ntilde;os viviendo la guerra de cerca. &iquest;Ha cambiado en algo la manera de hacerla?</p>
<p>Ha cambiado m&aacute;s la manera de narrarla. En la guerra se sigue matando igual que siempre. Ahora hay m&aacute;s armas, pero las v&iacute;ctimas siguen siendo las mismas, los combatientes no saben por qu&eacute; combaten, las personas no saben por qu&eacute; mueren, las mujeres no saben por qu&eacute; son violadas y los ni&ntilde;os no saben por qu&eacute; tienen un fusil en las manos. Nadie te responde con argumentos a estas cosas. Lo que s&iacute; ha cambiado es la manera de transmitir la guerra, porque las nuevas tecnolog&iacute;as permiten que todo corra mucho m&aacute;s deprisa. La pregunta clave es si esto es mejor o peor. Los listos de turno te dir&aacute;n que mejor. Yo, que soy bastante m&aacute;s esc&eacute;ptico, creo que las nuevas tecnolog&iacute;as han beneficiado mucho, pues no es lo mismo tener que vagar dos horas por una ciudad, como me ha pasado a m&iacute; en Sarajevo para mandar una cr&oacute;nica, que hacerlo desde la habitaci&oacute;n de un hotel. Juro que prefiero lo segundo. Antes hab&iacute;a que jugarse la vida y gestionar durante horas ese tel&eacute;fono al que hab&iacute;a que llegar al final del d&iacute;a. Muchos compa&ntilde;eros est&aacute;n muertos o fueron heridos por eso mismo.&nbsp; Pero la facilidad de ahora lleva a que no se le d&eacute; importancia a lo que se hace. Antes hab&iacute;a que revelar los rollos. Llevarte contigo esos paquetes de fotos. Y sab&iacute;as que el n&uacute;mero de disparos era limitado. Hoy tiran y tiran y tiran. Y el resultado es muy reiterativo. Todo el mundo est&aacute; obsesionado con ser el primero, y como dec&iacute;a Garc&iacute;a M&aacute;rquez, el bueno no es el que primero escribe algo, sino el que mejor lo elabora. Y los periodistas se han convertido en protagonistas. Los que ahora est&aacute;n cubriendo cuestiones como Egipto y Libia son muy j&oacute;venes, f&aacute;cilmente manipulables; las coberturas han ca&iacute;do de calidad, y en televisi&oacute;n las han convertido en puro espect&aacute;culo. Todo esto va en contra del periodismo en el que yo creo.</p>
<p>Tal vez podemos decir que todas las guerras son iguales, pero no que todas las v&iacute;ctimas son iguales.</p>
<p>Como ocurre en todas las guerras, hay v&iacute;ctimas de primera, de segunda y de tercera categor&iacute;a. Y las historias de unos se transmiten y las de los otros no. Y guerras medi&aacute;ticas con v&iacute;ctimas medi&aacute;ticas pasan a convertirse en olvidadas en cuanto dejan de interesar. Lo de Irak no es nuevo. Tiene 30 a&ntilde;os, como sus v&iacute;ctimas. El otro d&iacute;a me preguntaban: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; es peor, que te desaparezca un hijo o cinco?&rdquo;. Pues depende de si esa madre tiene diez o un hijo. Pero tampoco se puede hacer categor&iacute;as con el dolor. Cada persona que muere, que es herida, que no alcanza un objetivo, se convierte en una historia inconclusa.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&iquest;No est&aacute; demasiado idealizada la figura del reportero de guerra?</p>
<p>A m&iacute; me pone fren&eacute;tico el hecho de que se identifique a los periodistas como tal. Yo soy una persona normal y corriente, y si me ves por la calle, no sabr&iacute;as a qu&eacute; me dedico. Hago un trabajo de lo m&aacute;s sencillo. Y cuando me dicen que es peligroso trabajar en una zona de conflicto siempre les digo que es mucho m&aacute;s peligroso trabajar en la secci&oacute;n de local de un peri&oacute;dico. Si yo titulo &ldquo;Gadafi es un criminal&rdquo;, eso no lo toca nadie. Pero intenta titular donde quieras que el corrupto es un banquero o di que habr&iacute;a que investigar la pol&iacute;tica de contrataci&oacute;n de esta u otra empresa. A ver qui&eacute;n se atreve. Los periodistas de ese tipo de secciones est&aacute;n condenados a ser golpeados, a ser censurados y a perder su trabajo. Por trabajar en local o en econom&iacute;a, no en internacional. Hay que colocar a cada uno en su sitio y devaluar esa especie de actitud de que la especializaci&oacute;n en conflictos armados es mejor o peor que otras especialidades. Yo he visto en zonas de conflicto periodistas muy buenos y periodistas muy malos, como en econom&iacute;a o deportes. Profesionales que no se dejan envenenar y otros que escriben al dictado.</p>
<p>Pero el desgaste debe ser distinto. &iquest;C&oacute;mo se sabe cu&aacute;ndo se debe parar?</p>
<p>Un vicio de los periodistas en general es hablar m&aacute;s de uno mismo que de lo que ocurre. Y debemos ser conscientes de que cuando te especializas en algo lo haces con todas las consecuencias. En ello habr&aacute; momentos muy positivos y momentos muy amargos; momentos de gran impacto emocional, en los que ver&aacute;s morir gente, a un amigo, o porque haces un muy buen trabajo. Sin embargo, no entiendo que no se llegue a sentir el impacto del dolor de las v&iacute;ctimas. Si no es as&iacute;, jam&aacute;s podr&aacute;s transmitir con decencia. Por muchas fotos que hagas y muchos textos magn&iacute;ficos que escribas y muchos premios que te den. Y una profesi&oacute;n como &eacute;sta es un camino sin retorno. Si sales ser&aacute; para sentirte mal, pensar que eres un incomprendido, que nadie te entiende&hellip;</p>
<p>&ldquo;Vidas minadas&rdquo; es, lamentablemente, un proyecto inacabado. No s&eacute; si es el que mejor lo define. Siempre ha dicho que tiene un hijo natural y cuatro m&aacute;s&hellip;</p>
<p>Eso lo dije cuando me dieron un premio pero era para establecer un s&iacute;mil con una realidad. Hab&iacute;a que hablar poco, y dije cosas muy potentes y a trav&eacute;s de im&aacute;genes que la gente pod&iacute;a entender. En ese momento se cumpl&iacute;a el cuarenta aniversario de la muerte de Luther King, que tambi&eacute;n ten&iacute;a cuatro hijos, y ech&eacute; mano de algunas de sus frases. &Eacute;l ten&iacute;a cuatro hijos y yo puedo considerar como tales a los protagonistas de &ldquo;Vidas minadas&rdquo;. Porque aunque me pase a&ntilde;os sin verlos, yo s&eacute; que me van a recibir con el mismo calor cuando llegue ma&ntilde;ana, y cuando pasen cosas importantes en sus vidas, me van a llamar despu&eacute;s de a sus familiares. Es importante relacionarse con la gente con la que trabajas. Todo el mundo tiene derecho a labrarse una identidad. Dec&iacute;a Kapuscinski que el que no est&aacute; dispuesto a conocer la historia de otra persona sobre el terreno no tiene mucho derecho a explicarla. &ldquo;Vidas minadas&rdquo; era una contestaci&oacute;n a todo esto. Un proyecto en el que intentaba contar las cosas de otra manera, como dec&iacute;a John Berger, porque hay que saber vincularse a las historias, llenarse de barro, dejarse golpear por el dolor. &Uacute;nicamente as&iacute; sabr&aacute;s transmitir no s&oacute;lo con decencia, sino tambi&eacute;n con cierta singularidad. Ese proyecto me ha dado muchos dolores de cabeza, pero tambi&eacute;n muchas satisfacciones. Es parte de mi esencia. Y creo humildemente que ese trabajo nos ha ense&ntilde;ado a entender de otra forma el dolor ajeno.</p>
<p>Cita a Kapuscinski. &iquest;Es un autor de cabecera?</p>
<p>Yo lo conoc&iacute; personalmente. En el &uacute;ltimo a&ntilde;o ha habido mucha pol&eacute;mica con su manera de trabajar, su biograf&iacute;a, que yo la he le&iacute;do de punta a punta. Me ha dejado un mal sabor de boca el sensacionalismo que se ha hecho con algunas partes. El libro no defenestra tanto a Kapuscinski como se ha dicho, pero s&iacute; que lo deja en una situaci&oacute;n complicada. &Eacute;l sigue siendo una persona que ha escrito grandes p&aacute;ginas del periodismo, que ha hecho grandes reflexiones, y esto es como cuando lees a C&eacute;line. Ser&iacute;a un fascista, un gran hijo de puta por su manera de pensar, pero escribi&oacute; libros maravillosos. Yo siento cierta amargura por haberme enterado de cosas de Kapuscinski que no me gusta que hayan pasado. Pero eso no quita para que considere que ha sido una de las personas que m&aacute;s ha pensado sobre esta realidad nuestra. &Eacute;l ha acercado las grandes cuestiones de nuestro tiempo al ciudadano medio. Y lo hizo con elegancia, paciencia y dedicaci&oacute;n.</p>
<p>&ldquo;Cuando tenga 64 a&ntilde;os podr&eacute; decir Yo he sido corresponsal de guerra&rdquo;. &iquest;C&oacute;mo le definimos hasta entonces?</p>
<p>Cada vez me topo con m&aacute;s gente que se autodenomina &ldquo;reportero de guerra&rdquo;. Pero el hecho de irte un d&iacute;a a cubrir un conflicto, ver a unos soldaditos heridos y escuchar un boom de lejos, no te transforma en un reportero de guerra. Sin embargo, hay gente a la que le sucede esto. Yo que he estado en muchas guerras, que ser&iacute;a de los pocos en los que no rechinar&iacute;an estas palabras, prefiero declinar la invitaci&oacute;n para que la gente reflexione sobre lo que significa este oficio de verdad. Porque este es un oficio para toda la vida. Y mientras no te tires 40 a&ntilde;os haciendo un trabajo no te especializas en &eacute;l. Adem&aacute;s, como ahora nos vamos a jubilar a los 67, todav&iacute;a tendr&eacute; que esperar m&aacute;s a&ntilde;os para poder decirlo.</p>
<p>Apuntaba antes que se pueden hacer mil cosas en la vida, todas buenas, pero que como hayamos hecho una mala, o regular, &eacute;sa ser&aacute; nuestra penitencia. Usted siempre ser&aacute; el que sac&oacute; los colores a m&aacute;s de uno con su discurso al recibir el Premio Ortega y Gasset&hellip;</p>
<p>Cualquier persona que me conozca desde hace d&eacute;cadas sabr&aacute; que yo, siempre que me han dado un premio, he hablado alto y claro. El primero me lleg&oacute; en 1994. Era el de la Asociaci&oacute;n de la Prensa de Arag&oacute;n, y tambi&eacute;n saltaron chispas. Solo hay que leer el pr&oacute;logo de mi libro sobre Sarajevo. O el de &ldquo;Vidas minadas&rdquo;&hellip; No estoy cambiando de discurso. Siempre me he sentido obligado a hablar en nombre de los que no pueden. Cuando me invitan a dar charlas siempre procuro llevarme a alguno de los chicos, que sean ellos los protagonistas. Yo s&oacute;lo soy un intermediario. Lo que ocurre con el Ortega y Gasset es que tiene m&aacute;s impacto medi&aacute;tico por venir de quien viene. Pero yo siempre he hablado igual. Se trata de adecuarte al espacio que tengas. Ese d&iacute;a me pas&eacute; porque ten&iacute;a un minuto, que en realidad era para agradecer el premio, y emple&eacute; cuatro. Y yo considero que mi discurso no fue el m&aacute;s fuerte de los que se leyeron en esa ocasi&oacute;n, ni mucho menos.</p>
<p>&nbsp;&iquest;Ense&ntilde;a algo la guerra?</p>
<p>La guerra nos ense&ntilde;a a que el hombre no puede vivir sin ella. Vivimos sometidos a ella desde tiempos inmemoriales. No se conoce periodos de la Historia en los que hayamos renunciado a ella. Y los europeos hemos sido maestros dando lecciones de brutalidad. Somos los grandes inventores de los mayores dramas de la humanidad. Lo &uacute;nico que le sale bien al hombre es matar. Al hombre le gusta matar. Y al que lo niegue es que no tiene ni idea de lo que pasa en una guerra. Porque uno no mata aqu&iacute;. Mata rodeado de otro tipo de circunstancias y condiciones. Y lo hace cuando todo se desmorona, cuando se tiene que defender, cuando te manipulan. Pero en la guerra tambi&eacute;n hay gente que muere por no matar, y eso es lo &uacute;nico que nos salva. Gente desconocida y sin nombre, pero valiente y con honor. Gente a la que nunca se le da premios. Es m&aacute;s cobarde matar. No hacerlo es ser muy heroico. Hay que acabar con ese desequilibrio. Y luego la guerra es un gran negocio, y como es un gran negocio, dif&iacute;cilmente desaparecer&aacute;.&nbsp;</p>
<p>Tengo que preguntarle por los seminarios de fotograf&iacute;a de Albarrac&iacute;n, que dirige y que ya tienen m&aacute;s de una d&eacute;cada de existencia.</p>
<p>Es sorprendente que un lugar tan alejado del mundanal ruido de Madrid y de Barcelona pueda tener tanto atractivo para la gente. All&iacute; se empez&oacute; de cero, de una fundaci&oacute;n, la Santa Mar&iacute;a de Albarrac&iacute;n, cuyo comportamiento es incontestable desde mi punto de vista. Admiro su &eacute;tica, la de una instituci&oacute;n que es capaz de contar con toda una serie de personas para conseguir que ese lugar no se deteriore, ni se destruya; que ha luchado para que las restauraciones sean lo m&aacute;s cercanas a ese maravilloso entorno; que nadie se aprovechara de esa actividad; y que los resultados fueran de acceso p&uacute;blico y no cayeran en manos privadas. Ellos han sido capaces de montar seminarios tan importantes de todo tipo relacionados con la cultura y el arte. El nuestro atrae a tanta gente en buena parte debido a esto: 300 alumnos el a&ntilde;o pasado matriculados, 150 fuera&hellip; Ahora tenemos hasta cuatro salas para las charlas y empezamos con una. Tenemos que usar un circuito interno de c&aacute;maras para que lleguen a todo el mundo. Son conocidos, y la gente est&aacute; encantada cuando les llamo para participar en ellos. Las instalaciones son magn&iacute;ficas, como la actitud de la fundaci&oacute;n&hellip; Es un lugar interesante al que viene mucha gente con ganas de aprender fotograf&iacute;a.</p>
<p>&iquest;Y ahora qu&eacute;?</p>
<p>Tengo trabajo para unos cuantos a&ntilde;os. Voy a seguir el tema de los desaparecidos en Espa&ntilde;a. Estoy ocupado tambi&eacute;n con un proyecto sobre Afganist&aacute;n, que a&uacute;n est&aacute; en pa&ntilde;ales, pero que quiero que vea la luz en 2013 o 2014, cuando los occidentales se hayan marchado del pa&iacute;s habi&eacute;ndolo dejado hecho una mierda, poder presentar el resultado de su fracaso. Sigo con &ldquo;Vidas minadas&rdquo;. Me gustar&iacute;a presentar en 2022 sus 25 a&ntilde;os. Y seguir haciendo periodismo de actualidad, que me interesa mucho.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 14 Nov 2016 13:05:22 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA rinde homenaje a Ramón Acín]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-rinde-homenaje-a-ramon-acin/</link>
      <description><![CDATA[<p class="Textoindependiente21" align="center"><img style="float: left;" src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2016/acin500.jpg" alt="" />&nbsp;&nbsp; <strong></strong></p>
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<p class="Textoindependiente21" style="text-align: left;" align="center"><strong>LA REVISTA EN HUESCA EL PR&Oacute;XIMO 22 DE NOVIEMBRE</strong></p>
<p>La revista TURIA se present&oacute; por la escritora Clara Us&oacute;n en la Diputaci&oacute;n de Huesca el martes 22 de noviembre a las 20 horas, publica un espectacular monogr&aacute;fico en homenaje a Ram&oacute;n Ac&iacute;n. Con motivo de cumplirse este a&ntilde;o el 80 aniversario de su muerte, y desde la convicci&oacute;n de que sin memoria no hay cultura posible, TURIA ha cre&iacute;do necesario realizar una amplia labor de an&aacute;lisis y divulgaci&oacute;n de la obra de un personaje &uacute;nico e irrepetible.</p>
<p>A trav&eacute;s de 150 p&aacute;ginas de textos in&eacute;ditos, un total de 14 autores ofrecen una aproximaci&oacute;n plural, rigurosa y atractiva a &ldquo;un hombre de escandalosa ejemplaridad cuyo &uacute;nico defecto fue su bondad&rdquo;, seg&uacute;n lo describiera su coet&aacute;neo y &nbsp;destacado intelectual republicano Rafael S&aacute;nchez Ventura. Y es que, en ese eterno debate entre el arte y la vida, son pocos los que como Ac&iacute;n se empe&ntilde;aron &ldquo;en hacer de cada vida una obra de arte y de cada arte una vida&rdquo;, en palabras de su amigo Felipe Alaiz.</p>
<p>Sin duda, la condici&oacute;n de creador multifac&eacute;tico y comprometido de Ram&oacute;n Ac&iacute;n, su humanismo y su perfil libertario, hacen de &eacute;l un creador singular en el panorama espa&ntilde;ol del siglo XX y convierten a su legado en un patrimonio &eacute;tico y est&eacute;tico, literario y art&iacute;stico, merecedor de una mayor y permanente difusi&oacute;n global en espa&ntilde;ol. Una tarea de fomento, de redescubrimiento de la obra de Ac&iacute;n entre el lector de habla hispana, a la que TURIA puede y quiere contribuir.</p>
<p>No en vano, y como bien subraya Carlos Mas Arrondo en el art&iacute;culo introductorio del monogr&aacute;fico, &ldquo;cuando en agosto de 1936 lo asesinan, se le declara &lsquo;el extremista m&aacute;s peligroso de Huesca&rsquo;. Hab&iacute;a sido m&aacute;s que espectador pasivo, un ciudadano que participaba desde la opini&oacute;n y la acci&oacute;n en multitud de campos de la vida local y nacional. Alcanz&oacute; algo m&aacute;s inquietante que el poder, la influencia&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Fundada en 1983, TURIA conseguido convertirse en una de las publicaciones peri&oacute;dicas culturales de referencia y ha situado a Teruel en el mapa literario en espa&ntilde;ol, gracias a su difusi&oacute;n nacional e internacional por suscripci&oacute;n. En sus p&aacute;ginas han publicado m&aacute;s de mil autores de diversas procedencias est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas, lo que da idea de la riqueza y pluralidad de sus contenidos. Como reconocimiento a su labor, la revista obtuvo en 2002 el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>
<p class="Textoindependiente21">Clara Us&oacute;n (Barcelona, 1961) es una de escritoras m&aacute;s valiosas del panorama literario espa&ntilde;ol actual. Ahora, con su intervenci&oacute;n en Huesca como presentadora de la revista cultural TURIA, respaldar&aacute; con su presencia en esa filosof&iacute;a de trabajo que viene caracterizando la trayectoria de TURIA: ser capaz de reunir en sus p&aacute;ginas lo universal y lo local.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;De manera peri&oacute;dica, la revista ha dado cabida a textos in&eacute;ditos suyos o ha rese&ntilde;ado varios de sus libros. En este nuevo n&uacute;mero, TURIA publica su testimonio narrativo titulado &ldquo;Abuelito, &iquest;qu&eacute; hiciste en la guerra?&rdquo;.&nbsp; Un trabajo literario de Clara Us&oacute;n que la vincula con sus ra&iacute;ces familiares oscenses.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>ES LA HORA DE RAM&Oacute;N AC&Iacute;N</strong></p>
<p>Ram&oacute;n Ac&iacute;n (Huesca, 1888-1936) es un ejemplo de artista total y de ciudadano comprometido. Su vida fue breve pero intensa y muy fruct&iacute;fera: &ldquo;Ram&oacute;n es un se&ntilde;ero creador de la vanguardia espa&ntilde;ola que desea estetizar la vida para hacerla m&aacute;s habitable y humana. Simult&aacute;neamente comprende que es imposible que la belleza tenga lugar en un mundo injusto y por ello pretender&aacute; la revoluci&oacute;n social y el cambio pedag&oacute;gico para que la est&eacute;tica ocupe plaza y pueda celebrarse&rdquo;, se nos dir&aacute; en TURIA.</p>
<p>Algunos han calificado a Ram&oacute;n Ac&iacute;n como el &ldquo;Garc&iacute;a Lorca aragon&eacute;s&rdquo; tanto por su desbordante creatividad como por su tr&aacute;gica muerte al inicio de la guerra civil espa&ntilde;ola. Recordemos, en ese sentido, que ambos fueron asesinados por los rebeldes al gobierno leg&iacute;timo de la Rep&uacute;blica en agosto de 1936.</p>
<p>Tras un largo periodo de forzoso olvido, la actual etapa democr&aacute;tica ha ido recuperando progresivamente para la cultura espa&ntilde;ola la enorme dimensi&oacute;n de lo que hizo y c&oacute;mo lo hizo. Una tarea de redescubrimiento a la que TURIA se suma ahora. Porque aquel ser poli&eacute;drico llamado Ram&oacute;n Ac&iacute;n siempre mereci&oacute; la pena y ha llegado la hora de recrear su vida y su obra, de conocerla a fondo, de leer sus textos y de visualizar sus trabajos gr&aacute;ficos.</p>
<p>Adem&aacute;s, este abanderado del arte de vanguardia desde la periferia, llevado por su af&aacute;n pedag&oacute;gico lleg&oacute; a inventar una mesa-caballete declarada de utilidad para la ense&ntilde;anza del dibujo, promovi&oacute; el que los escolares de la &eacute;poca se realizaran sus propios libros e imparti&oacute; clases en su propia casa a ni&ntilde;os de familias con escaso poder adquisitivo, complementando su labor docente en la Escuela de Magisterio.</p>
<p>No olvidemos tampoco que fue el libertario y pacifista Ram&oacute;n Ac&iacute;n quien financi&oacute;, con el importe del premio &ldquo;gordo&rdquo; de la Loter&iacute;a de Navidad que en 1932 cay&oacute; en Huesca, la pel&iacute;cula &ldquo;Tierra sin pan&rdquo; de su amigo Luis Bu&ntilde;uel. Lo hab&iacute;a conocido en Par&iacute;s y en los cr&eacute;ditos de aquel c&eacute;lebre filme documental aparecer&aacute; como ayudante de direcci&oacute;n.</p>
<p>El monogr&aacute;fico de TURIA sobre Ram&oacute;n Ac&iacute;n&nbsp; ha sido coordinado por Jos&eacute; Domingo Due&ntilde;as y V&iacute;ctor Pardo Lancina, reconocidos expertos en su obra. Lo integran los siguientes trabajos in&eacute;ditos: &ldquo;Entre el arte y la vida: El caso de Ram&oacute;n Ac&iacute;n&rdquo;, de Carlos Mas Arrondo; &ldquo;El compromiso po&eacute;tico de Ram&oacute;n Ac&iacute;n&rdquo;, de Concha Lomba Serrano; &ldquo;Ram&oacute;n Ac&iacute;n o la creaci&oacute;n plena: el artista en sus escritos&rdquo;, de Jose Domingo Due&ntilde;as; &ldquo;Pedagog&iacute;a libertaria&rdquo;, de V&iacute;ctor Pardo Lancina; &ldquo;Ram&oacute;n Ac&iacute;n, (sobre todo) dibujante e ilustrador&rdquo;, de Fernando Alvira Banzo, &ldquo;El profesor Ac&iacute;n en su contexto socioeducativo, 1914-1936&rdquo;, de Juan Mainer; &ldquo;La Fundaci&oacute;n Ram&oacute;n y Katia Ac&iacute;n&rdquo;, de Ram&oacute;n Garc&iacute;a-Bragado; &ldquo;Fortuna cr&iacute;tica de Ram&oacute;n Ac&iacute;n&rdquo;, de Manuel Garc&iacute;a Guatas; &ldquo;Sol y Katia Ac&iacute;n en el laberinto&rdquo;, de Ismael Grasa; &ldquo;&rsquo;T&uacute; eres antes que todo&rsquo;. La correspondencia entre Ram&oacute;n Ac&iacute;n y Conchita Monr&aacute;s&rdquo;, de V&iacute;ctor Juan; &ldquo;Ram&oacute;n Ac&iacute;n y el aragonesismo&rdquo;, de Antonio Peir&oacute; Arroyo y &ldquo;Ram&oacute;n Ac&iacute;n y la Asociaci&oacute;n provincial de periodistas de Huesca&rdquo;, de Julio Alvira Banzo.</p>
<p>Tambi&eacute;n se reproduce un fragmento del texto que, sobre el c&eacute;lebre monumento aciniano de &lsquo;Las Pajaritas&rsquo; de Huesca, elaborara el pintor Antonio Saura en 1988.&nbsp; Con esta iniciativa, TURIA quiere rendir tributo de gratitud y reconocimiento a la malograda galerista y cr&iacute;tica de arte oscense Mar&iacute;a Jes&uacute;s Buil. Un desgraciado accidente de circulaci&oacute;n acab&oacute; con su vida y la de su compa&ntilde;ero &Aacute;ngel Ram&iacute;rez el pasado mes de septiembre cuando ten&iacute;a previsto elaborar un art&iacute;culo para el monogr&aacute;fico Ac&iacute;n titulado &ldquo;El discreto encanto de Las Pajaritas&rdquo;.</p>
<p>Cierran el cartapacio de TURIA sobre Ram&oacute;n Ac&iacute;n dos trabajos elaborados por Emilio Casanova Gil: una antolog&iacute;a de textos bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Palabra de Ac&iacute;n&rdquo; y una pormenorizada biocronolog&iacute;a.</p>
<p>TURIA es una revista de periodicidad cuatrimestral que tiene una edici&oacute;n en papel y otra digital (web y Facebook). Est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero dedicado a Ram&oacute;n Ac&iacute;n ha sido posible gracias al apoyo de la Diputaci&oacute;n de Huesca y ha contado con el mecenazgo de la empresa Aragonesa de Servicios P&uacute;blicos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UN TEXTO DE RAM&Oacute;N AC&Iacute;N: &ldquo;AS&Iacute; SOY YO&rdquo; </strong></p>
<p>En la breve antolog&iacute;a de textos de Ram&oacute;n Ac&iacute;n que ha elaborado Emilio Casanova, se incluye este fechado 1913 y que transcribimos por su inter&eacute;s como autorretrato:</p>
<p>&ldquo;Odio todas las cosas, que las cosas todas tienen su lado odioso; las amo a todas, que todas tienen algo que las hace amables. Por eso mi l&aacute;piz y mi pluma (los dos torpes, de principiante) se mojan en dos colores: uno rosa, como las mejillas de las adolescentes; el otro negro rojizo, como el color de los ata&uacute;des a medio pudrir y las gangrenosas heridas de pu&ntilde;alada. Si alguna vez hubiese de dibujarme un ex-libris, ser&iacute;a &eacute;ste: una chulona tocando unas casta&ntilde;uelas, y bailando sobre el agujereado cr&aacute;neo de un uncido.</p>
<p>El t&eacute;rmino medio en todo, donde est&aacute;n los horteras, los pr&aacute;cticos, los adaptados, me asquea; si alguna vez dejase de ser revolucionario, con la puntera de la bota metido en la anarqu&iacute;a, ser&iacute;a para irme a un monte, a vivir en una ermita y llamar, como el m&iacute;stico, al agua &ldquo;hermana agua&rdquo;, y al lobo &ldquo;hermano lobo&rdquo;. Soy espa&ntilde;ol, y como si no fuese bastante esto para estar orgulloso, soy aragon&eacute;s&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 04 Nov 2016 12:30:51 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jorge Luis Borges, Roberto Bolaño y Jonathan Coe protagonizan el nuevo número de "Turia"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jorge-luis-borges-bolano-y-jonathan-coe/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2016/bolano500.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>LA REVISTA AVANZA, EN PRIMICIA EN ESPA&Ntilde;OL, LA NUEVA NOVELA DEL ESCRITOR BRIT&Aacute;NICO: &ldquo;EL N&Uacute;MERO 11&rdquo;</strong></p>
<p>La revista cultural TURIA publica en su nuevo n&uacute;mero, que se distribuir&aacute; este mes de noviembre en Espa&ntilde;a y otros pa&iacute;ses, un sumario repleto de atractivos textos in&eacute;ditos protagonizados por grandes autores internacionales. As&iacute;, el escritor argentino Patricio Pron da a conocer un interesante art&iacute;culo sobre su c&eacute;lebre compatriota Jorge Luis Borges. Tambi&eacute;n encontraremos una completa y rigurosa aproximaci&oacute;n al universo literario de Roberto Bola&ntilde;o, uno de los escritores latinoamericanos m&aacute;s importantes de los &uacute;ltimos tiempos. Y, entre otros contenidos de inter&eacute;s, una grata sorpresa en primicia en espa&ntilde;ol: un fragmento de <em>El n&uacute;mero 11</em>, la nueva novela del escritor brit&aacute;nico Jonathan Coe, uno de los nombres m&aacute;s destacados de la narrativa inglesa contempor&aacute;nea.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;SIN BORGES, LA LITERATURA ARGENTINA NO VALE MUCHO&rdquo;</strong></p>
<p>Patricio Pron, en su art&iacute;culo &ldquo;Qui &eacute;tait Borges? Jorge Luis Borges, Copi, las preguntas abiertas&rdquo;, analiza c&oacute;mo es primordial resolver el llamado &ldquo;problema Borges&rdquo;: la tremenda influencia ejercida por la personalidad y la obra de uno de los grandes nombres de la literatura universal del siglo XX. Para Pron, &ldquo;a treinta a&ntilde;os de su muerte, la omisi&oacute;n de la obra de Borges en el repertorio de la literatura argentina contempor&aacute;nea parece constituir una de esas incomodidades voluntarias e in&uacute;tiles creadas por Macedonio Fern&aacute;ndez. Y es que, seg&uacute;n Patricio Pron, &ldquo;sin Borges, la literatura argentina no vale mucho, casi nada&rdquo;.</p>
<p>Borges, por tanto, no s&oacute;lo sigue vivo sino tambi&eacute;n dando batalla. Y, ante esa certeza, merece la pena contestar a la pregunta de qui&eacute;n fue Borges y qu&eacute; hacemos con &eacute;l. Porque,&nbsp; como subyraya Pron en TURIA, &ldquo;parece evidente que de la respuesta que se le d&eacute; depende la exigencia y la necesidad de una literatura argentina de relevancia o su estancamiento en la irrelevancia, la modestia, los tonos menores, intimistas, a menudo recurrentes en el costumbrismo, que caracteriza a la literatura argentina en nuestros d&iacute;as&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>BOLA&Ntilde;O, UN AUTOR CUYA FIGURA LITERARIA NO HA DEJADO DE CRECER</strong></p>
<p>Roberto Bola&ntilde;o, al que TURIA dedic&oacute; en 2005 un inolvidable y agotado n&uacute;mero monogr&aacute;fico, es el protagonista de un amplio y revelador art&iacute;culo elaborado por Jes&uacute;s Ferrer Sola, profesor de la Universidad de Barcelona. En &eacute;l se traza una panor&aacute;mica de la trayectoria creativa de Bola&ntilde;o, un autor cuya figura literaria no ha dejado de crecer aunque han transcurrido ya trece a&ntilde;os de su muerte: &ldquo;al reconocimiento de la cr&iacute;tica, que el propio autor vivi&oacute; en la recta final de su trayectoria novel&iacute;stica, se ha unido una aut&eacute;ntica mitificaci&oacute;n acad&eacute;mica y universitaria -sobre todo estadounidense e hispanoamericana- de su particular est&eacute;tica narrativa, sin olvidar una creciente masa lectora que sigue expectante la acostumbrada publicaci&oacute;n de recuperados in&eacute;ditos; se conoce ya el t&iacute;tulo y la pr&oacute;xima aparici&oacute;n de una nueva entrega de esta singular literatura p&oacute;stuma: &ldquo;El esp&iacute;ritu de la ciencia-ficci&oacute;n&rdquo;, &nbsp;una &nbsp;novela &nbsp;en la habitual l&iacute;nea intergen&eacute;rica y multitem&aacute;tica del m&aacute;s caracter&iacute;stico Bola&ntilde;o&rdquo;.<strong></strong></p>
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<p><strong>UNA S&Aacute;TIRA POL&Iacute;TICA SOBRE LA INGLATERRA ACTUAL</strong></p>
<p>Otro de los contenidos m&aacute;s destacados del nuevo n&uacute;mero de TURIA es la publicaci&oacute;n de un &nbsp;avance en castellano de &ldquo;El n&uacute;mero 11&rdquo;, de Jonathan Coe. La obra, que ser&aacute; editada el pr&oacute;ximo a&ntilde;o por Anagrama, es la und&eacute;cima novela de su autor y constituye una s&aacute;tira pol&iacute;tica muy mordaz sobre la Inglaterra actual.</p>
<p>&nbsp;&ldquo;El n&uacute;mero 11&rdquo; puede considerarse una secuela de &ldquo;&iexcl;Menudo reparto!&rdquo;, uno de sus libros m&aacute;s celebrados por la cr&iacute;tica y los lectores de todo el mundo, con quien comparte temas y referencias a eventos y personajes. Ahora es la sociedad post-Blair la que es objeto de burla y escarnio. Para conseguirlo, Coe estructura su novela en cinco partes interconectadas en las que explora el cambiante paisaje social, econ&oacute;mico y cultural del Reino Unido al comienzo del siglo XXI. Las historias y sus protagonistas sirven para radiografiar a la sociedad brit&aacute;nica de nuestros d&iacute;as. Los muy ricos y sus sirvientes ven retratadas sus aspiraciones, frustraciones y delirios siempre con un virtuosismo bastante perverso.</p>
<p class="Textoindependiente21">La trama de la novela se inicia con &ldquo;La torre negra&rdquo;, un episodio que se desarrolla en 2003 en el rural condado de Yorkshire y justo despu&eacute;s de la invasi&oacute;n de Irak y de la muerte del cient&iacute;fico David Kelly. En &eacute;l se narra el inicio de la amistad entre dos ni&ntilde;as de diez a&ntilde;os, Rachel y Alison, cuando intentaban descifrar los misteriosos sucesos ocurridos en el puedo en el viven los abuelos de Rachel.</p>
<p class="Textoindependiente21">La segunda parte, &ldquo;El regreso&rdquo;, se desarrolla en 2011&nbsp; y la acci&oacute;n la protagonizan Rachel y su madre Val, que ahora viven en Birmingham. Alison, distanciada de Rachel a causa de un malentendido que la hizo parecer gay ante su amiga, est&aacute; intentando hacer nuevas amistades. A Val, cantante de &eacute;xito ef&iacute;mero y bibliotecaria a tiempo parcial, le ofrecen la oportunidad de aparecer en un reality show y acepta con la esperanza de resucitar su carrera. Sin embargo, y aunque se lleva bien con los dem&aacute;s participantes, la manipulaci&oacute;n de las im&aacute;genes del programa la muestran con la mala y eso provoca una repuesta muy negativa por parte de la audiencia hacia ella. Alison ve horrorizada c&oacute;mo su madre es obligada a realizar un mont&oacute;n de tareas desagradables y humillantes y termina volviendo a casa traumatizada.</p>
<p class="Textoindependiente21">En la tercera parte de la novela, &ldquo;El jard&iacute;n de cristal&rdquo;, encontramos la historia de Laura, una profesora interina de la Universidad de Oxford. Durante un fin de semana de 2011, Laura le cuenta a Rachel (que ahora estudia all&iacute;) la obsesi&oacute;n de su recientemente fallecido marido con una pel&iacute;cula que hab&iacute;a visto cuando era ni&ntilde;o y c&oacute;mo esa b&uacute;squeda le condujo a la muerte.</p>
<p class="Textoindependiente21">La cuarta parte, &ldquo;El apellido Prize&rdquo;, narra c&oacute;mo un joven polic&iacute;a llamado Nathan Pilbeam intenta encontrar la conexi&oacute;n entre las muertes aparentemente accidentales de dos comediantes. Su investigaci&oacute;n le lleva a entender el contexto pol&iacute;tico y social del crimen, lo que le permite no s&oacute;lo predecir el siguiente objetivo sino que tambi&eacute;n identifica al asesino: un hombre que piensa que esa comedia est&aacute; volviendo complaciente a la gente y que eso es un peligro para la democracia.</p>
<p class="Textoindependiente21">Por &uacute;ltimo, la obra nos presenta a Rachel contratada como profesora particular de los hijos de una adinerada familia. Vive en una casa en Kensington, en la zona reservada para el personal, mientras se desarrollan los trabajos de construcci&oacute;n de un extravagante s&oacute;tano de once plantas. Se reencuentra de nuevo con Laura, dedicada ahora a promover los valores humanitarios en una organizaci&oacute;n financiera. Un encuentro fortuito con Val, que ahora acude a comedores sociales para subsistir, la lleva a volver a ver una Alison que se encuentra en prisi&oacute;n cumpliendo una breve condena por fraude. Al mismo tiempo, varios personajes secundarios de la novela que son residentes ricos de la zona est&aacute;n desapareciendo, con un ascendido Pilbeam investigando el caso. Adem&aacute;s, Rachel se esfuerza por comprender y adaptarse a la mentalidad jefes, a su estilo de vida y actividades, lo que se a&ntilde;ade a sus problemas personales y termina provoc&aacute;ndoles una depresi&oacute;n. Los cap&iacute;tulos finales cuentan al lector de &ldquo;El n&uacute;mero 11&rdquo; c&oacute;mo Rachel, Alison y Val se van recuperando de sus problemas, mientras que la gente desaparecida ha sido raptada como castigo por su conducta anterior.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>&ldquo;A PESAR DE TODO LO QUE NO FUNCIONA EN EL MUNDO, NO HAY QUE DESESPERARSE&rdquo;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">No obstante el tono c&aacute;ustico que impregna las p&aacute;ginas de &ldquo;El n&uacute;mero 11&rdquo;, Jonathan Coe reconoc&iacute;a en una reciente entrevista que &ldquo;hay optimismo en mi novela, pero se encuentra m&aacute;s en las relaciones humanas que en los an&aacute;lisis pol&iacute;ticos. Si se resume el libro, es la historia de una amistad entre dos j&oacute;venes, Alison y Rachel, durante un periodo de alrededor de doce a&ntilde;os. Al final de la novela, tras diversos conflictos y pruebas, su amistad es la &uacute;nica cosa que perdura junto con el ciruelo del jard&iacute;n de los abuelos de Rachel. Era importante para mi dejar en el lector esta idea: a pesar de todo lo que no funciona en el mundo en este momento, hay ciertas cualidades humanas naturales que sobreviven, por tanto no hay que desesperarse&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>El escritor Jonathan Coe (Birmingham, Inglaterra, 1961), considerado ya un cl&aacute;sico contempor&aacute;neo, &nbsp;estudi&oacute; en la universidad de Cambridge y dio clases en la de Warwick. Interesado al principio tanto por la m&uacute;sica como por la literatura, su vida tom&oacute; un nuevo rumbo tras el espectacular &eacute;xito obtenido por su tercera novela: &ldquo;&iexcl;Menudo reparto!&rdquo;<em> </em>(premio John Llewellyn Rhys y, en Francia, premio al Mejor Libro Extranjero). Otros t&iacute;tulos destacados en su trayectoria literaria son: &ldquo;La casa del sue&ntilde;o&rdquo; (Premio Writer&rsquo;s Guild Best Fiction y, en Francia, el M&eacute;dicis Extranjero), &rdquo;El club de los canallas&rdquo; (Premio Arzobispo San Clemente, otorgado en Santiago de Compostela, y Premio Bollinger Everyman Wodehouse, &ldquo;El c&iacute;rculo cerrado&rdquo;, &ldquo;La lluvia antes de caer&rdquo;, &ldquo;La espantosa intimidad de Maxwell Sim&rdquo; y &ldquo;Expo 58&rdquo;. Coe tambi&eacute;n ha escrito biograf&iacute;as de Humphrey Bogart, James Stewart y B.S. Johnson, un volumen de relatos y dos libros de literatura infantil.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA, que cuenta ya con m&aacute;s de 30 a&ntilde;os de trayectoria,&nbsp; ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. De periodicidad cuatrimestral en papel, cuenta tambi&eacute;n con una versi&oacute;n digital (web y Facebook) que est&aacute; obteniendo una buena acogida de los lectores.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 04 Nov 2016 12:18:57 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[José María Merino: "si no existiera la literatura sería complicado entender la realidad"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jose-maria-merino-si-no-existiera-la-lietratura-seria-complicado-enterder-la-realidad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas16/noviembre/merino500.jpg" alt="" /></p>
<p>La cellisca ha tomado Madrid y las primeras p&aacute;ginas de los diarios. El invierno saca sus galones de fr&iacute;o y, pasado por la humedad, alumbra diciembre en los destellos que la nieve deja sobre la calzada para que los coches pisen con las luces encendidas. La casa de Jos&eacute; Mar&iacute;a Merino es una isla caliente. &iquest;Para qu&eacute; los radiadores cuando el papel es tan eficiente material de construcci&oacute;n y la mejor prenda de abrigo? En su despacho madrile&ntilde;o uno desconoce si, detr&aacute;s de la biblioteca, hay pared o todo es barricada literaria. Hay vol&uacute;menes por todas partes: en la estanter&iacute;a, por supuesto, pero tambi&eacute;n encima del escritorio, debajo, y no s&eacute; si hasta colgando del techo. En el suelo, los ejemplares descansan en triple fila. Su voz, entre campanuda y reflexiva, no mira por encima del hombro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Su trayectoria literaria asoma ligada a la propuesta moral. &lsquo;A veces me recorren el &aacute;nimo secuencias y a&ntilde;oranzas que no provienen de mi experiencia extraliteraria, sino que tienen su ra&iacute;z en lecturas que, ya olvidadas, identifico como sentimientos propios&rsquo;<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>. &iquest;Es posible aprender del olvido?</p>
<p>-A trav&eacute;s de la literatura, interiorizamos qui&eacute;nes somos y qu&eacute; es la vida. Tambi&eacute;n conocemos casos espectaculares, como el de un tal don Quijote de la Mancha, que modific&oacute; su comportamiento y la misma realidad para convertirse en un amad&iacute;s. Es decir, por supuesto se aprende del olvido.</p>
<p>-En los ejemplos que cita pesa la voluntad.</p>
<p>-Es que, sin sacar a Freud, el olvido voluntario est&aacute; ah&iacute;, como un fantasma. El otro, el involuntario, llena los almacenes del recuerdo con cosas que despu&eacute;s gravitar&aacute;n sobre nosotros, mandando mensajes. Ambos forman nuestro sustrato vital.</p>
<p>-En alguna ocasi&oacute;n ha dicho algo as&iacute; como que el hombre que es est&aacute; formado por una transustanciaci&oacute;n de las historias le&iacute;das. Este lenguaje, &iquest;se debe a la contaminaci&oacute;n que ha dejado la religi&oacute;n despu&eacute;s de miles de a&ntilde;os de dominio en el arte, las costumbres y los dichos o a que la creaci&oacute;n tiene, efectivamente, conexiones ext&aacute;ticas?</p>
<p>-En realidad, la creaci&oacute;n literaria tiene mucho que ver con el mito. En mi discurso de ingreso en la Real Academia dije que la ficci&oacute;n es lo que nos ha hecho <em>homo sapiens</em>. Ver y explicar el mundo a trav&eacute;s de s&iacute;mbolos est&aacute; en nuestra condici&oacute;n, somos animales simb&oacute;licos. Las historias convierten la realidad en s&iacute;mbolos. Todo, mucho antes que la ciencia, la metaf&iacute;sica, la filosof&iacute;a y la escritura. La sustancia heredada de la ficci&oacute;n por la literatura es la reorganizaci&oacute;n de s&iacute;mbolos. Esto nos aproxima al mundo m&iacute;tico y a los arquetipos.</p>
<p>-Pero, en origen, el mito tiene algo de religioso.</p>
<p>-S&iacute;, no soy escritor m&iacute;stico, pero reconozco que el arquetipo religioso ayuda a vivir. Yo no creo en esoterismos, cuanto en lo m&iacute;tico como sustancia de la especie humana. Los mitos religiosos no reconcilian a la persona con su condici&oacute;n mortal, sino que la llevan a un m&aacute;s all&aacute; desconocido. El mundo m&iacute;tico nace cuando Jas&oacute;n y los argonautas van en busca del vellocino de oro. Luego, todos buscamos el vellocino.</p>
<p>-Tiene, entre otros, los premios Miguel Delibes, Torrente Ballester, Castilla y Le&oacute;n, Salamb&oacute; y Nacional de la Cr&iacute;tica. &iquest;Considera su ingreso en la RAE otro premio m&aacute;s que un nombramiento para trabajar con la lengua?</p>
<p>-Que mi voz haya sido estimada de ese modo es el mejor premio que me han otorgado. Es el reconocimiento de un organismo misterioso con el que uno no guarda relaci&oacute;n y que, de repente, te invita a hablar de palabras.</p>
<p>-Usted se cri&oacute; en una casa con buena biblioteca. Los diccionarios y las enciclopedias le brindaron el primer contacto con el mundo de las ideas.</p>
<p>-Mi padre Bonifacio era un abogado republicano, abierto y liberal y le encantaba que sus hijos ley&eacute;ramos. Yo era el mayor y, durante a&ntilde;os, el lector principal. De los libros que me regalaba, conservo bastantes. Le gustaba verme consultar la Universitas y la Espasa. Y cuando le iba conque alg&uacute;n libro estaba en el &Iacute;ndice, &eacute;l respond&iacute;a muy serio: &lsquo;Nihil obstat&rsquo;. Y ya ten&iacute;a autorizaci&oacute;n episcopal.</p>
<p>- Luis Mateo D&iacute;ez, en la contestaci&oacute;n a su discurso de ingreso en la Academia, defini&oacute; a su padre como un hombre de sensibilidad y criterio, &ldquo;que valoraba ese tesoro de los libros como el mejor legado para sus hijos&rdquo;; &iquest;Le aconsejaba?</p>
<p>-Era buen orientador. Me dec&iacute;a: &lsquo;Josemari, de esto te puede interesar tal cosa&rsquo;. Yo ahora tengo una biblioteca mucho m&aacute;s grande, sin embargo en aquella estaba lo m&aacute;s sustantivo.</p>
<p>-&iquest;Qu&eacute; conten&iacute;a esa biblioteca?</p>
<p>-Hab&iacute;a muchas obras completas de Aguilar. Estaban los cl&aacute;sicos del siglo Diecinueve, ya fuesen espa&ntilde;oles, ingleses, norteamericanos, alemanes o franceses. V&iacute;ctor Hugo y Voltaire, completos. Hab&iacute;a mucha poes&iacute;a, una colecci&oacute;n de Premios Nobel, la Summa Artis y ejemplares de Ciencias Naturales, Historia y Geograf&iacute;a que todav&iacute;a conservo.</p>
<p>-Parece grande.</p>
<p>-No lo era, pero s&iacute; rica en elementos estimulantes, selecta.</p>
<p>-Hablando de palabras. Usted ha dicho que mantiene con ellas &ldquo;una relaci&oacute;n adictiva&rdquo; y hasta de &ldquo;vicio&rdquo;. &iexcl;Parece que hablara de bajas pasiones!</p>
<p>-(r&iacute;e) &iexcl;Como si uno no pudiera ser vicioso de cosas nobles! No, no lo considero baja pasi&oacute;n, sino alta. Las palabras me encantan desde ni&ntilde;o. El otro d&iacute;a una amiga argentina me felicitaba las Pascuas con una que nunca hab&iacute;a escuchado. &iexcl;Vaya regalo! La apunt&eacute; para profundizar sobre ella. Las palabras son uno de los vicios m&aacute;s sanos que se pueden tener.</p>
<p>-Sabino Ord&aacute;s sostiene que la lengua no necesita tutores: &lsquo;Si goza de buena salud, ella sola se desarrolla y florece. Si est&aacute; an&eacute;mica y enferma, ning&uacute;n m&eacute;dico podr&aacute; devolverle la vitalidad. Sin la academia, el mundo anglosaj&oacute;n sostiene un lenguaje en permanente renovaci&oacute;n; con academia, el castellano peninsular se empobrece cada d&iacute;a m&aacute;s&rsquo;<a title="" href="#_ftn2">[2]</a>. Yo creo que debe lanzar una defensa sobre la Real Academia, ya que la mora.</p>
<p>-Don Sabino es terrible &ndash;sonr&iacute;e-, &iexcl;pero opinamos igual!: la Academia es como Icona, se dedica a estudiar el estado de la cuesti&oacute;n. Acaba de salir una Gram&aacute;tica ejemplar al respecto que intenta incluir el espa&ntilde;ol sin acotaciones.</p>
<p>-&iquest;No es, en alguna ocasi&oacute;n, poco r&iacute;gida?</p>
<p>-Es que si los hablantes empobrecen el idioma, no hay nada que hacer. Felizmente, el espa&ntilde;ol tiene a Am&eacute;rica. El tronco de las estructuras del idioma se mantiene gracias a los americanos. Nosotros somos el diez por ciento de los hablantes.</p>
<p>-No obstante, si atendemos al creciente n&uacute;mero de pa&iacute;ses donde se estudia, posee buena salud.</p>
<p>-S&iacute;, a diferencia del franc&eacute;s, que se ha venido abajo. La Francophonie ha desaparecido y, con ella, la ortograf&iacute;a, las composiciones y casi la fon&eacute;tica. En nuestro caso, intentamos evitarlo gracias a la actuaci&oacute;n coordinada de las academias, que es positiva no para ahormar el idioma &ndash;porque no tiene fuerza-, sino para crear una conciencia de lengua com&uacute;n. Ahora, repito, si la gente joven habla cada vez peor y utiliza menos registro ling&uuml;&iacute;stico y los medios de comunicaci&oacute;n empobrecen su discurso, a la larga, haga lo que haga la Academia, el espa&ntilde;ol tendr&aacute; deficientes condiciones de mantenimiento.</p>
<p>-&iquest;Esa escasa fuerza que mienta es por la que sanciona vulgarismos &ndash;se acaba de aceptar <em>sofases</em> como plural de <em>sof&aacute;</em>-?</p>
<p>-S&iacute;, hay algunos plurales -como <em>jabal&iacute;es</em>- tolerantes -con <em>jabal&iacute;s</em>-. Yo no lo ser&iacute;a. Pero la Academia no tiene m&aacute;s remedio que asumir el lenguaje popular. A m&iacute; me horroriza <em>m&oacute;vil</em> con sentido de <em>celular</em>. Durante a&ntilde;os se logr&oacute; imponer <em>balompi&eacute;</em>, la gente volvi&oacute; a <em>f&uacute;tbol</em> y hubo que reincorporarla al flujo ling&uuml;&iacute;stico. Es el caso de <em>matrimonio</em>: no responde a la sem&aacute;ntica original, pero hay que asumir el significado de la calle.</p>
<p>-Su tesis de que el <em>homo sapiens</em> empieza a ser porque comienza a interpretar es un tanto revolucionaria.</p>
<p>-He le&iacute;do a multitud de ling&uuml;istas y siempre van por el mundo del lenguaje, no por el de la ficci&oacute;n. Mi teor&iacute;a es que lenguaje y capacidad de comunicaci&oacute;n tenemos todos los seres vivos, empezando por los virus y las bacterias. No hay m&aacute;s que ver a las hormigas, las flores o los delfines. Los gatos, por ejemplo, est&aacute;n transmitiendo continuamente informaci&oacute;n: poseer lenguaje no nos diferencia. El hecho raro, no s&eacute; si patol&oacute;gico, es que nosotros utilizamos el lenguaje para organizar ficciones. Est&aacute; en nuestra naturaleza. El <em>Neanderthal</em> ten&iacute;a lenguaje y sab&iacute;a fabricar herramientas igual que los antropoides y algunas aves &ndash;el uso de la herramienta no es algo espec&iacute;ficamente humano-. Lo innovador es que nuestra especie utiliza el lenguaje, a diferencia de los delfines &ndash;que, adem&aacute;s, son sofisticados-, para organizar esas ficciones y, a trav&eacute;s de ellas, contar el mundo.</p>
<p>-O sea: por encima de la voz y de la palabra, la ficci&oacute;n.</p>
<p>-Exacto. Publiqu&eacute; un art&iacute;culo<a title="" href="#_ftn3">[3]</a> en el que digo que si Linneo nos volviese a clasificar no nos llamar&iacute;a <em>Homo sapiens</em>, sino <em>Homo narrans</em>. Somos la especie que cuenta historias.</p>
<p>-Usted constata el declive del cuento<a title="" href="#_ftn4">[4]</a>, despu&eacute;s de que, en el primer tercio del Veinte, no quedara peri&oacute;dico o revista sin uno por n&uacute;mero. &iquest;A qu&eacute; se debe? &iquest;Es culpa del gusto cambiante de los lectores?, &iquest;de la simple moda literaria?, &iquest;del concepto comercial del periodismo de hoy?</p>
<p>-Lleg&oacute; el cine. Trastoc&oacute; el formato del divertimiento masivo, exactamente igual que ahora pasa con la televisi&oacute;n y, no digamos, con los videojuegos. Lo curioso es que, a pesar de que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, el lector com&uacute;n &ndash;no me gusta decir vulgar- prefiere el <em>best seller</em>, el cuento ha renacido entre los autores y con un nivel sorprendente<a title="" href="#_ftn5">[5]</a>.</p>
<p>-&iquest;El cuento es, como se dice, capaz de requerir m&aacute;s trabajo que una novela?</p>
<p>-Requiere m&aacute;s trabajo, pero menos tiempo. La novela es una exploraci&oacute;n en terreno selv&aacute;tico: vas con un machete y sabes que, a dos kil&oacute;metros, hay una casita donde vive Fulano, que tiene un primo enamorado de una se&ntilde;ora que vive en otra casita. No sabes m&aacute;s. Y empiezas a descubrir sendas. Al final, la casa no es la que esperabas y el primo no vive donde cre&iacute;as&hellip; El cuento es al rev&eacute;s: una iluminaci&oacute;n. Has de tener la idea desde el principio. Empezar un cuento sin saber ad&oacute;nde vas es imposible.</p>
<p>-&iquest;Empieza las novelas a ciegas?</p>
<p>-No, pero se puede. Lo com&uacute;n es querer ir a un sitio y acabar en otro. De vez en cuando me ocurre y no me sorprende. Frente a esto, la dificultad del cuento es saber d&oacute;nde quieres ir y lograr llegar. Ah, y depurarlo constantemente.</p>
<p>-&iquest;Nunca le ha sucedido, al contrario, empezar un cuento y ver que la historia se ensancha?</p>
<p>-Es gracioso, me est&aacute; sucedido &uacute;ltimamente. Escribo mini cuentos, los miro y me digo: &lsquo;Merino, esto no es un mini cuento. Te est&aacute; pidiendo m&aacute;s p&aacute;ginas&rsquo;. Me dice que lo deje respirar. Hay cuentos que me han estado enga&ntilde;ando durante a&ntilde;os. Verlo es cuesti&oacute;n de oficio.</p>
<p>-&iquest;Habla con sus creaciones?</p>
<p>-S&iacute;, miro al bicho y escucho. Es exactamente lo que me pas&oacute; con <em>El lugar sin culpa</em>, el t&iacute;pico cuento guardado en un caj&oacute;n. No lo saqu&eacute; hasta descubrir qu&eacute; me ped&iacute;a. Naci&oacute; como cuento, luego me dijo que era una novela enorme y, finalmente, result&oacute; de menos de doscientas p&aacute;ginas.</p>
<p><em>-El lugar sin culpa</em> transcurre en una isla que define como &ldquo;arquetipo de la naturaleza que no puede conocer la angustia, ni la nostalgia, ni ninguna forma de desasosiego&rdquo;. No lo he visto referido en ning&uacute;n lugar, pero para m&iacute; <em>El lugar sin culpa</em> viene a ser una utop&iacute;a, un g&eacute;nero poqu&iacute;simo frecuentado. Encaja por lo filos&oacute;fico -por la propuesta identitaria y de organizaci&oacute;n social- y por lo que tiene de no-lugar, atendiendo a la etimolog&iacute;a <em>eu-topos</em>. &iquest;Lo ten&iacute;a previsto?, &iquest;contempla la opci&oacute;n?</p>
<p>-Pues en realidad, s&iacute;,&hellip; es una utop&iacute;a&hellip; Por partes -para explicar la propuesta-: yo soy conservacionista y reputo que el calentamiento global agrava las injusticias b&aacute;sicas de nuestro mundo. La reuni&oacute;n de Copenhague<a title="" href="#_ftn6">[6]</a> es una demostraci&oacute;n de que no somos naturaleza. &iquest;Problema de nuestros pol&iacute;ticos? No lo s&eacute;. Pero nosotros no somos naturaleza. Es m&aacute;s, somos su gran enemigo. Sufrimos, pensamos y so&ntilde;amos, pero somos un elemento enemistado con la naturaleza.</p>
<p>-No obstante, la necesitamos.</p>
<p>-La necesitamos para sobrevivir porque, aunque no la seamos, estamos compuestos de ella. &iquest;C&oacute;mo vamos a resolver la contradicci&oacute;n? Es ut&oacute;pico pensar en un mundo de vida arm&oacute;nica. Incluso, &iquest;por qu&eacute; no van a tener los chinos derecho a decir: &lsquo;Ustedes, europeos, est&aacute;n muy bien; &iquest;ahora nosotros tenemos que hacer el doble de esfuerzo para desarrollarnos sin contaminar?&rsquo;. Evidentemente, no somos naturaleza. Eso como introducci&oacute;n. Respondiendo directamente: no lo hab&iacute;a pensado, pero, evidentemente, es una utop&iacute;a. <em>El lugar sin culpa</em>, en el fondo, es un mundo de realizaci&oacute;n perfecta e imposible donde el ser humano no sufre y no recuerda.</p>
<p>-Como Moro o Campanella, usted tambi&eacute;n se sirve de una isla. Es decir, cumple tambi&eacute;n el componente espacial.</p>
<p>-S&iacute;, s&iacute;, para crear el entorno perfecto sin contaminaci&oacute;n. Aunque, ojo: ni siquiera la doctora Gracia se encuentra a gusto dentro y tiene que volver a <em>civilizarse</em>. Los seres humanos tenemos sentimientos, memoria e intereses, o sea: redes que impiden la utop&iacute;a.</p>
<p>-La isla es el arquetipo mencionado -un sitio equilibrado donde las lagartijas no temen a las personas, un refugio-, pero tambi&eacute;n roza la liviandad, la desmemoria, el abandono. &iquest;Podr&iacute;a interpretarse el presumible estado de perfecci&oacute;n como arma de doble filo?</p>
<p>-Qu&eacute; duda cabe. Al fin y al cabo, el retiro le permite a la doctora Gracia humanizarse, conocerse y valorar el compromiso. Pero&hellip; huir de la realidad&hellip; no sirve para nada. El estado magn&iacute;fico en el que se encuentra es tan anormal como estar sometida a la presi&oacute;n de la vida diaria y a la angustia de los que la rodean. El aislamiento deja una herida en la memoria.</p>
<p>-En el extremo de esa desmemoria estar&iacute;a el delirio senil de la madre insultando a la doctora &ndash;&ldquo;Mala puta&rdquo;, entre otras befas-. &iquest;Es la senilidad otro <em>lugar sin culpa</em>?</p>
<p>-Efectivamente, el <em>alzheimer</em> es un lugar tremendamente inocente. &iquest;Podemos juzgar a un <em>imb&eacute;cil</em> que trabaj&oacute; en Auschwitz? Desgraciadamente, no. La propia vida le ha quitado la culpabilidad. Esta inocencia no tiene que ver con la de la infancia, que es jubilosa hacia el futuro. La vejez es la inocencia triste y dolorosa, la inocencia del final, de la desintegraci&oacute;n.</p>
<p>-He le&iacute;do que, con esta novela, abre una trilog&iacute;a sobre espacios naturales, pero luego ya no si <em>La sima</em> es la segunda parte.</p>
<p>-Iba a serlo. No lo es y estoy atascado gravemente. He hecho viajes y tomado notas [muestra una libreta peque&ntilde;a de anillas con cuatro o cinco p&aacute;ginas escritas y dibujadas], pero necesito m&aacute;s tiempo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>La sima</em>, su &uacute;ltima novela, tiene la Guerra Civil de fondo. No parece sorpresivo, pero s&iacute; los hechos que la motivaron. El volumen es producto de su desaz&oacute;n como ciudadano a la vista de la obstrucci&oacute;n del Partido Popular despu&eacute;s de los atentados del 11-M -&ldquo;Una crispaci&oacute;n, a estas alturas de la democracia, inaceptable&rdquo;-. En realidad las convulsiones vienen de antiguo. A lo largo del Veinte se ti&ntilde;&oacute; el mapa de sangre y no digamos durante la Reconquista. Merino atisba &ldquo;un comportamiento&nbsp; irreconciliable en nuestros pol&iacute;ticos&rdquo;. Gustavo Mart&iacute;n Garzo escribi&oacute; una tribuna, a prop&oacute;sito<a title="" href="#_ftn7">[7]</a>, en la que dec&iacute;a que la Rep&uacute;blica &ldquo;pudo ser el comienzo un pa&iacute;s distinto, tolerante y amable&rdquo;. Sin embargo, acaba compartiendo con el protagonista de <em>La sima</em> que nuestra historia &ldquo;es una sucesi&oacute;n ruidosa de desencuentros y turbios ajustes de cuentas: pura memoria del rencor&rdquo;. La portada del libro reproduce una foto de Agust&iacute; Centelles titulada <em>Juego de ni&ntilde;os<a title="" href="#_ftn8"><strong>[8]</strong></a></em>. En ella unos muchachos simulan un fusilamiento con palos y escobas. Es una met&aacute;fora que, al rev&eacute;s de lo habitual, viene del pasado al presente. Al autor le intranquiliza el radicalismo. Entiende ese camino no trata tanto de ideas pol&iacute;ticas, cuanto de comportamientos y sentimientos. &ldquo;Me preocupa la mala uva de los espa&ntilde;oles&rdquo;.</p>
<p>-El otro d&iacute;a uno de la oposici&oacute;n le dijo a su contrincante: &lsquo;Usted lo que quiere es recogerme con una furgoneta y pasearme&rsquo;. &iexcl;Caramba!, en el a&ntilde;o 2009 no deber&iacute;a caber ese lenguaje pol&iacute;tico. Sin renunciar a las ideas, deber&iacute;a haber cierto esp&iacute;ritu de concordia. La Rep&uacute;blica, s&iacute;, replante&oacute; la Historia de modo reformista y optimista. Garzo tiene raz&oacute;n al hablar de ella como un horizonte extraordinario, pero lo sorprendente es que, en ella, s&oacute;lo cre&iacute;an los republicanos. Al final fueron los movimientos totalitarios de ra&iacute;z fascista los que la derrocaron, pero la Rep&uacute;blica hab&iacute;a sido desbordada desde el primer momento por radicalismos. Es una pena: vivi&oacute; acosada por un lado y por otro. Por lo que respecta a la actualidad, s&oacute;lo espero que nuestros pol&iacute;ticos reflexionen y rebajen el tono dial&eacute;ctico. No creo que vuelvan enfrentamientos como aqu&eacute;llos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El tiempo pasa. En la calle, oculto en eso que llaman Navidad. Por su casa no veo ning&uacute;n bel&eacute;n, a pesar de que, en <em>Los cuadernos azules</em>, confiesa que su madre los pon&iacute;a con fervor. Las costumbres cambian. Somos tiempo. En sus libros, practica con &eacute;l una curiosa taxidermia. Hay una metaf&iacute;sica delimitada que une <em>El lugar sin culpa</em> a <em>La sima</em>. En &eacute;sta se lee: &lsquo;Todo lo que existe est&aacute; hecho de tiempo, desde las galaxias hasta las casta&ntilde;as, es s&oacute;lo el ritmo lo que cambia&rsquo;. En otro punto: &lsquo;Los &uacute;nicos que sufrimos de verdad el tiempo somos nosotros (&hellip;) La Tierra no tiene nada que ver con el tiempo como mero accidente biol&oacute;gico&rsquo;. M&aacute;s adelante: &lsquo;S&oacute;lo soy tiempo no geol&oacute;gico, no c&oacute;smico, y por eso algo tan ef&iacute;mero como si ya hubiese ocurrido&rsquo;. En <em>El lugar sin culpa</em> el ser humano vuelve a ser tiempo frente a la isla, que prevalece. Dice: &lsquo;Este espacio s&oacute;lo tiene peque&ntilde;as memorias de lo concreto&rsquo;. M&aacute;s expl&iacute;citamente: &lsquo;De la rabia de saberse tiempo sale toda la furia, el odio es tiempo, el hambre es tiempo, el ser humano concibe el infinito en forma de tiempo que transcurre sin concluir, como el infierno para nosotros es tiempo, tiempo de sufrimiento que no se agota, somos incapaces de imaginarnos fuera del tiempo (&hellip;) Doscientos a&ntilde;os son para la isla igual que doscientos siglos&rsquo;. Pronunci&oacute; Antonio Machado: &ldquo;Los que buscamos en la metaf&iacute;sica una cura de eternidad, de actividad l&oacute;gica al margen del tiempo, nos vamos a encontrar definitivamente cercados por el tiempo&rdquo;. Merino sabe, como el autor de <em>Soledades</em>, que al poeta no le es dado pensar fuera del tiempo. Piensa que este concepto, <em>tiempo</em>, est&aacute; m&aacute;s presente en la &uacute;ltima parte de su obra porque ahora se le escurre m&aacute;s r&aacute;pido. Transcribe su mirada limpia y su estilo preciso en islarios convertidos en obra atemporal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Cuando se plantea metaf&iacute;sicamente el mundo, es posible que existan a la vez el tiempo y el no tiempo. Como dijo el fil&oacute;sofo: &iquest;por qu&eacute; existe <em>el no ser</em> y no <em>la nada</em>? Yo creo que son t&eacute;rminos antit&eacute;ticos. Igual que las personas o somos <em>tiempo</em> o somos <em>no tiempo</em>. Todo lo que nos rodea lo es, pero, &iquest;ser&iacute;a posible que una computadora dijera cu&aacute;nto llevamos en la Tierra?... Pr&aacute;cticamente no existimos en el tiempo del cosmos. Las monta&ntilde;as est&aacute;n form&aacute;ndose, pero, para nosotros, es imperceptible. Su ritmo no tiene que ver con el nuestro. Cuanto nos rodea es eternidad e infinitud frente a nuestra fugacidad. Deber&iacute;amos pensar, alternativamente a la religi&oacute;n, que somos ef&iacute;meros y morimos. Los pensadores antiguos ya se preguntaban a qu&eacute; conduce tanta pasi&oacute;n, tanto dolor, tanta furia. Tenemos la maldici&oacute;n de olvidar nuestra esencia. &iquest;Por qu&eacute; no sacamos, de lo ef&iacute;mero, la felicidad de la especie?, &iquest;por qu&eacute; no, del mundo, un lugar confortable? Pienso en ello porque estoy en eso que llaman Tercera Edad. &iexcl;Si lo pone hasta en mi carnet de metro!</p>
<p>-A pesar de lo fr&aacute;giles que somos, hemos conseguido injerir en la todopoderosa naturaleza. En los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os el hombre ha destruido m&aacute;s Medio que en los miles anteriores.</p>
<p>-Claro, porque somos naturaleza consciente incapaz de lo positivo. Como se&ntilde;alan las novelas fant&aacute;sticas, tan precursoras, acabaremos constituidos por una parte importante de maquinaria. Stephen Hawking dice: &ldquo;El ser humano tiene futuro fuera del planeta Tierra&rdquo;. &iexcl;&Eacute;l, como la ciencia, es optimista! Pero la inteligencia nos convierte en da&ntilde;inos. Falta armon&iacute;a. Vuelvo a la reuni&oacute;n de estos d&iacute;as en Copenhague: es casi un cuento, su significado es simb&oacute;lico. Bien, pues nuestra inteligencia puede acabar hasta con la Especie.</p>
<p>-Otro paralelismo: los zanjones y los enterramientos. &lsquo;Los cuerpos humanos somos al fin y al cabo un dep&oacute;sito de minerales, de elementos que la tierra reutiliza sin asco ni respeto, con la naturalidad del jardinero que prepara el compost con los restos org&aacute;nicos para abonar luego sus plantas&rsquo; -<em>El lugar sin culpa</em>-. En <em>La sima</em> esto es tr&aacute;gico porque hay una Guerra Civil de por medio, pero el componente org&aacute;nico de la persona y su destino bajo tierra est&aacute;n igualmente presentes.</p>
<p>-Pues tampoco lo hab&iacute;a pensado, pero s&iacute;. Hay paralelismos indiscutibles... En <em>La sima</em> he debido de profundizar inconscientemente en los aspectos fundamentales de <em>El lugar sin culpa</em>. Pero es que la trilog&iacute;a quiere ir por ah&iacute;: por la naturaleza y sus espacios. Y la tierra es uno. La segunda ha de transcurrir en un r&iacute;o. Quiero resaltar el agua como el valor cada vez m&aacute;s preciado de un planeta con el que no sabemos relacionarnos.</p>
<p>-La sima, como elemento f&iacute;sico y simb&oacute;lico est&aacute; presente desde el Inicio.</p>
<p>-La historia del <em>homo antecessor</em> empieza en una sima, eso est&aacute; claro. Pero lo que me interesa apuntar es que el mundo sigue lleno de simas, de enormes cuevas donde se arrojan cuerpos. Yo he tenido siempre la idea de que la materia se transforma, no se destruye; la noci&oacute;n de que somos materia org&aacute;nica en continua renovaci&oacute;n. Cuando se hayan recuperado los cuerpos de toda los desdichados ajusticiados por el franquismo y no queden ni sus nietos, ni sus tataranietos, ni sus choznos, todo habr&aacute; vuelto al humus originario y, con &eacute;l, se har&aacute;n vasijas y fertilizantes para los tomates.</p>
<p>-&iquest;Por qu&eacute; la monta&ntilde;a?</p>
<p>-Yo quer&iacute;a situar la novela en la monta&ntilde;a occidental de Le&oacute;n, concretamente, que es la que m&aacute;s me gusta y a la que m&aacute;s voy -por supuesto, en verano-. Desde la cordillera norte las cumbres son abruptas, pero las meridionales tienen tono humano.</p>
<p>-Entiendo que visita pueblos y tambi&eacute;n sube monta&ntilde;as.</p>
<p>-S&iacute;, hago excursiones. Me gusta ir andando, ascendiendo suavemente, y darme cuenta de que no necesito ser escalador ni tener cuerdas para llegar arriba. Por el camino te puedes encontrar hayedos, bosques de tejos, de todo.</p>
<p>-&iquest;Qu&eacute; se cruz&oacute;, entonces, entre su plan y el resultado?</p>
<p>-El problema de las guerras. Yo quer&iacute;a hablar de alguien que se retiraba a escribir una tesis. Y quer&iacute;a mezclar el proyecto de esa persona, relacionado con la Historia, con el medio natural. Deseaba trabajar en la misma l&iacute;nea que en <em>El lugar sin culpa</em>. Pero se me cruzaron la Guerra Civil y la Memoria Hist&oacute;rica, por una parte, y la reacci&oacute;n de la oposici&oacute;n conservadora a ra&iacute;z del 11-M, por otra. Pas&oacute; de ser una novela sobre naturaleza a sobre Historia. Tambi&eacute;n iba a ser corta y se fue a las cuatrocientas y pico p&aacute;ginas. No puedo incluirla en los espacios naturales me ponga como me ponga.</p>
<p>-&iquest;C&oacute;mo hacer ver que la Memoria Hist&oacute;rica busca justicia y no reabrir heridas?</p>
<p>-Es sencillo: que los seres deban estar bien enterrados no responde a un derecho, sino a un Mandamiento. Por lo que, si la persona, encima, es creyente, deber&aacute; entenderlo mejor. Es la sepultura de los muertos. La Memoria Hist&oacute;rica pertenece a lo humanitario y a lo religioso.</p>
<p>-&iquest;En qu&eacute; var&iacute;a esta guerra de las anteriores?</p>
<p>-Todas son terribles. La desdicha de &eacute;sta fue que ganaron los que nunca hab&iacute;an ganado. Las guerras siempre fueron sanguinarias, pero, carlistas y liberales, despu&eacute;s, amnistiaban y dejaban una posguerra pac&iacute;fica. Ganara quien ganara. En este caso los que ganaron siguieron machacando a la gente durante cuarenta a&ntilde;os. No hubo en ellos un &aacute;pice de reconciliaci&oacute;n.</p>
<p>-&iquest;C&oacute;mo ser&iacute;a su reconciliaci&oacute;n ideal?</p>
<p>-Pues, aunque sea rom&aacute;ntico y sin sentido, me gustar&iacute;a que llegaran los dos bloques al Parlamento y se dijeran: &lsquo;Nosotros somos los hijos o los nietos de los Rojos&rsquo;; &lsquo;Nosotros somos los hijos o los nietos de los Nacionales&rsquo;. Que se abrazaran para escenificar, de una vez, que aquello acab&oacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Distingue mejor la venganza en <em>El conde de Montecristo</em> &ndash;Dumas- y en <em>La mansi&oacute;n</em> &ndash;Faulkner- que en cualquier otro sitio de la vida y reconoce que, a veces, le ponen en aprietos si le preguntan por significados a bocajarro -&ldquo;Desde que soy acad&eacute;mico todo el mundo piensa que llevo el diccionario en la cabeza&rdquo;-. Por tocar palos, ha tocado hasta el c&oacute;mic<a title="" href="#_ftn9">[9]</a>. Seg&uacute;n observa, la comprensi&oacute;n &ldquo;no proviene de un proceso racionalizador, sino de una forma alucinatoria&rdquo;. Al mismo tiempo que opina que la ficci&oacute;n de calidad &ldquo;mantiene un radical compromiso con su tiempo&rdquo;, establece una analog&iacute;a acu&aacute;tica entre la ciencia ficci&oacute;n y el comunismo de Estado por lo que ambos tienen de utop&iacute;a racional.</p>
<p>Vive entre el trabajo y la familia. Su mujer es catedr&aacute;tica de Contabilidad en la Universidad Complutense; una hija, profesora de Derecho Constitucional; y otra, poeta, ahora en Estados Unidos ense&ntilde;ando Escritura Creativa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los propios parajes de extra&ntilde;eza que escoge como temas de sus novelas conforman una po&eacute;tica tendente a la utop&iacute;a de la que no se separa. Con resonancias de <em>Cuentos del reino secreto</em> y <em>El centro del aire</em>, escribe <em>El heredero</em>, donde excava en la identidad. Es una de sus obras m&aacute;s ambiciosas, pero sin trascendencia comercial &ndash;&ldquo;Estoy perfectamente fuera de ese mundo&rdquo;-. S&oacute;lo de <em>El oro de los sue&ntilde;os</em>, novela entre hist&oacute;rica y de aventuras que lleva cincuenta ediciones, se puede decir que haya vendido.</p>
<p>-La identidad ha sido siempre para m&iacute; un tema querido. El ser humano no est&aacute; hecho de una pieza: se compone de lo que es y de lo que cambia. Tanto de los elementos originarios m&aacute;s puros como de los impuros y mestizos.</p>
<p>-&iquest;Qu&eacute; pinta la globalizaci&oacute;n en la identidad?</p>
<p>-Una paradoja, pues, a pesar de que somos globales, hay gente que reivindica la lengua de su comarca, que la reinventa incluso frente a la de sus antepasados. Y luego va a un McDonalds a cenar o pide una pizza por tel&eacute;fono, al igual que miles de personas al mismo tiempo en todo el mundo, en diversas lenguas. &lsquo;Entonces, &iquest;usted a qu&eacute; llama identidad?&rsquo;. Habr&iacute;a que decirle a la gente: &lsquo;Oiga, sea usted un poco de todos los sitios, no sea tan-tan-tan identitario&rsquo;. &iexcl;No se puede volver a &uacute;tero materno!, es imposible.</p>
<p>-En esa novela, <em>El heredero</em>, el caos aparece supeditado a la ficci&oacute;n. &iquest;Hace falta leer para encauzar la realidad dentro de un orden en la vida?</p>
<p>-Creo que s&iacute;. Aun aquella sociedad poco lectora, sigue empapada de literatura. El comportamiento humano, en su circulaci&oacute;n normal, sea cual sea, ha sido acu&ntilde;ado por la literatura. Si somos traidores, leales o nos enamoramos, sabemos qu&eacute; significa por la informaci&oacute;n inconsciente que nuestra sociedad lleva despu&eacute;s de haberla acu&ntilde;ado la literatura. Si no existiera la literatura ser&iacute;a complicado entender la realidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las ideas del cambio y del &uacute;tero, antes aludidas, est&aacute;n expresadas, de otra manera, en la poes&iacute;a de Jos&eacute; Mar&iacute;a Merino. En <em>Cumplea&ntilde;os lejos de casa</em> escribi&oacute;, para la edici&oacute;n de mil novecientos ochenta y siete, que no pudo conjurar una sensaci&oacute;n de extra&ntilde;eza, como si &eacute;l no fuera ya quien escribi&oacute; los poemas, lo cual recuerda lo escrito por Auden a prop&oacute;sito del ser y la escritura: &ldquo;Lo que todo cambia y siempre permanece, lo que soy, el rostro que busqu&eacute; y el que encuentro en cada uno de mis momentos, el que se transforma pasado ma&ntilde;ana sin perder mis rasgos, sin dejar de ser yo&rdquo;.</p>
<p>-&iquest;Se puede sustraer la identidad del cambio?</p>
<p>-No. Y como muestra, escrib&iacute; un poema en homenaje a Frankenstein<a title="" href="#_ftn10">[10]</a>, un ser fabricado con retales de otros.</p>
<p>-Y hay que reconocerse en lo ajeno.</p>
<p>-Por supuesto. La brutalidad identitaria llega cuando no nos reconciliamos con las partes de las que estamos hechos.</p>
<p>-&lsquo;La identidad ya s&oacute;lo existe en las enso&ntilde;aciones de los ayatolas, de los <em>aberchales</em>, de gente as&iacute;. Aunque parezcan irreductibles, son puras figuraciones, delirios. Realmente ya no hay nada que mantenga el alma igual, d&iacute;a tras d&iacute;a. Desgraciadamente ya no est&aacute; loco quien cambia sino quien es capaz de incorporarse a la &uacute;ltima mutaci&oacute;n de todo.&nbsp; De ah&iacute; la imposibilidad de la memoria&rsquo;<a title="" href="#_ftn11">[11]</a>. Sin embargo, frente al alzheimer del que habl&aacute;bamos antes, y que nos deshabita por dentro, la memoria es un apoyo fundamental para la existencia.</p>
<p>-Claro, nos salva de la imbecilidad&hellip;</p>
<p>-&hellip; Pero usted dice: &ldquo;La imposibilidad de la memoria&rdquo;.</p>
<p>-Hay que entenderlo, es un cuento metaf&oacute;rico sobre radicales que han perdido las creencias. Al extraviar la memoria, nos borramos. En literatura, dos m&aacute;s dos no son cuatro y no debemos aproximarnos a la remembranza desde una mentalidad exclusivamente cient&iacute;fica. He hablado de la identidad de muchas formas y, algunas veces, contradictoriamente. Es normal despu&eacute;s de una vida escribiendo.</p>
<p>-Por &uacute;ltimo, &iquest;qu&eacute; pas&oacute; con la poes&iacute;a?</p>
<p>-Eso digo yo: &lsquo;&iexcl;Qu&eacute; le pas&oacute; a la poes&iacute;a conmigo!&rsquo;&hellip; Yo creo que, cuando Luis Mateo D&iacute;ez, Agust&iacute;n Delgado y yo escribimos <em>Parnasillo provincial de poetas ap&oacute;crifos</em>, a Luis Mateo y a m&iacute; la poes&iacute;a nos dijo adi&oacute;s: &lsquo;No me hab&eacute;is tomado en serio, ya nunca m&aacute;s os mirar&eacute; a la cara&rsquo;. Yo creo que fue as&iacute;.</p>
<p>-No la debe de echar de menos, a juzgar por su prosa.</p>
<p>-&iexcl;C&oacute;mo no la voy a echar de menos&hellip;! Mucho&hellip; Lo que pasa es que creo que simplemente soy un narrador. En realidad, casi todos mis poemas, rele&iacute;dos, son relatos. Deriv&eacute; naturalmente a la narrativa porque, aunque la poes&iacute;a me ense&ntilde;&oacute;, lo m&iacute;o no era la l&iacute;rica.</p>
<p>-Escribi&oacute;: &lsquo;Pero s&oacute;lo en la ruta de mi destino / mejor el planto que el rebuzno. / Mejor sentir que en la hoguera de alg&uacute;n verso / se quemar&aacute; mi sangre cualquier d&iacute;a&rsquo;.</p>
<p>-Es un homenaje a un tango. Date cuenta de que soy un admirador de la literatura popular, no s&oacute;lo oral. Me gustan los tangos, los boleros, los corridos, las rancheras, la copla,&hellip; &iexcl;Hay letras y m&uacute;sicas preciosas! No sabr&iacute;a vivir sin mis discos. Ese poema al que te refieres es el &uacute;ltimo: en la hoguera de alg&uacute;n verso, se quem&oacute; mi sangre y no volv&iacute; a escribir poes&iacute;a nunca m&aacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Don C&aacute;ndido -personaje- dispone que la escritura &ldquo;es un modo de materializar el pensamiento, pues el puro pensamiento es evanescente&rdquo;. El pensamiento es humo y la escritura, materia. Vale. Pero no s&oacute;lo la palabra escrita. Tambi&eacute;n la pronunciada. Lo demuestran, pasadas al papel, las respuestas de Jos&eacute; Mar&iacute;a Merino, llenas de arena y mar, esto es, de isla.</p>
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<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> Introducci&oacute;n a <em>Cien t&iacute;tulos,</em> de Juan Cruz Mart&iacute;nez</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a>&nbsp; Cap&iacute;tulo <em>Inutilidad de la academia</em>, p&aacute;gina 101 de <em>Las cenizas del F&eacute;nix</em>, editorial Calambur.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a> Revista Ficci&oacute;n Continua.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a> Antolog&iacute;a <em>Los mejores relatos espa&ntilde;oles del siglo XX</em>, seleccionada, prologada y anotada por Jos&eacute; Mar&iacute;a Merino.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a> Art&iacute;culo titulado <em>David y Goliat</em> para la revista Mercurio</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a> Celebrada a mediados de diciembre de 2009 para afrontar el Cambio Clim&aacute;tico.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a> <em>La hermosa charla</em>, El Pa&iacute;s, 19 de diciembre de 2009</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref8">[8]</a> En fechas precedentes a la entrevista salta la noticia de que esa foto de Centelles, el <em>Robert Capa espa&ntilde;ol</em>, ha sido adquirida por el Ministerio de Cultura y la depositar&aacute; en Salamanca junto al resto de su legado.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref9">[9]</a> <em>El mar dulce, </em>junto a M. A. Nieto. Planeta Agostini.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref10">[10]</a> En <em>Cumplea&ntilde;os lejos de casa</em>, Seix Barral.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref11">[11]</a> <em>El viajero perdido</em>, Alfaguara.</p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Fri, 04 Nov 2016 11:07:24 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Edurne]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/edurne/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas16/noviembre/aramburu500.jpg" alt="" /></p>
<p>1. Estaba la madre triste en la cocina un s&aacute;bado con el hijo. Clonc. Asomaron por las ranuras de la tostadora dos tostadas renegridas.</p>
<p>Entonces, &iquest;no me acompa&ntilde;as? Mira que no te lo vuelvo a repetir.</p>
<p>El muchacho rasp&oacute; lo quemado con un cuchillo antes de untar la tostada con crema de chocolate.</p>
<p>Ya te acompa&ntilde;&eacute; la &uacute;ltima vez. Adem&aacute;s est&aacute; lloviendo.</p>
<p>Cuatro gotas, Aitor. No seas flojo.</p>
<p>Que no, am&aacute;. Hoy no.</p>
<p>&iquest;T&uacute; tambi&eacute;n te vas a olvidar del abuelo? Todo el mundo se olvida de &eacute;l. Un hombre bueno y trabajador. En fin, me da que me estoy volviendo hist&eacute;rica.</p>
<p>Un poco, s&iacute;.</p>
<p>Pens&oacute;: &iquest;C&oacute;mo lo va a recordar si no lleg&oacute; a conocerlo? Estoy empleando la t&aacute;ctica equivocada. Para que piense en su abuelo yo deber&iacute;a hac&eacute;rselo interesante. Esta batalla la tengo perdida de antemano. A ver, &iquest;qu&eacute; recuerdos tengo yo de mis abuelos? El uno a&uacute;n no hab&iacute;a criado canas cuando lo mataron en la guerra. Ni siquiera sabemos d&oacute;nde est&aacute; enterrado. La abuela no perdi&oacute; nunca la esperanza de verlo volver. Me han contado que en el hospital, m&aacute;s muerta que viva, deliraba: &iquest;Ha venido Ram&oacute;n? &iquest;Ha venido Ram&oacute;n?</p>
<p>Am&aacute;, te oigo murmurar.</p>
<p>Se volvi&oacute; hacia la ventana. El mar gris a lo lejos, las nubes, la lluvia. Segu&iacute;a metida en sus pensamientos: Al padre de mi madre lo mat&oacute; el c&aacute;ncer cuando yo a&uacute;n no hab&iacute;a aprendido a andar. &iquest;C&oacute;mo era? Ni idea. El olvido se lo traga todo. El olvido es una fiera insaciable. Pero yo se lo voy a poner dif&iacute;cil. Por orgullo. Por ti, padre. Yo no te olvido. Ni a ti ni lo que te hicieron.</p>
<p>Las tostadas saben a quemado.</p>
<p>Te quejas de todo, &iquest;eh? Cinco euros si me acompa&ntilde;as.</p>
<p>Hoy no.</p>
<p>Le estuvo ocultando la verdad desde el nacimiento. Para protegerlo.</p>
<p>Sigui&oacute; hablando para s&iacute; mientras introduc&iacute;a en la tostadora otras dos lonchas de pan: &iquest;Para protegerlo de qu&eacute;? No me parec&iacute;a bien que creciese con una espina clavada en su alma de ni&ntilde;o. Y para que no fuera por ah&iacute; contando: mi abuelo esto, mi abuelo lo otro. &iquest;He sido cobarde? Seguro. Pero volver&iacute;a a actuar de la misma manera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>2. Fue Kike quien revel&oacute; al ni&ntilde;o la verdad poco antes que este cumpliera ocho a&ntilde;os. Kike hab&iacute;a hecho promesa de guardar silencio sobre el asunto del abuelo por los d&iacute;as en que Edurne y &eacute;l se pusieron de acuerdo en disolver el matrimonio.</p>
<p>Kike, d&iacute;as m&aacute;s tarde, jovial, por tel&eacute;fono: &iexcl;Qu&eacute; bien nos llevamos desde que no vivimos juntos!</p>
<p>Convinieron en una serie de medidas para que el ni&ntilde;o se viera afectado lo menos posible por la separaci&oacute;n. Kike se mostraba tan r&aacute;pidamente de acuerdo en todo que Edurne sospech&oacute; que no la escuchaba.</p>
<p>Este quiere perderme de vista cuanto antes.</p>
<p>Le hizo prometer que no contar&iacute;a al ni&ntilde;o c&oacute;mo hab&iacute;a muerto el abuelo. Ya se encargar&iacute;a ella de cont&aacute;rselo con la debida suavidad cuando Aitor hubiera cumplido catorce o quince a&ntilde;os.</p>
<p>A esa edad un muchacho est&aacute; en mejores condiciones de entender asuntos que duelen.</p>
<p>Ya te he dado mi palabra. No insistas.</p>
<p>Es que me preocupo.</p>
<p>Pues no te preocupes y eso que te ahorras.</p>
<p>Transcurrido un a&ntilde;o, Aitor entr&oacute; una tarde en casa diciendo alegremente que ya sab&iacute;a lo del abuelo. A Edurne le pareci&oacute; que acababa de caerse a un pozo de agua hirviente. Corri&oacute; al tel&eacute;fono. No lograba marcar el n&uacute;mero completo de Kike. Decidi&oacute; esperar a que se le hubiese pasado la primera racha de ira.</p>
<p>Ya veo que para ti no significa nada una promesa. Pensaba que est&aacute;bamos de acuerdo en este punto.</p>
<p>La calma de Kike la exasperaba a tal extremo que dio un manotazo a la pared.</p>
<p>Ese amigo suyo, &Iacute;&ntilde;igo, le ha hecho unas insinuaciones en el colegio y &eacute;l me ha preguntado. No se lo he podido ocultar. Ahora, a m&iacute; no me parece que esto le haya causado ning&uacute;n trauma. Se lo ha tomado con naturalidad.</p>
<p>Ella pens&oacute;: Est&aacute; casado con otra mujer. &iquest;Qui&eacute;n soy yo para hacerle reproches?</p>
<p>Resuelta a marcar las distancias, le retir&oacute; el nombre de confianza.</p>
<p>Bueno, Enrique, ya no hay remedio.</p>
<p>Y a continuaci&oacute;n, la voz ahogada por un pujo de llanto, pronunci&oacute; un adi&oacute;s r&aacute;pido y colg&oacute; el tel&eacute;fono.</p>
<p>Decidi&oacute; esperar, sentada a la mesa de la sala, al dolor de cabeza que le viene cada vez que se excita. No le ven&iacute;a, qu&eacute; raro, y dieron entretanto las doce de la noche. Hab&iacute;a encendido las cuatro velas de un candelabro de adorno, simplemente porque las ten&iacute;a delante y vio la caja de cerillas y ya todo le daba igual y la jaqueca no tardar&iacute;a en torturarla, pero tardaba. El candelabro y las velas, de una fealdad insoportable, eran un regalo-imposici&oacute;n de su suegra. Para evitar roces con la vieja, Edurne no se hab&iacute;a atrevido nunca a usar aquellas horribles velas con retorceduras como de columna salom&oacute;nica.</p>
<p>Est&eacute;tica de ultratumba. A la mierda con todo y con todos. No quiero m&aacute;s convenciones, ataduras ni falsedades.</p>
<p>Estuvo una hora cavilando sin apartar la mirada del resplandor tranquilo de las llamas.</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; hago? &iquest;Me deprimo, me tiro por la ventana, vac&iacute;o de un trago una botella de lej&iacute;a?</p>
<p>Pens&oacute; por &uacute;ltimo: Lo que no voy a hacer es llorar.</p>
<p>Le dio a este punto un coraje repentino, sopl&oacute; las velas hasta apagarlas y, susurrando que hab&iacute;a llegado la hora de luchar y rebelarse, decidi&oacute; cultivar la memoria de su padre a partir de aquel momento en presencia de Aitor. A la ma&ntilde;ana siguiente colg&oacute; fotograf&iacute;as en las paredes. Reparti&oacute; otras, con o sin marco, sobre los muebles y por la tarde mostr&oacute; a su hijo recortes de peri&oacute;dico que guardaba en una vieja carpeta. Ni siquiera le ocult&oacute; uno donde figuraban los retratos de tres detenidos. Se&ntilde;al&oacute; a uno de ellos.</p>
<p>Este fue uno de ellos, no sabemos si el que dispar&oacute;.</p>
<p>El s&aacute;bado siguiente llev&oacute; a Aitor a visitar la tumba del abuelo. Madre e hijo repitieron la visita a menudo; pero a medida que pasaban los meses el muchacho fue perdiendo inter&eacute;s.</p>
<p>Diez euros.</p>
<p>Am&aacute;, jo&eacute;, ya te he dicho que hoy no puedo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>3. Tom&oacute; el autob&uacute;s de la l&iacute;nea 9 para subir a Polloe. Fue la &uacute;nica en apearse. Como de costumbre, se detuvo a leer la inscripci&oacute;n en el arco de la entrada: <em>PRONTO SE DIR&Aacute; DE VOSOTROS LO QUE SUELE AHORA DECIRSE DE NOSOTROS. &iexcl;&iexcl;MURIERON!! </em>A pesar de que pod&iacute;a repetir aquellas palabras de memoria, nunca entraba en el cementerio sin leerlas, no sab&iacute;a por qu&eacute; ni le importaba. Man&iacute;as. Hubo de levantar la cara hacia el cielo gris de media ma&ntilde;ana para cerciorarse de que llov&iacute;a. Ahora en una mejilla, ahora en un p&aacute;rpado o en la frente, las gotas diminutas le causaban una grata sensaci&oacute;n como de finos pinchazos de fr&iacute;o. Abri&oacute; el paraguas para proteger su peinado reciente de peluquer&iacute;a. Sonaban los tacones de sus zapatos por el camino asfaltado del cementerio.</p>
<p>Pens&oacute;: En lo que a m&iacute; concierne, esta es la casa del padre, como la llam&oacute; el poeta aquel, Aresti. Y a la casa del padre, del m&iacute;o al menos, hay que venir elegante.</p>
<p>La tumba se encontraba al costado de un sendero en cuesta, adosada a otras similares. En la l&aacute;pida, bajo una cruz sencilla, figuraban el nombre y apellidos de su padre y dos fechas. Por los d&iacute;as del entierro, hac&iacute;a ya tantos a&ntilde;os, algunos parientes les aconsejaron a ella y a su madre que evitasen cualquier palabra, emblema, se&ntilde;al, que pudiera servir para identificar al difunto como v&iacute;ctima del terrorismo.</p>
<p>La losa se alargaba hacia el sendero sin m&aacute;s adorno que una maceta con un peque&ntilde;o boj de forma c&oacute;nica. El borde de la tumba sobresal&iacute;a obra de medio metro del suelo. A menos que hubiera testigos, lo que suced&iacute;a raras veces, Edurne acostumbraba sentarse en dicho borde y hablar en pensamiento o con susurros a su padre. Nunca rezaba; pero, a imitaci&oacute;n de su difunta madre, al llegar sol&iacute;a santiguarse.</p>
<p>Edurne extendi&oacute; sobre la losa mojada una bolsa de pl&aacute;stico y sobre la bolsa, su pa&ntilde;uelo de cuello. Tras asegurarse de que no hab&iacute;a gente por los alrededores, se acomod&oacute; lo mejor que pudo en su improvisado asiento.</p>
<p>Han vuelto a mandarme la solicitud. Ya les dije a los de la Oficina de V&iacute;ctimas que no soy la persona adecuada. Todav&iacute;a hay en m&iacute; mucho dolor y mucho rencor. Como lo oyes, ait&aacute;. Es falso, como creen algunos, que el tiempo cura las heridas. En mi caso, el tiempo las ha empeorado. Desde que me comunicaron la propuesta no he vuelto a dormir una noche entera de un tir&oacute;n. Estoy como al principio, como si te acabaran de asesinar esos malvados. Me arde de repente una brasa en el est&oacute;mago, me pongo a sudar y a revolverme mientras imagino escenas horribles en las que mato con la misma crueldad que ellos y hago mucho da&ntilde;o, tanto que me sobresalto y a las dos o las tres de la madrugada estoy tan despierta como de d&iacute;a. Entonces enciendo la l&aacute;mpara porque ya s&eacute; que el rencor no va a dejarme reposar. Leo una novela o miro la televisi&oacute;n con auriculares para que Aitor no oiga el ruido desde su cuarto. Y a&uacute;n me piden que vaya a escuchar a uno de los tipos que nos destroz&oacute; la vida. S&oacute;lo de pensarlo se me corta la respiraci&oacute;n.</p>
<p>La sac&oacute; de su soliloquio un anciano con boina que, parado a unos cien metros, en una encrucijada<strong>, </strong>tend&iacute;a nerviosamente la mirada en rededor. Su llamativa conducta no pudo menos de sorprender a Edurne. El viejo trot&oacute; de pronto con pasos menudos y porte rid&iacute;culo hacia el costado de un pante&oacute;n. Volvi&oacute; a mirar a un lado y otro como quien se dispone a cometer una fechor&iacute;a. En esto, se baj&oacute; los pantalones y, acuclillado junto la pared, convencido sin duda de que nadie lo observaba, se aliger&oacute; del vientre antes de perderse de vista entre las tumbas.</p>
<p>Lleva diecis&eacute;is a&ntilde;os en la c&aacute;rcel y esperemos que all&iacute; siga, pudri&eacute;ndose bien podrido. Claro que cualquier d&iacute;a de estos igual lo sueltan. No me inspiran ninguna confianza los actuales gobernantes. Son blandos, ait&aacute;, blandos y contradictorios y, con tal de mantenerse en el poder, ser&iacute;an capaces de las mayores vilezas. &iquest;C&oacute;mo me voy yo a presentar delante de uno de los que te mataron? Es lo que les dije a los mediadores. Pero ellos insisten en que el terrorista est&aacute; arrepentido. Se sali&oacute; de la banda y, como se sali&oacute;, sus jefes lo echaron. Me preguntan si tendr&iacute;a inter&eacute;s en leer una nota de arrepentimiento que ha escrito. Lo que yo quiero es que resucite a mi padre. Con eso me conformaba. Malditas las ganas que tengo de leer las chorradas de un asesino hip&oacute;crita que, haci&eacute;ndose el bueno, aspira a conseguir la libertad, nos ha jodido. Los de la Oficina aseguran que los reclusos no obtienen beneficios penitenciarios por reunirse con las v&iacute;ctimas. &iquest;Y si los mediadores mintieran con el noble fin de contribuir a la paz? &iquest;Hay alguien que diga la verdad? No me f&iacute;o ni de mi cara en el espejo.</p>
<p>Se puso de pie. Bajaba por el sendero una mujer de unos sesenta a&ntilde;os con una regadera met&aacute;lica. Edurne la salud&oacute; al pasar. La mujer no respondi&oacute;. Ten&iacute;a las dos medias agujereadas a la altura de las pantorrillas.</p>
<p>Pens&oacute;: Quienquiera que haya creado el cosmos fue un chapucero.</p>
<p>Ya no volvi&oacute; a sentarse. Pleg&oacute; con cuidado el pa&ntilde;uelo y lo guard&oacute;. Con la bolsa de pl&aacute;stico hizo una pelota.</p>
<p>Me voy, ait&aacute;. He prometido a Aitor fre&iacute;rle croquetas de bacalao. Es buena persona, quiz&aacute; demasiado buena. Eso s&iacute;, cada vez se me hace m&aacute;s dif&iacute;cil traerlo al cementerio. Compr&eacute;ndelo. Ha entrado en la adolescencia, tiene sus ilusiones y sus problemas, y este no es exactamente un lugar divertido para un muchacho de catorce a&ntilde;os. En fin, ya te he dicho lo que ten&iacute;a que decirte. T&uacute; estate tranquilo porque no voy a consentir que me embauquen los de la Oficina. Ni arrastrada ir&iacute;a yo, f&iacute;jate lo que te digo, a hablar con un sanguinario. L&aacute;stima que est&eacute;s muerto y no puedas darme tu opini&oacute;n.</p>
<p>La sobresaltaron unos toques repentinos en el hombro. Al volverse vio a la se&ntilde;ora de la regadera, que ten&iacute;a levantado un dedo &iacute;ndice sucio de barro.</p>
<p>Oye, ya perdonar&aacute;s.</p>
<p>&iquest;Necesitas ayuda?</p>
<p>No, no, es que me he dado cuenta de que antes me has saludado y no te he respondido. Iba tan metida en mis cosas...</p>
<p>No te preocupes.</p>
<p>Bueno, agur, pues.</p>
<p>Agur.</p>
<p>De nuevo fij&oacute; la mirada en los agujeros de las medias. Esta vez no quit&oacute; el ojo de encima a la mujer hasta que la vio desaparecer tras una hilera de panteones. Segu&iacute;a lloviendo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>4. Sali&oacute; del cementerio convencida de que el asunto estaba liquidado. Se lo dijo para sus adentros una y otra vez mientras bajaba en autob&uacute;s a la ciudad y se lo sigui&oacute; diciendo por el camino a casa, tan absorta en su obsesi&oacute;n que a punto estuvo de ser atropellada por una moto.</p>
<p>&iquest;Qu&eacute;, ya no saludas?</p>
<p>Huy, Kike, perdona.</p>
<p>&iquest;No te acuerdas de m&iacute;? Soy el padre de tu hijo.</p>
<p>Me tienes que perdonar. Tengo mucha prisa.</p>
<p>Pues anda despierta, no te vayas a pasar de largo.</p>
<p>Ella no aceptar&iacute;a entrevistarse bajo ning&uacute;n concepto con uno de los que mataron a su padre. Por decencia, por orgullo y porque lo hab&iacute;a prometido ante la tumba del asesinado.</p>
<p>A m&iacute; que me olviden.</p>
<p>Y, sin embargo, aunque estaba o cre&iacute;a estar segura de su decisi&oacute;n, no consegu&iacute;a apartar del pensamiento la propuesta de la Oficina de V&iacute;ctimas del Gobierno Vasco. Le hab&iacute;an garantizado la confidencialidad de los encuentros. Le explicaron los objetivos de aquella iniciativa que hab&iacute;a partido de los propios reclusos. Le ofrecieron la posibilidad de entrevistarse primeramente con otras v&iacute;ctimas que se hubieran encontrado en la prisi&oacute;n de Nanclares con disidentes de ETA.</p>
<p>No.</p>
<p>Por supuesto que no estaba obligada a perdonar. Se trataba simplemente de mantener una conversaci&oacute;n, de contarse lo que se quisieran contar.</p>
<p>No.</p>
<p>Con la posibilidad, claro est&aacute;, de interrumpir el encuentro cuando la v&iacute;ctima lo desease.</p>
<p>Que no, oiga, que esto es muy fuerte para m&iacute;.</p>
<p>La acompa&ntilde;ar&iacute;a, si lo consideraba oportuno, un mediador. No ten&iacute;a por qu&eacute; quedarse a solas con el preso.</p>
<p>Con el asesino, querr&aacute; usted decir.</p>
<p>En casa prepar&oacute; las prometidas croquetas de bacalao. S&oacute;lo ten&iacute;a que fre&iacute;rlas pues hab&iacute;a hecho la masa de v&iacute;spera. Incapaz de concentrarse en la tarea, las de la primera sartenada le quedaron aceitosas, blandas, medio crudas, y las siguientes se le quemaron. Aitor mordisque&oacute; decepcionado dos o tres.</p>
<p>Oye, por hacerme un favor no tienes que comerlas.</p>
<p>Jo, am&aacute;, es que no te han salido bien.</p>
<p>Por la tarde, Edurne continu&oacute; d&aacute;ndole vueltas a la idea de verse cara a cara con el terrorista que hab&iacute;a solicitado la reuni&oacute;n. Imagin&oacute; un sinn&uacute;mero de situaciones, algunas sobremanera desagradables, incluso violentas; otras, rid&iacute;culas de puro inveros&iacute;miles, en las que ultrajaba la memoria de su padre, como aquella en que se arrancaba a postular las mismas ideas pol&iacute;ticas del agresor y terminaba ech&aacute;ndose en sus brazos enamorada. Se avergonz&oacute; de su frivolidad. Cuanto m&aacute;s risue&ntilde;as eran las escenas que le dibujaba su imaginaci&oacute;n, mayor sufrimiento le causaban.</p>
<p>&nbsp;Intent&oacute; distraerse a toda costa. Fue al cine a ver una pel&iacute;cula insustancial a la que apenas prest&oacute; atenci&oacute;n. A la salida, estuvo prob&aacute;ndose ropa y zapatos en varios establecimientos; accedi&oacute; a los galanteos de un se&ntilde;or cercano a los sesenta, que la cubri&oacute; de piropos junto a la barra de una cafeter&iacute;a y se qued&oacute; visiblemente chasqueado cuando a ella se le ocurri&oacute; anunciarle que se iba a hacer la cena a su marido. Poco antes del cierre de los comercios, compr&oacute; dos novelas en su librer&iacute;a de costumbre.</p>
<p>Hiciera lo que hiciera, no pasaban cinco minutos seguidos sin que le viniese a la mente la cara del terrorista, la del retrato en blanco y negro del recorte de peri&oacute;dico. Una cara joven, atractiva, sonriente; una cara de chico majo que a Edurne no le resultaba f&aacute;cil vincular con armas y v&iacute;ctimas. A veces, en el curso de sus reflexiones, le sobreven&iacute;a una aguda sensaci&oacute;n de humillaci&oacute;n y de verg&uuml;enza que la obligaba a detenerse en medio de la calle y mirar a todos lados, asustada por la posibilidad de que los transe&uacute;ntes pudieran leer sus pensamientos.</p>
<p>De anochecida lleg&oacute; a su casa con el &aacute;nimo deshecho, torturada por un intenso dolor de cabeza cuyos primeros s&iacute;ntomas le hab&iacute;an empezado en el cine. Decidi&oacute; tomar una pastilla y acostarse sin demora. Antes quiso preguntar a su hijo si ya hab&iacute;a cenado y darle de paso las buenas noches.</p>
<p>Por las rendijas de la puerta sal&iacute;a luz. Llam&oacute;. Ten&iacute;an hecho acuerdo de no entrar de sopet&oacute;n en sus respectivas habitaciones y despedirse todos los d&iacute;as antes de dormir.</p>
<p>No s&eacute; si hago bien. Quiz&aacute; lo protejo demasiado. Quiz&aacute; por mi culpa sea un d&iacute;a un hombre fr&aacute;gil.</p>
<p>Aitor estaba sentado encima de la cama, manejando el iPhone que le hab&iacute;a sido robado d&iacute;as atr&aacute;s.</p>
<p>&iquest;No te dije que ser&iacute;a pan comido encontrarlo con el sistema de localizaci&oacute;n?</p>
<p>Edurne se sent&oacute; a su lado.</p>
<p>El iPhone estaba en casa de &Iacute;&ntilde;igo, &iquest;verdad?</p>
<p>No me ha hecho falta usar el sistema.</p>
<p>Porque sab&iacute;as desde el principio que &eacute;l te mang&oacute; el iPhone.</p>
<p>Me lo ha devuelto por su cuenta. Me ha llamado por tel&eacute;fono y me ha dicho: Ven y te lo doy. Y para que sepas, no me lo ha robado. Yo me lo olvid&eacute; en clase y &eacute;l se lo llev&oacute; para que nadie me lo robara. La prueba es que me lo ha devuelto.</p>
<p>Vamos, Aitor, abre los ojos. El iPhone te desapareci&oacute; el lunes pasado. Tu amiguito ha tenido toda la semana para devolv&eacute;rtelo. El mi&eacute;rcoles por la tarde estuvo aqu&iacute;. Hablamos en la cocina de lo que hab&iacute;a pasado y &eacute;l se call&oacute;.</p>
<p>Am&aacute;, sus padres tienen poco dinero. A &Iacute;&ntilde;igo no le pueden comprar tantas cosas como t&uacute; o el ait&aacute; a m&iacute;.</p>
<p>Y entonces te parece justo que robe.</p>
<p>Edurne se percat&oacute; de que a su hijo se le empezaban a humedecer los ojos.</p>
<p>No ir&aacute;s a llorar, &iquest;eh?</p>
<p>Le he perdonado.</p>
<p>Ah, &iquest;c&oacute;mo? &iquest;Te ha pedido perd&oacute;n?</p>
<p>No. Le he perdonado porque es mi amigo.</p>
<p>Me da que te falla la memoria. El a&ntilde;o pasado te anduvo sacando dinero. Si no me llego a enterar, todav&iacute;a te estar&iacute;a desplumando. Y una vez te peg&oacute;.</p>
<p>&Eacute;ramos peque&ntilde;os.</p>
<p>No tan peque&ntilde;os. Doce a&ntilde;os.</p>
<p>&Iacute;&ntilde;igo es mi mejor amigo. No me gusta que hables mal de &eacute;l, am&aacute;. Ha hecho una cosa fea, pero ya lo hemos arreglado. T&uacute; me parece que tampoco andas bien de memoria. Olvidas que &Iacute;&ntilde;igo me ha defendido de otros, hasta de chavales mayores que &eacute;l.</p>
<p>Edurne bes&oacute; a su hijo en la mejilla y le dio las buenas noches.</p>
<p>Me duele mucho la cabeza.</p>
<p>Fueron sus &uacute;ltimas palabras antes de salir de la habitaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>5. El domingo, las dos amigas se reunieron a las cuatro de la tarde en la cafeter&iacute;a del hotel Orly, cerca de la vivienda de Edurne. Apenas unas horas antes hab&iacute;an concertado la cita por tel&eacute;fono. Mariasun no vacil&oacute; en aceptar el encuentro. Para evitarle molestias, Edurne expres&oacute; su prop&oacute;sito de viajar a Ir&uacute;n, donde Mariasun resid&iacute;a y ten&iacute;a su consultorio. Mariasun prefiri&oacute; aprovechar la cita para dar una vuelta por San Sebasti&aacute;n.</p>
<p>No ando en busca de tratamiento. Simplemente tengo una duda y necesito que alguien de confianza me diga: Haz esto o no lo hagas. Estoy dispuesta a obedecer. Sola no puedo tomar una decisi&oacute;n.</p>
<p>&iquest;Tienes alg&uacute;n problema f&iacute;sico?</p>
<p>No. Bueno, s&iacute;. Desde ayer me duele la cabeza, pero no te llamo por eso. Ni siquiera s&eacute; si tengo un problema, aunque supongo que no saber si una tiene un problema ya es un problema. En fin, ser&aacute; mejor que nos veamos y te lo explique.</p>
<p>Edurne decidi&oacute; presentarse con adelanto en la cafeter&iacute;a del hotel para no hacer esperar a su amiga; pero, a su llegada, Mariasun ya estaba all&iacute;, sentada junto a uno de los ventanales con un caf&eacute; solo y un vaso de whisky encima de la mesa. Acudi&oacute; sonriente al abrazo de su amiga.</p>
<p>&iquest;Te sigue doliendo la cabeza?</p>
<p>Algo menos.</p>
<p>Tomaron asiento una frente a otra. Edurne pidi&oacute; a la camarera un agua mineral, aunque no ten&iacute;a intenci&oacute;n de beberla. Tras cerciorarse de que nadie sino su amiga la escuchaba, refiri&oacute; a esta con pormenores todo lo concerniente a la propuesta que hab&iacute;a recibido de la Oficina de V&iacute;ctimas, su firme determinaci&oacute;n de rechazarla y las dudas que sin embargo la mortificaban, dudas que se hab&iacute;an agudizado a ra&iacute;z del di&aacute;logo que hab&iacute;a mantenido con su hijo la noche anterior.</p>
<p>Le cont&oacute; a Mariasun el episodio del iPhone robado, sin omitirle las distintas interpretaciones que ella y Aitor hac&iacute;an del asunto. Le confes&oacute; que la rapidez con que su hijo hab&iacute;a perdonado a quien ella consideraba un falso amigo se le figuraba un signo de debilidad, eso seguro, pero, por encima de todo, un precio excesivamente alto que el muchacho pagaba por miedo a posibles represalias.</p>
<p>Para m&iacute; que el otro lo chantajea.</p>
<p>Estas historias de adolescentes son bastante comunes. &iquest;Qu&eacute; relaci&oacute;n piensas que guarda con el proyecto del Gobierno Vasco?</p>
<p>Eso es precisamente lo que quiero que me aclares como experta que eres en conductas humanas. Porque lo cierto es que me compromet&iacute; a responderle el jueves que viene al pesadito de la Oficina y, desde mi conversaci&oacute;n con Aitor, me siento insegura. El asunto no me da un segundo de tranquilidad. Temo cometer un grave error tanto si voy a hablar con el terrorista como si no voy. Aunque no de la misma manera que mi hijo, tambi&eacute;n me siento chantajeada. Si acepto el encuentro, me parece que traiciono a mis padres. Si lo rechazo, se apodera de m&iacute; la sensaci&oacute;n de estar atrapada en el rencor.</p>
<p>&iquest;Has hablado con Kike?</p>
<p>Est&aacute; fuera de mi vida. M&aacute;s all&aacute; de las cuestiones relativas a Aitor, no creo que tengamos mucho que decirnos.</p>
<p>Mariasun pidi&oacute; la cuenta. No hab&iacute;a venido, dijo, a San Sebasti&aacute;n para pasarse la tarde entera metida en una cafeter&iacute;a y adem&aacute;s necesitaba fumar urgentemente un cigarrillo.</p>
<p>En vista de que ya no llov&iacute;a, se pusieron de acuerdo las dos amigas en caminar por la playa a menos que la marea no lo permitiese. La pleamar apenas dejaba transitable una estrecha franja de arena. Y de la mitad de la playa en adelante, ni siquiera eso. Decidieron entonces recorrer el paseo de Miraconcha hasta el t&uacute;nel de El Antiguo y despu&eacute;s volver.</p>
<p>El cielo estaba encapotado. A Edurne le extra&ntilde;aba que transcurrieran los minutos y Mariasun se limitara a disfrutar de su cigarrillo sin decir una palabra.</p>
<p>Pensaba que hablar&iacute;amos.</p>
<p>Estoy reflexionando. &iquest;Cu&aacute;nto crees que vale un piso por esta zona?</p>
<p>Mucho.</p>
<p>Anduvieron durante varios minutos en silencio. En esto, Mariasun se detuvo a contemplar el mar, apoyada de codos en la barandilla. Edurne se coloc&oacute; a su lado.</p>
<p>En mi opini&oacute;n, tu hijo ha actuado de manera sensata. No lo acucia el orgullo y eso t&uacute; lo interpretas como debilidad. Crees que cede, que se encoge. Quiz&aacute; no hayas ca&iacute;do en la cuenta de que a Aitor le podr&iacute;a parecer una injusticia el hecho de que &eacute;l posea cosas que su amigo no se puede costear.<strong> </strong>No s&eacute; si me explico. En alguna ocasi&oacute;n me has contado que Aitor es un ni&ntilde;o sensible. Ponte ahora en su lugar. &iquest;Qu&eacute; ha hecho &eacute;l para conseguir un iPhone y todo lo que tenga en casa, que supongo que no ser&aacute; poco porque ni a ti ni a Kike os va mal econ&oacute;micamente? El &uacute;nico requisito que el muchacho ha tenido que cumplir para gozar de unas holgadas condiciones de vida es ser vuestro hijo. Pero eso no es un m&eacute;rito, puesto que nadie est&aacute; capacitado para elegir antes del nacimiento a sus padres.</p>
<p>Frente a las dos amigas, las aguas de la bah&iacute;a copiaban el gris del cielo. Las olas llegaban espaciadas, sin fuerza, rotas en espuma perezosa hasta el muro del paseo. El horizonte marino se difuminaba a lo lejos detr&aacute;s de una gasa sutil de bruma.</p>
<p>&iquest;Pretendes afirmar que mi hijo vive como una injusticia que le compremos cosas?</p>
<p>No lo s&eacute; ni tampoco creo que nos llevar&iacute;a a ninguna parte averiguarlo. En cambio, intuyo que no le parece correcto que su amigo carezca de cosas que &eacute;l tiene. En consecuencia, se siente culpable o por lo menos inc&oacute;modo delante de... &iquest;C&oacute;mo se llama?</p>
<p>&Iacute;&ntilde;igo.</p>
<p>Y de ah&iacute; le viene una necesidad, m&aacute;s natural de lo que t&uacute; acaso creas, de compartir. Una manera de lograrlo es olvidar el iPhone o lo que sea en clase y dejarlo a la vista de su amigo.</p>
<p>O sea, que se deja robar.</p>
<p>No, puesto que luego perdona, con lo cual anula el posible delito.</p>
<p>Cuanto m&aacute;s hablas, m&aacute;s me hundes.</p>
<p>Pero es que al perdonar pone fin a una situaci&oacute;n inc&oacute;moda, desagradable, dolorosa; en una palabra, a una situaci&oacute;n que no le gusta. Esto s&iacute; lo has entendido, Edurne, quiz&aacute; sin darte cuenta. Y puede que en el fondo de ti apruebes la actitud de tu hijo, aunque no sepas bien por qu&eacute; y te d&eacute; miedo la idea de que todos se podr&iacute;an aprovechar de &eacute;l.</p>
<p>Bueno, y &iquest;cu&aacute;l es la conclusi&oacute;n?</p>
<p>La conclusi&oacute;n es que nunca ganar&eacute; lo suficiente para comprarme un piso en esta zona.</p>
<p>En serio.</p>
<p>Pues que deber&iacute;as entrevistarte con el miembro del comando que asesin&oacute; a tu padre.</p>
<p>Nunca perdonar&eacute;. Yo no soy mi hijo y no tengo nada que compartir, como no sea sufrimiento.</p>
<p>Exacto. Esa reflexi&oacute;n me gusta.</p>
<p>No voy a perdonar, Mariasun. Est&aacute; por encima de mis fuerzas.</p>
<p>Que yo sepa, nadie te ha pedido que perdones.</p>
<p>Entonces, &iquest;a qu&eacute; co&ntilde;o voy a ir a Vitoria?</p>
<p>Apart&aacute;ndose de la barandilla, Mariasun reanud&oacute; la marcha. Mientras encend&iacute;a otro cigarrillo, esper&oacute; a que Edurne estuviera a su lado. A tiempo de exhalar la primera bocanada, le dijo:</p>
<p>Vete all&iacute; a poner t&eacute;rmino a lo que te est&aacute; corroyendo desde hace muchos a&ntilde;os por dentro. Ve a la cita con el desgraciado ese aunque s&oacute;lo sea por ego&iacute;smo. End&iacute;lgale todo lo que puedas de tu dolor. Quiz&aacute; logres as&iacute; aligerarte de peso. Si no vas, tendr&aacute;s que seguir cargando con &eacute;l t&uacute; sola.</p>
<p>Edurne volvi&oacute; unos instantes la mirada hacia la bah&iacute;a.</p>
<p>No s&eacute;, no me terminas de convencer.</p>
<p>Ni lo pretendo. Te ordeno que vayas a Vitoria. &iquest;Acaso no esperabas de m&iacute; una orden? Pues ah&iacute; la tienes.</p>
<p>Y yo te mando que dejes de fumar, que ya no eres una cr&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>6. Llevaba un establecimiento propio de compraventa de autom&oacute;viles. Lo llevaba con la ayuda de tres empleados. Hasta mediados de la d&eacute;cada de los setenta hab&iacute;a tenido un socio al que le tiraban mucho las apuestas y la bebida. Se separaron. &Eacute;l pidi&oacute; un pr&eacute;stamo a la caja de ahorros para comprarle al borrachingas su parte del negocio. Le cost&oacute; tiempo levantar cabeza. Como era muy trabajador, finalmente empez&oacute; a prosperar. Le iba tan bien que estaba pensando adquirir un segundo local. Ven&iacute;a de familia humilde. A su padre lo fusilaron cuando la guerra. En Asturias o por ah&iacute;. Entre los que vigilaban a los prisioneros hab&iacute;a un falangista, vecino suyo. Le dio el reloj para que se lo entregase a su mujer. Ella nunca crey&oacute; que lo hubieran matado. Hasta el &uacute;ltimo d&iacute;a de su larga vida estuvo convencida de que volver&iacute;a. Cri&oacute; a los cuatro hijos ella sola y guardaba el reloj del marido en el bolsillo del delantal. Esos han pasado mucha hambre. Y en &eacute;l se notaba la pasi&oacute;n por el trabajo, el sentido de la responsabilidad, un convencimiento firme de que el dinero hay que ganarlo con sudor y madrugones porque en esta vida nadie regala nada. Era ma&ntilde;oso, honrado, valiente. Mont&oacute; el primer taller sin apenas capital. Arreglaba carrocer&iacute;as de sol a sol. Y sali&oacute; adelante a pesar del socio gandul que por poco le arruina la empresa. Escrib&iacute;a con faltas, pero le daba igual. Luego se pudo permitir un empleado que se ocupaba del papeleo. A veces paseaba por la ciudad con la peque&ntilde;a Edurne de la mano y le dec&iacute;a lleno de orgullo: Ese coche lo vend&iacute; yo, ese que est&aacute; ah&iacute; aparcado tambi&eacute;n. Con frecuencia no iba a comer a casa. Llamaba por tel&eacute;fono y le dec&iacute;a a su mujer: Oye, que tengo un cliente y no lo puedo despachar. &Eacute;l era as&iacute;. Se marchaban los empleados, pero &eacute;l segu&iacute;a atendiendo a los posibles compradores fuera del horario laboral. En esas ocasiones almorzaba en su bar de toda la vida, en el barrio de Gros. Y m&aacute;s que el almuerzo lo que &eacute;l no quer&iacute;a perderse por nada del mundo era su partida de cartas a la hora del caf&eacute;. Se reun&iacute;an cuatro amigos, los de siempre, y se jugaban al mus las consumiciones. Ahora habr&iacute;a sido m&aacute;s precavido. Por aquellos d&iacute;as no se imagin&oacute; que lo ten&iacute;an vigilado. Lo operaron de una hernia y falt&oacute; m&aacute;s de una semana a la partida; pero en cuanto se sinti&oacute; recuperado volvi&oacute; al bar y al segundo o tercer d&iacute;a entraron a mirar, lo vieron jugando, lo esperaron fuera. Sali&oacute;. Por lo visto no era buen sitio para dispararle porque all&iacute; la acera es estrecha y hay mucho peat&oacute;n y cr&iacute;os. As&iacute; que prefirieron seguirlo un rato y, antes que llegara al taller, se le acerc&oacute; uno por detr&aacute;s y le solt&oacute; en plena luz del d&iacute;a, desde muy cerca, un tiro en la cabeza. Despu&eacute;s, cuando estaba ca&iacute;do en el suelo, le solt&oacute; otros dos, de manera que para cuando lleg&oacute; la ambulancia ya hab&iacute;a muerto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>7. No puede andar lejos porque la he visto hace un rato.</p>
<p>Por las tardes suele ir a la biblioteca.</p>
<p>Si sigue en la biblioteca es que a&uacute;n no lo sabe. &iquest;Qu&eacute; hacemos?</p>
<p>Lo primero, habr&iacute;a que comprobar si est&aacute; en la biblioteca como dice esta. Y despu&eacute;s una de las tres tendr&iacute;a que dec&iacute;rselo.</p>
<p>&iquest;Y por qu&eacute; no las tres?</p>
<p>Bueno, pues las tres, pero antes hay que ver si est&aacute; en la biblioteca.</p>
<p>Hac&iacute;a cosa de veinte minutos que la radio hab&iacute;a dado la noticia. Ser&iacute;an como las cuatro de la tarde. El locutor, voz grave: Interrumpimos la programaci&oacute;n, la v&iacute;ctima de 45 a&ntilde;os, propietario de, varios tiros cuando iba por, se cree que ETA, consternaci&oacute;n, han expresado su repulsa...</p>
<p>S&iacute; est&aacute;.</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; hacemos?</p>
<p>Hay que dec&iacute;rselo.</p>
<p>Yo no me atrevo.</p>
<p>Esto es fuerte. Vamos al pasillo a fumar y pensemos. Total, por cinco minutos no va a cambiar nada.</p>
<p>Una de las estudiantes ofreci&oacute; tabaco. Cada una se llev&oacute; un cigarrillo a los labios.</p>
<p>Y t&uacute;, &iquest;desde cu&aacute;ndo fumas?</p>
<p>Hoy hago una excepci&oacute;n. Me muero de los nervios.</p>
<p>A la primera calada empez&oacute; a toser. El profesor de Lat&iacute;n Vulgar ven&iacute;a por el pasillo con su malet&iacute;n marr&oacute;n y sus gafas de miope.</p>
<p>&iquest;Le pedimos que se lo diga &eacute;l?</p>
<p>El profesor las salud&oacute; al pasar y continu&oacute; su camino sin detenerse.</p>
<p>De todos modos, era una mala idea. No me imagino al viejo transmitiendo la tr&aacute;gica noticia con el debido tacto.</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; hacemos?</p>
<p>S&iacute;, porque algo hay que hacer. Se nos est&aacute; acabando el cigarro.</p>
<p>Pues lo echamos a suertes.</p>
<p>La que hab&iacute;a hecho la propuesta sac&oacute; una moneda. A cara o cruz lo decidieron.</p>
<p>T&uacute; entras.</p>
<p>Entr&oacute;. Edurne estaba tomando notas con un grueso libro abierto sobre la mesa. Un dedo tembloroso le toc&oacute; el hombro.</p>
<p>Sal. Hay una cosa que tienes que saber.</p>
<p>Y t&uacute; se lo dices.</p>
<p>Trat&oacute; de dec&iacute;rselo.</p>
<p>A tu padre...</p>
<p>No pudo seguir. Un sollozo repentino la dej&oacute; sin habla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>8. No daba la jornada laboral por terminada hasta no haber ordenado los papeles repartidos sobre la mesa. Antes de ponerse el abrigo ech&oacute; un chorrito de agua a una maceta con dalias que ten&iacute;a sobre una repisa, junto a una fotograf&iacute;a en blanco y negro de sus padres, sonrientes, reci&eacute;n casados, y otra de Aitor en colores. La planta y las fotograf&iacute;as eran los &uacute;nicos adornos del despacho. Nada m&aacute;s cruzar la puerta de salida, se despidi&oacute; de algunos compa&ntilde;eros arracimados en un c&iacute;rculo de conversaci&oacute;n y, al darse la vuelta para emprender el camino de su casa, casi choca con Kike, que la estaba esperando.</p>
<p>Tenemos que hablar.</p>
<p>Edurne le advirti&oacute; que andaba apurada de tiempo.</p>
<p>No te entretengo mucho. Estoy preocupado.</p>
<p>&iquest;Problemas matrimoniales?</p>
<p>Mi matrimonio marcha estupendamente. Eres t&uacute; quien me preocupa.</p>
<p>Mir&oacute; a los lados con unos movimientos r&aacute;pidos del cuello, como para certificar su inquietud.</p>
<p>Aqu&iacute; no podemos conversar. Deja por favor que te robe diez minutos. Tengo cierta esperanza de convencerte.</p>
<p>Ella pens&oacute;: Parece que en esta ciudad todo el mundo mira a los lados antes de hablar.</p>
<p>Se dirigieron a un bar de la plaza de Guip&uacute;zcoa, con terraza en los soportales. La terraza (sol, temperatura agradable) estaba de bote en bote. Encontraron una mesa libre en un rinc&oacute;n al fondo del local. Edurne no quiso beber nada.</p>
<p>Kike: Se lo hice repetir porque no me entraba en la cabeza. A ver, Aitor, despacio. &iquest;Seguro que has entendido bien? Dice que est&aacute;s dispuesta a ir a una c&aacute;rcel a hablar con un miembro de ETA. O exmiembro, me da igual. Uno con delitos de sangre. Si me apuras, el que dispar&oacute; contra tu padre y perdona que me exprese de este modo. No pretendo da&ntilde;arte. Deja por favor que diga las palabras como me vienen a la boca. No tengo mala intenci&oacute;n, te lo juro.</p>
<p>&iquest;Por qu&eacute; no paras de darle vueltas al caf&eacute;? Lo vas a marear.</p>
<p>Te pongo nerviosa. No es mi deseo. &iquest;C&oacute;mo puedes hacer semejante cosa?</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; cosa?</p>
<p>Hacerle el juego a un asesino, supongo que para que se le pasen los remordimientos, si de verdad tiene alguno. &iquest;Qu&eacute; dir&iacute;a tu pobre padre? &iquest;Y tu madre? Imagina que viviera tu madre. &iexcl;Con todo lo que sufri&oacute;! &iquest;Qu&eacute; pensar&iacute;a de esta decisi&oacute;n tuya? Yo es que no me lo explico. &iquest;A qu&eacute; vas all&iacute;? &iquest;Qu&eacute; sacas en limpio? Ese t&iacute;o se quiere aprovechar de ti, no s&eacute; c&oacute;mo. Luego saldr&aacute;s en la prensa.</p>
<p>Despu&eacute;s de la &uacute;ltima vuelta, depositada la cucharilla sobre el platillo, el caf&eacute; con leche sigui&oacute; girando en el interior de la taza. Edurne manten&iacute;a la mirada fija en el peque&ntilde;o remolino espumoso que se mov&iacute;a cada vez m&aacute;s despacio.</p>
<p>Se te va a enfriar.</p>
<p>Kike empuj&oacute; la taza hacia el borde de la mesa con intenci&oacute;n evidente de no probar el caf&eacute;. Gesticulaba nervioso.</p>
<p>No vayas, Edurne. Es una locura. &iquest;Y si te pones en peligro?</p>
<p>Edurne le clav&oacute; una mirada de desconcierto.</p>
<p>Enti&eacute;ndeme. Aunque ya no cometa atentados, esa gente sigue armada. En cualquier momento podr&iacute;an empezar a matar de nuevo. No ser&iacute;a la primera vez, &iquest;eh? Dicen una cosa y al de un tiempo hacen otra. Siguen defendiendo los mismos fines por los que han matado a tantas personas. No vayas, por favor. &iquest;Qu&eacute; necesidad tienes de buscarte l&iacute;os? S&iacute;, ya s&eacute;, ya s&eacute; que los presos que se re&uacute;nen con las v&iacute;ctimas est&aacute;n fuera de la organizaci&oacute;n. Te metes en un r&iacute;o de caimanes, hazme caso.</p>
<p>&iquest;Has terminado? Me tengo que ir. Tu hijo me espera. Hay que alimentarlo, &iquest;sabes?</p>
<p>Pues, mira, de &eacute;l quer&iacute;a hablarte precisamente. Lo pones en peligro.</p>
<p>Edurne dio un respingo en la silla.</p>
<p>&iquest;Qui&eacute;n, yo?</p>
<p>Ya me dir&aacute;s. M&aacute;s de una vez aqu&iacute; han pagado justos por pecadores. Si te se&ntilde;alas, si te siguen, y &eacute;l est&aacute; a tu lado... No me gustar&iacute;a que le pasara nada, &iquest;sabes? Si pudiera exigirte que no vayas a ver al tipo ese te lo exigir&iacute;a.</p>
<p>Pero no puedes.</p>
<p>Se puso de pie. Adelant&oacute; el cuerpo por encima de la mesa para acercar su cara a la de Kike.</p>
<p>Me gustar&iacute;a que de mayor mi hijo tuviera algo que t&uacute; nunca has tenido.</p>
<p>Ech&oacute; el cuerpo hacia atr&aacute;s antes de decir:</p>
<p>Huevos.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 04 Nov 2016 11:02:32 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA publica un cuento desconocido de Ramón J. Sender]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-publica-un-cuneto-desconocido-de-ramon-j-sender/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2016/sender500.jpg" alt="" /></p>
<p class="Textoindependiente21" style="text-align: left;" align="center"><strong>SE TITULA &ldquo;ECO MONTA&Ntilde;&Eacute;S&rdquo; Y FUE ESCRITO A LOS 15 A&Ntilde;OS</strong></p>
<p>La revista cultural TURIA, que distribuye este mes de noviembre un nuevo n&uacute;mero de su edici&oacute;n en papel, da a conocer el que puede considerarse el primer cuento publicado por un jovenc&iacute;simo Ram&oacute;n J.&nbsp; Sender. El relato se titula &ldquo;Eco monta&ntilde;&eacute;s&rdquo; y apareci&oacute; en el peri&oacute;dico madrile&ntilde;o &ldquo;Los comentarios&rdquo; el 27 de diciembre de 1916. Sender ten&iacute;a entonces quince a&ntilde;os y ya hab&iacute;a publicado en la prensa aragonesa varios art&iacute;culos de diversa naturaleza. De ah&iacute; que este rescate documental confirme la precocidad literaria del autor de t&iacute;tulos inolvidables de las letras espa&ntilde;olas del siglo XX como &ldquo;Cr&oacute;nica del alba&rdquo; o &ldquo;R&eacute;quiem por un campesino espa&ntilde;ol&rdquo;. Ahora TURIA, gracias a la labor del investigador Javier Barreiro, redescubre este texto perdido y lo analiza para los lectores de nuestros d&iacute;as.</p>
<p>En su estudio sobre las caracter&iacute;sticas y la singularidad del primer cuento publicado por&nbsp; Sender,&nbsp; Javier Barreiro llama la atenci&oacute;n&nbsp; &ldquo;sobre la tan realista como convincente descripci&oacute;n de la siesta y el trabajo de los segadores en un t&oacute;rrido verano, que el narrador sabe casi hacernos sentir f&iacute;sicamente. Tambi&eacute;n, la fidelidad en la reproducci&oacute;n del di&aacute;logo, plagado de aragonesismos, especialmente, fon&eacute;ticos, para los que el joven Sender demuestra un o&iacute;do alerta. No es exactamente la lengua de su tierra del Cinca; tiene m&aacute;s similitudes con la de Tauste, donde hab&iacute;a pasado unos meses de preadolescente pero, sobre todo, con la del bajo Jal&oacute;n, que habr&iacute;a o&iacute;do tantas veces en una Zaragoza, como la de la segunda d&eacute;cada del siglo XX, abundosa en campesinos transe&uacute;ntes, de compras, de visita o de chalaneo&rdquo;.</p>
<p>Seg&uacute;n Barreiro, en &ldquo;Eco monta&ntilde;&eacute;s&rdquo;&nbsp; resulta m&aacute;s socorrido &ldquo;el argumento con su final tremendista &ndash;una de las l&iacute;neas habituales de la narrativa corta de su &eacute;poca, que Sender debi&oacute; leer profusamente en colecciones populares como El Cuento Semanal y Los Contempor&aacute;neos- tan patente en los ronquidos que se escapan de la garganta seccionada de la v&iacute;ctima. Un relato, en fin, que nada desmerece de otros publicados por escritores ya hechos en publicaciones consagradas&rdquo;.</p>
<p>Sin duda, el cuento de Ram&oacute;n J. Sender que TURIA da a conocer resulta sorprendentemente maduro. Adem&aacute;s, Sender no volver&iacute;a a publicar otro cuento -y no superior est&eacute;ticamente- hasta casi tres a&ntilde;os despu&eacute;s (6 de julio 1919), cuando el tambi&eacute;n diario madrile&ntilde;o <em>La Tribuna</em> acogiese &ldquo;Las brujas del&nbsp; Compromiso&rdquo;.</p>
<p>Al leer ahora este relato publicado por el escritor altoaragon&eacute;s hace ya un siglo comprobaremos, una vez m&aacute;s, la raz&oacute;n que ten&iacute;a Sender cuando aseguraba a su madre: &ldquo;No te preocupes por m&iacute;. Con un kilo de cuartillas y un litro de tinta, sabr&eacute; defenderme en cualquier parte&rdquo;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<h3>Ram&oacute;n J. Sender (Chalamera, Huesca, 1901- San Diego, Estados Unidos, 1982) fue desde siempre un gran lector y escritor. Ejerci&oacute; tambi&eacute;n como periodista y hasta lo encontraremos como militar en dos ocasiones. Incansable propagandista republicano enganchado a todas las causas -y sus contrarias- posregeneracionista juvenil, anarquista despu&eacute;s y para siempre, compa&ntilde;ero de viaje de los comunistas de los que se separ&oacute; violentamente, ilustre exiliado y, al fin, honesto ciudadano norteamericano socialdem&oacute;crata y leal con el gobierno de su nuevo pa&iacute;s. Fue Sender, seg&uacute;n la certera opini&oacute;n del cr&iacute;tico Rafael Conte, &ldquo;un escritor imparable que se compromet&iacute;a en las causas a las que se acercaba, hosco, rebelde e indisciplinado, aunque todos hablan siempre sobre su honradez a toda prueba, su ternura y generosidad derrochadas con la que derram&oacute; su vida a manos llenas&rdquo;.</h3>
<h3>La revista cultural TURIA, que ya le ha dedicado varios monogr&aacute;ficos a su vida y obra, realiza ahora este redescubrimiento literario para disfrute de los buenos lectores. Porque Ram&oacute;n J. Sender, aunque instalado actualmente en un relativo olvido por parte de la industria editorial, fue un escritor prol&iacute;fico e insoslayable en cualquier balance cultural del siglo pasado. No en vano, algunos de sus m&aacute;s de cien libros publicados son merecedores de situarlo en la estela de los grandes narradores espa&ntilde;oles de todos los tiempos. Sender se encontrar&iacute;a as&iacute; entre esos nombres propios que, como Cervantes, Galdos o Baroja, se encuentran m&aacute;s all&aacute; de las modas. De ah&iacute;&nbsp; que fomentar hoy la lectura de Ram&oacute;n J. Sender resulte un necesario ejercicio de reivindicaci&oacute;n de un escritor torrencial, intuitivo y comprometido.</h3>
<p class="Textoindependiente21">TURIA es una publicaci&oacute;n cuatrimestral, editada por el IET de la Diputaci&oacute;n de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este nuevo n&uacute;mero ha contado tambi&eacute;n con el patrocinio de la Diputaci&oacute;n de Huesca y el mecenazgo de la empresa Aragonesa de Servicios P&uacute;blicos.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<h3>UN FRAGMENTO DE &ldquo;ECO MONTA&Ntilde;&Eacute;S&rdquo;</h3>
<p>El cuento &ldquo;Eco monta&ntilde;&eacute;s&rdquo; de Ram&oacute;n J. Sender, que publicar&aacute; el nuevo n&uacute;mero de la revista TURIA, se inicia con el siguiente fragmento que reproducimos a continuaci&oacute;n:</p>
<p>&ldquo;El sol en el cenit resplandeciente y abrasador. Del rastrojo sale un vaho caldeado que adormece. To&ntilde;&oacute;n frega unas torteras en el arroyuelo que serpentea cristalino. Cuando ha terminado su labor, se dirige con los utensilios hacia sus compa&ntilde;eros, que sestean a la sombra de un almendro. Bruno, con un pa&ntilde;uelo de cuadros sobre el rostro de bronce, y tumbado sobre el c&eacute;sped, aprovecha las horas de la siesta con enormes ronquidos. A su lado, una petaca y un panzudo botijo que refresca las gargantas labriegas en las horas estivales de calor insoportable. To&ntilde;&oacute;n se sienta sobre la hierba. Frente al trigal de los segadores, una era. La enorme trilladora no funciona. A un lado se ve una hilera de palas, horcas, m&aacute;s all&aacute; el pajar. Todo quietud. Tambi&eacute;n los de la era duermen. Es tanta la intensidad &iacute;gnea del sol, que en un momento parece que van a incendiarse las rubias mieses amontonadas en gavillas amarillentas. Todos descansan en esa hora de placida calma... Menos To&ntilde;&oacute;n. A su alrededor, los segadores amodorrados por el vaho ardoroso que les envuelve... Pero &eacute;l no puede dormir. Le obsesiona una idea. Es la que le hace cavilar todo el d&iacute;a. Quiere apartarla de su imaginaci&oacute;n sin poderlo conseguir. Para entretenerse hasta la hora del trabajo deletrea las columnas de un diario atrasado... Canta su monorritmo la cigarra borracha de sol... culebrea el arroyuelo entre zarzas y juncales, y all&aacute; lejos... a trav&eacute;s de los triagales y eras, se advierte el lugar de casitas blancas, muy blancas&rdquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 27 Oct 2016 10:06:32 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Intensidad de la memoria]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/identidad-de-la-memoria/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2016/octubre/juan500.jpg" alt="" /></p>
<p>La trayectoria l&iacute;rica de Juan Antonio Gonz&aacute;lez Fuentes (Santander, 1964) est&aacute; jalonada por una deslumbrante serie de poemarios concebidos durante casi tres d&eacute;cadas. El minucioso quehacer del escritor c&aacute;ntabro ha ido configurando un universo personal en el que fulguran libros tan conocidos como <em>La &uacute;ltima seguridad </em>(1993), <em>La rama ausente </em>(1995), <em>Adem&aacute;s del final </em>(1998), <em>La luz todav&iacute;a </em>(2003), <em>Atlas de perplejidad </em>(2004), <em>La lengua ciega </em>(2009), <em>Haikus sin estaci&oacute;n </em>(2010), <em>Haikus sin nombre </em>(2011) y <em>Monedas sueltas </em>(2014). A la manera de una justa y precisa conmemoraci&oacute;n, Antonio Portela Lopa &ndash;profesor de la Universidad de Burgos y conocido poeta- ha cuidado una antolog&iacute;a de sus versos bajo el sugestivo t&iacute;tulo de <em>Memoria. </em>Este d&eacute;cimo volumen de Gonz&aacute;lez Fuentes comprende una selecci&oacute;n de textos que permite reflexionar sobre su escritura globalmente, desde los poemas de juventud redactados en 1989 hasta una gavilla de in&eacute;ditos datados en torno al bienio 2014-2015. El momento dulce que vive el autor se ve, adem&aacute;s, refrendado por la publicaci&oacute;n de un ambicioso tomo de estudios sobre su obra, coordinado por los catedr&aacute;ticos Philippe Merlo Morat y Claudie Terrasson: <em>Una epifan&iacute;a escueta. Poes&iacute;a y Po&eacute;tica de Juan Antonio Gonzalez Fuentes </em>(Santander, Tant&iacute;n, 2015).</p>
<p>Parece obligado dar inicio a esta recensi&oacute;n con la valoraci&oacute;n que han hecho de la obra del autor norte&ntilde;o dos grandes conocedores de la misma, dos intelectuales afines que han tratado de resaltar los rasgos m&aacute;s relevantes de su estilo: D&aacute;maso L&oacute;pez Garc&iacute;a y &Aacute;lvaro Pombo. Si el primero caracterizaba de forma general la poes&iacute;a de Gonz&aacute;lez Fuentes como &ldquo;dif&iacute;cil&rdquo;, el segundo se atrev&iacute;a a definir al escritor como &ldquo;un excelente poeta de lo oscuro&rdquo;. Ambas estimaciones sit&uacute;an claramente sus versos bajo la ense&ntilde;a del hermetismo, en una singular indagaci&oacute;n personal que bebe del mejor legado visionario y podr&iacute;a remontarse hasta las voces autorizadas de Arthur Rimbaud, Paul Val&eacute;ry o Saint-John Perse. Junto a esa tradici&oacute;n gala que funda buena parte de la modernidad, acaso no resulte balad&iacute; traer a colaci&oacute;n, en el &aacute;mbito de las letras castellanas, la honda veta surrealista de Vicente Aleixandre, cierta producci&oacute;n vanguardista de Gerardo Diego, el contorno l&iacute;rico de las <em>alucinaciones</em> de Jos&eacute; Hierro o &ndash;por espigar un dechado m&aacute;s pr&oacute;ximo- el caudal irracionalista de Antonio Gamoneda.</p>
<p>En el marco de una declaraci&oacute;n de po&eacute;tica encaminada a la traductora Carina Potor, Gonz&aacute;lez Fuentes evidenciaba del siguiente modo la intenci&oacute;n de su impulso creativo: &ldquo;yo busco torcer las palabras y sus significados, romperlas, darles la vuelta para usarlas de forma exploratoria en busca de aquellos espacios del pensamiento y el sentimiento&rdquo; que la lengua cotidiana no puede expresar en una situaci&oacute;n de normalidad. Como apunta el autor mismo, la colisi&oacute;n de im&aacute;genes y significados, la revelaci&oacute;n sorprendente de hallazgos expresivos le llevan -tanto a &eacute;l como a sus lectores- a explorar de forma visionaria los territorios ocultos del intelecto y la emoci&oacute;n.</p>
<p>Esa singular definici&oacute;n po&eacute;tica acaso deber&iacute;a matizarse con otras declaraciones program&aacute;ticas afines, cinceladas en verso. Baste evocar aqu&iacute; el testimonio de una delicada composici&oacute;n publicada originariamente en <em>Adem&aacute;s del final</em>:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vivo tras el festivo abismo</p>
<p>que la memoria ostenta.</p>
<p>Y en este azul empe&ntilde;o</p>
<p>del tiempo que dormita,</p>
<p>me obligo con premura</p>
<p>a la palabra y su vuelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los eneas&iacute;labos y heptas&iacute;labos del epigrama permiten intuir el trasfondo &uacute;ltimo de una escritura que extiende sus ra&iacute;ces a trav&eacute;s de la acci&oacute;n de la memoria, ofreci&eacute;ndose como una pugna contra el tiempo, a trav&eacute;s de la cual la palabra po&eacute;tica anhela escalar el cielo. El poema va revel&aacute;ndose a los lectores atentos mediante sutiles recursos expresivos, como el ox&iacute;moron (&ldquo;festivo abismo&rdquo;) o el desplazamiento calificativo del &ldquo;azul empe&ntilde;o del tiempo&rdquo;, que connotativamente puede asociarse tanto a las alturas celestes que el yo l&iacute;rico debe recorrer en un rapto de inspirados vuelos, as&iacute; como a la evanescente melancol&iacute;a del azur modernista y la recuperaci&oacute;n de los momentos perdidos a trav&eacute;s del recuerdo.&nbsp;</p>
<p>En <em>Teor&iacute;a de poeta</em>, una nueva definici&oacute;n del mester de escritura se perge&ntilde;a a trav&eacute;s de las breves l&iacute;neas de un poema en prosa. El texto nos permite ahora atisbar otra serie de valores: la importancia que asume en buena parte de su obra la percepci&oacute;n de la naturaleza, la evocaci&oacute;n intensa o arrebatada del entorno a trav&eacute;s de una densa red simb&oacute;lica, la identificaci&oacute;n del yo l&iacute;rico con toda suerte de elementos y objetos, en una suerte de visi&oacute;n &ldquo;m&iacute;stica de las cosas&rdquo;, tal como apuntara Antonio Portela. As&iacute; lo presenta con cincelada clave de lirismo el propio Gonz&aacute;lez Fuentes:</p>
<p>Se adensa el aliento del oto&ntilde;o con su escarcha de m&aacute;scara oxidada, y el final de la estaci&oacute;n viaja en el aire que tutela el di&aacute;logo de las cosas, que en ellas engendra una grieta sensible y les narra con euforia la teor&iacute;a del poeta: soy lo que me rodea.</p>
<p>Como se puede intuir a la luz de las im&aacute;genes, no hay cesura entre la percepci&oacute;n sensorial, el plano an&iacute;mico y el orbe intelectual. En el preciso instante en que el escritor evoca &ndash;o inventa- un paisaje va a ofrecer fundidos en sus versos esa misma percepci&oacute;n de un espacio real u on&iacute;rico (un &ldquo;oto&ntilde;o&rdquo;, fingido o veraz, con sus fr&iacute;os matutinos y sus tonalidades rojizas), la idea esencial que lo define (intuida a trav&eacute;s del &ldquo;di&aacute;logo&rdquo; con el entorno) y el sentimiento que genera (la vigorizante &ldquo;euforia&rdquo;).</p>
<p>Tal como ha apuntado la cr&iacute;tica, una serie de s&iacute;mbolos reiterados permite apreciar la coherencia tonal y estil&iacute;stica de un autor que ha alcanzado ya la madurez plena: la luz, el mar, las estaciones, el jard&iacute;n, la nieve, el m&aacute;rmol, la rosa, la lluvia, el naufragio... Puede seguirse, por ejemplo, a lo largo del entero florilegio<em> </em>la persistencia de una voz tan significativa como <em>p&eacute;talo</em>, emblema de hermosura, cifra de finitud y elegancia. Irrumpe el vocablo en el poema VI de <em>Del tr&aacute;nsito y su p&eacute;rdida </em>(&ldquo;Al fin comprendo el significado de la huida y siento el claro &eacute;xtasis del <em>p&eacute;talo </em>que sin esfuerzo vuela cumpliendo su destino&rdquo;), en la composici&oacute;n vig&eacute;simo quinta de <em>La &uacute;ltima seguridad </em>(&ldquo;Hay lirios plantados en el mar que deambulan inciertos por el naufragio, ese reino tan extra&ntilde;o. All&iacute; son como el &aacute;mbar de tu ausencia, voz de estrellas sin hoguera, l&oacute;brego vuelo de <em>p&eacute;talos </em>extintos&rdquo;), en el poema IV de <em>Paisajes entre dos reinos </em>(&ldquo;La quiebra vertical de este solo invierno. Las piedras ahogadas en el azul perplejo de un cielo inc&oacute;modo a la plegaria. El tributo afilado de un <em>p&eacute;talo </em>sobre la muda arquitectura que se desmaya&rdquo;), el texto d&eacute;cimo cuarto de <em>La luz todav&iacute;a </em>(&ldquo;La llama requiere espacio, una flor para firmar su propia luz, para desdecir el peso sucesivo del enga&ntilde;o, de la distancia milagrosa que suma firme las afueras, el temblor herido que con pulso propio olvida el camino, el <em>p&eacute;talo </em>final de mi sed&rdquo;)&hellip;</p>
<p>La b&uacute;squeda de la concisi&oacute;n y la intensidad es otro de los signos que identifican la l&iacute;rica de Juan Antonio Gonz&aacute;lez Fuentes, que en algunas declaraciones ha sostenido que su &ldquo;forma de pensar la poes&iacute;a siempre es breve: intentar sugerir muchas cosas con pocas palabras&rdquo;. De ah&iacute; que a trav&eacute;s de asociaciones instant&aacute;neas y fulguraciones sensoriales haya confluido su escritura con un g&eacute;nero tan propicio como el <em>haiku</em>. En ello coincide, adem&aacute;s, con varios compa&ntilde;eros de promoci&oacute;n po&eacute;tica, que desde diferentes l&iacute;neas de asedio han querido medirse con dicho g&eacute;nero breve durante la &uacute;ltima d&eacute;cada. Quiz&aacute; no est&eacute; de m&aacute;s evocar aqu&iacute; algunos testimonios significativos, como el libro <em>La sed provocadora: haikus y tankas </em>(2006) de Ricardo Virtanen o los ciclos compositivos titulados <em>Haikus del a&ntilde;o seco </em>(2008) de Aurora Luque o <em>La condici&oacute;n del aire </em>(2013) de Ana Mart&iacute;n Puigpelat.</p>
<p>Sin abandonar la arraigada conciencia de lo ef&iacute;mero que se trasluce en numerosos textos de <em>Memoria</em>, hallamos en ocasiones alg&uacute;n que otro elemento de tradici&oacute;n cl&aacute;sica. As&iacute; la composici&oacute;n XXXII de los <em>Haikus sin nombre </em>revela sin ambages sus lazos con el mundo antiguo: &ldquo;Igual linaje / el del hombre y las hojas: / mil veces leve&rdquo;. Acompasada por la suave cadencia del fonema lateral, en apenas tres versos toma cuerpo una delicada reescritura &ndash;como en quintaesencia&ndash; del m&aacute;s celebrado de los s&iacute;miles de Homero: &ldquo;Cual la generaci&oacute;n de las hojas, as&iacute; la de los hombres. El viento esparce las hojas por el suelo, reverdeciendo produce otras al llegar la primavera: de igual suerte, nace una generaci&oacute;n humana y otra perece&rdquo;. Como cab&iacute;a esperar, los sutil&iacute;simos ecos de otras corrientes creativas pueden intuirse igualmente en varios poemas. De hecho, la clave misma de los <em>haikai </em>permitir&iacute;a establecer algunos puntos de contacto con la mejor tradici&oacute;n del Orientalismo finisecular. As&iacute; el perfil majestuoso del tigre (&ldquo;Bajo la luna / es el dorso del tigre / penumbra blanca&rdquo;) o la delicadeza de un lirio que languidece (&ldquo;Reclama un bosque / el ala alica&iacute;da / del lirio triste&rdquo;) evocan de manera insospechada y lejana alguno de los mejores momentos del maestro Dar&iacute;o, como el sensual depredador de <em>Estival </em>o la famosa aliteraci&oacute;n en lambdacismo del &ldquo;ala aleve del leve abanico&rdquo;.</p>
<p>Muchas son las reflexiones que podr&iacute;an hacerse a partir de la complejidad y riqueza del l&iacute;rico <em>breviario </em>titulado <em>Memoria</em>, mas no cabe seguir desgranando desde el &aacute;mbito de una breve rese&ntilde;a el tesoro de iluminaciones que &eacute;ste acoge. Quiz&aacute; pueda servir como escueta conclusi&oacute;n aquello que, con pleno acierto, Antonio Gamoneda hab&iacute;a subrayado en la obra del autor santanderino: la importancia que asume la &ldquo;b&uacute;squeda &ndash;y hallazgo- de una esencializaci&oacute;n&rdquo;. Coincidiendo plenamente con el juicio del gran maestro visionario, es de rigor afirmar que en las p&aacute;ginas que conforman el elegante tomo <em>Memoria </em>se ofrece a m&uacute;ltiples lectores la decantada y exquisita esencia de una de las voces l&iacute;ricas m&aacute;s genuinas de nuestro tiempo.</p>
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<p>Juan Antonio Gonz&aacute;lez Fuentes: <em>Memoria (Antolog&iacute;a 1989-2015)</em>, Madrid, Abada, 2015. Edici&oacute;n y pr&oacute;logo de Antonio Portela Lopa.<strong></strong></p>
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      <pubDate>Fri, 21 Oct 2016 11:53:26 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Señales de humo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/senales-de-humo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2016/octubre/reig500.jpg" alt="" /></p>
<p>Lo m&aacute;s parecido a la Espa&ntilde;a vac&iacute;a que describe Sergio del Molino en su libro hom&oacute;nimo seguramente sea un viaje por la Historia de la Literatura Espa&ntilde;ola. Un lugar con m&aacute;s pasado que futuro; un recorrido por un territorio que cada vez tiene menos importancia en el devenir de los tiempos; un lugar que pese a las adversidades a las que se enfrentan las humanidades todav&iacute;a nos mantenemos en preservarla en la memoria y en transmitirla a trav&eacute;s de los distintos planes de estudio; una demarcaci&oacute;n que es una especie de pueblo museo ya que en algunos casos s&oacute;lo se leen algunos fragmentos de las obras m&aacute;s relevantes y, en otros, lo que directamente se lee son las adaptaciones que se han hecho de esas obras originales porque a sus autores ya nadie los entiende.</p>
<p>Pese a todo, los profesores intentan hacerla atractiva. Intentan adaptarse a los tiempos y tratan de acompa&ntilde;ar sus explicaciones con la proyecci&oacute;n de videos de YouTube, con la realizaci&oacute;n de actividades interactivas o con la implicaci&oacute;n de los alumnos en su propio aprendizaje. Y aun as&iacute; la idea con la que se quedan cuando acaban el bachillerato es que fundamentalmente s&oacute;lo hay una obra digna de ser destacada: <em>El Quijote</em>. La insistencia en su singularidad y la conmemoraci&oacute;n de los distintos actos que se celebran todos los a&ntilde;os en torno a la figura de Cervantes han conseguido remarcar todav&iacute;a m&aacute;s la importancia de esta obra impar en detrimento del resto, que han acabado relegadas a un segundo, tercero o cuarto plano.</p>
<p>De todo ello creo que es muy consciente Rafael Reig. De hecho, el personaje principal de esta novela, Mart&iacute;n, est&aacute; caracterizado de forma similar a como lo est&aacute; el hidalgo manchego en la obra cervantina. Ambos rondan la cincuentena de edad, est&aacute;n locos, ociosos, apartados de cualquier actividad laboral que los mantenga entretenidos, por lo que uno se dedica a emular las aventuras de los caballeros andantes y el otro, Mart&iacute;n, a escribir &ldquo;estas notas&rdquo; (esta novela) en cuyas p&aacute;ginas se va a trasfigurar en un personaje de ficci&oacute;n para contarnos sus venturas y desventuras al lado del juglar Rodrigo de Cota; sus andanzas como Lucas G&oacute;mez, m&aacute;s conocido como Lazarillo de Tormes a partir de la edici&oacute;n que se publica en 1554 sobre sus propias vivencias personales; o sus dichas y desdichas junto a la bruja Martina que, entre otras muchas correr&iacute;as y periplos, le ayudar&aacute; a desaparecer para no ser atrapado y condenado por la Inquisici&oacute;n.</p>
<p>Como se puede imaginar, la novela est&aacute; llena de los personajes que pueblan las p&aacute;ginas de la literatura espa&ntilde;ola: juglares y hechiceras, p&iacute;caros y villanos. Y adem&aacute;s contiene algunos de los motivos m&aacute;s caracter&iacute;sticos de la literatura que comprende desde la Edad Media hasta los Siglos de Oro, periodo que engloba esta novela, como puede ser el t&oacute;pico del manuscrito encontrado.</p>
<p>Pero adem&aacute;s de una obra de ficci&oacute;n, este libro es un manual de literatura. Para su elaboraci&oacute;n, Mart&iacute;n ha recurrido a sus recuerdos de estudiante de COU y despu&eacute;s de filolog&iacute;a; finalmente a los del profesor de instituto que ha ejercido alegremente su profesi&oacute;n desde el a&ntilde;o 1992 en que aprob&oacute; la oposici&oacute;n hasta el 2015 en que se le ha incapacitado para seguir desarroll&aacute;ndola. Con todo ello lo que intenta es ofrecernos una visi&oacute;n cercana de la literatura, contrastada a menudo con las ense&ntilde;anzas de sus profesores de universidad (como Antonio Garc&iacute;a Berrio, Francisco Rico o incluso Enrique Tierno Galv&aacute;n) o con las reacciones y comentarios de sus alumnos del instituto Sans&oacute;n Carrasco, en especial de Yessi, una chica con la que le fue infiel a su mujer Elvira Montalvo.</p>
<p>Si desde una perspectiva marxista se puede entender la Historia como una lucha de clases, en el caso de la literatura tambi&eacute;n se puede ver como un enfrentamiento entre las clases populares y privilegiadas. O m&aacute;s concretamente a la inversa. Es decir, entre cl&eacute;rigos y cortesanos contra juglares. De esta manera descubrimos c&oacute;mo los nobles se han adue&ntilde;ado de la literatura que hasta entonces hab&iacute;a estado en manos del pueblo. De los juglares ha pasado a manos de los cl&eacute;rigos y despu&eacute;s a la de los trovadores, volvi&eacute;ndose m&aacute;s refinada pero menos genuina, como lo atestiguan las pastorelas frente a las serranillas. Se introduce as&iacute; el amor cort&eacute;s proveniente de Provenza, aunque la gran revoluci&oacute;n social y cultural la protagonizar&aacute; la incursi&oacute;n del petrarquismo en el siglo XVI</p>
<p>Surgido en Italia a partir de 1336, en apenas tres siglos conseguir&aacute; triunfar en toda Europa dando paso a una nueva sociedad que, con peque&ntilde;as variaciones, ha llegado hasta nuestros d&iacute;as. De una sociedad que viv&iacute;a el amor exteriormente durante el Medievo se pas&oacute; en el Renacimiento a una sociedad que lo entend&iacute;a interiormente para despu&eacute;s convertirse en la actualidad en el sello caracter&iacute;stico del capitalismo, es decir, en la libre dominaci&oacute;n de las personas ante su propia voluntad. Como se puede suponer, esta es la sociedad con la que no encaja Mart&iacute;n como en su momento tampoco encajaba con la suya don Quijote. Se trata de una sociedad que lo margina y que lo ha ingresado en un centro psiqui&aacute;trico; una sociedad que despoj&oacute; de sus antiguos valores tradicionales a la vieja clase estamental para despu&eacute;s acabar imponiendo el pensamiento &uacute;nico.</p>
<p>Desde los enfrentamientos entre cl&eacute;rigos y juglares, progresivamente la literatura se ha ido alejando de su esencia y Mart&iacute;n trata de devolverla al pueblo, a sus inicios. Unos inicios que parten de las jarchas y <em>El Cid</em>, pero que despu&eacute;s han sido mancillados por el petrarquismo, por lo que intenta hacer un recorrido por aquellas obras que han permanecido al margen de esta corriente dominante y que por eso son originales y novedosas. Estamos hablando del <em>Libro de buen amor</em>, de <em>La Celestina</em>, del <em>Lazarillo de Tormes</em> o de la poes&iacute;a de San Juan de la Cruz y Fray Luis de Le&oacute;n. Ya en el siglo XVII nos estamos refiriendo al <em>Quijote</em> de Cervantes y a las <em>Rimas de Tom&eacute; Burguillos</em> de Lope de Vega. A pesar de su manifiesta rivalidad, en el fondo cada uno de ellos quer&iacute;a ser como el otro. Cervantes quer&iacute;a ser como Lope en el teatro y Lope como Cervantes en la novela. Sin embargo fue en el uso que hicieron de la risa donde ambos consiguieron superar al petrarquismo durante el Barroco.</p>
<p><em>Se&ntilde;ales de humo</em>, por tanto, es un ejercicio de rigurosa inteligencia en el que Reig ha sabido mezclar acertadamente ficci&oacute;n, historia y literatura. Los pasajes literarios est&aacute;n muy bien elegidos; la breve trama novelesca conecta muy bien con el trasfondo socio hist&oacute;rico del libro ya que a lo largo de sus p&aacute;ginas el inter&eacute;s va creciendo hasta alcanzar su cl&iacute;max con la irrupci&oacute;n del petrarquismo. Asimismo el desenlace tambi&eacute;n es afortunado. Equilibra muy bien el ritmo de la narraci&oacute;n con la relaci&oacute;n que hace entre el desenga&ntilde;o caracter&iacute;stico del Barroco y la incapacidad de sus gobernantes, los Austrias menores, para dirigir el pa&iacute;s. El resultado, como digo, es un libro inteligente que supera a su precuela de 2006, <em>Manual de literatura para can&iacute;bales</em>.</p>
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<p>Rafael Reig, <em>Se&ntilde;ales de humo. Manual de literatura para can&iacute;bales I</em>, Barcelona, Tusquets, 2016</p>
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      <pubDate>Mon, 17 Oct 2016 11:17:45 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Andrés Rábago: "El humor es desmontar el juguete que manejamos y observar qué hay dentro"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/andres-rabago-el-humor-es-desmontar-el-juguete-observar-que-hay-dentro/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas16/octubre/rabago500.jpg" alt="" /></p>
<p>Hay un momento en el transcurrir de esta entrevista en el que Andr&eacute;s R&aacute;bago, El Roto, dice que si por &eacute;l fuera estar&iacute;a callado. &ldquo;&iquest;Le gusta el silencio?&rdquo;. &ldquo;S&iacute;, me gusta el silencio&rdquo;. Al entrar en su estudio, a la derecha hay una mesa grande, con regla y cartab&oacute;n de color verde, una revista abierta y un ordenador port&aacute;til cerrado. Enfrente, domin&aacute;ndolo todo, una estanter&iacute;a llena de libros, los m&aacute;s pr&oacute;ximos sobre pintores. Al otro lado, uno de sus cuadros de gran tama&ntilde;o y un cubo con pinceles limpios. En el fervor del di&aacute;logo no resulta f&aacute;cil reparar en los detalles del ambiente, pero s&iacute; en que cuando se producen momentos de silencio, a trav&eacute;s de las ventanas se escucha trinar a los p&aacute;jaros, no como una melod&iacute;a rom&aacute;ntica, sino con cierta fuerza, como si estuvieran cerca, rode&aacute;ndonos. La sensaci&oacute;n es de calma despierta.</p>
<p>Wyslawa Zymborska, en su poema &ldquo;Falta de atenci&oacute;n&rdquo;, cuenta que se ha portado mal porque ha pasado todo un d&iacute;a volcada en quehaceres cotidianos, sin preguntarse nada y sin sorprenderse, haciendo del mundo un uso trivial. Viene a la cabeza esta falta de atenci&oacute;n que denuncia la poeta en propias carnes porque de la conversaci&oacute;n de Andr&eacute;s R&aacute;bago se desprende el env&eacute;s de estos versos, es decir, una abundancia de atenci&oacute;n. Desde hace cuarenta a&ntilde;os, como un fil&oacute;sofo de la sospecha, R&aacute;bago golpea la realidad con un martillo para comprobar si es falsa. Y, si en este quehacer advierte alguna mentira bajo la m&aacute;scara tan festiva y alegre, la condensa en una vi&ntilde;eta diaria. Sobre un cuadrado de papel de peri&oacute;dico van dejando rastro las contradicciones de la sociedad de su tiempo, y con ellas tambi&eacute;n sus sufrimientos. Al publicar todos los d&iacute;as, dice, uno va adquiriendo una cierta musculatura.</p>
<p>En la humilde buhardilla en la que naci&oacute; Andr&eacute;s R&aacute;bago hab&iacute;a una notable colecci&oacute;n de libros de arte y buena literatura: &ldquo;mi padre era una persona cultivada que en su juventud quiso ser escultor y conserv&oacute; toda su vida un gran amor al arte. Creo que esa vivencia inicial me marc&oacute; el camino&rdquo;. Es un hombre flaco. Al vestir, discreto. Era muy joven cuando ilustr&oacute; la primera portada de la revista de humor <em>Hermano Lobo</em>. Ahora publica cada d&iacute;a en el diario <em>El Pa&iacute;s </em>como<em> El Roto</em>. El pasado 15 de enero su vi&ntilde;eta en este medio reflejaba a un hombre, o m&aacute;s bien una calavera con pelo, con ojeras terribles y dientes grandes. Cruzaba los brazos y, con una mueca de pocos amigos, la figura miraba al lector y le preguntaba: &ldquo;&iquest;Y el humor, eso qu&eacute; es?&rdquo;.</p>
<p>- &iquest;Y el humor, eso qu&eacute; es?</p>
<p>- Entiendo el humor como un desplazamiento de significados. Se usa para ampliar conceptos, para darles la vuelta, para ver de qu&eacute; est&aacute;n hechas las ideas que manejamos. El humor o la s&aacute;tira trabaja con materiales ya dados e intenta ver qu&eacute; mentiras y contradicciones hay dentro de ellos. El humor es desmontar el juguete que manejamos y observar qu&eacute; hay dentro. La s&aacute;tira es un lenguaje que se ha utilizado siempre un poco como instrumento de combate no cruento. La s&aacute;tira puede tener agresividad, pero siempre tiene una carga de comprensi&oacute;n. Y, cuando comprendes, te vuelves menos agresivo. A m&iacute; no me gusta la s&aacute;tira que se ha usado en muchas ocasiones &ndash;en algunos conflictos b&eacute;licos- como instrumento de guerra, de pelea, a favor de unos y en contra de otros. Esa s&aacute;tira a m&iacute; me interesa menos. Creo que es una utilizaci&oacute;n esp&uacute;rea, no es su verdadera funci&oacute;n. Su funci&oacute;n es m&aacute;s bien de ayudar a entender por qu&eacute; son las cosas y a cimentar los mitos y las mentiras que nos quieren vender.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;La desaparici&oacute;n de los peri&oacute;dicos ser&aacute; un drama de enormes consecuencias&rdquo;</strong></p>
<p>- Andr&eacute;s, &iquest;a usted le preocupa el periodismo?</p>
<p>- No puedo desvincularme del periodismo porque la vi&ntilde;eta es una parte especializada del mismo. Entramos en un territorio muy triste. Desde mi punto de vista, tal y como yo lo veo, hay una voluntad clara de acabar con la prensa en papel, porque eso ayudar&aacute; enormemente a crear una sociedad mucho m&aacute;s manipulable que la que tenemos ahora. La prensa en papel es muy &uacute;til para crear estructuras de pensamiento que el periodismo digital no puede crear por el propio medio con el que trabaja, que es continuamente fluctuante, que no tiene fijeza. Es como mirar un r&iacute;o, ver pasar el agua; no puedes fijarte en un punto, para hacerlo tienes que lanzar una rama a la corriente. De ese fluido continuo en el que todo se mezcla, en el que no hay estructuras, es de una enorme dificultad extraer alguna idea. As&iacute; se crea una opini&oacute;n sin estructura, f&aacute;cilmente manejable. La desaparici&oacute;n de los peri&oacute;dicos ser&aacute; un drama de enormes consecuencias.</p>
<p>- &iquest;Dice &ldquo;ser&aacute;&rdquo; y no &ldquo;ser&iacute;a&rdquo; porque cree con firmeza que va a suceder?</p>
<p>- Va a suceder porque hay voluntad de que suceda.</p>
<p>- &iquest;La voluntad de qui&eacute;n?</p>
<p>- No podemos establecer qui&eacute;n es el que est&aacute; detr&aacute;s de todo esto, pero s&iacute; sabemos que hay un sistema que se est&aacute; implantando. Nos dicen que este sistema lo producen los medios por propia naturaleza, otros creemos que es porque hay una voluntad que viene de muy lejos de que eso sea as&iacute;, y va encontrando los cauces para producir ese efecto.</p>
<p>- Me recuerda a una entrevista reciente realizada por Alfonso Armada al fil&oacute;sofo coreano ByungChul-Han (autor de La sociedad del cansancio y de Psicopol&iacute;tica). &Eacute;ste hablaba de que&ldquo;La t&eacute;cnica de poder del sistema neoliberal no es ni prohibitiva ni represiva, sino seductora. Se emplea un poder inteligente. Este poder, en vez de prohibir, seduce. No se lleva a cabo a trav&eacute;s de la obediencia sino del gusto. Cada uno se somete al sistema de poder mientras se comunique y consuma, o incluso mientras pulse el bot&oacute;n de &laquo;me gusta&raquo;. El poder inteligente le hace caranto&ntilde;as a la psique, la halaga en vez de reprimirla o disciplinarla&rdquo;.</p>
<p>- Dos cosas. Uno, el sistema neoliberal utiliza la violencia cuando le conviene y cuando ve que no tiene otra forma de establecerse. Eso para empezar. El sistema financiero neoliberal es violento por naturaleza y as&iacute; se muestra cuando lo necesita. La segunda parte es que est&aacute; demostrado que la lectura sobre papel, la forma en la que se lee en papel, permite reflexionar sobre lo que est&aacute;s leyendo, distanciarte y repensar las cosas, mientras que la lectura en pantalla no permite esa reflexi&oacute;n. Es hipn&oacute;tica, por decirlo de alguna manera. Y tu voluntad queda anulada por esa capacidad de penetraci&oacute;n.</p>
<p>- Sin embargo, pareciera que el periodismo se gu&iacute;a ahora mucho por las reflexiones de los lectores, por el supuesto di&aacute;logo que se establece con el lector de la p&aacute;gina web. El &ldquo;feedback&rdquo; es r&aacute;pido y se tiende a escribir lo que el p&uacute;blico quiere, lo que por sus reacciones se va deduciendo que le interesa. Se deciden contenidos en funci&oacute;n de lo que va a gustar o leerse mucho. &iquest;Qu&eacute; opini&oacute;n le merece?</p>
<p>- A partir del momento en el que entran dentro de esa comunicaci&oacute;n los mecanismos econ&oacute;micos o de seducci&oacute;n, que b&aacute;sicamente es de lo que se trata, esa comunicaci&oacute;n est&aacute; corrompida. Es una comunicaci&oacute;n falsa, superficial, sucia. Se trata de fabricar&nbsp; un mero producto. El comunicador no puede ser un fabricante si lo que pretende es hacer algo que tenga cierta relevancia. Si lo que busca es convertirse en fabricante y hacer un producto, all&aacute; &eacute;l, pero est&aacute; demostrado que eso no tiene ninguna trayectoria. Que se desvanece en&nbsp; muy poco tiempo.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;La prensa se ha puesto en demasiadas ocasiones al servicio del poder&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; errores ha cometido la prensa?</p>
<p>- Ponerse en demasiadas ocasiones al servicio del poder. El mal periodismo, porque no estamos hablando del periodismo sino del mal periodismo, ha sido tambi&eacute;n manipulador. Lo que pasa es que la manipulaci&oacute;n en el papel se ve m&aacute;s claramente. &iexcl;Claro que hay mucha manipulaci&oacute;n en un peri&oacute;dico! Pero se ve con claridad. Mientras que en estos otros lugares casi no puedes verla, porque todo es tan r&aacute;pido, unas veces se te dice una cosa, luego otra, o se mezclan elementos&hellip; En un peri&oacute;dico todo est&aacute; estructurado: puedes ver lo que es econom&iacute;a y lo que es f&uacute;tbol. En lo digital te lo mezclan todo, e incluso te superponen una cosa a la otra. Con lo cual, est&aacute;s indefenso, la mente no es capaz de procesar esa amalgama.</p>
<p>- Hay un silencio y se escucha el ruido de los p&aacute;jaros detr&aacute;s de las ventanas. Andr&eacute;s R&aacute;bago no parece tener prisa. Coge un vaso de t&eacute; que tiene en la estanter&iacute;a y bebe un poco. &ldquo;Perdone que no le ofrezca, este t&eacute; se llama Tulsi t&eacute;. Corta los catarros por la mitad&rdquo;. Tuvimos que cancelar nuestra primera cita por una gripe incipiente, y pocos d&iacute;as despu&eacute;s se ha recuperado. Se dir&iacute;a que R&aacute;bago es un conversador a la manera de la filosof&iacute;a cl&aacute;sica, del di&aacute;logo plat&oacute;nico. Es un interlocutor reflexivo. Normalmente calla un momento antes de responder y lo hace como ponderando cada cosa que dice. Tiene un af&aacute;n hoy infrecuente por clarificar los conceptos que utiliza. &ldquo;Quiero precisar eso que he dicho de la criminalidad del estado neoliberal&rdquo;, dice.</p>
<p>- El sistema neoliberal, o eso que llamamos sistema neoliberal, es la transformaci&oacute;n de la realidad en dinero. Eso degrada de tal manera lo que constituye la realidad que es un aut&eacute;ntico mecanismo de destrucci&oacute;n de todo lo&nbsp; vivo. Cuando la vida se convierte en materia de que la que puedes obtener un beneficio, en ese momento est&aacute;s cometiendo un grav&iacute;simo pecado, en el sentido teol&oacute;gico del t&eacute;rmino, contra la propia existencia de la vida. El hombre se convierte, no en el hacedor que deber&iacute;a ser, sino en el destructor, que es su contrafigura.</p>
<p>- Hablando de la destrucci&oacute;n de la vida en el sentido m&aacute;s literal, no puedo dejar de preguntarle por los pasados atentados al <em>Charlie Hebdo</em>. El 9 de enero usted public&oacute; el dibujo de una pluma ensangrentada.</p>
<p>- Era una vi&ntilde;eta obligada en el sentido de que era un testimonio de compa&ntilde;erismo hacia unas personas que hab&iacute;an sido asesinadas. Todos hemos hecho algo en recuerdo a los compa&ntilde;eros de <em>Charlie Hebdo</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La ofensa gratuita no tiene ninguna utilidad&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;l es su postura respecto al asunto de la libertad de expresi&oacute;n y del derecho a ofender?</p>
<p>- &nbsp;La ofensa gratuita no tiene ninguna utilidad. Yo nunca he hecho un dibujo con la voluntad de ofender. Pero tampoco creo que deba eliminarse esa posible agresi&oacute;n o expresi&oacute;n soez. Si a m&iacute; una cosa me molesta, no tengo por qu&eacute; exigir que eso no se publique. Yo soy partidario de la libertad de expresi&oacute;n absoluta. Ahora bien, tambi&eacute;n creo que esa libertad obliga a los que la ejercemos a saber lo que hacemos y a no utilizarla gratuitamente. Otra cosa es que t&uacute; creas que esa agresi&oacute;n es &uacute;til por alguna raz&oacute;n. Cuando tienes a tu disposici&oacute;n un medio p&uacute;blico, al menos yo as&iacute; lo entiendo, debes cuidar las formas. No te pones a gritar en una sala de exposiciones porque est&aacute;s en un espacio compartido. Y un medio de comunicaci&oacute;n es espacio compartido. Debemos cuidar lo que decimos. Yo me niego a aceptar que los dibujos del <em>Charlie Hebdo</em> produzcan tal rechazo que induzcan a actuar a los terroristas. No, el terrorismo est&aacute; ah&iacute; y lo que est&aacute; buscando es una percha de la que poder colgarse, que parezca justificarlo. Se agarr&oacute; a las vi&ntilde;etas del <em>Charlie Hebdo</em> porque le pareci&oacute; &uacute;til para sus fines propagand&iacute;sticos, como se pod&iacute;a haber agarrado a otro sitio. Para nada tienen la culpa esos dibujantes de los cr&iacute;menes que cometen una banda de enloquecidos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Sin un trabajo de degradaci&oacute;n previo, no hubi&eacute;ramos aceptado el fe&iacute;smo&rdquo;</strong></p>
<p>- Hay una &uacute;ltima cosa que quer&iacute;a preguntarle sobre periodismo. A veces se nota una cierta fealdad en la prensa, como una dejadez tambi&eacute;n est&eacute;tica que causa en el lector un cierto des&aacute;nimo&hellip;</p>
<p>- Entiendo su preocupaci&oacute;n. Ahora mismo hay una exposici&oacute;n en Madrid sobre pintura acad&eacute;mica del siglo XIX y principios del XX franc&eacute;s. Aquello era un callej&oacute;n sin salida. Esa belleza decadente, exang&uuml;e ya, medio muerta&hellip; hac&iacute;a falta un revulsivo. Ese revulsivo implicaba mirar la realidad de nuevo, enfrentarse a ella, salir a la intemperie y volver a buscar lo que hab&iacute;a de verdad en la realidad y no contentarse con esa realidad de alguna manera recreada o imaginada en los estudios cerrados de los pintores neocl&aacute;sicos de las academias. Ese revulsivo se produjo con el naturalismo primero y luego con el impresionismo, con C&eacute;zanne, con la ruptura de las formas y todo lo que vino despu&eacute;s. Esa destrucci&oacute;n en principio era &uacute;til para desmontar lo que estaba ya muerto y volver a montarlo. Pero de esa destrucci&oacute;n deriva una secuela, que es la est&eacute;tica del fe&iacute;smo. El fe&iacute;smo convierte lo que en principio era liberador en algo degradado. Es como una trayectoria curva que empieza con voluntad ascendente y acaba con un inevitable descenso. Ese punto de fe&iacute;smo es un elemento de degradaci&oacute;n de eso que llamamos verdad, que es bella por su propia naturaleza. No bella en el sentido de c&aacute;nones, sino de autenticidad. Y yo sostengo que ese fe&iacute;smo es inaut&eacute;ntico, que es falso y que apoya la parte del hombre que busca el menor esfuerzo. Hay otro punto importante en este aspecto del fe&iacute;smo. Y es que muchas veces parte de una incapacidad. Le gusta a mucha gente porque es como si se les dijera: &ldquo;Como es f&aacute;cil, t&uacute; tambi&eacute;n puedes hacerlo&rdquo;. Fe&iacute;smo es, por ejemplo, la demagogia, fe&iacute;smo es halagar el gusto del p&uacute;blico, despu&eacute;s de que ese gusto ha sido degradado. Sin un trabajo previo de degradaci&oacute;n del gusto, no habr&iacute;amos aceptado el fe&iacute;smo.</p>
<div>
<p>- Cuando quiera terminamos, Andr&eacute;s.</p>
<p>- No, cuando me diga&hellip; Yo, por m&iacute; mismo, estoy callado.</p>
<p>- &iquest;Le gusta el silencio?</p>
<p>- Me gusta el silencio. Pero tambi&eacute;n me gusta comunicarme.</p>
<p>- &iquest;Es necesario el silencio para comunicarse?</p>
<p>- El silencio es lo que nutre la comunicaci&oacute;n. Si hay mucha bulla, no hay comunicaci&oacute;n.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; piensa alguien a quien le gusta callar y que utiliza la concisi&oacute;n para trabajar de la verborrea de nuestra sociedad, del ruido? &iquest;Se habla demasiado?</p>
<p>- Las palabras han sido adulteradas, &eacute;se es el principal problema del lenguaje, no que hablemos demasiado. El lenguaje se ha desvitalizado. Quiz&aacute;s porque hemos pasado de un lenguaje comunicativo verbal a uno m&aacute;s visual y con el cambio de paradigma la parte verbal ha perdido eficacia. Somos menos capaces de precisar lo que queremos decir y el propio vocabulario se est&aacute; reduciendo al m&iacute;nimo. Cada vez tenemos menos palabras. Cuando lees algunos libros del Siglo de Oro te das cuenta de la riqueza del lenguaje, y de c&oacute;mo se est&aacute; convirtiendo en un lenguaje muy mec&aacute;nico, reseco, que representa a un tipo humano notablemente embrutecido. Se ha perdido sutileza.</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><strong>&ldquo;Queremos parecer inteligentes cuando s&oacute;lo mimetizamos lo que otros han sido o han dicho&rdquo;</strong></p>
<p>- En la vi&ntilde;eta del 26 de enero, en el diario<em> El Pa&iacute;s</em>, se le&iacute;a: &ldquo;Eliminaron las encrucijadas y las sustituyeron por rotondas para que nadie se detuviese a pensar&rdquo;.</p>
<p>- Sostengo que pensar es muy dif&iacute;cil, y que llamamos pensar a repetir esquemas heredados o ideas preconcebidas, o los contenidos de los medios de comunicaci&oacute;n. Queremos parecer inteligentes cuando s&oacute;lo mimetizamos lo que otros han sido o han dicho. Pensar por uno mismo es dif&iacute;cil porque implica poner en cuesti&oacute;n los propios pensamientos, mirar qu&eacute; hay de verdad en ellos. Inevitablemente al movernos dentro de la comunicaci&oacute;n, tendemos a ubicarnos en un lenguaje com&uacute;n e incluso en unas ideas y unas culturas que compartimos. Siempre se parte inevitablemente de territorios comunes. Pero, dentro de ese magma, uno puede intentar pensar por s&iacute; mismo lo que son las cosas, asumiendo que una gran parte de elementos con los que se cuenta son heredados.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Todo aquello que produce dolor me provoca rechazo y por lo tanto tengo que tratarlo&rdquo;</strong></p>
<p>- En una de sus vi&ntilde;etas en <em>El Pa&iacute;s</em> hay una vaca que dice &ldquo;Me ponen m&uacute;sica cl&aacute;sica para que d&eacute; m&aacute;s leche. Comprender&aacute; que odie a Mozart&rdquo;. En otra llueven jamones, porque se acercan las elecciones. En otra una madre le dice al hijo que tendr&aacute; que aprender a leer, a escribir y a tener miedo. Algunas preocupaciones son recurrentes en El Roto. &iquest;Qu&eacute; temas le conmueven?</p>
<p>- Realmente no puedo decir que me conmuevan las cosas, porque estar&iacute;amos en el terreno de las emociones. Y El Roto no est&aacute; en el terreno de las emociones. Es verdad que utiliza una cierta calidez en la manera de tratar los temas. Hay un amor subterr&aacute;neo. Hay una voluntad amorosa en lo que hago. Todo aquello que produce dolor me provoca rechazo y por lo tanto tengo que tratarlo. Pero no parto de cosas personales que me conmueven, sino de la constataci&oacute;n de estructuras que est&aacute;n ah&iacute; y que deben ser corregidas. No es que yo diga &ldquo;&iexcl;Ay, esto me ha afectado mucho!&rdquo;. De una historia personal me interesa extraer qu&eacute; est&aacute; pasando a nivel general. Usted antes hablaba de Plat&oacute;n y no andaba lejos, porque es verdad que yo entiendo casi todas las cosas a partir de esos esquemas en que luego individualmente se particularizan. Los casos aislados son reflejos, como dir&iacute;a Plat&oacute;n, de esa estructura que crea esos casos. Los casos est&aacute;n ah&iacute;. Cada caso puede ser resuelto, pero si la estructura permanece generar&aacute; m&aacute;s casos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Todas las deformaciones que uno observa parten de una misma esencia: del error&rdquo;</strong></p>
<p>- En una de sus vi&ntilde;etas el campanero de Wall Street llama a la oraci&oacute;n. Denuncia el culto al dinero.</p>
<p>- Todas las deformaciones que uno observa parten de una misma esencia: del error. De la equivocaci&oacute;n de la mente humana. De la separaci&oacute;n de su verdadera esencia. De la distancia ya sideral que tiene consigo misma la mente humana. Porque ha perdido de vista su origen. Porque no sabemos lo que somos. Es el error original del que parten luego todos nuestros errores. El problema final es teol&oacute;gico. Tenemos el grav&iacute;simo problema de que tenemos una Iglesia, que es el principal impedimento para comprender lo sagrado, o el nivel, digamos, trascendente de las cosas. Se ha convertido, si no lo ha sido siempre, en un mecanismo de entorpecimiento de la relaci&oacute;n del hombre con su nivel superior, al situarlo en algo externo al propio hombre. La Iglesia oficial dificulta la conexi&oacute;n del hombre consigo mismo.</p>
<p><em>- </em>Se ha publicado hace poco un libro de Pablo D&rsquo;Ors que se llama <em>Contra la juventud</em>, no contra los j&oacute;venes, sino sobre el ideal de la madurez, &ldquo;donde nos acercamos a aquello que queremos ser&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; opina, desde la madurez?</p>
<p>- Cada etapa vital tiene sus ventajas y sus inconvenientes. La fuerza que tienes cuando eres joven la tienes que suplir con una cierta sabidur&iacute;a que puedes haber alcanzado cuando ya tienes experiencia. Pero sin el empuje de los j&oacute;venes el mundo no avanzar&iacute;a. No se debe desechar ni el impulso juvenil ni la sensatez de la madurez. Justamente la sabidur&iacute;a de la vida es que hay distintos segmentos sociales, y los j&oacute;venes deben escuchar a los mayores, no deben desestimarlos, y los mayores no debemos rechazar a los j&oacute;venes por su inconsistencia, en muchos casos, o por su ignorancia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Lo ideal es estar a la altura de lo que la vida te va proponiendo&rdquo;</strong></p>
<p><em>- </em>&iquest;A usted le ha costado llegar a donde ha llegado?</p>
<p>- Uno no sabe c&oacute;mo llega a donde est&aacute;, ni siquiera d&oacute;nde est&aacute;. Siempre vas siguiendo las pautas que te da la vida, y procurando equivocarte las menos veces posibles. Aunque a veces algunos errores conducen a sitios interesantes. Aun as&iacute;, digamos que la vida se va construyendo por s&iacute; misma, y t&uacute; eres un actor muchas veces ignorante de esos trazados. El creer que nosotros decidimos nuestras vidas creo que es un pensamiento irracional. Lo ideal es estar a la altura de lo que la vida te va proponiendo. Aunque en ocasiones tambi&eacute;n flaqueamos y somos vagos&hellip; y a veces maleantes.</p>
<p>- &iquest;Recuerda alg&uacute;n error fruct&iacute;fero?</p>
<p>- &iexcl;Digo yo que pueden ser fruct&iacute;feros! Al hablar de los errores cometidos me refiero, sobre todo, a los errores como prejuicios. En un momento dado piensas que algo no te interesa. Y despu&eacute;s lo miras m&aacute;s a fondo y adviertes que eso que hab&iacute;as rechazado de antemano s&iacute; ten&iacute;a inter&eacute;s. Rechazas algo que tiene valor y m&aacute;s tarde te das cuenta de que si entonces lo hubieras tomado en consideraci&oacute;n hubieses llegado antes a donde ahora est&aacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Lo importante es conservar, tanto cuando eres joven como cuando eres mayor, esa voluntad de b&uacute;squeda de la verdad&rdquo;</strong></p>
<p>- Mirando hacia atr&aacute;s, &iquest;qu&eacute; ha cambiado con la larga trayectoria, con el &eacute;xito?</p>
<p>- He tenido la enorme fortuna de poder estar presente en los medios durante cuarenta a&ntilde;os. Esa fortuna es algo que agradezco enormemente y que me ha permitido desarrollar una carrera larga y estar vivo intelectualmente y dar testimonio de la sociedad, que es la utilidad que yo creo que puede tener el trabajo que he desarrollado. Son muy distintas las &eacute;pocas est&eacute;ticas que he atravesado y los territorios mentales en los que he estado. De joven a mayor, todo ese espacio temporal ha sido espacio de investigaci&oacute;n sobre m&iacute; mismo, de comprensi&oacute;n de las estructuras de las que estamos formados (campo emocional, intelectual, espiritual o metaf&iacute;sico). La generosidad de la vida me ha permitido estar, reflexionar y plasmar lo que he podido advertir desde mi experiencia. El tener una trayectoria larga te da una cierta seguridad. El tiempo te hace menos impulsivo, te hace m&aacute;s reflexivo. Creo que lo importante es conservar, tanto cuando eres joven como cuando eres mayor, esa voluntad de b&uacute;squeda de la verdad, una b&uacute;squeda que siempre te ha de guiar, tanto en las etapas juveniles como en las etapas maduras. La verdad siempre se te escapa, nunca llegas a alcanzarla, es permanentemente mutable, no est&aacute; establecida&hellip; Esa b&uacute;squeda&nbsp; la entiendo como un mecanismo implantado en el ser humano, que a veces se deforma y se convierte en la b&uacute;squeda de la gloria, del poder o del dinero. Estas son deformaciones de esa b&uacute;squeda de la trascendencia, son ca&iacute;das en ese largo y digno camino.</p>
<p>- Andr&eacute;s, usted parece tener una formaci&oacute;n global en filosof&iacute;a, pintura, literatura. &iquest;Qu&eacute; libro le ha marcado, o que autores forman su &ldquo;familia espiritual&rdquo;?</p>
<p>- No tuve una formaci&oacute;n acad&eacute;mica, mi formaci&oacute;n fueron los idiomas y los viajes. Gracias al conocimiento de varios idiomas pude viajar por toda Europa incluidos pa&iacute;ses de Europa del Este y leer autores y prensa extranjera (inglesa, francesa, alemana, italiana....) en un momento en que Espa&ntilde;a era un p&aacute;ramo de miseria moral e intelectual. Esas lecturas y viajes me dieron una informaci&oacute;n de lo que se estaba gestando en Europa y Norteam&eacute;rica. Creo que mi mentalidad se nutri&oacute; de las ideas libertarias de Mayo del 68 y de sus consecuencias posteriores. Los viajes me permitieron conocer grandes museos y la visi&oacute;n directa de obras de grandes maestros.</p>
<p>- &iquest;Cree que ahora hay demasiada especializaci&oacute;n y que deber&iacute;a volver &ldquo;el hombre del Renacimiento&rdquo; m&aacute;s interesado por m&aacute;s cosas?</p>
<p>- No es un problema de especializaci&oacute;n, todo trabajo de calidad exige una especializaci&oacute;n, el problema puede ser la ausencia de un horizonte, un punto cardinal al que dirigirnos.</p>
<p>- &iquest;A qu&eacute; vi&ntilde;etistas admira m&aacute;s? &iquest;En cu&aacute;les de los contempor&aacute;neos se fija?</p>
<p>- El territorio de la s&aacute;tira gr&aacute;fica es demasiado estrecho, no es una referencia suficiente, hay que ampliar el campo de visi&oacute;n a todo el panorama del arte en todas sus formas y lenguajes, la s&aacute;tira no puede encerrarse en un gueto. Por lo dem&aacute;s, en el dibujo echo en falta el color, por eso necesito pintar&hellip; pero eso ser&iacute;a ya otra conversaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 17 Oct 2016 11:03:13 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Herencia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/herencia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas16/octubre/bague500.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 420px;">Todo lo que ahora ves,</p>
<p style="padding-left: 420px;">hasta el mismo horizonte</p>
<p style="padding-left: 420px;">&mdash;la silueta de una antigua leyenda,</p>
<p style="padding-left: 420px;">la l&aacute;grima de luz</p>
<p style="padding-left: 420px;">sobre la b&oacute;veda</p>
<p style="padding-left: 420px;">celeste de Santa Mar&iacute;a,</p>
<p style="padding-left: 420px;">los altos edificios que ensombrecen</p>
<p style="padding-left: 420px;">el mar y sus dominios,</p>
<p style="padding-left: 420px;">el silencio encalado de la brisa,</p>
<p style="padding-left: 420px;">el lento diapas&oacute;n</p>
<p style="padding-left: 420px;">que conmueve la piel</p>
<p style="padding-left: 420px;">de las palmeras&mdash;,</p>
<p style="padding-left: 420px;">ser&aacute; nuestro alg&uacute;n d&iacute;a.</p>
<p style="padding-left: 420px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 420px;">Tendremos que aprender a merecerlo.</p>
<p style="padding-left: 420px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 17 Oct 2016 06:14:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No sé de dónde nace esta negrura]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/no-se-de-donde-nace-esta-negrura/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas16/octubre/viyuela500.jpg" alt="" /></p>
<p class="cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="cuerpo">&nbsp;</p>
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<p class="cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="cuerpo">El pensamiento bulle, brota</p>
<p class="cuerpo">la demencia. Soy incapaz</p>
<p class="cuerpo">de traducir el laberinto</p>
<p class="cuerpo">absurdo en que me muevo.</p>
<p class="cuerpo">Mis pasos no me llevan</p>
<p class="cuerpo">a espacios conocidos,</p>
<p class="cuerpo">me alejan de m&iacute; mismo, me extrav&iacute;an.</p>
<p class="cuerpo">S&eacute; que voy a tardar en encontrarme.</p>
<p class="cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="cuerpo">No soy nadie esta noche,</p>
<p class="cuerpo">s&oacute;lo un hombre perdido,</p>
<p class="cuerpo">amenazando simetr&iacute;as,</p>
<p class="cuerpo">razones y equilibrios.</p>
<p class="cuerpo">&nbsp;</p>
<p class="cuerpo">No soy nadie, quiz&aacute; por eso escriba,</p>
<p class="cuerpo">por ver si algo de m&iacute;</p>
<p class="cuerpo">estuviera escondido en las palabras</p>
<p class="cuerpo">y pudiera ayudarme a amanecer</p>
<p class="cuerpo">y cruzar la frontera del dolor.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 17 Oct 2016 06:09:46 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[David Trueba: "Un país donde la gente no puede cumplir sus sueños se dirige hacia la decadencia"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/david-trueba-un-pais-donde-la-gente-no-puede-cumplir-sus-suenos-se-dirige-hacia-la-decadencia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas16/octubre/trueba500.jpg" alt="" /></p>
<p class="normal">&ldquo;As&iacute; como el Rel&aacute;mpago a los Ni&ntilde;os explicamos / con esmerada delicadeza, / la Verdad debe deslumbrar poco a poco / o a todo hombre dejar&aacute; ciego&rdquo;. Estos versos de Emily Dickinson son la cita que utiliza David Trueba como arranque de <em>Blitz</em>, su &uacute;ltima novela. La corta y expresiva palabra (rel&aacute;mpago en alem&aacute;n) sirve al escritor para nombrar esos fogonazos, deslumbramientos, que llegan a la vida de repente, por sorpresa, y que son capaces de cambiarlo todo. Escritor, guionista, cineasta, articulista, Trueba es un hombre atento siempre a esos destellos imprevistos. La curiosidad permanente, la capacidad de observaci&oacute;n, la inquietud, son rasgos de su car&aacute;cter.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">Siempre dispuesto al di&aacute;logo, despierto, amigable y abierto, no cuesta nada imaginarlo de ni&ntilde;o en una casa en la que entraba y sal&iacute;a gente constantemente. Ser el m&aacute;s peque&ntilde;o de una familia numerosa, algo a lo que siempre se refiere, ha sido una de las circunstancias que le han hecho ser como es, uno de esos pilares s&oacute;lidos sobre los que se ha levantado su construcci&oacute;n vital. &ldquo;Mis recuerdos de infancia son ca&oacute;ticos, pero felices: Muchos hermanos, mucha gente en casa, siempre agitaci&oacute;n, excitaci&oacute;n y el enorme cari&ntilde;o de mis padres, que eran gente sin estudios ni cultura, pero llenos de intuici&oacute;n. Al ser el peque&ntilde;o recuerdo una enorme libertad y autonom&iacute;a desde muy temprano, pod&iacute;a hacer lo que me diera la gana sin que se metieran demasiado en mi vida, estaban ya demasiado cansados tras haber criado a otros siete hermanos&rdquo;, comenta. Y es ah&iacute;, en esas im&aacute;genes, en ese certero autorretrato, en palabras como &ldquo;libertad&rdquo; y &ldquo;autonom&iacute;a&rdquo;, donde nos acercamos al hombre que no se arredra, que va tras aquello que desea con naturalidad, sin temer no llegar a alcanzarlo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">Haber tenido como antecesor en los caminos del cine, a uno de sus hermanos, Fernando Trueba, as&iacute; como haber tenido la oportunidad de conocer a interesant&iacute;simos personajes del mundo de la cultura, a los que ha tratado con familiaridad desde siempre, es otro de sus privilegios, un privilegio que ha conformado su sensibilidad y ha ampliado su mirada sobre las cosas. &ldquo;Suelo tener inter&eacute;s en casi toda la gente que he conocido, desde actores mayores como Paco Rabal, Fern&aacute;n G&oacute;mez, Luis Cuenca, que han sido mis amigos, hasta gente como Pepe Garc&iacute;a S&aacute;nchez, Jos&eacute; Luis Cuerda, Manuel Vicent, Rafael Azcona, y por supuesto, cualquier persona con la que haya trabajado&rdquo;, asegura. Ahora, al repasar sus declaraciones, pienso que, en alg&uacute;n momento, mientras mantuvimos esta conversaci&oacute;n [en el caf&eacute;-librer&iacute;a La Buena Vida, en Madrid, propiedad de otro de los hermanos Trueba], visualic&eacute; al autor de <em>Saber perder</em> en una conversaci&oacute;n permanente: con unos y con otros, consigo mismo, con el mundo...</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">&ldquo;Pasar dos horas con Billy Wilder, cuando estudiaba en Los &Aacute;ngeles, cambi&oacute; mucho mi percepci&oacute;n del cine y de la actitud que era imprescindible para reconocer a alguien como genio: su curiosidad, su modestia, su sentido del humor. Hasta entonces cre&iacute;a que los genios ten&iacute;an que ser algo malditos, herm&eacute;ticos e intensos. Billy Wilder me ense&ntilde;&oacute; que cuando se tiene talento, es una obligaci&oacute;n ser generoso y abierto, modesto y accesible&rdquo;, vuelvo a sus declaraciones porque en ellas, en ese elogio de Wilder, en sus ense&ntilde;anzas, hay mucho de &eacute;l mismo: del ni&ntilde;o que aprende, que absorbe; del joven que ya ha cumplido 45 a&ntilde;os y sigue aprendiendo, saludando, queriendo saber de los dem&aacute;s.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">David Trueba habla y piensa con rapidez y parece que est&aacute; siempre a punto de marcharse de viaje. El d&iacute;a del encuentro, de hecho, ten&iacute;a que coger un tren rumbo a Barcelona. Tal vez fue ese dato y los muchos correos cruzados con &eacute;l antes de concretar la cita, correos que me lo situaban en distintos pa&iacute;ses, de gira permanente, lo que contribuy&oacute; a fijar en m&iacute; la idea de un hombre siempre en movimiento. Sin embargo, durante la charla, su elogio de la lentitud, de la calma, de los relojes de arena, tan esenciales en<em> Blitz,</em> me llevaron a variar un poco la impresi&oacute;n. David Trueba es de esas personas que disfrutan movi&eacute;ndose, pero que a&ntilde;oran detenerse, que, pese a llevar un ritmo intenso de vida, no dejan de reflexionar sobre todo, de observar los peque&ntilde;os detalles, de percibir esos fogonazos que anuncian los cambios de ritmo y de rumbo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Empecemos por los versos de Emily Dickinson que has elegido para la apertura de <em>Blitz</em>. &ldquo;(...)<em> </em>La verdad debe deslumbrar poco a poco / o a todo hombre dejar&aacute; ciego&rdquo; &iquest;Por qu&eacute; esos versos?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Porque creo que expresan magn&iacute;ficamente en qu&eacute; consiste la vida, sobre todo para las personas inteligentes, capaces de preguntarse: &iquest;c&oacute;mo refrenar la amargura si conoces la verdad? Emily Dickinson se refiere a la verdad con may&uacute;sculas. Todos conocemos el proceso, la evoluci&oacute;n, los par&aacute;metros y el destino final de la vida. Estamos expuestos a las sorpresas que nos depara el camino, pero sabemos que donde no hay sorpresas es en sus tramos. Lo que dice el poema es que esa verdad que conocemos nos tiene que ir siendo revelada poco a poco, porque si no su impacto puede ser brutal. Y yo creo que esa revelaci&oacute;n nos va llegando a trav&eacute;s de destellos. En el fondo es como un viaje aplazado constantemente hacia esa verdad; por un lado nos enga&ntilde;amos, por el otro nos sujetamos, no nos dejamos caer... Emily Dickinson nos habla de que al final la vida nos propone un trato; que lleguemos a disfrutarla sabiendo en qu&eacute; consiste; que lleguemos a vivirla en plenitud, sabiendo que esa plenitud se nos acabar&aacute; escurriendo entre los dedos. Ah&iacute; est&aacute; la gran apuesta. Por eso me niego a aceptar lo que tantas veces se dice de que no se puede ser inteligente y optimista a la vez, de que no se puede saber sin estar amargado. Yo me peleo con esta especie de interpretaci&oacute;n de la inteligencia como una condena, porque por esa regla de tres ser tonto, no hacerse preguntas, ser&iacute;a m&aacute;s satisfactorio. Lo importante es encontrar el equilibrio. Una persona puede hacerse preguntas, puede buscar, sin que eso le lleve a la desesperaci&oacute;n. Los versos de Emily Dickinson, una vez m&aacute;s, como en toda la gran poes&iacute;a, son capaces de contar en cuatro brochazos m&aacute;s que lo que quisi&eacute;ramos encontrar en una obra entera de filosof&iacute;a.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Hablas de rel&aacute;mpagos, de destellos, de iluminaciones... Todo esto tienen mucho que ver con tu &uacute;ltima novela.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;, pero m&aacute;s all&aacute; del significado intelectual, religioso, que estos t&eacute;rminos pueden tener, yo los aplico a la vida cotidiana, porque la vida se compone muchas veces de peque&ntilde;os flashes, rel&aacute;mpagos, instantes en que te sucede algo esencial. Se suele decir que al morir se ven las cosas pasar a gran velocidad, pero yo creo que eso es mentira, porque lo que se debe ver son esos destellos, esos momentos que los americanos denominan <em>highlights</em>, altas luces. Nuestra vida al final es eso: las altas luces, que unas veces son de amargura y otras veces son de euforia. El conjunto de todas ellas, asentado sobre una masa bastante espesa y olvidable, es lo que queda.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Volviendo a Emily Dickinson. &iquest;La has le&iacute;do mucho?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Me gusta y la he le&iacute;do mucho. Siempre me he sentido atra&iacute;do por poetas que tienen un componente casi filos&oacute;fico, porque son una lecci&oacute;n de s&iacute;ntesis, de observaci&oacute;n, y porque resultan muy &uacute;tiles para encontrar cosas que uno no sabe ni sentir. A veces he pensado que la poes&iacute;a, la filosof&iacute;a, la ficci&oacute;n en general, el cine, la m&uacute;sica, nos ense&ntilde;an a sentir, a poner palabras a lo que sentimos. &iquest;Qui&eacute;n nos ha dicho que nosotros conocemos los sentimientos? Los conocemos a trav&eacute;s de su representaci&oacute;n y es al verlos representados, al leerlos, cuando nos reconocemos en ellos. Eso es lo que nos acerca o nos aleja de los personajes, lo que nos hace entenderlos y lo que puede, en muchas ocasiones, ayudarnos a sobrevivir. Yo siempre digo que son remedios contra la soledad. Una persona que est&aacute; triste, va a su casa y se pone a escuchar la canci&oacute;n m&aacute;s triste del mundo. No est&aacute; buscando un consuelo; no trata de olvidar o de encontrar una medicina para pasar el mal rato. Lo que est&aacute; buscando es mucho m&aacute;s interesante que todo eso. Lo que est&aacute; buscando es compa&ntilde;&iacute;a, alguien que comparta ese sentimiento porque lo ha experimentado antes. La idea de compa&ntilde;&iacute;a, no de evasi&oacute;n, asociada a la ficci&oacute;n, a m&iacute;, como persona que se ocupa de estas cosas, me interesa bastante.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Por eso no deja de ser curioso, contradictorio, que la cultura se considere cada vez m&aacute;s como algo in&uacute;til, de lo que se puede prescindir.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Yo creo que la pregunta que hay que formularse es: &iquest;&Uacute;til para qu&eacute;? Seguramente no ser&aacute; &uacute;til para ganar dinero en Bolsa o para colocar a tu hijo en un buen trabajo, pero s&iacute; para sobrevivir, para atravesar la vida; que no todo es ganar dinero en Bolsa o tener un buen trabajo. Hay infinitas cosas m&aacute;s. Lo que ocurre es que la palabra &uacute;til se la han apropiado con respecto a la vida unos se&ntilde;ores que son narcotraficantes, vendedores de pastillas; ya sean pastillas de autoayuda, econ&oacute;micas o pol&iacute;ticas. Pero la utilidad est&aacute; justo, exactamente, en la acera opuesta por la que transitan esos mercaderes. Tenemos que mirar desde ese lado opuesto, donde las cosas no se miden en funci&oacute;n del par&aacute;metro que ellos han puesto, sino a partir del principio que asocia la vida a una larga experiencia, con sus trechos de edad, con sus decepciones y sus momentos de euforia. Se trata de asociar lo &uacute;til a lo que ayuda al&nbsp; armaz&oacute;n de la persona. Lo contrario, la medida de los logros materiales, externos, tan de nuestra sociedad, le est&aacute; haciendo la vida muy cuesta arriba a much&iacute;simas personas y es una causa profunda de desapego y, sobre todo, de depresi&oacute;n y de frustraci&oacute;n. Ahora mismo, pese a las dificultades, a los problemas econ&oacute;micos, vivimos en el mejor mundo de la historia de la humanidad y, sin embargo, es un mundo que causa infelicidad. &iquest;Por qu&eacute;? No es culpa de la inteligencia, sino de la inteligencia mal aplicada.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Crees que la cultura puede convertirse en un campo de batalla? &iquest;Debemos reivindicar la utilidad de lo in&uacute;til, como dice el profesor italiano Nuccio Ordine?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Bueno, tenemos que partir del hecho de que la cultura no es ajena a la mercantilizaci&oacute;n. Pero dicho esto, es evidente que la cultura es mucho m&aacute;s que las expresiones culturales y las industrias culturales. La cultura es todo lo que no es piel en una persona, todo lo que est&aacute; dentro,&nbsp; asentado en su experiencia emocional. Y esa experiencia est&aacute; relacionada, a trav&eacute;s de la mirada, del sentimiento, con la creaci&oacute;n art&iacute;stica en todas sus vertientes. Ah&iacute;, evidentemente, claro que la cultura tiene que dar la batalla siempre. No es una batalla pol&iacute;tica sino una batalla humana. El humanismo, la sensaci&oacute;n de la medida humana sobre las cosas, ha estado muy desprestigiado en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Y eso ha hecho mucho da&ntilde;o, porque finalmente lo que se ha desterrado es el entendernos a nosotros como una constante, como un experiencia que va pasando de unos a otros y se va transformando a trav&eacute;s de nuevas miradas y vivencias. En ese sentido, tambi&eacute;n pienso que la cultura ha perdido la batalla. En un momento dado se ha dejado tentar por el mundo del dinero, por la contabilizaci&oacute;n mercantil, por esa especie de par&aacute;metro deportivo seg&uacute;n el cual lo que importa es ser el m&aacute;s vendido, el primero, el mejor, el n&uacute;mero uno, el premio tal o cual. &iquest;De verdad vamos a caer en eso? &iquest;De verdad vamos a dejar que el suplemento cultural de un peri&oacute;dico o de una radio oscile en torno a los premios, a la recaudaci&oacute;n, a las ventas?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Qu&eacute; respuestas das t&uacute; a todas estas cuestiones?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">-&nbsp; Yo creo que debemos revelarnos contra eso y seguir hablando de lo que de verdad es interesante, de lo que de verdad aporta. Al decir esto no quiero dar la impresi&oacute;n de ser partidario de estar al margen del mercado y de pensar que s&oacute;lo as&iacute; se logra el prestigio. Creo que el mercado forma parte de la humanidad y que, por lo tanto, debemos estudiarlo y analizar por qu&eacute; pasan determinadas cosas. No hay que despreciarlo, pero tampoco verlo como la clave de todo. Respecto a la utilidad de lo in&uacute;til de la que habla Ordine, pienso en un pasaje muy bonito que hay en <em>El rey Lear</em>, de Shakespeare. Se trata de un momento de desesperaci&oacute;n del rey, cuando ve que sus hijas se han apropiado de su reino antes de que &eacute;l muera y se da cuenta de que ya lo quieren matar. En ese momento &eacute;l piensa que le est&aacute;n quitando las cosas in&uacute;tiles. Llega a decir algo as&iacute; como que &ldquo;hasta el mendigo m&aacute;s pobre lleva en su bolsa cosas in&uacute;tiles, porque son imprescindibles&rdquo;. Es muy bello.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- En <em>Blitz</em> la reflexi&oacute;n sobre el tiempo es fundamental. La imagen de los relojes de arena, que forman parte del proyecto de parque que presenta&nbsp; el protagonista [de profesi&oacute;n paisajista] es muy significativa. &iquest;Hasta qu&eacute; punto te interesaba hacer hincapi&eacute; en la incapacidad para detenernos, tan propia de los habitantes de las urbes modernas?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Pienso que la observaci&oacute;n es el gran lujo ahora mismo. El jacuzzi y las vacaciones en lugares ex&oacute;ticos est&aacute;n bien, pero hay otros lujos que la gente no se permite, por ejemplo, el lujo de disponer de su propio tiempo, el de pararse a decir: &ldquo;soy due&ntilde;o de mi tiempo&rdquo; o &ldquo;estoy ocupando el tiempo&rdquo;, que es algo diferente a lo que entendemos por disfrutarlo. Ah&iacute; es donde, a lo mejor, los ricos y los pobres se confundir&iacute;an. Mi protagonista lo que quiere hacer es una especie de jard&iacute;n del tiempo. Le ha dado vueltas al asunto y se ha dado cuenta de que un reloj de arena es uno de esos inventos para visualizar lo invisible que tanto nos fascinan. El tiempo, la medida del tiempo, va unida al desarrollo intelectual del Renacimiento, cuando la gente se empez&oacute; a hacer preguntas sobre el hombre y, de repente, se dio cuenta de que el hombre sin entender el tiempo no ten&iacute;a ning&uacute;n sentido. Lo que nos explica realmente es nuestra pelea con el tiempo: c&oacute;mo vencerlo, c&oacute;mo vivirlo intensamente, c&oacute;mo aceptarlo... Y eso es lo que al personaje, que acaba de cumplir 30 a&ntilde;os, le perturba. Por primera vez en su vida empieza a pensar en el tiempo. Hasta entonces, como los ni&ntilde;os, ha estado devor&aacute;ndolo, sin preguntarse sobre &eacute;l, pero ahora toma conciencia de su importancia y, a trav&eacute;s del jard&iacute;n que proyecta, quiere que un reloj de arena les recuerde a los paseantes lo largos que pueden ser tres minutos cuando te dedicas a observarlos. Todo esto&nbsp; tiene mucho que ver con los momentos de la vida, con el lugar donde nos colocamos para mirar las cosas.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Hay un pasaje de la novela donde leemos: &ldquo;La agitaci&oacute;n es solo una forma de rellenar el verdadero vac&iacute;o&rdquo;. &iquest;Crees que la prisa, la agitaci&oacute;n constante, es uno de los grandes males de nuestra sociedad?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- La sensaci&oacute;n de que el tiempo va muy deprisa y no somos capaces de alcanzarlo es una angustia inducida por nuestra sociedad, donde la gente a los 10 a&ntilde;os ya est&aacute; angustiada. &iquest;C&oacute;mo lo han logrado? &iquest;C&oacute;mo han conseguido que un deportista joven ya sienta que se le ha pasado el tren o que una persona que se separa con 40 a&ntilde;os considere que ha perdido los mejores a&ntilde;os de su vida? &iquest;Por qu&eacute;? Par&eacute;monos a mirar la vida otra vez. Todas estas reflexiones est&aacute;n en el punto de partida de <em>Blitz</em>.</p>
<p class="normal">Es como si en la sociedad actual hubiera un problema de m&eacute;trica, como si pudi&eacute;ramos imaginar que hay un metr&oacute;nomo vital y &eacute;ste se hubiera acelerado. Lo primero que tiene que hacer un m&uacute;sico cuando compone una canci&oacute;n es comprobar que el metr&oacute;nomo est&aacute; ajustado al ritmo que &eacute;l desea. Lo incre&iacute;ble es que nosotros no manejemos el metr&oacute;nomo de nuestra vida y toquemos al ritmo que los dem&aacute;s quieren que toquemos. Eso produce una enorme angustia, la angustia de llegar siempre tarde; la angustia de no tener tiempo para hacer las cosas. Solemos escuchar: &ldquo;Si tuviera otra vida har&iacute;a esto o lo otro&rdquo;; &ldquo;si pudiera volver atr&aacute;s estudiar&iacute;a guitarra...&rdquo; Bueno, para tocarla bien, probablemente habr&iacute;a que empezar de ni&ntilde;o, pero para disfrutarla... A lo mejor no es tan dif&iacute;cil. La angustia es un fen&oacute;meno social evidente, por el cual much&iacute;simas personas sienten que la vida se les escapa entre los dedos cuando todav&iacute;a est&aacute; en su plenitud.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Cu&aacute;l es tu relaci&oacute;n con el tiempo? &iquest;No sientes esa angustia?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">-&nbsp; Yo soy una persona que intenta aprovechar mucho el tiempo, pero para preservarlo, sabiendo que de vez en cuando hay que perderlo. Hay que perder el tiempo. Lo que sucede es que eso se ve como algo negativo, se asocia al aburrimiento. Es como si hubiera que tener atracciones externas todo el rato.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &ldquo;Vivimos en el mundo de la conexi&oacute;n permanente&rdquo;, es otra de las frases de la novela, donde tambi&eacute;n se plantea, en tono de humor, que acabar&aacute; habiendo cl&iacute;nicas de desintoxicaci&oacute;n para tratar la obsesi&oacute;n de los m&oacute;viles. Parece lejano, pero ya hay muchos psic&oacute;logos tratando esta adicci&oacute;n.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Tiene que ver con lo que habl&aacute;bamos del tiempo. El tel&eacute;fono m&oacute;vil ha provocado tales prisas que la gente, aunque no la llamen, est&aacute; mir&aacute;ndolo todo el rato para ver si hay mensajes nuevos. Es el ejemplo m&aacute;s absurdo de la angustia. Es una forma nueva de esclavitud, un elemento de inmediatez que hace que cuando se producen cinco minutos sin nada se percibe un vac&iacute;o. Y el vac&iacute;o no existe. Es imposible f&iacute;sicamente en nuestras vidas que haya vac&iacute;o, siempre hay algo. Uno de los personajes de la novela dice que el tel&eacute;fono m&oacute;vil le produce la misma perturbaci&oacute;n que el tabaco, en el sentido de que en un momento dado nadie lo cuestiona, porque incluso forma parte de la est&eacute;tica, y 50 a&ntilde;os despu&eacute;s puede ser prohibido. El caso es que el ser humano no escarmienta y consigue que las modas se impongan una y otra vez sobre &eacute;l y sobre su salud, sabiendo que lo que hoy no es da&ntilde;ino lo puede ser en el futuro. Ahora sucede con las mal llamadas nuevas tecnolog&iacute;as. &iquest;C&oacute;mo no somos capaces todav&iacute;a de distinguir entre lo que tienen de natural en el desarrollo de nuestra forma de vivir y lo que tienen de tendencia, de moda, y por lo tanto de esclavitud econ&oacute;mica a la que estamos sometidos para hacer ricos a unos se&ntilde;ores a los que hay que adorar, a la altura de Einstein?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- La observaci&oacute;n de las costumbres, el humor y la reflexi&oacute;n se a&uacute;nan en tus novelas. Es una de las caracter&iacute;sticas del David Trueba escritor. Leyendo <em>Blitz</em> no pude evitar que algo me recordase a Milan Kundera y su &uacute;ltima obra, <em>La fiesta de la insignificancia, </em>donde reivindica el humor y vuelve a poner de manifiesto su capacidad para interpretar los cambios en las modas, los gestos y usos de la gente. &iquest;Qu&eacute; te parece? &iquest;Te identificas algo con &eacute;l?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Siempre trato de reprimir much&iacute;simas observaciones sobre la vida, para que no se noten demasiado en la novela. Quiz&aacute; sea un poco el pudor del articulista de prensa que intenta que esa faceta no entre en sus ficciones. Sin embargo, cuando leo a los autores que m&aacute;s me gustan, entre los que se encuentra Kundera, sus libros est&aacute;n llenos de observaciones. La novela permite una reflexi&oacute;n m&aacute;s profunda y permite mostrar que los personajes est&aacute;n habitados por su lugar en el mundo, que es desde el que se enfrentan a las cosas de su tiempo. Cuando le&iacute; <em>La fiesta de la insignificancia</em> me hizo mucha ilusi&oacute;n la argumentaci&oacute;n sobre el ombligo y la presencia que el ombligo ten&iacute;a en nuestra sociedad, porque una vez escrib&iacute; un art&iacute;culo sobre eso, a partir de un comentario que hab&iacute;a hecho mi padre al volver a casa. &ldquo;Pero, hijo, qu&eacute; est&aacute; pasando, por qu&eacute; va todo el mundo ense&ntilde;ando el ombligo&rdquo;, me dijo. Y yo me di cuenta de cu&aacute;nta raz&oacute;n ten&iacute;a, de que ense&ntilde;ar el ombligo se hab&iacute;a convertido en una moda femenina, provocativa y al mismo tiempo muy interesante. A Kundera le hab&iacute;a pasado lo mismo que a mi padre, que era todo lo contrario que &eacute;l, un hombre nada intelectual ni reflexivo. La verdad es que se trata de un escritor que siempre me ha interesado. Ha sido capaz de no abandonar nunca del todo el humor, pese a su trascendencia bestial, y nunca ha rechazado lo convencional de la novela: crear unos personajes, seguir sus tramas, los destellos de sus vidas... Todos esos elementos los ha dispuesto muy bien. Ahora ya no es un autor de moda. Lo fue, con demas&iacute;a tal vez, en los a&ntilde;os 80, pero a m&iacute; me ha gustado leerlo siempre. <em>Los testamentos traicionados</em> es el libro que probablemente m&aacute;s he regalado. Para m&iacute; es uno de los ensayos m&aacute;s inteligentes sobre el arte en el siglo XX.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- En su obra tambi&eacute;n ha reflexionado mucho sobre la importancia de la imagen, de la fotograf&iacute;a, de los medios audiovisuales.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;.&nbsp; Fue alguien que quiso ser director de cine y eso resulta clave a la hora de leer su obra. Form&oacute; parte de una generaci&oacute;n muy importante cinematogr&aacute;ficamente y Milos Forman es uno de sus &iacute;ntimos amigos. Kundera ha sabido mirar a su &eacute;poca desde sus distintas edades. No se ha peleado contra el proceso del tiempo. Hay una cosa que a m&iacute; siempre me ha sorprendido: que la gente est&eacute; re&ntilde;ida con el tiempo que le ha tocado vivir. Eso Woody Allen lo parodia muy bien en <em>Medianoche en Par&iacute;s</em>. Pensar que todo fue mejor dos generaciones antes es muy habitual y en la pel&iacute;cula vemos c&oacute;mo el protagonista sue&ntilde;a con la Francia de Hemingway y Scott Fitzgerald, mientras que los que estaban ah&iacute; so&ntilde;aban con un tiempo anterior. Siempre he cre&iacute;do que pelearnos con nuestro tiempo es una batalla perdida. Lo que hay que hacer es observar y preguntarse el porqu&eacute; de las cosas: por qu&eacute; se ense&ntilde;a el ombligo, por qu&eacute; necesitamos mirar el m&oacute;vil todo el rato o colgar fotos en las redes constantemente. Si sabemos observar con un poco de generosidad podemos aprender much&iacute;simas cosas de los comportamientos. No me gustan los escritores que tratan a los otros simplemente como imb&eacute;ciles, que se sit&uacute;an en esa posici&oacute;n y consideran que s&oacute;lo ellos son los inteligentes. Eso no quiere decir que no haya que ser cr&iacute;ticos. Se trata de entender y de criticar, por supuesto, lo que consideramos err&oacute;neo. La literatura nos sirve para retratar el mundo en el que vivimos y para proponer otro mundo posible dentro de ese mundo. No podemos decir a la gente que coja una m&aacute;quina del tiempo y se traslade, pero s&iacute; podemos ayudarla a reflexionar sobre el mundo en el que vive con sus inconsistencias. Suelen decirme que en mis libros y en mis pel&iacute;culas siempre salen personajes que, de alguna manera, viven en un entorno particular, y yo les digo que esa es mi reivindicaci&oacute;n desde ni&ntilde;o. Hay un mundo y dentro de ese mundo est&aacute; el nuestro. No digo que cada uno de nosotros tengamos la potencia de Dios para crear un universo entero, pero s&iacute; que somos reyes del nuestro y podemos decidir c&oacute;mo queremos que sea y qu&eacute; cosas y personas deseamos que entren. Esa capacidad tenemos que aprovecharla.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Aparte de Kundera, &iquest;qu&eacute; otros autores te gustan, han sido fundamentales para ti?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Much&iacute;simos: Ch&eacute;jov, Turgu&eacute;niev,Tolstoi, Diderot, Stendhal, Montaigne, Nabokov, Scott Fitzgerald, Hrabal, Philip Roth, Joseph Roth, Faulkner, Simenon, Kaufman, Ring Lardner... Y m&aacute;s cercanos: Baroja, Pla, Cabrera Infante, Azcona... Y m&aacute;s pr&oacute;ximos generacionalmente: Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n, F&eacute;lix Romeo, Ismael Grasa, Javier Cercas, Enrique Vila-Matas, Pedro Zarraluki y Marcos Giralt Torrente, entre otros.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Qu&eacute; te ofrece el cine que no te de la literatura y viceversa? &iquest;C&oacute;mo conviven ambos territorios?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- El cine es de una potencia expresiva muy grande. El efecto que genera en el espectador es muy primario, envidiable, como el de la m&uacute;sica. La literatura apela a una lectura m&aacute;s &iacute;ntima. Ambas labores son muy distintas en su efecto, pero trato de acercar la escritura de una y otra a esa experiencia de comunicaci&oacute;n personal que tanto me interesa.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Qu&eacute; efecto te gusta conseguir en quienes leen tus libros o ven tus pel&iacute;culas?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- A m&iacute; me gusta mucho que cuando alguien lee un libro m&iacute;o no mire al mundo de la misma manera, al menos durante las semanas siguientes. En ese sentido juego mucho con la verosimilitud, pero tambi&eacute;n me interesa mostrar que las personas pueden hacer algo rechazable, incluso expresarse de manera rechazable, sin ser horribles por ello. Comprender esto significa ampliar la capacidad de aceptaci&oacute;n que uno puede tener sobre los dem&aacute;s. Creo que ense&ntilde;ar a las personas a ser m&aacute;s tolerantes, a no juzgar tanto desde fuera, es una funci&oacute;n muy importante que ha desempe&ntilde;ado la ficci&oacute;n a lo largo del tiempo. La literatura nos muestra la complejidad y nos ayuda a no caer en esta cosa tan habitual de considerar que los futbolistas son todos as&iacute;; los aficionados al f&uacute;tbol son todos as&iacute;, los pol&iacute;ticos son todos as&iacute;... &iexcl;Cuidado! Si rascamos nos podemos encontrar con personas mucho m&aacute;s cercanas a nosotros mismos de lo que creemos. Y eso nos puede producir un vuelco vital, porque es muy impactante comprobar lo mucho que nos parecemos a aquellos que consider&aacute;bamos tan diferentes. Por m&aacute;s que la religi&oacute;n lo haya intentado han sido los buenos novelistas los que han conseguido transmitir todo esto maravillosamente. Ah&iacute; tienen mucho que ver los prejuicios, las apariencias. Yo recuerdo que cuando escrib&iacute; <em>Saber perder </em>me interesaba que Silvia, el personaje de la protagonista, fuera una representante natural de las chicas de 16 a&ntilde;os, pero que tambi&eacute;n fuera un caso especial de esa franja de edad, porque yo lo que quer&iacute;a era indagar en lo que se puede estar escondiendo en una chica de 16 a&ntilde;os que en apariencia no lee; que en apariencia est&aacute; fascinada por un chico guapo, atractivo y famoso; que en apariencia es una estudiante mediocre y una hija con una cierta dificultad para comentar con sus padres y con las personas mayores lo que le pasa. En apariencia es muchas cosas, pero lo que yo me propuse fue mirar por debajo de todas esas apariencias, sacar a la luz esa parte oculta que es donde a veces nos encontramos sorpresas.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Habl&aacute;bamos del tiempo. La literatura, la lectura, la escritura, s&iacute; que son maneras de parar el tiempo. Cuando estamos leyendo o escribiendo s&iacute; que nos desconectamos. &iquest;No crees que ahora mismo la literatura es un espacio de rebeld&iacute;a contra las tiran&iacute;as del tiempo, contra la aceleraci&oacute;n?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Indudablemente. Leer bien es una labor lenta, que exige sacrificio, abstracci&oacute;n, que requiere preservarse del mundo exterior para poder disfrutar. Curiosamente, cuando la gente me dice si no me da miedo dedicarme a una cosa antigua, arcaica, como es la literatura, siempre contesto: es arcaica, pero al mismo tiempo es la m&aacute;s moderna, porque una de sus virtudes es el desaf&iacute;o, el desafiar continuamente a su tiempo. Es muy similar a sentarse a ver una pel&iacute;cula en la calma compartida del cine. Es una cosa antigua y a la vez la m&aacute;s moderna del mundo. Me da la impresi&oacute;n de que los que tienen dudas respecto a esto, los que consideran que tal vez se trate de cosas del pasado, que se acabar&aacute;n quedando atr&aacute;s, est&aacute;n equivocados. Van a seguir formando parte de la vida cotidiana porque est&aacute; comprobado que necesitamos las historias, las ficciones. Son necesarias para la plenitud de la vida y siempre vamos a buscar todo aquello que nos proporcione esa plenitud. Hay muchas cosas nuevas que se van incorporando, pero eso no significa que se abandonen las otras. Puede que al decir esto contradiga ciertos datos, pero yo creo que ahora la gente, dejando aparte a los j&oacute;venes, que a&uacute;n est&aacute;n por formar, lee m&aacute;s que nunca. En el a&ntilde;o 1950, por ejemplo, se publicaba un libro de Faulkner y se vend&iacute;an muy pocos ejemplares, mientras que hoy de autores como Coetzee o Sebald, representantes de ese mismo tipo de literatura, se vende cuatro veces m&aacute;s. Hay cuatro veces m&aacute;s lectores abiertos a esas obras. Por eso no hay que tirar la toalla.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Da la impresi&oacute;n de que en cada una de tus novelas has ido dando cuenta de las preocupaciones y de las reflexiones asociadas a cada una de tus etapas vitales. Has hablado de la adolescencia, de la juventud... Ahora, en <em>Blitz</em>, partes de un momento de crisis, de cambio, en la vida. El protagonista est&aacute; en una posici&oacute;n en la que tiene la juventud cerca, pero ya entra de lleno en la madurez y empieza a percibir que la vejez no es un horizonte tan lejano. &iquest;Atraviesas un momento de especial lucidez?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Es curiosa esta pregunta porque recuerdo que cuando empec&eacute; a hacer pel&iacute;culas, que fue antes de mi primera novela, pens&eacute;: es muy dif&iacute;cil tener 20 a&ntilde;os y empezar a escribir para una industria como el cine y no caer en lo que en ese momento tiene &eacute;xito, en lo que te reclama ese mercado, esa industria, porque se supone que va a funcionar. Sab&iacute;a que ese peligro era muy dif&iacute;cil de evitar porque uno es presa del propio oficio e intenta llegar a la gente, decir cosas que interesen y que se consuman. Fue ah&iacute; cuando decid&iacute; optar por un camino en el cual la &uacute;nica se&ntilde;a que pod&iacute;a dejar era intentar que lo que hac&iacute;a &ndash;mis pel&iacute;culas, mis guiones, mis novelas&ndash; formasen parte de un &aacute;lbum, un &aacute;lbum parecido al que ten&iacute;an nuestras madres en casa. Ese &aacute;lbum que de vez en cuando miramos y donde, al vernos en la foto de los 12 a&ntilde;os, nos gustar&iacute;a haber salido m&aacute;s favorecidos, incluso haber sido distintos. Nos gustar&iacute;a que esa imagen representara mejor lo que ten&iacute;amos por dentro, pero, sin embargo, no podemos despegarla del &aacute;lbum y arrancarla porque representa lo que fuimos, lo que somos. En mis novelas he intentado siempre que, aparte de contar lo que quiero contar, aparte de que est&eacute;n lo mejor elaboradas posible en forma y fondo, sean como fotos de ese &aacute;lbum, historias que yo no puedo escribir ahora porque las escrib&iacute; hace 20 a&ntilde;os. Es el hecho de no poderlas hacer en otro momento distinto lo que les da el valor. A muchos escritores les importuna leer sus libros antiguos y no corregirlos. Es algo entendible. Est&aacute;n pensando en la consagraci&oacute;n, en ser recordados por la historia de la literatura, y tienen miedo a que se detecten los errores del pasado, pero yo tengo una perspectiva sobre m&iacute; mismo bastante m&aacute;s humilde, en el sentido de que a lo &uacute;nico a que aspiro es a sentir que mis libros, me agraden m&aacute;s o menos con el paso de los a&ntilde;os, me representen claramente en cada uno de los momentos en los que los escrib&iacute;.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Si hay un elemento clave en todas tus novelas es la presencia de la familia. Desde tu debut con <em>Abierto toda la noche</em>, la familia, en mayor o menor medida, siempre aparece.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Es fundamental. La familia me parece novelesca en s&iacute; misma. Para poder contar el mundo lo m&aacute;s f&aacute;cil es reducir la realidad, extraer una peque&ntilde;a porci&oacute;n de la misma, un peque&ntilde;o gesto. Y la familia es esa porci&oacute;n que nos da la idea del mundo. En mi caso, adem&aacute;s, tiene una importancia fundamental porque me he criado en una familia numerosa, hoy totalmente extinguida como forma de vida. Me encuentro con personas que al volver de sus viajes por &Aacute;frica o Latinoam&eacute;rica dicen sentirse sorprendidos tras ver lo feliz que es la gente pese a la pobreza o la escasez. Yo les digo: viajad a una familia numerosa en los a&ntilde;os 60 o 70 y os encontrar&eacute;is con esa misma felicidad, porque todav&iacute;a no hab&iacute;an cerrado la casa, porque a&uacute;n estaba abierta y entraba y sal&iacute;a gente todo el rato: los amigos de los padres, de los hermanos... Cerrar el mundo ha sido un error. Encerrar a la gente en n&uacute;cleos familiares muy peque&ntilde;os, en una vida demasiado privada, hace que los ni&ntilde;os crezcan con poca exposici&oacute;n a las rarezas del mundo. Por eso pueden tener ventaja los ni&ntilde;os que vienen de fuera, que vienen de condiciones menos favorables. En su contra est&aacute; la falta de dinero, el no pertenecer a clases dominantes, pero a su favor tienen que la calle es suya. Y el que domina la calle cuando tiene 10 a&ntilde;os, domina el mundo cuando tiene 40.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">-&nbsp; En <em>Blitz</em> hay una reivindicaci&oacute;n del paso del tiempo, de las arrugas, de la imperfecci&oacute;n. No puedo evitar pensar en aquel anuncio de moda tan acertado de &ldquo;la arruga es bella&rdquo;. Lo mismo, aplicado al cuerpo humano, est&aacute; en tu novela: Aceptemos las arrugas, llevemos con dignidad los deterioros. Menos pl&aacute;stico, menos cirug&iacute;as. Ese es el mensaje que se transmite.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">-&nbsp; S&iacute;. Ese es uno de los grandes asuntos de la novela. En el fondo lo que hay es una reflexi&oacute;n sobre qu&eacute; es lo que piensan los dem&aacute;s y qu&eacute; es lo que piensas t&uacute;. De hecho, para m&iacute; la escena m&aacute;s importante es cuando el protagonista, despu&eacute;s de haber tenido una relaci&oacute;n sexual con una mujer mayor, se siente avergonzado del que dir&aacute;n, adopta ese qu&eacute; dir&aacute;n como propio y lo ejecuta de una manera salvaje con un amigo suyo a trav&eacute;s de una conversaci&oacute;n telef&oacute;nica. Ese tipo de escenas que buscan violentar al que lee me gustan mucho. A los lectores no les podemos exponer todo el rato a la caricia; tenemos que exponerlos a la verdad a trav&eacute;s de las acciones de los personajes. Y esto genera de inmediato un cortocircuito, un rechazo del personaje, pero es que el personaje tambi&eacute;n se cae mal a s&iacute; mismo. En este caso se trata de entender que lo que est&aacute; haciendo es ejecutar el qu&eacute; dir&aacute;n, los prejuicios de la sociedad, como propios. Por ejemplo, tenemos la belleza. &iquest;Qu&eacute; es la belleza?. Una cosa es la belleza externa que apreciamos, que tiene unos valores y unos elementos cercanos a su representaci&oacute;n art&iacute;stica. Pero la belleza que encontramos en nuestras vidas, en la proximidad, en la intimidad, est&aacute; compuesta de muchos m&aacute;s elementos. No puede ser que nos dicten desde el exterior, desde una revista, c&oacute;mo tienen que ser los culos, c&oacute;mo tienen que ser las tetas, las dentaduras, los besos, la forma de vida... Hay un momento en el que tenemos que rebelarnos contra todos esos dictados de la moda, porque a lo &uacute;nico a lo que nos abocan es a la frustraci&oacute;n. Como yo no puedo conseguir eso porque no lo tengo; como mi pareja no puede conseguir eso, entonces no podemos mirarnos, no podemos amarnos, no podemos acariciarnos porque al hacerlo no estamos acariciando algo bello. Hay otro momento muy especial en el libro, que confieso tiene que ver con mi propia experiencia sensorial, en el que el personaje tiene en sus manos un pecho aparentemente perfecto, operado, pero al palparlo recuerda de pronto ese otro pecho que, de alguna manera, le hab&iacute;a avergonzado en esa relaci&oacute;n anterior porque era imperfecto, porque estaba m&oacute;rbido, ca&iacute;do. Lo a&ntilde;ora porque era aut&eacute;ntico. El no poder asociar la belleza a la biograf&iacute;a de una persona es condenarnos al suicidio, porque la belleza est&aacute; en el proceso.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Es curioso que no hablemos m&aacute;s de todos estos temas, que tanta gente asuma, con absoluta facilidad, los dict&aacute;menes de la publicidad, de las id&iacute;licas, irreales, revistas de moda.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">-&nbsp; As&iacute; es. Yo creo que ante todo esto debemos formularnos la pregunta: &iquest;La degradaci&oacute;n nos roba toda la belleza o nos deja algo de belleza transformada? Ah&iacute; est&aacute; uno de los grandes temas de este momento que vivimos. A m&iacute; me gustar&iacute;a saber c&oacute;mo tenemos que actuar, c&oacute;mo tenemos que condicionar nuestra vida en funci&oacute;n de esa belleza impostada que nos est&aacute;n vendiendo las revistas femeninas. Por supuesto que, antes que nada, est&aacute;n los ideales cl&aacute;sicos. Con esos ideales podemos convivir, pero no con una revista que a una mujer de 40 a&ntilde;os le borra las arrugas en la portada porque si no no puede ser portada. Con eso no debemos convivir, tenemos que estar en guerra porque su influencia social es nefasta. Se trata de un veneno social. Necesitamos que esa tendencia se transforme para poder ser felices. Y todo esto lo digo sabiendo que tampoco podemos ser ajenos a lo que es la belleza, a la atracci&oacute;n por la belleza. Ah&iacute; es donde est&aacute; el conflicto que me interesa: el conflicto de envejecer, el conflicto de la decrepitud, de la decadencia f&iacute;sica. &iquest;Qu&eacute; hacemos; la vamos a combatir s&oacute;lo en el gimnasio o la vamos a combatir de otra manera, con otra manera de mirar, de vivir nuestra vida?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Son preguntas que revuelven, que ponen en entredicho muchas cosas.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">-&nbsp; S&iacute;. Todo eso es lo que me parece provocativo del libro. Dice mucho que el protagonista tenga entre las manos las dos pieles y decida cu&aacute;l es la que le hace compa&ntilde;&iacute;a y cu&aacute;l es la que no. Y aqu&iacute; hay otro tema fundamental, el de la transformaci&oacute;n de la sexualidad en pornograf&iacute;a, algo que est&aacute; afectando bastante a los adolescentes. Los adolescentes al haber visto much&iacute;sima pornograf&iacute;a en Internet act&uacute;an imitando esa pornograf&iacute;a que ejecuta una sexualidad artificial, de sumisi&oacute;n, de dominio. Ese es un problema que vamos a pagar en el futuro si no somos capaces de reivindicar la relaci&oacute;n sexual en su naturalidad, en su torpeza, en su caos, en su improvisaci&oacute;n, en su defecto. Por eso yo intento que mis escenas sexuales, que en la mayor&iacute;a de pel&iacute;culas o de novelas que leo, son prescindibles totalmente, sean sinceras. Me parece que lo que est&aacute; faltando en la sociedad es sinceridad, que unos y otros seamos capaces de reconocer nuestros defectos. Pero sucede lo contrario: estamos mandando un mensaje permanente de perfecci&oacute;n. Todo el mundo env&iacute;a selfies en los que sale bien. Todo el mundo tiene un asesor de imagen. Todo el mundo da entrevistas diciendo que es cojonudo y presenta sus candidaturas diciendo que va a salvar a la humanidad. Resulta ingenuo, est&uacute;pido. Debemos empezar a reconocer que no tenemos respuestas para todo, que solemos meter la pata. La sinceridad provoca cercan&iacute;a. No s&oacute;lo en <em>Blitz</em>, tambi&eacute;n en <em>Saber perder</em>, he hecho el ejercicio de reivindicar al ser humano por lo que tiene de imperfecto, no por lo que tiene de perfecto.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- El tema de la relaci&oacute;n entre un joven de 30 a&ntilde;os con una mujer que le dobla la edad es, en cierto modo, un tema tab&uacute;. Nada que ver con la situaci&oacute;n inversa, se&ntilde;or mayor con mujer joven, que llena tantas p&aacute;ginas de la prensa rosa. &iquest;C&oacute;mo est&aacute;n reaccionando los lectores?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Bueno, lo que noto a veces es una lectura muy superficial. Eso s&iacute; me preocupa. En la novela el tema est&aacute; tratado con una cierta violencia y crueldad; no desde la reconfortante mesa camilla. Lo que pretend&iacute; desde un principio fue huir del arquetipo de la mujer mayor, del joven en brazos de la mujer madura, de ese concepto de la seducci&oacute;n como adoctrinamiento. No quer&iacute;a seguir el modelo de Mrs Robinson, la protagonista de <em>El graduado</em>. Me parec&iacute;a demasiado novelesco, peliculero. Quer&iacute;a retratar a una mujer que no busca nada, pero que llegado el momento decide implicarse. El protagonista piensa todo el rato que la puede hacer sufrir, pero ella est&aacute; ocho veces por encima de &eacute;l porque tiene una experiencia vital que le permite flotar sobre los vaivenes de la vida con much&iacute;sima m&aacute;s agilidad. En el fondo, ella es mucho m&aacute;s joven y menos conservadora que &eacute;l. Esto es algo que me interesaba mucho apuntar, porque detr&aacute;s de una persona mayor se esconde muchas veces una persona terriblemente joven, algo que no acabamos de ver porque tambi&eacute;n ah&iacute; intervienen los prejuicios, las ideas asumidas.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- La comunicaci&oacute;n entre generaciones es algo que est&aacute; muy presente en tus libros, en tus pel&iacute;culas.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- As&iacute; es. Se trata de algo de lo que no fui consciente hasta muy tarde. Alguien me lo se&ntilde;al&oacute; y a partir de ah&iacute; reflexion&eacute; sobre ello y me di cuenta de que era cierto. Quiz&aacute;s se deba tambi&eacute;n a mi mundo familiar, donde estaba expuesto a convivir con muchas generaciones a la vez. Mi padre era 16 a&ntilde;os mayor que mi madre y para m&iacute; eran dos generaciones distintas en su forma de pensar, de ser. Y luego estaban mis hermanos; el mayor me llevaba 18 a&ntilde;os... En mi casa conviv&iacute;an cuatro generaciones y eso era muy apetecible. Considero que una pel&iacute;cula completa es una pel&iacute;cula donde se da ese intercambio generacional, y una novela completa tambi&eacute;n. Me cuesta mucho meterme en esos archivos concretos que dividen a las personas en j&oacute;venes, adultos, tercera edad... Se trata de archivos que no se pueden intercambiar. Y la vida consiste en que una persona de 20 a&ntilde;os se relaciona con una de 60 y una de 40 con una de 10. As&iacute; es la vida.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Me imagino que no es fortuito el hecho de que el protagonista de <em>Blitz </em>viaje a Alemania y que la mujer con la que mantiene una relaci&oacute;n sea alemana. Ahora mismo el contraste entre el car&aacute;cter alem&aacute;n y el espa&ntilde;ol, entre la situaci&oacute;n de la Europa del Norte y la del Sur, da mucho juego.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Yo quer&iacute;a transmitir esa idea que ahora tenemos de Alemania como una especie de madre cruel y para acentuar el contraste entre la inestabilidad econ&oacute;mica espa&ntilde;ola y la estabilidad alemana no me fui a Berl&iacute;n, una ciudad muy cosmopolita, donde hay mucha gente pas&aacute;ndolo mal, sino que viaj&eacute; a Munich, mucho m&aacute;s burguesa, conservadora, donde, aparentemente, se encuentran las empresas m&aacute;s fuertes y donde todo sucede sobre una especie de colch&oacute;n de poder. Quer&iacute;a contraponer esa Munich actual a todas las grandes capitales hist&oacute;ricas europeas: Atenas, Roma... Se trata de una ciudad s&oacute;lida frente a otras que lo que tienen es una gran riqueza imaginativa en su forma de vivir y una fuerte carga de creatividad que parte de sus tradiciones. Yo siempre digo que Espa&ntilde;a es un pa&iacute;s con todos los defectos del mundo, sistem&aacute;ticos, pero con todas las virtudes que la convierten en un buen lugar en el que nacer. Es un ejemplo de superaci&oacute;n cultural constante, tiene un clima irrepetible, con una variedad incre&iacute;ble de todo en muy poco espacio. Se trata de un pa&iacute;s muy atractivo al que a la gente le cuesta mucho renunciar.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Tambi&eacute;n es muy imprevisible. Lo que ha pasado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, desde el 15-M, ha sido sorprendente: las movilizaciones, el surgimiento de colectivos sociales y nuevas formaciones pol&iacute;ticas. Eso no ha sucedido en pa&iacute;ses vecinos como Portugal, Francia...</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Bueno. Los franceses han tenido la reacci&oacute;n contraria, que es ir a lo conservador, a preservar sus privilegios. El contraste entre Espa&ntilde;a y Francia ahora mismo es que Francia lucha por preservar sus privilegios y Espa&ntilde;a lucha por inventar un pa&iacute;s m&aacute;s justo. Son dos respuestas ante la enorme desigualdad que se ha fabricado en la Europa de los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os. Esa desigualdad s&oacute;lo puede ser corregida con instituciones muy democr&aacute;ticas, pero si esas instituciones se machacan y se destruyen, caso de los centros educativos o sanitarios, no puede existir igualdad de oportunidades. Ante el camino de los recortes y las privatizaciones que ha seguido Europa, la &uacute;nica opci&oacute;n que los ciudadanos tenemos es rebelarnos y seguir haci&eacute;ndolo cada vez con mayor contundencia. Sin instituciones totalmente democr&aacute;ticas no hay sociedad. Lo que hay es otra cosa, el salvaje oeste. Yo lo he vivido en EEUU y no lo quiero para mi pa&iacute;s. Hay muchas cosas que aprecio de la sociedad estadounidense, pero la desigualdad es flagrante y yo no puedo vivir en esa desigualdad, no me gusta, no me siento c&oacute;modo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Adem&aacute;s, vivimos en un momento de fracaso, de fracaso individual y colectivo. Y frente al fracaso, a la imperfecci&oacute;n, queremos ofrecer una imagen totalmente opuesta. Hay muchas contradicciones: la sociedad actual rechaza a los no triunfadores y, sin embargo, cada vez nos conduce m&aacute;s hacia la ruina.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Bueno, de nuevo volvemos a la ceguera a la que nos conducen los versos de Emily Dickinson. Entre no dejarte ciego dici&eacute;ndote la verdad de golpe y tratar de enga&ntilde;arte todo el rato, tiene que haber un punto medio. En ese punto medio es donde se desarrolla la historia de la literatura ahora mismo. Una de sus funciones debe ser mostrar las cosas que no se ven, porque no nos dejan verlas. Antes habl&aacute;bamos de la belleza, pero tambi&eacute;n est&aacute; la idea del &eacute;xito. Es otro concepto que se ha transformado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Recientemente hice una entrevista por skype para una clase de ni&ntilde;os de entre 10 y 11 a&ntilde;os, como mi hijo peque&ntilde;o. Uno de los ni&ntilde;os me pregunt&oacute; cu&aacute;l de mis pel&iacute;culas o de mis novelas hab&iacute;a sido la que hab&iacute;a tenido m&aacute;s &eacute;xito. Yo quise saber a qu&eacute; se refer&iacute;a y me contest&oacute; que a la que hab&iacute;a conseguido m&aacute;s p&uacute;blico o m&aacute;s ventas. Entonces le dije que eso no era el &eacute;xito; que el mayor &eacute;xito que yo hab&iacute;a tenido era que cuando ten&iacute;a su edad quer&iacute;a ser escritor y ahora, con 45 a&ntilde;os, pod&iacute;a vivir de eso. Eso es el &eacute;xito para m&iacute;. Haber logrado ese sue&ntilde;o sin traicionar la vocaci&oacute;n del ni&ntilde;o de 11 a&ntilde;os. Me he podido equivocar, pero no creo haber traicionado esa vocaci&oacute;n en ning&uacute;n momento. &ldquo;El &eacute;xito no est&aacute; en ganar mucho dinero sino en quedaros lo m&aacute;s cerquita de vuestro sue&ntilde;o que pod&aacute;is&rdquo;, les dije a los ni&ntilde;os. Pero eso no es lo habitual. A los ni&ntilde;os se les dice que tener &eacute;xito es poder comprarse un buen coche.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">-&nbsp;&nbsp; &iquest;No crees que la crisis est&aacute; destapando la impostura y llevando cada vez a m&aacute;s gente a cuestionarse el actual sistema de valores?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Yo pensaba al principio que pod&iacute;a tener ese efecto. Por ejemplo, <em>Saber perder</em> es un libro que est&aacute; escrito antes de la crisis y al que &eacute;sta ha venido a dar la raz&oacute;n. Ah&iacute; retrato a un padre de familia que lo pierde todo, que no tiene dinero, que ha de buscar otro trabajo y que se enfrenta a una sociedad donde todo es dif&iacute;cil. Llegu&eacute; a pensar que ese tipo de situaciones, a pesar de su dramatismo, iban ayudar a cambiar, a revertir los valores. Y, sin embargo, tambi&eacute;n estoy viendo una salida de la crisis basada en una especie de recambio. Ahora ya no se alaba el pelotazo inmobiliario, pero s&iacute; el pelotazo en Internet: tener muchas visitas en Internet, triunfar en Internet. &ldquo;F&iacute;jate qu&eacute; &eacute;xito ha tenido que ha vendido por tantos millones a Sillicon Valley&rdquo;, es una frase muy actual. Y yo me digo: &ldquo;Uy, a ver si donde vamos a salir es ah&iacute;, a ver si lo que estamos haciendo es trasladar el foco, repetir lo mismo...&rdquo;</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Pero, junto a todo eso, &iquest;no crees que est&aacute;n emergiendo otras sensibilidades, otras tomas de conciencia?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Hace poco me fui a rodar un peque&ntilde;o documental sobre Francisco Nixon, un cantante pop no muy conocido, y decidimos hacer encuentros en distintas ciudades con gentes que se pudieran equiparar a su trabajo independiente en diferentes artesan&iacute;as. Se trataba de encontrar a personas que mantuvieran vivos los sue&ntilde;os de los 20 a&ntilde;os: editar libros, grabar m&uacute;sica, hacer zapatos, sin tener detr&aacute;s empresas demasiado boyantes. Yo creo que esa es la reivindicaci&oacute;n que hay que hacer ahora mismo; que la gente vuelva a darse cuenta del valor que tiene algo bien hecho. Esa es la clave del mundo: que exista Inditex y que pueda existir una chica que estampa unos vestidos y s&oacute;lo los vende en su casa a sus amigas, a gente capaz de apreciar ese trabajo tan especial y diferente. La felicidad no siempre est&aacute; en Inditex.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Recientemente volv&iacute; a ver tu pel&iacute;cula <em>Vivir es f&aacute;cil con los ojos cerrados</em> y pens&eacute; que, pese a los muchos avances, hemos vuelto a retroceder en lo que respecta a los derechos que se hab&iacute;an adquirido. Seguimos buscando ampliar el horizonte, encontrar la luz de la que habla el profesor protagonista, ese admirador absoluto de John Lennon.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Bueno, lo mejor que ha pasado en Espa&ntilde;a &uacute;ltimamente es el nacimiento de colectivos solidarios, de personas que ayudan a otras. La mejor noticia de los &uacute;ltimos 10 a&ntilde;os en Espa&ntilde;a es que esas personas, que, por otra parte, siempre han existido, aunque no tan unidas, han empezado a tener visibilidad. Ahora hay mucha gente haciendo cosas, haciendo su labor y haci&eacute;ndola bien en un mundo que los despreciaba, que parti&oacute; de la base de despreciar a los profesores, por ejemplo, de despreciar cualquier tipo de vida que se mantuviera un poco al margen de los valores del &eacute;xito, de la rentabilidad. Yo siempre he sostenido que el cine espa&ntilde;ol ten&iacute;a que hacer pel&iacute;culas que nos representaran, no pel&iacute;culas que imitaran, en pobre, a las que hace otro pa&iacute;s que tiene una gran industria. No s&eacute; si he tenido demasiado acierto o desacierto en lo m&iacute;o, pero encuentro que ahora hay una veintena de directores j&oacute;venes que est&aacute;n haciendo pel&iacute;culas sin importarles demasiado d&oacute;nde ni c&oacute;mo las van a poder explotar y recuperar el dinero. Las realizan simplemente porque hay una necesidad vital de ponerlas en pie, de contar este tiempo en el que estamos. Son pel&iacute;culas que se exhiben por v&iacute;as alternativas, en cines de barriada. No es lo ideal porque lo ideal ser&iacute;a que tuviesen acceso a una exhibici&oacute;n normal, pero est&aacute;n abriendo un cauce de comunicaci&oacute;n con el p&uacute;blico de su generaci&oacute;n, un p&uacute;blico que se hab&iacute;a perdido a trav&eacute;s de los mecanismos de promoci&oacute;n convencionales.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Uno de los grandes problemas del presente es la precariedad en todos los &aacute;mbitos. El trabajo creativo se sostiene sobre la precariedad.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Ah&iacute; s&iacute; que es donde Espa&ntilde;a se parece a la posguerra, porque de repente hay hambre, de pronto hay precariedad. Ahora de lo que nos tenemos que preocupar mucho es de evolucionar como sociedad hacia una conciencia cada vez mayor de lo colectivo, de lo social. En <em>Vivir es f&aacute;cil</em>... lo que quise fue retratar la encrucijada ante la que se encontr&oacute; la gente en los a&ntilde;os 60, una encrucijada que era muy positiva, muy valiosa. Porque se trataba de la salida de una &eacute;poca negra, de un momento de b&uacute;squeda, de lucha por un ideal social. Sin embargo, <em>Madrid, 1987</em>, que transcurre 20 a&ntilde;os despu&eacute;s, lo que retrata es otra cosa: el momento en el que las ilusiones se transforman en escepticismo, en la decadencia que precedi&oacute; a la crisis actual. Recuerdo que, con 18, 19 a&ntilde;os, cuando sal&iacute;amos de la facultad de periodismo e &iacute;bamos a hacer pr&aacute;cticas, la gente a la que admir&aacute;bamos nos dec&iacute;a, en muchos casos, que ya estaba todo inventado. Esa especie de imposibilidad para romper la c&aacute;psula donde nos encontr&aacute;bamos es lo que ha generado una gran incertidumbre. Frente a eso, insisto, se trata de reivindicar los sue&ntilde;os y trabajar para ellos. A quienes tienen sue&ntilde;os un pa&iacute;s le debe ofrecer la posibilidad de cumplirlos, porque, de lo contrario, se dirige hacia la decadencia absoluta, deja de ser un pa&iacute;s y se convierte en una especie de c&aacute;rcel. Y ya hay muchas personas que han sentido que vivir en Espa&ntilde;a era vivir en una c&aacute;rcel. Un pa&iacute;s s&oacute;lo puede sobrevivir si ofrece la posibilidad de cumplir los sue&ntilde;os a los j&oacute;venes. Eso s&iacute; lo ha cumplido EEUU en el siglo XX. En ese aspecto s&iacute; lo admiro.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Eres de los que piensan que la Transici&oacute;n no ha sido tan ideal como parec&iacute;a?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Yo no tengo una visi&oacute;n tan cruel de la Transici&oacute;n, porque creo que fue un territorio de felicidad para los que entonces &eacute;ramos j&oacute;venes. Nos sent&iacute;amos libres y con un mont&oacute;n de elementos que nos estimulaban: el cine, la m&uacute;sica, la literatura... Fue un periodo de efervescencia. El mercado no estaba tan dominado, entraban cosas <em>underground</em>. Lo que sucedi&oacute; es que algunos de los protagonistas de la cultura del pelotazo traicionaron su propio origen. Y que fueran l&iacute;deres de la Transici&oacute;n ha sido nefasto para el pa&iacute;s. Pero no hay que confundir la transformaci&oacute;n de algunos de esos personajes en monigotes del pelotazo con todo lo dem&aacute;s. La &eacute;poca en s&iacute;, con tantos partidos pol&iacute;ticos y discursos diferentes, fue muy interesante. Y, de alguna manera, eso est&aacute; volviendo. Ahora hay discursos muy transicionales. Partidos como Podemos, que critican mucho el esp&iacute;ritu de la Transici&oacute;n, copian muchas cosas de esa etapa. Incluso terminan sus m&iacute;tines con reivindicaciones y canciones de cantautores de esa &eacute;poca. Esto me parece muy curioso. Creo que en el fondo le est&aacute;n diciendo a la gente: &ldquo;nosotros os vamos a devolver la excitaci&oacute;n de los a&ntilde;os 80&rdquo;. Por eso creo que hay mucha gente de mi generaci&oacute;n, en torno a los 45, 50 a&ntilde;os, entre sus seguidores. Yo tambi&eacute;n escucho con agrado algunas de sus propuestas.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Se critica el esp&iacute;ritu de la Transici&oacute;n o el hecho de que ya muchos de los principios, de los consensos de la Transici&oacute;n, no valen y hay que reformarlos...?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Creo que no se puede juzgar el tiempo pasado desde una perspectiva actual. Eso me parece terrible, porque entonces no hubo m&aacute;s remedio que transigir con ciertas cosas. Lo que s&iacute; es evidente es que sin honradez y sin control institucional, sin que las instituciones sean aut&oacute;nomas y libres, no puede haber Democracia. Eso es imposible si la justicia, si los medios de informaci&oacute;n, no est&aacute;n al servicio de la libertad de las personas. El problema no est&aacute; en la Transici&oacute;n; est&aacute; en los que se han apropiado de la democracia para que s&oacute;lo les favorezca a ellos. Esto es lo que ahora se debe poner en cuesti&oacute;n para cambiarlo.</p>
<p class="normal">Pero sucede que los que se hab&iacute;an pasado 20 a&ntilde;os diciendo que los j&oacute;venes no se interesaban por la pol&iacute;tica, ahora preferir&iacute;an que no lo hicieran. Los que dec&iacute;an que el 15-M era algo muy bonito, pero que hab&iacute;a que dar el paso m&aacute;s dif&iacute;cil, que era intervenir en pol&iacute;tica, han demostrado que sus palabras eran falsas.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Qu&eacute; echas en falta en el periodismo de hoy, en los medios? Supongo que es un asunto que te interesa, por tu formaci&oacute;n period&iacute;stica, por tu condici&oacute;n de articulista.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Me interesa y me preocupa. Me preocupa que el periodismo haya abrazado la rutina del coraz&oacute;n y el cotilleo como algo necesario y normal. Que esos contenidos est&eacute;n tan presentes en las publicaciones rigurosas me parece una derrota horrible. Echo de menos el largo aliento, el sentido del humor... Desde que irrumpi&oacute; Internet los medios se han comportado como elefantes que corr&iacute;an despavoridos a ser los m&aacute;s modernos. Han dejado de hacer lo que hac&iacute;an bien y eso ha destruido su propio tejido empresarial. A d&iacute;a de hoy lo que tenemos es que los periodistas est&aacute;n desprotegidos como profesionales y al estar desprotegidos son mucho m&aacute;s manejables. Y, al mismo tiempo, se ha producido una explosi&oacute;n de las opiniones, una moda de los opinadores, que son gente un poco m&aacute;s aut&oacute;noma, capaz de intervenir en varios sitios a la vez. Pese a todo, creo que siempre existen voces cr&iacute;ticas dentro de los medios y eso la gente no lo debe olvidar. Pese a todo, creo que sigue existiendo gran periodismo; quiz&aacute; no empresarial, salvo en casos muy alentadores, pero s&iacute; a niveles personales, gente que hace cosas estupendas en todos los &aacute;mbitos del periodismo. Y eso pese a la lacra de la precariedad laboral, una lacra que interesa al poder porque puede controlar la informaci&oacute;n desde el manejo del empleo y la supervivencia econ&oacute;mica de las personas.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- La falta de pluralismo es cada vez m&aacute;s acentuada.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">-&nbsp; Por supuesto. Ahora hay una total falta de pluralismo y eso es muy peligroso para la salud democr&aacute;tica. Ya lo dec&iacute;a antes. Los medios son una pata importante del pa&iacute;s, del sistema. Lo m&aacute;s grave de todo radica en los medios p&uacute;blicos, que tienen que ser fuertes, plurales, abiertos y constantemente desafiantes porque su prioridad no es ganar dinero. Lo que sucede es que los partidos gobernantes se han apropiado de ellos y los han convertido en sus capillas particulares. Con Jos&eacute; Luis Rodr&iacute;guez Zapatero hubo un par&eacute;ntesis en este sentido, que es justo reconocer. Pero la primera norma de Mariano Rajoy fue destruir el consenso parlamentario respecto a la neutralidad medi&aacute;tica de la etapa Zapatero. Yo he escrito sobre eso un mont&oacute;n de veces, diciendo que no es posible que estemos permitiendo que una ley se cambie para favorecer el control pol&iacute;tico de los medios, en lugar de ampliarla a las distintas televisiones auton&oacute;micas. Y, por otra parte, los medios privados responden a intereses demasiado particulares. Si lo juntamos todo la conclusi&oacute;n es que nos dirigimos hacia el desastre absoluto, hacia un tipo de sociedad en la que se nos pretende ofrecer informaci&oacute;n en una &uacute;nica direcci&oacute;n. Ante eso lo que nos queda es ejercitar cada vez m&aacute;s el criterio propio. Una persona inteligente tiene que ir armando su propio discurso en el complejo y difuso bosque informativo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Y el cine? &iquest;D&oacute;nde se ha fallado para que no paren de cerrarse salas?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Entra dentro de lo que ya he comentado. El empresario se ha desdibujado y el trabajador no se siente identificado. Eso empobrece el mundo. Las empresas tienen que tener cara y ojos. Para m&iacute; el cine en salas se ha hundido no por la crisis del cine, ni por el cambio de costumbres, sino porque se ha puesto en manos de empresas de capital riesgo. Se han comprado las salas desde centros de capital en Suiza y en Londres y, por lo tanto, ya el due&ntilde;o no tiene ning&uacute;n poder sobre la programaci&oacute;n, no puede darle un enfoque seg&uacute;n su criterio. Por supuesto que hay excepciones y esas excepciones son las que visitamos, las que funcionan a duras penas. El consumidor es muy importante en todo el proceso. Los consumidores tenemos que ser conscientes de que mantenemos el mundo tal y como es. Las actividades, los negocios, se mantienen porque los visitamos, porque hacemos uso de ellos. Si dejamos de hacerlo luego no podemos quejarnos de que dejen de existir.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- En Espa&ntilde;a el mundo de la cultura, del cine, siempre ha sido muy cr&iacute;tico. Su papel contra la guerra de Irak lleg&oacute; a ser muy significativo. Sin embargo, en los &uacute;ltimos tiempos se ha adoptado un perfil m&aacute;s bajo...</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;. La sociedad se rebel&oacute; contra el aznarismo, contra la Guerra de Irak, y algunos creyeron que la gente de la cultura, particularmente del cine, hab&iacute;a instigado esa rebeli&oacute;n. A partir de ah&iacute; consiguieron convertir en despreciable a cualquier persona con relevancia p&uacute;blica y medi&aacute;tica que decidiera expresar sus opiniones sociales y pol&iacute;ticas; consiguieron que la sociedad acabase percibiendo eso como algo negativo, como la b&uacute;squeda de un provecho por parte de esas personas. Lo que era lo m&aacute;s natural del mundo en una sociedad democr&aacute;tica y abierta, se ha desnaturalizado por completo. Y lo que ha pasado con el cine es que ha sido absolutamente perseguido. El que lo estudie lo ver&aacute; claramente. Ah&iacute; est&aacute;n las leyes, las normas que se han aplicado, as&iacute; como la idea del propio dinero que se destinaba al cine, expuesta por los medios de comunicaci&oacute;n y los pol&iacute;ticos como una afrenta a la sociedad, cuando resulta que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os hemos descubierto que se destinaba dinero p&uacute;blico pr&aacute;cticamente a todas las industrias de Espa&ntilde;a, pero sin hablar de ello. Todos aquellos que han hecho de la subvenci&oacute;n al cine un tema nacional estaban ocultando lo otro y tendr&iacute;an que pagar la responsabilidad por haber ocultado todo el dinero que se estaba destinando a garitos y a lugares absolutamente abyectos con dinero p&uacute;blico, dinero irrecuperable, porque en el cine todo se sabe, todo est&aacute; auditado. Cada peque&ntilde;a ayuda, cada factura y cada gasto, hay que justificarlo. &iquest;Por d&oacute;nde ha venido todo este ataque, qu&eacute; es lo que se buscaba? Pues lo que se buscaba era un consejo para navegantes: no te metas en pol&iacute;tica. Franco dijo: &ldquo;Haga como yo, no se meta en pol&iacute;tica&rdquo;. En la democracia se ha dicho de otra manera, pero el discurso es el mismo. Y eso es muy peligroso, porque es la libertad la que se ve amenazada. Aqu&iacute;, los intelectuales est&aacute;n muy bien cuando piensan lo que el poder piensa. Entonces son fenomenales, pero el juego, la pugna en una democracia aut&eacute;ntica, tiene que realizarse entre iguales.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="normal">&ldquo;Me interesa reivindicar al ser humano por lo que tiene de imperfecto&rdquo;</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">&ldquo;La ficci&oacute;n nos ense&ntilde;a a ser m&aacute;s tolerantes, a no juzgar tanto a los dem&aacute;s&rdquo;</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">&ldquo;Pelearnos contra nuestro tiempo es una batalla perdida&rdquo;</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">&ldquo;En nuestra sociedad lo que est&aacute; faltando es m&aacute;s sinceridad&rdquo;</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">&ldquo;No puedo vivir en la desigualdad, me siento inc&oacute;modo&rdquo;</p>
<p class="normal"><strong>&nbsp;</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 07 Oct 2016 11:21:11 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poemas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/poemas-antonella/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2016/octubre/ANTONELLA_LA_MONICA.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="center">&nbsp;Traducci&oacute;n de CARLOS VITALE</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Antonella La Monica naci&oacute; en Santa Caterina Villarmosa (Caltanissetta, Sicilia) en 1952.&nbsp;</p>
<p>Entre otros libros, ha publicado: <em>Pelle di luna</em>, <em>L'ocra del salice</em> y <em>La parola spogliata.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><br /> <br /> <strong>P&Eacute;TALOS</strong><br /> <br /> Vagan errantes<br /> tard&iacute;os p&eacute;talos<br /> solitarios<br /> confusos<br /> como estrellas distra&iacute;das<br /> sorprendidas por el alba.</p>
<p><br /> <strong>SIMPLEMENTE</strong><br /> <br /> Finos encajes&nbsp;<br /> ninfeas flotantes<br /> complicadas puntas de pa&ntilde;uelos<br /> tiernos brotes entre espinas de zarza:<br /> los pensamientos.<br /> <br /> Primigenias hojas<br /> sobre la desnudez del alma.</p>
<p><br /> <br /> <strong>ESTA TARDE</strong><br /> <br /> Beber&eacute; la luna<br /> esta tarde<br /> en copas de viento.<br /> <br /> Me reflejar&eacute;<br /> en el cielo<br /> salpicado de estrellas.<br /> <br /> <br /> <br /> <strong></strong></p>
<p><strong>ESCARCHA</strong>&nbsp;<br /> <br /> Ligeras telara&ntilde;as de hielo.<br /> Transparencias de seda<br /> bordan el aire:<br /> es la lenta respiraci&oacute;n<br /> de la tierra jadeante,<br /> tierra que vive.<br /> <br /> Las hojas extenuadas<br /> por la helada candente<br /> esperan<br /> los tibios dedos del sol<br /> en un alba de diciembre.<strong><em>&nbsp;</em></strong><br /> </p>
<p><br /> <strong>ABRIL</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Riachuelos de zulla sangu&iacute;nea</p>
<p>vertidos sobre verdes pendientes</p>
<p>de sinuosas colinas.</p>
<p>Vistosas flores de malva</p>
<p>se encaraman</p>
<p>como agitados pensamientos</p>
<p>se insin&uacute;an en la arenisca</p>
<p>suave y hospitalaria.</p>
<p>Tenaces retamas</p>
<p>encienden ramas</p>
<p>como recuerdos imprevistos.</p>
<p>La manchas de margaritas</p>
<p>ostentan corolas</p>
<p>al viento de abril</p>
<p>de mi tierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><br /> <strong>SOMBRAS</strong><br /> <br /> Chales negros<br /> envuelven el crep&uacute;sculo<br /> y el alabastro de los pensamientos.<br /> <br /> Cuchillas de g&eacute;lido viento<br /> cortan las pesta&ntilde;as<br /> de recuerdos apenas brotados.</p>
<p><br /> <strong>JUEGOS DE VIENTO</strong> <br /> <br /> Peina el viento <br /> prados de abril <br /> anuda <br /> tallos y rayos encrespados <br /> trenza <br /> guirnaldas de luz y perfumes. <br /> <br /> Caprichosas r&aacute;fagas <br /> entre plumas de palomas <br /> y crines de potros <br /> que acarician sus madres. </p>
<p><br /> <strong>ESPIGANDO EN EL ALMA</strong><br /> <br /> Campesina de sentimientos<br /> vago<br /> por mi alma<br /> desierta<br /> como tierra segada<br /> espigando<br /> restos de amor<br /> amargura<br /> inquietud y d&eacute;bil energ&iacute;a<br /> avanzo<br /> espigando rastrojos<br /> de soledad<br /> impotencia y sospechosa resignaci&oacute;n.<br /> Me demoro.<br /> Cargo sobre mis hombros<br /> dispersos haces<br /> extirpo la gram&iacute;nea tenaz<br /> acaricio granos de trigo<br /> mendigados a arrugas de terrones.<br /> <br /> Un pu&ntilde;ado de sol,<br /> cuentas de rosario<br /> corren entre los dedos,<br /> se esconden<br /> en las grietas<br /> de mi alma.</p>
<p><br /> <strong>CORNALINAS DE VIENTO</strong><br /> <br /> Sobre cimas lejanas<br /> &oacute;smosis de nubes y de nieve<br /> mullida helada<br /> volutas espumosas<br /> paradigmas astrales.<br /> <br /> Ovillos de cirros<br /> tejen castos velos<br /> cubren<br /> el cielo<br /> calado<br /> de l&aacute;pisl&aacute;zuli y cornalinas de viento.</p>
<p><br /> <br /> <strong>SE&Ntilde;ALES DE OTO&Ntilde;O</strong><br /> <br /> Ebrios<br /> de lluvia<br /> los &aacute;rboles<br /> vestidos de niebla<br /> reposan<br /> en la intimidad.</p>
<p><br /> <br /> <strong>REUNI&Oacute;N</strong><br /> <br /> Perlas<br /> negras<br /> de<br /> largo<br /> collar<br /> sobre<br /> los<br /> rayos<br /> del<br /> sol<br /> las<br /> golondrinas<br /> llamadas<br /> a<br /> reuni&oacute;n.</p>
<p><br /> <br /> <strong>PRADOS DE ABRIL</strong><br /> <br /> Hierba de sol<br /> &mdash; los prados de abril<br /> piel de luna &mdash;<br /> el plateado grano<br /> ondulando con los suspiros<br /> del libre viento.<br /> <br /> </p>
<p><strong>ALBORADA</strong><br /> <br /> Somnoliento buey<br /> rumia algarroba.<br /> Suspendido halc&oacute;n<br /> inm&oacute;vil espera.<br /> Amapolas<br /> abren corolas.<br /> <br /> Un laguito<br /> recoge el cielo,<br /> &aacute;lamos se sumergen.<br /> Y yo con ellos.</p>
<p><br /> <br /> <strong>EL ALBA</strong><br /> <br /> Manos<br /> azules<br /> de cielo<br /> apartan<br /> suspendidos<br /> velos<br /> de noches.<br /> <br /> La luz<br /> cosquillea<br /> nubes<br /> embriagadas<br /> por el alba<br /> naciente.</p>
<p><br /> <br /> <strong>ALAS</strong><br /> <br /> Perfuma el silencio<br /> el aire esta ma&ntilde;ana.<br /> <br /> Un halc&oacute;n peregrino<br /> le roba al sol<br /> su luz.<br /> Alas desplegadas<br /> doran<br /> espacios.<br /> <br /> </p>
<p align="right">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 07 Oct 2016 11:05:07 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La soledad y los silencios de Adelaida García Morales]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-soledad-y-los-silencios-de-adelaida-garcia-morales/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas16/octubre/adelaida500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La narrativa de los 80 consigui&oacute; resolver de una manera espont&aacute;nea y eficaz la tensi&oacute;n entre contenido y forma porque, el ciclo hist&oacute;rico de la dictadura y el legado franquista heredado, convirtieron la larga etapa experimental fraguada desde los 60 en un producto cultural intenso/ extenso al servicio de una cr&oacute;nica generacional dura, amarga y cr&iacute;tica, que dar&aacute; sus frutos en las d&eacute;cadas siguientes y alcanzar&aacute; el nuevo milenio, cuando la multiplicidad de corrientes, y la relativa hegemon&iacute;a de algunas modalidades narrativas, responda al reclamo de un lector que marca las pautas de una nueva literatura, y cuya exigencia &uacute;ltima es la propia escritura porque los novelistas vuelven a ser interpretes de la realidad. En esa marcada tendencia al realismo m&iacute;tico y fant&aacute;stico surge una novela aleg&oacute;rica, cuando los autores, tras el momento hist&oacute;rico del 75, han superado esa fuerte presi&oacute;n tanto ideol&oacute;gica como discursiva que les llevar&aacute; a territorios m&aacute;s ricos en perspectivas. Entonces la realidad trasciende hasta elementos misteriosos y fant&aacute;sticos, o sencillamente cubre un territorio m&iacute;tico donde ensayar sus obras porque, el simbolismo de la b&uacute;squeda o la met&aacute;fora del camino, se aplican a la existencia humana que as&iacute; muestra su endeble condici&oacute;n. Y aun m&aacute;s, esta m&aacute;gica fecha marcar&aacute; un antes y un despu&eacute;s, tras una f&eacute;rrea censura en pol&iacute;tica cultural que la literatura siempre intent&oacute; soslayar, y en narrativa contribuy&oacute; a una transici&oacute;n que finalizar&iacute;a en una democracia estable y con novelas que coprotagonizar&aacute;n ambientes de tolerancia y objetivaci&oacute;n, desmontando esa tradici&oacute;n realista, practicada por el realismo-burgu&eacute;s anterior de un Gald&oacute;s o de un Baroja, y que Mart&iacute;n-Santos, Goytisolo, Mars&eacute; y Benet llevaron a cabo sobrevalorando un potencial ideol&oacute;gico y una mayor funci&oacute;n reflectora de la literatura, en general. Este cambio progresivo, y la responsabilidad pol&iacute;tica del escritor, se convierten en una forma propia de escribir y desembocan en nuevas experiencias, cada vez m&aacute;s complejas, con un lenguaje novelesco m&aacute;s aut&oacute;nomo, se consiguen aut&eacute;nticas ficciones noveladas, que ocupan un espacio de resistencia a trav&eacute;s de la imaginaci&oacute;n porque la agon&iacute;a pol&iacute;tica del franquismo conllev&oacute; una conciencia problem&aacute;tica de la propia modernidad, y con ella las posibilidades/ capacidades de asimilar de forma diferente la historia, una conciencia con perspectivas nuevas y la b&uacute;squeda de po&eacute;ticas novelescas que convirtieron la realidad en una cr&oacute;nica de la vida individual e &iacute;ntima de los individuos que ahora escriben porque asimilan esa vivencia como una aut&eacute;ntica pr&aacute;ctica ling&uuml;&iacute;stica, y la asunci&oacute;n de las im&aacute;genes como una t&eacute;cnica casi cinematogr&aacute;fica que une esa exposici&oacute;n de la realidad a la renuncia de una ideolog&iacute;a caduca, que no se resiste a buscar un sentido, y a dar una significaci&oacute;n a sus textos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>&nbsp;Femenino singular</em></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hans J&ouml;rg Neusch&auml;fer en sus &ldquo;Observaciones sobre la literatura espa&ntilde;ola posterior a 1975&rdquo;<a title="" href="#_ftn1">[1]</a> escribe sobre la nutrida participaci&oacute;n de las mujeres en el panorama narrativo de la &eacute;poca, y a&ntilde;ade el valor de su competencia, frente a esa &ldquo;cuota&rdquo; que establece la cr&iacute;tica cuando tiende a hacer historia literaria de un per&iacute;odo determinado, as&iacute; que ellas forman parte de las mismas tendencias que huyen de un dogmatismo al uso, o de cuestiones ideol&oacute;gicas determinadas pero, aunque comprometidas con el feminismo, ninguna profesa un credo abstracto al respecto. Las aportaciones se hacen desde el &aacute;mbito period&iacute;stico con ambiciones literarias, Rosa Montero, como ejemplo, desde la l&iacute;rica, con Ana Rosetti o la propia narrativa, en mayor proporci&oacute;n, Esther Tusquets, Montserrat Roig y Adelaida Garc&iacute;a Morales. Mar&iacute;a Dolores de As&iacute;s<a title="" href="#_ftn2">[2]</a>, ejemplifica esta etapa rica en producci&oacute;n y en su ensayo sobre novela y escritura femenina, traza una amplia semblanza sobre narradoras presentes en d&eacute;cadas anteriores, y otras que han conseguido la atenci&oacute;n de la cr&iacute;tica, Paloma D&iacute;az-Mas, Bel&eacute;n Gopegui, Almudena Grandes, Clara S&aacute;nchez y la propia Garc&iacute;a Morales. MonikaWalter<a title="" href="#_ftn3">[3]</a> apunta la aportaci&oacute;n de estas y otras con respecto a la educaci&oacute;n de los sentimientos, tanto en la esfera &iacute;ntima y sexual, como la er&oacute;tica por el elevado n&uacute;mero de escritoras, Abad, Pottecher, Ortiz y Falc&oacute;n que, en la profundidad de esas regiones reprimidas y alienadas, convierten a sus protagonistas masculinos y femeninos en un campo de autoafirmaci&oacute;n literaria. Y este discurso femenino no se limita a temas &uacute;nica y exclusivamente de mujer, como la conquista de la diferencia corporal, la independencia sexual o la igualdad moral de derechos, sino a la variedad estil&iacute;stica que ensayan, soberanas y seguras de su &eacute;xito frente a sus colegas masculinos que, con su val&iacute;a, se desplazan por la amplitud de g&eacute;neros narrativos tradicionales, polic&iacute;acos, hist&oacute;ricos, psicol&oacute;gicos e intimistas, er&oacute;ticos, de aventuras, y a trav&eacute;s de un punto de vista inequ&iacute;voco que conlleva cr&iacute;tica, humor o sensibilidad, o se mueven entre la fantas&iacute;a y la realidad, como leemos en Fern&aacute;ndez Cubas, Riera, Cibreiro, Navales, Pu&eacute;rtolas y, una vez m&aacute;s, Garc&iacute;a Morales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>La atm&oacute;sfera primitiva de Garc&iacute;a Morales</em></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La capacidad de dise&ntilde;ar un espacio topogr&aacute;fico y temporal testimonia a partir de los ochenta la vitalidad de la narrativa espa&ntilde;ola. Surge una tendencia regionalista frente al urbanismo al uso porque la identidad colectiva se abre en la creciente afloraci&oacute;n de comunidades aut&oacute;nomas donde empiezan a convertir en literatura las dimensiones que, en otro tiempo, hab&iacute;an sido reducidas por los mecanismos de represi&oacute;n interna del pasado hist&oacute;rico franquista, y las voces vienen del antiguo Pa&iacute;s Vasco y de Andaluc&iacute;a, fundamentalmente, aunque Castilla Le&oacute;n, Asturias o Galicia aporten no pocos nombres a la extensa n&oacute;mina que mezcla el paisaje de su infancia, con la memoria hist&oacute;rica y cultural.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Adelaida Garc&iacute;a Morales (Badajoz, 1945- Dos Hermanas, Sevilla, 2014) tiene la extra&ntilde;a capacidad de captar en su narrativa los ambientes y las atm&oacute;sferas de una forma sugerente, y una &oacute;ptima clarividencia para concretar situaciones y contenidos que buscan conmocionar al lector y hacerle llegar un tipo de novela expl&iacute;cita y complaciente con las situaciones m&aacute;s morbosas, o unas transitadas introspecciones de los sentimientos. Sus narraciones resultan sugestivas, se despliegan como esos secretos que vamos desvelando sin prisa alguna. Pasado y memoria confluyen para mitificar tanto el espacio como la figura humana; observamos as&iacute; su reencuentro con un interior de lo m&aacute;s &iacute;ntimo. En <em>El Sur<a title="" href="#_ftn4"><strong>[4]</strong></a></em>, su primera incursi&oacute;n narrativa, est&aacute;n ya presentes algunas de las tem&aacute;ticas que forjar&aacute;n el conjunto de su obra posterior: la soledad como una forma de realizaci&oacute;n, de aut&eacute;ntica vida, que se construye y se destruye a la vez, y necesita de la comunicaci&oacute;n con el otro, al tiempo que la reh&uacute;ye, como una aut&eacute;ntica forma de defensa propia; el amor pasional, capaz de alterar lo cotidiano, una evidente necesidad, que desarrollar&aacute; de forma magistral en su siguiente novela,<em> El silencio de las sirenas<a title="" href="#_ftn5"><strong>[5]</strong></a></em>; la muerte, como una continua presencia, en muchos casos tan tenebrosa como auto-destructiva; y el silencio como una forma de relaci&oacute;n, una de las principales caracter&iacute;sticas del conjunto; importa tanto lo que se dice, como lo que no est&aacute; escrito, un hecho que otorga a sus historias la posibilidad de m&uacute;ltiples interpretaciones. El lector de su escritura se convierte en alguien activo, tendr&aacute; que indagar en las tramas y en los personajes, seres marginales y poco expl&iacute;citos, y la informaci&oacute;n que Garc&iacute;a Morales aporta sobre ellos y su comportamiento resulta tan ambivalente&nbsp;como extravagante; sus vidas transcurren voluntariamente en los m&aacute;rgenes, viven en zonas rurales, calificadas como m&aacute;gicas, l&eacute;ase la comarca alpujarre&ntilde;a granadina, o la campi&ntilde;a sevillana, donde el paisaje se torna g&oacute;tico, espacio que ayuda a su introversi&oacute;n, paisaje que la cr&iacute;tica ha calificado como la visi&oacute;n de una neo-g&oacute;tica femenina.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Adriana, la protagonista, de este relato breve, intenta comprender el misterio en torno a la desaparici&oacute;n del padre, el resto de acontecimientos de la historia pertenecen a los recuerdos que ella evocar&aacute; desde su presente actual. El primer hecho que cuenta es el suicidio de su progenitor, sobre el que volver&aacute;, y n&uacute;cleo de la narraci&oacute;n, porque para la ni&ntilde;a y la adolescente Adriana aun resulta incomprensible el motivo que lo llev&oacute; hasta aquel extremo, o cual era el sufrimiento que escond&iacute;a. Adriana cuenta el transcurso de una hermosa etapa junto a su padre, tan presente y distante, al mismo tiempo; en realidad, se resuelve como el pre&aacute;mbulo de la historia, e ignora el hecho de que su progenitor hubiera abandonado su ciudad natal Sevilla, quiz&aacute; por algo muy grave, y por qu&eacute; se escond&iacute;a en un lugar sombr&iacute;o y lejano; Garc&iacute;a Morales recrea la identificaci&oacute;n con la singularidad del hecho mismo, la hostilidad y la soledad total que siempre rodea a la ni&ntilde;a, paliada en ocasiones por la figura de t&iacute;a Delia, que representa la a&ntilde;oranza de la imagen del sur; descubre entonces que un amor del pasado atormenta a su padre porque nunca lo ha olvidado; y siente, aun m&aacute;s, su imposibilidad para comprender por qu&eacute; est&aacute; rodeada de tanto sufrimiento. La muerte del padre, y el distanciamiento de la madre motivar&aacute;n que Adriana se mueva para encontrarse por fin con la muy evocada ciudad de Sevilla, y darle a la historia un desenlace final, y aun m&aacute;s angustioso: su padre no s&oacute;lo hab&iacute;a huido de un amor imposible, sino que con &eacute;l hab&iacute;a abandonado a un hijo. Solo tras la resoluci&oacute;n del conflicto Adriana podr&aacute; empezar una vida sin los fantasmas del pasado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La protagonista evoca el territorio de la memoria<a title="" href="#_ftn6">[6]</a> para mitificar no solo la figura del padre suicida, sino que justifica su propio espacio interior, que se recrea y se despliega ante la narraci&oacute;n con un resultado tan sugestivo ante el lector como si la ni&ntilde;a se desdoblara, uno a uno, en sus peque&ntilde;os secretos. Adriana no consigue comprender ese insoportable dolor del padre, y la no menos atormentada vida que lleva, y por su inocencia no ser&aacute; capaz de salvarlo de un sufrimiento, v&iacute;ctima de sus propios verdugos: la cobard&iacute;a, el sentimiento de culpa, el resentimiento o la extra&ntilde;a asunci&oacute;n de considerarse uno m&aacute;s de los vencidos de la guerra civil. Y aun se a&ntilde;ade esa geograf&iacute;a f&iacute;sica que es el Sur, la fuerza deslumbrante del sol &mdash;escribe Mari Luz Melc&oacute;n<a title="" href="#_ftn7">[7]</a>&mdash; (&hellip;) El Sur es Sevilla, la ciudad hecha de &ldquo;piedras vivientes, de palpitaciones secretas&rdquo;, y all&iacute; encontrar&aacute; la ni&ntilde;a Adriana la esencia del ser exiliado de su padre, susceptible de identificarse con la imagen machadiana m&aacute;s andaluza. Sevilla es para ella, en cierta forma, una extensi&oacute;n de su padre, y buscar&aacute; en esta ciudad la respuesta m&aacute;gica a su petici&oacute;n: la de encontrarlo &ldquo;en un espacio distinto y nuevo.&rdquo; La capital andaluza se presenta ante Andrea como una ciudad cuyos vestigios palpitan,&nbsp; &ldquo;Hab&iacute;a en ella un algo humano, una respiraci&oacute;n, un hondo suspiro contenido&rdquo;<a title="" href="#_ftn8">[8]</a>. Esta descripci&oacute;n y el nuevo ambiente, contrastan por completo con su casa, vieja y descuidada, rodeada de soledad, de silencios y de muerte, porque a Garc&iacute;a Morales le interesa hablar de lo inefable, de lo inaprensible, de cuanto va m&aacute;s all&aacute; de una experiencia racional, de aquello que resulta distinto. Las emociones de sus personajes no pueden transmitirse por una simple palabra puesto que, en su novela, muchas de las conductas de sus personajes resultan contradictorias, sobre todo la del padre, cuya ambig&uuml;edad motiva el sufrimiento en la ni&ntilde;a. Laura E. Ponce Romo<a title="" href="#_ftn9">[9]</a> habla de un mundo et&eacute;reo, a veces nebuloso, tanto en el relato <em>El Sur</em> como despu&eacute;s en <em>Bene</em>, porque en el primero la protagonista evoca a un padre muerto, cuando ha pasado un tiempo sin definir, lo hace a trav&eacute;s de un mon&oacute;logo/ di&aacute;logo, y es de noche cuando la joven evoca los recuerdos de su infancia. Adriana seguir&aacute; buscando esa figura paterna en su intento por dar forma a una historia de la que solo le llegan fragmentos, una dispersi&oacute;n de datos como su propia edad, acertadamente de los siete a los quince a&ntilde;os. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El mundo literario de Adelaida Garc&iacute;a Morales se concreta en una geograf&iacute;a interior y femenina, ellas son siempre las que tienen voz, las que desde sus mon&oacute;logos construyen, a trav&eacute;s de la memoria y de las sensaciones m&aacute;s diversas, ese mundo exterior donde lo masculino aparece vagamente, y el orden social poco importa. La mirada de esta escritora, como ha se&ntilde;alado Pedro A. Curto<a title="" href="#_ftn10">[10]</a>, &ldquo;es ante todo femenina, uterina, parte desde lo m&aacute;s intimo, para hacernos observar a trav&eacute;s de sus ojos, ese mundo misterioso, desde el cual se plantea, el &ldquo;ser mujer&rdquo;. La mujer se percibe como lo &iacute;ntimo, el hombre como esa composici&oacute;n externa. Y en esta mirada tan &ldquo;feminista&rdquo; se acerca a la escritura de la brit&aacute;nica Woolf&nbsp; y a la brasile&ntilde;a Lispector, y en particular a &eacute;sta &uacute;ltima cuando recurre a lo sobrenatural, a una realidad at&iacute;pica, para desentra&ntilde;ar la profundidad de sus conflictos narrativos. En esa preferencia por la mujer, la autora declaraba: <em>&ldquo;El hombre ha jugado su partida con la existencia y la ha perdido, nos ha llevado a la cat&aacute;strofe. La mujer es la reserva que le queda a la vida, por sus valores, por ser m&aacute;s altruista.&rdquo;</em></p>
<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </em>En<em> Bene </em>(1985)<a title="" href="#_ftn11">[11]</a>, editada junto a <em>El Sur</em>,<em> </em>seg&uacute;n Ponce Romo<a title="" href="#_ftn12">[12]</a>, hay una narradora, otra joven que conversa con el esp&iacute;ritu de su hermano. Ha pasado mucho tiempo desde que vio por &uacute;ltima vez a Santiago, no se especifican los a&ntilde;os por lo que el lector percibe este espacio temporal como ambiguo. Se sabe, en cambio, que todos han muerto ya, s&oacute;lo queda ella viviendo en la casa de su infancia. <em>&ldquo;Anoche so&ntilde;&eacute; contigo, Santiago. Ven&iacute;as a mi lado, paseando lentamente entre aquellos eucaliptos donde tantas veces fuimos a merendar con Bene&rdquo;</em><a title="" href="#_ftn13">[13]</a>. La historia es desde el inicio inquietante, y &Aacute;ngela explica un sue&ntilde;o que ha tenido con su &uacute;nico hermano a quien llama desde el m&aacute;s all&aacute;; el sue&ntilde;o se relaciona con Bene, una joven que parece estar controlada por otro esp&iacute;ritu, el de su padre gitano. Los sue&ntilde;os en esta narraci&oacute;n de Garc&iacute;a Morales ayudan a concretar un ambiente ilusorio, al tiempo el lector percibe la sensaci&oacute;n de que parte de cuanto la narradora relata, hubiera sido verdad o podr&iacute;a haberse convertido en algo real.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La protagonista se siente, una vez m&aacute;s, sola. El escenario vuelve a ser una casa amplia y alejada de la ciudad, algo menos l&uacute;gubre que en <em>El Sur</em>, incluso llega a formar parte de sus habitantes porque &Aacute;ngela recibir&aacute; sus clases particulares de una maestra que la visita peri&oacute;dicamente. Garc&iacute;a Morales justifica la continua soledad de sus protagonistas porque ambas viven en una circunstancia particular, tienen poco contacto con otros ni&ntilde;os de su edad y eso les lleva a desarrollar su propio mundo de fantas&iacute;as. &Aacute;ngela observar&aacute; que el exterior puede convertirse en un mundo excitante, sobre todo porque su t&iacute;a Elisa le proh&iacute;be ir m&aacute;s all&aacute; de la cancela, algo que para ella ser&iacute;a algo excitante, y donde se imagina podr&iacute;an ocurrir las cosas m&aacute;s extraordinarias. El aislamiento de la protagonista le har&aacute; vivir en un aut&eacute;ntico estado de fragilidad y, a falta de amigos con quienes jugar, Santiago se convierte en el centro de su vida. As&iacute; pasar&aacute; sus d&iacute;as, observar&aacute; tras la cancela, la carretera vac&iacute;a, el paso de algunas manadas de toros o las caravanas de gitanos, afuera est&aacute; el peligro y el misterio, solo en contadas ocasiones, &Aacute;ngela ha podido visitar la ciudad y siempre en compa&ntilde;&iacute;a de su t&iacute;a Elisa, quien se presupone la preserva de los peligros latentes en el exterior; solo en la casa la joven se sentir&aacute; segura y protegida y, tal vez por eso, cuando aparece la figura de Bene, la t&iacute;a Elisa la trata con absoluta frialdad, le muestra desde el principio su enemistad a la joven, aunque es consciente de que no puede contradecir la voluntad de su cu&ntilde;ado Enrique, y sospecha que la gitana le ofrece sus servicios, como sabe ya ha hecho en ocasiones anteriores con otros hombres. La presencia de la nueva criada resulta especialmente inquietante para la t&iacute;a, no para &Aacute;ngela que pronto percibe ese aire de vac&iacute;o en este nuevo personaje en quien conf&iacute;a e invita a ese lugar secreto donde su hermano y ella convivieron de ni&ntilde;os, y pasaron tantas horas contando historias misteriosas: la torre. Este espacio se convertir&aacute; en ese lugar emblem&aacute;tico en la novela donde se pueden escuchar las voces de aquellos que se han ido de este mundo y regresan para hacer o&iacute;r su voz, o advertirles de alg&uacute;n peligro a los moradores de la casa, y all&iacute; la joven gitana se transformar&aacute; en un ser de mirada fr&iacute;a. Bene se convierte en un personaje ambivalente, y el final de la novela resulta tan ambiguo como la propia historia porque, mientras se avanza en su lectura, ese l&iacute;mite entre vida y muerte se ve traspasado en numerosas ocasiones para justificar, de alguna forma, la presencia de los personajes m&aacute;s significativos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En su siguiente novela, Garc&iacute;a Morales, apunta Santos Alonso<a title="" href="#_ftn14">[14]</a>, <em>El silencio de las sirenas</em> (1985)<a title="" href="#_ftn15">[15]</a>, vuelve a la mitificaci&oacute;n, en esta ocasi&oacute;n el amor y el misterio, a trav&eacute;s de las obsesiones y de toda la simbolog&iacute;a de una joven, Elsa, que huye y se a&iacute;sla en un peque&ntilde;o pueblo alpujarre&ntilde;o y vive all&iacute; su obsesi&oacute;n amorosa por un hombre a quien apenas conoce. La maestra del lugar se convierte en su confidente y, al mismo tiempo, es la narradora perif&eacute;rica de una historia que transforma realidad y sue&ntilde;o en una experiencia l&iacute;mite porque la fantas&iacute;a amorosa que vive esta joven se diluye a medida que avanzamos en un relato comparable al canto de las sirenas que hicieran sobrevivir a Ulises en su m&iacute;tico regreso. Lo imaginario es el elemento m&aacute;s importante, la historia principal est&aacute; servida, y en torno a ella una excelente percepci&oacute;n de la atm&oacute;sfera en que viven los habi&shy;tantes del lugar, la sensaci&oacute;n del ambiente llega a confundir esta realidad, como hace la propia protagonista con su vida. De nuevo un c&iacute;rculo de dos: Mar&iacute;a y Elsa y su mutua fascinaci&oacute;n. Elsa en su retiro evoca el amor &iquest;ficticio? &iquest;real?, que, de alguna manera, significa la autoafirmaci&oacute;n de su existencia, pues cuando concluye el relato este amor se disipa, se desenca&shy;dena el deseo de la autodestrucci&oacute;n del yo. La presencia de otras historias dentro de la historia general viene a ser otro elemento m&aacute;s de ese concepto neog&oacute;tico esgrimido en la narrativa de Garc&iacute;a Morales, y en esta novela ayuda a mantener el aire de ambig&uuml;edad en torno a la protagonista. Elsa, sin embargo, es un personaje claramente distinto a los otros, no solamente vive en una aldea remota en las alpujarras granadinas donde el paso del tiempo es diferente, sino que incluso en el pueblo mismo ella ha escogido vivir aislada del resto, tanto en el espacio real como en el espacio mental. Su aspecto p&aacute;lido se asemeja cada vez m&aacute;s a una estatua de m&aacute;rmol, incluso al final cuando su cuerpo cristalizado se confunde con la nieve blanca de las monta&ntilde;as. Elementos que llevan al lector a reconocer en <em>El silencio de las sirenas</em> un mundo extra&ntilde;o, o a preguntarse, &iquest;qui&eacute;n es realmente Elsa?, &iquest;por qu&eacute; su comportamiento se asemeja al de una loca? incluso, &iquest;por qu&eacute; su cuerpo va sufriendo transformaciones? Conforme las sesiones de hipnosis avanzan, Elsa va envolvi&eacute;ndose m&aacute;s en un mundo de fantas&iacute;a, pues el amor que expresa por Agust&iacute;n Valdez/Eduardo la conduce a los l&iacute;mites de un &eacute;xtasis rom&aacute;ntico. A pesar de esa primera sensaci&oacute;n de un aut&eacute;ntico estudio psicoanal&iacute;tico de personajes y ambientes, la obra no se somete a una teor&iacute;a sobre cualquier disciplina psicoanal&iacute;tica, es la persecuci&oacute;n por parte de la protagonista de una ficci&oacute;n que para ella llega a convertirse en realidad, y, funda&shy;mentalmente, como la narradora Garc&iacute;a Morales ha manifestado en alguna ocasi&oacute;n, es el placer intr&iacute;nseco de contar una historia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Conmover al lector</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Adelaida Garc&iacute;a Morales explicita su literatura a partir de su tercera novela, reci&eacute;n arrancada la d&eacute;cada de los noventa<a title="" href="#_ftn16">[16]</a>, y sus ambientes o las atm&oacute;sferas de sus siguientes textos resultan menos sugerentes, o tal vez se plantea que ahora sus historias contienen situaciones que buscan conmover al lector m&aacute;s que provocarle la introspecci&oacute;n de sus sentimientos, como en sus primeras entregas. El simbolismo vuelve a ser muy expl&iacute;cito en <em>La l&oacute;gica del vampiro</em> (1990)<a title="" href="#_ftn17">[17]</a>, y una vez m&aacute;s, una narradora, Elvira, recrea un espacio y se rodea de personajes que provocan en ella una sensaci&oacute;n de extra&ntilde;eza y enajenaci&oacute;n que ir&aacute; evolucionando hacia la inmersi&oacute;n m&aacute;s o menos tensa en un mundo m&aacute;s real, as&iacute; el lector siente una mayor cercan&iacute;a con el argumento y las t&eacute;cnicas narrativas de la anterior novela, aunque ahora la figura protagonista sea un vampiro social que manipula y se aprovechar&aacute; de los dem&aacute;s, pero sobresale ese ambiente de incertidumbre, de misterio, con un personaje lleno dudas y de una irresistible atracci&oacute;n hacia la bruma, y el desencadenante de la historia: la posible muerte del hermano de la narradora, un acontecimiento que provoca en el lector incertidumbre e intriga como posibilidad narrativa, y ahora ese mundo real, la ciudad de Sevilla y algunas poblaciones de alrededor,&nbsp;justifican ese soporte f&iacute;sico y espacial, s&oacute;lido y cre&iacute;ble, porque parte del argumento roza&nbsp;a menudo lo sobrenatural o lo fant&aacute;stico, sus acciones gravitan en torno a Alfonso, el vampiro de quien nunca sabemos en qu&eacute; orden vive o qu&eacute; llega realmente a esconder, y evitan as&iacute; que la novela revele la verdadera identidad de este. Con la partida de la an&oacute;nima protagonista-narradora no hay necesidad de aclarar el enigma, se deja a su propia fortuna, y el lector se alegra de que la protagonista salga victoriosa de ese mundo. No es un final desesperanzado, aunque tampoco desmiente la posibilidad real de lo que ella ha dejado atr&aacute;s.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El tono y el estilo de la novela comparten similitud con el mundo narrativo de Garc&iacute;a Morales, la novela se centra en esa vivencia interior de la protagonista, se narra todo en forma autobiogr&aacute;fica, y se mantiene un tono uniforme, nunca mon&oacute;tono, puesto que en todo momento utiliza descripciones y di&aacute;logos convenientes, incluida esa clara tendencia a la concisi&oacute;n y a la huida de todo aquello que resulte&nbsp;superfluo o innecesario, tan habitual hasta el momento en su narrativa, aunque esa concentraci&oacute;n anecd&oacute;tica simule m&aacute;s bien una aut&eacute;ntica novela breve, en el sentido de <em>El Sur</em> y <em>Bene</em>, caracterizada ahora por los suficientes ingredientes de intriga y de tensi&oacute;n que mantiene la calidad del relato.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un mayor impacto emocional explora, la narradora, en sus siguientes novelas, cuando recurre a la infancia a trav&eacute;s de la memoria, <em>Las mujeres de H&eacute;ctor</em> (1994)<a title="" href="#_ftn18">[18]</a> y <em>La t&iacute;a de &Aacute;gueda</em> (1995)<a title="" href="#_ftn19">[19]</a>, como a futuros melodramas psicol&oacute;gicos que siguen en su l&iacute;nea narrativa. En la primera conserva ese aire de soledad y frustraci&oacute;n que ha condicionado a sus personajes siempre, aunque el planteamiento nada tiene que ver con las anteriores. El intim&iacute;simo rural que conmocion&oacute; al lector, la fuerza de unos personajes desarrollados sin apenas di&aacute;logo y el fuerte subjetivismo caracterizador, han sido abandonados y la intenci&oacute;n escribir una obra urbana. El comienzo es bueno, las pri&shy;meras p&aacute;ginas son de lo m&aacute;s cine&shy;matogr&aacute;fico, dos mujeres discu&shy;ten y tras un breve forcejeo ocurre un asesinato involuntario, cir&shy;cunstancia que planea sobre el resto del relato. Los personajes son presentados muy r&aacute;pidamen&shy;te, al hilo del suceso, poste&shy;riormente se ocultan. Tres mujeres encarnan un melodrama personal en torno al &uacute;nico hombre del relato, H&eacute;ctor. Parece m&aacute;s bien el esbozo de una historia mayor que, inequ&iacute;vocamente, se queda a medias, porque ni la trama policial que debiera envolver a la historia, ni la lucha particular que llevan a cabo las distintas mujeres, logran interesar. Laura, la ex-esposa y homicida involunta&shy;ria, se debate entre su propia autosuperaci&oacute;n y la sombra del crimen que debe ocultar; no logra la fuerza necesaria como persona&shy;je principal y queda como un conato de ejemplo femenino. Margarita, la amante circunstan&shy;cial del marido separado es, por su propia fuerza natu&shy;ral, quien sobresale por encima del personaje anterior, aunque se desdibuja en una especie de &ldquo;sal&shy;vadora de almas&rdquo; que la condicio&shy;na; y finalmente, Irina es una ni&ntilde;a-mujer que, caprichosamente, se debate entre el amor imposible de H&eacute;ctor, porque &eacute;ste no le hace caso, y su actuaci&oacute;n se com&shy;pleta en una sucesi&oacute;n de actos insensatos. Y en la segunda, <em>La t&iacute;a &Aacute;gueda</em>,<em> </em>una vez m&aacute;s, se explora el oscuro mundo de la infancia y su relaci&oacute;n con la muerte, o la protecci&oacute;n de las mujeres en la Espa&ntilde;a de los cincuenta cuando Marta, su protagonista, hu&eacute;rfana de madre se ve obligada a vivir con su t&iacute;a &Aacute;gueda, en un pueblo de la provincia de Huelva, donde la sutilidad de los colores negros y grises imperan sobre el atisbo de la inocencia misma.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las emociones sobresalen, una vez m&aacute;s, en los casos de <em>Nasmiya</em> (1996)<a title="" href="#_ftn20">[20]</a>, un relato que plantea los conflictos emocionales y de identidad que provoca el derecho isl&aacute;mico a tener m&aacute;s de una esposa, o la morbosidad que encontramos en <em>La se&ntilde;orita Medina</em> (1997)<a title="" href="#_ftn21">[21]</a>, y en aspectos tan delicados como el suicidio o la homosexualidad. <em>El secreto de Elisa </em>(1999)<a title="" href="#_ftn22">[22]</a>, es un texto fragmentado en secuencias, confluyen dos acciones que corresponden a dos diferentes planos, situados en un vago presente de los noventa. En el real, la separaci&oacute;n de un matrimonio, tras veintiocho a&ntilde;os de convivencia; los hijos criados y el descubrimiento de que el marido tiene una amante. Entonces, con cincuenta y dos a&ntilde;os, Elisa lleva a cabo el sue&ntilde;o de su vida: vivir sola en un pueblo peque&ntilde;o de Segovia, elige una casa solitaria, y pronto su existencia retirada es fuente de murmuraciones y recelos en el &aacute;mbito reducido del lugar. Garc&iacute;a Morales renueva una vez m&aacute;s el contraste entre la vida en el campo frente al anonimato en la gran ciudad. El mundo de las pasiones familiares, reaparece en <em>El testamento de Regina</em> (2001)<a title="" href="#_ftn23">[23]</a>, que cuenta un cierto melodrama interior, con intereses de fondo, una anciana, protagonista del relato, y la joven psiquiatra que decide trasladarse hasta la casa, acudiendo al reclamo de un anuncio. Para Susana comienza una historia inveros&iacute;mil, con una Sevilla desdibujada como tel&oacute;n de fondo, y el conocimiento de una familia cuyos personajes est&aacute;n abocados a un sinvivir por las ambiciones perversas que dominan sus vidas. S&oacute;lo Regina, la bella anciana y de intensa fuerza interior, sobrevive a las intrigas familiares de un relato que discurre por los dif&iacute;ciles l&iacute;mites de la inverosimilitud. La &uacute;ltima novela que Garc&iacute;a Morales publica simult&aacute;neamente en 2001 se titula <em>Un historia</em> <em>perversa</em><a title="" href="#_ftn24">[24]</a>, una trama psicol&oacute;gica que suprime buena parte de los elementos y constantes de su narrativa previa. La novela se desarrolla en espacios interiores y reduce sus personajes, pr&aacute;cticamente, a dos, Andrea y Octavio, una pareja de reci&eacute;n casados, un famoso escultor y la due&ntilde;a de una sala de exposiciones. Un relato angustioso, una historia horrorosa que relata como la pasi&oacute;n de su protagonista masculino, poco tiempo despu&eacute;s del matrimonio, desemboca en un car&aacute;cter violento, autoritario, due&ntilde;o absoluto de la situaci&oacute;n. Y sobresale la atracci&oacute;n de la joven esposa por un hombre de tan extra&ntilde;a conversi&oacute;n. Dos g&eacute;neros se superponen, el psicol&oacute;gico porque se trata de una exposici&oacute;n de dominio, y la posesi&oacute;n sobre el otro yo, adem&aacute;s de la intriga porque, en cierto modo, predomina una cierta locura criminal en el desarrollo de toda la novela.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un apunte final, los relatos breves que Adelaida Garc&iacute;a Morales recogi&oacute; bajo el t&iacute;tulo, <em>Mujeres solas</em> (1996)<a title="" href="#_ftn25">[25]</a>, responden, seg&uacute;n Francisco Javier Higuero<a title="" href="#_ftn26">[26]</a>, a todo un desarrollo narrativo anterior rastreable en sus novelas, <em>La t&iacute;a &Aacute;gueda</em>, <em>Nasmiya, La se&ntilde;orita Medina </em>y <em>El secreto de Elisa</em>, y cuyos personajes femeninos se ven abatidos por todo tipo de contratiempos e incertidumbres afectivas, y son v&iacute;ctimas de esa irremediable deshumanizaci&oacute;n que les acecha. Sobresale, seg&uacute;n Higuero, ese evidente manifiesto de la narradora frente a cualquier moda literaria barroquizante y enmascaradora, textos &ldquo;repletos de m&uacute;ltiples y diversas connotaciones que sobresalen como parte integrante de la producci&oacute;n literaria de una de las escritoras de m&aacute;s talento narrativas de la letras espa&ntilde;olas&rdquo;.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Abriendo caminos</em>. <em>La literatura espa&ntilde;ola desde 1975</em>; Varios Autores; ed., de Dieter Ingenschay y Hans-J&ouml;rg Neusch&auml;fer; Barcelona, Lumen, 1994; p&aacute;gs. 7-16.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>&Uacute;ltima hora de la novela en Espa&ntilde;a</em>; Madrid, Pir&aacute;mide, 1996; p&aacute;gs., 456-472.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &Iacute;bidem., p&aacute;g., 25-26</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La primera edici&oacute;n data de mayo de 1985. Edita Anagrama, junto a la novela corta <em>Bene</em>.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La novela fue Premio Herralde, edita Anagrama en noviembre de 1985.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; As&iacute; lo se&ntilde;ala, tambi&eacute;n, Mar&iacute;a &Aacute;ngeles Naval en &ldquo;Las casas de la memoria. Acerca de los relatos de Adelaida Garc&iacute;a Morales&rdquo;; <em>El texto iluminado. Escritoras espa&ntilde;olas en el cine</em>; coord. Alberto S&aacute;nchez, Cultural Rioja, Febrero-Abril, 2001; p&aacute;gs. 21-32.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Rese&ntilde;a, <em>El Sur</em> &amp; <em>Bene</em>; <em>Cuadernos Hispanoamericanos</em>; 1986, n&uacute;m., 428; p&aacute;gs. 183-185.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref8">[8]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ob., cit., (p&aacute;g., 40).</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref9">[9]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tesis Doctoral, Texas Tech University, mayo, 2012.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref10">[10]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En <em>Periodicoirreverente, </em>(Opini&oacute;n) Irreverentes.Org., 10 febrero 2014.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref11">[11]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ob., cit.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref12">[12]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ob. cit., p&aacute;g.106.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref13">[13]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ob., cit., p&aacute;g., 53.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref14">[14]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>La novela espa&ntilde;ola en el fin de siglo (1975-2001)</em>; Madrid, MareNostrum, 2003; p&aacute;gs., 156-157.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref15">[15]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ob., cit.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref16">[16]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Santos Alonso, Ob., cit.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref17">[17]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La primera edici&oacute;n data de 1990; Barcelona, Anagrama.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref18">[18]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La primera edici&oacute;n data de 1994; Barcelona, Anagrama.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref19">[19]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La primera edici&oacute;n data de 1995; Barcelona, Anagrama.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref20">[20]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La primera edici&oacute;n, Barcelona, Plaza &amp; Jan&eacute;s, enero de 1996.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref21">[21]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La primera edici&oacute;n, Barcelona, Plaza &amp; Jan&eacute;s, noviembre 1997.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref22">[22]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La primera edici&oacute;n, Madrid, Debate, octubre 1999.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref23">[23]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La primera edici&oacute;n, Barcelona, Debate, enero 2001.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref24">[24]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La primera edici&oacute;n, Barcelona, Planeta, enero 2001</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref25">[25]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La primera edici&oacute;n, Barcelona, Plaza &amp; Jan&eacute;s, octubre 1996; contiene los siguientes cuentos: &ldquo;Tres hermanas&rdquo;, &ldquo;Agustina&rdquo;, &ldquo;Celia&rdquo;, &ldquo;Virginia&rdquo;, &ldquo;La carta&rdquo; y &ldquo;La desconocida&rdquo;.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref26">[26]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Segmentariedades desterritorializadas en <em>Mujeres solas</em>, de Adelaida Garc&iacute;a Morales; <em>El cuento en la d&eacute;cada de los noventa; </em>Jos&eacute; Romera Castillo y Francisco Guti&eacute;rrez Carbajo, eds.; Madrid, Visor, 2001; p&aacute;gs.197-206.</p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Fri, 07 Oct 2016 10:51:01 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El alma secreta de las cosas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-alma-secreta-de-las-cosas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2016/octubre/espejo50.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;Un hombre saca una silla al balc&oacute;n. Para nada, para sentarse, para mirar la calle, para simplemente vivir. Desde ah&iacute; contempla la mala hierba que crece en los tejados. &ldquo;Sube su verde claro, / que su vida es subir&rdquo;, nos dice. Dos heptas&iacute;labos livianos, certeros, dichos casi en voz baja. Dos versos de balc&oacute;n, dir&iacute;ase. Con esa cadencia sucinta y sin aspavientos avanza ese primer poema del libro de Rafael Espejo, que se cierra con estos versos: &ldquo;Sentado en una silla con balc&oacute;n / siempre es domingo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">&nbsp;&nbsp; Esa mirada amplia y de media altura atraviesa todo el libro. As&iacute;, en el poema que sigue, leemos: &ldquo;(gravedad, dame el alma / secreta de las cosas)&rdquo;, otros versos dichos en voz baja, encerrados en un par&eacute;ntesis, y otra verdad inscrita en esa peculiar filosof&iacute;a que crece en los balcones, que son ellos mismos un par&eacute;ntesis, situados fuera del edificio pero pertenecientes a &eacute;l, optativos pero necesarios, intrusos pero familiares. Si los balcones son un invento genial, puede decirse lo mismo de los par&eacute;ntesis en la escritura, que rompen, como los balcones, la dicotom&iacute;a del adentro y el afuera, creando una v&iacute;a intermedia, un aparente obst&aacute;culo que en realidad es un pasadizo, una niebla que no cubre sino esclarece:</p>
<p style="text-align: left;" align="center">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;"><em>&iquest;Hab&eacute;is tenido alguna vez</em></p>
<p style="text-align: left;"><em>la sensaci&oacute;n de bruma</em></p>
<p style="text-align: left;"><em>de no estar donde est&aacute;is,</em></p>
<p style="text-align: left;"><em>de ser un pensamiento?</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>&nbsp;&nbsp; Hierba en los tejados</em> est&aacute; escrito con la mirada movediza e inquieta de la bruma, que admite los contornos difusos a cambio de percibir el alma secreta de las cosas. La voz del poeta nace de un sitio intermedio, en suspensi&oacute;n, donde no se aspira a la nitidez de lo que ve, sino a una visibilidad de mayor alcance, con su dosis inevitable de espejismo. As&iacute;, cuando la mayor&iacute;a de los poetas se enfrentan a la luna sin velos, Rafael Espejo prefiere caracterizarla como &ldquo;ese h&iacute;brido / de piedra y nube&rdquo;, porque as&iacute; es las luna que vemos, siempre o casi siempre velada por las nubes, o sea una luna insertada en su contexto, real y no arquet&iacute;pica. Pareciera, as&iacute;, que el libro reh&uacute;ye un enfoque demasiado preciso de las cosas, para no perder de vista el entramado que establecen entre ellas; de ah&iacute; la presencia constante del paisaje, aquello que abraza y contiene, aunque sea al precio de cierta difuminaci&oacute;n. <em>Hierba en los tejados </em>apuesta por una mirada al fin y al cabo religiosa, entendiendo por ella un sentido innato de las proporciones, de c&oacute;mo lo grande y lo peque&ntilde;o, el exterior y el interior, lo f&iacute;sico y lo intangible se complementan y se confunden. En este sentido, el libro es una secreta declaraci&oacute;n de la necesidad de equivocarse para comprender de verdad. No hay revelaci&oacute;n sin un margen de error y no hay verdad que valga si no es una verdad incompleta:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><em>Si digo que los &aacute;rboles alzan o extienden ramas</em></p>
<p style="text-align: left;"><em>para dar su opini&oacute;n,</em></p>
<p style="text-align: left;"><em>o que miran de frente c&oacute;mo el camino llega,</em></p>
<p style="text-align: left;"><em>s&eacute; muy bien que me enga&ntilde;o.</em></p>
<p style="text-align: left;"><em>Me enga&ntilde;o por amor. Por restaurar</em></p>
<p style="text-align: left;"><em>el mundo. Por verlo.</em></p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Por eso, la infancia, la genial equivocadora de tama&ntilde;os y de formas, tiene un lugar privilegiado en el libro, no s&oacute;lo como evocaci&oacute;n del pasado sino, sobre todo, como entonaci&oacute;n de la voz, de la cual es un ejemplo magn&iacute;fico el poema que empieza: &ldquo;Pienso emprender un largo viaje. / Probablemente / pasar&aacute; mucho tiempo hasta que vuelva&rdquo;. Ese largo viaje puede ser tan corto como sacar una silla al balc&oacute;n para mirar la hierba que crece en los tejados, pues lo que el ni&ntilde;o ve, tiene la virtud de abrazarlo todo sin detalle, de concretarlo todo sin precisi&oacute;n y de ser v&iacute;vido a pesar de ser borroso. Su mirada conjuga la m&aacute;xima levedad con la mayor solidez, como puede verse en estos que son tal vez los versos m&aacute;s sencillos y contundentes del libro:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><em>Es lo que m&aacute;s a&ntilde;oro:</em></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><em>una casa sin puertas,</em></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><em>sin ventanas, sin techo.</em></p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;&nbsp; &iquest;Hay mejor descripci&oacute;n de la morada de la poes&iacute;a que &eacute;sta?</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Rafael Espejo, <em>Hierba en los tejados</em>, Valencia, Pre-Textos, 2015.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p align="right">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 03 Oct 2016 10:41:11 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Javier Gomá: "Necesitamos un ideal que suscite entusiasmo"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/necesitamos-un-ideal-que-suscite-entusiasmo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/noviembre/JAVIER_GOM_5.jpg" alt="" /></p>
<p class="normal">En uno de los microensayos que componen <em>Raz&oacute;n: porter&iacute;a</em>, una de sus m&aacute;s recientes publicaciones y una id&oacute;nea puerta de entrada&nbsp; para acceder a las claves de su obra, Javier Gom&aacute; Lanz&oacute;n (Bilbao, 1965) escribe de los distintos estadios de la vida y dice que en cada uno de ellos &ldquo;el hombre ha de buscar no tanto la enf&aacute;tica felicidad sino, con m&aacute;s llaneza, ese momento propicio que los griegos llamaron 'kairos' y que podr&iacute;a traducirse libremente como su 'enhorabuena'&rdquo;. Escribe el fil&oacute;sofo de la conveniencia de que el ni&ntilde;o, el joven, el adulto y el anciano disfruten de su etapa concreta, desarrollando sus potencialidades y plenitudes, hasta llegar, si se tiene la fortuna, al final del recorrido, &ldquo;como los antiguos patriarcas, colmado de a&ntilde;os, tras completar exitosamente el ciclo vital y sin grandes deudas con la vida&rdquo;.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">Tras leer esta esclarecedora pieza, que celebra la vida y reivindica el placer de saber envejecer, es imposible no preguntarse hasta qu&eacute; punto el autor simboliza ese caminar consciente hacia adelante, cumpliendo con las obligaciones y llevando a cabo los deseos y vocaciones con una alegr&iacute;a equilibrada. Afable, reflexivo, dado a cuestionarse muchas verdades aceptadas, a sopesar sus palabras y acciones, Gom&aacute; da la impresi&oacute;n de haber trazado un mapa personal y de tener muy clara la ruta a seguir, siempre mirando a su prop&oacute;sito de frente, seguro de los objetivos, sabedor de que mejor no perderse en meandros y carreteras secundarias.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">De esa manera, nada le ha impedido ir levantando una obra s&oacute;lida cuyas ramas brotan de un tronco robusto, el de la ejemplaridad como punto de partida y como constante tema de reflexi&oacute;n. Ah&iacute; est&aacute; su tetralog&iacute;a: <em>Imitaci&oacute;n y experiencia</em>, <em>Aquiles en el gineceo</em>, <em>Ejemplaridad p&uacute;blica</em> y <em>Necesario pero imposible</em>, libros que pr&oacute;ximamente la editorial Taurus publicar&aacute; juntos, en una caja que dar&aacute; idea de la unidad del proyecto filos&oacute;fico, y que coincidir&aacute; en las librer&iacute;as con otros trabajos. As&iacute; un volumen que re&uacute;ne sus textos sobre fundaciones: <em>Carta a las fundaciones espa&ntilde;olas y otros ensayos del mismo estilo</em> (Pre-Textos) y <em>Breve historia de la cultura occidental</em> (Taurus). A Gom&aacute; no le faltan proyectos ni habilidad para sacar partido a su tiempo. Ya acaricia la idea de ponerse a escribir muy pronto otro ensayo corto, casi un panfleto, para el que tiene decidido el t&iacute;tulo: <em>Visi&oacute;n, cultura y coraz&oacute;n educado. Lecciones de la crisis</em>. Y adelanta que todo esto, en realidad, &ldquo;es una transici&oacute;n para una nueva etapa&rdquo; en su producci&oacute;n literaria, una etapa &ldquo;cuyos contornos&rdquo;, seg&uacute;n dice, &ldquo;se van perfilando poco a poco, sin excluir una idea que quiz&aacute; alg&uacute;n d&iacute;a lleve a cabo: escribir textos filos&oacute;ficos para la escena&rdquo;.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">Todo un plan de trabajo para los pr&oacute;ximos dos a&ntilde;os. Pasos medidos de un trayecto firme, el de este hombre que compagina el ejercicio solitario, reconcentrado, del pensador, con las dotes organizativas y de gesti&oacute;n necesarias para llevar el tim&oacute;n de un centro cultural como es la Fundaci&oacute;n Juan March, cuyo destino dirige desde 2003. En &eacute;l parece haber un talante pr&aacute;ctico y a la vez so&ntilde;ador, una mirada sagaz y observadora a los detalles de lo cotidiano, del d&iacute;a a d&iacute;a, que se mezcla con una indagaci&oacute;n en lo sublime, lo trascendente, lo inaprehensible de la existencia. Todo esto se va dibujando a medida que avanza la conversaci&oacute;n. Una conversaci&oacute;n detenida, en la que hablamos ampliamente de las renuncias y los horizontes de la filosof&iacute;a, pero tambi&eacute;n del presente con sus luces y sus sombras, y, por supuesto, del gran tema: la vida.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">Para entender la visi&oacute;n filos&oacute;fica de Javier Gom&aacute; hay que ir al momento en que se fragu&oacute;, al trazado de una ruta intelectual que surgi&oacute; en la adolescencia, una &eacute;poca que tan bien comprende y analiza en su <em>Aquiles en el gineceo</em>. &Eacute;l mismo lo explica de la siguiente manera: &ldquo;Yo me considero una persona de vocaci&oacute;n literaria muy intensa e incluso muy tir&aacute;nica. A partir de los 15, 16 a&ntilde;os, tuve una visi&oacute;n, m&aacute;s bien una pasi&oacute;n, que me condujo hacia un conjunto de temas que ten&iacute;an una conexi&oacute;n sistem&aacute;tica unos con otros y que part&iacute;an de la ejemplaridad como concepto principal. Al principio quer&iacute;a contarlo todo de una sola vez, pero no acababa de encontrar la manera. Cuando acept&eacute; que iba a escribir un primer libro en el que s&oacute;lo dir&iacute;a unas cuantas cosas, y que a ese habr&iacute;an de sucederle otros que fuesen dando vueltas al tema central desde diferentes perspectivas, fue cuando el proyecto adquiri&oacute; sentido&rdquo;.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">-- &iquest;Fuiste un lector muy temprano? &iquest;Por qu&eacute; la inclinaci&oacute;n posterior por la filosof&iacute;a, no por la ficci&oacute;n?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Mi vocaci&oacute;n, muy temprana, fue literaria, esa emoci&oacute;n po&eacute;tica hacia determinadas ideas, esa inclinaci&oacute;n de todo tu ser hacia un nudo de relaciones y de intuiciones vagamente presentidas. Se trataba de dar expresi&oacute;n, fijeza y permanencia a esa visi&oacute;n. Si la celebras, eres poeta; si la defines, eres fil&oacute;sofo. Mi primera reacci&oacute;n fue po&eacute;tica: escrib&iacute; poes&iacute;a, cuentos, novelas, literatura del yo. Pero me di cuenta que el asunto permanec&iacute;a all&iacute;, intocado, incitante. Y entonces vino el trabajo en el concepto, la filosof&iacute;a. Y all&iacute; hice mi morada.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">-&nbsp; &iquest;De ni&ntilde;o ya eras muy observador? &iquest;C&oacute;mo te recuerdas?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Soy observador en el sentido de que me fijo en la gente y en las cosas, pero desgraciadamente tengo muy mala memoria para los aspectos concretos de la realidad. Algo dentro de m&iacute; salta casi al instante de lo particular a lo general. Muchas veces me desespero cuando debo contar una an&eacute;cdota porque retengo con exactitud la idea que deseo transmitir, desprendida de todos esos detalles que la hacen sabrosa para el oyente. De todos modos, si a veces alg&uacute;n detalle se me queda, es porque conserva para m&iacute; un alt&iacute;simo poder significativo. Y entonces lo uso para alg&uacute;n ensayo. O en una ocasi&oacute;n para un libro entero: <em>Aquiles en el gineceo</em> contiene una meditaci&oacute;n sobre el &ldquo;caso&rdquo; singular del Aquiles adolescente y su paso a la madurez (del estadio est&eacute;tico al &eacute;tico).</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>La falta de ejemplaridad</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Si de algo estamos faltos hoy es de ejemplaridad. Curiosamente esa visi&oacute;n adolescente de la que hablas se anticip&oacute; a la necesidad de poner en la conversaci&oacute;n, en el d&iacute;a a d&iacute;a, una palabra necesaria, con todas sus lecturas y consecuencias.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">-&nbsp; S&iacute;. El concepto de ejemplaridad es, a mi juicio, un concepto conveniente, oportuno y necesario para nuestra &eacute;poca. Se trata de un concepto explicativo, pero la presentaci&oacute;n que hago del mismo en mis cuatro libros es una presentaci&oacute;n sistem&aacute;tica y abstracta. De hecho, incluso algunas veces, se me ha reprochado, amistosamente, que siendo un fil&oacute;sofo del ejemplo y de la ejemplaridad ponga pocos ejemplos, a lo que siempre contesto que una de las partes del conjunto, <em>Aquiles</em>, es justamente, toda ella, una especie de ejemplo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Sin embargo, los microensayos contenidos en libros como <em>Todo a mil</em> y <em>Raz&oacute;n: porter&iacute;a</em>, demuestran una gran capacidad para la percepci&oacute;n de lo cotidiano. Hay mucha experiencia y acercamiento a las cuestiones del d&iacute;a a d&iacute;a, que son vistas muchas veces incluso con iron&iacute;a y humor. El lector siente que se le est&aacute; hablando de asuntos cercanos, propios.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">-&nbsp; Esas entregas son el resultado de mis colaboraciones en prensa, algo que no me sent&iacute; capaz de acometer mientras mis fuerzas estaban completamente absorbidas en ese esfuerzo principal de elaboraci&oacute;n de los cuatro libros. No fue hasta que publiqu&eacute; el tercero, <em>Ejemplaridad p&uacute;blica</em>, con la idea ya muy madura en mi cabeza del cuarto, cuando pude tomar una cierta distancia del proyecto general y decid&iacute; que era un buen momento para aceptar colaborar en un suplemento cultural, en este caso &ldquo;Babelia&rdquo; (<em>El Pa&iacute;s</em>). Ya pod&iacute;a objetivar lo que hab&iacute;a hecho, ofrecer nuevos tonos, nuevas modulaciones. Ya pod&iacute;a hablar de los temas de mis libros sin el esfuerzo de clarificaci&oacute;n, de sistematizaci&oacute;n, de abstracci&oacute;n. Ten&iacute;a la oportunidad de hacer justamente eso de lo que me hablas: introducir la an&eacute;cdota, la vida cotidiana, el amor, el humor, la iron&iacute;a, incluso la autoiron&iacute;a, cosas que s&oacute;lo puedes hacer cuando el trabajo principal ya est&aacute; maduro. Incluso en otro de mis libros recopilatorios, <em>Ingenuidad aprendida</em>, elabor&eacute; el concepto de filosof&iacute;a mundana. Mi pretensi&oacute;n es que todo lo que hago pueda llegar a cualquier persona culta, pero es verdad que los libros de la tetralog&iacute;a exigen un mayor esfuerzo de atenci&oacute;n, mientras que, en cambio, en las mil palabras de los microensayos, se puede introducir al lector en los temas concretos, no en un sentido de divulgaci&oacute;n f&aacute;cil, de vulgarizaci&oacute;n de las ideas, porque yo me tomo al lector filos&oacute;ficamente muy en serio. Lo que persigo es llevarlo a temas tan importantes como&nbsp; la amistad, el amor, el humor, Europa, la relativizaci&oacute;n de las cosas o la importancia de la fortuna, de una manera que resulte amable y seductora.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- En cualquier caso, el estilo, tanto en los art&iacute;culos como en los ensayos mayores, es muy di&aacute;fano, clarificador.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Creo que la filosof&iacute;a, si realmente lo es, debe apartarse del lenguaje cr&iacute;ptico, herm&eacute;tico, cabal&iacute;stico. Esa es la aut&eacute;ntica filosof&iacute;a, la que ha llegado hasta nosotros desde Plat&oacute;n y S&oacute;crates. S&oacute;crates era un se&ntilde;or que paseaba por las calles, hablaba con el esclavo de Men&oacute;n y &eacute;ste le entend&iacute;a perfectamente. &iquest;En qu&eacute; momento la filosof&iacute;a se convirti&oacute; en una disciplina herm&eacute;tica? Casi seguro en el momento en el que la universidad se apropi&oacute; de ella.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Tuvo algo que ver el protagonismo de la ciencia y la pretensi&oacute;n de la filosof&iacute;a de emularla, de convertirse en una disciplina cient&iacute;fica?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Es exactamente as&iacute;. Se pens&oacute; que la filosof&iacute;a se pod&iacute;a codificar y convertir en una especie de ciencia cuando en realidad es todo lo contrario. La ciencia estudia una regi&oacute;n del ser, mientras que&nbsp; la filosof&iacute;a, si verdaderamente es filosof&iacute;a, tiene que ser una propuesta del todo. En la ciencia unos se ocupan de la qu&iacute;mica y otros de la f&iacute;sica o de la biolog&iacute;a. Y dentro de cada una de esas &aacute;reas hay diferentes subapartados, hasta el punto de que, con mucha frecuencia, el especialista en una materia concreta no entiende lo que dice el especialista en otra, tan sofisticado y complejo es el lenguaje que se usa. Las ciencias para avanzar tienen que especializarse y entonces me pregunto: &iquest;si todo el mundo se especializa qui&eacute;n se ocupa del cuadro entero?. Ah&iacute; entra la filosof&iacute;a, que, por otro lado, se preocupa no b&aacute;sicamente de c&oacute;mo son las cosas sino de c&oacute;mo deben ser: c&oacute;mo debe ser el hombre, la sociedad, el arte... Dicho de otra manera: la ciencia trata b&aacute;sicamente de c&oacute;mo es la naturaleza, porque en la naturaleza existen regularidades; la ley de la gravedad, la ley que mide el comportamiento de los &aacute;tomos o de los astros, mientras que la filosof&iacute;a se ocupa de algo que no se repite nunca, del hombre. No atiende a las regularidades sino a aspectos &uacute;nicos. Y hay un &uacute;ltima caracter&iacute;stica, muy importante: la ciencia se debe verificar emp&iacute;ricamente en laboratorios, entra en el territorio de lo posible, mientras que la filosof&iacute;a por esencia no es verificable. Nunca se ha verificado a Plat&oacute;n, ni a Arist&oacute;teles, ni a Kant, ni a Hegel, ni a Nietzsche...</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Por mucha investigaci&oacute;n que hagamos del cerebro, el futuro no est&aacute; escrito&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Esa etapa de aproximaci&oacute;n de la filosof&iacute;a a la ciencia se est&aacute; superando o todav&iacute;a estamos ah&iacute;?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Pues en un plano superficial, que casi llamar&iacute;amos period&iacute;stico, mucha gente sigue impresionada y todav&iacute;a parece tener expectativas sobre las consecuencias filos&oacute;ficas de algunos avances cient&iacute;ficos. Hoy est&aacute; de moda todo lo que lleva el prefijo &ldquo;neuro&rdquo;: la neurociencia, el neuromarketing, la neuropsicolog&iacute;a, la neuro&eacute;tica... Es como si de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica del cerebro pudi&eacute;ramos extraer consecuencias para la &eacute;tica, para la libertad, incluso para la est&eacute;tica o para la pol&iacute;tica. Es evidente que la inmensa mayor&iacute;a de los avances que se est&aacute;n haciendo y que tienen que ver con el cerebro, son interesantes y muy clarificadores. Es evidente que a veces pueden tener consecuencias -ojal&aacute; cada vez m&aacute;s-&nbsp; desde el punto de vista m&eacute;dico y terap&eacute;utico, pero, en lo que respecta a la filosof&iacute;a, las conclusiones son perogrulladas. Nos pueden demostrar, a trav&eacute;s de enormes experimentos en las instituciones m&aacute;s prestigiosas, que el hombre est&aacute; condicionado por el cerebro, por la formaci&oacute;n qu&iacute;mica del cerebro, y, efectivamente, as&iacute; es. Ya sab&iacute;amos que toda manifestaci&oacute;n humana tiene un condicionamiento som&aacute;tico, y por tanto gen&eacute;tico, pero tambi&eacute;n entran en juego las circunstancias ambientales, sociales, familiares. &iquest;Nos pueden decir que todo est&aacute; determinado por la formaci&oacute;n qu&iacute;mica? &iquest;Si hubi&eacute;ramos tenido los instrumentos cient&iacute;ficos necesarios hubi&eacute;ramos podido predecir, antes de que naciera, todas las &oacute;peras de Mozart, por ejemplo, o hay un elemento imprevisible, misterioso, que tiene que ver con los fondos de la naturaleza humana, con su creatividad, que convierten en algo imprevisible el curso de la Historia, el curso de las vidas de los individuos y que por consiguiente nunca va a explicar la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica del cerebro? Vamos a tener que admitir que, por mucha investigaci&oacute;n que hagamos del cerebro, el futuro no est&aacute; escrito y, sobre todo, en el &aacute;mbito art&iacute;stico, literario.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- No hay f&oacute;rmulas ni leyes para predecir de qu&eacute; modo y manera se despliega la sensibilidad creativa. &iquest;Se puede decir as&iacute;?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">-&nbsp; Por supuesto. La ciencia no puede entrar en terrenos que no son suyos. A m&iacute; alguien lleg&oacute; a decirme, por ejemplo, que en Harvard hab&iacute;an demostrado que no existe el alma. Pero, &iquest;c&oacute;mo en Harvard van a demostrar cient&iacute;ficamente algo que por su propia naturaleza no es susceptible de verificaci&oacute;n? El fil&oacute;sofo debe estar informado de los avances de la ciencia, pero no esperando el &uacute;ltimo art&iacute;culo del <em>Harvard review</em>, como si de ese art&iacute;culo fuera a depender nuestra teor&iacute;a del hombre, de la belleza, del arte, de la libertad o de la poes&iacute;a, porque son &aacute;mbitos distintos. Pero, ya lejos de la expectaci&oacute;n social, de la divulgaci&oacute;n de la ciencia, dejando de lado esos t&iacute;tulos a veces espectaculares que se ponen a libros en los que parece que nos van a decir el &uacute;ltimo hito sobre la naturaleza humana; en ese &aacute;mbito subterr&aacute;neo y profundo de la historia de las ideas, el positivismo est&aacute; absolutamente superado. De hecho, el siglo positivista por antonomasia fue el siglo XIX, mientras que todas las corrientes de la filosof&iacute;a influyentes en el siglo XX han partido del presupuesto del antipositivismo. Ah&iacute; est&aacute; la hermen&eacute;utica y la deconstrucci&oacute;n, por ejemplo, para demostrarnos que lo que puede percibirse, no es neutro, sino que depende de la cultura, de la ideolog&iacute;a, de la posici&oacute;n social, del lenguaje...</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Por qu&eacute; da la impresi&oacute;n de que la filosof&iacute;a no se renueva, de que sigue dando vueltas a las mismas ideas una y otra vez y sigue pregunt&aacute;ndose por lo que ya se preguntaron los fil&oacute;sofos cl&aacute;sicos? Hay un momento en &ldquo;Raz&oacute;n: porter&iacute;a&rdquo; en el que se dice que la filosof&iacute;a no avanza, no ofrece nada novedoso, simplemente se dedica a reinterpretar.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Esta cita est&aacute; incluida en el ensayo titulado &ldquo;La deserci&oacute;n del ideal. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; hoy la Gran Filosof&iacute;a?&rdquo; Ah&iacute; llamo la atenci&oacute;n sobre el hecho de que en los &uacute;ltimos&nbsp; 30 o 40 a&ntilde;os en Occidente no se ha producido gran filosof&iacute;a. Ah&iacute; planteo que para m&iacute; la filosof&iacute;a es la propuesta de un ideal, es decir, una visi&oacute;n omnicomprensiva de un deber ser, de lo que tiene que ser el hombre y la sociedad, y sostengo que, en ausencia de ese ideal, por razones que explico, vivimos una cierta &eacute;poca del cinismo, del descreimiento, del post ideal o post utop&iacute;a. Hay una sospecha respecto a todo ese tipo de planteamientos y la filosof&iacute;a, hu&eacute;rfana del ideal, se ha aplicado a otros menesteres: filosof&iacute;a como mera detecci&oacute;n de tendencias; filosof&iacute;a de &eacute;tica aplicada a la empresa; filosof&iacute;a simplemente profesoral; filosof&iacute;a de la divulgaci&oacute;n, en las lindes de la autoayuda; filosof&iacute;a que insiste en la cr&iacute;tica de la modernidad una y otra vez, etc&eacute;tera.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Si algo est&aacute; claro en la tetralog&iacute;a de la ejemplaridad, desde un primer momento, es la fijaci&oacute;n de un ideal.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Pero eso no quiere decir que yo considere a mi trabajo gran filosof&iacute;a. Para nada pretendo inscribirme en esa categor&iacute;a, pero s&iacute; admito que, de alg&uacute;n modo, necesitaba explicarme qu&eacute; encaje ten&iacute;a una filosof&iacute;a como la m&iacute;a en un contexto en el que parec&iacute;a que se hab&iacute;a renunciado a un ideal omnicomprensivo. Y luego, insisto, est&aacute; el hecho de que la filosof&iacute;a durante los tres &uacute;ltimos siglos ha tenido algo de filosof&iacute;a de la sospecha. Si lo tuviera que resumir brevemente lo dir&iacute;a m&aacute;s o menos as&iacute;: durante siglos, incluso milenios, la cultura era algo que nos dignificaba, pero, de pronto, determinados pensadores nos convencieron de que, lejos de eso, era la trampa de determinadas ideolog&iacute;as. Marx nos llev&oacute; a pensar que la cultura en la que cre&iacute;amos vivir c&oacute;modamente y que nos convert&iacute;a en seres civilizados, en realidad escond&iacute;a los intereses ocultos de una clase dominante sobre una clase explotada. Nietzsche sostuvo que en realidad esa cultura era el subterfugio utilizado por los vitalmente d&eacute;biles para encadenar a los vitalmente fuertes y Freud que la cultura estaba hecha para reprimir nuestros deseos primarios. Durante un periodo de tiempo, que abarc&oacute; los siglos XVIII, XIX y XX, la cultura, y dentro de la cultura, la filosof&iacute;a, fue muy valiosa como un instrumento eficaz en la lucha de la liberaci&oacute;n del individuo frente a determinados opresores tradicionales, como instrumento de lucidez para detectar los distintos modos de dominaci&oacute;n. A mi juicio esa lucha de la filosof&iacute;a es una lucha que ya ha dado todos sus resultados; tal es as&iacute; que a veces ya se ha convertido en excesiva. Nos hacen tan l&uacute;cidos que ya pr&aacute;cticamente hemos perdido la ingenuidad sobre que la cultura tambi&eacute;n puede tener un elemento civilizador, dignificador, por mucho que sea un producto social, por mucho que est&eacute; mezclada con intereses de dominio. Creo que ya toca que valoremos el elemento elevador, creador, de la cultura.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Hay que reivindicar el papel de la cultura como generadora de conciencias y de integraci&oacute;n social&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- La cultura como generadora de conciencias es una idea que est&aacute; cobrando mucho peso en el presente. De hecho, si algo est&aacute; claro hoy es que las sociedades cultas son mucho m&aacute;s peligrosas para los poderes que valoran, por encima de todo, la sumisi&oacute;n de los pueblos.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Exactamente, hay que reivindicar el papel de la cultura como generadora de conciencias y de integraci&oacute;n social. Volviendo a lo anterior, creo que los rendimientos que esa filosof&iacute;a de la sospecha ha producido, desde la perspectiva de la liberaci&oacute;n individual durante tres siglos, hoy nos est&aacute; impidiendo dar el paso siguiente. Ahora que ya nos hemos liberado de muchas opresiones tendremos que empezar a construir algo y para construir ese algo a lo mejor tendremos que ser un poco menos l&uacute;cidos y ganar un poco m&aacute;s de ingenuidad. A lo mejor tendremos que ser menos c&iacute;nicos y tener una mayor capacidad de entusiasmo. A a lo mejor tendremos que renunciar a una hiperconciencia y liberar fuerzas creativas. Yo no critico, porque ha dado grandes frutos, esa filosof&iacute;a, que ya se ha convertido en mera historia del pensamiento y que ha tratado de desmontar, de deconstruir, de desenmascarar, todos los intereses negativos y opresivos, pero s&iacute; digo que, a lo mejor, esa filosof&iacute;a ya ha dado todo lo que ten&iacute;a que dar y que ahora mismo estamos en una fase en la que la sociedad sigue teniendo una serie de problemas. Y habr&aacute; que empezar a pensarlos, incluso a sentirlos de una manera diferente. El paradigma anterior ya no nos sirve.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Hablamos de volver a creer en las utop&iacute;as?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Bueno, s&iacute;, pero si partimos del hecho de que cada fil&oacute;sofo es due&ntilde;o de su lenguaje y cada uno elige sus palabras, yo en vez de utilizar el t&eacute;rmino utop&iacute;a prefiero el de ideal. La palabra utop&iacute;a tiene algo de despersonalizaci&oacute;n. Al remitirnos a ella parece que estamos hablando siempre de una especie de rep&uacute;blica perfecta y, por otro lado, la utop&iacute;a ha tenido un uso que ha fomentado los totalitarismos. Por todo ello es un concepto que dejo en penumbra, sin criticarlo, mientras me decanto por el de ideal, que encaja m&aacute;s con la direcci&oacute;n del trayecto que debe seguir el hombre o la mujer.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Entonces, &iquest;en qu&eacute; momento est&aacute; ahora la filosof&iacute;a, en un momento en el que debe empezar a generar nuevos asuntos de discusi&oacute;n?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Los fil&oacute;sofos modernos vuelven a los cl&aacute;sicos, pero muchas veces con efecto deconstructivo, para demostrar que Plat&oacute;n, Arist&oacute;teles o Kant, escond&iacute;an en realidad un af&aacute;n de dominio. Pero lo que hay que hacer es deconstruirlos para hacerlos m&aacute;s libres y para hallar el propio camino. No estoy de acuerdo con eso, que se dice tantas veces, de que la filosof&iacute;a no es la disciplina de las respuestas sino la disciplina de las preguntas. Para nada. Tiene que haber respuestas. Otra cosa es que, a lo mejor, esas respuestas no son unas respuestas eternas, para siempre, que valgan para todos los hombres y para todas las &eacute;pocas. &iquest;Qu&eacute; opina usted del sentido de la vida? &iquest;Qu&eacute; opina usted del amor? &iquest;Qu&eacute; opina de la muerte, de la felicidad, de la suerte, del Estado, de Europa, de la melancol&iacute;a..? Usted, fil&oacute;sofo, me tiene que decir qu&eacute; opina. No me cuente que se trata s&oacute;lo de plantear las eternas preguntas sobre la vida. No me indique el camino de Plat&oacute;n nuevamente. De ese modo estamos convirtiendo la filosof&iacute;a en historia de la filosof&iacute;a. Yo creo que un fil&oacute;sofo tiene que ser absolutamente descarado y tiene que tener una desenvoltura y un desenfado casi impertinentes.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Puedes desarrollar esta idea un poco m&aacute;s?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">-&nbsp; Con esto quiero decir que a m&iacute;, en el fondo, me importa un bledo lo que digan Plat&oacute;n y Arist&oacute;teles, Kant o Nietzsche. Toda la historia de la filosof&iacute;a, y en realidad toda la historia de la cultura, me sirven en la medida, y s&oacute;lo en la medida, en que me permitan ver mejor mi vida y mi mundo, y si no me sirven los mando a todos al trastero, porque la historia del pensamiento no me interesa, o mejor dicho, me interesa en la medida en que me ayuda a tener una conciencia hist&oacute;rica, a conocer y aprovechar lo que otros han dicho, esas ideas sobre las que hay un consenso de muchos siglos. No podemos rechazar todos esos pensamientos fecundos, interesantes, iluminadores, pero a partir de ah&iacute; yo quiero saber hoy qu&eacute; es el amor, qu&eacute; es la amistad, qu&eacute; es el sentido de la vida, qu&eacute; es la felicidad o qu&eacute; es la muerte. Quiero saberlo, sentirlo y definirlo ahora y s&oacute;lo para eso me vuelvo a la historia de la filosof&iacute;a. Voy ah&iacute; como quien se va a una caja de herramientas a escoger cu&aacute;l es la herramienta que m&aacute;s le conviene, si es que le conviene alguna, como quien tiene que preparar una cena para los amigos y se va al supermercado y escoge los ingredientes adecuados de cada una de las secciones para hacer una comida exquisita. Pero lo importante es la comida, el arreglo. Ese es el desenfado al que me refiero. Lo verdaderamente importante son las respuestas que hoy soy capaz de dar a una serie de problemas que la vida me plantea.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Una de las cosas que est&aacute; pendiente es proponer, a esta sociedad en la que vivimos, un nuevo ideal&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Puede la filosof&iacute;a del presente ofrecer respuestas para afrontar el momento de desesperanza que atravesamos y que, indudablemente, tiene que ver con la crisis econ&oacute;mica, pero, sobre todo, con una profunda crisis de valores?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Creo que una de las cosas que est&aacute; pendiente es proponer a esta sociedad en la que vivimos, a esta etapa democr&aacute;tica de la historia de la cultura, que tiene unos tintes tan caracter&iacute;sticos, un nuevo ideal, un ideal que sea acorde y contempor&aacute;neo a su devenir. No se trata de ir hacia un ideal medieval ni arqueol&oacute;gico, sino precisamente de ofrecer uno que posea una de las caracter&iacute;sticas fundamentales del ideal: tener la capacidad de suscitar entusiasmo. Todas las &eacute;pocas de la cultura han propuesto un ideal a su sociedad, que ha sido capaz de entusiasmar a sus gentes y que tiene dos grandes consecuencias: por un lado, promover el progreso moral de esa sociedad en la direcci&oacute;n de ese ideal, ideal que nunca se cumple exactamente, pero que es como una especie de se&ntilde;uelo que seduce y que moviliza las fuerzas en una direcci&oacute;n, y en segundo lugar, ofrecer la perspectiva del ideal, porque s&oacute;lo desde ah&iacute;, a trav&eacute;s de la comparaci&oacute;n, midiendo la distancia con lo que queremos alcanzar, podemos criticar el presente. Uno de los problemas que nosotros tenemos en nuestra &eacute;poca es que damos a entender que el precio por ser libres y por ser inteligentes en una sociedad democr&aacute;tica es la renuncia al ideal o dicho de otra manera: solamente se puede ser democr&aacute;tico si eres al mismo tiempo una persona resignada. Por tanto, el entusiasmo es imposible, el progreso es imposible y la cr&iacute;tica fundada al presente es imposible. Esto no lo van a hacer las ciencias, no lo va a hacer la pol&iacute;tica, el periodismo o las empresas. Es una labor de los que se dedican a pensar y son responsables a la hora de proponer un ideal que sea verdaderamente contempor&aacute;neo y capaz de se&ntilde;alar una direcci&oacute;n y de movilizar las fuerzas del entusiasmo presentes. Por ah&iacute; es por donde debe ir la filosof&iacute;a, pero lo cierto es que a veces encuentro m&aacute;s contemporaneidad en una funci&oacute;n de danza, en una pel&iacute;cula, en una obra de teatro, que en la filosof&iacute;a contempor&aacute;nea, que, a mi juicio, en gran parte, est&aacute; todav&iacute;a anclada en unos paradigmas ya superados y que a&uacute;n no tiene nada importante que decir a nuestra &eacute;poca.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Hay un momento en &ldquo;<em>Raz&oacute;n: porter&iacute;a</em>&rdquo; en el que dices que hoy viajamos a lugares remotos del planeta, pero que el viaje que ahora tenemos que realizar, el viaje verdaderamente importante, es el viaje interior, el viaje hacia las profundidades de la propia intimidad. &iquest;D&oacute;nde compramos los billetes para emprender ese viaje?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Me viene bien la manera en que has formulado la pregunta, porque quiz&aacute;s lo que tenemos que hacer es dejar de comprar mercanc&iacute;as. Yo soy un escritor, un fil&oacute;sofo, un ensayista, anti puritano. Muchas veces se nota que me hacen preguntas buscando mi complicidad para criticar a los pol&iacute;ticos o a los empresarios, por ejemplo. Pero a m&iacute; que la pol&iacute;tica sea pol&iacute;tica no me impresiona y que el capitalismo sea capitalista tampoco. Que en la pol&iacute;tica se pretenda acceder al poder por todos los medios l&iacute;citos me parece que es la ley de la pol&iacute;tica y que el capitalismo pretenda convertirlo todo en mercanc&iacute;a me parece que es la ley del capitalismo. Lo que sucede es que ni yo quiero convertirme en s&uacute;bdito de los pol&iacute;ticos ni en consumidor del capitalista. Consumo, pero no soy consumidor; respeto las leyes, pero eso no me convierte en s&uacute;bdito. Lo que sucede es que esta sociedad tiende a convertirnos en s&uacute;bditos o en consumidores de mercanc&iacute;as, incluso, si es posible, en mercanc&iacute;as de nosotros mismos y tiende a ponernos precio. Pero tenemos una dignidad que no tiene precio.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Dentro de nosotros tiene que haber una tensi&oacute;n entre la dignidad y la mercanc&iacute;a&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- En ese microensayo se destacan algunas de las funciones de la universidad, que deber&iacute;a no s&oacute;lo tender a formar a profesionales competentes y competidores.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;. La universidad convierte a las personas en profesionales capaces de crear mercanc&iacute;as que tienen precio, pero la universidad tambi&eacute;n tiene que tener como finalidad que cada uno de nosotros, aparte de consumidores, seamos ciudadanos, es decir, personas que no tienen precio sino dignidad. Estoy absolutamente a favor de crear profesionales que creen mercanc&iacute;as capaces de generar riqueza dentro de un pa&iacute;s, pero siempre y cuando vivamos en tensi&oacute;n. No digo que un polo arruine al otro; que haya que optar entre una cosa u la otra. A lo que me refiero es a que dentro de nosotros tiene que haber una tensi&oacute;n entre la dignidad y la mercanc&iacute;a. La gente tiene que desarrollar una profesi&oacute;n, por supuesto. En mi <em>Aquiles en el gineceo</em> se hace una exaltaci&oacute;n de la especializaci&oacute;n del oficio, pero siempre y cuando al mismo tiempo tengamos conciencia de nuestra dignidad. Aqu&iacute; volvemos a lo del billete. Junto al viaje que hacemos comprando un billete que tiene precio, tenemos que hacer ese otro viaje que no necesita de dinero, ese viaje hacia el interior, ese progreso no hacia &iexcl;vaya usted a saber qu&eacute; regiones!, sino hacia uno mismo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Es esencial hacer cosas que no sirvan para nada&rdquo; </strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- El viaje interior no es algo que se fomente demasiado en las escuelas, en las empresas, en las familias, en las sociedades actuales.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Puede que no, pero es important&iacute;simo. Siempre recomiendo a los j&oacute;venes que en ocasiones se acercan a preguntarme por el futuro, por el mundo laboral, que ingresen en el mercado lo m&aacute;s tarde que puedan. &iquest;Por qu&eacute; van a tener que empezar a trabajar desde los 21 a&ntilde;os, desde el mismo momento en que terminan la carrera, si la esperanza de vida tiende a crecer y las pensiones, aunque sea por un mero problema econ&oacute;mico, van a retrasarse? Lo que les digo es que intenten hacer ese viaje interior, ese gran tour todo el tiempo que puedan. Es esencial hacer cosas que no sirvan para nada, que tienen que ver con la propia dignidad, no con el precio. Se trata de practicar ese ocio creativo antes del negocio, al que ya tendr&aacute;n tiempo de dedicarse much&iacute;simos a&ntilde;os.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Ya. Pero nos estamos moviendo todo el tiempo en lo que se supone que deber&iacute;a ser, cuando la realidad ahora mismo est&aacute; cambiando todos los par&aacute;metros. El problema es que estamos tan preocupados por la supervivencia diaria, que el viaje interior se queda aparcado. Hasta los j&oacute;venes tienen miedo al futuro, dudan de la posibilidad de encontrar trabajo en aquello que les gusta. Ya no hay seguridad ni siquiera en los derechos adquiridos.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Bueno, con independencia de la crisis, Espa&ntilde;a tiene unas peculiaridades propias, que es su manera de vivir la modernidad, la posmodernidad y la &eacute;poca democr&aacute;tica. Este pa&iacute;s entr&oacute; en la modernidad democr&aacute;tica muy tarde y muy r&aacute;pidamente, arrastrando el problema hist&oacute;rico de no haber tenido burgues&iacute;a. S&aacute;nchez Albornoz dec&iacute;a que Espa&ntilde;a era un pa&iacute;s sin feudalismo en la Edad Media y sin burgues&iacute;a, sin clase media, en la edad moderna. Y la modernidad entera es el triunfo de la clase media, que es la que marca la moderaci&oacute;n entre los dos extremos. Aqu&iacute; hubo fundamentalmente Iglesia y aristocracia, por un lado, y campesinos y obreros por el otro. Ese fue el origen de las dos Espa&ntilde;as que termin&oacute; en un gran conflicto de odio fratricida. Esa especie de gran deuda que ten&iacute;amos con nosotros mismos se ha pagado hace poco, pr&aacute;cticamente en la Transici&oacute;n, mientras que Estados Unidos ya lo hab&iacute;a hecho en el siglo XVIII e Inglaterra en el XVII, con la revoluci&oacute;n gloriosa. Todo eso hay que tenerlo en cuenta a la hora de hacer un an&aacute;lisis y, finalmente, est&aacute;n las circunstancias de la crisis, que ha producido y est&aacute; produciendo desesperaci&oacute;n, angustia, sensaci&oacute;n de marginalidad, de absurdo y de sinsentido de la vida en much&iacute;sima gente. En el microensayo &ldquo;Somos los mejores&rdquo; trato de demostrar, y es algo que he defendido en much&iacute;simos sitios y que nadie ha sido capaz de refutarme, que vivimos en el mejor momento de la historia universal, y, sin embargo, siendo un hecho que como fen&oacute;meno colectivo la democracia contempor&aacute;nea es el &eacute;xito m&aacute;s grande de la historia universal, tambi&eacute;n lo es que los miembros de ese proyecto colectivo sufren angustia y sufren desesperaci&oacute;n. Es una paradoja.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Pero es porque ese proyecto se ha truncado, no avanza en la direcci&oacute;n adecuada. La democracia est&aacute; fallando, del mismo modo que el ideal de Europa y de sus instituciones.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Pero, &iquest;a qu&eacute; otra &eacute;poca del pasado volver&iacute;amos? La historia universal no avanza de manera rectil&iacute;nea, sino que lo hace dando grandes rodeos. S&oacute;lo hemos alcanzado la paz como un valor pr&aacute;cticamente sagrado despu&eacute;s de la I y la II Guerra Mundial, porque la paz estuvo siempre asociada a la violencia, a la violencia del que triunfaba en la batalla y era divinizado por sus partidarios. Solamente despu&eacute;s del descendimiento a los infiernos que supusieron las dos guerras mundiales, que fueron la apoteosis de las barbarie en el coraz&oacute;n de la&nbsp; civilizaci&oacute;n occidental, nos pusimos de acuerdo en que la paz era un valor absoluto y entonces se estableci&oacute; el Estado de derecho de una manera firme en los pa&iacute;ses occidentales y empez&oacute; a ser muy cuestionada cualquier intervenci&oacute;n internacional. A partir de ah&iacute; se asegur&oacute; la &eacute;poca de paz m&aacute;s prolongada en Europa y en Estados Unidos. La historia universal es una historia que va dando rodeos. No podemos tratar de vislumbrar cu&aacute;l va a ser el futuro de Occidente por lo que ha ocurrido en los &uacute;ltimos cinco, siete o diez a&ntilde;os. Siempre pienso que cualquier paso en la Historia es siempre un paso muy precario y reversible, pero que si observamos lo que ha ocurrido en los &uacute;ltimos dos mil, mil, quinientos, cien o cincuenta &uacute;ltimos a&ntilde;os, percibimos que la humanidad, por lo menos en Occidente, ha progresado de una manera indiscutible, aunque ahora la sensaci&oacute;n dominante sea la angustia, la indignaci&oacute;n y el resentimiento justificado que produce la crisis en mucha gente. Gente que est&aacute; sufriendo de una manera que considera que podr&iacute;a haberse evitado y que le resulta injusta porque no est&aacute; afectando a los que verdaderamente han provocado las causas de ese sufrimiento.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- El tema troncal de toda tu trayectoria filos&oacute;fica, la ejemplaridad, es b&aacute;sico, y tiene mucho que ver con todo lo que est&aacute; pasando. Las democracias se han mercantilizado. El valor se ha puesto, sobre todo, en el dinero, en lo material. Y, junto a ello, tambi&eacute;n estamos asistiendo a un nuevo despertar. Empieza a emerger una necesidad en la gente de recuperar la dignidad a la que te refer&iacute;as antes, a valorar m&aacute;s lo que se es que lo que se tiene. Se percibe a&uacute;n muy t&iacute;midamente, pero, &iquest;no crees que la etapa del consumo excesivo est&aacute; dando paso a algo diferente?. Todo se cruza, es contradictorio. &iquest;C&oacute;mo ves todo esto?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;En estos momentos la ciudadan&iacute;a ha alcanzado una gran altura moral&rdquo;</strong></p>
<p class="normal"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="normal">-&nbsp; S&iacute;. Yo creo, y soy consciente de que lo que digo no es nada popular,&nbsp; que no v</p>
<p class="normal">ivimos en una &eacute;poca, ni siquiera en los &uacute;ltimos cinco o diez a&ntilde;os, peor que la anterior. Al contrario. Creo que en estos momentos la ciudadan&iacute;a ha alcanzado una gran altura moral. Me atrevo a decir que hab&iacute;a la misma corrupci&oacute;n, incluso m&aacute;s, en los a&ntilde;os 70 y 80, pero ahora somos m&aacute;s intolerantes frente a ella. Vemos lo que pasa y no miramos hacia otro lado. Y en cuanto a lo que dices del consumo, estoy de acuerdo. En determinados aspectos, ya hemos empezado a andar hacia una cultura m&aacute;s post material. En Espa&ntilde;a, cuando finalmente hemos sido democr&aacute;ticos y relativamente ricos, ha habido una ebriedad de los bienes materiales, pero todo eso se va a ir equilibrando. El mercado va a seguir funcionando, pero tendr&aacute; que regularse y adaptarse a las nuevas circunstancias, porque ya no vamos a consumir de la misma manera. Da la impresi&oacute;n de que estamos entrando en una una etapa en la que vuelven a adquirir sentido, cualquiera que sea la confesi&oacute;n, cosas que podr&iacute;amos llamar espirituales o inmateriales.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Pero frente a esa indudable altura de unos ciudadanos, ahora m&aacute;s informados, est&aacute; el desprestigio de la pol&iacute;tica, de las instituciones...</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Bueno, es que digamos que la sociedad, los ciudadanos, han despertado de su sue&ntilde;o complaciente hace poco y de pronto miran a las instituciones y les parecen intolerables, pero son las mismas que en los a&ntilde;os 80 y 70 funcionaban igual o peor. Ahora se est&aacute; produciendo un desajuste provisional, que a lo mejor nunca se resuelve, en el que de pronto la ciudadan&iacute;a quiere m&aacute;s: m&aacute;s rectitud, m&aacute;s honestidad, m&aacute;s ejemplaridad. Quiere mejores instituciones, mayor calidad democr&aacute;tica, y todo eso ha pillado a los pol&iacute;ticos con el paso cambiado, porque adem&aacute;s, entre otras cosas, primero hab&iacute;a que evitar que el pa&iacute;s se fuera por el sumidero de la econom&iacute;a. Es verdad que el dolor que produce la crisis nos ha hecho m&aacute;s exigentes y que los pol&iacute;ticos no han sido capaces de atender la mayor&iacute;a de las demandas, pero lo que est&aacute; claro es que los partidos que concurran a las pr&oacute;ximas elecciones, no podr&aacute;n ir con el mismo discurso complaciente que en las anteriores. Tendr&aacute;n que abrirse a otras propuestas de car&aacute;cter regenerador y no, seguramente, porque ellos se las crean sino porque ser&aacute; el &uacute;nico modo de ganar la confianza de los ciudadanos. Tardar&aacute;n en adaptarse, porque hay que tener en cuenta esa torpeza con que normalmente la maquinaria partidista asume los mensajes sociales, pero acabar&aacute;n haci&eacute;ndolo y en ese proceso, que ya hemos empezado a percibir, ir&aacute;n desapareciendo muchos nombres y rostros y surgiendo otros nuevos. Ellos saben que ser&aacute;n menos convincentes si no cambian a sus representantes.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;En la sociedad espa&ntilde;ola, en vez de romper cristales o cabinas telef&oacute;nicas, la gente se est&aacute; organizando para pedir calidad democr&aacute;tica&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Est&aacute; claro que las nuevas propuestas y plataformas ciudadanas han provocado una agitaci&oacute;n y un movimiento que irremediablemente obligar&aacute;n a ir en otra direcci&oacute;n...</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Y es muy interesante el surgimiento de plataformas, sociedades, c&iacute;rculos de opini&oacute;n, elementos corporativos, ciudadan&iacute;a reunida y espacios en Internet que est&aacute;n pidiendo nueva voz y una mayor calidad democr&aacute;tica. En la sociedad espa&ntilde;ola, en vez de romper cristales o cabinas telef&oacute;nicas, la gente se est&aacute; organizando para pedir calidad democr&aacute;tica y esto es propio de un pa&iacute;s civilizado. A m&iacute;, como dec&iacute;a antes, que los pol&iacute;ticos hagan pol&iacute;tica, que intenten obtener poder y quedarse en &eacute;l, o que el capitalismo procure ganar el m&aacute;ximo beneficio, si puede ser infinito, mejor, no me escandaliza, siempre y cuando haya contrapoderes como puede ser la ciudadan&iacute;a, una ciudadan&iacute;a activa que se organiza y pide. Los pol&iacute;ticos se resistir&aacute;n a cambiar, porque el poder lo que quiere es vivir el ejercicio de su propio poder con comodidad, pero estoy seguro de que al final, si la ciudadan&iacute;a, que se est&aacute; comportando de una manera adulta y c&iacute;vica, logra tener una voz potente, tendr&aacute;n que aceptarlo, del mismo modo que el capitalismo tiene que aceptar pagar determinados impuestos, respetar la libre competencia y tener en cuenta los derechos del consumidor, toda una serie de cosas que en general le molesta, le estorba.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Es decir, es la ciudadan&iacute;a la que tiene que hacer el gran trabajo de llevar a cabo el cambio.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Por supuesto. Tendr&aacute; que ser as&iacute; en lo que se refiere a la regeneraci&oacute;n m&aacute;s inmediata y luego tendr&aacute; que haber una regeneraci&oacute;n, a medio o largo plazo, que es la filos&oacute;fica. Al final acabar&aacute;n surgiendo propuestas que tengan que ver con el todo, que sean capaces de entusiasmar, que no solamente se limiten a criticar el funcionamiento del poder judicial. Mientras estamos manteniendo esta conversaci&oacute;n, t&uacute; y yo utilizamos un lenguaje que no hemos creado ninguno de los dos. Recurrimos a palabras como dignidad, libertad, futuro, palabras con unas connotaciones que han llenado de contenido creadores del siglo XVI, del siglo XVIII, del&nbsp; siglo XX y del XXI. Nosotros estamos utilizando unas palabras prestadas para comunicarnos y cuando pensamos a solas volvemos a esas palabras porque llevamos a la sociedad dentro de nuestras conciencias. Entonces, &iquest;no es importante tambi&eacute;n cuidar esas palabras que las generaciones futuras tomar&aacute;n en pr&eacute;stamo, con las que se van a comunicar y se van a comprender? Esa es la labor de la filosof&iacute;a; tambi&eacute;n de la poes&iacute;a o de la novela, pero tratar de dar definiciones exactas que sirvan para comprender las cosas es una actividad propiamente filos&oacute;fica. Resumiendo: Adem&aacute;s de un proyecto que podr&iacute;amos llamar de trinchera, que es important&iacute;simo, y que culminar&aacute; con la reforma de las instituciones aqu&iacute; y ahora, a corto plazo, est&aacute; esa otra labor, que podr&iacute;amos llamar de creaci&oacute;n de lenguaje. Una labor mucho m&aacute;s lenta, que puede llevar 25, 50, incluso 100 a&ntilde;os, pero que acabar&aacute; teniendo una enorme importancia porque dar&aacute; lugar al vocabulario que tomar&aacute;n en pr&eacute;stamo las generaciones futuras.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;C&oacute;mo ha ido cambiando el concepto de ejemplaridad a lo largo del tiempo? &iquest;Cada &eacute;poca la ha interpretado de una manera distinta?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- La ejemplaridad tiene un contenido hist&oacute;rico y cambiante como la cultura misma. Pero, en ese devenir incesante, hay dos elementos estructurales que no deben fallar. Uno es ese camino desde el estadio est&eacute;tico al &eacute;tico, por medio de la doble especializaci&oacute;n, que debe recorrer todo ciudadano. Nadie es virtuoso en sentido plenario si no recorre ese camino en alg&uacute;n grado. El segundo es una propiedad de la ejemplaridad: debe ser generalizable. En otras palabras, un ejemplo ser&aacute; ejemplar s&oacute;lo si, al generalizarse a la sociedad, hace a &eacute;sta mejor, m&aacute;s virtuosa. Este principio excluye muchos comportamientos no generalizables y atempera el relativismo de la ejemplaridad.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">-&nbsp; Hoy estamos reclamando m&aacute;s ejemplaridad, necesitamos poner otra vez en circulaci&oacute;n palabras como honestidad o dignidad, pero, por otro lado, y hablas de ello en otro de tus ensayos, se percibe una tendencia en la sociedad a rodearse de personas no virtuosas, de personas vulgares. Lo vemos cada d&iacute;a y solemos preguntarnos por qu&eacute; determinados tertulianos o personajes medi&aacute;ticos tienen tanto &eacute;xito, por qu&eacute; los programas basura funcionan tan bien y por qu&eacute; cuando surge una figura distinta, que condensa valores positivos, hay una tendencia a criticarla, a buscarle los defectos. &iquest;Eso es algo propio de la naturaleza humana? &iquest;Es algo muy espa&ntilde;ol? Siempre se ha dicho que la envidia es&nbsp; muy propia de este pa&iacute;s.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">-&nbsp; No me atrever&iacute;a a decir que forma parte del fenotipo, de la idiosincrasia espa&ntilde;ola. En ese art&iacute;culo que mencionas: &ldquo;Amor, lujo y buena conciencia&rdquo;, en el que pongo el ejemplo de un matrimonio que va a cenar a casa de otro, lo que trato, a trav&eacute;s de la an&eacute;cdota, es de iluminar un principio general que tiene que ver con la ejemplaridad. En presencia de un ejemplo excelente, se tienen dos opciones: o bien seducidos por la fuerza, por la energ&iacute;a, por la potencia, de ese ejemplo virtuoso, nos vemos inclinados a imitarlo, a reformar alg&uacute;n aspecto de nuestra vida, o bien sentimos que ese ejemplo, que, adem&aacute;s, es pr&oacute;ximo y posible, nos interpela. &ldquo;Si esto lo est&aacute; haciendo el vecino por qu&eacute; no lo puedo hacer yo&rdquo;, nos decimos, sabiendo que seguir ese comportamiento puede tener un gran coste personal, el de cambiar la rutina, el tipo de vida. Es muy frecuente que en presencia de un ejemplo virtuoso no queramos cambiar de conducta, porque la que aplicamos ya est&aacute; bien asentada, nos gusta o nos resulta m&aacute;s c&oacute;moda. Est&aacute; el ejemplo tan t&iacute;pico del vecino que recicla la basura. Esa persona puede llegar a incomodar, porque cada noche est&aacute; dando una lecci&oacute;n a alguien a quien no le da la gana de seguirla. En situaciones as&iacute; se puede optar por decir que, por las razones que sea, preferimos no aplicar determinadas conductas, pero tambi&eacute;n se puede tratar de desprestigiar al vecino de alg&uacute;n modo, de ensuciarlo demostrando que ese ejemplo virtuoso en realidad no lo es, lo cual genera resentimiento. En las familias vemos mucho este tipo de reacciones. Cuando tenemos un cu&ntilde;ado, u otro pariente, que es un ejemplo virtuoso, podemos actuar como &eacute;l, pero qu&eacute; tranquilidad da si es un desastre: si le pone los cuernos a su mujer, es un borracho o ha llevado a su empresa a la bancarrota. Eso inmediatamente otorga al otro, con el que se le compara, una situaci&oacute;n de gran prestigio familiar. En fin... Ensuciar los ejemplos alrededor tiene la funci&oacute;n de conseguir que no te incomoden.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Funciona as&iacute; tambi&eacute;n en pol&iacute;tica?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">-&nbsp; En la pol&iacute;tica tenemos que tener en cuenta las reglas que rigen la lucha pol&iacute;tica. La pol&iacute;tica es la ley del amigo y del enemigo. Su esencia es la ocupaci&oacute;n del poder y el mantenimiento del mismo el m&aacute;ximo tiempo posible. Son amigos los que ayudan a conseguir ese prop&oacute;sito y es una pr&aacute;ctica habitual que cuando llegan nuevos grupos pol&iacute;ticos, los que ya est&aacute;n instalados intenten destruirlos, por todos los medios l&iacute;citos, desprestigiarlos, excluirlos, marginarlos. Esa es la ley de la pol&iacute;tica, siempre ha sido as&iacute;.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;No se puede dignificar la pol&iacute;tica, como dec&iacute;a Plat&oacute;n?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;, pero f&iacute;jate c&oacute;mo le fue a Plat&oacute;n cuando se fue a hacer la utop&iacute;a en Siracusa. Le fue fatal. Dicho esto, claro que se puede dignificar la pol&iacute;tica y hay gente que lo hace. Pese a todo, hay una cierta aspiraci&oacute;n a la virtud, y sobre todo, hay muchas&nbsp; restricciones al mal uso del poder: de los ciudadanos, de la prensa... Pero, igual que no podemos pedir a una empresa que no aspire a obtener el mayor beneficio, colocando el m&aacute;ximo n&uacute;mero de mercanc&iacute;as en el mercado, tampoco podemos pedir al pol&iacute;tico que no aspire a la ocupaci&oacute;n del poder, espero que por todos los medios l&iacute;citos a su alcance. Una vez ocupado el poder, ya no se trata solamente de disfrutarlo. A lo mejor hay algunos que hacen cosas y transforman la sociedad, pero lo que es m&aacute;s importante es que, de la misma manera que la pol&iacute;tica, el Estado, debe poner condiciones a la econom&iacute;a y obligar a las empresas a redistribuir una parte de los beneficios, los ciudadanos deben condicionar a los pol&iacute;ticos. En democracia las ocupaciones son temporales y vemos como unos poderes van limitando a otros y evitan que lleguen a convertirse en poderes absolutos. Es as&iacute; como tiene que ocurrir.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Cuando hemos tratado de llevar la perfecci&oacute;n del ideal a la realidad esto nos ha conducido al fracaso o al terrorismo, desde Plat&oacute;n hasta la utop&iacute;a marxista&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Hablamos de valores, de ideales. Pero en las sociedades actuales uno de los principales problemas es que estamos faltos de figuras ejemplares. Hubo una &eacute;poca en la que los poetas y los fil&oacute;sofos lo fueron. El cetro pas&oacute;, hace unas d&eacute;cadas, a empresarios y pol&iacute;ticos, hoy tan denostados. Luego fueron los deportistas. Pero los ciclistas se han venido abajo con los esc&aacute;ndalos de dopaje y ya se est&aacute;n cuestionando las primas exageradamente altas de los futbolistas.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Lo que sucede es que todo tiende a ser desacralizado. Nosotros ahora vemos con enorme admiraci&oacute;n a Pericles, por ejemplo, al que se suele citar como ejemplo de pol&iacute;tico y orador virtuoso, pero Pericles era un hombre extremadamente corrupto, que us&oacute; el dinero de otras polis en beneficio de Atenas. Sentimos gran admiraci&oacute;n por Lincoln, pero en una pel&iacute;cula reciente sobre &eacute;l se demuestra que lleg&oacute; a comprar votos, un comportamiento que hoy consideramos absolutamente denigrante. Lo que sucede es que, independientemente de ese hecho, ese se&ntilde;or hizo cosas significativas, admirables. En el otro lado, est&aacute;n los que piensan que la virtud tiene que ser algo tan elevado, tan elevado, que como no exista hay que cortar cabezas. Eso fue lo que hizo Cromwell y tambi&eacute;n Robespierre. Ten&iacute;an un concepto tan puritano de c&oacute;mo deb&iacute;a ser la pol&iacute;tica que como nadie alcanzaba esos extremos de virtud hab&iacute;a que llevar al cadalso a la ciudad entera. Tanto uno como otro se volvieron locos con las ejecuciones, con la guillotina. Ante esto, tenemos que aceptar que la realidad no es ideal. Yo, que soy un defensor extremo del ideal, siempre pienso que solamente podemos proponer un ideal si comprendemos que la realidad ni es ideal, ni lo va a ser nunca, ni debe serlo. El ideal es una propuesta de perfecci&oacute;n y la realidad, en esencia, es imperfecta. Cuando hemos tratado de llevar la perfecci&oacute;n del ideal a la realidad esto nos ha conducido al fracaso o al terrorismo, desde Plat&oacute;n hasta la utop&iacute;a marxista. Ser un fil&oacute;sofo del ideal no me convierte en un cr&iacute;tico amargo de la realidad al comprobar que nadie encarna ese ideal. El ideal no se encarna. Debemos tender a &eacute;l, pero sabiendo que es como ese horizonte que se aleja a medida que avanzamos en el camino. Y ojal&aacute; se aleje, porque el d&iacute;a que se realice mal asunto. &iquest;Llegar&aacute; un d&iacute;a en que tengamos una realidad tan ideal que ya no haya que reformarla, que ya no haya que criticarla, que ya no haya que mejorarla? &iquest;Podemos pensar que alg&uacute;n d&iacute;a la sociedad va a tener un comportamiento absolutamente rectil&iacute;neo? No. Todo lo que hagamos siempre ser&aacute;n grandes rodeos y siempre el ideal se ir&aacute; alejando a medida que avanzamos. Teniendo esto muy claro, soy un defensor vehemente de la necesidad de tener siempre ese ideal por delante y, justamente, denuncio su falta hoy en d&iacute;a.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Para m&iacute; la felicidad consiste en no tener deudas con la vida&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Hablas de la felicidad, no como estado sino como direcci&oacute;n. La felicidad consiste en seguir los ciclos adecuadamente, en vivir cada momento, &ldquo;la hora buena&rdquo; de cada estadio, de cada edad.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Avanzar sin tener deudas con la vida es muy importante para m&iacute;. Nosotros hemos creado unos conceptos en la tradici&oacute;n filos&oacute;fica que fueron producidos en una &eacute;poca que ya no es la nuestra, y uno de esos conceptos es el de la felicidad. La palabra felicidad evoca una cierta perfecci&oacute;n individual. Esa perfecci&oacute;n pod&iacute;a ser posible en la &eacute;poca premoderna, donde todos cre&iacute;an que se viv&iacute;a en un cosmos perfecto, y donde el individuo adquir&iacute;a su sentido siempre y cuando se situara en la posici&oacute;n que el cosmos le asignara: hombre, mujer, campesino, obispo, cient&iacute;fico o lo que fuera. Pero desde que apareci&oacute; la subjetividad, el yo moderno, ese cosmos perfecto dej&oacute; de convencernos y toda la filosof&iacute;a que se cre&oacute; alrededor de ah&iacute;, se ha quedado caduca. La felicidad sugiere una perfecci&oacute;n que para nosotros, que tenemos una dignidad infinita, pero que estamos destinados a algo indigno, como es la muerte, ya no nos sirve. Por eso digo insistentemente que determinados conceptos de la tradici&oacute;n tenemos que someterlos a una cierta dieta de adelgazamiento y uno de ellos es la felicidad. Para m&iacute; la felicidad consiste en no tener deudas con la vida, comprender que no hay una respuesta te&oacute;rica al sentido de la existencia, sino una respuesta pr&aacute;ctica. Si en algo consiste la felicidad es en arrebatarle a la vida el beneficio de esa hora buena de cada una de sus etapas y hacerlo en la medida que podamos con placer, a fin de que si realmente somos ni&ntilde;os en la ni&ntilde;ez, maduros en la madurez y viejos en la vejez, no acumulemos demasiadas deudas con la vida, no arrastremos ese sentimiento de que la vida nos debe algo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- El problema es el desequilibrio, el querer vivir en una permanente juventud.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- As&iacute; es. Y esto sucede en nuestra &eacute;poca, pero no creo que sea as&iacute; por mucho tiempo. Antes habl&aacute;bamos del paso hacia sociedades post materiales que, sin duda, acabar&aacute;n modificando muchos conceptos. Es cierto que a&uacute;n estamos inmersos en una cultura un poco pueril que transmite la impresi&oacute;n de que el momento culminante en la historia de una persona es la juventud. La juventud tiene fuerza, energ&iacute;a, belleza, futuro, impertinencia, rebeld&iacute;a. Pero es algo que, por su propia naturaleza, dura poco y sucede en un estadio inicial. Todo lo que viene despu&eacute;s de la juventud m&aacute;s estricta, que pueden ser d&eacute;cadas, d&eacute;cadas y d&eacute;cadas, se convierte en una &eacute;poca declinante, en una bajada constante o un esfuerzo ag&oacute;nico por retener esas cualidades de la juventud. Eso lo que produce es un cierto desajuste, un cierto desequilibrio y una sensaci&oacute;n de mayor deuda. A falta de esa juventud, que es la que proporciona la dicha, el ser humano se convierte en un miope para la hora buena de las &eacute;pocas posteriores. Se niega el placer de tener 40 a&ntilde;os, 50, 60, 70, que existe si la fortuna lo permite, porque estamos expuestos cualquier d&iacute;a a sus golpes nefastos. Vivir es envejecer, y el &uacute;nico tratamiento &ldquo;antiaging&rdquo; eficaz es la muerte. Si no queremos ese tratamiento tendremos que comprender que la &uacute;nica manera de seguir viviendo es envejecer. Este es el argumento de mi ensayo, que se titula precisamente &ldquo;Deudas con la vida&rdquo;.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Se siente Javier Gom&aacute; satisfecho con las etapas vividas? &iquest;C&oacute;mo afronta el futuro?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Alguna vez he dicho que la vida ha sido injusta conmigo&hellip; pero en sentido positivo. &ldquo;Todo a mil&rdquo; contiene un microensayo program&aacute;tico, titulado &ldquo;Lo quiero todo&rdquo;, donde me refiero a esto. En cierta manera, siento que, dentro de las limitaciones de este extra&ntilde;o mundo que habitamos, nada esencial se me ha negado. Tengo casa y oficio a plena satisfacci&oacute;n, y adicionalmente la vida ha permitido, por halago de la fortuna, que lleve a cabo hasta completarlo un plan literario que en sus primeros esbozos se remonta a mi adolescencia, un plan de 40 a&ntilde;os. Miro adelante con confianza, con alegr&iacute;a y con esperanza, con el sentimiento de haber agotado las etapas anteriores y haberles arrebatado su &ldquo;hora buena&rdquo;. Todo esto no sin trabajo, dolor y ansiedad, mucha ansiedad;&nbsp; con la pena de algunas vidas rotas o truncadas cerca de m&iacute; en estos a&ntilde;os y prepar&aacute;ndome interiormente para todas esas negatividades que el destino fatalmente nos reserva.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;C&oacute;mo compaginas tu labor como fil&oacute;sofo con la direcci&oacute;n de la Fundaci&oacute;n Juan March? &iquest;Qu&eacute; te ense&ntilde;a un trabajo que tanto tiene que ver con la cultura, con la gesti&oacute;n de la cultura en unos tiempos en los que parece no ser una prioridad?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- En <em>Aquiles en el gineceo</em> sostengo que el paseo del estadio est&eacute;tico al &eacute;tico (ejemplaridad) presupone la doble especializaci&oacute;n: oficio y coraz&oacute;n, profesi&oacute;n y casa, producci&oacute;n y reproducci&oacute;n. En consecuencia, el desempe&ntilde;o de un oficio, el ejercicio de una profesi&oacute;n con la que ganarse la vida, constituye un elemento de toda individualidad, tambi&eacute;n de la m&iacute;a. Esto quiere decir que vivo mi cargo como director de la Fundaci&oacute;n sin los antagonismos rom&aacute;nticos, con la mayor naturalidad y plenamente reconciliado con los deberes profesionales. En estos 11 a&ntilde;os que llevo en la direcci&oacute;n he formado un equipo inmejorable y la coordinaci&oacute;n entre nosotros es perfecta. Esta armon&iacute;a hace todo m&aacute;s f&aacute;cil. El trabajo en la Fundaci&oacute;n me ha ense&ntilde;ado la importancia de proporcionar criterios seguros y firmes en el &ldquo;mundo revuelto&rdquo; de las humanidades en esta &eacute;poca postmoderna: hay otras instituciones que tienden m&aacute;s a la experimentaci&oacute;n y el riesgo; la Fundaci&oacute;n aspira m&aacute;s bien inspirar confianza en la mayor&iacute;a y a largo plazo. Y esto es algo con lo que simpatizo al m&aacute;ximo, tambi&eacute;n como escritor.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Vivimos en una &eacute;poca donde el nosotros empieza a cobrar sentido&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Habl&aacute;bamos de esa posible etapa post material. &iquest;No te parece tambi&eacute;n que estamos en un proceso de pasar del yo al nosotros? &iquest;Todos estos procesos colectivos que estamos viviendo no nos llevan a darnos cuenta de que s&oacute;lo podemos avanzar juntos, uniendo fuerzas, de que en solitario no podemos hacer que cambien las circunstancias de nuestras vidas y de las generaciones futuras? T&uacute; hablas de la mayor&iacute;a selecta.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Todo eso es muy interesante y es indudable que est&aacute; ah&iacute;. La denominaci&oacute;n de mayor&iacute;a selecta es una idea fija de mis escritos. Uno de los latiguillos que repito muchas veces es que ya lo importante no es ser libres sino ser libres juntos. Hablo de la mayor&iacute;a selecta consciente de que la herencia orteguiana, su concepto de masa, es muy pesada. Una y otra vez intento combatir en mis libros contra eso, pero hay mucha gente que sigue llen&aacute;ndose la boca con ese concepto tan perverso, que sigue pensando y creyendo en la divisi&oacute;n entre unas &eacute;lites superferol&iacute;ticas y exquisitas y una gran masa de gente que no tiene m&aacute;s obligaci&oacute;n que la docilidad. No dicen que los ciudadanos tengan que ser ciudadanos sino masa y tratan a la ciudadan&iacute;a de ese modo tan despectivo. Lo que yo digo es: &ldquo;Un momento. Esa llamada masa est&aacute; constituida por millones de ciudadanos, y cada uno de ellos es responsable, aut&oacute;nomo, cr&iacute;tico, c&iacute;vico, virtuoso&rdquo;. Por eso he concebido la expresi&oacute;n de mayor&iacute;a selecta, por eso hablo, en un momento dado, de la amistad o del lenguaje como ejemplos de hasta qu&eacute; punto limitarse es extenderse. Limitar el propio yo no nos restringe, como pudiera parecer, sino que nos hace m&aacute;s ricos. Por todo eso no puedo estar m&aacute;s de acuerdo con que vivimos en una &eacute;poca donde el nosotros empieza a cobrar sentido, donde podemos ser libres juntos, sin renunciar a lo que ya hemos conquistado.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Te refieres a superar el ego&iacute;smo, ese exceso de individualidad que es una fase gineceo, como expones en tu <em>Aquiles</em>, esa adolescencia perpetua...</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;, pero sin renunciar a ese espacio est&eacute;tico. Se trata de c&oacute;mo educar esa libertad para poder ser libres juntos y juntos poder hacer muchas cosas. Para m&iacute; eso es muy esperanzador.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- La educaci&oacute;n aqu&iacute; es esencial. Resulta muy interesante la imagen de la pi&ntilde;ata, que utilizas en otro de tus ensayos, para ver hasta qu&eacute; punto estamos educando a las nuevas generaciones exclusivamente para que entren en la sociedad del consumo, de la competitividad, de la avaricia. &iquest;C&oacute;mo podemos educar a nuestros hijos para que contribuyan a crear sociedades mejores?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Podemos volver a la idea de promover en los ni&ntilde;os, en los j&oacute;venes, la necesidad del viaje interior. En ese colegio ideal al que debemos tender no se trata tanto de transmitir conocimientos sino de alentar la idea del amor al conocimiento. No tengamos tanto inter&eacute;s en que el profesor le explique a nuestros hijos, a lo largo de un a&ntilde;o, toda la historia de la literatura universal, sino en que despierte en &eacute;l el amor a ese recorrido, a esa historia. Luego ellos ya har&aacute;n lo que quieran en su tiempo libre. La escuela debe ser el&nbsp; lugar en el que se transmita la pasi&oacute;n por el conocimiento, m&aacute;s que el conocimiento mismo, y tambi&eacute;n un espacio de convivencia, donde se aprenda a convivir. En cuanto a la&nbsp; universidad, ya lo dec&iacute;a antes. Tiene que formar a profesionales capaces de crear productos que tengan precio, pero tambi&eacute;n a ciudadanos cr&iacute;ticos, reflexivos, que hayan hecho el viaje interior y que sean conscientes de su dignidad sin precio.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Tambi&eacute;n hablas de c&oacute;mo aprender que somos mortales.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Yo distingo entre la muerte y la mortalidad. Se trata de tener presente que somos mortales, de adquirir esa conciencia. No s&eacute; si esa es una labor de los profesores, de los colegios. Es un asunto que tiene que ver con lo que dec&iacute;a antes, con la filosof&iacute;a. Hay que ir creando ese lenguaje que la gente, las distintas generaciones, han de tomar prestado y han de poner en circulaci&oacute;n.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Pero las humanidades, la filosof&iacute;a, cada vez est&aacute;n m&aacute;s menguadas en los planes de estudio.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- A veces siento una cierta resistencia a ese exceso de responsabilidad que la sociedad carga sobre los planes educativos y administrativos. &iquest;Realmente es tan importante una hora m&aacute;s de literatura? &iquest;De eso va a depender el futuro de las humanidades, de la dignidad y de la ciudadan&iacute;a? No s&eacute; si les estamos atribuyendo un exceso de responsabilidad a los planes de estudio, que ojal&aacute; est&eacute;n bien hechos, sean equilibrados y respondan a la pluralidad de las disciplinas de nuestra &eacute;poca. Pero pensar que esas directrices, aprobadas por la burocracia administrativa, van a ser la soluci&oacute;n a todos nuestros problemas me parece demasiado. No creo que un poeta nazca por las clases de historia de la literatura, o un fil&oacute;sofo por las de historia de la filosof&iacute;a. Yo no lo he vivido as&iacute;. Se trata de un amor, de una vocaci&oacute;n, que acaba prendiendo en ti.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Una lectura puede modificar nuestra manera de situarnos en el mundo&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- En tu trabajo filos&oacute;fico hay un gran apoyo en la literatura. Constantemente recurres a novelas, a protagonistas de la ficci&oacute;n que tomas como ejemplos de conductas, de circunstancias... &iquest;Crees que la literatura tiene un efecto transformador en la vida?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;, absolutamente. En primer lugar considero que lo verdaderamente importante en este mundo depende del coraz&oacute;n humano. La econom&iacute;a, a la que tanta trascendencia otorgamos, es la disciplina por la cual se utilizan los recursos para satisfacer las necesidades humanas b&aacute;sicas, pero pocas veces se pregunta cu&aacute;les son esas necesidades, cu&aacute;les son esos deseos que nacen del coraz&oacute;n y que tienen que ver con los pensamientos, con los sentimientos. Todo esto nos lleva a que, al final, la econom&iacute;a entera depende de la poes&iacute;a. Y tirando del hilo del car&aacute;cter transformador de la literatura, podemos preguntarnos: &iquest;Por qu&eacute; las novelas del siglo XIX fueron tan transformadoras? Pues porque nosotros asistimos al destino de <em>Ana Karenina</em> o de un individuo cuya empresa quiebra en las novelas de Dickens y sentimos que el tratamiento que la sociedad le est&aacute; dando a esa mujer o a ese pobre y peque&ntilde;o empresario es injusto. Eso puede generar en nosotros un sentimiento de injusticia social. Eso educa nuestro coraz&oacute;n y ese coraz&oacute;n, m&aacute;s educado como consecuencia de la novela o de la poes&iacute;a, genera actitudes que hacen que determinadas cosas nos parezcan mal y que incluso, al final, acaben canalizando en demandas y generando leyes. Es conocido que las novelas de Dickens produjeron un cambio legislativo en el tratamiento del deudor que quebraba, hicieron reflexionar sobre si deb&iacute;a o no ir a prisi&oacute;n una persona que solamente ten&iacute;a deudas. Hoy no se admite la prisi&oacute;n por deudas, en el caso de que no haya delito. Pero en el pasado fue as&iacute;. &iquest;Qu&eacute; sucedi&oacute;? Pues que hubo un momento en que la sociedad se dio cuenta de que era injusto y a eso ayudaron las novelas. La literatura transforma la mirada hacia las cosas, esa nueva mirada produce demandas y las demandas dan lugar a transformaciones en forma de leyes, de costumbres, de actitudes. Y a nivel particular una lectura puede modificar nuestra manera de situarnos en el mundo. Por tanto no es que piense que la literatura tiene importancia, sino que creo que al final es lo &uacute;nico que importa. La pol&iacute;tica, la econom&iacute;a, y todo lo dem&aacute;s, dependen del coraz&oacute;n humano, y ese coraz&oacute;n se alimenta de la poes&iacute;a, de la literatura.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 03 Oct 2016 10:33:39 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una prehistoria buñuelesca]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-prehistoria-bunuelesca/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas16/octubre/luis500.jpg" alt="" /></p>
<p>En el a&ntilde;o del centenario muy pocos amigos cercanos, exceptuando Pep&iacute;n Bello, quedaban con la memoria y la lucidez suficientes para ser entrevistados. Nos sorprendi&oacute; la memoria de &eacute;ste compa&ntilde;ero y paisano de sus juegos infantiles. Conocido sacerdote, profesor y jefe de estudios en el Instituto Ramiro de Maeztu -muy cercano a la Residencia de Estudiantes- fue un longevo caland&eacute;s que nunca olvid&oacute; los a&ntilde;os infantiles y juveniles al lado de un peculiar ni&ntilde;o que se har&iacute;a famoso con su cine. Manuel Mind&aacute;n, que pas&oacute; la guerra escondido en Madrid bajo la apariencia de un obrero anarquista, que hac&iacute;a confesiones con citas secretas en las calles del Madrid republicano y en guerra, fue un personaje que hasta su muerte- casi con 103 a&ntilde;os- hubiera encantado al Bu&ntilde;uel paisano, al cineasta y al descre&iacute;do. Nunca se volvieron a ver despu&eacute;s de la guerra. Esto es un extracto de la larga conversaci&oacute;n que en su casa madrile&ntilde;a mantuvimos al final del siglo pasado</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>DISPERSAS MEMORIAS DE MANUEL MIND&Aacute;N VALERO SOBRE LUIS BU&Ntilde;UEL</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>&ldquo;El padre de Luis Bu&ntilde;uel siendo muy joven, a los 14 o 15 a&ntilde;os, sent&oacute; plaza, fue cornet&iacute;n de &oacute;rdenes. Fue a Cuba y all&iacute; ejerci&oacute; de militar; hasta tuvo alg&uacute;n grado y luego ya se dedic&oacute; a la vida privada. Entr&oacute; en una ferreter&iacute;a cuya due&ntilde;a puso en &eacute;l su confianza y al morir le dej&oacute; due&ntilde;o de su comercio. Luego &eacute;l, con el dinero que sac&oacute; de la ferreter&iacute;a, se uni&oacute; con dos m&aacute;s y fund&oacute; una compa&ntilde;&iacute;a naviera. Unos cuantos barcos que les dieron mucho dinero, precisamente porque estaban en guerra.</p>
<p>Cuando acab&oacute; la guerra de Cuba se vino a Espa&ntilde;a con todo el dinero que pudo; dej&oacute; all&iacute; un representante suyo para que cuidase sus bienes, pero &eacute;l se trajo todo el dinero. Comenz&oacute; a comprar cosas en Calanda y lo primero que pens&oacute; fue casarse. No lo hizo con una antigua novia que ten&iacute;a, porque como estuvo entre 20 y 25 a&ntilde;os en Cuba, la novia&nbsp; que ten&iacute;a 20 a&ntilde;os cuando se march&oacute; ya ten&iacute;a cuarenta y tantos como &eacute;l y no le gustaba. Entonces&nbsp; se cas&oacute; con la hija del posadero de Calanda que era Mar&iacute;a Portol&eacute;s Cerezuela de 17 a&ntilde;os, entonces Don Leonardo ten&iacute;a 45.&nbsp; La envi&oacute; a un colegio durante seis meses para que se &ldquo;puliese&rdquo; un poco.</p>
<p>Se casaron en el templo del Pilar de Calanda, en la capilla del Milagro y luego se marcharon en viaje de novios a Par&iacute;s. Estuvieron una temporada en&nbsp; Par&iacute;s. Al volver a Calanda se hospedaron en la calle Mayor, en la casa &ldquo;Rondevil&rdquo;, mientras les hac&iacute;an la nueva casa en la Plaza. Esta casa se la hizo&nbsp; uno de los mayores arquitectos de Zaragoza, D. Ricardo Magdalena, &nbsp;que fue el que hizo la facultad de Ciencias y el Museo de Zaragoza.</p>
<p>La madre de Luis se qued&oacute; embarazada en Par&iacute;s.<strong> </strong>Por eso Luis es de los ni&ntilde;os que, de verdad, vienen de Par&iacute;s. Luis naci&oacute; en la calle Mayor, y despu&eacute;s nacieron sus hermanos, Mar&iacute;a, Alicia, Conchita, Leonardo, Margarita y Alfonso. Alfonso me pareci&oacute; un hombre excepcional, es una pena que muriese tan pronto.</p>
<p>Yo tengo casi 3 a&ntilde;os menos que Bu&ntilde;uel. &Eacute;l naci&oacute; en febrero del 1900 y yo nac&iacute; en diciembre de 1902.</p>
<p>Fuimos amigos. Nos conocimos de peque&ntilde;os y adem&aacute;s &eacute;ramos parientes lejanos por parte de su madre. Su madre fue madrina de la m&iacute;a en su boda y eran primas segundas.</p>
<p>Realmente, yo tuve una cierta amistad. Mis hermanitas, ten&iacute;a unas hermanas peque&ntilde;as que iban a p&aacute;rvulos, siempre estaban&nbsp; en casa de Bu&ntilde;uel.&nbsp; Las hermanas de Luis las recog&iacute;an, las hac&iacute;an entrar en casa y les regalaban cosas. Al principio, los Bu&ntilde;uel viv&iacute;an en Calanda todo el a&ntilde;o, pero muy pronto, cuando los hijos comenzaron a estudiar, se trasladaron a Zaragoza durante todo el invierno y ven&iacute;an en verano. Desde finales de junio&nbsp; hasta El Pilar.</p>
<p>En los veranos es donde ten&iacute;a m&aacute;s relaci&oacute;n con ellos. Luis la primera afici&oacute;n que tuvo fue reunirnos a unos cuantos amigos, a 10 &oacute; 12, en la casa que ten&iacute;an en la calle San Roque. La casa de la plaza estaba comunicada con una casa de la calle San Roque. De &eacute;sta casa s&oacute;lo usaban los bajos como&nbsp; cochera, para guardar los coches. Ten&iacute;an 3 coches, de caballos los tres.</p>
<p>En el piso principal, hab&iacute;a una sala grande con su alcoba, una abertura grande, y ah&iacute; nos reun&iacute;a Luis los domingos y d&iacute;as de fiesta y nos daba <em>teatritos</em>. Ten&iacute;a un teatro gui&ntilde;ol, y entre &eacute;l y alg&uacute;n amigo nos hac&iacute;a comedias. Unas que estaban escritas y otras que se inventaba &eacute;l.</p>
<p>Luis era el cabecilla de la pandilla, porque todos hac&iacute;an lo que &eacute;l dec&iacute;a. Pero quiero decir explicar lo de los teatrillos, para que se vea que es un antecedente de su afici&oacute;n al cine. Nos hac&iacute;a sombras, pon&iacute;a una s&aacute;bana entre la puerta de la alcoba y la sala donde est&aacute;bamos nosotros y con una linterna m&aacute;gica, proyectaba y hac&iacute;a sombra con distintos objetos. Hac&iacute;a combinaciones raras.</p>
<p>En una ocasi&oacute;n cogi&oacute; a un amigo, Pepito Sauras, y dijo: este chico tan torpe &iquest;qu&eacute; tendr&aacute; en la cabeza? Lo sent&oacute; en una butaca, detr&aacute;s de la s&aacute;bana. Nosotros est&aacute;bamos fuera y s&oacute;lo ve&iacute;amos las sombras, voy a abrirle la cabeza. Cogi&oacute; un escoplo y un martillo y golpeaba detr&aacute;s de la cabeza de &eacute;l, pero para nosotros que ve&iacute;amos la sombra proyectada sobre la s&aacute;bana, es como si le diera en la cabeza y le sacaba cosas, cosas que &eacute;l ten&iacute;a preparadas en una silla detr&aacute;s. Tiene una esponja, tiene un trapo... Y claro como va &eacute;ste a aprender las cosas con todo lo que tiene&hellip;. Y despu&eacute;s hac&iacute;a como que le cos&iacute;a la cabeza y lo dejaba sano.</p>
<p>A nosotros nos entreten&iacute;a. Est&aacute;bamos un par de horas y nos gustaba.</p>
<p>Era un chico como todos, m&aacute;s o menos. En su juventud por tres etapas. Primero, fue &eacute;sta en que nos hac&iacute;a teatros y cines. Despu&eacute;s pas&oacute; un periodo en que se dedic&oacute; al boxeo y se compraba cosas de combatir. Me acuerdo que me ense&ntilde;aba unos artefactos que se pon&iacute;an en los dedos de la mano y de los cuales&nbsp; sal&iacute;an unas puntas para luchar. Y hasta se puso a luchar un d&iacute;a con un mozo del pueblo, de los que pasaban por m&aacute;s valientes y estuvo as&iacute;, as&iacute; la cosa, estuvo re&ntilde;ida en cuanto al ganador.</p>
<p>El &ldquo;Tigre de Calanda&rdquo; le apodaron en Madrid cuando hizo alg&uacute;n combate de boxeo. &Eacute;l luch&oacute; con uno que le llamaban &ldquo;El tuerto Alfranca&rdquo;. Y desde luego &eacute;l ten&iacute;a m&aacute;s t&eacute;cnica porque hab&iacute;a aprendido. Eso fue una temporada despu&eacute;s, creo que lleg&oacute; a ser campe&oacute;n, de estos no oficiales. Y luego, finalmente se dedic&oacute; a la m&uacute;sica. Toc&oacute; el viol&iacute;n, era de la orquesta parroquial y tocaba en las misas.</p>
<p>S&iacute; que iba a la iglesia. A todos nos impresion&oacute; el milagro de Calanda. Y adem&aacute;s all&iacute; se casaron sus padres. Incluso &eacute;l nos ayud&oacute; despu&eacute;s, de mayor, cuando desapareci&oacute; el documento principal del milagro, que se lo carg&oacute; un fraile benedictino, el padre Lamber, que era antipilarista y franc&eacute;s. S&eacute; que se lo carg&oacute; porque yo se lo vi a &eacute;l y despu&eacute;s ya no se vio m&aacute;s.</p>
<p>Luis estuvo mucho tiempo con la preocupaci&oacute;n de la duda. Ten&iacute;a dos preocupaciones, la preocupaci&oacute;n religiosa y la preocupaci&oacute;n sexual. La preocupaci&oacute;n religiosa se manifestaba de muchas maneras. No solamente yendo a tocar con su instrumento a la iglesia, si no de muchas maneras. Por ejemplo, el vestirse de sacerdote, de fraile y hasta de monja se visti&oacute; una vez. En Zaragoza se visti&oacute; de fraile capuchino, fue al Pilar y se puso muy contento porque nadie le hab&iacute;a conocido. En Calanda cogi&oacute; la sotana de su t&iacute;o y se la puso tambi&eacute;n. Y en sus pel&iacute;culas m&aacute;s que la obra de un ateo, yo veo la obra de alguien que estuvo luchando con la fe. Luchando entre si creer o no creer.</p>
<p>Fui a Par&iacute;s, y vi algunas de sus pel&iacute;culas. Un poco raritas. Una visi&oacute;n un poco rara de las cosas. Lo suyo era provocar,&nbsp; hacer bromas y un poco raro que era.</p>
<p>En casa de Luis siempre tuvieron un ama de cr&iacute;a porque su madre no quer&iacute;a criar a los hijos, estaba en el falso concepto de que la mujer se desgasta.&nbsp; &Eacute;l ten&iacute;a un ama, y a Margarita la ten&iacute;a en la cuna en su habitaci&oacute;n. Luis subi&oacute; a la habitaci&oacute;n del ama, el ama estaba en la cocina con las dem&aacute;s criadas charlando y en vista de que tardaba en subir. Luis empez&oacute; a pellizcar a la ni&ntilde;a para que llorase y empez&oacute; a llorar. Entonces el ama subi&oacute; enseguida a ver que le pasaba a la ni&ntilde;a. Luis se escondi&oacute; debajo de la cama; despu&eacute;s la mujer se desnud&oacute; y ya en camis&oacute;n fue a acostarse y al levantar una pierna para acostarse en la cama, &eacute;l sali&oacute; de debajo de la cama y le cogi&oacute; la otra pierna. Tambi&eacute;n dio un grito que se oy&oacute; en toda la casa, subieron sus padres, las criadas, a ver que le pasaba. Entonces el padre le castig&oacute; dos semanas sin ir a la torre por las tardes. Ten&iacute;a que estar con su t&iacute;o dando clase y repasando las lecciones.</p>
<p>Y en casa de su t&iacute;o Santos, una noche se visti&oacute; con la sotana de su t&iacute;o, el manteo, la teja y se baj&oacute; por la calle. Como era verano, las familias sol&iacute;an salir a la puerta de la calle a tomar el fresco y charlas. La mujer de su cochero, que viv&iacute;an en los bajos de la casa de D. Santos; se hab&iacute;a bajado&nbsp; porque estaba cansada. Dej&oacute; terminando la cena a la familia, al marido y los hijos y se bajo con un ni&ntilde;o de pecho que ten&iacute;a y le estaba dando el pecho all&iacute;, en la puerta. A Luis no se le ocurri&oacute; m&aacute;s que, as&iacute; vestido de cura, cogerle el ni&ntilde;o y quit&aacute;rselo. La mujer se qued&oacute; sin poder hablar, sin poder llamar a su marido. Cuando &eacute;l se dio cuenta del desaguisado que hab&iacute;a hecho, volvi&oacute;, se quit&oacute; el sombrero y dijo: Mar&iacute;a que soy yo, Luis. Porque en aquellos d&iacute;as se hab&iacute;a escapado un cura del manicomio de Alca&ntilde;iz y ella se cre&iacute;a que pod&iacute;a ser aquel cura. Mi madre baj&oacute;, como viv&iacute;amos dos casas m&aacute;s abajo, le prepar&oacute; una manzanilla porque ten&iacute;a un disgusto.</p>
<p>La &uacute;ltima vez que estuve tranquilamente hablando con Bu&ntilde;uel, fueron los primeros d&iacute;as de la guerra y me dijo que se iba a Francia y yo le dije: &iquest;c&oacute;mo?, pero si ahora est&aacute;s en tu ambiente. Porque &eacute;l hab&iacute;a demostrado, un poco, su afici&oacute;n a la posici&oacute;n de izquierda extrema, en esa &eacute;poca, con los comunistas. Le dije: &iquest;no te gustaban los comunistas? &iquest;C&oacute;mo es que ahora te quieres ir? S&iacute;, pero no es esto lo que buscaba yo, no es esto de matar a la gente.</p>
<p>Enseguida le decepcion&oacute; lo que hac&iacute;a la izquierda en Espa&ntilde;a, al principio de la guerra. El en la Residencia se contagi&oacute; del republicanismo pero luego no le pareci&oacute; bien como hab&iacute;an ido las cosas.</p>
<p>En teor&iacute;a era m&aacute;s ut&oacute;pico. A &eacute;l le extra&ntilde;&oacute; esto. Ten&iacute;a prisa por marcharse y ya no s&eacute; despu&eacute;s. Despu&eacute;s vino, s&eacute; que estuvo en la Torre de Madrid, ten&iacute;a un piso, yo no lo vi. Ten&iacute;a entonces mucho trabajo y no pod&iacute;a distraerme.</p>
<p>En la guerra, los Bu&ntilde;uel eran independientes de todo. Conchita, le hermana, se cas&oacute; con un aviador que al principio estuvo con los republicanos y luego se pas&oacute; a los nacionales, pero estos siempre le tuvieron por republicano y no tuvo &eacute;xito con ellos&rdquo;.</p>
<p>Las cosas son como las recordamos. O c&oacute;mo creemos que fueron. Con sus invenciones, sus mixtificaciones, exageraciones o tergiversaciones. As&iacute; fue Bu&ntilde;uel para Mind&aacute;n o as&iacute; quiso que fuera. No dejaba de admirar a su paisano aunque no quisiera hablar de las pel&iacute;culas que s&iacute; conoc&iacute;a, que s&iacute; hab&iacute;a visto y que s&iacute; le inquietaron. Dec&iacute;a Mind&aacute;n que Bu&ntilde;uel fue un hombre de dudas. Faltar&iacute;a m&aacute;s. Nosotros creemos, con todas nuestras dudas y reservas, que tambi&eacute;n el padre Mind&aacute;n tuvo, vivi&oacute; y muri&oacute; con dudas. Como Nazar&iacute;n. Como Bu&ntilde;uel y como&nbsp; Miguel Pellicer. Creo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 03 Oct 2016 10:25:28 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La música del tiempo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-musica-del-tiempo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas16/octubre/CLAUDIO_MAGRIS_2.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;"><em>Wie soll ich meine Seele halten, dass</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>sie nicht an deine r&uuml;hrt? Wie soll ich sie</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>hinheben &uuml;ber dich zu andern Dingen?</em><a title="" href="#_ftn1"><em>*</em></a><em></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right">Rainer Maria Rilke</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Durante el oto&ntilde;o del a&ntilde;o 2000 apareci&oacute; en Min&uacute;scula, que entonces acababa de nacer, <em>Verde agua</em>, el primer libro que se traduc&iacute;a al castellano de Marisa Madieri, escritora de obra tan intensa como breve. El hilo conductor de este relato con forma de diario es el &eacute;xodo de los italianos que a fines de los a&ntilde;os cuarenta del siglo pasado abandonaron Istria y la ciudad de Fiume, como consecuencia de la incorporaci&oacute;n de estos territorios a la Yugoslavia de Tito. Pero el libro es solo en parte un testimonio de ese episodio controvertido, porque en <em>Verde agua</em>, como muy acertadamente han afirmado los cr&iacute;ticos, el verdadero protagonista es el tiempo, que fluye, cadencioso, como un agua subterr&aacute;nea, y se transforma en relato. &ldquo;Somos tiempo condensado&rdquo;, afirm&oacute; Marisa en una entrevista.</p>
<p>Poco antes de aquel oto&ntilde;o hab&iacute;a llegado a mis manos (mi familia tiene ra&iacute;ces triestinas y en mi casa siempre hemos sentido inter&eacute;s por la rica literatura de la ciudad adri&aacute;tica) el volumen de 1998 de la editorial Einaudi que incluye los dos libros m&aacute;s extensos de esta autora, <em>Verde agua</em> (1987) y la poderosa f&aacute;bula <em>El claro del bosque</em> (1992), prologados por el prestigioso cr&iacute;tico Ermanno Paccagnini. Me impresion&oacute; la sutileza con la que en esas obras afloraban temas como el exilio, el desarraigo, la identidad, y me conmovi&oacute; su prosa certera y di&aacute;fana, que aborda lo esencial de la vida, tanto lo m&aacute;s cruel como lo picaresco y melanc&oacute;lico, sin rastros de patetismo (sin una pizca de &ldquo;grasa sentimental y de <em>pathos</em> f&aacute;cil&rdquo;, dir&iacute;a Magris).</p>
<p>Inmediatamente pens&eacute; que Min&uacute;scula podr&iacute;a ser una segunda casa para sus libros, en especial la colecci&oacute;n Paisajes narrados, que iba configur&aacute;ndose poco a poco. Una colecci&oacute;n cuyo origen est&aacute; estrechamente ligado a la admiraci&oacute;n que siempre me ha suscitado la obra de Claudio Magris y a su manera, inclasificable e innovadora, de relatar los lugares de la cultura europea. Claudio cuenta que <em>El Danubio</em> naci&oacute; de una intuici&oacute;n que le regal&oacute; Marisa. Y algunos destacados conocedores de la obra de Magris se&ntilde;alar&iacute;an, como lo hiciera su traductor Jos&eacute; &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez Sainz en la presentaci&oacute;n de <em>Verde agua</em> en Barcelona, en noviembre del 2000, que Magris &ldquo;recorre, a modo de ampliaci&oacute;n o r&eacute;plica, como en un di&aacute;logo continuo con los temas de <em>Verde agua</em>, sobre todo en <em>Microcosmos</em>, muchas de las cuestiones y los lugares de este libro&rdquo;. Se entiende pues que yo sintiera una satisfacci&oacute;n a&ntilde;adida al ver publicados los libros de Marisa en Paisajes narrados.</p>
<p>En un alarde de atrevimiento, de esos que solo tenemos los t&iacute;midos en los raros d&iacute;as en que nos deshacemos de nuestra coraza protectora, ped&iacute; a Claudio Magris que escribiera un texto para nuestra edici&oacute;n de <em>Verde agua</em>. Tras un m&aacute;s que comprensible titubeo inicial, debido sobre todo a que la desaparici&oacute;n de Marisa le segu&iacute;a provocando un gran dolor, accedi&oacute; a preparar un posfacio en el que se explicara la gestaci&oacute;n del libro, las circunstancias hist&oacute;ricas que dieron pie a las vicisitudes familiares que all&iacute; se cuentan y qu&eacute; recepci&oacute;n tuvo la obra de Marisa en Italia. Pero las p&aacute;ginas que envi&oacute; y publicamos son mucho, mucho m&aacute;s que eso, a pesar de todos sus temores, de los que dej&oacute; constancia en una nota a dicho posfacio: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo hablar de una persona que ha escrito libros de rara intensidad y que es tambi&eacute;n la compa&ntilde;era de la vida, la figura del amor y de la existencia compartida, cuya desaparici&oacute;n ha mutilado mi vida y que sigue presente en las cosas y en las horas? Se teme no saber distinguir lo que cuenta solo en el plano privado de lo que tiene una relevancia objetiva, de ceder a la emoci&oacute;n o de ponerse una m&aacute;scara, a modo de reacci&oacute;n, de as&eacute;ptica o falsa neutralidad, como si se estuviera hablando de un escritor de hace siglos.&rdquo;</p>
<p>Recuerdo con especial cari&ntilde;o los meses en los que traduje el libro, con la preciosa ayuda de Claudio, y durante los cuales en la editorial preparamos tanto la edici&oacute;n como el acto de presentaci&oacute;n en la librer&iacute;a La Central, de Barcelona, en el que Claudio tom&oacute; parte al final, despu&eacute;s de las intervenciones de Mercedes Monmany y la lectura del texto de Jos&eacute; &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez Sainz, que en el &uacute;ltimo momento no pudo desplazarse desde Italia. Durante esos meses viajamos con mi compa&ntilde;ero, Joan, a Croacia y tuvimos ocasi&oacute;n de visitar las islas adri&aacute;ticas en las que Marisa y Claudio pasaban los veranos: &ldquo;Quiz&aacute; un bultito que me he descubierto otra vez en el pecho me recuerda la sombra con la que debemos convivir. Toda vida contiene la semilla de su destrucci&oacute;n. Pero ma&ntilde;ana partiremos todos juntos e iremos a nuestras islas habitadas por los dioses, Cherso, Unie, Canidole, Oriule, la Levrera. Durante doce d&iacute;as tambi&eacute;n yo ser&eacute; inmortal&rdquo;, afirma Marisa en <em>Verde agua</em>. Para Claudio &ldquo;ese paisaje, en cierto modo, la contiene porque, como dice el narrador de [su cuento] &lsquo;La concha marina&rsquo; intentando recordar los rasgos de la mujer amada muerta hace muchos a&ntilde;os, &lsquo;es como si su rostro se hubiese diluido en las cosas, entreg&aacute;ndose a ellas&rsquo;&rdquo;. A orillas del mar, en Cherso (Cres), Joan tom&oacute; la foto que aparece en la cubierta de la edici&oacute;n espa&ntilde;ola de <em>Verde agua</em>.</p>
<p>Desde entonces han pasado muchas cosas, Claudio volvi&oacute; en el 2002 a Barcelona con ocasi&oacute;n de la presentaci&oacute;n de <em>El claro del bosque</em> -la f&aacute;bula que publicamos acompa&ntilde;ada de un texto de Ernestina Pellegrini-, que corri&oacute; a cargo de Ana Mar&iacute;a Moix y Llu&iacute;s Izquierdo, y a principios del 2003 asisti&oacute;, durante su permanencia en Madrid para recibir la Medalla de Oro del C&iacute;rculo de Bellas Artes, al homenaje que el C&iacute;rculo brind&oacute; a Marisa y en el que participaron Francisco Calvo Serraller y Lourdes Ortiz. Por otra parte, en Min&uacute;scula estamos preparando la traducci&oacute;n del tercer libro de Marisa, <em>La concha marina y otros cuentos</em>, publicado en Italia en 1998 por la editorial Scheiwiller. Aparecer&aacute; muy pronto.</p>
<p>Si bien Marisa es una escritora que ha tenido una excelente acogida en Italia, era dif&iacute;cil imaginar que su obra calar&iacute;a tan hondo en los lectores espa&ntilde;oles. Mas all&aacute; de las numerosas y sugerentes rese&ntilde;as que sus libros cosecharon (a t&iacute;tulo de ejemplo pueden citarse las de Mercedes Monmany, Javier Rodr&iacute;guez Marcos, Josep Ramoneda y un largo etc&eacute;tera) y las traducciones -al alem&aacute;n, al franc&eacute;s, al polaco- que siguieron a la publicaci&oacute;n en castellano, la reacci&oacute;n de los lectores fue muy c&aacute;lida, no solo por lo que se refiere a las ventas (<em>Verde agua </em>lleva seis ediciones, <em>El claro del bosque</em>, dos), sino tambi&eacute;n al hecho de que muchos de ellos han querido, de una forma u otra, transmitir a la editorial su entusiasmo por los libros de Marisa. Y as&iacute; han ido llegando cartas, correos electr&oacute;nicos, llamadas, en los que se pide m&aacute;s informaci&oacute;n sobre la autora y se pregunta acerca de otros textos suyos disponibles.</p>
<p>Es muy grande la satisfacci&oacute;n de un editor cuando un libro genera una corriente de simpat&iacute;a hacia su autor. Es un privilegio comprobar c&oacute;mo Marisa Madieri se ha ganado no solo el respeto de los lectores sino tambi&eacute;n su afecto. Ciertos libros consiguen tejer redes de amistad a su alrededor. La amistad es un sentimiento peculiar: une m&aacute;s all&aacute; de los v&iacute;nculos visibles. <em>&Agrave;&nbsp; tous mes amis, connus et inconnus </em>reza la dedicatoria de un libro de Blanchot. Leyendo los p&aacute;rrafos finales de <em>Verde agua</em> no parece del todo descabellado pensar que quiz&aacute; Marisa tambi&eacute;n habr&iacute;a podido suscribirla: &ldquo;...siento que debo dar las gracias a una multitud de personas, incluso a las que he olvidado, que al quererme, o simplemente al estar a mi lado, con su presencia fraternal no solo me han ayudado a vivir sino que son, quiz&aacute;, mi vida misma.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><a title="" href="#_ftnref1">*</a> &iquest;C&oacute;mo puedo retener mi alma para que no roce la tuya? &iquest;C&oacute;mo puedo elevarla por encima de ti hacia otras cosas?</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 03 Oct 2016 10:09:15 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Guillermo Carnero: del culturalismo a la poesía esencial]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/guillermo-carnero-del-culturalismo-a-la-poesia-esencial/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2016/septiembre/GUILLERMO_CARNERO.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>&nbsp;</strong><strong></strong>Guillermo Carnero naci&oacute; en Valencia el 7 de mayo de 1947. Su padre, Guillermo Carnero Mu&ntilde;oz, natural de Lorca (Murcia), fue maestro nacional, pero, tras comenzar la Guerra Civil ingres&oacute; como voluntario en el ej&eacute;rcito republicano y tras la derrota de la Rep&uacute;blica, fue recluido en el campo de trabajos forzados del castillo de Figueras en Gerona. Su madre, Teresa Arbat Planella, naci&oacute; en el pueblo de Bescar&oacute;, perteneciente a Gerona.<strong> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong>Carnero realiz&oacute; estudios en el Liceo Franc&eacute;s de la capital valenciana. En 1964 se traslad&oacute; a Barcelona para realizar sus estudios universitarios. Comenz&oacute; la carrera de Econ&oacute;micas (deseo de sus padres) y los simultane&oacute; con los de Filosof&iacute;a y Letras.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De los a&ntilde;os de Barcelona proviene la amistad con Ana Mar&iacute;a Moix y con Pere Gimferrer, los cuales fueron compa&ntilde;eros de Facultad en la Universidad de Barcelona.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En 1965 y 1966 public&oacute; sus primeros poemas en <em>&Iacute;nsula</em> y <em>La trinchera</em>, revista esta &uacute;ltima fundada por Jos&eacute; Batll&oacute; en Sevilla en 1962. El poema &ldquo;&Aacute;vila&rdquo;, perteneciente a su libro <em>Dibujo de la muerte</em>, apareci&oacute; en esta revista (en la etapa en que se inici&oacute; La trinchera en Barcelona en 1966).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Dibujo de la muerte</em>, su primer libro, fue todo un acontecimiento . Se habl&oacute; de arte culto y minoritario, tambi&eacute;n de decadentismo, ya que este libro, junto a <em>Arde el mar</em> de Gimferrer, abri&oacute; la senda culturalista en Espa&ntilde;a.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Luego llegaron las famosas antolog&iacute;as, en 1970 se publica Nueva poes&iacute;a espa&ntilde;ola de Enrique Mart&iacute;n Pardo y Nueve nov&iacute;simos espa&ntilde;oles de Jos&eacute; Mar&iacute;a Castellet.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En la antolog&iacute;a de Castellet, muy renombrada, aparecieron poetas de gran importancia en este per&iacute;odo: Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n, Antonio Mart&iacute;nez Sarri&oacute;n, Jos&eacute; M&ordf; &Aacute;lvarez, Pere Gimferrer, Guillermo Carnero, Ana M&ordf; Moix, F&eacute;lix de Az&uacute;a, Vicente Molina Foix y Leopoldo M&ordf; Panero.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Posteriormente, esta antolog&iacute;a fue criticada por eludir nombres importantes de ese per&iacute;odo: Luis Antonio de Villena, Jaime Siles, etc.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En 1970 Carnero abandon&oacute; Barcelona y pas&oacute; el invierno de ese a&ntilde;o y la primavera de 1971 en Cambridge donde escribi&oacute; <em>El sue&ntilde;o de Escipi&oacute;n</em>, que apareci&oacute; publicado en Madrid, en la editorial Visor, en 1971.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Recojo la importante introducci&oacute;n de Ignacio Javier L&oacute;pez para la editorial C&aacute;tedra de la Obra po&eacute;tica de Carnero cuando dice: &ldquo;El sue&ntilde;o ha sido se&ntilde;alado por la cr&iacute;tica como ejemplo del importante cambio que se produce en la poes&iacute;a del autor, habitualmente descrito como el inicio de una poes&iacute;a m&aacute;s reflexiva, de orientaci&oacute;n metapo&eacute;tica, en la que el objeto del poema y el poema mismo; se trata, adem&aacute;s, de una investigaci&oacute;n del lenguaje, y una exploraci&oacute;n de la relaci&oacute;n que existe entre autor, texto y lector&rdquo; (pr&oacute;logo a Dibujo de la muerte. Obra po&eacute;tica, ed. De Ignacio Javier L&oacute;pez, C&aacute;tedra, 1998, p. 18).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como vimos, el poeta ya ha cambiado de rumbo, si <em>Dibujo de la muerte</em> es una indagaci&oacute;n sobre la cultura y su poder&nbsp; para&nbsp; vencer a la muerte, como explicar&eacute; luego,El sue&ntilde;o de Escipi&oacute;n penetra en el lenguaje mismo, en su deseo de objetivarlo para poder entender su poder originario y, por ende, su fuerza como elemento revolucionario sobre el mundo que nos rodea.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Carnero conoce ese poder del lenguaje e indaga en la metapoes&iacute;a, con un resultado, como era de esperar, brillante.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Luego vinieron <em>Variaciones y figuras de un tema de La Bruyere</em> (1974) Y <em>El azar</em> <em>objetivo</em> (1975) y en 1977 termin&oacute; los poemas de Ensayo de una teor&iacute;a de la visi&oacute;n que ser&aacute; editado, junto con los libros anteriores, en Hiperi&oacute;n, en 1979, con un pr&oacute;logo muy acertado de Carlos Bouso&ntilde;o.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ha publicado m&aacute;s libros: <em>Divisibilidad indefinida</em> (1990), <em>Verano ingl&eacute;s</em> (1999) y <em>Espejo de gran niebla</em> (2002) entre otros.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como podemos ver, la obra de Carnero es muy prol&iacute;fica, al igual que le ocurr&iacute;a a Jenaro Talens, y ahonda en temas muy interesantes para comprender la importancia del lenguaje como esencia de la poes&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Carnero tiene tambi&eacute;n una importante carrera investigadora y docente, en la que no voy a detenerme por falta de espacio.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Centrado en la poes&iacute;a, quiero mencionar algunos de los poemas de Dibujo de la muerte y de otros libros posteriores, para poder apreciar el notable cambio de estilo, lo que refuerza la idea de que nos hallamos ante un investigador del lenguaje po&eacute;tico y un notable conocedor del alma humana.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para Carlos Bouso&ntilde;o, en su famoso pr&oacute;logo, hay una analog&iacute;a entre los poetas de los 50 y el uso del grupo del 27 en lo que respecta al verso libre.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Explica Bouso&ntilde;o que el verso libre de Carnero tiene afinidad con el que utiliz&oacute; Luis Cernuda, Jaime Gil de Biedma y otro poeta valenciano, Francisco Brines.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Bouso&ntilde;o insiste en la analog&iacute;a con Cernuda cuando dice: &ldquo;A&uacute;n hay otro ingrediente, con origen a Luis Cernuda, y antes en la tradici&oacute;n anglosajona, que Carnero toma de la tradici&oacute;n inmediata de la que hablo: el uso de figuras hist&oacute;ricas como protagonistas e incluso como narradores del verso, como correlatos objetivos&rdquo; (Carlos Bouso&ntilde;o, 1978, p. 41).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y no olvida Bouso&ntilde;o mencionar que tanto la generaci&oacute;n de los 50 como Carnero abandona la idea del poema como tensi&oacute;n que nos hace fijarnos en las descargas expresivas, para emocionar al lector, sino que el poema se lee &ldquo;como un continuo&rdquo;, para que el lector vaya acomod&aacute;ndose al decir del poeta, como si fuese lengua hablada, pero culta, como podemos suponer.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Bouso&ntilde;o habla tambi&eacute;n de los temas de Dibujo de la muerte y menciona una idea esencial del libro: la desolaci&oacute;n. Dice el poeta asturiano: &ldquo;El contraste entre refinamiento y desolaci&oacute;n es lo que da, no s&oacute;lo hondura, sino al mismo tiempo riqueza y complejidad al volumen&rdquo; (p. 42).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Es cierto lo que se&ntilde;ala Bouso&ntilde;o, por ello, quiero mencionar un poema del libro donde Carnero enfrenta el gusto por lo est&eacute;tico con el vac&iacute;o que deja. Se puede expresar diciendo que el poeta utiliza la cultura (en este caso, el arte que perdura) para dejar constancia del vac&iacute;o de lo que ya no tiene alma, s&oacute;lo es piedra y, por tanto, memoria. Si el arte sobrevive y el hombre no (tema an&aacute;logo al que expres&oacute; C&eacute;sar Sim&oacute;n con la Naturaleza y el ser humano o el que dej&oacute; en nuestros sentidos Jenaro Talens con la extra&ntilde;eza del ser que ve la nieve mientras sabe que su vida est&aacute; abocada a la muerte).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin duda, el arte est&aacute; presente, pero Carnero elige elementos duros, casi inertes: la piedra, las tumbas, los claustros, para insistir en el arte que deja vac&iacute;o, donde se puede ver la oquedad del tiempo. As&iacute; lo refleja el poema &ldquo;Amanecer en Burgos&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El sujeto del poema contempla el museo de vestiduras regias que hay en el Monasterio de Las Huelgas Reales, en Burgos, vestiduras sacadas de las tumbas de los reyes de Castilla.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si el poeta contemplaba la piedra en el poema &ldquo;&Aacute;vila&rdquo;, aqu&iacute; la muerte se expresa en el objeto, la vestidura regia, exenta de vida, motivo de reflexi&oacute;n y meditaci&oacute;n para Carnero.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dice: &ldquo;Andrajos y oro / el esplendor revelan de los cuerpos antiguos. / Entre im&aacute;genes de lejana belleza, piadosamente se oculta / la carne muerta&rdquo; (vv. 13-16). La belleza es lejana, porque hace mucho que existi&oacute; y el mundo antit&eacute;tico al que se refer&iacute;a Bouso&ntilde;o al hablar de desolaci&oacute;n y de belleza, aparece al decir: &ldquo;Andrajos y oro.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ya al principio del poema se habla del tiempo y de la luz, motivo esencial en muchos poetas valencianos, ya que supone el nacimiento, pero tambi&eacute;n la certeza de la muerte: &ldquo;En el silencio de los claustros reposa / la luz encadenada por la epifan&iacute;a del tiempo&rdquo; (vv. 1-2).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si es luz encadenada es porque nos conduce a la sucesi&oacute;n de movimientos, una vida tras otra y su continuo fluir, nacimiento y muerte entrelazadas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; La belleza aparece en la tumba adornada por la escarcha, pero tambi&eacute;n el dolor, porque de las tumbas no sale un esp&iacute;ritu de reencarnaci&oacute;n, sino el vac&iacute;o: &ldquo;Un &aacute;mbito / de otro oculto transcurre, s&oacute;lo por unas losas / que oscuramente resuenan, incubando / el crescendo angustioso de la profanaci&oacute;n de la muerte&rdquo; (vv. 4-7).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La muerte triunfa sobre la vida, ya que hay angustia y se va &ldquo;incubando&rdquo;, como una epidemia, esa sensaci&oacute;n de negrura que posee la parca.</p>
<p>&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El poema termina negando la posibilidad de volver, ya que el hombre no tiene voluntad, la muerte se impone, le cercena, como la ira de Dios cercenaba al poeta vasco Blas de Otero sus ojos: &ldquo;Y as&iacute; es hermoso / discurrir fugazmente entre la eternidad de la vida, engarzada / por la geom&eacute;trica perfecci&oacute;n de los albos sepulcros, / como quien nada escucha, puesto que ni seremos / llamados a los turbios festejos de la muerte / ni el amor y el deseo corruptos, y el imposible polvo de los besos / alteran en la madrugada tibia que turba el aire, / el armonioso vuelo de la piedra, elevado / en muda catarata de dolor &ldquo; (vv. 16-24).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Evidentemente, la belleza (los albos sepulcros, el polvo de los besos, el armonioso vuelo de la piedra) no evitan que todo sea muerte, ya que todo es una fiesta de contrarios: amanecer con sepulcro, amor frente a ceniza, libertad enfrentada a piedra (lo inanimado y, por ende, lo muerto).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En la celebraci&oacute;n de la belleza s&oacute;lo queda la ceniza, porque todo ha de morir, pese a que haya resplandecido en la vida, lo hermoso lleva su guada&ntilde;a, como el poema expresa a la perfecci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El libro deambula sobre esa idea, como puede verse en &ldquo;Muerte en Venecia&rdquo;, por poner un ejemplo, recreaci&oacute;n del famoso libro de Thomas Mann y de la muy brillante y emotiva pel&iacute;cula de Visconti.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero hay un poema que siempre me ha atra&iacute;do especialmente del libro, me refiero a &ldquo;Capricho en Aranjuez&rdquo;. Hay en el mismo un gusto por lo bello, por la celebraci&oacute;n de la vida y por el intento, no conseguido, de eludir el paso de la muerte que gravita en el libro.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo expresa el poeta valenciano desde el principio: &ldquo;Raso amarillo a cambio de mi vida&rdquo;. Se refiere Carnero a la voluntad de imponer la belleza para vencer la caducidad de la vida. Todo el poema exalta la belleza, en un &aacute;mbito muy hermoso como representa el Aranjuez del siglo XVIII.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El deseo del poeta es renunciar a s&iacute; mismo para dejarse llevar por la belleza del entorno: &ldquo;Fuera breve vivir&rdquo; (v. 7). El &aacute;mbito id&iacute;lico es inmenso, todo sugiere el abandono de los sentidos, la perfecci&oacute;n de la Naturaleza: &ldquo;Fuera una sombra / o una fugaz constelaci&oacute;n alada. / Geom&eacute;tricos jardines. Aletea / el hondo trasminar de las magnolias&rdquo; (vv. 7-10).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero la muerte que el poeta quiere evitar, embriagada en la belleza del paisaje, aparece en la imagen de un ni&ntilde;o ciego que juega con la misma. Es un reflejo de la derrota de la vida sobre la parca: &ldquo;Inflorescencias de m&aacute;rmol en la reja encadenada: / perpetua floraci&oacute;n de las columnas / y un ni&ntilde;o ciego juega con la muerte&rdquo; (vv. 13-16).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si en el poema &ldquo;Amanecer en Burgos&rdquo; la luz estaba encadenada, aqu&iacute; aparece la reja, lo que significa que nuestra vida carece de libertad, vivimos atados a la caducidad, a la sombra que todo lo invade. La imagen del ni&ntilde;o ciego nos recuerda a las pel&iacute;culas de Luis Bu&ntilde;uel y al cine de Ingmar Bergman, donde el patetismo de la vida queda reflejado en personajes marginales y en situaciones extremadamente ins&oacute;litas (la partida de ajedrez con la muerte en <em>El s&eacute;ptimo sello</em> de Bergman o la cena de los mendigos en <em>El &aacute;ngel exterminador</em> de Bu&ntilde;uel).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo hermoso sigue presente y, en el final del poema, el poeta insiste en permanecer embriagado, en ignorar su mortalidad, en ocultar su humanidad para asimilarse a las cosas bellas que contempla, como si se tratase de un camale&oacute;n que cambiase de piel e ignorase su antigua realidad: &ldquo;M&uacute;sicas en la tarde. Crucer&iacute;a, / pol&iacute;cromo cristal. Dejad, dejadme / en la luz de esta c&uacute;pula que riegan / las transparentes brasas de la tarde. / Poblada soledad, raso amarillo / a cambio de mi vida&rdquo; (vv. 30-35).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; La luz del Mediterr&aacute;neo, esencial en la poes&iacute;a de Carnero (como lo fue para Brines, Talens, Sim&oacute;n o&nbsp; Bellveser, entre otros) est&aacute; presente y hay un claro homenaje al primer libro de Brines <em>Las brasas</em>, porque Carnero conoce y admira la poes&iacute;a del poeta de Oliva y hace este gui&ntilde;o magn&iacute;fico en el poema, cuando dice &ldquo;brasas de la tarde&rdquo;, dando lugar a un espacio que acaba, como el final de un ciclo que ha sido esplendoroso pero que ha de terminar.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La menci&oacute;n a la m&uacute;sica es importante, ya que es espejo de lo inefable, que nos emparenta con lo divino, pura abstracci&oacute;n que intenta salvarnos de la muerte.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero &eacute;sta no se va, siempre est&aacute; ah&iacute;, pese a la voluntad del poeta por desasirse de su ignominiosa presencia. Todo termina en la tarde (en sus brasas), cuando el crep&uacute;sculo abre las ventanas de la noche y queda una soledad, la existencia del ser que medita sobre su humana condici&oacute;n, que quiere ser cambiada por esa belleza que perdura, ese raso amarillo que da sentido al poema.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para Sergio Arlandis la poes&iacute;a de Carnero busca la belleza porque el poeta sabe de la extinci&oacute;n de las cosas, del vac&iacute;o que toda hermosura lleva. Lo dice muy bien en su libro <em>Mapa (Antolog&iacute;a po&eacute;tica) de 30 poetas valencianos en la democracia</em>: &ldquo;La poes&iacute;a, en consecuencia, se transforma en una manera de embellecer aquello que est&aacute; llamado a su extinci&oacute;n irrevocable, es decir: crea una idea que, a modo de eco, resista desde su belleza, al vac&iacute;o que le rodea&rdquo; (Sergio Arlandis, <em>Mapa (Antolog&iacute;a po&eacute;tica) de 30 poetas</em> <em>valencianos en la democracia</em>, Carena editores, Valencia, 2009, pp. 30-31).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Estoy de acuerdo con esa mirada del profesor valenciano donde se insiste en que la belleza muere tambi&eacute;n, donde se expresa que el esplendor es s&oacute;lo un oropel maravilloso que oculta el inmenso vac&iacute;o de nuestro vivir. Por ello,&nbsp; y, como tambi&eacute;n se&ntilde;ala Arlandis en su libro, el poeta valenciano busca en la cultura su universo, porque &eacute;ste va muriendo si no es recreado por el curioso lector o el sempiterno investigador.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hay un proceso, sin duda, en la poes&iacute;a de Carnero, donde el mundo culturalista y asombroso (por sus referencias y por su belleza) de <em>Dibujo de la muerte</em> se va transformando en un espacio de mayor concentraci&oacute;n en elementos antes esbozados, pero no desarrollados &iacute;ntegramente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me refiero, entre otros, a la luz que s&iacute; era importante en &ldquo;Capricho de Aranjuez&rdquo;, pero que es esencial en &ldquo;Los motivos del jard&iacute;n&rdquo;, poema perteneciente a <em>Divisibilidad indefinida</em>. Cito s&oacute;lo los versos donde Carnero expresa el claroscuro, la necesidad de nombrar a la luz en poderosa batalla con la oscuridad: &ldquo;Miro del fondo de la estancia oscura / el peque&ntilde;o rect&aacute;ngulo de luz, / imagen invertida de la noche, / que la Luna recorta en la ventana&rdquo; (vv. 39-42).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como vemos, el rect&aacute;ngulo de la luz es esencial ya que ofrece lo invertido, el otro lado de la noche. No en vano es la Luna la que asoma (imagen rom&aacute;ntica por excelencia) a la ventana.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero la luz tambi&eacute;n esconde el vac&iacute;o, es tan ef&iacute;mera como la propia vida, no lleva en ella la inmortalidad: &ldquo;la divergente vacuidad del rayo / dispersa las veladas figurillas / que con el acicate de la duda / persigue la fatiga de sus ojos&rdquo; (vv. 43-46).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Carnero sabe que hay espejismos tras esa luz que aparece en su fugacidad. Por ello, se muestra distante, embriagado en su poderosa soledad de amanuense: &ldquo;Las escucho vagar en la tiniebla / pero me falta fe con que nombrarlas: / yo ser&iacute;a un extra&ntilde;o entre sus risas, / el lisiado al que aturde y acobarda&rdquo; (vv. 47-50).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El poeta no pertenece al mundo de la vida: &ldquo;me falta fe con que nombrarlas&rdquo;, sino que est&aacute; imbuido en territorio de libros, exento de la sensualidad que toda vida (bien vivida) regala, la extra&ntilde;eza a la que hace alusi&oacute;n lo transforma en un voyeur, aquel que mira con placer, pero que no lo comparte, muy cerca del mundo que coment&eacute; en el universo del poeta gallego Arcadio L&oacute;pez Casanova.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El vate s&oacute;lo es un &ldquo;lisiado&rdquo; que siente cobard&iacute;a por &ldquo;una turba gozosa de arlequines / mecanizados por la luz de la luna / y que finge entusiasmo y alegr&iacute;a, / falto de caridad y ligereza&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El poeta muestra, de este modo, su distanciamiento del mundo, ya esbozado en Dibujo de la muerte, pero aqu&iacute;, con mucha m&aacute;s hondura.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La importancia de la luz es total, porque de ella viene el placer: &ldquo;La Luna&rdquo;, &ldquo;turba gozosa de arlequines&rdquo; y provoca ese miedo en el hombre que arrastra ya su desdicha y su negaci&oacute;n de toco contacto con lo vivo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero al final del poema lo dice todo, porque la luz es creaci&oacute;n, tanto que hizo posible los espejismos que simbolizaban el placer y que, ahora, se convierten en nada: &ldquo;As&iacute; en el fondo de la estancia oscura / se extingue el espejismo, borrado con la luz / y las palabras tejen en el sue&ntilde;o y el agua / su cauce circular, secreto y mudo&rdquo; (vv. 51-54).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Otro elemento esencial es el agua, porque simboliza el espejo de la vida, un espacio de transparencia que esconde nuestra irremediable inconsistencia como seres vivos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El amanuense deja de ver las figuras (espejismos) porque la luz lo borra todo y s&oacute;lo queda el lenguaje (siguiendo la senda de otro poeta valenciano, Miguel Veyrat). &Eacute;ste es el &uacute;nico lugar &uacute;til para recrear el mundo y su misterio. El lenguaje, como el agua, es espejo, cristal que conduce al mundo de los sue&ntilde;os, pero tambi&eacute;n a un posible renacer, a una especie de isla donde podamos encontrar, a trav&eacute;s de las palabras ed&eacute;nicas, el sentido de la vida.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los largos poemas de Dibujo de la muerte o de Variaciones y figuras sobre un tema de la Bruyere (1974), exceptuando El sue&ntilde;o de Escipi&oacute;n (1971) donde se combinan largos y cortos poemas, va encontrando en Divisibilidad indefinida&nbsp; otro ritmo, ya que el poeta, en la l&iacute;nea de Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez y su b&uacute;squeda de la esencia de las cosas, va sintetizando su mundo culturalista para centrarse en elementos esenciales que cobran toda su fuerza y, por ende, su sentido en este libro: el jard&iacute;n, la luz, el agua, la noche, el tiempo, etc.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el poema &ldquo;Lecci&oacute;n de agua&rdquo;, podemos ver la precisi&oacute;n con la que Carnero toca el tema de Narciso mir&aacute;ndose en el agua de la fuente. Pero lo que me interesa de este poema es la tem&aacute;tica: se trata del espejismo de la vida, fantasmagor&iacute;a que no nos salva, pues s&oacute;lo ofrece la velada idea de su transcurrir perecedero, que nos condena a la muerte.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dice as&iacute;: &ldquo;Mir&aacute;ndome en el agua de la fuente / por salvar las im&aacute;genes vencidas / - colores idos, m&uacute;sicas ca&iacute;das- / en memoria con gracia de presente / las vi oscilar girando levemente / en facetas y trizas esparcidas / recompuestas y luego divididas, / y hundirse y escapar en la corriente&rdquo; (vv. 1-8).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Todo lo que compone la vida (colores idos, m&uacute;sicas ca&iacute;das) se va diluyendo en el agua, hay un af&aacute;n de creaci&oacute;n: &ldquo;recompuestas&rdquo;, pero tambi&eacute;n de dispersi&oacute;n: &ldquo;y luego divididas&rdquo;. Toda&nbsp; esa&nbsp; textura&nbsp; de&nbsp; lo&nbsp; vivo&nbsp; se deshace, ya que es fantasmagor&iacute;a: vivimos enfrentados, parece decir el poeta, a la sensaci&oacute;n de la irrealidad, como pudimos ver en muchos poemas de C&eacute;sar Sim&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por ello, el agua, s&iacute;mbolo de lo que fluye, que, desvelando la transparencia, al igual que el espejo que miramos y que nos mira, nos revela nuestra fragilidad vital.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El mito de Narciso se cumple en los tercetos: &ldquo;Puse sobre las aguas un espejo / con que hurtarme a la muerte en escritura / y retener la luz de la conciencia&rdquo; (vv. 9-11). Aqu&iacute; el poeta nos habla del deseo de no morir, a trav&eacute;s de ese espejo, cristal que nos enfrenta al transcurrir de la vida. No es casual que diga &ldquo;muerte en escritura&rdquo;, ya que el deseo de hurtar esa &ldquo;muerte&rdquo; es el ansia de vivir a trav&eacute;s del arte, de nuestra palabra o nuestra presencia en el cuadro o en la m&uacute;sica, sino el deseo de vivir sin apoyo, manifestando s&oacute;lo lo que somos: cuerpo y alma.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Este deseo se quiebra, porque la vida se trunca siempre ante la presencia del &uacute;ltimo acto, el viaje de no retorno: &ldquo;pero la nada duplic&oacute; el reflejo / y el cristal a&ntilde;adi&oacute; su veladura, / en doble fraude de la transparencia&rdquo; (vv. 12-14).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No podemos eludir el destino, pues no hay faz alguna para mirar a la vida eternamente, nuestro sino (estigmatizado por el paso del tiempo y por el acabamiento de toda existencia) nos enfrenta a una triste realidad. No hay forma, para Carnero, de cumplir el rito de la permanencia, ni el agua, ni el cristal, nada sirve para eludir nuestra mortalidad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y no hay que olvidar la importancia de la luz (en la senda de los pintores levantinos, aqu&iacute; se trata de la &ldquo;luz de la conciencia&rdquo; y su af&aacute;n de retenerla. Sin duda alguna, Carnero sabe que la vida existe mientras se ilumina nuestra faz con la sensaci&oacute;n de gozar del mundo (pese a las inevitables sombras que nos acechan siempre).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Este ejercicio de permanencia da brillo al poema porque &eacute;ste est&aacute; inmerso en lo crom&aacute;tico: el blanco del agua y los espejos, los colores idos como s&iacute;mbolo del paso del tiempo, el reflejo que devuelve otra vez la transparencia (blanca) del agua.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Estamos delante de un poeta que, como le ocurr&iacute;a a Talens o a C&eacute;sar Sim&oacute;n, inunda su poes&iacute;a de luz, pero en el que sobrevuelan las sombras que ti&ntilde;en aquella de oscuridad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y quiero terminar este an&aacute;lisis del mundo del gran poeta valenciano citando su libro&nbsp; <em>Verano ingl&eacute;s</em>, no el &uacute;ltimo de los suyos, desde luego, pero, en mi opini&oacute;n, el que mayor calidad ofrece, debido al deslumbramiento de su universo amoroso.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hay poemas donde transita el recuerdo, como en &ldquo;Greenwich banks&rdquo; cuando dice: &ldquo;Cuando cierro los ojos recuerdo una arboleda / en la linde del mar y del verano / y te veo mir&aacute;ndote en el r&iacute;o, / mientras el Sol se pone y vagan las gaviotas&rdquo; (vv. 1-4).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Este romanticismo del poeta que recuerda el lugar id&iacute;lico y a la amada no excluye los versos donde manifiesta un erotismo que nos deslumbra: &ldquo;Me conduce el calor de tus caderas, / el&aacute;sticas y duras como un arco, / a la doble diana de tu pecho, / granada abierta y roja en las manos de un ni&ntilde;o&rdquo; (vv. 17-20).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No es casual que cite al ni&ntilde;o, porque Carnero sabe de la importancia de la infancia como para&iacute;so irrecuperable (en la senda de Francisco Brines).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y tampoco en el final del poema se unen los sentidos, lo que dota al mismo de una clara sensualidad mediterr&aacute;nea (ya que la evocaci&oacute;n, en mi opini&oacute;n, le conduce a su tierra levantina desde el verano ingl&eacute;s). Dice as&iacute;: &ldquo;Color, olor, sabor, flotan en la memoria. / No los dejes morir a tu imagen extinta; / diluirse en las aguas del rencor y del tiempo / rescata en tu retorno tu cuerpo repetido&rdquo; (vv. 21-24).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al igual que en &ldquo;Lecci&oacute;n de agua&rdquo;, el poeta valenciano insiste en el agua que se diluye, como si &eacute;sta simbolizase el tiempo y su alusi&oacute;n al color nos hace ver, de nuevo, que representan espacios vitales dejados atr&aacute;s, impresos en la memoria para siempre.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El &uacute;ltimo verso expresa muy bien lo que es un tema central en su poes&iacute;a: la vuelta de lo vivo, no en el eco de una voz o en una imagen, sino en la presencia&nbsp; (llena de sensualidad) que evoca lo mejor de la existencia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La belleza de las im&aacute;genes nos sobrecoge en versos anteriores donde se prende el poeta de la amada con singular maestr&iacute;a al evocarla: &ldquo;Veo una calle abierta al horizonte / donde vuelan los tordos y corren las ardillas. / Las ramas de un alerce golpean los cristales, / pentagrama indeciso de rasgado silencio&rdquo; (vv. 9-12).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El poema es muy hermoso y ese &ldquo;cuerpo repetido&rdquo; de la amada es la imagen que queda en el agua y que, luego, como el amor y la propia vida, se va pronto, dej&aacute;ndonos hu&eacute;rfanos del sabor y del olor de la persona querida.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Representa <em>Verano ingl&eacute;s</em> un libro lleno de nostalgia, de bellas evocaciones y de colorido, de una luz especial que abre las ventanas de nuestra sensibilidad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hay muchos poemas del libro donde la belleza cala en la memoria del poeta. No en vano, es un libro lleno de alusiones a paisajes amados.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La presencia de la luz es una constante en la poes&iacute;a de Carnero. Si la noche tiene un inmenso poder para el poeta en &ldquo;Noche del tacto&rdquo;, tanto que &ldquo;No fluye murmurando la amenaza del tiempo / ni se pierde en arena sin orillas: / crece en profundidad, gana en firmeza / al adensar las lindes del reposo&rdquo; (vv. 5-8).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La luz tiene toda su fuerza, el poder de vencer al tiempo, es cimiento donde la vida no muere; en &ldquo;Ojos azules&rdquo;, el poeta le dice a la belleza azul que no vaya a la noche, porque &eacute;sta cierra el mundo, en la oscuridad viene el fin de lo que perdura, el cap&iacute;tulo final de nuestra vida. Insiste en ir hacia la luz cuando dice: &ldquo;Mirad hacia la luz, no mir&eacute;is hacia dentro: / corredores tapiados velar&aacute;n nuestro brillo, / os cegar&aacute; el acoso de una mano cortada / con su rampante hedor de podridas promesas&rdquo; (vv. 5-8).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La noche tiene, por tanto, malos augurios, un espacio que no se puede desentra&ntilde;ar: &ldquo;Si vas hacia la noche yo no podr&eacute; seguiros / y no tengo el secreto de las puertas cerradas. / Salid al horizonte conciliado y redondo. / Mirad hacia la luz, no mir&eacute;is hacia dentro&rdquo; (vv. 9-12).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; S&iacute;, la &uacute;nica forma de salvarse de la muerte, de la caducidad total de todos nuestros sentidos es adentr&aacute;ndose en la luz, ese espacio de la conciencia que conlleva eternidad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por ello, al final del poema le pide a la amada que viva el &aacute;mbito de la Naturaleza, espacios de sabidur&iacute;a&nbsp; que ama el poeta, lo siguiente: &ldquo;No recuerdes m&aacute;s peso que el placer del mirlo, / m&aacute;s calor que el abrazo de la calma del aire / m&aacute;s entrega que el Sol al penetrar la nieve: / olvida la luz, y escucha la lecci&oacute;n de la tierra&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Bello final para todo un canto a la luz, ya que s&oacute;lo en los &aacute;mbitos donde esplende la claridad, la vida permanece.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Quiero terminar este estudio de un poeta brillante como pocos, que ha construido un mundo de gran lirismo, desde su pasi&oacute;n culturalista a un verso apegado a las emociones, como en el libro que comento, con unas certeras palabras de otro gran poeta valenciano, Ricardo Bellveser, recogidas de su recopilaci&oacute;n de art&iacute;culos titulado <em>Hecho de encargo</em>, publicado por la Generalitat Valenciana y la Biblioteca Valenciana.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me refiero al art&iacute;culo titulado &ldquo;G.C. y su actualidad&rdquo;, cuando dice, refiri&eacute;ndose al Premio Nacional de la Cr&iacute;tica que obtuvo Carnero por <em>Verano ingl&eacute;s</em> lo siguiente: &ldquo;El exceso de la nueva sentimentalidad cree Carnero que lleva a la poes&iacute;a a un callej&oacute;n sin salida a asesinar al poeta. Como Mallarm&eacute;, lo que se pretende es que la poes&iacute;a no surja &uacute;nicamente desde el &aacute;mbito de las alegr&iacute;as o las decepciones del mundo, sino que intenten dominar el azar&rdquo; (Ricardo Bellveser, <em>Hecho de encargo</em>, Biblioteca y Generalitat Valenciana, 23 de abril del 2000, p. 162).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Muy cierto, porque Carnero cree en la poes&iacute;a como esencia de la vida, no es un mero adorno para recitar en una sala, sino todo un ejercicio de pensamiento, un divagar sobre la vida que convierte su obra en una de las m&aacute;s completas e interesantes del panorama espa&ntilde;ol actual.</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 30 Aug 2016 07:29:34 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una poesía "indócil" a fronteras]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-poesia-indocil-a-fronteras/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2016/septiembre/emilio500.jpg" alt="" /></p>
<p>Para los seguidores de Facebook, los poemas breves (muchas veces con la forma de un haiku) con que Emilio Pedro G&oacute;mez jalona sus contribuciones a la red social son una invitaci&oacute;n a acompa&ntilde;arlo en sus excursiones y viajes, a completar la imagen visual de la foto con que los ilustra gracias a una feliz met&aacute;fora, a una inesperada asociaci&oacute;n de espacios naturales con versos &iacute;ntimos, destilados con esmero.</p>
<p>&ldquo;En esto escribo/ con voluntad de temblor/ ind&oacute;cil a fronteras y solemnidades&rdquo; &mdash;nos dice a modo de consigna po&eacute;tica al principio de <em>Motivos de horizonte</em> (2015)&mdash; para ratificar esa &ldquo;indocilidad&rdquo; mientras &ldquo;el verso gu&iacute;a la mano/ con el mismo sigilo/ con que el alba hace el gesto/ de brotar&rdquo;.</p>
<p>La poes&iacute;a de Emilio Pedro G&oacute;mez es una poes&iacute;a de espacios abiertos, donde las fronteras han sido abolidas para propiciar el descubrimiento del Otro, pero, sobre todo, para la incorporaci&oacute;n gozosa a su propia memoria del paisaje que va asumiendo como propio. Sea el Pirineo, alg&uacute;n pa&iacute;s ex&oacute;tico del sudeste asi&aacute;tico, la Patagonia austral o ese Camino de Santiago que ha recorrido pausado, munido de un &ldquo;diario l&iacute;rico&rdquo; (Pasos, 2013) lejos de toda sacralidad, como un peregrino laico solo deseoso de hacer de &ldquo;la abrumadora belleza celeste&rdquo; una experiencia &uacute;nica, intransferible. En todos comunica el espacio exterior con el interior de una sensibilidad aguzada por la riqueza del mundo y una naturaleza en la que se sumerge con vocaci&oacute;n pante&iacute;sta.</p>
<p>El umbral, gracias al cual se comunican, participa de la ambig&uuml;edad del cruce, es celebraci&oacute;n de la articulaci&oacute;n que no termina de abrirse ni de cerrarse, convocatoria para que lo &iacute;ntimo perciba el exterior y para que las diferencias &nbsp;entre ambos sean evidentes y se acepten. Gracias al umbral se mantiene una apertura hacia otros horizontes, esa &ldquo;porosidad de las fronteras&rdquo; con que G&oacute;mez titula la segunda parte de su poemario. Su funci&oacute;n, aun fijando l&iacute;mites que se pueden atravesar, es articulada, supone una disposici&oacute;n al contacto exterior, hacia la transici&oacute;n &nbsp;a otro espacio, lo que le da una sugerente inestabilidad y una inusitada dimensi&oacute;n po&eacute;tica.&nbsp;</p>
<p>Es bueno recordar que el horizonte se configura a partir de un sujeto y no tiene realidad objetiva. Aunque no puede ser localizado en ning&uacute;n mapa, el horizonte acompa&ntilde;a toda percepci&oacute;n de un paisaje en esa mezcla de &ldquo;dentro y fuera&rdquo; que resulta del encuentro de una mirada con el mundo exterior, en el metaf&oacute;ricamente llamado &ldquo;punto-yo&rdquo; desde el cual se traza su l&iacute;nea en la distancia.</p>
<p>El horizonte se aleja, cambia con el movimiento en el espacio, sea cual sea la direcci&oacute;n elegida, es inalcanzable. Si bien el horizonte es inasible, ayuda a configurar un espacio orientado al dividir el mundo entre cielo y tierra, arriba y abajo, cercano y lejano. Es m&aacute;s, le da sentido, lo que significa, como bien ha se&ntilde;alado Michel Collot, que al vivir en la yuxtaposici&oacute;n de im&aacute;genes reales y virtuales, al abolir distancias y al difuminar un aqu&iacute; y un all&aacute; en la simultaneidad, el punto de vista privilegiado, &nbsp;el lugar de presencia &nbsp;fundador de tantos horizontes y s&iacute;mbolos de existencia pierde parte de su natural intensidad y se diluye en el caleidoscopio del espacio y del tiempo sincr&oacute;nico.</p>
<p>Emilio Pedro G&oacute;mez sabe que &ldquo;la obligaci&oacute;n del cielo es no acabarse/ al fondo de la p&aacute;gina&rdquo; y persevera &mdash;con su bast&oacute;n de peregrino&mdash; en hacer de la palabra &ldquo;dardo de impunidad/ al centro de uno mismo&rdquo;. Lo hace sin angustia, sin desgarramiento ni lamento, con esa &ldquo;alma de horizonte&rdquo; con que Jules Supervielle en <em>Gravitations</em> hizo de la pampa argentina sustancia de su mejor poes&iacute;a, ese &ldquo;v&eacute;rtigo horizontal&rdquo; donde &ldquo;cada &aacute;rbol/ comienza a ser/ un disidente&rdquo;.</p>
<p><em>Motivos de horizonte</em> nos invita al &ldquo;inicio de un viaje&rdquo;, nieto &ldquo;del sue&ntilde;o libertario/ de volar&rdquo;. Sus versos salen &ldquo;fuera de mi/ lo que no hab&iacute;a&rdquo;, &ldquo;en un ya es/ sin haber sido&rdquo; y nos conducen &ldquo;al regazo primordial/ al temible deseo de desaparecer&rdquo;.&nbsp; Vale la pena acompa&ntilde;arlo para intentar &ldquo;saber qui&eacute;n eres&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Emilio Pedro G&oacute;mez, <em>Motivos de horizonte</em>, Enkuadres, 2015.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 30 Aug 2016 07:03:17 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Max Frisch]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/max-frisch/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2016/septiembre/max500_1.jpg" alt="" /></p>
<p>Me preguntaba de cu&aacute;ndo databa mi encuentro con las novelas de Max Frish, m&aacute;s concretamente, de <em>No soy Stiller</em> y <em>Homo Faber</em>, de las que a&uacute;n tengo presente el impacto que me causaron. Formaron parte de ese conjunto, inexorablemente reducido, de novelas que hablaban de asuntos que me concern&iacute;an de una forma especial, &iacute;ntima. El asunto y la forma de tratarlo. Las novelas de Max Frisch me atraparon. Sin embargo, no pod&iacute;a localizar con exactitud el momento en que entraron en mi vida, &iquest;viv&iacute;a yo a&uacute;n en casa de mis padres?, es decir, &iquest;era yo todav&iacute;a una chica desemparejada, deambulante, y a ratos, muy solitaria y ensimismada, muy lectora, que pasaba muchas horas encerrada en su cuarto de una sola cama, inclinada sobre el tablado que colgaba de la vieja estanter&iacute;a que, tiempo atr&aacute;s, hab&iacute;a contenido juguetes en lugar de libros y carpetas?</p>
<p>&iquest;D&oacute;nde, en suma, hab&iacute;a le&iacute;do a Max Frisch? Si consegu&iacute;a ver el lugar donde yo me encontraba, sentada y con una novela de Frisch en las manos, podr&iacute;a acceder a la fecha. Son los espacios lo que proporcionan pistas sobre el tiempo.</p>
<p>En el cartapacio que <em>Turia</em> dedica al escritor suizo, un art&iacute;culo de Carlos Fortea hace un minucioso relato de la suerte editorial que la obra de Frisch ha tenido en Espa&ntilde;a. As&iacute; he sabido que <em>No soy Stiller</em>, en traducci&oacute;n de Margarita Fontser&eacute;, fue publicada por Seix Barral en 1958, &iexcl;cuando yo ten&iacute;a once a&ntilde;os! <em>Homo</em> <em>Faber</em> en 1961, precisamente el a&ntilde;o en que vine a vivir a Madrid, ya con catorce a&ntilde;os. Como me cas&eacute; en 1968 -con tan solo 21 a&ntilde;os, disparates que se corresponden con la &eacute;poca- , es muy posible que las dos novelas de Frisch fueran le&iacute;das all&iacute;, en mi peque&ntilde;o cuarto de la calle de Fernando el Cat&oacute;lico. Las novelas fueron celebradas. Seg&uacute;n nos dice la documentaci&oacute;n que ha reunido Fortea, Antonio Valencia, uno de los cr&iacute;ticos m&aacute;s agudos del momento, a quien, a&ntilde;os m&aacute;s tarde, hube de agradecerle que se ocupara de mi primera novela con comentarios que nunca olvidar&eacute;, proclam&oacute;, ya en 1958, en el peri&oacute;dico <em>Arriba</em> que <em>No</em> <em>soy</em> <em>Stiller</em> era una de las obras m&aacute;s interesantes de la novela contempor&aacute;nea. Como en 1974 se reeditan las dos novelas de Frisch, y tiene, seg&uacute;n nos cuenta Fortea, repercusi&oacute;n cr&iacute;tica, tambi&eacute;n cabe la posibilidad de que fuera entonces cuando yo me encontrara con ellas, ya casada, con un hijo, y despu&eacute;s de haber pasado sendas temporadas en Trondheim, Noruega y en Santa B&aacute;rbara, California. No con veinte o o veinti&uacute;n a&ntilde;os, sino con 28, camino ya de los treinta&hellip;</p>
<p>&iquest;Importa le edad en la que leemos un libro? S&iacute;, importa y mucho. Max Frisch se ha encontrado siempre entre los autores que me sirvieron de gu&iacute;a. Pertenece a mi juventud. Por eso me han interesado tanto los textos que el cartapacio de <em>Turia</em> ha dedicado al autor. Vuelvo a encontrarme con aquello que me preocupaba, que centraba mi inter&eacute;s vital y literario a&ntilde;os antes de que escribiera mi primera novela. Por aquel entonces, escrib&iacute;a, de vez en cuando, sin rutina ni disciplina algunas, alg&uacute;n relato o incluso alg&uacute;n poema. A pesar de lo cual yo estaba &iacute;ntimamente convencida de que alg&uacute;n d&iacute;a me dedicar&iacute;a entera o primordialmente a escribir.</p>
<p>Al leer ahora los textos sobre Max Frisch reunidos en <em>Turia</em>, he tenido la impresi&oacute;n de reencontrarme con un viejo amigo. Ha sido como hacer una visita a un lugar conocido, como volver a una antigua casa que conocimos en el pasado y que, al cabo de los a&ntilde;os, sigue en su lugar. Nos asombra comprobar que el el antiguo encanto ha sido conservado.</p>
<p>Dice Isabel Hern&aacute;ndez en uno de los textos que el tema de la identidad es el asunto central de la producci&oacute;n de Frisch. Ah&iacute; me reconozco plenamente. Creo que para m&iacute; la definici&oacute;n de lo que es la persona y los diferentes aspectos y matices de su relaci&oacute;n con el mundo, con los dem&aacute;s, es lo que m&aacute;s me importa. No me ha sorprendido del todo conocer que Max Frisch, antes de tener &eacute;xito como escritor, fue arquitecto. Cuando opta por dedicarse por entero a la literatura, dir&aacute; que hacer casas es algo insatisfactorio, porque el resultado final no admite rectificaciones. Lo que a Max Frisch le gusta es dibujar los planos, idear el proceso. &ldquo;Una obra que &eacute;l no puede modificar sume a Frisch en la inseguridad&rdquo;. &ldquo;Al empezar a construir siendo arquitecto titulado, se dio cuenta r&aacute;pidamente de que le fascinaba m&aacute;s el trabajo sobre el plano que la ejecuci&oacute;n&rdquo;, dice Beatrice von Matt.</p>
<p>As&iacute; son, en mi recuerdo, las novelas de Frisch que le&iacute;, casas que se est&aacute;n haciendo. Es una sensaci&oacute;n que me resulta familiar, aun cuando jam&aacute;s se me ha pasado por la cabeza dedicarme a la arquitectura. Pero las casas a medio hacer siempre me han fascinado. Mientras escrib&iacute;a una de mis novelas <em>-Una</em> <em>vida</em> <em>inesperada</em>-, una noche tuve un extra&ntilde;o sue&ntilde;o: Yo deambulaba por una construcci&oacute;n sin finalizar, a&uacute;n con andamios y escaleras exentas. Una suave luz trataba de abrirse paso en la penumbra. Esta es la novela que quiero escribir, me dije, dentro del sue&ntilde;o. Nada m&aacute;s despertarme, lo tengo que anotar todo. La novela, en la que llevaba trabajando mucho tiempo -hab&iacute;a llegado a un punto en el que no ve&iacute;a salida, todos los caminos se hab&iacute;an enmara&ntilde;ado- se me hab&iacute;a desvelado de repente. Al despertar, no pude anotar nada. &iquest;Qu&eacute; era lo que se me hab&iacute;a develado?, &iquest;qu&eacute; ten&iacute;a que anotar? S&oacute;lo ten&iacute;a una vaga visi&oacute;n de una casa sin acabar sumida en la penumbra.</p>
<p>Isabel Hern&aacute;ndez sostiene que &ldquo;ya no es posible hablar del individuo de la forma en que se hab&iacute;a venido haciendo tradicionalmente durante el siglo XIX&rdquo;, &ldquo;no es posible narrar una biograf&iacute;a de la manera convencional, han de inventarse nuevos recursos para ellos, como aparentar, por ejemplo, que no se est&aacute; narrando, y, en este sentido, el supuesto Mr. White va anotando pacientemente los fragmentos de la biograf&iacute;a de Stiller que amigos y conocidos le narran con el fin de refrescarle la memoria. De este modo, &eacute;l solo cuenta aquello que oye sobre s&iacute; mismo, como si se tratara de un extra&ntilde;o, configurando de ese modo la biograf&iacute;a que realmente hubiera querido vivir y que surge de hechos tanto vividos como inventados&rdquo;.</p>
<p>Una biograf&iacute;a tiene, siempre, una arquitectura interna, un proyecto, unos planos que se van modificando, superponi&eacute;ndose unos a otros. No es de extra&ntilde;ar que mucha de la producci&oacute;n literaria de Frisch adquiriera la forma de <em>Diarios</em>. Frisch construye vidas, identidades. Construye y desconstruye, vuelve a construir. &ldquo;Yo pienso -afirma- que la persona es una suma de diversas posibilidades, una suma no limitada, pero suma al fin y al cabo, que va m&aacute;s all&aacute; de su propia biograf&iacute;a&rdquo;.</p>
<p>Rolf Niederhauser, que compart&iacute;a con Frisch la dedicaci&oacute;n literaria y con quien mantuvo una fuerte amistad, describe as&iacute; la impresi&oacute;n que le producen las obras de Frisch: &ldquo;Max Frisch, cuya lengua una y otra vez nos da la impresi&oacute;n de que suena como si fuese yo mismo el que hablase, m&aacute;s de lo que yo mismo ser&iacute;a capaz, como si fuese mi propia voz la que habla, yo mismo por completo.&nbsp; &iquest;C&oacute;mo lo consigue?&rdquo; Este es el comentario que un</p>
<p>escritor hace ante sus maestros, los escritores que le sirven de gu&iacute;a. Al leer las palabras de Niederhauser, las sent&iacute; en mi interior, como si las hubiera pronunciado yo tiempo atr&aacute;s. &ldquo;Con cu&aacute;nta intensidad -dice Niederhauser reflejaba nuestros deseos incluso en la rutina m&aacute;s cotidiana&rdquo;. Refiri&eacute;ndose &ldquo;al protagonista de <em>Homo faber</em>&rdquo;, afirma: &ldquo;en ese tipo tan t&eacute;cnico de los a&ntilde;os 50, que parece saberlo todo de s&iacute; mismo, y que, precisamente por eso, comente un error tras otro, y cae directamente en la trampa de la verdad, &iquest;no retrat&oacute;</p>
<p>Frisch a mi padre? Otros habr&aacute;n sentido lo mismo. Porque est&aacute; claro que no soy el &uacute;nico que se ha reconocido en todas estas historias. Se dice que la mujer de su editor le pregunt&oacute; tras leer <em>Stiller</em>: &iquest;C&oacute;mo es que sabe todas esas cosas de nosotros?. Max Frisch nos abri&oacute; los ojos para que fu&eacute;ramos capaces de ver nuestras propias historias&rdquo;.</p>
<p>&iexcl;Qu&eacute; mayor favor le puede hacer un escritor a otro y, por descontado, un escritor a un lector! Abrirnos los ojos para que seamos capaces de escribir y de ver nuestras propias historias.</p>
<p>&ldquo;No puedo soportar a los artistas que se creen seres superiores o m&aacute;s profundos solo porque no saben lo que es la electricidad&rdquo;, declara el &ldquo;homo faber". Y Niederhauser comenta: &ldquo;En esas palabras es posible reconocer a Max Frisch: un intelectual que no solo conoce la palabra pr&aacute;ctica de la teor&iacute;a&rdquo;. &ldquo;Sus personajes hablan como nosotros, la atm&oacute;sfera parece cotidiana, casi trivial, pero cuando se observa con detalle todo se revela como una tupida red de relaciones entre conceptos&rdquo;, a&ntilde;ade.</p>
<p>Peter Biechsel, tambi&eacute;n escritor y amigo de Frisch, firma un texto titulado &ldquo;Un payaso maravilloso&rdquo;, en el que nos presenta al Frisch m&aacute;s privado, el del c&iacute;rculo de sus amigos, un conversador maravilloso y del que quiero relatar una peque&ntilde;a an&eacute;cdota que me parece muy reveladora: &ldquo;Por aquel entonces pon&iacute;a de los nervios a todos sus amigos con preguntas sobre el envejecimiento y la muerte. (&hellip;) En una ocasi&oacute;n volvi&oacute; bufando de la Engadina, a donde hab&iacute;a ido a ver a Theodor Adorno, que estaba all&iacute; de vacaciones, para comentar estas cuestiones. &ldquo;&iquest;Sabes lo que ese sabe sobre la vejez y la muerte, el fil&oacute;sofo, el gran fil&oacute;sofo? Nada, no sabe nada&rdquo;, y a&uacute;n segu&iacute;a rabiando horas despu&eacute;s&rdquo;.</p>
<p>En la opini&oacute;n de Fernando J. Palacios, &ldquo;Max Frisch parece que comprendi&oacute; mejor que nadie aquella advertencia de Paul Val&eacute;ry: &lt;&lt;Nunca pensamos que lo que pensamos oculta lo que somos&gt;&gt;&rdquo;. Concluye Palacios: &ldquo;El libro calla m&aacute;s de lo que cuenta, y la pregunta que se hace Max Frisch es: &iquest;por qu&eacute; me guardo cosas todav&iacute;a?&rdquo;</p>
<p>Llegados a este punto, no hay m&aacute;s remedio que ir a Cervantes, a la sensacional declaraci&oacute;n que hace el autor en el cap&iacute;tulo XI de la Segunda parte: &ldquo;En esa segunda parte, no quiso (el autor) injerir novelas sueltas y pegadizas, sino algunos episodios que lo pareciesen, nacidos de los mesmos episodios que la verdad ofrece, y aun estos limitadamente y con solas las palabras que basten para declararlos; y pues se contiene y cierra en los estrechos l&iacute;mites de la narraci&oacute;n, teniendo habilidad, suficiencia y entendimiento para tratar del universo todo, pide que no se desprecie su trabajo, y se le den alabanzas, no por lo que escribe, sino por lo que ha dejado de escribir&rdquo;.</p>
<p>Y es que en Max Frisch se respira un esp&iacute;ritu ciertamente cervantino. Las palabras de Isabel Hern&aacute;ndez que antes cit&eacute; y que hac&iacute;an referencia a la relaci&oacute;n de Stiller con Mr White y a la invenci&oacute;n de nuevos recursos narrativos, me remite a nueve p&aacute;rrafos de la Primera Parte del <em>Quijote</em>, el &uacute;ltimo del cap&iacute;tulo VIII y los ocho primeros del cap&iacute;tulo IX, cuando Cervantes detiene abruptamente la acci&oacute;n, en medio de una pelea del h&eacute;roe contra uno&nbsp; de sus muchos enemigos, y hace referencia a un manuscrito perdido: &ldquo;En este punto y t&eacute;rmino deja pendiente el autor desta historia esta batalla, disculp&aacute;ndose que no hall&oacute; m&aacute;s escrito destas haza&ntilde;as de don Quijote que las que deja referidas&rdquo;. Seguidamente, a&ntilde;ade: &ldquo;&hellip;no se desesper&oacute; de hallar el fin desta apacible historia, el cual, si&eacute;ndole el cielo favorable, le hall&oacute; del modo que se contar&aacute; en la segunda parte&rdquo;.</p>
<p>El relato de este hallazgo se hace en el siguiente cap&iacute;tulo, el XI del <em>Quijote</em> publicado en 1605, no en la Segunda Parte publicada en 1615. El caso es que estos nueve p&aacute;rrafos que Cervantes dedica al asunto del manuscrito suponen un recurso narrativo que marca para siempre nuestra historia de lectores. Cervantes nos ha sacado del marco donde se desarrollan de las aventuras de don Quijote y nos deja all&iacute;, en el mismo borde, comparte con nosotros, lectores, sus vicisitudes de narrador. Nos conf&iacute;a el fundamento de su quehacer literario: la verdad. Hemos entrado en el universo del creador. Despu&eacute;s de Cervantes, los lectores seremos perfectamente conscientes de la existencia del autor.</p>
<p>Max Frisch sigue la estela de Cervantes. La complejidad de la narraci&oacute;n, la identidad de los personajes, la misma identidad del narrador, estos son asuntos que siempre resultan nuevos, porque toda &eacute;poca es distinta de las otras, como cada d&iacute;a resulta nuevo, impredecible y enigm&aacute;tico. Inventados cada d&iacute;a. Inventamos los d&iacute;as. Vivimos e inventamos. &ldquo;La literatura no es m&aacute;s una forma de expresi&oacute;n que se busca a s&iacute; misma y, con ella, a los lectores&rdquo;, concluye Fernando Palacios.</p>
<p>Por las azarosas circunstancias de la vida, <em>Turia</em> ha tenido a bien publicar en este mismo n&uacute;mero en el que se le hace un homenaje a Max Frisch el breve texto que escrib&iacute; sobre la funci&oacute;n que cumplen en la obra de estos nueve cap&iacute;tulos del <em>Quijote</em>.</p>
<p>Del Max Frisch m&aacute;s cercano e &iacute;ntimo nos habla de unas de las mujeres que compartieron parte de sus vidas con el autor, Marianne Frisch-Oellers, que convivi&oacute; con Frisch durante m&aacute;s de quince a&ntilde;os: solo escrib&iacute;a con su m&aacute;quina de escribir, reclinado con un solo dedo de la mano derecha, tuvo -yo tambi&eacute;n- la famosa m&aacute;quina de escribir Hermes baby, que aparece en <em>Homo Faber</em>,&nbsp; beb&iacute;a&nbsp; caf&eacute;&nbsp; mientras trabajaba, necesitaba recluirse en un lugar cerrado, tomaba notas manuscritas en todas partes, llen&oacute; 150 libretas de notas, le gustaba estar en comunicaci&oacute;n directa con la naturaleza, sin ruido exterior, no le gustaba a hablar durante las caminatas. Si sus amigos quer&iacute;an hablar, &eacute;l se apartaba y alejaba, escog&iacute;a sitios para sentarse en hermosos prados, llegaba antes que nadie, se instalaba, desempaquetaba la mochila y abr&iacute;a una botella de vino, cuando ve&iacute;a partidos de f&uacute;tbol por la televisi&oacute;n se concentraba extraordinariamente, no respond&iacute;a al tel&eacute;fono, no prestaba atenci&oacute;n a ninguna otra cosa, no le gustaba pasear en pantal&oacute;n corto, dec&iacute;a que esa prenda dejaba al descubierto de forma excesiva la anatom&iacute;a masculina.</p>
<p>Disfrutaba de la compa&ntilde;&iacute;a de sus amigos, a quienes invitaba a pasar temporadas en su casa. Luch&oacute; constantemente contra el alcoholismo. Soy alcoh&oacute;lico, escribi&oacute; en uno de sus diarios. Repiti&oacute; de diversas formas una idea central: &ldquo;Realmente somos la persona que los dem&aacute;s ven en nosotros&hellip;Y viceversa, nosotros somos los creadores de los dem&aacute;s&rdquo;.</p>
<p>Vuelvo ahora a la cuesti&oacute;n inicial, &iquest;importa la edad en que leemos un libro? Y me reafirmo en la respuesta. S&iacute;, importa y mucho. Porque haber le&iacute;do a Max Frisch justo al inicio de la juventud, antes de haber tomado las grandes decisiones, marca las aspiraciones del escritor y centra los problemas del lector, de los seres humanos que leen y escriben. La visi&oacute;n que Max Frisch nos ofrece de s&iacute; mismo en sus primeras obras abre un camino por el que seguir&aacute; transitando, una direcci&oacute;n que no abandonar&aacute;. Si avanzamos con &eacute;l, iremos comprendi&eacute;ndolo desde dentro, sencillamente porque hemos encontrado a alguien que nos entiende desde dentro, desde sus adentros.</p>
<p>Max Frisch me remite a tardes eternas de lectura en mi cuarto de soltera de la calle de Fernando el Cat&oacute;lico, al patio interior del edificio de viviendas, a las terrazas de los pisos vecinos en las que se acumulaban objetos inservibles, al pedazo de cielo que lo cubr&iacute;a, tan cegadoramente azul los d&iacute;as de verano. All&iacute; empec&eacute; a vislumbrar los caminos que se abr&iacute;an&nbsp; ante&nbsp; m&iacute;, los territorios que otros hab&iacute;an conquistado para m&iacute;, lo que desde lo m&aacute;s profundo de m&iacute; misma me comunicaba con los dem&aacute;s.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 29 Aug 2016 10:09:12 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fiebre y compasión de los metales: una poética vital de lo inanimado]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/fiebre-y-compasion-de-los-metales-una-poetica-vital-de-lo-inanimado/</link>
      <description><![CDATA[<p align="center"><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2016/septiembre/maria500.jpg" alt="" /></p>
<p>En la poes&iacute;a de los verdaderos poetas siempre se termina reconociendo un mismo esp&iacute;ritu. Tal vez sea este el mejor ant&iacute;doto contra las bander&iacute;as entre poetas que en el fondo, ante la poes&iacute;a verdadera, no pueden sino diluirse. Comienzo con esta aseveraci&oacute;n porque, resulta obvio que cuando uno se acerca a la obra de M&ordf; &Aacute;ngeles P&eacute;rez L&oacute;pez percibe que se encuentre ante una gran poeta, una poeta grande y verdadera.</p>
<p>Una vez se&ntilde;alado esto, me atrevo a erigir otro postulado, que no es sino el de que dos son los elementos esenciales para que se d&eacute; una poes&iacute;a de calidad: el conocimiento de las t&eacute;cnicas po&eacute;ticas en su m&aacute;s amplio sentido, por un lado, y la posesi&oacute;n de una mirada ya sea inspirada, intuitiva o ambas cosas a la vez, por otro. Por lo que respecta al conocimiento, su adquisici&oacute;n puede conseguirse con dedicaci&oacute;n y tiempo, aunque tambi&eacute;n hay que decir, sin faltar a la verdad, que no siempre est&aacute; al alcance de cualquiera. En cuanto a la mirada po&eacute;tica&hellip; tan s&oacute;lo los dioses conocen a qui&eacute;n se la otorgan y las razones que para ello tienen.</p>
<p>Me llama enormemente la atenci&oacute;n c&oacute;mo una joven Alejandra Pizarnik, con tan solo 21 a&ntilde;os, hab&iacute;a descubierto ya la necesidad de los dos elementos antes se&ntilde;alados: escribe en su diario el 27 de octubre de 1957, tras haber le&iacute;do a Neruda, a Rilke, a Holderlin: &ldquo;Descubro que mis poemas son balbuceos. Necesito leer m&aacute;s poes&iacute;as, averiguar la forma, la construcci&oacute;n&rdquo;<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>.</p>
<p>Mar&iacute;a &Aacute;ngeles P&eacute;rez L&oacute;pez parece congraciada con el conocimiento y con los dioses a la vez, tiene ambas cualidades y, lo que me resulta m&aacute;s sorprendente a&uacute;n, ella ha conseguido con el tiempo ir puliendo su mirada como quien a base de ejercicios logra reducir sus dioptr&iacute;as mejorando as&iacute; la vista. Si dif&iacute;cil resulta ya tener un don, mejor es a&uacute;n tener la capacidad de mejorarlo.</p>
<p>Si trat&aacute;semos de definir a grandes rasgos y de un modo r&aacute;pido la poes&iacute;a M&ordf; &Aacute;ngeles P&eacute;rez, y en concreto el poemario &uacute;ltimo, <em>Fiebre y compasi&oacute;n de los metales</em>, cabr&iacute;a decir que se trata de una poes&iacute;a mimetizada con los objetos y el material del que borbotea los poemas. El lenguaje es rico y complejo, basta para ello con echar un vistazo a los t&iacute;tulos. Algunos de ellos enarbolan sintagmas con palabras tan hermosas como &aacute;ngeles, luz o canci&oacute;n, abrazadas a otras que nadie osar&iacute;a ubicar junto a ellas, como ca&iacute;da, lanzar o acero. Sintagmas que juntos hieren y hacen sangrar. La proliferaci&oacute;n del adjetivo rojo entre los versos combina a la perfecci&oacute;n con el color de las guardas de la colecci&oacute;n de Vaso Roto en que se ha publicado el poemario.&nbsp;</p>
<p>Todos los poemas de <em>Fiebre y compasi&oacute;n de los metales</em> tienen una enorme profundidad expresiva y no pocas veces uno llega sobrecogido hasta el &uacute;ltimo verso, ante el que se frena en seco como ante un abismo... O, mejor a&uacute;n, tal vez los &uacute;ltimos versos no sean sino un precipicio desde el que echar a volar: la luz y la vida, de uno u otro modo, est&aacute;n&nbsp; presentes en todos ellos. En una primera ojeada a este poemario, la poes&iacute;a de MAPL pareciera como si se hubiera, en cierto modo, oscurecido con el fr&iacute;o y &ndash;qui&eacute;n sabe si tambi&eacute;n, como ella escribiera hace tiempo&ndash; con &ldquo;la alquitara caliente del afecto/ en que fermenta el tiempo y su uva negra&rdquo;<a title="" href="#_ftn2">[2]</a>. Dir&iacute;amos que ha adquirido con ello hondura y profundidad.</p>
<p>Si decidimos adentrarnos en el tupido bosque de los metales que constituyen los veintisiete poemas aqu&iacute; fraguados (un n&uacute;mero, por cierto, no casual en la lengua espa&ntilde;ola) nos encontraremos con una colecci&oacute;n de poemas afilados que har&aacute;n sangrar al lector con la misma delicadeza con la que una hoja de papel nos muerde sin saber nosotros c&oacute;mo. Si se leen con atenci&oacute;n, dej&aacute;ndose llevar por los vericuetos tridimensionales que los constituyen, la intenci&oacute;n de quien los ha escrito se podr&aacute; ver cumplida al conseguirnos impactar intensamente, logrando sorprendernos ante c&oacute;mo la vida no es tan simple como pensamos.</p>
<p>En este sentido, como esos frutos secos, como la nuez o la avellana o la almendra, estos poemas no se abren f&aacute;cilmente para los no iniciados. El lector, como el ejecutante que requiere una concentraci&oacute;n especial ante la partitura o como el budista ante su koan, deber&aacute; esforzarse, desdoblarse, contorsionarse incluso para seguir los propios movimientos del poema que multiplica en sucesivas lecturas la sonoridad de su sentido. En un acercamiento primero es esta una poes&iacute;a que engancha, siendo esta atracci&oacute;n inicial la que desliza en nosotros el deseo de volver a ella. Ese acercamiento detenido que se requiere del lector es, en definitiva, el que permite alcanzar la belleza de esa Petra oculta entre sus p&aacute;ginas. Es todo, al fin y al cabo, una llamada de atenci&oacute;n ante la no menos oculta vida de las cosas, ante el alma de lo inanimado. Como leemos en el poema &ldquo;Lo amputado&rdquo;:</p>
<p>Quien amputa sonidos, no percibe</p>
<p>que en la palabra bosque, late el &aacute;rbol</p>
<p>y en la palabra rama, la madera.</p>
<p>Que est&aacute; el viento dormido en el viol&iacute;n</p>
<p>y la piedra en la tierra y su traspi&eacute;</p>
<p>como est&aacute;n en la casa el pan y el hambre,</p>
<p>las vocales abiertas de la boca.<a title="" href="#_ftn3">[3]</a></p>
<p>Y es, probablemente, a partir del momento en que se toma conciencia de esa llamada de atenci&oacute;n ante lo que acabo de denominar la oculta vida de las cosas, cuando el lector comienza a percibir la hondura y belleza de esta escritura. Es m&aacute;s, cualquiera que haya venido siendo en a&ntilde;os anteriores fiel a esta autora habr&aacute; ido enriqueciendo la comprensi&oacute;n de su estilo, pues ella ha ido haciendo part&iacute;cipe al lector de la transformaci&oacute;n multiplicada de su modo de versificar, con una m&uacute;sica perfecta basada en el endecas&iacute;labo, y de sus im&aacute;genes prodigiosas, centro y eje fundamental de su particular modo de ver el mundo. De hecho, su mirada contin&uacute;a diseccionando lo que ella denominara hace 20 a&ntilde;os con gran acierto &ldquo;el andamiaje de las cosas&rdquo;<a title="" href="#_ftn4">[4]</a>; y tambi&eacute;n, en palabras suyas, sus &ldquo;voces escondidas&rdquo;<a title="" href="#_ftn5">[5]</a></p>
<p>Digamos que hay un lenguaje violento, tan solo en apariencia, pues en cada verso late una inmensa ternura de madre y de mujer, haciendo del dolor una belleza extra&ntilde;a, dif&iacute;cil de armonizar porque es consciente la autora de que el mundo no es como debiera, de que no es del todo sincero dibujar con palabras una felicidad que no es totalmente real ya que, a pesar de su temblor y de nuestra piedad para con &eacute;l, el mal existe. Sin embargo, las palabras lo pueden mitigar. O al menos eso intenta la poeta. De ah&iacute; que, en <em>Fiebre y compasi&oacute;n de los metales</em>, la violencia &ndash;expresada ling&uuml;&iacute;sticamente mediante esos ox&iacute;moron fant&aacute;sticos&ndash; es cordial, amabil&iacute;sima, dulce.</p>
<p>Claramente las cosas no son como parecen en <em>Fiebre y compasi&oacute;n de los metales</em>. Pero qui&eacute;n ha dicho que la poes&iacute;a deba ser siempre clara. Este enigma incordiaba tambi&eacute;n a Alejandra Pizarnik, que se preguntaba y respond&iacute;a a s&iacute; misma de la siguiente manera:</p>
<p>&iquest;por qu&eacute; me gusta leer la poes&iacute;a luminosa, clara, y casi execro de la oscura, herm&eacute;tica, cuando yo participo &ndash;en mi quehacer po&eacute;tico&ndash; de ambas? [&hellip;] Pero, Alejandra, en el fondo de los fondos, &ndash;conclu&iacute;a esta autora&ndash; &iquest;qu&eacute; es claro y qu&eacute; es oscuro?<a title="" href="#_ftn6">[6]</a></p>
<p>En este contexto, llama la atenci&oacute;n poderosamente hasta qu&eacute; punto el germen de <em>Fiebre y compasi&oacute;n de los metales</em> estaba ya en <em>La sola materia</em>, hace veinte a&ntilde;os. No por los protagonistas, ya saben: la cafetera, la ba&ntilde;era, los distintos elementos que componen el dormitorio, no por los personajes, que a&uacute;n hab&iacute;an de perfeccionar mucho su t&eacute;cnica, sino por algo m&aacute;s profundo y sobrecogedor que es, en definitiva, la prueba clara de que este poemario que hoy leemos exist&iacute;a ya en la autora, qui&eacute;n sabe desde cu&aacute;ndo. Un gran poeta puede estar cobijando durante a&ntilde;os una semilla l&iacute;rica hasta que esta cobre forma definitiva, hasta que est&eacute; al punto, por utilizar un s&iacute;mil gastron&oacute;mico.</p>
<p>Hay d&iacute;as &ndash;escribi&oacute; la autora hace dos d&eacute;cadas&ndash; en que sue&ntilde;o con escribir un libro</p>
<p>sobre c&oacute;mo desprenderse de las cosas</p>
<p>y evitar el recuerdo del abridor de cartas</p>
<p>mellado por el golpe de una mala noticia,</p>
<p>tambi&eacute;n el del separador de poemas de tela</p>
<p>que vino por el mar y cruz&oacute; medio mundo</p>
<p>para asfixiarse en el exceso</p>
<p>o en el delirio.<a title="" href="#_ftn7">[7]</a></p>
<p>Antes de percibir y hasta de asumir la fiebre de los metales que nos desvela este poemario hay, para el lector, una doble frialdad envolviendo los objetos en torno a los que Mar&iacute;a &Aacute;ngeles P&eacute;rez L&oacute;pez despliega sus versos. Est&aacute;, por un lado, la cortante gelidez del acero que sustancia en s&iacute; el fr&iacute;o del propio material, inanimado en su origen, que lo conforma y perfila. Pero hay tambi&eacute;n, en segundo lugar, otro fr&iacute;o diferente. Me refiero al que se intuye emocionalmente cuando se piensa en el mal que puede generarse con los objetos descritos y, sobre todo, en el da&ntilde;o y en las heridas escondidos tras las alegor&iacute;as de la autora. Porque, si no lo hemos dicho ya es hora de avanzarlo, los metales inician otra era, una de aleaciones fuertes entre la historia y la muerte. La propia autora bosqueja esta evoluci&oacute;n en los primeros versos del poema &ldquo;En el aire, la piedra&rdquo; (p. 35).</p>
<p>No son hoy los objetos inocentes de ayer los que la escrutadora mirada interior de la poeta expone. Hay un antes y un despu&eacute;s de los metales, y as&iacute; como sin ellos no existir&iacute;an los oficios individualizadores, no es menos cierto que muchos de ellos se encuentran asociados a la violencia impl&iacute;cita en la especie. Es met&aacute;lico todo cuanto nuestra especie ha creado para destruir vida y en lo que la mirada de la poeta se adentra para escuchar sus gemidos: tijeras, cuchillo, bistur&iacute;, cuchilla, aguja, hacha, anzuelo, arp&oacute;n, martillo, punz&oacute;n, hoz, flecha,&hellip; Es met&aacute;lico aquello que da la muerte y con ella llevan los metales el fr&iacute;o hasta los cuerpos de los vivos.</p>
<p>Pero a la vez que el fr&iacute;o de la muerte, est&aacute; la vida que cobran en la poes&iacute;a de M&ordf; &Aacute;ngeles P&eacute;rez todos los objetos columpiados por sus versos. Esa vida es la que inicia el proceso febril y compasivo que la poeta percibe y describe. Por ejemplo en el primer poema, &ldquo;Tijeras que no&rdquo; (p. 13), que no puede ser casual. Esas tijeras que a semejanza del soldadito del cuento infantil se acercan al fuego que destruye y purifica:</p>
<p>Tijeras que so&ntilde;aron con ser llaves</p>
<p>acercan su metal hasta la llama</p>
<p>[&hellip;]</p>
<p>Tijeras que no quieren ser tijeras</p>
<p>Y acercan hasta el fuego su pesar</p>
<p>Marca ya este primer poema, y pone tras su pista, cierto intento de evitar ser lo que se es. Esta constante en el poemario, atravesado por objetos met&aacute;licos punzantes que reh&uacute;yen de uno u otro modo su funci&oacute;n, deja su impronta sobre el lector, quien, ante el arrepentimiento del metal, no puede evitar sentir piedad. Las tijeras que renuncian a una esencia que rechazan est&aacute;n diciendo al lector que no estamos ya ante la sola materia, pura en su inocencia, sino ante algo m&aacute;s, una funcionalidad de la que no siempre se est&aacute; orgulloso.</p>
<p>En esta misma l&iacute;nea se manifestar&aacute;n otros metales que el sentir de la poeta elige ver en actitudes reconciliadoras con la vida. La ternura se nos muestra cuando el martillo acaricia la pared (p. 27) y la nobleza se apodera de los objetos da&ntilde;inos y los dignifica, y por un momento, el que dura la lectura de un poema, todo se transforma y el mundo se muestra distinto a como es. Es profundamente literario ese af&aacute;n de guiar a los objetos en sus contorsiones hacia la humanidad o la animalidad. La poeta logra atisbar, as&iacute;, toda una serie original&iacute;sima de metamorfosis: &ldquo;Tijeras que so&ntilde;aron con ser llaves&rdquo; (p. 13); &ldquo;la gr&uacute;a que sue&ntilde;a con ser p&aacute;jaro&rdquo; (p. 19); &ldquo;la cuchilla [que] se eleva en el insomnio./[y] Parece un animal inofensivo&rdquo; (p. 20); &ldquo;[el hacha que]Duerme [&hellip;] su sue&ntilde;o de madera&rdquo; (p. 25); el anzuelo que muerde &ldquo;con su boca&rdquo; o los arpones que exudan un&ldquo;[&hellip;] miedo/ met&aacute;lico [&hellip;]&rdquo; (p. 26); &ldquo;el martillo [que] acaricia la pared&rdquo; (p. 27); &ldquo;el punz&oacute;n reconcilia los oficios&rdquo; (p. 28); &ldquo;el &oacute;xido [que] violenta las enc&iacute;as&rdquo;, &ldquo;ganchos de carnicero que desangran/ pulmones sonrosados de animal&rdquo; (p. 29); &ldquo;la br&uacute;jula que siempre mira al sur&rdquo; (p. 32); el &ldquo;[&hellip;] cuerpo de la flecha/ [que] recuerda que naci&oacute; para la altura&rdquo; (p. 41); &hellip;</p>
<p>Esa atribuci&oacute;n de vida a aquellos objetos o elementos que carecen por su propia naturaleza de ella constituye uno de los dones de la mirada de MAPL. Es esa llave para acceder a otra realidad (no exenta de cierta forma de ver comprensible, por otra parte, en una profesora que se dir&iacute;a ca&iacute;da de peque&ntilde;a en la marmita del realismo m&aacute;gico) lo que la ha dotado de una sensibilidad extrema que nos resulta familiar en otras poetas del otro lado del Atl&aacute;ntico.</p>
<p>En este sentido, el complejo proceso de fabricaci&oacute;n de la met&aacute;fora ha ido fragu&aacute;ndose en la poes&iacute;a de MAPL de la mano de la perfecci&oacute;n de la t&eacute;cnica literaria durante a&ntilde;os. Y al final, como escritora grande que es, siempre llega a la orilla de la madre de las met&aacute;foras: la palabra como el arma m&aacute;s afilada, aquella que en definitiva la empuja a ella como poeta al centro de la platea. El poema se convierte, entonces, en el &uacute;nico espacio donde es posible purificar el material duro del que est&aacute; hecha con frecuencia la vida. En el poema &ldquo;Correas&rdquo; escribe:</p>
<p>Omn&iacute;vora y febril, tambi&eacute;n elige</p>
<p>pedirle compasi&oacute;n a los metales,</p>
<p>pedir a los grilletes que liberen</p>
<p>su presa con un tajo del pu&ntilde;al</p>
<p>que brilla como un sol inesperado.</p>
<p>Que las correas suelten las palabras.</p>
<p>Que sean compasivos los metales.<a title="" href="#_ftn8">[8]</a></p>
<p>Pero no nos enga&ntilde;emos porque los objetos no son sino excusas para hablar de algo m&aacute;s importante que se encuentra m&aacute;s all&aacute; del acero y los metales. Tal vez de esa labor de encubridores derive esa compasi&oacute;n que enriquece el t&iacute;tulo del poemario. Hay pues, indagando y a trav&eacute;s de las im&aacute;genes, un espacio interior donde en el coraz&oacute;n de la cebolla est&aacute; lo m&aacute;s tierno y vulnerable. As&iacute;, por ejemplo, en &ldquo;Cuchillo&rdquo;, cuya lectura vuelve del rev&eacute;s la sensaci&oacute;n del lector del primer verso hasta el &uacute;ltimo, del &ldquo;carnicero&rdquo; que &ldquo;afila su cuchillo&rdquo;, hasta el final, cuando &ldquo;tiembla la mano que ha de ser exacta./ Si escribe carnicero. Si inocente&rdquo;.</p>
<p>Escribir sobre el dolor tambi&eacute;n es generarlo, parece decirnos la poeta, pero tambi&eacute;n curarlo. Solo hay que escuchar la &ldquo;Canci&oacute;n de acero&rdquo; donde se yergue alzada la palabra resistente frente a todo: &ldquo;Contra el filo cortante,/ contra el tajo/ opone el alfabeto sus alfiles,/ sus veintisiete piezas extenuadas,/ resecas como hollejos que pisaron los pies de la vendimia y la belleza,/ y en los que a&uacute;n se destila la alegr&iacute;a&rdquo;. Las palabras en su compasi&oacute;n pueden ser salvadoras frente a las heridas, y por esto lloran las vocales con el dolor de Melilla en el poema &ldquo;La cuchilla&rdquo;, o leemos &ldquo;en el temor se enferman las vocales&rdquo; en el poema &ldquo;Correas&rdquo;, y la poes&iacute;a pasa a ser, en consecuencia, el espacio taumat&uacute;rgico que puede dar cobijo a la alegr&iacute;a. Late toda una concepci&oacute;n de la vida y la escritura, toda una filosof&iacute;a del estar y ser en el mundo que se deja entrever en estos versos.</p>
<p>Es, sin duda alguna, el incremento de la carga social lo que ha hecho variar el peso molecular de su poes&iacute;a con el paso de los a&ntilde;os en M&ordf; &Aacute;ngeles, que ha ido en sus sucesivos poemarios adensando sus im&aacute;genes hasta extremos inimaginables. Los versos de MAPL se vuelven as&iacute; met&aacute;licos y sufrientes a medida que se adentran en lo que sus ojos y su boca sienten, a medida que transcriben todo aquello que los objetos, la vida toda en definitiva, ofrece a quien sea capaz de verlo. Basta un segundo, un pararse y tocar ese acontecimiento que pone en marcha el poema como un aleteo que retoma la saltarina traves&iacute;a de la mariposa.&nbsp;</p>
<p>Son ahora los objetos y el acero quienes laceran las formas de la poes&iacute;a y a la propia poeta, y la p&aacute;gina en blanco se deja manchar por todas las heridas del mundo. As&iacute;, en <em>Fiebre y compasi&oacute;n de los metales</em> MAPL parece acercarse al lector partiendo de la idea de Alejandra Pizarnik cuando escribe, all&aacute; por los prodigiosos veinte a&ntilde;os de su corta vida: &ldquo;Soy una enorme herida&rdquo;<a title="" href="#_ftn9">[9]</a>. A lo que nuestra poeta responde (&ldquo;El bistur&iacute;&rdquo;, p. 18):</p>
<p>En la asepsia que exige el hospital,</p>
<p>El bistur&iacute; recorta el coraz&oacute;n</p>
<p>De la p&aacute;gina blanca del poema,</p>
<p>La s&aacute;bana que tapa el cuerpo del enfermo.</p>
<p>Es en este sentido, por tanto, la vida ante la no vida lo que este poemario nos revela y describe. Tal vez sea uno de sus m&aacute;s luminosos ejemplos el poema &ldquo;Ca&iacute;da de los &aacute;ngeles&rdquo;&ndash;que yo le pedir&iacute;a a ella luego que nos leyera&ndash;, en el que obtiene la m&aacute;s pura belleza de lo que no parece sino una tr&aacute;gica derrota, la levedad primera que deriva tras el golpe en el dolor. Tambi&eacute;n conseguir esto es uno de los logros de la gran poes&iacute;a. O ese bell&iacute;simo y simb&oacute;lico &uacute;ltimo poema &ldquo;El cuerpo de la flecha&rdquo;, que &ldquo;recuerda que naci&oacute; para la altura&rdquo; y cuyo &uacute;ltimo verso: &ldquo;En ella beben luz ramas y p&aacute;jaros&rdquo; supone un broche final a todo un hermoso poemario lleno de ecos y reflejos.</p>
<p>Voy terminando. Cuanto m&aacute;s pura y verdadera es la poes&iacute;a con mayor dificultad, pero tambi&eacute;n con mayor belleza, surge a borbotones del interior de su art&iacute;fice. Ya sean los balbuceos sanjuanistas, ya la impotencia del &uacute;ltimo desgarro po&eacute;tico de nuestros d&iacute;as.</p>
<p>Una vez m&aacute;s &ndash;nos dice Alejandra Pizarnik&ndash; el lenguaje se me resiste. No el lenguaje propiamente dicho sino mi deseo de conjurar mis deseos por medio de una detallada descripci&oacute;n de lo que deseo ver en alguna realidad hecha del material que quieran con tal de que no sea de palabras ni sobre el blanco temible de una hoja de papel<a title="" href="#_ftn10">[10]</a>.</p>
<p>En <em>Fiebre y compasi&oacute;n de los metales</em> Mar&iacute;a &Aacute;ngeles P&eacute;rez L&oacute;pez ha ejemplificado ese hermoso viaje de vuelta que tanto esfuerzo le supon&iacute;a a Pizarnik. Adentrarse a trav&eacute;s de la mirada en la herida de las cosas y regresar desde all&iacute; impulsada por la necesidad de testificar, y salvar, lo vivido sobre el papel. Lo cierto es que Alejandra Pizarnik hubiera sido una buena lectora de este libro. Ella hubiera sangrado al leerlo, p&aacute;gina tras p&aacute;gina, reconoci&eacute;ndose en los distintos dolores que a&uacute;llan, a pesar de la mitigaci&oacute;n de las palabras empleadas por su autora, en el poemario.</p>
<p>Si digo que con <em>Fiebre y compasi&oacute;n de los metales</em> podr&iacute;a explicarse la situaci&oacute;n actual de nuestra especie y del mundo tal vez crean que exagero. Pero, a pesar de todo, en &eacute;l yo he visto, con un estupor semejante al de Juan cuando escribi&oacute; el <em>Apocalipsis</em>, desfilar ante m&iacute; todos nuestros pecados: la muerte de los inocentes (&ldquo;Cuchillo&rdquo;, p. 14); el racismo (&ldquo;La sinagoga&rdquo;, p. 15); la deforestaci&oacute;n (&ldquo;Canci&oacute;n de acero&rdquo;, p. 17); la pobreza (&ldquo;Hocico&rdquo;, p. 19); la emigraci&oacute;n (&ldquo;La cuchilla&rdquo;, p. 20); el ego&iacute;smo que impregna los trabajos (&ldquo;El punz&oacute;n&rdquo;, p. 28); el dolor de la pobreza, la sequedad de un planeta castigado, el expolio de las heridas que causan las palabras, el mal generado. Pero tambi&eacute;n he percibido al leerlo la otra parte: la muesca de luz que se restituye, el caudal, el bucle de calor, el amor salvaje a las distancia, un alto p&aacute;jaro que no duele, el viento la alegr&iacute;a, la roja ceremonia de vivir&hellip; Y el sentido arrepentimiento que el doctor Jeckyll espera que se d&eacute; en Mister Hyde en el &uacute;ltimo momento.</p>
<p>De esta manera, podr&iacute;amos concluir que <em>Fiebre y compasi&oacute;n de los metales</em> alza la voz por una doble confianza: en el hombre como especie y en la palabra como instrumento para hacer las cosas de otra manera. La confianza en la palabra como mes&iacute;as liberador se aparece de manera expl&iacute;cita en no pocos de los poemas: &ldquo;Las palabras tambi&eacute;n piden ser viento/ que arrase los paisajes de la usura&rdquo;, leemos, por ejemplo en &ldquo;El yunque&rdquo; (p. 34). La confianza en el hombre es un recurso metaf&oacute;rico m&aacute;s de la autora, quiz&aacute;s el principal de toda la obra. S&iacute;, tal vez estaba a la vista pero no lo hemos descubierto hasta este &uacute;ltimo momento. Los metales somos nosotros, los hombres y mujeres cuyos afilados extremos tajan cuanto tocan hiri&eacute;ndose unos a otros en sus relaciones. Hombres y mujeres imperfectos, con dificultades de comunicaci&oacute;n entre nosotros que acarrean problemas de relaci&oacute;n de todo tipo; hechos de distintas aleaciones y tambi&eacute;n arrepentidos con frecuencia de nuestros actos.</p>
<p>Y Mar&iacute;a &Aacute;ngeles P&eacute;rez L&oacute;pez lo ha escrito con una ternura inexistente, por desgracia, en la realidad, alambique ella misma, desde el que el dolor vierte en el papel, y ante los ojos de los lectores asombrados, una intensa y radiante luz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> Pizarnik, Alejandra, <em>Diarios</em>. Barcelona: Lumen &ndash; Random House Mondadori, 2013, p. 197.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> Mar&iacute;a &Aacute;ngeles P&eacute;rez L&oacute;pez, <em>La ausente</em>. C&aacute;ceres: Diputaci&oacute;n Provincial, 2004, p. 61.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a> Mar&iacute;a &Aacute;ngeles P&eacute;rez L&oacute;pez, &ldquo;Lo amputado&rdquo;, en <em>Fiebre y compasi&oacute;n de los metales</em>. Madrid: Vaso Roto, 2016, p. 37.</p>
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<div>
<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a> <em>La sola materia</em>, p. 15.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a> Ib&iacute;dem, p. 9.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a> Pizarnik, Alejandra, <em>Diarios</em>. Barcelona: Lumen &ndash; Random House Mondadori, 2013, pp. 217-218.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a> Mar&iacute;a &Aacute;ngeles P&eacute;rez L&oacute;pez, <em>La sola materia</em>. Alicante: Aguaclara, 1998, p. 37.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref8">[8]</a> &ldquo;Correas&rdquo;, pp. 29-30.</p>
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<div>
<p><a title="" href="#_ftnref9">[9]</a> Pizarnik, Alejandra, <em>Diarios</em>. Barcelona: Lumen &ndash; Random House Mondadori, 2013, p. 196.</p>
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<div>
<p><a title="" href="#_ftnref10">[10]</a> Pizarnik, Alejandra, <em>Diarios</em>. Barcelona: Lumen &ndash; Random House Mondadori, 2013, p. 436.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 29 Aug 2016 10:00:26 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Más hambre que un maestro de escuela]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/mas-hambre-que-un-maestro-de-escuela/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2016/septiembre/fermin500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La frase proverbial &ldquo;Pasar m&aacute;s hambre que un maestro de escuela&rdquo;, hoy en nuestra sociedad afortunadamente ya casi en desuso, procede de la m&iacute;sera situaci&oacute;n econ&oacute;mica por la que pasaron los maestros en el siglo XIX debido a lo escaso de su retribuci&oacute;n y, en muchas ocasiones, de lo incierto de su percepci&oacute;n, pues los &oacute;rganos pagadores eran los ayuntamientos, cuyos alcaldes en lo &uacute;ltimo que pensaban era en pagar a los desdichados maestros, quedando muchas veces su manutenci&oacute;n al albur de la peregrina voluntad de los padres de sus alumnos, siendo frecuente que llegaran a pasar hambre y, aunque parezca incre&iacute;ble, llegaron a darse casos incluso de muertes por inanici&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A los maltratados docentes no les quedaba m&aacute;s arma que denunciar por escrito su situaci&oacute;n en la prensa especializada, aut&eacute;nticas heroicidades editoriales que sobrevivieron milagrosamente por el empe&ntilde;o de unos pocos esforzados luchadores, la mayor&iacute;a maestros metidos a editores que, apostando su propio patrimonio, lograron floreciera en la segunda mitad del siglo XIX este tipo de peri&oacute;dicos profesionales.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Teruel tuvo tambi&eacute;n varias cabeceras muy activas, las cuales se han conservado en la Hemeroteca de la ciudad y en la actualidad han sido digitalizadas y se pueden consultar en la Biblioteca Virtual de Prensa Hist&oacute;rica.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En estas revistas es frecuente encontrar textos sat&iacute;ricos de denuncia, con una finalidad did&aacute;ctico-correctora, salpimentada con cierta dosis de humor par&oacute;dico,&nbsp; con el que se pretend&iacute;a desdramatizar un tanto la crudeza de los hechos expuestos, buscando un efecto si se quiere cat&aacute;rtico, una distancia, tratando de esta manera el hacer soportable la cruda realidad denunciada</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La literatura costumbrista, realista y naturalista, autores de la talla de Gald&oacute;s, Valera, Pardo Baz&aacute;n, Ganivet o Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez, denunciaron esta situaci&oacute;n en muchas de sus obras. De igual forma, los estudios actuales sobre el magisterio espa&ntilde;ol en el siglo XIX y parte del XX constatan esta penosa realidad que se dio de manera interrumpida desde el reinado de Fernando VII hasta el de Alfonso XIII. En esta l&iacute;nea de trabajo lleva investigando m&aacute;s de veinte a&ntilde;os el profesor de Did&aacute;ctica de la Lengua de la Facultad de Educaci&oacute;n de la Universidad de Zaragoza, Ferm&iacute;n Ezpeleta Aguilar, quien ya en 1997 publicaba junto con su hermana Carmen, <em>Escuelas y maestros en el siglo XIX. Estudio de la prensa del magisterio turolense</em> (Zaragoza, Certeza), al que seguir&iacute;an las monograf&iacute;as <em>Cr&oacute;nica negra del magisterio espa&ntilde;ol </em>(Madrid, Unis&oacute;n, 2001) o <em>Miguel Vall&eacute;s: entre pedagog&iacute;a y did&aacute;ctica</em> (Huesca, Museo Pedag&oacute;gico de Arag&oacute;n, 2010), as&iacute; como numerosos art&iacute;culos sobre la materia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como complemento a y derivado de los anteriores, Ferm&iacute;n Ezpeleta ha publicado recientemente la obra de significativo t&iacute;tulo, <em>La mala vida del maestro. Literatura sat&iacute;rica en la prensa pedag&oacute;gica turolense (1880-1900)</em>, editada por ese infatigable Centro de Estudios del Jiloca que tanto ha hecho por la cultura turolense en general y por la de su comarca en particular. Se trata de una excelente recopilaci&oacute;n de textos sat&iacute;ricos, tanto en prosa como en verso (f&aacute;bulas, cuadros o escenas costumbristas, di&aacute;logos, cuentos, composiciones po&eacute;ticas, etc.), presentes en la prensa profesional del magisterio de las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XIX, escritos por los propios maestros para denunciar sus penurias, no solo la principal, el frecuente impago de los salarios, que se abonaban tarde, mal o nunca, generadores del motivo central de muchos de ellos, el hambre del maestro y de sus familias, sino otras numerosas calamidades que les afectaban como la precariedad del material escolar, el estado ruinoso e insalubre de las escuelas, los atropellos constantes de las autoridades, empezando por el gobernador, siguiendo por el alcalde, hasta terminar por los secretarios, los &ldquo;derechos pasivos&rdquo;, es decir, el cobro de la pensi&oacute;n por jubilaci&oacute;n o invalidez, la formaci&oacute;n de expedientes injustos y arbitrarios, etc.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La compilaci&oacute;n va acompa&ntilde;ada por una extensa y bien documentada introducci&oacute;n sobre el estado de la cuesti&oacute;n,&nbsp; y los textos, con afanes literarios, en su mayor parte imitaciones de autores consagrados (Calder&oacute;n, B&eacute;cquer, Campoamor, Hartzenbusch, etc.) pertenecen a seis maestros literatos representativos que o bien son aragoneses por nacimiento o ejercieron en esta tierra su profesi&oacute;n: Miguel Vall&eacute;s, Melchor L&oacute;pez, F&eacute;lix Sarrablo, Coronado Satu&eacute;, Jos&eacute; Os&eacute;s Larumbe y Ezequiel Solana. Todos ellos, con m&aacute;s o menos gracejo y acierto, escribieron esa microhistoria, esa cotidianeidad, ese d&iacute;a a d&iacute;a que no se puede estudiar en los textos legales, del devenir de una profesi&oacute;n otrora vilipendiada y en la actualidad todav&iacute;a no&nbsp; demasiado valorada.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 29 Aug 2016 09:51:48 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rojos y americanos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/rojos-y-americanos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas16/septiembre/elifio500.jpg" alt="" /></p>
<p>Entr&oacute; en el r&iacute;o sin descalzarse las albarcas de goma. Cruz&oacute; a la otra orilla, salvando sin esfuerzo la escasa resistencia de la corriente mermada por el estiaje. Rebusc&oacute; entre los juncos que ocultaban el cauce. Descarg&oacute; la azada apoyada en su hombro y comenz&oacute; a morder la tierra a sus pies, ampliando las m&aacute;rgenes del r&iacute;o y aplastando con furia met&oacute;dica el barro que extra&iacute;a, sin que una protesta escapase de su boca, sin que sus gestos reflejasen odio, amargura o satisfacci&oacute;n. Onofre no malgastaba las palabras. El rostro sin expresi&oacute;n, ani&ntilde;ado y lampi&ntilde;o, manten&iacute;a a buen recaudo sus sentimientos.</p>
<p>Unos cuantos pelos claros repartidos sin orden entre la barbilla y los carrillos daban testimonio confuso de su edad. La ausencia de arrugas en la comisura de los labios y en el entrecejo delataban un pobre historial de sonrisas o de esfuerzo intelectual. Bien mirado, las emociones de Onofre las pon&iacute;a de manifiesto la gota clara suspendida de su nariz, una moquita brillante que asomaba a finales de octubre y se manten&iacute;a creciendo y menguando sin apenas renovarse, seg&uacute;n la excitaci&oacute;n de su propietario, hasta bien entrado el mes de julio. En pleno verano, al ocultarse la gota, resultaba dif&iacute;cil descifrar sus pensamientos fij&aacute;ndose en las pupilas inm&oacute;viles, rara vez ocultas tras los p&aacute;rpados perezosos que apenas pesta&ntilde;eaban.</p>
<p>Probablemente fue esa falta de expresi&oacute;n la que anim&oacute; a don Blas Ridruejo a hablarle con total confianza de cualquier tema, convencido de que no llegaba a entenderle o ser&iacute;a incapaz de recordar ninguna de sus reflexiones. Pero, aunque nunca replic&oacute; a sus palabras, Onofre ten&iacute;a grabada en la memoria cada una de las frases del amo, desde el d&iacute;a en que le mand&oacute; llamar.</p>
<p>- As&iacute; que t&uacute; eres Onofre &ndash;dijo recorriendo con la mirada su cuerpo menudo.</p>
<p>Onofre soy.</p>
<p>- &iquest;Eres tan bueno como dicen?</p>
<p>En esta casa naci&oacute; don Blas Ridruejo, procurador en Cortes, los vecinos de El Cuervo en reconocimiento a su labor. En la fachada de mi casa no hay placa. No ser&eacute; tan bueno como dicen.</p>
<p>- Vamos a ver c&oacute;mo las gastas -se&ntilde;al&oacute; los aperos de pesca en un rinc&oacute;n del bar, junto a la barra.</p>
<p>Toma las ca&ntilde;as y las nasas. Ve a la puerta de entrada y corre la cortina. Los canutillos de pl&aacute;stico hacen m&uacute;sica al chocar. Dos Blas apura la copa. Entra una moscarda por la puerta. Atilano no protesta porque la cortina se abre para don Blas. Lo que pasa es que los moscones aprovechan. Cierra. T&uacute;, por si acaso, cierra.</p>
<p>- Hablas poco.</p>
<p>Una moscarda se col&oacute; en el local y tom&oacute; la palabra con un zumbido pesado y burl&oacute;n. Onofre solt&oacute; la cortina y sorbi&oacute; la gota clara que deslizaba por su nariz.</p>
<p>- Mejor as&iacute;. No me gusta la gente charlatana. Anda, vamos.</p>
<p>Onofre se adelant&oacute; y emprendi&oacute; el camino de los Estrechos en direcci&oacute;n a Veguillas, de donde ven&iacute;a todas las ma&ntilde;anas a El Cuervo y por donde regresaba a su casa al anochecer. El amo le segu&iacute;a, hablando de truchas, barbos y madrillas sin recibir respuesta. Ten&iacute;an a la vista el puente natural cuando se detuvo y se&ntilde;al&oacute; un terrapl&eacute;n que bajaba hasta el r&iacute;o.</p>
<p>- &iquest;Por aqu&iacute;?</p>
<p>Por ah&iacute; ser&aacute; m&aacute;s corto, pero se te va el pie y te caes rodando hasta la poza y&nbsp; qu&eacute;. Que al llegar a casa, calado y con el pantal&oacute;n roto, Carmen va y me da una torta. Encima. Si se cae don Blas, va Carmen y le prepara un caldo, para el susto, y luego hace fuego para secarle la ropa y luego le zurce el pantal&oacute;n, que ni se nota el roto ni nada. Pero a mi me dio una torta. As&iacute; que ahora bajo por aqu&iacute;. Mejor por aqu&iacute;.</p>
<p>- &iquest;Sabes por qu&eacute; hablas tan poco? &ndash;cambi&oacute; de argumento- Por&nbsp; influencia de tu nombre. Por San Onofre. &iquest;Sabes qui&eacute;n era San Onofre? Un eremita.</p>
<p>Eremita. Permita. Ermita. Hermanita. Termita. Dinamita. Tita. Titas, titas, titas..</p>
<p>El gu&iacute;a volvi&oacute; la cabeza sin parar de andar. La grava se deslizaba impaciente por delante de sus pies. Don Blas crey&oacute; intuir un gesto de curiosidad en el rostro inexpresivo.</p>
<p>- &iquest;Que qu&eacute; es un eremita...? Un ermita&ntilde;o. Alguien que vive lejos del mundo dedicado a la oraci&oacute;n. Por eso San Onofre hablaba poco. Para no robarle tiempo a la oraci&oacute;n.</p>
<p>Onofre se detuvo a la orilla del r&iacute;o, entreg&oacute; una ca&ntilde;a a don Blas, sac&oacute; de la nasa el bote con los cebos y comenz&oacute; a montar su anzuelo. Don Blas le imit&oacute; sin dejar de hablar:</p>
<p>- &iquest;Quieres saber m&aacute;s cosas de tu Santo? Era egipcio, o abisinio y a pesar de ser de ascendencia noble vivi&oacute; tan pobre que su larga cabellera y una poblada barba le serv&iacute;an de vestido. Pafnucio, que fue disc&iacute;pulo suyo, escribi&oacute; su vida y milagros.</p>
<p>Onofre le miraba de hito en hito y ese gesto animaba al amo a seguir hablando. El ruidoso aleteo de las lib&eacute;lulas o el asedio de alg&uacute;n t&aacute;bano interrump&iacute;an su mon&oacute;logo por un instante y luego tardaba en retomar el hilo de la historia, como si hubiese pasado mucho tiempo o como si el tema de su conversaci&oacute;n hubiera dejado de interesarle.</p>
<p>- &iexcl;Ya eres m&iacute;a! &ndash;exclam&oacute; al sentir como se tensaba el sedal. Y cuando tuvo la trucha agit&aacute;ndose entre sus manos a&ntilde;adi&oacute; algo m&aacute;s- <em>El que abre lo bueno</em>. Eso es lo que significa tu nombre en griego.</p>
<p>El que abre lo bueno. La puerta de casa, la cortina del bar, el camino del puente, el agua del r&iacute;o, el morral con el almuerzo, los reteles con cangrejos, la boca de las truchas. Abro lo bueno.</p>
<p>C&oacute;mo iba a olvidar Onofre aquel cumplido. Desde entonces siempre prest&oacute; atenci&oacute;n a cualquier palabra que sal&iacute;a de la boca de don Blas, con el mismo inter&eacute;s que &eacute;l segu&iacute;a los gestos de su gu&iacute;a en las tranquilas jornadas de pesca que se sucedieron a partir de aquella tarde, verano tras verano, hasta que Santiago, el hijo del amo, se sum&oacute; al grupo.</p>
<p>Santiago todav&iacute;a no hab&iacute;a cumplido los veinte, pero contaba las an&eacute;cdotas de su rutina en Madrid con orgullo de aventurero, igual que har&iacute;a a su regreso a la capital al hablar del verano en El Cuervo.</p>
<p>- Eres el primer Onofre que conozco.</p>
<p>El sedal est&aacute; hecho un l&iacute;o. El sedal se enreda en el carrete. A m&iacute; al principio tambi&eacute;n se me enredaba, pero ya no. Ahora lo hago bien. Las cosas se hacen despacio y bien. No as&iacute;, al buen tunt&uacute;n. Ya lo dice Carmen que v&iacute;steme despacio que tengo prisa. Por aqu&iacute;. El nudo se ha hecho aqu&iacute;.</p>
<p>- &iexcl;Te jodieron bien con el nombre! &iquest;Ya sabes la leyenda de Onofre?</p>
<p>Menudo l&iacute;o. Y despu&eacute;s del nudo va y se enreda por aqu&iacute;. As&iacute; no se guardan las cosas, al buen tunt&uacute;n.</p>
<p>- No distraigas al chaval &ndash;intervino el padre-. &Eacute;chale una mano con el sedal.</p>
<p>Al buen tunt&uacute;n, don Blas. As&iacute; hace Santiago las cosas, al buen tunt&uacute;n.</p>
<p>- Onofre fue una viuda que estaba fet&eacute;n y j&oacute;venes la asediaban con intenciones deshonestas, t&uacute; ya me entiendes. &iquest;O no me entiendes? S&iacute;, perill&aacute;n, que s&iacute; que me entiendes... Y ella, todas las noches reza que te reza, rogando a Dios que obrase un milagro para apartarla de la tentaci&oacute;n, as&iacute; que va Dios y atendiendo a sus plegarias le pone barba y bigote y se acabaron los pretendientes. &iquest;Qu&eacute; te parece? Tiene guasa Dios.</p>
<p>Onofre se pinch&oacute; al colocar el anzuelo, pero ni una mueca delat&oacute; el dolor. Recogi&oacute; el sedal en el carrete y le alarg&oacute; la ca&ntilde;a.</p>
<p>- Ent&eacute;rate. Onofre es nombre de mujer, el de la primera mujer barbuda de la historia. Ya ves t&uacute;, ella con barba y t&uacute;, siendo hombre, sin un pelo en la cara. &iquest;Tiene o no tiene guasa la paradoja? Pero qu&eacute; vas a saber t&uacute; lo que es una paradoja.</p>
<p>Paradoja. Para coja, para roja, para moja. Al buen tunt&uacute;n. Dices las palabras al buen tunt&uacute;n. Enredando las frases como el sedal. Al buen tunt&uacute;n.</p>
<p>- No hagas caso, Onofre &ndash;dijo don Blas lanzando el anzuelo al agua-. Eso es una leyenda. La verdadera historia es la que escribi&oacute; Pafnucio.</p>
<p>- &iquest;Pafnucio? &iexcl;Otro que tal! &ndash;ri&oacute; Santiago imitando el movimiento de su padre.</p>
<p>Padre e hijo hablaban sin parar. No sab&iacute;an disfrutar del silencio. Buscaban la compa&ntilde;&iacute;a de sus propias voces por encima del rumor del agua, el piar de las lavanderas correteando por la orilla o el agudo reclamo de las chicharras ocultas en el pinar.</p>
<p>Onofre aprendi&oacute; pronto a hacer o&iacute;dos sordos a las palabras de Santiago. Prefer&iacute;a escuchar la voz segura y paternal de don Blas cuando hablaba de la gente del pueblo, la resignaci&oacute;n con la que recordaba a su esposa, que en paz descanse, o el tono cortante y resentido que acompa&ntilde;aba sus comentarios pol&iacute;ticos.</p>
<p>- Esto va de mal en peor y no tiene soluci&oacute;n, estando como est&aacute; el General&iacute;simo, atado de pies y manos. Perdido entre curas y empresarios, que te lo digo yo.</p>
<p>Lo habr&aacute;n atado ahora. Una vez lo vi en el bar. Sal&iacute;a en la tele, asomado a un balc&oacute;n y hac&iacute;a con la mano as&iacute; y as&iacute;. Hablaba y mov&iacute;a las manos as&iacute;. No estaba atado. De pies no digo, pero de manos no. Por lo menos ese rato. Don Blas sabr&aacute;, que dicen que lo ha visto en persona. Hasta el coche que lleva se lo puso Franco y tambi&eacute;n el chofer. De Franco todo.</p>
<p>Pocas veces hablaba de pol&iacute;tica, pero desde el d&iacute;a en que se present&oacute; en el pueblo sin chofer ni coche oficial, Franco y sus ministros fueron tema recurrente en las conversaciones de don Blas Ridruejo. No en la sobremesa ni en la tertulia del bar, pero a solas con Onofre no hab&iacute;a por qu&eacute; disimular:</p>
<p>- Ya lo han conseguido. &iquest;Te lo dije o no te lo dije? Si entran los del Opus en el Pardo se queda la revoluci&oacute;n pendiente. Pues ah&iacute; los tienes.</p>
<p>A partir de entonces era frecuente que don Blas Ridruejo, procurador en Cortes, se quejase de Espa&ntilde;a, as&iacute;, en general y sin excepciones:</p>
<p>- Lo mismo me da t&uacute; que yo que el mism&iacute;simo Franco. Espa&ntilde;a no pinta nada en el mundo. &iexcl;Qu&eacute; digo en el mundo! &iexcl;Espa&ntilde;a no pinta nada en Espa&ntilde;a! Como te lo digo, Onofre, entre rojos y americanos, nada pintamos.</p>
<p>Una, grande y libre. Franco. El Real Madrid. Lola Flores, Sara Montiel, Joselito, Antonio Bienvenida, Bahamontes, Oca&ntilde;a, Urtain, Massiel, el lalal&aacute;. Espa&ntilde;a s&iacute; que pinta, don Blas. Pinta y mucho. M&aacute;s que los rojos y los americanos pinta.</p>
<p>- Esto se acaba, Onofre. Tanto luchar para nada. Esto se acaba.</p>
<p>El que siempre asegur&oacute; que su sue&ntilde;o era jubilarse pronto para pasar los d&iacute;as pescando en el Ebr&oacute;n, cuando ya no le reclamaban asuntos urgentes en Madrid, perdi&oacute; el inter&eacute;s por la pesca. Por todo perdi&oacute; el inter&eacute;s. Por la pol&iacute;tica y las truchas, por los cangrejos y el almuerzo, por la copa y la tertulia del bar. Cada d&iacute;a m&aacute;s delgado, m&aacute;s oscuro, m&aacute;s callado.</p>
<p>Y mucho que pinta Espa&ntilde;a. Pinta y mucho. Yo no pinto, ni la Carmen pinta. Ni su hijo Santiago puede que pinte. Pero usted s&iacute; pinta, s&iacute;. Aunque est&eacute; as&iacute;, cada d&iacute;a m&aacute;s delgado, m&aacute;s oscuro, m&aacute;s callado.</p>
<p>- Anda, Onofre, pasma&oacute;. Saca esos reteles que le voy a llevar unos cangrejos a tu hermana para el almuerzo.</p>
<p>Mire qu&eacute; gordos, don Blas. &iquest;No le hace gozo verlos? No han de dar la medida... de sobras la dan. Los meto en una bolsa y que se los lleve Santiago y que los haga la Carmen y se los almuerzan usted y Santiago.</p>
<p>Perdi&oacute; el inter&eacute;s por los cangrejos y el almuerzo. Por las idas y venidas de Santiago, que tanto le irritaban, perdi&oacute; el inter&eacute;s:</p>
<p>- &iquest;Se puede saber a d&oacute;nde vas?</p>
<p>- A casa de &eacute;ste &ndash;se&ntilde;alaba a Onofre-, que me he dejado la gorra y se me va a sentar el sol.</p>
<p>- &iquest;Se puede saber a d&oacute;nde vas?</p>
<p>- A casa de &eacute;ste &ndash;se&ntilde;alaba a Onofre-, que prepare algo de almuerzo Carmen, que tengo un hambre que no me tengo.</p>
<p>- &iquest;Se puede saber a d&oacute;nde vas?</p>
<p>- A casa de &eacute;ste &ndash;se&ntilde;alaba a Onofre-, que me he cortado con la navaja y no llevamos alcohol ni nada.</p>
<p>- Est&aacute;s a todo menos a la pesca.</p>
<p>Llevaba raz&oacute;n don Blas. Santiago dec&iacute;a que la pesca era un pasatiempo de viejos. Mon&oacute;tono, inactivo y sin riesgo. No era entretenimiento para sus veinte a&ntilde;os:</p>
<p>- Esta noche te vienes conmigo, Onofre. Ma&ntilde;ana me tengo que llevar una docena de truchas a Madrid.</p>
<p>Est&aacute; prohibido. Por la noche no se pesca, que est&aacute; prohibido.</p>
<p>- No me mires con esa cara de pasma&oacute;. A las once me esperas a la entrada de los Estrechos y te vienes conmigo.</p>
<p>Que no, que&nbsp; no. Que luego Tom&aacute;s, el forestal, me mira y me lo nota. Que viene a ver a la Carmen y se me queda mirando y yo no s&eacute; disimular.</p>
<p>- &iexcl;T&uacute;, escojonao! &iquest;D&oacute;nde te metiste anoche? Yo aqu&iacute; esper&aacute;ndote y t&uacute; sin aparecer.</p>
<p>Anoche vino Tom&aacute;s a ver a Carmen. Mira si pod&iacute;a haber ido, pero no se pesca por la noche. No se juega con ventaja. Onofre abre lo bueno. Onofre no es tramposo.</p>
<p>- Ya puedes conseguirme esa docena de truchas que yo voy a contarle a la Carmen el in&uacute;til que tiene por hermano.</p>
<p>Una, despacio. Dos, no hay prisa. Tres, cuatro. Paciencia, paciencia. Cinco, seis. Cambiar el cebo. Siete, siete, siete, siete.&nbsp; Alguna se resiste. Ah&iacute; est&aacute; la gracia. Ocho, con calma. Nueve, nada de al buen tunt&uacute;n. Diez, once, es la mejor hora. Al ponerse el sol doce truchas a Madrid.</p>
<p>- Como un rey qued&eacute;, Onofre. Que no se lo cre&iacute;an cuando se lo dije. En menos de una hora llen&eacute; la nasa. Y me dicen&nbsp; que no, que no. Y les digo, &iquest;qu&eacute; os jug&aacute;is? Un d&iacute;a de estos se presentan todos desde Madrid y nos dejan el r&iacute;o sin truchas.</p>
<p>La gota de la nariz se asoma y se esconde. Los ojos no pesta&ntilde;ean, los labios no se mueven, pero la gota sube y baja, baja y sube.</p>
<p>- Anda, ven conmigo,&nbsp; que te he tra&iacute;do un regalo. Y su&eacute;nate los mocos.</p>
<p>Le sigo por la carretera y de la carretera al camino y del camino al molino.</p>
<p>- Aqu&iacute; mismo. Cuanto m&aacute;s cerca de casa mejor.</p>
<p>Santiago se sent&oacute; en el suelo y abri&oacute; la nevera. Dentro no hab&iacute;a gaseosa, ni cerveza, ni fruta, ni pasteles. S&oacute;lo agua y unos trozos de hielo flotando entre un amasijo rojizo que se revolv&iacute;a con vida propia.</p>
<p>- Me los ha dado un amigo navarro &ndash;dijo abriendo la bolsa y sacando un cangrejo-. Que se reproducen como chinches dice. Ya veremos...</p>
<p>Onofre lo mir&oacute; con curiosidad. Ten&iacute;a el caparaz&oacute;n rojo y chasqueaba la cola con movimientos nerviosos. Tendi&oacute; la mano para cogerlo.</p>
<p>- Ojo con estos que tienen mala leche. Si pudiera me pellizcaba.</p>
<p>Santiago lanz&oacute; el cangrejo al centro de la poza, donde el agua llegaba con un vaiv&eacute;n pausado, arrastrando la espuma del salto de agua.</p>
<p>- De esto a mi padre ni una palabra &ndash; dijo vaciando la nevera en la orilla-, que son americanos. Lo que le faltaba por ver.</p>
<p>Rojos y americanos. Entre rojos y americanos, una mierda pintamos. Una cosa le tengo que decir, don Blas.</p>
<p>- Onofre, hijo. Hasta diciembre, si Dios quiere &ndash;se despidi&oacute;, menudo y macilento, sentado en el asiento del copiloto. En un Seat ciento veinticuatro azul oscuro, sin matr&iacute;cula oficial ni chofer uniformado.</p>
<p>- Aparta, pasma&oacute;, que a&uacute;n te voy a pillar -Santiago arranc&oacute; el coche, toc&oacute; la bocina, dio una vuelta a la plaza y se perdi&oacute; calle abajo.</p>
<p>Octubre la fruta, noviembre la le&ntilde;a, diciembre el puerco. Carmen, guarda el presente, por si viene don Blas este viernes.</p>
<p>Enero. Ta&ntilde;en las campanas, lentas y sobrias, tocando a muerto.</p>
<p>Por nuestro hermano Blas y por todos los difuntos, roguemos al Se&ntilde;or.</p>
<p>El que abre lo bueno abre la puerta de la Iglesia. Sale la gente y hace corrillos. Tom&aacute;s, el forestal, se detiene:</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; le pasa a tu hermana que est&aacute; tan rara?</p>
<p>Ser&aacute; por lo de don Blas, que ha hecho sentimiento.</p>
<p>- &iquest;Y por qu&eacute; no ha venido a misa?</p>
<p>Qu&eacute; se yo. Ayer encontr&eacute; un cangrejo muerto. En el molino. Escucha, Tom&aacute;s, en el molino.</p>
<p>- Lo mismo me da ir a verla que no. Para el caso que me hace...</p>
<p>El primero lo vi en el molino. En pleno invierno. A Tom&aacute;s, el forestal, se lo ense&ntilde;&eacute; y ni caso. Por mi hermana me preguntaba. Que qu&eacute; le pasaba a la Carmen. &iquest;Y a los cangrejos? &iquest;Qu&eacute; les pasaba a los cangrejos? Y mira ahora. Por no hacer nada a su debido tiempo.</p>
<p>&nbsp;- Camen. S&rsquo;an mueto os candejos.</p>
<p>- &iquest;Que se han muerto los cangrejos? Y yo qu&eacute; quieres que le haga &ndash;responde Carmen sin mirarle, sentada en la silla, viendo la tele, con las manos sobre el regazo.</p>
<p>Dej&eacute; el retel cebado con melsa. Saqu&eacute; rojos, de los de la nevera de Santiago. Rojos y americanos. Pero de los nuestros no hab&iacute;a ninguno. No pintamos nada.</p>
<p>- Os candejos tan muetos a la odilla.</p>
<p>- Se morir&aacute;n por la sequ&iacute;a. Se quedan en la orilla y se mueren.</p>
<p>- De sequ&iacute;a no. S&rsquo;an mueto po ota cosa.</p>
<p>- Por otra cosa ser&aacute;. T&uacute; sabr&aacute;s.</p>
<p>Desde que muri&oacute; don Blas est&aacute; seria Carmen. Desde que no ve a Santiago est&aacute; seria. Despu&eacute;s de entrar los rojos y americanos a la poza del molino se muri&oacute; don Blas y no nev&oacute; en invierno y no ha vuelto Santiago, ni llovi&oacute; en primavera, ni ha vuelto a sonre&iacute;r la Carmen. &iexcl;Peste de bichos!</p>
<p>- Mira lo que hab&iacute;a en el r&iacute;o &ndash;deja Atilano el ejemplar sobre la barra del bar.</p>
<p>Tom&aacute;s, el forestal, lo mira por arriba y por abajo:</p>
<p>- Cangrejo s&iacute; que es. Ahora, lo que le ha pasa&oacute; pa estar as&iacute; a m&iacute; no me lo preguntes &ndash;se encoge de hombros.</p>
<p>- &iexcl;Qu&eacute; cosa m&aacute;s rara! &ndash;lo toca con el dedo Jos&eacute;, el sastre.</p>
<p>Abre la cortina del bar. El que abre lo bueno.&nbsp;</p>
<p>- Cierra la cortina, que entran moscas &ndash;dice Atilano.</p>
<p>- Onofre, t&uacute; que andas a todas horas por el r&iacute;o. Mira esto a ver si sabes.</p>
<p>Es rojo y americano.</p>
<p>- &iexcl;Qu&eacute; va a saber &eacute;ste! &ndash; Tom&aacute;s lo examina con cuidado.</p>
<p>- Ni sabe de donde viene este bicho ni qu&eacute; otro bicho le pic&oacute; su hermana &ndash;r&iacute;e sin ganas el sastre.</p>
<p>Tom&aacute;s, el forestal, suelta el cangrejo y mira a Jos&eacute;.</p>
<p>- &iquest;Le pasa algo a la Carmen?</p>
<p>- &iexcl;C&oacute;mo no te la van a pegar los furtivos, si te la pega hasta tu novia!</p>
<p>- &iexcl;Qu&eacute; novia ni que&hellip;! A m&iacute; la Carmen n&aacute; de n&aacute;. &iquest;Te queda claro?</p>
<p>- Como el agua. Y mejor para ti.</p>
<p>- Ni mejor ni peor. A m&iacute; como a ti.</p>
<p>Es la peste. La Carmen est&aacute; seria por la peste.</p>
<p>- Ni a ti ni a m&iacute;. Al que le haya hecho el bombo en todo caso&ndash;r&iacute;e sin ganas el sastre.</p>
<p>- &iquest;Y t&uacute; c&oacute;mo lo sabes?</p>
<p>- &iexcl;Co&ntilde;o, Tom&aacute;s! Que he sido padre siete veces.</p>
<p>Fina, Mercedes, Jos&eacute;, Roque, Pilar, Teresa&hellip; Uno. Me falta uno para los siete.</p>
<p>- Anda que no se nota. En la cara, en el car&aacute;cter y en el bombo, que a partir del tercer mes yo ya les noto en bombo.</p>
<p>&nbsp;Un bombo. Me falta uno para siete. La Carmen tiene un bombo. Pilar, Teresa&hellip; El sastre se r&iacute;e y hace un arco con la mano, delante de la tripa, como cuando se pre&ntilde;an las mujeres. Pilar, Teresa&hellip; Onofre rezaba a Dios para que no le hicieran un bombo. Y Dios le hizo crecer la barba. A Santiago le hac&iacute;a gracia la ocurrencia de Dios. A Tom&aacute;s no le hace gracia.</p>
<p>La moquita de Onofre sube y baja, baja y sube, con una respiraci&oacute;n acelerada y sus ojos, siempre inexpresivos, miran a todos los lados. En un rinc&oacute;n, junto a la entrada, est&aacute; la azada de Atilano, sucia de barro.</p>
<p>- &iexcl;Deja eso ah&iacute;, Onofre! &ndash;grita el camarero.</p>
<p>Jos&eacute;, el sastre, se esconde en los servicios.</p>
<p>Tom&aacute;s mira sin ver.</p>
<p>Onofre corre la cortina y emprende el camino hacia Veguillas.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 29 Aug 2016 09:48:25 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sobre Buñuel]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/sobre-bunuel/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas20/abril/LUIS_EDUARDO_AUTE_2_1_.jpg" alt="" /></p>
<p>Me ped&iacute;s que escriba de tres a cinco folios (me temo que apenas ser&aacute; uno) sobre la personalidad y obra de Luis Bu&ntilde;uel y, la verdad, sobre este genio del cine se podr&iacute;an escribir de tres a cinco millones de folios por ambas caras y el texto quedar&iacute;a corto. Cada vez soy m&aacute;s sint&eacute;tico en mi escritura porque me llevo mal con lo exhaustivo aunque no sea superfluo y, parece ser, que Bu&ntilde;uel pecaba de lo mismo, por eso ir&eacute; al grano. Su est&eacute;tica y su &eacute;tica le obligaban a evitar lo adjetivo. Don Luis era pura sustancia, puro y desnudo sustantivo como es la materia de los sue&ntilde;os. Nada sobra en su cine, y nada falta. Muy pocos artistas han entendido tanto y tan profundamente como Bu&ntilde;uel la belleza de la s&iacute;ntesis, de lo el&iacute;ptico. Tal vez Alfred Hitchcock, su hermano gemelo y de alg&uacute;n modo Robert Bresson. Estos cineastas se sirven del cine para reflexionar sobre las luces y las sombras del ser humano pero a trav&eacute;s de la &oacute;ptica de sus sue&ntilde;os y de la &oacute;ptica de esa m&aacute;quina de fabricarlos que es el cine.</p>
<p>&iquest;Bu&ntilde;uel surrealista?, no lo creo. En todo caso el surrealismo es Bu&ntilde;uel entendiendo el surrealismo como esa mirada que es capaz de atravesar el espejo (sin romperlo ni mancharlo), imaginarse a s&iacute; mismo, y por tanto, reflexionar sobre esa capacidad que s&oacute;lo el artista verdadero posee siendo pose&iacute;do por ella al mismo tiempo. No hay obra de arte sin esa mirada reflexiva desde la llamada realidad sobre la realidad de sus propios sue&ntilde;os.</p>
<p>En <em>El Angel Exterminador </em>&nbsp;Bu&ntilde;uel observa desde afuera, como si so&ntilde;ara, a esos personajes encerrados en sus propias pesadillas (sin poder escapar de su supuesta realidad) y reflexiona sobre las suyas propias. En ese sentido, tal vez sea esta pel&iacute;cula la m&aacute;s bu&ntilde;ueliana de toda su obra en cuanto a que todo creador debe analizar la realidad encerr&aacute;ndose en s&iacute; mismo a partir de la reflexi&oacute;n sobre las visiones fantasmag&oacute;ricas de sus sue&ntilde;os.</p>
<p>Otras pel&iacute;culas significativas en ese sentido son <em>Sim&oacute;n del desierto</em> y <em>Robinson Crusoe</em>. En la primera se da otro &ldquo;encierro&rdquo;, en este caso voluntario, del inefable asceta. El alto de la columna es su isla y desde all&iacute; reflexiona sobre s&iacute; mismo, sobre el mundo, el demonio y la carne. En <em>Robinson Crusoe</em> el aislamiento es azaroso, fatalista, fruto de un naufragio de los designios del destino. Bu&ntilde;uel se &ldquo;encierra&rdquo; en los universos de sus protagonistas pero vi&eacute;ndose desde afuera, so&ntilde;ando que sue&ntilde;a...</p>
<p>El surrealismo en Bu&ntilde;uel no es onirismo ni irracionalidad (salvo <em>Un perro andaluz</em> y <em>La Edad de Oro</em> que son el &ldquo;hallazgo&rdquo; cinematogr&aacute;fico de ese movimiento) sino pura raz&oacute;n de ser de su imaginaci&oacute;n m&aacute;s po&eacute;tica, de sus sue&ntilde;os m&aacute;s quir&uacute;rgicos. En todas sus pel&iacute;culas sus personajes (y el mismo) se desenvuelven &ldquo;cercados&rdquo; por una realidad absurda que les agrede.</p>
<p>As&iacute; podr&iacute;a prolongar &ldquo;ad infinitum&rdquo; esta sucinta &ldquo;reflexi&oacute;n&rdquo; sobre Bu&ntilde;uel y su obra pero, evidentemente, no es ni el momento ni la pretensi&oacute;n de este homenaje de <em>Turia</em> al gran genio aragon&eacute;s. Ser&aacute; en otra ocasi&oacute;n, espero, cuando me pidan medio folio.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 29 Aug 2016 09:44:16 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El discreto encanto de Patrick Modiano]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-discreto-encanto-de-patrick-modiano/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas23/PATRICK_MODIANO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>Si las novelas de Patrick Modiano fueran una m&uacute;sica, ser&iacute;an Erik Satie. Si fueran un cuadro, un paisaje de Seurat. Si fueran una estaci&oacute;n, el verano. Precisamente, las releo este verano mientras escucho a Satie, y la melancol&iacute;a me cubre como un mosquitero que deja la realidad afuera.</p>
<p>Paul Val&eacute;ry despreciaba el g&eacute;nero novelesco y se rehusaba a escribir &ldquo;La marquesa sali&oacute; a las cinco&rdquo;. En ning&uacute;n libro de Modiano encontrar&iacute;amos una frase similar, pero tampoco la famosa &ldquo;tranche de vie&rdquo; que los nuevos novelistas propon&iacute;an&nbsp; como alternativa. En Modiano no hay &ldquo;franja de vida&rdquo;, a menos que se piense en otra f&oacute;rmula: la de las franjas de vida conc&eacute;ntricas. Un personaje determinado, en un momento determinado, recuerda un momento de su vida en el que ha sido feliz. Es un esquema que se repite, como en un juego de c&iacute;rculos conc&eacute;ntricos en el que los personajes buscan llegar al n&uacute;cleo, all&iacute; donde tal vez puedan apresar la felicidad. Pero la b&uacute;squeda siempre queda trunca. El propio Modiano confiesa: &ldquo;Siempre sent&iacute; que pose&iacute;a una natural inclinaci&oacute;n hacia la felicidad, pero que &eacute;sta me hab&iacute;a sido arrebatada a lo largo de toda mi vida por circunstancias externas&rdquo;. Al igual que su autor, los personajes no dejan de buscar una y otra vez, en un pasado que, sospechamos, nunca sucedi&oacute;, esa felicidad perdida.</p>
<p>Las novelas de Patrick Modiano no se parecen a la vida ni guardan ninguna pretensi&oacute;n de realismo. El azar fulgurante es la regla. Los personajes, ensimismados,&nbsp; grotescos o evanescentes, se unen y se separan como bolas de billar impulsadas por un destino ciego. Parejas ab&uacute;licas, mujeres que aparecen, desaparecen y cambian de nombre e identidad, hombres desocupados que viven de rentas o de la venta de libros usados, de dinero ganado en un casino o robado en una maleta misteriosa: todos son igualmente inveros&iacute;miles. Leen, viven en hoteles decadentes, deambulan por Par&iacute;s, Londres, ciudades balnearias del sur de Francia, y proyectan viajes a Brasil, Marruecos, Mallorca. El protagonista de <em>M&aacute;s all&aacute; del olvido </em>(Alfaguara, 1997) fantasea con ir a Buenos Aires en busca del poeta argentino H&eacute;ctor Pedro Blomberg, cuyos versos despertaron su curiosidad: &ldquo;A Schneider lo mataron una noche/ En la pulper&iacute;a de la Paraguaya./ Ten&iacute;a los ojos azules/ Y la cara muy p&aacute;lida.&rdquo; La elecci&oacute;n no es casual, en esos versos idealizados aparece, concentrada, la esencia antimodiano: un depurado de exotismo y acci&oacute;n brutal. Nada m&aacute;s alejado de ese presente on&iacute;rico y err&aacute;tico de estas historias, demasiado lleno de pasado como para poder cobrar consistencia.</p>
<p>Mientras los hombres y mujeres de Modiano se deslizan de fiesta en fiesta, de siesta en siesta, de bar en bar, la Vida &ndash;la Guerra, en muchas de las novelas- sucede en otra parte, sin rozarlos. Del mismo modo que ir a la Polinesia o perderse en un barrio de la periferia de Par&iacute;s resultan experiencias equivalentes, no hay mayor diferencia entre el frente de combate, la Resistencia activa, o el anonimato y el sopor de un hotel ruinoso. Los personajes de Modiano no son h&eacute;roes, ni lo quieren ser. Hagan lo que hagan, da lo mismo, y sin embargo no podr&iacute;an hacer otra cosa. Es lo que confiesan tambi&eacute;n muchos personajes de Jean Echenoz. Ambos escritores comparten ambientes, temas y personajes, una impresionante n&oacute;mina de premios y el talento de haber sabido abrevar en las aguas del <em>nouveau roman, </em>y haber salido no s&oacute;lo indemnes sino tambi&eacute;n fortalecidos. Sin embargo, all&iacute; donde Echenoz se desliza f&aacute;cimente hacia un humor un tanto c&iacute;nico (imposible no imaginarlo con una mueca burlona frente a su ordenador), Modiano se sumerge en una melancol&iacute;a brumosa que lo impregna todo y se apodera tambi&eacute;n de los sentidos del lector. Como el olor. El olor es muy importante en las novelas de Modiano, mucho m&aacute;s que la trama. Moho, c&aacute;&ntilde;amo hind&uacute;, &eacute;ter: el olor es esa presencia intangible que puebla las p&aacute;ginas como un estado de &aacute;nimo.</p>
<p>La enga&ntilde;osa estructura de novela policiaca, de aprendizaje, rom&aacute;ntica, de aventuras o <em>road movie </em>muy pronto acaba por desdibujarse por el efecto erosivo de la melancol&iacute;a y el recuerdo. La verdadera pregunta que subyace en el interior de la trama vale tanto para los personajes como para el lector: &iquest;A qu&eacute; puede llamarse vida?</p>
<p>El protagonista de <em>Viaje de novios </em>(Alfaguara, 1991) intenta reconstruir una biograf&iacute;a ficticia de Ingrid, una mujer misteriosa de la que se enamor&oacute; un verano, a la que reencontr&oacute; ocasionalmente en los a&ntilde;os siguientes, y de la que no volvi&oacute; a tener noticias hasta un suelto en Mil&aacute;n, dieciocho a&ntilde;os despu&eacute;s, informando de su suicidio. &ldquo;&iquest;Tiene derecho un bi&oacute;grafo a suprimir determinados detalles, con el pretexto de que los considera superfluos?&rdquo;, se pregunta, &ldquo;&iquest;O por el contrario todos tienen su importancia y hay que colocarlos en el mont&oacute;n sin permitirse resaltar uno en detrimento del otro, de manera que no falte ninguno, como en el inventario de un embargo? A menos que la l&iacute;nea de una vida, una vez llegada a su t&eacute;rmino, no se depure a s&iacute; misma de todos sus elementos in&uacute;tiles y decorativos. Entonces ya no queda sino lo esencial: los blancos, los silencios y los calderones.&rdquo; &Eacute;sa es la apuesta de Modiano, contar lo que no se puede contar. Un estilo elegante y sutil trabajado palabra a palabra. El resultado no es una escena, ni siquiera una imagen sino, como ocurre en los cuadros puntillistas de Seurat, una &ldquo;impresi&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>Cada novela nos sumerge en un limbo en el que los personajes aparecen y desaparecen. Reaparecen en la misma novela, o en otra, con ligeras variantes de car&aacute;cter, con el mismo nombre (como Cartaud) o con otro (Sylvie, Ingrid, Mar&iacute;a&hellip;). Las historias, con una amplia gama de lev&iacute;simos matices, cambian muy poco, como si todas las novelas de Mediano fueran variantes o reescrituras de una &uacute;nica novela. Igualmente adictivas que las <em>Gymnop&eacute;dies </em>de Satie, acaban por fundirse en la memoria en una sola melod&iacute;a.</p>
<p>He pasado varios d&iacute;as de este verano deambulando de una novela a otra de Patrick Modiano, releyendo los pasajes le&iacute;dos hace a&ntilde;os, que ahora volvieron a emocionarme como un sabor o un perfume subrepticiamente recuperado. Leo una vez m&aacute;s las &uacute;ltimas l&iacute;neas de <em>Viaje de novios: </em>&ldquo;Ese sentimiento de vac&iacute;o y remordimiento te inunda un d&iacute;a. M&aacute;s tarde, igual que una marea, se retira y desaparece. Pero termina por regresar con mayor fuerza, y ella no pod&iacute;a liberarse de aquello. Tampoco yo.&rdquo;</p>
<p>Satie ha dejado de sonar. Afuera anochece. Salgo de casa y camino hasta el jazm&iacute;n. Aspiro violentamente el perfume apurando el final, all&iacute; donde empieza la podredumbre. Y entonces me doy cuenta: Modiano es un escritor nihilista. Sus novelas no hablan de la vida ni de los sue&ntilde;os ni de la felicidad, hablan de la muerte. A menos que la muerte se parezca demasiado a todas esas cosas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 23 Aug 2016 11:41:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vista sobre paisaje sagrado a través de una ventana]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/vista-sobre-paisaje-sagrado-a-traves-de-una-ventana/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2016/agosto/mari500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;<strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;</strong>Al hombre que est&aacute; en la cama, inv&aacute;lido, desde hace tiempo, han llegado a visitarle esa ma&ntilde;ana unos amigos. Suelen venir&nbsp; a menudo pero nunca avisan cu&aacute;ndo llegan ni de cu&aacute;ndo se van. Llegan de tierras lejanas y muchos de los libros que le traen est&aacute;n escritos en lenguas extra&ntilde;as que no conoce, pero que aprende cuando reconoce las claves de su juego y las analog&iacute;as que establecen con las cosas del mundo y con el mundo de las tierras lejanas o del tiempo remoto...&rdquo;</p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong>Las sombras del pasado desfilan sobre el hombre que anota, tras se&ntilde;alar el camino para llegar hasta donde se encuentra y aceptar los regalos que le llevan, todos los trazos del discurso que ha sido materia de su vida y transcurre ahora ante sus ojos. El hombre es Antoni Mar&iacute; un escritor ibicenco, profesor de teor&iacute;a del arte y poeta, ensayista y narrador a quien este amigo que lo lee hoy desde lo alto de un cantil gaditano, debe gratos momentos de placer literario hallados en su inolvidable &ldquo;Libro de Ausencias&rdquo;. La versi&oacute;n castellana de esta que, por ahora, es su &uacute;ltima entrega po&eacute;tica (se public&oacute; en lengua catalana en 2010 y la nueva redacci&oacute;n es suya) ha llegado a mis manos la pasada semana, precisamente en momentos en que cumplidos a&ntilde;os suficientes para gustar a fondo su contenido, se da la circunstancia de unas fiebres s&uacute;bitas que me mantienen en cama algunos d&iacute;as.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La reflexiones desgranadas en amplios versos generosos y sin concesi&oacute;n alguna versan, c&oacute;mo no, sobre el paisaje que las esperadas visitas detallan acerca de las experiencias vividas y las lecturas compartidas, y junto a ellas la misma vida desfila como en los versos de Le&oacute;n Felipe &ldquo;tras el cristal de la ventana&rdquo;, donde &ldquo;tambi&eacute;n la muerte pasa&rdquo;. El lecho de los padres en el hogar familiar ya en reposo de otras presencias y ausencias, avivan recuerdos &iacute;ntimos que se mezclan con los ruidos del instrumental quir&uacute;rgico y la frialdad de la mesa de operaciones que acude ahora mismo para poner contrapunto a su meditaci&oacute;n;&nbsp; presentes quedan el dolor, el olor y la soledad del postoperatorio.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n podr&iacute;a o&iacute;rme desde el orden de los &aacute;ngeles?&rdquo;, clama ante la s&uacute;bita alerta de la voz eleg&iacute;aca de Rilke, hasta que los ecos de T.S. Eliot &mdash;con cuyos cuatro cuartetos ha comparado acertadamente este libro el critico y poeta &Aacute;lvaro Valverde&mdash; lo calman: &ldquo;Tuve la experiencia, pero no pod&iacute;a decirla./&nbsp; Comprend&iacute; el nombre de las cosas,/ pero no pude explicar su significado&rdquo;...</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Porque el sentido de la vida es para el sabio y el poeta el sentido mismo de la escritura. Gram&aacute;tica y Geometr&iacute;a unidas en la construcci&oacute;n del universo del hombre como quiso creer aquel alumno, el m&aacute;s insigne de la academia plat&oacute;nica, aquel que se marchara dando un portazo. Ciencia y arte unidos para hacer expresable en signos y mediciones, en tiempos imposibles de datar, en emociones, aquello que inexpresable. Acaso por ello coloc&oacute; como ense&ntilde;a de su libro un fragmento de carta que escribiera Wittgenstein a Paul Engelmann desde el frente ruso en la primera guerra mundial:&nbsp; &ldquo;Y eso es lo que ocurre: s&oacute;lo al no intentar expresar lo inexpresable conseguimos que nada se pierda. &iexcl;Pero lo inexpresable estar&aacute; &mdash;inexpresablemente&mdash; contenido en lo que ha sido expresado!&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;La hermana Clara me ha obligado</p>
<p>a sentarme junto al fuego</p>
<p>con una manta que me cubre las piernas</p>
<p>y me he quedado mirando las llamas y las chispas</p>
<p>de un calor que me hace temblar de fr&iacute;o y de pena;</p>
<p>pero debo mantenerme en este estado deplorable,</p>
<p>porque aqu&iacute; est&aacute; la raz&oacute;n de mi ser;</p>
<p>en las p&eacute;rdidas, las faltas y el da&ntilde;o</p>
<p>que se han introducido, ahora,</p>
<p>en lo que es inaccesible,</p>
<p>secreto y permanente de mi persona. (...)&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Esa contradicci&oacute;n que llega ahora, c&oacute;mo se resuelve, a la hora del recuento?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Tendr&iacute;a que empezar por ahorrarme la poes&iacute;a.</p>
<p>Tendr&iacute;a que renunciar al milagro de las analog&iacute;as</p>
<p>que pretenden representar los actos de los hombres</p>
<p>d&aacute;ndoles una trascendencia que no tuvieron</p>
<p>ni siquiera las palabras.</p>
<p>Tendr&iacute;a que alejarme de los lugares comunes</p>
<p>de la poes&iacute;a,</p>
<p>desde cuando Francesco, Guido, Dante o March</p>
<p>usaron las semejanzas alejadas</p>
<p>para nombrar lo inexpresable.</p>
<p>Lo que hicieron los maestros es volver a nombrar,</p>
<p>decir, describir y reescribir el mundo:</p>
<p>las viejas analog&iacute;as se fundieron en la literalidad</p>
<p>y era preciso, renovarlas y abrirlas</p>
<p>al mundo de los acontecimientos.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero la poes&iacute;a &ldquo;(...) es dar alguna paz a la inquietud metaf&iacute;sica;/ por esta raz&oacute;n no puede evitar la b&uacute;squeda/ de la profundidad del lenguaje/ que todos utilizamos todo los d&iacute;as.&rdquo; El hombre, ante el fuego, se ha preguntado c&oacute;mo ahora, hecho a&ntilde;icos, puede hacer inteligible lo que no puede entenderse, y con ello se adentra en lo m&aacute;s profundo del misterio del conocimiento. Casi involuntariamente llama a su madre desde la cuna misma del habla.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ha hecho rodar la silla hasta el ventanal y mirado hacia fuera. Es la poes&iacute;a, es la m&uacute;sica. Ellas, las que generan la maravillosa gram&aacute;tica del mundo. Ha divagado sobre ello. En el recorrido de las visitas que como aves se han ido posando sobre el alf&eacute;izar ha dialogado con amigos poetas, parientes, los aires y las plantas, versos todos que llegan a ayudarle a construir un ingenio que pueda mostrar &ldquo;los estados m&aacute;s puro de la persona&rdquo;, mas...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Todo es sombra en esta obscuridad obstinada:</p>
<p>los amigos, los recuerdos, las ideas, los vivos y los muertos;</p>
<p>y esta naturaleza indiferente que, a su pesar,</p>
<p>quiero creer llena de sentido, de gracia</p>
<p>y de inteligencia.</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; m&uacute;sica podemos interpretar con estas sombras?</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; melod&iacute;a componer si van y vienen,</p>
<p>entran y salen, entre el alboroto de los vivos</p>
<p>y el rumor de la memoria</p>
<p>que todo lo confunde y desafina?</p>
<p>&iquest;C&oacute;mo dar cuerpo a las sombras cuando las sombras</p>
<p>son el cuerpo de la nada, y la nada nada es?</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; podr&iacute;a hacer para que todo se mostrara en su nada</p>
<p>y en su todo?&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </em>Ha mirado hacia fuera, ha visto que la lluvia parece querer romper los cristales, el viento estremecer los &aacute;rboles. Pero nada se ve. Musita que &ldquo;nos queda la esperanza del mediod&iacute;a de ma&ntilde;ana&rdquo;. Ahuyentado el cuervo que graznaba &ldquo;Never more&rdquo;, ha ido a la mesa, ha tomado l&aacute;piz y papel, y ha empezado a escribir:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>&ldquo;</em>Han venido unos amigos, esta ma&ntilde;ana, a visitarme&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Notamos c&oacute;mo sonr&iacute;en T.S. Eliot y su <em>miglior fabbro</em>. En su fin est&aacute; su principio. Entonces puede pensar de nuevo,&nbsp; piensa en orden de matem&aacute;tica y tiniebla, esencia de m&uacute;sica y lenguaje; de la geometr&iacute;a universal de la escritura; de la polisemia que distribuyen las perseidas. De su propia vida&nbsp; que se asoma al alf&eacute;izar junto a la eterna compa&ntilde;era taciturna, para ser escrita con los signos abiertos y cerrados de las alas de las letras amigas. Escribe que ya sabe lo que es accidental, casual y azaroso de la existencia. Como Francesco, Guido, Dante, March, Rainer Mar&iacute;a o Thomas Stearns ha vuelvo a nombrar y ha hallado lo que crey&oacute; inexpresable de s&iacute; mismo. Queda pues escrito un nuevo texto sagrado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Antoni Mar&iacute;, <em>Han venido unos amigos,</em> Sevilla, Renacimiento, 2016.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 23 Aug 2016 07:13:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Darío Villanueva: “Los españoles tenemos que superar de una vez el autodesprecio”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/dario-villanueva-los-espanoles-tenemos-que-superar-de-una-vez-el-autodesprecio/</link>
      <description><![CDATA[<p class="normal"><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2016/darioi500.jpg" alt="" /></p>
<p class="normal">Una hora larga de conversaci&oacute;n es poco tiempo para conocer a una persona. Podemos saber de sus quehaceres y acercarnos a sus opiniones, pero, &iquest;qu&eacute; hay detr&aacute;s de las palabras, del papel que el entrevistado representa? En primer plano, Dar&iacute;o Villanueva, director de la Real Academia de la Lengua desde hace poco m&aacute;s de un a&ntilde;o, se muestra como un hombre resolutivo, dotado para la organizaci&oacute;n y confiado a la hora de enfrentarse a los desaf&iacute;os, pero lo que asoma tras sus declaraciones, la impresi&oacute;n que queda, una vez culminada la charla, en el momento de escuchar la grabaci&oacute;n y ordenar las preguntas y respuestas, es la de un hombre calmado, convencido de la necesidad de las pausas, afanado en poner perspectiva a las urgencias, al ritmo endiablado del presente.</p>
<p class="normal">Hijo de asturiano y gallega, Villanueva, que recuerda su primera infancia en &ldquo;la maravillosa villa marinera de Luarca&rdquo;, donde su padre era juez, y desde donde su familia se traslad&oacute; a las provincias de Lugo y A Coru&ntilde;a, cree en el "mito de los caracteres nacionales", del que hablaba Julio Caro Baroja y que se manifiesta en esas atribuciones de determinados rasgos de car&aacute;cter a los nacidos en cada lugar. &ldquo;Puede resultar poco cient&iacute;fico, pero lo cierto es que&nbsp; me siento bastante identificado con algunas caracter&iacute;sticas de los gallegos, sobre todo la prudencia y la iron&iacute;a, as&iacute; como tambi&eacute;n con destellos de mi signo zodiacal, que es G&eacute;minis&rdquo;, asegura.</p>
<p class="normal">Calmado, prudente, ir&oacute;nico, comunicativo como todos los regidos por Mercurio. Ya tenemos algunos rasgos del retrato de este hombre que cuando mira a su ni&ntilde;ez se ve como un apasionado y precoz lector, una afici&oacute;n que, seg&uacute;n cuenta, fue &ldquo;totalmente favorecida y estimulada&rdquo; por sus padres. La vocaci&oacute;n de humanista, de hombre de letras, late al fondo de la mirada, en la concepci&oacute;n del mundo de quien se&ntilde;ala <em>La isla del tesoro</em> y <em>Robinson Crusoe</em> como dos de los primeros libros que le dejaron huella y se decanta sin dudarlo por Miguel de Cervantes cuando se le pide que se quede con un solo nombre de la literatura, con un autor capaz de mostrarnos las contradicciones de la existencia.</p>
<p class="normal">Quevedo, Valle-Incl&aacute;n, Azor&iacute;n, Lorca, Whitman, Emilia Pardo Baz&aacute;n, Rafael S&aacute;nchez Ferlosio y tantos otros han sido motivo de estudio por parte de este catedr&aacute;tico de Teor&iacute;a de la literatura y Literatura comparada de la Universidad de Santiago de Compostela que desde hace a&ntilde;os compagina su labor como docente con su dedicaci&oacute;n a la RAE; primero como secretario -de 2010 a 2015- y posteriormente como director, cargo para el que fue elegido en diciembre de 2014. Lo suyo, seg&uacute;n se&ntilde;ala, ha sido &ldquo;un curso intenso y acelerado&rdquo; de conocimiento de la academia.</p>
<p class="normal">&ldquo;Sin esos cinco a&ntilde;os previos, ahora todo ser&iacute;a m&aacute;s dif&iacute;cil, pero eso no quiere decir que por ello la direcci&oacute;n me est&eacute; resultando menos compleja y exigente, para nada&rdquo;, se&ntilde;ala, explicando que la secretar&iacute;a es una pieza tan fundamental en la docta casa que cuando se cre&oacute;, en 1713, los primeros estatutos decidieron que, mientras el director iba siendo reelegido, el secretario ten&iacute;a que ser perpetuo, de por vida, porque se entend&iacute;a que era en cierto modo el depositario de toda la organizaci&oacute;n y de la vida institucional de la corporaci&oacute;n.</p>
<p class="normal">&ldquo;Esa condici&oacute;n de secretario perpetuo se mantuvo hasta los a&ntilde;os 80 y me parece muy razonable que se acabara optando por su relevo&rdquo;, opina Villanueva. Esta conversaci&oacute;n tuvo lugar en las semanas previas a la celebraci&oacute;n del Congreso Internacional de la Lengua en Puerto Rico, el pasado mes de marzo. Los preparativos del viaje, los objetivos del encuentro, estaban en la mente de quien est&aacute; acostumbrado a una vida doble en el mejor de los sentidos: dos ocupaciones (la ense&ntilde;anza y el trabajo institucional), a las que se entrega con entusiasmo, y dos ciudades (Madrid y Santiago de Compostela), ambas muy apegadas a su trayecto vital, a sus querencias. Con Santiago sigue manteniendo una relaci&oacute;n estrecha gracias a la vinculaci&oacute;n con su universidad, &ldquo;en estos momentos m&aacute;s disminuida en intensidad&rdquo;, donde sigue impartiendo sus cursos de m&aacute;ster los lunes y los viernes por la tarde, dedicando el resto de la semana a sus ocupaciones en Madrid.</p>
<p class="normal">-&nbsp; &iquest;Percibe mucho contraste entre ambas ciudades? &iquest;Es f&aacute;cil este desdoblamiento?</p>
<p class="normal">- Bueno, siempre he tenido much&iacute;sima relaci&oacute;n con Madrid. Aunque la licenciatura en Filolog&iacute;a rom&aacute;nica la hice en Santiago, me doctor&eacute; en la Universidad Aut&oacute;noma, por lo que la ciudad me ha sido muy familiar. A lo largo de mi carrera, tuve incluso la posibilidad de venirme a vivir aqu&iacute;, pero no lo hice porque en aquellos momentos encontr&eacute; en Santiago, del mismo modo que lo sigo encontrando hoy, todo lo que necesitaba para mi trabajo; el trabajo de profesor de literatura, que es lo que soy, una&nbsp; labor que exige mucho tiempo para la escritura, para la lectura, para la correcci&oacute;n de textos, actividades que a veces se llevan mal con la vida tan ajetreada que observaba en mis compa&ntilde;eros de Madrid. Santiago tiene un ritmo mucho m&aacute;s demorado, sosegado, y por otra parte es una ciudad con buenas dotaciones, con una universidad que tiene una&nbsp; biblioteca competente y unos departamentos muy s&oacute;lidos. Ahora que lo pienso, no creo que me haya equivocado qued&aacute;ndome en Santiago durante tantos a&ntilde;os. Eso no ha supuesto en modo alguno un aislamiento. No he dejado de viajar por todo el mundo y Madrid ha sido una referencia continua, hasta que, desde hace siete a&ntilde;os, mi dedicaci&oacute;n a la RAE me ha llevado a convertirme en residente al 50 por ciento.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;La lengua espa&ntilde;ola est&aacute; viviendo un momento de enorme auge&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;C&oacute;mo ve el presente de la instituci&oacute;n en un momento como el actual? &iquest;C&oacute;mo llevar sus riendas en esta etapa de cambios tan estimulantes y al mismo tiempo tan desasosegantes?</p>
<p class="normal">- Pues vuelvo a remontarme a mi etapa de secretario, cuando me toc&oacute; ser el coordinador de la conmemoraci&oacute;n del tricentenario de la Real Academia Espa&ntilde;ola, constituida en 1713 bajo la protecci&oacute;n de Felipe V. En estos 300 a&ntilde;os de historia ha habido de todo. Si echamos la vista atr&aacute;s vemos las crisis terribles que se vivieron y los cambios que se produjeron... Y, pese a todo, hemos llegado hasta aqu&iacute; y estamos sorteando la encrucijada actual con la sensaci&oacute;n de que los cambios nunca han sido tan fren&eacute;ticos como los que se est&aacute;n produciendo ahora. Hemos llegado hasta aqu&iacute; y seguimos siendo lo que fuimos desde el principio: una academia que decidi&oacute; dedicarse a la lengua espa&ntilde;ola, una lengua que no s&oacute;lo sigue existiendo sino que est&aacute; viviendo un momento de enorme auge, con un gran desarrollo demogr&aacute;fico, cultural, econ&oacute;mico y geopol&iacute;tico. Nuestro papel sigue siendo el de continuar trabajando por afianzar todo esto junto con otras 22 academias de la lengua espa&ntilde;ola repartidas entre Asia, Am&eacute;rica y &Aacute;frica, porque ya hay tambi&eacute;n academia en Guinea Ecuatorial. Puede decirse que nos estamos tomando todo esto como un momento de inflexi&oacute;n, con evidentes avances. En 2014 presentamos la edici&oacute;n del diccionario del tricentenario; la vigesimotercera edici&oacute;n del primer diccionario de la Academia, y en estos momentos ya hemos empezado a trabajar en una refundaci&oacute;n de aquel diccionario muy significativa, porque hasta aqu&iacute;, desde los or&iacute;genes hasta ahora, los diccionarios siempre han sido libros, y ahora toca apostar completamente por lo digital.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;En la RAE ahora toca apostar por un diccionario completamente digital&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p class="normal">- &iquest;Completamente? Ya est&aacute; disponible en la red...</p>
<p class="normal">- Bueno, desde el a&ntilde;o 2004 el diccionario ha sido digitalizado y se ha ofrecido en la red gratuitamente con un &eacute;xito extraordinario; el mes pasado tuvimos 58 millones de consultas. Pero ahora el cambio radica en que la nueva entrega no va a ser un libro que se digitaliza sino que va a ser un diccionario digital desde su principio, del que posteriormente haremos libros. Vamos a modificar el orden de los factores. Esto no significa que nosotros nos apuntamos a la tesis de la muerte del libro, ni que seamos libricidas, pero es evidente que lo digital tiene una serie de ventajas enormes; en primer lugar resuelve el problema de la limitaci&oacute;n de espacio. En un diccionario digital se puede meter todo lo que se quiera, porque el soporte lo admite, lo consiente, y tambi&eacute;n podemos beneficiarnos de las posibilidades de la intertextualidad, entrar en contacto con otras bases de datos que enriquezcan el conocimiento en torno a las palabras. Como dec&iacute;a Wittgenstein &ldquo;los l&iacute;mites del lenguaje son los l&iacute;mites de mi mundo&rdquo;. El lenguaje configura lo que es la realidad y en ese sentido un diccionario es algo m&aacute;s que un repertorio de palabras; dici&eacute;ndolo al modo de Borges es una especie de mapa a escala del universo entero, algo que en el soporte digital vamos a poder atender. Estamos inmersos en un gran reto. No tenemos fecha todav&iacute;a, pero lo que s&iacute; podemos adelantar es que con el nuevo planteamiento el diccionario no tiene que esperar a un momento final de cierre, sino que se puede ir adelantando a medida que se vayan produciendo avances. Va a ser una obra en progreso continuo y sin l&iacute;mites, algo muy propio de la sociedad en la que estamos viviendo.</p>
<p class="normal">- &iquest;Alg&uacute;n otro desaf&iacute;o?</p>
<p class="normal">- Pues, como dec&iacute;a antes, seguir trabajando; y hasta el momento estamos saliendo bien parados, en la unidad del idioma y en la colaboraci&oacute;n en plano de igualdad y codo con codo con las otras 22 academias. Hablar del esp&iacute;ritu panhisp&aacute;nico se ha puesto de moda, pero no es algo nuevo; ya estaba presente en el siglo XIX, cuando la Academia, con una gran visi&oacute;n de las cosas, enfoc&oacute; el proceso de las independencias como un proceso hist&oacute;rico en el que resultaba fundamental compartir el mismo idioma. Entonces se empez&oacute; a promover la creaci&oacute;n de academias en todos los pa&iacute;ses hispanoamericanos. La primera se cre&oacute; en Colombia en el a&ntilde;o 1871 y a&ntilde;os despu&eacute;s, en 1951, por iniciativa de un presidente de M&eacute;xico, Miguel Alem&aacute;n, se reunieron en M&eacute;xico Distrito Federal todas las academias; curiosamente la &uacute;nica que no pudo asistir fue la espa&ntilde;ola porque Franco lo impidi&oacute; por un rifirrafe pol&iacute;tico con el r&eacute;gimen mexicano. M&aacute;s adelante, en 1960, se firm&oacute; un convenio internacional, el convenio de Bogot&aacute;, por el cual todos los pa&iacute;ses se compromet&iacute;an a dotar a sus academias de la lengua de una sede y a contribuir a su funcionamiento y a su mantenimiento.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Rub&eacute;n Dar&iacute;o es el aut&eacute;ntico icono del panhispanismo&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- La historia del panhispanismo es una historia de largo recorrido, que parte de muy atr&aacute;s, aunque cada vez m&aacute;s tenemos tendencia a quedarnos en el presente inmediato.</p>
<p class="normal">- As&iacute; es. Y si tenemos que hablar de sus or&iacute;genes, de la formulaci&oacute;n del concepto, tenemos que citar a Rub&eacute;n Dar&iacute;o, una de las figuras primordiales, el aut&eacute;ntico icono del panhispanismo por muchos motivos: por su obra, por sus vinculaciones, por sus viajes, por sus referencias... De origen nicarag&uuml;ense, Dar&iacute;o vivi&oacute; desde muy joven en Honduras y El Salvador, manteniendo estancias largas y muy creativas en otros lugares como Chile. Fue embajador de Nicaragua en Espa&ntilde;a; escribi&oacute; en &ldquo;La Naci&oacute;n&rdquo; de Buenos Aires, y posteriormente se traslad&oacute; a Europa, integr&aacute;ndose fundamentalmente en las sociedades espa&ntilde;ola y francesa.</p>
<p class="normal">- Ahora precisamente se celebra el centenario de la muerte del poeta. &iquest;Est&aacute; demasiado endiosado, alejado del presente? &iquest;Qu&eacute; tenemos que reivindicar ahora de &eacute;l, de su obra?</p>
<p class="normal">- Hay un reconocimiento un&aacute;nime por parte de los poetas de su &eacute;poca y los posteriores acerca de que &eacute;l fue el gran renovador de la lengua po&eacute;tica espa&ntilde;ola a ambos lados del Atl&aacute;ntico. Su tem&aacute;tica puede, en parte, parecer anacr&oacute;nica, pero tambi&eacute;n detect&oacute; la esencia del Nuevo Mundo y de la nueva sociedad. En un art&iacute;culo reciente he comparado a Rub&eacute;n con Walt Whitman. Fueron coet&aacute;neos durante 25 a&ntilde;os, hasta la muerte del bardo de Paumanok en 1892. &iexcl;Que pena que Rub&eacute;n muriera antes de cumplir los 50, en 1916! &iquest;Qu&eacute; hubiera dado de s&iacute; en ese prodigioso decenio vanguardista de los a&ntilde;os 20?</p>
<p class="normal">- Tambi&eacute;n en 2016 se cumplen 80 a&ntilde;os del fusilamiento de Federico Garc&iacute;a Lorca. Entre &eacute;l y Walt Whitman traz&oacute; un puente en uno de sus ensayos (<em>Im&aacute;genes de la ciudad. Poes&iacute;a y cine, de Whitman a Lorca</em>). &iquest;Qu&eacute; lugar ocupan estos dos poetas en su trayectoria?</p>
<p class="normal">- Para m&iacute;, Whitman, con Rub&eacute;n y con Baudelaire, est&aacute; a la cabeza de la renovaci&oacute;n de la poes&iacute;a en el XIX. Y Lorca es uno de los tres o cuatro poetas que prefiero de la primera mitad del XX.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Valle-Incl&aacute;n es un escritor m&aacute;ximo&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;Y Valle-Incl&aacute;n? Tambi&eacute;n ha escrito sobre &eacute;l. &iquest;Es uno de sus autores de cabecera? &iquest;Cu&aacute;les son esos autores a los que vuelve una y otra vez?</p>
<p class="normal">- Valle es un escritor m&aacute;ximo. La gran aportaci&oacute;n espa&ntilde;ola al Modernismo internacional, distinto del Modernismo hisp&aacute;nico. Est&aacute; en la misma camada de Proust, Joyce, Thomas Mann, Virginia Woolf, Faulkner, Gide, Hesse, etc&eacute;tera. Adem&aacute;s de los mencionados, vuelvo siempre a los poetas.</p>
<p class="normal">- &iquest;Est&aacute; al tanto de las novedades tanto literarias como cinematogr&aacute;ficas? El cine est&aacute; muy presente en su obra...</p>
<p class="normal">- Si. Soy muy cin&eacute;filo. Voy al cine una vez a la semana. Ense&ntilde;o cine y literatura en la Universidad. He publicado varios libros sobre el tema. Y sigo tambi&eacute;n las novedades literarias, pero no compulsiva ni "profesionalmente", como lo hice en otras etapas de mi vida, porque ahora mi tiempo est&aacute; limitado para ello.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;La vida es un flujo en donde querer controlar y preverlo todo es sencillamente est&uacute;pido&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Habl&aacute;bamos de los retos de la RAE, pero a nivel personal &iquest;c&oacute;mo vive Dar&iacute;o Villanueva la encrucijada del presente?</p>
<p class="normal">- Si hay algo a lo que nunca me aventurar&iacute;a es a ser una especie de profeta. Aunque se me pueda calificar de inconsciente; algo que, por otra parte, no me preocupa lo m&aacute;s m&iacute;nimo, considero que la vida es un flujo en donde querer controlar y preverlo todo es sencillamente est&uacute;pido. Y esa creencia personal, tambi&eacute;n vale para lo que es m&aacute;s amplio, por ejemplo la vida institucional. Claro que es importante que exista una planificaci&oacute;n, una proyecci&oacute;n, pero de ah&iacute; a calcularlo todo... En la RAE hemos elaborado un plan estrat&eacute;gico, por supuesto, que en su primera fase llega hasta 2020, pero los planes estrat&eacute;gicos, hay que ir ajust&aacute;ndolos sobre la marcha. Lo importante es tener claro qu&eacute; somos, qu&eacute; hacemos, qu&eacute; queremos hacer, con qu&eacute; medios contamos para hacerlo y en cu&aacute;nto tiempo lo podemos hacer. Estas son preguntas fundamentales. Nosotros nos hemos respondido a esas preguntas y ya estamos en el torbellino, pero sin excesiva preocupaci&oacute;n. Hay que saber controlarse para no angustiarse demasiado por las cosas. Vistas en su conjunto pueden resultar abrumadoras, pero hay que ir paso a paso, o d&iacute;a a d&iacute;a, como en la vida misma.</p>
<p class="normal"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Hoy podemos decir que la Academia no est&aacute; endeudada&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;C&oacute;mo ha afectado la crisis, con la consiguiente reducci&oacute;n de presupuestos, a la</p>
<p class="normal">instituci&oacute;n?</p>
<p class="normal">- Pues evidentemente ha supuesto un problema, en alg&uacute;n momento bastante angustioso. Tradicionalmente la Real Academia Espa&ntilde;ola tiene tres fuentes de financiaci&oacute;n: la primera es la aportaci&oacute;n del Estado, que en los mejores momentos ha supuesto menos del 50% del presupuesto total y que, desde que comenz&oacute; la crisis, se ha reducido en m&aacute;s de la mitad, un baj&oacute;n considerable. La segunda fuente, que siempre ha existido, es la venta de los productos de la Academia, fundamentalmente los diccionarios, las gram&aacute;ticas, las ortograf&iacute;as y los libros de diversa &iacute;ndole, y la tercera, la Fundaci&oacute;n Pro-RAE, que se constituy&oacute; hace ya casi 25 a&ntilde;os, con la presidencia honor&iacute;fica del Rey y el gobernador del Banco de Espa&ntilde;a como presidente. La crisis tambi&eacute;n las ha afectado a las dos; porque la producci&oacute;n de obras propias ha sufrido una dura ca&iacute;da y porque los movimientos financieros han bajado much&iacute;simo. Pese a todo eso, hoy podemos decir que la Academia no est&aacute; endeudada. En los presupuestos anteriores su d&eacute;ficit era de unos dos millones y medio de euros entre ingresos y gastos, pero esto pr&aacute;cticamente se ha equilibrado este a&ntilde;o porque hemos hecho lo que hay que hacer: hemos disminuido los gastos y hemos incrementado los ingresos con la rentabilizaci&oacute;n de la oferta gratuita del diccionario en l&iacute;nea. Seguimos ofreciendo el nuevo diccionario, su vig&eacute;simo tercera edici&oacute;n, de manera absolutamente gratuita, pero hemos conseguido un patrocinador, la Caixa, con la que hemos suscrito un contrato a varios a&ntilde;os que supone una inyecci&oacute;n de recursos importante. A esto tenemos que a&ntilde;adir la creaci&oacute;n de una sociedad, que se llama RAE Gesti&oacute;n, para rentabilizar al m&aacute;ximo los productos de la academia y de ese modo aliviar la dependencia de las otras fuentes de financiaci&oacute;n.</p>
<p class="normal">- &iquest;Con qu&eacute; expectativas se acude al s&eacute;ptimo Congreso de la Lengua, en San Juan de Puerto Rico? [se celebr&oacute; del 15 al 18 del pasado mes de marzo.]</p>
<p class="normal">-&nbsp; Yo definir&iacute;a este congreso como un gran escaparate ante el mundo de lo que significa en estos momentos la lengua espa&ntilde;ola como elemento de cultura, de convivencia, de igualdad y de libertad, sin descuidar tambi&eacute;n otros componentes como los propiamente econ&oacute;micos, ahora que se habla tanto del valor econ&oacute;mico de las lenguas. En este s&eacute;ptimo encuentro, que gira en torno al tema de la creatividad, de la lengua en su conexi&oacute;n con los distintos campos de la creatividad humana, hay que destacar, adem&aacute;s, el lugar donde se realiza, Puerto Rico, un estado libre asociado a los Estados Unidos de Am&eacute;rica del Norte, pero que mantiene con enorme gallard&iacute;a el signo de identidad de la lengua espa&ntilde;ola. En un momento en el que la minor&iacute;a hispana en los EE.UU est&aacute; en el candelero desde muchos puntos de vista, esto resulta muy importante. Puerto Rico es el lugar propio del espa&ntilde;ol que nos sit&uacute;a m&aacute;s cerca de la realidad norteamericana, sin olvidar que tambi&eacute;n existe una Academia Norteamericana de la Lengua Espa&ntilde;ola.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>La batalla por el prestigio del espa&ntilde;ol</strong></p>
<p class="normal">- La batalla por el prestigio del espa&ntilde;ol est&aacute; en marcha. Demogr&aacute;ficamente es una de las lenguas con mayor potencia, pero a nivel de prestigio falta mucho camino, &iquest;no?</p>
<p class="normal">- S&iacute;, bueno, ah&iacute; tenemos que matizar. Culturalmente el espa&ntilde;ol es una lengua de una riqueza extraordinaria y no s&oacute;lo por la producci&oacute;n espa&ntilde;ola, sino sobre todo, quiz&aacute;s en los &uacute;ltimos tiempos, por la producci&oacute;n americana. Pensemos que este a&ntilde;o se celebran los cuatricentenarios de dos figuras fundamentales, Shakespeare y Cervantes, ambos situados en un plano de absoluta igualdad, incluso por los propios anglosajones, que son muy poco dados a reconocer los m&eacute;ritos de nuestra cultura. El problema del reconocimiento, del prestigio, tiene que ver sobre todo con lo social. En los Estados Unidos la emigraci&oacute;n latinoamericana ha tenido un estigma y la lengua ha participado de ese estigma, de la imagen de los hispanos como gente indeseable. Se trata de una manifestaci&oacute;n de xenofobia que espero que las urnas resuelvan, pero en la actualidad en la sociedad norteamericana, que tiene aspectos muy positivos, pero otros bastante ingratos en comparaci&oacute;n con el modelo de vida europeo y especialmente espa&ntilde;ol, ser latino sigue siendo un estigma de la pobreza, de la incultura, de la ilegalidad incluso. Es cierto que esa imagen est&aacute; cambiando, que la minor&iacute;a hispana en EEUU ha crecido en renta per c&aacute;pita y que es probable que veamos a un representante hispano en el futuro gobierno. Todo esto va en beneficio del prestigio social de la lengua, pero a&uacute;n queda mucho camino por hacer, sin duda. Hablamos de una sociedad que, aunque aparentemente sea tan democr&aacute;tica, en el fondo tiene un punto de clasismo muy marcado.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Lo que no puedo aceptar es el rechazo hacia lo que somos y lo que nos representa&rdquo; </strong></p>
<p class="normal">- Antes mencionaba el IV Centenario de la muerte de Cervantes y de Shakespeare. Ambos est&aacute;n al mismo nivel, pero en lo que se ha detectado una notable diferencia es en la manera de celebrarlos en sus pa&iacute;ses respectivos. Las autoridades brit&aacute;nicas presumen de Shakespeare, pero las espa&ntilde;olas no parecen enorgullecerse tanto de Cervantes; al menos no lo expresan con el mismo entusiasmo. &iquest;Indica esto una evidente falta de inter&eacute;s por la cultura en nuestro pa&iacute;s?</p>
<p class="normal">- Bueno, yo ya he hecho algunas manifestaciones p&uacute;blicas al respecto que han levantado un cierto revuelo. Fue muy significativo que el d&iacute;a 3 de enero del a&ntilde;o 2016 el jefe del gobierno brit&aacute;nico, David Cameron, publicara un art&iacute;culo sobre Shakespeare en la prensa de todo el mundo. A m&iacute; ese gesto, ese detalle, me gust&oacute; mucho porque creo que significa que quien est&aacute; gobernando entiende que la cultura es uno de los troncos fundamentales del pa&iacute;s. Hay que gestionar la econom&iacute;a, ganar elecciones y controlar un parlamento, por supuesto, pero la cultura es algo que permanece, que est&aacute; ah&iacute; siempre y que tambi&eacute;n es un motor de la econom&iacute;a. Yo en eso, envidio extraordinariamente a los ingleses, a los franceses, tambi&eacute;n a los alemanes. Me entristece mucho que nosotros no estemos a la misma altura. Es una cuesti&oacute;n de prioridades. Aqu&iacute; se ha preparado un programa Cervantes con una exposici&oacute;n interesante, con montajes teatrales y otras actividades puntuales que merecen ser destacadas, pero los ingleses se han volcado con Shakespeare, lo han elevado a homenaje de Estado, han trabajado en extender la obra por todo el mundo, cosa que aqu&iacute; no se ha planteado en absoluto con Cervantes. Lo entend&iacute; cuando le&iacute; el art&iacute;culo de Cameron. Eso es algo que los brit&aacute;nicos saben hacer muy bien y, sinceramente, echo en falta su autoestima. Los espa&ntilde;oles somos un pa&iacute;s que parece que se autodesprecia y eso tenemos que superarlo de una vez. Entiendo que seamos conscientes de nuestras lacras, de nuestras deficiencias, de nuestros errores y carencias, pero de ah&iacute; a la incomprensible expresi&oacute;n de auto odio que ponemos de manifiesto, hay una gran distancia. Yo no estoy hablando de un comportamiento acr&iacute;tico hacia lo que somos, pero lo que no puedo aceptar es exactamente lo contrario, la exagerada subestimaci&oacute;n, el rechazo hacia lo que somos y lo que nos representa.</p>
<p class="normal">- &iquest;Qu&eacute; est&aacute; aportando la Real Academia de la Lengua en este a&ntilde;o de reivindicaci&oacute;n de Cervantes?</p>
<p class="normal">- Bueno, en la Academia ya llevamos tiempo trabajando en las publicaciones de Cervantes. El&nbsp; a&ntilde;o pasado se presentaron dos ediciones del <em>Quijote</em>, una escolar y popular, hecha por Arturo P&eacute;rez Reverte, y otra cr&iacute;tica y erudita realizada por Francisco Rico. Ahora mismo, dentro de nuestra biblioteca cl&aacute;sica, estamos muy cerca de dar por finalizada la obra completa de Cervantes. Despu&eacute;s de los <em>Entremeses</em>, las <em>Comedias</em>, <em>La Galatea</em>, las <em>Novelas Ejemplares</em> y el <em>Quijote</em>, pr&oacute;ximamente ver&aacute; la luz la poes&iacute;a y el a&ntilde;o que viene <em>Los trabajos de Persiles y Sigismunda</em>, la obra p&oacute;stuma de Cervantes, coincidiendo con su centenario. Paralelamente a todo esto, hemos presentado una edici&oacute;n magn&iacute;fica de los manuscritos aut&oacute;grafos aut&eacute;nticos de Miguel de Cervantes, y estamos trabajando en una edici&oacute;n facsimilar del <em>Quijote</em> de Ibarra, el primer <em>Quijote </em>ilustrado exclusivamente por espa&ntilde;oles en 1870. La RAE, adem&aacute;s, ha aportado su ayuda a todas las investigaciones que se han hecho en la Iglesia de las Trinitarias para la localizaci&oacute;n de los restos de Cervantes y ha organizado encuentros, lecturas y homenajes en torno a la figura del escritor, uno de ellos en el marco del Congreso de la Lengua de San Juan de Puerto Rico.</p>
<p class="normal">- Una pregunta que me imagino que estar&aacute; harto de que se le plantee, pero es que la diferencia entre hombres y mujeres en la RAE sigue siendo evidente. &iquest;El camino hacia el equilibrio, hacia la igualdad, forma parte de ese plan estrat&eacute;gico del que hablaba?</p>
<p class="normal">- El a&ntilde;o pasado, 2015, se cubrieron&nbsp; cuatro sillones acad&eacute;micos, con dos mujeres (Clara Jan&eacute;s y Paz Battaner) y dos hombres (F&eacute;lix de Az&uacute;a y Manuel Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n). Cuando yo entr&eacute; en la RAE, en 2008,&nbsp; estaban Carmen Iglesias y Margarita Salas. Ahora, adem&aacute;s de las mencionadas, est&aacute;n Soledad Pu&eacute;rtolas, Carmen Riera, Aurora Egido e In&eacute;s Fern&aacute;ndez Ord&oacute;&ntilde;ez. No estoy harto de que se me haga esta pregunta, todo lo contrario, me estimula para no olvidar esa injusticia hist&oacute;rica. Pero la RAE actual no es culpable de lo que no se hizo antes de que en 1977 entrara Carmen Conde. Y hay que recordar que la primera acad&eacute;mica francesa fue, un a&ntilde;o despu&eacute;s, Marguerite Yourcenar.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Los bajos &iacute;ndices de lectura, que son end&eacute;micos en Espa&ntilde;a, siempre los vincular&eacute; a la eficacia (o no) de nuestro sistema educativo</strong><strong>&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;Qu&eacute; les dir&iacute;a a los apocal&iacute;pticos que vaticinan el fin de los libros? &iquest;Le preocupan los bajos &iacute;ndices de lectura en nuestro pa&iacute;s? &iquest;Le interesa el fen&oacute;meno de las redes sociales?</p>
<p class="normal">- A los apocal&iacute;pticos les suelo recordar <em>Fedro</em>, el di&aacute;logo de Plat&oacute;n en donde se afirma que la invenci&oacute;n de la escritura acabar&aacute; con la memoria de las personas, y el vaticinio de Marshall McLuhan, a quien admiro mucho, cuando dijo que los libros desaparecer&iacute;an en 1985, el a&ntilde;o en el que &eacute;l muri&oacute;. Nada nuevo bajo el sol. Toda nueva tecnolog&iacute;a en el terreno de la comunicaci&oacute;n act&uacute;a como extensi&oacute;n de nuestros sentidos y nos ofrece posibilidades nuevas fenomenales, pero siempre hay efectos contrarios, como en la vida misma. Las redes sociales est&aacute;n cambiando muchas cosas, incluso la propia pol&iacute;tica. No me gusta lo que tienen de falsa sinceridad, pero me parece bien que sirvan para que con frecuencia la estupidez humana se manifieste tal cual es. Y los bajos &iacute;ndices de lectura, que son end&eacute;micos en Espa&ntilde;a, siempre los vincular&eacute; a la eficacia (o no) de nuestro sistema educativo.</p>
<p class="normal"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;La ense&ntilde;anza me enriquece much&iacute;simo&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;Se sigue sintiendo Dar&iacute;o Villanueva profesor por encima de todo? &iquest;Qu&eacute; ha supuesto y que sigue significando la ense&ntilde;anza en su vida?</p>
<p class="normal">- La ense&ntilde;anza me enriquece much&iacute;simo. Creo que no habr&iacute;a podido escribir ninguno de mis libros si no fuera por el est&iacute;mulo que supone. La docencia es una labor que exige dedicaci&oacute;n y generosidad. El profesor entrega todo lo que tiene, todo ese conocimiento que le ha costado tanto adquirir, pero tambi&eacute;n tiene un retorno de gran compensaci&oacute;n, porque los estudiantes estimulan constantemente la aparici&oacute;n de ideas con sus preguntas, incluso con las m&aacute;s inocentes, y provocan una exigencia que es la que da lugar al trabajo creativo, a la investigaci&oacute;n. Y luego est&aacute; la que yo creo que es una de las regal&iacute;as de la condici&oacute;n de profesor: el hecho de cada a&ntilde;o te encuentras con una nueva promoci&oacute;n, con una nueva generaci&oacute;n de personas. Empec&eacute; a ser&nbsp; profesor en el a&ntilde;o 72 y por lo tanto tengo ya una perspectiva de 43 a&ntilde;os. A mis aulas han acudido gentes con nuevas visiones de las cosas y eso es absolutamente fascinante, muy estimulante. Es un ba&ntilde;o continuo de juventud, de maneras renovadas de vivir y ver el mundo, que ayuda a ir evolucionando, a no anclarse exclusivamente en lo que uno ha sido.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;A mi lo que me preocupa de la universidad es el mal de la burocratizaci&oacute;n administrativa&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Se tiende a decir que el nivel de la universidad ha empeorado; tambi&eacute;n que el nivel de los universitarios va a peor. &iquest;Est&aacute; de acuerdo?</p>
<p class="normal">- Con lo segundo no puedo estar de acuerdo. Pensar que vamos retrocediendo y que los j&oacute;venes ahora son menos competentes, menos despiertos, menos perspicaces, menos laboriosos que hace unos a&ntilde;os, indicar&iacute;a un pesimismo absoluto. Como hip&oacute;tesis, me parece insostenible. Lo que sucede es que cambian los modos, las experiencias, las habilidades, las exigencias de la sociedad, y ante ello los profesores debemos saber adaptarnos. Yo siempre les digo a mis compa&ntilde;eros cuando se quejan de esto, que cuando un docente se queja de que los alumnos no saben es como si un m&eacute;dico se quejara de que la gente tiene enfermedades. Es absurdo: un m&eacute;dico existe para tratar a los enfermos, del mismo modo que un profesor existe para darle conocimientos a quien no los tiene. Por lo tanto si el diferencial es mayor, m&aacute;s trabajo y m&aacute;s est&iacute;mulo para el que ense&ntilde;a. En cuanto a la universidad a m&iacute; lo que me preocupa much&iacute;simo es que cuando fui rector, que lo fui durante ocho a&ntilde;os, del 1994 a 2002, procur&eacute; luchar contra el mal de la burocratizaci&oacute;n administrativa. La burocracia excesiva me parec&iacute;a indeseable e intent&eacute; combatirla, pero ahora veo, con gran tristeza y preocupaci&oacute;n, que a pasos crecientes se est&aacute; burocratizando no s&oacute;lo la administraci&oacute;n sino tambi&eacute;n la docencia y la investigaci&oacute;n, que son dos esferas que deber&iacute;an estar completamente al margen de ese vicio.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Debemos hacer todo lo posible para que, en la sociedad del siglo XXI, la universidad no deje de ser una factor&iacute;a de conocimiento&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;Y qu&eacute; le parece esa tendencia a ver a los alumnos como clientes, a considerar la rentabilidad por encima de todo?</p>
<p class="normal">- Bueno, yo he sido de los profesores y de los rectores universitarios que, all&aacute; por los a&ntilde;os 90, procuramos mantener viva la llama de lo que la universidad fue desde su fundaci&oacute;n, un centro donde se cultivan los saberes, sin ning&uacute;n otro prop&oacute;sito; pero, por otra parte, ya que estamos en la sociedad del conocimiento y las universidades encierran gran volumen de conocimiento, tambi&eacute;n defend&iacute; el aprovechamiento de la universidad como factor&iacute;a de saberes para crear riqueza social. En este sentido mi postura es bifronte, es una postura de Jano. Creo en las dos cosas, no veo la necesidad de optar entre una y otra. Se trata de mantener la esencia de la universidad, para lo que yo estoy especialmente abocado, porque soy de humanidades, pero al mismo tiempo hacer todo lo posible para que en la sociedad del siglo XXI la universidad no deje de ser una factor&iacute;a de conocimiento.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;La investigaci&oacute;n b&aacute;sica es absolutamente fundamental para el desarrollo&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;Podr&iacute;a explicar un poco m&aacute;s en qu&eacute; consiste su idea de factor&iacute;a de conocimientos...? &iquest;De qu&eacute; manera la universidad puede generar riqueza sin dejar atr&aacute;s sus principios b&aacute;sicos, fundacionales?</p>
<p class="normal">- La investigaci&oacute;n cient&iacute;fica produce avances que se pueden transmitir inmediatamente a la sociedad. Por ejemplo, en este momento se habla de que uno de los materiales del futuro es el grafeno. Pues el grafeno, un material con el que se van a poder hacer pantallas el&aacute;sticas, bater&iacute;as el&eacute;ctricas de mucha mayor potencia y much&iacute;simas m&aacute;s cosas, se ha descubierto en los departamentos universitarios. A eso me refiero y eso siempre ha ocurrido. El origen de los avances en nuestra sociedad tecnificada viene de la aplicaci&oacute;n de los descubrimientos cient&iacute;ficos a la realidad, y todo eso procede del conocimiento, de la investigaci&oacute;n b&aacute;sica, no s&oacute;lo de la investigaci&oacute;n aplicada. La investigaci&oacute;n b&aacute;sica es absolutamente fundamental para el desarrollo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;La formaci&oacute;n human&iacute;stica es extraordinariamente eficaz y rentable&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- El otro d&iacute;a le&iacute;a que Google va a contratar a humanistas en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os. Humanistas que se muevan como peces en el agua con los datos, para hacer accesible el gran caudal de informaci&oacute;n a nuestro alcance. Cuando tanto se insiste en que las humanidades est&aacute;n en crisis; cuando tanto se nos quiere convencer de que no son &uacute;tiles para la sociedad y por ello son ninguneadas en los planes de estudio, esto es una buena noticia, &iquest;no?</p>
<p class="normal">- S&iacute;, pero aunque lo parezca, no es una noticia tan novedosa. Yo recuerdo que en los a&ntilde;os 80, el MIT (Massachusetts Institute of Technology), que es fundamentalmente un centro cient&iacute;fico y tecnol&oacute;gico, abri&oacute; una l&iacute;nea, al frente de la cual estaba Nicholas Negroponte, denominada la l&iacute;nea de los Media Lab. Se trataba de un laboratorio de medios en el cual entraron much&iacute;simos j&oacute;venes que proced&iacute;an del campo de las humanidades. Yo recuerdo, por ejemplo, a Janet Murray, que public&oacute; un libro estupendo sobre el futuro de la literatura con las nuevas tecnolog&iacute;as titulado <em>Hamlet en el holocubierta: el futuro de la literatura en el ciberespacio.</em> Esto suced&iacute;a en la d&eacute;cada de los 80. Que ahora Google, con el potencial que tiene como empresa, est&eacute; en ese mismo camino, me parece estupendo. Soy de los que piensan que la formaci&oacute;n human&iacute;stica es una formaci&oacute;n extraordinariamente eficaz y rentable, porque configura la mente y organiza el cerebro, lo cual es fundamental para recibir conocimientos mucho m&aacute;s puntuales e instrumentales, que tienen que renovarse y ser sustituidos peri&oacute;dicamente por la propia evoluci&oacute;n de las cosas. Yo soy contrario a la especializaci&oacute;n y creo que los primeros a&ntilde;os de estudio tienen que dedicarse a una educaci&oacute;n de tipo generalista, porque esa es la que va a configurar a la persona para que despu&eacute;s, en las fases siguientes, se pueda especializar y pueda hacerlo, de manera sucesiva, en todo aquello que la sociedad, la industria o la empresa o la administraci&oacute;n para la que trabaje le vayan exigiendo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Las humanidades son fundamentales en estos tiempos de info caos&rdquo;</strong><strong></strong></p>
<p class="normal">- En una sociedad tan globalizada, con tanta cantidad de informaci&oacute;n, se necesita gente que sepa canalizar y poner en circulaci&oacute;n todo ese conocimiento de manera que tenga sentido y que pueda orientar al resto. Ah&iacute; el humanista tiene mucho que aportar.</p>
<p class="normal">- S&iacute;, porque la formaci&oacute;n human&iacute;stica lo que proporciona, cuando se recibe de manera fruct&iacute;fera, son instrumentos para enjuiciar, para valorar, para precisar los conceptos, para distinguir entre lo fundamental y lo accesorio. De ah&iacute; que sea muy importante en estos tiempos en los que incluso se llega a hablar del info caos. Tenemos tal cantidad de informaci&oacute;n que se suelen confundir con demasiada frecuencia las churras con las merinas. Y de noche todos los gatos son pardos, &iquest;no? Sabemos que eso no puede ser as&iacute;, que hay que saber diferenciar el grano de la paja porque no hacerlo tiene unas consecuencias importantes. Pensemos, por ejemplo, en la capacidad de manipular a las personas, dentro incluso de los reg&iacute;menes democr&aacute;ticos formales. Si las personas no tienen formaci&oacute;n suficiente como para saber discernir entre unas cosas y otras, la &uacute;ltima teor&iacute;a que llega, la argumentaci&oacute;n de turno, por absurda o mal&eacute;vola que sea, puede terminar haciendo mucho da&ntilde;o al conjunto de la sociedad.</p>
<p class="normal">- Lo estamos viendo continuamente. Vivimos en una especie de ceremonia de la confusi&oacute;n, del enga&ntilde;o. Y precisamente por esto, una y otra vez nos planteamos la siguiente pregunta: &iquest;Se intenta menospreciar a las humanidades porque cuanto menos sepa el ciudadano normal, m&aacute;s f&aacute;cil de manejar, de manipular, de hacerle ver la realidad desde la perspectiva deseada?</p>
<p class="normal">- Yo siempre me he resistido a creer que esto sea algo intencionado, pero, francamente, en los &uacute;ltimos tiempos estoy empezando a tener serias dudas. Aquella idea de McLuhan en la<em> Galaxia Gutenberg</em> de que el medio es el mensaje creo que est&aacute; siendo aplicada de manera trapacera a la manipulaci&oacute;n pol&iacute;tica. El mensaje ya no cuenta, lo que cuenta es el medio por el que se transmite, y de ese modo se pierden las referencias. La teor&iacute;a de la relatividad, al poner en cuesti&oacute;n las magnitudes objetivas e indiscutibles de la mec&aacute;nica de Newton, dio lugar a la idea del relativismo, muy del siglo XX, de nuestra &eacute;poca actual. Lo comprendo y me parece bien, pero, sin embargo, pienso que hay valores y hay principios y referencias que deben ser s&oacute;lidas. Considero, por ejemplo, que es mucho mejor la separaci&oacute;n de la Iglesia del Estado que la fusi&oacute;n entre ambas instituciones; creo que es mucho mejor la consideraci&oacute;n de todos los seres humanos como iguales, sin ning&uacute;n tipo de discriminaci&oacute;n ni por sexo ni por raza ni por religi&oacute;n, a la idea contraria. Pienso que la libertad es un valor absolutamente incuestionable y que la libertad, sin embargo, tiene que estar sometida a unas leyes democr&aacute;ticamente aprobadas, respetadas de manera escrupulosa para garantizar precisamente nuestra libertad y la de los dem&aacute;s. Pero resulta que en estos momentos se est&aacute; discutiendo sobre todo esto, debido al choque de concepciones del mundo que existe. Y no todas valen igual. Hay concepciones del mundo que son superiores a otras y as&iacute; debemos valorarlas. Eso lo defender&eacute; siempre. No admitir&eacute; el principio del relativismo. Por ejemplo, a m&iacute; que me digan que la ablaci&oacute;n del cl&iacute;toris a las ni&ntilde;as es una pr&aacute;ctica com&uacute;n en determinados pa&iacute;ses me parece una aberraci&oacute;n y jam&aacute;s admitir&eacute; como ciudadano de Espa&ntilde;a y de Europa que se ejercite una pr&aacute;ctica semejante por una concepci&oacute;n que yo considero totalmente equivocada y brutal.</p>
<p class="normal">- &iquest;Qu&eacute; diferencia hay entre los estudiantes de su &eacute;poca y los alumnos a los que ense&ntilde;a y con los que dialoga hoy?</p>
<p class="normal">- Hay unas diferencia fundamental, la sociedad. Las personas somos lo que somos por nosotros mismos, pero tambi&eacute;n nos afecta mucho el entorno en el que nos movemos: la familia, la sociedad y no digamos al r&eacute;gimen pol&iacute;tico en el que vivimos. Yo, que nac&iacute; en los 50, empec&eacute; a estudiar en la universidad en el a&ntilde;o 67. No conoc&iacute; la democracia hasta que cumpl&iacute; los 25 a&ntilde;os y eso me condicion&oacute; extraordinariamente. Los alumnos que he tenido a lo largo de mi vida, a partir del a&ntilde;o 78 han sido personas que han vivido en democracia, y los que tengo ahora ya han nacido bajo ese sistema. Se trata de un cambio verdaderamente extraordinario que, indudablemente, se refleja en la relaci&oacute;n entre profesor y alumno. Nosotros ten&iacute;amos un gran respeto al profesor y eso en principio es positivo, pero resulta que ese respeto se basaba en un principio de autoritarismo muy inflexible, de una cierta inspiraci&oacute;n dictatorial, lo cual deja bastante que desear. Hoy en d&iacute;a el respeto es mutuo, estamos en una situaci&oacute;n m&aacute;s equilibrada, de t&uacute; a t&uacute;, que en mi &eacute;poca, donde el profesor estaba en una peana y nosotros est&aacute;bamos mucho m&aacute;s abajo. Y a esto hay que a&ntilde;adir el cambio tecnol&oacute;gico. La tecnolog&iacute;a, ya lo dec&iacute;a McLuhan, cambia nuestra relaci&oacute;n con el mundo y cambia la relaci&oacute;n con nuestros propios sentidos porque nos proporciona extensiones de la vista, el o&iacute;do, el olfato, el gusto, el tacto, y tambi&eacute;n de nuestra inteligencia. Los chicos a los que ense&ntilde;o actualmente son nativos digitales, viven inmersos en un ciberespacio donde cuentan con todas las posibilidades, mientras que yo soy un emigrante digital que empez&oacute; a aprovecharse de la fotocopiadora en el momento en que hice la tesina. En mi &eacute;poca la adquisici&oacute;n de informaci&oacute;n era muy gravosa, muy costosa, pasaba por la biblioteca y la biblioteca muchas veces no ten&iacute;a todo lo que necesit&aacute;bamos. Hoy en d&iacute;a la adquisici&oacute;n de la informaci&oacute;n es extraordinariamente f&aacute;cil. Y podemos hablar tambi&eacute;n de la posibilidad de salir al exterior, de viajar, otro factor importante. Yo el primer viaje al extranjero lo hice con 17 a&ntilde;os, cuando mi padre me llev&oacute; a Lisboa, como premio por mis buenos resultados acad&eacute;micos. Hoy en d&iacute;a los estudiantes, gracias al programa Erasmus, pueden pasar un a&ntilde;o en cualquier pa&iacute;s de Europa. Hay muchos elementos que diferencian a los estudiantes de hoy de los de mi generaci&oacute;n, pero yo sigo creyendo, como humanista que soy, en la identidad profunda de la condici&oacute;n humana, creo que en &uacute;ltima instancia somos muy iguales los unos a los otros.</p>
<p class="normal">- &iquest;Hay menos inter&eacute;s ahora por las humanidades, en el &aacute;mbito universitario?</p>
<p class="normal">- Si recurrimos a la estad&iacute;stica; y hay quien dice que la estad&iacute;stica es la t&eacute;cnica de enga&ntilde;ar con n&uacute;meros, tendr&iacute;amos que decir lo contrario: en estos momentos hay much&iacute;simos m&aacute;s estudiantes de humanidades en Espa&ntilde;a de los que hab&iacute;a en mi &eacute;poca, entre otras cosas porque entonces -hablo del a&ntilde;o 67- hab&iacute;a 12 universidades en Espa&ntilde;a y hoy tenemos en torno a 80, todas, salvo las polit&eacute;cnicas, con facultades de humanidades que se han abierto a distintas &aacute;reas, ampliando el marco de lo que fue la carrera de Filosof&iacute;a y Letras. Dicho esto, lo que s&iacute; percibo es que en nuestra &eacute;poca, en que &eacute;ramos pocos y en pocas universidades, todos los que est&aacute;bamos ten&iacute;amos un componente vocacional bastante marcado. En la Espa&ntilde;a de aquel momento se consideraba que estudiar humanidades era casi la antesala de la pobreza. Se trataba de unos estudios que socialmente no ten&iacute;an gran valoraci&oacute;n e incluso en nuestras propias familias no dejaban de llevarse un cierto disgusto cuando opt&aacute;bamos por ese camino. Est&aacute;bamos all&iacute; porque quer&iacute;amos y eso indicaba un grado de implicaci&oacute;n muy grande. Ahora, a veces, y no quiero generalizar, parece que existen contingentes de estudiantes que eligen humanidades porque no han conseguido calificaci&oacute;n para entrar en otras carreras.</p>
<p class="normal"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Estoy en contra de esas teor&iacute;as que asocian los estudios a las posibilidades de trabajo&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Bueno, hoy tambi&eacute;n se les suele decir a los j&oacute;venes que las carreras de humanidades no tienen ning&uacute;n futuro. Hay incluso determinados pol&iacute;ticos que defienden que se oriente la universidad para aquellas disciplinas en las que haya demanda de trabajo.</p>
<p class="normal">- S&iacute;, es cierto. Por desgracia, la sociedad sigue manteniendo la misma idea, en mi opini&oacute;n completamente err&oacute;nea. Yo estoy en contra de esas teor&iacute;as que asocian los estudios a las posibilidades de trabajo. Eso es desvirtuar por completo el sentido de la universidad. Si un estudiante universitario termina su ciclo a los 23 a&ntilde;os, esos 23 a&ntilde;os son fundamentales para adquirir una formaci&oacute;n transversal, amplia, y luego a partir de ah&iacute; ya vendr&aacute;n las especializaciones. Los pa&iacute;ses m&aacute;s desarrollados del mundo, desde el punto de vista econ&oacute;mico y social, hace mucho tiempo que han amortiguado esta percepci&oacute;n, que es muy propia de Espa&ntilde;a y muy anticuada. Yo empec&eacute; a ir a Estados Unidos en el a&ntilde;o 83 y desde entonces he pasado all&iacute; temporadas. He sido profesor en varias universidades, he estado tambi&eacute;n con mi propia familia... Pues bien, una de las cosas que m&aacute;s me sorprendieron es que all&iacute; los estudios y la b&uacute;squeda de trabajo no ten&iacute;an la misma relaci&oacute;n de causa efecto que en Espa&ntilde;a. En EEUU hacer un tipo de estudios no predestina para una determinada funci&oacute;n en el mundo profesional, sino que tras la&nbsp; primera formaci&oacute;n, se entra en otra etapa, la de la consecuci&oacute;n de un trabajo. Y ah&iacute; no perjudica para nada una carrera de tipo human&iacute;stico a la hora de buscar un trabajo en el mundo de la empresa, de la comunicaci&oacute;n o de la industria. Eso es muy saludable y responde a una sociedad nueva. Hay que reconocer que el Nuevo Mundo se llama as&iacute; con raz&oacute;n. Con todos sus defectos, que los tiene, la sociedad norteamericana es una sociedad de nuevo cu&ntilde;o, sin muchos de los lastres que arrastramos en Europa, y eso produce flexibilidad y abre much&iacute;simas m&aacute;s oportunidades. Hay algo de mentira, de mito, en el dicho de que Am&eacute;rica es tierra de oportunidades, pero tambi&eacute;n asoma un poco de verdad. La prueba es que, lamentablemente, muchos j&oacute;venes espa&ntilde;oles, bien preparados en nuestras universidades, se han tenido que marchar a los Estados Unidos. Lo han hecho siempre y ahora especialmente, porque all&iacute; pueden encontrar el espacio que aqu&iacute; nosotros no les damos.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Me parece un aut&eacute;ntico drama la falta de oportunidades para los j&oacute;venes con t&iacute;tulo universitario&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;C&oacute;mo se siente como docente ante esta realidad, ante esta falta de oportunidades?</p>
<p class="normal">- Me parece muy preocupante, un aut&eacute;ntico drama, una aut&eacute;ntica sangr&iacute;a. Como profesor universitario me encuentro con la triste paradoja de que los alumnos que nosotros formamos, cuando se van a pa&iacute;ses que s&iacute; los acogen y emplean, dan perfectamente el nivel, es decir, que la formaci&oacute;n que les estamos proporcionando, con todas las carencias que se nos puedan atribuir, es una formaci&oacute;n que est&aacute; a la altura de lo que se exige en los pa&iacute;ses m&aacute;s desarrollados para los j&oacute;venes con t&iacute;tulo universitario. Esto es as&iacute; en el &aacute;rea de las humanidades, pero tambi&eacute;n en las ciencias experimentales, en la tecnolog&iacute;a... Estamos preparando a gente con recursos que, en la mayor&iacute;a de los casos, proceden de los propios espa&ntilde;oles; porque no olvidemos que el sistema universitario espa&ntilde;ol cobra a los estudiantes s&oacute;lo un quince por ciento del coste de su educaci&oacute;n. Pero, &iquest;qu&eacute; sucede despu&eacute;s? Es muy desolador. Los pa&iacute;ses ricos cada vez se hacen m&aacute;s ricos precisamente porque tienen la habilidad de invertir en formar a las personas para que esa formaci&oacute;n revierta en el incremento de su capital.</p>
<p class="normal">- Aqu&iacute; ahora mismo la tendencia es subir las tasas universitarias. Vamos a peor en cuanto a la igualdad de todos a la hora de acceder a los estudios.</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Se est&aacute;n subiendo las tasas, pero de todos modos, el porcentaje que paga un estudiante espa&ntilde;ol es todav&iacute;a bajo en comparaci&oacute;n con otros pa&iacute;ses. Aunque la educaci&oacute;n en Estados Unidos, como dec&iacute;a antes, es ejemplar en muchos sentidos, no hay que mitificarla en exceso. All&iacute; un alumno universitario puede gastar al a&ntilde;o en tasas f&aacute;cilmente 40.000 d&oacute;lares y uno de los problemas que est&aacute; habiendo ahora es que los estudiantes, tras endeudarse para poder pagar sus carreras, se encuentran con que no pueden hacer frente a sus cr&eacute;ditos porque el mercado de trabajo se ha retra&iacute;do. Se est&aacute;n dando casos en que llegan a plantearle pleitos a sus universidades sobre el supuesto de que &eacute;stas, al cobrarles tanto, les ofrec&iacute;an no s&oacute;lo la garant&iacute;a de una buena educaci&oacute;n sino tambi&eacute;n de un empleo.</p>
<p class="normal">- &iquest;Si le dieran la oportunidad de viajar a un tiempo de la Historia por cu&aacute;l se decantar&iacute;a?</p>
<p class="normal">- Sin duda, viajar&iacute;a al decenio de los a&ntilde;os veinte del siglo XX. Fue una &eacute;poca prodigiosa. Los avances de todo tipo, en arte, ciencia y sociedad, que se produjeron fueron fabulosos. Es la d&eacute;cada de las vanguardias, &eacute;poca cosmopolita en la que despu&eacute;s de la hecatombe de la primera gran guerra la humanidad cre&iacute;a estar vacunada contra este mal. Desafortunadamente, el decenio siguiente vino a desmentirlo todo y fue terrible.</p>
<p class="normal">- &iquest;Proyectos personales, pr&oacute;ximas publicaciones?</p>
<p class="normal">- Muy pronto Taurus publicar&aacute; la traducci&oacute;n de un libro que Routledge public&oacute; en Londres hace un a&ntilde;o titulado <em>Introducing comparative literature. New trends and applications</em>. La obra es fruto del trabajo conjunto de tres autores. Lo escrib&iacute;, codo con codo, con Haun Saussy, de la Universidad de Chicago, y C&eacute;sar Dom&iacute;nguez, de la Universidad de Santiago de Compostela. La versi&oacute;n espa&ntilde;ola se titula <em>Lo que Borges ense&ntilde;&oacute; a Cervantes. Introducci&oacute;n a la literatura comparada</em>. Hemos querido hacer, y las primeras cr&iacute;ticas de la edici&oacute;n inglesa que se han publicado nos lo reconocen, el primer tratado de Literatura Comparada de la sociedad digital en el &aacute;mbito de la comunicaci&oacute;n globalizada. Estamos convencidos de que nuestra disciplina es id&oacute;nea para afianzar a las Humanidades en esta nueva era.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 29 Jun 2016 09:01:18 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Clara Janés: “La intuición nos acerca al descubrimiento”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/clara-janes-la-intuicion-nos-acerca-al-descubrimiento/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2016/clara500.jpg" alt="" /></p>
<p>La Tierra es una cabeza que gira. La luz deja paso al sonido y la m&uacute;sica de las esferas se hace a un lado ante el murmullo del cosmos. El espacio-tiempo es un contorsionista que escribe poes&iacute;a, y la relatividad concede entrevistas y dice que se ve m&aacute;s absoluta al espejo. Fue dicho: dos agujeros forman una palanca de la que sale masa energizada. Cien a&ntilde;os despu&eacute;s, los f&iacute;sicos proclaman sin inmutarse que la coyunda de dos regiones negras del espacio es el suceso m&aacute;s luminoso de la creaci&oacute;n.</p>
<p>- El 12 de febrero se descubrieron las ondas gravitacionales. &iquest;C&oacute;mo lo vivi&oacute;?</p>
<p>- &hellip; A Einstein le refutaron la formulaci&oacute;n predictiva de la energ&iacute;a oscura. Los d&iacute;as posteriores a la rueda de prensa en que dieron a conocer la captaci&oacute;n, m&aacute;s de una ma&ntilde;ana me despert&eacute; con la idea de que muri&oacute; pensando que hab&iacute;a metido pata. Rossenblum y Kuttner, en <em>El enigma cu&aacute;ntico</em>, llegaron a ser as&iacute; de afilados: tildaron de <em>metedura de pata</em>, &ldquo;la mayor metedura de pata&rdquo;, haber introducido la constante cosmol&oacute;gica en las ecuaciones. Resolv&iacute;an que nadie pod&iacute;a saber la consistencia de la energ&iacute;a oscura, y que las especulaciones te&oacute;ricas ten&iacute;an <em>una inquietante manera</em> de <em>enderezar</em> las cosas. Yo nunca dud&eacute; de &eacute;l. Su inteligencia era fuera de lo corriente, de una mirada te le&iacute;a una p&aacute;gina de ecuaciones. De su legado me quedo con la importancia que otorga a la intuici&oacute;n. Hay que fiarse de la intuici&oacute;n y luego, si puedes, demostrarla.</p>
<p>- Entonces &eacute;l aplicaba, al m&eacute;todo cient&iacute;fico, un m&eacute;todo po&eacute;tico.</p>
<p>- Hasta tal punto que en un aniversario de Max Planck, en la Sociedad F&iacute;sica de Berl&iacute;n, ley&oacute; un discurso que, todo &eacute;l, era un poema. Arrancaba: &ldquo;En el templo de la ciencia hay muchos tabern&aacute;culos, si un &aacute;ngel del Se&ntilde;or llegara (&hellip;) &rdquo;. Mantiene el tono hasta el final.</p>
<p>- Estas ondas permitir&aacute;n estudiar objetos invisibles hasta ahora, especialmente los agujeros negros. Es decir, objetos que eran s&oacute;lo invisibles a nosotros. &iquest;La realidad es intr&iacute;nsecamente misteriosa o nosotros extraordinariamente limitados?</p>
<p>- Somos limitados, eso es evidente. Nuestros ojos no son aceleradores de part&iacute;culas. Podemos captar la realidad, dif&iacute;cilmente confirmar las especulaciones m&aacute;s atrevidas; al menos, a corto plazo. Una comprobaci&oacute;n puede llevar d&eacute;cadas. Nosotros vemos siete colores que no son siete, y hay animales que, ante una misma materia violeta, distinguen cinco variantes.</p>
<p>- Los esquimales s&iacute; leen varios blancos en el blanco.</p>
<p>- Ser&aacute;n un poco animales&hellip; las posibilidades de cada ser son distintas y la manera de estudiar a partir de ellas pasa por la ciencia&hellip; Debemos confiar en ella. Lo que ocurre es que, debido a que no disponemos de acceso directo a <em>lo real</em>, el primer paso es echar mano de la intuici&oacute;n, que es la que nos acerca al descubrimiento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Debemos cuestionarnos a nosotros mismos&rdquo;</strong></p>
<p>- Pero&hellip; &iquest;el misterio existe o es un modo de llamar a nuestro corto alcance? &iquest;El misterio lo ponemos nosotros como Hearst la guerra?</p>
<p>- Debemos cuestionarlo todo al ser limitados. Cuestionarnos a nosotros mismos. Est&aacute; bien cuestionar el misterio, yo noto que usted cree en &eacute;l&hellip; &iquest;Qu&eacute; es?: aquello que no se nos hace accesible de manera inmediata... pero <em>lo real</em> no se agota en lo que percibimos, eso tambi&eacute;n est&aacute; claro. Siempre hay puntos de horizonte que parecen inalcanzables y nosotros, en tanto que pensantes y sintientes, tendemos, o debemos tender, justamente a ellos: a lo que no logramos ver, y a pesar de que no logremos verlo. Porque lo visible no nos necesita. Lo visible es obvio. Esa tendencia a lo desconocido podr&iacute;amos llamarla misterio. Ergo, mientras haya tendencia y haya desconocido, habr&aacute; misterio. S&iacute;, existe.</p>
<p>- Los libros son instrumentos al servicio del misterio.</p>
<p>-Desde siempre. Ahora estoy revisando el tema de las primeras poetas en lengua castellana. Tenemos a sor Juana In&eacute;s de la Cruz, segunda mitad del siglo XVII. Ella escribe un libro, <em>Primero sue&ntilde;o</em>, formado por solo un poema. En &eacute;l parte de la tradici&oacute;n de los viajes celestes en pos del conocimiento. El primero, el &lsquo;Sue&ntilde;o de Escipi&oacute;n&rsquo;, de Cicer&oacute;n, consta en <em>De re publica</em>, libro sexto. Se basa en el mito de Er, citado por Plat&oacute;n en <em>La rep&uacute;blica</em>, donde salen el Huso y las sirenas. En esta propuesta astron&oacute;mica, Escipi&oacute;n Emiliano cae en un sue&ntilde;o donde se le aparece su abuelo El Africano, quien le conduce por el universo y explica qu&eacute; son el alma, la creaci&oacute;n, la eternidad&hellip; Sor Juana, parte de estos antecedentes. Otorga atenci&oacute;n a Athanasius Kircher, que en <em>Iter extaticum coeleste</em> sit&uacute;a un gu&iacute;a que me llama mucho la atenci&oacute;n, Cosmiel. Lo define como un ser <em>bello y a la vez terrible</em>&hellip; &iexcl;que es lo que luego dir&aacute; Rilke del &aacute;ngel...!</p>
<p>- &hellip; viene de ah&iacute;.</p>
<p>- Sin duda Rilke conoc&iacute;a el <em>Iter extaticum</em> y la idea del ser alado como algo bello y terrible, capaz de <em>encarnar</em> la transformaci&oacute;n de lo invisible a lo visible. Cosmiel gu&iacute;a a Teodidacto, y lo mismo: le lleva al cielo y, en este caso, le descubre planetas, estrellas fijas&hellip; en el punto en que estaban estudiadas, de acuerdo a la cosmolog&iacute;a de Tycho Brahe. En esa l&iacute;nea est&aacute;n Macrobio y el Dante del &lsquo;Para&iacute;so&rsquo; de la <em>Comedia</em>. Dante acude al cielo y la gu&iacute;a es Beatriz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;No hallar respuestas tiene apariencia de fracaso. A m&iacute; me parece totalmente positivo&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; especificidad aporta ella?</p>
<p>- Sor Juana es la m&aacute;s audaz: no va acompa&ntilde;ada: lanza su alma al cielo sin gu&iacute;a. &iquest;Qu&eacute; busca?: como en los dem&aacute;s casos, apaciguar el ansia de conocimiento y preguntarse por dios, la creaci&oacute;n y el cosmos. &iquest;Qu&eacute; ocurre?: no satisface sus aspiraciones, y esto es excepcional. Seg&uacute;n Octavio Paz, y ciertamente es as&iacute;, a consecuencia de ello no pierde su af&aacute;n de conocimiento. No hallar respuestas tiene apariencia de fracaso, no ha faltado quien lo tome as&iacute;. A m&iacute; me parece totalmente positivo.</p>
<p>- &iquest;Usted tiene alg&uacute;n libro interpretable desde el viaje celeste?</p>
<p>- <em>Orbes del sue&ntilde;o</em> (2013), de una manera abstracta. No es lo mismo, es parecido. Yo hab&iacute;a bautizado de ese modo una serie fotogr&aacute;fica. &iquest;Qu&eacute; pas&oacute;?: viaj&eacute; a M&eacute;xico, rele&iacute; <em>Primero sue&ntilde;o</em>, y me di cuenta de lo que hab&iacute;a hecho: &ldquo;Estas <em>orbes</em> forman parte, inequ&iacute;vocamente, de un libro de poemas en homenaje a sor Juana&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Entre dios y el mundo siempre quedar&aacute; el hombre&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;&hellip; con el no-saber compartido?</p>
<p>- Y encantada. Lo que me mueve es el af&aacute;n por saber, o sea, en realidad, lo que me mueve es el no-saber. Eso nos mantiene vivos. Es un libro importante para m&iacute;. Estaba ya metida en los libros de ciencia y mezcl&eacute; autores antiguos -de Pit&aacute;goras a Plat&oacute;n-, y actuales -Heisenberg, Einstein, Schr&ouml;dinger...-. La conclusi&oacute;n, al contrario que la previsible de sor Juana, es: &iexcl;qu&eacute; bien que nunca vayamos a saberlo todo! Entre dios y el mundo siempre quedar&aacute; el hombre.</p>
<p>- En el <em>Libro de las Alienaciones</em> (1980) dice: &ldquo;En manos no de lo desconocido / sino de lo absolutamente incognoscible&rdquo;. &iquest;Sigue pensando que no se cumplir&aacute; el conocimiento pleno?</p>
<p>- Sigo pens&aacute;ndolo. Segura.</p>
<p>- No teme que el avance cient&iacute;fico arruine conceptos como la inspiraci&oacute;n y dejemos de lanzar el alma cual anzuelo al &eacute;ter; y todo quede reducido a hormonas secretadas, neuronas e interacciones qu&iacute;micas&hellip;</p>
<p>-Volvemos a Einstein: &eacute;l cre&iacute;a en el alma y luego dec&iacute;a que todo lo que vivimos depende de nuestras hormonas, de nuestras gl&aacute;ndulas endocrinas; me hace mucha gracia, &iexcl;vaya un atrevimiento&hellip;! [acompa&ntilde;a el comentario de un risa persuasiva] &iquest;Est&aacute; estudiado lo que pasa en nuestro interior? Me gusta escuchar a Heisenberg, no entiendo todo el alem&aacute;n, pero algunas cosas s&iacute; y, en una entrevista, entend&iacute; perfectamente: &ldquo;La part&iacute;cula es el modo en que la materia se transforma en energ&iacute;a&rdquo;. Vale. Entonces pregunt&eacute; a un amigo f&iacute;sico &ndash;ahora tengo dos-: &ldquo;&iquest;Podemos decir lo contrario: es el modo en que la energ&iacute;a se transforma en materia?&rdquo;. Me dijo: &ldquo;S&iacute;, pero ten en cuenta que hablamos de energ&iacute;a electromagn&eacute;tica&rdquo;, y a&ntilde;adi&oacute;: &ldquo;Y no te asustes si te digo que en el cuerpo continuamente operan estos cambios: de energ&iacute;a a materia y de materia a energ&iacute;a&rdquo;.</p>
<p>-Respuesta cient&iacute;fica a una pregunta intuitiva.</p>
<p>-&hellip;intu&iacute;a que en <em>eso</em> consiste la vida. Y <em>eso</em> resulta que est&aacute; sucediendo de manera constante &iexcl;en millones de &aacute;tomos! Portamos un movimiento continuo de vida y muerte. Cada siete a&ntilde;os cambian todas las c&eacute;lulas del cuerpo. Semejante movimiento, &iquest;no va a ser causa de inseguridad? Si en lugar de inseguridad digo incertidumbre, queda claro el nexo que mi mente establece con el principio de Heisenberg. Sin salir del campo electromagn&eacute;tico, los engarces son complicad&iacute;simos.</p>
<p>-Y en el campo at&oacute;mico m&aacute;s&hellip;</p>
<p>-Es m&aacute;s complejo, pero ello no elimina su existencia, s&oacute;lo la convierte en misterio. Las radiaciones existen. Recibimos y emitimos sin darnos cuenta. Es sugerente. &iquest;Qu&eacute; es la vida?... aire; &iquest;qu&eacute; hacemos para vivir?: respiramos. Es decir, nos <em>intercambiamos</em> con el aire, realizamos operaciones que nos vinculan al mundo. Mi inclinaci&oacute;n a la funci&oacute;n de onda est&aacute; m&aacute;s que justificada.</p>
<p>-&hellip; <em>Psi</em>&hellip;</p>
<p>-As&iacute; se llam&oacute; el libro al principio: <em>Psi</em>, la letra griega que indica la funci&oacute;n de onda. Sin m&aacute;s. La interconexi&oacute;n. Todo est&aacute; conectado en el universo: ocurre algo en una zona del mundo y repercute en la estratosfera, eso tambi&eacute;n lo dec&iacute;a Einstein.</p>
<p>-&iquest;Efecto mariposa?, &iquest;Teor&iacute;a del Caos?</p>
<p>-&Eacute;l lo llamaba <em>Espeluznante acci&oacute;n a distancia</em>. Al final, podemos tener captaciones y conocimiento de acontecimientos antes de que se produzcan en la raz&oacute;n, o sin que pasen por ella.</p>
<p>-Un terreno por el que se hab&iacute;an movido los m&iacute;sticos&hellip;</p>
<p>-&hellip; S&iacute;&hellip;</p>
<p>-&hellip; Y ah&iacute; une ciencia con m&iacute;stica&hellip;</p>
<p>-&hellip; Claro, porque <em>sabes</em> cosas que, en realidad, no sabes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La poes&iacute;a es la relaci&oacute;n del hombre con el mundo que habita&rdquo;</strong></p>
<p>-Y ah&iacute; se une igualmente la poes&iacute;a, que es, seg&uacute;n ha escrito m&aacute;s de una vez, la relaci&oacute;n del hombre con el mundo que habita.</p>
<p>-Para m&iacute;, s&iacute;.</p>
<p>-&ldquo;S&oacute;lo en la oscuridad est&aacute;n los dioses&rdquo;, apunta Holan; &ldquo;S&oacute;lo en la oscuridad puede verse la luz&rdquo;, apunta usted. &iquest;Hasta qu&eacute; punto necesitamos del misterio en la <em>captaci&oacute;n</em> del arte, o en su <em>interiorizaci&oacute;n</em>? Ahora sale un libro que ambiciona explicar a Oteiza&hellip; cuando Oteiza no quer&iacute;a ser explicado, como muchos poetas tampoco quieren aclarar su obra. Usted, sin embargo, hace acotaciones.</p>
<p>-Explicaciones que son insuficientes. Las doy y me gusta, pero explico hasta donde llego.</p>
<p>-Si pudiera entender todo lo que hace, &iquest;lo comunicar&iacute;a?</p>
<p>-Probablemente, a m&iacute; misma. Al menos, lo dejar&iacute;a anotado. Aunque, como dijo, Wittgenstein, &ldquo;de lo que no se puede hablar, es mejor callarse&rdquo;. Para poner luz sobre Oteiza has de remontarte al constructivismo ruso, ah&iacute; dispondr&aacute;s de unas claves o posibilidades <em>objetivas</em> para explicar c&oacute;mo lleg&oacute; a las formas a que lleg&oacute;, pero, &iquest;cu&aacute;les son los m&oacute;viles subjetivos?: esa es la cuesti&oacute;n, y uno mismo la suele desconocer.</p>
<p>-Lo cual potencia la ambig&uuml;edad.</p>
<p>-Por supuesto, pero lo que m&aacute;s me interesa es que t&uacute; mismo puedes estar perdido. Te viene una imagen&hellip; &iquest;de d&oacute;nde? Y, &iquest;qu&eacute; significa? En el caso de <em>Psi o el jard&iacute;n de las delicias</em> (2014) los poemas me asaltaron por la calle. En tres d&iacute;as hice las tres primeras partes y no paraba de preguntarme qu&eacute;<em> pasaba</em>. Mezclaba la lengua de San Antonio de Padua con la incertidumbre y el gato de Schr&ouml;dinger&hellip; &iexcl;con el erotismo! Al cabo de un tiempo, insistiendo en tratar de entender qu&eacute; ten&iacute;a entre manos, me vino otra r&aacute;faga de d&iacute;a y medio. Entonces comprend&iacute; que se me presentaba la ciencia como tentaci&oacute;n del para&iacute;so.</p>
<p>-&iquest;Por qu&eacute; sabe que es ese el tema y no una interpretaci&oacute;n?</p>
<p>-Ciertamente es una interpretaci&oacute;n, la que vi en aquel momento, pero puedo no estar equivocada.</p>
<p>-Aflor&oacute;.</p>
<p>-Aflorar es un buen verbo, lleva al sicoan&aacute;lisis. Al cabo de ocho meses, leyendo el epistolario entre Carl Gustav Jung y Wolfgang Pauli, ca&iacute; en que el segundo le dice al primero -haciendo equivalencia entre sicolog&iacute;a y f&iacute;sica-: &ldquo;No olvidemos que el inconsciente son todas las posibilidades de que un pensamiento tenga lugar en la mente, con lo cual equivale a la letra <em>psi</em> en f&iacute;sica&rdquo;&hellip; Me qued&eacute; tranquila: &ldquo;&iexcl;Ahora est&aacute; claro!&rdquo;.</p>
<p>-Psi como inconsciente.</p>
<p>-Todo estaba en el m&iacute;o. Un desencadenante lo puso en marcha y tuve la suerte de que lleg&oacute; a &eacute;l.</p>
<p>-&iquest;Ha tenido revelaciones semejantes?</p>
<p>-[piensa] Pues hace no mucho, releyendo <em>Aurora consurgens</em>, una obra alqu&iacute;mica atribuida a santo Tom&aacute;s de Aquino, me di cuenta de por qu&eacute; imagin&eacute; en <em>Variables ocultas</em> (2010) a los astros bajo la tierra. Tom&aacute;s de Aquino dice que los astros se hunden en ella y crean el orden primordial&hellip; &iexcl;caramba&hellip;!, para m&iacute; crean el alfabeto. Lo mismo sin ser lo mismo. Le&iacute; esa imagen en <em>Aurora</em> sin duda y sin darle importancia; la ten&iacute;a completamente olvidada y, pasados los a&ntilde;os, sali&oacute;.</p>
<p>-Tambi&eacute;n dice que los rayos de luz penetran en la tierra; como abriendo paso a los astros.</p>
<p>-Seguramente cumplan esa funci&oacute;n. Est&aacute; hilado. Pero el concepto fuerte no es la luz, son los astros. Ellos generan las letras.</p>
<p>-&iquest;No le tienta <em>adendar</em> los libros, explicando los cabos sueltos en las intuiciones?</p>
<p>-Se tienen que dar las circunstancias. Ahora me han traducido al ingl&eacute;s <em>R&iacute;o hacia la nada</em> (2010) y <em>Psi</em>. Louis Bourne los quiere publicar juntos. &ldquo;Qu&eacute; cosa m&aacute;s descabellada&rdquo;, pens&eacute;, &ldquo;un libro basado en los <em>upanishads</em>, procedente de un viaje a la India, que arranc&oacute; en un avi&oacute;n volviendo de Padua; y otro cient&iacute;fico-er&oacute;tico&rdquo;. Estaba en blanco. A &uacute;ltima hora, tate, me doy cuenta de que mucho de lo que hay en el primer libro es Schr&ouml;dinger, cuya presencia en el segundo es evidente. Schr&ouml;dinger lo que hace, b&aacute;sicamente, es cuestionarse la vida. <em>Qu&eacute; es</em>.</p>
<p>-Schr&ouml;dinger, presente antes de lo imaginado por la raz&oacute;n&hellip;</p>
<p>-A lo mejor lo conoc&iacute; antes de conocerlo. Cuando descubr&iacute; que era poeta, me pas&eacute; un a&ntilde;o traduciendo sus versos. Me hice, para entenderle, con su biograf&iacute;a y los dem&aacute;s libros. &iquest;Qu&eacute; pasa?: Schr&ouml;dinger era un apasionado del <em>vedanta</em>&hellip; y a lo mejor yo me fij&eacute; en su obra por tal motivo&hellip; porque yo tambi&eacute;n lo soy desde que lo descubr&iacute; en 1973, cuando Barral public&oacute; una selecci&oacute;n de <em>upanishads</em> en <em>Doctrinas secretas de la India</em>. Bueno&hellip; pues no estaba tan equivocado ese traductor.</p>
<p>-&iquest;El viaje a Padua guarda relaci&oacute;n con los temas que aborda <em>Psi</em>?</p>
<p>-No. Era 2014, a&ntilde;o de la Cristalograf&iacute;a. Les dio por exponer en esta ciudad los poemas de <em>Lapidario</em> (1988), traducidos al italiano y acompa&ntilde;ados, cada uno, de su piedra correspondiente. Tuvo lugar en el jard&iacute;n bot&aacute;nico m&aacute;s antiguo del mundo. &iexcl;Fue una emoci&oacute;n&hellip;! Llevaba un libro al organizador y, nada m&aacute;s abrirlo, vio un meteorito. Yo desconoc&iacute;a que fuera experto en la materia. Se entusiasm&oacute; tanto que me mostr&oacute; uno con elementos del Big Bang</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;En el car&aacute;cter humano va la perversidad del poder&rdquo;</strong></p>
<p>-Usted capta y libera mucha energ&iacute;a. En realidad, estamos rodeados por un mundo de tendencia nihilista. &iquest;Qu&eacute; presencia tienen el lenguaje matem&aacute;tico y la muerte de dios en esta crisis?</p>
<p>-Las matem&aacute;ticas est&aacute;n desde antes de nuestra era. Yo no creo que esas cosas tengan que ver con los desastres pol&iacute;ticos. Pueden estar en el origen, y, evidentemente, ha habido seres negativos &ndash;Nietzsche lo fue- que han influido en la capacidad que el hombre tiene de situarse por encima del bien y del mal. Falta de creencia religiosa, desde luego, no es. En la antig&uuml;edad hab&iacute;a creencia y crueldad: mire lo que pasaba en los conventos, la pelea entre calzados y descalzos, la Inquisici&oacute;n&hellip; En el car&aacute;cter humano va la perversidad del poder. Ah&iacute; tenemos a Nicol&aacute;s Doria: quiso dejar fuera de la Orden a Fray Jer&oacute;nimo Graci&aacute;n. Le rest&oacute; toda autoridad, acus&aacute;ndolo de llevar una vida poco ajustada a la Regla. Tambi&eacute;n actu&oacute; contra San Juan: se lo quit&oacute; de encima mand&aacute;ndolo de fraile al norte de Ja&eacute;n. Y a Mar&iacute;a de San Jos&eacute;, una de las fundadoras, la encarcela en su propio convento; la destierra y de malos tratos muere, siendo poeta excelente y luchadora en favor de las constituciones de Teresa. La otra gran disc&iacute;pula, Ana de Jes&uacute;s, logra escapar y funda en Francia y en B&eacute;lgica. Es la destinataria del <em>C&aacute;ntico</em> de san Juan y Fray Luis le cede sus traducciones del <em>Cantar</em>. Se ocupa de divulgarlas, hacen copias sus monjas y busca una publicaci&oacute;n que no ve la luz hasta a&ntilde;os despu&eacute;s de muerta, en Bruselas. La persecuci&oacute;n era feroz. Aquellos frailes no estaban poniendo la otra mejilla.</p>
<p>-La crueldad, al presente, se ha sofisticado de manera considerable.</p>
<p>-Las posibilidades de pervertir son mayores, pero el af&aacute;n por el poder ha estado siempre; siempre, nefasto. La intenci&oacute;n de da&ntilde;ar al enemigo en cuanto se puede no es nueva. Lo que est&aacute; pasando viene, en gran medida, del apoyo al ayatol&aacute; Ruhollah Musav&iacute; Jomeini. &iquest;Por qu&eacute; se le apoy&oacute;?: por intereses econ&oacute;micos estadounidenses y de Francia. Los &uacute;ltimos a&ntilde;os han sido desquiciados: despu&eacute;s de haber puesto a Sadam Husein, lo quitan, y no s&oacute;lo lo quitan: lo matan; el postre son las <em>Primaveras &Aacute;rabes</em>, calculadas para destrozar a los pa&iacute;ses de la zona, y dejarlos profundamente endeudados.</p>
<p>-A los primeros conflictos &ndash;las persecuciones del XVI- los trascend&iacute;a una dimensi&oacute;n espiritual, al menos entre la gente de paz; ajena a gobiernos e instituciones. Ha citado a Nietzsche. &Eacute;l dec&iacute;a que el alma fue inventada para despreciar al cuerpo; y el pecado, para obnubilar los instintos.</p>
<p>-Hay motivaciones educacionales. Una cosa es creer en un dios salvador, que protege de todo, y, si es preciso, castiga; y otra creer en el hombre.</p>
<p>-<em>El hombre</em>. Acostumbra al gen&eacute;rico. No participa del desdoblamiento que reclaman las feministas, <em>el hombre y la mujer</em>.</p>
<p>-Para nada. No creo en eso. &Uacute;nicamente si el contexto lo aconseja, para distinguir.</p>
<p>-Cree en el hombre, dec&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Hay gente capaz de sentir y practicar la bondad y la generosidad&rdquo;</strong></p>
<p>-Creo que hay gente capaz de sentir y practicar la bondad y la generosidad.</p>
<p>-&iquest;Deja fuera a Nietzsche?</p>
<p>-&iquest;Sabe qu&eacute; me pasa?: lo encuentro tan cursi que no lo puedo leer seriamente. No puedo. Y mire que ha influido, &iquest;eh?, adem&aacute;s, en dos espa&ntilde;olas admirables de las que he sido amiga: Mar&iacute;a Zambrano, incre&iacute;blemente astuta, y Rosa Chacel. Concedo que Rosa parta de Nietzsche en el <em>querer y poder</em>, pero es un tema anterior. Habr&iacute;a que visitar a Schopenhauer y, antes, a Spinoza, mucho m&aacute;s interesante.</p>
<p>-El existencialismo ha marcado el siglo XX. &iquest;Qu&eacute; opina de Schopenhauer?</p>
<p>-Me interesa en la medida en que abre posibilidades a Oriente. Con &eacute;l tenemos problemas de traducci&oacute;n. <em>El mundo como voluntad y representaci&oacute;n</em>&hellip; &iquest;est&aacute; esto bien traducido?... la palabra <em>wille</em>, &iquest;es lo que nosotros entendemos como <em>voluntad</em>?... No, se&ntilde;or&hellip; Hay que hacer un estudio -a m&iacute; me encantar&iacute;a llevarlo a cabo alg&uacute;n d&iacute;a- sobre los sentidos de la palabra <em>wille</em> en Schopenhauer. No es reducible a <em>voluntad</em>. No lo es. En la <em>representaci&oacute;n</em> no me he metido. <em>Sobre la libertad de la voluntad</em> es otro caso de sutileza constante&hellip; hay que leer con mil ojos. Encontramos a menudo libros traducidos deficientemente, que rozan la traici&oacute;n.</p>
<p>-&iquest;La idea del autor en Europa no es homog&eacute;nea?</p>
<p>-No lo he le&iacute;do en franc&eacute;s, pero el alem&aacute;n, a pesar de la fama que han tejido en torno a las pocas cosas que de &eacute;l se dicen, tiene una visi&oacute;n distinta. Hay un problema de palabras y otro de esquematismo, quiero decir: reducimos un autor a diez o doce t&oacute;picos &ndash;o, mejor, a dos o tres-, dejando fuera la amplitud de las ideas y los matices. Si lo lees de verdad, tela marinera.</p>
<p>-Heidegger.</p>
<p>-Me encanta el texto de Hanna Arendt &lsquo;Heidegger, el zorro&rsquo;. Se encuentra en sus <em>Ensayos de comprensi&oacute;n</em>. &Eacute;l es el zorro que cae en su propia trampa. Escrib&iacute;a maravillosamente, justo ahora estoy leyendo su correspondencia y lo vuelvo a comprobar. No hay que engatusarse. Adem&aacute;s de inteligente, era un pillo. Hay que precaverse ante &eacute;l.</p>
<p>-Kierkegaard.</p>
<p>-Es una lectura de principios de adolescencia, como de catorce o quince a&ntilde;os. Me queda lejos. He vuelto a Sartre y a Camus, a &eacute;l no. Aunque lo disfrut&eacute;.</p>
<p>-Cerramos par&eacute;ntesis. Citaba la convulsi&oacute;n en los pa&iacute;ses &aacute;rabes. Llevamos m&aacute;s de un lustro cuestionando su integraci&oacute;n con Occidente. Usted ha traducido, entre otros, a poetas persas, afganos&hellip; y conoce el mundo musulm&aacute;n, &iquest;c&oacute;mo ve el problema?</p>
<p>-Es que hay mucha diversidad. En Yemen, los hombres mastican cada tarde una hierba llamada <em>qat</em>. Por sistema. Est&aacute;n idos, no del todo, es suave, pero est&aacute;n idos. &iquest;Qu&eacute; impulso van a tener? No es lo mismo un yemen&iacute; que un sirio. El sirio posee fuerza y cultura. Un sirio no es comparable a un iraqu&iacute;; y un iraqu&iacute; no digamos a un iran&iacute; -los iran&iacute;es son muy inteligentes&hellip;-. &iquest;Persia? La poes&iacute;a de Hafez tiene un hueco en las casas junto al Cor&aacute;n. Sus versos podr&iacute;an deducirse sagrados, siendo &eacute;l un poeta con sentido del humor y fibra desacralizadora. Jordania lo es r&iacute;gido y el&aacute;stico al tiempo. Hay m&aacute;s diversidad, repito, de la que parece.</p>
<p>-Y, sin embargo, homogeneidad tan a menudo en la concepci&oacute;n invasiva y privativa de dios. Adonis, a quien usted tambi&eacute;n ha traducido, ha pasado de conminar a los &aacute;rabes a repensar el islam a sugerir que su civilizaci&oacute;n est&aacute; condenada a desaparecer por la violencia y el analfabetismo que engendra.</p>
<p>-[calla como repitiendo en su cabeza las &uacute;ltimas palabras] He estado en Ir&aacute;n varias veces. Una, invitada oficialmente, a un congreso internacional de M&iacute;stica. Habr&iacute;a dos mil iran&iacute;es y cientos de extranjeros. No pude escuchar todas las alocuciones. Estuve dos horas sentada al lado del hermano de Al&iacute; Hosein&iacute; Jamenei. Ni siquiera en &eacute;l not&eacute; presi&oacute;n religiosa. No cabe hablar de disimulo, esas cosas se notan. El ayatol&aacute; ignoro c&oacute;mo es, este era su hermano. El pa&iacute;s lo dominan religiosos fundamentalistas apoyados en formas de gobierno que tienen que acabar de un momento a otro, en eso estoy de acuerdo con Adonis.</p>
<p>-Sali&oacute; del recinto congresual, supongo.</p>
<p>-S&iacute;. La esperanza viene de que el pueblo es distinto. Lo atizan y salta. Pero, en esencia, es distinto. Conoc&iacute; a Ahmad Shaml&uacute;, gran poeta y hombre combativo. A la vuelta me ocup&eacute; de poner en espa&ntilde;ol sus versos con ayuda de Ahmad Taheri. Lo recuerdo de continuo acompa&ntilde;ado de j&oacute;venes. Tradujo el <em>Cantar</em> y tradujo a Lorca. Me cont&oacute; muchas cosas. Otras las intu&iacute;, otras las viv&iacute;. Tuve contacto con m&aacute;s poetas iran&iacute;es, y estuve en casa de gente corriente, donde, por supuesto, se beb&iacute;a, se re&iacute;a&hellip; y las mujeres cantaban&hellip; Las de la embajada, cuando yo las he visto, no cantan, &iquest;eh? Yo las he invitado a mi casa y no cantan&hellip; Hay una mezcla de modos de vivir, sentir y comportarse.</p>
<p>-Llama la atenci&oacute;n el giro operado en Egipto.</p>
<p>-Cualquiera que lo haya pisado a tiempo sabe que no hab&iacute;a mujeres veladas. Ni el El Cairo ni fuera. Han surgido fruto de pol&iacute;ticas manejadas desde el exterior, no me cabe duda. Parte de las funciones de los servicios de inteligencia a este lado se destina a estos juegos. Hace cien a&ntilde;os, hace cincuenta y la semana pasada. Prenden un fuego y lo avivan.</p>
<p>-La afirmaci&oacute;n reciente de Sartori, &ldquo;el Islam es incompatible con Occidente&rdquo;, &iquest;le parece de trazo grueso?</p>
<p>-[silencio, suspiro y sonrisa] Decir <em>incompatible</em>&hellip; Si todo evoluciona, &iquest;por qu&eacute; el islam no?... [deja la pregunta suspendida y agrega:] Evolucionar&aacute;.</p>
<p>-&iquest;Es pronto?</p>
<p>-De todos depende. &iquest;Cu&aacute;l es la procedencia de los movimientos que ha habido y est&aacute; habiendo? &iquest;Qui&eacute;n los apoya? &iquest;En qu&eacute; mesas se escribe el guion? &iquest;Qui&eacute;n vende armas? Ellos tienen su responsabilidad. Es f&aacute;cil eludir la nuestra, amparados en su falta de desarrollo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El Islam sin espacios de libertad es del todo inviable&rdquo;</strong></p>
<p>-&iquest;Y las algaradas, peri&oacute;dicas y muy puntuales, de magreb&iacute;es franceses de segunda y tercera generaci&oacute;n; y las agresiones sexuales la &uacute;ltima Nochevieja en Colonia, Alemania, a manos de, fundamentalmente, marroqu&iacute;es y argelinos?</p>
<p>-Para esas acciones se necesita infraestructura; reunirse, comunicarse, internet. Nadie puede creer que son espont&aacute;neas. Igual estaban pagadas. No digo que lo estuvieran, digo que es imprudente opinar sobre acontecimientos de los que desconocemos casi todo. La islamofobia favorece a Daesh; seg&uacute;n la universidad de Maryland, s&oacute;lo el 0&rsquo;1% de los atentados perpetrados por los fan&aacute;ticos son en suelo europeo. El resto, en pa&iacute;ses &aacute;rabes y musulmanes. La informaci&oacute;n de que disponemos y nada es casi lo mismo; o, por lo menos, parcial. Hay instituciones europeas, fundaciones de estudios sociales, laboratorios de ideas&hellip; cuyas motivaciones y <em>necesidades</em> se nos escapan. Decir esto no es ingenuo, lo ingenuo es no pensarlo. Cosa distinta es que las pol&iacute;ticas generales desarrolladas en esos pa&iacute;ses deben cambiar. El Islam, tal y como lo conocemos, sin espacios de libertad, es del todo inviable.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Holan es la escritura que m&aacute;s ha influido en mi vida po&eacute;tica&rdquo;</strong></p>
<p>-Vayamos a temas benignos. Hay que hablar de Holan. Su relaci&oacute;n con &eacute;l parece extra&iacute;da de un mundo fe&eacute;rico. Cuando llega a Praga por primera vez, con la intenci&oacute;n de conocerlo, me sorprende que le reciban por las buenas tanto el editor como el traductor, su mujer y &eacute;l.</p>
<p>-Ten&iacute;a una carta de Holan. &Eacute;l me dijo que pod&iacute;a visitarle.</p>
<p>-Pero emprendi&oacute; el viaje &iexcl;a los cuatro d&iacute;as de recibirla!</p>
<p>-Conoc&iacute;a a una mujer checa que hab&iacute;a sido esposa del embajador, y, al enviudar, se cas&oacute; con el hermano de Ernestina de Champourc&iacute;n. Ella me habl&oacute; de un m&uacute;sico amigo suyo en Praga. No s&eacute; si le notific&oacute; mi partida o me dijo que fuera directamente a su casa. El caso es que me acogi&oacute;. Recuerdo que ten&iacute;a que ir todas las semanas a la polic&iacute;a para informar de que ten&iacute;a un hu&eacute;sped. Ya en Praga llam&eacute; al traductor, Forbelsk&yacute;.</p>
<p>-Entiendo. Otro tema: usted acaba siendo Ofelia&hellip;</p>
<p>-S&iacute;. Le dir&eacute; que tambi&eacute;n Hamlet [risas].</p>
<p>-Ahora mismo, Ofelia, &iquest;le remite m&aacute;s a Shakespeare o a Holan? El nexo con Holan es obvio -y sorprendente-<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>, pero <em>Hamlet</em> fue una lectura auroral, con tan solo cuatro a&ntilde;os, comprendiendo ya el sentido de la tragedia.</p>
<p>-Uno conoce ciertos nombres antes de haber aprendido leer. Yo se los hab&iacute;a o&iacute;do a mis padres, junto a otros -Leslie Howard, por ejemplo- que no guardan relaci&oacute;n. Esas referencias me llevaron, primero, a Shakespeare. <em>Romeo y Julieta</em>, <em>La Tempestad</em>, <em>Cuento de invierno</em>,... y Hamlet era <em>el personaje</em>. Tengo que decir que nunca lo interpret&eacute; desde el &aacute;mbito exclusivo de la duda. Al instante, me percat&eacute; del respeto que sent&iacute;a hacia los dem&aacute;s, por lo que estoy pr&oacute;xima a la interpretaci&oacute;n de Lacan, a quien le&iacute;, l&oacute;gicamente, m&aacute;s tarde. Por eso, cuando me <em>llega</em> el libro de Holan <em>Una noche con Hamlet</em>, lo recibo con los brazos abiertos. &iquest;Qu&eacute; pasa?: recibo m&aacute;s de lo que espero. &iquest;Ahora, debido a lo biogr&aacute;fico, lo relaciono m&aacute;s con Holan? No, porque los personajes siguen perteneciendo a Shakespeare, los toque quien los toque: el otro d&iacute;a volv&iacute; a la versi&oacute;n [cinematogr&aacute;fica] de Grigori K&oacute;zintsev. Fant&aacute;stica. Entre Shakespeare y Holan, el nexo es Hamlet, pero lo que a m&iacute; me interesa de Holan no son las relaciones y la mente del pr&iacute;ncipe, que pertenecen, como digo, a Shakespeare, sino el estilo y la manera expresionista de acabar los poemas, con una imagen desveladora, o reveladora, si prefiere, que es el resultado de la ecuaci&oacute;n. Holan es la escritura que m&aacute;s ha influido mi vida po&eacute;tica.</p>
<p>-Lo sigue leyendo.</p>
<p>-S&iacute;, ahora estoy terminando una gran antolog&iacute;a en la que figurar&aacute;n poemas a los que no me hab&iacute;a enfrentado en espa&ntilde;ol. Es un autor dif&iacute;cil al que, muchas veces, ni los checos entienden.</p>
<p>-Usted va al concepto.</p>
<p>-Depende del poeta. En Holan, s&iacute;; el concepto es potente y el poema cae de pie. Como el poema es m&uacute;sica, siempre una melod&iacute;a me acompa&ntilde;a, pero es una suerte que el concepto ayude. No siempre pasa: Jaroslav Seifert es fundamentalmente melod&iacute;a y no hay concepto en que apoyarse. El trabajo, en esos casos, aumenta.</p>
<p>-Es curioso, tengo entendido que es un poeta al que el propio Holan le remiti&oacute;, en la creencia de que le ser&iacute;a f&aacute;cil.</p>
<p>-Seguramente a un checo la obra de Seifert le parezca m&aacute;s asequible que la de Holan. En cualquier caso, tuvo que pasar un tiempo hasta que me abr&iacute;; luego fueron en cascada: Orten, Halas, Nezval&hellip;</p>
<p>-Y lleg&oacute; la antolog&iacute;a <em>Cinco poetas checos</em>.</p>
<p>-Traduje bastantes m&aacute;s. Cada uno requiere un acercamiento. No hay una sola manera de traducir. Seifert me parec&iacute;a escurridizo no desde la lectura, sino desde la traslaci&oacute;n al espa&ntilde;ol. F&iacute;jese lo poco contenta que qued&eacute; que rechac&eacute; el ochenta por ciento de lo que traduje.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La poes&iacute;a es lo que queda cuando desaparecen las palabras&rdquo;</strong></p>
<p>-Para Holan s&oacute;lo le vali&oacute; el checo. Una manera de decir que la traducci&oacute;n no sirve.</p>
<p>-He traducido novela, ensayo, reportaje; sicoan&aacute;lisis, f&iacute;sica&hellip; todo requiere, m&aacute;s o menos, el mismo enfoque. La traducci&oacute;n es efectiva. El salto al vac&iacute;o llega con la poes&iacute;a. Ya en tu propio idioma, no digamos traducido de uno ajeno. Yo sigo a pies juntillas la declaraci&oacute;n que escuch&eacute; al turco Fazil H&uuml;sn&uuml; Dağlarca, en el primer simposio de poes&iacute;a de Estambul, que se ha convertido en una de mis frases preferidas: &ldquo;La poes&iacute;a es lo que queda cuando desaparecen las palabras&rdquo;. Afirmaci&oacute;n que se puede enfocar de la siguiente otra manera: &ldquo;La poes&iacute;a aparece cuando todas las palabras que la componen desaparecen&rdquo; -es, evidente, una refutaci&oacute;n de Mallarm&eacute;, quien sosten&iacute;a que estaba hecha de palabras-. Bueno, pues yo estoy de acuerdo con Dağlarca. No me quito la desaparici&oacute;n de las palabras de la cabeza. Hay que buscar ese aparente vac&iacute;o, preguntarse qu&eacute; hay de poes&iacute;a en el poema, qu&eacute; hay <em>dentro</em>. Has de expresarlo con palabras pero lo importante el esp&iacute;ritu; hacerlo presente.</p>
<p>-&iquest;Sigue alg&uacute;n proceso?</p>
<p>-Borras, escribes, elaboras. No cabe trabajar a destajo. Hay lenguas pr&oacute;ximas y distantes. Cuando empec&eacute; a traducir del persa, un amigo iran&iacute; me oblig&oacute; a transcribir fon&eacute;ticamente todo, y eso se qued&oacute; como costumbre. Cuatrocientos versos fon&eacute;ticos. Quinientos. Los que sean. Debes conocer la lengua y su ritmo. Ese es el primer acercamiento. Luego vienen una traducci&oacute;n literal, otra de comunicaci&oacute;n y una tercera poem&aacute;tica. Es distinta una lengua de otra, y un poeta de otro, aun dentro de la misma lengua. Holan le he dicho que siempre cae de pie, los dem&aacute;s no: Ahmet Hashim requiere un tratamiento; Yahya Kemal, otro; Oktay Rifat uno; Mehli Cevdet, otro; Jalal al-Din Rumi, uno; Abdolah Ansari, otro. Y as&iacute;&hellip;</p>
<p>-&iquest;Cu&aacute;ndo estuvo por &uacute;ltima vez en Kampa? &iquest;Qu&eacute; ha ocurrido con la casa?</p>
<p>-Son dos casas, a un lado y a otro del puente de Carlos. Cuando llegu&eacute;, hab&iacute;a pasado a la segunda, donde hay una placa. Los herederos son los sobrinos. La primera la compart&iacute;a con Jan Werich, un actor famoso con el que le gustaba discutir, y que ocupaba el piso de arriba. Quer&iacute;an hacer un museo, estaban intentando comprarla.</p>
<p>-Arranca <em>La voz de Ofelia</em> (2005): &ldquo;Amar siempre lo imposible, lo irrealizable, la idea&hellip; aunque la mente obliga a definir los l&iacute;mites de lo real&rdquo;. Es cierto que once p&aacute;ginas adelante, enlaza esto con Orfeo y con la posibilidad de arrancar al otro de la muerte. Pero da para m&aacute;s. Ante este tipo de amor, en la vida, &iquest;teme hacer da&ntilde;o, a sabiendas de que lo es?</p>
<p>-No he pensado en ese sentido adverso. [silencio] Yo hablo de la muerte&hellip;</p>
<p>-Que no tiene por qu&eacute; ser f&iacute;sica. Una ruptura puede ser una muerte. Pierdes a la persona.</p>
<p>-Indudablemente. [nuevo silencio] Desde la vida yo propongo amar lo imposible como idea porque&hellip; el amor s&oacute;lo cuando es imposible es posible. Porque no se deteriora.</p>
<p>-Regresa a Praga a los dos a&ntilde;os. &iquest;Hubo correspondencia entretanto?</p>
<p>-Una postal, solamente.</p>
<p>-Invirti&oacute; ese tiempo en aprender checo. Aparte de una declaraci&oacute;n de amor a la poes&iacute;a de Holan, supongo que es una declaraci&oacute;n de amor a la persona.</p>
<p>-Por supuesto.</p>
<p>-Se present&oacute; de blanco y el editor, Justl, la compar&oacute; a una novia. Vera, su mujer, &iquest;no sinti&oacute; celos alguna vez?</p>
<p>-Por lo visto s&iacute;, ya muerto Holan. Se hicieron unos actos de homenaje y alguien tradujo un texto m&iacute;o en el que yo hablaba de mis visitas a Kampa, mezcladas con otras al cementerio jud&iacute;o donde est&aacute; enterrado Jir&iacute; Orten, otro grande.</p>
<p>-Holan le pidi&oacute; que no fuera al cementerio a verle, porque no estar&iacute;a. &iquest;Es Orten un personaje interpuesto?</p>
<p>-Lo voy a pensar.</p>
<p>-De Orten dijo usted en alg&uacute;n sitio que era una especie de Rimbaud.</p>
<p>-No, lo dijo &eacute;l mismo: &ldquo;Soy un Rimbaud que no logra convertirse en Rimbaud&rdquo;. Quer&iacute;a morir por la poes&iacute;a, un asunto bastante tr&aacute;gico. Lo hizo a los 22 a&ntilde;os, atropellado por una ambulancia.</p>
<p>-Igual se lanz&oacute; al veh&iacute;culo como sacrificio.</p>
<p>-[sonr&iacute;e] Se supone que no se lanz&oacute;, pero es verdad que deseaba morir. Tragedia sobre tragedia: no le atendieron al ser jud&iacute;o. Era una ambulancia alemana y era 1941.</p>
<p>-Entonces los celos le llegan tarde y por un <em>simple</em> texto.</p>
<p>-Esta mujer, de todos modos, empez&oacute; a estar mal: a la muerte de Holan, se transform&oacute; en un personaje de Holan: iba siempre con una maletita por la calle, de casa en casa; no quer&iacute;a dormir en la suya. Uno de los hogares a que acud&iacute;a era de una mujer que hab&iacute;a vivido en Cuba y en Espa&ntilde;a, y volvi&oacute; a Praga. Yo hab&iacute;a trabajado con ella y las present&eacute;. Ella me lo dijo: &ldquo;&iquest;No sabes que ahora tiene celos de ti?&rdquo;. Qu&eacute; curioso, &iquest;no?</p>
<p>-La experiencia de conocer a Holan y su poes&iacute;a, &iquest;hizo surgir un amor diferente al sentido hasta entonces, y, por lo tanto, nuevo, o fue la primera vez de algo tan fuerte?</p>
<p>-Fue la primera vez: comprend&iacute; que el amor ten&iacute;a que pasar por la escritura o por el arte. Fue un arrebato. Justamente, hubo un chico, al poco de fallecer Holan, que me vio por la calle en Praga y me recrimin&oacute;: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; hace usted aqu&iacute;? Si usted es de las que se mueren&hellip;&rdquo;. Yo lo hab&iacute;a pensado... pero segu&iacute; viva.</p>
<p>-Lo chocante es que, teniendo traducciones por todo el mundo, no las tenga en Rep&uacute;blica Checa.</p>
<p>-Yo tampoco me lo explico, cuando desde el primer momento me acogieron. En mi segundo viaje, sin saber a&uacute;n el idioma, me pidieron que hablara ante el alcalde, durante un curso de verano de la universidad Carolina, y, &iexcl;osada, lo hice! [r&iacute;e] No quiero forzar nada. Recientemente, se han ocupado de <em>La voz de Ofelia</em>. Qued&oacute; el segundo mejor libro traducido del a&ntilde;o. Ya tengo algo.</p>
<p>-<em>Variables ocultas</em>, en la antolog&iacute;a <em>Movimientos insomnes</em> (2015), est&aacute; muy poco presente. Siles recoge tres poemas y usted pasa de largo en el ep&iacute;logo. Yo sigo pensando que es un libro importante. &iquest;Ha cambiado su manera de percibirlo?</p>
<p>-Al contrario, me sigue sorprendiendo. Y est&aacute; muy bien editado. Es un ejemplo de escritura del<em> no-saber sabiendo</em>: al principio ten&iacute;a forma de diario y mire en qu&eacute; termin&oacute;. Le hizo da&ntilde;o el siguiente, <em>Orbes del sue&ntilde;o</em>.</p>
<p>-Que lo anticipa.</p>
<p>-Totalmente. Y <em>Variables</em>, a su vez, sigue <em>Los n&uacute;meros oscuros</em> (2006), un libro del que nunca me acuerdo, y, cuando lo cojo para una lectura, me parece interesante. Es un movimiento en tres pasos: <em>N&uacute;meros</em>-<em>Variables</em>-<em>Orbes</em>. Una definici&oacute;n interior. En <em>Orbes</em> ya sab&iacute;a lo que iba haciendo y lo que quer&iacute;a hacer. Fue tan bien recibido &ndash;incluso tuvo una segunda edici&oacute;n a los cinco meses- que desplaz&oacute; a su predecesor.</p>
<p>-Y viene <em>Psi</em>.</p>
<p>-Que me desconcierta. Me aturde.</p>
<p>-Es una fusi&oacute;n de usted. Est&aacute;n los primeros libros y los &uacute;ltimos: lo carnal, lo espiritual, el lenguaje sorprendente, la precisi&oacute;n, la forma y el estilo, la carga simb&oacute;lico-cient&iacute;fica,&hellip;</p>
<p>-Yo creo que recoge todo debido al proceso de composici&oacute;n. Fue el a&ntilde;o en que tuve que hacer la antolog&iacute;a de Teresa de Jes&uacute;s. A trav&eacute;s de mi libro entend&iacute; a la santa.</p>
<p>-&iquest;Hasta ahora no&hellip;?</p>
<p>-No es f&aacute;cil meterse en una persona. A estas alturas he conseguido captar el sentimiento, especialmente, de <em>Las Moradas</em>. Escribir <em>Psi</em> fue tan gozoso que pens&eacute;: &ldquo;Despu&eacute;s de esto, no quiero m&aacute;s&rdquo;, que es lo que experiment&oacute; ella: <em>de tanta emoci&oacute;n os vais a querer morir</em>. A veces me cuesta mucho llegar a una palabra; en ese libro todas vinieron solas, de la primera a la &uacute;ltima. La inspiraci&oacute;n de los m&iacute;sticos era &iexcl;tanta materia transformada en energ&iacute;a! que no me extra&ntilde;a que se elevaran. Sent&iacute; que entend&iacute;a el apoderamiento de la energ&iacute;a en nuestro cuerpo.</p>
<p>-Sin embargo, lo present&oacute; al premio de la universidad de Le&oacute;n casi por accidente y, asegura que, de no haberlo ganado, lo habr&iacute;a dejado sin publicar.</p>
<p>-Exacto. No me explicaba que a mis 74 a&ntilde;os pudiera escribir un libro er&oacute;tico. Me daba verg&uuml;enza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El arte vale m&aacute;s que el pudor&rdquo;</strong></p>
<p>-Con el pudor, &iquest;c&oacute;mo se maneja?: &iquest;es el arte el criterio?, &iquest;si es art&iacute;stico lo cuenta?</p>
<p>-S&iacute;. El arte vale m&aacute;s que el pudor.</p>
<p>-El arte es superior a la vida.</p>
<p>-El arte permite contar por encima de las capacidades de la vida ordinaria.</p>
<p>-Su volumen de poes&iacute;a er&oacute;tica consta de tres t&iacute;tulos. &iquest;Lo ampliar&aacute;?</p>
<p>-Eso me propuso el otro d&iacute;a Jordi Doce. A cuatro.</p>
<p>-&iquest;Y por qu&eacute; no a cinco, con <em>Lapidario</em>?</p>
<p>-[r&iacute;e] <em>Lapidario</em> no es er&oacute;tico, aunque lo diga Caballero Bonald. <em>Lapidario</em> me gustar&iacute;a reeditarlo sin compa&ntilde;&iacute;a.</p>
<p>-&ldquo;Toda creaci&oacute;n es er&oacute;tica&rdquo;, ha dicho. &iquest;Por qu&eacute;?: &iquest;porque fecunda una idea?, &iquest;porque la forma es sensual?,&hellip;</p>
<p>-Porque nace de un deseo. Todo movimiento nace de un deseo.</p>
<p>-Desde el primer libro, su obra est&aacute; plagada de movimiento y de ondas.</p>
<p>-Comprenda que escribo mucho andando, c&oacute;mo no va a estarlo. Al principio me guiaban mucho los pasos. Todav&iacute;a lo hacen: <em>Psi</em> me vino caminando por la calle. El ritmo es una medida de tiempo; y el tiempo te lleva al no-tiempo. El paso mide el espacio; y el espacio te lleva al no-espacio-. Movimiento y quietud funcionan en m&iacute;.</p>
<p>-El tiempo, &iquest;puede ser voluptuoso?</p>
<p>-Por qu&eacute; no. Mientras esperas, por ejemplo.</p>
<p>-La espera no se lleva.</p>
<p>-Saber esperar es sustancial. La gente con prisa, en realidad, no va a ninguna parte. Protagoniza un movimiento que se extingue en s&iacute; mismo. La espera sirve para irte construyendo. Haces un nido con ella. La espera es un trabajo.</p>
<p>-Esperar aunque no te esperen, sean persona o libro.</p>
<p>-[sonr&iacute;e] Ya... Pero t&uacute; puedes esperar. Eso ayuda a crecer por dentro. Y a lo mejor la persona -o la obra- llega. Sin hacer falta que llegue: t&uacute;, en ese tiempo has sanado. O has tenido esperanza creadora. O has atra&iacute;do algo que no buscabas. Incluso puedes estar no buscando nada. La espera forma parte del conocimiento.</p>
<p>-Mientras est&aacute;s abierto a una cosa, permaneces cerrado a otras.</p>
<p>-El problema de nuestro tiempo es abrirse demasiado. A m&iacute; me pasa. Ando con una traducci&oacute;n del checo, otra del persa, un ensayo, una exposici&oacute;n de libros, siempre tonteando con un poema,&hellip; &iexcl;y tengo que hacer la compra, la comida, y limpiar la casa!</p>
<p>-El que mucho abarca&hellip;</p>
<p>-Pues hay que apretar [r&iacute;e].</p>
<p>-Pero deber&iacute;amos practicar la renuncia.</p>
<p>-Es que si no renuncias, enloqueces. Volvemos a lo de antes: somos limitados. Y el que no quiera verlo, tiene un problema.</p>
<p>-La cita inicial de <em>Psi<a title="" href="#_ftn2"><strong>[2]</strong></a></em> tiene que ver con esto: amar por encima de ser correspondido.</p>
<p>-En el fondo, la vida es un intercambio. Aunque en apariencia no seas recibido, lo ser&aacute;s. Las cosas vienen si est&aacute;s en actitud positiva amorosa. La escritura es una apertura al mundo. Formas tu propia vida y, a la vez, trabajas la v&iacute;a de encuentro con el otro, sea espacio o persona. Escribiendo, encerrado, nunca est&aacute;s solo.</p>
<p>-En <em>Jard&iacute;n y laberinto</em> (1990), su infancia es feliz. En las cartas cruzadas con Gamoneda adosadas a <em>Variables ocultas</em> califica la adolescencia de atroz.</p>
<p>-La muerte de mi padre desencadena un cambio total en mi vida. Yo ven&iacute;a de una ni&ntilde;ez feliz. Mi madre me mand&oacute; a estudiar a Pamplona y me apart&oacute; de mi &aacute;mbito y de mis maestros &ndash;que todav&iacute;a lo son-: Jos&eacute; Manuel Blecua, Martin de Riquer y Jos&eacute; Mar&iacute;a Valverde. No lleg&oacute; a tratarse de una crisis: yo tengo un car&aacute;cter bastante chulo en el fondo&hellip; Le&iacute;a mucho a Dostoievski y me dije: &ldquo;Yo estoy igual en Mosc&uacute; que en San Petersburgo&rdquo;. Esa fue mi reacci&oacute;n, <em>yo soy la misma</em>. Pero no era la misma: no es igual estar en Barcelona, y en tu casa, que en una habitaci&oacute;n de Pamplona, con un braserito, a seis bajo cero. Y las gentes que encontrabas tambi&eacute;n eran distintas, englobo a profesores.</p>
<p>-&iquest;Cu&aacute;l fue la reacci&oacute;n?</p>
<p>-Escribir como loca.</p>
<p>-Como si fuera una <em>herencia invisible</em>, dice en alg&uacute;n sitio.</p>
<p>-No iba a clase. Acud&iacute;a al Caf&eacute; Iru&ntilde;a a escribir -en realidad, yo empec&eacute; queriendo ser novelista. Escrib&iacute;a y escrib&iacute;a, sin ense&ntilde;ar el resultado-. Y me puse pasear. La ventaja de all&iacute; era que, en diez minutos, estaba en el campo. La crisis vino despu&eacute;s, al no satisfacerme lo que hac&iacute;a. Me preguntaba qu&eacute; valor ten&iacute;an mis poemas, y me respond&iacute;a que ninguno. &ldquo;No vale la pena seguir. Me gusta, pero, &iquest;de qu&eacute; vale este esfuerzo? No estoy a la altura&rdquo;. Ah&iacute; aparece Holan.</p>
<p>-Y a &eacute;l le aparece usted -&eacute;l no permit&iacute;a visitas. Ni a Barral ni a Gallimard los recibi&oacute;-.</p>
<p>-Yo poco o nada pude aportar. &Eacute;l me lo dio todo: expresaba lo que yo quer&iacute;a y como yo quer&iacute;a.</p>
<p>-&iquest;Estuvo en riesgo?</p>
<p>-La escritura no me lleva a contemplar la muerte; me llevan otras experiencias, de tipo personal, m&aacute;s tr&aacute;gicas, que conviene dejar en reposo, como un cielo detr&aacute;s del cielo, que no existe ya.</p>
<p>-En cualquier caso, Holan y su literatura le inyectan vida.</p>
<p>-S&iacute;.</p>
<p>-A pesar de que afirma en el <em>Libro de las alienaciones</em>: &ldquo;Nada justificar&aacute; jam&aacute;s nuestra existencia&rdquo;. En su caso, como en otros, el arte s&iacute; aport&oacute; sentido.</p>
<p>-Tenga en cuenta que Holan no era s&oacute;lo un poeta. Era una forma de amor. El primer poema del libro <em>Kampa</em> se titula &lsquo;Amor&rsquo;<a title="" href="#_ftn3">[3]</a>. &Eacute;l es eso.</p>
<p>-El amor s&iacute; puede justificar la existencia, entonces.</p>
<p>-Si te encuentras en los abismos, tiene que sacarte de ellos un amor tambi&eacute;n en los abismos. El tema es <em>s&oacute;lo es posible lo imposible</em>. La pregunta a responder: &iquest;aceptas lo imposible? No se trata de <em>justificar</em> la existencia. Es <em>aceptarla</em> y <em>agarrarte</em>. Seguir viviendo. Aparte, me di cuenta de que no pod&iacute;a atentar contra m&iacute; misma. Es muy violento.</p>
<p>-&ldquo;El temor de no-ser es constante&rdquo;, dice, seguramente porque, como sostiene Parm&eacute;nides -a quien cita-, s&oacute;lo &ldquo;ser es conocer&rdquo; y permite lograr que el otro no sea ajeno.</p>
<p>-El no-ser es una negaci&oacute;n de aspiraci&oacute;n. Lo m&aacute;ximo a que podemos aspirar es la experiencia de un instante absoluto. La felicidad, al fin y al cabo.</p>
<p>-Entonces, &iquest;el no-ser cabe en la transitoriedad?</p>
<p>-S&iacute;, pero es que se da en un momento que queda aislado.</p>
<p>-La persona que medita y contempla; un monje. &iquest;Atraviesa un estado de fusi&oacute;n con la otredad -y, por tanto, es generosa-, o lo contrario?</p>
<p>-[tras un silencio] Supongo que es distinto en cada uno. Nos deslizamos por el terreno de la sutileza. Las mujeres m&iacute;sticas encerradas eran grandes maestras y estaban en contacto con el todo. Es el mismo caso de Holan aislado. Lo que le dec&iacute;a antes: una persona puede estar andando y no tener ni un movimiento interior. Incluso, hay gente generosa en apariencia que no lo es.</p>
<p>-&ldquo;La avaricia empieza en el dar&rdquo;, dice Holan, en <em>Una noche con Hamlet</em>.</p>
<p>-Exacto. No es corriente dar sin esperar recibir. Lo corriente es dar y sentirse generoso, y eso ya es avaricia, una mezquindad; aparte, te est&aacute;s enga&ntilde;ando.</p>
<p>-Incluso puedes estar comprando a alguien.</p>
<p>-Claro que s&iacute;, y es otro tema. Yo tengo una naturaleza compasiva; &iexcl;eso es peligros&iacute;simo! Quieres ayudar a todo el mundo y la respuesta del ayudado, para no reconocer la <em>deuda</em>, en ocasiones pasa por apu&ntilde;alarte. Y si yo ayudo no lo hago por generosidad, es que es simplemente mi naturaleza. Yo obedezco... Hay que controlar la generosidad. Me pregunto si hay que seguir con ella; creo que s&iacute;, pero con cabeza.</p>
<p>-Michel Onfray, en su <em>Tratado de ateolog&iacute;a</em>, dice que existen &ldquo;los que fantasean con el alma para no enfrentarse a lo real&rdquo;, y critica &ldquo;la fe que calma la raz&oacute;n&rdquo;. &iquest;C&oacute;mo recibe esas posturas?</p>
<p>-Eso acontece, la fe religiosa simplona: rezar a dios para que arregle las cosas&hellip; pero tengamos en cuenta que el que la desarrolla cree que existe un esp&iacute;ritu del mal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Creo en la bondad y en la raz&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>-Luego la fe puede intranquilizar.</p>
<p>-Seguro, porque est&aacute;n el mal y el pecado. Yo me encuentro lejos. Yo creo en la bondad y en la raz&oacute;n. &nbsp;</p>
<p>-Para acabar: los dos sabemos que, cada vez m&aacute;s, se relaciona con fantasmas y muertos, &iquest;c&oacute;mo van esas conversaciones?</p>
<p>-Muy bien. Crecen. Ya se ver&aacute;n.</p>
<p>-&iquest;Quiere decir que saldr&aacute;n?</p>
<p>-Todo se pasa al papel&hellip; la escritura es un modo de habla, y yo siempre estoy dialogando. Se ve en <em>La blanca forma de la fuga</em> (2015), Fundaci&oacute;n Jorge Guill&eacute;n. Yo contesto a poemas preexistentes, alguna vez de manera agresiva. Me pas&oacute; con un libro de L&eacute;vinas con el que no estaba de acuerdo. No hac&iacute;a m&aacute;s que escribir para darle palo. Hasta que me dije: &ldquo;Lo voy a dejar, a ver si en otro momento es distinto&rdquo;. En realidad, uno busca el di&aacute;logo inteligente. Si no tienes a una persona inteligente al lado, vas a por un libro y dialogas con &eacute;l; es lo que hago yo.</p>
<p>Sus respuestas complejizan las preguntas al modo en que Einstein engrandece a Pit&aacute;goras. Su voz, formada por ondas igual que su pelo, no busca despejar inc&oacute;gnitas, sino enredar las ecuaciones de sus versos hasta que ofrecen un zumo dulce de camino por recorrer. Su cabeza es una Tierra que gira. Antes de empujar la puerta, sonr&iacute;e por &uacute;ltima vez y a&ntilde;ade: &ldquo;Gracias por no preguntar por la Academia&rdquo;.</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Holan escribi&oacute; el poema &lsquo;Una noche con Ofelia&rsquo;, donde Ofelia es de Barcelona, y lo vincula a la m&uacute;sica, el Orfeo catal&aacute;n que ten&iacute;a su sede en el Palau. Ofelia hace un viaje a Bohemia y conoce a M&aacute;cha. Esto lo escribi&oacute; en el 72. Yo no me puse en contacto con &eacute;l hasta el 74. Resulta que yo soy de Barcelona y estoy vinculada con la m&uacute;sica por mi madre. Hice el viaje a Praga para conocerle a &eacute;l. Son muchas coincidencias. Entonces, yo creo que es un tema de trasmisi&oacute;n de energ&iacute;as, estas cosas que uno no se puede explicar. El sicoanalista Jung lo llam&oacute; <em>sincronicidad</em>. Cosas que han sucedido y suceden, pero que la gente no se explica y yo tampoco me puedo explicar&rdquo;, resume a la periodista checa Andrea Fajkusov&aacute;, en una entrevista radiof&oacute;nica.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Te dieron un conejo. / Te dejaron amarlo / sin haberte explicado / que es in&uacute;til amar / lo que te ignora&rdquo;. Ida Vitale</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Me gustar&iacute;a tanto / verte de cara por una vez / y no depender siempre / de esa foto / (&hellip;) / &iquest;Oyes? Otra vez el lamento del aire / (&hellip;) / Perdona, s&iacute;, / que me cuele en tus costumbres / y me sienta capaz / de tomar as&iacute; / la medida de tus pies, / cuando por fin / te duermes / en el sill&oacute;n / entre papeles o entre espectros. / No s&eacute; c&oacute;mo lo logras / con ese horrible viento / (&hellip;) / que a momentos asoma. / (&hellip;) / Y yo no soy una doncella / ni puedo proponerte / un futuro para proyectar&hellip; / pero me siento alegre / pues aunque sea en palabras / y sin saber qui&eacute;n soy / una vez me has mirado&rdquo;.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Wed, 29 Jun 2016 08:50:40 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Escribir en la dicotomía]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/escribir-en-la-dicotomia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2016/max500.jpg" alt="" /></p>
<p>La literatura suiza tiene en Max Frisch a uno de los escritores m&aacute;s apasionantes del siglo XX. Que se pueda aplicar a Frisch este calificativo se debe no solo a su genialidad como creador de los m&aacute;s variados personajes literarios y a su faceta de novelista y dramaturgo, sino tambi&eacute;n al alto grado de compromiso social que manifest&oacute; a lo largo de toda su vida, tanto a trav&eacute;s de sus composiciones literarias como de sus apariciones en p&uacute;blico. Por otro lado, la obra de Frisch, tanto en el campo de la prosa y el drama como en el de la escritura diar&iacute;stica y el ensayo, est&aacute; marcada por una linealidad dif&iacute;cil de encontrar en otros autores: la constante preocupaci&oacute;n por dar una respuesta v&aacute;lida a la pregunta &ldquo;&iquest;qu&eacute; soy?&rdquo;, planteada ya en uno de sus primeros ensayos, y para la que toda su obra es un &uacute;nico intento de respuesta. Este hecho ha llevado a muchos cr&iacute;ticos y estudiosos de su obra a definir la cuesti&oacute;n de la identidad como el tema central de su producci&oacute;n, algo que resulta demasiado f&aacute;cil de afirmar si no se tiene en cuenta la enorme complejidad tem&aacute;tica que presenta en s&iacute; cada una de sus obras en ese intento de responder a tan dif&iacute;cil pregunta.</p>
<p>En cualquier caso la afirmaci&oacute;n, como digo, resulta f&aacute;cil si no se tiene en cuenta tampoco que esta concentraci&oacute;n en la problem&aacute;tica del individuo va unida a otro de los elementos constantes en su obra: el compromiso social con los acontecimientos de su &eacute;poca, la visi&oacute;n cr&iacute;tica de una sociedad en la que precisamente se halla inmerso este individuo. De ah&iacute; que no deba analizarse su producci&oacute;n &uacute;nica y exclusivamente desde el punto de vista de la b&uacute;squeda de la identidad, sino de la b&uacute;squeda de esa identidad en un entorno social muy concreto y determinado, pues la identidad se determina siempre a partir de dos aspectos bien diferenciados: la imagen que el individuo tiene de s&iacute; mismo (el yo privado) y la imagen que los otros tienen de &eacute;l (el yo social) en tanto que sea capaz de percibirla. De este modo, el problema de la identidad resulta siempre ser un problema social.</p>
<p>Esta insistencia de Frisch en esta problem&aacute;tica del individuo inmerso en un entorno social est&aacute; estrechamente relacionada con su propia biograf&iacute;a. La reflexi&oacute;n sobre el cambio y la incertidumbre que se produce en la vida en el momento de terminar los estudios y tener que buscar un trabajo, sobre las que reflexiona en uno de sus primeros ensayos, el que justamente lleva por t&iacute;tulo la pregunta <em>Was bin ich?</em> (<em>&iquest;Qu&eacute; soy yo?</em>), determinar&aacute; tambi&eacute;n su posterior vida profesional, marcada asimismo por el hecho de moverse entre dos mundos, el de la arquitectura y el de la escritura, el t&eacute;cnico y el art&iacute;stico, una faceta peculiar que configur&oacute; de manera decisiva y muy particular toda su obra literaria. La duda entre llevar una existencia burguesa o dedicarse al arte, a la literatura, y enfocar su vida de una manera muy diferente, determin&oacute; los inicios literarios de Frisch hasta el extremo de que sus dudas lo llevaron en alguna ocasi&oacute;n a destruir todo lo que hab&iacute;a escrito y decidirse exclusivamente por la arquitectura, algo a lo que despu&eacute;s renunci&oacute; tambi&eacute;n definitivamente, sin por ello dejar de pronunciar conferencias sobre cuestiones t&eacute;cnicas. Esta problem&aacute;tica personal del propio autor, continu&oacute; definiendo su obra hasta el final, pues las diversas dicotom&iacute;as entre las que se movi&oacute; su vida, est&aacute;n presentes en su producci&oacute;n literaria en numerosas variantes enormemente significativas. As&iacute; ocurrir&aacute; con las polaridades Suiza-extranjero, vida-muerte, hombre-mujer, amor-odio o arte-t&eacute;cnica, entre otras.</p>
<p>La escritura dicot&oacute;mica de Frisch se plasma no solo en sus temas, sino tambi&eacute;n en el uso de formas antag&oacute;nicas. A pesar de no haberse conservado sus primeros escritos y de que &eacute;l mismo no tomara muy en serio todo aquello que hab&iacute;a compuesto con anterioridad a 1945, es evidente que ya desde los a&ntilde;os 30 se sent&iacute;a atra&iacute;do muy especialmente por el teatro y la prosa, y que tambi&eacute;n en esos a&ntilde;os, sobre todo cuando se incorpor&oacute; al ej&eacute;rcito, comenz&oacute; a cultivar el g&eacute;nero del diario, que lo acompa&ntilde;ar&iacute;a tambi&eacute;n durante el resto de su vida. El <em>Tagebuch 1946-1949 </em>(<em>Diario 1946-1949</em>) surgi&oacute; precisamente en la dicotom&iacute;a, cuando trabajaba como arquitecto y no le quedaba tiempo para dedicarse a la escritura. La forma del diario le ofrec&iacute;a la posibilidad de escribir y esbozar sus ideas, sin la necesidad de tener que dedicarle un tiempo excesivo, de ah&iacute; que Frisch considerara siempre esta forma de escritura como una &ldquo;forma de emergencia&rdquo;. Ello explica tambi&eacute;n por qu&eacute; los diarios contienen tantos esbozos y apuntes de lo que posteriormente se convertir&iacute;a en obras mayores integrando realidad y ficci&oacute;n, esto es, narraciones ficticias insertas en el contexto de los acontecimientos de la vida cotidiana, de reflexiones sobre la propia existencia, sobre lo personal.</p>
<p>Muy pronto empez&oacute; a verse en el resto de sus textos el reflejo de sus propias dicotom&iacute;as biogr&aacute;ficas: el mismo a&ntilde;o en que contrajo matrimonio con Trudy, es decir, el momento en el que se decidi&oacute; por la t&iacute;pica existencia burguesa, con una profesi&oacute;n y una familia, escribi&oacute; la novela <em>J&rsquo;adore ce qui me br&ucirc;le oder Die Schwierigen </em>(<em>J&rsquo;adore ce qui me br&ucirc;le o Los dif&iacute;ciles, </em>1943), una obra en la que se niega de entrada una decisi&oacute;n tal: el protagonista, sacado de su primera novela, <em>J&uuml;rg Reinhart</em> (1934), quema todo lo que ha escrito hasta ese momento y cambia su nombre, pero a pesar de ello fracasa en su existencia burguesa y se suicida. La novela era el resultado de las reflexiones nacidas al hilo de su viaje a Praga como reportero del <em>Neue Z&uuml;rcher Zeitung</em>, algunas de las cuales fueron publicadas en el peri&oacute;dico en forma de art&iacute;culo. A <em>J&uuml;rg Reinhart</em>, que en realidad es una reflexi&oacute;n eminentemente autobiogr&aacute;fica sobre los a&ntilde;os de juventud, le hab&iacute;a seguido la titulada <em>Antwort aus der Stille </em>(<em>Respondiendo desde el silencio, </em>1937), un texto surgido tras la ruptura de su relaci&oacute;n con K&auml;te Rubensohn, una estudiante jud&iacute;a de Berl&iacute;n, a la que hab&iacute;a propuesto matrimonio, y cuyo protagonista es tambi&eacute;n un individuo que logra dejar atr&aacute;s la estrechez de la mentalidad burguesa. Frisch juzg&oacute; esta obra de tan poco inter&eacute;s, que prohibi&oacute; que se incluyera en las obras completas, un juicio que alcanz&oacute; tambi&eacute;n a <em>Die Schwierigen</em> y al relato <em>Bin oder Die Reise nach Peking </em>(<em>Mi o el viaje a Pek&iacute;n, </em>1945), considerada por &eacute;l siempre como un texto de evasi&oacute;n, en el que desarroll&oacute; una vez m&aacute;s una trama que gira en torno al anhelo de vivir una vida real, aunque ahora con un cambio de perspectiva, pues es la sociedad y no el individuo la que se sit&uacute;a en el centro. No obstante, y a pesar de lo que el propio Frisch pensara al respecto, merece la pena destacar el inter&eacute;s de estos relatos por lo que aportan al conjunto de su producci&oacute;n, pues en esta temprana trilog&iacute;a se anuncia ya la l&iacute;nea argumental de su posterior gran trilog&iacute;a de los a&ntilde;os posteriores, y que en realidad no es otro que su dicotom&iacute;a vital: el individuo frente al entorno, la contradicci&oacute;n entre una existencia burguesa y una existencia dedicada al arte.</p>
<p>Tambi&eacute;n de estos primeros a&ntilde;os data su obra <em>Bl&auml;tter aus dem Brotsack </em>(<em>Hojas de la mochila, </em>1940), el primer acercamiento al g&eacute;nero del diario, adem&aacute;s de sus primeras obras de teatro: <em>Santa Cruz</em> (1944), tem&aacute;ticamente emparentada con <em>Die Schwierigen</em>, y <em>Nun singen sie wieder</em> (<em>Ahora vuelven a cantar</em>, 1945), un drama en el que se demuestra que todos los que han muerto en la guerra han muerto en vano, pues los supervivientes no han aprendido de lo ocurrido. Muy similar en este sentido es la titulada <em>Als der Krieg zu Ende war </em>(<em>Cuando termin&oacute; la guerra, </em>1949), en la que el tema se repite, esta vez a trav&eacute;s de la historia de amor de dos personas que no hablan el mismo idioma, un oficial ruso y una mujer alemana, que se entrega a &eacute;l para salvar a su esposo, huido del frente y escondido en el s&oacute;tano de su casa, una historia que &eacute;l mismo hab&iacute;a escuchado en el Berl&iacute;n de posguerra. Frisch vio en esta trama la posibilidad de reflexionar sobre c&oacute;mo el amor es la &uacute;nica fuerza capaz de acabar con todos los prejuicios y con las im&aacute;genes que surgen de ellos y presentar al hombre tal cual es, una tesis que repetir&iacute;a posteriormente en <em>Andorra</em>. El &eacute;xito de <em>Als der Krieg zu Ende war</em> anim&oacute; a Frisch a continuar con esta forma literaria y a dotar a sus textos de unos contenidos similares, con una alta dosis de compromiso social, pues la obra, una de las primeras reacciones teatrales a las circunstancias catastr&oacute;ficas del conflicto b&eacute;lico, es, en realidad, una llamada de atenci&oacute;n de car&aacute;cter moral que dio lugar a numerosos debates, al tiempo que despert&oacute; gran admiraci&oacute;n por la capacidad de observaci&oacute;n de una persona neutral que se atrev&iacute;a a dibujar unas im&aacute;genes claramente objetivas de los dos lados del frente.</p>
<p>En 1946 Frisch empez&oacute; de nuevo a escribir un diario en el que fue anotando todas las impresiones de sus viajes por Europa y, en especial, por Alemania, de manera que sus testimonios son hoy en d&iacute;a importantes documentos de la realidad de un momento en el que muy pocos intelectuales fueron capaces de escribir. Frisch hablaba con los alemanes y trataba de ponerse en su lugar. La destrucci&oacute;n que ten&iacute;a ante sus ojos, no solo a nivel f&iacute;sico, sino tambi&eacute;n ps&iacute;quico, esto es, en la mente de los propios individuos, fue adquiriendo en la prosa de su diario unos contornos claros y precisos, m&aacute;s propios del lenguaje de un hombre de ciencias que de un artista. La escritura le sirvi&oacute; al mismo tiempo como terapia ante tales visiones y se aferr&oacute; firmemente a ella. El resultado fue la publicaci&oacute;n en 1947 del <em>Tagebuch mit Marion </em>(<em>Diario con Marion</em>), en el que la figura del escritor, del artista en general, ocupa un lugar fundamental en un diario que solo tiene de tal la secuenciaci&oacute;n cronol&oacute;gica de las entradas: convaleciente de una enfermedad, Marion se ha hecho unas marionetas de papel que utiliza luego, sin ninguna pretensi&oacute;n art&iacute;stica, en representaciones para los pobres del pueblo. Pero es &ldquo;descubierto&rdquo; y en ese momento empieza su desgracia. Poco a poco, va d&aacute;ndose cuenta de la falta de nobleza de la gente, de la mentira de la sociedad, y va viendo a todos los que lo rodean como marionetas que penden de hilos; por eso, al verse a s&iacute; mismo tambi&eacute;n como una de ellas, se suicida, con lo que viene a demostrar a un tiempo la realidad de esa existencia y la posibilidad de su destrucci&oacute;n. Es el artista en el seno de una sociedad que se deja llevar por unos patrones convencionales, estereotipados y, en definitiva, aniquiladores, una tem&aacute;tica que desarrollar&aacute; m&aacute;s tarde en su novela <em>Stiller.</em> Por otro lado, la forma del diario es una respuesta clara a la pregunta sobre la posibilidad de seguir escribiendo despu&eacute;s de un periodo de tan terribles horrores como hab&iacute;a sido el de la guerra. Esta actitud inquisitiva, tan admirada por Brecht, se convirti&oacute; en una de las caracter&iacute;sticas m&aacute;s interesantes de su producci&oacute;n literaria, pues no hay obra en la que no se formulen con claridad las cuestiones m&aacute;s acuciantes del momento, tanto a nivel personal como social. Y para ello el diario le ofrec&iacute;a m&aacute;s posibilidades que ninguna otra forma literaria.</p>
<p>Durante la guerra se hab&iacute;a concentrado en Z&uacute;rich un buen n&uacute;mero de actores y directores de escena, tanto suizos como emigrantes, que hab&iacute;an hecho de la ciudad suiza el centro teatral m&aacute;s importante de habla alemana y que, asimismo, hicieron las voces de maestros para el joven dramaturgo. Animado por ello escribi&oacute; en 1946 <em>Die chinesische Mauer </em>(<em>La muralla china</em>), en la que, utilizando los recursos del teatro moderno (los personajes son m&aacute;scaras, la acci&oacute;n es una farsa), presenta al intelectual incapaz de hacer nada frente a fuerzas superiores que llevan a la destrucci&oacute;n de la tierra. La obra surgi&oacute; tras la experiencia de la bomba at&oacute;mica y sus consecuencias (la posibilidad de destrucci&oacute;n de toda la humanidad, un tema que aparece tambi&eacute;n en el primer volumen de diarios), y se sit&uacute;a en el d&iacute;a antes del inicio de las obras de la gran muralla china, que ha de proteger el imperio ante cualquier posible invasi&oacute;n, y tambi&eacute;n ante cualquier cambio que pudiera venir de fuera o, lo que es lo mismo, que preservar&aacute; la tiran&iacute;a e impedir&aacute; el futuro, una muestra sin par de la manipulaci&oacute;n de la verdad en inter&eacute;s de los gobernantes, y un claro reflejo de la situaci&oacute;n pol&iacute;tica de aquel momento de reproches constantes entre las dos grandes potencias, Estados Unidos y Rusia.</p>
<p>En agosto de 1947 se inici&oacute; finalmente la construcci&oacute;n de la piscina de Letzigraben, cuya ejecuci&oacute;n Frisch hab&iacute;a ganado en un concurso p&uacute;blico algunos a&ntilde;os antes. Las obras tuvieron un invitado de excepci&oacute;n: Bertolt Brecht. Frisch lo hab&iacute;a conocido en casa del dramaturgo Kurt Hirschfeld, y result&oacute; ser un encuentro muy enriquecedor: en cuestiones de construcci&oacute;n era Frisch quien aleccionaba a Brecht, en cuestiones de dramaturgia, e incluso de pol&iacute;tica, era este quien lo aleccionaba a &eacute;l, aunque Frisch no compart&iacute;a las opiniones de Brecht sobre el marxismo. No obstante, las m&uacute;ltiples conversaciones que mantuvieron al respecto supusieron para Frisch una important&iacute;sima fuente de inspiraci&oacute;n durante aquellos a&ntilde;os. En 1948 el editor alem&aacute;n Peter Suhrkamp le anim&oacute; a escribir una continuaci&oacute;n del <em>Tagebuch mit Marion</em>. Cuando, a mediados de los a&ntilde;os 50, Suhrkamp fund&oacute; su propia editorial, el joven suizo se encontraba entre los autores que centraban su atenci&oacute;n junto a Brecht y Hesse. Frisch concluy&oacute; el diario en 1949 y un a&ntilde;o despu&eacute;s ve&iacute;a la luz con el t&iacute;tulo de <em>Tagebuch 1946-1949</em>. Es en este diario donde, bajo el ep&iacute;grafe de &laquo;No te har&aacute;s im&aacute;genes&raquo;, Frisch reflexiona sobre la cuesti&oacute;n de la identidad, de importancia fundamental para el conjunto de su producci&oacute;n. Partiendo del concepto b&iacute;blico, el autor traslada la idea acerca de la imposibilidad de hacerse im&aacute;genes de Dios al hombre, en tanto que este representa lo vivo en cada individuo, su esencia m&aacute;s &iacute;ntima y su ley, una entelequia de la que proceden y por la que se determinan sus transformaciones mentales, espirituales y f&iacute;sicas. Esta ley divina no es concebible en palabras sin que se reduzca y se falsee la plenitud de su ser, de forma que la prohibici&oacute;n de hacerse im&aacute;genes tiene validez tambi&eacute;n para el hombre y tan solo el amor es capaz de intuir y de suponer la plenitud de la vida en el hombre, liber&aacute;ndolo por tanto de la imagen. Ese mismo a&ntilde;o empez&oacute; a trabajar en una nueva obra, <em>Graf &Ouml;derland </em>(<em>El conde de Tierradesierta</em>), estrenada en Z&uacute;rich en 1951, y en la que describ&iacute;a su ruptura con el mundo burgu&eacute;s de manera brutal. La obra supuso uno de sus grandes fracasos, debido, en su opini&oacute;n, a los escasos medios y a las influencias negativas de la prensa local. Pero Frisch no supo ver que eran precisamente los c&iacute;rculos burgueses de la ciudad de Z&uacute;rich los que no pod&iacute;an consentir el &eacute;xito de una obra de tales caracter&iacute;sticas, pues en ella el autor se revelaba de manera decidida contra la burgues&iacute;a suiza de una forma similar a como ella lo hac&iacute;a contra &eacute;l. Y ello porque Frisch, sin darse cuenta, se hab&iacute;a convertido en un intelectual de izquierdas, claramente comprometido, que, con apenas 40 a&ntilde;os, hab&iacute;a adoptado ya la pr&aacute;ctica totalidad de las actitudes y de las posiciones que mantendr&iacute;a hasta el final de sus d&iacute;as. No se trataba en modo alguno de posiciones extremas, sino de puntos de vista que compart&iacute;an en general los j&oacute;venes intelectuales europeos de la &eacute;poca.</p>
<p>1951 le trajo tambi&eacute;n la oportunidad de dar la espalda a esa mentalidad burguesa durante un largo periodo de tiempo: el Rockefeller Grant for Drama le oblig&oacute; a trasladarse a Estados Unidos durante un a&ntilde;o. All&iacute;, Frisch percibi&oacute; la amplitud y la liberalidad del pa&iacute;s, el car&aacute;cter abierto y el esp&iacute;ritu pionero de sus gentes como una aut&eacute;ntica liberaci&oacute;n de la estrechez de miras suiza. Durante su estancia all&iacute;, Frisch trabaj&oacute; en la redacci&oacute;n de una novela que giraba en torno a un protagonista que cambiada de identidad, pero tuvo que dejarla a un lado para iniciar un proyecto teatral con el que justificar el premio que se le hab&iacute;a otorgado. El problema de la identidad en el entorno social se repite as&iacute; una vez m&aacute;s en la pieza m&aacute;s divertida de Frisch: <em>Don Juan oder Die Liebe zur Geometrie </em>(<em>Don Juan o el amor a la Geometr&iacute;a, </em>1953). Aqu&iacute;, en lugar de hacer que el seductor tenga un mal final como en el original espa&ntilde;ol, Frisch, de manera parad&oacute;jica, convierte a un intelectual en un h&eacute;roe admirado por las mujeres que no cejar&aacute; hasta liberarse de ese papel, aunque para ello haya de pasar doce a&ntilde;os de su vida seduciendo a las m&aacute;s diversas f&eacute;minas con la intenci&oacute;n de demostrar al final que el amor no existe y que, adem&aacute;s, el objeto del amor es f&aacute;cilmente intercambiable, por lo que se decide por el amor a la Geometr&iacute;a, para cuya culminaci&oacute;n, no obstante, habr&aacute; de necesitar la ayuda de una mujer.</p>
<p>La pr&aacute;ctica totalidad de sus obras dram&aacute;ticas est&aacute;n concebidas como juegos de ideas, no como intentos de representar al hombre y al mundo con im&aacute;genes realistas, sino de interpretarlos en el marco de espacio y tiempo que pueda provocar asociaciones directas con aquello que el escritor quiere comunicar. A tal fin, Frisch se sirve con gran habilidad de las ideas brechtianas sobre el teatro &eacute;pico, seg&uacute;n las cuales el espectador no debe identificarse con lo que se representa en el escenario, sino tan solo considerarlo como tal, como una representaci&oacute;n, y, por tanto, reflexionar al respecto y buscar una soluci&oacute;n al conflicto planteado. Siguiendo estos preceptos no solo utiliza un buen n&uacute;mero de los recursos de distanciamiento propuestos por Brecht (divisi&oacute;n de la escena, apelaciones directas al p&uacute;blico, presencia de coros, etc.), sino que tambi&eacute;n construye algunas de sus obras a modo de par&aacute;bolas, de las que el espectador ha de sacar su propia conclusi&oacute;n. El teatro, pues, ofrece al autor la posibilidad de dar continuidad a la tem&aacute;tica individuo-sociedad sobre la que con anterioridad hab&iacute;a reflexionado en diferentes entradas de sus diarios, as&iacute; como en sus primeros escritos en prosa bajo una apariencia bien distinta, en ese intento constante por experimentar con las formas para encontrar el modelo adecuado.</p>
<p>Este lo hall&oacute; Frisch en su gran trilog&iacute;a de novelas, que se iniciar&iacute;a en 1954 con la publicaci&oacute;n de <em>Stiller </em>(<em>No soy Stiller</em>), la historia, otra vez, de una identidad fracasada, la del individuo-artista en un entorno hostil, no por los condicionamientos sociales, sino por la propia idiosincrasia del protagonista, la novela que hab&iacute;a iniciado durante su estancia en Am&eacute;rica. La composici&oacute;n supone ya un cambio radical respecto del primer grupo de obras en prosa, pues el autor abandona la tercera persona, la narraci&oacute;n onmnisciente, para dar paso a dos narradores (Stiller-White y el abogado) que, naturalmente, presentan los acontecimientos desde sus puntos de vista totalmente diferentes. La realidad, por tanto, no aparece aqu&iacute; descrita como algo objetivo, sino exclusivamente como la verdad particular de cada individuo aislado, algo que se hace patente ya desde la primera frase de la novela: &ldquo;&iexcl;Yo no soy Stiller!&rdquo;. Este personaje que niega su identidad, que no es o que no quiere ser la persona por la que su entorno lo tiene, es en realidad Anatol Ludwig Stiller, un escultor zuriqu&eacute;s desaparecido sin dejar rastro siete a&ntilde;os atr&aacute;s en busca de una nueva identidad que tampoco ha logrado encontrar con el nombre de James Larkin White. Tras ser reconocido en el momento de su regreso a Z&uacute;rich, es arrestado, pues la polic&iacute;a lo relaciona con un caso de espionaje. De su anterior biograf&iacute;a, Stiller habla poco: en 1936 se hab&iacute;a alistado como voluntario, siendo ya un reconocido escultor, para participar en la Guerra Civil espa&ntilde;ola. De vuelta en Z&uacute;rich conoce a Julika Tschudy, una bailarina de ballet, y se casa con ella un a&ntilde;o despu&eacute;s. El matrimonio llega a una situaci&oacute;n de crisis, tras la que ella enferma y &eacute;l encuentra una amante (la esposa del que luego ser&aacute; su abogado); la relaci&oacute;n dura poco, pero lo suficiente como para que Stiller vea su vida como un fracaso y desee cambiarla y, por tanto, desaparecer. Resignado ante la imposibilidad del cambio, regresa y, tras salir de la c&aacute;rcel, intenta llevar una nueva vida con Julika, que pronto vuelve a ser exactamente igual que su vida de anta&ntilde;o. Solo la muerte de Julika, tras una grave enfermedad, lograr&aacute; librar a Stiller de su biograf&iacute;a. Interesante es aqu&iacute; la forma de la novela, que ofrece al autor la posibilidad de jugar con una perspectiva narrativa objetiva (las anotaciones del diario de Stiller y el ep&iacute;logo del fiscal), que lo aleja de los acontecimientos y hace que el narrador aparezca distanciado de la acci&oacute;n, pudiendo con ello manifestar su alto grado de escepticismo. El tema de la obra, es evidente, giraba en torno a la tem&aacute;tica que hab&iacute;a interesado a Frisch desde sus comienzos: la tentaci&oacute;n en la que caen constantemente los hombres de hacerse im&aacute;genes unos de otros, las cuales, de seguro, no responden a la realidad. Por qu&eacute; una novela con esta tem&aacute;tica tuvo un &eacute;xito tan rotundo se debe seguramente al hecho de que la perspectiva narrativa escogida por el autor sit&uacute;a esta gran obra de Frisch al nivel de otras grandes novelas del siglo XX, adem&aacute;s de que la problem&aacute;tica que constituye el trasfondo de la obra resulta ser una de las cuestiones existenciales de la literatura en una &eacute;poca cient&iacute;fica, en una &eacute;poca de estandarizaciones, en la que no es posible hablar del individuo de la forma en que se hab&iacute;a venido haciendo tradicionalmente durante el siglo XIX. As&iacute; pues, si ya no es posible narrar una biograf&iacute;a de la manera convencional, han de inventarse nuevos recursos para ello, como aparentar, por ejemplo, que no se est&aacute; narrando, y, en este sentido, el supuesto Mr. White va anotando pacientemente los fragmentos de la biograf&iacute;a de Stiller que amigos y conocidos le narran con el fin de refrescarle la memoria. De este modo, &eacute;l solo cuenta aquello que oye sobre s&iacute; mismo, como si se tratara de un extra&ntilde;o, configurando de ese modo la biograf&iacute;a que realmente hubiera querido vivir y que surge de hechos tanto vividos en realidad como inventados.</p>
<p>Para comprender el &eacute;xito de la novela es importante tambi&eacute;n tener en cuenta el hecho de que la tem&aacute;tica se adaptaba perfectamente a las necesidades de los lectores de la &eacute;poca y plasmaba literariamente las cuestiones sobre la destrucci&oacute;n de la identidad del individuo en la sociedad actual que Th. W. Adorno formular&iacute;a poco tiempo despu&eacute;s de manera te&oacute;rica. La crisis de identidad a la que est&aacute; sometido el individuo moderno, el yo que se desintegra, que no encuentra ni su forma ni su determinaci&oacute;n, que sufre por s&iacute; mismo, que duda de s&iacute; mismo o que se pierde en una imagen falsa de su persona, son parte de las muchas variaciones que presenta este complejo problema. Tras el &eacute;xito de esta novela Frisch tom&oacute; la decisi&oacute;n de dedicarse a la vida art&iacute;stica de la literatura y abandonar para siempre la vida t&eacute;cnica de la arquitectura, se separ&oacute; de su familia y cerr&oacute; el estudio.</p>
<p>Algo muy similar a lo que le ocurre a Stiller es lo que le sucede en la segunda de las novelas de la trilog&iacute;a, <em>Homo faber </em>(1957), a su protagonista, Walter Faber, un ingeniero que trabaja para las Naciones Unidas, absolutamente convencido de su papel como hombre racional, y que fracasa igualmente en su existencia, cuando una joven, Sabeth, que resulta ser su hija, le demuestra que en la vida tambi&eacute;n existe el amor. Frisch inici&oacute; la redacci&oacute;n de esta novela tras un viaje de dos meses que lo llev&oacute;, pasando por Roma y N&aacute;poles, hasta los Estados Unidos, M&eacute;xico y La Habana, escenarios que encontraron un lugar en su nueva novela. El viaje le aport&oacute; adem&aacute;s la distancia que necesitaba para curar las heridas abiertas tras su separaci&oacute;n y las pol&eacute;micas que hab&iacute;a despertado su ensayo <em>achtung: die Schweiz! </em>(<em>Atenci&oacute;n: &iexcl;Suiza!</em>). Faber es el prototipo del hombre t&eacute;cnico, exponente de la civilizaci&oacute;n moderna. Se encuentra en situaci&oacute;n de enemistad manifiesta con todo lo que lo rodea, e incluso su actividad laboral se concibe como una lucha contra la naturaleza que se presenta desde el principio del informe (as&iacute; denomina Frisch a su novela) como un obst&aacute;culo para los avances de la t&eacute;cnica. Contra su voluntad, no obstante, el hombre t&eacute;cnico se ver&aacute; enfrentado a ella en sus m&aacute;s diversas manifestaciones, y lo mismo le suceder&aacute; con el mundo del arte. Frisch dibuja, por tanto, a un personaje dominado por un principio antag&oacute;nico, que enfrentar&aacute; al hombre t&eacute;cnico frente al hombre art&iacute;stico que hay en &eacute;l, y que contribuir&aacute; a hacerle ver su fracaso como individuo. C&oacute;mo ha llegado a percibirlo ser&aacute; lo que Faber desarrolle en el informe que escribe desde el hospital, en el que est&aacute; ingresado debido a sus fuertes dolores de est&oacute;mago y en el que relata los acontecimientos ocurridos desde el aterrizaje forzoso de su avi&oacute;n en el desierto de Tamaulipas hasta la desafortunada muerte de Sabeth y su encuentro con Hanna, su antigua prometida y madre de la hija a la que &eacute;l no conoc&iacute;a. El pasado que Faber cre&iacute;a superado vuelve a su vida, en una reescritura del mito de Edipo adaptado a los tiempos modernos, con una fuerza tan intensa que lo derrota sin posibilidad de volver a vivir una nueva biograf&iacute;a, ni de adoptar una nueva identidad. El hombre t&eacute;cnico no puede sobrevivir siquiera en su propio mundo t&eacute;cnico si no atiende tambi&eacute;n a todo lo m&aacute;s &iacute;ntimamente relacionado con la esencia del ser humano. Y as&iacute;, Faber pierde la seguridad en s&iacute; mismo, en todo lo que cree, y, al final, tambi&eacute;n la vida. Sus concepciones, que &eacute;l cre&iacute;a s&oacute;lidas como rocas, han empezado a tambalearse, y a trav&eacute;s de todo el informe el lector percibe con claridad esa situaci&oacute;n de desasosiego. Las reflexiones y los comentarios de Faber lo demuestran: en lugar de un informe objetivo, neutral, propio de un t&eacute;cnico, lo que ofrece Faber es un relato totalmente subjetivo, cargado de impresiones propias, desconcertantes en ocasiones, que no ofrece al lector todos los datos que necesita para la comprensi&oacute;n de los hechos, sino tan solo el esfuerzo del protagonista narrador por encontrar un sentido a los acontecimientos que han hecho que su vida se transforme de manera radical. De ah&iacute; que el supuesto informe tenga tambi&eacute;n un car&aacute;cter tremendamente simb&oacute;lico, pues la objetividad que pretende se ve superada siempre por la subjetividad propia del individuo que ve las cosas tan solo desde un punto de vista personal. O lo que es lo mismo: el coraz&oacute;n acaba dominando la raz&oacute;n.</p>
<p>Y es que en este proceso de autoformaci&oacute;n y de b&uacute;squeda de la propia identidad desempe&ntilde;a un papel important&iacute;simo el amor, entendido por Frisch, tal y como manifiesta en sus diarios, como &uacute;nica fuerza capaz de liberar al individuo de una imagen prefijada, de ah&iacute; que las relaciones sentimentales ocupen un lugar m&aacute;s que destacado en toda su producci&oacute;n. Para Frisch, que mantuvo a lo largo de su vida diversas relaciones sentimentales, el amor es capaz de acabar con todo aquello que conduce a una existencia burguesa, es capaz de permitir al otro ser como es y presentarlo en su verdadera identidad, ya que, por otro lado, tambi&eacute;n le ayuda a conseguirla. El amor es, pues, para Frisch casi una fuerza redentora, pero que en ninguna de sus obras se demuestra como efectiva: Julika no es capaz de salvar a Stiller, y tampoco Barblin a Andri en <em>Andorra</em>, del mismo modo que Sabeth tampoco lo consigue con Faber, a pesar de que este acabe reconociendo una capacidad para el amor que, cual hombre t&eacute;cnico, se hab&iacute;a negado hasta entonces. Seguramente este fracaso est&eacute; en relaci&oacute;n directa con el pasado de cada uno de los protagonistas, del que no pueden liberarse, pues est&aacute; presente en ellos siempre, en cualquier acci&oacute;n, en cualquier pensamiento. As&iacute;, Stiller y Faber viven acosados por &eacute;l, a pesar de haber intentado desterrarlo de su memoria; y lo mismo les sucede a los diversos personajes de <em>Mein Name sei Gantenbein </em>(<em>Digamos que me llamo Gantenbein, </em>1964), donde el yo narrador protagonista aparece dividido en tres personajes distintos (Svoboda, Enderlin y Gantenbein, un t&eacute;cnico, un intelectual y un ciego) en un intento de cambiar de biograf&iacute;a y ver c&oacute;mo hubiera podido evitarse el fracaso en cada caso, as&iacute; como al protagonista de <em>Biografie: Ein Spiel </em>(<em>Biograf&iacute;a: un juego</em>, 1968), una obra de teatro especular del <em>Gantenbein</em>, el cual intenta en vano corregir el pasado tratando de actuar de una forma diferente a como lo hab&iacute;a hecho hasta entonces sin conseguirlo, volviendo a caer otra vez en los mismos errores. Partiendo de su propia definici&oacute;n (&ldquo;Yo pienso que la persona es una suma de diversas posibilidades, una suma no ilimitada, pero una suma al fin y al cabo, que va m&aacute;s all&aacute; de la propia biograf&iacute;a. Solo las variantes muestran la constante&rdquo;), y una vez iniciada su relaci&oacute;n con la tambi&eacute;n escritora Ingeborg Bachmann, con la que vivi&oacute; cinco a&ntilde;os, de 1958 a 1962, Frisch construye una novela en la que el amor vuelve a desempe&ntilde;ar un papel fundamental y se convierte en la constante de todas las variantes, los celos, el matrimonio, la infidelidad, la dicha, la pena y un largo etc&eacute;tera, construyendo con ello una novela de rabiosa actualidad con la que Frisch demuestra m&aacute;s de una verdad: un hombre no puede nunca desempe&ntilde;ar todos los papeles posibles a la vez frente a una misma mujer. Mientras que las dos novelas anteriores se proyectaban sobre acontecimientos ya vividos, <em>Mein Name sei Gantenbein</em> propone posibilidades de futuro, y no solo una, sino tres bien diferenciadas, en un texto con un grado de experimentaci&oacute;n formal mucho mayor que los anteriores, pues el yo que da voz a los personajes es una especie de gu&iacute;a que les permite actuar seg&uacute;n una configuraci&oacute;n muy personal, ya que deja que vivan historias que se complementan o que se contradicen, que aparezcan y desaparezcan personajes, que comiencen y terminen historias, prob&aacute;ndoselas como si de trajes se trataran, todo seg&uacute;n las necesidades y los deseos del yo para conocerse a s&iacute; mismo y a su entorno. El grado de experimentaci&oacute;n formal en esta novela es mayor que en ninguna de las anteriores: el yo que da voz a los personajes es una especie de gu&iacute;a que les permite actuar seg&uacute;n una configuraci&oacute;n muy personal, pues deja que vivan historias que se complementan o que se contradicen, que comiencen y terminan historias prob&aacute;ndoselas como si de trajes se tratara, todo seg&uacute;n las necesidades y los deseos de este yo para conocerse a s&iacute; mismo y a su entorno. No se trata en este caso, sin embargo, de historias vividas, sino de imaginaciones, de suposiciones, las cuales constituyen a la postre su realidad, pues la persona no existe fuera de sus ficciones y su realidad se desarrolla &uacute;nicamente a partir de la realizaci&oacute;n de sus posibilidades, lo cual constituye la absoluta ficcionalidad del texto.</p>
<p>Durante los a&ntilde;os de composici&oacute;n de esta magn&iacute;fica trilog&iacute;a, Frisch hab&iacute;a continuado ensayando con el g&eacute;nero dram&aacute;tico. De este periodo son las obras <em>Biedermann und die Brandstifter </em>(<em>Biedermann y los incendiarios, </em>1958), un nuevo enfrentamiento con la existencia burguesa, que acaba fracasando cuando el protagonista, dej&aacute;ndose llevar por la educaci&oacute;n social, acoge en su casa a los incendiarios que, posteriormente, le prender&aacute;n fuego, sin que llegue a ser capaz de reconocer que no ha sido una v&iacute;ctima, sino el causante de su propia desgracia (una par&aacute;bola tambi&eacute;n de la llegada de Hitler al poder y de la actitud pasiva y cobarde mantenida por la mayor&iacute;a de los ciudadanos); <em>Andorra </em>(1961), en la que a trav&eacute;s de la figura del protagonista Frisch demuestra una vez m&aacute;s c&oacute;mo somos simplemente aquello que los dem&aacute;s ven en nosotros, en medio de personajes que representan todo lo negativo de la sociedad suiza con su mentalidad provinciana, y <em>Biografie: Ein Spiel</em>, en la que Frisch pone en pr&aacute;ctica su &ldquo;dramaturgia de la permutaci&oacute;n&rdquo;, esto es, el teatro de variaciones, alterando y variando la biograf&iacute;a del personaje en el escenario y permitiendo la vuelta atr&aacute;s de los acontecimientos, al hilo de una acci&oacute;n que nunca transcurre de manera lineal y cuyo protagonista, decida lo que decida, no conseguir&aacute; introducir absolutamente ning&uacute;n cambio<em>. </em>De este modo Frisch demuestra con esta pieza ser un gran conocedor de las psicolog&iacute;as masculina y femenina (es Antoinette la que renuncia a su relaci&oacute;n con K&uuml;rmann cuando se le ofrece una segunda posibilidad), al tiempo que recoge los hilos argumentales de su primera pieza, <em>Santa Cruz</em>, y une el conjunto de su obra dram&aacute;tica con el de su obra en prosa, haciendo de ambos un todo enteramente unitario, a trav&eacute;s del que puede leerse, en realidad, una cr&iacute;tica descarada a la mentalidad peque&ntilde;oburguesa y cerrada de un pa&iacute;s como Suiza que, con su actitud, no hace en realidad otra cosa que perjudicarse a s&iacute; mismo.</p>
<p>La actitud cr&iacute;tica de Frisch frente a su pa&iacute;s tuvo un punto &aacute;lgido en 1966, cuando, con motivo de la concesi&oacute;n del Premio de Literatura Ciudad de Z&uacute;rich a Emil Staiger, anta&ntilde;o su profesor y amigo. En su discurso de agradecimiento, que titul&oacute; <em>Literatur und &Ouml;ffentlichkeit </em>(<em>Literatura y p&uacute;blico</em>), Staiger critic&oacute; la literatura de la joven generaci&oacute;n por estar falta de t&eacute;cnica y de contenidos. Esta acusaci&oacute;n concern&iacute;a tambi&eacute;n a Frisch, quien el a&ntilde;o anterior hab&iacute;a titulado un discurso precisamente como <em>&Ouml;ffentlichkeit als Partner </em>(<em>El p&uacute;blico como socio</em>) y entendi&oacute; el discurso de Staiger como una respuesta velada al suyo. A su r&eacute;plica en el semanario <em>Weltwoche</em> le sigui&oacute; r&aacute;pidamente la de Staiger en el <em>Neue Z&uuml;rcher Zeitung</em>. Los comentarios de Frisch fueron furiosos y airados, pero tambi&eacute;n valientes y comprometidos. Su defensa de la literatura de su generaci&oacute;n le hizo romper con Staiger y sus adeptos, pero ayud&oacute; a consolidar lo que el resto de intelectuales suizos hab&iacute;an venido haciendo hasta ese momento.</p>
<p>Poco despu&eacute;s, en 1971, dio forma a un proyecto al que le hab&iacute;a instado Brecht mucho tiempo atr&aacute;s: escribir una pieza sobre el mito helv&eacute;tico por excelencia. As&iacute; surgi&oacute; <em>Wilhelm Tell f&uuml;r die Schule </em>(<em>Guillermo Tell para la escuela</em>), una obra en la que Frisch, recurriendo a la t&eacute;cnica del narrador omnisciente y del imperfecto propios del relato, criticaba tanto el mito como la bibliograf&iacute;a al uso sobre el tema, parodiando con ello no solo la figura de Tell, sino tambi&eacute;n los estudios literarios. Y dos a&ntilde;os despu&eacute;s, en <em>Dienstb&uuml;chlein </em>(<em>La cartilla militar</em>), volv&iacute;a a pasar revista a sus recuerdos de los a&ntilde;os en el ej&eacute;rcito para llevar a cabo una revisi&oacute;n cr&iacute;tica y autocr&iacute;tica de aquel periodo y de la actitud de Suiza frente al nazismo. Ambos textos suponen una confrontaci&oacute;n paciente y reflexiva, aunque enormemente mordaz, con el propio pa&iacute;s en el que Frisch hab&iacute;a nacido y en el que pas&oacute; la mayor parte de su vida, y a trav&eacute;s de la que se cuestiona la imagen que sus compatriotas tienen de s&iacute; mismos y de la Historia. Al mismo tiempo son una magn&iacute;fica muestra de c&oacute;mo se pueden unir literatura y discurso pol&iacute;tico.</p>
<p>Un nuevo volumen de diarios, publicado en 1972 y en el que se contienen las numeras reflexiones y experiencias de los viajes que hab&iacute;a realizado junto con Marianne Oellers, su nueva compa&ntilde;era, confirma que Frisch sigue reflexionando constantemente sobre los contenidos y formas que ya aparec&iacute;an esbozados en el primer volumen de 1950. Las fechas que lo enmarcan, <em>Tagebuch 1966-1971</em> (<em>Diario 1966-1971</em>), coinciden con dos momentos significativos en la vida del escritor: la vuelta a Suiza despu&eacute;s de un largo periodo de residencia en Roma y su 60&ordm; cumplea&ntilde;os. El regreso de Frisch a Suiza se debi&oacute; a diversas razones, tanto personales como profesionales: por un lado se hab&iacute;a sentido siempre muy solo en Roma, y adem&aacute;s la ciudad era el espacio que hab&iacute;a compartido con Ingeborg Bachmann. Pretend&iacute;a iniciar una nueva vida con Marianne y para ello lo mejor era un cambio de espacio. Pero, por otro, estaba tambi&eacute;n el hecho de que Roma, con el paso del tiempo, se hab&iacute;a ido convirtiendo en un espacio extraterritorial, demasiado lejano a sus verdaderos intereses, a su cotidianeidad, a su lengua, a su material literario, en definitiva. La escritura de Frisch estaba estrechamente ligada a su biograf&iacute;a, a su pa&iacute;s de origen, a sus vivencias, a su c&iacute;rculo de conocidos. Su pa&iacute;s, y &eacute;l mismo en su pa&iacute;s, eran la materia prima de su obra.</p>
<p>La visi&oacute;n cr&iacute;tica de Suiza, dejada atr&aacute;s durante tantos a&ntilde;os, su posici&oacute;n pol&iacute;tica y los temas del envejecimiento y la muerte, son los ejes en torno a los que gira el volumen. Los acontecimientos pol&iacute;ticos mundiales, algunos de ellos vividos por &eacute;l en persona, forman parte tambi&eacute;n de las reflexiones contenidas en el diario, as&iacute; como una serie de cuestionarios enormemente sarc&aacute;sticos en los que el autor lanza preguntas sobre un buen n&uacute;mero de cuestiones relativas al ser humano: el amor, el odio, la suerte, la gratitud, la vejez, el matrimonio, las mujeres, la esperanza, el dinero, la amistad, la patria, el humor, las propiedades, la paternidad, y&nbsp; un largo etc&eacute;tera. Son el resultado de la experiencia de toda una vida, y las cuestiones que en ellos se plantean, junto con las distintas posibilidades de respuesta, son una forma m&aacute;s de reflexionar sobre una biograf&iacute;a, sobre el propio yo capaz de revisar el tiempo pasado desde la perspectiva que ofrece la vejez, o como &uacute;nica posibilidad de comprenderse a s&iacute; mismo</p>
<p>Tras el viaje a China en 1975 como miembro de una delegaci&oacute;n alemana encabezada por el entonces canciller Helmut Schmidt, Frisch confes&oacute; en una carta a su amigo Uwe Johnson que viajar hab&iacute;a dejado de fascinarle. Tal vez ese cansancio estuviera relacionado con el hecho de que muy poco antes, con motivo de una estancia en un balneario en Vulpera, hab&iacute;a podido comprobar con sus propios ojos lo triste que era la vejez del ser humano. La reflexi&oacute;n sobre la inevitabilidad del envejecimiento y sobre lo perecedero de la vida humana se convirtieron a partir de ese momento en una constante para &eacute;l y encontrar&iacute;an su reelaboraci&oacute;n literaria en los textos de este &uacute;ltimo periodo en el que, adem&aacute;s, la editorial Suhrkamp comenz&oacute; a preparar la edici&oacute;n de sus obras completas. Aun con todo, continu&oacute; viajando con relativa regularidad, de manera que las &uacute;ltimas obras de Frisch, en las que domina por encima de todo el tema de la muerte, no suponen un abandono de las constantes por las que se hab&iacute;an movido todas las dem&aacute;s composiciones del autor. Es m&aacute;s, son casi una corroboraci&oacute;n de todo lo all&iacute; apuntado, en el sentido en que la muerte es la &uacute;nica capaz de &ldquo;liberar&rdquo; del fracaso, imposible de remediar en vida. As&iacute; se ve, por ejemplo, en <em>Tryptichon </em>(<em>Tr&iacute;ptico</em>, 1978), donde los muertos hablan sin cesar con los vivos de todo aquello en lo que han fracasado en sus vidas y que ya es imposible recuperar, donde hay un lamento constante por la vida desperdiciada, no vivida, frustrada, fracasada. Los protagonistas intentan hacer hablar a aquellos que han amado y que ahora est&aacute;n muertos, con la &uacute;nica intenci&oacute;n de poder seguir viviendo ellos mismos.</p>
<p>La crisis de las relaciones sentimentales es tambi&eacute;n el tema de <em>Montauk</em> (1975), una obra escrita como resultado de la relaci&oacute;n del autor con la joven norteamericana Alice Locke-Carey, lo que le lleva a reflexionar y a dar un repaso a su vida a trav&eacute;s de fragmentos en forma de caleidoscopio, mucho m&aacute;s efectivos que si de un libro de memorias al uso se tratara: im&aacute;genes de la infancia, un denso retrato del amigo Werner Coninx, la historia de su relaci&oacute;n con K&auml;te Rubensohn, sus experiencias como estudiante de Arquitectura, el matrimonio, los hijos, la separaci&oacute;n, el papel de padre no ejercido y un largo etc&eacute;tera. Aqu&iacute; tambi&eacute;n por vez primera Frisch fue capaz de expresarse en el plano literario sobre su dif&iacute;cil relaci&oacute;n con Ingeborg Bachmann, al tiempo que dedica p&aacute;ginas tambi&eacute;n a Marianne y a su madre. Tampoco faltan aqu&iacute; las reflexiones sobre la vejez, as&iacute; como sobre sentimientos personales (la fama, el &eacute;xito o el dinero), pero sobre todo acerca de la literatura. El amor fracasado es tambi&eacute;n el tema de <em>Blaubart </em>(<em>Barba Azul, </em>1982), un relato en el que su protagonista, el Dr. Felix Schaad, es acusado de haber asesinado a su sexta esposa. La obra est&aacute; basada en un proceso real contra un joyero de Winterthur acusado de haber asesinado a su mujer y puesto en libertad por falta de pruebas. La imagen del protagonista se dibuja aqu&iacute; a trav&eacute;s de las preguntas del abogado y el fiscal, as&iacute; como de las respuestas de los diferentes testigos, que ahora se atreven incluso a decir cosas que en otra situaci&oacute;n nunca hubieran dicho. Pero donde Frisch nos leg&oacute; una aut&eacute;ntica reflexi&oacute;n sobre el paso del tiempo, la vejez y la imposibilidad de recuperar el tiempo perdido es en la narraci&oacute;n <em>Der Mensch erscheint im Holoz&auml;n </em>(<em>El hombre aparece en el Holoceno</em>, 1979), en la que un pensionista que vive en un solitario valle, aislado del mundo por un corrimiento de tierras, lucha por no perder la memoria. Es esta, si cabe, la obra m&aacute;s singular y m&aacute;s personal del autor, para la que adopt&oacute; adem&aacute;s una forma muy peculiar: la combinaci&oacute;n de la tercera persona con el montaje de citas sin elaborar de diccionarios, manuales especializados o anotaciones propias.</p>
<p>Incluso en esta obra Frisch sigui&oacute; intentando responder a la pregunta que hab&iacute;a dado pie a sus inicios literarios, a partir de la cual hizo llegar a sus lectores las m&aacute;s variadas posibilidades de fracaso de un individuo inmerso en un entorno social que lo lleva por un camino del que le resultar&aacute; imposible salir, ni aun teniendo la posibilidad de volver sobre sus pasos y rehacer su vida. Una obra que, en su totalidad, viene a demostrar la incorregibilidad del ser humano, sus fijaciones y su falta de perspectivas y de preparaci&oacute;n para hacer frente a una posible alteraci&oacute;n de su existencia o, lo que es lo mismo, su capacidad para tropezar dos veces en la misma piedra. Con el paso del tiempo y la globalizaci&oacute;n de nuestra sociedad, la respuesta a esta pregunta es hoy si cabe m&aacute;s necesaria que nunca, pues el entorno est&aacute; llegando a menudo a poner en cuesti&oacute;n nuestra propia existencia.</p>
<p>Los &uacute;ltimos a&ntilde;os de la vida de Frisch estuvieron llenos de reconocimientos en forma de premios, de homenajes y de doctorados <em>honoris causa</em> en diferentes universidades de Europa y Am&eacute;rica. Poco despu&eacute;s de haber tenido acceso a su ficha policial y de haber visto c&oacute;mo Volker Schl&ouml;ndorff llevaba a la gran pantalla la primera versi&oacute;n cinematogr&aacute;fica de su <em>Homo faber</em> fallec&iacute;a el 4 de abril de 1991 en su casa de Z&uacute;rich, la ciudad que lo hab&iacute;a visto nacer y a la que, en muchas ocasiones de manera involuntaria, estuvo ligada siempre su &ldquo;apasionante&rdquo; producci&oacute;n literaria.</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 29 Jun 2016 08:37:57 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Natalia Ginzburg: léxico de la tribu]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/natalia-ginzburg-lexico-de-la-tribu/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2016/NATALIA_GINZBURG500.jpg" alt="" /></p>
<p>Personaje de primera l&iacute;nea en la literatura italiana contempor&aacute;nea, autora de numerosas y memorables novelas, de obras de teatro, de ensayos, de biograf&iacute;as de escritores y de vol&uacute;menes de recolecci&oacute;n de art&iacute;culos escritos para la prensa, Natalia Ginzburg (Palermo, 14 de julio de 1916 &mdash; Roma, 7 de octubre de 1991) fue sobre todo una protagonista esencial en la renovaci&oacute;n cultural que llev&oacute; a cabo una brillant&iacute;sima generaci&oacute;n de escritores, intelectuales y artistas en la posguerra italiana. Una renovaci&oacute;n que no s&oacute;lo era estil&iacute;stica, est&eacute;tica y argumental, sino tambi&eacute;n pol&iacute;tica e ideol&oacute;gica. Se trat&oacute; de una generaci&oacute;n fuertemente ideologizada, sumamente comprometida con su tiempo y con la denuncia continua de todo tipo de injusticias, abusos y corrupciones que se iban sucediendo en los a&ntilde;os del <em>miracolo economico italiano</em>. Es decir, los a&ntilde;os del fuerte boom o despegue acelerado de la econom&iacute;a, que tuvo lugar sobre todo entre los a&ntilde;os 50 y 70 del pasado siglo. Una brillante generaci&oacute;n que destac&oacute; en todos los frentes (literatura, cine, teatro, filosof&iacute;a, pol&iacute;tica) y que llev&oacute; a cabo su propia revoluci&oacute;n dom&eacute;stica e interior, sin dejar por un solo momento de poner al mismo nivel las m&aacute;s altas cotas de exigencia creativa.</p>
<p>Una de las m&aacute;s grandes narradoras de la segunda mitad del siglo XX italiano junto a Elsa Morante y Anna Maria Ortese, mucho m&aacute;s pegada al realismo y menos on&iacute;rica y simb&oacute;lica que ellas, su gran amigo Italo Calvino calific&oacute; su literatura de &ldquo;ejemplarmente bella pero trist&iacute;sima&rdquo;. Desde los 25 a&ntilde;os llev&oacute; a cabo una constante y nutrida obra, repartida en distintos g&eacute;neros. En ello, aparte de la ficci&oacute;n que la hizo famosa, se inclu&iacute;an espl&eacute;ndidas traducciones del franc&eacute;s de Marcel Proust, Gustave Flaubert o Maupassant, o biograf&iacute;as de escritores &ndash;<em>La familia Manzoni</em>, 1983, y <em>Anton Ch&eacute;jov. Vida a trav&eacute;s de las letras</em> (Acantilado, 2006)- as&iacute; como peque&ntilde;as prosas y art&iacute;culos compuestos para peri&oacute;dicos como La Stampa o el Corriere della Sera, desde finales de los a&ntilde;os sesenta hasta el mismo momento de su muerte. Art&iacute;culos de la m&aacute;s diversa inspiraci&oacute;n, desde el comentario cultural y los recuerdos de su vida familiar, as&iacute; como de su recorrido como creadora y de editora, hasta la denuncia social, moral y pol&iacute;tica, luego recogidos en vol&uacute;menes compilatorios como <em>Mai devi domandarmi</em><span style="text-decoration: underline;">,</span> de 1970, y <em>Non possiamo saperlo. Saggi 1973-1990</em>, de 2001 (publicados en la editorial Lumen, con el t&iacute;tulo de <em>Las tareas de casa y otros ensayos</em>, 2016). Unos art&iacute;culos y peque&ntilde;os ensayos, que junto a sus famosos, y tambi&eacute;n podr&iacute;a decirse que magistrales e imprescindibles ensayos literarios de su bibliograf&iacute;a <em>Le piccole virt&ugrave;</em>, de 1962 (<em>Las peque&ntilde;as virtudes</em>, Acantilado, 2002) daban idea de su aguda sensibilidad, su delicado y no agresivo humor, su&nbsp; fulminante y certera profundidad tanto para los temas literarios o del oficio de escritor como para los asuntos relacionados con el compromiso c&iacute;vico, incluso cuando se trataba de los temas m&aacute;s dolorosos y peliagudos de la pol&iacute;tica italiana. Muy en especial los relativos al periodo llamado de la &ldquo;strategia della tensione&rdquo;, como era el tema del terrorismo y el encarcelamiento o liberaci&oacute;n de militantes de grupos de la extrema izquierda de aquellos d&iacute;as &ndash;los belicosos a&ntilde;os 70- como Potere Operaio.</p>
<p>&nbsp;Unas obras, unos textos breves, considerados en ocasiones &ldquo;menores&rdquo;, que a menudo se convert&iacute;an en fascinantes y deslumbrantes narraciones, de una exactitud y belleza estremecedoras, con frases r&aacute;pidas y sin adornos, a la manera de su admirado Chejov, as&iacute; como con una calidad en la prosa perfectamente equiparable a sus mejores y m&aacute;s conocidas obras de ficci&oacute;n, de memorias o de teatro. Novelas y relatos como <em>El camino que va a la ciudad</em> (1942; Bassarai, 1997), <em>&Eacute; stato cos&igrave;</em> (1947), <em>Nuestros ayeres</em> (1951; Galaxia Gutenberg, 1996), <em>Valentino</em> (1957, Premio Viareggio), <em>Las palabras de la noche</em> (1961, Pre-Textos, 2001), <em>Querido Miguel</em> (1973; Acantilado, 2003), <em>Familia</em> (1977; Alfaguara, 1982, volumen con dos relatos: &rdquo;Familia&rdquo; y &ldquo;Burgues&iacute;a&rdquo; o <em>La ciudad y la casa</em> (1984; Debate, 2003). Pero tambi&eacute;n obras de teatro c&eacute;lebres como <em>Ti ho sposato per allegria</em> (1961) o el ya citado y maravilloso texto autobiogr&aacute;fico que la lanz&oacute; a la fama internacional, que inauguraba en s&iacute; una forma de narrar y recuperar la memoria personal: <em>L&eacute;xico familiar</em> (1963; Lumen, 2007). Y si no, ensayos que ten&iacute;an como objeto narrar temas dolorosos, de aberrante injusticia, realmente sucedidos, sobre el mundo de las adopciones en este caso (<em>Serena Cruz o la verdadera justicia</em>, 1990; Acantilado, 2010). Unos casos p&uacute;blicos, frecuentes en los peri&oacute;dicos y en los medios de comunicaci&oacute;n, en los que Natalia Ginzburg siempre volc&oacute; su enorme generosidad y combatividad y donde entablaba valientes luchas en contra de los absurdos y las incomprensibles crueldades de la justicia y de la administraci&oacute;n. Con ello siempre quiso denunciar las contradicciones de una sociedad en la que todo se conjura para aplastar a los m&aacute;s d&eacute;biles.</p>
<p>Su primer libro, la novela breve <em>El camino que lleva a la ciudad</em>, apareci&oacute; con el seud&oacute;nimo de Alessandra Tornimparte en 1942, a causa de las leyes raciales mussolinianas que prohib&iacute;an publicar a los escritores jud&iacute;os. Natalia, aparte de ser hija de Giuseppe Levi, un cient&iacute;fico jud&iacute;o nacido en Trieste, y de una madre de religi&oacute;n cat&oacute;lica, de Mil&aacute;n, se hab&iacute;a casado con el escritor jud&iacute;o de origen ruso Leone Ginzburg, uno de los fundadores de la m&iacute;tica editorial Einaudi y un conocido activista de la <em>Resistenza</em> italiana contra el fascismo, que ser&iacute;a asesinado en una operaci&oacute;n de represalia en el mismo a&ntilde;o 1942. Algo m&aacute;s de veinte a&ntilde;os despu&eacute;s, en 1963, Natalia Ginzburg ganar&iacute;a el Premio Strega (que en Italia equivale al disputad&iacute;simo y prestigioso Premio Goncourt franc&eacute;s) y se consagrar&iacute;a para el gran p&uacute;blico con su libro m&aacute;s c&eacute;lebre y m&aacute;s traducido internacionalmente: el citado bell&iacute;simo volumen de recuerdos, <em>L&eacute;xico familiar</em>.</p>
<p>Con este texto autobiogr&aacute;fico llegar&iacute;a a un p&uacute;blico m&aacute;s vasto, alejado de sus inicios, que se produjeron en torno al c&iacute;rculo intelectual reducido, aunque muy influyente y preponderante en las letras italianas desde el final de la guerra, reunido en torno al grupo de la editorial Einaudi de Tur&iacute;n. All&iacute; trabajar&iacute;a durante a&ntilde;os como editora, donde era conocida por su intransigencia a la hora de seleccionar textos y por la seguridad que demostraba cuando se trataba de manifestar su propio gusto. Un grupo &eacute;ste que ten&iacute;a mucho que ver con los amigos m&aacute;s cercanos de su primer marido, Leone Ginzburg (1909-1944), que no sobrevivi&oacute; a las torturas sufridas a manos de la Gestapo en la prisi&oacute;n de Regina Coeli de Roma.</p>
<p>Miembro de la Resistencia antifascista, Leone Ginzburg ser&iacute;a una de las principales figuras culturales italianas de los a&ntilde;os 30. Nacido en el Imperio Ruso, en Odessa, en la actual Ucrania, la misma ciudad del gran escritor jud&iacute;o Isaac B&aacute;bel, Ginzburg se hab&iacute;a criado en el seno de una familia jud&iacute;a acomodada. Hijo natural (y reconocido m&aacute;s tarde) de un italiano que su madre hab&iacute;a conocido durante unas vacaciones en Viareggio, tras la Revoluci&oacute;n Rusa y&nbsp; la Primera Guerra Mundial toda la familia Ginzburg se instal&oacute; en Italia. Leone estudi&oacute; en el Liceo Massimo d&rsquo;Azeglio de Tur&iacute;n, especializ&aacute;ndose m&aacute;s tarde en la Universidad en literatura rusa. Reconocido como uno de los grandes eslavistas italianos del siglo XX, junto al siciliano Angello Maria Ripellino, de aquel instituto inicial en Tur&iacute;n surgi&oacute; un grupo de intelectuales y activistas pol&iacute;ticos que se opusieron activamente al r&eacute;gimen fascista de Benito Mussolini. Entre aquellos c&eacute;lebres intelectuales con los que se relacion&oacute; Ginzburg en su juventud figuraban personalidades como Norberto Bobbio, Piero Gobetti,&nbsp; Cesare Pavese, Giulio Einaudi, Massimo Mila, Vittorio Foa, Giancarlo Pajetta y Felice Balbo. Muchos de ellos ser&iacute;an con el tiempo prominentes dirigentes del Partido Comunista Italiano, como es el caso de Pajetta, intelectuales y pensadores de izquierdas de enorme peso como Bobbio, grandes escritores como Pavese, important&iacute;simos editores como Einaudi &ndash;que fund&oacute; su editorial en 1933 y que hab&iacute;a sido alumno del padre de Natalia Ginzburg, un c&eacute;lebre m&eacute;dico y anatomista, igualmente profesor de la Premio Nobel Rita Levi-Montalcini- o figuras legendarias como el asesinado, con tan s&oacute;lo 25 a&ntilde;os,&nbsp; en 1926, por una escuadra fascista, Piero Gobetti. Una generaci&oacute;n realmente m&iacute;tica, que ejerci&oacute; durante d&eacute;cadas &ndash;desde el campo de la izquierda- una gran influencia en la cultura italiana de la posguerra.</p>
<p>Desde el comienzo, el delicioso humor melanc&oacute;lico de Natalia Ginzburg, su estilo despojado con tonalidades voluntariamente infantiles, inocentes, con una sintaxis aparente o enga&ntilde;osamente relajada, poco exigente, su lenguaje coloquial y cercano, su forma de hablar u opinar extremadamente natural, cercana a la oralidad, le valieron siempre un p&uacute;blico fiel, indestructible conforme pasaban los a&ntilde;os. En sus, en ocasiones, breves novelas, convertidas varias de ellas en aut&eacute;nticos cl&aacute;sicos en vida (ya fuera <em>L&eacute;xico familiar</em>, <em>Las palabras de la noche</em> o <em>Valentino</em>) se volcaba de forma casi permanente en una obstinada defensa de cualquier forma de marginalidad. Esas zonas intermedias, mixtas, en las que ella misma, desde la infancia, dec&iacute;a incluirse, como afirmar&aacute; en su bello texto &ldquo;Infancia&rdquo; (incluido en <em>Mai devi domandarmi</em>): &ldquo;Nosotros no &iacute;bamos ni a la iglesia ni, como algunos parientes de mi padre, al templo, a la sinagoga, nosotros no &eacute;ramos &ldquo;nada&rdquo;, me hab&iacute;an dicho mis hermanos, &eacute;ramos &ldquo;mixtos&rdquo;, es decir medio jud&iacute;os y medio cat&oacute;licos, pero en definitiva ni una cosa ni otra: nada. &Eacute;ste no ser &ldquo;nada&rdquo; desde el punto de vista de la religi&oacute;n, me parec&iacute;a que afectaba por entero a nuestra forma de vivir, en el fondo, no &eacute;ramos ni aut&eacute;nticos ricos ni aut&eacute;nticos pobres: excluidos de ambos mundos, relegados a una zona neutra, amorfa, indefinible y sin nombre&rdquo;.</p>
<p>Un libro tras otro, Natalia Ginzburg destacar&aacute; componiendo admirables retratos, llenos de emoci&oacute;n pero tambi&eacute;n de &ldquo;exactitud sociol&oacute;gica&rdquo;, de marginales, de pobres, de homosexuales, de mujeres enga&ntilde;adas. A su vez, siempre encarn&oacute;, y as&iacute; supieron verlo sus numerosos seguidores, la imagen casi &uacute;nica en su tiempo del intelectual ausente de toda jactancia y pedanter&iacute;a, de artificiales oscuridades s&oacute;lo para iniciados o de un pl&uacute;mbeo y arrogante didactismo, como suced&iacute;a con muchos de sus contempor&aacute;neos. Sus ensayos ya citados, recogidos en diversos vol&uacute;menes (en los que hablaba de cine, de literatura, de hechos de lo m&aacute;s diverso) daban una buena muestra de su extraordinaria libertad de pensamiento, ya fuera para defender la presencia de las cruces en las escuelas o para efectuar una descarnada y severa autoevaluaci&oacute;n, hablando en tercera persona: &ldquo;Ya no tiene ning&uacute;n deseo de inventar. No sabe si es porque est&aacute; cansado y su fantas&iacute;a muerta o si por el contrario es porque ha comprendido que &eacute;l no estaba hecho para inventar sino para contar cosas que hab&iacute;a entendido de oros o de s&iacute; mismo o cosas que le hab&iacute;an sucedido realmente. No sabe si debe llorar la muerte de su fantas&iacute;a como una p&eacute;rdida o festejarla como una liberaci&oacute;n&rdquo; (&ldquo;Retrato de escritor&rdquo;, de <em>Mai devi domandarmi</em>).</p>
<p>Casada en 1950, en segundas nupcias, tras quedarse viuda de Leone Ginzburg, con el profesor y notable especialista en literatura inglesa Gabriele Baldini, editor de la obra completa de Shakespeare en italiano, durante a&ntilde;os director del Instituto Italiano de Londres, con el que tuvo tres hijos, adem&aacute;s de los dos que ya ten&iacute;a, Natalia Ginzburg inici&oacute; un periodo sumamente rico y fruct&iacute;fero en su producci&oacute;n literaria. Un periodo sobre todo orientado a temas de la memoria y de la indagaci&oacute;n psicol&oacute;gica. Son las d&eacute;cadas, los a&ntilde;os 50 y 60, antes del fallecimiento de Baldini en 1969, en que publica obras tan conocidas como <em>Nuestros ayeres</em>, <em>Valentino</em>, <em>Las palabras de la noche</em>, <em>Las peque&ntilde;as virtudes</em> (en la que incluye un memorable retrato de un matrimonio, con una suave y tierna iron&iacute;a, dedicado a su esposo) y, sobre todo, <em>L&eacute;xico familiar</em>.</p>
<p>Pr&oacute;xima al PCI, al Partido Comunista Italiano, durante a&ntilde;os Natalia Ginzburg tuvo un esca&ntilde;o de diputada en el Parlamento italiano, algo que podr&iacute;a sorprender a lectores que la conoc&iacute;an poco, dada esa especie de reivindicaci&oacute;n de leve irresponsabilidad que se hallaba presente en algunas de sus novelas. De hecho, la obra de esta escritora &uacute;nica, ese di&aacute;logo aparentemente ligero que manten&iacute;a sobre hechos cotidianos y banales, pose&iacute;a siempre una forma no tan visible de profundidad. Una profundidad rara, extra&ntilde;a,&nbsp; casi oculta y clandestina, mucho menos confesada y mucho m&aacute;s ambigua de lo que era lo normal en otros escritores, que por el contrario hac&iacute;an gala de ello.</p>
<p>Dramaturga alabada en los teatros de Roma o Par&iacute;s, Natalia Ginzburg estaba tambi&eacute;n muy interesada en analizar los &ldquo;mitos&rdquo; m&aacute;s can&oacute;nicos de la literatura italiana. Ese es el caso del gran Manzoni, al que presentar&iacute;a iluminado y rodeado de sus seres m&aacute;s cercanos, en su ensayo biogr&aacute;fico <em>La familia Manzon</em><span style="text-decoration: underline;">i</span>. Una afici&oacute;n, y aut&eacute;ntica pasi&oacute;n, por analizar los n&uacute;cleos familiares, en todas sus dimensiones, que nunca la abandon&oacute;, desde sus inicios. As&iacute; lo explicaba: &ldquo;No he querido que el protagonista de esta larga historia familiar fuese Alessandro Manzoni. Una historia familiar no tiene un solo protagonista: cada uno de sus miembros es, una vez y otra, iluminado y vuelto a enviar de nuevo a la sombra. No quer&iacute;a que &eacute;l tuviera m&aacute;s espacio que los otros; quer&iacute;a que fuese visto de perfil y de lado, mezclado con los otros, envuelto en la confusa polvareda de la vida cotidiana&rdquo;. Por otro lado, no pod&iacute;a extra&ntilde;ar a los que conoc&iacute;an bien su biograf&iacute;a, ya que era la madre del c&eacute;lebre historiador &ndash;uno de los m&aacute;s famosos practicantes del g&eacute;nero de la <em>microhistoria</em>, a nivel mundial- Carlo Ginzburg, que con &eacute;l quiz&aacute; compartiera una cierta pericia en saber desnudar las paradojas y &ldquo;enga&ntilde;os&rdquo; de la Historia. Unos frecuentes enga&ntilde;os y malentendidos, instalados casi siempre en la simple y vulgar superficie de los hechos, que las trampas de la Historia tej&iacute;an sin cesar para no dejarse leer o contemplar correctamente.</p>
<p>&nbsp;Magn&iacute;fica escritora, hoy reconocida por todos, Natalia Ginzburg ten&iacute;a una inteligencia y una habilidad excepcional para aunar en cada libro lo Privado y lo P&uacute;blico, el m&iacute;nimo y minucioso detalle aparentemente insignificante, cualquier desecho por peque&ntilde;o que fuera de lo cotidiano, junto a los grandes gestos y los grandes frescos de &eacute;poca, que hac&iacute;a correr por detr&aacute;s, silenciosamente, casi sin hacerse notar, en cada uno de sus libros. En estos frescos, c&oacute;mo no, estuvo muy presente el periodo de la Resistencia, el de su formaci&oacute;n como persona, madre, esposa e intelectual. Dentro de ese periodo, hoy d&iacute;a es una reconocida maestra a la misma altura de geniales recreadores de la etapa del fascismo mussoliniano, la guerra mundial, la invasi&oacute;n de los alemanes en Italia y los grupos de resistentes , como lo puede ser el piamont&eacute;s Beppe Fenoglio, fallecido prematuramente, en 1963, o el no menos espl&eacute;ndido Giorgio Bassani, autor del ciclo <em>La novela de Ferrara</em>, del que se celebra este a&ntilde;o igualmente el centenario.</p>
<p>En <em>Nuestros ayeres</em>, de 1952, una de las mejores obras de esta autora, tomando como punto de referencia, como siempre en su caso, la idea del clan, de la tribu, para adentrarse en las claves de la Historia, y en la forma en que influ&iacute;a en las cosas y en la vida ese gran trauma que era la guerra, Natalia Ginzburg, al igual que hac&iacute;a en <em>L&eacute;xico familiar</em>, su autobiogr&aacute;fica visi&oacute;n familiar de la misma etapa, la etapa de la Segunda Guerra Mundial, narraba la Historia a trav&eacute;s de los j&oacute;venes componentes de una familia de la burgues&iacute;a modesta del norte de Italia. Con un comienzo que remit&iacute;a casi inmediatamente de nuevo a su autobiogr&aacute;fica obra maestra <em>L&eacute;xico familiar</em>, es decir, con la aparici&oacute;n de un personaje col&eacute;rico y exaltado, un padre de familia librepensador y socialista, como era el suyo, &eacute;ste ejerc&iacute;a el mando de la tribu de una forma dictatorial e incontestable. A expensas de sus cambios de humor del d&iacute;a, la historia de la familia se contaba dividida en dos partes: una, que ten&iacute;a como tel&oacute;n de fondo el Norte, con la muy activa Resistencia piamontesa, y otra, en el extremo Sur, con su atraso at&aacute;vico, en el momento de la llegada de las tropas alemanas.</p>
<p>Aunque hay que decir que el comienzo de <em>Nuestros ayeres</em> tambi&eacute;n remit&iacute;a a un tema que Natalia Ginzburg ya hab&iacute;a tratado, de igual forma, en <em>L&eacute;xico familiar</em>, su otro libro perteneciente al ciclo heroico y solidario: el de los resistentes al fascismo. Este tema, repetido en su obra, es el de la soledad de los antifascistas &ldquo;verdaderos&rdquo;. En <em>L&eacute;xico familiar </em>&eacute;sta era una sensaci&oacute;n creciente que pend&iacute;a cada vez m&aacute;s en el c&iacute;rculo de la familia de Natalia Ginzburg, de la familia Levi, que era su apellido de soltera. Como en la famosa obra de Ionesco, <em>El rinoceronte</em>, poco a poco, muchos de los amigos de la familia se hab&iacute;an ido haciendo fascistas, por conveniencia o comodidad. Por lo menos, hab&iacute;an dejado de ser tan abiertamente antifascistas como antes.</p>
<p>Tambi&eacute;n el refunfu&ntilde;&oacute;n padre viudo de <em>Nuestros ayeres</em> &ndash;inspirado en la vehemente figura del cient&iacute;fico librepensador Giuseppe Levi, padre de Natalia- practica d&iacute;a a d&iacute;a, como un desaf&iacute;o, su solitario antifascismo y redacta, una y mil veces, destruy&eacute;ndolas otras tantas, unas incendiarias memorias contra Mussolini y el Rey colaborador del fascismo, tituladas <em>Y nada m&aacute;s que la verdad</em>. A su vez, se deja ver de vez en cuando por el centro de su ciudad &ldquo;con un aire maligno y despectivo&rdquo;, para demostrarle a todos sus antiguos conocidos de otros tiempos que, para &eacute;l, ahora, todos son, sin divisi&oacute;n de clases, &ldquo;unos granujas&rdquo;, &ldquo;que &eacute;l a&uacute;n segu&iacute;a vivo, porque cre&iacute;a que con eso les har&iacute;a rabiar&rdquo;.</p>
<p>Una vez hu&eacute;rfanos los cuatro hijos de la familia, libres ya de la autoridad omnipotente paterna, los dos chicos y las dos chicas del clan tendr&aacute;n que lanzarse a la vida, escogiendo los chicos la conspiraci&oacute;n y la clandestinidad de las actividades antifascistas, y las dos chicas, a su vez, la contemplaci&oacute;n, como simples espectadoras, de este curso de la historia en el que no son protagonistas y en medio del cual no les queda m&aacute;s que so&ntilde;ar, como en las novelas, rom&aacute;nticamente, con la revoluci&oacute;n, que los otros de su generaci&oacute;n, ya sean sus hermanos, amigos o novios, hacen por ellas.</p>
<p>Nacida en Palermo, pero crecida en la culta y afrancesada Tur&iacute;n, es interesante la divisi&oacute;n que Natalia Ginzburg plantea en su novela. La obra tiene dos cortes muy claros, tanto geogr&aacute;ficos y extremos, Norte y Sur, como de paisaje humano ante el hecho com&uacute;n a todos ellos de la guerra. Un comienzo muy a lo Bassani, en el jard&iacute;n cerrado, al que han tenido acceso los j&oacute;venes hu&eacute;rfanos, y que pertenece a los j&oacute;venes cachorros de la burgues&iacute;a industrial del Norte, cachorros que van en lancha, esqu&iacute;an, juegan al tenis y se educan en colegios suizos. Y un final dram&aacute;tico, ya en la segunda parte, cuando una de las peque&ntilde;o-burguesas hu&eacute;rfanas, embarazada por su novio elegante y rico, de la casa de enfrente, se casa con el eterno amigo y protector de la familia, uno de los personajes m&aacute;s singulares y m&aacute;s inolvidablemente descritos por esa gran retratistas de individuos y coralidades que era Natalia Ginzburg. El personaje es un inquieto y extravagante fil&aacute;ntropo, un hacendado de un peque&ntilde;o pueblo del sur, adonde se llevar&aacute; a su casi adolescente mujer, su protegido &ldquo;peque&ntilde;o insecto&rdquo;, agarrado desesperadamente a una hoja, como &eacute;l mismo la define. Pero ah&iacute; entra de lleno otra novela: la novela de confinados en tierras secas y agrestes, de civilizaci&oacute;n y barbarie continuamente contrapuestas, al estilo de lo que brillantemente escribi&oacute; el igualmente turin&eacute;s Carlo Levi, pintor y literato, tras su destierro en Lucania, durante la etapa mussoliniana: <em>Cristo se par&oacute; en &Eacute;boli</em>.</p>
<p>Ya en el relato &ldquo;Un&rsquo;assenza&rdquo;, escrito de adolescente, a los diecisiete a&ntilde;os, as&iacute; como en &ldquo;Casa al mare&rdquo; y&nbsp; &ldquo;Mio marito&rdquo;, que luego se reunir&iacute;an en el volumen <em>Cinque racconti brevi</em>, de 1964 (junto a &ldquo;La madre&rdquo; y &ldquo;Estate&rdquo;) aparec&iacute;a el tema de la soledad, como un germen permanente y consustancial en la tem&aacute;tica de esta escritora. Una soledad descarnada, desnuda, que ning&uacute;n lazo afectivo, ninguna forma de convivencia puede calmar ni disipar, y sobre la que se articulan destinos de mujeres muchas veces dominados por la tristeza, por la fragilidad extrema y por una infelicidad que, al final, aparece irremediablemente. En el caso de los personajes masculinos, est&aacute;n en la obra de esta autora esos personajes abrumados por la vida, por el fracaso en sus matrimonios e incapaces de luchar, como h&eacute;roes casi svevianos.</p>
<p>Decenas de familias magistralmente congeladas, &ldquo;agarradas desesperadamente a su hoja&rdquo; de la pertenencia que Natalia Ginzburg no dejar&iacute;a de trasladar al papel, eternamente indescifrables e intraducibles a los ojos ajenos, con sus propios c&oacute;digos, como misteriosos insectos ca&iacute;dos en la gota de &aacute;mbar del tiempo que todo arrastra y todo atrapa a su paso. As&iacute; lo describ&iacute;a memorable y po&eacute;ticamente en su gran cl&aacute;sico <em>L&eacute;xico familiar</em>: &ldquo;Somos cinco hermanos. Vivimos en distintas ciudades y algunos en el extranjero, pero no solemos escribirnos. Cuando nos vemos, podemos estar indiferentes o distra&iacute;dos el uno con el otro, pero basta que uno de nosotros diga una palabra, una frase, una de aquellas antiguas frases que hemos o&iacute;do y repetido infinidad de veces en nuestra infancia (&hellip;) para volver a recuperar de pronto nuestra antigua relaci&oacute;n y nuestra infancia y juventud, unidas indisolublemente a aquellas frases, a aquellas palabras. Una de aquellas frases o palabras nos har&iacute;a reconocernos el uno al otro en la oscuridad de una gruta o entre millones de personas. Esas frases son nuestro lat&iacute;n, el vocabulario de nuestros d&iacute;as pasados, son como jerogl&iacute;ficos de los egipcios o de los asirio-babilonios: el testimonio de un n&uacute;cleo vital que ya no existe, pero que sobrevive en sus textos, salvados de la furia de las aguas, de la corrosi&oacute;n del tiempo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 29 Jun 2016 08:31:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La revista "Turia" redescubre en español a Max Frisch]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-revista-turia-redescubre-en-espanol-a-max-frisch/</link>
      <description><![CDATA[<p align="left"><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2016/MAX_FRISCH_3.jpg" alt="" />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21" style="text-align: left;" align="center"><strong>TAMBI&Eacute;N PUBLICA TEXTOS IN&Eacute;DITOS DE CLARA JAN&Eacute;S, DELPHINE DE VIGAN, KAZUO ISHIGURO, ANA BLANDIANA, LUIS GARC&Iacute;A MONTERO, MARTA SANZ, ELOY TIZ&Oacute;N Y LUISG&Eacute; MART&Iacute;N</strong></p>
<p>El gran escritor suizo Max Frisch es el principal protagonista del nuevo n&uacute;mero de la revista cultural TURIA. Un homenaje colectivo que le rinden once escritores y estudiosos con ocasi&oacute;n de celebrarse este a&ntilde;o el 25 aniversario de su fallecimiento. TURIA pretende redescubrir a los lectores en espa&ntilde;ol el inter&eacute;s y la vigencia de la literatura comprometida de Frisch. M&aacute;s a&uacute;n en unos tiempos como los actuales, tan convulsos como faltos de &eacute;tica y solidaridad en muchos &aacute;mbitos.</p>
<p>El nuevo n&uacute;mero de TURIA fue presentado el 30 de junio en Madrid por Soledad Pu&eacute;rtolas, escritora y acad&eacute;mica de la RAE. El acto tendr&aacute; lugar a las 19,30 horas y en el Goethe Institut.</p>
<p>Una aproximaci&oacute;n plural, rigurosa y atractiva a Max Frisch es la propuesta que realiza la revista cultural TURIA a sus lectores. Un sumario de casi 500 p&aacute;ginas que tiene como principal protagonista a uno de los m&aacute;s destacados autores europeos del siglo XX.&nbsp; Un notabil&iacute;simo escritor que merece nuevas aproximaciones y an&aacute;lisis de su obra, as&iacute; como una mayor difusi&oacute;n entre el p&uacute;blico lector de habla hispana. Una tarea de fomento de la lectura de Frisch en espa&ntilde;ol a la que TURIA puede y quiere contribuir.</p>
<p>No en vano, y como escribe Isabel Hern&aacute;ndez en el art&iacute;culo introductorio del monogr&aacute;fico que publica TURIA, &ldquo;la literatura suiza tiene en Max Frisch a uno de los escritores m&aacute;s apasionantes del siglo XX. Que se pueda aplicar a Frisch este calificativo se debe no solo a su genialidad como creador de los m&aacute;s variados personajes literarios y a su faceta de novelista y dramaturgo, sino tambi&eacute;n al alto grado de compromiso social que manifest&oacute; a lo largo de toda su vida, tanto a trav&eacute;s de sus composiciones literarias como de sus apariciones en p&uacute;blico&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>UN SUMARIO REPLETO DE LECTURAS Y AUTORES DE INTER&Eacute;S</strong></p>
<p>Adem&aacute;s del cuidado monogr&aacute;fico dedicado a Max Frisch, el nuevo n&uacute;mero de TURIA brinda un sumario repleto de lecturas y autores de inter&eacute;s.&nbsp; As&iacute;,&nbsp; adem&aacute;s&nbsp; de&nbsp; las&nbsp; colaboraciones&nbsp; de&nbsp; los&nbsp; autores&nbsp; ya&nbsp; citados,&nbsp; las p&aacute;ginas de la revista se enriquecen con textos in&eacute;ditos de importantes autores internacionales. Entre ellos, destacan la escritora francesa Delphine de Vigan o el brit&aacute;nico Kazuo Ishiguro. Tambi&eacute;n da a conocer relatos in&eacute;ditos de Marta Sanz,</p>
<p>Eloy Tiz&oacute;n y Luisg&eacute; Mart&iacute;n. Tres autores que, por su calidad, son ya indiscutibles en el panorama de la narrativa espa&ntilde;ola de nuestros d&iacute;as.&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Tambi&eacute;n TURIA ofrece a los lectores poemas in&eacute;dito de Clara Jan&eacute;s y Luis Garc&iacute;a Montero.&nbsp; Otros protagonistas de la nueva entrega de TURIA son autores como Juan Eduardo Cirlot, Natalia Ginzburg, Ana Blandiana o el fil&oacute;sofo Byung-Chul Han.</p>
<p>Especialmente recomendables son las dos amplias entrevistas exclusivas que TURIA publica con dos miembros relevantes de la Real Academia Espa&ntilde;ola: con su director, Dar&iacute;o Villanueva y con Clara Jan&eacute;s, la escritora recientemente ingresada.&nbsp; Ambos hablan a coraz&oacute;n abierto, con complicidad y sin reparos, acerca de un amplio repertorio de temas. Con el director de la RAE analizamos&nbsp; el presente y el futuro de la instituci&oacute;n, la batalla por el prestigio del espa&ntilde;ol, la importancia de las humanidades o el drama de la falta de oportunidades para los j&oacute;venes universitarios. La conversaci&oacute;n con la poeta y traductora se adentra en temas como la necesidad de cuestionarnos a nosotros mismos, el papel de la poes&iacute;a, la perversidad del poder o el car&aacute;cter inviable de un Islam sin espacios de libertad.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA ha conseguido convertirse, tras m&aacute;s de 30 a&ntilde;os de trayectoria,&nbsp; en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. Tiene difusi&oacute;n nacional e internacional y por sus p&aacute;ginas han pasado m&aacute;s de mil autores de diversas procedencias est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas, lo que da idea de la riqueza y pluralidad de sus contenidos. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA es una revista de periodicidad cuatrimestral que tiene una edici&oacute;n en papel y otra&nbsp; digital (web y Facebook). Est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero ha sido posible gracias al patrocinio de Pro Helvetia, y ha contado tambi&eacute;n con la colaboraci&oacute;n del Instituto Universitario de Lenguas Modernas y Traductores de la Universidad Complutense.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>MAX FRISCH: ACTUAL, INCENDIARIO Y LIBRE</strong></p>
<p>Max Frisch (1911-1991) ha sido uno de los autores m&aacute;s respetados y le&iacute;dos internacionalmente de la literatura suiza. Destaca como prosista, dramaturgo y diarista. Fue uno de los primeros autores que profundiz&oacute; en el problema de la identidad del hombre moderno, reflexion&oacute; sobre la necesidad humana de proveerse de una identidad personal y social, de buscar el verdadero ser entre la multitud de m&aacute;scaras disponibles ante s&iacute; mismo y ante los dem&aacute;s. Cuestionar la identidad como un principio inamovible y explorar la posibilidad de reinventarse a uno mismo es una cuesti&oacute;n clave en la obra de Frisch y la abord&oacute; una y otra vez desde sus inicios como periodista hasta sus &uacute;ltimos escritos.</p>
<p>Con el monogr&aacute;fico dedicado a Max Frisch en el 25 aniversario de su muerte, la revista TURIA pretende difundir la obra de un escritor que merece una atenci&oacute;n permanente y cuyos libros requieren de un proceso de valoraci&oacute;n por parte del p&uacute;blico lector de nuestros d&iacute;as, sea especializado o no. Para ello TURIA ha elaborado un amplio monogr&aacute;fico, con una destacada participaci&oacute;n de autores suizos, en el que se analizan y ponen de relieve la calidad&nbsp; literaria&nbsp; y&nbsp; el&nbsp; inter&eacute;s&nbsp; tem&aacute;tico&nbsp; de sus novelas, sus obras dram&aacute;ticas y sus diarios.</p>
<p>El monogr&aacute;fico de TURIA sobre Max Frisch lo integran destacados autores, tanto estudiosos de su obra como escritores y personas vinculadas a Frisch. Ha sido coordinado por Isabel Hern&aacute;ndez, doctora en Filolog&iacute;a Alemana por la Universidad Complutense de Madrid y reconocida experta en Frisch. Tambi&eacute;n participan con art&iacute;culos in&eacute;ditos: Beatrice von Matt, Rolf Niederhauser, Peter Bichsel, Fernando J. Palacios, Marianne Frisch-Oellers, &Aacute;lvaro de Cuenca Garc&iacute;a-Alegre, Lorena Silos Ribas, Carlos Fortea, Margit Unser y Ofelia Mart&iacute; Pe&ntilde;a. Adem&aacute;s, por primera vez en espa&ntilde;ol se dan a conocer una selecci&oacute;n fragmentos de los diarios de Frisch y un texto proveniente de su archivo personal: &ldquo;El cerebro&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">En TURIA nos gusta invitar a leer hoy a Max Frisch porque, como ha escrito Fernando Jos&eacute; Palacios Le&oacute;n, &ldquo;si para algo sirve la literatura, es para hacerse preguntas, para hacerse cada vez mejores preguntas&rdquo;. De ah&iacute; que leer a Frisch sea &ldquo;someterse a uno de los interrogatorios m&aacute;s apasionantes, inteligentes y comprometidos con uno mismo&rdquo;.</p>
<p>Sin duda, el tema central de su obra lo constituyen los conflictos del individuo para desarrollar su propio yo en contra de los prejuicios e ideas preconcebidas de la sociedad. Sus novelas &ldquo;Homo Faber&rdquo;, &ldquo;Digamos que me llamo Gantenbein&rdquo;, &ldquo;El hombre que aparece en el holoceno&rdquo; o &ldquo;No soy Stiller&rdquo; son t&iacute;tulos que lo consagraron no s&oacute;lo como uno de los m&aacute;ximos representantes de la literatura en alem&aacute;n posterior a la Segunda Guerra Mundial sino como un autor reconocido a nivel global cuya influencia pervive sobre sucesivas generaciones de escritores.</p>
<p>Por otra parte, sus diarios &ldquo;Tagebuch, 1946-1949&rdquo; y &ldquo;Tagebuch, 1969-1972&rdquo;<em> </em>constituyen textos de gran valor literario. En ellos ampli&oacute; con &eacute;xito las posibilidades del g&eacute;nero, utiliz&aacute;ndolo como herramienta para&nbsp; la expresi&oacute;n de hechos tanto p&uacute;blicos como privados, as&iacute; como veh&iacute;culo para explorar las posibilidades de la ficci&oacute;n o narrar episodios autobiogr&aacute;ficos.</p>
<p>Respecto a sus obras dram&aacute;ticas, son herederas del teatro &eacute;pico de Bertolt Brecht aunque sin exceso de carga doctrinal. Las m&aacute;s conocidas son <em>La muralla china</em>, donde se analiza el peligro latente de la dictadura, <em>Andorra</em>, una par&aacute;bola tr&aacute;gica sobre las consecuencias del antisemitismo y la farsa <em>Biedermann y los incendiarios</em>.</p>
<p>&Aacute;lvaro de Cuenca subraya en TURIA que &ldquo;se trata de obras de estricta actualidad, aplicables a un sinf&iacute;n de realidades. Uno puede estar pensando tanto en la reacci&oacute;n de los pueblos vecinos a la Alemania nazi como en la RDA de la Stasi, pero tambi&eacute;n en la Europa de 2016, un continente que se va apagando poco a poco, apoltronado en una pseudoeconom&iacute;a del bienestar, mientras los <em>Brandstifter</em> se posicionan y se preparan para incendiarlo todo. Europa es hoy un conjunto de pueblos narcotizados, mansos y enjaulados que asisten en directo a su decadencia. Pensemos en la estricta actualidad pol&iacute;tica sin entrar en detalles: los refugiados sirios, el yihadismo, la guerra en Ucrania, la anexi&oacute;n rusa de Crimea, el creciente nacionalismo en Francia y Alemania&hellip;</p>
<p>Frisch sigue vivo y coleando en la Europa del siglo XXI. <em>Andorra</em> y <em>Biedermann y los incendiarios</em> son obras universales, pero sobre todo europeas. Frisch, con una pasmosa claridad de ideas, nos saca los colores a los europeos por no encarar con determinaci&oacute;n el futuro, mirar hacia otro lado y subestimar al enemigo&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>CERVANTES, JUAN EDUARDO CIRLOT Y NATALIA GINZBURG </strong></p>
<p class="Textoindependiente21">El sumario de TURIA se abre, en esta ocasi&oacute;n, con un sugerente art&iacute;culo de Soledad Pu&eacute;rtolas sobre Cervantes y &ldquo;El Quijote&rdquo;. En &eacute;l, la escritora y acad&eacute;mica de la RAE subraya la preocupaci&oacute;n de Cervantes sobre la cuesti&oacute;n de la autor&iacute;a y c&oacute;mo este asunto se convertir&iacute;a en el eje de la segunda parte de su m&aacute;s c&eacute;lebre obra: &ldquo;A Cervantes, no nos cabe duda, le doli&oacute; profundamente que Avellaneda se apropiara de sus personajes y que, con otro tono y otra intencionalidad, les lanzara a emprender nuevas y diferentes aventuras&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">De ah&iacute; que, seg&uacute;n Pu&eacute;rtolas, Cervantes nos obsequiara en &ldquo;El Quijote&rdquo; con &ldquo;nueve largos p&aacute;rrafos &ndash; uno, que cierra el cap&iacute;tulo VIII, y ocho, en el IX, en los que nos saca de la historia y nos remite al marco de la misma, dejando caer, de paso, el fundamento de su quehacer literario. La verdad. Estos nueve p&aacute;rrafos y el conjunto de frases diseminadas a lo largo de la obra que conjungan con ellos nos introducen en el mundo propio del creador, nos abren nuevas perspectivas para disfrutar de sus obras&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">La secci&oacute;n se cierra con los art&iacute;culos &ldquo;Cirlot y los hombres sensatos&rdquo;, de Enrique Andr&eacute;s Ruiz y &ldquo;Natalia Ginzburg: l&eacute;xico de la tribu&rdquo;, de Mercedes Monmany. Ambos textos constituyen dos atractivas aproximaciones al universo literario de dos grandes autores, Cirlot y Ginzburg, que merecen seguir siendo le&iacute;dos en este a&ntilde;o en el que conmemoramos el centenario de su nacimiento.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>CLARA JAN&Eacute;S, LUIS GARC&Iacute;A MONTERO, DELPINE DE VIGAN Y MARTA SANZ</strong></p>
<p>Entre el buen surtido de lecturas in&eacute;ditas que ofrece TURIA sobresale un anticipo de &ldquo;Seg&uacute;n una historia ver&iacute;dica&rdquo;, de Delphine de Vigan. La obra, que ser&aacute; editada pr&oacute;ximamente por Anagrama, es el &uacute;ltimo libro que se traduce de una de las autoras m&aacute;s destacadas de la literatura francesa reciente.</p>
<p>Adem&aacute;s, TURIA publica una selecci&oacute;n de textos in&eacute;ditos de algunos de los mejores autores del momento, tanto a nivel internacional como espa&ntilde;ol. As&iacute;, la revista publica un avance de la nueva novela de Kazuo Ishiguro, uno de los grandes escritores brit&aacute;nicos de nuestros d&iacute;as. Tambi&eacute;n da a conocer relatos in&eacute;ditos de Marta Sanz, Eloy Tiz&oacute;n, Luisg&eacute; Mart&iacute;n. Tres autores que, por su calidad, son ya son indiscutibles en el panorama de la narrativa espa&ntilde;ola de nuestros d&iacute;as.</p>
<p>No menos interesantes son los microrrelatos de Pilar Gal&aacute;n o los aforismos de Ram&oacute;n Eder, g&eacute;neros ambos que gozan hoy en&nbsp; d&iacute;a de una notable pujanza creativa&nbsp; y de los que TURIA publica a dos de sus m&aacute;s relevantes nombres propios.</p>
<p class="Textoindependiente21">En poes&iacute;a, TURIA publica un poema in&eacute;dito de Clara Jan&eacute;s, recientemente elegida acad&eacute;mica de la RAE. Y&nbsp; tambi&eacute;n se ofrecen versos originales de, entre otros: Luis Garc&iacute;a Montero, &Aacute;lvaro Garc&iacute;a, Miguel Veyrat, Concha Garc&iacute;a, Guadalupe Grande, Julieta, Valero, Marta Agudo, Mercedes Cebri&aacute;n, Rafael Espejo y &Aacute;ngel Petisme.</p>
<p class="Textoindependiente21">En el apartado que TURIA dedica al ensayo, merece una atenta lectura el art&iacute;culo sobre uno de los fil&oacute;sofos de referencia en la actualidad: &ldquo;Byung-Chul Han: el pensador de la era digital&rdquo;, de Rub&eacute;n Benedicto. No menos recomendable es el homenaje que, bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Cantaban&rdquo;, rinde Alfredo Castell&oacute;n a Mar&iacute;a Zambrano en el veinticinco aniversario de su muerte.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>ENTREVISTAS A DAR&Iacute;O VILLANUEVA Y CLARA JAN&Eacute;S</strong></p>
<p>Dos&nbsp; conversaciones&nbsp;&nbsp; a&nbsp; fondo&nbsp; y&nbsp; de&nbsp; lectura&nbsp; muy provechosa ofrece TURIA: con el director de la RAE, Dar&iacute;o Villanueva y con la escritora Clara Jan&eacute;s, que recientemente ha ingresado en la Academia.</p>
<p>En la magn&iacute;fica entrevista que la periodista Emma Rodr&iacute;guez realiza para TURIA descubriremos a Dar&iacute;o Villanueva como un hombre resolutivo, dotado para la organizaci&oacute;n y confiado a la hora de enfrentarse a los desaf&iacute;os. Y tambi&eacute;n a un hombre calmado, que gusta de poner perspectiva a las urgencias. &Eacute;l lo atribuye a sus or&iacute;genes: &ldquo;puedo resultar poco cient&iacute;fico, pero lo cierto es que me siento identificado con algunas caracter&iacute;sticas de los gallegos, sobre todo la prudencia y la iron&iacute;a&rdquo;.</p>
<p>Dar&iacute;o Villanueva se declara convencido de que ahora toca apostar completamente por lo digital y seguir trabajando en la unidad del idioma en un plano de igualdad con las otras 22 academias. Ahora se trata de dar la batalla por el prestigio del espa&ntilde;ol. Un problema de reconocimiento social porque, seg&uacute;n Villanueva, &ldquo;culturalmente el espa&ntilde;ol es una lengua de una riqueza extraordinaria&rdquo;.</p>
<p>Ante la pregunta por la evidente falta de inter&eacute;s hacia la cultura en Espa&ntilde;a, el m&aacute;ximo responsable de la RAE lo tiene claro: quien est&aacute; gobernando debe entender que la cultura es uno de los troncos fundamentales del pa&iacute;s. De ah&iacute; que afirme en la entrevista: &ldquo;lo que no puedo aceptar es el rechazo hacia lo que somos y lo que nos representa&rdquo;.</p>
<p>Por su parte, Clara Jan&eacute;s reconoce en la entrevista su admiraci&oacute;n hacia Einstein: &ldquo;De su legado me quedo con la importancia que otorga a la intuici&oacute;n. Hay que fiarse de la intuici&oacute;n y luego, si puedes, demostrarla&rdquo;. Sobre el papel de la ciencia, asegura: &ldquo;debemos confiar en ella. Lo que ocurre es que, debido a que no disponemos de acceso directo a lo real, el primer paso es echar mano de la intuici&oacute;n, que es la que nos acerca al descubrimiento&rdquo;.</p>
<p>Sobre sus afinidades literarias, Clara Jan&eacute;s no tiene dudas: &ldquo;Holan es la escritura que m&aacute;s ha influido en mi vida po&eacute;tica&rdquo;.&nbsp; Pero reconoce que sigue a pies juntillas la declaraci&oacute;n que escuch&oacute; al autor turco Daglarca: &ldquo;la poes&iacute;a es lo que queda cuando desaparecen las palabras. Hay que buscar ese aparente vac&iacute;o, preguntarse qu&eacute; hay de poes&iacute;a en el poema, qu&eacute; hay dentro. Has de expresarlo con palabras pero lo importante es el esp&iacute;ritu; hacerlo presente&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>AGUST&Iacute;N ALEGRE Y MANUEL VIOLA</strong></p>
<p>Respecto a sus dos secciones dedicadas a&nbsp; los asuntos o protagonistas aragoneses, TURIA se ocupa de rendir tributo a dos artistas de relieve indiscutible son objeto de estudio y divulgaci&oacute;n: Agust&iacute;n Alegre y Manuel Viola.</p>
<p>En primer lugar, TURIA se ocupa de rendir homenaje a uno de los m&aacute;s singulares nombres propios de nuestra cultura: Agust&iacute;n Alegre un pintor turolense m&aacute;s all&aacute; de las modas que, adem&aacute;s de ilustrar esta entrega de la revista, protagoniza un amplio art&iacute;culo en el que se da noticia y explica su dilatada labor creativa.</p>
<p>A trav&eacute;s de un excelente texto de Marta Marco Mallent, se analiza con brillantez la intensa y fruct&iacute;fera trayectoria de compromiso con el arte y con su tierra. Adem&aacute;s su autora aprovecha la ocasi&oacute;n para &ldquo;reivindicar la vigencia de un modo de expresi&oacute;n art&iacute;stica como la pintura, relegado y empeque&ntilde;ecido hoy en d&iacute;a como lenguaje expresivo ante el surgimiento de nuevos medios que fascinan tanto al artista como al espectador&rdquo;,</p>
<p>Por otra parte, la celebraci&oacute;n este a&ntilde;o del centenario del nacimiento del zaragozano Manuel Viola es una buena oportunidad para redescubrir al personaje y la obra. M&aacute;xime porque Viola siempre merece la pena dado el car&aacute;cter poli&eacute;drico de su trabajo art&iacute;stico. Una aproximaci&oacute;n certera y clarificadora que brinda TURIA a trav&eacute;s del art&iacute;culo elaborado por Chus Tudelilla bajo el t&iacute;tulo: &ldquo;Hubo un Viola Jos&eacute;, y un Viola Manuel&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Asimismo, TURIA contiene&nbsp; la secci&oacute;n habitual denominada &ldquo;La isla&rdquo;, con fragmentos del diario de Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas enriquecidos gr&aacute;ficamente por Isidro Ferrer. Cierra el sumario de la revista una amplia secci&oacute;n de cr&iacute;tica de libros, &ldquo;La Torre de Babel&rdquo;, donde se analizan las novedades editoriales de mayor inter&eacute;s.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 23 Jun 2016 06:40:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[António Lobo Antunes: "Saber hacer pasteles de bacalao es tan importante como haber leído Os Lusíadas, es una forma de cultura"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/antonio-lobo-antunes-saber-hacer-pasteles-de-bacalao-es-tan-importante-como-haber-leido-os-lusiadas-es-una-forma-de-cultura/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas16/julio/lobo500.jpg" alt="" /></p>
<p>Esta entrevista a Ant&oacute;nio Lobo Antunes fue emitida originalmente por la RTP el pasado mes de enero de 2015. Agradecemos la autorizaci&oacute;n concedida por la Radio Televisi&oacute;n Portuguesa para que pueda ser reproducida y divulgada por primera vez en Espa&ntilde;a a trav&eacute;s de <em>Turia</em>.</p>
<p>- Antonio, parecer&iacute;a que ha pasado poco tiempo desde nuestra &uacute;ltima entrevista, pero a&uacute;n as&iacute; hace ya casi cuatro a&ntilde;os.</p>
<p>- Cuatro a&ntilde;os, s&iacute;.</p>
<p>- Y cambiaron muchas cosas, cambi&oacute; el mundo, cambiamos nosotros y el pa&iacute;s tuvo una evoluci&oacute;n bajo un plano de rescate econ&oacute;mico. &iquest;C&oacute;mo ha sido su vivencia de estos hechos, la vivencia de los &uacute;ltimos a&ntilde;os?</p>
<p>- Cuando nos conocimos yo hab&iacute;a pasado por un c&aacute;ncer, hace siete a&ntilde;os, y ten&iacute;a que pasar las revisiones obligatorias. Cuando me hicieron un examen, ten&iacute;a un tumor en cada uno de los pulmones. Diferentes el uno del otro. Me operaron. Tuve suerte al ser tratado por una persona excepcional que ya me hab&iacute;a tratado del otro y que me dijo: &ldquo;te voy ha hacer un tratamiento de quimioterapia que puede provocarte complicaciones, pero a&uacute;n as&iacute; te curar&aacute;s.&rdquo; La terapia fue muy, muy violenta. Fueron cuatro meses horribles en los que no me pod&iacute;a mover. Y, al mismo tiempo, extraordinarios&hellip; En la otra ocasi&oacute;n hab&iacute;a hecho un tratamiento de quimioterapia oral y esta vez fue inyectada; en una sala muy grande del Hospital de Santa Maria, llena de gente, de todas las edades, muchachas de 18 a&ntilde;os con pelucas, y una vez m&aacute;s me sorprendi&oacute; la extraordinaria dignidad de las personas. No se escuchaba una sola queja, no hab&iacute;a l&aacute;grimas&hellip; y estaban contentos de verme all&iacute;. En los hospitales, las noches son terribles. Cuando la &uacute;ltima visita se iba, yo me quedaba mirando por la ventana la llegada de la ma&ntilde;ana, como Proust cuenta, como si la ma&ntilde;ana me fuese a salvar de algo, y no me salvaba de nada. Pensaba que no ten&iacute;a derecho a rezar. Primero, porque Dios tiene cosas mas importantes que hacer que ocuparse de m&iacute;. Imag&iacute;nese, s&oacute;lo el bill&oacute;n de chinos debe dar un trabajo de no acabar nunca. Dios tiene otras cosas que hacer, y adem&aacute;s, ser&iacute;a un falso rezar porque, en mi caso, en realidad, estaba intentando negociar. No estaba en la situaci&oacute;n de rezar, sino en la de llegar a un pacto.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; trae de nuevo a la Iglesia este Papa?</p>
<p>- Bueno, no tengo capacidad para juzgar eso. Ahora bien, en mi opini&oacute;n, creo que &eacute;l se aproxima a las personas de Dios, por lo que oigo, lo que me hace sentir, al menos en mi opini&oacute;n nos da una dimensi&oacute;n casi humana de Dios, si es que se puede expresarlo as&iacute;. Presenta a un Dios mucho m&aacute;s pr&oacute;ximo y que yo deseaba que fuese, que no tiene nada que ver con aquel Dios terrible del catecismo que me ense&ntilde;aban en la iglesia cuando era peque&ntilde;o. Un Dios aterrador, que enviaba plagas de langostas, que mataba primog&eacute;nitos, y como, adem&aacute;s, yo era el mayor de los hermanos, pens&eacute;: tengo que portarme bien y rezar mucho, sino puede que vea una plaga de primog&eacute;nitos cualquiera, o que me arrojen las langostas encima. Esas eran las cosas que me incomodaban del Antiguo Testamento.</p>
<p>- Adem&aacute;s de esos dos c&aacute;nceres a los que venci&oacute;, tambi&eacute;n perdi&oacute; a su&hellip;</p>
<p>- No venc&iacute; nada. Nadie vence al c&aacute;ncer. Simplemente, de aqu&iacute; a diez a&ntilde;os, el c&aacute;ncer se volver&aacute; cada vez m&aacute;s una enfermedad cr&oacute;nica, como si fuese una diabetes, o un reumatismo. Hace diez o quince a&ntilde;os s&oacute;lo el 5% de personas sobreviv&iacute;a, ahora son el 80% o el 90%.</p>
<p>- Pero quer&iacute;a decirle que, adem&aacute;s de aquellos dos c&aacute;nceres, ocurri&oacute; tambi&eacute;n que, durante ese periodo, perdi&oacute; a su madre.</p>
<p>- &iquest;Si hubiese servido para algo?, que es lo que la gente se pregunta habitualmente&hellip; S&iacute;, mi madre muri&oacute; tambi&eacute;n.</p>
<p>- Volviendo al pa&iacute;s; porque han pasado tres a&ntilde;os y han sido tres a&ntilde;os dif&iacute;ciles aqu&iacute;, en Portugal, con el plan de austeridad y con el rescate econ&oacute;mico del que ha sido v&iacute;ctima el pa&iacute;s, &iquest;c&oacute;mo ve ahora?</p>
<p>- Me siento indignado con lo que se ha hecho con este pa&iacute;s. Somos un pueblo extraordinario y que lo acepta todo. Ahora, lo que no entiendo, es c&oacute;mo podemos aceptar&nbsp; de una manera tan sumisa todo lo que pasa: aquello que los pol&iacute;ticos resuelven. La sensaci&oacute;n que yo tengo es que quien manda son las sociedades de abogados, ni siquiera son los pol&iacute;ticos.</p>
<p>- &iquest;O es el poder econ&oacute;mico y financiero?</p>
<p>- Exactamente. Pero &iquest;qui&eacute;n est&aacute; detr&aacute;s de eso?</p>
<p>- &iquest;Qui&eacute;n est&aacute; detr&aacute;s?</p>
<p>- En Portugal son las sociedades de abogados. Sabe, hace algunos a&ntilde;os, cuando estuve con Steiner, antes del inicio de la crisis, en Cambridge, &eacute;l me dec&iacute;a: &ldquo;Esto comenz&oacute; en Am&eacute;rica; pero ser&eacute;is vosotros los que lo vais a pagar: los portugueses, los espa&ntilde;oles, los italianos, los griegos son los que van a pagar por todo ello.&rdquo; Sabe, este es un barrio pobre, donde estamos, y las personas est&aacute;n a la &uacute;ltima pregunta. &iquest;Y sabe lo que se ha vendido m&aacute;s en el barrio? Candiles de petr&oacute;leo. Porque sale m&aacute;s barato que la electricidad. Las personas toman ba&ntilde;o una vez por semana s&oacute;lo, para no gastar agua. O estando en un supermercado, ver a la se&ntilde;ora que est&aacute; cortando carne, meter varios trozos en bolsas de pl&aacute;stico para ella, porque no tiene, porque est&aacute; muy mal pagada. Somos miserablemente pagados. Y tengo mucho miedo de lo que nos vaya a ocurrir. Ahora habr&aacute; elecciones: es evidente que este gobierno va a cambiar.</p>
<p>- &iquest;Va a cambiar?</p>
<p>- No tengo duda que el partido que gobierna va a perder. El portugu&eacute;s que hablan los pol&iacute;ticos es puramente anecd&oacute;tico, &iquest;o no es as&iacute;? Para empezar por el Primer-Ministro. Es una verg&uuml;enza. Es una verg&uuml;enza. La gente podr&iacute;a hacer todas las cr&iacute;ticas del mundo a Salazar, pero era mucho m&aacute;s atractivo que los primeros-ministros que tuvimos despu&eacute;s de la Revoluci&oacute;n.</p>
<p>- &iquest;La figura de Salazar continua, en su opini&oacute;n, siendo la figura m&aacute;s importante del siglo XX en Portugal?</p>
<p>- No, no estoy hablando de que sea la mayor o menor figura. Ese hombre s&oacute;lo me hizo mal. Fue por su causa que fui a la guerra. Fue por su causa que sufr&iacute; tanto. Tuve un primo que muri&oacute; en ella, tuve un hermano que fue reclutado antes. Siento una desconfianza natural en lo que respecta a los pol&iacute;ticos: me resulta extra&ntilde;o que una persona se designe a s&iacute; misma para liderar lo que quiera que fuese.</p>
<p>- En los &uacute;ltimos d&iacute;as, las noticias no fueron buenas para el pa&iacute;s, los portugueses fuimos informados de nuevos casos de corrupci&oacute;n.</p>
<p>- No me resulta extra&ntilde;o. El apetito de poder es tremendo porque en la mayor parte de las ocasiones, o en muchas de ellas, lo hacen personas que no lo necesitan, pues tienen dinero suficiente. Esto es lo parad&oacute;jico. &iquest;Qu&eacute; es lo que sucede con esa gente? Son personas con una valoraci&oacute;n de s&iacute; mismas muy baja, y, entonces, el tener mucho dinero o tener mucho poder les refuerza la autoestima y les permite vivir con menos angustia. Son tambi&eacute;n personas sin grandes preocupaciones y con un problema de car&aacute;cter moral, que les afecta a la personalidad entera, ya que no tienen escr&uacute;pulos de ning&uacute;n tipo. F&iacute;jese en esas otras personas que ten&iacute;an el dinero en el banco pobre y que se quedaron sin nada. Los directivos de los bancos no se preocupan por eso. Adem&aacute;s si no fuera de ese modo, dejar&iacute;an de ser banqueros, &iquest;no es as&iacute;?</p>
<p>- &iquest;Tampoco se sorprendi&oacute; con la intervenci&oacute;n del Banco Esp&iacute;ritu Santo?</p>
<p>- Un imperio dura tres generaciones: la del que lo construye y la del que lo mantiene son las primeras, luego comienza la decadencia. Era inevitable que esto fuera a suceder en esta generaci&oacute;n o en la pr&oacute;xima. No me sorprende nada. Las personas, que para m&iacute;, son m&aacute;s prescindibles, entre las que me encontr&eacute;, pertenecen a las llamadas clases altas. Son mucho m&aacute;s insignificantes que las de las clases bajas. Y mucho m&aacute;s ordinarias. Yo v&iacute; en Brasil a muchas de ellas.</p>
<p>- &iquest;Porque pierden la dimensi&oacute;n de lo real, de la realidad?</p>
<p>- Ah, s&iacute;, eso ocurre. Saben lo que cuesta cada cosa que tenemos. Miran mi ropa y se dan cuenta en seguida lo que ha sido comprado en una tienda de chinos. Acaso est&eacute; exagerando, pero no es muy diferente de lo que digo.</p>
<p>- Entonces &iquest;por qu&eacute; son mucho m&aacute;s vulgares los de las clases dirigentes?</p>
<p>-Por ego&iacute;smo, por avaricia, por deseo de poder, por desprecio, por su incultura. Y, despu&eacute;s, por su manera de mirar el dinero. Cuanto m&aacute;s rica es una persona m&aacute;s se fija en la pasta, &iquest;se ha dado cuenta?</p>
<p>- &iquest;Vale la pena vivir, sea como sea?</p>
<p>- Es bueno estar vivo. A m&iacute; nunca me han dicho: &ldquo;&iquest;Sabes quien se encuentra muy bien?&rdquo;. Sin embargo, me he cansado de escuchar: &ldquo;&iquest;Sabes quien est&aacute; muy mal?&rdquo; Pobre, tiene un c&aacute;ncer. Y tras esa afirmaci&oacute;n hay un sentimiento de victoria. &Eacute;l tiene c&aacute;ncer y yo no. &Eacute;l va a morir, yo no. Hab&iacute;a un moralista franc&eacute;s del siglo XVIII, que dec&iacute;a: &ldquo;En la desgracia de nuestros amigos, siempre hay algo que no es completamente desagradable.&rdquo; No era s&oacute;lo de los enemigos, sino tambi&eacute;n de los amigos. Cada vez que alguien me pregunta: &ldquo;&iquest;sabes quien est&aacute; muy mal?&rdquo;, me digo siempre a m&iacute; mismo: &ldquo;no, ni quiero saberlo&rdquo;, y le mando a la persona que me lo ha preguntado a un lugar del que no se debe hablar aqu&iacute;, porque puede haber ni&ntilde;os viendo su programa. Pero tambi&eacute;n me ha ocurrido entrar en una enfermer&iacute;a y ver a los m&eacute;dicos y a los enfermeros llorar porque ha muerto alguien. &iquest;Se acuerda de Malangatana Valente?<a title="" href="#_ftn1">[1]</a> Muri&oacute; en Santa Mar&iacute;a, tratado por una gran amiga m&iacute;a a la que le debo el estar todav&iacute;a vivo. &Eacute;l comenz&oacute; a tener s&iacute;ntomas. Ten&iacute;a un c&aacute;ncer de pulm&oacute;n que tard&oacute; alg&uacute;n tiempo en dar la cara. Y estaba en Mozambique con la mujer. Se plante&oacute; salir de Mozambique para ir a otra parte para tratarse. Su mujer le dijo: &ldquo;Vamos a &Aacute;frica del Sur&rdquo;. Malangata le respondi&oacute;: &ldquo;No, vamos m&aacute;s cerca, vayamos a Portugal.&rdquo; Mientras existan personas que cuando dicen vamos m&aacute;s cerca, piensan en Portugal, todav&iacute;a hay alguna esperanza para nosotros como pa&iacute;s. Esta frase es extraordinaria: &ldquo;No, vamos m&aacute;s cerca, vamos a Portugal.&rdquo;</p>
<p>- &iquest;Se siente amado, tratado con cari&ntilde;o, aqu&iacute;?</p>
<p>- Pienso que las personas han sido muy generosas conmigo. Y me gusta nuestra manera de ser. Me ser&iacute;a muy dif&iacute;cil vivir con una mujer que no fuese portuguesa. Que no se quejase en la misma lengua que yo; que no hablase en la misma lengua; que no se irritase en la misma lengua. Nunca podr&iacute;a vivir con una extranjera. Le voy a contar algo &iacute;ntimo, pero para acabar. Estuve en Am&eacute;rica, en Nueva York. Y las personas, all&iacute;, los s&aacute;bados, se van a las discotecas, pero se van solos, hombres y mujeres, todos van solos. Las discotecas, adem&aacute;s, suelen tener un cantante que imita, con frecuencia, a Sinatra. Esto ocurri&oacute; en Newark. En las cercan&iacute;as de Nueva York. Conoc&iacute; all&iacute; a una noruega, una dentista noruega, con la que, m&aacute;s tarde, tuve un encuentro m&aacute;s &iacute;ntimo. Y ese encuentro &iacute;ntimo fue horrible. Yo estaba acostumbrado a estar con portuguesas y aquella mujer me parec&iacute;a que se estaba ahogando. Escuchaba el sonido <em>bumbom, bumbom.</em> Ten&iacute;a la impresi&oacute;n de que ella estaba dentro de una ba&ntilde;era ahog&aacute;ndose y yo no lo pude soportar, s&oacute;lo quer&iacute;a salir de all&iacute; corriendo, lo m&aacute;s deprisa posible. Dios m&iacute;o, que saudades de las mujeres portuguesas que gritan en una lengua que yo entiendo, que se expresan en una lengua que entiendo. Hasta para eso. Que les gusta comer las mismas porquer&iacute;as que a m&iacute; me gustan, cosas que te sientan mal, con mucha grasa. Me gusta.&nbsp; Nuestro mal gusto me gusta. Me gustan los sujetadores feos que, a veces, las muchachas usan, aunque vistan mal, pero que, en realidad, visten triunfalmente mal. Todas est&aacute;n contentas. Son felices con ellas mismas. De ser como son. Estoy muy contento con todo eso.</p>
<p>- &iquest;Hay sujetadores feos?</p>
<p>- &iquest;Y no los hay? Como tambi&eacute;n los hay bonitos. Adem&aacute;s, &iquest;sabe?, toda la ropa interior femenina es un misterio. Como ejemplo le contar&eacute; una an&eacute;cdota: el &uacute;nico rey del tiempo de la reina Victoria, que no cas&oacute; con una de sus hijas, fue Vittorio Emanuele, el unificador de Italia, que, estando en Londres para ello, concedi&oacute; una entrevista y, al periodista que le pregunt&oacute;: &ldquo;&iquest;qu&eacute; es lo que m&aacute;s le ha impresionado de Londres?&rdquo; , le dio como respuesta: &ldquo;el hecho de que las mujeres usen calzones&rdquo;. Y, s&oacute;lo por causa de eso, la reina no le concedi&oacute; a su hija en matrimonio. Porque los calzones eran un atuendo de prostitutas.</p>
<p>- No puedo dejarle de preguntar, &iquest;por qu&eacute; contin&uacute;a fumando?</p>
<p>- Porque me da placer.</p>
<p>- &iquest;Incluso despu&eacute;s de haber estado enfermo?</p>
<p>- Por eso mismo, porque ahora no tengo m&aacute;s oportunidades que otros.</p>
<p>- Y eso, &iquest;por qu&eacute;?</p>
<p>- Porque creo que ya tuve mi raci&oacute;n de c&aacute;ncer. Ahora me apetecer&iacute;a variar un poco. Tener otras enfermedades cuando tenga que tenerlas. Y me gusta fumar. Siempre me ha gustado. Me gusta el sabor. Hay cigarrillos que no me gustan, pero estos s&iacute;.</p>
<p>- &iquest;Es el sabor lo que le atrae?</p>
<p>- Mi padre fumaba en pipa, toda su vida. Y muri&oacute; con 89 a&ntilde;os. Fum&oacute; en pipa hasta el final de su vida, y aquello ol&iacute;a&hellip;</p>
<p>- Pero la pipa tiene un aroma perfumado&hellip;</p>
<p>- Me refiero al olor de aquel tabaco. &Eacute;l s&oacute;lo fumaba una marca inglesa que era dif&iacute;cil encontrar, pues no la vend&iacute;an en ninguna parte en Lisboa. Y finalmente, tras mucha b&uacute;squeda, hab&iacute;a que encargarla fuera. Ven&iacute;a en latas. La enviaban desde Inglaterra. Era perfumado, s&iacute;. Pero me gustaba m&aacute;s su sabor. Y como dec&iacute;a Oscar Wilde, y mi padre repet&iacute;a muchas veces, &ldquo;resiste todo, menos las tentaciones&hellip;&rdquo;</p>
<p>- &iquest;Tiene muchas?</p>
<p>- Tengo algunas, pero son muy personales.</p>
<p>- Suele decir que la cultura es la base de todo y que es lo que falta en Portugal.</p>
<p>- Saber hacer pasteles de bacalao es tan importante como haber le&iacute;do <em>Os Lus&iacute;adas</em>: es una forma de cultura. Tenemos la tendencia a juzgar que cultura es haber le&iacute;do muchos libros, tener mucha informaci&oacute;n sobre esto o aquello. Cuando invitaron a Agostinho da Silva, &iquest;se acuerda de &eacute;l?</p>
<p>- Muy bien.</p>
<p>- Me gustaba la persona y me gustaba ir a su casa, pero era horrible, porque ol&iacute;a muy mal. Ol&iacute;a a orines de gato callejero. Y estar en su casa era espantoso. Bueno, &eacute;l hab&iacute;a sido nombrado, despu&eacute;s del 25 de abril, presidente de la comisi&oacute;n contra el analfabetismo. Y me dec&iacute;a: &ldquo;hijo m&iacute;o, me han convidado para hacer esto. Y es algo muy dif&iacute;cil porque la mayor parte de las personas cultas que conozco son analfabetas.&rdquo;</p>
<p>- Ya que hoy vivimos en una sociedad, la llamada sociedad medi&aacute;tica, que vive de acontecimientos, de <em>performances</em>, se podr&iacute;a suponer que el Premio N&oacute;bel podr&iacute;a proyectarle tanto en Portugal como en el resto del mundo, &iquest;no ser&iacute;a una alegr&iacute;a para usted?</p>
<p>- S&oacute;lo si fuese una alegr&iacute;a para los portugueses, me quedar&iacute;a contento.</p>
<p>- Pero, &iquest;estar&iacute;a preparado para ese peso medi&aacute;tico?</p>
<p>- Yo vivo con eso todos los d&iacute;as. Es algo, sabe, que ha sido un infierno en mi vida. Hace 15 d&iacute;as tuve que ir a B&eacute;lgica, viernes, s&aacute;bado y domingo, a la carrera entre Holanda y B&eacute;lgica. Infernal. Y despu&eacute;s estar siempre hablando con periodistas, periodistas y periodistas. Yo ya no puedo, porque &uacute;ltimamente ha sido un infierno. Y tras los periodistas vienen los sabios y luego una clase especial que son los intelectuales. Bueno, hay algunos intelectuales que son interesantes. Pero todos son m&aacute;s o menos la misma cosa, unos antip&aacute;ticos.</p>
<p>-&nbsp; &iquest;Quienes son m&aacute;s complicados: los periodistas, los sabios o los intelectuales?</p>
<p>- Los periodistas s&oacute;lo hacen preguntas, y si no quieres responder, no respondes. Sin embargo, los intelectuales se pelean continuamente.</p>
<p>- Volviendo al N&oacute;bel, &iquest;en su opini&oacute;n ser&iacute;a el mayor reconocimiento?</p>
<p>-Pero, &iquest;por qu&eacute; hay que dar tanta importancia a algo que s&oacute;lo es un premio?</p>
<p>- Tambi&eacute;n es dinero.</p>
<p>- Por ejemplo, el Cam&otilde;es. Cuando me dieron el Cam&otilde;es, acaba de saber que ten&iacute;a c&aacute;ncer. Quer&iacute;a que el Cam&otilde;es se fuese a la mierda. No me hac&iacute;a falta el Cam&otilde;es para nada.</p>
<p>- Entonces, &iquest;por qu&eacute; dice que piensa que va a suceder?</p>
<p>- Porque es inevitable. Porque en este momento, como todo lo que pasa a mi alrededor, acerca de m&iacute;, es inevitable. En los pr&oacute;ximos tres a&ntilde;os, uno de estos a&ntilde;os llegar&aacute;. No me da una especial alegr&iacute;a. S&oacute;lo si se la diera a los portugueses, me quedar&iacute;a satisfecho.</p>
<p>- &iquest;Mira con preocupaci&oacute;n el surgimiento del Estado Isl&aacute;mico?</p>
<p>- Se trata de una perversi&oacute;n completa del Cor&aacute;n.</p>
<p>- &iquest;Piensa que tendr&aacute; una larga trayectoria?</p>
<p>- No. Y, adem&aacute;s, como le digo, se trata de una perversi&oacute;n del Cor&aacute;n. Merece la pena leerlo, porque el Dios de Maoma es much&iacute;simo m&aacute;s benevolente que el Dios del Antiguo Testamento, que es un Dios terrible, siempre dispuesto a matar personas, primog&eacute;nitos, de enviar plagas de langostas, de ahogar gente en el Mar Rojo, y no s&eacute; que m&aacute;s. El Dios de Maoma, no. En el Cor&aacute;n, Jes&uacute;s tiene un nivel alt&iacute;simo, por ejemplo, entre los profetas.</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;l es su Dios?</p>
<p>- Es aquel que a veces me dice al o&iacute;do que me quiere&hellip; En serio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="right">Traducci&oacute;n de Antonio Maura</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> Vicente Malangatana. Artista pl&aacute;stico, poeta y uno de los fundadores del Movimiento para la Paz, naci&oacute; en Matalana (Mozambique) en 1936 y muri&oacute; en Matosinhos (Oporto) en 2011. (Nota del traductor).</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Thu, 23 Jun 2016 05:57:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los tres Quijotes y Miguel de Cervantes]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/los-tres-quijotes-y-miguel-de-cerventes/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2016/junio/cervantes500.jpg" alt="" /></p>
<p>Mucho se ha escrito sobre el <em>Quijote</em>, en singular, pero creo que se acerca m&aacute;s a los hechos hablar de los <em>tres</em> <em>Quijotes</em>. Propongo considerar cada uno de los tres libros originales sobre don Quijote como obras independientes y asociarlas a tres ciudades y a tres momentos culturales cercanos pero distantes: el <em>Quijote</em> de 1605 beber&iacute;a de la Florencia cuna, entre tantas otras cosas, del Renacimiento y del Manierismo; el <em>Quijote</em> de 1614 me parece fruto del Concilio de Trento y dar&iacute;a expresi&oacute;n al primer barroco, r&aacute;pidamente cultivado en Madrid; finalmente, el <em>Quijote</em> de 1615 corresponder&iacute;a al intelectualizado Manierismo &uacute;ltimo y el mismo Cervantes lo vincula a N&aacute;poles con su dedicatoria al conde de Lemos. El primer <em>Quijote</em> es, como es sabido, obra de un Cervantes maduro, el segundo la obra de un autor &mdash;&ldquo;el Licenciado Alonso Fern&aacute;ndez de Avellaneda&rdquo;&mdash; acaso inexperto pero atento a los nuevos aires doctrinales, y el tercero ser&iacute;a la respuesta de un Cervantes pr&oacute;ximo a la muerte pero capaz a&uacute;n de producir un encriptado testamento &mdash;con la intensidad ps&iacute;quica de su contempor&aacute;neo El Greco&mdash; a&uacute;n lleno de seducci&oacute;n. Dado que los aspectos filol&oacute;gicos, literarios y simb&oacute;licos, al menos de los <em>Quijotes</em> cervantinos, son objeto de renovado estudio, ilustrar&eacute; mi an&aacute;lisis con cuestiones filos&oacute;ficas y culturales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El primer <em>Quijote</em> se abre con un texto, el Pr&oacute;logo, el cual &mdash;tras un apabullante &ldquo;Desocupado lector&rdquo;&mdash; en realidad es un no-pr&oacute;logo, sugerido por un amigo, donde se recoge la aparentemente sencilla pero endiablada aspiraci&oacute;n del Renacimiento: &ldquo;S&oacute;lo tiene que aprovecharse de la imitaci&oacute;n en lo que fuera escribiendo, que, cuando ella fuera m&aacute;s perfecta, tanto mejor ser&aacute; lo que se escribiere&rdquo;. El objetivo de la imitaci&oacute;n resulta, con todo, endiablado porque nunca est&aacute; claro qu&eacute; imitar, dado que el <em>Quijote</em> plantea varios niveles: como texto literario que es, todo es ficci&oacute;n en &eacute;l; dentro de la ficci&oacute;n, se presenta la historia de don Quijote como una serie de hechos reales, recogidos &ldquo;en los anales de la Mancha&rdquo; y transcritos, al comienzo, de los mismos anales, y, a partir de la segunda parte, de la traducci&oacute;n castellana de un texto en ar&aacute;bigo; la narraci&oacute;n en s&iacute; misma presenta simult&aacute;neamente dos puntos de vista, el real-llano y el real-imaginado, que aparecen en el momento mismo de la primera salida &mdash;hechos que son descritos a lo llano y, a la vez, como quedar&iacute;an recogidos por &ldquo;el sabio que los escribiera&rdquo;&mdash; y que exhiben su potencial perturbador al duplicar la realidad cuando don Quijote &ldquo;luego que vio la venta se le represent&oacute; que era un castillo&rdquo; y cuando encuentra a un socarr&oacute;n ventero dispuesto a &ldquo;seguirle el humor&rdquo; &mdash;como luego har&aacute; Vivaldo, &ldquo;persona muy discreta y de alegre condici&oacute;n&rdquo;, y, como ir&aacute;n haciendo el cura, el barbero, Cardenio y Dorotea, y, ya en la venta, todos los personajes salvo Sancho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desde el mismo comienzo, por tanto, Cervantes monta una estructura narrativa que sintoniza con la deslumbrante invenci&oacute;n de la perspectiva en la pintura, la multiplicaci&oacute;n de las voces en m&uacute;sica y el transformismo en las tramas teatrales. A nivel filos&oacute;fico, tendr&iacute;a su correspondencia con las ilusiones &oacute;pticas de las que habla Lucrecio en el libro cuarto de su <em>De rerum natur</em>a, un texto que tuvo m&aacute;s influencia en su &eacute;poca de la que se suele admitir a partir de su recuperaci&oacute;n en 1418 por Poggio Bracciolini &mdash;recu&eacute;rdese el afamado libro de Stephen Greenblatt <em>El Giro</em>&mdash;. El asombroso efecto hace que el p&uacute;blico no sepa a qu&eacute; atenerse, desbordado por el juego de espejos creado por los distintos planos. De cara al lector, Cervantes explica la situaci&oacute;n presentando al hidalgo Quijana como &ldquo;rematado ya su juicio&rdquo; y, para la autorrepresentaci&oacute;n de don Quijote, Cervantes recurre al <em>deus ex machina</em> del &ldquo;sabio encantador, grande enemigo m&iacute;o&rdquo;, Frest&oacute;n, el cual es capaz de &ldquo;hacernos parecer lo que quiere&rdquo;, o, en general, encantadores &ldquo;que todas nuestras cosas mudan y truecan&rdquo;. Que la duplicidad no se da s&oacute;lo a nivel ontol&oacute;gico y gnoseol&oacute;gico sino tambi&eacute;n moral, lo muestran el paso del apaleamiento de Andr&eacute;s y el de la liberaci&oacute;n de los galeotes, donde el bien logrado a ojos de don Quijote &mdash;en ambos casos la libertad&mdash; es un mal efectivo para las costillas de Andr&eacute;s, en la primera aventura, y para don Quijote, apedreado y desnudado en la segunda. Con todo, es en la famosa aventura de los molinos de viento donde Cervantes presenta su <em>leit-motiv</em>: lo que para el llano Panza son molinos para el imaginativo don Quijote son gigantes. Esquema que luego se repite con: caminantes/princesas raptadas, Maritornes/hija del se&ntilde;or del castillo, manadas de ovejas y carneros/dos ej&eacute;rcitos plagados de famosos caballeros, bac&iacute;a de az&oacute;far/yelmo de Mambrino, Aldonza Lorenzo/Dulcinea, cueros de vino/gigante que asola el reino de Micomic&oacute;n, la procesi&oacute;n de la Virgen y los disciplinantes/se&ntilde;ora principal forzada. Aunque se ha de notar que algunas de las imaginaciones de don Quijote son realidades para Sancho: la &iacute;nsula, el b&aacute;lsamo de Fierabr&aacute;s, los caballeros andantes o el gigante que asola el reino de Micomic&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al comienzo de la segunda parte, se desdobla el mismo narrador, con la aparici&oacute;n de Cide Hamete Benengeli, &ldquo;autor ar&aacute;bigo y manchego&rdquo;, con lo que se a&ntilde;ade a la duplicidad de la realidad a imitar la duplicidad del punto de vista, expuesto, en principio, en dos idiomas: el castellano y el &aacute;rabe. En esta l&iacute;nea hermen&eacute;utica, el caso del &ldquo;desdichado loco&rdquo;, Cardenio, el Roto, contrasta con la locura de don Quijote puesto que la de Cardenio le hace <em>ser</em> alternativamente dos personas distintas, una cuerda y discreta, otra loca y violenta. Como tambi&eacute;n es distinta la conscientemente fingida locura de don Quijote en Sierra Morena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tras el encuentro de Sancho con el cura y el barbero en la venta, Cervantes da un paso m&aacute;s en el complicado juego de ficci&oacute;n y realidad. Ya no se trata s&oacute;lo de seguirle el humor a don Quijote de palabra, sino de mentir abiertamente sobre el inexistente encuentro de Sancho con Dulcinea y de disfrazarse &mdash;el cura &ldquo;en h&aacute;bito de doncella andante&rdquo; y el barbero de su escudero&mdash; con el fin de, entrando por ese medio en el mundo de don Quijote, sacarlo de su locura; estrategia a la que se suman, <em>in crescendo</em>, el resto de la cuadrilla.</p>
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<p>Parad&oacute;jico m&eacute;todo, puesto que ahora para don Quijote se funden efectivamente su realidad-llana y su realidad-imaginada &mdash;&iexcl;el pobre Sancho ya s&iacute; que no sabe a qu&eacute; atenerse!&mdash; y humor&iacute;stico, acaso por eso fugaz, disfraz del cura. Y no creo que sea casualidad que, en este paso, la historia de Cardenio pivote sobre la mentira de don Fernando a Luscinda y a los padres de esta, y que la aparici&oacute;n de Dorotea sea de &ldquo;mozo vestido de labrador&rdquo;. Por eso considero que la novela de &ldquo;El curioso impertinente&rdquo;, ambientada en Florencia, est&aacute; muy lejos de ser un mero a&ntilde;adido al resto de la trama dado que lo que Anselmo pide a su amigo Lotario es precisamente que finja &ldquo;solicitar&rdquo; a su esposa Camila y que el prop&oacute;sito inicial de Lotario no es otro que hacer creer a Anselmo que da comienzo a la seducci&oacute;n. As&iacute;, cuando Anselmo descubre que &ldquo;todo era ficci&oacute;n y mentira&rdquo;, el gran Cervantes, lejos de acabar ah&iacute; la historia, comienza a desplegar un endiablado mecanismo. Una vez rendida Camila, es ahora Anselmo el enga&ntilde;ado, dando lugar a la escena &mdash;cargada de duplicidades&mdash; en la que Lotario lee sus poemas a Clori/Camila ante los dos esposos. La h&aacute;bil trama que a partir de ese momento teje Cervantes con los hilos de la verdad y la mentira, de lo imaginado y lo visto, conduce un cl&iacute;max ciertamente manierista: la escena en la que Anselmo asiste a la representaci&oacute;n de Camila, Leonela y Lotario. Pero la historia no acaba con este triunfo de la ficci&oacute;n. Cuando &ldquo;al cabo de pocos meses volvi&oacute; Fortuna su rueda&rdquo;, todo conduce a la muerte de los tres protagonistas, circunstancia que quiz&aacute; muestre el mensaje cervantino: avisar del peligroso poder de la ficci&oacute;n y el enga&ntilde;o.</p>
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<p>Un mensaje que se repetir&iacute;a, esta vez con un final donde todos acaban aporreados, cuando, en el c&uacute;mulo de reencuentros que se suceden en la venta, se disputa &mdash;ante la incredulidad de los cuadrilleros&mdash; sobre la realidad aut&eacute;ntica de dos objetos: la bac&iacute;a/yelmo y la albarda/jaez. En esta escena, se plasmar&iacute;a, a mi juicio, la quintaesencia del primer <em>Quijote</em> cervantino. Enlaza por ello con el final del libro: dado que la imaginaci&oacute;n es connatural al ser humano y no puede ser extirpada, se puede &ldquo;enjaular&rdquo;, como enjaulado vuelve don Quijote a su aldea &mdash;con no poca crueldad por parte de Cervantes.</p>
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<p>Se puede considerar la &ldquo;maletilla vieja, cerrada con una cadenilla&rdquo; una variaci&oacute;n del mismo tema. Como se recordar&aacute;, ah&iacute; se encuentra no s&oacute;lo el relato de &ldquo;El curioso impertinente&rdquo;, sino dos libros de caballer&iacute;as y uno con la historia del Gran Capit&aacute;n. El ventero y el licenciado Pero P&eacute;rez, el cura, porf&iacute;an cu&aacute;les &ldquo;son mentiras y est&aacute;n llenos de disparates y devaneos&rdquo; y cu&aacute;l &ldquo;es historia verdadera&rdquo;. Para el ventero, la ficci&oacute;n posee gran verdad &mdash;la verdad del coraz&oacute;n, se podr&iacute;a decir&mdash;, para el cura es la historia la recoge hechos &mdash;&iquest;hechos?, o hechos interpretados, se podr&iacute;a preguntar&mdash;. El mismo Cervantes parece dar la soluci&oacute;n cuando, en el relato del cautivo, mezcla datos reales, rumores y elementos puramente novelescos. Como despu&eacute;s se sabe, la maletilla escond&iacute;a tambi&eacute;n la &ldquo;Novela de Rinconete y Cortadillo&rdquo; y &ldquo;su due&ntilde;o no hab&iacute;a vuelto m&aacute;s por all&iacute;&rdquo;, aunque nosotros sabemos que se llamaba Miguel de Cervantes y que en la maletilla, y en el relato sobre ella, hab&iacute;a depositado su secreto: ese manierista entrelazamiento de distintos elementos y puntos de vista, que difumina los contornos de la realidad y la ficci&oacute;n, y con ecos y alusiones que s&oacute;lo algunos captar&aacute;n.</p>
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<p>Desde el punto de vista cultural, son numerosos los aspectos de la &eacute;poca que se reflejan en el <em>Quijote</em> de 1605, por m&aacute;s que tales influencias no agoten su excelencia. Enumerar&eacute; los m&aacute;s relevantes. En general, domina la tradici&oacute;n oral, como lo muestra la constante presencia, desde el mismo pr&oacute;logo, de di&aacute;logos y de largos discursos ante una atenta audiencia; el mismo Cervantes recoge este hecho cuando describe el modo en que los libros de caballer&iacute;as son le&iacute;dos/escuchados en la venta, lo que permite suponer que era ese el modo en que Cervantes se imaginaba que se leer&iacute;a su <em>Quijote</em> &mdash;por ello el lector encontrar&aacute; en la bibliograf&iacute;a la referencia de unas magn&iacute;ficas lecturas de los dos <em>Quijotes</em> cervantinos&mdash;. En la escena del expurgue de libros, Cervantes ilustra varias relaciones posibles con tal invento: quien los lee todos, quien los expurga y quema algunos, quien los odia, y quemar&iacute;a, todos. &Eacute;l mismo muestra gran aprecio, incluso ternura, por ellos y descubre su gusto por el italiano, su disgusto ante las traducciones de &ldquo;libros en verso&rdquo; y su capacidad de autocr&iacute;tica con la breve rese&ntilde;a de su <em>Galatea</em> &mdash;recurso que vuelve a utilizar cuando, en el relato del cautivo, se menciona a un &ldquo;tal de Saavedra&rdquo;, imitando el recurso de algunos pintores de incluirse a s&iacute; mismos en sus cuadros&mdash;. En el discurso de la edad dorada se descubren ecos de Virgilio, de Ovidio y de la literatura pastoril. El tema del amor, tan renacentista, presenta varias, e intemporales, formulaciones, que casi cubren todos sus flancos: el amor goethiano del culto Cris&oacute;stomo a la esquiva Marcela; el amor plat&oacute;nico de don Quijote a Dulcinea; el erotismo en la seducci&oacute;n de Dorotea por don Fernando y el casamiento obligado consecuente; el amor m&aacute;s all&aacute; de la (entrevista) muerte de Cardenio a Luscinda, ya con un pie en la locura; el amor-prisi&oacute;n de don Fernando por Luscinda; el amor-amistad entre Camila y Anselmo y el amor-pasi&oacute;n que brota entre Camila y Lotario; el amor como salvaci&oacute;n mutua que acaban profes&aacute;ndose el cautivo y Zoraida; el amor-ni&ntilde;o entre do&ntilde;a Clara y don Luis; y, finalmente, el amor-embeleco de la antojadiza Leandra a Vicente de la Rosa y el amor buc&oacute;lico de Eugenio y de Anselmo hacia Leandra &mdash;mostrando, adem&aacute;s, Eugenio y Anselmo dos modos distintos de ese amor&mdash;. Como no pod&iacute;a ser menos, tanta presencia del amor viene en parte contrapesada con la amistad pura, aristot&eacute;lica se podr&iacute;a decir, que, adornada del mayor refinamiento posible y acaso por eso situada en Florencia, se profesan Anselmo y Lotario. La defensa de la libertad en la aventura de los galeotes adquiere tintes erasmianos y servetianos en esta cita: &ldquo;All&aacute; se lo haya cada uno con su pecado; Dios hay en el cielo, que no se descuida de castigar al malo ni de premiar al bueno, y no es bien que los hombres honrados sean verdugos de los otros hombres, no y&eacute;ndoles nada en ello&rdquo;. Algo inc&oacute;moda tuvo que resultar tambi&eacute;n en su momento la amarga denuncia de los privilegios de la alta nobleza que revolotea la historia de Cardenio. Y resulta llamativo con qu&eacute; buenas letras defiende don Quijote las armas frente a las letras.</p>
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<p>En conclusi&oacute;n, el <em>Quijote</em> de 1605 es una magistral reflexi&oacute;n sobre la condici&oacute;n humana, abordada desde la poli&eacute;drica relaci&oacute;n que el ser humano establece con la realidad a trav&eacute;s de las proyecciones de su imaginaci&oacute;n y de su lenguaje. No otro era el objetivo de Lucrecio, en cuyo <em>De la naturaleza de las cosas</em> se lee: &ldquo;Pues nada es m&aacute;s dif&iacute;cil que distinguir los hechos evidentes de las suposiciones que por su cuenta les a&ntilde;ade precipitadamente nuestro esp&iacute;ritu&rdquo; (IV, 467-468). Quiz&aacute; por eso, la concertada disputa final entre el can&oacute;nigo de Toledo y don Quijote sobre la naturaleza de los libros de caballer&iacute;as queda en tablas, si no es que la gana don Quijote. Respecto al tono general del libro, habr&iacute;a que decir que es abiertamente profano, una caracter&iacute;stica que Vivaldo descubre en el oficio de caballero andante y que creo que se puede extender a todo el relato. Finalmente, me gustar&iacute;a resaltar el modo en que Cervantes entrelaza unos temas con otros, los deja a veces en suspenso, alterna escenas de humor intemporal y de pura aventura, mantiene un tema que le da unidad, a modo de bajo continuo &mdash;qui&eacute;n es don Quijote y en qu&eacute; consiste el ejercicio de su profesi&oacute;n&mdash;, y c&oacute;mo va preparando el <em>tutti</em> de la venta, No creo por ello que sea descabellado traer aqu&iacute; a colaci&oacute;n los madrigales tardorrenacentistas.</p>
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<p>El <em>Quijote</em> de 1614, el de Avellaneda, pisa formalmente sobre las huellas del anterior. Se presenta por tanto como la &ldquo;tercera salida&rdquo; de don Quijote y como la &ldquo;quinta parte de sus aventuras&rdquo;, dado que el primer <em>Quijote</em> recog&iacute;a las dos primeras salidas quijotescas y constaba de cuatro partes. Pero el talante del nuevo autor es muy otro. Se nota desde el mismo Pr&oacute;logo, expositivo, personalista &mdash;sale en defensa del autor de comedias criticado por el can&oacute;nigo de Toledo en el <em>Quijote</em> cervantino&mdash; y decididamente escol&aacute;stico, como escol&aacute;stica y ortodoxa es la cura que propone para don Quijote, a base de &ldquo;un <em>Flos Sanctorum</em>, de Villegas, y los Evangelios y Ep&iacute;stolas de todo el a&ntilde;o en vulgar, y la <em>Gu&iacute;a de pecadores</em>, de fray Luis de Granada&rdquo;. Nos encontramos tambi&eacute;n con otro don Quijote, qui&eacute;n, incluso cuando ha recuperado &ldquo;su antiguo juicio&rdquo;, no recupera sus antiguas ocupaciones. Ahora encarna el tipo de cristiano promovido por la Reforma cat&oacute;lica: &ldquo;ir a misa con su rosario en las manos, con las <em>Horas de nuestra Se&ntilde;ora</em>, oyendo tambi&eacute;n con mucha atenci&oacute;n los sermones&rdquo; y, m&aacute;s tarde, &ldquo;en esto tocaron a v&iacute;speras, y &eacute;l, tomando su capa y su rosario, se fue a o&iacute;rlas con el Alcalde&rdquo;. Todo un programa de reforma cultural y de costumbres, a cuyo servicio se escribe este nuevo <em>Quijote</em>. Las haza&ntilde;as de caballeros andantes son sustituidas por vidas de santos, y el estilo del relato se llena de expresiones en lat&iacute;n, tambi&eacute;n Sancho las usa ahora, y constantes alusiones al mundo religioso. Finalmente, es tambi&eacute;n otro don Quijote el que habla, como se deja notar en el primer parlamento que sostiene con don &Aacute;lvaro Tarfe, que resulta breve y, trat&aacute;ndose de la belleza de una dama, atiende s&oacute;lo a una peque&ntilde;a objeci&oacute;n a modo de escaramuza verbal. Incluso cambia el diagn&oacute;stico de don Quijote, calificado ahora, sin mayores matices, de &ldquo;loca enfermedad&rdquo;.</p>
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<p>Con nuevo criterio, el autor quiere mejorar el aspecto general del mundo quijotesco. As&iacute;, Sancho monta en un asno mejor, don Quijote olvida a la &ldquo;moza forzuda&rdquo;, Aldonza Lorenzo, y procurar&aacute; sustituirla por &ldquo;alguna de aquellas fermosas damas que est&aacute;n con la Reina&rdquo;. Sus armas son ahora &ldquo;nuevas y tan buenas, llenas de trofeos y grabaduras milanesas, acicaladas y limpias&rdquo;, la ardarga es &ldquo;fina&rdquo; y el lanz&oacute;n &ldquo;bueno&rdquo;. Aceptando la intenci&oacute;n prefigurada en el <em>Quijote</em> anterior, don Quijote procura asistir a las justas de Zaragoza, pero la etapa siguiente ser&aacute; nada menos que &ldquo;ir a la corte del rey de Espa&ntilde;a para darse a conocer por sus faza&ntilde;as&rdquo;. En general, ya no caminar&aacute;n don Quijote y Sancho por sierras y campos sino por ciudades como Ateca, Zaragoza, Sig&uuml;enza, Alcal&aacute; de Henares, Madrid y Toledo.</p>
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<p>El primer &ldquo;accidente tal en la fantas&iacute;a&rdquo; de don Quijote es nada menos que fingido, cuando le hace creer a Sancho que lo toma por un &ldquo;drag&oacute;n maldito, sierpe de Libia, basilisco infernal&rdquo;. Sin embargo, una vez en camino, en su tercera salida, don Quijote toma efectivamente una venta por castillo de Mil&aacute;n, y a los primeros caminantes los trata como si fueran valerosos caballeros. El ventero, en esta versi&oacute;n, no le sigue el humor a don Quijote, es m&aacute;s, la moza le ofrece quedarse &ldquo;aqu&iacute; esta noche por si algo se ofreciere&rdquo;; y, al marchar, don Quijote paga pero &iexcl;protestando por lo elevado del precio! Como se ve, es muy otro el humor de este nuevo personaje. Tras eso, toma al guarda de un melonar por Orlando el Furioso, personaje que, conocido tambi&eacute;n como Rold&aacute;n, da t&iacute;tulo al famoso <em>Orlando Furioso</em> de Ludovico Ariosto. Al cabo, en Ateca, da con &ldquo;un caritativo cl&eacute;rigo&rdquo; llamado mos&eacute;n Valent&iacute;n, quien &ldquo;conoc&iacute;a la enfermedad&rdquo; de don Quijote. As&iacute; se retoma, por primera vez, el recurso puesto en marcha por Cervantes de recurrir a personajes que le siguen el humor a su protagonista, pero enseguida le advierte del pecado mortal en que se encuentra su alma y le encomienda &ldquo;hacer bien a los pobres, confesando y comulgando a menudo, oyendo cada d&iacute;a su misa, visitando enfermos, leyendo libros devotos y conversando con gente honrada, y sobre todo con los cl&eacute;rigos de su lugar&rdquo;. Muy otro, sin embargo, era el modo de hablar del cura en el <em>Quijote</em> de 1605, como distinta hubiera sido la reacci&oacute;n de don Quijote a tales recomendaciones, el cual ahora simplemente sigue con su discurso alucinado, sin responder siquiera y con muestras de no haber o&iacute;do, al modo de la locura que Cervantes hab&iacute;a personificado en Cardenio, con lo cual el nuevo autor muestra haber pasado por alto ese important&iacute;simo matiz.</p>
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<p>En coherencia con este planteamiento, cuando don Quijote, a su llegada a Zaragoza, intenta liberar al ladr&oacute;n que va siendo azotado a modo de escarmiento, no s&oacute;lo no lo consigue sino que &eacute;l mismo se ve llevado a la c&aacute;rcel, en cumplimiento de la ley vigente, y casi acaba &eacute;l mismo paseado por la calle si no es por la aparici&oacute;n de un buen <em>deus ex machina</em>, el ya citado don &Aacute;lvaro Tarfe, quien consigue su liberaci&oacute;n. Con delectaci&oacute;n describe Sancho la comida de la posada y la que le ofrecen en la casa de don Carlos, y con minuciosidad recoge el narrador todo el lujo que rode&oacute; la competici&oacute;n de la sortija que tuvo lugar en la famosa calle del Coso zaragozano. Es en casa de don Carlos donde el autor recurre a la vuelta de tuerta que Cervantes introdujo cuando se disfrazaron Dorotea y compa&ntilde;&iacute;a: don Carlos decide &ldquo;traer aquella noche a la sala uno de los gigantes que sacan en Zaragoza el d&iacute;a del Corpus en la procesi&oacute;n, que son de m&aacute;s de tres varas de alto&rdquo;. Ahora la ficci&oacute;n cobra realidad no por el &ldquo;accidente&rdquo; de don Quijote sino por la manipulaci&oacute;n que de la realidad hacen los dem&aacute;s con el fin de hacer burla y pasar el rato; de modo que tambi&eacute;n Sancho resulta enga&ntilde;ado. La batalla entre el &ldquo;soberbio gigante Bramid&aacute;n de Tajayunque&rdquo; y don Quijote, pensada para realizarse en &ldquo;la ancha plaza que en esta ciudad llaman del Pilar&rdquo;, se pospone finalmente para la plaza de Madrid, cuarenta d&iacute;as m&aacute;s tarde. De camino al pospuesto envite, comparten el viaje con un soldado, Antonio de Bracamonte, y un ermita&ntilde;o. Ocasi&oacute;n que el autor aprovecha para insertar dos relatos cortos: el del rico desesperado y el de los felices amantes.</p>
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<p>El primer relato, ambientado en Flandes, recoge los vaivenes de un rico heredero, Tapel&iacute;n, el cual decide en principio adoptar el h&aacute;bito de santo Domingo, pero, convencido por dos amigos, lo deja, se casa y se hace gobernador; al final, tras el enga&ntilde;o de un soldado espa&ntilde;ol, acaban suicid&aacute;ndose &eacute;l y su mujer. Como era de esperar el cuento tiene su moraleja: &ldquo;como dijo bien el sabio prior al gal&aacute;n [Tapel&iacute;n] cuando quiso salirse de la religi&oacute;n, por maravilla acaban bien los que la dejan&rdquo;. El segundo relato trata de los lascivos amores de do&ntilde;a Luisa, religiosa de un monasterio &ldquo;no menos conocida por su honestidad y virtudes que por su rara belleza&rdquo;, y don Gregorio, &ldquo;mozo rico, gal&aacute;n y discreto&rdquo;. Sus avatares incluyen la huida del convento, una vida disoluta en Lisboa, prostituci&oacute;n de do&ntilde;a Luisa en Badajoz, vuelta de do&ntilde;a Luisa al monasterio, milagro de la Virgen, que la ha suplido en su ausencia, milagro del serm&oacute;n que don Gregorio &ldquo;oy&oacute; a un religioso dominico de soberano esp&iacute;ritu&rdquo;, reencuentro de don Gregorio con sus atribulados padres, y muerte simultanea de ambos, ya vueltos a la religi&oacute;n. La moraleja en este caso es tambi&eacute;n manifiesta: todo lo permite &ldquo;su divina Magestad por su secreto juicio y por dar muestras de su omnipotencia &mdash;la cual manifiesta, como canta la Iglesia, en perdonar a grandes pecadores grav&iacute;simos pecados&mdash;, y por mostrar tambi&eacute;n lo que con &Eacute;l vale la intercesi&oacute;n de la Virgen glorios&iacute;sima&rdquo;.</p>
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<p>Tras el recreo de las dos narraciones, don Quijote y Sancho se encuentran a una mujer atada entre un pinar; resulta ser B&aacute;rbara la de la Cuchillada, a la que don Quijote llama &ldquo;la gran Zenobia, reina del Amazonas&rdquo; y que se une a la comitiva. En las cercan&iacute;as de una nueva venta/castillo dan con una compa&ntilde;&iacute;a de comediantes, que don Quijote toma por soldados. Tras la habitual trifulca, cuando los actores est&aacute;n ensayando &ldquo;la grave comedia de <em>El testimonio vengado</em>, del insigne Lope de Vega Carpio&rdquo;, don Quijote, tomando la obra por realidad, la interrumpe al atacar a quien levanta un testimonio falso y luego porf&iacute;a que un ataharre es una &ldquo;rica y preciada liga&rdquo;. Finalmente, llegados a Madrid, se reencuentran con don Carlos y con don &Aacute;lvaro Tarfe, y se reanuda el artificio de adecuar la realidad a la imaginaci&oacute;n de don Quijote. Don &Aacute;lvaro, adem&aacute;s, fingiendo ser &ldquo;el sabio Frist&oacute;n&rdquo;, le recuerda a don Quijote su penitencia en Sierra Morena, &ldquo;como se cuenta en no s&eacute; qu&eacute; anales que andan por ah&iacute; en humilde idioma escritos de mano de no s&eacute; qu&eacute; Alquife&rdquo;, aludiendo al <em>Quijote</em> de 1605. Aqu&iacute; introduce el autor un recurso, del que no saca apenas rendimiento, pero que es realmente interesante, como lo era el enfado de don Quijote espectador de la comedia. Ser&aacute; Cervantes quien aproveche ambas estratagemas en su segundo <em>Quijote</em>. En fin, a lo largo de estas peripecias, don Quijote mantiene su discurso alucinado &mdash;ayuno de discreciones&mdash; mientras su figura va perdiendo importancia a favor de B&aacute;rbara y de Sancho, el cual acaba convertido &eacute;l mismo en caballero andante y en virtual protagonista. La narraci&oacute;n concluye, muy aleccionadoramente, con B&aacute;rbara recogida en una casa de mujeres, Sancho convertido en mozo y don Quijote en el famoso manicomio de Toledo, la casa del Nuncio, donde san&oacute;; final coherente con un planteamiento que desde el principio llam&oacute; a su locura <em>enfermedad</em>. Con todo, la obra se cierra efectivamente con don Quijote volviendo &ldquo;a su tema&rdquo;, convertido en &ldquo;el Caballero de los Trabajos, los cuales no faltar&aacute; mejor pluma que los celebre&rdquo;.</p>
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<p>En conclusi&oacute;n, el autor pretender elevar la condici&oacute;n de los protagonistas, pero cambia por completo la atm&oacute;sfera cultural en la que se gestaron, de la que desaparecen los temas universales para pasar a primer plano el espacio ideol&oacute;gico del catolicismo tridentino. Si en el primer <em>Quijote</em> se notaba que Cervantes se engolfaba en la lectura de libros de caballer&iacute;as y libros de versos, al nuevo autor le encantan mucho m&aacute;s los libros de devoci&oacute;n. El naturalismo elegante, po&eacute;tico, se ve transformado en un naturalismo llano, algo zafio incluso, del que desaparece la espesa trama manierista de ficci&oacute;n/realidad y de distintos puntos de vista. El <em>Quijote</em> de 1614 va por ello dirigido a un p&uacute;blico m&aacute;s amplio, no s&oacute;lo a can&oacute;nigos discretos, a venteros que dejen de re&ntilde;ir mientras se embelesan con la lectura de libros de caballer&iacute;as y a mujeres j&oacute;venes que sue&ntilde;en con los melindres de los caballeros. Ahora el mundo descrito es, por un lado, el de los bajos fondos y la prostituci&oacute;n y, por otro, el del lujo de los se&ntilde;ores y de la corte. Siempre con el mensaje caracter&iacute;stico de un serm&oacute;n, con milagros donde la Virgen interviene decisivamente y arrepentimientos religiosos tras vidas mucho m&aacute;s mundanas que cualesquiera de las que se recogen en el <em>Quijote</em> de Cervantes. En definitiva, una buena novela, muy ilustrativa sobre la sociedad de la &eacute;poca, que se deja leer con sumo gusto. Por seguir con la comparaci&oacute;n musical, el <em>Quijote</em> de 1614 ser&iacute;a un oratorio, algo picaresco, compuesto en loor de la Virgen del Rosario.</p>
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<p>Con el <em>Quijote</em> de 1615, se recupera el tono cervantino, ahora, quiz&aacute;, en un registro superior. Desde el comienzo se enlaza con la discusi&oacute;n en torno al tipo de locura de don Quijote y la realidad/ficci&oacute;n de los caballeros andantes. Pero enseguida se introduce un nuevo, e importante, personaje, Sans&oacute;n Carrasco, y un nuevo, y perturbador, recurso: Carrasco le cuenta a Sancho, y este a don Quijote, que &ldquo;andaba ya en libros la historia de vuestra merced, con nombre del <em>Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha</em>&rdquo;. As&iacute; puede Cervantes evaluar su propia obra, corregirla y comentarla; adem&aacute;s de recoger las sospechas de los personajes sobre la fidelidad del historiador de sus aventuras y de plantear una nueva autorreferencia, s&oacute;lo posible en el &aacute;mbito de la ficci&oacute;n literaria: en la segunda parte del <em>Quijote</em>, que ya est&aacute; escrita y que el lector tiene en sus manos, los personajes se preguntan si el autor de la primera parte piensa escribir la segunda parte de sus haza&ntilde;as. Estrategia a la que se suma el cada vez m&aacute;s acentuado desdoblamiento del narrador y la transformaci&oacute;n de los protagonistas. El Sancho de ahora &ldquo;dice cosas tan distintas, que no tiene por posible que &eacute;l las supiese&rdquo;. Tambi&eacute;n don Quijote va adquiriendo aspectos m&aacute;s ricos que en su versi&oacute;n anterior. Ahora, por ejemplo, ambos suelen entretenerse con ricas y discretas pl&aacute;ticas a lo human&iacute;stico y se muestran m&aacute;s juicios en sus encuentros, como ilustra la aventura con los &ldquo;recitantes de la compa&ntilde;&iacute;a de Angulo el Malo&rdquo;; por no hablar de los eternamente v&aacute;lidos consejos que don Quijote da a Sancho cuando este parte como gobernador o de las juiciosas reformas que Sancho dicta para su &iacute;nsula.</p>
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<p>De modo que Cervantes es consciente de que sus personajes, en diez a&ntilde;os, han crecido y merecen mejor trato. Es manierismo sobre manierismo. De ah&iacute; que la tercera salida sea muy distinta de las anteriores. Ahora, a la verdad con que la acometen los dos protagonistas, se suma la doblez con que los anima Sans&oacute;n Carrasco, dado que espera verlos de vuelta vencidos por otro caballero andante, que ser&aacute; &eacute;l mismo disfrazado. La siguiente vuelta de tuerca consiste en que ahora es Sancho quien construye una realidad ficticia &mdash;su inexistente encuentro con Dulcinea del libro anterior y su actual aspecto de gran se&ntilde;ora acompa&ntilde;ada de dos doncellas&mdash; y es don Quijote quien, incr&eacute;dulo, se atiene a la realidad desnuda. Y es en ese nivel, no en el de la realidad imaginada, donde aparece el Caballero de los Espejos, sosteniendo adem&aacute;s que ya ha vencido en una batalla anterior al mism&iacute;simo don Quijote. Cuando se descubre a Sans&oacute;n Carrasco bajo el yelmo del Caballero, vuelven los encantadores a servir de explicaci&oacute;n, pero en sentido contrario al esperado, en espejo: &ldquo;los encantadores hab&iacute;an mudado la figura del Caballero de los Espejos en la del bachiller Carrasco&rdquo;; explicaci&oacute;n que, en este caso, es m&aacute;s l&oacute;gica, desde el punto de vista de don Quijote, que la contraria, y mucho m&aacute;s que la que sabe el lector.</p>
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<p>Como se ve, el <em>Quijote</em> de 1615 no sigue la traza de la aventura de los molinos de viento del primer <em>Quijote</em> cervantino, camino que s&iacute; sigue, y del cual no se desv&iacute;a en ning&uacute;n momento, el <em>Quijote</em> de 1614. Cervantes aleja as&iacute; a su protagonista de la locura alucinada para encarnar cada vez m&aacute;s la locura cuerda propia de la condici&oacute;n humana. A ese fin va dirigido el encuentro con don Diego de Miranda y el juicio que, con la colaboraci&oacute;n de su hijo don Lorenzo, establece en su casa sobre la locura quijotesca. Tras analizarlo bajo todos los aspectos que muestra durante su trato &mdash;Cervantes se muestra rico de ingenio para ello&mdash;, la conclusi&oacute;n es: &ldquo;un cuerdo loco y un loco que tiraba a cuerdo&rdquo;, &ldquo;entreverado loco, lleno de l&uacute;cidos intervalos&rdquo;. Y como cuerdo se comporta don Quijote en el pleito entre el bachiller y el licenciado, durante las bodas de Camacho y en el dilema de los amores de Camacho, Basilio y Quiteria. De modo que, para que, durante una hora, se engolfe en sus imaginaciones en la cueva de Montesinos y se despierte hambriento de &ldquo;un grave y profundo sue&ntilde;o&rdquo;, es necesaria la intervenci&oacute;n de alguna emanaci&oacute;n subterr&aacute;nea. Acaso por este nuevo talante es por fin venta, y ya no castillo, donde ocurre la famosa aventura del retablo de Maese Pedro. Momento en el que, ahora s&iacute;, don Quijote, muy humanamente metido en la historia, &ldquo;pareci&oacute;le ser bien dar ayuda a los que hu&iacute;an&rdquo; y &ldquo;comenz&oacute; a llover cuchilladas sobre la titerera morisma&rdquo;, aunque, ya calmado, afirma: &ldquo;si me ha salido al rev&eacute;s, no es culpa m&iacute;a, sino de los malos que me persiguen&rdquo;. No es hasta el cap&iacute;tulo 29 cuando don Quijote vuelve a tomar otros molinos, emplazados esta vez dentro del cauce del Ebro, por &ldquo;ciudad, castillo o fortaleza donde debe de estar alg&uacute;n caballero oprimido, o alguna reina, infanta o princesa malparada&rdquo;.</p>
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<p>A partir del encuentro con los desocupados duques, ya lectores aficionados del <em>Quijote</em> de 1605, se abre una amplia secci&oacute;n donde don Quijote ve confirmadas en la realidad sus imaginaciones, al no percatarse de la tarea simuladora que hay detr&aacute;s &mdash;que merece la reprehensi&oacute;n de un eclesi&aacute;stico, el cual, quiz&aacute; por ello, desaparece enseguida de la escena&mdash;. Se puede tomar el viaje de Clavile&ntilde;o como quintaesencia del artificio, as&iacute; como la no-&iacute;nsula donde Sancho gobierna. Pero obs&eacute;rvese que en todos estos sucesos don Quijote y Sancho simplemente se ven llevados por las circunstancias. La situaci&oacute;n es parecida a la planteada en el <em>Quijote</em> de 1614 en la casa de don &Aacute;lvaro primero y en la del Archip&aacute;mpano despu&eacute;s, s&oacute;lo que ahora se representa en un castillo de verdad. Cervantes aprovecha que los duques han le&iacute;do su primer <em>Quijote</em> para volver de nuevo sobre la trama de la obra. Adem&aacute;s trufa el relato principal con historias diversas para, como se explica en el mismo texto, poder variar el estilo y entretener as&iacute; al lector/oidor. El asunto tratado ahora es principalmente si Sancho es simple y bellaco o discreto y agudo; de &eacute;l dice don Quijote que &ldquo;tiene a veces unas simplicidades tan agudas, que el pensar si es simple o agudo causa no peque&ntilde;o contento&rdquo; &mdash;como la contemplaci&oacute;n <em>La Gioconda</em> de Leonardo, se podr&iacute;a sugerir&mdash;. La duquesa a&ntilde;ade el habitual trino argumentativo al decirle a Sancho que &ldquo;la villana que dio el brinco sobre la pollina era y es Dulcinea del Toboso, y que el buen Sancho, pensando ser el enga&ntilde;ador, es el enga&ntilde;ado&rdquo;. Con lo cual est&aacute; puesto el pie para que, tras el oper&iacute;stico cortejo de encantadores, Merl&iacute;n anuncie que Sancho habr&aacute; de darse &ldquo;tres mil azotes y trescientos en sus valientes posaderas&rdquo; si se ha de desencantar a Dulcinea. Condici&oacute;n cuyo cumplimiento sirve de contrapunto humor&iacute;stico y que se alarga hasta el fin de la obra. Recuperada la libertad &mdash;&ldquo;uno de los m&aacute;s preciosos dones que a los hombres dieron los cielos&rdquo;&mdash; al dejar el castillo de los duques, lo que no recuperan ya es el anonimato. Los lectores del primer <em>Quijote</em> se encuentran por doquier: las zagalas que representan la arcadia, don Jer&oacute;nimo, el bandolero Roque Guinart y don Antonio Moreno. Ya vencido por el Caballero de la Blanca Luna, vuelve, tras numerosas y r&aacute;pidas aventuras, a la aldea, donde muere. En definitiva, por cerrar las comparaciones musicales, el segundo <em>Quijote</em> cervantino ser&iacute;a toda una &oacute;pera real y d&uacute;ctil como la vida misma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con todo, considero que el juego m&aacute;s interesante es el que plantea Cervantes con sus numerosas alusiones al <em>Quijote</em> de 1614. El mismo Pr&oacute;logo est&aacute; dedicado por entero al autor &ldquo;del segundo <em>Don Quijote</em>, digo, de aquel que dicen que se engendr&oacute; en Tordesillas y naci&oacute; en Tarragona&rdquo; y a responder a sus cr&iacute;ticas personales. En el cuerpo de la obra, no se alude a &eacute;l hasta el cap&iacute;tulo 59, en un momento ciertamente singular. Mientras don Quijote y Sancho cenan en una venta, &ldquo;en otro aposento que junto a don Quijote estaba, que no le divid&iacute;a m&aacute;s que un sutil tabique&rdquo;, unos caballeros leen el <em>Quijote</em> de 1614 &ldquo;en tanto traen la cena&rdquo;. El momento es singular porque, con Sans&oacute;n Carrasco y con el Duque, ya hab&iacute;an tratado a alguien que hab&iacute;a le&iacute;do tal libro, pero ahora se encuentran con el libro mismo, donde se cuentan, con diverso talante, como se ha dicho, otras aventuras de casi otros personajes con el mismo nombre. Don Quijote no puede admitir haberse olvidado de Dulcinea ni Sancho aguanta que se confunda el nombre de su mujer ni que le tachen de borracho. El encuentro, con todo, es suficiente para hacer cambiar la ruta prevista, ya que don Quijote afirma: &ldquo;no pondr&eacute; los pies en Zaragoza y as&iacute; sacar&eacute; a la plaza del mundo la mentira de ese historiador moderno, y echar&aacute;n de ver las gentes como yo no soy el don Quijote que &eacute;l dice&rdquo;. As&iacute; la ficci&oacute;n hace cambiar el curso de la realidad. La conclusi&oacute;n de los caballeros pone de manifiesto la diferencia entre los dos libros, al quedar &ldquo;admirados de ver la mezcla que hab&iacute;a hecho [don Quijote] de su discreci&oacute;n y de su locura, y verdaderamente creyeron que &eacute;stos eran los verdaderos don Quijote y Sancho, y no los que describ&iacute;a su autor aragon&eacute;s&rdquo;, carentes del juego bifronte. M&aacute;s adelante, ya en Barcelona, don Quijote, al encontrarse que en una imprenta est&aacute;n corrigiendo el <em>Quijote</em> de 1614, afirma: &ldquo;pens&eacute; que ya estaba quemado y hecho polvos por impertinente&rdquo;. Con su caracter&iacute;stico humor, Cervantes le hace contar a Altisidora que, en la puerta del infierno, los demonios juegan a pelotear con libros, uno de los cuales es &ldquo;la <em>Segunda parte de la historia de don Quijote de la Mancha</em>, no compuesta por Cide Hamete, su primer autor, sino por un aragon&eacute;s, que &eacute;l dice ser natural de Tordesillas&rdquo;, libro que, a juicio de un demonio, es &ldquo;tan malo que si de prop&oacute;sito yo mismo me pusiera a hacerle peor, no acertara&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el cap&iacute;tulo 72, vuelve a darse otro contacto de las realidades-ficci&oacute;n paralelas cuando los dos protagonistas, de camino a la aldea, en otra venta, se encuentran nada menos que con don &Aacute;lvaro Tarfe, el caballero granadino que hab&iacute;a sido el hilo conductor del <em>Quijote</em> de 1614 y que, como se informa, va ya de vuelta a Granada tras haber dejado a don Quijote en la Casa del Nuncio de Toledo. Ahora ya no son lectores de aquel libro los que hablan y comen con los personajes del <em>Quijote</em> de 1615, sino que se encuentran personajes de ambos <em>Quijotes</em>. La contienda ahora no es entre la impresi&oacute;n recibida de un libro y los personajes mismos, sino que la misma persona, don &Aacute;lvaro, trata directamente con dos Quijotes y dos Sanchos. &iexcl;Qu&eacute; genio el de Cervantes! Acaso por eso el reconocimiento no sea, como en el caso anterior, inmediato; don &Aacute;lvaro duda, pero, al fin, dice tener &ldquo;por sin duda que los encantadores que persiguen a don Quijote el bueno han querido perseguirme a m&iacute; con don Quijote el malo&rdquo;. Reconocimiento que don Quijote se empe&ntilde;a que deje por escrito &ldquo;ante el alcalde de este lugar&rdquo;. Con todo, no las deb&iacute;a de tener todas consigo don &Aacute;lvaro, &ldquo;el cual se dio a entender que deb&iacute;a de estar encantado, pues tocaba con la mano dos tan contrarios don Quijotes&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hasta en el testamento del ya cuerdo Alonso Quijano el Bueno se cuela el &ldquo;autor que dicen que compuso una historia que anda por ah&iacute; con el t&iacute;tulo de <em>Segunda parte de las haza&ntilde;as de don Quijote de la Mancha</em>&rdquo;, y es &eacute;l, y no Cervantes, quien le pide perd&oacute;n por haberle dado pie a escribir &ldquo;tantos y tan grandes disparates como en ella escribe&rdquo;. El mismo Cide Hamete la hace decir a su pluma que &ldquo;para m&iacute; sola naci&oacute; don Quijote y yo para &eacute;l: el supo obrar y yo escribir, solo los dos somos para en uno, a despecho y a pesar del escritor fingido y tordesillesco que se atrevi&oacute; o se ha de atrever a escribir con pluma de avestruz grosera y mal deli&ntilde;ada&rdquo;. Y lo cierto es que tal autor no volvi&oacute; a escribir las proyectadas aventuras de don Quijote. Con todo, el mismo Cervantes, al nombrarlo tan repetidamente, le asegur&oacute; conocimiento inmortal. Acaso sea este el &uacute;ltimo juego planteado por un autor tan dado a escribir en cifra. Porque, tras el entrelazamiento que Cervantes plantea entre los distintos Quijotes, &iquest;no deja reservada para nuestra imaginaci&oacute;n la haza&ntilde;a del encuentro de los dos Quijotes y los dos Sanchos en una venta/castillo situada en alg&uacute;n cruce de caminos? Los actuales lectores, situados ante los tres libros, podemos disfrutar, quedar admirados y, aun, resolver los enigmas planteados por el duelo entre los dos don Quijotes y los dos Sanchos, y por el juego de realidades entrecruzadas planteado por el herm&eacute;tico Cervantes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el conjunto de la obra de Miguel de Cervantes, creo que sus dos <em>Don</em> <em>Quijote de la Mancha</em> corresponder&iacute;an al divertido-discreto Sancho mientras que los <em>Trabajos de Persiles y Sigismunda</em> equivaldr&iacute;an al esforzado y nada alegre don Quijote. Los dos libros dedicados a don Quijote y a Sancho estar&iacute;an escritos en momentos ingeniosos, las dos partes donde se narran los sucesos acaecidos a Periandro/Persiles y Auristela/Sigismunda ser&iacute;an su gran obra. Habr&aacute; sido el correr de los tiempos el que ha hecho que perdamos esa perspectiva. Con su <em>Persiles</em>, Cervantes quiso, como confes&oacute; en el Pr&oacute;logo de las <em>Novelas ejemplares</em>, competir con la famosa novela de Heliodoro, las <em>Eti&oacute;picas</em>, tambi&eacute;n conocida con el t&iacute;tulo de <em>Te&aacute;genes y Cariclea</em>. Tal intento se podr&iacute;a a su vez comparar con el logro de Miguel &Aacute;ngel en Florencia: superar con su imponente <em>David</em> al Goliat de la escultura greco-latina.</p>
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<p>REFERENCIAS</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cervantes, Miguel de (1605), <em>El ingenioso hidalgo don Quixote de la Mancha</em>, en <em>idem</em>., <em>Don Quijote de la Mancha</em>, Real Academia Espa&ntilde;ola, Madrid, 2004, pp. 1-534.</p>
<p>&mdash; (1605), <em>Don Quijote de la Mancha</em>. Primera parte. Direcci&oacute;n de Manuel Guti&eacute;rrez Arag&oacute;n, Audio Libros paloma negra, 18 CDs., Turner Overlook, Madrid, 2005.</p>
<p>Fern&aacute;ndez de Avellaneda, Alonso [<em>sic</em>] (1614), <em>Segundo tomo del Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha</em>, Poliedro, Barcelona, 2005.</p>
<p>Cervantes, Miguel de (1615), <em>Segunda parte del Ingenioso cavallero don Quixote de la Mancha</em>, en <em>idem</em>., <em>Don Quijote de la Mancha</em>, Real Academia Espa&ntilde;ola, Madrid, 2004, pp. 535-1106.</p>
<p>&mdash; (1615), <em>Don Quijote de la Mancha</em>. Segunda parte. Direcci&oacute;n de Bernardo Fern&aacute;ndez y Alejandro Ib&aacute;&ntilde;ez, Audio Libros paloma negra, 19 CDs., Turner Overlook, Madrid, 2005.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 17 Jun 2016 09:55:02 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una belleza que subsiste en el recuerdo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-belleza-que-subsiste-en-el-recuerdo/</link>
      <description><![CDATA[<p align="center"><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2016/junio/LUIS_ANTONIO_DE_VILLENA.jpg" alt="" /><strong> <br /></strong></p>
<p>&nbsp;Podr&iacute;amos comenzar con el recuerdo de una imagen, si bien, no est&aacute;tica, como las que acompa&ntilde;an la edici&oacute;n que aqu&iacute; comentamos y que tan imprescindibles resultan en la propia configuraci&oacute;n del libro, sino en movimiento: el de la bell&iacute;sima Natalie Wood, recitando en clase de literatura, en la m&iacute;tica pel&iacute;cula que Elia Kazan filmara en 1961, <em>Esplendor en la hierba</em>, que toma su nombre precisamente, del c&eacute;lebre poema del rom&aacute;ntico William Wordsworth, quien, siglo y medio antes, escribiera su &ldquo;Oda a la inmortalidad&rdquo; cuyos versos parec&iacute;an acariciados por los bellos labios de una actriz que, si bien fue bendecida por la Belleza, result&oacute; no obstante tocada por el dedo implacable de un fatum tr&aacute;gico:</p>
<p>Aunque el resplandor que<br /> en otro tiempo fue tan brillante<br /> hoy est&eacute; por siempre oculto a mis miradas.</p>
<p>Aunque mis ojos ya no<br /> puedan ver ese puro destello<br /> que en mi juventud me deslumbraba</p>
<p>Aunque nada pueda hacer<br /> volver la hora del esplendor en la hierba,<br /> de la gloria en las flores,<br /> no debemos afligirnos<br /> porque la belleza subsiste siempre en el recuerdo</p>
<p>Por tanto, el esplendor que hallamos enunciado en el t&iacute;tulo del poemario corresponde a una belleza que subsiste en el recuerdo, el refulgir de un tiempo tan brillante que permiti&oacute; a la vida ser, al menos en apariencia, <em>buena, noble y sagrada</em>, contradiciendo el conocido verso lorquiano de la &ldquo;Oda a Walt Whitman&rdquo;, cuya intertextualidad precisamente evoca Luis Antonio de Villena en el poema &ldquo;My Hustler&rdquo;.</p>
<p>La belleza subsiste, s&iacute;, en el recuerdo, pero el tono claramente eleg&iacute;aco que presenta <em>Im&aacute;genes en fuga de esplendor y tristeza</em>, nos habla del dolor de la ausencia y de la desolaci&oacute;n por la p&eacute;rdida, de un duelo, cada vez m&aacute;s acuciante, por todo &ndash;o casi todo- cuanto se ha amado. &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n si yo gritase me oir&iacute;a desde los &oacute;rdenes ang&eacute;licos?&rdquo; &ndash;el desesperado verso con que Rainer Mar&iacute;a Rilke da comienzo a la <em>Primera Eleg&iacute;a del Duino</em>, se intercala sintom&aacute;ticamente en el poema de Luis Antonio de Villena, &ldquo;Retrato del artista adolescente&rdquo; (p. 208). &ldquo;Todo &aacute;ngel es terrible&rdquo;, s&iacute;, ya lo avisaba el vidente alem&aacute;n desde su alta torre. Pero en especial, lo es porque todo &aacute;ngel contempla impasible el paso del tiempo que arrasa y devasta, que toca con sus dedos de niebla &ldquo;todos los bienes del mundo&rdquo;, como ya cantara Juan del Enzina a comienzos del XVI en la pieza hom&oacute;nima recogida en el <em>Cancionero Musical de Palacio</em>. Pues como est&aacute; contenido en el libro sapiencial del Eclesiast&eacute;s, &ldquo;Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora&rdquo; (3,1).</p>
<p><em>Im&aacute;genes en fuga de esplendor y tristeza</em> es, s&iacute;, se puede adivinar desde su propio t&iacute;tulo, un libro te&ntilde;ido de un elocuente desencanto ante un mundo oscuro, soez, sin principios, inculto y obscenamente &aacute;grafo, un mundo en avanzado proceso de descomposici&oacute;n, en el que s&oacute;lo el arte y la literatura otorgan un poder bals&aacute;mico y salvador; el arte y la literatura y el, con tanta frecuencia, amargo don de la Belleza. Amargo, porque la caducidad le es inherente. Porque es tan ef&iacute;mera como el agua de mar escap&aacute;ndose de entre los dedos de una mano. &ldquo;<em>Fugit irreparabile tempus</em>&rdquo;, ya lo dijo el cl&aacute;sico Virgilio en una edad que suponemos &aacute;urea. S&iacute;, el tiempo huye irreparablemente &ndash;esa &ldquo;fuga&rdquo; que ya encontramos, de hecho, en el t&iacute;tulo del poemario-, y se lleva con &eacute;l los dones que podr&iacute;an hacer hermosa la vida. Por eso, Luis Antonio de Villena, en un terrible poema, cuyo t&iacute;tulo es transparente acerca de su denuncia, &ldquo;Acoso escolar&rdquo;, termina exclamando al protagonista, la inocente v&iacute;ctima de b&aacute;rbaros impunes: &ldquo;Es mentira todo, menos tu belleza&rdquo; ( p. 31).</p>
<p>Por tanto, la Belleza que salva, la Belleza que transfigura, la Belleza gozada y disfrutada en un pasado al que no se puede, sin embargo, retornar. Pero que permanece como un n&uacute;cleo consolador de sentido, como una certeza imborrable, a pesar del dolor cierto como una herida de su p&eacute;rdida. De hecho, De Villena dedica un poema a &ldquo;Machado: la foto final&rdquo;, donde rememora con tristeza los &uacute;ltimos momentos de don Antonio, prefigurados en una amarga fotograf&iacute;a donde se le ve, muy prematuramente envejecido, con tan s&oacute;lo 63 a&ntilde;os de edad. De las postreras palabras de Machado, apuntadas a prisa en un papel arrugado en su bolsillo, &ldquo;Estos d&iacute;as azules y este sol de la infancia&rdquo;,&nbsp; a sus versos melanc&oacute;licos de unos a&ntilde;os atr&aacute;s, cuando proclamaba:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hoy en mitad de la vida</p>
<p>me he parado a meditar&hellip;</p>
<p>&iexcl;Juventud nunca vivida,</p>
<p>qui&eacute;n te volviera a so&ntilde;ar!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero, frente al nost&aacute;lgico deseo so&ntilde;ador de Machado, la plenitud conocida por De Villena, pues esa &ldquo;Juventud nunca vivida&rdquo; ha sido en &eacute;l todo lo contrario: unos a&ntilde;os de experiencias intensas, de placeres mundanos y excelsos, literarios y vitales, ofrendando en los altares de Eros y Apolo, bebiendo de las fuentes de Baco y tejiendo guirnaldas y coronas de flores para las musas todas y el copero Gan&iacute;medes. Por tanto, quiz&aacute;s su concepci&oacute;n de la existencia se pueda encontrar m&aacute;s cerca de Manuel Machado que de Antonio, del &ldquo;cantar canalla&rdquo; que llena el alma del hermano mayor en el &ldquo;Nocturno madrile&ntilde;o&rdquo;, o del escepticismo desencantado que encontramos en &ldquo;Cantares&rdquo;, cuyos versos recuerda precisamente Luis Antonio en su poema &ldquo;Tino&rdquo;:</p>
<p>No importa la vida, que ya est&aacute; perdida;</p>
<p>y despu&eacute;s de todo, &iquest;qu&eacute; es eso, la vida&hellip;? (p. 25)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por otro lado, no puede pasar desapercibido para el lector que <em>Im&aacute;genes en fuga de esplendor y tristeza</em> presenta mucha conexi&oacute;n en temas, motivos, en tono y, s&iacute;, desde luego, tambi&eacute;n en personajes con su anterior obra, la autobiogr&aacute;fica <em>El fin de los palacios de invierno </em>(2015), publicada hace apenas unos pocos meses.&nbsp; En ella, Luis Antonio de Villena part&iacute;a de sus or&iacute;genes familiares para relatar sus a&ntilde;os de formaci&oacute;n, con una voz &iacute;ntima, elegiaca con frecuencia, pero tambi&eacute;n -quiz&aacute;s de manera impactante para todos aquellos que tienden a recordar o a idealizar su infancia como una suerte de para&iacute;so perdido- en muchas ocasiones, con la incontenida amargura de aquel cuyos palacios de invierno fueron arrasados de manera temprana.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin embargo, al igual que el Hermitage y su soberbia colecci&oacute;n de arte supieron salvar la memoria a pesar del odio y la devastaci&oacute;n sobre los edificios palatinos de San Petersburgo, el pr&iacute;stino amor por la Belleza y por el instante m&aacute;gico que permite sobrevivir a los cotidianos naufragios, hizo al menos llevadera la infancia y la adolescencia de quien fuera un ni&ntilde;o <em>raro</em>, un ni&ntilde;o distinto, que admiraba la blancura inmaterial de los copos de nieve mientras ca&iacute;an en vuelo casi hipn&oacute;tico, pero era conocedor de la instant&aacute;nea mancilla que los aguardaba: &ldquo;...lo mejor de la nieve&nbsp; [...] era ver nevar. [...] Nevar es budista, lo que ocurre tras la nevada no, es la vida com&uacute;n y corriente con el recuerdo de una beldad emporcada&rdquo;. De ah&iacute; que en el presente poemario encontremos tambi&eacute;n la correspondiente composici&oacute;n titulada con un sobrio &ldquo;La nieve&rdquo;.</p>
<p>Pero ese ni&ntilde;o que ya meditaba inconscientemente sobre la ef&iacute;mera percepci&oacute;n del vuelo de los albos copos aparece en muchas m&aacute;s formas en las p&aacute;ginas de <em>Im&aacute;genes en fuga de esplendor y tristeza</em>. Lo hace en episodios directos, como &ldquo;Mis once o doce a&ntilde;os&rdquo; (p. 76) y &ldquo;Primera Comuni&oacute;n (1960)&rdquo; (pp. 140-141), pero tambi&eacute;n en la presencia punzante de las ausencias. As&iacute;, su &ldquo;T&iacute;o Mario&rdquo; &ndash;un joven hermano de su madre nunca conocido pero omnipresente en la memoria de la abuela materna- (pp. 40-41), la t&iacute;a Anita de &ldquo;Par&iacute;s 1959&rdquo; (pp. 150-160),&nbsp; su bondadoso y anciano abuelo &ldquo;Francisco&rdquo; en el poema hom&oacute;nimo (p. 103), y, por supuesto, sus padres, que evoca reiteradamente, con frecuencia a partir de im&aacute;genes delimitadas en un instante fijo. As&iacute;, una hermosa foto de mediados de la d&eacute;cada de los cincuenta desencadena el poema titulado &ldquo;Pap&aacute; y mam&aacute;. 1955&rdquo; (pp, 124-125); y una fotograf&iacute;a en que su progenitor, tan prematuramente fallecido, se muestra hacia sus cuarenta a&ntilde;os, induce la reflexi&oacute;n de cu&aacute;n poco conocido es un padre que nos abandona en la infancia, que parte antes de tiempo y que nos priva as&iacute; de palabras y caricias que nunca sabremos d&oacute;nde han ido. Por eso &ldquo;Padre de siempre y de nunca. &ndash;profiere Luis Antonio de Villena- Qu&eacute; cerca y qu&eacute; remoto. Pap&aacute;,/ lejano y perdido pap&aacute;, se&ntilde;or en otro mundo huido, api&aacute;date de m&iacute;&rdquo; (p. 200).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Todas las p&eacute;rdidas son la p&eacute;rdida radical del ser humano en este mundo hostil. De ah&iacute; el sentimiento de radical orfandad que trasmina las p&aacute;ginas del poemario, y que se acent&uacute;a y encuentra su justificaci&oacute;n &uacute;ltima en el poema en dos partes, prosa po&eacute;tica y vers&iacute;culo largo, que da fin al libro, y que lleva por t&iacute;tulo &ldquo;Manantial&rdquo;. Ese cegado manantial de dones y de ternuras responde a la p&eacute;rdida definitiva experimentada de cerca por el poeta, la p&eacute;rdida de su madre, en pleno proceso de escritura de este libro, a cuyo lecho de muerte asiste sobrecogido el lector de la mano de la palabra desnuda y dolorida, sola, quebrada, en una &iacute;ntima soledad que no es dado transferir en palabras. Ante ese dolor &uacute;ltimo tan s&oacute;lo cabe la invocaci&oacute;n de unos versos certeros que nos hablan desde m&aacute;s all&aacute; de los siglos:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&hellip;que aunque la vida perdi&oacute;,</p>
<p>dej&oacute;nos harto consuelo</p>
<p>su memoria</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por lo dem&aacute;s, claro est&aacute;, y como ya se ha podido entrever, <em>Im&aacute;genes en fuga de esplendor y tristeza</em> viene tambi&eacute;n a ser una suerte de museo, cuyas galer&iacute;as transitan los lectores encontr&aacute;ndose con las semblanzas de bienamados nombres de la historia de la literatura. En un mundo descre&iacute;do y brutal, funcionan como presencias consoladoras que invocar ante el sinsentido atroz de la existencia. Como plegaria laica, los versos de Luis Antonio de Villena los invocan y homenajean, a veces mencionados de manera expl&iacute;cita, incluso objeto de un poema entero, pero a veces, tan s&oacute;lo insinuados mediante unos versos ajenos que se deslizan entre los propios. Entre ellos, algunos han sido tratados muy de cerca por el autor, como es el caso de su entra&ntilde;able Vicente Aleixandre y de Jaime Gil de Biedma, o conocidos, como Borges, Tenessee Williams, o la conmovedora escritora Consuelo Berges, amiga de Rosa Chacel, retornada del exilio y que viv&iacute;a humildemente de &ldquo;cicl&oacute;peas traducciones&ldquo; llevadas a cabo en su ancianidad (pp. 92-93). Pero en otros muchos casos, son escritores conocidos tan s&oacute;lo &ndash;que no es poco- por la pasi&oacute;n compartida por sus palabras: as&iacute;, Luis Cernuda, Constantino Kavafis,&nbsp; Gabriele d&rsquo;Annunzio, Anna Ajm&aacute;tova, el prosista latino Macrobio Teodosio, cuyo <em>Saturnalia</em> se dedica a su hijo Eustacio, presente tambi&eacute;n en el texto de Luis Antonio, o, c&oacute;mo no, tambi&eacute;n el enigm&aacute;tico Yukio Mishima, amante de la belleza y el fulgor, que cercen&oacute; su vida ritualmente a la exacta manera de los caballeros samur&aacute;is:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;C&oacute;mo entre tanto raudal de vida, sudores masculinos, sedas</p>
<p>de beldad, pr&iacute;ncipes del dise&ntilde;o, damas, gheisas con jazmines, c&oacute;mo</p>
<p>entre columnas doradas y pagodas en vuelo, puede surgir la catana</p>
<p>y la muerte? (p. 136)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En otras hornacinas de estas singulares estancias podemos contemplar semblanzas de escritores mucho m&aacute;s olvidados -y que por ello ejercen un peculiar atractivo sobre el lector que sabe mostrarse receptivo y atento-, como la de la fascinante &ldquo;pitonisa azul&rdquo; Kathleen Raine (pp. 18-19), o el se&ntilde;orial y decadente pr&iacute;ncipe ruso F&eacute;lix Yus&uacute;pov, autor del libro <em>Yo mat&eacute; a Rasput&iacute;n</em> (pp. 14-15).</p>
<p>Pero no solamente a las criaturas ba&ntilde;adas en las aguas de la fuente Castalia y tocadas por las musas de las letras les ser&aacute; dado poblar las galer&iacute;as ignotas de este museo de las invocaciones. La hagiograf&iacute;a villeniana comprender&aacute; un amplio repertorio que incluye un cat&aacute;logo seductor, variopinto y extremado de afanosos perseguidores de la belleza como Gauguin o Caravaggio;&nbsp; infelices reinas, como Elisabeth de Austria-Hungr&iacute;a, -la m&iacute;tica Sissi- o Victoria Eugenia de Battenberg; incluso el &uacute;ltimo emperador de la China, el infeliz Pu Yi, o la actriz y cantante Sara Montiel, atrapada en la propia desmesura de una exultante belleza perdida, encontrar&aacute;n su lugar en estas p&aacute;ginas.</p>
<p>P&aacute;ginas donde, ya para terminar, quisiera destacar de manera especial dos poemas, en buena medida inusuales y que probablemente sorprender&aacute;n al lector, cogi&eacute;ndolo desprevenido. Se trata de los titulados &ldquo;Pilatos&rdquo; (pp. 32-33) y &ldquo;Mar&iacute;a&rdquo; (pp. 218-219), que tienen como punto en com&uacute;n el ofrecer una visi&oacute;n distinta, <em>otra</em>, ciertamente transgresora, acerca de las principales figuras del Cristianismo y sus ra&iacute;ces. As&iacute;, en el &uacute;ltimo de ellos, nos encontramos, en un planteamiento en todo cercano al que desarrolla el escritor irland&eacute;s Colm T&oacute;ib&iacute;n en su obra <em>El Testamento de Mar&iacute;a</em>, adaptada exitosamente al teatro en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os por Agust&iacute; Villaronga y protagonizada en las tablas espa&ntilde;olas por la actriz Blanca Portillo, con la madre de Cristo, retirada en su vejez en &Eacute;feso. Una anciana agn&oacute;stica, impactada por unos terribles sucesos que no puede comprender, y que encuentra su consuelo en los cultos paganos de la acogedora diosa Artemisa.</p>
<p>En cuanto al primero de los poemas aludidos, escrito en primera persona, nos presenta al gobernador romano de Judea, quien se plantea, ante el inocente cuerpo ensangrentado de Jesucristo en la cruz, la posibilidad de salvarlo, de liberar su belleza y su plenitud de los tormentos, y enviarlo a la capital del Imperio. Otorgarle la posibilidad de la dicha a salvo de la superstici&oacute;n y de la intolerancia:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En Roma hubiera sido solicitado por bellas</p>
<p>mujeres, y Sertorio le hubiese cubierto de flores</p>
<p>los negros cabellos y de oro las u&ntilde;as de los pies&hellip;</p>
<p>&iexcl;Hermoso como un Zeus peque&ntilde;o,</p>
<p>con sus ojeras tibias y sus ardidos ojos!</p>
<p>hubiese sido feliz, lo v&iacute; en su cuerpo desnudo (p. 33).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero el destino estaba escrito, Pilatos no pudo salvar al galileo, &ldquo;Y el hombre muri&oacute; ensangrentado y en vano&rdquo; (p. 33), se nos dice en el poema. Pero en realidad ese &ldquo;Cuerpo hermoso&rdquo;, de cabello largo y ojos profundos entenebrecidos de violeta (p. 32) no es sino uno m&aacute;s de toda una larga serie que conforman el libro. Pues un conocido proverbio afirma que &ldquo;Los amados de los dioses mueren j&oacute;venes&rdquo;. Y as&iacute; sucede, en efecto, en las p&aacute;ginas de <em>Im&aacute;genes en fuga de esplendor y tristeza</em>, donde se nos ofrecen, verso tras verso, las im&aacute;genes de j&oacute;venes que, en plenitud de su belleza, ven truncada su vida, concedi&eacute;ndonos, de esta manera, una suerte de hermosura inmarchitable, imposible ya de ser ajada por los estragos del tiempo y ajena a la vulgarizaci&oacute;n del transcurrir cotidiano. Im&aacute;genes, s&iacute;, en fuga de esplendor y tristeza, pero fijadas para siempre por el terso don de una palabra que invita, siempre, a ser compartida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luis Antonio de Villena, <em>Im&aacute;genes en fuga de esplendor y tristeza</em>, Madrid, Visor, 2016.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 17 Jun 2016 08:43:16 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Manuel Borrás: Hemos desvirtuado la naturaleza lenta de la literatura]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/manuel-borras-hemos-desvirtuado-la-naturaleza-lenta-de-la-literatura1/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2015/borras500.jpg" alt="" /></p>
<p>El d&iacute;a que tuvo lugar esta entrevista Manuel Borr&aacute;s, uno de los art&iacute;fices de la editorial Pre-Textos, hab&iacute;a llegado de Nueva York a Valencia y all&iacute; hab&iacute;a cogido otro avi&oacute;n rumbo a Madrid para participar en un taller de edici&oacute;n en La Casa Encendida. No es infrecuente este tipo de combinaciones en la agenda de este editor viajero, que, lejos de la imagen del profesional leyendo tranquilamente, desconectado del mundo, escondido tras una pila de manuscritos &ndash;imagen, por otra parte, ya antigua porque la tecnolog&iacute;a, las circunstancias, el ritmo veloz de los tiempos que vivimos, lo han modificado todo&ndash; ha montado su oficina en los aeropuertos, a bordo de aviones que le conducen all&iacute; donde est&aacute; el mercado potencial de sus libros.</p>
<p class="normal">Ya de ni&ntilde;o, cuando descubri&oacute; a Rub&eacute;n Dar&iacute;o y quiso saber en qu&eacute; lugar del mapa estaba Nicaragua, la tierra del poeta, Borr&aacute;s realiz&oacute; un primer viaje imaginario, traz&oacute; un puente invisible, con ese territorio inmenso, diverso, con el que compartimos la misma lengua. Visto con perspectiva, &eacute;l interpreta ese dato en su biograf&iacute;a, como un adelanto, como una se&ntilde;al de lo que iba a ser la ruta futura. Es f&aacute;cil convencerse de ello mientras se le escucha hablar de Latinoam&eacute;rica como una segunda casa, de la experiencia de ser considerado como un igual en pa&iacute;ses como Colombia, Venezuela, Argentina o Per&uacute;, cuyas literaturas Pre-Textos ha contribuido a difundir mucho antes de que la crisis econ&oacute;mica obligase a mover ficha, a probar suerte en la otra orilla.</p>
<p class="normal">El d&iacute;a que tuvo lugar esta entrevista, durante el taller de edici&oacute;n, contaba Borr&aacute;s a los alumnos que la seducci&oacute;n es parte importante de la labor de pedagog&iacute;a que debe ejercer el editor. &ldquo;Un seductor&rdquo;, les dec&iacute;a, &ldquo;es quien crea estados de perplejidad en los otros para despertar su inter&eacute;s&rdquo;. Contaba que siempre ha editado aquello que no ha sido capaz de olvidar y pon&iacute;a de manifiesto su convencimiento de que, por obligaci&oacute;n moral, a los autores en los que se cree hay que apoyarlos a&uacute;n en su propio fracaso. Representante de esa especie cada vez m&aacute;s rara y escasa del editor literario, para el que la calidad de sus elecciones, de su cat&aacute;logo, sigue siendo lo primero; ejemplo a seguir por los nuevos impulsores de sellos independientes, si algo caracteriza a este hombre inquieto es el entusiasmo y las ganas de seguir apostando por aquello en lo que cree.</p>
<p class="normal">Son ya casi 40 a&ntilde;os, 40 a&ntilde;os de traves&iacute;a junto a Manuel Ram&iacute;rez y Silvia Pratdesaba, el tr&iacute;o de los Pre-Textos. Lejos queda ya aquel 1976 en que la editorial inici&oacute; su andadura desde Valencia y, sin embargo, la pasi&oacute;n por editar sigue intacta. &ldquo;Ya tocar&iacute;a parar un poco, pero los tiempos han venido mal dados y hay que seguir en la primera l&iacute;nea de batalla&rdquo;, se&ntilde;alaba Borr&aacute;s. &ldquo;La verdad es que todos estos a&ntilde;os se me han pasado volando porque los he disfrutado y puedo decir que no me arrepiento de nada de lo que hemos hecho, porque incluso esos libros que han pasado sin pena ni gloria, de los que apenas hemos vendido un pu&ntilde;ado de ejemplares, nos siguen pareciendo buenos&rdquo;, me aseguraba mientras, ya sentados frente a frente, en el inicio de la conversaci&oacute;n, se dispon&iacute;a a mirar hacia atr&aacute;s, hacia los comienzos.</p>
<p class="normal">- Vuestro caso es muy especial. Normalmente detr&aacute;s de un sello destaca el nombre de un editor, pero vosotros sois tres desde el principio, tres muy bien avenidos. Se trata de una relaci&oacute;n personal y profesional que arranca de muy atr&aacute;s y se mantiene imperturbable con el paso del tiempo.</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Manolo y yo fuimos al Colegio alem&aacute;n de Valencia y all&iacute; nos hicimos amigos a partir de los 14 a&ntilde;os. Ten&iacute;amos las mismas afinidades. Compart&iacute;amos e intercambi&aacute;bamos experiencias de lectura. A Silvia la conocimos cuando a&uacute;n estaba en el instituto y nosotros ya hab&iacute;amos entrado en la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras. Era tambi&eacute;n una chica muy lectora y poco despu&eacute;s empez&oacute; a hacer filolog&iacute;a italiana. Silvia fue la &uacute;nica que no termin&oacute; su carrera porque la editorial se hizo realidad y comenz&oacute; a trabajar en ella desde un principio.</p>
<p class="normal">- Repasando el recorrido de Pre-Textos veo que en su origen, mejor en sus antecedentes, hay un hecho doloroso, el suicidio de un amigo, que fue muy importante para vosotros.</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Volvemos a la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras de Valencia. Manolo Ram&iacute;rez y yo ten&iacute;amos 17 a&ntilde;os y conocimos en el bar de la universidad a un chico mayor que se fij&oacute; en nosotros porque le&iacute;amos, entre otros, a Georges Bataille. Se llamaba Eduardo Herv&aacute;s, escrib&iacute;a y estaba d&aacute;ndole vueltas a un proyecto editorial muy modesto para publicar lo que hac&iacute;an sus amigos. Enseguida nos propuso colaborar y fue &eacute;l quien nos inocul&oacute; el primer veneno de la pasi&oacute;n por la letra impresa. La editorial no lleg&oacute; a crearse porque, desgraciadamente, Eduardo se suicid&oacute;. Fue una experiencia muy dolorosa, muy impactante para nosotros, que nos quedamos como hu&eacute;rfanos en todos los sentidos. La ilusi&oacute;n se hab&iacute;a roto y en el segundo curso, ya nos hab&iacute;amos dado cuenta de que aquellos estudios nos serv&iacute;an de muy poco. Los momentos hist&oacute;ricos que viv&iacute;amos, el exceso de pol&iacute;tica, lo marcaba todo. No hab&iacute;a lugar para la cultura y lleg&oacute; un momento en que decid&iacute; tirar la toalla. Fue mi padre, un hombre sensible, que era para m&iacute; como un padre-abuelo, ya que me llevaba 50 a&ntilde;os, quien me convenci&oacute; de seguir adelante con los estudios para demostrarme que era capaz, que los acontecimientos no eran m&aacute;s fuertes que yo. Y fue tambi&eacute;n &eacute;l quien nos anim&oacute; a continuar con el plan paralelo de la editorial, porque nunca nos hab&iacute;a visto tan entusiasmados y porque era el mejor modo de perpetuar la memoria de nuestro amigo. Sus argumentos fueron decisivos. Recuerdo que al escucharlos se me encendieron las luces. &Eacute;l nos impuls&oacute; a emprender el camino y tambi&eacute;n nos prest&oacute; su apoyo econ&oacute;mico.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;La cultura sirve para sobrevivir&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Eso s&iacute; que es algo inusual, tanto en esos tiempos como ahora.</p>
<p class="normal">-&nbsp; S&iacute;. Siempre nos hemos considerado afortunados porque nuestras familias nos apoyaron much&iacute;simo, sin que en ninguna de las tres, ni en la de Manuel Ram&iacute;rez, ni en la de Silvia, ni en la m&iacute;a, hubiera un antecedente de editores o de escritores. La &uacute;nica coincidencia es que nuestros padres eran muy lectores y que nosotros nos hicimos adictos a la lectura porque seguimos su ejemplo. En mi caso concreto, hay dos mujeres, dos seductoras maravillosas, que me condenaron a ser lector. Una fue mi madre, que me transmiti&oacute; el gusto por la literatura escrita, y la otra se llamaba Eugenia y era una cocinera extreme&ntilde;a que trabajaba en mi casa. Le perd&iacute; el rastro a los 12 o 13 a&ntilde;os, pero nunca olvidar&eacute; las historias que contaba. Nadie lo hac&iacute;a mejor que ella y yo la adoraba. Siempre digo que tuve el privilegio de que la literatura llegase a m&iacute; por las dos v&iacute;as naturales: la v&iacute;a oral, la de Eugenia, y la v&iacute;a escrita, que era la de mi madre. Siempre digo tambi&eacute;n que tuve la grand&iacute;sima suerte de nacer en el seno de una familia con una biblioteca, que parece una perogrullada, pero que es algo excepcional porque en mi infancia no era habitual que en las casas hubiera libros. En eso, por desgracia, las cosas no han cambiado tanto. En una encuesta reciente un gran porcentaje de espa&ntilde;oles reconoce que no han tenido un solo libro en las manos en toda su vida, a excepci&oacute;n de los de texto. El dato es como para reflexionar muy seriamente y considerar que este pa&iacute;s est&aacute; enfermo. No creo que la cultura sea la supervivencia por antonomasia, pero es indudable que sirve para sobrevivir, que en ese sentido nos puede resultar muy &uacute;til.</p>
<p class="normal">- Volviendo a Pre-Textos. &iquest;Cu&aacute;l fue la filosof&iacute;a de sus inicios, esas ideas que se han mantenido inalterables a lo largo del tiempo?</p>
<p class="normal">- Podemos decir que las ideas fundadoras se han mantenido y se han ampliado con el discurrir de los a&ntilde;os. Nuestra intenci&oacute;n inicial era la recuperaci&oacute;n de la memoria del exilio espa&ntilde;ol republicano, algo que consider&aacute;bamos esencial. Los tres pertenec&iacute;amos a familias del bando ganador entre comillas. Mi padre era un se&ntilde;or de derechas, un liberal mon&aacute;rquico que jam&aacute;s comulg&oacute; con Franco. El padre de Manuel Ram&iacute;rez era un hombre de centro-izquierda, que podr&iacute;amos situar hoy en el espectro del socialismo de verdad, y la madre de Silvia &ndash;su padre muri&oacute; cuando era muy peque&ntilde;a&ndash; tambi&eacute;n pertenec&iacute;a a una familia de los hipot&eacute;ticos vencedores de la Guerra Civil. Nosotros crecimos con la sensaci&oacute;n de que nos faltaba esa otra parte de Espa&ntilde;a. Hab&iacute;a tal desconocimiento de ese gran venero de nuestra cultura, esparcido por el mundo, que clamaba al cielo, y si alg&uacute;n sentido ten&iacute;a la editorial era contribuir a recuperarlo. Esa pretensi&oacute;n nos marc&oacute; desde el principio, desde los a&ntilde;os previos a la fundaci&oacute;n de Pre-Textos, y, tambi&eacute;n estuvo siempre, aunque con una intensidad menor, el esp&iacute;ritu americanista. En mi caso, esa vocaci&oacute;n naci&oacute; desde que era muy peque&ntilde;o y descubr&iacute; de la mano de mi madre la poes&iacute;a de Rub&eacute;n Dar&iacute;o. Para m&iacute; fue toda una revelaci&oacute;n. Recuerdo que mientras lo le&iacute;a quise saber m&aacute;s de Nicaragua. No ten&iacute;a ni idea de la ubicaci&oacute;n en el mapa de esa rep&uacute;blica americana y corr&iacute; a preguntarle a mi padre, quien, como siempre, me mand&oacute; a la Espasa. A&uacute;n me veo de ni&ntilde;o, con el peque&ntilde;o dedo recorriendo Centroam&eacute;rica hasta que di con ese m&iacute;nimo puntito que era Nicaragua. Ahora, visto retrospectivamente, ese fue el primer viaje imaginario que hice a Am&eacute;rica Latina. Ah&iacute;, en ese momento, ya fui consciente de la importancia que ten&iacute;a la otra orilla respecto a esta orilla. Para m&iacute; era un misterio y una maravilla que a tantos miles de kil&oacute;metros de distancia se estuviera hablando y pensando en la misma lengua.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Pre-Textos naci&oacute; de una rar&iacute;sima combinaci&oacute;n: de la frustraci&oacute;n y del entusiasmo&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Nacisteis con la Transici&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; recuerdos guardas de ese 1976 en que Adolfo Su&aacute;rez fue nombrado presidente del Gobierno?</p>
<p class="normal">- Pues recuerdo, sobre todo, la vocaci&oacute;n y el entusiasmo que ten&iacute;amos, algo que podemos traer perfectamente a la actualidad, porque no ha cambiado en absoluto. Por parad&oacute;jico que resulte, Pre-Textos naci&oacute; de una rar&iacute;sima combinaci&oacute;n: de la frustraci&oacute;n y del entusiasmo. Empezamos a plantearnos la necesidad de una editorial cuando nos dimos cuenta de que la instituci&oacute;n universitaria no nos iba a ser &uacute;til para nada, de que en vez de enriquecernos, nos vaciaba de conocimientos. Ten&iacute;amos que encontrar un cauce de supervivencia vital que nos permitiera seguir respirando y la aventura que emprendimos fue nuestro pulm&oacute;n. En aquellos momentos empezaba a haber atisbos esperanzadores, pero la normalizaci&oacute;n a&uacute;n era muy precaria, algo que ahora, con la distancia suficiente, podemos corroborar. Yo no voy a negar el valor de la Transici&oacute;n democr&aacute;tica, pero tambi&eacute;n es cierto que se realiz&oacute; de un modo renqueante. Nosotros entonces &eacute;ramos muy j&oacute;venes, pero ten&iacute;amos la vitalidad de esa etapa de la vida que, adem&aacute;s, para bien y para mal, es hipercr&iacute;tica. Ve&iacute;amos que hab&iacute;a fallas en el proceso, que al ser una Transici&oacute;n pactada pod&iacute;a incidir en determinados vicios adquiridos. Hoy sabemos que ciertas claudicaciones fueron necesarias porque much&iacute;simas cosas estaban en peligro, pero en ese momento pens&aacute;bamos que no hab&iacute;a que transigir con nada. Por desgracia, ahora estamos viendo que no todo se hizo bien, somos conscientes de las r&eacute;moras bestiales del proceso.</p>
<p class="normal">- &iquest;Crees que se ha abusado de la lectura en positivo, que se ha tardado demasiado en hacer autocr&iacute;tica?</p>
<p class="normal">-&nbsp; Hoy pienso que los hombres somos falibles y comprendo que se trat&oacute; de hacerlo lo mejor posible dadas las circunstancias. Adolfo Su&aacute;rez fue un hombre que supo, partiendo de donde part&iacute;a, dar una respuesta puntual y coyuntural a un <em>statu quo </em>capaz de reaccionar de una manera tan violenta como le fuera posible. Tenemos muy presente la intentona de golpe de Estado, pero olvidamos que hubo otras muchas estratagemas, conspiraciones, para evitar el tr&aacute;nsito democr&aacute;tico en nuestro pa&iacute;s. Todo eso debe tenerse en cuenta para poder hacer un an&aacute;lisis certero.</p>
<p class="normal">- Aunque antes dec&iacute;as que la pol&iacute;tica lo llen&oacute; todo en los primeros momentos, lo cierto es que la cultura fue ganando terreno. La d&eacute;cada de los 80 fue una etapa dorada en ese sentido. Puede que la hayamos mitificado demasiado.</p>
<p class="normal">- Bueno, yo recuerdo el entusiasmo y la avidez que hab&iacute;a por saber, por conocer, por informarse, la necesidad de acogernos a la cultura. Muchos compa&ntilde;eros de generaci&oacute;n lo est&aacute;n analizando cr&iacute;ticamente desde la distancia. Dicen que entonces &eacute;ramos muy ingenuos y que, en realidad, lo que hubo fue una dispersi&oacute;n absoluta, que nada lleg&oacute; a arraigar. Yo no lo veo as&iacute;. Nosotros, por ejemplo, si hubi&eacute;ramos sido tan dispersos, no habr&iacute;amos sido capaces de mantener en el tiempo un proyecto tan plural como Pre-Textos. Aquellos fueron unos momentos de una gran excitaci&oacute;n, en el mejor sentido de la palabra, y tambi&eacute;n de cierto temor, un cierto temor a que todo se viniera abajo porque era muy fr&aacute;gil, porque hab&iacute;a muchos elementos contrarios a lo que est&aacute;bamos viviendo. Eran frecuentes las amenazas, que nosotros vivimos, de grupos de extrema derecha. Muchas librer&iacute;as, como la Alberti en Madrid, fueron quemadas simplemente por tener libros que esos grupos consideraban irreverentes o comunistas. Aquella era una Espa&ntilde;a que, por fortuna, se ha atenuado mucho, pero que, en cierto modo, sigue ah&iacute;, latente. No acabamos de salir de la Espa&ntilde;a sempiterna del nepotismo, el amiguismo, el corporativismo. Las ra&iacute;ces est&aacute;n ah&iacute; y son unas ra&iacute;ces muy profundas. Ya es hora de que nos propongamos finiquitar todo eso.</p>
<p class="normal">- Siempre hab&eacute;is mostrado vuestro agradecimiento a la generaci&oacute;n de editores que os precedieron, que fueron abriendo el camino...</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Yo siempre hablo de los hermanos mayores, de referentes como Esther Tusquets, Beatriz de Moura o Jorge Herralde, que acaba de cumplir los 80 y sigue al tim&oacute;n de Anagrama. No es que quisi&eacute;ramos emularles porque part&iacute;amos de unos planteamientos totalmente distintos, pero no podemos dejar de reconocer que si nos atrevimos a hacer determinadas cosas fue porque nuestros hermanos mayores tomaron la delantera. Por eso siempre hemos dicho que somos sus deudores y siempre les hemos mostrado nuestro agradecimiento, as&iacute; como a los impulsores de los sellos de poes&iacute;a que nos precedieron, tanto a Visor como a Hiperi&oacute;n.</p>
<p class="normal">- Tambi&eacute;n estaba Carlos Barral...</p>
<p class="normal">- S&iacute;, pero a Carlos Barral lo sit&uacute;o en una generaci&oacute;n anterior y lo considero m&aacute;s un autor que un editor, sin restar importancia a esa labor gracias a la que nos descubri&oacute; cosas maravillosas a toda una generaci&oacute;n de espa&ntilde;oles. Habr&iacute;a que establecer una l&iacute;nea divisoria entre el editor-autor y el editor-editor. Yo no puedo dejar de valorar las importantes aportaciones de los primeros, caso de Pavese y de tantos otros, al territorio de la edici&oacute;n, pero creo que cuando un editor es autor, por regla general, est&aacute; algo m&aacute;s prejuiciado, mientras que el editor que no est&aacute; sujeto a su propia obra es m&aacute;s libre, no es tan prisionero de una est&eacute;tica determinada. Eso no quiere decir que los editores no tengamos nuestras preferencias. Yo confieso que las tengo, pero tambi&eacute;n s&eacute; que debo estar muy atento a la polifon&iacute;a de la &eacute;poca en la que vivo, sentirme como una esponja e intentar seleccionar lo mejor de las distintas tendencias, casas o escuelas para conformar el cat&aacute;logo que ha de llegar a los lectores.</p>
<p class="normal">- &iquest;Qu&eacute; cosas buenas ten&iacute;a la edici&oacute;n cuando Pre-Textos se lanz&oacute; al ruedo? &iquest;Qu&eacute; se ha perdido y qu&eacute; se ha ganado por el camino?</p>
<p class="normal">- Pues, entre lo bueno de aquella primera etapa, estaba el riesgo, el riesgo de apostar por autores o por traducciones que se desconoc&iacute;an totalmente en el panorama espa&ntilde;ol. Puede decirse que hab&iacute;a m&aacute;s avidez, pero tambi&eacute;n creo, francamente, que precisamente por eso, por la avidez, por la velocidad, por estar en el mercado, se pod&iacute;an cometer m&aacute;s errores. La edici&oacute;n en Espa&ntilde;a ha ganado mucho y ahora tenemos el ejemplo de los m&aacute;s j&oacute;venes editores independientes, editores&nbsp; cuidadosos, que tienen la firme intenci&oacute;n de crear un cat&aacute;logo y que, de alg&uacute;n modo, est&aacute;n planteando un cambio de paradigma. Puede que determinados medios no se den cuenta de ello, pero est&aacute; surgiendo un nuevo p&uacute;blico, lectores j&oacute;venes que sienten una profunda desafecci&oacute;n hacia los suplementos de libros de los peri&oacute;dicos convencionales. El descr&eacute;dito de los mismos va en aumento por su servidumbre y su parcialidad. Siempre hay una industria editora detr&aacute;s y, digan lo que digan, esos intereses priman. Por otro lado, las cr&iacute;ticas que se hacen son intercambiables. Se habla de los mismos se&ntilde;ores con similares elogios. Hay una magnificaci&oacute;n del criterio &uacute;nico. No cabe la disidencia. No hay lugar para la diversidad, para el descubrimiento de otras cosas. Est&aacute; claro, por ejemplo, que Javier Mar&iacute;as es bueno, pero si solo hablamos de Javier Mar&iacute;as estamos haciendo un flaco favor a nuestra cultura. Y hoy, insisto, hay gente joven que lee, que lee con criterio y que da la espalda al criterio &uacute;nico que se quiere imponer. A todo eso, adem&aacute;s, hay que sumar algo terrible en este pa&iacute;s que es el amiguismo. Aqu&iacute; se confunde amistad con amiguismo, cuando la amistad lo que te impone es lealtad y la lealtad conlleva, por dolorosa que sea, la sinceridad. Yo a un amigo, por muy amigo que sea, si ha escrito un mal libro de poemas o una mala novela, tengo que dec&iacute;rselo. Y tendr&eacute; que aplicarle el criterio de selecci&oacute;n que aplico a cualquier otro, pero eso no es lo habitual.</p>
<p class="normal">- &iquest;Y la banalizaci&oacute;n de la edici&oacute;n, el imperio de los best-sellers?</p>
<p class="normal">- Bueno, la trivializaci&oacute;n, el best-seller, se daba tambi&eacute;n en los a&ntilde;os en los que nacimos como editorial. Lo que es indudable es que ahora se ha impuesto una l&oacute;gica industrial a la raz&oacute;n literaria o cultural. Nosotros, por ejemplo, jam&aacute;s hemos colocado en un libro una banda diciendo los miles de ejemplares que se han vendido porque nos parece que eso va en dem&eacute;rito del lector. Creer que el lector se va a decidir a comprar un libro simplemente porque ha habido 35.000 que le han precedido, es considerarlo tonto, torpe. El n&uacute;mero de ejemplares vendidos es un dato interesante, pero no el &uacute;nico. Y, por otro lado, tambi&eacute;n debemos tener en cuenta que no todos los best-sellers son malos. Hay buenos libros que venden mucho y eso es algo que debemos celebrar. Yo, a veces, cuando me dirijo a los editores industriales lo que les digo es que me llama mucho la atenci&oacute;n que utilicen todas sus energ&iacute;as y todo su esfuerzo, econ&oacute;mico incluso, en vender malos productos, cuando podr&iacute;an utilizar todo eso para vender productos de calidad. Vuelvo a lo de antes: En estos momentos en que se est&aacute; santificando la banalizaci&oacute;n, la superficialidad, lo trivial, se considera que la gente es tonta y quiz&aacute; la gente lo que espera es que se le de algo realmente de inter&eacute;s y mientras permanece hibernada, una hibernaci&oacute;n que, por otra parte, a los poderes les viene fenomenal porque pueblo poco le&iacute;do, pueblo ensimismado, pueblo dominado.</p>
<p class="normal">- Las estad&iacute;sticas nos alarman con datos sobre los bajos &iacute;ndices de lectura, pero, sin embargo, las editoriales independientes viven un momento de florecimiento. &iquest;C&oacute;mo se explica esto?</p>
<p class="normal">-&nbsp; Si damos por v&aacute;lido que un 30% de los espa&ntilde;oles son los &uacute;nicos que habitualmente tocan un libro, me parece un poco desaforado que haya tant&iacute;simas editoriales para tan poco pastel a repartir. Como dec&iacute;a antes, el surgimiento de j&oacute;venes editores es muy positivo. Nosotros no les vemos como competencia, sino que nos sentimos muy bien acompa&ntilde;ados por ellos. Lo que pasa es que, lamentablemente, todos estos nuevos sellos cuando vayan creciendo se van a encontrar con problemas muy serios de supervivencia. Hoy, m&aacute;s o menos pueden, como hicimos nosotros en nuestra &eacute;poca, crecer poco, tratar de ser un grupo restringido de gente, no multiplicar las servidumbres internas como elementos de supervivencia, pero cuando se alcanza un cat&aacute;logo de m&aacute;s de 500 t&iacute;tulos, la cosa se complica, porque, &iquest;d&oacute;nde se mete todo eso con un espacio lector tan precario? Ojal&aacute; en estos a&ntilde;os &ndash;cinco, diez, quince&ndash; las circunstancias var&iacute;en y se dinamice un poco la cultura. Ah&iacute; todos tenemos mucha responsabilidad: los editores, los libreros, los cr&iacute;ticos, los periodistas culturales y el p&uacute;blico. El p&uacute;blico lector tiene que manifestarse, porque detr&aacute;s de cada lector se esconde un cr&iacute;tico honesto. Son los lectores los que tienen que decir: Ya est&aacute; bien. No puede ser que haya suplementos literarios que s&oacute;lo favorecen a unos cuantos. No puede ser que sean unos se&ntilde;ores, gestores, due&ntilde;os de medios que no sienten el m&aacute;s m&iacute;nimo aprecio por los libros, los que marquen el criterio desde sus posiciones de poder. Estoy harto de escuchar a los responsables de esos suplementos decir que ellos no hacen m&aacute;s que cumplir &oacute;rdenes. Se tiene que imponer un poco de &eacute;tica.</p>
<p class="normal">- Si tuvieras que destacar tres o cuatro momentos importantes en la historia de Pre-Textos. &iquest;Cu&aacute;les ser&iacute;an?</p>
<p class="normal">- En la primera etapa fue muy importante que un personaje como Juan Larrea confiase en un proyecto que llevaban unos jovencitos entusiastas en Espa&ntilde;a. &Eacute;l fue el &uacute;nico, dentro de esa estela de la di&aacute;spora republicana del exilio espa&ntilde;ol, que confi&oacute; sin condiciones en nosotros. Otros como Jorge Guill&eacute;n, Mar&iacute;a Zambrano, Julio Caro Baroja (que no estaba en el exilio, pero s&iacute; pertenec&iacute;a al exilio interior, que tambi&eacute;n quer&iacute;amos reivindicar) nos animaron y nos dijeron que el proyecto les parec&iacute;a estupendo, pero que nos dar&iacute;an con mucho gusto un libro cuando tuvi&eacute;semos un cat&aacute;logo. Pero, &iquest;como &iacute;bamos a construir ese cat&aacute;logo si ellos no nos confiaban sus obras?, les respond&iacute;amos. Juan Larrea, sin embargo, lo vio claro. Se puso en nuestras manos con una generosidad extrema, desde el principio hasta el final, y eso para nosotros fue un gran acicate. M&aacute;s adelante, cinco o seis a&ntilde;os despu&eacute;s de la apertura de la editorial, se cruz&oacute; en nuestro camino el Premio Nobel a El&iacute;as Canetti. Nosotros est&aacute;bamos ya casi a punto de tirar la toalla porque ve&iacute;amos que segu&iacute;amos dependiendo del apoyo econ&oacute;mico de nuestras familias respectivas y que no encontr&aacute;bamos la forma de consolidar un espacio autosuficiente. Adem&aacute;s, hab&iacute;amos sufrido una serie de contratiempos. La distribuidora que nos llevaba fracas&oacute; y nos dej&oacute; colgados con un d&eacute;bito importante, sin poder recuperar tampoco parte del fondo. En esa situaci&oacute;n, ya muy cansados, le concedieron el Premio Nobel a Canetti, justo cuando est&aacute;bamos en el proceso de imprimir su libro <em>Las voces de Marrakech</em>. Fue para nosotros la constataci&oacute;n de que no est&aacute;bamos equivocados. Ven&iacute;a a refrendar un trabajo y nos daba fuerzas para seguir adelante.</p>
<p class="normal">- Tu encuentro con El&iacute;as Canetti fue bastante novelesco...</p>
<p class="normal">-&nbsp; S&iacute;. Es una historia muy curiosa. A Canetti tuve la oportunidad de conocerlo por azar, antes del surgimiento de la editorial, cuando yo a&uacute;n no hab&iacute;a cumplido 19 a&ntilde;os y estaba realizando un trabajo sobre la relaci&oacute;n entre Wittgenstein, su editor Ludwig von Ficker y el poeta Georg Trakl en el departamento de german&iacute;stica de la Universidad de Innsbruck.</p>
<p class="normal">Estaba hurgando en los archivos de la revista &ldquo;Brenner&rdquo; cuando se me acerc&oacute; un se&ntilde;or mayor. Me pregunt&oacute; qu&eacute; es lo que estaba haciendo y me anim&oacute; a seguir con ello. Habl&oacute; conmigo durante unos cinco minutos y cuando se hab&iacute;a ido le pregunt&eacute; al jefe del departamento qui&eacute;n era. &ldquo;&iquest;No lo conoces? T&uacute; que tanto inter&eacute;s tienes en la cultura centroeuropea debes saber que este se&ntilde;or es el &uacute;nico descendiente de Karl Kraus que est&aacute; todav&iacute;a vivo&rdquo;. Yo no sab&iacute;a nada de &eacute;l. Me qued&eacute; muy impresionado y esa noche, en casa de un amigo arquitecto de mi familia, donde me invitaron a cenar, les cont&eacute; el encuentro. Conmovidos me hablaron de la importancia de Canetti y me sacaron de la biblioteca un librito suyo, <em>Las voces de Marrakech</em>, para que lo leyese. Esa misma noche devor&eacute; el libro y pens&eacute; que si alg&uacute;n d&iacute;a me convert&iacute;a en editor publicar&iacute;a gustoso ese libro. El deseo se cumpli&oacute;. Cuando fui editor publiqu&eacute; el libro y de hecho ese libro nos salv&oacute; la vida. Siempre he pensado que ojal&aacute; Canetti hubiera sabido que en ese momento en el que salud&oacute; a ese joven curioso, en cierto modo, tambi&eacute;n estaba salv&aacute;ndole la vida.</p>
<p class="normal">[en un texto, sobre ese hecho crucial en su biograf&iacute;a, Manuel Borr&aacute;s describe la impresi&oacute;n que le produjo el escritor alem&aacute;n, de origen sefard&iacute;, su aspecto imponente y severo. &ldquo;<em>No se me antoj&oacute; a bote pronto muy alto, aunque dada mi escala todos a mi lado me parecen gigantes. M&aacute;s bien lo recuerdo como un hombre robusto, de gran cabeza, con cabello abundante, hirsuto y cano. Con un bigote poblado y tupido a lo Nietzsche, que le cubr&iacute;a muy densamente el labio superior, y tocado con unas gafas de ancha montura de concha oscura..</em>.&rdquo;, ha escrito, recordando que el autor de <em>La conciencia de las palabras </em>le dijo que por sus venas corr&iacute;a sangre espa&ntilde;ola y que su apellido ven&iacute;a del top&oacute;nimo espa&ntilde;ol Ca&ntilde;ete...]</p>
<p class="normal">- &iquest;Alg&uacute;n otro momento destacable?</p>
<p class="normal">&nbsp;- No puedo dejar de citar la amistad con personas como Jos&eacute; Antonio Mu&ntilde;oz Rojas, que me falta todos los d&iacute;as, y, por supuesto, con Ram&oacute;n Gaya, aparte de un amigo, un maestro. Puedo decir que no fui el mismo despu&eacute;s de conocerlo. Me influy&oacute; much&iacute;simo en la manera de ver el mundo. Me marc&oacute; el camino para fijar jerarqu&iacute;as de verdad, el esp&iacute;ritu cr&iacute;tico, el saber distinguir lo esencial de lo accesorio, sobre todo en materia est&eacute;tica, tanto en literatura como en artes visuales. Yo viv&iacute;a entonces en una especie de caos amable y fue &eacute;l, de una forma did&aacute;ctica, quien me llev&oacute; a distinguir el grano de la paja; a ver, por ejemplo, que no es lo mismo un Vel&aacute;zquez que un Matisse (esas excelencias que hay en Vel&aacute;zquez y que Matisse ni siquiera hab&iacute;a contemplado). A Gaya lo conoc&iacute; tambi&eacute;n por casualidad. Recuerdo que le&iacute; una entrevista con &eacute;l que me dej&oacute; absolutamente deslumbrado, sobre todo por la claridad y contundencia con la que se refer&iacute;a a una verdad que quiz&aacute; nosotros no nos plante&aacute;bamos ni siquiera acometer por el temor a ser acusados de reaccionarios. En su opini&oacute;n, viv&iacute;amos insertos en una gran mentira global que d&aacute;bamos todos por consensuada, cuando hab&iacute;a que distinguir, asumir que no todo era v&aacute;lido y que, tambi&eacute;n dentro de lo v&aacute;lido, dentro de la excelencia, hab&iacute;a categor&iacute;as. Todo eso era aplicable al mundo de las artes, de la vida, de la literatura. Esa primera impresi&oacute;n que me produjeron sus palabras se acentu&oacute; cuando empec&eacute; a tratarlo y adquir&iacute; una conciencia de la realidad muy distinta a la que hab&iacute;a tenido hasta entonces. Aprend&iacute; a aceptar la realidad con su criterio rectificador, un criterio que nos ayuda a sobrellevar las leyes que &eacute;sta impone, su faceta totalmente violenta y cruel. Pero para eso hay que saber aceptar, o&iacute;r, reaccionar. Ahora, por ejemplo, estamos hablando de que la pobreza en nuestro pa&iacute;s aumenta, pero lo tomamos como un dato estad&iacute;stico y permanecemos impasibles. Pero tenemos que reaccionar contra eso. No podemos permitir que la gente sea m&aacute;s pobre. Eso no se puede aceptar en una sociedad avanzada, en una sociedad que se dice heredera de unos valores democr&aacute;ticos, incluso cristianos. Ram&oacute;n Gaya dec&iacute;a, entre otras cosas, que Dios est&aacute; en todos lados, menos en las iglesias. Cu&aacute;nta raz&oacute;n ten&iacute;a... Por fortuna hoy se est&aacute; reaccionando a trav&eacute;s de las movilizaciones sociales. Pero el gran problema de nuestras sociedades es que hemos perdido la conciencia de la proximidad; del pr&oacute;ximo, del pr&oacute;jimo. Lo que yo vengo viendo desde hace bastantes lustros es la indiferencia ante el sufrimiento de los dem&aacute;s, ante la ca&iacute;da de los dem&aacute;s. Este es un pa&iacute;s que celebra muchas veces la desgracia ajena y se encela contra los &eacute;xitos. Puede que suceda en otros lugares. No lo s&eacute;. Pero aqu&iacute; es muy notorio. Gaya me ense&ntilde;&oacute; a no ser indiferente. Todo lo que dec&iacute;a lo hab&iacute;a encarnado en su propia vida. Fue un hombre muy consecuente en todas las etapas de su trayecto.</p>
<p class="normal">- &iquest;Qu&eacute; es lo m&aacute;s placentero, lo que m&aacute;s te sigue gustando del trabajo de editor?</p>
<p class="normal">- A m&iacute; no hay nada que me satisfaga m&aacute;s que el descubrimiento de nuevas voces, de autores o autoras de los que previamente no supiera nada. Me encanta ese momento en que te mandan un libro para someterlo a juicio y de pronto ves que hay una obra estupenda. No se trata de descubrir a un escritor en t&eacute;rminos absolutos, a la primera, pero s&iacute; de encontrar alg&uacute;n tipo de deslumbramiento, un fogonazo, un estilo... Hay que tener en cuenta que la naturaleza de la literatura es lenta, algo que tambi&eacute;n se ha desvirtuado en un presente en el que queremos la velocidad y creemos que va a surgir un genio cada dos por tres. Eso no es as&iacute;. En Pre-Textos siempre hemos apoyado a los noveles, j&oacute;venes y no tan j&oacute;venes. Lo que realmente justifica a un editor es poner su yo en crisis apostando por valores no consensuados previamente. Lo que da sentido a nuestra labor es hacer posible que aquello que era desconocido tenga visibilidad. Es muy gratificante apostar por un autor y seguir acompa&ntilde;&aacute;ndolo en el camino, aunque te puedas sentir solo. Nos ha pasado muchas veces que nadie cree en una obra hasta que obtiene un premio determinado. Entonces te lo quieren quitar de las manos, se disparan las traducciones, pero esa obra era igual de buena antes de obtener el premio y resulta que t&uacute;, editor independiente, la descubriste y cre&iacute;ste en ella. Eso es muy satisfactorio, como el hecho de seguir&nbsp; reeditando libros que publicamos a finales de los 70 y principios de los 80. Es la muestra de que no nos&nbsp; hab&iacute;amos equivocado.</p>
<p class="normal">- &iquest;Alg&uacute;n caso concreto que te apetezca destacar?</p>
<p class="normal">-&nbsp; Hay much&iacute;simos casos. Est&aacute;, por ejemplo, el de Andr&eacute;s Trapiello. Aunque &eacute;l no acabe de reconocerlo, yo creo que hay un Andr&eacute;s Trapiello de antes y despu&eacute;s de la publicaci&oacute;n de sus Diarios en Pre-textos. Si hay un consenso actual es que Trapiello es un gran diarista y un gran poeta. Tambi&eacute;n ha dado muy buenas novelas, pero lo que es indiscutible es que su <em>Sal&oacute;n de los pasos perdidos</em> le ha dado un prestigio que no ten&iacute;a antes, diga lo que diga o aunque me contradiga. Y est&aacute; el caso de Juan Bonilla, al que descubrimos con <em>El que apaga la luz</em> y al que despu&eacute;s se llevaron a golpe de talonario. A Bonilla no lo malograron porque es un animal literario, de un talento extraordinario; en mi opini&oacute;n uno de nuestros autores con mayor futuro en el campo de la narrativa. Pero es muy peligroso imponer que se publiquen los libros precipitadamente, en el plazo m&aacute;s corto posible. Y, por seguir citando otros descubrimientos, tenemos, ya en el campo del pensamiento, a Jos&eacute; Luis Pardo, a Giorgio Agamben o a Javier Gom&aacute;, de quien publicamos los dos primeros t&iacute;tulos de su tetralog&iacute;a de la ejemplaridad (<em>Imitaci&oacute;n y experiencia</em> y <em>Aquiles en el gineceo)</em>.</p>
<p class="normal">- &iquest;Duele que te arrebaten a un autor al que has descubierto, por el que has apostado, a lo mejor cuando ning&uacute;n otro era capaz de apreciarlo?</p>
<p class="normal">-&nbsp; Duele. A m&iacute; especialmente me duele porque considero que tiene que haber siempre alg&uacute;n tipo de lealtad por parte del autor, lo cual no quiere decir que tenga que ser fiel al cien por cien a la editorial. Autores como Ram&oacute;n Gaya, Dar&iacute;o Jaramillo, o el propio Bonilla, que ha dicho que no a algunas ofertas por publicar con nosotros, son ejemplares al respecto. Pero no es lo m&aacute;s habitual y tambi&eacute;n tenemos que aceptar las reglas del juego, el hecho de que, despu&eacute;s de la buena acogida de determinadas obras en sellos independientes como el nuestro, los grandes grupos se fijen en sus autores y les hagan ofertas mejores. Aqu&iacute;, sin citar nombres, si te puedo contar dos casos curiosos. Uno es el de un libro que fue rechazado por muchos editores antes de que lo public&aacute;semos en Pre-Textos con magn&iacute;ficos resultados. Entonces, alguien que no le hab&iacute;a hecho ni caso previamente, le hizo una oferta millonaria al autor. El segundo caso es el de un escritor latinoamericano con mucho talento por el que apostamos. Avisamos a todos nuestros colegas extranjeros. Pero ni pena ni gloria hasta que sali&oacute; una rese&ntilde;a muy elogiosa en &ldquo;The New York Times&rdquo; de una de las novelas que publicamos. Entonces, autom&aacute;ticamente, todos empezaron a perder el culo por comprar los derechos. &iquest;Qu&eacute; es lo que pasa? Pues que no se lee, que el medio editorial, por desgracia, est&aacute; muy contaminado, y no s&oacute;lo aqu&iacute;, que me consta que muchos editores leen, claro que s&iacute;; ah&iacute; est&aacute; Herralde y ah&iacute; est&aacute;n todos los j&oacute;venes que han enriquecido el panorama en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Pero, si hacemos una valoraci&oacute;n general, podemos decir que hemos llegado a una situaci&oacute;n de la edici&oacute;n sin editores. Es nuestro deber fijar jerarqu&iacute;as, criterios de excelencia, y eso es imposible si no se lee previamente, si se deja todo en manos de personas interpuestas. En un congreso en la Universidad Pompeu Fabra al que asist&iacute;, la mayor&iacute;a de los editores que intervinieron dijeron que se f&iacute;an m&aacute;s de la informaci&oacute;n que de la intuici&oacute;n. No es mi caso. La informaci&oacute;n es importante, pero la intuici&oacute;n es esencial, la intuici&oacute;n basada en la propia experiencia, no como iluminaci&oacute;n divina. La labor del editor tiene que ser una combinaci&oacute;n entre intuici&oacute;n e&nbsp; informaci&oacute;n. Si todo lo basamos en la informaci&oacute;n, el resultado es una regularizaci&oacute;n que nadie se cree. Te puedo decir que hice un trabajo de campo, en las muchas horas pasadas en aeropuertos de Asia, Europa y Am&eacute;rica, para comprobar cu&aacute;les eran los libros que estaban en las librer&iacute;as de los aeropuertos y result&oacute; curios&iacute;simo, porque eran los mismos en Manila, Vancouver, Colombia, Santiago de Chile, Madrid, Valencia o Barcelona. Se repet&iacute;an, eran intercambiables, en un 80%, y el 20% restante correspond&iacute;a a las personalidades locales. No puede haber esa unanimidad de criterio. Eso no se lo cree nadie. Y los agentes culturales contribuimos a ese descreimiento. Todos miramos hacia otro lado. Cuando se est&aacute;n santificando en la prensa libros que no pasan la prueba del nueve, se inflan fen&oacute;menos totalmente gratuitos. &iquest;Qu&eacute; es lo que exportamos y qu&eacute; literatura nos llega a nosotros? Yo estoy cansado de ver que hay libros que se traducen inmerecidamente.</p>
<p class="normal">- Los aeropuertos son como tu oficina. Me imagino que te gusta viajar, porque de lo contrario ser&iacute;a insoportable. Eres de los editores m&aacute;s viajeros que conozco.</p>
<p class="normal">- Bueno, yo viajo con gusto porque siempre he dicho que para ser editor o lector hay que ser un poco viajero, viajero estable o viajero en movimiento. &iquest;De los m&aacute;s viajeros? A lo mejor s&iacute;, porque en los aeropuertos y en algunos aviones me reconocen (risas). Sin embargo, te puedo decir que ahora mismo la necesidad precede al invento. Yo viajo, y viajo con gusto, porque me encanta asomarme al mundo y porque tengo una curiosidad enorme, que creo que me viene por mi condici&oacute;n de editor precoz, pero uno tambi&eacute;n se cansa y quiz&aacute; en estos momentos viajar&iacute;a un poco menos si las circunstancias fueran m&aacute;s propicias, pero ahora mismo son muy malas. El mundo de la lectura en nuestro pa&iacute;s es verdaderamente paup&eacute;rrimo. Es curioso que ni en Portugal, ni en Grecia, teniendo una crisis mucho m&aacute;s profunda que la nuestra, no s&oacute;lo no ha bajado el &iacute;ndice de lectores, sino que ha subido. Pero en Espa&ntilde;a nos agarramos a cualquier pretexto -esta vez sin gui&oacute;n- para claudicar de nuestra obligaci&oacute;n ciudadana de estar formados para ser m&aacute;s competitivos. Ya no me refiero a leer obras de ficci&oacute;n, que son siempre, y especialmente en tiempos de crisis, una magn&iacute;fica compa&ntilde;&iacute;a. Hablo de obras de conocimiento, de formaci&oacute;n, que contribuyen a prepararnos para generar riqueza, beneficios.</p>
<p class="normal">- Aqu&iacute; tiene mucho que ver la educaci&oacute;n, las pol&iacute;ticas culturales. Antes dec&iacute;as que al poder le interesan m&aacute;s los ciudadanos desinformados.</p>
<p class="normal">- As&iacute; es. El panorama es un verdadero desastre, tanto en cultura como en educaci&oacute;n. Y que no digan que eso ha sido un desinter&eacute;s solamente de la derecha. Tambi&eacute;n la pretendida izquierda ha contribuido mucho a esta desertizaci&oacute;n a la que hemos llegado. Hagamos repaso de los planes de estudio. Hemos tenido buenos ministros de cultura y de educaci&oacute;n, pero no han servido absolutamente de nada. A los resultados nos remitimos. Es evidente que no interesa la cultura. &iexcl;Cu&aacute;ntas veces hemos o&iacute;do a pol&iacute;ticos, a empresarios de peso decir que a ellos no les ha hecho falta ning&uacute;n libro para ser lo que son! Lo llevan a gala. La letra con sangre entra. Ah&iacute; tenemos la definici&oacute;n de una sociedad, de una sociedad en la que se ha valorado el ocio, el espect&aacute;culo, el modelo del enriquecimiento r&aacute;pido, por encima de todo. Ahora, en determinados segmentos sociales, eso se cuestiona y hay gente &aacute;vida por conocer, por acogerse a la cultura, como nos pas&oacute; a nosotros. Hay un atisbo de cambio, pero a m&iacute; lo que me desazona es que este cambio de perspectiva ha llegado cuando las cosas han empezado a ponerse dif&iacute;ciles. Mientras a los ciudadanos les ha ido bien, no han tenido la perspectiva del pr&oacute;ximo. Todos &iacute;bamos m&aacute;s o menos de triunfadores en un pa&iacute;s al que a nadie le iba mal. Todo era fenomenal, estupendo y pasamos del estupendo a la queja constante. A eso hay que sumar que Espa&ntilde;a, por desgracia, en los momentos de crisis, tiene algo que le es desfavorable, nuestro car&aacute;cter pesimista. Somos divertidos, estamos en la calle todo el d&iacute;a, pero en el fondo somos unos pesimistas. Y por eso nos va a costar poder salir de esto, asumir que lo que no podemos seguir es agotando una f&oacute;rmula que ya ha fracasado en s&iacute; misma. No podemos ser seguidistas, que es otra de nuestras caracter&iacute;sticas, y seguir votando a los mismos partidos, a las mismas personas, aunque nos hayan defraudado. La larga etapa del bipartidismo ha sido como un juego de ping-pong que ha propiciado el acomodamiento, en Madrid, en Valencia, en todas partes... Ya es la hora de terminar con esas supuestas sinergias. Ya es hora de que se nos empiece a considerar como ciudadanos, no s&oacute;lo como votantes y contribuyentes. Ya est&aacute; bien de que el pol&iacute;tico nos mire por encima del hombro, porque los pol&iacute;ticos son se&ntilde;ores y se&ntilde;oras que est&aacute;n al servicio de los ciudadanos. Las reglas del juego tienen que cambiar.</p>
<p class="normal">- &iquest;Tendr&aacute;n que producirse cambios tambi&eacute;n en el &aacute;mbito de la cultura?</p>
<p class="normal">- Por supuesto. En el mundo de la cultura ha habido mucho intruso, gente que no ha cre&iacute;do nunca en la cultura, pero que la ha utilizado en su beneficio. Esa gente ha podido vender libros en lugar de lavadoras, pero habr&aacute; que ver qu&eacute; libros ha vendido. Es como cuando hablamos de los &iacute;ndices de lectura. Claro que son importantes, pero a m&iacute; lo que de verdad me importa es la calidad de la lectura. Que lea un 30%, vale, pero que lea bien. Con eso me doy con un canto en los dientes. Porque a esa gente, adem&aacute;s, a esos lectores honestos, que esconden cr&iacute;ticos honestos, no se les va a poder enga&ntilde;ar. Y eso, volviendo al razonamiento anterior, es lo que les da miedo a los pol&iacute;ticos. Que tengamos un criterio y que podamos distinguir. Se trata de fijar jerarqu&iacute;as. Y aqu&iacute; no puedo dejar de analizar la situaci&oacute;n de la prensa. La prensa hoy es de un seguidismo que verdaderamente clama al cielo, salvando honrosas excepciones, que siempre las hay. El seguidismo, la uniformidad, anima la informaci&oacute;n que se nos ofrece en todos los &aacute;mbitos: en la pol&iacute;tica, en la econom&iacute;a, en la cultura. No hay nadie que disienta. Menos mal que, a trav&eacute;s de Internet, se puede acceder a otro tipo de informaciones en medios alternativos. A m&iacute; me gusta mucho observar, partir de mis experiencias y llevar a cabo trabajos de campo. Pues bien, en los distintos seminarios de edici&oacute;n que he impartido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, siempre les he pedido a los alumnos que levantaran la mano aquellos que le&iacute;an suplementos culturales y el porcentaje ha ido disminuyendo de un modo escandaloso. En mis dos &uacute;ltimas experiencias, en dos universidades nacionales, el resultado ha sido cero. De un 70, 60%, se ha pasado a cero. Cuando pregunto por blogs hay un 30%, 40 % que los siguen. Es poco todav&iacute;a, pero indica el descr&eacute;dito de los suplementos culturales. Los empresarios de los medios a&uacute;n no los han eliminado porque les sigue dando prestigio social tenerlos, pero no se los creen. &iquest;Es cuesti&oacute;n de pereza, de desidia? Yo creo que, sobre todo, es cuesti&oacute;n de inter&eacute;s. Hay inter&eacute;s en que eso no funcione. Si se apuesta por la mediocridad, lo que se quiere es resaltar la mediocridad, y entonces no se posibilita que haya alguien que aplique jerarqu&iacute;as, porque si se aplican jerarqu&iacute;as, autom&aacute;ticamente, se cae el tenderete. Mientras se detenten intereses editoriales no puede haber imparcialidad. Nadie mover&aacute; ficha.</p>
<p class="normal">- Habl&aacute;bamos del florecimiento de peque&ntilde;as editoriales independientes. Frente a ellas cada vez hay grupos mayores que no dejan de absorber sellos. Parece que a los medianos cada vez les resulta m&aacute;s dif&iacute;cil resistir. Ese es el mapa de la edici&oacute;n espa&ntilde;ola. &iquest;La concentraci&oacute;n editorial te parece peligrosa?</p>
<p class="normal">- La homogeneizaci&oacute;n, la uniformizaci&oacute;n, me parecen un gran peligro. No creo que se llegue a consumar, pero imag&iacute;nate un pensamiento &uacute;nico. En cuanto a los grandes grupos, no voy a decir que todo sea negativo. Mondadori, por ejemplo, que est&aacute; dentro de Random House, est&aacute; llevando a cabo una gran recuperaci&oacute;n de cl&aacute;sicos y los distintos sat&eacute;lites de Planeta tambi&eacute;n siguen editando cosas interesantes. Dentro de estas grandes empresas hay buenos editores, pero lo que me gustar&iacute;a es que los que est&aacute;n por encima de ellos se lo crean. Dec&iacute;a Herralde, en una entrevista reciente, que a &eacute;l, cuando le arrebatan a un autor, lo que le gustar&iacute;a es que realmente creyeran en su obra, que no se lo arrebataran solamente por obtener prestigio. Te voy a hacer una confesi&oacute;n: En una ocasi&oacute;n, alguien me dijo, entre bromas y veras, que cuando quisiera vender mi editorial le avisara. Pero, &iquest;qu&eacute; inter&eacute;s puede tener mi editorial, con un cat&aacute;logo vivo en un 60%?, fue mi pregunta, a lo que me contest&oacute;, con esa soberbia que caracteriza a todos los poderosos: &ldquo;A m&iacute; tu cat&aacute;logo me importa un comino. Yo compro prestigios&rdquo;.</p>
<p class="normal">- Tengo entendido que varias veces os han hecho propuestas de compra.</p>
<p class="normal">- Bueno, la oferta m&aacute;s firme lleg&oacute; una vez desde el extranjero. De vez en cuando comentamos que si hubi&eacute;ramos vendido, ahora estar&iacute;amos mucho m&aacute;s tranquilos (risas), pero no, nunca nos hemos arrepentido, pese a las dificultades y los contratiempos. En ese momento, fue tal la sorpresa del poderoso caballero ante la negativa que viaj&oacute; a Espa&ntilde;a, me invit&oacute; a cenar y hablamos de todo lo humano y lo divino. Lo que yo le dije fue que la editorial era nuestra vida, que nosotros hab&iacute;amos invertido ah&iacute; cuarenta a&ntilde;os de energ&iacute;a, de entusiasmo, y que aceptar su propuesta ser&iacute;a, con todos los respetos, como venderle el alma al diablo.</p>
<p class="normal">-&nbsp; &iquest;C&oacute;mo ha variado tu manera de leer con el paso del tiempo? &iquest;Hay algo que eches de menos con el ritmo fren&eacute;tico de los viajes, de las rutinas del trabajo?</p>
<p class="normal">- Bueno, echo de menos volver a determinados libros. No me gusta hablar de relecturas porque yo soy de la opini&oacute;n de que nunca se relee, de que siempre se lee el libro por primera vez. Por ejemplo, aunque sea un t&oacute;pico se&ntilde;alar siempre al <em>Quijote</em>, me parece un buen ejemplo para explicarme. Yo el <em>Quijote</em> lo he le&iacute;do tres veces, la tercera vez en voz alta, a Silvia y a Manuel, durante los desayunos en el molino de Almer&iacute;a, que es donde descansamos en verano. En cada una de esas ocasiones lo he le&iacute;do como si fuera un libro distinto, acerc&aacute;ndome a sus episodios como si los estuviera descubriendo, hallando nuevos matices. Esa experiencia me gustar&iacute;a vivirla con otras obras como<em> La cartuja de Parma</em> o <em>Crimen y castigo</em>. Me encantar&iacute;a volver a ellas, pero no he tenido oportunidad. Revisitar a los cl&aacute;sicos nos permite entender, precisamente, que son cl&aacute;sicos por la capacidad que tenemos de actualizarlos constantemente, porque al estar habitados por personajes vivos, al hablarnos de los mismos problemas que tenemos hoy t&uacute; y yo, nos llegan como si fueran contempor&aacute;neos. Por eso siempre disfrutamos tanto en los regresos. Pero para realizar esos viajes hace falta tiempo y la lectura profesionalizada, ciertamente, te impone sus servidumbres y te obliga a descartar muchas otras incursiones placenteras. Ah&iacute;, en el estante de los deseos, me aguarda tambi&eacute;n el <em>Ulises</em> de Joyce. Aunque ahora parece que todos abominen de &eacute;l, no me importar&iacute;a nada regresar a sus p&aacute;ginas. Fue una obra que le&iacute; en un momento en el que me cre&iacute;a m&aacute;s cosas de las que me creo ahora y s&eacute; que el cambio de perspectiva, va a modificar mucho mi percepci&oacute;n.</p>
<p class="normal">- Me imagino que cuando te subes a un avi&oacute;n, cuando hay tantas horas de vuelo por delante, sientes el inmenso placer de la desconexi&oacute;n, de poder dedicarte por completo a la lectura.</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Y tengo que escuchar el comentario de las azafatas: &ldquo;Pero, &iquest;no se cansa usted de leer tanto?&rdquo; Es como cuando llega alguien a casa y me pregunta si me he le&iacute;do toda la biblioteca. Uno no va a decir que s&iacute;, pero la verdad es que una gran parte de los libros de mi biblioteca s&iacute; los he le&iacute;do y otros no, pero son libros que me acompa&ntilde;an, que me sirven de consulta. Que tanta gente se asombre de ver mil libros en una biblioteca, dice mucho del pa&iacute;s. Volviendo a lo que me preguntabas antes de la lectura, confieso que, en ocasiones, me echo en falta a m&iacute; mismo. Estoy metido en tal vor&aacute;gine de trabajo que hay veces que me tengo que decir: &ldquo;Manuel, s&aacute;cate a pasear&rdquo;. Hay veces que incluso me rebelo y me digo: &ldquo;No, ahora voy a dejarlo todo y voy a leer ese libro que tanto me apetece y que a&uacute;n no he podido leer&rdquo;. Ahora, por ejemplo, en un avi&oacute;n, en un reciente viaje a Colombia, he vuelto a sumergirme en el <em>Juan de Mairena </em>de Antonio Machado. Y lo le&iacute; con tanto placer como la primera&nbsp; vez.</p>
<p class="normal">- Volvamos a la imagen del ni&ntilde;o buscando Nicaragua en el mapa, dibujando su retrato futuro sin saberlo. &iquest;Es imposible sobrevivir ahora mismo como editor en Espa&ntilde;a sin contar con Latinoam&eacute;rica?</p>
<p class="normal">-&nbsp; En la escena de Nicaragua ya estaban sent&aacute;ndose las bases, s&iacute;. Ah&iacute; ya estaba el germen de una potente vocaci&oacute;n americanista. En Pre-Textos, como se&ntilde;alaba antes, hemos mirado y cuidado a nuestros hermanos del otro lado del oc&eacute;ano desde siempre y hemos sido cr&iacute;ticos con la actitud de otros editores espa&ntilde;oles que actuaban con ellos como nuevos ricos, europe&iacute;stas y colonizadores culturales que llegaban all&iacute; a vender sus productos sin impregnarse de sus culturas. No ha sido nuestro caso. Si algo hemos tenido claro desde el principio es que somos una comunidad de 500 millones de hispanoparlantes y que los matices idiom&aacute;ticos ten&iacute;an que estar dentro de nuestro cat&aacute;logo. Por eso la reciprocidad ha sido una de nuestras se&ntilde;as de identidad. Es evidente que el mercado americano es muy importante para la literatura espa&ntilde;ola. No ahora, sino siempre. Lo que sucede es que hoy se est&aacute; mirando a Am&eacute;rica por necesidad. Como aqu&iacute; no se vende, hay que hacerlo all&iacute;. Y lo cierto es que ellos tampoco est&aacute;n tan bien. Pa&iacute;ses como Venezuela o M&eacute;xico est&aacute;n pasando por situaciones complicadas. Argentina ha decidido aplicar una pol&iacute;tica muy restrictiva en lo que respecta a la importaci&oacute;n de libros con el fin de defender la cultura nacional, cuando en realidad lo que sucede es que se la est&aacute; ahogando. No es f&aacute;cil llegar en estos momentos y convencer. A Am&eacute;rica hab&iacute;a que haberla cuidado desde siempre, que es lo que hemos hecho nosotros. En este sentido me siento muy satisfecho cuando voy a Colombia, a Venezuela, a Per&uacute; o a Argentina y me consideran como un editor local porque en Pre-Textos hemos publicado a muchos de sus m&aacute;s importantes poetas y a parte de sus mejores narradores. De hecho cuando se nos dio el Premio de la Feria del libro de Guadalajara fue porque consideraron que hab&iacute;amos logrado romper las fronteras y porque hab&iacute;amos conseguido mover las distintas literaturas entre todos los pa&iacute;ses del mismo &aacute;mbito ling&uuml;&iacute;stico.</p>
<p class="normal">- &iquest;Y el mercado estadounidense? Parece que Roberto Bola&ntilde;o ha contribuido a abrir una interesante puerta de entrada.</p>
<p class="normal">- El mercado estadounidense siempre ha existido, pero ha estado m&aacute;s circunscrito al &aacute;mbito acad&eacute;mico. Las universidades han sido las&nbsp; grandes compradoras de libros en castellano. El hispanismo siempre ha estado muy vivo. Ha habido una gran tradici&oacute;n y muy buena. Lo nuevo es que desde hace unos pocos a&ntilde;os se ha empezado a abrir m&aacute;s el mercado al p&uacute;blico en general. Est&aacute; Roberto Bola&ntilde;o, pero tambi&eacute;n ha interesado mucho Borges y ahora mismo autores como el argentino C&eacute;sar Aira se est&aacute;n convirtiendo en referentes. Es indudable que existe inter&eacute;s, pero ese inter&eacute;s tampoco se ha sabido aprovechar desde Espa&ntilde;a. Ha faltado el apoyo testimonial de las instituciones. Los institutos Cervantes han ido haciendo su funci&oacute;n, pero parcialmente, invitando casi siempre a los mismos autores. Las sedes del Cervantes, como las del Goethe o el British Council, son instrumentos magn&iacute;ficos para la difusi&oacute;n de las distintas culturas e industrias. Es evidente que la cultura y la ciencia venden. Es evidente que el americano es un mercado potencial, pero hay que saber llegar a &eacute;l.</p>
<p class="normal">- &iquest;Crees que se siguen traduciendo pocos libros de autores espa&ntilde;oles a otras lenguas?</p>
<p class="normal">- Eso es un hecho. Sigue habiendo un desnivel importante y ah&iacute; habr&iacute;a que empezar a decir que ya est&aacute; bien. No hay una reciprocidad. En Espa&ntilde;a y en Latinoam&eacute;rica ahora mismo se est&aacute; escribiendo buena parte de la mejor literatura del momento. Tambi&eacute;n en el &aacute;mbito anglosaj&oacute;n. Pero no creo que me equivoque mucho si digo que no existe el mismo correlato en Francia, en Italia, en Alemania... Sin embargo, traducimos cualquier tonter&iacute;a europea, mientras que en el extranjero se publica poco y a veces lo m&aacute;s tonto de lo nuestro.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Siempre he sido un gran defensor de la literatura portuguesa&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Tambi&eacute;n podemos situarte frente a otro mapa, el de Portugal. La literatura portuguesa tambi&eacute;n est&aacute; bien representada en el cat&aacute;logo de Pre-Textos.</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Siempre he sido un gran defensor de la literatura en portugu&eacute;s. A Portugal, un peque&ntilde;o pa&iacute;s cercano, hermano, pr&oacute;ximo, los espa&ntilde;oles siempre lo hemos visto con cierta soberbia y yo creo que no tiene absolutamente nada que envidiarnos en cuanto a calidad literaria. Antes habl&aacute;bamos de la gran literatura que se estaba escribiendo en espa&ntilde;ol y en ingl&eacute;s, pero la producci&oacute;n en portugu&eacute;s, e incluyo a Brasil, cuya literatura, por desgracia, conozco menos, me parece que es&nbsp; poderos&iacute;sima. Nosotros hemos hecho esfuerzos grandes, sostenidos en el tiempo, por ser transmisores de esa realidad, pero los espa&ntilde;oles seguimos desconociendo la importancia que tiene esa cultura. M&aacute;s all&aacute; de Camoens y Pessoa, que son indiscutibles (recientemente hemos publicado, bajo la tutela de Jer&oacute;nimo Pizarro, el <em>Libro del desasosiego </em>en una versi&oacute;n renovada, m&aacute;s limpia, sin adherencias), m&aacute;s all&aacute; de ellos, dec&iacute;a, hay que publicar a otros espl&eacute;ndidos autores que no se venden, pero que son muy buenos. Me refiero, por ejemplo, a Eduardo Louren&ccedil;o, un pensador a la altura de los grandes pensadores europeos. Nosotros publicamos, precisamente, un ensayo suyo, fundamental, sobre Pessoa, <em>Pessoa revisitado</em>, y nos gustar&iacute;a seguir edit&aacute;ndolo, pero lo cierto es que no hay demasiado inter&eacute;s por parte de los lectores. En Portugal tienen un conocimiento de nuestra literatura muy superior al que tenemos nosotros de la suya. Ocurre otro tanto con Italia. El n&uacute;mero de hispanistas italianos que hay es muy superior al de italianistas. Sin ir m&aacute;s lejos, Pavese, que es una leyenda de la literatura europea, no vende en Espa&ntilde;a.</p>
<p class="normal">- &iquest;Qu&eacute; otros autores portugueses merece la pena que descubramos?</p>
<p class="normal">- Bueno, yo creo que hay much&iacute;simos. Nosotros hemos publicado a Ant&oacute;nio Ramos Rosa, Carlos de Oliveira, Eug&eacute;nio de Andrade... Fue a la muerte de Andrade cuando se agot&oacute; la edici&oacute;n de <em>El otro nombre de la tierra</em>. Y despu&eacute;s hicimos una gran antolog&iacute;a que se agot&oacute; inmediatamente. Parece que se tienen que morir los autores para que se venda su obra. Es impresionante el elemento santificador que tiene la muerte en nuestra cultura. Sea como sea, hay una tradici&oacute;n literaria riqu&iacute;sima en Portugal. Hay una literatura que no tiene, generacionalmente, nada que envidiar a la escrita en espa&ntilde;ol y, desde luego, actualmente hay muchos autores que merecen la pena. Ahora empezamos a conocer a Nuno J&uacute;dice, uno de los grandes poetas europeos vivos, galardonado en 2013 con el Premio Reina Sof&iacute;a de Poes&iacute;a Iberoamericana, pero hay muchos otros autores interesant&iacute;simos en activo, a los que tenemos que sumar los que ya han muerto, que siguen mereciendo la pena y que ni siquiera han sido traducidos al castellano.</p>
<p class="normal">&ldquo;La labor del editor se mueve entre la informaci&oacute;n y la intuici&oacute;n&rdquo;</p>
<p class="normal">&ldquo;En los suplementos literarios no cabe la disidencia&rdquo;</p>
<p class="normal">&ldquo;En el mundo de la cultura ha habido mucho intruso&rdquo;</p>
<p class="normal">&ldquo;La uniformizaci&oacute;n editorial me parece un gran peligro&rdquo;</p>
<p class="normal">&ldquo;En Pre-Textos siempre hemos mirado y cuidado a Am&eacute;rica&rdquo;</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 17 Jun 2016 05:56:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Turia" entrevista a fondo al director de la Real Academia Española]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-entrevista-a-fondo-al-director-de-la-real-academia-espanola/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2016/dario500.jpg" alt="" /></p>
<p>Dar&iacute;o Villanueva y Clara Jan&eacute;s forman, sin duda, una pareja ins&oacute;lita por las diferencias que los separan, pero ambos comparten un valioso v&iacute;nculo: son miembros relevantes de la Real&nbsp; Academia Espa&ntilde;ola. &Eacute;l ejerce como director desde hace poco m&aacute;s de un a&ntilde;o y ella es la &uacute;ltima incorporaci&oacute;n femenina a una instituci&oacute;n que trabaja desde hace tres siglos al servicio de la lengua espa&ntilde;ola y de los hispanohablantes. Ambos poseen trayectorias y obras muy s&oacute;lidas, valiosas e indiscutibles por su calidad e inter&eacute;s dentro de la cultura de nuestro tiempo. De ah&iacute; que la revista TURIA no haya dudado, en su nuevo n&uacute;mero que se distribuir&aacute; este mes junio, en dedicarles a cada uno de ellos sendas entrevistas a fondo y en exclusiva.</p>
<p>Tanto Dar&iacute;o Villanueva como Clara Jan&eacute;s hablan a coraz&oacute;n abierto, con complicidad y sin reparos, acerca de un amplio repertorio de temas. Con el director de la RAE analizamos&nbsp; el presente y el futuro de la instituci&oacute;n, la batalla por el prestigio del espa&ntilde;ol, la importancia de las humanidades o el drama de la falta de oportunidades para los j&oacute;venes universitarios. La conversaci&oacute;n con la poeta y traductora se adentra en temas como la necesidad de cuestionarnos a nosotros mismos, el papel de la poes&iacute;a, la perversidad del poder o el car&aacute;cter inviable de un Islam sin espacios de libertad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>DAR&Iacute;O VILLANUEVA: &ldquo;LA LENGUA ESPA&Ntilde;OLA EST&Aacute; VIVIENDO UN MOMENTO DE ENORME AUGE&rdquo;</p>
<p>En la magn&iacute;fica entrevista que la periodista Emma Rodr&iacute;guez realiza para TURIA descubriremos a Dar&iacute;o Villanueva como un hombre resolutivo, dotado para la organizaci&oacute;n y confiado a la hora de enfrentarse a los desaf&iacute;os. Y tambi&eacute;n a un hombre calmado, que gusta de poner perspectiva a las urgencias. &Eacute;l lo atribuye a sus or&iacute;genes: &ldquo;puedo resultar poco cient&iacute;fico, pero lo cierto es que me siento identificado con algunas caracter&iacute;sticas de los gallegos, sobre todo la prudencia y la iron&iacute;a&rdquo;.</p>
<p>Catedr&aacute;tico de Teor&iacute;a de la literatura y Literatura comparada de la Universidad de Santiago de Compostela, Dar&iacute;o Villanueva compagina desde hace a&ntilde;os su labor como docente con su desdicaci&oacute;n a la RAE. Primero ejerci&oacute; como secretario para, desde diciembre de 2014, asumir la direcci&oacute;n. Sobre el presente y el futuro de la instituci&oacute;n, se muestra confiado: &ldquo; Hemos llegado hasta aqu&iacute; y seguimos siendo lo que fuimos desde el principio: una academia&nbsp; que&nbsp; decidi&oacute;&nbsp; dedicarse&nbsp; a la lengua espa&ntilde;ola, una lengua que no s&oacute;lo sigue existiendo sino que est&aacute; viviendo un momento de enorme auge, con un gran desarrollo&rdquo;.</p>
<p>Est&aacute; convencido de que ahora toca apostar completamente por lo digital y seguir trabajando en la unidad del idioma en un plano de igualdad con las otras 22 academias. Ahora se trata de dar la batalla por el prestigio del espa&ntilde;ol. Un problema de reconocimiento social porque, seg&uacute;n Villanueva, &ldquo;culturalmente el espa&ntilde;ol es una lengua de una riqueza extraordinaria&rdquo;.</p>
<p>Ante la pregunta por la evidente falta de inter&eacute;s hacia la cultura en Espa&ntilde;a, Dar&iacute;o Villanueva lo tiene claro: quien est&aacute; gobernando debe entender que la cultura es uno de los troncos fundamentales del pa&iacute;s. De ah&iacute; que afirme en la entrevista: &ldquo;lo que no puedo aceptar es el rechazo hacia lo que somos y lo que nos representa&rdquo;.</p>
<p>El director de la RAE se muestra asimismo preocupado por el porvenir de la universidad: &ldquo;debemos hacer todo lo posible para que, en la sociedad del siglo XXI, la universidad no deje de ser una factor&iacute;a de conocimiento&rdquo;. Defiende tambi&eacute;n que las humanidades sean fundamentales en estos tiempos: &ldquo;Soy de los que piensan que la formaci&oacute;n human&iacute;stica es una formaci&oacute;n extraordinariamente eficaz y rentable, porque configura la mente y organiza el cerebro, lo cual es fundamental para recibir conocimientos mucho m&aacute;s puntuales e instrumentales, que tienen que renovarse y ser sustituidos peri&oacute;dicamente por la propia evoluci&oacute;n de las cosas&rdquo;.</p>
<p>En esa l&iacute;nea, Dar&iacute;o Villanueva se declara en contra de esas teor&iacute;as que asocian los estudios a las posibilidades de trabajo: &ldquo;Eso es desvirtuar por completo el sentido de la universidad. Los pa&iacute;ses m&aacute;s desarrollados del mundo, desde el punto de vista econ&oacute;mico y social, hace mucho tiempo que han amortiguado esta percepci&oacute;n, que es muy propia de Espa&ntilde;a y muy anticuada. En EEUU hacer un tipo de estudios no predestina para una determinada funci&oacute;n en el mundo profesional, sino que tras la&nbsp; primera formaci&oacute;n, se entra en otra etapa, la de la consecuci&oacute;n de un trabajo. Y ah&iacute; no perjudica para nada una carrera de tipo human&iacute;stico a la hora de buscar un trabajo en el mundo de la empresa, de la comunicaci&oacute;n o de la industria. Eso es muy saludable y responde a una sociedad nueva. Hay que reconocer que el Nuevo Mundo se llama as&iacute; con raz&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>CLARA JAN&Eacute;S: &ldquo;LA POES&Iacute;A ES LO QUE QUEDA CUANDO DESPARECEN LAS PALABRAS&rdquo;</p>
<p>Clara Jan&eacute;s, que pronunci&oacute; ayer su discurso de ingreso en la RAE, es autora de una&nbsp; obra amplia, variada y muy sugerente para los lectores. No en vano, los estudiosos de su trayectoria la describen como un ejemplo significativo de la evoluci&oacute;n de la mujer en la literatura espa&ntilde;ola.</p>
<p>A sus libros de poes&iacute;a, ensayo, biograf&iacute;a, memorias y novela se a&ntilde;ade una acreditada labor como traductora. Sus versiones nos han permitido conocer la obra po&eacute;tica de autores como los checos Vladim&iacute;r Holan y Jaroslav Seifert. Tambi&eacute;n ha traducido al espa&ntilde;ol a Marguerite Duras, Nathalie Sarraute, Katherine Mansfield o William Golding. Y, en colaboraci&oacute;n con conocedores de sus lenguas, a poetas turcos y persas, tanto modernos como m&iacute;sticos antiguos.</p>
<p>As&iacute;, aunque en su trayectoria predomina el cultivo de la poes&iacute;a, son muchas sus inquietudes acerca de la condici&oacute;n humana y otras &aacute;reas de conocimiento. De todo ello habla en una fant&aacute;stica y recomendable conversaci&oacute;n mantenida con el periodista Fernando del Val.</p>
<p>Confiesa Clara Jan&eacute;s su admiraci&oacute;n hacia Einstein: &ldquo;De su legado me quedo con la importancia que otorga a la intuici&oacute;n. Hay que fiarse de la intuici&oacute;n y luego, si puedes, demostrarla&rdquo;. Sobre el papel de la ciencia, asegura: &ldquo;debemos confiar en ella. Lo que ocurre es que, debido a que no disponemos de acceso directo a lo real, el primer paso es echar mano de la intuici&oacute;n, que es la que nos acerca al descubrimiento&rdquo;.</p>
<p>Reconoce la autora que &ldquo;lo que me mueve es el af&aacute;n por saber, o sea, en realidad lo que me mueve es el no-saber. Eso nos mantiene vivos&rdquo;. Adem&aacute;s, seg&uacute;n Clara Jan&eacute;s, &ldquo;debemos cuestionarlo todo al ser limitados. Cuestionarnos a nosotros mismos&rdquo;. De acuerdo con esa perspectiva, libros ser&iacute;an desde siempre instrumentos al servicio de misterio.</p>
<p>Ciencia y m&iacute;stica son, para Clara Jan&eacute;s, territorios muy vinculados. A partir de ah&iacute;, la poes&iacute;a ser&iacute;a &ldquo;la relaci&oacute;n del hombre con el mundo que habita&rdquo;</p>
<p>Gran conocedora del mundo musulm&aacute;n&nbsp; y preguntada por si el Islam es incompatible con Occidente, la autora afirma que &ldquo;si todo evoluciona, &iquest;por qu&eacute; el Islam no?. Evolucionar&aacute;.</p>
<p>De todos depende. &iquest;Cu&aacute;l es la procedencia de los movimientos que ha habido y est&aacute; habiendo? &iquest;Qui&eacute;n los apoya? &iquest;En qu&eacute; mesas se escribe el gui&oacute;n? &iquest;Qui&eacute;n vende armas? Ellos tienen su responsabilidad. Es f&aacute;cil eludir la nuestra, amparados en su falta de desarrollo&rdquo;. Por otra parte, &ldquo;la informaci&oacute;n de que disponemos es parcial. Cosa distinta es que las pol&iacute;ticas generales desarrolladas en esos pa&iacute;ses deben cambiar. El Islam sin espacios de libertad es del todo inviable&rdquo;.</p>
<p>Sobre sus afinidades literarias, Clara Jan&eacute;s no tiene dudas: &ldquo;Holan es la escritura que m&aacute;s ha influido en mi vida po&eacute;tica&rdquo;.&nbsp; Pero reconoce que sigue a pies juntillas la declaraci&oacute;n que escuch&oacute; al autor turco Daglarca: &ldquo;la poes&iacute;a es lo que queda cuando desaparecen las palabras. Hay que buscar ese aparente vac&iacute;o, preguntarse qu&eacute; hay de poes&iacute;a en el poema, qu&eacute; hay dentro. Has de expresarlo con palabras pero lo importante es el esp&iacute;ritu; hacerlo presente&rdquo;.</p>
<p>TURIA posee el Premio Nacional al Fomento de la Lectura y es, con sus m&aacute;s de 30 a&ntilde;os de trayectoria, una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. Su edici&oacute;n en papel tiene una periodicidad cuatrimestral y, en cada entrega, publica 500 p&aacute;ginas de textos in&eacute;ditos que sirven para tomar el pulso a la creatividad literaria nacional e internacional. Cuenta tambi&eacute;n con una versi&oacute;n digital (web y Facebook) muy apreciada por los lectores.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 10 Jun 2016 07:33:08 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De viajes, Don Quijote y demás ralea]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/de-viajes-don-quijote-y-demas-ralea/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2016/junio/llamazares_500.jpg" alt="" /></p>
<p>Hablar de Julio Llamazares no es s&oacute;lo hablar de&nbsp;<em>Luna de lobos</em> y<em> La lluvia amarilla,</em> dos libros claves en la reciente Historia de la Literatura Espa&ntilde;ola, es tambi&eacute;n hablar de viaje literario, concebido &eacute;ste con sabidur&iacute;a art&iacute;stica sin abandonar otras formas de saboreo. Y es as&iacute; porque, entre los escritores actuales, pocos hay como Julio Llamazares que exploren y exploten de forma tan suculenta esta v&iacute;a de expresi&oacute;n creativa. Una v&iacute;a en la que, adem&aacute;s del lam&iacute;n literario sobre el que siempre la hace descansar Llamazares, habita tambi&eacute;n la facultad de atesorar otras sabrosas claves de lectura e interpretaci&oacute;n.</p>
<p>Sucede as&iacute;, sin duda, porque en los viajes literarios de Julio Llamazares, el lector puede encontrarse junto a la emoci&oacute;n art&iacute;stica, la an&eacute;cdota simple o el detalle &iacute;nfimo que, sin embargo, nunca escatiman atracci&oacute;n. Porque lo normal es que al lado del chascarrillo, habite sin problemas el sentimiento, se cuele torrencial el pasado y se vislumbre densa la memoria. O porque, a la par de la voz del pueblo (la de los paisanos con los que se topa mientras el autor ejerce de viajero), tambi&eacute;n hablen los libros o se escuche la Historia, al tiempo que el paisaje (y el paisanaje, claro) se incrusta en la retina del lector.</p>
<p>Llamazares siempre ha viajado con el ojo abierto, el oido atento y la mente despierta. Una triada clave y m&iacute;nima, para captar, almacenar, rumiar y plasmar bien la vida y sus contornos. No hay lugar para la duda acerca de lo que acabo de afirmar si se tiene en mente libros como <em>El r&iacute;o del olvido</em> con el que Llamazares no lleva de la mano por tierras de su Le&oacute;n natal, <em>Tras-os-Montes</em> que tanto indaga por el oeste, mirando a Portugal,<em> Cuaderno de Duero</em> donde, por ejemplo, el susurante y ancestral rumor del r&iacute;o se percibe mientras se atraviesan las tierras de la vieja Castilla, o cuando en <em>Las rosas de piedra</em> escrutamos las catedrales que nuestro autor dibuja cobijado en el tiempo y en las emociones de quienes nos precedieron levant&aacute;ndolas, us&aacute;ndolas o visit&aacute;ndolas, entre otras posibilidades.</p>
<p><em>El viaje de don Quijote</em> puede ser m&aacute;s de lo mismo en el buen sentido de la frase, sin embargo, guarda algunas sorpresas. Por ejemplo: No es un viaje, son tres viajes (&eacute;sta es una de las habilidades de Llamazares en el libro). El primero: un viaje de fondo y al fondo, con el imaginario del lector a flor de piel. Es decir, el viaje que, literariamente, llev&oacute; a cabo Don Quijote como bien apunta Llamazares con llaneza el t&iacute;tulo de su entrega y que es, no se olvide, un viaje imaginado por Cervantes, aunque asentado en concreciones de la realidad. El segundo: el viaje de Azor&iacute;n en 1095 (<em>La ruta de Don Quijote)</em>, realizado en carro, f&iacute;sicamente, y cuyas observaciones acabaron fijadas mediante la concisa prosa del autor alicantino, por otra parte, llena de punzante colorismo e, incluso, de sugerencia continua. Y el tercero: el que redacta Julio Llamazares que, a lomos de los dos anteriores, nos empuja por otros mil derroteros y en los que, adem&aacute;s, cabe casi todo. En definitiva, un juego de cajas chinas que se comunica al lector con una prosa sencilla, pausada y campechana que, sin hacerse notar, permite tanto el roce o el palmoteo amistoso, como el detalle campanudo y el apunte erudito. Otra nueva habilidad de Julio Llamazares: dar, como si nada, informaci&oacute;n m&uacute;ltiple que se cobija tanto en la an&eacute;cdota viajera, las hablillas sobre el suceso o el territorio en el que acaece, la cita libresca, la lectura previa (Cervantes y Azor&iacute;n por supuesto, pero tambi&eacute;n otros autores que fluyen en su memoria), como en la voz de quienes, durante el viaje, le salen f&iacute;sicamente al encuentro, sin olvidar la Historia o la observaci&oacute;n misma del viajero.</p>
<p>Ayuda mucho la fragmentaci&oacute;n que estructura el libro (aunque, en el fondo &eacute;sta sea servidumbre de la funci&oacute;n primigenia de lo escrito: art&iacute;culos diarios para el peri&oacute;dico <em>El Pa&iacute;s,</em> por encargo de Juan Cruz). Una fragmentaci&oacute;n casi de postal, con comunicaciones breves, pero siempre jugosas. Una fragmentaci&oacute;n que, adem&aacute;s, evita el posible cansancio lector ante el acumulo de datos, im&aacute;genes y sensaciones en tan breves textos y posibilita tambi&eacute;n el sorbo pausado de la lectura; una lectura cortada por los obligados y breves descansos que imponen tanto los apartados (treinta) como las partes (tres) con las que el autor nos presenta el libro.</p>
<p>Sin desmerecer ning&uacute;n apartado y ninguna de sus tres partes citadas, para el lector aragon&eacute;s, por proximidad, es gratificante la tercera y, en concreto, los apartados relativos al entorno del Ebro (el salto de Clavile&ntilde;o, las barcas del Ebro, el castillo de Pedrola, la &iacute;nsula Barataria, la arcadia de sus riberas, el orillamiento de Zaragoza&hellip; antes de internarse por tierras Monegrinas o de Fraga para recalar en Catalu&ntilde;a donde la aventura tocar&aacute; a su fin con la derrota sufrida por Don Quijote frente de el caballero de la Blanca Luna en la playa de Barcelona).</p>
<p>En todos ellos, sobre el armaz&oacute;n estructural de una sencilla lectura del <em>Quijote,</em> Llamazares husmea en nuestras circunstancias, identidad, historia&hellip; o, incluso, de actualidad mediante pinceladas r&aacute;pidas que tiene mucho de cierto y, a veces, con invisibles tintes de iron&iacute;a. Por ejemplo: al invitarnos a que nos pongamos en la piel de Don Quijote y de Sancho para as&iacute; comprender el progreso o los cambios sufridos por el paisaje. Tiene su gracia y su poso. Sobre todo, porque no hay m&aacute;s ciego que quien se mece rodeado por la costumbre. El paisaje y paisanaje del entorno, de tanto estar junto a nosotros, puede parecer de lo m&aacute;s normal. La normalidad cambia seg&uacute;n la mirada de quien, reflexivo o no, ejecuta tal mirada en libertad, sin ataduras como, por ejemplo, la rutina.</p>
<p>En definitiva, una lectura amena y sencilla que, sin embargo, invita siempre a reposar lo le&iacute;do y a sumergirse bajo su suave oleaje. Un viaje que permite volar a la evocaci&oacute;n mientras se confrontan cuatro siglos, con su vida y con sus paisajes en el vaiv&eacute;n del tiempo. Todo, sin cambiar de lugar (es lo que tienen los libros), pero, sin duda, acumulando nuevas ideas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Julio Llamazares: <em>El viaje de Don Quijote</em>. Ilustraciones de Jes&uacute;s Cisneros. Madrid, Alfaguara, 2016.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 10 Jun 2016 07:13:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poemas ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/poemas-de-maria-benitea-y-dalila-eslava/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2016/junio/dalila500.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left; padding-left: 330px;" align="center"><strong>MAR&Iacute;A BEN&Iacute;TEZ</strong></p>
<p style="text-align: left; padding-left: 330px;" align="center"><strong>POEMAS<br /></strong></p>
<p style="text-align: left; padding-left: 330px;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left; padding-left: 330px;" align="center"><strong>LA ESCISI&Oacute;N (PRIPYAT)</strong></p>
<p style="padding-left: 330px;">Skinner dijo "ser para uno mismo es no ser casi nada".</p>
<p style="padding-left: 330px;">Pero yo he encontrado un n&uacute;mero reducido y peculiar de personas que en ese casi lo han sido todo.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">He extendido un manto de bruma</p>
<p style="padding-left: 330px;">una densidad insalvable</p>
<p style="padding-left: 330px;">entre la semilla de lucidez en el ojo</p>
<p style="padding-left: 330px;">y la plaga de enredos en la tierra.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">Para evitar el contagio.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">Si preguntan diles que me fui al bosque</p>
<p style="padding-left: 330px;">a volar con las hadas.</p>
<p style="padding-left: 330px;">Si preguntan confi&eacute;sales que me consumi&oacute; el delirio,</p>
<p style="padding-left: 330px;">que me inflam&eacute; con las piras de mis demonios.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">Dilo, dilo.</p>
<p style="padding-left: 330px;">Me volv&iacute; loca.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">Pero no preguntar&aacute;n. No realmente.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">La pregunta es la espiga de cereal sana entre la cosecha muerta.</p>
<p style="padding-left: 330px;">El campo est&aacute; enteramente podrido.&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">El campo,&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">aqu&iacute;</p>
<p style="padding-left: 330px;">y&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">ahora,</p>
<p style="padding-left: 330px;">es una dolencia.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">La primera grieta resuena desde la infancia:</p>
<p style="padding-left: 330px;">"esta ni&ntilde;a no est&aacute; fina".</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">Esta ni&ntilde;a no est&aacute; aqu&iacute;.&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">Yo he abierto un abismo para romper el canal,</p>
<p style="padding-left: 330px;">la conexi&oacute;n.</p>
<p style="padding-left: 330px;">Yo lo he hecho porque era urgente.</p>
<p style="padding-left: 330px;">Era necesario.&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">Involucrarse en este tiempo</p>
<p style="padding-left: 330px;">es como sumergirse en &aacute;cido y despu&eacute;s lamentar</p>
<p style="padding-left: 330px;">el desprendimiento de la piel</p>
<p style="padding-left: 330px;">del cabello.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">Quedarse en la cueva</p>
<p style="padding-left: 330px;">mezclarse con la cueva</p>
<p style="padding-left: 330px;">convertirse en la cueva.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">Ignorar la sierra resplandeciente que se mece arriba, lejos.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">Este tiempo hace dif&iacute;cil separar el tocino de la carne</p>
<p style="padding-left: 330px;">y la carne</p>
<p style="padding-left: 330px;">del hueso.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">Yo lo vi en un sue&ntilde;o, hace mucho.</p>
<p style="padding-left: 330px;">Yo lo vi en un sue&ntilde;o, justo ayer.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">He abierto una brecha con el mundo</p>
<p style="padding-left: 330px;">y me he quedado&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">en el otro lado.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">El aislamiento es la respuesta del sistema nervioso, la defensa, la reconstrucci&oacute;n de las fibras.</p>
<p style="padding-left: 330px;">El aislamiento es la fiebre, el s&iacute;ntoma rebel&aacute;ndose contra la infecci&oacute;n. El s&iacute;ntoma y su clarividencia.</p>
<p style="padding-left: 330px;">La paz en el haz azul y fr&iacute;o de la alteraci&oacute;n perceptiva.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">Mi coraz&oacute;n se ha renombrado por hipertermia.</p>
<p style="padding-left: 330px;">Se desbautiza y se proclama zona de exclusi&oacute;n,</p>
<p style="padding-left: 330px;">se deshabita para no respirar la radiactividad del entorno.</p>
<p style="padding-left: 330px;">Me llamo Pripyat y sigo aqu&iacute; pese a las ruinas.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">Me he &nbsp;escindido de los rezos, de las idea.&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">He quemado los s&iacute;mbolos, los manifiestos.</p>
<p style="padding-left: 330px;">Para sobrevivir.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">Ya he pagado el precio,&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">yo ya he.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">Yo he ofrecido en sacrificio todo el miedo que me cab&iacute;a en el cuerpo.</p>
<p style="padding-left: 330px;">Yo me he ido muy lejos, muy lejos.&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">Como un bandazo de viento, un hurac&aacute;n que te retira a la otra punta del universo.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">La enfermedad tambi&eacute;n puede ser el remedio al germen.</p>
<p style="padding-left: 330px;">La ausencia de palabras. De contingencias.&nbsp; La ausencia.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">La enfermedad es la espiga sana en la cosecha podrida.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">La enfermedad es la semilla de lucidez en el ojo,</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">el p&aacute;jaro dom&eacute;stico que escapa y vuela con artrosis en las alas,</p>
<p style="padding-left: 330px;">lejos</p>
<p style="padding-left: 330px;">lejos de las jaulas</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">la escisi&oacute;n de los reto&ntilde;os criados por las bestias</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">lejos</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">lejos de los humanos.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 330px;" align="center"><strong>PALLAKSCH, PALLAKSCH</strong></p>
<p style="padding-left: 330px;">"-Pallaksch, pallaksch-. Tambi&eacute;n la lengua tirita&rdquo; .</p>
<p style="padding-left: 330px;">- Chantal Maillard, La herida en la lengua.&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">el problema no era el miedo a la oscuridad sino que no entrases en ella</p>
<p style="padding-left: 330px;">no puedo explicaros la defusi&oacute;n entre emoci&oacute;n y conducta</p>
<p style="padding-left: 330px;">porque todos los libros est&aacute;n tirados aqu&iacute; y all&aacute;</p>
<p style="padding-left: 330px;">qu&eacute; desorden tan intrusivo</p>
<p style="padding-left: 330px;">qu&eacute; fuga del siglo con las ideas</p>
<p style="padding-left: 330px;">no s&eacute; nada de oficios pero sue&ntilde;o de mayor con que alguien me hubiera preguntado qu&eacute; quer&iacute;a ser de peque&ntilde;a</p>
<p style="padding-left: 330px;">me devuelve a un suelo tierno saber que una vez t&uacute; tambi&eacute;n eras de las que iba apartando las mariquitas del asfalto para que nadie las pisase</p>
<p style="padding-left: 330px;">juro que a veces puedo sentir de una forma muy s&oacute;lida y eclipsante c&oacute;mo este mundo me pone enferma</p>
<p style="padding-left: 330px;">-"gradualmente y luego de repente" -</p>
<p style="padding-left: 330px;">podr&iacute;a mirar a un tuerto y dejarle cien a&ntilde;os de mala suerte</p>
<p style="padding-left: 330px;">la soledad no es tiempo sino espacio</p>
<p style="padding-left: 330px;">podr&iacute;a relamer las esquinas donde fui a vomitar para condicionar el veneno como algo aversivo por saciedad pura</p>
<p style="padding-left: 330px;">podr&iacute;a dar fe de que eso nunca ha curado el hambre</p>
<p style="padding-left: 330px;">no puedo explicaros por qu&eacute; radical si os qued&aacute;is siempre en las ramas</p>
<p style="padding-left: 330px;">por qu&eacute; mujer sin necesidad de "pero el hombre"</p>
<p style="padding-left: 330px;">por qu&eacute; el fin no ser&aacute; amor nunca ni se justificar&aacute; si el medio es el odio</p>
<p style="padding-left: 330px;">por qu&eacute; balbucean torpes los sabios</p>
<p style="padding-left: 330px;">por qu&eacute; este bloqueo&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">este vac&iacute;o repentino</p>
<p style="padding-left: 330px;">este corte brusco en el hilo</p>
<p style="padding-left: 330px;">el pensamiento</p>
<p style="padding-left: 330px;">no puedo salvaros de cuando dec&iacute;s casa</p>
<p style="padding-left: 330px;">y cre&eacute;is estar fuera de peligro.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 330px;" align="center"><strong>DALILA ESLAVA <br /></strong></p>
<p style="text-align: left; padding-left: 330px;" align="center"><strong>POEMAS</strong></p>
<p style="text-align: left; padding-left: 330px;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left; padding-left: 330px;" align="center"><strong>DISECCI&Oacute;N</strong></p>
<p style="padding-left: 330px;">Puedo admitir a nadie</p>
<p style="padding-left: 330px;">que el miedo a las alturas siempre fue inventado</p>
<p style="padding-left: 330px;">mientras camino por la l&iacute;nea recta del abismo m&aacute;s familiar</p>
<p style="padding-left: 330px;">o hago claqu&eacute; sobre tu espalda,</p>
<p style="padding-left: 330px;">que viene a ser lo mismo.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">Sentir la piel del erizo nunca fue en vano</p>
<p style="padding-left: 330px;">a pesar del final corriente el cual tenemos por destino;</p>
<p style="padding-left: 330px;">tu imagen deja de ser borrosa</p>
<p style="padding-left: 330px;">y las se&ntilde;ales de p&eacute;rdida que llevan a vivir de nuevo el abandono</p>
<p style="padding-left: 330px;">han dejado de ser una prioridad.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">Qu&eacute; me ocurres.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">&Uacute;nicamente</p>
<p style="padding-left: 330px;">una explosi&oacute;n de oxitocina</p>
<p style="padding-left: 330px;">puede explicar estas ganas de suicidarme si es desde tu cuerpo,</p>
<p style="padding-left: 330px;">pero no me creo.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">Hoy</p>
<p style="padding-left: 330px;">nuevamente</p>
<p style="padding-left: 330px;">me han preguntado qu&eacute; es lo que siento</p>
<p style="padding-left: 330px;">y s&oacute;lo he sabido responder</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">que a ti.</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 330px;" align="center"><strong>ICEBERG</strong></p>
<p style="padding-left: 330px;">Te miro de cerca&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">me perd&iacute; tantos detalles que me equivoqu&eacute; de boca dos veces</p>
<p style="padding-left: 330px;">y ahora que conozco tus manos</p>
<p style="padding-left: 330px;">no quiero pasar por alto ninguno de los poros de tu piel</p>
<p style="padding-left: 330px;">piel coraza que esconde algo tan grande</p>
<p style="padding-left: 330px;">tan grande</p>
<p style="padding-left: 330px;">que hay d&iacute;as en los que quiero irme por miedo a que me lo ense&ntilde;es</p>
<p style="padding-left: 330px;">y quiera quedarme para siempre</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">Porque yo s&eacute; que me quedar&iacute;a,</p>
<p style="padding-left: 330px;">siempre me quedo,</p>
<p style="padding-left: 330px;">pero s&eacute; a ciencia cierta que estoy fuera de la media&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">y ojal&aacute; t&uacute; tambi&eacute;n</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">Pero asumir que te van a abandonar</p>
<p style="padding-left: 330px;">hace que duela menos dicho abandono</p>
<p style="padding-left: 330px;">por eso te incluyo en ese conjunto de individuos</p>
<p style="padding-left: 330px;">que dejan de saludarme a pesar de las ganas pasadas</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">Me ba&ntilde;o en las dudas que hacen del futuro algo tan terrible</p>
<p style="padding-left: 330px;">que no me atrevo a preguntar por tu historial de huida</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">As&iacute; que</p>
<p style="padding-left: 330px;">mientras tanto</p>
<p style="padding-left: 330px;">compartimos espacio con la certeza de que nos caeremos</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">Pero chico</p>
<p style="padding-left: 330px;">no habr&aacute; sido en vano</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 330px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 02 Jun 2016 10:22:46 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Turia" publica inéditos de Delphine de Vigan, la nueva revelación de la literatura francesa"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-publica-ineditos-de-delphine-de-vigan-la-nueva-revelacion-de-la-literatura-francesa/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2016/delphine500.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>TAMBI&Eacute;N DA A CONOCER NARRACIONES DE KAZUO ISHIGURO, MARTA SANZ, ELOY TIZ&Oacute;N Y LUISG&Eacute; MART&Iacute;N</strong></p>
<p>La revista cultural TURIA publica en su nuevo n&uacute;mero, que se distribuir&aacute; el 30 de junio en Espa&ntilde;a y otros pa&iacute;ses, un avance de la edici&oacute;n en castellano de &ldquo;Seg&uacute;n una historia ver&iacute;dica&rdquo;, de la escritora Delphine de Vigan. La obra, que ser&aacute; publicada pr&oacute;ximamente por Anagrama, es el &uacute;ltimo libro que se traduce de una de las autoras m&aacute;s destacadas de la literatura francesa reciente. Tras el &eacute;xito indiscutible de cr&iacute;tica y lectores de &ldquo;Nada se opone a la noche&rdquo;, en el que evocaba el suicidio de su madre bipolar y algunos secretos de familia, la novelista nos ofrece ahora con su octava novela otra historia verdadera que tambi&eacute;n est&aacute; cautivando a cuantos la leen.</p>
<p>Adem&aacute;s de ofrecer al lector la sugerente narrativa de Delphine de Vigan, TURIA publica en su pr&oacute;ximo sumario otros muchos contenidos de inter&eacute;s. Y, entre ellos, destacan una selecci&oacute;n de textos in&eacute;ditos de algunos de los mejores autores del momento, tanto a nivel internacional como espa&ntilde;ol. As&iacute;, la revista publica un avance de la nueva novela de Kazuo Ishiguro, uno de los grandes escritores brit&aacute;nicos de nuestros d&iacute;as. Tambi&eacute;n da a conocer relatos in&eacute;ditos de Marta Sanz, Eloy Tiz&oacute;n, Luisg&eacute; Mart&iacute;n. Tres autores que, por su calidad, son ya son indiscutibles en el panorama de la narrativa espa&ntilde;ola de nuestros d&iacute;as.</p>
<p>No menos interesantes son los microrrelatos de Pilar Gal&aacute;n o los aforismos de Ram&oacute;n Eder, g&eacute;neros ambos que gozan hoy en&nbsp; d&iacute;a de una notable pujanza creativa&nbsp; y de los que TURIA publica a dos de sus m&aacute;s relevantes nombres propios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UNA GRAN NOVELA SOBRE LA MANIPULACI&Oacute;N</strong></p>
<p>Con ocho novelas publicadas desde 2001, el creciente aplauso de la cr&iacute;tica y la conquista de un numeroso p&uacute;blico lector en Francia y en los pa&iacute;ses en los que ha sido traducida su obra, han coronado a Delphine de Vigan como una de las escritoras europeas m&aacute;s interesantes de la actualidad.</p>
<p>&ldquo;Seg&uacute;n una historia ver&iacute;dica&rdquo;<em> </em>es una gran novela sobre la manipulaci&oacute;n. Delphine de Vigan elabora un texto que no deja indiferente al lector, que lo atrapa y somete a un torbellino de emociones. La novela es a la vez un thriller psicol&oacute;gico y una certera reflexi&oacute;n sobre la actual obsesi&oacute;n por las historias&nbsp; basadas en &ldquo;hechos reales&rdquo;.&nbsp; Delphine de Vigan se aventura a ejercer de equilibrista en esa fr&aacute;gil frontera que separa lo real de la ficci&oacute;n. De ah&iacute; que este libro sea tambi&eacute;n una inmersi&oacute;n en el coraz&oacute;n de una &eacute;poca fascinada por la verdad.</p>
<p>La propia Delphine de Vigan ha declarado sobre &ldquo;Seg&uacute;n una historia ver&iacute;dica&rdquo;: &ldquo;Este libro es la historia de mi encuentro con L.. Ella es la pesadilla de todo escritor. O m&aacute;s bien el tipo de persona con la que un escritor nunca debe cruzarse".</p>
<p>En TURIA estamos de acuerdo con Marcos Ord&oacute;&ntilde;ez cuando escribi&oacute;, a prop&oacute;sito de Delphine de Vigan: &ldquo;En literatura hay dos cosas de las que estoy seguro: solo llega al coraz&oacute;n lo que sale del coraz&oacute;n y todo depende del tono. Por supuesto que es importante la historia, pero si no aciertas con el tono malbaratas el asunto. El tono es una cuesti&oacute;n moral, como dec&iacute;a Godard hablando del <em>travelling</em>: hay que tener muy claro desde d&oacute;nde se cuenta, c&oacute;mo se cuenta, hasta d&oacute;nde se cuenta. Y, desde luego, si no hay coraz&oacute;n, si no hay alma, si no hay una mirada a la altura de los ojos, ni por encima ni por debajo, igualmente se va al garete la historia porque deja de importarnos, se queda en un mero ejercicio&rdquo;.</p>
<p><em>Quiz&aacute; ah&iacute; resida el secreto del &eacute;xito de p&uacute;blico y de cr&iacute;tica de los libros de Delphine de Vigan: </em>su literatura tiene coraz&oacute;n y tiene tono, mirada. Por todo ello, leer &ldquo;Segun una historia ver&iacute;dica&rdquo; nos seduce, nos emociona, nos conquista. Aqu&iacute; hay talento y honestidad en una novela que, como ya ha ocurrido en otros libros de la autora, nos demuestra que es posible abordar complejas y duras historias familiares y/o autobiogr&aacute;ficas y convertirlas en un gran relato.</p>
<p>Delphine de Vigan (Boulogne-Billancourt, 1966) vive en Par&iacute;s. Entre sus ocho libros editados, su novela &ldquo;<em>No y yo&rdquo; </em>recibi&oacute; el Premio de los libreros y fue llevada a la pantalla por Zabou Breitman. Tambi&eacute;n obtuvo reconocimientos con &ldquo;<em>Las horas subterr&aacute;neas&rdquo; </em>(2009): figur&oacute; en la lista de obras seleccionadas para el Premio Goncourt y obtuvo el Premio de Los Lectores de C&oacute;rcega. Un gran salto adelante se produjo con &rdquo;<em>Nada se opone a la noche&rdquo; (2011), con la que </em>ha obtenido el Premio de novela FNAC, el Premio de novela de las Televisiones Francesas, el Premio Renaudot de los Institutos de Francia, el Gran Premio de la Heroina &ldquo;<em>Madame Figaro&rdquo; </em>y el Gran Premio de las Lectoras de &ldquo;<em>Elle&rdquo;</em>. Unos galardones que se suman al &eacute;xito arrollador conseguido en Francia, donde super&oacute; el medio mill&oacute;n de ejemplares y estuvo durante muchos meses en el ranking de las novelas m&aacute;s vendidas. Asimismo ha sido publicada, o est&aacute; en v&iacute;as de publicaci&oacute;n, en veinte editoriales extranjeras. Ahora, con &ldquo;Seg&uacute;n una historia ver&iacute;dica&rdquo;, Delphine de Vigan ha vuelto a cosechar el favor de los lectores y a ser reconocida con varios premios.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA, que cuenta ya con m&aacute;s de 30 a&ntilde;os de trayectoria,&nbsp; ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. De periodicidad cuatrimestral en papel, cuenta tambi&eacute;n con una versi&oacute;n digital (web y Facebook) que est&aacute; obteniendo una buena acogida de los lectores.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>FRAGMENTO DE &ldquo;SEG&Uacute;N UNA HISTORIA VER&Iacute;DICA&rdquo;</strong></p>
<p>&ldquo;Pocos meses despu&eacute;s de que apareciera mi &uacute;ltima novela, dej&eacute; de escribir. Durante casi tres a&ntilde;os, no escrib&iacute; una sola l&iacute;nea. Las expresiones estereotipadas deben interpretarse algunas veces al pie de la letra: no escrib&iacute; ni una carta burocr&aacute;tica, ni una tarjeta de agradecimiento, ni una postal de vacaciones, ni una lista de la compra. Nada que exigiera un esfuerzo de redacci&oacute;n, que obedeciese a una preocupaci&oacute;n formal. Ni una l&iacute;nea, ni una palabra. Ver un bloc, una libreta o una ficha me produc&iacute;a n&aacute;useas.</p>
<p>Poco a poco, el mismo gesto pas&oacute; a ser ocasional, vacilante, no lo ejecutaba ya sin aprensi&oacute;n. El simple hecho de empu&ntilde;ar un bol&iacute;grafo se me hizo cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil.</p>
<p>M&aacute;s adelante, me entraba p&aacute;nico s&oacute;lo con abrir un documento de Word.</p>
<p>Buscaba la postura adecuada, la orientaci&oacute;n &oacute;ptima de la pantalla, estiraba las piernas bajo la mesa. Y luego permanec&iacute;a as&iacute;, inm&oacute;vil, durante horas, con los ojos clavados en la pantalla.</p>
<p>Tiempo despu&eacute;s, empezaron a temblarme las manos en cuanto las acercaba al teclado.</p>
<p>Rechac&eacute; sin distinci&oacute;n cuantas ofertas me propusieron: art&iacute;culos, noticias de verano, pr&oacute;logos y otras participaciones en obras colectivas. La simple palabra <em>escribir</em> aparecida en una carta o en un mensaje bastaba para que se me hiciera un nudo en el est&oacute;mago.</p>
<p>No, ya no pod&iacute;a escribir.</p>
<p>Escribir, ni pensarlo.</p>
<p>Ahora s&eacute; que corrieron distintos rumores en mi entorno, en el mundillo literario y en las redes sociales. S&eacute; que se dijo que no escribir&iacute;a m&aacute;s, que hab&iacute;a llegado a un punto final, que los fuegos de paja, o los de papel, siempre acaban apag&aacute;ndose. El hombre a quien amo se imagin&oacute; que a su contacto yo hab&iacute;a perdido el arranque, o bien el instinto creador, y que por lo tanto no tardar&iacute;a en abandonarlo.</p>
<p>Cuando los allegados, los amigos, y aun a veces los periodistas, se aventuraron a preguntarme sobre ese silencio, baraj&eacute; diferentes motivos o impedimentos, los desplazamientos al extranjero, la presi&oacute;n ligada al &eacute;xito, o incluso el final de un ciclo literario. Pretextaba la falta de tiempo, la dispersi&oacute;n, la agitaci&oacute;n, y sal&iacute;a del paso con una sonrisa cuya fingida serenidad no enga&ntilde;aba a nadie.</p>
<p>Hoy s&eacute; que todo eso es un puro pretexto. Todo eso no es nada.</p>
<p>Con mis allegados, puede que alguna vez evocase el miedo. No recuerdo haber hablado de terror, cuando en realidad de <em>terror</em> se trataba. Ahora puedo admitirlo: la escritura a la que hac&iacute;a tanto tiempo que me dedicaba, que tan hondamente hab&iacute;a transformado mi existencia y tan preciada hab&iacute;a sido para m&iacute;, me aterrorizaba&rdquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 02 Jun 2016 10:05:13 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[José Manuel Sánchez Ron: "la ciencia nos hace más libres"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jose-manuel-sanchez-ron-la-ciencia-nos-hace-mas-libres/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas16/junio/ron500.jpg" alt="" /></p>
<p>Conversamos &nbsp;en un sal&oacute;n de la Residencia de Estudiantes de Madrid. Sus muros a&uacute;n guardan el recuerdo de aquella simbiosis entre ciencia y humanidades, al abrigo de la Instituci&oacute;n Libre de Ense&ntilde;anza. Jos&eacute; Ram&oacute;n S&aacute;nchez Ron nos ha querido convocar en esta colina de los chopos que, adem&aacute;s de a Lorca, Dal&iacute; y Bu&ntilde;uel, acogi&oacute; a Juan Negr&iacute;n, Severo Ochoa, Lu&iacute;s Calandre y otros investigadores de primera. Es Doctor en F&iacute;sica y catedr&aacute;tico de Historia de la Ciencia, por lo tanto lo primero es pedirle que nos aclare nuestra dependencia de la f&iacute;sica, de la qu&iacute;mica o de la biolog&iacute;a. Algo dif&iacute;cil de concretar. &rdquo; La f&iacute;sica domina nuestra civilizaci&oacute;n. Pero yo, que soy f&iacute;sico, a veces digo que la historia me ha hecho mejor, me ha purificado, me ha hecho m&aacute;s consciente y m&aacute;s sabio. As&iacute; he podido apreciar que esa ciencia omnipresente que es la qu&iacute;mica, est&aacute; en el aire que respiramos, los alimentos, los medicamentos, los vestidos. De manera que somos qu&iacute;mica y la qu&iacute;mica y la f&iacute;sica est&aacute;n &iacute;ntimamente relacionadas&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Hablemos de interdisciplinariedad, que es la idea a la que usted ha dedicado m&aacute;s atenci&oacute;n en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. &iquest;Podemos definirla como una nueva Ilustraci&oacute;n que nos retrotrae, incluso, al hombre renacentista?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Ese es su esp&iacute;ritu. &nbsp;En el libro &nbsp;<em>La nueva ilustraci&oacute;n. Ciencia, tecnolog&iacute;a y humanidades en un mundo interdisciplinar</em> &nbsp;defiendo que se deber&iacute;a fomentar una cultura en la que grupos de especialistas se formasen con el fin de comprender mejor la naturaleza, y que colaborasen entre ellos. No es s&oacute;lo un programa deseable, sino una necesidad para comprender mejor, avanzar en la ciencia y la tecnolog&iacute;a. Todos los cient&iacute;ficos son especialistas, dominan una parte de su especialidad, pero la naturaleza no es as&iacute;. Es una &nbsp;y nosotros la hemos parcelado. Aparte de esta necesidad para avanzar en el conocimiento cient&iacute;fico y tecnol&oacute;gico deber&iacute;amos recuperar ese esp&iacute;ritu de Leonardo, de los mejores ilustrados, de tratar de formarse. Cualquier persona deber&iacute;a intentar crearse una visi&oacute;n del mundo que no estuviera escorada a&nbsp; una disciplina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- A este concepto de interdisciplinariedad usted llega despu&eacute;s de abordar el de mestizaje, y de recorrer tres siglos distintos: el XIX, XX y XXI. &iquest;Qu&eacute;&nbsp; define a cada uno de ellos, desde el punto de vista de la ciencia y la cultura?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- El XIX fue&nbsp; un siglo maravilloso para la ciencia y la t&eacute;cnica, es el siglo del electromagnetismo de Faraday y Maxwell, que cambi&oacute; nuestras vidas. Yo suelo decir en mis clases que ahora no nos sorprendemos cuando,&nbsp; con los&nbsp; ordenadores o tel&eacute;fonos m&oacute;viles, somos capaces de enviar cantidades extraordinarias de informaci&oacute;n, casi instant&aacute;neamente.&nbsp; Pero cualitativamente hay que destacar&nbsp; lo que signific&oacute; el establecimiento&nbsp;&nbsp; del primer cable telegr&aacute;fico&nbsp; submarino en 1986 que uni&oacute; Europa y Estados Unidos. En el mejor de los casos, enviar y recibir informaci&oacute;n pod&iacute;a suponer un periodo de un mes.&nbsp; Y cuando se estableci&oacute; ese primer cable telegr&aacute;fico transatl&aacute;ntico,&nbsp; aunque se pod&iacute;an enviar pocas palabras&nbsp; y eran muy caras, se consigui&oacute; establecer un di&aacute;logo. A partir de entonces el planeta se cubre de redes telegr&aacute;ficas que no solo cumplen misiones sociales sino tambi&eacute;n pol&iacute;ticas. El XIX&nbsp; es tambi&eacute;n el siglo de Darwin. A partir de &eacute;l no nos podemos mirar de la misma manera. El XIX &nbsp;lleva la ciencia, recupera aquello que de una manera primitiva, en el siglo XV &oacute; XVI, estaba m&aacute;s unido&nbsp; a la ciencia y la t&eacute;cnica,&nbsp; las relaciona de manera mucho m&aacute;s estrecha, al mismo tiempo que se avanza en el plano del conocimiento fundamental. Se siembran las semillas de lo que ser&aacute;n las grandes revoluciones de la primera mitad del siglo XX, con el descubrimiento de los rayos x. En 1896 se descubre la radiactividad. Sin darse cuenta, hac&iacute;a falta la f&iacute;sica cu&aacute;ntica, los nuevos materiales. Un siglo en el que los cient&iacute;ficos se convierten en trabajadores que ganan su salario frente al concepto de &nbsp;cient&iacute;fico&nbsp; m&aacute;s elitista.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp; Jos&eacute; Manuel S&aacute;nchez Ron deja su pasi&oacute;n por el&nbsp; siglo XIX para adentrarnos en el XX, al que ha denominado el siglo de la ciencia, &ldquo;sin &nbsp;ella no se puede comprender la sociedad, la historia. Los historiadores, cuando producen esas monograf&iacute;as donde todo pivota en torno a la pol&iacute;tica o la econom&iacute;a, no se dan cuenta de que aquello que ha transformado el mundo es la ciencia, las dos guerras mundiales y la guerra fr&iacute;a, que hay que leerlas en clave pol&iacute;tica y en clave cient&iacute;fico-tecnol&oacute;gica, sobre todo la II Guerra Mundial. No se puede comprender la segunda mitad del XX&nbsp; sin la energ&iacute;a nuclear, algo esencial en las relaciones&nbsp; internacionales, aunque algo atenuada por la desaparici&oacute;n de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica. Es una revoluci&oacute;n cient&iacute;fica que tiene sus pies en la&nbsp; f&iacute;sica cu&aacute;ntica. El electromagnetismo es la otra revoluci&oacute;n. En diciembre de 1999&nbsp; la revista <em>Time</em> eligi&oacute; a Einstein como el personaje del siglo, y eso quiere&nbsp; decir algo. El &nbsp;descubrimiento, en &nbsp;1953, de la estructura del ADN, la mol&eacute;cula de la herencia, marca un punto que luego en 1970 se desarrolla con las t&eacute;cnicas del ADN, algo muy importante. Y el XXI: es pronto para decir c&oacute;mo ser&aacute; este siglo en el que moriremos, pero creo que ser&aacute; el de la biomedicina y la interdisciplinariedad.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; El f&iacute;sico e historiador de la ciencia &nbsp;retrocede al siglo pasado para destacar otro momento que nos afecta, dice, &nbsp;a lo m&aacute;s &iacute;ntimo. Recuerda el sentimiento &nbsp;que le origina explic&aacute;rselo a los j&oacute;venes, hablarles del Universo. &ldquo;Cuando se lo digo a mis alumnos&nbsp; no pierdo la emoci&oacute;n. Hasta la d&eacute;cada de los&nbsp; 20 no qued&oacute; claro que la V&iacute;a L&aacute;ctea no agota todo el Universo, que hay otras unidades, otras galaxias. Hasta 1929-30, y eso si que fue una sorpresa,&nbsp; no se descubri&oacute; que el Universo se expande, y que por consiguiente parece que hubo un momento, hace 13.600 millones de a&ntilde;os que se produjo el Big bang, la gran explosi&oacute;n. Esa idea que algunas religiones aceptaron con alegr&iacute;a r&aacute;pidamente, ese descubrimiento es algo que hay que tener en cuenta cuando cada uno de nosotros intente construir una visi&oacute;n del mundo.&nbsp; Luego hemos ido descubriendo objetos en el Universo que siempre han atra&iacute;do nuestra atenci&oacute;n. Entonces comprendemos &nbsp;que los primeros hom&iacute;nidos ya se hac&iacute;an preguntas.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;En las mejores bibliotecas de nuestro pa&iacute;s est&aacute;n Galileo y Darwin al lado de Cervantes y Shakespeare?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-No est&aacute;n pero deber&iacute;an estarlo.&nbsp; Yo dirijo una colecci&oacute;n de cl&aacute;sicos de la ciencia y la tecnolog&iacute;a en la editorial Cr&iacute;tica. Esa colecci&oacute;n se inaugur&oacute; con un titulo, <em>El canon cient&iacute;fico</em>. Hay muchos c&aacute;nones literarios, pero c&aacute;nones cient&iacute;ficos pr&aacute;cticamente ninguno&nbsp; y en esas listas que nunca fallan de los 100 libros m&aacute;s importantes aparecen muy pocos vol&uacute;menes cient&iacute;ficos. Encontramos a &nbsp;Darwin con &nbsp;<em>El&nbsp; origen de las especies</em>, Galileo, Newton, pero se acab&oacute; la lista.&nbsp;&nbsp; Uno de mis sue&ntilde;os ser&iacute;a que, a trav&eacute;s de alg&uacute;n mecenas, esos libros&nbsp; se ofrecieran a las bibliotecas de los institutos de ense&ntilde;anza media, normalmente mal dotadas, para que no faltara un ejemplar de la Celestina, y las obra de Cervantes, Shakespeare, pero al lado de esos cl&aacute;sicos estuvieran&nbsp; Galileo, Newton, Einstein y muchos m&aacute;s. Soy consciente de que&nbsp; no por estar&nbsp; en las bibliotecas se van a leer. Pero no todo el mundo ha le&iacute;do el <em>Quijote</em>.&nbsp; Yo soy de la opini&oacute;n de que los libros, aunque no los leamos, nos hablan. Ojearlos ya nos hacen mejores.&nbsp; La cultura no es s&oacute;lo la cultura literaria y human&iacute;stica, o incluso filos&oacute;fica y cient&iacute;fica; y existe una gran ignorancia y prejuicio en torno a eso. <em>El origen de las especies</em>, de Darwin, es un libro que cualquiera, no s&oacute;lo puede sino que debe leer.&nbsp; Galileo no s&oacute;lo es un ejercicio&nbsp; de buena literatura, sino de ret&oacute;rica, en los di&aacute;logos de sus tres personajes Sagrado, Simplicio&nbsp; y Salvati. Son libros&nbsp; que no exigen de un conocimiento t&eacute;cnico avanzado para comprenderlos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Ha hecho referencia a su faceta docente. En alguna ocasi&oacute;n ha dicho que Darwin est&aacute;&nbsp; m&aacute;s vigente que Homero. &iquest;Cree que el problema de la ciencia en Espa&ntilde;a, la falta de arraigo, de resultados y desarrollo comienza en la educaci&oacute;n y tambi&eacute;n en esa disociaci&oacute;n entre ciencias y letras? &iquest;Podemos contrastar la pugna entre ciencias y letras, con la ausencia del lat&iacute;n en el bachillerato?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- No me gusta plantearlo como una pugna.&nbsp; Por supuesto Darwin y Homero, Homero y Maxwell, &nbsp;son necesarios sin duda alguna. Ahora &nbsp;bien, es m&aacute;s necesario Darwin, y sobre todo Maxwell que Homero. Estamos hablando metaf&oacute;ricamente. Homero&nbsp; nos ense&ntilde;a la vida &nbsp;y tenemos oportunidades constantemente de acceder a esa literatura, a&nbsp; esas historias creadas, imaginadas, buenas o malas, que nos sirven para vivir otras vidas. El problema de la ciencia es que no est&aacute; integrada&nbsp; en la cultura de nuestro pa&iacute;s. La ense&ntilde;anza secundaria es especialmente importante para la cultura cient&iacute;fica. Me parece que, todav&iacute;a, es m&aacute;s fuerte la ense&ntilde;anza en humanidades&nbsp; que en ciencias. Alg&uacute;n compa&ntilde;ero de la Real Academia espa&ntilde;ola &nbsp;es un palad&iacute;n de la permanencia&nbsp; del &nbsp;lat&iacute;n y el griego &nbsp;en la ense&ntilde;anza secundaria. Yo recuerdo que disfrut&eacute; mucho con el lat&iacute;n, pero la cuesti&oacute;n es, &iquest;cu&aacute;nto puede absorber un curr&iacute;culum razonable? No hay que prescindir de la historia, la lengua o la literatura, pero no hay que prescindir jam&aacute;s de las matem&aacute;ticas, la f&iacute;sica o la qu&iacute;mica.&nbsp; Obs&eacute;rvese que en esta jerarquizaci&oacute;n no he incluido el lat&iacute;n o el griego que le hacen a uno mejor, pero lo que&nbsp; no puede ser desde mi punto de vista, es que los alumnos salgan de la ense&ntilde;anza media sin tener unas bases m&iacute;nimas de matem&aacute;ticas, f&iacute;sica y qu&iacute;mica. &Eacute;sa es la cultura de nuestro tiempo, y algo imprescindible para el ser humano.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Llegados a &nbsp;este punto tenemos que hablar de la situaci&oacute;n de la ciencia en Espa&ntilde;a, que Jos&eacute; Manuel S&aacute;nchez Ron &nbsp;califica de &ldquo;problema hist&oacute;rico&rdquo;. Y que se resume en una frase: la necesidad de producir mejor ciencia.&rdquo; La ciencia no&nbsp; es solo cultura, es un instrumento para generar riqueza. Hay otra pata de la silla que cojea, que es la industria. La investigaci&oacute;n cient&iacute;fica no se puede alimentar s&oacute;lo de los centros, la mayor parte p&uacute;blicos, o de la universidad.&nbsp; Necesita del est&iacute;mulo y tambi&eacute;n de puestos de trabajo de la industria, que sea sensible&nbsp; e interesada&nbsp; en lo que ahora llamamos I+D.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- El I+D para usted es incluso una cuesti&oacute;n de Estado. Deber&iacute;a plantearse un pacto de Estado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- S&iacute;, absolutamente. En todas las elecciones la cuesti&oacute;n del I+D+I figura en los planes y propuestas de los dos partidos mayoritarios. Parec&iacute;a que les interesaba. En la segunda legislatura de Aznar se cre&oacute; un Ministerio de Ciencia y Tecnolog&iacute;a, que fracas&oacute;. En el segundo mandato de Rodr&iacute;guez Zapatero se ha creado un Ministerio de Ciencia e Innovaci&oacute;n, que parece&nbsp; una buena idea, pero los partidos quieren buscar la diferenciaci&oacute;n y renuevan el discurso cada cuatro a&ntilde;os. Hace mucho tiempo que deb&iacute;a haberse establecido un pacto de Estado, porque esto tarda en fructificar, en producir resultados competitivos y en ciencia, en este I+D, para generar riqueza a trav&eacute;s del conocimiento, lo importante es ser el primero, no vale el segundo puesto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;La Administraci&oacute;n cuenta con los cient&iacute;ficos a la hora de asesorarse?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &nbsp;La verdad es que no. Yo &nbsp;he estudiado en alguno de mis libros, como <em>El poder de la ciencia</em>, la relaci&oacute;n de Estados Unidos con los cient&iacute;ficos. Y all&iacute; hay comit&eacute;s, que se crearon hace ya muchas d&eacute;cadas, para asesorar&nbsp; al presidente y al Congreso. En Espa&ntilde;a&nbsp; es posible que haya algunos asesores del Gobierno, &nbsp;pero por lo que yo s&eacute; no est&aacute; establecido. En&nbsp; el Parlamento tampoco, y esto, insisto, es como si no existieran economistas que al menos ilustrasen, informasen y tratasen de influir en las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas. La ciencia no es s&oacute;lo cultura, es econom&iacute;a, es un futuro mejor. Desde ese punto de vista, la presencia de gente con formaci&oacute;n cient&iacute;fica en los gobiernos o parlamentos de nuestro pa&iacute;s es escasa. Ha sido escasa, no digo que inexistente pero se acerca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Los poderes p&uacute;blicos desarrollan iniciativas para recuperar a cient&iacute;ficos que protagonizaron lo que se conoce como fuga de cerebros. Usted no est&aacute; completamente de acuerdo, &iquest;por qu&eacute;?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Lo explicaba en un art&iacute;culo en <em>El Pa&iacute;s</em> titulado <em>Juventud, maldito tesoro</em>. No, no estoy de acuerdo, aunque&nbsp; con matices. Fichar gente capaz es importante, eso&nbsp; Felipe II y los ilustrados lo sab&iacute;an muy bien, &nbsp;los clubes de futbol &nbsp;tambi&eacute;n. Aunque si se trata de recuperar cerebros hay que tener en cuenta que pueden ser cient&iacute;ficos magn&iacute;ficos pero ya han dado de s&iacute; todo lo mejor que pod&iacute;an. Y eso no es un buen negocio, porque se trata de crear. Alguno de estos cient&iacute;ficos pueden darnos&nbsp; conocimientos y relaciones, pero eso no es tan importante. En el mundo actual las relaciones ya son f&aacute;ciles de obtener.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iquest;Desde su punto de vista ser&iacute;a m&aacute;s rentable <em>localizar</em> j&oacute;venes?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Exacto, &eacute;sa es la idea. Eso s&iacute;, que produzcan ahora, no s&oacute;lo que organicen.&nbsp; El ejemplo est&aacute; en &nbsp;la Universidad de Cambridge que dio un puesto muy importante a un cient&iacute;fico, un f&iacute;sico muy joven que todav&iacute;a no hab&iacute;a dado todo de lo que era capaz. Eso es lo dif&iacute;cil, apostar por un cient&iacute;fico que tiene un premio Nobel o ha sido reconocido eso lo puede hacer cualquiera, puede ser bueno y es cuesti&oacute;n de dinero y de facilidades. Como se ha visto recientemente en un centro nacional de investigaciones biom&eacute;dicas, se ha ofrecido el puesto a cient&iacute;ficos buenos del extranjero, y no s&oacute;lo es cuesti&oacute;n de dinero. Lo importante, lo dif&iacute;cil es buscar&nbsp; j&oacute;venes talentos de futuro, espa&ntilde;oles o no. Yo sostengo que ser&iacute;a bueno dar la oportunidad tambi&eacute;n a j&oacute;venes cient&iacute;ficos. &nbsp;Creo&nbsp; que estamos malgastando una o dos generaciones de j&oacute;venes cient&iacute;ficos mucho mejor formados que en el pasado. Las pr&oacute;ximas generaciones, por el desencanto, no ser&aacute;n tan buenas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A Jos&eacute; Manuel S&aacute;nchez Ron no le gusta que le califiquen de &ldquo;divulgador&rdquo;. Pese a que tal denominaci&oacute;n aparece una y otra vez asociada a su persona. Por ejemplo, el jurado del&nbsp; Premio Internacional Jovellanos lo considera el espa&ntilde;ol que m&aacute;s ha hecho por divulgar los contenidos de&nbsp; la ciencia. Comprende la buena intenci&oacute;n de quien utiliza el t&eacute;rmino, pero dice que&nbsp; fue cient&iacute;fico, y f&iacute;sico, aunque la mayor parte de su carrera&nbsp; ha pretendido ser&nbsp; un historiador. &ldquo;Y como tal pretendo que se entienda lo que explico y escribirlo&nbsp; de la manera m&aacute;s bella posible. Entiendo al divulgador, dirijo una colecci&oacute;n que es de divulgaci&oacute;n, la colecci&oacute;n Dracon 2 de Cr&iacute;tica. Pero para m&iacute; la idea de la historia&nbsp; no es s&oacute;lo contar algo por contarlo es con un fin: para influir en el presente y sobre todo en el futuro, orientar el futuro. Eso tiene una carga de ensayo tambi&eacute;n. Algunas de las partes de mis libros son de ensayo, la historia a veces se mezcla con el ensayo. Por eso no me gusta que me presenten habitualmente como divulgador. A veces m&aacute;s en serio que en broma, digo: &ldquo;hombre, no le llaman divulgador&nbsp; a Miguel Artola, el gran historiador, que se entiende todo lo que cuenta y &iquest;por qu&eacute; a m&iacute;, si se me entiende, no&nbsp; me llaman historiador?&nbsp;&nbsp; Mi ideal de profesional al que no&nbsp; renuncio es: que quiero ser mejor historiador.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al mencionar su &nbsp;faceta de acad&eacute;mico le cambia el semblante, claro que se siente a gusto entre los encargados de fijar la lengua espa&ntilde;ola. Se sienta en el sill&oacute;n G que deb&iacute;a haber ocupado Jos&eacute; Hierro, al que calific&oacute; en su discurso de ingreso como &nbsp;&ldquo;uno de esos raros alquimistas que conocen el secreto de la transmutaci&oacute;n del resentimiento en generosidad para con los dem&aacute;s&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-S&iacute;, fue muy emocionante. En el discurso inaugural hay que hacer una peque&ntilde;a necrol&oacute;gica&nbsp; de aquel acad&eacute;mico al que has sucedido.&nbsp; Y como Jos&eacute; Hierro&nbsp; no lleg&oacute; a leer su discurso, no hizo la necrol&oacute;gica de Jos&eacute; Mar&iacute;a de Areilza. Yo tuve que hacer la de los dos. A Jos&eacute; Mar&iacute;a&nbsp; de Areilza tenemos mucho que agradecerle, se fue construyendo en dos reg&iacute;menes pol&iacute;ticos muy diferentes a los que sirvi&oacute; con lealtad.&nbsp; Jos&eacute; Hierro era un hombre bueno comprometido y un poeta de&nbsp; la poes&iacute;a que a m&iacute; realmente me llega como por cierto, la de &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez, al que tuve el privilegio de conocer en la Academia, de ser su compa&ntilde;ero. Un momento tan especial como ese, entrar en la Academia, no estaba &nbsp;en mis planes de futuro y recordar algunos poemas de Jos&eacute; Hierro fue un valor a&ntilde;adido que no tiene precio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Usted ha definido a la Real Academia con una frase muy hermosa: la casa de la vida, vida que se expresa y condensa en palabras.&nbsp; Y a&ntilde;ade que un diccionario no es sino vida en su esencia m&aacute;s pura. &iquest;Qu&eacute; ser&iacute;a de la ciencia sin la lengua y de la lengua sin la ciencia?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Suspira para sopesar sus palabras. Una peque&ntilde;a pausa, un respiro.)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;-Podr&iacute;a sobrevivir. Uno&nbsp; de los grandes libros de&nbsp; ciencia, <em>Los elementos</em> de Euclides, durante generaciones&nbsp; fue utilizado para ense&ntilde;ar matem&aacute;ticas en Gran Breta&ntilde;a. Es un libro que tiene una relaci&oacute;n con la palabra&nbsp; muy primitiva. All&iacute;&nbsp; lo que manda es la l&oacute;gica, la demostraci&oacute;n, los &nbsp;axiomas y teoremas, pero su relaci&oacute;n con el idioma no es lo mejor.&nbsp; Ciencia creo que es aquello que tiene relaci&oacute;n con la naturaleza, para m&iacute; es&nbsp; el requisito, la ciencia supone &nbsp;sistemas l&oacute;gicos con capacidad de predicci&oacute;n, implica algo que tiene que ver con la realidad.&nbsp; Pero la matem&aacute;tica crea mundos que parecen no tener correlato con la realidad.&nbsp; Aunque &nbsp;no pasa nada por decir que la matem&aacute;tica es tambi&eacute;n una ciencia. Es, digamos, la ciencia m&aacute;s pura, y en este aspecto,&nbsp; la teor&iacute;a de la Relatividad General, la teor&iacute;a de la gravitaci&oacute;n que Einstein culmin&oacute; en 1915 la expliqu&eacute; durante muchos a&ntilde;os &nbsp;cuando era f&iacute;sico. Yo suelo decir, no s&eacute; leer un pentagrama, no s&eacute; leer m&uacute;sica, pero s&eacute; muy bien que&nbsp; aquellos que &nbsp;pueden leer la Novena Sinfon&iacute;a, &nbsp;la reproducen &nbsp;en su mente y se emocionan. Yo puedo leer las f&oacute;rmulas de la relatividad general y conmoverme tambi&eacute;n, pero la relaci&oacute;n con el lenguaje no aparece.&nbsp; La ciencia,&nbsp; como instrumento t&eacute;cnico y exclusivo para mejorar o empeorar a veces el mundo,&nbsp; no puede estar nunca de espaldas al lenguaje. Lo que yo sostengo es que no basta con la educaci&oacute;n, con ense&ntilde;ar,&nbsp; sino que hay que conmover. Si no conmueves con las palabras,&nbsp; las ideas y las met&aacute;foras que construyes,&nbsp; entonces la ciencia continuar&aacute; siendo un elemento extra&ntilde;o en la vida de la mayor parte de las personas. Eso es una tragedia, porque la ciencia es aquello que&nbsp; nos hace m&aacute;s libres, no m&aacute;s felices. Aquellos que, como yo, se consideran darwinianos probablemente encontrar&aacute;n m&aacute;s dif&iacute;cil tener una visi&oacute;n trascendente de la vida. Darte cuenta de eso, tener esa convicci&oacute;n, no te hace m&aacute;s feliz, porque todos tenemos &nbsp;los mismos problemas, pero s&iacute; te hace m&aacute;s digno y m&aacute;s libre. La dignidad y la libertad es algo que debemos buscar para todas las personas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Podemos decir por tanto que usted est&aacute; en la Academia como defensor de la lengua en relaci&oacute;n a la ciencia y como &nbsp;defensor de la lengua en tanto que factor de libertad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>--S&iacute;, claro. La libertad junto con la compasi&oacute;n y la justicia, es algo que desde luego debemos buscar en un mundo en el que ya sabemos que no somos libres, es un ansia, es un fin inalcanzable.&nbsp; Pero esas ansias y esos modelos son los que nos hacen mejores y m&aacute;s dignos. No pretendo convertirme en el palad&iacute;n de la libertad a trav&eacute;s de las palabras, pero procuro no olvidar que la lengua no es un instrumento con el que uno juega &nbsp;produciendo construcciones hermosas o analizando su estructura o tratando de&nbsp; velar por su pureza, sino que tambi&eacute;n es algo consustancial, que nos hace humanos.&nbsp; Vargas Llosa dice que es aquello&nbsp; que nos hace&nbsp; m&aacute;s plenamente humanos. SI hay algo que nos distingui&oacute; y nos permiti&oacute; sobrevivir sobre otros hom&iacute;nidos es la facultad de la palabra, que adem&aacute;s est&aacute; &iacute;ntimamente asociada a esa capacidad simb&oacute;lica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando&nbsp; nos despedimos de Jos&eacute; Manuel S&aacute;nchez Ron empieza a caer la tarde sobre la Residencia de Estudiantes. Atr&aacute;s han quedado el jard&iacute;n de las adelfas, dise&ntilde;ado por Juan Ram&oacute;n, y el canalillo que ya no corre libre por los jardines sino soterrado, aunque se mantenga, como vestigio del que recordaba Alberti, un tramo a guisa de estanque. Ciencia, lenguaje y libertad; nos llevamos &nbsp;esos tres conceptos de la charla con Jos&eacute; Ram&oacute;n S&aacute;nchez Ron que dan sentido a las palabras que pronunci&oacute; el 19 de octubre de 2003 al ingresar en la Academia: &ldquo;no conozco mejor servicio a la lengua que el de utilizarla en defensa de la libertad&rdquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 02 Jun 2016 08:49:21 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Prosa del Transiberiano]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/prosa-del-transiberiano/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2016/junio/cendrans500.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="center">Versi&oacute;n espa&ntilde;ola de Miguel Veyrat</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>PROSA DEL TRANSSIBERIANO Y DE LA JUHANITA DE FRANCIA</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entonces era yo todav&iacute;a adolescente,</p>
<p>Ten&iacute;a apenas diecis&eacute;is a&ntilde;os y ya no recordaba nada de mi infancia</p>
<p>Estaba a 16.000 leguas del lugar donde nac&iacute;</p>
<p>Estaba en Mosc&uacute; en la ciudad de los mil m&aacute;s tres campanarios y de las siete estaciones</p>
<p>Pero no me bastaban las siete estaciones y las mil y tres torres</p>
<p>Porque mi adolescencia era tan ardiente y tan loca</p>
<p>Que mi coraz&oacute;n ard&iacute;a alternativamente como el templo de &Eacute;feso o como la Plaza Roja de /Mosc&uacute;</p>
<p>Cuando se acuesta el sol.</p>
<p>Y mis ojos iluminaban antiguas rutas</p>
<p>Y era ya tan mal poeta</p>
<p>Que no sab&iacute;a llegar hasta el final.</p>
<p>El Kremlin era como un inmenso pastel t&aacute;rtaro pintarrajeado de oro,</p>
<p>Con las grandes almendras de las catedrales, tan blancas</p>
<p>Y el meloso dorado de las campanas...</p>
<p>Un viejo monje me le&iacute;a la leyenda de Novgorod</p>
<p>Yo ten&iacute;a sed</p>
<p>Y descifraba los signos cuneiformes</p>
<p>Y de pronto, las palomas del Esp&iacute;ritu Santo se echaban a volar por la plaza</p>
<p>Y mis manos tambi&eacute;n volaban con rumores de albatros</p>
<p>Y con ello evocaban las &uacute;ltimas a&ntilde;oranzas del &uacute;ltimo d&iacute;a</p>
<p>Del &uacute;ltimo viaje</p>
<p>Y del mar.</p>
<p>Sin embargo yo era un poeta bastante malo.</p>
<p>No sab&iacute;a llegar hasta el fin</p>
<p>Ten&iacute;a hambre</p>
<p>Y hubiese querido beber y romper todos los d&iacute;as y todas las mujeres</p>
<p>Y todos los vasos en los caf&eacute;s&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Y todos los escaparates y todas las calles</p>
<p>Y todas las casas y todas las vidas</p>
<p>Y todas las ruedas de los carricoches que giraban como torbellinos sobre los torcidos /adoquines</p>
<p>Habr&iacute;a querido sumergirlas en un gran horno de espadas</p>
<p>Y habr&iacute;a querido triturar todos los huesos</p>
<p>Y arrancar todas las lenguas</p>
<p>Y licuar todos esos grandes cuerpos desnudos y extra&ntilde;os bajo esos ropajes que me /asustan&hellip;</p>
<p>Present&iacute;a el advenimiento del gran Cristo rojo de la revoluci&oacute;n rusa&hellip;</p>
<p>Y el sol era una inmensa herida que se abr&iacute;a como un brasero.</p>
<p>En aquel tiempo yo era un adolescente</p>
<p>Apenas ten&iacute;a diecis&eacute;is a&ntilde;os y ya no recordaba mi nacimiento</p>
<p>Estaba en Mosc&uacute; donde quer&iacute;a alimentarme de llamas</p>
<p>Y no me satisfac&iacute;an las torres y las estaciones que constelaban mi ojos</p>
<p>En Siberia rug&iacute;a el ca&ntilde;&oacute;n, hab&iacute;a guerra</p>
<p>Hambre fr&iacute;o peste c&oacute;lera</p>
<p>Y las aguas fangosas del Amor arrastraban millones de carro&ntilde;as</p>
<p>En todas las estaciones ve&iacute;a partir todos los &uacute;ltimos trenes</p>
<p>Ya nadie pod&iacute;a irse porque no se vend&iacute;an m&aacute;s boletos</p>
<p>Y los soldados que se iban hubieran preferido quedarse...</p>
<p>Un viejo monje me cantaba la leyenda de Novgorod</p>
<p>Yo, el mal poeta que no quer&iacute;a ir a ninguna parte, pod&iacute;a ir a todos lados</p>
<p>Y tambi&eacute;n a los comerciantes les quedaba el dinero suficiente para intentar irse a hacer fortuna&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Su tren sal&iacute;a todos los viernes de ma&ntilde;ana</p>
<p>Se dec&iacute;a que hab&iacute;a muchos muertos</p>
<p>Uno llevaba cien cajas de despertadores y cuc&uacute;s de la Selva Negra</p>
<p>Otros cajas de sombreros, cilindros y un surtido de tirabuzones de Sheffield&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Otros ata&uacute;des de Malm&ouml;e llenos de latas de conservas y sardinas en aceite</p>
<p>Tambi&eacute;n hab&iacute;a muchas mujeres</p>
<p>Mujeres entrepiernas en alquiler que tambi&eacute;n pod&iacute;an usarse</p>
<p>Ata&uacute;des</p>
<p>Todas pagaban impuestos</p>
<p>Se dec&iacute;a que hab&iacute;a muchos muertos all&iacute;</p>
<p>Ellas viajaban con tarifa reducida</p>
<p>Y todas ten&iacute;an una cuenta corriente en el banco.</p>
<p>Pues bien, un viernes de ma&ntilde;ana me lleg&oacute; la hora por fin</p>
<p>Est&aacute;bamos en diciembre</p>
<p>y tambi&eacute;n yo part&iacute; para acompa&ntilde;ar al viajante joyero que iba a Jarb&iacute;n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Ten&iacute;amos dos asientos en el expreso y 34 cofres de joyer&iacute;a de Pforzheim</p>
<p>Pacotilla alemana &laquo;Made in Germany&raquo;</p>
<p>Me hab&iacute;a vestido de punta en blanco, y al subir al tren se me perdi&oacute; un bot&oacute;n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>- Lo recuerdo, lo recuerdo, a menudo pens&eacute; en ello desde entonces-</p>
<p>Yo dorm&iacute;a sobre los cofres y me sent&iacute;a muy contento</p>
<p>de poder jugar con la browning&nbsp; Niquelada que tambi&eacute;n me hab&iacute;a dado</p>
<p>Me sent&iacute;a muy feliz despreocupado</p>
<p>Cre&iacute;a jugar a los bandoleros</p>
<p>Hab&iacute;amos robado el tesoro de Golconda</p>
<p>Y, gracias al transiberiano, &iacute;bamos a ocultarlo del otro lado del mundo</p>
<p>Yo ten&iacute;a que defenderlo contra los ladrones del Ural</p>
<p>que hab&iacute;an atacado a los saltimbanquis de Julio Veme</p>
<p>Contra los Junguzes, los boxers de la China</p>
<p>Y los rabiosos peque&ntilde;os mongoles del Gran Lama</p>
<p>Alibab&aacute; y los cuarenta ladrones</p>
<p>Y los fieles del terrible Viejo de la monta&ntilde;a</p>
<p>Sobre todo, contra los m&aacute;s modernos</p>
<p>Los rateros de hotel</p>
<p>Y los especialistas de los expresos internacionales</p>
<p>Y sin embargo, y sin embargo</p>
<p>Estaba triste como un ni&ntilde;o</p>
<p>Los ritmos del tren</p>
<p>La &laquo;m&eacute;dula ferrocarrilera&raquo; de los psiquiatras americanos</p>
<p>El ruido de las puertas de las voces de los ejes rechinando sobre los rieles congelados</p>
<p>El ferl&iacute;n de oro de mi futuro</p>
<p>Mi browning el piano y los juramentos de los jugadores</p>
<p>de&nbsp; cartas en el compartimento de al lado &laquo;</p>
<p>La deslumbrante presencia de Juana</p>
<p>El hombre de anteojos azules que se paseaba nerviosamente</p>
<p>por el corredor y me miraba al pasar</p>
<p>Murmullos de mujeres&nbsp;</p>
<p>Y el silbido del vapor</p>
<p>Y el eterno ruido de las ruedas locas en los carriles celestes</p>
<p>Los vidrios est&aacute;n escarchados</p>
<p>&iexcl;La naturaleza no existe!</p>
<p>Y detr&aacute;s, las llanuras siberianas el cielo bajo y las grandes sombras de los</p>
<p>Taciturnos que suben y bajan</p>
<p>Estoy acostado sobre una manta de viaje</p>
<p>Colorinche</p>
<p>Como mi vida</p>
<p>Y mi vida no me abriga m&aacute;s que esa manta&nbsp;</p>
<p>Escocesa</p>
<p>Y toda Europa entrevista por el parabrisas de un expreso a toda m&aacute;quina</p>
<p>No es m&aacute;s rica que mi vida</p>
<p>Mi pobre vida</p>
<p>Esta manta</p>
<p>Deshilachada sobre cofres llenos de oro</p>
<p>Con los que viajo</p>
<p>Sue&ntilde;o</p>
<p>Fumo</p>
<p>y la &uacute;nica llama del universo</p>
<p>Es un pobre pensamiento...</p>
<p>Desde el fondo de mi coraz&oacute;n me brotan l&aacute;grimas</p>
<p>Si pienso, Amor, en mi querida;</p>
<p>Ella no es m&aacute;s que una ni&ntilde;a, a quien encontr&eacute; as&iacute;</p>
<p>P&aacute;lida, inmaculada, en el fondo de un burdel.</p>
<p>No es m&aacute;s que una ni&ntilde;a, rubia, risue&ntilde;a y triste,</p>
<p>No sonr&iacute;e y nunca llora;</p>
<p>Pero en el fondo de sus ojos, cuando te deja beber en ellos,</p>
<p>Tiembla un dulce lis de plata, la flor del poeta.</p>
<p>Es dulce y muda, sin ning&uacute;n reproche,</p>
<p>Con un largo estremecimiento cuando t&uacute; te aproximas;</p>
<p>Pero cuando yo voy hacia ella, por aqu&iacute;, por all&aacute;, festivo,</p>
<p>Ella da un paso, luego cierra los ojos, y da un paso.</p>
<p>Porque es mi amor, y las otras mujeres</p>
<p>S&oacute;lo tienen vestidos de oro sobre grandes cuerpos llameantes,</p>
<p>Mi pobre amiga est&aacute; tan desamparada,</p>
<p>Est&aacute; toda desnuda, no tiene cuerpo, es demasiado pobre.</p>
<p>No es m&aacute;s que una flor c&aacute;ndida, endeble,</p>
<p>La flor del poeta, un pobre lis de plata,</p>
<p>Muy fr&iacute;o, muy solo, y ya tan mustio</p>
<p>Que me brotan las l&aacute;grimas si pienso en su coraz&oacute;n.</p>
<p>Y esta noche es similar a otras cien mil cuando un tren rasga la noche</p>
<p>- Caen los cometas-</p>
<p>Y el hombre y la mujer, a&uacute;n j&oacute;venes, se divierten haciendo el amor.</p>
<p>El cielo es como la carpa desgarrada de un circo pobre</p>
<p>en un pueblecito de pescadores</p>
<p>En Flandes</p>
<p>El sol es un quinqu&eacute; humoso</p>
<p>Y en lo m&aacute;s alto de un trapecio una mujer representa la luna.</p>
<p>El clarinete la corneta una agria flauta y un mal tambor</p>
<p>Y aqu&iacute; est&aacute; mi cuna</p>
<p>Mi cuna</p>
<p>Siempre estaba cerca del piano cuando mi madre como</p>
<p>Madame Bovary tocaba las sonatas de Beethoven</p>
<p>Yo pas&eacute; mi infancia en los jardines suspendidos de Babilonia</p>
<p>y la rabona, en las estaciones frente a los trenes a punto de salir&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Ahora hago correr todos los trenes detr&aacute;s de m&iacute;</p>
<p>B&acirc;le-Tombuct&uacute;</p>
<p>Tambi&eacute;n jugu&eacute; a las carreras en Auteuil y Longchamp Par&iacute;s-Nueva York</p>
<p>Ahora hago correr todos los trenes a todo lo largo de mi vida Madrid-Estocolmo</p>
<p>Y perd&iacute; todas mis apuestas</p>
<p>S&oacute;lo queda la Patagonia, la Patagonia, que convenga a mi inmensa tristeza,</p>
<p>la Patagonia, y un viaje por los mares del Sur</p>
<p>Estoy en camino</p>
<p>Siempre estuve en camino</p>
<p>Estoy en el camino con la peque&ntilde;a Juana de Francia</p>
<p>El tren da un peligroso salto y vuelve a caer sobre todas sus ruedas</p>
<p>El tren vuelve a caer sobre sus ruedas</p>
<p>El tren siempre vuelve a caer sobre todas sus ruedas</p>
<p>&laquo;Dime, Blas, &iquest;estamos muy lejos de Montmartre?&raquo;</p>
<p>Estamos lejos, Juana, viajas desde hace siete d&iacute;as</p>
<p>Est&aacute;s lejos de Montmartre, de la Butte que te aliment&oacute; del</p>
<p>Sagrado Coraz&oacute;n contra el cual te acurrucaste</p>
<p>Par&iacute;s desapareci&oacute; y su enorme fogata</p>
<p>No quedan m&aacute;s que las cenizas constantes</p>
<p>La lluvia que cae</p>
<p>La turba que se hincha</p>
<p>La Siberia que gira</p>
<p>Los pesados manteles de nieve que ascienden</p>
<p>Y el cascabel de la locura que tintinea como un &uacute;ltimo deseo en el aire azulado</p>
<p>El tren palpita en el coraz&oacute;n de los horizontes plomizos</p>
<p>Y tu pena r&iacute;e burlona.,.</p>
<p>&laquo;Dime, Blas, &iquest;estamos muy lejos de Montmartre?&raquo;</p>
<p>Las preocupaciones</p>
<p>Olvida las preocupaciones</p>
<p>Todas las estaciones agrietadas oblicuas sobre la ruta</p>
<p>Los hilos telegr&aacute;ficos de los que cuelgan</p>
<p>Los postes grotescos que gesticulan y los estrangulan</p>
<p>El mundo se estira se alarga y se retira como un acorde&oacute;n</p>
<p>atormentado por una mano s&aacute;dica</p>
<p>En las resquebraduras del cielo, las furiosas locomotoras</p>
<p>Huyen</p>
<p>y en los agujeros,</p>
<p>las vertiginosas ruedas las bocas las voces</p>
<p>y los perros de la desdicha que ladran a nuestras espaldas</p>
<p>Los demonios est&aacute;n desencadenados</p>
<p>Chatarras</p>
<p>Todo es un acorde falso</p>
<p>El &laquo;brun-run-run&raquo; de las ruedas</p>
<p>Choques</p>
<p>Rebotes</p>
<p>Somos una tormenta bajo el cr&aacute;neo de un sordo...</p>
<p>&laquo;Dime, Blas, &iquest;estamos muy lejos de Montmartre?&raquo;</p>
<p>Pero s&iacute;, me pones nervioso, bien lo sabes, estamos muy lejos</p>
<p>La locura recalentada ruge en la locomotora</p>
<p>La peste el c&oacute;lera se alzan como brasas ardientes en nuestro camino</p>
<p>Desaparecemos en la guerra totalmente en un t&uacute;nel</p>
<p>El hambre la gran puta se aferra a las nubes en desbandada</p>
<p>y esti&eacute;rcol de las batallas en montones apestosos de muertos</p>
<p>Haz como &eacute;l, haz tu oficio...</p>
<p>&laquo;Dime, Blas, &iquest;estamos muy lejos de Montmartre?&raquo;</p>
<p>S&iacute;, estamos muy lejos, estamos muy lejos</p>
<p>Todos los chivos emisarios reventaron en este desierto</p>
<p>Oye los cencerros de ese reba&ntilde;o sarnoso Tomsk</p>
<p>Tcheliabinsk Kainsk Obi Taichet Verkn&eacute; Udinsk Kurg&aacute;n Samara Pensa-Tul&uacute;n</p>
<p>La muerte en Manchuria</p>
<p>Es nuestro desembarcadero y nuestra &uacute;ltima guarida</p>
<p>Este viaje es terrible</p>
<p>Ayer por la ma&ntilde;ana</p>
<p>Iv&aacute;n Ulitch ten&iacute;a los cabellos blancos</p>
<p>y Kolia Nicolai Ivanovitch se roe los dedos desde hace quince d&iacute;as...</p>
<p>Haz como ellos la Muerte el Hambre haz tu oficio</p>
<p>Cuesta cinco francos, en transiberiano, cuesta cien rubios</p>
<p>Afiebra los bancos y enrojece bajo la mesa</p>
<p>El diablo est&aacute; en el piano</p>
<p>Sus nudosos dedos excitan a todas las mujeres</p>
<p>La Naturaleza</p>
<p>Las Busconas</p>
<p>Haz tu oficio</p>
<p>Hasta Jarb&iacute;n...</p>
<p>&laquo;Dime, Blas, &iquest;estamos muy lejos de Montmartre?&raquo;</p>
<p>Pero... vete al diablo... d&eacute;jame tranquilo</p>
<p>Tienes caderas angulares</p>
<p>Tu vientre es agrio y tienes blenorragia</p>
<p>Eso es todo lo que Par&iacute;s puso en tu regazo</p>
<p>Tambi&eacute;n un poco de alma... porque eres desdichada</p>
<p>Tengo piedad tengo piedad ven hacia m&iacute; sobre mi coraz&oacute;n</p>
<p>Las ruedas son los molinos de viento de Jauja</p>
<p>Y los molinos de viento son las muletas que hace girar un mendigo</p>
<p>Somos los lisiados del espacio</p>
<p>Rodamos sobre nuestras cuatro heridas</p>
<p>Nos cortan las alas</p>
<p>Las alas de nuestros siete pecados</p>
<p>y todos los trenes son los baleros del diablo</p>
<p>Corral</p>
<p>El mundo moderno</p>
<p>La velocidad no tiene la culpa</p>
<p>El mundo moderno</p>
<p>Las lejan&iacute;as est&aacute;n demasiado lejos</p>
<p>Y al final del viaje es terrible ser un hombre con una mujer...</p>
<p>&mdash;Dime, Blas, &iquest;estamos muy lejos de Montmartre?</p>
<p>Tengo piedad tengo piedad ven a m&iacute; te contar&eacute; una historia</p>
<p>Ven a mi cama</p>
<p>Ven a mi coraz&oacute;n</p>
<p>Te contar&eacute; una historia...</p>
<p>&nbsp;&iexcl;Oh ven! &iexcl;ven!</p>
<p>En Fidji reina la primavera eterna</p>
<p>La pereza</p>
<p>El amor extas&iacute;a a las parejas en la hierba alta</p>
<p>y la s&iacute;filis ronda bajo los bananeros</p>
<p>&iexcl;Ven a la islas perdidas del Pac&iacute;fico!</p>
<p>Tienen los nombres del F&eacute;nix, de las Marquesas</p>
<p>Borneo y Java</p>
<p>y C&eacute;lebes con forma de gato.</p>
<p>&nbsp;No podemos ir al Jap&oacute;n</p>
<p>&iexcl; Ven a M&eacute;jico!</p>
<p>En sus altiplanicies florecen los tulipaneros</p>
<p>Las lianas tentaculares son la cabellera del sol</p>
<p>Se hablar&iacute;a de la paleta y los pinceles de un pintor</p>
<p>Colores fragorosos como gongs,</p>
<p>All&iacute; estuvo Rousseau</p>
<p>All&iacute; deslumbr&oacute; su vida</p>
<p>Es el pa&iacute;s de los p&aacute;jaros</p>
<p>El p&aacute;jaro del para&iacute;so, el ave lira</p>
<p>El tuc&aacute;n, el sinsonte</p>
<p>Yel colibr&iacute; anida en el coraz&oacute;n de los lirios negros</p>
<p>&iexcl;Ven!</p>
<p>Nos amaremos en las majestuosas ruinas de un templo azteca</p>
<p>T&uacute; ser&aacute;s mi &iacute;dolo</p>
<p>Un &iacute;dolo abigarrado infantil un poco feo y extra&ntilde;amente raro</p>
<p>&iexcl;Oh ven!</p>
<p>&nbsp;Si quieres iremos en aeroplano y volaremos sobre el pa&iacute;s de los mil lagos,</p>
<p>All&iacute; las noches son desmesuradamente largas</p>
<p>El antepasado prehist&oacute;rico tendr&aacute; miedo de mi motor</p>
<p>Aterrizar&eacute; y construir&eacute; un hangar para mi avi&oacute;n con los huesos f&oacute;siles de mamut</p>
<p>El fuego primitivo recalentar&aacute; nuestro pobre amor</p>
<p>Samovar</p>
<p>Y nos amaremos cerca del polo al modo muy burgu&eacute;s</p>
<p>&iexcl;Oh ven!</p>
<p>Juana mi Juani Juanita nita mi tetita</p>
<p>Mimimi miamor mi putita mi Per&uacute;</p>
<p>A la nana nanita</p>
<p>Mi col mi colita</p>
<p>Chum chum koras&oacute;n</p>
<p>De pollito</p>
<p>Amada cabrita</p>
<p>Chochito m&iacute;o</p>
<p>Mi caprichito</p>
<p>Cuchi cuchi</p>
<p>Se durmi&oacute;.</p>
<p>Y no se trag&oacute; ni una sola de todas las horas del mundo</p>
<p>Ninguno de todos lo s rostros vislumbrados en las estaciones</p>
<p>Ninguno de todos los relojes</p>
<p>La hora de Par&iacute;s la hora de Berl&iacute;n la hora de San Petersburgo</p>
<p>/y la hora de todas las estaciones</p>
<p>Y en Ufa, el rostro ensangrentado del artillero</p>
<p>Y la esfera tontamente luminosa de Grodno</p>
<p>Y el eterno avance del tren</p>
<p>Todas las ma&ntilde;anas se ponen en hora los relojes</p>
<p>El tren adelanta el sol atrasa</p>
<p>No importa, oigo las sonoras campanas</p>
<p>La enorme campana de N&ocirc;tre-Dame</p>
<p>La campanita agridulce del Louvre que convoc&oacute; la San Bartolom&eacute;</p>
<p>&nbsp;Los carillones enmohecidos de Brujas la Muerta</p>
<p>Las campanillas el&eacute;ctricas de la biblioteca de Nueva York</p>
<p>Las campanas de Venecia</p>
<p>Y las de Mosc&uacute;, el reloj de la Puerta Roja que me contaba las horas cuando estaba en una /oficina</p>
<p>Y mis recuerdos</p>
<p>El tren retumba en las placas giratorias</p>
<p>El tren rueda</p>
<p>Un gram&oacute;fono ronca una marcha c&iacute;ngara</p>
<p>Y el mundo, como el reloj del barrio jud&iacute;o de Praga, gira locamente al rev&eacute;s</p>
<p>Deshoja la rosa de los vientos</p>
<p>Ya zumban las tormentas desencadenadas</p>
<p>Los trenes ruedan en torbellino sobre las redes enmara&ntilde;adas Baleros diab&oacute;licos</p>
<p>Hay trenes que nunca se encuentran</p>
<p>Otros se pierden en el camino</p>
<p>Los jefes de estaci&oacute;n juegan al ajedrez</p>
<p>Chaquete</p>
<p>Billar</p>
<p>Carambolas</p>
<p>Par&aacute;bolas</p>
<p>la v&iacute;a f&eacute;rrea es una nueva geometr&iacute;a</p>
<p>Siracusa</p>
<p>Arqu&iacute;medes</p>
<p>y los soldados que lo degollaron</p>
<p>y las galeras</p>
<p>y las naves</p>
<p>y los prodigiosos artefactos que invent&oacute;</p>
<p>y todas las matanzas</p>
<p>La historia antigua</p>
<p>La historia moderna</p>
<p>Los torbellinos</p>
<p>Los naufragios</p>
<p>Hasta el del Tit&aacute;nica que le&iacute; en el diario</p>
<p>Otras tantas im&aacute;genes-asociaciones que no puedo desarrollar en mis versos</p>
<p>Porque todav&iacute;a soy un poeta muy malo</p>
<p>Porque el universo me desborda</p>
<p>Porque no me preocup&eacute; por asegurarme contra los accidentes de tren</p>
<p>Porque no s&eacute; ir hasta el fondo de las cosas y tengo miedo.</p>
<p>Tengo miedo</p>
<p>No s&eacute; ir hasta el fondo de las cosas</p>
<p>Como mi amigo Chagall podr&iacute;a hacer una serie de cuadros dementes&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Pero no tom&eacute; notas de viaje</p>
<p>&laquo;Perd&oacute;nenme la ignorancia</p>
<p>Perd&oacute;nenme no conocer ya el antiguo juego de los versos&raquo;</p>
<p>Como dice Guillaume Apollinaire</p>
<p>Todo lo que se refiere a la guerra puede leerse en las Memorias de Kuropatkin&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>O en los diarios japoneses que est&aacute;n tan cruelmente ilustrados</p>
<p>Para qu&eacute; documentarme</p>
<p>Me abandono</p>
<p>A los sobresaltos de mi memoria...</p>
<p>A partir de lrkutsk el viaje se hizo demasiado lento</p>
<p>Demasiado&nbsp; largo</p>
<p>Nosotros est&aacute;bamos en el primer tren que rodeaba el lago Baikal</p>
<p>Hab&iacute;an adornado la locomotora con banderas y farolitos</p>
<p>Y dejamos la estaci&oacute;n con los tristes acentos del himno al Zar</p>
<p>Si yo fuera pintor verter&iacute;a mucho rojo, mucho amarillo en el final de este viaje</p>
<p>Pues en verdad creo que todos est&aacute;bamos un poco locos</p>
<p>Y que un inmenso delirio ensangrentaba las nerviosas caras de mis compa&ntilde;eros de viaje</p>
<p>Cuando nos acerc&aacute;bamos a Mongolia</p>
<p>Que retumbaba como un incendio.</p>
<p>El tren hab&iacute;a disminuido su marcha</p>
<p>Y en el perpetuo rechinamiento de las ruedas percib&iacute;a</p>
<p>Los acentos locos y los sollozos</p>
<p>De una liturgia eterna.</p>
<p>He visto</p>
<p>He visto los trenes silenciosos los trenes negros que volv&iacute;an del Lejano Oriente y que /pasaban como fantasmas</p>
<p>Y mi ojo, como el fanal de popa, a&uacute;n corre tras esos trenes</p>
<p>En Talga agonizaban 100.000 heridos por falta de cuidados</p>
<p>Visit&eacute; los hospitales de Krasnoiarsk</p>
<p>Y en Jilok nos cruzamos con un largo convoy de soldados locos</p>
<p>En los lazaretos vi llagas abiertas heridas que sangraban a rabiar&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los miembros amputados danzaban en derredor</p>
<p>O alzaban el vuelo en el aire ronco</p>
<p>El incendio se hallaba en todas las caras en todos los corazones</p>
<p>Dedos idiotas tamborileaban sobre todos los vidrios y bajo la presi&oacute;n del miedo todas las /miradas reventaban como abscesos&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>En todas las estaciones quemaban todos los vagones</p>
<p>Y he visto</p>
<p>He visto trenes de 60 locomotoras que hu&iacute;an a todo vapor perseguidas por los horizontes /en celo y bandas de cuervos que alzaban el vuelo desesperadamente tras ellos</p>
<p>Desaparecer</p>
<p>En direcci&oacute;n de Port-Arthur.</p>
<p>En Tchita tuvimos algunos d&iacute;as de respiro</p>
<p>Detenci&oacute;n de cinco d&iacute;as debido a la obstrucci&oacute;n de la v&iacute;a</p>
<p>Los pasamos en casa del Se&ntilde;or Yankelevitch que quer&iacute;a darme a su hija &uacute;nica en /matrimonio</p>
<p>Luego volvi&oacute; a partir el tren.</p>
<p>Ahora me hab&iacute;a instalado yo en el piano y me dol&iacute;an los dientes</p>
<p>Cuando quiero vuelvo a ver ese interior tan tranquilo el negocio del padre y los ojos de la /hija que de noche ven&iacute;a a mi cama</p>
<p>Mussorgsky</p>
<p>Y los lieder de Hugo Wolf</p>
<p>Y las arenas del Gobi</p>
<p>Y en Jailar una caravana de sombreros blancos</p>
<p>Realmente creo que estaba ebrio durante m&aacute;s de 500 kil&oacute;metros</p>
<p>Pero estaba tocando el piano y eso es todo lo que vi</p>
<p>Cuando se viaja habr&iacute;a que cerrar los ojos</p>
<p>Dormir</p>
<p>Hubiera deseado tanto dormir</p>
<p>Reconozco todos los pa&iacute;ses con los ojos cerrados por su olor y reconozco todos los trenes /por el ruido que hacen</p>
<p>Los trenes de Europa son de cuatro tiempos mientras que los de Asia son de cinco o siete /tiempos</p>
<p>Otros van en sordina son canciones de cuna</p>
<p>Hay algunos que por el ruido mon&oacute;tono de las ruedas me recuerdan la pesada prosa de /Maeterlinck</p>
<p>He descifrado todos los textos confusos de las ruedas y reunido los elementos dispersos /de una violenta belleza</p>
<p>Que poseo y que me acosa.</p>
<p>Tsitsikar y Jarb&iacute;n</p>
<p>No voy m&aacute;s lejos</p>
<p>Es la &uacute;ltima estaci&oacute;n</p>
<p>Me ape&eacute; en Jarb&iacute;n cuando acababan de prender fuego a las oficinas de la Cruz Roja&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Oh Par&iacute;s</p>
<p>Gran hogar c&aacute;lido con los tizones entrecruzados de tus calles y tus viejas casas que se /inclinan sobre ellas y se calientan como abuelas</p>
<p>Y aqu&iacute; hay anuncios en rojo en verde multicolores como mi pasado, realmente amarillo</p>
<p>Amarillo el arrogante color de las novelas de Francia en el extranjero&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Me gusta frotarme con los &oacute;mnibus en marcha en las grandes ciudades</p>
<p>Los de la l&iacute;nea Saint-Germain-Montmartre me llevan al asalto de la Butte</p>
<p>Los motores mugen como los toros de oro</p>
<p>Las vacas del crep&uacute;sculo pastan en el Sacr&eacute;-Coeur</p>
<p>Oh Par&iacute;s</p>
<p>Estaci&oacute;n central and&eacute;n de las voluntades encrucijada de las inquietudes</p>
<p>S&oacute;lo los vendedores de peri&oacute;dicos tienen todav&iacute;a un poco de luz sobre su puerta</p>
<p>La Compa&ntilde;&iacute;a Internacional de Wagons-Lits y de los Grandes Expresos Europeos me /envi&oacute; su prospecto</p>
<p>Es la iglesia m&aacute;s hermosa del mundo</p>
<p>Tengo amigos que me rodean como vallas</p>
<p>Cuando parto tienen miedo de que no vuelva m&aacute;s</p>
<p>Todas las mujeres que conoc&iacute; se alzan en los horizontes</p>
<p>Con los gestos lastimosos y las miradas tristes de los sem&aacute;foros bajo la lluvia</p>
<p>Bella, Agn&egrave;s, Catherine y la madre de mi hijo en Italia</p>
<p>y aqu&eacute;lla, la madre de mi amor en Am&eacute;rica</p>
<p>Hay gritos de sirena que me parten el alma</p>
<p>All&aacute; lejos en Manchuria un vientre se estremece todav&iacute;a como en un&nbsp; parto</p>
<p>Querr&iacute;a</p>
<p>Querr&iacute;a no haber hecho nunca mis viajes</p>
<p>Esta noche me atormenta un gran amor</p>
<p>Y pienso a mi pesar en la peque&ntilde;a Juahna de Francia.</p>
<p>Fue en una noche de tristeza cuando escrib&iacute; este poema en su honor&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Juana</p>
<p>La peque&ntilde;a prostituta</p>
<p>Estoy triste estoy triste</p>
<p>Ir&eacute; al Lapin-agile a recordar mi juventud perdida</p>
<p>y tomar unas copitas</p>
<p>Luego volver&eacute; solo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Par&iacute;s</p>
<p>Ciudad de la Torre &uacute;nica del gran Pat&iacute;bulo y de la Rueda</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Par&iacute;s, 1913</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<div>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Prose du Transsib&eacute;rien et de la petite Jehanne de France</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En ce temps-l&agrave;, j'&eacute;tais en mon adolescence</p>
<p>J'avais &agrave; peine seize ans et je ne me souvenais d&eacute;j&agrave; plus de mon enfance</p>
<p>J'&eacute;tais &agrave; 16.000 lieues du lieu de ma naissance</p>
<p>J'&eacute;tais &agrave; Moscou dans la ville des mille et trois clochers et des sept gares</p>
<p>Et je n'avais pas assez des sept gares et des mille et trois tours</p>
<p>Car mon adolescence &eacute;tait si ardente et si folle</p>
<p>Que mon coeur tour &agrave; tour br&ucirc;lait comme le temple d'Eph&egrave;se ou comme la Place /Rouge de Moscou</p>
<p>Quand le soleil se couche.</p>
<p>Et mes yeux &eacute;clairaient des voies anciennes.</p>
<p>Et j'&eacute;tais d&eacute;j&agrave; si mauvais po&egrave;te</p>
<p>Que je ne savais pas aller jusqu'au bout.</p>
<p>Le Kremlin &eacute;tait comme un immense g&acirc;teau tartare croustill&eacute; d'or,</p>
<p>Avec les grandes amandes des cath&eacute;drales, toutes blanches</p>
<p>Et l'or mielleux des cloches...</p>
<p>Un vieux moine me lisait la l&eacute;gende de Novgorode</p>
<p>J'avais soif</p>
<p>Et je d&eacute;chiffrais des caract&egrave;res cun&eacute;iformes</p>
<p>Puis, tout &agrave; coup, les pigeons du Saint-Esprit s'envolaient sur la place</p>
<p>Et mes mains s'envolaient aussi avec des bruissements d'albatros</p>
<p>Et ceci, c'&eacute;tait les derni&egrave;res r&eacute;miniscences</p>
<p>Du dernier jour</p>
<p>Du tout dernier voyage</p>
<p>Et de la mer.</p>
<p>Pourtant, j'&eacute;tais fort mauvais po&egrave;te</p>
<p>Je ne savais pas aller jusqu'au bout</p>
<p>J'avais faim</p>
<p>Et tous les jours et toutes les femmes dans les caf&eacute;s et tous les verres</p>
<p>J'aurais voulu les boire et les casser</p>
<p>Et toutes les vitrines et toutes les rues</p>
<p>Et toutes les maisons et toutes les vies</p>
<p>Et toutes les roues des fiacres qui tournaient en tourbillon sur les mauvais pav&eacute;s</p>
<p>J'aurais voulu les plonger dans une fournaise de glaive</p>
<p>Et j'aurais voulu broyer tous les os</p>
<p>Et arracher toutes les langues</p>
<p>Et liqu&eacute;fier tous ces grands corps &eacute;tranges et nus sous les v&ecirc;tements qui m'affolent...</p>
<p>Je pressentais la venue du grand Christ rouge de la r&eacute;volution russe...</p>
<p>Et le soleil &eacute;tait une mauvaise plaie</p>
<p>Qui s'ouvrait comme un brasier</p>
<p>En ce temps-l&agrave; j'&eacute;tais en mon adolescence</p>
<p>J'avais &agrave; peine seize ans et je ne me souvenais d&eacute;j&agrave; plus de ma naissance</p>
<p>J'&eacute;tais &agrave; Moscou o&ugrave; je voulais me nourrir de flammes</p>
<p>Et je n'avais pas assez des tours et des gares que constellaient mes yeux</p>
<p>En Sib&eacute;rie tonnait le canon, c'&eacute;tait la guerre</p>
<p>La faim le froid la peste et le chol&eacute;ra</p>
<p>Et les eaux limoneuses de l'Amour charriaient des millions de charognes</p>
<p>Dans toutes les gares je voyais partir tous les dernier trains</p>
<p>Personne ne pouvait plus partir car on ne d&eacute;livrait plus de billets</p>
<p>Et les soldats qui s'en allaient auraient bien voulu rester...</p>
<p>Un vieux moine me chantait la l&eacute;gende de Novgorod</p>
<p>Moi, le mauvais po&egrave;te, qui ne voulais aller nulle part, je pouvais aller partout</p>
<p>Et aussi les marchands avaient encore assez d'argent pour tenter aller faire fortune.</p>
<p>Leur train partait tous les vendredis matins.</p>
<p>On disait qu'il y avait beaucoup de morts.</p>
<p>L'un emportait cent caisses de r&eacute;veils et de coucous de la for&ecirc;t noire</p>
<p>Un autre, des boites &agrave; chapeaux, des cylindres et un assortiment de tire-bouchons de Sheffield</p>
<p>Un des autres, des cercueils de Malmo&euml; remplis de boites de conserve et de sardines &agrave; l'huile</p>
<p>Puis il y avait beaucoup de femmes</p>
<p>Des femmes, des entrejambes &agrave; louer qui pouvaient aussi servir</p>
<p>Des cercueils</p>
<p>Elles &eacute;taient toutes patent&eacute;es</p>
<p>On disait qu'il y a avait beaucoup de morts l&agrave;-bas</p>
<p>Elles voyageaient &agrave; prix r&eacute;duit</p>
<p>Et avaient toutes un compte courant &agrave; la banque.</p>
<p>Or, un vendredi matin, ce fut enfin mon tour</p>
<p>On &eacute;tait en d&eacute;cembre</p>
<p>Et je partis moi aussi pour accompagner le voyageur en bijouterie qui se rendait &agrave; Kharbine</p>
<p>Nous avions deux coup&eacute;s dans l'express et 34 coffres de joailleries de Pforzheim</p>
<p>De la camelote allemande "Made in Germany"</p>
<p>Il m'avait habill&eacute; de neuf et en montant dans le train j'avais perdu un bouton</p>
<p>- Je m'en souviens, je m'en souviens, j'y ai souvent pens&eacute; depuis -</p>
<p>Je couchais sur les coffres et j'&eacute;tais tout heureux de pouvoir jouer avec le browning nickel&eacute; qu'il m'avait aussi donn&eacute;</p>
<p>J'&eacute;tais tr&egrave;s heureux, insouciant</p>
<p>Je croyais jouer au brigand</p>
<p>Nous avions vol&eacute; le tr&eacute;sor de Golconde</p>
<p>Et nous allions, gr&acirc;ce au Transsib&eacute;rien, le cacher de l'autre c&ocirc;t&eacute; du monde</p>
<p>Je devais le d&eacute;fendre contre les voleurs de l'Oural qui avaient attaqu&eacute; les saltimbanques de Jules Verne</p>
<p>Contre les khoungouzes, les boxers de la Chine</p>
<p>Et les enrag&eacute;s petits mongols du Grand-Lama</p>
<p>Alibaba et les quarante voleurs</p>
<p>Et les fid&egrave;les du terrible Vieux de la montagne</p>
<p>Et surtout contre les plus modernes</p>
<p>Les rats d'h&ocirc;tels</p>
<p>Et les sp&eacute;cialistes des express internationaux.</p>
<p>Et pourtant, et pourtant</p>
<p>J'&eacute;tais triste comme un enfant</p>
<p>Les rythmes du train</p>
<p>La "mo&euml;lle chemin-de-fer" des psychiatres am&eacute;ricains</p>
<p>Le bruit des portes des voix des essieux grin&ccedil;ant sur les rails congel&eacute;s</p>
<p>Le ferlin d'or de mon avenir</p>
<p>Mon browning le piano et les jurons des joueurs de cartes dans le compartiment d'&agrave; c&ocirc;t&eacute;</p>
<p>L'&eacute;patante pr&eacute;sence de Jeanne</p>
<p>L'homme aux lunettes bleues qui se promenait nerveusement dans le couloir et me regardait en passant</p>
<p>Froissis de femmes</p>
<p>Et le sifflement de la vapeur</p>
<p>Et le bruit &eacute;ternel des roues en folie dans les orni&egrave;res du ciel</p>
<p>Les vitres sont givr&eacute;es</p>
<p>Pas de nature!</p>
<p>Et derri&egrave;re, les plaines sib&eacute;riennes le ciel bas et les grands ombres des taciturnes qui montent et qui descendent</p>
<p>Je suis couch&eacute; dans un plaid</p>
<p>Bariol&eacute;</p>
<p>Comme ma vie</p>
<p>Et ma vie ne me tient pas plus chaud que ce ch&acirc;le &eacute;cossais</p>
<p>Et l'europe toute enti&egrave;re aper&ccedil;ue au coupe-vent d'un express &agrave; toute vapeur</p>
<p>N'est pas plus riche que ma vie</p>
<p>Ma pauvre vie</p>
<p>Ce ch&acirc;le</p>
<p>Effiloch&eacute; sur des coffres remplis d'or</p>
<p>Avec lesquels je roule</p>
<p>Que je r&ecirc;ve</p>
<p>Que je fume</p>
<p>Et la seule flamme de l'univers</p>
<p>Est une pauvre pens&eacute;e...</p>
<p>Du fond de mon coeur des larmes me viennent</p>
<p>Si je pense, Amour, &agrave; ma ma&icirc;tresse;</p>
<p>Elle n'est qu'une enfant que je trouvai ainsi</p>
<p>P&acirc;le, immacul&eacute;e au fond d'un bordel.</p>
<p>Ce n'est qu'une enfant, blonde rieuse et triste.</p>
<p>Elle ne sourit pas et ne pleure jamais;</p>
<p>Mais au fond de ses yeux, quand elle vous y laisse boire</p>
<p>Tremble un doux Lys d'argent, la fleur du po&egrave;te.</p>
<p>Elle est douce et muette, sans aucun reproche,</p>
<p>avec un long tressaillement &agrave; votre approche;</p>
<p>Mais quand moi je lui viens, de ci, de l&agrave;, de f&ecirc;te,</p>
<p>Elle fait un pas, puis ferme les yeux- et fait un pas.</p>
<p>Car elle est mon amour et les autres femmes</p>
<p>N'ont que des robes d'or sur de grands corps de flammes,</p>
<p>Ma pauvre amie est si esseul&eacute;e,</p>
<p>Elle est toute nue, n'a pas de corps -elle est trop pauvre.</p>
<p>Elle n'est qu'une fleur candide, fluette,</p>
<p>La fleur du po&egrave;te, un pauvre lys d'argent,</p>
<p>Tout froid, tout seul, et d&eacute;j&agrave; si f&acirc;n&eacute;&sbquo;</p>
<p>Que les larmes me viennent si je pense &agrave; son coeur.</p>
<p>Et cette nuit est pareille &agrave; cent mille autres quand un train file dans la nuit</p>
<p>-Les com&egrave;tes tombent-</p>
<p>Et que l'homme et la femme, m&ecirc;me jeunes, s'amusent &agrave; faire l'amour.</p>
<p>Le ciel est comme la tente d&eacute;chir&eacute;e d'un cirque pauvre dans un petit village de p&ecirc;cheurs</p>
<p>En Flandres</p>
<p>Le soleil est un fumeux quinquet</p>
<p>Et tout au haut d'un trap&egrave;ze une femme fait la lune.</p>
<p>La clarinette le piston une fl&ucirc;te aigre et un mauvais tambour</p>
<p>Et voici mon berceau</p>
<p>Mon berceau</p>
<p>Il &eacute;tait toujours pr&egrave;s du piano quand ma m&egrave;re comme madame Bovary jouait les sonates de Beethoven</p>
<p>J'ai pass&eacute; mon enfance dans les jardins suspendus de Babylone</p>
<p>Et l'&eacute;cole buissoni&egrave;re dans les gares, devant les trains en partance</p>
<p>Maintenant, j'ai fait courir tous les trains derri&egrave;re moi</p>
<p>B&acirc;le-Tombouctou</p>
<p>J'ai aussi jou&eacute; aux courses &agrave; Auteuil et &agrave; Longchamp</p>
<p>Paris New-York</p>
<p>Maintenant j'ai fait courir tous les trains tout le long de ma vie</p>
<p>Madrid-Stokholm</p>
<p>Et j'ai perdu tous mes paris</p>
<p>Il n'y a plus que la Patagonie, la Patagonie qui convienne &agrave; mon immense tristesse, la Patagonie, et un voyage dans les mers du Sud</p>
<p>Je suis en route</p>
<p>J'ai toujours &eacute;t&eacute; en route</p>
<p>Le train fait un saut p&eacute;rilleux et retombe sur toutes ses roues</p>
<p>Le train retombe sur ses roues</p>
<p>Le train retombe toujours sur toutes ses roues</p>
<p>"Blaise, dis, sommes-nous bien loin de Montmartre?"</p>
<p>Nous sommes loin, Jeanne, tu roules depuis sept jours</p>
<p>Tu es loin de Montmartre, de la Butte qui t'a nourrie, du Sacr&eacute; Coeur contre lequel tu t'es blottie</p>
<p>Paris a disparu et son &eacute;norme flamb&eacute;e</p>
<p>Il n'y a plus que les cendres continues</p>
<p>La pluie qui tombe</p>
<p>La tourbe qui se gonfle</p>
<p>La Sib&eacute;rie qui tourne</p>
<p>Les lourdes nappes de neige qui remontent</p>
<p>Et le grelot de la folie qui grelotte comme un dernier d&eacute;sir dans l'air bleui</p>
<p>Le train palpite au coeur des horizons plomb&eacute;s</p>
<p>Et ton chagrin ricane...</p>
<p>"Dis, Blaise, sommes-nous bien loin de Montmartre?"</p>
<p>Les inqui&eacute;tudes</p>
<p>Oublie les inqui&eacute;tudes</p>
<p>Toutes les gares l&eacute;zard&eacute;s obliques sur la route</p>
<p>Les files t&eacute;l&eacute;graphiques auxquelles elles pendent</p>
<p>Les poteaux grima&ccedil;ant qui gesticulent et les &eacute;tranglent</p>
<p>Le monde s'&eacute;tire s'allonge et se retire comme un accord&eacute;on qu'une main sadique tourmente</p>
<p>Dans les d&eacute;chirures du ciel les locomotives en folie s'enfuient</p>
<p>et dans les trous</p>
<p>les roues vertigineuses les bouches les voies</p>
<p>Et les chiens du malheur qui aboient &agrave; nos trousses</p>
<p>Les d&eacute;mons sont d&eacute;cha&icirc;n&eacute;s</p>
<p>Ferrailles</p>
<p>Tout est un faux accord</p>
<p>Le broun-roun-roun des roues</p>
<p>Chocs</p>
<p>Rebondissements</p>
<p>Nous sommes un orage sous le cr&acirc;ne d'un sourd</p>
<p>"Dis, Blaise, sommes-nous bien loin de Montmartre?"</p>
<p>Mais oui, tu m'&eacute;nerves, tu le sais bien, nous sommes bien loin</p>
<p>La folie surchauff&eacute;e beugle dans la locomotive</p>
<p>Le peste le chol&eacute;ra se l&egrave;vent comme des braises ardentes sur notre route</p>
<p>Nous disparaissons dans la guerre en plein dans un tunel</p>
<p>La faim, la putain, se cramponnent aux nuages en d&eacute;bandade et fiente des batailles en tas /puants de morts</p>
<p>Fais comme elle, fais ton m&eacute;tier...</p>
<p>"Dis, Blaise, sommes-nous bien loin de Montmartre?"</p>
<p>Oui, nous le sommes, nous le sommes</p>
<p>Tous les boucs &eacute;missaires ont crev&eacute; dans ce d&eacute;sert</p>
<p>Entends les sonnailles de ce troupeau galeux Tomsk Tcheliabinsk Kainsk Obi Ta&iuml;chet Verkn&eacute; Oudinsk Kourgane Samara Pensa-Touloune</p>
<p>La mort en Mandchourie</p>
<p>Est notre d&eacute;barcad&egrave;re est notre dernier repaire</p>
<p>Ce voyage est terrible</p>
<p>Hier matin</p>
<p>Ivan Oullitch avait les cheveux blancs</p>
<p>Et Kolia Nicola&iuml; Ivanovovich se ronge les doigts depuis quinze jours...</p>
<p>Fais comme elles la Mort la Famine fais ton m&eacute;tier</p>
<p>Ca co&ucirc;te cent sous, en transsib&eacute;rien &ccedil;a co&ucirc;te cent roubles</p>
<p>En fi&egrave;vre les banquettes et rougeoie sous la table</p>
<p>Le diable est au piano</p>
<p>Ses doigts noueux excitent toutes les femmes</p>
<p>La Nature</p>
<p>Les Gouges</p>
<p>Fais ton m&eacute;tier</p>
<p>Jusqu'&agrave; Kharbine...</p>
<p>"Dis, Blaise, sommes-nous bien loin de Montmartre?"</p>
<p>Non mais... fiche-moi la paix... laisse-moi tranquille</p>
<p>Tu as les anches angulaires</p>
<p>Ton ventre est aigre et tu as la chaude-pisse</p>
<p>C'est tout ce que Paris a mis dans ton giron</p>
<p>C'est aussi un peu d'&acirc;me... car tu es malheureuse</p>
<p>J'ai piti&eacute; j'ai piti&eacute; viens vers moi sur mon coeur</p>
<p>Les roues sont les moulins &agrave; vent d'un pays de Cocagne</p>
<p>Et les moulins &agrave; vent sont les b&eacute;quilles qu'un mendiant fait tournoyer</p>
<p>Nous sommes les culs-de-jatte de l'espace</p>
<p>Noous roulons sur nos quatre plaies</p>
<p>On nous a rogn&eacute; les ailes</p>
<p>Les ailes de nos sept p&eacute;ch&eacute;s</p>
<p>Et tous les trains sont les bilboquets du diable</p>
<p>Basse-cour</p>
<p>Le monde moderne</p>
<p>La vitesse n'y peut mais</p>
<p>Le monde moderne</p>
<p>Les lointains sont par trop loin</p>
<p>Et au bout du voyage c'est terrible d'&ecirc;tre un homme avec une femme...</p>
<p>"Blaise, dis, sommes nous bien loin de Montmartre"</p>
<p>J'ai piti&eacute;, j'ai piti&eacute;, viens vers moi je vais te conter une histoire</p>
<p>Viens dans mon lit</p>
<p>Viens sur mon coeur</p>
<p>Je vais te conter une histoire...</p>
<p>Oh viens! viens!</p>
<p>Au Fidji r&egrave;gne l'&eacute;ternel printemps</p>
<p>La paresse</p>
<p>L'amour p&acirc;me les couples dans l'herbe haute et la chaude syphilis r&ocirc;de sous les bananiers</p>
<p>Viens dans les &icirc;les perdues du Pacifique!</p>
<p>Elles ont nom du Ph&eacute;nix, des Marquises</p>
<p>Born&eacute;o et Java</p>
<p>Et C&eacute;l&egrave;bes &agrave; la forme d'un chat</p>
<p>Nous ne pouvons pas aller au Japon</p>
<p>Viens au Mexique</p>
<p>Sur les hauts plateaux les tulipiers fleurissent</p>
<p>Les lianes tentaculaires sont la chevelure du soleil</p>
<p>On dirait la palette et le pinceau d'un peintre</p>
<p>Des couleurs &eacute;tourdissantes comme des gongs,</p>
<p>Rousseau y a &eacute;t&eacute;</p>
<p>Il y a &eacute;bloui sa vie</p>
<p>C'est la pays des oiseaux</p>
<p>L'oiseau du paradis, l'oiseau-lyre</p>
<p>Le toucan, l'oiseau moqueur</p>
<p>Et le colibri niche au coeur des lys noirs</p>
<p>Viens!</p>
<p>Nous nous aimerons dans les ruines majestueuses d'un temple azt&egrave;que</p>
<p>Tu seras mon idole</p>
<p>Une idole bariol&eacute;e enfantine un peu laide et bizarrement &eacute;trange</p>
<p>Oh viens!</p>
<p>Si tu veux, nous irons en a&eacute;roplane et nous survolerons le pays des mille lacs,</p>
<p>Les nuits y sont d&eacute;mesur&eacute;ment longues</p>
<p>L'anc&ecirc;tre pr&eacute;historique aura peur de mon moteur</p>
<p>J'atterrirai</p>
<p>Et je construirai un hangar pour mon avion avec les os fossiles de mammouth</p>
<p>Le feu primitif r&eacute;chauffera notre pauvre amour</p>
<p>Samowar</p>
<p>Et nous nous aimerons bien bourgeoisement pr&eacute;s du p&ocirc;le</p>
<p>Oh viens!</p>
<p>Jeanne Jeannette Ninette Nini ninon nichon</p>
<p>Mimi mamour ma poupoule mon P&eacute;rou</p>
<p>Dado dondon</p>
<p>Carotte ma crotte</p>
<p>Chouchou p'tit coeur</p>
<p>Cocotte</p>
<p>Ch&eacute;rie p'tite ch&egrave;vre</p>
<p>Mon p'tit p&eacute;ch&eacute; mignon</p>
<p>Concon Coucou</p>
<p>Elle dort</p>
<p>Elle dort</p>
<p>Et de toutes les heures du monde elle n'en pas gob&eacute; une seule</p>
<p>Tous les visages entrevus dans les gares</p>
<p>Toutes les horloges</p>
<p>L'heure de Paris l'heure de Berlin l'heure de Saint-P&eacute;tersbourg et l'heure de toutes les /gares</p>
<p>Et &agrave; Oufa le visage ensanglant&eacute; du canonnier</p>
<p>Et le cadrant b&ecirc;tement lumineux de Grodno</p>
<p>Et l'avance perp&eacute;tuelle du train</p>
<p>Tous les matins on met les montres &agrave; l'heure</p>
<p>Le train avance et le soleil retarde</p>
<p>Rien n'y fait, j'entends les cloches sonores</p>
<p>Le gros bourdon de Notre-Dame</p>
<p>La cloche aigrelette du Louvre qui sonna la Saint-Bathel&eacute;my</p>
<p>Les carillons rouill&eacute;s de Bruges-La-Morte</p>
<p>Les sonneries &eacute;l&eacute;ctriques de la biblioth&egrave;que de New-York</p>
<p>Les campagnes de Venise</p>
<p>Et les cloches de Moscou, l'horloge de la Porte-Rouge qui me comptait les heures quand /j'&eacute;tais dans un bureau</p>
<p>Et mes souvenirs</p>
<p>Le train tonne sur les plaques tournantes</p>
<p>Le train roule</p>
<p>Un gramphone grasseye une marche tzigane</p>
<p>Et le monde comme l'horloge du quartier juif de Prague tourne &eacute;perdument &agrave; rebours</p>
<p>Effeuille la rose des vents</p>
<p>Voici que bruissent les orages d&eacute;cha&icirc;n&eacute;s</p>
<p>Les trains roulent en tourbillon sur les r&eacute;seaux enchev&ecirc;tr&eacute;s</p>
<p>Bilboquets diaboliques</p>
<p>Il y a des trains qui ne se rencontrent jamais</p>
<p>D'autres se perdent en route</p>
<p>Les chefs-de gare jouent aux &eacute;checs</p>
<p>Tric-Trac Billard Caramboles Paraboles</p>
<p>La voie ferr&eacute;e est une nouvelle g&eacute;om&eacute;trie</p>
<p>Syracuse Archim&egrave;de</p>
<p>Et les soldats qui l'&eacute;gorg&egrave;rent</p>
<p>Et les gal&egrave;res Et les vaisseaux</p>
<p>Et les engins prodigieux qu'il inventa</p>
<p>Et toutes les tueries</p>
<p>L'histoire antique L'histoire moderne</p>
<p>Les tourbillons Les naufrages</p>
<p>M&ecirc;me celui du Titanic que j'ai lu dans un journal</p>
<p>Autant d'images-associations que je ne peux pas d&eacute;velopper dans mes vers</p>
<p>Car je suis encore fort mauvais po&egrave;te</p>
<p>Car l'univers me d&eacute;borde</p>
<p>Car j'ai n&eacute;glig&eacute; de m'assurer contre les accidents de chemins de fer</p>
<p>Car je ne sais pas aller jusqu'au bout</p>
<p>Et j'ai peur</p>
<p>J'ai peur</p>
<p>Je ne sais pas aller jusqu'au bout</p>
<p>Comme mon ami Chagall je pourrais faire une s&eacute;rie de tableaux d&eacute;ments</p>
<p>Mais je n'ai pas pris de notes en voyage</p>
<p>Pardonnez-moi mon ignorance</p>
<p>Pardonnez-moi de ne plus conna&icirc;tre l'ancien jeu des vers comme dit Guillaume Apollinaire</p>
<p>Tout ce qui concerne la guerre on peut le lire dans les m&eacute;moires de Kouropatkine</p>
<p>Ou dans les journaux japonais qui sont aussi cruellement illustr&eacute;s</p>
<p>A quoi bon me documenter</p>
<p>Je m'abandonne aux sursauts de ma m&eacute;moire...</p>
<p>A partir d'Irkoutsk le voyage devint beaucoup trop lent</p>
<p>beaucoup trop long</p>
<p>Nous &eacute;tions dans le premier train qui contournait le lac Ba&iuml;kal</p>
<p>On avait orn&eacute; la locomotive de drapeaux et de lampions</p>
<p>Et nous avions quitt&eacute; la gare aux accents tristes de l'hymne au Tzar</p>
<p>Si j'&eacute;tais peintre, je d&eacute;verserais beaucoup de rouge, beaucoup de jaune sur la fin de ce /voyage</p>
<p>Car je crois bien que nous &eacute;tions tous un peu fou</p>
<p>Et qu'un d&eacute;lire immense ensanglantait les faces &eacute;nerv&eacute;es de mes compagnons de voyage</p>
<p>Comme nous approchions de la Mongolie</p>
<p>Qui ronflait comme un incendie</p>
<p>Le train avait ralenti son allure</p>
<p>Et je percevais dans le grincement perp&eacute;tuel des roues</p>
<p>Les accents fous et les sanglots</p>
<p>d'une &eacute;ternelle liturgie</p>
<p>J'ai vu</p>
<p>J'ai vu les train silencieux les trains noirs qui revenaient de l'Extr&ecirc;me-Orient et qui /passaient en fant&ocirc;me</p>
<p>Et mon oeil, comme le fanal d'arri&egrave;re, court encore derri&egrave;re ses trains</p>
<p>A Talga 100 000 bless&eacute;s agonisaient faute de soins</p>
<p>J'ai visit&eacute; les h&ocirc;pitaux de Krasno&iuml;arsk</p>
<p>Et &agrave; Khilok nous avons crois&eacute; un long convoi de soldats fous</p>
<p>J'ai vu dans les lazarets les plaies b&eacute;antes les blessures qui saignaient &agrave; pleines orgues</p>
<p>Et les membres amput&eacute;s dansaient autour ou s'envolaient dans l'air rauque</p>
<p>L'incedie &eacute;tait sur toutes les faces dans tous les coeurs</p>
<p>Des doigts idiots tambourinaient sur toutes les vitres</p>
<p>Et sous la pression de la peur les regards crevaient comme des abc&eacute;s</p>
<p>Dans toutes les gares on br&ucirc;lait tous les wagons</p>
<p>Et j'ai vu</p>
<p>J'ai vu des trains de soixante locomotives qui s'enfuyaient &agrave; toute vapeur pourchass&eacute;s par /les horizons en rut et des bandes de corbeaux qui s'envolaient d&eacute;sesp&eacute;r&eacute;ment apr&egrave;s</p>
<p>Dispara&icirc;tre</p>
<p>Dans la direction de Port-Arthur</p>
<p>A Tchita nous e&ucirc;mes quelques jours de r&eacute;pit</p>
<p>Arr&ecirc;t de cinq jours vu l'encombrement de la voie</p>
<p>Nous les pass&acirc;mes chez monsieur Jankelevitch qui voulait me donner sa fille unique en /mariage</p>
<p>Puis le train reparti</p>
<p>Maintenant c'&eacute;tait moi qui avait pris place au piano et j'avais mal aux dents</p>
<p>Je revois quand je veux cet int&eacute;rieur si calme le magasin du p&egrave;re et les yeux de la fille qui /venait le soir dans mon lit</p>
<p>Moussorgsky</p>
<p>Et les lieder de Hugo Wolf</p>
<p>Et les sables du Gobi</p>
<p>Et &agrave; Kha&iuml;lar une caravane de chameaux blancs</p>
<p>Je crois bien que j'&eacute;tais ivre durant plus de cinq-cent kilom&egrave;tres</p>
<p>Mais j'&eacute;tais au piano et c'est tout ce que je vis</p>
<p>Quand on voyage on devrait fermer les yeux</p>
<p>Dormir j'aurais tant voulu dormir</p>
<p>Je reconnais tous les pays les yeux ferm&eacute;s &agrave; leur odeur</p>
<p>Et je reconnais tous les trains au bruit qu'ils font</p>
<p>Les trains d'Europe sont &agrave; quatre temps tandis que ceux d'Asie sont &agrave; cinq ou sept temps</p>
<p>D'autres vont en sourdine sont des berceuses</p>
<p>Et il y en a qui dans le bruit monotone des roues me rappellent la prose lourde de /Maeterlink</p>
<p>J'ai d&eacute;chiffr&eacute; tous les textes confus des roues et j'ai rassembl&eacute; les &eacute;l&eacute;ments &eacute;pars d'une /violente beaut&eacute;</p>
<p>Que je poss&egrave;de</p>
<p>Et qui me force</p>
<p>Tsitsika et Kharbine</p>
<p>Je ne vais pas plus loin</p>
<p>C'est la derni&egrave;re station</p>
<p>Je d&eacute;barquai &agrave; Kharbine comme on venait de mettre le feu aux bureaux de la Croix-/Rouge.</p>
<p>O Paris</p>
<p>Grand foyer chaleureux avec les tisons entrecrois&eacute;s de tes rues et les vieilles maisons qui /se penchent au-dessus et se r&eacute;chauffent comme des a&iuml;eules</p>
<p>Et voici, des affiches, du rouge du vert multicolores comme mon pass&eacute; bref du jaune</p>
<p>Jaune la fi&egrave;re couleur des romans de France &agrave; l'&eacute;tranger.</p>
<p>J'aime me frotter dans les grandes villes aux autobus en marche</p>
<p>Ceux de la ligne Saint-Germain-Montmartre m'emportent &agrave; l'assaut de la Butte.</p>
<p>Les moteurs beuglent comme les taureaux d'or</p>
<p>Les vaches du cr&eacute;puscules broutent le Sacr&eacute;-Coeur</p>
<p>O Paris</p>
<p>Gare centrale d&eacute;barcad&egrave;re des volont&eacute;s, carrefour des inqui&eacute;tudes</p>
<p>Seuls les marchands de journaux ont encore un peu de lumi&egrave;re sur leur porte</p>
<p>La Compagnie Internationale des Wagons-Lits et des Grands Express Europ&eacute;ens m'a</p>
<p>/envoy&eacute; son prospectus</p>
<p>C'est la plus belle &eacute;glise du monde</p>
<p>J'ai des amis qui m'entourent comme des garde-fous</p>
<p>Ils ont peur quand je m'en vais que je ne revienne plus</p>
<p>Toutes les femmes que j'ai rencontr&eacute;es se dressent aux horizons</p>
<p>Avec les gestes piteux et les regards tristes des s&eacute;maphores sous la pluie</p>
<p>Bella, Agn&egrave;s, Catherine et la m&egrave;re de mon fils en Italie</p>
<p>Et celle, la m&egrave;re de mon amour en Am&eacute;rique</p>
<p>Il y a des cris de Sir&egrave;ne qui me d&eacute;chirent l'&acirc;me</p>
<p>L&agrave;-bas en Mandchourie un ventre tressaille encore comme dans un accouchement</p>
<p>Je voudrais</p>
<p>Je voudrais n'avoir jamais fait mes voyages</p>
<p>Ce soir un grand amour me tourmente</p>
<p>Et malgr&eacute; moi je pense &agrave; la petite Jehanne de France.</p>
<p>C'est par un soir de tristesse que j'ai &eacute;crit ce po&egrave;me en son honneur</p>
<p>Jeanne</p>
<p>La petite prostitu&eacute;e</p>
<p>Je suis triste je suis triste</p>
<p>J'irai au Lapin Agile me ressouvenir de ma jeunesse perdue</p>
<p>Et boire des petits verres</p>
<p>Puis je rentrerai seul</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Paris</p>
<p>Ville de la Tour Unique du grand Gibet et de la Roue</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Paris 1913</em></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>N. del T. La versi&oacute;n en lengua espa&ntilde;ola se ha realizado a partir de la primera edici&oacute;n revisada por el poeta Cendrars (1887-1961) quien lo escribi&oacute; en los primeros meses de 1913. Fue ilustrada y editada por la pintora Sonia Delaunay (1885-1979). Se public&oacute; en &ldquo;Les Hommes Nouveaux&rdquo; a finales de 1913. Se cuenta que tras su primera lectura p&uacute;blica (Las &ldquo;presentaciones&rdquo; son cosa moderna) Apollinaire, que correg&iacute;a su libro &ldquo;Alcools&rdquo;, regres&oacute; a toda prisa a su casa y suprimi&oacute; todas puntuaci&oacute;n de su original. <em>Se non &egrave; vero &egrave; ben trovato. </em></p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 27 May 2016 09:58:12 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Juan Gelman, el vuelo de la lengua entre pérdidas y derrotas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/juan-gelman-el-vuelo-de-la-lengua-entre-perdidas-y-derrotas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas16/junio/JUAN_GELMAN.jpg" alt="" /></p>
<p>Hay hechos que los a&ntilde;os no cicatrizan, vidas tejidas a la herida; pero cuando la memoria es &uacute;tero del ser, el vac&iacute;o una tensi&oacute;n dispuesta al alumbramiento y la ausencia una presencia por el alma interiorizada, es posible tener pa&iacute;s, en un sentido que va m&aacute;s all&aacute; del territorio, leer el tiempo hasta volver a nacer entre los rostros de la ignominia y la muerte, asumir el dolor hasta transfigurarlo en espacio solidario y ser concebido de nuevo en virtud del amor. De este modo se podr&iacute;a resumir la vida y la obra de Juan Gelman, tan trenzadas, que la lengua al sufrir tanto da&ntilde;o acumulado necesita fracturarse, para as&iacute; expresar en su total sentido sucesos como el secuestro y asesinato &nbsp;por la dictadura argentina de su hijo y de su nuera, embarazada de siete meses, y la entrega a una familia uruguaya de su nieta, nada m&aacute;s nacer, cuya b&uacute;squeda fue una obsesi&oacute;n del poeta hasta poder abrazarla veintitr&eacute;s a&ntilde;os despu&eacute;s. Macarena, ese es su nombre, acompa&ntilde;&oacute;, con el resto de la familia, a Juan Gelman en el acto de recepci&oacute;n del&nbsp; premio Cervantes en el Paraninfo de la Universidad de Alcal&aacute; de Henares el pasado veintitr&eacute;s de abril. Su rostro, &iacute;ntimamente iluminado, fue el mejor testimonio de la entrega de su abuelo a lo largo de toda su existencia a la lucha, tan cervantina, por la verdad y la justicia, inseparablemente unida a la escritura, al &ldquo;oficio ardiente&rdquo; de la poes&iacute;a como &eacute;l mismo reconoc&iacute;a en una ma&ntilde;ana tambi&eacute;n primaveral para el esp&iacute;ritu.</p>
<p>- La vida y la obra de un poeta, un escritor, un artista, no son cosas separables: se alimentan mutuamente. Claro que al lector s&oacute;lo debe interesarle -o no- la obra.</p>
<p>- Una obra que encontr&oacute; en el <em>Quijote</em> &ldquo;manantiales de consuelo, pues s&oacute;lo quien&nbsp; desde el dolor, como Cervantes, ha escrito&nbsp; con verdadero goce puede dar a sus lectores un gozo semejante&rdquo; Y as&iacute; el texto m&aacute;s doloroso puede ser para el lector aurora y no crep&uacute;sculo, salvaci&oacute;n&nbsp; y no hundimiento.</p>
<p>- Cervantes se alz&oacute; de las miserias que lo cercaron y nos dio una lecci&oacute;n literaria de vida, tierna, ir&oacute;nica, llena de compasi&oacute;n humana y clarividente&nbsp; que perdura y perdurar&aacute; siglos.</p>
<p>- La memoria, &uacute;tero del ser, como dijimos al principio, es&nbsp; para Gelman la causa motriz de cualquier empresa humana, incluida la creaci&oacute;n literaria, en la que est&eacute; en juego la m&eacute;dula de la existencia y una mantenida actitud solidaria y de compromiso. Memoria que unas veces-pensamos- act&uacute;a sumando tiempos y espacios, y otras mediante un proceso selectivo. Y que tiene su respiraci&oacute;n gemela en el olvido.</p>
<p>- John Locke propone en su <em>Ensayo sobre la comprensi&oacute;n humana</em> que la identidad personal es la conciencia que acompa&ntilde;a al pensar en tanto que se extiende hacia atr&aacute;s a toda acci&oacute;n y pensamiento del pasado. Claro que se produce una selecci&oacute;n de los recuerdos, lo cual, para Freud, es un trabajo del inconsciente, no voluntario. El resultado de este proceso es individual: hay quienes&nbsp; olvidan sus malas acciones, otros no recuerdan las buenas que obraron. En cuanto al olvido y su articulaci&oacute;n con la memoria, San Agust&iacute;n, Nietzsche, Heidegger, Gianni Vattimo y otros grandes pensadores le dieron respuestas diferentes. No osar&eacute; dar la m&iacute;a. Pienso, sin embargo, que en cada uno esa articulaci&oacute;n no es abstracta: depende de sus actos, del entorno, de los acontecimientos, de la educaci&oacute;n, de la subjetividad y de tantas cosas m&aacute;s.</p>
<p>Tanto la memoria y otras facultades ps&iacute;quicas, como todo lo que le sucede a un ser humano , se encarna en la lengua en el acto de la creaci&oacute;n, por eso no debe haber ning&uacute;n temor, como tampoco lo hubo en el caso de Cervantes ,a introducir neologismos, a manchar el idioma con el barro de la vida. Esta encarnaci&oacute;n ha sido un constante en la poes&iacute;a de Gelman, fiel a su convicci&oacute;n de que &ldquo;la lengua expande el lenguaje para hablar mejor consigo misma&rdquo;.Un proceso, el de alumbramiento de la palabra, que es tanto externo como interno.</p>
<p>- La palabra , desde luego, viene de afuera, nos hiere en la cuna y abre una herida que, afortunadamente, no se cierra. Lo que nace en nuestro interior es el uso de la palabra y va hacia fuera provocado por el afuera, aunque uno s&oacute;lo hable consigo mismo.</p>
<p>- Estas primeras reflexiones ligadas a&nbsp; la obra compleja y extrema en su latido del poeta argentino, se alumbraron durante el acto&nbsp; de Alcal&aacute;, donde coloc&oacute; a la poes&iacute;a en vanguardia de la lucha contra la muerte.</p>
<p>- Es as&iacute; en la medida en que resiste contra el despiadado materialismo de esta &eacute;poca, un materialismo genocida que asesina por hambre. En el fondo, la poes&iacute;a es una constante interrogaci&oacute;n sobre la vida y la muerte</p>
<p>- Llena de preguntas como cuerpos doloridos o habitados por la angustia, se muestra el organismo latiente que es la obra de Juan Gelman, fruto, como hubiera dicho Marina Tsvetaeva, &ldquo;de escribir para vivir, no de vivir para escribir&rdquo;. Una poes&iacute;a -afirma el tambi&eacute;n&nbsp; Premio Cervantes Antonio Gamoneda-&ldquo;que entiende la palabra en la magia de la realidad, para que la magia de la realidad transforme la palabra&rdquo;. Con la inocencia que toda buena lectura po&eacute;tica exige intentaremos, a partir de ahora, transmitirles las huellas de una intensa existencia impresas en una lengua definitivamente vulnerada. La aventura comienza el 3 de mayo de 1930 en el barrio porte&ntilde;o de Villa Crespo, un barrio de inmigrantes de Buenos Aires.</p>
<p>- Nac&iacute; -&uacute;nico argentino- en un hogar de emigrados ucranianos de origen jud&iacute;o, pero no practicantes. Mi padre fue social revolucionario y particip&oacute; en la fracasada revoluci&oacute;n rusa de 1905. Era un hombre culto, como tantos obreros de los movimientos socialistas de Europa del Este, conocedor de la historia, la econom&iacute;a y la literatura. Mi madre hab&iacute;a estudiado&nbsp; medicina, era gran lectora y adoraba la m&uacute;sica. Llegaron a la&nbsp; Argentina con mi hermano y mi hermana en 1928. Era la segunda vez que mi padre se iba del pa&iacute;s, desilusionado con la revoluci&oacute;n bolchevique, ya en las manos del terror estalinista; la primera, escapaba del zarismo. Tambi&eacute;n mi hermano era un gran lector y yo le saqueaba la biblioteca a escondidas. Cuando ten&iacute;a seis o siete a&ntilde;os, &eacute;l me recitaba poemas de Pushkin en un idioma incomprensible para m&iacute;, pero que ten&iacute;a m&uacute;sicas y ritmos que me transportaban a otro lugar. Creo que as&iacute; naci&oacute; mi amor a la poes&iacute;a. El barrio era el barrio, todos luchaban por sobrevivir en esos duros a&ntilde;os treinta. Los chicos jug&aacute;bamos en la calle con pelotas de trapo o de papel, atadas con cordeles. No hab&iacute;a para m&aacute;s.</p>
<p>- Y a los nueve a&ntilde;os, entre juego y juego, siente el misterio insondable del amor, prend&aacute;ndose de una vecinita a la que escribi&oacute; alg&uacute;n poema. Entretanto, otra pasi&oacute;n se despert&oacute; en &eacute;l: la pasi&oacute;n por la lectura.</p>
<p>- A los catorce a&ntilde;os le&iacute; <em>Crimen y castigo</em>, de Dostoievsky, y eso me cost&oacute; dos d&iacute;as de fiebre y cama. Y luego, Kafka y Joyce, que en la Argentina publicaron muy temprano editoriales fundadas por republicanos espa&ntilde;oles exiliados. Cervantes, siempre, y Shakespeare. En poes&iacute;a , Ra&uacute;l Gonz&aacute;lez Mu&ntilde;&oacute;n, C&eacute;sar Vallejo, Neruda, Garcilaso, Quevedo, G&oacute;ngora, San Juan de la Cruz; y Baudelaire, Villon, Mallarme, Rimbaud. Despu&eacute;s, con el tiempo, se sumaron Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente, Claudio Rodr&iacute;guez, Antonio Gamoneda o &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez, por citar algunos poetas espa&ntilde;oles contempor&aacute;neos.</p>
<p>- Lecturas que, junto al tango y la milonga, confidentes de su o&iacute;do desde una vieja radio y pasos de baile familiares en el barrio, van modelando su forma de ser&nbsp; y de estar en el mundo, un mundo que percibe desde muy temprano como injusto e insolidario, hasta el punto de ingresar a los quince a&ntilde;os en la Juventud Comunista, decisi&oacute;n unida a su idea de la revoluci&oacute;n que, como despu&eacute;s se vio, siempre fue m&aacute;s all&aacute; de lo que por ella tantas veces entendemos</p>
<p>- Nunca pens&eacute; que la revoluci&oacute;n era o es o ser&aacute;, si alguna vez ser&aacute;, la producci&oacute;n de un simple cambio pol&iacute;tico, econ&oacute;mico y social. Si no procura el engrandecimiento del alma humana, no es revoluci&oacute;n, es otra cosa. En todo caso el compromiso debe estar sostenido por la fuerza del esp&iacute;ritu. Escribo por necesidad, no para hacer la revoluci&oacute;n. Usted habr&aacute; encontrado poemas m&iacute;os en los que esta afirmaci&oacute;n es expl&iacute;cita. El poeta es un ciudadano y, como tal, podr&aacute; querer o no&nbsp; hacer la revoluci&oacute;n. Hay grandes poetas que no fueron ni son revolucionarios, as&iacute; como grandes revolucionarios que no fueron ni son poetas.O que son malos poetas.</p>
<p>- La llamada de la poes&iacute;a como destino, se va haciendo cada vez m&aacute;s imperativa, por eso abandona sus estudios de Qu&iacute;mica y busca en el periodismo una forma de vida que est&eacute; tambi&eacute;n relacionada con el lenguaje, aparte de ejercer diversos oficios para salir adelante. A finales de los a&ntilde;os cuarenta, su camino como creador estaba ya signado por el advenimiento futuro de la tragedia, por lo substancial humano,por la p&eacute;rdida y extra&ntilde;amiento; tambi&eacute;n por la energ&iacute;a salvadora del amor. Todo ello&nbsp; dentro de una lengua permanentemente embarazada, en donde como una criatura crece el dolor, fluye la sombra o canta la aurora, donde se sedimentan los acontecimientos hist&oacute;ricos y se libra un combate sin cesiones a favor de la verdad, la justicia y la libertad. Una lengua &ldquo;moldeable como la cera&rdquo;, en expresi&oacute;n de Fray Luis de Le&oacute;n, cuya dinamita se alberga en su alto cielo de belleza. Tres etapas se suelen&nbsp; se&ntilde;alar en la obra de Gelman: la de las d&eacute;cadas de los cincuenta y sesenta, caracterizada, en opini&oacute;n del autor mexicano&nbsp; Marco Antonio Campos, por &ldquo;su ligereza, ludismo y destellos de ternura, con gran presencia del cuerpo de la mujer y la germinaci&oacute;n de sue&ntilde;os y utop&iacute;as ya nunca abandonados&rdquo;;la oscura, plena de heridas irresta&ntilde;ables, correspondiente a la &eacute;poca de la dictadura argentina&nbsp; y el exilio, y la marcada por una mayor serenidad para nombrar interiormente lo vivido y por la elecci&oacute;n de un territorio, el mexicano, para reconstruir la existencia sin abdicar de ninguno de los principios &eacute;ticos y est&eacute;ticos.</p>
<p>- Clasificar es una tarea muy dif&iacute;cil. A mi me parece que, m&aacute;s que etapas, hay desarrollos en los que, sin duda, el afuera influye. El afuera escribe en uno, pero el que escribe es otro. La definici&oacute;n m&aacute;s perfecta de la belleza es, a mi juicio, la de Sor Juana In&eacute;s de la Cruz: una espiral en movimiento, cada vez m&aacute;s abierta, y esto puede aplicarse al trabajo de todo artista. Cada artista desarrolla mundos que son &eacute;pocas del ser. No es, para m&iacute;, el c&iacute;rculo cerrado y perfecto de John Donne.</p>
<p>- En la senda creativa de nuestro autor, <em>Viol&iacute;n y otras cuestiones</em> es su primer libro, del que en 2006 se cumplieron cincuenta a&ntilde;os y que se abre con unos versos verdadera declaraci&oacute;n de principios sobre la poes&iacute;a: &ldquo;&iexcl;Qui&eacute;n pudiera agarrarte por la cola / magiafantasmanieblapoes&iacute;a! / &iexcl;Acostarse contigo una vez sola / y despu&eacute;s enterrar esta man&iacute;a! / &iexcl;Qui&eacute;n&nbsp; pudiera agarrarte por la cola!<em>&rdquo;</em></p>
<p>- As&iacute; me parec&iacute;a entonces y me sigue pareciendo. La poes&iacute;a es inaferrable. Cada poema es el hecho cumplido de un deseo que nunca se agota, dec&iacute;a Ren&eacute; Char.</p>
<p>- &ldquo;La poes&iacute;a<em> </em>es una manera de vivir&rdquo;, dice tambi&eacute;n Gelman en este libro, una forma tambi&eacute;n de cristalizar la voz de los otros: de los que no tienen trabajo, de los golpeados por la vida. El lenguaje coloquial y los objetos con pulso son los hilos con los que se teje este tapiz solidario, en cuyo relieve aparece uno de los s&iacute;mbolos fundamentales de su obra: el p&aacute;jaro.</p>
<p>- En el habla de las gentes no pocas veces se encuentra un temblor po&eacute;tico. Piense usted, por ejemplo, en los diminutivos de la lengua cotidiana, piense en el &ldquo;ag&uuml;ita&rdquo; de Santa Teresa. Pero no coincido con el adjetivo coloquial aplicado a la poes&iacute;a, a cualquier poes&iacute;a. Hay un gran equ&iacute;voco en esto.&iquest;Habr&aacute; que calificar de &ldquo;poes&iacute;a marina&rdquo; a la escrita sobre el mar? La poes&iacute;a es poes&iacute;a o no lo es. La palabra es materia, como el mar. En cuanto a los objetos no s&eacute; si catalizan sue&ntilde;os, ilusiones y esperanzas. Depende. Me encanta esta definici&oacute;n de la antigua cultura china: llama al mundo &ldquo;las diez mil cosas&rdquo;. El poeta mexicano Eduardo Hurtado titul&oacute; as&iacute; su libro m&aacute;s reciente. Por lo que se refiere al p&aacute;jaro representa la necesidad de volar, cualidad que tiene naturalmente.</p>
<p>- En 1959, fecha de publicaci&oacute;n de su segundo libro, <em>El juego en que andamos</em>, Juan Gelman manifiesta sus cr&iacute;ticas al partido comunista, del que se separar&iacute;a cinco a&ntilde;os despu&eacute;s, y se siente en cambio atra&iacute;do por la revoluci&oacute;n cubana, de la que, pasado alg&uacute;n tiempo, igualmente descreer&iacute;a. Todos estos acontecimientos son, como nos dice el poeta,&nbsp; &ldquo;el afuera que escribe en uno, pero el que escribe es otro&rdquo;,&nbsp; y el que escribe nos transmite en esta&nbsp; obra la fuerza c&oacute;smica, genes&iacute;aca, del amor: &ldquo;Hab&iacute;tame, pen&eacute;trame./ Sea tu sangre una con mi sangre&hellip;Est&eacute;s en m&iacute; como est&aacute; la madera en el palito<em>&rdquo; .</em> &ldquo;Palito&rdquo;,&nbsp; un diminutivo<em> </em>,&iexcl;tantos hay en la poes&iacute;a de Gelman!, sin&oacute;nimo de ternura, de fragilidad con horizonte.</p>
<p>- Creo que , sobre todo, expresa la ternura, el asombro y la magnitud del sentimiento amoroso que encarna hasta en lo m&aacute;s peque&ntilde;o.</p>
<p>- Diminutivos, p&aacute;lpito &iacute;ntimo del lenguaje, y la contradicci&oacute;n, m&aacute;s que el ox&iacute;moron, seg&uacute;n indica el poeta, que articula tambi&eacute;n su creaci&oacute;n po&eacute;tica: &ldquo;Si me dieran a elegir, yo elegir&iacute;a/ esta salud de saber que estamos muy enfermos,/ esta dicha de andar tan infelices&rdquo;. Un&nbsp; paso m&aacute;s en este itinerario esencial, pues todo nos conduce al ser humano m&aacute;s all&aacute; de lo accidental, es <em>Velorio del solo</em>, publicado en 1961, obra que nos revela otra cuesti&oacute;n clave del universo gelmaniano, la imposibilidad de saber qui&eacute;nes realmente somos, unida en el poema que da t&iacute;tulo al libro a la soledad radical y a la inocencia: &ldquo;En esto era tenaz y los d&iacute;as de lluvia/ sal&iacute;a a preguntar si lo hab&iacute;an visto/ a bordo de unos ojos de mujer/ o en las costas del Brasil amando su estampido/ o en el entierro de su inocencia (muy particularmente)&rdquo;<em>.</em></p>
<p>- M&aacute;s que imposibilidad, es una enorme dificultad. As&iacute; es, al menos en mi caso. Conocerse es un proceso en el que la raz&oacute;n cartesiana no sirve de mucho. La escritura me gu&iacute;a como una linterna en mi interior, pero cu&aacute;nto hay que despejar para llegar a la verdad de lo que somos y nos pasa. El conocimiento de esa verdad por tal camino es un movimiento constante y cambia al ser. Es de por vida.</p>
<p>- Y junto a esta habitaci&oacute;n de nosotros mismos entre tanta tiniebla, en<em> Velorio del solo</em> se trata de la propia poes&iacute;a, consider&aacute;ndola un &ldquo;arma&rdquo; para enfrentarse a los dolores de este mundo y a la muerte. Tarea que el poeta debe desarrollar consciente de que no es el propietario del don de que est&aacute; investido, sino el siervo que intenta iluminar el rostro de la vida.</p>
<p>- Pienso que todo arte es una afirmaci&oacute;n de vida. Borges dec&iacute;a que si supi&eacute;ramos lo que pasa despu&eacute;s de la muerte, desaparecer&iacute;a el 95 por ciento de las manifestaciones art&iacute;sticas. Creo asimismo que la palabra es de todos, como el aire, y que nunca pretend&iacute; que mi poes&iacute;a fuera un ejercicio moral. Me siento llevado a escribirla por obsesiones que me ocupan. No reflexiono mucho.</p>
<p>- Dos nuevos t&eacute;rminos aparecen ahora con su capacidad engendradora, &ldquo;jugos&rdquo; (&ldquo;Jugos del cielo mojan la madrugada de la ciudad violenta&rdquo;) y&nbsp; &ldquo;pedazos&rdquo;, vocablo alusivo a fragmentaci&oacute;n, p&eacute;rdida, desligamiento, quiz&aacute; materia sorda.</p>
<p>- El jugo es lo sustancial de cada cosa y hay que trabajar para obtenerlo. No es una palabra intercambiable, pero se puede decir m&eacute;dula, esp&iacute;ritu, meollo, fondo. Los pedazos&hellip; A veces tengo la sensaci&oacute;n&nbsp; de que vivimos a pedazos. Otras, nos hacen pedazos.</p>
<p>- El amor como invasi&oacute;n total, alumbrador&nbsp; de una fisiolog&iacute;a emocional en la que cada parte del cuerpo act&uacute;a como un todo, desata la &ldquo;furia&rdquo;, palabra dotada de un intenso movimiento ps&iacute;quico, y pervive m&aacute;s all&aacute; de la muerte en el poema que da t&iacute;tulo al siguiente libro <em>Got&aacute;n</em>, editado en 1962<em>: </em>&rdquo;voy a pasar&nbsp; toda la muerte tendido con su nombre,/ &eacute;l mover&aacute; mi boca por la &uacute;ltima vez&rdquo;<em>.</em></p>
<p>- El todo del amor es un momento excepcional. Se da lo que no se tiene y se recibe lo que no se da.</p>
<p>- Otros aspectos de este libro a sumar a su urdimbre po&eacute;tica son el engarce de lo popular y lo culto, la fecundaci&oacute;n llevada a cabo por el tango (<em>Got&aacute;n</em> es tango al rev&eacute;s), el humor y la iron&iacute;a.</p>
<p>- Esa convivencia existe en el habla popular. Oigo a veces frases sorprendentes. Y hay letras de tango-para hablar de lo que m&aacute;s conozco-que son verdaderos poemas. Claro que en poes&iacute;a se trata de otra cosa y no busco esa convivencia, la encuentro, surge por necesidad expresiva. Volviendo al tango se integra en mi obra por&nbsp; razones de vida, supongo. De muchacho sal&iacute;a a bailar casi todas las noches con los amigos del barrio. Eso lo s&eacute;. Lo que ignoro es en qu&eacute; medida me acu&ntilde;&oacute; junto con la lectura de los grandes poetas. En <em>Got&aacute;n -</em>como usted dice, tango al rev&eacute;s- ironizo sobre cierta mitolog&iacute;a que en mi &eacute;poca, y a&uacute;n hoy, ba&ntilde;a la ceremonia de bailarlo. Por ejemplo: &ldquo;Y la costurerita p&aacute;lida y mustia/ que pesa lo que puede pesar un mirlo, /nos dice con su voz llena de angustia:/ &ldquo;El tango, pa&rsquo;bailarlo, hay que sentirlo&rdquo;<em>. </em>Me ocurri&oacute;, &iquest;sabe?</p>
<p>- Juan Gelman&nbsp; trepana el lenguaje con las vicisitudes de la existencia, busca la m&aacute;xima precisi&oacute;n al nombrar exigida por la poes&iacute;a, por eso en <em>C&oacute;lera buey </em>(de nuevo la contradicci&oacute;n), una de sus obras mayores, aparecida en 1965 en La Habana, y revisada y ampliada en la edici&oacute;n bonaerense de 1971, se producen una serie de movimientos s&iacute;smicos en el idioma empleado, consistentes en la transformaci&oacute;n sin normas&nbsp; de la morfolog&iacute;a y la sintaxis, la creaci&oacute;n de neologismos y la ausencia de puntuaci&oacute;n, acompa&ntilde;ados de la invenci&oacute;n de seud&oacute;nimos. Todo lo cual nos plantea interrogantes sobre los resortes &iacute;ntimos de esta revoluci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica.</p>
<p>- El t&iacute;tulo <em>C&oacute;lera buey</em> habla de c&oacute;lera castrada, que fue una experiencia de vida. Me fui del partido comunista convencido de que obedec&iacute;a a oportunismos varios, como antes se&ntilde;al&oacute;, y la revoluci&oacute;n cubana, igualmente ya citada, nos mostr&oacute; a muchos que ese sue&ntilde;o era posible en Am&eacute;rica Latina. Pero no encontr&aacute;bamos la manera de llevarlo a cabo en Argentina y pas&eacute; un largo per&iacute;odo de desorientaci&oacute;n pol&iacute;tica que coincidi&oacute; con situaciones personales dif&iacute;ciles. Mi poes&iacute;a se encerr&oacute; en un intimismo est&eacute;ril. La intimidad, desde luego, forma parte de la subjetividad, pero no es toda la subjetividad, es un territorio mucho m&aacute;s amplio. Invent&eacute; entonces unos sosias que me ayudaron a salir de la clausura en que me hab&iacute;a encerrado yo mismo: un ingl&eacute;s John Wendell, primero, luego un japon&eacute;s, Yamanokuchi Ando y por &uacute;ltimo el estadounidense Sydney West. En el camino Dom Pero, un presunto poeta espa&ntilde;ol del siglo XV. No son heter&oacute;nimos, como los de Pessoa, son seud&oacute;nimos que me permitieron romper el cerco y recorrer otras obsesiones. Tropec&eacute; adem&aacute;s con los l&iacute;mites de la lengua, no alcanzaba palabras para esa&nbsp; c&oacute;lera castrada. Y s&iacute;, es el afuera que interviene en uno, sacude la vida, marca a la expresi&oacute;n. Esto se acentu&oacute; durante mis catorce a&ntilde;os de exilio, llenos de dolor, impotencia, indignaci&oacute;n y odio. Las furias y las penas, que dec&iacute;a Quevedo.</p>
<p><em>- C&oacute;lera Buey </em>est&aacute; compuesto por un poema al comandante Guevara y por&nbsp; textos de nueve libros in&eacute;ditos con vibraciones muy diferentes, acompasadas a la diferente tensi&oacute;n an&iacute;mica del autor en cada momento, donde se entrecruzan, seg&uacute;n se&ntilde;ala Miguel Dalmaroni, &ldquo;discursos heterog&eacute;neos, como lo p&uacute;blico y lo &iacute;ntimo, la pol&iacute;tica y la literatura, o lo narrativo y lo l&iacute;rico&rdquo;; &ldquo;convivencia -a&ntilde;ade Dalmaroni-&nbsp; que ser&aacute; ya el sello identificativo del conjunto de su obra&rdquo;. A lo que se a&ntilde;aden dos tipos de escritura: la que implica directamente al propio Gelman, y la que surge del desdoblamiento en otros &ldquo;yoes&rdquo; (con el resultado de extra&ntilde;amiento) y la alteraci&oacute;n de los espacios y los tiempos. A este segundo tipo pertenecen&nbsp; los libros <em>Traducciones I. Los poemas de John Wendell; Traducciones II. Los poemas de&nbsp; Yamanocuchi Ando </em>y<em> Traducciones III. Los poemas de Sydney West, </em>poemas estos &uacute;ltimos que constituyen historias narradas en tercera persona, donde se&nbsp; lamenta la muerte de una serie de habitantes de Melody&nbsp; Spring o Spoker Hill,que podr&iacute;amos ubicar en el Medio Oeste de los Estados unidos si no fuera porque el propio Gelman nos avisa, no sin cierto humor, de que se trata de &ldquo;un pueblecito del sur de la provincia de&nbsp; Buenos Aires&rdquo;, y de que detr&aacute;s de Sydney West quiz&aacute; haya un argentino, porque -afirma- &ldquo;el libro respira los problemas, la atm&oacute;sfera y el idioma de los argentinos, o no&rdquo;. <em>Los poemas de Sydney West </em>,declara Alicia&nbsp; Borinsky, &ldquo;nos ofrecen un espacio ut&oacute;pico que desarrolla la capacidad disociativa de lo fant&aacute;stico y donde se nos asegura que hay lugar para el cuchicheo, para las parodias de la traducci&oacute;n y para esa gran fiesta &iacute;ntima a la que nos invita el escritor argentino cuando entramos en su juego&rdquo;. Valgan&nbsp; como ejemplo estos versos:<em> </em>&ldquo;Cuando Gallager Bentham muri&oacute;/ se produjo un curioso fen&oacute;meno:/ a las vecinas les creci&oacute; el odio como si hubiera aumentado la papa/ feroces y rapaces comenzaron a insultar su memoria/ como si el deber obligaci&oacute;n o tarea de gallagher bentham/ fuera ser inmortal&rdquo;<em>.</em></p>
<p>En <em>C&oacute;lera Buey</em>, aparte del compromiso pol&iacute;tico, el cuerpo de la mujer&nbsp; es fundaci&oacute;n, cobijo, inundaci&oacute;n animal, resplandor, ternura, placenta de los sue&ntilde;os, lugar sin geograf&iacute;as del amor, incendio de un mundo en libertad: &ldquo;sonr&iacute;e como un c&oacute;mplice/bajo el calor suelta sus animales bellos desnudos indolentes/ y recorren la tierra llen&aacute;ndola de ansias de carne en libertad/ ella prepara sus abismos/ ninguno la conoce/ en la mitad de la noche me despierta la oigo c&oacute;mo enciende su furor/ y las crepitaciones/ de rostros que ella quema lentamente/ contra su voluntad<em>&rdquo;.</em> Por &uacute;ltimo, en esta obra central por todo lo ya dicho, se acent&uacute;a el convencimiento de que la creaci&oacute;n po&eacute;tica es el resultado de una suma de voces.</p>
<p>- La poes&iacute;a debe ser hecha por todos y no por uno, ped&iacute;a Lautr&eacute;amont. De alg&uacute;n modo es as&iacute;, aunque los poetas sean pocos. Los pueblos crearon y siguen creando las lenguas y qui&eacute;n sabe cu&aacute;ntos antepasados hicieron la palabra &ldquo;mar&rdquo;. Pero hoy el autor no desaparece, aunque la suya sea una voz m&aacute;s. Un poeta es cualquier hombre, pero cualquier hombre no es un poeta, dec&iacute;a Ra&uacute;l Gonz&aacute;lez Tu&ntilde;&oacute;n. El sue&ntilde;o de todos: desaparecer en el anonimato y que la gente recuerde o diga sus poemas sin conocer el nombre del autor. Le sucedi&oacute; a Gonz&aacute;lez Tu&ntilde;&oacute;n durante la guerra civil espa&ntilde;ola.</p>
<p>- Coincidiendo con la publicaci&oacute;n ampliada de <em>C&oacute;lera Buey</em> aparece <em>F&aacute;bulas</em>, en 1971, poemario con atm&oacute;sfera on&iacute;rica, presencia de lo m&aacute;gico y una potente imaginaci&oacute;n, donde contin&uacute;a esa cirug&iacute;a a que somete el lenguaje Juan Gelman, en este caso el cambio de g&eacute;nero (&ldquo;las pechos tristes&rdquo;, &ldquo;una camino&rdquo;), que&nbsp; tiene como consecuencia la incorporaci&oacute;n&nbsp; de&nbsp; la realidad en toda su complejidad, f&iacute;sica y ps&iacute;quica al poema. Operaci&oacute;n realizada -afirma el autor-&ldquo;sin perseguir objetivo alguno. La poes&iacute;a no es cuesti&oacute;n de voluntad y el mejor momento es cuando ella nos mueve la pluma&rdquo;. Movimiento&nbsp; umbilicalmente unido al ritmo, creador de sentido.</p>
<p>- El ritmo es absolutamente esencial, es la econom&iacute;a de poema y de todo arte. Las palabras s&oacute;lo pueden cabalgar en &eacute;l haciendo m&uacute;sica.</p>
<p>- A medida que avanzamos por una obra donde transparece la vida del autor, siempre trascendida por la palabra po&eacute;tica, con el fin de que resuene en corazones muy diferentes, lo &iacute;ntimo se va tornando cada vez m&aacute;s voz colectiva. Esto sucede ya en plenitud cuando en 1973 se publica <em>Relaciones</em>, a&ntilde;o del regreso de Per&oacute;n a la Argentina, tras cuya muerte asciende a la presidencia su esposa Isabelita, quien nombra ministro de Bienestar Social a Jos&eacute; L&oacute;pez Rega, creador de&nbsp; la Triple A. Comienza de este modo a abrirse una sima en el pa&iacute;s de Gelman, que desembocar&aacute; poco tiempo despu&eacute;s en los a&ntilde;os atroces de la dictadura. El escritor, miembro entonces de la organizaci&oacute;n Montoneros, que pronto pasar&aacute; a la clandestinidad, realiza&nbsp; una intensa actividad en favor de los derechos humanos; por eso <em>Relaciones </em>-como se&ntilde;ala la profesora&nbsp; M&ordf; &Aacute;ngeles P&eacute;rez L&oacute;pez- &ldquo;trata de la injusticia, la tortura, la anulaci&oacute;n del diferente, la ignominia de la historia ,la insuficiencia de la poes&iacute;a y el amor como forma de dolor&rdquo;. El amor, que como ya hemos indicado, es n&uacute;cleo de su poes&iacute;a, supera la relaci&oacute;n entre dos seres&nbsp;&nbsp; para manifestarse como una fuerza c&oacute;smica</p>
<p>- No se muere de amor, se vive por amor. Y no se trata s&oacute;lo del amor a la pareja, sino a la existencia misma con todo lo que la moldea. Hay quienes aman a la humanidad en general, pero odian a la gente en particular. Esto no me pasa.</p>
<p>- <em>Relaciones </em>es tambi&eacute;n un libro en movimiento hacia &ldquo;el otro&rdquo;, transitivo, que, a pesar de la insuficiencia del lenguaje para transmitir determinadas situaciones, es consciente del valor de la poes&iacute;a para consagrar la dignidad de los oprimidos, para ser un b&aacute;lsamo y para dar eternidad al instante. El poema titulado <em>Bellezas</em>, cuyo final transcribo, dirigido a los escritores, especialmente a Octavio Paz, Alberto Girri y Jos&eacute; Lezama Lima , es un acto de fe en el poder de salvaci&oacute;n de los versos: &ldquo;Octavio Jos&eacute; Alberto ni&ntilde;os &iquest;por qu&eacute; fingen que no llevan la calma donde reina confusi&oacute;n?/ &iquest;por qu&eacute; no admiten que dan valor a los oprimidos o suavidad o dulzura?/ &iquest;por qu&eacute; se afilian como viejos a la vejez?/ &iquest;por qu&eacute; se pierden en detalles como la muerte personal?&rdquo;. Y en ese diccionario de t&eacute;rminos-s&iacute;mbolos que podr&iacute;a hacerse con la obra de Gelman, aparece ahora &ldquo;tela&rdquo;,que lo mismo es frontera, que nutriente vida o anuncio de muerte.</p>
<p>- La tela es un tejido que urdimos cada d&iacute;a, desparejo, abrigador, mort&iacute;fero. La vida entrega los hilos.</p>
<p>- Los malos presagios que se cern&iacute;an sobre Argentina, se convierten en tragedia el 24 de marzo de 1976 cuando una Junta Militar da el golpe de Estado. El horror y el desgarro&nbsp; colocan al poeta en un abismo de ausencias que le dejar&aacute;n una huella indeleble y vulnerar&aacute;n hasta la respiraci&oacute;n del lenguaje. Entre esas ausencias, lo recordamos de nuevo, su hijo Marcelo, de veinte a&ntilde;os, y su nuera, Mar&iacute;a Claudia, de diecinueve y embarazada de siete meses, ambos secuestrados y asesinados, y su nieta, Macarena, que nada m&aacute;s nacer fue entregada a la familia de un polic&iacute;a en Uruguay. En su b&uacute;squeda Juan Gelman comprometi&oacute; 23 a&ntilde;os de su vida, hasta que en 2000 se produjo el encuentro. A ellos se suman otros seres muy queridos, igualmente asesinados o desaparecidos por la dictadura, como los escritores Rodolfo Walsh, Haroldo Conti, Miguel &Aacute;ngel Bustos y Paco Urondo. El sufrimiento mina la carne y el esp&iacute;ritu de Gelman que se halla en un estado de fragilidad a&ntilde;adida: la del que ha perdido sus ra&iacute;ces, la del exiliado que, en un acto de suma generosidad, al analizar esta condici&oacute;n se siente uno m&aacute;s entre los expulsados.</p>
<p>- En mi caso, llegu&eacute; a la sensaci&oacute;n de que todos somos, de alg&uacute;n modo, exiliados en esta tierra. No me refiero a la manida frase &ldquo;ciudadano del mundo&rdquo;. Hablo del destierro material y espiritual que padecen miles de millones de personas, expulsadas de una vida digna y de una felicidad posible. El cabalista Isaac Luria imagin&oacute; que el primer exiliado fue Dios, ocupaba el universo entero y tuvo que abreviarse para dar lugar al mundo.</p>
<p>- Pero existe una patria de la que nunca somos desterrados: la lengua</p>
<p>- A pesar de los genocidas, la lengua permanece, sortea sus agujeros, el horror que no puede nombrar. El ser humano cre&oacute; las lenguas y hace cosas que ellas no pueden nombrar. El ser humano est&aacute; dentro y fuera de la lengua. La poes&iacute;a, lengua calcinada,&nbsp; tuvo que padecer en nuestro Sur discursos mort&iacute;feros, tuvo que atravesarlos y no sali&oacute; indemne, pero s&iacute; m&aacute;s rica. Es que la poes&iacute;a es un movimiento hacia el Otro, busca ocupar un espacio que en el Otro no existe. Pero,&iquest;c&oacute;mo hacer olvidar a la lengua su ayer manchado de espanto? &iquest;C&oacute;mo cicatriza la lengua olvidando su ayer?.</p>
<p>- Muchas preguntas e interjecciones habr&aacute; a partir de este momento en la poes&iacute;a de Gelman, mucha necesidad de habitar la intrahistoria de la lengua, de di&aacute;logo dentro de ella, de encarnaci&oacute;n de los ausentes entre sus huecos , en sus fisuras transformadas en luz. <em>Hechos</em>, el libro que abre la etapa del exilio y que no se publicar&aacute; hasta 1980, introduce la barra gr&aacute;fica, que acompa&ntilde;ar&aacute; al lector de ahora en adelante, y que no es un signo gratuito, sino que le obliga a hacer una pausa inconsciente dinamizadora del pensamiento, e integradora, a pesar de la aparente separaci&oacute;n del verso, con lo que se acent&uacute;a la revelaci&oacute;n &iacute;nsita&nbsp; en el poema que, ante la nueva y dram&aacute;tica situaci&oacute;n,&nbsp; se convertir&aacute; en campo de resistencia, denuncia y reconstrucci&oacute;n del propio ser del poeta, en compa&ntilde;&iacute;a siempre de los ausentes, con la energ&iacute;a prestada por la propia evoluci&oacute;n de la lengua y&nbsp; el futuro virgen alentado por la mujer; sin prescindir nunca del misterio entra&ntilde;ado en la creaci&oacute;n po&eacute;tica, ni de las relaciones m&aacute;gicas que se entablan dentro del cuerpo del texto. Una doble fractura, &iacute;ntima hasta casi nublar la identidad del autor debido al dolor, y exterior, de desposesi&oacute;n de su pa&iacute;s, entendiendo por pa&iacute;s un entramado de relaciones f&iacute;sicas, afectivas y comunitarias, configurar&aacute; a partir de este momento el mundo personal y literario de Juan Gelman. Y la primera respuesta ser&aacute; mirar de frente a los ojos de la derrota, cohabitando&nbsp; con sus muertos, abraz&aacute;ndose a la memoria como un alba herida y rebel&aacute;ndose contra las furias o tinieblas interiores. Algunos versos entresacados de varios poemas del libro <em>Notas,</em> escrito en la segunda mitad de 1979, lo expresan bien: &ldquo;te matar&eacute; los pedacitos./ te matar&eacute;&nbsp; uno con paco./ otro lo mato con Rodolfo./ con Haroldo te mato un pedacito m&aacute;s./ te matar&eacute; con mi hijo en la mano&hellip;te voy a matar/ derrota.------. dicha infeliz/ pa&iacute;s de la memoria donde nac&iacute;/ mor&iacute;/ tuve sustancia/ huesitos que junt&eacute; para encender/ tierra que me entierraba para siempre.----- ya no te quiero/ furia/ no te quiero m&aacute;s/ rabia me desol&aacute;s el coraz&oacute;n/ me volv&eacute;s ciego el coraz&oacute;n&rdquo;<em>.</em> &ldquo;Huesitos&rdquo; y &ldquo;pedazitos&rdquo;, palabras aparecidas en estos versos, significan una disecci&oacute;n anat&oacute;mica no s&oacute;lo materia sino animada por el esp&iacute;ritu, dotada de biograf&iacute;a.</p>
<p>- Los ausentes vuelven de su p&eacute;rdida y su repetici&oacute;n se convierte cada vez en otra cosa. En esos regresos hay mucha vida que pas&oacute; y, como usted se&ntilde;ala, en el cuerpo y el esp&iacute;ritu se anidan. Fueron seres humanos&nbsp; que buscaron un pa&iacute;s m&aacute;s justo. Con los 30.000 desaparecidos tambi&eacute;n desapareci&oacute; ese proyecto. A veces, cuando escribo, termino con dolor de huesos.</p>
<p>- El camino interior hacia los ausentes, hasta desvelarlos en una constante presencia, pasa por el despojamiento hasta el olvido de un mismo, por una v&iacute;a unitiva escala silenciosa hacia el amor, por un no entender que colma; lo que significa el encuentro con los m&iacute;sticos.</p>
<p>- Fue, en efecto, un encuentro.&nbsp; Le&iacute; a San Juan y Santa Teresa en mi juventud, pero en el exilio me dijeron otra cosa. Me hablaron del amor y de su presencia ausente. Tambi&eacute;n las dos Hadewijch de Amberes, Beatriz de Nazaret, los escritos y la m&uacute;sica de Hildegarda de Bingen, otras, otros.Tal vez haya le&iacute;do usted estos versos de Guillaume de Saint-Thierry, el m&iacute;stico franc&eacute;s del siglo XII: &ldquo;En la escuela del noble amor/ se aprende la ira sublime/ que al hombre sensato, en un instante/ convierte en errante vagabundo&rdquo;<em>. </em>Hice parte de este viaje en compa&ntilde;&iacute;a del inolvidable y querido Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente.</p>
<p>- As&iacute; como Valente fue desembocando en el silencio, parece que el trato con los m&iacute;sticos a trav&eacute;s de los poemas contenidos en los libros <em>Citas y Comentarios</em>, publicados conjuntamente en 1982, nos acercan tambi&eacute;n a &eacute;l por sus zonas insondables, por su temblor de amor y fusi&oacute;n entre dos seres,&nbsp; por la soledad querida.</p>
<p>- Es posible. No me ha ocurrido todav&iacute;a, aunque mis poemas son ahora m&aacute;s breves, m&aacute;s concentrados. Tal vez sean el umbral del silencio. Pero no olvide usted que la experiencia de los m&iacute;sticos se cumple en la escritura.</p>
<p>- La toma de conciencia de una existencia doblemente exiliar, a trav&eacute;s del pulso de la lengua, de sus manifestaciones m&aacute;s extremas de belleza y emoci&oacute;n, es la arritmia (salvadora) que gu&iacute;a su mano a la hora de escribir durante todos estos a&ntilde;os. Por eso busca otro horizonte m&aacute;s, en el di&aacute;logo con el ladino, sefard&iacute;, o judeo-espa&ntilde;ol que se produce en <em>Dibaxu</em>, obra&nbsp; nacida entre 1983 y 1985 y acompa&ntilde;ada por su traducci&oacute;n al castellano actual,&nbsp; cuya lectura se recomienda que sea oral, para de este modo -pienso- hacer t&aacute;ctil el paso del tiempo.</p>
<p>- Me atrae del sefard&iacute; el candor de su sintaxis, la ternura de sus diminutivos y me conmueve como lengua antepasada. A ese estadio del castellano que fue lengua hace siglos y hoy est&aacute; en v&iacute;as de extinci&oacute;n, me llev&oacute; el di&aacute;logo que sostuve con el castellano del Siglo de Oro plasmado en <em>Citas y Comentarios</em>. Y tambi&eacute;n el exilio, porque fue lengua de exilio de los jud&iacute;os expulsados de Espa&ntilde;a. En cuanto a la posibilidad de una lectura en voz alta lo explico en el &ldquo;Exergo&rdquo;: &ldquo;para escuchar, tal vez entre los dos sonidos, el del sefard&iacute; y el castellano de hoy, algo del tiempo que tiembla y nos da pasado desde el Cid&rdquo;.</p>
<p>- Y el soplo del expulsado se detecta en toda la cultura jud&iacute;a, si la auscultamos, de ah&iacute; que Gelman sintonice visceralmente&nbsp; con ella,aparte de sus or&iacute;genes, &ldquo;una cultura<strong> </strong>-dice- cuya extraordinaria cualidad estriba en que fue construida a lo largo de los siglos alrededor de un vac&iacute;o: el vac&iacute;o de Dios, el vac&iacute;o del suelo original, el vac&iacute;o que conlleva a la Utop&iacute;a&rdquo;.<strong> </strong>Vac&iacute;o que es para el poeta un tempero a punto de concebir, un espacio de revelaci&oacute;n.</p>
<p>- El vac&iacute;o, s&iacute;. La poes&iacute;a le da forma al vac&iacute;o, lleno de rostros desconocidos todav&iacute;a. La nada es la muerte.</p>
<p>- Cuando la memoria arde y no admite la quietud, cuando se quieren borrar las distancias y hallar un respuesta en quien ya no tiene lugar ni hora para contestar, el poema adquiere la temperatura de la carta, y entonces el dolor se agiganta hasta la asfixia, y las preguntas se vuelven ojos, pasos, voz del interrogado. Todo esto es lo que sucede en la <em>Carta abierta</em>, dirigida por Juan Gelman a su hijo Marcelo Ariel, asesinado por la dictadura argentina, veinticinco poemas escritos en enero de 1980, de los que, al menos unos versos, deben hablarnos: &ldquo;con la cabeza gacha ardiendo mi alma moja un dedo en tu nombre/ escribe las paredes de la noche con tu nombre/ sirve de nada/ sangra seriamente/ alma a alma te mira/ se encriatura/ se abre la pecho para recogerte/ abrigarte/ reunirte/ desmorirte/&nbsp; zapatito de vos que pisa la sufridera del mundo aternur&aacute;ndolo/ pisada claridad/ agua deshecha que as&iacute; habl&aacute;s/ crepit&aacute;s/ ard&eacute;s/ quer&eacute;s/ me das tus nuncas como mesmo ni&ntilde;o&rdquo;<em>.</em></p>
<p>- En este instante Juan Gelman rompe su silencio escuchador: &ldquo;La dictadura militar argentina se caracteriz&oacute; por una pr&aacute;ctica siniestra: el secuestro de ciudadanos inermes, su tortura en centros clandestinos de detenci&oacute;n, su asesinato y la desaparici&oacute;n de sus restos. Los militares guardaron silencio, y lo guardan a&uacute;n hoy, sobre el destino de los que llamamos desaparecidos y as&iacute; duplican su impunidad. Hoy se sabe que fueron asesinados, arrojados al mar vivos, incinerados o enterrados, pero en los a&ntilde;os&nbsp; de la dictadura, los familiares viv&iacute;amos acosados por la pregunta &iquest;est&aacute;n vivos, est&aacute;n muertos? Y en medio de esa angustia dolorosa, el deseo y la esperanza, siempre, de recuperarlos con vida. Esa esperanza se mantuvo incluso hasta a&ntilde;os despu&eacute;s de que los militares dejaran el poder. Conozco a una madre que limpiaba y arreglaba todos los d&iacute;as la habitaci&oacute;n del hijo desaparecido, serv&iacute;a la mesa con el plato de sopa que &eacute;l sol&iacute;a tomar de vuelta del trabajo y dejaba la puerta abierta para que pudiera entrar. No fue el &uacute;nico caso. Es muy dif&iacute;cil imaginar la cantidad de monstruos que alimentaban el insomnio de esas noches, los fantasmas diurnos que nos visitaban, las alucinaciones, creer que un muchacho que pasa por la calle es el hijo perdido porque camina como &eacute;l, los rostros brutales de la incertidumbre,&iquest;lo estar&aacute;n torturando mucho?, &iquest;c&oacute;mo ser&aacute; cuando regrese?, y tanto m&aacute;s. Supongo que algo de eso est&aacute; presente en <em>Carta abierta</em>&rdquo;.</p>
<p>- Tan grande es el amor por el hijo, el deseo de darle vida, que &ndash;a&ntilde;ade el poeta- &ldquo;el hijo desaparecido engendra a otro padre&rdquo;.<strong> </strong>Esta misma conjunci&oacute;n astral de la sangre de dos seres, trastornadora de la propia relaci&oacute;n familiar, se consuma en otra misiva, <em>Carta a mi madre</em>, cuyo origen&nbsp; podr&iacute;a ser objeto de un relato: &ldquo;Gelman, que viv&iacute;a en Managua en 1982, recibi&oacute; en el mismo d&iacute;a tres cartas: una de su consuegra que le dice que ha visto a su madre en una residencia de ancianos activa, organizando la biblioteca; otra de su hermana, que le da la noticia de la muerte de su madre, y una tercera de la propia madre que le habla de sus recuerdos lejanos&rdquo;, as&iacute; lo expresa el poeta mexicano, ya en otro lugar citado, Marco Antonio Campos, en el ep&iacute;logo de la edici&oacute;n de 2007 de este poema largo que, en principio, fue una carta abandonada en un caj&oacute;n durante muchos meses, y luego se transform&oacute; en un texto po&eacute;tico escrito en julio de 1984 en Ginebra y Par&iacute;s, y en noviembre de 1987 en Par&iacute;s. Obra confesional, como corresponde a su primaria naturaleza epistolar, y redentora desde una interminable cadena de preguntas medulares, pues hechas dentro del ser al que se dirigen, diseccionado en &oacute;rganos movibles interiormente como el esp&iacute;ritu. <em>Carta a mi madre</em> ilumina dolorosamente toda la existencia del poeta, y le muestra el rostro m&aacute;s hondo del destierro: el que asume la vida entera de la persona que ama hasta ser su doble, y no es capaz de responder sino con la separaci&oacute;n; pero cuando el destierro toca fondo hay una purificaci&oacute;n, que es renacer, y se abre la esperanza. Se trata de un estremecedor poema en el que la muerte, o el desencuentro absoluto, se torna presencia raigal. De &eacute;l transcribo peque&ntilde;os rel&aacute;mpagos:&rdquo;&iquest;por qu&eacute; tan vivo est&aacute; lo que no fue?/ &iquest;nunca junt&eacute; pedazos tuyos?/ &iquest;cada recuerdo se consume en su llama?/ &iquest;eso es la memoria?/ &iquest;suma y no s&iacute;ntesis?/ &iquest;ramas y nunca &aacute;rbol?----me hiciste dos/ uno muri&oacute; contuyo/el resto es el que soy/ &iquest;y d&oacute;nde la cuerpalma umbilical?/ &iquest;d&oacute;nde navega conteni&eacute;ndonos?/ madre harta de tumba: yo te recibo/ yo te existo/ ----as&iacute; mezclaste mis huesitos con tu eternidad/ tus besos eran suaves en noches que me dejaste solo con el terror del mundo/ &iquest;me buscabas tambi&eacute;n as&iacute;?/ &iquest;hermanos en el miedo me quisiste?/ &iquest;en un pa&ntilde;al de espanto?/ &iquest;o me parece que fue as&iacute;?&rdquo;<em>.</em> En este poema, adem&aacute;s -como afirma Antonio Gamoneda- se incardina la creaci&oacute;n po&eacute;tica en la creaci&oacute;n de la vida:&rdquo;&iquest;por eso escribo versos?/&iquest;para volver al vientre&nbsp; donde toda palabra va a nacer?&rdquo;.<strong> </strong>&ldquo;Pasamos -a&ntilde;ade Gelman- del vientre materno a la lengua materna, de una matriz material a otra espiritual, que no nos abandonar&aacute; hasta nuestra muerte&rdquo;.</p>
<p>- En el desarrollo org&aacute;nico de esta obra labrada por tormentas y desiertos interiores, y siempre con la memoria en celo, llega un momento en el que la propia biolog&iacute;a atempera la gelmaniana &ldquo;furia&rdquo;, que el poeta identifica con la tensi&oacute;n de las palabras, siempre sin renunciar a ninguno de sus principios y&nbsp; sin dejar de estar fecundado por los ausentes . El a&ntilde;o 1988, en que viaja a M&eacute;xico con su segunda esposa, Mara La Madrid, pa&iacute;s en el que ha residido desde entonces, abre un nuevo horizonte vital en el que el exilio se modula con la voluntariedad del trasterrado, y&nbsp; donde la familia y los amigos son un &aacute;mbito donde es posible que lo perdido fluya como un atardecer y el amor&nbsp; sea un pacto con la vida. Y sobre todo, dos a&ntilde;os despu&eacute;s, se produce el encuentro en Montevideo con su nieta Macarena Gelman Garc&iacute;a, pues ya lleva sus apellidos. <em>Incompletamente, Valer la pena, Pa&iacute;s que fue ser&aacute; </em>y este mismo a&ntilde;o <em>Mundar, </em>son los libros nacidos en la que podemos denominar, para entendernos nada m&aacute;s, tercera etapa, en la que el lenguaje se hace m&aacute;s transparente y la voz se templa.</p>
<p>- Los a&ntilde;os ense&ntilde;an a convivir mejor con la p&eacute;rdida. Por otra parte, se han reiniciado en&nbsp; la Argentina los juicios contra los asesinos y torturadores de la dictadura militar. Es un logro de la sociedad, que comparto.</p>
<p>- En <em>Incompletamente</em>, publicado en 1997<em>, </em>el p&aacute;jaro, s&iacute;mbolo nuclear en la poes&iacute;a de Juan Gelman, es vuelo conciencia que traza con sus alas los invisibles c&iacute;rculos del desamparo, cruza con su impulso el vac&iacute;o hasta amanecer un rostro, habita la sombra de lo inexistente para que no quepa el olvido, y aunque pertenezca al aire que falta, mantiene los ojos bien abiertos: &ldquo;dibuja su claro delirio con los ojos abiertos/ canta incompletamente<em>&rdquo;</em>. El p&aacute;jaro representa por tanto, sensorial y emocionalmente, la realidad vivida por el autor argentino que, ahora, tampoco, renuncia a ser dentro de todo aquello que le fue amputado, ni&nbsp; a injertar&nbsp; el recuerdo en el centro del sufrimiento para, en el l&iacute;mite, permitir a los sue&ntilde;os transpirar.</p>
<p>El encuentro con su nieta tras un largo alumbramiento de 23 a&ntilde;os, acompa&ntilde;a la publicaci&oacute;n en 2001 de <em>Valer la pena ,</em>t&iacute;tulo procedente de un verso de su amigo Paco Urondo calificado por Juan Gelman de &ldquo;anfibio&rdquo;.</p>
<p>- Tiene, al menos, dos significados: el corriente, comprar algo que vale la pena, esforzarse por conseguir algo que vale la pena, etc, y el otro, que llama al dolido a ser digno de su dolor.</p>
<p>- Es este segundo sentido, sin duda ,el que se corresponde con un libro que ata&ntilde;e a esa dignidad&nbsp; para asumir el dolor desde el territorio del lenguaje, para a trav&eacute;s de la palabra &ldquo; ardida de ausencia&rdquo;,&nbsp; reunirse de nuevo en su mansi&oacute;n m&aacute;s &iacute;ntima con su pa&iacute;s (&ldquo;Una vaca pace en el hueso que vas a recordar<em>&rdquo;</em>), con los derrotados (&ldquo;hablan con un fulgor maltrecho en la boca/ que no se termina de apagar&rdquo;),con su abuelo (&ldquo;Me mira con las ojeras lentas/ de quien vel&oacute; el espanto&rdquo;)<em>, </em>o con su hijo Marcelo (&ldquo;Tu saliva est&aacute; fr&iacute;a y pes&aacute;s/ menos que mi deseo&rdquo;)<em>. </em>Se trata de una obra en la que se intenta &ldquo;cavar&rdquo;, interminablemente, en lo que flota sin fondo como el horror, en la que hay un hondo callar que piensa y el cuerpo de la amada es el &uacute;nico lugar de resurrecci&oacute;n (&ldquo;Nacer es el apetito que das./ Caballa de la boca---los pedacitos del amanecer/en un rinc&oacute;n de la lengua&rdquo;)<em>. </em>No falta tampoco la iron&iacute;a (&ldquo;El poema no pide de comer. Come/ los pobres platos que/gente sin verg&uuml;enza&nbsp; o pudor/ le sirve en medio de la noche&rdquo;)<em>, </em>ni la convicci&oacute;n de que la poes&iacute;a &ldquo;debe contar&rdquo;, &ldquo;no es un destino&rdquo; y &ldquo;s&oacute;lo es rica en preguntas&rdquo;.</p>
<p>La confusi&oacute;n de tiempos es, como ya apuntamos,&nbsp; corolario de la escritura total, integradora, de Juan Gelm&aacute;n, y tiene uno de sus &uacute;ltimos ejemplos en<em> Pa&iacute;s que fue ser&aacute; ,</em>t&iacute;tulo suficientemente claro a este respecto, m&aacute;s si a continuaci&oacute;n leemos el ep&iacute;grafe, puerta de entrada al poemario, de Guillaume de Poitiers: &ldquo;El Para&iacute;so perdido nunca estuvo atr&aacute;s. Qued&oacute; adelante&rdquo;</p>
<p>- Yo dir&iacute;a<strong> </strong>-interviene Gelman- que los instantes del presente se convierten en pasado con suma rapidez. Alguna vez fueron futuro.</p>
<p>- Esta confusi&oacute;n, o quiz&aacute; mejor fusi&oacute;n de tiempos, origina- creo- en el lector la sensaci&oacute;n de cierto descabalgamiento existencial, de no llegar a tiempo o de vivir un tiempo robado, y por tanto sin anclaje. De ah&iacute; ese constante &ldquo;cavar&rdquo; que vuelve a aparecer en este poemario, o como subraya el poeta, &ldquo;el querer llegar a un fondo que no existe&rdquo;. Y el imperativo m&aacute;s que nostalgia, de buscar tierra firme en la infancia (&ldquo;&iquest;No sab&iacute;as que los oto&ntilde;os de un viol&iacute;n/ resuenan sobre nuestra cabeza?&rdquo;)<em>, </em>referencia&nbsp; a su primer libro muy bien vista por M&ordf; &Aacute;ngeles P&eacute;rez L&oacute;pez, o (&ldquo;Han desaparecido los barcos/ que naveg&oacute; mi juventud en / un vac&iacute;o incesante&rdquo;). Todo lo cual requiere la b&uacute;squeda, en compa&ntilde;&iacute;a de la amada, de la duraci&oacute;n: &ldquo;Tu aire es el sol que tengo/y escribe ayer en hoy./El viaje es de hagamos/cielos que duren&rdquo;<em>.</em></p>
<p>- La reafirmaci&oacute;n del compromiso con la poes&iacute;a alcanza un grado m&aacute;ximo en <em>Pa&iacute;s que fue ser&aacute; ,</em>hasta el punto de&nbsp; transformar al poeta -dice Juan Gelman-&ldquo;en hijo de su obra&rdquo;. Un libro solidario en donde, adem&aacute;s, se abordan&nbsp; temas tan actuales como la guerra de Irak, la pobreza en el mundo o la crisis econ&oacute;mica de la Argentina en 2001.</p>
<p>- En esta traves&iacute;a sin puerto, pues en la navegaci&oacute;n est&aacute; la altitud de la aventura existencial, llegamos a su &uacute;ltimo libro, <em>Mundar</em>, publicado este mismo a&ntilde;o por la editorial Visor en su nueva colecci&oacute;n de poes&iacute;a &ldquo;Palabra de Honor&rdquo;. Visor, que asimismo ha editado&nbsp; otros libros de Gelman, ha comenzado ya a publicar su obra completa como Biblioteca de Autor. <em>Mundar</em>, compuesto por ciento veinti&uacute;n poemas, est&aacute; encabezado por una cita de la m&iacute;stica alemana Hildegarda de Bingen que reza as&iacute;: &ldquo;El sonido con que resuena toda criatura&rdquo; que, enseguida, nos pone en relaci&oacute;n con lo inefable, y nos revela una vez m&aacute;s la comuni&oacute;n del escritor con la expresi&oacute;n literaria de la experiencia de lo divino a trav&eacute;s, sobre todo, de San Juan de la Cruz y Santa Teresa. En cuanto al t&iacute;tulo&nbsp; es un neologismo que permite una lectura abierta, en todo caso alusiva a estar y ser en el mundo, aunque atendiendo al fondo de esta poes&iacute;a, me atrever&iacute;a a convertir mundo en un sin&oacute;nimo de volar, por la carga simb&oacute;lica, reiteradamente manifestada, que tiene en ella el p&aacute;jaro cantor que, en palabras del creador y cr&iacute;tico literario Sa&uacute;l Yurkievich, desgraciadamente ya fallecido, &ldquo;encarna al poeta al asociarlo a un ser alado, lo que implica despegue, elevaci&oacute;n, belleza, y se opone a clausura, abatimiento y bajeza&rdquo;. Caracter&iacute;sticas todas predicables de la biograf&iacute;a y los textos de este escritor&nbsp; que, con las alas tronchadas, siempre remont&oacute; el vuelo. <em>Mundar,</em>una obra de plenitud, despliega todas las resonancias del universo gelmaniano, donde hay vocablos constitutivos como el repetido p&aacute;jaro, sol, oto&ntilde;o, furias, niebla, vac&iacute;o, pa&iacute;s, ni&ntilde;o o caballo; t&eacute;rminos con un hondo horizonte simb&oacute;lico entra&ntilde;ado en una realidad dolorosa de p&eacute;rdida y destierro, donde las huellas del tiempo apenas dejan respirar el presente, donde se vuelve a los or&iacute;genes y el amor es salvaci&oacute;n. Hermosos e intensos poemas de amor son la savia de este libro, presididos por un no saber, por lo que las palabras callan, o por la dificultad de conocer a la amada. Hay versos que se grabar&aacute;n indeleblemente en el coraz&oacute;n de los lectores: &ldquo;En la cama semidesierta yace/ tu aroma azul. Mis manos/ tropiezan con el vac&iacute;o/ tu rostro&rdquo;<em>.</em></p>
<p>- Juan Gelman que, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha obtenido los m&aacute;s importantes premios, entre ellos el Juan Rulfo, el Reina Sof&iacute;a de Poes&iacute;a&nbsp; Iberoamericana, y el Cervantes, el m&aacute;ximo galard&oacute;n en lengua espa&ntilde;ola, nos coment&oacute; casi en voz baja, mientras paseaba por los patios de la Universidad de Alcal&aacute; de Henares, que &ldquo;espera con serenidad la muerte, porque ha muerto muchas veces, y una m&aacute;s&hellip; Que no le preocupa la inmortalidad, aunque le gustar&iacute;a que alg&uacute;n poema, alg&uacute;n verso, viva m&aacute;s adelante todav&iacute;a. Que hay grandes poetas en las lenguas de Iberoam&eacute;rica,&nbsp; estando convencido de que esa buena salud nunca se acabar&aacute;. Que sigue escribiendo de una manera obsesiva, como siempre, y que no ha pensado en escribir sus memorias, porque apenas tiene setenta y ocho a&ntilde;os. En cuanto a su persecuci&oacute;n de la verdad y de la justicia, no cesar&aacute;, contin&uacute;a su lucha, por ejemplo para saber qu&eacute; pas&oacute; con su nuera y para que los responsables sean juzgados&rdquo;.</p>
<p>Aqu&iacute; se hizo un silencio de noche estrellada en medio del campo, y es que llegaba su nieta Macarena. Gelman le mir&oacute; a los ojos: brillaban como quien supo&hellip; y perdon&oacute; y am&oacute;.</p>
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      <pubDate>Fri, 27 May 2016 09:34:44 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Max Aub y Juan Gil-Albert: una ética compartida de la vida]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/max-aub-y-juan-gil-albert-una-etica-compartida-de-la-vida/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2016/mayo/aub350.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp; </strong>En este estudio quiero relacionar a dos hombres que tienen en com&uacute;n dos valores importantes: una &eacute;tica semejante de la vida y una amistad de muchos a&ntilde;os.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Max Aub tuvo que exiliarse al terminar la Guerra Civil espa&ntilde;ola, para este hombre singular se&nbsp; acababa una etapa importante de su vida y comenzaba un exilio que dar&iacute;a sus frutos en lo que respecta a producci&oacute;n literaria.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &iquest;Qu&eacute; relaci&oacute;n existe entre estos dos hombres? Ambos vienen del exilio, ambos volvieron a Espa&ntilde;a, ambos pertenecen a un mundo cultural com&uacute;n: la Espa&ntilde;a republicana, los intelectuales antifascistas, y ambos estuvieron exiliados en M&eacute;xico.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Aub vuelve a Espa&ntilde;a el 23 de agosto de 1969 con pasaporte mexicano y un visado que s&oacute;lo le autorizaba &ldquo;una estancia de tres meses&rdquo;. Har&aacute; entonces una breve visita a Calanda (Arag&oacute;n), el pueblo natal de Luis Bu&ntilde;uel y a Zaragoza, con motivo de la fiesta del Pilar. Visit&oacute; tambi&eacute;n las tres ciudades claves de su biograf&iacute;a espa&ntilde;ola: Barcelona, Valencia y Madrid.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Tambi&eacute;n fue Max Aub, al igual que Gil-Albert, un luchador ante el r&eacute;gimen&nbsp; franquista y dice algo muy importante sobre ello al poeta valenciano Miguel Veyrat: &ldquo;no fue el exilio el que ha influido en mi literatura, sino la guerra. Y la guerra la cambi&oacute; del todo en todo&rdquo; (Miguel Veyrat, 1969: 67). Para Max Aub, la Rep&uacute;blica fue abortada por el r&eacute;gimen franquista y &eacute;ste sustituy&oacute; un ideal de vida democr&aacute;tico por una tiran&iacute;a manifiesta. La misma opini&oacute;n mantuvo Gil-Albert, como pudimos conocer en su obra <em>Drama Patrio</em> y, por ende, fue idea clave en muchos escritores exiliados.</p>
<p style="text-align: left;" align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp; Podemos ver en el pr&oacute;logo a <em>La gallina ciega</em>, esa especie de diario espa&ntilde;ol que Aub escribi&oacute;&nbsp; para&nbsp; deleite&nbsp;&nbsp; de&nbsp;&nbsp; la&nbsp;&nbsp; mayor&iacute;a&nbsp;&nbsp; de&nbsp;&nbsp; sus&nbsp;&nbsp; seguidores, lo que dice Manuel Aznar&nbsp;</p>
<p>Soler sobre la &eacute;tica y la est&eacute;tica en Max Aub: &ldquo;Max Aub se define como un escritor espa&ntilde;ol exiliado, un escritor para quien &eacute;tica y est&eacute;tica est&aacute;n vinculados indisolublemente&rdquo; (Manuel Aznar Soler, 1995: 40).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &iquest;Qu&eacute; quiere decir Manuel Aznar Soler? Desde luego, se refiere a esa visi&oacute;n &eacute;tica de la vida, su honradez al defender unas ideas, pero tambi&eacute;n a ese deseo est&eacute;tico de crear una prosa limpia, bella e, incluso, transparente que pueda reflejar a su vez esa visi&oacute;n &eacute;tica de la vida.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Coincide aqu&iacute; con Gil-Albert, no me refiero, como podemos suponer, a una identificaci&oacute;n en el estilo, sino a su inter&eacute;s en reflejar de forma elaborada y, por tanto, est&eacute;ticamente, sus ideas razonadas sobre la vida (lo que transparenta su &eacute;tica).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; En <em>La gallina ciega, </em>Max Aub nos ofrece p&aacute;ginas inolvidables, donde destapa la sociedad mediocre que anida en el r&eacute;gimen franquista. La escasez intelectual y la ausencia de moralidad del R&eacute;gimen van a ser brillantemente denunciadas por Aub.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Merece la pena citar muchas p&aacute;ginas de este libro, como documento rico y clarificador de la entidad de un hombre imprescindible como Aub, pero me limitar&eacute; a algunas muy significativas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; En su llegada a Valencia, en 1969, el escritor certifica la pobreza intelectual de la ciudad y, por ende, del pa&iacute;s entero: &ldquo;A nadie le interesan aqu&iacute; los libros: las librer&iacute;as desiertas. Peque&ntilde;a diferencia con Barcelona donde se ve a alguna gente hojeando. Aqu&iacute;, nadie lee en&nbsp; los&nbsp; tranv&iacute;as&nbsp; o&nbsp; en&nbsp; los&nbsp; autobuses&nbsp;&nbsp; o en las terrazas de los snack-bars o ex caf&eacute;s&rdquo;&nbsp; (Max Aub, 1995: 176-177).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Adem&aacute;s, dir&aacute; que todo lo que se oye en los bares son chistes y f&uacute;tbol, situaci&oacute;n que, como podemos observar d&iacute;a a d&iacute;a, no ha cambiado mucho desde aquel a&ntilde;o ya lejano.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Aub va a ser consciente de la mediocridad de Espa&ntilde;a en los meses que estuvo aqu&iacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; El escritor anhela que cambie la situaci&oacute;n del pa&iacute;s y que la dictadura que arrasa todo y atrasa el mundo econ&oacute;mico y cultural acabe para siempre: &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; duda cabe que Espa&ntilde;a, la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola, debe cambiar y cambiar&aacute;!&rdquo; (Max Aub, 1995:177).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Tambi&eacute;n son muy interesantes las p&aacute;ginas que dedica a Gil-Albert, lo que es significativo&nbsp; y&nbsp; ha acrecentado mi curiosidad para relacionar a ambos escritores: &ldquo;Casa de Juan Gil-Albert. Juan m&aacute;s encorvado, la voz m&aacute;s fina, id&eacute;ntica amistad y exquisito buen gusto. Misma figura en los modales y en la voz, incapaz de subir el tono, reconcomi&eacute;ndose a cualquier disparidad o enojo&rdquo; (Max Aub, 1995: 177).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Es destacable no s&oacute;lo este retrato admirativo a un hombre que conserva su delicadeza, aquella que tuvo cuando ambos escritores se conocieron antes de la Guerra Civil espa&ntilde;ola, sino tambi&eacute;n un rasgo que va a caracterizar a Gil-Albert y que ve muy claramente Max Aub: &ldquo;Se va a tener que operar. No parece preocupado m&aacute;s que por su edad. Le reanimo en lo que puedo&rdquo;. (Max Aub, 1995: 178). Es, sin duda, el paso del tiempo una obsesi&oacute;n clara en el escritor alicantino que va a marcar parte de su madurez y de su vejez.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Otro rasgo que destaca Aub sobre su amigo es esa sensaci&oacute;n de importancia que Gil-Albert va a tener ante el reconocimiento p&uacute;blico, tan demorado, pese a su prol&iacute;fica obra:&nbsp;&nbsp;&nbsp; &lt;&lt;Juan Gil-Albert tan contento, tan contento porque los directores del Ateneo Mercantil &ldquo;se han acordado de &eacute;l&rdquo; e incluido en una serie de veladas en que recitar&aacute;n sus poemas &ldquo;algunos poetas valencianos&rdquo;&gt;&gt; (Max Aub, 1995: 179).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Aub es categ&oacute;rico, reconoce que en ese clima mediocre un hombre de la talla de Gil-Albert, el cual ha hecho de su escritura un mundo delicado, fino, esmaltado en cualidades luminosas, no&nbsp; puede&nbsp; sentirse&nbsp; m&aacute;s que&nbsp; agradecido por las limosnas de unos pocos: &ldquo;Juanito Gil-Albert, entre sus sombras so&ntilde;adas, feliz, consolado por mandamases</p>
<p>&nbsp;del Ateneo Mercantil&hellip; Mas &iquest;qu&eacute; har&iacute;as t&uacute;, Maxito, tras veintid&oacute;s a&ntilde;os de estar</p>
<p>aqu&iacute;</p>
<p>aplastado?&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Se refiere a M&aacute;ximo Jos&eacute; Khan, el amigo de ambos, enterrado en Brasil, que fue, como recordamos, un icono, un referente para Gil-Albert en el <em>Tobeyo o del amor.</em></p>
<p>&nbsp;&nbsp; La casa de Gil-Albert le&nbsp; trae a Max Aub el recuerdo de Ram&oacute;n Gaya, ya que hay cuadros de &eacute;l en las paredes. El pasado que ellos compartieron en M&eacute;xico vuelve a ser evocado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Aub se exilia en&nbsp; M&eacute;xico en 1942 y morir&aacute; all&iacute; en 1972. Los primeros a&ntilde;os del exilio, de 1939 a 1942, estuvo en Francia. Para Aub, M&eacute;xico es el lugar que m&aacute;s ama en el mundo, despu&eacute;s de Espa&ntilde;a, su Espa&ntilde;a. No hay duda que Gil-Albert siente lo mismo que su amigo, esa pasi&oacute;n por las tierras mexicanas une a ambos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; La tierra les ha marcado, por ello, el escritor alicantino escribi&oacute; all&iacute; su <em>Tobeyo </em>y algunos poemas a M&eacute;xico, parte de su coraz&oacute;n qued&oacute; all&iacute; para siempre.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Otros amigos de Max Aub aparecen en <em>La gallina ciega</em>: Juan Chab&aacute;s, Jos&eacute; Gaos, Joaqu&iacute;n Rodrigo, Genaro Lahuerta, Pedro S&aacute;nchez; amigos todos de adolescencia que nunca podr&aacute; olvidar.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Tambi&eacute;n merece nuestra atenci&oacute;n la charla de Max Aub, tras su regreso, en la casa de Manolo Zapater, cuando Aub le pregunta por Gil-Albert y Zapater contesta que hace tiempo que no se ven. Dir&aacute; Aub lo&nbsp; siguiente&nbsp; sobre el&nbsp; escritor&nbsp; alicantino: &ldquo;No. No ve a</p>
<p>Juan Gil-Albert. Juan no es Federico Garc&iacute;a Lorca ni Rafael Alberti, pero es un escritor fino (como dec&iacute;amos entonces), un ser inteligente, de excelente calidad, de lo mejor que hay en Valencia, si no el mejor&hellip;&rdquo; (Max Aub, 1995: 152).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Esta ausencia de relaci&oacute;n entre Zapater y Gil-Albert la explica muy bien Max Aub en el libro. Podemos&nbsp; ver&nbsp; en&nbsp; esta&nbsp; explicaci&oacute;n&nbsp; la ra&iacute;z&nbsp; de mi inter&eacute;s para hacer coincidir la est&eacute;tica y la &eacute;tica de ambos escritores, en las palabras de Aub se transparenta esta afinidad: &ldquo;Sencillamente est&aacute; convencido (Gil-Albert) de que no sucede nada que valga la pena, no ya en los pa&iacute;ses socialistas, por ejemplo, en los Estados Unidos o en Francia. O en Inglaterra. El mundo se acab&oacute;&rdquo; (Max Aub, 1995: 152).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Lo que Max Aub nos dice es que tras las guerras (la II Guerra Mundial y la Guerra Civil espa&ntilde;ola) hay una p&eacute;rdida indudable de fe en el ser humano, tras la constataci&oacute;n de la maldad del hombre, nada merece ya la pena.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Aunque el escritor se exceda en pesimismo, hay que entender el contexto en que nacen estas palabras: la vuelta del exilio, su regreso temporal (con un visado de tres meses) en un pa&iacute;s envuelto todav&iacute;a en la Dictadura.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Merece la pena repasar las p&aacute;ginas que Max Aub dedica a poetas que considera &ldquo;hermanos menores&rdquo; como Leopoldo de Luis y Ram&oacute;n de Garc&iacute;asol. El gusto y la delicadeza del escritor se hace lirismo en estas p&aacute;ginas que muestran con claridad su sentido &eacute;tico y est&eacute;tico de la vida: &ldquo;Les conozco en fotograf&iacute;a, no en carne y hueso. Les conozco bien, impresos: hechos miga, es decir, letra, pasados por el tamiz del linotipo&rdquo; (Max Aub, 1995: 553).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Bella reivindicaci&oacute;n de la lectura, del placer de encontrarse con las l&iacute;neas y disfrutar as&iacute;, sin conocer al poeta, hecho luz por la luz del otro, impregnado, al fin y al cabo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Hay en el libro de Max Aub ese sabor de nostalgia, a la vez que una propuesta de honradez, de&nbsp; &eacute;tica&nbsp; de la&nbsp; vida que le&nbsp; asemeja&nbsp; a&nbsp; Gil-Albert. El&nbsp; escritor&nbsp; no va&nbsp; a&nbsp; tener ning&uacute;n tipo de reparo en ofrecer su opini&oacute;n de Espa&ntilde;a, en ese a&ntilde;o en que la Dictadura entraba en su &uacute;ltima etapa: &ldquo;En Espa&ntilde;a, los sinverg&uuml;enzas, los cat&oacute;licos de verdad y los imb&eacute;ciles viven como Dios. A&ntilde;&aacute;dase&nbsp; los&nbsp; que&nbsp; no&nbsp; quieren&nbsp; saber&nbsp; nada&nbsp; de nada y, claro est&aacute;, los turistas que encuentran lo que buscan, al precio deseado&rdquo; (Max Aub, 1995: 570).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Tambi&eacute;n el escritor muestra su asombro por el cambio acaecido en las cosas importantes, como por ejemplo, el que ha sufrido una de las ciudades de su juventud, Valencia. La ciudad ha cambiado, ya no tiene el aspecto de entonces, en aquellos a&ntilde;os en los que paseaba con sus amigos escritores. Dice as&iacute;: &ldquo;Ya no conocer&iacute;a Valencia. Ahora es otra cosa. No s&eacute; si mejor o peor, muy distinta. Ya no hay plaza Cautelar. No s&eacute; si se llama del General&iacute;simo o del General Franco o algo por el estilo y su amigo Capuz (Jos&eacute; Capuz) ha hecho una estatua del tal&rdquo; (Max Aub, 1995: 158).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Se refiere a un escultor que hizo una estatua ecuestre del dictador, ya retirada.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Nos cuenta Aub su amistad con Ram&oacute;n Gaya y nos revelar&aacute; que fue el primero que le compr&oacute; una acuarela al pintor murciano en Valencia, pag&oacute; por ella 25 pesetas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Tambi&eacute;n habla en el libro de la actitud de los intelectuales ante la Guerra Civil: &ldquo;De anarquistas a callados&rdquo; (508). Pero no denostar&aacute; ni a Azor&iacute;n, ni a Maeztu, ni a Machado. S&iacute; lo har&aacute; frente a aquellos que, con su cinismo, han cambiado de ideolog&iacute;a y se han arrimado al franquismo sin reparos, los nombres de &eacute;stos podemos imaginarlos: &ldquo;A los que no perdono es a esos cabroncillos- que no nombro. Que estuvieron de boquilla con nosotros para volver la casaca en seguida que nos vieron perdidos. Si no fuesen intelectuales, lo mismo dar&iacute;a&rdquo; (Max Aub, 1995: 509).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; El escritor nacido en Francia (Aub naci&oacute; en Par&iacute;s en 1903), no est&aacute; en contra de los que se mantuvieron firmes ante una ideolog&iacute;a equivocada y cita a Jim&eacute;nez Caballero, Ledesma Ramos o&nbsp; Luys&nbsp; Santamarina,&nbsp; pero s&iacute; lo&nbsp; est&aacute;&nbsp; ante&nbsp; esos&nbsp; c&iacute;nicos&nbsp; como Carlos</p>
<p>Robles Piquer o Pedro La&iacute;n Entralgo, cuya actitud cobarde detesta plenamente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Es&nbsp; muy&nbsp; evidente este rechazo cuando hace menci&oacute;n de los acad&eacute;micos, en los cuales, sin duda, se encuentra el doctor La&iacute;n Entralgo. Dice&nbsp; Max Aub lo siguiente, reflejando su &eacute;tica y su decencia frente al cinismo y la mentira de algunos: &ldquo;Cena en casa de Xavier. Cuatro acad&eacute;micos: endilgan horrores del pueblo espa&ntilde;ol; maravillas del cielo y del suelo. Lo dem&aacute;s, asqueroso; como si ellos no formaran parte de &eacute;l, o no hubiesen contribuido a modelarlo tal y como se ve&rdquo; (Max Aub, 1995: 505). Har&aacute; alusi&oacute;n a los chistes que estos &ldquo;refugiados del 36 en embajadas o en falange&rdquo; llevan a cabo con cinismo supremo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Sobre el personaje de La&iacute;n, Max Aub es muy incisivo al criticar al intelectual fascista por no dimitir en solidaridad con los catedr&aacute;ticos expulsados de la Universidad como Aranguren, todo ello aparece en <em>Una cena en Madrid en 1969.</em></p>
<p>&nbsp;&nbsp; Afirma en <em>La gallina ciega</em> algo todav&iacute;a m&aacute;s esclarecedor acerca del talante falso y deshonesto de La&iacute;n Entralgo: &ldquo;Este elegante La&iacute;n que toma un caf&eacute;, con tanta distinci&oacute;n, sonriente&hellip;&rdquo;, como vemos hay ya un esp&iacute;ritu de cr&iacute;tica en esa figura que retrata: &ldquo;Deja continuamente transparentar, con todo y su admiraci&oacute;n por los componentes de la generaci&oacute;n del 98, su educaci&oacute;n cat&oacute;lica y falangista, a pesar de sus desenga&ntilde;os. Algo falla y chirr&iacute;a en esa generaci&oacute;n de los arrepentidos&rdquo; (Max Aub, 1995: 506).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Sostiene tambi&eacute;n el escritor que ese grupo de servidores de Franco y de su r&eacute;gimen &ldquo;no sirven a nadie y para nada;&rdquo; y, desde luego, destaca una&nbsp; magn&iacute;fica prosa al descalificar a ese grupo de falangistas (D&acute;Ors, La&iacute;n, Robles Piquer) que imponen su poder y su autoritarismo: &ldquo;Pol&iacute;ticamente, ante todo, les falta clientela, duermen sobre sus laureles impresos, pasan mala noche y paren hijas&rdquo; (Max Aub, 1995: 507).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Demoledor&nbsp; es&nbsp; Aub en&nbsp; contra&nbsp; de&nbsp; esos &ldquo;presuntos&rdquo;&nbsp; intelectuales&nbsp; &ldquo;democr&aacute;ticos&rdquo; que&nbsp; dinamitaron&nbsp; con&nbsp; su cinismo el verdadero don de la intelectualidad que incluye, sin duda, la honestidad y la decencia ante su propio pueblo. No aparece en esta dura cr&iacute;tica Dionisio Ridruejo&nbsp; que,&nbsp; pese&nbsp; a&nbsp; su&nbsp;&nbsp; pasado&nbsp; falangista, se&nbsp; caracteriz&oacute;&nbsp;&nbsp; por&nbsp; un&nbsp; sentido &eacute;tico que le llev&oacute; a la disidencia en los tiempos del franquismo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Como vemos, el libro es muy interesante porque nos revela una forma honesta de ver la vida, sin tapujos, mostrando su rebeld&iacute;a a una Espa&ntilde;a carente de libertades. La obra conjuga el desenga&ntilde;o, el escepticismo, frente al cari&ntilde;o y el aprecio a amigos como Gil-Albert, Fernando Dicenta, Ram&oacute;n Gaya, Manolo Zapater y tantos otros.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Aub se identifica&nbsp; con los gustos literarios de Gil-Albert, porque eran tiempos donde la literatura&nbsp; se apreciaba como un don enriquecedor y no exist&iacute;a un mercado tan excesivo como el actual: &ldquo;Libros y papeles por todas partes: lo que es normal, pero son libros y papeles de nuestra &eacute;poca: Proust, Gide, Cocteau, Canedo, Unamuno, Aza&ntilde;a&rdquo; (Max Aub, 1995: 503). Se refiere a los libros que ten&iacute;a en su casa un viejo amigo, Fernando Gonz&aacute;lez.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Hay otra referencia en esta obra a Gide, cuando hace menci&oacute;n de la verdad, de la &eacute;tica, de la mentira que, pese a un cierto talante honesto, tiene la vida misma: &ldquo;No se trata de enorgullecerme de ser esto o lo de m&aacute;s all&aacute;- bueno o malo- porque entonces lo mismo miente Genet o Gide, Baroja o Millar&rdquo; (Max Aub, 1995: 354).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Y termina&nbsp; Max Aub con una m&aacute;xima que nos explica su visi&oacute;n de la vida: &ldquo;El mundo es una enorme mentira&rdquo; (354). Hablar&aacute; en esa parte del infierno del campo de concentraci&oacute;n en el que estuvo, de tanto dolor del pasado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Para concluir este repaso a <em>La gallina ciega</em> y a la visi&oacute;n de su autor, he de decir que tanto Gil-Albert como Aub han tenido que pasar por una misma senda de tristeza y desarraigo, pero anida en ambos una visi&oacute;n noble y decente de la vida.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Los dos escritores son muy conscientes de que el mundo de su juventud ha cambiado, no s&oacute;lo por el inclemente paso del tiempo, sino por los terribles acontecimientos que han vivido. Ambos escritores necesitan en sus libros denunciar la barbarie y el cinismo del mundo que ha dejado tales atrocidades.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Podemos establecer una diferencia entre ambos, si Gil-Albert va a expresar una idea vitalista de la vida al alejarse conscientemente del mundo que le rodea (por el dolor que le produce), Max Aub no puede hacerlo y plasma en sus novelas y en su teatro el horror, porque su premisa principal es la denuncia para la posteridad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; La &eacute;tica compartida de la vida nos deja una sensaci&oacute;n de decencia en un mundo que, lamentablemente, no se caracteriz&oacute; por mostrarla con frecuencia. No son los &uacute;nicos intelectuales que lo hicieron (ya comentamos el caso de Baroja o Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, entre otros), pero existen v&iacute;nculos que los hacen testigos de primera l&iacute;nea de un mismo mundo y un mismo destino.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>CONCLUSI&Oacute;N: UNA &Eacute;TICA COMPARTIDA DE LA VIDA</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp; He querido relacionar a Max Aub y a Gil-Albert porque ambos vivieron las dif&iacute;ciles condiciones del exilio, a ninguno de los dos les falt&oacute; coraje para denunciar la mediocridad de la sociedad espa&ntilde;ola del franquismo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Aub lo hizo en su &uacute;nico viaje a Espa&ntilde;a, lo que convierte a su libro <em>La gallina ciega </em>en cr&iacute;tica feroz a la sociedad acomodada, a los intelectuales que se han adherido al R&eacute;gimen. Gil-Albert, sin embargo, vive la vuelta a Espa&ntilde;a escribiendo mucho, pero su obra no resulta interesante para las editoriales y para la dictadura. La sinceridad de sus opiniones, su compromiso &eacute;tico con la libertad, le impiden salir a la luz en aquellos tiempos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; La experiencia de&nbsp; ambos&nbsp; en&nbsp; M&eacute;xico les une tambi&eacute;n, aunque lo m&aacute;s interesante es la amistad anterior, los a&ntilde;os de la juventud en Valencia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Max Aub reconoce que Juan Gil-Albert no puede dar m&aacute;s en esa &eacute;poca de dictadura. El escritor comprende que se halle solo, aislado de la fama, ya que considera al artista alicantino uno de los mejores que ha dado su tierra.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; En resumen, al relacionar a los dos escritores, he querido manifestar que ambos fueron muy esc&eacute;pticos con la sociedad, hacen una cr&iacute;tica de Espa&ntilde;a por su falta de preparaci&oacute;n y por el escaso inter&eacute;s (salvo minor&iacute;as ilustradas) por la lectura y la cultura, en general.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Las p&aacute;ginas comentadas aqu&iacute; de <em>La gallina ciega </em>sirven para conocer mejor el mundo cultural de la &eacute;poca en el corto regreso a Espa&ntilde;a de Aub. Nos queda la tristeza por la condici&oacute;n de exiliado de un hombre de su talla intelectual.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Ambos, Gil-Albert y Aub mantuvieron un compromiso con sus ideas, sin excluir, por ello, la importancia al estilo, siendo dos grandes escritores del siglo XX.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 20 May 2016 07:16:56 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Javier Marías, el escritor con brújula]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/javier-marias-el-escritor-con-brujula/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas16/mayo/JAVIER_MAR_AS.jpg" alt="" /></p>
<p>Hay un momento, en la primera parte de <em>Tu rostro ma&ntilde;ana,</em> cuando el narrador est&aacute; contando de su padre, y va diciendo que cuando hubo terminado la Guerra Civil el que fuera uno de sus mejores amigos lo traicion&oacute; y delat&oacute;, y que adem&aacute;s iba paseando por ah&iacute; pavone&aacute;ndose de que iba a conseguir que le cayeran treinta a&ntilde;os de c&aacute;rcel, en el que Javier Mar&iacute;as escribe: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo no puedo conocer hoy tu rostro ma&ntilde;ana, el que ya est&aacute; o se fragua bajo la cara que ense&ntilde;as o bajo la careta que llevas, y que mostrar&aacute;s tan solo cuando no lo espere?&rdquo;. Ah&iacute;, en el curso de la novela, cae as&iacute; el impulso que remotamente la anima. &iquest;Qu&eacute; sabemos del futuro de los que nos rodean, qu&eacute; ser&aacute; de ellos, qu&eacute; hay ahora que nos avise de lo que ser&aacute;n, qu&eacute; margen en su rostro de ahora para adivinar el de ma&ntilde;ana?</p>
<p><em>Fiebre y lanza,</em> el primer volumen de la &uacute;ltima novela de Javier Mar&iacute;as, empieza as&iacute;: &ldquo;No deber&iacute;a contar uno nunca nada, ni dar datos ni aportar historias ni hacer que la gente recuerde a seres que jam&aacute;s han existido ni pisado la tierra ni cruzado el mundo, o que s&iacute; pasaron pero estaban ya medio a salvo en el tuerto e inseguro olvido&rdquo;. La &uacute;ltima frase del tercer volumen, <em>Veneno y sombra y adi&oacute;s,</em> la que cierra todo, son nada m&aacute;s que tres palabras: &ldquo;No, nada malo&rdquo;. Entre un extremo y el otro est&aacute;n contenidas las 1590 p&aacute;ginas de una de las aventuras literarias m&aacute;s ambiciosas de los &uacute;ltimos a&ntilde;os. El pasado mes de agosto, refugiados del sol inclemente en su casa del centro de Madrid, el escritor se levant&oacute; a mitad de la conversaci&oacute;n para ir a buscar en su despacho una cuartilla. Hab&iacute;a ah&iacute; unas cuantas frases. &ldquo;Son todas las notas que he tomado para escribir la novela&rdquo;, explic&oacute;.</p>
<p>&ldquo;La suerte del cobarde&rdquo;. Eso estaba escrito ah&iacute;, en ese papel. Y otras anotaciones por el estilo, que fueron &ndash;qui&eacute;n sabe&ndash; las que fueron empujando a Javier Mar&iacute;as, las que le sirvieron de apoyo. Pero igual simplemente las escribi&oacute; y luego las despreci&oacute;. &ldquo;Cada libro se va haciendo a medida que avanzo&rdquo;, explica. Y as&iacute; se hizo <em>Tu rostro ma&ntilde;ana</em> (Alfaguara). &ldquo;No hay ni esquema previo, ni sinopsis&rdquo;, dice. Escribe y escribe, va afinando con las palabras, y al final se da por contento con una p&aacute;gina. &ldquo;Entonces la meto en una carpeta, y ya no la toc&oacute; m&aacute;s. No hago dos versiones. Me atengo a lo que he ido escribiendo. Y si surge una contradicci&oacute;n con lo ya dicho, la dej&oacute; ah&iacute;, ya ver&eacute; la forma de arreglarlo&rdquo;.</p>
<p>As&iacute; trabaja Javier Mar&iacute;as. Nacido en Madrid en 1951, public&oacute; su primera novela en 1971: ten&iacute;a 20 a&ntilde;os. El 27 de abril de este a&ntilde;o ley&oacute; su discurso de ingreso en la Real Academia Espa&ntilde;ola, que titul&oacute; <em>Sobre la dificultad de contar.</em> &ldquo;Como si precis&aacute;ramos conocer lo improbable adem&aacute;s de lo cierto, las conjeturas y las hip&oacute;tesis y los fracasos adem&aacute;s de los hechos, lo remoto, lo negado y lo que pudo ser, adem&aacute;s de lo que fue y de lo que es; y, por supuesto, dialogar con los muertos&rdquo;, dijo all&iacute; para explicar la necesidad de la ficci&oacute;n.</p>
<p>Lo cierto y lo improbable; los hechos y las hip&oacute;tesis y fracasos. La ficci&oacute;n todo lo permite, y es la ficci&oacute;n la que define la larga trayectoria de Mar&iacute;as. En las casi 1600 p&aacute;ginas de <em>Tu rostro</em> <em>ma&ntilde;ana</em> hay sitio para tocar muchos registros, muchos temas, para levantar escenarios distintos e inventar las m&aacute;s variadas historias. &iquest;Pero c&oacute;mo empez&oacute; todo? &ldquo;No es f&aacute;cil decirlo, y menos ahora cuando ha pasado tanto tiempo&rdquo;, contesta. &ldquo;Pero seguramente fue una cosa peque&ntilde;a, que luego en la novela inclu&iacute; cuando &eacute;sta ya estaba bastante avanzada&rdquo;.</p>
<p>Luego afina bastante m&aacute;s: &ldquo;Los servicios secretos brit&aacute;nicos pasaron una mala temporada entre la ca&iacute;da del muro de Berl&iacute;n y los atentados de las torres gemelas. Fueron unos doce a&ntilde;os en que no ten&iacute;an trabajo, y durante los cuales no tuvieron otra manera de sobrevivir que saliendo a la b&uacute;squeda de clientes. En la novela lo cuenta uno de los personajes y es algo totalmente cierto, no una invenci&oacute;n. Hab&iacute;an perdido a su tradicional enemigo, a los rusos por decirlo de manera simplona, y empezaron a ofrecer sus servicios a grandes compa&ntilde;&iacute;as, a hacer espionaje industrial. Lo hicieron con el conocimiento de los altos mandos y la manera que encontraron para camuflar esta actividad fue utilizando el argumento de que si estaban sirviendo a las grandes compa&ntilde;&iacute;as del Reino Unido es que estaban sirviendo a su pa&iacute;s&rdquo;.</p>
<p>El personaje al que se refiere Mar&iacute;as es la joven P&eacute;rez Nuix, una chica que trabaja con el protagonista en los servicios secretos brit&aacute;nicos. En la novela se mezclan muchas historias, pero est&aacute; tambi&eacute;n llena de reflexiones, de consideraciones, de ideas e hip&oacute;tesis y pensamientos. &ldquo;Las historias crecen a partir de s&iacute; mismas&rdquo;, observa Javier Mar&iacute;as. &ldquo;Aparecen algunas a las que les encuentras m&aacute;s posibilidades que las de quedarse en una mera digresi&oacute;n. Escribo con br&uacute;jula. No tengo la historia completa cuando empiezo, ni siquiera cuando me voy acercando al final. Las digresiones se convierten en parte del libro, se incorporan como parte de la historia. Esto lo s&eacute; de lejos, de cuando traduc&iacute;a el <em>Tristram Shandy,</em> de Lawrence Sterne, hace m&aacute;s de treinta a&ntilde;os. Sterne dec&iacute;a que avanzaba a medida que hac&iacute;a digresiones. Pero entonces dejaban de ser una desviaci&oacute;n, y formaban parte de la historia. Le daban cuerpo al libro&rdquo;.</p>
<p>Son diez las novelas que ha escrito Javier Mar&iacute;as. Con la quinta, <em>El hombre sentimental,</em> que apareci&oacute; en 1986, empez&oacute; a llegar a un mayor n&uacute;mero de lectores. <em>Todas las almas,</em> de 1989, es uno de sus t&iacute;tulos fundamentales: ah&iacute; aparecen algunos personajes y preocupaciones y temas que lo llevan acompa&ntilde;ando desde entonces. <em>Coraz&oacute;n tan blanco</em> (1992) y <em>Ma&ntilde;ana en la batalla</em> <em>piensa en m&iacute;</em> (1994) trajeron el ruido de la consagraci&oacute;n, el aplauso un&aacute;nime, la proyecci&oacute;n internacional. Con <em>Negra espalda del tiempo</em> (1998) rompi&oacute; con la estructura y los registros que hab&iacute;a cultivado en sus dos &uacute;ltimas novelas, las de mayor &eacute;xito hasta entonces, y se embarc&oacute; en otra cosa que termin&oacute; por llamar &ldquo;falsa novela&rdquo;. &ldquo;Creo no haber confundido todav&iacute;a nunca la ficci&oacute;n con la realidad&hellip;&rdquo;: con esas palabras empezaba aquel libro, y pronto confesaba: &ldquo;Yo voy a cometer aqu&iacute; varias afrentas porque hablar&eacute;, entre otras cosas, de algunos muertos reales a los que no he conocido, y as&iacute; ser&eacute; una forma inesperada y lejana de posteridad para ellos&rdquo;.</p>
<p>As&iacute; que una trataba de algunos muertos reales, pero tambi&eacute;n incluy&oacute; a algunos vivos reales. Mar&iacute;as contaba la historia de John Gawsworth, por ejemplo, el escritor y rey de Redonda, y se entreten&iacute;a largamente en hablar de cosas de la isla, pero se ocupaba tambi&eacute;n del profesor Rico, y se refer&iacute;a a colegas suyos de Oxford o a Mercedes Casanovas, su agente literaria. Un juego, una broma, una reflexi&oacute;n: y desplegaba esas dos corrientes, la de la realidad y la de la ficci&oacute;n, cuyo cruce y mezcla ya hab&iacute;a desencadenado equ&iacute;vocos con <em>Todas las almas. </em>Fue un libro que interrump&iacute;a las estrategias narrativas que hab&iacute;a utilizado en sus anteriores novelas y que abr&iacute;a su obra hacia el futuro. En <em>Tu rostro ma&ntilde;ana</em>, dos de los personajes esenciales del libro son su padre, Juli&aacute;n Mar&iacute;as, y Peter Russell, su colega de Oxford, &ldquo;el hispanista y lusitanista m&aacute;s importante de la segunda mitad del siglo XX&rdquo;, escribi&oacute; de &eacute;l Ian Michael, otro profesor de la c&eacute;lebre universidad, y que como tal aparec&iacute;a en <em>Negra espalda del tiempo.</em></p>
<p>&ldquo;Los cambios que se produjeron en los servicios secretos&nbsp; brit&aacute;nicos tienen algo que ver con el origen de <em>Tu rostro ma&ntilde;ana, </em>&nbsp;pero es lo anecd&oacute;tico, lo que sirve como trasfondo de la novela&rdquo;, cuenta Javier Mar&iacute;as. &ldquo;Porque de lo que trata principalmente es de las dificultades de saber a qu&eacute; atenernos con las personas que nos importan. De la dificultad de conocer el rostro que tendr&aacute;n ma&ntilde;ana. No tenemos ni idea de c&oacute;mo ser&aacute;n y nos gustar&iacute;a saberlo. Vas confiado en la vida y crees conocer el rostro que tienen hoy quienes te rodean y te importan. Pero hay muchas historias de grandes decepciones: con amigos, con amantes, con familiares. Y se oye tantas veces decir aquello de &lsquo;Me habr&iacute;a jugado el cuello&hellip;&rsquo; o eso otro de &lsquo;Habr&iacute;a puesto la mano en el fuego...&rdquo;.</p>
<p>Y Mar&iacute;as prosigue: &ldquo;Uno de los ejemplos m&aacute;s fuertes de todo esto es lo que ocurri&oacute; con mi padre. Fue traicionado por un amigo cuando termin&oacute; la Guerra Civil. Y esa traici&oacute;n pudo haberlo llevado a la muerte. La historia del padre de Jacobo Deza en la novela es la historia de mi padre, casi sin cambios. El 15 de mayo de 1939 lo detuvieron. Si se salv&oacute; fue porque hubo personas del bando de los vencedores que se portaron bien. Y es que dentro del conjunto monstruoso de la dictadura hubo individuos que se portaron decentemente. Y en el juicio de mi padre, un juicio que fue una farsa como tantos de los que se celebraron entonces, una persona que lo conoc&iacute;a de la facultad, Lissarrague, fue llamado como testigo de cargo. Era falangista, ten&iacute;a una buena posici&oacute;n en el r&eacute;gimen franquista y habl&oacute; muy bien de mi padre. Y neg&oacute; veracidad a algunas de las disparatados cargos de los que lo acusaban, como el de conocer todas las redes en Espa&ntilde;a de la NKVD, la que ser&iacute;a la KGB, o la de ser el hombre de <em>Pravda</em> en Espa&ntilde;a durante la guerra. El caso es que el tribunal entendi&oacute; que ten&iacute;a que llamarle la atenci&oacute;n a Lissarrague por hablar tan bien del acusado. Y le recordaron que estaba all&iacute; como testigo de cargo. &lsquo;Cre&iacute;a que se me hab&iacute;a llamado para decir la verdad&rsquo;, contest&oacute; Lissarrague&rdquo;.</p>
<p>Peter Wheeler, el nombre que adopta Peter Russell en <em>Tu rostro ma&ntilde;ana, </em>le dice al narrador en una de las largas conversaciones que tienen a lo largo de la novela que todos los hombres &ldquo;llevan sus probabilidades en el interior de sus venas, y s&oacute;lo es cuesti&oacute;n de tiempo, de tentaciones y circunstancias que por fin las conduzcan a su cumplimiento&rdquo;. De lo que se trataba con Javier Mar&iacute;as en Madrid este &uacute;ltimo agosto era justamente de aquel episodio de delaci&oacute;n y traici&oacute;n, cuando Del Real, el viejo amigo de su padre, lo entreg&oacute; a los franquistas para que procedieran a castigarlo. &ldquo;Mi padre public&oacute; durante la guerra art&iacute;culos en el <em>ABC</em> de la zona republicana. No eran art&iacute;culos rojos (que mi padre nunca lo fue), pero s&iacute; muy republicanos&rdquo;, cuenta Mar&iacute;as. Y subraya: &ldquo;Todo lo que pas&oacute; en esos a&ntilde;os le parec&iacute;a atroz. Su primera reacci&oacute;n fue la de exclamar ante cuanto ocurr&iacute;a: &iexcl;qu&eacute; exageraci&oacute;n!&rdquo;.</p>
<p>Dec&iacute;a Juan Benet, uno de los amigos y maestros de Javier Mar&iacute;as, que los escritores espa&ntilde;oles ten&iacute;an en la Guerra Civil materia con la que ocuparse largamente. En esta su &uacute;ltima novela, y acaso por tratar extensamente del desgraciado episodio que llev&oacute; a su padre a la c&aacute;rcel por culpa de uno de sus amigos, la guerra est&aacute; presente de manera rotunda. &ldquo;Cada bando se ha dedicado a demonizar al adversario&rdquo;, dice Mar&iacute;as. &ldquo;Y las cosas son mucho m&aacute;s complejas. En cualquier guerra civil ocurre con m&aacute;s facilidad lo que Wheeler comenta en el libro, que llevamos dentro de nosotros las probabilidades de actuar de distintas maneras, de matar, de traicionar. Hay contadas circunstancias que permiten que esas probabilidades se manifiesten. Una de ellas es una guerra civil&rdquo;.</p>
<p>Luego se detiene un momento en lo que pas&oacute; m&aacute;s adelante. &ldquo;Es curioso que tanta gente se escudara durante el franquismo en la justificaci&oacute;n de que &lsquo;todo el mundo hace lo mismo&rsquo; para justificar su actuaci&oacute;n (o su pasividad total) ante diferentes situaciones ignominiosas. Pero no es verdad, no todo el mundo hizo lo mismo&rdquo;.</p>
<p>Y Mar&iacute;as se explica: &ldquo;Lo que llama la atenci&oacute;n es que hubiera tanto af&aacute;n de justificarse precisamente aqu&iacute;, donde a los ganadores nadie les pidi&oacute; cuentas de nada. Durante la guerra hubo gente decente en un bando y en el otro, gente que pas&oacute; sin mancharse a pesar de las dificultades. Mi padre era cat&oacute;lico, como muchos de los que fueron apartados de sus respectivas actividades. S&oacute;lo m&aacute;s adelante le pidieron que se reintegrase a la universidad. No quiso hacerlo. Se neg&oacute; a firmar los principios del movimiento. Es verdad que se dec&iacute;a que todo el mundo lo hac&iacute;a, como tantas otras cosas, para quitarle importancia. &Eacute;l no lo hizo. No estaba de acuerdo con esos principios, no firm&oacute;. Se port&oacute; bien. Y es eso lo que se va olvidando. Y es un inmenso empobrecimiento&rdquo;.</p>
<p>Diez novelas, tres libros de relatos, un mont&oacute;n de vol&uacute;menes donde ha ido reuniendo sus art&iacute;culos de prensa, traducciones (de Lawrence Sterne, Joseph Conrad, Robert Louis Stevenson, Thomas Hardy, Isak Dinesen, William Faulkner y Vladimir Nabokov, entre muchos otros), y una serie de libros at&iacute;picos, como &eacute;se de <em>Vidas escritas,</em> donde elabora distintos retratos de escritores desde perspectivas muy diferentes, dan cuenta de la trayectoria de Javier Mar&iacute;as. Un nombre que ya es indiscutible en el panorama de la literatura internacional por mucho que quieran restarle m&eacute;ritos cuantos arremeten contra &eacute;l, muchas veces sin haberlo le&iacute;do, o habi&eacute;ndose quedado tan s&oacute;lo en la espuma de sus habituales textos period&iacute;sticos.</p>
<p>Javier Mar&iacute;as se&ntilde;ala en una de las paredes del sal&oacute;n de su casa el retrato de un oficial brit&aacute;nico con corbata y bigotes. En <em>Tu rostro</em> <em>ma&ntilde;ana,</em> ese dibujo est&aacute; en el despacho del jefe del narrador, de Tupra, ese tipo duro y misterioso de los servicios secretos brit&aacute;nicos para el que trabaja. En la novela, el que se&ntilde;ala es Deza, que pregunta: &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n es ese militar de ah&iacute;?&rdquo;.</p>
<p>Tupra contesta de manera ambigua: &ldquo;No lo s&eacute;. Mi abuelo. Me gusta su cara&rdquo;. Y cambia de tema, como para quitarse la pregunta de encima. &ldquo;En personajes como Tupra hay mucho de invenci&oacute;n&rdquo;, explica Javier Mar&iacute;as. &ldquo;Pero en muchos de ellos hay cosas del propio autor. Les presto mucho de m&iacute; mismo. Les presto cosas m&iacute;as. Ese dibujo se lo doy a Tupra en la novela. Y Custardoy, el menos atractivo de todos los personajes del libro, tambi&eacute;n tiene cosas m&iacute;as, costumbres m&iacute;as. Hay mucho de invenci&oacute;n, pero sobre una fuente principal de informaci&oacute;n que soy yo mismo&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;S&iacute;, mi padre y Wheeler eran ya muy viejos y quiz&aacute; ambos recorr&iacute;an en ascuas sus pen&uacute;ltimos trechos, no por pavor religioso sino por aprensi&oacute;n biogr&aacute;fica; o quiz&aacute; no tanto, y apenas si tem&iacute;an tiznarse&rdquo;, escribe Javier Mar&iacute;as en <em>Tu rostro ma&ntilde;ana.</em> &ldquo;Tanto Peter Russell [Wheeler] como mi padre murieron durante la escritura del libro&rdquo;, observa el escritor. &ldquo;Y durante todo ese tiempo tuve que hacerlos hablar, tuve que hacerlos actuar. Con lo que tengo la impresi&oacute;n de que s&oacute;lo cuando acab&eacute; la novela murieron en verdad del todo. Pero los otros personajes, la mayor&iacute;a, no tienen un referente determinado. Ocurre como les ocurr&iacute;a a los novelistas antiguos, como a Flaubert por ejemplo, que de lo que se trata al escribir es de ponerse en el lugar de los otros&rdquo;.</p>
<p>Desconfiar. Recordar y olvidar. El arte de mantenerse al margen. La necesidad de hablar y la pertinencia de callar. Conceder y negar. Pedir. El saber que la suerte est&aacute; echada. La culpa. El di&aacute;logo entre los vivos y los muertos. <em>Tu rostro ma&ntilde;ana</em> est&aacute; lleno de digresiones. Todas ellas se van colgando de los hilos narrativos que mueve el texto. Claros en el bosque de la narraci&oacute;n, fulgores instant&aacute;neos que iluminan su m&eacute;dula. El asunto principal es el trabajo que consigue Jacobo Deza, el narrador, cuando vive en Londres. Se ha separado de Luisa, su mujer, a la que ha dejado en Madrid con sus dos hijos. Los servicios secretos lo fichan. &ldquo;T&uacute; ten&iacute;as el raro don de ver en las personas lo que ni siquiera ellas son capaces de ver en s&iacute; mismas, o no suelen&rdquo;, le dice Wheeler a Deza. Por eso termina trabajando para Tupra. &ldquo;Consist&iacute;a en escuchar y fijarme e interpretar y contar, en descifrar conductas, aptitudes, caracteres y escr&uacute;pulos, desapegos y convicciones, el ego&iacute;smo, ambiciones, incondicionalidades, flaquezas, fuerzas, veracidades y repugnancias, indecisiones&rdquo;, as&iacute; define su trabajo. O de forma m&aacute;s sint&eacute;tica: &ldquo;Interpretaba &ndash;en tres palabras&ndash; historias, personas, vidas&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;Tupra es el que mueve los hilos&rdquo;, comenta Javier Mar&iacute;as, todav&iacute;a atrapado por su &uacute;ltima novela durante esa larga conversaci&oacute;n en el verano de Madrid. &ldquo;Y es el rostro que no cambia, el que parece impenetrable. Pero tambi&eacute;n tiene sus momentos de debilidad. Ocurre cuando vuelve en tren de Edimburgo y Jacobo Deza le va leyendo unos poemas. Entonces le pide m&aacute;s, que siga leyendo. Y se nota que podr&iacute;a tener m&aacute;s debilidades que las que se apuntan. Pero, s&iacute;, es el personaje sin rostro, el que lo sabe todo, el que corrompe al narrador y lo envenena. El que le pregunta que por qu&eacute; dice que no se puede ir por ah&iacute; matando a la gente. Y el narrador sabe que con &eacute;l no vale ninguna respuesta convencional: porque est&aacute; mal, porque la polic&iacute;a nos puede descubrir, porque no debe hacerse a nadie lo que no queremos que se nos haga a nosotros. Nada sirve, sin embargo. No hay respuestas. No las hay para quien carece de rostro y lo sabe todo y va a corromperlo y envenenarlo. Lo m&aacute;s sorprendente es que el narrador, cuando ya todo ha pasado y ha vuelto a instalarse en Madrid, y las cosas siguen su curso, sigue pensando en Tupra como en un amigo. El que tiene al demonio como aliado. Porque el demonio sabe manejarse en cualquier situaci&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>Termin&oacute; el largo proceso de <em>Tu rostro ma&ntilde;ana,</em> ley&oacute; su discurso de ingreso en la Real Academia Espa&ntilde;ola, recibi&oacute; el homenaje de su editorial en Santillana del Mar, junto a Mario Vargas Llosa y Arturo P&eacute;rez-Reverte. Pero todav&iacute;a ha habido lugar para otra iniciativa vinculada a Javier Mar&iacute;as en los &uacute;ltimos meses. <em>Aquella mitad de mi tiempo. Al mirar atr&aacute;s</em> (C&iacute;rculo de Lectores / Galaxia Gutenberg) es un volumen muy particular. Como parece claro que Javier Mar&iacute;as es poco amigo de escribir sus memorias o de entretenerse en una autobiograf&iacute;a, In&eacute;s Blanca se ha ocupado de rastrear, aqu&iacute; y all&aacute;, y reunir todos aquellos textos suyos en que se ha ocupado de s&iacute; mismo, de su familia, de sus amigos, de los m&aacute;s pr&oacute;ximos y de su obra. Los textos m&aacute;s personales y evocativos, los que iluminan distintos rincones de su vida. El libro est&aacute; dividido en ocho partes y cada una de ellas propone un acercamiento a diferentes &aacute;mbitos de la historia de Javier Mar&iacute;as: su infancia, sus padres, su juventud, los intelectuales a los que admira (Juan Benet, entre ellos), las grandes figuras de la generaci&oacute;n que perdi&oacute; la Guerra Civil, la historia del reino de Redonda (donde Javier Mar&iacute;as es monarca con el nombre de Xavier I) y de algunos de sus mejores duques, su madurez y, para terminar, dos ap&eacute;ndices: su <em>Diario de Z&uacute;rich,</em> que permite acercarse a un periodo de su vida desde su propia escritura, y la larga entrevista que le hizo Sarah Fay para <em>The Paris Review.</em></p>
<p>&ldquo;Hubiese podido ser mucho peor de no haber tenido &eacute;xito como escritor&rdquo;, le cuenta ah&iacute; Mar&iacute;as a Sarah Fay cuando hablan de sus complicaciones iniciales, de la preocupaci&oacute;n de sus padres porque no sentara cabeza, de sus pesares y desasosiegos. &ldquo;Y eso hubiera podido ocurrir muy f&aacute;cilmente, nunca lo olvido. No creo que mis libros sean f&aacute;ciles, aunque tampoco son tan dif&iacute;ciles, pero en fin, tampoco habr&iacute;a sido de extra&ntilde;ar que de mis novelas se vendieran s&oacute;lo diez mil ejemplares. Hay muchos escritores que venden bastante menos, incluso. He tenido mucha suerte, pero fue algo gradual&rdquo;.</p>
<p>Suerte, dedicaci&oacute;n, talento, capacidad de asumir riesgos. Aunque cada vez vaya a enfrentarse con m&aacute;s voces cr&iacute;ticas &ndash;ha observado muchas veces lo&nbsp; mal que en este pa&iacute;s se lleva el &eacute;xito de los otros&ndash;, lo cierto es que Javier Mar&iacute;as es uno de los novelistas espa&ntilde;oles de referencia. Durante el encuentro veraniego en su casa de Madrid hubiera sido necesario que el tiempo se dilatara para poder tratar de su larga trayectoria, pero no es f&aacute;cil que las horas se alarguen por mucho que uno se empe&ntilde;e. Y el encuentro se centr&oacute; inevitablemente en <em>Tu rostro ma&ntilde;ana, </em>y en sus ramificaciones y desaf&iacute;os.</p>
<p>Acaso lo que m&aacute;s impacte en un momento dado de su desarrollo es la emergencia de la violencia (su utilizaci&oacute;n) en la propia vida del narrador. Es verdad que en la novela desde pronto est&aacute; ya toda la sangre de la Guerra Civil y que la vinculaci&oacute;n del narrador con los servicios secretos brit&aacute;nicos, con el MI5 y el MI6, ya anuncia la apertura hacia un mundo lleno de pasadizos oscuros y de turbulencias. Pero hay un momento en que todo ese trabajo discreto de interpretar y traducir y contar y valorar que realiza el narrador de pronto se ve alterado por un episodio m&iacute;nimo. Es una discoteca, Deza hace de int&eacute;rprete y Tupra trata con un italiano que ha acudido con su mujer. Y es justo la mujer la que, gracias a la intervenci&oacute;n de un patoso funcionario del consulado espa&ntilde;ol en Londres, la que sufre un ligero percance. Y ah&iacute; interviene Tupra. Con eficacia, con una brutal eficacia. Y la novela cambia de rumbo.</p>
<p>La vida de los servicios secretos, c&oacute;mo trabajaron durante la Segunda Guerra Mundial, y en otras circunstancias, sus estratagemas infernales para imponerse al enemigo. De todo est&aacute; tambi&eacute;n hecho el libro de Mar&iacute;as. Lo singular ocurre cuando act&uacute;a el veneno, y la utilizaci&oacute;n de la violencia entra a formar parte de la propia vida de Jacobo Deza. &ldquo;Hay una violencia que el narrador asume porque le toca ejecutarla y para la que, hasta cierto punto, encuentra una justificaci&oacute;n&rdquo;, cuenta Javier Mar&iacute;as. &ldquo;En la violencia que utiliza contra el amante de su ex mujer podr&iacute;a haber algo de celos o de venganza, es cierto, pero lo relevante es que esa violencia forma parte de las decisiones que ha tomado, que son suyas. Incluso pudo haber ido m&aacute;s lejos&rdquo;.</p>
<p>Lo que Mar&iacute;as subraya, una y otra vez, es que esa violencia ha estado en las manos del que la ejecuta, ha sido cosa suya, puede responder de ella. Hay otra violencia, que tambi&eacute;n surge del narrador, que inspira el narrador, que sugiere. &ldquo;Es una violencia que ha inspirado pero que no ha decidido&rdquo;, observa Mar&iacute;as. &ldquo;Y sin embargo le ata&ntilde;e profundamente, le duele, le exaspera. Y no hace como suele hacer la gente, que tiende a justificarse cuando por su causa se han hecho da&ntilde;os. Enseguida se descargan de culpas: &ldquo;no lo hice con intenci&oacute;n&rdquo;, &ldquo;fue sin querer&rdquo;. El peso de la culpa es muy llevadero cuando lo que se hace se hace sin querer. Pero es eso justamente lo que le afecta profundamente al narrador de <em>Tu rostro ma&ntilde;ana.</em> Y es que lo m&aacute;s grave, lo m&aacute;s dif&iacute;cil de sobrellevar es lo que pasa a trav&eacute;s de uno y sobre lo que uno no tiene al final el control&rdquo;.</p>
<p>Se hacen barbaridades en las guerras. Y lo normal, dice Mar&iacute;as, es que luego se piense: &ldquo;Sin mi participaci&oacute;n podr&iacute;a haber pasado lo mismo, podr&iacute;a haberme ahorrado lo que hice. Muchas veces, cuando se conoce ya el final uno considera innecesario lo que hizo. Y se dice, &iexcl;qu&eacute; desperdicio!&rdquo;.</p>
<p>Va pasando el tiempo, y de las batallas que salen en la novela se pasa a las batallas del mundo real. Hay cierta irrealidad a prop&oacute;sito del pasado cuando ya ha pasado. Lo observa Mar&iacute;as cuando comentaba que el Karadzic que acababa de ser apresado ya no ten&iacute;a a nuestros ojos la consistencia del b&aacute;rbaro que hab&iacute;a realizado tantos desmanes en Bosnia. &ldquo;Cuando las cosas terminan, la intensidad con que se han vivido parece que se va aplacando. Los bombardeos contra Irak exasperaban y, ahora que han cesado, parecen nada m&aacute;s que una lejana sombra irreal. A los seis meses de la muerte de Franco, ya parec&iacute;a un individuo prehist&oacute;rico&rdquo;.</p>
<p>Y, sin embargo, las cosas no cesan. Siguen los horrores y permanecen las huellas de los que se fueron. En el texto que Javier Mar&iacute;as ley&oacute; en Santillana del Mar, durante el homenaje que le hizo su editorial, dec&iacute;a que es de los que opinan &ldquo;que la &uacute;nica manera de contar algo verdadero es bajo el elegante y pudoroso disfraz de una invenci&oacute;n, precisamente porque el que inventa o fabula &ndash;si lo hace bien y con consideraci&oacute;n, o por lo menos no es un mastuerzo&ndash; nunca va a plegarse a las groseras y rocambolescas imposiciones de la realidad&rdquo;.</p>
<p>Y confesaba all&iacute;, de nuevo, que escribe con br&uacute;jula y no con mapa: &ldquo;Si conociera de antemano la entera historia que me dispongo a contar, si la tuviera ya &iacute;ntegra en la cabeza antes de ponerme a escribir, lo m&aacute;s probable es que ni siquiera me molestara en escribirla&rdquo;.</p>
<p>Su &uacute;ltima novela tiene casi 1600 p&aacute;ginas. En Madrid, con todo el calor de julio, y protegidos de su rigor en la discreta penumbra del sal&oacute;n de su casa, Javier Mar&iacute;as volvi&oacute; en la conversaci&oacute;n una y otra vez sobre <em>Tu rostro ma&ntilde;ana,</em> sobre los hilos que dejan sueltos sus historias, sobre la manera en que se enfrent&oacute; a su escritura, sobre la Guerra Civil que invadi&oacute; tantas de sus p&aacute;ginas (&ldquo;Nada de lo que pas&oacute; entonces es para estar orgulloso&rdquo;). Queda cerrar aquella cita. Conviene hacerlo con otro fragmento de su texto de Santillana:</p>
<p>&ldquo;Al escribir me aplico el mismo principio de conocimiento que rige la vida. As&iacute; como a los veinte a&ntilde;os hacemos lo que hacemos sin saber qu&eacute; nos convendr&aacute; haber hecho cuando tengamos cuarenta, y as&iacute; como a los cuarenta no tenemos m&aacute;s remedio que atenernos a lo que hicimos a los veinte, que no podemos borrar ni enmendar, yo escribo lo que escribo en la p&aacute;gina 5 de una novela sin tener ni idea de si eso me convendr&aacute; cuando llegue a la 200, y, lejos de escribir una segunda y tercera versiones, adecuando aquella p&aacute;gina 5 a lo que despu&eacute;s he sabido que contendr&aacute; la 200, yo no cambio nada, sino que me atengo a lo escrito al principio tentativa o intuitivamente, azarosa o caprichosamente. S&oacute;lo que, a diferencia de lo que la vida hace &ndash;y por eso es tan mala novelista las m&aacute;s de las veces&ndash;, procuro que lo que inicialmente no ten&iacute;a significaci&oacute;n la acabe teniendo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 20 May 2016 07:12:59 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Francisco Brines: "La moral del arte es la tolerancia"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/francisco-brines-la-moral-del-arte-es-la-tolerancia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas20/Brines_500.jpg" alt="" /></p>
<p>Francisco Brines, que tiene setenta y cinco a&ntilde;os y hace alg&uacute;n tiempo sufri&oacute; un infarto que debilit&oacute; su coraz&oacute;n, conserva intacto su amor a la vida sin dejar en ning&uacute;n momento de ser consciente de la caducidad de todo, y sin renunciar tampoco al deslumbramiento que, como un don, le producen la aparici&oacute;n de una criatura hermosa, o un paisaje que germina dentro de &eacute;l. Todo esto sin perder esa mirada con la que cada d&iacute;a construye el mundo desde su propia biograf&iacute;a. Su obra, ya cl&aacute;sica por su capacidad para tratar temas universales, como el amor, la soledad,&nbsp; la vejez o la muerte, dot&aacute;ndolos de un latido &uacute;ltimo en el que pueden reconocerse seres de cualesquiera&nbsp; &eacute;poca, formaci&oacute;n y estrato social, ha ido desarroll&aacute;ndose, durante casi ya medio siglo, en torno a un n&uacute;cleo vivificador marcado por el paso del tiempo. Desde <em>Las brasas</em><strong> </strong>hasta <em>La &uacute;ltima costa</em>,<strong> </strong>pasando por <em>A&uacute;n no</em>,<em> Insistencias en Luzbel</em>,<strong> </strong>y esos dos libros medulares que son&nbsp; <em>Palabras a la oscuridad</em><strong> </strong>y <em>El oto&ntilde;o de las rosas</em>,<strong> </strong>Francisco Brines&nbsp; ha escrito -como &eacute;l mismo ha dicho- un &uacute;nico libro<strong> </strong>con m&uacute;ltiples registros, que se corresponden con las distintas edades y circunstancias vitales<strong> </strong>&nbsp;y su relaci&oacute;n con el amor, la soledad, el dolor, la naturaleza y el sentimiento de p&eacute;rdida, porque para Brines la poes&iacute;a y la vida son inseparables.</p>
<p>- Me importa la poes&iacute;a porque me importa la vida, por lo tanto est&aacute;n interrelacionadas profundamente en mi caso. Es desde ella desde donde escribo, y la poes&iacute;a la potencia, pues por su medio&nbsp; desvelo la realidad, me hace conocer&nbsp; lo que desconoc&iacute;a. Tambi&eacute;n trata de salvarla, ya que cuando lees un poema surge el texto como si hubiese acabado de escribirse, no importa que hayan pasado muchos a&ntilde;os de ello. S&iacute;, creo que el transcurso de mi existencia va unido a mi poes&iacute;a.</p>
<p>-&nbsp; Vida y obra me gustar&iacute;a que fueran en las pr&oacute;ximas l&iacute;neas materia humana transparente en el di&aacute;logo mantenido&nbsp; con el poeta del Cincuenta en su casa de Elca, un t&eacute;rmino del campo de Oliva, localidad valenciana donde naci&oacute;. Un territorio m&iacute;tico de permanente alumbramiento f&iacute;sico y espiritual, al que siempre regres&oacute; y donde ahora reside. En &eacute;l todos los sentidos se acoplan en natural armon&iacute;a: la luz m&aacute;s pura convive con la sombra, el perfume de los naranjos destaca en una sinfon&iacute;a de olores y el mar es apenas un l&iacute;nea azul donde descansar la mirada, para la que est&aacute;n hechos el jard&iacute;n, los balcones y el intachable azul del cielo. All&iacute;, suspendida casi, se levanta una casa grande y blanca, donde creci&oacute; Brines.</p>
<p>-&nbsp; En Elca transcurri&oacute; lo mejor de mi infancia, pues desde ese lugar me dispuse a contemplar con sosiego y temblor el mundo: el exterior y el de mi cuerpo y mi esp&iacute;ritu. Para m&iacute; ha llegado a simbolizar el espacio del mundo. All&iacute; lo descubr&iacute; deslumbrante y eterno, y cuando la vida me dio una visi&oacute;n nueva, inesperada, de mortalidad, segu&iacute; am&aacute;ndolo desde su p&eacute;rdida, y a&ntilde;orando en &eacute;l su antiguo e imposible enga&ntilde;o divino. All&iacute; experiment&eacute;, en la pausa de las vacaciones colegiales, pues durante el curso estudiaba el colegio San Jos&eacute; de los jesuitas, en Valencia, la complacencia y el amor de m&iacute; mismo, que era tambi&eacute;n amor individualizado a los dem&aacute;s, la inquietante y turbia percepci&oacute;n de la inseguridad, o el rechazo de unos s&oacute;lidos y falsos valores y, en horas amargas, el desenga&ntilde;ado distanciamiento de mi propia persona. En ese lugar he vivido, sobre todo, el sentimiento de la p&eacute;rdida del mundo. Desde peque&ntilde;o me instalaba en la soledad del comienzo del oto&ntilde;o all&iacute;, y aprend&iacute;a a reflexionar conmigo mismo, a descubrir el mundo pausado y a la vez riqu&iacute;simo del campo, a leer sin prisas, a escribir con tiempo, eran d&iacute;as maravillosos. En ese lugar se han cruzado todas mis edades.</p>
<p>-&nbsp; Un silencio con pulso se abre tras las &uacute;ltimas palabras,&rdquo;se han cruzado todas mis edades&rdquo;, y pensamos en la figura del hombre viejo que aparece en <em>Las brasas</em>, libro escrito en plena juventud, y en el que, sin embargo, hay&nbsp; una visi&oacute;n final de la existencia, de acabamiento.</p>
<p>-&nbsp; En <em>Las brasas</em><strong> </strong>se produjo premonitoriamente el destino que me aguardaba. El personaje anciano del libro que viv&iacute;a solo en la casa esperando la &uacute;ltima despedida, mirando el mundo que en aquel lugar aprendi&oacute; a amar de ni&ntilde;o, soy yo, su habitante ahora. Es una suerte que haya podido suceder as&iacute;, pues indica que he tenido una vida larga, y ese don a&uacute;n existe. La persona que era yo, en el libro se transforma en un anciano porque se escribi&oacute; en un momento m&iacute;o de decaimiento, y lo vest&iacute; de una carne ya alejada de la alegr&iacute;a. Era una forma de distanciarme de una realidad demasiado cruda.</p>
<p>- Mientras Francisco Brines responde reviviendo lo que nunca ha muerto, recordamos unos versos de<strong> </strong><em>Las brasas</em>: &ldquo;Sin emoci&oacute;n la casa/ se abandona, ya los rincones h&uacute;medos/ con la flor del verd&iacute;n, mustias las vides;/ los libros, amarillos. Nunca nadie/ sabr&aacute; cu&aacute;ndo muri&oacute;, la cerradura/ se ir&aacute; cubriendo de un lejano polvo&rdquo; <em>.</em>La mirada despu&eacute;s repasa algunos de los miles de vol&uacute;menes de la biblioteca albergada en los dos pisos de la casa: en uno se encuentran los autores contempor&aacute;neos, y en el otro, donde respiran los cl&aacute;sicos , destaca un espacio dedicado al siglo XVIII.</p>
<p>-&nbsp; El siglo XVIII est&aacute; muy representado, a pesar de no ser precisamente un siglo po&eacute;tico. Me interes&oacute; un escritor de esa centuria,&nbsp; Gregorio Mayans, y como no hab&iacute;a libros suyos, busqu&eacute; ediciones del XVIII. Al ser Mayans un pol&iacute;grafo, hizo que me interesara por el siglo en toda su extensi&oacute;n y variedad,&nbsp; sorprendi&eacute;ndome por su modernidad. Espa&ntilde;a se relaciona entonces por primera vez con Europa,y es tambi&eacute;n el primer ejemplo de la presencia de las dos Espa&ntilde;as:&nbsp; la progresista y la reaccionaria. Mayans era progresista y estaba muy insertado en una tradici&oacute;n humanista, le interesaban los erasmistas del XVI.</p>
<p>-&nbsp; La necesidad de la escritura se despert&oacute; en Brines al mismo tiempo que&nbsp; el descubrimiento de su propio&nbsp; cuerpo y del mundo exterior, susceptibles de ser creados mediante la palabra. Durante unos ejercicios espirituales, con todo lo que entra&ntilde;an de sentimiento de culpa y castigo, una ventana le pone en contacto con una realidad desconocida y auroral.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp; El muchacho est&aacute; asomado a una ventana viendo c&oacute;mo la naturaleza se enciende, despu&eacute;s de una tormenta repentina y primaveral, con un sol de resurrecci&oacute;n. Han quedado con nuevo color aparecido las palmeras, m&aacute;s vivos y cercanos los est&aacute;ticos rosales del paseo, y desde tanto mojado silencio est&aacute; tornando poco a poco el aroma del azahar de todos los naranjos; parece que vida fuese s&oacute;lo ese&nbsp; debilitado olor. Cuando aquella tarde definitivamente ca&iacute;a, el poema estaba acabado : y ante mi asombro era en &eacute;l donde yo descubr&iacute;a la &uacute;nica realidad acontecida. El muchacho hab&iacute;a sido&nbsp; el m&aacute;gico creador de la tarde, y por ello la sent&iacute;a como la m&aacute;s hermosa de su vida. No importa ahora que aquel poema fuera definitivamente malo y, con probabilidad, vergonzosamente juanramoniano;&nbsp; es decir de otro. Yo carec&iacute;a&nbsp; por entonces de una m&iacute;nima voz propia. Y, sin embargo, el placer de escribir, la emoci&oacute;n del resultado hallado, nunca fue tan grande como en aquellos lejan&iacute;simos a&ntilde;os.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esa necesidad de la escritura estuvo sustentada en la lectura del citado Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez que -son palabras de Brines- le instal&oacute; definitivamente en la poes&iacute;a.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp; Experiment&eacute;&nbsp; que mi sensibilidad se afinaba, captaba mejor la belleza callada del mundo exterior, aprend&iacute;a a reflexionar sobre el tumultuoso y fascinante mundo interior del muchacho que yo era, hab&iacute;a un di&aacute;logo silencioso con el mundo exterior e interior y era enteramente personal. Aprend&iacute; a gozar m&aacute;s de la existencia; mi instalaci&oacute;n en la poes&iacute;a alcanzaba plenitudes impensadas.</p>
<p>-&nbsp; Aprendizaje interior en compa&ntilde;&iacute;a de la m&uacute;sica silenciosa del poeta de Moguer, completado por el ejemplo moral y de rebeld&iacute;a representado por Luis Cernuda.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp; Nadie como &eacute;l , se&ntilde;al&eacute; el a&ntilde;o pasado en mi discurso de ingreso en la Real Academia Espa&ntilde;ola, supo incorporar con tanta verdad y plenitud al hombre que &eacute;l era en las palabras escritas. Era una experiencia que me conmocionaba y una posible lecci&oacute;n de proyecci&oacute;n personal en el poema, que en unos momentos hostiles para cualquier desnudamiento de la verdad &ndash;a&ntilde;ade ahora-se convert&iacute;a en paradigma de autenticidad humana. A lo que se suma la variedad tem&aacute;tica de su poes&iacute;a, en la que el pensamiento&nbsp; y la fruici&oacute;n sensorial colaboran en la tarea de mostrar la condici&oacute;n humana con todos sus momentos m&aacute;gicos y de exteriorizar su esp&iacute;ritu rebelde.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp; Tampoco falta en la formaci&oacute;n de quien busca la verdad&nbsp; el magisterio de Antonio Machado.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp; En &eacute;l hay otro gran poeta que es tambi&eacute;n un gran ejemplo moral. Me interesan todos sus libros,&nbsp; pero creo que hay m&aacute;s concomitancias con el misterio simbolista de la primera &eacute;poca y con el emocionante metaf&iacute;sico &uacute;ltimo, que con el realista cr&iacute;tico de <em>Campos de Castilla</em>.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp; Otro nombre m&aacute;s, tantas veces olvidado, muy ligado al tiempo, tema central en la obra de Brines, surge tambi&eacute;n en la conversaci&oacute;n: el de Azor&iacute;n, tan cerca de la poes&iacute;a por su precisi&oacute;n en el nombrar.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp; S&iacute;, es un gran poeta en prosa, como tambi&eacute;n lo fue de otra manera, Gabriel Mir&oacute;. Dos alicantinos, tierra y aire finos. Es uno de los grandes poetas del tiempo, el nervio m&aacute;s importante de la literatura del siglo xx. Pero como esa demorada visi&oacute;n temporalista&nbsp; est&aacute; en prosa,&nbsp; los cr&iacute;ticos no ven su presencia en tantos otros poetas.&nbsp; En su discurso de ingreso en la Academia, Vargas Llosa&nbsp; se refiri&oacute; a Azor&iacute;n, y en &eacute;l dijo dos cosas que confirmaban su valor po&eacute;tico sin que se refiriera a ello: lo llevaba en sus viajes, y lo le&iacute;a antes de dormir. Eso se hace con los poetas. Se trata de textos breves, con un mundo emocional concreto. Se&ntilde;al&oacute; luego que no hab&iacute;a pensamiento original: los poetas hablan desde el t&oacute;pico, o los sentimientos generales, pero el resultado es la intensa e individual emoci&oacute;n que originan en el lector. Estaba , sin decirlo, celebrando a un poeta.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sobre una mesa pr&oacute;xima a un mirador hay un rodal de luz&nbsp; en el que reposa un grueso volumen con un t&iacute;tulo que tiene el aroma de una existencia cumplida, aunque todo en el escenario que habitamos y la propia lucidez y disfrute de cada momento del poeta nos hable de futuro. El t&iacute;tulo, <em>Ensayo de una despedida</em>, expresa muy bien el sentido total de la obra de Francisco Brines, publicada, ya en su tercera edici&oacute;n por la editorial Tusquets, en la que se recogen tambi&eacute;n textos excluidos hasta ahora de los distintos libros, merecedores-en palabras del autor-de&rdquo; darles su segunda y m&aacute;s poderosa vida: aquella que tiene su nacimiento en los ojos del lector.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con cada uno de nuestros actos&nbsp; vamos escribiendo nuestra biograf&iacute;a, en la que hay ascensiones estelares, y descensos abisales, gozo y dolor, siempre con la consciencia de que estamos abocados a la despedida final, de la que palabras, gestos y hechos, son anuncio a trav&eacute;s de los a&ntilde;os. Doble cara que explica el doble rostro de la poes&iacute;a de Brines: el eleg&iacute;aco y el celebratorio.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp; El poeta eleg&iacute;aco parece lo contrario del poeta h&iacute;mnico, celebratorio.&nbsp; Y sin embargo son el anverso y el reverso de una misma moneda: uno celebra la vida desde su exaltaci&oacute;n vivida, el otro la canta desde su p&eacute;rdida, doli&eacute;ndose de ello, pero en el fondo son dos cantos celebratorios. Mi poes&iacute;a&nbsp; respira, jadea de gozo, a&uacute;lla de dolor, entre esos dos polos nace y crece. Mi poes&iacute;a trata de reflejar&nbsp; o ahondar en la vida de todos los hombres, e incluyo ah&iacute; a los analfabetos, que asimismo alientan, jadean y a&uacute;llan, entre esas dos situaciones. A veces susurramos.&nbsp;&nbsp; La representaci&oacute;n, en que la vida consiste no cabe duda de que tiene escenas maravillosas, por eso uno siente verdaderamente tener que despedirse, tener que&nbsp; bajar el tel&oacute;n.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp; Antes de que la memoria del escritor levantino sea revelaci&oacute;n de su vida y de su escritura, en perfecta simbiosis, siente la necesidad&nbsp; de comunicarnos hasta qu&eacute; punto la poes&iacute;a ha sido para &eacute;l una v&iacute;a de conocimiento.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mucho de lo que sab&iacute;a de m&iacute; aparece en ella desde perspectivas nuevas, con lo que el resultado me reservaba sorpresa, novedad, y tambi&eacute;n afloran territorios importantes que desconoc&iacute;a, como si se iluminaran zonas oscuras, inexistentes por invisibles. Es como descubrir con la mirada la otra cara de la luna. Lo que ocurre conmigo, me ocurre tambi&eacute;n con la realidad exterior. Pero hay, claro, otra clase de poes&iacute;a que s&oacute;lo pretende celebrar la existencia, y diversas&nbsp; m&aacute;s. Es evidente que para m&iacute; es fuente de conocimiento, y es por ello por lo que me importa tanto en mi condici&oacute;n de lector como en la de creador. La emoci&oacute;n recibida en la lectura del poema que se ha escrito reside principalmente en el nuevo conocimiento adquirido. Conocimiento que puede ser racional, pero tambi&eacute;n sensorial o afectivo.</p>
<p>-&nbsp; El poema no s&oacute;lo desvela&nbsp; aspectos ignorados del creador, sino que constituye, y es otro aspecto en el que Brines quiere detenerse,&nbsp; el lugar de encuentro con el otro, con los otros.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp; Naturalmente, ya que todo lo que soy y me ocurre, sucede en cualesquiera seres humanos, y &eacute;stos sin ser iguales tienen muchos trazos semejantes. Esencialmente estoy hablando tambi&eacute;n de ellos, incluso cuando hablo de algo muy concretamente m&iacute;o, y por eso el lector puede emocionarse con lo que lee. Esa parte que desconoc&iacute;a de m&iacute; mismo y que he accedido a ella por el poema, puede asimismo verse como la encarnaci&oacute;n en m&iacute; del otro.</p>
<p>-&nbsp; Encuentro con el otro a trav&eacute;s de las palabras y desde una fidelidad irrenunciable tanto a lo &eacute;tico como a lo est&eacute;tico.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hay muchos poemas en que la moral est&aacute; presente de un modo expl&iacute;cito en el contenido del texto, y siempre al margen de esa presencia concreta, entiendo que el acto de la escritura es un ejercicio moral. El asentimiento est&eacute;tico nos lleva&nbsp; a un asentimiento textual con respecto al hombre que lo ha escrito y eso implica un sentimiento de tolerancia, y el ejercicio de la tolerancia es&nbsp; un espl&eacute;ndido ejercicio moral. Es m&aacute;s el poema puede conseguir que en &eacute;l encarne quien discrepa ideol&oacute;gica y vitalmente del autor, mediante ese asentimiento a la est&eacute;tica que toda obra art&iacute;stica comporta. &iquest;Hay tolerancia mayor?.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp; El tiempo y el espacio que aqu&iacute; en Elca adquieren una dimensi&oacute;n carnal, son elementos fundadores del universo po&eacute;tico de Francisco Brines. Ambos se tejen en la mirada y luego se hacen sustancia del pensamiento. De esta conjunci&oacute;n de lo visible y lo invisible, de la naturaleza exterior e interior, fecundadas siempre por la memoria surge una obra unitaria, con el mismo tono cordial y meditativo, pero con distintos temas y luces. Con la ayuda del propio poeta intentaremos la honda aventura de su lectura.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me refiero al tiempo. Como ya he dejado escrito, con el ejercicio po&eacute;tico no se pretende hallar ninguna piedra filosofal, sino dar testimonio de la sucesiva ruina y esplendor del tiempo, hacer sensible la dolorida o gozosa se&ntilde;al que yace oculta en la carne del hombre. El tiempo es mi cuerpo y mi enigma, y tambi&eacute;n el fracaso definitivo. Contra ese fracaso lucha el poema, que acomete la ilusi&oacute;n de detener el tiempo. Tiempo&nbsp; y espacio, y paso as&iacute; a otra de las coordenadas, unas veces dialogan y otras se superponen. En el poema pueden quedar reflejados con nitidez&nbsp; o metaforseados. Eso no depende de mi voluntad, sino que ah&iacute; la fuerza transformadora reside en las palabras, en lo que la poes&iacute;a se escribe a s&iacute; misma. Comparto con el poeta y ensayista Jos&eacute; Luis G&oacute;mez Tor&eacute;&nbsp; que la experiencia plena del espacio necesita de la luz, que revela distancias, cercan&iacute;as, horizontes y l&iacute;mites. E igualmente estoy de acuerdo en que en el negro esplendor de la nada no hay espacio, y con la idea de que el espacio por antonomasia es la infancia. En todo caso son inseparables el espacio y la mirada, que como afirma Jos&eacute; Olivio Jim&eacute;nez, el gran amigo y gran cr&iacute;tico, desgraciadamente&nbsp; ya muerto, sigue el proceso de ver, sentir y ser. Yo soy un poeta intimista y contemplativo. Parece que estoy siempre asomado a una ventana mirando el mundo y la gente, y cuando el mundo exterior se oscurece miro dentro de m&iacute;. Y todav&iacute;a sin abandonar este tema, coincido con Dionisio Ca&ntilde;as en que aquello que se escribe sobre lo visto da forma, y sit&uacute;a en el espacio al personaje que ve, y as&iacute;, como dice Dionisio, una mirada mental puede crear espacios de la imaginaci&oacute;n, aunque sean&nbsp; formados a base de una realidad le&iacute;da(no vivida), o vista a trav&eacute;s de la pintura o simplemente inventada.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp; En cuanto al pensamiento, Carlos Bouso&ntilde;o te considera el poeta metaf&iacute;sico. por excelencia de tu generaci&oacute;n, t&eacute;rmino&nbsp; que no debemos identificar con lo abstracto, sino como encarnaci&oacute;n de los temas eternos: el amor, el tiempo, la vejez, la muerte&hellip;</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp; El lector es el que tiene que apreciar si mi poes&iacute;a es metaf&iacute;sica o no. Y a partir de ese momento te dir&eacute; que mi metaf&iacute;sica es de andar por casa( como a Santa Teresa Dios le andaba entre los pucheros).Lo que me hago son preguntas lanzadas en busca de respuestas que siempre son dudosas, pero las preguntas si se han concretizado ya, y mis respuestas son&nbsp; lo que son, mi creencia personal, no pienso la respuesta&nbsp; que objetivamente ha dado en la diana.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp; La luz,&nbsp; y su ausencia, la sombra, est&aacute;n ligadas existencialmente a la mirada en la obra del poeta hasta el extremo de que, como afirma el profesor y poeta Dionisio Ca&ntilde;as, Brines &ldquo;ve su vida en t&eacute;rminos de luz y sombra. La luz gastada, piensa, es un s&iacute;ntoma pl&aacute;stico del paso del tiempo; y la luminosidad se corresponde con la ni&ntilde;ez, la juventud y el amor. Y as&iacute; como la mirada de&nbsp; otros dos compa&ntilde;eros de generaci&oacute;n, Claudio Rodr&iacute;guez y Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente, es respectivamente&nbsp; auroral y nocturna, a&ntilde;ade, la de Brines es crepuscular, particularmente presente en <em>Las brasas</em><strong> </strong>y <em>Palabras a la oscuridad</em><strong>. </strong>Un crep&uacute;sculo que se torna anochecer en <em>A&uacute;n no</em><strong> </strong>y noche de los sentidos&nbsp; en forma de <em>nada</em>,<em> </em>o como espacio para un erotismo carente de amor,&nbsp; en <em>Insistencias en Luzbel.</em>&rdquo; Y, por fin, la fecundaci&oacute;n ejercida por la memoria a la que antes aludimos, determina el car&aacute;cter narrativo de la obra del Premio Nacional de las Letras, una narraci&oacute;n peculiar llena de espacios y de rostros,&nbsp; &aacute;mbito emocional y de reflexi&oacute;n. Un territorio &iacute;ntimo en el que se libra una dura batalla con el olvido, y que alumbra unas veces dicha y otras soledad y dolor. Existe por tanto, como indica Jos&eacute; Luis G&oacute;mez Tor&eacute; &ldquo;una constante interrelaci&oacute;n entre pensamiento ,memoria y sentimiento&rdquo;. La memoria en definitiva, piensa Brines, nos dota de historia, y desde&nbsp; luego es selectiva.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp; La memoria acaba siendo nuestra vida, es el &uacute;nico testimonio que nos queda de ella. Por qu&eacute; persiste la memoria de algo, y borra el olvido cosas tan importantes o m&aacute;s que lo salvado por aqu&eacute;lla, es otro de los misterios con los que tenemos que convivir.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp; Misterio, por cierto, que no falta&nbsp; en la poes&iacute;a de nuestro autor.</p>
<p>-&nbsp; S&iacute;, la vida es un misterio general y est&aacute; llena de enigmas concretos que tratamos de descifrar.&nbsp; Mi obra tan interrelacionada con ella est&aacute; surcada tambi&eacute;n por el misterio. Pretendo sentirlo a trav&eacute;s de palabras en movimiento por espacios de soledad y belleza, e interrogarme sobre el misterio que todo ser entra&ntilde;a, donde tanto tiene que decir el amor.</p>
<p>&nbsp;-&nbsp; A medida que Francisco Brines habla con lentitud, como quien hace del lenguaje el sonido profundo de la existencia ,y en estrecha complicidad con la exuberante naturaleza que nos rodea, voy recordando unos versos: &ldquo;El destino del hombre es el amor .Y cada uno tiene su propia lucha y su propio camino&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;-&nbsp;&nbsp; El amor nos proporciona momentos de gloria y ardent&iacute;a, pero tambi&eacute;n nos abre a veces un hueco en el coraz&oacute;n, y el pensamiento toca el vac&iacute;o. El amor nos revela mediante el descubrimiento del otro. Representa la mejor inserci&oacute;n del hombre en el tiempo. Yo desear&iacute;a, querr&iacute;a creer, en un cielo que s&oacute;lo consistiese en hacer interminable la existencia del amante correspondido. El amor es el destino del hombre, como digo en mis versos,&nbsp; con&nbsp; lo que se engloban otras modalidades de este sentimiento: el familiar, el amistoso, el humanitario&hellip;Cuando amamos somos m&aacute;s, y sentimos que nuestra naturaleza ha valido la pena.</p>
<p>&nbsp;-&nbsp; El amor se fundamenta en la cohabitaci&oacute;n entre el cuerpo y el esp&iacute;ritu. El cuerpo no es s&oacute;lo piel ,sino que transparenta el alma. Son inseparables.</p>
<p>&nbsp;-&nbsp; Es as&iacute;, el esp&iacute;ritu habita en la carne, es su mejor prolongaci&oacute;n. Y cuando muere el cuerpo el esp&iacute;ritu se desvanece. Hay que romper las barreras en la fusi&oacute;n de dos cuerpos, y buscar el resplandor &uacute;ltimo. Hay que convertir el tacto en un acto de conocimiento e integrar el deseo en el esp&iacute;ritu sin apagar su fuego.</p>
<p>&nbsp;-&nbsp;&nbsp; Un poema de <em>El oto&ntilde;o de las rosas </em>(Premio Nacional de Poes&iacute;a) ,&rdquo;El triunfo de la carne&rdquo; empieza ahora a latir como una criatura deseada. Ambos callamos: &ldquo;Me dabas sed y eras el agua toda, / y llegu&eacute; a ti acaloradamente, /&nbsp; y fui un ciego furor, una jaur&iacute;a / de blancos dientes en tu carne joven. / Intentaste apagar, y era una m&uacute;sica, / El fuego de la antorcha con tu boca, / Y la sed que me dabas a&uacute;n crec&iacute;a. / Todo el lugar del mundo estaba en ti, /&nbsp; y s&oacute;lo mi tormenta lo habitaba. / Luchamos hasta el alba de aquel siglo, / Y al penetrar tu carne con mi fuego / el pecho se part&iacute;a cada vez. / Y lleg&oacute; la fatiga, y al vencerme / venc&iacute;a yo tambi&eacute;n al fin un cuerpo / s&oacute;lo mortal, y ef&iacute;mero, y terrible //&nbsp; Al reposar la llama de la vida / puse mis labios con dulzura lenta / en torno a tu cintura, y los ojos / alc&eacute; para mirarte: con m&aacute;s luz, / con m&aacute;s belleza a&uacute;n me sonre&iacute;as. / Supe as&iacute; la desdicha de la carne&rdquo;.&nbsp; <em>El oto&ntilde;o de las rosas</em><strong> </strong>es junto a <em>Palabras a la oscuridad</em>, una de las cimas de la poes&iacute;a de Brines. Se trata de un libro en el que, como indica Jos&eacute; Olivio Jim&eacute;nez, alternan las percepciones de orden metaf&iacute;sico y los signos vitalistas y posee una gran fuerza simb&oacute;lica.</p>
<p>&nbsp;-&nbsp;&nbsp; Este es el libro del que me encuentro m&aacute;s cerca ahora. Si tuviera que regalar un libro a alguien que me quiere conocer, y me lee&nbsp; por primera vez, lo har&iacute;a con &eacute;ste. <em>Palabras a la oscuridad</em><strong> </strong>es el libro central de mi juventud, y <em>El oto&ntilde;o de las rosas</em> lo es de mi madurez. Mi persona es donde est&aacute; mejor expresada. Son los libros m&aacute;s extensos de que he escrito. En cuanto a la fuerza simb&oacute;lica apuntada por Olivio, el s&iacute;mbolo es una presencia indubitable en mi obra, y con respecto a la met&aacute;fora, al concretizar menos el significado, le da m&aacute;s margen creativo al lector. Rosa, mar, luz, sombra&hellip;son palabras muy simples, son t&oacute;picos, y sin embargo el campo significativo es en ellas inmensurable. Adem&aacute;s son palabras que en el lector tambi&eacute;n pueden actuar simb&oacute;licamente en su vida personal, y eso las hace m&aacute;s universales. El s&iacute;mbolo se individualiza, y puede alcanzar una significaci&oacute;n concreta, mediante las palabras que lo acompa&ntilde;an, y las connotaciones que producen en &eacute;l.</p>
<p>&nbsp;-&nbsp; La cita de dos de los libros fundamentales de ese gran libro unitario que es toda la obra del poeta valenciano, me anima a preguntarle por el &uacute;ltimo poemario publicado hasta ahora, <em>La &uacute;ltima costa</em>, que veo como una recapitulaci&oacute;n de todos sus temas desde un final que no renuncia a volver a los or&iacute;genes, desde una vida casi cumplida, pero con aspiraci&oacute;n de eternidad, y con la mirada todav&iacute;a quemada por la belleza.</p>
<p>&nbsp;-&nbsp;&nbsp; <em>La &uacute;ltima costa</em> tiene mayor gravedad, es m&aacute;s enjuto que <em>El oto&ntilde;o de las rosas</em>. Transcurre entre la infancia y la muerte: f&iacute;jate, mi &uacute;ltimo libro podr&iacute;a ser el primero que publiqu&eacute;, escrito a los veintitantos a&ntilde;os, me refiero&nbsp; a <em>Las brasas</em><strong>. </strong>Esto indica la circularidad. S&iacute;, toda mi obra es un solo libro. Y perm&iacute;teme qua aluda a un libro intermedio, <em>A&uacute;n no</em>, que Carlos Bouso&ntilde;o define como nihilista. Lo escrib&iacute; en una situaci&oacute;n an&iacute;mica muy mala, lo que no quiere decir que no produzca gozo en el lector, porque&nbsp; no tiene por qu&eacute; producirte un mayor asentimiento est&eacute;tico el poema gozoso que el poema secamente dolorido; el placer receptor discurre al margen&nbsp; de la circunstancia tem&aacute;tica o an&iacute;mica del autor. As&iacute; sucede tambi&eacute;n con una gran sinfon&iacute;a, en la que un allegro radiante y un adagio trist&iacute;simo te proporcionan un equiparable placer al margen, repito, del sentimiento que te comunican, de alegr&iacute;a o de tristeza. En la vida real preferimos estar instalados en la alegr&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;-&nbsp;&nbsp; En <em>A&uacute;n no</em><strong>, </strong>existe alguna novedad como es la aparici&oacute;n del epigrama y la s&aacute;tira.</p>
<p>&nbsp;-&nbsp;&nbsp;&nbsp; S&iacute;, y no volv&iacute; a ello, y no porque me disgustasen los resultados. Estimo que esa secci&oacute;n est&aacute; bastante lograda, y me permiti&oacute; ampliar mi poes&iacute;a a un g&eacute;nero nuevo en m&iacute;, la s&aacute;tira, creo que con cierta personalidad. Surgieron nuevos procedimientos, descubrimientos expresivos, y mi inserci&oacute;n en una tendencia antiqu&iacute;sima y rica. Es decir no me limit&oacute;. Parad&oacute;jicamente la escritura me brotaba con una gran facilidad, me bastaba con encontrar un motivo. Pero como no desvelaba&nbsp; mis zonas de oscuridad, y sobre todo lo que predominaba era el ingenio, lo abandon&eacute;. Con lo escrito ya era suficiente.&rdquo;</p>
<p>Un ejemplo remacha lo que el poeta ha dicho: &ldquo;Eres mezquino en el oficio, todo / lo empobreces, reduces las carrozas /&nbsp; a tartanas; a&uacute;&ntilde;as cigarrillos, / dentaduras, y en plazas o tabernas / mudas reputaci&oacute;n por risotada. / Eres chulo (y ladr&oacute;n); mas no prestigias / oficio tan antiguo y respetable&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;-&nbsp;&nbsp; Las desnudas monta&ntilde;as que se divisan desde la casa de Francisco Brines en Elca&nbsp; son poco a poco pose&iacute;das por una caudalosa sombra, y se adivina al fondo el &ldquo;paisaje intocado, pero que est&aacute; siempre en movimiento del mar&rdquo;, como le gusta decir al poeta. &ldquo;Se trata de un cuerpo vivo con distintas cadencias: desde la m&aacute;xima quietud hasta la reacci&oacute;n m&aacute;s col&eacute;rica&rdquo;. Sombra y mar anuncian que ha llegado el momento de algunas confesiones, sin orden aparente pero con concierto.</p>
<p>&nbsp;-&nbsp;&nbsp; El poema acomete esa ilusi&oacute;n de detener el tiempo, de hacer que el instante transcurra sin pasar, ef&iacute;mero y eterno a la vez. En ese instante leo cu&aacute;nto he gozado del amor f&iacute;sico, pero con qu&eacute; poca frecuencia he estado verdaderamente enamorado. Al escribir, uniendo siempre vida y obra, el instinto es el del explorador, y la conciencia el del colonizador. Mi expresi&oacute;n quiero que posea la sencillez comunicadora de la palabra hablada, pero escribo como pienso. El pensamiento debe clarificarse, y la expresi&oacute;n, repito,&nbsp; debe parecerse al habla cotidiana. Y hablando de claridad comprendo muy bien con el paso de los a&ntilde;os cu&aacute;l ha sido mi relaci&oacute;n, aparte de la amistad, con el grupo de los Cincuenta, que durante una etapa adopt&oacute; un compromiso ideol&oacute;gico, pol&iacute;tico, del que los m&aacute;s j&oacute;venes, Claudio Rodr&iacute;guez y yo, nos quedamos al margen, y el resto tambi&eacute;n abandon&oacute; ese territorio muy pronto. Quien persisti&oacute; m&aacute;s fue &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez, porque en &eacute;l era m&aacute;s necesario, y&nbsp; en ese terreno su iron&iacute;a era magistral. La poes&iacute;a social del grupo, estaba mucho m&aacute;s elaborada, cuidada, que la anterior, ya no se dirig&iacute;an al obrero que no los le&iacute;a, sino al burgu&eacute;s, fustigando su conducta con un lenguaje m&aacute;s indirecto, menos obvio, que se supone que &eacute;ste entender&iacute;a. Bien, quiz&aacute; estoy mezcl&aacute;ndolo todo, pero hoy tengo necesidad de manifestarme interior y exteriormente&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;-&nbsp;&nbsp; Aprovecho entonces esa disposici&oacute;n para&nbsp; abordar otras cuestiones como, por ejemplo, su labor&nbsp; en la Academia o su doble pasi&oacute;n por el f&uacute;tbol y los toros.</p>
<p>&nbsp;-&nbsp; Desde que hace a&ntilde;o y medio ingres&eacute; para ocupar el sill&oacute;n del dramaturgo Buero Vallejo, siempre que estoy en Madrid acudo los jueves a la Academia. El ambiente all&iacute; es de gran cordialidad y cortes&iacute;a. Mi papel claro, en las reuniones es el de creador, no el de lexic&oacute;grafo. Y en lo que se refiere a lo que denominas dos grandes pasiones, es cierto soy buen aficionado al f&uacute;tbol y entiendo algo de toros. Los toros suelen ser aburridos, pero a veces brilla el arte; el f&uacute;tbol siempre es divertido, pero nunca es arte. En el&nbsp; toreo se puede detener el tiempo, en el f&uacute;tbol, por el contrario, todo es velocidad, rapidez. Para m&iacute;, el arte es lo primero.</p>
<p>&nbsp;-&nbsp;&nbsp; Francisco Brines&nbsp; sigue haciendo una vida normal, a pesar de la decena de pastillas que debe tomar para que el coraz&oacute;n no le vuelva a jugar una mala pasada. Ha vuelto a releer&nbsp; a Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, con la misma fruici&oacute;n de la adolescencia, y tiene bastante avanzado un nuevo libro de poemas. Brines, que muestra su extra&ntilde;eza cuando le pregunto si alg&uacute;n d&iacute;a ganar&aacute; el Cervantes, espera como algo real&nbsp; e ilusionante&nbsp;&nbsp; tener en sus manos&nbsp; la antolog&iacute;a de su obra que ha preparado Dionisio Ca&ntilde;as, titulada <em>Todos los rostros del pasado</em>, como uno de sus poemas, y que ha publicado Galaxia Gutenberg-C&iacute;rculo de Lectores. Su actitud ante la existencia sigue siendo la del que apura los momentos hasta la &uacute;ltima semilla del placer, consciente a la vez&nbsp; de la p&eacute;rdida final, a la que se enfrenta con estoicismo, y sin encontrar argumentos para la existencia de un Dios que nos asegure la supervivencia despu&eacute;s de la muerte.</p>
<p>&nbsp;-&nbsp; Soy un agn&oacute;stico que quisiera tener fe. Me gustar&iacute;a que los creyentes tuvieran raz&oacute;n, que no se perdiera la identidad del ser, que no se terminara la existencia como tal, pervivir del modo que sea. Lo que no puedo aceptar es una supervivencia&nbsp; con castigo.</p>
<p>&nbsp;-&nbsp; En el firmamento de este lugar m&iacute;tico llamado Elca, hay un enjambre de astros en los que&nbsp; una vez m&aacute;s, se quema de belleza su mirada, y que, de nuevo, nos devuelve a la poes&iacute;a de Brines, a su sed inagotable, presente en uno de los poemas a&uacute;n no publicado en libro: &ldquo;Hay veces en que el alma / se quiebra como un vaso, / y&nbsp; antes de que se rompa / y muera (porque las cosas mueren / tambi&eacute;n), ll&eacute;nalo de agua / y bebe, / quiero decir que dejes / las palabras gastadas, bien lavadas, / en el fondo quebrado / de tu alma, / y, que si pueden, canten&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;-&nbsp;&nbsp; S&iacute;, mientras tenga aliento, y ella quiera visitarme, seguir&eacute; escribiendo poes&iacute;a</p>
<p>&nbsp;Un ave cruza el cielo. Al fondo se ven las luces del puerto y ciudad de Denia.</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 12 May 2016 09:55:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Haggadah de Sarajevo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-haggadah-de-sarajevo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas16/mayo/clara500.jpg" alt="" /></p>
<p>Esta historia empieza con una escritora ante la pantalla de su ordenador. Le han pedido que escriba un texto y ese es su oficio, un encargo as&iacute; no deber&iacute;a incomodarla. Pero, &iexcl;ay!, le han solicitado un cuento hermoso, una historia bonita y para la escritora &ldquo;narraci&oacute;n bonita&rdquo; es un ox&iacute;moron, una contradicci&oacute;n en los t&eacute;rminos o, as&iacute; lo siente ella, una falsedad, una mentira<em>. </em>La escritora es una mujer llena de man&iacute;as y prejuicios: le desagradan los finales felices, detesta a los autores que hablan de s&iacute; mismos en tercera persona, como si fueran jugadores o entrenadores de f&uacute;tbol&hellip; Esa fastidiosa escritora soy yo, Clara, como sin duda hab&eacute;is adivinado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En los momentos dif&iacute;ciles de la vida hay quien se encomienda a Dios, a la V&iacute;rgen, a Al&aacute;, a Jehov&aacute;, a Zeus, Afrodita o Neptuno; yo siempre recurro a Ch&eacute;jov, al viejo Ant&oacute;n, mi escritor favorito. &iquest;Qu&eacute; har&iacute;a Ch&eacute;jov en mi situaci&oacute;n?, me pregunto, buscando una salida, una orientaci&oacute;n. A diferencia de otros grandes de la literatura rusa del sXIX, Ant&oacute;n Ch&eacute;jov no era de familia noble; su abuelo hab&iacute;a sido esclavo, su padre, un tendero sin suerte cuyo negocio quebr&oacute;. Empez&oacute; a escribir para ganar dinero con el fin de sufragar sus estudios de medicina y ayudar a su numerosa e improductiva familia. Firmaba sus primeros cuentos con un seud&oacute;nimo porque esas narraciones de tono humor&iacute;stico, escritas apresuradamente, le avergonzaban. Y un d&iacute;a recibi&oacute; una carta del mayor cr&iacute;tico literario ruso de la &eacute;poca, Dmitry Grigorovich; en ella, el insigne hombre de letras ponderaba su talento, se confesaba seguidor suyo y le alentaba a no desperdiciar su don, esa chispa de genio; en resumen, le encarec&iacute;a que se tomara en serio el oficio de escritor, <em>ces&rsquo;t &agrave; dire, </em>que escribiera historias serias. Esa carta fue un regalo inesperado para Ch&eacute;jov y tambi&eacute;n un espaldarazo, una se&ntilde;al: cambi&oacute; su destino. A partir de entonces empez&oacute; a firmar sus narraciones con su propio nombre y abandon&oacute; la vena c&oacute;mica para abordar otro tipo de historias, esos cuentos imperecederos en los que el escritor ruso ahonda en los conflictos y contradicciones de la naturaleza humana como nadie hizo antes. Ant&oacute;n Ch&eacute;jov no s&oacute;lo fue un inmenso escritor, tambi&eacute;n una buena persona; fund&oacute; hospitales, escuelas, bibliotecas, atendi&oacute; como m&eacute;dico, sin cobrarles, a centenares de campesinos pobres&hellip; Era lo m&aacute;s parecido a un santo laico que quepa imaginar, pero nunca escribi&oacute; sobre ello, nunca hizo alarde de sus buenas obras, ni perge&ntilde;&oacute; una historia hermosa y conmovedora sobre un joven escritor al que la carta de reconocimiento y apoyo de un viejo maestro infunde una nueva confianza en s&iacute; mismo y en sus capacidades, transformando su vida; no hizo nada de eso, sino que public&oacute;, una tras otra, con fertilidad asombrosa, historias tristes. Se lo reprochaban sus amigos, sus lectores: usted, le dec&iacute;an, es un hombre alegre, optimista, &iquest;por qu&eacute; escribe siempre esas historias tristes? &Eacute;l esbozaba una sonrisa ben&eacute;vola, distra&iacute;da, y se encog&iacute;a de hombros, como diciendo, la vida es triste, no puedo hacer otra cosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De forma que en esta encrucijada, Ch&eacute;jov no me sirve. Fiel disc&iacute;pula suya, yo tambi&eacute;n sostengo con fervor que para ser literaria una historia tiene que ser, si no triste y desoladora, s&iacute; un punto melanc&oacute;lica, nost&aacute;lgica, desesperanzada. Y sin embargo&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y sin embargo, a veces en la vida una tropieza con historias hermosas, conmovedoras, que cargan sobre sus espaldas con esos adjetivos detestables, &ntilde;o&ntilde;os, apropiados para las f&aacute;bulas morales de los libros de autoayuda, del todo incompatibles, ya lo hemos dicho, con la verdadera literatura. Pero all&iacute; est&aacute;n. Son reales, han sucedido. &iquest;Qu&eacute; hacemos con ellas? &iquest;No son dignas de relatarse porque no cantan desventuras?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me viene a la memoria una de esas historias. Me tropec&eacute; con ella en el curso de mi investigaci&oacute;n sobre la &uacute;ltima guerra de los Balcanes, a la que dediqu&eacute; tres a&ntilde;os. (Ch&eacute;jov, hombre generoso y pr&oacute;digo en todo, tambi&eacute;n en consejos a escritores biso&ntilde;os, recomendaba escribir sobre lo conocido, lecci&oacute;n que no he seguido en mi &uacute;ltima novela, &ldquo;La hija del Este&rdquo;. Los maestros est&aacute;n para escucharlos y luego desobedecerlos.) Es la historia de la <em>Haggadah</em> de Sarajevo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La <em>Haggadah </em>(palabra que en hebreo significa narraci&oacute;n), es un libro religioso jud&iacute;o que se lee en la noche del <em>P&eacute;saj, </em>la Pascua jud&iacute;a, cuando las familias hebreas se re&uacute;nen para celebrar la liberaci&oacute;n y salida del pueblo de Israel de Egipto. Hay distintas versiones de la <em>Haggadah, </em>pero todas contienen bendiciones, c&aacute;nticos y textos del Libro del &Eacute;xodo. Cualquier familia jud&iacute;a que se precie tiene su ejemplar de la Haggadah. All&aacute; por el a&ntilde;o 1350, un escriba de bella caligraf&iacute;a, ayudado por alg&uacute;n primoroso ilustrador, o ilustradores, culmin&oacute; una obra &uacute;nica, prodigiosa, una <em>Haggadah</em> manuscrita en lengua sefardita, en el ladino que ya casi ha desaparecido. Para su confecci&oacute;n se emple&oacute; piel de becerro blanqueada y las ilustraciones se hicieron en oro y cobre. Tiene 142 p&aacute;ginas, de las cuales 34 son ilustraciones, miniaturas. La fecha y la autor&iacute;a de la obra son un misterio, propicio a conjeturas; hay una certidumbre, no obstante: esa <em>Haggadah</em> procede de Espa&ntilde;a, del antiguo Reino de Arag&oacute;n, probablemente del barrio jud&iacute;o, o <em>call, </em>de mi ciudad, Barcelona; un escudo de la misma figura en ella, as&iacute; como dos escudos de armas en los m&aacute;rgenes inferiores, uno con una rosa y el otro con un ala, lo que hace suponer a los expertos que ese libro exquisito fue un regalo de bodas para los hijos de las familias Shosh&aacute;n (rosa en hebreo) y Elezar (Ala en hebreo), quienes con su enlace sellaban la uni&oacute;n de dos de las estirpes m&aacute;s distinguidas de la comunidad jud&iacute;a de Barcelona. Los entendidos especulan con la posibilidad de que alg&uacute;n cristiano participara en la elaboraci&oacute;n del manuscrito, pues la religi&oacute;n jud&iacute;a proh&iacute;be la representaci&oacute;n de figuras humanas y en las ilustraciones del libro abundan esas im&aacute;genes prohibidas: &iexcl;Ad&aacute;n y Eva desnudos!, &iexcl;hebreos de la &eacute;poca del rey David ataviados con las ropas propias de los cortesanos de la Espa&ntilde;a medieval! Todo muy irregular, desde el punto de vista de la ortodoxia judaica. Ese librito &uacute;nico encierra otros portentos, como globos terr&aacute;queos, esa herej&iacute;a por la que Giordano Bruno fue quemado vivo 200 a&ntilde;os m&aacute;s tarde. Fue un regalo muy bien recibido, manchas de vino y agua en las p&aacute;ginas de pergamino atestiguan su uso, se brinda y se bebe en la cena del Pesaj&hellip; La convivencia feliz de las tres culturas y las tres religiones, cristiana, hebrea y musulmana, no hab&iacute;a de durar mucho: en el a&ntilde;o aciago de 1492, ese mismo a&ntilde;o en el que Col&oacute;n descubri&oacute; Am&eacute;rica, los muy cat&oacute;licos reyes de Espa&ntilde;a, Isabel y Fernando, decretaron la expulsi&oacute;n de los jud&iacute;os.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y la <em>Haggadah</em> viaj&oacute; con sus atribulados due&ntilde;os; otra expulsi&oacute;n, otro &eacute;xodo. Quiere la leyenda que recalara en Portugal y que en 1497, cuando ese infame invento espa&ntilde;ol, la Santa Inquisici&oacute;n, se propag&oacute; a ese reino, manos precavidas la enterraron para salvarla de los autos de fe. A&ntilde;os despu&eacute;s fue exhumada de entre las ra&iacute;ces de un olivo y vendida a una familia jud&iacute;a, la cual se la llevar&iacute;a a Roma o a Venecia; la suerte la acompa&ntilde;&oacute; en el exilio: en 1609, el inquisidor Vistorini estamp&oacute; el <em>nihil obstat</em> en sus p&aacute;ginas y la autoriz&oacute; con su firma, libr&aacute;ndola de nuevo de la furia purgadora del Santo Oficio. Nuestro inquieto libro prosigue su periplo y llega a Sarajevo, cuando esta ciudad todav&iacute;a se hallaba bajo el imperio otomano. No pudo encontrar mejor destino, Sarajevo, la peque&ntilde;a Jerusal&eacute;n, era una ciudad multi&eacute;tnica en la que conviv&iacute;an las tres religiones del Libro, la cristiana (cat&oacute;licos croatas y ortodoxos serbios), la musulmana y tambi&eacute;n la jud&iacute;a, pues a mediados del sXVI se asentaron en ella numerosos jud&iacute;os sefarditas expulsados de Espa&ntilde;a (qui&eacute;n sabe si alg&uacute;n descendiente de aquellos Shosha o Elazar que fueron sus primeros due&ntilde;os&hellip;) Una noche del a&ntilde;o 1894 la familia Cohen celebra en Sarajevo la Pascua hebrea. El joven Josef, el primog&eacute;nito, llamado a perpetuar la tradici&oacute;n familiar y a ejercer de m&eacute;dico, lee con voz temblorosa, llena de emoci&oacute;n, los conocidos versos de la <em>Haggadah</em>: <em>El hambriento ser&aacute; bien acogido y se le dar&aacute; de comer, al sediento se le calmar&aacute; la sed&hellip;</em> Los conoce de memoria y esa <em>Haggadah </em>tan manoseada forma parte de su existencia desde que le alcanza el recuerdo. Aquella madrugada sale de su casa, furtivo y silencioso como un ladr&oacute;n; lleva consigo la <em>Haggadah. </em>Josef Cohen no quiere ser m&eacute;dico, la sola visi&oacute;n de una gota de sangre le produce n&aacute;useas; tampoco desea casarse con una joven de la comunidad sefardita de Sarajevo y pasar el resto de su existencia en esa ciudad; &eacute;l ha urdido para s&iacute; otro destino, sue&ntilde;a con ser actor y triunfar en los escenarios de Viena, Praga o Budapest. Ofrece la <em>Haggadah </em>a la Benevolencija, una sociedad humanitaria y cultural establecida por la comunidad sefardita de Sarajevo, la cual lo adquiere por el precio de 150 Kruna. Josef Cohen no volver&aacute; a Sarajevo, ni sabr&aacute; nunca m&aacute;s de su familia, en cuanto a su carrera art&iacute;stica&hellip; Pod&eacute;is imaginar lo que quer&aacute;is, Josef, <em>mi </em>Josef, es maleable, como todos los personajes de ficci&oacute;n; del verdadero Josef, el hombre de carne y hueso que a finales del sXIX vendi&oacute; el libro jud&iacute;o, nada se sabe, quienes lo conocieron han muerto hace mucho tiempo y con ellos sus recuerdos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo primero que hicieron los ufanos nuevos propietarios de la valiosa <em>Haggadah </em>fue enviarla a Viena para su valoraci&oacute;n por expertos. Y al punto se arrepintieron. &iquest;Y si no nos la devuelven? La rapacidad de los amantes de las antig&uuml;edades en el SXIX es conocida, las magn&iacute;ficas colecciones del Louvre, el British Museum o el P&eacute;rgamo de Berl&iacute;n, dan fe de ella. Pero la <em>Haggadah </em>regres&oacute; a Sarajevo veinte a&ntilde;os m&aacute;s tarde, algo decr&eacute;pita y desmejorada, aliviada del peso de sus ribetes de oro y plata por dedos codiciosos. La visita a Viena no fue en vano, la <em>Haggadah </em>de Sarajevo adquiri&oacute; renombre. Conscientes de ello, los sucesivos directores del Museo Arqueol&oacute;gico de Sarajevo fueron precavidos. Ese libro preciado nunca se exhibi&oacute;, fue guardado bajo llave en un lugar seguro y &uacute;nicamente pod&iacute;a ser consultado por los elegidos. Se ocultaba al p&uacute;blico, pero todo el mundo sab&iacute;a de su existencia. Cuando las fuerzas alemanas entraron en Sarajevo en 1942, el general alem&aacute;n Johann Fortner se dirigi&oacute; de inmediato al museo de la ciudad y exigi&oacute; la entrega del manuscrito a su director, el croata y, por tanto, aliado, Jozo Patricevic.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&iexcl;Qu&eacute; extra&ntilde;a coincidencia! Hace menos de una hora ha venido un oficial alem&aacute;n y se lo ha llevado- dijo, sorprendido, Patricevic.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fortner quiso saber el nombre del compa&ntilde;ero de armas que se le hab&iacute;a adelantado y el director del museo repuso que no le hab&iacute;a parecido prudente pregunt&aacute;rselo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El general se trag&oacute; el embuste. Tras su marcha, el director y el custodio del museo, el musulm&aacute;n Dervis Korkut, urdieron un plan para poner el libro a salvo. Esa misma noche, el intr&eacute;pido Korkut desafi&oacute; la luna traicionera y las patrullas alemanas y, campo a trav&eacute;s, con la <em>Haggadah </em>oculta entre sus ropas, se la llev&oacute; a una aldea, en la falda de la monta&ntilde;a de Bjelasnica, y con la ayuda del im&aacute;n la enterr&oacute; bajo el suelo de la mezquita. O eso dice la tradici&oacute;n.</p>
<p>Tras la derrota alemana y la liberaci&oacute;n de Bosnia, la <em>Haggadah</em> volvi&oacute; al museo, que ten&iacute;a un nombre nuevo: Museo Nacional. Centenares de miles de jud&iacute;os perecieron en Jasenovac, Auschwitz, Gradiska, Jadovno y otros campos de concentraci&oacute;n establecidos por los nazis y sus aliados croatas en el territorio de lo que pas&oacute; a llamarse Rep&uacute;blica Federal Socialista de Yugoslavia, pero nuestra <em>Haggadah </em>sobrevivi&oacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pasan los a&ntilde;os, las d&eacute;cadas, muere Tito, se desmorona Yugoslavia. Una gran exposici&oacute;n de arte sefardita se prepara en Madrid para conmemorar, en 1992, el 500 aniversario de la expulsi&oacute;n de los jud&iacute;os de Espa&ntilde;a. La <em>Haggadah</em> de Sarajevo estaba llamada a ser la estrella de esa efem&eacute;ride, pero la guerra de Croacia en 1991 impuls&oacute; al museo de Madrid a pedir un seguro por 7 millones de d&oacute;lares.&nbsp; Los organizadores tuvieron que desistir de su prop&oacute;sito, el libro se qued&oacute; en Sarajevo y junto con la ciudad, su ciudad, aguard&oacute; la nueva guerra, que estall&oacute; en abril de 1992. Durante el prolongado asedio de Sarajevo, sus habitantes desatendieron sus antiguas ocupaciones por un nuevo y absorbente empe&ntilde;o: sobrevivir. Pero cuando el Museo Nacional de Sarajevo se convirti&oacute; en objetivo del fuego serbio, su director, el musulm&aacute;n Enver Imamovic, cambi&oacute; de prioridad. Se las apa&ntilde;&oacute; para persuadir a un par de polic&iacute;as para que le acompa&ntilde;aran al museo bajo una lluvia de granadas y morteros. El jefe de polic&iacute;a le pregunt&oacute; si el libro que quer&iacute;a rescatar era tan valioso como una vida humana e Imamovic, imperturbable, le contest&oacute; que s&iacute;. A velocidad suicida circularon por las calles vac&iacute;as de la ciudad sitiada, consiguieron entrar en el museo y perdieron horas deambulando por sus pasadizos y s&oacute;tanos hasta dar con la caja fuerte donde se guardaba el libro. Uno de los polic&iacute;as, experto en cerraduras, logr&oacute; abrirla, y con el manuscrito protegido por sus cuerpos salieron de nuevo al exterior y otra vez sortearon balas, bombas, morteros, hasta depositar la <em>Haggadah </em>en la b&oacute;veda blindada del banco central. Y as&iacute; fue como un pu&ntilde;ado de bosnios musulmanes arriesgaron sus vidas por un libro jud&iacute;o.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la guerra de Bosnia perecieron m&aacute;s de 100.000 personas, varios millones de habitantes fueron desplazados de sus casas, de sus pueblos y aldeas, la biblioteca de Sarajevo fue incendiada, ardi&oacute; durante d&iacute;as y con ella dos millones de libros, pero la <em>Haggadah</em>, nuestra <em>Haggadah</em>, no.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tras la guerra, rumores mal&eacute;volos extendieron la especie de que el gobierno musulm&aacute;n la hab&iacute;a vendido para comprar armas. El Presidente Izetbegovic quiso desmentir esos infundios y orden&oacute; trasladar el libro a la sinagoga de Sarajevo, para su exhibici&oacute;n al p&uacute;blico durante la Pascua jud&iacute;a. Indignado, Imamovic, present&oacute; su dimisi&oacute;n. No pod&iacute;a aceptar que aquel manuscrito, que apreciaba m&aacute;s que su propia vida, fuera expuesto a qui&eacute;n sabe que nuevos azares por la fanfarroner&iacute;a temeraria de un pol&iacute;tico. Fue una premonici&oacute;n; la Haggadah tuvo que afrontar un nuevo peligro por causa de la incuria y mala voluntad de un gobierno. Bosnia- Herzegovina&nbsp; es un pa&iacute;s imposible, los acuerdos de Dayton, que sellaron la paz en 1995, son un remiendo; no se ha creado un ministerio de cultura, ni instituci&oacute;n que haga sus funciones, no hay inter&eacute;s pol&iacute;tico en preservar el legado cultural com&uacute;n y el Museo Nacional, privado de fondos y apoyo oficial, tras una larga agon&iacute;a, cerr&oacute; sus puertas el pasado a&ntilde;o. Sus gestores no pod&iacute;an pagar la electricidad, el gas, ni la seguridad. Los 65 empleados del museo trabajaron sin sueldo, sin aire acondicionado, sin calefacci&oacute;n, durante un a&ntilde;o entero, aguardando un milagro que impidiera el cierre. En octubre del 2011 se reunieron todos por &uacute;ltima vez en torno a la fuente del jard&iacute;n bot&aacute;nico, en el recinto de la instituci&oacute;n, arrojaron al agua una moneda y formularon el deseo compartido de que el museo pudiera abrirse de nuevo. Antes de abandonar el edificio clavaron un letrero en sus recias puertas de madera con la leyenda &ldquo;Cerrado&rdquo; y luego se fueron a sus casas, mucho de ellos llorando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Estudiantes de Sarajevo se encadenaron a los pilares del edificio, en una protesta desesperada a la que puso t&eacute;rmino la polic&iacute;a. Los aguerridos j&oacute;venes dejaron una bandera en el museo, con un mensaje dirigido al gobierno de Bosnia-Herzegovina: &ldquo;&iexcl;Deber&iacute;ais avergonzaros!&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Y la <em>Haggada, </em>nuestra <em>Haggadah? </em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El museo Metropolitan de Nueva York ofreci&oacute; darle hospedaje durante tres a&ntilde;os, pero una oscura &ldquo;Comisi&oacute;n para la preservaci&oacute;n de los monumentos nacionales&rdquo;, el organismo gubernamental del que depende la <em>Haggadah, </em>condicion&oacute; la salida del libro a una hipot&eacute;tica resoluci&oacute;n de la incertidumbre legal del museo, de modo que la <em>Haggadah </em>se halla en el limbo, ese misterioso no lugar en el que penan o levitan los muertos inocentes. El antiguo director del museo, Imamovic, teme que la UNESCO acabe por incautarse del manuscrito, pues tiene la misi&oacute;n y la facultad de velar por las obras de arte de relieve internacional en riesgo de destrucci&oacute;n o p&eacute;rdida, a no ser&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A no ser que la fortuna, la <em>baraka, </em>o la divina providencia que nunca han abandonado a la <em>Haggadah </em>en sus ajetreados seis siglos de existencia, vuelvan a manifestarse bajo la forma de otro individuo an&oacute;nimo, un eslab&oacute;n m&aacute;s en esa cadena de gestos solidarios que ha logrado preservarla durante tanto tiempo, quien logre rescatarla de ese limbo jur&iacute;dico y la devuelva a la vida, porque a diferencia de otros objetos y artefactos construidos por el hombre, que son perecederos, los libros nunca mueren, renacen cada vez que alguien los abre, pasa sus p&aacute;ginas, lee: <em>El hambriento ser&aacute; bien acogido y se le dar&aacute; de comer, al sediento se le calmar&aacute; la sed&hellip;</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 05 May 2016 07:42:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poemas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/poemas-salvatore/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2016/mayo/salvatore200.jpg" alt="" /></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 240px;">Salvatore Arcidiacono naci&oacute; en 1923 en Messina (Sicilia), donde muri&oacute; en 2007.<br /> Entre otros libros, ha publicado: <em>Omaggio a Scilla</em>, <em>Giri di bussola</em> y <em>Cerchio di sale</em>.</p>
<p style="padding-left: 240px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 240px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 240px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 240px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 240px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 240px;">&nbsp;</p>
<p><strong>TIERRA Y MAR</strong><br /> <br /> En la tierra solo y extranjero,<br /> en el mar me acompa&ntilde;a la gaviota<br /> en la tierra soy un &aacute;rbol desarraigado<br /> en el mar espiga de la ola<br /> en la tierra encarno la desolaci&oacute;n<br /> en el mar el &uacute;ltimo sentido de la vida.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>OCASO EN EL MAR</strong></p>
<p><br /> Mientras sabias gaviotas<br /> trazan signos<br /> de antiguas escrituras<br /> lleva al coraz&oacute;n olas de paz<br /> este ocaso en el mar.<br /> En la playa pescadores<br /> aparejan barcas<br /> para el at&uacute;n.<br /> Yo enciendo otro cigarrillo<br /> &uacute;nica compa&ntilde;&iacute;a<br /> en el b&uacute;nker de mi soledad.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>LA OLA</strong><br /> <br /> Qu&eacute; fr&aacute;gil me siento<br /> frente a tu inmensidad<br /> ola que as&iacute; como te rompes<br /> te recompones.<br /> Mudable y eterna<br /> s&oacute;lo t&uacute; no conoces cadenas<br /> s&oacute;lo t&uacute; eres inmune<br /> a heridas y derrotas.</p>
<p><br /> <strong></strong></p>
<p><strong>COMO UN DESPERTAR</strong></p>
<p><br /> Si quieres dar sentido<br /> a la vida, recu&eacute;rdala.<br /> Recu&eacute;rdala como un despertar,<br /> un canto, un sonido.<br /> Y concilia su realidad<br /> turbia y enmara&ntilde;ada<br /> con la transparencia del mar<br /> la suprema fuerza de la ola<br /> y la fascinaci&oacute;n de su misterio.</p>
<p><br /><strong>VANA CARRERA</strong><br /> <br /> Es alta desde esta torreta<br /> la maravilla<br /> de la extensi&oacute;n del mar.<br /> All&iacute; descubro mi imagen<br /> que ondea, vacila, se descompone:<br /> como la vida humana<br /> que ef&iacute;mera corre<br /> su vana carrera.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 05 May 2016 07:18:57 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El monumento]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-monumento/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas16/mayo/doce500.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 600px;">De qu&eacute; est&aacute; hecho, no lo s&eacute;.</p>
<p style="padding-left: 600px;">Quiz&aacute; de alguna clase de madera liviana</p>
<p style="padding-left: 600px;">como el sauce,</p>
<p style="padding-left: 600px;">o de escamas de cobre,</p>
<p style="padding-left: 600px;">o del cristal que deja el caracol entre la hierba,</p>
<p style="padding-left: 600px;">impuro y desenvuelto.</p>
<p style="padding-left: 600px;">Dif&iacute;cil decidirlo a esta distancia.</p>
<p style="padding-left: 600px;">La luz del mediod&iacute;a</p>
<p style="padding-left: 600px;">lo envuelve en brillos submarinos</p>
<p style="padding-left: 600px;">como si fuera un ancla descansando en la arena.</p>
<p style="padding-left: 600px;">Pero no est&aacute; en el fondo de ning&uacute;n mar</p>
<p style="padding-left: 600px;">sino en la tierra,</p>
<p style="padding-left: 600px;">sobre la tierra,</p>
<p style="padding-left: 600px;">con sus ra&iacute;ces bien plantadas y el torso expuesto.</p>
<p style="padding-left: 600px;">Respira el mismo aire que nosotros,</p>
<p style="padding-left: 600px;">el mismo clima,</p>
<p style="padding-left: 600px;">aunque el viento que emerge al final de la tarde</p>
<p style="padding-left: 600px;">le haga mover las aspas de sus brazos</p>
<p style="padding-left: 600px;">y parezca una estupa con banderas de oraciones.</p>
<p style="padding-left: 600px;">Algo est&aacute; claro: tiene ritmo. S&oacute;lo un maestro</p>
<p style="padding-left: 600px;">ajustar&iacute;a as&iacute; cada fragmento,</p>
<p style="padding-left: 600px;">las venas invisibles.</p>
<p style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 600px;">De qu&eacute; est&aacute; hecho, no lo s&eacute;.</p>
<p style="padding-left: 600px;">El cielo, cada vez m&aacute;s teatral, me confunde.</p>
<p style="padding-left: 600px;">Doy vueltas a sus formas con los ojos</p>
<p style="padding-left: 600px;">y estudio cada muesca,</p>
<p style="padding-left: 600px;">cada surco,</p>
<p style="padding-left: 600px;">creyendo hallar correspondencias.</p>
<p style="padding-left: 600px;">Hablo con &eacute;l como con un hermano</p>
<p style="padding-left: 600px;">pero me ignora como un hijo.</p>
<p style="padding-left: 600px;">Una estatua de espinas, una cruz emplumada.</p>
<p style="padding-left: 600px;">Y ese poco de sombra</p>
<p style="padding-left: 600px;">que prospera en las horas muertas.</p>
<p style="padding-left: 600px;">Visto de arriba abajo</p>
<p style="padding-left: 600px;">es lo que t&uacute; quieres que sea.</p>
<p style="padding-left: 600px;">Visto de abajo arriba</p>
<p style="padding-left: 600px;">es lo que t&uacute; podr&iacute;as ser.</p>
<p style="padding-left: 600px;">En cualquier caso, est&aacute;s perdido.</p>
<p style="padding-left: 600px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 28 Apr 2016 07:31:27 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tiranía de la sombra]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/tirania-de-la-sombra/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas16/Abril/garcia500.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">A lo peor mi sombra se oscurece,</p>
<p style="padding-left: 540px;">se emborrona, se nubla, se abotona,</p>
<p style="padding-left: 540px;">se arremolina en su tiniebla, se alimenta</p>
<p style="padding-left: 540px;">de mi piel y mi voz y mis tejidos,</p>
<p style="padding-left: 540px;">de solitarias gl&aacute;ndulas, de t&uacute;neles calientes,</p>
<p style="padding-left: 540px;">de v&eacute;rtebras y cauces, de &oacute;rganos sim&eacute;tricos,</p>
<p style="padding-left: 540px;">y mi sombra asom&aacute;ndose a la luz</p>
<p style="padding-left: 540px;">se cansa de ser sombra, se incorpora,</p>
<p style="padding-left: 540px;">se apodera del cuerpo en un descuido,</p>
<p style="padding-left: 540px;">se tumba a meditar, entra en reposo,</p>
<p style="padding-left: 540px;">palidece en su nueva densidad,</p>
<p style="padding-left: 540px;">mientras me voy volviendo transparente,</p>
<p style="padding-left: 540px;">enmudezco, me apago, entre estertores</p>
<p style="padding-left: 540px;">contemplo mi cad&aacute;ver, estoy solo,</p>
<p style="padding-left: 540px;">no s&eacute; c&oacute;mo ni d&oacute;nde, pero escucho</p>
<p style="padding-left: 540px;">sangre arriba una puerta que se cierra,</p>
<p style="padding-left: 540px;">unos pasos se alejan</p>
<p style="padding-left: 540px;">poco a poco.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 25 Apr 2016 07:23:34 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una decidida apuesta por la filosofía]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-decidida-apuesta-por-la-filosofia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2016/goma500.jpg" alt="" /></p>
<p>A nadie se le oculta la dif&iacute;cil situaci&oacute;n que est&aacute; viviendo la cultura en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. El auge de las nuevas tecnolog&iacute;as y el rodillo implacable del progreso est&aacute;n dejando en un lugar secundario todo lo relacionado con el &aacute;mbito de las Humanidades y, especialmente, lo que se refiere a la Filosof&iacute;a, no s&oacute;lo como disciplina escolar y universitaria sino como proyecto de investigaci&oacute;n.</p>
<p>La obra <em>Hu&eacute;rfanos de Sof&iacute;a</em>, prologada por Javier Gom&aacute; y coordinada e introducida por &Agrave;lex Munbr&uacute;, es una reflexi&oacute;n de docentes y profesionales de la filosof&iacute;a sobre la problem&aacute;tica de esta materia a principios del siglo XXI. Este ensayo colectivo aglutina la experiencia de trece pensadores que contrastan ideas, proponen nuevos retos y apuestan decididamente por un futuro para la filosof&iacute;a no s&oacute;lo como asignatura impartida en el bachillerato y en la universidad sino, sobre todo, como veh&iacute;culo privilegiado del amor al saber. El libro, subtitulado acertadamente <em>Elogio y defensa de la ense&ntilde;anza de la filosof&iacute;a, </em>est&aacute; abierto al debate, a la reflexi&oacute;n l&uacute;cida y a una argumentaci&oacute;n basada en el d&iacute;a a d&iacute;a en el aula o en el cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil quehacer investigador.</p>
<p>Javier Gom&aacute; anticipa en un jugoso pr&oacute;logo las bondades de la filosof&iacute;a a la que valora como una actividad intelectual no positivista y no especializada y a la que considera como parte esencial de la cultura de una comunidad. &Agrave;lex Munbr&uacute; se lamenta en la introducci&oacute;n del da&ntilde;o que la reciente Ley Wert &ndash; LOMCE &ndash; va a causar a la filosof&iacute;a, que est&aacute; cada vez m&aacute;s desamparada por las instituciones y queda relegada al &aacute;mbito de la optatividad en bachillerato y a un minoritario n&uacute;mero de alumnos en la universidad. Hace especial hincapi&eacute; en el concepto de utilidad &ndash; &ldquo;&iquest;Para qu&eacute; sirve la Filosof&iacute;a?&rdquo; &ndash; y afirma que, por sorprendente que parezca, lo verdaderamente revolucionario hoy d&iacute;a es consagrarse a las Humanidades.</p>
<p>La parte m&aacute;s interesante del libro es la que recoge la experiencia docente de algunos profesores de ense&ntilde;anza secundaria que conocen la problem&aacute;tica del aula y est&aacute;n cada d&iacute;a al pie del ca&ntilde;&oacute;n. Alguna de estas aportaciones, como la de Manoel Muxico, est&aacute; enriquecida con la opini&oacute;n de cinco antiguos alumnos que proponen diversas iniciativas como replantear el temario, acotar la parte hist&oacute;rica o presentar la materia en forma de seminarios. Todos coinciden en algo tan importante como fomentar la opini&oacute;n propia y el esp&iacute;ritu cr&iacute;tico consolidando as&iacute; una buena base human&iacute;stica. En esta misma l&iacute;nea se sit&uacute;a la profesora Ana Lacalle que dibuja con precisi&oacute;n el perfil del estudiante de filosof&iacute;a en el bachillerato y opina que el papel del profesor en el proceso de aprendizaje debe ser de liderazgo y de orientaci&oacute;n. Cita a Gregorio Luri, que establece tres ejes para que funcione el sistema educativo: la confianza de la sociedad en la escuela, el desarrollo del esfuerzo y la voluntad del alumno y la autoridad del profesor.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Otros docentes abordan con clarividencia el problema y proponen nuevos tratamientos de la asignatura tanto en secundaria como en bachillerato. Ram&oacute;n S&aacute;nchez Rom&aacute;n critica el modelo magistral que venimos arrastrando y aboga por un di&aacute;logo profesor-alumno que enriquezca a ambos. Cita para ello a &Aacute;ngel Gabilondo: &ldquo;El mejor m&eacute;todo educativo es querer a los alumnos, hablar bien de ellos, esperar algo de ellos&rdquo;. Tambi&eacute;n ofrece aportaciones interesantes el profesor Dami&aacute;n Cerezuela, que insiste en la importancia de la filosof&iacute;a en secundaria y propone una nueva visi&oacute;n de la moral y de la &eacute;tica. Se lamenta adem&aacute;s de la desconexi&oacute;n entre la Facultad de Filosof&iacute;a y la pr&aacute;ctica docente y abre nuevos caminos pedag&oacute;gicos como el &ldquo;Diario filos&oacute;fico&rdquo; o el cine como herramienta did&aacute;ctica. Finalmente, el coordinador &Agrave;lex Mumbr&uacute; juega ir&oacute;nicamente con el nulo papel de la filosof&iacute;a en la sociedad actual y se plantea la importancia de esta materia como un motivo enriquecedor para la competencia &ldquo;aprender a aprender&rdquo; y un instrumento para potenciar la habilidad y conciencia ling&uuml;&iacute;stica en el proceso educativo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta defensa de la filosof&iacute;a por los docentes de secundaria se complementa con una cr&iacute;tica del tratamiento de la materia en el &aacute;mbito universitario: Salas S&aacute;nchez aboga por una filosof&iacute;a anal&iacute;tica, en la l&iacute;nea anglosajona, y critica el excesivo historicismo; Ignacio Paj&oacute;n reconoce que la filosof&iacute;a est&aacute; arrinconada en los &uacute;ltimos planes de estudio&nbsp; y propone otras salidas laborales al margen de la docencia; Bego&ntilde;a Rom&aacute;n insiste en la responsabilidad social de la &eacute;tica aplicada y Jacinto Rivera insiste en que la reflexi&oacute;n filos&oacute;fica ha de ocuparse de los problemas sociales: &ldquo;La actividad filos&oacute;fica nos ense&ntilde;a a pensar y a dialogar y, por tanto, construye la base subjetiva necesaria para una convivencia moral y democr&aacute;tica&rdquo; (p. 159). En esta misma l&iacute;nea, aunque desde la atalaya de la jubilaci&oacute;n, Francesc Perenya cita a Husserl para valorar la importancia de la filosof&iacute;a en secundaria aunque expresa el temor de que esta disciplina vaya camino de convertirse en una &ldquo;mar&iacute;a&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El volumen se completa con aportaciones de pensadores que inciden m&aacute;s en la reflexi&oacute;n filos&oacute;fica que en la propia labor docente: Agust&iacute;n Serrano vuelve a insistir en la mediocridad de la ense&ntilde;anza de la filosof&iacute;a en Espa&ntilde;a; Josep Maria Bech ofrece un diagn&oacute;stico poco alentador y unas perspectivas poco risue&ntilde;as para el cultivo de la filosof&iacute;a en nuestro pa&iacute;s y Jos&eacute; Mar&iacute;a S&aacute;nchez de Le&oacute;n defiende la apertura mental de la cultura contempor&aacute;nea, critica el dogma como incultura institucionalizada y perfila la misi&oacute;n de la filosof&iacute;a como adquisici&oacute;n de la visi&oacute;n global de la totalidad del conocimiento.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Son muchas las razones para aconsejar la lectura de este libro. Una lectura recomendada no s&oacute;lo para los profesores de filosof&iacute;a sino &ndash; &nbsp;&iquest;por qu&eacute; no? &ndash; &nbsp;para todo aquel ciudadano interesado en aportar sus conocimientos y reflexiones para mejorar el mundo. La frase de la UNESCO que cierra el ensayo es claramente ilustrativa: &ldquo;La filosof&iacute;a tiene el poder de cambiar el mundo, pues est&aacute; dotada de esa capacidad de transformarnos, dando mayor peso a nuestras indignaciones ante la injusticia, m&aacute;s lucidez para formular las preguntas que incomodan, m&aacute;s convicci&oacute;n para defender la dignidad humana&rdquo;. &ndash; JOS&Eacute; MAR&Iacute;A ARI&Ntilde;O COL&Aacute;S.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>VV.AA. <em>Hu&eacute;rfanos de Sof&iacute;a. Elogio y defensa de la ense&ntilde;anza de la filosof&iacute;a, </em>Madrid, F&oacute;rcola Ediciones, 2014.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 22 Apr 2016 10:21:28 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las pasiones de Christopher Hitchens]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/las-pasiones-de-christopher-hitchens/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas16/Abril/hitchens500.jpg" alt="" /></p>
<p>Como suele ocurrir con los autores que te han impresionado, recuerdo la primera vez que le&iacute; a Christopher Hitchens e incluso el momento preciso en que sent&iacute; que su escritura me golpeaba. El libro era <em>Cartas a un joven disidente</em> (Anagrama, 2003), me lo hab&iacute;a recomendado F&eacute;lix Romeo y yo lo le&iacute;a en un autob&uacute;s que cubr&iacute;a el trayecto de Zaragoza a Garrapinillos. Este volumen breve y modesto no es de las obras m&aacute;s conocidas de Hitchens, pero es una buena puerta de entrada. Contiene algunas de sus ideas esenciales: por ejemplo, que es m&aacute;s importante c&oacute;mo se piensa que lo que se piensa; la oposici&oacute;n a la mentalidad colectiva o tribal, siempre dispuesta a blandir la acusaci&oacute;n de &ldquo;elitismo&rdquo;; la idea de que defender una causa puede enemistarte con tu grupo natural, adjudicarte aliados inc&oacute;modos y, aunque resulte bastante menos rom&aacute;ntico, puede tambi&eacute;n convertirte en un pesado. Me impresionaron la energ&iacute;a de su prosa, la amplitud de sus conocimientos, la capacidad de elegir citas y an&eacute;cdotas, de inventar f&oacute;rmulas, y la sensaci&oacute;n estimulante de que hab&iacute;a mucho que aprender y que leer. Y, sobre todo, la defensa entusiasta de la libertad. En ese momento no pod&iacute;a imaginar que acabar&iacute;a esperando con impaciencia sus textos en <em>Slate</em> (los lunes), en <em>Vanity Fair </em>o <em>The Atlantic</em> (una vez al mes) y en otras publicaciones, que rastrear&iacute;a sus entrevistas y conferencias en internet, o que traducir&iacute;a varias decenas de sus art&iacute;culos y algunos de sus libros, como <em>Amor, pobreza y guerra </em>(Debate, 2010), <em>Hitch-22 </em>(Debate, 2011), <em>El enemigo </em>(Endebate, 2011) y <em>Mortalidad </em>(Debate, 2012).</p>
<p>Durante buena parte de su carrera, Christopher Hitchens (Portsmouth, 1949 &ndash; Houston, 2011) fue menos conocido que algunos de sus amigos, miembros de una brillante generaci&oacute;n de escritores, como Martin Amis, Ian McEwan, Julian Barnes, James Fenton o Salman Rushdie. Sin embargo, fue ganando adeptos a menudo apasionados. &Eacute;l y sus compa&ntilde;eros supieron fabricar una leyenda: el amante de la pol&eacute;mica, la iron&iacute;a y de la discusi&oacute;n, opositor vocacional, enemigo feroz de la religi&oacute;n y la intolerancia, consumidor de cantidades industriales de alcohol y tabaco, productor de cientos de art&iacute;culos sobre temas muy variados, aficionado a los juegos de palabras y los viajes, y gran conocedor de la poes&iacute;a inglesa. Se han publicado textos y libros contra &eacute;l despu&eacute;s de su muerte. En vida, hab&iacute;a blogs dedicados &uacute;nica y exclusivamente a atacarle. Demuestran, aunque sea por la v&iacute;a negativa, la importancia de Hitchens, por no hablar de eso que del gran n&uacute;mero de tributos que circulan por la red o de la casi inveros&iacute;mil cantidad de gente que piensa que Hitchens fue importante en su vida. En buena parte, a causa de sus pasiones y de su manera de transmitirlas.</p>
<p>Hitchens era hijo de un oficial de la marina brit&aacute;nica, el comandante Eric Hitchens, que le explic&oacute; que la Segunda Guerra Mundial fue la &uacute;nica &eacute;poca en la que sab&iacute;a lo que estaba haciendo. Se cri&oacute; en bases navales inglesas. Admiraba a su padre &ndash;pensaba que hundir un nav&iacute;o nazi, como hizo su progenitor, era un trabajo m&aacute;s &uacute;til que ninguno que &eacute;l hubiera hecho nunca&ndash;, pero no hab&iacute;a mucha complicidad entre ellos. En muchas cosas, Hitchens (cuyo hermano menor, Peter, es escritor y columnista conservador) se sent&iacute;a m&aacute;s cerca de su madre, a quien dedic&oacute; algunas de sus p&aacute;ginas m&aacute;s hermosas. En su libro de memorias, <em>Hitch-22</em>, explica que desde muy joven conoci&oacute; el valor de &ldquo;tener una mujer apasionada de tu parte&rdquo;. Yvonne, que insisti&oacute; en que sus hijos tuvieran una buena educaci&oacute;n, era una mujer idealista, rom&aacute;ntica y llena de secretos. Se separ&oacute; de su marido y se suicid&oacute; junto a su amante en la habitaci&oacute;n de un hotel de Atenas a comienzos de los a&ntilde;os setenta. Mucho m&aacute;s tarde, Hitchens &ndash;que tuvo que realizar las gestiones posteriores al suicidio&ndash; descubri&oacute; otro dato escondido: su madre era jud&iacute;a.</p>
<p>Hitchens estuvo interno desde los ocho a&ntilde;os y estudi&oacute; Filosof&iacute;a, Pol&iacute;tica y Econom&iacute;a en Oxford. Cuando empez&oacute; la universidad ya hab&iacute;a decidido que su vocaci&oacute;n ser&iacute;a la escritura. Ha escrito de algunos libros que le impresionaron de joven: las novelas de Arthur Conan Doyle o P. G. Wodehouse, <em>Qu&eacute; verde era mi valle</em>, la poes&iacute;a de Wilfred Owen. Buena parte de su sensibilidad parte de cierta tradici&oacute;n literaria inglesa: la de los poetas de la Primera Guerra Mundial, de narradores como Evelyn Waugh, Rudyard Kipling, Graham Greene y Anthony Powell, de poemas de W. H. Auden y Philip Larkin, de los libros de viajes de Rebecca West. Arranca con los dos grandes monumentos de la Biblia del Rey James y la obra de Shakespeare, y tiene su raci&oacute;n de figuras rebeldes, rom&aacute;nticas e irlandesas, como Tom Paine, Lord Byron y James Joyce, respectivamente, u Oscar Wilde, que era las tres cosas a la vez. Hay muchos autores can&oacute;nicos, pero tambi&eacute;n un gusto por los &ldquo;buenos libros malos&rdquo; y una admiraci&oacute;n por rebeldes con causa como Bertrand Russell. A lo largo de los a&ntilde;os, Hitchens incorpor&oacute; a muchos otros autores de &eacute;pocas y lugares distintos. Pero esa literatura y el imaginario al que est&aacute; vinculada, que incluye el imperio brit&aacute;nico (por ejemplo, <em>Kim </em>o <em>D&iacute;as birmanos</em>) y su descomposici&oacute;n (contada por escritores como Paul Scott, Salman Rushdie o los hermanos V. S. y Shiva Naipaul), as&iacute; como cierta apreciaci&oacute;n de la excentricidad que se combina con la admiraci&oacute;n por el estoicismo y el coraje, siempre fueron uno sus instrumentos b&aacute;sicos para interpretar el mundo.</p>
<p>En esos a&ntilde;os tambi&eacute;n desarroll&oacute; otras aficiones. En sus memorias cuenta que se acost&oacute; con dos estudiantes que m&aacute;s tarde ocuparon altos cargos en el equipo de Margaret Thatcher. Pero sobre todo fue la &eacute;poca de una iniciaci&oacute;n pol&iacute;tica. En <em>Hitch-22 </em>habla de una doble faceta: el hombre que quer&iacute;a ir a las fiestas y el estudiante comprometido, miembro de un grup&uacute;sculo trotskista, arrestado por la polic&iacute;a en protestas y formado en la oposici&oacute;n a la guerra de Vietnam y en el 68. Cre&iacute;a que era bueno viajar de vez en cuando a pa&iacute;ses con demasiada ley o demasiado poca. En los a&ntilde;os setenta estuvo en Espa&ntilde;a, donde asisti&oacute; a una manifestaci&oacute;n a favor de Salvador Puig Antic; en Portugal, en Chile y Argentina, donde visit&oacute; a Borges; en Cuba, donde un cineasta le dijo que la censura no era tan grave, porque se pod&iacute;a bromear sobre todo, salvo sobre Fidel Castro, a lo que Hitchens contest&oacute; que esa restricci&oacute;n hac&iacute;a que la libertad en otros aspectos fuera decorativa; fue detenido en Checoslovaquia y conoci&oacute; a disidentes polacos como Adam Michnik. Dedic&oacute; hermosas p&aacute;ginas a la obra de Marx y Trotski, y pensaba que leerlos le hab&iacute;a dado una manera de argumentar y de pensar. Al final, dej&oacute; de definirse como socialista: no cre&iacute;a que una ideolog&iacute;a tuviera la soluci&oacute;n a los problemas. Pero, aunque tuvo muchas pol&eacute;micas con la izquierda, Hitchens siempre perteneci&oacute; a la izquierda antitotalitaria. Muchos de sus argumentos (incluso los que le enfrentaban a sus antiguos compa&ntilde;eros) part&iacute;an de un impulso internacionalista, laico y humanista. Hay tres autores que lo marcaron desde muy pronto: Victor Serge, Arthur Koestler y George Orwell. En cierto sentido, sus nombres encierran otros muchos, como su mentor (y traductor de Serge) Peter Sedgwick o C.L.R. James, pero esos tres cr&iacute;ticos de la izquierda desde la izquierda son una pista importante. Con sus diferencias, son representantes de otra tradici&oacute;n que a Hitchens le resultaba particularmente querida: la tradici&oacute;n del ap&oacute;stata.</p>
<p>Decidi&oacute; pronto que no ten&iacute;a talento para la creaci&oacute;n. Lo suyo ser&iacute;a el ensayo y el periodismo. Defin&iacute;a algunos de sus libros como panfletos y entre sus h&eacute;roes hab&iacute;a muchos autores del xviii y del xix. Pero tambi&eacute;n ten&iacute;a una visi&oacute;n rom&aacute;ntica del mundo del periodismo de Fleet Street, y describi&oacute; con afecto un universo de reporteros y gacetilleros (<em>hack</em> era la palabra que le gustaba) que mezclaban la vocaci&oacute;n c&iacute;vica y el cinismo, donde unos pocos metros albergaban bares oscuros y redacciones que constru&iacute;an el relato del mundo. Esa atm&oacute;sfera, a menudo despiadada (Hitchens cita la pregunta atribuida a un corresponsal en el Congo: &ldquo;&iquest;Hay alguien que haya sido violada y hable ingl&eacute;s?&rdquo;), es un tema literario sobre el que escribi&oacute; m&aacute;s de una vez, al comentar novelas como <em>Noticia bomba </em>de Evelyn Waugh, <em>Towards de End of the Morning </em>de Michael Frayn y <em>Everyone&rsquo;s Gone to the Moon </em>de Philip Norman<em>. </em>Hitchens inici&oacute; su carrera en medios como el <em>New Statesman</em>, el <em>Daily Express </em>o el <em>Times </em>de Harold Evans. El periodismo estadounidense tiene una vitalidad extraordinaria, est&aacute; libre de las constricciones de la Ley del Libelo, goza, gracias a la Primera Enmienda, de una mayor libertad y fue el ambiente en el que Hitchens desarroll&oacute; buena parte de su carrera tras su traslado a Norteam&eacute;rica en los a&ntilde;os ochenta. Tiene su tradici&oacute;n y su mitolog&iacute;a. Y Hitchens, en cierto modo, tambi&eacute;n se miraba en el espejo de Mark Twain, H. L. Mencken y el periodismo <em>muckraker</em>, pero no solo en eso: Estados Unidos le fascinaba y dedic&oacute; art&iacute;culos y libros a sus intelectuales, sus pol&iacute;ticos y su cultura popular, desde la Ruta 66 a las recreaciones de la Guerra de Secesi&oacute;n, pasando por la pena de muerte y la importancia del sexo oral en la cultura norteamericana. Hitchens, como otros inmigrantes, supo ver y contar su lugar de acogida de una forma particularmente atractiva.</p>
<p>Escribir no es lo que hago, dir&iacute;a alguna vez, sino lo que soy. Escribir y tambi&eacute;n hablar. La habilidad ret&oacute;rica de Hitchens era asombrosa y se puede comprobar en Youtube. Richard Dawkins dijo: &ldquo;Si te invitan a un debate con Christopher Hichens, declina&rdquo;. Martin Amis escribi&oacute; que apostar&iacute;a por &eacute;l frente a cualquiera. En su pr&oacute;logo a <em>The Quotable Hitchens</em>, el autor de <em>La informaci&oacute;n</em> tiene dos observaciones interesantes. Cuenta que alguna vez reproch&oacute; a su amigo que criticara con dureza a novelistas que hab&iacute;an escrito otras obras que le hab&iacute;an gustado, como Philip Roth o Saul Bellow. Pero, para Hitchens, el placer que le hab&iacute;a producido <em>El legado de Humboldt </em>no significaba que debiera ser indulgente con <em>Ravelstein. </em>No sent&iacute;a, dice Amis, un respeto autom&aacute;tico. (De hecho, dedic&oacute; mucho tiempo y energ&iacute;a a mostrarse muy poco respetuoso con autoridades establecidas.) Amis, parafraseando la famosa descripci&oacute;n que Nabokov hizo de s&iacute; mismo, dice que Hitchens &ldquo;piensa como un ni&ntilde;o, escribe como un autor distinguido y habla como un genio&rdquo;. Es una exageraci&oacute;n, pero es una buena forma de explicar la vehemencia de Hitchens, su convicci&oacute;n de que hab&iacute;a cosas irrenunciables. Hitchens escribi&oacute; en su autobiograf&iacute;a: &ldquo;La labor habitual del &lsquo;intelectual&rsquo; es defender la complejidad e insistir en que los fen&oacute;menos del mundo de las ideas no deber&iacute;an convertirse en esl&oacute;ganes ni reducirse a f&oacute;rmulas f&aacute;ciles de repetir. Pero existe otra responsabilidad: decir que hay cosas sencillas y que no habr&iacute;a que oscurecerlas&rdquo;.</p>
<p>Esas palabras explican algunas de sus pol&eacute;micas con algunos de sus compa&ntilde;eros, que lo llevaron a abandonar su revista, <em>The Nation</em>, tras los atentados del 11-S y que lo distanciaron de Noam Chomsky, Edward Said o Gore Vidal. Podr&iacute;amos citar quiz&aacute; tres episodios fundamentales. En la guerra de las Malvinas apoy&oacute; la decisi&oacute;n de Margaret Thatcher de combatir a Argentina. Galtieri era un tirano, al frente de un r&eacute;gimen tir&aacute;nico y criminal, y su derrota pod&iacute;a tambi&eacute;n acabar con la dictadura. En 1989, cuando el ayatol&aacute; y poeta ocasional Jomeini decret&oacute; una fetua contra Salman Rushdie, hubo intelectuales de izquierda y derecha que argumentaron que, si bien el autor de <em>Hijos de la medianoche </em>no merec&iacute;a la muerte, tampoco era correcto herir los sentimientos de los fieles, y que el novelista hab&iacute;a, en cierto modo, provocado aquello. En 2001, cuando se produjeron los atentados del 11-S, muchos intelectuales que hab&iacute;an sido compa&ntilde;eros de batallas de Hitchens achacaron los ataques a la pol&iacute;tica exterior estadounidense y el conflicto de Oriente Medio. Hitchens, siempre extremadamente cr&iacute;tico con la pol&iacute;tica israel&iacute;, consideraba que no hab&iacute;a que buscar las causas de los ataques a civiles en los agravios a menudo leg&iacute;timos de los &aacute;rabes y los musulmanes, sino en una ideolog&iacute;a fan&aacute;tica y asesina, el fundamentalismo isl&aacute;mico. En un art&iacute;culo publicado en septiembre de 2011, recogido en <em>Amor, pobreza y guerra</em>, comentaba:</p>
<p>Este es un momento tan bueno como cualquier otro para revisar la historia de las Cruzadas, o la triste historia de la partici&oacute;n de Cachemira, o las penas de los chechenos y los kosovares. Pero los terroristas de Manhattan representan el fascismo con un rostro isl&aacute;mico, y no tiene sentido emplear ning&uacute;n eufemismo sobre eso. Lo que abominan de &ldquo;Occidente&rdquo;, por decirlo en una frase, no es aquello que los progresistas occidentales rechazan y no pueden defender de su propio sistema, sino lo que <em>s&iacute;</em> les gusta y deben defender: sus mujeres emancipadas, su investigaci&oacute;n cient&iacute;fica, la separaci&oacute;n de religi&oacute;n y Estado.</p>
<p>En ese momento dif&iacute;cil mostr&oacute; una determinaci&oacute;n moral e intelectual admirables. Otras veces cometi&oacute; errores. Uno de los m&aacute;s claros fue apoyar la invasi&oacute;n estadounidense de Irak (en 1991, cuando se produjo la guerra del Golfo, se opuso a una invasi&oacute;n m&aacute;s f&aacute;cilmente justificable). Mantuvo su independencia: critic&oacute; la tortura practicada por la administraci&oacute;n Bush en un reportaje publicado en <em>Vanity Fair</em>, donde se someti&oacute; al ahogamiento simulado, y las restricciones a las libertades civiles en la &ldquo;guerra contra el terror&rdquo;, y se&ntilde;al&oacute; errores t&aacute;cticos y estrat&eacute;gicos. Quiz&aacute;, en su defensa, podr&iacute;a decir que se equivoc&oacute; por las razones correctas: conoc&iacute;a bien las atrocidades cometidas por el r&eacute;gimen de Saddam Hussein, era partidario desde hac&iacute;a tiempo (al menos, desde la guerra de Yugoslavia a comienzos de los a&ntilde;os noventa) del intervencionismo liberal y cre&iacute;a genuinamente en la posibilidad de liberar a la poblaci&oacute;n iraqu&iacute;. Seg&uacute;n Hitchens, Estados Unidos y Reino Unido no deber&iacute;an haber recurrido al argumento mendaz de las armas de destrucci&oacute;n masiva para justificar la invasi&oacute;n: las violaciones de los derechos humanos del r&eacute;gimen, el asesinato masivo de los kurdos y la persecuci&oacute;n de los opositores habr&iacute;an sido razones suficientes (el relato de los desenterramientos de las v&iacute;ctimas, el terror del r&eacute;gimen de Sadam Husein y el regreso de los exiliados que aparece en <em>Amor, pobreza y guerra</em> es estremecedor). Tambi&eacute;n se podr&iacute;a reconocer que, aunque compartir algunas de sus explicaciones <em>a posteriori </em>exige bastante complicidad por parte del lector, no neg&oacute; lo que hab&iacute;a dicho. Pero la intervenci&oacute;n fue un desastre, promoverla fue un error y probablemente tambi&eacute;n la cercan&iacute;a a algunos neoconservadores y al gobierno Bush.</p>
<p>Con un sentido de la paradoja que probablemente habr&iacute;a divertido a Hitchens, Salman Rushdie ha escrito que Dios acudi&oacute; en su ayuda. Hitchens era conocido por sus cr&iacute;ticas duras y documentadas. Le molestaba que se juzgaran las acciones seg&uacute;n la reputaci&oacute;n y no la reputaci&oacute;n seg&uacute;n las acciones, y esa irritaci&oacute;n se encuentra detr&aacute;s de algunos de sus asaltos. En <em>The Missionary Position</em> (Verso, 1994)<em> </em>construy&oacute; un s&oacute;lido argumento contra la madre Teresa de Calcuta, que a su juicio no era &ldquo;amiga de los pobres, sino de la pobreza&rdquo;. Desmont&oacute; un supuesto milagro de la monja, que se comportaba con una austeridad ostentosa, acept&oacute; donaciones de la familia Duvalier y dijo, al recibir el Premio Nobel de la Paz, que el aborto era &ldquo;el mayor destructor de la paz&rdquo;. (El Vaticano lo llam&oacute; para que testificara en su contra en el proceso de canonizaci&oacute;n, una tarea que antes ten&iacute;a un nombre oficial: &ldquo;el abogado del diablo&rdquo;.) En <em>Juicio a Kissinger </em>(Anagrama, 2004) acus&oacute; al que fuera secretario de Estado y consejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos de cr&iacute;menes de guerra por su actuaci&oacute;n en Chile, Indonesia, Bangladesh, Timor Oriental y Chipre. En <em>No One Left To Lie To </em>(Verso, 1999) critic&oacute; las &ldquo;triangulaciones&rdquo; de Clinton, su implacable adherencia al poder, el bombardeo de una f&aacute;brica farmac&eacute;utica en Sud&aacute;n y sus predatorias costumbres sexuales (indign&oacute; a muchos amigos cuando declar&oacute; en el proceso de <em>impeachment</em>, diciendo que un empleado de la Casa Blanca le hab&iacute;a pasado informaci&oacute;n contra Monica Lewinsky). En sus cr&iacute;ticas hab&iacute;a hechos, pero tambi&eacute;n eran juicios de car&aacute;cter. Intent&oacute; desmontar algunos cultos, como el de Lady Di o el de los Kennedy. Escribi&oacute; rese&ntilde;as devastadoras de pel&iacute;culas de Michael Moore y Mel Gibson. Sab&iacute;a ser duro y brillante. Cuando el reverendo fundamentalista Jerry Falwell muri&oacute;, le preguntaron si pensaba que estar&iacute;a en el cielo: &ldquo;No, y creo que es una pena que no exista un infierno al que pueda ir&rdquo;. Tras esas escaramuzas, como escribi&oacute; <em>The Guardian</em>, Hitchens encontr&oacute; un adversario a su altura: Dios. En su ensayo <em>Dios no es bueno </em>(Debate, 2008) elabor&oacute; una cr&iacute;tica erudita, divertida y vibrante de las inconsistencias intelectuales de la religi&oacute;n y de las consecuencias pol&iacute;ticas y morales de la superstici&oacute;n organizada. Mostraba plagios, incitaciones al genocidio y fraudes de los textos sagrados. El libro no tiene muchas novedades y Hitchens escribi&oacute; obras m&aacute;s redondas, pero es una buena s&iacute;ntesis, est&aacute; bien argumentado y fue un &eacute;xito de ventas. Poco despu&eacute;s apareci&oacute; <em>Dios no existe </em>(Debate, 2009), una antolog&iacute;a de textos ateos que se puede leer como una historia de la emancipaci&oacute;n de la mente humana.</p>
<p>Hitchens se convirti&oacute; en uno de los miembros del &ldquo;Nuevo Ate&iacute;smo&rdquo;, junto a Richard Dawkins, Daniel Dennett y Sam Harris. Particip&oacute; en decenas de debates sobre la religi&oacute;n y escribi&oacute; buenos art&iacute;culos sobre los diez mandamientos, la pedofilia en la Iglesia cat&oacute;lica o el mormonismo. Era el que ten&iacute;a una visi&oacute;n m&aacute;s pol&iacute;tica de los cuatro. Denunci&oacute; los esfuerzos constantes de las religiones por silenciar a sus cr&iacute;ticos, a menudo con una mezcla de victimismo y amenaza. A su juicio, cuando uno es sacerdote, parece recibir una carta blanca para cometer cualquier atentado contra la moral o la inteligencia. Explicaba que la idea cristiana del Cielo postula una especie de Corea del Norte divina &ndash;el Nuevo Testamento es peor que el primero, por el sadismo que supone la idea del infierno, con el edificante a&ntilde;adido de que ver sufrir a los condenados sufrir sea uno de los entretenimientos de los que se han salvado&ndash;, y que solo una mentalidad enferma puede definir al hombre como un ser creado enfermo y luego conminarlo a estar sano, como dec&iacute;a Fulke Greville. Seg&uacute;n Hitchens, las religiones no solo niegan la raz&oacute;n y constri&ntilde;en la autonom&iacute;a personal, sino que tambi&eacute;n son un factor de subdesarrollo, ya que frenan la &uacute;nica medida econ&oacute;mica de cuya eficacia podemos estar seguros: la emancipaci&oacute;n femenina, que requiere el control sobre su actividad reproductiva. Argumentaba que no tiene sentido hablar de islamofobia ni acusar de racismo a los que critican el islam, porque una religi&oacute;n es una ideolog&iacute;a: a diferencia del color de la piel, es algo que se elige. Aceptar el blindaje de la religi&oacute;n a la cr&iacute;tica es dejar sin amparo a muchas personas oprimidas por la ideolog&iacute;a revelada. Hitchens sosten&iacute;a que &ldquo;no se puede ser un poco her&eacute;tico&rdquo; y, cuando defend&iacute;a a individuos perseguidos por motivos religiosos, como Ayaan Hirsi Ali o Salman Rushdie, recordaba la centralidad de la blasfemia: los juicios a S&oacute;crates, Jesucristo y Galileo, arg&uuml;&iacute;a, fueron juicios por blasfemia. La ortodoxia religiosa, explicaba, siempre ha sido enemiga de la libertad. En <em>Hitch-22 </em>escribi&oacute;:</p>
<p>Es toda una tarea combatir a los absolutistas y a los relativistas al mismo tiempo: sostener que no existe una soluci&oacute;n totalitaria e insistir al mismo tiempo en que, s&iacute;, los de nuestro lado tambi&eacute;n tenemos convicciones inalterables y estamos dispuestos a luchar por ellas. Tras varias lealtades pasadas, he llegado a creer que Karl Marx ten&iacute;a toda la raz&oacute;n cuando recomendaba una duda y autocr&iacute;tica continuas. Pertenecer a la tendencia o facci&oacute;n esc&eacute;ptica no es, en absoluto, una opci&oacute;n blanda. La defensa de la ciencia y la raz&oacute;n es el gran imperativo de nuestro tiempo. [&hellip;] Ser no creyente no solo significa poseer &ldquo;una mente abierta&rdquo;. Es, m&aacute;s bien, una admisi&oacute;n decisiva de incertidumbre, que est&aacute; dial&eacute;cticamente conectada con el repudio del principio totalitario, en la mente y en la pol&iacute;tica.</p>
<p>Famoso por sus ataques, su obra es tambi&eacute;n una gu&iacute;a que nos conduce a muchos narradores, poetas y pensadores. Es una suma extra&ntilde;a y &uacute;nica que configura un mundo mental rico, vibrante y aparentemente inagotable. Est&aacute; diseminado por muchos de sus ensayos; por partes de <em>Unaknowledged Legislation</em>, que trata de las intersecciones de la literatura y la pol&iacute;tica; en recopilaciones como<em> Blood, Class and Empire</em> (Farrar, Strass &amp; Giroux), <em>Fort he Sake of Argument </em>(Verso, 1993)y <em>Amor, pobreza y guerra</em> y en <em>Hitch-22</em>, un autorretrato intelectual lleno de homenajes a maestros y amigos, aunque reticente a la hora de mostrar los aspectos &iacute;ntimos. Pero tambi&eacute;n en tres admirables libros breves. El primero es <em>La victoria de Orwell </em>(Emec&eacute;, 2003), que quiz&aacute; fuera su principal modelo y cuyo acierto seg&uacute;n Hitchens consisti&oacute; en que supo detectar los tres males esenciales de su siglo: el fascismo, el comunismo y el imperialismo. El segundo es <em>Tom Paine&rsquo;s Rights of Man </em>(Atlantic, 2006), la biograf&iacute;a del autor de panfletos brit&aacute;nico y h&eacute;roe de la independencia estadounidense que fue demasiado progresista en la Revoluci&oacute;n Americana y demasiado conservador para la Francesa (fue encarcelado). El tercero es <em>Thomas Jefferson, Author of America </em>(Eminent Lives/Atlas Books/HarperCollins Publishers), una biograf&iacute;a del principal autor de la Declaraci&oacute;n de Independencia y del Estatuto de Virginia que garantizaba la libertad religiosa.</p>
<p>Cuando iniciaba la gira para promocionar sus memorias, en el punto m&aacute;s alto de su carrera, a Hitchens le diagnosticaron el c&aacute;ncer de es&oacute;fago que lo acabar&iacute;a matando en diciembre de 2011. Todav&iacute;a apareci&oacute; una recopilaci&oacute;n de ensayos, <em>Arguably</em>, que en cierto modo sigue la estela de <em>Amor, pobreza y guerra</em>, con bellos textos sobre Saul Bellow, Victor Klemperer, Andr&eacute; Malraux, W. G. Sebald, Victor Serge o Jefferson, art&iacute;culos divertidos como &ldquo;Why Women Aren&rsquo;t Funny&rdquo; y &ldquo;As American as Apple-Pie&rdquo;, y piezas m&aacute;s pol&iacute;ticas publicadas en el medio digital <em>Slate. </em>Su libro m&aacute;s conmovedor es <em>Mortalidad</em>, la cr&oacute;nica de su enfermedad, que apareci&oacute; unos meses despu&eacute;s de su muerte. Sobrio, rico, inacabado y breve, es el relato de la destrucci&oacute;n f&iacute;sica, a base de c&aacute;ncer y tratamientos agresivos, y una reflexi&oacute;n sobre la enfermedad y la decadencia. &ldquo;No es divertido apreciar plenamente la verdad de la tesis materialista que postula que no&nbsp;<em>tengo</em>&nbsp;un cuerpo, sino que&nbsp;<em>soy</em>&nbsp;un cuerpo&rdquo;, escribe Hitchens. Pero tambi&eacute;n es un combate: pensar, escribir, reflexionar sobre el dolor, la inminencia de la muerte, atacar el falso consuelo de la religi&oacute;n, disfrutar de un chiste, un poema o la palabra de un amigo son actos de resistencia. En un art&iacute;culo contra la pena de muerte, Hitchens citaba el poema &ldquo;Conscientious Objector&rdquo; de Emma Lazarus: &ldquo;Morir&eacute;, pero eso es todo lo que har&eacute; por la muerte&rdquo;. <em>Mortalidad</em> cuenta un combate perdido de antemano: es triste, pero hermoso. Bill Keller escribi&oacute; en una necrol&oacute;gica que Hitchens tend&iacute;a a tomarse el fundamentalismo isl&aacute;mico como algo personal. Quiz&aacute; fuera una de sus mayores cualidades: una de las cosas que hacen que su obra sea tan adictiva y estimulante es que todo se lo tomaba como algo personal.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 15 Apr 2016 07:52:15 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poemas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/poemasmussapi/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2016/marzo/mussapi500.jpg" alt="" /></p>
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<p>Roberto Mussapi naci&oacute; en C&uacute;neo (Piamonte) en 1952 y reside en Mil&aacute;n.<br /> Entre otros libros, ha publicado: <em>Gita meridiana</em>, <em>Antartide</em> y <em>La stoffa dell'ombra e delle cose</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p><br /> <strong>LLANURA</strong></p>
<p>Tengo angustia de la llanura, en mi coraz&oacute;n</p>
<p>evoca el mar inm&oacute;vil y desanimado</p>
<p>de la bonanza, cuando no sopla brisa</p>
<p>y las velas cuelgan como vampiros por la ma&ntilde;ana.</p>
<p>Recuerdo las dunas del desierto, las extensiones,</p>
<p>las largas caravaneras y el lento paso</p>
<p>al mundo de los t&aacute;rtaros, al oriente lejano:</p>
<p>all&iacute; fui consustancial a la llanura,</p>
<p>al descenso hacia un continuo ignoto.</p>
<p>Y en m&iacute; vive tambi&eacute;n el viaje de los Magos,</p>
<p>montes llenos de nieve, luego altiplanos,</p>
<p>y largas extensiones lisas donde se posaba el cielo.</p>
<p>Y luego el viento y las olas crestadas,</p>
<p>all&aacute;, allende Gibraltar y Cabo de Hornos, hacia Occidente,</p>
<p>en los mares donde el sol se ahoga y muere.</p>
<p>Fueron pesadillas los d&iacute;as de llanura,</p>
<p>mar sin alma, cielo sin aliento,</p>
<p>y nosotros inm&oacute;viles sobre la toldilla, como expiando.</p>
<p>Se convirti&oacute; en un atlas, aquella aventura:</p>
<p>todo fue allanado y extendido,</p>
<p>nada qued&oacute; desconocido.</p>
<p>As&iacute; murieron deseo y amor</p>
<p>mientras el dibujo del mundo se cerraba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luego, desde la oscuridad y desde el vac&iacute;o de la bodega</p>
<p>descendimos a las cavernas y tocamos la luna,</p>
<p>el fondo, el origen de la sangre y de la especie,</p>
<p>y all&aacute;, en lo alto, hacia las estrellas y el cielo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ay&uacute;dame a volver a la llanura,</p>
<p>a creer que no ha muerto la aventura</p>
<p>incluso all&aacute; abajo donde el tiempo se ha estirado,&nbsp;</p>
<p>ahora que el horizonte no me angustia,</p>
<p>ahora que s&eacute; que no s&eacute;,</p>
<p>que estoy de nuevo sucio y en la calle,</p>
<p>que he aprendido otra vez a llorar y a rezar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>SAILING FROM VENEZIA</em></strong></p>
<p>Esto es el cristal, se hincha</p>
<p>con el soplido, coge la forma de la respiraci&oacute;n,</p>
<p>todo lo que tintinea, que r&iacute;e, fue soplado,</p>
<p>sientes los labios del hombre en el borde del vaso,</p>
<p>he aqu&iacute; porque r&iacute;en as&iacute;, las muchachas,</p>
<p>con esas voces argentinas, de brindis,</p>
<p>eso es el cristal donde todo espejea,</p>
<p>el canal, mira, la ciudad reflejada,</p>
<p>los cimientos en paz con las aguas,</p>
<p>como una flota detenida en un oc&eacute;ano</p>
<p>de cristal y de silencio,</p>
<p>esto es el parabrisas, en agosto,</p>
<p>los mosquitos aplastados, la prueba del viaje,</p>
<p>del pie en el acelerador, de la noche,</p>
<p>llover&aacute;, el tiempo ser&aacute; marcado por el limpiaparabrisas,</p>
<p>los p&aacute;rpados palpitan con el ritmo de la respiraci&oacute;n,</p>
<p>se abren inspirando,</p>
<p>desde all&iacute; yo veo el mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><br /> <strong><em>AS TEARS GO BY, OFELIA</em></strong><em>&nbsp;</em><br /> <br /> <em>a Marianne Faithfull</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luego fueron s&iacute;labas aquellas que hab&iacute;an sido palabras</p>
<p>y versos que me desgarraban la garganta,</p>
<p>pedazos, grumos de vozsangre</p>
<p>de toda imagen que anta&ntilde;o hab&iacute;a sido,</p>
<p>ahora perdida en el fondo bajo arena vidriada.</p>
<p>E inhallable como quien es mudo</p>
<p>de golpe y con la voz su mirada ha perdido</p>
<p>por un dolor que s&oacute;lo puedes intuir</p>
<p>en esa c&oacute;rnea de repente vac&iacute;a,</p>
<p>o como de golpe a ciento sesenta en un t&uacute;nel</p>
<p>con el pie hipnotizado en el acelerador</p>
<p>y yo, yo, lengua quebrada, yo, ahogada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>He interpretado a Ofelia, conozco la locura,</p>
<p>y s&eacute; que te golpea por exceso de amor,</p>
<p>cuando tus ojos no sostienen una silla</p>
<p>si ves en su paja las tramas de oro,</p>
<p>y el aura de aquella c&aacute;tedra y su luz,</p>
<p>y los beatos que se posaron en inconsciente plegaria,</p>
<p>si tiemblas por una persona que se sienta</p>
<p>y se acerca al centro del fango y de los grandes r&iacute;os,</p>
<p>y s&eacute; qu&eacute; significa exceso de amor,</p>
<p>cuando aquel al que amas se disipa y calla,</p>
<p>o no consigue responderte, y t&uacute; mueres,</p>
<p>por extinci&oacute;n, deshidratada en piedra.</p>
<p>Yo estoy ahogada en la charca y subida</p>
<p>entre hojas ca&iacute;das, muertas y siemprevivas,</p>
<p>desde el fondo limoso subiendo a la luz,</p>
<p>desde el fondo he encontrado g&eacute;nesis y amor,</p>
<p>ahora que vuelve a ser m&iacute;a, en m&iacute;, mi voz,</p>
<p>nada que pedir, subir despacio</p>
<p>como la linfa del c&aacute;lamo a la flor</p>
<p>despu&eacute;s de ser estrangulada por el invierno y por el hielo</p>
<p>entre hojas podridas, y el rito humoral</p>
<p>asciende a los campos y al oro de las gavillas</p>
<p>entre casa y casa, entre las luces y las calles.</p>
<p>Conozco la locura y estoy ahogada,</p>
<p>y ahora s&eacute; que era solamente amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><br /> <br /> <strong>PALABRAS DEL ZAMBULLIDOR DE PAESTUM</strong><br /> <br /> Yo soy el alma de tu padre, el zambullidor:<br /> te he seguido cada d&iacute;a, estoy a tu lado,<br /> conozco como entonces tus zonas de sombra,<br /> el lenguaje de los movimientos trazado por tu cara,<br /> nada ha cambiado desde entonces, en este sentido.<br /> Esto es lo primero que he descubierto,<br /> lo primero que quer&iacute;a decirte: no cambia la percepci&oacute;n<br /> de tus momentos, como no cambiaba<br /> de noche, en el sue&ntilde;o, o por la distancia.<br /> S&eacute; que este soplo m&iacute;o (desde el fondo del agua,<br /> entre las an&eacute;monas)<br /> ser&aacute; para ti como mis palabras de anta&ntilde;o:<br /> que te infund&iacute;an memoria y valor,<br /> m&aacute;s que el vino o que una mujer que te mira.<br /> Mi primer descubrimiento, la primera verdad es que nada<br /> se rompe en el secreto del alma.<br /> El resto es confuso, es pronto<br /> para intentar contarte,<br /> corales, an&eacute;monas, vidas que se dibujan con un movimiento<br /> de agua y se disipan al instante.<br /> No todo es luz, transparencia, silencio,<br /> galer&iacute;as de oscuridad, respiraciones contenidas, luego voces<br /> que inhalan en m&iacute; como si hablase.<br /> Me deslizo hacia un fondo cada vez m&aacute;s distante<br /> y siento que una luz sumergida me llama desde oriente:<br /> no s&eacute; d&oacute;nde acaba, por ahora,<br /> no s&eacute; qu&eacute; es, pero s&eacute; qu&eacute; amor<br /> la mueve y determina su respiraci&oacute;n.<br /> De este viaje hablar&eacute; m&aacute;s adelante,<br /> cuando la experiencia sea conocimiento,<br /> puedo hablarte de cuanto he dejado,<br /> sobre la superficie azul de las aguas,<br /> entre las arenas blanqu&iacute;simas, las palmeras,<br /> la sombra de los olivos, el vino<br /> vertido de las &aacute;nforas:<br /> ama la tierra rosa en el ocaso,<br /> sum&eacute;rgete en el mar para jugar, como un trit&oacute;n,<br /> saborea la fruta, el pan, bebe y come,<br /> escucha las risas de las muchachas,<br /> busca su boca, r&iacute;e y desesp&eacute;rate,<br /> agradece cada d&iacute;a tu pa&iacute;s resplandeciente.<br /> Yo no soy tu padre sino su alma,<br /> no soy aquello que vivo sino recuerdo,<br /> la ribera, la piscina, los colores que forman<br /> el extra&ntilde;o dibujo de la vida mortal.<br /> Vive en esa cer&aacute;mica deslumbrante y espera<br /> cuanto sabr&eacute; decirte m&aacute;s adelante, al final del viaje.<br /> Pero ahora que duermes como cuando en una cuna<br /> parec&iacute;as buscar los secretos del mundo,<br /> ahora que tienes las espaldas m&aacute;s anchas y los cabellos m&aacute;s ralos,<br /> escucha las palabras de mi alma<br /> no s&eacute; mucho de ella, de m&iacute; misma,<br /> (es pronto, hijo, no conozco bastante,<br /> apenas he comenzado, estoy nadando),<br /> no pienses en mi cuerpo (es tarde,<br /> perlas, los que fueron mis ojos,<br /> y mis labios reducidos a corales),<br /> pero conozco su matrimonio,<br /> cuando viv&iacute;an al un&iacute;sono en el mundo<br /> y yo, el alma de tu padre, el zambullidor,<br /> te entrego s&oacute;lo esta experimentada certeza<br /> (desde el fondo del abismo, en el escalofr&iacute;o de la zambullida):<br /> que tambi&eacute;n el hombre puede amar eternamente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 01 Apr 2016 09:35:22 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Enrique Vila-Matas: "Soy el que se desconoce"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/enrique-vila-matas-soy-el-que-se-desconoce/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2016/ENRIQUE_VILA-MATAS_2.jpg" alt="" /></p>
<p>La primera idea fue rechazar el proyecto. Dominique Bourgois le hab&iacute;a pedido que volcase por escrito su relaci&oacute;n con otra <em>dominique</em>: Gonzalez-Foerster. Fue al darse cuenta de que no ten&iacute;a por qu&eacute; abarcar la obra casi infinita de la artista cuando lo tom&oacute; en serio. Conan Doyle hizo lo dem&aacute;s.</p>
<p>Hab&iacute;a quedado con DGF en el Museo Rodin de Par&iacute;s. &ldquo;Apunt&oacute;, o me pareci&oacute; que apuntaba, que ten&iacute;amos algo de Holmes y Watson. Era evidente que nos espi&aacute;bamos en la distancia&rdquo;. &Eacute;l le pregunta en qu&eacute; anda, y ella deja caer un concepto. &ldquo;Le basta a ella decir: &lsquo;Me ha interesado Marlene Dietrich&rsquo; para ponerme yo a funcionar&rdquo;.</p>
<p>Las aventuras de Sherlock Holmes, el detective que se adelanta a los hechos, fueron detonantes. &ldquo;Doyle era una persona adusta, incapaz de despertar inter&eacute;s. Sin embargo, cre&oacute; un personaje fabulosamente divertido&rdquo;. &iquest;Asociaci&oacute;n encubierta? El rictus de su cara tira m&aacute;s a Watson; sea como fuere, el canon holmesiano le vino como anillo al dedo. La idea hamletiana de ver sin ser visto acompa&ntilde;a al autor desde <em>Impostura</em> -1984-. El espionaje es indisoluble a <em>Extra&ntilde;a forma de vida</em> -1997-. <em>Doctor Pasavento</em> -2005- no es sino la historia de un seguimiento a la rue Vaneau. Las treinta primeras p&aacute;ginas de <em>Exploradores del abismo</em> -2007- contienen tres asociaciones de escritor con esp&iacute;a. En <em>Fuera de aqu&iacute;</em> -2013- se arroga la paternidad de un libro inexistente, <em>El esp&iacute;a de la calle Lisboa</em>, atribuido a&ntilde;os atr&aacute;s a un autor ficticio: Manuel Cunha; y reivindica el ejemplo de Bufalino, el personaje de Hawthorne que abandona hogar y mujer para irse a vivir enfrente, a contemplar en secreto lo que ocurre en su casa y en el barrio durante los veinte a&ntilde;os que piensa estar desaparecido. En <em>Kassel no invita a la l&oacute;gica</em> -2014- refiere que John Millington Synge estuvo cinco veranos espiando a sus vecinos, y elabor&oacute; un libro de antropolog&iacute;a con lo recopilado; y no le duele se&ntilde;alar, como autor: &ldquo;Me dedicaba a espiar de qu&eacute; hablaba un casi centenario matrimonio alem&aacute;n sentado a mi lado&rdquo;, o: &ldquo;Sentado en aquella terraza del caf&eacute;, desde mi posici&oacute;n privilegiada de vigilancia&rdquo;. Sirvan estos casos sin &aacute;nimo exhaustivo. Yo mismo, antes de alcanzar el barrio del Coyote, donde vive, espi&eacute; su calle Rimbaud, que ya no existe, y no se lo pienso contar. Un rumor lejano de l&aacute;pidas eran estrellas fugaces.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Las lecturas y el mundo con que trabajo no entienden de nacionalidad&rdquo;</strong></p>
<p>En la encarnaci&oacute;n de <em>Marienbad el&eacute;ctrico</em> -2016-, Enrique Vila-Matas ha espiado, por primera vez, sin ocultarlo; sabiendo que la otra persona sabe; seguramente radica ah&iacute; el giro de tuerca. Pero ni as&iacute; evita sentirse desazonado, &ldquo;como un detective ansioso&rdquo;.</p>
<p><em>Marienbad </em>es un libro con el que no contaba. &ldquo;Me viene bien a&ntilde;adirlo al mundo de <em>Kassel</em> para ese que no quede aislado, pero no es la continuaci&oacute;n&rdquo;. <em>Marienbad</em> dispone de una extensi&oacute;n no asimilable a la novela, escapa de nuevo a clasificaci&oacute;n gen&eacute;rica e incluye media docena de im&aacute;genes a toda p&aacute;gina, relativamente conexas, con una leyenda al pie. La clave est&aacute; en Breton. &ldquo;Me gusta el misterio de <em>Nadja</em> -1928-, con esas fotos parisinas despojadas de inter&eacute;s y calidad incierta. En alguna rese&ntilde;a han hablado de Sebald. Me gusta, pero no era la intenci&oacute;n. En el fondo, Sebald hace <em>nadjas</em>&hellip; no hay nada original&rdquo;. El volumen lleva medio a&ntilde;o en librer&iacute;as argentinas, mexicanas y parisinas y no ha llegado a Espa&ntilde;a; por unos meses, tiene m&aacute;s obra editada en Francia. Est&aacute; a gusto al cobijo de editoriales independientes en estos pa&iacute;ses porque percibe que su tipo de literatura encaja mejor con el p&uacute;blico que acude a ellas. No tiene que ver con no ser autor espa&ntilde;ol, aunque &ldquo;es cierto que en Madrid triunfa un realismo centralista del que me siento lejos, y las lecturas y el mundo con que trabajo no entienden de nacionalidad&rdquo;.</p>
<p>-No tiene que ver con la mejor recepci&oacute;n de su obra fuera, desde aquel 85 en que <em>Historia abreviada de la literatura port&aacute;til</em> es traducida al italiano y obtiene una acogida sin igual en M&eacute;xico.</p>
<p>-Lo de <em>Historia abreviada</em> nunca se ha contado, yo me acabo de enterar. Anagrama estaba cobrando prestigio en Latinoam&eacute;rica, quiz&aacute;s sea la &uacute;nica editorial espa&ntilde;ola en conseguirlo. Sigue siendo perceptible en M&eacute;xico, Argentina, Chile, Per&uacute;,&hellip; Son libros caros, pero interesan. Y mi libro sali&oacute; en su cat&aacute;logo, eso para empezar. Para seguir, coleccion&oacute; 27 rese&ntilde;as en tres meses, hicieron de &eacute;l un <em>boom</em>. Estaba al tanto de que Christopher Dom&iacute;nguez Michael, el mejor cr&iacute;tico mexicano, entonces muy joven, escribi&oacute; una rese&ntilde;a, la primera, en la revista <em>Vuelta</em>. Pero desconoc&iacute;a que luego &iexcl;llegaron 26 de otros cr&iacute;ticos y en muy poco tiempo!</p>
<p>-Al rev&eacute;s que en Espa&ntilde;a.</p>
<p>-Aqu&iacute; la vieron como algo ex&oacute;tico y ligero, la calificaron de &ldquo;light&rdquo; en medio de la narrativa tan seria y profunda que hac&iacute;an los autores mesetarios. No concordaba con la <em>nueva narrativa espa&ntilde;ola</em>, centrada en <em>contar</em> <em>historias</em>.</p>
<p>A la carest&iacute;a del libro importado se une el desinter&eacute;s hacia la literatura espa&ntilde;ola. La primera vez que lo comprueba es hace dos a&ntilde;os en Palermo, Buenos Aires, la zona, dicen, con mayor ratio de caf&eacute;s y librer&iacute;as del mundo. Como el tiempo pasa y la situaci&oacute;n no prospera, decide acudir a peque&ntilde;os sellos aut&oacute;ctonos. &ldquo;Tengamos en cuenta que en Espa&ntilde;a hay un desinter&eacute;s secular hacia su literatura, considerada menor, como venida <em>del Nuevo Mundo</em>&rdquo;.</p>
<p>-&iquest;Y c&oacute;mo valora el caso Bola&ntilde;o?</p>
<p>-Volvimos a hacerlo mal. Lleg&oacute; tarde, cuando la repercusi&oacute;n a nivel mundial era imparable, no s&oacute;lo en Estados Unidos y Latinoam&eacute;rica. Se le recibi&oacute; con recelo, como a un intruso, y, a pesar de que al final consigui&oacute; lectores, el mundo oficial lo sigue despreciando. Los consagrados no le han dedicado palabra.</p>
<p>-&iquest;Es posible hacer una obra de arte que no lo sea?</p>
<p>-Dominique no pretende hacer arte. Me da la impresi&oacute;n de que pertenece al mundo de Duchamp igual que yo pertenezco al de Borges&hellip; al que no leo, pero le&iacute; y, por eso, est&aacute; presente. Salvo que seamos un nuevo planeta, como Kafka, que no viene de nadie -aunque quiz&aacute;s viene de Dickens-, todos pertenecemos a alguna esfera. Las pretensiones de Dominique son discretas, monta sus instalaciones sin decir <em>soy artista</em>&hellip; Duchamp alud&iacute;a a que <em>artista</em> viene del concepto medieval de <em>artesano</em>, de la persona que <em>hace cosas</em>.</p>
<p>-Quiz&aacute;s respondi&oacute; al momento hist&oacute;rico.</p>
<p>-S&iacute; es verdad que en aquella &eacute;poca el papel del artista estaba sobrevalorado. El creador era un dios, me refiero a Francia&hellip; aqu&iacute; nunca ha sido ni medio reconocido.</p>
<p>-Para ocultarse, &iquest;es necesario que alguien te est&eacute; buscando?</p>
<p>-Para ocultarse&hellip; alguien te ha de haber visto antes, eso por lo menos.</p>
<p>-Tambi&eacute;n puede ocurrir lo que a Pasavento: creer que te van a buscar y que no haya nadie.</p>
<p>-Ah&iacute; se me convirti&oacute; la novela en algo inesperado: el problema de Pasavento era de soledad. Quer&iacute;a urdir la historia de alguien que desea desaparecer y no prev&iacute;&nbsp; que nadie iba a preocuparse por &eacute;l.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;No he hecho m&aacute;s que revivir a autores para otorgarles una personalidad distinta&rdquo;</strong></p>
<p>-La desaparici&oacute;n en su obra es polis&eacute;mica. Se ocultan los personajes, el argumento, la propia escritura,&hellip; No s&eacute; si comprende una desaparici&oacute;n preventiva, contra alguien que ni siquiera nos conoce.</p>
<p>-Tambi&eacute;n. Es una conducta ante la vida. En el fondo, es prepararse para la muerte. Hace a&ntilde;os empec&eacute; a prepararme para la Gran Desaparici&oacute;n, a ocultarme e ir tanteando el camino. S&eacute; que dispongo, como todos, de un n&uacute;mero limitado de a&ntilde;os, cada vez m&aacute;s limitado. El que mira a la cara a la vida, ve a amigos y familiares borrarse en la niebla. Cada uno se enfrenta a la muerte como puede. La paradoja es que Dominique en este momento lo que est&aacute; haciendo sean, precisamente, <em>apariciones</em>&hellip; las llama as&iacute;&hellip; No explico en el libro en qu&eacute; consisten, pero las cito. <em>Aparecen</em> escritores que <em>son</em> ella. Se transforma por medio del maquillaje. Hace poco se convirti&oacute; en Poe. La vi apoyada en una pared de la biblioteca del Museo de Arte Moderno de Par&iacute;s. No avisa. Mis desapariciones han llevado a sus apariciones, en parte porque le expliqu&eacute; que hab&iacute;a visto a Rimbaud en el Puente de las Artes. &iexcl;Era id&eacute;ntico! Estaba muy drogado, deb&iacute;a de ser un joven parisino. Me pareci&oacute; que nadie le ve&iacute;a salvo yo, y que los escritores muertos reaparecen en lugares especiales, sin ser reconocidos por la mayor&iacute;a, para dar un toque de atenci&oacute;n a la minor&iacute;a. Es algo que me toca de cerca: en mis p&aacute;ginas no he hecho m&aacute;s que revivir a autores para otorgarles una personalidad distinta, en la l&iacute;nea de Marcel Schwob en <em>Vidas imaginarias</em> -1896-.</p>
<p>-En esa obra, las biograf&iacute;as resultantes, &iquest;son atribuibles a Schwob o a los propios personajes hist&oacute;ricos?</p>
<p>-Lo f&aacute;cil ser&iacute;a atribu&iacute;rsela a Schwob. En realidad, la responsabilidad est&aacute; compartida. Algo hay en ellos que permite la mutaci&oacute;n. Lo fundamental es que los personajes cuentan con una segunda vida, y esa segunda vida <em>literaria</em> no la borra una biograf&iacute;a al uso. En mi escritura, Robert Walser es otro, pero su figura permanece. Hablo de &eacute;l, no de otro; aunque apenas sepa nada de &eacute;l.</p>
<p>-Ha dicho que Dominique no anuncia las apariciones &iquest;A usted se las adelanta?</p>
<p>-Estoy advertido de que habr&aacute; el mes que viene, coincidiendo con los tres &uacute;ltimos d&iacute;as de la retrospectiva del Pompidou... As&iacute; me lo ha dicho: &ldquo;Habr&aacute; apariciones&hellip;&rdquo;.</p>
<p>-Suena a amenaza, &iquest;va a ir?</p>
<p>-No me lo permite el m&eacute;dico [silencio] Coincide con una revisi&oacute;n que vengo posponiendo seis meses, y no puedo relegar m&aacute;s.</p>
<p>-<em>Aparecer&aacute;</em> en la consulta.</p>
<p>-Ser&aacute; una <em>aparici&oacute;n</em> discreta. Antes lo har&eacute; en Par&iacute;s, para que vea que no me arredro, sin que Dominique me espere. Mi equipaje estar&aacute; pr&aacute;cticamente compuesto por una llave.</p>
<p>-&hellip;</p>
<p>-&hellip; Tengo la llave de la puerta 19.</p>
<p>-O sea, usted mismo forma parte de la instalaci&oacute;n, es un autor-personaje.</p>
<p>-Ella se fij&oacute; en mi inter&eacute;s por la <em>habitaci&oacute;n &uacute;nica</em> y ha optado por colocar una para m&iacute; que imita la de un hotel. Previamente, yo le hab&iacute;a sugerido exponer a Rimbaud en la habitaci&oacute;n que mont&oacute; en el Palacio de Cristal de Madrid.</p>
<p>-&iquest;Cu&aacute;ndo le hizo entrega de la llave?</p>
<p>-El d&iacute;a de la inauguraci&oacute;n, en p&uacute;blico. Me dijo: &ldquo;Entra si quieres&hellip; igual no te gusta lo que ves&rdquo;. Y <em>desapareci&oacute;</em>. La abr&iacute; s&oacute;lo una vez y me traje la llave a mi casa de Barcelona.</p>
<p>-&iquest;Qu&eacute; vio?</p>
<p>-&hellip; detr&aacute;s de la puerta, hab&iacute;a otra puerta&hellip; para la que ya no dispongo de llave. Cerr&eacute; y me fui sigilosamente, como si no la hubiera abierto. Ahora sue&ntilde;o con volver a Par&iacute;s y deslizarme hacia la habitaci&oacute;n. No me extra&ntilde;ar&iacute;a encontrar algo distinto, Dominique no descansa.</p>
<p>-&iquest;El di&aacute;logo entre los dos es continuado?</p>
<p>-A veces pasa tiempo sin que haya el menor contacto. Pero una respiraci&oacute;n invisible nos une. En cuanto una de las dos partes habla, la otra se pone en funcionamiento. En el &uacute;ltimo mensaje, me adjunt&oacute; una foto del <em>Pr&iacute;ncipe negro </em>de Paul Klee, desde Dusseldorf, descolgado, en el suelo. Evidentemente, est&aacute; respondiendo a &lsquo;Rosa Schwarzer vuelve a la vida&rsquo;.</p>
<p>-&iquest;Usted estuvo en Dusseldorf?</p>
<p>-S&iacute;, en 1989. El texto naci&oacute; de la visita al museo. No levantaba la mirada del cuadro y la vigilante, que llevaba un rato inquieta, me advirti&oacute; de que, si me acercaba m&aacute;s, corr&iacute;a el riesgo de hacer saltar la alarma. Mi traductor me lo tradujo as&iacute;: &ldquo;Dice que vive alarmada&rdquo;. Se explic&oacute; mal en espa&ntilde;ol el traductor, pero fue genial. Al salir anot&eacute; en una tarjeta-postal que le regal&eacute; a &eacute;l: &lsquo;Hacer un cuento sobre mujer alarmada y <em>Pr&iacute;ncipe negro&rsquo;</em>. Tantos a&ntilde;os despu&eacute;s, me encuentro con el cuadro descolgado&hellip; y me pregunto c&oacute;mo lo habr&aacute; logrado sin hacer saltar la alarma; &iquest;o salt&oacute;?... &iquest;Deb&iacute; hacer yo en su d&iacute;a que sonara?... Dice Paula [de Parma] que los artistas me estimulan, me ponen en movimiento... y es verdad. El escritor pasa mucho tiempo solo, lleno de dudas. Colaborar est&aacute; bien para, entre otras cosas, escapar del encierro.</p>
<p>-Esa <em>respiraci&oacute;n invisible</em>, as&iacute; como sentirse guiado por una fuerza denotan cierta espiritualidad.</p>
<p>-La idea de sentirse guiado le puede pasar a bastantes personas, creo. Adoro un cuento de Philip Dick en que sale una Oficina de Ajustes, que es una zona del cielo desde la que se mueve a los personajes hacia zonas de inter&eacute;s, previni&eacute;ndoles de situaciones destempladas. A veces tengo la sensaci&oacute;n de que trabaja en m&iacute; y me lleva a situaciones ins&oacute;litas. Cuando alguien est&aacute; conmigo y ocurren cosas extra&ntilde;as, explico: &ldquo;Es que arriba hay una Oficina de Ajustes&rdquo;.</p>
<p>-Ajustes necesitar&iacute;an los lectores, o, por mejor decir, los no-lectores. Ayer le&iacute; que la venta del libro electr&oacute;nico, que era baja, ha ca&iacute;do. Ya ni siquiera es problema del soporte. Habr&aacute;n fallado todos los eslabones -editores, cr&iacute;ticos, distribuidores, libreros, escritores&hellip;-, pero, sobre todo, la gente, sencillamente, no lee. Advierto una actitud hostil ante la lectura, un moh&iacute;n como de asco en quien me ve por la calle con un libro.</p>
<p>-Hace quince a&ntilde;os estaba asentada la noci&oacute;n de que escribir era una tarea respetable. Eso ha desaparecido. No hace mucho sali&oacute; el tema en la tertulia de los domingos, a la que acude, entre otros, Juan Mars&eacute;. Compartimos el diagn&oacute;stico de que casi existe desprecio. Te preguntan c&oacute;mo lo haces para ganarte la vida&hellip; esas preguntas no se o&iacute;an desde hace cuarenta a&ntilde;os.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Europa es un mundo acabado, de vuelta&rdquo;</strong></p>
<p>-En <em>Dublinesca</em> -2010- dice que, si se le exige talento a un editor y a un escritor, tambi&eacute;n habr&iacute;a que exig&iacute;rselo a lector. Propone un contrato moral.</p>
<p>-Seg&uacute;n las encuestas, el cincuenta por ciento del pa&iacute;s no ha le&iacute;do un libro nunca, no hacen falta muchas luces para darse cuenta de que as&iacute; es. Leer bobadas encuadernadas no es leer. Cada vez dudo m&aacute;s que el lector de nuestro pa&iacute;s quiera firmar un contrato de ese tipo. <em>Kassel </em>march&oacute; mejor en Italia que en Espa&ntilde;a debido a su tradici&oacute;n cultural. El pa&iacute;s ser&aacute; ca&oacute;tico, pero siempre ha valorado el arte. De Francia, &iquest;qu&eacute; decir?, siempre se ha le&iacute;do all&iacute;. Se nota diferencia con lo que ocurre en el entorno: Inglaterra, Portugal, Alemania&hellip; Y eso que en Europa la lectura est&aacute; de capa ca&iacute;da. Am&eacute;rica es otro mundo: Coetzee acaba de volver de Argentina y ya ha visto c&oacute;mo ha comentado los debates culturales que presenci&oacute;. En Am&eacute;rica carecen del escepticismo europeo.</p>
<p>-Lo habr&aacute; comprobado en Guadalajara, M&eacute;xico, de donde acaba de venir.</p>
<p>-Una vez m&aacute;s. En lugar de desconfianza, encuentras pasi&oacute;n. Lo confunden, o lo quieren confundir, con ingenuidad; es entusiasmo ante la cultura, llanamente. El p&uacute;blico anota los libros que citan los autores en las mesas. Eso aqu&iacute; no se ve. Europa es un mundo acabado, de vuelta, que no encuentra nada interesante.</p>
<p>- Conducta que lleva a la muerte, a la extinci&oacute;n.</p>
<p>- Del todo. Para vivir hace falta entusiasmo, y para ir adelante es necesario encontrar sentido en las cosas. Coppola dec&iacute;a hace poco en un art&iacute;culo que al cine actual le falta la <em>pasi&oacute;n</em> de los pioneros. Los pioneros hac&iacute;an arte; sin saberlo, vale, pero ah&iacute; estaban, inventando <em>formas</em>. La comercializaci&oacute;n hizo desaparecer con el tiempo lo art&iacute;stico, pero, en su momento, estaban investigando, que es lo que se debe exigir a un artista.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Arrastramos un problema de educaci&oacute;n y cultura desde hace siglos; ahora est&aacute; peor que nunca, desde luego&rdquo;</strong></p>
<p>- En Guadalajara, hace unos a&ntilde;os, se realiz&oacute; una encuesta entre la gente del libro para estimar el n&uacute;mero de lectores que hay en Espa&ntilde;a. El resultado fue entre cinco mil y diez mil.</p>
<p>- Yo dije que hab&iacute;a muy pocos y me criticaron en internet.</p>
<p>- Le iba a preguntar si no le parec&iacute;an cifras optimistas.</p>
<p>- Mi c&aacute;lculo fue entre tres mil y cinco mil. Hace a&ntilde;os recuerdo que un hombre me pregunt&oacute; y le traslad&eacute; mi visi&oacute;n del estado de las cosas. Lo deprim&iacute;. &ldquo;Pero, &iquest;qu&eacute; le has dicho?&rdquo;, me preguntaron, al verle marchar. Era el director de C&iacute;rculo de Lectores, yo no lo sab&iacute;a. Acababa de salir en Anagrama una biograf&iacute;a de James Joyce y pronostiqu&eacute; que, tirando por lo alto, no encontrar&iacute;a m&aacute;s de tres mil lectores. Que una biograf&iacute;a potente sobre una figura clave en la literatura del XX no encuentre m&aacute;s de tres mil lectores en un pa&iacute;s que supera los cuarenta y seis millones de habitantes&hellip; es deplorable. Refleja una salud mental funesta. Arrastramos un problema de educaci&oacute;n y cultura desde hace siglos; ahora est&aacute; peor que nunca, desde luego.</p>
<p>- Lo positivo es que el libro tradicional resiste.</p>
<p>-Pero, &iquest;qui&eacute;n va a comprar el otro y para qu&eacute;? El triunfo del libro impreso sobre el digital es l&oacute;gico. Qu&eacute; exageraci&oacute;n: p&aacute;ginas y p&aacute;ginas sobre el <em>fen&oacute;meno</em> en los peri&oacute;dicos m&aacute;s importantes P&aacute;ginas dobles y triples para anunciar la llegada el libro ese&hellip; que, adem&aacute;s, iba contra el sector de la prensa&hellip; P&aacute;ginas vestidas de informaci&oacute;n objetiva y era pura presi&oacute;n comercial...</p>
<p>-La segunda etapa de su carrera, fundada sobre las columnas de <em>Porque ella no lo pidi&oacute;</em>, da paso a <em>Dublinesca</em>. Se aprecia un cambio. Nunca una novela suya va a ser convencional, pero &eacute;sa y <em>Aire de Dylan</em> -2012- se ven distintas, m&aacute;s entendibles aun conteniendo cargas de profundidad simb&oacute;licas. &iquest;Fue premeditado?</p>
<p>-No, no lo fue. Estoy de acuerdo: <em>Dublinesca</em> no es un libro m&iacute;o. En <em>Aire de Dylan</em>&hellip; el tema era el fracaso&hellip; y fracas&eacute;. Igual lo necesitaba. Hay quien la defiende&hellip; hombre, tiene su gracia, igual alg&uacute;n d&iacute;a se ve con otros ojos. Pero reconozco que me reencuentro en <em>Kassel</em>.</p>
<p>-En aquel momento pens&eacute; que se hab&iacute;a producido una especie de p&eacute;rdida de inocencia. Controlaba demasiado la trama, casi se trasluc&iacute;a la carpinter&iacute;a.</p>
<p>-En <em>Dublinesca</em> lo que sucedi&oacute; es que, por primera vez, me propuse escribir una novela, y hay que reconocer que lo consegu&iacute;. Pero el &aacute;ngel no est&aacute; en ninguno de los libros que cita. Lo admito encantado. No influy&oacute; el cambio de editorial: no descuid&eacute; mi empe&ntilde;o de no traicionarme. Es m&aacute;s: <em>Dublinesca</em> arranc&oacute; estando todav&iacute;a en Anagrama. Cuando tienes una obra tan larga, sucede lo que con un equipo de f&uacute;tbol: no siempre juegas bien. Al menos a eso alude Luis Enrique cuando el Bar&ccedil;a empata o pierde&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Mi intento constante ha sido innovar&rdquo;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-Pamuk ha dicho que si de algo se arrepiente es de no haber sido m&aacute;s radical en la literatura.</p>
<p>-Siempre piensas por qu&eacute; no haces el libro de tu vida, ese que tienes dentro y no sale. Si supiera sacarlo, lo har&iacute;a. &iquest;De qu&eacute; circunstancias depende? No sabes. Mi intento constante ha sido innovar. Tres de mis cinco primeros libros son malos. Despu&eacute;s sigue habiendo obras sin ventura, pero con cierto donaire: <em>Lejos de Veracruz</em> -1995-, por ejemplo, que est&aacute; bien sin m&aacute;s. Ah&iacute; no se apreci&oacute; mi ca&iacute;da porque ya estaba en el suelo. El peligro surge cuando enlazas un par de obras o tres de entidad. Si me equivocase ahora se notar&iacute;a mucho. Y no faltar&iacute;a quien se alegrara: &ldquo;&iquest;Ves?, ya dec&iacute;a yo que no val&iacute;a, lo que pasa es que lo han encumbrado&rdquo;. No estar&iacute;a mal que ocurriera para verlo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;En mi escritura siempre he tendido puentes con el pasado&rdquo;</strong></p>
<p>-Vamos a un asunto importante. Ha dicho que el verdadero tema de <em>Bartleby</em> es &ldquo;la cuesti&oacute;n m&aacute;s relevante de la Modernidad: qui&eacute;n soy yo para escribir, qui&eacute;nes los otros para leerme&rdquo;. En la parte m&aacute;s l&iacute;quida de la posmodernidad las preguntas cambian a &lsquo;qui&eacute;n no soy yo para escribir&rsquo;, se iguala a autor y a lector, y se abandonan las jerarqu&iacute;as. En el l&iacute;o montado entre modernidad y posmodernidad, conceptos porosos, &iquest;d&oacute;nde se sit&uacute;a? &iquest;Se puede ser posmoderno, de acuerdo con la sociedad, al tiempo que moderno, defendiendo los valores fuertes: historia, realidad, verdad,&hellip;?</p>
<p>-Leyendo su entrevista a Javier Cercas en <em>Turia</em> me acord&eacute; de David Foster Wallace, concretamente de aquella respuesta que dio en una entrevista y en la que yo tambi&eacute;n me hab&iacute;a fijado: &ldquo;Volvamos un poco a Dostoievski, no seamos tan ultramodernos&rdquo;. Estoy de acuerdo. En el fondo, yo siempre he trabajado con los libros cl&aacute;sicos de mi biblioteca. Modernos, pero cl&aacute;sicos. En mi escritura siempre he tendido puentes con el pasado y recuperado autores y conceptos abandonados entre renglones. No es una carrera desenfrenada hacia delante. Me dejo llevar sabiendo ad&oacute;nde voy y de d&oacute;nde vengo, y, sobre todo, ad&oacute;nde no quiero llegar. Estoy conectado con lo cl&aacute;sico m&aacute;s que con la vanguardia, en realidad. Aunque hay libros de vanguardia que se han hecho cl&aacute;sicos y, por tanto, tambi&eacute;n los trabajo. No todo vale igual, por favor; eso es lo que venden los productores de basura literaria.</p>
<p>-La contraportada de <em>Aire de Dylan</em> dec&iacute;a que se trataba de &ldquo;una implacable cr&iacute;tica contra el posmodernismo&rdquo;, advertencia retirada a partir de la segunda edici&oacute;n.</p>
<p>-Ped&iacute; yo que fuera retirada. Era una frase que no se compadec&iacute;a con el contenido real del libro. Adem&aacute;s, estaba en un sitio demasiado visible. El resumen que hicieron de la novela tampoco acab&eacute; de entenderlo.</p>
<p>-Fue plenamente moderno justo en la anterior, <em>Dublinesca</em>, donde reivindicaba la resurrecci&oacute;n del <em>autor</em>.</p>
<p>-Ah&iacute; habr&iacute;a tenido m&aacute;s sentido la exhortaci&oacute;n. En <em>Aire de Dylan</em> despistaba. No controlas el <em>marketing</em>: fajas, contraportadas, <em>dossiers</em> de prensa&hellip; te encuentras con cosas as&iacute; y qu&eacute; haces. Yo defiendo lo que hay dentro.</p>
<p>-Corre la especie de que son los autores quienes redactan solapas y dem&aacute;s.</p>
<p>-En Anagrama les pas&aacute;bamos algo que despu&eacute;s se supone que ellos mejoraban. Cada vez se estila menos y no por af&aacute;n editorial, sino debido a las miserias de la promoci&oacute;n, o sea, persiguiendo optimar la venta. En algunas editoriales llegan al punto de marcarte los temas que entienden de inter&eacute;s antes de que se produzca la primera entrevista, para que te adecues a esos puntos marcados ante los periodistas... Casi te obligan a construir un relato suyo. Con <em>Marienbad</em> he participado en la contraportada de la edici&oacute;n espa&ntilde;ola y he podido as&iacute;&nbsp; aclarar que fue un encargo, cuesti&oacute;n importante.</p>
<p>La promodernidad de Enrique Vila-Matas queda patente en las recomendaciones que realiza cada treinta d&iacute;as en su web. Hace un par de meses se fij&oacute; en <em>Una revoluci&oacute;n de la mente</em>, de Jonathan Israel, dedicado al pensamiento radical que prorrumpi&oacute; en segunda mitad del siglo XVIII. De nuevo, las ideas fuertes. Ha estado con Spinoza, ha vuelto sobre libros que conoc&iacute;a de Diderot y a otros en los que no se hab&iacute;a internado &ndash;<em>El sobrino de Rameau</em>-. &ldquo;Naturalmente, con el tiempo te abres no s&oacute;lo como lector, sino como autor, desde el propio sentimiento de creaci&oacute;n literario&rdquo;. Lo que no le impide seguir descartando cajones literarios, la novela policiaca por ejemplo. &iquest;No le interesa a &eacute;l&hellip; o habr&iacute;a que especificar que no le interesa a <em>su mundo</em>? Reconoce que hay buenas novelas negras, pero, al contrario de lo que le sucede al com&uacute;n, le resultan un <em>rollazo</em>. De manera equivalente, descarta cierto tipo de poes&iacute;a sin tensar... as&iacute; como cuadros, m&uacute;sicas, pel&iacute;culas, esculturas, programas televisivos&hellip; da la sensaci&oacute;n que aceras, farolas, pantalones, servilletas de bar... &ldquo;En seguida s&eacute; si algo es para m&iacute;&rdquo;. El autor pesa sobre la persona&hellip; &iquest;O es la persona la que determina los gustos del autor? Ser fiel a uno mismo es ser fiel al mundo que te habita.</p>
<p>Para dar a conocer lo que piensa, recurre a Piglia: &lsquo;A un autor se le conoce, m&aacute;s que por lo que acumula, por lo que descarta&rsquo;. Y esas decisiones las toma en la vida, no en la obra, aunque repercutan en la obra. Hay que negarse a cosas que pudieran ser atrayentes; lo contrario est&aacute; al alcance de cualquiera.</p>
<p>Dentro del pensamiento de los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os, escoge autores de talante cr&iacute;tico e ilustrado, demostrando que en la posmodernidad hay una modernidad escondida. No en vano, a Guy Debord, de quien suscribe su lema <em>No trabaj&eacute;is</em>, se le debe <em>La sociedad del espect&aacute;culo</em>, un latigazo contra la frivolizaci&oacute;n contempor&aacute;nea. Barthes, etapas y contradicciones aparte, no es menos sesudo. Vila-Matas est&aacute; frente al sistema sin parapetos. &ldquo;Hay que decir la verdad&rdquo;. Y a fe que la dijo el 28 de noviembre de 2015, en el discurso de aceptaci&oacute;n del Juan Rulfo. Aquel ataque abovedado contra la industria editorial lo titul&oacute; &lsquo;El futuro&rsquo;. El sector del espa&ntilde;ol en el mundo, al completo entre el p&uacute;blico. Una periodista mexicana le alab&oacute; la valent&iacute;a. M&aacute;s graciosa fue la admisi&oacute;n de Rodr&iacute;guez Marcos en <em>El Pa&iacute;s</em>: &ldquo;Naturalmente, nadie se dio por aludido&rdquo;. Consciente de que es en la cita donde se puede, y debe, ser verdaderamente original, recurri&oacute; a Levrero para explicar la procedencia de la destrucci&oacute;n de los escritores, y, con ella, la de la propia escritura: &ldquo;Se deprimen &ndash;indica- porque no toleran la idea de tener que vivir en un mundo estropeado por los imb&eacute;ciles&rdquo;. Hab&iacute;a comenzado: &ldquo;He venido a hablarles del futuro. Supongo que del futuro del libro (&hellip;) Mi biograf&iacute;a va del nacimiento del <em>rock and roll </em>&nbsp;a los atentados de este noviembre de Par&iacute;s&rdquo;.</p>
<p>-Igual aplaudieron.</p>
<p>-Efusivamente. Creo que no escucharon. Mientras hablaba, deb&iacute;an de estar pensando en sus cosas. Los disculpo. Lo cierto es que todo lo que la industria editorial encuentra pesado, reflexivo o literario, lo aparta: en realidad no soporta la literatura. Utilic&eacute; el discurso como un manifiesto. La sociedad del espect&aacute;culo es irritante. Me molestan los que se autodenominan antisistema y est&aacute;n en el sistema, pas&aacute;ndolo bien, y hablan de montar &ndash;o montan- peque&ntilde;as editoriales ajenas a presiones comerciales dentro de multinacionales. Queda muy bien, pero es hip&oacute;crita. Yo no juego a eso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Escribir es un psicoan&aacute;lisis&rdquo;</strong></p>
<p>-A partir de la escisi&oacute;n del yo, &iquest;conocerse es desconocerse?</p>
<p>-La idea es que no s&eacute; qui&eacute;n soy. Nadie sabe qui&eacute;n es. A partir de ah&iacute;, operan la incertidumbre y la angustia; m&aacute;s la duda de si es mejor no saberlo. La pr&aacute;ctica literaria me lleva a desconocerme, efectivamente, pero, al mismo tiempo, me lleva a pensar; y en ese proceso se construye mi personalidad. Es positivo desconocerse, por tanto. En la poes&iacute;a hay desconocimiento. <em>Soy el que se desconoce</em>, podr&iacute;a decir. Gracias a ello, mi vida cuenta con una firmeza que no tiene la del que cree conocerse. Escribir es un psicoan&aacute;lisis: mientras lo haces &ndash;no antes ni despu&eacute;s- surgen ideas impensadas, surgen ellas solas. Son la famosa inspiraci&oacute;n, que no obedece al procedimiento normalmente atribuido: la inspiraci&oacute;n no entra de fuera, sino que sale de dentro. De lugares inesperados, de asociaciones mentales&hellip; La inspiraci&oacute;n te lleva a lugares que no conoc&iacute;as que est&aacute;n dentro de ti.</p>
<p>-Y le hace salir de usted.</p>
<p>-Me hace salir, s&iacute;, s&iacute;&hellip; Si al final no sales de ti, no consigues nada.</p>
<p>-&iquest;Ha sentido la tentaci&oacute;n de registrarse bajo otro nombre en un hotel?</p>
<p>-No es necesario, la realidad me inscribe bajo otro nombre cuando llego. Todo est&aacute; en el <em>Quijote</em>. Don Quijote es alguien que quiere ser otro; esa es, b&aacute;sicamente, la historia de la ficci&oacute;n. Despu&eacute;s de publicar <em>Impostura</em> me dijeron que mi tema era la identidad... Yo s&oacute;lo quer&iacute;a contar una historia, y me desvi&eacute;. En los desv&iacute;os, como en los callejones sin salida, encuentro el camino.</p>
<p>-Usted es otro dentro del arte. &iquest;En la vida personal necesita solidez?</p>
<p>-Con mi exterioridad juego. Me puedo presentar diferente, a riesgo de no ser entendido. En la vida personal, en efecto, soy <em>yo</em>: no se puede llevar una m&aacute;scara todo el rato. Lo comprob&eacute;, de joven, en la casa de Dal&iacute;, en Cadaqu&eacute;s. Entr&eacute; acompa&ntilde;ado de un amigo com&uacute;n y me dediqu&eacute; a observar&hellip; Era un se&ntilde;or normal&iacute;simo, como de Figueras. Pero, ay, en un momento, la criada anunci&oacute; la llegada de una periodista venida de Par&iacute;s&hellip; &iexcl;y vaya n&uacute;meros empez&oacute; a montar!&hellip; pas&oacute; a ser otra persona, otra persona que estaba dentro de &eacute;l; no la inventaba. Son las dos vertientes. Normal que se diga que Dal&iacute; fue uno de los &uacute;ltimos <em>grandes artistas</em>.</p>
<p>-Dicen que Arrabal estaba esperando -en Par&iacute;s- a un periodista procedente de Nueva York y cuando llam&oacute; desde abajo, procedi&oacute; a quitarse la ropa para recibirle desnudo. Cre&iacute;ble: a Juan Carlos Soriano, en mitad de una entrevista en El Ojo Cr&iacute;tico, le espet&oacute; en directo: &ldquo;En este libro me muestro tal como estoy ante usted: completamente desnudo&rdquo;.</p>
<p>-Pues yo siempre hab&iacute;a tenido la impresi&oacute;n de que Arrabal en privado ten&iacute;a que ser parecido a como se muestra en p&uacute;blico. Igual sus momentos de <em>normalidad</em> son una <em>performance</em>&hellip;</p>
<p>-Lo que veo es que siempre acude bien acompa&ntilde;ado a las casas. A Marguerite Duras lleg&oacute; mediante un procedimiento semejante.</p>
<p>-Todo es casual.</p>
<p>-La Oficina de Ajustes&hellip;</p>
<p>-Es la Oficina. Michi Panero me hab&iacute;a presentado a Adolfo Arrieta y a Javier Grandes, t&iacute;o de Almudena, pintor y torero, personaje genial. Los dos viv&iacute;an en Par&iacute;s, se dedicaban al cine y a re&iacute;r. Yo fui porque me sent&iacute;a en una encrucijada: deseaba independizarme y en Barcelona no ten&iacute;a donde caerme. La primera casualidad fue que a Grandes le hubiera alquilado una buhardilla Duras. La segunda, tropezar con ella por la escalera al llegar yo. Yo nunca he buscado nada. Aparte de que si <em>trabajas</em> una cosa lo probable es que no te salga o te salga mal: acu&eacute;rdese de Umbral cu&aacute;nto quer&iacute;a entrar en la Academia y nada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La Academia no me produce m&aacute;s que desgana&rdquo;</strong></p>
<p>-Bonald tambi&eacute;n lo ambicion&oacute;. Perdi&oacute; dos votaciones.</p>
<p>-Normal. Es l&iacute;cito, pero puede frustrar. Se da la paradoja cruel de que lo que t&uacute; anhelas, otro lo desprecia. A m&iacute; me ofrecieron un sill&oacute;n en la Academia dos veces y no acept&eacute;&hellip; Lisamente, no me veo, tendr&iacute;a que desplazarme desde Barcelona&hellip; Todav&iacute;a siendo de Madrid&hellip; pues, de camino a un caf&eacute;, te dejas caer por all&iacute;; no deja de ser una tertulia. En la distancia no me produce aquello m&aacute;s que desgana.</p>
<p>-Hombre, y usted pertenece a la vanguardia; los impresionistas se situaban contra el arte de academia; los cineastas de la Nouvelle Vague, &iacute;dem de lienzo&hellip;</p>
<p>-Entr&eacute; cuando me fue concedido el premio de la RAE y no le digo lo que vi, pero era poco atractivo... Herralde, mi editor entonces, me preguntaba <em>por qu&eacute; te niegas</em>; supongo que deseaba mi bien&hellip; &ldquo;Es que no voy a ir nunca, no puedo aceptar&rdquo;, y respond&iacute;a con gracia: &ldquo;Pero si no vas, no te van a enviar a la Guardia Civil&rdquo;.&nbsp; Conozco muchos escritores, pero pocos acad&eacute;micos, lo digo sin retint&iacute;n: tengo muy pocos amigos tras esos muros. Cada vez aprecio m&aacute;s compartir un rato tranquilo con gente que me es cercana&hellip; soy un hombre de Figueras.</p>
<p>-&iquest;Por qu&eacute; no ha hecho m&aacute;s cine?</p>
<p>-No puedo con m&aacute;s actividades: me ha costado much&iacute;simo escribir. Si quieres hacerlo m&iacute;nimamente bien, cuesta, no nos enga&ntilde;emos. Es tarde para tom&aacute;rmelo en serio.</p>
<p>-&iquest;Ni cortometrajes?, trabajos que no requieran un aliento largo. Sospecho que le surgen ideas.</p>
<p>-Procuro tener los pies en el suelo, igual que con la poes&iacute;a. Tampoco me siento capaz de ella. Soy muy lector, me gusta y la respeto, pero, o se hace bien o para qu&eacute;&hellip; y yo no la har&iacute;a bien. Saberlo me relaja: desaparece la competitividad con los poetas y leerlos se convierte en una actividad relajante. El cine que me gusta proviene del <em>underground</em> de los sesenta, har&iacute;a trabajos experimentales, como DGF, pero tendr&iacute;a problemas de producci&oacute;n.</p>
<p>-&iquest;C&oacute;mo consigui&oacute; producci&oacute;n para <em>Fin de verano</em> -1970-?</p>
<p>-Por v&iacute;a familiar. Mi padre pag&oacute; la cinta y, despu&eacute;s de un pase privado, me retir&oacute; con buenas maneras el apoyo. Cuando vi su cara supe que mi carrera hab&iacute;a terminado. &ldquo;Si no he entendido mal, la pel&iacute;cula habla de la destrucci&oacute;n de la familia&rdquo;. &ldquo;S&iacute;, ese es el tema&rdquo;. &ldquo;Pues entonces tendr&aacute;s que seguir solo por ese camino&rdquo;. La present&eacute; al Festival de Benalm&aacute;dena, queda clasificada la &uacute;ltima en la votaci&oacute;n de los cr&iacute;ticos, y todo ah&iacute; se acab&oacute;.</p>
<p>-Una escena me recuerda las recetas can&iacute;bales de Topor: el invitado se dispone a cortar un dedo de la sirvienta para com&eacute;rselo. &iquest;El guion estaba planificado?</p>
<p>-Qu&eacute; va. Eso se me ocurri&oacute; la ma&ntilde;ana en que lo rod&eacute;. Cada ma&ntilde;ana, al despertar, escog&iacute;a a los actores -entre amigos veraneantes de Cadaqu&eacute;s- y el escenario. Y todo, en plano secuencia.</p>
<p>-El plano secuencia se ha puesto de moda con el digital.</p>
<p>-Antes era muy delicado. En mi caso se deb&iacute;a a la precariedad: no sab&iacute;a montar. Me ayud&oacute; Xavier Miserachs. Fue un lujo contar con &eacute;l en la fotograf&iacute;a, logramos im&aacute;genes extraordinarias. Descubr&iacute; que para ser director de cine apenas hay que saber nada, basta con tener un buen director de fotograf&iacute;a. Y Xavier Miserachs era incre&iacute;ble.</p>
<p>-Para ser director de cine hay que tener la idea.</p>
<p>-La idea y el sello. Por lo dem&aacute;s, con un equipo adecuado basta.</p>
<p>-En el libro cita unas cuantas pel&iacute;culas: <em>Fitzcarraldo</em> -1982-, de Werner Herzog; <em>India song</em> -1975-, de Marguerite Duras; <em>Film</em> -1965-, de Beckett; <em>Tokio-Ga</em> -1985- de Wenders; <em>Vive l&rsquo;amour</em> -1994- de Tsai Ming-Liang; y <em>The last film</em> -2008-, de DGF. Son pel&iacute;culas de artista, de escritores, por las que se camina. En <em>Marienbad el&eacute;ctrico</em> se pasea pero no tanto como en <em>El a&ntilde;o pasado en Marienbad</em> -1961-.</p>
<p>-No tengo muy claro ni siquiera si se pasea&hellip; s&iacute;, bueno, hay cambios de escenario&hellip; Podr&iacute;a precis&aacute;rmelo mejor usted, que la acaba de leer. Est&aacute; escrita fragmentariamente y sin corregir, en estado de felicidad. La hice en un mes y&hellip; ten&iacute;a que haber sido m&aacute;s corta. He de echarle un ojo antes de enfrentarme a las entrevistas.</p>
<p>-<em>El a&ntilde;o pasado </em>es como un baile, no hacen otra cosa que moverse por los pasillos del balneario y por los jardines.</p>
<p>-Est&aacute;n siempre en dos planos, como en <em>La invenci&oacute;n de Morel</em> -1940-. Viene a ser la relaci&oacute;n que mantengo con Dominique. No puedo relajarme y ser un amigo manso. Cuando hablamos es como si estuvi&eacute;ramos trabajando, no lo explicito en la novela pero es la idea. Varias personas amigas me han preguntado <em>qui&eacute;n es ella</em>. No la sit&uacute;an en mi vida. Est&aacute; <em>desaparecida</em>. Con ella paseo tambi&eacute;n por correo electr&oacute;nico.</p>
<p>-El paseo es un n&uacute;cleo de su obra. En <em>Kassel </em>&nbsp;se practica con profusi&oacute;n. &iquest;Es capaz de hacerlo mentalmente? Cuando estuvo ingresado a causa del colapso f&iacute;sico, por ejemplo.</p>
<p>-Tengo que decir la verdad: lo intent&eacute; pero no lo consegu&iacute;. Me encontraba angustiado en la habitaci&oacute;n.</p>
<p>-&iquest;&hellip; se trataba de una <em>habitaci&oacute;n &uacute;nica</em>?&hellip;</p>
<p>-&hellip; para m&iacute;, s&iacute;. Del todo. Desde ella no alcanzaba el concepto general de <em>hospital</em>. Era una plasmaci&oacute;n po&eacute;tica, y nada disfrutable, de la idea que gobierna <em>Marienbad</em>, adonde llego despu&eacute;s de haber visitado varias estancias as&iacute;.</p>
<p>-No logr&oacute; <em>huir</em>.</p>
<p>-Paula me llev&oacute; <em>Plan de evasi&oacute;n</em> -1945-. No lo acab&eacute; nunca.</p>
<p>-Ese libro sale en la conversaci&oacute;n que mantiene con Dominique en <em>Nocturama</em> -2008-. Lo relaciona, lorquianamente, con el concepto <em>duende</em>. Tambi&eacute;n cita <em>zarandaja</em>.</p>
<p>-Es verdad. El duende aparece en situaciones de dificultad&hellip;</p>
<p>-Una interpretaci&oacute;n original. Entonces Dominique pregunta si el duende es un <em>plan de evasi&oacute;n</em>, y sale Bioy.</p>
<p>-Veo que todo est&aacute; constantemente relacionado. Es una tela de ara&ntilde;a. No lo ten&iacute;a presente. Aquella conversaci&oacute;n discurri&oacute; en 2007, en la casa de los Lorca en Granada, hoy museo. Coincidi&oacute; en el tiempo, m&aacute;s o menos, con mi colapso, o con mi recuperaci&oacute;n. Yo necesitaba escapar del hospital, eso est&aacute; claro&hellip; le voy a decir que en la <em>habitaci&oacute;n &uacute;nica</em> del hospital me tiraba las ma&ntilde;anas concentr&aacute;ndome en un buen plan que llevar a cabo, y cuando ca&iacute;a la tarde parec&iacute;a que lo hiciera sobre mi cabeza. La oscuridad me persuad&iacute;a de que no hab&iacute;a <em>salida</em>. Con la ayuda &uacute;nica de la mente, a palo seco, no logr&eacute; nada. Me fallaron las fuerzas cerebrales, si es que existen. Ni siquiera dispon&iacute;a de televisi&oacute;n y mi compa&ntilde;ero de celda era un moribundo, vamos, una situaci&oacute;n&hellip;</p>
<p>-&hellip; agradable&hellip;</p>
<p>-&hellip; mucho. La familia del moribundo pululaba todo el rato entre las dos camas. &Uacute;nicamente dispon&iacute;a de soledad y silencio cuando llegaban las ideas f&uacute;nebres: al atardecer; y mi &aacute;nimo, lejos de mejorar, empeoraba.</p>
<p>-De escribir ni hablamos. Ni anotaciones.</p>
<p>-Nada.</p>
<p>-En este art&iacute;culo de 2002 habla del encierro provechoso, particularmente en hospitales: Sebald, Luis Pimentel,...</p>
<p>-Los poemas del hospital de Pimentel me encantaron. Pasaba los domingos aburrido, confinado, cumpliendo su turno. Mis condiciones f&iacute;sicas no me permit&iacute;an siquiera leer peri&oacute;dicos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Olvidas para sobrevivir&rdquo;</strong></p>
<p>-&iquest;Cu&aacute;nto dur&oacute;?</p>
<p>-Fueron dos semanas separadas por cinco meses. Dejaron una larga estela. Lo curioso es que en <em>Dietario voluble</em> y en <em>Exploradores del abismo</em> volqu&eacute; la descripci&oacute;n de mi tratamiento, y no lo recordaba. Hace poco di con ello y me quede paralizado. Una rutina que padec&iacute; diariamente durante demasiado tiempo no dej&oacute; en m&iacute; ninguna huella consciente. Te adaptas a las circunstancias, por desfavorables que sean. Y olvidas para sobrevivir.</p>
<p>-El alma necesita al cuerpo.</p>
<p>-Recuperar el cuerpo y volver a la vida fue el origen de <em>Dublinesca</em>, no es broma. So&ntilde;&eacute; que hab&iacute;a bebido mucho en Dubl&iacute;n y me desplomaba, y mi mujer me recog&iacute;a, y los dos llor&aacute;bamos abrazados, tirados por el suelo. Fue de una intensidad insoportable. Se produjo al poco del alta, en cuanto empec&eacute; a estar sano, a consecuencia del subid&oacute;n. Fue m&aacute;s v&iacute;vido que la vida. <em>Dublinesca</em> es mi viaje al origen del sue&ntilde;o. Tuve que quitar unas cosas y a&ntilde;adir otras, como en el caso de <em>Porque ella no me lo pidi&oacute;</em>.</p>
<p>-Entonces, aparte de la resurrecci&oacute;n del <em>autor</em> literario est&aacute; la del autor-persona, o sea, usted.</p>
<p>-Puede que llegara ah&iacute; sin darme cuenta, s&iacute;. Tiene sentido.</p>
<p>-Recuerdo su intervenci&oacute;n en <em>Negro sobre Blanco</em>. La tengo en VHS, por lo que no la he podido revisitar, y no circula por internet. Fue un encuentro llamativo, como si hubiera un fuera de campo, a imagen del cine. &iquest;Se acuerda?</p>
<p>-Las circunstancias fueron tan ins&oacute;litas que ten&iacute;a pensado escribir sobre ellas. Me acojonaba tanto salir en el programa que la noche anterior me emborrach&eacute; de forma controlada, calculando la hora a la que al d&iacute;a siguiente ten&iacute;a que superar la resaca. Esa noche, en Madrid, me iban a entrevistar dos personas de una revista independiente a las que no las conoc&iacute;a y que hoy son amigas. Me vi en la necesidad, para beber acompa&ntilde;ado, de entretenerlas m&aacute;s de lo normal. Hab&iacute;a dividido el n&uacute;mero de horas que quedaban por el de copas, sumando, detr&aacute;s de cada una, los minutos potenciales de sus consecuencias. Teniendo en cuenta que &eacute;stas cambian a medida que vas a&ntilde;adiendo. El caso es que, a la ma&ntilde;ana siguiente, me present&eacute; en Televisi&oacute;n Espa&ntilde;ola a la hora convenida, once y media, como si nada hubiera sucedido. Deb&iacute; de hacer bien las f&oacute;rmulas matem&aacute;ticas porque, cuando me estaba sentando a la mesa, empec&eacute; a sentirme mejor, en un <em>in crescendo</em> extraordinario. El problema es que, cuando estaba totalmente despejado, lleg&oacute; el descanso... y Drag&oacute; aprovech&oacute; para pedir a su equipo <em>lo de siempre</em>. &ldquo;Por favor, traedme ya el <em>gin-tonic</em>&rdquo;. Al o&iacute;rlo, reaccion&eacute;: &ldquo;Yo quiero otro&rdquo;. Me hizo un efecto raro. Muchas horas despu&eacute;s, en Barcelona, todav&iacute;a andaba por casa como un loco y hablaba por tel&eacute;fono sin parar. Aquel vaso me produjo un coloc&oacute;n desmedido, quiz&aacute;s porque no hab&iacute;a previsto beber al d&iacute;a siguiente, en plena entrevista. En ese estado, tratando de contener la perturbaci&oacute;n, arranc&oacute; la segunda parte&hellip; Yo no he vuelto a ver el programa, pero mi recuerdo es brutal. Ya no s&eacute; si se edit&oacute; y eliminaron algo. Seguramente, porque estuvimos largo rato y el programa completo duraba s&oacute;lo cincuenta minutos. En un momento, Drag&oacute; me pregunt&oacute; por qu&eacute; le contestaba tan seco. Como mis respuestas eran bruscas, ten&iacute;a que volver en seguida a los papeles. El momento clave llega al inquirirme: &ldquo;Tomabas drogas, &iquest;verdad?&rdquo;, lo preguntaba mucho esto&hellip; y yo declaro que s&iacute;, que LSD, y que, bajo sus efectos, me enfrent&eacute; a visiones que alteraron mi percepci&oacute;n de la realidad. &Eacute;l sab&iacute;a que yo hab&iacute;a <em>visto</em> el Himalaya en Almer&iacute;a, por eso sac&oacute; el tema. &ldquo;S&iacute;, haciendo el servicio militar &ndash;expliqu&eacute;-. La pastilla me hizo efecto en la puerta de la cantina y, en lugar la monta&ntilde;a que ten&iacute;a delante, vi el Himalaya&rdquo;, y a&ntilde;ad&iacute;: &ldquo;&hellip; Y ah&iacute; estabas t&uacute;&rdquo;. Todav&iacute;a creo recordar su expresi&oacute;n. En la segunda parte ten&iacute;a la seguridad que me faltaba en la primera. Un amigo me dijo: &ldquo;Madrid, cero; Barcelona, uno&rdquo;. Fue un gol en campo contrario. Hubo quien entendi&oacute; que asist&iacute; de mala gana y un peri&oacute;dico sac&oacute; una nota: <em>si no quer&iacute;a ir, que no hubiera ido</em>. No era eso. Yo sab&iacute;a que era dif&iacute;cil poder contestar a algo, hablaba siempre &eacute;l.</p>
<p>-Y le dej&oacute;.</p>
<p>-Yo hab&iacute;a estudiado el programa: era consciente de que se hac&iacute;an preguntas largu&iacute;simas, con digresiones de todo tipo... Recuerdo una entrevista a Julio Caro Baroja, que me interesaba mucho, en la que al hombre no le dejaron decir casi nada.</p>
<p>-&iquest;Se han vuelto a ver?</p>
<p>-Hace como dos a&ntilde;os, en Dubl&iacute;n. Nos toc&oacute; ir en el mismo taxi a un coloquio sobre literatura espa&ntilde;ola en Estados Unidos. Me pregunt&oacute; que tal me iba&nbsp; por Anagrama cuando llevaba yo m&aacute;s de tres a&ntilde;os en Seix Barral. Personalmente, es de honor decirlo, es un muy simp&aacute;tico, muy normal; te hace sentir a gusto, tiene un talante positivo. Si supiera que todo aquello lo hab&iacute;a montado yo, casi cronometrado, calculad&iacute;simo para&nbsp; lograr salir m&iacute;nimamente airoso. Bueno, ahora que pienso: se enterar&aacute; despu&eacute;s de que por fin lo haya contado. Se podr&iacute;a hacer una novela muy rara de esta historia. Apenas pasar&iacute;a nada, pero cuando lleg&aacute;ramos al momento del Himalaya, m&aacute;s de un lector enarcar&iacute;a una ceja.</p>
<p>-En el transcurso del programa, usted se quej&oacute; de que los cr&iacute;ticos no le le&iacute;an &ldquo;con atenci&oacute;n&rdquo; porque, se me qued&oacute; grabado, se hab&iacute;an puesto de su parte y no le se&ntilde;alaban los errores que usted era consciente de cometer.</p>
<p>-Me suena a jam&aacute;s dicho por m&iacute;. Lo olvid&eacute; casi todo. &iquest;Sale en la primera o en la segunda parte?</p>
<p>-A tanto no llego. Tambi&eacute;n dijo haber recibido una felicitaci&oacute;n de Fidel Castro.</p>
<p>-Paula me trajo una tarde&nbsp; un ordenador &ndash;no hab&iacute;a visto nunca ninguno- y me abri&oacute; una cuenta de correo electr&oacute;nico. Yo estaba en contra de que entrara un computador en mi casa. Sin yo hacer nada, al poco, recib&iacute; el primer <em>e-mail</em>. Yo no sab&iacute;a qu&eacute; era un e-mail, pero Paula&nbsp; me puso al corriente &ndash;entend&iacute; que el ordenador no distaba de la m&aacute;quina de escribir- y contest&eacute;. A la semana siguiente, recibo otro. Pensaba que ella estaba haciendo que la gente me escribiera cuando, lo juro, el tercer &ndash;email que me lleg&oacute; fue de&hellip;&nbsp; Fidel Castro. Me felicitaba por el R&oacute;mulo Gallegos. Ser&iacute;a una secretaria en su nombre. Da igual: estaba su firma, para m&iacute; era &eacute;l. Conque me sent&eacute; a contestarle y me sali&oacute; un texto enormemente halagador, admirativo hacia la Revoluci&oacute;n y hacia &eacute;l mismo&hellip; lleno de subordinadas. Me puse a cribar algunas expresiones y tach&eacute; tanto que lo tach&eacute; todo: me dio tiempo a cuestionar si realmente admiraba a Cuba y, la verdad, no estaba nada seguro&hellip; hab&iacute;an pasado muchos a&ntilde;os&hellip; Todo qued&oacute; en <em>muchas gracias por la felicitaci&oacute;n y un abrazo, camarada</em>.</p>
<p>-En persona habr&iacute;a sido m&aacute;s embarazoso.</p>
<p>-En persona me sucedi&oacute; &ndash;no tiene nada que ver- con Sara Montiel. Me la presentaron a bocajarro en Mallorca, con gran ceremonia, y, me veo d&aacute;ndole la mano. Pensaba yo: &ldquo;ahora tendr&iacute;a que decirle que&nbsp; la admiro&hellip; Pero, &iquest;c&oacute;mo voy a decirle esto si no la admiro? &iquest;Y por qu&eacute; he permitido que me la presenten si yo no quiero saludarla?&rdquo;. Todo esto sin dejar de apretar su mano&hellip; hasta que ella, cansada de tantas vacilaciones me apart&oacute; al grito de &ldquo;&iexcl;Ya est&aacute; bien, chiquillo!&rdquo;.</p>
<p>Enrique Vila-Matas arroja sobre las p&aacute;ginas de cada libro cabos que funcionan sueltos y admiten uni&oacute;n. La pelota est&aacute; en el tejado de los lectores. &ldquo;Algunos dragones orientales llevaban a sus espaldas los palacios de los dioses; otros proteg&iacute;an tesoros subterr&aacute;neos&rdquo;, dice en la p&aacute;gina 271 de <em>Kassel</em>, que lleva directamente a la 157 de <em>Los anillos de Saturno</em>, novela de la que es tan valedor, donde Sebald expresa: &ldquo;Dragones como animal her&aacute;ldico. Unos llevan a sus espadas los palacios de los dioses, otros determinan el curso de los arroyos y los r&iacute;os y protegen los tesoros subterr&aacute;neos&rdquo;. El intertexto circunvala, incalculable, la ciudad vilamatiana. En esta ocasi&oacute;n, en <em>Marienbad el&eacute;ctrico</em>, la niebla no s&oacute;lo aparece como s&iacute;mbolo, sino como un nuevo juego asociativo. Le dedica a Martinus Von Biberach una p&aacute;gina entera. En ella le adjudica un aforismo ap&oacute;crifo: &ldquo;Es raro caminar por la niebla. Los &aacute;rboles no se conocen los unos a los otros&rdquo;. La felicidad-pese-a-todo y la niebla remiten a <em>Dublinesca</em> y <em>Kassel</em>, pero, sobre todo, pareciera que empuja al lector que no conozca a Von Biberach a investigar hasta llegar al epitafio por el que es famoso: &ldquo;Vengo de no s&eacute; d&oacute;nde. / Soy no s&eacute; qui&eacute;n. / Muero no s&eacute; cu&aacute;ndo. / Voy a no s&eacute; d&oacute;nde. / Me asombro de estar tan alegre&rdquo;. Estos versos, a cuya filosof&iacute;a se adscribe Vila-Matas, se convierten en una cita invisible. &ldquo;Me gust&oacute; que Jaime Gil de Biedma integrase en su antolog&iacute;a una canci&oacute;n compuesta por Sisa. No era suya y la a&ntilde;adi&oacute;. Incluyes otras voces que forman parte de ti y de tu libro&rdquo;.</p>
<p>-Gil de Biedma integr&oacute; aquella generaci&oacute;n barcelonesa de los cincuenta, los Partidarios de la Felicidad. &iquest;T&uacute; tambi&eacute;n eres partidario?</p>
<p>-De la felicidad&hellip; o de la alegr&iacute;a, que es un principio filos&oacute;fico, tal y como explica Savater. Se ha de estar alegre por estar vivo. Sin olvidar lo de Montaigne: &ldquo;No hago nada sin alegr&iacute;a&rdquo;. No la alegr&iacute;a tonta, social; la de saberte un superviviente del mundo y sonre&iacute;r ante la sombra.</p>
<p>-&lsquo;Alegr&iacute;a imparable&rsquo;, titula el primer cap&iacute;tulo de <em>Marienbad</em>.</p>
<p>-S&iacute;, me refiero a un tipo de alegr&iacute;a que se dio, o yo imagino que se dio, en los a&ntilde;os veinte. Las conversaciones sin direcci&oacute;n, desinhibidas, hasta largas horas de la noche, en que se expon&iacute;an ideas improvisadas y pensamientos hondos. Todav&iacute;a hab&iacute;a cosas que no hab&iacute;an sucedido, Occidente viv&iacute;a un momento de felicidad generacional&hellip; Un mundo ideal. Un mundo perdido.</p>
<p>-Esa alegr&iacute;a supongo que es la que sent&iacute;a Kafka, hombre oficialmente atormentado. Usted es la primera persona a la que o&iacute; poner en tela de juicio tal cosa. Que era&nbsp; consciente de la verdad, pero se manejaba en la iron&iacute;a&hellip; Le&iacute;a a Walser en voz alta a sus amigos, un hecho del que extraer un humor l&uacute;cido soterrado. Su sobrina Vera, fallecida en agosto, insist&iacute;a en que no era tan apesadumbrado.</p>
<p>-Se crean t&oacute;picos y los t&oacute;picos entierran la verdad. Hay interesados en construir discursos sobre prejuicios. Nos ense&ntilde;an unas cuantas fotos y un par de textos, que, encima, la gente ni siquiera lee con atenci&oacute;n, y llegan los equ&iacute;vocos. No es imaginable dedicado al solaz en la playa, menos mal que existe una foto estupenda suya en ba&ntilde;ador, en Marielyst, Dinamarca. &iquest;La conoce?</p>
<p>-No caigo.</p>
<p>-B&uacute;squela. Desnudo, junto a un amigo con bigote, riendo. Rompe todos los esquemas. Ni bomb&iacute;n, ni padre, ni angustia, ni narices. Parece ser que ten&iacute;a mucho humor, por eso escribi&oacute; esas p&aacute;ginas renovadoras.</p>
<p>-&ldquo;Todo iba tan mal que s&oacute;lo pod&iacute;a mejorar&rdquo;.</p>
<p>-Esa frase es suya.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Cuando todo va mal en la vida, pensemos en Kafka. &Eacute;l nos dar&aacute; animos&rdquo;</strong></p>
<p>-La cita en la entrevista que forma parte del cat&aacute;logo <em>Nocturama</em>.</p>
<p>-Es perfecta. Cuando todo va mal en la vida, pensemos en Kafka. &Eacute;l nos dar&aacute; &aacute;nimos. Un personaje que nos ha sido transmitido patol&oacute;gico se convierte en un motivo para la alegr&iacute;a. Hace unos d&iacute;as me entretuve releyendo sus aforismos. A Z&uuml;rau va a recluirse y a despojar su estilo. Dice en una sentencia: &lsquo;C&oacute;mo alegrarse del mundo si no es refugiado en &eacute;l&rsquo;. Expresa que la felicidad se puede alcanzar creyendo en lo indestructible, sin tener por qu&eacute; alcanzarlo. Es un caso muy especial el de Kafka, &iquest;no le parece?...</p>
<p>-Un superdotado.</p>
<p>-S&iacute;&hellip; entonces ha llegado entonces el momento de presentarle el <em>odradek</em> que tengo en casa [se levanta y me gu&iacute;a hacia los bajos de un mueble cercano a la puerta. Contemplamos al bicho, conscientes de que, en su cuerpo enredado habitan el secreto de la lentitud y el arte de la aparente inoperancia. Est&aacute; vigilando, respetuoso, la conversaci&oacute;n]. Me lo regal&oacute; Jordi Llovet. Est&aacute; hecho de madera, a la manera en que Kafka lo describe. Todo son hilos. Tiene que estar en la escalera, en el descansillo, pero si lo dejara all&iacute; alguien se lo llevar&iacute;a.</p>
<p>-Sin saber lo que se lleva.</p>
<p>-El mes pasado una persona latinoamericana que no hab&iacute;a le&iacute;do a Kafka me pregunt&oacute; qu&eacute; era aquello que esta&ntilde;a en el suelo. Como &uacute;nica explicaci&oacute;n dije: &lsquo;Sirve para hablar con &eacute;l&rsquo;, y se qued&oacute; encantada.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Los escritores j&oacute;venes deben perseverar y vencer a la tentaci&oacute;n del pensamiento negativo&rdquo;</strong></p>
<p>-Y no minti&oacute;. Han dicho que usted se le entiende en Latinoam&eacute;rica por su excentricidad.</p>
<p>-Eso lo dijo Pitol. Se refer&iacute;a a que estoy <em>fuera del centro</em> cultural. Los mexicanos, contando con buenos literatos y toc&aacute;ndose con Estados Unidos, son periferia. De ah&iacute; la asociaci&oacute;n. &iquest;Por qu&eacute; soy m&aacute;s seguido fuera de mi pa&iacute;s? Eso no importa. S&iacute; importa determinar que si no te han le&iacute;do antes no es porque seas malo, sino porque eras desconocido. Si <em>Suicidios ejemplares</em> no vendi&oacute; nada al comienzo y ahora se reedita constantemente, tampoco es porque sea buen&iacute;simo el libro, sino porque me conoce la gente. Quiero transmitir un mensaje de lucha y esperanza: los escritores j&oacute;venes deb&eacute;is perseverar y vencer a la tentaci&oacute;n del pensamiento negativo: todo depende de que decidan leerte, las cosas pueden ir mal por causas ajenas a la obra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Sobrevivimos milagrosamente a causa de circunstancias azarosas&rdquo;</strong></p>
<p>-&iquest;Hace falta una cat&aacute;strofe para considerarse superviviente, o toda persona lo es por no haberse suicidado?</p>
<p>-Lo segundo. Seguir en la Tierra es la mayor decisi&oacute;n que podemos tomar. Sobrevivimos milagrosamente a causa de circunstancias azarosas. Tanto como la foto que me mostr&oacute; hace dos d&iacute;as mi hermana de una fiesta en un pueblo catal&aacute;n donde se reunieron dos familias a causa de una boda. All&iacute; se conocieron mis abuelos maternos. Si no se hubiera dado esta fiesta, yo no existir&iacute;a. Surgimos absurdamente y si seguimos con vida es porque o no hemos conseguido quit&aacute;rnosla, o porque no nos la han quitado o porque hemos logrado encontrar la alegr&iacute;a de Von Biberach o de Kafka.</p>
<p>-&iquest;Qu&eacute; opina de los gimnasios? &iquest;No hay en ellos una conspiraci&oacute;n contra la idea del paseo y la piscina de Kafka?</p>
<p>-Me desagradan bastante. Suelo desviar la vista cuando los veo en lontananza. Ahora han puesto uno delante de mi casa. Es un fastidio con el que no contaba. Miro menos por la ventana.&nbsp; Les tengo man&iacute;a porque est&aacute;n re&ntilde;idos con la poes&iacute;a y&nbsp; tambi&eacute;n porque&nbsp; cuando yo ten&iacute;a catorce a&ntilde;os&nbsp; se empe&ntilde;&oacute; mi padre en mandarme a uno. Me parecen aburrid&iacute;simos. Ya adulto, tuve que acudir para rehabilitar un brazo roto, hacer estiramientos&hellip; s&oacute;lo fui un d&iacute;a, &iexcl;prefer&iacute; no recuperar la flexibilidad! Lo que vi no me gust&oacute;: la gente iba a ligar, porque se sent&iacute;an todos feos. Un horror. &iquest;Resultado?: el brazo se ha quedado as&iacute; [hace la intenci&oacute;n de subirlo]. No pasa nada. Respecto a la nataci&oacute;n, tuve un desenga&ntilde;o: aprend&iacute; a nadar a los quince y lo olvid&eacute; a los diecis&eacute;is. No me gust&oacute;. Leyendo a Kafka, entend&iacute; por qu&eacute; me olvid&eacute; de nadar: &ldquo;S&eacute; nadar como los dem&aacute;s, pero tengo mejor memoria que los dem&aacute;s. No he olvidado que una vez no supe nadar. Pero, puesto que no lo he olvidado, ahora mi capacidad de nadar no sirve de nada, y no puedo nadar&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Mis personajes no son muy humanos ni se relacionan demasiado humanamente entre s&iacute;&rdquo;</strong></p>
<p>-Su obra llama la atenci&oacute;n por lo que contiene y por lo que no: no hay rastro de sexo.</p>
<p>-Tanto como ni rastro&hellip; Pero quien me lee sabe que no interrumpo mis textos con sexo -&ldquo;Vamos a follar&rdquo;, &ldquo;y entonces se la met&iacute;&rdquo;-, ni con digresiones pol&iacute;ticas, ni con referencias a la actualidad, tampoco salen demasiados carniceros, lampistas, ejecutivos o sacerdotes. Por otra parte, tambi&eacute;n es verdad es que mis personajes no responden a la idea que tenemos de un personaje de novela cl&aacute;sica, no son muy <em>humanos</em> ni se relacionan demasiado <em>humanamente</em> entre s&iacute;.</p>
<p>-Alguna masturbaci&oacute;n hay.</p>
<p>-En homenaje a Peter Handke en su admirable <em>Carta breve para un largo adi&oacute;s</em> -1972-. Vi que &eacute;l inclu&iacute;a una masturbaci&oacute;n para relatar una escena de aburrimiento y soledad en una ba&ntilde;era,&nbsp; y lo imit&eacute;. Pero ya le digo, veo superfluas en mi forma de tratar la literatura &ndash;que tiende m&aacute;s al ensayo que a la narrativa- las apariciones de sexo, actualidad, econom&iacute;a, pol&iacute;tica, escenas de &lsquo;gran hermano&rsquo; y compa&ntilde;&iacute;a, los t&iacute;picos recursos&nbsp; de la literatura que precisamente no escribo.</p>
<p>-Lo preguntaba en positivo. Est&aacute; manoseado y no provoca a estas alturas.</p>
<p>-Es que no da juego. Hay quienes lo han intentado y se lo podr&iacute;an haber ahorrado. En mi caso, colocar una escenita equivaldr&iacute;a a una interrupci&oacute;n. Tendr&iacute;a sentido si, con ella, explicara algo. Pero esa representaci&oacute;n, salvo excepciones, nunca aporta nada, ans&iacute;a calentar al lector, y yo le quiero calentar la cabeza de otro modo.</p>
<p>-En <em>Los detectives salvajes</em> me sorprendi&oacute;.</p>
<p>-Bueno, es que si lo introduces desde el principio queda natural.</p>
<p>-Aun as&iacute;, no lo esperaba, no vi que <em>a&ntilde;adiera</em>.</p>
<p>-El acto en s&iacute; es rampl&oacute;n, repetitivo, y si intentas hacerte el original puedes caer en el patetismo. A Bola&ntilde;o le sale bien porque encaja perfectamente con su modo de ser muy cachondo y con relaci&oacute;n con el mundo, que es m&aacute;s pr&oacute;xima a la vida que la m&iacute;a.</p>
<p>-Banville tiene alusiones sutiles.</p>
<p>-Precisamente en Banville no hay ni rastro de tel&eacute;fonos m&oacute;viles ni de e-mails, porque por lo visto quiere escribir como si lo que cuenta pasara en otra &eacute;poca. Y esas alusiones sutiles a las que usted se refiere no se echan de m&aacute;s por eso mismo, porque son sutiles. En la mayor&iacute;a de los casos, estorba. Te da rabia: va bien el libro y, zas, cae en la relaci&oacute;n sexual con su cargamento de t&oacute;picos. Es como cuando alguien explica un sue&ntilde;o: obstruye. En el sue&ntilde;o la gente desconecta porque piensa que es algo que est&aacute; aparte del texto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Mi obra carece de mensaje, al menos premeditado&rdquo;</strong></p>
<p>-Si alcanzara la obra perfecta, <em>el libro de su vida</em>, supongo que enmudecer&iacute;a. &iquest;No es m&aacute;s beneficioso no cerrar el enunciado y seguir hablando? Algo de eso hay en su obra.</p>
<p>-Mucho. Empezando por el hecho de que, en realidad, mi obra carece de mensaje, al menos premeditado. Ocurre como con Robert Walser, salvando las insalvables distancias con &eacute;l. Como dijo Canetti, Walser es un escritor <em>sin motivo</em>.&nbsp; &iquest;Seguir hablando? Es una opci&oacute;n. Mis voces&nbsp; se contradicen y componen una figura de personalidad m&uacute;ltiple. La novela que estoy empezando tiene que ver con <em>Museo de la Novela de la Eterna</em> -1967-, en la todo son pr&oacute;logos, de Macedonio Fern&aacute;ndez, a quien me une su desinter&eacute;s por la vida exterior. Yo mismo cobijo la idea de estar empezando a escribir. Por eso doy forma a la historia de un principiante que tiene mi edad, y, como convengo en que me agrada lo inacabado, hago que el libro no arranque. Cuando se presente, los periodistas me preguntar&aacute;n de qu&eacute; trata y tendr&eacute; que idear una sinopsis. Ni lo s&eacute; ni creo que lo sepa nunca, aunque el d&iacute;a de la presentaci&oacute;n ante la prensa, lo sabr&eacute;, s&oacute;lo ese d&iacute;a lo sabr&eacute;. Es imposible resumir en una frase un libro; y m&aacute;s si no tiene argumento. De <em>Kassel</em> pod&iacute;a, a lo sumo, concretar que se trataba de un tipo al que invitan a un restaurante chino en la <em>documenta</em>. Los rese&ntilde;istas repitieron la an&eacute;cdota del restaurante chino, que en realidad es lo de menos.</p>
<p>-M&aacute;s de treinta libros despu&eacute;s, &iquest;cree haber conseguido contar algo de lo que se propon&iacute;a?</p>
<p>-&hellip; Igual no quer&iacute;a decir nada.</p>
<p>-En el futuro a corto plazo, dicen que el objetivo ser&aacute; casar los intereses que tendr&aacute;n las m&aacute;quinas con los que tenemos las personas. &iquest;C&oacute;mo lo encaja?</p>
<p>-Como posible [silencio] Mi ordenador es antiguo, nunca lo he cambiado, tarda cinco minutos en arrancar. Con &eacute;l practico esa escritura kafkiana consistente en escribir con el propio cuerpo. Reconozco que es extra&ntilde;o, pero la identificaci&oacute;n es total. Lo veo como si formara parte de m&iacute;. Como un ap&eacute;ndice que manejo con un control que llega a sorprenderme, y, m&aacute;s, sabiendo el rechazo entra&ntilde;ado que sent&iacute;a al principio, ya le he dicho que era un bicho indeseado. Ahora forma parte de m&iacute;. Si se estropea, no llamo a un t&eacute;cnico porque &eacute;l s&iacute; que podr&iacute;a da&ntilde;arlo. Yo lo arreglo sin conocimientos inform&aacute;ticos y con gran rapidez. Somos el torero y el toro juntos en una sola figura.</p>
<p>-Le ocasionar&aacute;n problemas las actualizaciones.</p>
<p>-Sin duda. El sistema operativo es antiqu&iacute;simo. Tengo un port&aacute;til con el que me defiendo en los viajes. Cuando llegue el d&iacute;a, en una semana me adaptar&eacute; a uno nuevo. De momento, la p&aacute;gina en la pantalla del ordenador fijo es la p&aacute;gina en mi cabeza.</p>
<p>-En ese caso porque domina a la m&aacute;quina. &iquest;No le crea malestar la derrota que Deep Blue infligi&oacute; a Kasp&aacute;rov?</p>
<p>-Ayer se fue la luz y el ordenador se qued&oacute; en marcha. Paula no se percat&oacute;, se lo hice ver, <em>&iquest;no te has dado cuenta?</em> &iquest;Le va bien como respuesta?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Cuanto m&aacute;s luchamos por no morir, m&aacute;s penoso resulta vivir&rdquo;</strong></p>
<p>-&iquest;Y que de aqu&iacute; a veinte a&ntilde;os ampliemos indefinidamente nuestra expectativa de vida?</p>
<p>-Eso ya es un horror. Mis padres tienen 94 y, vi&eacute;ndolos, es f&aacute;cil entender que ser&iacute;a mejor terminar nuestro paso por el mundo en un momento adecuado. Nos aferramos absurda, lamentablemente, a la vida. Y cuanto m&aacute;s luchamos por no morir, m&aacute;s penoso resulta vivir. &iquest;Para qu&eacute; quiero 120 a&ntilde;os si no voy a disfrutar ni un segundo del d&iacute;a? Vivir no es eso.</p>
<p>-Pensaba en una expansi&oacute;n asociada a calidad de vida.</p>
<p>-Tendr&iacute;a que negociarlo con los cient&iacute;ficos. Una novela es mejor intensa que <em>alargada</em>.</p>
<p>-&iquest;Ha visto <em>Holy motors</em>?</p>
<p>-No. Me dijeron que se parec&iacute;a a mi mundo y la empec&eacute;, pero no me gust&oacute; su principio, tan franc&eacute;s y exc&eacute;ntrico; Paula la vio entera. Lo que se parece a m&iacute; no tiene por qu&eacute; gustarme, &iquest;eh? Me ha pasado m&aacute;s veces. Me dicen <em>tienes que ver alguna pel&iacute;cula de Fulanito</em> porque es igual que t&uacute;. Y a m&iacute; eso me parece imposible.</p>
<p>-Yo no veo tan igual a L&eacute;os Carax. Su filme me parece que habla muy art&iacute;sticamente del proceso que lleva del mono a la m&aacute;quina, pasando por el hombre.</p>
<p>-No me horroriza la fundici&oacute;n con la m&aacute;quina&hellip; el hombre es&hellip; poca cosa. Mi madre me dec&iacute;a que inventar&iacute;an una p&iacute;ldora para no comer, y me seduc&iacute;a. Sentarme tres o cuatro veces al d&iacute;a para introducirme alimentos por la boca me parec&iacute;a plomizo.</p>
<p>-Drag&oacute; se alimenta con pastillas.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Le tienen que estar pitando los o&iacute;dos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;C&eacute;sar Aira es el escritor m&aacute;s meritorio de mi generaci&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>-En su programa, usted dijo que los premios no tienen m&eacute;rito, que todo el mundo tiene uno y se han desprestigiado.</p>
<p>-Hablaba de que en Espa&ntilde;a todo el mundo tiene premios. Los m&iacute;os han venido de fuera. El M&eacute;dicis<a title="" href="#_ftn1">[1]</a> fue el que m&aacute;s me asombr&oacute; haber ganado. Ahora C&eacute;sar Aira es el escritor sin premio y el m&aacute;s meritorio de mi generaci&oacute;n, es raro que no hayan visto que es un tipo interesante.</p>
<p>-&iquest;Y si le llaman de Estocolmo?</p>
<p>-&iquest;A Aira?</p>
<p>-No, a usted.</p>
<p>-Me hace re&iacute;r. Igual preguntan por mi mujer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al Mejor Libro Extranjero. Lo consigue despu&eacute;s de Philip Roth, imponi&eacute;ndose a Ian McEwan, Carol Oates, Don DeLillo y Jeffrey Eugenides. El Diario de Le&oacute;n titul&oacute; &lsquo;Vidal Matas, premio a la mejor novela extranjera&rsquo;</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Wed, 16 Mar 2016 07:06:34 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fernando Sinaga: “El que haya visto alguna vez un pintor en mí, se equivoca”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/fernando-sinaga-el-que-haya-visto-alguna-vez-un-pintor-en-mi-se-equivoca/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2015/2016/sinaga500.jpg" alt="" /></p>
<p>Atiende mucho a lo biogr&aacute;fico para buscar respuestas a su manera de proceder a lo largo de su trayectoria, y otorga un valor especial a lo innato frente a lo aprendido. Destroza prejuicios y acaba con etiquetas. No ha sido nunca un minimalista, pese a que la corriente le influy&oacute; sobremanera. Tampoco un artista conceptual, ni un pintor&hellip; Fernando Sinaga es un creador excepcional, no s&oacute;lo por su especial relaci&oacute;n con lo escult&oacute;rico y lo especial, sino tambi&eacute;n porque ha sabido labrarse un lenguaje propio en funci&oacute;n de un contexto. Nacido en Zaragoza en 1951, podr&iacute;a haber habido un Sinaga americano (donde se nutri&oacute; en los inicios), o un Sinaga alem&aacute;n (cultura que siempre ha valorado, incluso mucho antes que otros por estos pagos). Pero prefiri&oacute; quedarse por aqu&iacute;. Y aqu&iacute; crey&oacute; firmemente en la Espa&ntilde;a auton&oacute;mica, por eso, y aunque muy vinculado a Madrid, podr&iacute;a consider&aacute;rsele un artista &ldquo;perif&eacute;rico&rdquo;. Tambi&eacute;n est&aacute; el Fernando Sinaga escritor, el que no renuncia a escribir a mano, y el Fernando Sinaga profesor universitario, donde su labor en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Salamanca ha compuesto p&aacute;ginas de una biograf&iacute;a vibrante con hitos art&iacute;sticos en la XX Bienal de Sao Paulo (1989), la V Trienal Felbach de Alemania (1992), el Pabell&oacute;n Espa&ntilde;ol en la Expo de Hannover (2000) o su participaci&oacute;n en la de Zaragoza de 2008, esta vez, vinculado al arte p&uacute;blico, otra de sus pasiones. Con todos estos Sinagas conversamos en esta entrevista descubriendo que todos y cada uno de ellos son &uacute;nicos e irrepetibles. No hay marcha atr&aacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me preocupa la relaci&oacute;n entre lo que es innato y lo que es aprendido&rdquo;</strong></p>
<p>- Hay quien sit&uacute;a los primeros trabajos de Fernando Sinaga cuando usted contaba con tan s&oacute;lo 9 a&ntilde;os. &iquest;Ten&iacute;a ya entonces conciencia de lo escult&oacute;rico?</p>
<p>- No recuerdo exactamente d&oacute;nde cit&eacute; eso, pero s&iacute; que alude a mi deseo por intentar entender de d&oacute;nde procede lo art&iacute;stico en m&iacute;. Y &eacute;ste es un dilema que el artista debe plantearse, porque siempre, de forma constante, estamos intentando averiguar de d&oacute;nde proceden las ideas, los pensamientos, nuestros sentimientos y emociones. Tambi&eacute;n las im&aacute;genes. Dado que yo adem&aacute;s me dedico a la educaci&oacute;n, para m&iacute; es natural retrotraerme a la infancia, pues me preocupa la relaci&oacute;n entre lo que es innato y lo que es aprendido. Es importante deslindar lo uno de lo otro. En ocasiones descartamos pulsiones, que nos llevan a territorios muy propios, posiblemente por educaci&oacute;n. La parte innata me interesa especialmente y siempre tiene que ver con lo biogr&aacute;fico. Es alrededor de los nueve a&ntilde;os, poco antes de que muriera mi madre, que tiene lugar un momento muy importante para m&iacute;. De alguna forma, ya de muy ni&ntilde;o me sent&iacute; hu&eacute;rfano. Mi madre era modista. Recuerdo sus tijeras, con las que cortaba las telas, y que yo le cog&iacute;a a escondidas para raspar las nueces que llevaba en el bolsillo como una especie de amuleto. Ya las bru&ntilde;&iacute;a, las deshuesaba porque las part&iacute;a, las abr&iacute;a, las volv&iacute;a a pegar y las volv&iacute;a a pulir, de forma que se convert&iacute;an en objetos rotos con su propia configuraci&oacute;n natural y se transformaban en una especie de esferas. Esferas que luego yo ung&iacute;a con aceites para darles brillo. Un ni&ntilde;o no pod&iacute;a tener navaja. Esa costumbre dur&oacute; unos dos a&ntilde;os. Cuando muri&oacute; mi madre yo perd&iacute; esos objetos. Con nueve a&ntilde;os uno no tiene una cultura pl&aacute;stica, y yo tampoco proced&iacute;a de un ambiente intelectual. Ese hecho que desapareci&oacute; y que no s&eacute; c&oacute;mo extra&ntilde;amente perd&iacute;, es algo que cito como innato en m&iacute;. Cuando me formo art&iacute;sticamente descubro que tambi&eacute;n ciertas culturas llevaban estas cosas entre las manos.</p>
<p>- &iquest;Volvieron a aparecer esos objetos en su producci&oacute;n ya como artista?</p>
<p>- S&iacute;. Estas vivencias yo las recuerdo much&iacute;simo m&aacute;s tarde, cuando empiezo a acercarme al arte y comienza a aparecer ese individuo que tiene ciertas pretensiones de artista. Y el shock del recuerdo me vuelve tras ver una exposici&oacute;n de arte t&aacute;ntrico que se hizo en una galer&iacute;a en Madrid que se llamaba Iolas-Velasco, un espacio extra&ntilde;o pero al que estaba vinculado Palazuelo, que tambi&eacute;n fue un amante de lo t&aacute;ntrico.&nbsp; Cuando me enfrento a esos fetiches ovoides a los que llaman &ldquo;lingams&rdquo;, empiezo a pensar sobre m&iacute; mismo, sobre esa identificaci&oacute;n cultural tan alejada de m&iacute; y que no pertenece a mi contexto. Y empiezo a elucubrar que en el arte hay algo innato que tarda mucho en reconocerse, pero que se puede apresar de nuevo. Eso tiene mucho que ver con el trauma: en &eacute;l desaparecen los recuerdos debido al shock que uno recibe. Para m&iacute;, fue un recuerdo positivo porque descubr&iacute; que yo ya ten&iacute;a unas ciertas cualidades previas. Duchamp, en la entrevista con Pierre Cabanne, ya habla de esto, del artista que es alguien que &ldquo;hace&rdquo;. Y yo, la cualidad del hacer la tuve muy temprana sin que nadie me la hubiera ense&ntilde;ado.</p>
<p>- Se marca el inicio de su exposici&oacute;n p&uacute;blica en la muestra &ldquo;El desayuno alem&aacute;n&rdquo; (galer&iacute;a Villalar, Madrid, 1986). &iquest;C&oacute;mo recuerda esa cita?</p>
<p>- Fue una exposici&oacute;n importante, porque tambi&eacute;n tiene elementos biogr&aacute;ficos. La Diputaci&oacute;n Provincial de Zaragoza me hab&iacute;a concedido una beca para ir a EE.UU. en 1984. Me cas&eacute; por primera vez con una americana y ten&iacute;a inter&eacute;s por conocer su pa&iacute;s. Hay que pensar que yo nazco en Zaragoza, donde hay una base estadounidense. El contexto lo mediatiza todo y termina filtrando. Es posible que tambi&eacute;n terminara filtrando ese recuerdo m&iacute;o infantil de un mundo colonizador, porque al principio, en Zaragoza, los americanos viv&iacute;an en la ciudad. Luego les hicieron una especie de gueto de lujo confortable. Y viaj&eacute; a Estados Unidos a estudiar algo que a m&iacute; en esos momentos me interesaba y que era la escultura p&uacute;blica. All&iacute; exist&iacute;a un programa federal que se llamaba &ldquo;Programa Arte y Arquitectura&rdquo;, que proven&iacute;a de la &eacute;poca Kennedy, y que destinaba de los fondos p&uacute;blicos para la construcci&oacute;n de edificios el 0,5 por ciento para encargar obras art&iacute;sticas. Yo me mov&iacute; entre Nueva York y Chicago en ese primer viaje que hice para estudiar estos proyectos, lo que me permiti&oacute; adem&aacute;s conocer su arte de vanguardia, sus museos, y recibir una formaci&oacute;n viva y directa.</p>
<p>- Esos a&ntilde;os, en Espa&ntilde;a, fueron eminentemente pict&oacute;ricos. El sistema apoyaba un cierto retorno al orden a trav&eacute;s de la figuraci&oacute;n madrile&ntilde;a, la Movida&hellip; &iquest;Se sinti&oacute; una rara avis? Sus referentes eran otros, por lo que cuenta.</p>
<p>- Yo estuve muy vinculado al contexto madrile&ntilde;o y, de hecho, <em>El desayuno alem&aacute;n</em> se celebr&oacute; en una de sus galer&iacute;as. Pero las fechas y el entorno parec&iacute;an presagiar que todo en los ochenta iba dirigido al mundo de la pintura.&nbsp; Ah&iacute; estaban la transvanguardia italiana y en neoexpresionismo alem&aacute;n. Las dos corrientes lo dominaban todo. Y el mundo galer&iacute;stico, no tan desarrollado, estaba m&aacute;s interesado desde el punto de vista comercial por la t&eacute;cnica, quiz&aacute;s porque supon&iacute;a menos problemas. Recuerdo una exposici&oacute;n que se hizo en la Caixa, comisariada por Gloria Moure, en la que aparec&iacute;an artistas que proced&iacute;an de distintas geograf&iacute;as pero para los que la escultura era el centro de la creatividad. Yo estaba por aquel entonces en Madrid, termin&eacute; mi formaci&oacute;n de Bellas Artes aqu&iacute;, y la exposici&oacute;n <em>El desayuno alem&aacute;n</em> me sit&uacute;a en una posici&oacute;n de visibilidad. Sin embargo, previamente, yo me hab&iacute;a ido a vivir al campo, al norte de Segovia, cerca de Riaza, donde estuve diez a&ntilde;os trabajando en escultura, que era lo que yo quer&iacute;a hacer. Sent&iacute; que necesitaba cierto aislamiento para lograr lo que persegu&iacute;a. El mundo y la realidad iban muy deprisa, todo se transformaba a gran velocidad, tambi&eacute;n la sociedad, justo cuando yo precisaba un tiempo para pensarme a m&iacute; mismo. Cuando inauguro y vuelvo a Madrid con <em>El desayuno alem&aacute;n</em> yo ya ven&iacute;a muy cargado de m&iacute;. Con un trabajo pensado para m&iacute; y no tanto para galer&iacute;as o lugares donde exponer. De hecho, antes de todo eso, la primera persona que me ofreci&oacute; una expo fue Fefa Seiquer, invitaci&oacute;n que no acept&eacute; porque no me motivaba el hecho de exponer. Lo que me motivaba era la necesidad de hacer. Por eso me apart&eacute;. Y tras la vuelta de EE.UU., retorn&eacute; al espacio art&iacute;stico y expositivo. Con la experiencia de ese viaje, y una visi&oacute;n del arte internacional m&aacute;s amplia, se celebra la exposici&oacute;n. Y son a&ntilde;os en los que me divorcio de mi primera mujer y me vuelvo a casar, esta vez con Ilse, mi mujer actual, alemana y me voy a su pa&iacute;s. De todo eso se nutre <em>El desayuno alem&aacute;n</em>.</p>
<p>- &iquest;Su inter&eacute;s por Alemania tambi&eacute;n fue &ldquo;biogr&aacute;fico&rdquo; o m&aacute;s intelectual?</p>
<p>- El inter&eacute;s por Alemania no surge directamente de mi segundo matrimonio, sino que era anterior. De hecho, yo renunci&eacute; a un segundo viaje a Mannheim porque me hab&iacute;an dado una beca para estudiar cuestiones que a m&iacute; me interesaban mucho como era la figura de Goethe, las teor&iacute;as del color y otras cuestiones de tipo perceptivo. Los m&iacute;os eran intentos de avanzar que no avanzaban, pero que yo volver&iacute;a a retomar m&aacute;s tarde porque quedaban all&iacute; como cuestiones pendientes. <em>El desayuno alem&aacute;n</em> funde tambi&eacute;n un poquito mi inter&eacute;s por ese mundo, donde la teor&iacute;a, la f&iacute;sica, la &oacute;ptica y el arte se un&iacute;an de forma interesante. La muestra hac&iacute;a alusi&oacute;n a ese momento del d&iacute;a en el que uno arranca. Y me llamaba la atenci&oacute;n c&oacute;mo en Alemania se desayunaba en el jard&iacute;n, con unas comidas que no se terminaban nunca, met&aacute;fora que me result&oacute; curiosa. Quise hacer esa imagen en verde, no se por qu&eacute;, pero qued&oacute; como reflejo del cambio que se estaba produciendo en m&iacute;. Se empezaba a armonizar lo que yo hab&iacute;a aprendido en EE.UU. y lo que ya conoc&iacute;a de la cultura europea. Y entonces me pareci&oacute; que Alemania iba a jugar un papel muy importante en nuestras vidas.&nbsp;</p>
<p>- &iexcl;Fue usted un visionario!</p>
<p>- &iexcl;S&iacute;! El tiempo me ha dado la raz&oacute;n. Ya de antes me parec&iacute;a una cultura apasionante y yo quer&iacute;a profundizar en ella. Fue una especie de premonici&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Espa&ntilde;a es un pa&iacute;s amn&eacute;sico&rdquo;</strong></p>
<p>- Mucho se habla de la escasa visibilidad del arte espa&ntilde;ol en el exterior. &iquest;Ha tratado bien el arte espa&ntilde;ol a sus padres? &iquest;C&oacute;mo se va a recibir correctamente a sus cachorros si no hemos respetado nosotros mismos lo que hemos construido?</p>
<p>- Cuando no se corrigen los comportamientos se repiten los errores. Espa&ntilde;a, adem&aacute;s, es un pa&iacute;s amn&eacute;sico, un pa&iacute;s al que no le gusta recordar. Tambi&eacute;n es cierto que mucha gente ha desaparecido o se ha quitado de en medio, pero aqu&iacute; es casi imposible hablar de cosas de hace quince o veinte a&ntilde;os, que no es tampoco tanto tiempo. Tambi&eacute;n tengo que decir que las nuevas generaciones parten de otras bases totalmente distintas y el problema de la m&iacute;a era c&oacute;mo sal&iacute;a de un contexto cerrado y nos acerc&aacute;bamos a otro internacional, para lo que necesitabas dinero, recursos, viajes, becas&hellip; Los que pudimos viajar y conocer el contexto internacional conseguimos una formaci&oacute;n que nos permiti&oacute; volver a casa a compartirlo. Porque yo donde me he sentido siempre bien ha sido en Espa&ntilde;a. En alg&uacute;n momento baraj&eacute; la posibilidad de quedarme en Alemania, pero tuve la suerte de poder desarrollarme aqu&iacute;. Siempre me sent&iacute; extra&ntilde;o, porque mis referencias o referentes no eran de aqu&iacute;, aunque trataba de conocer el arte espa&ntilde;ol que me hab&iacute;a precedido. Recuerdo con inter&eacute;s muchas expos de aquella &eacute;poca, de la galer&iacute;a de Fernando Vijande y todas esas citas que marcaron nuestras trayectorias. No s&eacute; por qu&eacute; siempre se hace pivotar la propia internacionalizaci&oacute;n del arte en el artista, cuando vivimos en un contexto en el que hay historiadores, te&oacute;ricos, directores de museo, comisarios&hellip; Al creador se le exige un papel de h&eacute;roe, de ser Picasso o Dal&iacute;, es decir, alguien absolutamente excepcional. Y ellos son ejemplos excepcionales. Recuerdo que mis primeras citas expositivas en EE.UU. y Alemania se organizaron con mis propios recursos. Ni becas, ni aydas. Ni una familia que me pudiera proveer econ&oacute;micamente. No ten&iacute;amos un ACE o un SEACEX. Ahora lo recuerdas y no sabes ni c&oacute;mo lo conseguimos. Y esos errores se van a repetir. Uno de los problemas cuando llegabas a trabajar con un galerista internacional, algunos de primer&iacute;sima divisi&oacute;n, era que, al volver, estos no ten&iacute;an interlocutores&nbsp; para establecer relaciones internacionales. Las exportaciones las hac&iacute;amos nosotros. Eso era excesivo. Por lo general, el espa&ntilde;ol que ha querido internacionalizarse ha tenido que pasar un tiempo prolongado fuera de Espa&ntilde;a hasta el punto de nacionalizarse en el pa&iacute;s de acogida. Todos sabemos que en EE.UU. no te integras si no vives all&iacute;. Lo dem&aacute;s es pasajero. Pero yo no me quejo. Creo que incluso hicimos mucho m&aacute;s de lo que van a poder hacer las generaciones que vienen detr&aacute;s. Lo que logramos es pr&aacute;cticamente imposible hoy. No hay recursos y las relaciones son muy d&eacute;biles. Es casi una excentricidad celebrar tres exposiciones con el mismo galerista.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;En Espa&ntilde;a la experiencia, que es lo m&aacute;s valioso, se malgasta&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;No aprendemos?</p>
<p>- Creo que hay lecciones que en Espa&ntilde;a no se han aprendido. No se han constelado o fijado. Y luego tenemos una habilidad aqu&iacute; que es la de no aprender del que lleg&oacute; antes. Adem&aacute;s es que no se quiere, cuando es lo m&aacute;s f&aacute;cil. Ese tipo de exposiciones de americanos o alemanes donde lo generacional no es el elemento definitorio, aqu&iacute; no sabemos hacerlo. Aqu&iacute; lo generacional es una continua crisis. En Estados Unidos, grandes y peque&ntilde;os trabajan conjuntamente, y los segundos est&aacute;n deseando comenzar a colaborar con los primeros. Lo nuestro es m&aacute;s de romper todo el rato y pasar a cuchillo. Qu&iacute;tate t&uacute; que me pongo yo. Es un desperdicio constante: nos deshacemos de capital cognitivo. La experiencia, que es lo m&aacute;s valioso, se malgasta. Todav&iacute;a hay mucha gente viva que te puede contar cosas fundamentales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El perfil de cada artista se configura a trompicones&rdquo;</strong></p>
<p>- Me interesa su alusi&oacute;n a lo mental, a las emociones, en una disciplina tan f&iacute;sica como la escultura. &iquest;A qu&eacute; se refiere exactamente?</p>
<p>- El perfil de cada artista se configura a trompicones, con definiciones que a veces han sido desacertadas o equivocadas, quiz&aacute;s por la falta de un &aacute;mbito art&iacute;stico s&oacute;lido. En Espa&ntilde;a, lo dec&iacute;amos antes, los ochenta fueron pict&oacute;ricos. Eran los a&ntilde;os en los que aparec&iacute;a por primera vez aqu&iacute; el <em>povera</em>, y recuerdo la expo que hizo Carmen Gim&eacute;nez con Germano Celant, o la gran cita que se hizo de arte americano, <em>Entre la geometr&iacute;a y el gesto</em>&hellip; Aqu&iacute; llegaron muy tarde muchos movimientos. Cuando mi obra comenz&oacute; a desarrollarse se me asoci&oacute; excesivamente con el minimalismo, quiz&aacute;s porque manifest&eacute; reiteradamente mi inter&eacute;s por esa corriente. &iexcl;Pero c&oacute;mo no iba a interesarme! Se aprende de los que saben. La lectura que se hizo de m&iacute; fue muy <em>cool</em>, muy fr&iacute;a. Han llegado a decir que soy un conceptual, lo que yo niego, pero eso parece que da un cierto <em>look</em>. Porque, para m&iacute;, las emociones han tenido un papel fundamental. Yo las he aludido mucho en mis obras, junto a las pasiones y los sentimientos. Aparecen en los trabajos en forma de fuego, en forma de &aacute;cido, de sosa c&aacute;ustica, de espacios magm&aacute;ticos... En ese sentido, yo no soy nada minimalista. De hecho, tampoco a&uacute;n hoy s&eacute; lo que es mi obra o lo que soy yo.</p>
<p>- &iquest;Uno no deja de aprender?</p>
<p>- Si pensamos en el arte, y lo hacemos en serio, &eacute;ste siempre es insondable. Nunca sabes bien qu&eacute; es lo que hay detr&aacute;s. Parece que lo biogr&aacute;fico te puede dar la clave, pero es mentira. Por eso es magn&eacute;tico.</p>
<p>- Tengo que preguntarle tambi&eacute;n por el espacio, dado que lo entiende casi como un material m&aacute;s.</p>
<p>- Yo he hecho much&iacute;simas alusiones a esa cuesti&oacute;n. Es adem&aacute;s una de las primeras cosas que asumo, y me remonto al a&ntilde;o 1966, a exposiciones de las que no guardo documentaci&oacute;n, como la invitaci&oacute;n a los que acab&aacute;bamos el grado (que no era ni universitario, pues lo que hab&iacute;a era Escuela Superior de Bellas Artes), para exponer en el Palacio de Vel&aacute;zquez. Lo que yo muestro all&iacute; ya es una pr&aacute;ctica de experimentaci&oacute;n con el espacio. Pero tampoco yo ten&iacute;a la formaci&oacute;n para decir que aquello era una instalaci&oacute;n. Entonces no hab&iacute;a viajado. Pero volvemos a lo que dec&iacute;amos antes de lo innato: Hay algo en lo art&iacute;stico que nace con unos componentes. Y, en mi trabajo, uno de ellos justo desde una fecha tan inicial, era el espacio. Yo ya lo ve&iacute;a como parte constitutiva de la escultura. De d&oacute;nde proced&iacute;a ese imaginario no lo puedo precisar. M&aacute;s tarde, s&iacute;: cuando me form&eacute;, viaj&eacute; y vi. En ese sentido, s&iacute; que los minimalistas me ense&ntilde;aron mucho. La relaci&oacute;n del espacio con la masa es algo que descubren ellos. Exposiciones recientes como las de Serralves o el Museo Reina Sof&iacute;a nos descubren c&oacute;mo gente como Robert Morris o los miembros de su generaci&oacute;n estaban tambi&eacute;n preocupados por lo corporal, por la danza, y que las relaciones que ellos establec&iacute;an con los cuerpos f&iacute;sicos, con las masas, con los vol&uacute;menes, ten&iacute;an que ver con lo corporal y con el movimiento. A veces se llega a la escultura desde otras cosas que no lo son. Beuys ya lo dec&iacute;a.</p>
<p>- &iquest;Y c&oacute;mo le llev&oacute; la escultura a la pintura, lo tridimensional a lo bidimensional? El camino suele ser el inverso&hellip;</p>
<p>- A m&iacute; me asocian quiz&aacute;s excesivamente con la pintura -y tal vez haya sido porque yo he cometido errores explic&aacute;ndome- porque antes de estudiar escultura me form&eacute; como pintor. Yo iba para pintor, e hice mi grado en aquel momento. Pero en el camino me di cuenta de que quer&iacute;a hacer escultura, sobre todo al ir recuperando esos recuerdos de mi ni&ntilde;ez que me hac&iacute;an darme cuenta de que mis cualidades eran escult&oacute;ricas. Cambi&eacute; la trayectoria, aunque acab&eacute; mis estudios de pintura. Muchos piensan que mi obra tiene algo de pict&oacute;rico. Eso es falso y equivocado. S&oacute;lo la formaci&oacute;n inicial lo fue. Cuando lanzas litros de sosa c&aacute;ustica sobre un metal, eso no es pintura. Otra cosa es que el resultado decidas levantarlo y colgarlo sobre un muro, aunque pese 300 kilos. Pero yo nunca he querido ser un artista de g&eacute;neros espec&iacute;ficos y l&iacute;mites claros. Lo m&iacute;o era un asunto mucho m&aacute;s h&iacute;brido. Y lo que algunos llamaron pintura, en realidad era qu&iacute;mica. Me sigue gustando mucho la pintura, visito sus exposiciones y sigo a los grandes pintores porque aprendo mucho de ellos.</p>
<p>- Mencion&oacute; antes el arte p&uacute;blico, y su participaci&oacute;n en ese sentido en la Expo de Zaragoza de 2008 se recuerda como uno de sus grandes hitos curriculares. &iquest;C&oacute;mo se expanden o transforman en &eacute;l sus tesis sobre lo escult&oacute;rico y lo espacial? Nos toca, otra vez, hablar de arquitectura&hellip;</p>
<p>- Lo de &ldquo;Public Art&rdquo; es un concepto americano. Eso no se empleaba aqu&iacute;. Porque, si se hace, tiene unas connotaciones negativas&hellip;</p>
<p>- Es que aqu&iacute; lo relacionamos con el &ldquo;arte de rotonda&rdquo;.</p>
<p>Como mencion&eacute; antes, el arte p&uacute;blico tiene que ver con el desarrollo de Estados Unidos en la &eacute;poca de Kennedy y las relaciones entre arquitectura y arte, con un programa muy espec&iacute;fico. Y a m&iacute; me ha interesado siempre la arquitectura porque es espacio, es construcci&oacute;n del espacio, y yo la veo como un instrumento esc&oacute;pico desde el que mirar hacia fuera y hacia dentro. Y la ortodoxia americana se traslad&oacute; m&aacute;s tarde a Europa con un modelo que nos coloniza. El ejemplo m&aacute;s claro fue el de las Olimpiadas de Barcelona. Salvo el proyecto de Gloria Moure previo a los Juegos, el resto de su modelo era estadounidense, importado, lo que no resta m&eacute;rito ninguno a los implicados, entre ellos, un artista del que nadie se acuerda como es Javier Corber&oacute;. Son pocos los artistas europeos que han roto con el modelo, hasta llegar a Munster, que, aunque invita a estadounidenses, es europeo. A m&iacute; el arte p&uacute;blico de EE.UU. me proporcion&oacute; cierta sensibilidad sobre c&oacute;mo los artistas trabajaban con las plazas, con los espacios urbanos, m&aacute;s que con los espacios naturales. Eso llega m&aacute;s tarde. Los artistas que viajaban al desierto no formaban parte, en general, del programa federal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La Historia del Arte deber&iacute;a releerse de nuevo&rdquo;</strong></p>
<p>- Le propongo otro binomio: el de la relaci&oacute;n arte y ciencia. &iquest;Es posible el entendimiento?</p>
<p>- Con los a&ntilde;os he aprendido, gracias a la relaci&oacute;n entre estos dos mundos tan interconectados, que la Historia del Arte deber&iacute;a releerse de nuevo. Esa historia de que la escultura del siglo XX empieza con Rodin, todo lo explicado por Rosalind Kraus, Yves Alan Bois y todos estos que escriben desde los setenta, debe ser relatado de nuevo. Porque no se tiene en cuenta el papel que la ciencia ha jugado en el devenir de la Hstoria del Arte. Porque, en el siglo XIX, no se ha le&iacute;do teniendo en cuenta la irrupci&oacute;n de la fotograf&iacute;a, que fue el cambio &oacute;ptico m&aacute;s decisivo desde la invenci&oacute;n de la perspectiva. La primera fotograf&iacute;a datada es la de Ni&eacute;pce con su <em>Punto de vista sobre la ventana de Gras</em>, y poco despu&eacute;s las aportaciones de Daguerre. Cuando se estudian todos los grandes movimientos de finales del XIX, ni Dios hace alusi&oacute;n a que a comienzos del XX llev&aacute;bamos ya casi 70 a&ntilde;os de fotograf&iacute;a. Eso no puede ser. Lo que pasaba es que el dominio del arte estaba en manos de pintores.</p>
<p>- Los pintores han escrito la Historia del Arte.</p>
<p>- De hecho, la fotograf&iacute;a, cuando se leen los escritos de la &eacute;poca, se constata que intent&oacute; ser sometida a los designios de los pintores, a sus reglas y comportamientos, como si la foto fuera deudora absolutamente de la pintura. Lo eran s&oacute;lo sus temas. La fotograf&iacute;a no aparece en los libros de Historia del Arte. Para alguien como yo a quien le interesan mucho la &oacute;ptica y los aspectos f&iacute;sicos aplicados al arte, creo que la ciencia es fundamental.</p>
<p>- Reside desde hace m&aacute;s de 30 a&ntilde;os en Salamanca, aunque naci&oacute; en Zaragoza. &iquest;C&oacute;mo le ha influido ese contexto? &iquest;Habr&iacute;a desarrollado su trabajo de igual manera en otros como la capital aragonesa, Madrid o Alemania, de haberse exiliado all&iacute;?</p>
<p>- Habr&iacute;an cambiado mucho las cosas. Si al final me hubiera ido a vivir a Alemania, no ser&iacute;a ahora el mismo artista. De quedarme en Zaragoza, tampoco. Como ciudad, a m&iacute; siempre me ha tratado muy bien. No tengo queja ninguna de mi nacionalidad. Pero tampoco s&eacute; por qu&eacute; no vivo all&iacute;. Inicialmente me form&eacute; en Barcelona, luego en Madrid. Fueron estas dos ciudades las que me moldearon y me vincularon al mundo de las galer&iacute;as frente a Zaragoza, que no ofrece nada de esto. De hecho, la mayor parte de los artistas aragoneses han tenido que irse. Desgraciadamente, la Comunidad Aut&oacute;noma ni permite, ni ha permitido un humus en el que un creador pl&aacute;stico pueda desarrollarse. Lo que no quiere decir que en Arag&oacute;n no existan instituciones culturales destacadas que hayan hecho cosas muy importantes. Y, sinceramente, creo que Arag&oacute;n tiene una vanguardia magn&iacute;fica, aunque se haya invisibilizado porque la administraci&oacute;n no ha sabido venderla.</p>
<p>- Su puesto como profesor de la Facultad de Bellas Artes de Salamanca durante tantos a&ntilde;os ha favorecido la l&iacute;nea m&aacute;s te&oacute;rica en su trabajo. No le preguntar&eacute; por lo que ense&ntilde;a, sino por lo que ha aprendido en estas d&eacute;cadas gracias a esa labor.</p>
<p>- Ense&ntilde;ar tiene mucho que ver con aprender, pues, para ense&ntilde;ar algo, antes has tendido que aprenderlo t&uacute;, desarrollarlo sobre el papel, convertirlo en un programa, desplegarlo en una cartograf&iacute;a&hellip; Yo siempre he tenido inter&eacute;s por ense&ntilde;ar. Me refiero a antes de entrar en la Universidad. Me dediqu&eacute; un tiempo a la pedagog&iacute;a, sobre todo con ni&ntilde;os. Me gustaba porque, conforme ense&ntilde;aba, aprend&iacute;a. Me obligaba a m&iacute; mismo a sistematizar algo que de otra forma no habr&iacute;a hecho. Eso me ocurre hoy en d&iacute;a tambi&eacute;n. Aunque tenga un programa hecho, me pregunto siempre qu&eacute; es lo que conviene decir la semana siguiente. Esa obligaci&oacute;n permanente es lo que me permite tener algo que contar ma&ntilde;ana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Ahora se dan los conocimientos como si fueran p&iacute;ldoras&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Est&aacute; tan mal la Universidad espa&ntilde;ola como dicen?</p>
<p>- Yo creo que s&iacute;. Est&aacute; pasando por un momento muy dif&iacute;cil. El tema es peliagudo. El cambio que produjo Bolonia es a la vez una fractura generacional, con gente que se est&aacute; jubilando por cansancio, por desastre, por imposibilidad de adaptarse a los cambios que se han producido por los procesos administrativos, que son tremendos, con un papeleo interminable y un mont&oacute;n de controles, evaluaciones, fragmentaciones horarias&hellip; Y con la fragmentaci&oacute;n horaria llega la fragmentaci&oacute;n cognitiva. Los tiempos se han acortado. Yo no s&eacute; qu&eacute; comit&eacute; de sabios ha entendido que esto era fundamental. En los estudios experimentales como son las Bellas Artes, eso es dram&aacute;tico. Es como una carrera ciclista: tienes que llegar a la etapa s&iacute; o s&iacute;. Si las asignaturas se acortan hay conocimientos que precisan de tiempo y a los que no se llega. Hace falta experiencia para alcanzar el conocimiento final y, si no le das el tiempo preciso, nunca se alcanza. Cuando se quiere uno dar cuenta tiene el examen encima. Todo eso ha obligado a cambiar las reglas del juego. Pero tambi&eacute;n las metodol&oacute;gicas, las estructuras mentales. Lo que yo hac&iacute;a hace diez a&ntilde;os en la universidad ahora no puedo. He tenido que cambiar mi propia estructura mental y mi forma de transferir el conocimiento para hacerlo efectivo. Ahora se dan los conocimientos como si fueran p&iacute;ldoras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La obsesi&oacute;n por lo productivo es terror&iacute;fica&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; consecuencias va a tener acabar poco a poco con las humanidades?</p>
<p>- Es a&uacute;n m&aacute;s dram&aacute;tico. Todo lo que no es pr&aacute;ctico o &uacute;til es inmediatamente excluido. Eso es una lectura f&eacute;rrea del capitalismo. La obsesi&oacute;n por lo productivo es terror&iacute;fica. Lo que no es productivo tiene que ser aniquilado, lo que causa estragos. Porque, &iquest;qu&eacute; es &uacute;til y qu&eacute; no lo es? Antes habl&aacute;bamos del arte, qu&eacute; es, c&oacute;mo se define&hellip;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;La tablet no refleja las emociones&rdquo;</strong></p>
<p>- Existe un Fernando Sinaga escritor. &iquest;Est&aacute; muy lejos del escultor, del artista?</p>
<p>- La escritura es algo con lo que me ido sintiendo mejor con los a&ntilde;os. Yo nunca he sabido escribir. Nadie me ense&ntilde;&oacute;, pese a su utilidad. Y es necesario, porque el habla es muy desigual y depende de los d&iacute;as. Las ideas aparecen en ellos m&aacute;s fluidas o no tanto. Cuando escribes, tienes un tiempo. Yo sigo escribiendo a mano, con los lapiceritos que llevo siempre encima, tomando notas que luego transcribo en el ordenador, pero controlando los tiempos, las pausas&hellip; Y lo visual. Eso es algo que me gusta mucho de la escritura. Las palabras tienen una forma, tienen un gesto. Yo soy muy desigual escribiendo, y cuando vuelvo a lo que he compuesto me doy cuenta de mis estados de humor. Eso, con las <em>tablets </em>y los m&oacute;viles lo estamos perdiendo. Con eso ya no puedo. Y no es por incapacidad, sino porque s&eacute; que hay cosas a las que no quiero renunciar porque sigo pensando que son valiosas. &iquest;Por qu&eacute; tengo que renunciar al l&aacute;piz, al papel, a la escritura? &iquest;A poder tachar cuando me da la gana? &iquest;A poder demostrar que estoy furioso escribiendo? La <em>tablet</em> no refleja eso. No refleja las emociones&hellip; &iexcl;Deber&iacute;a haber una campa&ntilde;a a favor de lo manuscrito! No nos estamos dando cuenta de que estos cambios nos est&aacute;n transformando absolutamente la conciencia. Yo lo he notado sobre todo en los &uacute;ltimos cuatro o cinco a&ntilde;os en los estudiantes: hemos pasado de unos muchachos que se sentaban para escucharnos a otros que lo primero que hacen cuando toman asiento es bajar la cabeza para no mirarte a ti. Yo me he puesto como una monja y he prohibido el m&oacute;vil en clase.</p>
<p>- Todas las biograf&iacute;as hacen alusi&oacute;n a su participaci&oacute;n en la XX bienal de Sao Paulo, invitado por Miguel Fern&aacute;ndez-Cid. &iquest;Qu&eacute; supuso para usted?</p>
<p>- Con perspectiva hist&oacute;rica, esa cita y la de Hannover fueron momentos muy precarios. Si Miguel estuviera aqu&iacute; y recordara lo que pas&oacute; en Sao Paulo nos echar&iacute;amos a re&iacute;r porque &iacute;bamos con lo puesto; ni con financiaciones del ministerio, ni con esos presupuestos que luego hemos visto en otras bienales. Cuento como an&eacute;cdota que cuando me invitaron, el comisario me comunic&oacute; que ten&iacute;a tres d&iacute;as para ir, montar, inaugurar y volver. Yo necesitaba, al ser mi primer viaje a Brasil, m&iacute;nimo diez o quince para &ldquo;oler&rdquo; ese pa&iacute;s y trabajar en conciencia. No pretend&iacute;a gastar el dinero p&uacute;blico y vivir del cuento, no. Pero no era posible. As&iacute; que me dieron a elegir entre pagarme el viaje o el hotel. Yo me busqu&eacute; la vida y el que era entonces vicerrector de investigaci&oacute;n en la Universidad de Salamanca fue el que se ofreci&oacute; a pagarme el viaje. Fue la Universidad de Salamanca la que corri&oacute; con los gastos. &iexcl;As&iacute; se hac&iacute;an las cosas entonces! Luego, cuando llegamos all&iacute;, descubrimos que si te mov&iacute;as un d&iacute;a alguien te quitaba el espacio, te corr&iacute;an un panel, te empezaban a empujar y te encontrabas sin lugar para el pabell&oacute;n espa&ntilde;ol. Te lo cuento como fue. Tuvimos que pintar el suelo para marcar territorio. Pero inauguramos. Todo era un enorme esfuerzo.</p>
<p>- &iquest;Fue la cosa mejor en 2000, en la Exposici&oacute;n Universal de Hannover? Entonces participaba con otro grande: Nacho Criado.</p>
<p>- En Hannover fue mejor. Era ya un pabell&oacute;n espa&ntilde;ol en toda regla, pero tampoco eran espacios expositivos muy vibrantes. Esos pabellones los hacen para otras cosas. El arte queda ah&iacute; como muy diluido. A m&iacute; me daba la sensaci&oacute;n de estar exponiendo en los pasillos, donde te dejaban. Siempre lo solucionabas todo, que eso se nos da muy bien a los espa&ntilde;oles. Pero pesa m&aacute;s la dimensi&oacute;n pol&iacute;tica. Adem&aacute;s, en Espa&ntilde;a siempre ha habido esa divisi&oacute;n entre Ministerio de Exteriores y Ministerio de Cultura. Cualquier an&eacute;cdota que te cuente es la consecuencia de eso. Recuerdo que cuando llegu&eacute; a Sao Paulo, Donald Young llevaba a un estupendo artista americano que se llamaba Martin Puryear y que termin&oacute; ganando la Bienal. Cuando ten&iacute;a un problema, recurr&iacute;a a ellos, porque adem&aacute;s yo ten&iacute;a pasaporte americano. &Eacute;l me confes&oacute; que hab&iacute;an invertido un a&ntilde;o en su proyecto. El nuestro se improvis&oacute; como se pudo.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>- En la actualidad, trabaja puntualmente con distintas galer&iacute;as, pero todas de las llamadas &ldquo;perif&eacute;ricas&rdquo; (Trayecto, Aural, Adora Calvo&hellip;). &iquest;No tiene necesidad de situarse en los grandes centros?</p>
<p>- No es tan as&iacute;. Yo he llevado una especie de trayectoria cruzada. Pero s&iacute; es verdad que fui de los que pens&eacute; que Espa&ntilde;a iba a descentralizarse. Eso fue lo que en la Transici&oacute;n se nos vendi&oacute;. De forma que cada Autonom&iacute;a tendr&iacute;a sus propios centros culturales que quedar&iacute;an unidos por importantes v&iacute;as de comunicaci&oacute;n. Esa fue la Espa&ntilde;a por la que luchamos. Pero hoy en d&iacute;a no es as&iacute;. Desgraciadamente, Madrid ocupa el centro absoluto. Y no he dicho Barcelona: he dicho Madrid. Yo soy un artista de Madrid, criado all&iacute;, desarrollado all&iacute;, y donde he trabajado con sus galer&iacute;as: Villalar; inaugur&eacute; la galer&iacute;a de Miguel Marcos; trabaj&eacute; con Salvador D&iacute;az, con Oliva Arauna, con Max Estrella&hellip; Conozco su galerismo muy bien y ellos tambi&eacute;n me conocen a m&iacute;. Pero, al pertenecer a un modelo m&aacute;s alem&aacute;n, en un momento dado cre&iacute; que, como hac&iacute;an los artistas germanos, lo que se deb&iacute;a hacer era trabajar con todo el contexto del pa&iacute;s, en peque&ntilde;os lugares, pueblos, en sitios en los que ni siquiera hubiera museos&hellip; Y as&iacute; he llegado yo a Asturias, a Bilbao, a Mallorca&hellip; Eso es maravilloso. Pero se ha perdido.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me parece estupendo que artistas que han trabajado de forma m&aacute;s marginal sean reconocidos&rdquo;</strong></p>
<p>- Este &uacute;ltimo a&ntilde;o, el Vel&aacute;zquez y el Nacional de Artes Pl&aacute;sticas ha reconocido a autores como Fernando Sinaga, m&aacute;s en la sombra, m&aacute;s fuera del sistema. &iquest;Hay esperanza para gente como usted?</p>
<p>- Me parece estupendo que artistas que han trabajado, que se han esforzado, sea desde la clandestinidad, sea de forma m&aacute;s marginal, sean reconocidos. Pero tambi&eacute;n si lo han hecho desde las galer&iacute;as, que parece que las galer&iacute;as son anatema, casi pecado colaborar con ellas. Las galer&iacute;as siguen realizando un trabajo fundamental en relaci&oacute;n al desarrollo del proyecto art&iacute;stico de un creador. Es una parte m&aacute;s. De hecho, reconocer a los mejores creadores entre los que no trabajan con galer&iacute;as, los alemanes y los americanos lo ver&iacute;an muy raro. En este pa&iacute;s nos vamos de un sitio a otro. Valc&aacute;cel Medina es un gran artista. Concha Jerez, &iexcl;qu&eacute; te voy a decir! Somos amigos y hemos trabajado mucho tiempo juntos.</p>
<p>- Cuenta con una muestra en su curr&iacute;culum, &ldquo;O con la estrella o en la cueva&rdquo; (2011), en el Pablo Serrano de Zaragoza, en la que ejerci&oacute; como comisario. Ahora que los artistas se dediquen a estas labores no es tan extra&ntilde;o. &iquest;Est&aacute; a favor de este tipo de trasvases?</p>
<p>- Yo no creo en lo programado, en lo planificado, ni en algo que aparezca como moda o tendencia. Lo m&iacute;o fue muy coyuntural, circunstancia, y lo hice bien a gusto cuando me toc&oacute; y surgi&oacute; la posibilidad. El caso era claro: Se trataba de la figura de Pablo Serrano y a m&iacute; me llam&oacute; el gobierno que quer&iacute;a inaugurar el IAC. Yo hice un borrador, con el&nbsp; Serrano que me interesaba, pues yo no era la persona indicada para hacer una antol&oacute;gica de su trayectoria, sobre todo porque hay partes de la misma que a m&iacute; no me interesan. Pero la de la obra espacialista es sumamente interesante, que es la parte que presenta en la Bienal de Venecia, en la que no hay que olvidar que queda en segundo lugar tras Giacometti. Eso parece que sean asuntos menores. Con ayuda de historiadores y el museo, encontramos en su archivo cosas muy interesantes, como los escritos, que tambi&eacute;n hicimos p&uacute;blicos, con temas que ahora son muy el centro, y que se repiten hasta en la exposici&oacute;n de Constant del Museo Reina Sof&iacute;a. El IAC era deudor de una donaci&oacute;n importante de Pablo Serrano, yo soy aragon&eacute;s, con un compromiso con mi tierra y con el estudio de esa generaci&oacute;n de posguerra espa&ntilde;ola que merece ser revisada. Y por eso dije s&iacute;. Me hubiera gustado reconstruir el espacio de la Bienal, pero no fue posible, no hab&iacute;a recursos, ni cesi&oacute;n de obra, pero hicimos lo que pudimos. Pero all&iacute; estuvieron los planos del proyecto de Serrano en Aldead&aacute;vila&nbsp; (Salamanca). Eso fund&iacute;a adem&aacute;s mi lado aragon&eacute;s con el salmantino. Los planos de esa presa son una maravilla de la ingenier&iacute;a en una maravilla de entorno. Me qued&eacute; muy sorprendido al visitar ese proyecto, que es franquista y de un artista muy pegado al PSOE. El tema era peliagudo, pero me dieron el s&iacute;. Se mand&oacute; un c&aacute;mara, se hizo un rodaje y se recogi&oacute; la gran b&oacute;veda del artista en el pantano. Es hoy en d&iacute;a incluso algo muy emocionante de ver, y nos retrotrae a una memoria hist&oacute;rica que hay que retomar y revisar.</p>
<p>- &ldquo;Ideas K&rdquo; (2011), en el MUSAC de Le&oacute;n, &iquest;es la muestra que mejor ha definido sus intereses hasta la fecha?</p>
<p>- Gloria Moure, que tiene una gran experiencia expositiva, aport&oacute; convenientemente una mirada que transmitiera bien el esp&iacute;ritu de mi obra. Para eso se necesita una gran inmersi&oacute;n de ambos en la cuesti&oacute;n. La precisi&oacute;n con la que ella se aproxim&oacute; a mi quehacer quiz&aacute;s no estaba en m&iacute;. Y es muy interesante que alguien repase tu labor desde fuera. Me hizo sugerencias, que para m&iacute; eran novedades, y creo que sali&oacute; muy bien. Adem&aacute;s conseguimos otra cosa, y es que el MUSAC, que es un espacio muy bonito e interesante, estaba muy panelado. Logramos retirar muros falsos y rescatar la estructura arquitect&oacute;nica original. Qued&eacute; muy satisfecho. Lo interesante de las exposiciones es que son campos de prueba. En cada contexto, una obra funciona de manera diferente. Y fueron grandes experimentaciones tanto la muestra del MUSAC como la de Bragan&ccedil;a y la del MACA de Alicante, por ser entornos muy diferentes que exigieron repensar c&oacute;mo la obra pod&iacute;a habitar en circunstancias diferentes de forma diversa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Es un momento de absoluta incertidumbre&rdquo;</strong></p>
<p>- A prop&oacute;sito de su trabajo, en 2001 Sim&oacute;n March&aacute;n Fiz recog&iacute;a en un texto una apreciaci&oacute;n suya que le paso a leer: &ldquo;Desde Schwitters, Tatlin y Malevitch, el arte europeo trata de reordenar sus ruinas y crear un nuevo orden&rdquo;. Tras lo ocurrido en Par&iacute;s en noviembre, &iquest;no cree que esa labor es ingente y abocada al fracaso?</p>
<p>- S&iacute;. Una cierta sensaci&oacute;n de ruina existe y tenemos. Tambi&eacute;n de descomposici&oacute;n. Cada uno, en su &aacute;mbito p&uacute;blico y privado, e independientemente de su formaci&oacute;n, es consciente de que algo no funciona y de que se desintegra. En la maquinaria social algo no va. El capitalismo nos ha apretado las tuercas de forma excesiva. De alguna manera, eso nos lleva a que se nos escapen las cosas de las manos. Pero tampoco nadie sabe hacia d&oacute;nde vamos. Es un momento de absoluta incertidumbre. Y eso tambi&eacute;n es interesante, pero inquietante. Muy inquietante.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 16 Mar 2016 07:06:11 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Variaciones Conget]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/variaciones-conget/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2016/Conget500.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>Tema (arioso, con br&iacute;o)</strong></p>
<p>En varias de las solapas de sus libros, Conget o sus editores (por lo general, c&oacute;mplices muy eficaces) han definido tres de ellos (<em>Cincuenta y tres y octava</em>, <em>Vamos a contar canciones</em> y <em>Una cita con Borges</em>) como &ldquo;libros de dif&iacute;cil clasificaci&oacute;n&rdquo;. La solapa del &uacute;ltimo a&ntilde;ade que &ldquo;recoge algunos ensayos que parecen ficci&oacute;n y dos ficciones que parecen ensayos&rdquo;, frase tomada del propio pr&oacute;logo del escritor. Pero iremos viendo que no son los &uacute;nicos casos de deliberada ambig&uuml;edad gen&eacute;rica&hellip; Es patente que al autor le place imaginar la sensaci&oacute;n de perplejidad que asaltar&iacute;a a un hipot&eacute;tico bibliotecario que debe clasificarlos y optar por &ldquo;novela&rdquo;, &ldquo;ensayo&rdquo; o &ldquo;autobiograf&iacute;a&rdquo;, pues de todo tienen algo.</p>
<p>La indefinici&oacute;n le permite manejar a su sabor las reglas del juego, porque nunca son fijas. Al escribir <em>Pont de l&rsquo;Alma</em> (2007), pieza netamente autobiogr&aacute;fica, Conget declara que el libro deber&iacute;a haber terminado en el momento feliz en que su mujer le ha anunciado su visita a Par&iacute;s&hellip; y llega a su despacho unos segundos despu&eacute;s de llamarle por tel&eacute;fono desde la porter&iacute;a. Es un <em>final feliz</em> casi can&oacute;nico porque &ldquo;las novelas y el cine nos han acostumbrado al montaje y las elipsis y algunos encontramos irritante que la vida no imite tambi&eacute;n al arte en este terreno&rdquo;. Pero la vida sigue despu&eacute;s del feliz encuentro y el libro todav&iacute;a le reserva al narrador alg&uacute;n sinsabor parisino y, al hilo de un poema de <em>Verano ingl&eacute;s</em>, de Guillermo Carnero, una impresionante declaraci&oacute;n de amor (que es, sin duda, otro <em>finale in bellezza</em>). La labor de ordenaci&oacute;n y acicalamiento la realiza nuestra memoria y, en consecuencia, &ldquo;si nuestro pasado participa de la irrealidad de la ficci&oacute;n se debe a que lo hemos sometido a un proceso de fabulaci&oacute;n, selecci&oacute;n y desfiguraciones no muy distinto del que el novelista ejerce sobre su material&rdquo;.&nbsp; A eso se le llamaba anta&ntilde;o &ldquo;literaturizaci&oacute;n de la vida&rdquo;, pero &iquest;por qu&eacute; no lo llamamos &ldquo;vitalizaci&oacute;n de lo literario&rdquo;? &iquest;Qu&eacute; fue lo primero? A fin de cuentas, &iquest;lo ha sido la experiencia personal, que nos hemos complacido en contarnos, desfigurando aqu&iacute;, exagerando all&aacute;? &iquest;O lo han sido las muchas experiencias le&iacute;das que ha te&ntilde;ido la percepci&oacute;n nuestra intimidad, otorgando una suerte de sentido a su sucederse, d&aacute;ndole a veces el &eacute;nfasis de una m&uacute;sica de fondo o suspendiendo su transcurso en el punto que nos parece de plenitud?</p>
<p>Habitamos la literatura con la misma inevitabilidad (o perplejidad) con que habitamos la vida. Uno de los libros que se han citado m&aacute;s arriba, <em>Una cita con Borges</em> (2000), viene precedido de un prefacio, &ldquo;Un libro con textos de pie forzado&rdquo;, que en principio parece justificar que el volumen se componga de escritos que obedecieron a encargos. Pero como huelga hacerse perdonar tal cosa, Conget ha repasado all&iacute; con notable desenvoltura la historia universal de la autor&iacute;a de libros desde que, acabados los tranquilizadores mecenazgos, surgi&oacute; la &ldquo;orfandad rom&aacute;ntica&rdquo; de los creadores, que fue madre fecunda de &ldquo;malditismo, bohemia, dandysmo y otras marginalidades&rdquo;, siempre consolatorias de aquella p&eacute;rdida. Pero, incluso cuando el mercado se hizo m&aacute;s frondoso y acogedor, los obstinados escritores no abandonaron las formas de su automitificaci&oacute;n. El escritor mismo es literatura, y &eacute;sta es inevitablemente contagiosa. All&aacute; donde va, porta su equipaje de citas, su permanente sensaci&oacute;n de que la vida tiene una trama que se desvela y que todo el acontecer est&aacute; pre&ntilde;ado de efectos finales <em>in nuce</em>. Y quiz&aacute; el &uacute;ltimo y modesto refugio de la automitificaci&oacute;n sea vivir conscientemente bajo el dominio de una suerte de <em>metaliteratura</em>, o mejor de <em>panliteratura</em>, que es saber que escribimos lo que ya se ha escrito, y que uno se fuga de g&eacute;neros, ritmos y met&aacute;foras para, casi sin saberlo (o a conciencia feliz de hacerlo), reincidir en unos y otras.</p>
<p>Algunos de los textos de <em>Una cita con Borges</em> se complacen en demostrar que la <em>panliteratura</em> tiene poco de heroica: &iquest;c&oacute;mo puede sobrevivir, por ejemplo, la leg&iacute;tima vanidad del autor a lo que Conget cuenta en el texto &ldquo;De dobles y hom&oacute;nimos&rdquo;? Al parecer, sus alumnos espa&ntilde;oles le encontraban parecido a Woody Allen, pero en Estados Unidos, mucha gente tambi&eacute;n empez&oacute; a confundirle con Salman Rushdie y aquello gener&oacute; alguna situaci&oacute;n embarazosa y, a la larga, el fortuito y fugaz encuentro con su presunto doble. Pero la m&aacute;s hilarante de las confusiones de personalidad fue una simple, aunque enojosa, homonimia: la que en varias ocasiones jocosas le emparej&oacute; al obispo Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget y que culmin&oacute; en el trueque de la fotograf&iacute;a que ilustra el art&iacute;culo &ldquo;Conget, Jos&eacute; Mar&iacute;a&rdquo; en la enciclopedia Espasa, donde aparece la severa efigie del purpurado en vez de la suya.</p>
<p>&nbsp;Hay otras confusiones m&aacute;s fecundas y placenteras de vida y literatura. El texto ep&oacute;nimo del libro, &ldquo;Una cita con Borges&rdquo;, es un estupendo ensayo sobre la funci&oacute;n de lo er&oacute;tico en la obra de Borges, patrono de todas las modalidades de <em>panliteratura</em>, pero&hellip; camuflado en forma de una carta personal dirigida al autor por una antigua alumna suya, que un d&iacute;a descubri&oacute; la escritura de Borges, se sinti&oacute; llamada por &eacute;l y decidi&oacute; estudiar el tema del amor en su obra: desech&oacute; la interpretaci&oacute;n psicoanal&iacute;tica tan habitual (que siempre habla del edipismo borgesiano) y la plat&oacute;nica, que presupone su impotencia. Ella sostuvo que, en verdad, fue un hombre ardientemente enamorado y tiene motivos para creerlo porque la joven se llama tal como firma al final de la misiva. La laboriosa alumna es&hellip; Matilde Urbach, y todo lector de Borges recordar&aacute; entonces aquel d&iacute;stico inolvidable, &ldquo;Le r&eacute;gret d&rsquo;H&eacute;raclite&rdquo;, en la secci&oacute;n &ldquo;Museo&rdquo; del libro <em>El hacedor</em>: &ldquo;Yo que tantos hombres he sido, no he sido nunca / aquel en cuyo abrazo desfallec&iacute;a Matilde Urbach&rdquo; (Borges finge que se trata de la traducci&oacute;n de un poema que est&aacute; atribuido a Gaspar Camerarius en unas improbables <em>Deliciae Poetarum Borussiae</em>). La ficci&oacute;n-ensayo de Conget est&aacute; fechada en &ldquo;Sevilla, 1999&rdquo;, a&ntilde;o del centenario de Borges, y dedicada a Juan Bonilla &ldquo;en recuerdo de nuestras conversaciones sobre Borges por las calles de Manhattan&rdquo;.</p>
<p>Sucede, sin embargo, que el precito Juan Bonilla es autor de un libro, <em>El arte del yo-yo</em> (1996), que incluye un divertido art&iacute;culo sobre la identidad de Matilde Urbach. Nos cuenta que la averigu&oacute; por intercesi&oacute;n de un tal Francisco Balasz (un argentino de apellido magiar), que a su vez pregunt&oacute; a Bioy Casares, quien le dijo que la pista estaba en una de las rese&ntilde;as que el joven Borges hizo para la revista <em>El Hogar</em>; all&iacute;, en efecto, elogi&oacute; una olvidada novela de William Joyce Cowen, <em>El hombre con cuatro</em> <em>vidas</em>, que contaba la historia de un soldado alem&aacute;n que lleg&oacute; a morir cuatro veces a manos del mismo enemigo brit&aacute;nico. Esa rese&ntilde;a existe, pero no menciona a ninguna Matilde Urbach, ni lo hace tampoco la novela, aunque todo diga mucho de la imaginaci&oacute;n juguetona que es prenda de Bonilla; esa supercher&iacute;a tan bien tramada ha llegado &ndash;en forma de nota a pie de p&aacute;gina- a la &uacute;ltima edici&oacute;n de las obras completas de Borges. Si el lector quiere pasar una tarde, in&uacute;til pero amena, no tiene sino teclear en internet los nombres de Bonilla, Matilde Urbach, Gaspar Camerarius, Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget o Juan Francisco Ferr&eacute; y podr&aacute; considerarse ya uno de los innumerables pretendientes en cuyos brazos jam&aacute;s se desmay&oacute; Matilde Urbach pero que hicieron lo posible por darle vida literaria.</p>
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<p><strong>Variaci&oacute;n I: Andante</strong></p>
<p>Escribir es un riesgo que se paga. &ldquo;Contar&rdquo;, como prefiere decir Conget, no lo es tanto: viene a ser como el estado previo de la literatura, el momento de felicidad en que algo nos revela que esconde una trama. &ldquo;Saber contar&rdquo; es hacer emerger sentidos en lo que aparentemente no lo tuvo, buscar la deriva que va del testimonio a la invenci&oacute;n (sin advertirlo al lector), llevar las cosas de estado original de <em>suceso</em> al ali&ntilde;o armonioso de <em>relato</em>. Que la literatura puede ser un efluvio de simpat&iacute;a, un modo de entenderse, lo explica &ldquo;Agradecimiento&rdquo;, otro texto de <em>Una cita con Borges</em>, que nos habla de c&oacute;mo Raymond Carver, aquejado de astenia literaria, descubri&oacute; la lectura de Antonio Machado y recuper&oacute; las ganas de escribir, y de c&oacute;mo &ndash;alg&uacute;n tiempo despu&eacute;s- un Conget en estiaje ley&oacute; a Carver con el mismo ben&eacute;fico resultado. &iquest;Y si la literatura y el contar fueran formas de agradecer que vivimos, que alguien nos est&aacute; leyendo, que alguien nos ense&ntilde;&oacute; a narrar las cosas?</p>
<p>Es inevitable hablar ya del estatuto semiautobiogr&aacute;fico de las narraciones de Conget. Empez&oacute; por ser muy directo: lo que hoy llamamos <em>Trilog&iacute;a de Zabala</em> (<em>quadrupedumque</em>, <em>Comentarios (marginales) a la guerra de las Galias</em> y <em>Gaudeamus</em>, 1981-1986) sigue siendo la m&aacute;s divertida y desenga&ntilde;ada cr&oacute;nica del peculiar sesenta y ocho espa&ntilde;ol que, en los m&aacute;s diversos escenarios, revela siempre la ciudad de provincias que hay detr&aacute;s de la educaci&oacute;n sentimental de los espa&ntilde;oles que ten&iacute;an veinte a&ntilde;os en aquel trance. Despu&eacute;s, <em>Todas las mujeres</em> (1989) es la novela que tiene m&aacute;s deudas cortazarianas, la m&aacute;s cronopiesca (o cronopia) de sus obras y la primera en poner en primer plano el fracaso en que desembocan el ego&iacute;smo y la impericia vital. <em>Palabras de familia</em> (1995) es el relato m&aacute;s intenso de este primer ciclo y que su t&iacute;tulo invoque aquellas &ldquo;palabras de familia, usadas tibiamente&rdquo; de la famosa &ldquo;Arte po&eacute;tica&rdquo; de Gil de Biedma, no deja de enunciar un prop&oacute;sito expiatorio muy claro (y muy vivo en el poeta inspirador). Trata de la vida rival, paralela y complementaria, de dos hermanos, Ra&uacute;l-Jimmy, escritor frustrado, que ha quedado anclado en Zaragoza, donde escribe un diario, y Juan Carlos-Charlie, que ha escrito alguna novela, es profesor en Londres y maquina y comete su suicidio. El progresivo avance de los elementos tr&aacute;gicos sobre los c&oacute;micos anticipa ya el rumbo escarmentado y algo cruel de los &uacute;ltimos relatos del autor. Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n, excelente prologuista de la edici&oacute;n conjunta de la <em>Trilog&iacute;a</em>, ha llamado la atenci&oacute;n sobre una frase de Utis, la voz interior de Zabala en <em>quadrupedumque</em>: &ldquo;Qu&eacute; se puede decir si no se dice todo, para eso se escriben las novelas&rdquo;. Esa ambici&oacute;n, que era tan de su tiempo, ha ido cediendo en su empe&ntilde;o porque el material autobiogr&aacute;fico es de naturaleza f&aacute;cilmente combustible y hay que ahorrarlo. De ese modo, los brillantes fuegos de artificio narrativos dan paso a un estilo m&aacute;s di&aacute;fano, donde el narrador se divierte estando unas veces en el relato y otras fuera, ralentizando el flujo de los acontecimientos o aceler&aacute;ndolo, controlando todo y proponiendo las citas literarias y f&iacute;lmicas que identificamos complacidos. De la <em>novela</em> hemos pasado a <em>contar</em>.</p>
<p>Parecida evoluci&oacute;n se advierte en la memoria de las casas que el autor habit&oacute;, un g&eacute;nero curioso pero no infrecuente, que suele reflejar en otros la profunda soledad o la vanidad incurable. Quiz&aacute; tambi&eacute;n la necesidad de hacer menos abstracto y m&aacute;s tangible el recuerdo. No hay en los textos de Conget ni lo primero ni lo segundo, pero s&iacute; mucho de lo tercero&hellip; <em>10, Rillington Place</em>, breve recuerdo de su domicilio londinense, se escribi&oacute; en 1999 para la revista <em>La Expedici&oacute;n</em> y se complace en averiguar, sin petulancia alguna, los inevitables estratos hist&oacute;ricos de toda vivienda y decir algo ingenioso sobre los avatares cinematogr&aacute;ficos de Londres. All&iacute; habit&oacute; en un inmueble que se hab&iacute;a construido sobre el solar de otro donde mor&oacute; un asesino en serie, cuyas andanzas evoc&oacute; un filme no muy conocido; s&oacute;lo al fondo se advierte la historia de un hombre y una mujer muy j&oacute;venes que se turnaban por las noches en la tarea de dar biberones a su hijo. <em>Cincuenta y tres y Octava</em> se escribi&oacute; tres a&ntilde;os antes y es, de punta a cabo, una despedida, m&aacute;s emocionada que melanc&oacute;lica, de Nueva York. Y el edificio Encore, cuya planta decimotercera acogi&oacute; a los Conget, es curiosamente el mismo que en <em>Hasta el fin de los cuentos</em> trae tantas tribulaciones a Mart&iacute;n Artal, como veremos al final. <em>Pont de l&rsquo;Alma</em> &ndash;recuerdo de a&ntilde;o y medio en Par&iacute;s- es otra cosa, nada ajena a que, en vez de una direcci&oacute;n particular, se evoque una referencia urban&iacute;stica y, sobre todo, a la homonimia que se produce entre el vocablo espa&ntilde;ol &ldquo;alma&rdquo; y la olvidada batalla de la guerra de Crimea que dio nombre al puente. Aqu&iacute;, el personaje de Conget es invasivo y dominante, cabreado a veces, maledicente casi siempre. Y Par&iacute;s se limita a ser un simple fondo sin demasiada realidad contable, id&eacute;ntica a su imagen de postal. No deja de ser revelador que, en aquella estancia parisina, Conget tuviera en el telar, pero sin a&ntilde;adirle una l&iacute;nea, su novela m&aacute;s desazonante y reciente, <em>La bella cubana</em>. Comparte con ella la misma opresiva sensaci&oacute;n de que hay vidas err&oacute;neas, o errores que desti&ntilde;en su agria sustancia sobre toda una vida. Al protagonista de la novela le cuesta la vida; al de <em>Pont de l&rsquo;Alma</em>, el padecimiento de tres episodios de cojera, la rebeli&oacute;n de un contestador autom&aacute;tico (y hostil) y la sensaci&oacute;n de una inc&oacute;moda impotencia profesional: un jefe siempre ausente, un dominio del franc&eacute;s que siempre resulta precario, el trato con pintorescos editores y una complicada fauna literaria (el editor B, que ofrece una cena miserable en su casa; la viuda de Witold Gombrowicz, que lo confunde con Jorge Herralde; la innominada novelista mexicana que ataca a Roberto Bola&ntilde;o, su compa&ntilde;ero de mesa redonda; un Vila-Matas siempre silencioso y un Juan Jos&eacute; Mill&aacute;s semisecuestrado por sus admiradores lacanianos).</p>
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<p><strong>Variaci&oacute;n I: giocoso assai</strong></p>
<p>En 2010, cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s del apogeo de las formas pop, escrib&iacute;a en el preliminar de <em>Espectros, parpadeos y shazam!</em>, que &ldquo;no creo en la decadencia actual de la literatura, el cine contempor&aacute;neo me parece tan interesante como el llamado cl&aacute;sico, y leo tebeos, antiguos y modernos, todos los d&iacute;as&rdquo;. En rigor, Conget defiende su resistencia a haber sido <em>profesional</em> de algo y su derecho a ser <em>amateur</em> de todo. Por eso no le asusta la fidelidad sentimental al pasado pr&oacute;ximo y, en rigor, sabe muy bien que su disfrute &ndash;al margen de las modas (que tambi&eacute;n las hay acad&eacute;micas&hellip;)- tendr&aacute; su mejor plasmaci&oacute;n no en un severo ensayo sino en &ldquo;una charla entre amigos que de vez en cuando se permiten exabruptos&rdquo;. Es una marca de su tiempo: &ldquo;De joven prefer&iacute;a, o ten&iacute;a para m&iacute; m&aacute;s potencia la literatura (o el cine) que la vida&rdquo;. Fue el momento de lo que en Francia se llam&oacute; la <em>cin&eacute;phillie</em>, heredera de mucha sustancia popular aunque hoy la asociemos m&aacute;s a los dogmatismos de <em>Cahiers du Cin&eacute;ma</em>, o a las pedanter&iacute;as de Jean-Luc Godard, que Conget aborrece tanto como desprecia la cinefilia, cursilona y de andar por casa, de Jos&eacute; Luis Garci. Y fue el tiempo en que la expresividad de los tebeos se pon&iacute;a en los cuernos de la luna: Terenci Moix la descubri&oacute; porque hab&iacute;a le&iacute;do muchos y le dedic&oacute; un libro precioso de t&iacute;tulo pedante, <em>Los c&oacute;mics: arte para el consumo y formas pop</em>. Conget a&ntilde;adi&oacute; a la lista la devoci&oacute;n por Emilio Salgari (que comparte con Jos&eacute; Mar&iacute;a Guelbenzu) y su entusiasmo por Guillermo Brown, de Richmal Crompton (que coincide con el de Fernando Savater).</p>
<p>Est&aacute; convencido, y nadie podr&iacute;a rebatirle, de que esa vela de armas literarias persiste al fondo de las responsabilidades morales que hoy asume y que se enlaza, sin pudor, con ciertas vivencias de la lava ardiente de lo que despu&eacute;s ha le&iacute;do. Todos crearon &ldquo;tactos y temblores del recuerdo que s&oacute;lo est&aacute;n escritos en mi memoria y que nada plagian ni reproducen (aunque su propia &ldquo;originalidad&rdquo; deba acudir a la literatura para afirmarse)&rdquo;. Por eso, el t&iacute;tulo de <em>Espectros, parpadeos y shazam!</em> se acoge a citas impl&iacute;citas de Walt Whitman (lo tocante a la literatura), Antonio Mart&iacute;nez Sarri&oacute;n (el reino del cinema) y al conjuro que convierte en Billy Watson en el capit&aacute;n Marvel (que abre el mundo de los tebeos). Al frente de la secci&oacute;n de los &ldquo;Espectros&rdquo; literarios de los que habla, bien est&aacute;n las palabras de Walt Whitman, que tanto sab&iacute;a de recuentos, jactancias y fantas&iacute;as absorbentes y entusiastas: &ldquo;No observes desde los ojos de los muertos, ni te alimentes con los espectros de los libros&rdquo;.</p>
<p>Siempre se escribe despu&eacute;s de algo&hellip; El desenga&ntilde;o es, al cabo, el origen de la literatura que vale la pena. Se produce cuando se ha amortiguado su entusiasmo invasor y ha pasado a ser la receta que pone una porci&oacute;n de gozo irresponsable a las ganas de hablar de ello, sin perder de vista la irrebatible existencia de la realidad y sus estragos. Supongo que fue el estado mental en el que Cervantes escribi&oacute; la segunda parte del <em>Quijote</em>, la de 1615, donde nos domina la sensaci&oacute;n de que disfruta escribiendo y lamenta el momento de tener que dejar de hacerlo. Los textos de Conget albergan ese fondo de optimismo cervantino, escarmentado y l&uacute;cido: son lugares donde se habla de todo y se dialoga con todo.</p>
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<p><strong>Variaci&oacute;n III: allegro vivace</strong></p>
<p><em>Vamos a contar canciones</em> (1999) es, pese a su brevedad, el artilugio de Conget m&aacute;s cercano a la autobiograf&iacute;a directa y, quiz&aacute; por eso, uno mis predilectos. El t&iacute;tulo evoca el de una canci&oacute;n infantil: &ldquo;Ahora que vamos despacio, / vamos a contar mentiras&hellip;&rdquo;, tales como que &ldquo;por el mar corren las liebres, / por la tierra las sardinas&rdquo;, seg&uacute;n sabemos todos. Y que la obra tiene algo de autobiograf&iacute;a colectiva nos lo recuerda ese imperativo &ldquo;vamos&rdquo;, que se reitera dos veces en la rondalla infantil.</p>
<p>A la primera historia le antecede un t&iacute;tulo prestigioso, &ldquo;Digasme [ora] ese cantar&rdquo;, que hay que tener muy presente al leer el texto. Porque Conget, que se recuerda canturreando por una calle de Nueva York la &ldquo;Zamba de mi esperanza&rdquo;, camino de su casa, es descendiente del marinero que al mando de aquella nave de velas de seda cantaba una canci&oacute;n tan bella como desconocida. Y el viandante, argentino sin duda como la m&uacute;sica, que le pregunt&oacute; si &eacute;l tambi&eacute;n lo era, viene a ser aquel Conde Arnaldos que, halc&oacute;n sobre el guante, iba a cazar cuando oy&oacute; la canci&oacute;n. Y es que cantar y contar no son hechos que acaban en el cantor o el contador sino que est&aacute;n hechos para hacer corro de adictos. Como sucede con la pegadiza melod&iacute;a de &ldquo;Doce cascabeles&rdquo;, a cuyas notas ramplonas pero euforizantes se unen el recuerdo de un padre que era cantar&iacute;n y de un hijo que le imitaba, ambos por la carretera que va de Borja a Malej&aacute;n (la canci&oacute;n tuvo parte importante en la novela <em>Hasta el fin de los cuentos</em>, que veremos enseguida). Todos son ritos del sentimiento: la gramola donde oy&oacute; las primeras canciones grabadas, las actividades canoras del colegio de jesuitas, las canciones francesas de los &uacute;ltimos sesentas (Fran&ccedil;oise Hardy o Catherine Deneuve)&hellip; Al espl&eacute;ndido final, escrito entre nostalgias neoyorquinas, le pone m&uacute;sica una canci&oacute;n de Compay Segundo (&ldquo;Chan Chan&rdquo;) que oyeron el escritor y su mujer en la ciudad americana poco antes de volver a Espa&ntilde;a y que ahora escuchan en Sevilla, donde van a vivir: no hay m&aacute;s que una orilla, una vida, s&oacute;lo &ldquo;la verdad exclusiva de la m&uacute;sica&rdquo;. Pero tambi&eacute;n tiene su importancia el retrato entrevisto de los dos oferentes, Maribel Cruzado y Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget, que &ldquo;escuchan una canci&oacute;n con la alegr&iacute;a profunda de quienes creen que nunca, nunca jam&aacute;s, volver&aacute;n a decir adi&oacute;s&rdquo;. Y que quiz&aacute; se perciben tambi&eacute;n como el Chan Chan y la Juanica de la canci&oacute;n, seres que van y vienen, cerniendo arena del mar para construir su casa.</p>
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<p align="left"><strong>Variaci&oacute;n IV: aria da capo e fine</strong></p>
<p>Pero casi todo lo que ha expuesto el primer apartado y han glosado las tres variaciones siguientes tiene su m&aacute;s cabal expresi&oacute;n en la novela <em>Hasta el fin de los cuentos</em>, escrita en 1992-1994 aunque publicada en 1998. Todo est&aacute; all&iacute;: Nueva York como escenario predilecto y dir&iacute;ase incluso que como forma de un destino; la infancia &ndash;que es y no es feliz- donde se forma indeleblemente una manera de ser; el amor que es arrebato y constancia, pasi&oacute;n y m&eacute;todo; la mujer, que es enigma, peligro y sabidur&iacute;a; el hombre que suele ser ansia y torpeza; la poderosa imagen del cine negro norteamericano, de donde, sin duda, provienen esos <em>amours fous</em> que avasallan, ensalzan y humillan a sus voluntarias v&iacute;ctimas (pensemos, nada m&aacute;s, en <em>La mujer del cuadro</em>, de Lang; <em>Perdici&oacute;n</em>, de Wilder, y <em>Retorno al pasado</em>, de Tourneur: en Edward G. Robinson, Fred Mac Murray y Burt Lancaster). No deja de ser divertido que al guarda que protege a la Cucaracha se le d&eacute; el nombre de MacLaglen, como el duro actor que asociamos a las mejores cintas de John Ford, ni que los polic&iacute;as un tanto turbios se llamen Mitchum (por Robert) y Mazurki (pienso que por Paul Mazursky, actor, guionista y director).</p>
<p>Lo que importa, sin embargo, es que todo est&aacute; <em>contado</em> por un implicado y no <em>narrado</em> por un autor independiente de su relato. Y que los cuentos se engarzan unos en otros mucho m&aacute;s de lo que en un comienzo pueda parecer, de modo que, al final, levantado el &uacute;ltimo tel&oacute;n de conjeturas, sabemos que el meollo de todo, el origen del mundo que se ha desplegado, es la relaci&oacute;n de un hombre que cuenta y una mujer que exige cuentos y que apostilla, con su impaciencia a veces, con sus ideas propias otras, el libro que hemos le&iacute;do. El exergo de Jorge Luis Borges, que habla de los <em>confabulatori</em> nocturnos, lo sit&uacute;a en la historia de la literatura universal: asistimos a un <em>Decameron</em> para dos personas (y un lecho sobre el que yacen castamente), o la situaci&oacute;n estructurante de <em>Las Mil y Una Noches</em> en la que una Sherezade (que aqu&iacute; es un hombre) aplaza con sus relatos la sentencia del rey Shariyar (que aqu&iacute; es una mujer) que les espera: el abandono, quiz&aacute; la muerte de su sue&ntilde;o, a la vez que propicia la recompensa que seguramente no tendr&aacute;. Porque los cuentos aplazan gustosamente la vida que nos espera y se suceden en esforzado turno unos a otros. &iquest;Llegaremos alguna vez <em>hasta fin de los cuentos</em>, hasta el apocalipsis que da t&iacute;tulo a esta novela de Conget? Este acabamiento se presagia cuando el narrador confiesa atribulado que &ldquo;el cuento es un par&eacute;ntesis y un par&eacute;ntesis necesario para sobrevivir. Un par&eacute;ntesis cuyo signo de cierre, lo confieso, hago todo lo posible por postergar&rdquo;. Porque el cuento de nunca acabar es la tragedia impl&iacute;cita del cuentista&hellip; Fue el m&aacute;s sagaz de todos ellos quien invent&oacute; aquel cuento &ndash;&ldquo;&Eacute;ste era un rey que ten&iacute;a tres hijas, / las meti&oacute; en tres botijas / y las unt&oacute; con pez&hellip; / &iquest;Quieres que te lo cuente otra vez?&rdquo;- que se puede reanudar eternamente digamos s&iacute; o no a la pregunta.</p>
<p>No se formula ninguna pregunta al lector de <em>Hasta el fin de los cuentos</em> pero la estructura circular de la novela, donde todo se reanuda y empieza donde hab&iacute;amos pensado que acababa, le espera en el final, nada feliz pero no desesperado. Todo ha surgido de otra pregunta importante que la abre: &iquest;quieres un <em>cuento le&iacute;do</em> o un <em>cuento inventado</em>?, donde <em>cuento le&iacute;do</em> vale por exposici&oacute;n de una historia escrita por otro -como las leyendas griegas que ya ha contado el narrador- y <em>cuento inventado</em> es aquel que se improvisa pero, al cabo, habla de quien lo hace. A este lector de <em>Hasta el fin de los cuentos</em> le queda averiguar tambi&eacute;n qui&eacute;n es el que cuenta cada cuento y qui&eacute;n es la que los escucha, cosas que Conget no dice expl&iacute;citamente. Pero algo le har&aacute; sospechar que la historia que narra la primera encarnaci&oacute;n de Sherezade &ndash;la del hombre, cuyo nombre no se revela, que se enamor&oacute; perdidamente de la bailarina de un <em>peepshow</em> y que se meti&oacute; en toda clase de desdichas por volverla a ver y saber qui&eacute;n era- es, en rigor, casi la misma historia de Mart&iacute;n Artal, bibliotecario y lector compulsivo de Emilio Salgari, que dio en llamar &ldquo;la perla de Labu&aacute;n&rdquo; a Mariana, una empleada del consulado a la que conoci&oacute; en un c&oacute;ctel y que, convertida en mujer de su vida (pero nunca de su lecho), le enga&ntilde;&oacute; miserablemente para obligarle a una peripecia de b&uacute;squedas detectivescas que tienen lo suyo de historia de tebeo (pensemos por un momento en el personaje camuflado, en pleno verano de Nueva York, bajo una peluca que remata un sombrero tirol&eacute;s, como un nuevo Mortadelo en uno de los enmara&ntilde;ados casos de la T.I.A.). &iquest;Y c&oacute;mo no reconocer los s&iacute;ntomas de esos naufragios en la historia del emigrante, reci&eacute;n llegado a Nueva York, que se arruina llamado por tel&eacute;fono &ndash;siempre infructuosamente- a su casa de Espa&ntilde;a? &iquest;Y en la historia que, ya al final de la novela, empieza a contar el protagonista del primero de los cuentos para prolongar tambi&eacute;n la presencia de su amada frente a &eacute;l, en la mesa de un caf&eacute;?</p>
<p>En ese momento, nuestro lector ya no tendr&aacute; tampoco la menor duda de a qui&eacute;n se refiere la historia de &ldquo;Amistad&rdquo;, una preciosa estampa de un barrio modesto y semirrural de Pamplona, donde se trenza y consuma la amistad del narrador con Jos&eacute; Ferm&iacute;n Irisarri y donde se habla de afectos y tambi&eacute;n de culpa. Y sabremos qui&eacute;n hay detr&aacute;s del narrador de &ldquo;Lima ya no existe&rdquo; que cuenta el final desastrado de unos a&ntilde;os pasados en la capital de Per&uacute;. En realidad, si &ldquo;Amistad&rdquo; es una pasarela que enlaza esta novela con <em>Palabras de familia</em>, &ldquo;Lima ya no existe&rdquo; conduce hasta la trama de la <em>Trilog&iacute;a de Zabala</em>, a cuyo protagonista, Miguel Zabala, se atribuye la autor&iacute;a del texto intercalado&hellip; Puede que <em>Hasta el fin de los cuentos</em> no sea la mejor novela de Conget pero es la que las explica todas y, sobre todo, el seguro mecanismo de su invenci&oacute;n, el misterio del cuento de nunca acabar.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 16 Mar 2016 07:05:00 +0000</pubDate>
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    <item>
      <title><![CDATA[Las palabras de Stach]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/las-palabras-de-stach/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2016/kafka500.jpg" alt="" /></p>
<p>Hace casi veinte a&ntilde;os, un doctor en literatura por la Universidad de Frankfurt am Main, que se ganaba la vida como lector aut&oacute;nomo<a title="" href="#_ftn1">[1]</a> para algunas importantes editoriales alemanas, concibi&oacute; la idea de consagrar su tiempo a la redacci&oacute;n de una nueva biograf&iacute;a de Kafka. Se embarcaba al hacerlo (ya resulta imposible saber si era consciente) en una tarea que habr&iacute;a de ocuparle dieciocho a&ntilde;os, y que seguramente (tal vez esto tampoco lo sab&iacute;a) le va a asegurar un lugar de privilegio en la german&iacute;stica universal durante&hellip; bueno, durante un tiempo imprevisible.</p>
<p>El lector en cuesti&oacute;n se llamaba Reiner Stach, hab&iacute;a nacido en Rochlitz en 1951 y no ven&iacute;a avalado por ninguno de esos sonoros t&iacute;tulos que tanto abundan en el mundo acad&eacute;mico. Aparte del doctorado, y de haber dado alguna clase en la Universidad durante un solo curso, no estaba en los c&iacute;rculos de la alta investigaci&oacute;n, e incluso su trabajo para las editoriales era en aquellos a&ntilde;os como lector de textos cient&iacute;ficos, no german&iacute;sticos ni literarios.</p>
<p>Es verdad que jam&aacute;s hab&iacute;a abandonado el inter&eacute;s por la Filolog&iacute;a: despu&eacute;s de su primera publicaci&oacute;n, su tesis doctoral (<em>El mito er&oacute;tico de Kafka. Una construcci&oacute;n est&eacute;tica de lo femenino</em>. Podr&iacute;amos decir, parafraseando a Monterroso: cuando despert&oacute;, Kafka ya estaba all&iacute;), hab&iacute;a publicado varios art&iacute;culos sobre el novelista Hans Henny Jahnn y un volumen antol&oacute;gico de correspondencia con autores de los responsables de la editorial Fischer. Pero no dispon&iacute;a de lo que, en cualquier sitio del continente, se denomina &ldquo;una carrera acad&eacute;mica&rdquo;.</p>
<p>Tanto m&aacute;s sorprendente resulta que la editorial se embarcara en semejante aventura&hellip; pero lo hizo. En su p&aacute;gina web, Stach justifica la intenci&oacute;n inicial de su proyecto con las siguientes palabras: &ldquo;era llamativo que, en medio de la marea de bibliograf&iacute;a secundaria sobre Kafka, hubiera muy pocos intentos biogr&aacute;ficos dignos de ser tomados en serio&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;Era sorprendente, en efecto, y de hecho sigue si&eacute;ndolo hoy en d&iacute;a. Decir &ldquo;Kafka&rdquo; es decir una de esas palabras cargadas de ecos que parecen tener un significado incluso para aquellos que jam&aacute;s lo han le&iacute;do. Kafka, el raro. Kafka, el complicado. Kafka, el inclasificable.</p>
<p>Todo el mundo tiene una idea de Kafka. Una idea adem&aacute;s, sorprendentemente uniforme: un tipo extra&ntilde;o como un b&uacute;ho, asocial, con dificultades con las mujeres, de mente atormentada y escritura imposible, alucinada. Las fotograf&iacute;as que lo representan oscilan entre aquellas que confirman la imagen &ndash;orejas afiladas, ojos de murci&eacute;lago, en la que, desgraciadamente, es una de sus &uacute;ltimas fotograf&iacute;as de enfermo, ya pr&oacute;ximo a la muerte- y aquellas que lo muestran con cara de ni&ntilde;o, con esa expresi&oacute;n ingenua tan f&aacute;cil de asociar al inadaptado.</p>
<p>Pero nadie sabe nada, en realidad, de Kafka, y Stach descubri&oacute; que, al parecer, casi nadie hab&iacute;a mostrado verdadero inter&eacute;s por saber algo. La imagen en boga ten&iacute;a tal fuerza que se hab&iacute;a vuelto autosuficiente, la visi&oacute;n estereotipada satisfac&iacute;a, al parecer, las necesidades de los lectores.</p>
<p>Sin duda hab&iacute;a biograf&iacute;as cl&aacute;sicas, como la de Klaus Wagenbach, pero a Stach le sorprend&iacute;a la cantidad de fuentes que no hab&iacute;an sido investigadas. Le sorprend&iacute;a, en la era de la documentaci&oacute;n, la aparente conformidad general con un estudio biogr&aacute;fico a todas luces insuficiente.</p>
<p>La editorial acept&oacute; el envite, y Stach se puso a investigar. Seis a&ntilde;os despu&eacute;s, en 2002, sal&iacute;a a la calle el primer volumen, con el t&iacute;tulo: <em>Kafka. Los a&ntilde;os de las decisiones</em>.</p>
<p>Con el primer volumen, y con el anuncio de que vendr&iacute;an m&aacute;s, ven&iacute;a aparejada la primera sorpresa: la biograf&iacute;a que se entregaba al p&uacute;blico no segu&iacute;a un criterio cronol&oacute;gico. Empezaba, de pronto, con un Kafka de veintisiete a&ntilde;os, que ya ha tomado la decisi&oacute;n firme de escribir y que est&aacute; a punto de embarcarse en su primer proyecto de novela. Y terminaba con la publicaci&oacute;n de la que sin duda es la obra m&aacute;s conocida, difundida, traducida y repetida de su repertorio: <em>La metamorfosis</em> (1915).</p>
<p>&iquest;D&oacute;nde se ha visto una biograf&iacute;a que no empieza por el principio? &iquest;D&oacute;nde estaba la frase: &ldquo;Kafka naci&oacute; en Praga, el 3 de julio de 1883&hellip;&rdquo;, o al menos esta otra: &ldquo;Kafka empez&oacute; a escribir&hellip;&rdquo;? Stach lo explica en su introducci&oacute;n al primer volumen:</p>
<p>&ldquo;Esa insatisfactoria situaci&oacute;n [la escasez de fuentes documentales] mejorar&iacute;a sin duda decisivamente si, con el legado de Max Brod, su amigo durante largos a&ntilde;os, se hiciera al fin accesible a la investigaci&oacute;n una fuente hist&oacute;rico-literaria de primera categor&iacute;a (&hellip;). Ser&iacute;a una irresponsabilidad, y una empresa poco motivadora para el bi&oacute;grafo, trabajar sobre una base que un tiempo razonable va a ser ampliada considerablemente y, por tanto, requerir&aacute; revisi&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>El autor se refer&iacute;a con eso a que, a principios de la pasada d&eacute;cada, estaba en marcha en Israel un violento proceso jur&iacute;dico que enfrentaba al Estado de Israel con los herederos de Brod por el acceso a su legado. A su muerte, en 1968, Brod hab&iacute;a dejado en herencia sus papeles (y los de Kafka) a su secretaria y amante, Esther Hoffe, que al morir los leg&oacute; a sus hijas, contraviniendo el expreso deseo de Brod de que los documentos quedaran en poder de la Biblioteca Municipal de Tel Aviv. El Estado de Israel inici&oacute; por tanto un litigio en contra de las hijas de Hoffe, cuyo resultado esperaba Stach. El bi&oacute;grafo reflexiona en su introducci&oacute;n:</p>
<p>&ldquo;[No] se presta un servicio al lector con un material provisional, que cumple &uacute;nicamente el objetivo de mantener el orden cronol&oacute;gico&hellip; &iquest;Quiere eso decir que hay que cruzarse de brazos?&rdquo;</p>
<p>Finalmente, la biograf&iacute;a solo pudo recurrir a algunas anotaciones in&eacute;ditas de Brod, porque el resto del legado sigue estando sujeto al incierto final del pleito, pero Stach no se cruz&oacute; de brazos. No se dej&oacute; someter por la necesidad de esperar y empez&oacute; el proceso de su biograf&iacute;a en la parte sin duda m&aacute;s jugosa, m&aacute;s interesante y, tambi&eacute;n, m&aacute;s documentada: los a&ntilde;os centrales, esos que bautizaba como <em>Los a&ntilde;os de las decisiones</em>.</p>
<p>El primer volumen de la biograf&iacute;a caus&oacute; un profundo impacto editorial, y un profundo impacto entre el p&uacute;blico. El impacto entre el p&uacute;blico se debi&oacute; a que &ldquo;el Kafka de Stach&rdquo; no se parec&iacute;a al que imperaba en el imaginario popular: frente al Kafka enclenque y enfermizo que reinaba en la mente de todos, el verdadero Kafka era un muchacho casi atl&eacute;tico, amante de la nataci&oacute;n y orgulloso de ser un buen nadador; frente al Kafka huidizo, el aut&eacute;ntico era un hombre t&iacute;mido pero sociable, al que sus amigos adoraban por su inteligencia, ingenio y sentido del humor; frente al Kafka mis&oacute;gino de la imaginaci&oacute;n lectora, el real era amante del sexo y frecuentador de prost&iacute;bulos &ndash;cosa nada infrecuente en los j&oacute;venes de su clase social y de su &eacute;poca&hellip; tampoco se trataba de imaginar de pronto a un Kafka cr&aacute;pula-; frente al Kafka fracasado en la relaci&oacute;n con el otro sexo, el que recorri&oacute; las calles de Praga hab&iacute;a sido en realidad un hombre con atractivo para las mujeres, con &eacute;xito entre ellas y, eso s&iacute;, con un problema cr&oacute;nico para el compromiso definitivo. E incluso ese problema lo resolvi&oacute; al final.</p>
<p>M&aacute;s a&uacute;n: Kafka ni tan siquiera hab&iacute;a sido un intelectual cl&aacute;sico. Sin duda era un conocedor profundo de la literatura contempor&aacute;nea, devoto de Flaubert y de otros gigantes de la novela, pero eso no le imped&iacute;a ser un devorador de novelas del Oeste y un compulsivo amante del g&eacute;nero biogr&aacute;fico, con preferencia por las biograf&iacute;as de escritores, pero no solamente por ellas.</p>
<p>El impacto editorial lo caus&oacute; la manera en que la biograf&iacute;a estaba escrita: Stach convert&iacute;a cada momento de la vida de Kafka en un retrato integral de su &eacute;poca. Si la primera p&aacute;gina de <em>Los a&ntilde;os de las decisiones</em> nos lo muestra esperando la llegada del cometa Halley, y las siguientes nos presentan un vivo panorama de la vida cotidiana en la familia Kafka, pronto el foco se ampl&iacute;a para hablarnos de los jud&iacute;os orientales en Praga, el sionismo y los dem&aacute;s elementos que rodean al actor central. Cuando, m&aacute;s adelante, se nos hable del estallido de la Primera Guerra Mundial, el autor pasar&aacute; de la famos&iacute;sima anotaci&oacute;n del diario de Franz Kafka (&ldquo;Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde, escuela de nataci&oacute;n&rdquo;), predecesora directa de la m&iacute;tica &ldquo;Mam&aacute; ha muerto hoy, o quiz&aacute; ayer, no s&eacute;&rdquo;, de <em>El extranjero</em> de Camus, a desarrollar en cuarenta p&aacute;ginas el contexto y la g&eacute;nesis del conflicto. Cuando a&ntilde;os despu&eacute;s (en el tercer volumen de la biograf&iacute;a, <em>Los primeros a&ntilde;os</em>) se nos describa la primera clase de Kafka en el colegio, la descripci&oacute;n del aula ser&aacute; el pretexto para una excursi&oacute;n &ndash;o una incursi&oacute;n- por el sistema escolar austroh&uacute;ngaro.</p>
<p>Cada una de esas incursiones alcanza un grado de investigaci&oacute;n y de detalle asombrosos. El abajo firmante se encontr&oacute;, en su tarea de traductor del texto, con un momento de la narraci&oacute;n en el que, en plena guerra mundial, Kafka compra, en una estaci&oacute;n de ferrocarril, una novela <em>en una m&aacute;quina de monedas</em>. Incr&eacute;dulo ante lo que parec&iacute;a un imposible anacronismo, el traductor consult&oacute; al autor, que le confirm&oacute; que hab&iacute;a averiguado que en la Viena de 1914 hab&iacute;a en las estaciones esa clase de m&aacute;quinas, m&aacute;quinas autom&aacute;ticas expendedoras de lectura para viajeros&hellip;</p>
<p>Vida y circunstancia se confunden. Y es as&iacute;, adem&aacute;s, como el autor lo quiere. Volvemos a darle la palabra:</p>
<p>&ldquo;El bi&oacute;grafo tiene un sue&ntilde;o. Una utop&iacute;a, se podr&iacute;a decir, aunque quiz&aacute; no sea m&aacute;s que un vicio secreto, una ambici&oacute;n. Quiere ir m&aacute;s all&aacute; de lo que ha sido. Quiere saber, no, quiere vivir c&oacute;mo vivieron lo que fue aquellos que estuvieron presentes. C&oacute;mo fue <em>ser Franz Kafka</em>&rdquo;.</p>
<p>Las palabras recuerdan las de Borges, cuando nos dice que, para volver a escribir <em>El Quijote</em>, basta con &ldquo;conocer bien el espa&ntilde;ol, recuperar la fe cat&oacute;lica, guerrear contra los moros o contra el turco, olvidar la historia de Europa (&hellip;), <em>ser </em>Miguel de Cervantes&rdquo;.</p>
<p>Si Borges descarta semejante estrategia por poco interesante, Stach reconoce que es imposible, pero eso no le hace renunciar a una forma de intento:</p>
<p>&ldquo;La verdadera vida de Franz Kafka&hellip; seguro que no. Pero s&iacute; una mirada perecedera hacia ella, una larga mirada, s&iacute;, quiz&aacute;, eso tendr&iacute;a que ser posible&rdquo;.</p>
<p>No hace falta decir que semejante introducci&oacute;n, semejante prop&oacute;sito, incluso la forma en que se expresa, es lo m&aacute;s alejado que cabe imaginar de la mentalidad acad&eacute;mica. Pero es que Stach no escribe con mentalidad acad&eacute;mica. Su obra es la de un escritor que estudia, no, que se sumerge en la vida de un colega. Un escritor que empieza por revivir las palabras de Kafka, por hacer de ellas el centro de la b&uacute;squeda, por intentar encontrar asideros en el mundo exterior que verifiquen o nieguen la parte de realidad tangible que se ocult&oacute; tras ellas, o que ellas trataron de ocultar.</p>
<p>Pero un escritor no solo vive de la palabra ajena, y Stach es sin duda un escritor, constitutivamente un escritor, y un escritor, adem&aacute;s, de un nivel alt&iacute;simo.</p>
<p>Y un escritor es due&ntilde;o, ante todo y sobre todo, de sus palabras.</p>
<p>Las palabras de Stach nos sorprenden, en un primer momento, por su lirismo alejado de la fr&iacute;a prosa de los estudios y, en segundo lugar, por su belleza.</p>
<p>Estamos en presencia de un gran escritor, y ese es quiz&aacute; el rasgo m&aacute;s significativo de este texto largu&iacute;simo &ndash;si entendemos, como es imprescindible, que los tres vol&uacute;menes son una misma obra- que es una declaraci&oacute;n de amor a la literatura m&aacute;s a&uacute;n que al autor que, en manos del bi&oacute;grafo, la representa. Un texto eminentemente literario, lleno de momentos de intensidad &eacute;pica, de momentos de humor, de momentos plet&oacute;ricos de emoci&oacute;n.</p>
<p>Cuando, en <em>Los a&ntilde;os del conocimiento</em>, el segundo volumen de la biograf&iacute;a, Stach nos describe a Kafka en su casa alquilada en el callej&oacute;n de los alquimistas de Praga, el escondite que ha buscado para poder escribir, casi estamos oyendo rasgar el plum&iacute;n del que brotan las p&aacute;ginas de <em>El castillo</em>. Sentimos el fr&iacute;o que sinti&oacute; Kafka, y el que emanaba de &eacute;l, como sentimos sus inseguridades cuando no sabe qu&eacute; soluci&oacute;n adoptar en su tormentoso y fallido noviazgo con Felice Bauer.</p>
<p>De la mano de ese poderoso narrador que es Stach, las p&aacute;ginas finales de la vida de Kafka (no de la biograf&iacute;a, a la que en ese momento a&uacute;n le queda un tomo) alcanzan un nivel de emoci&oacute;n dif&iacute;cil de superar. El encuentro al borde del mar con quien, despu&eacute;s de tantos intentos fallidos, ser&aacute; el definitivo amor de su vida. La enfermedad final. El bell&iacute;simo episodio de la mu&ntilde;eca, que ha sido objeto de obras literarias aut&oacute;nomas, la agon&iacute;a, la muerte. Incluso la peque&ntilde;a posteridad de los supervivientes, condenados tantos de ellos, y nunca antes nos lo hab&iacute;an contado como si importase, a morir poco tiempo despu&eacute;s a manos de los nazis.</p>
<p>No cabe sorprenderse de que cada uno de los vol&uacute;menes de la biograf&iacute;a fuera saludado, en el momento de su publicaci&oacute;n, con las aclamaciones de la cr&iacute;tica. &ldquo;Tres obras maestras, y no salidas de la pluma de Kafka&rdquo;, califica a estos textos Andreas Platthaus en el <em>Frankfurter Allgemeine</em>. &ldquo;Su biograf&iacute;a de Kafka se lee sin aliento, como una novela&rdquo;, dice Ulrich Greiner in <em>Die Zeit</em>. Los medios de comunicaci&oacute;n no germanoparlantes se hacen eco incluso del texto publicado en alem&aacute;n. Rosal&iacute;a S&aacute;nchez escribe en El Mundo que se han publicado muchos libros sobre Kafka, &ldquo;pero ninguno ha conseguido despertar tanta admiraci&oacute;n y expectaci&oacute;n como la obra fara&oacute;nica de Stach, que sirve de referencia al resto&rdquo;. El Premio Nobel de Literatura Imre K&eacute;rtesz clama desde la cubierta del tercer volumen: &ldquo;Lo mejor que se puede escribir en este g&eacute;nero. Una novela en s&iacute; misma&rdquo;.</p>
<p>&iquest;Es la biograf&iacute;a de Stach una novela? Hay momentos en que uno se lo pregunta, porque las t&eacute;cnicas empleadas no son las del ensayo sino las de la narraci&oacute;n, y porque algunos de los personajes cobran tal viveza sobre el papel que llegan a hacer olvidar que se trata de personas reales, que vivieron y actuaron en un mundo desaparecido sobre cuyos cimientos &ndash;o sobre cuyas ruinas- se levanta el nuestro. Pero no, el relato de Stach no es una novela, aunque sea un relato y aunque se lea como una novela. Es la obra intensamente documentada de un investigador, en el sentido m&aacute;s noble del t&eacute;rmino, alguien que ha entregado su vida a una misi&oacute;n que est&aacute; fuera de &eacute;l. Un Howard Carter de la literatura en pos de la tumba de Tutankamon, pero que no se conforma con hallarla, sino que quiere averiguar el origen concreto de cada pieza del enorme tesoro, y saber qu&eacute; sinti&oacute; el fara&oacute;n en cada momento de su corta vida. No qu&eacute; le mat&oacute;, sino c&oacute;mo muri&oacute;. No qui&eacute;n le rode&oacute; en el cementerio, sino qui&eacute;n le llor&oacute;.</p>
<p>Nos llevamos, por esa raz&oacute;n, y como quien dice como un suplemento, una imagen m&aacute;s clara de los secundarios de la pel&iacute;cula: el amigo Max Brod, el no tan amigo pero no menos interesante Franz Werfel, la fundamental Milena Jesenk&aacute;, la casi desconocida Julie Wohryzek. La conmovedora Dora Diamant. La generosa Ottla, a la que casi agradecemos haber hecho la vida m&aacute;s f&aacute;cil a nuestro h&eacute;roe, haber muerto m&aacute;s tarde como una hero&iacute;na, acompa&ntilde;ando voluntariamente a Auschwitz a un grupo de ni&ntilde;os.</p>
<p>Al final de la lectura, tenemos esa misma sensaci&oacute;n de los grandes relatos: lloramos la p&eacute;rdida del personaje que nos ha acompa&ntilde;ado durante tantas horas de nuestra vida, que ha contribuido a darles sentido. Nos levantamos de la butaca para ir a la biblioteca y ver con otros ojos los viejos tomos de <em>La metamorfosis</em> y de <em>El proceso</em>, de <em>El castillo</em> y <em>Am&eacute;rica</em>. Nos enfrentamos a la mirada triste del viejo conocido, y de pronto no estamos seguros de si era tan triste, o en realidad tan solo melanc&oacute;lica. Creemos saber el por qu&eacute; de la melancol&iacute;a. Creo que te estoy empezando a entender, Franz.</p>
<p>Gracias, Reiner.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a><br clear="all" /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [1] Tal vez convenga precisar que, en Alemania, el concepto de &ldquo;lector&rdquo; no equivale al nuestro, es decir, no es una persona que selecciona y recomienda textos, sino que se corresponde m&aacute;s con nuestro &ldquo;editor de mesa&rdquo;, es decir, aquella persona que en una editorial revisa junto con el autor los textos antes de publicarlos, eventualmente hace sugerencias, aporta ideas, etc.</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Wed, 16 Mar 2016 07:00:49 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[José María Conget protagoniza el nuevo número de la revista "Turia"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jose-maria-conget-protagoniza-el-nuevo-numero-de-la-revista-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2016/conget500.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>14 AUTORES LE RINDEN HOMENAJE A TRAV&Eacute;S DE UN ESPECTACULAR MONOGR&Aacute;FICO REPLETO DE TEXTOS IN&Eacute;DITOS</strong></p>
<p><strong>ENRIQUE VILA-MATAS, CHARLES SIMIC, JULIAN BARNES, DAVID LE BRETON, RAFAEL CADENAS, EDMUNDO PAZ SOLD&Aacute;N, MAR&Iacute;A VICTORIA ATENCIA Y CHANTAL MAILLARD SON OTROS ESCRITORES DESTACADOS DEL N&Uacute;MERO</strong></p>
<p class="Textoindependiente21" style="text-align: left;" align="center"><strong>LA REVISTA SE PRESENT&Oacute; EN ZARAGOZA</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">Una aproximaci&oacute;n plural, atractiva y completa al escritor Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget es el contenido m&aacute;s destacado del nuevo n&uacute;mero de la revista cultural TURIA. Un sumario de casi 500 p&aacute;ginas que tiene como principal protagonista a un autor que merece un lugar de honor en las letras espa&ntilde;olas de nuestra &eacute;poca y cuyos libros alientan la pasi&oacute;n lectora m&aacute;s all&aacute; de las modas. &ldquo;Sus libros - reconoce Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n &ndash; me ayudaron a descubrir el enorme potencial que tiene la literatura para decantar las circunstancias m&aacute;s prosaicas y cercanas. Los grandes escritores hacen suya la realidad y luego son libres de modificarla y de estilizarla, incluso de sustituirla por su versi&oacute;n personal de la realidad&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">El nuevo n&uacute;mero de TURIA se present&oacute; el pasado 16 de marzo en Zaragoza, la ciudad natal de Conget, en un acto que tuvo lugar en el Museo Pablo Serrano. Cuando se cumplen 30 a&ntilde;os de la publicaci&oacute;n de su primer cuento en la revista, TURIA ha querido rendirle homenaje a trav&eacute;s de un original e imprescindible acercamiento a su vida y obra elaborado por 14 destacados autores y especialistas que aportan interesantes textos in&eacute;ditos. No en vano, y si hacemos caso a Juan Bonilla: &ldquo;Conget ha hecho gran literatura de su vida: una vida que llen&oacute; primero de literatura para devolverle a esta lo que esta le dio: asombro, emoci&oacute;n, humor, la sensaci&oacute;n, la certeza, de que el mundo es m&aacute;s hondo que extenso.&rdquo;</p>
<p class="Textoindependiente21">Coordinados por el fil&oacute;logo Juan Marqu&eacute;s, en el monogr&aacute;fico que TURIA dedica a Conget encontraremos textos exclusivos de escritores como Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n o Juan Bonilla. Y tambi&eacute;n el lector disfrutar&aacute; con art&iacute;culos elaborados por estudiosos del trabajo creativo de Conget como Jos&eacute; Carlos Mainer, Ram&oacute;n Ac&iacute;n, Fernando Valls, Domingo R&oacute;denas de Moya, Manuel Aguirre o Pablo P&eacute;rez Rubio. No faltan tampoco los&nbsp; testimonios de personas muy vinculadas a su trayectoria como ya citado editor de Pre-Textos, Manuel Borr&aacute;s; su mujer, la tambi&eacute;n escritora y traductora Maribel Cruzado Soria, y el periodista Juan Dom&iacute;nguez Lasierra.&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">El objetivo de TURIA con este monogr&aacute;fico dedicado a Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget es conocer m&aacute;s y mejor a quien, para algunos, ser&iacute;a con su <em>Trilog&iacute;a de Zabala</em> el autor del &ldquo;Quijote de la autoficci&oacute;n&rdquo; espa&ntilde;ola. Y es que, como asegura el editor Manuel Borr&aacute;s, &ldquo;cada libro de Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget supone un eslab&oacute;n m&aacute;s en su ya s&oacute;lida, coherente y personal obra literaria y tambi&eacute;n, por qu&eacute; no decirlo, en la mejor narrativa escrita en nuestro idioma. Una obra que merecer&iacute;a en verdad una mayor atenci&oacute;n por parte de los lectores gustosos, que en este pa&iacute;s, sin ser legi&oacute;n, los hay sin duda&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>BUENAS LECTURAS PARA BUENOS LECTORES</strong></p>
<p>Adem&aacute;s del gran monogr&aacute;fico dedicado a Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget, el nuevo n&uacute;mero de TURIA brinda un sugerente y variado cat&aacute;logo&nbsp; de&nbsp; lecturas.&nbsp;&nbsp; No&nbsp; en&nbsp; vano,&nbsp; adem&aacute;s&nbsp; de&nbsp; las&nbsp; colaboraciones&nbsp; de&nbsp; los&nbsp; autores&nbsp; ya&nbsp; citados,&nbsp; las p&aacute;ginas de la revista se enriquecen con textos in&eacute;ditos de importantes autores internacionales. As&iacute;, TURIA da a conocer un avance de &ldquo;El lun&aacute;tico&rdquo;, el nuevo libro de Charles Simic, premio Pulitzer de poes&iacute;a y uno de los m&aacute;s relevantes poetas contempor&aacute;neos en lengua inglesa.</p>
<p>Tambi&eacute;n TURIA ofrece a los lectores las primeras p&aacute;ginas de &ldquo;El ruido del tiempo&rdquo;, la nueva novela de Julian Barnes, que narra la historia del compositor ruso Dimitri Shostakovich y su relaci&oacute;n con Stalin. Barnes est&aacute; considerado como el gran novelista de las letras brit&aacute;nicas actuales y posee el codiciado premio Man Booker.</p>
<p>TURIA brinda adem&aacute;s la posibilidad de descubrir un fragmento del nuevo ensayo del prestigioso antrop&oacute;logo franc&eacute;s David Le Breton: &ldquo;Desaparecer de s&iacute;&rdquo;, una interesant&iacute;sima aproximaci&oacute;n a las dif&iacute;ciles identidades contempor&aacute;neas elaborada por el autor de&nbsp; &ldquo;Elogio del caminar&rdquo;.</p>
<p>Menci&oacute;n destacada en el sumario de la revista merece tambi&eacute;n la presencia de la poes&iacute;a m&aacute;s reciente del extraordinario escritor venezolano Rafael Cadenas, eterno candidato al Premio Cervantes; o el &uacute;ltimo relato de Edmundo Paz Sold&aacute;n, uno de nos m&aacute;s valiosos narradores latinoamericanos de nuestros d&iacute;as.&nbsp;</p>
<p>Kafka y su bi&oacute;grafo, Reiner Stach; Mar&iacute;a Victoria Atencia, Penelope Fitzgerald y Ermanno Cavazzoni, son igualmente otros de los protagonistas de la nueva entrega de TURIA.</p>
<p class="Textoindependiente21">Especialmente recomendables son las dos amplias entrevistas exclusivas que TURIA publica: con el escritor Enrique Vila-Matas, uno de los autores espa&ntilde;oles de mayor prestigio&nbsp; y difusi&oacute;n internacional (&ldquo;Soy el que se desconoce&rdquo;) y con Fernando Sinaga, uno de los nombres propios mas notables del arte contempor&aacute;neo espa&ntilde;ol&nbsp; (&ldquo;El que haya visto alguna vez un pintor en m&iacute;, se equivoca&rdquo;) y que tambi&eacute;n es el autor de las once ilustraciones originales que enriquecen gr&aacute;ficamente este sumario de TURIA.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA ha conseguido convertirse, tras m&aacute;s de 32 a&ntilde;os de trayectoria,&nbsp; en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. Tiene difusi&oacute;n nacional e internacional por suscripci&oacute;n y por sus p&aacute;ginas han pasado m&aacute;s de mil autores de diversas procedencias est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas, lo que da idea de la riqueza y pluralidad de sus contenidos. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA es una revista de periodicidad cuatrimestral que tiene una edici&oacute;n en papel y otra&nbsp; digital (web y Facebook). Est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel y cuenta con el patrocinio&nbsp; del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p><strong>CONGET: &ldquo;ESCRIBIR ES EL MEJOR OFICIO DEL MUNDO&rdquo;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">A trav&eacute;s de la completa aproximaci&oacute;n a Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget que ofrece la revista TURIA, los lectores podr&aacute;n comprobar c&oacute;mo sus novelas y cuentos son un fabuloso autorretrato de todos nosotros y de nuestra &eacute;poca. No en vano, el propio Conget siempre ha declarado que ejerce &ldquo;el mejor oficio del mundo&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Para Ram&oacute;n Ac&iacute;n, la memoria es elemento clave y fundamento de su narrativa: es el &ldquo;quicio capaz para engendrar f&aacute;bulas&rdquo;. Otro ingrediente b&aacute;sico ser&iacute;a &ldquo;un estilo especial que la cr&iacute;tica ha calificado como propio y personal&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Y es que, en opini&oacute;n de Juan Marqu&eacute;s, mediante la literatura Conget &ldquo;ha logrado expresar la necesidad de ser furiosamente libre y estridentemente feliz, y la fatalidad de, habi&eacute;ndolo intuido en raros e intensos momentos de plenitud, no tener ni idea de c&oacute;mo merecerlo de forma permanente y sostenible, de c&oacute;mo hacerlo perdurar hasta conseguir incluso que sea innecesario escribir&rdquo;</p>
<p class="Textoindependiente21">Jos&eacute; Carlos Mainer analiza la deliberada ambig&uuml;edad gen&eacute;rica que practica Conget en muchos de sus libros como un m&eacute;rito porque esa &ldquo;indefinici&oacute;n le permite manejar a su sabor las reglas del juego&rdquo;. Y concluye su art&iacute;culo afirmando: &ldquo;puede que &ldquo;Hasta el fin de los cuentos&rdquo; no sea la mejor novela de Conget pero es la que las explica todas, y sobre todo, el seguro mecanismo de su invenci&oacute;n, el misterio del cuento de nunca acabar&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Fernando Valls nos aproxima a las claves de su narrativa en el art&iacute;culo &ldquo;Cultura y autobiograf&iacute;a en los cuentos de Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget&rdquo;, mientras que Domingo R&oacute;denas de Moya escribe sobre &ldquo;El ensayo como acci&oacute;n de gracias&rdquo;. No menos interesante es el art&iacute;culo de Pablo P&eacute;rez Rubio, que analiza un tema b&aacute;sico en su obra como el cine: &ldquo;Memoria, experiencia y educaci&oacute;n sentimental: el cine en la obra de Conget&rdquo;. En &ldquo;Conget y los tebeos&rdquo;, de Manuel Aguirre, se nos habla de su otra gran pasi&oacute;n.</p>
<p class="Textoindependiente21">Imprescincible y revelador es el testimonio de su compa&ntilde;era Maribel Cruzado: &ldquo;Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget, un compa&ntilde;ero de pel&iacute;cula&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">No faltan tampoco, en este homenaje de TURIA a Conget, las aportaciones de dos grandes escritores que lo admiran: Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n (&ldquo;La Zaragoza de Conget&rdquo;) y Juan Bonilla (&ldquo;El mundo es m&aacute;s hondo que extenso&rdquo;)</p>
<p class="Textoindependiente21">Otro gran conocedor del personaje y su literatura, el periodista Juan Dom&iacute;nguez Lasierra, lo tiene claro: &ldquo;Conget es un verdadero escritor, uno de esos &lsquo;lletraferit&rsquo; que, pese a nuestro ya insumiso y casi global escepticismo, nos permiten conservar todav&iacute;a la pasi&oacute;n lectora&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Adem&aacute;s, la revista publica una amplia conversaci&oacute;n en exclusiva con el autor de <em>La bella cubana</em>, realizada por el escritor Julio Jos&eacute; Ordov&aacute;s. En ella, Conget nos dir&aacute; que es &ldquo;un escritor de poca imaginaci&oacute;n, sin capacidad para situar la acci&oacute;n de un relato en un lugar donde&nbsp; no&nbsp; haya&nbsp; vivido&rdquo;.&nbsp; Y&nbsp; tambi&eacute;n&nbsp; que&nbsp; le&nbsp; debe&nbsp; &ldquo;a&nbsp; Proust&nbsp; el hallazgo de caminos de sensibilidad hacia la recuperaci&oacute;n emotiva del pasado&rdquo;. Reconoce que le &ldquo;irritan los dogmas&nbsp; est&eacute;ticos&nbsp; tanto&nbsp; como&nbsp; el&nbsp; canon,&nbsp; ese&nbsp; invento&nbsp; siniestro&nbsp; del&nbsp; gremio&nbsp; acad&eacute;mico&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Preguntado por su faceta de profesor, confiesa: &ldquo;en mis clases no quer&iacute;a que asociaran la literatura con el estudio sino con el placer&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Completan el monogr&aacute;fico un texto in&eacute;dito del propio Conget (&ldquo;Esqueletos en el armario&rdquo;) y una exhaustiva biocronolog&iacute;a elaborada por Fernando del Val.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>KAFKA, MAR&Iacute;A VICTORIA ATENCIA Y PENELOPE FITZGERALD</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">El sumario de TURIA&nbsp; se abre, en esta ocasi&oacute;n, con un art&iacute;culo de Carlos Fortea titulado &ldquo;Las palabras de Stach&rdquo;. En &eacute;l se nos narra la peripecia intelectual de Reiner Stach para elaborar durante dieciocho a&ntilde;os su gran biograf&iacute;a de Kafka, un trabajo monumental, clarificador y necesario acerca de uno de los mejores escritores de todos los tiempos.</p>
<p class="Textoindependiente21">Mar&iacute;a &Aacute;ngeles P&eacute;rez L&oacute;pez se ocupa, en su art&iacute;culo &ldquo;El mundo de Mar&iacute;a Victoria Atencia en la poes&iacute;a espa&ntilde;ola&rdquo;, de analizar la muy notable trayectoria creativa de una escritora que &ldquo;ha enriquecido la ha enriquecido la tradici&oacute;n que los poetas de la revista <em>Caracola</em>, el grupo &ldquo;C&aacute;ntico&rdquo;<em> </em>o m&aacute;s tarde los nov&iacute;simos conformaron para la poes&iacute;a de nuestro pa&iacute;s incorporando acentos propios de ra&iacute;z cl&aacute;sica y a la vez moderna, y una mirada sobre el sujeto femenino profundamente personal&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">En su art&iacute;culo &ldquo;Pen&eacute;lope Fitzgerald: la escritura interior&rdquo;, Pilar Ad&oacute;n nos acerca a una de las mejores escritoras brit&aacute;nicas del siglo XX: &ldquo;Nos fascinan su estilo, su manera de decir tantas cosas y de transmitir tantas emociones cuando parece que apenas cuenta nada, pero tambi&eacute;n nos atrae su biograf&iacute;a, ese empe&ntilde;o y esa tenacidad literaria que a veces parece derivar de una sana cabezoner&iacute;a&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>CHARLES SIMIC, JULIAN BARNES, RAFAEL CADENAS, CHANTAL MAILLARD, DAVID LE BRETON Y EDMUNDO PAZ SOLD&Aacute;N</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">Entre el buen surtido de lecturas in&eacute;ditas que ofrece TURIA sobresale un anticipo de &ldquo;El ruido del tiempo&rdquo;, de Julian Barnes. Barnes est&aacute; considerado uno de los narradores brit&aacute;nicos m&aacute;s destacados de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas Y tambi&eacute;n merece la pena una atenta lectura el relato de Edmundo Paz Sold&aacute;n, uno de los escritores m&aacute;s representativos de las actuales letras latinoamericanas.</p>
<p class="Textoindependiente21">Adem&aacute;s TURIA contiene un fragmento de la nueva novela de Javier Sebasti&aacute;n y narraciones de Miguel Carcasona, Ezequiel Mart&iacute;nez Llorente y Bego&ntilde;a Garayoa.</p>
<p class="Textoindependiente21">En poes&iacute;a, TURIA publica nueve poemas del gran Charles Simic, uno de los nombre indiscutibles en cualquier balance de la mejor poes&iacute;a en lengua inglesa de nuestro tiempo, traducidos por Jordi Doce. Y tambi&eacute;n se ofrecen versos originales de, entre otros, Rafael Cadenas, Chantal Maillard, Juan Cobos Wilkins, Nuria Barrios, Ana Merino, Javier Vela, Vicente Gallego, &Aacute;ngel Guinda, Ignacio Escu&iacute;n Borao, Alfredo Salda&ntilde;a, Magdalena Lasala, Juan Antonio Tello, Jes&uacute;s Jim&eacute;nez Dom&iacute;nguez, David Mayor, Olga Bernad, Grassa Toro, Pablo L&oacute;piz, Manuel Mart&iacute;nez Forega, Luisa Mi&ntilde;ana y Ramiro Gair&iacute;n.</p>
<p class="Body1">En el apartado que TURIA dedica al ensayo, se incluye el sugerente texto que sirve de pr&oacute;logo&nbsp; avance del nuevo libro del prestigioso antrop&oacute;logo franc&eacute;s David Le Breton: &ldquo;Desaparecer de s&iacute;&rdquo;. En el se nos dir&aacute;: &ldquo;Muchos de nuestros contempor&aacute;neos a lo que aspiran es a aliviar un poco la presi&oacute;n sobre sus espaldas, a suspender el esfuerzo necesario para continuar siendo uno mismo al hilo del tiempo y de las circunstancias, siempre a la altura de las exigencias hacia s&iacute; y hacia los otros. Incluso cuando no pesan las dificultades, puede surgir la tentaci&oacute;n de desembarazarse de s&iacute; mismo por un rato, para as&iacute; escapar de las rutinas y de las preocupaciones. Toda descarga es oportuna, pues permite dar tregua por un instante&rdquo;.</p>
<p class="Body1">Completa la secci&oacute;n de pensamiento, el art&iacute;culo &ldquo;La verdad y la imaginaci&oacute;n&rdquo; de Ermanno Cavazzoni, profesor de historia de la ret&oacute;rica en la Universidad de Bolonia y uno de los escritores italianos m&aacute;s valiosos de la actualidad.</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>ENTREVISTAS A ENRIQUE VILA-MATAS Y FERNANDO SINAGA</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">Si hay un escritor singular en el panorama literario espa&ntilde;ol de nuestros d&iacute;as ese es Enrique Vila-Matas. Cuenta, adem&aacute;s, con una extraordinaria proyecci&oacute;n internacional. Por eso, TURIA ha querido brindar a los lectores una entrevista a fondo que permite descubrir su universo literario y sus opiniones sobre un amplio cat&aacute;logo de temas. Vila-Matas confiesa que su &ldquo;intento constante ha sido innovar&rdquo; y que &ldquo;las lecturas y el mundo con que trabajo no entienden de nacionalidad&rdquo;. Tambi&eacute;n considera que &ldquo;Europa es un mundo acabado, de vuelta&rdquo; y no duda en afirmar que &ldquo;arrastramos un problema de educaci&oacute;n y de cultura desde hace siglos; ahora est&aacute; peor que nunca, desde luego&rdquo;. Para quien reconoce que &ldquo;escribir es un psicoan&aacute;lisis&rdquo;, la Academia no le produce &ldquo;m&aacute;s que desgana&rdquo;. Asegura Vila-Matas que &ldquo;olvidas para sobrevivir&rdquo; y que &ldquo;cuando todo va mal en la vida, pensemos en Kafka. &Eacute;l nos dar&aacute; &aacute;nimos&rdquo;. Y, por &uacute;ltimo, postula a C&eacute;sar Aira como &ldquo;el escritor m&aacute;s meritorio de mi generaci&oacute;n&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">El zaragozano Fernando Sinaga es un creador excepcional,&nbsp; no s&oacute;lo por su especial relaci&oacute;n con lo escult&oacute;rico, sino tambi&eacute;n porque ha sabido labrarse un lenguaje propio en funci&oacute;n de un contexto. En la entrevista exclusiva que publica TURIA, declara: &ldquo;Espa&ntilde;a es un pa&iacute;s amn&eacute;sico&rdquo;. Aqu&iacute;, &ldquo;la experiencia, que es lo m&aacute;s valioso, se malgasta&rdquo;. Tambi&eacute;n afirma que &ldquo;el perfil de cada artista se configura a trompicones&rdquo; y que la &ldquo;Historia del Arte deber&iacute;a releerse de nuevo&rdquo;. Y, en este momento de absoluta incertidumbre, a Sinaga le &ldquo;parece estupendo que artistas que han trabajado de forma m&aacute;s marginal sean reconocidos&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>UN IN&Eacute;DITO DE RAM&Oacute;N J. SENDER Y LA CORRESPONDENCIA ENTRE PABLO SERRANO Y MIGUEL LABORDETA</strong></p>
<p>El nuevo n&uacute;mero de la revista cultural TURIA, que se distribuir&aacute; a partir del 16 de marzo,&nbsp; brinda a los lectores que se interesan por los asuntos o protagonistas aragoneses un atractivo repertorio de temas. En primer lugar, TURIA publica un art&iacute;culo sobre el hallazgo del que puede considerarse el primer trabajo literario de repercusi&oacute;n nacional que realiz&oacute; un jovenc&iacute;simo Ram&oacute;n J. Sender: los guiones de una ficci&oacute;n c&oacute;mica infantil titulada &ldquo;Cocoliche y Tragavientos&rdquo;. Un rescate documental que ha sido obra del investigador Javier Barreiro y que ahora es analizado con detalle en las p&aacute;ginas de la revista. Comprobaremos, una vez m&aacute;s, la raz&oacute;n que ten&iacute;a Sender cuando aseguraba a su madre: &ldquo;No te preocupes por m&iacute;. Con un kilo de cuartillas y un litro de tinta, sabr&eacute; defenderme en cualquier parte&rdquo;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Otros dos grandes nombres propios de la cultura aragonesa del siglo XX, Pablo Serrano y Miguel Labordeta, ocupan tambi&eacute;n las p&aacute;ginas de TURIA. En este caso, y a trav&eacute;s de un art&iacute;culo de Jes&uacute;s Rubio Jim&eacute;nez, se indaga acerca de las relaciones amistosas entre ambos y se da noticia de la correspondencia que mantuvieron desde los a&ntilde;os 50 del pasado siglo, cuando el escultor regres&oacute; de Uruguay a Espa&ntilde;a y que dur&oacute; hasta la inesperada muerte del poeta en 1969. Como prueba de aquella excelente sinton&iacute;a mutua nos quedar&iacute;a el busto de Labordeta que elabor&oacute; Serrano y que constituye una de sus obras m&aacute;s difundidas y apreciadas.</p>
<p>Tambi&eacute;n TURIA ofrece a los lectores un interesante art&iacute;culo del historiador Sergio Murillo acerca de la construcci&oacute;n y el simbolismo que posee el monolito de los Pozos de Caud&eacute; en Teruel. En opini&oacute;n de este investigador de la Universidad de Zaragoza, dicho monolito constituye uno de los ejemplos m&aacute;s representativos de la lucha por la memoria y testimonia el esfuerzo ciudadano por no olvidar a las v&iacute;ctimas de la guerra civil.</p>
<p class="Textoindependiente21">Asimismo, TURIA contiene&nbsp; la secci&oacute;n habitual denominada &ldquo;La isla&rdquo;, con fragmentos del diario de Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas enriquecidos gr&aacute;ficamente por Isidro Ferrer. Cierra el sumario de la revista una amplia secci&oacute;n de cr&iacute;tica de libros, &ldquo;La Torre de Babel&rdquo;, donde se analizan las novedades editoriales de mayor inter&eacute;s.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 16 Mar 2016 06:45:01 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[José Carlos Mainer presenta mañana "Turia" en Zaragoza]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jose-carlos-mainer-presenta-manana-turia-en-zaragoza/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2016/mainer500.jpg" alt="" /></p>
<p>Zaragoza se ha incorporado estos &uacute;ltimos a&ntilde;os al circuito de presentaciones que organiza la revista TURIA en diferentes ciudades. Tras m&aacute;s de tres d&eacute;cadas de trayectoria, la publicaci&oacute;n cultural editada en Teruel ha consolidado as&iacute; su vocaci&oacute;n de seguir ejerciendo un cosmopolitismo con ra&iacute;ces y convertirse en una revista cultural de referencia en espa&ntilde;ol.</p>
<p>Tras los monogr&aacute;ficos dedicados a Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n (2013, Teatro Principal) y Benjam&iacute;n Jarn&eacute;s (2014, La Aljafer&iacute;a), ma&ntilde;ana mi&eacute;rcoles 16 de marzo, y a las 20 horas, en el Museo Pablo Serrano tendr&aacute; lugar la presentaci&oacute;n de una nueva entrega dedicada al escritor Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget, Premio de las Letras Aragonesas.&nbsp;</p>
<p>El citado acto contar&aacute; con la presencia del homenajeado y tendr&aacute; como maestro de ceremonias a Jos&eacute; Carlos Mainer, catedr&aacute;tico jubilado de Literatura Espa&ntilde;ola de la Universidad de Zaragoza y uno de los mayores estudiosos de nuestras letras contempor&aacute;neas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>CONGET O EL MISTERIO DEL CUENTO DE NUNCA ACABAR</strong></p>
<p>Adem&aacute;s de su cita anual con Teruel, la revista TURIA ha sabido mostrarse a los lectores de un sinf&iacute;n de lugares: desde Nueva York a la ciudad brasile&ntilde;a de Salvador de Bah&iacute;a, pasando por Lisboa, Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, C&oacute;rdoba, Santander, Logro&ntilde;o, Huesca, Salamanca, Murcia o la ciudad francesa de Rennes. En todas esas presentaciones, TURIA se ha dado a conocer como una revista atenta a la creatividad literaria y, al tiempo, capaz de elaborar unos excelentes n&uacute;meros monogr&aacute;ficos.&nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>
<p>Ahora, Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget (Zaragoza, 1948) se incorpora al elenco de una serie de grandes autores objeto de estudio y divulgaci&oacute;n por parte de TURIA.&nbsp; Entre ellos, cabr&iacute;a citar los recientes sumarios dedicados a Mario Vargas Llosa, Rafael Chirbes, Albert Camus o Rafael Azcona. Sin olvidarnos de los varios n&uacute;meros dedicados a Luis Bu&ntilde;uel y su obra o las entregas, ya agotadas, que tuvieron como protagonistas a autores tan dispares como Antonio Machado y Roberto Bola&ntilde;o.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Para Jos&eacute; Carlos Mainer, que publica en TURIA un clarificador art&iacute;culo bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Variaciones Conget&rdquo;, el escritor zaragozano se caracteriza por su capacidad para elaborar libros de dif&iacute;cil clasificaci&oacute;n, una deliberada ambig&uuml;edad gen&eacute;rica nada fortuita. Una indefinici&oacute;n que le permite manejar como pocos las reglas del juego literario.</p>
<p>Sostiene tambi&eacute;n Mainer que &ldquo;El desenga&ntilde;o es, al cabo, el origen de la literatura que vale la pena. Se produce cuando se ha amortiguado su entusiasmo invasor y ha pasado a ser la receta que pone una porci&oacute;n de gozo irresponsable a las ganas de hablar de ello, sin perder&nbsp; de&nbsp; vista&nbsp; la&nbsp; irrebatible existencia de la realidad y sus estragos. Supongo que fue el estado mental en el que Cervantes escribi&oacute; la segunda parte del <em>Quijote</em>, la de 1615, donde nos domina la sensaci&oacute;n de que disfruta escribiendo y lamenta el momento de tener que dejar de hacerlo. Los textos de Conget albergan ese fondo de optimismo cervantino, escarmentado y l&uacute;cido: son lugares donde se habla de todo y se dialoga con todo&rdquo;.</p>
<p>Podr&iacute;a decirse, en definitiva, que en los textos de Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget encontraremos &ldquo;el seguro mecanismo de su invenci&oacute;n, el misterio del cuento de nunca acabar&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>ESQUELETOS EN EL ARMARIO</strong></p>
<p>A continuaci&oacute;n reproducimos el fragmento inicial del texto in&eacute;dito de Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget que, con el t&iacute;tulo de &ldquo;Esqueletos en el armario&rdquo;, publica TURIA:</p>
<p>&ldquo;La madre de mi padre &ndash;la lejan&iacute;a me traba el uso de la palabra abuela&mdash;se suicid&oacute; cuando mi padre no llevaba dos semanas en este mundo. Seguramente una depresi&oacute;n post-parto, aunque el caso dio lugar a que circulara sobre la mujer una historia novelesca: un noviazgo apasionado que se rompi&oacute; por razones ignoradas y una boda de compromiso con el que fue mi abuelo; tuvo un primer hijo var&oacute;n &ndash;el t&iacute;o m&iacute;o del que hered&eacute; el nombre de pila y que muri&oacute; de una tuberculosis contra&iacute;da durante la guerra civil--; el nacimiento del segundo hijo, mi padre, coincidi&oacute; con el regreso al pueblo del hombre al que todav&iacute;a quer&iacute;a, y esa presencia redobl&oacute; la atroz sensaci&oacute;n de estar atrapada en un matrimonio sin amor y con dos criaturas a su cargo. S&oacute;lo vio una salida: tirarse al canal. Todo esto ocurr&iacute;a en 1914, en un pueblo de Arag&oacute;n donde yo nunca vi un canal, pero quiz&aacute; lo hubiera, no existe otra versi&oacute;n del suicidio. Al parecer mi abuela dej&oacute; una carta que estuvo en posesi&oacute;n de otro hijo que mi abuelo engendr&oacute; en segundas nupcias; a mi madre se la ofreci&oacute; su cu&ntilde;ada, la mujer de mi t&iacute;o, pero mi madre no quiso leerla y pidi&oacute; que nunca le comunicaran su existencia a mi padre, estaba segura de que lo har&iacute;a sufrir in&uacute;tilmente, con lo que no sabremos las razones que en ella se esgrim&iacute;an para justificar una decisi&oacute;n tan truculenta y disponemos de campo libre para la especulaci&oacute;n. Es dif&iacute;cil juzgar estas cosas; a veces creo que mi madre se equivoc&oacute; priv&aacute;ndole a su marido de alguna certeza sobre su orfandad precoz que no dej&oacute; de atormentarle hasta la muerte; por otro lado, qui&eacute;n sabe si entre los motivos del suicidio se inclu&iacute;an en el mensaje rasgos de la conducta de mi abuelo que a mi padre, que adoraba al suyo, lo habr&iacute;an perturbado m&aacute;s que la ignorancia. A su manera, mi padre indag&oacute; qu&eacute; podr&iacute;a pasar por la cabeza de una mujer que abandona as&iacute; a dos ni&ntilde;os, uno de ellos reci&eacute;n nacido, y se aferr&oacute; a la idea de la locura por un doble consuelo. A su yerno siquiatra le interrog&oacute; por los trastornos s&iacute;quicos tras el parto y el yerno lo tranquiliz&oacute; explic&aacute;ndole los s&iacute;ntomas de la psicosis post-puerperal, posibilidad que, a su vez, mi padre traslad&oacute; a su confesor y a varios curas de su confianza porque a la tristeza de no haber sido querido por quien acababa de darle vida, se sumaba la inquietud mayor de que el alma de su madre ardiera en el infierno para la eternidad. De una religiosidad ingenua, que no hab&iacute;a superado la piedad y creencias que acompa&ntilde;an la primera comuni&oacute;n, mi padre preguntaba a los expertos en materia de moral y de conciencia si era posible cometer un pecado mortal de necesidad como el suicidio y sin embargo ir al para&iacute;so en caso de que la mente del suicida hubiera estado obnubilada. Esta historia nos lleg&oacute; indirectamente a trav&eacute;s de nuestra madre, incapaz de guardar un secreto y de una indiscreci&oacute;n ejemplar, ya que mi padre jam&aacute;s mencion&oacute; a sus hijos aquel trauma primordial, era pudoroso y adem&aacute;s no deseaba que nosotros carg&aacute;semos con lo que a &eacute;l le parec&iacute;a un estigma y una pesadumbre indelebles: el suicidio de nuestra abuela&rdquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 15 Mar 2016 06:45:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Turia" rinde homenaje a José María Conget]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-rinde-homenaje-a-jose-maria-conget/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2016/portada500.jpg" alt="" /></p>
<p class="Textoindependiente21">Una aproximaci&oacute;n plural, atractiva y completa al escritor Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget es la propuesta que realiza el nuevo n&uacute;mero de la revista cultural TURIA. Un sumario de casi 500 p&aacute;ginas que tiene como principal protagonista a un autor que merece un lugar de honor en las letras espa&ntilde;olas de nuestra &eacute;poca y cuyos libros alientan la pasi&oacute;n lectora m&aacute;s all&aacute; de las modas.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">&ldquo;Sus libros - reconoce Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n &ndash; me ayudaron a descubrir el enorme potencial que tiene la literatura para decantar las circunstancias m&aacute;s prosaicas y cercanas. Los grandes escritores hacen suya la realidad y luego son libres de modificarla y de estilizarla, incluso de sustituirla por su versi&oacute;n personal de la realidad&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">El nuevo n&uacute;mero de TURIA ser&aacute; presentado en Zaragoza, la ciudad natal de Conget, el pr&oacute;ximo d&iacute;a 16 de marzo. Cuando se cumplen 30 a&ntilde;os de la publicaci&oacute;n de su primer cuento en la revista, TURIA quiere rendirle homenaje a trav&eacute;s de un original e imprescindible acercamiento a su vida y obra elaborado por 14 destacados autores y especialistas que aportan interesantes textos in&eacute;ditos.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">El objetivo es conocer m&aacute;s y mejor a quien, para algunos, ser&iacute;a con su <em>Trilog&iacute;a de Zabala</em> el autor del &ldquo;Quijote de la autoficci&oacute;n&rdquo; espa&ntilde;ola. Y es que, como asegura el editor Manuel Borr&aacute;s, &ldquo;cada libro de Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget supone un eslab&oacute;n m&aacute;s en su ya s&oacute;lida, coherente y personal obra literaria y tambi&eacute;n, por qu&eacute; no decirlo, en la mejor narrativa escrita en nuestro idioma. Una obra que merecer&iacute;a en verdad una mayor atenci&oacute;n por parte de los lectores gustosos, que en este pa&iacute;s, sin ser legi&oacute;n, los hay sin duda&rdquo;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Coordinados por el fil&oacute;logo Juan Marqu&eacute;s, en el monogr&aacute;fico que TURIA dedica a Conget encontraremos textos originales de escritores como Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n o Juan Bonilla. Y tambi&eacute;n el lector disfrutar&aacute; con art&iacute;culos elaborados por estudiosos del trabajo creativo de Conget como Jos&eacute; Carlos Mainer, Ram&oacute;n Ac&iacute;n, Fernando Valls, Domingo R&oacute;denas de Moya, Manuel Aguirre o Pablo P&eacute;rez Rubio. No faltan tampoco los&nbsp; testimonios de personas muy vinculadas a su trayectoria como ya citado editor de Pre-Textos, Manuel Borr&aacute;s; su mujer, la tambi&eacute;n escritora y traductora Maribel Cruzado Soria, y el periodista Juan Dom&iacute;nguez Lasierra.&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Adem&aacute;s, la revista publica una amplia conversaci&oacute;n en exclusiva con el autor de <em>La bella cubana</em>, realizada por el escritor Julio Jos&eacute; Ordov&aacute;s. En ella, Conget nos dir&aacute; que es &ldquo;un escritor de poca imaginaci&oacute;n, sin capacidad para situar la acci&oacute;n de un relato en un lugar donde no haya vivido&rdquo;. Y tambi&eacute;n que le debe &ldquo;a Proust el hallazgo de caminos de la sensibilidad hacia la recuperaci&oacute;n emotiva del pasado&rdquo;. Reconoce que le &ldquo;irritan los dogmas&nbsp; est&eacute;ticos&nbsp; tanto&nbsp; como&nbsp; el&nbsp; canon,&nbsp; ese&nbsp; invento&nbsp; siniestro&nbsp; del&nbsp; gremio&nbsp; acad&eacute;mico&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Preguntado por su faceta de profesor, confiesa: &ldquo;en mis clases no quer&iacute;a que asociaran la literatura con el estudio sino con el placer&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Completan el monogr&aacute;fico un texto in&eacute;dito del propio Conget y una exhaustiva biocronolog&iacute;a elaborada por Fernando del Val.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>UN SUGERENTE Y VARIADO CAT&Aacute;LOGO DE LECTURAS</strong></p>
<p>Adem&aacute;s del gran monogr&aacute;fico dedicado a Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget, el nuevo n&uacute;mero de TURIA brinda un sugerente y variado cat&aacute;logo&nbsp; de&nbsp; lecturas.&nbsp;&nbsp; No&nbsp; en&nbsp; vano,&nbsp; adem&aacute;s&nbsp; de&nbsp; las&nbsp; colaboraciones&nbsp; de&nbsp; los&nbsp; autores&nbsp; ya&nbsp; citados,&nbsp; las p&aacute;ginas de la revista se enriquecen con textos in&eacute;ditos de importantes autores internacionales. As&iacute;, TURIA da a conocer un avance de &ldquo;El lun&aacute;tico&rdquo;, el nuevo libro de Charles Simic, premio Pulitzer de poes&iacute;a y uno de los m&aacute;s relevantes poetas contempor&aacute;neos en lengua inglesa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tambi&eacute;n TURIA ofrece a los lectores las primeras p&aacute;ginas de &ldquo;El ruido del tiempo&rdquo;, la nueva novela de Julian Barnes, que narra la historia del compositor ruso Dimitri Shostakovich y su relaci&oacute;n con Stalin. Barnes est&aacute; considerado como el gran novelista de las letras brit&aacute;nicas actuales y posee el codiciado premio Man Booker.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>TURIA brinda adem&aacute;s la posibilidad de descubrir un fragmento del nuevo ensayo del prestigioso antrop&oacute;logo franc&eacute;s David Le Breton: &ldquo;Desaparecer de s&iacute;&rdquo;, una interesant&iacute;sima aproximaci&oacute;n a las dif&iacute;ciles identidades contempor&aacute;neas elaborada por el autor de&nbsp; &ldquo;Elogio del caminar&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Menci&oacute;n destacada en el sumario de la revista merece tambi&eacute;n la presencia de la poes&iacute;a m&aacute;s reciente del extraordinario escritor venezolano Rafael Cadenas, eterno candidato al Premio Cervantes; o el &uacute;ltimo relato de Edmundo Paz Sold&aacute;n, uno de nos m&aacute;s valiosos narradores latinoamericanos de nuestros d&iacute;as.&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Especialmente recomendables son las dos reveladoras entrevistas a fondo que TURIA publica: con el escritor Enrique Vila-Matas, uno de los autores espa&ntilde;oles de mayor prestigio&nbsp; y difusi&oacute;n internacional (&ldquo;Soy el que se desconoce&rdquo;) y con Fernando Sinaga, uno de los nombres propios mas notables del arte contempor&aacute;neo espa&ntilde;ol&nbsp; (&ldquo;El que haya visto alguna vez un pintor en m&iacute;, se equivoca&rdquo;).</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA ha conseguido convertirse, tras m&aacute;s de 32 a&ntilde;os de trayectoria,&nbsp; en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. Tiene difusi&oacute;n nacional e internacional por suscripci&oacute;n y por sus p&aacute;ginas han pasado m&aacute;s de mil autores de diversas procedencias est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas, lo que da idea de la riqueza y pluralidad de sus contenidos. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA es una revista de periodicidad cuatrimestral que tiene una edici&oacute;n en papel y otra&nbsp; digital (web y Facebook). Est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel y cuenta con el patrocinio&nbsp; del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 04 Mar 2016 08:09:50 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La sonrisa de Beatriz]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-sonrisa-de-beatriz/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2016/marzo/mateos500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como en una <em>Divina comedia</em> contempor&aacute;nea, del amor como misterio que une vida y muerte habla este libro singular que, pese a adoptar su forma, nada tiene que ver con el g&eacute;nero diar&iacute;stico al uso. En una prosa impecable y melodiosa que es una de las se&ntilde;as de identidad del autor, su progresi&oacute;n itinerante entre sombras y sue&ntilde;os, a trav&eacute;s de los d&iacute;as de un calendario ficticio (de octubre de 2013 a octubre de 2014), es un recorrido en el que se nos gu&iacute;a hacia lo m&aacute;s profundo de un asombro casi m&iacute;stico ante el mundo. Porque del asombro ante el misterio que se encuentra en la ra&iacute;z de la m&iacute;stica est&aacute; hecho este libro al alcance de cualquiera, sin el menor vestigio de hermetismo o ambig&uuml;edad, que entrega al lector el agua clara y reconfortante de la claridad y la transparencia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Desde el dolor o desde la alegr&iacute;a, yo solo he escrito aqu&iacute; de lo que amo, que es como decir de lo que ignoro&rdquo;, nos dice su pr&oacute;logo, que es tambi&eacute;n una honda reflexi&oacute;n sobre el sentido de la escritura alejada de lugares comunes y de falsas trascendencias: &ldquo;Escribir es siempre un fracaso, adelantar la mano y abrir un dedo para se&ntilde;alar a otros el rastro de un p&aacute;jaro cuando se ha ido&rdquo;. Y, como para los viejos escritores m&iacute;sticos, tambi&eacute;n el lenguaje para Mateos (que intenta aqu&iacute;, igual que ellos, deshacerse del yo para trascenderlo sirvi&eacute;ndose, en aparente paradoja, de una de las formas autobiogr&aacute;ficas por excelencia) se revela en muchas ocasiones como insuficiente: &ldquo;Solo balbuceando podemos llegar a decir algo de este gran misterio, de esta belleza&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Todo es cordial e ingenuamente humilde en la obra de este autor que no en vano es tambi&eacute;n, y quiz&aacute; por ello, uno de los poetas m&aacute;s destacables de su generaci&oacute;n. Y, sin embargo, posee la arrolladora fuerza vital de lo que escribe alguien que parte de la siguiente premisa: &ldquo;Un libro no deber&iacute;a ser nunca un suced&aacute;neo de la vida. Sino pura vida, vida inagotable. Algo que nos roba de la vida durante unas horas para al cabo devolvernos a ella m&aacute;s vivos&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cumplen con creces ese objetivo estas p&aacute;ginas donde se entremezclan intuiciones po&eacute;ticas y filos&oacute;ficas, donde se reflexiona sobre la existencia humana, sobre su finitud e infinitud (pues &ldquo;somos seres fronterizos&rdquo;, nos insiste); sobre el paso del tiempo y la identidad del hombre (en uno de los textos m&aacute;s hermosos del libro se nos dice hasta qu&eacute; punto le resulta al personaje que habla en primera persona no ser el ni&ntilde;o que fue) y sobre el sentido y la finalidad del arte (&ldquo;que lo habitual resulte ins&oacute;lito, en eso quiz&aacute;s resida parte de la tarea de la poes&iacute;a [&hellip;], de la filosof&iacute;a y hasta de la ciencia&rdquo;, porque &ldquo;la belleza del mundo nos pide una respuesta, y esa respuesta solamente puede ser la creaci&oacute;n de m&aacute;s belleza&rdquo;).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mateos es un escritor contemplativo que hace mucho m&aacute;s que mirar, que penetra en la realidad volvi&eacute;ndola para el lector m&aacute;s brillante e intensa y haci&eacute;ndole visible lo invisible. Sabe revelarnos esos m&aacute;gicos &ldquo;puentes que nos tienden las cosas&rdquo; en lo grande y lo peque&ntilde;o, en lo cotidiano y lo extraordinario; exaltar la vida incluso a trav&eacute;s de la muerte (&ldquo;poder morir es sin duda el mayor de los regalos&rdquo;) y de la aceptaci&oacute;n del dolor, buscando a tientas una fe que se apoya en la intuici&oacute;n intangible de la verdad como reencuentro, casi como reminiscencia plat&oacute;nica (&ldquo;pensar es recordar&rdquo;), y celebrar la belleza y el amor que, encarnado en esa Luisa-Beatriz que es la fantasmag&oacute;rica protagonista del libro, mueve el sol y las estrellas: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo es posible amar, amar de verdad, y no morir por eso?&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Un a&ntilde;o en la otra vida</em>, que es tambi&eacute;n un libro poderosamente pict&oacute;rico plagado de naturalezas muertas, de paisajes, de escenas de interior y de retratos del natural de fantasmas y seres de carne y hueso, demuestra c&oacute;mo el lenguaje, cuando es lenguaje por encima de ret&oacute;rica, puede aproximarse hasta a lo que carece de nombre. Nos recuerda que &ldquo;las grandes palabras no mienten [&hellip;] lo que hay que temer es no llevarlas dentro al pronunciarlas&rdquo;. Y nos redime un poco al record&aacute;rnoslo. Como la sonrisa de Beatriz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jos&eacute; Mateos, <em>Un a&ntilde;o en la otra vida</em>, Valencia, Pre-Textos, 2015.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 04 Mar 2016 08:00:19 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La visión de Rubén Darío sobre España]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-vision-de-ruben-dario-sobre-espana/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2016/marzo/RUB_N_DAR_O.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>&nbsp;</strong>El gran poeta nicarag&uuml;ense, cuya vida y obra todos conocemos, fue tambi&eacute;n un gran cr&iacute;tico literario, un hombre de prosa deslumbrante, que enamor&oacute; a sus contempor&aacute;neos, dejando p&aacute;ginas inolvidables en libros como <em>Azul</em>, esos cuentos que nos ofrecen un mundo m&aacute;gico, un paisaje lleno de encantamiento. No solo <em>Azul</em>, tambi&eacute;n sus cr&iacute;ticas a la Espa&ntilde;a de la &eacute;poca fueron recogidas en <em>Espa&ntilde;a contempor&aacute;nea</em>, un libro que vio la luz en los &uacute;ltimos a&ntilde;os del siglo XIX&nbsp; y que son un testimonio necesario para conocer la mirada de Dar&iacute;o al mundo, una luz llena de sabidur&iacute;a, que triunf&oacute; en su poes&iacute;a, pero que no desmereci&oacute; en su prosa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; <em>Espa&ntilde;a contempor&aacute;nea</em> nos obliga a mirar a un pa&iacute;s atrasado, que Dar&iacute;o conoce muy bien, que ya ha visitado anteriormente, pero que ahora analiza con mirada de entom&oacute;logo, con la precisi&oacute;n del analista de una sociedad que debe evolucionar, para no perderse en la eterna mediocridad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; El 1 de enero de 1898, el poeta llega a Barcelona, se topa con el mundo marino que aparece en la Barceloneta, con una ciudad prendada de luz, moderna ya por la influencia de la cultura y el arte entendido como voraz protagonista en tiempos, no solo los suyos, sino los de todos, de corrupci&oacute;n pol&iacute;tica y de injusticia social.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Describe las Ramblas, con ese pincel fino que lleva entre los dedos, con esos ojos de alquimista, que todo lo transforma en arte:</p>
<p>&ldquo;En esta ancha calle, como sabr&eacute;is, de un pintoresco curioso y digno de nota, baraja social, revelador term&oacute;metro de una especial existencia ciudadana. En la larga v&iacute;a van y vienen, roz&aacute;ndose el sombrero de copa y la gorra obrera, el smoking y la blusa, la se&ntilde;orita y la Hermenegilda. Entre el cauce de &aacute;rboles donde chilla y charla un mill&oacute;n de gorriones, va el r&iacute;o humano, en un incontenido movimiento&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; La Rambla es ya el trasunto de la modernidad, un lugar donde los nuevos tiempos bailan al comp&aacute;s de lo antiguo, para generar un porvenir necesario y fascinante en nuestro final de siglo XIX:</p>
<p>&ldquo;Fuera de la energ&iacute;a del alma catalana, fuera de ese tradicional orgullo duro de este pa&iacute;s de conquistadores y menestrales, fuera de lo permanente, de lo hist&oacute;rico, triunfa un viento moderno que trae algo del Porvenir; es la Social que est&aacute; en el ambiente; es la imposici&oacute;n del fen&oacute;meno futuro que se deja ver;&nbsp; es el secreto a voces de la blusa y de la gorra, que todos saben, que todos sienten, que todos comprenden, y que en ninguna parte como aqu&iacute; resulta tan palpable en magn&iacute;fico alto relieve&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dar&iacute;o ya presiente el futuro de la sociedad obrera, el mundo que se revela al se&ntilde;orito, que busca un lugar en la sociedad, que huye ya de la esclavitud de las relaciones laborales anteriores.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Rub&eacute;n Dar&iacute;o mira a la ciudad de Gaud&iacute; e intuye la Semana Tr&aacute;gica, que en 1909, llena de sangre las calles de la ciudad condal, donde los obreros se enfrentan en gran batalla contra la sociedad de clases que ha pervivido durante los siglos anteriores.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Un obrero que se sienta al lado de dos arist&oacute;cratas en una cafeter&iacute;a de la calle Col&oacute;n y bebe su licor al lado de ellos, sin que estos se inmuten, donde el desprecio de unos hacia los otros ya revela lo que ser&aacute; el sangriento siglo XX.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero Dar&iacute;o, gran poeta, va cincelando su <em>Espa&ntilde;a contempor&aacute;nea</em>, hace una semblanza del rey Alfonso XIII en este libro revelador, lo pinta en ese aire del pasado, como en una pel&iacute;cula de aquellas que adoraron nuestros abuelos, como la inolvidable Sissi, va en el carruaje, tiene ese aire de los Borbones que hereda algo de los Austrias, como si la sangre de ambos se mezclase en los salones donde el placer, la opulencia y la lujuria han sido emblemas de reyes, sin eludir una cierta tristeza y la melancol&iacute;a de los locos, como en el rostro atormentado de Carlos II, se&ntilde;alando el rostro una cara esculpida con el detalle de los grandes romanos, como el amado Miguel &Aacute;ngel:</p>
<p>&ldquo;Iba el carruaje despacio, y as&iacute; pude observar bien el aspecto de Su Majestad Infantil. No est&aacute; tan crecido como los retratos nos hacen ver; pero muestra lo que se dice une bonne mine. Tiene la cara, ya se&ntilde;aladamente fijos los rasgos salientes, de un Austria, de un Felipe IV ni&ntilde;o. Es vivaz y sus movimientos son los de quien se fortifica por la gimnasia. Los ojos son hermosos y elocuentes, la frente maciza ser&iacute;a un buen cofre para ideas grandes; &nbsp;el cuerpo no es robusto, pero tampoco canijo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero Dar&iacute;o ama a Espa&ntilde;a, sin dejar de hablar en este libro prodigioso y no tan conocido (para muchos Dar&iacute;o fue poeta, de los grandes, pero olvidan su labor cr&iacute;tica y su temperatura de prosista de alta calidad), de la narrativa americana:</p>
<p>&ldquo;Surge ahora en Chile un talento joven que es firme esperanza; ha demostrado la contextura de un novelista de base nacional, sostenido por la propia cultura, la necesaria cultura; me refiero al hijo de Vicu&ntilde;a Mckenna; a Benjam&iacute;n Vicu&ntilde;a Mckenna Subercasseux, de nombre un poco largo, para nombre de autor. Del Per&uacute; no conozco novelista nombrable, aunque hay buenos cuentistas entre los j&oacute;venes literatos, lo que no es poco. Ricardo Palma ha podido realizar una obra que habr&iacute;a completado su fama de tradicionalista: la novela de la colonia&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dar&iacute;o conoce la novela que triunfa, pero pasea sus ojos de poeta por los rincones de Espa&ntilde;a, tanto es as&iacute; que admira a Men&eacute;ndez Pelayo, confraterniza con Valle-Incl&aacute;n y con los modernistas espa&ntilde;oles, para hilvanar su literatura de cisnes y de para&iacute;sos maravillosos, mientras su desencanto va fraguando la tristeza que anida en <em>Cantos de</em> <em>vida y esperanza</em> (1905), el libro que rompe lo id&iacute;lico y hermoso que anidaba en su c&eacute;lebre <em>Prosas Profanas</em> (1898).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dar&iacute;o conoce el poder de los Estados Unidos y los critica, como el imperio que empieza a ser y canta a Espa&ntilde;a, como el imperio que ha declinado para siempre.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Cuando releo este libro portentoso de Dar&iacute;o que tanto nos ense&ntilde;a de su visi&oacute;n de Espa&ntilde;a, me detengo en sus palabras laudatorias acerca de Men&eacute;ndez Pelayo, el sabio que tan joven sent&oacute; c&aacute;tedra en Espa&ntilde;a:</p>
<p>&ldquo;Y cuando en la conversaci&oacute;n amistosa escucho sus conceptos, pienso en un caso de prodigiosa metempsicosis, y juzgo que habla por esos labios contempor&aacute;neos el esp&iacute;ritu de aquellos antiguos ascetas del estudio que olvidara por un momento textos griegos y comentarios latinos. Es dif&iacute;cil encontrar persona tan sencilla due&ntilde;a de tanto valer positiva, viva ant&iacute;tesis del pedante, archivo de amabilidades; pronto para resolver una conducta, para dar un aliento, para ofrecer un est&iacute;mulo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin duda, Dar&iacute;o admira al sabio que no hace ostentaci&oacute;n de ello, de conversaci&oacute;n apasionante, en la modestia infinita del que se sabe mortal, del que duda de su propia presencia en el mundo, del que conoce la complejidad de todo&nbsp; y la banalidad, a su vez, de cualquier esp&iacute;ritu trascendente.</p>
<p>&nbsp; Y queda la imagen de la mujer espa&ntilde;ola, para poner colof&oacute;n a este repaso por la vena prosaica de Dar&iacute;o, por su coqueteo con el lenguaje de la buena prosa, con fino estilete, el de un creador de r&aacute;pida imagen, de verbo sagaz y de clarividencia inigualable, un nicarag&uuml;ense que es, sin duda, el padre de la literatura de la tierra posterior.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En su visi&oacute;n de la mujer espa&ntilde;ola, Dar&iacute;o nos habla de los tipos de mujer, como si poetizase al cisne, enamorado de ese dibujo impresionante que la mujer morena nos regala en nuestra bella Andaluc&iacute;a o la madrile&ntilde;a que pasea por las fiestas del quince de&nbsp; Mayo:</p>
<p>&ldquo;Hay distintos tipos que se imponen, pues en la Corte se hallan representadas las distintas provincias. Desde luego, la mujer suavemente morena, de un moreno p&aacute;lido, cara ovalada, cuello colombino, boca sensual y mirada concentradamente ardiente, cuerpo en que se ritman felinas ondulaciones, y la rosada y firme de elasticidades, de cabellos dorados, un tanto gruesa; y la belleza decadente y tradicional, de los retratos en cuyas manos puso Pantoja tan preciadas gemas; rostros con algo de las figuras de los primitivos&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El divino poeta conoce a la mujer, la escruta y sabe que en sus rostros se halla la virtud y el pecado, la eterna contradicci&oacute;n de los sexos que se aman y se repelen desde tiempos ancestrales. La espa&ntilde;ola es, para el poeta, un cuadro donde mirar Espa&ntilde;a, donde contemplar su belleza y sus sombras.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Concluyo con esta sentencia dariniana, dura afrenta que debe ser entendida en su contexto, pero que, desgraciadamente, pesa a&uacute;n en los que vivimos las aulas cada d&iacute;a como docentes, esa idea de Dar&iacute;o de una educaci&oacute;n prostituida por unos y por otros, siempre pol&iacute;ticos que no entienden de ense&ntilde;anza, s&iacute; de mezquinas afrentas al sentido com&uacute;n, que padecemos hoy d&iacute;a, de manera sangrante. En la Espa&ntilde;a de la &eacute;poca, el problema no era un profesorado competente en manos de pol&iacute;ticos incompetentes, como ahora, sino el de una Espa&ntilde;a atrasada, donde ni los profesores ten&iacute;an capacidad para serlo, porque no hab&iacute;a una selecci&oacute;n de rigor previa a la profesi&oacute;n docente. Dar&iacute;o, para no extenderme en un art&iacute;culo duro y de gran hondura, sentencia:</p>
<p>&ldquo;La ignorancia espa&ntilde;ola es inmensa. El n&uacute;mero de analfabetos es colosal, comparado con cualquier estad&iacute;stica. En ninguna parte de Europa est&aacute; m&aacute;s descuidada la ense&ntilde;anza&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Considera a los maestros como desgraciados que suelen carecer de medios intelectuales o materiales para seguir otra carrera mejor. Tambi&eacute;n cuestiona la ense&ntilde;anza de memoria y de ser profesor en su p&uacute;lpito de la Universidad de la &eacute;poca, salva a la Instituci&oacute;n Libre de ense&ntilde;anza, pero se&ntilde;ala el fracaso de esa propuesta tan interesante en la Espa&ntilde;a del XIX.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dar&iacute;o, en un art&iacute;culo escrito el 8 de septiembre de 1899, nos habla de una ense&ntilde;anza que condena a miles de estudiantes a la nada y a la ignorancia, ahora, si viviese, sabr&iacute;a que a&uacute;n no hemos arreglado un tema tan importante y que las manos de la mala pol&iacute;tica nos condenan a la mediocridad para siempre. Dar&iacute;o fue y debe ser considerado un maestro, un precursor de las ideas de otros que hablaron del fracaso del sistema, de la necesidad de cambios sociales.&nbsp; Dar&iacute;o merece, por todo ello, este homenaje a su labor de prosista, menos conocida y alabada que la de poeta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 26 Feb 2016 13:03:05 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Liquidando al Meta]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/liquidando-al-Meta/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas16/Marzo/Merino500.jpg" alt="" /></p>
<p>Querido profesor Souto, hoy por fin liquidar&eacute; al Meta, y tengo el prop&oacute;sito de que de esta confesi&oacute;n m&iacute;a sea usted el primer destinatario, tras tantos a&ntilde;os de sentirme obligado a guardar solo para m&iacute; tantas regurgitaciones de aborrecimiento.</p>
<p>Aunque soy persona de natural pac&iacute;fico, desde que lo conoc&iacute; sent&iacute; hacia &eacute;l una inquina tan honda que se convirti&oacute; enseguida en la aversi&oacute;n que no tengo m&aacute;s remedio que llamar aniquiladora, decisiva. Hoy conseguir&eacute; por fin realizar lo que durante tantos a&ntilde;os ha sido casi mi &uacute;nica idea estimulante.</p>
<p>La primera vez que coincidimos fue en un congreso, en un pa&iacute;s del Caribe. Entonces yo todav&iacute;a escrib&iacute;a novelas, pero aunque la cr&iacute;tica me respetaba, no vend&iacute;a casi nada;&nbsp; &eacute;l, m&aacute;s joven que yo, era eso que se dice &ldquo;un autor de culto&rdquo;, ya en aquellos a&ntilde;os muy jaleado en las rese&ntilde;as culturales y en los suplementos literarios.</p>
<p>All&iacute; hab&iacute;a bastantes escritores, pero entre los espa&ntilde;oles que resid&iacute;amos en el mismo hotel &ndash;con el Meta y yo, Gloria P. y Alicia S.- se estableci&oacute; una relaci&oacute;n particular, por la coincidencia en los desayunos y en determinados momentos de la jornada. Algunas noches cen&aacute;bamos los cuatro juntos. Por aquella &eacute;poca &eacute;l beb&iacute;a mucho y se pon&iacute;a pesad&iacute;simo.</p>
<p>- Vosotros no me quer&eacute;is -repet&iacute;a, una y otra vez- no me quer&eacute;is nada.</p>
<p>- Que s&iacute; que te queremos, Pa&uacute;l, mi vida - le dec&iacute;an Gloria P. y Alicia S..</p>
<p>Sin embargo &eacute;l segu&iacute;a, dale que te dale:</p>
<p>- A lo mejor vosotras me quer&eacute;is un poco, pero Tu&ntilde;&oacute;n no me quiere nada, no me puede ver, se le nota- insist&iacute;a.</p>
<p>- Anda, Pedro, cielo, dile a Pa&uacute;l que le quieres un mont&oacute;n, para que se tranquilice de una vez- me ped&iacute;an ellas con mucha sorna, pero a m&iacute; aquel beodo pelma me sacaba de quicio:</p>
<p>- Si sigues as&iacute; no solo no te querr&eacute; nunca, sino que te odiar&eacute; durante el resto de mi vida- repuse, sintiendo en mi boca el sabor pleno y verdadero de aquellas palabras.</p>
<p>Fue por entonces cuando le pusimos el mote &ldquo;Meta&rdquo;, de <em>metaliterario</em>, porque consideraba las cosas de la vida exclusivamente a trav&eacute;s de la propia literatura, y solo mostraba inter&eacute;s hacia el posible v&iacute;nculo entre lugares y literatos. Para &eacute;l no exist&iacute;an los espacios por donde no hab&iacute;a pasado un escritor famoso. Presum&iacute;a de&nbsp; haber dormido en las mismas habitaciones hoteleras que sirvieron alguna vez de alojamiento a Karen Blixen, Tristan Tzara, Robert Walser y muchos otros m&aacute;s. &ldquo;Aqu&iacute; estuvieron Ana&iuml;s Nin y Henry Miller en el 33&rdquo;, dec&iacute;a mientras pase&aacute;bamos por el barrio antiguo, y hasta preguntaba a los sorprendidos viandantes sobre alg&uacute;n eventual recuerdo de aquellos a&ntilde;ejos turistas. &ldquo;Cuenta Naipaul que esto lo visit&oacute; con Paul Theroux a finales de los ochenta&rdquo;, explicaba mientras atraves&aacute;bamos una comarca selv&aacute;tica. A los de la recepci&oacute;n del hotel los mareaba en busca de posibles huellas de Hemingway o Paul Auster.</p>
<p>Gloria, Alicia y otros, como la idiota de mi sobrina Bib&iacute;, que lo considera un genio, aseguran que el Meta tiene mucho sentido del humor, pero seg&uacute;n ha ido pasando el tiempo yo he ido viendo en &eacute;l m&aacute;s bien una disposici&oacute;n ir&oacute;nica patosa, ignorante de lo que no est&eacute; te&ntilde;ido de literatura, y su convicci&oacute;n de que escribir sobre autores y peripecias literarias es suficientemente narrativo en s&iacute; mismo me parece demasiado ingenua y vacua. El caso es que &eacute;l ha seguido escribiendo, cada vez con mayor eco y fortuna, y yo he ido encontrando cada vez menos lectores y mayor reticencia editorial. Y as&iacute;, hasta que me fui de la literatura.</p>
<p>Cuando estaba todav&iacute;a en activo como escritor, unos a&ntilde;os despu&eacute;s de aquel congreso caribe&ntilde;o, volv&iacute; a coincidir con &eacute;l en la feria del libro de un pa&iacute;s centroamericano. Ambos participamos en una mesa redonda y &eacute;l estaba ya tan satisfecho consigo mismo que se limit&oacute; a leer, durante casi media hora, el arranque de su &uacute;ltimo libro. Nos aloj&aacute;bamos en el mismo hotel, uno muy bueno que en la &uacute;ltima planta ten&iacute;a un servicio de bar gratuito para ciertos clientes. &Eacute;l ya no beb&iacute;a tanto, pero una tarde est&aacute;bamos all&iacute; tomando algo mientras esper&aacute;bamos que viniesen a recogernos. En el sal&oacute;n hab&iacute;a tres ni&ntilde;os, calculo que tendr&iacute;an alrededor de los siete a&ntilde;os, que no paraban de moverse y de jugar, aunque el lugar era tan grande que no molestaban. Sin embargo, el Meta los observaba con reprobaci&oacute;n y les hizo se&ntilde;as para que se acercasen. Cuando los tuvo delante les pregunt&oacute;, poniendo en la voz una intenci&oacute;n da&ntilde;ina:</p>
<p>- &iquest;Vosotros sab&eacute;is que vuestros pap&aacute;s se van a morir?</p>
<p>Los ni&ntilde;os lo miraron con extra&ntilde;eza y luego se apartaron y murmuraban algo entre ellos, mientras nos contemplaban con un aire que me desasoseg&oacute;. &Eacute;se es el estilo del gran sentido del humor que lo caracteriza.</p>
<p>Al d&iacute;a siguiente nos llevaron a visitar una zona de la selva donde hab&iacute;an instalado un telef&eacute;rico silencioso que sobrevolaba el arbolado hasta lo alto de una colina. Las cabinas eran muy peque&ntilde;as y sencillas, artefactos de base s&oacute;lida rodeados solamente por una balaustrada fina que permit&iacute;a entrar en contacto directo con la atm&oacute;sfera del lugar, escuchar los gritos de los monos, divisar los grandes p&aacute;jaros multicolores. &Iacute;bamos nosotros dos solos y &eacute;l llevaba en la mano un libro.</p>
<p>- Por aqu&iacute; anduvo Bruce Chatwin cuando ya ten&iacute;a el sida. No escribi&oacute; nada acerca del lugar, pero seguramente ech&oacute; una meada al pie de alguno de estos &aacute;rboles - dijo.</p>
<p>Debajo de nosotros se divisaba la exuberancia del abismo vegetal y fue en aquel mismo momento cuando decid&iacute; intentar carg&aacute;rmelo. Nunca he matado a nadie ni he tenido impulsos homicidas, pero sent&iacute; que liquidar al Meta no pertenec&iacute;a al universo del asesinato, sino a ese de las bellas artes de que habl&oacute; Thomas de Quincey.</p>
<p>Sin embargo, todo asesino, aunque no sea profesional, debe ser cauteloso. Yo imagin&eacute; enseguida mi coartada. Simul&eacute; que perd&iacute;a el equilibrio y la cabina se bambole&oacute;. De inmediato me lanc&eacute; sobre &eacute;l gritando &ldquo;&iexcl;Cuidado, que me caigo!&rdquo;, y lo empuj&eacute; con todas mis fuerzas oblig&aacute;ndolo a rebasar la cadena que cerraba la parte trasera de elemental veh&iacute;culo y sujet&aacute;ndome bien a la balaustrada.</p>
<p>Y el Meta cay&oacute; a la selva, desde treinta metros de altura.</p>
<p>Pero no se mat&oacute;, ni siquiera se magull&oacute;. El libro que llevaba en la mano fue su protector en los sucesivos golpes contra las ramas, que fueron haciendo cada vez m&aacute;s lenta su ca&iacute;da. E incluso el libro lleg&oacute; al suelo antes que su cabeza, amortiguando el golpe final. Como es l&oacute;gico, aparent&eacute; consternaci&oacute;n por haber sido la causa del accidente, pero &eacute;l no lleg&oacute; a sospechar lo que hab&iacute;a habido de intenci&oacute;n criminal en mi tropez&oacute;n, e incluso mostraba muy ufano el libro, una biograf&iacute;a de Marguerite Duras que, seg&uacute;n &eacute;l, le hab&iacute;a salvado la vida.</p>
<p>- Su verdadero apellido era Donnadieu - dec&iacute;a, como si esto lo explicase todo.</p>
<p>Aquel fracaso en mi primer intento de asesinato result&oacute; muy deprimente para m&iacute; y hasta creo que fue uno de los factores iniciales en mi alejamiento de la literatura. No obstante, mi idea de eliminar al Meta se convirti&oacute; en una meta, qu&eacute; bonito, y busqu&eacute; surtirme de elementos capaces de ayudarme a hacerlo en alguna otra ocasi&oacute;n en la que coincidi&eacute;semos. Ni pistolas ni armas blancas, porque aborrezco la violencia sanguinaria, pero hay muchos otros medios: supe por Internet que la estricnina es perfectamente soluble en alcohol, y letal en una peque&ntilde;a dosis, y me hice <em>on line</em>&nbsp;con una buena porci&oacute;n.</p>
<p>La ocasi&oacute;n para mi nueva tentativa surgi&oacute; en esa conmemoraci&oacute;n de la Residencia que congrega todos los veranos a&nbsp; muchas gentes de las artes y de las letras. Fui pronto y prepar&eacute; dos mezclas t&oacute;xicas, una de vino blanco verdejo y otra de g&uuml;isqui con mucho hielo, que es como al Meta le gustaba. No tard&oacute; en aparecer y me apresur&eacute; a acercarme a &eacute;l para ofrecerle lo que prefiriese, pero rechaz&oacute; los dos vasos:</p>
<p>- Ya no bebo nada- aclar&oacute;, tajante. -Mi vida ha cambiado en lo que toca al alcohol.</p>
<p>Y se alej&oacute; de m&iacute; para acercarse a alguien que lo saludaba con j&uacute;bilo.</p>
<p>- No importa- dijo un periodista cultural muy influyente, que hab&iacute;a sido testigo de la escena, -yo tomar&eacute; ese g&uuml;isqui.</p>
<p>Me lo arrebat&oacute; de las manos antes de que yo pudiese impedirlo, y se lo bebi&oacute; de un trago.</p>
<p>- &iexcl;Qu&eacute; sed! &ndash;exclam&oacute; luego, y debieron de ser sus &uacute;ltimas palabras, porque yo me separ&eacute; de &eacute;l de inmediato.</p>
<p>A los quince minutos hubo revuelo en aquel lugar del jard&iacute;n, poco despu&eacute;s se escucharon los sonidos de una ambulancia, y a la media hora se nos indic&oacute;, a trav&eacute;s de los altavoces, que razones muy graves, de fuerza mayor, obligaban a clausurar la fiesta, y que se nos rogaba que nos abstuvi&eacute;semos de seguir consumiendo nada l&iacute;quido o s&oacute;lido. Como se sabe bien, la muerte del periodista fue atribuida a un atentado terrorista, cuyos autores no han sido todav&iacute;a localizados, pero que por suerte solamente consiguieron contaminar uno de los vasos, donde al parecer han aparecido numerosas huellas digitales, ninguna significativa.</p>
<p>Pero por fin, de modo providencial, ha llegado para m&iacute; la oportunidad definitiva. Mi alejamiento de la literatura y mi mayor dedicaci&oacute;n a mi empleo oficial facilitaron que fuese yo el encargado de controlar la edificaci&oacute;n el monumento a Roberto Bola&ntilde;o que va a alzarse frente a la estatua de Gald&oacute;s, en el parque del Retiro.</p>
<p>El Meta, como &uacute;ltimo galardonado con el premio internacional que lleva el nombre del escritor chileno, va a ser el encargado de inaugurar el monumento, junto con los alcaldes de Madrid y de Santiago de Chile. La escultura no es muy grande, pero tiene envergadura suficiente como para destripar a quien encuentre debajo cuando se derrumbe.</p>
<p>Lo he calculado de manera muy meticulosa: la distancia a la que deber&aacute; encontrarse quien desvele la placa conmemorativa, en el pedestal; la peque&ntilde;a carga explosiva, en determinado punto bajo la escultura, que har&eacute; estallar en el momento justo en que el Meta, a menos de un paso, haga correr la peque&ntilde;a cortina; la ca&iacute;da de la escultura sobre &eacute;l; su aplastamiento seguro. Lo ver&eacute; todo con claridad, porque estar&eacute; muy cerca. Otra operaci&oacute;n terrorista&hellip; No podemos vivir tranquilos&hellip;</p>
<p><em></em><em><span style="text-decoration: underline;">Nota del comisario investigador</span></em>: Esta misiva aut&oacute;grafa de Jos&eacute; Tu&ntilde;&oacute;n, al parecer nunca enviada y entregada a las autoridades por su sobrina, prueba, entre otros delitos, su autor&iacute;a de la voladura de la estatua reci&eacute;n inaugurada, aunque el c&aacute;lculo err&oacute;neo en la cantidad de explosivo hizo que la &uacute;nica v&iacute;ctima del desplome fuese precisamente &eacute;l. Est&aacute; probado que el profesor Souto, que le dio clases durante algunos cursos de la licenciatura, es totalmente ajeno al caso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Este texto forma parte del libro <em>La trama oculta</em> <em>-Cuentos de los dos lados, con una Silva M&iacute;nima-</em>, que ser&aacute; pr&oacute;ximamente publicado por la editorial P&aacute;ginas de Espuma)</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 26 Feb 2016 07:33:30 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Turia" descubre  un inédito de Ramón J. Sender y analiza la correspondencia entre Pablo Serrano y Miguel Labordeta]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-desubre-un-inedito-de-ramon-sender-y-analiza-la-correspondencia-entre-pablo-serrano-y-miguel-labordeta/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2016/Sender500.jpg" alt="" /></p>
<p class="Textoindependiente21" style="text-align: left;" align="center"><strong>LA REVISTA TAMBI&Eacute;N SE OCUPA DEL MONOLITO DE LOS POZOS DE CAUD&Eacute;</strong></p>
<p>El nuevo n&uacute;mero de la revista cultural TURIA, que se distribuir&aacute; a partir del 16 de marzo,&nbsp; brinda a los lectores que se interesan por los asuntos o protagonistas aragoneses un atractivo repertorio de temas. En primer lugar, TURIA publica un art&iacute;culo sobre el hallazgo del que puede considerarse el primer trabajo literario de repercusi&oacute;n nacional que realiz&oacute; un jovenc&iacute;simo Ram&oacute;n J. Sender: los guiones de una ficci&oacute;n c&oacute;mica infantil titulada &ldquo;Cocoliche y Tragavientos&rdquo;. Un rescate documental que ha sido obra del investigador Javier Barreiro y que ahora es analizado con detalle en las p&aacute;ginas de la revista. Comprobaremos, una vez m&aacute;s, la raz&oacute;n que ten&iacute;a Sender cuando aseguraba a su madre: &ldquo;No te preocupes por m&iacute;. Con un kilo de cuartillas y un litro de tinta, sabr&eacute; defenderme en cualquier parte&rdquo;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Otros dos grandes nombres propios de la cultura aragonesa del siglo XX, Pablo Serrano y Miguel Labordeta, ocupan tambi&eacute;n las p&aacute;ginas de TURIA. En este caso, y a trav&eacute;s de un art&iacute;culo de Jes&uacute;s Rubio Jim&eacute;nez, se indaga acerca de las relaciones amistosas entre ambos y se da noticia de la correspondencia que mantuvieron desde los a&ntilde;os 50 del pasado siglo, cuando el escultor regres&oacute; de Uruguay a Espa&ntilde;a y que dur&oacute; hasta la inesperada muerte del poeta en 1969. Como prueba de aquella excelente sinton&iacute;a mutua nos quedar&iacute;a el busto de Labordeta que elabor&oacute; Serrano y que constituye una de sus obras m&aacute;s difundidas y apreciadas.</p>
<p>Tambi&eacute;n TURIA ofrece a los lectores un interesante art&iacute;culo del historiador Sergio Murillo acerca de la construcci&oacute;n y el simbolismo que posee el monolito de los Pozos de Caud&eacute; en Teruel. En opini&oacute;n de este investigador de la Universidad de Zaragoza, dicho monolito constituye uno de los ejemplos m&aacute;s representativos de la lucha por la memoria y testimonia el esfuerzo ciudadano por no olvidar a las v&iacute;ctimas de la guerra civil.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>ALGO M&Aacute;S QUE UNA NOVELA ILUSTRADA DE CAR&Aacute;CTER C&Oacute;MICO </strong></p>
<p class="Textoindependiente21">Javier Barreiro cuenta en TURIA c&oacute;mo se produjo su hallazgo de este material desconocido de un joven Ram&oacute;n J. Sender: &ldquo;En una vieja librer&iacute;a barcelonesa di con seis cuadernos de 16 p&aacute;ginas de 21 x 14 cent&iacute;metros, en cuya portada en color y sobre una franja naranja, figuraba el t&iacute;tulo, 'Infancia y Juventud de Cocoliche y Tragavientos'(...) Inmediatamente me apresur&eacute; a adquirirlos, pues tanto el nombre de la publicaci&oacute;n como la firma de Sendercito enlazaban con algunas oscuras y aisladas referencias que pod&iacute;an vincular a Ram&oacute;n J. Sender con estas aventuras&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Al fin disponemos ya de un material que hab&iacute;a sido mencionado por el propio Bu&ntilde;uel, no sin cierta cr&iacute;tica dada su animadversi&oacute;n hacia Sender, en sus conversaciones con Max Aub: &ldquo;Yo creo que Sender nunca ha contado que hacia 1918 &eacute;l escribi&oacute; para un editor de Barcelona una revista semanal de tiras c&oacute;micas, que se llamaba <em>Cocoliche y Tragavientos</em>.</p>
<p class="Textoindependiente21">Los nombres se hicieron muy famosos en Espa&ntilde;a&nbsp; El editor no le pag&oacute; nada por los primeros n&uacute;meros pero al cuarto le mand&oacute; cien pesetas. Entonces Sender se fue al Hotel Ingl&eacute;s [&hellip;] despu&eacute;s de haberse comprado una pipa, tabaco y un pijama. Se meti&oacute; en una habitaci&oacute;n de las mejores y no sali&oacute; de ella hasta en los dos d&iacute;as en que tard&oacute; en gastarse aquel capital [&hellip;] Los dos d&iacute;as que estuvo en el Hotel Ingl&eacute;s tambi&eacute;n llov&iacute;a y se pas&oacute; el tiempo detr&aacute;s de la ventana, mirando llover...&rdquo;</p>
<p class="Textoindependiente21">M&aacute;s all&aacute; de esta menci&oacute;n mal&eacute;vola lo cierto es que el texto senderiano de estos seis cuadernos alcanza un total de 72 p&aacute;ginas, con lo que es el m&aacute;s extenso de los publicados por entonces por el escritor de Chalamera. En &eacute;l se relatan las aventuras de Cocoliche y Tragavientos, una sucesi&oacute;n de episodios disparatados y salpicados de chistes verbales no demasiado originales.</p>
<p class="Textoindependiente21">Seg&uacute;n Barreiro, hay que desechar en esos textos cualquier ambici&oacute;n art&iacute;stica por parte de un joven Ram&oacute;n J. Sender, que hab&iacute;a alcanzado muy pronto una madurez ya acreditada por otros trabajos literarios y period&iacute;sticos. No obstante, a pesar de esa condici&oacute;n de trabajo meramente alimenticio, en esta novelita ilustrada de car&aacute;cter c&oacute;mico hay que subrayar la riqueza de vocabulario y alguna alusi&oacute;n a la actualidad de la &eacute;poca. &ldquo;Se&ntilde;alable es, asimismo, -anota Barreiro- la presencia de alg&uacute;n aragonesismo, como 'tozuelo' por 'cabeza' o top&oacute;nimos como Maladeta y Remolinos.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>LA AMISTAD ENTRE PABLO SERRANO Y MIGUEL LABORDETA</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">Con su art&iacute;culo titulado &ldquo;Pablo Serrano y Miguel Labordeta: afinidades electivas&rdquo;, Jes&uacute;s Rubio Jim&eacute;nez nos permite conocer hasta qu&eacute; punto fueron amistosas las relaciones entre ambos. De la lectura de la correspondencia entre ambos, que se desarroll&oacute; entre 1957 y&nbsp; 1969, se deduce claramente la buena sinton&iacute;a que siempre mantuvieron. Una complicidad que se demostrar&iacute;a en numerosos episodios de colaboraci&oacute;n en proyectos compartidos y en no pocos gestos de apoyo mutuo.</p>
<p class="Textoindependiente21">As&iacute;, adem&aacute;s del c&eacute;lebre busto de Labordeta que realizara Serrano, hay que anotar las gestiones realizadas por el poeta para que el escultor realizara el monumento a Goya en Zaragoza promovido por el Banco Zaragoza con ocasi&oacute;n de su cincuenta aniversario. Una iniciativa que se frustr&oacute; para disgusto del poeta, como testimonia en una carta fechada en noviembre de 1959: &ldquo;Amigo Serrano: con lo del monumento a Goya se te ha hecho una verdadera &laquo;marranada&raquo; propia de los cretinos que han organizado todo esto. Voy a publicar un bolet&iacute;n literario, y Torralba va a hablar de ti, como te mereces, como el primer escultor de Espa&ntilde;a y de muchos sitios m&aacute;s: en otros art&iacute;culos hablar&eacute; tambi&eacute;n de los del Paso, etc.&rdquo;</p>
<p>Seg&uacute;n Jes&uacute;s Rubio, &ldquo;la amistad entre Miguel Labordeta y Pablo Serrano continu&oacute; hasta la repentina muerte del primero, que le conmovi&oacute; profundamente. Entretanto hab&iacute;a establecido tambi&eacute;n una profunda amistad con su hermano Jos&eacute; Antonio, que merece ser tambi&eacute;n recordada y contada. Serrano se sum&oacute; a los actos de despedida del amigo muerto con un poema necrol&oacute;gico que constituye una reivindicaci&oacute;n inequ&iacute;voca de su poes&iacute;a proyect&aacute;ndola hacia el futuro&rdquo;. Ese poema de Serrano a Labordeta se titula &ldquo;Ya despiertan, Miguel&rdquo; y dice as&iacute;: &ldquo;T&uacute;, Miguel. / Bocabajo. Desde arriba. / Desde tu <em>Oficina de Horizonte</em>. /</p>
<p>Desde <em>Sumido</em>. / &iexcl;Ahora! Empuja, desde el bronce que te vi yo desde mucho antes de esto. / Desde ti caj&oacute;n de s&aacute;ndalo, empuja ahora. / Empiezan a o&iacute;rte los sordos, los de siempre, / los hijos de&hellip;. / &iexcl;Ahora! &iexcl;Ahora! Empuja, empuja desde el otro muro.&nbsp; / Ya se inquietan, ya empiezan a o&iacute;r tu voz antigua. / Aquella que se anud&oacute; en tu garganta y se volvi&oacute; bronca. / Dales en la cabeza de sesos vac&iacute;os con tu caj&oacute;n / de pino de tercera. / Desde&nbsp; tu&nbsp; oficina de carne quieta. / &iexcl;Vives! &iexcl;Vives! Ahora est&aacute;s vivo. M&aacute;s que antes, / porque t&uacute; empujas fuerte. / Ahora te oyen. Vienes de morirte. / T&uacute;, muerto, retiemblas en las manos de ellos. / Ahora despiertan, oyen. / Ya escriben en las pizarras &iexcl;T&Uacute;, MIGUEL! &ldquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>HONRAR A LAS V&Iacute;CTIMAS DE LA GUERRA CIVIL </strong></p>
<p>&ldquo;La lucha por la memoria: el monolito de los Pozos de Caud&eacute; 1978-1980&rdquo; es el t&iacute;tulo del art&iacute;culo de Sergio Murillo que publica TURIA. En &eacute;l, este joven historiador de la Universidad de Zaragoza resalta c&oacute;mo &ldquo;los acontecimientos traum&aacute;ticos, como la guerra, tienen el poder de cambiarnos para siempre y con nosotros, cambiar tambi&eacute;n nuestra forma de mirar al pasado&rdquo;. De ah&iacute; la importancia de lo ocurrido con la construcci&oacute;n en las afueras de la ciudad de Teruel del monolito de los Pozos de Caud&eacute;. Un episodio de la Transici&oacute;n pol&iacute;tica espa&ntilde;ola que es merecedor de estudio por cuanto ilustra acerca de los procesos sociales que lo alumbraron y su alcance, cuestiones de las que se ocupa este trabajo.</p>
<p>Los Pozos de Caude, un pozo artesiano de unos 80 m. de profundidad y situado en el km. 126 de la carretera nacional 232, es el lugar donde m&aacute;s reposan las m&aacute;s de mil personas que fueron asesinadas y arrojadas entre capas de cal viva durante la &uacute;ltima guerra civil espa&ntilde;ola. Sin duda, es uno de los emplazamientos donde se testimonia la tragedia y la violencia que supuso el conflicto b&eacute;lico y la represi&oacute;n ejercida por los vencedores de la contienda.</p>
<p>Entre esos asesinados por la depuraci&oacute;n pol&iacute;tica est&aacute;n la esposa e hija de &Aacute;ng&eacute;l S&aacute;nchez Batea, alcalde socialista de Teruel en 1933 y uno de los l&iacute;deres de la sociedad turolense de aquellos a&ntilde;os. Y ser&iacute;an los dos &uacute;nicos hijos que sobrevivieron, porque S&aacute;nchez Batea fue ffusilado en 1943 en el cementerio de Torrero de Zaragoza, dos de las personas que posteriormente participaron en la construcci&oacute;n del monolito de los Pozos de Caud&eacute;.&nbsp;</p>
<p>Tanto Volney como Jaur&eacute;s S&aacute;nchez, como otros familiares de asesinados, vivieron en Teruel situaciones opresivas que mejoraron pasados los a&ntilde;os de la posguerra. Sin embargo, hasta la muerte de Franco fue imposible que se dieran las circunstancias adecuadas para emprender una lucha p&uacute;blica por la recuperaci&oacute;n de la dignidad de los masacrados por la guerra y sus familiares.&nbsp; No obstante, y durante la dictadura, muchos de ellos resignificaron ese espacio de muerte y oprobio que fueron los Pozos de Caud&eacute; en un lugar de duelo: &ldquo;discretamente se acercaban hasta este lugar y depositaban flores o compart&iacute;an sus recuerdos personales en fechas pol&iacute;ticamente significativas&rdquo;.</p>
<p>M&aacute;s tarde, durante la Transici&oacute;n, &ldquo;todos estos elementos y recuerdos encontraron un catalizador en los diferentes espacios pol&iacute;ticos, sindicales y vecinales que se fueron abriendo paulatinamente a la sociedad y que desembocar&iacute;an en la construcci&oacute;n de un monolito inaugurado el 1 de mayo de 1980. Con posterioridad, en 2007, la construcci&oacute;n del centro log&iacute;stico industrial denominado Platea motiv&oacute; la intervenci&oacute;n del Gobierno de Arag&oacute;n, que acondicion&oacute; el entorno de los Pozos de Caud&eacute;. Adem&aacute;s, desde febrero de 2004, la Asociaci&oacute;n Pozos de Caud&eacute; se ocupa de desarrollar una encomiable labor de recuperaci&oacute;n de la memoria hist&oacute;rica.&nbsp;</p>
<p>No en vano, y como concluye el historiador Sergio Murillo, &ldquo;la lucha por la dignificaci&oacute;n de las v&iacute;ctimas del franquismo y su cristalizaci&oacute;n en un monolito, adem&aacute;s de ser un hecho de justicia de dimensiones simplemente humanas, tambi&eacute;n supone un acto pol&iacute;tico de primer orden, ya que establece, como un 'talism&aacute;n de continuidad', 'lazos de comunidad por encima del tiempo' que nos conecta con los anhelos y esperanzas de los que fueron asesinados&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 26 Feb 2016 07:04:31 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Reflexiones de un intelectual comprometido]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/reflexiones-de-un-intelectual-comprometido/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2016/umberto500.jpg" alt="" /></p>
<p>El novelista, semi&oacute;logo y ensayista italiano Umberto Eco (Alessandria, Piamonte, 1932) ha sorprendido de nuevo a sus miles de lectores con una recopilaci&oacute;n de conferencias y art&iacute;culos, escritos entre 2000 y 2005. Este acreditado intelectual proyecta su mirada inquieta y privilegiada sobre el inicio del tercer milenio y deduce que, a partir de los atentados del 11 de septiembre de 2001, la humanidad ha entrado en un declive progresivo y ha iniciado una preocupante marcha atr&aacute;s.</p>
<p>La met&aacute;fora popular que da t&iacute;tulo a esta obra recopilatoria &ndash; utilizada ya por el alem&aacute;n G&uuml;nter Grass en una de sus &uacute;ltimas novelas &ndash; se convierte en afilado estilete con el que el escritor piamont&eacute;s va diseccionando el mundo actual en sus diversas vertientes y se va haciendo eco de las paradojas del progreso, de lo absurdo de las actuales guerras, de las contradicciones de las nuevas tecnolog&iacute;as y del carnavalesco populismo medi&aacute;tico de la pol&iacute;tica berlusconiana. El subt&iacute;tulo de la edici&oacute;n castellana &ndash; <em>Art&iacute;culos, reflexiones y decepciones </em>&ndash; difiere del original italiano &ndash; <em>A paso di gambero: Guerre calde e populismo mediatico &ndash;. </em>&nbsp;En ambos casos se sugiere, sin embargo, esa actitud abiertamente cr&iacute;tica y ese poso de insatisfacci&oacute;n que nacen con espontaneidad de la pluma de este intelectual curtido en mil batallas dial&eacute;cticas.</p>
<p>El autor de <em>El nombre de la rosa </em>razona en un breve prefacio el por qu&eacute; del t&iacute;tulo de esta obra recopilatoria: &ldquo;Parece que la historia, cansada de dar saltos hacia delante en los dos milenios anteriores, se encerrara de nuevo en s&iacute; misma y volviera a los fastos confortables de la tradici&oacute;n&rdquo;. Afirma tambi&eacute;n que le llena de orgullo le consideren antip&aacute;tico, debido a su talante inconformista, a su pensamiento esc&eacute;ptico y a sus planteamientos aparentemente pesimistas e impopulares. Eco agrupa sus ensayos en ocho grandes apartados, para facilitar al lector el acercamiento a los diversos temas y&nbsp; una adecuada interpretaci&oacute;n. La mayor&iacute;a de estos escritos fueron publicados en los diarios <em>L&rsquo;espresso </em>y <em>La Repubblica.</em></p>
<p><em></em>El tema de la guerra, tristemente actualizado a partir de los atentados contra las Torres Gemelas y de las invasiones de Afganist&aacute;n e Irak, ocupa la primera de estas agrupaciones tem&aacute;ticas. El autor retoma, para ello, algunos asuntos ya planteados en un ensayo de su obra <em>Cinco escritos morales </em>(Lumen, Barcelona, 1998), que motiv&oacute; una serie de reflexiones sobre la primera guerra del Golfo. Umberto Eco acu&ntilde;a los neologismos <em>paleoguerra </em>y <em>neoguerra </em>para referirse a los conflictos de Kosovo y a las invasiones de Afganist&aacute;n e Irak como productos medi&aacute;ticos y como un retroceso, en cierta medida, a los conflictos b&eacute;licos tradicionales. Para hablar de la paz como una palabra de naturaleza equ&iacute;voca, el ensayista propone similares planteamientos y la presenta ut&oacute;picamente como un retorno al primitivismo de la humanidad o a la tan cacareada &ldquo;Edad de Oro&rdquo;. El inicio de la guerra de Irak en marzo de 2003 &ndash; que sigue produciendo un goteo continuo de v&iacute;ctimas inocentes &ndash; inspira numerosos art&iacute;culos del pensador italiano. Sus clarividentes premoniciones se han cumplido: un ataque a Irak&nbsp; no ha acabado con el terrorismo, las distintas posturas adoptadas frente a este conflicto han mostrado a una Europa dividida, en el origen de la invasi&oacute;n de las tropas estadounidenses ha predominado el <em>casus belli </em>y, al igual que en la Primera Guerra Mundial, se ha seguido la ret&oacute;rica de la prevaricaci&oacute;n.</p>
<p>Una cita del libro <em>Pol&iacute;tica y cultura </em>(1954), del pensador Norberto Bobbio, orienta las reflexiones antibelicistas de Eco hacia el &aacute;mbito de la ilustraci&oacute;n, de la cultura y del sentido com&uacute;n: &ldquo;S&oacute;lo el buen pesimista est&aacute; en condiciones de actuar con la mente despejada, con la voluntad decidida, con sentimiento de humildad y plena entrega a su deber&rdquo;. Partiendo de esta peculiar filosof&iacute;a, el autor habla de la importancia del sentido com&uacute;n, de la progresiva p&eacute;rdida de privacidad, de los eufemismos para referirse a lo pol&iacute;ticamente correcto y de la importancia de la cultura y de la educaci&oacute;n. En este sentido, hace especial hincapi&eacute; en la tarea de la escuela en una sociedad multicultural, en el derecho democr&aacute;tico a una aut&eacute;ntica libertad y en la distinci&oacute;n entre ciencia y tecnolog&iacute;a.</p>
<p>En la segunda parte, el autor orienta m&aacute;s su cr&iacute;tica hacia los problemas dom&eacute;sticos. El ensayista critica abiertamente la peligrosa tendencia al populismo del gobierno de Berlusconi y alerta sobre los peligros de una nueva pol&iacute;tica economicista y de un avance progresivo de la incultura en todos los &aacute;mbitos. Umberto Eco no puede evitar leves alusiones a su infancia bajo el fascismo y teme, por tanto, una nueva vuelta de tuerca. Su defensa de la libertad de expresi&oacute;n y de las manifestaciones callejeras supone un peque&ntilde;o impulso a una sociedad todav&iacute;a imperfecta y perfectible.</p>
<p>Los conflictos b&eacute;licos como situaciones de regresi&oacute;n, como retorno a las Cruzadas y como &ldquo;el modo m&aacute;s absurdo de resolver las cuestiones internacionales&rdquo;, ocupan gran parte del resto de la obra. Los art&iacute;culos del piamont&eacute;s adoptan un enfoque m&aacute;s ir&oacute;nico y un tono cr&iacute;tico cada vez m&aacute;s acebo. Insiste, de nuevo, en la importancia de la cultura para prevenir las guerras, ataca todas las formas de intolerancia &ndash;&nbsp; tanto el fundamentalismo islamista como el integrismo cristiano &ndash;&nbsp; y propone una cultura de la paz basada en la aceptaci&oacute;n de las diferencias. Reclama, para ello, una educaci&oacute;n en la tolerancia, la ausencia de determinados s&iacute;mbolos en las escuelas y unas propuestas realistas para superar episodios de xenofobia.</p>
<p>Un libro que presenta una visi&oacute;n retrospectiva del presente no pod&iacute;a terminar sin una alusi&oacute;n parad&oacute;jica al futuro, aunque s&oacute;lo sea a trav&eacute;s del tamiz del sue&ntilde;o: &iquest;C&oacute;mo ser&aacute; el mundo despu&eacute;s de una hipot&eacute;tica tercera Guerra Mundial? El autor deja abiertos varios interrogantes y prefiere optar por una reflexi&oacute;n filos&oacute;fica sobre la muerte. No como un final inevitable, sino como una p&eacute;rdida del tesoro de la experiencia.</p>
<p>Filosof&iacute;a, cr&iacute;tica social, disquisici&oacute;n pol&iacute;tica,&hellip;toda una rica miscel&aacute;nea de temas y propuestas para el lector inquieto por las turbulencias contradictorias de este nuevo milenio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Umberto Eco, <em>A paso de cangrejo, </em>traducci&oacute;n de Mar&iacute;a Pons Irazaz&aacute;bal, Barcelona, Debate, 2007.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 23 Feb 2016 07:30:07 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sade]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/sade/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2016/febrero/sade300.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A finales del pasado a&ntilde;o, cuando se cumplieron los 275 a&ntilde;os del nacimiento de Donatie Alphonse Fra&ccedil;oise de Sade, escritor, fil&oacute;sofo, militar y, sobre todo, revolucionario y trasgresor, el artista multidisciplinar, pl&aacute;stico y visual, Paco Rallo, edit&oacute; <em>Tras las huellas de Sade</em>,&nbsp;un trabajo coral firmado por quince escritores y veintid&oacute;s artistas de diferentes edades, tendencias y procedencias geogr&aacute;ficas. Tras <em>Roc&iacute;o er&oacute;tico</em>, esta publicaci&oacute;n es la segunda de la colecci&oacute;n <em>La delicia del pecado</em>, un proyecto personal de Rallo en el que adem&aacute;s de editor, es dise&ntilde;ador gr&aacute;fico, coordinador y participa tambi&eacute;n con colaboraciones propias, en este caso con la fotograf&iacute;a e infograf&iacute;a titulada &ldquo;Divino marqu&eacute;s&rdquo;, con la que se compone la portada del libro.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El &ldquo;Divino Marqu&eacute;s&rdquo;, como lo proclam&oacute; Andr&eacute; Breton, vivi&oacute; entre esc&aacute;ndalos y pas&oacute; m&aacute;s de un tercio de su vida encerrado en c&aacute;rceles y manicomios, de manera que ha pasado a la Historia como paradigma de la perversi&oacute;n, de la obsesi&oacute;n patol&oacute;gica hasta casi la locura, pero lo cierto es que Sade fue un verdadero fil&oacute;sofo, un esp&iacute;ritu libre adelantado a su tiempo que dej&oacute; &ldquo;huella&rdquo; en escritores e intelectuales de la talla de Flaubert, Dostoievski, Rimbaud, Nietzsche, Freud, etc., y en todos los creadores del movimiento art&iacute;stico m&aacute;s importante del siglo XX, el surrealismo, su figura resulta imprescindible para entender la obra de creadores como Dal&iacute;, Bu&ntilde;uel, etc.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Tras las huellas de Sade</em> aborda al pensador &ldquo;libertino&rdquo; desde diversos &aacute;mbitos: el ensayo, el relato, la poes&iacute;a y las artes visuales, ya sea pintura, fotograf&iacute;a o creaci&oacute;n gr&aacute;fica mixta, conformando un volumen de 329 p&aacute;ginas que se encuentra a medio camino entre el homenaje a su persona y el estudio riguroso de su pensamiento y obra.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los ensayos los firman el escritor y catedr&aacute;tico de literatura, Javier Barreiro, <em>La recepci&oacute;n en Espa&ntilde;a del marqu&eacute;s de Sade y su obra; </em>el historiador y cr&iacute;tico de arte, Manuel P&eacute;rez-Lizano, <em>Ilustraciones para la cambiante imaginaci&oacute;n de Sade</em>, y el doctor en Historia del Arte y profesor, Manuel S&aacute;nchez Oms, autor del m&aacute;s extenso &nbsp;de todos -ocupa casi la mitad de la publicaci&oacute;n, e incluye m&aacute;s de trescientas notas-, <em>SOPHIE o las virtudes del objeto</em>, en el que sostiene que Sade fue el primero en desarrollar el sexo como asunto intelectual. En definitiva, estos trabajos sirven para situar la obra literaria y filos&oacute;fica de un escritor aparentemente conocido y estudiado, pero del que descubrimos con la lectura de estos documentados trabajos que se trata de un gran desconocido para el com&uacute;n de los mortales.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El segundo bloque del libro lo constituye una cuidada selecci&oacute;n de ilustraciones de&nbsp; artistas pl&aacute;sticos que utilizan las m&aacute;s variadas t&eacute;cnicas: fotograf&iacute;a -digital y anal&oacute;gica-, fotomontajes de todo tipo, infograf&iacute;a, acr&iacute;licos, dibujo, pintura, etc.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El tercer bloque est&aacute; dedicado a la creaci&oacute;n literaria, son&nbsp; once relatos que se aproximan al universo sadiano desde tan diferentes como imaginativas perspectivas: una muy particular versi&oacute;n fetichista de un nuevo Frankenstein encarnado en un conejito de peluche; el cuento infantil, casi navide&ntilde;o, en el que en lugar de campanadas suenan azotes; la perversa fantas&iacute;a incestuosa y s&aacute;dica de un ni&ntilde;o que pasa una tarde solo; la represi&oacute;n sexual como potenciadora del solitario placer de la masturbaci&oacute;n; las fantas&iacute;as sadianas hechas realidad y llevadas a sus &uacute;ltimas consecuencias por un escritor voyeurista voluntariamente postrado; el manuscrito encontrado que recupera a Sade en su estancia en prisi&oacute;n y lo convierte en el maestro-amante, &uacute;nico amor de la protagonista; el espect&aacute;culo circense de sexo extremo; la reflexi&oacute;n metateatral sobre el proceso creativo trufada de simbolismos er&oacute;ticos y gui&ntilde;os sadianos; la biograf&iacute;a ap&oacute;crifa de Fernando Guinard de Rosell&oacute;n, &ldquo;fundador del primer Museo de Arte Er&oacute;tico Americano MaReA&rdquo;, cuya visita recomendamos encarecidamente desde aqu&iacute; (<a href="http://www.revistaojos.com/">http://www.revistaojos.com/</a>), para as&iacute; poder contemplar a las inspiradoras y bellas &ldquo;n&iacute;nfulas&rdquo; de sus sobrinas que dan origen al relato; el voyeurismo extremo y la muerte a &ldquo;sangre fr&iacute;a&rdquo;; las &ldquo;confesiones de un presb&iacute;tero&rdquo; en su lucha constante por ser un buen cristiano y escapar del &ldquo;demonio de la lujuria&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cerrando esta parte de creaci&oacute;n literaria, Jes&uacute;s Par&iacute;s nos presenta su provocador y subversivo poemario con voz de mujer,&nbsp; en el que presenta con profundo lirismo, descarnado erotismo y mucho humor, un amplio repertorio de pr&aacute;cticas sexuales.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tras el cierre de un relato y el comienzo de otro, se intercalan citas del Marqu&eacute;s, reflexiones que demuestran con claridad meridana la modernidad y agudeza de su pensamiento, como muestra estos botones: &ldquo;&iquest;Cre&eacute;is que hay gran diferencia entre un banquero de una mesa de juego rob&aacute;ndoos en el Palais-Royal, o Matasiete pidi&eacute;ndoos la bolsa en el bosque de Bolonia? Es lo mismo, se&ntilde;ora; y la &uacute;nica distancia real que puede establecerse entre uno y otro, es que el banquero os roba como cobarde, y el otro como hombre valiente&rdquo;; &ldquo;Ninguna religi&oacute;n vale una sola gota de sangre&rdquo;; &ldquo;Es tan injusto poseer exclusivamente a una mujer como poseer esclavos&rdquo; &ldquo;No hay m&aacute;s infierno para el hombre que la estupidez y la maldad de sus semejantes&rdquo;; &ldquo;Los hombres tienden a desear una mujer con cuerpo de virgen pero mentalidad de puta&rdquo;; &ldquo;Si no viv&iacute; m&aacute;s, fue por que no me dio tiempo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En definitiva, se trata de un libro que pretende profundizar en la compleja personalidad del "divino marqu&eacute;s" a trav&eacute;s del erotismo y desde distintas disciplinas y &oacute;pticas; desde la palabra, la imagen y el estudio.&nbsp;En suma, una obra bien editada y con un contenido digno de figurar en las bibliotecas de los erot&oacute;manos m&aacute;s exigentes. </p>
<p>VV.AA., <em>Tras la huella de Sade, </em>Zaragoza, PR-Ediciones, 2015.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 18 Feb 2016 10:59:32 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Turia" publica inéditos de grandes autores internacionales]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-publica-ineditos-grandes-autores/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2016/simic500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La revista cultural TURIA publica, en su nuevo n&uacute;mero que se distribuir&aacute; el pr&oacute;ximo mes de marzo en Espa&ntilde;a y otros pa&iacute;ses, un sumario repleto de interesantes textos in&eacute;ditos de grandes autores internacionales de nuestros d&iacute;as. As&iacute;, TURIA da a conocer un avance de &ldquo;El lun&aacute;tico&rdquo;, el nuevo libro de Charles Simic, premio Pulitzer de poes&iacute;a y uno de los m&aacute;s relevantes poetas contempor&aacute;neos en lengua inglesa. Los nuevos poemas de Simic resultar&aacute;n familiares a los conocedores de su obra pero, m&aacute;s all&aacute; de su condici&oacute;n de variaciones de motivos, situaciones y paisajes ya habituales en sus libros, &ldquo;ello no les quita un &aacute;pice de su gracia burlona y asombrada, su rara melancol&iacute;a, las ganas de ni&ntilde;o travieso con que se asoman a mirar la realidad por la mirilla del absurdo&rdquo;, como asegura Jordi Doce en su nota previa a los textos que ha traducido.</p>
<p>Tambi&eacute;n TURIA ofrece a los lectores las primeras p&aacute;ginas de &ldquo;El ruido del tiempo&rdquo;, la nueva novela de Julian Barnes, que narra la historia del compositor ruso Dimitri Shostakovich y su relaci&oacute;n con Stalin. Barnes est&aacute; considerado como el gran novelista de las letras brit&aacute;nicas actuales y posee el codiciado premio Man Booker.</p>
<p>TURIA brinda adem&aacute;s la posibilidad de descubrir un fragmento del nuevo ensayo del prestigioso antrop&oacute;logo franc&eacute;s David Le Breton: &ldquo;Desaparecer de s&iacute;&rdquo;, una interesant&iacute;sima aproximaci&oacute;n a las dif&iacute;ciles identidades contempor&aacute;neas elaborada por el autor de&nbsp; &ldquo;Elogio del caminar&rdquo;.</p>
<p>Menci&oacute;n destacada en el sumario de la revista merece tambi&eacute;n la presencia de la poes&iacute;a m&aacute;s reciente del extraordinario escritor venezolano Rafael Cadenas, eterno candidato al Premio Cervantes; o el &uacute;ltimo relato de Edmundo Paz Sold&aacute;n, uno de nos m&aacute;s valiosos narradores latinoamericanos de nuestros d&iacute;as.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="left"><strong>CHARLES SIMIC, EL MAYOR POETA CONTEMPOR&Aacute;NEO EN LENGUA INGLESA</strong></p>
<p>TURIA publica nueve poemas de Charles Simic. Se trata de textos que formar&aacute;n parte de &ldquo;El lun&aacute;tico&rdquo;, su nuevo poemario. Un libro que, traducido por Jordi Doce, ser&aacute; editado despu&eacute;s del verano por Vaso Roto. Precisamente su traductor escribe en TURIA una certera y aclaratoria sobre dichos poemas: &ldquo;a veces se dir&iacute;a que todos los poemas de Charles Simic son en realidad el mismo poema, la celebraci&oacute;n de un mundo desastrado que sobrevive en equilibro inestable, una fantasmagor&iacute;a de claves pict&oacute;ricas y cinematogr&aacute;ficas sobre la que revuela el p&aacute;jaro del humor negro, esa iron&iacute;a zumbona que permite contar los asuntos m&aacute;s raros o extravagantes como si tal cosa. Versado en los fantasmas del insomnio, observador incansable del absurdo cotidiano, Simic camina por un limbo de im&aacute;genes que se nutren por igual del cine mudo y el g&oacute;tico americano, la</p>
<p>Norteam&eacute;rica feliz de Eisenhower y el Chicago de los a&ntilde;os del jazz, las puestas en escena de Hopper y las fulguraciones sombr&iacute;as de los surrealistas, la Europa de su infancia y la Nueva York tabernaria y s&oacute;rdida de su juventud&hellip;</p>
<p>Nacido Du&scaron;an Simic en Belgrado (1938), Charles Simic emigra con su familia a Estados Unidos en 1954, donde reside desde entonces. Es uno de los mayores poetas contempor&aacute;neos en lengua inglesa y autor de luminosos ensayos sobre literatura y cine, una amplia selecci&oacute;n de los cuales acaba de ver la luz en el volumen &ldquo;The Life of Images&rdquo;<em> </em>(Ecco Press, 2015). Ha sido galardonado con numerosos premios, entre ellos el Premio Pulitzer de Poes&iacute;a en 1990, la &laquo;beca al genio&raquo; de la Fundaci&oacute;n MacArthur, el Griffin International Poetry Prize y el Wallace Stevens Award. Entre octubre de 2007 y mayo de 2008 fue Poeta Laureado de EE.UU. En la actualidad es profesor en la Universidad de New Hampshire y escribe regularmente en el blog de &ldquo;The New York Review of Books&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="left"><strong>JULIAN BARNES, UN REFERENTE DE LAS LETRAS BRIT&Aacute;NICAS</strong></p>
<p>Julian Barnes relata en su nueva novela &ldquo;El ruido del tiempo&rdquo; la relaci&oacute;n de Shostakovich y Stalin, el artista y el dictador, una historia &eacute;pica sobre un m&uacute;sico superdotado que se traiciona a s&iacute; mismo para salvar el pellejo y poder seguir componiendo. TURIA publica ahora, en primicia en espa&ntilde;ol, un adelanto de las primeras p&aacute;ginas del libro que ser&aacute; editado este a&ntilde;o por Anagrama.</p>
<p>&ldquo;El ruido del tiempo&rdquo; arranca con un tren detenido en una estaci&oacute;n. Estamos en la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica en la plena Segunda Guerra Mundial. Dos pasajeros bajan y comparten vodka con un mendigo tullido. Uno de ellos empieza a recordar. Quien recuerda es Dimitri Shostakovich, y desde esta primera escena la novela seguir&aacute; su vida &ndash;y sobre todo su relaci&oacute;n con el poder y con Stalin- en tres momentos que reconstruyen estapas relevantes de su peripecia vital, hasta llegar a sus &uacute;ltimos d&iacute;as.</p>
<p>La rememoraci&oacute;n arranca en una fecha clave de enero de 1936, cuando Stalin acude a un teatro &ndash;con el compositor presente- a ver &ndash;desde un palco oculto con una cortinilla- &ldquo;Lady Macbeth&rdquo; de Mtsenk y posteriormente &ldquo;Pravda&rdquo; publica una dura cr&iacute;tica, que se dice escribi&oacute; el propio Stalin, acus&aacute;ndolo de desviacionista, lo que supone la ca&iacute;da en desgracia del compositor, porque nadie va a osar tocar su m&uacute;sica. En paralelo aparecen recuerdos de infancia con su madre, los estudios en el conservatorio, el primer amor&hellip;</p>
<p>Julian Barnes (Leicester, 1946) se educ&oacute; en Londres y en Oxford. Est&aacute; considerado una de las mayores revelaciones de la narrativa inglesa de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Es autor de doce novelas, todas ellas publicadas en espa&ntilde;ol por Anagrama.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="left"><strong>DAVID LE BRETON, RAFAEL CADENAS Y EDMUNDO PAZ SOLD&Aacute;N</strong></p>
<p>TURIA tambi&eacute;n publica un fragmento de &ldquo;Desaparecer de s&iacute;&rdquo;, el nuevo libro del ensayista&nbsp;&nbsp; franc&eacute;s David Le Breton. Tras el reciente &eacute;xito obtenido por su &ldquo;Elogio del caminar&rdquo;, ahora su objeto de&nbsp; estudio son las identidades contempor&aacute;neas.&nbsp; El libro, que ser&aacute; editado por Siruela dentro de unos meses, se ocupa de indagar acerca de nuestra singularidad como individuos y sobre nuestra relaci&oacute;n con el mundo actual desde una perspectiva sociol&oacute;gica y antropol&oacute;gica: &ldquo;A veces, nuestra existencia nos pesa. Nos gustar&iacute;a liberarnos, aunque solo fuera por un instante, de las necesidades que esta conlleva. Darse en cierto modo unas vacaciones de s&iacute; mismo para recobrar el aliento, para descansar. Aunque sin duda nuestras condiciones de vida son mejores que las de nuestros antepasados, no nos libran de su actividad esencial, consistente en darle un valor y un sentido a nuestra existencia, en sentirnos ligados a los dem&aacute;s, en experimentar el sentimiento de ocupar un lugar en el seno del v&iacute;nculo social&rdquo;.</p>
<p>David Le Breton (1953) ejerce como profesor en la Universidad de Estrasburgo y autor de, entre otros libros,&nbsp;&ldquo;<em>Antropolog&iacute;a del cuerpo y modernidad&rdquo;</em>,&nbsp;<em>Antropolog&iacute;a del dolor</em><strong>&nbsp;</strong>o<em><strong>&nbsp;</strong></em><em>El silencio</em>. Ha publicado tambi&eacute;n numerosos art&iacute;culos en revistas y obras colectivas. Es uno de los autores franceses contempor&aacute;neos m&aacute;s destacados en estudios antropol&oacute;gicos.<strong> </strong></p>
<p>En el apartado que TURIA dedica a la poes&iacute;a, este nuevo n&uacute;mero ofrece al lector dos poemas in&eacute;ditos del escritor venezolano Rafael Cadenas, que formar&aacute;n parte del libro &ldquo;Basho&rdquo; a editar pr&oacute;ximamente por Pre-Textos. Una vez m&aacute;s, y como ha escrito Carlos Vitale en TURIA, &ldquo;en Cadenas, la poes&iacute;a se abre de par en par, no quiere ni puede estar encerrada, las fronteras caen, aunque sean las fronteras con el vac&iacute;o, aunque sea imposible conocer qu&eacute; hay del otro lado. Arriesga siempre. Busca complicidades&rdquo;.</p>
<p>Rafael Cadenas (Barquisimeto, 1930) es uno de los poetas latinoamericanos de mayor prestigio internacional. Su obra se encuentra traducida al franc&eacute;s, ingl&eacute;s, italiano, alem&aacute;n y b&uacute;lgaro. Profesor jubilado de la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela, ha recibido importantes galardones en su pa&iacute;s. Tambi&eacute;n obtuvo una beca de la Fundaci&oacute;n Guggenheim y el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances. Recientemente obtuvo el Premio internacional de poes&iacute;a Ciudad de Granada &ndash; Federico Garc&iacute;a Lorca.</p>
<p>El relato que TURIA publica del boliviano Edmundo Paz Soldan es un anticipo de su nuevo libro de cuentos que editar&aacute; pr&oacute;ximamente P&aacute;ginas de Espuma.&nbsp; Paz Sold&aacute;n, que trabaja como docente en los USA, est&aacute; considerado una de las voces m&aacute;s representativas de la literatura latinoamericana actual.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA, que cuenta ya con m&aacute;s de 32 a&ntilde;os de trayectoria,&nbsp; ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. Tiene periodicidad cuatrimestral en papel y cuenta tambi&eacute;n con una versi&oacute;n digital (web y Facebook). Est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 18 Feb 2016 10:00:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Wanted: dead or alive (Actualidad de David Foster Wallace)]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/wanted-dead-or-alive-actualidad-de-david-foster-wallace/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas16/Febrero/foster500.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>A ambos lados del escaparate (no exhaustivo)</strong></p>
<p>La publicaci&oacute;n de su &uacute;ltima colecci&oacute;n de ensayos, <em>En cuerpo y en lo otro</em> en 2013 (el tenis de nuevo: ahora Federer tangible e intangible, de nuevo la televisi&oacute;n como modelo de educaci&oacute;n social y de equipamiento para la vida en la sociedad contempor&aacute;nea, el lenguaje y la literatura, el cine de Cameron y algunas otras obsesiones wallaceanas; desde 2008 sabemos algo m&aacute;s de las obsesiones de David Foster Wallace), acompa&ntilde;a este mismo a&ntilde;o a la muy esperada traducci&oacute;n espa&ntilde;ola de su primera novela, <em>La escoba del sistema</em>, editada por el sello malague&ntilde;o P&aacute;lido fuego, que hab&iacute;a publicado unos meses antes el volumen de<em> Conversaciones con David Foster Wallace</em>, del profesor norteamericano Stephen J. Burn. La esperada biograf&iacute;a preparada por D. T. Max: <em>Todas las historias de amor son historias de&nbsp; fantasmas: David Foster Wallace, una biograf&iacute;a</em> adelanta lo que sin duda ser&aacute; el paulatino desembalaje f&iacute;sico y sentimental de los archivos del autor (&iexcl;c&oacute;mo le habr&iacute;an gustado esos programas de televisi&oacute;n donde se subastan trasteros!) depositados por su familia en la Universidad de Texas (ya tenemos varias muestras: cartas, gu&iacute;as docentes de las asignaturas impartidas, etc.)<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>.<em> </em></p>
<p>Tambi&eacute;n ha visto la luz en espa&ntilde;ol el estudio <em>Todo y m&aacute;s: una breve historia del infinito</em>, fruto de las investigaciones acad&eacute;micas de Wallace en el &aacute;mbito filos&oacute;fico, y la edici&oacute;n del texto con menos texto de la historia contempor&aacute;nea: <em>Esto es agua</em>, que recoge el discurso que ofreci&oacute; en el acto de graduaci&oacute;n de la promoci&oacute;n de 2005 en el Kenyon College. Todo ello desde que en 2011 se publicara <em>El rey p&aacute;lido</em> (esa obra tan wallaceana, tan inacabada, esa obra que &ldquo;viene a ser m&aacute;s una autobiograf&iacute;a que ninguna clase de historia inventada&rdquo;, esa obra que no convenci&oacute; a los miembros del jurado del Premio Pulitzer, que prefirieron dejar desierta la categor&iacute;a de &ldquo;fiction&rdquo;).</p>
<p>Mientras tanto, David Foster Wallace es, cada vez m&aacute;s, personaje. Sujeto y objeto. Sujeto de biograf&iacute;as y objeto de contundentes opiniones. Generador de controversias. Personaje de ficci&oacute;n. Zadie Smith habla de su genialidad en uno de los ensayos de <em>Cambiar de idea</em> (Salamandra, 2011). Bret Easton Ellis lanza en <em>The Guardian</em> andanadas da&ntilde;inas a destiempo sobre el autor y sus lectores (y se cobra, de paso, las deudas con las opiniones de una lejana entrevista de Wallace con Larry McCaffery en 1993). Jonathan Franzen vende <em>M&aacute;s afuera</em>, su &uacute;ltimo libro de no-ficci&oacute;n despu&eacute;s de su aclamada y neobalzaquiana <em>Libertad</em>, aprovechando el tir&oacute;n de su &uacute;ltimo viaje con las cenizas del amigo muerto (&ldquo;Despu&eacute;s, la persona deprimida se quit&oacute; la vida, de un modo calculado para infligir el m&aacute;ximo dolor a aquellos que m&aacute;s lo quer&iacute;an, y nosotros, quienes lo quer&iacute;amos, nos quedamos con una sensaci&oacute;n de rabia y traici&oacute;n&rdquo;). Y no es dif&iacute;cil entrever la figura o la contrafigura de David Foster Wallace en alguno de los personajes<a title="" href="#_ftn2">[2]</a> de las novelas recientes de Jeffrey Eugenides (<em>La trama nupcial</em>) y de Jonathan Lethem (<em>Chronic City</em>, donde aparece una novela titulada <em>La bruma indistinta</em>).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Vidas cruzadas</strong></p>
<p>En el momento en que escribo este art&iacute;culo, se rueda en Estados Unidos <em>The End of the Tour</em>, la versi&oacute;n cinematogr&aacute;fica del libro <em>Although Of Course You End Up Becoming Yourself: A Road Trip with David Foster Wallace </em>(<em>Aunque al final acabas convirti&eacute;ndote en ti: un viaje de carretera con David Foster Wallace)</em>, del reportero de la revista <em>Rolling Stone</em> David Lipsky. Este libro, as&iacute; como la pel&iacute;cula que lo adapta al lenguaje cinematogr&aacute;fico y lo convierte en im&aacute;genes, recoge el viaje que Lipsky, periodista musical, realiz&oacute; acompa&ntilde;ando a David Foster Wallace durante la promoci&oacute;n de <em>La broma infinita</em>. El largometraje estar&aacute; dirigido por James Ponsoldt, director de la premiada <em>The Spectacular Now,</em> a partir de un gui&oacute;n adaptado por Donald Margulies. Jason Segel (<em>The Muppets, Freaks &amp; Geeks</em>) dar&aacute; vida &ndash;qu&eacute; iron&iacute;a- al autor neoyorquino, acompa&ntilde;ado de Jesse Eisenberg en el papel de Lipsky.</p>
<p>En la pel&iacute;cula <em>Amor y letras </em>(<em>Liberal Arts</em>), <em>La broma infinita</em> aparece como libro favorito del personaje interpretado por el actor Josh Radnor, tambi&eacute;n guionista y&nbsp; director de la cinta, y a la saz&oacute;n compa&ntilde;ero de Jason Segel en la conocida serie que ambos han protagonizado a lo largo de los &uacute;ltimos a&ntilde;os <em>C&oacute;mo conoc&iacute; a vuestra madre</em>. El personaje de Radnor, un treinta&ntilde;ero que vuelve a su <em>alma mater</em> para participar en el homenaje a su mentor a punto de jubilarse, conoce all&iacute; a una joven estudiante (brillante Elizabeth Olsen en este papel) que le hace replantearse su presente, recordar su pasado y encarar su futuro a partir de premisas distintas. <em>La broma infinita</em> es, de hecho, en esta cinta el libro que lee de manera obsesiva un estudiante depresivo (de apellido Franzen) con poco aprecio por su propia vida; y tambi&eacute;n el libro que hab&iacute;a sido quince a&ntilde;os atr&aacute;s un shock en la vida del entonces estudiante universitario y hoy responsable de variados asuntos administrativos en la burocracia universitaria, y que, suponemos, le empuj&oacute; a ser el escritor que finalmente no es. En una conversaci&oacute;n de caf&eacute;, el estudiante angustiado que lee a David Foster Wallace y el protagonista aparentemente frustrado mantienen una conversaci&oacute;n sobre <em>La broma infinita</em> y sobre el suicidio de su autor. <em>Amor y letras</em> se rod&oacute; en el Kenyon College, donde David Foster Wallace dio su famoso discurso <em>This is Water</em>.<a title="" href="#_ftn3">[3]</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Proceso de &ldquo;kurtcobainizaci&oacute;n&rdquo;, or How to Become a Legend</strong></p>
<p>Resulta veros&iacute;mil plantear, pues, que el rodaje de esta <em>road movie</em> sobre la gira de un escritor &ldquo;de culto&rdquo; y basada en las vivencias de un reportero musical, responda a una necesidad de <em>kurtcobainizaci&oacute;n</em> del personaje de Wallace, esa especie de canonizaci&oacute;n laica pero no por ello menos ritual de aquellos aspectos que hacen del personaje un icono, un s&iacute;mbolo,&nbsp; aquellos rasgos que mejor se avienen al culto, pero que ocultan u oscurecen otros muchos de su personalidad poli&eacute;drica. Es una hip&oacute;tesis, en cualquier caso. No es distinto lo que algunos otros documentos recientes han hecho con la figura del autor que present&oacute; como tesis de licenciatura una novela como <em>La escoba del sistema</em>. La canibalizaci&oacute;n del animal sacrificial, del <em>agnus dei</em> simb&oacute;lico, del semejante-otro (como el relato aquel del ni&ntilde;o sabio al que la tribu enaltece y manipula), el aprovechamiento de los manjares o de los productos de casquer&iacute;a que ofrece para disfrute de sus ac&oacute;litos o de sus detractores e impugnadores, forman parte del proceso para elevar a los altares a Wallace (se ha ido organizado una especie de <em>Positio Super Vita et Virtutibus et Fama Sanctitatis</em>: documentos y testimonios para canonizar a un &ldquo;hombre de iglesia&rdquo;, con sus consabidos abogados del diablo) o para convertirlo en chivo expiatorio, como han hecho los seguidores de la teor&iacute;a conspiranoica que desacredita por falso todo lo que emerge de &eacute;l y de su obra, y, por tanto, abominan de ambos. As&iacute;, Harold Bloom dijo en una entrevista a Lorna Koski para la revista <em>Women&rsquo;s Wear Daily</em>:</p>
<p>&ldquo;&iquest;Sabe usted? No pretendo resultar ofensivo, pero <em>La broma infinita</em> es simplemente mal&iacute;sima. Resulta rid&iacute;culo tener que decirlo. No sabe pensar, no sabe escribir. No se percibe ning&uacute;n talento [...]. Stephen King es Cervantes comparado con David Foster Wallace. [Wallace] parece haber sido una persona muy sincera y muy problem&aacute;tica, pero eso no significa que su lectura tenga que ser un sufrimiento para m&iacute;&rdquo;.<a title="" href="#_ftn4">[4]</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>M&aacute;s adentro&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong></p>
<p>El ni&ntilde;o del Midwest adicto a la televisi&oacute;n, el adolescente adicto a la marihuana, el muchacho desgarbado, atacado por un acn&eacute; pertinaz y una sudoraci&oacute;n extrema, que avanza por el pasillo de su colegio mayor con el albornoz sucio y abierto, la bandana en la cabeza y las botas Timberland desatadas, taconeando camino de la &ndash;en&eacute;sima- ducha del d&iacute;a. El joven obsesionado con el lenguaje y con el sexo, empe&ntilde;ado en la tarea de &ldquo;encajar&rdquo; en la vida universitaria de la Costa Este. El brillante estudiante que compagina tareas acad&eacute;micas de resultados extraordinarios con procesos depresivos que le obligan a regresar a su casa para recuperarse. El escritor incipiente. La conciencia autorial, tan presente en David Foster Wallace desde muy pronto (probablemente desde el proceso de escritura de <em>La escoba del sistema</em>). En una carta enviada a <em>Harper&rsquo;s</em>, a cuenta de la publicaci&oacute;n de alguno de sus relatos o reportajes en esa revista, y de las posibles manipulaciones que pudieran producirse en esa publicaci&oacute;n, escribe:</p>
<p>&ldquo;Este es el trato. Le doy a usted la bienvenida para hacer las lecturas que usted desee. Pero le pedir&iacute;a que ni usted (ni la se&ntilde;ora Rosenbush, a quien respeto pero temo) no manipulen este texto como si fuera el trabajito de un estudiante de primero de carrera&rdquo;.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Ya he escrito en alguna ocasi&oacute;n que la recepci&oacute;n cr&iacute;tica de la obra de David Foster Wallace en Espa&ntilde;a es un caso de anacron&iacute;a hermen&eacute;utica. Hemos recibido la traducci&oacute;n de <em>La escoba del sistema</em> como una &ldquo;novedad&rdquo; cuando es la primera de sus obras publicadas y en ella est&aacute; el germen de todo lo que vendr&aacute; despu&eacute;s. El lector (en) espa&ntilde;ol de David Foster Wallace, que ya hab&iacute;a pasado por los ensayos y opiniones, por los relatos, por las novelas &eacute;ditas, in&eacute;ditas, infinitas, p&aacute;lidas y p&oacute;stumas, llega al origen de todo, al <em>big bang</em> creativo de una propuesta narrativa, est&eacute;tica, filos&oacute;fica y vital cuyo alcance a&uacute;n no atisbamos a divisar. Porque, claro, cuando despertamos, <em>La escoba del sistema</em> YA estaba all&iacute;. La &eacute;poca -1987- en la que Wallace clamaba en el desierto:</p>
<p>&ldquo;La narrativa o mueve monta&ntilde;as o es aburrida; o mueve monta&ntilde;as o se sienta sobre su propio culo&rdquo;.</p>
<p>Pero as&iacute; era el joven Wallace. Alguien a quien nos imagin&aacute;bamos&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ndash;ahora lo sabemos por su biograf&iacute;a- debati&eacute;ndose entre la ficci&oacute;n y la investigaci&oacute;n, entre la novela y la filosof&iacute;a, entre la creaci&oacute;n y la l&oacute;gica matem&aacute;tica; alguien excesivo en todo, en los argumentos y en la sintaxis, en la interiorizaci&oacute;n y en el mundo (y en los demonios y en la carne); alguien obsesivo con el lenguaje y que puso palabras a las obsesiones; alguien fascinado por las im&aacute;genes, n&aacute;ufrago ante el televisor, deudor de la publicidad, devoto del consumo y de las conspiraciones, cl&aacute;sico, moderno, t&eacute;cnicamente superdotado, <em>wonder boy</em>. La imaginaci&oacute;n apabullante, inmoderada, deslumbrante.</p>
<p>Cuando Frank Kermode postulaba la existencia del sentido de un final para la ficci&oacute;n, una clausura, un cierre sem&aacute;ntico que contuviera (en todos los sentidos posibles: recoger/controlar) las l&iacute;neas argumentales, y las devolviera cuidadosamente al almac&eacute;n precintado de los objetos potencialmente perniciosos, estaba mirando de reojo los &ldquo;desmanes&rdquo; posmodernos. De estos &ldquo;desmanes&rdquo; es heredero David Foster Wallace, aunque con unas derivaciones formales y sem&aacute;nticas que lo alejan de la posibilidad de convertir todo en artificio ret&oacute;rico. Dominador como ning&uacute;n otro miembro de su brillante generaci&oacute;n (sea Next, Quemada o McSweeney&rsquo;s, a estas alturas ya da igual) de la t&eacute;cnica narrativa, su triunfo fundamental no se produce &ndash;solo- en este &aacute;mbito, sino en el de la profundizaci&oacute;n en los miedos y obsesiones del ser humano en la &eacute;poca en la que le toc&oacute; vivir. Y en esos miedos y en esas obsesiones no hay l&iacute;neas argumentales que se cierren. El propio autor lo explicaba de esta manera al referirse al modo en que se enfrentaba al concepto tradicional de &ldquo;argumento&rdquo;:</p>
<p>Y creo que no quise completar varias tramas cuidadosamente dentro del marco del libro principalmente porque bastante del entretenimiento comercial con el que crec&iacute; hac&iacute;a eso y no se trata de algo del todo real. Es un tipo de t&eacute;cnica falsamente satisfactoria para redondear varias cosas que van sucediendo&hellip;<a title="" href="#_ftn5">[5]</a></p>
<p>Resulta m&aacute;s que evidente a estas alturas que las t&eacute;cnicas falsamente satisfactorias no convenc&iacute;an a David Foster Wallace como f&oacute;rmula narrativa para cerrar o completar las tramas. Por lo que parece, ni en la literatura ni en la vida. Las tramas siguen abiertas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>BURN, Stephen (ed.), <em>Conversaciones con David Foster Wallace</em>, M&aacute;laga, P&aacute;lido Fuego, 2012.</p>
<p>EUGENIDES, Jeffrey, <em>La trama nupcial</em>, Barcelona, Anagrama, 2013.</p>
<p>FRANZEN, Jonathan, &ldquo;M&aacute;s Afuera&rdquo;, en <em>M&aacute;s Afuera</em>, Barcelona, Salamandra, 2012, pp. 23-62.</p>
<p>KARMODI, Ostap, <em>David Foster Wallace: Un&rsquo;intervista in&eacute;dita</em>, Mil&aacute;n, Terre di mezzo Editore, 2011.</p>
<p>MAX, D. T., <em>Todas las historias de amor son historias de fantasma</em>. Barcelona, Debate, 2013.</p>
<p>WALLACE, David Foster, <em>Esto es agua</em>, Barcelona, Mondadori, 2012.</p>
<p>WALLACE, David Foster, <em>En cuerpo y en lo otro</em>, Barcelona, Mondadori, 2013.</p>
<p>WALLACE, David Foster, <em>La escoba del sistema</em>, M&aacute;laga, P&aacute;lido Fuego, 2013.</p>
<p>WALLACE, David Foster, <em>Todo y m&aacute;s: una breve historia del infinito</em>, Barcelona, RBA, 2013.</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La familia de Wallace ha cedido al Harry Ransom Center un total de 34 cajas y 8 carpetas de manuscritos del autor para su catalogaci&oacute;n e investigaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El personaje de Leonard <em>en La trama nupcial</em> es, a todas luces y a todas sombras, el Wallace m&aacute;s caricaturesco y m&aacute;s extremo: problemas mentales, drogas, personalidad, vivencias, familia, obsesiones&hellip;&nbsp; Y tambi&eacute;n las botas Timberland, el tenis, la bandana en la cabeza, el sexo&hellip; Eugenides lo niega. De la misma manera, pueden encontrarse, sin mucha dificultad infinidad de datos biogr&aacute;ficos y familiares en <em>La escoba del sistema</em>. La comparaci&oacute;n de ambas novelas con la biograf&iacute;a de Max ofrece resultados muy reveladores.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una adaptaci&oacute;n cinematogr&aacute;fica de <em>Entrevistas breves con hombres repulsivos,</em> dirigida por <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/John_Krasinski">John Krasinski</a>, se estren&oacute; en <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/2009">2009</a>, en el <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Festival_de_Cine_de_Sundance">Festival de Cine de Sundance</a>.<sup>[]</sup> La pel&iacute;cula est&aacute; protagonizada por <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Julianne_Nicholson">Julianne Nicholson</a>, y cuenta en su reparto con <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Christopher_Meloni">Christopher Meloni</a>, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Rashida_Jones">Rashida Jones</a>, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Timothy_Hutton">Timothy Hutton</a>, <a href="http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Charles_Josh&amp;action=edit&amp;redlink=1">Charles Josh</a>, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Will_Forte">Will Forte</a>, y <a href="http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Corey_Stoll&amp;action=edit&amp;redlink=1">Corey Stoll</a>.<sup>[]</sup></p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lorna Koski, &ldquo;The full Harold Bloom&rdquo;, en <em>Women&rsquo;s Wear Daily</em>, 26/04/2011, (http://www.wwd.com/eye/people/the-full-bloom-3592315?full=true).</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; S. J. Burn (ed.), <em>Conversaciones con David Foster Wallace</em>, M&aacute;laga, P&aacute;lido Fuego, 2013, pp. 197-198.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Wed, 17 Feb 2016 08:05:14 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La voz franca de Sebastiâo da Gama]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-voz-franca-de-sebastiao-da-gama/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2016/gama500.jpg" alt="" /></p>
<p>El poeta portugu&eacute;s Sebasti&atilde;o Artur Cardoso da Gama, m&aacute;s conocido como <strong>Sebasti&atilde;o da Gama</strong>, nace un viernes de abril de 1924 en Vila Nogueira de Azeit&atilde;o, distrito de Set&uacute;bal, y fallece, v&iacute;ctima de tuberculosis renal y con apenas 27 a&ntilde;os, en Lisboa. Su breve e intensa vida se vertebr&oacute; principalmente en torno a dos pasiones: la actividad po&eacute;tica y la docencia. Licenciado en Filolog&iacute;a Rom&aacute;nica por la Universidad de Lisboa, Gama debe su reputaci&oacute;n, adem&aacute;s de a la considerable val&iacute;a de sus libros de poemas y de su <em>Di&aacute;rio</em>, a su excelente capacidad pedag&oacute;gica, siendo sobradamente conocida y casi legendaria su dimensi&oacute;n humana, su bondad natural y el exquisito trato que dispensaba a sus alumnos. Debido a sus problemas de salud, y bajo recomendaci&oacute;n m&eacute;dica, Gama traslad&oacute; su lugar de residencia a la melanc&oacute;lica y m&aacute;gica Sierra de Arr&aacute;bida, muy cerca de la costa, gracias a lo cual desarroll&oacute; una rigurosa conciencia medioambiental: no en vano una carta de su autor&iacute;a en defensa de la Sierra contribuy&oacute; decisivamente a que se fundara, en 1948, la <em>Liga para a Protec&ccedil;&atilde;o da Natureza</em>, la primera asociaci&oacute;n ecologista portuguesa.</p>
<p>Los dos primeros libros de Sebasti&atilde;o da Gama, <em>Serra-M&atilde;e</em> (1945) y <em>Cabo da Boa Esperan&ccedil;a</em> (1947), suponen un canto directo y sencillo de las inn&uacute;meras virtudes de la naturaleza y del amor: montes, nubes, mares y personas se alternan en sus versos desde una &oacute;ptica inusitadamente optimista y rom&aacute;ntica, en una suerte de hermoso pante&iacute;smo y de comuni&oacute;n entre los seres. Pero Gama no ha encontrado todav&iacute;a su verdadera voz: no ser&aacute; hasta que la enfermedad comience a causar honda mella en su salud, hasta que la zarpa de la muerte&nbsp;planee concienzudamente sobre su cabeza, que su poes&iacute;a gane en altura, riqueza formal y sentido de la trascendencia. En su cuarto y &uacute;ltimo libro publicado en vida, <em>Campo Aberto </em>(1951), es ya patente el salto de calidad conseguido con respecto a sus obras anteriores, que vendr&aacute; a confirmarse y a aumentarse en el p&oacute;stumo <em>Pelo sonho &eacute; que vamos</em> (1953), considerado de manera casi un&aacute;nime por la cr&iacute;tica como su mejor obra; sirva este ramillete de poemas, en traducci&oacute;n propia y, hasta donde llegan mis indagaciones, por vez primera en lengua castellana, para dar a conocer la voz franca y honesta de Sebasti&atilde;o da Gama.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>LOS QUE VEN&Iacute;AN DEL DOLOR</strong></p>
<p>Los que ven&iacute;an del Dolor ten&iacute;an en los ojos</p>
<p>cruel&iacute;simas verdades estampadas.</p>
<p>Lo que era dif&iacute;cil era f&aacute;cil</p>
<p>para los que ven&iacute;an del Dolor directamente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La flor s&oacute;lo era bella en la ra&iacute;z,</p>
<p>el Mar s&oacute;lo era bello en los naufragios,</p>
<p>las manos s&oacute;lo bellas si arrugadas</p>
<p>para los ojos v&iacute;vidos y sabios</p>
<p>de los que ven&iacute;an del Dolor directamente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los que ven&iacute;an del Dolor directamente</p>
<p>eran demasiado nobles para despreciaros,</p>
<p>&iexcl;Mar azul!, &iexcl;manos de lirio!, &iexcl;lirios puros!</p>
<p>Pero en sus ojos graves s&oacute;lo entraban</p>
<p>las verdades humanas y cruel&iacute;simas</p>
<p>tra&iacute;das del Dolor directamente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>EL SUE&Ntilde;O</strong></p>
<p>Por el sue&ntilde;o nos vamos,</p>
<p>conmovidos y mudos.</p>
<p>&iquest;Llegamos? &iquest;No llegamos?</p>
<p>Haya o no haya frutos,</p>
<p>por el sue&ntilde;o nos vamos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Basta la fe en lo que tenemos.</p>
<p>Basta la esperanza en aquello</p>
<p>que quiz&aacute; no tendremos.</p>
<p>Basta que el alma entreguemos</p>
<p>con igual alegr&iacute;a</p>
<p>a lo que desconocemos</p>
<p>y a lo que es del d&iacute;a a d&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Llegamos? &iquest;No llegamos?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>?Partimos. Vamos. Somos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>MA&Ntilde;ANA EN EL R&Iacute;O SADO</strong></p>
<p>Blancas, las velas</p>
<p>eran sue&ntilde;os que el r&iacute;o so&ntilde;aba alto.</p>
<p>Muchachas acodadas en ventanas,</p>
<p>se ve&iacute;an, a trav&eacute;s de la flor azul del agua, las gaviotas.</p>
<p>Y la Ma&ntilde;ana tranquila (sonriendo, hermosa, llegaba la primavera&hellip;)</p>
<p>pon&iacute;a sus pies melindrosos entre las conchas.</p>
<p>Emanaban jardines imponderables</p>
<p>de sus pasos de ninfa</p>
<p>y temblaban las conchas</p>
<p>por s&uacute;bitas caricias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lejos estaba todo: el miedo del naufragio,</p>
<p>la angustia de los hombres, el disgusto,</p>
<p>las muecas de tragedias y comedias</p>
<p>de cada uno, el luto, las derrotas.</p>
<p>Lejos la paz verdadera de los ni&ntilde;os</p>
<p>y la obstinaci&oacute;n heroica de los que esperan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>All&iacute;, en la orilla del r&iacute;o,</p>
<p>mirando s&oacute;lo el r&iacute;o, con los o&iacute;dos sordos</p>
<p>a lo que no es la m&uacute;sica del agua,</p>
<p>un sosiego aleg&oacute;rico persiste.</p>
<p>Ni el jadear de las velas lo perturba.</p>
<p>Ni el rumor de los senos caprichosos</p>
<p>de la Ma&ntilde;ana, que brotan en las aguas</p>
<p>y fluct&uacute;an, enfermos de perfume.</p>
<p>Ni la presencia humana del Poeta</p>
<p>?sombra que poco a poco se ilumina</p>
<p>y se diluye, an&oacute;nima, en la brisa&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>FLORBELA (A SU MEMORIA)</strong></p>
<p>&iexcl;Soy yo, Florbela! Aquel a quien buscaste.</p>
<p>Hablan de m&iacute; tus versos de Muchacha.</p>
<p>Tu boca para m&iacute; se abri&oacute;, divina,</p>
<p>mas fue s&oacute;lo el Luar lo que besaste.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;Has de volver, Florbela! En d&eacute;bil asta</p>
<p>por entre el trigo crece, purpurina,</p>
<p>la m&aacute;s fresca amapola de este prado</p>
<p>que, por haberme visto, no cortaste.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tengo yo tres mil a&ntilde;os: soy Poeta.</p>
<p>Nac&iacute; del labio seco de un asceta,</p>
<p>de una oraci&oacute;n que Dios dej&oacute; de lado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Redim&iacute; tantos cuerpos, tantas vidas</p>
<p>viv&iacute; en ellos, que siento ya nacidas</p>
<p>alas para subir, para alcanzarte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>INSCRIPCI&Oacute;N</strong></p>
<p>Nada sabe del Mar</p>
<p>quien no muri&oacute; en el Mar.</p>
<p>Que callen los poetas</p>
<p>y que digan apenas la mitad</p>
<p>los que andan sobre las olas</p>
<p>sujetos por un hilo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sabe todo del Mar</p>
<p>quien en el Mar perdi&oacute; todo.</p>
<p>Pero duerme en su fondo,</p>
<p>tiene los labios sellados,</p>
<p>y sus ojos, que reflejan</p>
<p>y explican claramente</p>
<p>los misterios del Mar,</p>
<p>para siempre cerrados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>POES&Iacute;A DESPU&Eacute;S DE LA LLUVIA</strong></p>
<p>(A Maria Guiomar)</p>
<p>Despu&eacute;s de la lluvia, el Sol: la gracia.</p>
<p>&iexcl;Oh, la tierra mojada iluminada!</p>
<p>Y regueros de agua atraviesan la plaza</p>
<p>?luz fluyendo, en un fluir imperceptible casi.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Canta, contento, un p&aacute;jaro cualquiera.</p>
<p>Despu&eacute;s, en las ramas desnudas, aletea.</p>
<p>El fondo es blanco &ndash;cal fresca en las casitas de la plaza.</p>
<p>Cascabeles, ruedas girando, voces claras en el aire.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;Tan alegre este Sol! Hay Dios. (Si lo hubiera negado</p>
<p>antes del Sol, no lo dudaba ahora).</p>
<p>&iexcl;Tarde virgen, Se&ntilde;ora aparecida! &iexcl;Oh, Tarde,</p>
<p>igual a las ma&ntilde;anas del principio!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y t&uacute; pasaste, flor de los ojos negros que yo admiro.</p>
<p>&iexcl;Gr&aacute;cil, tan gr&aacute;cil! Pura imagen de la Tarde&hellip;</p>
<p>Flor llevada por las aguas, mansamente&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Flu&iacute;a la luz, en un fluir imperceptible casi&hellip;)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>PLAZA DEL ESP&Iacute;RITU SANTO, 2, 2&ordm; </strong></p>
<p>Ni m&aacute;s ni menos: todo similar</p>
<p>al desmedido sue&ntilde;o que ten&iacute;as.</p>
<p>Apenas no so&ntilde;aste con estas golondrinas</p>
<p>que habitan el tejado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vivimos en la plaza&hellip; &iexcl;Qu&eacute; hermoso</p>
<p>es el nombre que tiene nuestra plaza!</p>
<p>F&iacute;jate que con esto no cont&aacute;bamos.</p>
<p>(&Eacute;ramos dos so&ntilde;ando y exigiendo.)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desde la casa el Alentejo es verde.</p>
<p>Y basta abrir los ojos: son sembrados,</p>
<p>son olivares, huertas&hellip; &iexcl;Y pensabas</p>
<p>que nuestros ojos vivir&iacute;an sedientos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y el pan de nuestra mesa&hellip; &iexcl;Y la jarrita</p>
<p>que nos da de beber! Los mil dibujos</p>
<p>de la vajilla: flores, peces pardos,</p>
<p>dos p&aacute;jaros que cantan en un nido&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Y nuestro cuarto? Ahora puedes darme</p>
<p>tu cuerpo sin recelo ni amargura.</p>
<p>Observa a la Se&ntilde;ora de la Moldura</p>
<p>re&iacute;r por nuestra alma y nuestra carne.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En todo, Compa&ntilde;era,</p>
<p>nuestra casa es sin duda nuestra casa.</p>
<p>Hasta en las flores. O en la encina en brasas</p>
<p>que gime en la chimenea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>As&iacute; lo quiso Dios. Y nosotros al sue&ntilde;o alzamos muros,</p>
<p>yo rasgu&eacute; las ventanas, t&uacute; bordaste</p>
<p>las cortinas. Despu&eacute;s, flor en el asta,</p>
<p>fue cogerte y quedamos ambos puros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Puros, Amor &ndash;y a la espera.</p>
<p>Y serenos. Igual que nuestra casa.</p>
<p>(Y llamar&aacute; a la puerta, con un ala,</p>
<p>un &aacute;ngel de sangre y carne verdadera.)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>A LA MEMORIA DE ALBERTO CAEIRO</strong></p>
<p>Ahora s&iacute;, ahora que he cerrado el libro de Poes&iacute;a.</p>
<p>El Sol ha dejado de ser una met&aacute;fora para ser el Sol.</p>
<p>Los sentimientos han dejado de ser apenas palabras.</p>
<p>Todo es de verdad, ahora que he cerrado el libro de Poes&iacute;a</p>
<p>y he mirado de frente todo aquello que existe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Por qu&eacute; demonios me ense&ntilde;aron a leer?</p>
<p>(Si no supiera leer ni siquiera tendr&iacute;a que cerrar el libro,</p>
<p>insatisfecho por no haberlo abierto)</p>
<p>&iquest;Por qu&eacute; no me dejaron ser siempre agreste y ni&ntilde;o?</p>
<p>Todas mis lecturas ser&iacute;an fuera de los libros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mirar&iacute;a todo con una alegr&iacute;a tan grande,</p>
<p>con una virginidad tan grande,</p>
<p>que hasta Dios sonreir&iacute;a</p>
<p>contento por haber creado el Mundo&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>CARTA DE GU&Iacute;A</strong></p>
<p>Incluso con este calor, quiero ir.</p>
<p>A tropezones, serpenteando, como sea,</p>
<p>porque existen personas que me esperan</p>
<p>y que han nacido para que me preocupe por ellas.</p>
<p>Llevo veintid&oacute;s a&ntilde;os hablando de m&iacute;</p>
<p>y habr&eacute; de hablar de m&iacute; la vida entera:</p>
<p>&iexcl;tengo tanto que decir</p>
<p>y pasar al papel!</p>
<p>La anatom&iacute;a de mi alma, principalmente,</p>
<p>que ha de quedar escrita,</p>
<p>para que vean lo extra&ntilde;o que es un hombre por dentro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero ahora, en este momento,</p>
<p>y en otros iguales a este,</p>
<p>dejo aparte el bin&oacute;culo con el que acecho</p>
<p>y gracias al que todo lo que es peque&ntilde;o en m&iacute; me parece grande</p>
<p>y voy hacia delante, a pesar del calor,</p>
<p>a pesar de marchar como un borracho.</p>
<p>Hay manos extendidas, labios secos.</p>
<p>Casas en las que el Sol tiene pudor de entrar, de tan infectas.</p>
<p>Donde Dios se tapar&iacute;a la nariz, si llegase a la puerta.</p>
<p>Cuando las palabras son como tiritas de lino,</p>
<p>no hay nada mejor para el alma, hecha de carne viva de un hombre.</p>
<p>Por eso voy indiferente a este calor de junio.</p>
<p>El bin&oacute;culo puede esperar.</p>
<p>Yo me quedo esperando.</p>
<p>Suelto barcos y redes,</p>
<p>no vaya a ser que aquellos que me esperan</p>
<p>hubieran muerto ya, cuando yo llegue,</p>
<p>o no tengan ya o&iacute;dos para mis palabras,</p>
<p>ni aun labios que sientan</p>
<p>la frescura del agua que les llevo&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 15 Feb 2016 08:53:13 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Obsolescencia programada]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/obsolescencia-programada/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas16/Febrero/cabezon500.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>Encuentro a los j&oacute;venes tan preocupados por la venta, por la agencia literaria, por la repercusi&oacute;n en el mercado, por la notoriedad, que eso tiene que influir en su escritura</em><br /> Jaime Salinas</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><br /> <br /> esto que escribimos nace muerto, se vuelve <em>mercanc&iacute;a obsoleta</em> para ojos que son cuencos vac&iacute;os, en <em>bien de consumo</em> seg&uacute;n el <em>librero</em> que devuelve a la guillotina el <em>continente</em> porque el <em>contenido</em> ha dejado de <em>estar de moda</em>, nunca lo estuvo y si lo estuvo: mal, muy mal</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>este nuevo tiempo de los asesinos<br /> exige una oraci&oacute;n para el profeta Bernard London <br /> una eleg&iacute;a para el profeta Brooks Stevens</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>es in&uacute;til y si no, mal, no contiene ni los colores, ni las formas, ni los esl&oacute;ganes, ni el maquillaje, ni el peinado, ni las lentejuelas, ni los materiales adecuados, no hay desnudos de los f&aacute;ciles, denota el momento de su realizaci&oacute;n y lo que es peor: el af&aacute;n por sobrevivirte, desgraciadamente, sinverg&uuml;enza pretencioso, eres viejo para sacar b&iacute;ceps en los bares, nadie pagar&aacute; por ver tus pechos, para liarte a tortazos con cualquiera por los favores de un padrino y has empezado a pensar en la poes&iacute;a como un <em>bien</em>, por tanto, la est&aacute;s matando t&uacute; mismo</p>
<p><br /> <br /> este nuevo tiempo de los publicistas<br /> exige un AOP para el profeta Bernard London <br /> un estudio sobre su <em>awareness </em>para el profeta Brooks Stevens<br /> <em>An Advertising Model with Wearout and Pulsation</em></p>
<p>esta poes&iacute;a es abono, detrito, u&ntilde;a seccionada, lo recoger&aacute; en breve y dejar&aacute; registro de su existencia bald&iacute;a la nueva edici&oacute;n corregida y aumentada del bestiario de la Real Academia Espa&ntilde;ola de la Muerte, una cr&iacute;tica elogiosa, una indiferencia colectiva</p>
<p><br /> este nuevo tiempo de los artistas<br /> exige un <em>hapenning </em>en honor al profeta Bernard London <br /> una <em>performance </em>para el profeta Brooks Stevens</p>
<p><br /> la muerte no tiene mala prensa, en los diarios se achican las secciones de Cultura pero se mantienen y crecen las necrol&oacute;gicas, bailamos un <em>flashmob</em> como bailan las polillas a la luz de las bombillas, llevamos la pancarta con el mensaje m&aacute;s simple, coger el meg&aacute;fono es un lujo que nos podemos permitir, porque hemos llegado a la meta y, como sospech&aacute;bamos, all&iacute; no hay nada</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>este nuevo tiempo de los suicidas<br /> exige responsabilidades a Bernard London <br /> una mano de hostias para Brooks Stevens</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 15 Feb 2016 08:46:58 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poemas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/poemaspozzi/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2016/febrero/pozzi500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Antonia Pozzi naci&oacute; en 1912 en Mil&aacute;n, donde muri&oacute; en 1938.<br /> Ha publicado: <em>Parole </em>y <em>La vita sognata e altre poesie inedite</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LA VIDA</strong><br /> <br /> En el umbral del oto&ntilde;o<br /> en un ocaso<br /> mudo<br /> <br /> Descubres la ola del tiempo<br /> y tu rendici&oacute;n<br /> secreta<br /> <br /> Como de rama en rama<br /> ligero<br /> un caer de p&aacute;jaros<br /> a los que las alas ya no aguantan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>GRITO&nbsp;</strong></p>
<p>No tener un Dios</p>
<p>no tener una tumba</p>
<p>no tener nada firme</p>
<p>solo cosas vivas que huyen&nbsp; &mdash;</p>
<p>ser sin ayer</p>
<p>ser sin ma&ntilde;ana</p>
<p>y cegarse en la nada &mdash;</p>
<p>&mdash; ayuda &mdash;</p>
<p>por la miseria</p>
<p>que no tiene fin &mdash;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><br /> <strong>INCREDULIDAD</strong><br /> <br /> Las estrellas - las nubes exiliadas<br /> m&aacute;s all&aacute; del viento<br /> qui&eacute;n sabe por qu&eacute;<br /> espacios desconocidos caminan.<br /> <br /> Ayer corr&iacute;an sombras<br /> sobre las nieves de la colina -<br /> como dedos ligeros.<br /> <br /> Ojos no m&iacute;os<br /> que la niebla invade -</p>
<p><br /> <br /> <strong>PENSAMIENTO</strong><br /> <br /> Tener dos largas alas<br /> de sombra<br /> y plegarlas sobre tu mal;<br /> <em>ser</em> sombra, paz<br /> vespertina<br /> en torno a tu apagada<br /> sonrisa.<br /> <br /> <br /> <strong>LA ARM&Oacute;NICA</strong><br /> <br /> En un claro - dulce<br /> sollozante arm&oacute;nica -<br /> quisiera o&iacute;rte - acompa&ntilde;ando<br /> una danza de muchachos<br /> ante rocas<br /> que el ocaso desangra y deja ex&aacute;nimes<br /> en brazos del cielo -<br /> <br /> no aqu&iacute; - en la dura calle<br /> donde cantas canciones de miseria<br /> y tu voz es un sarmiento<br /> reluciente de hiedra<br /> que abraza en vano<br /> las altas casas enemigas.</p>
<p><br /> <strong>MUERTE DE LAS ESTRELLAS</strong><br /> <br /> Monta&ntilde;as - &aacute;ngeles tristes<br /> que en la hora del crep&uacute;sculo<br /> mudas llor&aacute;is<br /> al &aacute;ngel de las estrellas - desaparecido<br /> entre oscuras nubes -<br /> <br /> arcanos florecimientos<br /> esta noche<br /> en los abismos nacer&aacute;n -<br /> <br /> oh - sea<br /> en las flores de los montes<br /> el sepulcro<br /> de los astros apagados -</p>
<p><br /> <strong>R&Iacute;O</strong><br /> <br /> Oh d&iacute;a,<br /> oh r&iacute;o,<br /> oh irreparable andar -<br /> <br /> suben a tus riberas las mentiras<br /> como duras gravas -<br /> se eleva en tu desembocadura un blanco<br /> sepulcro para tus<br /> olas -<br /> <br /> oh d&iacute;a,<br /> oh r&iacute;o,<br /> oh irreparable andar que recorre el alma -<br /> <br /> oh alma m&iacute;a<br /> en soledad elegida<br /> para que viva entre<br /> en su ata&uacute;d.<br /> <br /> <br /> <strong>REFLEJOS</strong><br /> <br /> Palabras - vidrios<br /> que infielmente<br /> reflej&aacute;is mi cielo -<br /> <br /> en vosotras pens&eacute;<br /> despu&eacute;s del ocaso<br /> en una oscura calle<br /> cuando sobre los guijarros cay&oacute; una vidriera<br /> y los fragmentos largamente<br /> esparcieron en el suelo luz.<br /> <br /> <br /> <br /> <strong>AMOR DEL AGUA</strong><br /> <br /> Por el valle que es un lago<br /> de sol - agitado por la ola<br /> de las campanas -<br /> huye la sombra<br /> y se re&uacute;ne<br /> bajo un &aacute;rbol solitario<br /> donde el torrente<br /> cae -<br /> <br /> Toda la sombra y la frescura del mundo<br /> se cierran en torno<br /> a la frente acalorada<br /> del ni&ntilde;o<br /> que - asomado a la orilla -<br /> no sabe liberar<br /> su alma abandonada<br /> de los plateados brazos<br /> de la casc</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 05 Feb 2016 08:35:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El coleccionista de sonidos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-coleccionista-de-sonidos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2016/enero/roger500.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="center">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">Traducci&oacute;n y nota de &Aacute;lvaro Garc&iacute;a</p>
<p>No encuentro muchos poemas infantiles como 'The Sound Collector', de Roger McGough, donde las cosas concretas se abren a lo inconcreto y el sonido de los versos, con sus fijaciones y oscilaciones, deja lo cotidiano ante el vac&iacute;o que nos amenaza y nos potencia. Recitado, puede ser inquietante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hoy lleg&oacute; un desconocido</p>
<p>vestido de negro y gris.</p>
<p>Empaquet&oacute; los sonidos</p>
<p>y se los llev&oacute; de aqu&iacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El hervir con un silbido,</p>
<p>el cerrarse el pasador,&nbsp;</p>
<p>el ronroneo del gatito,</p>
<p>el tic tac del reloj.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El salto de la tostada,</p>
<p>el crujir los cereales.</p>
<p>Al untar la mermelada,</p>
<p>el &aacute;spero ruido que hace.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El chupchup de la cazuela,</p>
<p>el tintineo del horno,</p>
<p>el borboteo en la ba&ntilde;era</p>
<p>al llenarse poco a poco.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El golpeteo del agua</p>
<p>de la lluvia en el cristal.</p>
<p>Cuando se hace la colada,</p>
<p>el glug&uacute; del desaguar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El llanto del ni&ntilde;o chico.</p>
<p>La silla cuando la arrastro.</p>
<p>De la cortina, el chirrido.</p>
<p>El crujir de los pelda&ntilde;os.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alguien vino esta ma&ntilde;ana</p>
<p>sin decir su identidad.</p>
<p>Nos dej&oacute; s&oacute;lo el silencio.</p>
<p>La vida no ser&aacute; igual.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>THE SOUND COLLECTOR</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A stranger called this morning</p>
<p>Dressed all in black and grey</p>
<p>Put every sound into a bag</p>
<p>And carried them away</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>The whistling of the kettle</p>
<p>The turning of the lock</p>
<p>The purring of the kitten</p>
<p>The ticking of the clock</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>The popping of the toaster</p>
<p>The crunching of the flakes</p>
<p>When you spread the marmalade</p>
<p>The scraping noise it makes</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>The hissing of the frying-pan</p>
<p>The ticking of the grill</p>
<p>The bubbling of the bathtub</p>
<p>As it starts to fill</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>The drumming of the raindrops</p>
<p>On the window-pane</p>
<p>When you do the washing up</p>
<p>The gurgle of the drain</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>The crying of the baby</p>
<p>The squeaking of the chair</p>
<p>The swishing of the curtain</p>
<p>The creaking of the stair</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A stranger called this morning</p>
<p>He didn&rsquo;t leave his name</p>
<p>Left us only silence</p>
<p>Life will never be the same.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 08 Jan 2016 09:48:57 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poemas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/poemmas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2015/Diciembre/conte500.jpg" alt="" /></p>
<p align="center"><strong><br /></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Giuseppe Conte naci&oacute; en 1945 en Porto Maurizio (Liguria) y reside en Sanremo.<br /> Entre otros libros, ha publicado: <em>L&rsquo;ultimo aprile bianco</em>, <em>Le stagioni</em> y <em>L&rsquo;oceano e il ragazzo</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;<strong>UN NUEVO ADI&Oacute;S</strong><br /> <br /> &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>a Michele Montagnese</em><br /> <br /> Donde est&aacute;s ahora, &iquest;ves a&uacute;n sobre el mar<br /> la geometr&iacute;a acribillada de las nubes<br /> porosas, purp&uacute;reas, las columnatas de<br /> luz invertidas, del otro lado del horizonte?<br /> &iquest;Desde el puente de qu&eacute; trasbordador ves el<br /> Tirreno y el J&oacute;nico desembocar a&uacute;n<br /> el uno en el otro en lucha, en las caricias?<br /> M&aacute;s all&aacute; duerme una palma, un canto, &Aacute;frica.<br /> <br /> Adi&oacute;s, amigo, la vida es incesante<br /> y t&uacute; lo sabes, t&uacute; que ya no est&aacute;s ni<br /> sobre un mar ni sobre el otro. Ahora<br /> caminas sobre el l&iacute;mite indivisible<br /> donde nada es distinto de nada<br /> tus E&oacute;lidas de sal son islas<br /> nacidas en el Norte de brumas y turberas.<br /> <br /> Pero la vida es incesante, y fiel<br /> el canto. Nosotros volveremos al estrecho de Mesina<br /> ‒t&uacute; tendr&aacute;s en los ojos demacrados nuevos pensamientos‒<br /> y hablaremos como aquel d&iacute;a de Argel, de oasis,<br /> de las muchachas sin velo y del rostro blanco de<br /> Constantina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>EL &Uacute;LTIMO MUCHACHO DROGADO</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El &uacute;ltimo muchacho drogado ha muerto a la<br /> orilla del mar, tirado como un<br /> coraz&oacute;n de manzana, comido y<br /> fr&aacute;gil, impotente contra la continuidad<br /> de la resaca, incrustado de granos<br /> de arena reluciente, &eacute;l humilde<br /> residuo org&aacute;nico, ennegrecido, ya<br /> en v&iacute;as de corrupci&oacute;n.<br /> Era el &uacute;ltimo, de &eacute;l ya no se sabe<br /> el nombre ni el apellido, ni qu&eacute;<br /> buscaba.</p>
<p><br /><strong>QU&Eacute; ERA EL MAR</strong><br /> <br /> &iquest;Qu&eacute; era el mar? Ten&iacute;a<br /> colas y patas de agua entre las<br /> rocas, pul&iacute;a los guijarros, hac&iacute;a<br /> siglas de luz sobre la arena: era<br /> profundo pero insensible, se dec&iacute;a, y<br /> c&eacute;libe, individual, est&eacute;ril.<br /> En olas obstinadas o tranquilas<br /> sub&iacute;a y bajaba mareas, rodeaba<br /> las tierras, &eacute;l lunar, &eacute;l fr&iacute;o, irreductible<br /> en su consagrarse al movimiento y la aridez.<br /> Las naves lo surcaban con largas estelas.<br /> Ahora se ha perdido la memoria de las tempestades<br /> y de los faros, de los veleros y de los transatl&aacute;nticos, de los<br /> n&aacute;ufragos, de los cargueros de p&uacute;rpura y<br /> de carb&oacute;n, de Tiro, de Londres.<br /> Era profundo, pero insensible, se dec&iacute;a, morada<br /> de las conchas, de las familias de los<br /> peces, extinguidas, ahora: ten&iacute;a profundidades viscosas, cr&aacute;teres y<br /> algas y corales.<br /> Tallaba los promontorios, sosten&iacute;a las islas.<br /> Jugaba, &eacute;l mudo, desde&ntilde;oso, inservible,<br /> feliz en sus movimientos<br /> vitales.</p>
<p><br /> <br /><strong>CUANDO SE REGRESA A DONDE SE NACE</strong><br /> <br /> Regreso a esta calle, donde he nacido<br /> como una luz a su estrella estallada.<br /> En &eacute;ste mi viaje, estos<br /> portones, los dos pelda&ntilde;os de pizarra, las<br /> fachadas altas, desconchadas, con las ventanas<br /> ciegas, la subida, el arco que marcaba<br /> el l&iacute;mite, abajo mi casa<br /> que ten&iacute;a la galer&iacute;a sobre el patio de<br /> musgo y zarzas en torno a un pozo, y<br /> el balconcito azul, el parral<br /> en vilo sobre los huertos de n&iacute;speros.<br /> Tras aquellas persianas, en el tercer piso,<br /> fue el amor, estaba la guerra fuera<br /> los soldados alemanes ya exhaustos, en<br /> fuga. El destino es volver a donde se ha nacido.<br /> Lo saben todas las flores, los templos, los soles<br /> que son como nosotros a&uacute;n por alzar<br /> no profetizados, y ya polvo.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 21 Dec 2015 13:13:51 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Granito y arco iris: la obra ensayística de Virginia Woolf]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/granito-y-arco-iris-la-obra-ensayistica-de-virginia-woolf/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas15/Diciembre/woolf500.jpg" alt="" /></p>
<p>Voy a decir un disparate: es una suerte que Virginia Woolf no fuera a la Universidad. Un disparate menos disparatado &ndash;creo- de lo que parece. Pues ese pensamiento poli&eacute;drico, en el que la inteligencia no est&aacute; aislada, sino conectada con la imaginaci&oacute;n, las sensaciones, los afectos; esa aproximaci&oacute;n siempre personal, vivida, a la cultura; ese pasar por el tamiz de la subjetividad, de la reflexi&oacute;n personal, cualquier idea; ese estilo errante, flexible, tangencial &hellip; esa libertad, en fin, de <em>outsider</em>, que tanto nos seduce en los ensayos de Virginia Woolf, le debe mucho a su educaci&oacute;n autodidacta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como muchas otras mujeres que llegaron a ser pintoras o escritoras, Virginia y Vanessa hab&iacute;an nacido en un medio de artistas e intelectuales; ese azar les dio acceso a la formaci&oacute;n del gusto, el aprendizaje t&eacute;cnico, los contactos, que dif&iacute;cilmente habr&iacute;an podido obtener de otro modo.&nbsp; Mientras Adrian y Thoby iban a Cambridge, ellas se quedaron en casa; pero dispon&iacute;an de la espl&eacute;ndida biblioteca de su padre, contaron con profesores particulares &ndash;especialmente notable la de griego- y crecieron rodeadas de un c&iacute;rculo, que ellas luego ampliar&iacute;an, de editores, poetas, pintores, cr&iacute;ticos de arte, novelistas&hellip; y alg&uacute;n que otro arist&oacute;crata, bailarina, economista, diplom&aacute;tico&hellip; Dir&eacute; entre par&eacute;ntesis que de todas estas profesiones, la que parece haber influido m&aacute;s a Virginia, o hallarse m&aacute;s pr&oacute;xima a su sensibilidad, es la pintura: no s&oacute;lo en su narrativa la forma y el color tienen un gran protagonismo, sino que en sus ensayos hasta las ideas m&aacute;s abstractas est&aacute;n siempre encarnadas en im&aacute;genes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>As&iacute;, gracias a ese c&iacute;rculo que luego se conocer&iacute;a como el grupo de Bloomsbury, Virginia pudo terminar de formarse: a una primera etapa de lectura solitaria, sigui&oacute; otra de intercambio con algunas de las mejores mentes de su tiempo. Bloomsbury, que en tantas cosas se adelant&oacute; a su &eacute;poca (eran ecologistas, pacifistas, feministas y revolucionarios sexuales <em>avant la lettre</em>), en otras, o a veces en las mismas (<em>libertinaje</em> de cuerpo y esp&iacute;ritu), reviv&iacute;a tradiciones del siglo XVIII. Sobre todo, la intensa vida social, el culto a la amistad y el arte de la conversaci&oacute;n. Y al igual que los cen&aacute;culos dieciochescos produjeron en su momento ensayistas espl&eacute;ndidos -y muy le&iacute;dos por Virginia, que toma la expresi&oacute;n <em>Common reader</em> de uno de ellos, Samuel Johnson-, los ensayos de &eacute;sta son tambi&eacute;n un reflejo de las conversaciones de su c&iacute;rculo. As&iacute; nos las describe en su autobiograf&iacute;a inacabada, <em>Moments of Being</em>:</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><br /></span></p>
<p>&ldquo;[Nuestros nuevos amigos] criticaban nuestros argumentos con tanta severidad como los suyos propios. Nunca parec&iacute;an fijarse en c&oacute;mo &iacute;bamos vestidas o si est&aacute;bamos guapas o no. Toda esa fastidiosa preocupaci&oacute;n por nuestra apariencia y comportamiento que nos hab&iacute;a inculcado George [hermano mayor por parte de madre] durante nuestros primeros a&ntilde;os se desvanec&iacute;a completamente. No ten&iacute;amos ya que soportar ese terrible examen despu&eacute;s de una fiesta, cuando nos dec&iacute;a: &ldquo;Estabas preciosa&rdquo;, o: &ldquo;No ibas nada guapa&rdquo; o &ldquo;A ver si aprendes a peinarte de una vez&rdquo;, o &ldquo;Intenta no poner esa cara de aburrimiento cuando bailas&rdquo;, o: &ldquo;Has hecho una conquista&rdquo;, o &ldquo;Has sido un desastre&rdquo;. Todo eso parec&iacute;a no tener sentido o no existir en el mundo de Bell, Strachey y Sydney-Turner. En ese mundo el &uacute;nico comentario mientras nos desperez&aacute;bamos despu&eacute;s de que se hubieran marchado nuestros invitados era: &ldquo;Defendiste bastante bien tu punto de vista&rdquo;, o &ldquo;No has dicho m&aacute;s que tonter&iacute;as&rdquo;&hellip;&rdquo; (<em>Moments of Being</em> tiene versi&oacute;n espa&ntilde;ola,&nbsp; de Andr&eacute;s Bosch: <em>Momentos de vida</em>, Lumen, 1980, pero el libro est&aacute; descatalogado. La traducci&oacute;n que aqu&iacute; doy es m&iacute;a.)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En esas mismas p&aacute;ginas, sin embargo, Woolf hace una observaci&oacute;n que nos permite entender mejor el estilo de sus ensayos:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Ambas [Virginia y Vanessa] aprendimos tan concienzudamente las reglas del juego victorianas&nbsp; que&nbsp; nunca las hemos olvidado. (&hellip;)Cuando leo mis antiguos art&iacute;culos en el <em>Literary Supplement</em> y observo su suavidad, su cortes&iacute;a, su enfoque indirecto, le echo la culpa a mi entrenamiento para servir el t&eacute;. Me veo a m&iacute; misma, no criticando un libro, sino ofreciendo bandejas con dulces a t&iacute;midos jovencitos y pregunt&aacute;ndoles si quieren leche y az&uacute;car. Por otra parte,&nbsp; respetar superficialmente esos modales le permite a una, seg&uacute;n he descubierto, deslizar cosas que ser&iacute;an inaudibles si las proclamase en voz alta.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La combinaci&oacute;n de estos dos extractos de <em>Moments of Being</em> me parece resumir bastante bien la faceta de ensayista de Woolf. Una faceta mucho menos conocida que la de narradora y con la que a primera vista parece tener poco en com&uacute;n. La Virginia Woolf que escribe novelas lo hace con fines art&iacute;sticos, en el marco de un proyecto propio, coherente, ambicioso; el resultado es exquisito y de lectura a veces ardua; su autora es hoy famosa. La Virginia Woolf que escribe ensayos (en el sentido ingl&eacute;s, que abarca lo que en espa&ntilde;ol llamamos ensayos pero tambi&eacute;n lo que llamamos art&iacute;culos) no es famosa; escribe ocasionalmente, y en parte al menos, por dinero; los textos resultantes, de una lectura mucho m&aacute;s asequible que la de las novelas, no forman un conjunto homog&eacute;neo... Sin embargo, como hace notar Rachel Bowlby en su agudo pr&oacute;logo a la selecci&oacute;n titulada <em>A Woman&rsquo;s Essays</em> (Penguin, 1992), tambi&eacute;n hay mucho en com&uacute;n entre estas dos partes de la obra. Para empezar, los ensayos, una vez recopilados, no son tan inferiores en extensi&oacute;n al conjunto de novelas como pudiera pensarse: sumando los art&iacute;culos (de cr&iacute;tica literaria, sobre todo) recopilados en los dos tomos de <em>The Common Reader</em>, m&aacute;s <em>Una habitaci&oacute;n propia</em> y <em>Tres guineas</em>, m&aacute;s otros textos dispersos, se alcanzan los seis vol&uacute;menes editados por Andrew McNeillie en The Hogarth Press a partir de 1986.&nbsp; (En espa&ntilde;ol se han recogido parcialmente en diversas selecciones: <em>La torre inclinada</em>, Lumen, 1977, <em>Las mujeres y la literatura</em>, Lumen, 1981, <em>Escenas de Londres</em>, Lumen, 1986, <em>Horas en una biblioteca</em>, El Aleph, 2005, y <em>Londres</em>, Lumen, 2005, am&eacute;n de <em>Tres guineas</em> y sobre todo de <em>Una habitaci&oacute;n propia</em> -o <em>Un cuarto propio</em>, en la traducci&oacute;n de Borges- cuyas reediciones son constantes.).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero sobre todo, la Woolf novelista y la ensayista comparten algunos temas fundamentales -la creaci&oacute;n art&iacute;stica, las relaciones entre los sexos&hellip;- y en gran parte, el estilo: el avance tangencial, con digresiones reflexivas y peque&ntilde;as historias secundarias que arrojan sobre la principal una luz inesperada; los constantes y siempre originales s&iacute;miles y met&aacute;foras; la combinaci&oacute;n de subjetividad y objetividad, narraci&oacute;n y reflexi&oacute;n, lirismo e iron&iacute;a&hellip; No es de extra&ntilde;ar que hacia el final de su vida, Woolf proyectase un ensayo-novela (<em>The Pargiters</em>, luego convertido en la novela <em>The Years, Los a&ntilde;os</em>).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Si pensamos en la verdad como algo dotado de la solidez del granito, y en la personalidad como algo que tiene la intangibilidad del arco iris&hellip;&rdquo; As&iacute; empieza Woolf uno de sus art&iacute;culos, y ese doble s&iacute;mil se aplica muy bien a sus ensayos. Bajo la suavidad de los modales victorianos aprendidos en su infancia, surgen ideas que&nbsp; desarrolla y defiende con la l&oacute;gica que aprendi&oacute; a ejercitar en las conversaciones del grupo de Bloomsbury; bajo el guante de terciopelo del estilo, la mano de hierro de la argumentaci&oacute;n. Una serie de argumentaciones que voy a examinar centr&aacute;ndome en algunos temas recurrentes y sacando, o eso intentar&eacute;, a la luz, el hilo rojo que los recorre todos: la contradicci&oacute;n interna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="text-decoration: underline;">&ldquo;En diciembre de 1910, m&aacute;s o menos, el car&aacute;cter humano cambi&oacute;&rdquo;</span></p>
<p>En uno de sus m&aacute;s famosos ensayos, &ldquo;Mr. Bennett and Mrs. Brown&rdquo; (1924), considerado uno de los grandes manifiestos literarios del modernismo (junto con &ldquo;Tradition and the Individual Talent&rdquo; de T. S. Eliot y &ldquo;A Retrospect&rdquo; de Ezra Pound), Virginia imagina que se encuentra en un tren con una se&ntilde;ora corriente, la &ldquo;Mrs. Brown&rdquo; del t&iacute;tulo, a la que quiere convertir en personaje; y que le pregunta a sus &ldquo;mayores&rdquo;, es decir a los novelistas entonces en boga, tales como Arnold Bennett, c&oacute;mo debe describirla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Y ellos me dijeron: &ldquo;Empiece usted diciendo que su padre ten&iacute;a una tienda en Harrogate. Indique el alquiler. Indique el salario de los dependientes en el a&ntilde;o 1878. Descubra de qu&eacute; muri&oacute; su madre. Describa el c&aacute;ncer. Describa el algod&oacute;n estampado. Describa&hellip;&rdquo; Pero yo grit&eacute;: &ldquo;&iexcl;Basta, basta!&rdquo; Y lamento decir que tir&eacute; esa herramienta fea, torpe, incongruente, por la ventana, pues sab&iacute;a que si empezaba a describir el c&aacute;ncer y el algod&oacute;n estampado, mi se&ntilde;ora Brown, esa visi&oacute;n a la que me aferro aunque no conozca la manera de transmit&iacute;rosla, se habr&iacute;a apagado y embotado y desvanecido para siempre.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En &ldquo;Mr. Bennett and Mrs. Brown&rdquo; se debaten por lo menos tres ideas. Una es la del progreso en las artes; otra, lo que Woolf llama el &ldquo;materialismo&rdquo;; la tercera, la posibilidad &ndash;y en cierto modo el derecho- para el escritor de hablar en nombre de otros, aquellos que no tienen acceso a la palabra p&uacute;blica. Y las contradicciones aparecen enseguida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre clasicismo y modernidad, para empezar. En su ensayo &ldquo;On Not Knowing Greek&rdquo;, Woolf afirma que los cl&aacute;sicos griegos nos presentan al &ldquo;ser humano original, estable, permanente&rdquo;. Pero esa creencia en lo eterno e inmutable, que es tambi&eacute;n un anhelo (&ldquo;Nos volvemos hacia los griegos cuando estamos cansados de la vaguedad, de la confusi&oacute;n, del cristianismo y sus consuelos, de nuestra propia &eacute;poca&rdquo;), convive con otros momentos en que la autora parece creer en, y desear tambi&eacute;n, un arte que se transforme a la par que la historia:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;En diciembre de 1910 [a&ntilde;o de la muerte de Eduardo VII], m&aacute;s o menos, el car&aacute;cter humano cambi&oacute;. Todas las relaciones humanas se transformaron: entre amos y criados, maridos y mujeres, padres e hijos. Y cuando las relaciones humanas cambian se da al mismo tiempo un cambio en religi&oacute;n, comportamiento, pol&iacute;tica y literatura.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que ese cambio es deseable, est&aacute; impl&iacute;cito en &ldquo;Mr. Bennet and Mrs. Brown&rdquo;. Pero podr&iacute;amos preguntarnos: &iquest;en nombre de qu&eacute;? Ya he indicado m&aacute;s arriba que las respuestas son al menos tres: en nombre de la Historia, a la que el arte no puede o debe ser insensible; en nombre de &ldquo;la vida&rdquo; o &ldquo;la verdad&rdquo;, que el &ldquo;materialismo&rdquo;, seg&uacute;n Woolf, no capta; en nombre, por &uacute;ltimo, de la imposibilidad o ilegitimidad de que el escritor, un privilegiado, monopolice la condici&oacute;n de sujeto del conocimiento.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="text-decoration: underline;">&ldquo;La vida no es una serie de farolas sim&eacute;tricamente colocadas&rdquo;</span></p>
<p>&ldquo;A nuestro alrededor&rdquo; &ndash;as&iacute; diagnostica Woolf su propia generaci&oacute;n literaria-, &ldquo;en poemas y novelas y biograf&iacute;as, incluso en art&iacute;culos de prensa y ensayos, o&iacute;mos el sonido de lo que cae y se hace a&ntilde;icos, del derrumbe y destrucci&oacute;n.&rdquo;<em> </em>&nbsp;El <em>Ulises</em> &ndash;que ella es de los primeros en defender, aunque privadamente no la entusiasme- y <em>La tierra bald&iacute;a</em> son el signo de los nuevos tiempos: los lectores deber&aacute;n acostumbrarse a &ldquo;lo espasm&oacute;dico, lo oscuro, lo fragmentario, lo fallido&rdquo;. Y es que Virginia Woolf, record&eacute;moslo, desarrolla su obra a lo largo de unas d&eacute;cadas &ndash;primera mitad del siglo XX- en que la revoluci&oacute;n parece inevitable y los intelectuales la consideran positiva.&nbsp; &ldquo;Esa gran fuerza que tienen [las clases trabajadoras]&rdquo;, escribe en 1930, &ldquo;est&aacute; a punto de estallar y fundirlo todo, con lo que la vida ser&aacute; m&aacute;s rica y los libros m&aacute;s complejos&rdquo;. La convenci&oacute;n literaria ser&iacute;a entonces una m&aacute;s de entre las convenciones que hay que hacer estallar para que fluyan la libertad y la creatividad:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Si un escritor fuera un hombre libre y no un esclavo, si pudiera escribir lo que quiere, no lo que debe, si pudiera no basar su trabajo en las convenciones, entonces no habr&iacute;a argumento, ni comedia, ni intriga amorosa&hellip;&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>So far so good</em>, como dir&iacute;an los ingleses. Pero la contradicci&oacute;n empieza cuando observamos que Woolf critica a la generaci&oacute;n literaria anterior y defiende la suya propia no s&oacute;lo en nombre de ese principio temporal (los nuevos tiempos requieren una nueva literatura), sin tambi&eacute;n, simult&aacute;neamente, en nombre de un principio intemporal, contradictorio con el anterior: el &ldquo;materialismo&rdquo; de Arnold Bennett y dem&aacute;s se opone, seg&uacute;n ella, no ya a la actualidad, sino a la verdad, a lo que la vida &ldquo;es&rdquo;:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;La vida no es una serie de farolas sim&eacute;tricamente colocadas; la vida es un halo luminoso, un envoltorio semitransparente que nos rodea desde el principio de la conciencia hasta el final.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Woolf es en esto una de las mejores y m&aacute;s l&uacute;cidas mentes de su generaci&oacute;n: la que lleg&oacute; a la madurez hacia 1920; la generaci&oacute;n que cre&iacute;a periclitadas para siempre las novelas con argumento; la generaci&oacute;n que dej&oacute; de creer en una verdad objetiva, cognoscible; la generaci&oacute;n del mon&oacute;logo interior y el flujo de conciencia, pues como ella misma dice: &ldquo;Examinemos por un momento una mente corriente en un d&iacute;a corriente. La mente recibe una mir&iacute;ada de impresiones: triviales, fant&aacute;sticas, evanescentes o grabadas con la dureza del acero.&rdquo; La generaci&oacute;n, en fin, de Rosa Chacel, Pirandello, Andr&eacute; Gide, Proust y Joyce; la teorizada por Ortega, para quien el gran novelista desde&ntilde;ar&aacute; la realidad visible y sumergi&eacute;ndose en la interioridad de sus personajes, &ldquo;tornar&aacute; apretando en el pu&ntilde;o perlas abisales&rdquo;&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esa necesidad de interioridad es uno de los caballos de batalla de Virginia Woolf contra el &ldquo;materialismo&rdquo;decimon&oacute;nico, representado no s&oacute;lo por Arnold Bennett, sino por su padre, Leslie Stephen, de profesi&oacute;n bi&oacute;grafo. De biograf&iacute;a habla el art&iacute;culo cuya primera frase citamos m&aacute;s arriba: &ldquo;Si pensamos en la verdad como algo dotado de la solidez del granito, y en la personalidad como algo que tiene la intangibilidad del arco iris, y nos damos cuenta de que el fin de la biograf&iacute;a es unir estas dos cosas en una sin que se vean las costuras, tendremos que reconocer que el problema es considerable y no es de extra&ntilde;ar que los bi&oacute;grafos, en su mayor parte, hayan fracasado en el intento de resolverlo.&rdquo; Pero el problema, claro, no es s&oacute;lo de los bi&oacute;grafos, sino tambi&eacute;n de los novelistas: aunque la gran&iacute;tica &ldquo;verdad&rdquo; a la que &eacute;stos aluden sea una realidad &ndash;valga la paradoja- imaginaria, subsiste la cuesti&oacute;n de la personalidad. &iquest;Se puede captar, o imitar de forma convincente, la personalidad de seres muy distintos a nosotros? Para abordar cuesti&oacute;n tan espinosa daremos antes un rodeo por <em>Una habitaci&oacute;n propia</em>.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="text-decoration: underline;">&ldquo;La imaginaci&oacute;n es hija de la carne&rdquo;</span></p>
<p>&iquest;Por qu&eacute; ha habido y hay tan pocas mujeres escritoras, pintoras, escultoras, pensadoras&hellip;? Es esta una pregunta dif&iacute;cil de obviar para cualquier intelectual o artista del sexo femenino. De la respuesta que le demos depende en gran parte la percepci&oacute;n de nuestra propia identidad: &iquest;somos mujeres de verdad? &iquest;somos una anomal&iacute;a de la naturaleza: &ldquo;un perro que anda sobre sus patas traseras&rdquo;, como dictamin&oacute; Samuel Johnson?, &iquest;marimachos?, &iquest;preciosas rid&iacute;culas?, &iquest;excepcionales, en el sentido de superiores, pero sin que nuestra existencia demuestre nada respecto a las mujeres en general?&iquest;escribidoras para marujas? &iquest;imitadoras de los hombres, impostoras?, &iquest;simple fruto de la creciente autonom&iacute;a legal y econ&oacute;mica, tiempo libre y educaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n femenina?...&nbsp; En <em>Una habitaci&oacute;n propia</em> &ndash;y tambi&eacute;n en innumerables art&iacute;culos, rese&ntilde;as, cartas a los peri&oacute;dicos&hellip;-, Virginia defendi&oacute; esto &uacute;ltimo. Pero ello implica una nueva contradicci&oacute;n: ese &ldquo;materialismo&rdquo; que ataca en la literatura de Arnold Bennett, lo ejerce ella misma cuando se trata de responder a la pregunta que encabeza este apartado. Para entender, dice, &ldquo;por qu&eacute; ninguna mujer escribi&oacute; ni una palabra de esa extraordinaria literatura [isabelina] cuando cualquier hombre, o eso parece, era capaz de componer una canci&oacute;n o un soneto&rdquo;, lo primero que deber&iacute;amos preguntarnos es &ldquo;c&oacute;mo eran educadas; si aprend&iacute;an a escribir; si ten&iacute;an habitaciones propias; cu&aacute;ntas mujeres ten&iacute;an hijos antes de cumplir los veinti&uacute;n a&ntilde;os; en una palabra, qu&eacute; hac&iacute;an de las 8 de la ma&ntilde;ana a las 8 de al tarde&rdquo;. Pues &ldquo;la imaginaci&oacute;n es hija de la carne&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es curioso, y creo que sintom&aacute;tico del momento ideol&oacute;gico que estamos viviendo, que la frase que acabo de citar se recuerde tan poco cuando se glosa el pensamiento de Virginia Woolf. De igual modo, al evocar <em>Una habitaci&oacute;n propia</em> se suele citar la afirmaci&oacute;n de que &ldquo;la gran mente es andr&oacute;gina&rdquo; (una frase que no es suya, sino de Coleridge, aunque es cierto que ella la endosa), pero en cambio se olvida ese otro pasaje en que la autora asegura que &ldquo;ser&iacute;a una inconmensurable l&aacute;stima que las mujeres escribieran como los hombres, o vivieran como los hombres, o tuvieran la misma apariencia que los hombres, pues si dos sexos son totalmente insuficientes teniendo en cuenta la vastedad y variedad del mundo, &iquest;c&oacute;mo nos las arreglar&iacute;amos con uno solo?&rdquo;&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Recordemos la an&eacute;cdota que cuenta en las primeras p&aacute;ginas de <em>Una habitaci&oacute;n propia</em>. Cuando le encargan una conferencia sobre mujeres y literatura, la narradora va a la biblioteca del Museo Brit&aacute;nico, busca en el fichero la W de <em>woman</em>, y&hellip; &ldquo;Aqu&iacute; vienen cinco minutos, uno por uno, de estupor.&rdquo; Pues encuentra cientos de fichas, correspondientes a otros tantas obras sobre la mujer desde todos los puntos de vista imaginables: teol&oacute;gico, moral, antropol&oacute;gico&hellip; escritas por caballeros &ldquo;que no ten&iacute;an ninguna cualificaci&oacute;n excepto la de no ser mujeres&rdquo;.(&ldquo;&iquest;Os dais cuenta -pregunta a sus lectoras- de que sois, quiz&aacute;, el animal m&aacute;s comentado del universo?&rdquo;&hellip;) &ldquo;Era un fen&oacute;meno de lo m&aacute;s extra&ntilde;o; y aparentemente &ndash;aqu&iacute; consult&eacute; la letra M [de <em>man</em>]- limitado al sexo masculino. Las mujeres no escriben libros sobre hombres.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En su obra <em>Le sexe du savoir</em> (Alto, Par&iacute;s, 1999), la historiadora y fil&oacute;sofa francesa Mich&egrave;le Le Doeuff expone claramente lo que es sin duda el meollo del problema, y es que, aunque el conocimiento no tiene por qu&eacute; ser sexuado,&nbsp; hist&oacute;ricamente los varones han monopolizado la condici&oacute;n de sujeto de ese conocimiento (entendiendo por tal no s&oacute;lo las ciencias sino tambi&eacute;n las artes), constituyendo las mujeres uno de sus objetos.&nbsp; Es lo&nbsp; que tan bien ilustra la an&eacute;cdota de la biblioteca: en este punto, como en casi todos, <em>Una habitaci&oacute;n propia</em> sigue siendo una obra fundamental, a la que no ha pasado el tiempo, que plantea, en 1929, todas las grandes cuestiones sobre las que hoy seguimos debatiendo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero lo que me interesaba era sacar a la luz una cuesti&oacute;n que Woolf no aborda nunca abiertamente, pero que se lee entre l&iacute;neas de muchos de sus ensayos, y es esta: &iquest;puede un escritor, es decir, un privilegiado, hablar en nombre de quienes no lo son?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Creo que la respuesta que Woolf da a esta pregunta, por m&aacute;s que ello pueda sorprendernos (pues contradice la preeminencia de la imaginaci&oacute;n sobre lo material, la presunta androginia de la mente, y otras muchas de sus afirmaciones), es m&aacute;s bien negativa.&nbsp; Lo manifiesta, no s&oacute;lo impl&iacute;citamente en el tono sard&oacute;nico con que cuenta su incursi&oacute;n en el&nbsp; fichero, sino de forma m&aacute;s abierta en p&aacute;rrafos como este:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Arrojar afuera e incorporar en una persona del sexo opuesto todo lo que echamos de menos en nosotros mismos y deseamos en el universo y detestamos en la humanidad es un profundo y universal instinto por parte tanto de hombres como de mujeres. (&hellip;) Algunas de las m&aacute;s famosas hero&iacute;nas (&hellip;) representan lo que los hombres desean en las mujeres, pero no necesariamente lo que las mujeres son en s&iacute; mismas&rdquo;. Woolf lo ilustra con el personaje de Cordelia, aunque tambi&eacute;n, como ejemplo inverso (novelista mujer, personaje masculino) con el de Rochester, de <em>Jane Eyre</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Est&aacute;, adem&aacute;s, este otro pasaje:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;[El escritor] est&aacute; sentado en una torre que se alza por encima de los dem&aacute;s; una torre construida primero sobre la posici&oacute;n de sus padres, y despu&eacute;s, en el oro de sus padres. Es una torre de la mayor importancia; decide su &aacute;ngulo de visi&oacute;n.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y dirigi&eacute;ndose a un congreso de mujeres obreras, confiesa que por m&aacute;s que ella intente imaginarse qu&eacute; es fregar los platos o preparar la cena para un minero y su familia, el resultado es &ldquo;una imagen falsa y un juego demasiado juego para que valiera la pena jugar a &eacute;l&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero entonces, nos preguntamos: &iquest;no ten&iacute;an raz&oacute;n a fin de cuentas Bennett y los &ldquo;materialistas&rdquo;? Si el &aacute;ngulo de visi&oacute;n del novelista depende de la posici&oacute;n y el oro de sus padres; si un personaje de sexo opuesto al nuestro representar&aacute; nuestras fantas&iacute;as m&aacute;s que la verdad del sexo opuesto; si intentar meterse en la piel de Mrs. Brown es &ldquo;uina imagen falsa y un juego demasiado juego&rdquo;&hellip; &iquest;no debe el novelista conformarse con indicar el alquiler y describir el c&aacute;ncer y el algod&oacute;n estampado? &Iacute;tem m&aacute;s: &iquest;no desmiente Woolf sus propias palabras cuando se sit&uacute;a, en tanto que novelista, en&nbsp; la interioridad de personajes de otro sexo, de otras clases sociales, de otras &eacute;pocas?... Quiz&aacute;, justamente, habr&iacute;a que preguntarse si tales personajes est&aacute;n logrados: por ejemplo Charles, el joven de clase baja disc&iacute;pulo de Mr. Ramsay y admirador de su esposa,&nbsp; en <em>Al faro</em>, est&aacute; tratado por la voz narradora con mucha condescendencia; Septimus Smith, en <em>Mrs. Dalloway</em>, es convincente en tanto que enfermo mental y suicida (algo que Woolf conoc&iacute;a bien), m&aacute;s que como var&oacute;n... Y si en <em>Mrs. Dalloway</em> o <em>Al faro</em> Woolf parece afirmar, con el ejemplo, que es posible meterse en la piel de personajes muy distintos a la persona del novelista, en <em>Orlando</em> da a entender lo contrario: su amable burla parece ir dirigida contra quienes piensan (sean bi&oacute;grafos o novelistas) que cabe conocer a alguien distinto de uno mismo; lo &uacute;nico que puede hacerse, parece decirnos Woolf en ese libro, es inventar, y as&iacute; lo hace ella: habiendo renunciado a la verdad, se complace en la fantas&iacute;a m&aacute;s desbocada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El pensamiento de Virginia Woolf es, en fin, a menudo contradictorio, pero quiz&aacute; por eso mismo es tan fruct&iacute;fero. Gracias a esas contradicciones se ha convertido &ldquo;en una <em>estrella</em> cuya imagen y autoridad son insistentemente utilizadas o desafiadas en debates sobre arte, pol&iacute;tica, g&eacute;nero, el canon, clase, feminismo y moda&rdquo;, como explica Brenda Silver en uno de los ensayos m&aacute;s originales e interesantes publicados (por la University of Chicago Press,&nbsp; en 1999) en el tema que nos ocupa.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 21 Dec 2015 07:02:56 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mi hijo, el poeta]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/mi-hijo-el-poeta/</link>
      <description><![CDATA[<p><img style="float: left;" src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas15/Diciembre/clark_500.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>Mi propio coraz&oacute;n una ciudad con un terrorista</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>atrincherado en el despacho del alcalde </em></p>
<p style="text-align: left;" align="right">Stephen Dunn</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 30px;">Si Padre llega tarde no es porque tenga miedo</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">ni porque arranque al fin la primavera</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">y con ella los coches deshuesados</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">que ponen rumbo al mar.</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">Si Padre llega tarde</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">a la tercera planta, Sala 6,</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">cardiolog&iacute;a,</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">ser&aacute; por un despiste o porque quiere,</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">porque, con todo, es due&ntilde;o &mdash;todav&iacute;a&mdash;</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">de estas peque&ntilde;as cosas que no importan.</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">Y dicen nuestro nombre y me sonr&iacute;e,</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">victorioso y anciano y en sus ojos</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">danza un pirata due&ntilde;o de un secreto.</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">La doctora es m&aacute;s joven que el poeta</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">y el pirata me apunta con la pata</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">de palo y el secreto se posa en su hombro izquierdo:</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">Este es mi hijo, barbulla y ya no quedan</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">mesas libres en ninguna terraza y menudo d&iacute;a</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">para ser otra cosa; millonario</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">con camisa pistacho; <em>surfer</em>, mendigo al sol</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">con los ojos cerrados, sonriendo.</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">Un d&iacute;a para estar en otro sitio.</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">Un d&iacute;a sin tener que hablar de nada.</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">Este es mi hijo, el poeta.</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">Y el secreto aletea en la consulta</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">repitiendo la frase, pose&iacute;do</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">por la ira de las arenas insomnes y por el blanco</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">impoluto de la bata. Mi hijo, repite mi padre</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">y el secreto regresa a su hombro izquierdo</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">y nadie dice nada en la tercera</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">planta, en la sala 6. Cardiolog&iacute;a.</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 11 Dec 2015 11:24:21 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El amanecer cósmico]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-amanecer-cosmico/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2015/Diciembre/cristina500.jpg" alt="" /></p>
<p>Roge naci&oacute; una tibia tarde oto&ntilde;al. No hizo mucho ruido al nacer, no abri&oacute; los ojos hasta pasadas semanas y su respiraci&oacute;n tranquila, a veces, asustaba mucho a sus padres. El d&iacute;a en que naci&oacute; todos los vecinos del pueblo fueron a visitar a la madre exultante y orgullosa. Por fin hab&iacute;a un alumbramiento en el pueblo, hac&iacute;a cinco a&ntilde;os que eso no pasaba. El ni&ntilde;o enrojecido no se movi&oacute; ni un &aacute;pice cuando cada hombre y cada mujer de la villa asomaron su cabeza por encima de su cuna. Tampoco se quej&oacute; cuando las ancianas comprobaron concienzudamente que hubiera cinco dedos en cada mano y en cada pie.</p>
<p>&ldquo;Tendr&aacute; que ir a la escuela&rdquo;, dec&iacute;an los hombres j&oacute;venes. &ldquo;Podr&eacute; jugar al escondite&rdquo;, pens&oacute; sonriente uno de los pocos ni&ntilde;os. &ldquo;Ser&aacute; callado&rdquo;, asegur&oacute; el progenitor. La madre le mir&oacute; con dudas y quiso saber por qu&eacute; su hijo ser&iacute;a callado. &ldquo;Los ni&ntilde;os que nacen en oto&ntilde;o son poco habladores porque les da muy poco la luz. Sin embargo, los ni&ntilde;os que nacen en verano pronto empiezan a parlotear porque durante dos meses los rayos del sol activan cosas que tenemos por dentro&rdquo;, dijo el padre pensativo y la madre asinti&oacute;.</p>
<p>Durante la primera noche, a la madre le cost&oacute; un mundo dormir. Le dol&iacute;an los bajos y la espalda, pero lo que le quitaba el sue&ntilde;o era el dislate que hab&iacute;a dicho su marido delante de todos. Estaba la due&ntilde;a de la pensi&oacute;n, el labrador de la loma, el m&eacute;dico de la cabeza que era capaz de curar casi todos los males solo con sus palabras, el hijo del general y la nieta del alcalde. Todo el pueblo dir&iacute;a que su esposo era tonto.</p>
<p>Las semanas avanzaban sin sobresaltos. Cuando el padre de Roge se iba al campo a trabajar, la madre lo arrimaba a las ventanas desde bien temprano. A veces incluso abr&iacute;a el tragaluz del sal&oacute;n pobre para que el sol incidiera directamente en el rostro de la criatura. Pero hac&iacute;a mucho fr&iacute;o y lo cerraba pocos minutos despu&eacute;s. Roge casi no abr&iacute;a su boca menuda, solo para mamar. Tampoco lloraba por las noches ni por las ma&ntilde;anas, ni cuando lo lavaban con pa&ntilde;os calientes ni cuando los pa&ntilde;ales de trapo irritaban su suave y d&eacute;bil piel.</p>
<p>Hab&iacute;a mucho silencio en la morada, y la madre ve&iacute;a con tristeza como las palabras que hab&iacute;a dicho su marido empezaban a cobrar sentido. &ldquo;Ser&aacute; callado&rdquo;.</p>
<p>Roge aprendi&oacute; a pedir el pecho con las manos, a pedir cari&ntilde;o con los labios y a indicar que le molestaban los pa&ntilde;ales h&uacute;medos con las piernas. Un d&iacute;a, pasados varios meses desde su nacimiento, abri&oacute; por completo los ojos. Sus esferas cristalinas eran azules y grises, ten&iacute;a las pupilas muy dilatadas y cuando su madre lo miraba quedaba encandilada. A Roge le gustaba observarlo todo, pero no dec&iacute;a nada. Los ojos se le desorbitaban por las noches cuando ve&iacute;a a trav&eacute;s de los cristales las farolas tintineantes del exterior. En la calle sombr&iacute;a se dibujaban aureolas naranjas y amarillas alrededor de los farolillos que colocaron los hombres del pueblo hac&iacute;a ya muchos a&ntilde;os para poder volver achispados de la taberna local sin tropezarse con todo. A Roge le fascinaba m&aacute;s la noche que el d&iacute;a.</p>
<p>&ldquo;Te lo dije. Ser&aacute; un cr&iacute;o callado por nacer en oto&ntilde;o&rdquo;. Y la madre rompi&oacute; a llorar. &ldquo;Dices tonter&iacute;as porque eres tonto y lo sabe todo el pueblo. Tu hijo no es una planta, no es por eso que dices de la luz. El sol est&aacute; all&aacute; arriba y nosotros aqu&iacute; abajo. No tiene nada que ver&rdquo;. Y se sent&oacute; en una esquina del sal&oacute;n cercana a la estufa, y sigui&oacute; llorando hasta que le escocieron los ojos. Las l&aacute;grimas y las mucosidades formaron un charco en el suelo que limpi&oacute; con su propio mandil. Mientras, Roge miraba atento por la ventana porque estaban a punto de encenderse los farolillos de la calle. El padre se acerc&oacute; a &eacute;l, le agarr&oacute; de la cara con fuerza y le grit&oacute;. Cuando el peque&ntilde;o consigui&oacute; desatarse de las nudosas manos del hombre recio, las luces ya se hab&iacute;an encendido y sonri&oacute;.</p>
<p>Cuando Roge tuvo edad de ir a la escuela, en casa hubo grandes discusiones. La madre quer&iacute;a llevar a su primog&eacute;nito al m&eacute;dico de la cabeza para que lo curase, pero el padre se negaba con rotundidad. &ldquo;Si no vale para estudiar tendr&aacute; que venir conmigo al campo a trabajar&rdquo;. Los litigios duraban d&iacute;as enteros. La madre pensaba que estando con otros ni&ntilde;os Roge se arrancar&iacute;a a hablar; el padre le contradec&iacute;a repitiendo una y otra vez que los ni&ntilde;os que nacen en oto&ntilde;o son callados, &ldquo;y este, concretamente, nos ha salido mudo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;Una ma&ntilde;ana, el padre taciturno desayun&oacute; ferozmente, empaquet&oacute; pan y carne en salaz&oacute;n y en el umbral de la puerta avis&oacute; con voz grave, &ldquo;volver&eacute; en unas semanas, nos vamos los hombres del pueblo a hacer madera al otro lado de la monta&ntilde;a roja&rdquo;. Con vehemencia y sin mirar a Roge, cerr&oacute; de un tir&oacute;n brusco la puerta. La madre, que en otra circunstancia hubiera roto a llorar por la forma dram&aacute;tica con la que el hombre de la casa anunciaba sus viajes de trabajo, esta vez sonri&oacute;. Sin pens&aacute;rselo dos veces, agarr&oacute; a su hijo, lo ase&oacute; con el agua helada de la tina y lo visti&oacute; sin orden ni concierto. &ldquo;Tu padre dice paparruchas, porque a &eacute;l s&iacute; que le falta un hervor, pero a ti, hijo m&iacute;o, te vamos a curar&rdquo;. La madre fue a su alcoba, se meti&oacute; debajo del catre y levant&oacute; una madera astillada del mosaico deforme del piso. Meti&oacute; la mano en el hueco y extrajo de las entra&ntilde;as del hogar una bolsita con forma de coraz&oacute;n.</p>
<p>Roge ya ten&iacute;a seis a&ntilde;os pero segu&iacute;a sin hablar. En alguna ocasi&oacute;n su madre hab&iacute;a intentado que otros ni&ntilde;os fuesen a casa para trastear con &eacute;l, pero ninguna madre estaba dispuesta. &ldquo;No es que no me guste ese muchacho, pero no quiero que le pegue el mutismo a mi hijo, ahora que ya le han ense&ntilde;ado a leer en la escuela&rdquo;. El padre de Roge prohibi&oacute; tajantemente de su hijo fuese a la escuela porque no quer&iacute;a que todo el mundo se riera de su familia.</p>
<p>La madre de Roge lo cogi&oacute; de la mano y lo llev&oacute; a ver al m&eacute;dico de la cabeza, curandero del pueblo capaz de sanar todos los males solo con sus palabras. El ni&ntilde;o se sent&oacute; frente al doctor, la madre miraba sonriente a su v&aacute;stago. &ldquo;Quiero que lo cures, quiero que hable, que sea como los dem&aacute;s&rdquo;. La consulta del m&eacute;dico de la cabeza no era blanca. Colores vivos inundaban la estancia angulosa, que apenas ten&iacute;a tres sillas y una mesa llena de restos de hierbas medicinales. En las paredes hab&iacute;a decenas de cuadros, dibujos, colgajos ruidosos, mapas y el busto disecado de un ciervo poco cauto.</p>
<p>El doctor mir&oacute; a la madre desilusionado, de pronto en su rostro se dibujaron ojeras de pena, sombr&iacute;as. Pidi&oacute; a la madre que llevase a Roge a la biblioteca, una sala anexa a la disparatada consulta. &ldquo;No puedo curar a tu hijo porque yo curo con las palabras, y s&eacute; de sobra, porque este pueblo es muy peque&ntilde;o y contagioso, que Roge no puede hablar&rdquo;. La madre no se resign&oacute;, &ldquo;imagino que podr&aacute;s utilizar otro tipo de t&eacute;cnicas, t&eacute;cnicas m&aacute;s especiales para que mi hijo se arranque de una vez. Tengo mucho dinero&rdquo;. Y ense&ntilde;&oacute; al m&eacute;dico de la cabeza su sonora bolsita con forma de coraz&oacute;n. &ldquo;No se trata de dinero. Yo no s&eacute; lo que tiene tu muchacho. Creo que es callado y que no hay que darle m&aacute;s vueltas. Lo mejor ser&aacute; que le ense&ntilde;en un oficio&rdquo;.</p>
<p>La madre, con un cabreo monumental fue a buscar a Roge a la biblioteca, que miraba boquiabierto un libro de planetas. Mientras agarraba a su hijo de la camisa, y este a su vez as&iacute;a con fuerza el libro de la solapa, la madre gritaba un sinf&iacute;n de improperios al m&eacute;dico torticero. &Eacute;ste, avergonzado, solo acert&oacute; a decir &ldquo;se&ntilde;ora, no es mi culpa que usted pariese en tan mala &eacute;poca para el habla. Su marido me avis&oacute; de que vendr&iacute;a en cuanto &eacute;l se fuese a hacer madera. De regalo, que Roge se quede el libro de astronom&iacute;a&rdquo;.</p>
<p>La madre, encendida por las palabras socarronas del m&eacute;dico de pacotilla, arrastr&oacute; al ni&ntilde;o de vuelta a casa bajo la mirada atenta de todos los vecinos, que observaban con l&aacute;stima la mala fortuna del mudito Roge. Una vez en el hogar, la madre se calm&oacute; con infusiones de manzanillas y se sent&oacute; junto a su hijo a mirar el libro que lo ten&iacute;a ensimismado desde que salieron de la consulta. Roge miraba cuidadoso cada p&aacute;gina del libro gordo y colorido. La madre lo cogi&oacute; en su regazo y empez&oacute; a leerlo a viva voz, se olvidaron de merendar y de cenar, estaban enganchados a los planetas y a las estrellas. Juntos se embarcaron en el viaje de la creaci&oacute;n de las constelaciones, orbitaron con la luna y descubrieron que una de sus caras era m&aacute;s t&iacute;mida que la otra. Se asustaron con la materia oscura y los agujeros negros, y rieron con la explosi&oacute;n de las estrellas viejas.</p>
<p>Cuando comenz&oacute; a anochecer, Roge huy&oacute; del regazo de su madre para mirar por la ventana, y ver, una noche m&aacute;s, c&oacute;mo se encend&iacute;an los farolillos de la calle. Contrariado, mir&oacute; a su madre y &eacute;sta se acerc&oacute;. Las lucecillas para los borrachos no funcionaban, el tendido el&eacute;ctrico se hab&iacute;a roto. La noche oscura dibujaba tinieblas de fauces feroces y muchas mujeres del pueblo comenzaron a gritar y a llorar. Algunos ni&ntilde;os aprovecharon el apag&oacute;n para jugar al escondite y para urdir fechor&iacute;as.</p>
<p>La noche siguiente tampoco se encendieron los farolillos, tampoco la siguiente, ni la consecutiva a esta&hellip; Hasta que los hombres no regresasen de hacer madera, el cielo cubrir&iacute;a de negro las noches del pueblo perdido. Roge estaba triste y taciturno. Por las ma&ntilde;anas y por las tardes no se separaba de su nuevo libro, pero cuando anochec&iacute;a y se arrimaba a la ventana para ver el encendido que no llegaba, las l&aacute;grimas se le acumulaban en sus cuencas oculares y romp&iacute;a a llorar.</p>
<p>Una ma&ntilde;ana luminosa, pasadas ya varias semanas desde que los hombres bastos se marcharan a derribar &aacute;rboles, apareci&oacute; el padre en la casa exigiendo comida y bebida en la mesa. La madre, que no esperaba otro saludo, hizo carne y pan para el esposo peludo y mugriento. &ldquo;Ya me han dicho que se ha roto el alumbrado y que hab&eacute;is tenido miedo por aqu&iacute;. Pero tranquila mujer, que esta tarde lo arreglaremos todo, y &iquest;qu&eacute; es ese libro que mira el cr&iacute;o?&rdquo; La madre no contest&oacute; y el marido dej&oacute; de hablar para engullir la comida caliente.</p>
<p>Despu&eacute;s de comer todos los hombres se reunieron en la plaza para examinar los cables y las bombillas. Nadie se electrocut&oacute;. Pocas horas despu&eacute;s la luminaria estaba arreglada. El padre volvi&oacute; a casa, se acerc&oacute; a su hijo y le dijo, &ldquo;Roge, tranquilo, que esta noche podr&aacute;s ver tus lucecitas otra vez&rdquo;, el ni&ntilde;o no levant&oacute; la vista de su libro, miraba unas p&aacute;ginas brillantes llenas de esferas ardientes. &ldquo;Ya ni me mira. No es que sea mudo, es que te sali&oacute; tonto&rdquo;, le dijo a la mujer entre risotadas.</p>
<p>La tarde llegaba a su fin, todas las familias del pueblo se dispon&iacute;an a ver el encendido del pobre alumbrado. Roge, acompa&ntilde;ado de sus padres, sali&oacute; a la plaza atestada de curiosos que quer&iacute;an comprobar que los farolillos funcionasen. Roge ten&iacute;a los ojos vivos y sedientos de luz, miraba hacia arriba, casi hacia el cielo, ansioso de ver lucir las tristes bombillas que lo hab&iacute;an abandonado hac&iacute;a unas semanas. Y por fin lucieron. La gente empez&oacute; a aplaudir y a gritar, Roge dio saltos de alegr&iacute;a, sus lucecitas hab&iacute;an vuelto, y en medio de la algarab&iacute;a se oy&oacute; una voz infantil desconocida, &ldquo;&iexcl;Esto ha sido como en el amanecer c&oacute;smico! &iexcl;Es el amanecer c&oacute;smico! &iexcl;Es el amanecer c&oacute;smico, mam&aacute;!&rdquo;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 04 Dec 2015 11:40:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Manuel Borrás: "Hemos desvirtuado la naturaleza lenta de la literatura"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/manuel-borras-hemos-desvirtuado-la-naturaleza-lenta-de-la-literatura/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2015/borras500.jpg" alt="" /></p>
<p>El d&iacute;a que tuvo lugar esta entrevista Manuel Borr&aacute;s, uno de los art&iacute;fices de la editorial Pre-Textos, hab&iacute;a llegado de Nueva York a Valencia y all&iacute; hab&iacute;a cogido otro avi&oacute;n rumbo a Madrid para participar en un taller de edici&oacute;n en La Casa Encendida. No es infrecuente este tipo de combinaciones en la agenda de este editor viajero, que, lejos de la imagen del profesional leyendo tranquilamente, desconectado del mundo, escondido tras una pila de manuscritos &ndash;imagen, por otra parte, ya antigua porque la tecnolog&iacute;a, las circunstancias, el ritmo veloz de los tiempos que vivimos, lo han modificado todo&ndash; ha montado su oficina en los aeropuertos, a bordo de aviones que le conducen all&iacute; donde est&aacute; el mercado potencial de sus libros.</p>
<p class="normal">Ya de ni&ntilde;o, cuando descubri&oacute; a Rub&eacute;n Dar&iacute;o y quiso saber en qu&eacute; lugar del mapa estaba Nicaragua, la tierra del poeta, Borr&aacute;s realiz&oacute; un primer viaje imaginario, traz&oacute; un puente invisible, con ese territorio inmenso, diverso, con el que compartimos la misma lengua. Visto con perspectiva, &eacute;l interpreta ese dato en su biograf&iacute;a, como un adelanto, como una se&ntilde;al de lo que iba a ser la ruta futura. Es f&aacute;cil convencerse de ello mientras se le escucha hablar de Latinoam&eacute;rica como una segunda casa, de la experiencia de ser considerado como un igual en pa&iacute;ses como Colombia, Venezuela, Argentina o Per&uacute;, cuyas literaturas Pre-Textos ha contribuido a difundir mucho antes de que la crisis econ&oacute;mica obligase a mover ficha, a probar suerte en la otra orilla.</p>
<p class="normal">El d&iacute;a que tuvo lugar esta entrevista, durante el taller de edici&oacute;n, contaba Borr&aacute;s a los alumnos que la seducci&oacute;n es parte importante de la labor de pedagog&iacute;a que debe ejercer el editor. &ldquo;Un seductor&rdquo;, les dec&iacute;a, &ldquo;es quien crea estados de perplejidad en los otros para despertar su inter&eacute;s&rdquo;. Contaba que siempre ha editado aquello que no ha sido capaz de olvidar y pon&iacute;a de manifiesto su convencimiento de que, por obligaci&oacute;n moral, a los autores en los que se cree hay que apoyarlos a&uacute;n en su propio fracaso. Representante de esa especie cada vez m&aacute;s rara y escasa del editor literario, para el que la calidad de sus elecciones, de su cat&aacute;logo, sigue siendo lo primero; ejemplo a seguir por los nuevos impulsores de sellos independientes, si algo caracteriza a este hombre inquieto es el entusiasmo y las ganas de seguir apostando por aquello en lo que cree.</p>
<p class="normal">Son ya casi 40 a&ntilde;os, 40 a&ntilde;os de traves&iacute;a junto a Manuel Ram&iacute;rez y Silvia Pratdesaba, el tr&iacute;o de los Pre-Textos. Lejos queda ya aquel 1976 en que la editorial inici&oacute; su andadura desde Valencia y, sin embargo, la pasi&oacute;n por editar sigue intacta. &ldquo;Ya tocar&iacute;a parar un poco, pero los tiempos han venido mal dados y hay que seguir en la primera l&iacute;nea de batalla&rdquo;, se&ntilde;alaba Borr&aacute;s. &ldquo;La verdad es que todos estos a&ntilde;os se me han pasado volando porque los he disfrutado y puedo decir que no me arrepiento de nada de lo que hemos hecho, porque incluso esos libros que han pasado sin pena ni gloria, de los que apenas hemos vendido un pu&ntilde;ado de ejemplares, nos siguen pareciendo buenos&rdquo;, me aseguraba mientras, ya sentados frente a frente, en el inicio de la conversaci&oacute;n, se dispon&iacute;a a mirar hacia atr&aacute;s, hacia los comienzos.</p>
<p class="normal">- Vuestro caso es muy especial. Normalmente detr&aacute;s de un sello destaca el nombre de un editor, pero vosotros sois tres desde el principio, tres muy bien avenidos. Se trata de una relaci&oacute;n personal y profesional que arranca de muy atr&aacute;s y se mantiene imperturbable con el paso del tiempo.</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Manolo y yo fuimos al Colegio alem&aacute;n de Valencia y all&iacute; nos hicimos amigos a partir de los 14 a&ntilde;os. Ten&iacute;amos las mismas afinidades. Compart&iacute;amos e intercambi&aacute;bamos experiencias de lectura. A Silvia la conocimos cuando a&uacute;n estaba en el instituto y nosotros ya hab&iacute;amos entrado en la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras. Era tambi&eacute;n una chica muy lectora y poco despu&eacute;s empez&oacute; a hacer filolog&iacute;a italiana. Silvia fue la &uacute;nica que no termin&oacute; su carrera porque la editorial se hizo realidad y comenz&oacute; a trabajar en ella desde un principio.</p>
<p class="normal">- Repasando el recorrido de Pre-Textos veo que en su origen, mejor en sus antecedentes, hay un hecho doloroso, el suicidio de un amigo, que fue muy importante para vosotros.</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Volvemos a la Facultad de Filosof&iacute;a y Letras de Valencia. Manolo Ram&iacute;rez y yo ten&iacute;amos 17 a&ntilde;os y conocimos en el bar de la universidad a un chico mayor que se fij&oacute; en nosotros porque le&iacute;amos, entre otros, a Georges Bataille. Se llamaba Eduardo Herv&aacute;s, escrib&iacute;a y estaba d&aacute;ndole vueltas a un proyecto editorial muy modesto para publicar lo que hac&iacute;an sus amigos. Enseguida nos propuso colaborar y fue &eacute;l quien nos inocul&oacute; el primer veneno de la pasi&oacute;n por la letra impresa. La editorial no lleg&oacute; a crearse porque, desgraciadamente, Eduardo se suicid&oacute;. Fue una experiencia muy dolorosa, muy impactante para nosotros, que nos quedamos como hu&eacute;rfanos en todos los sentidos. La ilusi&oacute;n se hab&iacute;a roto y en el segundo curso, ya nos hab&iacute;amos dado cuenta de que aquellos estudios nos serv&iacute;an de muy poco. Los momentos hist&oacute;ricos que viv&iacute;amos, el exceso de pol&iacute;tica, lo marcaba todo. No hab&iacute;a lugar para la cultura y lleg&oacute; un momento en que decid&iacute; tirar la toalla. Fue mi padre, un hombre sensible, que era para m&iacute; como un padre-abuelo, ya que me llevaba 50 a&ntilde;os, quien me convenci&oacute; de seguir adelante con los estudios para demostrarme que era capaz, que los acontecimientos no eran m&aacute;s fuertes que yo. Y fue tambi&eacute;n &eacute;l quien nos anim&oacute; a continuar con el plan paralelo de la editorial, porque nunca nos hab&iacute;a visto tan entusiasmados y porque era el mejor modo de perpetuar la memoria de nuestro amigo. Sus argumentos fueron decisivos. Recuerdo que al escucharlos se me encendieron las luces. &Eacute;l nos impuls&oacute; a emprender el camino y tambi&eacute;n nos prest&oacute; su apoyo econ&oacute;mico.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;La cultura sirve para sobrevivir&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Eso s&iacute; que es algo inusual, tanto en esos tiempos como ahora.</p>
<p class="normal">-&nbsp; S&iacute;. Siempre nos hemos considerado afortunados porque nuestras familias nos apoyaron much&iacute;simo, sin que en ninguna de las tres, ni en la de Manuel Ram&iacute;rez, ni en la de Silvia, ni en la m&iacute;a, hubiera un antecedente de editores o de escritores. La &uacute;nica coincidencia es que nuestros padres eran muy lectores y que nosotros nos hicimos adictos a la lectura porque seguimos su ejemplo. En mi caso concreto, hay dos mujeres, dos seductoras maravillosas, que me condenaron a ser lector. Una fue mi madre, que me transmiti&oacute; el gusto por la literatura escrita, y la otra se llamaba Eugenia y era una cocinera extreme&ntilde;a que trabajaba en mi casa. Le perd&iacute; el rastro a los 12 o 13 a&ntilde;os, pero nunca olvidar&eacute; las historias que contaba. Nadie lo hac&iacute;a mejor que ella y yo la adoraba. Siempre digo que tuve el privilegio de que la literatura llegase a m&iacute; por las dos v&iacute;as naturales: la v&iacute;a oral, la de Eugenia, y la v&iacute;a escrita, que era la de mi madre. Siempre digo tambi&eacute;n que tuve la grand&iacute;sima suerte de nacer en el seno de una familia con una biblioteca, que parece una perogrullada, pero que es algo excepcional porque en mi infancia no era habitual que en las casas hubiera libros. En eso, por desgracia, las cosas no han cambiado tanto. En una encuesta reciente un gran porcentaje de espa&ntilde;oles reconoce que no han tenido un solo libro en las manos en toda su vida, a excepci&oacute;n de los de texto. El dato es como para reflexionar muy seriamente y considerar que este pa&iacute;s est&aacute; enfermo. No creo que la cultura sea la supervivencia por antonomasia, pero es indudable que sirve para sobrevivir, que en ese sentido nos puede resultar muy &uacute;til.</p>
<p class="normal">- Volviendo a Pre-Textos. &iquest;Cu&aacute;l fue la filosof&iacute;a de sus inicios, esas ideas que se han mantenido inalterables a lo largo del tiempo?</p>
<p class="normal">- Podemos decir que las ideas fundadoras se han mantenido y se han ampliado con el discurrir de los a&ntilde;os. Nuestra intenci&oacute;n inicial era la recuperaci&oacute;n de la memoria del exilio espa&ntilde;ol republicano, algo que consider&aacute;bamos esencial. Los tres pertenec&iacute;amos a familias del bando ganador entre comillas. Mi padre era un se&ntilde;or de derechas, un liberal mon&aacute;rquico que jam&aacute;s comulg&oacute; con Franco. El padre de Manuel Ram&iacute;rez era un hombre de centro-izquierda, que podr&iacute;amos situar hoy en el espectro del socialismo de verdad, y la madre de Silvia &ndash;su padre muri&oacute; cuando era muy peque&ntilde;a&ndash; tambi&eacute;n pertenec&iacute;a a una familia de los hipot&eacute;ticos vencedores de la Guerra Civil. Nosotros crecimos con la sensaci&oacute;n de que nos faltaba esa otra parte de Espa&ntilde;a. Hab&iacute;a tal desconocimiento de ese gran venero de nuestra cultura, esparcido por el mundo, que clamaba al cielo, y si alg&uacute;n sentido ten&iacute;a la editorial era contribuir a recuperarlo. Esa pretensi&oacute;n nos marc&oacute; desde el principio, desde los a&ntilde;os previos a la fundaci&oacute;n de Pre-Textos, y, tambi&eacute;n estuvo siempre, aunque con una intensidad menor, el esp&iacute;ritu americanista. En mi caso, esa vocaci&oacute;n naci&oacute; desde que era muy peque&ntilde;o y descubr&iacute; de la mano de mi madre la poes&iacute;a de Rub&eacute;n Dar&iacute;o. Para m&iacute; fue toda una revelaci&oacute;n. Recuerdo que mientras lo le&iacute;a quise saber m&aacute;s de Nicaragua. No ten&iacute;a ni idea de la ubicaci&oacute;n en el mapa de esa rep&uacute;blica americana y corr&iacute; a preguntarle a mi padre, quien, como siempre, me mand&oacute; a la Espasa. A&uacute;n me veo de ni&ntilde;o, con el peque&ntilde;o dedo recorriendo Centroam&eacute;rica hasta que di con ese m&iacute;nimo puntito que era Nicaragua. Ahora, visto retrospectivamente, ese fue el primer viaje imaginario que hice a Am&eacute;rica Latina. Ah&iacute;, en ese momento, ya fui consciente de la importancia que ten&iacute;a la otra orilla respecto a esta orilla. Para m&iacute; era un misterio y una maravilla que a tantos miles de kil&oacute;metros de distancia se estuviera hablando y pensando en la misma lengua.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Pre-Textos naci&oacute; de una rar&iacute;sima combinaci&oacute;n: de la frustraci&oacute;n y del entusiasmo&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Nacisteis con la Transici&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; recuerdos guardas de ese 1976 en que Adolfo Su&aacute;rez fue nombrado presidente del Gobierno?</p>
<p class="normal">- Pues recuerdo, sobre todo, la vocaci&oacute;n y el entusiasmo que ten&iacute;amos, algo que podemos traer perfectamente a la actualidad, porque no ha cambiado en absoluto. Por parad&oacute;jico que resulte, Pre-Textos naci&oacute; de una rar&iacute;sima combinaci&oacute;n: de la frustraci&oacute;n y del entusiasmo. Empezamos a plantearnos la necesidad de una editorial cuando nos dimos cuenta de que la instituci&oacute;n universitaria no nos iba a ser &uacute;til para nada, de que en vez de enriquecernos, nos vaciaba de conocimientos. Ten&iacute;amos que encontrar un cauce de supervivencia vital que nos permitiera seguir respirando y la aventura que emprendimos fue nuestro pulm&oacute;n. En aquellos momentos empezaba a haber atisbos esperanzadores, pero la normalizaci&oacute;n a&uacute;n era muy precaria, algo que ahora, con la distancia suficiente, podemos corroborar. Yo no voy a negar el valor de la Transici&oacute;n democr&aacute;tica, pero tambi&eacute;n es cierto que se realiz&oacute; de un modo renqueante. Nosotros entonces &eacute;ramos muy j&oacute;venes, pero ten&iacute;amos la vitalidad de esa etapa de la vida que, adem&aacute;s, para bien y para mal, es hipercr&iacute;tica. Ve&iacute;amos que hab&iacute;a fallas en el proceso, que al ser una Transici&oacute;n pactada pod&iacute;a incidir en determinados vicios adquiridos. Hoy sabemos que ciertas claudicaciones fueron necesarias porque much&iacute;simas cosas estaban en peligro, pero en ese momento pens&aacute;bamos que no hab&iacute;a que transigir con nada. Por desgracia, ahora estamos viendo que no todo se hizo bien, somos conscientes de las r&eacute;moras bestiales del proceso.</p>
<p class="normal">- &iquest;Crees que se ha abusado de la lectura en positivo, que se ha tardado demasiado en hacer autocr&iacute;tica?</p>
<p class="normal">-&nbsp; Hoy pienso que los hombres somos falibles y comprendo que se trat&oacute; de hacerlo lo mejor posible dadas las circunstancias. Adolfo Su&aacute;rez fue un hombre que supo, partiendo de donde part&iacute;a, dar una respuesta puntual y coyuntural a un <em>statu quo </em>capaz de reaccionar de una manera tan violenta como le fuera posible. Tenemos muy presente la intentona de golpe de Estado, pero olvidamos que hubo otras muchas estratagemas, conspiraciones, para evitar el tr&aacute;nsito democr&aacute;tico en nuestro pa&iacute;s. Todo eso debe tenerse en cuenta para poder hacer un an&aacute;lisis certero.</p>
<p class="normal">- Aunque antes dec&iacute;as que la pol&iacute;tica lo llen&oacute; todo en los primeros momentos, lo cierto es que la cultura fue ganando terreno. La d&eacute;cada de los 80 fue una etapa dorada en ese sentido. Puede que la hayamos mitificado demasiado.</p>
<p class="normal">- Bueno, yo recuerdo el entusiasmo y la avidez que hab&iacute;a por saber, por conocer, por informarse, la necesidad de acogernos a la cultura. Muchos compa&ntilde;eros de generaci&oacute;n lo est&aacute;n analizando cr&iacute;ticamente desde la distancia. Dicen que entonces &eacute;ramos muy ingenuos y que, en realidad, lo que hubo fue una dispersi&oacute;n absoluta, que nada lleg&oacute; a arraigar. Yo no lo veo as&iacute;. Nosotros, por ejemplo, si hubi&eacute;ramos sido tan dispersos, no habr&iacute;amos sido capaces de mantener en el tiempo un proyecto tan plural como Pre-Textos. Aquellos fueron unos momentos de una gran excitaci&oacute;n, en el mejor sentido de la palabra, y tambi&eacute;n de cierto temor, un cierto temor a que todo se viniera abajo porque era muy fr&aacute;gil, porque hab&iacute;a muchos elementos contrarios a lo que est&aacute;bamos viviendo. Eran frecuentes las amenazas, que nosotros vivimos, de grupos de extrema derecha. Muchas librer&iacute;as, como la Alberti en Madrid, fueron quemadas simplemente por tener libros que esos grupos consideraban irreverentes o comunistas. Aquella era una Espa&ntilde;a que, por fortuna, se ha atenuado mucho, pero que, en cierto modo, sigue ah&iacute;, latente. No acabamos de salir de la Espa&ntilde;a sempiterna del nepotismo, el amiguismo, el corporativismo. Las ra&iacute;ces est&aacute;n ah&iacute; y son unas ra&iacute;ces muy profundas. Ya es hora de que nos propongamos finiquitar todo eso.</p>
<p class="normal">- Siempre hab&eacute;is mostrado vuestro agradecimiento a la generaci&oacute;n de editores que os precedieron, que fueron abriendo el camino...</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Yo siempre hablo de los hermanos mayores, de referentes como Esther Tusquets, Beatriz de Moura o Jorge Herralde, que acaba de cumplir los 80 y sigue al tim&oacute;n de Anagrama. No es que quisi&eacute;ramos emularles porque part&iacute;amos de unos planteamientos totalmente distintos, pero no podemos dejar de reconocer que si nos atrevimos a hacer determinadas cosas fue porque nuestros hermanos mayores tomaron la delantera. Por eso siempre hemos dicho que somos sus deudores y siempre les hemos mostrado nuestro agradecimiento, as&iacute; como a los impulsores de los sellos de poes&iacute;a que nos precedieron, tanto a Visor como a Hiperi&oacute;n.</p>
<p class="normal">- Tambi&eacute;n estaba Carlos Barral...</p>
<p class="normal">- S&iacute;, pero a Carlos Barral lo sit&uacute;o en una generaci&oacute;n anterior y lo considero m&aacute;s un autor que un editor, sin restar importancia a esa labor gracias a la que nos descubri&oacute; cosas maravillosas a toda una generaci&oacute;n de espa&ntilde;oles. Habr&iacute;a que establecer una l&iacute;nea divisoria entre el editor-autor y el editor-editor. Yo no puedo dejar de valorar las importantes aportaciones de los primeros, caso de Pavese y de tantos otros, al territorio de la edici&oacute;n, pero creo que cuando un editor es autor, por regla general, est&aacute; algo m&aacute;s prejuiciado, mientras que el editor que no est&aacute; sujeto a su propia obra es m&aacute;s libre, no es tan prisionero de una est&eacute;tica determinada. Eso no quiere decir que los editores no tengamos nuestras preferencias. Yo confieso que las tengo, pero tambi&eacute;n s&eacute; que debo estar muy atento a la polifon&iacute;a de la &eacute;poca en la que vivo, sentirme como una esponja e intentar seleccionar lo mejor de las distintas tendencias, casas o escuelas para conformar el cat&aacute;logo que ha de llegar a los lectores.</p>
<p class="normal">- &iquest;Qu&eacute; cosas buenas ten&iacute;a la edici&oacute;n cuando Pre-Textos se lanz&oacute; al ruedo? &iquest;Qu&eacute; se ha perdido y qu&eacute; se ha ganado por el camino?</p>
<p class="normal">- Pues, entre lo bueno de aquella primera etapa, estaba el riesgo, el riesgo de apostar por autores o por traducciones que se desconoc&iacute;an totalmente en el panorama espa&ntilde;ol. Puede decirse que hab&iacute;a m&aacute;s avidez, pero tambi&eacute;n creo, francamente, que precisamente por eso, por la avidez, por la velocidad, por estar en el mercado, se pod&iacute;an cometer m&aacute;s errores. La edici&oacute;n en Espa&ntilde;a ha ganado mucho y ahora tenemos el ejemplo de los m&aacute;s j&oacute;venes editores independientes, editores&nbsp; cuidadosos, que tienen la firme intenci&oacute;n de crear un cat&aacute;logo y que, de alg&uacute;n modo, est&aacute;n planteando un cambio de paradigma. Puede que determinados medios no se den cuenta de ello, pero est&aacute; surgiendo un nuevo p&uacute;blico, lectores j&oacute;venes que sienten una profunda desafecci&oacute;n hacia los suplementos de libros de los peri&oacute;dicos convencionales. El descr&eacute;dito de los mismos va en aumento por su servidumbre y su parcialidad. Siempre hay una industria editora detr&aacute;s y, digan lo que digan, esos intereses priman. Por otro lado, las cr&iacute;ticas que se hacen son intercambiables. Se habla de los mismos se&ntilde;ores con similares elogios. Hay una magnificaci&oacute;n del criterio &uacute;nico. No cabe la disidencia. No hay lugar para la diversidad, para el descubrimiento de otras cosas. Est&aacute; claro, por ejemplo, que Javier Mar&iacute;as es bueno, pero si solo hablamos de Javier Mar&iacute;as estamos haciendo un flaco favor a nuestra cultura. Y hoy, insisto, hay gente joven que lee, que lee con criterio y que da la espalda al criterio &uacute;nico que se quiere imponer. A todo eso, adem&aacute;s, hay que sumar algo terrible en este pa&iacute;s que es el amiguismo. Aqu&iacute; se confunde amistad con amiguismo, cuando la amistad lo que te impone es lealtad y la lealtad conlleva, por dolorosa que sea, la sinceridad. Yo a un amigo, por muy amigo que sea, si ha escrito un mal libro de poemas o una mala novela, tengo que dec&iacute;rselo. Y tendr&eacute; que aplicarle el criterio de selecci&oacute;n que aplico a cualquier otro, pero eso no es lo habitual.</p>
<p class="normal">- &iquest;Y la banalizaci&oacute;n de la edici&oacute;n, el imperio de los best-sellers?</p>
<p class="normal">- Bueno, la trivializaci&oacute;n, el best-seller, se daba tambi&eacute;n en los a&ntilde;os en los que nacimos como editorial. Lo que es indudable es que ahora se ha impuesto una l&oacute;gica industrial a la raz&oacute;n literaria o cultural. Nosotros, por ejemplo, jam&aacute;s hemos colocado en un libro una banda diciendo los miles de ejemplares que se han vendido porque nos parece que eso va en dem&eacute;rito del lector. Creer que el lector se va a decidir a comprar un libro simplemente porque ha habido 35.000 que le han precedido, es considerarlo tonto, torpe. El n&uacute;mero de ejemplares vendidos es un dato interesante, pero no el &uacute;nico. Y, por otro lado, tambi&eacute;n debemos tener en cuenta que no todos los best-sellers son malos. Hay buenos libros que venden mucho y eso es algo que debemos celebrar. Yo, a veces, cuando me dirijo a los editores industriales lo que les digo es que me llama mucho la atenci&oacute;n que utilicen todas sus energ&iacute;as y todo su esfuerzo, econ&oacute;mico incluso, en vender malos productos, cuando podr&iacute;an utilizar todo eso para vender productos de calidad. Vuelvo a lo de antes: En estos momentos en que se est&aacute; santificando la banalizaci&oacute;n, la superficialidad, lo trivial, se considera que la gente es tonta y quiz&aacute; la gente lo que espera es que se le de algo realmente de inter&eacute;s y mientras permanece hibernada, una hibernaci&oacute;n que, por otra parte, a los poderes les viene fenomenal porque pueblo poco le&iacute;do, pueblo ensimismado, pueblo dominado.</p>
<p class="normal">- Las estad&iacute;sticas nos alarman con datos sobre los bajos &iacute;ndices de lectura, pero, sin embargo, las editoriales independientes viven un momento de florecimiento. &iquest;C&oacute;mo se explica esto?</p>
<p class="normal">-&nbsp; Si damos por v&aacute;lido que un 30% de los espa&ntilde;oles son los &uacute;nicos que habitualmente tocan un libro, me parece un poco desaforado que haya tant&iacute;simas editoriales para tan poco pastel a repartir. Como dec&iacute;a antes, el surgimiento de j&oacute;venes editores es muy positivo. Nosotros no les vemos como competencia, sino que nos sentimos muy bien acompa&ntilde;ados por ellos. Lo que pasa es que, lamentablemente, todos estos nuevos sellos cuando vayan creciendo se van a encontrar con problemas muy serios de supervivencia. Hoy, m&aacute;s o menos pueden, como hicimos nosotros en nuestra &eacute;poca, crecer poco, tratar de ser un grupo restringido de gente, no multiplicar las servidumbres internas como elementos de supervivencia, pero cuando se alcanza un cat&aacute;logo de m&aacute;s de 500 t&iacute;tulos, la cosa se complica, porque, &iquest;d&oacute;nde se mete todo eso con un espacio lector tan precario? Ojal&aacute; en estos a&ntilde;os &ndash;cinco, diez, quince&ndash; las circunstancias var&iacute;en y se dinamice un poco la cultura. Ah&iacute; todos tenemos mucha responsabilidad: los editores, los libreros, los cr&iacute;ticos, los periodistas culturales y el p&uacute;blico. El p&uacute;blico lector tiene que manifestarse, porque detr&aacute;s de cada lector se esconde un cr&iacute;tico honesto. Son los lectores los que tienen que decir: Ya est&aacute; bien. No puede ser que haya suplementos literarios que s&oacute;lo favorecen a unos cuantos. No puede ser que sean unos se&ntilde;ores, gestores, due&ntilde;os de medios que no sienten el m&aacute;s m&iacute;nimo aprecio por los libros, los que marquen el criterio desde sus posiciones de poder. Estoy harto de escuchar a los responsables de esos suplementos decir que ellos no hacen m&aacute;s que cumplir &oacute;rdenes. Se tiene que imponer un poco de &eacute;tica.</p>
<p class="normal">- Si tuvieras que destacar tres o cuatro momentos importantes en la historia de Pre-Textos. &iquest;Cu&aacute;les ser&iacute;an?</p>
<p class="normal">- En la primera etapa fue muy importante que un personaje como Juan Larrea confiase en un proyecto que llevaban unos jovencitos entusiastas en Espa&ntilde;a. &Eacute;l fue el &uacute;nico, dentro de esa estela de la di&aacute;spora republicana del exilio espa&ntilde;ol, que confi&oacute; sin condiciones en nosotros. Otros como Jorge Guill&eacute;n, Mar&iacute;a Zambrano, Julio Caro Baroja (que no estaba en el exilio, pero s&iacute; pertenec&iacute;a al exilio interior, que tambi&eacute;n quer&iacute;amos reivindicar) nos animaron y nos dijeron que el proyecto les parec&iacute;a estupendo, pero que nos dar&iacute;an con mucho gusto un libro cuando tuvi&eacute;semos un cat&aacute;logo. Pero, &iquest;como &iacute;bamos a construir ese cat&aacute;logo si ellos no nos confiaban sus obras?, les respond&iacute;amos. Juan Larrea, sin embargo, lo vio claro. Se puso en nuestras manos con una generosidad extrema, desde el principio hasta el final, y eso para nosotros fue un gran acicate. M&aacute;s adelante, cinco o seis a&ntilde;os despu&eacute;s de la apertura de la editorial, se cruz&oacute; en nuestro camino el Premio Nobel a El&iacute;as Canetti. Nosotros est&aacute;bamos ya casi a punto de tirar la toalla porque ve&iacute;amos que segu&iacute;amos dependiendo del apoyo econ&oacute;mico de nuestras familias respectivas y que no encontr&aacute;bamos la forma de consolidar un espacio autosuficiente. Adem&aacute;s, hab&iacute;amos sufrido una serie de contratiempos. La distribuidora que nos llevaba fracas&oacute; y nos dej&oacute; colgados con un d&eacute;bito importante, sin poder recuperar tampoco parte del fondo. En esa situaci&oacute;n, ya muy cansados, le concedieron el Premio Nobel a Canetti, justo cuando est&aacute;bamos en el proceso de imprimir su libro <em>Las voces de Marrakech</em>. Fue para nosotros la constataci&oacute;n de que no est&aacute;bamos equivocados. Ven&iacute;a a refrendar un trabajo y nos daba fuerzas para seguir adelante.</p>
<p class="normal">- Tu encuentro con El&iacute;as Canetti fue bastante novelesco...</p>
<p class="normal">-&nbsp; S&iacute;. Es una historia muy curiosa. A Canetti tuve la oportunidad de conocerlo por azar, antes del surgimiento de la editorial, cuando yo a&uacute;n no hab&iacute;a cumplido 19 a&ntilde;os y estaba realizando un trabajo sobre la relaci&oacute;n entre Wittgenstein, su editor Ludwig von Ficker y el poeta Georg Trakl en el departamento de german&iacute;stica de la Universidad de Innsbruck.</p>
<p class="normal">Estaba hurgando en los archivos de la revista &ldquo;Brenner&rdquo; cuando se me acerc&oacute; un se&ntilde;or mayor. Me pregunt&oacute; qu&eacute; es lo que estaba haciendo y me anim&oacute; a seguir con ello. Habl&oacute; conmigo durante unos cinco minutos y cuando se hab&iacute;a ido le pregunt&eacute; al jefe del departamento qui&eacute;n era. &ldquo;&iquest;No lo conoces? T&uacute; que tanto inter&eacute;s tienes en la cultura centroeuropea debes saber que este se&ntilde;or es el &uacute;nico descendiente de Karl Kraus que est&aacute; todav&iacute;a vivo&rdquo;. Yo no sab&iacute;a nada de &eacute;l. Me qued&eacute; muy impresionado y esa noche, en casa de un amigo arquitecto de mi familia, donde me invitaron a cenar, les cont&eacute; el encuentro. Conmovidos me hablaron de la importancia de Canetti y me sacaron de la biblioteca un librito suyo, <em>Las voces de Marrakech</em>, para que lo leyese. Esa misma noche devor&eacute; el libro y pens&eacute; que si alg&uacute;n d&iacute;a me convert&iacute;a en editor publicar&iacute;a gustoso ese libro. El deseo se cumpli&oacute;. Cuando fui editor publiqu&eacute; el libro y de hecho ese libro nos salv&oacute; la vida. Siempre he pensado que ojal&aacute; Canetti hubiera sabido que en ese momento en el que salud&oacute; a ese joven curioso, en cierto modo, tambi&eacute;n estaba salv&aacute;ndole la vida.</p>
<p class="normal">[en un texto, sobre ese hecho crucial en su biograf&iacute;a, Manuel Borr&aacute;s describe la impresi&oacute;n que le produjo el escritor alem&aacute;n, de origen sefard&iacute;, su aspecto imponente y severo. &ldquo;<em>No se me antoj&oacute; a bote pronto muy alto, aunque dada mi escala todos a mi lado me parecen gigantes. M&aacute;s bien lo recuerdo como un hombre robusto, de gran cabeza, con cabello abundante, hirsuto y cano. Con un bigote poblado y tupido a lo Nietzsche, que le cubr&iacute;a muy densamente el labio superior, y tocado con unas gafas de ancha montura de concha oscura..</em>.&rdquo;, ha escrito, recordando que el autor de <em>La conciencia de las palabras </em>le dijo que por sus venas corr&iacute;a sangre espa&ntilde;ola y que su apellido ven&iacute;a del top&oacute;nimo espa&ntilde;ol Ca&ntilde;ete...]</p>
<p class="normal">- &iquest;Alg&uacute;n otro momento destacable?</p>
<p class="normal">&nbsp;- No puedo dejar de citar la amistad con personas como Jos&eacute; Antonio Mu&ntilde;oz Rojas, que me falta todos los d&iacute;as, y, por supuesto, con Ram&oacute;n Gaya, aparte de un amigo, un maestro. Puedo decir que no fui el mismo despu&eacute;s de conocerlo. Me influy&oacute; much&iacute;simo en la manera de ver el mundo. Me marc&oacute; el camino para fijar jerarqu&iacute;as de verdad, el esp&iacute;ritu cr&iacute;tico, el saber distinguir lo esencial de lo accesorio, sobre todo en materia est&eacute;tica, tanto en literatura como en artes visuales. Yo viv&iacute;a entonces en una especie de caos amable y fue &eacute;l, de una forma did&aacute;ctica, quien me llev&oacute; a distinguir el grano de la paja; a ver, por ejemplo, que no es lo mismo un Vel&aacute;zquez que un Matisse (esas excelencias que hay en Vel&aacute;zquez y que Matisse ni siquiera hab&iacute;a contemplado). A Gaya lo conoc&iacute; tambi&eacute;n por casualidad. Recuerdo que le&iacute; una entrevista con &eacute;l que me dej&oacute; absolutamente deslumbrado, sobre todo por la claridad y contundencia con la que se refer&iacute;a a una verdad que quiz&aacute; nosotros no nos plante&aacute;bamos ni siquiera acometer por el temor a ser acusados de reaccionarios. En su opini&oacute;n, viv&iacute;amos insertos en una gran mentira global que d&aacute;bamos todos por consensuada, cuando hab&iacute;a que distinguir, asumir que no todo era v&aacute;lido y que, tambi&eacute;n dentro de lo v&aacute;lido, dentro de la excelencia, hab&iacute;a categor&iacute;as. Todo eso era aplicable al mundo de las artes, de la vida, de la literatura. Esa primera impresi&oacute;n que me produjeron sus palabras se acentu&oacute; cuando empec&eacute; a tratarlo y adquir&iacute; una conciencia de la realidad muy distinta a la que hab&iacute;a tenido hasta entonces. Aprend&iacute; a aceptar la realidad con su criterio rectificador, un criterio que nos ayuda a sobrellevar las leyes que &eacute;sta impone, su faceta totalmente violenta y cruel. Pero para eso hay que saber aceptar, o&iacute;r, reaccionar. Ahora, por ejemplo, estamos hablando de que la pobreza en nuestro pa&iacute;s aumenta, pero lo tomamos como un dato estad&iacute;stico y permanecemos impasibles. Pero tenemos que reaccionar contra eso. No podemos permitir que la gente sea m&aacute;s pobre. Eso no se puede aceptar en una sociedad avanzada, en una sociedad que se dice heredera de unos valores democr&aacute;ticos, incluso cristianos. Ram&oacute;n Gaya dec&iacute;a, entre otras cosas, que Dios est&aacute; en todos lados, menos en las iglesias. Cu&aacute;nta raz&oacute;n ten&iacute;a... Por fortuna hoy se est&aacute; reaccionando a trav&eacute;s de las movilizaciones sociales. Pero el gran problema de nuestras sociedades es que hemos perdido la conciencia de la proximidad; del pr&oacute;ximo, del pr&oacute;jimo. Lo que yo vengo viendo desde hace bastantes lustros es la indiferencia ante el sufrimiento de los dem&aacute;s, ante la ca&iacute;da de los dem&aacute;s. Este es un pa&iacute;s que celebra muchas veces la desgracia ajena y se encela contra los &eacute;xitos. Puede que suceda en otros lugares. No lo s&eacute;. Pero aqu&iacute; es muy notorio. Gaya me ense&ntilde;&oacute; a no ser indiferente. Todo lo que dec&iacute;a lo hab&iacute;a encarnado en su propia vida. Fue un hombre muy consecuente en todas las etapas de su trayecto.</p>
<p class="normal">- &iquest;Qu&eacute; es lo m&aacute;s placentero, lo que m&aacute;s te sigue gustando del trabajo de editor?</p>
<p class="normal">- A m&iacute; no hay nada que me satisfaga m&aacute;s que el descubrimiento de nuevas voces, de autores o autoras de los que previamente no supiera nada. Me encanta ese momento en que te mandan un libro para someterlo a juicio y de pronto ves que hay una obra estupenda. No se trata de descubrir a un escritor en t&eacute;rminos absolutos, a la primera, pero s&iacute; de encontrar alg&uacute;n tipo de deslumbramiento, un fogonazo, un estilo... Hay que tener en cuenta que la naturaleza de la literatura es lenta, algo que tambi&eacute;n se ha desvirtuado en un presente en el que queremos la velocidad y creemos que va a surgir un genio cada dos por tres. Eso no es as&iacute;. En Pre-Textos siempre hemos apoyado a los noveles, j&oacute;venes y no tan j&oacute;venes. Lo que realmente justifica a un editor es poner su yo en crisis apostando por valores no consensuados previamente. Lo que da sentido a nuestra labor es hacer posible que aquello que era desconocido tenga visibilidad. Es muy gratificante apostar por un autor y seguir acompa&ntilde;&aacute;ndolo en el camino, aunque te puedas sentir solo. Nos ha pasado muchas veces que nadie cree en una obra hasta que obtiene un premio determinado. Entonces te lo quieren quitar de las manos, se disparan las traducciones, pero esa obra era igual de buena antes de obtener el premio y resulta que t&uacute;, editor independiente, la descubriste y cre&iacute;ste en ella. Eso es muy satisfactorio, como el hecho de seguir&nbsp; reeditando libros que publicamos a finales de los 70 y principios de los 80. Es la muestra de que no nos&nbsp; hab&iacute;amos equivocado.</p>
<p class="normal">- &iquest;Alg&uacute;n caso concreto que te apetezca destacar?</p>
<p class="normal">-&nbsp; Hay much&iacute;simos casos. Est&aacute;, por ejemplo, el de Andr&eacute;s Trapiello. Aunque &eacute;l no acabe de reconocerlo, yo creo que hay un Andr&eacute;s Trapiello de antes y despu&eacute;s de la publicaci&oacute;n de sus Diarios en Pre-textos. Si hay un consenso actual es que Trapiello es un gran diarista y un gran poeta. Tambi&eacute;n ha dado muy buenas novelas, pero lo que es indiscutible es que su <em>Sal&oacute;n de los pasos perdidos</em> le ha dado un prestigio que no ten&iacute;a antes, diga lo que diga o aunque me contradiga. Y est&aacute; el caso de Juan Bonilla, al que descubrimos con <em>El que apaga la luz</em> y al que despu&eacute;s se llevaron a golpe de talonario. A Bonilla no lo malograron porque es un animal literario, de un talento extraordinario; en mi opini&oacute;n uno de nuestros autores con mayor futuro en el campo de la narrativa. Pero es muy peligroso imponer que se publiquen los libros precipitadamente, en el plazo m&aacute;s corto posible. Y, por seguir citando otros descubrimientos, tenemos, ya en el campo del pensamiento, a Jos&eacute; Luis Pardo, a Giorgio Agamben o a Javier Gom&aacute;, de quien publicamos los dos primeros t&iacute;tulos de su tetralog&iacute;a de la ejemplaridad (<em>Imitaci&oacute;n y experiencia</em> y <em>Aquiles en el gineceo)</em>.</p>
<p class="normal">- &iquest;Duele que te arrebaten a un autor al que has descubierto, por el que has apostado, a lo mejor cuando ning&uacute;n otro era capaz de apreciarlo?</p>
<p class="normal">-&nbsp; Duele. A m&iacute; especialmente me duele porque considero que tiene que haber siempre alg&uacute;n tipo de lealtad por parte del autor, lo cual no quiere decir que tenga que ser fiel al cien por cien a la editorial. Autores como Ram&oacute;n Gaya, Dar&iacute;o Jaramillo, o el propio Bonilla, que ha dicho que no a algunas ofertas por publicar con nosotros, son ejemplares al respecto. Pero no es lo m&aacute;s habitual y tambi&eacute;n tenemos que aceptar las reglas del juego, el hecho de que, despu&eacute;s de la buena acogida de determinadas obras en sellos independientes como el nuestro, los grandes grupos se fijen en sus autores y les hagan ofertas mejores. Aqu&iacute;, sin citar nombres, si te puedo contar dos casos curiosos. Uno es el de un libro que fue rechazado por muchos editores antes de que lo public&aacute;semos en Pre-Textos con magn&iacute;ficos resultados. Entonces, alguien que no le hab&iacute;a hecho ni caso previamente, le hizo una oferta millonaria al autor. El segundo caso es el de un escritor latinoamericano con mucho talento por el que apostamos. Avisamos a todos nuestros colegas extranjeros. Pero ni pena ni gloria hasta que sali&oacute; una rese&ntilde;a muy elogiosa en &ldquo;The New York Times&rdquo; de una de las novelas que publicamos. Entonces, autom&aacute;ticamente, todos empezaron a perder el culo por comprar los derechos. &iquest;Qu&eacute; es lo que pasa? Pues que no se lee, que el medio editorial, por desgracia, est&aacute; muy contaminado, y no s&oacute;lo aqu&iacute;, que me consta que muchos editores leen, claro que s&iacute;; ah&iacute; est&aacute; Herralde y ah&iacute; est&aacute;n todos los j&oacute;venes que han enriquecido el panorama en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Pero, si hacemos una valoraci&oacute;n general, podemos decir que hemos llegado a una situaci&oacute;n de la edici&oacute;n sin editores. Es nuestro deber fijar jerarqu&iacute;as, criterios de excelencia, y eso es imposible si no se lee previamente, si se deja todo en manos de personas interpuestas. En un congreso en la Universidad Pompeu Fabra al que asist&iacute;, la mayor&iacute;a de los editores que intervinieron dijeron que se f&iacute;an m&aacute;s de la informaci&oacute;n que de la intuici&oacute;n. No es mi caso. La informaci&oacute;n es importante, pero la intuici&oacute;n es esencial, la intuici&oacute;n basada en la propia experiencia, no como iluminaci&oacute;n divina. La labor del editor tiene que ser una combinaci&oacute;n entre intuici&oacute;n e&nbsp; informaci&oacute;n. Si todo lo basamos en la informaci&oacute;n, el resultado es una regularizaci&oacute;n que nadie se cree. Te puedo decir que hice un trabajo de campo, en las muchas horas pasadas en aeropuertos de Asia, Europa y Am&eacute;rica, para comprobar cu&aacute;les eran los libros que estaban en las librer&iacute;as de los aeropuertos y result&oacute; curios&iacute;simo, porque eran los mismos en Manila, Vancouver, Colombia, Santiago de Chile, Madrid, Valencia o Barcelona. Se repet&iacute;an, eran intercambiables, en un 80%, y el 20% restante correspond&iacute;a a las personalidades locales. No puede haber esa unanimidad de criterio. Eso no se lo cree nadie. Y los agentes culturales contribuimos a ese descreimiento. Todos miramos hacia otro lado. Cuando se est&aacute;n santificando en la prensa libros que no pasan la prueba del nueve, se inflan fen&oacute;menos totalmente gratuitos. &iquest;Qu&eacute; es lo que exportamos y qu&eacute; literatura nos llega a nosotros? Yo estoy cansado de ver que hay libros que se traducen inmerecidamente.</p>
<p class="normal">- Los aeropuertos son como tu oficina. Me imagino que te gusta viajar, porque de lo contrario ser&iacute;a insoportable. Eres de los editores m&aacute;s viajeros que conozco.</p>
<p class="normal">- Bueno, yo viajo con gusto porque siempre he dicho que para ser editor o lector hay que ser un poco viajero, viajero estable o viajero en movimiento. &iquest;De los m&aacute;s viajeros? A lo mejor s&iacute;, porque en los aeropuertos y en algunos aviones me reconocen (risas). Sin embargo, te puedo decir que ahora mismo la necesidad precede al invento. Yo viajo, y viajo con gusto, porque me encanta asomarme al mundo y porque tengo una curiosidad enorme, que creo que me viene por mi condici&oacute;n de editor precoz, pero uno tambi&eacute;n se cansa y quiz&aacute; en estos momentos viajar&iacute;a un poco menos si las circunstancias fueran m&aacute;s propicias, pero ahora mismo son muy malas. El mundo de la lectura en nuestro pa&iacute;s es verdaderamente paup&eacute;rrimo. Es curioso que ni en Portugal, ni en Grecia, teniendo una crisis mucho m&aacute;s profunda que la nuestra, no s&oacute;lo no ha bajado el &iacute;ndice de lectores, sino que ha subido. Pero en Espa&ntilde;a nos agarramos a cualquier pretexto -esta vez sin gui&oacute;n- para claudicar de nuestra obligaci&oacute;n ciudadana de estar formados para ser m&aacute;s competitivos. Ya no me refiero a leer obras de ficci&oacute;n, que son siempre, y especialmente en tiempos de crisis, una magn&iacute;fica compa&ntilde;&iacute;a. Hablo de obras de conocimiento, de formaci&oacute;n, que contribuyen a prepararnos para generar riqueza, beneficios.</p>
<p class="normal">- Aqu&iacute; tiene mucho que ver la educaci&oacute;n, las pol&iacute;ticas culturales. Antes dec&iacute;as que al poder le interesan m&aacute;s los ciudadanos desinformados.</p>
<p class="normal">- As&iacute; es. El panorama es un verdadero desastre, tanto en cultura como en educaci&oacute;n. Y que no digan que eso ha sido un desinter&eacute;s solamente de la derecha. Tambi&eacute;n la pretendida izquierda ha contribuido mucho a esta desertizaci&oacute;n a la que hemos llegado. Hagamos repaso de los planes de estudio. Hemos tenido buenos ministros de cultura y de educaci&oacute;n, pero no han servido absolutamente de nada. A los resultados nos remitimos. Es evidente que no interesa la cultura. &iexcl;Cu&aacute;ntas veces hemos o&iacute;do a pol&iacute;ticos, a empresarios de peso decir que a ellos no les ha hecho falta ning&uacute;n libro para ser lo que son! Lo llevan a gala. La letra con sangre entra. Ah&iacute; tenemos la definici&oacute;n de una sociedad, de una sociedad en la que se ha valorado el ocio, el espect&aacute;culo, el modelo del enriquecimiento r&aacute;pido, por encima de todo. Ahora, en determinados segmentos sociales, eso se cuestiona y hay gente &aacute;vida por conocer, por acogerse a la cultura, como nos pas&oacute; a nosotros. Hay un atisbo de cambio, pero a m&iacute; lo que me desazona es que este cambio de perspectiva ha llegado cuando las cosas han empezado a ponerse dif&iacute;ciles. Mientras a los ciudadanos les ha ido bien, no han tenido la perspectiva del pr&oacute;ximo. Todos &iacute;bamos m&aacute;s o menos de triunfadores en un pa&iacute;s al que a nadie le iba mal. Todo era fenomenal, estupendo y pasamos del estupendo a la queja constante. A eso hay que sumar que Espa&ntilde;a, por desgracia, en los momentos de crisis, tiene algo que le es desfavorable, nuestro car&aacute;cter pesimista. Somos divertidos, estamos en la calle todo el d&iacute;a, pero en el fondo somos unos pesimistas. Y por eso nos va a costar poder salir de esto, asumir que lo que no podemos seguir es agotando una f&oacute;rmula que ya ha fracasado en s&iacute; misma. No podemos ser seguidistas, que es otra de nuestras caracter&iacute;sticas, y seguir votando a los mismos partidos, a las mismas personas, aunque nos hayan defraudado. La larga etapa del bipartidismo ha sido como un juego de ping-pong que ha propiciado el acomodamiento, en Madrid, en Valencia, en todas partes... Ya es la hora de terminar con esas supuestas sinergias. Ya es hora de que se nos empiece a considerar como ciudadanos, no s&oacute;lo como votantes y contribuyentes. Ya est&aacute; bien de que el pol&iacute;tico nos mire por encima del hombro, porque los pol&iacute;ticos son se&ntilde;ores y se&ntilde;oras que est&aacute;n al servicio de los ciudadanos. Las reglas del juego tienen que cambiar.</p>
<p class="normal">- &iquest;Tendr&aacute;n que producirse cambios tambi&eacute;n en el &aacute;mbito de la cultura?</p>
<p class="normal">- Por supuesto. En el mundo de la cultura ha habido mucho intruso, gente que no ha cre&iacute;do nunca en la cultura, pero que la ha utilizado en su beneficio. Esa gente ha podido vender libros en lugar de lavadoras, pero habr&aacute; que ver qu&eacute; libros ha vendido. Es como cuando hablamos de los &iacute;ndices de lectura. Claro que son importantes, pero a m&iacute; lo que de verdad me importa es la calidad de la lectura. Que lea un 30%, vale, pero que lea bien. Con eso me doy con un canto en los dientes. Porque a esa gente, adem&aacute;s, a esos lectores honestos, que esconden cr&iacute;ticos honestos, no se les va a poder enga&ntilde;ar. Y eso, volviendo al razonamiento anterior, es lo que les da miedo a los pol&iacute;ticos. Que tengamos un criterio y que podamos distinguir. Se trata de fijar jerarqu&iacute;as. Y aqu&iacute; no puedo dejar de analizar la situaci&oacute;n de la prensa. La prensa hoy es de un seguidismo que verdaderamente clama al cielo, salvando honrosas excepciones, que siempre las hay. El seguidismo, la uniformidad, anima la informaci&oacute;n que se nos ofrece en todos los &aacute;mbitos: en la pol&iacute;tica, en la econom&iacute;a, en la cultura. No hay nadie que disienta. Menos mal que, a trav&eacute;s de Internet, se puede acceder a otro tipo de informaciones en medios alternativos. A m&iacute; me gusta mucho observar, partir de mis experiencias y llevar a cabo trabajos de campo. Pues bien, en los distintos seminarios de edici&oacute;n que he impartido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, siempre les he pedido a los alumnos que levantaran la mano aquellos que le&iacute;an suplementos culturales y el porcentaje ha ido disminuyendo de un modo escandaloso. En mis dos &uacute;ltimas experiencias, en dos universidades nacionales, el resultado ha sido cero. De un 70, 60%, se ha pasado a cero. Cuando pregunto por blogs hay un 30%, 40 % que los siguen. Es poco todav&iacute;a, pero indica el descr&eacute;dito de los suplementos culturales. Los empresarios de los medios a&uacute;n no los han eliminado porque les sigue dando prestigio social tenerlos, pero no se los creen. &iquest;Es cuesti&oacute;n de pereza, de desidia? Yo creo que, sobre todo, es cuesti&oacute;n de inter&eacute;s. Hay inter&eacute;s en que eso no funcione. Si se apuesta por la mediocridad, lo que se quiere es resaltar la mediocridad, y entonces no se posibilita que haya alguien que aplique jerarqu&iacute;as, porque si se aplican jerarqu&iacute;as, autom&aacute;ticamente, se cae el tenderete. Mientras se detenten intereses editoriales no puede haber imparcialidad. Nadie mover&aacute; ficha.</p>
<p class="normal">- Habl&aacute;bamos del florecimiento de peque&ntilde;as editoriales independientes. Frente a ellas cada vez hay grupos mayores que no dejan de absorber sellos. Parece que a los medianos cada vez les resulta m&aacute;s dif&iacute;cil resistir. Ese es el mapa de la edici&oacute;n espa&ntilde;ola. &iquest;La concentraci&oacute;n editorial te parece peligrosa?</p>
<p class="normal">- La homogeneizaci&oacute;n, la uniformizaci&oacute;n, me parecen un gran peligro. No creo que se llegue a consumar, pero imag&iacute;nate un pensamiento &uacute;nico. En cuanto a los grandes grupos, no voy a decir que todo sea negativo. Mondadori, por ejemplo, que est&aacute; dentro de Random House, est&aacute; llevando a cabo una gran recuperaci&oacute;n de cl&aacute;sicos y los distintos sat&eacute;lites de Planeta tambi&eacute;n siguen editando cosas interesantes. Dentro de estas grandes empresas hay buenos editores, pero lo que me gustar&iacute;a es que los que est&aacute;n por encima de ellos se lo crean. Dec&iacute;a Herralde, en una entrevista reciente, que a &eacute;l, cuando le arrebatan a un autor, lo que le gustar&iacute;a es que realmente creyeran en su obra, que no se lo arrebataran solamente por obtener prestigio. Te voy a hacer una confesi&oacute;n: En una ocasi&oacute;n, alguien me dijo, entre bromas y veras, que cuando quisiera vender mi editorial le avisara. Pero, &iquest;qu&eacute; inter&eacute;s puede tener mi editorial, con un cat&aacute;logo vivo en un 60%?, fue mi pregunta, a lo que me contest&oacute;, con esa soberbia que caracteriza a todos los poderosos: &ldquo;A m&iacute; tu cat&aacute;logo me importa un comino. Yo compro prestigios&rdquo;.</p>
<p class="normal">- Tengo entendido que varias veces os han hecho propuestas de compra.</p>
<p class="normal">- Bueno, la oferta m&aacute;s firme lleg&oacute; una vez desde el extranjero. De vez en cuando comentamos que si hubi&eacute;ramos vendido, ahora estar&iacute;amos mucho m&aacute;s tranquilos (risas), pero no, nunca nos hemos arrepentido, pese a las dificultades y los contratiempos. En ese momento, fue tal la sorpresa del poderoso caballero ante la negativa que viaj&oacute; a Espa&ntilde;a, me invit&oacute; a cenar y hablamos de todo lo humano y lo divino. Lo que yo le dije fue que la editorial era nuestra vida, que nosotros hab&iacute;amos invertido ah&iacute; cuarenta a&ntilde;os de energ&iacute;a, de entusiasmo, y que aceptar su propuesta ser&iacute;a, con todos los respetos, como venderle el alma al diablo.</p>
<p class="normal">-&nbsp; &iquest;C&oacute;mo ha variado tu manera de leer con el paso del tiempo? &iquest;Hay algo que eches de menos con el ritmo fren&eacute;tico de los viajes, de las rutinas del trabajo?</p>
<p class="normal">- Bueno, echo de menos volver a determinados libros. No me gusta hablar de relecturas porque yo soy de la opini&oacute;n de que nunca se relee, de que siempre se lee el libro por primera vez. Por ejemplo, aunque sea un t&oacute;pico se&ntilde;alar siempre al <em>Quijote</em>, me parece un buen ejemplo para explicarme. Yo el <em>Quijote</em> lo he le&iacute;do tres veces, la tercera vez en voz alta, a Silvia y a Manuel, durante los desayunos en el molino de Almer&iacute;a, que es donde descansamos en verano. En cada una de esas ocasiones lo he le&iacute;do como si fuera un libro distinto, acerc&aacute;ndome a sus episodios como si los estuviera descubriendo, hallando nuevos matices. Esa experiencia me gustar&iacute;a vivirla con otras obras como<em> La cartuja de Parma</em> o <em>Crimen y castigo</em>. Me encantar&iacute;a volver a ellas, pero no he tenido oportunidad. Revisitar a los cl&aacute;sicos nos permite entender, precisamente, que son cl&aacute;sicos por la capacidad que tenemos de actualizarlos constantemente, porque al estar habitados por personajes vivos, al hablarnos de los mismos problemas que tenemos hoy t&uacute; y yo, nos llegan como si fueran contempor&aacute;neos. Por eso siempre disfrutamos tanto en los regresos. Pero para realizar esos viajes hace falta tiempo y la lectura profesionalizada, ciertamente, te impone sus servidumbres y te obliga a descartar muchas otras incursiones placenteras. Ah&iacute;, en el estante de los deseos, me aguarda tambi&eacute;n el <em>Ulises</em> de Joyce. Aunque ahora parece que todos abominen de &eacute;l, no me importar&iacute;a nada regresar a sus p&aacute;ginas. Fue una obra que le&iacute; en un momento en el que me cre&iacute;a m&aacute;s cosas de las que me creo ahora y s&eacute; que el cambio de perspectiva, va a modificar mucho mi percepci&oacute;n.</p>
<p class="normal">- Me imagino que cuando te subes a un avi&oacute;n, cuando hay tantas horas de vuelo por delante, sientes el inmenso placer de la desconexi&oacute;n, de poder dedicarte por completo a la lectura.</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Y tengo que escuchar el comentario de las azafatas: &ldquo;Pero, &iquest;no se cansa usted de leer tanto?&rdquo; Es como cuando llega alguien a casa y me pregunta si me he le&iacute;do toda la biblioteca. Uno no va a decir que s&iacute;, pero la verdad es que una gran parte de los libros de mi biblioteca s&iacute; los he le&iacute;do y otros no, pero son libros que me acompa&ntilde;an, que me sirven de consulta. Que tanta gente se asombre de ver mil libros en una biblioteca, dice mucho del pa&iacute;s. Volviendo a lo que me preguntabas antes de la lectura, confieso que, en ocasiones, me echo en falta a m&iacute; mismo. Estoy metido en tal vor&aacute;gine de trabajo que hay veces que me tengo que decir: &ldquo;Manuel, s&aacute;cate a pasear&rdquo;. Hay veces que incluso me rebelo y me digo: &ldquo;No, ahora voy a dejarlo todo y voy a leer ese libro que tanto me apetece y que a&uacute;n no he podido leer&rdquo;. Ahora, por ejemplo, en un avi&oacute;n, en un reciente viaje a Colombia, he vuelto a sumergirme en el <em>Juan de Mairena </em>de Antonio Machado. Y lo le&iacute; con tanto placer como la primera&nbsp; vez.</p>
<p class="normal">- Volvamos a la imagen del ni&ntilde;o buscando Nicaragua en el mapa, dibujando su retrato futuro sin saberlo. &iquest;Es imposible sobrevivir ahora mismo como editor en Espa&ntilde;a sin contar con Latinoam&eacute;rica?</p>
<p class="normal">-&nbsp; En la escena de Nicaragua ya estaban sent&aacute;ndose las bases, s&iacute;. Ah&iacute; ya estaba el germen de una potente vocaci&oacute;n americanista. En Pre-Textos, como se&ntilde;alaba antes, hemos mirado y cuidado a nuestros hermanos del otro lado del oc&eacute;ano desde siempre y hemos sido cr&iacute;ticos con la actitud de otros editores espa&ntilde;oles que actuaban con ellos como nuevos ricos, europe&iacute;stas y colonizadores culturales que llegaban all&iacute; a vender sus productos sin impregnarse de sus culturas. No ha sido nuestro caso. Si algo hemos tenido claro desde el principio es que somos una comunidad de 500 millones de hispanoparlantes y que los matices idiom&aacute;ticos ten&iacute;an que estar dentro de nuestro cat&aacute;logo. Por eso la reciprocidad ha sido una de nuestras se&ntilde;as de identidad. Es evidente que el mercado americano es muy importante para la literatura espa&ntilde;ola. No ahora, sino siempre. Lo que sucede es que hoy se est&aacute; mirando a Am&eacute;rica por necesidad. Como aqu&iacute; no se vende, hay que hacerlo all&iacute;. Y lo cierto es que ellos tampoco est&aacute;n tan bien. Pa&iacute;ses como Venezuela o M&eacute;xico est&aacute;n pasando por situaciones complicadas. Argentina ha decidido aplicar una pol&iacute;tica muy restrictiva en lo que respecta a la importaci&oacute;n de libros con el fin de defender la cultura nacional, cuando en realidad lo que sucede es que se la est&aacute; ahogando. No es f&aacute;cil llegar en estos momentos y convencer. A Am&eacute;rica hab&iacute;a que haberla cuidado desde siempre, que es lo que hemos hecho nosotros. En este sentido me siento muy satisfecho cuando voy a Colombia, a Venezuela, a Per&uacute; o a Argentina y me consideran como un editor local porque en Pre-Textos hemos publicado a muchos de sus m&aacute;s importantes poetas y a parte de sus mejores narradores. De hecho cuando se nos dio el Premio de la Feria del libro de Guadalajara fue porque consideraron que hab&iacute;amos logrado romper las fronteras y porque hab&iacute;amos conseguido mover las distintas literaturas entre todos los pa&iacute;ses del mismo &aacute;mbito ling&uuml;&iacute;stico.</p>
<p class="normal">- &iquest;Y el mercado estadounidense? Parece que Roberto Bola&ntilde;o ha contribuido a abrir una interesante puerta de entrada.</p>
<p class="normal">- El mercado estadounidense siempre ha existido, pero ha estado m&aacute;s circunscrito al &aacute;mbito acad&eacute;mico. Las universidades han sido las&nbsp; grandes compradoras de libros en castellano. El hispanismo siempre ha estado muy vivo. Ha habido una gran tradici&oacute;n y muy buena. Lo nuevo es que desde hace unos pocos a&ntilde;os se ha empezado a abrir m&aacute;s el mercado al p&uacute;blico en general. Est&aacute; Roberto Bola&ntilde;o, pero tambi&eacute;n ha interesado mucho Borges y ahora mismo autores como el argentino C&eacute;sar Aira se est&aacute;n convirtiendo en referentes. Es indudable que existe inter&eacute;s, pero ese inter&eacute;s tampoco se ha sabido aprovechar desde Espa&ntilde;a. Ha faltado el apoyo testimonial de las instituciones. Los institutos Cervantes han ido haciendo su funci&oacute;n, pero parcialmente, invitando casi siempre a los mismos autores. Las sedes del Cervantes, como las del Goethe o el British Council, son instrumentos magn&iacute;ficos para la difusi&oacute;n de las distintas culturas e industrias. Es evidente que la cultura y la ciencia venden. Es evidente que el americano es un mercado potencial, pero hay que saber llegar a &eacute;l.</p>
<p class="normal">- &iquest;Crees que se siguen traduciendo pocos libros de autores espa&ntilde;oles a otras lenguas?</p>
<p class="normal">- Eso es un hecho. Sigue habiendo un desnivel importante y ah&iacute; habr&iacute;a que empezar a decir que ya est&aacute; bien. No hay una reciprocidad. En Espa&ntilde;a y en Latinoam&eacute;rica ahora mismo se est&aacute; escribiendo buena parte de la mejor literatura del momento. Tambi&eacute;n en el &aacute;mbito anglosaj&oacute;n. Pero no creo que me equivoque mucho si digo que no existe el mismo correlato en Francia, en Italia, en Alemania... Sin embargo, traducimos cualquier tonter&iacute;a europea, mientras que en el extranjero se publica poco y a veces lo m&aacute;s tonto de lo nuestro.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Siempre he sido un gran defensor de la literatura portuguesa&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Tambi&eacute;n podemos situarte frente a otro mapa, el de Portugal. La literatura portuguesa tambi&eacute;n est&aacute; bien representada en el cat&aacute;logo de Pre-Textos.</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Siempre he sido un gran defensor de la literatura en portugu&eacute;s. A Portugal, un peque&ntilde;o pa&iacute;s cercano, hermano, pr&oacute;ximo, los espa&ntilde;oles siempre lo hemos visto con cierta soberbia y yo creo que no tiene absolutamente nada que envidiarnos en cuanto a calidad literaria. Antes habl&aacute;bamos de la gran literatura que se estaba escribiendo en espa&ntilde;ol y en ingl&eacute;s, pero la producci&oacute;n en portugu&eacute;s, e incluyo a Brasil, cuya literatura, por desgracia, conozco menos, me parece que es&nbsp; poderos&iacute;sima. Nosotros hemos hecho esfuerzos grandes, sostenidos en el tiempo, por ser transmisores de esa realidad, pero los espa&ntilde;oles seguimos desconociendo la importancia que tiene esa cultura. M&aacute;s all&aacute; de Camoens y Pessoa, que son indiscutibles (recientemente hemos publicado, bajo la tutela de Jer&oacute;nimo Pizarro, el <em>Libro del desasosiego </em>en una versi&oacute;n renovada, m&aacute;s limpia, sin adherencias), m&aacute;s all&aacute; de ellos, dec&iacute;a, hay que publicar a otros espl&eacute;ndidos autores que no se venden, pero que son muy buenos. Me refiero, por ejemplo, a Eduardo Louren&ccedil;o, un pensador a la altura de los grandes pensadores europeos. Nosotros publicamos, precisamente, un ensayo suyo, fundamental, sobre Pessoa, <em>Pessoa revisitado</em>, y nos gustar&iacute;a seguir edit&aacute;ndolo, pero lo cierto es que no hay demasiado inter&eacute;s por parte de los lectores. En Portugal tienen un conocimiento de nuestra literatura muy superior al que tenemos nosotros de la suya. Ocurre otro tanto con Italia. El n&uacute;mero de hispanistas italianos que hay es muy superior al de italianistas. Sin ir m&aacute;s lejos, Pavese, que es una leyenda de la literatura europea, no vende en Espa&ntilde;a.</p>
<p class="normal">- &iquest;Qu&eacute; otros autores portugueses merece la pena que descubramos?</p>
<p class="normal">- Bueno, yo creo que hay much&iacute;simos. Nosotros hemos publicado a Ant&oacute;nio Ramos Rosa, Carlos de Oliveira, Eug&eacute;nio de Andrade... Fue a la muerte de Andrade cuando se agot&oacute; la edici&oacute;n de <em>El otro nombre de la tierra</em>. Y despu&eacute;s hicimos una gran antolog&iacute;a que se agot&oacute; inmediatamente. Parece que se tienen que morir los autores para que se venda su obra. Es impresionante el elemento santificador que tiene la muerte en nuestra cultura. Sea como sea, hay una tradici&oacute;n literaria riqu&iacute;sima en Portugal. Hay una literatura que no tiene, generacionalmente, nada que envidiar a la escrita en espa&ntilde;ol y, desde luego, actualmente hay muchos autores que merecen la pena. Ahora empezamos a conocer a Nuno J&uacute;dice, uno de los grandes poetas europeos vivos, galardonado en 2013 con el Premio Reina Sof&iacute;a de Poes&iacute;a Iberoamericana, pero hay muchos otros autores interesant&iacute;simos en activo, a los que tenemos que sumar los que ya han muerto, que siguen mereciendo la pena y que ni siquiera han sido traducidos al castellano.</p>
<p class="normal">&ldquo;La labor del editor se mueve entre la informaci&oacute;n y la intuici&oacute;n&rdquo;</p>
<p class="normal">&ldquo;En los suplementos literarios no cabe la disidencia&rdquo;</p>
<p class="normal">&ldquo;En el mundo de la cultura ha habido mucho intruso&rdquo;</p>
<p class="normal">&ldquo;La uniformizaci&oacute;n editorial me parece un gran peligro&rdquo;</p>
<p class="normal">&ldquo;En Pre-Textos siempre hemos mirado y cuidado a Am&eacute;rica&rdquo;</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 20 Nov 2015 06:56:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Agustina Bessa-Luís, la inteligencia de lo inconmensurable]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/agustina-bessa-luis-la-inteligencia-de-lo-inconmensurable/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2015/agustina500.jpg" alt="" /></p>
<p>Agustina Bessa-Lu&iacute;s, de ascendencia espa&ntilde;ola y portuguesa, naci&oacute; en Vila Me&atilde;, Amarante, en 1922. Public&oacute; su primer libro, <em>Mundo fechado</em> (Mundo cerrado), en 1948, escribi&oacute; y public&oacute; posteriormente algunos cuentos extraordinarios, varias decenas de magn&iacute;ficas novelas y algunas de las m&aacute;s interesantes cr&oacute;nicas y textos sobre literatura escritos en portugu&eacute;s (reunidos respectivamente en <em>A Alegria do Mundo</em> y <em>Contempla&ccedil;&atilde;o carinhosa da ang&uacute;stia</em>. Esta vasta e intensa obra supone un movimiento transformador de la literatura, que se atiene a f&oacute;rmulas o modelos y que no deja de reinventar el pasado, devolvi&eacute;ndolo a la dispersi&oacute;n, que es su modo de asumir el presente. La verdad es que no existe en Agustina una tradici&oacute;n de la historia de la novela o de las ideas en las que su escritura se integre. Se percibe que lo que se escribe es un di&aacute;logo con un oc&eacute;ano sin fin de lecturas, donde lo m&aacute;s antiguo no desaparece bajo la exigencia &ldquo;psicol&oacute;gica&rdquo; de atenci&oacute;n al otro en cuanto otro, que tiene como modelos autores tan diferentes como Dostoievski o Tolstoi, o el entusiasmo debido a aceptar la escritura como un&nbsp; acontecimiento como sucede en los grandes novelistas del siglo XX (en referencia a Virginia Woolf, Proust, Kafka y Herman Broch).</p>
<p>La presentaci&oacute;n que sigue se elabor&oacute; a partir de algunas l&iacute;neas de trabajo que acompa&ntilde;an diferentes aspectos de la obra de Agustina, queriendo dar especial atenci&oacute;n al hecho de que ella se substrae a cualquier prop&oacute;sito unificador, cre&aacute;ndose de ese modo condiciones para la coexistencia de estilos y registros capaces de suscitar interrogantes y desacuerdos irreductibles. As&iacute;, se siguen, en amplios trazos, algunos aspectos que constituyen anotaciones a mis lecturas de esa obra, que nunca se concretiza en ella misma, que siempre alude al otro y a la no-fijaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>1. La escritura-acontecimiento</strong></p>
<p>La afirmaci&oacute;n de una identidad pensamiento-acontecimiento est&aacute; impl&iacute;cita en los escritos de Agustina, y en ella confluyen no s&oacute;lo sus lecturas literarias, como sus pesquisas intelectuales &mdash; que le aproximan a pensadores no sistem&aacute;ticos como Kierkegaard, Nietzsche, Walter Benjamin, Heidegger y Wittgenstein citados en sus libros &mdash; y a su experiencia que, inseparable de sus lecturas, hace prevalecer la observaci&oacute;n de las relaciones humanas y su adhesi&oacute;n a un mundo del que se nutren y al que dan sentido, impidiendo que &eacute;ste pueda ser considerado como simple producto de un determinismo. El acontecimiento es posible solo porque algo ocurre en el tiempo, bajo la exigencia de una interpretaci&oacute;n, es decir, indisociable del lenguaje, que lo dice en el habla, en la escritura, que no se separa de su enunciaci&oacute;n. Siempre dividido entre lo que pas&oacute; y lo que vendr&aacute;, el decir es verdad y ficci&oacute;n, indisociables, acontecimiento que no se circunscribe, sino que participa de la sucesi&oacute;n infinita de los discursos, que, sin excluir la pretensi&oacute;n de una delimitaci&oacute;n, se aproximan a la ausencia de l&iacute;mites. La vocaci&oacute;n testimonial de la novelista est&aacute;, como podemos leer en el siguiente pasaje de un texto de Agustina, atravesada por lo imposible y es all&iacute; donde se inicia:</p>
<p>Soy una escritora, testigo sensible de las costumbres, circunstancias y pl&aacute;ticas de mi &eacute;poca. Mi tarea es comprenderlas, intentando sacarlas de la circularidad de las verdades que la angustia y el tedio permiten en un campo medido entre la vida y la muerte. M&aacute;s all&aacute; de la duraci&oacute;n vegetativa y del camino abierto a las transformaciones que cada profesi&oacute;n admite, hay algo m&aacute;s.</p>
<p>El inter&eacute;s por las costumbres de una &eacute;poca, de sus pl&aacute;ticas, est&aacute; en una relaci&oacute;n permanente con la incomprensi&oacute;n de ella, que no corresponde a lo que vulgarmente se entiende por grandes valores y grandes causas, pero s&iacute; a la inapreciable existencia del com&uacute;n de los mortales, a su disponibilidad para dirigirse al otro m&aacute;s all&aacute; de su consciencia y de su vinculaci&oacute;n a la eficacia. Hay por tanto en la novelas de Agustina una inmensa atenci&oacute;n al conflicto, &iacute;ntimo e inexplicable, que se genera en la novedad esencial de la multiplicaci&oacute;n de diferencias y no a su fosilizaci&oacute;n en las figuras de vencedor y vencido.</p>
<p>En las novelas de Agustina, el acontecimiento narrativo surge de forma s&uacute;bita al tiempo que establece una relaci&oacute;n de contrarios que no se excluyen mutuamente, sino que se contaminan de manera que llegan a provocar la eliminaci&oacute;n de cualquier hip&oacute;tesis de s&iacute;ntesis y/o superaci&oacute;n. Los contrarios forman parte de la exposici&oacute;n de situaciones e inclinaciones narrativas, siendo por tanto, en su inseparabilidad, factores de multiplicaci&oacute;n de hip&oacute;tesis, que no permiten que una interpretaci&oacute;n se estabilice, al contrario, impidiendo que una palabra definitiva, una palabra de autoridad, venga a emplazarse. Podemos ver en esta exploraci&oacute;n de lo contradictorio una herencia de la cultura judaica, a la cual Agustina hace varias referencias a lo largo de su obra y que se inicia con la lectura de la Biblia, hecho que subyace a distintos episodios novelescos, especialmente el Libro de Job, de donde proviene el ep&iacute;grafe de <em>O Manto</em>, con el que se manifiesta el deseo de exponer razones, y de no dejar mudo al hombre frente al sufrimiento. La capacidad de oponerse a lo establecido forma parte del acontecimiento que supone la escritura de la novela, tal como se presenta en el prefacio de <em>Tempos Guerreiros</em> como afirmaci&oacute;n del cambio. Afirmar el cambio no es presentar algo distinto, sino exponer las descripciones, las im&aacute;genes y las razones de lo que no se deja fijar: afectos y pensamientos que irrumpen en la escritura, que son su experiencia y a los que no se accede sino a trav&eacute;s de la p&eacute;rdida, en la fuga de la consciencia que apenas da cuenta de la &ldquo;representaci&oacute;n unitaria&rdquo;, de aquello que constituye el individuo como sujeto en relaci&oacute;n a un objeto. En otras palabras, la posibilidad de la escritura no es la probabilidad que se deriva del examen de los hechos. Es la propia oscilaci&oacute;n de los hechos hacia aquello que es nuevo, que en t&eacute;rminos narrativos se da como la imposibilidad del Uno ― de la historia lineal, acabada ― y como fluctuaci&oacute;n interrogativa, mezcla de lenguajes que provocan la duda y la reflexi&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>2. Escribir contra la &ldquo;burocracia del pensamiento&rdquo;</strong></p>
<p>Desde su primera novela Agustina consigue en su escritura un espacio para combatir el sentido com&uacute;n, esa fuerza que en su funci&oacute;n de consolidaci&oacute;n social atenta contra la soledad profunda de los individuos, imprescindible para vivir en comunidad. Se trata de afirmar, contra los factores de homogeneizaci&oacute;n que tienden a dominar la vida moderna, la heterogeneidad de la vida, y sobre todo de la vida humana, que, m&aacute;s que auto-contemplarse y contemplar la vida restante, tiene sobre ella una capacidad de intervenci&oacute;n maravillosa y asustadora. Habiendo permitido el desarrollo de la t&eacute;cnica y del capitalismo la substituci&oacute;n de los mecanismos que permit&iacute;an el control de un gran n&uacute;mero de personas por otras en el interior de sistemas jer&aacute;rquicos r&iacute;gidos, la escritora no se limita a describir la nueva situaci&oacute;n, ni a exhibir la nostalgia de una situaci&oacute;n donde supuestamente el com&uacute;n de los mortales, cuando no mor&iacute;an de hambre y malos tratos, ten&iacute;a derecho a la imaginaci&oacute;n y a la creatividad. En verdad, la ficci&oacute;n de las situaciones en las que la cultura pre-moderna es dominante muestra como en ella exist&iacute;a algo profundamente creador al par que la sustentaba un terror profundo (se puede ofrecer como ejemplo la novela <em>A Sibila</em>). Nunca, sin embargo, la creatividad y/o la disponibilidad para el otro est&aacute; justificada por el medio (social o f&iacute;sico). Toda persona tiene una condici&oacute;n de excepcionalidad por lo que se refiere a su medio, donde no se excluye la posibilidad de perfeccionarse, a no ser que la intervenci&oacute;n sobre el medio vaya tan lejos que consiga borrar su heterogeneidad y lo trasforme en un orden absoluto. La inclusi&oacute;n en esa novela (tambi&eacute;n presente en otros muchas narraciones de la autora, en las que persiste el poder de costumbres muy antiguas e inapropiadas al esp&iacute;ritu de la &eacute;poca) de una situaci&oacute;n de alejamiento de tradiciones de vivencia rural permite, al mismo tiempo, una mirada cr&iacute;tica sobre el oscurantismo que las constitu&iacute;a y un aviso ante el v&eacute;rtigo del cambio que se anuncia: la raz&oacute;n &uacute;nica, que no permite respuestas abiertas, es la forma m&aacute;s eficaz del totalitarismo. Para hacerle frente, para posibilitar el futuro, el equilibrio y la ponderaci&oacute;n son indispensables: exigen un tiempo de suspensi&oacute;n de la acci&oacute;n, tiempo de atenci&oacute;n, de pensamiento.</p>
<p>El personaje que en <em>A Sibila</em> anuncia el futuro est&aacute; en el umbral de las grandes transformaciones del mundo. Como el diminutivo de su nombre sugiere, <em>Germa</em>, es el trazo de una hip&oacute;tesis fluctuante: entre el <em>germen</em> de una nueva situaci&oacute;n, posiblemente mejor al ser m&aacute;s consciente de la importancia de ofrecer y buscar razones, y la <em>german&iacute;a</em> que, como &iacute;ndice, o memoria de una voluntad de dominaci&oacute;n por una exigencia m&aacute;xima de pureza y de reducci&oacute;n a lo mismo, resuena en aquellos mismos que la combatieron, atacados tambi&eacute;n ellos por el mal de lo id&eacute;ntico, por la negaci&oacute;n del conflicto vivificador, que sustenta cualquier pretensi&oacute;n totalitaria. La lectura de esta novela de Agustina suscita entonces una pregunta: &iquest;no ser&aacute; el punto extremo del horror, alcanzado en la segunda guerra mundial, inmanente a las fuerzas de homogeneizaci&oacute;n (la reducci&oacute;n de la humanidad a n&uacute;meros manipulables y susceptibles, por la neutralizaci&oacute;n de la capacidad de amor-odio, de producir la automatizaci&oacute;n generalizada), susceptibles de una expansi&oacute;n mundial?</p>
<p>Las novelas de Agustina nunca evitaron los grandes problemas y debates sobre el estado del mundo, especialmente sobre la t&eacute;cnica y sobre las &ldquo;liberaciones&rdquo; que de ella parec&iacute;an llegar y que podr&iacute;an no ser sino la libertad de reducirlo todo a un nivel de compra y venta, o de c&aacute;lculo sin diferencia. Pero la hip&oacute;tesis de un dominio de la t&eacute;cnica sobre la actuaci&oacute;n humana no est&aacute; contemplada en ella directamente, ya que el peligro de la t&eacute;cnica se manifiesta all&iacute; como la reducci&oacute;n del lenguaje a un idioma &uacute;nico y un&iacute;voco. Lo que quiere la novela salvaguardar es la multiplicidad de las voces, de los idiomas, los del pasado y los que vendr&aacute;n:</p>
<p>Aqu&iacute; est&aacute; Germa, que, balance&aacute;ndose en la vieja <em>rocking-chair</em>, piensa y presiente, sabi&eacute;ndose actual relicario de ese terrible, extenuante, legado de aspiraci&oacute;n humana. En sus venas est&aacute;n todos los infinitos estados del pasado, en su cerebro se han condensado muchas experiencias que no ha vivido, las negaciones y afirmaciones ocupan vastos espacios de su alma.</p>
<p>En la amplia obra de Agustina Bessa Lu&iacute;s no hallaremos nunca la idea de una irremediable decadencia de la humanidad. Bien porque, al concentrarse las novelas en la indagaci&oacute;n de las relaciones humanas, tanto en el medio rural como en el medio urbano e intelectual, topamos siempre con un narrador empe&ntilde;ado en mantener una expectativa de futuro y no en dar prioridad a cualquier espacio o lugar cultural, esbozando casi siempre alternativas que ponen en juego aspectos primordiales, como son: o el abandono a una euforia ciega de la desagregaci&oacute;n de las costumbres y el consecuente florecimiento de la identificaci&oacute;n entre la felicidad y el placer, o el cambio de las relaciones humanas, donde el hombre y la mujer dejan de colocarse en una simetr&iacute;a antag&oacute;nica. Algunas novelas de Agustina, publicadas despu&eacute;s del 25 de abril de 1974, se refieren expl&iacute;citamente a las transformaciones sociales ocurridas en Portugal cercanas a las del resto del &ldquo;mundo occidental&rdquo;. All&iacute; est&aacute; presente la posibilidad de instaurar un nuevo modo de relaci&oacute;n con la autoridad junto con las advertencias de las novelas anteriores: rechazo a la renuncia de los gestos diferenciadores en nombre de generalizaciones y la pretensi&oacute;n de tutelar el misterio por el conocimiento. Sin embargo, existen advertencias que se vinculan inmediatamente a la nueva situaci&oacute;n. Como &eacute;sta: &ldquo;la insensibilidad es el traje de los que no quieren correr riesgos, y lo usan los que se sit&uacute;an al margen de las civilizaciones ficticias: el espacio de la repetici&oacute;n contra la incertidumbre de las innovaciones.&rdquo; Hay que hacer notar que la novelista escribir&aacute; posteriormente una trilog&iacute;a con el t&iacute;tulo <em>O Princ&iacute;pio da Incerteza</em> (El principio de la incertidumbre). Podemos entender as&iacute; la fidelidad de su obra a lo posible que pueda ocurrir fuera de las probabilidades.</p>
<p>Uno de los procedimientos de las novelas de Agustina, que en gran medida exponen el propio mecanismo de ruptura con la burocracia del pensamiento, es la iron&iacute;a. Esta se pone de manifiesto, a la manera rom&aacute;ntica, a trav&eacute;s de intervenciones que exploran la contradicci&oacute;n y la falta de determinaci&oacute;n. Sin embargo, no ignora la cr&iacute;tica kierkegaardiana del concepto, que, como tal, produce la formulaci&oacute;n de certezas gracias a la multiplicaci&oacute;n de perspectivas, pero sin anular la pregnancia de las decisiones que s&uacute;bitamente interrumpen la tendencia a la indiferenciaci&oacute;n y dejan clara la insuficiencia de las razones y de los c&iacute;rculos interpretativos.</p>
<p>El recurso frecuente al aforismo en Agustina forma parte de su &ldquo;m&eacute;todo&rdquo; de escritura &ldquo;contra la burocracia del pensamiento&rdquo;, previniendo la reca&iacute;da en el caos al que una entrega incondicional a la abstracci&oacute;n podr&iacute;a conducir. Escribe la autora: &ldquo;mi pensamiento se extiende de una manera ca&oacute;tica y para detenerlo recurro al aforismo. Doy mucha importancia a los aforismos: son como una fuga del pensamiento.&rdquo; El aforismo funciona en las novelas de Agustina como un procedimiento que organiza la s&iacute;ntesis disyuntiva entre inteligencia y pasi&oacute;n: por un lado pone fin, delimita, un raciocinio; por el otro, al interrumpirlo por el enquistamiento de una f&oacute;rmula siempre inexacta, subraya su ausencia de l&iacute;mites. Se trata de una intervenci&oacute;n s&uacute;bita de la inteligencia de las cosas, de su firma indescifrable en el curso del pensamiento. Por ello el efecto de perplejidad producido por el aforismo: entre la generalizaci&oacute;n y la p&eacute;rdida de significado, entre la explicaci&oacute;n y lo inexplicable.</p>
<p>La iron&iacute;a y el aforismo se confunden con una suerte de osad&iacute;a de las hip&oacute;tesis explicativas, que tienen siempre por objeto la burla, sin por eso dejar de ser hip&oacute;tesis, armadillas preparadas para que se consiga evitar reducirlo todo a un simple conocimiento o a sentimientos congelados. Se trata de &ldquo;situarse entre el error y la certeza, concediendo a ambos armas y condiciones.&rdquo; No se garantiza la multiplicaci&oacute;n de las hip&oacute;tesis, pues no se deriva de un conjunto de ideas inexorables, ni est&aacute; sustentada por la autoridad de un autor que se atribuya el privilegio de poseer un contacto directo con la verdad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>3. Las pasiones, el deseo, la fuerza ins&oacute;lita de las peque&ntilde;as cosas</strong></p>
<p>Comprender una pasi&oacute;n es situar su participaci&oacute;n en una forma de vida y al mismo tiempo mostrar las variaciones que ella soporta o que la agitan. Se trata, a trav&eacute;s de la construcci&oacute;n de situaciones, proceder a la desmitificaci&oacute;n que sustenta el automatismo de los h&aacute;bitos mediante la pretensi&oacute;n de naturalidad de los mismos. En este proceso, la construcci&oacute;n de situaciones y la reflexi&oacute;n se contaminan. La novela se vuelve entonces un laboratorio de las pasiones donde se analizan los fen&oacute;menos de imitaci&oacute;n como sustituciones del deseo, como su impedimento por parte de los mecanismos del poder, que todo lo corrompen. Se podr&iacute;a decir que en la escritura de Agustina el deseo que sustenta al amor, y por consiguiente al mundo, es el impulso primero de la escritura, aquel que la conduce a los espacios en los que el habla se interrumpe, se da, sin testimonios, a otros, y as&iacute; persiste, ajeno a cualquier lucro o gloria. Porque el deseo si no se confunde con el placer o la satisfacci&oacute;n de los apetitos, no genera historias, aunque sea &eacute;l quien hace precipitar las historias, que las dispersa por la fuerza de la memoria del amor, la fuerza que sustenta la vida haciendo de ella m&aacute;s que una perseverancia en el ser.</p>
<p>La figura del jugador y la del artista y del pensador en las novelas de Agustina son tal vez aquellas que m&aacute;s se apartan del deseo hiper-codificado en los sistemas mediadores. Se trata, en el primer caso, de la afirmaci&oacute;n del riesgo de desviaci&oacute;n hacia el gobierno de los otros, y en el segundo, de la capacidad de un vaciarse de la personalidad indispensable al acceso a una cierta manera de estar disponible para ser afectado. La figura de la escritora participa de la figura del jugador, no de la de aquel que lleva su c&aacute;lculo hasta el jaque mate, sino la del que, sin descuidar ning&uacute;n detalle, disfruta del momento de riesgo como v&eacute;rtigo de las hip&oacute;tesis. Por otra parte, se aparta de esa figura en las descripciones en las que el tiempo de la acci&oacute;n se suspende por completo y ya no es de riesgo de lo que se trata, sino del abandono al exterior, al puro sentido de lo ilimitado. La dimensi&oacute;n po&eacute;tica de las novelas se corresponde a pasiones que se constituyen como devenir al un&iacute;sono con un exterior encantado por la voz que se va desvinculando del decir del &ldquo;yo&rdquo; y se desliza hacia el c&iacute;rculo de lo insignificante. En Agustina, atenci&oacute;n e imaginaci&oacute;n son dos formas por excelencia de acceder al silencio, que no es la imposibilidad de hablar, sino el forzar al habla a alteraciones que la contrar&iacute;an, sin anularla en una contradicci&oacute;n. Deshacerse de un &ldquo;yo&rdquo;, construido por ficciones que cuentan unitariamente la multiplicidad que constituye el (in)dividuo, es tanto una tarea l&iacute;rica como un rapto de la imaginaci&oacute;n, de la capacidad de inventar sin l&iacute;mites y sin proponer las ficciones como verdades, sino como hip&oacute;tesis. Por ello el enredo y la intriga de una novela de Agustina no se ci&ntilde;en a la indagaci&oacute;n de un estilo policial, ni pretenden aplicar alg&uacute;n tipo de m&eacute;todo de revelaci&oacute;n de lo oculto. La manera de trastocar los archivos hist&oacute;ricos consolidados en tradiciones interpretativas supone muchas veces una imaginaci&oacute;n excesiva, que no teme lo inveros&iacute;mil, por la cual lo que prevalece es la fertilidad invisible de lo que sucedi&oacute;, lo irrealizado en cuanto potencial de lo irrepresentable. Esa capacidad de escaparse a la verosimilitud que coloca la realidad como un hecho consumado soporta gran parte de la relaci&oacute;n de las novelas de Agustina con personajes y &eacute;pocas hist&oacute;ricas:</p>
<p>La Historia es una ficci&oacute;n controlada. La verdad es algo muy diferente y yace encubierta bajo los velos de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica y de la f&eacute;rrea mano de la angustia humana. Investigar la Historia o los cielos oscuros no se conforma con susceptibilidades. &iquest;Qu&eacute; podemos perder?</p>
<p>Es interesante hacer notar que aquel que piensa el pasado o el infinito se plantea la pregunta &ldquo;&iquest;Qu&eacute; podemos perder?&rdquo;, desvi&aacute;ndose as&iacute; de la Historia hacia la actualidad y mostrando que la investigaci&oacute;n de aquella no puede ser separada de &eacute;sta. El recurso a la Historia forma parte de un m&eacute;todo de distanciamiento, de cr&iacute;tica, que apunta hacia el presente bajo la forma de una interrogaci&oacute;n, que supone un deseo sin fin, que no captura el deseo en unas v&iacute;as &uacute;nicas obligatorias, que son las de la imitaci&oacute;n est&eacute;ril. Para ello &ldquo;es preciso crear el pacto de la dispersi&oacute;n&rdquo;, afirmar la multiplicidad de experiencias y de lecturas, disponerse para lo imprevisible. La disponibilidad para el cambio es el movimiento propio del pensamiento, de la escritura, y es ella la que re&uacute;ne el inter&eacute;s por la Historia, por la actualidad y por lo ins&oacute;lito, produciendo la intensidad del vivir (en) el imposible presente:</p>
<p>Se sentaba al lado de las camas de los estibadores anulados por las gr&uacute;as y por treinta a&ntilde;os de cargar cemento; ellos le contaban con una fe sarc&aacute;stica, con un no s&eacute; qu&eacute; de dulce y de segura convicci&oacute;n, su pobre historia cargada de confianza en oportunidades que jam&aacute;s fueron cumplidas. Y, a veces, un grito de ni&ntilde;o en la cuna, una botella que se part&iacute;a, levantaba en el aire un esplendor dram&aacute;tico; toda la vida quedaba all&iacute; condensada, como si de esos trozos de vidrio o de esa voz infantil partieran todas las centellas capaces de incendiar un imperio. Comprend&iacute;a entonces la intransigencia de lo moment&aacute;neo, la fuerza ins&oacute;lita de las peque&ntilde;as cosas y la importancia que ellas adquieren en el auge de su realidad.</p>
<p>La escucha del pasado es la escritura del deseo que procede de los confines y que a cada momento, por la persistencia de lo dram&aacute;tico &mdash; el estar siempre dividido en la duplicidad de pensamiento-afecto &mdash; puede hacer saltar la continuidad del hombre m&aacute;s all&aacute; de las cadenas que siempre parecen aprisionarlo irremediablemente y que inexplicablemente la esperanza mantiene abiertas.</p>
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<p><strong>4. Subjetivaci&oacute;n, conversaci&oacute;n: retirarse al imperio de la personalidad</strong></p>
<p>Una de las caracter&iacute;sticas rese&ntilde;ables en las novelas de Agustina es la preocupaci&oacute;n permanente por desprenderse de la figura psicol&oacute;gica y moral del escritor. Lo que de este persiste a trav&eacute;s del an&aacute;lisis, de la interrogaci&oacute;n y sobre todo del testimonio sensible que se concreta en la construcci&oacute;n de situaciones, es un movimiento impersonal, una transferencia hacia el espacio en el que lo com&uacute;n y lo absolutamente extra&ntilde;o se identifican. La figura del sujeto identificado con la conciencia est&aacute; permanentemente cuestionada y apartada, tal como su complemento, la concepci&oacute;n relativa-objetivista del mundo. S&oacute;lo en las construcciones humanas y en los presentimientos que ellas cobijan se inscribe aquello que las traslada m&aacute;s all&aacute; de la vulgaridad y de la uniformidad de las &eacute;pocas. La &ldquo;realidad admirable de lo que es com&uacute;n&rdquo; est&aacute; apenas presentida en el movimiento de retirada del mecanismo general de la copia, condici&oacute;n para salir de los flujos autom&aacute;ticos de fuerzas que reducen el lenguaje a c&oacute;digos y la existencia humana a la simple preservaci&oacute;n de s&iacute; misma, esto es, a la simple subsistencia. Esta es la raz&oacute;n por la que la figura del escritor tenga su doble en todos los momentos-movimientos de los personajes que se retiran al imperio de la personalidad para ser sobretodo una responsabilidad: la de no desviarse de la disponibilidad que la exigencia de verdad o de justicia sit&uacute;an como condici&oacute;n de lo humano, y en la que las posibilidades no se presentan nunca fuera de elecciones decisivas y precarias:</p>
<p>Toda la calidad creativa de una persona depende de su energ&iacute;a para abandonar la complicidad con los dem&aacute;s (&hellip;) no ser un rico ni un pobre, un hombre, una mujer, un ciudadano de tal ciudad, un pasajero de tal barco, un coterr&aacute;neo, un colega, un hermano&rdquo;</p>
<p>La distancia cr&iacute;tica que forma parte del movimiento de la novela es al mismo tiempo un elemento de subjetivaci&oacute;n en cuanto permanente exigencia de decisiones, inseparable del hecho de tomar la palabra, del encuentro de virtualidades infinitas, secretos inconfesables que las personas persiguen-construyen a trav&eacute;s de ficciones que impregnan sus m&iacute;nimos gestos, tal como impregnan el quehacer art&iacute;stico.</p>
<p>Tomar la palabra es dirigirse al otro, hacer de &eacute;l un confidente del secreto que se desconoce y aceptar sus secretos como siendo lo que le es m&aacute;s propio y que como tal impide su objetivaci&oacute;n. La importancia del confidente en algunas novelas de Agustina va as&iacute; a la par del an&aacute;lisis de las contradicciones de la confesi&oacute;n, en la medida en que &eacute;sta se confunde con mecanismos de identificaci&oacute;n y persecuci&oacute;n a partir de la identificaci&oacute;n del secreto indescifrable, expuesto en palabras que permiten la interpretaci&oacute;n con la ocultaci&oacute;n voluntaria de pensamientos y actos. La hip&oacute;tesis de que todo se convierta en algo que se puede declarar aparece entonces como una de las pestes modernas, la de un cierto individualismo que corresponde a la p&eacute;rdida de relaci&oacute;n con el secreto que es la vida de los humanos en cuanto potencia creadora de enigmas inagotables: enigmas que no evolucionan hacia una resoluci&oacute;n, sino que se transforman en la singularidad de las distintas hablas, de las narraciones, de los textos. La subjetivaci&oacute;n no es por consiguiente la p&eacute;rdida de s&iacute; en una realidad intersubjetiva, sino el movimiento que va m&aacute;s all&aacute; del juego de espejos y de su esterilidad reproductiva.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="right">Traducci&oacute;n de Antonio Maura</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 20 Nov 2015 06:52:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cervantear la política: algo más que una ilusión postmoderna]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/cervantear-la-politica-algo-mas-que-una-ilusion-postmoderna/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2015/lasalle500.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="center">Jos&eacute; Mar&iacute;a Lassalle<a title="" href="#_ftn1">[1]</a></p>
<p>En <em>Vicisitudes del mudejarismo</em> Juan Goytisolo reconoce una deuda intelectual y literaria que una y otra vez se encarga de recordar y repetir. La &uacute;ltima vez, por cierto, durante la ceremonia de entrega del Premio Cervantes este mismo a&ntilde;o. Esa deuda no es otra que con Miguel de Cervantes, pues: &ldquo;Tres siglos y medio despu&eacute;s, los novelistas <em>cervanteamos</em> a&uacute;n sin saberlo; escribiendo nuestras obras, escribimos desde y para Cervantes; escribiendo sobre Cervantes escribimos sobre nosotros mismos. Ajenos o pr&oacute;ximos a sus devociones isl&aacute;micas, ser&aacute; en cualquier caso la alquibla en que converger&aacute;n nuestras miras&rdquo;.</p>
<p>Esa <em>alquibla</em> nos orienta hacia un &aacute;mbito de reflexi&oacute;n que permite proyectar luz sobre las sombras de un tiempo convulso como es el nuestro. Un tiempo en el que los ruidos y las furias provocados por la crisis global han introducido en nuestra cotidianidad una sensaci&oacute;n de desaliento y desesperanza, as&iacute; como una p&eacute;rdida de confianza en el futuro que recuerda aquel momento hist&oacute;rico en el que se forj&oacute; la <em>nacionalidad cervantina</em> de la que hablaba Carlos Fuentes, y que no es otro que el momento hist&oacute;rico de Cervantes. Una &eacute;poca de crisis tambi&eacute;n. Un periodo de la historia de Espa&ntilde;a y Europa en el que el optimismo renacentista y el cosmopolitismo que iba de la mano se ensombrecieron y quebraron bajo la presi&oacute;n de los fanatismos religiosos y nacionales, as&iacute; como por las frustraciones pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas que anticiparon lo que luego fue la experiencia ag&oacute;nica del Barroco. Algo que en la patria de Cervantes se agudiz&oacute; de la mano del fracaso palpable que cosecharon los anhelos imperiales que Carlos V inyect&oacute; en su tejido emocional y en el inconsciente colectivo espa&ntilde;ol. Anhelos que cayeron desechos junto a los ideales renacentistas que cuajaron en el erasmismo temprano que cal&oacute; con gran fuerza en Castilla y en los entornos burgueses de toda la pen&iacute;nsula. Quiz&aacute; por ello no debe extra&ntilde;arnos que la exaltaci&oacute;n idealista que identifica el quijotismo cobrara tanto predicamento en una &eacute;poca de desilusiones. Y es que, cuando los viejos ideales de la caballer&iacute;a ca&iacute;an en desuso bajo el peso de los acontecimientos que acompa&ntilde;aron el debilitamiento del proyecto imperial de Carlos V y el inicio de su temprana decadencia con Felipe II, esos mismos ideales fueron inmediatamente a&ntilde;orados por muchos que no dudaron en ver en ellos un refugio sentimental en el que guarecerse de la gravedad del realismo impuesto por la cruda facticidad de su &eacute;poca.</p>
<p>La Espa&ntilde;a de Cervantes es un pa&iacute;s desilusionado que hab&iacute;a apagado los sentimientos expansivos, din&aacute;micos, aperturistas y reformadores que movilizaron la Castilla renacentista. Un pa&iacute;s en retirada intelectual debido al aislamiento decretado por Felipe II y que, adem&aacute;s de desterrar el cosmopolitismo de principios de los siglos XV y XVI, y enterrar la fuerte implantaci&oacute;n erasmista arraigada entre las clases burguesas, administrativas y universitarias, se sumergi&oacute; en una sensaci&oacute;n colectiva de temprana decadencia que hizo que &ldquo;treinta a&ntilde;os antes de que aparezca la primera parte del <em>Quijote</em>, algunas manifestaciones de la crisis son bien visibles en el pa&iacute;s. Y lo que es m&aacute;s grave, las que se juzgan conveniencias del poder se imponen por todos los medios, desde los represivos de la Inquisici&oacute;n, hasta los que pudi&eacute;ramos llamar <em>infiltrativos</em> de una mentalidad contrarreformista, y cortan o deforman las tendencias reformadoras, para dejar en su lugar que se fomenten sue&ntilde;os de evasi&oacute;n&rdquo;<a title="" href="#_ftn2">[2]</a>.</p>
<p>Es en este dif&iacute;cil escenario de complejidad pol&iacute;tica, religiosa, econ&oacute;mica, social e intelectual donde se fragua la haza&ntilde;a literaria del Quijote y la personalidad creativa de Cervantes. Personalidad que se insufla sobre el conjunto de su obra como veremos y que hace posible que cuatro siglos despu&eacute;s se verbalice su nombre para designar una actitud que, en palabras de Juan Goytisolo en el mencionado discurso de aceptaci&oacute;n del premio Cervantes, supone: &ldquo;aventurarse en el territorio incierto de lo desconocido con la cabeza cubierta con un fr&aacute;gil yelmo bac&iacute;a. Dudar de los dogmas y supuestas verdades como pu&ntilde;os nos ayuda a eludir el dilema que nos acecha entre la uniformidad impuesta por el fundamentalismo de la tecnociencia en el mundo globalizado de hoy y la previsible reacci&oacute;n violenta de las identidades religiosas e ideol&oacute;gicas que sienten amenazados sus credos y esencias&rdquo;. Definici&oacute;n que el premiado no duda en glosar e ilustrar cuando cincela con precisi&oacute;n el horizonte y el sendero que en forma de alquibla muestra aqu&eacute;l, pues, se&ntilde;ala al respecto que: &ldquo;Cervantes nos muestra el camino&rdquo; de c&oacute;mo &ldquo;asumir la locura de su personaje como una forma superior de cordura&rdquo;. No en balde, &ldquo;al hacerlo no nos evadimos de la realidad inicua que nos rodea. Asentados al rev&eacute;s los pies en ella&rdquo; y, as&iacute;, los &ldquo;contaminados por nuestro primer escritor no nos resignamos a la injusticia&rdquo;.</p>
<p>Y as&iacute; es porque lo que era v&aacute;lido para lo &eacute;poca cervantina, lo es, a&uacute;n m&aacute;s, en la nuestra. De hecho, la lanza que esgrime el Quijote -y que no es otra que el humanismo reformador que contiene un relato creativo al servicio de la belleza y la libertad-, sirve para ofrecer un marco ilusionante y transformador dentro de un mundo en el que, parafraseando a Shakespeare, todo lo que era s&oacute;lido se desvanece en el aire. Algo que val&iacute;a entonces, vale ahora y valdr&aacute; en el futuro porque se alimenta de un substrato intemporal: el deseo de ofrecer respuestas a la incertidumbre que el futuro proyecta sobre la conciencia de los hombres cuando las seguridades se desintegran. Por eso la figura del Quijote es una posibilidad tangible en el siglo XXI. Porque nuestro mundo vive sumido en las incertidumbres surgidas del desmoronamiento de la solidez del discurso ilustrado y de la confianza en el Progreso. Algo que ha hecho posible el aire turbulento de los acontecimientos que han marcando el itinerario del siglo XXI y que, por eso mismo, puede permitirnos <em>cervantear</em> nuestro presente siguiendo los pasos de la escritura que hace cuatro siglos consigui&oacute; afirmarse en lo parad&oacute;jico y ambiguo de una pulsi&oacute;n creativa como la que exhibi&oacute; Cervantes a lo largo de toda su obra.</p>
<p>Tratemos de analizar por qu&eacute;. Y hag&aacute;moslo constatando que la propuesta cervantina no es m&aacute;s que una exaltaci&oacute;n pl&aacute;stica del humanismo como v&iacute;a de convivencia civilizada y tolerante. Exaltaci&oacute;n que el Renacimiento elev&oacute; a categor&iacute;a universalmente v&aacute;lida y que, a partir de ese momento, contiene una potencialidad pol&iacute;tica capaz de cambiar las cosas cuando &eacute;stas amenazan los fundamentos de la dignidad humana.</p>
<p>Esta potencialidad pol&iacute;tica es la que quiero reivindicar aqu&iacute;. Una reivindicaci&oacute;n que adjetiva la pol&iacute;tica al hacerla cultural, pues la cultura, las culturas, la hacen suya como un activo estrat&eacute;gico especialmente f&eacute;rtil en la actualidad, cuando la reflexi&oacute;n sobre nuestro tiempo exige interpretaciones poli&eacute;dricas y l&iacute;quidas, que incluyan sumatorios de oportunidad que desactiven las aristas violentas de un mundo repleto de disrupciones, inseguridades e incertidumbres. Tantas, o m&aacute;s, que las vividas por Cervantes. No en balde, el milenio que venimos transitando desde hace ya tres lustros ha globalizado e intensificado las experiencias traum&aacute;ticas que asolaron Europa en los siglos XVI y XVII.</p>
<p>El mundo de hoy es v&iacute;ctima de una exacerbaci&oacute;n exponencial de formas y focos de fanatismo y violencia frente a los cuales solo cabe el efecto disuasorio de la cultura. La perfectibilidad ilusionante de la democracia ha desembocado en frustraci&oacute;n colectiva debido a las dificultades de mejora global para la humanidad y a la deriva ideologizada e imperialista de algunos de sus planteamientos. Circunstancias que han hecho que renazcan los fanatismos identitarios que reivindican la experiencia totalitaria como una tabla de salvaci&oacute;n en medio del naufragio global del relato pol&iacute;ticamente liberador de la Modernidad. Como Todorov ha planteado recientemente en <em>Los enemigos &iacute;ntimos de la democracia</em>, la globalizaci&oacute;n del capitalismo ha agudizado las desigualdades y las contradicciones mundiales a trav&eacute;s de las empresas transnacionales y la absolutizaci&oacute;n de la libertad de consumir como un bien sagrado, al tiempo que la democracia se ha debilitado como contrapeso &eacute;tico en su credibilidad universal debido a su intento de imponerse por las bombas. Y si esto sucede a escala mundial, en el seno de las democracias consolidadas sus fundamentos se han erosionado poderosamente con el surgimiento de nuevas formas de fanatismo populista surgidas del inconsciente colectivo reprimido a golpes de esa institucionalidad burocratizada y economicista imperante durante d&eacute;cadas de bienestar consumista.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>As&iacute; las cosas, no es extra&ntilde;o que nuestro mundo evolucione vertiginosamente a lomos de un Leviat&aacute;n aparentemente salv&iacute;fico y neutro que instituye un nuevo paradigma universal de progreso y perfectibilidad humana. Un Leviat&aacute;n que cobra vida instituyendo la utop&iacute;a de un cibermundo que reivindica la democracia virtual en tiempo real y en forma de 140 caracteres; la anulaci&oacute;n del tiempo mediante la comunicaci&oacute;n digital y la desaparici&oacute;n de la facticidad corporal como soporte de la identidad; as&iacute; como esa mercantilizaci&oacute;n colectivizada de las emociones individuales que fluye a trav&eacute;s de las redes sociales y que alcanza su apogeo a impulsos de las <em>shitstorms</em> an&oacute;nimas que sacuden el tejido digital como progromos postmodernos, confirm&aacute;ndose de este modo la tesis que Paul Virilio resume a la perfecci&oacute;n en el t&iacute;tulo de su ensayo <em>El cibermundo, la pol&iacute;tica de lo peor</em>.</p>
<p>Bajo la forma de esta pol&iacute;tica de lo peor que se metamorfosea en un pan&oacute;ptico digital, la sociedad global se convierte en &ldquo;una sociedad psicopol&iacute;tica de la transparencia&rdquo; en la que, seg&uacute;n Byung-Chul Han, &ldquo;en lugar del bipoder se introduce el <em>psicopoder</em>. La psicopol&iacute;tica, con ayuda de la vigilancia digital, est&aacute; en condiciones de leer pensamientos y controlarlos&rdquo;. Irrumpe en el siglo XXI un inconsciente cibern&eacute;tico a trav&eacute;s de un neoliberalismo en red que prima la desregulaci&oacute;n digital y esa libertad virtual ilimitada que deshace la facticidad e impulsa un individualismo virtual masivo y amorfo que sustituye la acci&oacute;n por el tecleo aislado, y donde el tiempo real anula la perspectiva mientras la coacci&oacute;n de la comunicaci&oacute;n nos hace numerables y datables como instrumentos de monetarizaci&oacute;n capitalista. En fin, que el psicopoder del que habl&aacute;bamos m&aacute;s arriba se hace m&aacute;s eficiente y eficaz que lo que Foucault denominaba el biopoder. Y ello porque es capaz de manipular, controlar y vigilar a los hombres sin recurrir a mecanismos de represi&oacute;n directa o indirecta. Le basta la psique como espacio de acci&oacute;n. Opera dentro de los seres humanos y desarrolla una forma de coacci&oacute;n social de las masas mediante una psicolog&iacute;a digital. Como advierte Han, las sociedades libres evolucionan hacia &ldquo;la sociedad de la vigilancia digital, que tiene acceso al inconsciente colectivo, al futuro comportamiento social de las masas y desarrolla rasgos totalitarios. Nos entrega a la programaci&oacute;n y al control psicopol&iacute;ticos. Con ello ha pasado la &eacute;poca biopol&iacute;tica. Hoy hacemos rumbo a la &eacute;poca de la psicopol&iacute;tica digital&rdquo;<a title="" href="#_ftn3">[3]</a>.</p>
<p>A la vista de este marco que acabamos de describir -y que explica la tesis que Juan Goytisolo apuntaba en su discurso de aceptaci&oacute;n del Premio Cervantes-, &iquest;por qu&eacute; no reivindicar pol&iacute;ticamente la oportunidad estrat&eacute;gica de esa cultura del humanismo que, como veremos a continuaci&oacute;n, vertebra la obra de Cervantes y, en concreto, el Quijote? Habr&aacute; quien piense que es una suerte de ilusi&oacute;n postmoderna o, quiz&aacute;, haya quien vea incluso en esta reflexi&oacute;n un gesto de romanticismo esteticista, de reaccionarismo antit&eacute;cnico o, por resumir, una quijotada ut&oacute;pica sin sentido ni necesidad.</p>
<p>Dir&eacute; en mi descargo que los habitantes de nacionalidad cervantina a&ntilde;oramos aquella patria perdida que moraba Carlos Fuentes y que no es otra que las p&aacute;ginas que pisan los cascos de Rocinante. La a&ntilde;oramos porque la sabemos no del todo perdida. Que es precisamente lo mismo que sintieron a aquellos primeros lectores que tuvo el Quijote cuando se asomaron a la posibilidad de recuperar el idealismo caballeresco como cortafuegos &eacute;tico y est&eacute;tico frente al Estado absoluto que iba imponiendo la pol&iacute;tica de su tiempo.</p>
<p>Blandiendo el pasaporte imaginario de esa nacionalidad cosmopolita y humanista que es el Quijote, me atrevo a parafrasear a Malraux y afirmar que el siglo XXI ser&aacute; cultural, o no ser&aacute;. La gesti&oacute;n de la complejidad a la que inevitablemente nos dirigimos tendr&aacute; que resolverse desde el relato excluyente y homogeneizador de la tecno-ciencia y el neocapitalismo digital, o desde el relato incluyente y heterog&eacute;neo de la cultura/s.</p>
<p>El futuro se decide en estos momentos y se decide pol&iacute;ticamente. Pues pol&iacute;tica es promover la pesadilla de esa especie de derecho divino de las masas digitales que describe MacLuhan cuando define al <em>homo electronicus</em> y constata que una estructura tecnol&oacute;gica va modelando a la humanidad en t&eacute;rminos globales. Y pol&iacute;tica es, tambi&eacute;n, reivindicar la reforma cervantina del hombre al dotarle de las armas sensibles e intelectuales de la cultura; armas que le permitir&iacute;an crear un entorno de convivencia cosmopolita en donde la belleza y la justicia fuesen posibles; donde se viera al <em>otro</em> como un igual que se siente, se toca y palpa; donde la diversidad actuase como est&iacute;mulo y complemento de la libertad de cada uno; donde la empat&iacute;a nos desdoblara en el dolor de los otros y la identidad fluyera como una oportunidad individual de ser en plural que comprendiese el valor de la dignidad y el respeto que todos merecemos; donde la imaginaci&oacute;n se convirtiera en una experiencia de realizaci&oacute;n personal y no una p&eacute;rdida de tiempo in&uacute;til y marginal; en fin, donde la heterodoxia contribuyera a facilitar la empat&iacute;a civilizada y no la antipat&iacute;a de la tribu.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&iquest;Por qu&eacute; no reclamar, por tanto, la oportunidad pol&iacute;tica del Quijote en el siglo XXI, precisamente cuando se afronta el cuarto centenario de la conclusi&oacute;n de tan magna novela y un a&ntilde;o antes del tambi&eacute;n cuarto centenario de la muerte de su autor? &iquest;Acaso no tenemos derecho a so&ntilde;ar con los ojos abiertos que la <em>paideia</em> cervantina retorna en la l&iacute;nea del horizonte con las siluetas de Don Quijote y Sancho Panza recort&aacute;ndose en el amanecer de un nuevo tiempo?</p>
<p>Y es que la figura de nuestro caballero andante &ldquo;se nos muestra como una poderosa individualidad, y en cuanto tal, como un producto de ese descubrimiento del hombre individual, propio del Renacimiento&rdquo;<a title="" href="#_ftn4">[4]</a>. Una personalidad que resalta que lo que importa es lo que cada uno lleva consigo a la espalda de su existencia a trav&eacute;s de sus obras, pues, como dice Don Quijote: &ldquo;no hay fortuna en el mundo, ni las cosas que en &eacute;l suceden, buenas o malas que sean, vienen acaso, sino por particular providencia de los cielos, y de aqu&iacute; viene lo que suele decirse: que cada uno es art&iacute;fice de su ventura&rdquo;.</p>
<p>Afirmaci&oacute;n que aboca radicalmente al hombre a su libertad, tal y como Erasmo defend&iacute;a y, con &eacute;l, la tradici&oacute;n que arranca de Petrarca. Una tradici&oacute;n que la cultura del Renacimiento exaltar&aacute; y que el eramismo hisp&aacute;nico convertir&aacute; en cuerpo te&oacute;rico que promover&aacute; la idea de que se es libre de obrar como se quiera porque lo que cada uno haga es atribuible a &eacute;l en exclusiva, tal y como Bataillon recalca cuando escribe su <em>Erasmo y Espa&ntilde;a</em> y afirma que se desprende de las p&aacute;ginas del Quijote &ldquo;una secreta lecci&oacute;n de libertad y de humanidad&rdquo;<a title="" href="#_ftn5">[5]</a>. Una tradici&oacute;n humanista que se vincular&aacute; a la cultura y al conocimiento que aporta esa rep&uacute;blica de los libros de la que hablaba Petrarca y que conf&iacute;a en el poder demi&uacute;rgico de la lectura y las artes vinculadas a la b&uacute;squeda de la belleza y la justicia. De ah&iacute; que Aldo Manuzio no dudara en defender en los umbrales del siglo XVI que esperaba que &ldquo;en un futuro pr&oacute;ximo, una vez eliminada la barbarie y vencida la ignorancia, las Buenas Letras y las verdaderas disciplinas sean abrazadas no, como en la actualidad, por una &iacute;nfima minor&iacute;a, sino por el concierto universal&rdquo;<a title="" href="#_ftn6">[6]</a>.</p>
<p>Fiel a esta esperanza descrita por Manuzio, el Renacimiento promueve un poder reformador que brota del esp&iacute;ritu y que se proyecta hacia la acci&oacute;n como una voluntad de cambio de la persona y de su entorno. Idea que tanto Erasmo como Vives o Moro defend&iacute;an igualmente. Un poder que tiene que nacer de uno mismo gracias al despertar de la conciencia cr&iacute;tica que la cultura provoca con su vocaci&oacute;n de hacernos mejores.</p>
<p>El movimiento caballeresco respond&iacute;a, por tanto, a ese ideal de mejoramiento humano. Tal es as&iacute; que el Renacimiento sigui&oacute; elogi&aacute;ndolo al conectar las letras y las virtudes. Una conexi&oacute;n que incluso articular&aacute; una &eacute;pica del esp&iacute;ritu que ser&aacute; identificada como una nueva elite transnacional. Conjurada frente al fanatismo que amenazaba por doquier la paz de Europa debido a las tensiones religiosas y la emergencia de las nacionalidades, Erasmo de Rotterdam ser&aacute; su bander&iacute;n de enganche al ver en &eacute;l, seg&uacute;n dibujaba Stefan Zweig, al antib&aacute;rbaro cosmopolita y tolerante que combat&iacute;a con su escritura toda reacci&oacute;n y tradicionalismo identitario, al tiempo que promov&iacute;a &ldquo;una humanidad m&aacute;s alta, m&aacute;s libre y m&aacute;s humana&rdquo;<a title="" href="#_ftn7">[7]</a>.</p>
<p>Precisamente esta relaci&oacute;n &iacute;ntima entre las letras y las virtudes &eacute;picas del conocimiento al servicio de la tolerancia y la libertad, llevar&aacute; a que se defienda que cualquier proyecto de reforma o cambio colectivo debe brotar de la b&uacute;squeda de la excelencia virtuosa de la persona. De una reforma personal que haga de la libertad el instrumento de una fuerza desbordante e ilimitada de individualidad humanizadora. Algo que requiere el arrojo caballeresco medieval y que recuerda el esp&iacute;ritu de la <em>futuwwa</em> o antigua caballer&iacute;a espiritual suf&iacute; en la que se inspir&oacute;. Un esp&iacute;ritu de lucha interior por afirmar la naturaleza virtuosa del ser humano y que har&aacute; decir al Quijote que la libertad: &ldquo;es uno de los m&aacute;s preciados dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre&rdquo;.</p>
<p>Y es que en Cervantes, el hombre es lo que cada uno hace, alcanza y adquiere con su esfuerzo y sacrificio, de modo que el valor de las personas se liga a su ser. Hasta el punto de que se ve la vida como libertad. No en balde, siguiendo a Luis Rosales: &ldquo;La vida personal nos hace libres, pero enti&eacute;ndase bien que nuestra vida es la que es libre. Yo no soy libre respecto de ella; <em>Yo no soy libre sino en mi vida</em>. La libertad <em>originaliza</em> la existencia humana y obliga al hombre a inventarse a s&iacute; mismo. El hecho de ser libres nos hace responsables. La responsabilidad es la corona de la libertad&rdquo;<a title="" href="#_ftn8">[8]</a>. Esta conexi&oacute;n cervantina entre la libertad y la responsabilidad de su ejercicio es una idea repetida en su pensamiento y que recorre el Quijote y el resto de sus escritos, hasta el punto de consistir en la fundamental filosof&iacute;a existencial de Cervantes. Tesis que hizo propia Ortega cuando en sus <em>Meditaciones del Quijote</em> define a &eacute;ste como un h&eacute;roe, es decir, &ldquo;alguien que quiere ser &eacute;l mismo&rdquo; mediante un acto real de voluntad del que tan s&oacute;lo &eacute;l responde<a title="" href="#_ftn9">[9]</a>. En este sentido hay que recordar que Cervantes siempre crey&oacute; que eran &uacute;nicamente las obras de los hombres las que los diferenciaban y seleccionaban. Cada hombre depende de s&iacute; y puede llegar hasta donde le lleve su deseo de individualidad afirmante, pues como dice nuestro h&eacute;roe: &ldquo;No es un hombre m&aacute;s que otro si no hace m&aacute;s que otro&rdquo;. Algo que reitera como cuestionamiento expl&iacute;cito del orden estamental de su &eacute;poca cuando insiste en que la &ldquo;virtud vale por s&iacute; sola lo que sangre no vale&rdquo;. O que &ldquo;un caballero andante, como tenga dos dedos de ventura, est&aacute; en potencia propincua de ser el mayor se&ntilde;or del mundo&rdquo;.</p>
<p>El ideal caballeresco que perdura en el humanismo renacentista invoca las letras como aliadas en su aventura heroica de reforma interior y de afirmaci&oacute;n individual, pero sin olvidar que &ldquo;este af&aacute;n reformador no surge del lado de las convicciones intelectuales, cr&iacute;ticamente fundadas y ordenadas seg&uacute;n un sistema l&oacute;gico. Viene, s&iacute;, en cambio, por el lado de la voluntad y de lo que &eacute;sta quiere. Por eso alcanza una eficacia extraordinaria, desde la aparici&oacute;n de los primeros s&iacute;ntomas de un nuevo esp&iacute;ritu reformista, el amor&rdquo;<a title="" href="#_ftn10">[10]</a>.</p>
<p>Y ello porque el amor, como vio Denis De Rougemont en <em>El amor y Occidente</em>, se convierte en la pulsi&oacute;n conformante de la caballerosidad occitana y de la cortes&iacute;a provenzal que har&aacute; que se busque la suavidad, el deleite y la dulzura de interpretar el mundo a trav&eacute;s de la mirada que se refugia en el rostro de lo amado y a partir de ah&iacute; en la fuente de entrega &eacute;pica, sacrificio esforzado y renovaci&oacute;n moral a la que se dedicar&aacute; el h&eacute;roe caballeresco como un proyecto vital que recorrer&aacute; su quehacer andante<a title="" href="#_ftn11">[11]</a>. Visi&oacute;n que el erasmismo sistematiz&oacute; y teoriz&oacute; pl&aacute;sticamente a trav&eacute;s de la caballerosidad intelectual del humanista. De modo que para &eacute;ste el amor es una energ&iacute;a fundante y desmedida que moviliza al hombre plet&oacute;ricamente en pos de un ideal que lo transforma en otro. Un ideal de perfeccionamiento que desde el interior se proyecta hacia fuera. Esp&iacute;ritu que el Quijote secundar&aacute; a pies juntillas con su fidelidad caballeresca y que invocar&aacute; una y otra vez a lo largo de la novela al verle rehacerse en sus fracasos guiado por la inspiraci&oacute;n de la amada. &iquest;Acaso no dice Don Quijote de la simpar Dulcinea: &ldquo;ella pelea en m&iacute; y vence en m&iacute; y yo vivo y respiro en ella y tengo vida y ser&rdquo;?</p>
<p>Para Cervantes el amor es la clave de b&oacute;veda del perfeccionamiento terreno y la antesala de la experiencia supraterrena. Abre las puertas al interior humano y bajo sus efectos se produce un enriquecimiento interior mediante un proceso espiritual que pretende reformar la naturaleza de quien ama para ser m&aacute;s digno del amado. El objetivo no es otro que ser mejor. Sacar al hombre de los goznes de su ser y provocar que anhele lo nuevo y renuncie a todo lo que fue en el pasado. De este modo se construye una coherencia moral al servicio de lo amado que lo engrandece y transforma en el fruto de su voluntad amorosa. Algo que Erasmo y el humanismo del Renacimiento elevaron a categor&iacute;a y que Cervantes interioriza en su personaje caballeresco.</p>
<p>Movilizado por el amor Don Quijote se convierte en un hombre nuevo. Una criatura metamorfoseada que quiere dar &ldquo;universal ejemplo de c&oacute;mo se puede ser otro del que se era, de c&oacute;mo le es posible al ser humano reformarse&rdquo;. Un ser ejemplar que irradia un proyecto de mejoramiento admirable en donde el amor es el art&iacute;fice de los cambios. Gracias al amor se mueve el deseo de que el hombre cumpla con sus ideales de caballero. As&iacute; llega a ser alguien extraordinario, pues lo que ha conseguido es una serie de cualidades que no pose&iacute;a y que ha ganado con su heroico esfuerzo. Y &ldquo;no para conmover y excitar a los otros, sino como ascesis para su propio y personal mejoramiento. No es que al salir de una aventura con el cuerpo molido a palos se sienta dichoso de ello, porque sacrificarse sea su prop&oacute;sito, que bien le o&iacute;mos quejarse del dolor f&iacute;sico y lamentarse de sus tristes percances; lo que le hace soportar sus adversidades es el sentimiento de que algo en &eacute;l, de todas formas, ha salido triunfante: su &aacute;nimo, su esforzado &aacute;nimo&rdquo;<a title="" href="#_ftn12">[12]</a>.</p>
<p>Llegados a este punto ser&iacute;a bueno preguntarse por qu&eacute; alienta en Cervantes y su personaje toda esta voluntad de reforma animosa del esp&iacute;ritu a trav&eacute;s del amor y del cumplimiento del ejercicio heroico de la caballer&iacute;a. &iquest;Por qu&eacute; abordar tanto perfeccionamiento &iacute;ntimo y de los hombres, tanto anhelo de mejora de la vida propia y ajena?</p>
<p>La respuesta nos la da el propio Don Quijote quien, v&iacute;ctima del exorcismo cr&iacute;tico de los libros y de la cultura, no duda en decir a su fiel Sancho que: &ldquo;Has de saber que yo nac&iacute;, por querer el cielo, en esta nuestra edad de hierro para resucitar en ella la de oro, la dorada, como suele llamarse&rdquo;. M&aacute;s all&aacute; de la referencia a Hes&iacute;odo y el mito de las edades contenido en su famosa <em>Teogon&iacute;a</em>, lo cierto es que con estas palabras est&aacute; reflej&aacute;ndose la cr&iacute;tica expl&iacute;cita que Cervantes hace de su tiempo. La rebeld&iacute;a que denotan es clara y puede resumirse as&iacute;: al Quijote no le gusta el tiempo que vive y a&ntilde;ora otro distinto que busca restaurar con las armas de caballero andante. La carga pol&iacute;tica que encierra esta reflexi&oacute;n no se ci&ntilde;e a una cr&iacute;tica sin m&aacute;s ya que aloja una posibilidad de cambio y mejora, pues, Don Quijote piensa que pueden enderezarse las cosas a golpe de idealismo caballeresco. Circunstancia que mueve a Jos&eacute; Antonio Maravall a entender que detr&aacute;s de tan expl&iacute;cita misi&oacute;n pol&iacute;tica hay el juego de tres factores sucesivos: &ldquo;primero, la disconformidad con su edad presente; segundo, un anhelo de reforma que se eleva pujante sobre esa disconformidad; tercero, el ideal de la edad dorada cuya sola nominaci&oacute;n revela ya su &oacute;ptima calidad&rdquo;. Misi&oacute;n que, contin&uacute;a el historiador, logr&oacute; fundirse bajo la experiencia del Renacimiento, pues, s&oacute;lo &ldquo;animado por el nuevo esp&iacute;ritu de que &eacute;sta surge puede el hombre haber aguzado suficientemente un sentido cr&iacute;tico para rechazar la situaci&oacute;n en que se halla viviendo. S&oacute;lo tambi&eacute;n despu&eacute;s del Renacimiento se puede pensar que la organizaci&oacute;n social y pol&iacute;tica es un artificio humano, una obra suya, un producto del arte, dicho con el t&eacute;rmino escol&aacute;stico medieval, o, lo que es equivalente, de la t&eacute;cnica, seg&uacute;n expresi&oacute;n contempor&aacute;nea. Finalmente, s&oacute;lo tras aquella decisiva crisis hist&oacute;rica a que nos venimos refiriendo, tras ese trascendental Renacimiento, puede el hombre, tan gr&aacute;vido de personalidad, encontrarse con fuerzas para promover la reforma que traiga un estado mejor y hacer de la <em>aurea aetas</em> no ya un recurso literario o hist&oacute;rico, sino un paradigma de futuro&rdquo;<a title="" href="#_ftn13">[13]</a>.</p>
<p>Mejorarse a s&iacute; mismo para tratar de mejorar el mundo nace en el Quijote de un distanciamiento cr&iacute;tico de la realidad cotidiana que le toca vivir. Distanciamiento que es el resultado de un descontento y desilusi&oacute;n colectivos que Cervantes no duda hallarlos en su tiempo cuando afirma por boca de su personaje la disconformidad que experimenta con &ldquo;estos nuestros detestables siglos&rdquo;. Con todo, este distanciamiento no desemboca en el resentimiento ni la cr&iacute;tica &aacute;cida. Cervantes respeta su tiempo como oportunidad. No es fatalista ni tampoco determinista. El desenga&ntilde;o que proyecta la realidad es grande pero piensa que puede corregirse. La ilusi&oacute;n siempre est&aacute; vigente en la escritura cervantina, pues, aunque &ldquo;ahora ya triunfa la pereza de la diligencia, la ociosidad del trabajo, el vicio de la virtud, la arrogancia de la valent&iacute;a y la te&oacute;rica de la pr&aacute;ctica de las armas, que s&oacute;lo vivieron y resplandecieron en las edades de oro y en los andantes caballeros&rdquo;, sin embargo, sigue siendo posible a los ojos del Quijote restaurar el pasado que tanto se a&ntilde;ora y que no se da del todo por perdido.</p>
<p>&iquest;C&oacute;mo no va a ser posible ese enderezamiento de la realidad si Cervantes reitera a lo largo de sus obras que no es fatalista? &iquest;No afirm&oacute; en el <em>Viaje del Parnaso</em> que: &ldquo;T&uacute; mismo te has forjado la ventura&rdquo;? Quien dice esto ha de creer firmemente en la libertad humana como instrumento posible de cambio. M&aacute;xime si el pensamiento cervantino lo reitera de forma constante, tal y como se condensa en esta bell&iacute;sima reivindicaci&oacute;n de la libertad cuando hace clamar al protagonista de <em>Los ba&ntilde;os de Argel</em> estos versos: &ldquo;Y he llevar mi libertad en peso/sobre los propios hombros de mi gusto&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Que a Don Quijote y a su autor no les gusta el tiempo que viven es obvio. Ambos lo afirman porque constatan cr&iacute;ticamente que hay torpezas, abusos, enga&ntilde;os, corrupci&oacute;n, errores y maldades de todo tipo a su alrededor. Sin embargo, esta realidad no es tan abrupta como para impedir que se corrija si alguien se empe&ntilde;a en ello. Y no como resultado de una temeraria alucinaci&oacute;n sino como producto de una reflexi&oacute;n cr&iacute;tica y libre que orienta sus conclusiones hacia una pugna transformadora de la realidad. La demostraci&oacute;n de ello nos la brinda la figura del Quijote. En &eacute;l se constata que es la consecuencia de un proceso volitivo consciente: el que protagoniza Don Alonso Quijano tras haberse refugiado de la intemperie de su tiempo a trav&eacute;s de los libros. En contacto con ellos y, por tanto, con la cultura que encarnan, surge la figura del Quijote como su metamorfosis.</p>
<p>El llamado caballero de la Triste Figura es el resultado de haber interiorizado el cultivo intelectual que le aporta la cultura libresca asimilada durante a&ntilde;os. De haber sentido c&oacute;mo la duda mord&iacute;a la normalidad de lo manido y establecido; c&oacute;mo el inconformismo le obligaba a dibujar la esperanza de un cambio como algo m&aacute;s que una mera posibilidad. Pero, sobre todo, de descubrir que se puede ser lo querido si se esfuerza uno en ser libre guiado por la imaginaci&oacute;n anticipada de lo deseado. De ah&iacute; que Don Quijote, molido a palos tras su primera salida, no dude en afirmar que sabe qui&eacute;n es cuando, tras encontrarse a un vecino suyo en el camino de regreso a su pueblo, sufre el cuestionamiento de su identidad caballeresca al escuchar que ni es el Marqu&eacute;s de Mantua, ni Valdovinos, ni Abindarr&aacute;ez, sino el honrado hidalgo el se&ntilde;or Quijana. Y as&iacute; en medio de su penuria se yergue y afirma orgulloso su identidad querida, y dice entonces a su vecino: &ldquo;Yo s&eacute; qui&eacute;n soy, y s&eacute; que puedo ser, no s&oacute;lo los que he dicho, sino todos los doce Pares de Francia, y aun todos los nueve de la Fama, pues a todas las haza&ntilde;as que ellos todos juntos y cada uno por s&iacute; hicieron se aventajar&aacute;n las m&iacute;as&rdquo;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Pero para materializar estas haza&ntilde;as son necesarios medios o, mejor dicho, un m&eacute;todo o camino que lo encamine y dirija hacia ello. M&eacute;todo al que ya hemos visto que llega partiendo de la disconformidad cr&iacute;tica con su tiempo y que estimula el amor que propicia los cambios interiores que reforman el esp&iacute;ritu. Sin embargo, este m&eacute;todo no se queda ah&iacute;. Incorpora una energ&iacute;a proyectiva que hace a Don Quijote inclinarse en pos de la aventura. Pero no solo en t&eacute;rminos deambulatorios sino como experiencia de desarraigo f&iacute;sico y personal. Por ello, Cervantes lo cincela como un caballero andante que huye de la completitud de lo delimitado y cerrado. Un <em>homo viator</em> que hace que su vida transcurra en el mundo, buscando aventuras en las que poner a prueba su identidad y viendo como &eacute;sta se hace y deshace en proceso permanente de reformulaci&oacute;n de uno mismo. Y as&iacute;, Don Quijote se convierte ante los ojos del lector en una criatura desarraigada. Un ant&iacute;poda de esas identidades est&aacute;ticas que necesitan la geometr&iacute;a de lo homog&eacute;neo y que, como comentaba Luis Bu&ntilde;uel, propenden a la pureza identitaria, religiosa o racial que es la madre de todos los vicios<a title="" href="#_ftn14">[14]</a>. De ah&iacute; la importancia que tiene el viaje y c&oacute;mo a trav&eacute;s de &eacute;l se despliega una sucesi&oacute;n de aventuras que vertebra la historia relatada por Cervantes y, con ella, el desarrollo de la identidad del protagonista.</p>
<p>Y es que el objetivo del viaje es conocer las posibilidades de la vida. Frecuentar una geograf&iacute;a de lo desconocido es descubrir el car&aacute;cter problem&aacute;tico y parad&oacute;jico de la libertad y de la aventura. Convertido en un n&oacute;mada que se aventura con af&aacute;n de conocer tierras y gentes diversas, el Quijote afronta sus empresas en el contexto de un viaje inici&aacute;tico y formativo que es descrito a la manera cosmopolita del Renacimiento: con el deseo heterodoxo de aprender y desdoblarse, de mezclar lo propio con lo ajeno y as&iacute; contagiarse rec&iacute;procamente. Como dice Cervantes en <em>El licenciado vidriera</em>: &ldquo;las luengas peregrinaciones hacen a los hombres discretos&rdquo;.</p>
<p>Discreci&oacute;n, no lo olvidemos, que para el erasmismo es la palabra suprema, &ldquo;aquella con que se designa el car&aacute;cter, en su conjunto, del tipo humano que se desea: expresa una serie de cualidades intelectuales, morales, sociales, cuya pondera reuni&oacute;n se ambiciona sobre todo&rdquo;<a title="" href="#_ftn15">[15]</a>. Discreci&oacute;n que, curiosamente, bien de forma adjetivada, bien de forma nominal, se utiliza repetidamente en el Quijote para elogiar a alguien. Especialmente a partir de que Don Quijote se asoma a Barcelona y, por tanto, al Mediterr&aacute;neo. Hecho que denota que el peregrinaje del Quijote por la anchurosa franja de diversidad que alojaba la pen&iacute;nsula ib&eacute;rica dio sus frutos. No en balde, la consumaci&oacute;n discreta del personaje bien puede verse como el reflejo de conocer costumbres, intercambiar experiencias y opiniones, as&iacute; como recorrer tierras tiznadas de policrom&iacute;a humana y real muy distintas entre s&iacute;.</p>
<p>Reflejo quiz&aacute; de la propia experiencia cosechada por Cervantes a lo largo de su viajada vida y que le hizo conocer precisamente ese mundo mediterr&aacute;neo que era el crisol de su tiempo, y donde trab&oacute; contacto directo con aquel <em>otro </em>vivencial que era el Islam para la Europa de la &eacute;poca. M&aacute;s all&aacute; de la tensi&oacute;n b&eacute;lica que exist&iacute;a entre Espa&ntilde;a y sus aliados con Turqu&iacute;a, y que desemboc&oacute; en la batalla de Lepanto, las referencias cervantinas al Mediterr&aacute;neo musulm&aacute;n no son hostiles. Incluso cabr&iacute;a apuntar que se desliza subterr&aacute;neamente una cierta fascinaci&oacute;n hacia &eacute;l. Esto lleva a sostener que &ldquo;lo isl&aacute;mico, en Cervantes, no es simplemente una casualidad, sino que desde un firme convencimiento, con el fin de tender un puente entre culturas existentes, hace suyos los t&eacute;rminos &aacute;rabes, moros y moriscos creando un ambiente de entendimiento y di&aacute;logo entre personajes y situaciones, sobre todo en el Quijote, uniendo Oriente con Occidente&rdquo;<a title="" href="#_ftn16">[16]</a>.</p>
<p>Lo evidencian varios hechos, aunque baste destacar aqu&iacute; c&oacute;mo alude a la tragedia morisca, de &ldquo;la que se siente atra&iacute;do por los personajes desarraigados o las minor&iacute;as perseguidas&rdquo; y el recuerdo de &ldquo;aquel pueblo marginado y rechazado encuentra con el sabio Cide Hamete Benengeli en el Quijote una rehabilitaci&oacute;n digna&rdquo;<a title="" href="#_ftn17">[17]</a>. Extremos ambos que refuerzan la heterodoxia con la que se configura la identidad cervantina y que reflejan una visi&oacute;n abierta y antidogm&aacute;tica de la vida. Discreta percepci&oacute;n, por tanto, de tolerancia y apertura que explica el tono amable y optimista que recorre el Quijote de principio a fin.&nbsp;</p>
<p>Pero la alabada discreci&oacute;n elogiada por Cervantes no solo nace de la experiencia del viaje y de lo que significa simb&oacute;licamente. A&uacute;na m&aacute;s cosas. Concretamente el saber que se desprende del conocimiento de las letras. La suma de ambos introduce una variante intelectual a la empresa quijotesca. Si &ldquo;viajar ense&ntilde;a a mirar con atenci&oacute;n la vida que bulle&rdquo;, los libros &ldquo;deben ayudarnos a relacionarnos con los otros&rdquo;. Y ello, porque &ldquo;el saber es fundamental para entender la riqueza del mundo&rdquo;<a title="" href="#_ftn18">[18]</a>. Sobre todo porque ambos se complementan y se relacionan dentro del proceso que lleva a los hombres a ser discretos y contribuir a una vida armoniosa con los dem&aacute;s. Como dice Auristela en el <em>Persiles</em>: &ldquo;Mi hermano Periandro es agradecido como principal caballero y discreto como andante peregrino: que el ver mucho y leer mucho aviva los ingenios de los hombres&rdquo;. De hecho, no hay que olvidar que la metamorfosis quijotesca la afronta Don Alonso al ser v&iacute;ctima de los libros y, por tanto, de su condici&oacute;n letrada. Del viaje literario pasa al transitar de los caminos como una consecuencia l&oacute;gica. Una evoluci&oacute;n ficticia que convierte la aventura en una proyecci&oacute;n imaginativa liberada por los libros y que condiciona y transforma la realidad del personaje y su entorno, pero que emana de su naturaleza libresca y culta. Cuesti&oacute;n que Cervantes caracteriza como &ldquo;motivo de distinci&oacute;n, de elevaci&oacute;n sobre el com&uacute;n y de verdadero ennoblecimiento&rdquo;. Y es que &ldquo;si noble y virtuoso se equiparan, ambos se han de apoyar en la sabidur&iacute;a, es decir, en ser, para una cosa y otra letrados&rdquo;<a title="" href="#_ftn19">[19]</a>. Por eso dice Don Quijote: &ldquo;Y no pens&eacute;is, se&ntilde;or, que yo llamo vulgo solamente a la gente plebeya y humilde; que todo aquel que no sabe, aunque sea se&ntilde;or y pr&iacute;ncipe, puede y debe entrar en n&uacute;mero de vulgo&rdquo;. Idea que reitera y sentencia cuando, con deleite erasmista, no duda en apostillar que: &ldquo;La pluma es lengua del alma&hellip; cuales fueren los conceptos que en ella se engendrasen, tales ser&aacute;n sus escritos&rdquo;.</p>
<p>La conexi&oacute;n entre caballer&iacute;a andante y elitismo letrado en la que se confunden y entremezclan las personalidades de Don Quijote y Don Alonso Quijano es una forma de maridaje novel&iacute;stico que Cervantes resuelve con maestr&iacute;a y acierto. Entre otras cosas porque brinda al lector la plasmaci&oacute;n de un tipo singular de humanismo que hilvana sutilmente las letras con las armas, haciendo de las primeras una depuraci&oacute;n sublimada y culta del empe&ntilde;o belicoso de anta&ntilde;o. Esta forma de humanismo caballeroso es descrita por Maravall como <em>humanismo de las armas</em>. Un humanismo en el que el caballero andante esgrime la cultura humanista como arma de combate que recubre espiritualmente la lanza f&iacute;sica con la que se pretende restaurar la edad de oro que yace a los pies de los furiosos caballos de su tiempo. Algo que daba forma a los ideales virtuosos y reformadores de esa nobleza del alma que, durante el Renacimiento, impuls&oacute; a lomos del erasmismo la civilizaci&oacute;n cosmopolita que defend&iacute;an sus miembros. Una nobleza espiritual que interioriz&oacute; los h&aacute;bitos belicosos de la caballer&iacute;a andante, pero como un esfuerzo de afirmaci&oacute;n individual de la virtud y el conocimiento. De ah&iacute; que se pregunte Maravall: &ldquo;&iquest;por qu&eacute; Don Quijote, peque&ntilde;o hidalgo manchego, no se conforma con la ociosa inutilidad del grupo fam&eacute;lico y anacr&oacute;nico a que pertenece y trata de restablecer activamente un modo de vida que abra las puertas a los m&aacute;s altos niveles de la sociedad, tal como en su proyecto cree ver configurada?&rdquo;. A lo que responde sin duda alguna: &ldquo;porque Don Quijote, producto (conviene no olvidarlo) de la experiencia humanista, se siente llevado del impulso individualista de ser m&aacute;s, por la moral humanista de aceptar para ello el camino interior de la virtud, de verse atra&iacute;do por el ideal renacentista&hellip; Y todo ello bajo la forma, cuya estimaci&oacute;n no fue extra&ntilde;a a muchos humanistas, del ideal caballeresco&rdquo;<a title="" href="#_ftn20">[20]</a>.</p>
<p>Y as&iacute;, Don Quijote se pondr&aacute; al servicio de una virtud humanista que tendr&aacute; que esforzarse por adquirir amorosamente. Tendr&aacute; &ldquo;que luchar por ella y para ella, y nada mejor, por consiguiente, que hacer de la vida entera un combate para de ese modo conseguirla. No otra cosa hace Don Quijote. De ese modo, lo que Petrarca hemos visto ped&iacute;a a las letras es lo que Don Quijote cree haber conseguido con las armas. Es lo mismo que Garc&iacute;a de Paredes ped&iacute;a, en la vida real de los ej&eacute;rcitos, al buen capit&aacute;n: debe ser &lsquo;misericordioso, affable, benigno, humano y manso&rsquo;. Pero ninguno traza un cuadro tan completo y personal de interna <em>renovatio</em> como Don Quijote&rdquo;<a title="" href="#_ftn21">[21]</a>: &ldquo;De m&iacute; s&eacute; decir que despu&eacute;s que soy caballero andante soy valiente, comedido, liberal, biencriado, generoso, cort&eacute;s, atrevido, blando, paciente, sufridor de trabajos, de prisiones, de encantos&rdquo;.</p>
<p>De este modo, para Don Quijote la perfecci&oacute;n moral es resultado de una esforzada y penosa empresa humana de progresiva autorrealizaci&oacute;n. Una empresa que no es otra que el oficio caballeroso de vencer en el propio pecho el ataque de la vileza de su tiempo, el que sea. Una renovaci&oacute;n dolorosa y selectiva, que se afronta en un cuerpo a cuerpo con la realidad de uno mismo. Hasta el extremo de abrazar el riesgo del fracaso y la derrota como una piel natural de la que uno no puede desprenderse, pues, solo en contacto con ella se produce la excelencia moral que otorga la condici&oacute;n de caballero. De ah&iacute; que el protagonista de la novela de Cervantes recuerde que: &ldquo;Hemos de matar en los gigantes a la soberbia; a la envidia en la generosidad y buen pecho; a la ira en el reposado continente y quietud del &aacute;nimo; a la gula y al sue&ntilde;o en el poco comer que comemos y en el mucho velar que velamos; a la lujuria y la lascivia en la lealtad que guardamos a las que hemos hecho se&ntilde;oras de nuestros pensamientos; a la pereza con andar por todas partes del mundo, buscando las ocasiones que nos puedan hacer&hellip; famosos caballeros&rdquo;.</p>
<p>Las armas del humanismo cervantino son, por tanto, las de un esp&iacute;ritu cultivado que se pone en duda; que busca y se extra&ntilde;a en un desarraigo amoroso que pugna por materializar el idealismo que lo anima como proyecto. Un desarraigo aventurero que trata de remover y cambiar la realidad con la belicosidad espiritual de quien est&aacute; dispuesto a abrir su pecho heroicamente y ofrecer, en ese empe&ntilde;o de renovaci&oacute;n de s&iacute; mismo y del mundo, todo el esfuerzo y la abnegaci&oacute;n que sea capaz de liberar dentro de &eacute;l. Para ello se provee, como acabamos de apuntar, con las armas simb&oacute;licas del caballero que Erasmo de Rotterdam identific&oacute; como una suerte de canon virtuoso en su <em>Enquiridion Militiis Christiani</em>, y que no era otro que, partiendo de un conocimiento de s&iacute; mismo, abordar un proceso de perfeccionamiento interior que, a trav&eacute;s de la perseverancia y el esfuerzo, derrotase la ignorancia y la brutalidad que anidan en cada hombre. Un proceso de renovaci&oacute;n &iacute;ntima a trav&eacute;s del saber y que no buscaba otra cosa que la victoria sobre s&iacute; mismo, sin importar el resultado final.</p>
<p>El objetivo era la reforma personal que, si se culminaba, deb&iacute;a conducir a tratar de mejorar el mundo tal y como el caballero cristiano hab&iacute;a logrado mejor&aacute;ndose a s&iacute; mismo. Esta es la raz&oacute;n por la que Sancho Panza presenta a Don Quijote vencedor cuando regresa derrotado a su pueblo: &ldquo;Abre los brazos y recibe a tu hijo Don Quijote, que si viene vencido de los brazos ajenos, viene vencedor de s&iacute; mismo, que, seg&uacute;n &eacute;l me ha dicho, es el mayor vencimiento que desearse puede&rdquo;.</p>
<p>Idea coherente con lo hasta aqu&iacute; dicho, y con el ideal heroico que el Renacimiento erasmista hizo suyo al reclamar la &eacute;pica como una condici&oacute;n interna y total de la persona. &Eacute;pica que aplic&oacute; a todo trabajo que implicara una b&uacute;squeda esforzada de la excelencia moral, sea cual fuere el desenlace final, y que Cervantes reitera en el Quijote al se&ntilde;alar que: &ldquo;Podr&aacute;n los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el &aacute;nimo ser&aacute; imposible&rdquo;.</p>
<p>Y es que lo relevante de todo este proceso de renovaci&oacute;n reside en el hecho de que para Cervantes lo importante es el desenlace quijotesco de incorporar a la personalidad un h&aacute;bito adquirido de b&uacute;squeda esforzada de la virtud caballeresca. Esta segunda naturaleza que recubre la dejada atr&aacute;s es lo que lleva a Alonso Quijote a rebautizarse con un nuevo nombre, Quijote, palabra que hace referencia a la placa de hierro que proteg&iacute;a el muslo y que, como se&ntilde;ala Maravall, &ldquo;pertenece a las armas del arn&eacute;s que responden al esfuerzo personal&rdquo;<a title="" href="#_ftn22">[22]</a>.</p>
<p>Con este bautismo simb&oacute;lico, Cervantes confirma su tesis de que la voluntad humana acoge siempre una portentosa fuerza transformadora de la realidad si es invocada para ello con la pasi&oacute;n amorosa de quien no se deja abatir por la adversidad. De hecho, piensa que la voluntad puede operar los efectos buscados si demuestra una energ&iacute;a tan infatigable como ilusionada. Una energ&iacute;a de cambio y renovaci&oacute;n que, aunque no se materialice hacia fuera, sin embargo, siempre dar&aacute; sus frutos, aunque sea &iacute;ntimamente en quien la protagoniza. Y es que lo importante, cervantinamente hablando, no es el &eacute;xito sino el merecimiento del mismo. De esta manera, el mejoramiento personal es un fin que trasciende y supera al mejoramiento del mundo.</p>
<p>En realidad, &eacute;ste se produce aunque fracase el protagonista si ha sido capaz de mejorarse a &eacute;l mismo durante el proceso. Que habite el mundo un nuevo caballero andante ya es un cambio prometedor. Sobre todo si ha sido derrotado en su empresa. Su ejemplo es una promesa de cambio que puede prender en otros que sigan su actitud y, quiz&aacute;, tengan m&aacute;s &eacute;xito que &eacute;l. La empresa ut&oacute;pica que hay en ello es evidente. Lo reconoce el propio Don Quijote cuando se&ntilde;ala que: &ldquo;Quiero resucitar la ya muerta andante caballer&iacute;a y ha muchos d&iacute;as que, tropezando aqu&iacute;, cayendo all&iacute;, despe&ntilde;&aacute;ndome ac&aacute; y levant&aacute;ndome acull&aacute;, he cumplido gran parte de mi deseo&rdquo;. Con estas palabras redondea su proyecto y determina d&oacute;nde reside su prop&oacute;sito: en querer m&aacute;s que lo que puede conseguir a priori, aunque esta circunstancia, lejos de paralizarlo, lo motiva a configurar este anhelo en una excusa para socavar la realidad cuando es opresiva y deformante de lo que a sus ojos deber&iacute;a ser libre, justa y bella.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>La actualidad de esta actitud es evidente. Aqu&iacute; reside probablemente la mejor ense&ntilde;anza pol&iacute;tica que encierra la empresa de <em>cervantear</em> nuestro mundo, que es lo que he querido plantear a lo largo de estas p&aacute;ginas como algo m&aacute;s que una ilusi&oacute;n postmoderna. Una reflexi&oacute;n que pone de manifiesto la importancia de no tirar la toalla ante la adversidad si los ideales que movilizan la acci&oacute;n son anhelados como una posibilidad real dependiente de la sola voluntad del actor. Hablamos, por tanto, de una ense&ntilde;anza pol&iacute;tica que es pol&iacute;tica tambi&eacute;n. Y ello porque, en nuestro caso, el Quijote y el resto de la obra cervantina invocan una cultura humanista que en estos momentos debe ser m&aacute;s reclamada que nunca.</p>
<p>En sus p&aacute;ginas se condensa el dep&oacute;sito simb&oacute;lico de una tradici&oacute;n que arranca con la <em>Paideia </em>griega y que se perpet&uacute;a a trav&eacute;s de los relatos emancipadores que propician las culturas all&iacute; donde &eacute;stas arraigan con vocaci&oacute;n de dignificar a los seres humanos en su experiencia individual y colectiva en cuanto tales. Esa dignificaci&oacute;n est&aacute;, sin duda, en el empe&ntilde;o de perdurar como lo que son en su diversidad frente al tsunami nivelador y homogeneizador que supone el relato t&eacute;cnico-cient&iacute;fico y su alianza con el postmoderno capitalismo digital. Una perduraci&oacute;n que puede declinar, o no, pero que merece que quienes la defienden den la batalla de la cultura, las culturas, y Cervantes viene aqu&iacute;, como he tratado de demostrar, en nuestra ayuda.</p>
<p>Cu&aacute;l sea el desenlace &uacute;ltimo de nuestro viaje hacia la geograf&iacute;a imaginada que delimita la nacionalidad cervantina es irrelevante si lo que nos motiva es la &eacute;pica ejemplar que encierra el gesto de <em>cervantear</em> nuestra existencia singular. Un gesto de cambio desde el humanismo. Un gesto de liberaci&oacute;n personal que abre la realidad de uno mismo a la pluralidad circundante con el fin de comunicarse con la otredad y no aislarse en lo manido, y que, como se&ntilde;ala K. A. Appiah, propicia un cosmopolitismo del mestizaje cultural e intelectual que rompe con los sistemas homog&eacute;neos de valores que impiden la libertad creativa del individuo<a title="" href="#_ftn23">[23]</a>. Quiz&aacute; por ello Jos&eacute; Saramago no dud&oacute; en recuperar la ejemplaridad quijotesca en su novela <em>La balsa de piedra</em> al hacer que el personaje Roque Lozano reinventase su peregrinaje como una forma ilusionante de humanismo en un sentido universal y cosmopolita que rompiese con la crisis pesimista de nuestro tiempo. Idea cervantina que Saramago hace suya y que nos ofrece como una fe restaurada en la humanidad y en el futuro<a title="" href="#_ftn24">[24]</a>.</p>
<p>Dec&iacute;a Johan Huizinga que toda &ldquo;&eacute;poca suspira por un mundo mejor&rdquo;. Tanto que cuanto &ldquo;m&aacute;s profunda es la desesperaci&oacute;n causada por el ca&oacute;tico presente, tanto m&aacute;s &iacute;ntimo es este suspirar&rdquo;<a title="" href="#_ftn25">[25]</a>. No voy a analizar cu&aacute;l es el tenor de esa demanda cuando nos aventuramos en la segunda d&eacute;cada del segundo milenio. Baste decir que la percepci&oacute;n colectiva de caos e incertidumbre es tan soberana y extendida como era el sentimiento contrario antes del 11-S y la crisis econ&oacute;mica de 2008.</p>
<p>Vivimos el reverso pesimista de una ilusi&oacute;n apasionada que acompa&ntilde;&oacute; a la humanidad desde la Segunda Guerra Mundial e, incluso antes, si retrotraemos nuestra mirada al anclaje te&oacute;rico de la creencia en el Progreso que tuvo lugar en la Ilustraci&oacute;n. Atrapados en el miasma desilusionado de un horizonte sin demasiadas esperanzas, resurgen las palabras del antes citado Huizinga que, en <em>El oto&ntilde;o de la Edad Media</em>, se&ntilde;alaba que la &ldquo;nostalgia de una vida m&aacute;s bella ha visto c&oacute;mo se abren ante ella, en todo tiempo, tres caminos que van hacia la meta lejana. El primero ha conducido por lo regular fuera del mundo: es el camino de la negaci&oacute;n de &eacute;ste. La vida m&aacute;s bella s&oacute;lo parece ser asequible en el m&aacute;s all&aacute;&rdquo;.&nbsp;&nbsp; Otro camino es on&iacute;rico y es, sin duda, el m&aacute;s c&oacute;modo, pues, &ldquo;basta dirigir los ojos a la dicha so&ntilde;ada de un pasaje m&aacute;s bello, a su hero&iacute;smo y a su virtud, o bien a la jubilosa claridad de la vida y el goce de la naturaleza&rdquo;. Pero el &uacute;ltimo camino &ldquo;conduce a la evoluci&oacute;n y al perfeccionamiento del mundo&rdquo;.</p>
<p>Este &uacute;ltimo camino es el que precisamente nos ofrece <em>cervantear</em> la pol&iacute;tica de nuestro tiempo. Y que no es otra cosa que practicar, llevados por la complicidad que nos presta la cultura/s, &ldquo;la virtud en la esfera propia de cada cual&rdquo;; eso s&iacute;, con la firme y abnegada convicci&oacute;n de que &ldquo;es lo &uacute;nico que puede servir de provecho al mundo&rdquo;<a title="" href="#_ftn26">[26]</a>. Un camino que debemos intentar a pesar de los encantamientos del mundo virtual porque la haza&ntilde;a lo merece ya que se asienta en el empe&ntilde;o m&aacute;s digno de todos: el empe&ntilde;o de ser libres.</p>
<p>Ojal&aacute; que algo hayan servido estas palabras m&iacute;as. Su escritura me ha confortado personalmente ya que me han ayudado a impulsar, quiz&aacute;, esa <em>renovatio</em> quijotesca que anhela cambiar el mundo a partir de uno mismo. No s&eacute; si a la manera de aquel Erasmo que reci&eacute;n alcanzada la cincuentena afirmaba que le placer&iacute;a ser un poco m&aacute;s joven porque ve&iacute;a llegar una Edad de Oro, por decirlo as&iacute;, en el porvenir inmediato. O quiz&aacute; como el propio Alonso Quijano que, tambi&eacute;n frisando los cincuenta, decidi&oacute; recuperar la lanza del astillero en la que descansaba, tomar la adarga antigua que con forma de coraz&oacute;n proteg&iacute;a su pecho y, a lomos del roc&iacute;n flaco que habitaba el establo de su casona, lanzarse a restaurar como hemos visto la vieja caballer&iacute;a andante.</p>
<p>En cualquier caso, esta reflexi&oacute;n queda aqu&iacute; como una bit&aacute;cora abierta que se&ntilde;ala el norte de un posible porvenir. Veamos a d&oacute;nde nos lleva nuestro <em>cervanteo</em> y sintamos la polvareda a las espaldas de sabernos montando nuestro particular Rocinante mientras resuenan los versos del <em>Viaje del Parnaso</em> en el coraz&oacute;n del aventurero cervantino:</p>
<p align="center">Yo socarr&oacute;n, yo poet&oacute;n ya viejo,</p>
<p align="center">Yo he dado en Don Quijote pasatiempo</p>
<p align="center">Al pecho melanc&oacute;lico y moh&iacute;no,</p>
<p align="center">En cualquier saz&oacute;n, en cualquier tiempo.</p>
<p align="center">Yo he abierto en mis Novelas un camino</p>
<p align="center">Por do la lengua castellana puede</p>
<p align="center">Mostrar con propiedad un desatino.</p>
<p align="center">Yo soy aquel que en la invenci&oacute;n excede</p>
<p align="center">A muchos, y al que falta en esta parte,</p>
<p align="center">Es fuerza que su fama falta quede.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> Jos&eacute; Mar&iacute;a Lassalle es Secretario de Estado de Cultura del Gobierno de Espa&ntilde;a.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> Maravall, J. A., <em>Utop&iacute;a y contrautop&iacute;a en el Quijote</em>, Centro de Estudios Pol&iacute;ticos y Constitucionales, Madrid, 2005, pp. 43-44.<em> </em></p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a> Han, Byung-Chul, <em>En el enjambre</em>, Herder, Barcelona, 2014, pp. 106 y 109.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a> Maravall, J. A., <em>Utop&iacute;a y contrautop&iacute;a en el Quijote</em>, cit., p. 102.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a> Bataillon, M., <em>Erasmo y Espa&ntilde;a</em>, FCE, Madrid, 1998, p. 784.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a> Fumaroli, M., <em>La Rep&uacute;blica de las Letras</em>, Acantilado, Barcelona, 2013, pp. 35-36.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a> Zweig, S., <em>Erasmo de Rotterdam</em>, en Obras Completas, Juventud, Barcelona, 1953, vol. III, p. 471.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref8">[8]</a> Rosales, L., <em>Cervantes y la libertad</em>, Sociedad de Estudios y Publicaciones, Madrid, 1960, vol. I, p. 52.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref9">[9]</a> Ortega y Gasset, J., <em>Meditaciones del Quijote</em>, C&aacute;tedra, Madrid, 1990, pp. 231-232.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref10">[10]</a> Maravall, J. A., <em>Utop&iacute;a y contrautop&iacute;a en el Quijote</em>, cit., p. 113.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref11">[11]</a> De Rougemont, D., <em>El amor y Occidente</em>, Kair&oacute;s, Barcelona, 1978, pp. 248-256.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref12">[12]</a> Maravall, J. A., <em>Utop&iacute;a y contrautop&iacute;a en el Quijote</em>, cit., p. 118.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref13">[13]</a> <em>Ibidem</em>, p. 124.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref14">[14]</a> Citado en J. Goytisolo, &ldquo;De nacionalidad cervantina&rdquo;, <em>Claves de raz&oacute;n pr&aacute;ctica</em>, noviembre 2011, n&uacute;m. 217, p. 47.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref15">[15]</a> Maravall, J. A., <em>Utop&iacute;a y contrautop&iacute;a</em>, cit., p. 136.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref16">[16]</a> Abdel-Karim, G., &ldquo;La evidencia isl&aacute;mica en la obra de Cervantes: an&aacute;lisis y valoraci&oacute;n&rdquo;, en Mart&iacute;nez de Castilla, N., y Benumeya, R., <em>De Cervantes y el islam</em>, Sociedad estatal de Conmemoraciones, Madrid, 2006, p. 41.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref17">[17]</a> Abi-Ayad, A., &ldquo;Argel: la otra cara de Miguel de Cervantes&rdquo;, en <em>Ibidem</em>, p. 61.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref18">[18]</a> Vivar, F., <em>Cervantes y los l&iacute;mites del ser</em>, cit., pp. 57-58.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref19">[19]</a> Maravall, J. A., <em>Utop&iacute;a y contrautop&iacute;a en el Quijote</em>, cit., p. 137.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref20">[20]</a> <em>Ibidem</em>, p. 144.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref21">[21]</a> <em>Ibidem</em>, p. 149.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref22">[22]</a> <em>Ibidem</em>, p. 170.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref23">[23]</a> K. A. Appiah, <em>Cosmopolitanism: Ethics in a World of Strangers</em>, W. W. Norton, N. Y., 2006, p. 113.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref24">[24]</a> McCoy, C. I., &ldquo;Un viaje a trav&eacute;s del tiempo y el espacio: Saramago, Cervantes y la tradici&oacute;n caballeresca&rdquo;, en <em>452&ordm;F</em>, 11, 2014, pp. 80-92.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref25">[25]</a> Huizinga, J., <em>El oto&ntilde;o de la Edad Media</em>, Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, 2006, p. 67.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref26">[26]</a> <em>Ibidem</em>, pp. 75-77.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Fri, 20 Nov 2015 06:51:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una infancia de provincias]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-infancia-de-provincias/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2015/Noviembre/gracia500.jpg" alt="" /></p>
<p>&Aacute;ngel Gracia naci&oacute; en Zaragoza en 1970. Ha trabajado en bibliotecas, quioscos, librer&iacute;as de todo tipo (ambulantes, independientes y de grandes almacenes), como corrector y, desde 2005, como programador cultural. Es autor de los libros de poes&iacute;a <em>Valhondo</em><em>&nbsp;</em>(2003),&nbsp;<em>Libro de los ibones </em>(2005) y&nbsp;<em>Arar</em><em>&nbsp;</em>(2010), que forman una trilog&iacute;a unitaria. Ha publicado la novela&nbsp;<em>Pastoral</em><em>&nbsp;</em>(2007) y el libro de viajes&nbsp;<em>Destino y trazo. En bici por Arag&oacute;n</em>&nbsp;(2009), una recopilaci&oacute;n de art&iacute;culos publicados en&nbsp;<em>Heraldo de Arag&oacute;n.</em></p>
<p>El Campo Rojo es un descampado parecido a Marte, asfixiado por la contaminaci&oacute;n de las f&aacute;bricas. Ah&iacute; acuden los chavales de la banda del Farute a jugar a los fusilamientos, a esnifar pegamento y a meter mano a las chicas. El poder de los matones se extiende por las aulas fr&iacute;as y hostiles del colegio. Los alumnos viven aterrados: tienen once o doce a&ntilde;os y no hay nadie que los proteja. Todo lo observamos a trav&eacute;s de los cristales hiperb&oacute;licos del Gafarras, el cuatroojos empoll&oacute;n de la clase, que sobrevive callando, repitiendo a diario los mismos gestos rituales y gracias a la fuerza secreta que lo sostiene: su odio infinito.</p>
<p>El maltrato de ni&ntilde;os a otros ni&ntilde;os es la herida y el hematoma central de esta narraci&oacute;n, a menudo despiadada. Los pasajes llenos de ternura y el humor (por momentos salvaje e hilarante) son apenas una venda que oculta pero no cura. Los libros, los sue&ntilde;os y las fantas&iacute;as infantiles se convierten en la &uacute;nica v&iacute;a de escape de la mente erosionada del Gafarras. En sus ojos vemos escrita una fatalidad inminente. El Mal habita por igual en verdugos y v&iacute;ctimas.&nbsp;</p>
<p>Como muy bien ha subrayado Alberto Olmos: "<em>Campo Rojo</em>&nbsp;retrata una adolescencia de provincias que a muchos nos resulta conmovedoramente reconocible, con la distancia justa entre el pudor y la recriminaci&oacute;n".</p>
<p><strong>&Aacute;ngel Gracia. Campo Rojo. Candaya, 2015.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 13 Nov 2015 07:37:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poemas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/poemas-sandro-penna/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2015/noviembre/penna500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sandro Penna naci&oacute; en Perugia en 1906 y muri&oacute; en Roma en 1977.<br /> Entre otros libros, ha publicado: <em>Appunti</em>, <em>Croce e delizia</em> y <em>Una strana gioia di vivere</em>.<br /> En espa&ntilde;ol: <em>Una extra&ntilde;a alegr&iacute;a de vivir</em> (La gar&uacute;a, Santa Coloma de Gramenet, Barcelona, 2004).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><br /> <strong>CUANDO...</strong><br /> <br /> Cuando la luz llora por las calles<br /> quisiera en silencio a un chico abrazar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><br /> <strong>YO EN LA RADA...</strong><br /> <br /> Yo en la rada segu&iacute;a a un chico encantado<br /> solo de s&iacute;, entre escasas luces. Solo yo<br /> manten&iacute;a al chico suspendido en el mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><br /> <strong>LIGERA...</strong><br /> <br /> Ligera se precipita sobre el bien y el mal<br /> su dulce prisa de gozar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>EN LA LUZ...</strong><br /> <br /> En la luz lunar apareci&oacute; en la cima<br /> del muro de mi har&eacute;n un muchacho.<br /> Reson&oacute; un golpe y se hizo silencio en torno.<br /> No declines jam&aacute;s luna de marzo.</p>
<p><br /> <br /> <strong>PASAN LOS PESADOS BUEYES...</strong><br /> <br /> Pasan los pesados bueyes con el arado<br /> en la gran luz. Enci&eacute;rrame en un beso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><br /> <strong>YO QUISIERA...</strong><br /> <br /> Yo quisiera vivir adormecido<br /> en el suave rumor de la vida.</p>
<p><br /> <br /> <strong>COMO BEBE...</strong><br /> <br /> Como bebe en la fuente el bello muchacho<br /> as&iacute; hemos pecado y no pecado.<br /> </p>
<p><br /> <strong>ESTABA MI CIUDAD...</strong><br /> <br /> Estaba mi ciudad, la ciudad vac&iacute;a<br /> al alba, plena de mi deseo.<br /> Pero mi canto de amor, el m&aacute;s m&iacute;o<br /> era para los otros una canci&oacute;n desconocida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>FELIZ...</strong></p>
<p>Feliz del que es distinto</p>
<p>siendo distinto.</p>
<p>Pero pobre del que es distinto</p>
<p>siendo com&uacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>DESPU&Eacute;S...</strong><br /> <br /> Despu&eacute;s vuelto el rostro hacia la almohada<br /> sonre&iacute;a a s&iacute; mismo, con beato<br /> rubor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><br /> <strong>Y LUEGO ESTOY SOLO...</strong><br /> <br /> Y luego estoy solo. Queda<br /> la dulce compa&ntilde;&iacute;a<br /> de luminosas e ingenuas mentiras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>T&Uacute; ME DEJAS...</strong><br /> <br /> T&uacute; me dejas. Dices "la naturaleza...".<br /> Qu&eacute; saben las mujeres de tu belleza.<br /> </p>
<p><br /> <strong>SE DESBORDA...</strong><br /> <br /> Se desborda en la h&uacute;meda noche en silencio<br /> el r&iacute;o. Adi&oacute;s seco vigor de mi juventud.</p>
<p><br /> <br /> <strong>EST&Aacute;N SOLOS...</strong><br /> <br /> Est&aacute;n solos y atados, ahora esposos.<br /> Fuera est&aacute; la vac&iacute;a libertad invernal.</p>
<p><br /> <strong></strong></p>
<p><strong>BELLA NOCHE...</strong><br /> <br /> Bella noche, reduce mi pena.<br /> Atorm&eacute;ntame, si quieres, pero hazme fuerte</p>
<p><br /> <br /> <strong>SOL...</strong><br /> <br /> Sol con luna, mar con bosques,<br /> todo junto besar en una boca.<br /> <br /> Pero el muchacho no sabe. Corre a una puerta<br /> de triste luz. Y su boca est&aacute; muerta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>QUIZ&Aacute;...</strong><br /> <br /> Quiz&aacute; la juventud sea s&oacute;lo este<br /> perenne amar los sentidos y no arrepentirse.<br /> <br /> <br /> <strong>AMOR EN LIMOSNA...</strong><br /> <br /> Amor en limosna, solfeo.<br /> Oh luz del mediod&iacute;a sin un gesto.<br /> Regresar&aacute; m&aacute;s tarde, rico en alas<br /> el incendio de los recuerdos personales.<br /> </p>
<p><br /> <strong>PERO QU&Eacute; GRACIA...</strong><br /> <br /> Pero qu&eacute; gracia de sol y de aguas sucias<br /> nos separ&oacute; de pronto a la ma&ntilde;ana.</p>
<p><br /> <br /> <strong>AMIGO...</strong><br /> <br /> Amigo, est&aacute;s lejos. Y tu vida<br /> tiene en torno a s&iacute; colores que yo no veo.<br /> Tiene mi vida en torno a s&iacute; colores<br /> que yo no veo.</p>
<p>Traducci&oacute;n de Carlos Vitale</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 12 Nov 2015 13:55:56 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Turia" publica inéditos de Rafael Chirbes]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-publica-ineditos-de-rafael-chirbes/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2015/chirbes500.jpg" alt="" /></p>
<p class="Textoindependiente21">Rafael Chirbes envi&oacute; a la revista cultural TURIA, antes de morir el pasado mes de agosto, varios fragmentos in&eacute;ditos de su cuaderno de notas. Esa iba a ser su participaci&oacute;n en el sumario especial &ldquo;Letras de Espa&ntilde;a y Portugal&rdquo; que la revista publica ahora. TURIA, que dedic&oacute; a Chirbes un espectacular e inolvidable monogr&aacute;fico hace un a&ntilde;o, vuelve a convertir en protagonista de sus p&aacute;ginas al autor de <em>En la orilla</em>, sin duda uno de los grandes escritores espa&ntilde;oles de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas.</p>
<p class="Textoindependiente21">Bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Hojas sueltas&rdquo;, TURIA da a conocer una serie de textos in&eacute;ditos de Chirbes extra&iacute;dos de sus cuadernos de notas. Se trata de materiales fechados en distintos a&ntilde;os, del 1998 al 2007 y que, dada su condici&oacute;n de anotaciones para una novela futura, el autor tem&iacute;a modestamente que resultaran un tanto cr&iacute;pticos para sus lectores. Nada de eso. Aqu&iacute; encontraremos de nuevo al mejor Chirbes: tan pronto reflexiona sobre el dolor como nos informa acerca de las sensaciones experimentadas por una nueva lectura del <em>Decamer&oacute;n</em> de Bocaccio o de <em>Pan</em> de Knut Hamsun, o sobre c&oacute;mo la vida se empe&ntilde;a en repetir los esquemas que le regala la literatura: &ldquo;La vida sigue sin apartarse ni un &aacute;pice del gui&oacute;n marcado hace muchos siglos. La literatura nos lo ha ido contando en cada&nbsp; &eacute;poca. Cada hornada de j&oacute;venes que llega a escena cree representar una nueva obra cuando resulta que repite viej&iacute;simos papeles&rdquo;.&nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>
<p>En otro de los textos de Chirbes que publica ahora TURIA, anota sus impresiones sobre Cervantes y <em>El Quijote</em>: &ldquo;Nunca, en anteriores ocasiones en que lo hab&iacute;a le&iacute;do, me hab&iacute;a dado tanta sensaci&oacute;n de desprecio del autor hacia su personaje: un narrador agrio, malhumorado con su protagonista al que considera peligroso payaso, un ser in&uacute;til y da&ntilde;ino para su entorno, y, adem&aacute;s, un engre&iacute;do. La literatura (las novelas de caballer&iacute;a cuyos p&aacute;rrafos imagina en las descripciones) sale tremendamente mal parada, y frente a ella, el autor finge contar al margen, en una rara oralidad que rebaja las cosas de nivel, las pone a ras de suelo, las despoja de cualquier fascinaci&oacute;n, las descarga, les quita los coturnos. Otra cosa es que luego, en las siguientes excursiones, se enamore cada vez m&aacute;s de don Quijote, y el personaje se le vaya escapando, tomando vida propia. En la primera salida, lo que viene a contar la novela es la sucesi&oacute;n de desastres que puede llegar a cometer quien mira el mundo a trav&eacute;s de los libros fant&aacute;sticos. M&aacute;s bien parece una venganza &nbsp;contra la literatura y contra quienes la sacralizan. Y claro que es una venganza contra la literatura, como cualquier buena novela que se precie. No hay gran literatura que no se haya escrito contra la literatura&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA, que cuenta ya con m&aacute;s de 32 a&ntilde;os de trayectoria,&nbsp; ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. De periodicidad cuatrimestral en papel, cuenta tambi&eacute;n con una versi&oacute;n digital (web y Facebook) que est&aacute; obteniendo una favorable acogida entre los lectores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;VUELTA AL <em>DECAMER&Oacute;N</em>&rdquo;, UN IN&Eacute;DITO DE CHIRBES</strong></p>
<p>Ofrecemos a continuaci&oacute;n un fragmento &iacute;ntegro, fechado el 27 de enero del a&ntilde;o 2000, de ese interesante material in&eacute;dito de Rafael Chirbes que publica la revista TURIA en su nuevo n&uacute;mero:</p>
<p>&ldquo;Vuelta al <em>Decamer&oacute;n</em>. Nunca me hab&iacute;a animado a leerlo en italiano. Lo hago ahora, y me sorprende la viveza de la lengua, que tan bien plasma la&nbsp; melancol&iacute;a por el tiempo ido, el perfume de las hermosas rosas de anta&ntilde;o, esas primeras p&aacute;ginas impregnadas por la tristeza de un mundo que se llev&oacute; la peste; en los cuentos, la socarrona y aguda mirada que con tanta frecuencia se encuentra entre los habitantes de las orillas del Mediterr&aacute;neo y enseguida reconocemos: Petronio, Juvenal, Marcial, Martorell, el Fellini de <em>Amarcord</em>: una pel&iacute;cula que siempre que la veo sigue haci&eacute;ndome hace re&iacute;r y llorar.</p>
<p>Al empezar a leer el libro, me sorprende, sobre todo, la potencia con la que Boccaccio describe los efectos de la terrible peste negra de 1348, tan cercana mientras escrib&iacute;a el libro. En mis lecturas anteriores nunca hab&iacute;a introducido m&aacute;s que como rumor de fondo esa circunstancia que, en realidad, est&aacute; en el cogollo del libro: la desolaci&oacute;n de Boccaccio por los sufrimientos, por el horror de que ha sido testigo, es la espoleta que pone en marcha la gozosa narraci&oacute;n. El texto surge de un impulso que hoy nos parece tremendamente moderno: la escritura combate el miedo y la angustia por sus p&eacute;rdidas irreparables. Hay una sensaci&oacute;n de inminencia en el libro, una proximidad casi escandalosa entre el mal y su curaci&oacute;n: escrito por alguien que ha sobrevivido, su humor tiene algo de pascua gozosa; de resurrecci&oacute;n. Una escritura desde el m&aacute;s all&aacute;, la mirada de alguien que, por mero azar, se ha salvado y se siente con fuerzas para levantarse sobre tanto cad&aacute;ver, para entender que vivir es seguir cont&aacute;ndole la vida a alguien, transmitir, y sobreponerse a esa deformaci&oacute;n que han dejado en la mirada la acumulaci&oacute;n de horror y dolor, y tantas cosas indeseables como se han visto y sufrido. Ajustar de nuevo la lente y ponerla en el tiempo anterior, en la edad dorada en la que se recog&iacute;an los frutos de los &aacute;rboles y la carne era lugar de acogida, refugio c&aacute;lido (no podredumbre que se arroja a las fosas), y por encima de la tapia se escuchaban las risas en el huerto de los vecinos. Pero escribo estas l&iacute;neas con rabia, porque el libro tiene una llaneza y una agilidad para captar la vida de las que carecen las palabras que voy escribiendo. Y es que -ya lo he dicho- la escritura, en Boccaccio, es consuelo, medicina, resurrecci&oacute;n (todo se hund&iacute;a mientras &eacute;l estaba escribiendo: la palabra como esos flotadores de corcho que nos pon&iacute;an a los ni&ntilde;os en torno al pecho para que aprendi&eacute;ramos a nadar). El <em>Decamer&oacute;n</em> es de esos libros que te hacen pensar en ciertas figuritas chinas deste&ntilde;idas, o ciertas verduras secas, que, en contacto con el agua, recuperan su color y su volumen. Cuando el mundo parece abandonado por los dioses, cuando el hombre parece a punto de desaparecer del reino de los seres vivos, Boccaccio nos abre su libro para que la fiesta contin&uacute;e, para que no se pierda la alegr&iacute;a acumulada durante tantos milenios, belleza que estalla entre lo m&aacute;s s&oacute;rdido, flor de esti&eacute;rcol. &iquest;C&oacute;mo podremos agradec&eacute;rselo bastante?&rdquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 12 Nov 2015 13:47:02 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La música visual de la escritura]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-musica-visual-de-la-escritura/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2015/Noviembre/clarisequinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>Aunque el siglo XX haya sido muy f&eacute;rtil en sus reflexiones sobre el lenguaje, no resulta f&aacute;cil encontrar experiencias como la de Clarice Lispector. La escritora brasile&ntilde;a se adentr&oacute; en los parajes mudos, busc&oacute; lo que alienta bajo el manto del silencio. All&iacute; se asientan praderas y praderas de seres y sentimientos nunca mencionados, e imposibles de nombrar, no porque no existan, sino porque las palabras son incapaces de orientarse en ese flujo de vida, de latidos y presencias que no se dejan atrapar por el lenguaje. La palabra ha de actuar como anzuelo para atrapar lo no dicho y, tal vez as&iacute;, tampoco lo consiga, y s&oacute;lo pueda obtener un rumor, un aroma, un vago presentimiento. Pocos escritores han luchado tan duramente con el lenguaje como lo hizo Clarice Lispector y quiz&aacute; uno de sus logros, una de sus obras m&aacute;s herm&eacute;ticas, pese a lo trasparente de su l&eacute;xico y de sus im&aacute;genes, sea justamente <em>Agua viva</em>.</p>
<p>El libro se public&oacute; en 1973, pero lo que el lector tiene en sus manos es apenas un resumen de una obra que triplicaba el n&uacute;mero de p&aacute;ginas, cuya redacci&oacute;n llev&oacute; a su autora varios a&ntilde;os y que recibi&oacute;, a lo largo de ese periodo, distintos t&iacute;tulos como &ldquo;Detr&aacute;s del pensamiento: mon&oacute;logo con la vida&rdquo; u &ldquo;Objeto gritante&rdquo;. S&oacute;lo tras una exhaustiva reducci&oacute;n el libro termin&oacute; denomin&aacute;ndose <em>Agua viva</em> con el doble significado de &ldquo;manantial&rdquo; y &ldquo;medusa&rdquo;, pues recibe ese nombre en Brasil un tipo de celent&eacute;reos trasparentes que abundan en sus playas. La obra no tiene la denominaci&oacute;n de &ldquo;novela&rdquo;, sino de &ldquo;ficci&oacute;n&rdquo;, tal vez porque su autora no consigui&oacute; darle la coherencia que consideraba necesaria para ese g&eacute;nero literario. As&iacute;, pues, estamos ante un libro u obra de ficci&oacute;n, que no alcanza el rango de novela y que describe el d&iacute;a a d&iacute;a, los apuntes, de una artista pl&aacute;stica que podr&iacute;a ser la propia Clarice Lispector. Es sabido que, en aquellos a&ntilde;os, la escritora brasile&ntilde;a se interes&oacute; por la pintura y la fotograf&iacute;a. De hecho, se han catalogado un total de veintid&oacute;s obras, la mayor&iacute;a en t&eacute;cnica mixta sobre madera, de las cuales diecis&eacute;is est&aacute;n fechadas en 1975 y una en 1976. Las restantes son, sin duda, anteriores.</p>
<p>Sin embargo, el tema de <em>Agua viva</em> es la vida, el instante, o la instant&aacute;nea, pues tambi&eacute;n estamos hablando de fotograf&iacute;a. Pero es adem&aacute;s un libro musical con su melod&iacute;a de fonemas y palabras, donde tambi&eacute;n suena el silencio o, al menos, &eacute;ste deba ser escuchado.</p>
<p>Se trata, por tanto, de las anotaciones de una mujer que se sirve de todos los lenguajes art&iacute;sticos para expresar lo que denomina lo &ldquo;it&rdquo;, lo neutro que constituye el n&uacute;cleo del ser, lo an&oacute;nimo que habita en la vida, ya que, semejante a una corriente imparable, &eacute;sta circula confundiendo las aguas y puede desembocar tanto en la muerte como en la divinidad. El libro es tambi&eacute;n un peque&ntilde;o tratado metaf&iacute;sico, un conjunto de aforismos, de visiones nocturnas, de clarividencias de una escritora que, en todo momento, quiere transcenderse a s&iacute; misma, alcanzar un estadio en el que los lenguajes pierdan su sentido o, tal vez, lo tengan justamente en su total acabamiento.</p>
<p><em>Agua viva</em> murmura como una fuente, pero no parece tener huesos ni nervios, como una medusa, que nos atrapara para absorbernos poco a poco. Es un libro para leer y releer en un continuo que nunca acaba y que tampoco tiene un principio. Es cierto que muchos de los p&aacute;rrafos que se incluyen en &eacute;l fueron escritos a vuela pluma y publicados en la columna que la escritora ten&iacute;a en el <em>Jornal do Brasil</em> en el que colabor&oacute; entre 1967 y 1973. Aquellos textos fueron luego incorporados a sus libros <em>Agua viva</em> y <em>Un aprendizaje o El libro de los placeres</em> como tambi&eacute;n a cuentos y relatos de esos a&ntilde;os. Se entiende as&iacute; la aparente inconexi&oacute;n de los fragmentos que no siguen un hilo narrativo, pero que tienen un denominador com&uacute;n, un <em>pathos</em>, que son esas reflexiones de una escritora, artista pl&aacute;stica y compositora mental, que est&aacute; angustiada por la soledad y el abandono, obsesionada por una divinidad ausente a la que continuamente apela, desasosegada por el significado de la vida y por su propia identidad. &iquest;Qui&eacute;n habla en este escrito? &iquest;Qui&eacute;n es ella, la que nunca se nombra a s&iacute; misma, que se dirige al lector como a un amigo, con un &ldquo;te&rdquo;, que en portugu&eacute;s implica un importante grado de complicidad? Todo hace pensar que se trata de la escritora, autora del libro, que, en este caso, no necesita enmascarase bajo unas siglas como en <em>La pasi&oacute;n seg&uacute;n GH</em> u otros nombres como Macabea o &Aacute;ngela, protagonistas de sus novelas <em>La hora de la estrella</em> o <em>Un soplo de vida. </em>Quiz&aacute;s por esta falta de simulaci&oacute;n, por este hablar cara a cara con el lector, como lo har&iacute;a en sus columnas period&iacute;sticas, sea por lo que no califique el libro de novela, aunque &iquest;porqu&eacute; denominarlo ficci&oacute;n si tiene m&aacute;s que ver con un diario?</p>
<p>Diario o ficci&oacute;n, <em>Agua viva</em> presenta algunos de los textos m&aacute;s sugerentes de la obra clariceana: el cat&aacute;logo de las flores, por ejemplo, que podr&iacute;a describir su peculiar, y po&eacute;tica, forma de aproximarse a un ser vivo ya sea animal o vegetal. O tambi&eacute;n la descripci&oacute;n del espejo&mdash;su calidad de objeto enmarcado le permite asemejarse a un cuadro&mdash;, que se convierte en puro destello, en un &ldquo;vac&iacute;o cristalizado&rdquo;, en el &ldquo;espacio m&aacute;s hondo que existe&rdquo;, pues brilla con todos los reflejos, absorbe todas las luces y las im&aacute;genes, es el retrato de quien lo mira y vibra como un cuerpo palpitante: <em>Se quita su marco o la l&iacute;nea de su bisel y crece como el agua que se derrama. </em>Es, en consecuencia, agua viva.</p>
<p>Entre las curiosidades que se podr&iacute;an mencionar acerca del libro est&aacute;n las anotaciones de Clarice en el manuscrito previo con el que trabaj&oacute; ya sea suprimiendo, reorganizando o a&ntilde;adiendo textos. En &eacute;ste, que lleva por t&iacute;tulo &ldquo;Objeto gritante&rdquo;, sintetiza en tres frases sus pretensiones: esperar el argumento, escribir sin apremio y abolir la cr&iacute;tica que seca todo. Sabemos que el argumento nunca lleg&oacute;, o mejor, estaba ya impl&iacute;cito en el original, por lo que no fue necesario inventarse otro. En lo que respecta a las otras dos pautas, al parecer, tampoco fue tan estricta como pretend&iacute;a. Su bi&oacute;grafa, Nadia Batella Gotlib, afirma que trabaj&oacute; en este libro desde 1971 y que, llena de inseguridades, consult&oacute; a diversos amigos por la calidad y coherencia de su obra. Finalmente, en 1973, decidi&oacute; imprimirla. Sin embargo, en el manuscrito mencionado hay una anotaci&oacute;n curiosa: &ldquo;Rever (y volver copiar lo que fuera necesario) cambi&aacute;ndolo a 1974 o 1975, hasta fin de a&ntilde;o, diciembre inclusive.&rdquo; Es decir, que, al formalizarse este original, a comienzos de 1972, Clarice consideraba que tendr&iacute;a que trabajar en el libro por lo menos hasta el 75, que fue justamente el a&ntilde;o en el que produjo la mayor cantidad de sus obras pict&oacute;ricas. Una raz&oacute;n m&aacute;s para testimoniar la actividad interdisciplinar de la escritora brasile&ntilde;a y su necesidad acuciante de expresarse.</p>
<p>Hay que celebrar la reedici&oacute;n de este libro y destacar la espl&eacute;ndida traducci&oacute;n de Elena Losada que, como le caracteriza, es ajustada y meticulosa. Como debe ser.- ANTONIO MAURA.</p>
<p align="right"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Clarice Lispector, <em>Agua viva,</em> traducci&oacute;n de Elena Losada, Siruela, Madrid, 2014.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 10 Nov 2015 08:38:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una oportuna e interesante novela sobre la identidad]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-oportuna-e-interesante-novela-sobre-la-identidad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2015/forteaquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>Carlos Fortea (Madrid, 1963). Adem&aacute;s de escritor, es profesor en la Universidad de Salamanca y traductor literario con una labor de m&aacute;s de cien t&iacute;tulos, entre los que se cuentan obras de Thomas Bernhard, G&uuml;nter Grass, Stefan Zweig, Alfred D&ouml;blin, E.T.A. Hoffmann y Eduard von Keyserling. Es autor de las novelas juveniles<em> Impresi&oacute;n bajo sospecha</em> (Anaya, 2009),<em> El diablo en Madrid</em> (Anaya, 2012) y <em>El comendador de las sombras</em> (Edeb&eacute;, 2013). <em>Los jugadores</em> (Nocturna, 2015) es su primera novela para adultos.</p>
<p>En la Conferencia de Paz de Par&iacute;s, en 1919, coincide una serie de personajes provenientes de diversos pa&iacute;ses: algunos espa&ntilde;oles -una periodista apodada &laquo;Carta Blanca&raquo;, un extra&ntilde;o reportero que trabaja por libre, un especulador y su amante- y otros de las potencias en conflicto, tales como un congresista norteamericano, un activista empe&ntilde;ado en difundir su mensaje, diplom&aacute;ticos, exiliados rusos y figuras hist&oacute;ricas de la magnitud del presidente Wilson, Churchill, Keynes o Clemenceau.</p>
<p>A partir de un asesinato, el comisario Retier iniciar&aacute; una investigaci&oacute;n que entrelazar&aacute; los rumbos de todos ellos y evidenciar&aacute; los conflictos que se originan cuando tantos pa&iacute;ses se re&uacute;nen para defender intereses muy distintos.</p>
<p>Una fascinante novela con ecos de perturbadora actualidad sobre la identidad europea ambientada justo antes del Tratado de Versalles y de la irrupci&oacute;n de Estados Unidos como primera potencia mundial.</p>
<p><strong>Carlos Fortea. Los jugadores. Nocturna, 2015.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 10 Nov 2015 08:33:55 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Turia" rinde homenaje a Gonzalo Borrás]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-rinde-homenaje-a-gonzalo-borras/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2015/gonzaloquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>El nuevo n&uacute;mero de la revista cultural TURIA, que se distribuir&aacute; a partir del 20 de noviembre,&nbsp; brinda a los lectores que se interesan por los asuntos o protagonistas aragoneses un atractivo repertorio de temas. En primer lugar, TURIA se ocupa de rendir homenaje a uno de los m&aacute;s singulares nombres propios de nuestra cultura: Gonzalo Borr&aacute;s, catedr&aacute;tico em&eacute;rito de la Universidad de Zaragoza y uno de los principales impulsores del estudio y divulgaci&oacute;n del arte mud&eacute;jar.</p>
<p>A trav&eacute;s de un excelente art&iacute;culo de Juan Villalba, se analiza la extensa e intensa trayectoria de&nbsp; compromiso con el arte y con su tierra. No en vano, en Gonzalo Borr&aacute;s &ldquo;se compagina en perfecta coherencia vital su labor docente e investigadora con el compromiso personal, intelectual y pol&iacute;tico con su tierra y con sus gentes, tanto difundiendo su patrimonio art&iacute;stico, como tambi&eacute;n modernizando algunas de sus instituciones p&uacute;blicas m&aacute;s importantes vinculadas con el mundo de la cultura&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Tambi&eacute;n TURIA ofrece a los lectores un art&iacute;culo sobre Jos&eacute; Lapayese Bruna, un notable artista turolense del siglo XX que merecer&iacute;a una mayor difusi&oacute;n en nuestros d&iacute;as. A lo largo de su trayectoria, fue Lapayese un creador que trabaj&oacute; con toda clase de materiales y colabor&oacute; en diversas restauraciones y decoraciones. Su empe&ntilde;o por investigar y aprender nuevas formas de expresi&oacute;n no le abandon&oacute; nunca y fue una de sus caracter&iacute;sticas m&aacute;s interesantes.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>PASI&Oacute;N Y COMPROMISO CON LA CULTURA </strong></p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA rinde homenaje al profesor Gonzalo Borr&aacute;s por ser un ejemplo extraordinario de esa &ldquo;generaci&oacute;n de intelectuales que vivi&oacute; con pasi&oacute;n y compromiso los &uacute;ltimos a&ntilde;os del franquismo y los primeros de la Transici&oacute;n. Un colectivo que entend&iacute;a la cultura y la libertad como elementos indisociables, como instrumentos pr&aacute;cticos, como herramientas de transformaci&oacute;n social capaces de generar proyectos de futuro para un territorio ancestralmente olvidado y de ilusionar a sus gentes, devolvi&eacute;ndoles la confianza perdida en sus posibilidades, al hacerles ver, en el caso concreto de nuestro protagonista, que sus recursos patrimoniales son &uacute;nicos en el mundo y que pod&iacute;an convertirse en verdaderos motores de desarrollo generadores de riqueza&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Juan Villalba describe en su art&iacute;culo a Gonzalo Borr&aacute;s como un bajoraragon&eacute;s de los pies a la cabeza y, sobe todo, como un maestro de maestros del arte durante sus m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os dedicados a la docencia. Una etapa prolongada y fruct&iacute;fera que tuvo sus comienzos en 1965 como profesor ayudante en la Universidad de Zaragoza, a la que volvi&oacute; tras unos a&ntilde;os en la Universidad Aut&oacute;noma de Barcelona. No en vano, quien actualmente es catedr&aacute;tico em&eacute;rito e imparte clases en la Universidad de la Experiencia, ejerci&oacute; desde 1982&nbsp; la C&aacute;tedra de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza.</p>
<p class="Textoindependiente21">La trayectoria profesional de Gonzalo Borr&aacute;s viene marcada por la que habr&iacute;a de ser su principal l&iacute;nea de investigaci&oacute;n: el estudio del arte mud&eacute;jar, del que en la actualidad es, sin ning&uacute;n g&eacute;nero de duda, un experto a nivel internacional. &ldquo;Es evidente -escribe Juan Villalba en TURIA- que el profesor Borr&aacute;s no invent&oacute; el mud&eacute;jar pero lo estudi&oacute; con mimo y perseverancia, se convirti&oacute; en su m&aacute;ximo&nbsp; defensor, en una autoridad indiscutible, pero no se conform&oacute; con eso, sino que con sus tan interesantes como decisivas publicaciones logr&oacute; despertar el inter&eacute;s de sus indolentes paisanos y nos hizo comprender a aut&oacute;ctonos y for&aacute;neos que el mud&eacute;jar no era un h&iacute;brido ni un estrambote del rom&aacute;nico y el g&oacute;tico, sino que, como ya sostuviera Men&eacute;ndez Pelayo, es 'el &uacute;nico estilo art&iacute;stico del que podemos envanecernos los espa&ntilde;oles'.</p>
<p class="Textoindependiente21">Ha sido tambi&eacute;n el profesor Borr&aacute;s un gran activista cultural y difusor del patrimonio art&iacute;stico aragon&eacute;s. Entre otras muchas tareas y actividades, hay que recordar que form&oacute; parte del grupo de intelectuales que configur&oacute; el primer &ldquo;Andal&aacute;n&rdquo; en 1972. Ha participado asimismo como responsable de la secci&oacute;n de arte en numerosas publicaciones y enciclopedias varias sobre Arag&oacute;n. Fue el impulsor de la Biblioteca Aragonesa de Cultura y fund&oacute; la revista &ldquo;Artigrama&rdquo; y es miembro del comit&eacute; cient&iacute;fico de varias revistas especializadas. No hay que olvidar que durante diez a&ntilde;os, de 1985 a 1995, se hizo cargo de la direcci&oacute;n del Instituto de Estudios Turolenses. Un organismo cultural que transform&oacute; de manera sustancial tanto en su funcionamiento interno como en su capacidad para fomentar la investigaci&oacute;n y la divulgaci&oacute;n sobre el patrimonio de la provincia de Teruel. De igual forma, fue director de la Instituci&oacute;n Fernando el Cat&oacute;lico de 2002 y, hasta su desaparici&oacute;n, m&aacute;ximo responsable del Instituto de Estudios Isl&aacute;micos y de Oriente Pr&oacute;ximo.</p>
<p class="Textoindependiente21">Asimismo, en el art&iacute;culo que TURIA dedica a Gonzalo Borr&aacute;s se analiza y describe su vocaci&oacute;n de servicio p&uacute;blico, su faceta pol&iacute;tica. Aunque fue m&aacute;s que un pol&iacute;tico al uso, Borr&aacute;s particip&oacute; activamente en la Comisi&oacute;n Aragonesa pro Alternativa Democr&aacute;tica (1972) y la Acci&oacute;n Socialista Aragonesa (1974) para luego militar en el Partido Socialista de Arag&oacute;n y participar bajo sus siglas en las elecciones generales de 1977. M&aacute;s tarde, en 1979, participar&iacute;a como independiente en las listas del PCA-PCE y result&oacute; elegido concejal del Ayuntamiento de Zaragoza. Fue una breve y amarga experiencia de la que dimiti&oacute; tras el veto del partido comunista a Eloy Fern&aacute;ndez Clemente. Retorn&oacute; a la pol&iacute;tica en 1991 como candidato a la alcald&iacute;a de Zaragoza por Chunta Aragonesista.</p>
<p class="Textoindependiente21">Concluye el retrato que TURIA realiza de la figura y la obra de Gonzalo Borr&aacute;s, calificando su personalidad como la de &ldquo;un intelectual apasionado por la libertad y la difusi&oacute;n cultural, absolutamente convencido de que la uni&oacute;n hace la fuerza, m&aacute;xime cuando los recursos escasean&rdquo;.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>JOS&Eacute; LAPAYESE, ARTISTA POLIFAC&Eacute;TICO</strong></p>
<p>Revalorizar &nbsp;el &nbsp;inter&eacute;s &nbsp;que &nbsp;merece la obra de Jos&eacute; Lapayese Bruna (Calamocha, 1899 - Madrid, 1982) es el principal objetivo del art&iacute;culo que le dedica TURIA. Se trata de un&nbsp; certero &nbsp;trabajo &nbsp;realizado &nbsp;por &nbsp;Jos&eacute; &nbsp;Mar&iacute;a &nbsp;Carreras &nbsp;en &nbsp;que &nbsp;se &nbsp;traza &nbsp;un &nbsp;&nbsp;pormenorizado recorrido por la biograf&iacute;a de este artista polifac&eacute;tico y se analiza con detalle su producci&oacute;n creativa a partir de las m&uacute;ltiples t&eacute;cnicas que utiliz&oacute;: pintura sobre tabla, murales, guadameciles y cordobanes, estucos y lacas, cer&aacute;mica y esmalte, esculto-pinturas, etc. En todas ellas se aprecia como caracter&iacute;stica la convivencia entre lo tradicional y lo innovador, as&iacute; como la evoluci&oacute;n de lo figurativo hacia la abstracci&oacute;n. Puede decirse tambi&eacute;n que Lapayese se sirvi&oacute; de t&eacute;cnicas de anta&ntilde;o para realizar obras con un lenguaje actual. &nbsp;</p>
<p>Respecto de su fortuna cr&iacute;tica, se subraya en el art&iacute;culo que &ldquo;Jos&eacute; Lapayese Bruna era una persona reservada, familiar, poco amiga de la vida social y a quien no le gustaba frecuentar el mundillo cultural madrile&ntilde;o. M&aacute;s bien prefer&iacute;a ocupar su tiempo en trabajar tranquilamente en su taller. No fue un artista popular. Sus exposiciones concitaban el aplauso de la cr&iacute;tica, la aprobaci&oacute;n de los entendidos y de los dirigentes de los museos, pero no el &eacute;xito popular si por ello entendemos la presencia de numeroso p&uacute;blico en las mismas.</p>
<p>Como ha sucedido con los artistas espa&ntilde;oles de los a&ntilde;os 40, 50 y 60 todav&iacute;a no se ha llegado a estudiarlos bien ni a valorarlos en su justa medida. Se conocen bastante bien y se valoran las aportaciones de los grandes nombres de las vanguardias hist&oacute;ricas (Picasso, Mir&oacute;, Gris, Gargallo, Dal&iacute;, Julio Gonz&aacute;lez&hellip;) o los de quienes destacaron en los a&ntilde;os en la &eacute;poca de la Transici&oacute;n. La cr&iacute;tica de arte actual se dedica fundamentalmente a la creaci&oacute;n &uacute;ltima, tan rica en propuestas, o a los maestros ya consagrados. Apenas se presta atenci&oacute;n a las manifestaciones art&iacute;sticas de las d&eacute;cadas centrales del siglo XX.</p>
<p>En el caso de Lapayese Bruna, por ce&ntilde;irse a Teruel, tanto el Museo Provincial como el Ayuntamiento de Calamocha cuentan con obra suya de gran inter&eacute;s, en parte debido a la generosidad de la familia. Ser&iacute;a de desear que la obra de este turolense, a la vez cultivador de las t&eacute;cnicas tradicionales e innovador en su producci&oacute;n, pueda ser m&aacute;s conocida, vista y, por tanto, apreciada&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 10 Nov 2015 08:23:51 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una biografía para redescubrir a Freud]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-biografia-para-redescubrir-a-freud/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2015/Noviembre/elisabeth500.jpg" alt="" /></p>
<p>Elisabeth Roudinesco (Par&iacute;s, 1944) est&aacute; considerada una de las grandes intelectuales francesas de nuestros d&iacute;as. Es disc&iacute;pula de Deleuze, Foucault y Todorov, antigua integrante de la Escuela Freudiana que fund&oacute; Lacan y gran especialista de la historia del psicoan&aacute;lisis, es directora de investigaci&oacute;n en la Universidad de Par&iacute;s-VII. Autora de numerosas obras, entre las que destacan <em>Jacques Lacan. Esbozo de una vida, historia de un sistema de pensamiento</em> (1995), <em>&iquest;Por qu&eacute; el psicoan&aacute;lisis? </em>(2000) y <em>Nuestro lado oscuro, una historia de los perversos</em> (2009).</p>
<p>Tras d&eacute;cadas de hagiograf&iacute;as y de encendidas condenas, hoy en d&iacute;a resulta muy complicado saber qui&eacute;n fue Sigmund Freud. Sin embargo, despu&eacute;s de la publicaci&oacute;n de las &uacute;ltimas biograf&iacute;as de referencia se han abierto nuevos archivos a los investigadores y lo fundamental de la correspondencia ya es accesible. Por tanto, ahora m&aacute;s que nunca es un momento inmejorable para revisitar a un hombre y una obra sobre la que quedaba mucho que decir. Roudinesco se ha aplicado a la tarea y su ensayo biogr&aacute;fico sobre Freud merece la pena. Entre otras cosas porque su redacci&oacute;n se beneficia de que la autora accediera a documentos que no hab&iacute;an sido consultados antes de 2010, fecha de apertura al p&uacute;blico de los archivos freudianos de la Biblioteca del Congreso en Washington.</p>
<p>El fundador del psicoan&aacute;lisis fue un vien&eacute;s de la Belle Epoque, s&uacute;bdito del Imperio austroh&uacute;ngaro, heredero de la Ilustraci&oacute;n alemana y jud&iacute;a. En cuanto al psicoan&aacute;lisis, este fue fruto de un esfuerzo colectivo, de un cen&aacute;culo en el cual Freud dio v&iacute;a libre a su fascinaci&oacute;n por lo irracional y las ciencias ocultas, convirtiendo a veces a sus amigos en enemigos, ejerciendo de Fausto pero tambi&eacute;n de Mefist&oacute;feles. Pensador moderno pero conservador en pol&iacute;tica, nunca dej&oacute; de actuar de modo contradictorio con su obra, siempre en nombre de la raz&oacute;n y de las Luces.</p>
<p>Aqu&iacute; est&aacute; Freud en su tiempo, en su familia, rodeado de sus colecciones, con sus mujeres, sus hijos, sus perros; enfrentado al pesimismo ante el auge de los extremismos, lleno de dudas a la hora de emprender su exilio londinense, donde morir&aacute;. Pero tambi&eacute;n le veremos en el nuestro, alimentando nuestras preguntas con sus propias dudas, sus fracasos y sus pasiones.</p>
<p>Sin duda, Roudinesco ha conseguido elaborar una magnifica biograf&iacute;a intelectual del fundador del psicoan&aacute;lisis. Un personaje que, seg&uacute;n concluye la autora en el ep&iacute;logo del libro,&nbsp; seguir&aacute; siendo &ldquo;el m&aacute;s grande pensador de su tiempo y el nuestro&rdquo;.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Elisabeth Roudinesco. Freud. En su tiempo y en el nuestro. Debate, 2015. </strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 28 Oct 2015 11:42:15 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La revista "Turia" se presentará en Lisboa]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-revista-turia-se-presentara-en-lisboa/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2015/GULBENKIAN500.jpg" alt="" /></p>
<p>El pr&oacute;ximo d&iacute;a 20 de noviembre, la revista cultural TURIA dar&aacute; a conocer en la Fundaci&oacute;n Gulbenkian de Lisboa un espectacular monogr&aacute;fico sobre la literatura portuguesa actual en el que participan, con textos in&eacute;ditos, un total de 40 escritores lusos de distintas edades, est&eacute;ticas y procedencias. Junto a ellos, otros tantos destacados autores espa&ntilde;oles de nuestros d&iacute;as conforman un sumario especial elaborado con motivo de celebrarse este oto&ntilde;o la &ldquo;Mostra Espanha 2015&rdquo;, un evento bienal que pretende fortalecer los v&iacute;nculos culturales entre Espa&ntilde;a y Portugal.</p>
<p>Con el lema &ldquo;Letras de Espa&ntilde;a y Portugal&rdquo;, el nuevo n&uacute;mero de la revista TURIA ofrecer&aacute; una panor&aacute;mica exhaustiva y sugerente de las letras portuguesas contempor&aacute;neas. El elenco de escritores es amplio, plural e integra a diferentes generaciones: desde nombres ya consagrados como Ant&oacute;nio Lobo Antunes, Nuno J&uacute;dice, Eduardo Louren&ccedil;o, Jos&eacute; Bento o L&iacute;dia Jorge a destacados autores de la literatura del siglo XXI como Valter Hugo Mae,&nbsp; Gon&ccedil;alo Tavares, Afonso Cruz, In&eacute;s Pedrosa o Jos&eacute; Luis Peixoto. A ellos se suman textos introductorios, elaborados por especialistas, sobre la situaci&oacute;n de la narrativa, la poes&iacute;a y el ensayo portugu&eacute;s actual. Puede decirse, por tanto, que este esfuerzo de aproximaci&oacute;n cultural brinda al lector una ocasi&oacute;n inmejorable para conocer a fondo la rica creatividad literaria del pa&iacute;s vecino.</p>
<p>La presencia espa&ntilde;ola en el sumario de TURIA ser&aacute; igualmente muy atractiva. As&iacute;, el lector encontrar&aacute; trabajos in&eacute;ditos del recientemente fallecido Rafael Chirbes, as&iacute; como narraciones de Jos&eacute; Jim&eacute;nez Lozano, Gonzalo Hidalgo Bayal, J.A. Gonz&aacute;lez S&aacute;inz y poemas de Antonio Gamoneda, Francisco Brines o Luis Alberto de Cuenca, entre otros autores.</p>
<p>Agustina Bessa-Lu&iacute;s, Rafael S&aacute;nchez Ferlosio o Juan Mars&eacute; tambi&eacute;n protagonizan interesantes art&iacute;culos de an&aacute;lisis de su obra. Adem&aacute;s se publican dos sugerentes ensayos sobre la situaci&oacute;n de la cultura elaborados por Jos&eacute; Mar&iacute;a Lassalle (&ldquo;Cervantear la pol&iacute;tica: algo m&aacute;s que una ilusi&oacute;n postmoderna&rdquo;) y Jorge Barreto Xavier (&ldquo;El lugar de la cultura. La naturaleza y lo humano&rdquo;), m&aacute;ximos responsables de las respectivas Secretar&iacute;as de Estado de Cultura de los Gobiernos de Espa&ntilde;a y Portugal.</p>
<p>Adem&aacute;s de descubrir al lector espa&ntilde;ol la valiosa y sugerente literatura portuguesa contempor&aacute;nea, TURIA ofrece en su pr&oacute;ximo sumario otros muchos contenidos de inter&eacute;s. Y, entre ellos, destacan dos entrevistas a fondo y en exclusiva con el escritor Ant&oacute;nio Lobo Antunes y con Manuel Borr&aacute;s, editor de Pre-Textos. Lobo Antunes, uno de los autores portugueses&nbsp;&nbsp; de&nbsp;&nbsp; mayor&nbsp; proyecci&oacute;n&nbsp; internacional,&nbsp; asegura&nbsp; que&nbsp; &ldquo;saber&nbsp; hacer&nbsp; pasteles&nbsp; de bacalao es tan importante como haber le&iacute;do <em>Os Lus&iacute;adas</em>, es una forma de cultura&rdquo;. Por su parte, y preguntado por la situaci&oacute;n actual del libro y la lectura, el responsable de una de las editoriales espa&ntilde;olas de mayor prestigio lo tiene claro: &ldquo;hemos desvirtuado la naturaleza lenta de la literatura&rdquo;.</p>
<p>Este nuevo n&uacute;mero de TURIA est&aacute; ilustrado por el artista portugu&eacute;s Pedro Cabrita Reis.</p>
<p>La Mostra Espanha es una iniciativa cultural que fomenta el intercambio de conocimientos, ideas y experiencias con el fin de potenciar el encuentro entre los artistas y creadores espa&ntilde;oles y portugueses. Est&aacute; organizada por el&nbsp; Ministerio de Educaci&oacute;n, Cultura y Deporte, en colaboraci&oacute;n con Acci&oacute;n Cultural Espa&ntilde;ola y el Instituto Cervantes, entre otras entidades. Se desarrolla cada dos a&ntilde;os y, en su edici&oacute;n de 2015, promueve un centenar de actividades en 13 ciudades portuguesas.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 28 Oct 2015 11:30:34 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Momento]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/momento/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas15/Noviembre/abraham500.jpg" alt="" /></p>
<p>Las mujeres, sentadas en sus sillas de lona, bajo el toldo tricolor como bandera de un pa&iacute;s sin himno; los platos sucios bajo el sol sediento, y el crujir de la arena como az&uacute;car bajo los pies sin sombra de las ni&ntilde;as que vigilan el mar, como a un cautivo, animal que conoce lo que piensan; las rocas apiladas bajo el muro, con la ciudad detr&aacute;s, como el mar presa; la obligaci&oacute;n, o fe, de las columnas del viejo balneario, que a&uacute;n soportan el fondo del azul indiferente; y el padre que regresa entre los otros cuerpos dormidos, excitados, semidesnudos como voces, por la playa, llena de cantos que las olas fueran, como azarosos &iacute;dolos, puliendo, para la mano tibia de la especie humana... Eso vimos, antes de ver el pulpo aferrado al arp&oacute;n, y el jubiloso gesto del padre y la familia; la masa de color magenta retorci&eacute;ndose, bajo la mirada del mundo superior, como dedos desordenando el aire. Hasta que la arranc&oacute; de la obediente flecha, para luchar de t&uacute; a t&uacute;, un brazo al que abraz&oacute; hasta lo m&aacute;s dentro, que conoci&oacute; la oscuridad del pulpo, antes de que otro brazo la arrancara, y a duras penas la arrojara lejos. Casi en la orilla de su para&iacute;so respirable sinti&oacute; la gravedad el pulpo, el sabor de su abrazo en la tinta incapaz de reescribirlo, informe, donde todo se fue pegando a todo.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 28 Oct 2015 08:56:58 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Arena blanca, piedra negra]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/arena-blanca-piedra-negra/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas15/Noviembre/halfon500.jpg" alt="" /></p>
<p>El joven oficial estaba leyendo las p&aacute;ginas de mi pasaporte con diligencia, con escr&uacute;pulo, como si fuesen las p&aacute;ginas de una revista de far&aacute;ndula o de una novela barata. Las sosten&iacute;a en alto. Las miraba a contraluz. Las raspaba fuerte con la u&ntilde;a de su &iacute;ndice. Se me ocurri&oacute; que en cualquier momento doblar&iacute;a la esquina de alguna, como marcador, como para volver m&aacute;s tarde a su lectura. Viaja mucho usted, dijo de pronto mientras revisaba todos los sellos. No supe si era una pregunta o un comentario y s&oacute;lo guard&eacute; silencio, observ&aacute;ndolo ante m&iacute;, sentado del otro lado de un escritorio de metal negro. No tendr&iacute;a a&uacute;n veinte a&ntilde;os. Su rostro era lampi&ntilde;o, bruno, brilloso. Su uniforme verde caqui le tallaba demasiado apretado. Parec&iacute;an ya no importarle los hilos de sudor que ca&iacute;an despacio por su frente y cuello. Como que le gusta viajar a usted, musit&oacute; sin verme, usando ese tono abusivo de nuevo militar. Pens&eacute; decirle que todos nuestros viajes son en realidad un solo viaje, con m&uacute;ltiples paradas y escalas. Pens&eacute; decirle que todo viaje, cualquier viaje, no es lineal, ni circular, ni concluye jam&aacute;s. Pens&eacute; decirle que todo viaje es un desprop&oacute;sito. Pero no dije nada. Por la puerta abierta entraba el ruido de motos, de camiones, de camionetas, de una ranchera en radio transistor, de truenos en la distancia, de los enjambres de moscas y mosquitos y de los hombres que a gritos ofrec&iacute;an comprar y vender d&oacute;lares belice&ntilde;os. Oscilando en la esquina, un viejo ventilador de piso s&oacute;lo revolv&iacute;a el calor selv&aacute;tico y h&uacute;medo de la tarde.</p>
<p>Era mi primera vez all&iacute;, en Melchor de Mencos, &uacute;ltimo pueblo guatemalteco antes de entrar a Belice. Hab&iacute;a salido de la capital al amanecer, y conducido hasta la frontera sin detenerme m&aacute;s que una vez, a medio camino, en el lago de Izabal, a echar gasolina y almorzar un caldo de mariscos, un manojo de tortillas negras con queso fresco y loroco, y bastante caf&eacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&iquest;Su domicilio, se&ntilde;or?, me pregunt&oacute; el oficial, a&uacute;n ojeando las p&aacute;ginas de mi pasaporte y anotando mis datos en una enorme bit&aacute;cora contable. Ciudad de Guatemala, le ment&iacute;, aunque no era del todo mentira. &iquest;Y la intenci&oacute;n de su viaje a Belice? Voy a visitar a unos amigos, en Belmop&aacute;n, le ment&iacute;, aunque tampoco era del todo mentira: me hab&iacute;an invitado a hacer una lectura en la Universidad de Belice, en Belmop&aacute;n; viajar por tierra hab&iacute;a sido idea m&iacute;a, para conocer esa ruta, para conocer las hermosas playas de arena blanca de Belice, el id&iacute;lico mar azul turquesa de Belice &mdash;una idea que ahora, tras comprobar la distancia y el estado tan paup&eacute;rrimo de las carreteras, empezaba a cuestionar. &iquest;Su profesi&oacute;n, se&ntilde;or? Ingeniero, le ment&iacute;, como miento siempre, como escribo siempre en los formularios de migraci&oacute;n. Es mucho m&aacute;s recomendable y sensato, especialmente en fronteras de cualquier tipo, ser ingeniero que escritor.</p>
<p>El oficial se qued&oacute; callado, y despacio, con todo el letargo del tr&oacute;pico, continu&oacute; anotando mis datos.</p>
<p>Afuera estaba nublado y denso y el cielo parec&iacute;a a punto de reventar. Tras secarme la frente con la mano, me puse a mirar un inmenso mapa de Guatemala colgado en la pared, justo detr&aacute;s del oficial, y record&eacute; cuando de ni&ntilde;o, en los a&ntilde;os setenta, hab&iacute;a ganado un premio en el colegio por hacer el mejor dibujo del mapa nacional. Mi dibujo, por supuesto, a&uacute;n inclu&iacute;a el entonces departamento de Belice, el m&aacute;s grande, ubicado en el extremo norte del pa&iacute;s. No ser&iacute;a hasta 1981 que Belice lograr&iacute;a su independencia &mdash;y hasta 1992 que &eacute;sta fuese reconocida oficialmente por Guatemala&mdash;, dejando as&iacute; de formar la parte superior de aquel mapa que yo aprend&iacute; a dibujar de ni&ntilde;o. Nunca he podido dibujar muy bien. Pero esa vez, recuerdo, me esmer&eacute;. Y mi premio, que recib&iacute; at&oacute;nito de la mano de la maestra, fue un peque&ntilde;o mango verde. A&uacute;n no puedo ver un mapa del pa&iacute;s sin antoj&aacute;rseme un mango verde. A&uacute;n no puedo ver un mapa del pa&iacute;s sin pensar que Guatemala, de un modo m&aacute;s que figurativo, qued&oacute; decapitada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">*</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esto no sirve, se&ntilde;or.</p>
<p>Tard&eacute; un poco en comprender que el oficial, sin subir la mirada, y apenas audible por encima del silbido del ventilador, me estaba hablando a m&iacute;.</p>
<p>&iquest;C&oacute;mo dice?, le pregunt&eacute;. Que esto no sirve, dijo, cerrando mi pasaporte y dej&aacute;ndolo caer sobre el escritorio de metal, como con repudio, como si fuese algo tieso y podrido. Su pasaporte, se&ntilde;or, venci&oacute; el mes pasado. Sent&iacute; un ligero golpe en el vientre. No puede ser, balbuce&eacute;. El oficial, inalterado, s&oacute;lo continu&oacute; garabateando algo en la vieja bit&aacute;cora. &iquest;Era posible? &iquest;Hac&iacute;a cu&aacute;ntos a&ntilde;os que lo hab&iacute;a tramitado? &iquest;Hac&iacute;a cu&aacute;nto tiempo que ni siquiera hab&iacute;a verificado la fecha de vencimiento? Estir&eacute; la mano y recog&iacute; el librillo azul del escritorio y lo abr&iacute; a la primera p&aacute;gina. Vencido, en efecto, hac&iacute;a un mes. No sirve, espet&oacute; el oficial hacia abajo, hacia las p&aacute;ginas rayadas y amarillentas de la vieja bit&aacute;cora, y por un momento cre&iacute; entender que el que no serv&iacute;a era yo. &iquest;Y ahora?, le pregunt&eacute;. &iquest;Y ahora qu&eacute;, se&ntilde;or?, sin verme. &iquest;No hay otra manera de entrar a Belice? Ninguna, se&ntilde;or. &iquest;No puedo cruzar la frontera con mi c&eacute;dula de identidad? Mene&oacute; la cabeza una sola vez, lapidario. Belice, dijo, no forma parte del convenio centroamericano. Era cierto. Todos los pa&iacute;ses centroamericanos reci&eacute;n hab&iacute;an firmado un convenio permitiendo el libre paso fronterizo a sus ciudadanos &mdash;todos, claro, salvo Belice. Suspir&eacute;, ya imagin&aacute;ndome el camino de vuelta a la capital, ya haciendo el c&aacute;lculo matem&aacute;tico de todas las horas y todos los kil&oacute;metros de ida y vuelta, atravesando el territorio nacional casi entero de ida y vuelta, en un mismo d&iacute;a. Abr&iacute; mi cartera de cuero para guardar el pasaporte y me sorprendi&oacute; ver all&iacute; el cart&oacute;n rojo. No se me hab&iacute;a ocurrido. De hecho, aunque se me hubiese ocurrido, ese preciado cart&oacute;n rojo generalmente se quedaba en casa, y no hubiera cre&iacute;do encontrarlo all&iacute;, en la cartera de cuero que siempre viaja conmigo, y en la cual mantengo otras tarjetas de cr&eacute;dito (por si acaso), credencial de seguro m&eacute;dico (por si acaso), licencia de buceo (por si acaso), un par de preservativos (por si acaso). Sonre&iacute; triunfante. Aqu&iacute; tiene, le dije al oficial, y lo coloqu&eacute; bajo su mirada, sobre las p&aacute;ginas mismas de la bit&aacute;cora. &iquest;Y esto?, farfull&oacute; perplejo, aun desconfiado. Es que soy muchos, le dije con algo de s&aacute;tira. Pero hoy, le dije, soy dos.</p>
<p>El oficial, quiz&aacute;s por primera vez, alz&oacute; la mirada, y me observ&oacute; detenidamente, esc&eacute;pticamente, mientras sosten&iacute;a un librillo en cada mano, un pasaporte en cada mano: el guatemalteco en la derecha, y el espa&ntilde;ol en la izquierda.</p>
<p>Perm&iacute;tame, y se puso de pie. En su espalda verde caqui crec&iacute;a una mancha oscura y redonda de sudor.</p>
<p>Camin&oacute; despacio hacia un escritorio m&aacute;s grande y m&aacute;s importante donde estaba sentado un se&ntilde;or mofletudo, calvo, con un grueso bigote ceniciento y gafas de lectura, y trajeado en el mismo uniforme verde caqui. Su jefe, supuse. El joven oficial le entreg&oacute; los pasaportes y me se&ntilde;al&oacute; y los dos hombres se pusieron a revisar mis documentos, a compararlos, a juzgarlos, mientras se susurraban no s&eacute; qu&eacute; cosas. De pronto el oficial mayor se quit&oacute; las gafas de lectura. Alz&oacute; la mirada hacia m&iacute; y se qued&oacute; observ&aacute;ndome unos segundos. Como enfurecido por algo. O como asustado por algo. O como intentando descubrir algo en mi rostro, quiz&aacute;s alg&uacute;n detalle o gesto que le comprobara mi identidad. Luego baj&oacute; la vista, le devolvi&oacute; mis dos pasaportes al joven oficial y, buscando las gafas de lectura que le colgaban del cuello, regres&oacute; su atenci&oacute;n a los papeles sobre el escritorio.</p>
<p>Firme usted aqu&iacute;, me dijo el joven oficial al nom&aacute;s sentarse, indic&aacute;ndome una l&iacute;nea en blanco en la bit&aacute;cora, a la par de mi nombre. Firm&eacute; gustoso, en letras pomposas y estilizadas. El oficial sell&oacute; la bit&aacute;cora con demasiada fuerza, acaso con la furia del derrotado, y me entreg&oacute; ambos pasaportes. Siguiente, declam&oacute; en forma de despedida hacia la cola de personas atr&aacute;s de m&iacute;, esperando su turno. Yo guard&eacute; todo en la cartera de cuero, di media vuelta sin prisa y sin decir nada, y ya march&aacute;ndome de la oficina de migraci&oacute;n, ya oyendo las gotas de lluvia sobre las l&aacute;minas corrugadas del techo, advert&iacute; que el oficial gordo y bigotudo me miraba serio por encima de sus gafas.&nbsp;</p>
<p>Afuera llov&iacute;a fuerte. Esquiv&eacute; r&aacute;pido a los vendedores de chicles y golosinas, a los vendedores de naranja agria con pepitoria, a los vendedores de d&oacute;lares belice&ntilde;os con fajos de billetes sucios en las manos y cangureras de nailon atadas a las cinturas, y me puse a correr entre las oleadas de lluvia hacia donde hab&iacute;a dejado aparcado el carro: un viejo Saab color zafiro que me sol&iacute;a prestar un amigo para hacer viajes en el interior del pa&iacute;s.</p>
<p>Al nom&aacute;s llegar, abr&iacute; la puerta y entr&eacute; y me apur&eacute; a insertar la llave y arrancar el motor. Me qued&eacute; quieto, medio empapado o quiz&aacute;s medio sudado, nada m&aacute;s oyendo el repentino chubasco contra la carrocer&iacute;a, y los truenos en la lejan&iacute;a de la selva petenera, y el chirrido met&aacute;lico y agobiante de una bater&iacute;a muerta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">*</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aqu&iacute; le va a costar hallar a un camionero que quiera ayudarlo.</p>
<p>Ten&iacute;a acento salvadore&ntilde;o o quiz&aacute;s nicarag&uuml;ense. Llevaba puestas unas botas de vaquero de piel de cocodrilo. Su camisa de botones estaba abierta y sobre su coraz&oacute;n, en tinta verde, ten&iacute;a un tatuaje de otro coraz&oacute;n atravesado por una flecha y por una cinta con el nombre de alguien. De su mujer, supuse. O de alguna de sus mujeres. Llevaba un machete largo en una funda de cuero negro colgada de su cintur&oacute;n. Y yo de inmediato, al verlo acercarse y sonre&iacute;rme con sus dientes de plata, sent&iacute; una r&aacute;faga de desconfianza y p&aacute;nico y estuve a punto de cerrar los ojos y decirle que s&oacute;lo el dinero, por favor, que me dejara quedarme con mis tarjetas de cr&eacute;dito y dem&aacute;s papeles. Pero &eacute;l r&aacute;pido me salud&oacute; y me dijo que su cami&oacute;n era aqu&eacute;l de all&aacute;, el blanquito, que iba camino a M&eacute;xico, que se llamaba Rold&aacute;n. No quise preguntarle si &eacute;se era su nombre o su apellido. Tampoco quise preguntarle qu&eacute; llevaba en su cami&oacute;n.</p>
<p>Yo hab&iacute;a tenido que permanecer casi una hora dentro del carro, esperando a que menguara la lluvia. De vez en cuando abr&iacute;a un poco la puerta para airear el calor y el humo de mi cigarro (la ventanilla el&eacute;ctrica, claro, no funcionaba). Pero llov&iacute;a demasiado fuerte y el agua se entraba enseguida y tuve entonces que curtirme una hora all&iacute; dentro, sumergido en mi propio humo y vapor. Cre&iacute; ver en varias ocasiones &mdash;a trav&eacute;s del vidrio y de las s&aacute;banas de lluvia&mdash; al oficial bigotudo parado en la puerta de la oficina de migraci&oacute;n, quiz&aacute;s observando la lluvia, quiz&aacute;s observ&aacute;ndome a m&iacute;.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Aqu&iacute; ning&uacute;n camionero le echar&aacute; una mano, dijo Rold&aacute;n. Dizque andan con prisa los compa&ntilde;eros. Se rasc&oacute; la barriga. Pero son puros cuentos, dijo. Lo que pasa es que son algo crueles.</p>
<p>Con un par de chiflidos, llam&oacute; a un muchacho adolescente que pas&oacute; caminando por ah&iacute;. Ayud&aacute;me a empujar, vos, le dijo al muchacho, que accedi&oacute; de mala gana. Usted p&oacute;ngalo en neutro, me grit&oacute; Rold&aacute;n, y cuando yo le diga, meta segunda y trate de arrancar. Intentamos tres veces. El motor ni siquiera reaccion&oacute;.</p>
<p>Ay, mi rey, dijo Rold&aacute;n ensanchando su sonrisa de plata. Esa bater&iacute;a ya no da. El muchacho, sin decir nada, se hab&iacute;a esfumado.</p>
<p>Me baj&eacute; del carro. Le extend&iacute; a Rold&aacute;n la cajetilla de Camel y &eacute;l tom&oacute; un cigarro y ambos nos quedamos fumando un momento en silencio. El sol hab&iacute;a vuelto a salir. En la distancia, un velo de neblina tibia cubr&iacute;a parte de la monta&ntilde;a. &iquest;Tiene usted cables?, me pregunt&oacute; de pronto. Creo que s&iacute;, le dije, en la maletera. Mi cami&oacute;n s&oacute;lo anda con bater&iacute;a de veinticuatro voltios, dijo. Hay que hallar a un camionero con bater&iacute;a de doce voltios. Tal vez as&iacute; logramos cargarla. Me pidi&oacute; otro cigarro. Para lueguito, dijo, y lo coloc&oacute; sobre su oreja. &iquest;Desde d&oacute;nde viene usted, pues?, me pregunt&oacute;, y le expliqu&eacute; que hab&iacute;a salido de la capital esa misma ma&ntilde;ana, que iba camino a Belice, que quer&iacute;a cruzar a Belice, que quer&iacute;a llegar a las playas de arena blanca de Belice. No con esa su bater&iacute;a, mi rey, dijo siempre sonriendo. Pero no se preocupe. Ya mero se la arreglamos. Dios mediante.</p>
<p>Rold&aacute;n detuvo a dos camioneros, y ambos, desde sus cabinas, s&oacute;lo negaron con la cabeza y siguieron por la carretera. Al rato lleg&oacute; el due&ntilde;o del cami&oacute;n que estaba aparcado a mi lado. Rold&aacute;n se acerc&oacute; al &eacute;l y le explic&oacute; la situaci&oacute;n y el tipo le dijo que s&iacute; ten&iacute;a bater&iacute;a de doce voltios, pero que no pod&iacute;a darme carga. &iquest;Y por qu&eacute; no, pap&aacute;?, le pregunt&oacute; Rold&aacute;n, y el tipo s&oacute;lo mene&oacute; la cabeza, apenado. Rold&aacute;n le insisti&oacute; de tal manera que el camionero finalmente acept&oacute;. Conectamos las dos bater&iacute;as. El camionero encendi&oacute; su motor, y lo dejamos correr unos minutos, y nada. Luego lo dejamos correr unos minutos m&aacute;s, y yo volv&iacute; a intentar, y otra vez nada. El camionero desconect&oacute; los cables, se subi&oacute; a su cabina y, casi ofendido conmigo, como si yo le hubiese robado algo, se march&oacute;.</p>
<p>Rold&aacute;n sac&oacute; su tel&eacute;fono celular y marc&oacute; un n&uacute;mero. Pidi&oacute; una gr&uacute;a. No se inquiete, me dijo. Es de un amigo, me dijo, quien en nada le cambia la bater&iacute;a aqu&iacute; en Melchor de Mencos, del otro lado del puente, y puede seguir usted su camino a Belice.</p>
<p>Sent&iacute; algo en las rodillas. Acaso impotencia. Acaso una devastadora soledad. Acaso el p&aacute;nico de estar ingresando, poco a poco, a una extensa telara&ntilde;a de estafadores.</p>
<p>Rold&aacute;n se qued&oacute; fumando a mi lado hasta que lleg&oacute; su amigo con la gr&uacute;a y negoci&oacute; el precio con &eacute;l y lo amenaz&oacute; con tratarme bien. Le agradec&iacute;. Le ofrec&iacute; unos cuantos billetes, que rechaz&oacute; con obstinaci&oacute;n. Le dije, quiz&aacute;s por miedo a quedarme solo y varado a media selva petenera, que me dejara invitarlo a una cerveza en el pueblo. Es que yo tambi&eacute;n tengo que seguir mi camino, dijo negando con la cabeza.</p>
<p>Me sub&iacute; al asiento de pasajero de la gr&uacute;a. Ol&iacute;a a sudor, a grasa, a pescado rancio, a frenos quemados. Del espejo retrovisor colgaba un crucifijo de pl&aacute;stico color rosa, una postal laminada de una rubia mostrando las tetas, y dos dados de peluche, uno blanco y el otro negro. Le&iacute; pintado en el vidrio, hasta arriba, en grandes letras de oro: cristo es mi norte. No se le vaya a ocurrir viajar a Belice de noche, me dijo Rold&aacute;n sosteniendo la puerta. Mejor qu&eacute;dese usted en el pueblo, cene sabroso, duerma bien, y salga ma&ntilde;ana tempranito, con calma. Volv&iacute; a sentir ese mismo algo en las rodillas. Ya veremos, le dije. Cerr&eacute; la puerta. De veras, grit&oacute; encima del recio motor de la gr&uacute;a. Puede ser peligroso andar por all&iacute; de noche.</p>
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<p>No parec&iacute;a un taller de mec&aacute;nica. No ten&iacute;a ning&uacute;n r&oacute;tulo. Era nada m&aacute;s un peque&ntilde;o predio con suelo de tierra, encerrado por tres paredes de adobe, y con un port&oacute;n de metal gris que daba a la calle. Hab&iacute;a herramientas tiradas y amontonadas por doquier. En una esquina estaba aparcado un Mercedes Benz de los a&ntilde;os setenta, quiz&aacute;s blanco, todo destartalado y corro&iacute;do. A su lado, un ni&ntilde;o de dos o tres a&ntilde;os estaba sentado en el suelo de tierra, completamente desnudo. Jugaba con un pu&ntilde;ado de tarugos y tuercas. El tipo de la gr&uacute;a era tambi&eacute;n el due&ntilde;o y el &uacute;nico mec&aacute;nico all&iacute;. Se llamaba Nicasio. Tras conectar la bater&iacute;a a una m&aacute;quina vetusta, me confirm&oacute; que, en efecto, ya estaba inservible. Me dijo que &eacute;l pod&iacute;a conseguir e instalar una nueva, de lujo, importada, a muy buen precio. Me dijo que le pagara la mitad por adelantado. Me dijo que le dejara las llaves del carro. Me dijo que le diera unas horas, que hab&iacute;a un comedor en la esquina donde pod&iacute;a esperar, tomarme algo, que &eacute;l me buscar&iacute;a all&iacute; al haber terminado el trabajo. Vi mi reloj. Eran ya las cinco de la tarde. Luego vi el Saab azul zafiro de mi amigo: abierto y fatigado y con las v&iacute;sceras expuestas. Saqu&eacute; mi mochila del maletero y me dirig&iacute; hacia el port&oacute;n. El ni&ntilde;o desnudo me miraba desparramado en un charco de lodo.</p>
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<p>Llegu&eacute; caminando a un peque&ntilde;o parque, en una cuchilla. No hab&iacute;a nadie. No hab&iacute;a brisa, ni sombra, ni alivio. En la entrada, mal pintado encima de un arco blancuzco, un r&oacute;tulo daba la bienvenida al pueblo. Saqu&eacute; el &uacute;ltimo cigarro de la cajetilla y me sent&eacute; a fumar en una banca a&uacute;n medio mojada. Casi de inmediato se acerc&oacute; un muchacho con varios sacos de semillas y una vieja b&aacute;scula de bronce. &iquest;Le doy algo, don? Hay man&iacute;, dijo. Hay habas, mara&ntilde;&oacute;n, macadamia, almendra salada. Le compr&eacute; un par de onzas de semillas de mara&ntilde;&oacute;n. Tras pesarlas y cobrarme, se sent&oacute; a mi lado. Le pregunt&eacute; por el origen del nombre del pueblo, Melchor de Mencos. Dicen por ah&iacute;, dijo, que &eacute;se era el nombre de un general que venci&oacute; a los brit&aacute;nicos. Siglos atr&aacute;s, dijo. Pero saber si ser&aacute; cierto, dijo. Alz&oacute; la mirada hacia la carretera, como buscando a alguien, o como si alguien lo estuviera buscando a &eacute;l. Tambi&eacute;n me qued&eacute; viendo hacia la carretera. Vi a un se&ntilde;or de piel tostada, dando peque&ntilde;os pasos hacia delante, como bailando hacia delante. Luego vi a un cami&oacute;n transportando, en la parte trasera, a una escu&aacute;lida vaca blanca. Luego vi a tres ni&ntilde;os montados en una sola bicicleta. &iquest;Y usted anda de paso?, me pregunt&oacute; el muchacho. Algo as&iacute;, le dije. Me termin&eacute; el cigarro en silencio.</p>
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<p>Camin&eacute; frente a una ni&ntilde;a babeada de rojo y correteando a un grupo de polluelos. Su vestido blanco parec&iacute;a ya te&ntilde;ido de rojo. Sus medias blancas y flojas parec&iacute;an ya te&ntilde;idas de rojo. Su diadema y sus zapatillas negras de charol estaban olvidadas detr&aacute;s de ella, junto a la puerta abierta de una iglesia evang&eacute;lica por donde sal&iacute;an los cantos de los feligreses y del predicador. La ni&ntilde;a sosten&iacute;a media granada en sus manos morenas. De pronto se llevaba la media granada a la boca y le daba un buen mordisco y se pon&iacute;a a dispararles balines rojos a los polluelos.&nbsp;&nbsp;</p>
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<p>Camin&eacute; frente a un se&ntilde;or recostado contra el tronco de un almendro. Estaba sentado en la grama, con las piernas extendidas. Aprovechaba, supuse, la sombra del almendro. Ten&iacute;a puesto un pantal&oacute;n negro y una camisola blanca y una corbata negra. Ten&iacute;a un peri&oacute;dico en el regazo. Al acercarme a&uacute;n m&aacute;s, not&eacute; que hab&iacute;a un c&iacute;rculo verde en cada una de sus sienes. Eran dos rodajas de lim&oacute;n, prensadas all&iacute; con una cinta de zapatos que se hab&iacute;a amarrado alrededor de la cabeza. Peque&ntilde;as gotas chorreaban por todo su rostro, quiz&aacute;s de lim&oacute;n o de sudor o de ambas cosas. Ven&iacute; te la chupo vos gringo, cre&iacute; escuchar que susurr&oacute; a mis espaldas, ya alej&aacute;ndome con prisa del almendro. Pero al volver la mirada me pareci&oacute; que el se&ntilde;or estaba profundamente dormido.</p>
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<p>Entr&eacute; a una abarroter&iacute;a, en la calle principal y bulliciosa del pueblo. Un anciano estaba apoyado contra el mostrador, apenas de pie, apenas sosteniendo un octavito ya casi vac&iacute;o de aguardiente Quezalteca Especial. D&iacute;game, me dijo una se&ntilde;ora chaparra del otro lado de las rejas. Me acerqu&eacute;. La salud&eacute;, descubriendo a trav&eacute;s de las rejas que s&oacute;lo vend&iacute;a cigarros nacionales. Le ped&iacute; una cajetilla de Rubios. El anciano balbuce&oacute; algo. La se&ntilde;ora me pas&oacute; la cajetilla por entre las rejas, y yo entonces le pas&eacute; unos cuantos billetes. El anciano se acerc&oacute; un poco a m&iacute; y volvi&oacute; a balbucear algo, con su mano extendida. Todo &eacute;l apestaba a orina. Deje de molestar, lo rega&ntilde;&oacute; la se&ntilde;ora. Y usted ign&oacute;relo nom&aacute;s, me dijo, devolvi&eacute;ndome unas cuantas monedas a trav&eacute;s de las rejas, que luego quise entregarle al anciano. Pero su vieja mano no logr&oacute; sostenerlas y las monedas cayeron al suelo. Me agach&eacute; a recogerlas. Cuando volv&iacute; a ponerme de pie, all&iacute;, justo a mi lado, estaba el oficial gordo y bigotudo de migraci&oacute;n: siempre serio, siempre en su uniforme verde caqui, siempre con sus gafas de lectura colg&aacute;ndole del cuello, pero ahora acompa&ntilde;ado por un hombre en botas de vaquero y sombrero de vaquero y con unos inmensos anteojos oscuros y un palillo entre los dientes y una pistola negra bien metida entre el pantal&oacute;n. Me sequ&eacute; la frente con la manga de la camisa. Sal&iacute; casi corriendo a la penumbra de la calle principal.</p>
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<p>Una enorme guacamaya roja estaba perchada en un palo de escoba, en el fondo del comedor. De vez en cuando se rascaba el pecho con el pico o lanzaba un grito o un agudo silbido. Su plumaje rojo me pareci&oacute; triste y opaco. En cada una de las cuatro mesas, sobre un mantel de pl&aacute;stico floreado, hab&iacute;a una botella con atomizador. Por si acaso, me dijo la se&ntilde;orita al sentarme. Es que es medio chiflada, dijo mirando a la enorme guacamaya. A veces le agarra por atacar a la gente, dijo. Pero un chorro de agua la asusta.</p>
<p>Abr&iacute; la cajetilla nueva de Rubios y encend&iacute; uno y de inmediato empec&eacute; a sentirme mejor, a recuperar el aliento. Desde la cocina, detr&aacute;s de una cortinilla de abalorios, me llegaba el rumor de voces femeninas, de risas, de gemidos, de un merengue en la radio, del retint&iacute;n de platos y vasos. Un par de bombillas blancas colgaban del techo. La guacamaya me miraba so&ntilde;olienta desde su palo.</p>
<p>La misma se&ntilde;orita sali&oacute; por la cortinilla de abalorios, cargando un azafate, y camin&oacute; hacia m&iacute;. Not&eacute; que estaba descalza. Not&eacute; que ahora llevaba a un beb&eacute; amarrado a su espalda (&iquest;o lo llevaba antes y yo no lo vi?) con una larga faja azul. El beb&eacute; dorm&iacute;a. Aqu&iacute; tiene, me dijo, y coloc&oacute; sobre la mesa un cenicero, una botella de cerveza Gallo, un vaso peque&ntilde;o. Le agradec&iacute;. Para servirle, dijo. &iquest;No quiere usted comer algo?, me pregunt&oacute; casi avergonzada, y le dije que por ahora no, que gracias, que tal vez m&aacute;s tarde. Un perro callejero quiso entrar al comedor, pero ella lo espant&oacute; con un aplauso. Luego se qued&oacute; all&iacute; parada, abrazando el azafate contra sus pechos rollizos, quiz&aacute;s esperando algo. Le pregunt&eacute; por qu&eacute; se llamaba Comedor Fallab&oacute;n. Es que as&iacute; le dicen a esta colonia, dijo. Antes, dijo, Fallab&oacute;n era una aldea propia, aqu&iacute; merito, pero ahora ya forma parte de Melchor de Mencos (me enterar&iacute;a despu&eacute;s de que el nombre de la aldea, Fallab&oacute;n, viene de un fuego y estallido que hubo all&iacute; cerca, en un almacenamiento de madera, en 1950; es un anglicismo, derivado de las palabras en ingl&eacute;s para fuego y estallido: fire y boom). El beb&eacute; solt&oacute; un quejido y la se&ntilde;orita estir&oacute; su mano hacia atr&aacute;s y le acarici&oacute; la mejilla con un dedo. &iquest;Y &eacute;se es su carro, pues, en el taller de don Nica? As&iacute; es, le dije, reacio a explicarle que en realidad no era m&iacute;o el carro, sino de un amigo. Ella hizo un chasquido con la lengua como diciendo buena suerte, o como diciendo qu&eacute; pena. Le pregunt&eacute; si pod&iacute;a recomendarme un hotel, que a lo mejor tendr&iacute;a que pasar la noche, y ella pens&oacute; un momento y luego me dijo que el hotel La Caba&ntilde;a era bueno, que quedaba all&iacute; nom&aacute;s, en la calle principal. Hasta piscina hay, dijo. Hotel La Caba&ntilde;a, repet&iacute;, como para no olvidarlo, y mientras me secaba el sudor de la frente con una servilleta de papel, cre&iacute; ver que algo peque&ntilde;o y oscuro estaba subiendo por la pared del fondo. Tal vez una ara&ntilde;a. Tal vez un t&aacute;bano. Tal vez un alacr&aacute;n. &iquest;Y la guacamaya es suya?, le pregunt&eacute; a la se&ntilde;orita. Ella sonri&oacute;. &Eacute;sa es de aqu&iacute;, dijo, pero no entend&iacute; si del comedor o de la colonia o del pueblo entero. &iquest;Tiene nombre? Bien tiene, dijo. Se llama G&oacute;mez, dijo. La guacamaya grit&oacute; algo, quiz&aacute;s porque hab&iacute;a o&iacute;do su nombre y quer&iacute;a participar en la conversaci&oacute;n. Aplast&eacute; mi cigarro en el cenicero. &iquest;Es macho?, le pregunt&eacute; a la se&ntilde;orita y ella s&oacute;lo solt&oacute; una risa y alz&oacute; los hombros y dijo que a lo mejor, que eso nadie lo sab&iacute;a. Advert&iacute; que las baldosas del piso, debajo de la guacamaya, estaban cubiertas de heces blancas y grises. Permiso, susurr&oacute; la se&ntilde;orita, y regres&oacute; a la cocina.</p>
<p>Me serv&iacute; un trago de cerveza con bastante espuma. La cerveza estaba tibia pero me cay&oacute; bien. Me serv&iacute; otro trago. Encend&iacute; un cigarro y respir&eacute; hondo. Acerqu&eacute; la botella de agua, por si la guacamaya decid&iacute;a bajarse de su palo. Abr&iacute; mi mochila y estaba por sacar un libro para leer un rato cuando sent&iacute; la presencia de alguien a mis espaldas.</p>
<p>Tra&eacute;nos dos cervezas, hija, grit&oacute; el oficial de migraci&oacute;n.</p>
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<p>Me saludaron serios, nada m&aacute;s con la mirada, y se ubicaron en una mesa enfrente de m&iacute;. La se&ntilde;orita sali&oacute; por la cortinilla de abalorios. Cargaba una botella de cerveza en cada mano. El beb&eacute; a&uacute;n dorm&iacute;a atado a su espalda. Aqu&iacute; tiene, don Francisco, dijo. El oficial musit&oacute; algo, quiz&aacute;s agradeci&eacute;ndole. Hab&iacute;a sacado un pa&ntilde;uelo rojo de un bolsillo de su uniforme verde caqui. Termin&oacute; de enjugarse el sudor del cuello y la cara. Luego tom&oacute; un sorbo largo de cerveza y se limpi&oacute; los labios y el bigote gris&aacute;ceo con el pa&ntilde;uelo rojo. El otro hombre extendi&oacute; una mano y agarr&oacute; fuerte el antebrazo de la se&ntilde;orita y la jal&oacute; hacia &eacute;l hasta sentarla en su regazo. &iquest;Ten&eacute;s carnitas?, le pregunt&oacute; en un susurro libidinoso, su mano de u&ntilde;as largas prens&aacute;ndole el cuello, como un garfio. Me pareci&oacute; que su tono de voz era demasiado femenino. Bien hay, dijo ella sin alzar la mirada del suelo. El beb&eacute; en su espalda se mene&oacute;, gimi&oacute;. &iquest;Y chicharr&oacute;n ten&eacute;s? Tambi&eacute;n hay, dijo ella, su voz ahogada, su mirada siempre en el suelo. Pues and&aacute; a traernos una orden de carnitas y una de chicharr&oacute;n, dijo, y le dio un empuj&oacute;n fuerte hacia la cocina. Ella se tambale&oacute; un poco. Ahorita mismo, dijo, recuperando el balance. El hombre se quit&oacute; los anteojos oscuros y el sombrero de vaquero y sac&oacute; la pistola negra y puso todo sobre la mesa. A&uacute;n mordiendo el palillo, levant&oacute; la mano derecha como si estuviera jurando ante un juez. Y si se me acerca ese p&aacute;jaro de mierda, dijo, por Dios que le meto un par de plomazos.</p>
<p>Ambos hombres se rieron, recio, cacareado, quiz&aacute;s mir&aacute;ndome. La se&ntilde;orita se escabull&oacute;, deprisa y cabizbaja y agitando al beb&eacute;.</p>
<p>Yo quise fumar. Not&eacute; que el cigarro en mis dedos temblaba un poco. No pod&iacute;a dejar de mirar esa mano sucia y regordeta en el aire, y a&uacute;n mir&aacute;ndola, pens&eacute; en el infarto que mi abuelo polaco hab&iacute;a sufrido a final de los a&ntilde;os setenta. Yo era muy ni&ntilde;o entonces, pero a&uacute;n recuerdo el llanto descontrolado de mi mam&aacute; al recibir la llamada del hospital. Mi abuelo tuvo suerte. Fue un infarto menor. Se recuper&oacute; r&aacute;pido. Pero como consecuencia, y siguiendo los tres consejos de su m&eacute;dico: dej&oacute; de fumar tabaco, empez&oacute; a beber a diario un par de onzas de whisky (para los nervios, dec&iacute;a), y adquiri&oacute; el h&aacute;bito de caminar. Caminaba mucho, todas las ma&ntilde;anas, como ejercicio. Sal&iacute;a de su casa muy temprano y caminaba por su barrio. A veces hasta un par de horas. A veces yo lo acompa&ntilde;aba. Y durante una de esas caminatas, mientras andaba &eacute;l solo al final de la avenida de Las Am&eacute;ricas, justo enfrente de la escultura en homenaje al papa Juan Pablo II, una moto con dos tipos se detuvo a su lado. Que lo derribaron al suelo, nos dec&iacute;a con esc&aacute;ndalo. Que le asestaron un golpe en la cabeza, nos dec&iacute;a mostr&aacute;ndonos d&oacute;nde. Que hab&iacute;an querido secuestrarlo, nos dec&iacute;a quiz&aacute;s ya exagerando un simple hurto. Que le robaron todo lo que llevaba, nos dec&iacute;a ora indignado, o casi todo, nos dec&iacute;a ora orgulloso. Que logr&oacute; quedarse, nos dec&iacute;a, con el anillo de piedra negra que usaba en el me&ntilde;ique derecho. A veces nos dec&iacute;a que suplic&oacute; con ellos hasta quedarse con su anillo. A veces nos dec&iacute;a que forceje&oacute; con ellos hasta quedarse con su anillo. A veces nos dec&iacute;a que luch&oacute; contra ellos hasta quedarse con su anillo. La versi&oacute;n variaba dependiendo del paso de los a&ntilde;os, o de su nostalgia, o de su estado de &aacute;nimo, o del car&aacute;cter de la persona que le estuviese preguntando (mi abuelo entend&iacute;a, acaso a un nivel intuitivo, que una historia crece, cambia de piel, hace malabares sobre la cuerda floja del tiempo; entend&iacute;a que una historia es en realidad muchas historias). Hab&iacute;a comprado ese anillo en el 45, le gustaba decirnos, en Nueva York, su primera parada en ruta a Guatemala despu&eacute;s de ser liberado del campo de concentraci&oacute;n de Sachsenhausen. En Nueva York, en una joyer&iacute;a jud&iacute;a de Harlem, hab&iacute;a pagado por &eacute;l cuarenta d&oacute;lares. Y lo hab&iacute;a usado durante el resto de su vida, durante los pr&oacute;ximos sesenta a&ntilde;os, en el me&ntilde;ique derecho, en forma de luto por sus padres y hermanos y amigos y todos los dem&aacute;s exterminados por los nazis en guetos y campos de concentraci&oacute;n. Hace unos a&ntilde;os, al morir mi abuelo, ese anillo le qued&oacute; a uno de los hermanos de mi madre, que llor&oacute; de emoci&oacute;n al heredarlo y decidi&oacute; guardarlo en la caja fuerte de su oficina. No ten&iacute;a ning&uacute;n valor econ&oacute;mico. Era una piedra negra cualquiera, en una montura dorada cualquiera. Pero una noche, alguien se meti&oacute; a esa oficina y logr&oacute; abrir la caja fuerte y robarse todo su contenido, incluido el anillo de piedra negra de mi abuelo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y yo segu&iacute;a mirando, ante m&iacute;, en el dedo me&ntilde;ique de esa mano sucia y regordeta que ahora sosten&iacute;a una tortilla rellena de carnitas y chicharr&oacute;n, un anillo muy parecido al anillo de mi abuelo. O quiz&aacute;s era exacto al anillo de mi abuelo. Quiz&aacute;s era exactamente la misma piedra negra, y exactamente la misma montura de metal dorado, y ten&iacute;a exactamente la misma forma y tama&ntilde;o. O al menos todo era exacto al anillo en mi memoria, al anillo como yo lo recordaba o como yo quer&iacute;a recordarlo, en el me&ntilde;ique derecho y p&aacute;lido y algo combado de mi abuelo. Y aunque lo sab&iacute;a imposible, aun descabellado, aun absurdo, no pude evitar imaginarme que ese anillo, en esa mano regordeta y grasosa, era, en efecto, el anillo de piedra negra de mi abuelo. No uno parecido. No uno exacto. Sino el mismo. El que mi abuelo hab&iacute;a comprado en Nueva York, en Harlem, en el 45. El que hab&iacute;a usado durante el resto de su vida en el me&ntilde;ique derecho. El que hab&iacute;a logrado salvar tras vencer o convencer, al final de la avenida de las Am&eacute;ricas, al final de los a&ntilde;os setenta, a unos ladrones o acaso secuestradores. El que al morir le hab&iacute;a heredado a uno de los hermanos de mi madre. El que alguien se hab&iacute;a robado de una caja fuerte, una noche, sin jam&aacute;s saber el ladr&oacute;n qu&eacute; se estaba robando; sin jam&aacute;s saber el ladr&oacute;n que en esa insignificante y sombr&iacute;a piedra negra a&uacute;n se reflejaban perfectamente los rostros de los padres exterminados de mi abuelo (Samuel y Masha), y los rostros de las dos hermanas exterminadas de mi abuelo (Ula y Rushka), y el rostro del hermano exterminado de mi abuelo (Zalman), y los rostros de tantos hombres exterminados y mujeres exterminadas y ni&ntilde;os exterminados y ni&ntilde;as exterminadas y beb&eacute;s exterminados mientras dorm&iacute;an en los brazos de sus madres, mientras so&ntilde;aban en las c&aacute;maras de gas; sin jam&aacute;s saber el ladr&oacute;n que en una peque&ntilde;a piedra negra a&uacute;n se pod&iacute;a o&iacute;r el murmullo de todas esas voces, de tantas voces, entonando en coro el rezo de los muertos.</p>
<p>La guacamaya de pronto lanz&oacute; un alarido y extendi&oacute; las alas y todav&iacute;a perchada en el palo se puso a batirlas con &aacute;nimo, con desesperanza, como queriendo volar.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 28 Oct 2015 08:53:08 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fragmentos de unas memorias íntimas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/fragmentos-de-unas-memoria-intimas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas15/Octubre/zuniga500.jpg" alt="" />En el invierno del a&ntilde;o 30 o 31 cay&oacute; en Madrid una gran nevada y, mediada la tarde, el jardincito que rodeaba nuestra casa en el barrio de la Prosperidad, se fue blanqueando; primero, el suelo en los sitios m&aacute;s secos, luego las cuerdas de tender la ropa. Al anochecer, aquel peque&ntilde;o y familiar espacio se convirti&oacute; en un lugar nuevo y sorprendente por la materia que recubri&oacute; la&nbsp; verja de hierro, los tallos m&aacute;s finos, las hojas de los geranios, los cables de la luz, el remate de la tapia por donde saltaban los gatos de las casas vecinas. Todo qued&oacute; transformado en un escenario fascinante, m&aacute;s a&uacute;n despu&eacute;s, cuando se abrieron las nubes y la luna puso all&iacute; su fr&iacute;a luz.</p>
<p>El &aacute;mbito conocido de tantos meses fue purificado: la realidad de aquel lugar se hizo irreal, su naturaleza pobre y trivial se reh&iacute;zo con formas elegantes que ocultaban los detalles y solo mostraban sus perfiles esenciales. Tras los cristales de las ventanas, yo contemplaba extasiado aquel encantamiento y su quietud misteriosa.</p>
<p>A la ma&ntilde;ana siguiente, el barrio era el de una ciudad de un pa&iacute;s nuevo; embellecido por la total blancura tambi&eacute;n evocaba las t&iacute;picas escenas de Navidad que ilustraban los almanaques de pared que se regalaban por entonces en las tiendas de comestibles. Los tejados ten&iacute;an una gruesa capa, sutil y densa a la vez, mientras que la frondosidad de plantas y arbustos de los jardines eran como tejidos fin&iacute;simos endurecidos por la helada. Y las calles desiertas sin huellas de pasos, despertaban el deseo de recorrer el barrio y descubrir que era m&aacute;s acogedor e &iacute;ntimo bajo la nevada.</p>
<p>Pero mi admiraci&oacute;n por tal belleza, e incluso por la inusitada claridad que entraba en las habitaciones, se quebr&oacute; con un suceso que nada se relacionaba con el prodigio que hab&iacute;an&nbsp; tra&iacute;do las nubes la tarde anterior.</p>
<p>Cerca de nuestra casa hab&iacute;a un solar acotado y all&iacute; viv&iacute;a en una casucha, un matrimonio con dos hijas adolescentes; el padre se dedicaba a arreglar bicicletas y las&nbsp; chicas para poco deb&iacute;an de servir. La noticia, transmitida por vecinos pr&oacute;ximos, fue que la madre, de la que en casa se dec&iacute;a que era joven y muy guapa, hab&iacute;a gritado que estaba harta y se hab&iacute;a largado del hogar, es de suponer no afectada por la novedad de la nieve pero s&iacute; seducida por alg&uacute;n Don Juan de los contornos.</p>
<p>No entend&iacute;, al principio, como una madre pod&iacute;a marcharse sin m&aacute;s ni m&aacute;s, abandon&aacute;ndoles a todos, porque las madres eran inamovibles, yo as&iacute; lo cre&iacute;a, unidas a hijos y marido por lazos eternos.</p>
<p>Atisb&eacute; desde la ventana al hombre abandonado, que estaba en la puerta del solar, subidas las solapas del deformado abrigo, las manos en los bolsillos, el pitillo en los labios, y miraba hacia el fondo de la calle por la que no pasaba nadie bajo un cerrado cielo gris. Y yo segu&iacute; con mi desconcierto, cuando, a la tarde, cruzaron por delante de nuestra casa las dos hijas, figuras breves, con ropas oscuras, mejillas y nariz encarnadas, e iban ri&eacute;ndose, manoteando en su conversaci&oacute;n.</p>
<p>Me retir&eacute; de la ventana y hube de aceptar la evidencia de lo sucedido que no era sino un roce &aacute;spero en la sensibilidad infantil pese al panorama de belleza. Contempl&eacute; con pena a las muchachas que parec&iacute;an insensibles a tener o no una madre y esa idea de la movilidad de los afectos hizo aparici&oacute;n en mi horizonte mental.</p>
<p>En aquel d&iacute;a invernal quedar&iacute;a dise&ntilde;ada, creo yo, la actitud vital de quien se asoma a la ventana y al otro de los cristales contempla una singular ense&ntilde;anza de la vida: fue un primer paso en mi formaci&oacute;n de avaro captador del mundo visible. El observador que recoge la imagen de experiencias ajenas vistas a distancia, tiene parecido con el lector que las toma no por relaci&oacute;n directa con los hechos sino a trav&eacute;s de palabras escritas, que se transforman en ideas. Tambi&eacute;n se progresa en la infancia contemplando im&aacute;genes, cualquier dibujo o ilustraci&oacute;n que por alg&uacute;n motivo me atra&iacute;an y forzaban a deducir la intenci&oacute;n con&nbsp; que se realizaron.</p>
<p>Esto fue lo que me hizo posible un voluminoso &aacute;lbum con aspecto de maleta por tener tapas de cuero&nbsp; con unas trabillas, cuyas hojas conten&iacute;an adheridos los art&iacute;culos que se sol&iacute;an vender en las tiendas de papeler&iacute;a. Era un muestrario de tarjetas postales, de cromos, l&aacute;minas, figuritas recortadas a troquel, felicitaciones, impreso en Francia y por el estilo de los dibujos, su &eacute;poca correspond&iacute;a muy bien a los a&ntilde;os de finales del siglo XIX. Este muestrario estuvo en la casa de mi abuelo, abandonado all&iacute;, seg&uacute;n se recordaba, por un viajante de comercio&nbsp; que, sin motivo, lo dej&oacute; y no volvi&oacute; por &eacute;l.</p>
<p>Siendo ni&ntilde;o he repasado muchas veces las hojas de este muestrario, admirando todo lo que estaba sujeto a ellas, pero hab&iacute;a unas estampas que me suscitaban emoci&oacute;n a la cual no me atrever&iacute;a a asignarle ahora ning&uacute;n adjetivo.&nbsp; Eran unos paisajes de invierno, un campo nevado con unas cercas o unas casitas; en el horizonte, un lejano amanecer nacarado, escena que a m&iacute; me parec&iacute;a propia de un pa&iacute;s extranjero. Uno de estos dibujos ten&iacute;a el motivo peculiar de muchas ilustraciones antiguas: sobre la nieve hab&iacute;a un pajarito muerto.</p>
<p>El imaginado arrebol matutino, el aire puro y helado de la madrugada contribuyeron a una idealizaci&oacute;n de la Naturaleza y debieron de predisponer mi &aacute;nimo para el asombro ante aquel jard&iacute;n blanco. Solo muchos a&ntilde;os despu&eacute;s hab&iacute;a venido a ser el trasfondo de una prematura vocaci&oacute;n literaria.</p>
<p>Viv&iacute;a con mi familia &ndash;madre, padre, una hermana mayor- en un barrio alejado del centro. Los &uacute;nicos visitantes, los mas adictos eran los gatos de los chal&eacute;s vecinos que saltaban la tapia a la busca de alimento seguro. Nuestro chal&eacute; ten&iacute;a dos pisos. La planta baja era la vivienda, los horarios, las comidas, las reuniones familiares; el piso superior apenas se habitaba y en &eacute;l se acord&oacute; que una habitaci&oacute;n fuese como un dominio infantil donde se reunieran mis pertenencias y los restos de mi primera infancia.</p>
<p>Era una&nbsp; habitaci&oacute;n fr&iacute;a en nada acogedora donde nadie de mi familia sol&iacute;a subir; el techo, m&aacute;s bajo que lo habitual, originaba que la ventana estuviera a dos palmos del suelo, desde la que se ve&iacute;a la parte delentera de nuestro jard&iacute;n. Desde all&iacute; contemplaba los dos chal&eacute;s de la acera de enfrente, acaso vac&iacute;os, y la calle que apenas nadie recorr&iacute;a, lo propio de las calles de un barrio de las afueras entonces; el &uacute;nico leve ruido que o&iacute;a era el de la carcoma en alguna madera vieja, pero hab&iacute;a que esforzarse en escuchar y entonces estremec&iacute;a el ronroneo hondo en la materia profundo. Sin duda fue el primer espacio confidente, beneficioso por las horas que all&iacute; pasaba. Le&iacute;a cuanto me era posible y dibujaba escenas de las historias que m&aacute;s me gustaban.</p>
<p>&nbsp;Pero hab&iacute;a calma, esa condici&oacute;n importante para entrar en las galer&iacute;as profundas de la conciencia. Escribi&oacute; Rilke en un poema: &ldquo;La noche es mi libro&rdquo; pero alguien, un ni&ntilde;o, podr&iacute;a decir &ldquo;La calma es mi libro&rdquo; porque sent&iacute; la necesidad de estar en sosiego, porque la&nbsp; cristalizaci&oacute;n del silencio, de la quietud, de las ausencias, de la atm&oacute;sfera del libre pensamiento hac&iacute;a que todo ayudase no solo a divagar sino a inquirir tal como se pasan las hojas de un libro: se releen p&aacute;rrafos y se busca otro cap&iacute;tulo con el deseo de entender y hacer nuestro un pasaje. El pensamiento puede ir y venir pero la paz lo protege, lo mantiene.</p>
<p>Entre mis cuidados, el objeto predilecto era la librer&iacute;a: unas tablitas finas como estantes, donde se ordenaban los libros de cuentos; aunque no acortasen la distancia con el mundo circundante, a ellos recurr&iacute;a como entrada a un recinto grato. Los rele&iacute;a muchas veces y las caras y apariencia de los graciosos personajes de las ilustraciones de Pinocho y Chapete se hac&iacute;an familiares y formaban parte de mi tendencia a dibujar. As&iacute; fue naciendo la necesidad de los libros, tocarlos, conservarlos, alinearlos en uno u otro orden y como consuelo en momentos en que hab&iacute;a habido rega&ntilde;os.</p>
<p>Una ma&ntilde;ana al entrar en mi habitaci&oacute;n me vino al pensamiento la figura de un hombre vestido como cualquiera de la clase media, que estaba sentado en una roca y a &eacute;sta la rodeaba agua, el mar.</p>
<p>Fue muy intensa esta imagen y me estremeci&oacute; porque no comprend&iacute; qui&eacute;n era aquel ni qu&eacute; relaci&oacute;n ten&iacute;a con nadie de nuestro ambiente, y la misma nitidez y claridad que por una fracci&oacute;n de segundo tuve ante m&iacute; fue m&aacute;s impresionante. Deb&iacute; de quedar muy asustado y por eso baje y se lo cont&eacute; a mi hermana y acaso a&ntilde;ad&iacute; que &ldquo;lo hab&iacute;a visto&rdquo;. Era l&oacute;gico que esta informaci&oacute;n se trasladase r&aacute;pidamente a mis padres. No me puede extra&ntilde;ar que suscitase inquietud como rareza mental y motiv&oacute; recomendaciones de reducir lecturas, no fuera a pasarme lo que al hidalgo Alonso Quijano, seg&uacute;n oportunamente alguien me record&oacute;. Pero ahora s&eacute; que se trat&oacute; de una exteriorizaci&oacute;n de mi prematura conciencia del aislamiento y la soledad que creaba aquella peque&ntilde;a habitaci&oacute;n: el tipo sentado tranquilamente en la roca era yo, si bien entonces me fuese imposible deducirlo.</p>
<p>En aquellos tiempos con quien yo m&aacute;s hablaba y m&aacute;s atend&iacute;a era con mi madre a la que no recuerdo alarmada por mi visi&oacute;n Oigo que canta mientras se ocupa de algo en el jard&iacute;n que rodea la casa. La veo en la semi penumbra de la tarde, tiene las manos manchadas de tierra h&uacute;meda, lleva una especie de delantal de lona, maneja un almocafre, la palabra que ella emple&oacute; para designar un peque&ntilde;o azad&oacute;n que us&oacute; cuando plant&oacute; unas semillas en los macizos abandonados: eran violetas y en el invierno nos sorprendi&oacute; esa flor fr&aacute;gil, de color pur&iacute;simo, aterciopelado, y secretamente femenina que resist&iacute;a el fr&iacute;o y cuya belleza ser&iacute;a para mi madre compensaci&oacute;n de alguna ilusi&oacute;n irrealizable.</p>
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<p>Lleg&oacute; un d&iacute;a en que puse los ojos no en un cuento de Antoniorrobles sino en un libro que entre otros estaba sobre la mesa del despacho de mi padre; lo abr&iacute; y encontr&eacute; una l&aacute;mina que me asombro. Era un coloso muy alto, de piedra desgastada y rota por tantos siglos como la rozaron y la hirieron, y sufri&oacute; las tormentas de arena y el calor del sol que pasaba al fr&iacute;o helador en cuanto llegaba la noche. Estaba junto a otro igualen dimensiones y en destrucci&oacute;n, ambos se alzaban en la llanura que era un pedregal no lejos de las inmensas ruinas de un templo.</p>
<p>Dec&iacute;a que algunos viajeros de la antig&uuml;edad que visitaban Egipto, afirmaron que a la salida del sol, solo entonces, el&nbsp; coloso hablaba, murmuraba algo que nadie entendi&oacute;; en el silencio absoluto de aquellas horas se o&iacute;a una vibraci&oacute;n y era la voz de las piedras: los colosos de Memn&oacute;n se llamaban. El primero que lo cont&oacute; parece que fue un escritor de la antigua Grecia, y luego viajeros franceses y los buscadores de tesoros.</p>
<p>Mi curiosidad creci&oacute;, &iquest;C&oacute;mo pod&iacute;an hablar si eran solo piedras? &iquest;ser&iacute;a una frase o un rumor nada mas lo que se o&iacute;a? Le&iacute; esto a los once a&ntilde;os y me inquiet&oacute;. Quise escuchar el sonido y descubrir el secreto que extra&ntilde;o a los viajeros: unas palabras incomprensibles en otra lengua.</p>
<p>En el libro hab&iacute;a m&aacute;s dibujos con una muestra de la antigua escritura, compuesta no de letras sino de figuritas; se distingu&iacute;a una flor, un p&aacute;jaro, una mano, y al mirarlas los antiguos egipcios sab&iacute;an lo que significaban. Qued&eacute; extra&ntilde;ado ante una forma de escribir tan distinta a la m&iacute;a, eran figuras muy variadas y cada una tendr&iacute;a un sonido como los que se o&iacute;an al amanecer; por tanto, para entenderlos se deb&iacute;an estudiar las filas y filas de tal escritura que cubr&iacute;an los muros a&uacute;n en pie de templos y sepulturas.</p>
<p>Casi siempre, si un lector sigue con inter&eacute;s el paso de las hojas de un libro, es conducido hacia donde va el pensamiento, al expresarse escrito que puede conducir a lo inesperado. Y el libro donde yo descubr&iacute;a que unas piedras pod&iacute;an hablar me llev&oacute; a contemplar el mapa de Egipto, como una tentaci&oacute;n,&nbsp; cruzado por una l&iacute;nea sinuosa azul que era el Nilo y en sus m&aacute;rgenes se ve&iacute;an muchos nombres de lugares, de aldeas y de restos arqueol&oacute;gicos.</p>
<p>Llegado este momento, el jard&iacute;n del chal&eacute; perdi&oacute; importancia y visto a trav&eacute;s del cristal de la ventana parec&iacute;a vulgar, como bajo los fr&iacute;os de noviembre, con el suelo cubierto de hojas ca&iacute;das. En consecuencia, deje de visitarlo y me entregue con entusiasmo al estudio de la historia de aquel pa&iacute;s. Tomando datos donde me era posible hice un breve diccionario de jerogl&iacute;ficos con su pronunciaci&oacute;n figurada, escrito en un cuadernito de tapas verdes que a&uacute;n conservo, y form&eacute; ficheros geogr&aacute;ficos, de las dinast&iacute;as y sus faraones as&iacute; como de los puntos de excavaci&oacute;n.</p>
<p>Entonces, para m&iacute; lo escrito en un libro sobre el rumor de una piedra, escuchada a la media luz del amanecer incendio mi imaginaci&oacute;n y me d&iacute; a pensar como hablar&iacute;an en otros tiempos y en otros pa&iacute;ses. Los escasos libros que yo hab&iacute;a reunido sobre Egipto conten&iacute;an tal cantidad de informaci&oacute;n que exced&iacute;a mi preparaci&oacute;n. Comprend&iacute; que era una cultura inmensa y as&iacute; termine por decepcionarme de aquel estudio, tan absorbente pero condenado a tener un final.</p>
<p>Perdido el atractivo que representaban los imposibles jerogl&iacute;ficos, muchas veces he pensado que el hermetismo de aquellas inscripciones, actu&oacute; como la mano que me empujara decididamente hacia la posterior dedicaci&oacute;n a las lenguas. Aquel inter&eacute;s busc&oacute; una aplicaci&oacute;n que no fuera simplemente satisfacer una curiosidad. Siendo adolescente me entregu&eacute; al estudio del franc&eacute;s y poco despu&eacute;s del ingl&eacute;s, sin profesores, solo con alguna gram&aacute;tica escolar y utilizando a la vez las gu&iacute;as para viajeros con frases hechas en ambos idiomas. No supe lo que era una ense&ntilde;anza eficaz hasta que me inscrib&iacute; en el Instituto Brit&aacute;nico donde hab&iacute;a excelentes profesores que me encari&ntilde;aron con las costumbres inglesas y los secretos de su idioma. All&iacute; conoc&iacute; a personas de ideas liberales y republicanas que me ofrecieron otra visi&oacute;n de la realidad.</p>
<p>En los meses que me consagr&eacute; a los faraones hubo un episodio de especial valor: apareci&oacute; en casa una m&aacute;quina de escribir que infundi&oacute; novedad a mis estudios. Fue debido a que hab&iacute;a una port&aacute;til que nadie usaba en la entidad donde trabajaba mi padre y se le ocurri&oacute; traerla por un poco de tiempo y animarme a que la utilizara.</p>
<p>&nbsp;F&aacute;cilmente aprend&iacute; el funcionamiento de aquel aparato y admir&eacute; ver aparecer en el papel las letras de molde, igual que si fuera un impreso. Aquello me hizo concebir con mayor seriedad lo que yo escrib&iacute;a referente al mundo egipcio y me impuse la norma de cuidar la precisi&oacute;n del texto en&nbsp; el par de meses que apenas dispuse de la m&aacute;quina.</p>
<p>Al desaparecer &eacute;sta, me he encontr&eacute; con que volv&iacute;a a usar mi mano para ir apuntando todo lo que estudiaba, pese a que mi letra no era r&aacute;pida y segura y quedaban sin concluir ciertos trazos.</p>
<p>Ahora, mi pensamiento vuela hacia tiempo lejano en el que una mujer me coge los dedos, muy blandos y peque&ntilde;os, de la mano derecha, y los coloca de forma que puedan asir un l&aacute;piz con el cual apenas trazan en una hoja rayitas verticales. La mujer es alta, gruesa, lleva gafas, sonr&iacute;e al mirarme y dice palabras cari&ntilde;osas que no entiendo bien.</p>
<p>Esa mujer, que me lleva la mano haciendo &ldquo;palotes&rdquo; es una monja exclaustrada, ha colgado los h&aacute;bitos porque no pod&iacute;a soportar la dura rigidez del convento y se dedica, ya libre, a ense&ntilde;ar a p&aacute;rvulos.</p>
<p>Debo explicar que aprend&iacute; a leer y a escribir bajo la tutela de dos monjas que dirig&iacute;an el &ldquo;Colegio franco-espa&ntilde;ol&rdquo; situado en la calle Campoamor de Madrid. La ense&ntilde;anza fue eficaz aunque solo aprend&iacute; una frase en franc&eacute;s.</p>
<p>El aula era la habitaci&oacute;n principal de un primer piso, con dos balcones y varias filas de pupitres que ten&iacute;an adosado un banquito. Las tapas de los pupitres, dentro de los que todos guard&aacute;bamos chucher&iacute;as, se abr&iacute;an y cerraban sin hacer falta, metiendo mucho ruido, pillando un dedo con lo que hab&iacute;a llantos. La madera de la tapa estaba ara&ntilde;ada con manchas variadas, alguna letra o un mu&ntilde;eco con la tinta morada de los tinteros. De los ni&ntilde;os que me rodeaban solo conservo una fugaz imagen del que a mi lado se sentaba, Carlitos, que era incapaz de estarse quieto y callado, distra&iacute;do por todo hac&iacute;a mal sus deberes, se ca&iacute;a al suelo, salpicaba de tinta a su alrededor, se met&iacute;a la plumilla en la boca&hellip;.. Yo, adulto, he encontrado tipos que de ni&ntilde;os fueron seguramente iguales al odioso Carlitos. Pasada all&iacute; la ma&ntilde;ana, mi padre iba a buscarnos y como entusiasta de las &oacute;peras de Wagner, desde la acera de enfrente silbaba los compases de un aria de &ldquo;Sigfrido&rdquo;; o&iacute;amos esta llamada gracias a la escasa circulaci&oacute;n de entonces, y mi hermana y yo baj&aacute;bamos vigilados por una de las monjas.</p>
<p>Acudir a tal colegio se debi&oacute; a una pura casualidad, mi madre cont&oacute; que yendo por la calle encontr&oacute; y reconoci&oacute; a dos profesoras del &ldquo;Colegio de ni&ntilde;as nobles&rdquo; de Granada, donde ella estuvo interna hasta los catorce a&ntilde;os. Le confesaron que una de ellas, la joven, hab&iacute;a decidido colgar los h&aacute;bitos y marcharse, y entonces la otra profesora, de m&aacute;s edad, no quiso dejarla&nbsp; sola y se vinieron las dos a Madrid y organizaron un colegio adonde mi madre, muy contenta, me llev&oacute; puesto que lo aconsejaban mis cinco a&ntilde;os, y porque tambi&eacute;n ir&iacute;a mi hermana ya que daban clases a ni&ntilde;os mayores.</p>
<p>No pondr&eacute; en duda el casual encuentro que explic&oacute; mi madre, casi providencial, pero lo acepto como toda la familia lo acept&oacute;. En la antig&uuml;edad, parecidos reencuentros, se consideraban sucesos premonitorios e importantes, y &eacute;ste lo es porque gracias a &eacute;l a mi lado est&aacute; una monja rebelde que me lleva la mano para hacer redondas las vocales. En el fluir del tiempo, esa mano se fue haciendo firme, oscurece la piel, la cruzan venas y secretas arrugas, los dedos se endurecen, y as&iacute; sujetan la herramienta que sirve para escribir.</p>
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<p>Donde yo vine al mundo, fue en la plaza de Bilbao, a la que se cambi&oacute; el nombre por el de un pensador de la derecha, V&aacute;zquez de Mella, y en la que viv&iacute; hasta los cinco a&ntilde;os.</p>
<p>El fondo de la plaza lo cierran dos casas grandes, iguales, con fachada de balcones; en la que hace esquina con San Bartolom&eacute;, en su piso &uacute;ltimo, all&iacute; nac&iacute; un 24 de enero, a las doce del mediod&iacute;a. La plaza fue urbanizada a&ntilde;os despu&eacute;s como un jard&iacute;n con &aacute;rboles y alg&uacute;n macizo de flores.</p>
<p>Me asomaba yo al balc&oacute;n con frecuencia y al hacerlo un d&iacute;a aprend&iacute; algo nuevo e importante. Mire hacia la derecha, a las v iejas casas de la Costanilla de Capuchinos y delante de una de ellas hab&iacute;a un grupo de personas y un coche negro de caballos. O&iacute; decir detr&aacute;s de mi: es un entierro, alguien ha muerto. Entonces, el grupo en la calle tom&oacute; importancia, me pareci&oacute; que aumentaban de estatura, todos de espaldas miraban la casa; el sol les daba a plena luz pero la boca del portal era negra.</p>
<p>Me volv&iacute;, y a mi padre que estaba pr&oacute;ximo le pregunt&eacute; qu&eacute; era un entierro y &eacute;l hizo unos gestos, movi&oacute; la mano como si espantase a una mosca, y esa mano se&ntilde;al&oacute; hac&iacute;a afuera, a la plaza, en una indicaci&oacute;n vaga pero que fue muy clara.</p>
<p>Recuper&eacute; en la memoria que a ese jard&iacute;n baj&oacute; mi padre al perrito de mi madre cuando &eacute;ste muri&oacute;, di&oacute; una propina al guarda que siempre estaba en su garita con la manguera de regar y lo enterr&oacute; en un macizo entre los geranios.</p>
<p>Hab&iacute;a pasado tiempo de esto y apenas recordaba lo ocurrido al pobre animal, pero me percat&eacute; de que las personas reunidas que esperaban inm&oacute;viles, iban a enterrar a un muerto, le pondr&iacute;an en&nbsp; una zanga hecha en la tierra y all&iacute; se quedar&iacute;a como le pas&oacute; al perrito. Me acordaba que mi madre lloraba en el balc&oacute;n mirando lo que pasaba en la plaza y yo supe lo que era el entierro de una persona y la muerte.</p>
<p>Todos sab&iacute;amos el cari&ntilde;o por los perros que sent&iacute;a mi madre aunque despu&eacute;s de esta muerte no quiso tener otro, tanto hab&iacute;a sufrido. Una vez, siendo ni&ntilde;os mi hermana y yo, y elogiando ella nuestro aspecto, dijo: sois como dos perritos ingleses.&nbsp;</p>
<p>A mis 40 a&ntilde;os me sorprendi&oacute; que estaban demoliendo la casa de mi nacimiento y que todo iba a desaparecer, lo material porque la memoria, no, sobrevive y vuelvo a ver al perro de lanas y oigo la voz de mi madre como era entonces, y tambi&eacute;n al final de su vida, unos d&iacute;as en que lentamente fue extingui&eacute;ndose sin enfermedad, en la cama, con los ojos cerrados. Yo estaba junto a ella, le dec&iacute;a algo de vez en cuando para que me oyera y se supiera acompa&ntilde;ada y a veces hablaba. Una tarde con voz apagada me hizo saber lo que nunca hab&iacute;a mencionado: la noche antes de que yo naciera, en la casa todos estaban acostados pero ella, despierta, oy&oacute; en el pasillo cerca de la puerta del dormitorio, unos pasos que se aproximaban; pero eran de nadie, a nadie pertenec&iacute;an. Hablaba con tranquilidad y recordaba a su hermano que hab&iacute;a muerto un 24 de enero, de tuberculosis en Granada, unos a&ntilde;os antes de que yo naciera otro 24 de enero. La revelaci&oacute;n de aquellos pasos nocturnos me interes&oacute; escucharlo por su novedad, jam&aacute;s lo hab&iacute;a contado en familia, pero ella dese&oacute; que en sus &uacute;ltimas horas yo lo supiera.</p>
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<p>&nbsp;La entrada en las vastas comarcas de la juventud me proporcion&oacute; hacer conocimiento de muchas personas de las cuales algunas persistieron como posibles amigos, y lo fueron, y otras perd&iacute;an significaci&oacute;n y al poco tiempo se eclipsaban. El inter&eacute;s de estos conocimientos me llev&oacute; a desear conservar su memoria, tanto su fisonom&iacute;a como los rasgos peculiares y sus formas de reaccionar ante las circunstancias de aquel tiempo.</p>
<p>Compr&eacute; un cuaderno no muy grande, de tapas color gris, y con bastantes p&aacute;ginas ya que me propon&iacute;a ir haciendo un registro de los amigos que iban apareciendo. El cuaderno se inici&oacute; con este fin y forme una especie de cat&aacute;logo afectivo pero pronto hice apuntes de acontecimientos de la vida cotidiana, l&oacute;gicamente aquellos que me parec&iacute;an dignos de retenerlos, que por alg&uacute;n motivo me hab&iacute;an producido un impacto. Pero las fricciones del tiempo atemperaron el encanto de los amigos como los perfiles de la actualidad, y poco a poco el cuaderno no fue solicitado y dej&oacute; de ser archivo confidencial y durante muchos a&ntilde;os lo conserve junto a papeles personales casi&nbsp; olvidados.</p>
<p>Transcurrida casi una vida, en cierta ocasi&oacute;n precise recuperar un dato y entonces lo busque en el cuaderno. Pas&eacute; hojas, y ante mi desolaci&oacute;n, comprob&eacute; que apenas pod&iacute;a ver mis notas, todo se hab&iacute;a esfumado, el ligero trazo del l&aacute;piz era invisible con el paso de los a&ntilde;os. No quedaban frases enteras, solo unas fechas, unos nombres se salvaron de todo lo escrito. Comenc&eacute; a reconstruir el antiguo texto, trabajo casi parecido al de los egipt&oacute;logos interpretando los jerogl&iacute;ficos, uniendo fragmentos desva&iacute;dos y pude recuperar una parte de mi memoria adolescente. En una p&aacute;gina borrosa hall&eacute; el nombre de Ezequiel,&nbsp; un amigo de la juventud. A este nombre yo debo rendir todos los honores pues su influencia en mi vida no es equivalente a la de ninguna otra persona. En la breve amistad que mantuvimos, y sin que &eacute;l fuera consciente de ello, me se&ntilde;al&oacute; unos caminos que fueron importantes en mi progresi&oacute;n personal y despu&eacute;s desapareci&oacute; de mi vida.</p>
<p>Alguien me propuso conocer a un estudiante de Filosof&iacute;a y Letras que era poeta y buen conversador. Acepte la propuesta y nos encontramos en la ciudad universitaria, en el edificio de aquella facultad reci&eacute;n reconstruido de lo mucho que sufri&oacute; en la guerra civil, y donde yo me hab&iacute;a matriculado por libre en varios cursos. Nos pusimos a charlar, era un tipo delgado, muy vivo y simp&aacute;tico, muy imaginativo. Tras su gesto ir&oacute;nico hab&iacute;a un fondo de madurez que me interes&oacute;, quiz&aacute;s por un ligero trac que deten&iacute;a el inicio de las frases y parec&iacute;a ser una vacilaci&oacute;n por lo que iba a decir.</p>
<p>Al hablar de libros, yo acab&eacute; por contarle sobre mis desaforadas lecturas de entonces, una de ellas referente a la invasi&oacute;n de Europa en el siglo XIII por los pueblos mogoles, me hab&iacute;a extra&ntilde;ado que este ej&eacute;rcito, considerado b&aacute;rbaro, llevaba consigo escribientes chinos que levantaban censos de las riquezas de las ciudades rusas conquistadas. A nadie hab&iacute;a yo hecho part&iacute;cipe de estas lecturas m&iacute;as, pero cuando vi la extra&ntilde;eza de Ezequiel ante lo que yo le contaba, para mi fue un gran est&iacute;mulo y su mismo gesto de curiosidad me lo confirm&oacute;. La amistad se estableci&oacute; y el debi&oacute; de considerarme un tipo algo estrafalario, y un d&iacute;a tuvo la idea de presentarme a una tertulia que hab&iacute;a descubierto y cuyos asistentes le parecieron miembros de alg&uacute;n grupo secreto.</p>
<p>Acudimos un domingo por la ma&ntilde;ana a un caf&eacute; en el comienzo de la calle de Narv&aacute;ez, y nos encontramos con una tertulia de gentes que consider&eacute; de aspecto muy normal que en nada hac&iacute;an pensar en un reuni&oacute;n sospechosa. Nos recibieron con una ligera desconfianza pero se impuso una charla normal en cuanto se percataron de que no &eacute;ramos de la Brigada Pol&iacute;tico-Social. Mi sorpresa fue grande al oir que all&iacute; se hablaba de temas relacionados con las corrientes del pensamiento oriental y se mencionaban a personalidades y autores extranjeros. Las conversaciones se anudaban f&aacute;cilmente: unos comentaban las costumbres tibetanas, otros la doctrina de Buda en el Jap&oacute;n, una mujer muy joven explicaba el libro que le&iacute;a acerca del cristianismo.</p>
<p>Aunque lo ocultaban, los all&iacute; reunidos eran te&oacute;sofos, los restos de la disuelta Sociedad Teos&oacute;fica, acusada por el r&eacute;gimen franquista como peligrosa secta mas&oacute;nica, y de la cual se hab&iacute;a extremado la persecuci&oacute;n hasta fusilar a su Secretario. El tertuliano m&aacute;s respetado era un funcionario modesto con muchas lecturas, muy versado en todas aquellas doctrinas, que sab&iacute;a exponer muy bien. Don Heraclio fue quien me explic&oacute; que la teosof&iacute;a consideraba iguales todas las religiones, concepto que yo no hab&iacute;a o&iacute;do anteriormente. Recuerdo a un joven &ndash;deb&iacute;a de moverle un alto grado de fantas&iacute;a- que me confeso su proyecto de&nbsp; crear una escuela de filosof&iacute;a para que sus disc&iacute;pulos desarrollaran un pensamiento m&aacute;s all&aacute; de lo normal y fueran iniciadores de nuevas concepciones espirituales.</p>
<p>Yo le escuchaba, atento y silencioso, y a la vez comparaba el Madrid de aquellos meses, desolado y hambriento, con urgentes necesidades, con aquella utop&iacute;a de unos estudios teol&oacute;gicos de fuentes orientales. A m&iacute; no me pod&iacute;a atraer el c&iacute;rculo m&aacute;gico del misticismo porque eran tiempos de mi maduraci&oacute;n ideol&oacute;gica y mi adquisici&oacute;n de una visi&oacute;n materialista del &aacute;spero mundo en el que yo deb&iacute;a situarme.</p>
<p>Pronto dej&eacute; de acudir a esta tertulia porque coincid&iacute; con unos amigos de Ezequiel que eran profesores de literatura&nbsp; y se reun&iacute;an en un caf&eacute; pr&oacute;ximo a la Puerta del Sol, donde hablaban de sus clases y comentaban los libros que iban apareciendo.&nbsp;</p>
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      <pubDate>Mon, 26 Oct 2015 08:47:50 +0000</pubDate>
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    <item>
      <title><![CDATA[Un magistral relato sobre la pérdida de la inocencia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-magistral-relato-sobre-la-perdida-de-la-inocencia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2015/octubre/foto_larkin_500.jpg" alt="" /></p>
<p>Cuando se cumplen 30 a&ntilde;os de la muerte del gran poeta ingl&eacute;s, Philip Larkin, la editorial Impedimenta nos ofrece el privilegio de poder disfrutar en espa&ntilde;ol con la lectura de una de sus novelas.</p>
<p>Reconocido sobre todo por su labor como poeta, Philip Larkin (1922-1985) mantuvo una tensa y cercana relaci&oacute;n con la narrativa. Su af&aacute;n de perfeccionismo hizo que destruyese, nada m&aacute;s terminarlas, tres de las cinco novelas que escribi&oacute; a lo largo de su vida. Por tanto, solo dos de ellas llegaron a ser publicadas. Suficientes para constatar la alt&iacute;sima calidad de una prosa que llev&oacute; a su amigo Kingsley Amis, uno de los grandes narradores ingleses del siglo XX, a pedirle asesoramiento durante la escritura de su primera novela, <em>Lucky Jim</em>, texto que posteriormente le dedic&oacute;.</p>
<p>Centro y referente de toda una generaci&oacute;n de intelectuales, escritores y acad&eacute;micos, entre los que se cuentan el propio Kingsley Amis, pero tambi&eacute;n John Braine, John Osborne, Edmund Crispin o Anthony Powell, Philip Larkin representa una de las cumbres de la literatura inglesa de todos los tiempos y est&aacute; considerado por <em>The Times</em> el mejor poeta ingl&eacute;s posterior a 1945. A pesar de ello, Larkin rechaz&oacute; la distinci&oacute;n de Poeta Laureado en 1984 porque, seg&uacute;n &eacute;l &laquo;hab&iacute;a dejado de ser poeta hac&iacute;a mucho tiempo&raquo;. La aparici&oacute;n, por primera vez en castellano, de su &laquo;novela perdida&raquo;, <a href="http://impedimenta.es/libros.php/una-chica-en-invierno">Una chica en invierno</a>, coincide con un cierto <em>revival</em> de su obra, tras la publicaci&oacute;n hace unos meses de su <em>Poes&iacute;a reunida</em>, tambi&eacute;n con traducci&oacute;n de Marcelo Cohen, en este caso acompa&ntilde;ado por Dami&agrave; Alou. Ambos est&aacute;n considerados los mayores especialistas en Larkin en lengua castellana.</p>
<p>Cuando, en 1947, Larkin public&oacute; <em>Una chica en invierno</em>, pensaba en ella como la segunda entrega de una trilog&iacute;a que nunca lleg&oacute; a concluir y que vendr&iacute;a inaugurada por <em>Jill</em> (1946), la primera novela que el autor firma con su nombre &mdash;antes utilizaba el pseud&oacute;nimo Brunette Coleman&mdash;. Si <em>Jill </em>es un relato sobre la ingenuidad de la juventud, <em>Una chica en invierno</em> aborda, de un modo m&aacute;s pesimista, la p&eacute;rdida de esa inocencia y el dram&aacute;tico paso a la edad adulta. La intenci&oacute;n inicial de Larkin era dedicar la tercera parte a los a&ntilde;os de madurez, entendidos estos como aprendizaje o como vuelta a la vida despu&eacute;s de las decepciones. Pero la realidad es que jam&aacute;s volver&iacute;a a escribir prosa de ficci&oacute;n, con lo que <em>Una chica en invierno</em> se convirti&oacute; en la &uacute;ltima novela del autor brit&aacute;nico, que a partir de entonces se consagrar&iacute;a por entero a la poes&iacute;a y el ensayo.</p>
<p><em>Una chica en invierno</em> nos sumerge en un per&iacute;odo de veinticuatro horas de la vida de Katherine Lind, una refugiada de guerra que trabaja como bibliotecaria en una ciudad inglesa de provincias. Katherine, cuya misteriosa procedencia nunca nos ser&aacute; revelada, est&aacute; harta de su trabajo y de su jefe, que pesan sobre ella como pesa la misma ciudad y su grisura, un invierno que resume el invierno de toda una Europa inmersa en la Segunda Guerra Mundial. La posibilidad de reencontrarse con Robin Fennel, el que fuera su primer amor, le permite enfrentar lo invernal de su rutina con el verano de sus recuerdos, aquellas id&iacute;licas vacaciones en que ambos se conocieron. Pero Robin, aquel perfecto <em>gentleman</em> del verano de juventud, tambi&eacute;n ha cambiado con el paso de los a&ntilde;os, y no del modo en que ella hubiese esperado. <em>Una chica en invierno</em> es un relato melanc&oacute;lico y desencantado, en el que Larkin introduce muchos elementos biogr&aacute;ficos y demuestra su magistral dominio del lenguaje, con un estilo exquisito y con esa belleza triste que caracteriza tambi&eacute;n su escritura po&eacute;tica.</p>
<p>Impedimenta presenta esta obra, in&eacute;dita en nuestro pa&iacute;s, en una cuidada traducci&oacute;n de Marcelo Cohen, el mayor especialista en Larkin en lengua castellana. Escritor y cr&iacute;tico literario, traductor de cl&aacute;sicos como T. S. Eliot, Wallace Stevens o Scott Fitzgerald, Cohen est&aacute; detr&aacute;s de las versiones espa&ntilde;ola de <em>Jill</em> y del poemario <em>Ventanas altas</em>, ambos publicados por la editorial Lumen, sello que tambi&eacute;n le conf&iacute;o la edici&oacute;n de la <em>Poes&iacute;a reunida</em> de Larkin, recientemente publicada (2014).</p>
<p><strong>Philip Larkin. Una chica en invierno. Impedimenta, 2015.</strong></p>
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      <pubDate>Mon, 26 Oct 2015 08:42:02 +0000</pubDate>
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    <item>
      <title><![CDATA[El poder perturbador de la literatura]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-poder-perturbador-de-la-literatura/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2015/octubre/fasce500.jpg" alt="" /></p>
<p>Mar&iacute;a Fasce (Buenos Aires, 1969) es escritora y&nbsp;directora literaria de Alfaguara en Madrid. Ha&nbsp;traducido a Marcel Proust y a Patrick Modiano,&nbsp;ha trabajado como periodista y cr&iacute;tica literaria&nbsp;y cinematogr&aacute;fica, y en la actualidad colabora&nbsp;con distintos medios. Su obra ha sido traducida al&nbsp;franc&eacute;s, ingl&eacute;s, ruso, holand&eacute;s, portugu&eacute;s y alem&aacute;n.<br /> <br /> Public&oacute; <em>El oficio de mentir</em>. C<em>onversaciones&nbsp;con Abelardo Castillo</em> (1986), los libros de relatos&nbsp;<em>La felicidad de las mujeres</em> (Primer Premio del Fondo&nbsp;Nacional de las Artes 1999) y <em>A nadie le gusta&nbsp;la soledad</em> (2007), y la novela <em>La verdad seg&uacute;n&nbsp;Virginia</em> (Gallimard, 2003; Emec&eacute;, 2004). Particip&oacute; en diversas antolog&iacute;as,&nbsp;entre las que figuran<em> La vida te despeina</em>, <em>No somos perfectas</em>, <em>Madres por&nbsp;madres</em>, y, en el extranjero, <em>Zerfurchtes Land. Neue Erz&auml;hlungen aus Argentinien&nbsp;y Les bonnes nouvelles de l&rsquo;Am&eacute;rique Latine</em> (con pr&oacute;logo de Mario Vargas&nbsp;Llosa). Su obra de teatro <em>El mar</em> (2006) se represent&oacute; en Buenos Aires&nbsp;y en Barcelona bajo la direcci&oacute;n de Gabriela Izcovich. <br /> <br /> Su segunda novela,<em>&nbsp;La naturaleza del amor</em> (2008), fue escrita gracias a la beca de la Maison&nbsp;des &Eacute;crivains &Eacute;trangers et des Traducteurs de Saint-Nazaire, y <em>La mujer de&nbsp;Isla Negra</em>, al programa de Writers in Residence de Amsterdam.&nbsp;</p>
<p>Elisa y su madre, Raquel, dejan atr&aacute;s el humilde hogar de Temuco y llegan a Isla Negra a comienzos de los a&ntilde;os cincuenta. Pablo Neruda las alberga en su gran casa parecida a una gruta marina llena de objetos. La peque&ntilde;a Elisa esp&iacute;a sus infidelidades y sus poemas, mientras Raquel trabaja silenciosa, convertida en su sirvienta. Hasta que la casa cobra nueva vida con la llegada de la esposa de Neruda, Delia del Carril, una aristocr&aacute;tica pintora argentina, tan deslumbrante que parece no tener edad. <br /> <br /> Mirando, oyendo y ley&eacute;ndolo todo, Elisa abandona la infancia y descubre los misterios del amor y del deseo. Tambi&eacute;n los caminos de la feminidad: Delia y su amiga Victoria Ocampo son el glamour, la iron&iacute;a y el estilo. Todo lo que no es Matilde, la amante de Neruda. Todo lo que nunca ser&aacute; su madre, casi invisible para todos, aunque guarde un secreto.<br /> <br /> Mar&iacute;a Fasce revela a un Neruda avasallador y genial, cruel e infantil, seductor y ego&iacute;sta, que marca a fuego el destino de sus mujeres. "La mujer de Isla Negra" es una novela de amor cargada de sensualidad y tensi&oacute;n que, basada en hechos y personajes reales, perturba y conmueve gracias al poder de la literatura.</p>
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<p><strong>Mar&iacute;a Fasce. La mujer de Isla Negra. Alianza Editorial, 2015.</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 16 Oct 2015 06:13:06 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poemas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/poemaas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2015/octubre/pietro200.jpg" alt="" /></p>
<p>Pietro Civitareale naci&oacute; en 1934 en Vittorito (L'Aquila) y reside en Florencia.<br /> Entre otros libros, ha publicado: <em>Il fumo degli anni</em>, <em>A sud della luna</em> y <em>Altre evidenze</em>.<br /> En espa&ntilde;ol: <em>Alegor&iacute;as de la memoria</em>, Olifante, Zaragoza, 1988.</p>
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<p><strong>RELATO<br /> </strong><br /> <br /> 1<br /> <br /> Bajo los &aacute;rboles de la estaci&oacute;n<br /> se encienden las luces. A esta hora<br /> la mente regresa a misteriosas<br /> lejan&iacute;as. En la espera miramos entre<br /> el verde y las casas con el extra&ntilde;o<br /> pensamiento de detenernos entre las v&iacute;as<br /> a recoger las cosas abandonadas.<br /> Todas las tardes partimos con la oscuridad<br /> y en el tren nos sigue un recuerdo<br /> de escaparates reflejantes y personas<br /> que pasan y no miran a la cara<br /> (la ciudad es un patio cerrado<br /> entre murallas y la gente mira<br /> desde los balcones), cada tarde regresamos<br /> con los ojos distra&iacute;dos de colores<br /> y de deseos y observando desde el tren<br /> pensamos en el canto de los grillos en la<br /> noche, en las estrellas que se encienden<br /> con el viento, en el r&iacute;o que corre tranquilo<br /> espumado por los &uacute;ltimos p&aacute;jaros.<br /> <br /> <br /> <br /> 2<br /> <br /> Entretanto miramos. Como el aliento<br /> de quien est&aacute; a punto de morir se abre<br /> la tarde sobre el convoy que espera.<br /> Desde lejos nace un soplo de viento<br /> que lava el rostro y lapida<br /> el pensamiento que consume la vida.<br /> Recuerdo vago, de ansias y escalofr&iacute;os<br /> antiguos (ya he sentido estas cosas<br /> una tarde, solo; velaba bajo una luz<br /> ausente y acusaba al destino<br /> que nos tiene clavados en nuestros a&ntilde;os).<br /> Sombras largas visten ahora la calle<br /> recta como dos cuchillas, ensombrecen los ojos<br /> apenas entornados. Y la locomotora<br /> vibra en el adi&oacute;s dilatado de las manos<br /> y de los ojos, el aire exhala<br /> su jadeo apagado, el aliento que enferma<br /> los cobertizos y el cielo amontonado.<br /> Las ruedas que pisan el hierro<br /> parecen grabar palabras ligeras.<br /> <br /> <br /> 3<br /> <br /> As&iacute; sonre&iacute;mos, cansados de ir<br /> y de venir, pensando en abandonar<br /> la ciudad. Escuchamos el vac&iacute;o<br /> que hay bajo las estrellas. Quedarnos<br /> solos a esperar, no pedir<br /> nada porque no hay nada que sirva<br /> a nadie. Y hasta que las casas<br /> hayan reaparecido, angustiarnos<br /> por estos absurdos deseos,<br /> mirando desde el tren que corre.</p>
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<p style="text-align: left;" align="right">Traducci&oacute;n de CARLOS VITALE</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 16 Oct 2015 06:11:20 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un rey sin diversión]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-rey-sin-diversion/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas15/Octubre/giono500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La serrer&iacute;a est&aacute; justo en la curva, en la horquilla, al borde de la carretera. All&iacute; se yergue un haya; estoy convencido de que no existe ninguna tan bonita: es el Apolo citaredo de las hayas. No es posible encontrar en un haya ni en ning&uacute;n otro &aacute;rbol una corteza tan lisa ni de color m&aacute;s bonito, una envergadura m&aacute;s exacta, proporciones m&aacute;s justas, m&aacute;s nobleza, gracia y eterna juventud. Es Apolo, precisamente, piensa uno nada m&aacute;s verlo y sigue pens&aacute;ndolo incansable al mirarlo. Lo m&aacute;s extraordinario es que pueda ser tan hermoso y al mismo tiempo tan sencillo. Est&aacute; fuera de duda que ese &aacute;rbol se conoce y se juzga. &iquest;C&oacute;mo podr&iacute;a tanta justicia ser inconsciente? Cuando bastar&iacute;a un escalofr&iacute;o de cierzo, un mal uso de la luz del atardecer, un exceso en la inclinaci&oacute;n de las hojas para que la belleza, desmoronada, dejara de ser sorprendente...</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El puerto de Menet se atraviesa por un t&uacute;nel tan practicable para el tr&aacute;fico rodado como una vieja mina abandonada, y la vertiente de Diois en la que desemboca es un caos de olas monstruosas de un tono azul ballena, con salpicaduras negras que propulsan a los pinos hacia no sabr&iacute;a decir d&oacute;nde, all&aacute; arriba, a suaves pendientes rocosas de un rosa sucio o de ese gris solapado de los grandes moluscos, y hacia tierra, el choque de esas inmensas trampas de agua sombr&iacute;a que se abren sobre ocho mil metros de fondo en el batir de los ciclones...</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; *</p>
<p>El invierno hab&iacute;a empezado pronto y desde entonces deprisa, sin despegar. Todos los d&iacute;as el cierzo; las nubes se agolpaban en la herradura entre el Archat, el Jocond, la Plainie, el monte de P&acirc;tres y el Avers. A las nubes de octubre ya ennegrecidas se a&ntilde;adieron las de noviembre a&uacute;n m&aacute;s negras, y luego las de diciembre por encima, muy negras y cargadas. Todo se condensaba sobre nosotros, sin moverse. La luz era verde, luego color tripa de liebre, luego negra con la particularidad de que, a pesar del negro, ten&iacute;a sombras de un p&uacute;rpura profundo. Ocho d&iacute;as atr&aacute;s a&uacute;n se divisaba el Habert du Jocond, el lindero del bosque de abetos, el claro de las gencianas, un pedacito de los prados que penden all&aacute; arriba. Despu&eacute;s, las nubes ocultaron todo eso. Entonces a&uacute;n se ve&iacute;a Pr&eacute;fleuri y los troncos de &aacute;rboles arrojados de la tala, y m&aacute;s tarde las nubes descendieron a&uacute;n m&aacute;s y ocultaron Pr&eacute;fleuri y los troncos de &aacute;rboles. Las nubes se detuvieron a lo largo de la carretera que sube al puerto. Se ve&iacute;an los arces y la diligencia de las doce y cuarto hacia Saint-Maurice. A&uacute;n no hab&iacute;a nieve, hab&iacute;a que apresurarse a pasar el puerto en ambos sentidos. A&uacute;n se ve&iacute;a muy bien el albergue (esa construcci&oacute;n que hoy llaman <em>Texaco</em> porque tiene anuncios de aceite para coches en sus paredes), se ve&iacute;a el albergue y todo un tr&aacute;fico de caballos de encuarte para los carros de carga que se apresuraban aprovechando el paso libre. Se vio el cabriolet del viajero de la casa Colomb et Bernard, comerciantes de pernos en Grenoble, bajando el puerto. Cuando &eacute;l volv&iacute;a, el puerto no tardar&iacute;a en atascarse. Luego las nubes cubrieron la carretera, <em>Texaco</em> y todo; chorrearon m&aacute;s abajo, en los prados de Bernard, los setos vivos; y esa ma&ntilde;ana a&uacute;n se ve&iacute;an las veinte o veinticinco casas del pueblo con su densa capa de sombra p&uacute;rpura bajo el toldo, pero ya no se ve&iacute;a la aguja del campanario, cortada al raso por la nube, justo por encima de los Sur, Norte, Este, Oeste.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Despu&eacute;s se puso a nevar. A mediod&iacute;a todo estaba cubierto, todo se hab&iacute;a borrado, ya no hab&iacute;a mundo, ni ruidos, ni nada. Densos vapores se deslizaban de los tejados y envolv&iacute;an las casas como un manto; el mariposeo de la nieve que ca&iacute;a aclaraba la sombra de las ventanas y la volv&iacute;a de un tono rosa sangre fresca, y se ve&iacute;a batir el metr&oacute;nomo de una mano secando la escarcha del cristal, luego aparec&iacute;a un rostro demacrado y cruel, mirando.</p>
<p>Marie Chazottes hab&iacute;a desaparecido sin dejar rastro. Hab&iacute;a salido de su casa hacia las tres de la tarde con un simple chal. Su madre hab&iacute;a tenido que llamarla para que se pusiera los zuecos. Sal&iacute;a en zapatillas porque s&oacute;lo iba, dijo, hasta el cobertizo del otro lado de la granja. Hab&iacute;a vuelto la esquina y desde entonces, nada.</p>
<p>Unos dec&iacute;an... cincuenta historias, naturalmente, mientras la nieve segu&iacute;a cayendo, durante todo diciembre.</p>
<p>Aquella Marie Chazottes ten&iacute;a veinte a&ntilde;os, veintid&oacute;s a&ntilde;os.</p>
<p>Todos esos de los que hemos hablado son honrados e incluso tienden un poco a la austeridad. Por eso, en 1843, a nadie se le ocurri&oacute; que Marie Chazottes hubiera podido <em>escapar</em>. Un polic&iacute;a pronunci&oacute; la palabra, pero era originario del valle del Graisivaudan. Adem&aacute;s, &iquest;<em>escapar</em> con qui&eacute;n? Todos los chicos del pueblo estaban all&iacute;. Y todo el mundo sab&iacute;a que ella no <em>frecuentaba</em> a ninguno. Y cuando su madre la llam&oacute; y la hizo ponerse unos zuecos, iba en zapatillas de casa. &iexcl;Si acaso hubiera escapado, ser&iacute;a con un &aacute;ngel...!</p>
<p>Nadie habl&oacute; de un &aacute;ngel, pero casi. Cuando Bergues y los otros dos cazadores furtivos y que conoc&iacute;an perfectamente el terreno&nbsp; volvieron con las manos vac&iacute;as, si acaso se habl&oacute; del diablo. Tanto se habl&oacute; que el domingo siguiente el cura hizo un serm&oacute;n especial sobre la cuesti&oacute;n. Hab&iacute;a muy pocos para escucharle, s&oacute;lo algunas viejas curiosas, pues se sal&iacute;a lo menos posible. El cura dijo que el diablo era un &aacute;ngel, un &aacute;ngel negro, pero un &aacute;ngel al fin y al cabo. Es decir que, si hubiera tratado con Marie Chazottes, lo habr&iacute;a hecho de otra manera. No le faltan las mujeres entre su clientela, pero no desaparecen, todo lo contrario. Si el diablo hubiera querido ocuparse de Marie Chazottes, no se la habr&iacute;a llevado. La habr&iacute;a...</p>
<p>En aquel mismo momento se oy&oacute; un disparo de fusil all&iacute; fuera, y dos gritos. La nieve no hab&iacute;a cesado de caer porque fuese domingo, sino todo lo contrario, y el d&iacute;a era tan oscuro que aquella misa de las diez de la ma&ntilde;ana ten&iacute;a una luz de final de v&iacute;speras.</p>
<p>- No se muevan &ndash;dijo el cura a las diez o doce viejas estupefactas.</p>
<p>Descendi&oacute; del p&uacute;lpito, hizo esconderse a su curita en un confesionario y fue a abrir la puerta. Era un hombre bien plantado. Su anchura de hombros interceptaba la puerta abierta de par en par. La plaza de la iglesia estaba desierta.</p>
<p>El se&ntilde;or cura ten&iacute;a raz&oacute;n. No se trataba del diablo. Era mucho m&aacute;s inquietante...</p>
<p align="center">*</p>
<p>En el momento de la historia, como era invierno, y uno de los m&aacute;s crudos que se recuerdan, la nieve que ca&iacute;a sin cesar desde hac&iacute;a m&aacute;s de un mes hab&iacute;a cubierto naturalmente los jardines; y las casas parec&iacute;an plantadas a veinte metros una de otra en una estepa blanca y unificada.</p>
<p>Fue all&iacute;, ante su propio garaje, donde Ravanel, atontado pero temblando de c&oacute;lera, se encar&oacute; con dos de sus vecinos... Y he aqu&iacute; lo que dijo, despu&eacute;s de que Bergues le quit&oacute; de las manos el fusil en el que le quedaba una bala.</p>
<p>- Le he dicho al peque&ntilde;o (el peque&ntilde;o era Georges Ravanel, que entonces ten&iacute;a veinte... y deb&iacute;a de ser un peque&ntilde;o bastante grande): &ldquo;Ve a ver qu&eacute; hacen los gorrinos&rdquo;. Hab&iacute;a unos ruidos poco cat&oacute;licos (ahora comprender&aacute;n por qu&eacute;). &Eacute;l sali&oacute;. Volvi&oacute; la esquina, all&iacute;, a tres metros. Por suerte, yo me qued&eacute; delante del cristal de la puerta. Nada m&aacute;s volver la esquina, le o&iacute; gritar. Sal&iacute;. Volv&iacute; la esquina. Lo encontr&eacute; en el suelo... Y all&iacute; arriba, entre la casa de Richard y la de los Pelous, vi pasar a un hombre que corr&iacute;a hacia la granja de Gari. El tiempo de coger el fusil y le dispar&eacute; mientras sub&iacute;a hacia la capillita. Y entonces baj&oacute; hacia aquel camino tan hundido.</p>
<p>Hab&iacute;an hecho entrar al tal Georges. Estaba de pie y beb&iacute;a un poco de licor de hisopo para recobrarse. Y esto fue lo que dijo:</p>
<p>- Volv&iacute; la esquina. No vi nada. Nada de nada. Alguien me tap&oacute; la cabeza con un pa&ntilde;uelo y me carg&oacute; como un saco a la espalda y se me llevaba, dio unos pasos, &iexcl;se me llevaba! Pero cuando me puso el pa&ntilde;uelo en la cara, baj&eacute; la cabeza y eso hizo que, cuando me acarre&oacute;, en vez de estrangularme al mismo tiempo, el pa&ntilde;uelo no me ahog&oacute; y pude gritar. Entonces quien fuera me solt&oacute; y o&iacute; a mi padre decir: &ldquo;&iexcl;Maldito golfo!&rdquo; y despu&eacute;s dispar&oacute; el fusil.</p>
<p>No hab&iacute;a podido llegar al establo, donde continuaba el tumulto. Fue para all&aacute; y vio algo bastante indecente. Uno de los cerdos estaba cubierto de sangre. No hab&iacute;an intentado degollarlo, lo cual habr&iacute;a tenido m&aacute;s sentido. Lo hab&iacute;an acuchillado por todas partes, m&aacute;s de cien cortes que deb&iacute;an haberse hecho con un cuchillo tan afilado como una navaja de afeitar... Los cortes no eran rectos, sino en zigzag, serpentinas, curvas, c&iacute;rculos, por toda la piel y muy profundos. Se ve&iacute;a que lo hab&iacute;an hecho con placer.</p>
<p>&iexcl;Pero aquello era incomprensible! Tan incomprensible, tan repugnante (Ravanel frotaba la bestia con nieve y sobre la piel moment&aacute;neamente limpia, volv&iacute;a a rezumar la sangre, dibujando las letras de una desconocida lengua b&aacute;rbara), tan amenazador y de forma tan directa que Bergues, normalmente calmo y filos&oacute;fico, dijo: &ldquo;Maldito cabr&oacute;n, tengo que atraparte&rdquo;, y fue a por sus raquetas y el fusil.</p>
<p>&iexcl;Pero entre el dicho y el hecho...! Bergues volvi&oacute; con las manos vac&iacute;as al caer la noche. Hab&iacute;a seguido las huellas y tambi&eacute;n el rastro de sangre. El hombre estaba herido. Eran gotas de sangre fresca y pura sobre la nieve. Herido sin duda en un brazo porque los pasos eran normales, muy r&aacute;pidos, ligeros. Adem&aacute;s, Bergues no hab&iacute;a perdido el tiempo; hab&iacute;a salido en su busca con apenas media hora de retraso; era un especialista de los paseos invernales; ten&iacute;a el paso m&aacute;s &aacute;gil del pueblo, ten&iacute;a raquetas, ten&iacute;a su c&oacute;lera, lo ten&iacute;a todo, pero no pudo percibir nada m&aacute;s que aquella pista bien marcada, las bonitas manchas de sangre fresca sobre la nieve virgen. La pista se adentraba en el Bosque Negro y all&iacute; donde abordaba el flanco del Jocond, casi a pico, se perd&iacute;a en las nubes. S&iacute;, en las nubes. No es un misterio ni un truco para hacerles entender subrepticiamente que se trataba de un dios, un semidi&oacute;s o un cuarto de dios. Bergues no era uno que buscara tres pies al gato. Si &eacute;l dijo que las huellas se perd&iacute;an en las nubes es que literalmente se perd&iacute;an en las nubes, es decir, en las nubes que cubr&iacute;an la monta&ntilde;a. No olviden que el tiempo no se hab&iacute;a despejado y que mientras les cuento la historia, la nube est&aacute; a punto de cortar en seco la flecha del campanario a la altura de las letras de la veleta.</p>
<p>Pero entonces, bruscamente..., ya no era s&oacute;lo Marie Chazottes, sino tambi&eacute;n Ravanel Georges (que hab&iacute;a escapado por un pelo), era tambi&eacute;n usted o yo, cualquiera, &iexcl;todo el mundo estaba amenazado! Todo el pueblo; sobre el cual empez&oacute; a caer un domingo espantosamente sombr&iacute;o. Los que no ten&iacute;an fusil pasaron una noche del demonio. Adem&aacute;s, las familias en las que no quedaban hombres y los ni&ntilde;os eran peque&ntilde;os, fueron a pasar la noche a las casas donde hab&iacute;a hombres fuertes y armas...</p>
<p>Bergues mont&oacute; guardia y pas&oacute; la noche yendo de una casa a otra. Le hab&iacute;an calentado tanto a base de vino caliente y copichuelas, al volver de su persecuci&oacute;n, que hab&iacute;a pillado una buena tajada. Cumpli&oacute; su misi&oacute;n sin desmayo, iba a llamar a todas las puertas, sembrando el p&aacute;nico en los dormitorios de mujeres y ni&ntilde;os e incluso a hombres que, desde la ca&iacute;da de la noche, no hab&iacute;an recobrado el aliento y aguzaban tanto el o&iacute;do como para o&iacute;rse crecer el pelo. Veinte veces se libr&oacute; apenas de recibir una carga de perdigones en las narices. Al fin, borracho como una cuba, fue a acabar la noche a casa de Ravanel, que hab&iacute;a rematado al cerdo y pasaba las horas convirti&eacute;ndolo en salchichas y morcillas, un poco para distraerse y sobre todo, para no desperdiciarlo.</p>
<p>Hay que disculpar a Bergues, que era soltero y un tanto salvaje y no sab&iacute;a contenerse bebiendo ni en ninguna otra cosa; pero en casa de Ravanel, un tanto excitado, cansado o bien beodo, se puso a decir cosas extra&ntilde;as, por ejemplo, que &ldquo;la sangre, la sangre sobre la nieve, tan pura, rojo sobre blanco, era hermosa&rdquo;...</p>
<p>Este leve desvar&iacute;o de Bergues, que inmediatamente volvi&oacute; a su natural pl&aacute;cido, fil&oacute;sofo fumador de pipa e incluso un tanto holgaz&aacute;n de costumbre, pas&oacute; casi desapercibido en su momento. S&oacute;lo lo registraron instintivamente los presentes y, al final, lo recordaron. En todo caso, hab&iacute;a algo que el pueblo no pod&iacute;a ignorar y que adquiri&oacute; toda su importancia al d&iacute;a siguiente; mientras la nieve segu&iacute;a cayendo (era un invierno terrible), la amenaza afectaba a todos por igual.</p>
<p>&iexcl;Pues ya nadie lo dudaba! A Marie Chazottes la hab&iacute;an ahogado con un pa&ntilde;uelo. Estrangular a Georges pod&iacute;a presentar ciertas dificultades, como ya se ha visto (y m&aacute;s a cinco bajo cero), pero la Marie: dos pizcas de pimienta, tan ligera que un vals la har&iacute;a bailar en el aro de un plato, &iexcl;puro polvo! Deb&iacute;a de haber sido pan comido.</p>
<p>De vez en cuando, la nieve deja de caer. La nube se levanta. En lugar de cortar la flecha del campanario a ras de la veleta, s&oacute;lo corta la punta, o la descubre, rasg&aacute;ndose en peque&ntilde;os copos sobre su cenit. Es suficiente. Se ve el desierto extraordinariamente blanco hasta las orillas extremadamente negras del bosque, bajo las cuales puede haber cualquier cosa, que puede hacer cualquier cosa. Cae la tarde. Se levanta un vientecillo que apenas se oye. Lo que se oye es como una mano que roza el postigo, la puerta o el muro; un gemido o un silbido que se queja, o al contrario. Un golpe en el granero.</p>
<p>Se escucha. El padre no aspira su pipa. La madre deja suspendido el pellizco de sal sobre la sopa. Se miran. Nos miran. El padre suspira y su suspiro arrastra un fino hilo de humo. Lo que har&iacute;a falta es que volviera el ruido. Se aguzan los o&iacute;dos, precisamente para sopesarlo enseguida, si es o no peligroso. Pero s&oacute;lo se oye el silencio. No se sabe. Indecisi&oacute;n. Todo es posible. No se puede juzgar. El hilo de humo que el padre suspira se alarga, se alarga indefinidamente. La madre deja caer grano a grano su sal gorda en la sopa con unos <em>floc, floc, floc</em>...</p>
<p>El fusil sobre la mesa. La madre acerca su mano a la marmita y deja caer el pu&ntilde;ado de sal en la sopa. Son las cinco de la tarde. A&uacute;n habr&aacute; que esperar diecisiete horas antes de que resurja el gris&aacute;ceo amanecer. Fuera, un gesto sutil... Normalmente se sabe que son las largas ramas del sauce que se liberan de su peso de nieve. &iquest;Ser&aacute;...? &iquest;Acaso es...? &iquest;S&iacute;? &iquest;No? No.&nbsp; Leve revoloteo de la nieve que vuelve a caer, temblores en el heno, crujidos como de pasos ahogados en la paja...</p>
<p align="center">*</p>
<p>Durante el verano, hubo m&uacute;ltiples tormentas, y en concreto una tan brusca y violenta que un flujo extraordinario de agua, al invadir el canal tan limpio, estuvo a punto de llevarse la rueda de &aacute;labes de la serrer&iacute;a. Y un d&iacute;a que hab&iacute;a empezado a tronar en seco, en cuanto las gotas empezaron a claquetear aqu&iacute; y all&aacute; como moneditas, Fr&eacute;d&eacute;ric II corri&oacute; r&iacute;o arriba hacia la compuerta de rosca para desviar el agua al canal de derivaci&oacute;n. El tiempo de hacer lo que deb&iacute;a y ya volv&iacute;a corriendo bajo rachas ya muy densas, con claros de rel&aacute;mpagos y sombras que pod&iacute;an cortarse con cuchillo, cuando vio un hombre que se refugiaba bajo el haya. Le grit&oacute; que se viniera, pero el hombre no pareci&oacute; entenderlo. Es infantil, nadie se refugia bajo un &aacute;rbol en las tormentas, y a&uacute;n menos bajo un &aacute;rbol de la envergadura y la grandeza de aquella haya divina, y menos a&uacute;n en las tempestades de estos parajes, que son de una violencia aterradora. Pero desde debajo de su cobertizo, Fr&eacute;d&eacute;ric II ve&iacute;a a aquel hombre <em>desnaturalizado</em> adosado contra el tronco del haya en una actitud bastante apacible, incluso de abandono; en una especie de contento manifiesto: como si estuviera calentando sus polainas en la chimenea de una cocina. Se dijo: &ldquo;Es un pobre capullo de qui&eacute;n sabe d&oacute;nde&rdquo;. Pensaba en esos viajantes que vienen en verano para reponer a la gente sus herramientas agrarias y hacer propaganda de las m&aacute;quinas. Al final, como la tormenta no cesaba de empeorar e intensificarse, y el agua se desplomaba en densas cortinas y hab&iacute;an estallado unos cuantos truenos no muy lejos, se dijo: &ldquo;Es una tonter&iacute;a dejar a ese tipo all&iacute; abajo, &iquest;es que no ve que aqu&iacute; puede refugiarse?&rdquo; Se meti&oacute; un saco en la cabeza como un capuch&oacute;n, corri&oacute; al &aacute;rbol, cogi&oacute; al hombre del brazo y le dijo: &ldquo;Venga, hombre, vaya cenutrio est&aacute; usted hecho&rdquo;. Lo sac&oacute; de all&iacute; justo a tiempo. Las orejas les tronaron. Tanto que no se quedaron bajo el cobertizo, sino que entraron en la caba&ntilde;a de los engranajes...</p>
<p>-&iquest;De d&oacute;nde es usted? &ndash;pregunt&oacute; Fr&eacute;d&eacute;ric II.</p>
<p>- De Chichiliane &ndash;contest&oacute; el hombre.</p>
<p>En un momento as&iacute;, como comprender&aacute;n, Chichiliane, Marsella o el Papa daban lo mismo. Y al fin y al cabo, &iexcl;Chichiliane no era nada del otro jueves! Quiz&aacute;s en Chichiliane la gente sea m&aacute;s est&uacute;pida que aqu&iacute;, como suele ocurrir. Fr&eacute;d&eacute;ric II se content&oacute; con esto para explicarse por qu&eacute; aquel hombre se quedaba bajo el haya voluntariamente. Porque el hombre hab&iacute;a o&iacute;do bien la primera llamada; lo dijo con toda franqueza. Adem&aacute;s, hab&iacute;a visto que el cobertizo de la serrer&iacute;a a diez metros tras &eacute;l: no estaba ciego. Pero ya se sabe, hay gente t&iacute;mida, o mejor, gente est&uacute;pida. Fr&eacute;d&eacute;ric II pensaba que aquel hombre era est&uacute;pido...</p>
<p>No interrog&oacute; al hombre de Chichiliane; se preguntaba si su compuerta aguantar&iacute;a el embate. Ni siquiera lo mir&oacute;. Se quedaron m&aacute;s de una hora en cuclillas uno junto al otro en la caba&ntilde;a de los engranajes, tan cerca que se rozaban con el hombro y el brazo...</p>
<p align="center">*</p>
<p>Supongo que saben d&oacute;nde empieza el oto&ntilde;o. Exactamente a 235 pasos contados del &aacute;rbol marcado M 312.</p>
<p>&iquest;Han ido alguna vez al puerto de La Croix? &iquest;Ven el sendero que va al lago de Lauzon? En el lugar donde atraviesa los prados color gamuza en pendiente muy pronunciada; hay que pasar dos grietas de desprendimientos bastante feas, se llega justo bajo el acantilado de la cara oeste del Ferrand. Paisaje mineral, perfectamente tel&uacute;rico: gneis, p&oacute;rfido, gres, serpentina, esquistos p&uacute;tridos. Horizontes enteramente cerrados de rocas aceradas, las cimas de Lus, caninos, molares, incisivos, dientes de perro, de le&oacute;n, de tigre y de peces carn&iacute;voros. De all&iacute;, a vuestra izquierda, sendero por los pasos estrechos entre pe&ntilde;ascos que acceden al Ferrand: alpinismo, panorama. A la derecha, trazos imperceptibles de las pulverizaciones rocosas cubiertas de diatomeas. Hay que seguir esos trazos que rodean un rellano y, en una hondonada como un cuenco de cer&aacute;mica, hallar la m&aacute;s alta cuadr&iacute;cula boscosa; tal vez doscientos &aacute;rboles, y en la linde norte, un fresno marcado con minio: M 312. All&iacute; delante, y a doscientos treinta y cinco pasos, plantado directamente en la pendiente de cer&aacute;mica, otro fresno. All&iacute; es donde empieza el oto&ntilde;o.</p>
<p>Es instant&aacute;neo. &iquest;Acaso hay una especie de contrase&ntilde;a dada ayer por la noche, mientras ustedes daban la espalda al cielo para hacerse la sopa? Esta ma&ntilde;ana, en cuanto abran los ojos ver&aacute;n que mi fresno se ha plantado en el cr&aacute;neo un penacho de plumas de loro amarillo oro. El tiempo de poner el caf&eacute;, de recoger todo lo que queda por el suelo cuando se duerme fuera y ya no es un penacho, sino todo un casco confeccionado con las plumas m&aacute;s raras: rosas, grises, &oacute;xido. Luego son marroquiner&iacute;as, forraje, charreteras, delantales, corazas que se cuelga y se aplica por todas partes, y todo hecho con la materia m&aacute;s rutilante y m&aacute;s bermeja. En fin, helo ah&iacute; en sus armaduras y perifollos de sacerdote-guerrero que entrechoca peque&ntilde;as matracas de madera seca.</p>
<p>M 312 no se queda atr&aacute;s. Se pone almuzas, sotanas de miel, faldones de obispo, estolas cubiertas de blasones y de reyes de cartas de juego. Los alerces se cubren de caperuzas y togas de piel de marmota, los arces se calzan polainas de espinilleras rojas, enfilan pantalones de zuavos, se envuelven en capotes de verdugos, se coronan con el birrete de los Borgia. Mientras ellos trajinan, los prados ocres azulean de azafr&aacute;n silvestre. Al volver, cuando uno llega al pie del puerto de La Croix, se encuentra frente al primer ocaso de la temporada: el abigarramiento b&aacute;rbaro de las murallas... M&aacute;s abajo se ve esa cuenca de hierba que s&oacute;lo era heno cuando pas&oacute; hace s&oacute;lo dos o tres d&iacute;as, ahora convertida en cr&aacute;ter de bronce alrededor del cual montan guardia... los caballeros del bosque; y se entremezclan las tiaras, los bonetes, los cascos, las faldas, la carne pintada, las enaguas bordadas, el follaje de oto&ntilde;o, los fresnos, las hayas, los alerces, los zurillos, los olmos, robles albares, abedules, &aacute;lamos temblones y sicomoros, arces y pinos con un verde negruzco que exalta todos los dem&aacute;s colores.</p>
<p>A partir de ese momento, cada atardecer, las murallas del cielo se pintar&aacute;n con aquellos esmaltes que facilitan la aceptaci&oacute;n de la crueldad y liberan a los sacrificadores de todo remordimiento. El occidente, revestido de p&uacute;rpura, sangra por las rocas, que son indiscutiblemente m&aacute;s hermosas as&iacute; ensangrentadas que con el rosa satinado de siempre, o el bello azur com&uacute;n de las noches de verano, en la hora en que Venus era dulce como un grano de cebada. Un verde p&aacute;lido, un violeta, manchas de azufre y a veces un pu&ntilde;ado de escayola all&iacute; donde la luz es m&aacute;s intensa, mientras que sobre las otras tres murallas se api&ntilde;an los bloques compactos de una noche, no m&aacute;s lisa y reluciente, sino turbia y aglomerada de inquietantes construcciones: tales son los temas de meditaci&oacute;n propuestos por los frescos del monasterio de las monta&ntilde;as. Los &aacute;rboles hacen crujir incansablemente en la sombra peque&ntilde;as matracas de madera seca...</p>
<p align="center">*</p>
<p>El haya de la serrer&iacute;a no ten&iacute;a a&uacute;n, ciertamente, la amplitud que ahora contemplamos. Pero su juventud (en relaci&oacute;n con la edad de ahora) o m&aacute;s exactamente su adolescencia era de una envergadura y un tejido que la situaban cien codos por encima de todos los &aacute;rboles unidos. Su follaje era de una abundancia y espesura, de una densidad p&eacute;trea, y su osamenta... deb&iacute;a de poseer una fuerza y una belleza muy raras para llevar con tanta elegancia tama&ntilde;o peso acumulado. En esa &eacute;poca estaba sobre todo plagado de p&aacute;jaros y de moscas; conten&iacute;a tantos p&aacute;jaros y moscas como hojas. Se ve&iacute;a constantemente arado y estremecido por cornejas, cuervos y enjambres. Salpicaba a cada instante vuelos de ruise&ntilde;ores y alionines; humeaba aguzanieves y abejas; soplaba falcones y t&aacute;banos; hac&iacute;a malabarismos con bolas multicolores de pinzones, reyezuelos y petirrojos, de chorlitos reales y avispas. A su alrededor hab&iacute;a una ronda sin fin de p&aacute;jaros, mariposas y moscas en las que el sol parec&iacute;a descomponerse en arco iris como si atravesara un manantial de salpicaduras. Y en oto&ntilde;o, con su larga cabellera carmes&iacute;, sus mil brazos entrelazados de serpientes verdes, sus cien mil manos de follajes de oro jugando con pompones de plumas, correajes de p&aacute;jaros, polvo de cristal, no parec&iacute;a realmente un &aacute;rbol. Los bosques, sentados sobre las gradas de las monta&ntilde;as, lo contemplaban en silencio. El haya crepitaba como un brasero; danzaba como s&oacute;lo saben danzar los seres sobrenaturales, multiplicando su cuerpo alrededor de su inmovilidad; ondulaba en torno a s&iacute; en un enredo de echarpes, tan estremecido, tan dorado, tan incansablemente lleno de la embriaguez de su cuerpo que ya no se sab&iacute;a si estaba arraigado por la presa de prodigiosas ra&iacute;ces o por la velocidad milagrosa de la punta de la peonza sobre la que reposan los dioses. Los bosques, sentados sobre las gradas del anfiteatro de las monta&ntilde;as, en su gran abluci&oacute;n sacerdotal, no osaban moverse. Ese virtuosismo de belleza hipnotizaba como el ojo de las serpientes o la sangre de las ocas salvajes en la nieve. Y a lo largo de los caminos que ascend&iacute;an o descend&iacute;an hacia el haya, se alineaba la procesi&oacute;n de los arces ensangrentados como carniceros.</p>
<p>Pero todo eso no impidi&oacute; que llegara el invierno de 1844; al contrario. Y Bergues desapareci&oacute;. Nadie se dio cuenta enseguida. Era soltero y nadie pudo precisar en qu&eacute; momento exacto hab&iacute;a faltado del mundo. Era un furtivo, cazaba las criaturas m&aacute;s inveros&iacute;miles. Amaba la naturaleza y a veces se ausentaba toda una semana. Pero en el invierno del 44, se inquietaron al cabo de cuatro o cinco d&iacute;as.</p>
<p>En su casa, todo estaba dispuesto de forma que pod&iacute;a temerse lo peor. Para empezar, la puerta no estaba cerrada; sus raquetas y el fusil estaban all&iacute;; su chaqueta, forrada de piel de cordero, colgaba de su clavo. M&aacute;s triste a&uacute;n: su plato, con los restos disecados de un conejo encebollado (con las huellas de un pedazo de pan ba&ntilde;ado en la salsa), yac&iacute;a en la mesa. Deb&iacute;a de haberle pescado comiendo; algo o alguien deb&iacute;a de haberlo llamado fuera; hab&iacute;a salido enseguida, tal vez sin poderse tragar el bocado. Su sombrero estaba sobre la cama.</p>
<p>Esta vez fue un terror de reba&ntilde;o de ovejas. En pleno d&iacute;a (bajo, sombr&iacute;o, azul, con nieve y una nube cotando la flecha del campanario) se oy&oacute; llorar a las mujeres, gritar a los ni&ntilde;os, batir las puertas, y fueron menester la cruz y los ciriales para tomar una decisi&oacute;n... Todo el mundo hablaba de la polic&iacute;a pero nadie quer&iacute;a ir a buscarla. Hab&iacute;a que recorrer tres leguas en soledad, bajo el cielo negro, y al ser Bergues un hombre hecho y derecho, forzudo, valiente, m&aacute;s listo que el hambre, ya nadie se sent&iacute;a lo bastante forzudo, valiente ni listo. Al fin decidieron ir cuatro, todos juntos.</p>
<p>Se alejaban de la casa de Bergues como si hubiera albergado a un apestado. La casa bostezaba directamente a la nieve de la calle, con su port&oacute;n abierto que nadie tuvo el valor de ir a cerrar, y el cielo, por encima de todas las cabezas, parec&iacute;a m&aacute;s negro que en el interior de la casa.</p>
<p>En el momento de la marcha de los cuatro emisarios hacia la comisar&iacute;a real de Clelles, todo el pueblo se concentr&oacute; silenciosamente en torno a ellos, que, graves y p&aacute;lidos bajo las barbas, se colgaban el arma del tirante y cerraban sus chaquetas forradas con cinturones de cartuchos para jabal&iacute;es, un arsenal de cuchillos afilados, de lamas desnudas, e incluso un hacha peque&ntilde;a. Por fin se calzaron las raquetas; se les vio ascender despacio el cerro tras el cual pasa la gran carretera y luego desaparecieron. S&oacute;lo quedaba atrincherarse.</p>
<p>Es f&aacute;cil imaginar los relatos que aquellos cuatro hombres hicieron en la comisar&iacute;a de Clelles tras varias leguas de marcha solitaria, al caer el d&iacute;a. A pesar del tiempo encapotado y del estado de las carreteras..., a las once de la noche lleg&oacute; al pueblo una peque&ntilde;a compa&ntilde;&iacute;a de seis guardias a caballo, con armas y equipaje y un capit&aacute;n llamado Langlois.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Fragmento del libro <em>Un rey sin diversi&oacute;n</em>, de Jean Giono, que ser&aacute; pr&oacute;ximamente publicado por la editorial Impedimenta con traducci&oacute;n de Isabel N&uacute;&ntilde;ez)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>Jean Giono, humor, poes&iacute;a y nieve</strong></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>La descripci&oacute;n que Jean Giono (Manosque, Francia, 1895-1970) hace de un &aacute;rbol, el haya, en la primera p&aacute;gina de <em>Un rey sin diversi&oacute;n</em> me maravill&oacute;; traduje el fragmento en mi blog y <em>contagi&eacute;</em> a la editorial Impedimenta. Entonces no sab&iacute;a d&oacute;nde me estaba metiendo. Hab&iacute;a le&iacute;do, como todo el mundo, <em>El hombre que plantaba &aacute;rboles</em> y ese librito magn&iacute;fico titulado <em>J&rsquo;ai ce que j&rsquo;ai donn&eacute;</em>, entre otras de sus joyas provenzales.</p>
<p><em>Un rey sin diversi&oacute;n</em> es una novela asombrosa, especie de <em>thriller</em> que parodia el g&eacute;nero (la intriga se resuelve a mitad del libro, se transforma en otra), un <em>thriller</em> po&eacute;tico donde la naturaleza provenzal late como siempre en la escritura de Giono, en ese pueblo que desaparece en invierno, enterrado en un manto de nieve, con los asesinatos que el narrador examina un siglo despu&eacute;s. El capit&aacute;n Langlois, con su pipa y sus pantuflas, vigilante, con la coscolina de Grenoble apodada la Salchicha, que regenta el Caf&eacute; de la Traves&iacute;a, el soltero y salvaje Bergues, el guapo cura de espalda ancha como el port&oacute;n de la iglesia, todos esos exc&eacute;ntricos habitantes del pueblo son personajes que se quedan con nosotros para siempre.</p>
<p>&nbsp;Es un libro maravilloso, pero &iexcl;ay!, un desaf&iacute;o para el traductor, lleno de modismos provenzales, de palabras inventadas o forzadas para decir lo que Giono necesite decir, en su h&aacute;bil mezcla de exigente lenguaje po&eacute;tico y lengua popular y agreste. A veces, una p&aacute;gina exige m&aacute;s de un d&iacute;a de b&uacute;squeda, pues los jerogl&iacute;ficos se acumulan y su ingenio requiere soluciones a la altura en castellano.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La I Guerra Mundial sacudi&oacute; con fuerza a Jean Giono, le hizo pacifista y caus&oacute; su encierro en prisi&oacute;n. Por ese pacifismo durante la II Guerra, cambi&oacute; su forma de ver el mundo. &Eacute;l lo explica as&iacute;:</p>
<p>&ldquo;Nadie podr&aacute; consolarnos de esta guerra. Por eso yo me tir&eacute; salvajemente del lado del &aacute;rbol, de la nieve y de la bestia&rdquo;.</p>
<p>Esa b&uacute;squeda suya de la belleza y su apego a la vida transforman la naturaleza y el paisaje en intensos personajes literarios y proyecta en sus habitantes su humor y su ir&oacute;nica poes&iacute;a, su filosof&iacute;a, su mirada humanista y vitalista. &ldquo;Soy un pesimista feliz&rdquo;, dijo, y su escritura est&aacute; llena de esa felicidad burlona, <em>malgr&eacute; tout</em>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Un rey sin diversi&oacute;n</em> fue llevada al cine, como otras obras de Jean Giono (&eacute;l mismo dirigi&oacute; pel&iacute;culas con personajes que recuerdan al Bu&ntilde;uel de <em>Viridiana</em>).</p>
<p>He recogido aqu&iacute; algunos fragmentos de la primera parte. Espero contagiar con ellos mi pasi&oacute;n por Giono a los lectores de este pa&iacute;s.- ISABEL N&Uacute;&Ntilde;EZ</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 08 Oct 2015 07:33:43 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Relatos para entender la Europa del siglo XXI]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/relatos-para-entender-la-europa-del-siglo-xxi/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2015/octubre/crusat500.jpg" alt="" /></p>
<p>Cristian Crusat (Marbella, 1983) debut&oacute; con el libro <em>Estatuas</em> (Pre-Textos, 2006), al que seguir&iacute;an los relatos de <em>Tranquilos en tiempo de guerra</em> (Pre-Textos, 2010) y, un a&ntilde;o m&aacute;s tarde, de <em>Breve teor&iacute;a del viaje y el desierto</em> (Pre-Textos, &laquo;Premio Internacional de Cuentos Manuel Llano&raquo;), a partir de cuya publicaci&oacute;n en 2011 recibi&oacute; la atenci&oacute;n y el aplauso de la cr&iacute;tica y los lectores m&aacute;s atentos, lo que le ha supuesto en los &uacute;ltimos tiempos, entre otras cosas, distinciones como el &laquo;European Union Prize for Literature 2013&raquo;, la inclusi&oacute;n en antolog&iacute;as tan prestigiosas como <em>Cuento espa&ntilde;ol actual. 1992-2012</em>, de &Aacute;ngeles Encinar (C&aacute;tedra, 2014), o la traducci&oacute;n de su trabajo al ingl&eacute;s, franc&eacute;s, italiano, neerland&eacute;s, b&uacute;lgaro y croata. Paralelamente a su obra de ficci&oacute;n, Crusat ha publicado tambi&eacute;n el ensayo <em>Vidas de vidas. Una historia no acad&eacute;mica de la biograf&iacute;a</em> (P&aacute;ginas de Espuma, 2015), por el que recibi&oacute; el &laquo;VI Premio M&aacute;laga de Ensayo&raquo;, y se ha encargado de editar, prologar y traducir los art&iacute;culos y ensayos cr&iacute;ticos de Marcel Schwob en el volumen <em>El deseo de lo &uacute;nico</em> (P&aacute;ginas de Espuma, 2012).</p>
<p>&laquo;Cuando llegu&eacute; a Bruselas empezaba a escucharse en algunos medios de comunicaci&oacute;n aquella idea del fin del sue&ntilde;o europeo&raquo;. Los protagonistas de estos relatos se mueven en un escenario que nos resulta turbadoramente conocido: la Europa del siglo XXI, entre las urbanizaciones tur&iacute;sticas que devoran las costas del Mediterr&aacute;neo, la soledad insidiosa de las habitaciones de hotel y la rutina de los suburbios. Un mundo, que es el nuestro, en el que los viejos signos de identidad basados en la nacionalidad y en las tradiciones familiares o religiosas tienden a borrarse.</p>
<p>Sin embargo, la soledad, las dudas, los impulsos que embargan a los personajes de <em>Solitario empe&ntilde;o</em> son tan universales como un mito griego, una leyenda esquimal o una remota maldici&oacute;n yugoslava. Buscadores de su propia identidad, los protagonistas de estos relatos experimentan el gran misterio, la colosal perplejidad que desde el inicio de los tiempos gobierna las relaciones de padres e hijos, de amantes, de extra&ntilde;os que se cruzan llevados por un azar inexplicable. Cada uno de ellos aspira a hacer de su desarraigo un espacio &iacute;ntimo, habitable, tal vez comprensible. Sin tragedias ni sentimentalismos. P&aacute;gina a p&aacute;gina, relato tras relato, todos se entregan a la tit&aacute;nica y cotidiana labor de conferir sentido a una realidad que &ndash;implacable, m&uacute;ltiple y escurridiza&ndash; les cautiva y desconcierta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Cristian Crusat. Solitario empe&ntilde;o. Pre-Textos, 2015.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 08 Oct 2015 07:29:21 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La importancia de Francisco Brines en la poesía española contemporánea]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-importancia-de-francisco-brines-en-la-poesia-espanola-contemporanea/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2015/octubre/brines500.jpg" alt="" /></p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La obra de Francisco Brines (Oliva, 1932) es una de las m&aacute;s importantes del panorama po&eacute;tico actual, hombre arraigado a la poes&iacute;a desde muy joven, gran amigo de Vicente Aleixandre, poeta perteneciente a la Generaci&oacute;n de los cincuenta, junto a figuras tan importantes como Caballero Bonald o &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez, entre otros, comenz&oacute; su obra con <em>Las brasas</em> (1960), el cual gan&oacute; el Premio Adonais, posteriormente fue valedor del Premio de la Cr&iacute;tica por <em>Palabras a la oscuridad</em>.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">En 1986 escribe, tras otros libros tan deslumbradores como <em>A&uacute;n no</em> (1971) o <em>Insistencias en L&uacute;zbel</em> (1977), una de sus obras m&aacute;s importantes, <em>El oto&ntilde;o de las rosas</em>, que ganar&aacute; el Premio Nacional de Poes&iacute;a en 1986.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp; Recientemente ha ganado el Premio Reina Sof&iacute;a y sigue siendo uno de los poetas m&aacute;s prestigiosos de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea, uno de los referentes fundamentales de una l&iacute;rica eleg&iacute;aca, donde la emoci&oacute;n y la importancia del paso del tiempo cobran especial relevancia.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Siempre se ha considerado deudor de poetas de la talla de Luis Cernuda, Vicente Aleixandre o Juan Gil-Albert, donde la palabra po&eacute;tica se ha convertido en todo un ejemplo &eacute;tico y est&eacute;tico, donde el poema cobra especial relevancia como forma de reflexi&oacute;n vital, donde el hombre se encuentra con sus certidumbres y sus emociones esenciales.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su importancia y trascendencia para la literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea est&aacute; fuera de toda duda, siendo uno de los poetas m&aacute;s estudiados por investigadores extranjeros en la actualidad, adem&aacute;s de uno de los m&aacute;s valorados por nuestros cr&iacute;ticos y escritores, ya que refleja una obra madura y hermosa sobre la importancia de la infancia como etapa feliz de la vida y la relevancia del paso del tiempo en ese proceso de vivir que tanto ha preocupado al poeta valenciano.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;<strong>LA POES&Iacute;A DE FRANCISCO BRINES</strong></p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp; En sus poemas, y a lo largo de toda su vida, existe un para&iacute;so llamado Elca, donde Brines ha so&ntilde;ado las cosas, ha transitado por las emociones y ha dejado afectos inolvidables.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp; Si para Cernuda Espa&ntilde;a era, en su poes&iacute;a, Sansue&ntilde;a, para Brines, Elca es la tierra valenciana, su Oliva natal, donde crecen los naranjos, la luz del mediod&iacute;a, el esplendor entero de la huerta.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para Jos&eacute; Olivio Jim&eacute;nez el tiempo es clave en la poes&iacute;a de Brines y la belleza de las cosas que pasan, siempre tamizadas por el paisaje levantino: &ldquo;Y como marco, la belleza y fragancia de la pr&oacute;diga naturaleza levantina, en compa&ntilde;&iacute;a &ndash;y fortalecimiento- de la humana fragilidad&rdquo; (Jos&eacute; Olivio Jim&eacute;nez, <em>La poes&iacute;a de Francisco Brines</em>, Renacimiento, Sevilla, 2001, p. 23).</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Es cierto que Brines inunda al poema de meditaci&oacute;n desde <em>Las brasas</em> hasta su &uacute;ltimo libro hasta la fecha <em>La &uacute;ltima costa</em>, si en el primero aparece el anciano que contempla al ni&ntilde;o que fue, en el &uacute;ltimo, la constataci&oacute;n de la vejez es plena, el tiempo ha pasado irremisiblemente.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su poes&iacute;a es tambi&eacute;n una continua reflexi&oacute;n sobre el absurdo de la vida, sobre su fantasmag&oacute;rica realidad. Dice muy bien Francisco Jos&eacute; Mart&iacute;n en su estudio <em>El sue&ntilde;o roto de la vida</em> lo siguiente: &ldquo;La vida es un destino ciego, un fracaso. La vida es un don gratuito al que accedemos sin merecimiento alguno&rdquo; (Francisco Jos&eacute; Mart&iacute;n, <em>El sue&ntilde;o roto de la vida</em> , Aitana Editorial, 1977, p.82).</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp; En otra p&aacute;gina de este libro dice algo muy revelador sobre la obra de Brines:</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&ldquo;Lo que nos entrega Brines es la doble faz irreductible del mundo, su hermosura y su miseria. Situada en la antesala de la muerte, a la luz del crep&uacute;sculo, el poeta efect&uacute;a su Homenaje y reproche a la vida&rdquo; (p.87).</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Todo ello, me lleva a interesarme por dos momentos claves en la poes&iacute;a del valenciano, su primer libro: <em>Las brasas</em> (1960) y el &uacute;ltimo, <em>La &uacute;ltima costa</em> (1995). En los treinta y cinco a&ntilde;os que distancian a ambos, el poeta ha escrito sobre el tiempo, sobre la infancia perdida, sobre el amor que se escapa furtivamente de madrugada, sobre la luz del Mediterr&aacute;neo, etc.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp; En <em>Las brasas</em> aparece el hombre viejo que le visita (recordemos que Brines era un joven poeta en ese momento). Ya aparece en el libro el tiempo, su hondura sobre las cosas, la certeza de la fugacidad de la vida, el ef&iacute;mero transcurrir de nuestros sue&ntilde;os. El poema que comento pertenece a &ldquo;Poemas de la vida vieja&rdquo; y dice: &ldquo;El visitante me abraz&oacute;, de nuevo / era la juventud que regresaba / y se sent&oacute; conmigo&rdquo; (vv.1-3).</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si en ese momento hay lozan&iacute;a (juventud), en los versos que siguen, como si el tiempo del d&iacute;a hubiese transcurrido dando lugar a la noche, el joven ya es viejo: &ldquo;Vela el sill&oacute;n la luna, y en la sala / se ven brillar los astros. Es un hombre/ cansado de esperar, que tiene viejo / su torpe coraz&oacute;n, y que a los ojos / no le suben las l&aacute;grimas que siente&rdquo; (vv. 15-19).</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Desde el comienzo al final hay todo un proceso existencial, sin olvidar que ese&nbsp; hombre&nbsp; que&nbsp; visita&nbsp; al&nbsp; poeta llevaba tristeza, la misma que anidaba en &eacute;l:</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&ldquo;Se contaba a s&iacute; mismo / las tristes cosas de su vida, casi / se repet&iacute;a en &eacute;l la triste vida&rdquo; (vv. 6-8).</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo que nos dice el poeta valenciano que ese visitante es &eacute;l mismo, el cual se contempla desde el espejo del tiempo, tornando la vejez en juventud y viceversa. El poeta y, por ende, el ser humano, no puede cambiar el destino que la vida, en su fluir, nos va dejando.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Siempre aparece en este libro las sombras, no es arbitrario el primer verso del poema II:&nbsp;&nbsp; &ldquo;La sombra de la tierra va creciendo&rdquo;, la noche: &ldquo;sube los aires, y la noche queda / sobre el alto tejado de la casa&rdquo; (vv. 2-3).</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tambi&eacute;n la sombra que interviene en la naturaleza afecta por igual al hombre y a su universo, para dejarnos un &aacute;mbito de tristeza: &ldquo;Se ensombrece el naranjo, y azahares / huelen por el desv&aacute;n, pesan los muros / y el hombre que la habita se detiene / para pensar vanos recuerdos&rdquo; (vv. 4-7).</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;Si nos fijamos en el &uacute;ltimo libro de Brines, <em>La &uacute;ltima costa</em> (1995), el mundo del poeta no ha cambiado, es el mismo universo te&ntilde;ido de sombra donde el tiempo ha horadado toda su esencia. Lo expresa muy bien en el poema &ldquo;P&eacute;rdida del Dios que fui&rdquo;: &ldquo;Fue aquella tarde un tiz&oacute;n, / y despu&eacute;s fue violeta / todo el aire. Blancas luces / en el cielo destellaron. / Y ya oscuro / Larga noche. / Y al llegar la madrugada / del cuerpo naci&oacute; la sombra&rdquo;. (vv. 1-8).</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como podemos ver, para Brines es importante la luz, siguiendo la senda de los pintores valencianos, ya que, en muchos de sus poemas, hay referencias al color (aqu&iacute; violeta), pero predomina en el poema el destino adverso, a trav&eacute;s de la larga noche, en ese itinerario que nos recuerda al mundo de San Juan de la Cruz en busca de la uni&oacute;n del alma con Dios. Pero aqu&iacute; no hay fusi&oacute;n, sino renunciamiento, espejo del fracaso de la vida.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y refleja todo ese mundo de esplendor que se convierte en nada en un bello poema titulado &ldquo;El azul&rdquo; (otra referencia al color), cuando dice: &ldquo;Busqu&eacute; el azul, perd&iacute; mi juventud. / Los cuerpos, como olas, se romp&iacute;an / en arenas desiertas&rdquo;. (vv. 1-3). La comparaci&oacute;n de los cuerpos como olas nos empuja a la sensualidad mediterr&aacute;nea, a la belleza de un espacio &uacute;nico, donde no hay nadie que rompa la belleza del momento: &ldquo;arenas desiertas&rdquo;.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tambi&eacute;n el jard&iacute;n, s&iacute;mbolo clave en su poes&iacute;a (como lo fue tambi&eacute;n para C&eacute;sar Sim&oacute;n, como comentar&eacute; en el estudio que le dedico), donde nacen las rosas, pero tambi&eacute;n la tentaci&oacute;n carnal: &ldquo;Hubo amor / en el rinc&oacute;n florido de mi jard&iacute;n / clausurado&rdquo; (vv. 3-5). &iquest;Por qu&eacute; clausurado? Sin duda, es espejo del paso del tiempo que nos niega el amor.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero el final nos estremece: &ldquo;Voy llegando al final. Ciega mis ojos / un desnudo azul iluminado&rdquo; (vv. 7-8). Como vemos, ese azul no es otro que el universo que ya no se rinde a sus pies, sino que se muestra, triunfante, sobre nuestra pobre caducidad humana.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpLast">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Siempre hay, como dije antes, en Brines luz y fulgor, desde <em>Las brasas</em> y en otros libros tan representativos de su obra como <em>A&uacute;n no</em> o <em>Insistencias en Luzbel, </em>sin olvidar el maravilloso<em> El oto&ntilde;o de las rosas</em>, pero tambi&eacute;n hay sombra, clara ant&iacute;tesis de las oposiciones claves en el ser humano: vida-muerte, dicha-dolor. Si es un &ldquo;desolado azul iluminado&rdquo; es que el destello pervive, contin&uacute;a el fulgor de la Naturaleza, pero&nbsp; no el del hombre, condenado a no vivir eternamente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cito las palabras de David Pujante en su libro <em>Belleza mojada</em>, cuando dice acerca del poema &ldquo;P&eacute;rdida del dios que fui&rdquo;, perteneciente a <em>La &uacute;ltima costa </em>algo que sirve para entender este cierre que supone el libro y que nos hace reconocer al mismo poeta que escribi&oacute; <em>Las brasas</em>: &ldquo;Sintetiza uno de los mitos b&aacute;sicos de la escritura de Brines, el del desenga&ntilde;o, el de la p&eacute;rdida de la inocencia&rdquo; y, a la vez, sintetiza, en expresi&oacute;n manifiesta, por primera vez, lo que hay tras su mitolog&iacute;a escritural, la originaria lucha entre el yo oscuro y el yo social&rdquo; (David Pujante, <em>Belleza mojada</em>, Renacimiento,2004, p. 283).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y esa lucha que se&ntilde;ala Pujante es la que manten&iacute;a el poeta en <em>Las brasas</em> entre el viajero y el vate, (el hombre social que conoce gente y el que permanece en la oscuridad de su casa, pero ambos tocados por el sino de la soledad, ya que no hay mayor soledad que la de aquel que viaja siempre, ni mayor desolaci&oacute;n que la que siente el que contempla la vida de los dem&aacute;s a trav&eacute;s de balcones (s&iacute;mbolo clave en la poes&iacute;a de Brines), ya que refleja el espacio imposible de traspasar del interior al exterior).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ese antagonismo, aparente, s&oacute;lo conduce a un solo hombre, desdoblado entre el interior (el poeta que medita la vida) y el exterior (el viajero, ser social, que la vive sin vivirla en realidad). Son espejos que est&aacute;n marcados por el sino del destino tr&aacute;gico de la vida.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La relaci&oacute;n entre los dos libros es muy clara (como si representasen las dos caras de una misma moneda). Pujante la vuelve a se&ntilde;alar, cuando dice: &ldquo;El anciano habitante de aquella solitaria casa rural, aquel yo po&eacute;tico, que no pod&iacute;a ser el joven Brines que con veintitantos a&ntilde;os construy&oacute; <em>Las brasas</em>, en realidad era una radical intuici&oacute;n que ahora se materializa&rdquo; (p. 287).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se refiere al hombre contemplativo que mira su vida en el poema &ldquo;Espejo en Elca&rdquo;. Y es cierto, ya que Brines anticipa en el joven el sino de la vida, su certeza que le llevar&aacute; a contemplarse anciano, como si llevase ungido en su interior el estigma de la condici&oacute;n humana.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En definitiva, Brines ha condensado su pensamiento y en la simplicidad de un lenguaje exento de retoricismo, pero no por ello ausente de buena literatura, encuentra la mejor forma para expresar lo que representa su hondo sentir po&eacute;tico: la eleg&iacute;a al tiempo que se nos va, la b&uacute;squeda del para&iacute;so de la infancia, terreno que le marc&oacute; siempre.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me refiero a esa Elca donde anida el Mediterr&aacute;neo y su luz especial que destella en sus poemas, con la luminosidad de la buena pintura levantina, lo que nos obliga a leer de nuevo, para encontrar nuevos sentidos a tanta hondura existencial.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Refleja la obra de Francisco Brines un legado que ha de perdurar y cuya influencia es manifiesta en otros poetas de la tierra (Marzal, Gallego), porque no es una voz impostada, sino verdadera, cuyas certidumbres sobre la vida est&aacute;n muy cerca de las nuestras.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A continuaci&oacute;n, le dedico un apartado al que considero uno de los mejores libros de Francisco Brines, donde consigue aunar todos los temas que han hecho posible una de las mejores obras de la literatura valenciana en castellano,</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong><em>EL OTO&Ntilde;O DE LAS ROSAS</em>: EL GRAN LIBRO DE FRANCISCO BRINES </strong></p>
<p><span style="text-decoration: underline;">&nbsp;</span></p>
<p>&nbsp; Lleg&oacute; <em>El oto&ntilde;o de las rosas</em> publicado por la Editorial <em>Renacimiento</em> en Sevilla, en 1986. Y llega este libro en un momento culminante de su poes&iacute;a, el poeta expresa su amor por la vida (tema ya aparecido, pero ahora con diferente tono).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dionisio Ca&ntilde;as lo dijo muy bien en un estudio sobre Brines: &ldquo;Esta obra es el ejercicio de una mirada retrospectiva llena de amor y fervor por haber tenido el privilegio de la vida&rdquo; (&ldquo;Francisco Brines, plenitud y entusiasmo de un canto oto&ntilde;al&rdquo;, <em>&Iacute;nsula,</em> n&uacute;m. 485-486, 1987). Es cierto, el poeta se siente afortunado, privilegiado, frente a otros que no han pensado la vida, &eacute;l conoce el placer de verse viviendo, entregado al instante, tan lleno de emociones.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Son m&aacute;s de setenta poemas, sin separaci&oacute;n interna (como era habitual en otros libros del poeta) en secciones o apartados.</p>
<p>&nbsp; Jos&eacute; Olivio Jim&eacute;nez considera en su estudio <em>La poes&iacute;a de</em> <em>Franciso Brines</em> a este libro como &ldquo;el m&aacute;s alto sitio de la obra total de Brines: su libro m&aacute;s pleno y sugerente&rdquo;. Llama a este lugar pleno de creaci&oacute;n al que llega Brines como una &ldquo;conjunci&oacute;n de nihilismo y vitalismo&rdquo;, es decir, una tensi&oacute;n entre dos fines: la Nada (nihilismo) y la vida (vitalismo).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Olivio nos advierte en el estudio citado lo siguiente: &ldquo;El camino hacia la constataci&oacute;n afirmativa de la vida, que se ensancha abiertamente es este libro, ven&iacute;a prepar&aacute;ndose desde muy atr&aacute;s en la obra de Brines&rdquo;, y, puntualiza &ldquo;Uno de ellos ocurre, nada menos, que en la secci&oacute;n inicial de <em>Insistencias en Luzbel</em>, la m&aacute;s &ldquo;conceptual&rdquo; de aquel libro y de toda la poes&iacute;a del autor&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Se&nbsp; refiere&nbsp; a&nbsp; &ldquo;Respiraci&oacute;n hacia la noche&rdquo;&nbsp; cuando dice lo siguiente: &ldquo;Alegr&iacute;a es la luz, el aire, / la carne es alegr&iacute;a, / y cuando se fatigan y se apagan / entonces son visibles. / La luz, la carne, el aire, el da&ntilde;o&rdquo;. Como vemos, hay j&uacute;bilo, pero al final aparece la palabra &ldquo;da&ntilde;o&rdquo; como si esa plenitud no fuese completa, pues el dolor es tel&oacute;n de fondo de la vida.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Dicho esto, veamos esa vivencia de plenitud que se ensancha en el poema &ldquo;El oto&ntilde;o de las rosas&rdquo;, dice as&iacute;: &ldquo;Vives ya en la estaci&oacute;n del tiempo rezagado: / lo has llamado el oto&ntilde;o de las rosas. / Asp&iacute;ralas y enci&eacute;ndete. Y escucha, / cuando el cielo se apague, el silencio mundo&rdquo; (vv.1-4). Vemos el deseo de vivir: &ldquo;asp&iacute;ralas y enci&eacute;ndete&rdquo; porque ha llegado a la madurez de la vida &ldquo;el oto&ntilde;o&rdquo;, el s&iacute;mbolo del instante, lo ef&iacute;mero y lo bello es evidente: la rosa. Se equipara a la vida por su hermosura y brevedad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; No importa que haya llegado ese momento, el poeta quiere vivir, pero sabe la gran verdad del acabamiento de lo humano. &ldquo;Y escucha, / cuando el cielo se apague, el silencio del mundo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp; Ha de llegar ese momento donde no haya mirada y todo sea Nada. Bello y breve poema que abre una ventana al hermoso mundo que desvela este libro.</p>
<p>&nbsp; Vuelve en el libro al lugar de la infancia: Elca, so&ntilde;ada por el poeta, desde su cima de la vida. Consigue que sintamos los olores, naveguemos por aquellos mares, caminemos extasiados por aquellos huertos levantinos. Tan sutilmente (y con tanta armon&iacute;a) describe el poeta que nos impregna de vida en cada p&aacute;gina, nos hace paladear cada instante como si fuese &uacute;nico.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Comento &ldquo;D&iacute;as de invierno en la casa de verano&rdquo;, poema dedicado a Vicente Gallego, joven poeta que conoci&oacute; a Brines y que se sinti&oacute; (como otros muchos) seducido por su poes&iacute;a.</p>
<p>&nbsp; El poema dice as&iacute;: &ldquo;Vivo en la intimidad de la casa vac&iacute;a, / y en las habitaciones despobladas / puedo escuchar el sonido apagado de la vida&rdquo; (vv. 10-13). Sorprende esa vuelta a la casa vac&iacute;a (recordemos <em>Las brasas</em>), pero aqu&iacute; esplende la vida, pese a ese &ldquo;sonido apagado&rdquo; que es el tiempo, dice as&iacute;: &ldquo;Y hay, con todo, un calor de vida ya gastada / un secreto entusiasmo de haber sido&rdquo; (vv. 17-18). El secreto tiene que ver con la complicidad de lo vivido, tesoro tan solo para &eacute;l, en esencia solitario.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Vuelve de nuevo al cuerpo, tan presente en el libro anterior, afirmaci&oacute;n del goce y el placer: &ldquo;Era el ritmo muy lento, y muy secreto / con el vigor del agua, y la presencia joven / de la carne desnuda&rdquo; (vv. 26-28). Cuenta como se desvest&iacute;a, y se ba&ntilde;aba, nos recuerda esa efusi&oacute;n de los cuerpos compartiendo el ba&ntilde;o infantil en &ldquo;El barranco de los p&aacute;jaros&rdquo;, pero no olvidemos que Brines escribe ahora desde la soledad, el muchacho en sus actos, en su intimidad (de ah&iacute; el adjetivo secreto).</p>
<p>&nbsp;Con una sutileza magn&iacute;fica, Brines describe esos momentos placer sexual individual que el muchacho tiene que &ldquo;gozar solo&rdquo; porque nadie comparte entonces su cuerpo: &ldquo;La intimidad del mundo, y el placer / que aprend&iacute;a, me hac&iacute;a como un dios&rdquo; (vv. 37-38). Poder gozar de uno mismo y comprender as&iacute; la vida es ser un dios para Brines (como vemos, el paganismo de Brines queda manifestado, no quiere ser Dios sino un dios, como en la antig&uuml;edad grecolatina).</p>
<p>&nbsp; Y despu&eacute;s del sexo llega esa calma, ese reposo, como un hermoso caballero griego o romano: &ldquo;Con el balc&oacute;n abierto a los jazmines, / y el cuerpo descansando, fresca el alma, / la luz daba en el libro, diligente, / y un doliente poeta me dec&iacute;a / m&aacute;gicos versos&rdquo; (vv. 43-47). Vemos el goce de los sentidos: la mirada-el balc&oacute;n, el olor- los jazmines; tambi&eacute;n el crecimiento del joven hacia la poes&iacute;a: el libro del doliente poeta es un tributo a Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez y su famoso libro: <em>Poemas m&aacute;gicos y dolientes </em>(1909).<em> </em>Es indudable el influjo de Juan Ram&oacute;n en Brines, como ya se&ntilde;alar&eacute; despu&eacute;s.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; El muchacho est&aacute; enamorado de la poes&iacute;a, descubriendo&nbsp; el secreto de los versos, gu&iacute;a ya del resto de su vida. No hay turbaci&oacute;n ni pecado por el acto sexual solitario, sino complacencia ante el placer de &ldquo;sentir el cuerpo y el alma fresca&rdquo;. Vemos de nuevo la luz y el cuerpo del poeta descansando con un libro, lo que nos recuerda al caballero que piensa en la vida y la muerte mientras lee.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; La luz y la naturaleza en su esplendor: &ldquo;los jazmines&rdquo; (blancos como la pureza), todo est&aacute; poblado de dos mundos que no se contraponen como s&iacute; ocurri&oacute; en <em>Las brasas</em>. El mundo interior: la casa vac&iacute;a, el joven, el libro; el mundo exterior: los jazmines, el balc&oacute;n (puente comunicante de dos mundos).</p>
<p>&nbsp;Vuelve la noche: &ldquo;Olorosa la noche, / llena de estrellas bajas y de fuego, / era el espejo ardiente de mis ojos&rdquo; (vv. 38-40). La noche de la creaci&oacute;n, no es la noche enemiga, sino la que hace crecer y so&ntilde;ar, porque es &ldquo;espejo ardiente de mis ojos&rdquo; (el joven se mira en ella).</p>
<p>&nbsp; Lo dice todav&iacute;a m&aacute;s claro: &ldquo;En el tiempo feliz no hab&iacute;a muerte, / y juntos la pureza y el pecado / descubrieron el mundo m&aacute;s dichoso&rdquo; (vv. 41-43). Esa certeza de la vida plena y gozosa contrasta con la palabra &ldquo;muerte&rdquo;, aun desconocida, pero ya mencionada, como presagio del futuro de la vida.</p>
<p>&nbsp; Lo expresa al final del poema: &ldquo;No hab&iacute;a a&uacute;n verg&uuml;enza de los a&ntilde;os, / ahora que ya conozco que la muerte / existe, y nada sabe&rdquo; (vv. 44-46). Magn&iacute;fica manera de decirnos que la muerte no es trascendencia, no nos encamina a otra vida, todo acaba en la Nada.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Y el final es muy hermoso, incidiendo el poeta en su evocaci&oacute;n de lo vivido: &ldquo;Con todo, en este invierno tan lejano, / hay un calor de vida ya gastada, / la seca aceptaci&oacute;n del mal o la alegr&iacute;a, / un secreto entusiasmo de haber sido&rdquo; (vv.47-50). Incide en el secreto de haber vivido. Si los a&ntilde;os traen &ldquo;verg&uuml;enza&rdquo; y la vida est&aacute; &ldquo;gastada&rdquo;, el poeta afirma que hay aun &ldquo;calor&rdquo;, hay efusi&oacute;n, deseo de proseguir, pese al conocimiento: &ldquo;la seca aceptaci&oacute;n del mal o la alegr&iacute;a&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Merece la pena comentar la visi&oacute;n de Elca, ese para&iacute;so de la infancia que nos regala Jos&eacute; Luis G&oacute;mez Tor&eacute; en <em>La mirada</em> <em>eleg&iacute;aca</em>, dice as&iacute;: &ldquo;V&iacute;ctor Garc&iacute;a de la Concha ha relacionado la visi&oacute;n de la infancia de la poes&iacute;a briniana con la l&iacute;rica de Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Y, tras ello, G&oacute;mez Tor&eacute; desvela ese mundo en el poeta moguere&ntilde;o y alude tambi&eacute;n a Luis Cernuda: &ldquo;En efecto, el poeta de Moguer hab&iacute;a hablado ya de esa divinidad de la infancia, figura sagrada que se identifica con el yo perdido y con el lugar paradis&iacute;aco&rdquo;.</p>
<p>&nbsp; Se refiere el cr&iacute;tico a los <em>Poemas&nbsp; revividos del tiempo de Moguer </em>(J.Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, Cuando yo era un ni&ntilde;odios&rdquo;, Poemas revividos del tiempo de Moguer (1895-1954), Madrid, Artes Gr&aacute;ficas, Luis P&eacute;rez, 1970) y, es cierto, que en esos poemas Juan Ram&oacute;n siente que la infancia es divinidad, lugar y momento que no ha de volver jam&aacute;s.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Luis Cernuda, por otra parte, recuerda en <em>Ocnos</em> la eternidad de la infancia, como nos se&ntilde;ala G&oacute;mez Tor&eacute; en el libro.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Brines, en <em>El oto&ntilde;o de las rosas</em>, busca al ni&ntilde;o perdido, ese ni&ntilde;o feliz, ajeno al pasado (pues a&uacute;n no lo tiene) y exento de pecado. No excluye el poeta la inteligencia como cualidad de lo humano (ya lo vimos en el poema: el joven leyendo). El hombre perdi&oacute; el para&iacute;so de la infancia, pero no ha perdido el milagro del saber, el conocimiento, &uacute;nico eslab&oacute;n de felicidad que le une a ese para&iacute;so (pese a que el saber tambi&eacute;n entrega dolor).</p>
<p>&nbsp; Vayamos a Elca, G&oacute;mez Tor&eacute; desvela qu&eacute; hay detr&aacute;s de ese nombre: &ldquo;Elca, ese t&eacute;rmino del campo de Oliva donde reside secreto el Ed&eacute;n&rdquo;. Y adem&aacute;s nos dice &ldquo;Pero Elca no es s&oacute;lo&nbsp; un&nbsp; lugar concreto&rdquo;, para el cr&iacute;tico &ldquo;ese lugar se convierte para el poeta en el mundo entero&rdquo;. Si quedaba alguna duda de ello, el propio Brines lo confiesa en una entrevista a Luis Antonio de Villena (amigo de Brines y poeta de los &ldquo;nov&iacute;simos&rdquo;) cuando dice: &ldquo;Para m&iacute; ha llegado a simbolizar el espacio del mundo. All&iacute; lo descubr&iacute; deslumbrante y eterno, y cuando la vida&nbsp; me&nbsp; dio&nbsp;&nbsp; una&nbsp; visi&oacute;n&nbsp; nueva,&nbsp; inesperada,&nbsp; de&nbsp; mortalidad, &nbsp;segu&iacute; am&aacute;ndolo desde su p&eacute;rdida, y a&ntilde;orando en &eacute;l su antiguo e imposible enga&ntilde;o divino&rdquo; (Luis Antonio de Villena: &ldquo;Una charla con Francisco Brines&rdquo;, Olvidos de Granada, 13, 1984, pp. 35-36). Todo ello se refleja muy bien en el poema donde el poeta miraba, desde la soledad de su cuerpo, al mundo entero (en la casa de Elca, donde Brines descansaba en verano de un a&ntilde;o escolar en un internado) (Rafael Alfaro, &ldquo;Experiencia de una despedida&rdquo;, Cuadernos de Cultura, 1980, pp. 25-41)</p>
<p>&nbsp; Comentamos seguidamente &ldquo;Collige, virgo, rosas&rdquo; donde har&aacute; menci&oacute;n de nuevo de la noche, creadora de magia en ese instante de la vida.</p>
<p>&nbsp; Vemos al poeta decir a alguien (recurso ya muy utilizado por Brines, en ese di&aacute;logo consigo mismo) que r&iacute;a y goce, tambi&eacute;n que ame. Es muy bello cuando dice en el segundo verso: &ldquo;Y enci&eacute;ndete en la noche que ahora empieza&rdquo;, es una verdadera invocaci&oacute;n a la vida. Si el hombre es &ldquo;luz&rdquo; en la noche, brilla como un &ldquo;astro&rdquo; (hace referencia a esa luz alta que miraba el ni&ntilde;o-Brines). Contin&uacute;a diciendo: &ldquo;y entre tantos amigos (y conmigo) / abre los grandes ojos a la vida / con la avidez preciosa de tus a&ntilde;os&rdquo; (vv. 3-5). Parece que el poeta se refiere a otro cuando apela a ese t&uacute;, pero sabemos que es &eacute;l, desdoblado, vi&eacute;ndose vivir en la noche con un grupo de amigos (tambi&eacute;n existe en el poema el joven, quiz&aacute;s alg&uacute;n amigo de Brines, futuro espejo del poeta).</p>
<p>&nbsp; Dice el poema &ldquo;abre los grandes ojos a la vida / con la avidez preciosa de tus a&ntilde;os&rdquo;. Los grandes ojos son como &ldquo;astros&rdquo; que iluminan al poeta. Resucita as&iacute; el ni&ntilde;o- creador, el ni&ntilde;o-Dios (en palabras de G&oacute;mez Tor&eacute;).</p>
<p>&nbsp; Dice despu&eacute;s: &ldquo;La noche larga, ha de acabar al alba, / y vendr&aacute;n escuadrones de esp&iacute;as con la luz, / se borrar&aacute;n los astros, y tambi&eacute;n el recuerdo, / y la alegr&iacute;a acabar&aacute; en su nada&rdquo; (vv. 6-9). En este poema la &ldquo;luz&rdquo; es negativa, trae la infelicidad, oponi&eacute;ndose a la &ldquo;luz&rdquo; de la infancia, generadora de vida.</p>
<p>&nbsp; Brines utiliza aqu&iacute; los s&iacute;mbolos de sus primeros poemas: la noche, la luz, los astros; pero han cambiado de significado, la noche es alegr&iacute;a y magia, junto con los astros y la luz, sin embargo, trae el infortunio a la vida.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Pese a todo, Brines no desiste&nbsp; cuando dice: &ldquo;Mas aunque aqu&iacute; suceda, / enci&eacute;ndete en la noche&rdquo; (vv. 10-11), la repetici&oacute;n del verso muestra la importancia del acto, el deseo pleno de vivir esos instantes irrepetibles.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; La noche, con todo su sentido, es protagonista del poema. Dice el poeta: &ldquo;pues detr&aacute;s del olvido puede que ella renazca&rdquo;, no est&aacute; seguro, pero piensa que la vida vuelve en cada noche de goce, adem&aacute;s, lo expresa con la hermosura serena que le caracteriza: &ldquo;y la recobres pura, y aumentada en belleza&rdquo; (v. 12), este verso requiere una interpretaci&oacute;n que llena el poema de mayor simbolismo. Es, desde luego, el joven o el ni&ntilde;o que vuelve en esa noche &ldquo;recobrada&rdquo;, lo sabemos por los adjetivos &ldquo;puro y aumentada belleza&rdquo;. El hombre-Brines vuelve a la ni&ntilde;ez en la noche evocada que se repite en el pensamiento.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; El final del poema nos muestra hasta qu&eacute; punto Brines es consciente del dolor, de la p&eacute;rdida, pero no por ello desiste de entregarse a esa noche inolvidable. Dice as&iacute; en esta noche que es la de la muerte, noche antit&eacute;tica de la noche creadora: &ldquo;cuando la noche humana se acabe ya del todo / y venga esa otra luz, rencorosa y extra&ntilde;a, / que antes que t&uacute; conozcas, yo ya habr&eacute; conocido&rdquo; (vv. 15-17). Nos queda claro que ser&aacute; la &uacute;ltima luz, trae la muerte y la Nada, est&aacute; desvestida de trascendencia, ser&aacute; &ldquo;rencorosa y extra&ntilde;a&rdquo; como un enemigo para el hombre.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Da la sensaci&oacute;n que habla a alguien, qued&oacute; claro cuando dijo: &ldquo;la avidez preciosa de los a&ntilde;os&rdquo;. Es ese amigo o ese ni&ntilde;o que vive ahora la vida y que no conoce el dolor. Nos desvela entonces que s&iacute; existi&oacute; un di&aacute;logo hacia alguien que participa en la charla con los amigos. La modestia del poeta se hace evidente, ya que aparece entre par&eacute;ntesis: &ldquo;y entre tantos amigos (y conmigo)&rdquo;. El poeta es uno y es otro, el contemplado por en el paso del tiempo. Magn&iacute;fico poema donde Brines insiste en la alegr&iacute;a del instante y en la meditaci&oacute;n que prosigue a la dicha.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Afirma, con gran sentido com&uacute;n, Jos&eacute; Olivio lo siguiente&nbsp; (en el estudio que se llama <em>La poes&iacute;a de Francisco Brines</em>): &ldquo;Apurando&nbsp; el&nbsp; seno&nbsp; acogedor&nbsp; de&nbsp; la&nbsp; noche, y&nbsp; conjurando&nbsp; el olvido, ser&aacute; posible que la alegr&iacute;a quede vivificada por la voluntad del esp&iacute;ritu&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Si leemos ahora el poema de Luis Cernuda &ldquo;Viendo volver&rdquo; (28) perteneciente a &ldquo;Vivir sin estar viviendo&rdquo; (1944-1949) podemos observar ese di&aacute;logo de Cernuda consigo mismo: &ldquo;Ir&iacute;as y ven&iacute;as / Todo igual, cambiado todo / As&iacute; como t&uacute; eres / El mismo y otro. &iquest;Un r&iacute;o? / A cada instante / No es &eacute;l y diferente?&rdquo;. Hermosos versos que se cargan de simbolismo: el r&iacute;o es la vida cuyo cauce da al mar &ldquo;que es el morir&rdquo; como dijo Jorge Manrique, Cernuda se acerca a la tradici&oacute;n y Brines, en su di&aacute;logo con el amigo joven y consigo mismo bebe del poeta sevillano en su t&eacute;cnica de los espejos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; La &uacute;nica diferencia entre ambos poetas (aparte del estilo y del mundo de la noche que no aparece en el poema de Cernuda) es que el poeta sevillano no tiene ese amigo (el que dialoga con &eacute;, su espejo) que s&iacute; posee Brines. Cernuda se halla solo y as&iacute; lo dice: &ldquo;Impotente, extasiado / Y solo, como un &aacute;rbol, / Le ver&iacute;as, el futuro / So&ntilde;ando, sin presente, / A espera del amigo, / Cuando el amigo es &eacute;l y en &eacute;l espera&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;Y adem&aacute;s Cernuda es consciente que la vida es &ldquo;una burla delicada / Y que debe ignorarlo el mozo hoy&rdquo;. Para el poeta, como para Brines, esa sensaci&oacute;n de dolor no ha de pertenecer al ni&ntilde;o o al joven, porque s&oacute;lo es castigo del adulto.</p>
<p>&nbsp; En &ldquo;Huerto en Marrakech&rdquo;, Brines no solo nos indica el lugar de la dicha, el mundo &aacute;rabe, sino tambi&eacute;n un juego de s&iacute;mbolos que hace enormemente ingenioso el poema: &ldquo;Entr&eacute; en la breve noche para gozar tu huerto: / rinc&oacute;n de madreselva, dos peque&ntilde;os naranjos, / y aquel jazm&iacute;n tan negro, de tanto olor, rodando / la falda del cipr&eacute;s que sabe al cielo&rdquo; (vv. 2-5).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Como vemos, el &ldquo;huerto&rdquo; es s&iacute;mbolo del &ldquo;cuerpo&rdquo; y todo lo que sigue son extensiones del mismo: la madreselva es el vello, los peque&ntilde;os naranjos son los ojos y el jazm&iacute;n es el sexo en toda su plenitud, hasta tal punto es as&iacute; que cita el &ldquo;cipr&eacute;s que sube al cielo&rdquo;, es decir, el &eacute;xtasis amoroso. Como vemos, la naturaleza sirve a Brines para crear un poema &iacute;ntimo, er&oacute;tico y sensual. Pero con ese tacto y esa sutileza que le caracteriza el poema nunca es procaz, sino hermoso y delicado (su sutileza se pone de nuevo de manifiesto, inunda, mejor dicho, todo el libro).</p>
<p>&nbsp; Contin&uacute;a diciendo: &ldquo;Ba&ntilde;&oacute; el &aacute;rbol la luna, y se moj&oacute; mi boca&rdquo; (v.6), de nuevo, el placer, la corriente exultante le arrasa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Despu&eacute;s llega la fatiga: &ldquo;Y qu&eacute; cansados luego las aguas y las rosas, / el cipr&eacute;s, los naranjos, el ladr&oacute;n de aquel huerto. / Y todo fue furtivo: el alba, luego el sue&ntilde;o&rdquo; (vv.7-9). Recoge en este final a los amantes: el cuerpo del amado y el ladr&oacute;n del cuerpo: el amante. Y no hay que olvidar el tiempo: &ldquo;Y todo fue futuro: el alba, luego el sue&ntilde;o&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Vuelve el alba a ser el punto final de lo m&aacute;gico, de la dicha sexual, como en el poema anterior (en aquel el alba trajo la separaci&oacute;n de los amigos y el fin de la fiesta).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Como hemos podido ver el poema es muy h&aacute;bil para enlazar s&iacute;mbolos que emparentan con la tradici&oacute;n simb&oacute;lica de los m&iacute;sticos espa&ntilde;oles, no olvidemos la poes&iacute;a m&iacute;stica (con su traducci&oacute;n er&oacute;tica) de San Juan de la Cruz en la ya famosa interpretaci&oacute;n de la amada como el alma y el amado como Dios. Para Brines, despose&iacute;do de cualquier sentimiento religioso, el simbolismo alcanza altura de hedonismo y paganismo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Hay otros poemas de gran calidad sobre el erotismo, el sexo y la noche (&ldquo;Env&iacute;o del reci&eacute;n llegado&rdquo;, &ldquo;Historias de una sola noche&rdquo;, &ldquo;El triunfo de la carne&rdquo;), pero voy a comentar un poema muy bello que se llama &ldquo;Los veranos&rdquo;, en &eacute;l la evocaci&oacute;n (que est&aacute; en todo el libro) parece paladearse con mayor insistencia y podemos oler ese tiempo de verano que el paso de la vida no devuelve. De nuevo, Brines habla del desnudo, en esa estaci&oacute;n pura de la vida: &ldquo;Est&aacute;bamos desnudos junto al mar,/ y el mar a&uacute;n m&aacute;s desnudo&rdquo; (vv. 2-3). Vemos como Brines&nbsp; enlaza&nbsp; el&nbsp; cuerpo&nbsp; despose&iacute;do de ropajes junto al mar entregado, lugar que nos evoca a ese ba&ntilde;o con los amigos en la ni&ntilde;ez.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Adem&aacute;s, vuelve la mirada: &ldquo;Con los ojos, / y en sus cuerpos &aacute;giles, hac&iacute;amos / la m&aacute;s dicha posesi&oacute;n del mundo&rdquo; (vv. 3-5).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; El mundo les pose&iacute;a y ellos pose&iacute;an al mundo, entrega al un&iacute;sono del mar y el cuerpo, el cuerpo y el mar.</p>
<p>&nbsp; Aparece tambi&eacute;n el adjetivo &ldquo;encendido&rdquo; para referirse a la luna, astro clave en la noche (lugar ideal para gozar): &ldquo;Nos sonaban las voces encendidas de la luna / y era la vida c&aacute;lida y violenta, / ingratos con el sue&ntilde;o transcurr&iacute;amos&rdquo; (vv. 7-8).</p>
<p>&nbsp; Para el poeta, la vigilia es importante, solo as&iacute; puede darse el placer, pues la noche, el mar, los cuerpos desnudos son todos lo mismo: la felicidad. De nuevo el mar: &ldquo;El ritmo tan oscuro de las olas / nos abrazaba eternos, y &eacute;ramos s&oacute;lo tiempo&rdquo; (vv.9-10). Hay que fijarse en estos versos y en la relaci&oacute;n olas-agua&nbsp; y el verbo &ldquo;abrasar&rdquo; como si el agua fuese llama y, adem&aacute;s, eterna.</p>
<p>&nbsp; Los j&oacute;venes al quererse en el agua la hacen arder (porque ella participa de la uni&oacute;n amorosa), el &ldquo;ser s&oacute;lo tiempo&rdquo; nos se&ntilde;ala que eran instante, goce pleno (fuera del concepto de la vida que transcurre). De nuevo los astros: &ldquo;Se borraban los astros en el amanecer/ y, con la luz que fr&iacute;a regresaba/ furioso y delicado se iniciaba el amor&rdquo; (vv. 11-13) Es curioso que Brines aqu&iacute; no rompa el amor con la llegada del alba (como vimos en poemas anteriores) sino que es la rampa de salida, tras el juego de los cuerpos, llega el amor verdadero.</p>
<p>&nbsp; Al final, el poeta valenciano acaba el poema con la sensaci&oacute;n de p&eacute;rdida: &ldquo;Hoy parece un enga&ntilde;o que fu&eacute;semos felices / al modo inmerecido de los dioses / &iexcl;Qu&eacute; extra&ntilde;a y breve fue la juventud!&rdquo; (vv.14-16). Queda un vac&iacute;o, pero tambi&eacute;n la dicha de haber asistido a un momento hermoso de la vida, la tristeza es el resultado siempre de la ef&iacute;mera felicidad. Brines, que no suele usar exclamaciones, las emplea para enfatizar lo perdido, lo irrecuperable.</p>
<p>&nbsp;Su comparaci&oacute;n con los dioses nos llama la atenci&oacute;n (como ya vimos&nbsp; en&nbsp; aquel&nbsp; poema&nbsp; donde&nbsp; el&nbsp; ni&ntilde;o era un dios y no Dios) porque hace referencia al mundo de los griegos, a la mitolog&iacute;a (no olvidemos que ese mundo m&iacute;tico fue invento de los hombres, tras el enga&ntilde;o que supuso su fascinaci&oacute;n vino la infelicidad de descubrir la mentira que hab&iacute;a en ello).</p>
<p>&nbsp; G&oacute;mez Tor&eacute; lo dice claramente: &ldquo;As&iacute;, un poema como &ldquo;Los veranos&rdquo; atribuye a los j&oacute;venes la cualidad de anular el tiempo, cualidad propia tan s&oacute;lo de los dioses&rdquo;. Vemos que el cr&iacute;tico insiste en la felicidad de esa estaci&oacute;n dichosa de la vida, no s&oacute;lo por la carencia del tiempo, sino tambi&eacute;n por la ausencia de culpa o pecado en los momentos de placer.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Considera Tor&eacute; al joven y al ni&ntilde;o uno solo como dice a continuaci&oacute;n (en La mirada eleg&iacute;aca): &ldquo;El ni&ntilde;o y el joven no son sino uno solo. As&iacute; cuando Narciso envejecido mire a aquel primer Narciso contemplar&aacute; a un ser inmortal, ni&ntilde;o o joven, mir&aacute;ndose no en el r&iacute;o de Her&aacute;clito, sino en un mar eternamente renovado&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Ese Narciso es, no cabe duda, el poeta, ensimismado por el tiempo y su imagen que decae y envejece. Pero tambi&eacute;n el demiurgo que posibilita el regreso del ni&ntilde;o y el joven.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Jos&eacute; Olivio en <em>La poes&iacute;a de Francisco Brines</em> se fija tambi&eacute;n en este hermoso poema y en el instante en que describe el amor diciendo: &ldquo;hac&iacute;amos/ la m&aacute;s dichosa posesi&oacute;n del mundo&rdquo;. Para Olivio este verso &ldquo;quedar&aacute; como la siempre vibrante definici&oacute;n de la experiencia amorosa&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Brines evoca el amor puro y adem&aacute;s sit&uacute;a al alba ese &ldquo;furioso y delicado amor que se iniciaba&rdquo;, queda claro que, oponiendo esos dos adjetivos, el poeta da una descripci&oacute;n completa del juego amoroso y nos conduce a Lope de Vega en un famoso soneto, concretamente el n&uacute;m. 126 cuando dice el poeta: &ldquo;Desmayarse, atreverse, estar furioso/ &aacute;spero, tierno, liberal, esquivo/ alentado, mortal, difunto, vivo/ leal, traidor, cobarde y animoso&rdquo; (Lope de Vega, L&iacute;rica, ed. De Jos&eacute; Manuel Blecua, <em>Castalia,</em> 1987). Como vemos, el poeta en el primer cuarteto expresa las condiciones contrarias del amor en un juego de oposiciones.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Terminar&aacute;&nbsp; (para no explayarme en todo el poema, pese a su gran calidad) con estos versos: &ldquo;creer que un cielo en un infierno cabe / dar la vida y el alma a un desenga&ntilde;o / esto es amor. Quien lo prob&oacute; lo sabe&rdquo;. Afirmo que Brines insiste en esta tradici&oacute;n para se&ntilde;alar esas caracter&iacute;sticas opuestas del amor y, desde luego, acierta plenamente.</p>
<p>&nbsp; Finalizo este recorrido por el libro con un poema muy breve, pero destacable por dos aspectos: la aparici&oacute;n de la muerte y la referencia a Dios.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; El poeta dice en &ldquo;F&iacute;sica de la muerte&rdquo;, lo siguiente: &ldquo;Prietas y extensas sombras nos acogen / all&iacute; en las Humedades, fr&iacute;a Nada, / despu&eacute;s que nos fulmina el rayo blanco / del Dios que no sabemos&rdquo; (vv.1-4).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Brines pone en may&uacute;sculas la Nada como el fin de todo, l&iacute;mite de nuestra vida, futuro irremediable. Y adem&aacute;s hace referencia a Dios, pero no en su aspecto apaciguador sino que &ldquo;nos fulmina el rayo blanco&rdquo;. Este verso nos explica parte de su obra, esa insistencia en el enga&ntilde;o, con la vida que fue &ldquo;realmente vivida&rdquo;. El t&iacute;tulo del poema</p>
<p>&ldquo;F&iacute;sica de la muerte&rdquo; rompe cualquier atisbo de trascendencia, el poeta anula as&iacute; al&nbsp;&nbsp; mundo religioso con su afirmaci&oacute;n de un Dios que no conocemos ni podemos ver, sino es a trav&eacute;s de la fe.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Merece la pena terminar los comentarios a este libro, pensando en Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, porque Brines ha le&iacute;do atentamente al poeta moguere&ntilde;o y sabe muy bien que Juan Ram&oacute;n, descre&iacute;do de Dios, busc&oacute; en la conciencia ese lugar para vivir su eternidad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; He seleccionado un poema perteneciente a <em>La estaci&oacute;n</em> <em>total</em>, cuando el poeta dice (el poema se llama &ldquo;El creador sin escape&rdquo; perteneciente a &ldquo;Canciones de una nueva luz&rdquo;): &ldquo;Ense&ntilde;a a dios a ser t&uacute; / S&eacute; solo siempre con todos, / con todo, que puedes serlo. / (Si sigues tu voluntad / un d&iacute;a podr&aacute;s reinarte / solo en medio de tu mundo.) / Solo y contigo, m&aacute;s grande, / m&aacute;s solo que el dios que un d&iacute;a / cre&iacute;ste dios cuando ni&ntilde;o&rdquo;.</p>
<p>&nbsp; Juan Ram&oacute;n expresa su Dios de la conciencia frente al dios (en min&uacute;scula) que ha inventado el mundo. Ese deseo de eternidad quiere vivir en Brines en los instantes evocados en <em>El oto&ntilde;o de las rosas</em>, donde el goce de vivir se manifiesta en toda su extensi&oacute;n, dicha que dar&aacute; lugar, tras su breve paso, a la tristeza del poeta.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; El poeta valenciano se perfecciona con esta obra, nos muestra las aristas de la vida y, consciente de todo lo que se pierde (se canta lo que se pierde, dijo el gran poeta andaluz Antonio Machado) revive el tiempo de la felicidad, haciendo de su canto una eleg&iacute;a magistral.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Su obra no ha de morir, por la alta calidad de sus versos y por la entrega absoluta al mundo con todo el dolor y la alegr&iacute;a que hay en &eacute;l.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>BRINES: LA RELEVANCIA DE UN POETA CONTEMPOR&Aacute;NEO EN NUESTRA POES&Iacute;A ACTUAL</strong></p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp; </strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hombre de verso profundo, pensador de una palabra que ha ido creciendo, donde lo eleg&iacute;aco, el recuerdo de la infancia cobra especial resonancia, la etapa de la felicidad perdida, su obra queda como un gran ejemplo de la relevancia de la lengua espa&ntilde;ola, ya que su obra ha sido traducida a m&uacute;ltiples lenguas y ha interesado a muchos estudiosos extranjeros de la literatura espa&ntilde;ola.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se ha convertido en un referente fundamental para muchos poetas, como Jaime Siles, Vicente Gallego, Carlos Marzal y otros que han destacado su legado y la ineludible necesidad de conocer su obra a todos los amantes de la poes&iacute;a y a todos aquellos que se acerquen a la lengua espa&ntilde;ola, ya&nbsp; que su l&eacute;xico es enriquecedor y supone un interesante acercamiento a todos aquellos que, fascinados por la poes&iacute;a, quieren conocer el espa&ntilde;ol, desde el mundo de la palabra po&eacute;tica.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Brines sigue presente, mientras otros poetas de su Generaci&oacute;n han culminado ya su obra o han muerto, dejando una obra de gran calado existencial y de necesario estudio para todo investigador de la poes&iacute;a de posguerra (Valente, Gil de Biedma, &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez). El poeta valenciano sigue siendo reconocido, premiado&nbsp; y, sin duda alguna, queda todav&iacute;a, pese a que &eacute;l ha confesado en algunas ocasiones que ha puesto fin a su obra, el &uacute;ltimo libro, donde resuma todo lo que ya nos ha legado en libros anteriores, donde la poes&iacute;a, su latido, nos llegue de forma definitiva, siendo ya un referente para futuros poetas y cr&iacute;ticos de poes&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin duda alguna, Francisco Brines nos llega al coraz&oacute;n, penetra con su reflexi&oacute;n vital en nuestras emociones, convirtiendo su obra en un lugar de encuentro con la palabra verdadera, desde el ni&ntilde;o que fue al hombre que lamenta su p&eacute;rdida, la de la inocencia, en una clara armon&iacute;a con el mundo, cuya hermosura es cantada con alegr&iacute;a y tristeza al mismo tiempo, todo un maestro de la poes&iacute;a contempor&aacute;nea.</p>
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<p>BIBLIOGRAF&Iacute;A:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Brines, Francisco: <em>Poes&iacute;a Completa</em> (1960-1997). Tusquets, Barcelona, 1997.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ca&ntilde;as, Dionisio: &ldquo;Francisco Brines, plenitud y entusiasmo de un canto oto&ntilde;al&rdquo;, &Iacute;nsula, n&uacute;m. 485-486, 1987.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cernuda, Luis: Antolog&iacute;a po&eacute;tica, edic, de Jos&eacute; Mar&iacute;a Capote, C&aacute;tedra, Madrid, 1987.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>G&oacute;mez Tor&eacute;, Jos&eacute; Luis: <em>La mirada eleg&iacute;aca, El espacio y la memoria en la poes&iacute;a de</em> <em>Francisco Brines</em>,&nbsp; Pre-Textos, Valencia, 2002</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mart&iacute;n, Francisco Jos&eacute;: <em>El sue&ntilde;o roto de la vida</em>. Aitana editorial, Altea, 1977.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pujante, David: <em>Belleza mojada</em> (La escritura po&eacute;tica de Francisco Brines), Renacimiento, Sevilla, 2004.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Olivio Jim&eacute;nez, Jos&eacute;: <em>La poes&iacute;a de Francisco Brines</em>, Renacimiento, Sevilla, 2001.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 08 Oct 2015 07:24:03 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El novelista más osado de nuestro tiempo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-novelista-mas-osado-de-nuestro-tiempo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2015/octubre/martin500.jpg" alt="" /></p>
<p>Martin Amis (Swansea, Reino Unido, 1949) est&aacute; considerado como uno de los escritores brit&aacute;nicos m&aacute;s relevantes y pol&eacute;micos de nuestros d&iacute;as. Debut&oacute; brillantemente como novelista con <em>El libro de Rachel</em>, galardonada en 1973 con el Premio Somerset Maugham, publicada en Espa&ntilde;a por Anagrama, al igual que <em>Dinero</em>, <em>Campos de Londres</em>, <em>La flecha del tiempo</em>, <em>La informaci&oacute;n</em>, <em>Tren nocturno</em>, <em>Ni&ntilde;os muertos</em>, <em>Perro callejero</em>, <em>La Casa de los Encuentros</em>, <em>La viuda embarazada</em> y <em>Lionel Asbo. El estado de Inglaterra</em>, los relatos de <em>Mar gruesa</em>, los ensayos de <em>Visitando a Mrs. Nabokov</em>, <em>La guerra contra el clich&eacute;</em> y <em>El segundo avi&oacute;n </em>y los libros de car&aacute;cter autobiogr&aacute;fico <em>Experiencia</em> y <em>Koba el Temible</em>.</p>
<p>Esta novela demuestra una vez m&aacute;s que a Martin Amis no le tiembla el pulso a la hora de abordar temas controvertidos. Despu&eacute;s de la demoledora <em>Lionel Asbo</em>. <em>El estado de Inglaterra</em>, que levant&oacute; ampollas por su crudo retrato de lo peor de la sociedad brit&aacute;nica, el autor regresa al nazismo y al Holocausto, que ya hab&iacute;a tratado en <em>La flecha del tiempo</em>. Y lo hace desde un &aacute;ngulo cuando menos sorprendente, cediendo la palabra a los verdugos, y sin renunciar a incomodar al lector con ciertos toques de comedia negra.</p>
<p>Golo, un joven oficial sobrino del jerarca nazi Martin Bormann, llega a un campo de exterminio para trabajar en la puesta en marcha de una f&aacute;brica con mano de obra esclava. Seductor nato, no tarda en quedar prendado de Hannah, la esposa del comandante del campo, el grotesco Paul Doll. Y a este tri&aacute;ngulo se une una cuarta pieza, el Sonderkommando Szmul, es decir, uno de esos jud&iacute;os que colaboraban con los verdugos.</p>
<p>Con la maquinaria de la crueldad como tel&oacute;n de fondo, la novela desarrolla una historia de amor y celos entre funcionarios de la barbarie. Es el marco para indagar en el horror y preguntarse: &iquest;qu&eacute; sucede cuando descubrimos qui&eacute;nes somos en realidad? &iquest;C&oacute;mo podemos llegar a aceptar las consecuencias de nuestros actos?</p>
<p>Envuelta en la pol&eacute;mica y rechazada por algunos de los editores habituales de Martin Amis, inc&oacute;modos con sus planteamientos, <em>La Zona de Inter&eacute;s </em>ha recibido sin embargo una extraordinaria acogida cr&iacute;tica en Estados unidos y Gran Breta&ntilde;a, donde ha sido saludada como una de sus obras mayores.</p>
<p><strong>Martin Amis. La Zona de Inter&eacute;s. Anagrama, 2015</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 02 Oct 2015 07:25:48 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La agonía de un Imperio]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-agonia-de-un-imperio/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2015/octubre/miklos500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>El reino dividido</em> (1940) constituye la tercera y &uacute;ltima entrega de la <em>Trilog&iacute;a transilvana</em> del escritor h&uacute;ngaro Mikl&oacute;s B&aacute;nffy (1873-1950), siendo las dos primeras novelas que la compusieron <em>Los d&iacute;as contados </em>(1934) y <em>Las almas juzgadas </em>(1937), ambas tambi&eacute;n editadas por la editorial barcelonesa Libros del Asteroide (2009 y 2010, respectivamente). El conjunto es una monumental y prodigiosa novela de mil seiscientas p&aacute;ginas que arrastra al lector desde el principio hasta el final tanto por su s&oacute;lida factura narrativa como por el atractivo de sus protagonistas, y por reproducir un per&iacute;odo de la historia europea complejo y apasionante que desemboc&oacute; en la primera gran cat&aacute;strofe del siglo XX (la guerra del 14-18, que tuvo sus inicios en los Balcanes).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mikl&oacute;s B&aacute;nffy, arist&oacute;crata transilvano entregado a las artes &ndash;m&uacute;sico, pintor, dramaturgo, escen&oacute;grafo, memorialista y novelista-, ocup&oacute; cargos diplom&aacute;ticos y pol&iacute;ticos &ndash;tuvo la cartera de ministro de Asuntos Exteriores de Hungr&iacute;a en el periodo de entreguerras. Fracas&oacute; en el empe&ntilde;o de renegociar los Tratados de Trianon, por los que Hungr&iacute;a hubo de ceder una buena parte de sus territorios &ndash;la tierra natal de B&aacute;nffy, entre otros, a Rumania-, y defendi&oacute; a lo largo de su vida la lengua y la cultura h&uacute;ngaras en esta regi&oacute;n centroeuropea. Su obra fue silenciada por los reg&iacute;menes comunistas rumano y h&uacute;ngaro. En fechas recientes, su hija, Katalin B&aacute;nffy-Jelen, tradujo, en colaboraci&oacute;n con Patrick Thursfield, esta <em>Trilog&iacute;a transilvana</em>, iniciando as&iacute; una feliz y necesaria recuperaci&oacute;n de un cl&aacute;sico de los a&ntilde;os 30 del pasado siglo. La versi&oacute;n que ahora han realizado para Libros del Asteroide &Eacute;va Cserh&aacute;ti y Antonio Manuel Fuentes Gavi&ntilde;o, ejecutada en un perfecto castellano, resuelve con soltura pasajes sin duda escritos en densa prosa en el original y no pierde fuelle en ning&uacute;n momento.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el excelente y bien documentado pr&oacute;logo que Mercedes Monmany escribi&oacute; para la edici&oacute;n de <em>Los d&iacute;as contados</em>, recordaba a los lectores espa&ntilde;oles la riqueza cosmopolita y renovadora que Hungr&iacute;a ofreci&oacute; al mundo en los a&ntilde;os en los que escribe B&aacute;nffy, y rememoraba a cineastas emigrados a Estados Unidos como Cukor o Curtiz, o posteriores como Jancs&oacute; o Szab&oacute;; a fot&oacute;grafos como Capa, Kert&eacute;sz o Brassa&iuml;; a m&uacute;sicos como B&aacute;rtok; a historiadores como Hauser; a soci&oacute;logos, fil&oacute;sofos, psicoanalistas... Sin olvidar a S&aacute;ndor M&aacute;rai, importante narrador que estos &uacute;ltimos a&ntilde;os hemos empezado a poder leer en espa&ntilde;ol... Con B&aacute;nffy ten&iacute;a pues una deuda pendiente la edici&oacute;n de nuestro pa&iacute;s. Esta <em>trilog&iacute;a </em>es un buen comienzo, y no puedo evitar aconsejar que se lea en su integridad, y en orden. No digo que no se pueda leer suelto cualquiera de los tres vol&uacute;menes, pero el lector sufrir&aacute; de una doble carencia: no asistir&aacute; al complejo desarrollo psicol&oacute;gico, social y pol&iacute;tico de sus personajes, prescindir&aacute; de muchos matices, y, sobre todo, carecer&aacute; de los datos fundamentales que llenan la historia de Hungr&iacute;a, de Transilvania, de los Balcanes, en el marco del decadente Imperio Austroh&uacute;ngaro entre 1904 y 1914: tensiones entre nacionalidades, etnias, culturas y lenguas, luchas electorales, juegos de pactos y de traiciones, renuncias, componendas de partidos que, por cierto, y no creo empe&ntilde;arme en hilar demasiado fino, tienen bastante actualidad pues asistimos al nacimiento o consolidaci&oacute;n de una partitocracia y de unos cambalaches parlamentarios que al lector de hoy le resultan familiares.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Alg&uacute;n rese&ntilde;ista ha escrito, a prop&oacute;sito de estas novelas, con evidente ligereza, que esos pasajes resultan poco menos que ilegibles, y que puede obviarse su lectura. Nada m&aacute;s lejos de la verdad. En primer lugar, son necesarios para entender la evoluci&oacute;n de los personajes, en particular la del protagonista principal, el conde transilvano, de ideolog&iacute;a liberal, B&aacute;lint Ab&aacute;dy, a trav&eacute;s del cual B&aacute;nffy vierte sin ninguna duda su propia visi&oacute;n del mundo. Por otro lado, gran parte de los nombres y de los personajes que pueblan esas p&aacute;ginas son reales, y nos ayudan a conocer los puntos de vista sociales y pol&iacute;ticos del autor. Un solo ejemplo: basta comparar el an&aacute;lisis que B&aacute;nffy lleva a cabo del pol&iacute;tico h&uacute;ngaro Istv&aacute;n Tisza en esta tercera entrega de la trilog&iacute;a, de elocuente t&iacute;tulo, <em>El reino dividido</em>. El autor despide en la novela a quien detent&oacute; el m&aacute;ximo poder h&uacute;ngaro en los meses previos al estallido de la guerra como un hombre &ldquo;con la mirada perdida en la lejan&iacute;a como si viese el fatal destino del pa&iacute;s. Todo &eacute;l inm&oacute;vil, callado, mordisqueando el cigarro&rdquo;. El lector tambi&eacute;n se queda con esa imagen cargada de duda, de dolor, de dignidad. La novela se detiene ah&iacute;. Nada en el personaje descrito apunta a que Tisza no apoy&oacute; a las minor&iacute;as de su pa&iacute;s y acab&oacute; siendo asesinado en 1918 por un grupo de soldados que lo consideraba un dictador responsable de la hecatombe. Un detalle as&iacute; nos permite conocer con precisi&oacute;n la ideolog&iacute;a liberal de B&aacute;nffy, que se hace patente, como ya he dicho, a trav&eacute;s de su protagonista Ab&aacute;dy, un noble partidario del cooperativismo agrario, de las ayudas al campo, art&iacute;fice de una relaci&oacute;n paternalista, no exenta de sincera generosidad, con sus siervos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>El reino dividido</em> concluye, con la misma brillantez y densidad que hab&iacute;a desarrollado en las entregas anteriores, el devenir personal de B&aacute;lint Ab&aacute;dy, y el de su primo, el tambi&eacute;n noble L&aacute;szl&oacute; Gyer&oacute;ffy, al que casi d&aacute;bamos por muerto al concluir <em>Las almas juzgadas</em>. La historia de este &uacute;ltimo contiene poderosos trazos de desesperaci&oacute;n, de autodestrucci&oacute;n, unos tintes fatales que encuentran, al final, el delicado contrapunto del amor generoso, l&iacute;rico y sin correspondencia de una dulce adolescente que nos emociona como raras veces lo consigue una narraci&oacute;n novelesca. Pero el armaz&oacute;n fundamental, la peripecia que sostiene el complejo edificio de la trilog&iacute;a entera es la relaci&oacute;n entre Ab&aacute;dy y Adrienne Mil&oacute;th, una de esas historias de pasi&oacute;n y de lucha que hacen que de inmediato la obra de B&aacute;nffy se transforme en un cl&aacute;sico indiscutible. El novelista mantiene al lector en vilo hasta las &uacute;ltimas l&iacute;neas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y a una novela de tan alto vuelo no pod&iacute;a faltarle un tipo como P&aacute;l Uzdy, villano, s&aacute;dico, loco, terror&iacute;fico, que atraviesa y destruye una y otra vez las ansias de felicidad de la pareja principal tanto desde dentro como desde fuera de la escena, a veces no sabemos si s&oacute;lo por maligna voluntad o impelido por fuerzas desconocidas de las que &eacute;l mismo acaba siendo la principal v&iacute;ctima. Ni pod&iacute;an faltarle tampoco secundarios de una pieza, como las poderosas y r&iacute;gidas representantes de la vieja nobleza condenada a desaparecer, temibles viudas, las madres de Ab&aacute;dy y de Uzdy, esculpidas en granito, tan fieras en sus discursos como en sus silencios.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta <em>Trilog&iacute;a transilvana</em> a la que da cierre<em> El reino dividido</em> posee, como recordaba Mercedes Monmany, la importancia de <em>El Gatopardo </em>de Lampedusa, de la magna obra de Proust, o de <em>La marcha Radetzky </em>de Joseph Roth. Es, adem&aacute;s, un canto a la dignidad humana y al honor entendidos en su m&aacute;s amplio alcance.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>El reino dividido. Escrito en la pared. Trilog&iacute;a transilvana III,</em> traducci&oacute;n del h&uacute;ngaro de &Eacute;va Cserhati y Antonio Manuel Fuentes Gavi&ntilde;o, Barcelona, Libros del Asteroide, 2010.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 02 Oct 2015 07:01:23 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ni metaliteratura ni secuela (de la sospecha)]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/ni-metaliteratura-ni-secuela-de-la-sospecha/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2015/octubre/enriquevila500.jpg" alt="" /></p>
<p>&ldquo;Viaj&eacute; a Barcelona tal vez para estar m&aacute;s cerca de Vila-Matas (...). Qui&eacute;n sabe. Suena rid&iacute;culo, pero aunque no lo conozco, quiero estar cerca de &eacute;l&rdquo;. Lo escribe Claudia Apablaza en una de las primeras p&aacute;ginas de su novedoso <em>Diario de las especies</em> (Barataria, 2010). Bueno, en realidad lo escribe el personaje de A.A., la joven escritora chilena, <em>alter ego</em> de la autora, que hace en su blog un encendido acto de autoafirmaci&oacute;n literaria y autorial a trav&eacute;s de un acto de fe en la escritura de Vila-Matas. Claro, que, en realidad, este Vila-Matas es solo un personaje m&aacute;s en la ficci&oacute;n de la chilena, un personaje que recibe sus cartas y que tiene una buhardilla, una buhardilla que est&aacute; en un edificio que es el objetivo &ldquo;real&rdquo; de un ataque imaginario (&ldquo;imagin&eacute; que eso quedara en mi biograf&iacute;a&rdquo;, dice) con manzanas por parte de A.A., y todo para &ldquo;asesinar la bulla y el miedo que produjo &eacute;l en mi cabeza&rdquo;.</p>
<p>Perfecta definici&oacute;n de las desazones literarias (la bulla y el miedo) que genera Enrique Vila-Matas. La bulla de esos personajes en la espera, de los niveles narrativos (un autor que se lee a s&iacute; mismo como cr&iacute;tico que habla y escribe notas al margen de un art&iacute;culo sobre un autor admirado dentro de un texto que aparenta ser narraci&oacute;n ficcional &ndash;tiene su t&iacute;tulo, &ldquo;La espera&rdquo;- pero se articula como un falso diario que se organiza en muchas ocasiones como un ensayo), de los autores falsos y reales, de las prologuistas existentes e inexistentes, de las universidades verdaderas, de las falacias, de las ilusiones, de las pistas que no conducen a ninguna resoluci&oacute;n, de los equ&iacute;vocos, de los juegos, del lenguaje, de los juegos del lenguaje, del humor (Vila-Matas es un humorista triste, como Kafka), de la conciencia hiperagudizada de la escritura. De las teor&iacute;as. Y el miedo al tiempo, a la mentira, al doble que nos habita y que termina desdobl&aacute;ndose interminablemente en legi&oacute;n, a los que no llegan a buscarnos, a la muerte del autor (la de Barthes, pero tambi&eacute;n la real, la de los hospitales as&eacute;pticos y los &oacute;rganos vitales envenenados), a no llegar, a no comprender, a estar participando en un concierto sin partitura, a quedar &ndash;s&oacute;lo, o por fin, o afortunadamente- &ldquo;convertido ya en el protagonista de mi relato&rdquo; .</p>
<p>Hace ya tiempo que se instaur&oacute; en los estudios literarios un cierto af&aacute;n de rechazo a la teor&iacute;a. Y no me refiero solo entre los creadores (solo en los ultim&iacute;simos a&ntilde;os se est&aacute; recuperando el des-ahogo de la reflexi&oacute;n en los autores literarios, frente a generaciones de rechazo casi patol&oacute;gico), sino en los estudios literarios como disciplina (y se publican libros con t&iacute;tulos como <em>After Theory</em> o <em>Against Theory</em>), . Algo parece apuntar la ficci&oacute;n de Vila-Matas: la culpa es de los franceses. De los sesentayochistas, de los izquierdosos de sal&oacute;n, de los fil&oacute;sofos airados. Qui&eacute;n lo vivi&oacute;, lo sabe. Encontrar una teor&iacute;a para despu&eacute;s perderla, esa es la soluci&oacute;n. Y la soluci&oacute;n se materializa en un taxista de Lyon perdido en las calles pero que acierta con las preguntas importantes (&ldquo;que no est&aacute; seguro de nada, ni siquiera de ser un taxista de Lyon&rdquo;), en un escritor a quien le gusta jugar a sentirse otro, en un escritor-esperador que hace acopio de fe en el presente (&ldquo;La alegr&iacute;a, al igual que la espera, hay que entenderla como afirmaci&oacute;n del presente, sin nostalgia del pasado ni temor al futuro&rdquo;), en reflexiones que se hacen vivas (&ldquo;y acab&eacute; reflexionando sobre una &eacute;poca de mi juventud en la que las teor&iacute;as literarias ten&iacute;an mucho peso&rdquo;), en teor&iacute;as que jam&aacute;s deben preceder a la pr&aacute;ctica (&ldquo;... hacer teor&iacute;a al andar. Y andar para m&iacute; es escribir directamente una novela, que es un modo muy directo de hacer teor&iacute;a&rdquo;). Y, entonces, la teor&iacute;a, los rasgos esenciales, irrenunciables, de la novela del futuro: la intertextualidad, las conexiones con la alta poes&iacute;a, la escritura vista como un reloj que avanza, la victoria del estilo sobre la trama, la conciencia de un paisaje moral ruinoso. Y despu&eacute;s, Gracq, Duras, Roussel, Blanchot, Bloom camuflado (&ldquo;Porque no nos enga&ntilde;emos: escribimos siempre despu&eacute;s de otros&rdquo;), Sterne, Cervantes, Rabelais, Montaigne. Y la mir&iacute;ada autores &ldquo;contempor&aacute;neos&rdquo; de Vila-Matas, tanto en el tiempo real como en el espacio creativo que es su propia tradici&oacute;n. El libro se convierte entonces en un ensayo m&aacute;s alineado en las costumbres del g&eacute;nero, pero que no renuncia a establecer di&aacute;logos constantes con otras formas narrativas. Se multiplican los ejemplos, los di&aacute;logos, las citas, los t&iacute;tulos, las reflexiones (esto no es nuevo, por supuesto, esto es Vila-Matas siempre). Y se desarrollan demoradamente los cinco rasgos esenciales del proyecto te&oacute;rico (que, en realidad, consiste en perder toda teor&iacute;a) el autor. Y se olvidan &ndash;o quedan en suspenso- los trece puntos que son/eran indispensable para escribir una novela tal y como aparecen en <em>Par&iacute;s no se acaba nunca</em>, aquellos puntos que le entreg&oacute; Margerite Duras al autor en un trozo de papel. Qu&eacute; m&aacute;s da. Perder un papel no significa que se pierdan los papeles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lectura, sue&ntilde;o, espera. Ocultaci&oacute;n. El escritor es al final un invitado a un hotel donde nadie va a recibirle. Y entonces, escribe para tomar partido ante una situaci&oacute;n &ldquo;de impotencia del individuo frente a la m&aacute;quina devastadora del poder, del sistema pol&iacute;tico&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Enrique Vila-Matas, <em>Perder teor&iacute;as</em>, pr&oacute;logo de Liz Themerson, Barcelona, Seix Barral, 2010.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 02 Oct 2015 06:37:49 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Halfon, príncipe de los cuentos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/halfon-principe-de-los-cuentos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2015/halfon500.jpg" alt="" /></p>
<p>Eduardo Halfon (Guatemala, 1971) es uno de los mejores escritores latinoamericanos de su generaci&oacute;n. La calidad de sus libros y la favorable recepci&oacute;n de la cr&iacute;tica internacional as&iacute; lo acreditan. Traducido al ingl&eacute;s, franc&eacute;s, alem&aacute;n, italiano, serbio, portugu&eacute;s y holand&eacute;s, entre sus obras m&aacute;s recientes destacaremos &ldquo;El boxeador polaco&rdquo; (2008), &ldquo;La pirueta&rdquo; (2010) y &ldquo;Monasterio&rdquo; (2014).</p>
<p>Eduardo Halfon, que actualmente es profesor y escritor residente en Nueva York, nos ofrece en &ldquo;Signor Hoffman&rdquo; una nueva y brillante pieza de su proyecto literario. Cada uno de los relatos que componen este libro se mueve entre dos polos: de lo cosmopolita a lo rural, del viaje mundano al viaje interior, de la identidad que adoptamos para salvarnos al disfraz que con el tiempo vamos personificando: de se&ntilde;or Halfon a signor Hoffman.</p>
<p>&nbsp;En estos cuentos encontramos a un escritor que viaja a Italia para honrar la memoria de su abuelo polaco, prisionero en Auschwitz; recorre las costas de Guatemala, desde una playa de arena negra en el Pac&iacute;fico hasta una playa de arena blanca en el Atl&aacute;ntico; llega a Harlem, tras la nostalgia de un sal&oacute;n de jazz; y busca en Polonia el legado familiar heredado por su abuelo. Porque todos nuestros viajes, como dice el narrador, son en realidad un solo viaje.</p>
<p>Como bien ha se&ntilde;alado la revista francesa &ldquo;L&rsquo;express&rdquo;: &ldquo;Eduardo Halfon es el pr&iacute;ncipe del desv&iacute;o, de la atenuaci&oacute;n y del final inesperado. Los cuentos son el terreno de juego favorito de este jud&iacute;o guatemalteco, que mezcla brillantemente la autobiograf&iacute;a, el humor y la fantas&iacute;a&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Eduardo Halfon. <em>Signor Hoffman</em>. Libros del Asteroide, 2015.</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 24 Sep 2015 10:36:57 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Presocráticas del XXI]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/presocraticas-del-xxi/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2015/octubre/estheramon.jpg" alt="" /></p>
<p>&ldquo;Se posan en olas de nieve, muy quietas, vuelan por dentro, quedan varadas en esta orilla que nunca existe&ldquo;, escribe Esther Ram&oacute;n (Madrid, 1970). Pero, &iquest;quienes <em>vuelan por dentro</em>, posadas sobre la nieve&hellip;?</p>
<p>Tanto Esther, como Lila Zemborain (Buenos Aires, 1955), han compuesto sus recientes poemarios en condiciones extremas de fr&iacute;o, que las abocaron a una quietud atenta. En cuanto a &ldquo;esta orilla que nunca existe<em>&rdquo;</em> donde quedan varadas, es, sin duda, la orilla de esa <em>terra inc&oacute;gnita</em> que cada una ha ido abriendo a golpes de palabra.&nbsp; Me refiero a la sorpresa de descubrir en el sexto libro de Esther Ram&oacute;n, <em>Desfr&iacute;o</em>, un paisaje en el que para entrar a fondo, has de rehacerlo vocablo a vocablo con tu imaginaci&oacute;n, como un ciego que asiste a un filme sonoro.</p>
<p>&iquest;Por qu&eacute;? Porque no hay un &ldquo;yo l&iacute;rico&rdquo; para guiarte por un paisaje que sea mero reflejo de su estado de &aacute;nimo &ndash;como quer&iacute;an los rom&aacute;nticos-, sino un mundo inaudito, pululante de voces de la naturaleza, donde las palabras se emiten desde otro lugar. As&iacute;, las piedras cuentan memorias de imantaci&oacute;n, y las plantas dejan o&iacute;r el silencio de su rumiar sin boca. O un p&aacute;jaro desobediente &ndash;quiz&aacute;s t&uacute; mismo, lector- desoye a la bandada, no migra y solitario pasta la nieve.</p>
<p>El yo po&eacute;tico -confirma Esther Ram&oacute;n- ya no surge directamente de la emoci&oacute;n de un yo, sino que a veces se configura formando una estructura determinada, requiriendo en cada libro un "cuerpo" distinto, un mundo para explorar<strong>.</strong> Pienso en sus anteriores t&iacute;tulos que aluden a otras tantas materias, sustancias, elementos de la naturaleza: <em>Tundra</em>, <em>Reses</em>, G<em>ris&uacute;</em>, <em>Sales</em>, <em>Caza con hurones</em>&hellip;</p>
<p>Desde esa premisa com&uacute;n: convertir al yo po&eacute;tico a la vez en territorio de exploraci&oacute;n y en explorador de ese territorio, Lila Zemborain rastrea en su s&eacute;ptimo y crucial libro: <em>Materia blanda </em>(Amargord, 2014), un &ldquo;cuerpo&rdquo; ya no mineral o animal, sino humano: la masa de materia blanda del cerebro y su relaci&oacute;n con los procesos mentales.</p>
<p>La intriga por conocer aquello que esta debajo y no se ve, pero que digita todos los movimientos &ndash;so<em>y </em>&ldquo;lo que el cerebro me permite ser&rdquo;- se le impone como una compulsi&oacute;n. Insistente, el tema busca explicitarse a trav&eacute;s de la escritura hasta cuajar un ritmo, mediante el cual, con precisi&oacute;n e intensidad van apareciendo las ideas y los vocablos necesarios para decirse.&nbsp; Muchos de ellos del l&eacute;xico cient&iacute;fico, con los que acu&ntilde;a un lenguaje deudor de Proust y su revelaci&oacute;n de que lo abyecto &ndash;&oacute;rganos, gl&aacute;ndulas, v&iacute;sceras- puede ser bello.</p>
<p>Magn&eacute;tica, esa corriente verbal mima el encadenamiento de las sinapsis, para develar los atavismos y pasiones de la mente. Con ello, crea un poema de sorprendente fuerza y belleza, dividido en cuatro cantos, como si de una presocr&aacute;tica del siglo XXI se tratara.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esther Ram&oacute;n, <em>Desfr&iacute;o</em>, Varasek ediciones, Madrid 2015&nbsp; y Lila Zemborain, <em>Materia blanda</em>, Amargord, Madrid 2014.&nbsp;&nbsp;&nbsp; <strong></strong></p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 24 Sep 2015 10:27:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sebastião Alba, el vagabundo ilustrado]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/sebastiao-alba-el-vagabundo-ilustrado/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2015/octubre/sebastiao500.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>Sebasti&atilde;o Alba</strong>, seud&oacute;nimo de Dinis Albano Carneiro Gon&ccedil;alves, nace en la bella ciudad de Braga, noroeste de Portugal, el 11 de marzo de 1940. En 1949, junto a su familia, emigra a Mozambique, pa&iacute;s en el que vivir&aacute; durante 35 a&ntilde;os y donde ejercer&aacute; de profesor, periodista e incluso pol&iacute;tico. En 1965 publica <em>Poesias</em>, su primer libro, tras el que siguen <em>O ritmo do press&aacute;gio</em> (1974) y <em>A noite dividida</em> (1982). Desenga&ntilde;ado con la situaci&oacute;n pol&iacute;tica de Mozambique, en 1983 regresa a su ciudad natal, iniciando una vida de aut&eacute;ntica bohemia y voluntario vagabundaje, durmiendo en estaciones de autobuses, pensiones miserables o casas de amigos. La poes&iacute;a de Alba, al igual que su vida, es un elogio y una reivindicaci&oacute;n de la libertad, de la libertad de la palabra po&eacute;tica: la originalidad de sus poemas radica en un feliz equilibrio entre la rigurosa sobriedad de su estructura y el impulso musical, tel&uacute;rico e inefable del que nacen; en la b&uacute;squeda lograda de una palabra limpia, despojada de barreras ideol&oacute;gicas o sociales, nueva y primitiva a la vez, sin miedo a los abismos. Tras publicar en 1996<em> </em>su poes&iacute;a completa en la editorial lisboeta Ass&iacute;rio &amp; Alvim, el 14 de octubre de 2000, a las siete de la ma&ntilde;ana, en Braga y tras una de sus frecuentes borracheras, Sebasti&atilde;o Alba es atropellado, falleciendo en el acto; poco antes de morir, y a modo de premonici&oacute;n, Alba le hab&iacute;a entregado un papel a su amigo Verg&iacute;lio Alberto Vieira, tambi&eacute;n escritor, en el que le dec&iacute;a: &ldquo;<em>si encuentran muerto a tu hermano Dinis, el expolio es f&aacute;cil de verificar: dos zapatos, la ropa sobre el cuerpo y algunos papeles que la polic&iacute;a no entender&aacute;</em>&rdquo;; tratemos de apreciar este ramillete de poemas, cuya traducci&oacute;n es de mi autor&iacute;a y que, hasta donde llegan mis investigaciones, supone la primera aproximaci&oacute;n a la poes&iacute;a de Sebasti&atilde;o Alba en lengua castellana.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>NADIE AMOR M&Iacute;O</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nadie amor m&iacute;o</p>
<p>Nadie conoce el sol como nosotros</p>
<p>Pueden utilizarlo en los espejos</p>
<p>borrar con &eacute;l</p>
<p>los barcos de papel de nuestros lagos</p>
<p>lo pueden obligar a detenerse</p>
<p>a la entrada de las casas m&aacute;s bajas</p>
<p>pueden hacer incluso</p>
<p>que la noche gravite</p>
<p>del mismo lado hoy</p>
<p>Pero nadie amor m&iacute;o</p>
<p>nadie conoce el sol como nosotros</p>
<p>Hasta que el sol deg&uuml;elle</p>
<p>el horizonte en el que uno por uno</p>
<p>nos recuestan</p>
<p>vend&aacute;ndonos los ojos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>EL L&Iacute;MITE DI&Aacute;FANO</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me muevo en los bastidores de la poes&iacute;a,</p>
<p>y me ruborizo si la escucho levemente.</p>
<p>Pero el pan de cada d&iacute;a</p>
<p>por la noche est&aacute; consumido,</p>
<p>y la siguiente alborada</p>
<p>ba&ntilde;a sus escorias.</p>
<p>&iexcl;Palco apenas el de mi muerte,</p>
<p>si fuese en la cama!,</p>
<p>con su aseo sin derramamiento&hellip;</p>
<p>El lado del que duermo</p>
<p>es un l&iacute;mite di&aacute;fano:</p>
<p>all&iacute; los versos espigan.</p>
<p>Eso me basta. Despierto</p>
<p>antes de que la mies quede madura</p>
<p>y en la extensi&oacute;n planeen,</p>
<p>de Van Gogh, los cuervos.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>SEGURO DE QUE VUELVES, CANCI&Oacute;N</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Seguro de que vuelves, canci&oacute;n,</p>
<p>a incierta hora,</p>
<p>espero, como quien vive</p>
<p>solo, la visita.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>S&eacute;, por se&ntilde;ales y &aacute;ngeles y desviados,</p>
<p>que brotas de los sue&ntilde;os desolados</p>
<p>en flores en el suelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Apenas flores, ni siquiera nimbos en la solapa.</p>
<p>Flores para la mesa,</p>
<p>con el olor de la certeza</p>
<p>de agua, vino y pan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Apenas flores y t&uacute;,</p>
<p>oh mi amor sin nombre,</p>
<p>y nuestro doble hambre</p>
<p>de un ni&ntilde;o desnudo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>COMO LOS OTROS</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como los otros disc&iacute;pulo de la noche</p>
<p>frente a su cuadro negro que es</p>
<p>exterior a la m&uacute;sica desnudo el reflejo</p>
<p>soy uno y deslustrado</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me doy las manos en el estrecho</p>
<p>pasaje de los d&iacute;as</p>
<p>por el caf&eacute; de la ciudad adoptiva</p>
<p>los pasos discordando</p>
<p>incluso entre s&iacute;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las cosas son su morada</p>
<p>y hay entre m&iacute; y m&iacute; un oscuro limbo</p>
<p>pero es en esa disyunci&oacute;n el istmo de la poes&iacute;a</p>
<p>con sus grutas sinf&oacute;nicas</p>
<p>en el mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>NECESITO CUALQUIER OBJETO</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Necesito cualquier objeto de los tuyos, una cosa de la que ya te puedas deshacer, pero que haya sido tuya, para llevar conmigo, en estos d&iacute;as.</p>
<p>No recuerdo si te cont&eacute; que el escritor norteamericano Ernest Hemmingway andaba siempre con una pata de conejo en el bolsillo. Los antepasados de tu padre, los m&iacute;os, eran magos, brujos, fetichistas.</p>
<p>D&eacute;jalo ah&iacute; en la puerta, he de verlo, querida.</p>
<p>Vendr&eacute; siempre con una carta para ti. Cuando no venga, ser&aacute; porque las campanas de Braga me estaban ensordeciendo, y fui a dar una vuelta.</p>
<p>Toma aqu&iacute; el roc&iacute;o y la rosa, amor m&iacute;o.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>NO SOY ANTERIOR A LA ELECCI&Oacute;N</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No soy anterior a la elecci&oacute;n</p>
<p>o nexo del oficio</p>
<p>Nada en m&iacute; comenz&oacute; por un acorde</p>
<p>Escribo con saliva</p>
<p>y el holl&iacute;n de la noche</p>
<p>en medio del mobiliario</p>
<p>indesviable</p>
<p>atento a la efusi&oacute;n</p>
<p>de la niebla en la sala.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>DEJA QUE ENTREN EN EL POEMA</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una palabra que est&aacute; siempre en la boca se convierte en baba.</em></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Proverbio burund&eacute;s</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Deja que entren en el poema</p>
<p>algunos clich&eacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sometidos a la experiencia inefable,</p>
<p>su carga (&iquest;el&eacute;ctrica?)</p>
<p>desaparecer&aacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No hay una fosa com&uacute;n para las palabras</p>
<p>deca&iacute;das,</p>
<p>un diccionario en el infierno;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>deja apenas que afloren</p>
<p>a la claridad,</p>
<p>y nada les insufles. Mira:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>no soportan la belleza</p>
<p>que las circunda, se abisman</p>
<p>en su rid&iacute;culo.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>COMO SI EL MAR</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quiero la muerte sin un defecto.</p>
<p>Sin planos blancos.</p>
<p>Sin que luces min&uacute;sculas se apaguen</p>
<p>dentro de los ruidos.</p>
<p>Tampoco la quiero providencial,</p>
<p>con un &aacute;ngel vengador y secret&iacute;simo</p>
<p>al fin posado.</p>
<p>Ninguna mitolog&iacute;a. Ninguna</p>
<p>complacencia po&eacute;tica. Del tipo: como si el mar</p>
<p>me soplase en los o&iacute;dos&hellip; etc.</p>
<p>Sino s&uacute;bita y civil,</p>
<p>con reparticiones abiertas,</p>
<p>comercio, la luz graduada</p>
<p>en las altas paredes</p>
<p>de un buen d&iacute;a sonoro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&Uacute;LTIMO POEMA</strong></p>
<p>A&nbsp;Jorge Viegas</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En estos lugares desguarnecidos</p>
<p>y en lo alto limpios en el aire</p>
<p>como las bocas de los t&uacute;mulos</p>
<p>&iquest;de qu&eacute; nos sirve ya pulir m&aacute;s s&iacute;mbolos?&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;De qu&eacute; nos sirve ya en los tejados</p>
<p>acanalar las aguas de gritos</p>
<p>y con ellos barrer el cielo</p>
<p>(o con los haces de luar que devolvemos)?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Es o no es el &uacute;ltimo vuelo</p>
<p>b&iacute;blico de la paloma?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que sin horizonte esperamos</p>
<p>en nuestro arca donde hace ya milenios se acumulan</p>
<p>las ramas podridas de la esperanza.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 24 Sep 2015 10:04:03 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Inquietantes iluminaciones sobre la condición humana]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/inquietantes-iluminaciones-sobre-la-condicion-humana/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/angelolgoso500.jpg" alt="" /></p>
<p>El escritor granadino &Aacute;ngel Olgoso (C&uacute;llar Vega, 1961) es autor de numerosos libros de relatos. Tambi&eacute;n ha publicado el poemario <em>Ukigumo</em> y se le considera un maestro del microrrelato, que cultiva desde finales de los a&ntilde;os setenta del pasado siglo.</p>
<p><em>Breviario negro</em> es el nuevo libro de &Aacute;ngel Olgoso y en &eacute;l afirma su dominio de lo extra&ntilde;o, trasciende el g&eacute;nero del relato y consigue con plenitud la resonancia sombr&iacute;a, seg&uacute;n destaca Jos&eacute; Mar&iacute;a Merino en el pr&oacute;logo. Breviario negro renueva la innegable riqueza imaginativa del autor en historias de particular fuerza y belleza expresiva, fruto de su constante b&uacute;squeda de tramas originales, escenarios sorprendentes y perspectivas ins&oacute;litas.</p>
<p>Los sue&ntilde;os, lo ominoso, el tiempo, el horror, lo tel&uacute;rico y lo legendario se nos revelan en unas piezas inquietantes. Esta joya de la narrativa breve, alentada por lo poem&aacute;tico y lo filos&oacute;fico, plantea interrogantes al lector, pero tambi&eacute;n ilumina, aunque sea con luz oscura, la permanente condici&oacute;n humana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&Aacute;ngel Olgoso. <em>Breviario negro</em>. Menoscuarto, 2015</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 18 Sep 2015 09:46:30 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poemas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/poeta/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2015/Septiembre/eugenio500.jpg" alt="" /></p>
<p>Eugenio Montale naci&oacute; en G&eacute;nova en 1896 y muri&oacute; en Mil&aacute;n en 1981.</p>
<p>Entre otros libros, ha publicado: <em>Ossi di sepia</em>, <em>Le occasioni</em> y <em>La bufera e altro</em>.</p>
<p>En espa&ntilde;ol: <em>Las ocasiones</em>, Ediciones Igitur, Montblanc, Tarragona, 2006.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UN POETA</strong></p>
<p>Poco hilo me queda, pero espero hallar el modo</p>
<p>de dedicar al pr&oacute;ximo tirano</p>
<p>mis pobres c&aacute;rmenes. No me pedir&aacute; que me abra las venas</p>
<p>como Ner&oacute;n a Lucano. Querr&aacute; una alabanza espont&aacute;nea</p>
<p>surgida de un coraz&oacute;n agradecido</p>
<p>y la tendr&aacute; en abundancia. Podr&eacute; igualmente</p>
<p>dejar huella duradera. En poes&iacute;a</p>
<p>lo que cuenta no es el contenido</p>
<p>sino la Forma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>DUERMEVELA</strong></p>
<p>El sue&ntilde;o tarda en venir</p>
<p>luego me llegar&aacute; sin preaviso.</p>
<p>Afuera deber&iacute;a suceder algo</p>
<p>para demostrarme que el mundo existe y que</p>
<p>los supuestos vivos no est&aacute;n todos muertos.</p>
<p>Los aculturizados, los poetas, los locos,</p>
<p>los coches, los negocios, las opiniones,</p>
<p>&iexcl;qu&eacute; nauseabunda olla podrida!</p>
<p>&iexcl;Y yo all&iacute; dentro metido hasta los pelos!</p>
<p>Esta vez la piedad vence a la risa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>PARA TERMINAR</strong><br /> <br /> Recomiendo a mis herederos<br /> (si es que existen) en cuestiones literarias,<br /> lo que es improbable, que hagan<br /> una buena hoguera con todo lo que ata&ntilde;e<br /> a mi vida, mis hechos y no hechos.<br /> No soy un Leopardi, dejo poco para quemar<br /> y ya es demasiado vivir a porcentaje.<br /> Viv&iacute; al cinco por ciento, no aument&eacute;is<br /> la dosis. Con demasiada frecuencia, en cambio, llueve<br /> sobre mojado.</p>
<p><br /> <strong>NO ME CANSO&hellip;</strong><br /> <br /> No me canso de decirle a mi entrenador:<br /> tira la toalla,<br /> pero &eacute;l no oye nada porque ni en el ring ni fuera<br /> jam&aacute;s se lo ha visto.<br /> Quiz&aacute;, a su manera, trata de salvarme<br /> del deshonor. Que se preocupe tanto<br /> por m&iacute;, el idiota, o yo sea su buf&oacute;n<br /> me tiene en vilo entre la gratitud<br /> y la furia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><br /> <strong>EL <em>T&Uacute;</em></strong><br /> <br /> Los cr&iacute;ticos repiten,<br /> despistados por m&iacute;,<br /> que mi<em> t&uacute;</em> es una instituci&oacute;n.<br /> Si no fuera por mi culpa sabr&iacute;an<br /> que en m&iacute; los muchos son uno aunque aparezcan<br /> multiplicados por los espejos. Lo malo<br /> es que el p&aacute;jaro apresado en la red<br /> no sabe si &eacute;l es &eacute;l o uno de sus demasiados<br /> duplicados.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 18 Sep 2015 09:34:44 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una novela repleta de sutilezas y secretos escondidos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-novela-repleta-de-sutilezas-y-secretos-escondidos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2015/faveron500.jpg" alt="" /></p>
<p>El escritor peruano Gustavo Faver&oacute;n Patriau (Lima, 1966, es doctor en literaturas hispanas por la Cornell University y actualmente trabaja como profesor asociado en Bowdoin College, Maine, donde dirige el Programa de Estudios Latinoamericanos. La editorial Candaya ha publicado este a&ntilde;o su novela <em>El anticuario</em>.</p>
<p>En su superficie, <em>El anticuario</em> es un misterio g&oacute;tico y una novela de enigma &ldquo;deliciosamente macabra&rdquo; seg&uacute;n el peri&oacute;dico <em>The New York Times</em>. M&aacute;s adentro, es una profunda interrogaci&oacute;n sobre la locura y el poder de la palabra. Una historia de homicidios seriales, mensajes cifrados y coleccionistas de antig&uuml;edades, en la que se reflexiona sobre los l&iacute;mites entre lo p&uacute;blico y lo privado en un pa&iacute;s de postguerra.</p>
<p>En <em>El anticuario</em> se nos cuenta la historia de Daniel, que lleva a&ntilde;os encerrado en una cl&iacute;nica psiqui&aacute;trica acusado de un crimen terrible y que ahora es sospechoso de otro. Para demostrar su inocencia necesitar&aacute; la ayuda de un amigo, experto en patolog&iacute;as del lenguaje.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Gustavo Faver&oacute;n Patriau.<em> El anticuario</em>. Candaya, 2015.</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 11 Sep 2015 10:08:50 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una voz propia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-voz-propia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2015/macias500.jpg" alt="" /> <em></em></p>
<p><em>Sucede en la voz de otros (apuntes mundanos de poes&iacute;a)</em> reclama y reivindica y nos convierte (al autor tambi&eacute;n) en lectores, pero no desde aburridas teorizaciones o desde aquella buenista convenci&oacute;n de que el receptor crea el poema junto al emisor de este. Juan Manuel Mac&iacute;as barre convencionalismos de todo tipo, desde g&eacute;neros, clasificaciones y taxonom&iacute;as existentes, a corrientes, categor&iacute;as y modas tan insulsas como la de los poetas j&oacute;venes y la del escritor enfermo de escritura.</p>
<p>Ciertamente, es una desmitificaci&oacute;n mitificadora del poeta como un ser habitual, Juan Manuel no desea ser una m&aacute;scara, por ello despierta la literatura como a los sabios de <em>Ball of Fire</em> (Hawks, 1941). A trav&eacute;s de una prosa -y no es que por ello no sea poes&iacute;a, ni que la &ldquo;poes&iacute;a en prosa&rdquo; fuera un perjurio, ni para la poes&iacute;a ni para la prosa., pues mediante esa prosa cuidad&iacute;sima, delicada, elegante, perfectamente sincopada y dulce, inocente, pero a la vez ir&oacute;nica y humor&iacute;stica y cotidiana cuando debe, nos adentramos en peque&ntilde;as c&aacute;psulas po&eacute;ticas: filias, fobias, recuerdos, ilusiones, sue&ntilde;os, destellos, lecciones de helenismo y literatura&hellip; pero ante todo, asombro, sensaci&oacute;n a la que apela Juan Manuel siguiendo a Borges. Y recuperando el juego y el verdadero yo, a lo Gerardo Diego, vamos atisbando en estos pecios que cobran unidad en esta agrupaci&oacute;n, una honda reflexi&oacute;n sobre la mundanidad y derrumbes literarios y sobre el ser humano, desvelando nuestra naturaleza ficcional, m&aacute;s profunda de lo que podemos asimilar. Incluso se atisbar&iacute;an ficcionalizaciones vitales-literarias cuasi unamunianas en la existencia de &ldquo;Juana&rdquo; y en las desviaciones de &ldquo;Las impropias traducciones&rdquo;.</p>
<p>Tambi&eacute;n es una lectura, que por la buena nostalgia y melancol&iacute;a, rejuvenece y provoca benevolencia por el pasado; y perd&oacute;n y comprensi&oacute;n amable por ese ser que fuimos, desde destruir sonetos, a emocionarse con una sola maraca. Al columpio que bien podr&iacute;a haber sido al que subiera Dylan Thomas.</p>
<p>Y de hecho, es tanta la positiva ligereza que desprende esta obra, que yo invitar&iacute;a a leerla (y no porque mi primera lectura fuera as&iacute;) dej&aacute;ndose llevar por el vuelo de la casualidad y el encuentro fortuito, abri&eacute;ndolo al azar. Y esta preferencia y sugerencia de lectura no pretende ir disfrazada de vanguardismos caducados y trasnochados. Solo del misterio que debe tener una voz propia. Y si puede ser oral, mejor. Maravillosa invitaci&oacute;n a la recuperaci&oacute;n de la oralidad, o puede que la &uacute;nica y verdadera realidad f&iacute;sica para el poema.</p>
<p>Y gracias a todo es un viaje, una sutil odisea en plena verbena por qui&eacute;n fue el autor y por qui&eacute;n hemos sido: desde arque&oacute;logos troyanos a helenistas, por islas sofonisbas, los Parises de Mar&iacute;a, y macedonias con la mujer dormida. Y King Crimson de fondo aderezado con <em>parsley, sage, rosemary and thyme.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Juan Manuel Mac&iacute;as, <em>Sucede en la voz de otros (apuntes mundanos de poes&iacute;a). </em>Ediciones de la Isla de Siltol&aacute;, Sevilla, 2015.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 10 Sep 2015 06:29:39 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Modiano, el Proust de nuestro tiempo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/modiano-el-proust-de-nuestro-tiempo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2015/libropatrick500.jpg" alt="" /></p>
<p>El escritor franc&eacute;s Patrick Modiano (Boulogne-Billancourt,1945) es uno de los mejores novelistas contempor&aacute;neos y recibi&oacute; en 2014 el Premio Nobel de Literatura. La editorial Anagrama ha publicado todas sus &uacute;ltimas novelas y est&aacute; tambi&eacute;n traduciendo, en excelentes versiones de Maite Gallego, sus libros m&aacute;s significativos. Uno de ellos es este <em>Ropero de la infancia</em>, publicado originalmente en 1989.</p>
<p>Por las p&aacute;ginas de <em>Ropero de la infancia</em> asoman personajes &ndash;la americana muerta, el ch&oacute;fer guardaespaldas&hellip;- y escenarios &ndash;caf&eacute;s, habitaciones de hotel, viejos teatros- que son fantasmag&oacute;ricas piezas del rompecabezas de la memoria. Modiano en estado puro, una narraci&oacute;n en la que aparentemente apenas sucede nada, pero en cuyas entra&ntilde;as se esconde un thriller, un drama existencial, una historia de amor, la evocaci&oacute;n de los demonios del pasado&hellip; Una literatura de lo latente, de lo entrevisto, hecha de miradas y silencios. Una novela llena de matices y ambig&uuml;edades que nos atrapa para siempre en sus redes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Patrick Modiano.<em> Ropero de la infancia</em>. Anagrama, 2015. </strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 04 Sep 2015 09:44:58 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Última salida: indignación. Sobre la eliminación de los ciudadanos en las democracias]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/ultima-salida-indignacion-sobre-la-eliminacion-de-los-ciudadanos-en-las-democracias/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas15/Septiembre/sloterdijk500.jpg" alt="" /></p>
<p>Siempre que pol&iacute;ticos y polit&oacute;logos reflexionan sobre la situaci&oacute;n de una <em>res publica</em> moderna parece que se sienten obligados a aludir a la antigua Roma. Esto le sucedi&oacute; tambi&eacute;n hace poco al desventurado ministro de Asuntos Exteriores alem&aacute;n cuando, para criticar el Estado social de nuestro pa&iacute;s, a sus ojos demasiado opulento, se le ocurri&oacute; la idea de comparar las condiciones actuales con los momentos bajos de la &ldquo;decadencia romana&rdquo;. No ha habido modo de averiguar qu&eacute; quiso decir realmente con ello. Quiz&aacute; le rondaran el &aacute;nimo vagos recuerdos del sistema de <em>management</em> imperial de la plebe mediante luchas de gladiadores, es posible que pensara tambi&eacute;n en los donativos obligatorios de cereales para las masas sin trabajo de la antigua metr&oacute;polis. Ambas cosas ser&iacute;an ecos de aquella apresurada ense&ntilde;anza de la historia de la que gozaron la mayor&iacute;a de los alumnos de ense&ntilde;anza media alemanes de la promoci&oacute;n de 1961 (Westerwelle<a title="" href="#_ftn2">[2]</a> entre otros). No contienen nada que pudiera inquietar.</p>
<p>De todos modos la referencia a la &ldquo;decadencia romana&rdquo; en boca de un pol&iacute;tico alem&aacute;n no fue solo un s&iacute;ntoma de la caracter&iacute;stica formaci&oacute;n superficial de esa clase de gente. Tampoco fue simplemente un s&iacute;ntoma de osad&iacute;a verbal para impresionar a una cierta clientela. Encerraba una serie de peligrosas implicaciones que sin duda el orador habr&iacute;a evitado si hubiera sido consciente de ellas.</p>
<p>Pues el sistema romano de <em>panem et circenses</em>, pan y juegos, pan y circo, constituye nada menos que la primera configuraci&oacute;n de lo que desde el siglo XX se llama &ldquo;cultura de masas&rdquo;. Simboliza el giro de la grave Rep&uacute;blica de senadores al estado teatral postrepublicano, en cuyo centro hab&iacute;a un buf&oacute;n. Este giro se hizo inevitable desde que el Imperio romano, tras su conversi&oacute;n en monarqu&iacute;a cesarina, se orient&oacute; cada vez m&aacute;s a la eliminaci&oacute;n del Senado y del pueblo de la regulaci&oacute;n de los asuntos p&uacute;blicos. Desde este punto de vista la muy citada decadencia romana no fue otra cosa que la otra cara de la eliminaci&oacute;n pol&iacute;tica de los ciudadanos que conllev&oacute; la toma del poder por una junta de pol&iacute;ticos imperiales de profesi&oacute;n. Y que solo puede entenderse adecuadamente si se reconoce en ella el s&iacute;ntoma de la disoluci&oacute;n de la vida republicana en administraci&oacute;n y distracci&oacute;n. Mientras la administraci&oacute;n del Imperio se enredaba progresivamente en formalismos se fue imponiendo por el lado de la diversi&oacute;n &ndash;sobre todo en los circos en torno al Mediterr&aacute;neo y en las fiestas de la clase alta metropolitana- la tendencia al embrutecimiento y a la desinhibici&oacute;n. La conjunci&oacute;n de estado de administraci&oacute;n y estado de distracci&oacute;n era la respuesta a una situaci&oacute;n universal en la que el ejercicio del poder solo pod&iacute;a asegurarse ya por una amplia despolitizaci&oacute;n de los habitantes del Imperio.</p>
<p>Jugar con reminiscencias romanas remueve m&aacute;s pronto o m&aacute;s tarde materia peligrosa. Quien menciona a Roma dice a la vez <em>res publica</em> y quien habla de esta no deber&iacute;a dejar de preguntar por el secreto de sus inicios. Por mucho que los c&eacute;sares siguieran refrendando sus decretos con la f&oacute;rmula sacralizada <em>Senatus Populusque Romanus </em>(SPQR), &ldquo;senado y pueblo romano&rdquo;, era claramente constatable que ambas instancias estaban desposeidas de poder casi por completo. Intentemos, pues, explicar c&oacute;mo sucedi&oacute; que la &ldquo;cosa p&uacute;blica&rdquo; ejemplar de la vieja Europa comenzara con una tormenta pasional digna de considerar: el hijo del &uacute;ltimo rey romano-etrusco, Tarquinius Superbus junior, se fij&oacute; en los encantos de una joven matrona romana, de nombre Lucrecia, tras haberse enterado de su belleza y recato por las fanfarronadas de su propio esposo Collatinus. Est&aacute; claro que no quer&iacute;a aceptar que un subordinado hubiera de ser er&oacute;ticamente m&aacute;s feliz que &eacute;l mismo, el v&aacute;stago de una casa imperial. El resto es conocido gracias a la historia universal de Tito Livio y a la literatura universal de Shakespeare: el joven Tarquinio se introdujo en la vivienda romana de Lucrecia y la oblig&oacute; mediante un chantaje infame a acceder a su violaci&oacute;n. Tras la deshonra padecida la joven dama reuni&oacute; a sus parientes, les inform&oacute; de los hechos y se apu&ntilde;al&oacute; ante los ojos de los reunidos. Una ola inusitada de conmoci&oacute;n transform&oacute; el hasta entonces inofensivo pueblo de pastores y labriegos de los romanos en una multitud revolucionaria. Tarquinio el Soberbio es expulsado, la hegemon&iacute;a etrusca se acaba para siempre. Nunca m&aacute;s se soportar&aacute;n soberbios a la cabeza de la comunidad. El nombre del rey se proscribir&aacute; para siempre, no solo <em>ad personam</em>, sino en lo que se refiere tambi&eacute;n a la funci&oacute;n mon&aacute;rquica como tal.</p>
<p>De la convulsi&oacute;n de los ciudadanos surge una idea de grandes consecuencias: en adelante la direcci&oacute;n de la comunidad ser&aacute; ejercida solo por romanos y se producir&aacute; pragm&aacute;tica y profanamente. Dos c&oacute;nsules se mantendr&aacute;n mutuamente en jaque, su reelecci&oacute;n anual evitar&aacute; toda nueva confusi&oacute;n entre cargo y persona. Excepto el or&aacute;culo del Estado, sin el que nada funciona, tampoco en la rep&uacute;blica, la superestructura religiosa implosiona; la <em>superbia</em> real queda desterrada para siempre. Las energ&iacute;as positivas de la soberbia son reducidas al formato de la b&uacute;squeda de prestigio por la excelencia, como es habitual en las meritocracias. Debido a estas resoluciones se pone en marcha el a&ntilde;o 509 a. C. la maquinaria republicana m&aacute;s inteligentemente construida de la historia de la humanidad; que por el a&ntilde;adido posterior del cargo de tribuno popular consigue un grado insuperable de eficiencia. Comienza una historia de &eacute;xito sin par hasta que casi medio milenio despu&eacute;s la hiperdilataci&oacute;n del complejo romano de poder forz&oacute; el paso a unas relaciones neo-mon&aacute;rquicas.</p>
<p>El lector actual de esta historia habr&iacute;a de retener una informaci&oacute;n significativa: la leyenda de Lucrecia trata del nacimiento de la <em>res publica</em> a partir del esp&iacute;ritu de la indignaci&oacute;n. Lo que m&aacute;s tarde se llamar&aacute; espacio p&uacute;blico es en su origen un epifen&oacute;meno de la ira ciudadana. A partir del enfado de una multitud confluente se form&oacute; el primer foro. El primer orden del d&iacute;a conten&iacute;a solo un punto: el rechazo de una infamia desp&oacute;tica. Por su irritaci&oacute;n sincr&oacute;nica por la desenfrenada soberbia de los gobernantes las gentes sencillas se dieron cuenta de que a partir de entonces quer&iacute;an llamarse ciudadanos. El <em>consensus</em> con el que comienza todo lo que hasta hoy llamamos vida p&uacute;blica fue la unanimidad civil respecto a una insoportable afrenta a las leyes no escritas de la decencia y del coraz&oacute;n.</p>
<p>Por expresar una vez m&aacute;s lo determinante: lo que ahora circunscribimos con la expresi&oacute;n griega &ldquo;pol&iacute;tica&rdquo; es un derivado del sentido del honor y de los sentimientos de orgullo de personas normales. Para el espectro de los afectos afines al orgullo la tradici&oacute;n paleoeuropea tiene pronta la expresi&oacute;n <em>thym&oacute;s</em> <a title="" href="#_ftn3">[3]</a>. En la escala tim&oacute;tica de la psique humana resuenan muchos tonos: desde jovialidad, benevolencia y generosidad, pasando por orgullo, ambici&oacute;n y despecho, hasta indignaci&oacute;n, ira, resentimiento, odio y desprecio. Mientras una comuna pol&iacute;tica sea dirigida por su centro de orgullo las cuestiones de honor y prestigio est&aacute;n en el foco de la atenci&oacute;n general. La inviolabilidad de la dignidad civil rige como bien supremo. La suspicacia p&uacute;blica vela porque la arrogancia y la avaricia, las siempre virulentas fuerzas fundamentales de la infamia, no se impongan nunca en la <em>res publica</em>.</p>
<p>Deber&iacute;a estar claro por qu&eacute; no es inocuo hablar en nuestros d&iacute;as de decadencia romana y equiparar con ella circunstancias actuales. Quien habla as&iacute; se declara <em>implicite</em> en favor del parecer o de la sospecha de que tambi&eacute;n a la rep&uacute;blica moderna &ndash;tal como surgi&oacute; hace m&aacute;s de doscientos a&ntilde;os de la ira antimon&aacute;rquica de las revoluciones americana y francesa- le seguir&aacute; a su debido tiempo una fase postrepublicana. Tambi&eacute;n esta se caracterizar&iacute;a t&iacute;picamente por la uni&oacute;n de pan y circo o, por hablar de acuerdo a los tiempos, por una sinergia de Estado social e industria de la sensaci&oacute;n. No se puede negar que indicios de tal econom&iacute;a doble los hay por todas partes. &iquest;No vemos desde hace alg&uacute;n tiempo signos que hablan de la involuci&oacute;n de la vida p&uacute;blica en administraci&oacute;n y entretenimiento, aislamiento t&eacute;rmico para ministerios y <em>casting-shows</em> para ambiciones? &iquest;No ha conquistado discretamente las centrales de los partidos y los seminarios de sociolog&iacute;a del hemisferio occidental el discurso, proveniente de Gran Breta&ntilde;a<a title="" href="#_ftn4">[4]</a>, de la &ldquo;postdemocracia&rdquo;, es decir, la idea de que la participaci&oacute;n ciudadana se puede ahorrar por la superior competencia de quienes toman las altas decisiones pol&iacute;ticas? &iquest;No son ya innumerables las personas que como hicieron un d&iacute;a los antiguos estoicos y epic&uacute;reos han vuelto a poner a cubierto su existencia ante el hecho de que la burocracia, el espect&aacute;culo y las colecciones privadas se&ntilde;alen ahora los &uacute;ltimos horizontes?</p>
<p>De estas consideraciones podr&iacute;a sacarse la precipitada conclusi&oacute;n de que las tendencias postdemocr&aacute;ticas se habr&iacute;an impuesto ya en toda l&iacute;nea en el ocaso de la segunda era republicana, la que llam&aacute;bamos la modernidad pol&iacute;tica. Entonces, a nosotros, habitantes de la segunda <em>res publica amissa</em> (de la segunda rep&uacute;blica abandonada), no volver&iacute;a a quedarnos otra cosa que esperar a los c&eacute;sares... o a sus ediciones baratas, los populistas, en tanto el populismo suministra hoy la prueba de que el cesarismo tambi&eacute;n funciona con comparsas. &iquest;Es posible, pues, que tuviera raz&oacute;n Oswald Spengler con su peligrosa sugerencia de que hay que ser un te&oacute;rico de la decadencia para como diagnosticador del tiempo estar a la altura de las circunstancias?</p>
<p>Pero por muy incitantes que sean consideraciones raps&oacute;dicas de este tipo: en este asunto estamos mejor aconsejados si no nos dejamos arrastrar por el <em>&eacute;lan</em> de la gran analog&iacute;a. Es verdad que no faltan indicios de que avanzamos hacia circunstancias postrepublicanas y postdemocr&aacute;ticas. Cuyo s&iacute;ntoma m&aacute;s significativo, la nueva eliminaci&oacute;n de los ciudadanos mediante una estatalidad monol&oacute;gica encerrada en s&iacute; misma, puede diagnosticarse hoy en numerosos frentes. La l&iacute;nea actual del gobierno negro-amarillo [cristianodem&oacute;cratas y liberales] en cuestiones de energ&iacute;a at&oacute;mica muestra que la pol&iacute;tica se va pareciendo cada vez m&aacute;s en este pa&iacute;s [Alemania] al mon&oacute;logo de un club de autistas.</p>
<p>Pero habr&aacute; de sentirse defraudado quien crea que la eliminaci&oacute;n de los ciudadanos en esta segunda situaci&oacute;n post-republicana se producir&aacute; tan sin dificultades como se llev&oacute; a cabo tras el establecimiento del antiguo r&eacute;gimen de los c&eacute;sares. En este punto la analog&iacute;a hist&oacute;rica no es concluyente; por un motivo del que como mejor se informa uno sigue siendo por fuentes antiguas. Los autores cl&aacute;sicos de Grecia, que consideraban al ser humano un ser movido a la vez por el eros y por el orgullo, pose&iacute;an una comprensi&oacute;n mucho m&aacute;s profunda de &eacute;l que los modernos, dado que la mayor&iacute;a de estos &uacute;ltimos se han contentado con interpretar la psique humana solo a partir de la libido, de la carencia y del af&aacute;n de posesi&oacute;n. Sobre cuestiones de orgullo y honor no se les ocurre nada desde hace ya m&aacute;s de cien a&ntilde;os. No extra&ntilde;a, pues, que tanto pol&iacute;ticos como psic&oacute;logos no sepan qu&eacute; hacer hoy en cuanto tienen que v&eacute;rselas con conmociones p&uacute;blicas de esos olvidados componentes de orgullo del patrimonio an&iacute;mico humano. Quien contempla el panorama de las agitaciones pol&iacute;ticas en Europa, deber&iacute;a darse cuenta inmediatamente de una cosa: si hoy, a pesar de toda la cantidad de expertocracia y cultura de entretenimiento que se ofrece, no se consigue del todo la eliminaci&oacute;n de los ciudadanos es porque se ha echado la cuenta sin el orgullo de los ciudadanos.</p>
<p>De repente vuelve a aparecer en el escenario &eacute;l, el citoyen&nbsp; tim&oacute;tico, el ciudadano consciente y seguro de s&iacute; mismo, informado, dispuesto a colaborar en planteamientos y decisiones, masculino y femenino, y ante el tribunal de la opini&oacute;n p&uacute;blica presenta sus quejas por la malograda representaci&oacute;n de sus deseos y conocimientos en el sistema pol&iacute;tico actual. Ah&iacute; est&aacute; de nuevo &eacute;l, ese ciudadano que sigue siendo capaz de indignarse porque a pesar de todos los intentos de adiestrarlo para ser un fardo de libido ha conservado su sentido de autoafirmaci&oacute;n, y que manifiesta esas cualidades llevando su disidencia a las plazas p&uacute;blicas. Como de la noche a la ma&ntilde;ana &eacute;l est&aacute; de nuevo entre nosotros, ese ciudadano inc&oacute;modo que se niega a ser un omn&iacute;voro pol&iacute;tico, conformista y alejado de opiniones &ldquo;no serviciales&rdquo;. Hac&iacute;a tiempo que no se le ve&iacute;a, a ese ciudadano informado e indignado al que de repente, no se entiende c&oacute;mo, se le ocurre la idea de referir a s&iacute; mismo el art&iacute;culo 20, par&aacute;grafo 2 de la Constituci&oacute;n, seg&uacute;n el cual todo poder estatal sale del pueblo. &iquest;Qu&eacute; ha sucedido en &eacute;l para que entienda el misterioso verbo constitucional &ldquo;salir&rdquo; como una indicaci&oacute;n para abandonar sus cuatro paredes con el fin de manifestar lo que quiere y sabe y teme?</p>
<p>En momentos como el actual no est&aacute; mal recordar que la misma <em>res publica</em> originaria fue un derivado de los afectos psicopol&iacute;ticos primarios orgullo e indignaci&oacute;n. Como se ha hecho notar, en el origen del sentimiento romano de comunidad estuvo la no-disposici&oacute;n a tolerar por m&aacute;s tiempo la arrogancia de los gobernantes, devenida ya demasiado crasa. A pesar de todas las diferencias entre situaciones antiguas y modernas no hay que buscar durante mucho tiempo el aspecto comparable. Tambi&eacute;n hay hoy innumerables ciudadanos que ven motivos para irritarse por la arrogancia de los gobernantes. Aunque la arrogancia se haya hecho an&oacute;nima y se oculte en sistemas que funcionan movidos por las circunstancias, los ciudadanos, sobre todo en su calidad de contribuyentes y de destinatarios de grandes discursos preelectorales, sienten de vez en cuando con suficiente claridad qu&eacute; juego se trae con ellos.</p>
<p>&iquest;Entendemos ahora c&oacute;mo el sue&ntilde;o de los sistemas produce monstruos? Los monstruos son los ciudadanos de carne y hueso que se oponen al mandamiento postdemocr&aacute;tico de eliminaci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a. Habr&aacute; que admitir que esta repentina renitencia necesita explicaci&oacute;n. &iquest;Por qu&eacute; de repente las personas no pueden permanecer tranquilas en los lugares pensados para ellas? &iquest;Por qu&eacute; ya no se puede contar con su letargia, importante para el sistema? &iquest;Y qu&eacute; hay en su funci&oacute;n que sea tan dif&iacute;cil de entender? En la democracia representativa los ciudadanos &ndash;a parte de sus enormes obligaciones fiscales- son utilizados primordialmente como suministradores de legitimidad a los gobiernos. Por eso se les invita, a grandes intervalos, al ejercicio de su derecho de voto. En el intermedio pueden hacerse &uacute;tiles ante todo por su pasividad. Su tarea m&aacute;s noble consiste en expresar por el silencio su confianza en el sistema.</p>
<p>Conform&eacute;monos por cortes&iacute;a con la constataci&oacute;n de que tal confianza se ha convertido en un recurso escaso. Incluso polit&oacute;logos cortesanos berlineses hablan del claro distanciamiento entre la clase pol&iacute;tica y la poblaci&oacute;n. Todav&iacute;a se arredran los expertos ante el duro diagn&oacute;stico seg&uacute;n el cual la pol&iacute;tica de la &uacute;til despolitizaci&oacute;n del pueblo est&aacute; abocada al fracaso.</p>
<p>En este punto puede ser oportuno preguntar c&oacute;mo se las arreglaron los romanos de la &eacute;poca de los c&eacute;sares para conseguir la despolitizaci&oacute;n, mientras que a los electos postdem&oacute;cratas de hoy amenaza con &iacute;rseles de las manos. La respuesta se encuentra sin rodeos: las &eacute;lites de la &eacute;poca cesarina gozaron durante mucho tiempo de la posibilidad de hacer ofertas sustitutivas, m&aacute;s o menos &uacute;tiles, a las reivindicaciones tim&oacute;ticas de su ciudadan&iacute;a; a pesar de s&iacute;ntomas contundentes de decadencia postrepublicana: supieron c&oacute;mo despertar en el <em>civis romanus</em> el orgullo por las consecuciones civilizatorias del imperio; mediante <em>soft power</em> romano vincularon al centro los pueblos de la periferia; fueron lo suficientemente inteligentes como para conseguir que las masas inestables de las ciudades participaran en el narcisismo teatral del culto al C&eacute;sar. En comparaci&oacute;n con ello salta a la vista la torpeza de nuestra clase pol&iacute;tica en todos los aspectos importantes del abanico tim&oacute;tico. A menudo ya no tiene otra cosa que ofrecer a los ciudadanos que la perspectiva de participaci&oacute;n en su propia miseria: una oferta que por regla general la poblaci&oacute;n solo acepta en carnaval y en los discursos del mi&eacute;rcoles de ceniza<a title="" href="#_ftn5">[5]</a>. Cuando se plantea la cuesti&oacute;n de c&oacute;mo reacciona la mayor&iacute;a del pueblo a la <em>performance</em> de los gobernantes, la mayor parte de las veces los investigadores de opini&oacute;n constatan desde hace alg&uacute;n tiempo: con desprecio. Innecesario decir que esa palabra pertenece al vocabulario elemental del an&aacute;lisis tim&oacute;tico. Que la denominaci&oacute;n del polo negativo de la escala del orgullo se utilice tan a menudo y tan intensamente como se utiliza ahora tendr&iacute;a que hacer comprensible en qu&eacute; medida la regulaci&oacute;n psicopol&iacute;tica de nuestra comunidad se est&aacute; saliendo de control.</p>
<p>[...]</p>
<p>Quien en medio de las pol&eacute;micas intenta mantener la tranquilidad del observador consigue una imagen que conjunta en una escena coherente los diferentes focos de conflicto: en numerosos frentes se ven los mismos reflejos de b&uacute;nker ante la posible perturbaci&oacute;n de las rutinas, el mismo recurso al <em>mobbing</em><a title="" href="#_ftn6">[6]</a> contra quienes sostienen &ldquo;opiniones indeseadas&rdquo;, el mismo malestar porque tomen la palabra los no convocados, la misma confusi&oacute;n entre obstrucci&oacute;n y firmeza de car&aacute;cter.</p>
<p>De tanta insensibilidad inveterada solo se puede salir por un an&aacute;lisis m&aacute;s exacto del sistema pol&iacute;tico y sus paradojas. Este an&aacute;lisis comenzar&iacute;a con la explicaci&oacute;n de por qu&eacute; la moderna democracia representativa, por regla general, no est&aacute; en condiciones de conseguir lo que parece que los c&eacute;sares lograron f&aacute;cilmente: estos fueron capaces durante siglos de conectar el imperativo sist&eacute;mico de la eliminaci&oacute;n postrepublicana de los ciudadanos con el imperativo psicopol&iacute;tico de la satisfacci&oacute;n tim&oacute;tica de los ciudadanos. Los modernos fracasan en esa tarea desde que la triqui&ntilde;uela de la autoexaltaci&oacute;n nacional ya no les resulta tan f&aacute;cil de utilizar como hace cien a&ntilde;os. Por eso solo les quedan dos salidas, de las que una es econ&oacute;micamente ruinosa y la otra psicopol&iacute;ticamente imprevisible: la eliminaci&oacute;n de los ciudadanos mediante recompensas porque se est&eacute;n quietos y la paralizaci&oacute;n de los ciudadanos mediante resignaci&oacute;n. C&oacute;mo funcionan las recompensas lo sabe cualquiera que observe los debates actuales sobre el Estado mantenedor. Tampoco es ning&uacute;n secreto c&oacute;mo se llega a la resignaci&oacute;n. Superficialmente la resignaci&oacute;n se parece a la satisfacci&oacute;n bajo un buen gobierno. Se diferencia de ella por un estado de &aacute;nimo molesto, pero desalentado, porque considera que los de arriba son todos iguales en el fondo. En un clima as&iacute; las participaciones electorales pueden caer por debajo del cincuenta por ciento, como es habitual en EE. UU., sin que la clase pol&iacute;tica vea por ello motivo de preocupaci&oacute;n alguno.</p>
<p>La eliminaci&oacute;n de los ciudadanos por resignaci&oacute;n es un juego con fuego porque en cualquier momento puede tornarse en su contrario: en la abierta indignaci&oacute;n y manifiesta ira de los ciudadanos. Una vez que la ira encuentra un objetivo es dif&iacute;cil ya desviarla de &eacute;l. Para la clase pol&iacute;tica se a&ntilde;ade el agravante de que la moderna exclusi&oacute;n del ciudadano se quiere presentar como &ldquo;inclusi&oacute;n&rdquo; del ciudadano. Cuya despolitizaci&oacute;n tiene que seguir unida a tanta politizaci&oacute;n restante como sea necesaria para la autorreproducci&oacute;n del aparato pol&iacute;tico.</p>
<p>Desde ning&uacute;n punto de vista los ciudadanos de nuestro hemisferio est&aacute;n tan exclu&iacute;dos como en su condici&oacute;n de contribuyentes. El Estado moderno ha conseguido imponer a sus miembros en el momento de su contribuci&oacute;n m&aacute;s material a la comunidad, en el instante de sus ingresos en la caja com&uacute;n, el papel m&aacute;s pasivo que puede adjudicar: en lugar de resaltar la calidad de donantes de los pagadores y de acentuar respetuosamente el car&aacute;cter de donativos de los impuestos, los Estados modernos fiscales agobian a sus contribuyentes con la humillante ficci&oacute;n de que tienen deudas masivas con la caja p&uacute;blica, deudas tan grandes que solo pueden saldar a plazos durante toda su vida. En el centro del moderno acontecer de la eliminaci&oacute;n del ciudadano se encuentra un sistema de impuestos construido de modo completamente equivocado desde el punto de vista psicopol&iacute;tico. Que hurta el orgullo a los ciudadanos fiscalmente activos y los empuja a la posici&oacute;n de eternos deudores del Leviat&aacute;n. Mientras m&aacute;s capaces de rendimientos se muestren m&aacute;s dinero deben, mientras m&aacute;s tienen para dar m&aacute;s est&aacute;n en negativo. Por lo dem&aacute;s, &uacute;ltimamente los ciudadanos fiscales est&aacute;n condenados a la pasividad no solo en el instante de su pago a la caja comunitaria, sufren una pasividad de segundo grado desde que el Estado les ha encadenado alevosamente a la galera de las deudas p&uacute;blicas. Sin entender c&oacute;mo les ha sucedido, los dadores se ven implicados en una comunidad de destino de nuevo cu&ntilde;o. Desde ya mismo constituyen un grupo de deuda colectiva que ma&ntilde;ana y hasta su &uacute;ltimo aliento pagar&aacute; por lo que les cargan los eliminadores de los ciudadanos de hoy. Y no se diga que la pol&iacute;tica actual ya no tiene imaginaci&oacute;n. Todav&iacute;a hay una utop&iacute;a para nuestra comunidad: si la suerte est&aacute; de nuestro lado y todos hacen todo lo que est&aacute; en su poder, al final se conseguir&aacute; incluso lo imposible, evitar la bancarrota del Estado. Desde ahora ella es la estrella roja en el cielo vespertino de la democracia.</p>
<p>Desde la crisis financiera, aparecida en 2008, innumerables comentarios han evocado la peligrosidad de la especulaci&oacute;n en los mercados financieros. Pero nunca se habl&oacute; de la m&aacute;s peligrosa de las especulaciones: la mayor&iacute;a de los Estados actuales especulan, sin dejarse escarmentar por crisis alguna, con la pasividad de los ciudadanos. Los gobiernos occidentales apuestan porque la mayor&iacute;a de sus ciudadanos sigan decidi&eacute;ndose por el entretenimiento; los orientales apuestan por la inquebrantable efectividad de la represi&oacute;n abierta. No hace falta ser profeta para imaginar en qu&eacute; medida el futuro estar&aacute; determinado por la competencia entre el modo euro-americano y el chino de exclusi&oacute;n o eliminaci&oacute;n de los ciudadanos. Ambos procederes parten de que si se sigue contando con una alta pasividad de los ciudadanos se puede eludir el mandamiento ilustrado de la representaci&oacute;n de la voluntad positiva y del buen saber hacer de los ciudadanos en la actuaci&oacute;n del Estado. Hasta ahora esto ha funcionado sorprendentemente bien: incluso tras la fracasada conferencia clim&aacute;tica mundial de Copenhague, en aquel fatal diciembre de 2009 los ciudadanos de Europa prefirieron dedicarse a sus compras navide&ntilde;as m&aacute;s que a la pol&iacute;tica; prefirieron llegar a casa con bolsas llenas en lugar de embrear y emplumar, al menos simb&oacute;licamente, como hubieran merecido, a sus &ldquo;representantes&rdquo;, que volvieron con las manos vac&iacute;as.</p>
<p>Aun sin dotes adivinatorias se puede saber: tales especulaciones reventar&aacute;n m&aacute;s pronto o m&aacute;s tarde porque en la era de la civilizaci&oacute;n digital ning&uacute;n gobierno del mundo est&aacute; a salvo de la indignaci&oacute;n de los ciudadanos. Cuando la ira hace bien su trabajo surgen nuevas arquitecturas de participaci&oacute;n pol&iacute;tica. La postdemocracia, que est&aacute; a la puerta, tendr&aacute; que esperar.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>(Este texto forma parte del libro <em>Fiscalidad voluntaria y responsabilidad ciudadana.<strong><br /> </strong></em><em>Aportaciones a un debate sobre la nueva fundamentaci&oacute;n democr&aacute;tica de los impuestos, </em>de Peter Sloterdijk, editado por Siruela)</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> Este ensayo apareci&oacute; en versi&oacute;n levemente recortada bajo el t&iacute;tulo &ldquo;El orgullo herido. Sobre la exclusi&oacute;n de los ciudadanos en las democracias&rdquo; en <em>Der Spiegel</em> (8 de noviembre de 2010, p&aacute;gs. 136-142).</p>
<p>La "eliminaci&oacute;n" de los ciudadanos se refiere a su &ldquo;exclusi&oacute;n&rdquo; interesada de los asuntos y decisiones p&uacute;blicas por parte de los gobernantes, tanto en la &eacute;poca postrepublicana de Roma como en la postdemocr&aacute;tica de hoy: o sea, eliminaci&oacute;n de las funciones del ciudadano esenciales tanto para la rep&uacute;blica como para la democracia. Este es el n&uacute;cleo del art&iacute;culo. Eliminaci&oacute;n o exclusi&oacute;n, pues, de los ciudadanos: ambas cosas significa la palabra alemana &ldquo;B&uuml;rgerausschaltung&rdquo;. (<em>N. del T.</em>)</p>
</div>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> El citado ministro, Guido Westerwelle, del Partido Liberal, aliado de la cristianodem&oacute;crata Merkel hasta las elecciones de octubre de 2013, muy controvertido y un tanto hazmerre&iacute;r en Alemania en ocasiones. (<em>N. del T.</em>)</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a> Sloterdijk utiliza siempre la palabra &ldquo;orgullo&rdquo; (&ldquo;Stolz&rdquo;) en el sentido que deja entrever al final (lo subrayado) esta mala definici&oacute;n del DRAE: &ldquo;Arrogancia, vanidad, exceso de estimaci&oacute;n propia, <span style="text-decoration: underline;">que a veces es disimulable por nacer de causas nobles y virtuosas</span>&rdquo;. Queda claro arriba, cuando Sloterdijk habla de la reducci&oacute;n de la <em>superbia</em> real de los Tarquinios al marco un sentimiento positivo y productivo de soberbia republicana, que lleva a buscar consideraci&oacute;n social por m&eacute;ritos propios de superaci&oacute;n de s&iacute; mismo y excelencia de vida. Y lo asimila al espectro sem&aacute;ntico del <em>thym&oacute;s</em> griego, fuerza de vida, un &aacute;nimo fuerte, pasional y socialmente evaluable. Mortal e intrascendente frente a la <em>psych&eacute;</em>, emocional frente a la intelecciones del <em>nous</em>. Uno de los tres aspectos de la personalidad, pues, que rigen la vida del hombre en Grecia, que en caso de duda siempre es regida en &uacute;ltimo t&eacute;rmino por los dioses. Orgullo es, pues, sentimiento de excelencia personal por la vida de esfuerzo y rendimiento que se lleva y espera de reconocimiento social por ello. Es el sentimiento general del rendidor o <em>Leistungstr&auml;ger</em>, que solo pueden satisfacer impuestos voluntarios, no obligados, que se consideren adem&aacute;s como donaciones, no deudas. Se entiende. (<em>N. del T.</em>)</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a> Cfr. el libro origen del concepto, <em>Post-Democracy</em> , de Colin Crouch (cast.: Taurus, Madrid, 2004). Un sistema pol&iacute;tico en el que van degenerando las democracias participativas occidentales en el que lo que importa no es la participaci&oacute;n de los ciudadanos sino simplemente los resultados, con tal de que sirvan, eso s&iacute;, al menos, al bien com&uacute;n y satisfagan la justicia distributiva. Todo ello se determina y regula no en procesos democr&aacute;ticos sino en procedimientos administrativos. Los representantes elegidos traspasan para ello sus competencias, y con ello su responsabilidad, a expertos, comisiones y consultor&iacute;as econ&oacute;micas, etc. El <em>humus</em> pol&iacute;tico actual de la eliminaci&oacute;n del ciudadano, por una parte, y de su indignaci&oacute;n, por otra, de que habla Sloterdijk. (<em>N. del T.</em>)</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a> En carnaval ir&oacute;nicamente y emp&aacute;ticamente en los duros discursos t&iacute;picos del Mi&eacute;rcoles de Ceniza pol&iacute;tico en Alemania. (<em>N. del T.</em>)</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a> Acoso psicol&oacute;gico en el trabajo. (<em>N. del T.</em>)</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Fri, 04 Sep 2015 08:50:19 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poemas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/amerigoiannacone/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2015/Septiembre/amerigo500.jpg" alt="" /></p>
<p>Amerigo Iannacone naci&oacute; en 1950 en Venafro (Isernia, Molise), donde reside.<br /> Entre otros libros, ha publicado: <em>L&rsquo;ombra del carrubo</em>, <em>Semi</em> y <em>Oboe d&rsquo;amore</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>QUIZ&Aacute; JAM&Aacute;S...</strong><br /> <br /> Quiz&aacute; jam&aacute;s&nbsp;<br /> me abandone<br /> el pensamiento de ti.<br /> <br /> Querr&iacute;a que jam&aacute;s<br /> me abandonara<br /> el pensamiento de ti.</p>
<p><br /> <strong>EST&Aacute;S EN EL AIRE...</strong><br /> <br /> Est&aacute;s en el aire en los paseos<br /> en los muros en el viento<br /> en el vuelo de los p&aacute;jaros<br /> en el firmamento<br /> en las policromadas alas<br /> de las mariposas.<br /> Est&aacute;s en los prados de alrededor<br /> h&uacute;medos de roc&iacute;o,<br /> en los olivos serenos<br /> que te vieron el &uacute;ltimo d&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>BAJO UNA CRUZ...</strong><br /> <br /> Bajo una cruz,<br /> discreta, pero constante,<br /> est&aacute; tu voz muda.<br /> Est&aacute; viva,<br /> y desde el lejano misterio de la muerte<br /> llega<br /> al coraz&oacute;n ignorante<br /> y se&ntilde;ala el camino.<br /> <br /> <br /> <strong>QU&Eacute; ALBOROTO...</strong><br /> <br /> Qu&eacute; alboroto por la ma&ntilde;ana<br /> los p&aacute;jaros en el algarrobo:<br /> despiertan a toda la familia.<br /> Pero t&uacute;, que duermes en otra parte,<br /> no te despiertas.<br /> <br /> <br /> <strong>Y LUEGO VENDR&Aacute;...</strong><br /> <br /> Y luego vendr&aacute;<br /> otro verano<br /> y ya no te ver&eacute;<br /> a la sombra del algarrobo,<br /> no me pedir&aacute;s un peri&oacute;dico<br /> cualquiera<br /> &mdash;aunque sea de ayer&mdash;,<br /> no ir&aacute;s a mi biblioteca<br /> a coger<br /> un libro al azar,<br /> quiz&aacute; de poes&iacute;a,<br /> quiz&aacute; de historia, quiz&aacute;<br /> de filosof&iacute;a.</p>
<p>Y ya no ser&aacute;s<br /> el primer lector<br /> de mis banales escritos,<br /> cada vez m&aacute;s in&uacute;tiles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>ESPERO...</strong></p>
<p>Espero</p>
<p>verte entrar de repente,</p>
<p>como cuando ven&iacute;as para estar</p>
<p>un momento con nosotros</p>
<p>y nosotros, absorbidos por las cosas m&aacute;s banales,</p>
<p>por los papeles</p>
<p>por el peri&oacute;dico</p>
<p>por la televisi&oacute;n,</p>
<p>no te prest&aacute;bamos</p>
<p>ninguna atenci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>YA S&Eacute; QUE NO EST&Aacute;S...</strong></p>
<p>Ya s&eacute; que no est&aacute;s</p>
<p>pero no puedo dejar</p>
<p>de volverme a mirar cuando paso</p>
<p>por delante de tu habitaci&oacute;n.</p>
<p>Y te veo.</p>
<p>Te veo en las actitudes verdaderas</p>
<p>que me resultaban</p>
<p>tan habituales</p>
<p>que no te ve&iacute;a</p>
<p>cuando estabas<em>.</em></p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 26 Aug 2015 11:59:14 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un buen hijo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/unbuenhijo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2015/Septiembre/pascal300.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>UNA ESTIMULANTE NOVELA DE FORMACI&Oacute;N</strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p>Pascal Bruckner, fil&oacute;sofo, ensayista y novelista franc&eacute;s, naci&oacute; en Par&iacute;s en 1948, en el seno de una familia mitad protestante, mitad cat&oacute;lica. La vida de Pascal Bruckner est&aacute; marcada por la contradicci&oacute;n y el esp&iacute;ritu provocador. Ahora, la editorial Impedimenta acaba de traducir uno de sus libros m&aacute;s sugerentes y descarnados: <strong><em>Un buen hijo</em></strong><strong>. Se trata de</strong> una estimulante novela de formaci&oacute;n en la que Pascal Bruckner nos plantea, a trav&eacute;s de su propia biograf&iacute;a, un recorrido por la cultura francesa de la segunda mitad del siglo XX.</p>
<p><strong><em>Un buen hijo</em></strong> es la historia de un amor imposible. El amor a un individuo despreciable. Un fascista autoritario y mujeriego que es a la vez un hombre culto y de firmes convicciones, y que resulta ser el padre del propio Bruckner. Semejante conflicto filial da paso a una maravillosa novela de formaci&oacute;n, personal e intelectual, de quien es uno de los escritores m&aacute;s s&oacute;lidos y controvertidos del panorama actual de las letras francesas. El hijo adulto se enfrenta en primera persona y sin ning&uacute;n tipo de m&aacute;scara narrativa a un personaje por el que siente, a un tiempo, rechazo y compasi&oacute;n, en un relato que nace del odio pero que va adquiriendo un inesperado y reconfortante tinte de ternura. Semejante giro acaba por sorprender al propio narrador. Bruckner no puede culminar su particular condena al padre, y ve c&oacute;mo el inspirador rencor de partida se va derritiendo para dejar paso a un t&iacute;mido cari&ntilde;o, que no comprensi&oacute;n, y a la certeza definitiva de que no es posible juzgar de forma absoluta los comportamientos ajenos.</p>
<p><strong>Pascal Bruckner. <em>Un buen hijo.</em> Impedimenta, 2015.</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 26 Aug 2015 10:18:04 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Al encuentro de nuestro laberinto]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/al-encuentro-de-nuestro-laberinto/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2015/julio/marinaquinien.jpg" alt="" /></p>
<p>Los magn&iacute;ficos ensayos que conforman <em>Laberinto veneciano </em>tienen su origen en diez a&ntilde;os de apasionada experiencia veneciana de la escritora venezolana Marina Gasparini.&nbsp; Todos los temas que se desarrollan en sus p&aacute;ginas han sido &nbsp;inspirados por distintos lugares venecianos, o por las obras de arte que Venecia guarda: los cuadros de Tiziano, Lorenzo Lotto, Watteau y el Canaletto, el grupo escult&oacute;rico de Orfeo y Eur&iacute;dice de Canova que hay en el Museo Correr, la veleta que corona la torre de la Aduana, las plazas oscuras y solitarias, los muelles golpeados por la marea&hellip;Todos (tesoros o lugares) incitan el pensamiento y la sensibilidad de la autora,&nbsp; y la invitan a la b&uacute;squeda de un significado profundo,&nbsp; una b&uacute;squeda en que la sabidur&iacute;a y la erudici&oacute;n se al&iacute;an con un gran poder de evocaci&oacute;n, de meditaci&oacute;n y de penetraci&oacute;n psicol&oacute;gica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Venecia como laberinto: es una idea que aceptamos sin preguntarnos m&aacute;s. Para cualquier visitante de la ciudad, sus calles &ndash;en las que es imposible no perderse si no se sigue a un gu&iacute;a con un paraguas coloreado en alto&nbsp; (lo que impide encontrarse de verdad con Venecia)- son un laberinto. Las calles&nbsp; de Venecia son un laberinto que incita a ser recorrido y, en ese laberinto real, Marina Gasparini, persiguiendo el hilo conductor de su pensamiento y desde un punto de vista comparatista y jungiano,&nbsp; descubre no s&oacute;lo los enlaces culturales sino las categor&iacute;as psicol&oacute;gicas y metaf&iacute;sicas que lo refrendan. Gasparini convierte trazados de calles, ramos, campos, <em>campiellos</em>, r&iacute;os, <em>rioterr&agrave;s</em> , <em>fondamenta</em>, canales y puentes, en objetos de profunda meditaci&oacute;n, en s&iacute;mbolos y correspondencias de los misteriosos caminos del car&aacute;cter y del destino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por esos caminos sinuosos de Venecia, la narradora (pues adem&aacute;s de pensadora, Gasparini es una narradora de talento) se perdi&oacute; una tarde de verano, cuando ya oscurec&iacute;a. Deambul&oacute; durante alg&uacute;n tiempo por lugares sofocantes hasta que, &ldquo;de repente, una calle se abri&oacute; a los &aacute;rboles y a la iglesia de S. Gi&agrave;como dell&rsquo;Orio bordeando a la cual hay un <em>campiello</em> que por uno de sus lados limita con un canal cruzado por un peque&ntilde;o puente&rdquo;.&nbsp;&nbsp; San Gi&agrave;como dell&rsquo;&Ograve;rio es, entre las venecianas, una iglesia humilde que est&aacute; en el barrio de Santa Croce. De planta y de interior con sabor bizantino, aunque reformada y transformada posteriormente con elementos renacentistas y barrocos, como ocurre con muchos edificios venecianos. En su interior, suele se&ntilde;alarse como de inter&eacute;s la techumbre de madera, semejante a la de la gran iglesia de Santo St&eacute;fano y algunas pinturas de Veron&eacute;s, Palma il Giovane y una &ldquo;Virgen con el Ni&ntilde;o y Santos&rdquo; de Lorenzo Lotto. En el campo donde est&aacute; la iglesia, donde hay sembrados &aacute;rboles altos, los patricios v&eacute;netos sol&iacute;an jugar al bal&oacute;n, y por eso este juego se clasific&oacute; como &ldquo;noble&rdquo;. Pero, en <em>Laberinto venciano</em>, Marina Gasparini no se ocupa de todos estos datos que pueden encontrarse en las gu&iacute;as hist&oacute;ricas sobre Venecia. Ella se ocupa del alma y de los s&iacute;mbolos que pueblan la ciudad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquella noche de verano en que&nbsp; Marina Gasparini se perdi&oacute; y se encontr&oacute; en el <em>campiello</em> de S. Gi&agrave;como, se top&oacute;, en su posterior b&uacute;squeda de aquellos lugares que no pudo hallar,&nbsp; con la hornacina de una Madona frente a la que se hab&iacute;a detenido la primera vez. Es entonces cuando entiende que aquel es su propio laberinto y cita estas palabras de Mar&iacute;a Zambrano: &ldquo;Venecia, toda Venecia, es para m&iacute; un enigma que se deja ver, un laberinto que se aparece y que no hay que esforzarse por buscar porque si se lo busca, no se encuentra jam&aacute;s&rdquo;. Y a&ntilde;ade Marina Gasparini: &ldquo;El laberinto de Venecia posee meandros distintos para cada uno de nosotros. No salimos al encuentro de nuestro laberinto, ser&aacute; &eacute;ste el que nos encuentre&rdquo;. Aunque para que esto suceda,&nbsp; es necesario que <em>vayamos a Venecia</em>: es decir, que nos situemos en la disposici&oacute;n an&iacute;mica apropiada.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>La autora discurre sobre la imagen arquet&iacute;pica del laberinto desde sus or&iacute;genes cretenses (el Minotauro, Teseo, Ariadna) hasta un relato de Kafka, &ldquo;La&nbsp;&nbsp; construcci&oacute;n&rdquo;, o&nbsp; <em>Los reyes, </em>la obra teatral de Cort&aacute;zar, pasando por el Renacimiento (&ldquo;El hombre con el laberinto&rdquo; de Bartolomeo V&eacute;neto, que lleva sobre el pecho este dise&ntilde;o emblem&aacute;tico) o las catedrales medievales que&nbsp; substituyeron la peregrinaci&oacute;n a Jerusal&eacute;n por el dibujo de un laberinto en sus pavimentos como <em>imago vitae.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Important&iacute;simo me parece &ndash;y resumen central de estos ensayos que, en su desarrollo central van ejemplific&aacute;ndolo- el planteamiento de la cultura como trazado laber&iacute;ntico que Gasparini propone al&nbsp;&nbsp; considerar que las &ldquo;correspondencias que se establecen entre s&iacute;mbolos, im&aacute;genes y diferentes disciplinas de la cultura siguen un proceso en el que las ideas se suceden y entrelazan tomando al laberinto como imagen de creaci&oacute;n. El pensamiento tampoco es una l&iacute;nea recta (&hellip;.) La experiencia del laberinto es un deambular entre sombras con un fr&aacute;gil hilo entre las manos que podemos perder, que nos puede abandonar, que se puede romper. Este hilo lo tejemos y destejemos siguiendo el dise&ntilde;o &iacute;ntimo de nuestra necesidad&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una invitaci&oacute;n, en definitiva, al laberinto que define a Venecia y que es nuestro propio laberinto, una invitaci&oacute;n que atraer&aacute; poderosamente a los muchos lectores que est&aacute;n bajo el hechizo de esta ciudad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Marina Gasparini, <em>Laberinto veneciano, </em>Barcelona<em>, </em>Candaya, 2011&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 08 Jul 2015 07:40:21 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Épica, lírica y vida]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/epica-lirica-y-vida/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2015/julio/lordquinien.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&ldquo;&hellip; y yo tendr&iacute;a que hallar mi camino para regresar por extra&ntilde;os medios a esos campos de bruma que conocen todos los poetas; all&iacute; donde hallamos esas peque&ntilde;as y misteriosas caba&ntilde;as a trav&eacute;s de cuyas ventanas, al mirar al oeste, podemos ver los campos de los hombres y, al mirar al este, las delicadas y relucientes monta&ntilde;as, coronadas por picos nevados, que se extienden hasta la regi&oacute;n del Mito y, m&aacute;s all&aacute;, hasta el reino de la Fantas&iacute;a, que pertenece al Pa&iacute;s de los Sue&ntilde;os&rdquo;. As&iacute; concluye la primera persona narrativa su relato sobre un viaje en barco por el r&iacute;o Yann y las misteriosas ciudades que van surgiendo en la traves&iacute;a: lugares custodiados por lobos y sombras, poblados por monstruos, fantasmas y seres extra&ntilde;os, rodeados de junglas y cadenas monta&ntilde;osas. A veces se trata de una urbe silenciosa, de quietud sepulcral, cuyos habitantes deben seguir dormidos, pues, si llegaran a despertar, morir&iacute;an&nbsp; los dioses y, en tal caso, los hombres no podr&iacute;an volver a so&ntilde;ar. En otro paraje, el Tiempo ha tenido que ser reducido y maniatado, antes de que acabara con las divinidades. El cuento apareci&oacute; originalmente en una colecci&oacute;n de 1910 &mdash;<em>A Dreamer&rsquo;s Tales</em>&mdash; que, en su primera traslaci&oacute;n espa&ntilde;ola, present&oacute; la <em>Revista</em><em> de Occidente</em> catorce a&ntilde;os despu&eacute;s. Luego Borges lo incluir&iacute;a en la Biblioteca de Babel. Leyendas mitol&oacute;gicas de dioses y hombres, personajes ex&oacute;ticos, criaturas m&aacute;gicas, visiones ominosas ora sublimes, ora pat&eacute;ticas, humor e iron&iacute;a en una prosa po&eacute;tica que evoca tanto las sugestivas revelaciones de Swinburne como el modo melanc&oacute;lico de Tennyson. El autor, que sol&iacute;a escribir con plumas de ave en el torre&oacute;n de su viejo castillo, es uno de los fundadores del subg&eacute;nero denominado &ldquo;fantas&iacute;a heroica&rdquo;, junto con Rider Haggard o William Morris, y antes que C.S. Lewis, Lovecraft o Tolkien. Ahora bien, como se&ntilde;ala Todorov, lo fant&aacute;stico se mueve entre la representaci&oacute;n de la realidad extra&ntilde;a y la de lo maravilloso, es decir, se construye sobre la duda que mantiene el narrador acerca de la realidad o irrealidad de lo narrado, vacilaci&oacute;n en la que tambi&eacute;n participa el narratario (y el lector). Y es que estamos hablando de Lord Dynsany, un escritor vers&aacute;til y prol&iacute;fico sobremanera, cuya obra abarca desde el relato breve hasta el teatro, pasando por la poes&iacute;a, la novela, el ensayo y la autobiograf&iacute;a. En todo caso, la escritura de m&aacute;s de ochenta y dos libros s&oacute;lo ocup&oacute; un parte de su atareada existencia, pues, en contraste con el mundo de ensue&ntilde;o que cre&oacute;, este arist&oacute;crata feroz fue un viajero impenitente, muy aficionado a la caza mayor y al cricket, adem&aacute;s de campe&oacute;n nacional de tiro con pistola y de ajedrez, juego del que invent&oacute; una variante asim&eacute;trica en la que el conjunto normal de piezas se enfrenta a un grupo de 32 peones.</p>
<p>Edward John Moreton Drax Plunkett (1878-1957) naci&oacute; en Londres, en el seno de una familia irlandesa noble, cuyo origen se remonta a un tiempo anterior a la conquista normanda. Educado en Cheam, Eton y la academia militar de Sandhurst, a la muerte de su padre, en 1899, hereda el t&iacute;tulo nobiliario y se convierte en el decimoctavo Bar&oacute;n Dunsany. Tras participar en la guerra de los B&oacute;er, donde entabla amistad con Rudyard Kipling, en 1901 establece su residencia en el condado de Meath, al noroeste de Dubl&iacute;n, en un castillo ancestral del siglo XII. Tres a&ntilde;os despu&eacute;s se casa con Lady Beatrice, hija del conde de Jersey, y as&iacute; comienza un periodo de gran actividad social y literaria, con la publicaci&oacute;n de un libro de relatos breves titulado <em>The Gods of Pegana</em> (1905), en el cual instituye una mitolog&iacute;a propia e idiosincr&aacute;sica, geograf&iacute;a y teogon&iacute;a incluidas, que se completar&aacute; en los vol&uacute;menes siguientes &mdash;<em>Time and the Gods</em> (1906) y <em>The Sword of Welleran</em> (1908), entre otros&mdash;, cuyas narraciones, magn&iacute;ficamente ilustradas por Sidney Sime, exhiben caracter&iacute;sticas del cuento popular: sencillez, brevedad, evocaci&oacute;n de una fuerza amenazadora en una atm&oacute;sfera indeterminada, estilo fluido y elevado&hellip; En 1909 presenta su primera obra teatral, escrita a instancias de W.B. Yeats para el Teatro de la Abad&iacute;a, un movimiento esc&eacute;nico que tratar&aacute; de mostrar la realidad social y cultural de Irlanda en clave costumbrista, sin excluir las reivindicaciones de tipo patri&oacute;tico. Nos referimos a <em>The Glittering Gate</em>, un drama estrafalario sobre dos ladrones que quieren entrar en el cielo. Una vez m&aacute;s se ve aqu&iacute; c&oacute;mo el autor agn&oacute;stico, si no ateo, recurre a temas religiosos y utiliza par&aacute;bolas, im&aacute;genes y fraseolog&iacute;a de la Versi&oacute;n Autorizada de la Biblia, si bien, en esta ocasi&oacute;n, el talante ir&oacute;nico y fatalista parece anticipar la &ldquo;vaciedad&rdquo; del teatro del absurdo. A &eacute;sta seguir&aacute;n muchas otras obras en los escenarios europeos y americanos (West End, Broadway, off-Broadway&hellip;). Hubo un momento en que cinco de ellas se representaban simult&aacute;neamente en Nueva York. Hombre de acci&oacute;n asimismo, Lord Dunsany fue herido en la primera guerra mundial y, durante la segunda, sirvi&oacute; activamente en Soreham (Kent), la localidad brit&aacute;nica m&aacute;s bombardeada en la Batalla de Inglaterra. En la d&eacute;cada de 1920 regresa a la poes&iacute;a y se inicia en la novela, ya sea en un entorno &ldquo;rom&aacute;ntico&rdquo; espa&ntilde;ol o fant&aacute;stico, de asunto irland&eacute;s o semiautobiogr&aacute;fico, con ingredientes de la mitolog&iacute;a cl&aacute;sica o del romance medieval, con motivos c&eacute;lticos u orientales. Y en 1931, de nuevo en el territorio del cuento, comienza una serie sobre los viajes y las aventuras de Mr. Joseph Jorkens, personaje que le acompa&ntilde;ar&aacute; hasta el fin de sus d&iacute;as: un tipo de buen coraz&oacute;n, siempre dispuesto a contar una historia a quien lo invite a un trago, preferiblemente de whisky con soda; por supuesto, nada de lo que relata el imaginativo gorr&oacute;n es verdad, pero no tiene ninguna intenci&oacute;n de enga&ntilde;ar, s&oacute;lo desea entretener a los miembros del club. Despu&eacute;s de la guerra prosigui&oacute; con sus actividades literarias, dando conferencias y haciendo giras por los Estados Unidos, escribiendo espacios dram&aacute;ticos para la radio, efectuando apariciones en la televisi&oacute;n, repartiendo el tiempo entre las residencias de Meath, Kent y Londres.</p>
<p>El inmenso legado de este &ldquo;maestro de la irrealidad triunfante&rdquo; ha sido valorado por muchos escritores que reconocen su influencia. Entre ellos destaca H.P. Lovecraft, que celebrar&aacute; el punto de vista c&oacute;smico, el nervio dram&aacute;tico y el eclecticismo de un corpus de mitos y leyendas en el que se combinan, de manera coherente y espl&eacute;ndida, &ldquo;el color oriental, la forma hel&eacute;nica, la gravedad teut&oacute;nica y la melancol&iacute;a celta&rdquo;. Precisamente, un prefacio p&oacute;stumo de este cl&aacute;sico del &ldquo;terror c&oacute;smico&rdquo; realzaba en 1976 una edici&oacute;n de <em>Tales of Three Hemispheres (Cuentos de los tres hemisferios)</em>, la colecci&oacute;n de relatos aparecida en 1919 y que ahora, por primera vez en versi&oacute;n espa&ntilde;ola como tal conjunto, edita Espuela de Plata, con pr&oacute;logo de Luis Alberto de Cuenca. El libro consta de catorce piezas breves, divididas en dos partes, y se abre con &ldquo;El &uacute;ltimo sue&ntilde;o de Bwona Khubla&rdquo;, en un escenario africano &ldquo;donde estallan las orqu&iacute;deas monstruosas, donde los escarabajos del tama&ntilde;o de ratones se acomodan sobre los amarres de las tiendas de campa&ntilde;a&rdquo;, y con una instancia narrativa subordinada a la historia contada por dos viajeros y corroborada por sus porteadores, con la salvaguarda de que un <em>kikuyu</em> nunca dice lo que esperamos que diga. A continuaci&oacute;n nos trasladamos a Otford, una ciudad de la vieja Inglaterra en la que, de una forma misteriosa y terrible, va a quedar vacante el puesto de cartero. Luego, en &ldquo;Oriente y Occidente&rdquo;, un pastor manch&uacute;, tras contemplar la c&eacute;lebre carrera de Pittsburg a Piccadilly por el camino m&aacute;s largo, concluye que todo lo visto es un sue&ntilde;o mal&eacute;fico o una vana ilusi&oacute;n. En otro momento asistimos a la guerra de los enanos contra los semidioses, o vemos c&oacute;mo un pobre vagabundo es v&iacute;ctima inocente de la venganza ciega de las deidades, quienes dejar&aacute;n de otorgar sus dones a un hombre que se cansa de todo, de la paz y de la guerra. En cualquier caso, los lances adquieren car&aacute;cter de <em>exempla</em> e ilustran la futilidad de la codicia humana, pero tambi&eacute;n refieren la caducidad de los dioses. La prosa po&eacute;tica alcanza cotas de m&aacute;xima expresi&oacute;n en la imagen nocturna de esa &ldquo;ciudad maravillosa&rdquo; que acogi&oacute; al poeta, la Nueva York sim&eacute;trica y ordenada a lo largo y ancho, pero irregular y negligente cuando se trata de la tercera dimensi&oacute;n. En la segunda parte hallamos tres narraciones encadenadas bajo un t&iacute;tulo gen&eacute;rico que nos sit&uacute;a &ldquo;m&aacute;s all&aacute; del mundo conocido&rdquo;. La primera de ellas, a la cual pertenece la cita preliminar de esta rese&ntilde;a, es una reimpresi&oacute;n para el mejor entendimiento de la totalidad, seg&uacute;n reza la &ldquo;nota de los editores&rdquo;. Y es que el autor ha vuelto a la tienda de Go-by Street y ha traspasado la puerta que da acceso al Pa&iacute;s de los Sue&ntilde;os, pues quiere, por una parte, ver si el <em>P&aacute;jaro del r&iacute;o</em> sigue recorriendo el Yann, y, por otra, conocer la suerte de Singanee, el poderoso cazador de elefantes, ahora en un palacio de marfil, tras haberse vengado del monstruo que destruy&oacute; Perd&oacute;ndaris, la famosa ciudad amurallada. Se suceden prodigios y visiones, y la fantas&iacute;a se expande, al tiempo que lo prosaico y lo sublime se yuxtaponen felizmente. La par&aacute;frasis de la trama se resiste a la <em>fabula</em> en un universo fragmentado, y en un &aacute;mbito narrativo que exalta el escenario y el lenguaje. &Eacute;pica, l&iacute;rica y vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="right"><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lord Dunsany, <em>Cuentos de los tres hemisferios</em>, traducci&oacute;n de Victoria Le&oacute;n, Sevilla, Espuela de Plata, 2011.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 08 Jul 2015 07:35:56 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Soledad Puértolas: la vida sobre el papel]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/soledad-puertolas-la-vida-sobre-el-papel/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas15/Julio/soledadquinien.jpg" alt="" /></p>
<p>Escribir es una tarea que separa de la vida. &ldquo;A trav&eacute;s de la memoria del pasado y de la indagaci&oacute;n en lo que somos, salimos de nosotros mismos y nos hacemos otros&rdquo;. Lo pronuncia una suma de personalidades que responde al nombre de Soledad Pu&eacute;rtolas. Espero que sus recuerdos, convertidos en los de otra persona, den salida a este callej&oacute;n inicial, que no es sino el patio interior de su casa de Pozuelo. Amplio, de reminiscencias &aacute;rabes, con azulejos dir&iacute;ase que a juego con las baldosas. Se trata de un espacio abierto, como los que le gustan a ella, con un lucernario por el que penetra de golpe el est&iacute;o. Unas puertas acristaladas abren el paso a otras estancias y escaleras a trav&eacute;s de las que se adivinan paredes en las que sobresalen libros y cuelgan fotograf&iacute;as. Entre ellas la que va en la portada del tomo primero de sus <em>Obras escogidas</em>, publicado por Anagrama en febrero de 2011. Sus dos perros, a los que trata de meter en cintura despu&eacute;s de haber mimado, son testigos durmientes de la conversaci&oacute;n.</p>
<p>-La biograf&iacute;a se entremezcla en su discurso narrativo. &iquest;Le ha coartado alguna vez el pudor al transformar la experiencia personal en literatura?</p>
<p>-M&aacute;s que el pudor, que puede, el respeto a las personas implicadas en mi biograf&iacute;a. Te puedes transformar en personaje de ficci&oacute;n y llegar a acuerdos contigo, pero debes mantener respeto con las personas cercanas que no los han firmado.</p>
<p>-&iquest;Diferencia entre personas vivas y muertas?</p>
<p>-S&iacute;, en el momento en que las personas desaparecen tambi&eacute;n podemos suscribir acuerdos.</p>
<p>-La intimidad, entonces, no se ve afectada mientras no toque a terceras personas.</p>
<p>-Efectivamente. Los pactos internos deben est&aacute;n claros, ellos te dir&aacute;n qu&eacute; puedes usar. Los personajes no dejan de estar interpuestos. Incluso cuando hablas de tus propias experiencias, no las revives, son una recreaci&oacute;n, son reproducciones literarias. La intimidad verdadera queda a salvo por medio de la distancia.</p>
<p>-&iquest;C&oacute;mo trabaja con la memoria? Reconoce que la imaginaci&oacute;n trastoca el recuerdo de las cosas.</p>
<p>-La memoria es un extra&ntilde;o archivo. El recuerdo se produce desde el presente y nunca es puro. Es la reelaboraci&oacute;n de datos que van cambiando con cada uno y con la percepci&oacute;n que de nosotros tenemos y de nuestra propia vida. En esa reelaboraci&oacute;n, los recuerdos se viven transformados.</p>
<p>-Su estilo es sobrio. A trav&eacute;s de &eacute;l logra que se entienda a la primera lo que quiere contar. &iquest;La claridad tiene que ver con la precisi&oacute;n?</p>
<p>-Quiero que se me entienda y, por eso, la primera que necesita aclararse soy yo. Si tengo la idea confusa no la puedo expresar. El proceso es de clarificaci&oacute;n es simultaneo y la claridad de mis novelas tiene que ver con la m&iacute;a propia.</p>
<p>-No abundan las descripciones en lo que escribe, sin embargo crea espacios comprensibles, &iquest;qu&eacute; teclas del estilo aprieta para conseguirlo?</p>
<p>-&Eacute;sa que menciona es una gran dificultad. La descripci&oacute;n demorada y tediosa me abruma. No soy persona que se fije en detalles, no lo he alimentado nunca. Sin embargo, los escenarios son enormemente importantes para m&iacute;. El reto lo planteo en ese punto: otorgo valor a los espacios y luego no s&eacute; describirlos porque ni estoy interesada ni dotada.</p>
<p>-&iquest;Qu&eacute; personas fueron clave en que escribiera, aparte de usted misma? Se recuerda haci&eacute;ndolo desde que tiene memoria<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>, aunque no se lo plante&oacute; de un modo profesional hasta que Arturo Serrano-Plaja casi se lo ordena. En segundo lugar, no s&eacute; si llega a existir una monja que conmina a no desperdiciar el talento en cosas que no sean la escritura a un personaje que ignoro si, en ese punto tiene, que ver consigo.</p>
<p>--R&iacute;e- S&iacute;, esa monja est&aacute; bien vista, la saqu&eacute; en <em>Cielo nocturno</em>. Era una mujer que me hablaba de la belleza y de la necesidad de no dilapidar los talentos concedidos. La ten&iacute;an un poco apartada porque era demasiado l&uacute;cida. Yo no s&eacute; cu&aacute;ndo empiezo a ense&ntilde;ar lo que escribo, pero siempre que lo hice obtuve una valoraci&oacute;n positiva. Apoyos puntuales, me refiero, no un clamor. En el colegio de monjas se daba importancia a la expresi&oacute;n escrita, estaban los ejercicios de estilo y de redacci&oacute;n. Tengo la impresi&oacute;n de que siempre me han valorado m&aacute;s fuera de casa que dentro, lo cual es importante porque te ense&ntilde;a un camino de salida. Yo era una ni&ntilde;a comunicativa, pero cerrada, bastante observadora, y no encontraba mi lugar f&aacute;cilmente. Serrano-Plaja lleg&oacute; mucho m&aacute;s tarde.</p>
<p>-En esos inicios Hammet y Chandler le ayudaron a encontrar el tono. Sin embargo, r&aacute;pidamente se separ&oacute; de cualquier remisi&oacute;n a la novela negra.</p>
<p>-Yo no estoy dotada para el crimen. Me asusta lo policiaco, no me gusta pensar que alguien muere por mi causa, que es lo que sucede en ese tipo de novela: el autor es el criminal. Para el tono de <em>El bandido doblemente armado</em> &ndash;hab&iacute;a escrito antes otras novelas que no encontraron publicaci&oacute;n- esos escritores s&iacute; me ayudaron. Necesitaba encontrar distancia al escribir y la distancia en la figura del detective es muy parecida a la del narrador. El detective privado vigila las vidas de los dem&aacute;s y las transcribe, que es m&aacute;s o menos lo que hacen los narradores. Chandler, Hammet y, tambi&eacute;n Salinger, me situaron en el lugar donde quer&iacute;a estar. Pero la novela policiaca, en realidad, nunca me interes&oacute;. Lo que me llamaba es otro tipo de misterio, m&aacute;s profundo, m&aacute;s disperso, m&aacute;s imposible de localizar.</p>
<p>Conviene localizar el pr&oacute;logo de <em>La vida oculta</em>. En &eacute;l pronuncia: &ldquo;Esp&iacute;a, observador secreto, el novelista va creando silenciosa, sigilosamente, la vida sobre el papel y lo cierto es que no da muestras de ello en su propia vida: parece un ciudadano como los dem&aacute;s&rdquo;.</p>
<p>-Su obra es cosmopolita, con frecuencia recoge un paisaje transnacional. En <em>Compa&ntilde;eras de viaje</em> hay hasta ocho pa&iacute;ses circulando. Sin embargo, no le apasiona viajar<a title="" href="#_ftn2">[2]</a>.</p>
<p>-Me asusta y me cansa. Soy consciente de lo que comporta: los tiempos perdidos, en los que el tiempo transcurre, inestable, sin puntos de apoyo. Dejar la casa, ir a la estaci&oacute;n, al aeropuerto, llegar al destino... El aprendizaje consiste en hacer que el trayecto tenga sentido en s&iacute; mismo.</p>
<p>-&iquest;En la ciudad se encuentra a salvo?</p>
<p>-Las ciudades me pueden perturbar tambi&eacute;n porque, como escritora, estoy obsesionada con las coordenadas espacio-tiempo y, en el momento en que &eacute;stas cambian -en cualquier trayecto urbano- me encuentro <em>sin lugar</em>. Y mis personajes comparten mis vivencias, sean de dolor o de alegr&iacute;a.</p>
<p>-Afectan, pues, a su escritura.</p>
<p>-No, a eso no. La vivencia est&aacute; ah&iacute;, pero yo puedo escribir en cualquier parte.</p>
<p>-No tarda en recuperarse.</p>
<p>-En absoluto. Tengo capacidad para escribir en cualquier sitio. Voy a un hotel y puedo escribir. Lo mismo, en trenes y aviones. Para protegerme del mundo exterior, creo espacios fuertes, y ellos son transportables al lugar en el que me encuentre o hacia el que vaya.</p>
<p>-El dolor y la enfermedad &ndash;f&iacute;sica, mental y moral- es otro terreno que visita. Hasta el punto de convertirlos en &ldquo;s&iacute;mbolo de las debilidades humanas y sus limitaciones&rdquo; y ser causa de inutilidad<a title="" href="#_ftn3">[3]</a>. Se perciben como algo irremediable, por lo que hay que pasar y nos rodea.</p>
<p>-La enfermedad es una condici&oacute;n del ser humano. Aunque muchas veces oigamos que vivimos en la salud, somos seres delicados y enfermos. Convivir con ella nos recuerda nuestra transitoriedad, nuestra mortalidad, tan perturbadora que tratamos de ignorarla. Creo que la literatura debe tratar la enfermedad, el dolor y las limitaciones.</p>
<p>-Y entre los caminos que conducen a la enfermedad, el amor. En <em>Si al atardecer llegara el mensajero</em>, usted expresa que, aun sabiendo de antemano que puede terminar en cualquier momento, cuando finaliza, es capaz de abocarnos a la locura, como, de hecho, le sucede a la protagonista de <em>Cielo nocturno</em>. Aqu&iacute; parece que rebaja la expectativa y termina concluyendo que el amor consiste simplemente en ser entendido&hellip; que no es poco.</p>
<p>-Aceptar el desamor, y el final del sufrimiento que &eacute;ste provoca, es &uacute;nicamente posible a base de tiempo. Sin &eacute;l no hay recuperaci&oacute;n. Hasta que no <em>sientes</em> que algo ha acabado, no <em>sabes</em> que puede acabar: la vivencia va unida a las sensaciones. Intuimos que el dolor tiene fin, pero, &iquest;qu&eacute; quiere decir <em>fin</em> antes de producirse?</p>
<p>La explicaci&oacute;n guarda sinton&iacute;a con la ense&ntilde;anza plasmada en Pauline, Ren&eacute; y Lilly, protagonistas de <em>Burdeos</em>, que aprenden que la vida se reduce a tiempo y la &uacute;nica salida para superar los reveses, los problemas cotidianos, las incapacidades es la lucha contra uno mismo. &ldquo;Luchar nos da la medida de nuestro deseo&rdquo;, ha escrito.</p>
<p>-Dijo Fernando L&aacute;zaro Carreter de usted que no aspira a deslumbrar con el estilo, sino a contar &ldquo;historias de amor perdido divinamente&rdquo;<a title="" href="#_ftn4">[4]</a>. Las hay que sufren desgaste, que se ven visitadas por un amor fugaz&hellip; Pocas parejas felices hay en sus novelas.</p>
<p>-Esa apreciaci&oacute;n valdr&iacute;a para toda exploraci&oacute;n literaria, no creo que exista novela que se plantee temas de fondo y verse s&oacute;lo de la felicidad. Quitando las de Jane Austen, que acaban en boda&hellip; y hasta que llega la boda, los protagonistas sufren tambi&eacute;n.</p>
<p>-&iquest;Puede que, en el mayor n&uacute;mero de casos, -se- refleje la agitaci&oacute;n del enamoramiento m&aacute;s que el amor?</p>
<p>-Claro, porque el amor, como concepto, es inaprensible. El amor o no se puede definir, o cada uno lo hace a su manera. Es tan ambicioso como vago: puede ser divino o humano, que dure un mes o que dure toda la vida. &nbsp;Carver se pregunta de qu&eacute; hablamos cuando hablamos de amor<a title="" href="#_ftn5">[5]</a>. El enamoramiento es much&iacute;simo m&aacute;s manejable: pasi&oacute;n, flechazo, la absorci&oacute;n de la identidad de otro.</p>
<p>-Hay un denominador com&uacute;n en sus personajes: la disposici&oacute;n a la aventura, particularmente evidente en <em>D&iacute;as del Arenal</em> y en su reciente <em>Compa&ntilde;eras de viaje</em>. &iquest;Se trata de una visi&oacute;n pr&aacute;ctica de las emociones, influida por el mundo interior de cada uno o la realidad se impone y, resultando todo finito, hay que estar abierto a nuevos paisajes?</p>
<p>-M&aacute;s bien lo segundo. Mis personajes acaban considerando positiva la apertura. El azar permite la entrada de nuevas personas en la vida. Que la experiencia no est&eacute; cerrada a nadie es un ingrediente fundamental en mis libros y una de las redes que sostienen a mis personajes. Puede ser una aventura o puede no ser nada, una persona con la que hablas un momento, como en &lsquo;Hablando con desconocidos&rsquo;<a title="" href="#_ftn6">[6]</a>, donde una se&ntilde;ora sentada en el banco de un parque se pone a hablar con un chico que le pide fuego. Necesita alguien que la escuche, las cosas no suceden porque s&iacute;.</p>
<p>-En ese cuento que menciona, la protagonista, Gracia, sale mirando por la ventana, como huyendo de casa, fuera de la cual encuentra la alegr&iacute;a. Lo que encaja con lo que leemos en Recuerdos de otra persona a prop&oacute;sito de los bloques de viviendas y de las casas. &ldquo;Todo lo muy terminado, muy pensado o muy lustrado me agobia un poco&rdquo;. Por eso, las terrazas le parecen liberadoras &ndash;como cabr&iacute;a interpretar de las ventanas en &lsquo;Hablando con desconocidos&rsquo;-. Parece que est&aacute; hablando del amor.</p>
<p>-Es verdad, hablo de una cosa y de la otra: de los edificios y de las personas. No creo en la perfecci&oacute;n y, adem&aacute;s, me escama o&iacute;r hablar de ella. Una relaci&oacute;n perfecta entre dos personas me parece inveros&iacute;mil. Se podr&iacute;a hablar de sinton&iacute;a, pero la perfecci&oacute;n es demasiado redonda e impenetrable, escapa a las relaciones humanas. La terraza ser&iacute;a la imperfecci&oacute;n necesaria.</p>
<p>-En ese mismo libro, unas p&aacute;ginas antes, comenta: &ldquo;Puede que lo que se est&aacute; haciendo nos pertenezca m&aacute;s que lo hecho y terminado. Est&aacute; m&aacute;s lleno de posibilidades y sue&ntilde;os. Lo terminado lleva en su seno la renuncia y la frustraci&oacute;n&rdquo;. Y remata. &ldquo;Sue&ntilde;os a&uacute;n deshabitados, pero reales, haci&eacute;ndose&rdquo;. Lo que encaja con los pensamientos de Estrella en <em>Si al atardecer llegara el mensajero</em>: &ldquo;El amor me gusta m&aacute;s antes que despu&eacute;s. Al cabo de los d&iacute;as empiezo a notar la decepci&oacute;n. La culpa no la tienen ellos, los hombres, porque me pasa siempre (&hellip;) La ilusi&oacute;n se hab&iacute;a evaporado&rdquo;. &iquest;No es injusto, igualmente, para ellos y para ella?</p>
<p>-Algo tendr&aacute; de injusto, no digo que no. El comienzo que me ha le&iacute;do se refiere a las casas y a todo proyecto personal, claro; lo que le pasa a Estrella es que no habla de amor, sino de enamoramiento. El amor, tiene raz&oacute;n, seguramente no lo he planteado en mis novelas salvo en estos extractos. El enamoramiento es puntual; el amor, no, el amor siempre se est&aacute; haciendo, en la convivencia, en la confianza, a trav&eacute;s del entendimiento mutuo. Lo mejor del amor es que nunca est&aacute; acabado.</p>
<p>-Tiene personajes que no cesan de preguntarse si es mejor conocer la verdad&hellip; aunque acabamos de ver que ni conocer la fragilidad del amor nos previene de sufrir por &eacute;l cuando termina. &iquest;Cabe ser feliz e ignorante al tiempo?, &iquest;se puede dar el bienestar sin conocer? &iquest;Qu&eacute; opina la autora?</p>
<p>-Yo tambi&eacute;n me pregunto esas cosas &ndash;rompe a re&iacute;r-. La ignorancia es un alivio que libra a las personas de elucubrar, pero no es el estado ideal. Ahora, yo distinguir&iacute;a. &nbsp;Hay una ignorancia voluntaria, en la que uno renuncia, y otra frustrante, cuando alguien te proh&iacute;be. La primera es un acto de decisi&oacute;n personal y tiene algo de hero&iacute;smo. Contra la segunda, impedir el acceso al <em>Libro de la sabidur&iacute;a</em>, me rebelo.</p>
<p>-En si <em>Al atardecer&hellip;</em>&nbsp; se habla tambi&eacute;n de investigar qu&eacute; fue de las personas amadas despu&eacute;s de haberlas perdido. Hay un personaje que baja del cielo con esa misi&oacute;n. Ahora esto no funcionar&iacute;a: las redes sociales permiten romper con una persona y seguir estando al corriente. &iquest;Qu&eacute; le parece una sociedad <em>hipercomunicada</em>, en la que todo parece tan masticado, y tan volcada hacia fuera?</p>
<p>-Es verdad. Debemos preguntamos, y es un reto que debemos ir asumiendo, qu&eacute; se pierde con tanta <em>comunicaci&oacute;n</em>. Para empezar, la calma. Hay demasiadas palabras en el aire. Las comunicaciones de Twitter, Myspace, Youtube, Tuenti, Facebook, de los <em>blogs</em>, est&aacute;n constantemente dando fe de lo que la gente hace, pero &iquest;qu&eacute; alma tienen? Quiz&aacute; no todo sea comunicable y estemos perdiendo la valoraci&oacute;n de lo que no se debe tratar, sobre todo, en p&uacute;blico. La t&eacute;cnica nos ha propiciado una manera de relacionarnos f&aacute;cil, <em>barata</em>, enfebrecida, seguramente enfermiza, y nos ha convencido de que tenemos que usarla.</p>
<p>-La dificultad para comunicarnos las personas excede la pareja y las redes sociales. La encontramos tambi&eacute;n habitando en la familia, una instituci&oacute;n a la que nunca se termina de conocer y que no escapa de la cr&iacute;tica. As&iacute;, el t&iacute;o rico de <em>Todos mienten</em> -1988-, que manda dinero desde el continente americano, veinte a&ntilde;os despu&eacute;s<a title="" href="#_ftn7">[7]</a> descubrimos que nunca existi&oacute;. Fue una invenci&oacute;n para justificar unos ingresos opacos del padre. La afectada se manifiesta contra la corrupci&oacute;n familiar y rompe lazos: &ldquo;Me enter&eacute; el a&ntilde;o pasado (&hellip;) Me fui de casa. No quiero saber nada de ellos&rdquo;.</p>
<p>-Tiene raz&oacute;n, se trata del mismo hombre. La familia es una organizaci&oacute;n tan compleja, con tantos roles asumidos, que es tentador examinar qu&eacute; hay tras el papel que cada miembro asume. Cu&aacute;nta buena voluntad malinterpretada, pero, tambi&eacute;n cu&aacute;nta impostura. Silencios, traiciones y actitudes que merecen la censura.</p>
<p>-No ha de ser intocable.</p>
<p>-Nada es intocable.</p>
<p>-&iquest;Qu&eacute; papel juega, dentro de la familia, el padre? En varios libros la relaci&oacute;n con &eacute;l es tortuosa, &iquest;cabe ser de otro modo?</p>
<p>-No s&eacute; si cabe, pero las relaciones padre-hijo y madre-hija parten de presupuestos muy distintos y en ese punto de partida est&aacute; el primer enfrentamiento. Los padres dan la vida y son los cuidadores y los hijos est&aacute;n condenados a rebelarse y a elegir su propio camino. De esa relaci&oacute;n conflictiva guardamos mitos e historias a lo largo de siglos. Cada &eacute;poca a&ntilde;ade matices, pero la relaci&oacute;n nace muy desigual y, como tal, estar&aacute; condicionada a pasar por grandes pruebas.</p>
<p>-Dificultades en el modo de vivir en sociedad, de habitar las ciudades, de relacionarnos por internet, dificultades con la pareja, con la familia, con el padre&hellip; Tambi&eacute;n discutimos con nosotros mismos. Hay varios pasajes, que podr&iacute;an tener su c&eacute;nit en el relato &lsquo;Espejos&rsquo;<a title="" href="#_ftn8">[8]</a>, en los que la protagonista manifiesta extra&ntilde;eza respecto de s&iacute; misma. &iquest;Hay varias personas en cada persona?, &iquest;por qu&eacute; nos desconocemos?</p>
<p>-Nos vamos desconociendo a medida que la vida pasa. Conviene admitir que tenemos zonas oscuras y llegar&aacute; un punto en que estemos esperando descubrirlas. Nuestra educaci&oacute;n la hemos recibido para que nos reconozcamos dentro de una coherencia lineal, lo que pasa es que las categor&iacute;as palidecen seg&uacute;n nos alejamos de los n&uacute;cleos vitales. Y no tiene por qu&eacute; ser malo, al rev&eacute;s.</p>
<p>-Pero el volumen se cierra con un cuento<a title="" href="#_ftn9">[9]</a> en el que la protagonista se declara &ldquo;deshabitada&rdquo; y &ldquo;desfallecida&rdquo; al comprender: &ldquo;Por primera vez yo era una desconocida para m&iacute;&rdquo;.</p>
<p>-Claro, la joven est&aacute; viviendo en Noruega y un d&iacute;a se pregunta <em>qu&eacute; hago aqu&iacute;</em>. La primera vez que no entendemos nuestro comportamiento o qu&eacute; pintamos en un sitio es inquietante. R&aacute;pidamente deducimos que nos hemos equivocado. Luego nos damos cuenta de que sin decisiones que nos descolocan, siempre ser&iacute;amo la misma persona, esto es, no habr&iacute;amos salido del nido. Los momentos de desconocimiento nos dan idea de las muchas personas que somos. En la dualidad entre Her&aacute;clito y Parm&eacute;nides, yo soy heraclitiana. El cambio permanente me alivia.</p>
<p>-Y, en ese cambio permanente, &iquest;no est&aacute;n la ansiedad y la desorientaci&oacute;n, de las que habl&aacute;bamos al comienzo, trastocando el espacio-tiempo? &iquest;Se puede tener equilibrio en el movimiento?</p>
<p>--se pone seria- &Eacute;se es el reto. A mis personajes, en general, les alivia el movimiento. A m&iacute; no, intento aprender de ellos. Ellos parten de la angustia que supone ignorar si van a ser capaces de salir de s&iacute; mismos. Depende de d&oacute;nde sit&uacute;es el peso. Si estuvieran angustiados por el cambio, buscar&iacute;an la unidad. Personalmente, me siento identificada con una novela en la que Peter Handke habla de sus padres y, en un punto, el personaje-hijo pregunta, rotundo: &ldquo;&iquest;Te sigue pasando que te quedas quieto y crees que el tiempo no va a seguir?&rdquo;. A lo que el padre responde: &ldquo;Me pasa menos, pero todav&iacute;a me pasa&rdquo;. Me veo reflejada en la sensaci&oacute;n de que el presente atrapa.</p>
<p>-De hecho, usted detiene el tiempo varias veces en sus novelas.</p>
<p>-S&iacute;, porque a m&iacute; se me detiene el tiempo. Lo que me alivia es que la detenci&oacute;n no me angustia y que luego puede reanudar su marcha.</p>
<p>-Pero se detiene, &iquest;en la vida cotidiana, pensando o escribiendo?</p>
<p>-Sobre todo, cuando escribo. Es maravilloso salir del tiempo y crear otro. Ah&iacute; no hay zozobras vitales. Son momentos casi plet&oacute;ricos, de felicidad, en los que creo estar tocando aquello que me interesa mantener quieto durante unos instantes. En esa detenci&oacute;n del tiempo voluntaria no hay angustia; en la vida, s&iacute;.</p>
<p>-De que en la vida hay momentos angustiosos da fe el modo en el que la presenta, reforzando la idea global de conflicto. La vida como un lugar inc&oacute;modo, lleno de envidias, neurosis, penalidades. Sin embargo, usted no hace desaparecer a ning&uacute;n personaje.</p>
<p>-Bueno, s&iacute;. Tengo un suicida en <em>El bandido doblemente armado</em> -1980-: Luigi; y, en <em>D&iacute;as del Arenal</em> -1992-, a Herminia Oliver. Pero lleva raz&oacute;n en que, por lo general, mis personajes aguantan. Eso es lo que busco: la resistencia, la manera de poder todos, en los libros y en la vida, salir adelante. El suicidio es un recurso muy f&aacute;cil, en seguida se acaba todo, no hay reto. Repito: me interesa encontrar est&iacute;mulos que empujen a resistir.</p>
<p>-&iquest;Porque la vida merece la pena?</p>
<p>-&Eacute;sa es la pregunta &ndash;r&iacute;e-. Por si acaso.</p>
<p>-Nada que ver, pese a la noci&oacute;n de esfuerzo, con el valle de l&aacute;grimas.</p>
<p>-Nada, el sufrimiento no me gusta nada.</p>
<p>-Aunque hay presencia de monjas <em>inculpadoras</em> y un mundo que s&iacute; cree en esa doctrina.</p>
<p>-Ese mundo y esas monjas est&aacute;n porque formaron parte de mi vida. Estuve doce a&ntilde;os en un colegio religioso<a title="" href="#_ftn10">[10]</a>.</p>
<p>En <em>Burdeos</em> -1986-, Pauline acaba de sufrir un fracaso amoroso y piensa que no podr&iacute;a existir en la vida un momento de mayor desdicha. S&oacute;lo la fortaleza interior y el ejemplo de Rose le ayudar&aacute;n a superarlo. Como salvavidas, &ldquo;la cultura proporcionaba a Rose todas las emociones que la mayor&iacute;a de las mujeres y de los hombres buscan en el amor. Hab&iacute;a amado una vez con todas las consecuencias y comprend&iacute;a el coraz&oacute;n de los hombres, pero hab&iacute;a llegado a descubrir que &uacute;nicamente el arte merec&iacute;a la entrega del coraz&oacute;n. Sin estar capacitada para la creaci&oacute;n art&iacute;stica, sab&iacute;a valorarla&rdquo;. Pauline y Rose Fouquet tienen una probada sensibilidad. En <em>Compa&ntilde;eras de viaje</em> leemos una especie de silogismo: &ldquo;Vivir y amar. Vivir y sufrir, si es preciso&rdquo;. &iquest;Vivir ser&iacute;a amar y amar, sufrir?, &iquest;vivir es sufrir? En <em>Cielo nocturno</em> se adivina cierto misticismo y todo un debate sobre la insatisfacci&oacute;n del alma en <em>Si al atardecer llegara el mensajero</em>, donde, por otra parte, se reconoce que el amor humano &ldquo;no se contenta con la posesi&oacute;n y el disfrute del cuerpo del otro, sino que ans&iacute;a alcanzar su alma&rdquo;. En la misma novela se presenta la persecuci&oacute;n de la belleza como un modo de vivir privilegiado en el que el talento art&iacute;stico &ldquo;tiende hacia lo divino&rdquo;. Al comienzo, encontramos a Luc&iacute;a, quien fantasea con retirarse a un convento. Quien s&iacute; se recluy&oacute; all&iacute;, esta vez en la vida real, fue una doncella que viv&iacute;a con su abuela materna, a su muerte.</p>
<p>-&iquest;Quiz&aacute; de la suma de todo lo hablado hasta ahora surja la tentaci&oacute;n de la vida retirada, enfocada al lado espiritual, donde ya no cabe el deseo?</p>
<p>-Nadie me lo hab&iacute;a preguntado, pero s&iacute;, hay una serie de personajes que piensan que es mejor apartarse de la vida. Me interesa la verdad po&eacute;tica que hay detr&aacute;s de algunas cosas y de algunas personas. Dan sentido a la vida. Mis personajes tambi&eacute;n sienten un poco la curiosidad y salen de la vida, aunque luego vuelven. Necesitan presente la posibilidad de salir.</p>
<p>Una salida al laberinto ser&iacute;a la belleza, que nos eleva con un soplo de inmortalidad sobre el d&iacute;a a d&iacute;a, y otra parece que ser&iacute;an las ideas. &iquest;Se puede entender la ideolog&iacute;a como horizonte de sensibilidad en oposici&oacute;n a la represi&oacute;n de la educaci&oacute;n cat&oacute;lica? &ldquo;La revoluci&oacute;n rusa como si fuera una asignatura pendiente, esencial, que hubi&eacute;ramos debido estudiar junto a las matem&aacute;ticas, la gram&aacute;tica, las ciencias naturales y todo lo dem&aacute;s&rdquo;<a title="" href="#_ftn11">[11]</a>.</p>
<p>-El compromiso afecta hasta a los estudios, escogiendo, adem&aacute;s de Periodismo y Econ&oacute;micas, Ciencias Pol&iacute;ticas.</p>
<p>-&iquest;En mi caso o en las novelas?</p>
<p>-En los dos.</p>
<p>-S&iacute;, pero hay m&aacute;s factores que influyen. Por ejemplo, que la sede de Pol&iacute;ticas estaba en el centro, en la vieja facultad de San Bernardo y eso para m&iacute; era importante, ya que me pod&iacute;a desplazar a pie&hellip;</p>
<p>-&hellip; lo explica en &lsquo;Paseos por Madrid&rsquo;<a title="" href="#_ftn12">[12]</a>.</p>
<p>-Cierto, y cuento que pasaba las ma&ntilde;anas en la hemeroteca, preparando mi tesis sobre el Madrid de P&iacute;o Baroja.</p>
<p>-De <em>La lucha por la vida</em>, concretamente. De nuevo, la idea de adaptarse y superar los conflictos.</p>
<p>-Pues s&iacute;, se ve que desde el principio tuve claro d&oacute;nde mirar, &iquest;no?... Como le digo, hab&iacute;a muchos factores. Tambi&eacute;n estaba que lo previsible en m&iacute; era una carrera de cient&iacute;fica despu&eacute;s del bachillerato que hice. Y por esa extra&ntilde;a manera que tengo de hacer lo contrario de lo que de m&iacute; se espera, hice Pol&iacute;ticas. Hay muchas incoherencias en mi vida, por fortuna, todo no se puede explicar.</p>
<p>En otro cuento del mismo libro, &lsquo;Pamplona&rsquo;, la vida &ldquo;nos espera para irnos dando datos y noticias y hacernos acumular enga&ntilde;osa sabidur&iacute;a&rdquo;. Aunque: &ldquo;Si ya lo supi&eacute;ramos todo, si no necesit&aacute;ramos nada, &iquest;qu&eacute; nos empujar&iacute;a a escribir?&rdquo;. Todo no se puede explicar y de ah&iacute; la literatura.</p>
<p>En 1993 publica una obra clave: <em>La vida oculta</em>, merecedora del premio Anagrama de Ensayo. En el pr&oacute;logo comenta: &ldquo;No importa tanto en qu&eacute; consiste la belleza ni qui&eacute;n le haya dado la oportunidad de contemplarla, sino el hecho de haberla descubierto y vivido&rdquo;. La obra mereci&oacute; el premio Anagrama de Ensayo. En el segundo cap&iacute;tulo, la autora advierte de que no se debe confundir la vida con la literatura. &ldquo;Sin embargo, de una forma profunda, es casi para m&iacute; imposible deslindar la vida de la literatura&rdquo;. Seis a&ntilde;os m&aacute;s tarde ganar&aacute; el Planeta con <em>Queda la noche</em>, una novela con otra protagonista viajera que le cost&oacute; terminar. La idea subyacente, coherente en su obra: nada est&aacute; completamente terminado, siempre hay vida esperando ser vivida. Muchas veces el azar, no conforme con reordenar lo conocido, se convierte en emisario de la sorpresa. A prop&oacute;sito del galard&oacute;n, Soledad Pu&eacute;rtolas dijo que, si bien, parte de la elite cultural entiende que el prestigio debe ser minoritario, a ella no le afect&oacute; negativamente el premio.</p>
<p>-Junto a las lecturas pol&iacute;ticas, imagino las literarias. Hay referencias, en entrevistas que le han hecho y en novelas que ha escrito, sobre c&oacute;mo y cu&aacute;ndo arranca a escribir, a partir de encontrar productivas la soledad y la intimidad en su habitaci&oacute;n. Pero no he le&iacute;do nada acerca de que hubiera un ambiente libresco en casa.</p>
<p>-Es verdad que no hab&iacute;a un ambiente claro. Pero en casa de mi abuela de Zaragoza s&iacute; hab&iacute;a muchos libros y mi padre los hered&oacute;. Era una familia culta y recuerdo que all&iacute;, s&iacute;, se le&iacute;a. Somerset Maugham, Ayn Rand, la literatura de aquella &eacute;poca... Pero es cierto que en casa no insist&iacute;a nadie en los beneficios de la lectura, seguramente porque no hac&iacute;a falta: &eacute;ramos unas ni&ntilde;as aplicadas, que sacaban buenas notas y la literatura ya flotaba, ella sola, en el ambiente. Tampoco dir&eacute; que la familia valorara la cultura por encima de todo. Soy reluctante a que te obliguen a leer, m&aacute;s partidaria de que la afici&oacute;n se d&eacute; de un modo natural, no demasiado <em>intelectual</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Est&aacute; terminando la conversaci&oacute;n y el entrevistador se ha prevenido de caer en preguntas que, sabe, <em>molestan</em> a la autora. Al menos, no ha preguntado cu&aacute;ndo empez&oacute; a escribir. Ella misma realiz&oacute; estas mismas funciones para una radio y lleg&oacute; a entrevistar a Manuel Mujica L&aacute;inez. Se fue al hotel El Prado, en Madrid, cargada con un magnetof&oacute;n. Su marido se hizo pasar por t&eacute;cnico de sonido y, al acabar, declar&oacute;: &ldquo;No lo has le&iacute;do, lo ha notado&rdquo;. Es una de las an&eacute;cdotas. De aquella experiencia sali&oacute; el cuento &lsquo;La indiferencia de Eva&rsquo;, en el que Eva es la entrevistadora ideal que todo lo sabe de sus personajes.</p>
<p>Soledad Pu&eacute;rtolas comenta que incluso &ldquo;las preguntas que buscan sorprender ya han sido, por lo com&uacute;n, hechas&rdquo; y admite aguantar con estoicismo los coloquios y las entrevistas. Sin embargo, en una ocasi&oacute;n<a title="" href="#_ftn13">[13]</a>, confiesa haberse quedado callada unos segundos, sin acertar a contestar. Le inquirieron si alguna obra se le hab&iacute;a resistido, si estaba a la espera de conocer algo para poder escribirla. El suceso data de 1995<a title="" href="#_ftn14">[14]</a>. &ldquo;Yo me encontraba en ese momento un poco perdida en una novela. La hab&iacute;a empezado con fuerzas, llena de ideas y esperanzas, ten&iacute;a al personaje dentro de m&iacute; y sab&iacute;a qu&eacute; relaci&oacute;n ten&iacute;a con &eacute;l &ndash;con <em>ella</em>, se trataba de una mujer- y sab&iacute;a por qu&eacute; caminos iba a aventurarse. Pero el panorama se me hab&iacute;a ensombrecido y no sab&iacute;a qu&eacute; hacer, lo que sent&iacute;a era exactamente eso que el periodista me acababa de preguntar. Ten&iacute;a que esperar, me faltaba un dato, ten&iacute;a que aprender <em>algo</em>&rdquo;. Ese algo, seg&uacute;n ella misma confes&oacute;, guardaba relaci&oacute;n con el paso del tiempo. &ldquo;Mi personaje envejec&iacute;a y yo no sab&iacute;a nada de la vejez, qu&eacute; emociones, qu&eacute; esperanzas pod&iacute;an concebirse desde all&iacute;&rdquo;.</p>
<p>Seguramente acierta cuando formula que muchas de las preguntas hechas a lo largo de la vida &ldquo;esconden una intenci&oacute;n, est&aacute;n destinadas a probar tal o cual cosa, no est&aacute;n dirigidas a obtener una respuesta, a desvelar una verdad, son el veh&iacute;culo de otra pregunta, mucho m&aacute;s profunda y vaga, esconden el inter&eacute;s, la curiosidad por lo que somos&rdquo;. En este caso sin el menor grado de acritud, llana curiosidad, faltaba saber el presente de aquella novela que no pudo escribir, que se le resisti&oacute;, si consigui&oacute; poner en pie algo o la descart&oacute; definitivamente. Sorprendida, afirma: &ldquo;Estoy en ella, y tengo dos m&aacute;s. Pero &eacute;sa a la que te refieres la tengo encauzada. Hab&iacute;a cosas con muy buen planteamiento. Me reencontr&eacute; con ella hace poco y me asombr&oacute; que la hubiera dejado. Estaba en un fondo perdido de mi ordenador. Pensaba que la hab&iacute;a perdido, por lo que me llev&eacute; una sorpresa. La idea es buena, no s&eacute;, me deb&iacute; de sentir sin fuerzas. Pero, por fortuna, ahora no me he bloqueado. Conf&iacute;o en el azar, est&aacute; reposando y dando vueltas en la cabeza y, antes de fin de a&ntilde;o, me habr&eacute; puesto a terminarla.</p>
<p>-Vamos terminando nosotros tambi&eacute;n. Lleva un a&ntilde;o en la Academia Espa&ntilde;ola. Uno piensa en Manuel Seco, Jos&eacute; Luis Sampedro, Mart&iacute;n de Riquer, &iquest;es una instituci&oacute;n m&aacute;s honor&iacute;fica o de trabajo?</p>
<p>-Se trabaja y se trabaja con seriedad. Particularmente, salir de casa para hablar de las palabras me parece maravilloso. Tratamos de actualizar su significado, tray&eacute;ndolo al presente. &iquest;Un ejemplo?: <em>realidad</em>. No est&aacute; tan claro hoy qu&eacute; queremos decir con este concepto: hay desde una supuesta realidad a la virtual pasando por la visible, etc&eacute;tera.</p>
<p>-&iquest;Le ha condicionado el nombramiento la escritura?</p>
<p>-Me ha hecho reflexionar m&aacute;s sobre las palabras, no s&eacute; en qu&eacute; medida me puede afectar, me gustar&iacute;a que no demasiado. El respeto por la palabra es un peso para el escritor. Espero guardar siempre una pizca de irreverencia o, de lo contrario, no podr&iacute;a escribir.</p>
<p>-Naipaul acaba de soltar que las mujeres escriben peor que los hombres. &iquest;Qu&eacute; opini&oacute;n le merece?</p>
<p>-No me parece una manifestaci&oacute;n propia de un escritor, m&aacute;s bien de un soci&oacute;logo de baja estofa. Me han dicho que tiene mal humor, ese d&iacute;a estar&iacute;a enfadado.</p>
<p>Y r&iacute;e por &uacute;ltima vez. Hay cosas mejores en que pensar. Por ejemplo, esos personajes desdoblados en los que ella es y no es; o escribir, en la tarea minuciosa de separarse de la vida. Como dice Fernando Pessoa, uno de sus autores predilectos: &ldquo;Si no me quiero encontrar, / &iquest;querr&eacute; que me hall&eacute;is vosotros?&rdquo;.</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> Ant&oacute;n Castro.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> En una entrevista publicada en 1994 &ndash;y realizada en 1989- en <em>Veneno en la boca</em>, recopilaci&oacute;n de Ant&oacute;n Castro.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a> <em>Si al atardecer llegara el mensajero</em>.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a> <em>Abc Literario</em>, 3 de abril de 1992.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a> Obra original de 1981.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a> <em>Historia de un abrigo</em>, novela hecha a base de relatos, de 2005.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a> <em>Cielo nocturno</em>.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref8">[8]</a> <em>Compa&ntilde;eras de viaje</em>.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref9">[9]</a> &lsquo;Oto&ntilde;o de 1968&rsquo;.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref10">[10]</a> El 15 de julio de 2011 publica en <em>El Pa&iacute;s</em> un art&iacute;culo sobre su ingreso, a los cuatro a&ntilde;os, en el jard&iacute;n de infancia.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref11">[11]</a> <em>Cielo nocturno</em>.</p>
</div>
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<p><a title="" href="#_ftnref12">[12]</a> <em>Recuerdos de otra persona</em>.</p>
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<div>
<p><a title="" href="#_ftnref13">[13]</a> Recopilado en <em>La vida se mueve</em>, El Pa&iacute;s Aguilar</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref14">[14]</a> <em>Revista Cruz Campo</em>.</p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Wed, 08 Jul 2015 07:18:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[POEMAS]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/dinocampana/</link>
      <description><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2015/julio/dinoquinientos.jpg" alt="" /></p>
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<p>Dino Campana naci&oacute; en Marradi (Florencia) en 1885 y muri&oacute; en San Martino alla Palma (Florencia) en 1932.<br /> Ha publicado:<em> Canti orfici</em>.<br /> En espa&ntilde;ol: <em>Cantos &oacute;rficos y otros poemas</em>, DVD Ediciones, Barcelona, 1999.</p>
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<p><br />&nbsp; <strong>LA QUIMERA</strong><br /> <br /> No s&eacute; si entre rocas tu p&aacute;lido<br /> Rostro se me apareci&oacute;, o sonrisa<br /> De lejan&iacute;as ignoradas<br /> Fuiste, inclinada la eb&uacute;rnea<br /> Frente fulgente, oh joven<br /> Hermana de la Gioconda:<br /> Oh de las primaveras<br /> Apagadas por tus m&iacute;ticas palideces<br /> Oh Reina, oh Reina adolescente:<br /> Mas por tu ignoto poema<br /> De voluptuosidad y dolor<br /> M&uacute;sica muchacha exang&uuml;e,<br /> Marcado con una l&iacute;nea de sangre<br /> En el c&iacute;rculo de los labios sinuosos,<br /> Reina de la melod&iacute;a:<br /> Mas por la virgen cabeza<br /> Reclinada, yo, poeta nocturno<br /> Vel&eacute; las v&iacute;vidas estrellas en los pi&eacute;lagos del cielo,<br /> Yo por tu dulce misterio<br /> Yo por tu devenir taciturno.<br /> No s&eacute; si la p&aacute;lida llama<br /> De los cabellos fue el vivo<br /> Signo de su palidez,<br /> No s&eacute; si fue un dulce vapor,<br /> Dulce sobre mi dolor,<br /> Sonrisa de un rostro nocturno:<br /> Miro las blancas rocas, los mudos manantiales de los vientos<br /> Y la inmovilidad de los firmamentos<br /> Y los henchidos arroyos que van llorando<br /> Y las sombras del trabajo humano encorvadas all&aacute; en las g&eacute;lidas colinas<br /> Y a&uacute;n por tiernos cielos lejanas y claras sombras fluyentes<br /> Y a&uacute;n te llamo, te llamo Quimera.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;"><br />&nbsp;<strong>FURIBUNDO</strong></p>
<p><br /> Yo la hab&iacute;a abrazado.<br /> Mientras afanoso por las ciegas ebriedades<br /> En el umbral ciego iba a tientas<br /> Y r&aacute;pidos golpes repet&iacute;a<br /> Sobre la puerta de los eternos deleites:<br /> De pronto, sobre mi espalda<br /> Se alz&oacute; y volvi&oacute; a caer martilleando sordo<br /> Y r&iacute;tmico su pie. Fue el recuerdo<br /> Del instante fugaz, en la plenitud<br /> Fant&aacute;stica el llamado de la muerte.<br /> Ardiendo desesperadamente entonces<br /> Redobl&eacute; mis fuerzas ante aquel llamado<br /> Fat&iacute;dico y jadeando traspas&eacute;<br /> La morada de la nada y de la ebriedad, altivo<br /> Penetr&eacute;, con fervor, alta la frente<br /> Empu&ntilde;ando la garganta de la mujer<br /> Victorioso en la m&iacute;stica fortaleza<br /> En mi patria antigua, en la gran nada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;EL VENTANAL</strong><br /> <br /> La humeante noche de verano<br /> Desde el alto ventanal vierte claridad en la sombra<br /> Y me deja en el coraz&oacute;n un sello ardiente.<br /> Pero &iquest;qui&eacute;n (en la terraza sobre el r&iacute;o se enciende una l&aacute;mpara), qui&eacute;n,<br /> A la Virgencita del Puente, qui&eacute;n es, qui&eacute;n es el que le ha encendido la l&aacute;mpara? &mdash; hay<br /> En la habitaci&oacute;n un olor a podredumbre: hay<br /> En la habitaci&oacute;n una desfalleciente llaga roja.<br /> Las estrellas son botones de n&aacute;car y la noche se viste de terciopelo:<br /> Y tiembla la noche fatua: es fatua la noche y tiembla pero hay<br /> En el coraz&oacute;n de la noche hay,<br /> Siempre una desfalleciente llaga roja.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;"><br />&nbsp;<strong>BUENOS AIRES</strong></p>
<p><br /> El buque avanza lentamente<br /> Entre la niebla gris de la ma&ntilde;ana<br /> Sobre el agua amarilla de un mar fluvial<br /> Aparece la ciudad gris y velada.<br /> Se entra en un puerto extra&ntilde;o. Los emigrantes<br /> Enloquecen y se enfurecen agolp&aacute;ndose<br /> En la &aacute;spera ebriedad de la inminente lucha.<br /> Desde un grupo de italianos vestido<br /> De manera rid&iacute;cula, a la moda<br /> Bonaerense, arrojan naranjas<br /> A los paisanos alterados y vociferantes.<br /> Un muchacho de porte liger&iacute;simo<br /> Prole de libertad, pronto a lanzarse<br /> Los mira con las manos en la faja<br /> Multicolor y esboza un saludo.<br /> Pero gru&ntilde;en feroces los italianos.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 07 Jul 2015 07:31:38 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Poemas"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/-poemas-/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2015/Junio/Sibilla1uinien.jpg" alt="" /></p>
<p>Sibilla Aleramo naci&oacute; en Alessandria (Piamonte) en 1876 y muri&oacute; en Roma en 1960.<br /> Entre otros libros, ha publicado: <em>Selva d'amore, Aiutatemi a dire </em>y<em> Gioie d&rsquo;occasione.</em></p>
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<p><br /> <strong>OTRA VEZ MARZO NOS ENCUENTRA</strong><br /> <br /> Otra vez marzo nos encuentra,<br /> es de nuevo primavera,<br /> otra vez con sus cielos leves,<br /> la tierna luz y la fragancia del viento,<br /> y aquello que nos une,<br /> arcana claridad<br /> antiguo es, y no obstante joven,<br /> dulce temblor de aire<br /> y quieta voluntad del hado<br /> juntos nos mantiene, y marzo nos encuentra,<br /> una vez m&aacute;s es primavera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UN DON ERAS DE LOS DIOSES</strong></p>
<p>Im&aacute;genes resurgen en el viento,</p>
<p>nuevo el tiempo regresa,</p>
<p>un don eras para la vista y el coraz&oacute;n</p>
<p>cuando desnudo corr&iacute;as por el estadio desierto</p>
<p>en las ma&ntilde;anas de Delfos,</p>
<p>alta la frente al viento de abril,</p>
<p>como una pura estrofa</p>
<p>sonre&iacute;as a los Dioses,</p>
<p>sobre m&iacute; feliz</p>
<p>los dulces ojos posabas</p>
<p>m&aacute;s que abril alegres,</p>
<p>en la gran luz de la primavera</p>
<p>un don eras de los dioses...&nbsp;</p>
<p>&nbsp;<br /> <br /> <strong>GRAVE, PERO COMO UNA ARDIENTE M&Uacute;SICA</strong><br /> <br /> Grave, pero como una ardiente m&uacute;sica,<br /> este latir fuerte de tu vida,<br /> y ver reflejada en tu mirada<br /> el alma que ya tuve en mi juventud,<br /> <br /> este sentirte himno y ala y luz<br /> en el mundo que divino quieres recrear,<br /> grave a mi coraz&oacute;n<br /> este revivir en ti mi antigua f&aacute;bula,<br /> <br /> pero como una ardiente m&uacute;sica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><br /> <strong>HE VUELTO A SER BELLA...</strong><br /> <br /> He vuelto a ser bella<br /> y quiz&aacute; sea &eacute;ste mi &uacute;ltimo oto&ntilde;o.<br /> M&aacute;s bella que cuando le gust&eacute; en el sol,<br /> bella, y vana a sus ausentes ojos,<br /> como una hoja de sombra...<br /> Pero algunas noches,<br /> en el silencio que ya no turba el llanto,<br /> invocada me siento<br /> con desesperada sed<br /> por su boca lejana...</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 29 Jun 2015 09:31:54 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aquello irresuelto que queda hiriendo en el aire del poema]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/aquello-irresuelto-que-queda-hiriendo-en-el-aire-del-poema/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2015/junio/galvezquinien.jpg" alt="" /></p>
<p><em>El oro fundido</em> (Pre-Textos, 2015) abre sin duda una nueva etapa en la obra del poeta cordob&eacute;s Francisco G&aacute;lvez. A pesar de ello, en este libro permanecen ciertas obsesiones del pasado: su conciencia del paso del tiempo que en <em>Tr&aacute;nsito</em> (1994) se nos ofrec&iacute;a como la tan borgiana eternidad del instante; la importancia de la contemplaci&oacute;n que en libros como <em>Santuario</em> (1986) tiene algo del decadentismo finisecular, mientras que en <em>El oro fundido</em> LA MIRADA &ndash;as&iacute; en may&uacute;scula&ndash; se convierte en un elemento indispensable y adquiere un car&aacute;cter vitalista y, por &uacute;ltimo, la obsesi&oacute;n por la estructura, la concepci&oacute;n el libro de poemas como un mecanismo de relojer&iacute;a formado por piezas ensambladas, que lleva al poeta a la b&uacute;squeda del armaz&oacute;n perfecto que ordene el todo. Por esta raz&oacute;n t&iacute;tulos, subt&iacute;tulos, citas y pistas conforman todos sus libros.</p>
<p>Es precisamente este &uacute;ltimo rasgo el que nos remite a una impresi&oacute;n global de <em>El oro fundido</em>, libro que se presenta como un magma vital &ndash;un magma textual&ndash; donde &laquo;Todo est&aacute; vivo / y sigue movi&eacute;ndose&raquo;. La pregunta que nos formulamos ante esta primera impresi&oacute;n es de qu&eacute; materia est&aacute; formado ese magma y la respuesta es clara: la <em>memoria</em>. Fragmentos del pasado fundidos, el fundido de la memoria donde se superponen, mezclan, pierden sus contornos &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&ndash;difuminados&ndash; recuerdos que fueron s&oacute;lidos y ahora se funden y se hacen l&iacute;quidos &ndash;l&iacute;ricos&ndash; y conforman este magma vital que es el libro. Este magma aparece ante el lector como un todo org&aacute;nico, como una materia que est&aacute; viva porque el autor le imprime un ritmo mediante la&nbsp; repetici&oacute;n de ideas, palabras, oraciones, versos y vers&iacute;culos, a veces de manera literal, otras con peque&ntilde;as variaciones, pero que van dejando una huella en el o&iacute;do del lector: &laquo;vitriolo&raquo;, &laquo;&oacute;xido&raquo;,&nbsp; &laquo;silencio de poca gente y ciudad vigilada&raquo;, &laquo;aburre todo recto y sin curvas&raquo;, &laquo;aburre todo llano y sin curvas&raquo;. Francisco G&aacute;lvez&nbsp; le impone a esta materia org&aacute;nica su obsesi&oacute;n por la estructura y el libro se convierte en el feliz resultado de la uni&oacute;n de estas dos fuerzas antag&oacute;nicas, el feliz ox&iacute;moron: encajar, bien organizado dentro de una meditada estructura, el magma vivo que es <em>El oro fundido. </em></p>
<p>Queda enunciada ya la primera clave sobre la que se levanta este libro de poemas: la <em>memoria</em>. A ella se unen la <em>mirada</em> y la <em>poes&iacute;a, </em>&nbsp;tres claves que llegan a perder sus contornos y, fundidas, forman el pilar esencial que sostiene <em>El oro fundido</em>. Este libro est&aacute; hecho de <em>memoria</em> como bien indica el profesor Pedro Ruiz en su rese&ntilde;a, especialmente en la parte titulada <em>Contenedores:</em> &laquo;teatro de la memoria hecho de im&aacute;genes procedentes de la vivencia de una ciudad provinciana que entre los a&ntilde;os 50 y 70 acoge, con su trasfondo la infancia, la adolescencia y la juventud del poeta y de sus correlatos en el poemario&raquo;. &nbsp;Pero existe un aspecto de esta clave especialmente interesante, la <em>memoria</em> como una v&iacute;a posible de ensanchar la identidad en tres sentidos: 1&ordm;) m&aacute;s all&aacute; de la chata rutina &ndash;&laquo;y sacar la basura, /el perro a pasear&raquo;&ndash;; 2&ordm;) m&aacute;s all&aacute; de lo que somos en el presente &ndash;&laquo;porque siempre somos herederos de algo&raquo;&ndash; y 3&ordm;) m&aacute;s all&aacute; de los bordes del yo. Quiz&aacute;s sea este &uacute;ltimo sentido el m&aacute;s importante, porque es donde esta <em>memoria</em> se convierte en literatura, donde se hace posible trascender lo biogr&aacute;fico y convertirlo en experiencia com&uacute;n y realidad otra. El propio autor en la nota que inicia el libro expresa el deseo de fundir en sus poemas autobiograf&iacute;a e historia: &laquo;vida y memoria se establecen en una hora global, que abarca principio y final de un tiempo, tal vez de un per&iacute;odo y &eacute;poca de todos&raquo;.</p>
<p>Una de las estrategias que el poeta emplea para conseguir traspasar los bordes del yo es el <em>distanciamiento</em>. El autor adopta la posici&oacute;n del observador y escribe en tercera persona, a veces en segunda y, de forma excepcional, en primera persona. Esta tercera persona le permite ficcionalizarse, convertirse en un sujeto l&iacute;rico que adquiere realidad textual y tiene todas las posibilidades de la ficci&oacute;n, &laquo;la identidad es la parte m&aacute;s aburrida&raquo; y por eso hay que ensancharla con la memoria de lo pasado, de lo imaginado y de lo deseado. Esa tercera persona se convierte en&nbsp; la m&aacute;scara perfecta que permite el decir plural, que tanto ans&iacute;a el autor, la narraci&oacute;n y el misterio, el desvelamiento: &laquo;alguien llama a la puerta y observa por el mirador al que llega, / se ve a s&iacute; mismo, y no abre. Dice: cada cosa a su tiempo&raquo;. No olvidemos que la &uacute;ltima parte de <em>El oro fundido</em>, antes del ep&iacute;logo, se titula <em>Los rostros del personaje.</em> &nbsp;La primera persona aparece en apenas unos cuantos poemas que, como peque&ntilde;os agujeros en el papel, dejan pasar cierta luz desnuda.</p>
<p>A la clave de la <em>memoria</em> se unen, <em>mirada</em> y <em>poes&iacute;a</em>, dec&iacute;amos. Existe en <em>El oro fundido</em> una honda reflexi&oacute;n sobre el quehacer po&eacute;tico, en la cual la <em>mirada</em> cobra un enorme valor. La <em>mirada</em> es la herramienta esencial del poeta, la &laquo;punta de diamante&raquo; que le permite transformar en palabra aquello que le rodea y contempla: &laquo;LA MIRADA, como la punta de un diamante rasga el pasado / y en la ventana del tiempo se mueven las im&aacute;genes&raquo;. En estos vers&iacute;culos podemos comprobar que la <em>mirada</em> del poeta no se dirige al presente, &nbsp;sino que rasga el pasado y quedan as&iacute; fundidas las tres claves enunciadas: <em>memoria</em>, <em>mirada</em> y <em>poes&iacute;a</em>. &nbsp;Y si subrayamos del contenido metapo&eacute;tico de este libro, no podemos dejar de mencionar al personaje del &laquo;orfebre&raquo; que aparece en diferentes textos y que es, adem&aacute;s de una referencia concreta al pasado del autor, trasunto de la figura del poeta: si la <em>mirada</em>, herramienta principal del poeta, es &laquo;punta de diamante&raquo;; el orfebre &laquo;en una m&aacute;quina con punta de diamante labra cantos &nbsp;/ en los anillos&raquo;.</p>
<p>Y pasamos al &uacute;ltimo fundido de este libro, aquel en el que se unen forma e idea y que el autor expresa as&iacute; en la nota inicial: &laquo;significado y significante se encuentran difuminados en multiplicidad de giros y mudanzas&raquo;. Es absurda y simplista &ndash;aunque did&aacute;ctica&ndash; la separaci&oacute;n entre forma&nbsp; e idea, porque siempre llega el poema para invalidarla. En <em>El oro fundido</em> el poeta modula su voz en los &laquo;registros, formas y tonos&raquo;&nbsp; que le dicta aquello que desea decir, que no se dejar&iacute;a ser texto de otra manera. Un buen ejemplo lo encontramos en el modo en el que el poeta utiliza la lengua para plasmar los juegos de la memoria. En el poema n&uacute;mero 4 de la parte titulada <em>&Uacute;ltima visi&oacute;n de agost</em>o<em>,</em> uno de los pocos textos en los que el yo aparece, G&aacute;lvez consigue de manera magistral, pasando de la prosa al verso y del verso a la prosa, crear una realidad en el texto donde quedan fundidos los distintos momentos de la memoria, donde nos encontramos &laquo;el futuro transform&aacute;ndose en pasado&raquo; en la p&aacute;gina y en el centro la hondura l&iacute;rica, el instante detenido del poema.</p>
<p>Y para terminar este breve comentario sobre las m&uacute;ltiples modulaciones de la voz &nbsp;para materializar la idea, no podemos dejar de mencionar un recurso que apunta hacia dos estilos distintos, pero presentes ambos en el libro. Me refiero al empleo del anacoluto, de la agramaticalidad expresiva que, por un lado, nos conduce hacia esos poemas en los que la influencia vanguardista &ndash;la ruptura l&oacute;gica, la imagen on&iacute;rica plagada de sugerencias&ndash; es tangible como, por ejemplo, en &laquo;Verde&raquo; y, por otro lado, nos lleva hacia el interesante espacio de la oralidad. &laquo;Oralidad&raquo; es el poema que encabeza la parte titulada <em>Contenedores</em> para establecer el sentido del tono elegido, para mostrar al lector la importancia que posee la palabra viva: &laquo;En la mirada de un invierno / que hasta aqu&iacute; ha llegado / de boca en boca&raquo;. Pero posiblemente lo &nbsp;m&aacute;s interesante es lo que supone en el libro la elecci&oacute;n de este tono. En primer lugar, la citada agramaticalidad expresiva contribuye a los momentos de mayor intensidad, capaces de despertar en el lector una emoci&oacute;n pura, como algo que no puede concretarse pero existe: &laquo;Cuando ten&iacute;a quince a&ntilde;os / y no importa la muerte / cre&iacute;a que morir&iacute;a muy pronto&raquo;. Nos encontramos, en segundo lugar, con otro recurso, derivado tambi&eacute;n de esta apuesta que Francisco G&aacute;lvez hace por la oralidad, que denominamos como <em>est&eacute;tica de lo inacabado</em> y que consigue que el poema no &nbsp;aparezca ante el lector como un objeto terminado, sino como una realidad abierta y mutable: &laquo;Todo est&aacute; abierto y todo aguarda&raquo;, &laquo;Todo puede ocurrir en cualquier momento&raquo;. En los versos citados late lo que implica esta opci&oacute;n est&eacute;tica, abrir la v&iacute;a de la posibilidad y la pregunta, cerrar aquella que nos llevar&iacute;a hacia los finales rotundos y efectistas, optar por aquello irresuelto que queda hiriendo en el aire del poema y se hace atm&oacute;sfera, enigma, y nos produce cierto dulce desasosiego: &laquo;unos gatos al borde del puerto / y sus ojos en el vaiv&eacute;n / de una barca amarrada, / &iquest;qu&eacute; desean, saltar, soltar amarras?&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Francisco G&aacute;lvez, <em>El oro fundido</em>, Valencia, Pre-Textos, 2015.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 29 Jun 2015 07:17:46 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La voz que salió de los escombros]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-voz-que-salio-de-los-escombros/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2015/bullquini.jpg" alt="" /></p>
<p>&ldquo;Cuando volvimos a ver Colonia, lloramos&rdquo;. Heinrich B&ouml;ll describ&iacute;a as&iacute; en uno de sus ensayos<a title="" href="#_ftn1">[1]</a> la sensaci&oacute;n que les sobrecogi&oacute; a &eacute;l y a su familia, y seguramente tambi&eacute;n a la totalidad de aquellos en su misma situaci&oacute;n, cuando a finales de 1945 regresaron a una ciudad inexistente, completamente destruida por las bombas, arrasada, desolada. B&ouml;ll ten&iacute;a entonces 28 a&ntilde;os y era uno de los pocos supervivientes de la devastaci&oacute;n del conflicto b&eacute;lico, aproximadamente unos 400.000, del que hab&iacute;a sido uno de los n&uacute;cleos urbanos m&aacute;s importantes del pa&iacute;s. Colonia era su casa, la ciudad en la que hab&iacute;a nacido el 21 de diciembre de 1917, y en la que hab&iacute;a vivido hasta entonces los a&ntilde;os felices de su infancia, la bancarrota de su familia y el terror de la pol&iacute;ticas nacionalsocialistas. Tras haberse visto obligado a alistarse en el ej&eacute;rcito, ser parte activa de los combates en los frentes del este y el oeste y haber estado incluso en prisi&oacute;n, regresaba ahora a una ciudad de escombros, fantasmag&oacute;rica, destruida en su pr&aacute;ctica totalidad, que habr&iacute;a de vivir los sinsabores de la reconstrucci&oacute;n y de todas las conmociones que experimentar&iacute;a en su seno la Alemania de posguerra.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta visi&oacute;n de su ciudad natal, unida a todo lo vivido en los a&ntilde;os previos, constituy&oacute;, no obstante, el factor decisivo que impuls&oacute; al futuro Premio Nobel a dedicarse a la literatura con una intensidad que no hab&iacute;a logrado desarrollar hasta entonces, debido a lo complejo de su situaci&oacute;n vital hasta ese momento. Aun con todo, en su esbozo autobiogr&aacute;fico &laquo;Sobre m&iacute; mismo&raquo;, redactado a finales de 1936, B&ouml;ll hab&iacute;a dejado ya claro que lo &uacute;nico que siempre hab&iacute;a deseado era escribir, y que lo hab&iacute;a intentado desde muy joven, pero no hab&iacute;a encontrado el modo de hacerlo ni las palabras para ello hasta mucho tiempo despu&eacute;s, precisamente tras la vivencia de tan brutales acontecimientos y, sobre todo, tras la visi&oacute;n de las ruinas: &ldquo;Yo sab&iacute;a lo que hab&iacute;a pasado [&hellip;] y no me hice ilusi&oacute;n alguna sobre el momento hist&oacute;rico de 1945. Pero siempre, a pesar de los escombros, la miseria, las dificultades, el hambre y dem&aacute;s, la sensaci&oacute;n de ser libre result&oacute; decisiva. Para m&iacute; fue un aliciente; entre 1939 y 1945 no escrib&iacute; una sola l&iacute;nea, solo muchas cartas a mi mujer, a la que luego ser&iacute;a mi mujer, a mis amigos, pero despu&eacute;s de 1945 sent&iacute; un empuje tremendo [&hellip;] y empec&eacute; r&aacute;pidamente a escribir&rdquo; (<em>Literaturmagazin </em>7,1977).</p>
<p>Su primer gran trabajo en prosa fue una novela con forma de diario titulada <em>Am Rande der Kirche </em>(<em>Al margen de la Iglesia</em>), que B&ouml;ll redact&oacute; durante el verano de 1939, cuando present&iacute;a ya la inminencia de la guerra y esperaba ser llamado a filas en cualquier momento. La novela, que nunca lleg&oacute; a ver la luz al igual que el resto de sus escritos de aquellos a&ntilde;os, se caracterizaba por una actitud vehementemente anticlerical y antiburguesa que, con el paso del tiempo, se convertir&iacute;a en el hilo conductor del conjunto de su producci&oacute;n literaria. <em>Aus der Vorzeit </em>(<em>De los primeros tiempos</em>), un relato muy breve, vio la luz el 3 de mayo de 1947 en el peri&oacute;dico <em>Rheinischer Merkur</em>; <em>Der Zug war p&uuml;nktlich </em>(<em>El tren lleg&oacute; puntual</em>), una de sus narraciones m&aacute;s conocidas, no se public&oacute; hasta 1949, aunque B&ouml;ll la hab&iacute;a escrito en el invierno de 1946/47. Aun a pesar de este lento proceso inicial, a estos textos les seguir&iacute;a una producci&oacute;n ininterrumpida a lo largo de m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os, llenos de premios y menciones, en los que la Alemania de posguerra y del posterior milagro econ&oacute;mico desempe&ntilde;&oacute; siempre un papel fundamental en un total de m&aacute;s de cien relatos, diez novelas, m&aacute;s de veinte piezas de teatro radiof&oacute;nico, cinco guiones cinematogr&aacute;ficos y dos teatrales, un sinf&iacute;n de ensayos y, lo que es menos conocido, veinticuatro poemas. Como escritor comprometido que siempre fue, B&ouml;ll imparti&oacute; tambi&eacute;n m&uacute;ltiples conferencias, y public&oacute; un buen n&uacute;mero de manifiestos pol&iacute;ticos, as&iacute; como pr&oacute;logos, ep&iacute;logos y rese&ntilde;as de otras tantas obras. En total m&aacute;s de seiscientos textos a los que habr&iacute;a que a&ntilde;adir las versiones cinematogr&aacute;ficas que se han realizado de algunas de sus novelas y relatos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A pesar de tan ingente producci&oacute;n, as&iacute; como de las cuatro d&eacute;cadas a trav&eacute;s de las que se extiende toda ella, la obra de B&ouml;ll mantiene siempre un hilo com&uacute;n en el que se engarzan temas y motivos que se desarrollan y var&iacute;an de m&uacute;ltiples maneras: el amor, la vida en comunidad, lo personal y lo cotidiano, es decir, todo lo que lleva al individuo a un compromiso consigo mismo y con la sociedad, toda una &ldquo;est&eacute;tica de lo humano&rdquo;, tal como &eacute;l mismo la definir&iacute;a posteriormente en las lecciones de po&eacute;tica impartidas en la Universidad de Frankfurt en 1964. Los sucesos de la vida diaria, las peque&ntilde;as cosas que acontecen al individuo en su d&iacute;a a d&iacute;a, fueron siempre para &eacute;l la base y el &uacute;nico punto de partida para sus escritos, en los que ve&iacute;a imposible una separaci&oacute;n entre moral y est&eacute;tica, una concepci&oacute;n definida de entrada por sus fuertes convicciones religiosas. Y ello porque B&ouml;ll concibi&oacute; siempre el hecho de describir el momento presente como una obligaci&oacute;n que conllevaba a su vez la necesidad de escribir de principio a fin con un trasfondo evidentemente social. De ah&iacute; que sus primeros textos, relatos breves al estilo de la <em>short story</em> americana, un g&eacute;nero puesto de moda durante los a&ntilde;os de la posguerra por escritores como Ernest Hemingway y continuado despu&eacute;s en territorio alem&aacute;n por otros como Wolfgang Borchert, tuvieran como protagonistas a individuos enfrentados a su cotidianeidad, ya fueran soldados en el campo de batalla o ciudadanos en medio de lo que hab&iacute;a quedado tras la guerra, en medio de los escombros: &ldquo;[&hellip;] los individuos de los que escrib&iacute;amos, viv&iacute;an entre escombros, ven&iacute;an de la guerra, hombres y mujeres heridos de igual manera, tambi&eacute;n ni&ntilde;os&rdquo;, escribe en su ensayo <em>Zur Verteidigung der Waschk&uuml;chen </em>(<em>En defensa de los lavaderos</em>, 1952). B&ouml;ll ve la necesidad de encontrar entre las ruinas dejadas por el Tercer Reich un nuevo comienzo, para lo cual es necesario poner al descubierto todas las dificultades sociales, familiares y, sobre todo, las secuelas ps&iacute;quicas que ha dejado el conflicto entre todos aquellos que conforman el pan&oacute;ptico de la sociedad alemana del momento. Por eso escribe sin m&aacute;s sobre individuos corrientes, cotidianos, sobre individuos cuyo presente se explica a trav&eacute;s del trauma de los acontecimientos vividos en la guerra. Y as&iacute;, a pesar de las dificultades que ello conllevaba tras la desolaci&oacute;n de aquellos espantosos momentos, fijar la realidad en los textos literarios se convirti&oacute; para el escritor en ciernes en un objetivo claro, en una &ldquo;obligaci&oacute;n&rdquo;, en la &uacute;nica forma de dar voz a aquellos que no la ten&iacute;an, en la &uacute;nica forma de hacer que los escombros cobraran vida. Esto es, por tanto, lo que el lector encuentra en las historias del volumen <em>Wanderer, kommst du nach Spa&hellip; </em>(<em>Caminante, si llegas a Espa..</em>, 1950), en las que el tema de la supervivencia en los a&ntilde;os de la posguerra se convierte en el hilo conductor, exactamente igual que en la novela <em>Wo warst du, Adam? </em>(<em>&iquest;D&oacute;nde estabas, Ad&aacute;n?</em>, 1951). B&ouml;ll describe aqu&iacute; vivencias de la guerra a trav&eacute;s de las experiencias individuales de un grupo de oficiales que regresa de Ruman&iacute;a a Alemania, haciendo uso de un lenguaje parco, carente de todo adorno, que abre los ojos al lector a todas aquellas posibilidades que existen para escapar a la tristeza de la realidad cotidiana, aunque la guerra llegue incluso a servir de coartada para ello, una realidad que se concibe ya incluso en el propio t&iacute;tulo de la obra inspirado en una de las citas m&aacute;s conocidas del escritor cat&oacute;lico Theador Haecker (1879-1945): &ldquo;Una cat&aacute;strofe mundial puede servir para ciertas cosas. Tambi&eacute;n para encontrar una coartada ante Dios. &iquest;D&oacute;nde estabas, Ad&aacute;n? &lsquo;Estaba en la guerra mundial&rsquo;&rdquo; (<em>Tag- und Nachtb&uuml;cher</em>, 1949). Feinhals, el soldado protagonista, logra llegar a su casa, pero justo en el umbral le estalla una granada detonada por soldados alemanes y muere con la bandera blanca, s&iacute;mbolo de la paz, cubri&eacute;ndole el rostro. Aunque este final fue un tanto criticado por lo que, en efecto, tiene de melodram&aacute;tico, lo cierto es que B&ouml;ll no pretende aqu&iacute; m&aacute;s que ejemplificar en la persona de Feinhals la tiran&iacute;a reinante en todos los &oacute;rdenes jer&aacute;rquicos que es, al fin y al cabo, la que ha conducido al conflicto.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las ruinas son tambi&eacute;n el escenario en el que se desarrolla la novela <em>Der Engel schwieg </em>(<em>El &aacute;ngel call&oacute;</em>), terminada ya en 1949 y rechazada para su publicaci&oacute;n por varias editoriales, probablemente porque los editores no consideraban la vida entre los escombros como tema adecuado para el momento que se estaba viviendo, un momento en el que se necesitaban altas dosis de optimismo y no de realidad. Pero si por algo destaca esta novela en el conjunto de su producci&oacute;n es precisamente por el hecho de que su protagonista, Hans Schnitzler, presenta unos clar&iacute;simos rasgos autobiogr&aacute;ficos, algo que no es frecuente encontrar en ninguna de sus obras. Tras haber completado una formaci&oacute;n profesional como carpintero y otra como librero, Hans es llamado a filas y regresa el d&iacute;a de la capitulaci&oacute;n, el 8 de mayo de 1945 a una ciudad absolutamente destruida, que f&aacute;cilmente puede identificarse con Colonia. Hans, desertor del ej&eacute;rcito, hab&iacute;a tenido que adoptar una nueva identidad; para ello se hab&iacute;a deshecho del uniforme y se hab&iacute;a puesto un abrigo, una valiosa pieza en aquellos a&ntilde;os de hambre, con la intenci&oacute;n de devolv&eacute;rselo a su propietaria, cuya direcci&oacute;n hab&iacute;a encontrado cosida en la prenda. Es as&iacute; como la guerra acaba uniendo a Hans y a Regina Unger, que ha perdido a su marido y a su hijo reci&eacute;n nacido en la guerra, primero solo por una noche, luego por m&aacute;s tiempo: la entrega y el amor van creciendo entre ellos, un amor que los lleva a compartir lo poco que tienen, as&iacute; como la escasa comida que pueden conseguir en el mercado negro. Hans visita tambi&eacute;n en una ocasi&oacute;n a la esposa del hombre que dio la vida para salvarlo a &eacute;l, ahora enferma de muerte. Cuando va a verla por segunda vez, acaba de fallecer y los herederos &aacute;vidos de dinero que la est&aacute;n velando aparecen descritos como el contrapunto perfecto a todos aquellos que han sabido prestarse ayuda desinteresada durante el conflicto, sobre todo en la contraposici&oacute;n del abogado asesor del cardenal y el sencillo capell&aacute;n que casa a la pareja incluso sin el certificado de matrimonio oficial.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los temas amor y religi&oacute;n, cardinales en toda la producci&oacute;n de B&ouml;ll en sus m&aacute;s diversas variantes, aparecen aqu&iacute; ya entre los escombros, en un escenario de ruinas en el que con frecuencia hay un hombre solitario que busca a otro que pueda liberarlo de su soledad. Este es, por lo general, el punto de partida de muchas de sus obras, unas obras que hablan de la posguerra, de la vuelta del infierno, de una vuelta a la vida, a la que todos se aferran. A pesar de los comentarios negativos de algunos cr&iacute;ticos, que le achacaban cierta insistencia en dibujar a todos los personajes de sus novelas a partir de este esquema, sin ir m&aacute;s all&aacute;, es necesario poner de relieve que todas ellas se caracterizan precisamente por representar esa &ldquo;est&eacute;tica de lo humano&rdquo; a trav&eacute;s de la cual el autor pone de relieve la defensa de los valores &eacute;ticos, positivos, que aqu&iacute; se ven con toda claridad en la actitud del protagonista y la mujer a la que ama, fijados incluso en el marco de una relaci&oacute;n extramatrimonial que, evidentemente, no era vista con buenos ojos por la sociedad de posguerra. Esta es la sociedad decadente que B&ouml;ll cuestiona, y que aparece representada aqu&iacute; en la figura del abogado. El autor solo pretende poner de relieve las necesidades vitales, las experiencias y los deseos de la gente humilde, la que en esos momentos est&aacute; viviendo la realidad de los escombros. Y precisamente la fijaci&oacute;n en esos personajes y en esos detalles es lo que acab&oacute; dando a sus textos validez universal, m&aacute;s all&aacute; del momento en el que y para el que fueron compuestas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En 1951 B&ouml;ll particip&oacute; junto con otros 24 autores en una lectura p&uacute;blica del ya famoso Grupo 47, un foro creado por Hans Werner Richter para dar salida a la voz de&nbsp; los j&oacute;venes escritores en tan dif&iacute;ciles momentos. En aquella sesi&oacute;n B&ouml;ll ley&oacute; una historia, breve pero mordaz, <em>Die schwarzen Schafe </em>(<em>Las ovejas negras</em>), por la que obtuvo un premio dotado con mil marcos, patrocinado por una compa&ntilde;&iacute;a de publicidad estadounidense. Poco antes, se hab&iacute;a quedado sin trabajo, con lo que el premio no solo le ayud&oacute; a darse a conocer como un narrador brillante y con un elevado sentido del humor, sino que tambi&eacute;n le permiti&oacute; sobrevivir un tiempo, a la vez que contribuy&oacute; a hacer realidad su decisi&oacute;n de dedicarse &uacute;nica y exclusivamente a la literatura, pues cada vez con m&aacute;s frecuencia fue recibiendo invitaciones para pronunciar conferencias, as&iacute; como para participar en programas de radio, un medio para el que tambi&eacute;n compuso un buen n&uacute;mero de obras.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A comienzos de los a&ntilde;os 50 aparecieron dos nuevas novelas: <em>Und sagte kein einziges Wort </em>(<em>Y no dijo una sola palabra</em>, 1953) y <em>Haus ohne H&uuml;ter </em>(<em>Casa sin guardi&aacute;n</em>, 1954). El tema, una vez m&aacute;s, lo conforman las necesidades materiales y personales de los individuos que viven los t&iacute;midos inicios del milagro econ&oacute;mico. El &eacute;xito de ambas obras qued&oacute; testimoniado sin m&aacute;s en las traducciones que de ellas se realizaron en diferentes idiomas, hasta el punto de que a mediados de los a&ntilde;os 50 B&ouml;ll era ya un escritor de reconocido prestigio internacional. En la primera destaca el papel desempe&ntilde;ado por la Iglesia, la de representaci&oacute;n oficial (que permite que haya casas vac&iacute;as mientras sigue a&uacute;n habiendo gente sin hogar) y la de los creyentes practicantes (la esposa que intenta dar un sentido a su vida y superar las humillaciones gracias a la oraci&oacute;n), que el lector percibe a lo largo de toda la obra a trav&eacute;s de los mon&oacute;logos de un matrimonio fracasado y sin perspectivas de futuro, en los que confluyen recuerdos, reflexiones, sentimientos y fluidos de conciencia que alejan el texto de toda posible objetividad; en la segunda, B&ouml;ll desarrolla la t&iacute;pica situaci&oacute;n que hubieron de vivir un sinf&iacute;n de mujeres con hijos, cuyos maridos hab&iacute;an ca&iacute;do en el frente, una realidad que no dej&oacute; de suponer enormes dificultades tanto para las viudas como para los hu&eacute;rfanos en el entorno peque&ntilde;oburgu&eacute;s de la &eacute;poca. Los acontecimientos se relatan aqu&iacute; desde el punto de vista de diferentes personajes, en el centro de los cuales se hallan dos amigos de doce a&ntilde;os de edad, Heinrich y Martin, que no han conocido a sus padres, y sus respectivas madres. Los dos han de contemplar c&oacute;mo ambas tratan de sobrevivir a toda costa en situaciones bien diferenciadas: una intentando siempre tener a su lado a un hombre capaz de suplir al marido y padre muerto, otra intentando dejar a un lado sin lograrlo el odio hacia el oficial que envi&oacute; a la muerte a su esposo. Los dos amigos viven estos acontecimientos precisamente en un momento en que, a nivel personal, se encuentran en un momento decisivo para su desarrollo personal y f&iacute;sico, el del despertar de su sexualidad y de una nueva forma de entender la vida, para uno, Martin, en un mundo sin dificultades econ&oacute;micas, para otro, Heinrich, en medio de la m&aacute;s amarga pobreza.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En ambas obras la superaci&oacute;n del pasado se constituye tambi&eacute;n en tema central, un presupuesto fundamental para B&ouml;ll en el proceso de adaptaci&oacute;n a las dificultades del nuevo presente, y lo &uacute;nico que permit&iacute;a a los individuos encarar el futuro con cierto optimismo, con una orientaci&oacute;n clara, en el seno de la nueva sociedad de clases que estaba naciendo al hilo del milagro econ&oacute;mico. Tras la publicaci&oacute;n de estas primeras obras, B&ouml;ll fue dedic&aacute;ndose cada vez con mayor intensidad a los temas de actualidad pol&iacute;tica, no solo en la radio, sino tambi&eacute;n en la prensa escrita. A trav&eacute;s de ellos, el escritor trat&oacute; siempre de hacer ver a sus conciudadanos que no deb&iacute;an tener miedo de enfrentarse al pasado reciente y mirar la realidad con ojos cr&iacute;ticos, sin tratar de evitar temas tan dif&iacute;ciles como el antisemismo o el rearme. Para &eacute;l era necesario que los alemanes fueran conscientes de su responsabilidad hist&oacute;rica, una cuesti&oacute;n que fue cobrando cada vez mayor peso en su obra a lo largo de la d&eacute;cada de los 60. La cr&iacute;tica social se hab&iacute;a hecho patente ya en el relato <em>Das Brot der fr&uuml;hen Jahre </em>(<em>El pan de los a&ntilde;os mozos</em>, 1955), en el que volv&iacute;a a enfrentarse al hambre de los a&ntilde;os de posguerra a trav&eacute;s de una historia de amor. B&ouml;ll, a pesar de ser cat&oacute;lico practicante, no ve&iacute;a con buenos ojos la actitud de la Iglesia y tampoco la de muchos creyentes, lo que desat&oacute; un buen n&uacute;mero de pol&eacute;micas que acabar&iacute;an a&ntilde;os despu&eacute;s con su solicitud de apostas&iacute;a. Adem&aacute;s, los numerosos viajes que empez&oacute; a realizar al extranjero ya a finales de los a&ntilde;os 50 le hicieron cobrar cada vez mayor distancia de su pa&iacute;s.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 1959 fue un a&ntilde;o crucial, no solo para B&ouml;ll, sino para la literatura en general, pues en &eacute;l tuvo lugar una clara cesura que marcar&iacute;a los l&iacute;mites entre la literatura surgida de los escombros y lo que habr&iacute;a de venir en paralelo a la recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica y social. Ese a&ntilde;o se publicaron tres novelas que supusieron tres hitos literarios y que definieron nuevas v&iacute;as de expresi&oacute;n para la realidad alemana: <em>Die Blechtrommel</em> (<em>El tambor de hojalata</em>)<em> </em>de G&uuml;nter Grass, <em>Mutma&szlig;ungen &uuml;ber Jakob </em>(<em>Conjeturas sobre Jakob</em>) de Uwe Johnson y <em>Billard um halbzehn </em>(<em>Billar a las nueve y media</em>) de B&ouml;ll. Utilizando recursos narrativos enormemente novedosos los tres autores se enfrentaban con el pasado desde perspectivas diferentes: Grass a trav&eacute;s de la perspectiva de un ni&ntilde;o deforme cuya infancia transcurre en los a&ntilde;os del nacionalsocialismo, Johnson a trav&eacute;s de los acontecimientos de la RDA, de la que &eacute;l mismo hab&iacute;a huido hac&iacute;a poco, y B&ouml;ll a trav&eacute;s de la vida de tres generaciones de una familia de arquitectos entre los a&ntilde;os 1907 y 1958. Tambi&eacute;n aqu&iacute;, al igual que en obras anteriores, los mon&oacute;logos interiores y los fluidos de conciencia de los diversos personajes confluyen de forma sincr&oacute;nica para configurar la realidad hist&oacute;rico-social del pa&iacute;s a manera de retrospectiva, desde el 6 de septiembre de 1958, el d&iacute;a en el que el cabeza de familia celebra su 80&ordm; aniversario.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A partir de este momento la literatura alemana experiment&oacute; una eclosi&oacute;n que conllevar&iacute;a la necesaria revisi&oacute;n y el necesario an&aacute;lisis del pasado reciente que B&ouml;ll tanto hab&iacute;a demandado, al tiempo que abrir&iacute;a nuevas v&iacute;as de expresi&oacute;n a los escritores que hab&iacute;an permanecido en silencio tras el conflicto, as&iacute; como a voces noveles. Fueron a&ntilde;os de importantes acontecimientos hist&oacute;ricos: la construcci&oacute;n del Muro de Berl&iacute;n en 1961, el fin de la &eacute;poca de Konrad Adenauer en la canciller&iacute;a en 1963, la formaci&oacute;n de la Gran Coalici&oacute;n entre Helmut Kiesinger y Willy Brandt en 1966 o las grandes manifestaciones de protesta de los a&ntilde;os 1967 y 1968. Todos ellos fueron producto de un momento hist&oacute;rico marcado por la necesaria reorientaci&oacute;n pol&iacute;tica y por la creciente actitud y necesidad de protesta de los j&oacute;venes, y especialmente importantes tambi&eacute;n por lo que a la literatura se refiere, pues voces de gran calado proclamaron de manera definitiva la &ldquo;muerte de la literatura&rdquo;. En 1967 tuvo lugar la &uacute;ltima reuni&oacute;n del Grupo 47, seguramente como consecuencia de la &ldquo;impotencia descriptiva&rdquo; con la que el escritor austriaco Peter Handke hab&iacute;a definido la literatura contempor&aacute;nea en el congreso celebrado en los Estados Unidos ese mismo a&ntilde;o. Handke ve&iacute;a imposible una separaci&oacute;n clara entre literatura y pol&iacute;tica, que permitiera al escritor actuar libremente, y tampoco pod&iacute;an seguirse manteniendo en modo alguno conceptos obsoletos de lo que hab&iacute;a de entenderse por &ldquo;literatura&rdquo;. A partir de este momento, ciertamente, la relaci&oacute;n de los escritores con la pol&iacute;tica entr&oacute; en un proceso de cambio progresivo en un escenario en el que ya alzaba la voz una generaci&oacute;n para la que la posguerra y el milagro econ&oacute;mico, y ya no la guerra ni el r&eacute;gimen nacionalsocialista, hab&iacute;an constituido su realidad vital. El compromiso pol&iacute;tico de la pr&aacute;ctica totalidad de intelectuales fue haci&eacute;ndose cada vez mayor: algunos se incorporaron a las filas de la oposici&oacute;n extraparlamentaria, y los que no lo hicieron no dejaron nunca de expresar en p&uacute;blico sus puntos de vista y opiniones al respecto. Este avance en el compromiso pol&iacute;tico vino de la mano de una marcada experimentaci&oacute;n en el campo ling&uuml;&iacute;stico y en las t&eacute;cnicas narrativas, de manera que la realidad se convirti&oacute; en obra de arte por s&iacute; misma.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aunque B&ouml;ll particip&oacute; de estas nuevas tendencias de una forma un tanto indirecta, no puede pasar desapercibido el hecho de que s&iacute; supo recoger la nueva actitud ante la situaci&oacute;n del presente sociopol&iacute;tico tanto en su obra ensay&iacute;stica, que fue variando desde el comentario pesimista del presente hasta la implicaci&oacute;n pol&iacute;tica, tal como puede leerse en sus novelas <em>Ansichten eines Clowns </em>(<em>Opiniones de un payaso</em>, 1963), uno de sus mayores &eacute;xitos a nivel internacional, y la que la seguir&iacute;a a&ntilde;os despu&eacute;s, <em>Gruppenbild mit Dame </em>(<em>Retrato de grupo con se&ntilde;ora</em>, 1971), en las que retrat&oacute; personajes emblem&aacute;ticos representativos de los m&aacute;s diversos sectores de las clases medias, ocultos en su mayor&iacute;a tras la m&aacute;scara de la comodidad del aburguesamiento. El protagonista y yo-narrador de la primera novela es Hans Schnier, un joven marginado, incapaz de sobrellevar la ruptura con su novia Marie. Schnier se cuestiona constantemente todo lo relacionado con la religi&oacute;n, pero tambi&eacute;n los principios del orden de la sociedad federal, determinados por la falsedad y el cinismo. Desde un principio la novela fue interpretada como un ataque contra la Iglesia cat&oacute;lica, hasta el extremo de que su venta se boicote&oacute; en todas las librer&iacute;as religiosas; pero las cr&iacute;ticas no quedaron ah&iacute;, puesto que, al haber elegido la ciudad de Bonn como escenario de la acci&oacute;n, el texto se entendi&oacute; tambi&eacute;n como una confrontaci&oacute;n directa del autor con la clase pol&iacute;tica. <em>Retrato de grupo con se&ntilde;ora</em> supuso &ldquo;un avance y un desarrollo&rdquo;, en palabras del propio B&ouml;ll, respecto de trabajos anteriores, pues en ella se percibe de alg&uacute;n modo la influencia de la literatura angl&oacute;fona del momento, a algunos de cuyos autores m&aacute;s prestigiosos, tanto ingleses como norteamericanos, hab&iacute;an dado voz en alem&aacute;n tanto &eacute;l como su esposa Annemarie: Kay Cicellis, Eilis Dillon, O. Henry, Paul Horgan, Bernard Malamud, Jerome D. Salinger y Patrick White entre los narradores, Brendan Behan, George Bernard Shaw y John M. Synge, entre los dramaturgos. Joyce, Faulkner y Hemingway, adem&aacute;s de Sartre y Camus, se cuentan tambi&eacute;n entre sus autores m&aacute;s le&iacute;dos. En cualquier caso, la novela, siguiendo el modelo de la prosa documental, desarrolla una sencilla historia de amor que se complica por culpa de las circunstancias externas: la historia de una mujer alemana y un prisionero de guerra ruso y las consecuencias que esa relaci&oacute;n ha tenido para ella hasta el momento presente. Una vez m&aacute;s consigue B&ouml;ll aunar en torno al eje central del amor todas aquellas problem&aacute;ticas sobre las que gira el conjunto de su obra, desde la marginaci&oacute;n hasta el clasismo, desde la falta de principios hasta la entrega m&aacute;s generosa, desde la superaci&oacute;n del pasado hasta el enfrentamiento con la realidad del presente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el periodo comprendido entre ambas novelas aparecieron tambi&eacute;n diversas narraciones. Una de las que lleg&oacute; a alcanzar mayor n&uacute;mero de lectores fue la titulada <em>Ende einer Dienstfahrt </em>(<em>Fin de un viaje de servicio</em>, 1966), en la que el aburrimiento de los integrantes del ej&eacute;rcito, con sus constantes idas y venidas en veh&iacute;culos militares o en ferrocarriles, uno de los motivos favoritos en la prosa de B&ouml;ll, se plasma aqu&iacute; al hilo de las evocaciones de este leitmotiv. Una vez m&aacute;s, ese constante ir y venir de las gentes, sean del grupo social que sean, aparece retratado como uno de los eventos m&aacute;s absurdos que acontecen al hilo de una guerra, en la que los individuos est&aacute;n constantemente cambiando de lugar, toda una cadena de movimientos que, en definitiva, no dejan de provocar cierta expectativa respecto de ese algo que va o que viene, de ese alguien que va o que viene. En torno a este motivo, B&ouml;ll construye una historia antibelicista, en la que con mucha iron&iacute;a se critica el sinsentido del ej&eacute;rcito y lo absurdo del sistema judicial. Tal vez fuera esta idea la que progresivamente fue haciendo germinar en &eacute;l cada vez m&aacute;s con m&aacute;s fuerza la idea de tomar partido en la vida pol&iacute;tica, y as&iacute;, en 1969, se comprometi&oacute; p&uacute;blicamente con Willy Brandt, el canciller de la gran coalici&oacute;n, y con su reforma pol&iacute;tica, tras lo cual particip&oacute; de forma activa en la campa&ntilde;a de 1972 a favor de su reelecci&oacute;n. A nivel internacional, B&ouml;ll desempe&ntilde;&oacute; tambi&eacute;n una importante labor solidaria como defensor de las minor&iacute;as sociales, en especial de los escritores perseguidos, sobre todo a partir de su discurso de inauguraci&oacute;n de la Semana de la Hermandad en marzo de 1970. Aunque su nombre ven&iacute;a sonando ya desde 1958 como candidato para el premio, no ser&iacute;a hasta dos a&ntilde;os despu&eacute;s, en 1972, cuando B&ouml;ll recoger&iacute;a en Estocolmo el Nobel de Literatura, el mayor galard&oacute;n obtenido por el escritor tras el Georg B&uuml;chner que su pa&iacute;s le hab&iacute;a otorgado en 1967. Un a&ntilde;o antes, en septiembre de 1971, hab&iacute;a sido elegido presidente del PEN-Club internacional.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A pesar de tan importantes reconocimientos p&uacute;blicos, las cr&iacute;ticas de B&ouml;ll no cesaron, sino que, muy al contrario, le empujaron a hacer uso su palabra, tanto verbalmente como por escrito, para denunciar toda situaci&oacute;n de injusticia posible. As&iacute; fue como tambi&eacute;n tom&oacute; partido p&uacute;blicamente en contra del consorcio de prensa Springer que hab&iacute;a iniciado una campa&ntilde;a para acabar con el movimiento de extrema izquierda dirigido por Andreas Baader y Ulrike Meinhof. B&ouml;ll manifest&oacute; con rotundidad su opini&oacute;n respecto al asunto, haciendo ver que ambos hab&iacute;an sido prejuzgados ya de antemano dada la fuerza que el consorcio ejerc&iacute;a sobre la opini&oacute;n p&uacute;blica, hecho que conllev&oacute; una dura campa&ntilde;a de cr&iacute;ticas contra su persona y su ideolog&iacute;a. A pesar de ello B&ouml;ll continu&oacute; reflexionando en numerosas ocasiones sobre el papel del poder, que, en su opini&oacute;n, no estaba relacionado &uacute;nicamente con el armamento, sino sobre todo con la voz de la prensa, capaz de calumniar a todo aquel a quien le interesara destruir. El punto &aacute;lgido de esta gigantesca pol&eacute;mica lo constituy&oacute; la publicaci&oacute;n en 1974 del relato <em>Die verlorene Ehre der Katharina Blum</em> (<em>El honor perdido de Katharina Blum</em>), a trav&eacute;s del cual B&ouml;ll demostr&oacute; con claridad meridiana c&oacute;mo el lenguaje es un recurso enormemente eficaz para ejercer una ingente fuente de poder sobre el individuo y causar su destrucci&oacute;n. El n&uacute;cleo central de la historia lo constituye la relaci&oacute;n de la joven Katharina, cuya existencia se ha caracterizado hasta ese momento por una actitud absolutamente apol&iacute;tica, por su correcci&oacute;n y su laboriosidad, con Ludwig G&ouml;tten, un joven vigilado por la polic&iacute;a. A causa de esta relaci&oacute;n, Katharina empieza tambi&eacute;n a ser vigilada hasta el punto de que la prensa amarilla se entera y publica un buen d&iacute;a un art&iacute;culo sobre ambos j&oacute;venes. Katharina, herida en su honor, no ve otra soluci&oacute;n para limpiarlo que asesinar de un disparo al periodista que lo hab&iacute;a redactado. El &eacute;xito de esta obra, que presenta todas las caracter&iacute;sticas propias de una <em>nouvelle</em> de corte cl&aacute;sico, no se hizo esperar y el texto no solo vio numerosas ediciones en alem&aacute;n, sino que r&aacute;pidamente fue traducido a otras lenguas e incluso llevado al cine por Volker Schl&ouml;ndorff. El tema de la destrucci&oacute;n de la vida privada por la intromisi&oacute;n de agentes externos, ll&aacute;mense como se quiera, fue tambi&eacute;n el eje central de otra novela posterior: <em>F&uuml;rsorgliche Belagerung </em>(<em>Asedio preventivo</em>, 1979).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para el propio B&ouml;ll, sin embargo, ello no signific&oacute; en absoluto una aceptaci&oacute;n generalizada de su posici&oacute;n por parte del p&uacute;blico, sino que los ataques y las calumnias continuaron ceb&aacute;ndose en su persona y su obra como ven&iacute;an haci&eacute;ndolo ya desde hac&iacute;a a&ntilde;os; sin embargo, no cedi&oacute; y sigui&oacute; implic&aacute;ndose en la vida pol&iacute;tica tal como lo hab&iacute;a hecho hasta entonces, en forma oral y escrita, y dando pie a pol&eacute;micas cada vez m&aacute;s feroces, que se encendieron sobre todo cuando, a finales de la d&eacute;cada de los 80, como pacifista convencido que era, protest&oacute; contra el rearme declarado por la OTAN en 1979. En 1981 fue uno de los oradores principales en la manifestaci&oacute;n a favor de la paz y contra la amenaza nuclear que tuvo lugar en Bonn, una de las mayores que se hab&iacute;an convocado hasta ese momento en la Rep&uacute;blica Federal; dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde particip&oacute; tambi&eacute;n en las protestas contra el estacionamiento de misiles de medio alcance en suelo alem&aacute;n, as&iacute; como en el bloqueo de la entrada a la base americana de Mutlangen.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A pesar de su quebrantada salud, B&ouml;ll no dej&oacute; de escribir ni de seguir manifestando sus opiniones. Su &uacute;ltimo acto p&uacute;blico fue la inauguraci&oacute;n en 1985 del Coloquio Europeo de Traductores. Poco despu&eacute;s ingres&oacute; en un hospital para ser operado de urgencia a consecuencia de unas fuertes hemorragias y falleci&oacute; inesperadamente al d&iacute;a siguiente, el 16 de julio de 1985, en su domicilio de Langenbroich in der Eifel. En su entierro, que tuvo lugar el 19 de julio, participaron numerosas personalidades, incluido el entonces presidente de la Rep&uacute;blica Richard von Weizs&auml;cker. El parlamento de Renania del Norte-Westfalia declar&oacute; ese d&iacute;a de luto regional.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero el legado literario de B&ouml;ll no se cerr&oacute; con su muerte. Poco despu&eacute;s de su fallecimiento vio la luz una novela que bien puede definirse como un cuadro de costumbres del Bonn de la &eacute;poca: <em>Frauen vor Flu&szlig;landschaft </em>(<em>Mujeres ante un paisaje fluvial</em>). Las informaciones para construir este cuadro las aportan fundamentalmente pol&iacute;ticos, diplom&aacute;ticos y banqueros, pero tambi&eacute;n ocho mujeres. A trav&eacute;s de todos ellos, de sus mon&oacute;logos y sus di&aacute;logos, B&ouml;ll conforma un mosaico en el que se van poniendo de manifiesto los tejemanejes pol&iacute;ticos, un mosaico en el que hay individuos que intrigan, actas que desaparecen, negocios sucios, sobornos y dem&aacute;s, bendecidos todos ellos por la Iglesia cat&oacute;lica. A pesar de que la vida pol&iacute;tica constituye el eje central de la novela, la obra no es, en realidad, una novela pol&iacute;tica, pues en ella no se analizan sus mecanismos de funcionamiento, sino que, sin plegarse a ning&uacute;n tipo de doctrina, tan solo se denuncian sus resultados, tal como B&ouml;ll hizo siempre a lo largo de toda su vida y confirmando con ello una vez m&aacute;s lo que Lew Kopelew dijera ya en una ocasi&oacute;n sobre su forma de escribir: &ldquo;La obra de B&ouml;ll es libre&rdquo;<a title="" href="#_ftn2">[2]</a>.</p>
<p>A pesar del amor que B&ouml;ll sinti&oacute; siempre por Colonia, la ciudad no se convirti&oacute; curiosamente en material para su trabajo literario como s&iacute; lo ser&iacute;an las ciudades natales de otros muchos autores de su generaci&oacute;n. No obstante, la visi&oacute;n de sus ruinas quedar&aacute; para siempre grabada en la memoria de todos aquellos que leyeron y que lean a&uacute;n hoy sus novelas y sus relatos. Como ning&uacute;n otro autor alem&aacute;n B&ouml;ll contribuy&oacute; a sacar a la literatura de los escombros y las cenizas a las que la hab&iacute;an reducido las pol&iacute;ticas nacionalsocialistas y un conflicto b&eacute;lico de magnitudes desconocidas hasta entonces. Su aportaci&oacute;n a la &ldquo;literatura de los escombros&rdquo; gener&oacute; una visi&oacute;n cr&iacute;tica, a trav&eacute;s de la cual el resto de autores de su generaci&oacute;n supo encarar el enfrentamiento con el pasado y la cr&iacute;tica al presente, de manera que a d&iacute;a de hoy, transcurridos ya treinta a&ntilde;os desde su muerte, la validez de su obra, que habla por s&iacute; sola, demuestra con rotundidad que las pol&eacute;micas que desencadenaron su obra y su persona est&aacute;n ya m&aacute;s que superadas. Seguramente es por ello por lo que Heinrich B&ouml;ll, &ldquo;el escritor que no quiso m&aacute;s que representar su &eacute;poca en sus obras y escribi&oacute; de ese modo para todas las &eacute;pocas, no caer&aacute; jam&aacute;s en el olvido&rdquo;<a title="" href="#_ftn3">[3]</a>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> B&ouml;ll, Heinrich, <em>Werke</em>. Ed. de Bernd Balzer. Colonia: Kiepenheuer &amp; Witsch 1977-1978, vol. 2, p. 151.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> Lew Kopelew, &ldquo;B&ouml;lls Gedichte. Frei, geordnet, untr&ouml;stlich&ldquo;, en: Heinrich B&ouml;ll, <em>Wir kommen von weit her. Gedichte</em>, G&ouml;ttingen: Kiepenheuer &amp; Witsch, 1986, p. 91.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a> Siegfried Lenz, &ldquo;Der gro&szlig;e Kumpel&rdquo;, <em>Der Spiegel</em>, n&ordm; 30, 22.07.1985, p. 138.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Tue, 23 Jun 2015 06:40:01 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[David Trueba: "Un país donde la gente no pueda cumplir sus sueños se dirige hacia la decadencia"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/david-trueba-un-pais-donde-la-gente-no-pueda-cumplir-sus-suenos-se-dirige-hacia-la-decadencia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2015/truebaquini.jpg" alt="" /></p>
<p class="normal">&ldquo;As&iacute; como el Rel&aacute;mpago a los Ni&ntilde;os explicamos / con esmerada delicadeza, / la Verdad debe deslumbrar poco a poco / o a todo hombre dejar&aacute; ciego&rdquo;. Estos versos de Emily Dickinson son la cita que utiliza David Trueba como arranque de <em>Blitz</em>, su &uacute;ltima novela. La corta y expresiva palabra (rel&aacute;mpago en alem&aacute;n) sirve al escritor para nombrar esos fogonazos, deslumbramientos, que llegan a la vida de repente, por sorpresa, y que son capaces de cambiarlo todo. Escritor, guionista, cineasta, articulista, Trueba es un hombre atento siempre a esos destellos imprevistos. La curiosidad permanente, la capacidad de observaci&oacute;n, la inquietud, son rasgos de su car&aacute;cter.</p>
<p class="normal">Siempre dispuesto al di&aacute;logo, despierto, amigable y abierto, no cuesta nada imaginarlo de ni&ntilde;o en una casa en la que entraba y sal&iacute;a gente constantemente. Ser el m&aacute;s peque&ntilde;o de una familia numerosa, algo a lo que siempre se refiere, ha sido una de las circunstancias que le han hecho ser como es, uno de esos pilares s&oacute;lidos sobre los que se ha levantado su construcci&oacute;n vital. &ldquo;Mis recuerdos de infancia son ca&oacute;ticos, pero felices: Muchos hermanos, mucha gente en casa, siempre agitaci&oacute;n, excitaci&oacute;n y el enorme cari&ntilde;o de mis padres, que eran gente sin estudios ni cultura, pero llenos de intuici&oacute;n. Al ser el peque&ntilde;o recuerdo una enorme libertad y autonom&iacute;a desde muy temprano, pod&iacute;a hacer lo que me diera la gana sin que se metieran demasiado en mi vida, estaban ya demasiado cansados tras haber criado a otros siete hermanos&rdquo;, comenta. Y es ah&iacute;, en esas im&aacute;genes, en ese certero autorretrato, en palabras como &ldquo;libertad&rdquo; y &ldquo;autonom&iacute;a&rdquo;, donde nos acercamos al hombre que no se arredra, que va tras aquello que desea con naturalidad, sin temer no llegar a alcanzarlo.</p>
<p class="normal">Haber tenido como antecesor en los caminos del cine, a uno de sus hermanos, Fernando Trueba, as&iacute; como haber tenido la oportunidad de conocer a interesant&iacute;simos personajes del mundo de la cultura, a los que ha tratado con familiaridad desde siempre, es otro de sus privilegios, un privilegio que ha conformado su sensibilidad y ha ampliado su mirada sobre las cosas. &ldquo;Suelo tener inter&eacute;s en casi toda la gente que he conocido, desde actores mayores como Paco Rabal, Fern&aacute;n G&oacute;mez, Luis Cuenca, que han sido mis amigos, hasta gente como Pepe Garc&iacute;a S&aacute;nchez, Jos&eacute; Luis Cuerda, Manuel Vicent, Rafael Azcona, y por supuesto, cualquier persona con la que haya trabajado&rdquo;, asegura. Ahora, al repasar sus declaraciones, pienso que, en alg&uacute;n momento, mientras mantuvimos esta conversaci&oacute;n [en el caf&eacute;-librer&iacute;a La Buena Vida, en Madrid, propiedad de otro de los hermanos Trueba], visualic&eacute; al autor de <em>Saber perder</em> en una conversaci&oacute;n permanente: con unos y con otros, consigo mismo, con el mundo...</p>
<p class="normal">&ldquo;Pasar dos horas con Billy Wilder, cuando estudiaba en Los &Aacute;ngeles, cambi&oacute; mucho mi percepci&oacute;n del cine y de la actitud que era imprescindible para reconocer a alguien como genio: su curiosidad, su modestia, su sentido del humor. Hasta entonces cre&iacute;a que los genios ten&iacute;an que ser algo malditos, herm&eacute;ticos e intensos. Billy Wilder me ense&ntilde;&oacute; que cuando se tiene talento, es una obligaci&oacute;n ser generoso y abierto, modesto y accesible&rdquo;, vuelvo a sus declaraciones porque en ellas, en ese elogio de Wilder, en sus ense&ntilde;anzas, hay mucho de &eacute;l mismo: del ni&ntilde;o que aprende, que absorbe; del joven que ya ha cumplido 45 a&ntilde;os y sigue aprendiendo, saludando, queriendo saber de los dem&aacute;s.</p>
<p class="normal">David Trueba habla y piensa con rapidez y parece que est&aacute; siempre a punto de marcharse de viaje. El d&iacute;a del encuentro, de hecho, ten&iacute;a que coger un tren rumbo a Barcelona. Tal vez fue ese dato y los muchos correos cruzados con &eacute;l antes de concretar la cita, correos que me lo situaban en distintos pa&iacute;ses, de gira permanente, lo que contribuy&oacute; a fijar en m&iacute; la idea de un hombre siempre en movimiento. Sin embargo, durante la charla, su elogio de la lentitud, de la calma, de los relojes de arena, tan esenciales en<em> Blitz,</em> me llevaron a variar un poco la impresi&oacute;n. David Trueba es de esas personas que disfrutan movi&eacute;ndose, pero que a&ntilde;oran detenerse, que, pese a llevar un ritmo intenso de vida, no dejan de reflexionar sobre todo, de observar los peque&ntilde;os detalles, de percibir esos fogonazos que anuncian los cambios de ritmo y de rumbo.</p>
<p class="normal">- Empecemos por los versos de Emily Dickinson que has elegido para la apertura de <em>Blitz</em>. &ldquo;(...)<em> </em>La verdad debe deslumbrar poco a poco / o a todo hombre dejar&aacute; ciego&rdquo; &iquest;Por qu&eacute; esos versos?</p>
<p class="normal">- Porque creo que expresan magn&iacute;ficamente en qu&eacute; consiste la vida, sobre todo para las personas inteligentes, capaces de preguntarse: &iquest;c&oacute;mo refrenar la amargura si conoces la verdad? Emily Dickinson se refiere a la verdad con may&uacute;sculas. Todos conocemos el proceso, la evoluci&oacute;n, los par&aacute;metros y el destino final de la vida. Estamos expuestos a las sorpresas que nos depara el camino, pero sabemos que donde no hay sorpresas es en sus tramos. Lo que dice el poema es que esa verdad que conocemos nos tiene que ir siendo revelada poco a poco, porque si no su impacto puede ser brutal. Y yo creo que esa revelaci&oacute;n nos va llegando a trav&eacute;s de destellos. En el fondo es como un viaje aplazado constantemente hacia esa verdad; por un lado nos enga&ntilde;amos, por el otro nos sujetamos, no nos dejamos caer... Emily Dickinson nos habla de que al final la vida nos propone un trato; que lleguemos a disfrutarla sabiendo en qu&eacute; consiste; que lleguemos a vivirla en plenitud, sabiendo que esa plenitud se nos acabar&aacute; escurriendo entre los dedos. Ah&iacute; est&aacute; la gran apuesta. Por eso me niego a aceptar lo que tantas veces se dice de que no se puede ser inteligente y optimista a la vez, de que no se puede saber sin estar amargado. Yo me peleo con esta especie de interpretaci&oacute;n de la inteligencia como una condena, porque por esa regla de tres ser tonto, no hacerse preguntas, ser&iacute;a m&aacute;s satisfactorio. Lo importante es encontrar el equilibrio. Una persona puede hacerse preguntas, puede buscar, sin que eso le lleve a la desesperaci&oacute;n. Los versos de Emily Dickinson, una vez m&aacute;s, como en toda la gran poes&iacute;a, son capaces de contar en cuatro brochazos m&aacute;s que lo que quisi&eacute;ramos encontrar en una obra entera de filosof&iacute;a.</p>
<p class="normal">- Hablas de rel&aacute;mpagos, de destellos, de iluminaciones... Todo esto tienen mucho que ver con tu &uacute;ltima novela.</p>
<p class="normal">- S&iacute;, pero m&aacute;s all&aacute; del significado intelectual, religioso, que estos t&eacute;rminos pueden tener, yo los aplico a la vida cotidiana, porque la vida se compone muchas veces de peque&ntilde;os flashes, rel&aacute;mpagos, instantes en que te sucede algo esencial. Se suele decir que al morir se ven las cosas pasar a gran velocidad, pero yo creo que eso es mentira, porque lo que se debe ver son esos destellos, esos momentos que los americanos denominan <em>highlights</em>, altas luces. Nuestra vida al final es eso: las altas luces, que unas veces son de amargura y otras veces son de euforia. El conjunto de todas ellas, asentado sobre una masa bastante espesa y olvidable, es lo que queda.</p>
<p class="normal">- Volviendo a Emily Dickinson. &iquest;La has le&iacute;do mucho?</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Me gusta y la he le&iacute;do mucho. Siempre me he sentido atra&iacute;do por poetas que tienen un componente casi filos&oacute;fico, porque son una lecci&oacute;n de s&iacute;ntesis, de observaci&oacute;n, y porque resultan muy &uacute;tiles para encontrar cosas que uno no sabe ni sentir. A veces he pensado que la poes&iacute;a, la filosof&iacute;a, la ficci&oacute;n en general, el cine, la m&uacute;sica, nos ense&ntilde;an a sentir, a poner palabras a lo que sentimos. &iquest;Qui&eacute;n nos ha dicho que nosotros conocemos los sentimientos? Los conocemos a trav&eacute;s de su representaci&oacute;n y es al verlos representados, al leerlos, cuando nos reconocemos en ellos. Eso es lo que nos acerca o nos aleja de los personajes, lo que nos hace entenderlos y lo que puede, en muchas ocasiones, ayudarnos a sobrevivir. Yo siempre digo que son remedios contra la soledad. Una persona que est&aacute; triste, va a su casa y se pone a escuchar la canci&oacute;n m&aacute;s triste del mundo. No est&aacute; buscando un consuelo; no trata de olvidar o de encontrar una medicina para pasar el mal rato. Lo que est&aacute; buscando es mucho m&aacute;s interesante que todo eso. Lo que est&aacute; buscando es compa&ntilde;&iacute;a, alguien que comparta ese sentimiento porque lo ha experimentado antes. La idea de compa&ntilde;&iacute;a, no de evasi&oacute;n, asociada a la ficci&oacute;n, a m&iacute;, como persona que se ocupa de estas cosas, me interesa bastante.</p>
<p class="normal">- Por eso no deja de ser curioso, contradictorio, que la cultura se considere cada vez m&aacute;s como algo in&uacute;til, de lo que se puede prescindir.</p>
<p class="normal">- Yo creo que la pregunta que hay que formularse es: &iquest;&Uacute;til para qu&eacute;? Seguramente no ser&aacute; &uacute;til para ganar dinero en Bolsa o para colocar a tu hijo en un buen trabajo, pero s&iacute; para sobrevivir, para atravesar la vida; que no todo es ganar dinero en Bolsa o tener un buen trabajo. Hay infinitas cosas m&aacute;s. Lo que ocurre es que la palabra &uacute;til se la han apropiado con respecto a la vida unos se&ntilde;ores que son narcotraficantes, vendedores de pastillas; ya sean pastillas de autoayuda, econ&oacute;micas o pol&iacute;ticas. Pero la utilidad est&aacute; justo, exactamente, en la acera opuesta por la que transitan esos mercaderes. Tenemos que mirar desde ese lado opuesto, donde las cosas no se miden en funci&oacute;n del par&aacute;metro que ellos han puesto, sino a partir del principio que asocia la vida a una larga experiencia, con sus trechos de edad, con sus decepciones y sus momentos de euforia. Se trata de asociar lo &uacute;til a lo que ayuda al&nbsp; armaz&oacute;n de la persona. Lo contrario, la medida de los logros materiales, externos, tan de nuestra sociedad, le est&aacute; haciendo la vida muy cuesta arriba a much&iacute;simas personas y es una causa profunda de desapego y, sobre todo, de depresi&oacute;n y de frustraci&oacute;n. Ahora mismo, pese a las dificultades, a los problemas econ&oacute;micos, vivimos en el mejor mundo de la historia de la humanidad y, sin embargo, es un mundo que causa infelicidad. &iquest;Por qu&eacute;? No es culpa de la inteligencia, sino de la inteligencia mal aplicada.</p>
<p class="normal">- &iquest;Crees que la cultura puede convertirse en un campo de batalla? &iquest;Debemos reivindicar la utilidad de lo in&uacute;til, como dice el profesor italiano Nuccio Ordine?</p>
<p class="normal">- Bueno, tenemos que partir del hecho de que la cultura no es ajena a la mercantilizaci&oacute;n. Pero dicho esto, es evidente que la cultura es mucho m&aacute;s que las expresiones culturales y las industrias culturales. La cultura es todo lo que no es piel en una persona, todo lo que est&aacute; dentro,&nbsp; asentado en su experiencia emocional. Y esa experiencia est&aacute; relacionada, a trav&eacute;s de la mirada, del sentimiento, con la creaci&oacute;n art&iacute;stica en todas sus vertientes. Ah&iacute;, evidentemente, claro que la cultura tiene que dar la batalla siempre. No es una batalla pol&iacute;tica sino una batalla humana. El humanismo, la sensaci&oacute;n de la medida humana sobre las cosas, ha estado muy desprestigiado en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Y eso ha hecho mucho da&ntilde;o, porque finalmente lo que se ha desterrado es el entendernos a nosotros como una constante, como un experiencia que va pasando de unos a otros y se va transformando a trav&eacute;s de nuevas miradas y vivencias. En ese sentido, tambi&eacute;n pienso que la cultura ha perdido la batalla. En un momento dado se ha dejado tentar por el mundo del dinero, por la contabilizaci&oacute;n mercantil, por esa especie de par&aacute;metro deportivo seg&uacute;n el cual lo que importa es ser el m&aacute;s vendido, el primero, el mejor, el n&uacute;mero uno, el premio tal o cual. &iquest;De verdad vamos a caer en eso? &iquest;De verdad vamos a dejar que el suplemento cultural de un peri&oacute;dico o de una radio oscile en torno a los premios, a la recaudaci&oacute;n, a las ventas?</p>
<p class="normal">- &iquest;Qu&eacute; respuestas das t&uacute; a todas estas cuestiones?</p>
<p class="normal">-&nbsp; Yo creo que debemos revelarnos contra eso y seguir hablando de lo que de verdad es interesante, de lo que de verdad aporta. Al decir esto no quiero dar la impresi&oacute;n de ser partidario de estar al margen del mercado y de pensar que s&oacute;lo as&iacute; se logra el prestigio. Creo que el mercado forma parte de la humanidad y que, por lo tanto, debemos estudiarlo y analizar por qu&eacute; pasan determinadas cosas. No hay que despreciarlo, pero tampoco verlo como la clave de todo. Respecto a la utilidad de lo in&uacute;til de la que habla Ordine, pienso en un pasaje muy bonito que hay en <em>El rey Lear</em>, de Shakespeare. Se trata de un momento de desesperaci&oacute;n del rey, cuando ve que sus hijas se han apropiado de su reino antes de que &eacute;l muera y se da cuenta de que ya lo quieren matar. En ese momento &eacute;l piensa que le est&aacute;n quitando las cosas in&uacute;tiles. Llega a decir algo as&iacute; como que &ldquo;hasta el mendigo m&aacute;s pobre lleva en su bolsa cosas in&uacute;tiles, porque son imprescindibles&rdquo;. Es muy bello.</p>
<p class="normal">- En <em>Blitz</em> la reflexi&oacute;n sobre el tiempo es fundamental. La imagen de los relojes de arena, que forman parte del proyecto de parque que presenta&nbsp; el protagonista [de profesi&oacute;n paisajista] es muy significativa. &iquest;Hasta qu&eacute; punto te interesaba hacer hincapi&eacute; en la incapacidad para detenernos, tan propia de los habitantes de las urbes modernas?</p>
<p class="normal">- Pienso que la observaci&oacute;n es el gran lujo ahora mismo. El jacuzzi y las vacaciones en lugares ex&oacute;ticos est&aacute;n bien, pero hay otros lujos que la gente no se permite, por ejemplo, el lujo de disponer de su propio tiempo, el de pararse a decir: &ldquo;soy due&ntilde;o de mi tiempo&rdquo; o &ldquo;estoy ocupando el tiempo&rdquo;, que es algo diferente a lo que entendemos por disfrutarlo. Ah&iacute; es donde, a lo mejor, los ricos y los pobres se confundir&iacute;an. Mi protagonista lo que quiere hacer es una especie de jard&iacute;n del tiempo. Le ha dado vueltas al asunto y se ha dado cuenta de que un reloj de arena es uno de esos inventos para visualizar lo invisible que tanto nos fascinan. El tiempo, la medida del tiempo, va unida al desarrollo intelectual del Renacimiento, cuando la gente se empez&oacute; a hacer preguntas sobre el hombre y, de repente, se dio cuenta de que el hombre sin entender el tiempo no ten&iacute;a ning&uacute;n sentido. Lo que nos explica realmente es nuestra pelea con el tiempo: c&oacute;mo vencerlo, c&oacute;mo vivirlo intensamente, c&oacute;mo aceptarlo... Y eso es lo que al personaje, que acaba de cumplir 30 a&ntilde;os, le perturba. Por primera vez en su vida empieza a pensar en el tiempo. Hasta entonces, como los ni&ntilde;os, ha estado devor&aacute;ndolo, sin preguntarse sobre &eacute;l, pero ahora toma conciencia de su importancia y, a trav&eacute;s del jard&iacute;n que proyecta, quiere que un reloj de arena les recuerde a los paseantes lo largos que pueden ser tres minutos cuando te dedicas a observarlos. Todo esto&nbsp; tiene mucho que ver con los momentos de la vida, con el lugar donde nos colocamos para mirar las cosas.</p>
<p class="normal">- Hay un pasaje de la novela donde leemos: &ldquo;La agitaci&oacute;n es solo una forma de rellenar el verdadero vac&iacute;o&rdquo;. &iquest;Crees que la prisa, la agitaci&oacute;n constante, es uno de los grandes males de nuestra sociedad?</p>
<p class="normal">- La sensaci&oacute;n de que el tiempo va muy deprisa y no somos capaces de alcanzarlo es una angustia inducida por nuestra sociedad, donde la gente a los 10 a&ntilde;os ya est&aacute; angustiada. &iquest;C&oacute;mo lo han logrado? &iquest;C&oacute;mo han conseguido que un deportista joven ya sienta que se le ha pasado el tren o que una persona que se separa con 40 a&ntilde;os considere que ha perdido los mejores a&ntilde;os de su vida? &iquest;Por qu&eacute;? Par&eacute;monos a mirar la vida otra vez. Todas estas reflexiones est&aacute;n en el punto de partida de <em>Blitz</em>.</p>
<p class="normal">Es como si en la sociedad actual hubiera un problema de m&eacute;trica, como si pudi&eacute;ramos imaginar que hay un metr&oacute;nomo vital y &eacute;ste se hubiera acelerado. Lo primero que tiene que hacer un m&uacute;sico cuando compone una canci&oacute;n es comprobar que el metr&oacute;nomo est&aacute; ajustado al ritmo que &eacute;l desea. Lo incre&iacute;ble es que nosotros no manejemos el metr&oacute;nomo de nuestra vida y toquemos al ritmo que los dem&aacute;s quieren que toquemos. Eso produce una enorme angustia, la angustia de llegar siempre tarde; la angustia de no tener tiempo para hacer las cosas. Solemos escuchar: &ldquo;Si tuviera otra vida har&iacute;a esto o lo otro&rdquo;; &ldquo;si pudiera volver atr&aacute;s estudiar&iacute;a guitarra...&rdquo; Bueno, para tocarla bien, probablemente habr&iacute;a que empezar de ni&ntilde;o, pero para disfrutarla... A lo mejor no es tan dif&iacute;cil. La angustia es un fen&oacute;meno social evidente, por el cual much&iacute;simas personas sienten que la vida se les escapa entre los dedos cuando todav&iacute;a est&aacute; en su plenitud.</p>
<p class="normal">- &iquest;Cu&aacute;l es tu relaci&oacute;n con el tiempo? &iquest;No sientes esa angustia?</p>
<p class="normal">-&nbsp; Yo soy una persona que intenta aprovechar mucho el tiempo, pero para preservarlo, sabiendo que de vez en cuando hay que perderlo. Hay que perder el tiempo. Lo que sucede es que eso se ve como algo negativo, se asocia al aburrimiento. Es como si hubiera que tener atracciones externas todo el rato.</p>
<p class="normal">- &ldquo;Vivimos en el mundo de la conexi&oacute;n permanente&rdquo;, es otra de las frases de la novela, donde tambi&eacute;n se plantea, en tono de humor, que acabar&aacute; habiendo cl&iacute;nicas de desintoxicaci&oacute;n para tratar la obsesi&oacute;n de los m&oacute;viles. Parece lejano, pero ya hay muchos psic&oacute;logos tratando esta adicci&oacute;n.</p>
<p class="normal">- Tiene que ver con lo que habl&aacute;bamos del tiempo. El tel&eacute;fono m&oacute;vil ha provocado tales prisas que la gente, aunque no la llamen, est&aacute; mir&aacute;ndolo todo el rato para ver si hay mensajes nuevos. Es el ejemplo m&aacute;s absurdo de la angustia. Es una forma nueva de esclavitud, un elemento de inmediatez que hace que cuando se producen cinco minutos sin nada se percibe un vac&iacute;o. Y el vac&iacute;o no existe. Es imposible f&iacute;sicamente en nuestras vidas que haya vac&iacute;o, siempre hay algo. Uno de los personajes de la novela dice que el tel&eacute;fono m&oacute;vil le produce la misma perturbaci&oacute;n que el tabaco, en el sentido de que en un momento dado nadie lo cuestiona, porque incluso forma parte de la est&eacute;tica, y 50 a&ntilde;os despu&eacute;s puede ser prohibido. El caso es que el ser humano no escarmienta y consigue que las modas se impongan una y otra vez sobre &eacute;l y sobre su salud, sabiendo que lo que hoy no es da&ntilde;ino lo puede ser en el futuro. Ahora sucede con las mal llamadas nuevas tecnolog&iacute;as. &iquest;C&oacute;mo no somos capaces todav&iacute;a de distinguir entre lo que tienen de natural en el desarrollo de nuestra forma de vivir y lo que tienen de tendencia, de moda, y por lo tanto de esclavitud econ&oacute;mica a la que estamos sometidos para hacer ricos a unos se&ntilde;ores a los que hay que adorar, a la altura de Einstein?</p>
<p class="normal">- La observaci&oacute;n de las costumbres, el humor y la reflexi&oacute;n se a&uacute;nan en tus novelas. Es una de las caracter&iacute;sticas del David Trueba escritor. Leyendo <em>Blitz</em> no pude evitar que algo me recordase a Milan Kundera y su &uacute;ltima obra, <em>La fiesta de la insignificancia, </em>donde reivindica el humor y vuelve a poner de manifiesto su capacidad para interpretar los cambios en las modas, los gestos y usos de la gente. &iquest;Qu&eacute; te parece? &iquest;Te identificas algo con &eacute;l?</p>
<p class="normal">- Siempre trato de reprimir much&iacute;simas observaciones sobre la vida, para que no se noten demasiado en la novela. Quiz&aacute; sea un poco el pudor del articulista de prensa que intenta que esa faceta no entre en sus ficciones. Sin embargo, cuando leo a los autores que m&aacute;s me gustan, entre los que se encuentra Kundera, sus libros est&aacute;n llenos de observaciones. La novela permite una reflexi&oacute;n m&aacute;s profunda y permite mostrar que los personajes est&aacute;n habitados por su lugar en el mundo, que es desde el que se enfrentan a las cosas de su tiempo. Cuando le&iacute; <em>La fiesta de la insignificancia</em> me hizo mucha ilusi&oacute;n la argumentaci&oacute;n sobre el ombligo y la presencia que el ombligo ten&iacute;a en nuestra sociedad, porque una vez escrib&iacute; un art&iacute;culo sobre eso, a partir de un comentario que hab&iacute;a hecho mi padre al volver a casa. &ldquo;Pero, hijo, qu&eacute; est&aacute; pasando, por qu&eacute; va todo el mundo ense&ntilde;ando el ombligo&rdquo;, me dijo. Y yo me di cuenta de cu&aacute;nta raz&oacute;n ten&iacute;a, de que ense&ntilde;ar el ombligo se hab&iacute;a convertido en una moda femenina, provocativa y al mismo tiempo muy interesante. A Kundera le hab&iacute;a pasado lo mismo que a mi padre, que era todo lo contrario que &eacute;l, un hombre nada intelectual ni reflexivo. La verdad es que se trata de un escritor que siempre me ha interesado. Ha sido capaz de no abandonar nunca del todo el humor, pese a su trascendencia bestial, y nunca ha rechazado lo convencional de la novela: crear unos personajes, seguir sus tramas, los destellos de sus vidas... Todos esos elementos los ha dispuesto muy bien. Ahora ya no es un autor de moda. Lo fue, con demas&iacute;a tal vez, en los a&ntilde;os 80, pero a m&iacute; me ha gustado leerlo siempre. <em>Los testamentos traicionados</em> es el libro que probablemente m&aacute;s he regalado. Para m&iacute; es uno de los ensayos m&aacute;s inteligentes sobre el arte en el siglo XX.</p>
<p class="normal">- En su obra tambi&eacute;n ha reflexionado mucho sobre la importancia de la imagen, de la fotograf&iacute;a, de los medios audiovisuales.</p>
<p class="normal">- S&iacute;.&nbsp; Fue alguien que quiso ser director de cine y eso resulta clave a la hora de leer su obra. Form&oacute; parte de una generaci&oacute;n muy importante cinematogr&aacute;ficamente y Milos Forman es uno de sus &iacute;ntimos amigos. Kundera ha sabido mirar a su &eacute;poca desde sus distintas edades. No se ha peleado contra el proceso del tiempo. Hay una cosa que a m&iacute; siempre me ha sorprendido: que la gente est&eacute; re&ntilde;ida con el tiempo que le ha tocado vivir. Eso Woody Allen lo parodia muy bien en <em>Medianoche en Par&iacute;s</em>. Pensar que todo fue mejor dos generaciones antes es muy habitual y en la pel&iacute;cula vemos c&oacute;mo el protagonista sue&ntilde;a con la Francia de Hemingway y Scott Fitzgerald, mientras que los que estaban ah&iacute; so&ntilde;aban con un tiempo anterior. Siempre he cre&iacute;do que pelearnos con nuestro tiempo es una batalla perdida. Lo que hay que hacer es observar y preguntarse el porqu&eacute; de las cosas: por qu&eacute; se ense&ntilde;a el ombligo, por qu&eacute; necesitamos mirar el m&oacute;vil todo el rato o colgar fotos en las redes constantemente. Si sabemos observar con un poco de generosidad podemos aprender much&iacute;simas cosas de los comportamientos. No me gustan los escritores que tratan a los otros simplemente como imb&eacute;ciles, que se sit&uacute;an en esa posici&oacute;n y consideran que s&oacute;lo ellos son los inteligentes. Eso no quiere decir que no haya que ser cr&iacute;ticos. Se trata de entender y de criticar, por supuesto, lo que consideramos err&oacute;neo. La literatura nos sirve para retratar el mundo en el que vivimos y para proponer otro mundo posible dentro de ese mundo. No podemos decir a la gente que coja una m&aacute;quina del tiempo y se traslade, pero s&iacute; podemos ayudarla a reflexionar sobre el mundo en el que vive con sus inconsistencias. Suelen decirme que en mis libros y en mis pel&iacute;culas siempre salen personajes que, de alguna manera, viven en un entorno particular, y yo les digo que esa es mi reivindicaci&oacute;n desde ni&ntilde;o. Hay un mundo y dentro de ese mundo est&aacute; el nuestro. No digo que cada uno de nosotros tengamos la potencia de Dios para crear un universo entero, pero s&iacute; que somos reyes del nuestro y podemos decidir c&oacute;mo queremos que sea y qu&eacute; cosas y personas deseamos que entren. Esa capacidad tenemos que aprovecharla.</p>
<p class="normal">- Aparte de Kundera, &iquest;qu&eacute; otros autores te gustan, han sido fundamentales para ti?</p>
<p class="normal">- Much&iacute;simos: Ch&eacute;jov, Turgu&eacute;niev,Tolstoi, Diderot, Stendhal, Montaigne, Nabokov, Scott Fitzgerald, Hrabal, Philip Roth, Joseph Roth, Faulkner, Simenon, Kaufman, Ring Lardner... Y m&aacute;s cercanos: Baroja, Pla, Cabrera Infante, Azcona... Y m&aacute;s pr&oacute;ximos generacionalmente: Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n, F&eacute;lix Romeo, Ismael Grasa, Javier Cercas, Enrique Vila-Matas, Pedro Zarraluki y Marcos Giralt Torrente, entre otros.</p>
<p class="normal">- &iquest;Qu&eacute; te ofrece el cine que no te de la literatura y viceversa? &iquest;C&oacute;mo conviven ambos territorios?</p>
<p class="normal">- El cine es de una potencia expresiva muy grande. El efecto que genera en el espectador es muy primario, envidiable, como el de la m&uacute;sica. La literatura apela a una lectura m&aacute;s &iacute;ntima. Ambas labores son muy distintas en su efecto, pero trato de acercar la escritura de una y otra a esa experiencia de comunicaci&oacute;n personal que tanto me interesa.</p>
<p class="normal">- &iquest;Qu&eacute; efecto te gusta conseguir en quienes leen tus libros o ven tus pel&iacute;culas?</p>
<p class="normal">- A m&iacute; me gusta mucho que cuando alguien lee un libro m&iacute;o no mire al mundo de la misma manera, al menos durante las semanas siguientes. En ese sentido juego mucho con la verosimilitud, pero tambi&eacute;n me interesa mostrar que las personas pueden hacer algo rechazable, incluso expresarse de manera rechazable, sin ser horribles por ello. Comprender esto significa ampliar la capacidad de aceptaci&oacute;n que uno puede tener sobre los dem&aacute;s. Creo que ense&ntilde;ar a las personas a ser m&aacute;s tolerantes, a no juzgar tanto desde fuera, es una funci&oacute;n muy importante que ha desempe&ntilde;ado la ficci&oacute;n a lo largo del tiempo. La literatura nos muestra la complejidad y nos ayuda a no caer en esta cosa tan habitual de considerar que los futbolistas son todos as&iacute;; los aficionados al f&uacute;tbol son todos as&iacute;, los pol&iacute;ticos son todos as&iacute;... &iexcl;Cuidado! Si rascamos nos podemos encontrar con personas mucho m&aacute;s cercanas a nosotros mismos de lo que creemos. Y eso nos puede producir un vuelco vital, porque es muy impactante comprobar lo mucho que nos parecemos a aquellos que consider&aacute;bamos tan diferentes. Por m&aacute;s que la religi&oacute;n lo haya intentado han sido los buenos novelistas los que han conseguido transmitir todo esto maravillosamente. Ah&iacute; tienen mucho que ver los prejuicios, las apariencias. Yo recuerdo que cuando escrib&iacute; <em>Saber perder </em>me interesaba que Silvia, el personaje de la protagonista, fuera una representante natural de las chicas de 16 a&ntilde;os, pero que tambi&eacute;n fuera un caso especial de esa franja de edad, porque yo lo que quer&iacute;a era indagar en lo que se puede estar escondiendo en una chica de 16 a&ntilde;os que en apariencia no lee; que en apariencia est&aacute; fascinada por un chico guapo, atractivo y famoso; que en apariencia es una estudiante mediocre y una hija con una cierta dificultad para comentar con sus padres y con las personas mayores lo que le pasa. En apariencia es muchas cosas, pero lo que yo me propuse fue mirar por debajo de todas esas apariencias, sacar a la luz esa parte oculta que es donde a veces nos encontramos sorpresas.</p>
<p class="normal">- Habl&aacute;bamos del tiempo. La literatura, la lectura, la escritura, s&iacute; que son maneras de parar el tiempo. Cuando estamos leyendo o escribiendo s&iacute; que nos desconectamos. &iquest;No crees que ahora mismo la literatura es un espacio de rebeld&iacute;a contra las tiran&iacute;as del tiempo, contra la aceleraci&oacute;n?</p>
<p class="normal">- Indudablemente. Leer bien es una labor lenta, que exige sacrificio, abstracci&oacute;n, que requiere preservarse del mundo exterior para poder disfrutar. Curiosamente, cuando la gente me dice si no me da miedo dedicarme a una cosa antigua, arcaica, como es la literatura, siempre contesto: es arcaica, pero al mismo tiempo es la m&aacute;s moderna, porque una de sus virtudes es el desaf&iacute;o, el desafiar continuamente a su tiempo. Es muy similar a sentarse a ver una pel&iacute;cula en la calma compartida del cine. Es una cosa antigua y a la vez la m&aacute;s moderna del mundo. Me da la impresi&oacute;n de que los que tienen dudas respecto a esto, los que consideran que tal vez se trate de cosas del pasado, que se acabar&aacute;n quedando atr&aacute;s, est&aacute;n equivocados. Van a seguir formando parte de la vida cotidiana porque est&aacute; comprobado que necesitamos las historias, las ficciones. Son necesarias para la plenitud de la vida y siempre vamos a buscar todo aquello que nos proporcione esa plenitud. Hay muchas cosas nuevas que se van incorporando, pero eso no significa que se abandonen las otras. Puede que al decir esto contradiga ciertos datos, pero yo creo que ahora la gente, dejando aparte a los j&oacute;venes, que a&uacute;n est&aacute;n por formar, lee m&aacute;s que nunca. En el a&ntilde;o 1950, por ejemplo, se publicaba un libro de Faulkner y se vend&iacute;an muy pocos ejemplares, mientras que hoy de autores como Coetzee o Sebald, representantes de ese mismo tipo de literatura, se vende cuatro veces m&aacute;s. Hay cuatro veces m&aacute;s lectores abiertos a esas obras. Por eso no hay que tirar la toalla.</p>
<p class="normal">- Da la impresi&oacute;n de que en cada una de tus novelas has ido dando cuenta de las preocupaciones y de las reflexiones asociadas a cada una de tus etapas vitales. Has hablado de la adolescencia, de la juventud... Ahora, en <em>Blitz</em>, partes de un momento de crisis, de cambio, en la vida. El protagonista est&aacute; en una posici&oacute;n en la que tiene la juventud cerca, pero ya entra de lleno en la madurez y empieza a percibir que la vejez no es un horizonte tan lejano. &iquest;Atraviesas un momento de especial lucidez?</p>
<p class="normal">- Es curiosa esta pregunta porque recuerdo que cuando empec&eacute; a hacer pel&iacute;culas, que fue antes de mi primera novela, pens&eacute;: es muy dif&iacute;cil tener 20 a&ntilde;os y empezar a escribir para una industria como el cine y no caer en lo que en ese momento tiene &eacute;xito, en lo que te reclama ese mercado, esa industria, porque se supone que va a funcionar. Sab&iacute;a que ese peligro era muy dif&iacute;cil de evitar porque uno es presa del propio oficio e intenta llegar a la gente, decir cosas que interesen y que se consuman. Fue ah&iacute; cuando decid&iacute; optar por un camino en el cual la &uacute;nica se&ntilde;a que pod&iacute;a dejar era intentar que lo que hac&iacute;a &ndash;mis pel&iacute;culas, mis guiones, mis novelas&ndash; formasen parte de un &aacute;lbum, un &aacute;lbum parecido al que ten&iacute;an nuestras madres en casa. Ese &aacute;lbum que de vez en cuando miramos y donde, al vernos en la foto de los 12 a&ntilde;os, nos gustar&iacute;a haber salido m&aacute;s favorecidos, incluso haber sido distintos. Nos gustar&iacute;a que esa imagen representara mejor lo que ten&iacute;amos por dentro, pero, sin embargo, no podemos despegarla del &aacute;lbum y arrancarla porque representa lo que fuimos, lo que somos. En mis novelas he intentado siempre que, aparte de contar lo que quiero contar, aparte de que est&eacute;n lo mejor elaboradas posible en forma y fondo, sean como fotos de ese &aacute;lbum, historias que yo no puedo escribir ahora porque las escrib&iacute; hace 20 a&ntilde;os. Es el hecho de no poderlas hacer en otro momento distinto lo que les da el valor. A muchos escritores les importuna leer sus libros antiguos y no corregirlos. Es algo entendible. Est&aacute;n pensando en la consagraci&oacute;n, en ser recordados por la historia de la literatura, y tienen miedo a que se detecten los errores del pasado, pero yo tengo una perspectiva sobre m&iacute; mismo bastante m&aacute;s humilde, en el sentido de que a lo &uacute;nico a que aspiro es a sentir que mis libros, me agraden m&aacute;s o menos con el paso de los a&ntilde;os, me representen claramente en cada uno de los momentos en los que los escrib&iacute;.</p>
<p class="normal">- Si hay un elemento clave en todas tus novelas es la presencia de la familia. Desde tu debut con <em>Abierto toda la noche</em>, la familia, en mayor o menor medida, siempre aparece.</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Es fundamental. La familia me parece novelesca en s&iacute; misma. Para poder contar el mundo lo m&aacute;s f&aacute;cil es reducir la realidad, extraer una peque&ntilde;a porci&oacute;n de la misma, un peque&ntilde;o gesto. Y la familia es esa porci&oacute;n que nos da la idea del mundo. En mi caso, adem&aacute;s, tiene una importancia fundamental porque me he criado en una familia numerosa, hoy totalmente extinguida como forma de vida. Me encuentro con personas que al volver de sus viajes por &Aacute;frica o Latinoam&eacute;rica dicen sentirse sorprendidos tras ver lo feliz que es la gente pese a la pobreza o la escasez. Yo les digo: viajad a una familia numerosa en los a&ntilde;os 60 o 70 y os encontrar&eacute;is con esa misma felicidad, porque todav&iacute;a no hab&iacute;an cerrado la casa, porque a&uacute;n estaba abierta y entraba y sal&iacute;a gente todo el rato: los amigos de los padres, de los hermanos... Cerrar el mundo ha sido un error. Encerrar a la gente en n&uacute;cleos familiares muy peque&ntilde;os, en una vida demasiado privada, hace que los ni&ntilde;os crezcan con poca exposici&oacute;n a las rarezas del mundo. Por eso pueden tener ventaja los ni&ntilde;os que vienen de fuera, que vienen de condiciones menos favorables. En su contra est&aacute; la falta de dinero, el no pertenecer a clases dominantes, pero a su favor tienen que la calle es suya. Y el que domina la calle cuando tiene 10 a&ntilde;os, domina el mundo cuando tiene 40.</p>
<p class="normal">-&nbsp; En <em>Blitz</em> hay una reivindicaci&oacute;n del paso del tiempo, de las arrugas, de la imperfecci&oacute;n. No puedo evitar pensar en aquel anuncio de moda tan acertado de &ldquo;la arruga es bella&rdquo;. Lo mismo, aplicado al cuerpo humano, est&aacute; en tu novela: Aceptemos las arrugas, llevemos con dignidad los deterioros. Menos pl&aacute;stico, menos cirug&iacute;as. Ese es el mensaje que se transmite.</p>
<p class="normal">-&nbsp; S&iacute;. Ese es uno de los grandes asuntos de la novela. En el fondo lo que hay es una reflexi&oacute;n sobre qu&eacute; es lo que piensan los dem&aacute;s y qu&eacute; es lo que piensas t&uacute;. De hecho, para m&iacute; la escena m&aacute;s importante es cuando el protagonista, despu&eacute;s de haber tenido una relaci&oacute;n sexual con una mujer mayor, se siente avergonzado del que dir&aacute;n, adopta ese qu&eacute; dir&aacute;n como propio y lo ejecuta de una manera salvaje con un amigo suyo a trav&eacute;s de una conversaci&oacute;n telef&oacute;nica. Ese tipo de escenas que buscan violentar al que lee me gustan mucho. A los lectores no les podemos exponer todo el rato a la caricia; tenemos que exponerlos a la verdad a trav&eacute;s de las acciones de los personajes. Y esto genera de inmediato un cortocircuito, un rechazo del personaje, pero es que el personaje tambi&eacute;n se cae mal a s&iacute; mismo. En este caso se trata de entender que lo que est&aacute; haciendo es ejecutar el qu&eacute; dir&aacute;n, los prejuicios de la sociedad, como propios. Por ejemplo, tenemos la belleza. &iquest;Qu&eacute; es la belleza?. Una cosa es la belleza externa que apreciamos, que tiene unos valores y unos elementos cercanos a su representaci&oacute;n art&iacute;stica. Pero la belleza que encontramos en nuestras vidas, en la proximidad, en la intimidad, est&aacute; compuesta de muchos m&aacute;s elementos. No puede ser que nos dicten desde el exterior, desde una revista, c&oacute;mo tienen que ser los culos, c&oacute;mo tienen que ser las tetas, las dentaduras, los besos, la forma de vida... Hay un momento en el que tenemos que rebelarnos contra todos esos dictados de la moda, porque a lo &uacute;nico a lo que nos abocan es a la frustraci&oacute;n. Como yo no puedo conseguir eso porque no lo tengo; como mi pareja no puede conseguir eso, entonces no podemos mirarnos, no podemos amarnos, no podemos acariciarnos porque al hacerlo no estamos acariciando algo bello. Hay otro momento muy especial en el libro, que confieso tiene que ver con mi propia experiencia sensorial, en el que el personaje tiene en sus manos un pecho aparentemente perfecto, operado, pero al palparlo recuerda de pronto ese otro pecho que, de alguna manera, le hab&iacute;a avergonzado en esa relaci&oacute;n anterior porque era imperfecto, porque estaba m&oacute;rbido, ca&iacute;do. Lo a&ntilde;ora porque era aut&eacute;ntico. El no poder asociar la belleza a la biograf&iacute;a de una persona es condenarnos al suicidio, porque la belleza est&aacute; en el proceso.</p>
<p class="normal">- Es curioso que no hablemos m&aacute;s de todos estos temas, que tanta gente asuma, con absoluta facilidad, los dict&aacute;menes de la publicidad, de las id&iacute;licas, irreales, revistas de moda.</p>
<p class="normal">-&nbsp; As&iacute; es. Yo creo que ante todo esto debemos formularnos la pregunta: &iquest;La degradaci&oacute;n nos roba toda la belleza o nos deja algo de belleza transformada? Ah&iacute; est&aacute; uno de los grandes temas de este momento que vivimos. A m&iacute; me gustar&iacute;a saber c&oacute;mo tenemos que actuar, c&oacute;mo tenemos que condicionar nuestra vida en funci&oacute;n de esa belleza impostada que nos est&aacute;n vendiendo las revistas femeninas. Por supuesto que, antes que nada, est&aacute;n los ideales cl&aacute;sicos. Con esos ideales podemos convivir, pero no con una revista que a una mujer de 40 a&ntilde;os le borra las arrugas en la portada porque si no no puede ser portada. Con eso no debemos convivir, tenemos que estar en guerra porque su influencia social es nefasta. Se trata de un veneno social. Necesitamos que esa tendencia se transforme para poder ser felices. Y todo esto lo digo sabiendo que tampoco podemos ser ajenos a lo que es la belleza, a la atracci&oacute;n por la belleza. Ah&iacute; es donde est&aacute; el conflicto que me interesa: el conflicto de envejecer, el conflicto de la decrepitud, de la decadencia f&iacute;sica. &iquest;Qu&eacute; hacemos; la vamos a combatir s&oacute;lo en el gimnasio o la vamos a combatir de otra manera, con otra manera de mirar, de vivir nuestra vida?</p>
<p class="normal">- Son preguntas que revuelven, que ponen en entredicho muchas cosas.</p>
<p class="normal">-&nbsp; S&iacute;. Todo eso es lo que me parece provocativo del libro. Dice mucho que el protagonista tenga entre las manos las dos pieles y decida cu&aacute;l es la que le hace compa&ntilde;&iacute;a y cu&aacute;l es la que no. Y aqu&iacute; hay otro tema fundamental, el de la transformaci&oacute;n de la sexualidad en pornograf&iacute;a, algo que est&aacute; afectando bastante a los adolescentes. Los adolescentes al haber visto much&iacute;sima pornograf&iacute;a en Internet act&uacute;an imitando esa pornograf&iacute;a que ejecuta una sexualidad artificial, de sumisi&oacute;n, de dominio. Ese es un problema que vamos a pagar en el futuro si no somos capaces de reivindicar la relaci&oacute;n sexual en su naturalidad, en su torpeza, en su caos, en su improvisaci&oacute;n, en su defecto. Por eso yo intento que mis escenas sexuales, que en la mayor&iacute;a de pel&iacute;culas o de novelas que leo, son prescindibles totalmente, sean sinceras. Me parece que lo que est&aacute; faltando en la sociedad es sinceridad, que unos y otros seamos capaces de reconocer nuestros defectos. Pero sucede lo contrario: estamos mandando un mensaje permanente de perfecci&oacute;n. Todo el mundo env&iacute;a selfies en los que sale bien. Todo el mundo tiene un asesor de imagen. Todo el mundo da entrevistas diciendo que es cojonudo y presenta sus candidaturas diciendo que va a salvar a la humanidad. Resulta ingenuo, est&uacute;pido. Debemos empezar a reconocer que no tenemos respuestas para todo, que solemos meter la pata. La sinceridad provoca cercan&iacute;a. No s&oacute;lo en <em>Blitz</em>, tambi&eacute;n en <em>Saber perder</em>, he hecho el ejercicio de reivindicar al ser humano por lo que tiene de imperfecto, no por lo que tiene de perfecto.</p>
<p class="normal">- El tema de la relaci&oacute;n entre un joven de 30 a&ntilde;os con una mujer que le dobla la edad es, en cierto modo, un tema tab&uacute;. Nada que ver con la situaci&oacute;n inversa, se&ntilde;or mayor con mujer joven, que llena tantas p&aacute;ginas de la prensa rosa. &iquest;C&oacute;mo est&aacute;n reaccionando los lectores?</p>
<p class="normal">- Bueno, lo que noto a veces es una lectura muy superficial. Eso s&iacute; me preocupa. En la novela el tema est&aacute; tratado con una cierta violencia y crueldad; no desde la reconfortante mesa camilla. Lo que pretend&iacute; desde un principio fue huir del arquetipo de la mujer mayor, del joven en brazos de la mujer madura, de ese concepto de la seducci&oacute;n como adoctrinamiento. No quer&iacute;a seguir el modelo de Mrs Robinson, la protagonista de <em>El graduado</em>. Me parec&iacute;a demasiado novelesco, peliculero. Quer&iacute;a retratar a una mujer que no busca nada, pero que llegado el momento decide implicarse. El protagonista piensa todo el rato que la puede hacer sufrir, pero ella est&aacute; ocho veces por encima de &eacute;l porque tiene una experiencia vital que le permite flotar sobre los vaivenes de la vida con much&iacute;sima m&aacute;s agilidad. En el fondo, ella es mucho m&aacute;s joven y menos conservadora que &eacute;l. Esto es algo que me interesaba mucho apuntar, porque detr&aacute;s de una persona mayor se esconde muchas veces una persona terriblemente joven, algo que no acabamos de ver porque tambi&eacute;n ah&iacute; intervienen los prejuicios, las ideas asumidas.</p>
<p class="normal">- La comunicaci&oacute;n entre generaciones es algo que est&aacute; muy presente en tus libros, en tus pel&iacute;culas.</p>
<p class="normal">- As&iacute; es. Se trata de algo de lo que no fui consciente hasta muy tarde. Alguien me lo se&ntilde;al&oacute; y a partir de ah&iacute; reflexion&eacute; sobre ello y me di cuenta de que era cierto. Quiz&aacute;s se deba tambi&eacute;n a mi mundo familiar, donde estaba expuesto a convivir con muchas generaciones a la vez. Mi padre era 16 a&ntilde;os mayor que mi madre y para m&iacute; eran dos generaciones distintas en su forma de pensar, de ser. Y luego estaban mis hermanos; el mayor me llevaba 18 a&ntilde;os... En mi casa conviv&iacute;an cuatro generaciones y eso era muy apetecible. Considero que una pel&iacute;cula completa es una pel&iacute;cula donde se da ese intercambio generacional, y una novela completa tambi&eacute;n. Me cuesta mucho meterme en esos archivos concretos que dividen a las personas en j&oacute;venes, adultos, tercera edad... Se trata de archivos que no se pueden intercambiar. Y la vida consiste en que una persona de 20 a&ntilde;os se relaciona con una de 60 y una de 40 con una de 10. As&iacute; es la vida.</p>
<p class="normal">- Me imagino que no es fortuito el hecho de que el protagonista de <em>Blitz </em>viaje a Alemania y que la mujer con la que mantiene una relaci&oacute;n sea alemana. Ahora mismo el contraste entre el car&aacute;cter alem&aacute;n y el espa&ntilde;ol, entre la situaci&oacute;n de la Europa del Norte y la del Sur, da mucho juego.</p>
<p class="normal">- Yo quer&iacute;a transmitir esa idea que ahora tenemos de Alemania como una especie de madre cruel y para acentuar el contraste entre la inestabilidad econ&oacute;mica espa&ntilde;ola y la estabilidad alemana no me fui a Berl&iacute;n, una ciudad muy cosmopolita, donde hay mucha gente pas&aacute;ndolo mal, sino que viaj&eacute; a Munich, mucho m&aacute;s burguesa, conservadora, donde, aparentemente, se encuentran las empresas m&aacute;s fuertes y donde todo sucede sobre una especie de colch&oacute;n de poder. Quer&iacute;a contraponer esa Munich actual a todas las grandes capitales hist&oacute;ricas europeas: Atenas, Roma... Se trata de una ciudad s&oacute;lida frente a otras que lo que tienen es una gran riqueza imaginativa en su forma de vivir y una fuerte carga de creatividad que parte de sus tradiciones. Yo siempre digo que Espa&ntilde;a es un pa&iacute;s con todos los defectos del mundo, sistem&aacute;ticos, pero con todas las virtudes que la convierten en un buen lugar en el que nacer. Es un ejemplo de superaci&oacute;n cultural constante, tiene un clima irrepetible, con una variedad incre&iacute;ble de todo en muy poco espacio. Se trata de un pa&iacute;s muy atractivo al que a la gente le cuesta mucho renunciar.</p>
<p class="normal">- Tambi&eacute;n es muy imprevisible. Lo que ha pasado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, desde el 15-M, ha sido sorprendente: las movilizaciones, el surgimiento de colectivos sociales y nuevas formaciones pol&iacute;ticas. Eso no ha sucedido en pa&iacute;ses vecinos como Portugal, Francia...</p>
<p class="normal">- Bueno. Los franceses han tenido la reacci&oacute;n contraria, que es ir a lo conservador, a preservar sus privilegios. El contraste entre Espa&ntilde;a y Francia ahora mismo es que Francia lucha por preservar sus privilegios y Espa&ntilde;a lucha por inventar un pa&iacute;s m&aacute;s justo. Son dos respuestas ante la enorme desigualdad que se ha fabricado en la Europa de los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os. Esa desigualdad s&oacute;lo puede ser corregida con instituciones muy democr&aacute;ticas, pero si esas instituciones se machacan y se destruyen, caso de los centros educativos o sanitarios, no puede existir igualdad de oportunidades. Ante el camino de los recortes y las privatizaciones que ha seguido Europa, la &uacute;nica opci&oacute;n que los ciudadanos tenemos es rebelarnos y seguir haci&eacute;ndolo cada vez con mayor contundencia. Sin instituciones totalmente democr&aacute;ticas no hay sociedad. Lo que hay es otra cosa, el salvaje oeste. Yo lo he vivido en EEUU y no lo quiero para mi pa&iacute;s. Hay muchas cosas que aprecio de la sociedad estadounidense, pero la desigualdad es flagrante y yo no puedo vivir en esa desigualdad, no me gusta, no me siento c&oacute;modo.</p>
<p class="normal">- Adem&aacute;s, vivimos en un momento de fracaso, de fracaso individual y colectivo. Y frente al fracaso, a la imperfecci&oacute;n, queremos ofrecer una imagen totalmente opuesta. Hay muchas contradicciones: la sociedad actual rechaza a los no triunfadores y, sin embargo, cada vez nos conduce m&aacute;s hacia la ruina.</p>
<p class="normal">- Bueno, de nuevo volvemos a la ceguera a la que nos conducen los versos de Emily Dickinson. Entre no dejarte ciego dici&eacute;ndote la verdad de golpe y tratar de enga&ntilde;arte todo el rato, tiene que haber un punto medio. En ese punto medio es donde se desarrolla la historia de la literatura ahora mismo. Una de sus funciones debe ser mostrar las cosas que no se ven, porque no nos dejan verlas. Antes habl&aacute;bamos de la belleza, pero tambi&eacute;n est&aacute; la idea del &eacute;xito. Es otro concepto que se ha transformado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Recientemente hice una entrevista por skype para una clase de ni&ntilde;os de entre 10 y 11 a&ntilde;os, como mi hijo peque&ntilde;o. Uno de los ni&ntilde;os me pregunt&oacute; cu&aacute;l de mis pel&iacute;culas o de mis novelas hab&iacute;a sido la que hab&iacute;a tenido m&aacute;s &eacute;xito. Yo quise saber a qu&eacute; se refer&iacute;a y me contest&oacute; que a la que hab&iacute;a conseguido m&aacute;s p&uacute;blico o m&aacute;s ventas. Entonces le dije que eso no era el &eacute;xito; que el mayor &eacute;xito que yo hab&iacute;a tenido era que cuando ten&iacute;a su edad quer&iacute;a ser escritor y ahora, con 45 a&ntilde;os, pod&iacute;a vivir de eso. Eso es el &eacute;xito para m&iacute;. Haber logrado ese sue&ntilde;o sin traicionar la vocaci&oacute;n del ni&ntilde;o de 11 a&ntilde;os. Me he podido equivocar, pero no creo haber traicionado esa vocaci&oacute;n en ning&uacute;n momento. &ldquo;El &eacute;xito no est&aacute; en ganar mucho dinero sino en quedaros lo m&aacute;s cerquita de vuestro sue&ntilde;o que pod&aacute;is&rdquo;, les dije a los ni&ntilde;os. Pero eso no es lo habitual. A los ni&ntilde;os se les dice que tener &eacute;xito es poder comprarse un buen coche.</p>
<p class="normal">-&nbsp;&nbsp; &iquest;No crees que la crisis est&aacute; destapando la impostura y llevando cada vez a m&aacute;s gente a cuestionarse el actual sistema de valores?</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Yo pensaba al principio que pod&iacute;a tener ese efecto. Por ejemplo, <em>Saber perder</em> es un libro que est&aacute; escrito antes de la crisis y al que &eacute;sta ha venido a dar la raz&oacute;n. Ah&iacute; retrato a un padre de familia que lo pierde todo, que no tiene dinero, que ha de buscar otro trabajo y que se enfrenta a una sociedad donde todo es dif&iacute;cil. Llegu&eacute; a pensar que ese tipo de situaciones, a pesar de su dramatismo, iban ayudar a cambiar, a revertir los valores. Y, sin embargo, tambi&eacute;n estoy viendo una salida de la crisis basada en una especie de recambio. Ahora ya no se alaba el pelotazo inmobiliario, pero s&iacute; el pelotazo en Internet: tener muchas visitas en Internet, triunfar en Internet. &ldquo;F&iacute;jate qu&eacute; &eacute;xito ha tenido que ha vendido por tantos millones a Sillicon Valley&rdquo;, es una frase muy actual. Y yo me digo: &ldquo;Uy, a ver si donde vamos a salir es ah&iacute;, a ver si lo que estamos haciendo es trasladar el foco, repetir lo mismo...&rdquo;</p>
<p class="normal">- Pero, junto a todo eso, &iquest;no crees que est&aacute;n emergiendo otras sensibilidades, otras tomas de conciencia?</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Hace poco me fui a rodar un peque&ntilde;o documental sobre Francisco Nixon, un cantante pop no muy conocido, y decidimos hacer encuentros en distintas ciudades con gentes que se pudieran equiparar a su trabajo independiente en diferentes artesan&iacute;as. Se trataba de encontrar a personas que mantuvieran vivos los sue&ntilde;os de los 20 a&ntilde;os: editar libros, grabar m&uacute;sica, hacer zapatos, sin tener detr&aacute;s empresas demasiado boyantes. Yo creo que esa es la reivindicaci&oacute;n que hay que hacer ahora mismo; que la gente vuelva a darse cuenta del valor que tiene algo bien hecho. Esa es la clave del mundo: que exista Inditex y que pueda existir una chica que estampa unos vestidos y s&oacute;lo los vende en su casa a sus amigas, a gente capaz de apreciar ese trabajo tan especial y diferente. La felicidad no siempre est&aacute; en Inditex.</p>
<p class="normal">- Recientemente volv&iacute; a ver tu pel&iacute;cula <em>Vivir es f&aacute;cil con los ojos cerrados</em> y pens&eacute; que, pese a los muchos avances, hemos vuelto a retroceder en lo que respecta a los derechos que se hab&iacute;an adquirido. Seguimos buscando ampliar el horizonte, encontrar la luz de la que habla el profesor protagonista, ese admirador absoluto de John Lennon.</p>
<p class="normal">- Bueno, lo mejor que ha pasado en Espa&ntilde;a &uacute;ltimamente es el nacimiento de colectivos solidarios, de personas que ayudan a otras. La mejor noticia de los &uacute;ltimos 10 a&ntilde;os en Espa&ntilde;a es que esas personas, que, por otra parte, siempre han existido, aunque no tan unidas, han empezado a tener visibilidad. Ahora hay mucha gente haciendo cosas, haciendo su labor y haci&eacute;ndola bien en un mundo que los despreciaba, que parti&oacute; de la base de despreciar a los profesores, por ejemplo, de despreciar cualquier tipo de vida que se mantuviera un poco al margen de los valores del &eacute;xito, de la rentabilidad. Yo siempre he sostenido que el cine espa&ntilde;ol ten&iacute;a que hacer pel&iacute;culas que nos representaran, no pel&iacute;culas que imitaran, en pobre, a las que hace otro pa&iacute;s que tiene una gran industria. No s&eacute; si he tenido demasiado acierto o desacierto en lo m&iacute;o, pero encuentro que ahora hay una veintena de directores j&oacute;venes que est&aacute;n haciendo pel&iacute;culas sin importarles demasiado d&oacute;nde ni c&oacute;mo las van a poder explotar y recuperar el dinero. Las realizan simplemente porque hay una necesidad vital de ponerlas en pie, de contar este tiempo en el que estamos. Son pel&iacute;culas que se exhiben por v&iacute;as alternativas, en cines de barriada. No es lo ideal porque lo ideal ser&iacute;a que tuviesen acceso a una exhibici&oacute;n normal, pero est&aacute;n abriendo un cauce de comunicaci&oacute;n con el p&uacute;blico de su generaci&oacute;n, un p&uacute;blico que se hab&iacute;a perdido a trav&eacute;s de los mecanismos de promoci&oacute;n convencionales.</p>
<p class="normal">- Uno de los grandes problemas del presente es la precariedad en todos los &aacute;mbitos. El trabajo creativo se sostiene sobre la precariedad.</p>
<p class="normal">- Ah&iacute; s&iacute; que es donde Espa&ntilde;a se parece a la posguerra, porque de repente hay hambre, de pronto hay precariedad. Ahora de lo que nos tenemos que preocupar mucho es de evolucionar como sociedad hacia una conciencia cada vez mayor de lo colectivo, de lo social. En <em>Vivir es f&aacute;cil</em>... lo que quise fue retratar la encrucijada ante la que se encontr&oacute; la gente en los a&ntilde;os 60, una encrucijada que era muy positiva, muy valiosa. Porque se trataba de la salida de una &eacute;poca negra, de un momento de b&uacute;squeda, de lucha por un ideal social. Sin embargo, <em>Madrid, 1987</em>, que transcurre 20 a&ntilde;os despu&eacute;s, lo que retrata es otra cosa: el momento en el que las ilusiones se transforman en escepticismo, en la decadencia que precedi&oacute; a la crisis actual. Recuerdo que, con 18, 19 a&ntilde;os, cuando sal&iacute;amos de la facultad de periodismo e &iacute;bamos a hacer pr&aacute;cticas, la gente a la que admir&aacute;bamos nos dec&iacute;a, en muchos casos, que ya estaba todo inventado. Esa especie de imposibilidad para romper la c&aacute;psula donde nos encontr&aacute;bamos es lo que ha generado una gran incertidumbre. Frente a eso, insisto, se trata de reivindicar los sue&ntilde;os y trabajar para ellos. A quienes tienen sue&ntilde;os un pa&iacute;s le debe ofrecer la posibilidad de cumplirlos, porque, de lo contrario, se dirige hacia la decadencia absoluta, deja de ser un pa&iacute;s y se convierte en una especie de c&aacute;rcel. Y ya hay muchas personas que han sentido que vivir en Espa&ntilde;a era vivir en una c&aacute;rcel. Un pa&iacute;s s&oacute;lo puede sobrevivir si ofrece la posibilidad de cumplir los sue&ntilde;os a los j&oacute;venes. Eso s&iacute; lo ha cumplido EEUU en el siglo XX. En ese aspecto s&iacute; lo admiro.</p>
<p class="normal">- &iquest;Eres de los que piensan que la Transici&oacute;n no ha sido tan ideal como parec&iacute;a?</p>
<p class="normal">- Yo no tengo una visi&oacute;n tan cruel de la Transici&oacute;n, porque creo que fue un territorio de felicidad para los que entonces &eacute;ramos j&oacute;venes. Nos sent&iacute;amos libres y con un mont&oacute;n de elementos que nos estimulaban: el cine, la m&uacute;sica, la literatura... Fue un periodo de efervescencia. El mercado no estaba tan dominado, entraban cosas <em>underground</em>. Lo que sucedi&oacute; es que algunos de los protagonistas de la cultura del pelotazo traicionaron su propio origen. Y que fueran l&iacute;deres de la Transici&oacute;n ha sido nefasto para el pa&iacute;s. Pero no hay que confundir la transformaci&oacute;n de algunos de esos personajes en monigotes del pelotazo con todo lo dem&aacute;s. La &eacute;poca en s&iacute;, con tantos partidos pol&iacute;ticos y discursos diferentes, fue muy interesante. Y, de alguna manera, eso est&aacute; volviendo. Ahora hay discursos muy transicionales. Partidos como Podemos, que critican mucho el esp&iacute;ritu de la Transici&oacute;n, copian muchas cosas de esa etapa. Incluso terminan sus m&iacute;tines con reivindicaciones y canciones de cantautores de esa &eacute;poca. Esto me parece muy curioso. Creo que en el fondo le est&aacute;n diciendo a la gente: &ldquo;nosotros os vamos a devolver la excitaci&oacute;n de los a&ntilde;os 80&rdquo;. Por eso creo que hay mucha gente de mi generaci&oacute;n, en torno a los 45, 50 a&ntilde;os, entre sus seguidores. Yo tambi&eacute;n escucho con agrado algunas de sus propuestas.</p>
<p class="normal">- &iquest;Se critica el esp&iacute;ritu de la Transici&oacute;n o el hecho de que ya muchos de los principios, de los consensos de la Transici&oacute;n, no valen y hay que reformarlos...?</p>
<p class="normal">- Creo que no se puede juzgar el tiempo pasado desde una perspectiva actual. Eso me parece terrible, porque entonces no hubo m&aacute;s remedio que transigir con ciertas cosas. Lo que s&iacute; es evidente es que sin honradez y sin control institucional, sin que las instituciones sean aut&oacute;nomas y libres, no puede haber Democracia. Eso es imposible si la justicia, si los medios de informaci&oacute;n, no est&aacute;n al servicio de la libertad de las personas. El problema no est&aacute; en la Transici&oacute;n; est&aacute; en los que se han apropiado de la democracia para que s&oacute;lo les favorezca a ellos. Esto es lo que ahora se debe poner en cuesti&oacute;n para cambiarlo.</p>
<p class="normal">Pero sucede que los que se hab&iacute;an pasado 20 a&ntilde;os diciendo que los j&oacute;venes no se interesaban por la pol&iacute;tica, ahora preferir&iacute;an que no lo hicieran. Los que dec&iacute;an que el 15-M era algo muy bonito, pero que hab&iacute;a que dar el paso m&aacute;s dif&iacute;cil, que era intervenir en pol&iacute;tica, han demostrado que sus palabras eran falsas.</p>
<p class="normal">- &iquest;Qu&eacute; echas en falta en el periodismo de hoy, en los medios? Supongo que es un asunto que te interesa, por tu formaci&oacute;n period&iacute;stica, por tu condici&oacute;n de articulista.</p>
<p class="normal">- Me interesa y me preocupa. Me preocupa que el periodismo haya abrazado la rutina del coraz&oacute;n y el cotilleo como algo necesario y normal. Que esos contenidos est&eacute;n tan presentes en las publicaciones rigurosas me parece una derrota horrible. Echo de menos el largo aliento, el sentido del humor... Desde que irrumpi&oacute; Internet los medios se han comportado como elefantes que corr&iacute;an despavoridos a ser los m&aacute;s modernos. Han dejado de hacer lo que hac&iacute;an bien y eso ha destruido su propio tejido empresarial. A d&iacute;a de hoy lo que tenemos es que los periodistas est&aacute;n desprotegidos como profesionales y al estar desprotegidos son mucho m&aacute;s manejables. Y, al mismo tiempo, se ha producido una explosi&oacute;n de las opiniones, una moda de los opinadores, que son gente un poco m&aacute;s aut&oacute;noma, capaz de intervenir en varios sitios a la vez. Pese a todo, creo que siempre existen voces cr&iacute;ticas dentro de los medios y eso la gente no lo debe olvidar. Pese a todo, creo que sigue existiendo gran periodismo; quiz&aacute; no empresarial, salvo en casos muy alentadores, pero s&iacute; a niveles personales, gente que hace cosas estupendas en todos los &aacute;mbitos del periodismo. Y eso pese a la lacra de la precariedad laboral, una lacra que interesa al poder porque puede controlar la informaci&oacute;n desde el manejo del empleo y la supervivencia econ&oacute;mica de las personas.</p>
<p class="normal">- La falta de pluralismo es cada vez m&aacute;s acentuada.</p>
<p class="normal">-&nbsp; Por supuesto. Ahora hay una total falta de pluralismo y eso es muy peligroso para la salud democr&aacute;tica. Ya lo dec&iacute;a antes. Los medios son una pata importante del pa&iacute;s, del sistema. Lo m&aacute;s grave de todo radica en los medios p&uacute;blicos, que tienen que ser fuertes, plurales, abiertos y constantemente desafiantes porque su prioridad no es ganar dinero. Lo que sucede es que los partidos gobernantes se han apropiado de ellos y los han convertido en sus capillas particulares. Con Jos&eacute; Luis Rodr&iacute;guez Zapatero hubo un par&eacute;ntesis en este sentido, que es justo reconocer. Pero la primera norma de Mariano Rajoy fue destruir el consenso parlamentario respecto a la neutralidad medi&aacute;tica de la etapa Zapatero. Yo he escrito sobre eso un mont&oacute;n de veces, diciendo que no es posible que estemos permitiendo que una ley se cambie para favorecer el control pol&iacute;tico de los medios, en lugar de ampliarla a las distintas televisiones auton&oacute;micas. Y, por otra parte, los medios privados responden a intereses demasiado particulares. Si lo juntamos todo la conclusi&oacute;n es que nos dirigimos hacia el desastre absoluto, hacia un tipo de sociedad en la que se nos pretende ofrecer informaci&oacute;n en una &uacute;nica direcci&oacute;n. Ante eso lo que nos queda es ejercitar cada vez m&aacute;s el criterio propio. Una persona inteligente tiene que ir armando su propio discurso en el complejo y difuso bosque informativo.</p>
<p class="normal">- &iquest;Y el cine? &iquest;D&oacute;nde se ha fallado para que no paren de cerrarse salas?</p>
<p class="normal">- Entra dentro de lo que ya he comentado. El empresario se ha desdibujado y el trabajador no se siente identificado. Eso empobrece el mundo. Las empresas tienen que tener cara y ojos. Para m&iacute; el cine en salas se ha hundido no por la crisis del cine, ni por el cambio de costumbres, sino porque se ha puesto en manos de empresas de capital riesgo. Se han comprado las salas desde centros de capital en Suiza y en Londres y, por lo tanto, ya el due&ntilde;o no tiene ning&uacute;n poder sobre la programaci&oacute;n, no puede darle un enfoque seg&uacute;n su criterio. Por supuesto que hay excepciones y esas excepciones son las que visitamos, las que funcionan a duras penas. El consumidor es muy importante en todo el proceso. Los consumidores tenemos que ser conscientes de que mantenemos el mundo tal y como es. Las actividades, los negocios, se mantienen porque los visitamos, porque hacemos uso de ellos. Si dejamos de hacerlo luego no podemos quejarnos de que dejen de existir.</p>
<p class="normal">- En Espa&ntilde;a el mundo de la cultura, del cine, siempre ha sido muy cr&iacute;tico. Su papel contra la guerra de Irak lleg&oacute; a ser muy significativo. Sin embargo, en los &uacute;ltimos tiempos se ha adoptado un perfil m&aacute;s bajo...</p>
<p class="normal">- S&iacute;. La sociedad se rebel&oacute; contra el aznarismo, contra la Guerra de Irak, y algunos creyeron que la gente de la cultura, particularmente del cine, hab&iacute;a instigado esa rebeli&oacute;n. A partir de ah&iacute; consiguieron convertir en despreciable a cualquier persona con relevancia p&uacute;blica y medi&aacute;tica que decidiera expresar sus opiniones sociales y pol&iacute;ticas; consiguieron que la sociedad acabase percibiendo eso como algo negativo, como la b&uacute;squeda de un provecho por parte de esas personas. Lo que era lo m&aacute;s natural del mundo en una sociedad democr&aacute;tica y abierta, se ha desnaturalizado por completo. Y lo que ha pasado con el cine es que ha sido absolutamente perseguido. El que lo estudie lo ver&aacute; claramente. Ah&iacute; est&aacute;n las leyes, las normas que se han aplicado, as&iacute; como la idea del propio dinero que se destinaba al cine, expuesta por los medios de comunicaci&oacute;n y los pol&iacute;ticos como una afrenta a la sociedad, cuando resulta que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os hemos descubierto que se destinaba dinero p&uacute;blico pr&aacute;cticamente a todas las industrias de Espa&ntilde;a, pero sin hablar de ello. Todos aquellos que han hecho de la subvenci&oacute;n al cine un tema nacional estaban ocultando lo otro y tendr&iacute;an que pagar la responsabilidad por haber ocultado todo el dinero que se estaba destinando a garitos y a lugares absolutamente abyectos con dinero p&uacute;blico, dinero irrecuperable, porque en el cine todo se sabe, todo est&aacute; auditado. Cada peque&ntilde;a ayuda, cada factura y cada gasto, hay que justificarlo. &iquest;Por d&oacute;nde ha venido todo este ataque, qu&eacute; es lo que se buscaba? Pues lo que se buscaba era un consejo para navegantes: no te metas en pol&iacute;tica. Franco dijo: &ldquo;Haga como yo, no se meta en pol&iacute;tica&rdquo;. En la democracia se ha dicho de otra manera, pero el discurso es el mismo. Y eso es muy peligroso, porque es la libertad la que se ve amenazada. Aqu&iacute;, los intelectuales est&aacute;n muy bien cuando piensan lo que el poder piensa. Entonces son fenomenales, pero el juego, la pugna en una democracia aut&eacute;ntica, tiene que realizarse entre iguales.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="normal">&ldquo;Me interesa reivindicar al ser humano por lo que tiene de imperfecto&rdquo;</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">&ldquo;La ficci&oacute;n nos ense&ntilde;a a ser m&aacute;s tolerantes, a no juzgar tanto a los dem&aacute;s&rdquo;</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">&ldquo;Pelearnos contra nuestro tiempo es una batalla perdida&rdquo;</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">&ldquo;En nuestra sociedad lo que est&aacute; faltando es m&aacute;s sinceridad&rdquo;</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">&ldquo;No puedo vivir en la desigualdad, me siento inc&oacute;modo&rdquo;</p>
<p class="normal"><strong>&nbsp;</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 23 Jun 2015 06:04:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Andrés Rábago: "El humor es desmontar el juguete que manejamos y observar qué hay dentro"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/andres-rabago-el-humor-es-desmontar-el-juguete-que-manejamos-y-observar-que-hay-dentro/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2015/rabagoquini.jpg" alt="" /></p>
<p>Hay un momento en el transcurrir de esta entrevista en el que Andr&eacute;s R&aacute;bago, El Roto, dice que si por &eacute;l fuera estar&iacute;a callado. &ldquo;&iquest;Le gusta el silencio?&rdquo;. &ldquo;S&iacute;, me gusta el silencio&rdquo;. Al entrar en su estudio, a la derecha hay una mesa grande, con regla y cartab&oacute;n de color verde, una revista abierta y un ordenador port&aacute;til cerrado. Enfrente, domin&aacute;ndolo todo, una estanter&iacute;a llena de libros, los m&aacute;s pr&oacute;ximos sobre pintores. Al otro lado, uno de sus cuadros de gran tama&ntilde;o y un cubo con pinceles limpios. En el fervor del di&aacute;logo no resulta f&aacute;cil reparar en los detalles del ambiente, pero s&iacute; en que cuando se producen momentos de silencio, a trav&eacute;s de las ventanas se escucha trinar a los p&aacute;jaros, no como una melod&iacute;a rom&aacute;ntica, sino con cierta fuerza, como si estuvieran cerca, rode&aacute;ndonos. La sensaci&oacute;n es de calma despierta.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Wyslawa Zymborska, en su poema &ldquo;Falta de atenci&oacute;n&rdquo;, cuenta que se ha portado mal porque ha pasado todo un d&iacute;a volcada en quehaceres cotidianos, sin preguntarse nada y sin sorprenderse, haciendo del mundo un uso trivial. Viene a la cabeza esta falta de atenci&oacute;n que denuncia la poeta en propias carnes porque de la conversaci&oacute;n de Andr&eacute;s R&aacute;bago se desprende el env&eacute;s de estos versos, es decir, una abundancia de atenci&oacute;n. Desde hace cuarenta a&ntilde;os, como un fil&oacute;sofo de la sospecha, R&aacute;bago golpea la realidad con un martillo para comprobar si es falsa. Y, si en este quehacer advierte alguna mentira bajo la m&aacute;scara tan festiva y alegre, la condensa en una vi&ntilde;eta diaria. Sobre un cuadrado de papel de peri&oacute;dico van dejando rastro las contradicciones de la sociedad de su tiempo, y con ellas tambi&eacute;n sus sufrimientos. Al publicar todos los d&iacute;as, dice, uno va adquiriendo una cierta musculatura.</p>
<p>En la humilde buhardilla en la que naci&oacute; Andr&eacute;s R&aacute;bago hab&iacute;a una notable colecci&oacute;n de libros de arte y buena literatura: &ldquo;mi padre era una persona cultivada que en su juventud quiso ser escultor y conserv&oacute; toda su vida un gran amor al arte. Creo que esa vivencia inicial me marc&oacute; el camino&rdquo;. Es un hombre flaco. Al vestir, discreto. Era muy joven cuando ilustr&oacute; la primera portada de la revista de humor <em>Hermano Lobo</em>. Ahora publica cada d&iacute;a en el diario <em>El Pa&iacute;s </em>como<em> El Roto</em>. El pasado 15 de enero su vi&ntilde;eta en este medio reflejaba a un hombre, o m&aacute;s bien una calavera con pelo, con ojeras terribles y dientes grandes. Cruzaba los brazos y, con una mueca de pocos amigos, la figura miraba al lector y le preguntaba: &ldquo;&iquest;Y el humor, eso qu&eacute; es?&rdquo;.</p>
<p>- &iquest;Y el humor, eso qu&eacute; es?</p>
<p>- Entiendo el humor como un desplazamiento de significados. Se usa para ampliar conceptos, para darles la vuelta, para ver de qu&eacute; est&aacute;n hechas las ideas que manejamos. El humor o la s&aacute;tira trabaja con materiales ya dados e intenta ver qu&eacute; mentiras y contradicciones hay dentro de ellos. El humor es desmontar el juguete que manejamos y observar qu&eacute; hay dentro. La s&aacute;tira es un lenguaje que se ha utilizado siempre un poco como instrumento de combate no cruento. La s&aacute;tira puede tener agresividad, pero siempre tiene una carga de comprensi&oacute;n. Y, cuando comprendes, te vuelves menos agresivo. A m&iacute; no me gusta la s&aacute;tira que se ha usado en muchas ocasiones &ndash;en algunos conflictos b&eacute;licos- como instrumento de guerra, de pelea, a favor de unos y en contra de otros. Esa s&aacute;tira a m&iacute; me interesa menos. Creo que es una utilizaci&oacute;n esp&uacute;rea, no es su verdadera funci&oacute;n. Su funci&oacute;n es m&aacute;s bien de ayudar a entender por qu&eacute; son las cosas y a cimentar los mitos y las mentiras que nos quieren vender.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;La desaparici&oacute;n de los peri&oacute;dicos ser&aacute; un drama de enormes consecuencias&rdquo;</strong></p>
<p>- Andr&eacute;s, &iquest;a usted le preocupa el periodismo?</p>
<p>- No puedo desvincularme del periodismo porque la vi&ntilde;eta es una parte especializada del mismo. Entramos en un territorio muy triste. Desde mi punto de vista, tal y como yo lo veo, hay una voluntad clara de acabar con la prensa en papel, porque eso ayudar&aacute; enormemente a crear una sociedad mucho m&aacute;s manipulable que la que tenemos ahora. La prensa en papel es muy &uacute;til para crear estructuras de pensamiento que el periodismo digital no puede crear por el propio medio con el que trabaja, que es continuamente fluctuante, que no tiene fijeza. Es como mirar un r&iacute;o, ver pasar el agua; no puedes fijarte en un punto, para hacerlo tienes que lanzar una rama a la corriente. De ese fluido continuo en el que todo se mezcla, en el que no hay estructuras, es de una enorme dificultad extraer alguna idea. As&iacute; se crea una opini&oacute;n sin estructura, f&aacute;cilmente manejable. La desaparici&oacute;n de los peri&oacute;dicos ser&aacute; un drama de enormes consecuencias.</p>
<p>- &iquest;Dice &ldquo;ser&aacute;&rdquo; y no &ldquo;ser&iacute;a&rdquo; porque cree con firmeza que va a suceder?</p>
<p>- Va a suceder porque hay voluntad de que suceda.</p>
<p>- &iquest;La voluntad de qui&eacute;n?</p>
<p>- No podemos establecer qui&eacute;n es el que est&aacute; detr&aacute;s de todo esto, pero s&iacute; sabemos que hay un sistema que se est&aacute; implantando. Nos dicen que este sistema lo producen los medios por propia naturaleza, otros creemos que es porque hay una voluntad que viene de muy lejos de que eso sea as&iacute;, y va encontrando los cauces para producir ese efecto.</p>
<p>- Me recuerda a una entrevista reciente realizada por Alfonso Armada al fil&oacute;sofo coreano ByungChul-Han (autor de La sociedad del cansancio y de Psicopol&iacute;tica). &Eacute;ste hablaba de que&ldquo;La t&eacute;cnica de poder del sistema neoliberal no es ni prohibitiva ni represiva, sino seductora. Se emplea un poder inteligente. Este poder, en vez de prohibir, seduce. No se lleva a cabo a trav&eacute;s de la obediencia sino del gusto. Cada uno se somete al sistema de poder mientras se comunique y consuma, o incluso mientras pulse el bot&oacute;n de &laquo;me gusta&raquo;. El poder inteligente le hace caranto&ntilde;as a la psique, la halaga en vez de reprimirla o disciplinarla&rdquo;.</p>
<p>- Dos cosas. Uno, el sistema neoliberal utiliza la violencia cuando le conviene y cuando ve que no tiene otra forma de establecerse. Eso para empezar. El sistema financiero neoliberal es violento por naturaleza y as&iacute; se muestra cuando lo necesita. La segunda parte es que est&aacute; demostrado que la lectura sobre papel, la forma en la que se lee en papel, permite reflexionar sobre lo que est&aacute;s leyendo, distanciarte y repensar las cosas, mientras que la lectura en pantalla no permite esa reflexi&oacute;n. Es hipn&oacute;tica, por decirlo de alguna manera. Y tu voluntad queda anulada por esa capacidad de penetraci&oacute;n.</p>
<p>- Sin embargo, pareciera que el periodismo se gu&iacute;a ahora mucho por las reflexiones de los lectores, por el supuesto di&aacute;logo que se establece con el lector de la p&aacute;gina web. El &ldquo;feedback&rdquo; es r&aacute;pido y se tiende a escribir lo que el p&uacute;blico quiere, lo que por sus reacciones se va deduciendo que le interesa. Se deciden contenidos en funci&oacute;n de lo que va a gustar o leerse mucho. &iquest;Qu&eacute; opini&oacute;n le merece?</p>
<p>- A partir del momento en el que entran dentro de esa comunicaci&oacute;n los mecanismos econ&oacute;micos o de seducci&oacute;n, que b&aacute;sicamente es de lo que se trata, esa comunicaci&oacute;n est&aacute; corrompida. Es una comunicaci&oacute;n falsa, superficial, sucia. Se trata de fabricar&nbsp; un mero producto. El comunicador no puede ser un fabricante si lo que pretende es hacer algo que tenga cierta relevancia. Si lo que busca es convertirse en fabricante y hacer un producto, all&aacute; &eacute;l, pero est&aacute; demostrado que eso no tiene ninguna trayectoria. Que se desvanece en&nbsp; muy poco tiempo.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;La prensa se ha puesto en demasiadas ocasiones al servicio del poder&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; errores ha cometido la prensa?</p>
<p>- Ponerse en demasiadas ocasiones al servicio del poder. El mal periodismo, porque no estamos hablando del periodismo sino del mal periodismo, ha sido tambi&eacute;n manipulador. Lo que pasa es que la manipulaci&oacute;n en el papel se ve m&aacute;s claramente. &iexcl;Claro que hay mucha manipulaci&oacute;n en un peri&oacute;dico! Pero se ve con claridad. Mientras que en estos otros lugares casi no puedes verla, porque todo es tan r&aacute;pido, unas veces se te dice una cosa, luego otra, o se mezclan elementos&hellip; En un peri&oacute;dico todo est&aacute; estructurado: puedes ver lo que es econom&iacute;a y lo que es f&uacute;tbol. En lo digital te lo mezclan todo, e incluso te superponen una cosa a la otra. Con lo cual, est&aacute;s indefenso, la mente no es capaz de procesar esa amalgama.</p>
<p>- Hay un silencio y se escucha el ruido de los p&aacute;jaros detr&aacute;s de las ventanas. Andr&eacute;s R&aacute;bago no parece tener prisa. Coge un vaso de t&eacute; que tiene en la estanter&iacute;a y bebe un poco. &ldquo;Perdone que no le ofrezca, este t&eacute; se llama Tulsi t&eacute;. Corta los catarros por la mitad&rdquo;. Tuvimos que cancelar nuestra primera cita por una gripe incipiente, y pocos d&iacute;as despu&eacute;s se ha recuperado. Se dir&iacute;a que R&aacute;bago es un conversador a la manera de la filosof&iacute;a cl&aacute;sica, del di&aacute;logo plat&oacute;nico. Es un interlocutor reflexivo. Normalmente calla un momento antes de responder y lo hace como ponderando cada cosa que dice. Tiene un af&aacute;n hoy infrecuente por clarificar los conceptos que utiliza. &ldquo;Quiero precisar eso que he dicho de la criminalidad del estado neoliberal&rdquo;, dice.</p>
<p>- El sistema neoliberal, o eso que llamamos sistema neoliberal, es la transformaci&oacute;n de la realidad en dinero. Eso degrada de tal manera lo que constituye la realidad que es un aut&eacute;ntico mecanismo de destrucci&oacute;n de todo lo&nbsp; vivo. Cuando la vida se convierte en materia de que la que puedes obtener un beneficio, en ese momento est&aacute;s cometiendo un grav&iacute;simo pecado, en el sentido teol&oacute;gico del t&eacute;rmino, contra la propia existencia de la vida. El hombre se convierte, no en el hacedor que deber&iacute;a ser, sino en el destructor, que es su contrafigura.</p>
<p>- Hablando de la destrucci&oacute;n de la vida en el sentido m&aacute;s literal, no puedo dejar de preguntarle por los pasados atentados al <em>Charlie Hebdo</em>. El 9 de enero usted public&oacute; el dibujo de una pluma ensangrentada.</p>
<p>- Era una vi&ntilde;eta obligada en el sentido de que era un testimonio de compa&ntilde;erismo hacia unas personas que hab&iacute;an sido asesinadas. Todos hemos hecho algo en recuerdo a los compa&ntilde;eros de <em>Charlie Hebdo</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La ofensa gratuita no tiene ninguna utilidad&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;l es su postura respecto al asunto de la libertad de expresi&oacute;n y del derecho a ofender?</p>
<p>- &nbsp;La ofensa gratuita no tiene ninguna utilidad. Yo nunca he hecho un dibujo con la voluntad de ofender. Pero tampoco creo que deba eliminarse esa posible agresi&oacute;n o expresi&oacute;n soez. Si a m&iacute; una cosa me molesta, no tengo por qu&eacute; exigir que eso no se publique. Yo soy partidario de la libertad de expresi&oacute;n absoluta. Ahora bien, tambi&eacute;n creo que esa libertad obliga a los que la ejercemos a saber lo que hacemos y a no utilizarla gratuitamente. Otra cosa es que t&uacute; creas que esa agresi&oacute;n es &uacute;til por alguna raz&oacute;n. Cuando tienes a tu disposici&oacute;n un medio p&uacute;blico, al menos yo as&iacute; lo entiendo, debes cuidar las formas. No te pones a gritar en una sala de exposiciones porque est&aacute;s en un espacio compartido. Y un medio de comunicaci&oacute;n es espacio compartido. Debemos cuidar lo que decimos. Yo me niego a aceptar que los dibujos del <em>Charlie Hebdo</em> produzcan tal rechazo que induzcan a actuar a los terroristas. No, el terrorismo est&aacute; ah&iacute; y lo que est&aacute; buscando es una percha de la que poder colgarse, que parezca justificarlo. Se agarr&oacute; a las vi&ntilde;etas del <em>Charlie Hebdo</em> porque le pareci&oacute; &uacute;til para sus fines propagand&iacute;sticos, como se pod&iacute;a haber agarrado a otro sitio. Para nada tienen la culpa esos dibujantes de los cr&iacute;menes que cometen una banda de enloquecidos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Sin un trabajo de degradaci&oacute;n previo, no hubi&eacute;ramos aceptado el fe&iacute;smo&rdquo;</strong></p>
<p>- Hay una &uacute;ltima cosa que quer&iacute;a preguntarle sobre periodismo. A veces se nota una cierta fealdad en la prensa, como una dejadez tambi&eacute;n est&eacute;tica que causa en el lector un cierto des&aacute;nimo&hellip;</p>
<p>- Entiendo su preocupaci&oacute;n. Ahora mismo hay una exposici&oacute;n en Madrid sobre pintura acad&eacute;mica del siglo XIX y principios del XX franc&eacute;s. Aquello era un callej&oacute;n sin salida. Esa belleza decadente, exang&uuml;e ya, medio muerta&hellip; hac&iacute;a falta un revulsivo. Ese revulsivo implicaba mirar la realidad de nuevo, enfrentarse a ella, salir a la intemperie y volver a buscar lo que hab&iacute;a de verdad en la realidad y no contentarse con esa realidad de alguna manera recreada o imaginada en los estudios cerrados de los pintores neocl&aacute;sicos de las academias. Ese revulsivo se produjo con el naturalismo primero y luego con el impresionismo, con C&eacute;zanne, con la ruptura de las formas y todo lo que vino despu&eacute;s. Esa destrucci&oacute;n en principio era &uacute;til para desmontar lo que estaba ya muerto y volver a montarlo. Pero de esa destrucci&oacute;n deriva una secuela, que es la est&eacute;tica del fe&iacute;smo. El fe&iacute;smo convierte lo que en principio era liberador en algo degradado. Es como una trayectoria curva que empieza con voluntad ascendente y acaba con un inevitable descenso. Ese punto de fe&iacute;smo es un elemento de degradaci&oacute;n de eso que llamamos verdad, que es bella por su propia naturaleza. No bella en el sentido de c&aacute;nones, sino de autenticidad. Y yo sostengo que ese fe&iacute;smo es inaut&eacute;ntico, que es falso y que apoya la parte del hombre que busca el menor esfuerzo. Hay otro punto importante en este aspecto del fe&iacute;smo. Y es que muchas veces parte de una incapacidad. Le gusta a mucha gente porque es como si se les dijera: &ldquo;Como es f&aacute;cil, t&uacute; tambi&eacute;n puedes hacerlo&rdquo;. Fe&iacute;smo es, por ejemplo, la demagogia, fe&iacute;smo es halagar el gusto del p&uacute;blico, despu&eacute;s de que ese gusto ha sido degradado. Sin un trabajo previo de degradaci&oacute;n del gusto, no habr&iacute;amos aceptado el fe&iacute;smo.</p>
<div>
<p>- Cuando quiera terminamos, Andr&eacute;s.</p>
<p>- No, cuando me diga&hellip; Yo, por m&iacute; mismo, estoy callado.</p>
<p>- &iquest;Le gusta el silencio?</p>
<p>- Me gusta el silencio. Pero tambi&eacute;n me gusta comunicarme.</p>
<p>- &iquest;Es necesario el silencio para comunicarse?</p>
<p>- El silencio es lo que nutre la comunicaci&oacute;n. Si hay mucha bulla, no hay comunicaci&oacute;n.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; piensa alguien a quien le gusta callar y que utiliza la concisi&oacute;n para trabajar de la verborrea de nuestra sociedad, del ruido? &iquest;Se habla demasiado?</p>
<p>- Las palabras han sido adulteradas, &eacute;se es el principal problema del lenguaje, no que hablemos demasiado. El lenguaje se ha desvitalizado. Quiz&aacute;s porque hemos pasado de un lenguaje comunicativo verbal a uno m&aacute;s visual y con el cambio de paradigma la parte verbal ha perdido eficacia. Somos menos capaces de precisar lo que queremos decir y el propio vocabulario se est&aacute; reduciendo al m&iacute;nimo. Cada vez tenemos menos palabras. Cuando lees algunos libros del Siglo de Oro te das cuenta de la riqueza del lenguaje, y de c&oacute;mo se est&aacute; convirtiendo en un lenguaje muy mec&aacute;nico, reseco, que representa a un tipo humano notablemente embrutecido. Se ha perdido sutileza.</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><strong>&ldquo;Queremos parecer inteligentes cuando s&oacute;lo mimetizamos lo que otros han sido o han dicho&rdquo;</strong></p>
<p>- En la vi&ntilde;eta del 26 de enero, en el diario<em> El Pa&iacute;s</em>, se le&iacute;a: &ldquo;Eliminaron las encrucijadas y las sustituyeron por rotondas para que nadie se detuviese a pensar&rdquo;.</p>
<p>- Sostengo que pensar es muy dif&iacute;cil, y que llamamos pensar a repetir esquemas heredados o ideas preconcebidas, o los contenidos de los medios de comunicaci&oacute;n. Queremos parecer inteligentes cuando s&oacute;lo mimetizamos lo que otros han sido o han dicho. Pensar por uno mismo es dif&iacute;cil porque implica poner en cuesti&oacute;n los propios pensamientos, mirar qu&eacute; hay de verdad en ellos. Inevitablemente al movernos dentro de la comunicaci&oacute;n, tendemos a ubicarnos en un lenguaje com&uacute;n e incluso en unas ideas y unas culturas que compartimos. Siempre se parte inevitablemente de territorios comunes. Pero, dentro de ese magma, uno puede intentar pensar por s&iacute; mismo lo que son las cosas, asumiendo que una gran parte de elementos con los que se cuenta son heredados.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Todo aquello que produce dolor me provoca rechazo y por lo tanto tengo que tratarlo&rdquo;</strong></p>
<p>- En una de sus vi&ntilde;etas en <em>El Pa&iacute;s</em> hay una vaca que dice &ldquo;Me ponen m&uacute;sica cl&aacute;sica para que d&eacute; m&aacute;s leche. Comprender&aacute; que odie a Mozart&rdquo;. En otra llueven jamones, porque se acercan las elecciones. En otra una madre le dice al hijo que tendr&aacute; que aprender a leer, a escribir y a tener miedo. Algunas preocupaciones son recurrentes en El Roto. &iquest;Qu&eacute; temas le conmueven?</p>
<p>- Realmente no puedo decir que me conmuevan las cosas, porque estar&iacute;amos en el terreno de las emociones. Y El Roto no est&aacute; en el terreno de las emociones. Es verdad que utiliza una cierta calidez en la manera de tratar los temas. Hay un amor subterr&aacute;neo. Hay una voluntad amorosa en lo que hago. Todo aquello que produce dolor me provoca rechazo y por lo tanto tengo que tratarlo. Pero no parto de cosas personales que me conmueven, sino de la constataci&oacute;n de estructuras que est&aacute;n ah&iacute; y que deben ser corregidas. No es que yo diga &ldquo;&iexcl;Ay, esto me ha afectado mucho!&rdquo;. De una historia personal me interesa extraer qu&eacute; est&aacute; pasando a nivel general. Usted antes hablaba de Plat&oacute;n y no andaba lejos, porque es verdad que yo entiendo casi todas las cosas a partir de esos esquemas en que luego individualmente se particularizan. Los casos aislados son reflejos, como dir&iacute;a Plat&oacute;n, de esa estructura que crea esos casos. Los casos est&aacute;n ah&iacute;. Cada caso puede ser resuelto, pero si la estructura permanece generar&aacute; m&aacute;s casos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Todas las deformaciones que uno observa parten de una misma esencia: del error&rdquo;</strong></p>
<p>- En una de sus vi&ntilde;etas el campanero de Wall Street llama a la oraci&oacute;n. Denuncia el culto al dinero.</p>
<p>- Todas las deformaciones que uno observa parten de una misma esencia: del error. De la equivocaci&oacute;n de la mente humana. De la separaci&oacute;n de su verdadera esencia. De la distancia ya sideral que tiene consigo misma la mente humana. Porque ha perdido de vista su origen. Porque no sabemos lo que somos. Es el error original del que parten luego todos nuestros errores. El problema final es teol&oacute;gico. Tenemos el grav&iacute;simo problema de que tenemos una Iglesia, que es el principal impedimento para comprender lo sagrado, o el nivel, digamos, trascendente de las cosas. Se ha convertido, si no lo ha sido siempre, en un mecanismo de entorpecimiento de la relaci&oacute;n del hombre con su nivel superior, al situarlo en algo externo al propio hombre. La Iglesia oficial dificulta la conexi&oacute;n del hombre consigo mismo.</p>
<p><em>- </em>Se ha publicado hace poco un libro de Pablo D&rsquo;Ors que se llama <em>Contra la juventud</em>, no contra los j&oacute;venes, sino sobre el ideal de la madurez, &ldquo;donde nos acercamos a aquello que queremos ser&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; opina, desde la madurez?</p>
<p>- Cada etapa vital tiene sus ventajas y sus inconvenientes. La fuerza que tienes cuando eres joven la tienes que suplir con una cierta sabidur&iacute;a que puedes haber alcanzado cuando ya tienes experiencia. Pero sin el empuje de los j&oacute;venes el mundo no avanzar&iacute;a. No se debe desechar ni el impulso juvenil ni la sensatez de la madurez. Justamente la sabidur&iacute;a de la vida es que hay distintos segmentos sociales, y los j&oacute;venes deben escuchar a los mayores, no deben desestimarlos, y los mayores no debemos rechazar a los j&oacute;venes por su inconsistencia, en muchos casos, o por su ignorancia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Lo ideal es estar a la altura de lo que la vida te va proponiendo&rdquo;</strong></p>
<p><em>- </em>&iquest;A usted le ha costado llegar a donde ha llegado?</p>
<p>- Uno no sabe c&oacute;mo llega a donde est&aacute;, ni siquiera d&oacute;nde est&aacute;. Siempre vas siguiendo las pautas que te da la vida, y procurando equivocarte las menos veces posibles. Aunque a veces algunos errores conducen a sitios interesantes. Aun as&iacute;, digamos que la vida se va construyendo por s&iacute; misma, y t&uacute; eres un actor muchas veces ignorante de esos trazados. El creer que nosotros decidimos nuestras vidas creo que es un pensamiento irracional. Lo ideal es estar a la altura de lo que la vida te va proponiendo. Aunque en ocasiones tambi&eacute;n flaqueamos y somos vagos&hellip; y a veces maleantes.</p>
<p>- &iquest;Recuerda alg&uacute;n error fruct&iacute;fero?</p>
<p>- &iexcl;Digo yo que pueden ser fruct&iacute;feros! Al hablar de los errores cometidos me refiero, sobre todo, a los errores como prejuicios. En un momento dado piensas que algo no te interesa. Y despu&eacute;s lo miras m&aacute;s a fondo y adviertes que eso que hab&iacute;as rechazado de antemano s&iacute; ten&iacute;a inter&eacute;s. Rechazas algo que tiene valor y m&aacute;s tarde te das cuenta de que si entonces lo hubieras tomado en consideraci&oacute;n hubieses llegado antes a donde ahora est&aacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Lo importante es conservar, tanto cuando eres joven como cuando eres mayor, esa voluntad de b&uacute;squeda de la verdad&rdquo;</strong></p>
<p>- Mirando hacia atr&aacute;s, &iquest;qu&eacute; ha cambiado con la larga trayectoria, con el &eacute;xito?</p>
<p>- He tenido la enorme fortuna de poder estar presente en los medios durante cuarenta a&ntilde;os. Esa fortuna es algo que agradezco enormemente y que me ha permitido desarrollar una carrera larga y estar vivo intelectualmente y dar testimonio de la sociedad, que es la utilidad que yo creo que puede tener el trabajo que he desarrollado. Son muy distintas las &eacute;pocas est&eacute;ticas que he atravesado y los territorios mentales en los que he estado. De joven a mayor, todo ese espacio temporal ha sido espacio de investigaci&oacute;n sobre m&iacute; mismo, de comprensi&oacute;n de las estructuras de las que estamos formados (campo emocional, intelectual, espiritual o metaf&iacute;sico). La generosidad de la vida me ha permitido estar, reflexionar y plasmar lo que he podido advertir desde mi experiencia. El tener una trayectoria larga te da una cierta seguridad. El tiempo te hace menos impulsivo, te hace m&aacute;s reflexivo. Creo que lo importante es conservar, tanto cuando eres joven como cuando eres mayor, esa voluntad de b&uacute;squeda de la verdad, una b&uacute;squeda que siempre te ha de guiar, tanto en las etapas juveniles como en las etapas maduras. La verdad siempre se te escapa, nunca llegas a alcanzarla, es permanentemente mutable, no est&aacute; establecida&hellip; Esa b&uacute;squeda&nbsp; la entiendo como un mecanismo implantado en el ser humano, que a veces se deforma y se convierte en la b&uacute;squeda de la gloria, del poder o del dinero. Estas son deformaciones de esa b&uacute;squeda de la trascendencia, son ca&iacute;das en ese largo y digno camino.</p>
<p>- Andr&eacute;s, usted parece tener una formaci&oacute;n global en filosof&iacute;a, pintura, literatura. &iquest;Qu&eacute; libro le ha marcado, o que autores forman su &ldquo;familia espiritual&rdquo;?</p>
<p>- No tuve una formaci&oacute;n acad&eacute;mica, mi formaci&oacute;n fueron los idiomas y los viajes. Gracias al conocimiento de varios idiomas pude viajar por toda Europa incluidos pa&iacute;ses de Europa del Este y leer autores y prensa extranjera (inglesa, francesa, alemana, italiana....) en un momento en que Espa&ntilde;a era un p&aacute;ramo de miseria moral e intelectual. Esas lecturas y viajes me dieron una informaci&oacute;n de lo que se estaba gestando en Europa y Norteam&eacute;rica. Creo que mi mentalidad se nutri&oacute; de las ideas libertarias de Mayo del 68 y de sus consecuencias posteriores. Los viajes me permitieron conocer grandes museos y la visi&oacute;n directa de obras de grandes maestros.</p>
<p>- &iquest;Cree que ahora hay demasiada especializaci&oacute;n y que deber&iacute;a volver &ldquo;el hombre del Renacimiento&rdquo; m&aacute;s interesado por m&aacute;s cosas?</p>
<p>- No es un problema de especializaci&oacute;n, todo trabajo de calidad exige una especializaci&oacute;n, el problema puede ser la ausencia de un horizonte, un punto cardinal al que dirigirnos.</p>
<p>- &iquest;A qu&eacute; vi&ntilde;etistas admira m&aacute;s? &iquest;En cu&aacute;les de los contempor&aacute;neos se fija?</p>
<p>- El territorio de la s&aacute;tira gr&aacute;fica es demasiado estrecho, no es una referencia suficiente, hay que ampliar el campo de visi&oacute;n a todo el panorama del arte en todas sus formas y lenguajes, la s&aacute;tira no puede encerrarse en un gueto. Por lo dem&aacute;s, en el dibujo echo en falta el color, por eso necesito pintar&hellip; pero eso ser&iacute;a ya otra conversaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>]]></description>
      <pubDate>Tue, 23 Jun 2015 06:03:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Javier Marías o la novela no necesariamente castiza]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/javier-marias-o-la-novela-no-necesariamente-castiza/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2015/mariasquini.jpg" alt="" /></p>
<p>A m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os de distancia de la publicaci&oacute;n de su primera novela, <em>Los dominios del lobo</em>, la trayectoria de Javier Mar&iacute;as es de una coherencia incuestionable. Un hecho, adem&aacute;s, que no deja de sorprender si se piensa en lo precoz de la aparici&oacute;n del autor en el a&ntilde;o 1971 y en la pr&aacute;ctica del &laquo;errar con br&uacute;jula&raquo; como m&eacute;todo de escritura; una opci&oacute;n arriesgada, seg&uacute;n confesi&oacute;n propia, que sin embargo le ha permitido forjar ese personal&iacute;simo estilo construido a base de digresiones, azarosas en apariencia, pero que combinan con maestr&iacute;a la reflexi&oacute;n y el relato, la dilaci&oacute;n de lo narrado y el empuje narrativo; la &laquo;onda&raquo; y el &laquo;corp&uacute;sculo&raquo;, por decirlo utilizando dos met&aacute;foras de Juan Benet. La narraci&oacute;n cifrada en torno a una trama argumental y la demora en fragmentos exquisitos que el lector debe degustar. El reto t&aacute;cito de las novelas de Mar&iacute;as ha sido interesar cuando la narraci&oacute;n de lo ocurrido ced&iacute;a el paso a la narraci&oacute;n conjeturada, cuando las hip&oacute;tesis y comentarios de ese narrador cuyo pensamiento no cesa, lo imaginado por &eacute;l en suma, roban el protagonismo a los hechos realmente sucedidos en la novela y se convierten ellos en la propia peripecia de la historia.</p>
<p>En el alborear de la &uacute;ltima d&eacute;cada del franquismo, cuando se publican <em>Los dominios del lobo</em> y <em>Traves&iacute;a del horizonte</em>, todav&iacute;a colean en Espa&ntilde;a las pol&eacute;micas sobre lo obligatorio del realismo como &uacute;nica est&eacute;tica que pod&iacute;a y deb&iacute;a vehicular un compromiso pol&iacute;tico de los escritores en la lucha literaria contra la dictadura. Javier Mar&iacute;as proporcionaba en 1984 jugosas claves interpretativas para comprender el impulso de su generaci&oacute;n en la conferencia &laquo;Desde una novela no necesariamente castiza&raquo;. Pese a su fama duradera e injusta de autor extranjerizante, pocos escritores espa&ntilde;oles contempor&aacute;neos han estado m&aacute;s enraizados en el <em>Zeistgeist </em>de su &eacute;poca y su pa&iacute;s como &eacute;l. Porque precisamente la insatisfacci&oacute;n ante esa denostada &laquo;novela castiza&raquo; -el hijo pr&oacute;digo no es por ello menos hijo- fue el acicate que lo condujo a buscar modelos en la literatura extranjera (inglesa) y en lo mejor de la novela espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea, Juan Benet, con el que compart&iacute;a una visi&oacute;n negativa de la tradici&oacute;n costumbrista espa&ntilde;ola (Cervantes es adem&aacute;s para ambos un referente inexcusable). De otro lado, la admiraci&oacute;n por la prosa de Benet resultar&iacute;a en una interesante &laquo;angustia de la influencia&raquo; que Javier Mar&iacute;as ha sabido hacer jugar a su favor con los a&ntilde;os. Mar&iacute;as acert&oacute; en aquel texto de 1984 a describir el momento de <em>pretransici&oacute;n</em> que tuvo lugar en los setenta, el de una transici&oacute;n cultural que se anticip&oacute; a la transici&oacute;n pol&iacute;tica, y signific&oacute; el paso de una cultura literaria condicionada por el r&eacute;gimen de Franco a un campo literario que se reg&iacute;a ya por las leyes de las sociedades democr&aacute;ticas avanzadas. Los escritores de su generaci&oacute;n no estaban solos, ni la suya fue una &laquo;ruptura&raquo; en sentido estricto, puesto que autores como el mismo Juan Benet en <em>La inspiraci&oacute;n y el estilo</em>, o Jaime Gil de Biedma en &laquo;Carta de Espa&ntilde;a&raquo;, hab&iacute;an se&ntilde;alado de manera inequ&iacute;voca en la misma direcci&oacute;n: las propuestas literarias dictadas por el antifranquismo eran demasiado dependientes de la coyuntura sociopol&iacute;tica y la literatura espa&ntilde;ola carec&iacute;a de empaque literario. De su parte, Carlos Barral y Jos&eacute; Mar&iacute;a Castellet, despu&eacute;s de haber sido dos de los principales valedores del realismo comprometido, lanzan con impertinente y astuto &eacute;nfasis comercial la jugada de <em>Nueve nov&iacute;simos poetas </em>en 1970.</p>
<p>&nbsp;Este es el contexto en que se inscriben las primeras novelas de Javier Mar&iacute;as. Con apenas veinte a&ntilde;os, Mar&iacute;as factura dos excelentes relatos de aventuras, entretenidos, ir&oacute;nicos e impecablemente estructurados; acaso las primeras muestras de narrativa posmoderna de las que se tuvo noticia en Espa&ntilde;a, que preludian&nbsp; los pastiches posmodernistas de Eduardo Mendoza poco despu&eacute;s, y entroncaban con la irreverencia de F&eacute;lix de Az&uacute;a y Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n, o la nada inocente recuperaci&oacute;n de la sentimentalidad infantil de Leopoldo Mar&iacute;a Panero o Ana Mar&iacute;a Moix, que hallar&iacute;a su m&aacute;s afortunada expresi&oacute;n en <em>La infancia recuperada</em> de Fernando Savater. Mar&iacute;as evidencia en esas dos primeras novelas la utilizaci&oacute;n resabiada de la literatura de g&eacute;nero, las ambientaciones del pasado y la mirada suavemente burlona sobre el material narrado, elementos que Umberto Eco explicitar&iacute;a mucho despu&eacute;s como rasgos del posmodernismo en el compendio personal de normas de la narrativa posmoderna que fue <em>Apostillas a &laquo;El nombre de la rosa&raquo;</em>.</p>
<p>Javier Mar&iacute;as remata el primer periodo de su carrera en 1975 firmando junto a F&eacute;lix de Az&uacute;a y Vicente Molina Foix <em>Tres cuentos did&aacute;cticos</em>, tres relatos que representan una ir&oacute;nica vuelta de tuerca a la idea del &laquo;didactismo&raquo; literario &ndash;l&eacute;ase <em>engagement</em>-. <em>Tres cuentos did&aacute;cticos </em>pudo haber sido el equivalente en prosa de <em>Nueve nov&iacute;simos</em> pero la menor repercusi&oacute;n de este interesante volumen lo ha relegado injustamente a ser una curiosidad a pie de p&aacute;gina en la literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea. Qui&eacute;n sabe si de haber sido mayor su impacto no se hubiera hablado de narradores &laquo;did&aacute;cticos&raquo; en el mismo sentido en que se ha hablado desde 1970 de poetas &laquo;nov&iacute;simos&raquo;.</p>
<p>Despu&eacute;s de 1975, Mar&iacute;as decide imprimir un nuevo rumbo a su trayectoria narrativa con la b&uacute;squeda de un alto estilo literario, el que defendi&oacute; y practic&oacute; Juan Benet,&nbsp; y el tratamiento de temas de m&aacute;s solemnidad; un viraje que da inicio a uno de los periodos menos celebrados pero m&aacute;s importantes de su carrera. Es una etapa en que encontramos muchas semillas de su m&aacute;s conocida obra madura, y cuyo arranque puede situarse en <em>Todas las almas </em>pero cuya g&eacute;nesis se encuentra en el libro de 1978 <em>El monarca del tiempo</em>. A este ciclo intermedio se lo puede llamar el &laquo;ciclo de Casald&aacute;liga&raquo;, por la recurrencia de los personajes que pueblan el universo configurado en <em>El monarca del tiempo</em>, <em>El sigl</em>o y <em>El hombre sentimental</em>: el potentado Casald&aacute;liga, su ahijado &laquo;El Le&oacute;n de N&aacute;poles&raquo;, un cantante de &oacute;pera, y el desgraciado matrimonio de los Manur (un enlace por conveniencia). Sobre sus tribulaciones se construye este peculiar pero fascinante universo narrativo dominado por el p&eacute;rfido Casald&aacute;liga. Frustrado doblemente como h&eacute;roe de guerra y m&aacute;rtir del amor, Casald&aacute;liga, protagonista de <em>El siglo</em>, acaba desempe&ntilde;ando el antiheroico papel de traidor y delator, y desde el retiro de sus &uacute;ltimos d&iacute;as se cuenta su historia, mezquina y grotesca a partes iguales. En <em>El siglo</em>, encontramos por primera vez la preocupaci&oacute;n de &iacute;ndole moral que ha centrado las novelas de Javier Mar&iacute;as desde entonces: la exploraci&oacute;n del comportamiento de los hombres; a menudo taimado, contradictorio, cuando no en &uacute;ltima instancia incomprensible.</p>
<p>Es un tiempo, el del final de los setenta y el ecuador de los ochenta, que coincide adem&aacute;s con&nbsp; la etapa m&aacute;s fecunda de Javier Mar&iacute;as como traductor. Cuando emprende la dif&iacute;cil tarea de verter al castellano <em>Tristram Shandy</em>, <em>El espejo del mar</em> de Joseph Conrad, y los ensayos de Sir Thomas Browne, <em>La religi&oacute;n de un m&eacute;dico</em> y <em>El enterramiento en urnas</em>. Mediante ese ejercicio translaticio Mar&iacute;as aprende a trabajar de manera distinta el tiempo narrativo y su prosa adquiere la densidad del <em>noble style </em>de esos escritores ingleses. Un estilo que a partir de <em>El hombre sentimental</em> comienza a hacerse reconocible como la escritura propia del Javier Mar&iacute;as maduro, enmascarada bajo la pluma de El Le&oacute;n de N&aacute;poles que evoca el recuerdo de su amor por Natalia Manur y el final tr&aacute;gico del marido de &eacute;sta. <em>El hombre sentimental</em> apunta claramente a la siguiente fase de la obra de Mar&iacute;as: el lector encuentra la mostraci&oacute;n detenida de la interioridad sentimental del personaje protagonista, la narraci&oacute;n sin fisuras de lo recordado, lo imaginado, y en esta novela lo so&ntilde;ado; donde lo imaginario y lo real son presentados con igual fuerza persuasiva sin que lleguen nunca a confundirse en el relato; es el primer anticipo de la exploraci&oacute;n de los laberintos de la conciencia, sentimental e intelectual, de la que Javier Mar&iacute;as ha hecho desde entonces uno de los rasgos distintivos de su narrativa.</p>
<p>La imitaci&oacute;n del estilo autobiogr&aacute;fico se hace claramente perceptible en <em>Todas las almas</em>. En esta &laquo;novela de Oxford&raquo; es donde mejor comienzan a verse los beneficios de la traducci&oacute;n de Laurence Sterne: el control magistral de las digresiones, la dilaci&oacute;n de las escenas para lograr el mayor impacto narrativo, y la sumisi&oacute;n del argumento de la historia a la manera de contarla. La novela se articula a partir de las reflexiones y recuerdos de un innominado profesor espa&ntilde;ol en la ciudad &laquo;conservada en alm&iacute;bar&raquo;; su melancol&iacute;a y su soledad lo llevan a identificarse con John Gawsworth, un oscuro escritor ingl&eacute;s que tras un mete&oacute;rico debut literario se consumi&oacute; finalmente en la penuria y el olvido. Es plausible aventurar que el planteamiento de la novela responde a un momento de crisis del mismo Javier Mar&iacute;as. Sea como fuera, lo cierto es que <em>Todas las almas</em> ha pasado a ser uno de los m&aacute;s brillantes ejemplos de novela autoficcional en la literatura espa&ntilde;ola. Pese a no sentirse c&oacute;modo con este marbete, lo cierto es que Javier Mar&iacute;as, en sus textos &laquo;Qui&eacute;n escribe&raquo; y &laquo;Autobiograf&iacute;a y ficci&oacute;n&raquo;, ha explicado con elocuencia el funcionamiento de unos mecanismos ret&oacute;ricos que caben dentro de las tipolog&iacute;as de la autoficci&oacute;n: aquellos que provocan el equ&iacute;voco del lector y lo inducen a tomar al autor de la novela por el narrador y protagonista del relato, consiguiendo con ello aumentar el efecto de verosimilitud de la narraci&oacute;n ficcional. Esta ilusi&oacute;n de perturbar los l&iacute;mites entre ficci&oacute;n y realidad culminar&aacute; a&ntilde;os despu&eacute;s en la &laquo;falsa novela&raquo; <em>Negra espalda del tiempo</em>, que no por casualidad tiene su punto de arranque en la revisi&oacute;n del material biogr&aacute;fico del que se nutr&iacute;a <em>Todas las almas</em>. Pero <em>Todas las almas</em> ocupa tambi&eacute;n un lugar central en el conjunto de novelas de Javier Mar&iacute;as porque en ella se da por vez primera la fusi&oacute;n lograda de la &laquo;onda&raquo; y el &laquo;corp&uacute;sculo&raquo; como los dos v&eacute;rtices sobre los que se ha apoyado desde entonces la estructura narrativa de sus novelas. Mediante el control firme de la digresi&oacute;n, la compresi&oacute;n del espacio y la temporalidad le permite a Mar&iacute;as cohesionar un relato que de otro modo correr&iacute;a el riesgo de desintegrarse en sus ramificaciones, o bien de no alcanzar a desarrollarse nunca; la consecuci&oacute;n de fragmentos estil&iacute;sticamente impecables -el &laquo;corp&uacute;sculo&raquo;- (as&iacute; la famosa escena de las <em>high tables </em>oxonianas o la narraci&oacute;n conjeturada del suicidio de la madre de Clare Baynes) se combina con la direcci&oacute;n que le imprime al relato la&nbsp; trama argumental -la &laquo;onda&raquo;-: la historia de un espa&ntilde;ol, aislado en Inglaterra, que deber&aacute; superar la depresi&oacute;n que lo bordea para regresar a su pa&iacute;s, su ciudad natal, Madrid, y enraizarse a trav&eacute;s del matrimonio y la paternidad.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>La novela de Javier Mar&iacute;as alcanza una de sus m&aacute;s altas cotas con <em>Coraz&oacute;n tan blanco</em>. El dominio del ritmo narrativo y las recurrencias obsesivas de ciertos motivos (la imagen shakespeariana del coraz&oacute;n tan blanco y las manos manchadas de sangre que da t&iacute;tulo al libro) resultan en un torrente narrativo ante el que el lector no puede sino sucumbir. Esta novela plantea un tema fundamental que encontramos en sus siguientes obras: la del conocimiento como contaminaci&oacute;n y maldici&oacute;n y las consecuencias funestas que puede acarrear su transmisi&oacute;n; el &laquo;no he querido saber pero he sabido&raquo; del memorable comienzo que conduce al &laquo;no deber&iacute;a uno contar nunca nada&raquo; con el que arranca <em>Tu rostro ma&ntilde;ana</em>. Aqu&iacute; se ejemplifica con la met&aacute;fora de la culpabilidad compartida que representan las blancas manos de Lady Macbeth; la culpabilidad que se comparte por la transmisi&oacute;n de un secreto (un asesinato, como en la obra de Shakespeare) y que es el desencadenante de la indagaci&oacute;n del narrador en un misterio familiar: &iquest;por qu&eacute; se suicid&oacute; aquella joven que fue la primera esposa de su padre, y pudo haber sido su madre? En ninguna otra ocasi&oacute;n el embrujo de la voz de Mar&iacute;as ha sido m&aacute;s poderoso.&nbsp; Por un terreno parecido transita <em>Ma&ntilde;ana en la batalla piensa en m&iacute;</em>. Una novela que funciona en alg&uacute;n aspecto como ampliaci&oacute;n del campo explorado en <em>Coraz&oacute;n tan blanco</em>. Como en aquella precedente, el sabio aprovechamiento de los recursos de la literatura de g&eacute;nero contribuye a armar una peripecia reflexiva que se apoya de nuevo en elementos polic&iacute;acos y melodram&aacute;ticos: un hombre se obsesiona con la identidad de una mujer casada que falleci&oacute; la noche del que iba a ser su primer encuentro amoroso ad&uacute;ltero; eso lo lleva a descubrir la historia del marido de esa mujer, que ha sido a su vez espectador, y causante, de la muerte de otra mujer. De nuevo un narrador perturbado por un misterio y una intriga dosificada que se amalgama con el pensamiento incesante del protagonista, y otra vez un recurrente motivo shakespeariano: el recuerdo de los muertos que pesa como plomo sobre nuestras almas.&nbsp;</p>
<p>Despu&eacute;s de estas dos obras mayores, Javier Mar&iacute;as se embarca en el proyecto de <em>Negra espalda del tiempo</em>, al tiempo su libro m&aacute;s irregular e interesante. Ah&iacute; Mar&iacute;as ha mostrado, como se ha hecho en pocas obras, la capacidad del g&eacute;nero de la novela para fagocitar todo tipo de materiales, a la vez que evidenciaba, como han hecho pocos autores, la conciencia del fingimiento de la fuerza ilocutiva del lenguaje literario: esto es una novela, afirma el narrador/autor Javier Mar&iacute;as, pero en ella todo lo que se cuenta es real, asegura a continuaci&oacute;n; voy a ser fiel a los hechos, pero no tengo por qu&eacute; serlo, ya que esto es una novela, una obra de ficci&oacute;n. <em>Negra espalda del tiempo</em> es estremecedora en la evocaci&oacute;n de los seres queridos que ya se fueron (la madre Dolores Franco, el maestro y amigo Juan Benet, el hermano Julian&iacute;n) y hermosa en la recuperaci&oacute;n del tiempo pasado mediante la escritura, que se ejemplifica de nuevo con una imagen de Shakespeare, la &laquo;negra espalda del tiempo&raquo;, met&aacute;fora del tiempo literario, ese espacio fantasmal que simboliza el Reino de Redonda. El libro es la valiente realizaci&oacute;n del designio de libertad absoluta que Javier Mar&iacute;as siempre ha perseguido en la escritura, pero en la misma medida es una obra necesariamente inacabada por su propia intenci&oacute;n de querer contar, sin rumbo ni m&aacute;s br&uacute;jula de la que proporciona el ir avanzando a base de digresiones ni m&aacute;s direcci&oacute;n que la que dicta el revisar ciertos episodios de la propia biograf&iacute;a.</p>
<p>El proyectado segundo volumen de <em>Negra espalda del tiempo </em>qued&oacute; en el aire, y as&iacute; aparec&iacute;a <em>Tu rostro ma&ntilde;ana</em>, obra unitaria pero publicada en tres entregas a lo largo de los a&ntilde;os 2002 y 2007. Se recupera al innominado protagonista de <em>Todas las almas</em>, que ahora se llama Jacobo Deza, separado hace poco de su esposa, y regresado a Inglaterra para desempe&ntilde;ar oscuras y no demasiado legales tareas informativas para los servicios secretos brit&aacute;nicos. Dejando atr&aacute;s el juego de m&aacute;scaras autofictivo, Javier Mar&iacute;as se afianza firmemente en el terreno de la ficci&oacute;n, ya que, como verdadero novelista que es, sabe que &eacute;se es el mejor instrumento para conocer la realidad; la narraci&oacute;n ficcional que posibilita la novela es la &uacute;nica que permite otorgar a lo narrado una posibilidad de comprensi&oacute;n de la que los hechos carecen en la vida. As&iacute;, <em>Tu rostro ma&ntilde;ana</em> es una audaz reflexi&oacute;n sobre el comportamiento inmoral de nuestros gobernantes, todo lo turbio que pretenden ocultar, pero la innegable vibraci&oacute;n &eacute;tica del relato funciona sobre todo en el plano individual, m&aacute;s que en el colectivo: la barbarie y la violencia sin sentido que anidan de igual manera bajo la p&aacute;tina de normalidad del tiempo de paz que durante la Guerra Civil espa&ntilde;ola o en la Segunda Guerra Mundial. La novela es una vertiginosa aventura en pos de unas inasibles certezas sobre las que edificar un conocimiento que no merece otro nombre que el de &laquo;moral&raquo; (a distinguir claramente del &laquo;moralismo&raquo;). Una b&uacute;squeda sin fin que apunta su orientaci&oacute;n al pasado y al futuro simult&aacute;neamente: rescatar de ese &laquo;tuerto e inseguro olvido&raquo; donde los hechos acaecidos han quedado sepultados, y la adivinaci&oacute;n del comportamiento futuro a trav&eacute;s de los rastros que va dejando nuestra actuaci&oacute;n en el presente: vivir en suma con la incertidumbre de que &laquo;acaso en todos cualquier naturaleza es posible&raquo;. Y vivir tambi&eacute;n con la presumible certeza de la futilidad de nuestra intervenci&oacute;n en el mundo a partir de este conocimiento inseguro; esa intuici&oacute;n que recoge el suspiro de TS Eliot citado en la novela: &laquo;&iquest;me atrevo a molestar al universo?&raquo;. Tit&aacute;nica en su ambici&oacute;n y en su extensi&oacute;n, a <em>Tu rostro ma&ntilde;ana</em> solamente la perfecci&oacute;n de <em>Coraz&oacute;n tan blanco</em> le disputa la cima en el conjunto de novelas de Javier Mar&iacute;as.</p>
<p>Despu&eacute;s de <em>Tu rostro ma&ntilde;ana</em>, <em>Los enamoramientos</em> no lo tuvo f&aacute;cil como obra sucesora. La novela ofrece variaciones interesantes dentro del universo narrativo de Mar&iacute;as (la probatura novedosa de un narrador femenino, el intertexto del <em>Coronel Chabert</em> de Balzac, en lugar del acostumbrado referente literario de Shakespeare) y otros m&aacute;s familiares: los problemas morales resultantes de descubrir un secreto y la narraci&oacute;n detenida de la complejidad del enamoramiento, un proceso menos inocente de como a menudo se lo representa; siendo una obra notable, la novela posiblemente no lleg&oacute; a dar todo lo que de s&iacute; promet&iacute;a. En cualquier caso, <em>Los enamoramientos</em> adquiere un nuevo cariz a la luz de <em>As&iacute; empieza lo malo</em>. La acentuaci&oacute;n del elemento narrativo, previamente ensayado en la novela anterior, que contrasta con la densidad reflexiva de <em>Tu rostro ma&ntilde;ana</em>, alcanza su realizaci&oacute;n plena en esta &uacute;ltima obra. Junto con <em>Coraz&oacute;n tan blanco</em> es seguramente el lugar en que Javier Mar&iacute;as ha sabido conjugar mejor los ingredientes pensativos y los m&aacute;s eminentemente narrativos, logrando una intriga novelesca perfectamente trabada. La ambientaci&oacute;n en la Espa&ntilde;a de 1980, en pleno proceso de Transici&oacute;n, y la lectura que puede consentir bajo la &oacute;ptica de una revisi&oacute;n cr&iacute;tica del pasado no debe sin embargo llamar a enga&ntilde;o. No es una novela pol&iacute;tica, ni muchos menos una obra de tesis, o, peor a&uacute;n, una &laquo;lecci&oacute;n moral&raquo;. La circunstancia hist&oacute;rica (el peso del franquismo, el falseamiento biogr&aacute;fico de los vencedores de la Guerra Civil y la desmemoria pactada del pasado) tiene sin duda su importancia en la tem&aacute;tica y en el argumento de <em>As&iacute; empieza lo malo</em>, pero la preocupaci&oacute;n real que sustenta la novela es el comportamiento contradictorio de los hombres y la parcialidad de sus juicios, el doble rasero con que juzgamos nuestras actitudes y las actitudes de los otros, una desasosegante verdad que en el relato simboliza el ojo tuerto del cineasta Eduardo Muriel. El virtuoso dominio de la t&eacute;cnica narrativa de Javier Mar&iacute;as le permite realzar esa inestabilidad del juicio mezclando la mirada del narrador Juan De Vere en su madurez con la ingenuidad relativa que mostraba en su juventud. Aunque la novela extrae su t&iacute;tulo de una cita de <em>Hamlet</em>, podr&iacute;a decirse que debe m&aacute;s a la inspiraci&oacute;n de otra obra de Shakespeare, <em>Julio C&eacute;sar</em>;&nbsp; en el planteamiento de la dificultad de delinear el contorno de la figura del emperador: s&aacute;trapa megaloman&iacute;aco o benefactor del pueblo de Roma. Lo ambiguo de la interpretaci&oacute;n de nuestras acciones, lastradas adem&aacute;s por el filtro que imponen nuestros deseos, redunda en la dificultad de fijar, de una vez y para siempre, la imagen de una vida, y de ah&iacute; que, en un sentido m&aacute;s amplio, la novela trate, a fin de cuentas, de la imposibilidad de que ning&uacute;n conocimiento sea definitivo.</p>
<p>Javier Mar&iacute;as huy&oacute; doblemente de Espa&ntilde;a en su juventud. Fue una huida simb&oacute;lica y tambi&eacute;n real: simb&oacute;lica por la ambientaci&oacute;n americana de <em>Los dominios del lobo</em>, deudora del cine cl&aacute;sico de Hollywood y su variopinta fauna de <em>gangsters</em>, forajidos y detectives; pero una fuga real puesto que fue en su huida juvenil a Par&iacute;s, en el verano de 1969, cuando vision&oacute;&nbsp; las pel&iacute;culas que le servir&iacute;an de inspiraci&oacute;n para aquella novela. Ese material cinematogr&aacute;fico constituy&oacute; la materia prima del relato y no la Am&eacute;rica real. Siempre fue receloso de los &laquo;m&eacute;todos a lo Zola&raquo;, escribir&iacute;a muchos a&ntilde;os despu&eacute;s. Mar&iacute;as huy&oacute; de su pa&iacute;s en su primera novela publicada pero en la &uacute;ltima se ubica plenamente en la historia contempor&aacute;nea de Espa&ntilde;a. La impresi&oacute;n que puede dar la figura que dibuja su trayectoria novel&iacute;stica es la de una huida del pa&iacute;s natal y un regreso posterior a &eacute;l, como hizo el protagonista de <em>Todas las almas</em>, ese a quien defini&oacute; como &laquo;otro-adem&aacute;s-de-yo&raquo;. Sin embargo, y a pesar de la reputaci&oacute;n de autor &laquo;extranjerizante&raquo; que lo ha acompa&ntilde;ado desde sus inicios, el motor de la narrativa de Javier Mar&iacute;as desmiente esta fama. De <em>Los dominios del lobo</em> a <em>As&iacute; empieza lo malo</em>&nbsp; se evidencia una conciencia n&iacute;tida de que la novela es la forma de ficci&oacute;n m&aacute;s acabada, de que la mimesis simplista de la realidad no consigue traspasar la superficie de lo real ni explicar el decurso del mundo ni la naturaleza de los hombres, porque s&oacute;lo la narraci&oacute;n permite encararse con esos &laquo;puntos ciegos y contradicciones y sombras y fallos&raquo;, circundados o envueltos, &laquo;en la penumbra o en la oscuridad&raquo;, como escribi&oacute; en <em>Los enamoramientos</em>. Porque s&oacute;lo en la buena literaria, y especialmente en las buenas novelas, podemos vernos reconocidos. Si eso se aprende en alg&uacute;n lugar, es en la herencia de Cervantes y <em>El Quijote</em>, lo mismo que se aprende a articular una novela sobre la religaci&oacute;n argumental y sobre el fragmento perfecto. Y por fortuna, pese a que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha llegado a insinuar el cese de su escritura novelesca, parece que a Javier Mar&iacute;as siempre hay algo que lo perturba y lo empuja a escribir.</p>
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      <pubDate>Tue, 23 Jun 2015 06:00:00 +0000</pubDate>
    </item>
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      <title><![CDATA[Heinrich Böll protagoniza el nuevo número de la revista "Turia"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/heinrich-boll-protagoniza-el-nuevo-numero-de-la-revista-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p class="Textoindependiente21"><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2015/bollquinie.jpg" alt="" /></p>
<p class="Textoindependiente21">El gran escritor alem&aacute;n Heinrich B&ouml;ll, Premio Nobel de Literatura, ser&aacute; el principal protagonista del nuevo n&uacute;mero de la revista cultural TURIA. Un homenaje colectivo que le rinden nueve escritores y estudiosos con ocasi&oacute;n de celebrarse este a&ntilde;o el 30 aniversario de su fallecimiento. TURIA pretende redescubrir a los lectores en espa&ntilde;ol el inter&eacute;s y la vigencia de la literatura comprometida de B&ouml;ll. M&aacute;s a&uacute;n en unos tiempos como los actuales, tan convulsos como faltos de &eacute;tica y solidaridad en muchos &aacute;mbitos.</p>
<p class="Textoindependiente21">El nuevo n&uacute;mero de TURIA fue presentado en Madrid, en la sede del Goethe Institut, el pasado d&iacute;a 23 de junio. La tarea corresponder&aacute; a Javier Gom&aacute;, director de la Fundaci&oacute;n Juan March y uno de los fil&oacute;sofos espa&ntilde;oles m&aacute;s prestigiosos de nuestros d&iacute;as.</p>
<p class="Textoindependiente21">Una aproximaci&oacute;n plural, rigurosa y atractiva a Heinrich B&ouml;ll es la propuesta que realiza la revista cultural TURIA a sus lectores. Un sumario de m&aacute;s de 400 p&aacute;ginas que tiene como principal protagonista a un autor que, si bien fue un gran contador de historias, tambi&eacute;n fue un hombre de su tiempo, atento a las cuestiones sociales y muy activo pol&iacute;ticamente. Escribi&oacute; obras fundamentales como &ldquo;Opiniones de un payaso&rdquo;, &ldquo;Retrato de grupo con se&ntilde;ora&rdquo; o &ldquo;El honor perdido de Katharina Blum&rdquo;. Novelas todas ellas que tratan de las contradicciones y la violencia impl&iacute;cita y expl&iacute;cita de la sociedad contempor&aacute;nea.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA ofrece un acercamiento a la vida y la obra de Heinrich B&ouml;ll a trav&eacute;s de textos in&eacute;ditos elaborados por autores y estudiosos muy vinculados al m&aacute;s c&eacute;lebre escritor alem&aacute;n del siglo XX: Isabel Hern&aacute;ndez, Carlos Fortea, Fernando Aramburu, Fernando Jos&eacute; Palacios Le&oacute;n, Adan Kovacsics, Isabel Garc&iacute;a Ad&aacute;nez, Rosa Marta G&oacute;mez Pato y Claudia Toda. Tambi&eacute;n la revista publica un revelador texto del propio B&ouml;ll titulado &ldquo;Sobre m&iacute; mismo&rdquo;. Unos y otros materiales quieren contribuir a rescatar en espa&ntilde;ol a Heinrich B&ouml;ll del relativo olvido que pesa sobre su obra en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. No obstante, como se subraya en las p&aacute;ginas de la revista, &ldquo;es cierto que B&ouml;ll ya no es famoso pero, si alguien piensa que su obra ha quedado reducida al silencio, hay que decirle que se trata de un silencio atronador&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">En su excelente art&iacute;culo introductorio, la profesora de la Universidad Complutense Isabel Hern&aacute;ndez nos da la clave para entender la trascendencia y la actualidad que posee la obra de Heinrich B&ouml;ll: &ldquo;Como ning&uacute;n otro autor alem&aacute;n B&ouml;ll contribuy&oacute; a sacar a la literatura de los escombros y las cenizas a las que la hab&iacute;an reducido las pol&iacute;ticas nacionalsocialistas y un conflicto b&eacute;lico de magnitudes desconocidas hasta entonces. Su aportaci&oacute;n a la &ldquo;literatura de los escombros&rdquo; gener&oacute; una visi&oacute;n cr&iacute;tica, a trav&eacute;s de la cual el resto de autores &nbsp;de &nbsp;su &nbsp;generaci&oacute;n &nbsp;supo &nbsp;encarar &nbsp;el &nbsp;enfrentamiento &nbsp;con &nbsp;el &nbsp;pasado &nbsp;y la cr&iacute;tica al presente, de manera que a d&iacute;a de hoy, transcurridos ya treinta a&ntilde;os desde su muerte, la validez de su obra, que habla por s&iacute; sola, demuestra con rotundidad que las pol&eacute;micas que desencadenaron su obra y su persona est&aacute;n ya m&aacute;s que superadas.&nbsp; Seguramente&nbsp; es&nbsp; por ello por lo que Heinrich B&ouml;ll, el escritor que no quiso m&aacute;s que representar su &eacute;poca en sus obras y escribi&oacute; de ese modo para todas las &eacute;pocas, no caer&aacute; jam&aacute;s en el olvido&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>BOLL, UN ESCRITOR NECESARIO Y UN HOMBRE BUENO</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">A trav&eacute;s de sus obras, de sus novelas y ensayos, B&ouml;ll trat&oacute; siempre de hacer ver a sus lectores que no deb&iacute;an tener miedo de enfrentarse al pasado reciente y mirar la realidad con ojos cr&iacute;ticos, si tratar de evitar temas tan dif&iacute;ciles como el antisemitismo o el rearme. Como indica Isabel Hern&aacute;ndez, durante sus cuarenta a&ntilde;os de producci&oacute;n intelectual, &ldquo;la obra lde B&ouml;ll mantiene siempre un hilo com&uacute;n en el que se engarzan temas y motivos que se desarrollan y var&iacute;an de m&uacute;ltiples maneras: el amor, la vida en comunidad, lo personal y lo cotidiano, es decir, todo lo que lleva al individuo a un compromiso consigo mismo y con la sociedad, toda una &ldquo;est&eacute;tica de lo humano&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Fernando Aramburu, en su aproximaci&oacute;n a Heinrich B&ouml;ll que publica TURIA, asegura que &ldquo;fue, a la manera de Antonio Machado, 'en el buen sentido de la palabra', un hombre bueno, propenso a la solidaridad y la compasi&oacute;n. Quienes lo conocieron de cerca destacan su sencillez en el trato, su sentido del humor, su autenticidad. B&ouml;ll fue un hombre honrado a carta cabal. Un hombre que no establec&iacute;a diferencias entre lo que pensaba y lo que dec&iacute;a en p&uacute;blico, y que auxiliaba con naturalidad a unos y otros, no pocas veces afrontando riesgos&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">En suma, y como concluye Carlos Fortea en TURIA, &ldquo;cuando un escritor que lleva muerto m&aacute;s de treinta a&ntilde;os apela a los lectores del presente, es porque se ha vuelto universal. O quiz&aacute; porque siempre lo fue. Los problemas que a &eacute;l le preocuparon son nuestros problemas porque son eternos. Sin duda adoptan formas diferenciadas en cada momento, pero en &uacute;ltima instancia remiten siempre a las mismas palabras: dignidad, libertad, conciencia cr&iacute;tica.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>UN SUMARIO REPLETO DE LECTURAS Y AUTORES DE INTER&Eacute;S</strong></p>
<p>Adem&aacute;s del cuidado monogr&aacute;fico dedicado a Heinrich B&ouml;ll, el nuevo n&uacute;mero de TURIA brinda un sumario repleto de lecturas y autores de inter&eacute;s.&nbsp; As&iacute;,&nbsp; adem&aacute;s&nbsp; de&nbsp; las&nbsp; colaboraciones&nbsp; de&nbsp; los&nbsp; autores&nbsp; ya&nbsp; citados,&nbsp; las p&aacute;ginas de la revista se enriquecen con textos in&eacute;ditos de importantes autores internacionales. Entre ellos, destaca el italiano Andrea Bajani, elogiado por Tabucchi y Enrique Vila-Matas y del que TURIA da a conocer un avance de lo que ser&aacute; su primer libro traducido al espa&ntilde;ol: &ldquo;Saludos cordiales&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Tambi&eacute;n TURIA ofrece a los lectores un poema in&eacute;dito de Clara Jan&eacute;s, recientemente elegida acad&eacute;mica de la RAE. Otros protagonistas de la nueva entrega de TURIA son autores como Miguel Delibes, F&eacute;lix Grande, Javier Mar&iacute;as, Luis Mateo D&iacute;ez, Elvira Navarro, Luis Antonio de Villena o Amalia Bautista.</p>
<p>Especialmente recomendables son las dos amplias entrevistas exclusivas que TURIA publica: con el escritor y director de cine David Trueba y con el ilustrador Andr&eacute;s R&aacute;bago, m&aacute;s conocido como &ldquo;El Roto&rdquo;, que tambi&eacute;n se ocupa de la parte gr&aacute;fica de la nueva entrega de la revista. Trueba, que acaba de publicar su novela &ldquo;Blitz&rdquo;, no se muerde la lengua sobre nuestro panorama actual: &ldquo;Un pa&iacute;s donde la gente no puede cumplir sus sue&ntilde;os se dirige hacia la decadencia&rdquo;. Por su parte, y preguntado sobre qu&eacute; es el humor, R&aacute;bago/El Roto lo tiene claro: &ldquo;El humor es desmontar el juguete que manejamos y observar qu&eacute; hay dentro&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA ha conseguido convertirse, tras m&aacute;s de 31 a&ntilde;os de trayectoria,&nbsp; en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. Tiene difusi&oacute;n nacional e internacional y por sus p&aacute;ginas han pasado m&aacute;s de mil autores de diversas procedencias est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas, lo que da idea de la riqueza y pluralidad de sus contenidos. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA es una revista de periodicidad cuatrimestral que tiene una edici&oacute;n en papel y otra&nbsp; digital (web y Facebook). Est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero cuenta tambi&eacute;n con el patrocinio de la Fundaci&oacute;n Heinrich B&ouml;ll, el Goethe Institut y el Instituto Universitario de Lenguas Modernas y Traductores de la Universidad Complutense.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 12 Jun 2015 10:26:53 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poemas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/proemas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2015/Junio/quasimodoquinien.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 510px;">Salvatore Quasimodo naci&oacute; en Modica (Ragusa, Sicilia) en 1901 y muri&oacute; en N&aacute;poles en 1968.<br /> Entre otros libros, ha publicado: <em>Giorno dopo giorno</em>, <em>La vita non &egrave; sogno</em> y <em>La terra impareggiabile</em>.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;"><strong>A UN POETA ENEMIGO</strong><br /> <strong>&nbsp;</strong></p>
<p style="padding-left: 510px;">Sobre la arena de Gela color de la paja</p>
<p style="padding-left: 510px;">me tend&iacute;a de ni&ntilde;o a la orilla del mar</p>
<p style="padding-left: 510px;">antiguo de Grecia con muchos sue&ntilde;os en los pu&ntilde;os</p>
<p style="padding-left: 510px;">apretados y en el pecho. All&iacute; Esquilo exiliado</p>
<p style="padding-left: 510px;">midi&oacute; versos y pasos desconsolados,</p>
<p style="padding-left: 510px;">en aquel golfo &aacute;rido el &aacute;guila lo vio</p>
<p style="padding-left: 510px;">y fue el &uacute;ltimo d&iacute;a. Hombre del Norte, que me quieres</p>
<p style="padding-left: 510px;">m&iacute;nimo o muerto para tu paz, espera:</p>
<p style="padding-left: 510px;">la madre de mi padre tendr&aacute; cien a&ntilde;os</p>
<p style="padding-left: 510px;">en la nueva primavera. Espera: que yo ma&ntilde;ana</p>
<p style="padding-left: 510px;">no juegue con tu cr&aacute;neo amarillo por las lluvias.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;"><br /> <strong>DE LA RED DEL ORO</strong><br /> <br /> De la red del oro cuelgan ara&ntilde;as repugnantes.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;"><br /> <br /> <strong>Y DE PRONTO ANOCHECE</strong><br /> <br /> Cada uno est&aacute; solo sobre el coraz&oacute;n de la tierra<br /> traspasado por un rayo de sol:<br /> y de pronto anochece.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;"><br /> <br /> <strong>EN LAS FRONDAS DE LOS SAUCES<br /> </strong><br /> &iquest;Y c&oacute;mo pod&iacute;amos cantar<br /> con el pie extranjero sobre el coraz&oacute;n,<br /> entre los muertos abandonados en las plazas<br /> sobre la hierba dura de hielo, ante el lamento<br /> de cordero de los ni&ntilde;os, ante el alarido negro<br /> de la madre que iba hacia su hijo<br /> crucificado en el poste del tel&eacute;grafo?<br /> En las frondas de los sauces, como ex votos,<br /> tambi&eacute;n nuestras liras estaban colgadas,<br /> oscilaban leves bajo el triste viento.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;" align="right">Traducci&oacute;n de Carlos Vitale</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 05 Jun 2015 12:05:49 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El artificio de la eternidad]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-artificio-de-la-eternidad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas15/Junio/foixquinien.jpg" alt="" /></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>El&nbsp; artificio&nbsp; de&nbsp; la&nbsp; eternidad</strong></p>
<p><strong>(a partir de dos versos de W.B. Yeats)</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un hombre anciano no es m&aacute;s que</p>
<p>un abrigo andrajoso sobre un bast&oacute;n,</p>
<p>a menos</p>
<p>que las manos del alma</p>
<p>le dejen ir</p>
<p>a la eternidad.</p>
<p>No bastan para el viejo, no,</p>
<p>el m&aacute;rmol de los tiempos llenos</p>
<p>antiguamente,</p>
<p>ni la canci&oacute;n del d&iacute;a de sol</p>
<p>que una gramola del a&ntilde;o</p>
<p>en que naci&oacute;</p>
<p>repite por los bosques una y otra vez.</p>
<p>El bosque de la m&uacute;sica ligera.</p>
<p>Tampoco basta.</p>
<p>Tampoco el verde vidrioso</p>
<p>de las hojas del &aacute;rbol perenne,</p>
<p>ni el enjambre de las abejas en su tropel.</p>
<p>No hacen ruido bastante.</p>
<p>El alma del anciano necesita</p>
<p>m&aacute;s melod&iacute;a.</p>
<p>La voz entera de alg&uacute;n amor no del todo acabado,</p>
<p>el estribillo de las promesas a&uacute;n por cumplir,</p>
<p>y un argumento leve</p>
<p>de comedia</p>
<p>con un final abierto,</p>
<p>m&aacute;s que feliz.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 05 Jun 2015 11:46:50 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Turia" rinde homenaje al escritor aragonés José María Latorre]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-rinde-homenaje-al-escritor-aragones-jose-maria-latorre/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2015/latorrequini.jpg" alt="" /></p>
<p>El nuevo n&uacute;mero de la revista cultural TURIA, que se distribuir&aacute; a partir del 23 de junio,&nbsp; brinda a los lectores que se interesan por los asuntos o protagonistas aragoneses un atractivo repertorio de temas. En primer lugar, TURIA se ocupa de rendir homenaje a uno de los m&aacute;s singulares nombres propios de nuestras letras: el escritor y cr&iacute;tico de cine Jos&eacute; Mar&iacute;a Latorre, fallecido el pasado a&ntilde;o. A trav&eacute;s de un excelente art&iacute;culo de Joaqu&iacute;n Tor&aacute;n, se analiza la extensa e intensa trayectoria creativa y cr&iacute;tica de este zaragozano residente en Barcelona que fue un aut&eacute;ntico &ldquo;palad&iacute;n de la causa fant&aacute;stica&rdquo; y un reputado comentarista de cine.</p>
<p>Tambi&eacute;n TURIA ofrece a los lectores un art&iacute;culo sobre los v&iacute;nculos con Teruel de Santa Teresa de Jes&uacute;s, de quien este a&ntilde;o se celebra el quinientos aniversario de su nacimiento. En esta ocasi&oacute;n, el art&iacute;culo que le dedica Francisco L&aacute;zaro Polo nos permite conocer mejor las relaciones de esa mujer valiente y carism&aacute;tica con personajes turolenses de la Espa&ntilde;a del siglo XVI como el jesuita Jer&oacute;nimo de Ripalda, uno de sus gu&iacute;as espirituales.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>UN ESCRITOR DE MARCADA SENSIBILIDAD</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">Con el art&iacute;culo de Joaqu&iacute;n Tor&aacute;n &ldquo;Jos&eacute; Mar&iacute;a Latorre, palad&iacute;n de la causa fant&aacute;stica&rdquo;, la revista TURIA rinde un sencillo y sincero homenaje a quien fuera uno de sus colaboradores habituales, bien como narrador o como cr&iacute;tico. Se le describe como un autor que &ldquo;no soportaba la violencia, ni f&iacute;sica ni verbal.&nbsp; Era amable, cercano, retra&iacute;do, t&iacute;mido. Detestaba el bullicio y pose&iacute;a una marcada sensibilidad art&iacute;stica, que se reflejar&aacute; de manera n&iacute;tida en sus libros. Era introspectivo: gustaba de pasear, de callejear, en actitud reflexiva y contemplativa, como muchos de sus h&eacute;roes de papel&rdquo;.</p>
<p>La producci&oacute;n literaria de Jos&eacute; Mar&iacute;a Latorre (1945-2014) fue abundante. Escribi&oacute; m&aacute;s de treinta libros, entre novelas y recopilaciones de relatos. Fue la suya una manera de narrar centrada en el suspense, en la construcci&oacute;n y recreaci&oacute;n de una atm&oacute;sfera poderosa que todo lo envuelve y estrangula: &ldquo;no puedo concebir un mundo sin fantas&iacute;as ni sue&ntilde;os, aunque sean pesadillas&rdquo;, escribir&iacute;a.</p>
<p>Su entusiasmo por lo fant&aacute;stico lo definir&iacute;a como autor. No en vano siempre consider&oacute; que &ldquo;la literatura fant&aacute;stica posee el atractivo de ofrecer alternativas imaginativas a la mediocridad y la grisura de la sociedad, poder trabajar situaciones extraordinarias con personajes extremos, internarte por mundos maravillosos, ir m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites del conocimiento y de la ciencia, tratar temores que est&aacute;n presentes en el fondo de todos los seres&nbsp; humanos,&nbsp; sacar&nbsp; a&nbsp; la&nbsp; luz&nbsp; por&nbsp; medio&nbsp; del&nbsp; arte&nbsp;&nbsp; los&nbsp;&nbsp; miedos&nbsp;&nbsp; ancestrales,&nbsp; tratar&nbsp;&nbsp; lo monstruoso como parte de la condici&oacute;n humana, moverte por ambientes&nbsp; fascinantes;&nbsp; parte de su atractivo reside tambi&eacute;n en que carece de l&iacute;mites&rdquo;.</p>
<p>Fue tambi&eacute;n Latorre un exitoso autor de novelas para j&oacute;venes, con las que obtuvo ventas notables y premios de prestigio como el Gran Angular. En ellas, como en el conjunto de su obra, proliferan las historias radicadas en esos lugares apacibles que generan desconfianza como cementerios, caserones abandonados, hospitales en ruinas, abad&iacute;as desvencijadas, etc. Un c&oacute;ctel de exotismo, aventuras y misterio que obtuvo una significativa audiencia.</p>
<p>Su otra pasi&oacute;n fue el cine, al que dedic&oacute; varios ensayos y una dilatada labor como cr&iacute;tico. Sus compa&ntilde;eros llegaron a describirle como &ldquo;el Montaigne de la cr&iacute;tica cinematogr&aacute;fica&rdquo;. Y es que, quien a los 20 a&ntilde;os ya ten&iacute;a un amplio repertorio como cr&iacute;tico en diversas publicaciones, se consagr&oacute; de 1982 a 2011 como coordinador de la revista &ldquo;Dirigido por&hellip;&rdquo;, toda una referencia para los amantes del cine.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>ANTONIO BISQUERT, JER&Oacute;NIMO DE RIPALDA Y MIGUEL DE MOLINOS</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">Tres son los v&iacute;nculos turolenses con Santa Teresa de Jes&uacute;s que se analizan en el art&iacute;culo que dedica TURIA a esta carmelita universal: la pintura que sobre la faceta de escritora realiz&oacute; el artista barroco Antonio Bisquert, la influencia que sobre su obra tuvo Jer&oacute;nimo de Ripalda y la vinculaci&oacute;n de su doctrina con la que tiempo despu&eacute;s desarrollar&aacute; Miguel de Molinos.</p>
<p>En TURIA, Francisco L&aacute;zaro Polo estudia la dimensi&oacute;n literaria de Santa Teresa de Jes&uacute;s a partir del magn&iacute;fico cuadro que le dedicara el pintor valenciano Antonio Bisquert y que se encuentra en el palacio episcopal de Teruel: &ldquo;la pintura representa a la santa, en posici&oacute;n frontal, iluminada por el Esp&iacute;ritu Santo, en el momento en que se dispone a escribir sobre una mesa en la que, entre los diversos objetos que destacan, se encuentra el ineludible motivo de la cultura barroca, el de la calavera, s&iacute;mbolo inequ&iacute;voco de la realidad de la muerte. Al lado de la santa aparecen flores y &aacute;ngeles, as&iacute; como dos personajes: un cl&eacute;rigo, de edad avanzada; y una monja carmelita turolense, Sor Catalina de san Jer&oacute;nimo, m&aacute;s precoz que santa Teresa, ya que, con solo seis a&ntilde;os, experimentaba &eacute;xtasis y arrobamientos y que, con diecisiete a&ntilde;os, ingresaba en las carmelitas descalzas de Valencia&rdquo;. &nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Respecto al papel del jesuita turolense Jer&oacute;nimo de Ripalda, tuvo sin duda gran influencia en la direcci&oacute;n espiritual de la santa como su confesor y tambi&eacute;n fue &eacute;l quien la anim&oacute; decididamente a que escribiera otra de sus obras fundamentales: &ldquo;El libro de las fundaciones&rdquo;. Sobre la monja carmelita, el turolense Ripalda sabemos que dijo que fue &ldquo;mujer de grande esp&iacute;ritu y tuvo grande oraci&oacute;n&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Por &uacute;ltimo, L&aacute;zaro Polo asegura en TURIA que &ldquo;si Teresa hubiese vivido un siglo despu&eacute;s y hubiese conocido al cl&eacute;rigo turolense Miguel de Molinos (1628-1696), seguramente hubiera conectado de inmediato con &eacute;l. Molinos, natural de Muniesa, es el &uacute;ltimo m&iacute;stico de occidente, el creador de una corriente espiritual conocida como &lsquo;quietismo&rsquo;. Su doctrina conecta la espiritualidad de Teresa de Jes&uacute;s&rdquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 05 Jun 2015 11:17:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Efectos de la apnea]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/efectos-de-la-apnea/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2015/luzquini.jpg" alt="" /></p>
<p>Introducirse en el universo creativo de la poeta asturiana Luz Rodr&iacute;guez es un desaf&iacute;o y una aventura sobrecogedora, la visita a una ciudad fant&aacute;stica donde se clavan en las paredes de papel palabras como condenas o salvaciones.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su libro <em>El pez de la despedida </em>es un conmovedor collage en el que se entrecruzan con pulso firme los versos de la propia Luz Rodr&iacute;guez con las ins&oacute;litas met&aacute;foras en tinta negra de la artista visual Mar&iacute;a Maynar, consiguiendo crear una atm&oacute;sfera perturbadora.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al poemario podemos acceder desde sus cuatro puntos cardinales que son las cuatro partes del libro, &ldquo;Arrecifes&rdquo;, &ldquo;El pez de la despedida&rdquo;, &ldquo;Bullicio de desamor&rdquo; y &ldquo;Bestiario&rdquo; como si estuvi&eacute;semos haciendo navegaci&oacute;n de cabotaje, sacando con la mano im&aacute;genes complejas y emociones esculpidas en la brisa adivin&aacute;ndose&nbsp; la sombra del pintor ingl&eacute;s Turner y la m&uacute;sica de los &oacute;leos abstractos del ruso Kandinsky.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A medida que avanza el latido del poemario van invadiendo sus p&aacute;ginas conceptos eternos como la muerte, la ausencia, el olvido, el amor, y sus ant&iacute;tesis en un vaiv&eacute;n de fotogramas vaporosos enfrentados a primeros planos sin concesiones a la est&eacute;tica: &ldquo;Solo la muerte sobrevive sin nada que reemplazar&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hay momentos en los que una fantasmagor&iacute;a fascinante atrapa al lector y es ah&iacute; cuando la escritora concita en una suerte de concili&aacute;bulo m&aacute;gico las voces de&nbsp; Roberto Juarroz, de Rimbaud, de Goethe, de Rilke, de Klimt o de Virginia Woolf, todos estos nombres son sin&oacute;nimo del amor de la autora a la cultura, salen al acecho en cualquier verso y habitan el esqueleto del texto para darle belleza.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Poco a poco y con una cadencia suave el &ldquo;Bullicio del desamor&rdquo; va convirti&eacute;ndolo todo en una caldera, se aprecia en un extracto del poema &ldquo;Demiurgo&rdquo;, dice: &ldquo;Inflamas el yunque,/ emplumas el espinazo&rdquo;, la deriva se materializa en &ldquo;Bestiario&rdquo;, una descarga a voltaje medido, una sutura donde brilla &ldquo;Entendimiento&rdquo; con su voz ronca y gastada: &ldquo;Escindes con machetes/ la llama que te adora&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y el mensaje con el que concluye y se cierran los c&iacute;rculos, es demoledor, lo vemos en &ldquo;Cordero de Dios&rdquo; cuando nos aproxima a las quemaduras sentimentales: &ldquo;El amor / ese pez de bronceada hiel&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el fondo subyace un poso amargo, la memoria se diluye en una caja de resonancia rajada, todo se revuelve en medio de un rumor tenso y el&eacute;ctrico, la c&aacute;lida arquitectura on&iacute;rica acaba sufriendo la carnalidad hechizante de lo humano creando con aguja e hilo un lenguaje herm&eacute;tico y feroz, delicado y devastador.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuesta dejar atr&aacute;s el mundo de ficci&oacute;n impuesto por Luz Rodr&iacute;guez, salir de ese&nbsp; laberinto construido sin descanso, &aacute;tomo a &aacute;tomo, a golpe de sue&ntilde;os y pesadillas cincelado con precisi&oacute;n y nitidez, y volver a la rutina de los espejismos de carne y hueso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luz Rodr&iacute;guez, <em>El pez de la despedida</em>, Paco Rallo Editor, Zaragoza, 2014.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 29 May 2015 10:33:38 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Turia" publica inéditos de Andrea Bajani, la nueva revelación de la literatura italiana]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-publica-ineditos-de-andrea-bajani-la-nueva-revelacion-de-la-literatura-italiana/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2015/andreaquini.jpg" alt="" /></p>
<p>La revista cultural TURIA publica, en su nuevo n&uacute;mero que se distribuir&aacute; el 23 de junio en Espa&ntilde;a y otros pa&iacute;ses, un avance de la edici&oacute;n en espa&ntilde;ol de &ldquo;Saludos cordiales&rdquo;, del escritor italiano Andrea Bajani. La obra, que ser&aacute; editada pr&oacute;ximamente por Siruela, es el primer libro que se traduce de uno de los autores m&aacute;s apreciados de la literatura italiana reciente. Buena prueba de ello son las palabras que le dedic&oacute; una voz tan poco condescendiente como la de Antonio Tabucchi: "he le&iacute;do este libro con una emoci&oacute;n que la literatura italiana no me daba desde hac&iacute;a tiempo".</p>
<p>Adem&aacute;s de descubrir al lector espa&ntilde;ol la sugerente narrativa de Andrea Bajani, TURIA ofrece en su pr&oacute;ximo sumario otros muchos contenidos de inter&eacute;s. Y, entre ellos, destacan dos entrevistas a fondo y en exclusiva con el escritor y director de cine David Trueba y con el ilustrador Andr&eacute;s R&aacute;bago, m&aacute;s conocido como &ldquo;El Roto&rdquo;, que tambi&eacute;n se ocupa de la parte gr&aacute;fica de la nueva entrega de la revista. Trueba, que acaba de publicar su novela &ldquo;Blitz&rdquo;, no se muerde la lengua sobre nuestro panorama actual: &ldquo;Un pa&iacute;s donde la gente no puede cumplir sus sue&ntilde;os se dirige hacia la decadencia&rdquo;. Por su parte, y preguntado sobre qu&eacute; es el humor, R&aacute;bago/El Roto lo tiene claro: &ldquo;El humor es desmontar el juguete que manejamos y observar qu&eacute; hay dentro&rdquo;.</p>
<p>Tal y como escribe en TURIA Carlos Gumpert, traductor de &ldquo;Cordiales saludos&rdquo;,&nbsp; &ldquo;Andrea Bajani (Roma 1975) es uno de los novelistas m&aacute;s apreciados y premiados de la literatura italiana reciente. Las expectativas despertadas por su original opera prima, &ldquo;Cordiales saludos&rdquo; (2005), se vieron ampliamente refrendadas por su siguiente novela, &ldquo;Se consideri le colpe&rdquo; (2007), que cosech&oacute; numerosos reconocimientos (Premio Super Mondello, Premio Brancati, Premio Recanati). Ha publicado tambi&eacute;n &ldquo;Ogni promessa&rdquo; (2010), ganadora del premio Bagutta, el m&aacute;s antiguo y prestigioso galard&oacute;n literario italiano, &ldquo;Mi riconosci&rdquo; (2013) y &ldquo;La vita non &egrave; in ordine alfabetico&rdquo; (2014). Ha sido traducido a numerosos idiomas europeos y avalado por personalidades de la talla de Antonio Tabucchi, Emmanuel Carr&egrave;re, Enrique Vila-Matas o Dubravka Ugresic. Es autor adem&aacute;s de dos libros de ensayo, sobre el trabajo precario en Italia y sobre el mundo de los adolescentes, ha escrito obras teatrales y colabora asiduamente en programas radiof&oacute;nicos culturales y en distintos medios period&iacute;sticos (&ldquo;La Stampa&rdquo;, &ldquo;il manifesto&rdquo;, &ldquo;La Repubblica&rdquo;, &ldquo;Le Monde&rdquo;, &ldquo;El Pa&iacute;s&rdquo;).</p>
<p>En <em>Saludos cordiales</em>, libro del que TURIA adelanta un fragmento, el joven protagonista se ve involucrado, casi dir&iacute;amos que a su pesar pero sin excesivo pesar por su parte, en una doble situaci&oacute;n de compromiso tan rocambolesca como tr&aacute;gica. Tras el despido del director &nbsp;de &nbsp;ventas &nbsp;de &nbsp;la &nbsp;empresa &nbsp;en &nbsp;la &nbsp;que trabaja, se convierte en ojito derecho del todopoderoso director de personal, pero traba al mismo tiempo una suerte de amistad con el cesado, quien, gravemente enfermo, le conf&iacute;a, al ser hospitalizado, el cuidado de sus dos hijos peque&ntilde;os. El relato paralelo de ambas vertientes de su nueva vida, que de una u otra manera lo sobrepasan, tratado con una perspectiva a la vez melanc&oacute;lica y marxista (en la acepci&oacute;n grouchiana del t&eacute;rmino) se ve jalonado por las cartas de despido que le encomienda escribir el director de personal, con el encargo de edulcorarlas con "sensibilidad, empat&iacute;a, cordialidad, firmeza, atenci&oacute;n al pr&oacute;jimo", como &eacute;l afirma o m&aacute;s bien, como concluye el prologuista del libro, Ascanio Celestini, de trasformar &lsquo;la mierda en profiteroles&rsquo;&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>DAVID TRUEBA: &ldquo;LA FELICIDAD NO SIEMPRE EST&Aacute; EN INDITEX&rdquo;</strong></p>
<p>Literatura, periodismo, pol&iacute;tica, cine, moda&hellip; De todos esos temas y de otros muchos m&aacute;s se habla en la sugerente y amplia entrevista en exclusiva que David Trueba ha concedido a TURIA. Una conversaci&oacute;n sin desperdicio y para leer atentamente la que mantiene el autor de la reciente novela &ldquo;Blitz&rdquo; con la periodista Emma Rodr&iacute;guez. Precisamente uno de los grandes asuntos de su nuevo libro es la reivindicaci&oacute;n del paso del tiempo, de las arrugas, de la imperfecci&oacute;n. Y es que, para Trueba, &ldquo;tenemos que rebelarnos contra los dictados de la moda, porque a lo &uacute;nico que nos abocan es a la frustraci&oacute;n&rdquo;. Tambi&eacute;n se muestra convencido de que &ldquo;la ficci&oacute;n nos ense&ntilde;a a ser m&aacute;s tolerantes, a no juzgar tanto a los dem&aacute;s&rdquo;. Seg&uacute;n David Trueba, &ldquo;la literatura nos sirve para retratar el mundo en que vivimos y para proponer otro mundo posible dentro de ese mundo&rdquo;, mientras que &ldquo;el cine es de una potencia expresiva muy grande. El efecto que genera en el espectador es muy primario, envidiable&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>ANDR&Eacute;S R&Aacute;BAGO / EL ROTO: &ldquo;LA OFENSA GRATUITA NO TIENE NINGUNA UTILIDAD&rdquo;</strong></p>
<p>Muy conocido por los lectores por sus seud&oacute;nimos Ops y El Roto, Andr&eacute;s R&aacute;bago ha tenido una intensa vida profesional como humorista gr&aacute;fico. Y sobre el humor, la prensa, la educaci&oacute;n o el sistema neoliberal opina R&aacute;bago en una jugosa conversaci&oacute;n mantenida para TURIA con la periodista Paloma Torres. Premio Nacional de Ilustraci&oacute;n en 2012, el jurado acert&oacute; al celebrar la singularidad del trabajo de Andr&eacute;s R&aacute;bago como poseedor de una &ldquo;visi&oacute;n cr&iacute;tica, po&eacute;tica, aguda e inteligente, que nos ayuda a reflexionar sobre c&oacute;mo somos y c&oacute;mo vivimos&rdquo;. Actual ilustrador del peri&oacute;dico &ldquo;El Pa&iacute;s&rdquo;, R&aacute;bago no duda en se&ntilde;alar entre los errores cometidos por la prensa el &ldquo;ponerse en demasiadas ocasiones al servicio del poder&rdquo;. Preguntado por su postura respecto al asunto de la libertad de expresi&oacute;n y el derecho a ofender, R&aacute;bago se muestra clarividente: &ldquo;La ofensa gratuita no tiene ninguna utilidad. Yo nunca he hecho un dibujo con la voluntad de ofender. Pero tampoco creo que deba eliminarse esa posible agresi&oacute;n o expresi&oacute;n soez. Si a m&iacute; una cosa me molesta, no tengo por qu&eacute; exigir que eso no se publique. Soy partidario de la libertad de expresi&oacute;n absoluta. Ahora bien, tambi&eacute;n creo que esa libertad obliga a los que la ejercemos a saber lo que hacemos y a no utilizarla gratuitamente&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA, que cuenta ya con m&aacute;s de 31 a&ntilde;os de trayectoria,&nbsp; ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. De periodicidad cuatrimestral en papel, cuenta tambi&eacute;n con una versi&oacute;n digital (web y Facebook) que est&aacute; obteniendo una buena acogida de los lectores.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 29 May 2015 10:14:46 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poemas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/cesare-pavese/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2015/mayo/cesarequini.jpg" alt="" /></p>
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<p style="text-align: left; padding-left: 420px;" align="right"><em>Traducci&oacute;n de Carlos Vitale</em></p>
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<p style="text-align: left; padding-left: 420px;">Cesare Pavese naci&oacute; en 1908 en Santo Stefano Belbo (Cuneo, Piamonte) y muri&oacute; en Tur&iacute;n en 1950.<br /> Entre otros libros, ha publicado: <em>Lavorare stanca</em>, <em>Verr&agrave; la morte e avr&agrave; i tuoi occhi</em> y <em>La luna e i fal&ograve;.</em></p>
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<p style="padding-left: 420px;"><strong>MUJERES APASIONADAS</strong><em> </em><br /> <em></em><br /> En el crep&uacute;sculo las muchachas descienden al agua,<br /> cuando el mar se desvanece, extenso. En el bosque<br /> cada hoja se agita, mientras emergen cautas<br /> sobre la arena y se sientan en la orilla. La espuma<br /> hace sus juegos inquietos, a lo largo del agua remota.<br /> <br /> Las muchachas temen a las algas sepultadas<br /> bajo las olas, que aferran las piernas y los hombros:<br /> cuanto est&aacute; desnudo del cuerpo. Suben r&aacute;pidas a la orilla<br /> y se llaman por sus nombres, mirando a su alrededor.<br /> Tambi&eacute;n las sombras sobre el fondo del mar, en las tinieblas,<br /> son enormes y se las ve moverse, inciertas,<br /> como atra&iacute;das por los cuerpos que pasan. El bosque<br /> es un refugio tranquilo, en el sol poniente,<br /> m&aacute;s que el pedregal, pero a las oscuras muchachas les agrada<br /> estar sentadas al aire libre, en la s&aacute;bana recogida.<br /> <br /> Est&aacute;n todas acurrucadas, apretando la s&aacute;bana<br /> contra las piernas, y contemplan el mar extenso<br /> como un prado al crep&uacute;sculo. &iquest;Se atrever&iacute;a ahora<br /> alguna a tenderse desnuda en un prado? Desde el mar<br /> saltar&iacute;an las algas, que rozan los pies,<br /> para agarrar y envolver el cuerpo tembloroso.<br /> Hay ojos en el mar, que se vislumbran a veces.<br /> <br /> Aquella desconocida extranjera, que nadaba de noche<br /> sola y desnuda, en las tinieblas cuando cambia la luna,<br /> desapareci&oacute; una noche y ya no volver&aacute;.<br /> Era alta y deb&iacute;a de ser blanca deslumbrante<br /> para que los ojos, desde el fondo del mar, llegaran hasta ella.</p>
<p style="padding-left: 420px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 420px;"><br /> <strong>LA CASA</strong><br /> <br /> El hombre solo escucha la voz calma<br /> con los ojos entornados, como si un suspiro<br /> le soplara en el rostro, un suspiro amigo<br /> que se remonta, incre&iacute;ble, desde el tiempo pasado.<br /> <br /> El hombre solo escucha la voz antigua<br /> que sus padres, en otros tiempos, han o&iacute;do, clara<br /> y recogida, una voz que como el verde<br /> de las charcas y de las colinas se oscurece al atardecer.<br /> <br /> El hombre solo conoce una voz de sombra,<br /> acariciadora, que brota de los tonos calmos<br /> de un manantial secreto; la bebe abstra&iacute;do,<br /> ojos cerrados, y no parece que la tuviera al lado.<br /> <br /> Es la voz que un d&iacute;a ha detenido al padre<br /> de su padre, y a todos los de la sangre muerta.<br /> una voz de mujer que suena secreta<br /> en el umbral de casa, al caer la noche.</p>
<p style="padding-left: 420px;"><br /> <strong>TIERRA ROJA&hellip;</strong><br /> <br /> Tierra roja, tierra negra,<br /> t&uacute; vienes del mar,<br /> del verde &aacute;rido,<br /> donde existen palabras<br /> antiguas y fatiga sangu&iacute;nea<br /> y geranios entre la grava &ndash;<br /> no sabes cu&aacute;nto traes<br /> de mar, palabras y fatiga,<br /> t&uacute;, rica como un recuerdo,<br /> como el campo yermo,<br /> t&uacute;, dura y dulc&iacute;sima<br /> palabra, antigua por la sangre<br /> recogida en los ojos;<br /> joven, como un fruto<br /> que es recuerdo y estaci&oacute;n &ndash;<br /> tu aliento reposa<br /> bajo el cielo de agosto,<br /> las olivas de tu mirada<br /> endulzan el mar,<br /> y t&uacute; vives, revives<br /> sin sorprender, segura<br /> como la tierra, oscura<br /> como la tierra, molino<br /> de estaciones y de sue&ntilde;os<br /> que a la luna se descubre<br /> antiqu&iacute;simo, como<br /> las manos de tu madre,<br /> el cuenco del brasero.</p>
<p style="padding-left: 420px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 25 May 2015 10:57:36 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El nudo y la cuerda]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-nudo-y-la-cuerda/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2015/mayo/eugenequini.jpg" alt="" /></p>
<p>En Europa, en los a&ntilde;os sesenta, los hombres que hab&iacute;an nacido a principios del siglo, ya no se hac&iacute;an muchas ilusiones. Nada iba a ser como antes. Como antes de los a&ntilde;os cuarenta. Como antes de los a&ntilde;os veinte. Eso ya lo sab&iacute;an. Seguramente ahora las cosas eran mucho mejores que entonces, se dec&iacute;an, y ser&iacute;an todav&iacute;a mejores sin duda. Al menos segu&iacute;an con vida. Al menos pod&iacute;an contarlo. Pero echaban de menos algo. Les faltaba algo. Algo se hab&iacute;a perdido. No s&oacute;lo hab&iacute;a cambiado el paisaje. Pero, &iquest;qu&eacute; era ese algo m&aacute;s intangible que el paisaje? Digamos que ese algo que echaban de menos era el sentido, el significado, el por qu&eacute; ocurr&iacute;an determinadas cosas y otras no ocurr&iacute;an, y el por qu&eacute; las explicaciones que se daban de lo que hab&iacute;a ocurrido les satisfac&iacute;a tan poco. Y esta p&eacute;rdida del sentido de las cosas fue impregnando poco a poco todo lo que escrib&iacute;an, todo lo que pintaban, todo lo que compon&iacute;an. Basta con leer algunas obras de aquellos a&ntilde;os para darse cuenta de que el mundo hab&iacute;a cambiado, de que los hombres, tal vez por primera vez en la historia, se hab&iacute;an visto obligados <em>a aceptar lo inaceptable, a renunciar a lo irrenunciable, o a desear lo indeseable</em>. No me extra&ntilde;ar&iacute;a que la filosof&iacute;a del lenguaje tuviese que ver con todo esto.</p>
<p>Los diarios, su propio nombre lo indica, tienen m&aacute;s que ver con el tiempo que con el espacio. S&iacute;, naturalmente, est&aacute; el lugar donde nacimos, donde pasamos nuestra infancia, seguramente un pueblo al que quiz&aacute; volveremos alg&uacute;n d&iacute;a y no reconoceremos ya, y luego la ciudad, ciudades, casas que se suceden, tal vez un internado, pa&iacute;ses a los que se viaja, hoteles, lugares y m&aacute;s lugares que los escritores consignan en sus diarios. Pero de lo que realmente hablan no es de esos lugares, sino del paso del tiempo. Y el tiempo no siempre pasa igual para todos. Por ejemplo, hay personas que con el tiempo rejuvenecen.</p>
<p>El tiempo es el tiempo personal y privado de cada cual, por supuesto, pero tambi&eacute;n, inevitablemente, es el tiempo de la historia, el tiempo de todos. Y no siempre est&aacute;n sincronizados estos dos tiempos. Escritos cuando ya hab&iacute;a escrito sus piezas de teatro m&aacute;s sonadas, estos <em>Diarios</em> de Ionesco se benefician, claro est&aacute;, tanto de su experiencia de la literatura, como de su experiencia del mundo. De la primera hay que decir que si escrib&iacute;a era porque no sab&iacute;a hacer otra cosa, seg&uacute;n propia confesi&oacute;n. Y de la segunda que trat&oacute; de <em>arregl&aacute;rselas como pudo con su angustia y su impotencia</em>. &iquest;Y a qu&eacute; conclusi&oacute;n llega despu&eacute;s de tanta experiencia acumulada? <em>Todo lo que s&eacute; ahora, lo s&eacute; desde la edad de seis o siete a&ntilde;os</em>. No, no es que Ionesco se considerase un ni&ntilde;o prodigio, es que pensaba que no hay nada que saber, o casi nada. Y, s&iacute;, posiblemente tambi&eacute;n haya algo de decepci&oacute;n en esta frase. La idea del tiempo est&aacute; ligada a la idea de la muerte. Puede incluso que sean la misma idea. &ldquo;<em>En cuanto uno sabe que se va a morir, la infancia ha terminado</em>.&rdquo; Primero somos conscientes de que el tiempo pasa, hasta que un d&iacute;a nos damos cuenta de que los que pasamos somos nosotros. Pero tambi&eacute;n es entonces cuando tomamos conciencia de la vida. Y la vida pasada, seg&uacute;n una imagen recurrente del autor, es como una cuerda llenas de nudos que vamos desenredando.</p>
<p>Como se ve, en estos <em>Diarios</em> no se cuentan tan s&oacute;lo an&eacute;cdotas. O mejor dicho, se cuenta sobre todo la an&eacute;cdota de vivir, que seg&uacute;n Ionesco consiste en ir tirando, en dejarse llevar, sin hacerse demasiadas ilusiones, sin hacerse demasiadas preguntas, y en emborracharse de cuando en cuando, de arte, de poes&iacute;a, de teatro, incluso de alcohol llegado el caso: &ldquo;<em>No he sido verdaderamente feliz m&aacute;s que borracho</em>&rdquo;, repite en ambos diarios. Porque Ionesco, no hace falta decirlo, nunca se sinti&oacute; a gusto en el mundo. La cultura, lo que el hombre llama cultura, es la barbarie, lo que llama amor, es el odio m&aacute;s salvaje, lo que llama paz, la guerra m&aacute;s cruenta y generalizada. Estas conclusiones pertenecen a sus d&iacute;as m&aacute;s negros, que &eacute;l llama tambi&eacute;n sus d&iacute;as m&aacute;s l&uacute;cidos, y que s&oacute;lo logra superar gracias a su dosis diaria de indiferencia. Y, de cuando en cuando, alg&uacute;n fogonazo, alguna p&aacute;gina exultante, alg&uacute;n recuerdo emocionado, o esos maravillosos <em>cuentos para ni&ntilde;os de menos de tres a&ntilde;os</em> con que sazona su <em>Presente pasado, pasado presente</em>.</p>
<p>No hay muchas diferencias entre ambos diarios. Formalmente, yo dir&iacute;a que muy pocas. Tal vez en el primero hay m&aacute;s sue&ntilde;os y en el segundo m&aacute;s recuerdos, lo que, bien mirado, tiene cierta l&oacute;gica. En 1967 repasa lo que hab&iacute;a escrito en 1940. Va y viene de una fecha a otra, de una guerra a otra, de un exilio a otro. Ionesco se mantuvo siempre a distancia de todas las ideolog&iacute;as. Todos los sistemas le parec&iacute;an falsos, todas las revoluciones criminales. Ser libre era para &eacute;l estar fuera de la historia, y claro&hellip; Para mi gusto las p&aacute;ginas en que toma partido contra las tomas de partido pol&iacute;ticas en todos los conflictos armados, genocidios o matanzas del siglo m&aacute;s cruento de la historia, ya se tratara del Vietnam, de Argelia, Sudan u Oriente Medio, se encuentran entre las m&aacute;s l&uacute;cidas y de m&aacute;s actualidad desgraciadamente tambi&eacute;n. Tampoco hoy van a gustar estas p&aacute;ginas a nadie que est&eacute; comprometido con una idea pol&iacute;tica excluyente, como lo son casi todas. Los motivos que hay detr&aacute;s de las protestas contra los cr&iacute;menes, no son siempre todo lo humanitarios que cabr&iacute;a esperar, y conviene saber qu&eacute; se defiende cuando se ataca algo, y qu&eacute; se ataca cuando se defiende algo.</p>
<p>Yo creo que s&oacute;lo escriben diarios los hombres y las mujeres que sienten nostalgia, ya sea nostalgia del Absoluto, como dir&iacute;a L&eacute;on Bloy, o nostalgia del beso de buenas noches, como Proust, pues la <em>Recherche</em> es casi m&aacute;s un diario que una novela, y en funci&oacute;n de los distintos tipos de nostalgia, que se corresponden, claro est&aacute;, con los distintos tipos de hombres, as&iacute; son sus diarios. De Ionesco puede decirse, por ejemplo, que siente nostalgia del para&iacute;so. O quiz&aacute;s s&oacute;lo del beso de buenas noches. Aunque tal vez estas dos nostalgias sean la misma.- MANUEL ARRANZ.</p>
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<p>Eug&egrave;ne Ionesco, <em>Diarios</em><strong><em>:</em></strong><em> Diario en migajas. Presente pasado, pasado presente, </em>traducci&oacute;n de Marcelo Arroita-Jauregui, Madrid, P&aacute;ginas de Espuma, 2007.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 22 May 2015 10:48:59 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Místico de nuevo siglo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/mistico-de-nuevo-siglo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2015/mayo/mauricio2quinien.jpg" alt="" /></p>
<p>Acaba de ver la luz el primer libro de poemas firmado por Mauricio Wiesenthal -en adelante MW-, <em>Perdido en Poes&iacute;a</em> (2013), que ha tenido a bien publicar la joven editorial sevillana <em>La Isla de Sistol&aacute;. </em>Nadie se ha sorprendido de esta nueva entrega, pues, la narrativa precedente del autor acusaba ya una fuerte sensibilidad po&eacute;tica a la que, tarde o temprano, habr&iacute;a de enfrentarse o rendir cuentas: &ldquo;A lo largo de medio siglo he publicado miles de p&aacute;ginas en prosa; aunque muchas de ellas esconden un sentimiento l&iacute;rico [&hellip;] pienso que se necesitan much&iacute;simos a&ntilde;os para escribir un solo verso, porque la prosa exige vivencia y sentimiento; mientras que la poes&iacute;a obliga a guardar y a madurar la experiencia en el recuerdo, hasta que rebrota en el alma, dispuesta en belleza, arreglada en medida y ajustada en m&uacute;sica&rdquo; (p. 9). Lo que muchos lectores nos pregunt&aacute;bamos era c&oacute;mo resolver&iacute;a el problema de convertir ese sentimiento l&iacute;rico de su obra narrativa en esencia po&eacute;tica de corta expresi&oacute;n. C&oacute;mo transformar esa emoci&oacute;n -desbordante- en un pensamiento r&iacute;tmico ahormado en palabras. Dif&iacute;cil empresa para alguien del talante vital de MW cuyas pasiones se resuelven en novelas de mil p&aacute;ginas y, cuya complejidad argumental rehuye del cortometraje por su breve alcance emocional. Incluso, pudi&eacute;ramos afirmar que esto asemeja un ejercicio literario autoimpuesto; la misma y obligada &ldquo;batalla&rdquo; que muchos novelistas han librado con la forma m&aacute;s noble de literatura. Enfrentarse a la poes&iacute;a partiendo de un registro l&iacute;rico de larga duraci&oacute;n implica la aceptaci&oacute;n de unas reglas de juego sucintas: establecer una correspondencia s&iacute;gnica entre sentimiento y palabra en un tiempo acotado. Podar nuestro sentimiento para definirlo en palabras, para luego, previa inoculaci&oacute;n, hacerlas estallar. Entonces, la m&aacute;xima de Mallarm&eacute;, &ldquo;No se hace la poes&iacute;a con ideas sino con palabras&rdquo; se &ldquo;apaga&rdquo; en significado y se &ldquo;enciende&rdquo; la vela m&iacute;stica de Roque Dalton Garc&iacute;a &ldquo;Poes&iacute;a perd&oacute;name por haberte ayudado a comprender que no estas hecha de palabras&rdquo;. Sentencia rom&aacute;ntica que pudi&eacute;ramos adscribir a la obra de MW: &ldquo;Los versos que componen este libro fueron escritos en trance de oraci&oacute;n y de amor. Son regalo del ensue&ntilde;o y de una vida trabajada y sentida siempre en poes&iacute;a&rdquo; (p. 10). &iquest;Ser&aacute;, acaso, que el sentimiento ego&iacute;sta, -matriz del poema- prostituye las palabras, a fin de disolverlas en la neblina de ese di&aacute;logo interior que es la poes&iacute;a? &iquest;No es esto un truco maravilloso de magia literaria? Aun m&aacute;s, &iquest;no ser&aacute; &eacute;sta la delgada l&iacute;nea que delimita la &ldquo;buena&rdquo; de la &ldquo;mala&rdquo; poes&iacute;a? Cuando los colores se anteponen a las palabras, cuando lo leible torna visible, el mundo nos parece m&aacute;s aceptable, pues, &ldquo;la poes&iacute;a conduce a nuestro coraz&oacute;n y lo ilumina en una v&iacute;a de fe, de amor y de esperanza. Da frutos incluso en la sequedad del dolor, en la fatiga de la pobreza o en la confusi&oacute;n de la lucha. Y, cuando el esp&iacute;ritu se manifiesta en belleza, tiene una fuerza prodigiosa&rdquo; (p. 14).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>As&iacute;, a lo largo de este <em>Perdido en Poes&iacute;a </em>se evidencia, y de manera persistente, ese dominio de la sensualidad sobre la palabra. A trav&eacute;s de ocho ep&iacute;grafes de desigual extensi&oacute;n -<em>Soneto de ida sin retorno</em>, <em>El dulce fruto</em>, <em>Las canciones de Sefarad</em>, <em>Azules para Annouchka</em>, <em>Escucha Israel!</em>, <em>Eleg&iacute;as de amor doliente</em>, <em>En estilo nuevo</em>, y <em>Poemas del astr&oacute;nomo- </em>se aborda la&nbsp; sempiterna triada wiesenthaliana: Amor, Fe, y Esperanza. &iquest;No es, acaso, todo lo que se necesita para vivir? &ldquo;La torpeza para mantenerse en el amor y en la paz -aunque pueda ser objeto de burla para los miserables- es preferible a una vida de falsos contentos y apariencias. Mejor caer herido en la v&iacute;a de los <em>Cantares</em> que vagar en los desiertos de una vida sin amor, sin esperanza, sin piedad y sin fe&rdquo; (p. 11). &nbsp;Puro misticismo que nos remite a San Juan de la Cruz y Garcilaso de la Vega; autores omnipresentes y fundacionales de la presente obra. Poemas como <em>Senda de amor m&iacute;stico </em>o <em>Vida Sencilla</em> &iquest;no emprenden el mismo vuelo religioso y m&iacute;stico del fraile de Avil&eacute;s? Y que decir de <em>Tus Manos</em> o <em>Gazal bastardo de amor herido, &iquest;</em>no asoman aqu&iacute; con insistencia los <em>Sonetos </em>del genio toledano?</p>
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<p>Hay tambi&eacute;n poemas en la lengua de Dante como <em>Notturno D&acute;Annunziano, </em>as&iacute; como en la de Josep Pla, p&oacute;ngase por caso <em>Llibres de paper. </em>Tampoco&nbsp; menudean poemas -de corte iconogr&aacute;fico- sobre personajes de sus novelas como la <em>Nennolina, </em>aquella ni&ntilde;a de<em> Luz de V&iacute;speras </em>que el autor recre&oacute; y cuya existencia real fue constatada <em>a posteriori</em>; una coincidencia que, en detrimento de la raz&oacute;n ilustrada, alimenta el mundo irracional, pasional, intuitivo y m&iacute;stico de MW. Siguen a esta caterva de referencias, profusas dedicatorias a su cercano c&iacute;rculo de amistades. Mon, compa&ntilde;era de perfumes, Pedro. M. Valenzuela y Mercedes embajadores del &ldquo;astr&oacute;nomo&rdquo; en <em>Al-Andalus</em>, Kristina Mu&ntilde;oz su retratista, Mar&iacute;a Rosa su mujer, Jaume Vallcorva su editor, o Selma Ancira compa&ntilde;era de oficio literario, son algunas de las personas a las que se le dedica este poemario. Parece como si MW se propusiera obsequiar a sus amigos con su m&aacute;s &iacute;ntima producci&oacute;n po&eacute;tica. Poderosa m&iacute;stica esta de influjo rom&aacute;ntico. Y si en palabras de Borges- evocando a Heine-, la poes&iacute;a nos hace &ldquo;ver en la muerte el sue&ntilde;o, en el ocaso un triste oro&rdquo;, toda vez convierte &ldquo;el ultraje de los a&ntilde;os en una m&uacute;sica, un rumor o un s&iacute;mbolo&rdquo; confiri&eacute;ndonos el legado de la inmortalidad. &iquest;No es este el mejor regalo con el que MW pod&iacute;a obsequiarnos?.- IV&Aacute;N MOURE PAZOS,</p>
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<p>Mauricio Wiesenthal, <em>Perdido en Poes&iacute;a</em>, Sevilla, La isla de Siltol&aacute;, 2013.</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 22 May 2015 10:43:48 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Emilio Lledó: "La raíz del mal está en la ignorancia, el egoísmo, la codicia"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/emilio-lledo-la-raiz-del-mal-esta-en-la-ignorancia-el-egoismo-la-codicia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas15/Mayo/emiliolledocuatrocientos.jpg" alt="" /></p>
<p>Tiene 86 a&ntilde;os y una mirada te&ntilde;ida de azul que parece sobrevolar por encima de todo aquello en lo que se detiene. Si algo me emociona de Emilio Lled&oacute; es su capacidad para seguir haci&eacute;ndose preguntas y para seguir manifestando sorpresa ante las cosas del mundo. Las palabras, las expresiones, son para &eacute;l una inc&oacute;gnita permanente. Le gusta profundizar en los sentidos de las palabras, extraer esos sentidos del fondo de la tierra y sacarlos a la luz como frutos nuevos, porque de tanto usarlas las palabras se adormecen, pierden su brillo original, no vibran. Y hay que tocar sus cuerdas, sus sonidos, para hacerlas renacer. Emilio Lled&oacute; lo hace constantemente. Le gusta jugar con el lenguaje, inventar t&eacute;rminos que le conduzcan a los senderos cristalinos de la comprensi&oacute;n, esos que no est&aacute;n pisoteados, que parecen esperar a que nuestras huellas se fijen en ellos por primera vez, cuando se abre la ma&ntilde;ana y a&uacute;n no hay sombras ni peligros al acecho. &iquest;Qu&eacute; quiere decir esto? Es el interrogante que abre una y otra vez el fil&oacute;sofo. A partir de ah&iacute; empieza a caminar, par&aacute;ndose a contemplar los latidos de todo lo que es nombrado, la fisonom&iacute;a de los &aacute;rboles, las hojas que caen y que le resultan tan evocadoras, la gente que camina a su paso, las letras que llenan los espacios, los huecos de la existencia.</p>
<p>No deja de asombrarse Emilio Lled&oacute; ante la contemplaci&oacute;n de las manos: las manos que tocan, que perciben, que se mueven, que nos conectan con el exterior y con los otros, al &nbsp;tiempo que rozan suavemente las diversas texturas de las emociones. Este di&aacute;logo que aqu&iacute; se despliega tuvo lugar en dos tiempos diferentes, en la primavera y el invierno de 2013, y en ambas ocasiones el autor de obras como <em>El silencio de la escritura</em>, <em>La memoria del logos</em> o <em>La filosof&iacute;a hoy</em>, comparti&oacute; el estimulante, enriquecedor, juego de inventar sus propias palabras. En ambas ocasiones se maravill&oacute; ante sus propias manos y las desplaz&oacute; por la mesa tocando los lomos de los libros, la madera, con la conciencia de quien recibe un don que no ha de ser olvidado. En ambas ocasiones dej&eacute; su casa reconfortada por el encuentro con alguien que me hace creer en la buena vida, la vida vivida con entusiasmo, con intensidad, con pasi&oacute;n. Hay pasi&oacute;n en los ojos, en la manera de hablar, en los pasos &aacute;giles, de este hombre l&uacute;cido cuyo secreto es la curiosidad, las ganas de seguir aprendiendo, el orgullo ante el trayecto recorrido y la actitud cr&iacute;tica: ese nunca darse por vencido, ese seguir defendiendo con ah&iacute;nco las convicciones, esa rebeld&iacute;a necesaria para decir no que nunca debe dormirse, aunque nos repitan una y otra vez que el &ldquo;no&rdquo; pertenece al territorio de los ni&ntilde;os.</p>
<p><em>Los libros y la libertad</em> (RBA), un abarcador compendio de art&iacute;culos que funciona como un espejo m&uacute;ltiple donde se reflejan muchas de sus ideas y preocupaciones, es el &uacute;ltimo libro publicado de Lled&oacute;, pero es posible que muy pronto sus lectores podamos disfrutar de un nuevo ensayo en el que lleva trabajando largo tiempo sobre la amistad y el amor. De ello y de mucho m&aacute;s hablamos con calma durante dos ma&ntilde;anas: las horas transcurriendo raudas, la luz filtr&aacute;ndose por la ventana de un sal&oacute;n lleno de libros, esos libros amigos, compa&ntilde;eros, que en ocasiones, seg&uacute;n dice, le hacen llegar la queja de no haber sido abiertos en mucho tiempo. Esa luz iba cambiando de posici&oacute;n y de forma, prodigiosa en su fugacidad, al hilo de las palabras.</p>
<p>- Son muchas las ideas, las reflexiones contenidas en <em>Los libros y la libertad</em> que me han resultado luminosas, pero hay una parte especialmente reveladora, la parte en la que hablas de las primeras lecturas, de aquel profesor, don Francisco, que te ense&ntilde;&oacute; a &ldquo;viajar a las realidades paralelas de las ficciones&rdquo;. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; el ni&ntilde;o Lled&oacute;? &iquest;Qu&eacute; im&aacute;genes de la infancia, de la memoria, guardas en tu particular cofre de los tesoros?</p>
<p>- &iexcl;Qu&eacute; bonito es eso de particular cofre de los tesoros! Por supuesto que lo que uno ha vivido es el peque&ntilde;o tesoro de la memoria. Lo he escrito ya muchas veces, podr&iacute;a decir que hasta la saciedad, pero sigo sin cansarme de decirlo. Somos memoria. Si empez&aacute;ramos las ma&ntilde;anas en blanco ser&iacute;a terrible, ser&iacute;a la muerte del individuo, la muerte de la sociedad. A m&iacute; siempre me ha atra&iacute;do mucho la Historia, la memoria hist&oacute;rica. Me interesa saber c&oacute;mo fue mi pa&iacute;s, qu&eacute; ha pasado en mi pa&iacute;s, incluso me interesa saber a qu&eacute; pa&iacute;s pertenezco y a qu&eacute; pa&iacute;s aspiro. Pero me has preguntado sobre mi infancia y debo decir que, aunque mi infancia transcurri&oacute; durante la Guerra Civil, yo fui un ni&ntilde;o feliz. Un ni&ntilde;o feliz a pesar de los bombardeos, a pesar de que por la noche dorm&iacute;amos en la cueva de la casa, en el s&oacute;tano, junto con otras familias que tambi&eacute;n colocaban all&iacute; sus colchones. Yo tendr&iacute;a entonces 9, 10, 11, a&ntilde;os, y, pesar de la angustia y del hambre -hambre relativa entonces, porque la verdadera la pas&eacute; ya en Madrid, despu&eacute;s de la guerra- fui un ni&ntilde;o feliz porque tuve un maestro, un maestro que me abri&oacute; un horizonte amplio, nuevo .</p>
<p>- Da la impresi&oacute;n de que ese maestro est&aacute; en el germen de lo que Emilio Lled&oacute; ha llegado a ser.</p>
<p>- S&iacute;. Don Francisco fue fundamental para un muchacho que quer&iacute;a escapar de aquel horror. Ni yo ni los ni&ntilde;os de mi edad ten&iacute;amos conciencia del alcance de lo que estaba sucediendo, no logr&aacute;bamos entender del todo el porqu&eacute; de la Guerra Civil. Lo &uacute;nico que yo percib&iacute;a era la sensaci&oacute;n permanente de que la vida era peligrosa. Siempre hab&iacute;a angustia, peligro a mi alrededor. Recuerdo que mi padre, que era militar y estaba destinado al Regimiento de Artiller&iacute;a Ligera de Vic&aacute;lvaro, donde viv&iacute;amos, me trajo una vez a Madrid y ese d&iacute;a yo vi muertos en la Gran V&iacute;a. Sonaron las sirenas y me refugi&eacute; en un portal, pero al salir me di cuenta del espanto, de toda aquella gente que no tuvo tiempo de protegerse... Sin embargo, repito, ese maestro consigui&oacute; hacerme feliz. A&uacute;n tengo su imagen clar&iacute;sima: era un muchacho alto, no creo que tuviese m&aacute;s de 30 a&ntilde;os, uno de esos maestros de la Rep&uacute;blica, de las Misiones Pedag&oacute;gicas. Nos hac&iacute;a leer varias veces por semana unas p&aacute;ginas de distintos libros. Hubo muchas lecturas, pero yo recuerdo el <em>Quijote</em> porque ah&iacute; naci&oacute; mi amor por una novela que he le&iacute;do m&aacute;s de 12 veces. Ese maestro nos hablaba a ni&ntilde;os de 10 a&ntilde;os de sugerencias de lectura y esa frase no la he olvidado nunca. Era una frase que abr&iacute;a nuestras mentes. &iquest;Qu&eacute; nos pod&iacute;a inspirar <em>Don Quijote</em>, a nuestra edad, en el caos aquel de la guerra? Pues all&iacute;, con nuestros lapiceros, nos pon&iacute;amos a escribir sobre las sugerencias que nos despertaba don Miguel de Cervantes.</p>
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<p><strong>&ldquo;El ser humano es lo que la educaci&oacute;n hace de &eacute;l&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Ese disfrute del aprendizaje, de la lectura, prosigui&oacute; en tu formaci&oacute;n?</p>
<p>- No. Eso tan excepcional, esa sensaci&oacute;n de felicidad, jam&aacute;s se repiti&oacute; en la universidad, ni siquiera en el bachillerato. All&iacute; lo que hac&iacute;a era aprender asignaturas, textos. Hab&iacute;a profesores buenos, claro, y ser&iacute;a injusto si no dijese que en la universidad que yo padec&iacute; sobrenadaban algunas figuras, sobre todo los fil&oacute;logos cl&aacute;sicos, que han sido la gran revoluci&oacute;n de la cultura espa&ntilde;ola de la posguerra. Ah&iacute; est&aacute; la inmensa aportaci&oacute;n de la Biblioteca Cl&aacute;sicos de Gredos, donde hay autores que no hab&iacute;an sido traducidos nunca. Yo me temo que dentro de 50 a&ntilde;os, si siguen los planes de estudio as&iacute;, no habr&aacute; nadie que sepa traducir griego o lat&iacute;n. Me apena esto y me apena pensar en la tradici&oacute;n triste, inquisitorial, que hemos padecido durante cuatro siglos, la repulsa a la libertad de conciencia. Al respecto hay una frase muy significativa en <em>Don Quijote</em>, la frase que el ex vecino Ricote, que fue expulsado porque era morisco, le dice a Sancho, con quien se encuentra cuando &eacute;ste regresa de la &Iacute;nsula Barataria. Le dice algo as&iacute; como que se hab&iacute;a ido a Alemania porque all&iacute; la gente viv&iacute;a como quer&iacute;a y porque en todas partes reinaba la libertad de conciencia. Siempre me sorprendi&oacute; esa frase y m&aacute;s de una vez me he planteado de d&oacute;nde sac&oacute; Cervantes esa idea t&iacute;picamente luterana. Esa libertad de conciencia nos ha faltado en este pa&iacute;s y don Francisco, mi maestro, en el fondo era un hombre que nos liberaba la conciencia, que nos hac&iacute;a personas y nos daba libertad. Esa es la grandeza de la ense&ntilde;anza. El ser humano es lo que la educaci&oacute;n hace de &eacute;l. Si a ti de peque&ntilde;o te meten &uacute;nicamente frases hechas en la cabeza; si te introducen lo que yo llamo grumos pringosos, ya no vas a poder pensar, ya no vas a poder ser libre, ni tener un esp&iacute;ritu creador, ni siquiera racional, dejando claro que en la ense&ntilde;anza no s&oacute;lo hay que cultivar la racionalidad. Otra de las cosas importantes que nos aport&oacute; ese maestro fue la educaci&oacute;n de la sensibilidad. Nos animaba a pensar las palabras, a no asumirlas sin entenderlas. Sab&iacute;a que s&oacute;lo as&iacute; pod&iacute;amos salvarnos de la manipulaci&oacute;n, de la agresividad a que conduce la falta de comprensi&oacute;n.</p>
<p>-&nbsp; &iquest;A don Francisco le seguiste la pista?</p>
<p>- Desgraciadamente no supe nada de &eacute;l, ni siquiera recuerdo su apellido. Para nosotros era simplemente don Francisco. Lo &uacute;nico que s&eacute; es que viv&iacute;a en Madrid y que iba a Vic&aacute;lvaro en los autobuses de la empresa Fausto Dones. Vic&aacute;lvaro era entonces un pueblo, estaba al otro lado del cementerio del Este y hab&iacute;a que tomar esos autobuses de l&iacute;nea, los mismos que yo empec&eacute; a coger a&ntilde;os despu&eacute;s para venirme a estudiar a Madrid, a un colegio que depend&iacute;a del Instituto Cervantes y que estaba en la parada entre Manuel Becerra y Ventas.Tal vez por eso mis padres se vinieron a vivir a principios de los 40 a la calle Boc&aacute;ngel, que est&aacute; por ah&iacute;. Me encantaba esa palabra, me llamaba la atenci&oacute;n, me suger&iacute;a im&aacute;genes: la boca del &aacute;ngel, &iexcl;qu&eacute; bonito! Yo entonces no sab&iacute;a que hac&iacute;a referencia al poeta Gabriel Boc&aacute;ngel. M&aacute;s tarde, en un libro m&iacute;o, <em>El surco del tiempo</em> puse el final de uno de &nbsp;sus sonetos.</p>
<p>- Tu padre fue republicano, soldado de la Rep&uacute;blica. &iquest;Qu&eacute; te ense&ntilde;&oacute;? &iquest;Qu&eacute; recuerdas de los a&ntilde;os que viviste a su lado?</p>
<p>- S&iacute;. Fue capit&aacute;n de la Rep&uacute;blica y una persona culta, pese a tener una educaci&oacute;n b&aacute;sica. Le gustaba mucho la pintura, de ah&iacute; mi afici&oacute;n a dibujar. Despu&eacute;s de la guerra se puso a trabajar de contable en una empresa y muri&oacute; muy joven. De ese tiempo recuerdo la miseria y el hambre. Para m&iacute; la palabra hambre no es una met&aacute;fora. Desde los a&ntilde;os 40 hasta casi el a&ntilde;o que muere mi padre, en el 50, en mi familia lo pasamos muy mal. Fue una &eacute;poca muy dura. No hab&iacute;a qu&eacute; comer en el Madrid de esos a&ntilde;os. La gente modesta, humilde, como &eacute;ramos nosotros, lo ten&iacute;a muy dif&iacute;cil, y por eso yo me march&eacute; en cuanto pude. Hice el Servicio Militar, acab&eacute; la carrera y me fui a Alemania sin saber alem&aacute;n. Apenas pod&iacute;a traducirlo un poquito, pero quer&iacute;a huir de este pa&iacute;s por encima de todo. Mi padre ya hab&iacute;a muerto y mi madre se fue a Andaluc&iacute;a con su familia, una familia que sin ser de terratenientes ten&iacute;a cierto nivel. Le debemos todo a un t&iacute;o campesino, labrador, que la acogi&oacute; en el pueblo sevillano de Espartinas. A mis dos hermanos peque&ntilde;os los metieron en un internado y yo primero me qued&eacute; en Madrid, dando clases particulares hasta que consegu&iacute; una beca del Colegio Mayor Guadalupe. En cuanto acab&eacute; la carrera sal&iacute; pitando, tan pitando que estuve diez a&ntilde;os fuera.</p>
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<p><strong>&ldquo;Alemania fue para m&iacute; un sue&ntilde;o de libertad&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo fue el cambio, el impacto de llegar a un pa&iacute;s, a una cultura totalmente diferente?</p>
<p>- Yo me fui con una carrera acabada, como un emigrante privilegiado, no con una beca, como dicen algunas biograf&iacute;as por ah&iacute;, sino gracias a lo que hab&iacute;a ahorrado dando clases particulares. Quer&iacute;a seguir estudiando all&iacute; y repito que pr&aacute;cticamente no sab&iacute;a alem&aacute;n. Al principio me entend&iacute;a en franc&eacute;s con mis profesores, entre los que estaban Karl L&ouml;with, Otto Regenbogen, Hans-Georg Gadamer. Ellos me consiguieron una beca &nbsp;y m&aacute;s tarde, cuando se estableci&oacute; la Fundaci&oacute;n Humboldt, yo fui uno de sus primeros becarios. Volv&iacute; en el 55 a Espa&ntilde;a a casarme con Montse, mi novia de toda la vida, que desde peque&ntilde;ita hablaba alem&aacute;n por el empe&ntilde;o de mi suegro, que era m&eacute;dico, en que sus hijas aprendiesen otros idiomas, y regresamos a Alemania en plan de estudiantes. Fueron seis a&ntilde;os maravillosos los que pasamos all&iacute;, una explosi&oacute;n de vida, de libertad, de so&ntilde;ar, de descubrir en Heidelberg la universidad que yo intu&iacute;a desde que don Francisco me abri&oacute; la puerta de las sugerencias. &iexcl;Qu&eacute; diferencia! Aqu&iacute; yo me mor&iacute;a de aburrimiento, de tristeza. Con todo el respeto para alg&uacute;n profesor bueno que hab&iacute;a, el sistema era horrible: asignaturas, ex&aacute;menes, apuntes, los dichosos apuntes. El otro d&iacute;a vi en un peri&oacute;dico un anuncio de una universidad privada que promet&iacute;a que sus estudiantes encontrar&iacute;an trabajo en la empresa privada. Me acord&eacute; de un texto de Walter Benjamin en el que dice que obsesionar a los muchachos durante la carrera con colocarse es la muerte de la vida intelectual. &iexcl;Por favor! Dejen a los j&oacute;venes que trabajen con ilusi&oacute;n en lo que les guste; que sue&ntilde;en esos cinco o seis a&ntilde;os. No les corroan el &aacute;nimo a muchachos de 18 a&ntilde;os con el cebo est&uacute;pido de una colocaci&oacute;n en una empresa. Cuando yo me fui a Alemania para m&iacute; fue un sue&ntilde;o de libertad encontrarme con una universidad donde no hab&iacute;a asignaturas, donde no hab&iacute;a ex&aacute;menes &ldquo;cuadriculantes&rdquo;, ni libros de texto que te tuvieras que aprender. Los profesores impart&iacute;an cursos interesant&iacute;simos, recomendaban lecturas, y los alumnos trabaj&aacute;bamos a partir de ah&iacute;, prepar&aacute;bamos los ex&aacute;menes de una forma personalizada.</p>
<p>- &iquest;La Alemania de Merkel no te ha decepcionado?</p>
<p>- Yo soy muy cr&iacute;tico con ciertos aspectos de la Alemania actual, con su manera de hacer pol&iacute;tica y de actuar sobre el resto de Europa. Ah&iacute; no &nbsp;puedo defenderlos, pero s&iacute; es verdad, como me dicen mis hijos, que mitifico un poco la Alemania de la cultura, la Alemania de la universidad, de la ense&ntilde;anza p&uacute;blica. All&iacute; no hay colegios privados que puedan competir con los institutos de ense&ntilde;anza media, institutos donde se cultiva la sensibilidad. Volv&iacute; a percibir todo eso desde muy cerca ya de mayor, en el 88, cuando viv&iacute; en Berl&iacute;n invitado por el Instituto de Estudios Avanzados. Qu&eacute; distinto todo a la &ldquo;cuadritulez&rdquo;, una de las enfermedades de la cultura, de la educaci&oacute;n espa&ntilde;ola.</p>
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<p><strong>&ldquo;Leer es libertad, nos permite abrirnos a un universo nuevo&rdquo;</strong></p>
<p>- Nada indica que se vaya a cambiar el rumbo, todo lo contrario. El sistema educativo espa&ntilde;ol va cada vez m&aacute;s encaminado en esa direcci&oacute;n.</p>
<p>- S&iacute;. No hay forma de salir de la monstruosa educaci&oacute;n deformadora de los ex&aacute;menes permanentes. Siempre, desde que fui profesor, he combatido el asignaturismo, el &ldquo;examine&iacute;smo&rdquo;. Los ex&aacute;menes tienen que convertirse en algo marginal, en un control. Est&aacute; claro que el estudiante de medicina tiene que ser examinado para saber si realmente est&aacute; preparado. Lo suyo es algo muy serio, est&aacute;n en juego las vidas de las personas. Podemos pensar que en Filosof&iacute;a y Letras no es tan necesario, que no se te va a morir nadie, aunque a lo mejor s&iacute;, se te mueren de la cabeza (risas). Pero volviendo a lo central, esta idea del control permanente es una cosa inquisitorial, absolutamente inquisitorial, y por supuesto castrante, aniquilante, porque el conocimiento, el &ldquo;bienser&rdquo;, se educa desde la libertad y la libertad se educa desde el di&aacute;logo, desde la apertura del di&aacute;logo con los otros y sobre todo con los libros. La lectura es el ejemplo m&aacute;s cl&aacute;sico de la libertad de inteligencia, de pensamiento. Leer es libertad, nos permite salir de nosotros mismos, de nuestro entorno peque&ntilde;ito, y abrirnos a un universo nuevo.</p>
<p>- La guerra, la dictadura, impuls&oacute; a &nbsp;Emilio Lled&oacute; a huir a Alemania, ahora, tantos a&ntilde;os despu&eacute;s, muchos j&oacute;venes se ven obligados a marchar al mismo lugar, pero no por una guerra sino porque aqu&iacute; no hay trabajo ni futuro alguno.</p>
<p>- Que los j&oacute;venes se marchen hoy me parece algo lamentable, insostenible, un fracaso de la organizaci&oacute;n de la sociedad. No se ha sabido crear industrias, &aacute;mbitos de trabajo. Por un lado nos dicen que no hay dinero para eso, y por el otro se jactan, cuando les conviene, de que somos una potencia industrial. &iquest;Qu&eacute; ha pasado aqu&iacute;? Lo &uacute;nico que se ha promovido ha sido el &ldquo;boom&rdquo; inmobiliario. A m&iacute; me duele much&iacute;simo que los j&oacute;venes se vayan. En mis tiempos ten&iacute;amos esperanza. A pesar de la miseria de la dictadura ten&iacute;amos la esperanza de que este pa&iacute;s dar&iacute;a un salto alguna vez hacia algo mejor, pero actualmente se ha instalado la desesperanza. Yo volv&iacute; en el a&ntilde;o 62 de catedr&aacute;tico de instituto a Valladolid. Mi mujer y yo hab&iacute;amos hecho oposiciones y logramos juntar las dos plazas en la misma ciudad. Ella era catedr&aacute;tica de alem&aacute;n y yo de filosof&iacute;a. Trabaj&eacute; duro, hice seis oposiciones, de las cuales gan&eacute; cuatro y perd&iacute; dos. No ped&iacute; nada a nadie. Si hay algo que no entiendo es esa obsesi&oacute;n de la gente ahora por subir, por obtener tal o cual nombramiento. Yo estar&iacute;a muy triste si tuviera que pelear por un puesto, si tuviera que hacer movimientos extra&ntilde;os para conseguirlo.</p>
<p>- &iquest;Te has arrepentido alguna vez de haber vuelto?</p>
<p>- No. Nunca me he arrepentido, en absoluto. Yo quer&iacute;a trabajar en mi pa&iacute;s, contribuir a su mejora. Tal vez era una idea rom&aacute;ntica, pero decidimos volver por eso. Lo que pasa hoy es diferente. Los &nbsp;j&oacute;venes que se van han vivido ya en el mundo de la esperanza, en el mundo de la democracia, y es descorazonador que se tengan que ir por obligaci&oacute;n, sin haberlo elegido. Digo todo esto con tristeza y me da pena que ahora se est&eacute; dando marcha atr&aacute;s, porque, pese a todo, el pa&iacute;s hab&iacute;a progresado mucho desde la Transici&oacute;n. Mis padres eran de un pueblecito cerca de Sevilla, de Salteras. Era all&iacute; donde me mandaban todos los veranos para salvarme del hambre de Madrid, a casa de mi madrina Fernanda, que no tuvo hijos. Ese pueblo, donde en aquella &eacute;poca s&oacute;lo estudiaban cinco o seis chicos, tiene hoy dos colegios p&uacute;blicos, un instituto de ense&ntilde;anza media y una biblioteca p&uacute;blica municipal. [He aqu&iacute; un inciso. Esa biblioteca lleva el nombre de Emilio Lled&oacute;. Con la discreci&oacute;n que le caracteriza me dice que no hace falta dar el dato, pero en este caso no le hago caso y a&ntilde;ado, adem&aacute;s, que hace poco asisti&oacute; a un homenaje en el que los colegiales del pueblo le regalaron un libro elaborado con sus impresiones sobre la visita de ese se&ntilde;or fil&oacute;sofo con el que comparten or&iacute;genes. Un libro que Lled&oacute; guarda con cari&ntilde;o, como una joya.]</p>
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<p><strong>&ldquo;No hay peor corrupci&oacute;n que la de la mente&rdquo;</strong></p>
<p>- El problema ahora es que la educaci&oacute;n p&uacute;blica est&aacute; siendo desmantelada.</p>
<p>- S&iacute;, estamos viviendo una vuelta atr&aacute;s, una regresi&oacute;n que es inconcebible. Me llama la atenci&oacute;n que los pol&iacute;ticos digan que tienen buena conciencia, responsabilidad. No basta con decir eso. Si tienen responsabilidad que la demuestren cortando este retroceso terrible e inaceptable de la educaci&oacute;n y de la sanidad p&uacute;blicas. Es un retraso monstruoso. Me &nbsp;cuesta mucho creer lo que se dice por ah&iacute; de que algunos ponen mucho inter&eacute;s en privatizar la sanidad porque familiares o amigos tienen intereses en lo privado. Si eso fuera verdad ese se&ntilde;or o se&ntilde;ora tendr&iacute;a que dimitir autom&aacute;ticamente, dimitir pol&iacute;tica y tambi&eacute;n humanamente. Eso est&aacute; por debajo de la dignidad. Aunque suene ut&oacute;pico, hay que ir hacia una aut&eacute;ntica regeneraci&oacute;n y esa regeneraci&oacute;n tiene que empezar en el coco. La verdadera revoluci&oacute;n est&aacute; en la cabeza. No hay peor corrupci&oacute;n que la de la mente; la econ&oacute;mica va detr&aacute;s. Hay un texto muy bonito de Arist&oacute;teles que dice que hay tres niveles en la vida humana: el nivel de la mente, el nivel del cuerpo, y el &uacute;ltimo, el m&aacute;s bajo, el de la econom&iacute;a, el del dinero. Qu&eacute; duda cabe que el dinero es &uacute;til, importante, pero par&eacute;monos ah&iacute;, no olvidemos que es lo de menos.</p>
<p>- Pero sucede que se ha roto el orden, que el dinero se ha colocado arriba y ha pasado a ocupar el nivel superior.</p>
<p>- Exacto. Lo que dice Arist&oacute;teles es que cuando se coloca arriba, a la larga se hunde todo. S&oacute;lo las oligarqu&iacute;as sacan sus tajadas. A m&iacute; me escandaliza que un se&ntilde;or ministro de agricultura lo primero que haga cuando toma el poder es modificar la Ley de Costas. Una de las joyas que tiene nuestro pa&iacute;s es el mar, la costa, las playas. Se habla del turismo, de la riqueza del turismo, pero se trata de una riqueza natural, por la que no hemos tenido que trabajar. El sol, el mar y las playas no son m&eacute;rito nuestro. Nos lo han regalado y somos tan imb&eacute;ciles que lo machacamos, lo corrompemos, lo hundimos. Este es un tema central sobre el que la sociedad tiene que tomar conciencia. No se puede admitir la mangancia de los pol&iacute;ticos. Muchas veces no entiendo que se pueda votar a determinadas personas, a no ser que los que lo hagan asuman la corrupci&oacute;n, se enganchen a la chaqueta de esos corruptos a ver si obtienen alg&uacute;n beneficio.</p>
<p>- Hay un texto que se incluye en <em>Los libros y la libertad</em> que resulta especialmente revelador. Pertenece a <em>La Rep&uacute;blica</em> de Plat&oacute;n y en &eacute;l se dice que los gobernantes tienen que dar y no recibir. &ldquo;Ser&aacute;n ellos, los pol&iacute;ticos, a quienes no est&eacute; permitido tocar el oro ni la plata, ni entrar bajo el techo que cubran estos metales, ni llevarlos sobre s&iacute;, ni beber en recipientes fabricados con ellos. Si as&iacute; proceden, se salvar&aacute;n ellos y salvar&aacute;n a la ciudad. Pero si adquieren tierras, casas, dinero, se convertir&aacute;n de guardianes en administradores trapisondistas y de amigos de sus ciudadanos en odiosos d&eacute;spotas&rdquo;, advierte el pensador. &iquest;Ahora m&aacute;s que nunca tenemos que volver a los cl&aacute;sicos griegos, recuperar la filosof&iacute;a, esa materia que no sale nada bien parada en los nuevos planes de estudios?</p>
<p>- Sin duda. Cu&aacute;nta sabidur&iacute;a hay en los cl&aacute;sicos. Plat&oacute;n dice que esos pol&iacute;ticos se pasar&aacute;n la vida odiando y siendo odiados, que se hundir&aacute;n ellos y lo peor, hundir&aacute;n a la ciudad a la que gobiernan. Yo pienso muchas veces, cuando escribo, qu&eacute; quedar&aacute; dentro de 20 o 30 a&ntilde;os de esas palabras. Probablemente nada, tampoco importa. Pero qu&eacute; maravilla estar tantos siglos en cartel como Plat&oacute;n, Arist&oacute;teles o don Miguel de Cervantes. Leerlos mucho tiempo despu&eacute;s y deslumbrarte con ellos, con esto que dec&iacute;a Plat&oacute;n, con lo que escribi&oacute; Arist&oacute;teles sobre la mano, para &eacute;l como el alma, el instrumento de todos los instrumentos. &ldquo;Pensamos y amamos porque tenemos manos&rdquo;, dec&iacute;a.</p>
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<p><strong>&ldquo;El libro es el recipiente donde reposa el tiempo&rdquo;</strong></p>
<p>- Las manos conducen la lectura, pasan las hojas, pero ese gesto se pierde en el territorio de lo digital. No hab&iacute;a encontrado una manera tan l&uacute;cida de exponer la diferencia entre los dos modos de lectura que la que expone Emilio Lled&oacute; en uno de los cap&iacute;tulos de <em>Los libros y la libertad</em>. Cuando se abren las p&aacute;ginas de un libro se toma conciencia del tiempo y del espacio -&ldquo;el libro es el recipiente donde reposa el tiempo&rdquo;- mientras que en la lectura digital no se tiene referencias de las calles por donde andamos.</p>
<p>- S&iacute;. Qu&eacute; duda cabe que el mundo digital es todo un avance y que tiene virtudes estupendas. Qu&eacute; duda cabe que en lo que respecta a la acumulaci&oacute;n de datos, a las enciclopedias, a los diccionarios, puede resultar muy &uacute;til, pero la educaci&oacute;n es otra cosa. La educaci&oacute;n es sugerencia, amor a los libros, a estos objetos presentes que mis manos tocan. En &ldquo;El surco del tiempo&rdquo; yo dialogaba con Plat&oacute;n acerca de su idea de que lo real es la oralidad. As&iacute; es, pero hubo un momento en que alguien escribi&oacute; y esa oralidad se asent&oacute; en el surco del tiempo. La oralidad es el presente, mientras hablamos compartimos un tiempo com&uacute;n, que nos acoge. Y por eso resulta maravilloso que yo pueda coger todos estos libros y dialogar con sus autores, no s&oacute;lo con los cl&aacute;sicos, tambi&eacute;n con los modernos. Cuando yo pongo mis ojos en esos libros estoy d&aacute;ndoles vida a sus autores y recuperando un tiempo desaparecido. Eso es un prodigio. Los libros que he ido atesorando y que ahora me rodean son para m&iacute; como compa&ntilde;eros, tienen vida. Ah&iacute; est&aacute; Kant, por ejemplo, que algunas veces se queja del tiempo que hace que no lo leo. Est&aacute; claro que todos estos vol&uacute;menes podr&iacute;an caber en un dispositivo electr&oacute;nico, sin ocupar espacio alguno, como me dijo un amigo el otro d&iacute;a. Pues s&iacute;, pero eso ya es otra sensaci&oacute;n, otro mundo, y, adem&aacute;s, no podr&iacute;a concebir todas estas paredes vac&iacute;as. &nbsp;</p>
<p>- &iquest;Si tuvieras que elegir una &eacute;poca donde fuiste especialmente feliz, ser&iacute;a la de Alemania?</p>
<p>- S&iacute; y sobre todo los seis a&ntilde;os de Heidelberg que viv&iacute; con Montse, mi compa&ntilde;era de vida. Trabaj&oacute; desde el principio a mi lado. Fuimos dos colegas. Recuerdo que cuando volv&iacute; casado con ella mis amigos alemanes se quedaron sorprendidos porque no respond&iacute;a a los t&oacute;picos que ellos manejaban por entonces de las espa&ntilde;olas: bajitas y con peineta. Se encontraron a una mujer guap&iacute;sima, que con tacones era m&aacute;s alta que yo y que hablaba alem&aacute;n de corrido. Vivimos como estudiantes, en un piso de alquilados. Sin duda fue una &eacute;poca inolvidable, feliz, como tambi&eacute;n la de los a&ntilde;os de catedr&aacute;tico de instituto en Valladolid y la que pas&eacute; en Tenerife, en la universidad de La Laguna, a la que llegu&eacute; cargado de entusiasmo. Despu&eacute;s saqu&eacute; la c&aacute;tedra de Historia de la Filosof&iacute;a y nos fuimos a Barcelona.</p>
<p>- &iquest;Se puede ser feliz a t&iacute;tulo individual viviendo en un presente tan detestable?</p>
<p>- Todos necesitamos un rinc&oacute;n de felicidad, de amistad, de cari&ntilde;o. Eso es tan esencial como comer para los seres humanos, pero hay momentos en los que no podemos regodearnos en la propia felicidad como se&ntilde;oritos satisfechos, momentos en los que se impone luchar por algo que ponga freno a la infelicidad que nos rodea. El otro d&iacute;a le&iacute;a una noticia que no tiene que ver con la infelicidad sino con la falsa felicidad. Le&iacute;a que hay un hotel en Kuwait que cuesta &nbsp;unos 1.500 euros por d&iacute;a. Pero, &iquest;qui&eacute;n puede tener necesidad de eso, qu&eacute; falsificaci&oacute;n de la mente se produce ah&iacute;? Incluso el muy rico, al que no le importe gastar ese dinero... &iquest;Qu&eacute; sociedad hemos creado donde eso sea posible?</p>
<p>- El tema de la felicidad siempre te ha interesado. Tienes un ensayo donde le das la vuelta, &ldquo;Elogio de la infelicidad&rdquo;. La editorial Errata Naturae acaba de publicar un libro sobre Epicuro donde se incluye un ensayo de Emilio Lled&oacute;, autor asimismo de una obra esencial para acercarse al cl&aacute;sico, <em>El epicure&iacute;smo</em>.</p>
<p>- A m&iacute; me ha preocupado, me ha interesado mucho, el tema de la felicidad; primero personalmente, porque uno arranca siempre de s&iacute; mismo y yo, como te dec&iacute;a antes, no tuve una infancia feliz desde el punto de vista social, econ&oacute;mico, a consecuencia de la guerra, pero tuve la suerte de encontrarme con ese maestro que me hizo ver que con la lectura, con el pensar, con lo que un ni&ntilde;o pod&iacute;a imaginar, era posible compensar las tristezas, las escaseces y pobrezas de aquellos tiempos. Independientemente de eso el tema de la felicidad me ha parecido siempre esencial porque los seres humanos tenemos derecho a un poquito de felicidad, a ir m&aacute;s all&aacute; de la peque&ntilde;ez de nuestras peque&ntilde;as vidas. Para ser felices hay que partir del bienestar, hay que estar bien y para estar bien hay que tener una vivienda, no pasar hambre, tener solucionada la vida del cuerpo, que es lo que realmente somos. Pero despu&eacute;s hay que aspirar al &ldquo;bienser&rdquo;, una palabra que no se utiliza y que nos vamos a inventar ahora, aqu&iacute;.</p>
<p>- Epicuro hablaba de las necesidades b&aacute;sicas y exaltaba los placeres, pero hasta un punto.</p>
<p>- Efectivamente. En mi opini&oacute;n, la gran revoluci&oacute;n de Epicuro, cuyo pensamiento no podemos conocer en toda su amplitud porque gran parte del mismo no se conserva porque es muy posible que fuera ideol&oacute;gicamente machacado, fue el descubrimiento de la felicidad del cuerpo. Su consideraci&oacute;n del goce, del placer del cuerpo, como un bien, fue un descubrimiento extraordinario que tendr&iacute;a que haber sido ordinario, normal. Pero al mismo tiempo era cr&iacute;tico con los excesos, s&iacute;. En un mundo de miseria, en un mundo duro, como era el mundo griego, es comprensible que tener se asociara a la felicidad: tener &aacute;nforas era asegurar la sed del futuro y tener vestidos era asegurar el fr&iacute;o. Pero ya entonces Epicuro hablaba de cosas que se cre&iacute;a que eran necesarias sin serlo, de las que se pod&iacute;a prescindir.</p>
<p>- El problema de los l&iacute;mites, &iquest;no? Tener hasta unos l&iacute;mites. Cuando se tienen cubiertas las necesidades b&aacute;sicas habr&iacute;a que ir hacia el &ldquo;bien ser&rdquo; del que habl&aacute;bamos. &iquest;Es esa la revoluci&oacute;n pendiente, la que tendr&iacute;an que acometer los hombres y mujeres de este siglo XXI?</p>
<p>- Exacto. Y me gusta que recojamos esto del &ldquo;bien ser&rdquo;, que ni siquiera est&aacute; establecido como t&eacute;rmino t&eacute;cnico, mientras que bienestar s&iacute;. Las sociedades del denominado Primer Mundo ofrecen much&iacute;simo m&aacute;s de lo que se necesita. Y esto fue intuido por Epicuro. Necesitamos lo esencial, pero nada m&aacute;s. Necesitamos respirar, vivir, comer, tener una cama, un techo, y tambi&eacute;n necesitamos sentir, vivir, gozar el cuerpo, contemplar. El otro d&iacute;a, cuando estaba con mis nietas en el parque de Berl&iacute;n, aqu&iacute; en Madrid, hubo un leve soplo de aire, m&aacute;s fuerte de lo normal, y casi nos inundaron las hojas, la ca&iacute;da de las hojas. Hab&iacute;a una belleza extraordinaria ah&iacute;, al percibir que todo eso iba a &nbsp;explotar dentro de seis o siete meses con la llegada de la primavera. Entonces yo me acord&eacute; del di&aacute;logo entre Glauco y Diomedes en <em>La</em> <em>Il&iacute;ada</em>, el pasaje en el que se habla de la ca&iacute;da de las hojas y de su reverberaci&oacute;n, igual que sucede con las ca&iacute;das en desgracia y el volver a levantarse de los hombres, m&aacute;s all&aacute; de sus linajes. Yo me acordaba de este pasaje de <em>La Il&iacute;ada</em> viendo caer las hojas, mientras mis nietas las recog&iacute;an felices. Era consciente, y lo digo ahora que ya tengo una cierta edad, una inciert&iacute;sima edad, de c&oacute;mo estamos sometidos a ese tiempo de la naturaleza. Eso es maravilloso en el fondo y hay que asumirlo, pero hay que asumirlo con bienestar, con decencia.</p>
<p>- Claro, pero cuando no se tiene para comer no hay espacio para pararse a ver caer las hojas de los &aacute;rboles...</p>
<p>- As&iacute; es. &iquest;C&oacute;mo le vas t&uacute; a decir a un ni&ntilde;o que est&aacute; en &Aacute;frica con hambre, o en cualquier otro sitio explotado, trabajando: &ldquo;Mira, qu&eacute; bonito, tienes que aprender m&uacute;sica. Esto que suena es de Bach, de Juan Sebastian Bach. No, eso es rid&iacute;culo y &nbsp;absurdo. Pero ese es un horizonte, es un horizonte que no s&eacute; cu&aacute;nto tiempo tardaremos en alcanzar; las generaciones de hojas de &aacute;rboles que tendr&aacute;n que caer y que volver&aacute;n a nacer en primavera que han de sucederse todav&iacute;a. Pero ah&iacute; est&aacute; el futuro. Estamos hechos para soportar el dolor, el sufrimiento, todo eso que tambi&eacute;n una cierta religi&oacute;n, una cierta educaci&oacute;n cristiana, nos ha inculcado, pero tambi&eacute;n para la alegr&iacute;a, la felicidad, el equilibrio y ese bienestar enfocado siempre hacia un &ldquo;bien ser&rdquo;, hacia esa idea, que puede sonar muy fant&aacute;stica, de solidaridad, de cultura, de educaci&oacute;n.</p>
<p>- Pero, &iquest;c&oacute;mo lo hacemos? &iquest;c&oacute;mo construimos hoy los nuevos pilares, c&oacute;mo hacer frente a un poder que cada vez m&aacute;s se aleja de la igualdad, de la defensa de lo p&uacute;blico?</p>
<p>- Pues se trata de crear instituciones donde esa libertad, ese &ldquo;bienser&rdquo;, se pueda practicar. Hay que luchar por recuperar lo que hemos perdido y por llevarlo m&aacute;s all&aacute;, por conquistarlo enteramente, porque si no llegaremos a la aniquilaci&oacute;n del pa&iacute;s. Est&aacute; claro que quienes nos gobiernan lo que quieren es meternos grumos en la cabeza. Pero esto de &ldquo;no haga usted un pueblo sabio&rdquo; ya viene de la tradici&oacute;n del despotismo. Hay que dejar a la gente que sea sumisa porque si usted la revoluciona y la libera mucho mentalmente pedir&aacute; cada vez m&aacute;s y eso es inc&oacute;modo para una oligarqu&iacute;a que quiera mantenerse en el poder.</p>
<p>- &iquest;Esa idea vale para retratar a la Espa&ntilde;a actual?</p>
<p>- &nbsp;S&iacute;. Ahora mismo, aqu&iacute; en nuestro pa&iacute;s, m&aacute;s que una democracia vamos r&aacute;pidamente hacia una oligarqu&iacute;a democr&aacute;tica. Lo que se hab&iacute;a conseguido con todas las dificultades en estos &uacute;ltimos decenios est&aacute; paralizado, incluso se est&aacute; rebobinando y eso es pol&iacute;tica, social, individual y colectivamente, una cat&aacute;strofe. &iquest;Con qu&eacute; intenci&oacute;n se hace? No cabe otra que la intenci&oacute;n olig&aacute;rquica, de desigualdad. Volviendo a la educaci&oacute;n, por ejemplo, hay un texto en la pol&iacute;tica de Arist&oacute;teles que dice que la ense&ntilde;anza debe ser cosa del Estado, que el dinero no puede ser privado, pero habr&iacute;a que luchar por un Estado que fuera clarividente, que fuera ilustrado. Un Estado opuesto al fanatismo, al sectarismo, a la clausura, a la vaciedad mental. Estuve hace poco en Canarias, en unas jornadas sobre los valores de la democracia, y all&iacute; reflexion&eacute; sobre lo que significa poner en valor, una expresi&oacute;n tan de moda &uacute;ltimamente. Pero, &iquest;eso qu&eacute; es? A lo mejor lo que algunas personas quieren que se ponga en valor puede ser fruto del ego&iacute;smo, de la codicia de unos pocos, y no tiene porque interesarnos como sociedad. Hay valores que no pueden ser los de las personas decentes. Y no se trata de hablar de santidades. A m&iacute; eso de la santidad no me va. La palabra santidad en s&iacute; misma, es una palabra que me inquieta. La decencia es algo mucho m&aacute;s modesto que eso. Se trata de no enga&ntilde;ar por sistema, de no corromper por sistema. Lo terrible es que muchos de estos &ldquo;enga&ntilde;adores&rdquo;, de estos &ldquo;corrompedores&rdquo;, no tienen conciencia de que enga&ntilde;an y piensan que lo que tienen que hacer es poner en pr&aacute;ctica esas determinadas cosas que les han metido en las cabezotas. &Uacute;ltimamente he pensado mucho que una de las consecuencias m&aacute;s graves de la ignorancia, de la codicia, es que provoca odio y agresividad. El bruto, el monol&iacute;tico mental, no tiene m&aacute;s soluci&oacute;n en un momento de apuro que la agresividad. Las dictaduras globales o las peque&ntilde;as dictaduras personales, sociales, familiares; esas situaciones opresivas que no te dejan vivir, que te inquietan, te coartan y comprimen, son fruto de la ignorancia, llevan a la agresividad y en un momento determinado, como ocurri&oacute; en el 36, pueden alimentar un golpe de Estado. Hay momentos en los que se crean, en los que se justifican agresividades, partiendo de una ideolog&iacute;a, de una ideolog&iacute;a atascada, y eso hay que evitarlo por todos los medios.</p>
<p>- Los principios &eacute;ticos recorren la obra de Emilio Lled&oacute;. Ah&iacute; est&aacute;n t&iacute;tulos como <em>Memoria de &eacute;tica</em> o <em>El origen del di&aacute;logo y de la &eacute;tica</em>. Los ideales del hombre decente, el que sigue so&ntilde;ando, creyendo en un mundo m&aacute;s igualitario, son resaltados una y otra vez. Pero a ese hombre decente hoy se le est&aacute; pisoteando. &iquest;Por qu&eacute; ha ca&iacute;do el mundo en manos de tantos hombres y mujeres indecentes?</p>
<p>- Esa es la gran pregunta y la verdad es que no s&eacute; c&oacute;mo responderla. Si yo, a pesar de todo, me puedo sentir un hombre feliz, es porque, aunque pueda haber cometido errores a lo largo de mi vida, c&oacute;mo no, siento que soy aquel que con 22 a&ntilde;os cogi&oacute; su maletita de cart&oacute;n y se march&oacute; a Alemania. Me parece que sigo siendo el mismo y ese hilo de coherencia me da felicidad. Puedo haberme equivocado algunas veces, pero no me averg&uuml;enzo, estoy orgulloso de mi trayecto y ahora que ni siquiera estoy en la Tercera Edad, que mi sitio es ya el de la esperanza de vida, eso no me impide seguir trabajando, seguir teniendo ilusiones. Todav&iacute;a tengo la ilusi&oacute;n de ver de qu&eacute; manera podemos echar a los corruptos del poder, porque all&aacute; ellos si tienen sus mentes corrompidas, pero lo malo es que tienen poder y condicionan nuestras vidas, nos determinan, nos cambian, nos &ldquo;infelicean&rdquo;, valga esta expresi&oacute;n que s&eacute; que los acad&eacute;micos no me permitir&iacute;an (risas).</p>
<p>- Pero &iquest;c&oacute;mo se les echa? Produce mucha frustraci&oacute;n comprobar la impunidad de tantas acciones inmorales.</p>
<p>- No vot&aacute;ndoles jam&aacute;s, jam&aacute;s. Algunos dir&aacute;n que nunca se puede saber el grado de corrupci&oacute;n a que puede llegar un pol&iacute;tico, pero es que incluso sabi&eacute;ndolo en ocasiones se ha seguido apoyando a ese tipo de personajes. La ignorancia hace que mucha gente se crea titulares de peri&oacute;dico totalmente falsos. Ah&iacute; est&aacute; la importancia de la educaci&oacute;n. Una y otra vez me paro a reflexionar sobre el alcance de los ladrillos que se meten en las cabezas. El problema es por qu&eacute; hay personas que quieren creer determinadas cosas; por qu&eacute; somos como somos; por qu&eacute; pensamos como pensamos; por qu&eacute; somos tan diferentes cuando la estructura de la mente es la misma en todos. Esto es algo que me ha preocupado siempre y me sigue preocupando.</p>
<p>- Siempre llegamos a la ignorancia, a la falta de educaci&oacute;n, como ra&iacute;z de todos los males.</p>
<p>- S&iacute;, la ignorancia, el ego&iacute;smo y la codicia. Pero si no se necesita tanto para vivir, pero si no hacen falta tres yates y cinco casas. &iquest;Tan dif&iacute;cil resulta entender esto?</p>
<p>- Leo en uno de los textos inclu&iacute;dos en <em>Los libros y la libertad</em>: &ldquo;Si se analizan los momentos m&aacute;s reaccionarios de la historia de Espa&ntilde;a descubrimos el rechazo, por no decir el odio, hacia la cultura y, por supuesto, hacia la formaci&oacute;n y educaci&oacute;n de los ciudadanos. Se llegaba a tales extremos de oscurantismo que existen testimonios escritos que bendicen la inopia en que hay que mantener al pueblo, que si se hace inteligente no se deja mandar y es capaz de imponer sus malhadados deseos&rdquo;. &iquest; Ahora mismo estamos claramente en un momento reaccionario de la historia de Espa&ntilde;a?.</p>
<p>- S&iacute;. Lo que sucede ahora es que la oligarqu&iacute;a quiere mantener sus ventajas. Hay un texto muy interesante de Machado en su <em>Juan de Mairena</em>, un libro que habr&iacute;a que utilizar como educaci&oacute;n para la ciudadan&iacute;a, que dice algo as&iacute; como que no ser&iacute;an los obreros, como algunos podr&iacute;an creer, los que se reir&iacute;an al escuchar el nombre de Plat&oacute;n; que la que se reir&iacute;a ser&iacute;a esa oligarqu&iacute;a indigna, estropeada por el bajo nivel de nuestras universidades y por el pragmatismo eclesi&aacute;stico, enemigo de las grandes actividades del esp&iacute;ritu. Eso lo dijo Machado. Ese pragmatismo, esa &ldquo;practiconer&iacute;a&rdquo;, ese &ldquo;amigantismo&rdquo; [palabras del particular diccionario Lled&oacute;], ha corrompido a toda una parte del pa&iacute;s, pero, pese a todo, yo tengo esperanza. El otro d&iacute;a tuve una experiencia preciosa, paseaba por las calles de Sevilla y un se&ntilde;or que yo no conoc&iacute;a para nada se acerc&oacute; a m&iacute;, me dio la mano y me dijo: &ldquo;Don Emilio, que viva usted 200 a&ntilde;os&rdquo;. Llegar a los 200 ser&iacute;a algo muy aburrido, pero unos cuantos a&ntilde;os m&aacute;s si me gustar&iacute;a vivir para ver c&oacute;mo logramos cambiar todo esto.</p>
<p>- &ldquo;Todav&iacute;a cabe esperar&rdquo;, es uno de los mensajes de Lled&oacute;. &iquest;Consideras que estamos en puertas hacia otra cosa, se puede vislumbrar ya algo nuevo, mejor?</p>
<p>- &nbsp;S&iacute;. Yo creo que s&iacute;. Yo conf&iacute;o en la juventud. Los casos de corrupci&oacute;n, la corriente de las actuales pol&iacute;ticas a nivel europeo, est&aacute;n despertando las conciencias. Un despertar que pone de manifiesto que por ese camino no se va a ninguna parte, que ning&uacute;n pa&iacute;s organizado por sinverg&uuml;enzas puede tener futuro. Por eso hay que impedirlo, hay que luchar por todos los medios para que la degeneraci&oacute;n mental no se transmita a la sociedad, para que ning&uacute;n degenerado, y lo digo con todas las palabras y las letras, pueda tener poder. &ldquo;Corruptos a la calle&rdquo;, esa es la &uacute;nica soluci&oacute;n ante lo que est&aacute; pasando. Es muy importante que la sociedad reaccione y por eso a m&iacute; me parece interesant&iacute;simo el surgimiento de movimientos sociales, de plataformas c&iacute;vicas. Pienso, por ejemplo, en c&oacute;mo determinados sectores de la sociedad se han escandalizado ante los escraches, hasta el punto de criminalizarlos. Pero, &iquest;no estamos sometidos a muchos m&aacute;s escraches pol&iacute;ticos por la degeneraci&oacute;n de una pol&iacute;tica anti-p&uacute;blico, defensora de un liberalismo que no tiene ning&uacute;n sentido, que se basa en la defensa de los privilegios de quienes ostentan el poder? Naturalmente que esa gente no quiere que eso sea controlado por nadie. Aqu&iacute; no puedo evitar volver a repetirme: lo p&uacute;blico es la esencia de la democracia y la cultura es la esencia de lo p&uacute;blico y de la democracia. Por eso hay que empezar a construir desde la escuela, una escuela que tiene que ser igualitaria y p&uacute;blica. El dinero no puede determinar los niveles de la educaci&oacute;n.</p>
<p>- Pero hace ya tiempo que la cultura est&aacute; siendo vapuleada. Vivimos en los tiempos de los mercados, donde s&oacute;lo vale lo que puede ser cuantificado, el espect&aacute;culo, la televisi&oacute;n basura...</p>
<p>- S&iacute;, yo s&eacute; mucho de todo eso. Hace unos a&ntilde;os presid&iacute; un comit&eacute; [2004-2005: Consejo de Sabios, llegada de Jos&eacute; Luis Rodr&iacute;guez Zapatero al poder] que pretend&iacute;a iniciar una reforma de los medios de comunicaci&oacute;n p&uacute;blicos, de la RTVE. Pas&eacute; diez meses de mi vida estudiando la televisi&oacute;n, leyendo libros en todos los idiomas sobre el tema, pero hubo quienes me criticaron porque no entend&iacute;an que, dado mi papel, no tuviese una televisi&oacute;n en casa. &iquest;No basta con haber visto un solo programa basura para saber lo que es?, me preguntaba yo. Entregu&eacute; diez meses de mi vida gratis, como el resto de mis compa&ntilde;eros, porque sent&iacute; que era mi deber y no me arrepiento de haber entregado ese tiempo, pero no han faltado quienes me han dicho que fuimos tontos por no cobrar. En esta sociedad los que no se lucran son considerados tontos, pero en realidad la gran desgracia es la obsesi&oacute;n por el dinero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Cada vez estoy m&aacute;s convencido de que la cultura es la salvaci&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Crees que llegar&aacute; un d&iacute;a en que el dinero vuelva a ocupar el lugar que le corresponde?</p>
<p>- Yo cada vez estoy m&aacute;s convencido de que la cultura es la salvaci&oacute;n, la cultura a trav&eacute;s de la educaci&oacute;n, desde ni&ntilde;os. Somos agua, aire. Sin estos elementos no puede haber tecnolog&iacute;a, sin estos elementos adi&oacute;s m&aacute;quinas digitales. Somos naturaleza, pero al mismo tiempo los seres humanos inventamos otros principios fundamentales parecidos al agua, al aire, al fuego, a la tierra. Esos principios son: la justicia, el bien, la verdad, la belleza. Esos son nuestros tesoros, esa es la cultura. Ah&iacute; est&aacute; el camino. Lo dem&aacute;s es miseria, codicia, corrupci&oacute;n, degeneraci&oacute;n, la vuelta a la caverna en el sentido m&aacute;s siniestro de la palabra. Los pol&iacute;ticos que no entiendan eso tendr&iacute;an, si son decentes, que dejarlo, pero si son indecentes es la sociedad la que tiene que echarlos. Hay que fomentar la conciencia cr&iacute;tica. Todos somos fil&oacute;sofos. El principio, la l&iacute;nea primera de la metaf&iacute;sica de Arist&oacute;teles dice que todos los seres humanos tienden por naturaleza a entender, a saber; luego algunos leemos a Kant, pero todos queremos saber en qu&eacute; consiste vivir y es la educaci&oacute;n la que tiene que saciar esa necesidad de cultura que llevamos dentro. Yo no me canso de maravillarme ante las preguntas de mis nietas, preguntas que me recuerdan a las que me hac&iacute;an mis hijos de peque&ntilde;os. Es prodigiosa esa frescura innata de los ni&ntilde;os y es una l&aacute;stima que caigan en &nbsp;colegios donde les meten una ristra de frases hechas que los empobrece mentalmente. La educaci&oacute;n es fundamental&iacute;sima.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Hoy, pese a todo el progreso alcanzado, vivimos en la desesperanza&rdquo;</strong></p>
<p>- Pese a todos los avances en el terreno de la ciencia, de la tecnolog&iacute;a, tenemos la sensaci&oacute;n de vivir en una &eacute;poca oscura. Es cierto que no podemos perder la perspectiva, que ha habido etapas de total desolaci&oacute;n: guerras, cat&aacute;strofes, pestes, hambrunas; pero, sin embargo, si hay algo que caracteriza el presente es la falta de ilusi&oacute;n en el futuro, la decepci&oacute;n, la frustraci&oacute;n. En otros momentos, pese a la gravedad de los acontecimientos, se cre&iacute;a en el avance, en ir a mejor, pero ahora.... &iquest;C&oacute;mo lo ves?</p>
<p>- Yo pienso que la falta de perspectiva la tienen quienes minimizan los males del presente recurriendo al pasado y sus terrores. Hoy vivimos mucho mejor, tenemos unos adelantos m&eacute;dicos, t&eacute;cnicos, estupendos. Pero precisamente por todo eso resulta m&aacute;s incomprensible que no estemos mucho m&aacute;s avanzados en lo que ata&ntilde;e al fluir de las ideas, de la mente. Tenemos muchas ventajas que no ten&iacute;amos en el XIX, ni a principios del XX. Nuestra situaci&oacute;n es totalmente diferente, no vale establecer comparaciones. Yo recuerdo qu&eacute; infelices, inquietos, intranquilos, pod&iacute;amos estar los docentes y los estudiantes, en la &eacute;poca en que yo fui profesor de universidad, despu&eacute;s de la Guerra Civil, pero est&aacute;bamos llenos de ilusi&oacute;n, de esperanza. Sab&iacute;amos que eso no pod&iacute;a seguir as&iacute;, que era una dictadura y que la dictadura no abr&iacute;a camino para nada, salvo para favorecer a una oligarqu&iacute;a econ&oacute;mica o religiosa. Pero ahora, con todo el progreso alcanzado, tendr&iacute;amos que tener al menos la misma &nbsp;esperanza que yo ten&iacute;a hace 50 a&ntilde;os. Y no la tenemos. Ahora, en un mundo tan positivamente esperanzado en adelantos t&eacute;cnicos, estamos en la desesperanza, porque no sabemos hacia d&oacute;nde nos lleva todo esto. Hace unos d&iacute;as escuchaba a un se&ntilde;or en una tertulia de la radio diciendo que lo &uacute;nico en lo que cre&iacute;a era en la ley de los mercados. &iquest;Qu&eacute; ley de mercados? Que estas grandes empresas que han estado enga&ntilde;ando, confundiendo, robando, a la gente, sean las que tengan que merecernos confianza es una barbaridad. El neoliberalismo supone el dominio de los que han tenido mejores posibilidades de educaci&oacute;n para imponerse a los otros. No hay igualdad y por eso es detestable. La esencia de un verdadero liberalismo tendr&iacute;a que ser la lucha por la igualdad, que era un t&eacute;rmino t&eacute;cnico muy bonito, la igualdad de oportunidades, y ha quedado como una frase ah&iacute; flotando, perdida en el aire. Sin embargo, en un momento dado fue inventada. Se ve que la sent&iacute;amos como una necesidad. No. No cabe hacer comparaciones con el pasado. Esper&aacute;bamos otras cosas para la &eacute;poca que vivimos.</p>
<p>- Se han frustrado las expectativas, s&iacute;. &iquest;Resulta demasiado ut&oacute;pico pensar que deber&iacute;amos estar dando el salto hacia el &ldquo;bienser&rdquo;, llevando los logros de las sociedades avanzadas al Tercer Mundo?</p>
<p>- No, para nada. Sin duda deber&iacute;a ser as&iacute;. Pero a los gobernantes del mundo no les interesa lo que hemos logrado, prefieren instaurar la divisi&oacute;n entre dos lados: las oligarqu&iacute;as y las masas; el poder de la democracia olig&aacute;rquica y el resto. Y lo grave es que con las educaciones que se aplican lo que se est&aacute; paralizando es la libertad de pensar, la libertad de crear, de vivir. Si la gente est&aacute; angustiada porque no tiene dinero, porque no tiene trabajo, s&oacute;lo piensa que tiene que liberarse de eso.</p>
<p>- Y la angustia, las dificultades del presente, provocan un miedo que lleva a la par&aacute;lisis, a la no acci&oacute;n.</p>
<p>- S&iacute;. Ese miedo paraliza, se crean sectores que tienen miedo de los otros y eso conduce a la agresividad de la que hablaba antes y que a m&iacute; me parece muy peligrosa. Es una agresividad que se diluye, no hace falta dar golpes de Estado. En el siglo pasado hubo dos guerras feroces que empezaron en Europa. Aunque luego se universalizaron, nacieron aqu&iacute;, en pa&iacute;ses que parec&iacute;an tan ilustrados. Ahora ser&iacute;a muy triste que estuvi&eacute;semos viviendo una tercera guerra soterrada, sin necesidad de ca&ntilde;ones. Yo espero, conf&iacute;o, que la cat&aacute;strofe se acabe parando. Me duele que los pa&iacute;ses del Norte sientan ese desprecio por el Sur. Me duele esa Europa en la que los del Norte piensan que ellos son los trabajadores, pero es que incluso alg&uacute;n pol&iacute;tico catal&aacute;n ha llamado haraganes a los andaluces. A muchos de los primeros emigrantes, de las masas de obreros espa&ntilde;oles que llegaban a Alemania en la posguerra, yo les di clases de alem&aacute;n. Muchos eran del Sur, de Andaluc&iacute;a, de Extremadura, y tengo que decir que pocas veces he visto tanto talento, tanta capacidad y ganas de aprender. Esos muchachos andaluces, tan perezosos, seg&uacute;n los estereotipos, cog&iacute;an un hatillo y se marchaban a ciudades como Frankfurt, cuya sola pronunciaci&oacute;n ya resulta terrible. A los pa&iacute;ses del Norte no les perdono el sostenimiento de esos topicazos, de esas mentiras. Pero es que ah&iacute; sigue hablando la ignorancia, igual que en la imagen de la espa&ntilde;olita con peineta a la que me refer&iacute;a antes. Esos chicos a los que yo di clases de alem&aacute;n tuvieron un gran m&eacute;rito porque hab&iacute;an nacido con un no de plomo en la cabeza: no al pan, no a la cultura, y cogieron el hatillo y se fueron a Alemania y a otros pa&iacute;ses europeos. Que me hablen de la pereza andaluza, antes y ahora, es algo que me revuelve.</p>
<p>- &iquest;Hasta qu&eacute; punto Europa est&aacute; dando la espalda a las fuentes de su memoria, al germen de su cultura, al humillar como lo est&aacute; haciendo a los pueblos del mediterr&aacute;neo, a Grecia, a Italia, a Espa&ntilde;a?</p>
<p>- No tiene sentido la lucha entre el Norte y el Sur. Yo leo bastante prensa extranjera, no todos los d&iacute;as, pero s&iacute; con frecuencia. Y lo que leo sobre mi pa&iacute;s me averg&uuml;enza y me da rabia porque es injusto. Nuestro pa&iacute;s, como dec&iacute;a Machado, es mucho m&aacute;s luminoso y clarividente de lo que se nos quiere presentar, pero, claro, tenemos una clase pol&iacute;tica de desclasados, nunca mejor dicho. Una clase pol&iacute;tica que s&oacute;lo se considera a s&iacute; misma, que no fluye, que no se solidariza, que no se siente com&uacute;n con el resto de la sociedad. Y, por otro lado, &eacute;sta es una &eacute;poca muy especial. Nunca ha habido tantas posibilidades de comunicaci&oacute;n, nunca ha habido tantas posibilidades de tener y de crear bienes.</p>
<p>- Pero el problema es que esas posibilidades se est&aacute;n utilizando para todo lo contrario, para la destrucci&oacute;n, por decirlo de alg&uacute;n modo.</p>
<p>- Claro que s&iacute;. Por ejemplo lo que est&aacute; sucediendo con la sanidad en este pa&iacute;s es un crimen social. Haber alcanzado lo que hemos tenido a nivel sanitario era positiv&iacute;simo, pero no nos han dejado seguir disfrut&aacute;ndolo. Nos est&aacute;n inoculando el virus de la tristeza. Y lo mismo sucede en la educaci&oacute;n. No la mejoran, la destruyen. Y ahora la nueva ley de Seguridad Ciudadana. Por todo eso hay que pedir responsabilidades. Tenemos que tener memoria. Todo eso no tendr&iacute;a que estar ocurriendo en el nivel de desarrollo que hab&iacute;amos alcanzado. No era previsible, no lo esper&aacute;bamos, no corresponde al curso temporal. El otro d&iacute;a ve&iacute;a una definici&oacute;n del diccionario de la Academia que se me ha quedado en la memoria, una definici&oacute;n de la palabra curso que me encant&oacute;: &ldquo;movimiento del agua o de alg&uacute;n l&iacute;quido que en masa continua se desplaza por un cauce&rdquo;. F&iacute;jate qu&eacute; precisi&oacute;n, qu&eacute; bonito, qu&eacute; po&eacute;tico. Pues lo que est&aacute; pasando aqu&iacute; es una masa discontinua. Cuando iba fluyendo la vida, la esperanza, los bienes indudables que hab&iacute;amos alcanzado, han llegado los se&ntilde;ores controladores de esos bienes y los han querido convertir en mercanc&iacute;a, paralizarlos en su provecho olvid&aacute;ndose del resto, y esto quiere decir olvidarse de la educaci&oacute;n, olvidarse de la ciudadan&iacute;a, olvidarse de todos los logros sociales conseguidos.</p>
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<p><strong>&ldquo;Cuando no se tiene sentido cr&iacute;tico, es muy f&aacute;cil caer en la agresividad&rdquo;</strong></p>
<p>- Cada vez estamos m&aacute;s informados, pero, &iquest;realmente es as&iacute;? &iquest;hasta qu&eacute; punto tanta informaci&oacute;n nos confunde?</p>
<p>- Es evidente que vivimos en una sociedad muy interesante porque abunda la informaci&oacute;n. Actualmente hay m&aacute;s medios que nunca para comunicar, pero tambi&eacute;n para manipular, y ah&iacute; est&aacute; el peligro. Las palabras, las informaciones pueden convertirse en tacos de madera que se quedan en el cerebro, que no nos permiten fluir, que nos coagulan las neuronas. La manipulaci&oacute;n puede hacer mucho da&ntilde;o. Pienso, por ejemplo, en lo mucho que se habla &uacute;ltimamente del sacrificio y de la responsabilidad colectivas para asumir los recortes de lo p&uacute;blico. Recuerdo que alguien dijo que la patria es el refugio de los canallas, porque muchas veces los individuos no se paran a pensar en lo que significa. Se limitan a seguir al que les empuja a defenderla sin saber qu&eacute; es realmente. Y cuando no se tiene sentido cr&iacute;tico, cuando no ha habido sugerencias de lectura, cuando no se ha ahondado en el sentido de las palabras, es muy f&aacute;cil lanzarse, caer en la agresividad.</p>
<p>- &iquest;En qu&eacute; est&aacute; trabajando ahora Emilio Lled&oacute;?</p>
<p>- En un ensayo que podr&iacute;a titularse <em>Filia. Una historia del amor y la amistad</em>. Llevo trabajando tanto tiempo en &eacute;l que ya me da verg&uuml;enza nombrarlo. Lo tengo pr&aacute;cticamente hecho, pero necesito disciplinarme, aislarme para terminarlo. Yo creo que con un poco de tranquilidad, si soy avaro de mi tiempo, podr&iacute;a estar listo para mediados de a&ntilde;o.</p>
<p>- La amistad es fundamental para alcanzar la felicidad. Eso tambi&eacute;n lo tuvo claro Epicuro.</p>
<p>- La historia de la amistad es una historia largu&iacute;sima. Los hombres se amaron antes de que supieran qu&eacute; era la justicia. El amor fue casi el primer empuje democr&aacute;tico, porque la amistad surgi&oacute; en un &aacute;mbito familiar: los amigos eran los parientes, los que ten&iacute;an la misma sangre. Eso se rompi&oacute; con la democracia griega. Entonces la amistad, el amor, las relaciones afectivas se inventaron, se construyeron. Empec&eacute; a hacer una historia de todo eso y tengo una monta&ntilde;a de trabajo, pero me di cuenta de que hoy no cabe hacer un libro erudito de 1.000 p&aacute;ginas y me puse a buscar mis ideas propias, originales. Soy consciente de que se trata de un tema trillado, machacado, algunas veces genialmente estudiado por una tradici&oacute;n filos&oacute;fica y literaria y otras cargado de vulgaridades y de tonter&iacute;as. Yo no quisiera participar de las tonter&iacute;as y por eso me lo he tomado con tanta exigencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Somos lenguaje y afecto, lenguaje y amor&rdquo;</strong></p>
<p>- Sin duda es un asunto importante. No podemos vivir sin afecto, pero, sin embargo, se suelen poner otras muchas cosas por delante.</p>
<p>- Sin duda que es importante. Y lo es porque somos lenguaje y amor. Somos lenguaje y cari&ntilde;o, lenguaje y afecto. Lo que pasa es que el lenguaje tiene c&oacute;digos, gram&aacute;ticas, sintaxis, fon&eacute;ticas, fonolog&iacute;as, &nbsp;mientras que el amor vive su vida, sin necesidad de reglas. Hay un c&oacute;digo b&aacute;sico de la amistad, eso s&iacute;, basado en la decencia, en no enga&ntilde;ar. Eso ha quedado dicho desde la &eacute;tica nicom&aacute;quea de Arist&oacute;teles, pero no hay una normativa tan clara, tan maravillosa, tan precisa y al mismo tiempo tan &ldquo;fluyente&rdquo; como la del lenguaje. Dejando eso al margen, lo cierto es que somos seres humanos que a trav&eacute;s de la cultura hemos descubierto qu&eacute; es el amor, qu&eacute; es la amistad, y hemos descubierto la importancia de las palabras, del lenguaje, de la literatura, de la escritura. Lenguaje y afecto son dos fen&oacute;menos radical y esencialmente &nbsp;humanos. Est&aacute;n en la ra&iacute;z misma de la naturaleza, tambi&eacute;n en los animales, los mam&iacute;feros. La madre de unos cachorritos los ama. No sabe que los ama, pero sigue su instinto, un instinto que est&aacute; ah&iacute;, que es como un amor que nos ha ense&ntilde;ado la naturaleza antes de que lleg&aacute;ramos a reflexionar sobre su sentido.</p>
<p>- &iquest;Son estos buenos tiempos para el cultivo de la amistad, no hay demasiados intereses de por medio?</p>
<p>- S&iacute;. Todo va bien cuando nos referirnos a intereses en el sentido de afinidades, de compartir los gustos, las aficiones, los pensamientos comunes con el otro. Ese es el sentido positivo del t&eacute;rmino. Desde ah&iacute; se puede llegar a un nivel de sublimaci&oacute;n de la amistad. Hay un texto en la <em>Magna Moralia</em> de Arist&oacute;teles que dice que igual que cuando yo quiero ver mi rostro me tengo que mirar en un espejo, cuando quiero ver qui&eacute;n soy, qu&eacute; soy, c&oacute;mo me siento, para qu&eacute; soy, tengo que mirarme en el rostro de un amigo, porque el amigo es el &aacute;lter ego. El famoso &aacute;lter ego viene de ah&iacute;. Yo estoy trabajando ahora en lo que quiere decir ese t&eacute;rmino tan bonito, tan literario, al tiempo que estoy profundizando en por qu&eacute; la amistad es lo m&aacute;s necesario de la vida, de d&oacute;nde parte esa necesidad de amistad. Pero volviendo a lo que me preguntas, a ese inter&eacute;s que &nbsp;tiene que ver con el aprovechamiento de la amistad para conseguir favores, te digo que yo a quienes as&iacute; se comportan no los llamo amigos, los llamo amigantes, que tiene que ver con mangantes.</p>
<p>- &iquest;Has tenido grandes amigos? Se dice que grandes amigos, de esos que se mantienen a lo largo de toda la vida, hay muy pocos.</p>
<p>- S&iacute;. Yo puedo decir que tengo dos o tres grandes amigos, que afortunadamente s&eacute; lo que es la amistad y tambi&eacute;n s&eacute; lo que es el amor. Esta necesidad que tenemos de amor es un indicio de que estamos vivos, de que la amistad es una necesidad, igual que el entenderse con las palabras y el leer.</p>
<p>- &iquest;A qu&eacute; autores vuelves siempre, qu&eacute; lecturas no puedes olvidar? Siempre nombras a Kant.</p>
<p>- S&iacute;. A Kant lo he estudiado mucho y me sigue interesando. Vuelvo siempre a la &eacute;tica nicom&aacute;quea de Arist&oacute;teles, a sus libros de Historia Natural. Y tambi&eacute;n he le&iacute;do much&iacute;sima literatura. Uno de los mayores gozos que recuerdo fue leer &ldquo;La monta&ntilde;a m&aacute;gica&rdquo; en alem&aacute;n. Yo la hab&iacute;a descubierto de joven en la versi&oacute;n espa&ntilde;ola de Mario Verdaguer y confieso que me gust&oacute; mucho, pero cuando volv&iacute; a ella en su lengua original, fue algo inolvidable. Tambi&eacute;n te puedo citar a Rilke, a Goethe... Leo much&iacute;sima poes&iacute;a. El otro d&iacute;a estaba repasando, por ejemplo, el &ldquo;Romancero gitano&rdquo; de Lorca. Resulta que coincid&iacute; con unas amigas hace poco, habl&aacute;bamos del oto&ntilde;o y yo les recit&eacute; de memoria unos versos: &ldquo;El oto&ntilde;o vendr&aacute; con amapolas,/ uva de niebla y montes agrupados&rdquo;. Una de ellas me dijo, con raz&oacute;n, que las amapolas no eran flor de oto&ntilde;o y entonces fui a comprobarlo y, efectivamente, &nbsp;en vez de amapolas el poeta hab&iacute;a escrito &ldquo;caracolas&rdquo;. &ldquo;El oto&ntilde;o vendr&aacute; con caracolas&rdquo;. Yo ya hab&iacute;a hecho una explosi&oacute;n absurda contra la naturaleza. Una mala jugada de la memoria (risas). Podr&iacute;a seguir recitando otros versos del &ldquo;Romancero&rdquo;. No me cuesta memorizar. Y tambi&eacute;n leo mucha poes&iacute;a griega, por ejemplo a Safo.</p>
<p>[La poes&iacute;a va poniendo fin a la conversaci&oacute;n. Lled&oacute; levanta una peque&ntilde;a monta&ntilde;a de papeles y aparece una edici&oacute;n biling&uuml;e de Kavafis. Se&ntilde;ala que el otro d&iacute;a le regalaron un libro de Juan Ram&oacute;n que le devolvi&oacute; a sus versos y confiesa acudir mucho a Machado. Las manos vuelven a captar su atenci&oacute;n. &ldquo;El tacto, esta maravilla del cuerpo&rdquo;, se&ntilde;ala mientras se las pone delante de los ojos. Y sigue recreando los pensamientos de Arist&oacute;teles. &ldquo;Un hombre piensa porque tiene manos y ama porque tiene manos. La mano es como el alma, todas las cosas. La capacidad de movilidad de la mano la &nbsp;convierte en una especie de frontera m&oacute;vil que nos pone en contacto con el mundo, con los otros. Pero ahora, con esto de las nuevas tecnolog&iacute;as, yo no veo m&aacute;s que dedos, deditos desplaz&aacute;ndose sobre las pantallas de los m&oacute;viles y tabletas. Yo creo que si seguimos as&iacute; dentro de varios siglos tendremos un mu&ntilde;&oacute;n afilado con un dedo&rdquo;. Se r&iacute;e Lled&oacute; al decir esto &uacute;ltimo. Re&iacute;mos ya en la despedida. Al salir, en la calle, me fijo en los &aacute;rboles y toco sus troncos lentamente, sus asperezas, su robustez. Me prometo detenerme ante la ca&iacute;da de las hojas, ante los ecos, los sentidos, los latidos de las palabras. Es el efecto Lled&oacute;.]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 20 May 2015 11:43:56 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Culminación del patronazgo de San Benito de Nursia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/culminacion-del-patronazgo-de-san-benito-de-nursia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas15/Mayo/francisco_ferrerquinientos.jpg" alt="" /></p>
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<p>De los caminantes de llanura</p>
<p>De los mercaderes de comestibles, especialmente de carne</p>
<p>De los archiveros</p>
<p>De los agricultores</p>
<p>De los ingenieros</p>
<p>De los curtidores</p>
<p>De los moribundos</p>
<p>De los granjeros</p>
<p>De la villa de Heerdt cerca de&nbsp;<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/D%C3%BCsseldorf">D&uuml;sseldorf</a>&nbsp;en&nbsp;<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Alemania">Alemania</a></p>
<p>De las enfermedades inflamatorias</p>
<p>De los arquitectos italianos</p>
<p>De los que padecen la enfermedad renal</p>
<p>De la villa de Nursia</p>
<p>De los religiosos (enti&eacute;ndase pertenecientes a congregaciones religiosas)</p>
<p>De los escolares</p>
<p>De los criados</p>
<p>De los espele&oacute;logos</p>
<p>Del sentimiento exhausto</p>
<p>De las brumas de traici&oacute;n</p>
<p>Del equipo de soldados que elimina perros</p>
<p>Del hombre pez que habita en la piscina</p>
<p>De quien abrasa en secreto</p>
<p>Del prelado Oppas</p>
<p>De la selva de materias predicables</p>
<p>De quien come ni&ntilde;os ajenos</p>
<p>Del desarrollo inane</p>
<p>Del animal &iacute;mprobo</p>
<p>Del fresno</p>
<p>De la grasa ambigua</p>
<p>Del rostro fascinante</p>
<p>Del zafiro</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 15 May 2015 11:27:33 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cavernas del sentido]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/cavernas-del-sentido/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas15/Mayo/clarajanesquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">sombra</p>
<p style="padding-left: 540px;">proceso en c&iacute;rculo&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">no cegado</p>
<p style="padding-left: 540px;">sombra</p>
<p style="padding-left: 540px;">sin amor selva</p>
<p style="padding-left: 540px;">pura</p>
<p style="padding-left: 540px;">y cae la sombra</p>
<p style="padding-left: 540px;">en el regazo de la vida</p>
<p style="padding-left: 540px;">himno a la muerte</p>
<p style="padding-left: 540px;">que se remansa</p>
<p style="padding-left: 540px;">en su propio seno</p>
<p style="padding-left: 540px;">gravedad del ser</p>
<p style="padding-left: 540px;">gravedad</p>
<p style="padding-left: 540px;">de la sombra</p>
<p style="padding-left: 540px;">sombra</p>
<p style="padding-left: 540px;">y sombra te invoco</p>
<p style="padding-left: 540px;">en la escarcha blanca</p>
<p style="padding-left: 540px;"><em>&nbsp;</em></p>
<p style="padding-left: 540px;"><em>&nbsp;i ara les fletxes de la nit </em></p>
<p style="padding-left: 540px;"><em>&nbsp;obrin cavalls dins</em></p>
<p style="padding-left: 540px;"><em>&nbsp;l&rsquo;herba de la matinada</em></p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;&nbsp;&nbsp; [<em>con una cita de Jenaro Talens</em>]</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 15 May 2015 11:16:40 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El canto de la alondra]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-canto-de-la-alondra/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas15/Mayo/miguelveyratquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left; padding-left: 420px;" align="right"><em>A Virginia Cowley Swinnerton</em></p>
<p style="padding-left: 420px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 420px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 420px;">Nada puede domar la violencia, vencida</p>
<p style="padding-left: 420px;">la raz&oacute;n por un s&uacute;bito desmayo</p>
<p style="padding-left: 420px;">en que s&oacute;lo se escucha</p>
<p style="padding-left: 420px;">su grito encerrado. Nada detiene</p>
<p style="padding-left: 420px;">al libertinaje, como ya anunciara otro</p>
<p style="padding-left: 420px;">divino marqu&eacute;s. Nada lo detiene.</p>
<p style="padding-left: 420px;">Es cierto &mdash;y yo no s&eacute; c&oacute;mo</p>
<p style="padding-left: 420px;">y de qu&eacute; modo nos suceder&aacute; alg&uacute;n d&iacute;a</p>
<p style="padding-left: 420px;">amor m&iacute;o. Pero el tab&uacute;</p>
<p style="padding-left: 420px;">s&oacute;lo existe para ser violado. Yo siento</p>
<p style="padding-left: 420px;">que me pierdo en ti y siento que</p>
<p style="padding-left: 420px;">me inunda un gran oc&eacute;ano</p>
<p style="padding-left: 420px;">de sangre. Mas t&uacute; mi dulce amada</p>
<p style="padding-left: 420px;">me ayudaste a salir de la marea,</p>
<p style="padding-left: 420px;">limpiaste mis ojos y tom&aacute;ndome</p>
<p style="padding-left: 420px;">la mano con cari&ntilde;o as&iacute; entonabas: &ldquo;Tras</p>
<p style="padding-left: 420px;">el canto de la alondra muri&oacute; Julieta;</p>
<p style="padding-left: 420px;">y tu grito se desvaneci&oacute; entre mis brazos&rdquo;.</p>
<p style="padding-left: 420px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 420px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 15 May 2015 10:49:46 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aunque nada importe]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/aunque-nada-importe/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2015/mayo/JAVIER_SALVAGO.jpg" alt="" /></p>
<p>Habiendo desempe&ntilde;ado un papel central en la renovaci&oacute;n po&eacute;tica de signo clasicista (y, en su caso, abiertamente &ldquo;antinov&iacute;simo&rdquo;) que se produce en la poes&iacute;a espa&ntilde;ola de finales de los setenta y principios de los ochenta con Sevilla como uno de sus focos m&aacute;s importantes, Javier Salvago (1950) ha mantenido a lo largo de los a&ntilde;os una inquebrantable lealtad a su propia voz (heredera de B&eacute;cquer y los Machado, de la escuela sevillana &aacute;urea y de la tradici&oacute;n m&aacute;s estilizada y sobria de poes&iacute;a popular) y una admirable regularidad cuyos frutos quedaron recogidos en <em>Variaciones y reincidencias</em> (Renacimiento), sus poes&iacute;as completas hasta 1997. Posteriormente, y tras un largo silencio de alrededor de quince a&ntilde;os, apareci&oacute; <em>Nada importa nada</em> (Isla de Siltol&aacute;, 2011), libro no menos fundamental que su obra anterior donde se encontraban acaso algunos de sus m&aacute;s brillantes poemas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Partiendo del m&aacute;s radical estoicismo y de una visi&oacute;n acusadamente determinista de la existencia y contemplando los tintes crepusculares del horizonte desde la atalaya de los a&ntilde;os, Salvago se enfrentaba all&iacute; al balance de su recorrido vital y el sentido de su labor po&eacute;tica. Y la nueva colecci&oacute;n de poemas que se publica ahora podr&iacute;a ser perfectamente una continuaci&oacute;n de aquel &uacute;ltimo libro en cuanto a ese prop&oacute;sito, aunque en este puedan advertirse, no obstante, diferencias de forma y de tono como el predominio del verso corto (en un poeta que tan habitualmente ha venido cultivando el endecas&iacute;labo y el alejandrino en poemas de cierta extensi&oacute;n, como sus memorables sextinas) y del poema breve, escueto, m&aacute;s desnudo que nunca. Ya de tipo epigram&aacute;tico, de corte popular o en el molde del haiku (que en sus manos adquiere un llamativo car&aacute;cter personal y afor&iacute;stico), el tono del poema se vuelve en bastantes ocasiones bronco, directo, descarnado. El tono de quien se enfrenta a la realidad sin edulcorantes y cuenta (y se cuenta) verdades sin contemplaciones.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pocos poetas contempor&aacute;neos han tenido una visi&oacute;n tan clara de la creaci&oacute;n de poes&iacute;a como <em>oficio</em> total, como exigente camino de autoconocimiento que conlleva una especie de depuraci&oacute;n moral en pos de la verdad &uacute;ltima de s&iacute; mismo. Pocos han parecido quitarle tanta importancia al mismo tiempo, lejos de cualquier complacencia en la figura del poeta como ser excepcional distinto del resto de los hombres: &ldquo;Con el yo de mi canci&oacute;n / no te excluyo, compa&ntilde;ero; / t&uacute; eres ese yo&rdquo;. La vida del poeta es en sus versos la vida de cualquiera. El antih&eacute;roe com&uacute;n que habita en cada uno de nosotros.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De esa aparente contradicci&oacute;n han surgido algunos de sus m&aacute;s hermosos poemas sobre la poes&iacute;a como necesitad vital. Y no es casual que este libro se abra precisamente con un poema titulado &ldquo;La poes&iacute;a&rdquo; que, precedido de una cita borgiana (&ldquo;la vieja mano / sigue trazando versos / para el olvido&rdquo;) nos recuerda esa batalla perdida de antemano contra el mundo y contra el tiempo que, a pesar de todo, el poeta sigue sinti&eacute;ndose irremisiblemente obligado a librar, aunque signifique: &ldquo;Ver que a nadie le importa / despu&eacute;s de tantos a&ntilde;os / lo que a ti te importaba, / hasta ayer mismo, tanto&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero no solo de poes&iacute;a habla este libro que tanto tiene de recuento y retrospectiva. Los poemas m&aacute;s destacables de su parte inicial (&ldquo;Ajuste de cuentas&rdquo;, &ldquo;La verdad verdadera&rdquo;, &ldquo;Infierno&rdquo;) son una reflexi&oacute;n sobre el triunfo y el fracaso, el coraje y la cobard&iacute;a, el remordimiento y la aceptaci&oacute;n del error. Y, convencido de que el peor de los pecados que un hombre puede cometer es enga&ntilde;arse a s&iacute; mismo sobre qui&eacute;n es, el poeta no vacila en poner nombre a sus errores: &ldquo;la falta de ambici&oacute;n y el miedo / te hicieron elegir siempre el camino / m&aacute;s largo y sinuoso, el m&aacute;s adverso&rdquo;. La serie titulada &ldquo;Haikus de la frontera&rdquo; aborda la muerte desde la iron&iacute;a m&aacute;s caracter&iacute;stica del autor: &ldquo;Lloran por m&iacute;. / Pero yo de ese sue&ntilde;o / me he despertado&rdquo;. Y a&uacute;n encontraremos&nbsp; otros dos epitafios de tono semejante junto a una curiosa serie de tres sonetos cuasimetaf&iacute;sicos y un hermoso y emotivo poema final que rinde homenaje a la memoria del desaparecido Fernando Ortiz.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Nos hallamos sin duda ante un poeta que no necesita m&aacute;scaras para hablar, que no ha precisado nunca disfraces culturalistas ni personajes interpuestos para emplear la primera persona. &ldquo;Otro de mis errores / fue obstinarme en contar / las cosas como eran, / en mostrarme tal cual [...]&rdquo;, se reprocha a s&iacute; mismo en un poema titulado &ldquo;Sin pudor ni verg&uuml;enza&rdquo;. Pero junto a los poemas m&aacute;s confesionales e introspectivos destaca sobre todo en este libro el Salvago popularizante y moralista de las series de soleares, haikus, apuntes y coplas, donde probablemente se encuentran sus mayores aciertos: &ldquo;la libertad es saber / qu&eacute; nos ata, qu&eacute; nos mueve, / d&oacute;nde vamos y por qu&eacute;&rdquo;, y los instantes de m&aacute;s intensa hondura: &ldquo;Cuando el dolor se prolonga / ni ense&ntilde;a ni purifica. / Te llena el alma de sombra&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Un antih&eacute;roe es un perdedor / que acepta la derrota de la vida, / pero que no se rinde&rdquo;, leemos en uno de esos &ldquo;Apuntes&rdquo;. Al acabar el libro sabemos que el poeta Javier Salvago no se ha rendido tampoco.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Javier Salvago, <em>Una mala vida la tiene cualquiera</em>,<em> </em>Sevilla, Isla de Siltol&aacute;, 2014.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 08 May 2015 11:19:27 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El amor necesita miradas de terceros]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-amor-necesita-miradas-de-terceros/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2015/mayo/claudio600.jpg" alt="" /></p>
<p>"Debemos buscar un tercero que nos mire, nos envidie y nos reproche. Entre dos personas solas el amor no es posible...". As&iacute; se interrumpe uno de los textos m&aacute;s importantes jam&aacute;s escritos acerca de la pasi&oacute;n amorosa, acerca de su insostenible af&aacute;n de absoluto, acerca de la totalidad que arranca de cualquier otra realidad: el fragmento <em>Viaje al para&iacute;so </em>incluido en la parte inconclusa de <em>El hombre sin atributos </em>de Robert Musil.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como en el texto musiliano -obra maestra en la obra maestra- tambi&eacute;n en <em>La tercera persona</em>, de &Aacute;lvaro de la Rica (Ediciones Alfabia, 2012), la presencia de un tercero en el amor no tiene nada que ver con el rancio <em>m&eacute;nage &agrave; trois </em>ni con ninguna resabiada transgresi&oacute;n er&oacute;tica. Es la intensidad de un amor total, el absoluto de un amor que, en Musil, necesita de una relajaci&oacute;n; tiene necesidad del mundo, de su relatividad y de su banalidad, es decir, de terceras personas que, precisamente porque son extra&ntilde;as a la incandescente plenitud de Eros, ayudan a encontrar aquella indiferente costumbre cotidiana que no se puede dejar de lado, porque no se puede estar siempre en la cumbre y en el coraz&oacute;n de la vida, en lo esencial, como tampoco se puede permanecer estable en una perfecta tensi&oacute;n m&iacute;stica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>M&aacute;s all&aacute; de la incomparable grandeza de Musil, la intensa y potente novela de &Aacute;lvaro de la Rica afronta con fuerza po&eacute;tica y con sobriedad el tema del amor y de su relaci&oacute;n con aquella tercera persona que siempre es el mundo respecto a Eros. Nacido en 1965 en Madrid y profesor en la Universidad de Navarra, &Aacute;lvaro de la Rica es un escritor agudo y original, autor de ensayos interesant&iacute;simos (como uno fundamental acerca de Kafka) y de una novela, como la reciente <em>No te vayas sin m&iacute;</em>, que vuelve sobre el tema de la cercan&iacute;a/lejan&iacute;a del amor y, adem&aacute;s, retoma expl&iacute;citamente <em>La tercera persona</em>, que se convierte aqu&iacute; casi en el pr&oacute;logo de una historia m&aacute;s vasta. Libros invadidos por una profunda humanidad, por una <em>pietas </em>religiosa y desprejuiciada, por un sentido de la sagrada, dolorosa y apasionada condici&oacute;n humana, todo ello expresado con una concisa precisi&oacute;n estil&iacute;stica.</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em>La tercera persona </em>se articula en tres partes. En la primera, la historia de dos amantes encuentra un oyente en un casual vecino de mesa en un <em>bistr&oacute;</em>, aquel "otro" sin el cual nuestras historias no existir&iacute;an, porque una historia no contada y no escuchada por nadie es como si no existiese. Aquel tercero es el mundo que devuelve como un eco las historias que le llegan; eco que se enreda con las otras voces creando un coro o, por lo menos, un contracanto, un di&aacute;logo en el que esas voces, las palabras, los sentimientos y las cosas adquieren un significado posterior.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En los dos cap&iacute;tulos que siguen, una mujer le habla a un hombre y el hombre le habla a la mujer de su historia conjunta, de su v&iacute;nculo estrecho y fr&aacute;gil, del tercero que ha entrado en sus vidas interponi&eacute;ndose entre ellos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tambi&eacute;n en estas p&aacute;ginas, como en <em>No te vayas sin m&iacute;</em>, &Aacute;lvaro de la Rica se adentra en los meandros de la existencia en los que, entre los amantes -que querr&iacute;an ser una sola cosa pero no pueden lograrlo, por causas tanto externas como internas, y que tal vez no resistir&iacute;an el hecho de ser aut&eacute;nticamente una sola cosa- se introduce alguien o algo que los coloca en un camino que, tal vez, es el humanamente m&aacute;s justo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>Il Corriere della Sera,</em> 13 de agosto de 2014.</p>
<p style="text-align: left;" align="right">Traducci&oacute;n al castellano de Victor Balcells Mata</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 08 May 2015 11:19:07 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poemas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/poemas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2015/mayo/gerardo600.jpg" alt="" /></p>
<p align="center"><strong>GERARDO VACANA</strong></p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Gerardo Vacana naci&oacute; en 1929 en Gallinaro (Frosinone, Lacio), donde reside. Entre otros libros, ha publicado: <em>Variazioni sul reale</em>, <em>Taccuino greco e altri versi</em> y <em>L&rsquo;orto</em>.En espa&ntilde;ol: <em>Variaciones sobre lo real</em>, La Poes&iacute;a, se&ntilde;or hidalgo, Barcelona, 2002;<em> Cuaderno griego y otros poemas</em>, El otro el mismo, M&eacute;rida, Venezuela, 2007; y <em>La luz muy temprano</em>, Fundaci&oacute;n Inquietudes-Asociaci&oacute;n Po&eacute;tica Caudal, Madrid, 2012. En catal&aacute;n: <em>Quadern grec i altres poemes</em>, Emboscall Editorial, Barcelona, 2011.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><br /> <br /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <strong>EXISTIR ES RESISTIR</strong><br /> <br /> Existir es resistir.<br /> Siempre.<br /> No s&oacute;lo al ocupante.<br /> <br /> Resistir tambi&eacute;n en la paz:<br /> a los males al mal.<br /> De por vida.<br /> <br /> <br /> <br /> <br /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <strong>INDECIBILIDAD DE LO VERDADERO</strong><br /> <br /> S&oacute;lo lo inicial<br /> lo intacto<br /> lo no dicho<br /> es verdadero<br /> es exacto.<br /> <br /> <br /> <br /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <strong>SOBRE LA POES&Iacute;A</strong><br /> <br /> No se niega el sabor<br /> de las casta&ntilde;as. Al contrario.<br /> (Se alcanza con alg&uacute;n esfuerzo:<br /> es preciso pasar<br /> por el erizo y la doble corteza.)<br /> &iquest;Pero por qu&eacute; negar valor<br /> a las dulces pulpas,<br /> que se ofrecen inmediatas<br /> al disfrute, al mordisco?&nbsp;<br /> </p>
<p><br /> <br /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <strong>EL MURO A SECO&nbsp;</strong><br /> <br /> El muro a seco detr&aacute;s de casa<br /> esconde entre piedra y piedra<br /> serpientes y caracoles en abundancia.<br /> Nosotros no lo demolemos,<br /> ni rellenamos los espacios vac&iacute;os<br /> con cemento.<br /> Nos persuade su belleza<br /> &mdash;todo de piedra viva<br /> y obra de una excelente mano&mdash;,<br /> nos quedamos con sabidur&iacute;a<br /> nutrici&oacute;n y espanto.<br /> <br /> <br /> &nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; EL ACONTECIMIENTO EN BUSCA DE AUTOR</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El acontecimiento grande o m&iacute;nimo</p>
<p>pasa por mil bocas distra&iacute;das</p>
<p>sufre mil tergiversaciones</p>
<p>pero reclama verdadera atenci&oacute;n</p>
<p>busca un paso</p>
<p>entre gente resuelta, indiferente,</p>
<p>llega hasta ti</p>
<p>atenta, inquieta desembocadura</p>
<p>terminal doliente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por m&aacute;s esfuerzos que haga</p>
<p>tu mente (mente, no mar)</p>
<p>no le devolver&aacute;</p>
<p>la original pureza</p>
<p>la inicial, intacta verdad.&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">Traducci&oacute;n: Carlos Vitale</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 08 May 2015 11:12:10 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La hierba de las noches]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-hierba-de-las-noches/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas15/Mayo/PATRICK_MODIANO_2.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>Para Orson&nbsp; </em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p>&nbsp; Pues no lo so&ntilde;&eacute;. A veces me sorprendo diciendo esa frase por la calle, como si oyese la voz de otro. Una voz sin matices. Nombres que me vuelven a la cabeza, algunos rostros, algunos detalles. Y nadie ya con quien hablar de ellos. S&iacute; que deben de quedar dos o tres testigos que est&aacute;n todav&iacute;a vivos. Pero seguramente se les habr&aacute; olvidado todo. Y, adem&aacute;s, uno acaba por preguntarse si hubo de verdad testigos.</p>
<p>&nbsp; No, no lo so&ntilde;&eacute;. La prueba es que tengo una libreta negra llena de notas. En esta niebla, necesito palabras exactas y miro el diccionario. Nota: escrito breve que se hace para recordar algo. Las p&aacute;ginas de la libreta son una sucesi&oacute;n de nombres, de n&uacute;meros de tel&eacute;fono, de fechas de citas y tambi&eacute;n de textos cortos que a lo mejor tienen algo que ver con la literatura. Pero &iquest;en qu&eacute; categor&iacute;a hay que clasificarlos? &iquest;Diario &iacute;ntimo? &iquest;Fragmentos de memoria? Y tambi&eacute;n cientos de anuncios por palabras copiados de los peri&oacute;dicos. Perros perdidos. Pisos amueblados. Demandas y ofertas de empleo. Videntes.</p>
<p>&nbsp; De entre todas esas notas, algunas tienen un eco mayor que otras. Sobre todo cuando nada altera el silencio. Hace mucho que no suena el tel&eacute;fono. Ni nadie llamar&aacute; a la puerta. Deben de creer que me he muerto. Est&aacute; uno solo, atento, como si quisiera captar se&ntilde;ales Morse que un interlocutor desconocido le env&iacute;a desde muy lejos. Muchas se&ntilde;ales llegan con interferencias y por mucho que afine uno el o&iacute;do se pierden para siempre. Pero hay nombres que destacan con nitidez en el silencio y en la p&aacute;gina blanca&hellip;</p>
<p>&nbsp; Dannie, Paul Chastagnier, Aghamouri, Duwelz, G&eacute;rard Marciano, &ldquo;Georges&rdquo;, Unic H&ocirc;tel, calle de Montparnasse&hellip; Si no recuerdo mal, en ese barrio andaba yo siempre con la guardia alta. El otro d&iacute;a, pas&eacute; por casualidad. Not&eacute; una sensaci&oacute;n muy rara. No la sensaci&oacute;n de que hubiera pasado el tiempo, sino de que otro yo, un gemelo, rondaba por las inmediaciones; que no hab&iacute;a envejecido y segu&iacute;a viviendo en los m&iacute;nimos detalles, y hasta el final de los tiempos, lo que viv&iacute; aqu&iacute; durante una temporada muy breve.</p>
<p>&nbsp; &iquest;De qu&eacute; depend&iacute;a el malestar que notaba tiempo atr&aacute;s? &iquest;Era por esas calles a la sombra de una estaci&oacute;n y de un cementerio? De repente, me parec&iacute;an anodinas. Hab&iacute;a cambiado el color de las fachadas. Mucho m&aacute;s claras. Nada de particular. Una zona neutral. &iquest;Era realmente posible que un doble que hubiera dejado yo aqu&iacute; siguiera repitiendo todos y cada uno de mis antiguos gestos y recorriendo mis antiguos itinerarios por toda la eternidad? No, aqu&iacute; no quedaba ya nada de nosotros. El tiempo hab&iacute;a arramblado con todo. El barrio era nuevo y lo hab&iacute;an saneado, como si lo hubieran vuelto a construir en el emplazamiento de un islote insalubre. Y aunque la mayor&iacute;a de los edificios eran los mismos, le daban a uno la impresi&oacute;n de hallarse ante un perro disecado, un perro que hubiera sido de uno y al que hubiera querido cuando estaba vivo.</p>
<p>&nbsp; Ese domingo por la tarde, durante el paseo, intent&eacute; recordar qu&eacute; pon&iacute;a en la libreta negra, que lamentaba no llevar en el bolsillo. Horas a las que hab&iacute;a quedado con Dannie. El n&uacute;mero de tel&eacute;fono del Unic H&ocirc;tel. Los nombres de las personas con quienes me encontraba all&iacute;. Chastagnier, Duwelz, G&eacute;rard Marciano. El n&uacute;mero de tel&eacute;fono de Aghamouri en el pabell&oacute;n de Marruecos de la Ciudad Universitaria. Breves descripciones de diversas zonas de ese barrio que ten&iacute;a el proyecto de titular &ldquo;Los adentros de Montparnasse&rdquo;, pero, treinta a&ntilde;os despu&eacute;s, descubr&iacute; que se t&iacute;tulo lo hab&iacute;a usado ya un tal Oser Warszawski.</p>
<p>&nbsp; Un domingo de octubre a media tarde me llevaron, pues, mis pasos a esa zona por la que otro d&iacute;a de la semana habr&iacute;a evitado pasar. No, no se trataba de una peregrinaci&oacute;n de verdad. Pero los domingos, sobre todo a media tarde y si uno est&aacute; solo, abren en el tiempo algo as&iacute; como una brecha. Basta con colarse por ella. Un perro disecado al que uno quiso cuando estaba vivo. Cuando estaba pasando delante del edificio grande, blanco y beige sucio, el n&uacute;mero 11 de la calle de Odessa &ndash;iba por la acera de enfrente, la de la derecha-, not&eacute; algo as&iacute; como si saltase un muelle, esa clase de v&eacute;rtigo que le entra a uno precisamente cada vez que se abre una brecha en el tiempo. Me qued&eacute; quieto con la vista clavada en las paredes del edificio que rodeaban el patinillo. All&iacute; era donde Paul Chastagnier aparcaba siempre el coche cuando viv&iacute;a en una habitaci&oacute;n del Unic H&ocirc;tel, en la calle de Le Montparnasse. Una noche, le pregunt&eacute; por qu&eacute; no dejaba el coche delante del hotel. Puso una sonrisa apurada y me contesto, encogi&eacute;ndose de hombros: &ldquo;Por precauci&oacute;n&hellip;&rdquo;</p>
<p>&nbsp; Un Lancia rojo. Pod&iacute;a llamar la atenci&oacute;n. Pero, entonces, si quer&iacute;a resultar invisible, &iquest;a qui&eacute;n se le ocurr&iacute;a escoger esa marca y ese color&hellip;? Luego me explic&oacute; que un amigo suyo viv&iacute;a en ese edificio de la calle Odessa y que le prestaba el coche a menudo. S&iacute;, por eso lo dejaba aparcado all&iacute;.</p>
<p>&nbsp;&ldquo;Por precauci&oacute;n&hellip;&rdquo;, dec&iacute;a. Yo no hab&iacute;a tardado en caer en la cuenta de que aquel hombre de alrededor de cuarenta a&ntilde;os, moreno, siempre muy atildado, con trajes grises y abrigos azul marino, no ten&iacute;a ninguna profesi&oacute;n concreta. En el Unic H&ocirc;tel lo o&iacute;a hablar por tel&eacute;fono, pero la pared era demasiado gruesa para que fuera posible seguir la conversaci&oacute;n. S&oacute;lo me llegaba la voz, seria y a veces cortante. Silencios prolongados. Al tal Chastagnier lo hab&iacute;a conocido en el Unic H&ocirc;tel al mismo tiempo que a otras cuantas personas con quien hab&iacute;a coincidido en ese mismo establecimiento: G&eacute;rard Marciano, Duwelz, de cuyo nombre no me acuerdo&hellip; Con el tiempo, sus siluetas se han vuelto borrosas y sus voces inaudibles. Paul Chastagnier destaca con mayor precisi&oacute;n por los colores: pelo muy negro, abrigo azul marino, coche rojo. Supongo que pas&oacute; una temporada en la c&aacute;rcel, como Duwelz y como Marciano. Era el de m&aacute;s edad y ya ha debido de morirse. Se levantaba tarde y quedaba con la gente a cierta distancia, hacia el sur, en esas zonas interiores que est&aacute;n alrededor de la antigua estaci&oacute;n de mercanc&iacute;as cuyos nombres tradicionales tambi&eacute;n a m&iacute; me resultaban familiares: Falgui&egrave;re, Alleray e, incluso, algo m&aacute;s all&aacute;, la calle de Les Favorites&hellip; Caf&eacute;s desiertos a los que me llev&oacute; a veces y donde cre&iacute;a seguramente que nadie pod&iacute;a localizarlo. Nunca me atrev&iacute; a preguntarle si ten&iacute;a una prohibici&oacute;n de residencia, aunque fue una idea que se me pas&oacute; a menudo por la cabeza. Pero, en tal caso, &iquest;por qu&eacute; aparcaba el coche rojo delante de esos caf&eacute;s? &iquest;No habr&iacute;a sido m&aacute;s prudente para &eacute;l ir a pie y discretamente? Yo por entonces iba siempre andando por aquel barrio que estaban empezando a derruir, siguiendo las hileras de solares, de edificios peque&ntilde;os de ventanas tapiadas y tramos de calles entre montones de escombros, como despu&eacute;s de un bombardeo. Y aquel coche rojo all&iacute; aparcado, aquel olor a cuero, aquella mancha llamativa que resucita los recuerdos&hellip; &iquest;Los recuerdos? No. Aquel domingo a &uacute;ltima hora de la tarde ya me estaba convenciendo de que el tiempo no se mueve y de que si de verdad me colase por la brecha me lo volver&iacute;a a encontrar todo intacto. Y, m&aacute;s que cualquier otra cosa, ese coche rojo. Decid&iacute; ir andando hasta la calle de Vandamme. Hab&iacute;a all&iacute; un caf&eacute; al que me hab&iacute;a llevado Paul Chastagnier y donde la conversaci&oacute;n se fue por derroteros m&aacute;s personales. Not&eacute; incluso que estaba a punto de hacerme confidencias. Me propuso, con medias palabras, que &ldquo;trabajase&rdquo; para &eacute;l. Le di largas. No insisti&oacute;. Yo era muy joven, pero muy desconfiado. M&aacute;s adelante, volv&iacute; a aquel caf&eacute; con Dannie.</p>
<p>&nbsp; Ese domingo era casi de noche cuando llegu&eacute; a la avenida de Le Maine y fui siguiendo los edificios grandes y nuevos, por la acera de los pares. Formaban una fachada rectil&iacute;nea. Ni una luz en las ventanas. No, no lo hab&iacute;a so&ntilde;ado. La calle de Vandamme desembocaba en la avenida m&aacute;s o menos a esa altura, pero aquella tarde las fachadas eran lisas y compactas, sin el m&iacute;nimo paso. No me quedaba m&aacute;s remedio que rendirme a la evidencia: la calle Vandamme ya no exist&iacute;a.</p>
<p>&nbsp; Me met&iacute; por la puerta acristalada de uno de esos edificios, m&aacute;s o menos en el sitio en que entr&aacute;bamos en la calle de Vandamme. Luz de tubos de ne&oacute;n. Un corredor largo y ancho que flanqueaban tabiques acristalados, tras los que hab&iacute;a una sucesi&oacute;n de oficinas. A lo mejor quedaba un tramo de la calle de Vandamme, encerrado en esa mole de edificios nuevos. Al pensarlo, me entr&oacute; una risa nerviosa. Segu&iacute;a por el corredor de las puertas acristaladas. No ve&iacute;a el final y la luz de ne&oacute;n me hac&iacute;a gui&ntilde;ar los ojos. Pens&eacute; que aquel corredor transcurr&iacute;a, sencillamente, por el antiguo trazado de la calle de Vandamme. Cerr&eacute; los ojos. El caf&eacute; estaba al final de la calle, que prolongaba un callej&oacute;n sin salida que se topaba con la pared de los talleres del ferrocarril. Paul Chastagnier aparcaba el coche rojo en el callej&oacute;n sin salida, delante de la pared negra. Encima del caf&eacute; hab&iacute;a un hotel, el hotel Perceval, porque as&iacute; se llamaba una calle que tambi&eacute;n hab&iacute;an borrado del mapa los edificios nuevos. Lo ten&iacute;a todo anotado en la libreta negra.</p>
<p>&nbsp;En los &uacute;ltimos tiempos, Dannie no se sent&iacute;a ya muy a gusto que digamos en el Unic &ndash;como dec&iacute;a Chastagnier- y hab&iacute;a tomado una habitaci&oacute;n en el hotel Perceval. En adelante quer&iacute;a evitar a los dem&aacute;s, sin que yo supiera a qui&eacute;n en concreto: &iquest;Chastagnier? &iquest;Duwelz? &iquest;G&eacute;rard Marciano? Cuanto m&aacute;s lo pineso ahora m&aacute;s me parece que empec&eacute; a notarla preocupada a partir del d&iacute;a en que me llam&oacute; la atenci&oacute;n la presencia de un hombre en el vest&iacute;bulo y detr&aacute;s del mostrador de recepci&oacute;n, un hombre de quien me hab&iacute;a dicho Chastagnier que era el gerente del Unic H&ocirc;tel y cuyo apellido consta en mi libreta: Lakhar, y tras el que viene otro apellido: Davin, &eacute;ste entre par&eacute;ntesis.</p>
<p>&nbsp; La conoc&iacute;a en la cafeter&iacute;a de la Ciudad Universitaria, donde iba yo a menudo a buscar refugio. Viv&iacute;a en una habitaci&oacute;n del pabell&oacute;n de los Estados Unidos y me preguntaba por qu&eacute;, porque no era ni estudiante ni norteamericana. Despu&eacute;s de conocernos no se qued&oacute; ya en ese pabell&oacute;n por mucho tiempo. Alrededor de diez d&iacute;as apenas. No me decido a poner entero el apellido que anot&eacute; en la libreta negra despu&eacute;s de nuestro primer encuentro: Dannie R., pabell&oacute;n de los Estados Unidos, bulevar de Jourdan, 15. A lo mejor vuelve a ser el suyo ahora &ndash;despu&eacute;s de tantos otros apellidos- y no quiero llamar la atenci&oacute;n por si todav&iacute;a est&aacute; viva en alg&uacute;n sitio. Y, sin embargo, si leyera ese apellido en letras de molde, a lo mejor se acordaba de que lo hab&iacute;a llevado en determinada &eacute;poca y me daba se&ntilde;ales de vida. Pero no, no me hago demasiadas ilusiones al respecto.</p>
<p>&nbsp; El d&iacute;a en que nos conocimos, escrib&iacute; &ldquo;Dany&rdquo; en la libreta. Y corrigi&oacute; personalmente, con mi bol&iacute;grafo, la ortograf&iacute;a exacta de su nombre: Dannie. M&aacute;s adelante me enter&eacute; de que ese nombre, &ldquo;Dannie&rdquo;, era el t&iacute;tulo del poema de un escritor a quien admiraba yo por entonces y a quien ve&iacute;a a veces, en el bulevar de Saint-Germain, saliendo del hotel Taranne. A veces se dan curiosas coincidencias.</p>
<p>&nbsp; La tarde del domingo en que se fue del pabell&oacute;n de los Estados Unidos, me pidi&oacute; que fuera a buscarla a la Ciudad Universitaria. Me estaba esperando delante de la entrada del pabell&oacute;n con dos bolsas de viaje. Me dijo que hab&iacute;an encontrado una habitaci&oacute;n en un hotel de Montparnasse. Le propuse que fu&eacute;ramos a pie. Las dos bolsas no pesaban mucho.</p>
<p>&nbsp; Tiramos por la avenida de Le Maine. Estaba desierta, como la otra tarde, que tambi&eacute;n era una tarde de domingo, a la misma hora. Era un amigo marroqu&iacute; de la Ciudad Universitaria quien le hab&iacute;a hablado de ese hotel, el amigo que me present&oacute; en la cafeter&iacute;a cuando nos conocimos, un tal Aghamouri.</p>
<p>&nbsp;Nos sentamos en un banco a la altura de la calle que va siguiendo la tapia del cementerio. Anduvo mirando en las dos bolsas para comprobar si se hab&iacute;a dejado algo. Luego seguimos andando. Me iba contando que Aghamouri viv&iacute;a en ese hotel porque uno de los due&ntilde;os era marroqu&iacute;. Pero, entonces, &iquest;por qu&eacute; hab&iacute;a vivido tambi&eacute;n en la Ciudad Universitaria? Porque era estudiante. Y adem&aacute;s ten&iacute;a otro domicilio en Par&iacute;s. &iquest;Y ella tambi&eacute;n era estudiante? Aghamouri iba a ayudarla a matricularse en al facultad de Censier. No parec&iacute;a muy convencida y dijo esta &uacute;ltima frase como por decir algo. No obstante, me acuerdo de que una tarde a &uacute;ltima hora la acompa&ntilde;&eacute; en metro hasta la facultad de Censier; hab&iacute;a l&iacute;nea directa de Duroc a Monge. Lloviznaba, pero no nos import&oacute;. Aghamouri le hab&iacute;a dicho que hab&iacute;a que ir por la calle de Monge y por fin llegamos a la meta: algo as&iacute; como una explanada, o m&aacute;s bien un solar rodeado de casas bajas a medio derruir. El suelo era de tierra y ten&iacute;amos que andar con ojo, en la penumbra, para no meternos en los charcos. Al fondo del todo, hab&iacute;a un edificio moderno que seguramente estaban acabando de construir porque a&uacute;n ten&iacute;a andamios&hellip; Aghamouri nos estaba esperando en la entrada y la luz del vest&iacute;bulo iluminaba su silueta. Ten&iacute;a una mirada menos intranquila de lo habitual, como si le diera seguridad estar delante de esa facultad de Censier pese al solar y a la lluvia. Todos esos detalles me vuelven a la memoria desordenados, a trompicones: y a menudo se enturbia la luz. Y es algo que contrasta con las notas tan precisas que hay en la libreta. Esas notas me resultan &uacute;tiles para darles un poco de coherencia a las im&aacute;genes que van a saltos hasta tal punto que el celuloide de la pel&iacute;cula corre el riesgo de romperse. Curiosamente, otras notas referidas a unas investigaciones que hac&iacute;alo por las mismas fechas acerca de sucesos que no viv&iacute; &ndash;se remontan al siglo XIX e incluso al XVIII- me parecen m&aacute;s l&iacute;mpidas. Y los nombres que tienen que ver con esos sucesos lejanos: la baronesa Blanche, Tristan Corbi&egrave;re y Jeanne Duval, entre otros, y tambi&eacute;n Marie-Anne Leroy, guillotinada el 26 de julio de 1794 a la edad de veinti&uacute;n a&ntilde;os, me suena de forma m&aacute;s cercana y familiar que los nombres de mis contempor&aacute;neos.</p>
<p>&nbsp; Ese domingo a &uacute;ltima hora de la tarde, cuando llegamos al Unic H&ocirc;tel, Aghamouri estaba esperando a Dannie sentado en el vest&iacute;bulo en compa&ntilde;&iacute;a de Duwelz y de G&eacute;rard Marciano. Fue esa tarde cuando conoc&iacute; a estos &uacute;ltimos. Quisieron que fu&eacute;ramos a ver el jard&iacute;n que hab&iacute;a detr&aacute;s del hotel, con dos mesas con sombrillas. &ldquo;La ventana de tu cuarto da a este lado&rdquo;, dijo Aghamouri, pero aquel detalle no parec&iacute;a importarle mucho a Dannie. Duwelz, Marciano. Intento concentrarme para darles un simulacro de realidad; busco qu&eacute; podr&iacute;a resucitarlos, aqu&iacute;, ante mis ojos, que me permitiera, tras todo este tiempo que ha pasado, notar su presencia. Qu&eacute; s&eacute; yo, un aroma&hellip; Duwelz ten&iacute;a siempre mucho empe&ntilde;o en ir atildado: bigote rubio, corbata, traje gris, y ol&iacute;a a un agua de toilettes cuyo nombre record&eacute; muchos a&ntilde;os despu&eacute;s, porque me encontr&eacute; en la habitaci&oacute;n de un hotel un frasco olvidado: <em>Pino silvestre</em>. Por unos segundos, el aroma a <em>Pino silvestre</em> me trajo a la memoria una silueta que va, de espaldas, calle de Le Montparnasse abajo, un rubio de andares premiosos: Duwelz. Luego nada, como en esos sue&ntilde;os de los que no queda, al despertar, sino un reflejo impreciso que se va borrando seg&uacute;n transcurre el d&iacute;a. G&eacute;rard Marciano, en cambio, era moreno, de piel blanca y bastante bajo; siempre te clavaba la mirada, pero no te ve&iacute;a. Tuve m&aacute;s trato con Aghamouri, con quien qued&eacute; varias veces a &uacute;ltima hora de la tarde en un caf&eacute; de la plaza de Monge cuando sal&iacute;a de clase en Censier. Siempre me quedaba con la impresi&oacute;n de que quer&iacute;a hacerme alguna confidencia importante, porque, si no, no me habr&iacute;a hecho ir all&iacute; para verme a solas y lejos de los dem&aacute;s. Era un caf&eacute; tranquilo cuando ca&iacute;a la tarde, en invierno, y est&aacute;bamos solos y amparados al fondo del local. Un caniche negro apoyaba la barbilla en la banqueta y nos observaba gui&ntilde;ando los ojos. Cuando recuerdo algunos momentos de mi vida se me vienen versos a la memoria y a menudo intento recordar de qui&eacute;n eran. El caf&eacute; de la plaza de Monge al atardecer lo relaciono con el siguiente verso: &ldquo;Las u&ntilde;as afiladas de un caniche golpeando las baldosas de la noche&rdquo;&hellip;</p>
<p>&nbsp; &Iacute;bamos a pie hasta Montparnasse. Durante esos trayectos, Aghamouri me hab&iacute;a desvelado algunos detalles, muy pocos, referidos a &eacute;l. Acababan de echarlo, en la Ciudad Universitaria, de su habitaci&oacute;n en el pabell&oacute;n de Marruecos, pero nunca supe si hab&iacute;a sido por motivos pol&iacute;ticos o por otros. Viv&iacute;a en un piso peque&ntilde;o que le hab&iacute;an prestado en el distrito XVI, cerca de la Casa de la Radio. Pero le gustaba m&aacute;s la habitaci&oacute;n que ten&iacute;a en el Unic H&ocirc;tel, que hab&iacute;a conseguido gracias al gerente, &ldquo;un amigo marroqu&iacute;&rdquo;. &iquest;Por qu&eacute; no dejaba entonces el piso del distrito XVI? &ldquo;Es que ah&iacute; vive mi mujer. S&iacute;, estoy casado&rdquo;. Y me di cuenta de que no me dir&iacute;a nada m&aacute;s. Nunca contestaba a las preguntas, por cierto. Las confidencias que me hizo &ndash;aunque, &iquest;pueden realmente llamarse confidencias?- me las hizo de camino, de la plaza de Monge a Montparnasse, entre prolongados silencios, como si andar lo animase a hablar.</p>
<p>&nbsp; Hab&iacute;a algo que me intrigaba. &iquest;Era de verdad estudiante? Cuando le pregunt&eacute; qu&eacute; edad ten&iacute;a, me contest&oacute;: treinta a&ntilde;os. Luego pareci&oacute; arrepentido de hab&eacute;rmelo dicho. &iquest;Pod&iacute;a uno seguir siendo estudiante a los treinta a&ntilde;os? No me atrev&iacute;a a hacerle esa pregunta por temor a molestarlo. &iquest;Y Dannie? &iquest;Por qu&eacute; quer&iacute;a ser estudiante tambi&eacute;n? &iquest;As&iacute; de sencillo era matricularse de la noche a la ma&ntilde;ana en esa facultad de Censier? Cuando los miraba a los dos en el Unic H&ocirc;tel, la verdad es que no ten&iacute;an pinta de estudiantes; y all&aacute; lejos, por la zona de Monge, el edificio de la facultad, a medio construir al fondo de un solar, me parec&iacute;a de pronto que pertenec&iacute;a a otra ciudad, a otro pa&iacute;s, a otra vida. &iquest;Era por Paul Chastagnier, Duwelz y Marciano y por los dem&aacute;s a quienes ve&iacute;a de refil&oacute;n en la oficina de recepci&oacute;n del Unic H&ocirc;tel? Pero nunca me encontraba a gusto en el barrio de Montparnasse. No, la verdad es que esas calles no eran muy alegres que digamos. Seg&uacute;n las recuerdo, llueve a menudo, mientras que en otros barrios de Par&iacute;s los veo siempre en verano cuando pienso en ellos. Me parece que Montparnasse se apag&oacute; a partir del final de la guerra. M&aacute;s abajo, en el bulevar, La Coupole y Le Select ten&iacute;an a&uacute;n cierto resplandor, pero el barrio se hab&iacute;a quedado sin alma. Ya no hab&iacute;a en &eacute;l ni talento ni coraz&oacute;n.</p>
<p>&nbsp; Un domingo por la tarde estaba solo con Dannie, en la parte de abajo de la calle de Odessa. Empez&oacute; a llover y nos metimos en el vest&iacute;bulo del cine Montparnasse. Nos sentamos al fondo. Estaban en el descanso y no sab&iacute;amos qu&eacute; pel&iacute;cula pon&iacute;an. Ese cine inmenso y destartalado me hizo sentirme tan inc&oacute;modo como las calles del barrio. Hab&iacute;a en el aire un olor a ozono, como cuando se pasa junto a una reja del metro. Entre el p&uacute;blico, unos cuantos soldados de permiso. Al caer la tarde tomar&iacute;an los trenes de Breta&ntilde;a, en direcci&oacute;n a Brest o a Lorient. Y en rincones apartados se ocultaban parejas accidentales que no le har&iacute;an ni caso a la pel&iacute;cula. Durante la sesi&oacute;n se oir&iacute;an sus quejas, sus suspiros y, bajo sus cuerpos, el chirriar cada vez m&aacute;s fuerte de las butacas&hellip; Le pregunt&eacute; a Dannie si ten&iacute;a intenci&oacute;n de quedarse mucho m&aacute;s en el barrio. No. No mucho. Habr&iacute;a preferido vivir en una habitaci&oacute;n amplia en el distrito XVI. Era un sitio tranquilo y an&oacute;nimo. Y nadie podr&iacute;a ya localizarlo a uno. &ldquo;&iquest;Por qu&eacute;? &iquest;Tienes que esconderte? &ndash;No, qu&eacute; va. &iquest;Y a ti te gusta este barrio?&rdquo;</p>
<p>&nbsp; En apariencia, hab&iacute;a querido zafarse y no responder a una pregunta embarazosa. Y yo &iquest;qu&eacute; pod&iacute;a responderle? Qu&eacute; m&aacute;s daba que este barrio me gustase o no. Ahora me parece que estaba viviendo otra vida dentro de mi vida cotidiana. O, para ser exactos, que esa otra vida iba unida a la vida diaria, bastante gris, y le daba una fosforescencia y un misterio de los que en realidad carec&iacute;a. As&iacute; es como los lugares que nos resultan familiares y que volvemos a ver en sue&ntilde;os muchos a&ntilde;os despu&eacute;s adquieren un aspecto raro, como aquella calle de Odessa, tan mustia, y aquel cine Montparnasse que ol&iacute;a a metro.</p>
<p>&nbsp; Ese domingo acompa&ntilde;&eacute; a Dannie al Unic H&ocirc;tel. Hab&iacute;a quedado con Aghamouri. &ldquo;&iquest;Conoces a su mujer?&rdquo;, le pregunt&eacute;. Pareci&oacute; sorprenderla que yo estuviera enterado de su existencia. &ldquo;No &ndash;me dijo-. Y &eacute;l no la ve casi nunca. Est&aacute;n m&aacute;s o menos separados&rdquo;. No tengo m&eacute;rito alguno si reproduzco esta frase exactamente, porque consta en la parte de debajo de una de las hojas de la libreta, debajo del nombre &ldquo;Aghamouri&rdquo;. En la misma p&aacute;gina hay m&aacute;s notas que no tienen nada que ver con ese barrio triste de Montparnasse, ni con Dannie, Paul Chastagnier o Aghamouri, sino que se refieren al poeta Tristan Corbi&egrave;re y tambi&eacute;n a Jeanne Duval, la amante de Baudelaire. Hab&iacute;a dado con sus direcciones, ya que pone: Corbi&egrave;re, calle de Frochot, 10; Jeanne Duval, calle de Sauffroy, 17, hacia 1878. M&aacute;s adelante, hay p&aacute;ginas enteras dedicadas a ellos, lo que tender&iacute;a a demostrar que para m&iacute; ten&iacute;an mayor importancia que la mayor&iacute;a de los vivos con los que tuve que ver por entonces.</p>
<p>&nbsp; Esa noche, dej&eacute; a Dannie en la puerta del hotel. Vi de lejos a Aghamouri, que la estaba esperando a pie firme en medio del vest&iacute;bulo. Llevaba un abrigo beige. Eso tambi&eacute;n lo apunt&eacute; en la libreta, &ldquo;Aghamouri, abrigo beige&rdquo;. Seguramente para contar, andando el tiempo, con un punto de referencia, con la mayor cantidad posible de detalles nimios referidos a esa etapa de mi vida, breve y turbia. &ldquo;&iquest;Conoces a su mujer? &ndash;No. Y &eacute;l no la ve casi nunca. Est&aacute;n m&aacute;s o menos separados&rdquo;. Frases que sorprendemos cuando nos cruzamos con dos personas que van charlando por la calle. Y nunca sabremos a qu&eacute; se refer&iacute;an. Un tren pasa por una estaci&oacute;n a demasiada velocidad para que se pueda leer el nombre de la estaci&oacute;n en el cartel. Entonces, con la frente pegada al cristal de la ventanilla, nos fijamos en unos cuantos detalles: que se cruza un r&iacute;o, que hay un pueblo con campanario, que una vaca negra est&aacute; meditabunda debajo de un &aacute;rbol, apartada del reba&ntilde;o. Albergamos la esperanza de que en la estaci&oacute;n siguiente leeremos un nombre y sabremos por fin en qu&eacute; comarca estamos. Nunca he vuelto a ver ninguna de las personas cuyos nombres constan en las p&aacute;ginas de esta libreta negra. Su presencia fue fugitiva e incluso corr&iacute;a el riesgo de olvidar los nombres. Simples encuentros que no sabemos si son fruto del azar. Existe una etapa de la vida para esa situaci&oacute;n, una encrucijada en donde todav&iacute;a estamos a tiempo de dudar entre varios caminos. El tiempo de los encuentros, como pon&iacute;a en la tapa de un libro que encontr&eacute; en los puestos de los libreros de lance de los muelles. Precisamente ese mismo domingo por la tarde en que dej&eacute; a Dannie con Aghamouri, iba andando, no s&eacute; por qu&eacute;, por el muelle de Saint-Michel. Fui bulevar arriba, tan l&uacute;gubre como Montparnasse, quiz&aacute; porque no hab&iacute;a el barullo de los d&iacute;as de entresemana y las fachadas estaban apagadas. En la parte de m&aacute;s arriba, donde desemboca la calle de Monsieur-le-Prince, pasadas las escaleras y la barandilla de hierro, una cristalera grande e iluminada, la parte trasera de un caf&eacute; cuya terraza daba a las verjas del jard&iacute;n de Le Louxembourg. Estaba a oscuras todo el local, menos esa vidriera tras la que sol&iacute;an demorarse hasta muy entrada la noche unos cuantos clientes ante una barra semicircular. Esa noche hab&iacute;a entre ellos dos personas a las que reconoc&iacute; al pasar: Aghamouri, por el abrigo beige, de pie y, a su lado, Dannie, sentada en uno de los taburetes.</p>
<p>&nbsp; Me acerqu&eacute;. Podr&iacute;a haber abierto la puerta acristalada y acercarme a ellos. Pero me contuvo el temor de ser un intruso. &iquest;Acaso no estuve siempre, por entonces, aparte, en la posici&oacute;n de espectador y dir&iacute;a incluso de ese a quien llamaba &ldquo;el espectador nocturno&rdquo;, aquel escritor del siglo XVIII que me gustaba mucho y cuyo nombre aparece en varias ocasiones, junto con algunas notas, en las p&aacute;ginas de la libreta negra? Paul Chastagnier, cuando est&aacute;bamos los dos por la zona de Falgui&egrave;re o de Les Favorites, me dijo un d&iacute;a: &ldquo;Es curioso&hellip; usted escucha a la gente con mucha atenci&oacute;n&hellip; pero est&aacute; en otra parte&hellip;&rdquo; Detr&aacute;s de la luna del caf&eacute;, bajo la luz de ne&oacute;n excesivamente fuerte, Dannie no ten&iacute;a ya el pelo casta&ntilde;o, sino rubio; y el cutis, a&uacute;n m&aacute;s p&aacute;lido que de costumbre, lechoso y con pecas. Era la &uacute;nica persona sentada en un taburete. Detr&aacute;s de ella y de Aghamouri hab&iacute;a un grupo de tres o cuatro clientes, con copas en la mano. Aghamouri se inclinaba hacia ella y le hablaba al o&iacute;do. La besaba en el cuello. Dannie se re&iacute;a y beb&iacute;a un sorbo de un licor que reconoc&iacute; por el color y que ped&iacute;a siempre que &iacute;bamos a un caf&eacute;: Cointreau.</p>
<p>&nbsp; Me preguntaba si le dr&iacute;a al d&iacute;a siguiente: Ayer por la noche te vi con Aghamouri en el caf&eacute; Luxembourg. A&uacute;n no sab&iacute;a qu&eacute; relaci&oacute;n ten&iacute;an exactamente. En cualquier caso, en el Unic H&ocirc;tel no estaban en la misma habitaci&oacute;n. Yo hab&iacute;a intentado entender qu&eacute; un&iacute;a a aquel grupito. Aparentemente, G&eacute;rard Marciano era amigo de Aghamouri hac&iacute;a mucho y &eacute;ste se lo hab&iacute;a presentado a Dannie cuando viv&iacute;an los dos en la Ciudad Universitaria. Paul Chastagnier y Marciano de llamaban de t&uacute;, pese a la diferencia de edad, y otro tanto suced&iacute;a con Duwelz. Pero ni Chastagnier ni Duwelz conoc&iacute;an a Dannie antes de que se fuera a vivir al Unic H&ocirc;tel. Y, para terminar, Aghamouri ten&iacute;a una relaci&oacute;n bastante estrecha con el gerente del hotel, ese que se llamaba Lakhdar, que iba cada dos d&iacute;as a la oficina que estaba detr&aacute;s del mostrador de recepci&oacute;n. Lo acompa&ntilde;aba a menudo un tal &ldquo;Davin&rdquo;. Esos dos parec&iacute;an conocer desde hac&iacute;a much&iacute;simo a Paul Chastagnier, a Marciano y a Duwelz. Todo eso lo hab&iacute;a apuntado yo en la libreta negra, una tarde en que estaba esperando a Dannie, hasta cierto punto como si estuviera haciendo un crucigrama o alg&uacute;n boceto, para entretenerme.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Fragmento del libro <em>La hierba de las noches</em>, de Patrick Modiano. Traducido por Mar&iacute;a Teresa Gallego Urrutia, ser&aacute; pr&oacute;ximamente publicado por la editorial Anagrama)</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 04 May 2015 06:37:07 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La ligereza de lo eterno]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-ligereza-de-lo-eterno/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2015/Mahmud600.jpg" alt="" /></p>
<p>Algunos libros hay que empezar a leerlos por el subt&iacute;tulo. El que acompa&ntilde;a a <em>La huella de la mariposa</em> remite escuetamente a un g&eacute;nero discursivo y a un intervalo de fechas: <em>Diario (verano 2006-verano 2007)</em>. En efecto, este volumen adopta la apariencia de un dietario l&iacute;rico, un bloc de notas o un cuaderno de bit&aacute;cora donde Mahmud Darwix (1941-2008) entrega su fe de vida y su testamento ol&oacute;grafo. Sin embargo, el lector que espere encontrar aqu&iacute; la corteza anecd&oacute;tica del trasiego cotidiano se sentir&aacute; decepcionado. El poeta nos ofrece nada menos que el meollo de la existencia, ese n&uacute;cleo universal que los humanistas llamaron <em>alma</em>, y que resulta com&uacute;n a amigos y enemigos, combatientes y pacifistas, tipos contemplativos e individuos de acci&oacute;n, palestinos e israel&iacute;es.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Impermeable a los credos maniqueos, la obra de Darwix se caracteriza por su inquietud &eacute;tica y su raigambre c&iacute;vica. El intento de recomponer una identidad fracturada constituye el eje de unos versos a veces enjutos, y otras veces dilatados hasta el espesor del poema en prosa. As&iacute;, si el autor suscribe el &ldquo;yo es otro&rdquo; de Rimbaud, no lo hace para mirarse embebecidamente en el espejo de la alteridad ni para salir al teatro del mundo con la m&aacute;scara tragic&oacute;mica del comediante. Al contrario, la otredad es aqu&iacute; una declaraci&oacute;n de principios &eacute;ticos y de fines est&eacute;ticos, una forma de perplejidad con la que afrontar las nimiedades de la vida o las cicatrices del mapa geopol&iacute;tico: &ldquo;Yo no soy yo en Iraq. T&uacute; no eres t&uacute;&rdquo;. Con todo, los t&iacute;tulos que apuntan a ese &ldquo;yo otro&rdquo; (&ldquo;Qu&eacute; soy sino &eacute;l&rdquo;, &ldquo;Alguien que se persigue a s&iacute; mismo&rdquo;, &ldquo;Si yo fuera otro&rdquo;, &ldquo;Mi poeta/mi otro&rdquo;) se troquelan sobre la experiencia de quien no renuncia jam&aacute;s a un vitalismo contagioso. Incluso en aquellos vislumbres prospectivos, en los que el sujeto ha de v&eacute;rselas con su propia muerte ―que se le aparece personificada, entre la iconograf&iacute;a de Jorge Manrique y la de Ingmar Bergman―, la respuesta del escritor consigue desarmar los argumentos de la mism&iacute;sima Parca: &ldquo;Si me dijeran: Esta tarde ser&aacute; tu &uacute;ltima tarde, / &iquest;qu&eacute; vas a hacer el tiempo que te queda? / ―Mirar&eacute; el reloj, / me beber&eacute; un zumo, / morder&eacute; una manzana / [&hellip;] Mirar&eacute; de nuevo el reloj: / Me da tiempo a afeitarme / [&hellip;] Luego, / me ir&eacute; andando / al cementerio&rdquo;. Esa lucidez ir&oacute;nica se convierte en el arma secreta de Darwix.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Otro aspecto recurrente es la identidad pol&iacute;tica, que se presenta bajo el disfraz de una amenaza o de una violencia fratricida. El autor elabora la cr&oacute;nica de un estado de excepci&oacute;n y reivindica un nuevo trazado de fronteras f&iacute;sicas y mentales. De este modo, las eleg&iacute;as por el destino del L&iacute;bano (&ldquo;M&aacute;s que empat&iacute;a&rdquo;, &ldquo;En Beirut&rdquo;) y de Iraq (&ldquo;Larga es la noche de Iraq&rdquo;) alternan con el correlato hist&oacute;rico (&ldquo;Ner&oacute;n&rdquo;) y con las s&aacute;tiras que denuncian el espejismo de una falsa democracia (&ldquo;Urnas&rdquo;, cuyo comienzo conecta con &ldquo;Elegido por aclamaci&oacute;n&rdquo;, de &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez). En este contexto destacan &ldquo;Casa asesinada&rdquo;, inventario de los objetos dom&eacute;sticos que mueren junto a sus due&ntilde;os, y &ldquo;Si es que queremos&rdquo;, un himno comunitario que sustituye las proclamas colectivas por el elogio de la convivencia: &ldquo;Seremos un pueblo cuando el palestino se acuerde de su bandera solo en los estadios, en los concursos de belleza y el d&iacute;a de la Nakba. Nada m&aacute;s&rdquo;. Un impulso similar recorre los versos viajeros en los que Darwix da una vuelta por mundo para darle la vuelta a algunos prejuicios y reafirmarse en ciertas creencias. En estos poemas cosmopolitas, cada lugar est&aacute; asociado con el recuerdo de un autor querido o admirado: Derek Walcott (&ldquo;En C&oacute;rdoba&rdquo;), Mark Strand (&ldquo;En Madrid&rdquo;), Naguib Mahfuz (&ldquo;En una barca en el Nilo&rdquo;), Salim Barakat (&ldquo;En Skog&aring;s&rdquo;), o Peter Brook (&ldquo;Boulevard Saint-Germain&rdquo;). Sin embargo, lejos del homenaje cort&eacute;s que solemos atribuir a la l&iacute;rica de circunstancias, estas composiciones funcionan como una amarga meditaci&oacute;n acerca de una patria perdida y de un exilio reencontrado: &ldquo;Es libre quien puede elegir su exilio / de alg&uacute;n modo&hellip;&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Finalmente, cabe resaltar la plasmaci&oacute;n de la propia identidad literaria. Aunque renuente a las afirmaciones program&aacute;ticas y a las sinuosidades intelectuales, Mahmud Darwix recoge un apretado prontuario de ideas est&eacute;ticas. El libro transita desde la cadencia estacional del poema en prosa (&ldquo;Un verano oto&ntilde;al sobre las colinas, como un poema en prosa&rdquo;) hasta la semi&oacute;tica del paisaje: &ldquo;Las chumberas que flanquean las entradas de los pueblos han sido siempre las guardianas de los signos&rdquo;. La concepci&oacute;n de la met&aacute;fora como refugio ante la intemperie se al&iacute;a con la defensa de la elocuencia que subyace en el silencio. La tensi&oacute;n dial&eacute;ctica entre &ldquo;la riqueza de la met&aacute;fora&rdquo; y &ldquo;la pobreza del habla&rdquo; abre un horizonte de posibilidades expresivas donde convergen el placer de la sinestesia, la astucia de la alegor&iacute;a y el pecado del simbolismo. Pero la ret&oacute;rica que m&aacute;s le interesa al autor es la que se desprende de la claridad de las cosas, de una sencillez que quisiera imitar la naturalidad del cielo despejado y del adjetivo denotativo. A medio camino entre la impureza y la esencialidad, Darwix define el proceso creativo como la manifestaci&oacute;n de una carencia, arrastrada por la vor&aacute;gine de la tragedia o sublimada mediante un peculiar sentido del humor: &ldquo;Camino entre Homero, al-Mutanabbi, Shakespeare&hellip; y me tropiezo como un camarero novato en una recepci&oacute;n real&rdquo;. Quiz&aacute; la mejor muestra de esa felicidad fugitiva se localice en el texto que da t&iacute;tulo al conjunto, en el que el poeta aspira a capturar la &ldquo;ligereza de lo eterno en lo cotidiano&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En definitiva, <em>La huella de la mariposa</em> culmina uno de los proyectos art&iacute;sticos e ideol&oacute;gicos m&aacute;s apasionantes de los &uacute;ltimos tiempos. La luminosa traducci&oacute;n de Luz G&oacute;mez consigue que nos olvidemos de que las palabras de Mahmud Darwix fueron escritas originalmente en otro idioma. Ya se sabe que la gran poes&iacute;a habla siempre en esperanto.- Luis Bagu&eacute; Qu&iacute;lez.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mahmud Darwix, <em>La huella de la mariposa</em>, Valencia, Pre-Textos, 2012.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 04 May 2015 06:25:43 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Amor a la escritura]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/amor-a-la-escritura/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2015/robert600.jpg" alt="" /></p>
<p>He aqu&iacute; otra historia. &ldquo;Otra historia, una historia quiz&aacute; muy simple pero divertida, de esas que, pens&aacute;ndolo bien, he escrito y lanzado al mundo a espuertas, quiz&aacute; demasiadas, y que probablemente han contribuido a deteriorar mi buena reputaci&oacute;n, si es que no la han echado a perder por completo.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A primera vista, un relato de Robert Walser, este <em>Diario de 1926</em> por ejemplo, nos da la impresi&oacute;n de no ser m&aacute;s que una serie de digresiones encadenadas, un ir y venir de un tema a otro, de una idea a otra, de un recuerdo a otro, sin ning&uacute;n orden ni concierto, y no tenemos precisamente la sensaci&oacute;n de que las piezas vayan a encajar en alg&uacute;n momento, y la trama, que supuestamente subyace a todo relato, sea finalmente visible, finalmente inteligible, sino m&aacute;s bien la sospecha de que todo lo que nos cuenta el autor est&eacute; fuera de lugar, sea un mero divertimento, un juego, un pasatiempo. Y efectivamente, Walser no suele tardar en confesarlo, sus libros no tienen argumento, en el sentido en que se entiende habitualmente esta palabra. No hay trama, no hay desenlace, no hay personajes, s&oacute;lo hay literatura, y ni siquiera literatura al servicio de una idea, ya que, si me permiten la expresi&oacute;n, en Walser generalmente es la idea la que est&aacute; al servicio de la literatura. Un divertimento, un juego, un pasatiempo, pero serios, muy serios, y c&oacute;micos, muy c&oacute;micos, en cierto modo como la vida, la del propio Walser o la de cualquiera de nosotros. Pero con una particularidad espec&iacute;ficamente walseriana, t&iacute;picamente walseriana. Walser, los asuntos serios, los temas importantes, los trata, los vive, c&oacute;micamente, y los c&oacute;micos con una seriedad digna de mejor causa, en el dudoso caso de que hubiese mejor causa que la risa. Lo tr&aacute;gico y lo c&oacute;mico suelen estar separados por una sutil l&iacute;nea, como la risa y el llanto. No se trata, en su caso, de ninguna estratagema literaria, sino de una saludable actitud ante la vida, y en consecuencia tambi&eacute;n ante la literatura. A lo que hay que a&ntilde;adir su idea, fecunda donde las haya, de que conviene completar la realidad con la fantas&iacute;a, o si prefieren la experiencia con la imaginaci&oacute;n. Y as&iacute;, Walser mezcla en la misma coctelera, el espacio de la novela, ideas y sentimientos en id&eacute;ntica o parecida proporci&oacute;n, de forma que lejos de diluir sus propiedades, las multiplican haciendo la mezcla a la vez m&aacute;s intensa y delicada, aunque quiz&aacute; no apta para todos los paladares. Cuando escribe: &ldquo;Encuentro, por ejemplo, que la escritura corre pareja a la vida; se entrevera con ella&rdquo;, quiz&aacute; nos est&eacute; dando la clave de toda su literatura.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al escritor de rese&ntilde;as no le resulta f&aacute;cil decir de qu&eacute; trata un libro de Robert Walser, cosa que en el fondo deber&iacute;a de agradecer, pues quiz&aacute; una rese&ntilde;a no tendr&iacute;a que contar nunca de qu&eacute; trata un libro. Una rese&ntilde;a no es, o no deber&iacute;a ser, una nota bibliogr&aacute;fica, y menos todav&iacute;a un resumen. Pero no nos pongamos demasiado walserianos. Algo hay que decir del libro que anime al lector. As&iacute; que digamos algo de este <em>Diario de 1926</em>. En primer lugar digamos que, a pesar de su t&iacute;tulo, no es un diario, ni un dietario, ni unas memorias. Es una historia, una historia t&iacute;picamente walseriana, una m&aacute;s de las miles que escribi&oacute; Walser, escrita a l&aacute;piz, como acostumbraba, esta vez en el reverso de las hojas de un calendario de 1926, poco antes de ingresar en un sanatorio del que no saldr&iacute;a ya con vida. Una historia en que nos descubre adem&aacute;s los entresijos de su literatura. &ldquo;Si la historia se viniese abajo&rdquo; &ndash; pero, &iquest;por qu&eacute; iba a venirse abajo?, podr&iacute;amos preguntarnos. Pues porque Walter no se ha tomado la molestia de levantar sus cimientos sencillamente --, &ldquo;emprender&iacute;a de inmediato otra, algo nuevo, ya que nunca me apoyo en una &uacute;nica idea creativa.&rdquo; Y acto seguido nos descubre cu&aacute;l es el fil&oacute;n de muchas de sus historias: los <em>paralelismos</em>. Y se explica: &ldquo;Con ello me refiero al camino que intenciones, deseos y aspiraciones distintos recorren juntos en la misma direcci&oacute;n.&rdquo; Pero no teman, <em>Diario de 1926</em> no es un ensayo sobre la novela, es sencillamente una historia, y una historia de la historia que se est&aacute; contando, que se est&aacute; escribiendo.</p>
<p>Una caracter&iacute;stica de los relatos de Walser consiste en anunciarnos que va a hablar de una cosa, del amor por ejemplo, y naturalmente hablar de otra, del polvo por ejemplo que acumulan los objetos de adorno en las casas, o de un inocente paseo por el bosque, tema &eacute;ste, el de los paseos, favorito de Walser, que precisamente, y dicho sea de paso, muri&oacute; dando un paseo un 25 de diciembre de 1956. Del mismo modo que anuncia, como de pasada una vez m&aacute;s, algo de lo que de momento, nos dice, no tiene la m&aacute;s m&iacute;nima intenci&oacute;n de hablar, para a rengl&oacute;n seguido hablar de ello con profusi&oacute;n de detalles; o en otros casos, lo que hab&iacute;a anunciado como algo sorprendente, resulta ser una nimiedad absoluta. Y digamos para terminar que no era cierto que sus novelas no tuvieran personajes: amables viudas, dependientas, j&oacute;venes encantadoras, mujeres hermosas y distantes, poetas, antiguos camaradas del colegio, fatuos caballeros algo orondos, pueblan todos sus relatos; y digamos tambi&eacute;n que el protagonista de esta historia, como de tantas otras suyas, es el propio Walser, un escritor m&aacute;s o menos frustrado, sin aptitudes especiales para nada, un hombre, como dice de s&iacute; mismo, que no ha conseguido nada en la vida, y a&ntilde;ade &ldquo;gracias a Dios&rdquo;, a no ser que prefiramos conceder el protagonismo de sus historias a la literatura. O, por qu&eacute; no, al amor. Un amor que se revela tan <em>sui generis</em> como su escritura misma, quiz&aacute; porque en el fondo, en su caso, se trate pura y simplemente de amor a la escritura; aunque las mujeres hermosas, &ldquo;extraordinariamente hermosas, incomparablemente hermosas, indeciblemente hermosas&rdquo;, nunca le dejaron indiferente; mujeres a las que suponemos debi&oacute; de intrigar, abrumar, confundir y divertir a partes iguales con las cartas y poes&iacute;as que les escrib&iacute;a. Y en cierto modo este <em>Diario de 1926</em>, que no es un diario ni una novela, sino &ldquo;una serie de hechos vividos contados de la forma m&aacute;s agradable y amena&rdquo; (y magn&iacute;ficamente traducido), surte en nosotros un efecto parecido: nos intriga, nos abruma, nos confunde, nos divierte.- MANUEL ARRANZ.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp; Robert Walser, <em>Diario de 1926</em>, traducci&oacute;n de Juan de Sola, Segovia, La u&ntilde;a rota, 2013<em>.</em></p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 04 May 2015 06:22:57 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Claudio Magris: decir no a la mentira que rodea el mundo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/claudio-magris-decir-no-a-la-mentira-que-rodea-el-mundo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2015/claudio_quinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp; El mundo es un espejo donde vamos completando nuestra vida, un lugar donde nos hacemos y nos deshacemos en miradas que vuelven a nosotros, son nuestra infancia, el ed&eacute;n perdido, aquel para&iacute;so que la vida, en su indigencia, nos ha ido negando.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Crecer es asombrarse, hacer de cada respiraci&oacute;n un espacio de reflexi&oacute;n, por ello, la obra de Claudio Magris, ensayista nacido en Trieste en 1938, hombre de gran calado intelectual, catedr&aacute;tico de literatura germ&aacute;nica en la Universidad de Trieste, traductor de Ibsen, Kleist, Schnitzler, creador de <em>El Danubio</em>, <em>El anillo de Clarisa</em>, <em>Otro mar</em>, <em>Microcosmos</em>, <em>Utop&iacute;a y desencanto</em> o <em>El infinito viajar</em>, entre otras obras, es un viaje por los sentidos, cada lugar que contempla es un paisaje donde vive el recuerdo de una Europa que ha desaparecido para siempre, un espacio que nunca podremos olvidar.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; En <em>El Danubio,</em> la prosa de Magris lo cincela todo, como un buen escultor, nos ofrece el para&iacute;so de los lugares donde ha amado, Praga, la Antigua Baviera, la Selva Negra, todo es un ed&eacute;n por descubrir, el escritor mira y se detiene en cada pasaje, inventa as&iacute; el mundo, le da forma, esculpe con su prosa un escenario de estatuas intemporales que prevalecen al tiempo, no mueren nunca.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; En <em>Microcosmos</em>, tenemos al prosista que pinta los paisajes que ve, como podemos ver en Caf&eacute; San Marcos, principio del libro, en el fragmento que cito: &ldquo;El San Marcos es un arca de No&eacute;, donde hay sitio, sin prioridades ni exclusiones, para todos, par toda pareja que busque refugio cuando fuera llueve a c&aacute;ntaros y tambi&eacute;n para los que carecen de pareja&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; El lugar para la compa&ntilde;&iacute;a, pero tambi&eacute;n para los detalles, de este fino prosista, que hace del ensayo una novela, porque la descripci&oacute;n est&aacute; cincelada a la p&aacute;gina, nos llega con su corporeidad: &ldquo;La gente entra y sale del Caf&eacute;, a sus espaldas las hojas de la puerta contin&uacute;an oscilando, una leve bocanada de aire hace ondear el humo estancado. La oscilaci&oacute;n tiene cada vez un aliento m&aacute;s corto, un latido m&aacute;s breve. En el humo flotan franjas de polvillo luminoso, espiras de serpentinas se desarrollan lentamente&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Hay en Magris un deseo de describir, de que el lector vea cada paisaje, pero no elude la reflexi&oacute;n, la intelectualidad que hay detr&aacute;s de cada mirada, un eco que persiste en el alma del que viaja, como nos deja claramente en este Microcosmos: &ldquo;La vejez es una exuberancia ca&oacute;tica; vida que crece destruyendo su propia forma y muere por exceso&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En <em>Utop&iacute;a y desencanto</em>, un libro magistral, el escritor habla de la literatura y de muchos escritores, el libro es un deleite de sabidur&iacute;a, de saber mirar el mundo, de diagnosticar los problemas que nos asolan, aquello que hemos perdido, ese espacio de tiempo que ya es recuerdo, las voces que ya no llevan ecos, los olvidos que perecen en un rinc&oacute;n, cuando era f&aacute;cil mirar atr&aacute;s y hacernos m&aacute;s sabios, algo extra&ntilde;o se nos va, un pasado que nos enriqueci&oacute;, una estirpe que se ha ido alejando, porque el mundo todo lo fagocita, hasta no dejar nada.</p>
<p>&nbsp; Su visi&oacute;n de la literatura, en este af&aacute;n de mirar a la literatura y al mundo, como dos espejos, es muy interesante, porque, seg&uacute;n Magris, todo est&aacute; en ella, en ese af&aacute;n de envolver lo mejor de nosotros para ser contado: &ldquo;Hay una irresponsabilidad que la literatura reivindica como su derecho inalienable y que protege de la insoportable seriedad de la vida, de sus deberes y sus atosigamientos, recordando que es necesario asistir a clase, pero tambi&eacute;n hacer novillos&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Es en la literatura donde vive el af&aacute;n de dibujar otra realidad, donde quepa el sentido del humor, donde lo trascendente no lo sea y donde lo banal pase a primer plano, la mirada del escritor escruta el mundo y lo define, como si fuese un entom&oacute;logo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y en <em>El infinito viajar</em>, otro libro esencial, nos dice que el viaje supone el reencuentro consigo mismo, pero tambi&eacute;n la pincelada necesaria para fundamentar su vida, es el viaje un eco que viene de lejos, de otros que viajaron antes y de otros que lo har&aacute;n despu&eacute;s, en esa simbiosis de mundos que se encuentran, el viaje es un caleidoscopio donde el hombre se mira hacia la eternidad, solo en el viaje uno vive del todo y para siempre, se hace inmortal, porque el viajero conoce que el paisaje lo bautiza y le hace nacer de nuevo, cada pa&iacute;s es un nuevo nacimiento, una nueva alborada: &ldquo;No me basta con viajar solo en la cabeza porque me interesan las personas y las cosas, los colores y las estaciones, pero me resulta dif&iacute;cil viajar sin el papel, sin libros que poner delante del mundo como un espejo, para ver si se confirman o se desmienten rec&iacute;procamente. Hay dos tipos de libros que el viajero puede llevar consigo: los escritos por autores que expresan el genuis loci, que lee para comprender mejor la realidad desconocida en la que se adentra, y los escritos por autores llegados desde lejos sabiendo poco, como &eacute;l mismo, sobre aquellos lugares y que lee para comprender c&oacute;mo los miraron otros por primera vez&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin duda, el libro que se lleva en el viaje y el que se va creando en el interior, porque el viaje invita a escribir, pero tambi&eacute;n a leer, mirar un paisaje nuevo es esculpirlo con los ojos, es darlo forma, para mostrarlo en un cuadro, en una estatua, en una sinfon&iacute;a o en un papel. El libro nace en el viaje, porque viene de otros libros, se alimenta de ellos y la literatura copia a la vida y la supera, para que la vida sea tambi&eacute;n literatura a la vez.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin duda alguna, Magris es un gran pensador y un gran prosista, es consciente del derrumbe de la antigua Europa, como nos dej&oacute; claro en <em>El Danubio</em>, pero tambi&eacute;n es el viajero que vive el mundo como un eco de otro tiempo, de &eacute;pocas pasadas, historiador de un ayer que a&uacute;n se presiente en las ciudades amadas, pero es, desde luego, el viajero, que se enamora del mundo, porque cree que literatura y vida son la misma cosa, ambas se nutren a la vez, para configurar el para&iacute;so de la p&aacute;gina en blanco.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Acaba de recibir el Premio de la Feria Internacional de Guadalajara por su obra, es un pensador que hace falta, porque reivindica el pasado para entender el presente, porque nos invita a leer para ser m&aacute;s sabios, con sus estudios de los grandes escritores, Hesse, Goethe, Mann, Kafka, Joyce, para dejar huella en los lectores, para que estos sean m&aacute;s cultos tambi&eacute;n y sepan decir no a la mentira que rodea el mundo. Nada m&aacute;s y nada menos.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 13 Apr 2015 07:40:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rafael Azcona protagoniza el nuevo número de la revista "Turia"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/rafael-azcona-protagoniza-el-nuevo-numero-de-la-revista-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2015/rafaelquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p class="Textoindependiente21">Una aproximaci&oacute;n plural, rigurosa, atractiva y completa a Rafael Azcona es la propuesta que realiza el nuevo n&uacute;mero de la revista cultural TURIA a sus lectores. Un sumario de casi 500 p&aacute;ginas que tiene como principal protagonista a un autor que, tanto en el cine como en la literatura, hizo un magistral e imprescindible retrato tierno, festivo, amargo y burlesco del siglo XX. Adem&aacute;s, junto a este monogr&aacute;fico Azcona, la revista traza una amplia y sugerente panor&aacute;mica de las letras riojanas actuales con la presencia en sus p&aacute;ginas de un total de 23 autores de esta Comunidad Aut&oacute;noma. &nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">El nuevo n&uacute;mero de TURIA se present&oacute; en Logro&ntilde;o el pasado 24 de marzo y cuenta con el patrocinio del Gobierno de La Rioja. Cuando se cumplen siete a&ntilde;os de su muerte, TURIA ofrece un novedoso y necesario acercamiento a la vida y la obra de Rafael Azcona a trav&eacute;s de textos in&eacute;ditos elaborados por 14 autores muy vinculados al m&aacute;s c&eacute;lebre guionista del cine espa&ntilde;ol.</p>
<p class="Textoindependiente21">Coordinados por el especialista Bernardo S&aacute;nchez Salas, en el monogr&aacute;fico que TURIA dedica a Azcona encontraremos los testimonios exclusivos de directores de cine como Carlos Saura, Jos&eacute; Luis Garc&iacute;a S&aacute;nchez, Gonzalo Su&aacute;rez y Jos&eacute; Luis Cuerda. Y tambi&eacute;n el lector disfrutar&aacute; con art&iacute;culos originales de estudiosos del trabajo creativo de Azcona como Agust&iacute;n S&aacute;nchez Vidal, Juan Antonio R&iacute;os Carratal&aacute;, Jos&eacute; Ignacio Foronda, Santiago Aguilar, Pablo P&eacute;rez Rubio, Esteve Riambau, Luis Alberto Cabez&oacute;n, Luis Alegre, Manuel Hidalgo y &Aacute;ngel S. Harguindey.&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">En su excelente art&iacute;culo introductorio, Bernardo S&aacute;nchez Salas nos dar&aacute; la clave para entender a Rafael Azcona: &ldquo;a mi juicio, es &ndash;tanto desde la urgencia vital como desde el oficio dramat&uacute;rgico- la capacidad de adaptaci&oacute;n, la tenacidad en la adaptaci&oacute;n, la m&aacute;s extraordinaria, emocionante y productiva cualidad que yo destacar&iacute;a de Rafael&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Para S&aacute;nchez Salas, &ldquo;Rafael, como muchas de sus criaturas, tambi&eacute;n tuvo que &lsquo;sobreponerse&rdquo; continuamente. Es decir: adaptarse, readaptarse, errar, deslocalizarse y amoldarse varias veces. Fueron las sucesivas -y diversas- adaptaciones las que forjaron su personalidad y su producci&oacute;n intelectual&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>BUENAS LECTURAS PARA BUENOS LECTORES</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">Adem&aacute;s&nbsp; del&nbsp; protagonismo&nbsp; esencial&nbsp; de&nbsp; Rafael&nbsp; Azcona,&nbsp; el&nbsp; nuevo n&uacute;mero de TURIA brinda un variado e&nbsp; interesante&nbsp; cat&aacute;logo&nbsp; de&nbsp; buenas lecturas para buenos lectores.&nbsp; No&nbsp; en&nbsp; vano,&nbsp; adem&aacute;s&nbsp; de&nbsp; las colaboraciones&nbsp; de&nbsp; los&nbsp; autores&nbsp; ya&nbsp; citados,&nbsp; las p&aacute;ginas de la revista se enriquecen con textos in&eacute;ditos de grandes autores internacionales. As&iacute;, TURIA da a conocer un avance de la edici&oacute;n en espa&ntilde;ol de &ldquo;La isla de la infancia&rdquo;, del escritor noruego Karl Ove Knausgard. La obra, que ser&aacute; editada en mayo por Anagrama, es tercer volumen de su celebrada saga autobiogr&aacute;fica &ldquo;Mi lucha&rdquo;, una serie cuya aparici&oacute;n ha constituido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os todo un &eacute;xito mundial y ha consagrado a su autor como la &uacute;ltima revelaci&oacute;n de las letras europeas.</p>
<p class="Textoindependiente21">Tambi&eacute;n TURIA ofrece a los lectores el homenaje colectivo que siete poetas de diversas procedencias rinden al imprescindible escritor venezolano Rafael Cadenas, uno de los eternos candidatos al premio Cervantes. Otros protagonistas del sumario del nuevo n&uacute;mero de TURIA son autores como Paulino Masip, Javier Gom&aacute;, Adelaida Garc&iacute;a Morales, C&eacute;sar Antonio Molina, Manuel Longares o Ana Rossetti.</p>
<p class="Textoindependiente21">Especialmente recomendables son las dos amplias entrevistas exclusivas que TURIA publica: con el historiador Jos&eacute; &Aacute;lvarez Junco, uno de los estudiosos m&aacute;s certeros en el an&aacute;lisis de nuestro pasado y de nuestro presente (&ldquo;Hay que educar para el cambio. Es la &uacute;nica ley de la Historia&rdquo;) y con Manuel Saiz, uno de los nombres propios mas notables e internacionales del arte contempor&aacute;neo espa&ntilde;ol&nbsp; (&ldquo;Cada obra es una nueva manera de nombrar la muerte&rdquo;) que tambi&eacute;n es el autor de las once ilustraciones originales que enriquecen gr&aacute;ficamente este sumario de TURIA.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA ha conseguido convertirse, tras m&aacute;s de 31 a&ntilde;os de trayectoria,&nbsp; en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. Tiene difusi&oacute;n nacional e internacional y por sus p&aacute;ginas han pasado m&aacute;s de mil autores de diversas procedencias est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas, lo que da idea de la riqueza y pluralidad de sus contenidos. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA es una revista de periodicidad cuatrimestral que tiene una edici&oacute;n en papel y otra&nbsp; digital (web y Facebook). Est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero cuenta tambi&eacute;n con el patrocinio del Gobierno de La Rioja.</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>AZCONA IN&Eacute;DITO: CUATRO &ldquo;POSTALES&rdquo; DE LOS A&Ntilde;OS 50</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">A&nbsp; destacar,&nbsp; entre&nbsp; otras&nbsp; interesantes&nbsp; aportaciones&nbsp; que&nbsp; realiza&nbsp; TURIA,&nbsp; la&nbsp; recuperaci&oacute;n de cuatro textos de Azcona escritos en la prensa durante los a&ntilde;os 50 y hoy olvidados. Bajo el t&iacute;tulo com&uacute;n de &ldquo;Postales&rdquo; se publicaron originalmente en suplemento literario el diario &ldquo;Arriba&rdquo;. Los art&iacute;culos son una vi&ntilde;eta memorialistica y tres retratos de Ibiza, Canarias y Almu&ntilde;&eacute;car.</p>
<p class="Textoindependiente21">Merece la pena este rescate porque, como asegura Santiago Aguilar, &ldquo;en estas p&aacute;ginas volanderas Rafael Azcona asume el reto de transformar este g&eacute;nero epistolar breve en una suerte de fiel entre la observaci&oacute;n ir&oacute;nica, al modo rusi&ntilde;oliano, y un lirismo personal&iacute;simo.</p>
<p class="Textoindependiente21">Sale inmejorablemente librado del lance y esperamos que el lector coincida con nosotros en que se encuentran entre lo m&aacute;s cuajado de su labor en prensa a lo largo de la d&eacute;cada de los cincuenta&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">El &nbsp;conjunto &nbsp;de &nbsp;textos &nbsp;in&eacute;ditos &nbsp;que &nbsp;TURIA &nbsp;ofrece &nbsp;sobre Azcona es muy completo. Integra a distintas generaciones de estudiosos y especialistas y, sus art&iacute;culos y testimonios, permiten conocer m&aacute;s y mejor aspectos esenciales tanto de su trabajo creativo como de sus circunstancias vitales: Bernardo S&aacute;nchez Salas (&ldquo;Adaptaci&oacute;n&rdquo;), Agust&iacute;n S&aacute;nchez Vidal (&ldquo;La convergencia con el cine espa&ntilde;ol&rdquo;), Juan Antonio R&iacute;os Carratal&aacute; (&ldquo;Rafael Azcona: la necesidad de desplazarse en autob&uacute;s&rdquo;), Jos&eacute; Ignacio Foronda (&ldquo;Un hombre que fabrica un esqueleto&rdquo;), Santiago Aguilar (&ldquo;Azcona en los papeles: el aprendizaje del humorismo&rdquo;), Pablo P&eacute;rez Rubio (&ldquo;&iquest;Existe un modelo cinematogr&aacute;fico azconiano?&rdquo;), Esteve Riambau (&ldquo;Inquilino y conductor: <em>El pisito</em> y <em>El cochecito</em>&rdquo;), Luis Alberto Cabez&oacute;n Garc&iacute;a (&ldquo;Los papeles p&oacute;stumos de Rafael Azcona. Primera aproximaci&oacute;n a su biblioteca personal&rdquo;), Luis Alegre (&ldquo;Recuerdos de Rafael&rdquo;), Manuel Hidalgo (&ldquo;&iexcl;Que siga la cosa!&rdquo;) y &Aacute;ngel S. Harguindey (&ldquo;Los regalos al viento de Rafael&rdquo;).</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>AZCONA Y SUS DIRECTORES: SAURA, GARC&Iacute;A S&Aacute;NCHEZ, CUERDA Y SU&Aacute;REZ</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA da a conocer tambi&eacute;n la opini&oacute;n sobre Rafael Azcona de varios de los grandes directores del cine espa&ntilde;ol que trabajaron con &eacute;l: Carlos Saura, Jos&eacute; Luis Garc&iacute;a S&aacute;nchez y Jos&eacute; Luis Cuerda. O de otros que, como Gonzalo Su&aacute;rez, nunca lo hicieron. A trav&eacute;s de estos testimonios exclusivos, los lectores obtienen una aproximaci&oacute;n muy personal y cercana al universo azconiano y a su protagonista.</p>
<p class="Textoindependiente21">As&iacute;, Carlos Saura reconoce que &ldquo;durante a&ntilde;os, Rafael Azcona fue mi compa&ntilde;ero de viaje y colaborador. A &eacute;l le debo, entre otras cosas, el rigor en la escritura de un gui&oacute;n. Aprend&iacute; mucho a su lado&rdquo;. Recuerda Saura que &ldquo;Rafael exig&iacute;a que antes de escribir una sola letra le contaras el argumento de la pel&iacute;cula, los personajes, los escenarios. S&oacute;lo entonces, si le parec&iacute;a bien, aceptaba la colaboraci&oacute;n&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Por su parte, Jos&eacute; Luis Garc&iacute;a S&aacute;nchez considera que &ldquo;Azcona entr&oacute; en el cine como sucursal de la literatura&rdquo;. No obstante, tambi&eacute;n asegura que &ldquo;no es lo mismo escribir un gui&oacute;n con Azcona que hacerlo con otro cualquiera. Con &eacute;l consist&iacute;a en que te reun&iacute;as por la ma&ntilde;ana, durante muchas ma&ntilde;anas, dos o tres horas, y un rato hablabas de las historias que te tra&iacute;as entre manos, y ah&iacute; naturalmente aportabas tus ideas. Pero quien escrib&iacute;a el gui&oacute;n era por la tarde Rafael. A partir de un momento me pareci&oacute; completamente injusto figurar. Si lo miras cronol&oacute;gicamente yo, al final, no quer&iacute;a firmar los guiones porque eran de Rafael Azcona&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Seg&uacute;n Jos&eacute; Luis Cuerda, &ldquo;Azcona era un enemigo a muerte de la infecci&oacute;n sentimental. No soportaba la televisi&oacute;n actual. El ir a saco al coraz&oacute;n del espectador le parec&iacute;a una indecencia insoportable. Hubiera dirigido tan bien como escrib&iacute;a; pero dudo que le apeteciera tener aun productor, a un distribuidor o a una actriz o actor estrella a sus espaldas, mientras escrib&iacute;a un gui&oacute;n, d&aacute;ndole su opini&oacute;n sobre el mismo o intentando imponerla&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Gonzalo Su&aacute;rez lamenta que la simpat&iacute;a y la amistad que le uni&oacute; a Azcona nunca fuera corroborada por &ldquo;una colaboraci&oacute;n que siempre a&ntilde;oramos&rdquo;. Seg&uacute;n Su&aacute;rez, Azcona &ldquo;se mantuvo fiel a sus ideas, que pasaban por una visi&oacute;n estricta de la literatura y por la pretensi&oacute;n de no convertirse en personaje p&uacute;blico. &Eacute;l me sol&iacute;a preguntar por qu&eacute; diablos, sabiendo escribir, me empe&ntilde;aba en hacer cine. En cierto aspecto, para &eacute;l el cine era secundario. Fue, ante todo, un gran lector y un buen escritor&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Completa el monogr&aacute;fico de TURIA, una &uacute;til y pormenorizada biocronolog&iacute;a de Rafael Azcona elaborada por un reconocido especialista: el historiador del cine espa&ntilde;ol Pablo P&eacute;rez Rubio.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>PAULINO MASIP, EHRENBURG Y ADELAIDA GARC&Iacute;A MORALES</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">El sumario de Turia se abre, en esta ocasi&oacute;n, con un art&iacute;culo de Mar&iacute;a Teresa Gonz&aacute;lez de Garay titulado &ldquo;Paulino Masip: un escritor exiliado de la generaci&oacute;n del 27&rdquo;. Un redescubrimiento necesario de un autor de m&uacute;ltiples registros (periodista, narrador, guionista&hellip;) comprometido con la Segunda Rep&uacute;blica que merecer&iacute;a m&aacute;s lectores, m&aacute;xime porque su libro &ldquo;El diario de Hamlet Garc&iacute;a&rdquo; es una de las mejores novelas sobre la guerra civil publicada fuera de Espa&ntilde;a. &nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">C&eacute;sar Antonio Molina se ocupa, en su art&iacute;culo &ldquo;C&oacute;mplice del estalinismo&rdquo; de analizar las memorias de Ehrenburg. Un documento repleto de &ldquo;silencios, vac&iacute;os, omisiones&rdquo; pero &ldquo;fundamental para entender el pensamiento sovi&eacute;tico moderado, su rostro m&aacute;s culto, inteligente, pero al fin y al cabo tambi&eacute;n cruel&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">En &ldquo;La soledad y los silencios de Adelaida Garc&iacute;a Morales&rdquo;, Pedro M. Domene se ocupa de descubrirnos las claves de una autora singular en nuestro panorama literario. Fallecida el pasado a&ntilde;o, este texto es una suerte de homenaje a quien nos deslumbr&oacute; con un libro de una fuerza deslumbrante: &ldquo;El Sur&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>KNAUSGARD, RAFAEL CADENAS Y JAVIER GOM&Aacute;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">En el apartado que TURIA dedica al ensayo, se incluye un texto que merece una lectura atenta: &ldquo;La imagen de tu vida&rdquo;, de Javier Gom&aacute; Lanz&oacute;n. El fil&oacute;sofo y director de la Fundaci&oacute;n Juan March se ocupa de analizar el concepto de gloria a partir de su definici&oacute;n como &ldquo;la imagen de una vida sublime&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>AMPLIA N&Oacute;MINA DE NARRADORES Y POETAS RIOJANOS</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">Aunque la presencia de autores riojanos se despliega a lo largo de las diversas secciones que configuran el sumario de TURIA, lo m&aacute;s relevante del elenco actual de las letras riojanas puede encontrarse en los apartados dedicados a narrativa y poes&iacute;a.</p>
<p class="Textoindependiente21">As&iacute;, encontraremos relatos in&eacute;ditos de Andr&eacute;s Pascual e Isabel Lizarraga Vizcarra o un adelanto de la nueva novela de Javier Casis. Pero la n&oacute;mina m&aacute;s espectacular, por su cantidad y calidad, es la po&eacute;tica. Una relaci&oacute;n de nombres propios que certifica la buena salud de la poes&iacute;a en La Rioja y que la integran autores de diversas generaciones y est&eacute;ticas: Jos&eacute; Ignacio Foronda, Jos&eacute; Luis P&eacute;rez Pastor, Manuel de las Rivas, Carmen Beltr&aacute;n, Sonia San Rom&aacute;n, Enrique Cabez&oacute;n, Pepe Viyuela, Nuria Ruiz de Vi&ntilde;aspre, Bego&ntilde;a Abad, Paulino Lorenzo, Antonio Alfaro, Adriana Ba&ntilde;ares, &Aacute;ngel Mar&iacute;a Fern&aacute;ndez, Nerea Ferrez, Od&oacute;n Ser&oacute;n y Adri&aacute;n P&eacute;rez Castillo.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>ENTREVISTAS A JOS&Eacute; &Aacute;LVAREZ JUNCO Y MANUEL SAIZ</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">Dos conversaciones a fondo y de lectura muy provechosa ofrece TURIA. Sus protagonistas, el historiador Jos&eacute; &Aacute;lvarez Junco y el artista Manuel Saiz no pueden ser m&aacute;s distintos y, al mismo tiempo, m&aacute;s pr&oacute;ximos por la claridad y la coherencia con expresan sus opiniones.</p>
<p class="Textoindependiente21">Quien se aproxime a Jos&eacute; &Aacute;lvarez Junco a trav&eacute;s de la entrevista de TURIA podr&aacute; leer, entre otras afirmaciones: &ldquo;Hay que educar para el cambio. Es la &uacute;nica ley de la Historia&rdquo;. Y tambi&eacute;n conocer&aacute; que, en su opini&oacute;n y en materia educativa, &ldquo;no podemos imponer a una sociedad que aprenda cosas en las que no est&aacute; interesada&rdquo;. Respecto a los nacionalismos, se muestra concluyente: &ldquo;son ahora los grandes manipuladores de la historia&rdquo;. Defiende tambi&eacute;n que &ldquo;la Constituci&oacute;n espa&ntilde;ola deber&iacute;a convertirse en plenamente federal&rdquo;, al tiempo que se declara partidario de que &ldquo;tuvi&eacute;ramos mucha m&aacute;s identidad europea de la que tenemos&rdquo;. Preguntado por la corrupci&oacute;n, &Aacute;lvarez Junco lo tiene claro: &ldquo;es la herencia del caciquismo, primero, y despu&eacute;s del corporativismo y del clientelismo&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Manuel Saiz es uno de esos creadores que aprenden con y desde su labor art&iacute;stica. Que descubre lo poco que sabe seg&uacute;n avanza en sus proyectos. Para Saiz, la obra de arte &ldquo;representa siempre un fracaso, el final de la experiencia art&iacute;stica, y el s&iacute;mbolo del agotamiento del creador y de su imposibilidad de alcanzar el infinito. Si el artista recibe las obras con alegr&iacute;a es porque llegan en el momento en el que uno ya no puede m&aacute;s&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>ART&Iacute;CULOS SOBRE FRANCISCO J. URIZ Y JER&Oacute;NIMO LAFUENTE</strong></p>
<p>Respecto a sus dos secciones dedicadas a&nbsp; los asuntos o protagonistas aragoneses, TURIA se ocupa de rendir tributo a uno de los grandes nombres propios de nuestra cultura, el traductor y poeta Francisco J. Uriz. A trav&eacute;s de un excelente art&iacute;culo de Juan Marqu&eacute;s, se analiza la extensa e intensa trayectoria intelectual de un zaragozano &ldquo;tenaz, ilusionado y algo zumb&oacute;n que tiene mucho de artesano pero tambi&eacute;n un poco de jornalero&rdquo; de las letras. Sin duda, Uriz ha sido un incansable trabajador del idioma: bien traduciendo con maestr&iacute;a como certifica su Premio Nacional a la obra de un traductor, o bien como autor de una obra po&eacute;tica propia que merece ser muy tenida en cuenta.</p>
<p>Tambi&eacute;n TURIA ofrece a los lectores un art&iacute;culo sobre uno de los grandes protagonistas del regeneracionismo turolense del siglo XIX: Jer&oacute;nimo Lafuente. En esta ocasi&oacute;n, el texto que le dedica Francisco L&aacute;zaro Polo nos permite descubrir un aspecto menos conocido de su personalidad: sus viajes por Europa. As&iacute;, fruto de sus recorridos por Francia e Italia, public&oacute; en Madrid en 1870 su libro &ldquo;Tres meses en Italia&rdquo;. Un volumen destinado a describir no s&oacute;lo las ciudades y los monumentos principales, sino tambi&eacute;n encaminado a suministrar noticias curiosas e indispensables para el viajero.</p>
<p class="Textoindependiente21">Asimismo, TURIA contiene&nbsp; la secci&oacute;n habitual denominada &ldquo;La isla&rdquo;, con fragmentos del diario de Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas enriquecidos gr&aacute;ficamente por Isidro Ferrer. Cierra el sumario de la revista una amplia secci&oacute;n de cr&iacute;tica de libros, &ldquo;La Torre de Babel&rdquo;, donde se analizan las novedades editoriales de mayor inter&eacute;s.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 27 Mar 2015 07:12:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[José Álvarez Junco: "Hay que educar para el cambio. Es la única ley de la Historia"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jose-alvarez-junco-hay-que-educar-para-el-cambio-es-la-unica-ley-de-la-historia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2015/josealvarezquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>Hizo derecho por tradici&oacute;n familiar, pero la Historia se cruz&oacute; en su camino. Lo suyo no era convertirse en notario y registrador de la propiedad, como quer&iacute;a su padre. Fue la curiosidad por la pol&iacute;tica, por los derechos p&uacute;blicos, lo que llev&oacute; a Jos&eacute; &Aacute;lvarez Junco (Viella, L&eacute;rida, 1942) a desmarcarse de los deseos paternos, a reconocer los trazos de su car&aacute;cter a la hora de dibujar su propio horizonte, los pliegues de un destino &uacute;nico e intransferible. Empez&oacute; la carrera de Pol&iacute;ticas cuando corr&iacute;an tiempos grises en Espa&ntilde;a, tiempos de franquismo y cerraz&oacute;n. En ese escenario, cada vez m&aacute;s comprometido en la lucha contra la dictadura, el joven estudiante emprendi&oacute; viaje a Inglaterra a finalizar su formaci&oacute;n.</p>
<p>All&iacute;, leyendo un libro de Gerald Brenan, fue donde se enter&oacute; de que en Espa&ntilde;a hab&iacute;a habido anarquismo. A su regreso le propuso a Jos&eacute; Antonio Maravall, su profesor favorito, junto con Luis D&iacute;ez del Corral, hacer su tesis sobre la filosof&iacute;a pol&iacute;tica del anarquismo espa&ntilde;ol. Reconoce que entonces sab&iacute;a muy poco de Historia, que lo que de verdad le atra&iacute;a era ver cu&aacute;les eran las bases filos&oacute;ficas que hab&iacute;a detr&aacute;s del anarquismo, analizar c&oacute;mo era posible una sociedad sin autoridad... &ldquo;Pero cuando termin&eacute; esa tesis me encargaron una asignatura, Historia de los movimientos sociales, y tuve que empezar a hacer Historia, a ense&ntilde;ar Historia, a ejercer como historiador&rdquo;.</p>
<p>Con el paso de los a&ntilde;os &Aacute;lvarez Junco se ha convertido en un ser prudente, reflexivo, amigo de dar tiempo al tiempo, de sobrevolar los acontecimientos con los ojos de la relatividad y de la experiencia, de aceptar los cambios y renovaciones sin reticencias, prejuicios y apegos inmovilistas. &ldquo;Ya veremos&rdquo; o &ldquo;habr&aacute; que esperar&rdquo; son expresiones que utiliza &nbsp;una &nbsp;y &nbsp;otra &nbsp;vez, &nbsp;expresiones &nbsp;que &nbsp;invitan &nbsp;al &nbsp;ejercicio&nbsp; de&nbsp; la&nbsp; paciencia,&nbsp; de&nbsp; la&nbsp; no precipitaci&oacute;n a la hora de emitir juicios, de hacer valoraciones. Un repaso a su trayectoria demuestra hasta qu&eacute; punto ha ido analizando los temas esenciales de nuestro tiempo, esos que hoy, desde los llamativos titulares del presente, nos pueden parecer incluso novedosos, pero que arrancan de lejos: los nacionalismos, los movimientos sociales, los populismos...</p>
<p>Obras como&nbsp; <em>El emperador del Paralelo. Alejandro Lerroux y la demagogia populista, Or&iacute;genes culturales de la II Rep&uacute;blica, Mater dolorosa o la idea de Espa&ntilde;a en el siglo XIX</em> o <em>Las historias de Espa&ntilde;a</em>, entre otras, resultan esenciales para todo aquel que quiera comprender mejor la actualidad, porque es tarea del historiador ofrecer argumentos que ayuden a forjar puntos de vista alejados de la trivialidad y de la urgencia; porque es su anhelo ir desbrozando y aligerando el sendero de lo colectivo para invitar a abrir interrogantes que prolonguen el debate y lo enriquezcan de manera fluida, constructiva.</p>
<p>Da la impresi&oacute;n de que a este hombre reci&eacute;n jubilado, alejado ya de la primera l&iacute;nea de la docencia, no le llegan las horas del d&iacute;a, para hacer todo lo que quisiera hacer, para acometer tantas lecturas y trabajos. Inquieto, atento a la actualidad, sabedor de que ante la sensaci&oacute;n de velocidad que nos atenaza hay que imponer calma y perspectiva, en el momento de esta entrevista estaba entregado a la labor de un pr&oacute;ximo libro que ser&aacute; una recopilaci&oacute;n de todos sus estudios sobre naciones y nacionalismos. Pero la conversaci&oacute;n le oblig&oacute; a hacer una parada y mirar hacia atr&aacute;s, hacia los comienzos, hacia ese primer tramo del camino desde el que todo se construye. Ir hacia atr&aacute;s para avanzar hacia adelante, para leer el ahora.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Hacer la otra historia de Espa&ntilde;a</strong></p>
<p>- Empecemos por ese momento clave en su vida en el que toma la decisi&oacute;n de hacer una tesis doctoral sobre el anarquismo en plena etapa franquista. En esos momentos se trataba de algo absolutamente innovador, valiente. S&eacute; que no fue del todo f&aacute;cil llevarla a cabo...</p>
<p>- No. No me result&oacute; f&aacute;cil porque me negaron una beca. Era l&oacute;gico que el tema no gustara demasiado pol&iacute;ticamente, pero la elecci&oacute;n respondi&oacute; a un &iacute;mpetu generacional. Entonces los historiadores y polit&oacute;logos j&oacute;venes est&aacute;bamos interesados en el estudio del movimiento obrero. El marxismo era una influencia para todos, en mayor o menor medida. Yo, aunque no fui un marxista ortodoxo, tambi&eacute;n me dediqu&eacute; a investigar la historia del movimiento obrero y tambi&eacute;n cre&iacute; que el socialismo suceder&iacute;a al capitalismo. Desde ah&iacute;, intent&aacute;bamos hacer la otra historia de Espa&ntilde;a, esa historia que no nos hab&iacute;an contado y que nosotros intent&aacute;bamos reivindicar, cada cual acerc&aacute;ndose a aquella parte que le resultaba m&aacute;s atrayente.</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo ve el &Aacute;lvarez Junco de hoy al joven que fue?, &iquest;Qu&eacute; recuerdos guarda de esa &eacute;poca, de la vida universitaria, de ese primer viaje a Inglaterra?</p>
<p>-&nbsp; La vida universitaria de esos a&ntilde;os, por supuesto, estaba dominada por la situaci&oacute;n pol&iacute;tica, por el antifranquismo imperante, que contrastaba tanto con la vida del ciudadano normal. Eran como dos mundos: uno, el de la calle, muy reprimido y temeroso; y otro muy libre, audaz, con pintadas del tipo "Franco, asesino". Eso resultaba muy atractivo, sin duda, aunque hiciera dif&iacute;cil que se desarrollaran cursos con normalidad. Yo me fui a Inglaterra a los 22 a&ntilde;os, una decisi&oacute;n, en efecto, crucial en mi vida. Estuve un a&ntilde;o en una ciudad de provincias (Bristol) y lo pas&eacute; mal, porque llegu&eacute; con un nivel p&eacute;simo de ingl&eacute;s. Todo me resultaba extra&ntilde;o: la lengua, las comidas, la falta de sol, la forma de relacionarse de la gente. Pero aprend&iacute; mucho. Conoc&iacute; una sociedad libre, donde la gente procuraba no molestar al de al lado, donde hab&iacute;a elecciones, donde hab&iacute;a viejitas empolvadas que iban a m&iacute;tines de Harold Wilson y cantaban la Internacional. Fueron, adem&aacute;s, mis primeras relaciones con chicas, mucho m&aacute;s libres, por supuesto, que en Espa&ntilde;a. En fin, volv&iacute; asombrado por lo que hab&iacute;a vivido, y en cierto modo seducido por aquella sociedad</p>
<p>- Y all&iacute; aguardaba Gerald Brenan. En este caso se puede confirmar que una lectura puede transformar la vida, iluminar el rumbo de los acontecimientos.</p>
<p>- S&iacute;. Leyendo <em>El laberinto espa&ntilde;ol</em> de Gerald Brenan supe que en Espa&ntilde;a hab&iacute;a habido anarquismo y volv&iacute; decidido a hacer mi tesis sobre eso. Como yo no era historiador, sino que estaba en la facultad de Pol&iacute;ticas, y mi asignatura era Historia de las Ideas, o del pensamiento, pol&iacute;tico, pues hice un enfoque de filosof&iacute;a pol&iacute;tica: la filosof&iacute;a pol&iacute;tica del anarquismo espa&ntilde;ol.</p>
<p>Eso me llev&oacute; unos ocho a&ntilde;os, del 66 al 74. Me le&iacute; todos los libros, folletos, peri&oacute;dicos, anarquistas que pude encontrar (al final, la mayor&iacute;a en &Aacute;msterdam, en el Instituto de Historia Social, donde hay unos fondos inmensos del anarquismo espa&ntilde;ol; estuve all&iacute; varias veces). Y, ante la cantidad de material, acab&eacute; cortando en 1910, sin poder llegar a la Guerra Civil, que era mi idea inicial. Me interes&oacute; mucho el tema, y me atrajo vitalmente, pero tambi&eacute;n llegu&eacute; a la conclusi&oacute;n de que su creencia b&aacute;sica de que hab&iacute;a una armon&iacute;a natural que permit&iacute;a proyectar una sociedad sin coacci&oacute;n de ning&uacute;n tipo era demasiado ingenua.</p>
<p>- Del joven estudiante pasamos a una larga etapa como catedr&aacute;tico de Historia del Pensamiento y los Movimientos Sociales en la Universidad Complutense. Una etapa que acab&oacute; hace poco m&aacute;s de un a&ntilde;o y que se zanj&oacute; con un libro de homenaje dedicado por algunos de sus disc&iacute;pulos, <em>Pueblo y Naci&oacute;n</em>. &iquest;Se echan de menos las aulas? &iquest;Fue gratificante ese periodo dedicado a la ense&ntilde;anza?</p>
<p>- La ense&ntilde;anza, &iquest;gratificante? S&iacute;, desde luego. El contacto con los alumnos, con los buenos, con los que se interesan por lo que les dices, es apasionante. Pero ense&ntilde;ar a esa mayor&iacute;a que est&aacute; all&iacute; s&oacute;lo por obligaci&oacute;n me gustaba menos. Ahora me alegro de no tener que hablar en p&uacute;blico sino para gente que va a o&iacute;rme porque les interesa. O sea, que no echo en falta las clases. En cuanto al ambiente universitario en s&iacute;, a mis contactos con los colegas, tampoco es grandioso en Espa&ntilde;a. Hay poco ambiente de debate, de discusi&oacute;n de ideas nuevas, sobre lecturas recientes, etc&eacute;tera, en la universidad espa&ntilde;ola. Salvo excepciones, claro. Mi departamento, por ejemplo, el de Historia, en la facultad de Pol&iacute;ticas, donde me acabo de jubilar, es francamente bueno.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;No podemos imponer a una sociedad que aprenda cosas en las que no est&aacute; interesada&rdquo;</strong></p>
<p>- Hoy, tal y como est&aacute;n las humanidades, seguramente habr&aacute; muchos padres que se llevar&aacute;n las manos a la cabeza si un hijo o hija les dice que quiere dedicarse a la Historia. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; futuro puede tener eso en el mundo de hoy?&rdquo;, puede que sea la pregunta, la reflexi&oacute;n inmediata. &iquest;Qu&eacute; se les puede decir a esos padres?</p>
<p>- Bueno. Entiendo que sea as&iacute;, porque los padres est&aacute;n pensando en el bienestar de sus hijos y en que elijan una carrera que tenga futuro. Yo tambi&eacute;n soy padre y tambi&eacute;n he podido adoptar esas posiciones conservadoras en un momento dado y dar a mi hijo ese tipo de consejos.</p>
<p>Evidentemente la sociedad en la que estamos no demanda historiadores. La salida del historiador ha sido siempre la ense&ntilde;anza y hoy, en el sistema educativo actual, la presencia de la historia es muy reducida. &iexcl;Qu&eacute; le vamos a hacer! No podemos imponer a una sociedad que aprenda cosas en las que no est&aacute; interesada.</p>
<p>- &iquest;No deber&aacute;n recuperar las humanidades el lugar que les corresponde, no ser&iacute;a positivo, necesario, que as&iacute; fuera?</p>
<p>- Lo que creo es que habr&aacute; un nicho para las humanidades, pero no que vayan a recuperar el antiguo esplendor, porque la ense&ntilde;anza antigua estaba demasiado basada en las humanidades. A m&iacute; me ense&ntilde;aron siete a&ntilde;os de lat&iacute;n y hoy la presencia del lat&iacute;n es cero. &iquest;Volver&aacute; a recuperar el esplendor, se volver&aacute;n a impartir siete a&ntilde;os de lat&iacute;n a todos los ni&ntilde;os? Pues no, l&oacute;gicamente. Pero s&iacute; creo, y espero que se llegue a un equilibrio, que no se acaben eliminando las humanidades, como algunos pretenden. A cambio, estas disciplinas tendr&aacute;n que adaptarse a criterios cient&iacute;ficos, m&aacute;s modernos. Tendr&aacute;n que someterse a evaluaci&oacute;n y ense&ntilde;arse de una manera que no sea estrictamente memor&iacute;stica. Tendr&aacute;n que salir del &aacute;mbito de las escuelitas controladas por los grandes nombres en cada especialidad.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;La historia ayuda a ver con m&aacute;s tranquilidad las cosas que est&aacute;n ocurriendo&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;De qu&eacute; manera mira un historiador al presente y afronta la vida, el paso del tiempo? &iquest;Cuenta con ventaja? &iquest;Ser consciente de los vaivenes de la historia ayuda a comprender, a asumir, confiar en el futuro, a un mejor vivir, por decirlo de otra manera?</p>
<p>- S&iacute;. La historia, sin duda, ayuda a ver con m&aacute;s tranquilidad las cosas que est&aacute;n ocurriendo, porque uno sabe qu&eacute; hechos similares han sucedido en el pasado. Si estamos hablando de cambio clim&aacute;tico, por ejemplo, alguien que no sepa de historia lo puede ver en t&eacute;rminos apocal&iacute;pticos. &ldquo;Se va a terminar el mundo&rdquo;, pensar&aacute;. Pero el historiador sabe que ha habido quejas sobre los cambios en el tiempo, en el clima, siempre, constantemente. &ldquo;Las lluvias de este a&ntilde;o no hab&iacute;an ocurrido nunca&rdquo; o &ldquo;estas sequ&iacute;as son nuevas, nadie antes las hab&iacute;a conocido&rdquo;, son cosas que ha dicho la gente en &eacute;pocas muy distintas y distantes entre s&iacute;. Ha habido ciclos de cambio clim&aacute;tico. Ha habido glaciaciones y los glaciares se han retirado a lo largo de la historia de la humanidad. No digo yo que no haya novedades en lo que est&aacute; ocurriendo ahora. Probablemente las hay, pero esperemos a ver.</p>
<p>- Pero esos ciclos siempre han sido bruscos, siempre han conllevado consecuencias, transformaciones, para la vida de las comunidades.</p>
<p>- Sin duda. Siempre han sido bruscos y siempre han producido much&iacute;sima alarma. Ahora, cambiando de tema, se habla mucho de la crisis de las publicaciones en papel y del auge de los medios digitales. Los que nos hemos educado en la imprenta podemos estar vi&eacute;ndolo como un horror, como una cat&aacute;strofe, pero es que tambi&eacute;n la imprenta supuso algo absolutamente nuevo frente a los manuscritos, y as&iacute; otras muchas cosas. Con todo esto quiero decir que el historiador tiende a ver lo que acaece en t&eacute;rminos un poco m&aacute;s relativos. Se trata de una transformaci&oacute;n m&aacute;s dentro de todas las transformaciones que se han producido. No hay duda de que la revoluci&oacute;n industrial fue un cambio descomunal respecto a lo que hab&iacute;a sido la historia de la humanidad antes, y ahora estamos viviendo otra revoluci&oacute;n de este tipo, en el &aacute;mbito de las comunicaciones. Llegar&aacute; un momento en que todos los avances que se est&aacute;n produciendo se encaucen, se sepan aprovechar y se lleguen a evitar los abusos que se cometen siempre en los primeros momentos.</p>
<p>- Se trata entonces de no tener miedo a los cambios, de verlos como algo natural, incluso positivo &iquest;no?</p>
<p>-&nbsp; As&iacute; es. Sobre todo como algo inevitable, como algo normal. Los cambios tienen sus partes positivas y sus partes negativas, pero en todo caso son inevitables. A un ni&ntilde;o, a un hijo, a un nieto, no le debemos educar en la idea de que tiene que comportarse como lo hicieron sus padres y abuelos, sino m&aacute;s bien al rev&eacute;s: &ldquo;Ni&ntilde;o, prep&aacute;rate para vivir una vida distinta a la que estamos viviendo nosotros, porque si hay algo seguro es que el mundo, la sociedad, que t&uacute; vas a encontrarte cuando crezcas, ser&aacute; distinta&rdquo;. La &uacute;nica ley de la Historia es el cambio.</p>
<p>- Sin embargo, vivimos en sociedades que continuamente fomentan el miedo: el miedo al desastre que puede llegar si no mantenemos el orden en el que estamos viviendo, si nos rebelamos contra determinados poderes... &iquest;C&oacute;mo hacer frente a ese mantra del miedo?</p>
<p>- Pues hablando de ello, escribiendo, cont&aacute;ndolo, educando a la gente para que precisamente no tenga ese miedo. El cambio es lo normal y lo mejor es acostumbrarse al cambio, educar para el cambio.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;El historiador tiene que captar al p&uacute;blico cont&aacute;ndole el pasado en t&eacute;rminos vivos&rdquo;</strong></p>
<p>- En el pr&oacute;logo de uno de sus ensayos, El emperador del Paralelo, dedicado a Lerroux, dice que &ldquo;la historia es una ciencia social&rdquo;, pero tambi&eacute;n &ldquo;un arte literario&rdquo;. &iquest;Tiene que ser capaz el historiador de cautivar a la hora de narrar los acontecimientos igual que el escritor? &iquest;Tiene que fabular para llenar los vac&iacute;os, recurrir a la imaginaci&oacute;n?&nbsp;</p>
<p>- No. El historiador no es igual que el escritor. El historiador no se puede permitir ciertas licencias, no puede inventar. Tiene que basarse en datos verificables. Ahora bien: una cosa es basarse en datos verificables y otra cosa es hacer una aburrida y largu&iacute;sima exposici&oacute;n de todos esos datos. Hay que construir literariamente, captar al p&uacute;blico cont&aacute;ndole el pasado en t&eacute;rminos vivos. Al lector actual no se le puede ense&ntilde;ar una serie de momias. El emperador tal y el emperador cual son momias ahora mismo, pero fueron seres vivos y hay que contar c&oacute;mo eran entonces. Hay que ponerlos vivos al alcance de los lectores, en la medida de lo posible.</p>
<p>- Volviendo al libro sobre Lerroux hay cap&iacute;tulos en los que parece que estamos en una novela. Se lee con fluidez y para nada es aburrido. &iquest;Cu&aacute;les han sido los maestros de &Aacute;lvarez Junco? Antes citaba a Gerald Brenan...</p>
<p>- Ya... Pero yo he procurado salirme de ciertas caracter&iacute;sticas de Brenan, que&nbsp; era un gran escritor, un magn&iacute;fico escritor, pero estaba todav&iacute;a prisionero de una visi&oacute;n rom&aacute;ntica, en particular de Espa&ntilde;a. Para &eacute;l los espa&ntilde;oles eran un pueblo especial, que ten&iacute;a ciertas caracter&iacute;sticas psicol&oacute;gicas. Hoy en d&iacute;a eso no se sostiene. En cuanto a mis maestros puedo decir que he le&iacute;do a muchos historiadores y a muchos escritores. Soy muy cl&aacute;sico, la verdad, y entre los grandes libros de Historia a los que acudo una y otra vez, se encuentran obras de Burckhardt, de Huizinga. M&aacute;s recientemente he sido un gran lector de Tony Judt, una de las grandes cabezas de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas y en lo que respecta a Historia de Espa&ntilde;a, est&aacute; John Elliott... Esto de dar nombres es complicado, porque se olvida uno de autores que han sido cruciales. Son demasiados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;&ldquo;Una buena novela hist&oacute;rica es muy recomendable&rdquo;</strong></p>
<p>&iquest;Hasta qu&eacute; punto una obra literaria nos puede llevar a entender las circunstancias de una &eacute;poca concreta mejor que cualquier manual?</p>
<p>- Una buena novela hist&oacute;rica es muy recomendable, por supuesto, siempre teniendo claros los l&iacute;mites de la ficci&oacute;n y su distancia de la disciplina de la historia. No se puede llegar a excesos</p>
<p>como el de Simon Schama cuando dijo que el historiador tiene libertad para crear, porque los finales pueden ser muchos y estar abiertos a m&uacute;ltiples interpretaciones. No. Mire usted: los finales no pueden ser muchos, en el pasado el final ya est&aacute; dado. Ya lo sabemos. El reinado de Luis XVI termina con la revoluci&oacute;n francesa y cuando le cortan la cabeza. Usted puede interpretarlo de una manera u otra, pero no puede evitar que a Luis XVI le cortaran la cabeza. El final fue &eacute;se.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&ldquo;Los nacionalismos son ahora los grandes manipuladores de la Historia&rdquo;</strong></p>
<p>- Ah&iacute; est&aacute; el peligro de la tergiversaci&oacute;n de la historia. Continuamente vemos ejemplos de ello. Tenemos casos recientes como el pol&eacute;mico <em>Diccionario biogr&aacute;fico espa&ntilde;ol,</em> de la Real Academia de la Historia, donde se exalta a Franco en la entrada correspondiente y no se le califica como dictador, o el del libro de texto que no citaba el fusilamiento de Lorca.</p>
<p>- As&iacute; es. Y est&aacute;n tambi&eacute;n los nacionalismos. Los grandes manipuladores de la historia en general son ahora los nacionalismos. El nacionalismo, como teor&iacute;a pol&iacute;tica que legitima el poder en los tiempos modernos, tiene que manipular el pasado para explicar que todo ha llevado a la situaci&oacute;n actual, por ejemplo a la unidad y a la independencia de Espa&ntilde;a. Se nos cuenta, por ejemplo, que Viriato luchaba por la independencia de Espa&ntilde;a sin tener en cuenta que Viriato, en el siglo II antes de Cristo, dif&iacute;cilmente hubiera podido saber lo que significaba Espa&ntilde;a. Nunca hab&iacute;a visto un mapa de la pen&iacute;nsula ib&eacute;rica, l&oacute;gicamente, y el concepto de independencia no ten&iacute;a ning&uacute;n sentido para &eacute;l. Que llegaran unos romanos y que le robaran su ganado, le exigieran impuestos y se llevaran a las doncellas y las violaran, evidentemente le enfurec&iacute;a y le irritaba. Es comprensible que se rebelara contra ello, pero eso no quiere decir que luchara por la independencia de Espa&ntilde;a. Y luego est&aacute;n los catalanes diciendo que la Guerra de Sucesi&oacute;n fue</p>
<p>por la independencia de Catalu&ntilde;a frente a Espa&ntilde;a. Pues no. Fue bastante m&aacute;s complicado que eso y el concepto de independencia tampoco ten&iacute;a demasiado sentido en ese momento.</p>
<p>- El catalanismo ha vuelto a encenderse, despu&eacute;s de una larga etapa de tregua. La paz en el Pa&iacute;s Vasco no ha terminado del todo con los problemas. Sigue habiendo muchos cabos sueltos, por ejemplo, ahora, la reinserci&oacute;n de los presos...</p>
<p>- Bueno, el conflicto catal&aacute;n estaba ah&iacute; latente y ahora, desde comienzos del siglo XXI, desde el segundo mandato de Jos&eacute; Mar&iacute;a Aznar, se ha ido encendiendo. Hay unas &eacute;lites perif&eacute;ricas, de</p>
<p>cariz pol&iacute;tico-intelectual, m&aacute;s que econ&oacute;mico-empresarial, que no aceptan el centralismo de Madrid y rivalizan con &eacute;l, impulsando un proyecto, un marco pol&iacute;tico propio. Cada vez que en Espa&ntilde;a, en el conjunto de Espa&ntilde;a, hay un gobierno conservador duro, es cuando se dan pasos adelante en ese sentido. Ocurri&oacute; con Aznar y ocurre con Rajoy, cuyos gobiernos tienen menos atractivo sobre la poblaci&oacute;n de esas zonas. &Uacute;ltimamente se ha aprovechado la coyuntura de lo mal que se hizo la reforma del estatuto en Catalu&ntilde;a y se ha aprovechado la reciente sentencia del Tribunal Constitucional sobre el&nbsp; refer&eacute;ndum aprobado por el Parlamento catal&aacute;n, declarando inconstitucionales algunos art&iacute;culos que son iguales en el estatuto valenciano o andaluz. Eso ha resultado muy humillante y, naturalmente, esas &eacute;lites se han valido de ello para lanzar su proyecto un paso m&aacute;s adelante. En lo que respecta al caso vasco, el sentimiento nacionalista es menos profundo y menos extendido, especialmente entre las &eacute;lites. A pesar del desastre de ETA y de las tragedias que ha causado, se mantiene la reivindicaci&oacute;n, aunque da la impresi&oacute;n de que Bildu y sus alrededores est&aacute;n bastante contentos con el grado de poder local que han alcanzado y eso hace que en estos momentos la situaci&oacute;n est&eacute; mucho m&aacute;s calmada.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;La Constituci&oacute;n espa&ntilde;ola deber&iacute;a convertirse en plenamente federal&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;La soluci&oacute;n pasar&iacute;a por cambiar las estructuras, por ir hacia un estado federal? &iquest;En qu&eacute; modelos o ejemplos podemos fijarnos?</p>
<p>- S&iacute;. Por supuesto. La Constituci&oacute;n espa&ntilde;ola, que es bastante federal, aunque no se denomine as&iacute;, deber&iacute;a convertirse en plenamente federal. Se tratar&iacute;a de un federalismo asim&eacute;trico, ya que hay comunidades aut&oacute;nomas, como el Pa&iacute;s Vasco y Navarra, que tienen un r&eacute;gimen econ&oacute;mico radicalmente distinto, y hay comunidades aut&oacute;nomas que tienen lengua propia y otras que no. Es evidente que hay que formalizar ese federalismo. Y claro que hay modelos en los que podemos fijarnos. Ah&iacute; tenemos a Gran Breta&ntilde;a con Escocia. Y con Gales, alg&uacute;n d&iacute;a. Y con Irlanda en su momento. Recordemos los problemas que produjo la independencia de Irlanda y como una zona, en la que hab&iacute;a una mayor&iacute;a contraria a la independencia, se dej&oacute; inscrita al Reino Unido. Tambi&eacute;n est&aacute; el caso de Canad&aacute; con Quebec o el de B&eacute;lgica con las comunidades valona y flamenca. Hay muchas situaciones a las que podemos mirar.</p>
<p>- Alemania e Italia tambi&eacute;n tienen sus particularidades...</p>
<p>- S&iacute;, pero en Alemania el proceso de la unificaci&oacute;n lo marca todo. Claro que hay regiones como Baviera, que tienen unos rasgos culturales muy propios, incluso en lo que se refiere a la lengua,</p>
<p>pero el proceso de unificaci&oacute;n fue tard&iacute;o y muy fuerte en el siglo XIX. Hubo una enorme eclosi&oacute;n cultural a favor de la unificaci&oacute;n alemana y siguen inmersos en esa ola, igual que ocurri&oacute; en Italia. Italia unida no hab&iacute;a existido nunca, hasta el siglo XIX, en cambio la Rep&uacute;blica de Venecia lleg&oacute; a ser una de las grandes potencias europeas, con 700 a&ntilde;os de historia a sus espaldas. Y, sin embargo, Venecia se ha integrado en Italia y, pese a los esfuerzos del se&ntilde;or Bossi, por crear una Padania, no existe un movimiento fuerte a favor de una Venecia independiente e incluso se refieren al v&eacute;neto como nuestro dialecto. No tienen problemas en considerarlo un dialecto del italiano.</p>
<p>- &iquest;Por qu&eacute; la reticencia espa&ntilde;ola a aceptar otras formas, otras estructuras?</p>
<p>- Pues yo creo que porque ha habido una mayor debilidad del estado espa&ntilde;ol que de los estados franc&eacute;s o alem&aacute;n, o incluso italiano en los siglos XIX y XX. Han sido unos siglos muy duros para Espa&ntilde;a. La monarqu&iacute;a perdi&oacute; su imperio, perdi&oacute; prestigio y dej&oacute; de ser una gran potencia internacional para convertirse en una potencia de tercera categor&iacute;a. Cuando todos los dem&aacute;s europeos estaban reconstruyendo sus imperios, Espa&ntilde;a no logr&oacute; hacerlo, salvo unas migajas en &Aacute;frica. No logr&oacute; modernizar el pa&iacute;s, no hubo un proyecto pol&iacute;tico entusiasmante que pudiera llamarse espa&ntilde;ol y que atrajera a esas &eacute;lites perif&eacute;ricas. Se dieron muchos inconvenientes y no hubo un sistema educativo generalizado y obligatorio, como en el caso franc&eacute;s, lo que ha contribuido a que se mantengan esas identidades culturales y esas reivindicaciones pol&iacute;ticas.&nbsp;&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Espa&ntilde;a avanza hacia la integraci&oacute;n en Europa y hacia una progresiva disoluci&oacute;n del estado naci&oacute;n&rdquo; </strong></p>
<p>- &iquest;Hacia d&oacute;nde avanza Espa&ntilde;a? &iquest;Cu&aacute;l es la interpretaci&oacute;n de Espa&ntilde;a que ahora domina? En su obra <em>Las historias de Espa&ntilde;a</em> sostiene que hay distintas ideas de pa&iacute;s seg&uacute;n las necesidades pol&iacute;ticas del momento...</p>
<p>- &iquest;Hacia d&oacute;nde avanza Espa&ntilde;a? Pues hacia la integraci&oacute;n en Europa y hacia una progresiva disoluci&oacute;n del estado naci&oacute;n tal como lo conocimos en nuestra infancia, cuando Espa&ntilde;a era una unidad y no hab&iacute;a divisiones internas; cuando ten&iacute;a una soberan&iacute;a completa frente a los pa&iacute;ses vecinos: Francia, Portugal, Alemania, Inglaterra, Italia... Esa Espa&ntilde;a unida, independiente, soberana, se va a ir diluyendo y va a ir cediendo poderes a la Uni&oacute;n Europea, por un lado, perdiendo soberan&iacute;a tambi&eacute;n en relaci&oacute;n con otras instancias supranacionales, como el Tribunal Penal Internacional, la Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas o el Consejo de Seguridad. Espa&ntilde;a ir&aacute; perdiendo soberan&iacute;a y cediendo competencias tambi&eacute;n hacia abajo, hacia las comunidades aut&oacute;nomas o los estados federados que compongan la naci&oacute;n espa&ntilde;ola. L&oacute;gicamente ese es el proceso.</p>
<p>- Pero ahora tenemos la sensaci&oacute;n de que esos organismos como la ONU juegan un escaso papel en el devenir de la vida espa&ntilde;ola. Espa&ntilde;a tiene que someterse a los dictados europeos en el tema econ&oacute;mico, en lo que respecta a los altos intereses de la deuda, pero en lo que ata&ntilde;e a los derechos humanos, a Europa parecen no importarle leyes tan restrictivas de las libertades como la reciente Ley Mordaza.</p>
<p>- Bueno, en el tema de Derechos Humanos hay organismos como el Consejo de Europa, el Tribunal Penal Internacional o el Tribunal Europeo, a los que Espa&ntilde;a tendr&aacute; que someterse. Ya veremos si esa Ley Mordaza no es recurrida en su momento ante el Tribunal de Estrasburgo y hasta qu&eacute; punto no es anulada. Y ya veremos si en asuntos como el del juez Garz&oacute;n, que est&aacute; ahora mismo ante el Tribunal Europeo, no hay una sentencia que condene a Espa&ntilde;a y que obligue a reponer al juez en su puesto. Ya lo veremos. Hay cosas que el Estado espa&ntilde;ol no puede hacer. Ya veremos si no les obligan a dar marcha atr&aacute;s.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Nos ha tocado vivir en el mejor momento de la historia de Espa&ntilde;a&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; piensa Jos&eacute; &Aacute;lvarez Junco historiador y qu&eacute; piensa Jos&eacute; &Aacute;lvarez Junco ciudadano sobre la Espa&ntilde;a actual: la Espa&ntilde;a de la crisis, de la austeridad, de la desigualdad?</p>
<p>- Como dije antes, el historiador, afortunadamente, tiene una perspectiva m&aacute;s a largo plazo. Y eso tranquiliza bastante, porque lo primero que el historiador piensa sobre la Espa&ntilde;a actual es que nos ha tocado vivir en el mejor momento de su historia en siglos o en milenios. En los &uacute;ltimos 50 a&ntilde;os hemos salido de la dictadura, hemos establecido un r&eacute;gimen democr&aacute;tico, con much&iacute;simos problemas y muchos inconvenientes, pero, en fin, casi todos los reg&iacute;menes democr&aacute;ticos los tienen. Hemos dado un salto econ&oacute;mico impresionante, hemos pasado de una renta de menos de mil d&oacute;lares a 30.000 d&oacute;lares per c&aacute;pita. Hemos entrado en la Uni&oacute;n Europea y en el Consejo de seguridad de Naciones Unidas. Hemos eliminado el problema agrario de los cuatro latifundistas, con millones de braceros sin tierra (hoy el mundo rural es marginal, menos importante y el sector agrario no es, desde luego, el motor de la econom&iacute;a). Se han eliminado viejos problemas como el militarismo, la intervenci&oacute;n del ej&eacute;rcito, los golpes, los pronunciamientos, as&iacute; como el clericalismo, la intervenci&oacute;n de la Iglesia en el Estado... Claro que queda una parte de influencia de la Iglesia, de clericalismo, mayor que la que deber&iacute;a, pero nada comparado con hace 50 o 100 a&ntilde;os. En un per&iacute;odo as&iacute;, dentro de un contexto tan favorable, ha acontecido una crisis econ&oacute;mica, una crisis econ&oacute;mica de consecuencias fatales que est&aacute; haciendo que la gente tenga much&iacute;simos problemas para llegar a fin de mes, sin duda, pero pensemos en los problemas de nuestros abuelos cuando hab&iacute;a una crisis econ&oacute;mica.</p>
<p>- Pero para quienes pierden sus trabajos, sus casas, eso no es mucho consuelo.</p>
<p>-&nbsp; Yo no estoy quitando gravedad a lo que sucede, pero s&iacute; digo que, como m&iacute;nimo, tenemos que relativizar un poco las cosas. Es evidente que la crisis ha sido un desastre y no parece que se vaya a salir de ella de una manera duradera. Ahora parece que estamos en un momento de estancamiento, con un crecimiento cero o un poquito por encima de cero. Pero en nuestro pa&iacute;s lo grave es que no se est&aacute; cambiando el modelo de producci&oacute;n que ten&iacute;amos, basado en el ladrillo. No se est&aacute; invirtiendo en investigaci&oacute;n, que es lo que deber&iacute;a hacerse; no se est&aacute; apostando tampoco por crear sectores de especializaci&oacute;n capaces de crear nuevos productos y servicios para ofertar en el mercado. Ah&iacute; est&aacute; el gran problema.&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Una de las cosas que hay que hacer es fomentar la educaci&oacute;n, porque este es un pa&iacute;s muy inculto&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; no hemos aprendido del pasado? &iquest;Qu&eacute; errores no deber&iacute;amos repetir?</p>
<p>- No estoy seguro de que se repitan los errores del pasado porque parto de la idea de que la historia es cambio. Los errores nunca se pueden repetir exactamente, siempre se dan variantes. Eso de que los pueblos que no conocen su historia est&aacute;n condenados a repetirla no creo que sea una frase acertada. No creo que sea cierto. Hay que conocer el pasado y hay que aprender cosas de &eacute;l, por supuesto, pero no estamos condenados a repetir lo mismo si no lo hacemos, porque las circunstancias siempre son nuevas. Teniendo esto claro, s&iacute; puedo decir que los espa&ntilde;oles quiz&aacute; no hemos reflexionado suficientemente sobre nuestras p&eacute;simas condiciones de partida y sobre el esfuerzo que tenemos que hacer para convertirnos de verdad en una sociedad libre y en una sociedad con bienestar. Por eso, precisamente, una de las cosas que hay que hacer es fomentar la educaci&oacute;n, porque este es un pa&iacute;s muy inculto. Ha sido un pa&iacute;s muy inculto siempre y no se hacen los esfuerzos necesarios para superarlo. El hecho de que la gente sepa hoy leer sirve de poco si lo que leen son revistas de mala muerte sobre cotilleos, sobre separaciones, divorcios y otras maledicencias. Eso, en verdad, no es elevar demasiado el nivel cultural.</p>
<p>- Sin embargo, la educaci&oacute;n no es para nada un tema prioritario, todo lo contrario. Y lo mismo sucede con la cultura, que se quiere relegar a algo meramente decorativo, sin mayor importancia.</p>
<p>- As&iacute; es. Y se trata de un grav&iacute;simo problema. Es muy preocupante que la educaci&oacute;n a niveles primarios, secundarios o incluso universitarios, no sea prioritaria, pero a&uacute;n peor, si cabe, es que la investigaci&oacute;n a niveles altos, sea algo con lo que parece que ya ni se sue&ntilde;a. Y en cuanto a la cultura, quien debe fomentarla es la sociedad, no tanto el Estado. Yo no soy muy partidario de grandes subvenciones, pero es cierto que hay que impulsar la cultura y ah&iacute; hay que volver a la educaci&oacute;n. Para que la gente sea consciente de la importancia y del enriquecimiento que supone la literatura, por ejemplo, hay que estimularla a leer buenos textos literarios. Los ni&ntilde;os tienen que disfrutar de los libros. Hay que conseguir que se agarren a ellos. No se trata de ense&ntilde;arles de memoria qui&eacute;n era tal autor, el a&ntilde;o en que naci&oacute;, las obras que escribi&oacute;. Eso es lo de menos. Lo importante es que quieran leer m&aacute;s.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Ser&iacute;a partidario de que tuvi&eacute;ramos mucha m&aacute;s identidad europea de la que tenemos&rdquo;</strong></p>
<p>- Volvamos a Europa. &iquest;Qu&eacute; margen deja Europa a la construcci&oacute;n de una identidad propia como naci&oacute;n? &iquest;En qu&eacute; sentido interfiere e influye en esa construcci&oacute;n?</p>
<p>- Yo creo que interfiere e influye bastante poco, menos de lo que deber&iacute;a. Yo ser&iacute;a partidario de que tuvi&eacute;ramos mucha m&aacute;s identidad europea de la que tenemos, de que se ense&ntilde;ara en las escuelas historia de Europa m&aacute;s que historia de Espa&ntilde;a, teniendo en cuenta, adem&aacute;s, que ahora la historia de Espa&ntilde;a ha sido sustituida por historia de las autonom&iacute;as. Con esto no ganamos nada, al rev&eacute;s, retrocedemos. La historia de Espa&ntilde;a deber&iacute;a ser sustituida por historia de Europa y por historia del mundo. La gente se escandaliza de que los ni&ntilde;os no sepan los nombres de los r&iacute;os espa&ntilde;oles y que, en cambio, sepan los de su comunidad, que es lo que les ense&ntilde;an en geograf&iacute;a. Pero de lo que se trata es de que conozcan los r&iacute;os de Europa y los grandes r&iacute;os del mundo; que sepan situar a Carlomagno, tengan una idea completa de la historia de Europa y, adem&aacute;s, se muevan con naturalidad en la historia global, sabiendo qui&eacute;n fue Mahoma, qui&eacute;n fue Gengis Kan y qui&eacute;n fue Buda.</p>
<p>- Esto refleja muy bien lo que son los pilares de la construcci&oacute;n europea, una construcci&oacute;n basada en la econom&iacute;a y no en la cultura. No hay integraci&oacute;n cultural, no hay un conocimiento de los pa&iacute;ses entre s&iacute;. De ah&iacute; esa incomprensi&oacute;n de los pa&iacute;ses del Norte de Europa hacia los pa&iacute;ses del Sur. Hay muchos defectos en esa construcci&oacute;n y se tiende, cada vez m&aacute;s, a priorizar la econom&iacute;a por encima de todo lo dem&aacute;s.</p>
<p>- Bueno, eso es lo que quieren algunos de los miembros de la Uni&oacute;n Europea, por ejemplo Gran Breta&ntilde;a, que aboga por un espacio econ&oacute;mico y nada m&aacute;s. Est&aacute; claro que ese es un gran error de la Uni&oacute;n Europea. La cultura, la educaci&oacute;n, la integraci&oacute;n de todos los pa&iacute;ses en ese sentido es fundamental. Deber&iacute;a plantearse el tema de la ense&ntilde;anza de la historia, de la geograf&iacute;a, de la literatura, en las escuelas europeas de los distintos pa&iacute;ses de Europa y superar de una vez las ense&ntilde;anzas nacionales.</p>
<p>- &iquest;Volver&aacute; la socialdemocracia a recuperar sus principios en alg&uacute;n momento?</p>
<p>&nbsp;- Espero que s&iacute;. Es uno de los rasgos b&aacute;sicos de la identidad europea: una sociedad basada en el libre mercado, en la libre empresa, en la libre iniciativa, pero acompa&ntilde;ada de un colch&oacute;n de seguridad que se llama el estado del bienestar y que protege a los m&aacute;s desfavorecidos. Eso ha diferenciado a Europa de los Estados Unidos o de China. El concepto de Europa es el de ser una gran potencia econ&oacute;mica, basada en la libre empresa, pero tambi&eacute;n en la libertad y la democracia. No podemos renunciar a ello, tenemos que defenderlo y tenemos que potenciarlo como una de las marcas de la identidad europea.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;&ldquo;A m&iacute; no me interesa el pasado en s&iacute; mismo, me interesa el presente&rdquo;</strong></p>
<p>- Curiosamente, muchos de los temas y trabajos que han ocupado a Jos&eacute; &Aacute;lvarez Junco a lo largo de su trayectoria tienen que ver con asuntos muy candentes: los nacionalismos, los populismos, los movimientos sociales. Leyendo su obra, por ejemplo el libro sobre Lerroux ya citado, tenemos la impresi&oacute;n de que las cosas han cambiado muy poco en muchos aspectos. &iquest;Por qu&eacute; los cambios son tan lentos?</p>
<p>- Bueno, en la naturaleza humana hay algunos rasgos m&aacute;s o menos permanentes, pero si mi trabajo tiene que ver con el presente es porque precisamente lo que he buscado es comprender el presente, comprender el mundo en el que he vivido y el mundo en el que vivo actualmente. Para ello lo que he hecho ha sido mirar hacia atr&aacute;s para interpretar el hoy a trav&eacute;s de acontecimientos del pasado. A m&iacute; no me interesa el pasado en s&iacute; mismo, me interesa el presente. Y por eso es l&oacute;gico que todos los temas resulten tan candentes. El nacionalismo espa&ntilde;ol, por ejemplo, es el gran tema que me ha ocupado casi los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os, pero es que, en definitiva, a m&iacute; me educaron en eso. En la ense&ntilde;anza franquista hab&iacute;a unas dosis grand&iacute;simas de nacionalismo espa&ntilde;ol y lo que yo he intentado hacer es ajustar cuentas con mi pasado, en cierto modo. Y en cuanto a los pol&iacute;ticos y a Lerroux: Lerroux tiene mucho que ver con la seducci&oacute;n de los pol&iacute;ticos y con la capacidad de la ret&oacute;rica pol&iacute;tica de arrastrar a la gente prometiendo cosas que luego, en la mayor parte de los casos, resultan inventadas.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Todos los pol&iacute;ticos tienen alg&uacute;n grado de populismo&rdquo;</strong></p>
<p>- Entonces, si partimos de esta idea, podemos llegar a la conclusi&oacute;n de que todos los pol&iacute;ticos son populistas. &iquest;Acaso alg&uacute;n pol&iacute;tico acaba cumpliendo su programa?</p>
<p>- Todos los pol&iacute;ticos tienen alg&uacute;n grado de populismo, en efecto. Yo dediqu&eacute; en Lerroux un art&iacute;culo entero a la seducci&oacute;n de la oratoria pol&iacute;tica y ah&iacute; me refiero a que el buen populista es seductor o es emocionante, no necesariamente seductor. El populista puede ser amedrentador, puede producir miedo, que no es necesariamente seducci&oacute;n, y, sin embargo, se lleva a la gente de calle con el miedo. Una populista de derechas, tipo Marine Le Pen, ahora en Francia, no es seductora. Lo que est&aacute; haciendo es una llamada al miedo, pero en todo caso se trata de un llamamiento a las emociones, no al cerebro, no a la racionalidad, no a la explicaci&oacute;n racional de los fen&oacute;menos.</p>
<p>- Populismo y demagogia son dos palabras que ya empiezan a estar muy trilladas. Son t&eacute;rminos muy escurridizos. &iquest;Ambos est&aacute;n necesariamente unidos?&nbsp;</p>
<p>- No. No necesariamente. El populismo tiene un cierto contenido demag&oacute;gico, pero demagogia es una forma m&aacute;s extrema de referirse al populismo. Populismo es algo relacionado, sobre todo, con un discurso que se basa en una dicotom&iacute;a muy sencilla: pueblo frente a antipueblo. Se parte de una imagen muy idealizada del pueblo y del ciudadano. Se alude una y otra vez al pueblo sano, honrado, cuando el pueblo no es necesariamente ni tan bueno, ni tan sano, ni tan desprendido y generoso. El pueblo puede ser, por ejemplo, xen&oacute;fobo, y odiar a las minor&iacute;as culturales. No conviene idealizar tanto al pueblo, cosa que el populismo nunca deja de hacer, enfrent&aacute;ndolo siempre a unos malos que son los culpables de todo: los jud&iacute;os para Hitler; la oligarqu&iacute;a capitalista o las multinacionales para la izquierda tradicional. No podemos aceptar esa simplificaci&oacute;n. Las minor&iacute;as culturales, por ejemplo, nunca pueden ser las culpables de todos los males que nos est&aacute;n ocurriendo, en absoluto. Pueden tener alguna culpa de alguna cosa, pero de ninguna manera hay un cerebro malvado, jud&iacute;o universal, que dirige todas las cosas catastr&oacute;ficas que nos ocurren. Todo el que se base en ese tipo de discurso a m&iacute; me disgusta, desde luego. Se trata de ocultar la realidad de los hechos y ganar la discusi&oacute;n de una manera muy sencilla y, en este sentido, se le puede llamar demag&oacute;gica. Pero no nos quedemos aqu&iacute;: si por populismo entendemos a alguien que quiere hacer cosas que favorezcan a la mayor&iacute;a de los ciudadanos, ah&iacute; s&iacute; que estoy absolutamente con &eacute;l.</p>
<p>- Es decir, que el populismo puede tener tambi&eacute;n una connotaci&oacute;n positiva. Y, por otra parte, &iexcl;vaya espectro tan amplio abarca!. Personalidades como Hitler, Per&oacute;n, Gandhi o Hugo Ch&aacute;vez, tan distintos entre s&iacute;, como bien se expone en uno de los cap&iacute;tulos de <em>El emperador del Paralelo</em>, est&aacute;n dentro de la casilla de los populismos.</p>
<p>- S&iacute;, hay muchas variantes, en efecto. Si seguimos argumentando sobre los aspectos positivos que puede tener el populismo, est&aacute;, sobre todo, el hecho de que suele servir para denunciar la degradaci&oacute;n de los canales institucionales y de los grupos que han estado en el poder durante demasiado tiempo en una sociedad. No tener esto en cuenta, centrarse en lo negativo &uacute;nicamente y no ver las diferentes variantes, es absolutamente injusto.</p>
<p>- &iquest;Cree que estos t&eacute;rminos est&aacute;n siendo utilizados convenientemente o se han convertido en una cortina de humo? Cuando se tacha a una opci&oacute;n pol&iacute;tica de populista quien acusa tambi&eacute;n nos env&iacute;a el mensaje de que no es posible mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos, abogar por una mayor igualdad; que todo eso no puede ser m&aacute;s que una mentira. Y tambi&eacute;n es una especie de refugio para gobernantes liberales que echan mano de esa etiqueta simplista y f&aacute;cil con la que zanjan toda posibilidad de apertura, de debate, de reflexi&oacute;n...</p>
<p>- Cierto, absolutamente de acuerdo. Cuando surge un movimiento de este tipo, tiene que verse como un s&iacute;ntoma de que algo est&aacute; mal en el sistema, de que hay alg&uacute;n tipo de malestar. Debe atenderse, aplicar el remedio, abrir el debate.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&nbsp;&ldquo;Espa&ntilde;a no es un pa&iacute;s con una sociedad civil fuerte&rdquo;</strong></p>
<p>- Ha sido un proceso muy r&aacute;pido. En un pa&iacute;s como Espa&ntilde;a, que en tantos aspectos parece resignado, de repente se han generado nuevos cauces de participaci&oacute;n, de entusiasmo por la pol&iacute;tica, por el cambio, que no se ha dado en otros pa&iacute;ses europeos.</p>
<p>- S&iacute;, pero son entusiasmos como fogonazos, que de repente se producen, pero que pueden apagarse f&aacute;cilmente. Espa&ntilde;a no es un pa&iacute;s con una sociedad civil fuerte, que lleve a la gente a apuntarse a una causa, a ir a todas las reuniones que haga falta durante a&ntilde;os y a poner un dinerito mensual si fuera necesario. Eso se hace poco y ojal&aacute; que ahora se est&eacute;n sentando las bases para que suceda. Si ha habido algo que ha caracterizado a este pa&iacute;s ha sido una sociedad civil d&eacute;bil y si hay algo que caracteriza a nuestros partidos y sindicatos es que no tienen militancia en este sentido. Se meten en los partidos y sindicatos los que quieren hacer carrera pol&iacute;tica. Y eso no puede ser. Tiene que producirse un movimiento social, con mucho apoyo, y de ese movimiento ser&aacute; del que salgan algunos l&iacute;deres.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;La pol&iacute;tica es juego sucio, siempre&rdquo;</strong></p>
<p>- Cuando sucedi&oacute; el 15M muchos pol&iacute;ticos, intelectuales, pensadores dec&iacute;an: &ldquo;Muy bien, pero esto no basta, hay que trabajar, hay que pasar a la acci&oacute;n, hay que meterse en pol&iacute;tica...&rdquo; Ahora que mucha gente lo ha hecho, muchos de quienes ped&iacute;an eso se sienten amenazados e intentan golpearlos desde todos los flancos. &iquest;El juego sucio que estamos observando es propio de la pol&iacute;tica?</p>
<p>- S&iacute;. La pol&iacute;tica es juego sucio, siempre. Eso hay que saberlo, aceptarlo y defenderse. No se puede ir avanzando con la pelota creyendo que puedes regatear, llegar y chutar. Hay que seguir adelante esperando recibir la patada, porque te la van a dar, consciente de que te agarrar&aacute;n de la camiseta y tirar&aacute;n de ti para atr&aacute;s para hacerte caer. Cualquiera que entre en pol&iacute;tica tiene que tener esto muy claro.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;El historiador necesita imaginaci&oacute;n y flexibilidad mental para trasladarse al pa&iacute;s extranjero que es siempre el pasado&rdquo;</strong></p>
<p>- Adverbios como &ldquo;definitivamente&rdquo; o &ldquo;siempre&rdquo; tienen que estar prohibidos para un historiador, ha dicho &Aacute;lvarez Junco alguna vez &iquest;El buen historiador tiene que ser flexible?</p>
<p>- S&iacute;, claro. El buen historiador tiene que tener much&iacute;sima imaginaci&oacute;n y ser muy flexible. El mayor error que puede cometer un historiador es intentar entender el pasado en t&eacute;rminos del presente. No puede decirse que Carlos V fue a la reuni&oacute;n tal porque lo que quer&iacute;a era hacerse popular, ganar los votos y la adhesi&oacute;n de la gente. Mire usted: a Carlos V le tra&iacute;a sin cuidado hacerse popular. Eso pasa con un pol&iacute;tico actual, pero a un gobernante del siglo XVI ser popular no le serv&iacute;a de nada. No se puede creer, como hacen los cineastas de Hollywood, en una pel&iacute;cula, por otra parte estupenda, como es <em>Espartaco</em>, que &eacute;ste se sublev&oacute; contra los romanos porque cre&iacute;a en los derechos del hombre y en la libertad. Espartaco no pod&iacute;a entender esos conceptos y mucho menos la igualdad entre la mujer y el hombre. Espartaco era un esclavo y ten&iacute;a esa mentalidad. Parece ser que era hijo de alg&uacute;n preboste del lugar de donde le hubieran tra&iacute;do como esclavo y entonces funcion&oacute; como un l&iacute;der, pero en los t&eacute;rminos del siglo I antes de Cristo, no en los t&eacute;rminos de la actualidad. Hay un libro de un historiador norteamericano que se inicia con una frase, que, por cierto, es de una novela: &ldquo;El pasado es un pa&iacute;s extra&ntilde;o, el pasado es un pa&iacute;s extranjero. Uno tiene que viajar al pasado como se viaja a un pa&iacute;s extranjero&rdquo;. Es decir que hay que hacerse a la idea de que vamos a encontrarnos con otro idioma, con otras costumbres y de que tenemos que adaptarnos para conocerlo, para entenderlo. El historiador necesita, repito, imaginaci&oacute;n y flexibilidad mental para trasladarse a un pa&iacute;s extranjero.</p>
<p>- &iquest;Estamos en una etapa de cambio de ciclo a nivel global, no s&oacute;lo espa&ntilde;ol, en uno de esos momentos bisagra ?</p>
<p>- Es que no s&eacute; lo que quiere decir exactamente cambio de ciclo. Ya he dicho que el cambio es la ley de la historia. No s&eacute; si hay momentos bisagra. Todos los momentos lo son. &iquest;Un momento bisagra quiere decir un momento en que tenemos mucha herencia del pasado, pero a la vez est&aacute;n ocurriendo muchos acontecimientos nuevos, cosas que no hab&iacute;an ocurrido nunca? Pues eso son todos los momentos hist&oacute;ricos.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;En Espa&ntilde;a se desconf&iacute;a del discrepante, del individualista&rdquo;</strong></p>
<p>- Pero hay etapas de mayor estabilidad...</p>
<p>- S&iacute;. Hay etapas de mayor estabilidad y hay etapas de mayor cambio, no hay duda. &iquest;Esta es una etapa de especial cambio? No lo s&eacute;, porque tenemos tambi&eacute;n mucha continuidad con el pasado. Sigue habiendo mucha carga del pasado. En el caso de Espa&ntilde;a, desde luego. Hay muchas costumbres que perviven. Antes nos refer&iacute;amos al problema educativo, al problema de la falta de cultura y tambi&eacute;n de la falta de apoyo a la innovaci&oacute;n. Tambi&eacute;n podemos hablar de la desconfianza hacia el discrepante, hacia el individualista. Eso nos viene de una cultura heredada, de una cultura cat&oacute;lica, en la cual el discrepante debe tener cuidado porque lo pueden mandar a la hoguera.</p>
<p>- &iquest;No se puede destacar, brillar, en este pa&iacute;s? &iquest;Resulta peligroso?</p>
<p>-&nbsp; En este pa&iacute;s si una persona brilla dentro de las estructuras normales, no hay problema. Yo no me creo eso de la envidia innata del espa&ntilde;ol... Pero si brilla porque hace cosas que no hacen los dem&aacute;s, eso suscita recelo. Si la ejemplaridad se da dentro de las estructuras tradicionales; si se da el caso, por ejemplo, de alguien que se mete a cura y llega a obispo, pues no hay ning&uacute;n problema. Pero, en cambio, si es alguien que se ha salido de las normas y est&aacute; haciendo cosas originales, eso es lo que nos cuesta m&aacute;s trabajo, porque venimos de una cultura que no est&aacute; acostumbrada a fomentar la discrepancia. Tenemos una herencia cat&oacute;lica que nos transmite que todos tenemos que creer lo mismo. Lo bueno es que todos creamos lo mismo porque as&iacute; no hay conflictos sociales. Pues no. Si todos creemos lo mismo, nunca cambiaremos ni creceremos. Lo bueno es que alguien diga cosas nuevas, originales, que pueden ser interesantes o no. En cualquier caso, escuch&eacute;moslo. Si lo que dice son tonter&iacute;as nos servir&aacute; para reafirmarnos en lo que pens&aacute;bamos, pero si en alguna cosa tiene raz&oacute;n, eso ser&aacute; lo que aprendamos, lo que saquemos de positivo.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Sobre la Transici&oacute;n</strong></p>
<p>- &iquest;Porque tenemos la impresi&oacute;n de que la imagen ideal que durante mucho tiempo hemos tenido de la Transici&oacute;n se est&aacute; haciendo a&ntilde;icos?</p>
<p>- Quiz&aacute; porque la imagen que se cre&oacute; de la Transici&oacute;n era demasiado idealizada y la Transici&oacute;n tuvo sus problemas. Se hizo, y bastante bien, dadas las circunstancias en que se hizo. La dictadura hab&iacute;a terminado con el dictador en la cama. No hab&iacute;amos sido capaces de derribarle desde la oposici&oacute;n. Est&aacute;bamos en una situaci&oacute;n de debilidad. Digo est&aacute;bamos como si yo hubiera hecho algo. Yo no hice nada, fui un mero espectador, pero me encontraba all&iacute;, y desde luego, todo el aparato represivo, la polic&iacute;a, las fuerzas armadas, estaban en manos del sistema. Se tuvo que llegar a un acuerdo. Ellos contaban con el aparato represivo, pero no ten&iacute;an proyecto pol&iacute;tico. La oposici&oacute;n les vendi&oacute; ese proyecto a cambio de que no hubiera represalias ni purgas. Ese fue el acuerdo y estuvo, s&iacute;, bastante bien para lo que se pod&iacute;a hacer en ese momento.</p>
<p>-&nbsp; &iquest;Qu&eacute; es lo que pasa ahora? &iquest;Por qu&eacute; no se reconocen las limitaciones que hubo, porque ese af&aacute;n por seguir perpetuando un mito falso?</p>
<p>-&nbsp; Lo que pasa ahora es que algunos se han encastillado y siguen con la idealizaci&oacute;n de la Transici&oacute;n, incluso algunos que en aquel momento no votaron la Constituci&oacute;n, caso del se&ntilde;or Aznar, que estaba en contra y que ahora, curiosamente, la considera sagrada e intocable. Pues nuestra Constituci&oacute;n no es sagrada ni es intocable. Las constituciones necesitan ir adapt&aacute;ndose a los tiempos y las buenas constituciones, las que m&aacute;s han durado a lo largo de la historia, la de EEUU por ejemplo, tienen reformas, modificaciones constantes. Cada cierto tiempo se le a&ntilde;ade una enmienda a la constituci&oacute;n americana y eso demuestra su fortaleza. Aqu&iacute; se han podido hacer cosas a lo largo de todos estos a&ntilde;os que no se han hecho. Se podr&iacute;a haber exigido, por ejemplo, que la democracia interna de los partidos pol&iacute;ticos fuera mayor. Hubo muchas cuestiones que en la Transici&oacute;n se dejaron as&iacute; porque en ese momento se consider&oacute; que mejor no tocarlo. Pero ahora mismo, en cambio, mejor es tocarlo.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;En la Constituci&oacute;n hay aspectos que tienen que ser retocados&rdquo;</strong></p>
<p>- La idea generalizada de que la Constituci&oacute;n es papel mojado, parte del hecho de que no se cumple, de que se est&aacute; vulnerando constantemente.</p>
<p>- Bueno, en la Constituci&oacute;n hay aspectos que tienen que ser retocados, inevitablemente, por ejemplo el estado de las autonom&iacute;as, que la constituci&oacute;n dej&oacute; completamente abierto. Conviene cerrarlo un poquito, no digo del todo, pero s&iacute; un poquito. No puede haber un art&iacute;culo que diga que las provincias espa&ntilde;olas podr&aacute;n unirse y formar comunidades aut&oacute;nomas. Resulta que est&aacute;n formadas ya y eso hay que modificarlo y tantas otras cosas. Eso no quiere decir que la Constituci&oacute;n no sirva ya. Hay que seguir ateni&eacute;ndose a sus elementos b&aacute;sicos.</p>
<p>- Pero en la Constituci&oacute;n se habla del derecho a una vivienda digna y en este pa&iacute;s se producen continuamente desahucios de personas que no han podido conservar sus viviendas a causa de la crisis, a&uacute;n en contra de los dict&aacute;menes de la Uni&oacute;n Europea. Y se reducen los derechos sanitarios y educativos, derechos que la Constituci&oacute;n garantiza.</p>
<p>- Es cierto. Hablamos de derechos que, aunque no puedan garantizarse plenamente desde el punto de vista material, s&iacute; que tienen que verse como una aspiraci&oacute;n y como algo que los gobiernos deben tender a conseguir. Es l&oacute;gico que lo que sucede indigne a la gente cuando se cambia un art&iacute;culo de la Constituci&oacute;n como el 135 para decir que se da absoluta prioridad al pago de la deuda externa. A lo mejor a lo que hay que dar prioridad es a los servicios p&uacute;blicos, a los servicios sociales antes que a la deuda.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;La corrupci&oacute;n es la herencia del caciquismo, primero, y despu&eacute;s del corporativismo y del clientelismo&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Y nos puede explicar la Historia porque hemos llegado a estos niveles de degradaci&oacute;n y de corrupci&oacute;n? &iquest;Por qu&eacute; en lo que se refiere a Espa&ntilde;a la corrupci&oacute;n se lleva la palma en el conjunto de pa&iacute;ses europeos? Ya en el libro sobre Lerroux se indica que tambi&eacute;n &eacute;l fue un corrupto.- Algo tiene que decir la Historia, pero no creo que se pueda explicar s&oacute;lo por razones hist&oacute;ricas. El sistema pol&iacute;tico de la restauraci&oacute;n espa&ntilde;ola de 1875 en adelante, la monarqu&iacute;a restaurada tras la revoluci&oacute;n del 68, se bas&oacute; en el sistema del caciquismo. No se trataba de partidos de masas sino de partidos de notables, partidos de caciques, que controlaban un determinado territorio cada uno. Normalmente hab&iacute;a dos caciques; uno apoyaba al partido liberal y otro al conservador, proporcion&aacute;ndoles los votos adecuados en las elecciones. Y luego estaba el sistema del amiguismo y del clientelismo. Cuando un se&ntilde;or se met&iacute;a en pol&iacute;tica se dedicaba a hacer favores a los de su jurisdicci&oacute;n o a los de su zona. Para eso lo hab&iacute;an nombrado. En los recorridos de los trenes que se hac&iacute;an en la &eacute;poca se puede comprobar c&oacute;mo en ocasiones se hac&iacute;a una desviaci&oacute;n para poder pasar por la parada de un pueblo, porque se trataba del pueblo del cacique y &eacute;l lo hab&iacute;a prometido. Hoy seguimos viviendo en una sociedad de corporativismos, no en una sociedad individualista. Vuelvo a lo de antes, no gusta el individualismo. Cuando hablo de corporativismo me refiero a que yo, por ejemplo, historiador espa&ntilde;ol, voy a un comit&eacute; de becas europeo al que se presenta un chico espa&ntilde;ol y tengo que apoyarlo, aunque no sea tan bueno como el dan&eacute;s. Estar&iacute;a mal visto que yo apoyara al dan&eacute;s. No es que yo sea un corrupto, es que me obligan a ser corporativo y tengo que apoyar a los m&iacute;os. Y en esa l&iacute;nea me instan tambi&eacute;n a apoyar a los historiadores frente a los soci&oacute;logos, los economistas o los literatos, porque para eso soy historiador y para eso me han elegido. Hay que superar el corporativismo. Yo soy un individualista y tengo que ir a mis colegas historiadores y decirles que, llegado el caso, puedo votar por el economista y no por el historiador, siempre que su proyecto sea mejor. Tengo que decirles eso sabiendo que la pr&oacute;xima vez no me elegir&aacute;n a m&iacute; para representarlos. Todos estamos inmersos en una cultura de corporativismo, para empezar, y luego est&aacute; el clientelismo.</p>
<p>Si a m&iacute; me nombran algo, yo luego tengo que colocar a mi primo, que est&aacute; en paro, aunque sea de bedel. Y empezamos por ah&iacute; y, claro, cuando una persona llega a una posici&oacute;n de mucho poder, entonces hace las cosas que hace, y eso ya es corrupci&oacute;n. Pero todo empieza en otros niveles y hay que tener mucho cuidado con esas cosas. Podr&iacute;amos resumir diciendo que la corrupci&oacute;n es la herencia del caciquismo, primero, y despu&eacute;s del corporativismo y del clientelismo.</p>
<p>- Entonces volvemos a lo mismo. Se trata de cosas que no se corrigieron con la Transici&oacute;n y su posterior desarrollo.</p>
<p>- Bueno, hablamos de una herencia cultural, muy larga en el tiempo. Eso no se puede corregir con la ley. Lo que tiene que cambiar es la mentalidad, la conducta de la gente.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Los peri&oacute;dicos viven en una situaci&oacute;n d&eacute;bil, de dependencia del poder, de los anunciantes, de las grandes corporaciones&rdquo;</strong></p>
<p>- Ha trabajado tambi&eacute;n sobre el periodismo de fin de siglo. Las conexiones entre poder y periodismo para nada son nuevas, pero, sin embargo, ahora, vivimos en un momento especialmente peligroso. Cada vez hay menos pluralismo. Los grandes medios est&aacute;n al servicio de los poderes pol&iacute;ticos, financieros, empresariales. Y eso da&ntilde;a much&iacute;simo a un sistema democr&aacute;tico. &iquest;C&oacute;mo ha evolucionado hasta hoy el periodismo?</p>
<p>&nbsp;- Bueno... El periodismo tiene ahora mismo una situaci&oacute;n muy dif&iacute;cil porque ya no vive tanto del mercado como viv&iacute;a antes. Si la gente ya no compra peri&oacute;dicos, estos dependen cada vez m&aacute;s de las ayudas de los anuncios que les ponga el poder p&uacute;blico o las grandes corporaciones. Si un periodista se entera de que la compa&ntilde;&iacute;a &ldquo;x&rdquo; ha cometido tal o cual infracci&oacute;n y lo publica en su medio, &eacute;ste deja de recibir publicidad de esa compa&ntilde;&iacute;a, con lo cual el director de la publicaci&oacute;n opta por no dar a conocer ese caso. Los peri&oacute;dicos viven en una situaci&oacute;n d&eacute;bil, de dependencia del poder, de los anunciantes, de las grandes corporaciones. Es dificil&iacute;simo tener un peri&oacute;dico independiente, porque para que eso fuera posible much&iacute;simos miles de lectores tendr&iacute;an que comprarlo todos los d&iacute;as.</p>
<p>- Pero tambi&eacute;n los lectores est&aacute;n desencantados, porque cada vez es m&aacute;s evidente que los medios manipulan los contenidos y enfoques atendiendo a determinados intereses.</p>
<p>- S&iacute;. Y en el caso espa&ntilde;ol se trata de periodismo de partido. Los grandes peri&oacute;dicos est&aacute;n alineados con tal o cual partido, y eso hace que las noticias que ofrecen no sean nada fiables. Esa es la situaci&oacute;n.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;La Historia es cambio, es inestabilidad&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Es posible romper con el miedo, ser capaces de dar pasos hacia adelante sin temor al cambio?</p>
<p>- Romper con el miedo a la inestabilidad espec&iacute;ficamente. Hay que acostumbrarse a vivir en ella. La vida es cambio. La Historia es cambio, es inestabilidad.</p>
<p>- Pero, &iquest;c&oacute;mo prepararnos, c&oacute;mo educar a las nuevas generaciones para aceptar el cambio? &iquest;A trav&eacute;s de lecturas o autores determinados?</p>
<p>-&nbsp; Hay que educar a la gente para el cambio, claro que s&iacute;. Si no, nunca tendremos una sociedad verdaderamente libre. Pero la educaci&oacute;n no se hace necesariamente a trav&eacute;s de lecturas. Por supuesto, no ser&iacute;a malo leer, por ejemplo, el <em>Sobre la libertad</em>, de John Stuart Mill, en toda la ense&ntilde;anza secundaria espa&ntilde;ola. Pero, sobre todo, hay que practicarlo, hay que predicar con el ejemplo: cuando alguien dice algo que va contra la opini&oacute;n de la mayor&iacute;a, el profesor (o el padre o la madre), en lugar de ridiculizarle, debe ense&ntilde;ar a los dem&aacute;s a o&iacute;rle: a lo mejor tiene raz&oacute;n y nos vendr&iacute;a bien cambiar nuestra opini&oacute;n; o no tiene raz&oacute;n, y en ese caso salimos con nuestra opini&oacute;n reforzada... En fin, eso forma parte de una cultura que no fomenta el unanimismo, que no cree que pensar todos lo mismo sea bueno. Y es dif&iacute;cil desarraigar las ideas, las costumbres adquiridas.</p>
<p>- Otra vuelta en torno a lo mismo. &iquest;Por qu&eacute; si la inestabilidad es propia de la naturaleza humana vivimos en sociedades tan temerosas al cambio? &iquest;De d&oacute;nde parte ese anhelo tan exagerado por la seguridad?</p>
<p>- La necesidad de seguridad, de precaverse contra el cambio, es muy humana. Todos tememos al cambio. Y, sin embargo, el cambio es inevitable. Mejor ser&iacute;a que nos prepar&aacute;ramos para &eacute;l, que prepar&aacute;ramos a nuestros hijos y nietos, sigo insistiendo. Lo que hay que ense&ntilde;ar no es a defender una forma de organizaci&oacute;n social, una identidad colectiva (por ejemplo, la nacional), unas costumbres concretas, sino a defender, a llevar dentro, muy hondamente arraigados, unos principios morales (de tipo kantiano: respetar al otro, tratarle como quisi&eacute;ramos que nos trataran a nosotros, y a la vez hacer que te respeten a ti), y estar dispuesto a vivir de acuerdo con esos principios en situaciones que pueden ser muy distintas a las que viviste de ni&ntilde;o.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 24 Mar 2015 07:53:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Manuel Saiz: "Cada obra es una nueva manera de nombrar la muerte"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/manuel-saiz-cada-obra-es-una-nueva-manera-de-nombrar-la-muerte/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/2015/manuelsaizquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>Podr&iacute;amos considerarlo un artista descre&iacute;do: &ldquo;La obra de arte &ndash;se&ntilde;ala&ndash;, para m&iacute;, representa siempre un fracaso, el final de la experiencia art&iacute;stica, y el s&iacute;mbolo del agotamiento del creador y de su imposibilidad de alcanzar el infinito. Si el artista recibe las obras con alegr&iacute;a es porque llegan en el momento en el que uno ya no puede m&aacute;s&rdquo;. M&aacute;s adelante se&ntilde;ala: &ldquo;Los cambios vertiginosos que se han producido en la sociedad durante estos &uacute;ltimos cuarenta a&ntilde;os de los que he sido testigo son enormes, pero, en definitiva significan muy poco en una perspectiva de lo que es el ser humano&rdquo;. Y no deja de sorprendernos con sus categ&oacute;ricas afirmaciones: &ldquo;Una trayectoria art&iacute;stica, para m&iacute;, es la historia de un despojamiento, de un descarte de &ldquo;posibilidades de hacer&rdquo;&rdquo;&hellip; Podr&iacute;amos considerarlo un artista descre&iacute;do, dec&iacute;amos&hellip; O tal vez no.</p>
<p>Manuel Saiz (Logro&ntilde;o, 1961) es uno de esos creadores que aprenden con y desde su labor art&iacute;stica. Que descubre lo poco que sabe seg&uacute;n avanza en sus proyectos, ya sean estos el desarrollo de su propio programa como creador (y aqu&iacute; hay que destacar su salto a las nuevas tecnolog&iacute;as en los noventa), como su labor como curator independiente (con proyectos como artDVDbook o TheVideoArtFoundation) y escritor (t&iacute;tulos como <em>101 excusas</em> o los dos textos que est&aacute; a punto de presentar). No quiere un espectador de sus obras, sino un interlocutor. No toma el tren de ninguna disciplina, sino que prefiere mirar las ventajas e inconvenientes desde el and&eacute;n y desde el asiento del pasajero. Cuando las cosas se han puesto f&aacute;ciles, &eacute;l ha preferido darles la vuelta (y ah&iacute; est&aacute; su salto de Espa&ntilde;a al Reino Unido), y ahora es el teatro el que lo seduce, tras reconocer que el v&iacute;deo, en el que deposit&oacute; algunas esperanzas, ha perdido fuelle.</p>
<p>Con obra&nbsp; en las colecciones del MNCARS, el MUSAC, el CGAC o la Caixa, y premios como el Midlands Alliance Artist in Residence, el Internationale Kurzfilmtage Wintertur (2006) o el Premio a la producci&oacute;n del Bollewerk Festival en 2007 (no olvidemos que algunos de sus trabajos han traspasado con facilidad la frontera del cine), Saiz es uno de esos artistas espa&ntilde;oles a los que quiz&aacute;s no hemos atendido demasiado y cuyo discurso conviene conocer. Comencemos haciendo las paces con &eacute;l escuchando sus opiniones sobre la pr&aacute;ctica art&iacute;stica en esta entrevista.</p>
<p>- Una de sus &uacute;ltimas comparecencias en Espa&ntilde;a fue el pasado a&ntilde;o en Madrid en el Museo Reina Sof&iacute;a. Entonces propon&iacute;a &ldquo;16 respuestas a la pregunta &ldquo;&iquest;qu&eacute; es arte?&rdquo;. Empecemos por ah&iacute;, por esa misma pregunta, quiz&aacute;s la&nbsp; m&aacute;s dif&iacute;cil: &iquest;Qu&eacute; es el arte para usted? &iquest;Es una cuesti&oacute;n a la que se le pueden dar &uacute;nicamente 16 respuestas?</p>
<p>- Si pudiera responder a esta pregunta coherentemente y por completo, seguramente todas las dem&aacute;s que vinieran despu&eacute;s se podr&iacute;an obviar, y quiz&aacute; no tendr&iacute;a que hacer arte nunca m&aacute;s. Aunque durante muchos a&ntilde;os no sab&iacute;a que era as&iacute;, lo que he hecho toda mi vida ha sido intentar definir el arte. Cada obra realizada con sinceridad es una tentativa m&aacute;s de dar nombre a lo que le preocupa al artista, que es siempre lo mismo, aunque tenga un aspecto distinto cada vez que se presenta. La pregunta &ldquo;&iquest;qu&eacute; es el arte?&rdquo; s&oacute;lo se puede responder en negativo, por aquello de que la respuesta nos deja fuera una y otra vez, por medio de una sucesi&oacute;n de fracasos. Cuantas m&aacute;s diferencias se puedan contemplar y m&aacute;s afinadas sean las definiciones, m&aacute;s significativo es ese fracaso. En el proyecto del Museo Reina Sof&iacute;a que mencionas se estudi&oacute; todo cuidadosamente: el formato, los participantes, las preguntas, el orden de participantes y sus intervenciones&hellip; Para que el fracaso fuera de lo m&aacute;s relevante.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Una trayectoria art&iacute;stica, para m&iacute;, es la historia de un despojamiento&rdquo;</strong></p>
<p>- Una de sus publicaciones m&aacute;s importantes hasta la fecha, &ldquo;101 excusas&rdquo;, se centraba tambi&eacute;n en la legitimaci&oacute;n del arte, en un libro con -tal y como ha reconocido- un alto componente autobiogr&aacute;fico. &iquest;De qu&eacute; manera se enlazaban esas explicaciones sobre la legitimaci&oacute;n del producto art&iacute;stico y su propia labor como creador?</p>
<p class="ListParagraph">- Ese libro es una recopilaci&oacute;n de excusas que usan los artistas en su trabajo y por las que est&aacute;n convencidos de que lo que hacen es arte y que, por lo mismo, merece ser llevado a cabo y mostrado. Son excusas, sobre todo, para ellos mismos. El hecho de que las llame as&iacute;, &ldquo;excusas&rdquo;, es un poco perverso, con la intenci&oacute;n de que sirva como reactivo, porque, en realidad, son m&aacute;s bien la expresi&oacute;n de lo que uno cree que es arte cuando realiza cada obra; una especie de &ldquo;principios de fe&rdquo;. Redact&eacute; el libro en una &eacute;poca en la que ve&iacute;a muchas exposiciones y quer&iacute;a imaginar lo que impulsaba a los artistas a presentar sus trabajos. Creo que mi lectura era bastante acertada porque yo mismo hab&iacute;a tenido razones parecidas para hacer obras del mismo estilo en casi todos los casos. Una trayectoria art&iacute;stica, para m&iacute;, es la historia de un despojamiento, de un descarte de &ldquo;posibilidades de hacer&rdquo;. En el mismo instante en que se abandona una de estas posibilidades se desvela que no era &ldquo;tal posibilidad&rdquo; en ning&uacute;n aspecto, sino m&aacute;s bien una imposici&oacute;n. Se cuenta que Schoenberg dec&iacute;a que su tarea como profesor consist&iacute;a en hacer que a sus alumnos les resultase imposible componer (fracas&oacute; de forma significativa con Alban Berg). Una experiencia art&iacute;stica es significativa cuando uno intenta por todos los medios, con todo el entusiasmo, no producir nada, y, sin embargo, no lo logra.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Todo arte es autorreflexivo&rdquo;</strong></p>
<p>- &ldquo;Tradicional&rdquo;, &ldquo;Positiva&rdquo;, &ldquo;Perversa&rdquo;, &ldquo;Anti-Performativa&rdquo;, &ldquo;Postmoderna&rdquo; y &ldquo;Autorreflexiva&rdquo;. Son las fases que establec&iacute;a en la publicaci&oacute;n y por las que remarca que deambula el artista. &iquest;Son siempre progresivas? &iquest;La posterior incluye o excluye algo de la anterior? &iquest;El culmen es un arte reflexivo?</p>
<p class="ListParagraph">- Cada artista sigue su propio camino, dependiendo de su educaci&oacute;n, de sus medios, de sus intereses y de su inteligencia. Pero yo dir&iacute;a que, en t&eacute;rminos generales, por lo menos en Occidente, el trabajo art&iacute;stico es este despojarse, y siempre es m&aacute;s f&aacute;cil librarse de los decorados y de las razones burdas que de las sofisticadas. As&iacute; que uno empieza por pensar que arte es lo recibido de la tradici&oacute;n, y por eso es lo primero que se descarta. Eso da lugar indefectiblemente a la siguiente etapa, en la que se quiere ser mejor que la tradici&oacute;n, hasta que esa posibilidad tambi&eacute;n se descarta, y as&iacute; sucesivamente. Para m&iacute;, la diferencia espec&iacute;fica del arte con respecto a cualquier otra actividad humana es que el primer objeto de su pensamiento es su pensamiento mismo. De ah&iacute; su capacidad para fracasar. Todo arte es autorreflexivo, y si esto no se ve con total claridad en muchos casos es porque cuesta trabajo librarse de todas las capas de instituci&oacute;n con las que cargamos: siempre se est&aacute; a medio camino. Hay que reflexionar mucho sobre el arte -sobre uno mismo- para romper cada uno de los velos, especialmente porque pensamos y hacemos arte con esos mismos velos.</p>
<p>- Pero debe quedar algo que siempre permanece. Aquello en lo que el artista se reconoce a pesar del paso del tiempo. &iquest;En su caso, de qu&eacute; estar&iacute;amos hablando?</p>
<p>- Las obras van rodeando esta necesidad que no llega nunca a definirse, porque es imposible, y aunque son todas distintas y ninguna contempla una expresi&oacute;n definitiva por todo el desorden que hay en ellas, dibujan el ojo del hurac&aacute;n que es el arte, es decir, que lo definen por ausencia. En mi caso, como en el de todos los artistas que yo creo que lo son, hay una avidez por llenar un vac&iacute;o, y eso es lo que se va dibujando entre las obras. El vac&iacute;o lo crea la futilidad de la existencia y la inevitabilidad de la muerte. Cada obra es una nueva manera de nombrar la muerte, el rasgar un velo m&aacute;s, que permite pensar que por un momento uno la ha visto.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Ponerse en el lugar de otro</strong></p>
<p>- No era la primera vez que acud&iacute;a al g&eacute;nero de la entrevista, tan period&iacute;stico, para un proyecto. La entrevista es una t&eacute;cnica que permite ponerse en el lugar del otro, como ahora mismo estoy haciendo yo con usted, mientras se entabla un di&aacute;logo. &iquest;Qu&eacute; le interesa del formato?</p>
<p>- Hab&iacute;a hecho entrevistas para v&iacute;deos documentales, pero era la primera vez en la que hac&iacute;a uso de ella en un acto. La entrevista es &ldquo;el comisariado del pensamiento&rdquo;. El entrevistador se enfrenta a una mente pensante de la que tiene que extraer el saber espec&iacute;fico con el que esa persona ha contribuido al flujo de pensamiento del mundo y al del acto (el documental o la publicaci&oacute;n). El entrevistador armoniza el saber de unos con el de otros, para que se alimenten y refuercen mutuamente. En un acto como el del Museo Reina Sof&iacute;a, cada formato que se pod&iacute;a plantear -la conferencia, la mesa redonda, la conversaci&oacute;n&hellip;- ten&iacute;a sus propios vicios y caminos trazados, que imped&iacute;an el fluir inmediato del pensamiento. La entrevista, sin embargo, fomentaba tanto la voz individual de cada autor como su interacci&oacute;n con otros.</p>
<p>- Ponerse en el lugar de otro. &ldquo;Ser otra persona por un rato ayuda mucho a entenderse a uno mismo&rdquo;. Esa era la base de otra v&iacute;deo-instalaci&oacute;n, &ldquo;Point of views&rdquo;. Cuando usted se pone en mi lugar, la del entrevistador, &iquest;qu&eacute; preguntas le gusta hacerse?</p>
<p>Ponerse en lugar de otro no es algo que se consiga desde uno mismo, como quien ejecuta un programa inform&aacute;tico sobre un sistema operativo. Para ponerse en lugar de otro hay que perderse a uno mismo. Hay que aplicarse mucho para deshacerse del discurso interior, adem&aacute;s de por otras muchas cosas, porque hay algo muy doloroso en &ldquo;dejar de ser&rdquo;. En esta obra hice un ejercicio que luego he visto que ten&iacute;a muchas semejanzas a una pr&aacute;ctica zen, a la ceremonia japonesa del t&eacute;, por ejemplo, cuya <em>estrategia</em> consiste en crear unas reglas de comportamiento tan estrictas que el yo consciente no da abasto para cumplir, y entonces se pierde a s&iacute; mismo. As&iacute;, por eso, uno quiere ser otro para hacerse preguntas que no sabe preguntar, que no espera, que le sorprenden y a las que puede responder con total sinceridad (e ingenuidad, tambi&eacute;n). Cuando uno se pregunta desde el Yo, tiene tendencia a autoprotegerse inconscientemente y a hacerse las preguntas que ya sabe responder, las que ya sabe preguntar.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Si hay que hablar con alguien, le pido sinceridad&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Y qu&eacute; respuestas exige a los dem&aacute;s?</p>
<p>- El artista s&oacute;lo se exige a s&iacute; mismo (&ldquo;El h&eacute;roe se divierte solo&rdquo; seg&uacute;n Baudelaire). Supongo que cuando los artistas exigen a los dem&aacute;s, dejan moment&aacute;neamente de ser artistas. No se puede ser artista todo el tiempo. Pero lo que encuentro m&aacute;s interesante de las conversaciones con artistas es que hay un compromiso por decir la verdad. Muchas veces &eacute;ste se traiciona, pero, por definici&oacute;n, una conversaci&oacute;n de artistas es una conversaci&oacute;n sin juego, pura inmediatez, un intento de llenar un poco tu vac&iacute;o con el material del otro, y el suyo con tu material. Para los fil&oacute;sofos y los artistas, para los locos y los genios, no tiene sentido la mentira. Si hay que hablar con alguien, le pido sinceridad.</p>
<p>- Es hacia mediados de los noventa que apuesta por las f&oacute;rmulas digitales que le acompa&ntilde;ar&aacute;n desde entonces. La pregunta es si esto sucedi&oacute; de forma progresiva o radical. &iquest;Qu&eacute; aportaban estas t&eacute;cnicas sobre las tradicionales?</p>
<p>- Recuerdo una expresi&oacute;n que estuvo en boca de muchos espa&ntilde;oles durante casi una d&eacute;cada, desde quiz&aacute; el a&ntilde;o 1996 hasta 2006: Hab&iacute;a que &ldquo;coger el tren de las nuevas tecnolog&iacute;as&rdquo;. Unos lo hab&iacute;an perdido, otros lo daban por perdido, otros saltaban entusi&aacute;sticamente a &eacute;l. Muchos dijeron que las nuevas tecnolog&iacute;as eran para gente m&aacute;s joven (ellos ya ten&iacute;an 40 a&ntilde;os entonces) y ahora son los que est&aacute;n hiperconectados y virtualizados. Yo siempre he corrido al lado del tren, dudando si val&iacute;a la pena subirse o no, si hab&iacute;a alg&uacute;n truco. Y mirando atr&aacute;s, a esos que hab&iacute;an abandonado, y por las ventanillas, a los que iban dentro, a ver c&oacute;mo les hab&iacute;a afectado a ellos. Ni me quedaba tranquilamente en el and&eacute;n (pintando manets, supongo), ni me sub&iacute;a a disfrutar de los beneficios del mundo digital. Conforme el tren iba cogiendo velocidad, la carrera era m&aacute;s agotadora. Creo que en un momento, entre jadeos, vi que la cuesti&oacute;n no era tan relevante. Empec&eacute; a escribir en ordenador en el a&ntilde;o 1991, y tambi&eacute;n estren&eacute; entonces mi primera c&aacute;mara de v&iacute;deo de Hi8, pero hasta 1998 no present&eacute; una obra propiamente en ese formato. Fue <em>Video Hacking</em>, que hice nada m&aacute;s llegar a Londres.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Las posibilidades narrativas que tienen las artes que contienen tiempo son especialmente evocadoras&rdquo;</strong></p>
<p>- Entonces, si no me equivoco, este cambio de t&eacute;cnicas fue &ldquo;cuesti&oacute;n de tiempo&rdquo;.</p>
<p>- Efectivamente: las posibilidades narrativas que tienen las artes que contienen tiempo son especialmente evocadoras. Tambi&eacute;n es una manera de aumentar los riesgos y las dificultades, donde hay m&aacute;s par&aacute;metros que controlar. Hice tres instalaciones en los a&ntilde;os 90 en Espa&ntilde;a con las que agot&eacute; una forma de hacer, por su capacidad expresiva, por el coste econ&oacute;mico y por el desgaste f&iacute;sico y psicol&oacute;gico que ten&iacute;an, as&iacute; como por los recursos de espacios expositivos de los que pod&iacute;a disponer. Us&eacute; metros c&uacute;bicos de tierra y toneladas de barro&hellip; Fueron <em>Reservas,</em> en Trayecto Galer&iacute;a (Vitoria), <em>El Desierto Digital</em>, en la galer&iacute;a Antonio de Barnola de Barcelona y <em>Modelo )Mundo(,</em> en Elba Ben&iacute;tez de Madrid. Esta &uacute;ltima trataba sobre la idea de interfaz, de lo digital y lo anal&oacute;gico.&nbsp; Despu&eacute;s, agotado, me fui a Londres y empec&eacute; a trabajar en un cuartito alquilado en un port&aacute;til.<strong> <br /></strong></p>
<p>- Ha apostado por un campo de acci&oacute;n (el de la incidencia de las tecnolog&iacute;as en la sociedad contempor&aacute;nea) casi inabarcable, en el que los cambios se suceden a toda celeridad. &iquest;Posibilita eso llegar a conclusiones?</p>
<p>- Los cambios vertiginosos que se han producido en la sociedad durante estos &uacute;ltimos 40 a&ntilde;os de los que he sido testigo, son enormes, pero, en definitiva significan muy poco en una perspectiva de lo que es el ser humano. Hace un tiempo que he dejado de interesarme por ellos. Su celeridad ha servido para descubrirme que son s&oacute;lo un s&iacute;ntoma. Fue un &iacute;ndice claro en su momento (en el m&iacute;o), pero ahora ya no me hace falta pensar en eso para mis intentos de entenderme.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Cada vez me cuesta m&aacute;s mostrar mis obras. Cada vez es m&aacute;s tentador el no participar&rdquo;</strong></p>
<p>- Sus trabajos se han exhibido en espacios art&iacute;sticos y en festivales de cine. &iquest;Es el contexto lo que determina que sean una cosa u la otra?</p>
<p>- Cada vez me cuesta m&aacute;s mostrar mis obras, por resistencias exteriores e interiores. Se gasta mucha energ&iacute;a en distribuir y en exponer que se puede usar mejor en, como dec&iacute;a antes, intentar <em>no hacer</em>. Cada vez es m&aacute;s tentador el no participar. Si uno puede permit&iacute;rselo en alguna medida, resulta mucho m&aacute;s c&oacute;modo. Y, en efecto, los l&iacute;mites del cine y el v&iacute;deo-arte se est&aacute;n fundiendo en lo que se refiere a los medios de distribuci&oacute;n, y a la manera en la que llegan al espectador. Sin embargo, en la misma medida, se est&aacute; distanciando su significado. Para m&iacute;, hay un abismo entre una obra de arte y un v&iacute;deo &ldquo;art&iacute;stico&rdquo; de los que pueblan las redes sociales, o un v&iacute;deo publicitario, casi mayor que el que hay con una pel&iacute;cula comercial tradicional. Los v&iacute;deos creativos me producen cierta repugnancia. Es tambi&eacute;n por eso por lo que apetece menos ver v&iacute;deo-arte en estos foros, porque cada vez se toma m&aacute;s f&aacute;cilmente por lo que no es. Si el objetivo principal de la exhibici&oacute;n de las obras es la b&uacute;squeda de interlocutor, estos canales son un caso perdido.</p>
<p>- Curiosamente, dos de las piezas que se sirven del cine (&ldquo;Specialized technicians required: being Luis Porcar&rdquo;, de 2003, y &ldquo;Video Hacking&rdquo;, de 1999) son las suyas que m&aacute;s se han mostrado al p&uacute;blico. Pese a su particular crisis, &iquest;tiene &ldquo;m&aacute;s salida&rdquo; el cine que el arte?</p>
<p>- Estas dos obras tienen lo que yo llamo &ldquo;<em>mainstreambility</em>&rdquo; (una entrada de mi libro <em>True Art Lovers 101 ideas clave</em>). Se trata de una caracter&iacute;stica peculiar de unas obras, y no de otras, que las hace m&aacute;s atractivas para el p&uacute;blico, aunque su valor para el artista sea el mismo que el de otras que ha hecho. Esa caracter&iacute;stica depende de muchos factores, y, ciertamente en estos dos casos, varios de esos factores tienen que ver con el cine. Usando la misma met&aacute;fora que antes, tambi&eacute;n me veo corriendo junto al tren del cine sin subirme, pensando en qu&eacute; se diferencian uno y otro, y usando medios de uno y de otro indistintamente, lo que no me permite ni sacar los beneficios de quedarme en la estaci&oacute;n, ni los de subirme al tren.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Lo que uno busca es un interlocutor&rdquo;</strong></p>
<p>- Subraya que lo que le interesa de la pr&aacute;ctica art&iacute;stica es la experiencia que recibe y acumula el artista. &iquest;D&oacute;nde sit&uacute;a eso, por un lado, a la obra (como objeto o <em>display</em>) y al receptor de la misma?</p>
<p>- La obra de arte, para m&iacute;, representa siempre un fracaso, el final de la experiencia art&iacute;stica, y el s&iacute;mbolo del agotamiento del creador y de su imposibilidad de alcanzar el infinito. Si el artista recibe las obras con alegr&iacute;a es porque llegan en el momento en el que uno ya no puede m&aacute;s, sin fuerzas para mantener todo el aparato de significados e incertidumbres. Es un salvavidas firme y rentable. El espectador en el sentido kantiano no me interesa. No creo en el valor de las obras independientes, a las que alguien se acerca con el objetivo de sentir algo. Los espectadores por los que tengo respeto son los que han pasado por una situaci&oacute;n parecida, y para los que el salvavidas que presento hubiera servido igual que a m&iacute;. Siempre se trata de alguien que ha tenido la opci&oacute;n, la compulsi&oacute;n, la obligaci&oacute;n, de transformar la obra, y no s&oacute;lo de contemplarla. Como dec&iacute;a, lo que uno busca es un interlocutor.&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Londres, &Aacute;msterdam y Roma</strong></p>
<p>- En 1999 decide situar su residencia en Londres. &iquest;Por qu&eacute; apuesta por dar el salto y c&oacute;mo afecta eso a sus planteamientos?</p>
<p>- Me hac&iacute;a falta un cambio completo. Durante los a&ntilde;os 90, mi situaci&oacute;n en Espa&ntilde;a se deterior&oacute; mucho y estaba aferrado a un idioma, escrib&iacute;a en espa&ntilde;ol, y a un curr&iacute;culum, que cada d&iacute;a serv&iacute;a para menos. Londres era el cambio perfecto, porque era opuesto en todo al panorama espa&ntilde;ol: el arte era profano, los artistas eran apreciados, hab&iacute;a un sistema de becas muy l&oacute;gico y generoso, muchas m&aacute;s oportunidades para usar tecnolog&iacute;a, una red muy completa de espacios gestionados por artistas&hellip; Tambi&eacute;n era lo que necesitaba para empezar a trabajar y escribir en ingl&eacute;s. Estuve diez a&ntilde;os en Londres, hasta que llego Frieze Art Fair y lo ech&oacute; todo a perder.</p>
<p>- Tras Londres lleg&oacute; &Aacute;msterdam. Supongo que, en este caso, el cambio no fue tan determinante en la trayectoria como el primero, &iquest;o me estoy equivocando?</p>
<p>- En cuanto pasan unos pocos a&ntilde;os, todo suena muy &eacute;pico en una entrevista, sobre todo si se usa el presente hist&oacute;rico. En &Aacute;msterdam estuve solo nueve meses, porque llegu&eacute; en muy mal momento, con los conservadores entrando en el gobierno. Las claves de su programa electoral fueron los recortes de cultura y las limitaciones a los extranjeros. La distribuidora de v&iacute;deo-arte con la que hab&iacute;a trabajado muchos a&ntilde;os, Montevideo, cerr&oacute; justo en esas fechas. As&iacute; que fui a Berl&iacute;n, que por lo menos es una ciudad barata y tranquila para leer y escribir.</p>
<p>- Ya que hablamos ahora de traslados, viajemos hasta el momento de su beca de la Academia de Espa&ntilde;a en Roma. Y entonces, la suya no fue una labor tanto de tiempo, como de espacio. Se propuso pasar ocho meses sin toparse con el Coliseo. &iquest;Qu&eacute; era lo que se propon&iacute;a con esta intenci&oacute;n, en principio, extravagante?</p>
<p>- He hecho tres proyectos que parten de una idea extravagante como dices, absurda o chistosa que, al tom&aacute;rsela en serio y dedicarle mucho tiempo y esfuerzo, se convierte en importante. El primero fue <em>If Alive</em>, en el que empezaba a preparar, con 23 a&ntilde;os de antelaci&oacute;n, mi 65 fiesta de cumplea&ntilde;os. El segundo fue este <em>Colossal Blog</em>, y el tercero <em>Tren Tiempo</em>, la propuesta para una instalaci&oacute;n art&iacute;stica consistente en un tren de alta velocidad de 2.400 km de trazado. Los d&iacute;as antes de ir a Roma fui a varias librer&iacute;as londinenses y mir&eacute; las gu&iacute;as de viajes de la ciudad, y todas aconsejaban ver lo primero el Coliseo y el foro romano. Con esta tendencia tan engorrosa que tiene uno de cuestionarlo todo, se me ocurri&oacute; hacer lo contrario, verlo el &uacute;ltimo d&iacute;a. Lo primero que sucedi&oacute; es que esta actitud cambi&oacute; mi relaci&oacute;n con la ciudad, con los turistas, con mis compa&ntilde;eros de la Academia, con los romanos. La idea y su puesta en pr&aacute;ctica ten&iacute;an tantas implicaciones que lo que empez&oacute; siendo un proyecto secundario me ocup&oacute; completamente durante todo el tiempo que estuve en Roma. El edificio es especialmente relevante para un artista, porque fue durante siglos una dotaci&oacute;n de la ciudad para el arte, el entretenimiento y la muerte. Tiene inter&eacute;s en cuanto a la Historia de la tecnolog&iacute;a, de la representaci&oacute;n y el espect&aacute;culo, de las redes de comunicaci&oacute;n, de la arquitectura, de la simbolog&iacute;a del poder y de la pol&iacute;tica&hellip;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Control y negaci&oacute;n de uno mismo</strong></p>
<p>- Ha reconocido que &ldquo;A Colossal Blog&rdquo; pon&iacute;a de manifiesto dos aspectos que suelen aparecer con asiduidad en su labor: Uno de ellos es la idea de control. No ha sido el &uacute;nico trabajo en el que se incide en la sistematizaci&oacute;n de nuestros actos y, con ello, la alienaci&oacute;n de nuestras conductas (&ldquo;Buffer&rdquo; es otro ejemplo). No s&eacute; si es a eso a lo que se refiere o si es m&aacute;s a un &ldquo;autocontrol&rdquo; impuesto por uno mismo, a veces, sin ser consciente de ello.</p>
<p>- Esta pregunta est&aacute; relacionada con lo que me preguntaste antes sobre la tarea de ponerse en el lugar de otro. La palabra &ldquo;alienaci&oacute;n&rdquo; significa eso, volverse otro, extra&ntilde;o a uno mismo. El control del artista es ese en el que se impone a s&iacute; mismo una disciplina muy estricta, en la que tiene que ejecutar simult&aacute;neamente un alto n&uacute;mero de actividades a la vez y que no le permite ser &eacute;l mismo. Se impone un autocontrol tan estricto que se desborda. Se da la coincidencia de que lo que s&eacute; de ceremonia japonesa del t&eacute; lo aprend&iacute; en Roma, porque durante esos meses practicaba en una escuela de una maestra japonesa que lleva a&ntilde;os viviendo all&iacute;. Encontr&eacute; esa disciplina muy parecida a la actividad que estaba desarrollando en mi acci&oacute;n de evitar el coliseo. El dominio de unos movimientos precisos por el espacio, sala de ceremonia/ciudad, alrededor del fuego/Coliseo, con un fin totalmente irrelevante, que adquiere su importancia por el estricto cumplimiento de las reglas que uno se impone.</p>
<p>- La segunda de las ideas recurrente es la de &ldquo;negaci&oacute;n&rdquo;. &iquest;Exactamente de qu&eacute;?</p>
<p>- Supongo que, sobre todo, de uno mismo, o de aspectos de uno mismo que se dan por sobreentendidos, que uno mantiene <em>por defecto.</em> En este proyecto no negaba el Coliseo, sino que me negaba a m&iacute; mismo una cierta relaci&oacute;n con &eacute;l. De hecho, creo que he <em>visto</em> el Coliseo mucho m&aacute;s que mis compa&ntilde;eros, o que cualquier turista, pero de otra forma. Pero por eso es m&aacute;s una renuncia. De hecho, &ldquo;renuncia&rdquo; es un t&eacute;rmino m&aacute;s apropiado porque, aunque no parezca de primeras, la renuncia es una actitud positiva. Demasiado positiva. Primero, se afirma una decisi&oacute;n clara y un compromiso. Segundo, se renuncia a algo para favorecer a otra cosa que ha sido desatendida. Si se hace un poco de etimolog&iacute;a-ficci&oacute;n, eso parece que significa &ldquo;renunciar&rdquo;, de &ldquo;<em>re</em>&rdquo;, &ldquo;volver hacia atr&aacute;s&rdquo;, &ldquo;otra vez&rdquo;, y &ldquo;<em>nuntiare</em>&rdquo;, &ldquo;proclamar&rdquo; o &ldquo;anunciar&rdquo;.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Siempre hay otra realidad m&aacute;s all&aacute;, que es tambi&eacute;n un tel&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>- Tiempo y espacio. En algunos trabajos de lo que se ha tratado ha sido de superponer diferentes realidades. &iquest;Qu&eacute; surge entonces de estos encontronazos, que, en ocasiones, viven en la misma esfera de la realidad?</p>
<p>- Lo que llamamos &ldquo;la realidad&rdquo; es el tel&oacute;n de fondo de lo que nos sucede a los humanos. Lo que nos sucede parece que se pudiera cambiar, pero no as&iacute; la realidad sobre la que esos sucesos tienen lugar, porque no se es consciente de ella. Es algo que existe sin que sea cuestionado. Una de las t&eacute;cnicas para hacer la realidad consciente, una de las t&eacute;cnicas del arte, su tarea principal, es contrastar distintas partes de este tel&oacute;n para evidenciar que se trata de un sesgo m&aacute;s, de un constructo, y no de un hecho cierto y sin fallas. En cuanto uno es capaz de pensar una realidad, &eacute;sta se desploma. Pero siempre hay otra realidad m&aacute;s all&aacute;, que es tambi&eacute;n un tel&oacute;n.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>La mirada del artista comisario</strong></p>
<p>- Cuenta en su haber con un nutrido n&uacute;mero de proyectos comisariados por usted, trabajando junto a otros creadores. &iquest;C&oacute;mo es la mirada del artista comisario? &iquest;En qu&eacute; se diferencia de la ejercida por el comisario tradicional?</p>
<p>- Todos los proyectos en los he trabajado en los que se mostraban obras de otros artistas los he hecho m&aacute;s bien como artista. Y, en la mayor de las medidas, como el tipo de trabajo organizativo que hace un artista cuando no hace arte: comprar los materiales adecuados, instalar los proyectores, responder e-mails, hablar con otros creadores, viajar&hellip; El aspecto de selecci&oacute;n, que supongo que es el comisariado, ha tenido muy poca relevancia, en realidad, comparado con todo el trabajo de gesti&oacute;n. Ese lo he hecho como artista, sin otro criterio que el de seleccionar obras que me parec&iacute;an realizadas por creadores (genuinos), y que estas obras se beneficiaran unas a otras. Creo que en el trabajo de los comisarios propiamente dichos hay otros condicionantes, y un buen n&uacute;mero de rutinas. Una diferencia palpable entre artistas y comisarios, en cualquier caso, es el uso de instrumentos de poder que hacen unos y otros, y los beneficios que sacan de ello.</p>
<p>- Dice haber trabajado siempre desde la convocatoria abierta cuando actu&oacute; como comisario: si sale bien, al artista le supone realizar un proyecto con apoyo y garant&iacute;as; si sale mal, es un ba&ntilde;o de humildad para el creador: Quiz&aacute;s su idea no era tan buena. Es casi una mentalidad darwiniana. &iquest;De verdad que siempre triunfan o salen a flote los mejores? &iquest;No tiene nada que ver el mercado?</p>
<p>- Me gustan las convocatorias abiertas cuando organizo proyectos y tambi&eacute;n como forma de encontrar situaciones en las que mostrar mi trabajo o realizar mis proyectos. No recuerdo en qu&eacute; contexto dije eso que citas, pero estoy de acuerdo excepto en un matiz. Quiz&aacute; me exprese mal cuando lo hice. Un rechazo, independientemente del valor de la obra y de la justicia que se le haya hecho, le da al artista la oportunidad de volver a reflexionar sobre ella y mejorarla. Pero no doy gran valor a las determinaciones de los jurados, en las que concurren muchos otros criterios que el del valor art&iacute;stico de la obra, el &uacute;nico que a m&iacute; me interesa (con esto quiero decir, la capacidad de la obra, en su concepci&oacute;n y desarrollo, para propiciar una experiencia art&iacute;stica). De hecho, pienso que por norma general s&oacute;lo triunfan obras de baja intensidad, que no complican la vida mucho a nadie. El ba&ntilde;o de humildad lo entiendo como una constataci&oacute;n del lugar que uno ocupa en el mundo, en el que un artista puede ser juzgado y rechazado por unas personas a las que, en la mayor parte de los casos, considera menos preparadas que &eacute;l para decidir sobre lo que son obras de arte y lo que no. Para un artista es bueno saber que eso es as&iacute;. Es decir, es una mezcla de humildad y soberbia.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;No se puede hacer pol&iacute;tica si uno no piensa que est&aacute; haciendo el bien&rdquo;</strong></p>
<p>- Me interesa tambi&eacute;n su idea de lo pol&iacute;tico: un sentimiento que pertenece a la esfera de lo &iacute;ntimo, lo que no evita que se pueda compartir p&uacute;blicamente. &iquest;Existe entonces el arte pol&iacute;tico?</p>
<p>- No se puede hacer pol&iacute;tica si uno no piensa que est&aacute; haciendo el bien. Es una condici&oacute;n de lo pol&iacute;tico. Y decidir qu&eacute; est&aacute; bien y qu&eacute; est&aacute; mal es una cuesti&oacute;n &eacute;tica. La idea de lo pol&iacute;tico es subsidiaria de la de lo &eacute;tico. El artista desconf&iacute;a de sus ideas de lo bueno y de lo malo, porque piensa que est&aacute;n prejuiciadas. As&iacute; que su trabajo es analizar constantemente su manera de enfrentarse a la realidad, valorar los instrumentos con los que decide lo bueno y lo malo, y los instrumentos con los que analiza esos instrumentos. Como no hay nada absolutamente bueno o absolutamente malo, la tarea de introspecci&oacute;n no tiene fin, y la acci&oacute;n pol&iacute;tica queda diferida indefinidamente. Digamos que la tarea del artista es hacer manifiesta la realidad vigente, que est&aacute; llena de miedos y quitamiedos, para desprestigiarla y que se revele falsa. Las instituciones se resisten a esta labor. El artista entonces tiene que lidiar con las instituciones (me refiero a la sociedad, a la familia, al mercado, pero tambi&eacute;n a las instituciones art&iacute;sticas. La instituci&oacute;n m&aacute;s importante en cualquier caso es el lenguaje). Entonces parece unir fuerzas con otros grupos que combaten a las instituciones y que quieren hacerlas caer, y se dir&iacute;a que es igual a esos grupos. Pero mientras que los artistas, lo que intentan es desprestigiar la realidad, los otros lo que quieren es mejorar las instituciones, o sustituirlas por otras m&aacute;s s&oacute;lidas, no importa si es para su propio beneficio o el de la humanidad.&nbsp; Creo que la mayor parte del arte pol&iacute;tico ha pensado que el hecho art&iacute;stico consist&iacute;a en mejorar las instituciones. No ha sabido ver las diferencias entre esos grupos. Salvar el mundo resulta mucho m&aacute;s atractivo. Para m&iacute;, ah&iacute; no hay arte. Este arte pol&iacute;tico, como todo lo pol&iacute;tico que pasa a la acci&oacute;n, tiene una idea establecida de lo que est&aacute; bien y de lo que est&aacute; mal, sobre la que construye. No duda de sus primeros impulsos, de sus disgustos y de sus excelencias.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Las nuevas teconolog&iacute;as y la intimidad en el &aacute;mbito p&uacute;blico</strong></p>
<p>- &ldquo;Public Display of Affection&rdquo; incid&iacute;a en la intimidad en el &aacute;mbito p&uacute;blico. Usted que trabaja en torno a las nuevas tecnolog&iacute;as, si &eacute;stas han revolucionado algo ha sido nuestra idea de intimidad: redes sociales y dem&aacute;s. &iquest;Le interesa el an&aacute;lisis de la privacidad en el &aacute;mbito de la intimidad del sujeto?</p>
<p>- Esta obra no es tanto sobre las tecnolog&iacute;as, que son bastante chapuceras en este caso, como de la capacidad de crear emociones artificialmente, y precisamente con cuatro cacharros. Es una obra sobre la propaganda y la manipulaci&oacute;n. Esto quiz&aacute; est&eacute; presente en la manera en la que las redes sociales utilizan la intimidad, pero desde luego no es un fen&oacute;meno nuevo, que se d&eacute; ahora en exclusiva. Ya existe en la creaci&oacute;n de los s&iacute;mbolos nacionales del siglo XIX, con las banderas y las identidades. La nacionalidad, el sentido de pertenencia a la naci&oacute;n, est&aacute; muy implicado en nuestra intimidad. El esfuerzo de las marcas comerciales desde que existen es el de formar parte de lo que son las personas cuando est&aacute;n solas y, sin mirar a ning&uacute;n anuncio, conseguir que sientan afecto por Nike, McDonalds, Apple&hellip; Todas esas.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;El video-arte se ha disuelto entre tanto v&iacute;deo de usuario que se ve en las redes&rdquo;</strong></p>
<p>- Le tengo que preguntar tambi&eacute;n por The Video Art Foundation y artDVDbook, dos proyectos alternativos que inici&oacute; en momentos distintos en la d&eacute;cada pasada. &iquest;Cu&aacute;l era la intenci&oacute;n, en qu&eacute; punto est&aacute;n y c&oacute;mo se complementan con su labor art&iacute;stica y curatorial?</p>
<p>- Los dos fueron proyectos que realic&eacute; con amigos y que tuvieron su tiempo y acabaron. He explicado antes un poco el sentido del trabajo organizativo. Estos ser&iacute;an los ejemplos.</p>
<p>- Gracias a TheVideoArtFoundation desarroll&oacute; el festival 25hrs. &iquest;Ese panorama del v&iacute;deo de los a&ntilde;os noventa que propon&iacute;a es muy diferente del que ofrece la disciplina bien entrados ya en el siglo XXI?</p>
<p>- La posibilidad de <em>One True Art</em>, el trabajo que se present&oacute; el a&ntilde;o pasado en el Museo Reina Sofia, surgi&oacute; cuando, pasados los 10 a&ntilde;os, empec&eacute; a pensar en la forma en la que hab&iacute;an cambiado las circunstancias que nos hab&iacute;an hecho a Jorge Bravo, a Luisa Ortinez y a m&iacute; organizar <em>25hrs</em>. Creo que el v&iacute;deo-arte se ha disuelto entre tanto v&iacute;deo de usuario que se ve en las redes. Es sorprendente que con tantos medios de distribuci&oacute;n sea m&aacute;s dif&iacute;cil ver v&iacute;deo-arte que antes, porque est&aacute; mezclado y en medio de una nube de otras cosas que lo ocultan. Como disciplina, creo que ya no tiene sentido. Para <em>One True Art</em> pens&eacute; que hab&iacute;a que hablar sobre c&oacute;mo hab&iacute;a cambiado el panorama. Pero no s&oacute;lo el v&iacute;deo-arte ha sufrido modificaciones importantes, sino que toda la estructura art&iacute;stica est&aacute; muy desmejorada, as&iacute; que la tarea m&aacute;s importante es volver a lo esencial, que es la definici&oacute;n de arte, el punto de referencia que se ha perdido.&nbsp;</p>
<p>- A lo largo de la entrevista hemos ido hablando de tiempo. Como mencion&oacute; antes, quiz&aacute;s sea la &uacute;nica persona que sabe lo que tiene intenci&oacute;n de hacer el 10 de enero de 2026. &iquest;Acabamos hablando de este proyecto, antiguo, en continua renovaci&oacute;n por ser una promesa de futuro?</p>
<p>- El proyecto del que hablas es <em>If Alive</em>, que he citado antes. No s&eacute; exactamente que estar&eacute; haciendo ese d&iacute;a, si celebrando mi cumplea&ntilde;os o criando malvas. El sentido del proyecto es implicar esa disyuntiva. Es m&aacute;s bien la exposici&oacute;n de una incertidumbre que de un plan en firme. Las corporaciones y los gobiernos tienen planes que van m&aacute;s all&aacute; de esa fecha. No se plantean su desaparici&oacute;n. El proyecto, de todas formas, pone un punto de referencia en el futuro. Por ejemplo, en 2027 se inaugura el tren Maglev entre Tokio y Nagoya y me gustar&iacute;a viajar en &eacute;l. Lo har&eacute; <em>if alive</em>.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Lo que m&aacute;s me ilusiona en este momento es el teatro&rdquo;</strong></p>
<p>- Antes de que llegue 2026, &iquest;qu&eacute; otros proyectos se trae entre manos? Y quiz&aacute;s lo m&aacute;s importante, &iquest;sobre qu&eacute; quiere seguir investigando?</p>
<p>- &Uacute;ltimamente ocupo mi tiempo sobre todo leyendo y escribiendo sobre arte. Voy a publicar dos libros en breve. Estoy preparando dos v&iacute;deos, que espero rodar en primavera, con las dificultades de producci&oacute;n propias de este tiempo. Tambi&eacute;n escribo los guiones para otras cosas&hellip; Como escuch&eacute; decir a Steven Spielberg, &ldquo;tengo varios proyectos en distintas fases de desarrollo&rdquo;. Lo que m&aacute;s me ilusiona en este momento, quiz&aacute; por lo que me sorprende a m&iacute; mismo mi s&uacute;bito inter&eacute;s, es el teatro, que creo que ha adquirido una nueva dimensi&oacute;n para m&iacute;. Lo virtual y lo digital est&aacute;n, por lo menos en mi mente, dando un valor inusitado a lo f&iacute;sico e inmediato. Estoy desarrollando ideas para obras de teatro, aunque no s&eacute; las posibilidades actuales para producirlas. En mis especulaciones sobre el valor de la disciplina he creado un retr&oacute;nimo, un nombre nuevo para una cosa vieja que requiere ahora diferenciarse. El teatro que quiero hacer lo llamo medio en broma &ldquo;im&aacute;genes f&iacute;sicas en movimiento&rdquo; (<em>physical moving images</em>)<em>.</em> Por lo dem&aacute;s, el futuro es siempre incierto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>www.manuelsaiz.com</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 24 Mar 2015 07:37:52 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Adaptación]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/adaptacion/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2015/rafaelazconanuevaquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p align="right"><em>Siempre que he encontrado una cosa, he dejado otra, yo nunca he abarcado lo que no pod&iacute;a apretar</em><em></em></p>
<p align="right">Rafael Azcona<a title="" href="#_ftn1">[1]</a></p>
<p align="right">&nbsp;</p>
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<p align="right">&nbsp;</p>
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<p>Me acaba de llegar el calendario de Filmoteca Espa&ntilde;ola para 2015. Durante a&ntilde;os, Rafael Azcona me enviaba por Navidad agendas variopintas del a&ntilde;o en puertas. Agendas de &lsquo;santoral&rsquo; cinematogr&aacute;fico, agendas tem&aacute;ticas al modo de cartelera anual. Es curioso, recuerdo que a Rafael le tocaba con frecuencia glosar el paso de las cuatro estaciones en los almanaques que sacaba Taurus y su Club de la Sonrisa a mediados de los cincuenta. Le imprim&iacute;a al encargo un tono como de parodia de &lsquo;juegos florales&rsquo;. Tambi&eacute;n por entonces, en sus colaboraciones en <em>La Codorniz</em> y en <em>Pueblo</em>, Rafael demostraba una peri&oacute;dica puntualidad en sus consideraciones sobre el l&aacute;nguido oto&ntilde;o dominical, el inclemente mes de enero, el tr&aacute;nsito navide&ntilde;o, el verano en Madrid y sobre todo el alboroto de la primavera (m&aacute;s alborotada en cuanto llegara a suponer para &eacute;l la estaci&oacute;n que frecuentara en calidad de flamante escritor, con derecho a caseta). Y no faltaba nunca a sus pron&oacute;sticos, consejos y hasta diccionarios respecto al a&ntilde;o en que se iba a ingresar. &ldquo;Vida nueva&rdquo; sol&iacute;a titular lo que no era si no una admonici&oacute;n nada velada de que la &uacute;nica &ndash;y parad&oacute;jica novedad- consist&iacute;a en la reedici&oacute;n anual de las mismas frustraciones y deseos incumplidos. Me asalta, por la coincidencia cardinal con el 2015, el &uacute;ltimo de los consejos que daba en &lsquo;la revista m&aacute;s audaz&rsquo; para 1955: &laquo;los a&ntilde;os terminados en cinco son nefastos para ciertas actividades: no tomes venenos activos, Puede ser grave&raquo;<a title="" href="#_ftn2">[2]</a>.</p>
<p>La primera agenda que me envi&oacute; Rafael fue la editada por la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematogr&aacute;ficas de Espa&ntilde;a para 1997. La imagen, por cierto, correspondiente al mes de junio era una gu&iacute;a de mano de <em>En brazos de la mujer madura</em> (Manuel Lombardero), una versi&oacute;n de <em>Le Violon d&rsquo;Ingres</em> de Man Ray. Se destacaba como estreno del mes, previsto para el d&iacute;a 6, pero se estrenar&iacute;a en abril. La de diciembre era una preciosa ilustraci&oacute;n de Javier Ar&aacute;mburu para <em>Tranv&iacute;a a la Malvarrosa</em> (Jos&eacute; Luis Garc&iacute;a S&aacute;nchez), que sin embargo se estrenar&iacute;a tambi&eacute;n en abril, s&oacute;lo una semana despu&eacute;s de <em>En brazos de la mujer madura</em>. Buena semana. Buena primavera. Buen a&ntilde;o. Dos de las mejores adaptaciones que escribiera Rafael. Y en distinta coloratura, dos pel&iacute;culas sobre un tiempo de imprimaci&oacute;n perdido, el de la formaci&oacute;n emocional e ideol&oacute;gica del alev&iacute;n provincial entorno a la guerra civil y a su inacabable posguerra: un escenario primordial para el joven Rafael del primer acto logro&ntilde;&eacute;s. Tambi&eacute;n un tiempo de iniciaci&oacute;n en la sensualidad, ese tiempo en el que como dice el narrador de la novela de Vicent: &laquo;todas las sensaciones iban formando estratos&raquo;. Otros a&ntilde;os &ndash;por a&ntilde;adidura a las &lsquo;codornicescas&rsquo; felicitaciones navide&ntilde;as que como orgulloso <em>Mac user</em> dise&ntilde;aba con el ordenador, y en las que le volv&iacute;a a salir el vi&ntilde;etista que nunca dej&oacute; de ser (y bien podr&iacute;an verse algunas de las mejores escenas que escribi&oacute; como vi&ntilde;etas desarrolladas hasta sus &uacute;ltimas consecuencias, hasta completar el cuadro)-&nbsp; fueron la agenda del IVAC<a title="" href="#_ftn3">[3]</a>, la de <em>Cahiers du Cinema</em> &ndash;Serge Toubiana, le hab&iacute;a entrevistado en 1997, con motivo de la muerte de Marco Ferreri- y una que El C&iacute;rculo de Lectores le dedicara para 1999 a la literatura y al cine con textos de Juan Mars&eacute;. Me gustaba pensar que el ejemplar que Rafael me enviaba era el suyo, no uno que le sobrara. Y por eso, m&aacute;s all&aacute; del obsequio material, del objeto en s&iacute;, me llamaba la atenci&oacute;n el gesto de desprendimiento que, a mi entender, supon&iacute;a deshacerse de ellas: desprendimiento de la cronolog&iacute;a y rutina de la profesi&oacute;n y del taco de d&iacute;as por caer. Prefer&iacute;a a la fatalidad de la previsi&oacute;n de todo aquello que est&aacute; o parece escrito (desde los guiones a la muerte), el saludo a cada d&iacute;a como novedad impredecible. Prefer&iacute;a la compa&ntilde;&iacute;a, ideas, conversaci&oacute;n, men&uacute; y secuencias que la jornada proveyera. La actualidad, la reuni&oacute;n, la concordia en el sentido literal &ndash;que recordaba Vicent en la &uacute;ltima l&iacute;nea de la <em>Sobremesa</em>- de &lsquo;corazones reunidos&rsquo;; el <em>convidio, </em>el congreso &lsquo;a lo Pickwick&rsquo;<em> </em>&ndash;de cuyo club siempre hubiera querido ser miembro, como &lsquo;observador de la vida&rsquo;, la dedicaci&oacute;n predilecta de su titular-<em> </em>como estrategias para evadir cualquier responsabilidad con la temporalidad y sus plazos; para burlar la cuadricula de cualquier calendario; para evacuar el miedo a la clausura, a la ret&oacute;rica, a la burocracia, al laberinto general (y particular) que nos enga&ntilde;a y paraliza. Los laberintos. Hace unos meses pude leer por gentileza de Eduardo Ducay y de Alicia Salvador el gui&oacute;n &ndash;in&eacute;dito<a title="" href="#_ftn4">[4]</a>, la pel&iacute;cula nunca se lleg&oacute; a filmar- de otra adaptaci&oacute;n condenadamente buena de Rafael, maravillosa, la que hizo de la novela de Medardo Fraile<em> Autobiograf&iacute;a</em> (1986). De esos trabajos &lsquo;motorizados&rsquo; por Rafael a causa, sin duda, del enamoramiento producido por la materia original. Le pasaba: &iquest;a cu&aacute;ntos nos llam&oacute; entusiasmado e incluso nos regal&oacute; un ejemplar de <em>&iquest;Qu&eacute; me quieres amor?</em>, tras leerla y confesar que le hab&iacute;a hecho recuperar la confianza en el ser humano? El mismo Rafael se hab&iacute;a encargado de procurarle productor al proyecto sobre la novela de Fraile, Ducay/ Classic Films<a title="" href="#_ftn5">[5]</a>. La materia aparec&iacute;a filtrada por un ni&ntilde;o de cinco-seis a&ntilde;os en el Madrid de 1928. En 1928, Rafael ten&iacute;a dos. El ni&ntilde;o se llamaba Manuel y la acotaci&oacute;n mediante la que Rafael lo describ&iacute;a ya apuntaba afinidad en la mirada, un poeta hermano: &laquo;ojos azules, distantes como los de un gato; incansable observador de todo, perplejo a menudo, melanc&oacute;lico a veces&raquo;. Rafael retitul&oacute; su adaptaci&oacute;n <em>El laberinto.</em> La primera secuencia transcurr&iacute;a en una Feria estival. Una de sus barracas se anuncia como &ldquo;El laberinto del hombre perdido&rdquo;, y en su interior &lsquo;vive&rsquo; extraviado desde hace seis meses un espectador de nombre Eladio Pelayo Exp&oacute;sito, con aspecto estrafalario &ndash;adjetivo caro a Rafael-, despeinado a lo fakir y alimentado a pan y agua por la empresa. Es el estrato y el tipo que marcar&aacute; a Manuel. Por eso Rafael ironizaba tantas veces en sus f&aacute;bulas sobre los riesgos de la moci&oacute;n, del buscar, del pretender, del desmarcarse, de lo extempor&aacute;neo, del huir de la dom&eacute;stico o de la oficina (tan siniestra como la dibujaba Pablo San Jos&eacute;); sobre el precio a pagar por la <em>quijotada</em> que supone el manifestarse, el ilusionarse, el desear, el idear, el trasladarse, el intentar ser libre. Por las trampas <em>kafkianas </em>dispuestas por la sociedad para quien se atreva a ello. Trampas para cada &lsquo;K&rsquo;. Muchos creaturas de Rafael son un &lsquo;K&rsquo;. Y se extrav&iacute;an irremisiblemente en el laberinto. Como le sucedi&oacute; a Eladio Pelayo Exp&oacute;sito. Aunque no se haya filmado, este tipo es una de las figuras que mejor significa el estar (perdido y atrapado) en el mundo, seg&uacute;n observaba el mundo Rafael. Y una de las que mejor reconstruye al propio ni&ntilde;o Rafael, el ni&ntilde;o que iba con sus padres a las ferias del Logro&ntilde;o de su infancia, un ni&ntilde;o asombrado y atemorizado: &laquo;El ni&ntilde;o lo pasa fatal en el circo, el ni&ntilde;o es un poco cagueta y todo le da miedo: que el le&oacute;n le coma la cabeza al domador, que se caigan del trapecio los trapecistas, que chorree la sangre de la chica atravesada dentro de un ba&uacute;l por una docena de sables, que el prestidigitador le haga bajar de la grada a la pista para sacarle de la nariz metros y metros de serpentinas. Pero claro, al circo tendr&aacute; que ir porque, si no va, &iquest;c&oacute;mo podr&iacute;a contar despu&eacute;s lo que no ha visto?&raquo;<a title="" href="#_ftn6">[6]</a>. C&oacute;mo contar lo que no se ve. Cuesti&oacute;n ineludible para los proveedores de ficciones. A m&iacute;, volviendo Eladio Pelayo Exp&oacute;sito, me recuerda en lo astroso de su encierro al anacoreta Fernando Tobajas, encerrado de <em>motu propio</em>, en su ba&ntilde;o, conectado al exterior por un laberinto de tuber&iacute;as.</p>
<p>&nbsp;Yo no s&eacute; si Rafael abr&iacute;a alguna vez estas agendas antes de envi&aacute;rmelas. Yo s&iacute;, pero nunca las he llegado a utilizar, ni he anotado en sus p&aacute;ginas ni una palabra, ni una cita, ni un compromiso. Para m&iacute; ten&iacute;an el valor de un libro. De un gui&oacute;n en blanco. Por tanto, nunca me he desecho de estos vol&uacute;menes. Hoy forman antes mis ojos y mi memoria una biblioteca regalada &iacute;ntegramente por Rafael. Y aun m&aacute;s que eso: pues independientemente cu&aacute;l fuera el tema monogr&aacute;fico de la agenda, a m&iacute; me hablan de &ndash;y me ordenan- los a&ntilde;os de mi relaci&oacute;n con Rafael. Me sale decir que me parecen &lsquo;libros suyos&rsquo;, como escritos por &eacute;l. En esa consideraci&oacute;n los conservo, unos a&ntilde;os apoyados en los otros. La &uacute;ltima agenda es la del IVAC para 2008. El 24 de marzo de este a&ntilde;o devino en un tope a partir del cual se inici&oacute; un tiempo aturdido, silente e inveros&iacute;mil que a lo que a m&aacute;s se parece es a la orfandad. Muchos, seguimos hoy sin estar de acuerdo con que se muriera Rafael, no se&ntilde;or. Y nos sigue sublevando. Seguro que &eacute;l tambi&eacute;n nos dar&iacute;a la raz&oacute;n en este extremo. Escribimos varias a cartas a <em>La Codorniz</em> para presentar una queja formal, para que se pronunciaran en la Redacci&oacute;n, para que, no s&eacute;, hicieran algo; le volvieran a declarar con este pretexto la guerra a Inglaterra, por ejemplo. Pero nos las han devuelto todas, con el sello de &lsquo;direcci&oacute;n inexistente&rsquo;. Algunas veces estoy con Jos&eacute; Luis Garc&iacute;a S&aacute;nchez y Jos&eacute; Luis, tras un rato de enmudecimiento, se pregunta por en&eacute;sima vez: &laquo;pero por qu&eacute; se tuvo que morir Rafael, co&ntilde;o&raquo;. Como cuando en <em>Belle &Eacute;poque </em>(Fernando Trueba, 1992) se preguntan por qu&eacute; se ha tenido que morir don Luis, con lo que gustaba comer; o en <em>Pl&aacute;cido</em> (Luis Garc&iacute;a Berlanga, 1961), por qu&eacute; se tuvo que morir el Pascual, con la ilusi&oacute;n que ten&iacute;a por la cena de Nochebuena. A don Luis y a Pascual les gustaba nutrirse. A Rafael tambi&eacute;n, en un sentido amplio. La nutrici&oacute;n espanta el vac&iacute;o, la dieta seriec&iacute;sima y la angustia que produce la soledad.&nbsp; En fin: camino del s&eacute;ptimo a&ntilde;o post-rafaelita, no, no nos adaptamos.</p>
<p>Recuerdo que fue, adem&aacute;s, en ese mismo mes de Marzo de 2008 cuando sali&oacute; el numero de <em>Turia </em>con el cartapacio dedicado a Carlos Saura: uno de los tramos m&aacute;s intensos e internados de la creatividad en pareja de Rafael, un verdadero <em>centrum</em> hacia el que, justo en la meseta de la edad, se encauzar&iacute;an reflexiones generacionales sobre el teatro del tiempo (de &lsquo;los tiempos&rsquo; comunicados del pasado y del presente), de la familia, de la Historia y de la imaginaci&oacute;n. Sobre algunas fechas; hablando de a&ntilde;os: 1936, por supuesto, el del siniestro total. Sobre la continuaci&oacute;n de los &lsquo;juegos prohibidos&rsquo; de la infancia: la muerte, el sexo, el miedo (a la autoridad, a la violencia, a la doctrina, a las postrimer&iacute;as). La infancia atravesada por el sol <em>machadiano</em> de la infancia. Antonio Machado; piedra angular del Azcona l&iacute;rico (lleg&oacute; a colar unos versos suyos incluso en la segunda del ciclo de Jack O&rsquo;Relly, <em>Siempre amanece</em>, 1954), que habr&iacute;a de ahormarse &ndash;para completar el troquel de Rafael Azcona-&nbsp; con el Baroja de la prosaica lucha por la vida. Duarte L. Carbajo ya advert&iacute;a en su art&iacute;culo<a title="" href="#_ftn7">[7]</a> que Rafael sufr&iacute;a en el momento de la preparaci&oacute;n del n&uacute;mero un contratiempo de salud que: &laquo;le ha impedido hablar, pero no escribir&raquo;. Y escribi&oacute; que <em>El jard&iacute;n de las delicias</em> (1970) era su &lsquo;Saura&rsquo; favorito, de todas, todas. Siempre lo dec&iacute;a<a title="" href="#_ftn8">[8]</a>. Al hilo, adelanto la siguiente conclusi&oacute;n: a mi juicio, es &ndash;tanto desde la urgencia vital como desde el oficio dramat&uacute;rgico- la capacidad de adaptaci&oacute;n, la tenacidad en la adaptaci&oacute;n, la m&aacute;s extraordinaria, emocionante y productiva cualidad que yo destacar&iacute;a de Rafael, despu&eacute;s de mucho pensarlo, de mucho pensar a Rafael. Y su obra. Y sus movimientos. Y que tambi&eacute;n la adaptaci&oacute;n &ndash;cap&iacute;tulo aparte de las &lsquo;adaptaciones&rsquo; como pr&aacute;ctica, del Azcona adaptador, en que demostr&oacute; asunci&oacute;n, pertinencia, originalidad, s&iacute;ntesis, reinvenci&oacute;n- le interesaba como asunto gordiano, como tema central. En sus muchas variantes: la transformaci&oacute;n de especie, digamos, en un sentido pr&aacute;cticamente zool&oacute;gico o entomol&oacute;gico (recu&eacute;rdese la primera aparici&oacute;n de Rafael en pantalla: un <em>cameo</em> como visitante en la Casa de Fieras de El Retiro, en <em>El pisito</em> de 1958, mirando alternativamente al foso y a la pareja formada por Rodolfo y Petrita), lo que explica que su literatura est&eacute; repleta de &lsquo;Gregorios Samsas&rsquo;: se&ntilde;ores que son abejas, toros, perros san bernardo o caballos y viceversa. Rafael se refer&iacute;a siempre a Samsa como &laquo;mi amigo Samsa&raquo;. Pero tambi&eacute;n en el cine abordar&iacute;a f&aacute;bulas como la de una mujer <em>ape regina</em> (1963) o la de una <em>donna scimmia</em> (1964), y colabor&oacute; en <em>&Ccedil;iao maschio</em> (1968), que desembocaba en la Playa del Hudson, Nueva York, a los pies del cad&aacute;ver del King-Kong de Dino de Laurentis, con un peque&ntilde;o simio en los brazos de Marcello Mastroianni. Toda una par&aacute;bola &lsquo;evolutiva&rsquo;. Rafael aseguraba que la mayor experiencia de interpelaci&oacute;n acerca de la condici&oacute;n humana la hab&iacute;a vivido en los segundos que un orangut&aacute;n del Zoo del Bronx estuvo mir&aacute;ndole fijamente a los ojos. &laquo;Aquel hombre&raquo; denominaba Rafael al orangut&aacute;n. Hablamos, por este lado, del camino seguido junto a Ferreri. Esteve Riambau enmarcar&iacute;a con acierto estos escenarios en las inmediaciones de un nuevo apocalipsis<a title="" href="#_ftn9">[9]</a>. La transformaci&oacute;n tambi&eacute;n en tanto sobreactuaci&oacute;n dentro de los l&iacute;mites y servidumbres de la comedia humana: reconvertirse en otro individuo para sobrevivir, para estar<a title="" href="#_ftn10">[10]</a>, para ser reconocido, para conseguir un lugar. Y un rinc&oacute;n (&lsquo;para quererse&rsquo;). Con un &uacute;nico objetivo: el de la supervivencia. Y perm&iacute;taseme aqu&iacute; recuperar un elenco de la &lsquo;impostaci&oacute;n&rsquo; que compil&eacute; a este respecto para un art&iacute;culo el a&ntilde;o pasado: &laquo;don Anselmo, en paral&iacute;tico; Rodolfo, en marido de una anciana; Michel, en amante de una mu&ntilde;eca hinchable; Pl&aacute;cido, en &ldquo;hombre-anuncio&rdquo;; Jos&eacute; Luis Rodr&iacute;guez, en verdugo; Badalamenti, en mafioso; Carmen, la de <em>La boutique</em>, en falsa enferma; Tobajas, en un San Antonio, en un Ulises; Amedeo, en Joseph K.; Luis, el primo de Ang&eacute;lica, en ni&ntilde;o (en el &ldquo;ciclo Saura&rdquo; los protagonistas reproducen el teatro de la infancia, as&iacute; el Antonio de <em>El jard&iacute;n de las delicias</em>, o la pareja Teresa y Pedro en <em>La madriguera</em>); los burgueses parisinos de <em>La Grande Bouffe</em>, en Tragant&uacute;as; los histri&oacute;nicos Leguineche, en mil papeles y disfraces; el Luis que intenta seducir a la Paloma, en estrella de CIFESA; el Alejandro del Castillo de <em>La mujer cualquiera</em>, en General retirado; los frailes Liborio y Clemente, en los secularizados Juan y Pepe; el Juan Pe&ntilde;asco de <em>Adi&oacute;s con el coraz&oacute;n</em>, en un Don Juan<a title="" href="#_ftn11">[11]</a>&raquo;.</p>
<p><em>El jard&iacute;n de las delicias</em>, la preferida por Rafael de entre las compartidas con Saura, es, no en vano, una pel&iacute;cula acerca de la nostalgia de la metamorfosis. Presentimiento &ndash;o <em>desideratum</em>- de haber pertenecido a otro estado en la escala, un estado mas liberado, menos comprometido, menos verborr&eacute;ico. Antonio Cano (L&oacute;pez V&aacute;zquez, actor al que Rafael ayud&oacute; a mutar a otra m&aacute;scara, pues lo postul&oacute; para Ferreri y para Saura) asum&iacute;a al final la famosa recapitulaci&oacute;n de Emp&eacute;docles (490-430 a. C.), el fil&oacute;sofo que enunci&oacute; precisamente la teor&iacute;a sobre las cuatro ra&iacute;ces que conformar&iacute;an al ser humano, y sobre la tensi&oacute;n perpetua entre la permanencia y la transformaci&oacute;n: &laquo;He sido ni&ntilde;o, una mata, un p&aacute;jaro y un mudo pez que surge del mar&raquo;, evocaba Cano. Baudelaire, como bien trae a colaci&oacute;n Enrique Bras&oacute; en su cap&iacute;tulo sobre <em>El jard&iacute;n de las delicias</em><a title="" href="#_ftn12">[12]</a>, parafrase&oacute; al de Agrigento cuando proclam&oacute; &laquo;Nac&iacute; hombre por error; deb&iacute;a haber sido golondrina o pez&raquo;. Rafael, como muchas de sus criaturas, tambi&eacute;n tuvo que &lsquo;sobreponerse&rsquo; continuamente. Es decir: adaptarse, readaptarse, errar, deslocalizarse y amoldarse varias veces. Fueron las sucesivas &ndash;y diversas- adaptaciones las que forjaron su personalidad y su producci&oacute;n intelectual. C&oacute;mo detallarlas aqu&iacute; todas. Pero pi&eacute;nsese en el arco general: un pardal, de colegio p&uacute;blico, aficionado a dibujar, imaginativo, con una hermana, hijo de un modesto sastre de fidelidad republicana, crecido en el Logro&ntilde;o de retaguardia, recogido y provincial &ndash;una guerra civil por medio-&nbsp; del primer tercio del siglo XX; mancebo de botica, muchacho de los recados, estudiante de comercio, aficionado a los toros y habitual del corto ocio local, que rectifica su anhelos (y seguramente un destino en el Logro&ntilde;o descrito en la <em>Calle Mayor</em> de Bardem<a title="" href="#_ftn13">[13]</a>) hacia la lectura, las &iacute;nfulas po&eacute;ticas y la hermandad literaria, un muy infrecuente espectador de cine que &ndash;paradoja- acabar&aacute; siendo uno de los guionistas cinematogr&aacute;ficos imprescindibles del cine europeo, autor de una obra sin la cual no se puede entender este pa&iacute;s nuestro. Acreedor de un apellido &ndash;Azcona&ndash; adaptado a la categor&iacute;a de concepto est&eacute;tico &ndash;lo <em>azconiano</em>- como antes lo fueron lo <em>ramoniano</em>, <em>&nbsp;solanesco</em>, lo <em>goyesco</em>, lo <em>berlanguiano</em> o lo <em>bu&ntilde;uelesco</em>. El Rafael que vendiendo a peso su biblioteca de juventud para tener un dinero con el que recomenzar, pasa de Logro&ntilde;o a Madrid, donde ser&aacute; empleado de carboner&iacute;a, portero de noche de Hotel y vate de cafet&iacute;n. Aunque a la altura de 1958, la profesi&oacute;n que figura en su DNI sea &iexcl;la de &lsquo;viajante&rsquo;!, lo que tampoco lo resume pues habr&aacute; de confesar, <em>empedocliano</em>: &laquo;yo soy el resultado de un estudiante, de un poeta, de un decorador, frustrados todos&raquo;<a title="" href="#_ftn14">[14]</a>. El Rafael que ha evolucionado de lector a escribidor: el escribidor a varias manos que, en una misma d&eacute;cada, pasa de los ripios sentimentales y los versos a medianoche a la entrega rosa de kiosko bajo seud&oacute;nimo, en paralelo al art&iacute;culo codornicesco (bajo m&aacute;s seud&oacute;nimos) y al humorismo gr&aacute;fico, camino de sus primeras novelas para acabar, instruido por el milan&eacute;s Ferreri, en &ndash;algo que &eacute;l no pod&iacute;a ni concebir hasta ese momento- la disciplina a dos columnas de un artefacto denominado gui&oacute;n cinematogr&aacute;fico. El novelista que pasa de militar en el Club de la Sonrisa a ejercitar el esperpento. El logro&ntilde;&eacute;s que se adapta a los modos y empresas del citado milan&eacute;s. El logro&ntilde;&eacute;s que tras adaptarse -con veinticinco a&ntilde;os, y no sin problemas de liquidez y alojamiento- a las muchas caras del Madrid&nbsp; carencial, cuaresmal y bohemio oscuro de los cincuenta ser&aacute; transfigurado en la isla de Ibiza y luego en Roma, donde dice haber descubierto, a diferencia de Espa&ntilde;a, que la vida es otra cosa a ir muriendo y conden&aacute;ndose. Imprimaciones progresivas: nuevos estratos. El guionista profesional espa&ntilde;ol que se adaptar&aacute; a las industrias de Francia y de Italia. El guionista que ser&aacute; el mejor coguionista por su extraordinaria adaptaci&oacute;n a los compa&ntilde;eros de viaje en el proceso de ideaci&oacute;n de una pel&iacute;cula. Nadie como Rafael se ha adaptado sobre una mesa de trabajo y de almuerzo a quienes consideraba sus c&oacute;mplices materiales y -sin discusi&oacute;n posible- autores de la pel&iacute;cula (minimizando o ladeando, sobre todo cuando alguien osaba interesarse por ella, su propia contribuci&oacute;n, su patr&oacute;n); no dando nada por supuesto, ni por escrito hasta que no se hablara, se acordara y se encajara. No ha existido en el cine mundial, que yo recuerde ahora, ning&uacute;n guionista que haya generado tan numerosas, prolongadas, sucesivas y diversas asociaciones de ingenio con los directores. Como ning&uacute;n otro guionista, Rafael cre&oacute; &lsquo;ciclos&rsquo;, de diferente extensi&oacute;n y diferente conclusi&oacute;n. &lsquo;Ciclo&rsquo; en el sentido de peque&ntilde;a sociedad, de club <em>pickwickiano</em>, de &lsquo;enamoramiento&rsquo;,&hellip; de estaci&oacute;n. Hay claramente una &lsquo;estaci&oacute;n Ferreri&rsquo;<a title="" href="#_ftn15">[15]</a>, una &lsquo;estaci&oacute;n Berlanga&rsquo;, una &lsquo;estaci&oacute;n Saura&rsquo;, una &lsquo;estaci&oacute;n Mas&oacute;&rsquo;, una &lsquo;estaci&oacute;n Forqu&eacute;&rsquo;, una &lsquo;estaci&oacute;n Olea&rsquo;, una &lsquo;estaci&oacute;n Trueba&rsquo;, una &lsquo;estaci&oacute;n Cuerda&rsquo; o una &lsquo;estaci&oacute;n Garc&iacute;a S&aacute;nchez&rsquo;, que ser&iacute;a la &uacute;ltima en interrumpirse, y una de los m&aacute;s fruct&iacute;feras, divertidas y fraternales, aunque quedaron tambi&eacute;n pruebas in&eacute;ditas de otras colaboraciones, como la que sostuvo con Jos&eacute; Luis Borau en el verano de 2004 para escribir el (espl&eacute;ndido) gui&oacute;n de otra pel&iacute;cula inexistente: <em>Las hermanas del Don</em><a title="" href="#_ftn16">[16]</a>. Hubiera sido &eacute;sta una de las adaptaciones entre pares &ndash;Azcona/ Borau- m&aacute;s delicadas y expertas de la historia del cine espa&ntilde;ol. El gui&oacute;n, por lo menos, existe. Era Borau, por cierto, muy admirador del gui&oacute;n de <em>El laberinto</em> (me imagino que tambi&eacute;n se identificaba con la mirada y miedos del ni&ntilde;o Manuel, y del ni&ntilde;o Rafael).</p>
<p>Rafael se adapt&oacute; a todos y a cada uno de los realizadores con los que departi&oacute;, se intern&oacute; en sus mundos, y tambi&eacute;n ellos asimilaron en mayor o menos medida la &oacute;ptica de Rafael. Co-firm&oacute; con ellos la mayor&iacute;a de los guiones. Es muy revelador auscultar elementos del <em>continuum</em> y las marcas que el mano a mano diario con Rafael dej&oacute; en las filmograf&iacute;as respectivas (tanto en las posteriores como a veces en &iexcl;alguna anterior!<a title="" href="#_ftn17">[17]</a>). Pero tambi&eacute;n Rafael sali&oacute; de cada una de esos &lsquo;maridajes&rsquo; con una caja m&aacute;s amplia de herramientas po&eacute;ticas. Y con una especie de juventud renovada que volv&iacute;a a invertir en su siguiente &ndash;o paralela- asociaci&oacute;n. La asociaci&oacute;n en cada caso, si en un momento fue casual o azarosa, se iba llenando de contenidos. Rafael dio y recibi&oacute;. Sus socios, lo mismo. Rafael reconoci&oacute; que su colaboraci&oacute;n se basaba en el fundamento judoka: &laquo;aprovechar la fuerza del contrario&raquo;<a title="" href="#_ftn18">[18]</a>. De hecho, como se sabe, lleg&oacute; a extenderse la especie de que Rafael Azcona no exist&iacute;a como sujeto, sino que era un seud&oacute;nimo adoptado/ adaptado por los directores. Pero la &lsquo;invisibilidad&rsquo; durante un tiempo de Rafael era una demostraci&oacute;n m&aacute;s de su disposici&oacute;n, de su generosidad, de su aparente &lsquo;no intervenci&oacute;n&rsquo;, de su perfecta adaptabilidad. &Eacute;l dec&iacute;a, incluso, que s&oacute;lo ped&iacute;a para trabajar una idea a la que sumarse; aseguraba que &eacute;l no ten&iacute;a ideas propias, que prefer&iacute;a que el pr&oacute;jimo decidiera por &eacute;l. Rafael podr&iacute;a ser un personaje de Italo Calvino: &lsquo;el hombre que se adaptaba&rsquo;, de forma que pasaba de no intervenir a ser el que ci&ntilde;e, el tiral&iacute;neas, el que pasa a limpio, el que sujeta y desarrolla la idea. El hombre que se suma no como voluntario sino como involuntario. Hay m&aacute;s adaptaciones en Rafael: el logro&ntilde;&eacute;s que se cas&oacute; &ndash;s&oacute;lo cuando &eacute;l consideraba que estaba, como cont&oacute; en varias ocasiones, &laquo;preparado para el matrimonio&raquo;- con una norteamericana, mi querida amiga Susan Youdelman (otra admirable historia de adaptaciones), y que habiendo, en fin, nacido entre dos puentes de la recoleta Logro&ntilde;o -uno de piedra y otro de hierro-, reconocer&aacute; que no concibe una experiencia universal de lo humano que iguale a cruzar una y otra vez el puente de Brooklyn. Por supuesto que la adaptaci&oacute;n es, sobre todo, una reacci&oacute;n para combatir el miedo a la soledad.</p>
<p>Esta capacidad, este instinto adaptativo &ndash;avivado por la necesidad, por la urgencia, por pragmatismo- se comunica a la pr&aacute;ctica de su escritura: la de la literatura y la de los guiones. Y al puente entre ambos. Incluido el puente que va de Azcona a Azcona. Quise explicarlo cuando en <em>Rafael Azcona: hablar el gui&oacute;n</em><a title="" href="#_ftn19">[19]</a> me refer&iacute; a la &lsquo;pol&iacute;tica del incremento&rsquo;: la habilidad para hacer crecer y transformarse a los motivos, a los casos, a las noticias, a los datos extra&iacute;dos, observados (o no) de la realidad, a los tipos. El &lsquo;incremento&rsquo; es, en definitiva, una pol&iacute;tica de adaptaci&oacute;n. Los ejemplos nos har&iacute;an ir repasando cada una de sus entregas, pero me vienen a la memoria algunas. Incrementos de variada ingenier&iacute;a. La cercan&iacute;a de la Navidad me trae el relato <em>Pobre</em><a title="" href="#_ftn20">[20]</a>, ficci&oacute;n &ndash;entre galdosiana y valleinclanesca- incrementada a partir de un hecho m&iacute;nimo: una estafa de participaciones del Gordo de Navidad ocurrida en Logro&ntilde;o. Se enterar&iacute;a por la prensa<a title="" href="#_ftn21">[21]</a>, como tambi&eacute;n se enterar&iacute;a de cierto matrimonio <em>in articulo mortis</em> celebrado en marzo de 1956 en Barcelona entre un realquilado de 30 y una inquilina de 87 para mantener el piso<a title="" href="#_ftn22">[22]</a>, o sea: <em>El pisito</em>. Y unos datos y testimonios aportados por Berlanga sobre el ajusticiamiento de Pilar Prades, &lsquo;la envenenadora de Valencia&rsquo;, crecer&iacute;an hasta <em>El verdugo</em> (que a su vez reproduce, &lsquo;adapta&rsquo; algunos elementos de la tragedia conyugal y &lsquo;criminal&rsquo; de Antonio Badalamenti en la inmediatamente anterior <em>Mafioso</em>. &iexcl;Qu&eacute; extraordinaria pel&iacute;cula <em>Mafioso</em>!<a title="" href="#_ftn23">[23]</a>). Por razones legales y econ&oacute;micas Rafael nunca pudo &ndash;como siempre pretendieron &eacute;l y Ferreri- adaptar directamente <em>El castillo</em> de Kafka, pero eso hizo, en cambio, que readaptara elementos de su f&aacute;bula en muchas de sus pel&iacute;culas<a title="" href="#_ftn24">[24]</a>, y no me refiero a <em>La audiencia</em>, su versi&oacute;n &lsquo;oficiosa&rsquo;, digamos, sino a las odiseas que &ndash;en distinta graduaci&oacute;n <em>kafkiana</em>- padecen don Amadeo, Rodolfo y Petrita, Pl&aacute;cido Alonso, Jos&eacute; Luis Rodr&iacute;guez, Badalementi, Leonardo y Charo<a title="" href="#_ftn25">[25]</a>, Tobajas, Jaume Canivell<a title="" href="#_ftn26">[26]</a>, los ex-frailes Juan y Pepe en &lsquo;el siglo&rsquo;, o los Leguineche, entre otros. Y a los &lsquo;castillos&rsquo; laber&iacute;nticos en que se convierten muchos espacios, desde el pasillo de un piso de realquiler al propio cerebro. Y aqu&iacute; volver&iacute;amos a Antonio Cano, pero tambi&eacute;n podr&iacute;amos llegar hasta Alonso Quijano. Lleguemos, pues el concurso de Rafael como coguionista en las sucesivas fases del proyecto multiimedia &ndash;teatro, cine, televisi&oacute;n- que comand&oacute; Maurizio Scaparro entre y 1983 y 1984 entorno al personaje y libro de Don Quijote<a title="" href="#_ftn27">[27]</a> lo sit&uacute;a en el n&uacute;cleo de un experimento de transformaci&oacute;n de formato dramat&uacute;rgico, de escenario y de soporte pionero en el audiovisual europeo. El caso del anciano peat&oacute;n que quiere hacerse con un cochecito autom&aacute;tico para obtener la &lsquo;movilidad&rsquo; de sus amigos paral&iacute;ticos es un ejemplo de proceso auto adaptador sin precedentes, verificado a lo largo de m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os: Rafael observa c&oacute;mo un grupo de paral&iacute;ticos llama &lsquo;baldaos&rsquo; a unos futbolistas a la salida del Bernabeu (el hecho, sin fecha); un suelto en <em>La Codorniz</em> (&ldquo;El se&ntilde;or que quer&iacute;a ser paral&iacute;tico&rdquo;, octubre de 1957); relato en <em>Arriba </em>(&ldquo;El cochecito&rdquo;, noviembre de 1957); casi una novela breve, versi&oacute;n de la misma historia, con el t&iacute;tulo de &ldquo;Paral&iacute;tico&rdquo; (incluido en el volumen <em>Pobre, paral&iacute;tico y muerto</em>, publicado en 1960); adaptaci&oacute;n a gui&oacute;n cinematogr&aacute;fico, <em>El cochecito</em> (1959, antes que &ldquo;Paral&iacute;tico&rdquo; fuera publicado); pel&iacute;cula <em>El cochecito</em> (1960); &lsquo;remodelaci&oacute;n literaria&rsquo; del gui&oacute;n para el libro <em>Otra vuelta en El cochecito</em> (1991)<a title="" href="#_ftn28">[28]</a> y reescritura completa de &ldquo;Paral&iacute;tico&rdquo; para ser incluida con el t&iacute;tulo definitivo de &ldquo;El cochecito&rdquo; en el volumen <em>Estrafalario</em> (1999).</p>
<p>Y en esto nos conduce a la faceta m&aacute;s constante y esforzada de Rafael como adaptador: ser adaptador de s&iacute; mismo. Por reducirnos a su tarea de escritor &ndash;si bien, como ya ha quedado dicho, fueron muchos los otros &aacute;ngulos vitales en que tuvo que readaptarse, tambi&eacute;n el de lector, leer a Kakfa<a title="" href="#_ftn29">[29]</a>, insisto, fue clave-, bastar&iacute;a recordar su s&uacute;bita reconversi&oacute;n en guionista cinematogr&aacute;fico de sus propias novelas (&ldquo;El pisito&rdquo;, &ldquo;Paral&iacute;tico&rdquo;) sin haber contado con una preparaci&oacute;n t&eacute;cnica anterior y sin ni siquiera albergar un inter&eacute;s especial en el medio (rep&aacute;sense, a prop&oacute;sito, la sorna y desapego sobre el cine que se gastaban sus heter&oacute;nimos <em>codornicescos </em>y el repelente Vicente). En coguionista, habr&iacute;a que decir, pues al aprendizaje de la gram&aacute;tica parda del modelo tuvo que a&ntilde;adir la instrucci&oacute;n en la colaboraci&oacute;n dramat&uacute;rgica, cultural e idiom&aacute;tica con Ferreri. De parecer ajeno completamente al mundo del cine, a escribir a cuatro manos guiones con un italiano a partir de relatos preexistentes. Desbordar&iacute;amos este cartapacio Azcona si describi&eacute;ramos el enriquecimiento que se iba haciendo patente en cada adaptaci&oacute;n, las cuales, lejos de parecer primerizas, demostraban una precisi&oacute;n, una ampliaci&oacute;n de la vi&ntilde;eta &ndash;vuelvo a la idea de la profundizaci&oacute;n en su duratividad, en su discurso- y unas calidades ac&uacute;sticas y &lsquo;pict&oacute;ricas&rsquo; in&eacute;ditas en el cine espa&ntilde;ol. Del Rafael Azcona &lsquo;adaptador&rsquo;, del profesional de la <em>riduzione</em>, bastar&iacute;a como muestra de su ojo para operar los elementos y ejes<a title="" href="#_ftn30">[30]</a> que pueden reaccionar, sintetizarse o reencajarse para incrementar la sustancia, trabajos como la traslaci&oacute;n que culmin&oacute; de la trama de la novela de Stephen Vizinczey<em> </em><em>En brazos de la mujer madura </em>(1965) desde la Hungr&iacute;a de la Segunda Guerra Mundial a la Barcelona de la guerra y posguerra civiles; la opci&oacute;n por la linealidad humana &ndash;obviando los entreactos fant&aacute;sticos- en su rehilado de <em>El bosque animado</em> (1943)<a title="" href="#_ftn31">[31]</a> de Fern&aacute;ndez Fl&oacute;rez; la reubicaci&oacute;n y pautado de la representaci&oacute;n &iacute;ntegra de la zarzuela <em>La Corte de Fara&oacute;n </em>(1910)<a title="" href="#_ftn32">[32]</a> en el seno de un <em>flash-back</em> o el ensamblaje con la perfecci&oacute;n de un relato &uacute;nico de tres de los diecis&eacute;is cuentos que Manuel Rivas inclu&iacute;a en <em>&iquest;Qu&eacute; me quieres amor? </em>(1996)<a title="" href="#_ftn33">[33]</a>. Es fascinante pensar, por las noticias que se publicaron entre 1960 y 1962,&nbsp; c&oacute;mo hubieran &eacute;l y Ferreri adaptado <em>El Castillo</em> de Kafka: el escenario previsto era el Hotel de las Termas de Pallar&eacute;s (en Alhama de Arag&oacute;n) y &lsquo;K&rsquo; iba a ser Tot&oacute;. Y pienso tambi&eacute;n en el colmo que supuso en tanto autonom&iacute;a como criatura emancipada de su autor, el que el repelente ni&ntilde;o Vicente, adoptado por tantos lectores, fuera tambi&eacute;n adaptado como personaje televisivo en el programa<em> Sonr&iacute;a, por favor</em>, entre octubre de 1964 y enero de 1965, casi reci&eacute;n estrenada la televisi&oacute;n en Espa&ntilde;a.&nbsp; Aunque en este caso fue idea de Manuel Ruiz-Castillo, al igual que los guiones, de los que Rafael se inhibi&oacute;. A punto hab&iacute;a estado Rafael de adaptarse tempranamente al nuevo medio cuando intent&oacute; con Berlanga y Estelrich la serie <em>Los picaros</em> con su piloto <em>Se vende un tranv&iacute;a </em>(1959), entre <em>El pisito</em> y <em>El cochecito</em>. De haber salido la serie, &iquest;le hubiera sacado del cine nada m&aacute;s estrenarse en &eacute;l? Por cierto que el gui&oacute;n favorito de la Rafael era uno que escribi&oacute; para la televisi&oacute;n, el argumento de &ldquo;La mujer cualquiera&rdquo;, un episodio de <em>La mujer de tu vida</em>. Y una de sus frustraciones el que no se realizara la serie que escribi&oacute; en 1998 con Garc&iacute;a S&aacute;nchez a partir de las <em>Cr&oacute;nicas urbanas</em> de Manuel Vicent.</p>
<p>No obstante, como escritor, lo m&aacute;s ins&oacute;lito &ndash;ins&oacute;lito en toda la ficci&oacute;n internacional, dir&iacute;a yo- es el ejercicio al que &eacute;l mismo se prest&oacute; a finales de los a&ntilde;os noventa como respuesta a la oferta de reedici&oacute;n &ndash;ordinaria- de sus antiguas novelas<a title="" href="#_ftn34">[34]</a>. Rafael prefiri&oacute; reescribirlas todas, de arriba abajo, de nueva planta. La razones que &eacute;l esgrimi&oacute; para tama&ntilde;o esfuerzo era el darse la oportunidad de redactarlas en estado de libertad de expresi&oacute;n, lo que las hace m&aacute;s expl&iacute;citas en pasajes sexuales, escatol&oacute;gicos o tr&aacute;gicos. Pero tambi&eacute;n le imprime un vuelo dram&aacute;tico e ideol&oacute;gico superior, en algunos casos. Es muy interesante advertir como, adem&aacute;s, cuando publica <em>El pisito</em> o <em>El cochecito &nbsp;</em>en 1999 ya nos parece no s&oacute;lo el autor que fuera un d&iacute;a del relato original sino un espectador m&aacute;s de las pel&iacute;culas en que se convirtieron. Se adapt&oacute; como espectador. En esta secuencia de reescritura, la adaptaci&oacute;n supone una circularidad total. Una mezcla entre vaciado y colmado. Exceptuando <em>Cuando el toro se llama Felipe</em> (1956), Rafael no se fue sin dejarlo todo reescrito, adaptado a su gusto, a su condici&oacute;n de ciudadano libre, sin censuras. Reinvent&oacute; una &lsquo;primera vez&rsquo; para sus textos, para reconocerlos sin cargos, desde las min&uacute;sculas <em>Memorias de un se&ntilde;or bajito</em> hasta <em>Los europeos</em> (1960)<a title="" href="#_ftn35">[35]</a>. Ser&iacute;a, claro est&aacute;, objeto de otro trabajo el cotejo de los <em>vintages</em>, digamos, con sus reescrituras, y una evaluaci&oacute;n narrativa y est&eacute;tica de las revisiones. A m&iacute;, la que m&aacute;s emociona, la que creo mejor ajustada, la m&aacute;s equilibrada y en la que hay m&aacute;s ganancia es <em>Los ilusos</em><a title="" href="#_ftn36">[36]</a>. Al ser &eacute;sta una novela que trataba &ndash;en tiempo real, 1958, cuando la edit&oacute; Ari&oacute;n-&nbsp; de los or&iacute;genes de su aventura como escritor, y al haber sido remitido a Ediciones del Viento por Rafael el manuscrito de su &uacute;ltima versi&oacute;n, de su &lsquo;corte final&rsquo; en 2008, s&oacute;lo unos d&iacute;as antes de su fallecimiento, hace que lo contenga y lo comprenda &iacute;ntegramente: al individuo, al ciudadano, al escritor.</p>
<p>El mismo d&iacute;a que me llega el Calendario de Filmoteca, el programa de TVE &ldquo;Versi&oacute;n espa&ntilde;ola&rdquo; pasa<em> Pl&aacute;cido</em>. El mejor villancico espa&ntilde;ol. Como siempre, acabo vi&eacute;ndola llorando con moco de pavo. No de tristeza, sino por la impresi&oacute;n que me produce certificar lo que hemos sido y somos. A qu&eacute; cosas hemos sobrevivido. C&oacute;mo hemos podido salir (?) de vivir en unos urinarios. Caigo en cu&aacute;nto del monipodio de <em>Pobre</em> y del inventario de pobres <em>codornicescos </em>salieron por las costuras de la pesadilla de Pl&aacute;cido Alonso, quien, por cierto, libraba una carrera contrarreloj con los plazos, en la laberinto de la nochebuena. Total para nada, porque al final no hac&iacute;a falta, porque en la letra no figuraba el tenedor y el efecto carec&iacute;a de poder ejecutivo, etc, etc.... En fin: la descojonaci&oacute;n.&nbsp; Acuden a m&iacute; las estampas navide&ntilde;as a las que Rafael dedic&oacute; &ldquo;Tres romances ingenuos&rdquo; en 1950, poco antes de Madrid. El correspondiente a la nochebuena es como un bel&eacute;n dentro de un escaparate de desproporciones absurdas, en el que se mezclan &laquo;entre paredes y asfalto,/ bajo techumbres de tejas (&hellip;) entre las sombras del mundo/ sobre la vida tan negra&raquo; avionetas de hojadelata y trenes el&eacute;ctricos con caminos de serr&iacute;n y ovejas que son m&aacute;s grandes que los Reyes Magos. Y recuerdo, viendo a Cassen, otro episodio apenas recordado de Rafael. Siete a&ntilde;os despu&eacute;s de <em>Pl&aacute;cido</em>, Rafael intent&oacute; adaptarse al teatro. &Eacute;l hab&iacute;a declarado en alguna ocasi&oacute;n que hab&iacute;a escrito y roto algunas comedias, porque &ndash;p&aacute;smense- aseguraba que le aburr&iacute;a escribir di&aacute;logos<a title="" href="#_ftn37">[37]</a>. El mismo Casto Sendra del motocarro protagonizar&iacute;a en 1968 la adaptaci&oacute;n que Rafael hizo por encargo de Andr&eacute;s Kramer de la pieza de Roger Milner <em>&iquest;C&oacute;mo va la vida?</em> Rafael defin&iacute;a a su protagonista como un tipo &laquo;sofocado, aplastado y destruido por su contorno&raquo;<a title="" href="#_ftn38">[38]</a>. Vuelvo a ver, sobrecogido, el contorno de <em>Pl&aacute;cido</em> y no s&eacute; si no ha pasado el tiempo, o qu&eacute;. Todo era verdad. &iquest;C&oacute;mo va el solar? No hay m&aacute;s que observar: ancianos estafados, contabilidad imaginativa, familias desahuciadas, peque&ntilde;os nicolases, tertulianos al poder, pagar para trabajar, emprendedores, cortesanos imputados, puertas giratorias, la providencia de la loter&iacute;a de la navidad, pobres de solemnidad en aumento, todos a la c&aacute;rcel. Este pa&iacute;s sigue siendo algo como contado por una cuadrilla de tronados desde un palomar sobre Callao. David Trueba afirma hoy en su columna de <em>El Pa&iacute;s</em> que seguimos en un argumentarlo digno de <em>La Escopeta Nacional</em>. Pienso cada d&iacute;a en c&oacute;mo contar&iacute;a todo este ruedo actual Rafael. En la sobremesa, en los guiones. Y ahora que abundan el club de la comedia y los graciosos de turno, me doy cuenta c&oacute;mo &ndash;a pesar de que nos riamos- nada era contado por Rafael como un chiste, ni como una ocurrencia, ni&nbsp; como un <em>gag</em> suelto, sino que todo se desprend&iacute;a de una mayor: de una visi&oacute;n de nuestros actos como inevitable disfunci&oacute;n, como fatal desajuste, como inadaptaci&oacute;n. Consecuencia del error de no habernos quedado en ni&ntilde;o, mata, p&aacute;jaro o pez.<em></em></p>
<p>Qu&eacute; iron&iacute;as adaptativas: el tema del Calendario de Filmoteca Espa&ntilde;ola para 2015 es Rafael Azcona.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="right">Logro&ntilde;o, enero de 2015</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> En <em>Memorias de sobremesa. Conversaciones de &Auml;ngel S. Harguindey con Rafael Azcona y Manuel Vicent</em>, El Pa&iacute;s Aguilar, Madrid, 1998, p. 39.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> &ldquo;Consejos para este a&ntilde;o&rdquo; (02/ 01/ 1955), incluido en <em>Por qu&eacute; nos gustan las guapas. Todo Rafael Azcona en </em>La Codorniz, Pepitas de Calabaza &amp; Fulgencio Pimentel, Logro&ntilde;o, 2012, p. 396.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a> Institut Valenci&agrave; de Cinematograf&iacute;a/ Filmoteca Ricardo Mu&ntilde;oz Suay.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a> Si bien la revista <em>Archivos de la Filmoteca</em> (5, 1990, pp. 99-109) public&oacute; un fragmento.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a> Lo cuenta Fraile en &ldquo;Cr&oacute;nica de casi nada&rdquo;, <em>Nickel Odeon</em>, 21, 200, p. 8.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a> Rafael Azcona, &ldquo;Una foto&rdquo;, texto incluido en <em>La ciudad en el ombligo</em>, (Pepitas de calabaza, Logro&ntilde;o, 2004).</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a> &ldquo;Rafael Azcona: &laquo;Iba a casa de Saura a trabajar los guiones con hora, como las asistentas&raquo;, <em>Turia</em>, 85-86, p. 229.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref8">[8]</a> En mayo de 2001 se lo pregunt&eacute; en una entrevista para el n&uacute;mero 15 de&nbsp; la revista logro&ntilde;esa <em>El p&eacute;ndulo</em> (&ldquo;Azcona y Saura, despu&eacute;s de frailes&rdquo;). La respuesta fue tajante: &laquo;<em>El jard&iacute;n de las delicias</em>, sin dudarlo&raquo;.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref9">[9]</a> <em>Antes del Apocalipsis. El cine de Marco Ferreri</em>, C&aacute;tedra Signo a Imagen, Madrid, 1990.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref10">[10]</a> Mi art&iacute;culo &ldquo;Azcona y Scaparro en el c&iacute;rculo de Don Quijote&rdquo;, incluido en el volumen editado y coordinado por Daniela Aronica en colaboraci&oacute;n con la Filmoteca Rafael Azcona <em>El Quijote seg&uacute;n Scaparro, entre melancol&iacute;a, soledades y carnaval</em>, Barcelona, 2014, pp. 88-116.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref11">[11]</a> En referencia a guiones co-firmados por Rafael: <em>El cochecito</em> (Marco Ferreri, 1960), <em>El pisito</em> (Id., 1958), <em>Pl&aacute;cido</em> (Luis Garc&iacute;a Berlanga, 1961), <em>El poder de la Mafia</em> (Alberto Lattuada, 1962),<em> El verdugo </em>(L. G. Berlanga, 1963), <em>La boutique</em> (Id., 1967), <em>El anacoreta</em> (Juan Estelrich, 1976), <em>La audiencia</em> (M. Ferreri, 1971), <em>La prima Ang&eacute;lica</em> (Carlos Saura, 1974). <em>El jard&iacute;n de las delicias</em> (Id., 1970), <em>La madriguera</em> (Id., 1969), <em>La Grande Bouffe</em> (M. Ferreri, 1973), La &lsquo;saga Nacional&rsquo;&nbsp; con Berlanga (1978-1982), <em>El vuelo de la Paloma </em>(Jos&eacute; Luis Garc&iacute;a S&aacute;nchez, 1989), <em>La mujer cualquiera</em> (perteneciente a la serie de televisi&oacute;n <em>La mujer de tu vida</em>, J. L. G. S&aacute;nchez, 1992), y la trilog&iacute;a de &lsquo;Suspiros&rsquo; (Id., 1995-1999).</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref12">[12]</a> <em>Carlos Saura</em>, Taller de Ediciones Josefina Betancor, Madrid, 1974, p. 259.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref13">[13]</a> 1956.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref14">[14]</a> Lo revela Manuel Del Arco en la entrevista que le hace para su secci&oacute;n de <em>La Vanguardia Espa&ntilde;ola</em> &ldquo;Mano a Mano&rdquo; el 11 de noviembre de 1958.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref15">[15]</a> Por poner un ejemplo, Michel Maheo, en su libro sobre Marco Ferreri (Edilig, Par&iacute;s, 1986) equiparaba la relaci&oacute;n Azcona/ Ferreri con la de Gyula Hernadi y Mikl&oacute;s Jancs&oacute;.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref16">[16]</a> Puede consultarse informaci&oacute;n sobre este gui&oacute;n y sobre la colaboraci&oacute;n en mi libro <em>Jos&eacute; Luis Borau. La vida no da para m&aacute;s</em>, Pigmali&oacute;n Ediciones/ Fundaci&oacute;n Autor SGAE/ Asociaci&oacute;n de Amigos del Cine Experimental de Madrid, 2012, pp. 109-115.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref17">[17]</a> Cuantas veces le han comentado a Garc&iacute;a S&aacute;nchez que <em>Las truchas</em> (1978) era &lsquo;un Azcona sin Azcona&rsquo;. M&aacute;s de una vez he visto en fichas atribuir a Rafael el gui&oacute;n de <em>Bienvenido, Mr. Marshall</em> (1953), y son incontables las veces que se tacha de &lsquo;azconianas&rsquo; <em>Total</em> (1983) o <em>Amanece que no es poco</em> (1989); o si se prefiere &lsquo;azc&oacute;nicas&rsquo;, como dir&iacute;a el propio Jos&eacute; Luis Cuerda.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref18">[18]</a> <em>Memorias de sobremesa,</em> op. cit. p, 71.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref19">[19]</a> C&aacute;tedra, Signo e Imagen/ Festival de Cine Espa&ntilde;ol de M&aacute;laga, Madrid, 2006.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref20">[20]</a> Incluido en <em>Pobre, paral&iacute;tico y muerto</em> (Ari&oacute;n, Madrid, 1960).</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref21">[21]</a> El diario <em>Ya</em> dio noticia de ello el 22 de diciembre de 1957.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref22">[22]</a> Lo public&oacute; <em>La Vanguardia Espa&ntilde;ola </em>el 3 de marzo de 1956.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref23">[23]</a> <em>El poder de la Mafia.</em> No conozco edici&oacute;n espa&ntilde;ola en DVD. Existe una laguna videogr&aacute;fica que impide conocer en su totalidad el trabajo de Rafael en las cinematograf&iacute;as extranjeras. Con todo, <em>El poder de la Mafia </em>aun gan&oacute; la Concha de Oro&nbsp; -no con benepl&aacute;cito general- en 1963, y en 1964 se estrenar&iacute;a en Madrid.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref24">[24]</a> Les remito al cap&iacute;tulo &ldquo;Castillos&rdquo; de <em>Rafael Azcona: hablar el gui&oacute;n</em>, pp. 171-178.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref25">[25]</a> La pareja protagonista de <em>&iexcl;Vivan los novios! </em>(L. G. Berlanga, 1970).</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref26">[26]</a> El Saza que busca el contrato de ascensores en <em>La escopeta nacional</em> (L. G. Berlanga, 1978).</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref27">[27]</a> <em>Don Chisciotte</em>. Vuelvo a invitarles a la espl&eacute;ndida monograf&iacute;a coordinada por Daniela Aronica.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref28">[28]</a> Para la colecci&oacute;n &ldquo;Biblioteca Riojana&rdquo; (Gobierno de La Rioja/ Ayuntamiento de Logro&ntilde;o). Motivo por el que una noche de 1990, yo me atrev&iacute; a llamar por tel&eacute;fono a Rafael Azcona (sin saber que &eacute;sas ya no eran horas de llamar a Rafael). Y desde entonces.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref29">[29]</a> En los ejemplares que Antonio Mingote le prestaba.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref30">[30]</a> Hallados en solitario o en las reuniones con los realizadores, pero en cualquier caso confiados a su mano.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref31">[31]</a> <em>El bosque animado</em> (J. L. Cuerda, 1987).</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref32">[32]</a> <em>La Corte de Fara&oacute;n</em> (J. L. G. S&aacute;nchez, 1985).</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref33">[33]</a> <em>La lengua de las mariposas</em> (J. L. Cuerda, 1999).</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref34">[34]</a> Que culminar&iacute;a en el volumen <em>Estrafalario/ 1</em> (Alfaguara, Madrid, 1999), recogiendo &ldquo;Los muertos no se tocan, nene&rdquo;, &ldquo;El pisito&rdquo; y &ldquo;El cochecito&rdquo;. Es l&oacute;gico pensar que estaba previsto un <em>Estrafalario/ 2</em>.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref35">[35]</a> Para Pepitas de Calabaza (2007) y Tusquets&nbsp; (2006), respectivamente.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref36">[36]</a> Y a justificarlo dediqu&eacute; mi articulo &ldquo;<em>Los ilusos</em> (1957-2008): matar a un ruise&ntilde;or&rdquo; (<em>Berceo</em>, 155, 2008, pp. 139-155).</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref37">[37]</a> Entrevista con Jos&eacute; Luis Castro en <em>El espa&ntilde;ol,</em> 07/ 08/ 1955.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref38">[38]</a> Entrevista con &Aacute;ngel Laborda en <em>ABC</em> (secci&oacute;n &ldquo;Informaciones y noticias teatrales y cinematogr&aacute;ficas&rdquo;), 28/ 02/ 1968.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Tue, 24 Mar 2015 07:14:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Francisco J. Uriz: un explorador en la jungla de las palabras]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/francisco-j-uriz-un-explorador-en-la-jungla-de-las-palabras/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/2015/franciscoruizquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>1. El traductor Francisco J. Uriz (con una coda para aragoneses)</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Apostar&iacute;a algo importante a que el curr&iacute;culum v&iacute;tae de Francisco J. Uriz es casi tan voluminoso como este tomo de <em>Turia</em> que, agazapado lector, tienes en las manos. Y, en todo caso, estoy seguro de que tomando exclusivamente su labor literaria, listando la bibliograf&iacute;a primaria de sus poemas, obras de teatro, art&iacute;culos, pr&oacute;logos, columnas, reportajes o, sobre todo, traducciones, obtendr&iacute;amos un nuevo libro que alcanzar&iacute;a al menos esas mismas doscientas p&aacute;ginas que comprenden sus entretenid&iacute;simas memorias, <em>Pas&oacute; lo que recuerdas</em> (Zaragoza, Biblioteca Aragonesa de Cultura, 2006), y que podr&iacute;a servir de anejo perfecto para las mismas (y para esos <em>Accesorios y complementos</em>, tambi&eacute;n muy personales pero m&aacute;s miscel&aacute;neos y centrados en asuntos suecos, que public&oacute; en 2008 en Zaragoza, Libros del Innombrable).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aparte de sus tareas como profesor, int&eacute;rprete contratado por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Suecia (responsabilidad que, entre otras cosas, le llev&oacute; a acompa&ntilde;ar a su admirado Olof Palme en sus visitas oficiales a Hispanoam&eacute;rica), informal consejero de la Academia Sueca o promotor, fundador y director de la Casa del Traductor de Tarazona, detr&aacute;s de su impagable aportaci&oacute;n a la literatura hay un hombre tenaz, ilusionado y algo zumb&oacute;n que tiene mucho de artesano pero tambi&eacute;n un poco de jornalero. Como si hubiera hecho suyo el lema de su ilustre amigo Artur Lundkvist ("Hay que evitar el escepticismo paralizante y actuar como si se pudiese cambiar el mundo y mejorar la Humanidad": <em>Pas&oacute; lo que recuerdas</em>, p. 158), Uriz se ha movido desde el principio hasta hoy mismo con un impulso constructor que es mezcla de pasi&oacute;n y cabezoner&iacute;a, de amor por las letras y de af&aacute;n de ofrecer a su pr&oacute;jimo las cosas que a &eacute;l le han hecho disfrutar, de compartir con nosotros textos extraordinariamente valiosos a los que dif&iacute;cilmente podr&iacute;amos haber accedido sin su intermediaci&oacute;n. De ese modo Uriz es, a sus ochenta y dos a&ntilde;os, mucho m&aacute;s joven que la mayor&iacute;a de personas que conozco, si por juventud entendemos las ganas de aprender y ense&ntilde;ar, el apetito por descubrir, la vocaci&oacute;n de explorador en la jungla de palabras y la conservaci&oacute;n de cierta ingenuidad, e incluso candor (que para m&iacute; son, por supuesto, sustantivos elogiosos), que le hacen perseverar en esa b&uacute;squeda, en ese rastreo que se hace sin impaciencia, sin prisa, sin ansiedad, casi siempre con una actitud que, por sabia, inteligente y veterana, se muestra sonriente, bienhumorada, te&ntilde;ida de una alegr&iacute;a elemental. Si se me admite la peque&ntilde;a paradoja, el suyo es un trabajo muy serio y consciente que, sin embargo, se lleva a cabo con cierta despreocupaci&oacute;n de fondo, pero ese desenfado lo enriquece. Responsable, constante y cumplidor en lo profesional, sereno y ligero de equipaje en lo vital, Uriz lleva en s&iacute; una mezcla de virtudes y talentos que explican sus resultados y credenciales. &Eacute;l, adem&aacute;s, se lo pasa bien, y eso se nota y se contagia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Unas pocas l&iacute;neas arriba he escrito "vocaci&oacute;n", y sobre eso escribi&oacute; tambi&eacute;n en su libro de recuerdos, al considerar que la vocaci&oacute;n verdadera implica "f&eacute;rrea voluntad y mucho trabajo", y que, emparentada por tanto con el azar, "depende de genes o de una predisposici&oacute;n natural que nadie sabe qui&eacute;n ha metido all&iacute; donde est&eacute;" (p. 67). No hay duda de que no hay modo de escapar a esa suerte de <em>fatum</em>, pues, aunque las citadas memorias terminan con un amago de despedida de Uriz como traductor, asegurando que "voy a terminar lo que tengo muy avanzado [...] y ya" (p. 187), lo cierto es que casi diez a&ntilde;os despu&eacute;s Uriz sigue felizmente activo, sin que su ritmo de publicaciones se haya visto reducido en absoluto. De hecho, uno de los mejores y m&aacute;s sorprendentes libros de poes&iacute;a que se ha publicado en Espa&ntilde;a en 2014 ha llegado hasta nosotros gracias a &eacute;l: me refiero al deslumbrante <em>Alfabeto</em> de la danesa Inger Christensen (publicado en Madrid por Sexto Piso), a quien Uriz ya tuvo en cuenta en su monumental antolog&iacute;a <em>Poes&iacute;a n&oacute;rdica</em> (Madrid, Ediciones de la Torre, 1995), tit&aacute;nico trabajo que le llev&oacute; a merecer el Premio Nacional a la Mejor Traducci&oacute;n de ese a&ntilde;o (galard&oacute;n al que en 2012, por fin, se uni&oacute; el Premio Nacional a la Obra de un Traductor).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La tard&iacute;a publicaci&oacute;n en Espa&ntilde;a de ese magistral libro de Christensen (de la que ahora, en marzo de 2015, se publica <em>Eso</em>, tambi&eacute;n en Sexto Piso y por supuesto tra&iacute;do de nuevo a nuestro idioma por Uriz) es s&oacute;lo el hito m&aacute;s reciente de un listado de centenares de traducciones de textos de sobrecogedora calidad entre las que cabe destacar un pu&ntilde;ado de libros necesarios (que en parte acabo de recordar apresuradamente en el art&iacute;culo "Algo de lo que debemos a Uriz", publicado en el n&uacute;mero 6 de la revista zaragozana <em>Crisis</em>, dedicado monogr&aacute;ficamente a Suecia). Si algo querr&iacute;a saber expresar en estas primeras notas que ando garabateando es que esos miles de p&aacute;ginas de literatura sueca que Uriz nos ha acercado son sencillamente imprescindibles para entender determinados detalles y tal vez tambi&eacute;n tendencias de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola de los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os, perceptibles especialmente en la obra de los nacidos en la d&eacute;cada de los setenta. Autores principales de esa generaci&oacute;n como Carlos Pardo, Abraham Gragera o Mart&iacute;n L&oacute;pez-Vega han dejado reconocida por escrito su deuda con esas lecturas (m&aacute;s o menos visible en sus propios versos), y no hace falta ser especialmente perspicaz para adivinar en muchos otros poetas j&oacute;venes actitudes y melod&iacute;as que eran desconocidas entre nosotros antes de la recepci&oacute;n en espa&ntilde;ol de la obra de los suecos Harry Martinson, Gunnar Ekel&ouml;f o Tomas Transtr&ouml;mer, del dan&eacute;s Henrik Nordbrandt o de los finlandeses Claes Andersson y Marta Tikkannen. Con un poco de tiempo se podr&iacute;a documentar y demostrar esa influencia, cotejando versos espa&ntilde;oles de las &uacute;ltimas promociones con el tono de la poes&iacute;a escandinava (que no es el modo personal como Uriz traduce, seg&uacute;n han pensado algunos, sino realmente un estilo m&aacute;s o menos com&uacute;n que, con variantes naturales junto a heterodoxias y desobediencias de todo signo, caracteriza e ilumina buena parte de la poes&iacute;a de aquellos fr&iacute;os lugares, y muy espec&iacute;ficamente la que procede de Suecia, pa&iacute;s que oficialmente ha reconocido, agradecido y premiado la larga y profunda dedicaci&oacute;n de Uriz a difundir su cultura), y concluir&iacute;amos que una porci&oacute;n muy considerable de lo mejor de nuestras &uacute;ltimas cosechas nacionales (o al menos lo m&aacute;s celebrado y prestigioso) tiene mucho menos que ver con la tradici&oacute;n hisp&aacute;nica que con la del Norte de Europa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y por ello, por la determinante huella que el trabajo como traductor de Uriz ha dejado en la nueva literatura espa&ntilde;ola, por el modo en que ha inspirado y ha contribuido a articular la voz de los pen&uacute;ltimos poetas espa&ntilde;oles -que a su vez influyen indisimuladamente a los &uacute;ltimos...-, por su propia calidad y por su inesperada trascendencia..., considero indiscutible su importancia en el &aacute;mbito de las letras y, as&iacute;, me parece incomprensible y casi aberrante que hasta hoy los sucesivos jurados del Premio de las Letras Aragonesas hayan ido dejando pasar el nombre del zaragozano por juzgar que no es pertinente tener en cuenta a traductores, por buenos que sean o por consagrados que est&eacute;n. Uriz no es s&oacute;lo, cualitativa y cuantitativamente, un grand&iacute;simo y sobresaliente traductor, internacionalmente aplaudido (pues tambi&eacute;n ha publicado con mucha frecuencia en Am&eacute;rica Latina), sino alguien que, para decirlo simplemente, ha cambiado y mejorado las cosas como muy pocos de nuestros paisanos. Y adem&aacute;s cuenta, como autor, con una obra po&eacute;tica, dram&aacute;tica, cr&iacute;tica y testimonial m&aacute;s que notable, digna de gran estima y de la mayor atenci&oacute;n.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>2. El poeta Francisco J. Uriz.</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Apartadas de mi mesa de trabajo las memorias de Francisco J. Uriz y las inestables pilas de sus traducciones, me quedo con un solo volumen ante m&iacute;. Se trata de la <em>Poes&iacute;a reunida</em>, publicada por Libros de Innombrable en diciembre de 2012, cuando su autor llegaba a los ochenta a&ntilde;os de vida.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En estas seiscientas cincuenta p&aacute;ginas de versos se recopilan en realidad pocos libros, los &uacute;nicos seis que Uriz ha publicado exentos a lo largo de las d&eacute;cadas, a los que habr&iacute;a que sumar los poemas dispersos que el poeta ha ido colocando aqu&iacute; y all&aacute;, en revistas, antolog&iacute;as, cat&aacute;logos o libros monogr&aacute;ficos, textos a veces de circunstancias o de encargo que van desde sus primeros tientos l&iacute;ricos en la d&eacute;cada de los sesenta hasta "Poderosa Afrodita", el par&oacute;dico y ripioso poema que ha entregado recientemente para acompa&ntilde;ar a una de las subversivas acuarelas que "SEM", seud&oacute;nimo tras el que tal vez se ocultaban Valeriano y Gustavo Adolfo B&eacute;cquer, dibuj&oacute; bajo el osado t&iacute;tulo de <em>Los Borbones en pelota</em> (Zaragoza, Olifante, 2014).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como testimonio retrospectivo de hasta qu&eacute; punto la trayectoria vital y literaria de Uriz ha estado unida a Suecia, sus dos primeros libros de poemas se publicaron no s&oacute;lo en sellos de all&aacute; sino traducidos al sueco por su mujer, Marina Torres, y por Artur Lundkvist, junto al texto original. Son <em>Ett skri &auml;r ett skri &auml;r ett / Un grito es un grito es un grito es un grito</em> (Estocolmo, Raben &amp; Sj&ouml;gren, 1969) y <em>Janus' ansikten / Las caras de Jano</em> (Estocolmo, Arbetarkultur, 1983). Los otros cuatro fueron publicados en Zaragoza por Libros del Innombrable: <em>Un rect&aacute;ngulo de hierba </em>(2002), <em>Mi palacio de invierno</em>&nbsp; y <em>Cuaderno de cuadraturas</em> <em>y otras incorrecciones</em> (en un solo volumen de 2005) y, finalmente, <em>Cuaderno de bit&aacute;cora</em> (2009).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En <em>Pas&oacute; lo que recuerdas</em> (p. 67 y ss.) Uriz ha evocado c&oacute;mo fue gest&aacute;ndose <em>Un grito es un grito es un grito es un grito</em>, poemario monogr&aacute;fico sobre la guerra de Vietnam: "No pretend&iacute;a cambiar el mundo ni frenar la guerra sino mostrar mi rechazo personal, manifestar mi repulsa a una pol&iacute;tica imperialista" (p&aacute;g. 68). Es, pues, poes&iacute;a social y comprometida en su variante m&aacute;s cruda y descarnada, y lo que urge y palpita en ella es la informaci&oacute;n, la denuncia, el "yo acuso"..., pero que lo fundamental sea lo que se dice no implica que no se cuide el c&oacute;mo se dice, aunque Uriz, como es habitual en ese tipo de poes&iacute;a combativa, somete al lenguaje a las necesidades del mensaje, prescindiendo incluso de puntuaci&oacute;n, may&uacute;sculas y desestructurando la sintaxis para obtener una comunicaci&oacute;n m&aacute;s eficaz. De ese modo, en este debut po&eacute;tico leemos muchos "titulares" a los que se les da la vuelta, buscando y exponiendo sus trampas; estructuras paralel&iacute;sticas que desnudan la falaz l&oacute;gica aristot&eacute;lica de otros discursos; interrogaciones ret&oacute;ricas; datos expuestos con prosa&iacute;smo que dan pie a una conclusi&oacute;n hermosamente literaria... Un poema sobre los bombardeos titulado "escalada" que comienza as&iacute;: "la sombra / es luz / interrumpida en su camino / luz / que no llega / a su destino / -si la luz tiene destino-", se cierra con dolorosa belleza: "si la ley de la gravedad no tiene patria / el &uacute;nico lugar seguro es el cielo" (en <em>Poes&iacute;a reunida</em>, p. 159).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Artur Lunkvist cre&oacute; por aquellas fechas una cierta controversia en el seno de la muy politizada poes&iacute;a sueca de la &eacute;poca al afirmar que "el compromiso literario del escritor es comprometerse con la literatura misma y luego, aparte, est&aacute; su compromiso o militancia pol&iacute;tica" (<em>Pas&oacute; lo que recuerdas</em>, p. 71). Pero el tono de la &oacute;pera prima del poeta zaragozano no es incoherente ni incompatible con esa apreciaci&oacute;n cuando lo que realmente m&aacute;s te preocupa, ocupa e indigna en tu d&iacute;a a d&iacute;a es esa guerra, la injusticia, la violencia contra los inocentes. Es dif&iacute;cil escribir sobre cualquier otra cosa en tiempos como aqu&eacute;llos, especialmente cuando el autor dedicaba buena parte de su tiempo a asambleas, debates y publicaciones pol&iacute;ticas, multiplicadas desde su ingreso en 1963 en el Partido Comunista. Pero los buenos poetas encuentran caminos originales y sublimes para transmitir esas cosas, y Uriz hace bien en reproducir &iacute;ntegramente en sus memorias los catorce preciosos y sencillos versos de "belleza de Estocolmo", uno de los mejores poemas que ha escrito nunca, en el que, seg&uacute;n &eacute;l mismo, "polemizaba con aquellos que nos exig&iacute;an saber todo de Vietnam, su historia, la de Estados Unidos, las caracter&iacute;sticas del napalm, la velocidad de los bombarderos, los acuerdos de paz de Indochina, etc&eacute;tera, para poder criticar la agresi&oacute;n norteamericana" (<em>Pas&oacute; lo que recuerdas</em>, p&aacute;g. 68). El poema es &eacute;ste (lo copio de <em>Poes&iacute;a reunida</em>, p&aacute;g. 82, donde encuentro tres variantes poco significativas con respecto al que se volvi&oacute; a publicar en <em>Mi palacio de invierno</em>: ver p&aacute;g. 287):</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>agua n&oacute;rdica</p>
<p>bella azul met&aacute;lica</p>
<p>lago Melgar</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>nunca he visto una gota de agua</p>
<p>a trav&eacute;s del microscopio</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>desde el puente observo</p>
<p>la belleza</p>
<p>el hielo separa sus muslos</p>
<p>para dar a luz</p>
<p>el agua de primavera</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;microscopio?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>me basta</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ver el azul met&aacute;lico del lago Melar</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; para tomar partido</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Catorce a&ntilde;os transcurrieron antes de que Uriz publicase un segundo libro de poemas, pero cuando lo hizo, en 1983 (y de nuevo en edici&oacute;n biling&uuml;e, con versi&oacute;n al sueco de Torres y Lundkvist), el poeta insist&iacute;a en una po&eacute;tica muy deliberadamente ideologizada. En el "Pr&oacute;logo" a <em>Poes&iacute;a reunida</em> Uriz ha explicado que quiso titular el libro "Relaciones de producci&oacute;n" (un sintagma que se lee muchas veces en su interior), pero Lundkvist le disuadi&oacute; y la balanza termin&oacute; cediendo hacia el lado del menos expl&iacute;cito <em>Las caras de Jano</em>, al que se a&ntilde;adi&oacute; el subt&iacute;tulo aclarador<em> Diario de una d&eacute;cada -1960-1970- de esperanzas y frustraciones</em>. El libro, pues, se hab&iacute;a ido escribiendo mucho antes de su aparici&oacute;n y a lo largo de bastante tiempo. "M&aacute;s que un poemario -ha explicado su autor en esa misma introducci&oacute;n- es una autobiograf&iacute;a externa, es decir, mis reacciones a acontecimientos pol&iacute;ticos de esos a&ntilde;os" (p&aacute;g. XII). El ep&iacute;grafe de la primera secci&oacute;n del libro, de Attila J&oacute;zsef, dice: "Anda, poes&iacute;a, participa en la lucha de clases" (p&aacute;g. 101), toda una declaraci&oacute;n de intenciones a la que Uriz se abalanza con gusto para hablar del Che Guevara, Cuba, la "Primavera de Praga" o el Tercer Mundo, aparte de las situaciones en Espa&ntilde;a (en la secci&oacute;n "Mi pa&iacute;s 1") y Suecia (en "Mi pa&iacute;s 2"), en una ensalada de acontecimientos, personajes y an&eacute;cdotas que recuerda a los poemarios de su amigo Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el libro hay cabida para todo, pero en general prosigue con el tono de <em>Un grito es un grito es un grito es un grito</em>, prolongando su lenguaje directo, poco artificioso y a menudo afor&iacute;stico, su humor algo desenga&ntilde;ado o su protesta dolorida, pero dejando tambi&eacute;n lugar para una cierta esperanza (como en el poema "la cu&ntilde;a": p. 175, que volver&aacute; a figurar en <em>Mi palacio de invierno</em>: p&aacute;g. 309), que se mezcla con un punto de pesimismo ya un tanto oto&ntilde;al con respecto a las utop&iacute;as. En el mejor poema de <em>Las caras de Jano</em>, "sentido de la proporci&oacute;n", dedicado a su hijo Juan Uriz Torres, se dir&iacute;a que el poeta, acaso sin darse cuenta, pasa al ni&ntilde;o el testigo de las ilusiones (<em>Poes&iacute;a reunida</em>, 120; y de nuevo en <em>Mi palacio de invierno</em>: p. 315):</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alguien le hab&iacute;a dicho en la guarder&iacute;a:</p>
<p>"Si te llevas al o&iacute;do una caracola</p>
<p>oir&aacute;s el oleaje del mar".</p>
<p>Pas&oacute; el tiempo y &eacute;l segu&iacute;a fascinado</p>
<p>por el insondable misterio.</p>
<p>Siempre anhel&oacute; o&iacute;r el oleaje del mar en una caracola.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mi hijo se llev&oacute; al o&iacute;do una concha min&uacute;scula</p>
<p>y estall&oacute; en alegr&iacute;a: "&iexcl;Pap&aacute;, ya oigo el oleaje!"</p>
<p>mientras pase&aacute;bamos por una playa</p>
<p>azotada por un clamoroso viento, en T&uacute;nez.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Casi completamente distinto, al menos en cuanto a lo tem&aacute;tico, fue el tercer libro de Uriz, <em>Un rect&aacute;ngulo de hierba</em>, en el que se abordaba monogr&aacute;ficamente el mundo del f&uacute;tbol, otra de las grandes pasiones de este poeta (de la que ha recopilado dos simp&aacute;ticas antolog&iacute;as: <em>Poes&iacute;a a patadas. Antolog&iacute;a de poes&iacute;a futbolera</em>, peque&ntilde;o volumen no venal que se public&oacute; en 2009 en C&oacute;rdoba bajo el sello del festival de poes&iacute;a Cosmopo&eacute;tica, y la mucho m&aacute;s amplia <em>El gol nuestro de cada d&iacute;a. Poemas sobre f&uacute;tbol</em>, publicada en Madrid por Vaso Roto en 2010, con un pr&oacute;logo soberbio de Miguel Pardeza). Este libro, como todos los de poemas de Uriz, es irregular y m&aacute;s voluminoso de lo que suelen serlo los de versos. En &eacute;l el humor adquiere otro matiz, menos herido que aquel al que se recurr&iacute;a en los libros anteriores para soportar y compensar los horrores de la Historia a los que se alud&iacute;a. Pero aqu&iacute;, a trav&eacute;s del balompi&eacute;, tambi&eacute;n se encuentran pretextos para la expresi&oacute;n ideol&oacute;gica, as&iacute; como una gran excusa para echar la vista atr&aacute;s y recuperar cosas ancladas en la propia memoria, de modo que el libro tiene sus zonas &iacute;ntimas y aun confesionales, que se cuentan en poemas de notable narratividad como &eacute;ste, titulado "Auxilio Social" (<em>Poes&iacute;a reunida</em>, p. 220):</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un domingo</p>
<p>puse con tembloroso apremio</p>
<p>-el partido lo exig&iacute;a-</p>
<p>en la desgastada taquilla</p>
<p>el dinero justo para la entrada</p>
<p>que llevaba apretado en la mano.</p>
<p>Como era d&iacute;a de Auxilio Social</p>
<p>y no me quedaban ni los c&eacute;ntimos del emblema</p>
<p>no pude entrar.</p>
<p>Me qued&eacute; en los desmontes a o&iacute;r el clamor de Torrero.</p>
<p>S&iacute;, era un suced&aacute;neo,</p>
<p>pero tambi&eacute;n me sab&iacute;a bien el caf&eacute; con leche</p>
<p>-la achicoria- del desayuno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hay varios poemas m&aacute;s sobre la propia infancia en Zaragoza, una infancia que, como tan bien expresa el poema anterior, ten&iacute;a tantas carencias como ilusiones, una mezcla de privaci&oacute;n y magia. Esos fragmentos de recuerdos quedan ubicados al comienzo del libro, y despu&eacute;s se pasa a las reflexiones generales sobre ese deporte, a los retratos de determinados futbolistas, a la reflexi&oacute;n sobre el alcance de algunas gestas, a la tristeza por su progresiva y ya imparable mercantilizaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Mi palacio de invierno</em>, como he dejado apuntado arriba, contiene dos libros que se publicaron originalmente en tiradas muy reducidas, casi secretas, que el propio autor coordinaba en la muy cuidada serie "Papeles de Tarazona" (ver <em>Poes&iacute;a reunida</em>, p&aacute;gs. XII-XIII): los poemas del que responde a ese t&iacute;tulo son, seg&uacute;n cuenta su autor en su pr&oacute;logo m&aacute;s reciente, "los que trataban de mi relaci&oacute;n con el comunismo, [...] textos y notas dispersas que comentan acontecimientos pol&iacute;ticos, tomadas d emanera discontinua desde 1969. Se fueron convirtiendo en una especie de diario, compuesto de im&aacute;genes, frases le&iacute;das en peri&oacute;dicos o en pancartas, o&iacute;das en la radio o en la calle, que ya no recuerdo de d&oacute;nde proceden" (ib&iacute;dem, pp. 271-272). Todo ello har&aacute; suponer que en estos textos Uriz vuelve al lenguaje desnudo, a la tendencia al apotegma informativo y conciso, que en este libro (y sobre todo en el adjunto <em>Cuaderno de cuadraturas</em>) da lugar a una serie de poemas m&aacute;s breves, con algo de sabor cl&aacute;sico, en su l&iacute;nea burlona, carnavalesca y epigram&aacute;tica, como en estas "Confidencias a Bruno" (p. 327):</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Muchos sapos hemos tenido que tragar</p>
<p>Sobre todo palabras vomitadas por otros</p>
<p>- esas palabras hoy enterradas</p>
<p>para que no nos sepulte la verg&uuml;enza</p>
<p>Te observo comer satisfecho tu v&oacute;mito</p>
<p>y te envidio</p>
<p>Al menos es el tuyo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En cuanto a <em>Cuaderno de cuadraturas y otras incorrecciones</em>, publicado en el mismo volumen, pretend&iacute;a recoger "los que comentaban la transici&oacute;n -espa&ntilde;ola, claro- vivida desde Estocolmo" (p. 271). Lleva una impactante cita general de Wolf Biermann que Uriz ha repetido numerosas veces, asumi&eacute;ndola como propia: "S&oacute;lo el que cambia es fiel a s&iacute; mismo": p. 391), y en ese sentido es destacar su "brechtiano" poema de rectificaci&oacute;n con respecto a ETA, en el que se exp&iacute;a una culpa com&uacute;n de la militancia antifranquista ("Silencios": p. 420):</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el principio fue la opresi&oacute;n.</p>
<p>Empezaron matando polic&iacute;as</p>
<p>y los apoy&eacute;.</p>
<p>Mataron al pol&iacute;tico de lo bien atado.</p>
<p>Fueron perseguidos y me solidaric&eacute; con ellos.</p>
<p>Condenados a muerte</p>
<p>pas&eacute; hambre por ellos.</p>
<p>Transcurri&oacute; el tiempo y algo cambi&oacute;.</p>
<p>Pero siguieron matando</p>
<p>y me call&eacute;.</p>
<p>Mataron generales, polic&iacute;as, pol&iacute;ticos</p>
<p>de uno y otro partido, mataron</p>
<p>a gente que pasaba por all&iacute;</p>
<p>y me call&eacute;.</p>
<p>Me call&eacute;</p>
<p>y hoy mi apat&iacute;a en la repulsa</p>
<p>me averg&uuml;enza.</p>
<p>Por los muchos silencios junto al m&iacute;o.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por &uacute;ltimo, <em>Cuaderno de bit&aacute;cora</em> es el libro de Uriz que menos generalizaciones admite. Es en sus primeros poemas donde encontramos, si se me permite esta boba forma de decirlo, al Uriz "m&aacute;s poeta", en el que la contemplaci&oacute;n es m&aacute;s importante que la meditaci&oacute;n. Hay paisajes y poemas de amor antes de que llegue de nuevo la sorna (como en una respuesta a &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez: p. 497), los homenajes a amigos (Julio Cort&aacute;zar, Natalio Bayo), las an&eacute;cdotas de las que se extraen s&iacute;mbolos. En la segunda secci&oacute;n del libro se recogen poemas sobre animales (otra veta ins&oacute;lita en Uriz), aunque &eacute;stos son m&aacute;s bien un medio para hablar de otras cosas, o con intenciones que pod&iacute;an ir de lo did&aacute;ctico a lo corrosivo, como tambi&eacute;n hac&iacute;an los poetas antiguos. En "Evoluci&oacute;n" (p. 514), leemos:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dicen que con el tiempo</p>
<p>todo chimpanc&eacute; acaba en hombre.</p>
<p>Pero uno se neg&oacute;.</p>
<p>Se hab&iacute;a enterado de que</p>
<p>un diamante imperfecto vale m&aacute;s</p>
<p>que una piedra perfecta.</p>
<p>Y por miedo</p>
<p>retrocedi&oacute; del hombre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En las dos siguientes secciones, vuelve el repaso a la situaci&oacute;n internacional, la denuncia de la macroeconom&iacute;a, la reivindicaci&oacute;n de la solidaridad. Basta con ver algunos t&iacute;tulos ("Vietnam", "Ejercicio con ej&eacute;rcitos", "Un beduino en el hemiciclo", "&iquest;Progreso?", "Supermercado", "Refundaci&oacute;n del capitalismo"...) para saber por d&oacute;nde van los versos, pero en la quinta y &uacute;ltima secci&oacute;n, antes de un poema epilogal que es el mismo "Striptease final" que remataba <em>Pas&oacute; lo que recuerdas</em>, aqu&iacute; titulado "Punto final": p. 627), llega algo que el propio Uriz tiene como "m&aacute;s personal, [...] una breve seleecci&oacute;n de los poemas que ilustraban unos &aacute;lbumes de fotos de viajes que mi mujer, marina, y yo hicimos por Francia, en la d&eacute;cada de 1990" (p. 479). Y dentro de ella, este "Despertar en Orthez" (p. 613):</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el c&aacute;lido silencio sab&aacute;nico</p>
<p>un p&aacute;lpito</p>
<p>atado a&uacute;n a la columna del sue&ntilde;o.</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; palpita? &iquest;Es &eacute;l?</p>
<p>&iquest;Es la boca?</p>
<p>&iquest;Son los dedos -una amorosa prisi&oacute;n de dedos-</p>
<p>lo que palpita?</p>
<p>&iquest;O son alas</p>
<p>que lo llevan a tu cueva a ofrendar la esencia de los sue&ntilde;os</p>
<p>como un p&aacute;lpito?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 24 Mar 2015 07:10:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Albada]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/albada/</link>
      <description><![CDATA[<p style="text-align: left;"><img style="float: right;" src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2015/philipquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Trabajo todo el d&iacute;a, y por la noche bebo.</p>
<p style="text-align: left;">Despertado a las cuatro, miro la calma oscura.</p>
<p style="text-align: left;">Tendr&aacute;n luz las cortinas, despacio, en sus extremos.&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Miro mientras lo que hay ah&iacute; sin duda:</p>
<p style="text-align: left;">la muerte infatigable, hoy un d&iacute;a m&aacute;s cerca,</p>
<p style="text-align: left;">que no deja pensar m&aacute;s que de qu&eacute; manera</p>
<p style="text-align: left;">y d&oacute;nde y cu&aacute;ndo morir&eacute; yo mismo.</p>
<p style="text-align: left;">&Aacute;rido interrogante: pero el miedo</p>
<p style="text-align: left;">a morirse, a estar muerto,</p>
<p style="text-align: left;">aterroriza y siempre est&aacute; encendido.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">M&aacute;s luz. La mente en blanco. No por remordimiento</p>
<p style="text-align: left;">-el bien que no ha hecho uno, el amor que no ha dado,</p>
<p style="text-align: left;">tiempo arrancado intacto-, ni depresi&oacute;n ante esto</p>
<p style="text-align: left;">de que una sola vida tarde tanto&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">en rehuir sus comienzos err&oacute;neos, si es que puede;</p>
<p style="text-align: left;">sino por el vac&iacute;o total y para siempre,</p>
<p style="text-align: left;">la segura extinci&oacute;n hacia la que viajamos</p>
<p style="text-align: left;">a perdernos del todo. A no estar m&aacute;s aqu&iacute;,</p>
<p style="text-align: left;">a no estar en ninguna parte y</p>
<p style="text-align: left;">pronto. &iquest;Hay algo peor y m&aacute;s exacto?</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Es un modo especial de tener uno p&aacute;nico</p>
<p style="text-align: left;">que no hay trucos que quiten. La religi&oacute;n lo quiso,</p>
<p style="text-align: left;">brocado musical y apolillado</p>
<p style="text-align: left;">creado para hacer como que no morimos,</p>
<p style="text-align: left;">o ese rollo enga&ntilde;oso de que <em>Un ser racional</em></p>
<p style="text-align: left;"><em>c&oacute;mo puede temer lo que no sentir&aacute;</em>,</p>
<p>cuando el miedo -no ver, no oir- es &eacute;se,</p>
<p>sin tacto, gusto, olfato, nada con que pensar,</p>
<p>nada que amar o con que conectar,</p>
<p>la anestesia total de la que nadie vuelve.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y as&iacute; est&aacute; en el umbral de la visi&oacute;n,</p>
<p>vaho borroso y breve, un fr&iacute;o siempre ah&iacute;,</p>
<p>que frena cada impulso hasta la indecisi&oacute;n.</p>
<p>Tantas cosas es raro que ocurran: &eacute;sta s&iacute;.</p>
<p>Y su conciencia nos encorajina</p>
<p>igual que algo que quema, si nos pilla</p>
<p>sin nadie o sin alcohol. In&uacute;til ser valiente,</p>
<p>es decir, no asustar a otros. La bravura</p>
<p>no libra a nadie de la sepultura.</p>
<p>En la muerte da igual quejica o resistente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Poco a poco hay m&aacute;s luz y el cuarto se percibe.</p>
<p>Simple como un ropero esto que s&iacute; se sabe,</p>
<p>que siempre hemos sabido, que no puede rehuirse</p>
<p>ni aceptarse. Tendr&aacute; que irse una parte.</p>
<p>Los tel&eacute;fonos, prontos a sonar, laten mientras</p>
<p>en despachos cerrados; toda la indiferencia</p>
<p>amanece del mundo alquilado y complejo.</p>
<p>Blanco como la arcilla est&aacute; el cielo, nublado.</p>
<p>Habr&aacute; que ir al trabajo.</p>
<p>Van de una casa a otra carteros como m&eacute;dicos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">Traducci&oacute;n de &Aacute;lvaro Garc&iacute;a</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 20 Mar 2015 08:44:54 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Canción de amor de J. Alfred Prufrock]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/cancion-de-amor-de-j-alfred-prufrock/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2015/Eliot500.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: right;" align="right"><em>&nbsp;&nbsp;</em></p>
<p style="text-align: right;" align="right"><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si yo creyese que mi respuesta fuese </em></p>
<p style="text-align: right;" align="right"><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; para alguien que retornare alguna vez al mundo,</em></p>
<p style="text-align: right;" align="right"><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; esta llama dejar&iacute;a de refulgir, </em></p>
<p style="text-align: right;" align="right"><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; pero como de estas profundidades,</em></p>
<p style="text-align: right;" align="right"><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; no volvi&oacute; nadie vivo, si lo que he o&iacute;do es cierto,</em></p>
<p style="text-align: right;" align="right"><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; sin temor a la infamia, te respondo.</em></p>
<p style="text-align: right;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: right;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: right;">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vayamos pues, t&uacute; y yo,</p>
<p>cuando la tarde se extiende contra el cielo</p>
<p>como un paciente eterizado en una mesa;<br /> vayamos por algunas calles medio desiertas,</p>
<p>retiros murmurantes</p>
<p>de noches sin descanso en hoteles baratos de una noche</p>
<p>y restaurantes de serr&iacute;n y c&aacute;scaras de almejas<a title="" href="#_edn1">[i]</a>;</p>
<p>calles que se siguen como un argumento tedioso</p>
<p>de intenci&oacute;n insidiosa</p>
<p>que te lleva a una pregunta abrumadora&hellip;</p>
<p>Ah, no preguntes &ldquo;&iquest;Qu&eacute;?&rdquo;</p>
<p>Vayamos a hacer nuestra visita.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la habitaci&oacute;n las mujeres van y vienen</p>
<p>hablando de Miguel &Aacute;ngel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La niebla amarilla que se frota el lomo con los ventanales,</p>
<p>el humo amarillo que se frota el hocico con los ventanales</p>
<p>lam&iacute;a con su lengua las esquinas de la tarde,</p>
<p>se paraba en los charcos de las alcantarillas,</p>
<p>dejaba caer sobre su lomo el holl&iacute;n que cae de las chimeneas,</p>
<p>se resbalaba por la terraza, daba de pronto un salto,</p>
<p>y al ver que era una suave noche de octubre,</p>
<p>se hac&iacute;a un ovillo junto a la casa y se quedaba dormido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y es cierto que habr&aacute; tiempo</p>
<p>para el humo amarillo que se desliza por la calle</p>
<p>frot&aacute;ndose el lomo con los ventanales</p>
<p>habr&aacute; tiempo, habr&aacute; tiempo</p>
<p>para&nbsp; preparar una cara que se encuentre con las caras que uno encuentra,</p>
<p>habr&aacute; tiempo para asesinar y crear,</p>
<p>y tiempo para todos los trabajos y d&iacute;as de las manos</p>
<p>que levantan y dejan caer una pregunta en tu plato.</p>
<p>Tiempo para ti y tiempo para m&iacute;;</p>
<p>y tiempo a&uacute;n para mil indecisiones</p>
<p>y para mil visiones y revisiones</p>
<p>antes de tomarse un t&eacute; y una tostada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la habitaci&oacute;n las mujeres van y vienen</p>
<p>hablando de Miguel &Aacute;ngel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y es cierto que habr&aacute; tiempo</p>
<p>para preguntarse, &ldquo;&iquest;Me atrevo?&rdquo; y &ldquo;&iquest;Me atrevo?&rdquo;</p>
<p>Tiempo para volverse y descender por la escalera</p>
<p>con una calva en mitad del pelo.</p>
<p>(Dir&aacute;n: &ldquo;&iexcl;C&oacute;mo se le est&aacute; cayendo el pelo!&rdquo;)</p>
<p>Mi chaqu&eacute; con el cuello firmemente levantado hasta la barbilla,</p>
<p>mi corbata, viva y sencilla, pero sujeta por un simple alfiler-</p>
<p>(Dir&aacute;n: &ldquo;&iexcl;Pero qu&eacute; delgados tiene los brazos y las piernas!&rdquo;)</p>
<p>&iquest;Me atrevo</p>
<p>a perturbar el Universo?</p>
<p>En un minuto hay tiempo</p>
<p>para decisiones y revisiones que un minuto deshar&aacute;.</p>
<p>Pues ya las he conocido todas, las he conocido todas:</p>
<p>He conocido las noches, las ma&ntilde;anas, las tardes,</p>
<p>he medido mi vida con cucharillas de caf&eacute;;</p>
<p>conozco las voces que mueren con una cadencia mortuoria</p>
<p>bajo la m&uacute;sica de una habitaci&oacute;n alejada.</p>
<p>Y &iquest;C&oacute;mo podr&iacute;a asumir yo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ya he conocido los ojos, los he conocido todos &ndash;</p>
<p>los ojos que te fijan en una frase formulada,</p>
<p>y cuando est&eacute; yo formulado, estirado en un alfiler,</p>
<p>cuando est&eacute; pinchado y retorci&eacute;ndome en la pared,</p>
<p>entonces &iquest;C&oacute;mo podr&iacute;a empezar</p>
<p>a escupir todas las colillas de mis d&iacute;as y man&iacute;as?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Y c&oacute;mo podr&iacute;a asumir yo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ya he conocido los brazos, los he conocido todos&ndash;</p>
<p>brazos con brazaletes y blancos y desnudos</p>
<p>(&iexcl;pero bajo la luz de la l&aacute;mpara con pelusa rubia!)</p>
<p>&iquest;Es el perfume de un vestido</p>
<p>el que me hace divagar?</p>
<p>Brazos que se posan a lo largo de&nbsp; una mesa o se envuelven en un chal.</p>
<p>&iquest;Y deber&iacute;a entonces asumir?</p>
<p>&iquest;Y c&oacute;mo deber&iacute;a comenzar?</p>
<p>.&nbsp;&nbsp; .&nbsp;&nbsp; .&nbsp;&nbsp; .&nbsp;&nbsp; .&nbsp;&nbsp; .&nbsp;&nbsp; .&nbsp;&nbsp; .&nbsp;&nbsp; .&nbsp;&nbsp; .&nbsp;&nbsp; .&nbsp;&nbsp; .&nbsp;&nbsp; .&nbsp;&nbsp; .&nbsp;&nbsp; .&nbsp;&nbsp; .&nbsp;&nbsp; .&nbsp;&nbsp; .&nbsp;&nbsp; .</p>
<p>&iquest;Digo : he pasado al anochecer por calles estrechas</p>
<p>y mirado el humo que sale de las pipas<br /> de hombres solitarios en mangas de camisa asomados a las ventanas?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo ten&iacute;a que haber sido un par de poderosas pinzas<br /> que se arrastran por el fondo de mares silenciosos.</p>
<p>.&nbsp;&nbsp; .&nbsp;&nbsp; .&nbsp;&nbsp; .&nbsp;&nbsp; .&nbsp;&nbsp; .&nbsp;&nbsp; .&nbsp;&nbsp; .&nbsp;&nbsp; .&nbsp;&nbsp; .&nbsp;&nbsp; .&nbsp;&nbsp; .&nbsp;&nbsp; .&nbsp;&nbsp; .&nbsp;&nbsp; .&nbsp;&nbsp; .&nbsp;&nbsp; .&nbsp;&nbsp; .&nbsp;&nbsp; .</p>
<p>Y por la tarde, &iexcl;la noche duerme tan pl&aacute;cidamente!</p>
<p>suavizada por largos dedos,<br /> dormida, cansada... o haci&eacute;ndose la enferma</p>
<p>estirada en el suelo, aqu&iacute; delante de ti&nbsp; y de m&iacute;.</p>
<p>&iquest;Deber&iacute;a yo, despu&eacute;s del t&eacute; y los pasteles y helados,</p>
<p>tener la entereza de forzar el momento de la crisis?</p>
<p>Pero aunque he llorado y&nbsp; he ayunado, llorado y orado,<br /> aunque he visto mi cabeza (ya un poco calva) servida en una bandeja,<br /> no soy un profeta &ndash; ni es que importe;<br /> he visto titilar el momento de mi grandeza<br /> y he visto al eterno lacayo sosteni&eacute;ndome el abrigo y re&iacute;rse por lo bajo,<br /> y, en breve, tuve miedo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y habr&iacute;a valido la pena, despu&eacute;s de todo,<br /> despu&eacute;s de las tazas, la mermelada, el t&eacute;,<br /> entre la porcelana, entre las charlas de ti y de m&iacute;,<br /> habr&iacute;a valido realmente la pena</p>
<p>haber abordado el asunto con una sonrisa,<br /> haber exprimido el universo en una bola<br /> para hacerla rodar hacia una pregunta abrumadora,</p>
<p>para decir: &ndash;&ldquo;Soy L&aacute;zaro que vuelve de entre los muertos,<br /> que vuelve para dec&iacute;roslo a todos, os lo dir&eacute; todo&rdquo;&ndash;<br /> Si alguien, poni&eacute;ndose&nbsp; una almohada bajo la cabeza ,<br /> dijera: &ldquo;No es eso lo que yo quer&iacute;a decir en absoluto,<br /> no es eso en absoluto&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y habr&iacute;a valido la pena despu&eacute;s de todo,<br /> habr&iacute;a valido la pena, <br /> despu&eacute;s de los atardeceres y los rellanos de la puerta y las calles regadas,</p>
<p>despu&eacute;s de las novelas, despu&eacute;s de las tazas del t&eacute;, despu&eacute;s de las faldas que dejan una&nbsp; estela al arrastrarse por el suelo<br /> y esto, y cu&aacute;nto m&aacute;s&ndash;<br /> &iexcl; Es imposible decir justo lo que quiero decir!<br /> Pero como si una linterna m&aacute;gica proyectara los nervios en im&aacute;genes sobre una</p>
<p>[pantalla;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>habr&iacute;a valido la pena<br /> si alguien, coloc&aacute;ndose una almohada o quit&aacute;ndose un chal<br /> y volvi&eacute;ndose hacia la ventana dijera: <br /> &ldquo;No es eso lo que yo quer&iacute;a decir en absoluto,<br /> no es eso en absoluto&rdquo;.</p>
<p>&iexcl;No! No soy el pr&iacute;ncipe Hamlet ni nac&iacute; para serlo;<br /> soy un sirviente noble, el que servir&aacute;<br /> para rellenar la trama, empezar una escena o dos,<br /> aconsejar al pr&iacute;ncipe; sin duda una herramienta f&aacute;cil,<br /> deferente, contento de ser &uacute;til,</p>
<p>pol&iacute;tico, cauto y meticuloso<br /> lleno de frases elevadas pero un poco obtuso;<br /> a veces, la verdad, casi rid&iacute;culo&ndash;<br /> Casi, a veces, el necio.</p>
<p>Me hago viejo...Me hago viejo&hellip;</p>
<p>el pantal&oacute;n por abajo me lo pliego</p>
<p>&iquest;Me echo el pelo hacia delante? &iquest;Me atrevo a comerme un melocot&oacute;n?<br /> Me pondr&eacute; pantalones blancos de franela y caminar&eacute; por la playa.<br /> He o&iacute;do a las sirenas cantarse unas a otras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No creo que me canten m&iacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las he visto subidas en las olas dirigi&eacute;ndose al mar,<br /> peinando el pelo blanco de las olas revueltas con el viento <br /> cuando sopla en el agua y la vuelve en blanco y en negro.</p>
<p>Nos hemos quedado en las c&aacute;maras del mar<br /> junto a chicas marinas con collares de algas marinas marrones y rojas<br /> hasta que las voces humanas nos despiertan y nos hundimos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">(Traducci&oacute;n de MAR&Iacute;A JOS&Eacute; CARRASCO)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p>N del T:</p>
<p>El verso original es: <em>&ldquo;And sawdust restaurants with oyster-shells</em>&rdquo; pero hemos cre&iacute;do oportuno traducirlo por <em>&ldquo;</em><em>y restaurantes de serr&iacute;n y c&aacute;scaras de almejas&rdquo; </em>ya que las ostras en tiempos de Eliot eran un alimento muy com&uacute;n que sol&iacute;an comer los pobres, como afirma Dickens a trav&eacute;s de su personaje Sam Weller <em>en&nbsp; Los papeles p&oacute;stumos del club Pickwick:</em>&rdquo;<em>La pobreza y las ostras&nbsp; parecen ir de la mano</em>&rdquo;.</p>
<p>&nbsp; El verso original describe un restaurante barato, donde hay serr&iacute;n en el suelo para absorber&nbsp; las bebidas que la gente probablemente derramara en el suelo o incluso para los que escup&iacute;an y en el que la gente tiraba las c&aacute;scaras de las ostras al suelo. Hoy esto confundir&iacute;a mucho al lector porque las ostras son generalmente un s&iacute;mbolo de lujo y sofisticaci&oacute;n, todo lo contrario de lo que expresa el texto original.</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Fri, 13 Mar 2015 07:36:08 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una trama rusa o el macguffin Pajuelo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-trama-rusa-o-el-macguffin-pajuelo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2015/carlosquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las novelas del escritor y periodista Carlos Pajuelo de Arcos, como el cine de Hitchcock, utilizan siempre un <em>macguffin</em> en su trama para terminar cont&aacute;ndonos otra u otras cosas. &iquest;Qu&eacute; fue del dinero robado por Janet Leigh en <em>Psic&oacute;sis</em>, del microfilm de <em>Con la muerte en los talones </em>o del uranio de <em>Encadenados</em>? Nunca m&aacute;s se supo, tan s&oacute;lo eran excusas argumentales de car&aacute;cter flexible (se pueden intercambiar al gusto de unas pel&iacute;culas a otras y dar&iacute;a absolutamente igual) para narrar una historia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En su &uacute;ltima novela, <em>El tetrapl&eacute;jico</em>, Carlos Pajuelo esbozar&aacute; el <em>macguffin </em>de una compleja &ldquo;trama rusa bancaria&rdquo; para envolver de misterio la cotidianeidad de sus protagonistas, un tan prosaico matrimonio como anticipan sus propios nombres de pila, Cirilo Bonacasa Ferro y Facunda Malpie Trenza -&iexcl;ah, los nombres!, siempre tan importantes en la escritura de Pajuelo-, agotado por la rutina y el tedio del mon&oacute;tono discurrir diario, fatalmente interrumpido por un absurdo accidente dom&eacute;stico: Cirilo se cae de una escalera, o mejor dicho, lo tira el perro de su mujer, cuando estaba poniendo un ventilador en su cuarto. A partir de ese momento, asistimos de la mano de sus hijos, Uma y Santiago, y de los propios recuerdos del ya tetrapl&eacute;jico Cirilo, al descubrimiento de la existencia de una vida anterior y paralela del mismo ignota para todos ellos, incluida la mujer. De esta forma, tras la cortina de un mundo aparentemente rutinario, se esconde otro mundo lleno de secretos, que da paso a la dial&eacute;ctica apariencia/realidad, al particular <em>macguffin</em> narrativo de Pajuelo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>El tetrapl&eacute;jico </em>tiene pues ese car&aacute;cter de cr&oacute;nica familiar, tendente siempre hacia lo social y hacia la comprensi&oacute;n -como m&iacute;nimo, exposici&oacute;n- de una &eacute;poca, la que nos ha tocado vivir. <em>El</em> <em>registro familiar</em>, el <em>sermo humilis</em>, es parte de la herencia de la tradici&oacute;n realista de la novela decimon&oacute;nica; es esa po&eacute;tica que coloca a la novela en la zona de frontera con la cr&oacute;nica, con el periodismo e, incluso, con la historia del presente, y es aqu&iacute; donde nuestro novelista se mueve como pez en el agua &ndash;no olvidemos su condici&oacute;n de prol&iacute;fico columnista de opini&oacute;n y bloguero-. As&iacute;, con su estilo conversacional como medio de expresi&oacute;n y&nbsp; con la familia como objeto de an&aacute;lisis, Pajuelo nos plantea la complejidad de la vida y de las relaciones humanas, y nos muestra su particular visi&oacute;n del mundo, un tanto -o m&aacute;s bien un mucho- parad&oacute;jica, pues nunca antes en la historia de la humanidad se ha estado tan intercomunicados (Facebook, twitter, whatsapp, etc.) para estar tan solos, solos como su tetrapl&eacute;jico protagonista, rodeado de gente pero absolutamente solo, solo con sus pensamientos en los que se confunden realidad y ficci&oacute;n, presente y pasado, incapaz de comunicarse con nadie. <em>El tetrapl&eacute;jico, </em>en suma, es una historia de incomunicaci&oacute;n, individual y colectiva.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En suma, para Carlos Pajuelo contar la vida de un hombre o de una mujer dentro del seno familiar supone adentrarse en las vidas de quienes lo rodean (por muy simples que sean las pinceladas) y en consecuencia, dado que todo el mundo es producto o est&aacute; inserto en su &aacute;mbito social e hist&oacute;rico, el relato de esta vida terminar&aacute; deviniendo hacia lo colectivo y su cr&oacute;nica. En suma, la familia, gracias a los individuos que pertenecen a ella, le permitir&aacute; hablar de la pluralidad de tales vidas y, con ellas, de la vida con may&uacute;scula, mediante agudas reflexiones sobre la realidad contempor&aacute;nea -los bancos, los banqueros y bancarios; los m&eacute;dicos y la sanidad espa&ntilde;ola; los problemas del mundo globalizado, la inform&aacute;tica y los hackers, etc.-, expuestas con un humor ente fino y socarr&oacute;n, en ocasiones, incluso, si me permiten el adjetivo aragon&eacute;s, somarda. De hecho, Carlos Pajuelo no se corta e intercala numerosos art&iacute;culos de opini&oacute;n bajo la autor&iacute;a de Uma, la hija periodista de Cirilo, convirtiendo de esta forma su novela en un caj&oacute;n de sastre, donde todo tiene cabida, pero esto no es algo novedoso en su narrativa, sino una m&aacute;s de las constantes de su forma de novelar.</p>
<p>CARLOS PAJUELO DE ARCOS, <em>El tetrapl&eacute;jico, </em>Valencia, C.P.A, 2014.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 13 Mar 2015 07:23:14 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Turia" rinde tributo al traductor aragonés Francisco J. Uriz]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-rinde-tributo-al-traductor-aragones-francisco-j-uriz/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2015/franciscourizquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>El nuevo n&uacute;mero de la revista cultural TURIA, que se distribuir&aacute; a partir del 24 de marzo, &nbsp;brinda a los lectores que se interesan por los asuntos o protagonistas aragoneses un atractivo repertorio de temas. En primer lugar, TURIA se ocupa de rendir tributo a uno de los grandes nombres propios de nuestra cultura, el traductor y poeta Francisco J. Uriz. A trav&eacute;s de un excelente art&iacute;culo de Juan Marqu&eacute;s, se analiza la extensa e intensa trayectoria intelectual de un zaragozano &ldquo;tenaz, ilusionado y algo zumb&oacute;n que tiene mucho de artesano pero tambi&eacute;n un poco de jornalero&rdquo; de las letras. Sin duda, Uriz ha sido un incansable trabajador del idioma: bien traduciendo con maestr&iacute;a como certifica su Premio Nacional a la obra de un traductor, o bien como autor de una obra po&eacute;tica propia que merece ser muy tenida en cuenta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tambi&eacute;n TURIA ofrece a los lectores un art&iacute;culo sobre uno de los grandes protagonistas del regeneracionismo turolense del siglo XIX: Jer&oacute;nimo Lafuente. En esta ocasi&oacute;n, el texto que le dedica Francisco L&aacute;zaro Polo nos permite descubrir un aspecto menos conocido de su personalidad: sus viajes por Europa. As&iacute;, fruto de sus recorridos por Francia e Italia, public&oacute; en Madrid en 1870 su libro &ldquo;Tres meses en Italia&rdquo;. Un volumen destinado a describir no s&oacute;lo las ciudades y los monumentos principales, sino tambi&eacute;n encaminado a suministrar noticias curiosas e indispensables para el viajero.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>UNA IMPAGABLE APORTACI&Oacute;N A LA LITERATURA</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">En su art&iacute;culo &ldquo;Francisco J. Uriz: un explorador en la jungla de las palabras&rdquo;, Juan Marqu&eacute;s califica de impagable aportaci&oacute;n a la literatura la dilatada labor de Uriz (Zaragoza, 1932). Y es que, entre las numerosas ocupaciones de este acreditado traductor y poeta, han estado tambi&eacute;n las de profesor, int&eacute;rprete oficial del c&eacute;lebre primer ministro sueco Olof Palme, informal consejero de la Academia sueca o promotor, fundador y director de la Casa del Traductor de Tarazona.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Con centenares de traducciones de sobrecogedora calidad a su cargo, Uriz ha ejercido una notable influencia en la poes&iacute;a espa&ntilde;ola de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Como se&ntilde;ala Juan Marqu&eacute;s: &ldquo;no hace falta ser especialmente perspicaz para adivinar en muchos otros poetas j&oacute;venes actitudes y melod&iacute;as que eran desconocidas entre nosotros antes de la recepci&oacute;n en espa&ntilde;ol de la obra de los suecos Harry Martinson, Gunnar Ekel&ouml;f o Tomas Transtr&ouml;mer, del dan&eacute;s Henrik Nordbrandt o de los finlandeses Claes Andersson y Marta Tikkannen&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Adem&aacute;s &nbsp;de &nbsp;su &nbsp;faceta &nbsp;como &nbsp;traductor de referencia, Uriz cuenta con una obra po&eacute;tica, dram&aacute;tica, cr&iacute;tica y testimonial m&aacute;s que notable. M&eacute;ritos todos ellos que le permiten reclamar, a Juan Marqu&eacute;s, la concesi&oacute;n del Premio de las Letras Aragonesas para este avezado explorador en la jungla de las palabras. Bien lo merecer&iacute;a quien se ha movido desde siempre bajo las directrices que proclamara un d&iacute;a su ilustre amigo sueco, Artur Lundkvist: &ldquo;Hay que evitar el escepticismo paralizante y actuar como si se pudiese cambiar el mundo y mejorar la Humanidad&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>LOS VIAJES POR EUROPA DE UN TUROLENSE DEL SIGLO XIX</strong></p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">No es la primera vez que TURIA reivindica la figura y la obra de Jer&oacute;nimo Lafuente como testigo cr&iacute;tico del Teruel del siglo XIX. Su labor regeneracionista en el periodismo, la pol&iacute;tica y la literatura fue ejemplar. M&aacute;s a&uacute;n: le&iacute;dos hoy aquellos escritos, puede concluirse que la visi&oacute;n que Lafuente proyecta sobre la provincia de Teruel a&uacute;n planea siglo y medio despu&eacute;s. Recordemos ahora que, en 1896, publicar&iacute;a un libro titulado &ldquo;Por mi pueblo&rdquo; en que encontramos versos que evidencian ese sempiterno sentimiento turolense de abandono, desolaci&oacute;n y olvido: &ldquo;enferma est&aacute; la provincia, / y a pesar de sus esfuerzos, / si no la ayuda quien puede / a levantarse del lecho / donde agonizando yace, / sucumbir&aacute; sin remedio&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">En este nuevo n&uacute;mero de TURIA, sin embargo, el objetivo es otro: redescubrir en Lafuente al gran viajero que fue. De ah&iacute; que el interesante art&iacute;culo que ahora publica&nbsp; Francisco L&aacute;zaro Polo se titule &ldquo;El Grand Tour de Jer&oacute;nimo Lafuente&rdquo;. Y es que nuestro regeneracionista turolense tambi&eacute;n fue part&iacute;cipe de la inquietud por recorrer la Europa del XIX. Un inter&eacute;s que le llevar&iacute;a a conocer pa&iacute;ses como Francia e Italia y que entonces formaban parte del conocido como &ldquo;Grand Tour&rdquo;. Una costumbre viajera a la b&uacute;squeda del saber y la belleza que fue muy practicada por los j&oacute;venes arist&oacute;cratas y burgueses&nbsp; como una forma de culminar su educaci&oacute;n, previa a la edad adulta y al matrimonio.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">De esa experiencia viajera de Lafuente qued&oacute; constancia en su libro &ldquo;Tres meses en Italia&rdquo;. Un volumen de m&aacute;s de doscientas p&aacute;ginas que da noticia de cuanto descubri&oacute; Jer&oacute;nimo Lafuente, acompa&ntilde;ando a un arist&oacute;crata, en ese fascinante pa&iacute;s mediterr&aacute;neo que es Italia. Su recorrido se inicia en Madrid y contin&uacute;a en Par&iacute;s. Una ciudad, esta &uacute;ltima, que califica como la nueva Babilonia y que considera la m&aacute;s fascinante y alegre de Europa. En Italia, y al igual que otros viajeros del &ldquo;Grand Tour&rdquo;, Lafuente visit&oacute; ciudades como Tur&iacute;n, Mil&aacute;n y Venecia. Luego prosigui&oacute; hasta Florencia y la obligada visita a Roma y N&aacute;poles. De vuelta a casa, conocer&iacute;a Pisa y G&eacute;nova y, ya en Francia, Niza. Deslumbra, a lo largo de &ldquo;Tres meses en Italia&rdquo;, la erudici&oacute;n y bagaje cultural de Jer&oacute;nimo Lafuente.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 06 Mar 2015 08:36:32 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Turia" publica inéditos de Karl Ove Knausgard, la última revelación de las letras europeas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-publica-ineditos-de-karl-ove-knausgard-la-ultima-revelacion-de-las-letras-europeas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2015/karloveknausgardquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>SU AUTOBIOGRAF&Iacute;A &ldquo;MI LUCHA&rdquo;, UNA SAGA DE 3.600 P&Aacute;GINAS Y SEIS TOMOS, HA CONSAGRADO INTERNACIONALMENTE AL ESCRITOR NORUEGO</strong></p>
<p><strong>&ldquo;TURIA&rdquo; DA A CONOCER, EN PRIMICIA EN ESPA&Ntilde;OL,</strong><strong> UN FRAGMENTO DE &ldquo;LA ISLA DE LA INFANCIA&rdquo;, TERCER VOLUMEN DE LA SERIE </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="left">&nbsp;</p>
<p>La revista cultural TURIA publica, en su nuevo n&uacute;mero que se distribuir&aacute; el 24 de marzo en Espa&ntilde;a y otros pa&iacute;ses, un avance de la edici&oacute;n en espa&ntilde;ol de &ldquo;La isla de la infancia&rdquo;, del escritor noruego Karl Ove Knausgard. La obra, que ser&aacute; editada en mayo por Anagrama, es tercer volumen de su celebrada saga autobiogr&aacute;fica &ldquo;Mi lucha&rdquo;, una serie cuya aparici&oacute;n ha constituido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os todo un &eacute;xito internacional.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Knausgard ha conseguido un fen&oacute;meno poco corriente: suscitar el inter&eacute;s mayoritario de los lectores y el aplauso de la cr&iacute;tica. Ahora, la revista TURIA ofrece un anticipo de una obra que ha causado un notable impacto no s&oacute;lo en Noruega y en otros pa&iacute;ses n&oacute;rdicos sino en aquellos pa&iacute;ses donde se ha traducido. Y es que &ldquo;Mi lucha&rdquo; naci&oacute; como un ejercicio de aut&eacute;ntica catarsis. Seg&uacute;n su autor, &ldquo;acababa de cumplir cuarenta a&ntilde;os, estaba casado, ten&iacute;a dos ni&ntilde;os peque&ntilde;os y una carrera literaria prometedora. Pero me sent&iacute;a profundamente infeliz, de modo que decid&iacute; hablar conmigo mismo sin pudor, desnud&aacute;ndome y mirando hacia mi interior con una lucidez total&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Comparado por algunos con Marcel Proust, Knausgard es la nueva sensaci&oacute;n literaria de lo que va del siglo XXI: despu&eacute;s de vender alrededor de 500 mil ejemplares en su Noruega natal -un pa&iacute;s que tiene cinco millones de habitantes-, &ldquo;Mi lucha&rdquo; est&aacute; obteniendo una notable acogida en otras latitudes. As&iacute;, en el &aacute;mbito anglosaj&oacute;n, ha concitado el entusiasmo de escritores como Jonathan Lethem o Siri Husvedt. &ldquo;Necesito sus libros como el crack&rdquo;, lleg&oacute; a decir la brit&aacute;nica Zadie Smith. Y, si hacemos caso al estadounidense Jeffrey Eugenides, su aventura literaria &ldquo;ha roto la barrera del sonido de la novela autobiogr&aacute;fica&rdquo;. Si antes fue el turno del alem&aacute;n W.G. Sebald o del chileno Roberto Bola&ntilde;o, ahora parece ser Knausgard quien se ha convertido en el escritor de moda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En &ldquo;La isla de la infancia&rdquo; comprobaremos c&oacute;mo la ni&ntilde;ez es emocionante y aterradora a un tiempo. La tercera parte de las seis que conforman &ldquo;Mi lucha&rdquo; nos cuenta c&oacute;mo, para el joven Karl Ove, nuevas casas, nuevas clases y nuevos amigos, suponen un reto lleno de emociones fren&eacute;ticas y de progresivos temores. Sin duda, los adultos ejercen una supervigilancia desde su posici&oacute;n de poder, benevolente en el caso de su cari&ntilde;osa madre y tir&aacute;nica en el caso de su cruel padre. Knausgard escribe con una veracidad punzante acerca de un tiempo en el que las victorias y las derrotas son vividas intensamente y cualquier intento de definirlo es in&uacute;til. En todo caso, &ldquo;La isla de la infancia&rdquo; es un libro sobre aquello que m&aacute;s nos perturba: la familia, los recuerdos y sobre c&oacute;mo nunca logramos ser lo que nos propusimos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nacido en 1968, Knausgard public&oacute; a los treinta a&ntilde;os su primera novela: &ldquo;Fuera del tiempo&rdquo; y obtuvo &eacute;xito de cr&iacute;tica y ventas e incluso se alz&oacute; con el premio de los cr&iacute;ticos de Noruega. Tambi&eacute;n obtuvo el aplauso su segunda obra, &ldquo;Un tiempo para todo&rdquo;. Luego vendr&iacute;a una crisis creativa y la tr&aacute;gica desaparici&oacute;n de su padre. Para superar ambos episodios, Knausgard inici&oacute; en 2009 una etapa de escritura obsesiva hasta culminar una monumental obra literaria autobiogr&aacute;fica, &ldquo;Mi lucha&rdquo;, un ejercicio tan introspectivo como liberador. La aventura concluy&oacute; en 2011 y esta empresa de utilizarse a s&iacute; mismo como materia literaria ha obtenido el favor de los lectores de manera multitudinaria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Adem&aacute;s de Knausgard, otros grandes autores tambi&eacute;n protagonizar&aacute;n el nuevo n&uacute;mero de TURIA. As&iacute;, hay que destacar el homenaje colectivo que siete poetas de diversas procedencias rinden al imprescindible escritor venezolano Rafael Cadenas. Carlos Vitale, Juan Pablo Roa, Mario Campa&ntilde;a, Cristina Falc&oacute;n, Esther Zarraluki, Rodolfo H&auml;ssler y Antonia Clap&egrave;s han seleccionado un poema diferente de Rafael Cadenas y lo analizan en TURIA. Se trata, pues, de una singular antolog&iacute;a colectiva y comentada de la obra de uno de los eternos candidatos al premio Cervantes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA, que cuenta ya con m&aacute;s de 31 a&ntilde;os de trayectoria,&nbsp; ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. De periodicidad cuatrimestral en papel, cuenta tambi&eacute;n con una versi&oacute;n digital (web y Facebook) que est&aacute; obteniendo una buena acogida de los lectores.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 26 Feb 2015 13:24:32 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El goce de escribir]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-goce-de-escribir/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2015/SERGIO_GASPAR.jpg" alt="" /></p>
<p>En bastantes ocasiones hemos comentado con Sergio Gaspar la necesidad de que los intelectuales y los escritores se comprometan y hablen con claridad de los problemas que nos acucian en este momento. Es quiz&aacute; un deber moral opinar, participar en un debate que pueda mejorar nuestro entorno y nuestra situaci&oacute;n social y pol&iacute;tica.</p>
<p>Sergio Gaspar se ocupa de pol&iacute;tica y de literatura en <em>Viento de tramontana</em>. Ha vivido con intensidad el debate sobre el reparto territorial en Espa&ntilde;a y obviamente el llamado &ldquo;problema catal&aacute;n&rdquo;.</p>
<p>En <em>Viento de tramontana</em> se dice expl&iacute;citamente lo que deber&iacute;a aportar una novela. Cuando un&nbsp; <em>bestsellero</em> quiere contratar a un negro para ganar un premio literario --es genial el elogio a los <em>negros literarios-</em>-, abundan las alusiones al tipo de&nbsp; novela que se ha de escribir, y que resulta ser <em>Viento de tramontana:</em></p>
<p>&ldquo;&iexcl;Claro que nuestra novela tendr&aacute; tesis! &iexcl;Faltar&iacute;a m&aacute;s! &iquest;Qu&eacute; escritor que valga la pena carece de ideas y de ideolog&iacute;a sobre la realidad de la que habla y no pretende mostrarlas al mundo? Mostrarlas, s&iacute;, que no coincide literariamente con demostrarlas&rdquo;&nbsp; [&hellip;] Toda buena novela, o contiene una tesis estimulante, hasta subversiva, o no es buena&hellip; No escondo mi tesis: una Catalu&ntilde;a independentista corre el riesgo de transformarse en una Catalu&ntilde;a grotesca. Y lo dram&aacute;tico llegar&aacute; despu&eacute;s: en una Catalu&ntilde;a independiente sustituiremos el viejo odio hacia el resto de los espa&ntilde;oles por uno nuevo y antiguo: el odio entre nosotros, los catalanes&rdquo; (p. 155).</p>
<p>Naturalmente, Sergio Gaspar, despu&eacute;s de vivir en Barcelona durante toda su vida, la conoce muy bien. Puede hablar de primera mano de lo que se ha dado en llamar &ldquo;el problema catal&aacute;n&rdquo; y ha decidido pronunciarse, desde la &oacute;ptica m&aacute;s inteligente: la parodia, la risa. Indudablemente late en esta novela el esp&iacute;ritu grotesco del que tan bien escribi&oacute; Bajtin (<em>La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento).</em></p>
<p>Se trata de una parodia corrosiva e ir&oacute;nica al mismo tiempo que podr&iacute;a ser en algunos momentos cervantina (no en balde es Cervantes uno de los personajes que aparecen en <em>Viento de tramontana</em>). Ya lo dice en el pr&oacute;logo: el autor ha seguido la recomendaci&oacute;n del <em>President </em>de la Generalitat, cuando dice que hay que tomar las cosas con humor.</p>
<p>La parodia, desde el primer momento, nos sumerge en un mundo delirante, hilarante y esperp&eacute;ntico, en el que todo es posible. Valle Incl&aacute;n es una referencia fundamental para <em>Viento de tramontana</em>, especialmente <em>Luces de bohemia</em>, no s&oacute;lo por la parodia grotesca que utiliza, sino porque, al igual que Valle, Sergio Gaspar dota&nbsp; al lenguaje de una flexibilidad y capacidad expresivas sorprendentes, a trav&eacute;s de neologismos, palabras compuestas, ox&iacute;moron imposibles&hellip; Una riqueza que no se encuentra f&aacute;cilmente en lo que se publica ahora. No s&oacute;lo la parodia, tambi&eacute;n el absurdo tiene una influencia notable en <em>Viento de tramontana</em>. Cuando Miguel de Cervantes se presenta, dice: &ldquo;Tengo noventa y un a&ntilde;os desde que mor&iacute;&rdquo;; en otra ocasi&oacute;n leemos: &ldquo;Y el 6 de octubre de 1934 Lluis Companys, a&uacute;n sin fusilar, proclama el Estado Catal&aacute;n&rdquo; (p. 232). Estas salidas de tono chispeantes, absurdas,&nbsp; me recuerdan, la divertida biograf&iacute;a de Miguel Mihura.</p>
<p>&nbsp;Con la misma contundencia que Valle dice en <em>Luces de bohemia</em>: &ldquo;Ricos y pobres da igual: la barbarie ib&eacute;rica es un&aacute;nime&rdquo;, en <em>Viento de tramontana</em> leemos: &ldquo;Nuestra Espa&ntilde;a eterna de derechas: la mas&iacute;a andaluza y el cortijo catal&aacute;n intercambiables. Los se&ntilde;oritos de Madrid y los se&ntilde;oritos de Barcelona&rdquo; (p. 43).</p>
<p>Estos temas no pueden ser tratados directamente, porque se perder&iacute;a eficacia. Hay que desvelar su &aacute;ngulo grotesco. Hay que ponerlos frente al espejo de la realidad y sacar del fondo del espejo el esperpento para desactivarlos. &iexcl;Cu&aacute;nta vigencia tienen las palabras de Valle Incl&aacute;n a trav&eacute;s de Max Estrella: &ldquo;Espa&ntilde;a es una deformaci&oacute;n grotesca de la civilizaci&oacute;n europea. Latino, deformemos la expresi&oacute;n en el mismo espejo que nos deforma las caras y toda la vida miserable de Espa&ntilde;a&rdquo;.</p>
<p>Todo es posible en <em>Viento de tramontana</em>, ya lo hemos dicho y, a la vez, absolutamente veros&iacute;mil, porque la vida es as&iacute;, extra&ntilde;a y divertida, al menos cuando se observa con la distancia de lo grotesco. Por debajo de la parodia, de la cr&iacute;tica mordaz, reconocemos perfectamente los males que nos afectan: desfilan alcaldes franquistas reconvertidos al nacionalismo; el falangista Samaranch; un constructor que se hizo rico en el franquismo y m&aacute;s rico en la transici&oacute;n;&nbsp; instituciones nacionalistas que fueron fundadas por eminentes franquistas; el gusto art&iacute;stico catal&aacute;n,&nbsp; pervertido por pastiches modernistas que han arramblado con lo dem&aacute;s; la deriva de la industria editorial, otro de los temas importantes de la novela, que va a llevarse a la Literatura espa&ntilde;ola por delante, por haber ca&iacute;do, igual que la pol&iacute;tica, en la corrupci&oacute;n, en el dinero f&aacute;cil y en el puro negocio.</p>
<p>Asistimos a escenas hilarantes como la del <em>bestsellero </em>--ya citada--,<em> </em>que encarga a un negro una novela para ganar un premio. Esa novela, que empieza igual que <em>Viento de tramontana</em>, se cierra en&nbsp; s&iacute; misma, l&uacute;cida y autocr&iacute;tica. El final no es menos hilarante: despu&eacute;s de una par&aacute;frasis de la escena 6&ordf; de <em>Luces de bohemia</em> --son muy frecuentes las referencias literarias y la intertextualidad--, la novela se clausura con una escena teatral, parodia de un drama rom&aacute;ntico,&nbsp; en la que participan todos los ex presidentes de la Generalitat y Tarradellas de convidado de piedra.</p>
<p>En <em>Viento de tramontana</em> tiempo y espacio se usan con una libertad total.&nbsp; Franco, Pla y Cervantes conviven. Ya no son necesarios <em>flash back</em>, sino que todo coexiste al mismo y en diferente tiempo y en el mismo y en diferente espacio. Mucho tiene de cervantina esta forma de escribir en libertad.</p>
<p>De &ldquo;acron&iacute;a&rdquo; se habla para definir este libre tratamiento del tiempo en el que todo es posible. Asimismo los espacios se dan simult&aacute;neamente e incluso los personajes se <em>trifragmentan,</em> como es el caso de la joven editora.</p>
<p>Tambi&eacute;n el narrador ejerce su oficio con libertad total. Sin transici&oacute;n y con una gran dosis de iron&iacute;a coexisten el narrador en primera persona, el omnisciente&nbsp; y el estilo libre indirecto.</p>
<p>El paroxismo de la simultaneidad y acron&iacute;a se da en el momento en que un personaje compara su situaci&oacute;n con la ca&iacute;da en el Infierno del <em>Para&iacute;so perdido </em>de Milton: &ldquo;Sin dimensi&oacute;n, donde las Medidas pierden su sentido --ni alto, ni bajo, ni cerca, ni lejos, ni pronto ni tarde, ni ahora ni luego, ni un metro ni mil-- porque s&oacute;lo herv&iacute;a en la profundidad de un magma silencioso sin espacio, sin tiempo y <em>sincon</em> y <em>consin</em>&rdquo; (p. 77).</p>
<p>Viva la risa, la libertad y el goce de escribir lo que se quiere y todav&iacute;a se puede en esta Espa&ntilde;a en la que ser&iacute;a de desear que se escriban m&aacute;s novelas como <em>Viento de tramontana</em>.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Sergio Gaspar, <em>Viento de tramontana,</em><strong> </strong>Barcelona, Edhasa, 2014.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 17 Feb 2015 09:12:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En busca del paraíso. Gentes de ningún lugar]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/en-busca-del-paraiso-gentes-de-ningul-lugar/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2015/javiermillanquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp; El periodista afincado en Teruel, Francisco Javier Mill&aacute;n, fiel a su cita con el Festival Internacional de Cine Guanajuato GIFF, en M&eacute;xico, de cuyo Consejo Consultivo es miembro, nos presenta su obra <em>Un mundo de alambradas. Desplazados: cine y realidad,</em> editado por el mismo Festival, con la colaboraci&oacute;n del Gobierno del Estado de Guanajuato, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), el Instituto Mexicano de Cinematograf&iacute;a (Imcine) y la Fundaci&oacute;n Expresi&oacute;n En Corto. Se trata de un riguroso ensayo, que como todos sus anteriores, a&uacute;na rigor cient&iacute;fico, fluida escritura, amenidad y, sobre todo &ndash;verdadera se&ntilde;a de identidad de los escritos de&nbsp; Mill&aacute;n-, compromiso social, en el que nos invita a conocer c&oacute;mo el cine ha tratado el tema de los desplazados a lo largo de la historia con la finalidad de abrir una reflexi&oacute;n, personal y colectiva, sobre c&oacute;mo se puede encarar el problema en la sociedad actual.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; El libro, magn&iacute;ficamente editado, presenta un apoyo gr&aacute;fico valioso consistente en fotogramas extra&iacute;dos de algunas de las pel&iacute;culas comentadas, y cuenta adem&aacute;s con la participaci&oacute;n del fot&oacute;grafo franc&eacute;s, afincado en M&eacute;xico, Philippe Perrin, quien adem&aacute;s de la portada, ilustra el inicio de cada cap&iacute;tulo con fotograf&iacute;as aleg&oacute;ricas a la soledad y los desplazados, pertenecientes a la serie <em>Lejano adentro</em>, exhibida en diferentes salas de exposiciones.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; En su estudio, Mill&aacute;n utiliza el termino &ldquo;desplazado&rdquo; en el m&aacute;s amplio sentido de la palabra y comprende desde &nbsp;aquellas personas que huyen por las guerras y persecuciones de toda &iacute;ndole -pol&iacute;ticas, ideol&oacute;gicas, &eacute;tnicas o religiosas-, hasta quienes se ven afectados por todo tipo de cat&aacute;strofes naturales, pero tambi&eacute;n se refiere con &eacute;l a todos aquellos que se marchan del campo a la ciudad dentro de su mismo pa&iacute;s, e incluso a los afectados por el fen&oacute;meno contrario, mucho m&aacute;s reciente en las sociedades desarrolladas, de regreso al medio rural, como intento de garantizarse un medio de vida m&aacute;s humano.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Javier Mill&aacute;n va de lo local a lo universal, desde lo pr&oacute;ximo e inmediato, su tierra &ndash;Teruel-, al mundo globalizado en el que vivimos. Los primeros cap&iacute;tulos est&aacute;n dedicados a analizar c&oacute;mo el desplazamiento forzado de las personas ha estado siempre presente en la historia de la humanidad, y de qu&eacute; manera las religiones, o el uso manipulador de las mismas, contribuyen a ello. En este sentido, se nos recuerda que Ad&aacute;n y Eva podr&iacute;an ser considerados como los primeros desplazados de la humanidad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Mill&aacute;n conoce Teruel y su provincia a la perfecci&oacute;n, no en vano reside y trabaja en ella desde hace ya m&aacute;s de 20 a&ntilde;os. Por desgracia, &eacute;l sabe bien que se trata de un territorio que ha conocido en el &uacute;ltimo siglo el drama de los desplazados, primero durante la guerra civil espa&ntilde;ola y despu&eacute;s debido a la emigraci&oacute;n por causas econ&oacute;micas, que ha situado a este territorio entre los m&aacute;s despoblados del continente europeo, por lo que se convierte en un magn&iacute;fico microcosmos del problema planteado que le sirve al autor como punto de partida, para desde lo pr&oacute;ximo extender sus observaciones al resto del mundo. De igual forma, la mirada cin&eacute;fila de Mill&aacute;n abarca desde la filmograf&iacute;a del calandino universal, Luis Bu&ntilde;uel, del que es uno de los mayores expertos, hasta directores de las cinematograf&iacute;as m&aacute;s rec&oacute;nditas y desconocidas del resto del planeta, en un alarde de ejemplificaci&oacute;n tan exhaustivo como agudo en su an&aacute;lisis.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; A continuaci&oacute;n se abordan algunos conflictos b&eacute;licos del siglo XX &ndash;Segunda Guerra Mundial (con especial atenci&oacute;n a Polonia y al holocausto jud&iacute;o), Guerra Civil espa&ntilde;ola,&nbsp; Revoluci&oacute;n Mexicana, antigua Yugoslavia&nbsp; y los todav&iacute;a no resueltos problemas del pueblo Kurdo, Palestina, Afganist&aacute;n, Siria, etc., marcados todos ellos por grandes desplazamientos de personas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Prosigue estudiando los fen&oacute;menos migratorios y sus causas (tanto pol&iacute;ticas, como sociales, econ&oacute;micas etc.), y los refugiados medioambientales debidos a fen&oacute;menos de todo tipo, analizando en profundidad el fundamento final de todos ellos: el cambio clim&aacute;tico.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Por &uacute;ltimo, se observa el fen&oacute;meno de los desplazamientos forzados en Am&eacute;rica Latina desde diferentes &aacute;ngulos, tanto los causados por los conflictos armados (golpes de estado de Chile y Argentina, y sus consecuencias de represi&oacute;n y exilio) y las desigualdades sociales, como los que son por motivos pol&iacute;ticos (balseros cubanos, entre otros) o por la violencia de la delincuencia organizada y el narcotr&aacute;fico.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; <em>Un mundo de alambradas</em> es una propuesta tan interesante como comprometida que, como hemos anticipado, a pesar de que son cientos las pel&iacute;culas comentadas y analizadas, no se queda en modo alguno en la mera erudici&oacute;n, sino que denuncia el problema y obliga al lector a pensar soluciones en aras de mejorar nuestro mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Francisco Javier Mill&aacute;n, <em>Un mundo de alambradas. Desplazados: cine y realidad,</em> Le&oacute;n, Festival de Cine de Guanajuato, 2014.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 17 Feb 2015 09:07:45 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las palabras...]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/las-palabras/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2015/juanmigueldemoraquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p align="right"><em>En memoria de los estudiantes de las Escuelas Normales Rurales </em></p>
<p align="right"><em>asesinados por gobiernos y autoridades municipales, estatales</em></p>
<p align="right"><em>&nbsp;y federales a lo largo de los a&ntilde;os, los &uacute;ltimos en </em></p>
<p align="right"><em>septiembre de 2014 </em></p>
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<p>&mdash;En otros tiempos la fortuna era la secuela del poder. Hoy el poder es la secuela de la fortuna. Desde el Gengis Khan a Julio C&eacute;sar, Alejandro Magno o Napole&oacute;n -pasando por los grandes se&ntilde;ores aztecas, los hombres con mando y poder, ya fuese por herencia o por conquista, tuvieron a su alcance lo que quisieron. Usando t&eacute;rminos actuales: eran ricos.</p>
<p>&mdash;Pero su riqueza era una consecuencia del poder. Su ambici&oacute;n fue el poder; gobernar y tener a los pueblos bajo su mando. No so&ntilde;aban con el oro, aunque lo saquearan y acumulasen en sus victorias. Necesitaban el oro para pagar a los soldados, para mantener sus ej&eacute;rcitos y algunos reyes usaban la riqueza para impresionar a los s&uacute;bditos y a los embajadores extranjeros con ceremonias fastuosas. Pero la mayor&iacute;a de los grandes conquistadores pensaban m&aacute;s en el mando que en la riqueza.</p>
<p>Vio la incomprensi&oacute;n en los rostros de algunos alumnos y la duda en otros y a&ntilde;adi&oacute;:</p>
<p>&mdash;Otro d&iacute;a les hablar&eacute; de Juli&oacute; C&eacute;sar, Alejandro y Gengis Khan.</p>
<p>Su pasi&oacute;n por las letras y las palabras le hab&iacute;a dado conocimientos que estaban muy por encima de escuelas como la suya. Varias veces le ofrecieron ser profesor de una preparatoria en la capital del Estado, pero prefiri&oacute; seguir con los suyos.</p>
<p>Sab&iacute;a que nombres que se le escapaban, como Julio C&eacute;sar o Gengis Khan, eran ins&oacute;litos en las escuelas Normales Rurales, porque &eacute;l mismo hab&iacute;a sido alumno de una de ellas, la "Isidro Burgos", de Ayotzinapa. Orgulloso de su piel oscura, orgulloso de ser indio, y de facciones recias, labradas en el rostro, como las de sus alumnos y, como ellos, campesino hijo de campesinos. Pero as&iacute; como algunos se apasionan por las peleas de gallos, por las carreras de caballos, por las mujeres, o por sepa Dios qu&eacute;, &eacute;l se apasion&oacute; por las palabras y sus significados. Pasaba leyendo o estudiando el tiempo en que otros jugaban o descansaban. Trabaj&oacute; desde peque&ntilde;o en el campo, como los dem&aacute;s ni&ntilde;os de su rancher&iacute;a, y ayudaba en la casa cuidando a sus hermanitos m&aacute;s chicos, Pero si ten&iacute;a un tiempo libre, o uno de los cabos de vela que le regalaba un amigo monaguillo, en lugar de jugar con los dem&aacute;s, se concentraba en los papeles que ten&iacute;an letra impresa. Un profesor de primaria, viendo su inter&eacute;s en aprender, le ayud&oacute;, le ense&ntilde;&oacute; a utilizar las bibliotecas y le recomend&oacute; y prest&oacute; libros.</p>
<p>Gan&oacute; dos becas consecutivas y se gradu&oacute; en la Normal Rural de Ayotzinapa (de aquellas que hizo Tata L&aacute;zaro para los campesinos) e hizo la Prepa en la universidad del Estado. Sus conocimientos estaban muy por encima del profesor rural que era. Mir&oacute; a sus alumnos con simpat&iacute;a, con cari&ntilde;o porque hab&iacute;a vivido sus vidas y sab&iacute;a lo duras que eran. Y sigui&oacute; hablando:</p>
<p>&mdash;Al contrario de la antig&uuml;edad, hoy es la riqueza la que lleva al poder; las m&aacute;s grandes fortunas del mundo de hoy, que dominan y manejan a la humanidad, no lograron tan enorme poder con victorias militares, sino manipulando la ambici&oacute;n de unos y la necesidad de otros. Y su origen se debe a factores muy diversos y complejos, como la diferencia entre lo que cuesta un producto en materiales y mano de obra y el precio al que se vende. Pero antes de que alguien se diera cuenta de esa diferencia, los que hac&iacute;an, (con su trabajo personal y ayuda de algunos familiares o vecinos) las cosas que se necesitaban para vivir, como casas, ropa, muebles, sillas de montar, carretas, espadas y mil cosas m&aacute;s, se cansaron de ser propiedad de los amos, los "nobles", como si fuesen cosas o animales. El abuso del poder cre&oacute; la ira de los artesanos y sus obreros contra la injusticia. Y estall&oacute; y triunf&oacute; la Revoluci&oacute;n Francesa.</p>
<p>Un alumno hab&iacute;a levantado la mano en una de las primeras filas:</p>
<p>&mdash;Profesor usted nos habl&oacute; del mando como or&iacute;gen de la riqueza. Y en M&eacute;xico de hoy, &iquest;Cu&aacute;l es el origen de la riqueza?</p>
<p>&mdash;Salvo muy pocas excepciones aqu&iacute; en M&eacute;xico es la corrupci&oacute;n, la sucesiva corrupci&oacute;n de los gobiernos posteriores a la Revoluci&oacute;n, la base de la riqueza. Aqu&iacute; se llega a un puesto pol&iacute;tico como clase media baja y se sale millonario. Unos roban directamente del dinero del erario y otros de manera indirecta, dando contratos de obras p&uacute;blicas a empresarios que les dan su parte de lo inflado de esos contratos con regalos fastuosos, como una casa en las Lomas o autom&oacute;viles que valen un mill&oacute;n o m&aacute;s ded pesos. Para esa realidad que, poco m&aacute;s o menos, parte de la toma del poder por Calles y Obreg&oacute;n y llega hasta hoy (con la sola excepci&oacute;n de L&aacute;zaro C&aacute;rdenas) se necesita la complicidad y la aquiescencia de todo el grupo en el poder, llamese PNR, PRM o PRI, y la de un pueblo c&oacute;mplice y agachado que en el fondo, aunque no lo confiese, aspira a alcanzar la fortuna mediante la corrupci&oacute;n. Y ese grupo, ahora llamado PRI, necesita y tiene el visto bueno del gobierno de Washington que, merced al gobierno actual, controla los recursos naturales de M&eacute;xico, como el petr&oacute;leo, la miner&iacute;a y otros.</p>
<p>Los rostros oscuros, como el suyo, de facciones recias, talladas con surcos rectos y duros, hijos y nietos de campesinos, le escuchaban con gran inter&eacute;s. Sus abuelos hab&iacute;an sido peones antes de la Revoluci&oacute;n y fueron ejidatarios cuando C&aacute;rdenas reparti&oacute; las tierras. Y ahora, esas tierras, a las que estaban enraizados, como el ma&iacute;z, como el frijol, como la vid, ten&iacute;an que defenderlas de enga&ntilde;os que les induc&iacute;an a venderlas por mucho menos de su valor.</p>
<p>Los que no se dejaban enga&ntilde;ar eran presionados, amenazados, o asesinados para quitarles sus parcelas y hacer centros de recreo, hoteles, o riberas, m&aacute;s o menos mayas, que atrajesen al turismo, o interesaran a compa&ntilde;&iacute;as mineras. Aunque para eso fuese necesario robar el agua a los yaquis, invadir centros ceremoniales ind&iacute;genas o expulsar de sus pueblos y de sus tierras a los indios para que inversionistas extranjeros ganen millones.</p>
<p>Cuando todav&iacute;a era ni&ntilde;o, y aprendi&oacute; castellano para ir a la escuela, naci&oacute; su amor por las palabras, las de su lengua nativa que le parec&iacute;a muy bella, el otom&iacute;, un secreto precioso al que s&oacute;lo ten&iacute;an acceso sus padres, sus hermanos y los vecinos de la remota rancher&iacute;a en que naci&oacute;. Aprendiendo como se dec&iacute;a la misma cosa en castellano y en otom&iacute; comenz&oacute; su inter&eacute;s en las palabras y en su significado.</p>
<p>Y, como amante y respetuoso de las palabras, le produc&iacute;an n&aacute;useas los discursos de los pol&iacute;ticos, estructurados con expresiones vac&iacute;as de su verdadero significado y convertidas en vocablos sin contenido. Usaban las palabras &ndash;pensaba- con el mismo cinismo e indiferencia con que, en los m&iacute;tines de sus campa&ntilde;as electorales, sin amor, sin empat&iacute;a y sin inter&eacute;s humano, levantaban en brazos a ni&ntilde;os humildes para mostrar ante los fot&oacute;grafos su gran amor por el pueblo. Las palabras de nuestros pol&iacute;ticos no tienen valor, son mentiras, las escupen, no las dicen.</p>
<p>El profesor sab&iacute;a mucho de las vidas humanas que jam&aacute;s saldr&aacute;n en p&aacute;ginas sociales de bodas o bautizos, y tambi&eacute;n de esos exponentes de la bajeza moral, que ocultan que su padre fue obrero y desprecian a los indios. Sab&iacute;a, como sus ancestros, como sus alumnos, que para los indios la palabra "riqueza" s&oacute;lo identifica hacendados, pol&iacute;ticos o ladrones de cuello blanco.</p>
<p>El significado de las palabras le atrajo desde que aprendi&oacute;, poco a poco, qu&eacute; eran las lenguas y con frecuencia se sorprend&iacute;a pensando en ello, a veces en otom&iacute;, pero m&aacute;s a menudo en espa&ntilde;ol, porque era el idioma que estaba aprendiendo. Alguien toc&oacute; con los nudillos en la puerta del aula, la abri&oacute; y entr&oacute; al sal&oacute;n; era un alumno de la normal rural de Ayotzinapa.</p>
<p>&mdash;Perd&oacute;n maestro, dispense que interrumpa, pero vamos a protestar por los asesinatos de Tlatlaya y vengo a invitar a los compa&ntilde;eros y a usted a que nos acompa&ntilde;en.</p>
<p>M&eacute;xico estaba indignado por la ejecuci&oacute;n de dos estudiantes y 22 civiles por el ej&eacute;rcito, despu&eacute;s que se hab&iacute;an rendido. Se dec&iacute;a que eran narcotraficantes y quiz&aacute; lo fueron pero, con rar&iacute;simas excepciones, los miles de muertos que el gobierno mexicano siempre atribuye al narcotr&aacute;fico, son gente del pueblo humilde.</p>
<p>&mdash;Pu&eacute;s vamos todos, &ndash;dijo el maestro levant&aacute;ndose- no podemos aceptar mansamente que nos sigan asesinando los presidentes municipales, los gobernadores o los gobiernos federales, aunque la justicia en M&eacute;xico es una palabra casi siempre vac&iacute;a.</p>
<p>&mdash;Los compa&ntilde;eros han tomado camiones para que nos lleven a Iguala. Vengan conmigo, est&aacute;n cerca.</p>
<p>Profesor y alumnos salieron de su sal&oacute;n y comenzaron a caminar hacia la carretera. El maestro pensaba en las palabras mientras caminaba; sab&iacute;a a d&oacute;nde iba y era muy consciente de porqu&eacute; iba.</p>
<p>Recordaba que su abuelo Herminio (que a los catorce a&ntilde;os, hab&iacute;a luchado con Emiliano) le cont&oacute; de Benito Ju&aacute;rez, indio que a esa misma edad s&oacute;lo hablaba zapoteco, su lengua, como la de ellos era el otom&iacute;, y que lleg&oacute; a ser presidente de M&eacute;xico.</p>
<p>No ten&iacute;a nada contra los que no eran indios, so&ntilde;aba con un M&eacute;xico de trato parejo para todos, pero ten&iacute;a una amargura ya de a&ntilde;os: &iquest;de qu&eacute; le sirvi&oacute; tanto estudiar si las Normales Rurales no interesaban a los gobiernos, que quer&iacute;an acabarlas porque ense&ntilde;aban sus derechos a los campesinos?</p>
<p>Se sab&iacute;a un animal extra&ntilde;o: un indio enamorado del lenguaje. Hablaba bien el otom&iacute; y el castellano, pero so&ntilde;aba con aprender otras lenguas, incomprensibles al principio, pero que llegar&iacute;a a entender estudi&aacute;ndolas. Su pasi&oacute;n era la ling&uuml;&iacute;stica, el significado de las palabras, pero, &iquest;hasta d&oacute;nde se puede llegar siendo profesor de una Normal Rural en Ayotzinapa?</p>
<p>Caminaba por la carretera con sus alumnos, pidiendo justicia por los asesinatos de Tlatlaya, pero tambi&eacute;n pensando en c&oacute;mo solicitar un mayor presupuesto para las Normales Rurales, que carec&iacute;an de todo.</p>
<p>Mientras marchaba iba recordando que los normalistas de Ayotzinapa han sido reprimidos muchas veces, y algunos muertos, en la interminable lista de asesinatos cometidos por los gobiernos de M&eacute;xico que han quedado impunes. Y los fue recordando, como ejercicio de memoria:</p>
<p>Ignorando los del porfiriato (Cananea y Rio Blanco, por ejemplo) y hablando s&oacute;lo de los m&aacute;s importantes posteriores a la revoluci&oacute;n, los cr&iacute;menes pol&iacute;ticos son parte habitual de la vida en los estados.</p>
<p>Los presidentes municipales generalmente solapan alg&uacute;n homicidio cuando el autor intelectual es un diputado o senador de su paretido. En algunos estados los gobernadores ordenan eliminar f&iacute;sicamente a opositores demasiado imprudentes.</p>
<p>Pero cuando el Presidente cree que el sistema peligra, sea o no acertado su temor, no hay freno. Ese fue el caso de Diaz Ordaz en 1968 y despu&eacute;s el de Salinas de Gortari y Zedillo.</p>
<p>La estructura del poder en M&eacute;xico, pens&oacute; el maestro, est&aacute; bajo el signo de Huitzilopochtli y es indiferente como el sumo sacerdote haya llegado al poder; si por la violencia y la sangre, como Victoriano Huerta, o por la ambici&oacute;n de mando, como Alvaro Obreg&oacute;n y Plutarco El&iacute;as Calles (recuerdo a Serrano y los suyos, en Huitzilac o a los vasconcelistas m&aacute;s tarde) o mediante la manipulaci&oacute;n de las elecciones y el fraude electoral, como Gustavo D&iacute;az Ordaz, Tlatelolco en 1968, de 100 muertos para arriba; Luis Echeverr&iacute;a, 10 de junio de 1970, 125 muertos; Zedillo, 28 junio 1995, Aguas Blancas, 17 muertos; Zedillo: Acteal, Chiapas, 22 de diciembre 1997, 45 muertos, incluyendo mujeres y ni&ntilde;os, en una iglesia.</p>
<p>Y ahora, pens&oacute;, la de la de Tlatlaya por la que estamos caminando, adem&aacute;s de los asesinatos individuales de dirigentes obreros y campesinos y periodistas de los estados.</p>
<p>Sacudi&oacute; esos pensamientos al tiempo que, instintivamente, sacudi&oacute; la cabeza. Y pas&oacute; a su pasi&oacute;n: los giros del idioma castellano; c&oacute;mo una letra o una coma pueden cambiar el sentido de una frase. Sus amigos se re&iacute;an de &eacute;l dici&eacute;ndole que mejor que de las palabras se enamorase de una joven bonita y con buenas curvas y gozar&iacute;a mucho m&aacute;s que con un abecedario.</p>
<p>Le gustaba poner en duda si alguien dice una cosa u otra. Por ejemplo, hay una canci&oacute;n de Jos&eacute; Alfredo Jim&eacute;nez que dice: "Y me ir&eacute; con el Sol, cuando muere la tarde". Y pensaba: si se va <em>con</em> el Sol, se va al atardecer, pero si se va <em>como</em> el Sol, solo toma del Sol la forma de irse, la manera de irse, se va a ir como el sol se va al atardecer, pero no necesariamente a la misma la hora.</p>
<p>La manifestaci&oacute;n avanzaba por la carretera y el maestro segu&iacute;a lucubrando con las palabras. Record&oacute; a los cantantes que tergiversan las letras populares deteriorando la sutileza del humor popular mexicano: hay quienes &ndash;se dijo- cambian el corrido de la c&aacute;rcel de Cananea y en vez de decir: "me llevaron a Agua Prieta a ver si me conoc&iacute;an, ninguno me conoci&oacute;, del miedo que me ten&iacute;an" dicen "me fui para l&rsquo;Agua Prieta a ver si me conoc&iacute;a y a las 11 de la noche me agarr&oacute; la "polec&iacute;a". O en lugar de "<em>como a un hombre de delito todos con</em> <em>pistola en mano</em>" (no entienden que ese "como" encierra todo el sarcasmo del pueblo mexicano, el mismo humorismo agrio de la suerte que tuvo Rosita Alv&iacute;rez porque de tres tiros que le dieron nom&aacute;s uno era de muerte) cantan: "<em>por ser hombre de delito..etc</em>." aceptando la culpabilidad&hellip;Y anulando el humorismo.</p>
<p>Un alumno a su lado le dijo:</p>
<p>-&iquest;En qu&eacute; piensa, maestro? Hace rato que lo veo muy abstra&iacute;do.</p>
<p>- En nada importante, cosas del idioma.</p>
<p>-Pues yo siento como si tuviese un mal presentimiento&hellip;</p>
<p>-&iquest;C&oacute;mo qu&eacute;?</p>
<p>-Es que estaba acord&aacute;ndome de Tlatelolco el 68.</p>
<p>El profesor se detuvo, palideci&oacute; y fij&oacute; su mirada en los ojos del muchacho, en un reflujo ancestral e instintivo, frecuente en la gente del campo, que ha vivido su infancia en la naturaleza, donde no hay m&aacute;s subterfugio que la imaginaci&oacute;n, y le dijo con voz indecisa:</p>
<p>-&iexcl;No seas ave de mal ag&uuml;ero!</p>
<p>-Pues, maestro&hellip; Pensaba en el 10 de junio y los que desaparecieron en Iguala.</p>
<p>El profesor se reh&iacute;zo:</p>
<p>-No hay que ser as&iacute;, quienes piensan con miedo, tienen miedo&hellip;</p>
<p>-Maestro, este es nuestro M&eacute;xico, aqu&iacute; hicimos la Revoluci&oacute;n.</p>
<p>-S&iacute;, unos cuantos. Como ahora, s&oacute;lo unos cuantos. Los dem&aacute;s s&oacute;lo protestan no con las manifestaciones, sino contra ellas cuando les estorban. La mayor&iacute;a son muy machos, pero en la cantina.</p>
<p>-&iquest;Y el que es valiente en la cantina, no lo es en otra parte?</p>
<p>-No es lo mismo. Cualquiera brinca si le insultan y m&aacute;s si es en p&uacute;blico. Pero el valiente de verdad lo es en fr&iacute;o. El cobarde es el que borracho se enfrenta al mundo, porque "es muy macho". Tiene que haber un matiz, una forma de distinguir&hellip;.</p>
<p>Llegaron a los camiones; profesores y alumnos subieron. Arranc&oacute; el cami&oacute;n y rod&oacute;. El profesor nunca lleg&oacute; a saber cu&aacute;nto tiempo hab&iacute;a pasado desde que entraron al veh&iacute;culo.</p>
<p>S&uacute;bitamente, el mundo hizo explosi&oacute;n. La Tierra estall&oacute;. Hay un momento en algunas historias individuales, en el que el mundo estalla: cuando la muerte llega sin avisar y con estruendo. Y tambi&eacute;n avisando, cuando el estruendo es ya tan enorme, tan desproporcionado, tan canalla, que es imposible de explicar. Como en Espa&ntilde;a en la batalla del Ebro. Como en Rusia en Stalingrado. Como en Dresde, con el bombardeo aliado de fines de la guerra. No revienta el mundo con las bombas nucleares, no para los hom&iacute;nidos v&iacute;ctimas, que ni se enteran. Pero s&iacute; revienta cuando un grupo de personas, m&aacute;s o menos numeroso, es de pronto atacado a muerte. Para ellos, para los que sufren el premeditado asesinato colectivo, el mundo hace explosi&oacute;n en ese instante. No importa qu&eacute; pasa en Picadilly, ni en la V&iacute;a Veneto, ni en la Gran V&iacute;a Diagonal, ni en el Z&oacute;calo. Para los que est&aacute;n all&iacute;, en ese momento, el mundo estalla, revienta, se vuelve el infierno.</p>
<p>Por eso habl&eacute; de historias individuales: de cuando los seres humanos ven c&oacute;mo los asesinan.</p>
<p>Y detr&aacute;s de cada una de estas explosiones siempre hay un canalla que queda en la historia, aunque est&eacute; lejos, aunque no lo vean las v&iacute;ctimas. Y en todo el mundo la historia les identifica: Atila, el Voivoda Dracul, Hitler, Franco, Stalin, Videla, Bush, Pinochet y la lista ser&iacute;a muy larga. Pero en M&eacute;xico no. Aqu&iacute; resulta que los culpables son dos o tres asesinos de tres al cuarto, siempre profesionales del delito, de nivel muy menor, narcotraficantes que, por una misteriosa raz&oacute;n de fen&oacute;meno paranormal, se dedican a asesinar estudiantes.</p>
<p>Y as&iacute;, para el profesor y sus alumnos, ese d&iacute;a que usted sabe, el mundo hizo explosi&oacute;n en el Estado de Guerrero.</p>
<p>Desde ambos lados de la carretera les disparaban con fusiles y con pistolas. Los estudiantes ca&iacute;an y los agresores brotaban, disparando, de entre los matorrales m&aacute;s all&aacute; de las cunetas.</p>
<p>El profesor alcanz&oacute; a reconocer a uno de ellos, era pistolero del gobierno, paniaguado de todos los gobernadores, los dem&aacute;s eran polic&iacute;as y m&aacute;s lejos crey&oacute; ver algunos soldados. De pronto se dio cuenta de que estaba en el suelo y sangrando. A su lado, muerto, estaba el estudiante que le habl&oacute; del mal presagio. Pero el maestro no se dio cuenta de que estaba muerto y le hablaba:</p>
<p>&mdash;&iexcl;Ya lo s&eacute;! Ya lo encontr&eacute;, la clave, est&aacute; en un corrido&hellip;</p>
<p>Algunos hombres de uniforme, que ven&iacute;an con los asesinos o eran parte de ellos, llevaban cad&aacute;veres a camiones y otros persegu&iacute;an a los que ven&iacute;an a pi&eacute;, detr&aacute;s de los camiones, que corrieron desde los primeros disparos.</p>
<p>-&iexcl;Ya lo encontr&eacute;! &ndash;segu&iacute;a el profesor, hablando al estudiante muerto mientras &eacute;l mismo se desangraba.</p>
<p>Se dir&iacute;a que el haber encontrado lo que fuese le daba fuerzas y le manten&iacute;a con vida, porque tom&oacute; aliento y sigui&oacute; con el mismo tono que empleaba en la escuela:</p>
<p>-La letra original, la antigua, del Corrido del Norte, en la parte aquella de "<em>Yo fui uno de aquellos dorados de Villa</em>"&hellip;. no dice, como los cantantes de cantina: "<em>de los que NO dimos valor a la vida</em>"&hellip; esos son los disfrazados de valientes, los "muy machos".</p>
<p>Se ahog&oacute;, vomit&oacute; sangre y repiti&oacute;:</p>
<p>-&iexcl;Muy machos! A la vida hay que darle su valor, pero hay que tener muchos tompiates para luchar por la libertad y la justicia; m&aacute;s que para gritar en una cantina y muchos m&aacute;s que para morir en una ri&ntilde;a callejera, porque la decisi&oacute;n de luchar por la libertad se toma "en fr&iacute;o", se necesita convicci&oacute;n y no exaltaci&oacute;n pasajera..</p>
<p>Pareci&oacute; que se ahogaba, tosi&oacute; sangre, pero segu&iacute;a hablando, con dificultad, como el que habla con la boca llena, la suya llena de sangre.</p>
<p>&mdash;La letra aut&eacute;ntica del Corrido del Norte, la de los hombres de verdad dice: "Yo fui uno de aquellos dorados de Villa, de los que le dimos valor a la vida" &iquest;ves? &ndash;se dirig&iacute;a al cad&aacute;ver del estudiante- Lo que le da valor a la vida es luchar por algo que valga la pena, luchar por la libertad, contra las tiran&iacute;as, contra los poderes que abusan del pueblo&hellip;</p>
<p>Y sigui&oacute;, medio inconsciente:</p>
<p>&mdash;&iexcl;Aquello fue bueno, muy bueno! Pero los que en 2014 le dan valor a la vida no son los dorados de Villa, no, ya no, ya est&aacute;n muy lejos.</p>
<p>- Tosi&oacute; arrojando sangre, se irgui&oacute; y levant&oacute; el tono:</p>
<p>&mdash;&iexcl;Son los estudiantes de Ayotzinapa!... y antes los de Tlatelolco y ma&ntilde;ana&hellip;</p>
<p>"De los que a la guerra llevamos nuestra hembra, de los que morimos amando y cantando, yo soy&hellip; de ese bando"</p>
<p>Uno de los sicarios que revisaban y recog&iacute;an los muertos oy&oacute; algo, se acerc&oacute; y deshizo la cabeza del profesor con una bala calibre 45.</p>
<p>Luchar y morir amando y cantando. Est&aacute; dicho todo.</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p align="right">14 de octubre, M&eacute;xico, 2014.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 17 Feb 2015 09:01:33 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La vida como simulacro]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-vida-como-simulacro/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2015/sergiochejfecquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;F&eacute;lix y Rose son dos amigos que quedan todas las semanas para conversar (utilizo el t&eacute;rmino "amigos" por comodidad). Apenas sabemos nada de ellos: Rose es una actriz de escaso &eacute;xito que, sin embargo, al menos a ojos de su amigo, atrae todas las miradas, o eso piensa &eacute;l por un momento, como si los paseantes intuyeran que hay en ella cierta cualidad escenogr&aacute;fica, un "ser actriz" que llama la atenci&oacute;n y obliga a examinarla. No sabemos a qu&eacute; se dedica F&eacute;lix (aunque en un instante se menciona de forma oblicua un posible pasado laboral, en una escena inquietante que resulta antiepif&aacute;nica y sobre la que planea, a su vez, la posibilidad de una revelaci&oacute;n), ni en qu&eacute; lugar tienen lugar sus encuentros (se trata de una gran ciudad que podr&iacute;a ser "cualquier ciudad", aunque intuimos que puede tratarse de Nueva York, donde el autor reside desde 2005). Rose tampoco conoce demasiados detalles de la vida de F&eacute;lix, ni los conoce el lector (aunque s&iacute; conocemos un detalle revelador: es extranjero, a diferencia de Rose, en el pa&iacute;s en el que transcurre la trama), a pesar de que es uno de los protagonistas de la novela y el narrador, omnisciente, se detiene ante todo en las sensaciones y reflexiones de &eacute;l a lo largo de uno de sus encuentros semanales, primero en un caf&eacute; y despu&eacute;s paseando, aparentemente al azar, por las calles de la ciudad (primero el punto fijo para presentar a los personajes: despu&eacute;s la deriva). No sabemos siquiera c&oacute;mo se conocieron. Su conversaci&oacute;n est&aacute; llena de vacilaciones y de digresiones, al igual que su pensamiento, que se detiene en detalles aparentemente insignificantes que cobran sentido por acumulaci&oacute;n hasta construir una forma de ver el mundo (una visi&oacute;n, en cualquier caso, que nunca se impone y que tiene algo de tentativa, de provisional). Rose, como actriz, es en cierto modo una mujer de acci&oacute;n pura, y F&eacute;lix un hombre de reflexi&oacute;n pura. La novela sigue una de esas tardes en que quedan para conversar, aunque la trama se expande, a medida que avanza la caminata, hacia el pasado, hacia otros encuentros, y tambi&eacute;n hacia un mundo paralelo, el de la posibilidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hasta aqu&iacute; el argumento de <em>La experiencia dram&aacute;tica,</em> la m&aacute;s reciente novela de Sergio Chejfec. Pero el p&aacute;rrafo anterior, la descripci&oacute;n del argumento, en realidad no arroja ninguna luz sobre la novela, porque un libro como este no puede condensarse ni explicarse. Podemos decir, por ejemplo, a modo de intuici&oacute;n, que la novela, que comienza con un serm&oacute;n dominical en el que un p&aacute;rroco explica una concepci&oacute;n de Dios (de la omnisicencia de Dios) relacionada con Google Maps, parte de la bidimensionalidad, y la trama va a&ntilde;adiendo capas, dimensiones, hasta saturar la realidad (no solo la realidad de lo que se cuenta, sino la realidad del lector). Las dos dimensiones espaciales a&ntilde;aden pronto la tercera dimensi&oacute;n, la vertical, y poco a poco el tiempo va agregando densidad al conjunto. Las dimensiones se solapan. El pasado que fue, el que no fue, el que pudo haber sido. Como una cartograf&iacute;a (los mapas aparecen varias veces en el relato) en la que los caminantes modifican el territorio que recorren (esa idea de "huella" agrada a los dos amigos, aunque por motivos diferentes), no solo el territorio espacial, sino tambi&eacute;n el temporal. Aunque los mapas son representaci&oacute;n, claro, y el concepto de representaci&oacute;n, o de simulacro, termina absorbiendo a las dimensiones superpuestas de la narraci&oacute;n. En ese sentido, resulta crucial la aparici&oacute;n del dinero en la trama, en tono aparentemente menor, como una m&aacute;s de las reflexiones de los protagonistas (Rose siempre paga con tarjeta; F&eacute;lix siempre en efectivo). El dinero, al fin y al cabo, es el simulacro definitivo en las relaciones humanas, y como tal, y tambi&eacute;n como juego, incluso como mensaje, aparece en una de las escenas m&aacute;s comentadas del libro, en la que Rose se&ntilde;ala a F&eacute;lix el edificio en el que se cas&oacute; (el apartamento, en realidad) y despu&eacute;s pasa a recordar un objeto que hab&iacute;a en aquel apartamento el d&iacute;a de su boda, un juguete infantil que era al mismo tiempo un buz&oacute;n y una alcanc&iacute;a. As&iacute;, cobran tambi&eacute;n una relevancia especial los objetos: "Seg&uacute;n F&eacute;lix, deber&iacute;a dedicarse una historia a los objetos". Una historia que "reflejar&iacute;a el ultraje y el olvido, la destrucci&oacute;n y la resurrecci&oacute;n, y hablar&iacute;a tambi&eacute;n de la prolija perversidad puesta en ellos, o de la perversidad, por ejemplo, de los usos y las intenciones alrededor de los cuales giran". Los objetos como historia general y como historia particular. Tambi&eacute;n los personajes son arquetipos y son, al mismo tiempo, absolutamente individuales. No es casual que solo los protagonistas reciban un nombre propio, y que todos los dem&aacute;s personajes aparezcan mencionados siempre por su relaci&oacute;n con ellos ("el marido de Rose", por ejemplo). La indefinici&oacute;n se extiende a todas las dem&aacute;s coordenadas: no aparecen acontecimientos hist&oacute;ricos, ni nombres de lugares, nada que nos permita situarnos. De hecho, los &uacute;nicos nombres propios que aparecen en el texto, si exceptuamos los de los protagonistas, son Google Maps y Borges.</p>
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<p>La novela transcurre con un tono voluntariamente menor, casi fantasmal, y al mismo tiempo m&iacute;tico: "Caminar es algo que para F&eacute;lix lleva tiempo, es un hecho teatral y de caracter&iacute;sticas que pueden llegar a ser &eacute;picas".</p>
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<p>La idea de simulacro lo impregna todo, lo eleva y al mismo tiempo lo baja al nivel del suelo. El libro termina siendo conmovedor: "El mundo podr&iacute;a dividirse entre quienes act&uacute;an y quienes no lo hacen. Los que no act&uacute;an se desplazan por la vida con naturalidad e inocencia, mientras que quienes act&uacute;an cargan sobre sus hombros el deber de representarlos".</p>
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<p>Sergio Chejfec naci&oacute; en 1956 en Buenos Aires, pero reside fuera de su pa&iacute;s desde 1990 (primero en Caracas y despu&eacute;s en Nueva York, con estancias m&aacute;s o menos breves en otros lugares). Ha escrito once novelas, de las que solo las tres m&aacute;s recientes se han publicado en Espa&ntilde;a: <em>Mis dos mundos </em>(20008), <em>Baroni: un viaje</em> (2010) y esta <em>La experiencia dram&aacute;tica.</em> La editorial Candaya ha apostado por un autor de culto (entre sus admiradores se cuenta Enrique Vila-Matas) que, poco a poco, va ganando lectores en nuestro pa&iacute;s.- MIGUEL SERRANO LARRAZ.</p>
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<p>Sergio Chejfec, <em>La experiencia dram&aacute;tica</em>, Barcelona, Candaya,&nbsp; 2013.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 16 Feb 2015 07:40:36 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Canadá]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/canada/</link>
      <description><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
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<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas15/Febrero/richardfordquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Canad&aacute; </em>es una obra de la imaginaci&oacute;n. Todos los personajes y acontecimientos que aparecen en ella son ficticios. No he buscado ninguna semejanza con gente real, por lo que no debe extraerse de esta historia inferencia alguna. Me he tomado libertades con el marco urbano de Great Falls, Montana, y asimismo con el paisaje de la pradera y con ciertos detalles de las peque&ntilde;as poblaciones del suroeste de la provincia de Saskatchewan. La carretera 32, por ejemplo, no estaba asfaltada en 1960, si bien lo est&aacute; en mi narraci&oacute;n. Aparte de esto, todas las omisiones y errores crasos son de mi responsabilidad exclusiva.</p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Primero contar&eacute; lo del atraco que cometieron nuestros padres. Y luego lo de los asesinatos, que vinieron despu&eacute;s. El atraco es la parte m&aacute;s importante, ya que nos puso a mi hermana y a m&iacute; en las sendas que acabar&iacute;an tomando nuestras vidas. Nada tendr&iacute;a sentido si no se contase esto antes que nada.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Nuestros &nbsp;padres &nbsp;eran &nbsp;las personas de las que menos se podr&iacute;a pensar que atracar&iacute;an un banco. No eran gente rara, ni evidentemente criminales. A nadie se le hubiera ocurrido pensar que estaban destinados a acabar como acabaron. Eran personas normales &ndash; aunque, claro est&aacute;, tal afirmaci&oacute;n queda invalidada desde el momento mismo en que atracaron el banco.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mi padre, Bev Parsons, era un chico de campo que naci&oacute; en Marengo County, Alabama, en 1923, y termin&oacute; la secundaria en 1939, loco de ganas de entrar en el Army Air Corps de los Estados Unidos, el cuerpo que luego se convertir&iacute;a en la Fuerza A&eacute;rea. Entr&oacute; en Demopolis, se form&oacute; en Randolph, cerca de San Antonio, donde quiso ser piloto de combate, pero como le faltaban aptitudes tuvo que conformarse con convertirse en oficial de bombardero. Vol&oacute; en los B-25, en los Mitchell ligeros y medios que sirvieron en Filipinas, y luego sobre Osaka, donde sembraron la destrucci&oacute;n en la tierra, tanto entre el enemigo como entre la gente inocente. Era un hombre alto, de m&aacute;s de un metro ochenta (apenas cab&iacute;a en la carlinga del bombardero), encantador, guapo y sonriente, de cara grande, cuadrada y expectante y p&oacute;mulos huesudos, labios sensuales y pesta&ntilde;as atractivas, largas y femeninas. Ten&iacute;a los dientes blancos y brillantes y un pelo negro corto del que se sent&iacute;a muy orgulloso, lo mismo que de su nombre: Bev. Capit&aacute;n Bev Parsons. Nunca admiti&oacute; que Beverly fuera un nombre de mujer para la mayor&iacute;a de la gente. Ven&iacute;a de ra&iacute;ces anglosajonas, dec&iacute;a. &laquo;Es un nombre corriente en Inglaterra. All&iacute; Vivian, Gwen y Shirley son nombres de hombre. Nadie los confunde con mujeres&raquo;. Era un hablador redomado, y, para ser sure&ntilde;o, de mente abierta. Ten&iacute;a unos modales elegantes y complacientes que deber&iacute;an haberle llevado lejos en la Fuerza A&eacute;rea, algo que no sucedi&oacute;. Cuando estaba en un recinto cualquiera, sus ojos r&aacute;pidos de color de avellana buscaban a su alrededor y siempre encontraban a alguien que le prestaba atenci&oacute;n: mi hermana y yo, normalmente. Contaba chistes viejos con un estilo teatral del Sur; sab&iacute;a hacer trucos con las cartas y juegos de manos, y separarse el pulgar y volver a pegarlo, y hacer desaparecer un pa&ntilde;uelo y hacerlo aparecer de nuevo. Sab&iacute;a tambi&eacute;n tocar bugui-bugui al piano, y a veces nos hablaba con acento <em>dixie<a title="" href="#_ftn1"><strong>[1]</strong></a></em>1 y otras veces como Amos &rsquo;n&rsquo; Andy.<a title="" href="#_ftn2">[2]</a> Hab&iacute;a perdido algo de o&iacute;do al volar &nbsp;en &nbsp;los Mitchells, &nbsp;y &nbsp;era muy sensible a esta deficiencia. Pero ten&iacute;a un aspecto muy &nbsp;atildado &nbsp;con su &laquo;honrado&raquo; pelo corto de soldado y su guerrera azul de capit&aacute;n, y &nbsp;por &nbsp;lo general transmit&iacute;a una calidez que era genuina y que hac&iacute;a que mi hermana gemela &nbsp;y &nbsp;yo &nbsp;lo &nbsp;quisi&eacute;ramos &nbsp;tanto. &nbsp;Tal &nbsp;vez &nbsp;fuera &nbsp;&eacute;sa tambi&eacute;n la raz&oacute;n por la que nuestra &nbsp;madre se hab&iacute;a sentido atra&iacute;da por &eacute;l (aunque no pudieran ser m&aacute;s diferentes y poco apropiados el uno para el otro) con la mala fortuna de haberse quedado embarazada a ra&iacute;z de un apresurado encuentro amoroso despu&eacute;s de conocerse en una fiesta en honor de los aviadores que hab&iacute;an vuelto del frente. Fue en Fort Lewis, cerca de donde &eacute;l estaba haciendo un curso de reciclaje como oficial de suministros, en marzo de 1945, cuando ya nadie lo necesitaba para lanzar bombas desde el aire. Se casaron en cuanto lo supieron. Los padres de ella, que viv&iacute;an en Tacoma y eran inmigrantes jud&iacute;os oriundos de Polonia, no aprobaron la boda. Los dos eran personas cultas; en Poznan hab&iacute;an sido profesores de matem&aacute;ticas y m&uacute;sicos semiprofesionales (daban conciertos de m&uacute;sica popular), y despu&eacute;s de huir de su pa&iacute;s en 1918 hab&iacute;an llegado al estado de Washington a trav&eacute;s de Canad&aacute;, y se hab&iacute;an convertido &ndash; qui&eacute;n lo iba a decir&ndash; en celadores escolares. El hecho de ser jud&iacute;os significaba muy poco para ellos entonces, o al menos para mi madre; felizmente, en aquella tierra donde al parecer no eran jud&iacute;os, dejaban atr&aacute;s una vieja, rigurosa y cerrada concepci&oacute;n de la vida.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero que su hija &uacute;nica se casara con el hijo &uacute;nico sonriente y parlanch&iacute;n de unos tasadores de madera escoceses-irlandeses de las tierras remotas de Alabama no se les hab&iacute;a pasado nunca por la cabeza, as&iacute; que pronto desterraron el asunto por completo de su pensamiento. Y aunque desde cierta distancia pudiera parecer que nuestros padres simplemente no estaban hechos el uno para el otro, es m&aacute;s preciso afirmar que la boda de nuestra madre con nuestro padre fue el presagio de una p&eacute;rdida, y que su vida cambi&oacute; para siempre &ndash; y no para bien&ndash;, como seguramente ella habr&aacute; pensado tantas veces.</p>
<p>Mi madre, Neeva (diminutivo de Geneva) Kamper, era una mujer menuda, intensa, con gafas, de pelo casta&ntilde;o y rebelde, alguna de cuyas hebras aterciopeladas se le deslizaban por el borde de las mejillas hasta debajo de la barbilla. Ten&iacute;a cejas espesas y frente reluciente, de piel fina, tras la que se le trasluc&iacute;an las venas, y una tez p&aacute;lida de vivir dentro de casa que le daba un aspecto fr&aacute;gil, sin que ella lo fuera en absoluto. Mi padre, en broma, dec&iacute;a que la gente de donde &eacute;l ven&iacute;a, en Alabama, al pelo de mi madre lo llamaba &laquo;pelo de jud&iacute;o&raquo; o &laquo;pelo de inmigrante &raquo;, pero que a &eacute;l le gustaba y que a mi madre la amaba. (Ella nunca pareci&oacute; prestar mucha atenci&oacute;n a estas palabras). Sus manos eran peque&ntilde;as y delicadas, de u&ntilde;as muy cuidadas (se hac&iacute;a regularmente la manicura) y bru&ntilde;idas, de las que sol&iacute;a presumir y con las que gesticulaba con aire ausente. Ten&iacute;a un talante esc&eacute;ptico, y sol&iacute;a escuchar con gran atenci&oacute;n cuando le habl&aacute;bamos; tambi&eacute;n ten&iacute;a ingenio, que a veces pod&iacute;a ser mordaz. Llevaba gafas sin montura, le&iacute;a poes&iacute;a francesa, y a menudo utilizaba expresiones como <em>cauchemar </em>o <em>trou de cul</em>, que mi hermana y yo no entend&iacute;amos. Escrib&iacute;a poemas con tinta marr&oacute;n que compraba por correo, y llevaba un diario que nosotros no pod&iacute;amos leer, y normalmente ten&iacute;a una expresi&oacute;n de perplejidad ligeramente altiva y como estigmatizada, que lleg&oacute; a ser muy propia de ella, si no lo hab&iacute;a sido siempre. Antes de casarse con mi padre y de tenernos r&aacute;pidamente a mi hermana y a m&iacute;, se hab&iacute;a graduado a los dieciocho a&ntilde;os en el Whitman College de Walla Walla, hab&iacute;a trabajado en una librer&iacute;a y posiblemente acariciado la idea de convertirse en poetisa y en bohemia, y la esperanza de llegar a conseguir un trabajo de estudiosa profesora en un peque&ntilde;o college, casada con alguien diferente del hombre con quien se hab&iacute;a casado realmente, un profesor universitario probablemente, que le dar&iacute;a la vida para la que ella cre&iacute;a que estaba destinada. En 1960, el a&ntilde;o en que tuvieron lugar los hechos, ten&iacute;a s&oacute;lo treinta y cuatro a&ntilde;os. Pero ten&iacute;a ya &laquo;arrugas marcadas&raquo; a ambos lados de la nariz, que era peque&ntilde;a y rosada en la punta, y los p&aacute;rpados oscuros de sus grandes y penetrantes ojos verde gris le hac&iacute;an parecer extranjera y un tanto triste e insatisfecha, lo cual era cierto. Su cuello era delgado y hermoso, y su sonrisa repentina e inesperada dejaba al descubierto unos dientes peque&ntilde;os y una boca en forma de coraz&oacute;n, de jovencita. Una sonrisa que &ndash; salvo a mi hermana y a m&iacute; &ndash; rara vez ofrec&iacute;a. Nos d&aacute;bamos cuenta de que era una persona de apariencia poco corriente, vestida las m&aacute;s de las veces con pantalones anchos color verde oliva y blusas de algod&oacute;n de mangas holgadas y zapatos de c&aacute;&ntilde;amo y algod&oacute;n que deb&iacute;a de haber encargado por correo en la Costa Oeste, porque no pod&iacute;an comprarse zapatos de &eacute;sos en Great Falls. Y cuando se pon&iacute;a a rega&ntilde;adientes al lado de nuestro padre, alto y guapo y extrovertido, a&uacute;n parec&iacute;a m&aacute;s fuera de lo corriente. Aunque eran raras las veces en que &laquo;sal&iacute;amos&raquo; en familia, o com&iacute;amos en restaurantes, as&iacute; que apenas pod&iacute;amos darnos cuenta de c&oacute;mo aparec&iacute;an ante el mundo, entre desconocidos. A nosotros la vida en casa nos parec&iacute;a de lo m&aacute;s normal.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mi hermana y yo entend&iacute;amos perfectamente por qu&eacute; mi madre se hab&iacute;a sentido atra&iacute;da por Bev Parsons, un hombre de hombros fuertes, hablador, divertido, siempre dispuesto a complacer a cualquiera que se encontrase a su alcance. Pero nunca estuvo demasiado claro por qu&eacute; se hab&iacute;a interesado &eacute;l por ella, una mujer muy menuda (de poco m&aacute;s de un metro cincuenta), introvertida y t&iacute;mida, apartada de la gente, art&iacute;stica, guapa tan s&oacute;lo cuando sonre&iacute;a e ingeniosa s&oacute;lo cuando se sent&iacute;a completamente a gusto. Nuestro padre deb&iacute;a de apreciar de alg&uacute;n modo todo aquello, de percibir que ella ten&iacute;a una mente m&aacute;s sutil que la de &eacute;l, y que sin embargo &eacute;l era capaz de complacerla, lo cual le hac&iacute;a feliz. Dec&iacute;a mucho en su favor que &ndash; m&aacute;s all&aacute; de las diferencias f&iacute;sicas&ndash; mirara al coraz&oacute;n de las cosas humanas, y yo admiraba eso en &eacute;l por mucho que mi madre no se diera cuenta de ello.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero, en mi cabeza, la extra&ntilde;a uni&oacute;n de unos atributos f&iacute;sicos que no casaban siempre es en parte la causa por la que acabaron mal: no hab&iacute;a ninguna duda de que no eran apropiados el uno para el otro y de que no deber&iacute;an haberse casado ni haber hecho nada de lo que hicieron; ten&iacute;an que haber tomado caminos distintos despu&eacute;s de su primer y apasionado encuentro, con independencia de las consecuencias. Cuanto m&aacute;s estaban juntos, y mejor se conoc&iacute;an, m&aacute;s comprend&iacute;a ella &ndash; al menos &ndash; que hab&iacute;an cometido un error, y m&aacute;s extraviadas se volv&iacute;an sus vidas a medida que pasaba el tiempo &ndash; como en esas largas pruebas de matem&aacute;ticas en las que los primeros c&aacute;lculos son err&oacute;neos, con lo que los siguientes se van alejando m&aacute;s y m&aacute;s del punto en que las cosas ten&iacute;an sentido &ndash;. Un soci&oacute;logo de la &eacute;poca &ndash; principios de la d&eacute;cada de 1960&ndash; habr&iacute;a dicho quiz&aacute; que nuestros padres estaban en la vanguardia de un momento hist&oacute;rico, y se contaban entre los primeros que transgredieron los l&iacute;mites que la sociedad impone, que abrazaron la&nbsp; subversi&oacute;n y creyeron en credos que exig&iacute;an ratificaci&oacute;n a trav&eacute;s de la autodestrucci&oacute;n. Pero se habr&iacute;a equivocado. Nuestros padres no eran personas temerarias en la vanguardia de nada. Eran, como ya he dicho, gente normal a la que le jugaron una mala pasada las circunstancias y los malos instintos, y la mala suerte, que les hicieron aventurarse m&aacute;s all&aacute; de las fronteras que &ndash; sab&iacute;an&ndash; eran las correctas, y luego fueron incapaces de volver atr&aacute;s.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aunque dir&eacute; esto de mi padre: cuando volvi&oacute; del escenario de la guerra, de ser el agente de una muerte silbante que ca&iacute;a del cielo &ndash; era 1945, el a&ntilde;o en que mi hermana y yo nacimos en Michigan, en la base Wurtsmith de Oscoda&ndash; tal vez se hab&iacute;a apoderado de &eacute;l una especie de fuerza de gravedad poderosa e indeterminada, como les sucedi&oacute; a otros muchos soldados&nbsp; norteamericanos. Se pas&oacute; el resto de su vida luchando contra esta fuerza de gravedad, esforz&aacute;ndose por todos los medios por seguir siendo positivo y por mantenerse a flote, tomando decisiones equivocadas que le parecieron buenas de verdad en su momento, pero finalmente malentendiendo el mundo al que hab&iacute;a regresado y convirtiendo tal malentendido en su vida misma. Debi&oacute; de ser as&iacute; tambi&eacute;n para millones de j&oacute;venes, aunque &eacute;l no lo hubiera sabido ni admitido jam&aacute;s de s&iacute; mismo.</p>
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<p>Nuestra familia acab&oacute; asent&aacute;ndose en Great Falls, Montana, en 1956, del mismo modo en que tantas otras familias de militares llegaron a donde llegaron despu&eacute;s de la guerra. Hab&iacute;amos vivido en bases de la Fuerza A&eacute;rea de Mississippi, California y Texas. Nuestra madre ten&iacute;a su t&iacute;tulo y hac&iacute;a sustituciones de profesora en todos esos estados. A nuestro padre no lo hab&iacute;an destinado a Corea, sino a un trabajo de oficina en el pa&iacute;s, en los cuerpos de intendencia. Se le permiti&oacute; quedarse porque lo hab&iacute;an condecorado por acciones de combate, pero no hab&iacute;a superado el grado de capit&aacute;n. En determinado momento &ndash; cuando ten&iacute;a treinta y siete a&ntilde;os y viv&iacute;amos en Great Falls &ndash;, decidi&oacute; que la Fuerza A&eacute;rea no le ofrec&iacute;a ya un gran futuro y que, despu&eacute;s de haber dedicado veinte a&ntilde;os a la vida militar, era hora era de cobrar la pensi&oacute;n y de licenciarse. Razon&oacute; que la falta de inter&eacute;s por la vida social de nuestra madre, su renuencia a invitar a la gente de la base a cenar en casa, pod&iacute;a haberle impedido progresar en el escalaf&oacute;n, y puede que no le faltara raz&oacute;n. La verdad, creo, es que si hubiera habido alguien a quien nuestra madre hubiera podido admirar, quiz&aacute; le habr&iacute;a gustado el lugar. Pero a ella nunca se le ocurri&oacute; que pudiera haber nadie de esas caracter&iacute;sticas. &laquo;Ah&iacute; fuera s&oacute;lo hay vacas y trigo&raquo;, dec&iacute;a. &laquo;No hay una sociedad verdaderamente organizada&raquo;. En cualquier caso, creo que nuestro padre estaba cansado de la Fuerza A&eacute;rea y Great Falls le gustaba como un lugar donde poder salir adelante, incluso sin vida social. Dec&iacute;a que quer&iacute;a hacerse mas&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Era la primavera de 1960. Mi hermana, Berner, y yo ten&iacute;amos quince a&ntilde;os. Estudi&aacute;bamos en la Lewis (por Meriwether Lewis) Junior High School, que estaba lo bastante cerca del r&iacute;o Missouri para que desde los altos ventanales yo viera la superficie reluciente del agua, los patos y las aves agrupadas sobre ella, y pudiera vislumbrar Chicago, Milwaukee y la estaci&oacute;n de Saint Paul, donde los trenes de pasajeros ya no se deten&iacute;an, y alcanzar un atisbo del Aeropuerto Municipal de Gore Hill, de donde part&iacute;an dos vuelos diarios, y al otro extremo, r&iacute;o abajo, divisara la chimenea de la fundici&oacute;n y la refiner&iacute;a de petr&oacute;leo que estaban m&aacute;s arriba de las cascadas que daban nombre a la ciudad. En d&iacute;as claros, ve&iacute;a incluso los picos brumosos y nevados de la cordillera oriental, a cien kil&oacute;metros a lo lejos, que se extend&iacute;a hacia el sur en direcci&oacute;n a Idaho y en direcci&oacute;n norte hasta Canad&aacute;. Mi hermana y yo no ten&iacute;amos ni idea de lo que era &laquo;el Oeste&raquo;, salvo lo que ve&iacute;amos en la televisi&oacute;n, ni de lo que era Norteam&eacute;rica, en realidad, aunque d&aacute;bamos por descontado que era el mejor sitio del mundo donde poder estar. Nuestra vida real era la familia, y los dos form&aacute;bamos parte de su laxo bagaje. Y debido al desarraigo creciente de nuestra madre, su retraimiento, su sentimiento de superioridad y su deseo de que Berner y yo no nos acomod&aacute;ramos a la &laquo;mentalidad pueblerina&raquo; que en su opini&oacute;n sofocaba la vida de Great Falls, no ten&iacute;amos una vida parecida a la de la mayor&iacute;a de los ni&ntilde;os, que habr&iacute;a incluido amigos que visitar, una ruta de reparto de peri&oacute;dicos, boy scouts y bailes. Si nos acomod&aacute;bamos a aquella vida, pensaba nuestra madre, inevitablemente aumentar&iacute;an las posibilidades de que los dos acab&aacute;ramos qued&aacute;ndonos donde est&aacute;bamos. Tambi&eacute;n era cierto que si tu padre estaba en una base militar &ndash; vivieras donde vivieras &ndash; siempre ten&iacute;as menos amigos y raras veces llegabas a conocer a tus vecinos. Todo lo hac&iacute;amos en la base, ir al m&eacute;dico, al dentista, a la peluquer&iacute;a, al colmado. La gente lo sab&iacute;a. Y sab&iacute;a que no ibas a quedarte mucho tiempo all&iacute;, as&iacute; que para qu&eacute; molestarse en llegar a conocerte. Las bases llevaban en s&iacute; un estigma, como si la gente como es debido no necesitara saber nada de lo que se desarrollaba dentro de ellas, o que la asociaran con ellas de modo alguno; adem&aacute;s, mi madre era jud&iacute;a y ten&iacute;a aspecto de emigrante, y en cierto modo era tambi&eacute;n una bohemia. Era algo de lo que todo el mundo hablaba, como si proteger a los Estados Unidos de sus enemigos no fuera una labor decente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; A m&iacute;, sin embargo, me gustaba Great Falls, al menos al principio. La llamaban &laquo;ciudad el&eacute;ctrica&raquo;, porque las cascadas produc&iacute;an electricidad. Se dir&iacute;a que era un lugar tosco, honrado y remoto, aunque segu&iacute;a formando parte del pa&iacute;s sin l&iacute;mites en el que ya viv&iacute;amos. A m&iacute; no me gustaba mucho que las calles tuvieran n&uacute;meros en lugar de nombres, lo cual era confuso, y, seg&uacute;n mi madre, se deb&iacute;a a que era una ciudad dise&ntilde;ada por banqueros avaros. Y por supuesto los inviernos eran g&eacute;lidos e inacabables, y el viento azotaba desde el norte como un tren de mercanc&iacute;as, y la mengua de luz habr&iacute;a desmoralizado a cualquiera, incluso a los esp&iacute;ritus m&aacute;s optimistas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero la verdad es que Berner y yo no nos sent&iacute;amos de ning&uacute;n sitio en particular. Cada vez que nuestra familia se mudaba a una poblaci&oacute;n nueva &ndash; a alguna de las muchas y lejanas de nuestra geograf&iacute;a&ndash; y nos asent&aacute;bamos en una casa alquilada, y nuestro padre se pon&iacute;a el uniforme azul reci&eacute;n planchado y se iba en el coche a la base que le hab&iacute;a tocado en suerte, y nuestra madre empezaba a trabajar en alg&uacute;n puesto docente, Berner y yo trat&aacute;bamos de pensar el lugar del que dir&iacute;amos que proced&iacute;amos en caso de que alguien nos preguntara. Practic&aacute;bamos dici&eacute;ndonoslo el uno al otro camino de cualquiera que fuera el nuevo colegio que nos hubiera tocado esa vez. &laquo;Hola, somos de Biloxi, Mississippi.&raquo; &laquo;Hola, soy de Oscoda. Est&aacute; m&aacute;s al norte, en Michigan.&raquo; &laquo;Hola, vivo en Victorville.&raquo; Yo intentaba aprender los elementos b&aacute;sicos que los dem&aacute;s chicos conoc&iacute;an, y hablar como ellos, captar las expresiones de argot, andar por ah&iacute; como si me sintiera muy seguro estando donde estaba y como si nada pudiera sorprenderme. Y Berner hac&iacute;a lo mismo. Luego nos mud&aacute;bamos a cualquier otro sitio, y Berner y yo volv&iacute;amos a tratar de ubicarnos una vez m&aacute;s. Crecer de esta manera, lo s&eacute;, puede dejarte al margen de las cosas y a la deriva, o bien animarte a ser maleable y a adaptarte, algo que mi madre desaprobaba, ya que ella no lo hac&iacute;a y manten&iacute;a cierta idea de un futuro diferente m&aacute;s acorde con el que siempre hab&iacute;a imaginado antes de conocer a mi padre. Nosotros &ndash; mi hermana y yo&ndash; &eacute;ramos personajes secundarios en un drama que ella ve&iacute;a desplegarse ante sus ojos de forma incesante.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Consecuentemente, lo que a m&iacute; me empez&oacute; a importar de verdad fue el <em>colegio</em>, algo que constitu&iacute;a un hilo constante en mi vida, adem&aacute;s de mis padres y mi hermana. Nunca quer&iacute;a que se acabara el colegio. Me pasaba dentro de &eacute;l todo el tiempo que pod&iacute;a, leyendo detenidamente todos los libros que nos daban, estando siempre al lado de los profesores, imbuy&eacute;ndome de los olores escolares, que eran id&eacute;nticos en todas partes y distintos de todos los dem&aacute;s. Saber cosas se convirti&oacute; en algo muy importante para m&iacute;, con independencia de cu&aacute;les fueran esas cosas. Nuestra madre sab&iacute;a cosas y las apreciaba. Yo quer&iacute;a ser como ella a este respecto, ya que ser&iacute;a capaz de conservar las cosas que sab&iacute;a, y &eacute;stas me acreditar&iacute;an como alguien polifac&eacute;tico y prometedor, caracter&iacute;sticas que eran muy importantes para m&iacute;. No importaba si no pertenec&iacute;a a aquellos lugares: pertenec&iacute;a a sus colegios. Era bueno en lengua y literatura, en historia, en ciencias y en matem&aacute;ticas, materias en las que tambi&eacute;n mi madre era buena. Cada vez que levant&aacute;bamos el campo y nos mud&aacute;bamos, lo &uacute;nico que era capaz de infundirme miedo de aquella circunstancia de la vida era que por una u otra raz&oacute;n no pudiera volver al colegio &ndash; fuera &eacute;ste cual fuera &ndash;, o que el hecho de marcharme har&iacute;a&nbsp; que me perdiera alg&uacute;n saber crucial capaz de asegurarme el futuro y que no pudiera obtenerse en ning&uacute;n otro sitio. O que tuvi&eacute;ramos&nbsp; que irnos a alg&uacute;n sitio donde no existiera ning&uacute;n colegio para m&iacute;. (En cierta ocasi&oacute;n se habl&oacute; de Guam.) Me daba miedo acabar no sabiendo nada, no tener nada en que basarme, nada que pudiera distinguirme. Estoy seguro de que todo eso era herencia de mi madre, que albergaba el temor de una vida sin recompensa. Aunque tambi&eacute;n podr&iacute;a haber sido que nuestros padres, atrapados en el torbellino de la confusi&oacute;n cada d&iacute;a m&aacute;s densa de sus propias vidas j&oacute;venes &ndash; no estando hechos el uno para el otro, probablemente no dese&aacute;ndose f&iacute;sicamente como lo hab&iacute;an hecho de forma breve al principio, convirti&eacute;ndose m&aacute;s y m&aacute;s en sat&eacute;lites del otro y acabando por sentir un resentimiento mutuo sin ser demasiado conscientes de ello &ndash;, no nos ofrecieron a mi hermana y a m&iacute; nada muy s&oacute;lido a lo que aferrarnos, que es lo que se supone que los padres tienen que ofrecer a sus hijos. Pero culpar a los padres de las dificultades de tu propia vida al final no te lleva a ninguna parte.</p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando nuestro padre se licenci&oacute; de la Fuerza A&eacute;rea a principios de la primavera, todos est&aacute;bamos interesados en la campa&ntilde;a presidencial que ten&iacute;a lugar en aquellos d&iacute;as. Nuestros padres estaban los dos a favor de los dem&oacute;cratas y de Kennedy, que pronto resultar&iacute;a elegido. Mi madre dec&iacute;a que a mi padre le gustaba Kennedy porque cre&iacute;a que ten&iacute;a cierto parecido con &eacute;l. Mi padre sent&iacute;a una profunda antipat&iacute;a por Eisenhower por razones que ten&iacute;an que ver con los bombarderos norteamericanos sacrificados para &laquo;ablandar a los teutones&raquo; tras las l&iacute;neas enemigas el D&iacute;a D. Y a causa de su silencio traidor sobre MacArthur, a quien mi padre reverenciaba, y porque se sab&iacute;a que su mujer era una &laquo;borrachina&raquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tambi&eacute;n le disgustaba Nixon. Era un &laquo;tipo fr&iacute;o&raquo;, &laquo;parec&iacute;a italiano&raquo; y era un &laquo;cu&aacute;quero guerrero&raquo;, lo cual lo convert&iacute;a en un hip&oacute;crita. Tambi&eacute;n le disgustaban las Naciones Unidas: eran demasiado caras y permit&iacute;an que comunistas como Castro (a quien llamaba &laquo;actor de pacotilla&raquo;) tuvieran voz en el mundo. Ten&iacute;a una fotograf&iacute;a enmarcada de Franklin Delano Roosevelt en la sala, en la pared de encima del piano espineta Kimball y el metr&oacute;nomo de caoba y lat&oacute;n, que no funcionaba pero estaba en la casa cuando entramos a vivir en ella. Elogiaba a Roosevelt por no dejarse vencer por la polio, por matarse a trabajar para salvar al pa&iacute;s, por sacar a los parajes remotos de Alabama de la Edad Media con la REA<a title="" href="#_ftn3">[3]</a>, y por soportar a la se&ntilde;ora Roosevelt, a quien mi padre llamaba &laquo;la Primera Mema&raquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mi padre viv&iacute;a con una fuerte ambivalencia el hecho de ser de Alabama. Por una parte, se ten&iacute;a a s&iacute; mismo como un &laquo;hombre moderno&raquo; y no como &laquo;un paleto&raquo;, como &eacute;l dec&iacute;a. Defend&iacute;a opiniones modernas sobre muchas cosas: la raza, por ejemplo, al haber trabajado codo con codo con negros en la Fuerza A&eacute;rea. Pensaba que Martin Luther King era un hombre de principios, y que la Ley de Derechos Civiles de Eisenhower era de una necesidad inaplazable. Y pensaba que los derechos de las mujeres necesitaban tambi&eacute;n un empuj&oacute;n, y que la guerra era una tragedia y un despilfarro que &eacute;l conoc&iacute;a muy bien.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por otra parte, cuando nuestra madre dec&iacute;a algo despectivo sobre el Sur &ndash; lo que suced&iacute;a a menudo&ndash;, &eacute;l se quedaba pensativo y declaraba que Lee y Jeff Davis hab&iacute;an sido &laquo;hombres de fortuna&raquo;, pese a que la causa les hubiera hecho errar. Muchas cosas buenas ven&iacute;an del Sur &ndash; afirmaba&ndash;, no s&oacute;lo la desmotadora y el esqu&iacute; acu&aacute;tico. &laquo;Tal vez puedas nombrarme una&raquo;, dec&iacute;a mi madre. &laquo;Excluy&eacute;ndote a ti, por supuesto.&raquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; En cuanto dej&oacute; de ponerse el uniforme azul y de ir a la base, nuestro padre encontr&oacute; un trabajo de vendedor de coches Oldsmobile nuevos. Sent&iacute;a que era un vendedor nato. Su personalidad c&aacute;lida &ndash; alegre, acogedora, campechana, segura, locuaz &ndash; atraer&iacute;a a los desconocidos y le har&iacute;a f&aacute;cil lo que para otra gente era dif&iacute;cil. Los clientes confiar&iacute;an en &eacute;l porque era sure&ntilde;o, y a los sure&ntilde;os se les conoc&iacute;a por ser m&aacute;s pr&aacute;cticos y realistas que la gente callada del Oeste. El dinero empezar&iacute;a a entrar en cuanto acabara la temporada &aacute;lgida del modelo y entraran en escena los grandes descuentos que pulverizar&iacute;an los precios. En el trabajo &nbsp;le dieron un Oldsmobile Super-88 gris y rosa para que lo utilizara en las demostraciones, y que &eacute;l aparcaba enfrente de nuestra casa en First Avenue SW, donde hac&iacute;a adem&aacute;s su labor publicitaria.&nbsp; Nos llevaba a dar paseos en &eacute;l a Fairfield, hacia las monta&ntilde;as, y al este hacia Lewistown, y al sur en direcci&oacute;n a Helena. &laquo;Controles de orientaci&oacute;n e informativos&raquo;, llamaba a estas salidas exploratorias, aunque sab&iacute;a muy poco de cualquiera de los parajes de los alrededores, y en realidad muy poco de coches, si se exceptuaba conducirlos, que le encantaba. Pensaba que era f&aacute;cil para un oficial de la Fuerza A&eacute;rea conseguir un buen empleo, y que deber&iacute;a haberlo hecho nada m&aacute;s volver de la guerra. Habr&iacute;a prosperado bastante m&aacute;s en cualquier profesi&oacute;n civil.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con nuestro padre fuera de la Fuerza A&eacute;rea y con un trabajo normal y corriente, mi hermana y yo cre&iacute;mos que nuestra vida tal vez hab&iacute;a alcanzado al fin un equilibrio estable. Llev&aacute;bamos cuatro a&ntilde;os en Great Falls. Mi madre se desplazaba todos los d&iacute;as lectivos a la peque&ntilde;a poblaci&oacute;n de Fort Shaw, donde daba clases en pen&uacute;ltimo a&ntilde;o de primaria. Nunca hablaba de su trabajo, pero parec&iacute;a gustarle y a veces hablaba de otros profesores y comentaba que eran gente muy entregada a su tarea (aunque, aparte de eso, no parec&iacute;a sentir el menor inter&eacute;s por ellos y nunca quiso que vinieran a casa a visitarla, del mismo modo que nunca quiso que nos visitara gente de la base). Al final del verano me ve&iacute;a ya empezando en la Great Falls High School, donde sab&iacute;a que hab&iacute;a un club de ajedrez y una sociedad de debates, y donde tambi&eacute;n podr&iacute;a aprender lat&iacute;n, ya que era demasiado peque&ntilde;o y enclenque para practicar alg&uacute;n deporte; no me interesaba ninguno, de todas formas. Mi madre dec&iacute;a que esperaba que Berner y yo fu&eacute;ramos a la universidad, pero que tendr&iacute;a que ser gracias a nuestro propio talento, porque ellos nunca tendr&iacute;an el dinero suficiente. Aunque, dec&iacute;a, Berner ten&iacute;a ya una personalidad demasiado parecida a la suya para conseguirlo, y lo que tratar&iacute;a de hacer probablemente era casarse con alg&uacute;n chico con carrera. En una casa de empe&ntilde;os de Central Avenue encontr&oacute; varios banderines universitarios, y los colg&oacute; de nuestras paredes. Eran banderines que a otros j&oacute;venes se les hab&iacute;an quedado anticuados. En mi cuarto colg&oacute; los de Furman, Holy Cross y Baylor. Y en el de Berner los de Rutgers, Lehigh y Duquesne. Nosotros, por supuesto, no sab&iacute;amos nada de esas universidades, ni siquiera en qu&eacute; sitios estaban, aunque yo imaginaba muy bien c&oacute;mo eran: edificios de ladrillo viejo con &aacute;rboles frondosos, un r&iacute;o y un campanario.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para entonces Berner hab&iacute;a empezado a cambiar y ya no era tan f&aacute;cil llevarse bien con ella. No est&aacute;bamos en la misma clase desde primaria, porque se consideraba poco conveniente que los mellizos estuvieran juntos todo el tiempo, aunque nosotros siempre nos hab&iacute;amos ayudado con los deberes y nos hab&iacute;a ido muy bien. Ahora se pasaba mucho tiempo en su cuarto, leyendo revistas de cine que compraba en el Rexall, y obras como <em>Peyton Place </em>y <em>Bonjour tristesse</em>, que lograba traer a hurtadillas a casa de no se sabe d&oacute;nde. Contemplaba su pez en el acuario, y escuchaba m&uacute;sica en la radio, y no ten&iacute;a amigos, como yo tampoco los ten&iacute;a. A m&iacute; no me importaba no estar con ella y llevar una vida distinta, con mis propios intereses y pensamientos sobre el futuro. Berner y yo &eacute;ramos mellizos dicig&oacute;ticos &ndash; ella hab&iacute;a nacido seis minutos antes &ndash; y no nos parec&iacute;amos nada. Ella era una chica alta, huesuda, desma&ntilde;ada, toda llena de pecas &ndash; zurda, y yo diestro&ndash;, con verrugas en las manos, ojos verde gris &ndash; como nuestra madre y yo &ndash;, granos, cara plana y una barbilla peque&ntilde;a que no era bonita. El pelo lo ten&iacute;a casta&ntilde;o y &aacute;spero, con raya en medio, y la boca sensual &ndash; como la de nuestro padre&ndash;, y muy poco vello en otras partes del cuerpo &ndash; en piernas y brazos&ndash;, y casi nada de pecho, al igual que nuestra madre. Sol&iacute;a llevar pantalones, y encima un pichi que la hac&iacute;a parecer m&aacute;s grande de lo que era. A veces llevaba guantes de encaje blancos para taparse las manos. Tambi&eacute;n sufr&iacute;a de alergia, y llevaba en el bolsillo un inhalador Vicks, y en casa siempre ol&iacute;a a Vicks cuando te acercabas un poco a su cuarto. Mi hermana, para m&iacute;, era como una combinaci&oacute;n de nuestros padres: la estatura de mi padre y los rasgos de mi madre. A veces me sorprend&iacute;a pensando en Berner como un chico mayor que yo. Otras, deseaba que se pareciera m&aacute;s a m&iacute; para que as&iacute; fuera m&aacute;s amable conmigo, y pudi&eacute;ramos estar m&aacute;s unidos. Pero nunca quise parecerme a ella.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Yo, en cambio, era m&aacute;s peque&ntilde;o y esbelto, con pelo casta&ntilde;o y liso con raya a un lado, y piel suave con muy pocos granos; rasgos &laquo;bonitos&raquo;, m&aacute;s parecidos a los de nuestro padre, pero&nbsp; delicados como los de nuestra madre. Y me gustaba ser as&iacute;, lo mismo que me gustaba la forma en que nuestra madre me vest&iacute;a: pantalones caqui y camisas limpias y planchadas y zapatos Oxford del cat&aacute;logo de Sears. Nuestros padres hac&iacute;an bromas sobre Berner y sobre m&iacute; diciendo que ven&iacute;amos del lechero y del cartero, que &eacute;ramos &laquo;retales&raquo;. Aunque creo que s&oacute;lo se refer&iacute;an a Berner. En los &uacute;ltimos meses Berner se hab&iacute;a vuelto muy sensible acerca de su f&iacute;sico, se mostraba m&aacute;s descontenta con todo, como si algo le hubiera ido mal en la vida en un corto per&iacute;odo de tiempo. En mi recuerdo hab&iacute;a un tiempo en el que mi hermana hab&iacute;a sido una ni&ntilde;a corriente, feliz, guapa, con la cara llena de pecas, que ten&iacute;a una sonrisa maravillosa y que sab&iacute;a hacer muecas con las que nos hac&iacute;a re&iacute;r a todos. Pero ahora se mostraba esc&eacute;ptica respecto de la vida, lo cual le hac&iacute;a ser sarc&aacute;stica y muy diestra en poner de manifiesto mis defectos, pero sobre todo la hac&iacute;a parecer siempre enfadada. Ni siquiera le gustaba su nombre, a m&iacute; s&iacute;; me parec&iacute;a que la hac&iacute;a &uacute;nica.</p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando llevaba un mes vendiendo Oldsmobiles, mi padre se vio envuelto en un accidente de tr&aacute;fico menor &ndash; un choque por detr&aacute;s&ndash; en el coche con el que hac&iacute;a la demostraci&oacute;n &ndash; que conduc&iacute;a con exceso de velocidad&ndash;, y en la base con la que se supon&iacute;a que ya no ten&iacute;a nada que ver. Luego se puso a vender Dodges y trajo a casa un precioso Coronet marr&oacute;n y blanco de capota r&iacute;gida, con lo que hab&iacute;an dado en llamar &laquo;conducci&oacute;n de&nbsp; s&oacute;lo apretar un bot&oacute;n&raquo;, elevalunas el&eacute;ctricos y asientos giratorios, aletas de &uacute;ltima moda, luces traseras rojas y llamativas y antena larga y bamboleante. Aquel coche estuvo aparcado tambi&eacute;n enfrente de casa durante tres semanas. Berner y yo nos mont&aacute;bamos en &eacute;l y pon&iacute;amos la radio, y mi padre nos llevaba a dar paseos m&aacute;s a menudo; baj&aacute;bamos las cuatro ventanillas y dej&aacute;bamos que el aire nos entrara a raudales. En varias ocasiones nos llev&oacute; a la Senda de los Contrabandistas, donde nos dej&oacute; conducirlo, y nos ense&ntilde;&oacute; a ir marcha atr&aacute;s y a hacer girar las ruedas de forma correcta cuando patinaban en el hielo. Por desgracia</p>
<p>no vendi&oacute; ni un solo Dodge y lleg&oacute; a la conclusi&oacute;n de que un lugar como Great Falls &ndash; una ruda ciudad rural de tan s&oacute;lo cincuenta mil habitantes, rebosante de suecos frugales y de alemanes recelosos, y con s&oacute;lo un peque&ntilde;o porcentaje de gente adinerada dispuesta a gastarse el dinero en coches caprichosos &ndash; no era el m&aacute;s apropiado para que &eacute;l se dedicara a ese negocio. Se despidi&oacute;, pues, y consigui&oacute; un trabajo de vendedor de coches de segunda mano &ndash; los vend&iacute;a y los cambiaba &ndash; en una parcela cercana a la base. Los aviadores estaban siempre a la cuarta pregunta, divorci&aacute;ndose, con querellas, casados de nuevo, encarcelados y necesitados de dinero. As&iacute; que compraban y trocaban autom&oacute;viles casi a modo de moneda. Pod&iacute;a ganarse dinero estando en medio, una posici&oacute;n que a mi padre le gustaba. Adem&aacute;s, los pilotos y miembros de la Fuerza A&eacute;rea siempre se mostraban dispuestos a hacer tratos con un ex oficial, que entend&iacute;a su particular problem&aacute;tica y no los despreciaba en absoluto, como hac&iacute;an otras gentes de la ciudad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al final tampoco dur&oacute; en este trabajo. Aunque en dos o tres ocasiones nos llev&oacute; a Berner y a m&iacute; a la parcela de los coches para ense&ntilde;arnos c&oacute;mo era aquello. No hab&iacute;a nada que nosotros pudi&eacute;ramos hacer all&iacute; m&aacute;s que vagar por entre las hileras de coches, en aquella brisa caliente y aplastante, bajo las banderolas aleteantes y los intermitentes plateados, mirando el tr&aacute;fico de la base que discurr&iacute;a ante ellos desde los pasillos entre carrocer&iacute;as y carrocer&iacute;as que se achicharraban al sol de Montana. &laquo;Great Falls es una ciudad de coches usados, no de coches nuevos &raquo;, dec&iacute;a nuestro padre, con las manos en las caderas, en las escaleras de la peque&ntilde;a oficina de madera donde los vendedores esperaban a los clientes. &laquo;Los coches nuevos te convierten enseguida en un indigente. En cuanto sales de este aparcamiento con el coche has perdido mil d&oacute;lares.&raquo; Aproximadamente por estas fechas &ndash; finales de junio&ndash; dijo que estaba pensando en hacer un viaje a Dixie, a ver c&oacute;mo estaban all&iacute; las cosas, c&oacute;mo iban las cosas en aquella tierra de &laquo;laterales izquierdos&raquo;. Nuestra madre le dijo que aqu&eacute;l era un viaje que ten&iacute;a que hacer por su cuenta, sin llevarse a los ni&ntilde;os, y eso le molest&oacute; mucho. Y le dijo tambi&eacute;n que ella tampoco ten&iacute;a intenci&oacute;n de acercarse lo m&aacute;s m&iacute;nimo a Alabama. Mississippi hab&iacute;a sido suficiente. La situaci&oacute;n de los jud&iacute;os era incluso peor que la de los negros, que al menos eran de all&iacute;. En su opini&oacute;n, Montana era mucho mejor porque nadie sab&iacute;a siquiera lo que era un jud&iacute;o, lo cual zanjaba la discusi&oacute;n. La actitud de nuestra madre ante el hecho de ser jud&iacute;o era que a veces era una carga y otras algo que la distingu&iacute;a de los dem&aacute;s de un modo que ella juzgaba aceptable. Pero nunca era algo bueno en todos los aspectos. Berner y yo no sab&iacute;amos lo que era una persona jud&iacute;a, aparte de que nuestra madre lo era, lo cual, seg&uacute;n normas ancestrales, nos hac&iacute;a oficialmente jud&iacute;os, que era mejor que ser de Alabama. Nosotros deb&iacute;amos considerarnos &laquo;no practicantes&raquo; o &laquo;desarraigados &raquo;, nos dec&iacute;a. Ello significaba que celebr&aacute;bamos la Navidad y el D&iacute;a de Acci&oacute;n de Gracias y la Semana Santa y el Cuatro de Julio, y que no &iacute;bamos a la iglesia, lo cual estaba muy bien porque, de todas formas, no hab&iacute;a ninguna sinagoga en Great Falls. Alg&uacute;n d&iacute;a todo aquello quiz&aacute; tuviera alg&uacute;n sentido, pero en aquel momento no era el caso.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando nuestro padre estuvo intentando vender coches de segunda mano durante un mes, un d&iacute;a volvi&oacute; a casa con uno que se hab&iacute;a comprado para &eacute;l, cambi&aacute;ndolo por nuestro Mercury del 52. Era un Chevrolet Bel Air del 55 rojo y blanco, que hab&iacute;a comprado en el negocio de coches de segunda mano donde hab&iacute;a trabajado. &laquo;Un buen trato.&raquo; Dijo que ten&iacute;a pensado empezar un nuevo trabajo vendiendo granjas y ranchos, algo de lo que reconoci&oacute; no saber nada, pero se hab&iacute;a inscrito en un curso que iba a impartirse en el s&oacute;tano de la YMCA. Los otros hombres que estuvieran con &eacute;l en las clases le echar&iacute;an una mano. Su padre hab&iacute;a sido tasador de madera, as&iacute; que confiaba en tener buena mano para las cosas &laquo;de las tierras salvajes&raquo;; mejor, en todo caso, de la que ten&iacute;a para las cosas de ciudad. Adem&aacute;s, con la elecci&oacute;n de Kennedy en noviembre, se abr&iacute;a un per&iacute;odo de vacas gordas, y lo primero que la gente tendr&iacute;a ganas de hacer era comprar tierra. No se estaban haciendo muchas transacciones por la comarca, a pesar de que parec&iacute;a haber mucha tierra por vender en los alrededores. Los porcentajes de la venta de coches usados, seg&uacute;n supo, resultaban una miseria para todo el mundo menos para el patr&oacute;n. Dijo que no sab&iacute;a por qu&eacute; ten&iacute;a que ser el &uacute;ltimo en enterarse de aquellas cosas, y nuestra madre estuvo de acuerdo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mi hermana y yo, por supuesto, no lo sab&iacute;amos entonces, pero nuestros padres deb&iacute;an de haberse dado cuenta de que hab&iacute;an empezado a alejarse el uno del otro por aquella &eacute;poca &ndash; despu&eacute;s de que nuestro padre hubiera dejado la Fuerza A&eacute;rea y supuestamente se hubiera puesto a buscar un lugar para &eacute;l en el mundo &ndash;, y el hecho de darse cuenta de que se ve&iacute;an diferentes probablemente les hizo empezar a entender que sus diferencias no iban a menguar sino a hacerse m&aacute;s grandes. Todas las mudanzas intranquilas, congestionadas, tumultuosas, de base en base durante a&ntilde;os, teniendo que criar sobre la marcha a sus dos hijos, les hab&iacute;an permitido posponer la toma de conciencia de algo de lo que deb&iacute;an haber tenido conciencia desde el principio, probablemente m&aacute;s en el caso de ella que en el de &eacute;l: lo que al principio les hab&iacute;a parecido insignificante se hab&iacute;a convertido en algo que a ella, al menos, no le gustaba en absoluto. El optimismo de &eacute;l, el retraimiento esc&eacute;ptico de ella. Lo sure&ntilde;o en &eacute;l, lo jud&iacute;o emigrante en ella. La falta de educaci&oacute;n en &eacute;l, la preocupaci&oacute;n de ella a ese respecto, y su sentido de insatisfacci&oacute;n por no verse colmada en ese terreno. Cuando ambos se dieron cuenta de ello (o cuando ella se dio cuenta de ello) &ndash; reitero que fue despu&eacute;s de que mi padre aceptara licenciarse y que cambiara nuestra progresi&oacute;n hacia delante &ndash;, empezaron a experimentar una tensi&oacute;n y unos presagios distintos en cada uno de ellos, y en absoluto compartidos. (Esto qued&oacute; registrado en varias cosas que escribi&oacute; mi madre, y en su cr&oacute;nica.) Si hubieran permitido que las cosas siguieran la senda seguida por millares de otras vidas &ndash; la cotidiana senda que conduce normalmente a la separaci&oacute;n &ndash;, nuestra madre habr&iacute;a hecho las maletas y nos habr&iacute;a montado a Berner y a m&iacute; en el tren de Great Falls con destino a Tacoma, de donde ella era oriunda, a Nueva York o a Los &Aacute;ngeles. Si hubiera hecho tal cosa, los dos &ndash; cada uno por su lado &ndash; habr&iacute;an tenido una oportunidad de llevar una buena vida en el ancho mundo. Mi padre tal vez habr&iacute;a vuelto a la Fuerza A&eacute;rea, ya que dejarla hab&iacute;a sido un golpe duro para &eacute;l. Y podr&iacute;a haberse casado con alguien diferente. Mi madre, por su parte, podr&iacute;a haber vuelto a estudiar una vez Berner y yo hubi&eacute;ramos ido a la universidad. Podr&iacute;a haber escrito poes&iacute;a y seguido sus aspiraciones tempranas. El destino les habr&iacute;a repartido mejores cartas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin embargo, si quienes estuvieran contando esta historia fueran ellos, &eacute;sta ser&iacute;a l&oacute;gicamente diferente, y en ella ser&iacute;an los protagonistas de los acontecimientos por venir, y mi hermana y yo los espectadores, que es una de las cosas que los hijos son respecto de sus padres. El mundo no suele pensar que los atracadores de bancos pueden tener hijos, aunque muchos los tienen. Pero la historia de estos hijos &ndash; la de mi hermana y la m&iacute;a, en este caso &ndash; s&oacute;lo les incumbe a ellos calibrarla, desglosarla y juzgarla. A&ntilde;os despu&eacute;s, en la facultad, le&iacute; que el gran cr&iacute;tico Ruskin escribi&oacute; que la composici&oacute;n es la disposici&oacute;n de cosas desiguales. Lo que significa que el autor de la composici&oacute;n es quien determina qu&eacute; es igual a qu&eacute;, y qu&eacute; importa m&aacute;s y qu&eacute; es lo que puede dejarse a un lado del paso veloz de la vida hacia delante.</p>
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<p>(Fragmento del libro Canad&aacute;, de Richard Ford, publicado por la editorial Anagrama)</p>
<br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> Del sudeste de los Estados Unidos. <em>(N. del T.)</em></p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> . Personajes de radio y televisi&oacute;n muy populares de la &eacute;poca.</p>
<p><em>(N. del T.)</em></p>
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<div>
<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a> Rural Electrification Administration: plan del presidente Roosevelt para llevar la electricidad a las zonas rurales m&aacute;s aisladas y deprimidas. <em>(N. del T.)</em></p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 16 Feb 2015 07:34:30 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los cuadernos del naturalista]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/los-cuadernos-del-naturalista/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas15/Febrero/gustavomartinquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>La cartera vertiginosa</strong></p>
<p>Tambi&eacute;n hab&iacute;a habido un ingl&eacute;s. El idilio no dur&oacute; mucho, apenas diez d&iacute;as, y la ruptura volvi&oacute; a ser una decisi&oacute;n dolorosa, que la hizo sentir una vez m&aacute;s el car&aacute;cter ef&iacute;mero de sus afectos, la imposibilidad de cumplir alg&uacute;n d&iacute;a esos vagos ensue&ntilde;os de estabilidad sentimental que de hecho no dejaban de acompa&ntilde;arla. &ldquo;He nacido para ser amante&rdquo;, le dec&iacute;a, como d&aacute;ndole a entender que su vida amorosa s&oacute;lo pod&iacute;a consistir en esa entrega fulminante y ciega, en ese aturdimiento del coraz&oacute;n, y en esa tristeza no menos reiterada y feraz. Que todos sus amores estaban sujetos al capricho, al albur de los encuentros y de los d&iacute;as, que era como si viviera en un mundo m&oacute;vil, donde todo -como suced&iacute;a en los viajes en barco, en los cambios de turno de las f&aacute;bricas, en las p&aacute;ginas de los peri&oacute;dicos y en las competiciones ol&iacute;mpicas- se somet&iacute;a a esa mudanza inmisericorde de los seres y de las cosas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con el inglesito hab&iacute;a pasado eso mismo. Le hab&iacute;a acosado desde el primer momento, durante semanas, fascinada por su desamparo, por esa presencia dubitativa, esa confusa expectaci&oacute;n, tan propia de los hombres en tierras extra&ntilde;as, y finalmente, al lograr su prop&oacute;sito, todo se hab&iacute;a revelado un fracaso m&aacute;s. Tal vez por eso le hab&iacute;a quedado una terrible propensi&oacute;n a meterse con &eacute;l. A adoptar posturas de desaf&iacute;o, de estricta venganza, como si a&uacute;n le estuviera reprochando el que ese amor hubiera venido a coincidir con los otros, la sinraz&oacute;n a que se hab&iacute;an visto reducidos de nuevo todos sus sue&ntilde;os.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un d&iacute;a le conoci&oacute; en un bar. Estaban juntos y ella se levant&oacute; de la mesa para saludarle. La mir&oacute; largamente mientras lo hac&iacute;a. Le gustaba preguntarse por ese misterio de su presencia tan real. El misterio de su adaptabilidad, de esa capacidad tan suya para moverse por aquellos lugares, como si fueran su medio natural, y a la vez el de su extra&ntilde;eza, el sentimiento de que s&oacute;lo estaba all&iacute; de paso, prepar&aacute;ndose para otra cosa, de que no pod&iacute;a saberse qui&eacute;n era de verdad, lo que hac&iacute;a all&iacute;, cu&aacute;les eran sus verdaderos deseos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al volver a su lado ella se lo dijo. &ldquo;Es el inglesito&rdquo;. Le observ&oacute; atentamente y no le gust&oacute;. Le pareci&oacute; afectado, levemente hist&eacute;rico, con ese calculado desarreglo que siempre le hab&iacute;a parecido un signo de mediocridad. Naturalmente, celoso como estaba de su presencia, no se call&oacute; lo que pensaba. Ella se limit&oacute; a encogerse de hombros, levemente ofendida, como poniendo en duda que &eacute;l pudiera opinar en una materia en la que indudablemente le faltaba experiencia. De pronto, y se&ntilde;al&aacute;ndole el grupo de chicas que le acompa&ntilde;aba, cuatro o cinco, que efectivamente le miraban y segu&iacute;an embelesadas sus bromas, como un peque&ntilde;o gallinero port&aacute;til, sentenci&oacute; displicente. &ldquo;Pues arrasa&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luego empez&oacute; a verle. No viv&iacute;a muy lejos de su casa, y se le encontraba con frecuencia, llevando una larga gabardina y una cartera de cuero. Se desplazaba a una velocidad prodigiosa, dando peque&ntilde;os saltitos, adelgaz&aacute;ndose en sus movimientos, como si de un momento a otro, y a trav&eacute;s de una de esas fisuras en el continuo espacio-tiempo a que eran tan proclives los escritores de ciencia ficci&oacute;n, fuera a abandonar esa calle, la ciudad en que estaban, ante sus ojos alucinados. Entonces empez&oacute; a inquietarle. Su delgadez, su disposici&oacute;n al salto, su cara afilada y sus movimientos veloces y suaves como los galgos, le parecieron due&ntilde;os de un inequ&iacute;voco encanto, de su hermosura fatal, algo c&oacute;mica, que le obligaba a dejarlo todo en suspenso para mejor contemplarla. &iquest;Por qu&eacute; iba siempre a aquella velocidad, qu&eacute; llevaba en aquella sempiterna cartera? &iquest;Tal vez algo relacionado con sus amantes, con ella tambi&eacute;n, puesto que hab&iacute;a formado parte de esa secreta congregaci&oacute;n?. Perturbado por estos encuentros lleg&oacute; a tener hasta una fantas&iacute;a homicida. Le esperaba en uno de los portales de la calle armado con una escopeta, y tan pronto le ve&iacute;a aparecer disparaba sus dos cartuchos con la ciega determinaci&oacute;n con que lo hac&iacute;an los cazadores ante las apariciones s&uacute;bitas de las liebres, de las codornices, de las gallinitas de agua.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero aun en esa fantas&iacute;a el rumano le segu&iacute;a venciendo. Le ve&iacute;a caer al suelo tras el disparo, desarmarse como los cestitos de mimbre mal trenzados, como las varillas de los paraguas, pero s&oacute;lo para seguir corriendo en todas las direcciones al conjuro de su velocidad. Era como esos esqueletos que en las barracas de feria se dispersan ante un redoble de tambor, pero cuyos huesos sigue viviendo y agit&aacute;ndose por su cuenta sin que parezca afectarles para nada la disgregaci&oacute;n del conjunto. Se agrupaba metros m&aacute;s adelante, como esos mismos esqueletos fosforescentes, lleno de j&uacute;bilo, obstinado en su loco existir, recuperando con su unidad aquella cartera no menos vertiginosa en la que guardaba el secreto -tal vez- de ese coraz&oacute;n que a &eacute;l siempre le negar&iacute;a sus m&aacute;s decisivas dulzuras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La viajera</strong></p>
<p>&iexcl; Cu&aacute;ntos viajes!. En s&oacute;lo dos meses hab&iacute;a ido a Biarritz (con el portuguesito), a Burgo de Osma, a Par&iacute;s (donde se hab&iacute;a hecho amiga de un japon&eacute;s, y de un negrito africano), y lo ten&iacute;a todo dispuesto para pasar ese fin de semana en Oviedo, en compa&ntilde;&iacute;a del Hombre del Gato. Por si esto fuera poco ya ten&iacute;a preparado un viaje a Praga durante las Navidades, y no dejaba de hablar de un largo recorrido que al menos durar&iacute;a dos de los meses del verano, y en que pensaba conocer M&eacute;xico. Esa pasi&oacute;n por el viaje era sin duda una de las grandes inclinaciones de su vida, y uno de los temas recurrentes de su conversaci&oacute;n, en la que una y otra vez volv&iacute;a a referirse a los itinerarios que hab&iacute;a hecho, o a los que no dejaba de proyectar, como si nada existiera m&aacute;s importante para ella que ese continuo exponerse, esa b&uacute;squeda impostergable que le llevaba de un lugar a otro como arrastrada por corrientes impetuosas, por s&uacute;bitos huracanes de desasosiego. &ldquo;Eres la mujer bala&rdquo;, le dec&iacute;a &eacute;l, que no pod&iacute;a dejar de sentir un inequ&iacute;voco pavor cuando ella se dispon&iacute;a para una nueva salida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un d&iacute;a le acompa&ntilde;&oacute; en los instantes que preced&iacute;an a una de esas salidas. El tren part&iacute;a a las doce de la noche, y fueron a su casa para terminar de preparar el equipaje. Un peque&ntilde;o bolso de playa en el que meti&oacute; un pantal&oacute;n vaquero y dos libros, y que ella se colg&oacute; al hombro con la naturalidad no del que se dispone a recorrer cientos de kil&oacute;metros, sino a cruzar simplemente el pasillo que le separa del cuarto de aseo. Antes de salir puso un disco. La m&uacute;sica llenaba el espacio de una dolorosa melancol&iacute;a, y se abrazaron durante unos minutos. &iexcl;C&oacute;mo le habr&iacute;a gustado retenerla contra su pecho, decirle que se quedara con &eacute;l, que el porvenir del amor depend&iacute;a de la quietud y el silencio de los amantes, y que estando juntos ninguno de aquellos viajes era ya imprescindible!. Las calles brillaban con la lluvia, que acababa de caer, y en su paseo hasta la estaci&oacute;n fueron pasando bajo las farolas como por una explanada llena de delicadas hogueras. &ldquo;La ciudad a la que vas, le dijo, no puede ser m&aacute;s hermosa que esta&rdquo;. Pero ella se limit&oacute; a sonre&iacute;rle desatenta, mirando nerviosa su reloj de pulsera, como temiendo que la hora de salida del tren pudiera precipitarse bruscamente e ir a perder por un descuido la ocasi&oacute;n del viaje.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Yo s&oacute;lo soy del aire, le dec&iacute;a ella a menudo. Cualquiera puede llevarme consigo&rdquo;. Y &eacute;l la miraba con ojos agrandados por el espanto, temiendo que uno de esos viajes fuera a ser el definitivo y que ya no volviera nunca, o que lo hiciera due&ntilde;a de una vida secreta, aficionada a otras palabras, u otras costumbres (tal vez llenas de ferocidad, o de dulzuras incomprensibles que &eacute;l no supiera satisfacer), como dec&iacute;an que los antiguos comerciantes lo hac&iacute;an a las remotas especias, las sedas o los animales de las ciudades que dejaban atr&aacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Viv&iacute;a con ese temor, el de perderla para siempre. No s&oacute;lo cuando viajaba, sino all&iacute; mismo en la ciudad detenida, donde ella segu&iacute;a conservando esas actitudes veloces, ese &iacute;mpetu que le acomet&iacute;a antes de viajar. Sus encuentros se daban por eso con ese sobresalto, con esos quiebros inesperados, como si siempre estuviera corriendo hacia el pr&oacute;ximo tren, como si la esperara el sue&ntilde;o de una nueva aventura, y no pudiera postergar por m&aacute;s tiempo el momento de su inicio. Aparec&iacute;a como las bandadas de p&aacute;jaros, como los bancos de peces, y al momento ya se hab&iacute;a ido de su lado dejando diseminadas a su alrededor las provincias dispersas de su alma, como el mapa ya gastado de uno de sus viajes. Era -pensaba &eacute;l- como esos ni&ntilde;os que se ven llegar a toda carrera, que se detienen ante el escaparate encendido y que al instante, burlando el cerco de la memoria, la invisibilidad vibrante de los pensamientos, el tam-tam mon&oacute;tono del coraz&oacute;n en celo, vuelven a alejarse veloces y resplandecientes, dejando apenas en la deslumbrada retina la forma dolorosa de su fuga.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La parsimoniosa</strong></p>
<p>Pero no, sus movimientos no ten&iacute;an siempre esa velocidad s&uacute;bita, esa urgencia inmisericorde del deseoso. No siempre estaba corriendo hacia esos horizontes que como el Polo Sur, las islas de la Polinesia, la Amazon&iacute;a, o el Desierto Interminable, hab&iacute;an constituido el objetivo preferente de los viajeros de todos los tiempos. Aun en esos instantes, los de preparaci&oacute;n del viaje, y en medio de la loca excitaci&oacute;n, hab&iacute;a otra en ella. Una otra lenta, parsimoniosa, que pod&iacute;a hacerse presente en un simple gesto, en una palabra dicha al voleo por lo precipitada. Que creaba al surgir un &aacute;mbito de silencio, de contenida expectaci&oacute;n, dejando en suspenso todos aquellos preparativos, y que parec&iacute;a contener las promesas de una aventura a&uacute;n m&aacute;s decisiva que la otra. Un simple gesto, el ir a tomar un libro, un objeto cualquiera, y en el que la mano se demoraba por unos instantes eternos, como olvidada de por qu&eacute; se hab&iacute;a extendido; una simple expresi&oacute;n dicha al azar, bastaban para dejar en suspenso, desnaturalizada, aquella actividad febril de la viajera. Cuando se deten&iacute;a ante algo que sin embargo no pensaba llevar consigo, cuando se volv&iacute;a hacia &eacute;l como arrebatada por una premonici&oacute;n dolorosa, cuando al pasar a su lado tend&iacute;a la mano para tocarle s&oacute;lo un instante, como si las yemas de sus dedos segregaran el m&aacute;s poderoso de los venenos y tuviera miedo que de prolongar ese contacto &eacute;l pudiera morir. Todos sus gestos estaban dictados entonces por la atenci&oacute;n m&aacute;s extrema, conten&iacute;an la c&aacute;lida y rotunda afirmaci&oacute;n de aquello a lo que se dirig&iacute;an. En la una, la viajera, la actividad parec&iacute;a preexistir a su objeto, como la sed preexist&iacute;a al deseo del agua que habr&iacute;a de beberse, o la voluptuosidad al cuerpo ignorante que habr&iacute;a de satisfacerla; en la otra no deberse al deseo mismo, aunque m&aacute;s tarde habr&iacute;an de surgir de ella todos los deseos que exist&iacute;an, sino el decidido prop&oacute;sito de ocuparse de aquel o aquello que la reclamaba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;La sembradora&rdquo;, pensaba &eacute;l. Y era en verdad como si al tiempo que se mov&iacute;a en pos de ese algo o alguien fuera dejando caer peque&ntilde;as porciones de s&iacute; misma, en una siembre no deliberada pero luminosa y tenaz. Como si lo hiciera sin darse cuenta, en un estado pueril de conciencia que recordaba el de las muchachas hipnotizadas. Pendiente siempre de esa otra voluntad que la ordenaba lo que ten&iacute;a que hacer, una voluntad que no estaba fuera de los seres o de las cosas sino que surg&iacute;a de ellos como un fen&oacute;meno extremo de la atenci&oacute;n que se les deb&iacute;a, que suscitaba el deseo de entregarse y descansar del peso de vivir sobre s&iacute;. Una voluntad previa al deseo mismo, que sin embargo nac&iacute;a lento e irremediable de cada uno de sus actos, como la planta lo hace de la simiente, o el paisaje del sue&ntilde;o del existir diurno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;Con qu&eacute; cuidado se mov&iacute;a entonces para que esos estados se prolongaran, duraran infinitamente, para que no se despertara jam&aacute;s! &iexcl;C&oacute;mo sent&iacute;a sin embargo en el coraz&oacute;n mismo de ese delirio que eso no era posible, que tampoco entonces la pertenec&iacute;a, y que esas tareas a las que se entregaba no ten&iacute;an que ver con su amor!. Que tambi&eacute;n en esos instantes iba s&oacute;lo a lo suyo, de tr&aacute;nsito, y que, como a las reinas las atenciones de sus sirvientes, pod&iacute;a llegar a fastidiarla una solicitud excesiva que tratara de distraerla de sus verdaderos pensamientos. Que a la postre, y a la pregunta de d&oacute;nde la gustar&iacute;a vivir, tambi&eacute;n ella habr&iacute;a podido responder lo que la viajera, pues que ambas s&oacute;lo buscaban escuchar y extra&ntilde;arse. No pensar en el ma&ntilde;ana, descubrir el acceso a esas &iacute;nsulas extra&ntilde;as donde nadie hab&iacute;a ido desde la creaci&oacute;n del mundo, de donde no se pod&iacute;a volver.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 16 Feb 2015 07:30:19 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una cumbre formal y estilística]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-cumbre-formal-y-estilistica/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2015/josemanuelcaballeroquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>La concesi&oacute;n de un premio de la relevancia del Cervantes de las Letras lleva aparejada la publicaci&oacute;n de un sinf&iacute;n de ensayos y antolog&iacute;as que actualizan la figura del autor galardonado, autor al que, en ocasiones, se le rescata del olvido y, en otras, se le difunde m&aacute;s all&aacute; de la dimensi&oacute;n geograf&iacute;a de la que procede. El caso de Caballero Bonald no se ajusta a ninguna de estas premisas porque goza de una innegable presencia en ambas orillas del Atl&aacute;ntico, plenamente justificada por la envergadura de su obra literaria y, tambi&eacute;n, por las peri&oacute;dicas entregas po&eacute;ticas de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, a&ntilde;os en los que ha abandonado otras facetas de su quehacer literario para centrarse casi exclusivamente en la escritura po&eacute;tica. Pero el hecho de publicar con determinada regularidad no garantiza por s&iacute; s&oacute;lo que el autor se vea favorecido por un consenso cr&iacute;tico y lector. Una reputaci&oacute;n consolidada se fragua a lo largo de una trayectoria impecable, y los &uacute;ltimos poemarios de Caballero Bonald &mdash;los que se insertan seg&uacute;n el poeta y profesor Juan Carlos Abril, editor de esta antolog&iacute;a, en una cuarta etapa creativa, en la cual las &ldquo;Lamentaciones por el irreparable paso del tiempo&rdquo; y la insumisi&oacute;n contra las injusticias de car&aacute;cter tanto &eacute;tico como social se han convertido en el fundamento de su escritura&mdash;&nbsp; no han hecho m&aacute;s que fortalecerla y, si cabe, incrementarla, porque sus versos y sus declaraciones p&uacute;blicas se han convertido en denuncias y amonestaciones que gozan de gran predicamento en una buena parte de sus lectores.&nbsp; No insin&uacute;o que Caballero Bonald se haya convertido en una especie de profeta capaz de aleccionar a los ac&oacute;litos, pero s&iacute; he de se&ntilde;alar que las exhortaciones tan frecuentes en su poes&iacute;a &uacute;ltima han calado hondo en una sociedad devastada por la ignominia y la falta de escr&uacute;pulos de una gran parte de los pol&iacute;ticos que la gobiernan.&nbsp; No, Caballero Bonald es un ejemplo de coherencia y honradez intelectual, porque, y no es m&eacute;rito menor, debo resaltar que esa voz que revela la indignaci&oacute;n de un hombre mayor, pero l&uacute;cidamente insurgente, no se ha estancado en una prosodia acomodaticia, bien al contrario, el autor ha seguido indagando en los arcones de su amplia tradici&oacute;n po&eacute;tica, hasta el punto de que su &uacute;ltimo libro, <em>Entreguerras o De la naturaleza de las cosas</em>, como se&ntilde;ala con acierto Abril en los p&aacute;rrafos finales de la &laquo;Introducci&oacute;n&raquo;: &ldquo;Vuelve a visitar sus temas y lugares predilectos bajo el flujo y reflujo del vanguardismo, que nunca hasta ahora hab&iacute;a usado de manera exenta. Esta obra es ciertamente una cumbre formal y estil&iacute;stica&rdquo;. De no muchos poetas, pasados los ochenta a&ntilde;os, se puede hacer una afirmaci&oacute;n tan contundente y certera.</p>
<p><em>Marcas y soliloquios de Jos&eacute; Manuel Caballero Bonald</em> abarca sesenta a&ntilde;os de creaci&oacute;n po&eacute;tica, en los cuales ha publicado once libros de poes&iacute;a. Desde su primer libro, <em>Las adivinaciones</em>, publicado en 1952, del que un generoso Gerardo Diego, siempre al tanto de la actualidad po&eacute;tica, se ocup&oacute; en una ponderativa rese&ntilde;a, hasta <em>Entreguerras</em> <em>o De la naturaleza de las cosas</em> publicado el pasado a&ntilde;o, pero del que a&uacute;n tardar&aacute;n mucho en apagarse sus ecos, del que se incluye un extenso fragmento. Dentro de este arco temporal se ha sucedido, con arbitraria frecuencia, la publicaci&oacute;n de toda la obra, no s&oacute;lo po&eacute;tica, sino ensay&iacute;stica, novel&iacute;stica y memorialista, tal es el multifac&eacute;tico espectro creativo de uno de los maestros m&aacute;s vigorosos de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola actual y, lo afirmo sin temor a equivocarme, futura.</p>
<p>Cuatro son los ciclos en los que divide Abril la poes&iacute;a de Caballero Bonald: El primero, caracterizado por una mezcla de metaf&iacute;sica con la indagaci&oacute;n metapo&eacute;tica est&aacute; constituido por <em>Las adivinaciones</em> (1952), <em>Memorias de poco tiempo</em> (1954) y <em>Anteo</em> (1956); en el segundo predominan la &laquo;problem&aacute;tica existencial: individual/social&raquo; y est&aacute; integrado por <em>Las horas muertas </em>(1959) y <em>Pliegos de cordel</em> (1963). Conviene aclarar que estos compartimentaci&oacute;n no es estanca ni los cambios de ciclo son concluyentes, tal y como se&ntilde;ala Abril, &laquo;responden a est&iacute;mulos creativos, y no son monol&oacute;gicos sino que dialogan entre s&iacute;, presentan contradicciones y trasvases&raquo;. El tercer ciclo es un laberinto vital y literario y lo componen los libros <em>Descr&eacute;dito del h&eacute;roe</em> (1977) y <em>Laberinto de fortuna</em> (1984).&nbsp; El protagonista de ambos poemarios es un hombre acuciado por el desencanto que encuentra en la escritura la &uacute;nica esperanza de redenci&oacute;n, esperanza muchas veces truncada por la ineficacia del lenguaje. La cuarta y &uacute;ltima etapa, el ciclo de Arg&oacute;nida, est&aacute; integrada por <em>Diario de Arg&oacute;nida</em> (1977), <em>Manual de infractores</em> (2005), <em>La noche no tiene paredes</em> (2009) y <em>Entreguerras o De la naturaleza de las cosas</em> (2012), aunque quiz&aacute; estos tres &uacute;ltimos t&iacute;tulos se puedan agrupar en una subdivisi&oacute;n marcada por un compromiso m&aacute;s acusado con la realidad, una reinterpretaci&oacute;n de esa realidad tambi&eacute;n de car&aacute;cter est&eacute;tico, como en sus libros anteriores, pero ahora m&aacute;s influida por un descr&eacute;dito de las ideolog&iacute;as y una mirada nada complaciente del mundo en el que habita. El propio autor ratifica esta idea cuando certifica: &laquo; Yo nunca he escrito tan cerca en el tiempo como con los tres &uacute;ltimos libros. Antes tardaba diez, doce a&ntilde;os entre uno y otro. Ahora ha habido un fervor inusitado, una especie de energ&iacute;a que me vino por el miedo a la desmemoria. Me vino de pronto este deseo de ir contando las cosas sin pararme a pensar que me faltaba energ&iacute;a, que la poes&iacute;a es un g&eacute;nero juvenil y que yo era muy viejo para hacer poes&iacute;a&raquo;. Ese devoci&oacute;n por el lenguaje, esa b&uacute;squeda de la definici&oacute;n m&aacute;s rigurosa se puede reconocer en cualquiera de los libros de Caballero Bonald, quien, tal vez hastiado de tanta inmoralidad p&uacute;blica, afirma en una reciente entrevista, realizada por Juan Cruz, que&nbsp; &laquo;La vida de un hombre debe ser limitada [&hellip;] Escribo alg&uacute;n que otro poema, claro, pero no m&aacute;s [&hellip;] Adem&aacute;s, ya he escrito suficiente&raquo;.</p>
<p>Como otros muchos escritores, Caballero Bonald confiesa que se hizo escritor porque ley&oacute; &laquo;primero a unos escritores que me emocionaron, que me abrieron un camino. Sin esas lecturas previas, estoy seguro que no me habr&iacute;a dedicado a cultivar la literatura. Y adem&aacute;s, el hecho de haber sido un lector constante a lo largo de los a&ntilde;os, tambi&eacute;n me ha servido para ir calibrando la natural evoluci&oacute;n de mis gustos est&eacute;ticos&raquo;. Esta antolog&iacute;a que la editorial Pre-Textos pone ahora en nuestras manos permitir&aacute; tambi&eacute;n, a aquellos lectores que se adentren en su lectura, comprobar la evoluci&oacute;n est&eacute;tica y el compromiso moral de un hombre que, m&aacute;s all&aacute; de la subordinaci&oacute;n de la experiencia vital al lenguaje del poema, se resiste a permanecer callado, a seguir la ortodoxia corporativa. Es, y en su poes&iacute;a podemos comprobarlo, un insumiso, un modesto disidente, sin altaner&iacute;as ni estridencias, que m&aacute;s que buscar la absoluci&oacute;n en la historia o en la literatura, persigue la transformaci&oacute;n de un presente que le mortifica. A &eacute;l, como a tantos, a pesar de que, como reconoce el poeta, &laquo; A mi edad, el futuro es muy exiguo. Tengo mucho pasado por delante y el futuro se acorta. Mi sensaci&oacute;n ahora es de fin de trayecto, de escepticismo, de estar en un punto en que ya nada vale mucho la pena. El futuro es una pared vac&iacute;a, la meditaci&oacute;n ante el muro, que es casi el t&iacute;tulo de un libro que ya no escribir&eacute;&raquo;.</p>
<p class="b01textogeneralutopiasangrado">&nbsp;</p>
<p><em>Marcas y soliloquios</em>. Jos&eacute; Manuel Caballero Bonald. Edici&oacute;n de Juan Carlos Abril. Valencia, Pre-Textos, 2013.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 09 Feb 2015 11:36:28 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bienvenidos al hotel Wallace]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/bienvenidos-al-hotel-wallace/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2015/davidfosterquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>La recepci&oacute;n cr&iacute;tica de la obra de David Foster Wallace en Espa&ntilde;a es un caso de anacron&iacute;a hermen&eacute;utica. Rese&ntilde;ar hoy <em>La escoba del sistema</em> como una &ldquo;novedad&rdquo; contraviene las leyes de la linealidad interpretativa y obliga a narrativizar la producci&oacute;n literaria de Wallace en una analepsis anal&iacute;tica que no solo altera la secuencia cronol&oacute;gica, sino que desbarata la c&oacute;moda y tradicional lectura causa-efecto y de acumulaci&oacute;n y/o superaci&oacute;n de criterios y t&eacute;cnicas. El lector (en) espa&ntilde;ol de DFW, que ya hab&iacute;a pasado por los ensayos y opiniones, por los relatos, por las novelas &eacute;ditas, in&eacute;ditas, infinitas, p&aacute;lidas y p&oacute;stumas, llega ahora al origen de todo, al <em>big bang</em> creativo de una propuesta narrativa, est&eacute;tica, filos&oacute;fica y vital cuyo alcance a&uacute;n no atisbamos a divisar. Porque, claro, cuando despertamos, <em>La escoba del sistema</em> YA estaba all&iacute;. La &eacute;poca -1987- en la que Wallace clamaba en el desierto: &ldquo;La narrativa o mueve monta&ntilde;as o es aburrida; o mueve monta&ntilde;as o se sienta sobre su propio culo&rdquo;.</p>
<p>Novela escrita entre 1984 y 1985 como tesis en el Amherst College, <em>La escoba del sistema</em>, queda definida por su jovenc&iacute;simo autor en la primera carta (escrita a m&aacute;quina, firmada en may&uacute;sculas: Wallace siempre parece escribir en may&uacute;sculas) dirigida a su futuro agente literario, Fred Hill: &ldquo;He sido informado por personas entendidas de que (&hellip;) no es solamente entretenida y vendible, sino verdaderamente buena&rdquo;. Entretenida, vendible, verdaderamente buena. No es hora ya, lo sabemos hace tiempo, de sacralizar la opini&oacute;n que sobre su obra tiene el autor (est&eacute; muerto, como dec&iacute;a Barthes o est&eacute; de parranda, como rumbeaba Peret en <em>El muerto vivo</em>). Pero s&iacute; llama la atenci&oacute;n c&oacute;mo publicita Wallace su primera novela, qu&eacute; atributos&nbsp; le concede, c&oacute;mo conjuga criterios est&eacute;ticos o intr&iacute;nsecos dif&iacute;cilmente mensurables por su indefinici&oacute;n esencialista (&ldquo;verdaderamente buena&rdquo;) con otros criterios (&ldquo;entretenida&rdquo;, &ldquo;vendible&rdquo;) que parecen aplicarse mejor a otros productos culturales: el mercado, ya se sabe. Pero as&iacute; era el joven Wallace. Alguien a quien nos imagin&aacute;bamos &ndash;ahora lo sabemos por su biograf&iacute;a- debati&eacute;ndose entre la ficci&oacute;n y la investigaci&oacute;n, entre la novela y la filosof&iacute;a, entre la creaci&oacute;n y la l&oacute;gica matem&aacute;tica; alguien excesivo en todo, en los argumentos y en la sintaxis, en la interiorizaci&oacute;n y en el mundo (y en los demonios y en la carne); alguien obsesivo con el lenguaje y que puso palabras a las obsesiones; alguien fascinado por las im&aacute;genes, n&aacute;ufrago ante el televisor, deudor de la publicidad, devoto del consumo y de las conspiraciones, cl&aacute;sico, moderno, t&eacute;cnicamente superdotado, <em>wonder boy</em>. Y todo ello est&aacute; en <em>La escoba del sistema</em>. La imaginaci&oacute;n apabullante, inmoderada, deslumbrante. El estrafalario elenco de personajes, con sus nombres alusivos: Proctor, Biff Diggerence, Metalman, Sealander, Spaniard, Vigorous, Splitstoeser, Neil Obstat, Foamwhistle, Bombardini, la cacat&uacute;a Vlad el Empalador (pajarraco malhablado y soez convertido en vocero de Dios). El inaudito muestrario de espacios abiertos y cerrados: el Gran Ohio Des&eacute;rtico &ndash;GOD- creado artificialmente; la centralita telef&oacute;nica siempre al borde del colapso, siempre confundiendo las llamadas; la residencia de donde escapan los ancianos encabezados por la siempre presente y siempre ausente bisabuela Lenore: mismo nombre, misma b&uacute;squeda. La entr&oacute;pica amalgama de relatos adictivos (de adictos, sobre adicciones, adictivos para el lector), directos (a veces sin que sepamos qui&eacute;n es el autor), indirectos (las delirantes conversaciones con el psiquiatra, a&uacute;n m&aacute;s desquiciado que sus pacientes), intercalados (Rick se justifica, se reivindica, contando historias, y as&iacute; trata de anular su impotencia sexual: moderna Sherezade, si sigue contando&nbsp; historias en la cama, en el coche, en el desierto, no morir&aacute;, o impedir&aacute; que su chica se vaya con otro). La b&uacute;squeda de la abuela Lenore es un gigantesco <em>macguffin</em> que nos trae y nos lleva por la filosof&iacute;a de Wittgenstein, por la compleja sacralizaci&oacute;n del marketing, por las endemoniadas relaciones familiares (la figura paterna, el hermano Anticristo), por la casualidad extrema travestida en l&oacute;gica l&uacute;dica. Como si Pynchon hubiera decidido crear una opereta bufa y demostrar que conoce todas, todas, todas, las t&eacute;cnicas narrativas descubiertas hasta el momento. Una macedonia de frutas que cuando amenaza con empalagar con el alm&iacute;bar, se rebaja con un toque de licor que raspa en la garganta.</p>
<p>Es imposible leer <em>ahora</em> <em>La escoba del sistema</em> sin hacer proyecciones de futuro que, parad&oacute;jicamente, ya hemos visto cumplidas. Al leer esta novela, intuimos que aqu&iacute; estaba todo Wallace. Estaba todo, pero faltaba mucho. El mismo dijo en 1987. &ldquo;El camino es largo y duro. Escribir es lento y dif&iacute;cil. Tengo la esperanza de que nada de lo que he hecho hasta ahora me impida seguir mejorando. Esperemos no tener cincuenta y cinco a&ntilde;os y estar haciendo lo mismo&rdquo;. No hay moraleja en esta historia.- JAVIER GARC&Iacute;A RODR&Iacute;GUEZ.</p>
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<p>David Foster Wallace, <em>La escoba del sistema</em>, traducci&oacute;n de Jos&eacute; Luis Amores, M&aacute;laga, P&aacute;lido Fuego, 2013.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 09 Feb 2015 11:34:34 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[César Simón: una mirada sentimental hacia la vida]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/cesar-simo-una-mirada-sentimental-hacia-la-vida/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2015/cesarsimonquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle"><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp; C&eacute;sar Sim&oacute;n naci&oacute; en 1932 en Valencia, pero pas&oacute; su primera infancia en Villar del Arzobispo, localidad a la que pertenec&iacute;a su familia materna.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su padre fue Manuel Sim&oacute;n Berenguer y su madre Carmen Gordo. A la madre de C&eacute;sar se le ofreci&oacute; la posibilidad, cuando las tropas republicanas salieron de Villar del Arzobispo, de mandar al ni&ntilde;o a Rusia, pero su madre se neg&oacute;.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Fue un ni&ntilde;o abocado a las letras, un hombre persuadido por el esp&iacute;ritu del lenguaje, por la belleza de las palabras. Estudi&oacute; en Las Escuelas P&iacute;as, primero, luego, en la Academia Castellanos y, por &uacute;ltimo, en los Hermanos Maristas.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Conoci&oacute;, en 1948, cuando C&eacute;sar ten&iacute;a diecis&eacute;is a&ntilde;os, a su primo Juan Gil-Albert, el cual volv&iacute;a del exilio. Su figura y su talento fueron ya influencias decisivas a lo largo de su vida. Gracias a Gil-Albert, conoci&oacute; el joven poeta valenciano a Jaume Vidal, Xavier Casp, Pedro de Valencia, Genaro Lahuerta y Ram&oacute;n Gaya, entre otros.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Establece contacto con la hermana de Gil-Albert, Tina, madre de la que ser&aacute; m&aacute;s tarde su mujer, Elena. Tambi&eacute;n conoci&oacute; a Feli L&oacute;pez, ama de llaves de la familia Gil-Albert, por la que sinti&oacute; un gran cari&ntilde;o.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Todo este repaso biogr&aacute;fico es necesario para entender que la figura y el pensamiento de C&eacute;sar Sim&oacute;n estuvo marcada por una infancia donde se desarroll&oacute; la Guerra Civil, por una juventud donde conoci&oacute; a un gran escritor, de su estirpe familiar, el cual marc&oacute; decisivamente la trayectoria de su obra.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Todo ello, sirve para entender la hondura de la voz del poeta valenciano, uno de los de mayor talento y de pensamiento m&aacute;s profundo de su generaci&oacute;n.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Fue un hombre de gran sentimentalismo, un ser de mirada verdadera y un esp&iacute;ritu reflexivo. Sobre su obra gravitan temas esenciales como el paso del tiempo, la muerte, el amor ef&iacute;mero, el fracaso de la comunicaci&oacute;n con el otro, la conciencia como fatalidad en la vida del hombre, etc.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De sus a&ntilde;os de profesor de Instituto le quedaron amigos como Arcadio L&oacute;pez Casanova y Pepe Mas, entre otros. De su experiencia docente en la Universidad de Valencia naci&oacute; su gran amistad con profesores y poetas de la talla de Pedro J. de la Pe&ntilde;a, Jenaro Talens y Guillermo Carnero.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como podemos observar, el mundo de C&eacute;sar Sim&oacute;n estaba lleno de referencias art&iacute;sticas, envuelto en una atm&oacute;sfera de creaci&oacute;n.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para Guillermo Carnero, el ensimismamiento es un tema clave en el poeta valenciano (en mi opini&oacute;n, fue un tema que le persigui&oacute; toda su vida). Lo dice en el n&uacute;mero de El Mono-Gr&aacute;fico dedicado a &eacute;l: &ldquo;Ese ensimismamiento era la manifestaci&oacute;n externa de la realidad, de su segregaci&oacute;n de ella, y al mismo tiempo de su repugnancia a sustituirlas por quimeras o para&iacute;sos en los que no cre&iacute;a&rdquo; (Guillermo Carnero, El Mono-Gr&aacute;fico, Valencia, 2003, pp.27-28).</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cita Carnero, al final del art&iacute;culo, el poema &ldquo;Frente al balc&oacute;n&rdquo; perteneciente al libro de poemas <em>Extrav&iacute;o</em>, donde el poeta plasma una mirada que revela la hondura de las cosas, pero tambi&eacute;n la certidumbre de ser miradas s&oacute;lo en la conciencia, interiorizando su ser, en lo m&aacute;s profundo de s&iacute; mismo.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Comento&nbsp; unos&nbsp; versos&nbsp; de&nbsp; este poema: &ldquo;El vac&iacute;o, mi fiel y noble pulso / mi</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">saliva y mi propio coraz&oacute;n, / mi calor y mi temperatura, / mi secreto: el silencio&rdquo; (vv. 8-11)-</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Magn&iacute;fica forma de expresar al ser que se afirma en su&nbsp; conciencia, el vac&iacute;o expresa el absurdo de la vida, la saliva y el coraz&oacute;n son pulsaciones de su ser, lo que le condena al cuerpo, a una existencia real. El calor es met&aacute;fora de su h&aacute;lito humano y la temperatura es espejo de su arraigo a la tierra y, por &uacute;ltimo, el silencio, ensimismamiento, b&uacute;squeda del ser en el no ser, extra&ntilde;amiento de su ambigua condici&oacute;n humana.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El poema termina de forma magistral y nos confirma que el poder de mirar es un impulso creador, quiz&aacute; el &uacute;nico que nos mantiene en pie, que nos salva de la nada en que habitamos al vivir: &ldquo;Ah, delicadamente, entonces, contempl&eacute; de nuevo el balc&oacute;n, / el p&aacute;lido sol del muro, las oscuras plantas, / mi cuerpo milagroso en un instante / del mundo: la mirada&rdquo; (vv. 12-16).</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Nos llama la atenci&oacute;n el adverbio &ldquo;delicadamente&rdquo;, lo que nos demuestra la sensibilidad inherente en el poeta, el cual llega a las cosas con sigilo y con tacto.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">La presencia del balc&oacute;n (nos recuerda, sin duda,&nbsp; a algunos poemas de Brines, que reflejen muy bien el abismo entre el espacio interior y el exterior), la ant&iacute;tesis entre la luz: el sol tenue (p&aacute;lido) y la negrura: &ldquo;oscuras plantas&rdquo;. Y, como era de esperar, la certidumbre del cuerpo, como si el poeta se viese a s&iacute; mismo (ensimismado) en el cotidiano acto de vivir, sorprendido del milagro de respirar, de habitar en un cuerpo: &ldquo;mi cuerpo milagroso en un instante&rdquo; y, naturalmente, la mirada, potencia que hace posible la ef&iacute;mera felicidad de sentirse vivo.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; C&eacute;sar Sim&oacute;n logra en &ldquo;Frente al balc&oacute;n&rdquo; una rara perfecci&oacute;n y nos ofrece todo lo que para &eacute;l es la vida: sorprenderse ante el acto de respirar.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Considero que <em>Extrav&iacute;o</em> es uno de sus libros m&aacute;s logrados, un libro donde el poeta descubre su profundo sentimiento por estar vivo. En las Eleg&iacute;as (I,II y III) aparece el mar, met&aacute;fora de la vida que transcurre sin clemencia, el jard&iacute;n, espacio de la felicidad, el sol, poder luminoso (en la estela de aquellos pintores que impresionaron a trav&eacute;s del color) que alivia la mirada por la blancura que nos deja (el alba) pero nos hiere al ir muriendo (el crep&uacute;sculo).</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El prestigioso poeta y cr&iacute;tico Ricardo Bellveser escribi&oacute; en <em>El Mono-Gr&aacute;fico</em> un art&iacute;culo dedicado al primer C&eacute;sar Sim&oacute;n, y llama la atenci&oacute;n en la insistencia, como hizo Carnero, en la mirada del poeta: &ldquo;Se a&ntilde;ade la mirada del poeta quien se nos presenta como un delator confundido en la muchedumbre, que pasa inadvertido a la polic&iacute;a, pero est&aacute; ah&iacute;, a nuestras espaldas &ldquo;Os contemplo&rdquo;, amenaza inquietamente y anuncia grave: &ldquo;Soy. Y lo s&eacute;. Os miro&rdquo; (Ricardo Bellveser, <em>El Mono-Gr&aacute;fico</em>, Valencia, 2003, p. 33).</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para Bellveser, Sim&oacute;n vive en la mirada, se manifiesta en el poder de contemplar a los otros, pese a que su poder pueda parecer &iacute;nfimo no lo es, es su manifestaci&oacute;n m&aacute;s contundente de estar en el mundo. Se refer&iacute;a, con estas certeras palabras, al tercer libro del poeta valenciano, titulado <em>Estupor final</em>.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero tambi&eacute;n constata la presencia del mar en su primer libro, <em>Pedregal</em>, cuando lo relaciona con la muerte&nbsp; y la vida, inmerso este antagonismo en la&nbsp; tradici&oacute;n cl&aacute;sica de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El mundo de C&eacute;sar, su enorme humanidad, fue muy bien vista por Teresa Garb&iacute; en &ldquo;Apuntes sobre C&eacute;sar Sim&oacute;n&rdquo; en el citado n&uacute;mero de <em>El Mono-Gr&aacute;fico</em>, cuando dice acerca de su compenetraci&oacute;n con la Naturaleza, con su universo cercano lo siguiente: &ldquo;Y era tal la humanidad de los paisajes que amaba que los quer&iacute;a poblados de animales, sobre todo de perros, cuya mirada y gestos, como sabemos, nos hacen sentirnos humanos y acompa&ntilde;ados&rdquo; (Teresa Garb&iacute;, El Mono-Gr&aacute;fico, Valencia, 2003, p. 65).</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuenta en este art&iacute;culo que C&eacute;sar, pleno de humanidad, recog&iacute;a perros abandonados. Para &eacute;l, sin duda alguna, lo m&aacute;s sencillo era lo m&aacute;s profundo y despreciaba aquello que llegaba con facilidad: el halago hip&oacute;crita, el dinero inmerecido, etc.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No en vano, uno de sus libros m&aacute;s estremecedores en prosa fue <em>Perros</em> <em>ahorcados</em> (Pre-Textos. Valencia, 1997), donde C&eacute;sar nos habla de la vida, de su casa, del campo, de las cosas verdaderas y, por supuesto, del amor por los perros, por su cercan&iacute;a y por el afecto que le produc&iacute;an: &ldquo;De pronto, he sentido detr&aacute;s de m&iacute; un rumor y he vuelto la cabeza. Un perro grande, pastor alem&aacute;n casi blanco, ya me lam&iacute;a la mano. No me he asustado. He dejado que me husmeara muy cari&ntilde;oso, encaram&aacute;ndose a mi pecho con sus manos&rdquo; (p. 10).</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El hombre y el animal establecen una comunicaci&oacute;n profunda, basada en la mirada y en la confianza, al igual que el caballo lo ser&aacute; para un gran amigo de C&eacute;sar y poeta tambi&eacute;n, Pedro J. de la Pe&ntilde;a, cuando nos regale los maravillosos versos de su Poes&iacute;a H&iacute;pica, un canto de amor entre el hombre y el caballo como muy pocas veces ha producido la literatura.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Merece la pena comentar unas palabras de Marcos &Aacute;vila del citado Mono-Gr&aacute;fico y de su art&iacute;culo &ldquo;Al correr del tiempo&rdquo;, cuando dice acerca de C&eacute;sar: &ldquo;S&iacute;, C&eacute;sar Sim&oacute;n era un poeta de ahora, de los pocos de verdad que son poetas, alguien que escrib&iacute;a desde el no saber, desde la b&uacute;squeda, y por eso tuvo algo que decirnos entonces y sigue teniendo algo que decirnos ahora que ya no somos el joven, pero sentimos a&uacute;n m&aacute;s dentro el sentido de libros suyos como el titulado <em>Erosi&oacute;n</em>&rdquo;.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La palabra de C&eacute;sar no muere, nos dice &Aacute;vila, sigue presente, latiendo en sus amigos&nbsp; y en cada uno de los lectores que nos adentramos, entregados, en sus versos apasionados-</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Y el amor? Tema indudable en su obra, fuego que no ha de morir nunca, porque vive en el momento en que triunf&oacute; la pasi&oacute;n amorosa. Lo refleja muy bien el poema &ldquo;Cuando amas&rdquo; de <em>Extrav&iacute;o</em>: &ldquo;Permanece un silencio cuando amas. / Escucha al fondo / la vastedad de la respiraci&oacute;n, / la gota de agua y el rumor del viento&rdquo; (vv. 1-4).</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El amor, en estos versos, lo es todo, hay que callar para sentir que es lo m&aacute;s hondo y verdadero que poseemos, la culminaci&oacute;n de nuestra ambici&oacute;n humana, la forma de sentirnos realmente inmersos en el mundo, en un momento pleno donde no existe conciencia de la muerte.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y hay que fijarse en los &uacute;ltimos versos del poema para recordar esa uni&oacute;n m&iacute;stica, que nos recuerda a San Juan de la Cruz, cuando, tras la noche oscura del alma, encuentra al esposo- Dios: &ldquo;Y ves de lejos. / Ven, al amor, de lejos. / Desde la&nbsp; noche, / desde&nbsp; el&nbsp; desierto, /arrimado&nbsp; a&nbsp; los muros, / a perecer en &eacute;l, como acto &uacute;nico&rdquo; (vv. 5-10).</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; S&iacute;, el&nbsp; amor llega tras la noche, tras un proceso de b&uacute;squeda y de soledad, hasta la consumaci&oacute;n. Pero esta muerte no es la que acaba con el ser humano, injusta y cruel, que no hace distinciones de edades ni de condiciones, sino una muerte que propicia la vida eterna, la que nos salva de pensar en nuestra caducidad.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Muy pocos poetas han expresado tan bien el amor, lo que significa, su recorrido desde la noche hasta la claridad, y, por ende, la magnitud del instante no tiene parang&oacute;n, pues en &eacute;sta se propicia la vida verdadera.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hay otro s&iacute;mbolo constante en su poes&iacute;a: los muros. Representan la ausencia de la libertad, que el hombre, en su vocaci&oacute;n de entrega, debe vencer para adquirir la ef&iacute;mera, pero plena, felicidad del amor.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me gustar&iacute;a terminar este estudio dedicado a la obra de C&eacute;sar Sim&oacute;n (limitado al espacio que supone la investigaci&oacute;n sobre otros importantes poetas valencianos contempor&aacute;neos) con algunos versos de su libro <em>El jard&iacute;n</em>.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo public&oacute; <em>Hiperi&oacute;n</em> en 1997 y hay, en el mismo, poemas muy significativos, porque buscan la esencia, como si el poeta hubiese ido afinando su pensamiento, al igual que Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, en pos de la verdad de la vida.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Antes de comentar un poema del libro, merece la pena citar las palabras de Pedro J. de la Pe&ntilde;a y lo que nos dice acerca del sentido del mismo: &ldquo;Este libro de C&eacute;sar&nbsp; es, por lo tanto, una pregunta sobre nuestro origen, una inquisici&oacute;n a las sombras para arrebatarles un perfil de luz, un resquicio olvidado de lo insondable&rdquo; (Pedro J. de la Pe&ntilde;a, El Mono-Gr&aacute;fico, Valencia, 2003, p. 74).</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Muy cierto lo que nos dice el poeta de Reinosa, porque el libro es, ante todo, un deseo de saber, una b&uacute;squeda hacia el origen de nuestro existir. &Eacute;ste est&aacute; compuesto de varias partes, la primera: Una noche en vela es la noche de la aventura hacia el origen de la vida, donde destacan poemas como &ldquo;Lejan&iacute;a&rdquo;:</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&ldquo;hay un lector insomne / que se abstrae en el grillo&rdquo; (vv 3-4).</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La mirada de Sim&oacute;n est&aacute; cerca de cualquier ser del mundo, llena de luz y sombra. Repite en &ldquo;Textura veraz&rdquo; el mundo del hombre que contempla, pasivo, &ldquo;vivir el canto de los grillos&rdquo;.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hay algo arcano en Sim&oacute;n, algo que viene de la tradici&oacute;n de aquellos que miran el campo para conocer la vida, lejana de toda cultura libresca. Lo dice muy bien en el poema antes citado: &ldquo;ser un bulto aterido, / quieto, simb&oacute;lico, distante, / sentado en una silla; / ser quien piensa y respira / lo m&aacute;s antiguo, lo m&aacute;s cierto&rdquo; (vv. 7-11).</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La verdad est&aacute; en ese poder de la contemplaci&oacute;n, en ese ocio de ver pasar la vida, como muy bien hizo Juan Gil-Albert, cuya influencia en nuestro poeta es indudable. Late en el poeta valenciano el mismo &iacute;mpetu que Gil-Albert, ese deseo de estar a solas con la Naturaleza, de entender los significados del Universo.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En esta primera parte hay un poema donde C&eacute;sar Sim&oacute;n niega el amor humano, porque encuentra en la respuesta de la Naturaleza una fidelidad mayor, una entrega verdadera que en el ser humano siempre decepciona: &ldquo;&iquest;Amar? No amar a nadie / con&nbsp; la&nbsp; proximidad&nbsp;&nbsp; que fue ceguera. / Amar&hellip;Hay</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">otras cosas, / el&nbsp; aire&nbsp; puro, / la&nbsp; corteza&nbsp; del&nbsp; &aacute;rbol, / las&nbsp; criaturas&nbsp; desvalidas&rdquo;</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">(vv. 1-6).&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;No es amor tambi&eacute;n? Se trata de un amor que queda, porque no se nos va, no nos arranca de su lado.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sim&oacute;n reniega del amor humano: &ldquo;Pero, &iquest;amar otro cuerpo, / fingir alcances, / ser ciego y sordo. No, no sirve&rdquo; (vv. 7-9).</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En definitiva, lo m&aacute;s hondo es, como ya coment&eacute; antes, el silencio, una entrega al mundo sin palabras, pose&iacute;do por la mirada: &ldquo;El pasmo m&aacute;s profundo es el silencio, / los roces de las manos sobre la dura piedra&rdquo; (vv. 10-11).</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;Si hay roce en la piedra (lo que nos lleva a recordar a Rub&eacute;n Dar&iacute;o y su poema &ldquo;Lo fatal&rdquo;: &ldquo;y m&aacute;s la piedra dura, pues esa ya no siente&rdquo;) es que el poeta entiende que el verdadero amor est&aacute; en su arraigo a la Naturaleza, e, incluso, a lo que no siente, como la piedra, de ah&iacute; ese t&iacute;mido contacto con ella &ldquo;roce&rdquo;.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el segundo apartado del libro, ese universo nocturno llega a desaparecer y surge &ldquo;Al alba&rdquo;, s&oacute;lo compuesto de dos poemas: &ldquo;El final&rdquo; y &ldquo;Sala con sol&rdquo;. La repetici&oacute;n de las cosas aparece en el segundo poema: &ldquo;Ah, qu&eacute; antiguo, qu&eacute; antiguo / estar aqu&iacute;, / entrar en esta sala / inundada de sol, / y sentir el silencio m&aacute;s sumido / que ayer y que anteayer, / siempre lo mismo y nunca m&aacute;s que entonces&rdquo; (vv. 1-7).</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Todo es igual, el tiempo se repite y el sol (espacio de luz que invita a la vida) vuelve, de nuevo, a nuestros ojos.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Llega luego Intermedio (parte III) con el poema &ldquo;Dos enfermos&rdquo;, donde un amigo visita a un moribundo, suenan las notas de Chopin, lo que me hace pensar en Juan Gil-Albert, no en vano, &eacute;l, extremadamente sensible y amante de la m&uacute;sica dedic&oacute; un poema al genial m&uacute;sico.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el transcurso del poema habla el visitante, no el enfermo, pero el final nos estremece: &ldquo;&Eacute;l, esta noche, ha murmurado / la terrible belleza de las notas&rdquo; (vv. 19-20). Si recordamos el final de la vida de Gil-Albert, cuando su porte elegante y su sabidur&iacute;a se fueron apagando irremisiblemente por la decadencia de su mente prodigiosa, el poema nos parece reflejar al hombre moribundo, de esp&iacute;ritu excelso, pero devastado por la enfermedad y por la crueldad de la muerte pr&oacute;xima.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Luego llega el apartado IV, titulado Cosmol&oacute;gicas, con dos poemas: &ldquo;Unidad ilusoria&rdquo; y &ldquo;La vida inextinguible&rdquo;, donde Sim&oacute;n reafirma su visi&oacute;n del mundo, la condici&oacute;n tr&aacute;gica de la vida. Y, por &uacute;ltimo, Jard&iacute;n (apartado V) compuesto de bellos y cortos poemas que parecen aforismos.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpMiddle">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cito, para no extenderme m&aacute;s sobre lo ya comentado antes, el poema &ldquo;Lo postrero&rdquo; donde afirma su falta de fe religiosa, la sensaci&oacute;n de que, tras la vida, no hay nada: &ldquo;S&oacute;lo el ed&eacute;n espera, / el ed&eacute;n de las rosas / que no se ven, / de los &aacute;rboles que no existen&rdquo; (vv. 1-4).</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpLast">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ese para&iacute;so es un vac&iacute;o que s&oacute;lo existe en nuestra ilusi&oacute;n, no hay forma de volver, ni vida posible, ni tan siquiera espiritual, (en mi opini&oacute;n), ya que nada sustenta el mundo conocido, con nosotros y nuestra muerte se apaga todo vestigio de nuestra existencia. El &uacute;nico espacio donde puede vivir el hombre que se ha ido es en el recuerdo de los otros, nos dice Sim&oacute;n.</p>
<p class="PrrafodelistaCxSpLast">&nbsp;</p>
<p>Y hay otro poema donde el poeta insiste en la idea que sustenta su poes&iacute;a: el deseo de aferrarse al mundo, mientras&nbsp; la&nbsp;&nbsp; vida quiera, adherirse a su belleza tr&aacute;gica. El poema se llama &ldquo;Los pasos &uacute;ltimos&rdquo; y dice: &ldquo;Jard&iacute;n, centro del mundo, / tierra sin nadie, / por tus pasos anda / un cuerpo todav&iacute;a / buscando no s&eacute; sabe qu&eacute; objetivo, / m&aacute;s sintiendo en las venas el rumor generoso / y silencioso / de la sangre&rdquo; (vv. 1-8).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Este poema resume muy bien toda su obra, el jard&iacute;n es s&iacute;mbolo de la vida, el lugar donde ha plantado sus ra&iacute;ces (donde ha dejando hijos) y el poeta pasa por ella, agradeciendo lo que &eacute;sta le ha dado y le da, aunque desconozca qu&eacute; ha ido a buscar en realidad. El hombre, ensimismado, porque lleva dentro la extra&ntilde;eza de su condici&oacute;n humana y una soledad que le arraiga a las sombras, pero que le han regalado luz.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Quiero terminar este estudio sobre el gran poeta valenciano que nos dej&oacute; un diciembre de 1997, citando las palabras de Jos&eacute; Luis Falc&oacute;, perteneciente a su art&iacute;culo &ldquo;Los d&iacute;as hermosos&rdquo; que apareci&oacute; en el homenaje que la revista El Mono-Gr&aacute;fico le dedic&oacute; en el a&ntilde;o 2003-</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dice Falc&oacute;: &ldquo;Como dije al principio, siempre recordar&eacute; a C&eacute;sar por los d&iacute;as hermosos. Pocos amigos he tenido la fortuna de conocer que supiesen acompa&ntilde;ar tanto con apenas un gesto de pena o de alegr&iacute;a. Ahora, mientras escribo de nuevo estas l&iacute;neas, s&eacute; que est&aacute;, que estar&aacute; siempre conmigo, ayud&aacute;ndome a saber escoger y a vivir siempre, a decantarme por lo esencial, por los d&iacute;as hermosos, por ese enigma encadenado al sol y no resuelto&rdquo; (Jos&eacute; Luis Falc&oacute;, El Mono-Gr&aacute;fico, Valencia, 2003, p. 45).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Qu&eacute; mejor forma de terminar que esa entrega del amigo al hombre que supo sentir la vida, con comprensi&oacute;n y afecto a los dem&aacute;s, cuya modestia le llev&oacute; a acoger a perros abandonados, como fieles compa&ntilde;eros, lejos de los posibles galardones que un hombre de su talla recibi&oacute;. Su obra sigue siendo un misterio, un lugar donde residen certezas y oscuridades, un espacio de humanidad y belleza, no exentos del sino tr&aacute;gico que siempre acompa&ntilde;&oacute; al poeta valenciano desde su m&aacute;s tierna infancia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La luz de su poes&iacute;a, su mirar a la vida siempre quedar&aacute; en nuestra retina, ya que C&eacute;sar Sim&oacute;n alumbr&oacute; una de las mejores obras que nos ha regalado el mundo literario levantino.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 09 Feb 2015 07:27:29 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[José Duro, el decadentista olvidado]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jose-duro-el-decadentista-olvidado/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2015/joseduroquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>Jos&eacute; Ant&oacute;nio Duro, m&aacute;s conocido como Jos&eacute; Duro, &ldquo;el olvidado de los olvidados&rdquo;, &minus;como le definiera el periodista Mayer Gar&ccedil;&atilde;o en su libro <em>Os esquecidos</em>&minus;, naci&oacute; en la coqueta ciudad de Portalegre, Alto Alentejo, Portugal, el 22 de octubre de 1875, y muri&oacute; en Lisboa una g&eacute;lida ma&ntilde;ana de enero de 1899, cuando contaba apenas 23 a&ntilde;os. Su breve vida estuvo totalmente marcada por los estragos de la tuberculosis, dolencia que contrajo a edad temprana y que dej&oacute; igual huella tanto en su car&aacute;cter solitario y sombr&iacute;o como en su obra po&eacute;tica, impregnada de referencias a su enfermedad, a los oscuros mundos del esoterismo, la prostituci&oacute;n, el tedio, la desesperaci&oacute;n por su estado de salud y la consciencia de una muerte inminente; ya en 1895, en su poema m&aacute;s precoz, un soneto con claras influencias de Antero de Quental titulado <em>Morte</em>, Jos&eacute; Duro no duda en presentarse al mundo literario con todo su dolor y toda su decadencia, constantes que marcar&aacute;n, salvo escasas excepciones, el resto de su brev&iacute;sima obra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No todo es sufrimiento y queja en la obra de Jos&eacute; Duro; en su primer libro, <em>Flores</em>, una <em>plaquette</em> publicada en Portalegre en 1896, Duro da a&uacute;n algunas muestras de frescura y de amor por la sencilla vida de campo que tan bien conoc&iacute;a; sin embargo, tras su marcha a Lisboa, donde ingresar&aacute; en la Escola Polit&eacute;cnica, comenzar&aacute; a frecuentar tertulias literarias y a interesarse por la poes&iacute;a de Charles Baudelaire &minus;sin duda su mayor influencia extranjera&minus;, as&iacute; como por la obra de poetas portugueses decadentistas como Antero de Quental, Ant&oacute;nio Nobre o Ces&aacute;rio Verde, influenciados a su vez por la largu&iacute;sima sombra del vate franc&eacute;s. Todo ello, unido al progresivo avance de su enfermedad, ir&aacute; a desembocar en su segundo y &uacute;ltimo libro, radicalmente titulado <em>Fel</em> (&ldquo;Hiel&rdquo;), in&eacute;dito hasta la fecha en lengua castellana y del que presentamos varios poemas traducidos a continuaci&oacute;n. <em>Fel</em>, publicado apenas tres semanas antes de su muerte, y cerrado con un largo y magn&iacute;fico poema titulado <em>Doente</em>, es una suerte de tr&aacute;gico testamento, un pat&eacute;tico diario de sus &uacute;ltimos d&iacute;as, un l&uacute;cido testimonio que a&uacute;n es considerado, a pesar de su escasa difusi&oacute;n en la actualidad, como la concretizaci&oacute;n m&aacute;s pesimista de las corrientes decadentistas de su tiempo en lengua portuguesa. No en vano el propio Fernando Pessoa lleg&oacute;, en su juventud, a definirse como su deudor: aunque s&oacute;lo sea por ello, d&eacute;mosle una pen&uacute;ltima oportunidad al triste destino de Jos&eacute; Duro, a quien las Parcas no dudaron ni un segundo en llevarse much&iacute;simo antes de tiempo. De su tiempo.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>MUERTE</strong>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Oh muerte, ve a buscar la rabia consagrada</p>
<p>con que matas al mal y creas nuevos seres&hellip;</p>
<p>Oh muerte, ve deprisa y tr&aacute;eme los poderes,</p>
<p>me canso de vivir, quiero estar en la nada&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Escurre de mi boca esta voz que a&uacute;n murmura,</p>
<p>y arr&aacute;ncame del pecho el coraz&oacute;n exang&uuml;e,</p>
<p>que yo he darte a cambio los restos de mi sangre</p>
<p>para el negro fest&iacute;n de tus hambres oscuras&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Oh Santa que yo adoro, Virgen de mirar triste,</p>
<p>bendita seas t&uacute;, oh muerte inexorable,</p>
<p>llorando por el mundo desde que el mundo existe&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dame de tu licor, quiero beber sin tino&hellip;</p>
<p>&iexcl;que vivo abandonado y soy un miserable</p>
<p>errando por la Vida, en busca de m&iacute; mismo!<strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>DOLOR SUPREMO</strong>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Donde quiera que ponga mis ojos malheridos,</p>
<p>&minus;me he acostumbrado a ver el mal en todas partes&minus;</p>
<p>no me topo con nada que no vaya a da&ntilde;arte,</p>
<p>oh mi pobre alma ciega, hermana de tullidos.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;">&nbsp;</span></p>
<p>Pasi&oacute;n de un Viernes Santo repleto de cuidados,</p>
<p>el Libro de Ezequiel&hellip; Voluntad de llorarte&hellip;</p>
<p>&iexcl;Y no tener siquiera llanto para lavarte</p>
<p>estas manchas de <em>Hiel</em>, hijas de mil pecados!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;Ay de aquel que no llora por haber olvidado</p>
<p>c&oacute;mo se ha de invocar la l&aacute;grima en el ojo</p>
<p>en la penosa hora que precisamos de ella!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero es mucho m&aacute;s triste aquel que mira al Cielo</p>
<p>esperando que Dios le libre del abrojo</p>
<p>y s&oacute;lo ve la luz de p&aacute;lidas estrellas&hellip;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p style="text-align: left;"><strong>&nbsp;</strong><strong>TEDIO</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ando a veces est&uacute;pido y me siento incapaz</p>
<p>de encontrar una rima o producir un verso;</p>
<p>y me hago de m&iacute; mismo la idea de un perverso</p>
<p>capaz de apu&ntilde;alar hasta a la luz del gas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me incomoda el Color, la sangre del Poniente,</p>
<p>&minus;un rojo Waterloo del que es sol Bonaparte&minus;;</p>
<p>y no entiendo, Mujer, c&oacute;mo puedo a&uacute;n amarte</p>
<p>si tengo rabia, mucha, contra toda la gente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Donde alcanza la vista alargo mi mirar,</p>
<p>y me creo que existe alguna mancha oscura</p>
<p>que l&aacute;grimas de Llanto jam&aacute;s van a lavar&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;Extra&ntilde;a concepci&oacute;n! Abarco el mundo todo,</p>
<p>y en cada estrella veo la misma lama impura,</p>
<p>&iexcl;y en cada boca roja el mismo impuro lodo!</p>
<p><strong>&nbsp;</strong><strong>&nbsp;</strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>EN BUSCA</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Los ojos pongo en m&iacute;, igual que ante un extra&ntilde;o,</p>
<p>y lloro al notarme tan otro, tan cambiado&hellip;</p>
<p>Sin desvelar la causa, el &iacute;ntimo cuidado</p>
<p>que sufro de mi mal &minus;el mal del que provengo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya no soy aquel Yo de aquel tiempo pasado,</p>
<p>Pastor de ilusiones, olvid&eacute; mi reba&ntilde;o,</p>
<p>nada s&eacute; de mi amor, la salud se ha perdido,</p>
<p>y vivir sin salud es sufrir duplicado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mi alma me la rasg&oacute; el tr&aacute;gico Disgusto</p>
<p>en silvas de abandono, en un atardecer,</p>
<p>cuando el azul comienza a diluirse en astros&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y al borde del camino, a lo lejos, muy lejos,</p>
<p>como un mendigo solo, como un sombr&iacute;o monje</p>
<p>marcha mi coraz&oacute;n en busca de sus rastros&hellip;</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;"><strong>ENFERMO </strong>(estrofas finales)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero en vano medito, y es en vano que sue&ntilde;o:</p>
<p>mi coraz&oacute;n muri&oacute;, mi alma est&aacute; casi muerta&hellip;</p>
<p>Se marchita en el cr&aacute;neo la linda flor del Sue&ntilde;o,</p>
<p>y oigo llegar la Muerte, siniestra, hasta mi puerta&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya sufr&iacute; demasiado, me cansa el sufrimiento,</p>
<p>y por mayor desgracia, y por mayor tormento,</p>
<p>&iexcl;llego a pensar que tengo &minus;est&uacute;pido recuerdo&minus;</p>
<p>un alma de poeta y un poco de talento!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;El dolor que me mata es moral, y aun es f&iacute;sico!</p>
<p>&iquest;De qu&eacute; me sirve ahora albergar esperanzas,</p>
<p>si no puedo besar a los tr&eacute;mulos ni&ntilde;os,</p>
<p>pues afluye a mis labios este t&oacute;xico t&iacute;sico?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;Y me muero tan joven! Hace apenas un mes</p>
<p>Le pregunt&eacute; al Doctor: &minus;&iquest;<em>Y bien</em>? &minus;<em>Yo he de curarle</em>&hellip;</p>
<p>Pero ya no me importa, quiero morir, dejadme&hellip;</p>
<p>Que morir es dormir&hellip; Dormir&hellip; So&ntilde;ar tal vez&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso ir&eacute; a so&ntilde;ar debajo de un cipr&eacute;s,</p>
<p>ajeno a la quimera de ideales perversos&hellip;</p>
<p>&iexcl;El poeta no muere, aunque parezca agreste</p>
<p>su propia inspiraci&oacute;n, y sean tristes sus versos!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 30 Jan 2015 13:41:46 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poética]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/poetica/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas15/Febrero/alvaroquinientos.jpg" alt="" /></p>
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<p>La poes&iacute;a,&nbsp;</p>
<p>sus elucubraciones,&nbsp;</p>
<p>los asedios&nbsp;</p>
<p>que gravitan en vano&nbsp;</p>
<p>-te&oacute;ricos, abstrusos-&nbsp;</p>
<p>sobre ella.&nbsp;</p>
<p>La poes&iacute;a&nbsp;</p>
<p>que hoy s&oacute;lo se me antoja&nbsp;</p>
<p>tan sencilla&nbsp;</p>
<p>como el gesto de alguien&nbsp;</p>
<p>que da un vaso de agua&nbsp;</p>
<p>a otro con sed.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 30 Jan 2015 13:33:32 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un país llamado juventud]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-pais-llamado-juventud/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas15/Febrero/villenaquinientos.jpg" alt="" /></p>
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<p>Lo veo todos los d&iacute;as (o casi todos) y es natural porque&nbsp;<br /> David es mi hijo. Pero s&oacute;lo hoy, tranquilo, mirando como&nbsp;<br /> sin mirar, lo veo ah&iacute;, de pie, al borde de la piscina, alto,&nbsp;<br /> esbelto, delgado y duro, con un hermoso cuerpo que el sol&nbsp;<br /> poniente dora con visos de perfecci&oacute;n inmadura. Tiene 19&nbsp;<br /> a&ntilde;os, y siento que hoy, por vez primera, veo que mi hijo&nbsp;<br /> es un espl&eacute;ndido muchacho, atractivo, sensual, calmo,&nbsp;<br /> y con ciertos temores me pregunto: &iquest;Ser&aacute; la vida buena&nbsp;<br /> con &eacute;l? &iquest;Le otorgar&aacute; lo que este momento maravilloso pide&nbsp;<br /> en silencio, bondad, libertad, belleza, trabajo, luz de futuro?&nbsp;<br /> Y lo observo otra vez, junto a la piscina, como a un dios perdido.&nbsp;<br /> Yo tambi&eacute;n tuve su edad y su f&iacute;sico, hace mucho tiempo.&nbsp;<br /> Me fui de casa. Me llevaba mal con mi hermano mayor&nbsp;<br /> y todos pasaban estrecheces. Tuve que hacerme a m&iacute; mismo&nbsp;<br /> y perd&iacute; muchas horas hermosas, mucho tiempo, mucha serenidad.&nbsp;<br /> Una noche (andaba muy mal) me dijeron que si me iba con&nbsp;<br /> un hombre de aspecto serio, un caballero, me ayudar&iacute;a&hellip;&nbsp;<br /> Lo hice. Me fui con &eacute;l. Me ayud&oacute; en mis estudios. Apadrin&oacute;&nbsp;<br /> a David. Muri&oacute;. Nunca lo he dicho. Era (dije) un amigo de mi padre.&nbsp;<br /> No s&eacute; si me creyeron, supongo que s&iacute;. Quiero seguirlo ocultando&nbsp;<br /> y a la par no siento ninguna verg&uuml;enza. Fue bello. Me halagaba.&nbsp;<br /> Me quiso. Y al ver a David, al mirar esas l&iacute;neas largas junto&nbsp;<br /> a la piscina, temo, tiemblo, no deseo hablar&hellip;Todo es limpio&nbsp;<br /> si tu coraz&oacute;n es limpio. No debo temer nada, tiene amigos, amigas,&nbsp;<br /> oyen m&uacute;sica, viajan, leen libros que juzgo extra&ntilde;os, tocan la guitarra.&nbsp;<br /> &iquest;Qu&eacute; temer? &iquest;Mi sombra? Callar&eacute;. La vida les dar&aacute; lo que necesiten&nbsp;<br /> y estar&aacute;n a la altura. Desnudos tambi&eacute;n. No temo, no, no hay motivo&hellip;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 30 Jan 2015 13:28:16 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pecadores]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/pecadores/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2015/juanvilloroquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>Muchos de los nombres, que configuran hoy la extensa n&oacute;mina de la mejor narrativa breve mejicana, iniciaron su andadura en la d&eacute;cada de los 70, aunque su labor literaria, tan variada como rica, se acrecentar&iacute;a en la siguiente, con una caracter&iacute;stica com&uacute;n: la fuerza de una individualidad que les llevar&iacute;a a ensayar posturas literarias que supusieron una ruptura con todo lo anterior, pese a que algunos j&oacute;venes volvieron la vista a la sabidur&iacute;a de maestros como Jos&eacute; Agust&iacute;n, Gustavo S&aacute;inz o Parm&eacute;nides Garc&iacute;a Salda&ntilde;a. Quiz&aacute; por esto, de la amplia muestra surgida, muchos de ellos reivindicaron la recuperaci&oacute;n de los procedimientos del cuento cl&aacute;sico, la econom&iacute;a anecd&oacute;tica, la concreci&oacute;n y la intensidad final en la historia narrada, adem&aacute;s de esa experimentaci&oacute;n que llev&oacute; a reproducir, entre otros aspectos, una interesante adecuaci&oacute;n del lenguaje popular con una clara denotaci&oacute;n al ambiente social o la mentalidad fragmentada de aquellos barrios populares, en zonas perif&eacute;ricas de las grandes ciudades, incluso denotar ese lado oculto de una prosa mejicana que desvela aquella otra realidad. Por consiguiente, la mayor&iacute;a de los cuentos publicados por entonces se caracterizaban por una libertad de imaginaci&oacute;n y de construcci&oacute;n que, d&eacute;cadas despu&eacute;s, patentiza ese af&aacute;n de experimentaci&oacute;n o la capacidad de dinamizar un g&eacute;nero que se debate, desde siempre, en permanentes conflictos conceptuales. Muy alejados de los temas convencionales del realismo social, el tipismo de ciertos personajes pintorescos, los temas de la Revoluci&oacute;n o una intenci&oacute;n pol&iacute;tica, la mayor&iacute;a de estos narradores, David Toscana, Juan Villoro, Ignacio Padilla y Jorge Volpi, provienen de una formaci&oacute;n social e intelectual distinta que incluye, el cine y la televisi&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El caso de Juan Villoro (Ciudad de M&eacute;xico, 1956) es significativo por la proporci&oacute;n que ha ido alcanzando su obra, tan rica como variada: cuento, novela, ensayo e incursiones en el mundo de la narrativa infantil y juvenil. Sus primeros libros recibieron muestras de admiraci&oacute;n y reserva por parte de la cr&iacute;tica mejicana porque, en algunos de sus textos, permanec&iacute;an vivas algunas de las huellas de la literatura de la <em>Onda</em>, aunque como ha demostrado m&aacute;s tarde, s&oacute;lo se apreciaba esto indirectamente en la tem&aacute;tica juvenil, algo que el autor promov&iacute;a con respecto al tratamiento psicol&oacute;gico de algunos de sus personajes. Sus cuentos, no obstante, logran crear una atm&oacute;sfera sugestiva y est&aacute;n repletos de alusiones y elipsis que conducen a un estilo mesurado que lleva a su narrativa al virtuosismo m&aacute;s pleno. Otra de las singularidades de su narrativa breve es su voluntaria caracterizaci&oacute;n por ofrecer individualidades,&nbsp; personajes solitarios que pueblan, con su actitud, un universo muy variado. Se mueven en escenarios tan reconocibles como alternativos, aunque la segunda, y m&aacute;s importante, caracterizaci&oacute;n para su prosa ser&iacute;a su extraordinaria capacidad para dotar con esa voz &uacute;nica unos relatos que se articulan en un mismo sentido literario, la reflexi&oacute;n, en primera persona, para explorar, c&oacute;mo podr&iacute;an hablar en cada momento estos seres inventados.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La producci&oacute;n cuent&iacute;stica de Villoro refleja esa dedicaci&oacute;n del escritor al g&eacute;nero y la madurez con que ha llegado en su &uacute;ltima entrega <em>Los culpables</em> (2008). En sus anteriores colecciones, <em>El mariscal de campo</em> (1978), <em>La noche navegable</em> (1980), <em>El cielo inferior</em> (1984), <em>Albercas</em> (1985), <em>Tiempo transcurrido</em> (1986), la selecci&oacute;n <em>La alcoba dormida</em> (1992) y <em>La casa pierde </em>(1999),&nbsp; Villoro se negaba a buscar la trascendencia a trav&eacute;s del acto puro de contar historias; es decir, no se deben narrar grandes verdades, ni crear grandes h&eacute;roes expl&iacute;citos o impl&iacute;citos, los personajes son meras caricaturas de falsos h&eacute;roes porque los protagonistas de sus historias se enfrentan diariamente al aburrimiento, al fracaso y al vac&iacute;o. &laquo;Cambio de estado y ansiedad metaf&iacute;sica&raquo;, son dos de las caracter&iacute;sticas se&ntilde;aladas por &Aacute;lvaro Enrigue a prop&oacute;sito de los cuentos de Villoro, o la aseveraci&oacute;n formal de que&nbsp; &laquo;todo tr&aacute;nsito supone una voluntad de liberaci&oacute;n&raquo;. En los seis cuentos de <em>Los culpables</em> pueden rastrearse muchas de estas caracter&iacute;sticas se&ntilde;aladas, sus personajes vuelven a estar solos, han dejado de ser quienes eran, muestran esa divisi&oacute;n que les conducen a reintegrarse en una sociedad jerarquizada, as&iacute; se cuentan los pecados de un cantante de rancheras que debe reconciliarse con su sexualidad, un agente, transe&uacute;nte habitual de los aeropuertos, debe alcanzar su estabilidad emocional no perdiendo m&aacute;s vuelos, un futbolista mediocre sacrifica a su equipo por una amistad, dos hermanos enfrentados se salvan de un amor escribiendo un gui&oacute;n que los convertir&aacute; en monstruos, un viajero adopta una iguana y paga una antigua deuda sexual, y un limpiador de cristales tiende, inexcusablemente, al suicidio; y, en el s&eacute;ptimo, en realidad, una <em>nouvelle </em>&laquo;<em>Amigos mexicanos</em>&raquo; un periodista <em>yanki</em> vuelve a M&eacute;xico para escribir sobre la esencia misma del pa&iacute;s, para ensayar una vuelta de tuerca, porque Villoro juega y distorsiona esa visi&oacute;n de lo &laquo;mexicano&raquo; que se tiene desde el exterior, ofrece la mirada ajena que le proporciona al escritor la excusa para contar, desde otra perspectiva, el morbo con que se buscan otras historias en su pa&iacute;s, como por ejemplo, la violencia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Villoro levanta con <em>Los culpables</em> ese vuelo metaf&oacute;rico que ha caracterizado a su literatura breve, la complejidad de su estilo deja paso a una estructura menos esot&eacute;rica, acelera el ritmo de sus textos que se vuelven m&aacute;s concretos, precisa el sentido con que quiere matizar las cuestiones planteadas, aunque reflexiona y explora y, sobre todo, transforma su lenguaje, imprime ese matiz de oralidad se&ntilde;alada, emerge una voz narrativa fuerte en primera persona y, a trav&eacute;s de su prosa caracterizada de metonimia po&eacute;tica, favorece la actitud de sus personajes hasta envolverlos en una espiral de preguntas y respuestas que se concretar&aacute;n en la realidad de unas casualidades, porque, entre otros muchos contratiempos, todos han pasado por unos momentos de transici&oacute;n y consiguen desprenderse de ese pecado cometido, del que la sociedad los absolver&aacute; definitivamente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como en otros casos anteriores, en la mayor&iacute;a de estos relatos, el sentimiento de amargura es una estrategia y un acierto en la prosa de Villoro, esa suma de sutilezas alcanza a unos personajes que, ahora, necesitan descubrir una verdad y, el autor, aunque se trate de un gesto rid&iacute;culo, debe al menos salvarlos. Los culpables, esos mejicanos que viven una realidad actual, sobreviven, gracias a la literatura, en otra dimensi&oacute;n paralela que al lector nos sirve para dejar constancia de los encuentros y desencuentros de su propia existencia.</p>
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<p>Juan Villoro, <em>Los culpables</em>; Barcelona, Anagrama, 2008.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 23 Jan 2015 10:59:40 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Homenaje a Bolaño en Chile]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/homenaje-a-bolano-en-chile/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas15/Enero/robertobolanoquinientos.jpg" alt="" /></p>
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<p><em>Una versi&oacute;n abreviada de este escrito fue uno de los tres textos que le&iacute; (el 15 de julio de este a&ntilde;o) en el Homenaje a Bola&ntilde;o, con motivo del 10&ordf; aniversario de su muerte, el d&iacute;a de la inauguraci&oacute;n de los actos organizados por &ldquo;La Ciudad y Las Palabras&rdquo; en el seno de la Pontificia Universidad Cat&oacute;lica de Chile.</em></p>
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<p>Tenemos en nuestros archivos centenares, miles de textos sobre Bola&ntilde;o. Para dicha intervenci&oacute;n me pareci&oacute; &uacute;til acogerme al libro <em>Bola&ntilde;o salvaje</em>, publicado en 2008 por la editorial Candaya y compilado por Edmundo Paz Sold&aacute;n y Gustavo Faver&oacute;n Patriau, y releer los textos de cinco grandes amigos durante a&ntilde;os de Roberto Bola&ntilde;o, que lo admiraban y fueron admirados expl&iacute;citamente por &eacute;l. Se trata, por orden de aparici&oacute;n en dicho libro, de Enrique Vila-Matas, Juan Villoro, Rodrigo Fres&aacute;n, Alan Pauls e Ignacio Echevarr&iacute;a. Este texto polif&oacute;nico podr&iacute;a quiz&aacute;, para este ciclo, titularse <em>Palabras amigas para un croquis de la ciudad de Bola&ntilde;o</em>.&nbsp;</p>
<p>Enrique Vila-Matas escribe: &ldquo;Sonr&iacute;o de una manera infinitamente seria cuando recuerdo que en los &uacute;ltimos tiempos muchos de los textos que me dispon&iacute;a a enviar por correo para que fueran publicados pasaban, tal vez en un exceso de celo por mi parte, por una revisi&oacute;n de &uacute;ltima hora, provocada por mis repentinas sospechas de que tal vez Bola&ntilde;o los viera y leyera. Gracias a esto, gracias a que ten&iacute;a la impresi&oacute;n de que Roberto lo le&iacute;a todo, pas&eacute; a vivir en un estado de constante exigencia literaria, pues &eacute;l hab&iacute;a colocado el list&oacute;n muy alto y no deseaba decepcionarle, por ejemplo, con alg&uacute;n texto descuidado, con uno de esos escritos en los que, por mil motivos distintos, uno no <em>arde</em> lo suficiente o, lo que es lo mismo, no pone toda la carne en el asador&rdquo; (&hellip;) Y evoca la vinculaci&oacute;n literaria de Bola&ntilde;o con el gran escritor franc&eacute;s Georges Perec:&nbsp; &ldquo;La intensidad febril del itinerario literario de sus &uacute;ltimos a&ntilde;os, me trae el recuerdo de una mesa nueva ro&iacute;da por la carcoma a la que Perec, con su misterioso talento para sacarle partido a todo, supo convertir en un objeto fascinante&rdquo; (&hellip;) &ldquo;No me resulta dif&iacute;cil asociar ese intenso y pertinaz itinerario del Bola&ntilde;o final con la intensidad de escritura del Perec de sus &uacute;ltimos a&ntilde;os, ese Perec al que Bola&ntilde;o admiraba y conoc&iacute;a muy bien. Una red impalpable de precarias galer&iacute;as une el segundo bloque de <em>Los detectives salvajes</em> con las mil y una historias de <em>La vida instrucciones de uso</em> del ciudadano Perec&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Juan Villoro, en su pr&oacute;logo al indispensable libro <em>Bola&ntilde;o por s&iacute; mismo</em>, compilado por Andr&eacute;s Braithwaite, escribe: &ldquo;Inflexible en el terreno de los afectos &ndash;un militante emocional, con fobias y lealtades de hierro&ndash;, Roberto hac&iacute;a que la conversaci&oacute;n literaria se moviera en el terreno de las conjeturas. Compart&iacute;a con Nabokov la idea de la escritura como simulacro que acepta las condiciones de lo real s&oacute;lo en la medida que puede reinventarlas&rdquo; (&hellip;) &ldquo;Rara vez rehuy&oacute; hablar de temas personales, pero no le interesaba la literatura personal, sino la autofabulaci&oacute;n&rdquo; (&hellip;) &ldquo;Resulta dif&iacute;cil compartir todos sus juicios porque &eacute;l mismo desconf&iacute;a de ellos: A la literatura se llega por azar&hellip; [afirma Bola&ntilde;o] &iquest;Dije que a la literatura se llega por azar? No, no, no, a la literatura nunca se llega por azar. Nunca, nunca&rdquo;. As&iacute; se refutaba a s&iacute; mismo, enf&aacute;ticamente, el propio Bola&ntilde;o. Villoro cita a Bola&ntilde;o en una entrevista: &ldquo;La literatura se parece mucho a las peleas de los samur&aacute;is, pero un samur&aacute;i no se pelea contra un samur&aacute;i, pelea contra un monstruo. Generalmente sabe, adem&aacute;s, que vas a ser derrotado, y salir a pelear: eso es la literatura&rdquo;. Y a&ntilde;ade Villoro: &ldquo;Le gustaban saltar las f&oacute;rmulas del &lsquo;m&iacute;lite guerrero&rsquo; al que el Quijote se refiere en su discurso sobre las artes y las letras&rdquo;. Y cuenta que en una conversaci&oacute;n en un restaurante japon&eacute;s de Barcelona Bola&ntilde;o le dijo: &ldquo;Soy un marine. Donde me pongas, resisto&rdquo;&hellip; Y Villoro subraya: &ldquo;Ignacio Echevarr&iacute;a ha sostenido con acierto que la figura dominante en Bola&ntilde;o es la del poeta: el investigador heterodoxo de lo real, el detective salvaje&rdquo;. Hasta ahora han aparecido dos autores fundamentales de Anagrama, Nabokov y Perec, no en vano Bola&ntilde;o eligi&oacute; Anagrama como su editorial por estos y otros autores de su cat&aacute;logo. Y ahora aparece un tercero, Alain Robbe-Grillet, en la siguiente cita: &ldquo;Robbe-Grillet ha comentado que se considera un autor polic&iacute;aco, no en la cuerda de Raymond Chandler, sino en la de S&oacute;focles: escribe de quienes no saben que son culpables. Bola&ntilde;o rara vez escribe sobre una intriga y no pospone las soluciones al modo de un novelista de deducci&oacute;n polic&iacute;aca; sin embargo, como Piglia en <em>Respiraci&oacute;n artificial</em> o Robbe-Grillet en <em>Reanudaci&oacute;n</em>, ordena la trama en torno a personajes que investigan, detectives de una alteridad que se les resiste. Sus continuos encomios a la valent&iacute;a se inscriben en esta est&eacute;tica. Encontrar es un atrevimiento. Sin embargo, su imaginaci&oacute;n no privilegia lo extravagante, sino la novedad de las zonas comunes. Como Perec busca fulgores infraordinarios&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Rodrigo Fres&aacute;n: A partir de citas de Bola&ntilde;o, recogidas en el libro de Braithwaite, compone una suerte de s&iacute;ntesis: El escritor como samur&aacute;i, la literatura como destino oscuro, como viaje sin retorno y la brutalidad irremediable de la muerte. Y Fres&aacute;n afirma que &ldquo;remiten al bushido o &lsquo;camino del guerrero&rsquo; (el arte de vivir y combatir como si uno ya estuviese muerto de los grandes espadachines japoneses, la habilidad de mirar hacia atr&aacute;s, al presente, como si se lo hiciera ya desde el otro lado) y a una actitud parad&oacute;jicamente hiper-vital.&rdquo; Y m&aacute;s adelante Fres&aacute;n aventura una sospecha: &ldquo;Bola&ntilde;o es uno de los escritores m&aacute;s rom&aacute;nticos en el mejor sentido de la palabra. Y un acercamiento a &eacute;l y a lo que escribi&oacute; contagia casi instant&aacute;neamente una cierta idea rom&aacute;ntica de la literatura y de su pr&aacute;ctica como utop&iacute;a realizable. Unas ganas feroces de que todo sea escritura y de que la tinta sea igual de importante que la sangre&rdquo; (&hellip;) &ldquo;Una cosa est&aacute; clara, no hay dudas al respecto: Bola&ntilde;o escrib&iacute;a desde la &uacute;ltima frontera y al borde del abismo. S&oacute;lo as&iacute; se entiende una prosa tan activa y cin&eacute;tica y, al mismo tiempo, tan observadora y reflexiva&rdquo;. Y se adentra en <em>La Universidad Desconocida</em>, la <em>summa</em> testamentaria de la poes&iacute;a de Roberto Bola&ntilde;o, &ldquo;una obra cuidadosamente pensada y estructurada por Bola&ntilde;o a lo largo de muchos a&ntilde;os y que, tal vez por sentirla como algo final y sin vuelta, nunca quiso publicar en vida&rdquo;. Un libro, al que Fres&aacute;n rebautiza como <em>Manual para Ser Bola&ntilde;o</em> y afirma: &ldquo;Bola&ntilde;o trabaja aqu&iacute; con los lugares comunes y los clich&eacute;s de la bohemia pero &ndash;en esto reside el valor y el genio del libro&ndash; convirti&eacute;ndolos en algo indivisible y suyo. Quienes se limiten a disfrutarlo sin intencionales epigonales encontrar&aacute;n aqu&iacute; algo mejor que el mapa del tesoro: el tesoro mismo&rdquo; (&hellip;) &ldquo;Los poemas de <em>La Universidad Desconocida</em> &ndash;&eacute;picos y dom&eacute;sticos&ndash; aparecen surcados por nombres de r&iacute;os y calles, de libros y de pel&iacute;culas, de escritores y de seres queridos que resultar&aacute;n familiares para los <em>habitu&eacute;s</em> cart&oacute;grafos de la cosmogon&iacute;a del autor. Pero por encima de todos ellos resuena, una y otra vez, el pa&iacute;s privado y la calle propia y la pel&iacute;cula protagonizada por el nombre Roberto Bola&ntilde;o&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Alan Pauls nos cuenta su deslumbramiento con <em>Los detectives salvajes</em>: &ldquo;Despu&eacute;s de ese verano, que ya consta en mis anales como el verano en el que se me dio por leer <em>Los detectives salvajes</em>, verano que, dicho sea de paso, no le&iacute; otra cosa que <em>Los detectives salvajes</em>, y no porque no hubiera incluido otros libros en mi equipaje &ndash;porque de hecho los inclu&iacute;&ndash; ni porque la extensi&oacute;n de la novela de Bola&ntilde;o acaparara la totalidad de mis energ&iacute;as lectoras&rdquo; (&hellip;) &ldquo;Si no le&iacute; otro libro que <em>Los detectives salvajes</em> fue simplemente porque no qued&oacute; lugar&nbsp; &ndash;lugar en la <em>literatura</em>, quiero decir&ndash; para ning&uacute;n otro&rdquo; (&hellip;) &ldquo;Sabemos que no hay libro donde haya tantos poetas activos, mencionados, aludidos, citados, evocados, como <em>Los detectives salvajes</em>&rdquo;. Pero, sin embargo, afirma Pauls, &ldquo;ninguno de los poetas que se multiplican en las p&aacute;ginas de <em>Los detectives salvajes</em> escribe nada &ndash;nada, en todo caso, que nos sea dado leer. Un libro inflamado, henchido, rebosante de poetas&ndash; y <em>no hay Obra</em>&rdquo; (&hellip;) &ldquo;Si <em>Los detectives salvajes</em> es un gran tratado de etnograf&iacute;a po&eacute;tica es precisamente porque sacrifica eso, porque hace brillar la obra por su ausencia: porque en el lugar central, en la m&eacute;dula del libro, all&iacute; donde deber&iacute;amos ver desplegarse las artes, el saber, la intuici&oacute;n, el don de lengua de los poetas&rdquo; (&hellip;) &ldquo;Lo &uacute;nico que hay son r&aacute;fagas de aire, torbellinos hiperquin&eacute;ticos, una especie de movimiento grupuscular continuo, una compulsi&oacute;n a respirar, a tragar aire, un gregarismo hiperventilado, un atletismo de pulmones rotos y m&uacute;sculos gastados, fugas hacia delante&nbsp; &ndash;todo esto que la gran tradici&oacute;n del melodrama de artista, del Van Gogh de Minnelli en adelante, designa con una expresi&oacute;n perfectamente <em>kitsch</em> y perfectamente irrebatible<em>: sed de vivir</em>, mientras que &ldquo;lo que se infiltra en la ficci&oacute;n es algo que s&oacute;lo cre&iacute;amos conocer (y despreci&aacute;bamos) bajo la forma del peor de los estereotipos: La Vida misma, la Vida po&eacute;tica. Es el Vitalismo enorme, kerouacquiano, casi emersoniano, podr&iacute;amos decir, que anima a una novela como <em>Los detectives salvajes</em>: vitalismo <em>contra natura</em>, vitalismo de vanguardia, s&iacute;, en la medida que consuma como nunca el principio vanguardista &uacute;ltimo: la abolici&oacute;n del l&iacute;mite contra las esferas, las pr&aacute;cticas, las &oacute;rbitas humanas; la extinci&oacute;n de las autonom&iacute;as y las especificidades; la disoluci&oacute;n del arte en la vida. En ese sentido, a lo largo de toda su carrera, no habr&iacute;a escrito sino una sola cosa, un libro &uacute;nico, a la vez entusiasta y doliente, euf&oacute;rico y f&uacute;nebre: una Gran Introducci&oacute;n a la Vida Art&iacute;stica&rdquo; (&hellip;) &ldquo;La Vida Art&iacute;stica, seg&uacute;n Bola&ntilde;o, aun cuando nunca deje de reconocerle antecedentes en las vanguardias de principios de siglo, siempre aparece fechada en los a&ntilde;os 70, una &eacute;poca donde todo &lsquo;de alguna manera es una broma y de alguna manera es algo completamente en serio&rsquo; y todos son &lsquo;escritores o periodistas o pintores o revolucionarios&rsquo;&rdquo; (&hellip;) &ldquo;Los a&ntilde;os 70, es decir: los a&ntilde;os en los que la idea de vanguardia articul&oacute; por &uacute;ltima vez en un modo de existencia, en una inmanencia vital, la pulsi&oacute;n pol&iacute;tica y la est&eacute;tica; los a&ntilde;os &ndash;para decirlo con Bola&ntilde;o&ndash; en que fue joven &lsquo;la &uacute;ltima generaci&oacute;n latinoamericana que tuvo mitos&rsquo;&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Ignacio Echevarr&iacute;a subraya la importancia de la fractalidad en la obra entera de Bola&ntilde;o, ra&iacute;z de <em>Estrella distante</em> que ampl&iacute;a un episodio de <em>La literatura nazi en Am&eacute;rica</em>. Y afirma que &ldquo;ligado a este principio de fractalidad, la forma en que la obra entera de Bola&ntilde;o parece articular una especie de transg&eacute;nero en el que se integran indistintamente poemas narrativos, relatos cortos, relatos largos, novelas cortas y novelones. En este sentido, la particular estructura de la que es hasta el momento su novela mayor, <em>Los detectives salvajes</em>, constituye el arquetipo de lo que, en una escala superior, viene a ocurrir con la obra de Bola&ntilde;o en su conjunto: resulta tan plausible segregar sus distintas piezas, dot&aacute;ndolas de una relativa autonom&iacute;a, como agregarles otras nuevas, independientemente constituidas. La parte funciona como el todo, alcanz&aacute;ndose en cada ocasi&oacute;n una configuraci&oacute;n nueva, en absoluto redundante pero s&iacute; desde luego insistentemente sondeadora de un mismo territorio moral, que determina unas constantes tem&aacute;ticas y estil&iacute;sticas.&rdquo; Y m&aacute;s adelante, &ldquo;la condici&oacute;n transgen&eacute;rica que caracteriza la obra entera de Roberto Bola&ntilde;o, pues, acercar&iacute;a una primera justificaci&oacute;n al ascendente que en tan poco tiempo ha logrado este autor sobre los j&oacute;venes escritores latinoamericanos&rdquo; (&hellip;) &ldquo;Otra justificaci&oacute;n, m&aacute;s convincente todav&iacute;a, podr&iacute;a aportarla lo que alguna vez se ha optado por calificar, en relaci&oacute;n tanto a la figura como a la obra de Roberto Bola&ntilde;o, como su <em>extraterritorialidad</em>&rdquo;. Este concepto de extraterritorialidad, seg&uacute;n George Steiner, que fue qui&eacute;n la formul&oacute;, encarnado por escritores n&oacute;madas y multiling&uuml;es, es &ldquo;el principal impulso de la literatura actual&rdquo; y &ldquo;tiene que ver con el problema m&aacute;s general de la p&eacute;rdida del centro.&rdquo;</p>
<p>&ldquo;Y en esta &eacute;poca de la globalizaci&oacute;n&rdquo;, afirma Echevarr&iacute;a, &ldquo;la noci&oacute;n de extraterritorialidad subvierte la ya anticuada y m&aacute;s complaciente de cosmopolitismo para sugerir aquellos aspectos de la literatura moderna en que &eacute;sta se perfila&rdquo;, en palabras del propio Steiner, como &ldquo;una estrategia de exilio permanente.&rdquo; Y a&ntilde;ade: &ldquo;Es en este sentido en el que esta categor&iacute;a de extraterritorialidad conviene muy bien a la literatura de Bola&ntilde;o, que refunda a trav&eacute;s de ella una nueva forma de comprenderse a s&iacute; mismo y de comprender en general al escritor latinoamericano. En Roberto Bola&ntilde;o, cabr&iacute;a decir, la nueva narrativa latinoamericana reconoce &ndash;y consagra&ndash; no s&oacute;lo un nuevo modelo de escritura: tambi&eacute;n a un nuevo modelo de escritor&rdquo;. &ldquo;Si la obra y la figura misma de Roberto Bola&ntilde;o ha alcanzado, entre los j&oacute;venes y no tan j&oacute;venes escritores latinoamericanos, pero tambi&eacute;n entre los espa&ntilde;oles, tan r&aacute;pida y tan importante notoriedad, se debe sin duda a la forma en que resuelve lo que entretanto se ha convertido en una parad&oacute;jica condici&oacute;n: la de ser y no querer ser escritor latinoamericano. La de escribir y no querer escribir sobre un pa&iacute;s &ndash;Chile, en este caso&ndash; y sobre una regi&oacute;n &ndash;Latinoam&eacute;rica- de los que entretanto se ha convertido en su bardo m&aacute;s caracterizado&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;Pues eso mismo ha devenido Roberto Bola&ntilde;o en muy poco tiempo: el bardo de Latinoam&eacute;rica. El cantor de las sucesivas generaciones de j&oacute;venes poetas latinoamericanos que sucumbieron en el abismo de un continente perdido en el que el exilio es la figura &eacute;pica de la desolaci&oacute;n y de la vastedad&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;En poemas, en relatos, en novelas, Roberto Bola&ntilde;o viene escribiendo el gran poema &eacute;pico &ndash;destartalado, terrible, c&oacute;mico y trist&iacute;simo&ndash; de Latinoam&eacute;rica; viene escribiendo la epopeya del fracaso y de la derrota de un continente fantasma que alumbr&oacute; primero el sue&ntilde;o de un mundo nuevo, que anim&oacute; luego el sue&ntilde;o de la revoluci&oacute;n, y que hoy sobrevive &uacute;nicamente en las formas residuales de la emigraci&oacute;n y de la bancarrota&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;De uno a otro de todos los libros de Bola&ntilde;o, incluidos los de poes&iacute;a, hay un motivo recurrente: la visi&oacute;n alucinada de una interminable procesi&oacute;n de j&oacute;venes latinoamericanos precipit&aacute;ndose en el abismo&rdquo;.</p>
<p>Y recuerda las palabras de Bola&ntilde;o en su poema &ldquo;Los pasos de Parra&rdquo;, &ldquo;esas &lsquo;generaciones sacrificadas bajo la rueda y no historiadas&rsquo;, esa procesi&oacute;n de &lsquo;j&oacute;venes latinoamericanos sacrificados&rsquo; y constituye la materia de la que est&aacute; hecha la literatura de Roberto Bola&ntilde;o.&rdquo; Y remata su texto con tres palabras clave para la lectura de la obra de Bola&ntilde;o: <em>tristeza</em>, <em>valent&iacute;a</em> y una tercera sin la cual las otras dos no alcanzar&iacute;an toda su potencia: <em>broma.</em> &ldquo;Este car&aacute;cter de broma constituye el expediente mediante el cual la literatura de Bola&ntilde;o &ndash;importa subrayarlo&ndash; se vacuna e inmuniza contra la infecci&oacute;n de la literatura misma, comprendida siempre por &eacute;l como una enfermedad de la vida&rdquo;. Y para terminar recordar que entre las acotaciones de Bola&ntilde;o relativas a <em>2666</em>, &eacute;ste escribe &ldquo;El narrador de <em>2666</em> es Arturo Belano&rdquo;. Y en otro lugar a&ntilde;ade, con la indicaci&oacute;n &ldquo;Para el final de <em>2666</em>&rdquo;. &ldquo;Y esto es todo, amigos. Todo lo he hecho, todo lo he vivido. Si tuviera fuerzas, me pondr&iacute;a a llorar. Se despide de ustedes, Arturo Belano&rdquo;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 23 Jan 2015 10:54:46 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mira a lo lejos: rojizas hogueras]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/mira-a-lo-lejos-rojizas-hogueras/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas15/Enero/carloszanonquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 540px;">Mira a lo lejos: rojizas hogueras</p>
<p style="padding-left: 540px;">que no aciertan a prender en la arena.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Seguir de pie, muchas veces,</p>
<p style="padding-left: 540px;">es no saber morir.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Qu&eacute; dar&iacute;a yo por tener el horizonte,</p>
<p style="padding-left: 540px;">una azotea desde la que ondear</p>
<p style="padding-left: 540px;">como se&ntilde;uelos, el fino</p>
<p style="padding-left: 540px;">pentagrama de los huesos.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Ojos de ni&ntilde;o con los que mirar</p>
<p style="padding-left: 540px;">la &uacute;ltima verja del Para&iacute;so:</p>
<p style="padding-left: 540px;">todo hermoso, todo perdido.</p>
<p style="padding-left: 540px;">El silencio nos ha hecho sordos.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Pero no fueron las olas ni el mar</p>
<p style="padding-left: 540px;">ni los huesos rotos bajo la piel.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Fue la p&eacute;rdida, el abandono,</p>
<p style="padding-left: 540px;">el amor que nos revent&oacute; por dentro,</p>
<p style="padding-left: 540px;">que nos devast&oacute; a besos la vida,</p>
<p style="padding-left: 540px;">a la espera de que alguien nos descubriera</p>
<p style="padding-left: 540px;">y nos identificara como propio.</p>
<p style="padding-left: 540px;">No es el na&uacute;frago quien est&aacute; perdido</p>
<p style="padding-left: 540px;">sino el barco que acierta a recogerlo.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 23 Jan 2015 10:49:11 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aliento]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/aliento/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas15/Enero/espinosaquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p><span style="text-align: right;"><br /></span></p>
<p><span style="text-align: right;"><br /></span></p>
<p><span style="text-align: right;"><br /></span></p>
<p><span style="text-align: right;"><br /></span></p>
<p><span style="text-align: right;"><br /></span></p>
<p><span style="text-align: right;"><br /></span></p>
<p><span style="text-align: right;"><br /></span></p>
<p><span style="text-align: right;"><br /></span></p>
<p><span style="text-align: right;"><br /></span></p>
<p><span style="text-align: right;"><br /></span></p>
<p><span style="text-align: right;"><br /></span></p>
<p><span style="text-align: right;"><br /></span></p>
<p><span style="text-align: right;"><br /></span></p>
<p><span style="text-align: right;">Una mu&ntilde;eca entre las manos&nbsp;</span>del mendigo.</p>
<p>Su cabeza brilla cada vez que el pa&ntilde;o pasa sobre el pl&aacute;stico.</p>
<p>La observa una y otra vez con la ternura que los hijos de los ricos no reciben.</p>
<p>Rastrojo, ceniza, nube.</p>
<p>Peque&ntilde;a mu&ntilde;eca de goma.</p>
<p>Peque&ntilde;o regalo.</p>
<p>Aliento.</p>
<p>En el cubo de la basura has alumbrado la noche.</p>
<p>En las manos del hambre has creado la madrugada.</p>
<p style="padding-left: 480px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 16 Jan 2015 13:18:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La pértiga de Caronte]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-pertiga-de-caronte/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/2015/jesusgarciacalderonquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A ritmo de endecas&iacute;labos y heptas&iacute;labos mayoritariamente blancos, este reciente libro de Jes&uacute;s Garc&iacute;a Calder&oacute;n, <em>Las visitas de Caronte</em>, descubre desde sus primeros compases una voz doliente y contenida en la que al potenciar en su primer poema la importancia del &ldquo;t&uacute;&rdquo; (seguramente la ausenca de la madre) se individualiza la soledad del protagonista l&iacute;rico, abandonado y triste en el mundo sin ese asidero materno. Con rapidez, ya en el segundo poema &ldquo;Meditaci&oacute;n de Caronte&rdquo; se advierte la presencia del barquero del Hades para centrar las reflexiones en el mundo de la muerte, al que las almas se entregan &ldquo;... sin temor, sin voz, sin equipaje&rdquo;. Es esta alusi&oacute;n al viaje definitivo la que impulsa igualmente al protagonista a pensar en el que se realiza por la vida, y a ver el mar como algo misterioso, anhelado y necesario para la existencia. Esta parece deambular sin rumbo apenas se aleja de la infancia, que deja su rastro imborrable en la biograf&iacute;a de ese protagonista azotado por la inclemencia: &ldquo;Mi vida de interior se hizo peque&ntilde;a / y despert&oacute; mi alma / y me quebr&oacute; la calma para siempre&rdquo;. Es esta peque&ntilde;ez un motivo m&aacute;s para la reflexi&oacute;n filos&oacute;fica sobre el existir, que en &ldquo;Certeza&rdquo; -composici&oacute;n, por cierto, tan bien medida, &aacute;gil y musical- se ti&ntilde;e de toda la dolida tradici&oacute;n manrique&ntilde;a (&ldquo;No es despu&eacute;s de morir, es al nacer / cuando Caronte impulsa / la p&eacute;rtiga primera entre las aguas&rdquo;) y a la vez de la contundente convicci&oacute;n vital de Calder&oacute;n de la Barca, pues se nos dice que &ldquo;Y al morir despertamos / de aquel sue&ntilde;o ligero de la vida / que ha llegado al origen del olvido&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta meditaci&oacute;n que es cada poema se adentra en el pensamiento del m&aacute;s all&aacute; intentando descubrir &ldquo;hasta un destino exacto que te espera&rdquo;. Poco a poco, engarzados a la concisi&oacute;n de las composiciones, van surgiendo conceptos como los de camino, silencio, equipaje, finitud y permanencia. Pocas veces los versos sobrepasan el conjunto de los veinte o veinticinco, pero en su limitada dimensi&oacute;n abordan y desarrollan siempre una idea esencial, sea la irrealidad de los sue&ntilde;os, la del designio inesperado, del significado del tiempo y la brevedad terrena; &ldquo;Vuela la vida, abres los ojos, mueres&rdquo;, y una y otra vez la apelaci&oacute;n al alma y su destino: &ldquo;Ve tranquila, mi hermana m&aacute;s peque&ntilde;a / &hellip;/ que no hay luz m&aacute;s clara, / ni hay asombro mayor que el de su ocaso, / ni justicia m&aacute;s firme y m&aacute;s exacta&rdquo;. A ese destino, a ese otro mundo vamos, comparti&eacute;ndolo con otros tras la evidencia de que &ldquo;Caronte nunca duerme, casi nunca descansa&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A la vez que algunos versos alargan su c&oacute;mputo (hallamos ya octos&iacute;labos e incluso alejandrinos) y que la asonancia aparece aunque sea sin esquema fijo, este tema tan universal y&nbsp;&nbsp; asimismo tan propio del individuo como es el recuento de la vida se afianza al un&iacute;sono con el convencimineto -igualmente manrique&ntilde;o- de que nada es imprescindible sino pasajero y mundano: y as&iacute; al verso en que Manrique se&ntilde;ala que &ldquo;y los deleites de ac&aacute; / son, en que nos deleitamos, / temporales&rdquo;, sucede ahora, bajo el t&iacute;tulo &ldquo;Juicio final&rdquo;, otro que Garc&iacute;a Calder&oacute;n reescribe con una apreciaci&oacute;n semejante: &ldquo;No son m&aacute;s que despojos. Nos arrastran&rdquo;; y la denuncia de que las riquezas marchitas &ldquo;&iquest;qu&eacute; fueron sino verduras / de las eras?&rdquo; parece reconvertirse en &ldquo;Todo queda marchito cuando Caronte viene a recogernos&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Obligatorio es que el tema de la muerte se oponga al de la vida, que el olvido atraiga al recuerdo (&ldquo;Recuerdo los consejos que me daba mi madre&rdquo;) y que, para mantener el equilibrio, todo tenga su ant&iacute;tesis, un recurso que por cierto se repite algunas veces en este libro: &ldquo;Lo profundo est&aacute; encima de los cielos&rdquo;; &ldquo;Esa voz est&aacute; viva. Esa voz est&aacute; muerta&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Es la importancia de lo espiritual, lo trascendente, lo supraterreno (&ldquo;...aquello que se esconde / m&aacute;s all&aacute; de nosotros&rdquo;) lo que se potencia poniendo en juego la imaginaci&oacute;n y la fuerza poderosa de un mundo opuesto a la realidad circundante, pues llega a decirse: &ldquo;recuerdo aquel instante y su delicia / que no s&eacute; si so&ntilde;&eacute; si viv&iacute; si me ocurriera&rdquo;. As&iacute; pues la vida, seg&uacute;n se afirma en el poema &ldquo;Tr&aacute;nsito&rdquo;, es lugar de paso, es espera incierta y desconcertante, &ldquo;una forma de ser inexplicable&rdquo;, porque para el alma ha de primar no este camino o viaje mundano sino la esperanza de otro &aacute;mbito en donde ha de comenzar la dicha y la satisfacci&oacute;n a las que la muerte nos allega, y sin duda &ldquo;La muerte es el lugar donde prosigue / este eterno viaje&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El momento mismo de la muerte es una encrucijada que obliga a recapitular, y con diversa perspectiva se refieren a ese instante &ldquo;La amistad&rdquo;, &ldquo;Mi voz desde la orilla&rdquo; -presentado como el recuerdo de alguien ya difunto-, el igualmente titulado &ldquo;La muerte&rdquo; -anclado en el realismo y la plasticidad de la mirada-, y &ldquo;Consuelo de los &aacute;ngeles&rdquo; -que alude a esa presencia argumentando &ldquo;como muestran el rumbo que ha de seguir el alma&rdquo;-. Adem&aacute;s, el rito del recuerdo pone en evidencia la eficacia del pasado -de aqu&iacute; el uso de tiempos como &ldquo;era&rdquo; o &ldquo;ya se han ido&rdquo;<em>- </em>que nos impulsa a<em> </em>apreciar, de nuevo y en una revivencia nost&aacute;lgica, a aquellos que ya nos abandonaron y cuya existencia, &ldquo;que parece volver junto a nosotros&rdquo;, se trueca en emoci&oacute;n, en sentimiento vital que nos pone en la pista de una aprehensi&oacute;n necesaria: &ldquo;No sabemos mirar el tiempo que se ha ido&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dejando de lado &ldquo;Derrota del cari&ntilde;o&rdquo; y &ldquo;Derrota de la ambici&oacute;n&rdquo;, que no entroncan directamente con la tem&aacute;tica directriz del poemario, con los tres t&iacute;tulos que concluyen el libro se cierra tambi&eacute;n este ciclo de poemas en que Caronte, como s&iacute;mbolo de la muerte que nos es compa&ntilde;era y que representa una recurrente preocupaci&oacute;n en nuestra vida, vuelve una y otra vez a hacerse presente -en parte de aqu&iacute; procede la menci&oacute;n de sus &ldquo;visitas&rdquo;-. Por eso en &ldquo;Selva sin nombre&rdquo; se dice que es in&uacute;til defender la vida cuando la sentimos &ldquo;escapar y escapar desde nosotros&rdquo;, y en &ldquo;El alma detenida&rdquo;&nbsp; se a&ntilde;ade que &ldquo;La vida nunca puede detenerse / y dejar de fluir...&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Jes&uacute;s Garc&iacute;a Calder&oacute;n se posiciona de nuevo con este &uacute;ltimo poemario en la actualidad l&iacute;rica. Desde que en 1991 se diera a conocer con el titulado <em>La provincia</em> ha a&ntilde;adido, con este, otros seis a su curr&iacute;culo de hondo y reflexivo poeta. Aunque lo m&aacute;s reciente que hab&iacute;amos le&iacute;do de &eacute;l fuera un ensayo, <em>El mal de la muralla </em>(Rute, &Aacute;nfora Nova, 2013)<em>, </em>tambi&eacute;n en sus p&aacute;ginas se percibe un lirismo y una penetraci&oacute;n con indudables ribetes emotivos. Al atreverse ahora a una indagaci&oacute;n sobre la muerte, y exponerla con la subjetividad que late en este libro, present&aacute;ndolo incluso -seg&uacute;n su &uacute;ltimo poema- como &ldquo;Una breve postal desde la vida&rdquo;, lo que hace es volcar en sus versos su pensamiento m&aacute;s &iacute;ntimo sin olvidar cu&aacute;nto de tradici&oacute;n y de mito lo inunda desde nuestra aprehensi&oacute;n ancestral, teniendo pues presente que todo cuanto nos constituye, reviste, diversifica y alegra, puede medirse con la convicci&oacute;n de que finaliza o comienza de verdad &ldquo;cuando llega Caronte hasta tu orilla&rdquo;.- ANTONIO MORENO AYORA.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jes&uacute;s Garc&iacute;a Calder&oacute;n, <em>Las visitas de Caronte. </em>Sevilla, La Isla de Siltol&aacute;, 2014.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 16 Jan 2015 13:12:27 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Poner nombre a los gatos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/poner-nombre-a-los-gatos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/2015/eliotquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 360px;">&nbsp;Poner nombre a los gatos no es sencillo,&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 360px;">juego de vacaciones s&iacute; que no es.</p>
<p style="padding-left: 360px;">Podr&eacute;is pensar de pronto que me falta un tornillo,</p>
<p style="padding-left: 360px;">pero nombres un gato siempre ha de tener tres.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 360px;">Uno, el que la familia usa a diario,</p>
<p style="padding-left: 360px;">Juan, Alberto, Crist&oacute;bal o Vicente,</p>
<p style="padding-left: 360px;">Ricardo o Nicol&aacute;s o Luis o Mario.</p>
<p style="padding-left: 360px;">Todo muy razonable y muy corriente.</p>
<p style="padding-left: 360px;">Los hay m&aacute;s chic, que igual suenan mejor,</p>
<p style="padding-left: 360px;">para damas o para caballeros:</p>
<p style="padding-left: 360px;">S&oacute;crates, Afrodita, Eolo, Thor.</p>
<p style="padding-left: 360px;">Siguen siendo sensatos, llevaderos.</p>
<p style="padding-left: 360px;">Pero, creedme, el gato quiere un nombre especial,</p>
<p style="padding-left: 360px;">un nombre peculiar, que de estilo lo dote.</p>
<p style="padding-left: 360px;">&iquest;C&oacute;mo lleva, si no, la cola vertical</p>
<p style="padding-left: 360px;">y tiesos el orgullo y el bigote?</p>
<p style="padding-left: 360px;">Nombres as&iacute; me salen un mont&oacute;n:</p>
<p style="padding-left: 360px;">Atrapat&oacute;n, Cuaj&oacute;n, Coricopato,</p>
<p style="padding-left: 360px;">o bien Bomularina o Mermel&oacute;n,</p>
<p style="padding-left: 360px;">nombres que nunca lleva m&aacute;s de un gato.</p>
<p style="padding-left: 360px;">Y aun as&iacute;, y m&aacute;s que nada, falta uno todav&iacute;a,</p>
<p style="padding-left: 360px;">y es un nombre imposible de entrever:</p>
<p style="padding-left: 360px;">el nombre que un humano jam&aacute;s descubrir&iacute;a</p>
<p style="padding-left: 360px;">y s&oacute;lo el gato sabe y no deja saber.</p>
<p style="padding-left: 360px;">Si descubr&iacute;s que un gato est&aacute; muy pensativo,</p>
<p style="padding-left: 360px;">sin duda va a haber siempre un &uacute;nico motivo.</p>
<p style="padding-left: 360px;">Estar&aacute; ensimismado en el murmullo&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 360px;">de ideas de ideas de ideas del nombre suyo:</p>
<p style="padding-left: 360px;">su inefable efable</p>
<p style="padding-left: 360px;">efablinefable</p>
<p style="padding-left: 360px;">profundo inescrutable nombre suyo.</p>
<p style="padding-left: 360px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 360px; text-align: left;" align="right">&nbsp;(Traducci&oacute;n de &Aacute;lvaro Garc&iacute;a)</p>
<p style="padding-left: 360px;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 360px;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 360px;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 360px;">Nota del traductor.- Esta versi&oacute;n&nbsp;de "The Naming of Cats"&nbsp;est&aacute; dedicada a mis&nbsp;alumnos del&nbsp;M&aacute;ster de Traducci&oacute;n Literaria de la Universidad de M&aacute;laga, con quienes la inici&eacute;.&nbsp;Recuerdo que intentamos tambi&eacute;n, un curso antes o despu&eacute;s,&nbsp;una traducci&oacute;n r&iacute;tmica&nbsp;de "Lady Weeping at the Crossroads", de Auden y madame Sarkozy,&nbsp;que en cambio no conservo. Si la&nbsp;tiene alguien al otro lado de esta p&aacute;gina,&nbsp;me encantar&iacute;a&nbsp;que la recuper&aacute;ramos para <em>Turia</em> digital.</p>
<p style="padding-left: 360px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 16 Jan 2015 13:05:08 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Widmung]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/widmung/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas15/Enero/andrestrapielloquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En silencio la casa.</p>
<p>Una l&aacute;mpara en pie con su universo</p>
<p>peque&ntilde;o y armonioso,</p>
<p>y en el balc&oacute;n la luna con su peplo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Peplo, una palabra culta</p>
<p>para vosotros, hijos.</p>
<p>&iquest;No o&iacute;s en el cristal de la ventana</p>
<p>la mariposa acometiendo ciega?</p>
<p>No le bastan la noche de verano</p>
<p>ni todas las estrellas.</p>
<p>Quiere tambi&eacute;n entrar,</p>
<p>coronar vuestras frentes y libar</p>
<p>en esas blancas manos&nbsp;</p>
<p>que el cansancio amold&oacute; sobre el embozo,</p>
<p>mazapanes de un horno.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El ruise&ntilde;or se ha ido y la lechuza</p>
<p>de la vieja almazara ulula y piensa</p>
<p>con s&iacute;labas lejanas</p>
<p>para no despertar vuestro reposo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dorm&iacute;s, dorm&iacute;s, y vuestro padre al lado</p>
<p>va escribiendo estos versos,</p>
<p>e igual que la falena misteriosa,</p>
<p>golpea en el papel como en un vidrio</p>
<p>y en la poes&iacute;a trata as&iacute; de entrar,</p>
<p>como en la luz la noche.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(1989)&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>_________</p>
<p>(*)&nbsp;Este poema, in&eacute;dito, es de los tiempos en los que empec&eacute; a colaborar en&nbsp;<em>Turia</em>. No s&eacute; por qu&eacute; no lo publiqu&eacute; nunca. El que lo haya conservado siempre a mano indica una relaci&oacute;n especial con &eacute;l. Su t&iacute;tulo, "Dedicatoria", hace referencia al lied de Schumann del mismo t&iacute;tulo, canci&oacute;n unida para m&iacute; a mi ni&ntilde;ez y a la de mis hijos, a quienes el poema est&aacute; dedicado.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 12 Jan 2015 07:45:55 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hoy, mujer, he visto los pájaros de salitre]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/hoy-mujer-he-visto-los-pajaros-de-salitre/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas15/Enero/rafaeldecozarquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 510px;">Hoy, mujer, he visto los p&aacute;jaros de salitre:</p>
<p style="padding-left: 510px;">una andanada de gotas en los cristales,</p>
<p style="padding-left: 510px;">la tarde tras la lluvia</p>
<p style="padding-left: 510px;">rebotando sobre las hojas,</p>
<p style="padding-left: 510px;">el patio de rojos ladrillos,</p>
<p style="padding-left: 510px;">la calle rebosando espuma,</p>
<p style="padding-left: 510px;">una p&aacute;gina de nieve en las aceras,</p>
<p style="padding-left: 510px;">el esmalte gris del oto&ntilde;o.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">Hoy he vuelto, mujer,</p>
<p style="padding-left: 510px;">a caminar sobre las nubes,</p>
<p style="padding-left: 510px;">de nuevo a recordar en tantas cosas</p>
<p style="padding-left: 510px;">el c&aacute;lido eco de tus pasos, tus besos,</p>
<p style="padding-left: 510px;">la casa, las alfombras, el paisaje,</p>
<p style="padding-left: 510px;">un rito de fuego, las espigas,</p>
<p style="padding-left: 510px;">las lentas, las lent&iacute;simas horas</p>
<p style="padding-left: 510px;">deslizadas al hilo de los d&iacute;as&hellip;</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">Hoy pasaron los a&ntilde;os y es ma&ntilde;ana</p>
<p style="padding-left: 510px;">cuando la sangre del tiempo se coagula,</p>
<p style="padding-left: 510px;">un golpe cierra la ventana,</p>
<p style="padding-left: 510px;">tiembla la cuerda del recuerdo</p>
<p style="padding-left: 510px;">y sobre las huellas de tu huella</p>
<p style="padding-left: 510px;">yo vuelvo a revivirte por revivirme.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">Hoy en fin, mujer, por fin la noche</p>
<p style="padding-left: 510px;">se cuaja en los caballos de las sombras</p>
<p style="padding-left: 510px;">y puedo gritar que t&uacute; y yo</p>
<p style="padding-left: 510px;">iniciamos el tiempo del olvido</p>
<p style="padding-left: 510px;">y s&oacute;lo nos queda</p>
<p style="padding-left: 510px;">rellenar de nuevo las hojas del oto&ntilde;o.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 12 Jan 2015 07:34:56 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nuno Júdice, teoría de la pérdida]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/nuno-judice-teoria-de-la-perdida/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas15/Enero/nunoquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>Llega un momento, en medio de la carretera de la vida, en que dejamos de conducir mirando al frente y lo hacemos con los dos ojos clavados en el retrovisor, viene a decirnos la poes&iacute;a eleg&iacute;aca del poeta portugu&eacute;s Nuno J&uacute;dice (nacido en Mexilhoeira Grande en 1949), &uacute;ltimo premio Reina Sof&iacute;a de poes&iacute;a iberoamericana y uno de los nombres indiscutibles de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas de poes&iacute;a lusa. La mirada de Nuno J&uacute;dice recoge los indicios que el pasado deja en nuestro presente (en calles, en libros, en un gesto al tomar la taza de caf&eacute;, en una forma de atusarse el cabello) y construye con ellos una eleg&iacute;a que no renuncia a su carga de dolor por lo dejado atr&aacute;s pero que en el fondo viene a decirnos, como lo hacen a veces algunas canciones, que no hemos perdido lo que hemos perdido, que si los a&ntilde;os cansan es porque a la vez que recorremos las calles del presente seguimos caminando por cada una de las calles que una vez caminamos, amando a un tiempo todos los cuerpos que anta&ntilde;o amamos, arrepinti&eacute;ndonos de cada mal paso, extenu&aacute;ndonos ante la presencia voraz de la dicha.</p>
<p>Si una de las coordenadas de la poes&iacute;a de Nuno J&uacute;dice es la p&eacute;rdida, la otra es el misterio. Y en su capacidad para evocarlo y sugerirlo est&aacute; probablemente la clave de la trascendencia de su poes&iacute;a. Hay siempre algo, en los mejores poemas de J&uacute;dice, que nos sugiere que en medio de la cotidianidad, al acecho entre los gestos de siempre, est&aacute; a punto de irrumpir algo peque&ntilde;o y secreto que cambiar&aacute; nuestras vidas para siempre. La poes&iacute;a de J&uacute;dice est&aacute; al acecho del momento de la duraci&oacute;n; un momento que, cuando queremos darnos cuenta, ha pasado irremediablemente. Por suerte, ten&iacute;amos lista la trampa del poema y algo de &eacute;l ha quedado atrapado en ella, aunque sea algo que s&oacute;lo podemos ya contemplar, pero no vivir del todo; que nos escucha, pero no nos responde. Y esa respuesta no dicha es lo que busca el poema.</p>
<p>J&uacute;dice, que adem&aacute;s de poeta es novelista y un l&uacute;cido ensayista, destaca entre los poetas de su generaci&oacute;n por ser uno de los que antes asimila un elemento surrealista muy presente en la poes&iacute;a portuguesa, y lo hace en unos poemas de corte esencialmente narrativo. La mayor abstracci&oacute;n de sus primeros libros se va atenuando hasta alcanzar el molde m&aacute;s habitual de su obra: algo vivido, le&iacute;do o visto reclama un instante pasado, y la evocaci&oacute;n sugiera una teor&iacute;a de la p&eacute;rdida. J&uacute;dice busca una poes&iacute;a casi se dir&iacute;a que de clima, en la que juega a recrear una atm&oacute;sfera de la que se concluye no una moraleja, sino algo parecido a la condensaci&oacute;n de esa atm&oacute;sfera en forma de estado de &aacute;nimo. Siempre hay algo en sus atm&oacute;sferas que acaba por atraparnos, por retener, latiendo, algo del tiempo que pasa inexplicable.&nbsp;El n&uacute;cleo esencial de su poes&iacute;a lo componen los libros <em>As regras da perspectiva</em> (Las reglas de la perspectiva, 1990), <em>Um canto na espessura do tempo</em> (Un canto en la espesura del tiempo, 1992), <em>Medita&ccedil;&atilde;o sobre ru&iacute;nas</em> (Meditaci&oacute;n sobre ruinas, 1995) y <em>O movimento do mundo</em> (El movimiento del mundo, 1996). En esos libros J&uacute;dice elabora su po&eacute;tica y la despliega en variaciones siempre hondas y con una novedosa mirada po&eacute;tica. A partir de ese libro, otros t&iacute;tulos como <em>Teoria geral do sentimento</em> (Teor&iacute;a general del sentimiento, 1999), <em>Geometria vari&aacute;vel</em> (Geometr&iacute;a variable, 2005) o <em>Guia de conceitos b&aacute;sicos</em> (Gu&iacute;a de conceptos b&aacute;sicos, 2010) ensanchan una obra que crece a un ritmo constante de pr&aacute;cticamente un libro por a&ntilde;o pero cuyas l&iacute;neas esenciales est&aacute;n ya trazadas desde esos libros fundamentales de los a&ntilde;os noventa. Cada nueva entrega aporta, y no es poco, un pu&ntilde;ado de poemas memorables. J&uacute;dice es un poeta bastante traducido al castellano: Visor e Hiperi&oacute;n han publicado antolog&iacute;as suyas y Pre-textos anuncia una nueva. Los poemas que traduzco a continuaci&oacute;n son in&eacute;ditos en castellano (hasta donde llegan mis noticias) y proceden del &uacute;ltimo libro publicado por Nuno J&uacute;dice en Portugal, <em>F&oacute;rmulas de uma luz inexplic&aacute;vel</em> (F&oacute;rmulas de una luz inexplicable, Dom Quixote, 2012). A prop&oacute;sito de este nuevo libro explicaba J&uacute;dice en una entrevista con Carlos Vaz Marques publicada en la revista <em>Ler</em> explica su b&uacute;squeda de un ambiente cotidiano en su poes&iacute;a como una reacci&oacute;n, en cierto modo, a lo que era m&aacute;s habitual entre los poetas de su generaci&oacute;n, partiendo de la abstracci&oacute;n: &ldquo;Por parte de mi generaci&oacute;n&rdquo;, explica, &ldquo;hubo un rechazo de ese camino. Es un poes&iacute;a que podr&iacute;amos decir m&aacute;s abstracta. Lo que no quiere decir que no haya habido siempre cuestiones que nacen de situaciones muy concretas. Aunque buscase transformarlas en otras cosas menos visibles o menos referenciales. Lo que ha ocurrido en mis &uacute;ltimos libros es una liberaci&oacute;n de esa preocupaci&oacute;n, y el comenzar a hablar de cosas que son de hoy. Es importante que haya una visi&oacute;n literaria de las cosas que ocurren. A trav&eacute;s de eso es posible comprendarlas de otra manera y verlas cr&iacute;ticamente&rdquo;. As&iacute; explica su evoluci&oacute;n. Y a la pregunta de si ha cambiado su noci&oacute;n del poema responde: &ldquo;Creo que no. Hay dos versos de ese libro (<em>La noci&oacute;n del poema</em>) que contin&uacute;an siendo parte de mi po&eacute;tica. Primero, &ldquo;una poes&iacute;a que las m&aacute;quinas podr&iacute;an hacer&rdquo;, en el sentido en que a partir del momento en que el poema comienza a ser construido funciona como algo que nace de dentro de su propio lenguaje. Dejo de dominar ese poema. Es una cosa que se pone en funcionamiento y que va construyendo aquello que estoy escribiendo. Puedo interferir pero es una construcci&oacute;n que tiene que ver con la idea de <em>caja negra&rdquo;</em>. As&iacute; versifica, en un poema titulado precisamente &ldquo;El poeta&rdquo;, su trabajo: &ldquo;Trabaja ahora en la importaci&oacute;n / y exportaci&oacute;n. Importa / met&aacute;foras, exporta alegor&iacute;as. / Podr&iacute;a ser un trabajador / por cuenta propia, / uno de esos que cumplimenta / cuadernos de hojas azules con / n&uacute;meros / de deber y haber. De hecho, lo que / debe son palabras; y lo que tiene / es ese vac&iacute;o de frases que le / ocurre cuando se apoya / en la ventana, en invierno, y la lluvia cae / del otro lado. Entonces, piensa / que podr&iacute;a importar el sol / y exportar las nubes. / Podr&iacute;a ser / un trabajador temporal. Pero, / en cierto modo, su / pr&aacute;ctica se confunde con la de un / escultor del movimiento. Hiere, / con la piedra del instante, lo que / pasa de camino / a la eternidad; / suspende el gesto que sue&ntilde;a el cielo; / y fija, en la dureza de la noche, / el movimiento de las alas, el azul, la sabia / interrupci&oacute;n de la muerte&rdquo;.</p>
<p>Probablemente el libro de 2013 de Nuno J&uacute;dice est&eacute; ya camino de la imprenta. Es tal la fuerza de su tono, su dominio del lenguaje po&eacute;tico, que es imposible no seguir ley&eacute;ndolo, buscando nuevos matices, encontrando, en cada nuevo libro, media docena de poemas que a&ntilde;adir a los mejores de su autor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nuno J&uacute;dice</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Proyecto</strong>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Busco la tierra blanca de otro</p>
<p>continente, los montes &aacute;ridos de un litoral</p>
<p>tempestuoso, el hondo secreto de unos ojos</p>
<p>abiertos al coral de la eternidad. Me perd&iacute;</p>
<p>en esa b&uacute;squeda; destru&iacute; los cuadernos donde</p>
<p>hab&iacute;a apuntado el camino. Como un ciego,</p>
<p>extend&iacute; los brazos al ocaso de un infinito</p>
<p>dibujado por los locos. Me golpe&eacute; contra</p>
<p>sus l&iacute;mites, y anduve d&aacute;ndole vueltas sin encontrar</p>
<p>un punto de fuga.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero vi salir todos los barcos del puerto</p>
<p>que hab&iacute;a imaginado. Lo hab&iacute;a imaginado con largos</p>
<p>muelles vac&iacute;os, y lo hab&iacute;a recorrido despacio, tropezando</p>
<p>en maderos podridos y en los cordajes in&uacute;tiles</p>
<p>de un velamen corro&iacute;do. De vez en cuando me sentaba</p>
<p>en los cajones deshechos por los vagabundos</p>
<p>en busca de un resto de comida. Los perros</p>
<p>ven&iacute;an junto a m&iacute; y me lam&iacute;an las manos</p>
<p>como si yo fuera su due&ntilde;o.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No s&eacute; qu&eacute; llevaban esos barcos, ni</p>
<p>qu&eacute; sue&ntilde;o de felicidad se deshizo en los ojos</p>
<p>vac&iacute;os de los ahogados.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Edipo</strong></p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Lo que el hombre busca no se encuentra</p>
<p>en las l&iacute;neas en que la eternidad se cruza con el</p>
<p>instante. &Eacute;l piensa que el azar dibuj&oacute; ese</p>
<p>l&iacute;mite; y se equivoca cuando desv&iacute;a la l&iacute;nea hasta</p>
<p>acercarla a su deseo, desafiando a los dioses. Pero</p>
<p>lo que el futuro le propone no es lo que</p>
<p>&eacute;l ve; s&oacute;lo las sibilas lo adivinaron, y la llave</p>
<p>de su lenguaje se perdi&oacute; en un fondo</p>
<p>de nube, entre aves enloquecidas y</p>
<p>vientos contrarios. El hombre insiste, sin embargo;</p>
<p>y sus manos cavan la tierra, abri&eacute;ndose camino</p>
<p>hasta las ra&iacute;ces secas de un siglo antiguo, donde</p>
<p>&eacute;l busca la soluci&oacute;n del enigma que,</p>
<p>si le preguntasen, no sabr&iacute;a enunciar: &laquo;&iquest;Qui&eacute;n</p>
<p>soy? O mejor, &iquest;qui&eacute;n imagino que soy, ahora</p>
<p>que ninguna respuesta me es dada?&raquo;. Y vuelve</p>
<p>a tapar el agujero que abri&oacute;, escondiendo las</p>
<p>piedras donde habr&iacute;a le&iacute;do su destino, si</p>
<p>a&uacute;n tuviese la luz del d&iacute;a para reconocer</p>
<p>las se&ntilde;ales. Sin embargo, de noche, los pasos</p>
<p>le conducen al lugar del que parti&oacute;,</p>
<p>como si fuese el &uacute;nico camino que</p>
<p>le queda. Y al llegar a ese principio,</p>
<p>descubre que es su fin, para no tener que</p>
<p>volver a partir, ni a hacer la pregunta</p>
<p>para la que no encontrar&aacute;, nunca, la respuesta.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>El sentido del azul</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Buscamos el sentido. Pensamos en ello. A</p>
<p>veces aparece un significado, pero todo resulta vago,</p>
<p>como si las palabras no dijesen ya lo que</p>
<p>dicen. Por ejemplo: quiero saber qu&eacute; significa</p>
<p>ese azul de la pared. La casa est&aacute; en pie,</p>
<p>resisti&oacute; al tiempo; pero el azul est&aacute; deslustrado</p>
<p>por el sol del verano, por la lluvia del invierno,</p>
<p>por la humedad salada de las mareas. Y cuanto</p>
<p>significa este azul no es el azul del color de</p>
<p>una pared, tan s&oacute;lo. Habr&aacute; quien vea en &eacute;l</p>
<p>el paso de los a&ntilde;os, la fragilidad de la vida;</p>
<p>pero habr&aacute; quien se&ntilde;ale los pedazos en que el color</p>
<p>desapareci&oacute;, dejando a la vista el revoco,</p>
<p>y se refiera a un mundo en ruinas, a cuanto</p>
<p>no es posible recuperar. Pero el pintor</p>
<p>llega, apoya la escalera contra la pared, disuelve</p>
<p>la pintura en el balde y aprovecha la semana sin</p>
<p>lluvia para igualarlo todo. Quiz&aacute;s el nuevo</p>
<p>azul no sea igual que el anterior; y cuando</p>
<p>miro el azul del cielo y lo comparo con el de la pared</p>
<p>es como si el uno fuera la sombra del otro. En</p>
<p>cierto modo, el azul de este cielo me parece</p>
<p>m&aacute;s artificial que el azul de la pared. Digo</p>
<p>entonces que el hombre perfecciona la imagen</p>
<p>que la naturaleza nos da, como si no</p>
<p>fuera posible creer en el cielo. El</p>
<p>pintor se ha marchado. Despu&eacute;s, miro</p>
<p>a lo alto: hay nubes aqu&iacute; y all&aacute;, y algunos</p>
<p>p&aacute;jaros lo punt&uacute;an como ins&oacute;litas</p>
<p>manchas en el infinito. Hace falta un pintor</p>
<p>que le tape los agujeros y lo iguale todo</p>
<p>de nuevo. &iquest;Pero d&oacute;nde est&aacute; la escalera</p>
<p>que llegue all&aacute;? &iquest;Y cu&aacute;ntos baldes de tinta ser&iacute;an</p>
<p>necesarios? Y me quedo esperando la noche para</p>
<p>no ver el azul con las imperfecciones del cielo.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Eleg&iacute;a</strong>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los romanos, que enterraban a sus muertos a lo largo de la calzada,</p>
<p>facilitaban las cosas: quien mor&iacute;a, ten&iacute;a a su frente el</p>
<p>camino ya hecho. De noche, cuando alcanzo las encrucijadas</p>
<p>y pienso en los huesos bajo tierra, les pregunto:</p>
<p>&laquo;&iquest;Cu&aacute;l es la direcci&oacute;n? &iquest;El norte, cuya estrella empalidece,</p>
<p>o el sur, hacia donde van quienes no saben qu&eacute; otro camino</p>
<p>seguir?&raquo;. Me responde el viento, que agita los quinqu&eacute;s</p>
<p>de la rotonda; y las sombras se agitan en el suelo, como si</p>
<p>quisieran responderme. &iquest;Pero a cu&aacute;l he de prestar atenci&oacute;n?</p>
<p>&iquest;A esa que danza, como la loca sibila, oblig&aacute;ndome</p>
<p>a descifrar los gestos de una respuesta? &iquest;O a la sombra</p>
<p>&uacute;nica, en la cal del muro, en que reconozco los rasgos de</p>
<p>una antigua amada, cuyo canto se desprende del breve silencio</p>
<p>de los arbustos? Aqu&iacute;, sin embargo, los romanos no tuvieron</p>
<p>ese problema. Los muertos fueron entregados a los muertos; y</p>
<p>la calzada continu&oacute;, de oeste a este, hasta los confines</p>
<p>del imperio. Quien se qued&oacute; en medio, entregado al olvido</p>
<p>de los dioses, no tuvo derecho a l&aacute;grimas, ni a l&aacute;pidas</p>
<p>funerarias. S&oacute;lo t&uacute;, que surgiste de mi memoria para</p>
<p>esa danza nocturna, me pides: &laquo;Acu&eacute;rdate de m&iacute;;</p>
<p>no pierdas mi imagen; y siente, en tus manos,</p>
<p>el cuerpo que perdiste, para hacer el camino de vuelta&raquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Recordando</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al ver tu rostro en una fotograf&iacute;a antigua, no imagino lo</p>
<p>que los a&ntilde;os le habr&aacute;n hecho. Los cabellos negros podr&aacute;n ser</p>
<p>blancos; el rostro vestido de ojeras del tiempo, o</p>
<p>de arrugas; en los labios, lo que era una sonrisa contaminada</p>
<p>de iron&iacute;a se habr&aacute; transformado en el trazo amargo de un</p>
<p>descreimiento sin remedio; y s&oacute;lo los ojos podr&aacute;n a&uacute;n mantener</p>
<p>la luz de hondo verde en que tantas veces me perd&iacute;. S&iacute;,</p>
<p>es lo que el tiempo nos hace, podr&iacute;as decirme si por casualidad te</p>
<p>encontrase, en alg&uacute;n lugar. Pero los caminos de la vida, que nos</p>
<p>llevan a tantos desencuentros, no pueden evitar que</p>
<p>haya pasado junto a ti, un d&iacute;a cualquiera, y ni siquiera te</p>
<p>haya reconocido, como si fueras otra, y en tu</p>
<p>cuerpo de hoy nada hubiera quedado de un breve amor.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Verano tard&iacute;o</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En los surcos del arado, donde restos de ra&iacute;ces y piedras</p>
<p>me hacen tropezar, sigo el camino de los antepasados</p>
<p>hasta el borde de la carretera. El alquitr&aacute;n se derrite con el sol,</p>
<p>y s&oacute;lo alg&uacute;n que otro animal, huido del reba&ntilde;o, se echa</p>
<p>sin una sombra, y parece muerto como la tarde</p>
<p>que ning&uacute;n soplo de viento agita. Sin embargo, aqu&iacute;</p>
<p>y all&aacute;, se&ntilde;ales de que una vida existe m&aacute;s all&aacute; del calor</p>
<p>me obligan a detenerme: una abeja agonizante sobre</p>
<p>la hierba seca, o una hilera de hormigas que se</p>
<p>perdi&oacute; de camino al agujero que alguien pis&oacute;, sin querer</p>
<p>saber de sus habitantes. Pero un coche surge,</p>
<p>a lo lejos, y parece resplandecer con el brillo que esconde</p>
<p>el horizonte. El ruido se acerca; y una ilusi&oacute;n</p>
<p>de que existe otro mundo m&aacute;s all&aacute; de este</p>
<p>lo acompa&ntilde;a, cuando se aleja, y todo regresa</p>
<p>al silencio pesado, al estancamiento del suelo,</p>
<p>a este pensamiento quemado por la memoria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Traducci&oacute;n de Mart&iacute;n L&oacute;pez-Vega.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 05 Jan 2015 08:51:25 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Museo de Praga. Varsovia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/museo-de-praga-varsovia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Diciembre/alexchico.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 450px;">I<br />&nbsp;<br />Llegar hasta aqu&iacute; es fruto del azar:<br />una l&iacute;nea de tranv&iacute;a que atraviesa un puente;<br />una calle por la que asoma, a lo lejos, un mercado;<br />la tranquilidad, siquiera aparente, de un caf&eacute; con terraza;<br />la sucesi&oacute;n de casas que conservan<br />sorprendentemente su fachada;<br />una puerta suspendida en un tercer piso;<br />los pabellones renovados de una f&aacute;brica;<br />un portal cerrado que consigues abrir;<br />el placer de habitar un hogar extranjero;<br />la blancura amarillenta del pasillo;<br />las escaleras que conducen,<br />sin saberlo, a otra puerta met&aacute;lica;<br />una mujer que se dirige hacia ti<br />y te toca la espalda;<br />el idioma que no entiendes<br />y las escasas palabras que logr&aacute;is compartir;<br />una llave que sale desde el fondo de un bolso;<br />la peque&ntilde;a sala que se despliega frente a tus ojos;<br />las fotograf&iacute;as que cuelgan torpemente de la pared;<br />la vida de un barrio perif&eacute;rico;<br />los momentos fijados ante la c&aacute;mara;<br />la acumulaci&oacute;n de fechas y de nombres;<br />los saltos de tiempo;<br />la interrupci&oacute;n de unos a&ntilde;os;<br />la secreta esperanza de que alguien<br />construy&oacute; para ti ese museo.<br />&nbsp;<br />Te detienes frente a una fotograf&iacute;a.<br />Olvidas d&oacute;nde est&aacute;s y c&oacute;mo has llegado.<br />Conservas s&oacute;lo la inexplicable familiaridad<br />que te provoca una imagen ajena.<br />Aquellos que existieron antes que t&uacute;<br />y vuelven ahora, a escasa distancia.<br />&nbsp;<br />II<br />&nbsp;<br />Dos cuerpos inclinados hacia atr&aacute;s.<br />Rodillas flexionadas.<br />&Eacute;l, descalzo,<br />ladea el pie y lo separa del suelo.<br />Tiene los ojos cerrados y el torso desnudo.<br />Aprieta los labios.<br />Ella, con falda larga y gorro,<br />se concentra en un punto lejano.<br />Juntan las manos e improvisan un baile.<br />Apoyada en una barandilla de madera,<br />una chica joven se gira y les observa.<br />Les mira, tambi&eacute;n con desconfianza,<br />un hombre que pasea justo a su lado.<br />&nbsp;<br />Me conmueve su forma de estar en otra parte.<br />M&aacute;s all&aacute; de la ribera y de los ba&ntilde;istas.<br />M&aacute;s all&aacute; del puente que une,<br />todav&iacute;a de una pieza,<br />los extremos de la ciudad.<br />Son, en ese instante,<br />dos personas que han conquistado<br />un peque&ntilde;o intervalo.<br />Un perfecto momento de eternidad.<br />Me conmueve su habilidad para borrar<br />la vida alrededor.<br />Su capacidad para estar solos.<br />Uno a uno.<br />Aunque permanezcan con las manos juntas<br />y necesiten otro cuerpo.<br />Aunque sepan que para evadirse<br />es necesario, en ocasiones, estar acompa&ntilde;ado.<br />&nbsp;<br />Quedar&aacute;n para siempre as&iacute; fijados.<br />En la fotograf&iacute;a de un museo<br />oculto en una f&aacute;brica.<br />Quedar&aacute;n sus caras<br />y su forma de habitar el tiempo.<br />&nbsp;<br />Como el r&iacute;o, tambi&eacute;n ellos,<br />detenidos, avanzan.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 12 Dec 2014 07:48:10 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Camus, el hombre sin resentimiento]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/camus-el-hombre-sin-resentimiento/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Diciembre/camus_quinientos.jpg" alt="" />&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>
<p><span style="text-align: center;">De todas las interpretaciones limitadas al campo cultural que han tratado de dar explicaci&oacute;n a la relaci&oacute;n existente entre el paulatino encogimiento del horizonte hist&oacute;rico y el problema humano de la negatividad o, mejor, su &ldquo;rebeld&iacute;a metaf&iacute;sica&rdquo;, ha sido probablemente la l&iacute;nea de diagn&oacute;stico inaugurada por Alexander Koj&egrave;ve, por su impacto e influencia en el pensamiento franc&eacute;s contempor&aacute;neo, una de las m&aacute;s fruct&iacute;feras e influyentes. No es preciso recordar aqu&iacute; la influyente reconstrucci&oacute;n que entre los a&ntilde;os 1933-1939 realizara de la dial&eacute;ctica hegeliana del amo y del esclavo. T&oacute;pico fundamental de la &eacute;poca, el problema ser&aacute; discutido por lo m&aacute;s relevante de la escena filos&oacute;fica &mdash;R. Aron, Georges Bataille, Merleau-Ponty, Hippolyte, Lacan, Sartre, Simone de Beauvoir, entre otros&mdash; y recogido naturalmente no s&oacute;lo por el marxismo, sino tambi&eacute;n m&aacute;s tarde por el existencialismo al hilo de problemas como el del &ldquo;fin de la historia&rdquo;.</span></p>
<p>Aunque esta l&iacute;nea de lectura no es una de las m&aacute;s habituales para acercarse a ese &ldquo;hombre rebelde&rdquo; que fue Albert Camus, resulta dif&iacute;cil no tenerla en cuenta, dado el car&aacute;cter de contempor&aacute;neo esencial que tuvo Koj&egrave;ve para toda esta brillante generaci&oacute;n. Con una conclusi&oacute;n muy diferente: a diferencia de sus contempor&aacute;neos, que cifraron su proyecto existencial dentro del llamado &ldquo;sentido de la historia&rdquo;, aceler&aacute;ndola presuntamente o cabalgando a sus lomos, el opt&oacute; por explorar un camino tr&aacute;gicamente singular. A tenor de la v&iacute;a escogida por Camus, su paso del yo al nosotros no pasaba ya por ninguna garant&iacute;a hist&oacute;rica.</p>
<p>Existe un texto precisamente del citado Koj&eacute;ve, en la <em>Introduction &agrave; la lecture de Hegel</em>, en el que asegura que, en &uacute;ltima instancia, no existen m&aacute;s que dos grandes temperamentos filos&oacute;ficos: los que consideran, bajo cierto aire gn&oacute;stico, que la naturaleza es, por principio, hostil y que, por tanto, cabe cifrar el papel del discurso filos&oacute;fico en plantar cara y luchar contra ella; es decir, fil&oacute;sofos que se distancian del mundo, le declaran la guerra &ldquo;y oponen a su orden mudo una palabra que lo domina y, al dominarlo, lo trastoca y lo desmiente&rdquo;. Y los fil&oacute;sofos que, por el contrario, por su temple vitalista y spinoziano, no pueden sino &ldquo;decir s&iacute;&rdquo; a la naturaleza y glorificarla en alguna medida. A pesar, incluso de sus desgarros y tensiones. Siempre que Camus recoge este tema, como, por ejemplo, en <em>El mito de S&iacute;sifo</em> (1942), lo analiza a la luz del tema del absurdo. Desde el punto de vista humano, este asunto reposa sobre una contradicci&oacute;n: el mundo es plural y opaco, mientras que el esp&iacute;ritu humano aspira a la unidad y a la transparencia. Ahora bien, de ah&iacute; la gran cuesti&oacute;n: &iquest;puede el absurdo ser superado cuando se radicaliza?</p>
<p>Parece un dato incontrovertible que, en el caso de Camus, su pertenencia a esta tradici&oacute;n de pensamiento, que asegura que es preciso reconciliarse con la naturaleza, tiene mucho que ver con el di&aacute;logo profundo y fruct&iacute;fero que mantuvo con ese pensador clave que fue para &eacute;l Nietzsche. Aunque hay que recordar al joven lector contagiado por la influencia de Pascal o Dostoievski &mdash;fundamental tambi&eacute;n para comprender su obra&mdash;, Nietzsche fue, para Camus, el pensador que aportaba las claves correctas para entender el laberinto en el que se hab&iacute;a convertido el siglo XX. Es m&aacute;s, cabr&iacute;a entender esta honda relaci&oacute;n, como trataremos de apuntar en estas breves p&aacute;ginas, como un programa &eacute;tico y pedag&oacute;gico de escritura y actitud p&uacute;blica orientado a combatir el resentimiento al que, dada su terrible desorientaci&oacute;n, parec&iacute;a condenado el momento hist&oacute;rico en todas sus formas y figuras. Si nos atenemos a su obra, es, sobre todo, en el arco temporal que va de <em>Cartas a un amigo alem&aacute;n </em>(1945) a <em>El hombre rebelde</em> (1951), donde Camus parece sentirse m&aacute;s c&oacute;modo bajo el diagn&oacute;stico de Nietzsche. No ser&iacute;a seguramente desacertado, incluso, calificarle bajo el r&oacute;tulo &ndash;como ha recordado recientemente Michel de Onfray en su <em>L&acute;Ordre libertaire. La vie philosophique d&acute;Albert Camus</em>- de &ldquo;nietzscheano de izquierdas&rdquo;. Entre otras razones, porque, a la luz del problema del nihilismo, entiende que la &ldquo;filosof&iacute;a de la preferencia&rdquo;, que descubre en la rebeld&iacute;a su justo derecho, ha de corregir a esa &ldquo;filosof&iacute;a de la evidencia&rdquo; nacida del absurdo de las experiencias del siglo.</p>
<p>Por otro lado, aunque es cierto que Camus discute tesis nietzscheanas muy problem&aacute;ticas como la de la &ldquo;voluntad de Poder&rdquo; y se opone a las posibles conclusiones o lecturas eugen&eacute;sicas que explotaron sus descuidados lectores fascistas, la absoluta afirmaci&oacute;n del mundo y su <em>amor fati</em> ser&aacute;n para &eacute;l criterios de orientaci&oacute;n b&aacute;sicos. En el contexto de reconstrucci&oacute;n de la cultura europea, Camus recoger&aacute; de Nietzsche materiales filos&oacute;ficos para entender que hab&iacute;a llegado la hora de aceptar el mundo sin recurrir a la justificaci&oacute;n de un &ldquo;m&aacute;s all&aacute;&rdquo; o a la fe en una sociedad futura perfecta. Bajo este desplazamiento, Camus ser&aacute; escrupulosamente nietzscheano en su escepticismo tanto respecto a los planteamientos de cu&ntilde;o kantiano orientados a entender que la realidad se aproxima de modo asint&oacute;tico a los ideales como a pensar que la realidad tiende a realizar de forma inmanente, en su movimiento hist&oacute;rico, el ideal. En un contexto hist&oacute;rico como el franc&eacute;s de esa &eacute;poca, muy marcado por los diagn&oacute;sticos de Hegel y Marx, no puede entenderse la originalidad de los planteamientos de Camus sin este trasfondo. Como S&iacute;sifo, el hombre rebelde no tiene garant&iacute;as: el esfuerzo de la revuelta y la rebeld&iacute;a han de ser por ello incesantes, siempre renovados.</p>
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<p align="center">II</p>
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<p>&iquest;Por qu&eacute; el famoso escritor y fil&oacute;sofo galardonado con el premio Nobel de Literatura en el a&ntilde;o 1957, encontr&oacute; en el pensador del sentido afirmativo de la existencia un aliado? Hay varias razones, pero la principal est&aacute; condensada en esta hermosa frase autobiogr&aacute;fica del prefacio de &ldquo;El rev&eacute;s y el derecho&rdquo;, que dibuja todo un plan &eacute;tico-pol&iacute;tico: &ldquo;fui puesto a mitad de distancia entre la miseria y el sol. La miseria me impidi&oacute; creer que todo est&aacute; bien bajo el sol y en la historia; el sol me ense&ntilde;&oacute; que la historia no lo es todo&rdquo;.</p>
<p>Esta alianza entre Camus y Nietzsche, que se forj&oacute; en la juventud del primero y se mantuvo hasta sus &uacute;ltimos d&iacute;as, se reconoce bajo el hilo rojo de un complejo sentimiento de gratitud por el hecho desnudo de existir que, sin embargo, no desde&ntilde;a la rebeli&oacute;n. El mundo es perfecto&hellip; pero no tanto como para aceptarlo con el &ldquo;s&iacute;&rdquo; del asno, que dir&iacute;a Zaratustra. Desde este tel&oacute;n de fondo, Camus aborda muchos temas comunes con el pensador alem&aacute;n, aunque siempre modulados bajo ese escenario nihilista que dibuj&oacute; el magisterio de Koj&egrave;ve para toda esa generaci&oacute;n. Y aqu&iacute; la gran cuesti&oacute;n a responder era esta: &iquest;c&oacute;mo entender la insatisfacci&oacute;n genuinamente humana, su tensi&oacute;n, en un presente en el que nadie pod&iacute;a sentirse ya cabalgando seguro a lomos de la historia? Si desde el principio el artista-fil&oacute;sofo franc&eacute;s se sinti&oacute; fascinado por el fil&oacute;sofo-artista alem&aacute;n, fue porque trataba honestamente de dar respuesta a esta tensi&oacute;n sin sostenerse en ninguna teodicea o gran filosof&iacute;a de la historia al estilo del &ldquo;gran relato&rdquo; hegeliano. Ambos, asimismo, se declaraban admiradores de la cultura griega y anhelaban la rehabilitaci&oacute;n de algunos de sus componentes y mitos. Desde esta pulsi&oacute;n filohel&eacute;nica cabe comprender el profundo amor de Camus por la cultura sensorial propia del Mediterr&aacute;neo. Hay un Camus, en efecto, &ldquo;zaratustriano&rdquo;,&nbsp; que apuesta por la unidad, la fusi&oacute;n o, como dice en <em>El primer hombre</em>, por &ldquo;la inocencia" de todas las cosas&rdquo;. &ldquo;El sol que rein&oacute; sobre mi infancia me priv&oacute; de todo resentimiento&rdquo;, escribi&oacute;. Este Camus solar que dice filosofar sobre el &ldquo;cuerpo desnudo&rdquo;, es tambi&eacute;n el Camus nietzscheano seguidor de lo que llama el &ldquo;pensamiento del Sur&rdquo;. Un Camus, que, como ha se&ntilde;alado Bernard-Henri-L&eacute;vy, &ldquo;tanto en el orden humano como en el de la naturaleza, s&oacute;lo deja constancia de lo Tr&aacute;gico para superarlo inmediatamente y plantear que el esp&iacute;ritu alcanza un punto en el que las contradicciones del mundo, sus incomposibilidades, sus desavenencias y conflictos, se resuelven milagrosamente&rdquo;.</p>
<p>Observamos en toda la obra de Camus el elogio constante de una serena luminosidad: la de la vida sencilla, una luz que emerge de la dignidad de una sabia pobreza que &eacute;l disfrut&oacute;, sobre todo, seg&uacute;n &eacute;l mismo evoca, durante su infancia. Si esta idea puede resultarnos &uacute;til es porque nos ayuda a comprender otra posible reacci&oacute;n, no necesariamente melanc&oacute;lica en su sentido patol&oacute;gico, ante la irremediable p&eacute;rdida de las expectativas del yo. En <em>El primer hombre</em>, libro p&oacute;stumo del autor, una especie de reconstrucci&oacute;n fiel de la ardua existencia del ni&ntilde;o Camus en el seno de una familia azotada por la miseria y la guerra en la Argelia de los a&ntilde;os veinte, leemos:</p>
<p>&ldquo;[...] la vida sin hombre y sin consuelo entre los restos engrasados y la ropa sucia de los otros, los largos d&iacute;as de faena acumulados de una existencia que, a fuerza de estar privada de esperanza, hab&iacute;a perdido todo resentimiento, una vida ignorante, obstinada, resignada a todos los sufrimientos, tanto los suyos como los ajenos&rdquo;.</p>
<p>Es como si, con estas palabras, Camus quisiera se&ntilde;alar la relaci&oacute;n entre la carencia de resentimiento y la ausencia de grandes esperanzas o excesivos proyectos, un rasgo habitualmente ligado a las clases m&aacute;s oprimidas. Si, a diferencia de la lectura conservadora, Camus cree que las clases modestas est&aacute;n m&aacute;s vacunadas respecto al resentimiento y la amargura es porque mantienen un equilibrio m&aacute;s adecuado con el mundo. As&iacute;, en el ensayo &ldquo;Entre s&iacute; y no&rdquo;, encontramos la siguiente reflexi&oacute;n: &ldquo;Hay una soledad en la pobreza, pero una soledad que le devuelve su precio a cada cosa. Con cierto nivel de riqueza, el propio cielo y la noche cuajada de estrellas<strong> </strong>parecen bienes naturales. Pero en la parte baja de la escala, el cielo recupera pleno sentido. Una gracia inestimable&rdquo;.</p>
<p>Lo decisivo de la l&oacute;gica del resentimiento, para Camus, es que proyecta una negatividad suplementaria que se nutre de la incapacidad tanto de decir s&iacute;, incluso con sus aspectos tr&aacute;gicos, al mundo como de <em>rebelarse</em>: en realidad, la l&oacute;gica del resentimiento aboga por un &ldquo;ficticio s&iacute;&rdquo; que nace de la incapacidad de decir y hacer un no; o, lo que es lo mismo, de decir s&iacute; tr&aacute;gicamente. &ldquo;El hombre del resentimiento -escribe C. Rosset, en <em>La fuerza mayor</em>- no es ni el hombre del no ni el &lsquo;esp&iacute;ritu que dice no&rsquo;, como se presenta Mefist&oacute;feles en el <em>Fausto</em> de Goethe. Es m&aacute;s bien el esp&iacute;ritu que justamente no logra <em>decir</em> no y se halla limitado de ese modo, a falta de otra cosa mejor, a farfullar un falso s&iacute;&rdquo;. El resentimiento del esclavo radica, as&iacute; pues, en que, ante una afrenta concreta, solo puede reaccionar moralizando el campo de fuerzas en el que se halla inserto, hace de necesidad, virtud, de su impotencia concreta, m&eacute;rito moral. Es muy importante destacar este paso: el resentido no es resentido porque guarda alg&uacute;n tipo de desprecio hacia ese elemento real que le abruma, sino porque, ante esta situaci&oacute;n traum&aacute;tica que le cuestiona, s&oacute;lo puede <em>negar</em> <em>de otro modo</em>, indirecta, subterr&aacute;neamente, desde una construcci&oacute;n ficticia orientada a velar por su inacci&oacute;n y mantener su impotencia. No en vano Cl&eacute;ment Rosset compara atinadamente esta &ldquo;suspensi&oacute;n&rdquo; de la acci&oacute;n del hombre del resentimiento con el procedimiento analizado por Freud en la &ldquo;represi&oacute;n&rdquo;, esto es, &ldquo;el efecto no de una mala reacci&oacute;n frente a una situaci&oacute;n psicol&oacute;gicamente traum&aacute;tica, sino m&aacute;s bien como el efecto de una <em>ausencia de reacci&oacute;n </em>(o de &lsquo;abreacci&oacute;n&rsquo;): efecto conjugado de una herida y de la imposibilidad de reaccionar a ella, aunque fuese de un modo lamentable&rdquo;.</p>
<p>Es interesante que Camus contraponga en <em>El hombre rebelde</em> este resentimiento de la afirmaci&oacute;n de la rebeli&oacute;n y critique desde estos par&aacute;metros la interpretaci&oacute;n &ldquo;conservadora&rdquo; del fen&oacute;meno a cargo de Max Scheler. Para Camus, la pulsi&oacute;n rebelde no tiene que nacer necesariamente en el oprimido; tambi&eacute;n puede desplegarse como &ldquo;identificaci&oacute;n&rdquo; &eacute;tica y &ldquo;no psicol&oacute;gica&rdquo; ante el espect&aacute;culo de la opresi&oacute;n de la que otro es v&iacute;ctima. Scheler define bien el resentimiento, considera Camus, &ldquo;como una auto-intoxicaci&oacute;n, la secreci&oacute;n nefasta, en vaso cerrado, de una impotencia prolongada&rdquo;. La rebeli&oacute;n, en cambio, &ldquo;fractura al ser y le ayuda a desbordarse. Libera oleadas que, de estancadas, se hacen furiosas&rdquo;. Tambi&eacute;n acierta Scheler al destacar el aspecto pasivo del resentimiento, observando el gran lugar que ocupa en la psicolog&iacute;a de las mujeres, destinadas al deseo y a la posesi&oacute;n, pero &ldquo;en las fuentes de la rebeli&oacute;n hay, por el contrario, un principio de actividad superabundante y de energ&iacute;a&rdquo;. Scheler tiene tambi&eacute;n raz&oacute;n cuando sostiene que la envidia colorea fuertemente al resentimiento, pero &ndash;advierte Camus- &ldquo;se envidia lo que no se tiene, en tanto que el rebelde defiende lo que es. No reclama solamente un bien que no posee o que le hayan frustrado. Aspira a hacer reconocer algo que tiene y que ya ha sido reconocido por &eacute;l, en casi todos los casos, como m&aacute;s importante que lo que podr&iacute;a envidiar&rdquo;. La rebeli&oacute;n, concluye Camus, por tanto, &ldquo;no es realista&rdquo;.</p>
<p>Es como si Camus quisiera indicarnos que s&oacute;lo quien goza con poco o, mejor dicho, quien sabe disfrutar de las peque&ntilde;as cosas de la vida, puede librarse mejor de la altiva melancol&iacute;a asociada a la p&eacute;rdida. Y, por tanto, a su resentimiento. Siguiendo este hilo, en su luminoso ensayito &ldquo;El rev&eacute;s y el derecho&rdquo;, Camus escribe:<em> </em>&ldquo;Los principios debemos colocarlos en las cosas grandes, para las peque&ntilde;as nos basta con la misericordia&rdquo;. Y poco antes: &ldquo;En cuanto a m&iacute;, s&eacute; que mi manantial est&aacute; en [&hellip;] ese mundo de pobreza y de luz en el que viv&iacute; tanto tiempo y cuyo recuerdo me ampara de los dos peligros contrarios que amenazan a todo artista, el resentimiento y el contento&rdquo;.</p>
<p>&iquest;Por qu&eacute; es tan interesante la idea de Camus de que la gente sencilla es m&aacute;s capaz de entregarse al deseo de vivir sin defensas imaginarias narcisistas que las elites culturales o socioecon&oacute;micas? Porque de la generosidad de quien no se obsesion&oacute; por poseer nunca nada, como &eacute;l, que vivi&oacute; en un ambiente de digna pobreza, se desprende una econom&iacute;a ps&iacute;quica que contrasta con la de quien, acostumbrado a poseer o buscar privilegios, s&oacute;lo persiste obcecadamente en invertir ilusoriamente (de forma autoafirmativa) tras el dolor de la p&eacute;rdida. Del dolor aprende, del dolor, renace, quiz&aacute;, por eso, quien tuvo menos que perder, quien tuvo siempre poco que perder tras las desgracias o quien supo de la vida lo suficiente como para desconfiar de los ascetismos quijotescos y los sobreesfuerzos in&uacute;tiles. Quien est&aacute; acostumbrado a tener poco y a perder, quien conoce por experiencia las absurdas exigencias de todo sobreesfuerzo in&uacute;til, &iquest;por qu&eacute; iba a angustiarse, en la amenaza de sus crisis o decepciones, por no ganar? En el contexto de la lucha antifascista de Camus estas palabras adquieren un especial, porque, al igual que Sartre, consideraba que el totalitarismo era el fascismo de los perdedores acostumbrados a ganar: &ldquo;Pero es porque no me gusta que se haga trampa. Lo valiente de verdad es, bien pensado, conservar los ojos abiertos a la luz, de la misma forma que a la muerte. Por lo dem&aacute;s, &iquest;c&oacute;mo explicar el v&iacute;nculo que conduce de ese amor &aacute;vido por la vida a esa desesperaci&oacute;n secreta?&rdquo;.</p>
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<p align="center">III</p>
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<p>Bajo esta mirada inmunizada frente al resentimiento y dispuesta a eliminar la&nbsp;sombra del nihilismo, Camus ten&iacute;a que reflexionar sobre la situaci&oacute;n europea y su estado de crisis <em>con otro tono</em>. No en vano, en las &uacute;ltimas p&aacute;ginas de <em>El hombre rebelde,</em> Camus se refiere en los siguientes t&eacute;rminos al nihilismo que se ha apoderado del hombre europeo: &ldquo;El secreto de Europa &ndash;escribe- es que no ama ya la vida. Estos ciegos han querido borrar la alegr&iacute;a de la faz del mundo, y aplazarla para m&aacute;s tarde. La desesperaci&oacute;n de ser hombre les ha empujado finalmente a una desmesura inhumana&rdquo;. Esta conciencia de crisis tambi&eacute;n fue subrayada en su discurso en Estocolmo con motivo de la concesi&oacute;n del premio Nobel:</p>
<p>&ldquo;Estos hombres, nacidos al comienzo de la primera guerra mundial, que ten&iacute;an veinte a&ntilde;os cuando se instalaban a la vez el poder hitleriano y los primeros procesos revolucionarios, que fueron confrontados despu&eacute;s, para perfeccionar su educaci&oacute;n, a la guerra de Espa&ntilde;a, a la segunda guerra mundial, a los campos de concentraci&oacute;n, a la Europa de la tortura y las prisiones, deben hoy levantar sus hijos y sus obras en un mundo amenazado de destrucci&oacute;n nuclear. Nadie, supongo, puede pedirles que sean optimistas [...] Pero la mayor parte de nosotros, en mi pa&iacute;s y en Europa, ha rechazado este nihilismo y se ha lanzado a la b&uacute;squeda de una legitimidad. Ha sido necesario forjar un arte de vivir para tiempos de cat&aacute;strofe, para nacer una segunda vez, y luchar despu&eacute;s, a cara descubierta, contra el instinto de muerte que act&uacute;a en nuestra historia&rdquo;.</p>
<p><em>Nacer por segunda vez.</em> &iquest;Qui&eacute;n por entonces pod&iacute;a decir esto? &iquest;Qui&eacute;n pod&iacute;a sostener, sin miedo a ser tildado de ingenuo, m&aacute;xime tras las amargas experiencias del siglo, que el secreto de Europa radicaba en que &ldquo;ya no se amaba la vida&rdquo;? Probablemente, a la hora de proferir esta sentencia, Camus estuviera pensando en una reflexi&oacute;n de Georges Clemenceau sobre el car&aacute;cter alem&aacute;n, que presuntamente, seg&uacute;n el pol&iacute;tico, se distinguir&iacute;a por no amar la vida. Lo interesante es que, al generalizar Camus las palabras de Clemenceau sobre el conjunto de los europeos, &eacute;l estaba dando a entender que la vieja oposici&oacute;n entre Francia y Alemania no pod&iacute;a seguir manteni&eacute;ndose y as&iacute;, llamando la atenci&oacute;n sobre las posibles condiciones de posibilidad de la reconstrucci&oacute;n europea. &iquest;No estaba as&iacute; Camus planteando desde la br&uacute;jula nietzscheana en torno al nihilismo la reconciliaci&oacute;n germano-francesa ahondando en su proceso de decadencia com&uacute;n?</p>
<p>Existe un texto de Nietzsche en <em>M&aacute;s all&aacute; del bien y el mal</em>, que Camus ley&oacute; atentamente. &ldquo;La lucha contra la opresi&oacute;n cristiano-eclesi&aacute;stica durante siglos [...] &ndash;escrib&iacute;a el autor de Zaratustra- ha creado en Europa una magn&iacute;fica tensi&oacute;n del esp&iacute;ritu, cual no la hab&iacute;a habido antes en la tierra: con un arco tan tenso nosotros podemos tomar ahora como blanco las metas m&aacute;s lejanas. Es cierto que el hombre europeo siente esta tensi&oacute;n como un estado penoso; y ya por dos veces se ha hecho, con gran estilo, el intento de aflojar el arco [..]&nbsp; &mdash;&iexcl;nosotros los <em>buenos europeos </em>y esp&iacute;ritus libres, <em>muy </em>libres&mdash; &iexcl;nosotros la tenemos todav&iacute;a, tenemos la penosidad toda del esp&iacute;ritu y la entera tensi&oacute;n de su arco!&rdquo;&nbsp; &nbsp; &nbsp;</p>
<p>Es esta nueva <em>tensi&oacute;n</em> &mdash;que es tensi&oacute;n de futuro, b&uacute;squeda de nuevos valores y caminos para la cultura&mdash;, la que Nietzsche ligaba al destino del &ldquo;buen europeo&rdquo;. Para Camus, que recogi&oacute; el testigo de este reto, mantener esta tensi&oacute;n en un sentido ya no moral en Europa obligaba a una torsi&oacute;n subjetiva. Al desaparecer el <em>blanco </em>moral- metaf&iacute;sico<em>, esa meta </em>final a la que deb&iacute;a orientarse la flecha del arco y animaba nuestras empresas, Camus constataba que el hombre de su tiempo, sin embargo, realizaba la falsa deducci&oacute;n de que cualquier <em>tensi&oacute;n</em> era vana, in&uacute;til. Es m&aacute;s, en alg&uacute;n sentido, el &uacute;ltimo hombre aflojaba esta tensi&oacute;n y &ldquo;ca&iacute;a&rdquo; tanto m&aacute;s bajo cuanto m&aacute;s alto y elevado era el blanco al que apuntaba el &ldquo;m&aacute;s all&aacute;&rdquo; moral. Lo dif&iacute;cil era advertir que esta postraci&oacute;n o enfermedad de la voluntad no era m&aacute;s que una <em>consecuencia </em>provisional de un &ldquo;exceso&rdquo; atl&eacute;tico que ahora se comenzaba a mostrar como imposible para nuestras fuerzas; que esta debilidad pod&iacute;a tensionarse subjetivamente de otro modo. Esto es lo que Camus llamaba &ldquo;forjar un nuevo arte de vivir en tiempo de cat&aacute;strofe&rdquo;.</p>
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<p align="center">IV</p>
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<p>Empez&aacute;bamos estas p&aacute;ginas distinguiendo dos tipos de temperamento filos&oacute;ficos. &iquest;no cabr&iacute;a entender la disputa entre Camus y Sartre, esa gigantomaquia de la cultura francesa contempor&aacute;nea y, por extensi&oacute;n, europea, a la luz de esta arena? Hay intelectuales que, invocando a lo demon&iacute;aco, nos empujan a insondables abismos, a decisiones traum&aacute;ticas. Otros, en cambio, que, a riesgo de ser tachados de &ldquo;blandos&rdquo; o &ldquo;conservadores&rdquo; o de aplazar las presuntas urgencias de la acci&oacute;n, tratan de levantar puentes y, reivindicando el di&aacute;logo entre los hombres, limar diferencias a primera vista irreconciliables. Si Sartre es el mejor ejemplo de la primera categor&iacute;a, Camus, tal vez, su antagonista m&aacute;s cercano, lo es de la segunda. Curiosamente, en la distancia entre ambos se dibuja uno de los escenarios m&aacute;s interesantes de la cultura pol&iacute;tica del siglo XX. Tal vez por ello, como ha escrito Fernando Savater, &ldquo;es dif&iacute;cil imaginarse a Camus como &lsquo;intelectual-padre&rsquo; &mdash;un rasgo que s&iacute; se ajusta al perfil de Sartre&mdash;, pero en cambio &ldquo;resulta grato y estimulante recordarle como lo que quiso ser para tantos desde su relativa soledad, un buen compa&ntilde;ero&rdquo;.</p>
<p>Curiosamente, en este enfrentamiento, tambi&eacute;n advertimos dos posibles interpretaciones del mensaje nietzscheano: la protestante, y tr&aacute;gica, de Sartre, y la m&aacute;s &ldquo;cat&oacute;lica&rdquo;, &ldquo;pagana&rdquo; y &ldquo;griega&rdquo; de Camus, que no acepta la hip&oacute;tesis del pecado original ni, por tanto, del Mal radical. &ldquo;Una verdad con espinas. &ldquo;Nuestra amistad no era cosa f&aacute;cil, pero he de lamentarla&rdquo;, escribi&oacute; Sartre en <em>Les Temps Modernes</em> tras una cr&iacute;tica de <em>El hombre rebelde</em>. Camus no tard&oacute; en replicar en una carta publicada en la misma revista. Aunque la excusa empez&oacute; siendo el libro, la pol&eacute;mica enseguida tom&oacute; otro giro: los campos de concentraci&oacute;n en la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica. &ldquo;Todo se desarrolla, argumentaba Camus, como si ustedes defendieran el marxismo, en tanto que dogma impl&iacute;cito, sin poder afirmarlo en tanto que pol&iacute;tica abierta&rdquo;.</p>
<p>Como se recordar&aacute;, B. Henri-L&eacute;vy public&oacute; hace unos a&ntilde;os una matizada revisi&oacute;n del gran antagonista bajo el t&iacute;tulo &ldquo;El siglo de Sartre&rdquo;. Tambi&eacute;n habr&iacute;a poderosas razones para haber hablado de &ldquo;El siglo de Camus&rdquo;. Entre otras razones, porque, a diferencia de la posible urgencia pol&iacute;tica del autor de <em>La n&aacute;usea</em>, tambi&eacute;n este supo ser el aut&eacute;ntico epicentro pol&eacute;mico de todas las l&iacute;neas de fuerza de su tiempo. Tal vez ni el mismo Sartre hubiera sospechado que la posteridad iba a ser favorable a Camus en cuanto a su representaci&oacute;n del intelectual. En este sentido, Michel Foucault hablaba de cierta &ldquo;indignidad de hablar por los otros&rdquo;. Puede que la resistencia de Camus a &ldquo;profetizar&rdquo; o &ldquo;predecir&rdquo; el futuro tuviera as&iacute; m&aacute;s que ver con lo que Foucault denominaba &ldquo;intelectual espec&iacute;fico&rdquo; que con esa figura de &ldquo;intelectual universal&rdquo;, ese portavoz de la verdad general que criticaba en Sartre. &ldquo;Al no ser un poder, la filosof&iacute;a no puede librar batallas contra los poderes, pero mantiene, sin embargo, una guerra sin batalla, una guerra de guerrillas contra ellos...&rdquo;. Si el intelectual prof&eacute;tico, tal como es descrito por Foucault, es alguien que hasta hace poco tomaba la palabra y se le reconoc&iacute;a el derecho a hablar como maestro de la verdad y la justicia; se le escuchaba, o pretend&iacute;a hacerse escuchar, como representante de lo universal, &iquest;no es el hombre rebelde de Camus m&aacute;s bien lo contrario, esto es,&nbsp; un &ldquo;intelectual espec&iacute;fico&rdquo;? En este punto la figura foucaultiana posee indudables rasgos del &ldquo;esp&iacute;ritu libre&rdquo; nietzscheano y su funci&oacute;n m&eacute;dico-educativa. Tarea que, lejos de la c&oacute;moda funci&oacute;n prof&eacute;tica, asume su responsabilidad <em>de otro modo</em> a fin de interrogar las evidencias, los postulados, cuestionar los h&aacute;bitos, disipar las familiaridades admitidas.</p>
<p>Quiz&aacute; esto explique por qu&eacute; en los &uacute;ltimos tiempos hayamos asistido a la reiterada tentativa de presentarnos la obra de Camus como mucho m&aacute;s contempor&aacute;nea que la de cualquier otra gran figura intelectual de su generaci&oacute;n. Para su amigo Jean Daniel, por ejemplo, &ldquo;Camus se consideraba tan l&uacute;cido, tan responsable, que le indignaba que hicieran de &eacute;l un utopista o, incluso, un profeta&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&ldquo;Un compa&ntilde;ero y no un padre&rdquo;. Con estas palabras defini&oacute; el mismo Daniel, en su libro de memorias, <em>Camus. A contracorriente, </em>a su amigo. Compart&iacute;a con el escritor argelino el mismo origen &mdash;ambos eran <em>pieds-noirs</em>, de origen europeo&mdash; y una pasi&oacute;n: el periodismo. Camus, que s&oacute;lo ejerci&oacute; con regularidad el oficio de periodista (considerado por &eacute;l &ldquo;el m&aacute;s hermoso del mundo&rdquo;) durante pocos a&ntilde;os, especialmente en la &eacute;poca de la Resistencia, aparece a los ojos del amigo como un hombre &ldquo;intenso y austero, c&aacute;lido y tenso, sensual y puritano&rdquo;, perseguido por la tuberculosis y, sobre todo, combatiente de lo que Daniel denomina &ldquo;las aventuras de la verdad&rdquo;.</p>
<p>Por eso, si afirm&aacute;ramos que la figura de Camus brilla hoy m&aacute;s como escritor-icono del pasado siglo que como periodista en sentido estricto, cometer&iacute;amos tambi&eacute;n un error: el de pasar por alto en qu&eacute; sentido, como ya hab&iacute;a anunciado el propio Marx, la mirada del periodista resulta intelectualmente imprescindible para profundizar en las contingencias de la actualidad y realizar un diagn&oacute;stico objetivo de la &eacute;poca sin ilusiones. El inter&eacute;s de la figura intelectual que Camus encarn&oacute; radica justo en este punto, Por eso no parece exagerado afirmar que el peculiar brillo de la mirada de Camus, ese respeto casi religioso hacia la vida, por vulgar que fuera, ese fulgor incomprendido por contempor&aacute;neos como Sartre, se curti&oacute; en sus experiencias de primera mano como periodista. Sus primeros pasos en el oficio fueron, en la Argelia colonizada, en el peri&oacute;dico independentista del <em>Frente Popular</em>. Con tanta pasi&oacute;n que su encendido art&iacute;culo &ldquo;La miseria de la Kabylia&rdquo;, publicado en 1940, provoc&oacute; que las autoridades ordenaran el cierre inmediato del peri&oacute;dico.</p>
<p>Tras esta experiencia viaj&oacute; a Par&iacute;s, donde ejerci&oacute; de secretario de redacci&oacute;n para <em>Paris-Soir</em>. En 1944 puso en marcha el famoso diario <em>Combat</em>, que dirigir&iacute;a en la clandestinidad hasta 1947, y cuyo primer editorial del 21 de agosto &mdash;fecha de la liberaci&oacute;n de Par&iacute;s&mdash;, sigue siendo recordado como ejemplo de coraje de la Francia &ldquo;resistente&rdquo; al totalitarismo.</p>
<p>Donde Sartre era literato y a veces se rend&iacute;a a la ret&oacute;rica, Camus optaba por la crudeza. Tambi&eacute;n aqu&iacute; su &eacute;tica era la del periodista. En su escritura muestra c&oacute;mo en su predilecci&oacute;n por la concisi&oacute;n y la sencillez hubo un tiempo en el que los periodistas aceptaban gustosos el honrado estilo de los moralistas del siglo XVIII. &ldquo;He escuchado -se lee en <em>La peste</em>- tantos razonamientos que han estado a punto de hacerme perder la cabeza y que se la han hecho perder a otros hasta hacerles consentir el asesinato, que he comprendido que toda la desdicha de los hombres proviene de que no tienen un lenguaje claro. He tomado entonces el partido de hablar y actuar claramente para ponerme en el buen camino. Por consecuencia, digo que hay plagas y que hay v&iacute;ctimas, y nada m&aacute;s&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="wfxfaxnum" align="center">V</p>
<p class="wfxfaxnum">&nbsp;</p>
<p class="wfxfaxnum">A tenor de todo ello, no es extra&ntilde;o que, para muchos, Camus, con el paso del tiempo, haya encarnado otra posibilidad de intelectual durante el pasado siglo, alguien presto a hablar en&nbsp;nombre de valores imprescindibles para cuestionar radicalmente las injusticias del presente. En Camus el concepto de compromiso no es tanto un concepto pol&iacute;tico que haga hincapi&eacute; en los deberes sociales del escritor, es decir, su obligaci&oacute;n moral de comprometerse con la sociedad en la que le ha tocado vivir, cuanto una concepci&oacute;n filos&oacute;fica extremadamente sensible a la importancia del lenguaje, de toda palabra viva. De ah&iacute; que no haya compromiso del escritor que no sea una apolog&iacute;a indirecta de la literatura. Para &eacute;l, y como sab&iacute;a Plat&oacute;n, el lenguaje no es inocente, sino un arma, no pocas veces &uacute;til para mejorar el mundo.</p>
<p class="wfxfaxnum">Camus, como moralista, fue, por tanto, un intelectual m&aacute;s ejemplar que doctrinario, m&aacute;s testigo que juez, m&aacute;s contagioso que persuasivo. Y su proyecto no puede entenderse al margen de lo que Nietzsche denomin&oacute; &ldquo;la muerte de Dios&rdquo; y sus inevitables consecuencias para la legitimaci&oacute;n del mundo radicalmente secularizado. El existencialismo de Camus surge como toma de conciencia radical de nuestro &ldquo;arrojamiento&rdquo; a un escenario que no est&aacute; hecho a la medida de lo humano. El hombre es como un exp&oacute;sito abandonado en un paisaje vac&iacute;o, indiferente, contingente, sin Padre protector.</p>
<p class="wfxfaxnum">Sin embargo, a partir de esta inh&oacute;spita constataci&oacute;n, Camus, hu&eacute;rfano de padre, desarrolla curiosamente todo un proyecto &eacute;tico de reafirmaci&oacute;n humanista sin rencor ni resentimiento. Frente a un mundo desheredado, aboga por recuperar una nueva idea de hombre no hipotecada por la tradici&oacute;n. De este modo su singular &ldquo;existencialismo&rdquo; nietzscheano supo combinar el legado humanista ilustrado del XVIII con la nueva tesis b&aacute;sica de que la existencia humana preced&iacute;a a su esencia. Esta insistencia en la responsabilidad llamar&aacute; asimismo la atenci&oacute;n sobre la aceptaci&oacute;n voluntaria de la autonom&iacute;a, una opci&oacute;n que no pocas veces es eludida por debilidad o cobard&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">VI</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al&eacute;rgico a todo manique&iacute;smo, Camus fue tambi&eacute;n por ello un autor tr&aacute;gico y nada melodram&aacute;tico. Distingui&oacute; la tragedia, donde las fuerzas que se oponen son leg&iacute;timas, del melodrama, que gira en torno al resentimiento y en esa medida no puede sino utilizar la impotencia como recurso de fuerza. En <em>El hombre rebelde</em>, Camus intenta dar una soluci&oacute;n al problema de la rebeli&oacute;n desde esta intuici&oacute;n, yendo m&aacute;s all&aacute; del idealismo moral y el realismo c&iacute;nico: &ldquo;Si la rebeli&oacute;n pudiera fundar una filosof&iacute;a [&hellip;], ser&iacute;a una filosof&iacute;a de los l&iacute;mites, de la ignorancia calculada y del riesgo&rdquo;. Utilizando como punto de partida la dial&eacute;ctica hegeliana del amo y el esclavo -que, como hemos indicado, fue decisiva para el ambiente intelectual franc&eacute;s contempor&aacute;neo- Camus considera que toda meditaci&oacute;n correcta sobre la rebeli&oacute;n implica la idea de l&iacute;mite. Un l&iacute;mite que, por un lado, se impone a la opresi&oacute;n y un l&iacute;mite, por otro, que, en virtud de la dignidad com&uacute;n a todos los hombres, se impone a la propia rebeli&oacute;n, al reconocer el derecho del otro a rebelarse. En este sentido, la rebeli&oacute;n justa no puede reivindicar nunca la libertad m&aacute;s extrema; al contrario, somete a juicio esta libertad soberana, que es la del Amo. &ldquo;No es solamente un esclavo contra el amo, sino tambi&eacute;n un hombre contra el mundo del amo y el esclavo&rdquo;. Esta introducci&oacute;n de una &ldquo;medida&rdquo; frente a un &ldquo;poder ilimitado&rdquo; nos llevar&iacute;a a hablar quiz&aacute; de una rebeli&oacute;n de segundo grado, de una &ldquo;rebeli&oacute;n de la rebeli&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>No parece forzado relacionar esta moderaci&oacute;n de Camus, as&iacute; como su desplazamiento de las alturas melanc&oacute;licas a bajuras no resentidas con una nueva relaci&oacute;n, ya no pat&eacute;tica, con lo tr&aacute;gico. Desde este &aacute;ngulo de visi&oacute;n, &iquest;no nos ense&ntilde;a su pedagog&iacute;a justamente a aprender mejor a perder? Sea como fuere, lo cierto es que Camus nos ense&ntilde;a aqu&iacute; un camino, corto y simple, hacia la vida, muy diferente de la obsesi&oacute;n por el control soberano que define al neur&oacute;tico individuo contempor&aacute;neo. En relaci&oacute;n con esta idea, me gustar&iacute;a terminar con unas palabras de Peter Sloterdijk de su ensayo <em>Eurotao&iacute;smo</em>:</p>
<p>&ldquo;Como a H&eacute;rcules en la encrucijada, a la consciencia humana se le plantea desde el principio la elecci&oacute;n entre el camino corto y el camino largo, entre la odisea y el paseo, y si bien en un principio la elecci&oacute;n ha de recaer en el camino largo, porque los autogestados, que revientan de vigor, no saben sino volcarse en el sobreesfuerzo, no por ello dejar&aacute; de tener sus derechos el camino corto. De estos derechos es conocedora una tradici&oacute;n oculta [&hellip;] Record&aacute;rnoslo es el sentido metaf&iacute;sico de la confrontaci&oacute;n que recoge el anecdotario griego entre el gran pensador Plat&oacute;n y el chabacano pantomimo Di&oacute;genes. El clown metido a fil&oacute;sofo muestra al fil&oacute;sofo que hay una alternativa a la heroica ascensi&oacute;n del esp&iacute;ritu a la vida de las ideas. Y es que la man&iacute;a divina tiene tambi&eacute;n una variante popular. La otra salida del sobreesfuerzo es no entrar en &eacute;l. [&hellip;] Si en el tiempo del auge de la metaf&iacute;sica la otra consciencia se refugi&oacute; en la pantomima, la literatura, en la comedia y en la vida silenciosa, en la hora de su derrumbamiento vuelven a hacerse audibles las voces de la sabidur&iacute;a. Son las voces de la m&aacute;s antigua disidencia, voces de mujeres, de ni&ntilde;os, de rom&aacute;nticos y de p&iacute;caros, gentes sencillas, personas que no se han dejado convencer de que cuando vinieron al mundo ellos no estaban presentes [...] ellos pueden ense&ntilde;ar al sujeto venido a menos lo evidente, de manera que al fin le llegue a &lsquo;ojos y o&iacute;dos&rsquo;&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 12 Dec 2014 07:30:26 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vocabularios]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/vocabularios/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Diciembre/elguero_quinientos.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 420px;">Qu&eacute; silencio esta noche.</p>
<p style="padding-left: 420px;">Solo se escucha un r&iacute;o,</p>
<p style="padding-left: 420px;">su continuo ajetreo algo lejano.</p>
<p style="padding-left: 420px;">He llegado a pensar</p>
<p style="padding-left: 420px;">que era lenguaje, idioma;</p>
<p style="padding-left: 420px;">un conjunto cifrado que ahora entiendo,</p>
<p style="padding-left: 420px;">descifro, identifico.</p>
<p style="padding-left: 420px;">Hay un rumor m&aacute;s lejos,</p>
<p style="padding-left: 420px;">no alcanzo a precisar</p>
<p style="padding-left: 420px;">su misterioso origen.</p>
<p style="padding-left: 420px;">Tal vez es alg&uacute;n eco</p>
<p style="padding-left: 420px;">u otra voz que medita.</p>
<p style="padding-left: 420px;">Miro entonces al cielo.</p>
<p style="padding-left: 420px;">Hay una luna inmensa, blanca, llena.</p>
<p style="padding-left: 420px;">Parece que gritara,</p>
<p style="padding-left: 420px;">enorme, como boca.</p>
<p style="padding-left: 420px;">Ahora llega una nube.</p>
<p style="padding-left: 420px;">Se ha perdido su luz por un instante.</p>
<p style="padding-left: 420px;">Es una nube negra</p>
<p style="padding-left: 420px;">m&aacute;s negra que otras nubes.</p>
<p style="padding-left: 420px;">M&aacute;s dura, m&aacute;s opaca.</p>
<p style="padding-left: 420px;">Y es en este silencio, y en esta oscuridad,</p>
<p style="padding-left: 420px;">cuando vuelvo a escuchar al fondo el r&iacute;o.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 12 Dec 2014 07:12:29 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La ciudad soñada]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-ciudad-sonada/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Diciembre/moyano_quinientos.jpg" alt="" /></p>
<p class="Cuerpotexto">Mi padre era ciego. Llevaba consigo un babuino amaestrado que hab&iacute;a adquirido en cierta aldea de Aqba, la misma que viera mi alumbramiento y la muerte de mi madre, de quien conservaba una diadema de oro que alguna vez prometi&oacute; no vender nunca. Cuando a&uacute;n ve&iacute;a borrosamente, me adiestr&oacute; en la acrobacia y el malabarismo. Recorr&iacute;amos el mundo. A cambio de unas monedas, yo bailaba con el simio y hac&iacute;a cabriolas en el aire. Mi padre contaba historias de asesinos y de reyes, de aparecidos o de lic&aacute;ntropos, de tortugas parlantes y de ovejas que daban miel, y las iniciaba siempre de este mismo modo:</p>
<p class="Cuerpotexto">―Era el tiempo en que a&uacute;n viv&iacute;an los gigantes...</p>
<p class="Cuerpotexto">Fuese por el respeto que impon&iacute;an sus ojos de ciego ―que semejaban dos grandes perlas incrustadas en su rostro―, fuese por el ardor que sab&iacute;a prestar a sus palabras, lo cierto es que el gent&iacute;o agrupado en la calle se comportaba siempre con munificencia y dejaba la escudilla de las limosnas llena a rebosar. Yo compraba frutas y carne fresca en los mercados, y mi padre lo devoraba todo a grandes bocados, urgido por una impaciencia que yo no alcanzaba a comprender, la misma que le hac&iacute;a en ocasiones dormir de pie y que, durante a&ntilde;os, nos llev&oacute; a recorrer tierras ignotas y naciones extra&ntilde;as como si anduvi&eacute;ramos a la b&uacute;squeda de un destino secreto y nuestra condici&oacute;n fuese otra, en realidad, que la de simples vagabundos. Casi nunca hablaba mientras est&aacute;bamos a solas, y su actitud hacia m&iacute; era tan adusta y distante que cre&iacute;a que no me ten&iacute;a en mayor estima que al pobre babuino; imaginaba, incluso, que me achacaba la muerte de su esposa. Pero, una noche en que le hab&iacute;a escanciado aguardiente de palma en una copa de madera tallada, me palp&oacute; el cabello con cari&ntilde;o y me dijo:</p>
<p class="Cuerpotexto">―Querido Tebaldo, eres lo &uacute;nico que me queda de tu madre.</p>
<p class="Cuerpotexto">Como lo viera m&aacute;s dispuesto a hablarme que en otras ocasiones, le pregunt&eacute; cu&aacute;l era el prop&oacute;sito que guiaba nuestros pasos. &Eacute;l me respondi&oacute; as&iacute;:</p>
<p class="Cuerpotexto">―Vamos a la b&uacute;squeda de una ciudad que me fue revelada en un sue&ntilde;o.</p>
<p class="Cuerpotexto">No pude averiguar m&aacute;s, y tampoco creo que mi padre conociera mucho m&aacute;s acerca de esa ciudad so&ntilde;ada, pues dijo que no sabr&iacute;a que la hab&iacute;amos encontrado hasta que nos hall&aacute;ramos en ella.</p>
<p class="Cuerpotexto">El mundo era nuestro hogar. En los a&ntilde;os que abarc&oacute; mi infancia, atravesamos las est&eacute;riles tierras del Norte, donde las hambrunas son frecuentes y no es rara la pr&aacute;ctica del canibalismo. Recorrimos el pa&iacute;s de los sunamitas, que adoran a un dios cuyos intestinos cuelgan hacia fuera, y cruzamos tambi&eacute;n el desierto de los aquenas&iacute;es, quienes construyen sus ciudades sobre la arena. Anduvimos entre los solimes del C&aacute;ucaso, que se tocan la cabeza con el despojo frontal de un caballo, y en Tanjore nos postramos ante el gigantesco toro de p&oacute;rfido que representa a Siva, dios de la devastaci&oacute;n. Yo no dejaba de admirarme de la sabidur&iacute;a de mi padre, quien sab&iacute;a hacerse entender en casi todas las lenguas, y que besaba por igual la cruz de los cristianos, la serpiente d&uacute;plice de los caduceos o la luna bicorne de los agarenos. All&aacute; donde fu&eacute;ramos, no era raro que personas principales del pa&iacute;s le brindaran cobijo y protecci&oacute;n, tal era la autoridad que de &eacute;l dimanaba, pero mi padre se opon&iacute;a siempre a semejantes honores, obcecado en la b&uacute;squeda de aquella ciudad quim&eacute;rica.</p>
<p class="Cuerpotexto">Cada vez que lleg&aacute;bamos a un lugar nuevo, me hablaba as&iacute;:</p>
<p class="Cuerpotexto">―Dime, Tebaldo, c&oacute;mo son los edificios de esta ciudad.</p>
<p class="Cuerpotexto">Yo le describ&iacute;a lo mejor que pod&iacute;a los minaretes, las c&uacute;pulas, los castillos, las casas de m&aacute;rmol y estuco o las de adobe y tejavana. &Eacute;l me escuchaba con gran atenci&oacute;n, como si a trav&eacute;s de mis palabras pudiese ver el paisaje a que hab&iacute;amos arribado, e, invariablemente, terminaba por ladear la cabeza de un modo melanc&oacute;lico y dec&iacute;a:</p>
<p class="Cuerpotexto">―Tampoco es &eacute;sta, Tebaldo, tampoco es &eacute;sta.</p>
<p class="Cuerpotexto">Fue en Abisinia donde me hice hombre, a manos de una esclava b&uacute;lgara de ojos verdes y labios del color del vino, cuyo rostro no han borrado de mi memoria ni el tiempo ni otras mujeres. Conforme crec&iacute;a, iba germinando en m&iacute; el anhelo de abandonar aquella vida errante, de escoger un lugar entre tantos como hollaban nuestros pies y establecerme all&iacute; para siempre, hacerme labrador o carpintero, fundar una familia. Pero mi padre acallaba siempre mis protestas invocando los designios de la Providencia. M&aacute;s que la fe, era la l&aacute;stima que sent&iacute;a por &eacute;l, ciego y ya anciano, lo que me empujaba una vez m&aacute;s a reemprender nuestro camino.</p>
<p class="Cuerpotexto">―Dios ―me dec&iacute;a― no tiene prisa, porque para &Eacute;l no existe el tiempo, pero ni t&uacute; ni yo somos dioses.</p>
<p class="Cuerpotexto">Hab&iacute;an transcurrido veintid&oacute;s a&ntilde;os desde mi nacimiento en Aqba, cuando una noche, dormidos al pie de una duna, mi padre me despert&oacute; s&uacute;bitamente, susurr&aacute;ndome al o&iacute;do que hab&iacute;a escuchado el graznido de las gaviotas. Yo le hice ver que eso no era posible, puesto que nos encontr&aacute;bamos muy lejos de la costa.</p>
<p class="Cuerpotexto">―Entonces ―dijo― la ciudad que buscamos est&aacute; junto al mar.</p>
<p class="Cuerpotexto">Cu&aacute;ntas veces vi hundirse el sol sobre las aguas. Cu&aacute;ntas veces acarici&oacute; el viento salobre mi rostro barbado. Recorrimos todos los puertos conocidos, los deltas, las bah&iacute;as, los estuarios. En cierta ocasi&oacute;n, encontramos un colosal monstruo marino varado en la playa; cuando le describ&iacute; su figura portentosa, mi padre me hizo saber que se trataba del Jasconio, el primero de todos los peces que nadaron en el mar. Tambi&eacute;n fuimos testigos de pavorosos naufragios, y un navegante de Clazomene, a quien libr&eacute; de morir ahogado, me entreg&oacute; como pago por su vida dos monedas de oro ornadas con la figura de un jabal&iacute; alado. Comprend&iacute; que, si en esa ocasi&oacute;n y vi&eacute;ndome rico, no hab&iacute;a cedido a la tentaci&oacute;n de abandonar a mi padre, ya no lo har&iacute;a nunca.</p>
<p class="Cuerpotexto">Hab&iacute;a despedido la t&oacute;rtola el largo invierno, cuando llegamos a las Columnas de H&eacute;rcules. El sol meridional devoraba nuestros p&aacute;rpados. Mi padre hab&iacute;a contra&iacute;do una enfermedad que recubr&iacute;a su cuerpo de llagas hediondas, pero la certeza de que nos aproxim&aacute;bamos a nuestro destino lo sosten&iacute;a en pie. Entre el trasiego del puerto de Gades dimos con un marinero llamado Lupicinio, un viejo parlanch&iacute;n que le habl&oacute; a mi padre de cierto archipi&eacute;lago de islas que se extend&iacute;a hacia Poniente. &Eacute;l hizo entonces algo que yo nunca hubiera imaginado: de su zurr&oacute;n extrajo la diadema de oro de mi madre, y se la ofreci&oacute; al miserable estafador a cambio de su embarcaci&oacute;n. El tal Lupicinio nos entreg&oacute; un falucho que no tendr&iacute;a m&aacute;s de treinta codos de eslora; rehus&oacute; la posibilidad de embarcarse con nosotros, pero me ense&ntilde;&oacute;, no sin desgana, los rudimentos de la navegaci&oacute;n: cu&aacute;ndo arriar la vela ante vientos desfavorables, el modo de guiarse por las estrellas, o c&oacute;mo anticipar la presencia de arrecifes. Dejamos al babuino en tierra, ya que estaba viejo y hubiera sido una boca m&aacute;s a la hora de repartir los v&iacute;veres, y as&iacute;, sin otra experiencia marinera que las lecciones apresuradas de Lupicinio, emprendimos el viaje.</p>
<p class="Cuerpotexto">Nunca una soledad mayor ha oprimido mi coraz&oacute;n. De d&iacute;a, el sol dejaba caer sus l&aacute;grimas candentes sobre nuestras cabezas y el azul del mar cegaba mis ojos. De noche, bajo el parpadeo de los astros y en el silencio m&aacute;s absoluto que imaginarse quepa, o&iacute;a de tanto en tanto hablar a mi padre quien, en sue&ntilde;os, se lamentaba por la doble p&eacute;rdida de la diadema y del babuino, al cual hab&iacute;a llegado a querer casi como a un segundo hijo.</p>
<p class="Cuerpotexto">Hab&iacute;an transcurrido dos semanas cuando, una noche, escuchamos el aleteo de p&aacute;jaros invisibles, y al alba distingu&iacute; una columna de humo sobre el horizonte. El viento del mar nos empuj&oacute; hacia aquellas islas. Antes de que el sol alcanzara su cenit, desembarcamos en una playa con forma de hoz. Vimos nadadores surgiendo de la espuma, que pronto se arremolinaron en torno a nosotros, movidos por la curiosidad. Nos condujeron hasta su poblado, desnudos, reverberantes de sal por todo su cuerpo. Supimos que adoraban al fuego, del que se ve&iacute;an rescoldos en todas las esquinas. Las casas en que viv&iacute;an eran muy pobres, perge&ntilde;adas torpemente con barro y ca&ntilde;aheja.</p>
<p class="Cuerpotexto">―Tampoco es &eacute;sta la ciudad que buscamos ―se doli&oacute; mi padre.</p>
<p class="Cuerpotexto">Parec&iacute;a muy compungido y al borde de una muerte cierta, pero pareci&oacute; revivir cuando uno de los isle&ntilde;os nos explic&oacute;, por medio de barboteos m&aacute;s propios de un mono que de un hombre, que m&aacute;s all&aacute; del archipi&eacute;lago se levantaba una isla gigantesca cuyas ciudades hab&iacute;an sido conquistadas siglos atr&aacute;s por las aguas.</p>
<p class="Cuerpotexto">Mi padre era ya una piltrafa balbuciente, devastado por los a&ntilde;os de camino y por la enfermedad que lo consum&iacute;a, pero encontr&oacute; fuerzas para reanudar el viaje. Exhort&oacute; a los adoradores del fuego a que nos aprovisionaran de cocos y de pescado en salaz&oacute;n, y embarcamos con gran tristeza de ellos una ma&ntilde;ana en que el cielo era de un azul pur&iacute;simo. Durante los doce d&iacute;as de navegaci&oacute;n que siguieron, tem&iacute; tanto por la vida de mi padre como por mi propia suerte, pues nos aproxim&aacute;bamos a los confines del mundo conocido, donde habitan toda suerte de espantosas criaturas.</p>
<p class="Cuerpotexto">En el d&iacute;a treceno nos envolvi&oacute; un resplandor amarillo, y avist&eacute; en lontananza un colosal volc&aacute;n nacido de las aguas. &iexcl;A qu&eacute; rinc&oacute;n tan extra&ntilde;o del oc&eacute;ano hab&iacute;amos arribado! &iexcl;Cu&aacute;n exiguo deb&iacute;a de ser el n&uacute;mero de hombres que hab&iacute;an contemplado alguna vez aquella nueva isla! Rec&eacute; a todas las deidades que conoc&iacute;a, en todas las lenguas que hab&iacute;a aprendido. A medida que nos aproxim&aacute;bamos, pude discernir que en sus orillas, sobre un istmo, se extend&iacute;a una ciudad de cicl&oacute;pea arquitectura, parcialmente sumergida en el mar. Al o&iacute;r mis exclamaciones de asombro, mi padre farfull&oacute;:</p>
<p class="Cuerpotexto">―Dime c&oacute;mo es esa ciudad que ves, Tebaldo. &iquest;Hay altas torres de basalto negro?</p>
<p class="Cuerpotexto">―S&iacute; las hay ―contest&eacute;.</p>
<p class="Cuerpotexto">―&iquest;Hay c&uacute;pulas doradas que reflejan la luz del sol? &iquest;Y un acueducto que la cruza de parte a parte?</p>
<p class="Cuerpotexto">―As&iacute; es, padre.</p>
<p class="Cuerpotexto">Se puso en pie y me abraz&oacute; tr&eacute;mulo, los ojos seniles llenos de l&aacute;grimas.</p>
<p class="Cuerpotexto">―Aqu&iacute; es ―dijo.</p>
<p class="Cuerpotexto">Atracamos el falucho en lo que parec&iacute;a una plaza porticada, hundida toda ella salvo en uno de sus flancos, pero nadie acudi&oacute; a recibirnos. En vano recorrimos, dando fuertes voces, las calles que a&uacute;n permanec&iacute;an por encima del nivel del mar. In&uacute;tilmente esperamos que se agitara alguna sombra. Todo estaba desierto.</p>
<p class="Cuerpotexto">―&iquest;Qu&eacute; buscamos? ―pregunt&eacute; a mi padre.</p>
<p class="Cuerpotexto">―En la parte alta de la ciudad ―dijo― tiene que haber un obelisco.</p>
<p class="Cuerpotexto">No tard&eacute; en divisarlo. Cuando llegamos junto a &eacute;l, vi que toda su superficie estaba esculpida en bajorrelieve con dibujos y s&iacute;mbolos. Una de las escenas all&iacute; representadas mostraba a un hombre anciano, apoyado sobre un bast&oacute;n, al que acompa&ntilde;aban un joven y un simio.</p>
<p class="Cuerpotexto">―Somos nosotros, padre ―dije con un estremecimiento.</p>
<p class="Cuerpotexto">Se acerc&oacute; hasta el obelisco y palp&oacute; con manos temblorosas los signos que rodeaban las figuras, que para m&iacute; no eran otra cosa que incomprensibles jerogl&iacute;ficos. Y as&iacute;, lentamente, mientras la noche iba cayendo sobre la ciudad so&ntilde;ada, mientras la b&oacute;veda celeste se poblaba de constelaciones, mi padre fue leyendo en voz alta los pormenores de aquella estela antiqu&iacute;sima en la que estaba escrito mi destino, la raz&oacute;n por la que nac&iacute;: repoblar la isla, reconstruir aquella ciudad perdida, devolverle su pasado esplendor.</p>
<p>Han pasado m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os desde nuestro arribo a la legendaria Atl&aacute;ntida. Mi padre muri&oacute; hace ya mucho tiempo. Restitu&iacute; su cuerpo a la tierra, bajo un gran sicomoro cuyas ramas puedo ver ahora cimbrearse desde esta ventana: en realidad, nunca ha estado lejos de m&iacute;. Siguiendo sus consejos, fui acatando uno por uno los designios de la estela: regres&eacute; a la isla de los adoradores del fuego, los convenc&iacute; para navegar hasta aqu&iacute; con sus humildes balsas, les instru&iacute; en mi idioma y en todas las cosas &uacute;tiles e in&uacute;tiles que hab&iacute;a aprendido a lo largo de mis viajes por el ancho orbe. Escog&iacute; a las mujeres menos abominables de entre ellos para que apagaran mi fuego en las largas noches de insomnio. Los nuevos colonos no tardaron en multiplicarse, como la avena o como las langostas, hasta ocupar la isla. Llenaron el silencio con sus voces, infamaron la pureza de la soledad con todos los vicios y vanidades del hombre.</p>
<p>Ahora, son miles o tal vez decenas de miles los s&uacute;bditos que me veneran como a un dios viviente. He cumplido la misi&oacute;n que me fue asignada por extra&ntilde;os hados, sin llegar nunca a comprender su verdadero objeto; sin saber tampoco por qu&eacute; fui yo, y no cualquier otro, el elegido. Tantas cosas se nos escapan... Ser conscientes de nuestra irremediable ignorancia: tal vez sea &eacute;sa una de las mayores fuentes del infortunio. Presiento (no sin alivio) que ya est&aacute; cerca el fin. Mi primog&eacute;nito, anheloso de usurpar un trono que yo nunca quise, camina en esta hora oscura por los corredores de palacio. S&eacute; que lleva una daga oculta entre sus ropas. Seg&uacute;n augura la inscripci&oacute;n, esta noche me entregar&aacute; a las sombras. La espera se me hace interminable.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 09 Dec 2014 07:25:45 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La mirada del escritor]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-mirada-del-escritor/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/ceesnooteboom_quinientos.jpg" alt="" /> </p>
<p>El escritor holand&eacute;s Cees Nooteboom se encuentra en el Frick Museum de Nueva York delante de "La lecci&oacute;n de m&uacute;sica interrumpida", de Vermeer. Dice sentirse como un mir&oacute;n al tiempo que le embarga cierto sentimiento "nacional", algo que, bien pensado, concluye, le parece rid&iacute;culo. El pudor ante la escena predomina. Es un extra&ntilde;o, y lo sabe. En plena observaci&oacute;n cae en la cuenta de que le ocurre lo mismo cuando se planta delante de un cuadro de Edward Hopper: ese saberse mir&oacute;n en un lugar, una escena, en las que no deber&iacute;a tener cabida. Al tiempo, el escritor, narrador en primera persona, observa y apunta todo cuanto acontece a su alrededor. Una compatriota atractiva que observa, como &eacute;l, el vermeer. Le gustar&iacute;a abordarla, pero no se atreve. &Eacute;ste es, en resumen, el primero de los relatos que en torno a la pintura ha escrito Cees Nooteboom. Unos relatos en los que, adem&aacute;s de propiciar el ensayo como eventual cr&iacute;tico o historiador del arte, hay la narraci&oacute;n, el relato literario del contexto en que aqu&eacute;l tiene lugar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Porque Nooteboom no tiene la intenci&oacute;n de darnos lecci&oacute;n de arte alguna (lo cual, dicho sea de paso, no quiere decir que no vayamos a aprender aspectos interesantes de algunos episodios de la pintura de los &uacute;ltimos cinco o seis siglos). Nos ofrece, como hemos apuntado, sus reflexiones de hombre culto y curioso por las cosas. Su particular mirada. Se reconoce, as&iacute; es, como un "amante de la observaci&oacute;n". En otro de los cap&iacute;tulos de este libro nos cuenta que, despu&eacute;s de un largo viaje, llega a Amsterdam y casualmente acaba entrando en una exposici&oacute;n de grabados de Ti&eacute;polo, del que poco o muy poco conoce. Dice incluso sentirse atra&iacute;do por los t&iacute;tulos de los grabados m&aacute;s que por el contenido de &eacute;stos. Son las suyas unas observaciones inteligentes. Y cuando, como el maestro de obras del Rom&aacute;nico, que trabaja con el m&eacute;todo del ensayo y error, se equivoca, rectifica y llega hasta su objetivo. "Eso de percibir mal las cosas cuando las miras por primera vez tiene su lado bueno, aunque s&oacute;lo sea por el hecho de que luego las ves mejor".</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Su mirada sobre las cosas tiene, pues, su base. Una base culta, de m&uacute;ltiples referencias. De otro lado, sus descripciones, a menudo bell&iacute;simas, complementan el discurso a veces difuso con que a veces se nos despacha (por cierto, no menos que algunos historiadores del arte, cuyas empalagosas descripciones con frecuencia resultan indigestas). Cuando habla de Florencia (y nos saca a colaci&oacute;n ni m&aacute;s ni menos que a Claude-Gilbert Dubois, especialista en manierismo) para enunciar una de sus teor&iacute;as (o Florencia como "speculum historiae" de &eacute;poca que se reflejan las unas en las otras), dice cosas como &eacute;sta: "El sol se ha adentrado geom&eacute;tricamente en la Piazza della Santa Annunziata". En momentos como &eacute;ste resplandece el valor literario de la obra. Que no es poco. La literatura, a menudo, ayuda a iluminar aspectos poco o nada conocidos de la historia. A Nooteboom le divierte imaginar de qu&eacute; manera lleg&oacute; Leonardo a Mil&aacute;n. Por ejemplo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otro de los momentos culminantes de este peque&ntilde;o libro es el cap&iacute;tulo que Cees Nooteboom le dedica al pintor Caspar David Friedrich. En &eacute;ste nos cuenta c&oacute;mo a trav&eacute;s de L&aacute;szl&oacute; F&ouml;ld&eacute;nyi -del que, nos dice, hab&iacute;a apreciado mucho con anterioridad su "Tratado sobre la melancol&iacute;a", en el que se tratan de igual manera temas pict&oacute;ricos- intenta introducirse con otra de sus obras -dedicada al pintor- en el mundo cerrado, abierto sin embargo a interpretaciones, de Friedrich. La imposibilidad de retratar a Dios, a un Dios que ha abandonado el mundo, da pie al escritor holand&eacute;s para cavilar sobre este aspecto de su pintura. Un lado oscuro que, como la pintura de Edward Hopper, representa el otro lado, el polo contrario, de uno de los temas principales de la pintura, y, tambi&eacute;n, de las interpretaciones de Nooteboom: la luz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La pintura de Edward Hopper le sugiere "angustia, silencio, una gran melancol&iacute;a". Y sin embargo, como a tantos y tantos espectadores de su obra, le fascina. En estos hallazgos en apariencia nimios es donde el lector siente como suya la escritura de Nooteboom (algo sin duda mucho menos frecuente cuando leemos a los historiadores o a los cr&iacute;ticos de arte; raro es el caso: si acaso Duby, Gombrich...). De ah&iacute; el inter&eacute;s, menos acad&eacute;mico cuanto literario, es cierto, que estos escritos sobre la pintura tienen. Es m&aacute;s probable que uno recuerde con el paso del tiempo la descripci&oacute;n que Nooteboom hace de las calles de Leiden que vieron crecer a Rembrandt y sus primeros autorretratos que la de cualquier avispado especialista falto de chispa e ingenio literarios. Su lectura, pues, resulta am&eacute;n de fruct&iacute;fera, gratificante, y de un rigor muy personal.- RAFA MARTINEZ.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cees Nooteboom , <em>El enigma de la luz. Un viaje en el arte</em>, traducci&oacute;n de Isabel-Clara Lorda Vidal, Madrid, Siruela, 2007</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 01 Dec 2014 07:50:32 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La "mirada" de Moncada]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-mirada-de-moncada/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Diciembre/jesusmoncada_quinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>No se equivoc&oacute;&nbsp; Pere Calders, aut&eacute;ntico padrino literario de Jes&uacute;s Moncada, cuando en 1981 apost&oacute; por la narrativa del autor de Mequinenza. En esas fechas, tan primerizas, apenas unos pocos relatos &ndash;refrendados, eso s&iacute;, con algunos premios menores<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>-, hablaban de la incipiente trayectoria narrativa del autor que, sin embargo, para el buen olfato y la inteligencia literaria de Calders supon&iacute;an ya la concreci&oacute;n de un universo s&oacute;lido y asentado (&ldquo;Hi ha contes seus que podrien figurar amb plena dignitat en quasevol antologia del g&eacute;nere&hellip;&rdquo; <em>Avui</em>, 9-IX-1981). Apuesta que, asimismo con rapidez, fue corroborada por varias cr&oacute;nicas literarias y rese&ntilde;as adelantadas, como las publicadas por Mar&iacute;a Aurelia Capmany o Francecs Parcerisas<a title="" href="#_ftn2">[2]</a> que, sin duda, ayudaron al conocimiento del quehacer de Moncada. Tampoco erraron quienes, bastantes a&ntilde;os despu&eacute;s, al igual que Artur Ramoneda (<em>Diario 16</em>, 16-XI-1989), pronosticaron&nbsp; el &ldquo;camino prometedor&rdquo; que <em>Cami de sirga</em> abr&iacute;a para la literatura catalana y espa&ntilde;ola<em>.</em> Por eso, desde la aparici&oacute;n de esta novela, en la raya misma de la &uacute;ltima d&eacute;cada del siglo XX,&nbsp; la realidad se impuso de forma tan tozuda y los galardones, merecidos, llovieron en tromba sobre la trabajada trayectoria del autor de Mequinenza, avalando de manera indiscutible el inter&eacute;s tem&aacute;tico o la val&iacute;a de su narrativa escrita en catal&aacute;n, la lengua materna de Moncada. Una narrativa densa y siempre en progresi&oacute;n cualitativa con cada nueva entrega editorial. Entre los premios recibidos por aquellas fechas encontramos los m&aacute;s prestigiosos del panorama literario catal&aacute;n como el &ldquo;Ciutat de Barcelona&rdquo; o el &ldquo;Serra d&acute;Or&rdquo; y, por supuesto tambi&eacute;n, los que se consideraban claves en &aacute;mbito espa&ntilde;ol, caso del &ldquo;Premio de la Critica&rdquo;, sin olvidar la condici&oacute;n de finalista en el &ldquo;Nacional de Literatura&rdquo;<a title="" href="#_ftn3">[3]</a>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A partir de este momento esplendoroso, con el correr de las dos d&eacute;cadas siguientes, a Moncada a&uacute;n le llegar&iacute;an otros galardones sustanciosos, bien de corte institucional &ndash;Creu de Sant Jordi 2002, Letras Aragonesas 2004 &ndash; o bien de reconocimiento &ndash;Premi dels Escriptors Catalans ALEC, 2001-&nbsp; al margen de la mercadotecnia&nbsp; propia al consumo literario. Galardones que acompa&ntilde;aron merecidamente a su producci&oacute;n narrativa posterior, con un comp&aacute;s casi id&eacute;ntico al paso que el autor dedic&oacute; a su singladura creativa, centrada en un universo particular que siempre deambul&oacute; por las proximidades de la mirada ensayada en sus primeros relatos, tal como puede verse -asumiendo algunos cambios de tiempo, atm&oacute;sfera o espacio- en <em>La galerie de les est&agrave;tues&nbsp; </em>(1992), <em>Estremida mem&ograve;ria </em>(1997), <em>Calaveres atonites</em> (1999) e, incluso, en la compilaci&oacute;n de art&iacute;culos y prosas que public&oacute; bajo el t&iacute;tulo de <em>Cab&ograve;ries estivals i otras proses volanderes</em> (2004).&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sin embargo, entre todos estos datos, hay que dejar constancia de un hecho clave que, a la vez, es bastante inusitado en nuestros d&iacute;as: Estamos ante un sorprendente ritmo de escritura que, junto a otras cualidades como la serenidad o el af&aacute;n de perfecci&oacute;n &ndash; tambi&eacute;n visibles en el ritmo de publicaci&oacute;n-, posee una lentitud significativa, algo que contrasta con el v&eacute;rtigo que habitualmente se puede observar en otros escritores contempor&aacute;neos de Moncada. Ciertamente, entre 1970, fecha del primer texto publicado por el autor mequinenzano, y 1989, inicio de un imparable &eacute;xito, transcurren diecinueve a&ntilde;os y, en todo este tiempo, Moncada tan s&oacute;lo publica dos libros de relatos -<em>Hist&ograve;ries de la m&agrave; esquerra</em> y <em>El caf&eacute; de la Granota-</em> y una novela &ndash;<em>Cami de sirga</em><a title="" href="#_ftn4">[4]</a><em> </em>- . Algo similar se observa en los quince a&ntilde;os siguientes, puesto que, entre 1989 y 2004, publica las tres obras anteriormente citadas, adem&aacute;s de una recopilaci&oacute;n de textos y art&iacute;culos menores. Es decir, un ritmo que, sin duda, permiti&oacute; la solidez de un trabajo creativo, tan personal de nuestro autor, que, por fortuna para la literatura catalana y espa&ntilde;ola, qued&oacute; traducido en el fecundo universo narrativo que define a su literatura. Un universo que, a la vez que peculiar, se muestra intransferible y, sobre todo, est&aacute; lleno de intertextualidad, con Mequinenza y sus alrededores como epicentro de unas muy jugosas historias narrativas.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Mequinenza: El alma de Moncada</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Si <em>Hist&ograve;ries de la m&agrave; Ezquerra </em>o<em> El Caf&egrave; del a Granota</em> constituyen, con la brevedad del apunte y sus destellos, el embri&oacute;n y el ca&ntilde;amazo del territorio imaginario-real usado por Moncada en narrativa y, tambi&eacute;n, en lo concerniente al perfil de los personajes que lo pueblan, <em>Cami de sirga</em> supone un magn&iacute;fico punto central, cuando no casi el final lograd&iacute;simo, de ese mismo universo y de sus atm&oacute;sferas<a title="" href="#_ftn5">[5]</a>. Ello es as&iacute;, aunque, luego, en otras novelas, el universo que mencionamos contin&uacute;e presente, parpadeando de tanto en tanto, y se prolongue temporalmente hacia la lejan&iacute;a del pasado, caso de <em>Estremida memoria</em><a title="" href="#_ftn6"><em><strong>[6]</strong></em></a>, o hacia la cercan&iacute;a del presente como sucede en <em>La galeria de les est&aacute;tues <a title="" href="#_ftn7"><strong>[7]</strong></a></em>(7).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La conclusi&oacute;n es que, en todas las citadas obras de Moncada, la Mequinenza evocada y recuperada se asienta en la realidad del entorno vital de autor, en el pasado hist&oacute;rico de ese entorno y, especialmente, en el fluir de las charlas de caf&eacute; y de los carasoles que el autor lleg&oacute; a conocer. Fluir con el que, como pocos, Moncada saber explorar, a la perfecci&oacute;n, el fil&oacute;n de la oralidad. Un fil&oacute;n que, adem&aacute;s, el autor usa para sintonizar con la voz colectiva que, al fondo de novelas y relatos, encarna el personaje, plural e innominado, de la poblaci&oacute;n de Mequinenza, la cual acaba despoj&aacute;ndose de todo localismo para hacerse universal. Y ello en parte es tambi&eacute;n as&iacute; porque Moncada diferencia muy bien entre ser novelista y ser historiador. Una diferenciaci&oacute;n que le permite no s&oacute;lo huir de una interpretaci&oacute;n plana de una realidad que descanse en la mera descripci&oacute;n de los hechos sucedidos, sino que le ayuda a la mixtura de esa realidad con la ficci&oacute;n sin, por ello, perder la esencia del alma mequinenzana que alienta con fuerza al fondo de sus novelas y relatos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De ah&iacute; asimismo que esa voz de narrador omnisciente que suele usar Moncada se fusione o, mejor, est&eacute; asentada en una polifon&iacute;a de voces, m&aacute;s o menos presente o potente. Voces que, con cualquier excusa, aparecen en las novelas o desde los relatos &ndash;objetos, fotograf&iacute;as, etc.- rescatando del olvido el pasado plural que el autor evoca y por el que, adem&aacute;s, tanto inter&eacute;s muestra. Ello es as&iacute; porque Moncada es consciente de cu&aacute;n necesario resulta el poso secular para la entidad e identidad de un pueblo. Y m&aacute;s todav&iacute;a, cuando ese pueblo, como le sucedi&oacute; a Mequinenza, se ha convertido en una anodina planicie, sin apenas accidentes, representada a lo sumo por lo enigm&aacute;tico de la enorme balsa de un pantano.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La multiplicidad de puntos de vista, por nimios que sean, ayudan, con la especial suma de peque&ntilde;as historias que es la novela &ndash;tambi&eacute;n los libros de&nbsp; relatos-, a la buscada plasmaci&oacute;n colectiva de la villa ya desaparecida, la cual, pese a su inexistencia, acaba siendo universal. En suma, gracias a ello, Moncada &ldquo;verbaliza&rdquo; la vida plural que existi&oacute; y que configur&oacute; a Mequinenza y sus gentes: una isla proletaria en un mundo agrario. Es decir, Moncada con palabras hace real lo ya inexistente. Su literatura otorga realidad a la vida de una colectividad, suma de vidas, en todas sus dimensiones imaginables. Desde lo f&iacute;sico de una calle o una plaza, cargadas de una vida que viene desde el pasado,&nbsp; pasando por los sucesos que construyen la historia o la tradici&oacute;n, hasta el mismo arco iris de las pasiones humanas. Desde la extravagancia y la bufonada a la dura realidad del minero. Desde la dependencia de la colectividad con respecto al r&iacute;o hasta los &iacute;ntimos secretos de familia.&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>&nbsp;</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De ah&iacute; que el universo menquinenzano que define a la narrativa de Moncada est&aacute; compuesto de muchas microhistorias &ndash;pi&eacute;nsese en la importancia del concepto coral de <em>Cam&iacute; de sirga </em>&nbsp;o en la ya se&ntilde;alada intertextualidad tem&aacute;tica y de personajes, especialmente com&uacute;n a las tres primeras obras del autor- que, unidas todas, ofrecen una aut&eacute;ntica macrohistoria. Es decir, cada personaje, cada an&eacute;cdota, cada suceso, cada l&iacute;nea argumental&hellip;, escamoteados al cementerio del olvido y, por tanto, recuperados en las novelas de Moncada, no son sino fragmentos de una realidad colectiva que tuvo entidad en el pasado &ndash;una realidad que, a pesar de haber desaparecido f&iacute;sicamente, seguir&aacute; teniendo entidad en la memoria literaria gracias a las ficciones de Moncada-. Y que, gracias a la suma y superposici&oacute;n de ellas, logra conformar el puzzle total que reconstruye tanto el edificio de la historia como el edificio de la memoria. El universo literaturizado por Moncada ofrece, en consecuencia, una rica visi&oacute;n y explicaci&oacute;n de colectividad que, en el caso concreto de la lectura, corresponde a la de la de la villa de Mequinenza en todas sus direcciones vitales. Sin embargo, por su valor y por su proyecci&oacute;n, lo narrado por Moncada no queda ah&iacute;, en el localismo, sino que posibilita, sin problema alguno, la representaci&oacute;n de un per&iacute;odo temporal id&eacute;ntico en la misma Historia de Espa&ntilde;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ciertamente, las peleas sociales de la peque&ntilde;a ciudad o villa de Mequinenza, su peculiar discurrir diario, tan multicolor &ndash;navegantes, mineros, agricultores, funcionarios, arrieros, burgueses, grandes propietarios, comerciantes&hellip;, ya aut&oacute;ctonos o for&aacute;neos-, que Moncada nos plasma en sus obras y, en particular con <em>Cami de sirga</em>, se convierte en trasunto de la realidad espa&ntilde;ola de una &eacute;poca concreta, llegando as&iacute; a dibujar un clarificador fresco colectivo de casi un siglo. Precisamente, a este concepto de met&aacute;fora sobre la Espa&ntilde;a del siglo XX&nbsp; debe Moncada una buena parte de la condici&oacute;n de universalidad alcanzada por <em>Cami de sirga </em>y, por tanto tambi&eacute;n, la aceptaci&oacute;n de los lectores de casi medio mundo (8).&nbsp;&nbsp; <em>&nbsp;</em>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por otra parte, Moncada ha conseguido tambi&eacute;n&nbsp; que una sociedad no urbana, adem&aacute;s de un tanto rec&oacute;ndita y alejada como es el caso de Mequinenza, adquiera valor universal al haberla convertido en mito literario. Junto al especial territorio que, para el mito, constituye la villa de Mequinenza -dado que atesora en su seno, como ya se ha apuntado, mundos tan distintos como los relativos a la navegaci&oacute;n fluvial, la miner&iacute;a o la agricultura (9) con todas sus derivaciones-, nuestro autor utiliza otros resortes narrativos. As&iacute;, al lado del tratamiento &eacute;pico, Moncada explota narrativamente la tragedia inherente que contiene la demolici&oacute;n y desaparici&oacute;n de una villa milenaria frente a ambiguas fuerzas del &ldquo;progreso&rdquo; &ndash;construcci&oacute;n de un pantano-(9), sin olvidar, tampoco, la uni&oacute;n de todo ello a un tono y a una postura elegiacos, o a la densidad vital y tem&aacute;tica que se concentra en la novela: Idea de un para&iacute;so perdido ante el empuje que conlleva la evoluci&oacute;n y el progreso, la destrucci&oacute;n que acarrea el choque de estas dos fuerzas contrarias o, incluso entre otros variados aspectos, la confluencia y equilibrio de dos concepciones del mundo, tan distintas, que, al mismo tiempo, hacen de&nbsp; <em>Cami de sirga</em> una novela del r&iacute;o y una novela de la tierra &ndash;tambi&eacute;n se observa en algunos relatos de los libros que preceden a la novela-. Y, junto a ello, una oportuna distancia a la hora narrar que, sin embargo, no conlleva un abandono del compromiso. El trasfondo social y pol&iacute;tico ese vidente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todos estos elementos, sintonizados y engrasados con habilidad t&eacute;cnica y tem&aacute;tica, son los que permiten la comparaci&oacute;n de <em>Cami de sirga</em> con mundos narrativos universalmente aceptados, tales como los siempre citados de Macondo (G. Garc&iacute;a M&aacute;rquez) o, entre otros, de Regi&oacute;n (J. Benet). Y, tambi&eacute;n, los que hacen que <em>Cami de sirga</em> adquiera, en consecuencia, valor de referente universal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para lograr todo lo anterior, <em>Cami de sirga</em> comienza con las escenas que describen la explosi&oacute;n y el derrumbe de los primeros edificios mequinenzanos a principios de la d&eacute;cada de los 70. La historia&nbsp; parte de ese &ldquo;ahora&rdquo;, del momento en el que se observa, al tiempo que se narra, la demolici&oacute;n y el abandono obligado de Mequinenza y, tambi&eacute;n, del mundo que en su interior ha ido atesor&aacute;ndose a lo largo de los siglos. Es, por tanto, un &ldquo;ahora&rdquo; emotivo y cr&iacute;tico, pues, por un lado, se descubren las hechuras de una realidad, hasta entonces oculta por el manto de la rutina que destila el d&iacute;a a d&iacute;a;&nbsp; y porque, por otro, el dolor se hace presente ante el descubrimiento de la realidad f&iacute;sica que supone la ausencia definitiva de todo cuanto se ama y dota de sentido. Son escenas que conforman el principio de una realidad que tiene forma de ausencia definitiva y que, tan s&oacute;lo, podr&aacute; ser atrapada, a partir de ese &middot;ahora&rdquo;, mediante los recuerdos. Y, tambi&eacute;n, son escenas que marcan el t&eacute;rmino de otra realidad, la del fin de un presentimiento ag&oacute;nico que ha estado aleteando sobre Mequinenza y sus gentes desde que comenz&oacute; la construcci&oacute;n del pantano. Ambas presiden todo cuanto Moncada acomete en la narraci&oacute;n de su especial universo, tan vital en casi todas sus novelas y relatos. Esa es la esencia de su fuerza narrativa, al tiempo que el destino implacable, conocido y presente, que gu&iacute;a los recorridos del&nbsp; discurrir&nbsp; narrativo de las historias creadas por Moncada.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No en vano, desde este instante - tr&aacute;gico para la colectividad que la villa representa y, por supuesto, para quien accede a la lectura de la novela o de gran parte de sus relatos- se produce en <em>Cami de sirga </em>una retrospectiva plural, gracias a las diversas historias contadas por los personajes que sostienen el edificio narrativo. Una retrospectiva que, adem&aacute;s, deviene ya en el &uacute;nico mundo que puede ser real.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se trata del ofrecimiento hecho a base de recuerdos por una serie de individualidades - de diferente condici&oacute;n social y narrativa- o de personajes que poseen dimensi&oacute;n colectiva &ndash;Familia Torres, por ejemplo- o, incluso, de personajes simb&oacute;licos &ndash; Do&ntilde;a Carlota&hellip;- que, con su particular y peculiar historia a la espalda, posibilitan una visi&oacute;n parcial para, en su conjunto, granar la panor&aacute;mica m&aacute;s completa y veros&iacute;mil de la vida social y espiritual. Una &ldquo;mirada&rdquo; m&uacute;ltiple que, a lomos del recuerdo, bucea por el pasado y nos trae todo lo esperado o imaginable: Desde la beater&iacute;a al anticlericalismo, desde el trabajo a la diversi&oacute;n, desde la realidad al esperpento&hellip;. Pero, atenci&oacute;n, la &ldquo;mirada&rdquo; m&uacute;ltiple se lanza sobre realidades que ya no existen porque las explosiones y derrumbes descritos por el autor al comienzo de la novela son quienes, de verdad, conforman la &uacute;ltima realidad f&iacute;sica existente. Por tanto, todo carece de la solidez del futuro. Lo que se cuenta, tan s&oacute;lo es pasado inexistente, aunque sea pasado evocado y sen os permita ver, incluso, como envejecen los personajes. Por ello, es tan explicable la escasa sensaci&oacute;n sobre el transcurso del tiempo &ndash;tiempo de duraci&oacute;n del relato-, la estructura circular de <em>Cam&iacute; de sirga&nbsp; </em>y la continua intertextualidad que preside la narrativa de Moncada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La &ldquo;mirada&rdquo; persigue el alma de la colectividad de Mequinenza y su entorno. Persigue&nbsp; el rescate de la memoria a trav&eacute;s de diversos c&iacute;rculos conc&eacute;ntricos que abordan desde lo material a lo inmaterial, de lo individual a lo social, desde lo &iacute;ntimo a lo convencional . Y todo ello, en aras de evitar que la carga existencial que ha definido a Mequinenza y sus gentes en el tiempo y en el espacio se pierda en la corriente del olvido. Para que a la memoria &ndash;esta es la &uacute;nica raz&oacute;n de tener consideraci&oacute;n y de ser humanos, pues a eso nos reducimos los humanos: a memoria - no le suceda lo mismo que a la realidad f&iacute;sica de los edificios y&nbsp; muelles de la villa Mequinenza, desaparecidos tras la potencia de las detonaciones o con el traidor lameteo de las aguas retenidas por el pantano. Est&aacute; claro: un suceso se encadenar&aacute; a otro,&nbsp; un recuerdo llamar&aacute; al siguiente, un personaje buscar&aacute; a otro. La individualidad de un hecho, del recuerdo, de un personaje se ensancha, se funde y se reconvierte para dotar de esencia y as&iacute; poder interpretar lo colectivo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;Al final, desde el <em>flash back </em>que inicia la novela -un <em>flash back</em> que permite simultanear historia y presente, recuerdos y realidad, a&ntilde;oranzas y cr&iacute;tica adem&aacute;s, l&oacute;gicamente, de hacer brotar la imaginaci&oacute;n-, <em>Cami de sirga </em>conforma una retrospectiva de plural procedencia y de varia direcci&oacute;n que se apoya en una memoria f&eacute;rtil y prolija, tanto en precisi&oacute;n como en detalle. Aspecto &eacute;ste que concuerda a la perfecci&oacute;n con el entretejido de las historias individuales antes mencionadas, las cuales se hunden, con suma nitidez, hasta los inicios del siglo XX y, de manera menos precisa, por determinados momentos del XIX. De esta manera surge el mito: a partir de una memoria colectiva, recuperada en retazos, avivados todos ellos por lo tr&aacute;gico de una desaparici&oacute;n y, sin duda, tambi&eacute;n por el cruel destino que espera siempre a todo que cae en el seno ineludible del olvido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sin embargo, tambi&eacute;n se debe advertir que, aunque es evidente el uso a conciencia de ese mundo desaparecido y de su narrar doloroso que, por lo general, se escora&nbsp; hacia la tristeza y la eleg&iacute;a, Moncada ha sabido y ha conseguido distanciarse. En especial, gracias al tratamiento ir&oacute;nico con el que dota a gran parte de sus materiales narrativos. Y, tambi&eacute;n, por la sutil punzada con la que ensambla una historia real novelizada, construida con el ca&ntilde;amazo ya mencionado que proporcionan infinidad de peque&ntilde;as historias. Historias que, a su vez, posibilitan tambi&eacute;n la aparici&oacute;n de lo po&eacute;tico, del s&iacute;mbolo (11), la nostalgia, la cr&iacute;tica, el sarcasmo, el humor, lo carnavalesco&hellip;mostrando as&iacute; la pericia de Moncada que, a su vez, incita a la reflexi&oacute;n plural. Pues, sus relatos y novelas, a trav&eacute;s del alma perseguida &ndash;esa Mequinenza siempre presente, rescatada y evocada-, constituyen tambi&eacute;n un solar adecuado para el odio, el amor, el poder, la guerra, la violencia,&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La memoria reconstruye un amplio periodo temporal y evoca y recupera espacios f&iacute;sicamente desaparecidos. Resumiendo, podr&iacute;a decirse que las mencionadas microhistorias que aportan los m&uacute;ltiples personajes del universo creado por Moncada (12) se impregnan de historicidad. Pues, por un lado, se apoyan en la verosimilitud que destila la realidad cotidiana que Moncada capta con rasgos pr&oacute;ximos a lo etnol&oacute;gico &ndash;visi&oacute;n de oficios, costumbres, por ejemplo- y, por otro, se incardinan a los grandes hitos hist&oacute;ricos que han definido y definen la existencia reciente de Mequinenza &ndash;siglos XIX y XX-. Y, tal como ya se ha dicho, obviando cualquier localismo, para, en &uacute;ltimo t&eacute;rmino, crear una macrohistoria o una cr&oacute;nica generalizable, capaz de proporcionar&nbsp; que el universo menquinenzano de Moncada conforme una met&aacute;fora de la sociedad espa&ntilde;ola de parte del siglo XX.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por otra parte, es esta misma evocaci&oacute;n la que permite -al revivir lo no existente desde el punto de vista f&iacute;sico- que afloren tambi&eacute;n la imaginaci&oacute;n y la fantas&iacute;a. Sobre todo gracias al carril brindado por la pluralidad de perspectivas aportadas por los distintos personajes del universo coral de Moncada, cuyos antecedentes est&aacute;n ya muy visibles en los libros de relatos que preceden a <em>Cami de sirga.</em> Circunstancia que, tambi&eacute;n, en la &uacute;ltima obra, <em>Calaveras atontes,</em> vuelve a tomar fuerza, puesto que posee consistencia coral a pesar del a independencia inherente a los relatos &ndash;de nuevo, una &ldquo;mirada&rdquo; omnisciente que tiende a la colectividad: el secretario de juzgados-. Y, tambi&eacute;n, porque aborda la vida y comportamiento de unos personajes que, adem&aacute;s de descansar en la Mequinenza moncadiana, adquieren volumen gracias a &eacute;sta.</p>
<p>----------------</p>
<p>Notas:</p>
<p>(1)</p>
<p>(2)</p>
<p>(3)</p>
<p>(4)&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(6) En <em>Estremida Memoria</em>, tercera y &uacute;ltima novela de Moncada, se nos transporta a la Mequinenza del siglo XIX, Caspe y alrededores, puesto que se reconstruye y narra un hecho de vital trascendencia en la villa. Se trata de un suceso de cr&oacute;nica negra que, al mismo tiempo, fue tambi&eacute;n realidad hist&oacute;rica y que, en la novela, se mece en las olas de la imaginaci&oacute;n Un suceso de bandolerismo, tr&aacute;gico, que a&uacute;n vive en la tradici&oacute;n oral desde el lejano oto&ntilde;o de 1877. Otra vez, la tradici&oacute;n oral y la historia se funden en el trabajo creativo de Moncada. El asalto y muerte del recaudador de impuestos &ndash;adem&aacute;s de la muerte de un arriero y un guardia civil- que conllevaron el&nbsp; fusilamiento de los asaltantes en Mequienza estaba vivo en la memoria de Jes&uacute;s Moncada y del os habitantes de Mequinenza y fue accionado narrativamente cuando en el juzgado de Caspe se hall&oacute; el manuscrito del escribano que sigui&oacute; el proceso.</p>
<p>(7) Aunque el escenario principal se traslada a una imaginaria Terralloba que, sin duda, tiene mucho que ver con la Zaragoza de Moncada estudiante, Mequinenza y su entorno sigue siendo centro gravitatorio del universo narrativo de Moncada. El protagonista es un joven estudiante mequinenzano quien, lejos de su villa, observa la realidad de la Espa&ntilde;a de los a&ntilde;os 50, ejecutando un retrato pormenorizado de Torrelloba, dominada por la Iglesia y el estamento militar. Pero, mientras lleva&nbsp; acabo este retrato, en el fondo de la historia se escuchan ecos del pasado m&aacute;s reciente &ndash;Guerra civil, por ejemplo-, donde Mequinenza, de nuevo, es el eje central.</p>
<p>(8) La obra de Moncada &ndash;en especial, <em>Cami de sirga</em>- ha sido traducida a m&aacute;s de veinte lenguas: ruso, h&uacute;ngaro, portugu&eacute;s, ingl&eacute;s, dan&eacute;s, franc&eacute;s, alem&aacute;n, sueco, holand&eacute;s, rumano, esloveno, polaco, vietnamita, japon&eacute;s&hellip; adem&aacute;s de castellano, gallego o aragon&eacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>(9) M&aacute;s concretamente Mequinenza es la rica simbiosis de un habitat fluvial con econom&iacute;a minera en un ambiente rural que hunde su origen en la Historia.</p>
<p>(10) Mequinenza, una villa con enjundia, historia y prosapia, fue v&iacute;ctima clara, en aras del famoso &ldquo;bien com&uacute;n&rdquo;, del desarrollismo espa&ntilde;ol de los a&ntilde;os 50 y 60. En 1950 se iniciaron las obras del pantano, obras que finalizaron en 1966. Son, por tanto, 16 a&ntilde;os de incertidumbre y agon&iacute;a, prolongados hasta el final de la d&eacute;cada de los 60 con una luchas in futuro.</p>
<p>(11) El Ebro, por ejemplo, fuente de vida, acaba configur&aacute;ndose como un s&iacute;mbolo bastante significativo y claro: Mientras el r&iacute;o ha fluido libre, Mequinenza ha gozado de vida. Al estancar su aguas con el pantano, al aprisionarlas y dormirlas, la poblaci&oacute;n tambi&eacute;n queda fijada en el tiempo, quieta. Es el tiempo del olvido. O, tambi&eacute;n, la vida es como un camino de sirga, a contracorriente, para evitar que se llegue demasiado pronto al mar, que es el morir.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>(12) En varias entrevistas Moncada ha reiterado que, en proceso de construcci&oacute;n de&nbsp; sus novelas y, en particular, en el de <em>Cami de sirga,</em> sobre la experiencia personal est&aacute; tambi&eacute;n la experiencia de otros mequinenzanos. Afirmaciones que bien podr&iacute;an explicar no s&oacute;lo la abundancia de la microhistiria, sino tambi&eacute;n los continuos cambios de perspectiva temporal, conseguidos gracias a la memoria evocadora de tal o cual personaje. Un ensamblado dif&iacute;cil y laborioso que, sin embargo, est&aacute; perfectamente conseguido.</p>
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<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> Premi Burg&eacute;s 1970 (<em>La lluna, la pruna</em>), Premi Joan Santamar&iacute;a 1971, Premi &ldquo;Crida als escriptors Joves&rdquo;1971(<em>Cr&oacute;nica del darrer rom</em>) y Premi Jaume March (<em>La pell del riu</em>).</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> &ldquo;Tres propostes prou engrescadores pera la jove narrativa catalana&rdquo;, <em>El Mon</em>, 15-X-1982.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a> En el &ldquo;Ciutat de Barcelona&rdquo; Moncada comparti&oacute;, nada menos, premio y cartel con Pere Gimferrer y Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n, mientras que en la final del &ldquo;Nacional de Literatura&rdquo;, lo hizo con Bernardo Atxaga, Carlos Barral, Julio Llamazares, Juan Jos&eacute; Mill&aacute;s y Vicente Molina Foix.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a> Varios a&ntilde;os de&nbsp; trabajo y siete reescrituras necesit&oacute; <em>Cam&iacute; de sirga</em> antes de ver salir de la imprenta. Cuatro a&ntilde;os y tres reescrituras <em>Estremida Memoria&rdquo;&hellip;</em></p>
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<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a></p>
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<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a></p>
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<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a></p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 01 Dec 2014 07:34:57 +0000</pubDate>
    </item>
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      <title><![CDATA[_La narrativa de Rafael Chirbes: entre las sombras de la Historia_]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/_la-narrativa-de-rafael-chirbes-entre-las-sombras-de-la-historia_/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Noviembre/rafelquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>La consagraci&oacute;n como gran escritor parece haberle llegado a Chirbes tras la publicaci&oacute;n de sus dos &uacute;ltimas novelas: <em>Crematorio</em> (2007) y <em>En la orilla</em> (2013), con las que ha obtenido &ndash;entre otros- el Premio de la Cr&iacute;tica. La primera apuntaba a una grave crisis econ&oacute;mica y moral que, todav&iacute;a larvada, estaba a punto de estallar, mientras que la segunda no hac&iacute;a m&aacute;s que confirmar y completar el certero diagn&oacute;stico. Antes nos hab&iacute;a proporcionado obras de indudable valor, desde la prometedora primera novela corta, <em>Mimoun</em> (1988), hasta el d&iacute;ptico formado por otras dos piezas de semejante intensidad: <em>La buena letra</em> (1992) y <em>Los disparos del cazador </em>(1994), o la novela generacional que es <em>Los viejos amigos</em> (2003), aunque todas ellas posean una notable entidad. De lo que se trataba, en suma, era de dejar constancia de setenta a&ntilde;os de historia espa&ntilde;ola, de lo p&uacute;blico y lo privado, de la educaci&oacute;n sentimental y la pol&iacute;tica, los negocios y la intimidad, destacando una serie de hechos que gran parte de la sociedad espa&ntilde;ola, encabezada por los dirigentes pol&iacute;ticos, parec&iacute;a haber olvidado. No olvidemos que para Chirbes, como para Balzac, la novela consiste en contar la vida privada de las naciones, frase que nuestro autor ha recordado en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n&nbsp;<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>. Por tanto, nos hallamos ante un empe&ntilde;o narrativo que podr&iacute;a encuadrarse muy bien en la tradici&oacute;n de los <em>Episodios nacionales</em>, uno de esos grandes relatos que abarcan toda una &eacute;poca, a pesar de que los te&oacute;ricos de la posmodernidad nos hubieran anunciado no s&oacute;lo su fin sino su falta de sentido.</p>
<p>Rafael Chirbes naci&oacute; en 1949, en Tavernes de la Valldigna, un pueblo de Valencia situado en la comarca de la Safor. La suya era una familia obrera en un mundo de calculadores campesinos, como &eacute;l mismo nos ha recordado, vinculada a Denia (&ldquo;el Mediterr&aacute;neo de mi infancia fue el de Denia&rdquo;), donde viv&iacute;a el abuelo. Quiz&aacute; porque su padre, pe&oacute;n de v&iacute;as y obras, muri&oacute; cuando &eacute;l ten&iacute;a 4 a&ntilde;os. Su madre trabajaba de guardabarreras y tras la guerra fue depurada. En una de las entrevistas que ha concedido, confesaba que su infancia estuvo llena de miedos y pudores. Cuando Rafael contaba s&oacute;lo 8 a&ntilde;os lo enviaron a estudiar a un colegio de hu&eacute;rfanos de ferroviarios, primero en &Aacute;vila y luego en Le&oacute;n, como le ocurre a Rafael del Moral, el personaje de <em>La larga marcha</em>. Despu&eacute;s, estuvo interno en Salamanca, donde sus compa&ntilde;eros sol&iacute;an ser hijos de la burgues&iacute;a local, rompiendo con la igualdad que imperaba en las anteriores instituciones escolares. El radical cambio de paisaje y de clima, el fr&iacute;o seco de &Aacute;vila y el h&uacute;medo de Le&oacute;n, y la separaci&oacute;n de su familia, le result&oacute; en parte tr&aacute;gico pero tambi&eacute;n excitante, como &eacute;l mismo ha explicado. Este temprano alejamiento supuso adem&aacute;s un cambio de lengua, pues el castellano se convirti&oacute; en su veh&iacute;culo de cultura, al margen de que la lengua familiar hubiera sido siempre el valenciano.</p>
<p>Los estudios universitarios los realiza Chirbes en Madrid, licenci&aacute;ndose en Historia Moderna y Contempor&aacute;nea en la Universidad Complutense. Durante esos a&ntilde;os forma parte de un grupo de estudiantes de izquierdas denominado `El Seminario&acute;, en el que tambi&eacute;n participan el que luego ser&iacute;a cr&iacute;tico literario y editor, Constantino B&eacute;rtolo, el editor y articulista Manuel Rodr&iacute;guez Rivero y Ana Pu&eacute;rtolas, periodista de viajes, hermana de la escritora y musa del grupo. Pero en 1973, tras realizar el servicio militar, trabaja en diversas librer&iacute;as de Madrid, hasta que en 1977 es contratado en Fez como profesor de Lengua e Historia espa&ntilde;ola. All&iacute; permanecer&aacute; dos a&ntilde;os y de aquella experiencia surgir&aacute; <em>Mimoun</em>, cuyo narrador comparte algunas de las experiencias del autor. Cuando en 1979 regresa a Espa&ntilde;a, colabora en diversas revistas del grupo Z, residiendo tanto en Madrid como en Barcelona, hasta que en 1982 un contrato en <em>El Ideal Gallego</em> lo traslada a La Coru&ntilde;a. Su siguiente trabajo period&iacute;stico lo lleva a <em>La Gaceta Ilustrada</em>, pero en 1984 entra a formar parte de la revista <em>Sobremesa</em>, donde permanece hasta el 2007 escribiendo reportajes sobre vinos y ciudades, de donde provienen sus libros <em>Mediterr&aacute;neos</em> (1997), en el que recorre ciudades como Creta, Estambul, Lyon, Venecia, Alejandr&iacute;a o Roma, que es otra manera de reencontrase con sus or&iacute;genes, &ldquo;el mar color de vino de Homero&rdquo;; y <em>El viajero sedentario. </em>En <em>Ciudades</em> (2004) nos cuenta sus viajes por metr&oacute;polis de todo el mundo, como Pek&iacute;n o Leningrado. Durante estos a&ntilde;os cultiv&oacute;, adem&aacute;s, la cr&iacute;tica literaria en las revistas <em>Ozono</em> y <em>Rese&ntilde;a</em>, en donde coincide con el cr&iacute;tico Santos Alonso, defensor temprano y constante del valor de su obra.</p>
<p>Tras desempe&ntilde;ar varios oficios en diversas ciudades, a las citadas habr&iacute;a que a&ntilde;adir Par&iacute;s, abandona definitivamente Madrid para instalarse en Valverde de Burguillos (Badajoz). En una entrevista que en 1992 le concede a Sof&iacute;a Fl&oacute;rez, &eacute;sta le pregunta por qu&eacute; se ha alejado de la capital, a lo que Chirbes responde: Madrid &ldquo;es una ciudad donde trepas o te hundes, y sin ganas de inclinarme por ninguna de las dos perspectivas&rdquo; se va a vivir a Extremadura y encuentra tiempo para escribir, aunque &ldquo;tampoco se soluciona nada con irse&rdquo;. En un momento dado regresa definitivamente a Beniarbeig (Alicante), donde sigue viviendo. Si bien debido a su trabajo como periodista y escritor ha recorrido numerosos pa&iacute;ses, tras hacer balance reconoce que no se cansa de volver a Valencia, Par&iacute;s, Roma, N&aacute;poles, Salamanca y Fez.</p>
<p>Chirbes confiesa escribir desde siempre, pues ya a los 5 a&ntilde;os compuso un cuento, aunque comenzase a publicar tarde. As&iacute;, cuando en 1988 aparece <em>Mimoun </em>tiene en su haber otra novela, <em>Las fronteras de &Aacute;frica</em>, que ha permanecido in&eacute;dita. En aquella fecha ya empezaba a ser conocido en el mundo de las letras por sus trabajos de periodista y cr&iacute;tico literario. Ten&iacute;a entonces 39 a&ntilde;os y se identificaba con aquellos que Haro Tecglen denomin&oacute; la <em>generaci&oacute;n b&iacute;fida</em> con motivo de la muerte de su hijo Eduardo Haro Ibars, aun cuando Chirbes no fuera de los que se acomodaron al poder, ni tampoco de los que se autodestruyeron, pues se gan&oacute; la vida como redactor y periodista, mientras iba componiendo poco a poco sus novelas, alejado de festejos literarios y sin gozar apenas de &eacute;xito, m&aacute;s all&aacute; del respeto de unos pocos lectores y de unos cr&iacute;ticos que apostaron por su obra, hasta la publicaci&oacute;n de <em>Crematorio</em> (2007), su definitivo reconocimiento en calidad de narrador imprescindible.</p>
<p>Con <em>Mimoun</em> fue finalista del Premio Herralde, que concede la editorial Anagrama, el mismo a&ntilde;o que lo obtuvo Vicente Molina Foix con <em>La quincena sovi&eacute;tica</em>. Cuenta la aventura que emprende un hombre que abandona Madrid en busca de para&iacute;sos perdidos, instal&aacute;ndose en Marruecos, donde consigue una modesta plaza de profesor en un instituto de Fez, mientras vive en el peque&ntilde;o pueblo que da t&iacute;tulo al libro, cuyo nombre real es Oulad Mimoun, fuera de las rutas tur&iacute;sticas, con el fin de obtener la tranquilidad que necesita para escribir una obra literaria. Pero su experiencia se convierte en un descenso a los infiernos en los que Manuel, el protagonista, un personaje tan perplejo como indeciso y carente de voluntad, se enfanga en el alcohol y en las espor&aacute;dicas relaciones sexuales, a veces colectivas, que mantiene con hombres y mujeres, con prostitutas.</p>
<p>Las expectativas de Manuel, en fin, no se cumplen, pues apenas consigue escribir, y finalmente tiene que abandonar la urbe, tras el miedo que le produce la muerte de un amigo franc&eacute;s, poeta, quien aparece muerto, quiz&aacute;s asesinado, y las amenazas que recibe. Lejos del fulgor y el cosmopolitismo con que se nos suele pintar T&aacute;nger, aqu&iacute; Marruecos aparece como un lugar inh&oacute;spito y misterioso, repleto de tipos obsesionados con el sexo y el alcohol, m&aacute;s en la l&iacute;nea de Mohamed Chukri o Gean Genet que en la de Paul Bowles, muy lejos de aquel para&iacute;so con el que Manuel hab&iacute;a so&ntilde;ado. La novela corta, escrita en un lenguaje descarnado, aunque a rachas de un lirismo contenido, en el que no s&oacute;lo el l&eacute;xico franc&eacute;s sino el &aacute;rabe gozan de una presencia singular, est&aacute; plagada de antih&eacute;roes, ya se trate de profesores, ya de criadas, polic&iacute;as, poetas o campesinos. Pero, adem&aacute;s, la ciudad, el paisaje y el clima, &aacute;rido y lluvioso, tambi&eacute;n adquieren su parcela de protagonismo junto con los espacios cerrados, sean &eacute;stos casas o tabernas cochambrosas.</p>
<p><em>En la lucha final</em> (1991), su siguiente obra, encontramos cambios significativos, pues abandona el relato lineal, se vale de un protagonista coral y utiliza diversos materiales para construir la narraci&oacute;n, tales como testimonios, los dos mon&oacute;logos con que concluye la primera parte, las p&aacute;ginas del diario de Ricardo, fechado entre 1984-1986, con el que arranca la segunda, y las primeras p&aacute;ginas de la novela de &eacute;ste. Quiz&aacute; sea hoy su novela menos valorada, aunque suponga un paso importante en su trayectoria narrativa al indicar el camino que seguir&aacute;. Aqu&iacute; se vale de la perspectiva m&uacute;ltiple, si bien destacan tres personajes: Carlos, con casa en la Moraleja, es el m&aacute;s acaudalado, solo y el que tiene m&aacute;s miedo del grupo; Amelia, asesora en una editorial, se revelar&aacute; muy ambiciosa, una mujer rubia de 40 a&ntilde;os que odia el capitalismo pero disfruta todo lo que puede de sus ventajas, &ldquo;una mu&ntilde;eca rusa que esconde siempre a otra Amelia&rdquo;; y Ricardo Alc&aacute;ntara es un farsante acorralado tanto en su faceta de hombre, siendo homosexual engatusa a Amelia, como en la de escritor, puesto que plagia.</p>
<p>La novela est&aacute; contada por un narrador innominado, amante actual de Amelia, de quien sabemos que es un escritor algo m&aacute;s joven que el resto de los personajes, a quienes observa y oye en sus testimonios con una cierta distancia para poder narrar su historia, que se convertir&aacute; en su segunda obra, lo que un posmoderno de hoy tachar&iacute;a de <em>novela reportaje</em>. El desarrollo de la trama sigue la reconstrucci&oacute;n de los principales avatares del grupo de amigos, quienes en la universidad hab&iacute;an formado parte de grup&uacute;sculos de extrema izquierda. A los personajes citados habr&iacute;a que a&ntilde;adir: Pedro Ruibal, escritor y amante fracasado; Jos&eacute; Bard&oacute;n, de 43 a&ntilde;os, catedr&aacute;tico de literatura y autor de &eacute;xito, de origen humilde, y Concha, su nueva esposa; Brines, un galerista de arte, bisexual, que trabaja para Carlos, pues ambos fueron <em>pilaristas</em>; Brull, amigo de Carlos, funcionario de la Comunidad Europea en Bruselas; y Santiago, el aut&eacute;ntico marginal, un camello que se ha prostituido y cuyo papel en la novela es el de &ldquo;vengador del orgullo social que detectaba en ellos&rdquo;, en los miembros del grupo. Todos bullen en esta peque&ntilde;a colmena y quieren medrar, o al menos mantener sus posiciones, si bien el regreso de Ricardo trastoca el orden establecido.</p>
<p>Esta narraci&oacute;n posee componentes l&iacute;ricos y metaliterarios, al proponer una serie de reflexiones sobre el &eacute;xito y el fracaso art&iacute;sticos, el poder del mercado, etc.; al tiempo que confronta diversos modelos de escritor, aunque todos ellos terminen revel&aacute;ndose como un chasco en distinto grado. El narrador se vale, en fin, de sus testimonios, de una polifon&iacute;a de voces distintas que se complementan, para componer la novela. Lo que Chirbes muestra, en suma, son varios fraudes, ejemplificados en la transformaci&oacute;n ideol&oacute;gica de unos individuos que salieron del franquismo siendo rebeldes y acabaron vampirizados por el poder, adoptando una moral pragm&aacute;tica e hip&oacute;crita. Pero tambi&eacute;n rememora la educaci&oacute;n sentimental de una generaci&oacute;n: la amistad, el sexo, el amor y la atracci&oacute;n irracional, junto con la ingesti&oacute;n de alcohol, de coca&iacute;na y hero&iacute;na con que trafican Ricardo y Santiago. La novela tiene algo de rompecabezas, de relato polic&iacute;aco, en donde el misterioso narrador act&uacute;a a la manera de un detective, al indagar sobre unos hechos que pivotan sobre las consecuencias que trajeron consigo el regreso a Madrid de Ricardo y Silvia, y despu&eacute;s el asesinato de Carlos, aun cuando ya no fueran aquellos <em>viejos amigos</em> de anta&ntilde;o.</p>
<p>As&iacute;, al concluir el relato conocemos c&oacute;mo se ha producido la toma de conciencia de que: &ldquo;En esta &eacute;poca una clase social solo puede entrar en otra a punta de navaja&rdquo;. La acci&oacute;n transcurre en el Madrid de los a&ntilde;os 80, una ciudad con poco espacio para el idealismo. La estructura resulta at&iacute;pica y sorprendente, organizada en tres partes desiguales, compuestas por 108, 44 y 21 p&aacute;ginas, respectivamente, y un breve ep&iacute;logo. Aunque el t&iacute;tulo de la novela provenga de la letra de la <em>Internacional</em> (&ldquo;Agrup&eacute;monos todos,/ en la lucha final&rdquo;)&nbsp;<a title="" href="#_ftn2">[2]</a>, tal vez &ndash;en esta ocasi&oacute;n- quiera indicarnos que la batalla que libran los personajes sea por adaptarse y triunfar dentro del sistema pol&iacute;tico y social imperante (gobierna el PSOE), no en favor de la igualitaria revoluci&oacute;n comunista, que tambi&eacute;n fue un fiasco, y no menor, a pesar de sus intenciones iniciales. En fin, podr&iacute;amos concluir que en la elecci&oacute;n misma del cuadro de Otto Dix que aparece en la cubierta del libro, conocido como &ldquo;Tr&iacute;ptico de la gran ciudad&rdquo; o &ldquo;Metr&oacute;polis&rdquo; (1927-1928), se hallan las intenciones fundamentales del autor. Se trata de un retablo profano, de una danza de la muerte que nos muestra el mundo escindido de la Rep&uacute;blica de Weimar a&ntilde;os antes de la ascensi&oacute;n de Hitler, las diversiones de los <em>locos a&ntilde;os veinte</em> y el disfrute de las nuevas m&uacute;sicas y bailes, mientras asoma todav&iacute;a la miseria que dej&oacute; tras s&iacute; la Gran Guerra. Otra de las novedades de esta novela consiste en que se cita por primera vez al pintor Francis Bacon (pp. 11 y 182), quien reaparecer&aacute; en distintas obras del autor.</p>
<p>Sus dos siguientes narraciones, <em>La buena letra</em> (1992) y <em>Los disparos del cazador</em> (1994), publicadas de forma independiente en su momento, fueron recibidas como el haz y el env&eacute;s de una historia semejante contada en un mismo g&eacute;nero, la <em>novela corta </em>de <em>Mimoun,</em> que no volver&iacute;a a utilizar. En el 2013, Chirbes ratifica el sentido de aquel v&iacute;nculo edit&aacute;ndolas juntas en un solo volumen en forma de d&iacute;ptico, bajo el t&iacute;tulo de <em>Pecados originales</em> (edici&oacute;n por la que cito), y encabez&aacute;ndolas con un sustancioso pr&oacute;logo, en donde afirma: &ldquo;Sobre todo, quer&iacute;a dejar constancia de eso: de la tremenda ilegalidad sobre la que se asentaba cuanto est&aacute;bamos construyendo&rdquo; (p. 9). No en vano, en <em>La buena letra </em>Chirbes les proporciona voz por primera vez a los vencidos en la guerra civil. Ana, la narradora y protagonista, es una anciana que toma la palabra para contarle a Manuel, su hijo, convertido en un desclasado y tosco negociante, la tr&aacute;gica historia de la familia, con el prop&oacute;sito de que entienda por qu&eacute; se niega a vender la casa en que ha transcurrido gran parte de su existencia, y en donde sus descendientes pretenden construir un edificio nuevo con que enriquecerse. Sin embargo, Ana recuerda y escribe tambi&eacute;n para ordenar y entender su pasado, los a&ntilde;os de la Rep&uacute;blica, la guerra y las primeras d&eacute;cadas de la postguerra (&ldquo;a&ntilde;os de fr&iacute;o y oscuridad&rdquo;), y dejar constancia del sufrimiento de los suyos, de su lucha por la supervivencia, del ansia de venganza que trajo consigo la Victoria. Su hijo, en cambio, coet&aacute;neo del autor, necesita olvidar el pasado familiar para poder relacionarse con los vencedores y medrar a su amparo, de ah&iacute; que no entienda la vinculaci&oacute;n de su progenitora con aquella vieja vivienda, el valor que posee como s&iacute;mbolo de su identidad y memoria.</p>
<p>El relato se compone de un monodi&aacute;logo de la narradora y protagonista formado por 55 brev&iacute;simos cap&iacute;tulos (a partir del d&eacute;cimo noveno van adelgaz&aacute;ndose), con las trazas de una confesi&oacute;n laica, de un testimonio que adopta la forma de un balance vital. De este modo, lo que Ana cuenta es la historia de esas tr&aacute;gicas d&eacute;cadas en Bovra, un top&oacute;nimo inventado que sit&uacute;a en la regi&oacute;n valenciana, el cual reaparecer&aacute; en otras obras posteriores. A este prop&oacute;sito, Chirbes baraja a la perfecci&oacute;n la historia general, el mezquino franquismo del lugar y la deslealtad familiar, esto es, c&oacute;mo dos hermanos republicanos, Tom&aacute;s C&iacute;scar, el marido de Ana, un calzonazos, y Antonio, miembro de las Juventudes Socialistas Unificadas, fueron encarcelados, siendo el &uacute;ltimo condenado a muerte. Pero cuando a Antonio le conmutan la pena y regresa al pueblo, una vez casados Tom&aacute;s y Ana, su extra&ntilde;a actitud acaba trastocando las relaciones familiares. No en vano, se siente atra&iacute;do por su cu&ntilde;ada, y ella &ndash;aunque de manera discreta- tampoco se muestra del todo indiferente. La aparici&oacute;n de Isabel, una criada que ha trabajado en Londres y peca de delirios de grandeza, quien se casa con Antonio, supone una nueva vuelta de tuerca en las relaciones turbias que mantienen todos ellos, pues este matrimonio abusa de la generosidad de los suyos, e incluso acaba medrando junto a los vencedores e ignorando a sus cu&ntilde;ados, que les hab&iacute;an ayudado cuando m&aacute;s lo necesitaban.</p>
<p>Casi todos los estudiosos que se han ocupado de esta obra han llamado la atenci&oacute;n sobre su forma, los intensos y breves cap&iacute;tulos, y acerca de un estilo literario sustentado en la fragmentaci&oacute;n del relato, en la elipsis, junto a la importancia que tiene el fraseo propio de la narraci&oacute;n oral, a lo que habr&iacute;a que a&ntilde;adir una cierta vinculaci&oacute;n con los dramas rurales, en la estela de Lorca. La novela, en su esencia, apela al presente, a aquellos primeros a&ntilde;os noventa en que el pa&iacute;s se cre&iacute;a Jauja, olvid&aacute;ndose de lo que realmente era, y sobre todo de d&oacute;nde ven&iacute;amos. La novedad mayor estriba en la acertada supresi&oacute;n del &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de la novela, seg&uacute;n el cual &ldquo;el tiempo acaba ejerciendo cierta forma de justicia (&hellip;), acaba poniendo las cosas en su sitio&rdquo;. Diez a&ntilde;os despu&eacute;s el autor considera semejante idea &ldquo;una filosof&iacute;a inaceptable, por enga&ntilde;osa&rdquo;, habida cuenta de que el tiempo agranda las injusticias.</p>
<p>De <em>Los disparos del cazador</em> (1994) podr&iacute;a decirse que constituye el env&eacute;s de su anterior novela corta, al mostrar el mundo de la postguerra desde el punto de vista de Carlos C&iacute;scar, un constructor arribista que ha traicionado a los suyos. Su padre es un maestro represaliado, pero &eacute;l se casa en 1945 con Eva Romeu, heredera de un empresario franquista. Dado que su hijo Manuel, educado en Francia, se averg&uuml;enza de sus logros, Carlos deposita sus esperanzas en Roberto, el nieto. Este relato se presenta como el diario que escribe el narrador durante el a&ntilde;o ol&iacute;mpico de 1992, ya en la vejez y una vez viudo, para dejar constancia de su vida y, adem&aacute;s, rebatir la versi&oacute;n escrita por Manuel en un cuaderno que ha encontrado fisgoneando, del que s&oacute;lo conocemos breves fragmentos, suficientes para que dudemos de la versi&oacute;n &uacute;nica impuesta por el narrador. No en vano, Carlos se hace rico con negocios fraudulentos durante el franquismo y presume de haber tenido dos amantes, cuyas relaciones cuenta a veces con detalle. En suma se trata de un conflicto triple, al ser tres las generaciones en danza: la de los padres de Eva y Carlos; la suya propia y la de sus hijos. As&iacute;, C&iacute;scar cuenta desde la soledad, la decrepitud y el fracaso, con la conciencia de haberse equivocado en lo que m&aacute;s apreciaba. El tono en que narra, reconoce el autor, es &ldquo;de desolaci&oacute;n absoluta, de no esperar nada, si bien posee el orgullo de estar `contando&acute;&rdquo;. En la novela se plantean los temas principales a los que se enfrent&oacute; su generaci&oacute;n, como ha apuntado Chirbes, en un momento en que el poder cambiaba de manos, con la certeza de que no hubo entonces nadie inocente y de que todo ascenso social se produce traicionando a los predecesores; la conciencia de una falsa modernizaci&oacute;n y su necesidad de olvidar.</p>
<p>Aqu&iacute; vuelve a abordar la cuesti&oacute;n de la clase social, de la educaci&oacute;n, los gustos y las formas de vida, que es lo que separa al advenedizo Carlos, hombre sin sustancia, y a su amigo y c&oacute;mplice en los negocios, el zafio Jaime Ort, de Eva y Manuel. Si para Ana, en <em>La buena letra</em>, el recuerdo de la historia familiar es casi el &uacute;nico legado que puede dejar a su hijo; C&iacute;scar, en cambio, necesita justificarse, edulcorar los recuerdos. Los temas de la novela son, en definitiva, la ambici&oacute;n, la carencia de amor y el deseo, junto a la muerte, la vejez y sus lacras, mientras el triunfo econ&oacute;mico y social trae consigo el fracaso familiar. El t&iacute;tulo, la referencia a esos disparos, s&iacute;mbolo de crueldad, remite al sentido &uacute;ltimo de esta <em>nouvelle</em>, pues Carlos, un depredador amante de la caza como tantos otros personajes de Chirbes, se siente frustrado al comprobar que sus c&iacute;nicos descendientes se han beneficiado econ&oacute;micamente de sus actividades fraudulentas, aunque ahora finjan haber olvidado su procedencia. En 1999, <em>La buena letra</em> y <em>La larga marcha </em>recibieron en Alemania el Premio SWR/Die Bestenliste (La mejor lista), convocado por una cadena de radio y concedido por un jurado de prestigiosos cr&iacute;ticos, por el que recibi&oacute; algo m&aacute;s de 10.200 euros.</p>
<p>En <em>La larga marcha</em> (1996) la narraci&oacute;n no es ya en primera persona, sino en tercera, una <em>tercera persona compasiva</em>, como la ha denominado el autor, tras concederles voz a los distintos personajes. Estamos ante otra novela coral. &iquest;Por qu&eacute; este cambio con respecto a sus obras anteriores? Seg&uacute;n confiesa, intentaba crear tensi&oacute;n y emoci&oacute;n literaria relatando en tercera persona pero sin creerse Dios, como sol&iacute;a ocurrirles a los narradores del XIX, convencido de que tampoco ellos podr&iacute;an transformar el mundo con sus obras. La novela cuenta la historia de dos generaciones: la de los padres y sus hijos; la vida cumplida de los primeros y el acceso a la madurez de los segundos. Mientras los mayores hab&iacute;an vivido la guerra y sus consecuencias, la Victoria; sus descendientes padecen los estertores del franquismo, y si aquellos aspiran a sobrevivir, los m&aacute;s j&oacute;venes albergan esperanzas de libertad. La segunda parte, adem&aacute;s, adopta las hechuras de una <em>novela de formaci&oacute;n</em>, pues nos relata c&oacute;mo se forma la sensibilidad de una generaci&oacute;n, sus gustos, lecturas e inquietudes. La trama arranca en un pueblo de Galicia, durante 1948, mostr&aacute;ndonos un cuadro aleg&oacute;rico a partir del retrato de tres generaciones de la familia Amado y el nacimiento de un ni&ntilde;o, Carmelo, y concluye a comienzos de los 70 con su detenci&oacute;n, la de aquellos seis j&oacute;venes que compon&iacute;an la c&eacute;lula de Alternativa Comunista.</p>
<p>Tanto el t&iacute;tulo del conjunto como el de las dos partes debe leerse en clave ir&oacute;nica, pues esa <em>larga marcha</em> (o &ldquo;gigantesca ola&rdquo; que genera la revoluci&oacute;n) hacia la democracia, en alusi&oacute;n a una de las disparatadas empresas auspiciadas por el presidente Mao, parece dirigirse a ninguna parte, hacia la nada. As&iacute; suceder&iacute;a tambi&eacute;n con &ldquo;La batalla del Ebro&rdquo; y &ldquo;La joven guardia&rdquo;. No en vano, el primer t&iacute;tulo remite a la confrontaci&oacute;n decisiva de la Guerra Civil &ndash;son varios los personajes que luchan en el frente de Arag&oacute;n- y que supuso el principio del fin de la Rep&uacute;blica (se desarroll&oacute; entre julio y noviembre de 1938), mientras que el segundo se refiere al himno de las organizaciones juveniles comunistas, cuyo estribillo rezaba: &ldquo;Es la lucha final que comienza/ la revancha de los que ans&iacute;an pan;/ en la revoluci&oacute;n que est&aacute; en marcha/ los esclavos el triunfo alcanzar&aacute;n&rdquo;. Chirbes ha afirmado que el libro podr&iacute;a haberse titulado <em>Padres e hijos</em>, como la obra de Turgu&eacute;niev.</p>
<p>Esta es, por tanto, una novela de personajes, la historia fragmentaria de siete familias, con sus correspondientes protagonistas: los Amado, campesinos gallegos, su hijo Carmelo; los Vidal, el padre era pe&oacute;n ferroviario en Bovra, Valencia, cuya historia procede de <em>La buena letra</em>; Del Moral, un limpiabotas que hab&iacute;a hecho la guerra con Franco, residente en Salamanca, y que acaba arroj&aacute;ndose a las v&iacute;as del tren, y sus dos hijos, uno de ellos, Jos&eacute; Luis, estudiar&aacute; en un internado en Le&oacute;n, donde coincide con Ra&uacute;l Vidal, trasunto del autor; Vicente Tabarca, quien practica abortos, un m&eacute;dico republicano represaliado que hab&iacute;a estado condenado a muerte, el cual en dos ocasiones tendr&aacute; que sacrificar su dignidad para sobrevivir, y sus dos hijas, Alicia y Helena, muy distintas entre s&iacute;; Coronado, vendedor ambulante y estraperlista en Madrid; los hermanos Roberto y Gloria Sese&ntilde;a, arist&oacute;cratas madrile&ntilde;os arruinados, por lo que ella se casar&aacute; con Ram&oacute;n Giner, un arribista; y, por &uacute;ltimo, Jos&eacute; Pulido, jornalero andaluz. En la primera parte, pues, el autor presenta a los personajes, su historia y problemas durante la postguerra, tales como el desarraigo, el fracaso de sus expectativas o las concesiones que tienen que hacer para sobrevivir, de modo que a veces se proyectan &ndash;as&iacute; le ocurre a Vicente Tabarca- como sombras, fantasmas&nbsp; e incluso cad&aacute;veres.</p>
<p>La segunda parte, en cambio, transcurre en Madrid y est&aacute; protagonizada por sus descendientes, quienes acaban relacion&aacute;ndose, compartiendo incluso carrera, piso, tertulia y sobre todo destino. Chirbes rompe con el mito de la dos Espa&ntilde;as desde el momento en que vencedores y vencidos, trabajadores y burgueses, sufren las consecuencias de la guerra. Todo ello se presenta a trav&eacute;s de una narraci&oacute;n realista, aunque se valga de s&iacute;mbolos como el pantano, las manos, los perros o los nombres de los personajes, con el fin de insuflarle profundidad a la historia. El estilo es resultado de lo que se quiere contar, pues compone la trama mediante secuencias y ritmos, prescindiendo del punto y aparte, para que funcionen los cap&iacute;tulos como si de poemas se tratara, apostando por un tipo de narraci&oacute;n, cercano a los relatos orales, en el que la m&uacute;sica interna pueda llegar a sostener el conjunto, seg&uacute;n ha confesado el autor.</p>
<p>El cuadro de Juan Genov&eacute;s que aparece en la cubierta, un artista que no s&oacute;lo comparte po&eacute;tica con Chirbes sino que tambi&eacute;n ha declarado su simpat&iacute;a por quienes sufren la historia, titulado de forma elocuente &ldquo;Punto de mira II&rdquo; (1966), est&aacute; estrechamente relacionado con el contenido de la novela y su mismo t&iacute;tulo, pues en &eacute;l observamos a unos personajes que se dirigen, como ha comentado el pintor, &ldquo;hacia cualquier espacio donde haya un poco de armon&iacute;a, donde haya un ideal de justicia&rdquo;. Nos encontramos, pues, con una circunferencia de aspecto lunar, efecto reforzado por las sombras que la envuelven, inscrita en un cuadrado de fondo negro que hace las veces de marco, en donde se distingue a una multitud despersonalizada &ndash;semejan hormigas&ndash; que parece correr hacia la derecha &ndash;quiz&aacute; se trate de una huida sin rumbo cierto&ndash;, todo lo cual es visto a trav&eacute;s de un punto de mira, un teleobjetivo o una c&aacute;mara de vigilancia a la manera orwelliana, como si esa muchedumbre se alejara de alguien que la acosa y amenaza... Asimismo, la circunferencia aparece dividida en cuatro partes, a la manera de una cuartilla que ha sido plegada y desplegada dejando en ella sus marcas. Se trata, en suma, de un cuadro monocromo, conceptual, que posee una clara dimensi&oacute;n aleg&oacute;rica, en donde una masa de gente an&oacute;nima huye&nbsp;<a title="" href="#_ftn3">[3]</a>. Acaso el sentido &uacute;ltimo del libro se complete un poco m&aacute;s si sabemos que Chirbes se lo dedic&oacute; a cinco compa&ntilde;eros de su &eacute;poca universitaria.</p>
<p>Dos hechos extraliterarios vinieron a condicionar la recepci&oacute;n de esta novela; por un lado, la pol&eacute;mica entre diversos cr&iacute;ticos y escritores espa&ntilde;oles; y por otro, los elogios que le dedicaron en el prestigioso programa de televisi&oacute;n alem&aacute;n Literarisches Quartett, en 1998, dirigido por el cr&iacute;tico Marcel Reich-Ranicki, con el consiguiente &eacute;xito de ventas. El paso del tiempo no ha hecho m&aacute;s que subrayar lo gratuito del alegato del cr&iacute;tico que inici&oacute; el debate, pues la novela de Chirbes se entiende mucho mejor en el contexto de la evoluci&oacute;n experimentada por la sociedad y la narrativa espa&ntilde;ola de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, as&iacute; como del conjunto de la obra de nuestro autor.</p>
<p>La acci&oacute;n de <em>La ca&iacute;da de Madrid</em> (2000) transcurre durante un tiempo reducido, entre las 6 de la ma&ntilde;ana y las 8 de la noche del 19 de noviembre de 1975, el d&iacute;a anterior a la muerte de Franco. Se trata de otra novela coral, en donde se cuenta la historia de tres generaciones de personajes, en tanto el narrador les va cediendo la voz y el lector va adquiriendo una visi&oacute;n m&uacute;ltiple y contradictoria de aquel momento; los miedos y expectativas que este suceso supuso para unos y otros, ya fueran partidarios o enemigos del r&eacute;gimen, junto a sus respectivas historias personales. Por un lado, la trama gira en torno a la familia de Jos&eacute; Ricart, partidarios todos ellos &ndash;aunque con matices- del franquismo, excepto Quini, el nieto m&aacute;s joven, cuyo patriarca, un empresario vinculado al r&eacute;gimen, se dispone a celebrar su 75 cumplea&ntilde;os. Estrechamente vinculado a Ricart, aparece el m&aacute;s temido comisario de la brigada pol&iacute;tico social, Maximino Arroyo. Por el contrario, entre los miembros de la oposici&oacute;n podemos distinguir tanto a estudiantes de distinta condici&oacute;n social como a los miembros de una c&eacute;lula de obreros, unos militantes del PCE y otros de Vanguardia Revolucionaria, quienes forman el comando que intenta sabotear el metro, y el tr&aacute;nsfuga Taboada; aparte de los profesores y artistas: Juan Bartos y esposa, la pintora Ada Dutruel, y Chac&oacute;n, el escritor y profesor regresado del exilio, trasunto de Max Aub.</p>
<p>En un momento dado descubrimos cierta interrelaci&oacute;n entre los personajes que componen los distintos grupos. De todo este entramado de intereses da cuenta la novela de Chirbes: del c&uacute;mulo de contradicciones acaecido en estos a&ntilde;os clave en que el poder parec&iacute;a a punto de cambiar de manos. En la novela se plantean cuestiones fundamentales: la serie expectativas que genera la inminente muerte del dictador; el origen de las fortunas que se gestaron durante el franquismo, producto de la corrupci&oacute;n; la conciencia de que est&aacute; empezando a desaparecer la Espa&ntilde;a de la que Ricart y Maxi han formado parte; los m&eacute;todos que utiliza la polic&iacute;a pol&iacute;tica; la formaci&oacute;n intelectual de los estudiantes, y las ideas y actividades contra el r&eacute;gimen de los grupos que componen la oposici&oacute;n. Se muestra tambi&eacute;n las tensiones que se generan entre las familias adeptas al r&eacute;gimen, y las disensiones entre la oposici&oacute;n; adem&aacute;s de la vinculaci&oacute;n del patriarca con su esposa, Amelia, enferma de Alzheimer, y de Maximino con su esposa y amante, la prostituta Lina; en suma, los amores de los j&oacute;venes y los deseos de los adultos.</p>
<p>Uno de los mayores aciertos de esta obra consiste en dejarnos o&iacute;r hablar, explicarse, a los distintos personajes: el abuelo Ricart; su esposa enferma, delirando; su impagable nuera Olga Albizu; el tosco polic&iacute;a Maxi; el charlat&aacute;n Taboada; la boba Margarita, toda muslos y rodillas; el ingenuo Lucio y el irresponsable Quini. Casi al final de la novela, Quini se pregunta qui&eacute;n es y qu&eacute; quiere ser. El caso es que si la narraci&oacute;n se inicia con las cuitas de Jos&eacute; Ricart por el anuncio de la inminente muerte del dictador, concluye con la detenci&oacute;n de los militantes izquierdistas. El t&iacute;tulo de la novela, por tanto, no creo que se refiera a la <em>ca&iacute;da</em> de una ciudad (aunque juegue con t&iacute;tulos memorables que aluden a la <em>ca&iacute;da de Constantinopla</em>, <em>el imperio romano</em> o <em>Leningrado</em>), sino al de la c&eacute;lula revolucionaria, al concluir con la detenci&oacute;n de Lucio, tras contarnos la tortura y el asesinato de otros militantes.</p>
<p>En Chirbes la reflexi&oacute;n te&oacute;rica y la pr&aacute;ctica narrativa aparecen estrecha y coherentemente unidas, por lo que todas las preguntas que se formula (por qu&eacute; y para qui&eacute;n se escribe; cu&aacute;l es el papel de la novela en estos tiempos tumultuosos), adquieren cumplida respuesta en sus narraciones. Los ensayos recogidos tanto en <em>El novelista perplejo </em>(2002) como en <em>Por cuenta propia. Leer y escribir</em> (2010), resultan imprescindibles en este sentido. De ah&iacute; que nuestro autor no sea m&aacute;s que un novelista perplejo (la suya es la perplejidad del que no sabe y utiliza la novela para investigar y conocer), quien, sin embargo, conoce lo que deber&iacute;a ser hoy una novela, adem&aacute;s de su propia tradici&oacute;n narrativa.</p>
<p>Voy a detenerme algo menos en sus tres &uacute;ltimas novelas, tras dedicarles unos an&aacute;lisis recientemente&nbsp;<a title="" href="#_ftn4">[4]</a>, a saber: <em>Los viejos amigos</em> (2003), la cual completa una trilog&iacute;a compuesta por <em>La larga marcha</em> y <em>La ca&iacute;da de Madrid</em>, a la que habr&iacute;a que a&ntilde;adir <em>En</em> <em>l</em><em>a lucha final</em>; todas ellas publicadas en la misma editorial entre 1991 y el 2003, con el empe&ntilde;o de reescribir la historia de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas y de luchar contra el olvido generalizado y la lectura complaciente de algunos periodistas, pol&iacute;ticos e historiadores. Lo que &eacute;l ha denominado &ldquo;esa larga traici&oacute;n llamada transici&oacute;n&rdquo;. Recordemos, no obstante, que en dicha empresa no ha andado solo, y que otros autores lo han precedido o acompa&ntilde;ado; por ejemplo, Juan Mars&eacute;, Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n, Esther Tusquets, Juan Jos&eacute; Mill&aacute;s, Manuel Vicent, Jos&eacute; Mar&iacute;a Merino, Manuel Longares, Jos&eacute; Antonio Gabriel y Gal&aacute;n, Mariano Antol&iacute;n Rato, Mercedes Soriano, Bel&eacute;n Gopegui e Isaac Rosa.</p>
<p>Uno de los empe&ntilde;os principales de Chirbes ha consistido en relatar la evoluci&oacute;n ideol&oacute;gica de su propia generaci&oacute;n, de aquellos j&oacute;venes revolucionarios de los a&ntilde;os sesenta que acabaron apoyando una falsa modernizaci&oacute;n y adapt&aacute;ndose al sistema. Algunos de esos impostores son precisamente los protagonistas de <em>Los viejos amigos</em>. Su realismo, en estas &uacute;ltimas obras, es del mismo tipo que ha defendido el pintor Francis Bacon: &ldquo;un intento de capturar la apariencia junto con el c&uacute;mulo de sensaciones que esa apariencia excita en m&iacute;&rdquo;. En esta ocasi&oacute;n, el narrador convoca a un grupo de viejos amigos a una cena en Madrid. Treinta a&ntilde;os antes estos mismos personajes hab&iacute;an llegado de la periferia a la conquista de la capital, formando parte de una c&eacute;lula comunista. El tiempo ha causado estragos en sus vidas y aquellos que lograron sobrevivir se han convertido en un p&aacute;lido reflejo de quienes desearon ser. En esta t&eacute;cnica de contraste entre lo que anhelaban y lo que son, entre las ideas que defend&iacute;an y la vida que han acabado asumiendo, se sustenta pues la novela.</p>
<p>Seg&uacute;n van tomando la palabra tenemos la sensaci&oacute;n de que se han convertido en voces sin alma, en seres capaces de explicar lo inexplicable, de justificar lo injustificable. Todos ellos tienen sus razones: algunas les sirven para sobrevivir en un medio adverso y como lo importante es seguir viviendo, ya s&oacute;lo sienten apego por el dinero. Las mujeres se nos presentan como v&iacute;ctimas, aunque los hijos, &ldquo;cachorros herederos gen&eacute;ticos de una generaci&oacute;n fam&eacute;lica&rdquo;, no lo son menos despu&eacute;s de tanto desbarajuste. As&iacute;, Pau se convierte en un yonqui sin que su padre se entere, mientras que Lalo y Juanjo, hermanos gemelos, han venido a ser una repetici&oacute;n grotesca de lo que fue Guzm&aacute;n, su padre.</p>
<p>Con estos mimbres, una vez comprendido que &ldquo;la vida es lo m&aacute;s f&aacute;cil de entregar; que el d&iacute;a a d&iacute;a es lo dif&iacute;cil, lo que quema, lo que lo convierte todo en nada&rdquo;, el desenlace de esta nueva noche de Walpurgis no pod&iacute;a revelarse complaciente. A la resaca espiritual se a&ntilde;ade la degradaci&oacute;n corporal (esa caldera hirviente del est&oacute;mago, en el centro), el peso de la edad como met&aacute;fora de la degradaci&oacute;n moral. Todas estas conductas podr&iacute;an sintetizarse en una frase de la novela: &ldquo;Ya nadie hac&iacute;a lo que cre&iacute;a que ten&iacute;a que hacer. Mantenerse, tener criterio, hab&iacute;a empezado a ser una forma de intolerancia&rdquo;. &Eacute;sta no es una novela de personajes individualizados. Por el contrario, Chirbes pretende mostrarnos arquetipos al servicio de unas tesis claramente expuestas; que sus novelas no resbalen sobre la piel de su tiempo e impacten en el n&uacute;cleo mismo de la sociedad. O lo que es igual, que la novela vuelva a ser otra vez el veh&iacute;culo adecuado para una lectura cr&iacute;tica de la Historia. No en vano, a los personajes se les reprocha que quisieran olvidar, &ldquo;curarse con la medicina del olvido, en vez de aprender con el purgante de la memoria&rdquo;.</p>
<p><em>Crematorio</em> (2007), tal como ocurre con los retratos de Lucien Freud, deber&iacute;a apestar a carne descompuesta. No en balde, la narraci&oacute;n arranca y concluye con la contemplaci&oacute;n del cad&aacute;ver de Mat&iacute;as Bertomeu, muerto de cirrosis a los sesenta y pocos a&ntilde;os, excusa que utiliza el autor para reactivar la memoria del resto de los personajes. Todas estas <em>novelas contempor&aacute;neas</em>, compuestas por Chirbes a la manera galdosina, oscilan entre la tradici&oacute;n literaria y la vida, entre el pasado inmediato y el presente, y vienen poniendo en solfa, con atrevida lucidez, la conducta, el lenguaje, los valores morales y la casi inveros&iacute;mil capacidad de adaptaci&oacute;n al medio de los miembros de una generaci&oacute;n, la suya propia -&ldquo;una generaci&oacute;n de vampiros&rdquo;-, y sucesivas, de todos aquellos que desde los a&ntilde;os sesenta se enfrentaron u opusieron al franquismo. Tan exhaustos debieron de quedar por el esfuerzo que terminaron adoptando las mismas muecas y ret&oacute;ricas del poder. En fin, la elecci&oacute;n para la cubierta del libro de un detalle de un cuadro de Hannah H&ouml;ch me parece un acierto.</p>
<p>En trece cap&iacute;tulos sin numerar, y una coda final, el autor muestra la trayectoria de un grupo humano y de sus adl&aacute;teres, &ldquo;el zool&oacute;gico de la familia Bertomeu&rdquo;, compuesta por tres generaciones, padres hijos y nietos, aunque el protagonismo de estos &uacute;ltimos (Ernesto, Miriam o F&eacute;lix) sea epis&oacute;dico. As&iacute;, la novela est&aacute; protagonizada, en esencia, por los hermanos Rub&eacute;n y Mat&iacute;as, presente el primero y ausente el segundo; aqu&eacute;l se ha enriquecido como constructor, mientras &eacute;ste, un t&iacute;pico exrevolucionario, acababa convirti&eacute;ndose en un ecologista solitario. El autor se vale de un narrador omnisciente que va cediendo la voz a los personajes, mostr&aacute;ndonos, mediante el estilo indirecto libre, sus razones o sinrazones. Del contraste y la confrontaci&oacute;n de todas estas voces, debe valerse el lector para poder juzgar los acontecimientos e ideas que se pongan en juego. As&iacute;, el perspectivismo, la variedad de puntos de vista, la polifon&iacute;a de voces constituye el fundamento &uacute;ltimo de este relato, en el que cada cual se muestra y explica desde su propia psicolog&iacute;a, en absoluta libertad, como no pod&iacute;a ser menos.</p>
<p>El t&iacute;tulo de la obra remite, en primera instancia, al holocausto, a la destrucci&oacute;n casi absoluta, arbitraria e interesada, a la carne chamuscada y, en contraposici&oacute;n, a lo que de purificador pueda tener el fuego. Se refiere tambi&eacute;n al destino &uacute;ltimo del cad&aacute;ver de Mat&iacute;as, as&iacute; como al del resto de los personajes: desde el constructor Rub&eacute;n, que debe acabar su existencia junto a la boba y se supone que maciza M&oacute;nica (una variante discreta de Irina, la joven puta rusa), &ldquo;el moscard&oacute;n atrapado por la planta carn&iacute;vora&rdquo;, quien cuando concluye la historia est&aacute; casi a punto de darle un descendiente var&oacute;n; hasta el joven Ernesto, el tiburoncito de la familia, que anda perdido entre USA y M&eacute;xico, cuando fallece su padre, Mat&iacute;as. El t&iacute;tulo alude, adem&aacute;s, a c&oacute;mo todos ellos han acabado <em>triturando</em> las ideas en las que alguna vez creyeron. La acci&oacute;n transcurre en un espacio inventado, Misent, lugar que, como Benalda, la monta&ntilde;a en la que habita Mat&iacute;as, podr&iacute;a localizarse en la costa levantina. Se ocupa la narraci&oacute;n de lo privado y lo p&uacute;blico; de lo sentimental y lo laboral, sin olvidarse nunca de la sociedad, y en una perspectiva no s&oacute;lo espa&ntilde;ola, sino tambi&eacute;n europea, e incluso mundial. As&iacute;, en el desenlace se afirma que la construcci&oacute;n es la mejor met&aacute;fora del capitalismo, y que la coca&iacute;na (Collado, los mafiosos rusos y la joven Miriam la consumen) la construcci&oacute;n y el capitalismo en su fase &uacute;ltima se hallan estrechamente unidos. La confrontaci&oacute;n de ideas que surgen en los monodi&aacute;logos de los diferentes protagonistas estallar&aacute; hasta tal punto que cada una de ellas se opondr&aacute; y reafirmar&aacute; en contraposici&oacute;n a las de los dem&aacute;s.</p>
<p>Resultan fundamentales los cap&iacute;tulos 1&ordm;, 5&ordm; y 13&ordm;, estrat&eacute;gicamente situados, en donde impera el punto de vista de Rub&eacute;n. En el primero, monodialoga con el hermano muerto y en el &uacute;ltimo, con su hija Silvia. El constructor es, sin duda, el personaje con m&aacute;s aristas, el m&aacute;s sugestivo y complejo; tambi&eacute;n el m&aacute;s coherente, el que muestra menos dobleces. De joven tuvo veleidades intelectuales, fundando con sus amigos Montoliu y Brouard un taller art&iacute;stico, so&ntilde;ando con aunar pintura, literatura y arquitectura, a la manera de la m&iacute;tica Bauhaus. Y, sin embargo, como ocurre en tantas otras ocasiones, de todas aquellas inquietudes apenas si qued&oacute; nada, pues Rub&eacute;n se enriqueci&oacute; pronto con la droga, blanqueando sus negocios en la construcci&oacute;n. En el quinto cap&iacute;tulo y en el decimotercero, las reflexiones y la confesi&oacute;n, l&uacute;cida y pat&eacute;tica, que Federico dedica a la vida y a la literatura (&ldquo;soy representante de una generaci&oacute;n sombr&iacute;a&rdquo;), son fundamentales; en una novela en la que Juan, partidario del realismo literario, escribe un libro entre biogr&aacute;fico y ensay&iacute;stico sobre Federico Brouard. Por lo dem&aacute;s, toda la narraci&oacute;n aparece trufada de referencias a la arquitectura, la pintura, la literatura y la m&uacute;sica como una manera de establecer y se&ntilde;alar el alma de un tiempo, los gustos y la educaci&oacute;n sentimental de una &eacute;poca.</p>
<p>En verdad, lo que resulta significativo no es s&oacute;lo que ponga en solfa unas conductas morales, sino tambi&eacute;n todo un discurso, una ret&oacute;rica, sea de derechas o de izquierdas, sostenida en un lenguaje manido. Es m&aacute;s, Chirbes no se centra en la cr&iacute;tica obvia al capitalismo salvaje, o en la m&aacute;s facilona a&uacute;n, al PP y sus adl&aacute;teres, sino que la emprende, sobre todo, con quienes hab&iacute;a compartido inquietudes y proyectos, sin duda porque le afecta, seguramente al esperar m&aacute;s de ellos. De este modo, Rub&eacute;n, el constructor enriquecido, quien en una visi&oacute;n simplista podr&iacute;a parecer el peor de todos, es el m&aacute;s coherente, si no el menos da&ntilde;ino, pues ni utiliza la doble moral, ni finge ser lo que no es, ni se vale del doble lenguaje que emplean los dem&aacute;s. En alguna ocasi&oacute;n se pone sentencioso, como si el autor se sirviera de &eacute;l para expresar su opini&oacute;n, de la misma forma que otras veces se vale de Federico.</p>
<p>No menos protagonismo alcanza el paso del tiempo, &ldquo;la rata que se lo come todo&rdquo;, como ocurre en numerosas novelas contempor&aacute;neas. No en vano, a lo largo de la narraci&oacute;n se repasan las edades del hombre: desde la madre de los Bertomeu, que anda por los 94 a&ntilde;os, hasta los j&oacute;venes bisnietos. En historias de este tipo, sin duda, no puede haber h&eacute;roes, s&oacute;lo villanos y bobos, y apenas ninguno se salva. Todos sufren, porque seg&uacute;n se recuerda en la novela, s&oacute;lo los malvados padecen, al ser los h&eacute;roes &ldquo;animalitos saludables&rdquo;. Chirbes los ha diseccionado sin que por ello le tiemble el pulso, sajando el alma y la carne de sus criaturas, para mostrarnos la podredumbre, el fracaso de una generaci&oacute;n, su corrupci&oacute;n e impostura, junto con la inoperancia de un discurso y de unas pr&aacute;cticas vitales que han inundado el pa&iacute;s de vanos valores, y eso por no hablar de la herencia que nos han ido dejando; unos descendientes, estos &ndash;en general- con escasas aspiraciones. Lo que viene contando Rafael Chirbes, en fin, es que tras liquidar aquellas viejas ideas, seguimos esperando que aparezcan otras nuevas con las que poder medirnos, pues s&oacute;lo los muy tontorrones creen que esos valores sean los que trajo consigo el pensamiento d&eacute;bil, la inocua posmodernidad, o las transformaciones electr&oacute;nicas de estas &uacute;ltimas d&eacute;cadas.</p>
<p>Como el resto de la literatura de Rafael Chirbes, <em>Crematorio</em> es un ejemplo m&aacute;s de que la ficci&oacute;n, la novela, cuando posee la complejidad necesaria, puede ayudarnos a comprender mejor el pasado cercano, nuestro confuso presente; el alma y el aliento de los tiempos que vivimos. Tambi&eacute;n nos permite observar mejor los hilos de la trama que compone el gran teatro del mundo, la distancia cada vez mayor entre las ideas y su puesta en pr&aacute;ctica (Andr&eacute;s Fern&aacute;ndez de Andrada, autor de la <em>Ep&iacute;stola moral a Fabio</em>, hab&iacute;a exaltado a aquel que &ldquo;iguala con la vida el pensamiento&rdquo;; mientras que Federico Brouard reconoce: &ldquo;hago en la vida lo que condeno en los libros&rdquo;), a comprender mejor la conducta de las personas, tal y como ense&ntilde;&oacute; Marx a todos los que quisieron aprenderlo y han optado por no olvidarlo.</p>
<p>El autor viene sometiendo a la sociedad espa&ntilde;ola a un proceso semejante al que los expresionistas, entre ellos Otto Dix (a quien se cita en la narraci&oacute;n), aplicaron a la alemana tras la primera guerra mundial. As&iacute;, despu&eacute;s de treinta a&ntilde;os de democracia, o desde la &uacute;ltima d&eacute;cada del franquismo, si nos situamos algo m&aacute;s atr&aacute;s, no hay lugar para tanta complacencia, ni esperanza, en una sociedad que ha transformado sus sue&ntilde;os de cambio en un empe&ntilde;o sistem&aacute;tico por destruirlo todo (ahora le toca el turno al paisaje), por sacarle partido econ&oacute;mico hasta al &uacute;ltimo palmo de terreno; una ciudadan&iacute;a que vive de la mera apariencia, de la gesticulaci&oacute;n, sin que se atisben por ahora indicios de cambio alguno. Si nos situamos en el plano de lo privado, el pensamiento de la novela podr&iacute;a resumirse en la siguiente sentencia: &ldquo;no hay vida que pueda vivirse de forma arm&oacute;nica&rdquo;. Rafael Chirbes ha acabado resultando uno de los m&aacute;s sagaces herederos de nuestra mejor tradici&oacute;n narrativa, la que proviene nada menos que de Gald&oacute;s, Valle-Incl&aacute;n, Baroja y Max Aub, como los cronistas que fueron del tiempo que les toc&oacute; vivir. Aunque quiz&aacute; de quien m&aacute;s cerca se sienta sea del l&uacute;cido Miguel Espinosa, quien en una fecha temprana denunci&oacute; la existencia burguesa cargada de apariencia y gesticulaci&oacute;n. En fin, no parece mala compa&ntilde;&iacute;a, aunque resulte algo ex&oacute;tica en contraste con tanto narrador espa&ntilde;ol pseudocosmopolita y<em> snob</em>. Lo que m&aacute;s aprecio en las novelas de Chirbes es c&oacute;mo ha logrado aunar pensamiento y estilo, sustancia y forma, en una prosa depurada, mediante una visi&oacute;n distinta y acerada.</p>
<p>En su &uacute;ltima novela, titulada <em>En la orilla</em> (2013), con la que ha vuelto a obtener el Premio de la Cr&iacute;tica, aborda la actual crisis, que no ha resultado s&oacute;lo econ&oacute;mica, sino tambi&eacute;n social y &eacute;tica. As&iacute;, muestra c&oacute;mo se fue gestando la debacle y de qu&eacute; forma ha ido afect&aacute;ndonos. La acci&oacute;n transcurre en Olba, un peque&ntilde;o pueblo cercano a Benidorm, durante el 2010. Sirvi&eacute;ndose de la primera y la tercera persona, el estilo indirecto libre y el mon&oacute;logo, adem&aacute;s de diversas voces que van tomando la palabra, nos ofrece un fresco variado y completo: un microcosmos representativo del conjunto del pa&iacute;s. A pesar de que la narraci&oacute;n tenga mucho de coral, el peso recae sobre Esteban, un hombre de 70 a&ntilde;os cuya ebanister&iacute;a y negocios inmobiliarios acaban de irse al garete, dejando en el paro a los trabajadores. La novela est&aacute; compuesta por las reflexiones del protagonista, si bien se presentan contrastadas por los puntos de vista de diversos allegados. Esteban rememora un pasado com&uacute;n para comprender la historia personal, familiar y social; los fantasmas que componen una existencia. Y no est&aacute; mal recordar aqu&iacute; que para el autor &ldquo;la Historia es pura carnicer&iacute;a&rdquo;. De igual modo, a lo largo de estas cavilaciones hacen su aparici&oacute;n las distintas edades del hombre, aunque se ocupe sobre todo de la muerte, de los numerosos contratiempos que acarrea la vejez, la degradaci&oacute;n del cuerpo (&ldquo;como los cuerpos, las ilusiones mueren y apestan&rdquo;), y del poder destructor del dinero, motivos todos ellos recurrentes en su obra. Por lo que se refiere al tratamiento del cuerpo, a su envejecimiento y podredumbre, &eacute;sta se nutre tambi&eacute;n de la pintura de Francis Bacon y Lucien Freud, como en su anterior producci&oacute;n.</p>
<p>El protagonista, al igual que algunos personajes de Robert Musil o &Aacute;lvaro Pombo, es un hombre sin atributos ni sustancia, hasta el punto de que en un momento dado afirma: &ldquo;soy un esclavo en busca de amo&rdquo;. Ni quiso ser escultor de joven, ni ha sentido inter&eacute;s alguno, a diferencia de su padre, por el oficio de carpintero, s&oacute;lo quer&iacute;a vivir... Y en el terreno de los sentimientos, a pesar de que nunca ha llegado a sentir aprecio por su progenitor, a quien tacha de &ldquo;oscuro murci&eacute;lago&rdquo;, ambos han terminado compartiendo sus vidas, y &eacute;l cuid&aacute;ndolo. Ni siquiera tuvo fortuna con las mujeres, pues las m&aacute;s cercanas se alejaron de &eacute;l: ni con Leonor, que triunfa como cocinera Michel&iacute;n, tras casarse con Francisco, periodista y escritor, su mejor amigo, pero a quien no estima (en algunos aspectos, <em>alter ego</em> del autor); ni tampoco con Liliana, la criada colombiana que atiende a Esteban y a su padre, a la que despide porque ya no puede pagarle, y cuya voz, a veces zumbona, aporta los toques de humor m&aacute;s sobresalientes en la narraci&oacute;n. Pero, aunque no sea necesario buscarle antecedentes nobles, s&iacute; me gustar&iacute;a recordar que el lector avezado que es Chirbes reutiliza con sagacidad nuestra tradici&oacute;n literaria, haci&eacute;ndola suya, sobre todo el motivo calderoniano de la existencia como representaci&oacute;n teatral; y en el logrado desenlace, el tema del <em>ubi</em> <em>sunt</em>, remedando las coplas de Jorge Manrique.</p>
<p>Chirbes nos proporciona una visi&oacute;n cr&iacute;tica, pesimista, incluso corrosiva, pero tambi&eacute;n l&uacute;cida, de la condici&oacute;n humana, como antes lo hicieron Miguel Espinosa o Thomas Bernhard: de los perversos mecanismos que rigen el funcionamiento de la sociedad, del triunfo y del fracaso; y de las relaciones personales: de la lucha que mantenemos con la familia, los amigos y los subordinados. O de c&oacute;mo el mundo aparece gobernado por los pecados capitales: la avaricia, la ira, la lujuria y la gula sobre todo. Por todo lo cual podr&iacute;a emparentarse la narraci&oacute;n con la pintura de El Bosco o con algunas obras de Brecht y Kurt Weill. No sorprende, por tanto, que el texto aparezca salpimentado con frases entre lapidarias y sentenciosas, del tipo: &ldquo;La vida es sucia, el placer y el dolor sudan, excretan, huelen&rdquo;; &ldquo;no hay hombre que no sea un malcosido saco de porquer&iacute;a&rdquo;... Esta obra es una buena muestra de las infinitas y todav&iacute;a inexploradas posibilidades del realismo, aqu&iacute; una est&eacute;tica con ribetes expresionistas que echa mano de lo simb&oacute;lico cuando lo considera adecuado, tal y como ocurre en el tratamiento que se le da al pantano fangoso, pr&oacute;ximo a Olba. Adem&aacute;s, Chirbes, como casi todos los grandes escritores, cuestiona los usos espurios del idioma, la lucha entre &ldquo;el lenguaje ideol&oacute;gico que oculta y el enunciativo que desnuda&rdquo;. <em>En la orilla</em> es una gran novela que no deber&iacute;an dejar de leer quienes quieran entender mejor el terror&iacute;fico arranque del siglo XXI, un tiempo sin dioses, plagado de trepas y seres corruptos, en el que el capitalismo financiero, con la complicidad de los gobiernos conservadores y la pasividad de los socialdem&oacute;cratas, ha ido acabando con el estado de bienestar.&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a>. <em>Cf</em>. Rafael Chirbes, &ldquo;El disfraz de las mentiras&rdquo;, <em>El Sol</em>, 13 de marzo de 1992.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a>. En &ldquo;La joven guardia&rdquo;, himno franc&eacute;s de las juventudes comunistas, de 1910, adoptado por sus camaradas espa&ntilde;oles, se alude tambi&eacute;n a la <em>lucha final</em>.&nbsp;&nbsp; &nbsp;</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a>. En la primera parte de <em>La ca&iacute;da de Madrid</em>, en el noveno cap&iacute;tulo, Chirbes, por medio de un personaje llamado Taboada, un abogado demagogo que cambia de chaqueta a lo largo de la narraci&oacute;n, se refiere a este cuadro de Genov&eacute;s en una conversaci&oacute;n que mantiene con el obrero Lucio, con quien comparte c&eacute;lula: &ldquo;T&uacute; y los de tu clase hab&eacute;is trabajado para que yo tenga un pasado. Con el tiempo ser&eacute;is un ej&eacute;rcito de hormigas sobre la superficie de la luna. &iquest;Has visto esos cuadros de tu excamarada Genov&eacute;s [Lucio ha abandonado el PCE para alistarse en un grupo denominado Vanguardia Revolucionaria]? &iquest;Esas multitudes que son s&oacute;lo puntos negros que parece que corren en determinada direcci&oacute;n o que se dispersan? Sois vosotros. Vosotros, esa desbandada de silenciosos microbios vistos desde una lente. Nosotros contaremos de qu&eacute; escapabais y hacia d&oacute;nde corr&iacute;ais&rdquo; (p. 155). Lo que Chirbes muestra es que en la actividad clandestina revolucionaria unos hablan y otros act&uacute;an, y mientras que &eacute;stos arriesgan su vida, los primeros teorizan y consiguen que los obreros acaben desempe&ntilde;ando en la historia el papel que los intelectuales han decidido atribuirles.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a>. <em>Vid</em>. &ldquo;&iexcl;Sombras..., nada m&aacute;s! Primera lectura de <em>Los viejos amigos</em> y <em>Crematorio</em>, de Rafael Chirbes&rdquo;, en Augusta L&oacute;pez Bernasocchi y Jos&eacute; Manuel L&oacute;pez de Abiada, eds., <em>La constancia de un testigo. Ensayos sobre Rafael Chirbes</em>, Verbum, Madrid, 2011, pp. 478-488; y &ldquo;Podredumbre&rdquo;, <em>El Pa&iacute;s. Babelia</em>, 2 de marzo del 2013. &nbsp;Rese&ntilde;a de <em>En la orilla</em>.</p>
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      <pubDate>Thu, 27 Nov 2014 09:05:26 +0000</pubDate>
    </item>
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      <title><![CDATA[La narrativa de Rafael Chirbes: entre las sombras de la Historia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-narrativa-de-rafael-chirbes-entre-las-sombras-de-la-historia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/rafaelchirbesquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La consagraci&oacute;n como gran escritor parece haberle llegado a Chirbes tras la publicaci&oacute;n de sus dos &uacute;ltimas novelas: <em>Crematorio</em> (2007) y <em>En la orilla</em> (2013), con las que ha obtenido &ndash;entre otros- el Premio de la Cr&iacute;tica. La primera apuntaba a una grave crisis econ&oacute;mica y moral que, todav&iacute;a larvada, estaba a punto de estallar, mientras que la segunda no hac&iacute;a m&aacute;s que confirmar y completar el certero diagn&oacute;stico. Antes nos hab&iacute;a proporcionado obras de indudable valor, desde la prometedora primera novela corta, <em>Mimoun</em> (1988), hasta el d&iacute;ptico formado por otras dos piezas de semejante intensidad: <em>La buena letra</em> (1992) y <em>Los disparos del cazador </em>(1994), o la novela generacional que es <em>Los viejos amigos</em> (2003), aunque todas ellas posean una notable entidad. De lo que se trataba, en suma, era de dejar constancia de setenta a&ntilde;os de historia espa&ntilde;ola, de lo p&uacute;blico y lo privado, de la educaci&oacute;n sentimental y la pol&iacute;tica, los negocios y la intimidad, destacando una serie de hechos que gran parte de la sociedad espa&ntilde;ola, encabezada por los dirigentes pol&iacute;ticos, parec&iacute;a haber olvidado. No olvidemos que para Chirbes, como para Balzac, la novela consiste en contar la vida privada de las naciones, frase que nuestro autor ha recordado en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>. Por tanto, nos hallamos ante un empe&ntilde;o narrativo que podr&iacute;a encuadrarse muy bien en la tradici&oacute;n de los <em>Episodios nacionales</em>, uno de esos grandes relatos que abarcan toda una &eacute;poca, a pesar de que los te&oacute;ricos de la posmodernidad nos hubieran anunciado no s&oacute;lo su fin sino su falta de sentido.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Rafael Chirbes naci&oacute; en 1949, en Tavernes de la Valldigna, un pueblo de Valencia situado en la comarca de la Safor. La suya era una familia obrera en un mundo de calculadores campesinos, como &eacute;l mismo nos ha recordado, vinculada a Denia (&ldquo;el Mediterr&aacute;neo de mi infancia fue el de Denia&rdquo;), donde viv&iacute;a el abuelo. Quiz&aacute; porque su padre, pe&oacute;n de v&iacute;as y obras, muri&oacute; cuando &eacute;l ten&iacute;a 4 a&ntilde;os. Su madre trabajaba de guardabarreras y tras la guerra fue depurada. En una de las entrevistas que ha concedido, confesaba que su infancia estuvo llena de miedos y pudores. Cuando Rafael contaba s&oacute;lo 8 a&ntilde;os lo enviaron a estudiar a un colegio de hu&eacute;rfanos de ferroviarios, primero en &Aacute;vila y luego en Le&oacute;n, como le ocurre a Rafael del Moral, el personaje de <em>La larga marcha</em>. Despu&eacute;s, estuvo interno en Salamanca, donde sus compa&ntilde;eros sol&iacute;an ser hijos de la burgues&iacute;a local, rompiendo con la igualdad que imperaba en las anteriores instituciones escolares. El radical cambio de paisaje y de clima, el fr&iacute;o seco de &Aacute;vila y el h&uacute;medo de Le&oacute;n, y la separaci&oacute;n de su familia, le result&oacute; en parte tr&aacute;gico pero tambi&eacute;n excitante, como &eacute;l mismo ha explicado. Este temprano alejamiento supuso adem&aacute;s un cambio de lengua, pues el castellano se convirti&oacute; en su veh&iacute;culo de cultura, al margen de que la lengua familiar hubiera sido siempre el valenciano.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los estudios universitarios los realiza Chirbes en Madrid, licenci&aacute;ndose en Historia Moderna y Contempor&aacute;nea en la Universidad Complutense. Durante esos a&ntilde;os forma parte de un grupo de estudiantes de izquierdas denominado `El Seminario&acute;, en el que tambi&eacute;n participan el que luego ser&iacute;a cr&iacute;tico literario y editor, Constantino B&eacute;rtolo, el editor y articulista Manuel Rodr&iacute;guez Rivero y Ana Pu&eacute;rtolas, periodista de viajes, hermana de la escritora y musa del grupo. Pero en 1973, tras realizar el servicio militar, trabaja en diversas librer&iacute;as de Madrid, hasta que en 1977 es contratado en Fez como profesor de Lengua e Historia espa&ntilde;ola. All&iacute; permanecer&aacute; dos a&ntilde;os y de aquella experiencia surgir&aacute; <em>Mimoun</em>, cuyo narrador comparte algunas de las experiencias del autor. Cuando en 1979 regresa a Espa&ntilde;a, colabora en diversas revistas del grupo Z, residiendo tanto en Madrid como en Barcelona, hasta que en 1982 un contrato en <em>El Ideal Gallego</em> lo traslada a La Coru&ntilde;a. Su siguiente trabajo period&iacute;stico lo lleva a <em>La Gaceta Ilustrada</em>, pero en 1984 entra a formar parte de la revista <em>Sobremesa</em>, donde permanece hasta el 2007 escribiendo reportajes sobre vinos y ciudades, de donde provienen sus libros <em>Mediterr&aacute;neos</em> (1997), en el que recorre ciudades como Creta, Estambul, Lyon, Venecia, Alejandr&iacute;a o Roma, que es otra manera de reencontrase con sus or&iacute;genes, &ldquo;el mar color de vino de Homero&rdquo;; y <em>El viajero sedentario. </em>En <em>Ciudades</em> (2004) nos cuenta sus viajes por metr&oacute;polis de todo el mundo, como Pek&iacute;n o Leningrado. Durante estos a&ntilde;os cultiv&oacute;, adem&aacute;s, la cr&iacute;tica literaria en las revistas <em>Ozono</em> y <em>Rese&ntilde;a</em>, en donde coincide con el cr&iacute;tico Santos Alonso, defensor temprano y constante del valor de su obra.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tras desempe&ntilde;ar varios oficios en diversas ciudades, a las citadas habr&iacute;a que a&ntilde;adir Par&iacute;s, abandona definitivamente Madrid para instalarse en Valverde de Burguillos (Badajoz). En una entrevista que en 1992 le concede a Sof&iacute;a Fl&oacute;rez, &eacute;sta le pregunta por qu&eacute; se ha alejado de la capital, a lo que Chirbes responde: Madrid &ldquo;es una ciudad donde trepas o te hundes, y sin ganas de inclinarme por ninguna de las dos perspectivas&rdquo; se va a vivir a Extremadura y encuentra tiempo para escribir, aunque &ldquo;tampoco se soluciona nada con irse&rdquo;. En un momento dado regresa definitivamente a Beniarbeig (Alicante), donde sigue viviendo. Si bien debido a su trabajo como periodista y escritor ha recorrido numerosos pa&iacute;ses, tras hacer balance reconoce que no se cansa de volver a Valencia, Par&iacute;s, Roma, N&aacute;poles, Salamanca y Fez.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Chirbes confiesa escribir desde siempre, pues ya a los 5 a&ntilde;os compuso un cuento, aunque comenzase a publicar tarde. As&iacute;, cuando en 1988 aparece <em>Mimoun </em>tiene en su haber otra novela, <em>Las fronteras de &Aacute;frica</em>, que ha permanecido in&eacute;dita. En aquella fecha ya empezaba a ser conocido en el mundo de las letras por sus trabajos de periodista y cr&iacute;tico literario. Ten&iacute;a entonces 39 a&ntilde;os y se identificaba con aquellos que Haro Tecglen denomin&oacute; la <em>generaci&oacute;n b&iacute;fida</em> con motivo de la muerte de su hijo Eduardo Haro Ibars, aun cuando Chirbes no fuera de los que se acomodaron al poder, ni tampoco de los que se autodestruyeron, pues se gan&oacute; la vida como redactor y periodista, mientras iba componiendo poco a poco sus novelas, alejado de festejos literarios y sin gozar apenas de &eacute;xito, m&aacute;s all&aacute; del respeto de unos pocos lectores y de unos cr&iacute;ticos que apostaron por su obra, hasta la publicaci&oacute;n de <em>Crematorio</em> (2007), su definitivo reconocimiento en calidad de narrador imprescindible.&nbsp; &nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con <em>Mimoun</em> fue finalista del Premio Herralde, que concede la editorial Anagrama, el mismo a&ntilde;o que lo obtuvo Vicente Molina Foix con <em>La quincena sovi&eacute;tica</em>. Cuenta la aventura que emprende un hombre que abandona Madrid en busca de para&iacute;sos perdidos, instal&aacute;ndose en Marruecos, donde consigue una modesta plaza de profesor en un instituto de Fez, mientras vive en el peque&ntilde;o pueblo que da t&iacute;tulo al libro, cuyo nombre real es Oulad Mimoun, fuera de las rutas tur&iacute;sticas, con el fin de obtener la tranquilidad que necesita para escribir una obra literaria. Pero su experiencia se convierte en un descenso a los infiernos en los que Manuel, el protagonista, un personaje tan perplejo como indeciso y carente de voluntad, se enfanga en el alcohol y en las espor&aacute;dicas relaciones sexuales, a veces colectivas, que mantiene con hombres y mujeres, con prostitutas.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las expectativas de Manuel, en fin, no se cumplen, pues apenas consigue escribir, y finalmente tiene que abandonar la urbe, tras el miedo que le produce la muerte de un amigo franc&eacute;s, poeta, quien aparece muerto, quiz&aacute;s asesinado, y las amenazas que recibe. Lejos del fulgor y el cosmopolitismo con que se nos suele pintar T&aacute;nger, aqu&iacute; Marruecos aparece como un lugar inh&oacute;spito y misterioso, repleto de tipos obsesionados con el sexo y el alcohol, m&aacute;s en la l&iacute;nea de Mohamed Chukri o Gean Genet que en la de Paul Bowles, muy lejos de aquel para&iacute;so con el que Manuel hab&iacute;a so&ntilde;ado. La novela corta, escrita en un lenguaje descarnado, aunque a rachas de un lirismo contenido, en el que no s&oacute;lo el l&eacute;xico franc&eacute;s sino el &aacute;rabe gozan de una presencia singular, est&aacute; plagada de antih&eacute;roes, ya se trate de profesores, ya de criadas, polic&iacute;as, poetas o campesinos. Pero, adem&aacute;s, la ciudad, el paisaje y el clima, &aacute;rido y lluvioso, tambi&eacute;n adquieren su parcela de protagonismo junto con los espacios cerrados, sean &eacute;stos casas o tabernas cochambrosas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>En la lucha final</em> (1991), su siguiente obra, encontramos cambios significativos, pues abandona el relato lineal, se vale de un protagonista coral y utiliza diversos materiales para construir la narraci&oacute;n, tales como testimonios, los dos mon&oacute;logos con que concluye la primera parte, las p&aacute;ginas del diario de Ricardo, fechado entre 1984-1986, con el que arranca la segunda, y las primeras p&aacute;ginas de la novela de &eacute;ste. Quiz&aacute; sea hoy su novela menos valorada, aunque suponga un paso importante en su trayectoria narrativa al indicar el camino que seguir&aacute;. Aqu&iacute; se vale de la perspectiva m&uacute;ltiple, si bien destacan tres personajes: Carlos, con casa en la Moraleja, es el m&aacute;s acaudalado, solo y el que tiene m&aacute;s miedo del grupo; Amelia, asesora en una editorial, se revelar&aacute; muy ambiciosa, una mujer rubia de 40 a&ntilde;os que odia el capitalismo pero disfruta todo lo que puede de sus ventajas, &ldquo;una mu&ntilde;eca rusa que esconde siempre a otra Amelia&rdquo;; y Ricardo Alc&aacute;ntara es un farsante acorralado tanto en su faceta de hombre, siendo homosexual engatusa a Amelia, como en la de escritor, puesto que plagia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La novela est&aacute; contada por un narrador innominado, amante actual de Amelia, de quien sabemos que es un escritor algo m&aacute;s joven que el resto de los personajes, a quienes observa y oye en sus testimonios con una cierta distancia para poder narrar su historia, que se convertir&aacute; en su segunda obra, lo que un posmoderno de hoy tachar&iacute;a de <em>novela reportaje</em>. El desarrollo de la trama sigue la reconstrucci&oacute;n de los principales avatares del grupo de amigos, quienes en la universidad hab&iacute;an formado parte de grup&uacute;sculos de extrema izquierda. A los personajes citados habr&iacute;a que a&ntilde;adir: Pedro Ruibal, escritor y amante fracasado; Jos&eacute; Bard&oacute;n, de 43 a&ntilde;os, catedr&aacute;tico de literatura y autor de &eacute;xito, de origen humilde, y Concha, su nueva esposa; Brines, un galerista de arte, bisexual, que trabaja para Carlos, pues ambos fueron <em>pilaristas</em>; Brull, amigo de Carlos, funcionario de la Comunidad Europea en Bruselas; y Santiago, el aut&eacute;ntico marginal, un camello que se ha prostituido y cuyo papel en la novela es el de &ldquo;vengador del orgullo social que detectaba en ellos&rdquo;, en los miembros del grupo. Todos bullen en esta peque&ntilde;a colmena y quieren medrar, o al menos mantener sus posiciones, si bien el regreso de Ricardo trastoca el orden establecido.</p>
<p>Esta narraci&oacute;n posee componentes l&iacute;ricos y metaliterarios, al proponer una serie de reflexiones sobre el &eacute;xito y el fracaso art&iacute;sticos, el poder del mercado, etc.; al tiempo que confronta diversos modelos de escritor, aunque todos ellos terminen revel&aacute;ndose como un chasco en distinto grado. El narrador se vale, en fin, de sus testimonios, de una polifon&iacute;a de voces distintas que se complementan, para componer la novela. Lo que Chirbes muestra, en suma, son varios fraudes, ejemplificados en la transformaci&oacute;n ideol&oacute;gica de unos individuos que salieron del franquismo siendo rebeldes y acabaron vampirizados por el poder, adoptando una moral pragm&aacute;tica e hip&oacute;crita. Pero tambi&eacute;n rememora la educaci&oacute;n sentimental de una generaci&oacute;n: la amistad, el sexo, el amor y la atracci&oacute;n irracional, junto con la ingesti&oacute;n de alcohol, de coca&iacute;na y hero&iacute;na con que trafican Ricardo y Santiago. La novela tiene algo de rompecabezas, de relato polic&iacute;aco, en donde el misterioso narrador act&uacute;a a la manera de un detective, al indagar sobre unos hechos que pivotan sobre las consecuencias que trajeron consigo el regreso a Madrid de Ricardo y Silvia, y despu&eacute;s el asesinato de Carlos, aun cuando ya no fueran aquellos <em>viejos amigos</em> de anta&ntilde;o.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; As&iacute;, al concluir el relato conocemos c&oacute;mo se ha producido la toma de conciencia de que: &ldquo;En esta &eacute;poca una clase social solo puede entrar en otra a punta de navaja&rdquo;. La acci&oacute;n transcurre en el Madrid de los a&ntilde;os 80, una ciudad con poco espacio para el idealismo. La estructura resulta at&iacute;pica y sorprendente, organizada en tres partes desiguales, compuestas por 108, 44 y 21 p&aacute;ginas, respectivamente, y un breve ep&iacute;logo. Aunque el t&iacute;tulo de la novela provenga de la letra de la <em>Internacional</em> (&ldquo;Agrup&eacute;monos todos,/ en la lucha final&rdquo;)<a title="" href="#_ftn2">[2]</a>, tal vez &ndash;en esta ocasi&oacute;n- quiera indicarnos que la batalla que libran los personajes sea por adaptarse y triunfar dentro del sistema pol&iacute;tico y social imperante (gobierna el PSOE), no en favor de la igualitaria revoluci&oacute;n comunista, que tambi&eacute;n fue un fiasco, y no menor, a pesar de sus intenciones iniciales. En fin, podr&iacute;amos concluir que en la elecci&oacute;n misma del cuadro de Otto Dix que aparece en la cubierta del libro, conocido como &ldquo;Tr&iacute;ptico de la gran ciudad&rdquo; o &ldquo;Metr&oacute;polis&rdquo; (1927-1928), se hallan las intenciones fundamentales del autor. Se trata de un retablo profano, de una danza de la muerte que nos muestra el mundo escindido de la Rep&uacute;blica de Weimar a&ntilde;os antes de la ascensi&oacute;n de Hitler, las diversiones de los <em>locos a&ntilde;os veinte</em> y el disfrute de las nuevas m&uacute;sicas y bailes, mientras asoma todav&iacute;a la miseria que dej&oacute; tras s&iacute; la Gran Guerra. Otra de las novedades de esta novela consiste en que se cita por primera vez al pintor Francis Bacon (pp. 11 y 182), quien reaparecer&aacute; en distintas obras del autor. &nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sus dos siguientes narraciones, <em>La buena letra</em> (1992) y <em>Los disparos del cazador</em> (1994), publicadas de forma independiente en su momento, fueron recibidas como el haz y el env&eacute;s de una historia semejante contada en un mismo g&eacute;nero, la <em>novela corta </em>de <em>Mimoun,</em> que no volver&iacute;a a utilizar. En el 2013, Chirbes ratifica el sentido de aquel v&iacute;nculo edit&aacute;ndolas juntas en un solo volumen en forma de d&iacute;ptico, bajo el t&iacute;tulo de <em>Pecados originales</em> (edici&oacute;n por la que cito), y encabez&aacute;ndolas con un sustancioso pr&oacute;logo, en donde afirma: &ldquo;Sobre todo, quer&iacute;a dejar constancia de eso: de la tremenda ilegalidad sobre la que se asentaba cuanto est&aacute;bamos construyendo&rdquo; (p. 9). No en vano, en <em>La buena letra </em>Chirbes les proporciona voz por primera vez a los vencidos en la guerra civil. Ana, la narradora y protagonista, es una anciana que toma la palabra para contarle a Manuel, su hijo, convertido en un desclasado y tosco negociante, la tr&aacute;gica historia de la familia, con el prop&oacute;sito de que entienda por qu&eacute; se niega a vender la casa en que ha transcurrido gran parte de su existencia, y en donde sus descendientes pretenden construir un edificio nuevo con que enriquecerse. Sin embargo, Ana recuerda y escribe tambi&eacute;n para ordenar y entender su pasado, los a&ntilde;os de la Rep&uacute;blica, la guerra y las primeras d&eacute;cadas de la postguerra (&ldquo;a&ntilde;os de fr&iacute;o y oscuridad&rdquo;), y dejar constancia del sufrimiento de los suyos, de su lucha por la supervivencia, del ansia de venganza que trajo consigo la Victoria. Su hijo, en cambio, coet&aacute;neo del autor, necesita olvidar el pasado familiar para poder relacionarse con los vencedores y medrar a su amparo, de ah&iacute; que no entienda la vinculaci&oacute;n de su progenitora con aquella vieja vivienda, el valor que posee como s&iacute;mbolo de su identidad y memoria.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El relato se compone de un monodi&aacute;logo de la narradora y protagonista formado por 55 brev&iacute;simos cap&iacute;tulos (a partir del d&eacute;cimo noveno van adelgaz&aacute;ndose), con las trazas de una confesi&oacute;n laica, de un testimonio que adopta la forma de un balance vital. De este modo, lo que Ana cuenta es la historia de esas tr&aacute;gicas d&eacute;cadas en Bovra, un top&oacute;nimo inventado que sit&uacute;a en la regi&oacute;n valenciana, el cual reaparecer&aacute; en otras obras posteriores. A este prop&oacute;sito, Chirbes baraja a la perfecci&oacute;n la historia general, el mezquino franquismo del lugar y la deslealtad familiar, esto es, c&oacute;mo dos hermanos republicanos, Tom&aacute;s C&iacute;scar, el marido de Ana, un calzonazos, y Antonio, miembro de las Juventudes Socialistas Unificadas, fueron encarcelados, siendo el &uacute;ltimo condenado a muerte. Pero cuando a Antonio le conmutan la pena y regresa al pueblo, una vez casados Tom&aacute;s y Ana, su extra&ntilde;a actitud acaba trastocando las relaciones familiares. No en vano, se siente atra&iacute;do por su cu&ntilde;ada, y ella &ndash;aunque de manera discreta- tampoco se muestra del todo indiferente. La aparici&oacute;n de Isabel, una criada que ha trabajado en Londres y peca de delirios de grandeza, quien se casa con Antonio, supone una nueva vuelta de tuerca en las relaciones turbias que mantienen todos ellos, pues este matrimonio abusa de la generosidad de los suyos, e incluso acaba medrando junto a los vencedores e ignorando a sus cu&ntilde;ados, que les hab&iacute;an ayudado cuando m&aacute;s lo necesitaban.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Casi todos los estudiosos que se han ocupado de esta obra han llamado la atenci&oacute;n sobre su forma, los intensos y breves cap&iacute;tulos, y acerca de un estilo literario sustentado en la fragmentaci&oacute;n del relato, en la elipsis, junto a la importancia que tiene el fraseo propio de la narraci&oacute;n oral, a lo que habr&iacute;a que a&ntilde;adir una cierta vinculaci&oacute;n con los dramas rurales, en la estela de Lorca. La novela, en su esencia, apela al presente, a aquellos primeros a&ntilde;os noventa en que el pa&iacute;s se cre&iacute;a Jauja, olvid&aacute;ndose de lo que realmente era, y sobre todo de d&oacute;nde ven&iacute;amos. La novedad mayor estriba en la acertada supresi&oacute;n del &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de la novela, seg&uacute;n el cual &ldquo;el tiempo acaba ejerciendo cierta forma de justicia (&hellip;), acaba poniendo las cosas en su sitio&rdquo;. Diez a&ntilde;os despu&eacute;s el autor considera semejante idea &ldquo;una filosof&iacute;a inaceptable, por enga&ntilde;osa&rdquo;, habida cuenta de que el tiempo agranda las injusticias.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De <em>Los disparos del cazador</em> (1994) podr&iacute;a decirse que constituye el env&eacute;s de su anterior novela corta, al mostrar el mundo de la postguerra desde el punto de vista de Carlos C&iacute;scar, un constructor arribista que ha traicionado a los suyos. Su padre es un maestro represaliado, pero &eacute;l se casa en 1945 con Eva Romeu, heredera de un empresario franquista. Dado que su hijo Manuel, educado en Francia, se averg&uuml;enza de sus logros, Carlos deposita sus esperanzas en Roberto, el nieto. Este relato se presenta como el diario que escribe el narrador durante el a&ntilde;o ol&iacute;mpico de 1992, ya en la vejez y una vez viudo, para dejar constancia de su vida y, adem&aacute;s, rebatir la versi&oacute;n escrita por Manuel en un cuaderno que ha encontrado fisgoneando, del que s&oacute;lo conocemos breves fragmentos, suficientes para que dudemos de la versi&oacute;n &uacute;nica impuesta por el narrador. No en vano, Carlos se hace rico con negocios fraudulentos durante el franquismo y presume de haber tenido dos amantes, cuyas relaciones cuenta a veces con detalle. En suma se trata de un conflicto triple, al ser tres las generaciones en danza: la de los padres de Eva y Carlos; la suya propia y la de sus hijos. As&iacute;, C&iacute;scar cuenta desde la soledad, la decrepitud y el fracaso, con la conciencia de haberse equivocado en lo que m&aacute;s apreciaba. El tono en que narra, reconoce el autor, es &ldquo;de desolaci&oacute;n absoluta, de no esperar nada, si bien posee el orgullo de estar `contando&acute;&rdquo;. En la novela se plantean los temas principales a los que se enfrent&oacute; su generaci&oacute;n, como ha apuntado Chirbes, en un momento en que el poder cambiaba de manos, con la certeza de que no hubo entonces nadie inocente y de que todo ascenso social se produce traicionando a los predecesores; la conciencia de una falsa modernizaci&oacute;n y su necesidad de olvidar.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aqu&iacute; vuelve a abordar la cuesti&oacute;n de la clase social, de la educaci&oacute;n, los gustos y las formas de vida, que es lo que separa al advenedizo Carlos, hombre sin sustancia, y a su amigo y c&oacute;mplice en los negocios, el zafio Jaime Ort, de Eva y Manuel. Si para Ana, en <em>La buena letra</em>, el recuerdo de la historia familiar es casi el &uacute;nico legado que puede dejar a su hijo; C&iacute;scar, en cambio, necesita justificarse, edulcorar los recuerdos. Los temas de la novela son, en definitiva, la ambici&oacute;n, la carencia de amor y el deseo, junto a la muerte, la vejez y sus lacras, mientras el triunfo econ&oacute;mico y social trae consigo el fracaso familiar. El t&iacute;tulo, la referencia a esos disparos, s&iacute;mbolo de crueldad, remite al sentido &uacute;ltimo de esta <em>nouvelle</em>, pues Carlos, un depredador amante de la caza como tantos otros personajes de Chirbes, se siente frustrado al comprobar que sus c&iacute;nicos descendientes se han beneficiado econ&oacute;micamente de sus actividades fraudulentas, aunque ahora finjan haber olvidado su procedencia. En 1999, <em>La buena letra</em> y <em>La larga marcha </em>recibieron en Alemania el Premio SWR/Die Bestenliste (La mejor lista), convocado por una cadena de radio y concedido por un jurado de prestigiosos cr&iacute;ticos, por el que recibi&oacute; algo m&aacute;s de 10.200 euros.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En <em>La larga marcha</em> (1996) la narraci&oacute;n no es ya en primera persona, sino en tercera, una <em>tercera persona compasiva</em>, como la ha denominado el autor, tras concederles voz a los distintos personajes. Estamos ante otra novela coral. &iquest;Por qu&eacute; este cambio con respecto a sus obras anteriores? Seg&uacute;n confiesa, intentaba crear tensi&oacute;n y emoci&oacute;n literaria relatando en tercera persona pero sin creerse Dios, como sol&iacute;a ocurrirles a los narradores del XIX, convencido de que tampoco ellos podr&iacute;an transformar el mundo con sus obras. La novela cuenta la historia de dos generaciones: la de los padres y sus hijos; la vida cumplida de los primeros y el acceso a la madurez de los segundos. Mientras los mayores hab&iacute;an vivido la guerra y sus consecuencias, la Victoria; sus descendientes padecen los estertores del franquismo, y si aquellos aspiran a sobrevivir, los m&aacute;s j&oacute;venes albergan esperanzas de libertad. La segunda parte, adem&aacute;s, adopta las hechuras de una <em>novela de formaci&oacute;n</em>, pues nos relata c&oacute;mo se forma la sensibilidad de una generaci&oacute;n, sus gustos, lecturas e inquietudes. La trama arranca en un pueblo de Galicia, durante 1948, mostr&aacute;ndonos un cuadro aleg&oacute;rico a partir del retrato de tres generaciones de la familia Amado y el nacimiento de un ni&ntilde;o, Carmelo, y concluye a comienzos de los 70 con su detenci&oacute;n, la de aquellos seis j&oacute;venes que compon&iacute;an la c&eacute;lula de Alternativa Comunista. &nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tanto el t&iacute;tulo del conjunto como el de las dos partes debe leerse en clave ir&oacute;nica, pues esa <em>larga marcha</em> (o &ldquo;gigantesca ola&rdquo; que genera la revoluci&oacute;n) hacia la democracia, en alusi&oacute;n a una de las disparatadas empresas auspiciadas por el presidente Mao, parece dirigirse a ninguna parte, hacia la nada. As&iacute; suceder&iacute;a tambi&eacute;n con &ldquo;La batalla del Ebro&rdquo; y &ldquo;La joven guardia&rdquo;. No en vano, el primer t&iacute;tulo remite a la confrontaci&oacute;n decisiva de la Guerra Civil &ndash;son varios los personajes que luchan en el frente de Arag&oacute;n- y que supuso el principio del fin de la Rep&uacute;blica (se desarroll&oacute; entre julio y noviembre de 1938), mientras que el segundo se refiere al himno de las organizaciones juveniles comunistas, cuyo estribillo rezaba: &ldquo;Es la lucha final que comienza/ la revancha de los que ans&iacute;an pan;/ en la revoluci&oacute;n que est&aacute; en marcha/ los esclavos el triunfo alcanzar&aacute;n&rdquo;. Chirbes ha afirmado que el libro podr&iacute;a haberse titulado <em>Padres e hijos</em>, como la obra de Turgu&eacute;niev. &nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta es, por tanto, una novela de personajes, la historia fragmentaria de siete familias, con sus correspondientes protagonistas: los Amado, campesinos gallegos, su hijo Carmelo; los Vidal, el padre era pe&oacute;n ferroviario en Bovra, Valencia, cuya historia procede de <em>La buena letra</em>; Del Moral, un limpiabotas que hab&iacute;a hecho la guerra con Franco, residente en Salamanca, y que acaba arroj&aacute;ndose a las v&iacute;as del tren, y sus dos hijos, uno de ellos, Jos&eacute; Luis, estudiar&aacute; en un internado en Le&oacute;n, donde coincide con Ra&uacute;l Vidal, trasunto del autor; Vicente Tabarca, quien practica abortos, un m&eacute;dico republicano represaliado que hab&iacute;a estado condenado a muerte, el cual en dos ocasiones tendr&aacute; que sacrificar su dignidad para sobrevivir, y sus dos hijas, Alicia y Helena, muy distintas entre s&iacute;; Coronado, vendedor ambulante y estraperlista en Madrid; los hermanos Roberto y Gloria Sese&ntilde;a, arist&oacute;cratas madrile&ntilde;os arruinados, por lo que ella se casar&aacute; con Ram&oacute;n Giner, un arribista; y, por &uacute;ltimo, Jos&eacute; Pulido, jornalero andaluz. En la primera parte, pues, el autor presenta a los personajes, su historia y problemas durante la postguerra, tales como el desarraigo, el fracaso de sus expectativas o las concesiones que tienen que hacer para sobrevivir, de modo que a veces se proyectan &ndash;as&iacute; le ocurre a Vicente Tabarca- como sombras, fantasmas&nbsp; e incluso cad&aacute;veres.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La segunda parte, en cambio, transcurre en Madrid y est&aacute; protagonizada por sus descendientes, quienes acaban relacion&aacute;ndose, compartiendo incluso carrera, piso, tertulia y sobre todo destino. Chirbes rompe con el mito de la dos Espa&ntilde;as desde el momento en que vencedores y vencidos, trabajadores y burgueses, sufren las consecuencias de la guerra. Todo ello se presenta a trav&eacute;s de una narraci&oacute;n realista, aunque se valga de s&iacute;mbolos como el pantano, las manos, los perros o los nombres de los personajes, con el fin de insuflarle profundidad a la historia. El estilo es resultado de lo que se quiere contar, pues compone la trama mediante secuencias y ritmos, prescindiendo del punto y aparte, para que funcionen los cap&iacute;tulos como si de poemas se tratara, apostando por un tipo de narraci&oacute;n, cercano a los relatos orales, en el que la m&uacute;sica interna pueda llegar a sostener el conjunto, seg&uacute;n ha confesado el autor.</p>
<p>El cuadro de Juan Genov&eacute;s que aparece en la cubierta, un artista que no s&oacute;lo comparte po&eacute;tica con Chirbes sino que tambi&eacute;n ha declarado su simpat&iacute;a por quienes sufren la historia, titulado de forma elocuente &ldquo;Punto de mira II&rdquo; (1966), est&aacute; estrechamente relacionado con el contenido de la novela y su mismo t&iacute;tulo, pues en &eacute;l observamos a unos personajes que se dirigen, como ha comentado el pintor, &ldquo;hacia cualquier espacio donde haya un poco de armon&iacute;a, donde haya un ideal de justicia&rdquo;. Nos encontramos, pues, con una circunferencia de aspecto lunar, efecto reforzado por las sombras que la envuelven, inscrita en un cuadrado de fondo negro que hace las veces de marco, en donde se distingue a una multitud despersonalizada &ndash;semejan hormigas&ndash; que parece correr hacia la derecha &ndash;quiz&aacute; se trate de una huida sin rumbo cierto&ndash;, todo lo cual es visto a trav&eacute;s de un punto de mira, un teleobjetivo o una c&aacute;mara de vigilancia a la manera orwelliana, como si esa muchedumbre se alejara de alguien que la acosa y amenaza... Asimismo, la circunferencia aparece dividida en cuatro partes, a la manera de una cuartilla que ha sido plegada y desplegada dejando en ella sus marcas. Se trata, en suma, de un cuadro monocromo, conceptual, que posee una clara dimensi&oacute;n aleg&oacute;rica, en donde una masa de gente an&oacute;nima huye<a title="" href="#_ftn3">[3]</a>. Acaso el sentido &uacute;ltimo del libro se complete un poco m&aacute;s si sabemos que Chirbes se lo dedic&oacute; a cinco compa&ntilde;eros de su &eacute;poca universitaria.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dos hechos extraliterarios vinieron a condicionar la recepci&oacute;n de esta novela; por un lado, la pol&eacute;mica entre diversos cr&iacute;ticos y escritores espa&ntilde;oles; y por otro, los elogios que le dedicaron en el prestigioso programa de televisi&oacute;n alem&aacute;n Literarisches Quartett, en 1998, dirigido por el cr&iacute;tico Marcel Reich-Ranicki, con el consiguiente &eacute;xito de ventas. El paso del tiempo no ha hecho m&aacute;s que subrayar lo gratuito del alegato del cr&iacute;tico que inici&oacute; el debate, pues la novela de Chirbes se entiende mucho mejor en el contexto de la evoluci&oacute;n experimentada por la sociedad y la narrativa espa&ntilde;ola de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, as&iacute; como del conjunto de la obra de nuestro autor.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La acci&oacute;n de <em>La ca&iacute;da de Madrid</em> (2000) transcurre durante un tiempo reducido, entre las 6 de la ma&ntilde;ana y las 8 de la noche del 19 de noviembre de 1975, el d&iacute;a anterior a la muerte de Franco. Se trata de otra novela coral, en donde se cuenta la historia de tres generaciones de personajes, en tanto el narrador les va cediendo la voz y el lector va adquiriendo una visi&oacute;n m&uacute;ltiple y contradictoria de aquel momento; los miedos y expectativas que este suceso supuso para unos y otros, ya fueran partidarios o enemigos del r&eacute;gimen, junto a sus respectivas historias personales. Por un lado, la trama gira en torno a la familia de Jos&eacute; Ricart, partidarios todos ellos &ndash;aunque con matices- del franquismo, excepto Quini, el nieto m&aacute;s joven, cuyo patriarca, un empresario vinculado al r&eacute;gimen, se dispone a celebrar su 75 cumplea&ntilde;os. Estrechamente vinculado a Ricart, aparece el m&aacute;s temido comisario de la brigada pol&iacute;tico social, Maximino Arroyo. Por el contrario, entre los miembros de la oposici&oacute;n podemos distinguir tanto a estudiantes de distinta condici&oacute;n social como a los miembros de una c&eacute;lula de obreros, unos militantes del PCE y otros de Vanguardia Revolucionaria, quienes forman el comando que intenta sabotear el metro, y el tr&aacute;nsfuga Taboada; aparte de los profesores y artistas: Juan Bartos y esposa, la pintora Ada Dutruel, y Chac&oacute;n, el escritor y profesor regresado del exilio, trasunto de Max Aub.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En un momento dado descubrimos cierta interrelaci&oacute;n entre los personajes que componen los distintos grupos. De todo este entramado de intereses da cuenta la novela de Chirbes: del c&uacute;mulo de contradicciones acaecido en estos a&ntilde;os clave en que el poder parec&iacute;a a punto de cambiar de manos. En la novela se plantean cuestiones fundamentales: la serie expectativas que genera la inminente muerte del dictador; el origen de las fortunas que se gestaron durante el franquismo, producto de la corrupci&oacute;n; la conciencia de que est&aacute; empezando a desaparecer la Espa&ntilde;a de la que Ricart y Maxi han formado parte; los m&eacute;todos que utiliza la polic&iacute;a pol&iacute;tica; la formaci&oacute;n intelectual de los estudiantes, y las ideas y actividades contra el r&eacute;gimen de los grupos que componen la oposici&oacute;n. Se muestra tambi&eacute;n las tensiones que se generan entre las familias adeptas al r&eacute;gimen, y las disensiones entre la oposici&oacute;n; adem&aacute;s de la vinculaci&oacute;n del patriarca con su esposa, Amelia, enferma de Alzheimer, y de Maximino con su esposa y amante, la prostituta Lina; en suma, los amores de los j&oacute;venes y los deseos de los adultos.</p>
<p>Uno de los mayores aciertos de esta obra consiste en dejarnos o&iacute;r hablar, explicarse, a los distintos personajes: el abuelo Ricart; su esposa enferma, delirando; su impagable nuera Olga Albizu; el tosco polic&iacute;a Maxi; el charlat&aacute;n Taboada; la boba Margarita, toda muslos y rodillas; el ingenuo Lucio y el irresponsable Quini. Casi al final de la novela, Quini se pregunta qui&eacute;n es y qu&eacute; quiere ser. El caso es que si la narraci&oacute;n se inicia con las cuitas de Jos&eacute; Ricart por el anuncio de la inminente muerte del dictador, concluye con la detenci&oacute;n de los militantes izquierdistas. El t&iacute;tulo de la novela, por tanto, no creo que se refiera a la <em>ca&iacute;da</em> de una ciudad (aunque juegue con t&iacute;tulos memorables que aluden a la <em>ca&iacute;da de Constantinopla</em>, <em>el imperio romano</em> o <em>Leningrado</em>), sino al de la c&eacute;lula revolucionaria, al concluir con la detenci&oacute;n de Lucio, tras contarnos la tortura y el asesinato de otros militantes.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En Chirbes la reflexi&oacute;n te&oacute;rica y la pr&aacute;ctica narrativa aparecen estrecha y coherentemente unidas, por lo que todas las preguntas que se formula (por qu&eacute; y para qui&eacute;n se escribe; cu&aacute;l es el papel de la novela en estos tiempos tumultuosos), adquieren cumplida respuesta en sus narraciones. Los ensayos recogidos tanto en <em>El novelista perplejo </em>(2002) como en <em>Por cuenta propia. Leer y escribir</em> (2010), resultan imprescindibles en este sentido. De ah&iacute; que nuestro autor no sea m&aacute;s que un novelista perplejo (la suya es la perplejidad del que no sabe y utiliza la novela para investigar y conocer), quien, sin embargo, conoce lo que deber&iacute;a ser hoy una novela, adem&aacute;s de su propia tradici&oacute;n narrativa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Voy a detenerme algo menos en sus tres &uacute;ltimas novelas, tras dedicarles unos an&aacute;lisis recientemente<a title="" href="#_ftn4">[4]</a>, a saber: <em>Los viejos amigos</em> (2003), la cual completa una trilog&iacute;a compuesta por <em>La larga marcha</em> y <em>La ca&iacute;da de Madrid</em>, a la que habr&iacute;a que a&ntilde;adir <em>En</em> <em>l</em><em>a lucha final</em>; todas ellas publicadas en la misma editorial entre 1991 y el 2003, con el empe&ntilde;o de reescribir la historia de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas y de luchar contra el olvido generalizado y la lectura complaciente de algunos periodistas, pol&iacute;ticos e historiadores. Lo que &eacute;l ha denominado &ldquo;esa larga traici&oacute;n llamada transici&oacute;n&rdquo;. Recordemos, no obstante, que en dicha empresa no ha andado solo, y que otros autores lo han precedido o acompa&ntilde;ado; por ejemplo, Juan Mars&eacute;, Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n, Esther Tusquets, Juan Jos&eacute; Mill&aacute;s, Manuel Vicent, Jos&eacute; Mar&iacute;a Merino, Manuel Longares, Jos&eacute; Antonio Gabriel y Gal&aacute;n, Mariano Antol&iacute;n Rato, Mercedes Soriano, Bel&eacute;n Gopegui e Isaac Rosa.</p>
<p>Uno de los empe&ntilde;os principales de Chirbes ha consistido en relatar la evoluci&oacute;n ideol&oacute;gica de su propia generaci&oacute;n, de aquellos j&oacute;venes revolucionarios de los a&ntilde;os sesenta que acabaron apoyando una falsa modernizaci&oacute;n y adapt&aacute;ndose al sistema. Algunos de esos impostores son precisamente los protagonistas de <em>Los viejos amigos</em>. Su realismo, en estas &uacute;ltimas obras, es del mismo tipo que ha defendido el pintor Francis Bacon: &ldquo;un intento de capturar la apariencia junto con el c&uacute;mulo de sensaciones que esa apariencia excita en m&iacute;&rdquo;. En esta ocasi&oacute;n, el narrador convoca a un grupo de viejos amigos a una cena en Madrid. Treinta a&ntilde;os antes estos mismos personajes hab&iacute;an llegado de la periferia a la conquista de la capital, formando parte de una c&eacute;lula comunista. El tiempo ha causado estragos en sus vidas y aquellos que lograron sobrevivir se han convertido en un p&aacute;lido reflejo de quienes desearon ser. En esta t&eacute;cnica de contraste entre lo que anhelaban y lo que son, entre las ideas que defend&iacute;an y la vida que han acabado asumiendo, se sustenta pues la novela.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Seg&uacute;n van tomando la palabra tenemos la sensaci&oacute;n de que se han convertido en voces sin alma, en seres capaces de explicar lo inexplicable, de justificar lo injustificable. Todos ellos tienen sus razones: algunas les sirven para sobrevivir en un medio adverso y como lo importante es seguir viviendo, ya s&oacute;lo sienten apego por el dinero. Las mujeres se nos presentan como v&iacute;ctimas, aunque los hijos, &ldquo;cachorros herederos gen&eacute;ticos de una generaci&oacute;n fam&eacute;lica&rdquo;, no lo son menos despu&eacute;s de tanto desbarajuste. As&iacute;, Pau se convierte en un yonqui sin que su padre se entere, mientras que Lalo y Juanjo, hermanos gemelos, han venido a ser una repetici&oacute;n grotesca de lo que fue Guzm&aacute;n, su padre.</p>
<p>Con estos mimbres, una vez comprendido que &ldquo;la vida es lo m&aacute;s f&aacute;cil de entregar; que el d&iacute;a a d&iacute;a es lo dif&iacute;cil, lo que quema, lo que lo convierte todo en nada&rdquo;, el desenlace de esta nueva noche de Walpurgis no pod&iacute;a revelarse complaciente. A la resaca espiritual se a&ntilde;ade la degradaci&oacute;n corporal (esa caldera hirviente del est&oacute;mago, en el centro), el peso de la edad como met&aacute;fora de la degradaci&oacute;n moral. Todas estas conductas podr&iacute;an sintetizarse en una frase de la novela: &ldquo;Ya nadie hac&iacute;a lo que cre&iacute;a que ten&iacute;a que hacer. Mantenerse, tener criterio, hab&iacute;a empezado a ser una forma de intolerancia&rdquo;. &Eacute;sta no es una novela de personajes individualizados. Por el contrario, Chirbes pretende mostrarnos arquetipos al servicio de unas tesis claramente expuestas; que sus novelas no resbalen sobre la piel de su tiempo e impacten en el n&uacute;cleo mismo de la sociedad. O lo que es igual, que la novela vuelva a ser otra vez el veh&iacute;culo adecuado para una lectura cr&iacute;tica de la Historia. No en vano, a los personajes se les reprocha que quisieran olvidar, &ldquo;curarse con la medicina del olvido, en vez de aprender con el purgante de la memoria&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Crematorio</em> (2007), tal como ocurre con los retratos de Lucien Freud, deber&iacute;a apestar a carne descompuesta. No en balde, la narraci&oacute;n arranca y concluye con la contemplaci&oacute;n del cad&aacute;ver de Mat&iacute;as Bertomeu, muerto de cirrosis a los sesenta y pocos a&ntilde;os, excusa que utiliza el autor para reactivar la memoria del resto de los personajes. Todas estas <em>novelas contempor&aacute;neas</em>, compuestas por Chirbes a la manera galdosina, oscilan entre la tradici&oacute;n literaria y la vida, entre el pasado inmediato y el presente, y vienen poniendo en solfa, con atrevida lucidez, la conducta, el lenguaje, los valores morales y la casi inveros&iacute;mil capacidad de adaptaci&oacute;n al medio de los miembros de una generaci&oacute;n, la suya propia -&ldquo;una generaci&oacute;n de vampiros&rdquo;-, y sucesivas, de todos aquellos que desde los a&ntilde;os sesenta se enfrentaron u opusieron al franquismo. Tan exhaustos debieron de quedar por el esfuerzo que terminaron adoptando las mismas muecas y ret&oacute;ricas del poder. En fin, la elecci&oacute;n para la cubierta del libro de un detalle de un cuadro de Hannah H&ouml;ch me parece un acierto.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En trece cap&iacute;tulos sin numerar, y una coda final, el autor muestra la trayectoria de un grupo humano y de sus adl&aacute;teres, &ldquo;el zool&oacute;gico de la familia Bertomeu&rdquo;, compuesta por tres generaciones, padres hijos y nietos, aunque el protagonismo de estos &uacute;ltimos (Ernesto, Miriam o F&eacute;lix) sea epis&oacute;dico. As&iacute;, la novela est&aacute; protagonizada, en esencia, por los hermanos Rub&eacute;n y Mat&iacute;as, presente el primero y ausente el segundo; aqu&eacute;l se ha enriquecido como constructor, mientras &eacute;ste, un t&iacute;pico exrevolucionario, acababa convirti&eacute;ndose en un ecologista solitario. El autor se vale de un narrador omnisciente que va cediendo la voz a los personajes, mostr&aacute;ndonos, mediante el estilo indirecto libre, sus razones o sinrazones. Del contraste y la confrontaci&oacute;n de todas estas voces, debe valerse el lector para poder juzgar los acontecimientos e ideas que se pongan en juego. As&iacute;, el perspectivismo, la variedad de puntos de vista, la polifon&iacute;a de voces constituye el fundamento &uacute;ltimo de este relato, en el que cada cual se muestra y explica desde su propia psicolog&iacute;a, en absoluta libertad, como no pod&iacute;a ser menos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El t&iacute;tulo de la obra remite, en primera instancia, al holocausto, a la destrucci&oacute;n casi absoluta, arbitraria e interesada, a la carne chamuscada y, en contraposici&oacute;n, a lo que de purificador pueda tener el fuego. Se refiere tambi&eacute;n al destino &uacute;ltimo del cad&aacute;ver de Mat&iacute;as, as&iacute; como al del resto de los personajes: desde el constructor Rub&eacute;n, que debe acabar su existencia junto a la boba y se supone que maciza M&oacute;nica (una variante discreta de Irina, la joven puta rusa), &ldquo;el moscard&oacute;n atrapado por la planta carn&iacute;vora&rdquo;, quien cuando concluye la historia est&aacute; casi a punto de darle un descendiente var&oacute;n; hasta el joven Ernesto, el tiburoncito de la familia, que anda perdido entre USA y M&eacute;xico, cuando fallece su padre, Mat&iacute;as. El t&iacute;tulo alude, adem&aacute;s, a c&oacute;mo todos ellos han acabado <em>triturando</em> las ideas en las que alguna vez creyeron. La acci&oacute;n transcurre en un espacio inventado, Misent, lugar que, como Benalda, la monta&ntilde;a en la que habita Mat&iacute;as, podr&iacute;a localizarse en la costa levantina. Se ocupa la narraci&oacute;n de lo privado y lo p&uacute;blico; de lo sentimental y lo laboral, sin olvidarse nunca de la sociedad, y en una perspectiva no s&oacute;lo espa&ntilde;ola, sino tambi&eacute;n europea, e incluso mundial. As&iacute;, en el desenlace se afirma que la construcci&oacute;n es la mejor met&aacute;fora del capitalismo, y que la coca&iacute;na (Collado, los mafiosos rusos y la joven Miriam la consumen) la construcci&oacute;n y el capitalismo en su fase &uacute;ltima se hallan estrechamente unidos. La confrontaci&oacute;n de ideas que surgen en los monodi&aacute;logos de los diferentes protagonistas estallar&aacute; hasta tal punto que cada una de ellas se opondr&aacute; y reafirmar&aacute; en contraposici&oacute;n a las de los dem&aacute;s.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Resultan fundamentales los cap&iacute;tulos 1&ordm;, 5&ordm; y 13&ordm;, estrat&eacute;gicamente situados, en donde impera el punto de vista de Rub&eacute;n. En el primero, monodialoga con el hermano muerto y en el &uacute;ltimo, con su hija Silvia. El constructor es, sin duda, el personaje con m&aacute;s aristas, el m&aacute;s sugestivo y complejo; tambi&eacute;n el m&aacute;s coherente, el que muestra menos dobleces. De joven tuvo veleidades intelectuales, fundando con sus amigos Montoliu y Brouard un taller art&iacute;stico, so&ntilde;ando con aunar pintura, literatura y arquitectura, a la manera de la m&iacute;tica Bauhaus. Y, sin embargo, como ocurre en tantas otras ocasiones, de todas aquellas inquietudes apenas si qued&oacute; nada, pues Rub&eacute;n se enriqueci&oacute; pronto con la droga, blanqueando sus negocios en la construcci&oacute;n. En el quinto cap&iacute;tulo y en el decimotercero, las reflexiones y la confesi&oacute;n, l&uacute;cida y pat&eacute;tica, que Federico dedica a la vida y a la literatura (&ldquo;soy representante de una generaci&oacute;n sombr&iacute;a&rdquo;), son fundamentales; en una novela en la que Juan, partidario del realismo literario, escribe un libro entre biogr&aacute;fico y ensay&iacute;stico sobre Federico Brouard. Por lo dem&aacute;s, toda la narraci&oacute;n aparece trufada de referencias a la arquitectura, la pintura, la literatura y la m&uacute;sica como una manera de establecer y se&ntilde;alar el alma de un tiempo, los gustos y la educaci&oacute;n sentimental de una &eacute;poca.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En verdad, lo que resulta significativo no es s&oacute;lo que ponga en solfa unas conductas morales, sino tambi&eacute;n todo un discurso, una ret&oacute;rica, sea de derechas o de izquierdas, sostenida en un lenguaje manido. Es m&aacute;s, Chirbes no se centra en la cr&iacute;tica obvia al capitalismo salvaje, o en la m&aacute;s facilona a&uacute;n, al PP y sus adl&aacute;teres, sino que la emprende, sobre todo, con quienes hab&iacute;a compartido inquietudes y proyectos, sin duda porque le afecta, seguramente al esperar m&aacute;s de ellos. De este modo, Rub&eacute;n, el constructor enriquecido, quien en una visi&oacute;n simplista podr&iacute;a parecer el peor de todos, es el m&aacute;s coherente, si no el menos da&ntilde;ino, pues ni utiliza la doble moral, ni finge ser lo que no es, ni se vale del doble lenguaje que emplean los dem&aacute;s. En alguna ocasi&oacute;n se pone sentencioso, como si el autor se sirviera de &eacute;l para expresar su opini&oacute;n, de la misma forma que otras veces se vale de Federico. &nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No menos protagonismo alcanza el paso del tiempo, &ldquo;la rata que se lo come todo&rdquo;, como ocurre en numerosas novelas contempor&aacute;neas. No en vano, a lo largo de la narraci&oacute;n se repasan las edades del hombre: desde la madre de los Bertomeu, que anda por los 94 a&ntilde;os, hasta los j&oacute;venes bisnietos. En historias de este tipo, sin duda, no puede haber h&eacute;roes, s&oacute;lo villanos y bobos, y apenas ninguno se salva. Todos sufren, porque seg&uacute;n se recuerda en la novela, s&oacute;lo los malvados padecen, al ser los h&eacute;roes &ldquo;animalitos saludables&rdquo;. Chirbes los ha diseccionado sin que por ello le tiemble el pulso, sajando el alma y la carne de sus criaturas, para mostrarnos la podredumbre, el fracaso de una generaci&oacute;n, su corrupci&oacute;n e impostura, junto con la inoperancia de un discurso y de unas pr&aacute;cticas vitales que han inundado el pa&iacute;s de vanos valores, y eso por no hablar de la herencia que nos han ido dejando; unos descendientes, estos &ndash;en general- con escasas aspiraciones. Lo que viene contando Rafael Chirbes, en fin, es que tras liquidar aquellas viejas ideas, seguimos esperando que aparezcan otras nuevas con las que poder medirnos, pues s&oacute;lo los muy tontorrones creen que esos valores sean los que trajo consigo el pensamiento d&eacute;bil, la inocua posmodernidad, o las transformaciones electr&oacute;nicas de estas &uacute;ltimas d&eacute;cadas.</p>
<p>Como el resto de la literatura de Rafael Chirbes, <em>Crematorio</em> es un ejemplo m&aacute;s de que la ficci&oacute;n, la novela, cuando posee la complejidad necesaria, puede ayudarnos a comprender mejor el pasado cercano, nuestro confuso presente; el alma y el aliento de los tiempos que vivimos. Tambi&eacute;n nos permite observar mejor los hilos de la trama que compone el gran teatro del mundo, la distancia cada vez mayor entre las ideas y su puesta en pr&aacute;ctica (Andr&eacute;s Fern&aacute;ndez de Andrada, autor de la <em>Ep&iacute;stola moral a Fabio</em>, hab&iacute;a exaltado a aquel que &ldquo;iguala con la vida el pensamiento&rdquo;; mientras que Federico Brouard reconoce: &ldquo;hago en la vida lo que condeno en los libros&rdquo;), a comprender mejor la conducta de las personas, tal y como ense&ntilde;&oacute; Marx a todos los que quisieron aprenderlo y han optado por no olvidarlo.</p>
<p>El autor viene sometiendo a la sociedad espa&ntilde;ola a un proceso semejante al que los expresionistas, entre ellos Otto Dix (a quien se cita en la narraci&oacute;n), aplicaron a la alemana tras la primera guerra mundial. As&iacute;, despu&eacute;s de treinta a&ntilde;os de democracia, o desde la &uacute;ltima d&eacute;cada del franquismo, si nos situamos algo m&aacute;s atr&aacute;s, no hay lugar para tanta complacencia, ni esperanza, en una sociedad que ha transformado sus sue&ntilde;os de cambio en un empe&ntilde;o sistem&aacute;tico por destruirlo todo (ahora le toca el turno al paisaje), por sacarle partido econ&oacute;mico hasta al &uacute;ltimo palmo de terreno; una ciudadan&iacute;a que vive de la mera apariencia, de la gesticulaci&oacute;n, sin que se atisben por ahora indicios de cambio alguno. Si nos situamos en el plano de lo privado, el pensamiento de la novela podr&iacute;a resumirse en la siguiente sentencia: &ldquo;no hay vida que pueda vivirse de forma arm&oacute;nica&rdquo;. Rafael Chirbes ha acabado resultando uno de los m&aacute;s sagaces herederos de nuestra mejor tradici&oacute;n narrativa, la que proviene nada menos que de Gald&oacute;s, Valle-Incl&aacute;n, Baroja y Max Aub, como los cronistas que fueron del tiempo que les toc&oacute; vivir. Aunque quiz&aacute; de quien m&aacute;s cerca se sienta sea del l&uacute;cido Miguel Espinosa, quien en una fecha temprana denunci&oacute; la existencia burguesa cargada de apariencia y gesticulaci&oacute;n. En fin, no parece mala compa&ntilde;&iacute;a, aunque resulte algo ex&oacute;tica en contraste con tanto narrador espa&ntilde;ol pseudocosmopolita y<em> snob</em>. Lo que m&aacute;s aprecio en las novelas de Chirbes es c&oacute;mo ha logrado aunar pensamiento y estilo, sustancia y forma, en una prosa depurada, mediante una visi&oacute;n distinta y acerada.</p>
<p>En su &uacute;ltima novela, titulada <em>En la orilla</em> (2013), con la que ha vuelto a obtener el Premio de la Cr&iacute;tica, aborda la actual crisis, que no ha resultado s&oacute;lo econ&oacute;mica, sino tambi&eacute;n social y &eacute;tica. As&iacute;, muestra c&oacute;mo se fue gestando la debacle y de qu&eacute; forma ha ido afect&aacute;ndonos. La acci&oacute;n transcurre en Olba, un peque&ntilde;o pueblo cercano a Benidorm, durante el 2010. Sirvi&eacute;ndose de la primera y la tercera persona, el estilo indirecto libre y el mon&oacute;logo, adem&aacute;s de diversas voces que van tomando la palabra, nos ofrece un fresco variado y completo: un microcosmos representativo del conjunto del pa&iacute;s. A pesar de que la narraci&oacute;n tenga mucho de coral, el peso recae sobre Esteban, un hombre de 70 a&ntilde;os cuya ebanister&iacute;a y negocios inmobiliarios acaban de irse al garete, dejando en el paro a los trabajadores. La novela est&aacute; compuesta por las reflexiones del protagonista, si bien se presentan contrastadas por los puntos de vista de diversos allegados. Esteban rememora un pasado com&uacute;n para comprender la historia personal, familiar y social; los fantasmas que componen una existencia. Y no est&aacute; mal recordar aqu&iacute; que para el autor &ldquo;la Historia es pura carnicer&iacute;a&rdquo;. De igual modo, a lo largo de estas cavilaciones hacen su aparici&oacute;n las distintas edades del hombre, aunque se ocupe sobre todo de la muerte, de los numerosos contratiempos que acarrea la vejez, la degradaci&oacute;n del cuerpo (&ldquo;como los cuerpos, las ilusiones mueren y apestan&rdquo;), y del poder destructor del dinero, motivos todos ellos recurrentes en su obra. Por lo que se refiere al tratamiento del cuerpo, a su envejecimiento y podredumbre, &eacute;sta se nutre tambi&eacute;n de la pintura de Francis Bacon y Lucien Freud, como en su anterior producci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El protagonista, al igual que algunos personajes de Robert Musil o &Aacute;lvaro Pombo, es un hombre sin atributos ni sustancia, hasta el punto de que en un momento dado afirma: &ldquo;soy un esclavo en busca de amo&rdquo;. Ni quiso ser escultor de joven, ni ha sentido inter&eacute;s alguno, a diferencia de su padre, por el oficio de carpintero, s&oacute;lo quer&iacute;a vivir... Y en el terreno de los sentimientos, a pesar de que nunca ha llegado a sentir aprecio por su progenitor, a quien tacha de &ldquo;oscuro murci&eacute;lago&rdquo;, ambos han terminado compartiendo sus vidas, y &eacute;l cuid&aacute;ndolo. Ni siquiera tuvo fortuna con las mujeres, pues las m&aacute;s cercanas se alejaron de &eacute;l: ni con Leonor, que triunfa como cocinera Michel&iacute;n, tras casarse con Francisco, periodista y escritor, su mejor amigo, pero a quien no estima (en algunos aspectos, <em>alter ego</em> del autor); ni tampoco con Liliana, la criada colombiana que atiende a Esteban y a su padre, a la que despide porque ya no puede pagarle, y cuya voz, a veces zumbona, aporta los toques de humor m&aacute;s sobresalientes en la narraci&oacute;n. Pero, aunque no sea necesario buscarle antecedentes nobles, s&iacute; me gustar&iacute;a recordar que el lector avezado que es Chirbes reutiliza con sagacidad nuestra tradici&oacute;n literaria, haci&eacute;ndola suya, sobre todo el motivo calderoniano de la existencia como representaci&oacute;n teatral; y en el logrado desenlace, el tema del <em>ubi</em> <em>sunt</em>, remedando las coplas de Jorge Manrique.</p>
<p>Chirbes nos proporciona una visi&oacute;n cr&iacute;tica, pesimista, incluso corrosiva, pero tambi&eacute;n l&uacute;cida, de la condici&oacute;n humana, como antes lo hicieron Miguel Espinosa o Thomas Bernhard: de los perversos mecanismos que rigen el funcionamiento de la sociedad, del triunfo y del fracaso; y de las relaciones personales: de la lucha que mantenemos con la familia, los amigos y los subordinados. O de c&oacute;mo el mundo aparece gobernado por los pecados capitales: la avaricia, la ira, la lujuria y la gula sobre todo. Por todo lo cual podr&iacute;a emparentarse la narraci&oacute;n con la pintura de El Bosco o con algunas obras de Brecht y Kurt Weill. No sorprende, por tanto, que el texto aparezca salpimentado con frases entre lapidarias y sentenciosas, del tipo: &ldquo;La vida es sucia, el placer y el dolor sudan, excretan, huelen&rdquo;; &ldquo;no hay hombre que no sea un malcosido saco de porquer&iacute;a&rdquo;... Esta obra es una buena muestra de las infinitas y todav&iacute;a inexploradas posibilidades del realismo, aqu&iacute; una est&eacute;tica con ribetes expresionistas que echa mano de lo simb&oacute;lico cuando lo considera adecuado, tal y como ocurre en el tratamiento que se le da al pantano fangoso, pr&oacute;ximo a Olba. Adem&aacute;s, Chirbes, como casi todos los grandes escritores, cuestiona los usos espurios del idioma, la lucha entre &ldquo;el lenguaje ideol&oacute;gico que oculta y el enunciativo que desnuda&rdquo;. <em>En la orilla</em> es una gran novela que no deber&iacute;an dejar de leer quienes quieran entender mejor el terror&iacute;fico arranque del siglo XXI, un tiempo sin dioses, plagado de trepas y seres corruptos, en el que el capitalismo financiero, con la complicidad de los gobiernos conservadores y la pasividad de los socialdem&oacute;cratas, ha ido acabando con el estado de bienestar.&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a>. <em>Cf</em>. Rafael Chirbes, &ldquo;El disfraz de las mentiras&rdquo;, <em>El Sol</em>, 13 de marzo de 1992.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a>. En &ldquo;La joven guardia&rdquo;, himno franc&eacute;s de las juventudes comunistas, de 1910, adoptado por sus camaradas espa&ntilde;oles, se alude tambi&eacute;n a la <em>lucha final</em>.&nbsp;&nbsp; &nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a>. En la primera parte de <em>La ca&iacute;da de Madrid</em>, en el noveno cap&iacute;tulo, Chirbes, por medio de un personaje llamado Taboada, un abogado demagogo que cambia de chaqueta a lo largo de la narraci&oacute;n, se refiere a este cuadro de Genov&eacute;s en una conversaci&oacute;n que mantiene con el obrero Lucio, con quien comparte c&eacute;lula: &ldquo;T&uacute; y los de tu clase hab&eacute;is trabajado para que yo tenga un pasado. Con el tiempo ser&eacute;is un ej&eacute;rcito de hormigas sobre la superficie de la luna. &iquest;Has visto esos cuadros de tu excamarada Genov&eacute;s [Lucio ha abandonado el PCE para alistarse en un grupo denominado Vanguardia Revolucionaria]? &iquest;Esas multitudes que son s&oacute;lo puntos negros que parece que corren en determinada direcci&oacute;n o que se dispersan? Sois vosotros. Vosotros, esa desbandada de silenciosos microbios vistos desde una lente. Nosotros contaremos de qu&eacute; escapabais y hacia d&oacute;nde corr&iacute;ais&rdquo; (p. 155). Lo que Chirbes muestra es que en la actividad clandestina revolucionaria unos hablan y otros act&uacute;an, y mientras que &eacute;stos arriesgan su vida, los primeros teorizan y consiguen que los obreros acaben desempe&ntilde;ando en la historia el papel que los intelectuales han decidido atribuirles.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a>. <em>Vid</em>. &ldquo;&iexcl;Sombras..., nada m&aacute;s! Primera lectura de <em>Los viejos amigos</em> y <em>Crematorio</em>, de Rafael Chirbes&rdquo;, en Augusta L&oacute;pez Bernasocchi y Jos&eacute; Manuel L&oacute;pez de Abiada, eds., <em>La constancia de un testigo. Ensayos sobre Rafael Chirbes</em>, Verbum, Madrid, 2011, pp. 478-488; y &ldquo;Podredumbre&rdquo;, <em>El Pa&iacute;s. Babelia</em>, 2 de marzo del 2013. &nbsp;Rese&ntilde;a de <em>En la orilla</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Thu, 27 Nov 2014 07:09:45 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Javier Gomá: "Las sociedades democráticas están necesitadas hoy de un ideal que suscite entusiasmo"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/javier-goma-las-sociedades-democraticas-estan-necesitadas-hoy-de-un-ideal-que-suscite-entusiasmo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/JAVIER_GOMAquiniestos.jpg" alt="" /></p>
<p class="normal">En uno de los microensayos que componen <em>Raz&oacute;n: porter&iacute;a</em>, una de sus m&aacute;s recientes publicaciones y una id&oacute;nea puerta de entrada&nbsp; para acceder a las claves de su obra, Javier Gom&aacute; Lanz&oacute;n (Bilbao, 1965) escribe de los distintos estadios de la vida y dice que en cada uno de ellos &ldquo;el hombre ha de buscar no tanto la enf&aacute;tica felicidad sino, con m&aacute;s llaneza, ese momento propicio que los griegos llamaron 'kairos' y que podr&iacute;a traducirse libremente como su 'enhorabuena'&rdquo;. Escribe el fil&oacute;sofo de la conveniencia de que el ni&ntilde;o, el joven, el adulto y el anciano disfruten de su etapa concreta, desarrollando sus potencialidades y plenitudes, hasta llegar, si se tiene la fortuna, al final del recorrido, &ldquo;como los antiguos patriarcas, colmado de a&ntilde;os, tras completar exitosamente el ciclo vital y sin grandes deudas con la vida&rdquo;.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">Tras leer esta esclarecedora pieza, que celebra la vida y reivindica el placer de saber envejecer, es imposible no preguntarse hasta qu&eacute; punto el autor simboliza ese caminar consciente hacia adelante, cumpliendo con las obligaciones y llevando a cabo los deseos y vocaciones con una alegr&iacute;a equilibrada. Afable, reflexivo, dado a cuestionarse muchas verdades aceptadas, a sopesar sus palabras y acciones, Gom&aacute; da la impresi&oacute;n de haber trazado un mapa personal y de tener muy clara la ruta a seguir, siempre mirando a su prop&oacute;sito de frente, seguro de los objetivos, sabedor de que mejor no perderse en meandros y carreteras secundarias.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">De esa manera, nada le ha impedido ir levantando una obra s&oacute;lida cuyas ramas brotan de un tronco robusto, el de la ejemplaridad como punto de partida y como constante tema de reflexi&oacute;n. Ah&iacute; est&aacute; su tetralog&iacute;a: <em>Imitaci&oacute;n y experiencia</em>, <em>Aquiles en el gineceo</em>, <em>Ejemplaridad p&uacute;blica</em> y <em>Necesario pero imposible</em>, libros que pr&oacute;ximamente la editorial Taurus publicar&aacute; juntos, en una caja que dar&aacute; idea de la unidad del proyecto filos&oacute;fico, y que coincidir&aacute; en las librer&iacute;as con otros trabajos. As&iacute; un volumen que re&uacute;ne sus textos sobre fundaciones: <em>Carta a las fundaciones espa&ntilde;olas y otros ensayos del mismo estilo</em> (Pre-Textos) y <em>Breve historia de la cultura occidental</em> (Taurus). A Gom&aacute; no le faltan proyectos ni habilidad para sacar partido a su tiempo. Ya acaricia la idea de ponerse a escribir muy pronto otro ensayo corto, casi un panfleto, para el que tiene decidido el t&iacute;tulo: <em>Visi&oacute;n, cultura y coraz&oacute;n educado. Lecciones de la crisis</em>. Y adelanta que todo esto, en realidad, &ldquo;es una transici&oacute;n para una nueva etapa&rdquo; en su producci&oacute;n literaria, una etapa &ldquo;cuyos contornos&rdquo;, seg&uacute;n dice, &ldquo;se van perfilando poco a poco, sin excluir una idea que quiz&aacute; alg&uacute;n d&iacute;a lleve a cabo: escribir textos filos&oacute;ficos para la escena&rdquo;.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">Todo un plan de trabajo para los pr&oacute;ximos dos a&ntilde;os. Pasos medidos de un trayecto firme, el de este hombre que compagina el ejercicio solitario, reconcentrado, del pensador, con las dotes organizativas y de gesti&oacute;n necesarias para llevar el tim&oacute;n de un centro cultural como es la Fundaci&oacute;n Juan March, cuyo destino dirige desde 2003. En &eacute;l parece haber un talante pr&aacute;ctico y a la vez so&ntilde;ador, una mirada sagaz y observadora a los detalles de lo cotidiano, del d&iacute;a a d&iacute;a, que se mezcla con una indagaci&oacute;n en lo sublime, lo trascendente, lo inaprehensible de la existencia. Todo esto se va dibujando a medida que avanza la conversaci&oacute;n. Una conversaci&oacute;n detenida, en la que hablamos ampliamente de las renuncias y los horizontes de la filosof&iacute;a, pero tambi&eacute;n del presente con sus luces y sus sombras, y, por supuesto, del gran tema: la vida.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">Para entender la visi&oacute;n filos&oacute;fica de Javier Gom&aacute; hay que ir al momento en que se fragu&oacute;, al trazado de una ruta intelectual que surgi&oacute; en la adolescencia, una &eacute;poca que tan bien comprende y analiza en su <em>Aquiles en el gineceo</em>. &Eacute;l mismo lo explica de la siguiente manera: &ldquo;Yo me considero una persona de vocaci&oacute;n literaria muy intensa e incluso muy tir&aacute;nica. A partir de los 15, 16 a&ntilde;os, tuve una visi&oacute;n, m&aacute;s bien una pasi&oacute;n, que me condujo hacia un conjunto de temas que ten&iacute;an una conexi&oacute;n sistem&aacute;tica unos con otros y que part&iacute;an de la ejemplaridad como concepto principal. Al principio quer&iacute;a contarlo todo de una sola vez, pero no acababa de encontrar la manera. Cuando acept&eacute; que iba a escribir un primer libro en el que s&oacute;lo dir&iacute;a unas cuantas cosas, y que a ese habr&iacute;an de sucederle otros que fuesen dando vueltas al tema central desde diferentes perspectivas, fue cuando el proyecto adquiri&oacute; sentido&rdquo;.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">-- &iquest;Fuiste un lector muy temprano? &iquest;Por qu&eacute; la inclinaci&oacute;n posterior por la filosof&iacute;a, no por la ficci&oacute;n?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Mi vocaci&oacute;n, muy temprana, fue literaria, esa emoci&oacute;n po&eacute;tica hacia determinadas ideas, esa inclinaci&oacute;n de todo tu ser hacia un nudo de relaciones y de intuiciones vagamente presentidas. Se trataba de dar expresi&oacute;n, fijeza y permanencia a esa visi&oacute;n. Si la celebras, eres poeta; si la defines, eres fil&oacute;sofo. Mi primera reacci&oacute;n fue po&eacute;tica: escrib&iacute; poes&iacute;a, cuentos, novelas, literatura del yo. Pero me di cuenta que el asunto permanec&iacute;a all&iacute;, intocado, incitante. Y entonces vino el trabajo en el concepto, la filosof&iacute;a. Y all&iacute; hice mi morada.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">-&nbsp; &iquest;De ni&ntilde;o ya eras muy observador? &iquest;C&oacute;mo te recuerdas?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Soy observador en el sentido de que me fijo en la gente y en las cosas, pero desgraciadamente tengo muy mala memoria para los aspectos concretos de la realidad. Algo dentro de m&iacute; salta casi al instante de lo particular a lo general. Muchas veces me desespero cuando debo contar una an&eacute;cdota porque retengo con exactitud la idea que deseo transmitir, desprendida de todos esos detalles que la hacen sabrosa para el oyente. De todos modos, si a veces alg&uacute;n detalle se me queda, es porque conserva para m&iacute; un alt&iacute;simo poder significativo. Y entonces lo uso para alg&uacute;n ensayo. O en una ocasi&oacute;n para un libro entero: <em>Aquiles en el gineceo</em> contiene una meditaci&oacute;n sobre el &ldquo;caso&rdquo; singular del Aquiles adolescente y su paso a la madurez (del estadio est&eacute;tico al &eacute;tico).</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>La falta de ejemplaridad</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Si de algo estamos faltos hoy es de ejemplaridad. Curiosamente esa visi&oacute;n adolescente de la que hablas se anticip&oacute; a la necesidad de poner en la conversaci&oacute;n, en el d&iacute;a a d&iacute;a, una palabra necesaria, con todas sus lecturas y consecuencias.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">-&nbsp; S&iacute;. El concepto de ejemplaridad es, a mi juicio, un concepto conveniente, oportuno y necesario para nuestra &eacute;poca. Se trata de un concepto explicativo, pero la presentaci&oacute;n que hago del mismo en mis cuatro libros es una presentaci&oacute;n sistem&aacute;tica y abstracta. De hecho, incluso algunas veces, se me ha reprochado, amistosamente, que siendo un fil&oacute;sofo del ejemplo y de la ejemplaridad ponga pocos ejemplos, a lo que siempre contesto que una de las partes del conjunto, <em>Aquiles</em>, es justamente, toda ella, una especie de ejemplo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Sin embargo, los microensayos contenidos en libros como <em>Todo a mil</em> y <em>Raz&oacute;n: porter&iacute;a</em>, demuestran una gran capacidad para la percepci&oacute;n de lo cotidiano. Hay mucha experiencia y acercamiento a las cuestiones del d&iacute;a a d&iacute;a, que son vistas muchas veces incluso con iron&iacute;a y humor. El lector siente que se le est&aacute; hablando de asuntos cercanos, propios.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">-&nbsp; Esas entregas son el resultado de mis colaboraciones en prensa, algo que no me sent&iacute; capaz de acometer mientras mis fuerzas estaban completamente absorbidas en ese esfuerzo principal de elaboraci&oacute;n de los cuatro libros. No fue hasta que publiqu&eacute; el tercero, <em>Ejemplaridad p&uacute;blica</em>, con la idea ya muy madura en mi cabeza del cuarto, cuando pude tomar una cierta distancia del proyecto general y decid&iacute; que era un buen momento para aceptar colaborar en un suplemento cultural, en este caso &ldquo;Babelia&rdquo; (<em>El Pa&iacute;s</em>). Ya pod&iacute;a objetivar lo que hab&iacute;a hecho, ofrecer nuevos tonos, nuevas modulaciones. Ya pod&iacute;a hablar de los temas de mis libros sin el esfuerzo de clarificaci&oacute;n, de sistematizaci&oacute;n, de abstracci&oacute;n. Ten&iacute;a la oportunidad de hacer justamente eso de lo que me hablas: introducir la an&eacute;cdota, la vida cotidiana, el amor, el humor, la iron&iacute;a, incluso la autoiron&iacute;a, cosas que s&oacute;lo puedes hacer cuando el trabajo principal ya est&aacute; maduro. Incluso en otro de mis libros recopilatorios, <em>Ingenuidad aprendida</em>, elabor&eacute; el concepto de filosof&iacute;a mundana. Mi pretensi&oacute;n es que todo lo que hago pueda llegar a cualquier persona culta, pero es verdad que los libros de la tetralog&iacute;a exigen un mayor esfuerzo de atenci&oacute;n, mientras que, en cambio, en las mil palabras de los microensayos, se puede introducir al lector en los temas concretos, no en un sentido de divulgaci&oacute;n f&aacute;cil, de vulgarizaci&oacute;n de las ideas, porque yo me tomo al lector filos&oacute;ficamente muy en serio. Lo que persigo es llevarlo a temas tan importantes como&nbsp; la amistad, el amor, el humor, Europa, la relativizaci&oacute;n de las cosas o la importancia de la fortuna, de una manera que resulte amable y seductora.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- En cualquier caso, el estilo, tanto en los art&iacute;culos como en los ensayos mayores, es muy di&aacute;fano, clarificador.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Creo que la filosof&iacute;a, si realmente lo es, debe apartarse del lenguaje cr&iacute;ptico, herm&eacute;tico, cabal&iacute;stico. Esa es la aut&eacute;ntica filosof&iacute;a, la que ha llegado hasta nosotros desde Plat&oacute;n y S&oacute;crates. S&oacute;crates era un se&ntilde;or que paseaba por las calles, hablaba con el esclavo de Men&oacute;n y &eacute;ste le entend&iacute;a perfectamente. &iquest;En qu&eacute; momento la filosof&iacute;a se convirti&oacute; en una disciplina herm&eacute;tica? Casi seguro en el momento en el que la universidad se apropi&oacute; de ella.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Tuvo algo que ver el protagonismo de la ciencia y la pretensi&oacute;n de la filosof&iacute;a de emularla, de convertirse en una disciplina cient&iacute;fica?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Es exactamente as&iacute;. Se pens&oacute; que la filosof&iacute;a se pod&iacute;a codificar y convertir en una especie de ciencia cuando en realidad es todo lo contrario. La ciencia estudia una regi&oacute;n del ser, mientras que&nbsp; la filosof&iacute;a, si verdaderamente es filosof&iacute;a, tiene que ser una propuesta del todo. En la ciencia unos se ocupan de la qu&iacute;mica y otros de la f&iacute;sica o de la biolog&iacute;a. Y dentro de cada una de esas &aacute;reas hay diferentes subapartados, hasta el punto de que, con mucha frecuencia, el especialista en una materia concreta no entiende lo que dice el especialista en otra, tan sofisticado y complejo es el lenguaje que se usa. Las ciencias para avanzar tienen que especializarse y entonces me pregunto: &iquest;si todo el mundo se especializa qui&eacute;n se ocupa del cuadro entero?. Ah&iacute; entra la filosof&iacute;a, que, por otro lado, se preocupa no b&aacute;sicamente de c&oacute;mo son las cosas sino de c&oacute;mo deben ser: c&oacute;mo debe ser el hombre, la sociedad, el arte... Dicho de otra manera: la ciencia trata b&aacute;sicamente de c&oacute;mo es la naturaleza, porque en la naturaleza existen regularidades; la ley de la gravedad, la ley que mide el comportamiento de los &aacute;tomos o de los astros, mientras que la filosof&iacute;a se ocupa de algo que no se repite nunca, del hombre. No atiende a las regularidades sino a aspectos &uacute;nicos. Y hay un &uacute;ltima caracter&iacute;stica, muy importante: la ciencia se debe verificar emp&iacute;ricamente en laboratorios, entra en el territorio de lo posible, mientras que la filosof&iacute;a por esencia no es verificable. Nunca se ha verificado a Plat&oacute;n, ni a Arist&oacute;teles, ni a Kant, ni a Hegel, ni a Nietzsche...</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Por mucha investigaci&oacute;n que hagamos del cerebro, el futuro no est&aacute; escrito&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Esa etapa de aproximaci&oacute;n de la filosof&iacute;a a la ciencia se est&aacute; superando o todav&iacute;a estamos ah&iacute;?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Pues en un plano superficial, que casi llamar&iacute;amos period&iacute;stico, mucha gente sigue impresionada y todav&iacute;a parece tener expectativas sobre las consecuencias filos&oacute;ficas de algunos avances cient&iacute;ficos. Hoy est&aacute; de moda todo lo que lleva el prefijo &ldquo;neuro&rdquo;: la neurociencia, el neuromarketing, la neuropsicolog&iacute;a, la neuro&eacute;tica... Es como si de la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica del cerebro pudi&eacute;ramos extraer consecuencias para la &eacute;tica, para la libertad, incluso para la est&eacute;tica o para la pol&iacute;tica. Es evidente que la inmensa mayor&iacute;a de los avances que se est&aacute;n haciendo y que tienen que ver con el cerebro, son interesantes y muy clarificadores. Es evidente que a veces pueden tener consecuencias -ojal&aacute; cada vez m&aacute;s-&nbsp; desde el punto de vista m&eacute;dico y terap&eacute;utico, pero, en lo que respecta a la filosof&iacute;a, las conclusiones son perogrulladas. Nos pueden demostrar, a trav&eacute;s de enormes experimentos en las instituciones m&aacute;s prestigiosas, que el hombre est&aacute; condicionado por el cerebro, por la formaci&oacute;n qu&iacute;mica del cerebro, y, efectivamente, as&iacute; es. Ya sab&iacute;amos que toda manifestaci&oacute;n humana tiene un condicionamiento som&aacute;tico, y por tanto gen&eacute;tico, pero tambi&eacute;n entran en juego las circunstancias ambientales, sociales, familiares. &iquest;Nos pueden decir que todo est&aacute; determinado por la formaci&oacute;n qu&iacute;mica? &iquest;Si hubi&eacute;ramos tenido los instrumentos cient&iacute;ficos necesarios hubi&eacute;ramos podido predecir, antes de que naciera, todas las &oacute;peras de Mozart, por ejemplo, o hay un elemento imprevisible, misterioso, que tiene que ver con los fondos de la naturaleza humana, con su creatividad, que convierten en algo imprevisible el curso de la Historia, el curso de las vidas de los individuos y que por consiguiente nunca va a explicar la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica del cerebro? Vamos a tener que admitir que, por mucha investigaci&oacute;n que hagamos del cerebro, el futuro no est&aacute; escrito y, sobre todo, en el &aacute;mbito art&iacute;stico, literario.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- No hay f&oacute;rmulas ni leyes para predecir de qu&eacute; modo y manera se despliega la sensibilidad creativa. &iquest;Se puede decir as&iacute;?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">-&nbsp; Por supuesto. La ciencia no puede entrar en terrenos que no son suyos. A m&iacute; alguien lleg&oacute; a decirme, por ejemplo, que en Harvard hab&iacute;an demostrado que no existe el alma. Pero, &iquest;c&oacute;mo en Harvard van a demostrar cient&iacute;ficamente algo que por su propia naturaleza no es susceptible de verificaci&oacute;n? El fil&oacute;sofo debe estar informado de los avances de la ciencia, pero no esperando el &uacute;ltimo art&iacute;culo del <em>Harvard review</em>, como si de ese art&iacute;culo fuera a depender nuestra teor&iacute;a del hombre, de la belleza, del arte, de la libertad o de la poes&iacute;a, porque son &aacute;mbitos distintos. Pero, ya lejos de la expectaci&oacute;n social, de la divulgaci&oacute;n de la ciencia, dejando de lado esos t&iacute;tulos a veces espectaculares que se ponen a libros en los que parece que nos van a decir el &uacute;ltimo hito sobre la naturaleza humana; en ese &aacute;mbito subterr&aacute;neo y profundo de la historia de las ideas, el positivismo est&aacute; absolutamente superado. De hecho, el siglo positivista por antonomasia fue el siglo XIX, mientras que todas las corrientes de la filosof&iacute;a influyentes en el siglo XX han partido del presupuesto del antipositivismo. Ah&iacute; est&aacute; la hermen&eacute;utica y la deconstrucci&oacute;n, por ejemplo, para demostrarnos que lo que puede percibirse, no es neutro, sino que depende de la cultura, de la ideolog&iacute;a, de la posici&oacute;n social, del lenguaje...</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Por qu&eacute; da la impresi&oacute;n de que la filosof&iacute;a no se renueva, de que sigue dando vueltas a las mismas ideas una y otra vez y sigue pregunt&aacute;ndose por lo que ya se preguntaron los fil&oacute;sofos cl&aacute;sicos? Hay un momento en &ldquo;Raz&oacute;n: porter&iacute;a&rdquo; en el que se dice que la filosof&iacute;a no avanza, no ofrece nada novedoso, simplemente se dedica a reinterpretar.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Esta cita est&aacute; incluida en el ensayo titulado &ldquo;La deserci&oacute;n del ideal. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; hoy la Gran Filosof&iacute;a?&rdquo; Ah&iacute; llamo la atenci&oacute;n sobre el hecho de que en los &uacute;ltimos&nbsp; 30 o 40 a&ntilde;os en Occidente no se ha producido gran filosof&iacute;a. Ah&iacute; planteo que para m&iacute; la filosof&iacute;a es la propuesta de un ideal, es decir, una visi&oacute;n omnicomprensiva de un deber ser, de lo que tiene que ser el hombre y la sociedad, y sostengo que, en ausencia de ese ideal, por razones que explico, vivimos una cierta &eacute;poca del cinismo, del descreimiento, del post ideal o post utop&iacute;a. Hay una sospecha respecto a todo ese tipo de planteamientos y la filosof&iacute;a, hu&eacute;rfana del ideal, se ha aplicado a otros menesteres: filosof&iacute;a como mera detecci&oacute;n de tendencias; filosof&iacute;a de &eacute;tica aplicada a la empresa; filosof&iacute;a simplemente profesoral; filosof&iacute;a de la divulgaci&oacute;n, en las lindes de la autoayuda; filosof&iacute;a que insiste en la cr&iacute;tica de la modernidad una y otra vez, etc&eacute;tera.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Si algo est&aacute; claro en la tetralog&iacute;a de la ejemplaridad, desde un primer momento, es la fijaci&oacute;n de un ideal.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Pero eso no quiere decir que yo considere a mi trabajo gran filosof&iacute;a. Para nada pretendo inscribirme en esa categor&iacute;a, pero s&iacute; admito que, de alg&uacute;n modo, necesitaba explicarme qu&eacute; encaje ten&iacute;a una filosof&iacute;a como la m&iacute;a en un contexto en el que parec&iacute;a que se hab&iacute;a renunciado a un ideal omnicomprensivo. Y luego, insisto, est&aacute; el hecho de que la filosof&iacute;a durante los tres &uacute;ltimos siglos ha tenido algo de filosof&iacute;a de la sospecha. Si lo tuviera que resumir brevemente lo dir&iacute;a m&aacute;s o menos as&iacute;: durante siglos, incluso milenios, la cultura era algo que nos dignificaba, pero, de pronto, determinados pensadores nos convencieron de que, lejos de eso, era la trampa de determinadas ideolog&iacute;as. Marx nos llev&oacute; a pensar que la cultura en la que cre&iacute;amos vivir c&oacute;modamente y que nos convert&iacute;a en seres civilizados, en realidad escond&iacute;a los intereses ocultos de una clase dominante sobre una clase explotada. Nietzsche sostuvo que en realidad esa cultura era el subterfugio utilizado por los vitalmente d&eacute;biles para encadenar a los vitalmente fuertes y Freud que la cultura estaba hecha para reprimir nuestros deseos primarios. Durante un periodo de tiempo, que abarc&oacute; los siglos XVIII, XIX y XX, la cultura, y dentro de la cultura, la filosof&iacute;a, fue muy valiosa como un instrumento eficaz en la lucha de la liberaci&oacute;n del individuo frente a determinados opresores tradicionales, como instrumento de lucidez para detectar los distintos modos de dominaci&oacute;n. A mi juicio esa lucha de la filosof&iacute;a es una lucha que ya ha dado todos sus resultados; tal es as&iacute; que a veces ya se ha convertido en excesiva. Nos hacen tan l&uacute;cidos que ya pr&aacute;cticamente hemos perdido la ingenuidad sobre que la cultura tambi&eacute;n puede tener un elemento civilizador, dignificador, por mucho que sea un producto social, por mucho que est&eacute; mezclada con intereses de dominio. Creo que ya toca que valoremos el elemento elevador, creador, de la cultura.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Hay que reivindicar el papel de la cultura como generadora de conciencias y de integraci&oacute;n social&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- La cultura como generadora de conciencias es una idea que est&aacute; cobrando mucho peso en el presente. De hecho, si algo est&aacute; claro hoy es que las sociedades cultas son mucho m&aacute;s peligrosas para los poderes que valoran, por encima de todo, la sumisi&oacute;n de los pueblos.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Exactamente, hay que reivindicar el papel de la cultura como generadora de conciencias y de integraci&oacute;n social. Volviendo a lo anterior, creo que los rendimientos que esa filosof&iacute;a de la sospecha ha producido, desde la perspectiva de la liberaci&oacute;n individual durante tres siglos, hoy nos est&aacute; impidiendo dar el paso siguiente. Ahora que ya nos hemos liberado de muchas opresiones tendremos que empezar a construir algo y para construir ese algo a lo mejor tendremos que ser un poco menos l&uacute;cidos y ganar un poco m&aacute;s de ingenuidad. A lo mejor tendremos que ser menos c&iacute;nicos y tener una mayor capacidad de entusiasmo. A a lo mejor tendremos que renunciar a una hiperconciencia y liberar fuerzas creativas. Yo no critico, porque ha dado grandes frutos, esa filosof&iacute;a, que ya se ha convertido en mera historia del pensamiento y que ha tratado de desmontar, de deconstruir, de desenmascarar, todos los intereses negativos y opresivos, pero s&iacute; digo que, a lo mejor, esa filosof&iacute;a ya ha dado todo lo que ten&iacute;a que dar y que ahora mismo estamos en una fase en la que la sociedad sigue teniendo una serie de problemas. Y habr&aacute; que empezar a pensarlos, incluso a sentirlos de una manera diferente. El paradigma anterior ya no nos sirve.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Hablamos de volver a creer en las utop&iacute;as?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Bueno, s&iacute;, pero si partimos del hecho de que cada fil&oacute;sofo es due&ntilde;o de su lenguaje y cada uno elige sus palabras, yo en vez de utilizar el t&eacute;rmino utop&iacute;a prefiero el de ideal. La palabra utop&iacute;a tiene algo de despersonalizaci&oacute;n. Al remitirnos a ella parece que estamos hablando siempre de una especie de rep&uacute;blica perfecta y, por otro lado, la utop&iacute;a ha tenido un uso que ha fomentado los totalitarismos. Por todo ello es un concepto que dejo en penumbra, sin criticarlo, mientras me decanto por el de ideal, que encaja m&aacute;s con la direcci&oacute;n del trayecto que debe seguir el hombre o la mujer.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Entonces, &iquest;en qu&eacute; momento est&aacute; ahora la filosof&iacute;a, en un momento en el que debe empezar a generar nuevos asuntos de discusi&oacute;n?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Los fil&oacute;sofos modernos vuelven a los cl&aacute;sicos, pero muchas veces con efecto deconstructivo, para demostrar que Plat&oacute;n, Arist&oacute;teles o Kant, escond&iacute;an en realidad un af&aacute;n de dominio. Pero lo que hay que hacer es deconstruirlos para hacerlos m&aacute;s libres y para hallar el propio camino. No estoy de acuerdo con eso, que se dice tantas veces, de que la filosof&iacute;a no es la disciplina de las respuestas sino la disciplina de las preguntas. Para nada. Tiene que haber respuestas. Otra cosa es que, a lo mejor, esas respuestas no son unas respuestas eternas, para siempre, que valgan para todos los hombres y para todas las &eacute;pocas. &iquest;Qu&eacute; opina usted del sentido de la vida? &iquest;Qu&eacute; opina usted del amor? &iquest;Qu&eacute; opina de la muerte, de la felicidad, de la suerte, del Estado, de Europa, de la melancol&iacute;a..? Usted, fil&oacute;sofo, me tiene que decir qu&eacute; opina. No me cuente que se trata s&oacute;lo de plantear las eternas preguntas sobre la vida. No me indique el camino de Plat&oacute;n nuevamente. De ese modo estamos convirtiendo la filosof&iacute;a en historia de la filosof&iacute;a. Yo creo que un fil&oacute;sofo tiene que ser absolutamente descarado y tiene que tener una desenvoltura y un desenfado casi impertinentes.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Puedes desarrollar esta idea un poco m&aacute;s?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">-&nbsp; Con esto quiero decir que a m&iacute;, en el fondo, me importa un bledo lo que digan Plat&oacute;n y Arist&oacute;teles, Kant o Nietzsche. Toda la historia de la filosof&iacute;a, y en realidad toda la historia de la cultura, me sirven en la medida, y s&oacute;lo en la medida, en que me permitan ver mejor mi vida y mi mundo, y si no me sirven los mando a todos al trastero, porque la historia del pensamiento no me interesa, o mejor dicho, me interesa en la medida en que me ayuda a tener una conciencia hist&oacute;rica, a conocer y aprovechar lo que otros han dicho, esas ideas sobre las que hay un consenso de muchos siglos. No podemos rechazar todos esos pensamientos fecundos, interesantes, iluminadores, pero a partir de ah&iacute; yo quiero saber hoy qu&eacute; es el amor, qu&eacute; es la amistad, qu&eacute; es el sentido de la vida, qu&eacute; es la felicidad o qu&eacute; es la muerte. Quiero saberlo, sentirlo y definirlo ahora y s&oacute;lo para eso me vuelvo a la historia de la filosof&iacute;a. Voy ah&iacute; como quien se va a una caja de herramientas a escoger cu&aacute;l es la herramienta que m&aacute;s le conviene, si es que le conviene alguna, como quien tiene que preparar una cena para los amigos y se va al supermercado y escoge los ingredientes adecuados de cada una de las secciones para hacer una comida exquisita. Pero lo importante es la comida, el arreglo. Ese es el desenfado al que me refiero. Lo verdaderamente importante son las respuestas que hoy soy capaz de dar a una serie de problemas que la vida me plantea.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Una de las cosas que est&aacute; pendiente es proponer, a esta sociedad en la que vivimos, un nuevo ideal&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Puede la filosof&iacute;a del presente ofrecer respuestas para afrontar el momento de desesperanza que atravesamos y que, indudablemente, tiene que ver con la crisis econ&oacute;mica, pero, sobre todo, con una profunda crisis de valores?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Creo que una de las cosas que est&aacute; pendiente es proponer a esta sociedad en la que vivimos, a esta etapa democr&aacute;tica de la historia de la cultura, que tiene unos tintes tan caracter&iacute;sticos, un nuevo ideal, un ideal que sea acorde y contempor&aacute;neo a su devenir. No se trata de ir hacia un ideal medieval ni arqueol&oacute;gico, sino precisamente de ofrecer uno que posea una de las caracter&iacute;sticas fundamentales del ideal: tener la capacidad de suscitar entusiasmo. Todas las &eacute;pocas de la cultura han propuesto un ideal a su sociedad, que ha sido capaz de entusiasmar a sus gentes y que tiene dos grandes consecuencias: por un lado, promover el progreso moral de esa sociedad en la direcci&oacute;n de ese ideal, ideal que nunca se cumple exactamente, pero que es como una especie de se&ntilde;uelo que seduce y que moviliza las fuerzas en una direcci&oacute;n, y en segundo lugar, ofrecer la perspectiva del ideal, porque s&oacute;lo desde ah&iacute;, a trav&eacute;s de la comparaci&oacute;n, midiendo la distancia con lo que queremos alcanzar, podemos criticar el presente. Uno de los problemas que nosotros tenemos en nuestra &eacute;poca es que damos a entender que el precio por ser libres y por ser inteligentes en una sociedad democr&aacute;tica es la renuncia al ideal o dicho de otra manera: solamente se puede ser democr&aacute;tico si eres al mismo tiempo una persona resignada. Por tanto, el entusiasmo es imposible, el progreso es imposible y la cr&iacute;tica fundada al presente es imposible. Esto no lo van a hacer las ciencias, no lo va a hacer la pol&iacute;tica, el periodismo o las empresas. Es una labor de los que se dedican a pensar y son responsables a la hora de proponer un ideal que sea verdaderamente contempor&aacute;neo y capaz de se&ntilde;alar una direcci&oacute;n y de movilizar las fuerzas del entusiasmo presentes. Por ah&iacute; es por donde debe ir la filosof&iacute;a, pero lo cierto es que a veces encuentro m&aacute;s contemporaneidad en una funci&oacute;n de danza, en una pel&iacute;cula, en una obra de teatro, que en la filosof&iacute;a contempor&aacute;nea, que, a mi juicio, en gran parte, est&aacute; todav&iacute;a anclada en unos paradigmas ya superados y que a&uacute;n no tiene nada importante que decir a nuestra &eacute;poca.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Hay un momento en &ldquo;<em>Raz&oacute;n: porter&iacute;a</em>&rdquo; en el que dices que hoy viajamos a lugares remotos del planeta, pero que el viaje que ahora tenemos que realizar, el viaje verdaderamente importante, es el viaje interior, el viaje hacia las profundidades de la propia intimidad. &iquest;D&oacute;nde compramos los billetes para emprender ese viaje?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Me viene bien la manera en que has formulado la pregunta, porque quiz&aacute;s lo que tenemos que hacer es dejar de comprar mercanc&iacute;as. Yo soy un escritor, un fil&oacute;sofo, un ensayista, anti puritano. Muchas veces se nota que me hacen preguntas buscando mi complicidad para criticar a los pol&iacute;ticos o a los empresarios, por ejemplo. Pero a m&iacute; que la pol&iacute;tica sea pol&iacute;tica no me impresiona y que el capitalismo sea capitalista tampoco. Que en la pol&iacute;tica se pretenda acceder al poder por todos los medios l&iacute;citos me parece que es la ley de la pol&iacute;tica y que el capitalismo pretenda convertirlo todo en mercanc&iacute;a me parece que es la ley del capitalismo. Lo que sucede es que ni yo quiero convertirme en s&uacute;bdito de los pol&iacute;ticos ni en consumidor del capitalista. Consumo, pero no soy consumidor; respeto las leyes, pero eso no me convierte en s&uacute;bdito. Lo que sucede es que esta sociedad tiende a convertirnos en s&uacute;bditos o en consumidores de mercanc&iacute;as, incluso, si es posible, en mercanc&iacute;as de nosotros mismos y tiende a ponernos precio. Pero tenemos una dignidad que no tiene precio.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Dentro de nosotros tiene que haber una tensi&oacute;n entre la dignidad y la mercanc&iacute;a&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- En ese microensayo se destacan algunas de las funciones de la universidad, que deber&iacute;a no s&oacute;lo tender a formar a profesionales competentes y competidores.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;. La universidad convierte a las personas en profesionales capaces de crear mercanc&iacute;as que tienen precio, pero la universidad tambi&eacute;n tiene que tener como finalidad que cada uno de nosotros, aparte de consumidores, seamos ciudadanos, es decir, personas que no tienen precio sino dignidad. Estoy absolutamente a favor de crear profesionales que creen mercanc&iacute;as capaces de generar riqueza dentro de un pa&iacute;s, pero siempre y cuando vivamos en tensi&oacute;n. No digo que un polo arruine al otro; que haya que optar entre una cosa u la otra. A lo que me refiero es a que dentro de nosotros tiene que haber una tensi&oacute;n entre la dignidad y la mercanc&iacute;a. La gente tiene que desarrollar una profesi&oacute;n, por supuesto. En mi <em>Aquiles en el gineceo</em> se hace una exaltaci&oacute;n de la especializaci&oacute;n del oficio, pero siempre y cuando al mismo tiempo tengamos conciencia de nuestra dignidad. Aqu&iacute; volvemos a lo del billete. Junto al viaje que hacemos comprando un billete que tiene precio, tenemos que hacer ese otro viaje que no necesita de dinero, ese viaje hacia el interior, ese progreso no hacia &iexcl;vaya usted a saber qu&eacute; regiones!, sino hacia uno mismo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Es esencial hacer cosas que no sirvan para nada&rdquo; </strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- El viaje interior no es algo que se fomente demasiado en las escuelas, en las empresas, en las familias, en las sociedades actuales.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Puede que no, pero es important&iacute;simo. Siempre recomiendo a los j&oacute;venes que en ocasiones se acercan a preguntarme por el futuro, por el mundo laboral, que ingresen en el mercado lo m&aacute;s tarde que puedan. &iquest;Por qu&eacute; van a tener que empezar a trabajar desde los 21 a&ntilde;os, desde el mismo momento en que terminan la carrera, si la esperanza de vida tiende a crecer y las pensiones, aunque sea por un mero problema econ&oacute;mico, van a retrasarse? Lo que les digo es que intenten hacer ese viaje interior, ese gran tour todo el tiempo que puedan. Es esencial hacer cosas que no sirvan para nada, que tienen que ver con la propia dignidad, no con el precio. Se trata de practicar ese ocio creativo antes del negocio, al que ya tendr&aacute;n tiempo de dedicarse much&iacute;simos a&ntilde;os.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Ya. Pero nos estamos moviendo todo el tiempo en lo que se supone que deber&iacute;a ser, cuando la realidad ahora mismo est&aacute; cambiando todos los par&aacute;metros. El problema es que estamos tan preocupados por la supervivencia diaria, que el viaje interior se queda aparcado. Hasta los j&oacute;venes tienen miedo al futuro, dudan de la posibilidad de encontrar trabajo en aquello que les gusta. Ya no hay seguridad ni siquiera en los derechos adquiridos.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Bueno, con independencia de la crisis, Espa&ntilde;a tiene unas peculiaridades propias, que es su manera de vivir la modernidad, la posmodernidad y la &eacute;poca democr&aacute;tica. Este pa&iacute;s entr&oacute; en la modernidad democr&aacute;tica muy tarde y muy r&aacute;pidamente, arrastrando el problema hist&oacute;rico de no haber tenido burgues&iacute;a. S&aacute;nchez Albornoz dec&iacute;a que Espa&ntilde;a era un pa&iacute;s sin feudalismo en la Edad Media y sin burgues&iacute;a, sin clase media, en la edad moderna. Y la modernidad entera es el triunfo de la clase media, que es la que marca la moderaci&oacute;n entre los dos extremos. Aqu&iacute; hubo fundamentalmente Iglesia y aristocracia, por un lado, y campesinos y obreros por el otro. Ese fue el origen de las dos Espa&ntilde;as que termin&oacute; en un gran conflicto de odio fratricida. Esa especie de gran deuda que ten&iacute;amos con nosotros mismos se ha pagado hace poco, pr&aacute;cticamente en la Transici&oacute;n, mientras que Estados Unidos ya lo hab&iacute;a hecho en el siglo XVIII e Inglaterra en el XVII, con la revoluci&oacute;n gloriosa. Todo eso hay que tenerlo en cuenta a la hora de hacer un an&aacute;lisis y, finalmente, est&aacute;n las circunstancias de la crisis, que ha producido y est&aacute; produciendo desesperaci&oacute;n, angustia, sensaci&oacute;n de marginalidad, de absurdo y de sinsentido de la vida en much&iacute;sima gente. En el microensayo &ldquo;Somos los mejores&rdquo; trato de demostrar, y es algo que he defendido en much&iacute;simos sitios y que nadie ha sido capaz de refutarme, que vivimos en el mejor momento de la historia universal, y, sin embargo, siendo un hecho que como fen&oacute;meno colectivo la democracia contempor&aacute;nea es el &eacute;xito m&aacute;s grande de la historia universal, tambi&eacute;n lo es que los miembros de ese proyecto colectivo sufren angustia y sufren desesperaci&oacute;n. Es una paradoja.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Pero es porque ese proyecto se ha truncado, no avanza en la direcci&oacute;n adecuada. La democracia est&aacute; fallando, del mismo modo que el ideal de Europa y de sus instituciones.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Pero, &iquest;a qu&eacute; otra &eacute;poca del pasado volver&iacute;amos? La historia universal no avanza de manera rectil&iacute;nea, sino que lo hace dando grandes rodeos. S&oacute;lo hemos alcanzado la paz como un valor pr&aacute;cticamente sagrado despu&eacute;s de la I y la II Guerra Mundial, porque la paz estuvo siempre asociada a la violencia, a la violencia del que triunfaba en la batalla y era divinizado por sus partidarios. Solamente despu&eacute;s del descendimiento a los infiernos que supusieron las dos guerras mundiales, que fueron la apoteosis de las barbarie en el coraz&oacute;n de la&nbsp; civilizaci&oacute;n occidental, nos pusimos de acuerdo en que la paz era un valor absoluto y entonces se estableci&oacute; el Estado de derecho de una manera firme en los pa&iacute;ses occidentales y empez&oacute; a ser muy cuestionada cualquier intervenci&oacute;n internacional. A partir de ah&iacute; se asegur&oacute; la &eacute;poca de paz m&aacute;s prolongada en Europa y en Estados Unidos. La historia universal es una historia que va dando rodeos. No podemos tratar de vislumbrar cu&aacute;l va a ser el futuro de Occidente por lo que ha ocurrido en los &uacute;ltimos cinco, siete o diez a&ntilde;os. Siempre pienso que cualquier paso en la Historia es siempre un paso muy precario y reversible, pero que si observamos lo que ha ocurrido en los &uacute;ltimos dos mil, mil, quinientos, cien o cincuenta &uacute;ltimos a&ntilde;os, percibimos que la humanidad, por lo menos en Occidente, ha progresado de una manera indiscutible, aunque ahora la sensaci&oacute;n dominante sea la angustia, la indignaci&oacute;n y el resentimiento justificado que produce la crisis en mucha gente. Gente que est&aacute; sufriendo de una manera que considera que podr&iacute;a haberse evitado y que le resulta injusta porque no est&aacute; afectando a los que verdaderamente han provocado las causas de ese sufrimiento.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- El tema troncal de toda tu trayectoria filos&oacute;fica, la ejemplaridad, es b&aacute;sico, y tiene mucho que ver con todo lo que est&aacute; pasando. Las democracias se han mercantilizado. El valor se ha puesto, sobre todo, en el dinero, en lo material. Y, junto a ello, tambi&eacute;n estamos asistiendo a un nuevo despertar. Empieza a emerger una necesidad en la gente de recuperar la dignidad a la que te refer&iacute;as antes, a valorar m&aacute;s lo que se es que lo que se tiene. Se percibe a&uacute;n muy t&iacute;midamente, pero, &iquest;no crees que la etapa del consumo excesivo est&aacute; dando paso a algo diferente?. Todo se cruza, es contradictorio. &iquest;C&oacute;mo ves todo esto?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;En estos momentos la ciudadan&iacute;a ha alcanzado una gran altura moral&rdquo;</strong></p>
<p class="normal"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="normal">-&nbsp; S&iacute;. Yo creo, y soy consciente de que lo que digo no es nada popular,&nbsp; que no v</p>
<p class="normal">ivimos en una &eacute;poca, ni siquiera en los &uacute;ltimos cinco o diez a&ntilde;os, peor que la anterior. Al contrario. Creo que en estos momentos la ciudadan&iacute;a ha alcanzado una gran altura moral. Me atrevo a decir que hab&iacute;a la misma corrupci&oacute;n, incluso m&aacute;s, en los a&ntilde;os 70 y 80, pero ahora somos m&aacute;s intolerantes frente a ella. Vemos lo que pasa y no miramos hacia otro lado. Y en cuanto a lo que dices del consumo, estoy de acuerdo. En determinados aspectos, ya hemos empezado a andar hacia una cultura m&aacute;s post material. En Espa&ntilde;a, cuando finalmente hemos sido democr&aacute;ticos y relativamente ricos, ha habido una ebriedad de los bienes materiales, pero todo eso se va a ir equilibrando. El mercado va a seguir funcionando, pero tendr&aacute; que regularse y adaptarse a las nuevas circunstancias, porque ya no vamos a consumir de la misma manera. Da la impresi&oacute;n de que estamos entrando en una una etapa en la que vuelven a adquirir sentido, cualquiera que sea la confesi&oacute;n, cosas que podr&iacute;amos llamar espirituales o inmateriales.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Pero frente a esa indudable altura de unos ciudadanos, ahora m&aacute;s informados, est&aacute; el desprestigio de la pol&iacute;tica, de las instituciones...</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Bueno, es que digamos que la sociedad, los ciudadanos, han despertado de su sue&ntilde;o complaciente hace poco y de pronto miran a las instituciones y les parecen intolerables, pero son las mismas que en los a&ntilde;os 80 y 70 funcionaban igual o peor. Ahora se est&aacute; produciendo un desajuste provisional, que a lo mejor nunca se resuelve, en el que de pronto la ciudadan&iacute;a quiere m&aacute;s: m&aacute;s rectitud, m&aacute;s honestidad, m&aacute;s ejemplaridad. Quiere mejores instituciones, mayor calidad democr&aacute;tica, y todo eso ha pillado a los pol&iacute;ticos con el paso cambiado, porque adem&aacute;s, entre otras cosas, primero hab&iacute;a que evitar que el pa&iacute;s se fuera por el sumidero de la econom&iacute;a. Es verdad que el dolor que produce la crisis nos ha hecho m&aacute;s exigentes y que los pol&iacute;ticos no han sido capaces de atender la mayor&iacute;a de las demandas, pero lo que est&aacute; claro es que los partidos que concurran a las pr&oacute;ximas elecciones, no podr&aacute;n ir con el mismo discurso complaciente que en las anteriores. Tendr&aacute;n que abrirse a otras propuestas de car&aacute;cter regenerador y no, seguramente, porque ellos se las crean sino porque ser&aacute; el &uacute;nico modo de ganar la confianza de los ciudadanos. Tardar&aacute;n en adaptarse, porque hay que tener en cuenta esa torpeza con que normalmente la maquinaria partidista asume los mensajes sociales, pero acabar&aacute;n haci&eacute;ndolo y en ese proceso, que ya hemos empezado a percibir, ir&aacute;n desapareciendo muchos nombres y rostros y surgiendo otros nuevos. Ellos saben que ser&aacute;n menos convincentes si no cambian a sus representantes.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;En la sociedad espa&ntilde;ola, en vez de romper cristales o cabinas telef&oacute;nicas, la gente se est&aacute; organizando para pedir calidad democr&aacute;tica&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Est&aacute; claro que las nuevas propuestas y plataformas ciudadanas han provocado una agitaci&oacute;n y un movimiento que irremediablemente obligar&aacute;n a ir en otra direcci&oacute;n...</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Y es muy interesante el surgimiento de plataformas, sociedades, c&iacute;rculos de opini&oacute;n, elementos corporativos, ciudadan&iacute;a reunida y espacios en Internet que est&aacute;n pidiendo nueva voz y una mayor calidad democr&aacute;tica. En la sociedad espa&ntilde;ola, en vez de romper cristales o cabinas telef&oacute;nicas, la gente se est&aacute; organizando para pedir calidad democr&aacute;tica y esto es propio de un pa&iacute;s civilizado. A m&iacute;, como dec&iacute;a antes, que los pol&iacute;ticos hagan pol&iacute;tica, que intenten obtener poder y quedarse en &eacute;l, o que el capitalismo procure ganar el m&aacute;ximo beneficio, si puede ser infinito, mejor, no me escandaliza, siempre y cuando haya contrapoderes como puede ser la ciudadan&iacute;a, una ciudadan&iacute;a activa que se organiza y pide. Los pol&iacute;ticos se resistir&aacute;n a cambiar, porque el poder lo que quiere es vivir el ejercicio de su propio poder con comodidad, pero estoy seguro de que al final, si la ciudadan&iacute;a, que se est&aacute; comportando de una manera adulta y c&iacute;vica, logra tener una voz potente, tendr&aacute;n que aceptarlo, del mismo modo que el capitalismo tiene que aceptar pagar determinados impuestos, respetar la libre competencia y tener en cuenta los derechos del consumidor, toda una serie de cosas que en general le molesta, le estorba.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Es decir, es la ciudadan&iacute;a la que tiene que hacer el gran trabajo de llevar a cabo el cambio.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Por supuesto. Tendr&aacute; que ser as&iacute; en lo que se refiere a la regeneraci&oacute;n m&aacute;s inmediata y luego tendr&aacute; que haber una regeneraci&oacute;n, a medio o largo plazo, que es la filos&oacute;fica. Al final acabar&aacute;n surgiendo propuestas que tengan que ver con el todo, que sean capaces de entusiasmar, que no solamente se limiten a criticar el funcionamiento del poder judicial. Mientras estamos manteniendo esta conversaci&oacute;n, t&uacute; y yo utilizamos un lenguaje que no hemos creado ninguno de los dos. Recurrimos a palabras como dignidad, libertad, futuro, palabras con unas connotaciones que han llenado de contenido creadores del siglo XVI, del siglo XVIII, del&nbsp; siglo XX y del XXI. Nosotros estamos utilizando unas palabras prestadas para comunicarnos y cuando pensamos a solas volvemos a esas palabras porque llevamos a la sociedad dentro de nuestras conciencias. Entonces, &iquest;no es importante tambi&eacute;n cuidar esas palabras que las generaciones futuras tomar&aacute;n en pr&eacute;stamo, con las que se van a comunicar y se van a comprender? Esa es la labor de la filosof&iacute;a; tambi&eacute;n de la poes&iacute;a o de la novela, pero tratar de dar definiciones exactas que sirvan para comprender las cosas es una actividad propiamente filos&oacute;fica. Resumiendo: Adem&aacute;s de un proyecto que podr&iacute;amos llamar de trinchera, que es important&iacute;simo, y que culminar&aacute; con la reforma de las instituciones aqu&iacute; y ahora, a corto plazo, est&aacute; esa otra labor, que podr&iacute;amos llamar de creaci&oacute;n de lenguaje. Una labor mucho m&aacute;s lenta, que puede llevar 25, 50, incluso 100 a&ntilde;os, pero que acabar&aacute; teniendo una enorme importancia porque dar&aacute; lugar al vocabulario que tomar&aacute;n en pr&eacute;stamo las generaciones futuras.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;C&oacute;mo ha ido cambiando el concepto de ejemplaridad a lo largo del tiempo? &iquest;Cada &eacute;poca la ha interpretado de una manera distinta?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- La ejemplaridad tiene un contenido hist&oacute;rico y cambiante como la cultura misma. Pero, en ese devenir incesante, hay dos elementos estructurales que no deben fallar. Uno es ese camino desde el estadio est&eacute;tico al &eacute;tico, por medio de la doble especializaci&oacute;n, que debe recorrer todo ciudadano. Nadie es virtuoso en sentido plenario si no recorre ese camino en alg&uacute;n grado. El segundo es una propiedad de la ejemplaridad: debe ser generalizable. En otras palabras, un ejemplo ser&aacute; ejemplar s&oacute;lo si, al generalizarse a la sociedad, hace a &eacute;sta mejor, m&aacute;s virtuosa. Este principio excluye muchos comportamientos no generalizables y atempera el relativismo de la ejemplaridad.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">-&nbsp; Hoy estamos reclamando m&aacute;s ejemplaridad, necesitamos poner otra vez en circulaci&oacute;n palabras como honestidad o dignidad, pero, por otro lado, y hablas de ello en otro de tus ensayos, se percibe una tendencia en la sociedad a rodearse de personas no virtuosas, de personas vulgares. Lo vemos cada d&iacute;a y solemos preguntarnos por qu&eacute; determinados tertulianos o personajes medi&aacute;ticos tienen tanto &eacute;xito, por qu&eacute; los programas basura funcionan tan bien y por qu&eacute; cuando surge una figura distinta, que condensa valores positivos, hay una tendencia a criticarla, a buscarle los defectos. &iquest;Eso es algo propio de la naturaleza humana? &iquest;Es algo muy espa&ntilde;ol? Siempre se ha dicho que la envidia es&nbsp; muy propia de este pa&iacute;s.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">-&nbsp; No me atrever&iacute;a a decir que forma parte del fenotipo, de la idiosincrasia espa&ntilde;ola. En ese art&iacute;culo que mencionas: &ldquo;Amor, lujo y buena conciencia&rdquo;, en el que pongo el ejemplo de un matrimonio que va a cenar a casa de otro, lo que trato, a trav&eacute;s de la an&eacute;cdota, es de iluminar un principio general que tiene que ver con la ejemplaridad. En presencia de un ejemplo excelente, se tienen dos opciones: o bien seducidos por la fuerza, por la energ&iacute;a, por la potencia, de ese ejemplo virtuoso, nos vemos inclinados a imitarlo, a reformar alg&uacute;n aspecto de nuestra vida, o bien sentimos que ese ejemplo, que, adem&aacute;s, es pr&oacute;ximo y posible, nos interpela. &ldquo;Si esto lo est&aacute; haciendo el vecino por qu&eacute; no lo puedo hacer yo&rdquo;, nos decimos, sabiendo que seguir ese comportamiento puede tener un gran coste personal, el de cambiar la rutina, el tipo de vida. Es muy frecuente que en presencia de un ejemplo virtuoso no queramos cambiar de conducta, porque la que aplicamos ya est&aacute; bien asentada, nos gusta o nos resulta m&aacute;s c&oacute;moda. Est&aacute; el ejemplo tan t&iacute;pico del vecino que recicla la basura. Esa persona puede llegar a incomodar, porque cada noche est&aacute; dando una lecci&oacute;n a alguien a quien no le da la gana de seguirla. En situaciones as&iacute; se puede optar por decir que, por las razones que sea, preferimos no aplicar determinadas conductas, pero tambi&eacute;n se puede tratar de desprestigiar al vecino de alg&uacute;n modo, de ensuciarlo demostrando que ese ejemplo virtuoso en realidad no lo es, lo cual genera resentimiento. En las familias vemos mucho este tipo de reacciones. Cuando tenemos un cu&ntilde;ado, u otro pariente, que es un ejemplo virtuoso, podemos actuar como &eacute;l, pero qu&eacute; tranquilidad da si es un desastre: si le pone los cuernos a su mujer, es un borracho o ha llevado a su empresa a la bancarrota. Eso inmediatamente otorga al otro, con el que se le compara, una situaci&oacute;n de gran prestigio familiar. En fin... Ensuciar los ejemplos alrededor tiene la funci&oacute;n de conseguir que no te incomoden.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Funciona as&iacute; tambi&eacute;n en pol&iacute;tica?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">-&nbsp; En la pol&iacute;tica tenemos que tener en cuenta las reglas que rigen la lucha pol&iacute;tica. La pol&iacute;tica es la ley del amigo y del enemigo. Su esencia es la ocupaci&oacute;n del poder y el mantenimiento del mismo el m&aacute;ximo tiempo posible. Son amigos los que ayudan a conseguir ese prop&oacute;sito y es una pr&aacute;ctica habitual que cuando llegan nuevos grupos pol&iacute;ticos, los que ya est&aacute;n instalados intenten destruirlos, por todos los medios l&iacute;citos, desprestigiarlos, excluirlos, marginarlos. Esa es la ley de la pol&iacute;tica, siempre ha sido as&iacute;.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;No se puede dignificar la pol&iacute;tica, como dec&iacute;a Plat&oacute;n?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;, pero f&iacute;jate c&oacute;mo le fue a Plat&oacute;n cuando se fue a hacer la utop&iacute;a en Siracusa. Le fue fatal. Dicho esto, claro que se puede dignificar la pol&iacute;tica y hay gente que lo hace. Pese a todo, hay una cierta aspiraci&oacute;n a la virtud, y sobre todo, hay muchas&nbsp; restricciones al mal uso del poder: de los ciudadanos, de la prensa... Pero, igual que no podemos pedir a una empresa que no aspire a obtener el mayor beneficio, colocando el m&aacute;ximo n&uacute;mero de mercanc&iacute;as en el mercado, tampoco podemos pedir al pol&iacute;tico que no aspire a la ocupaci&oacute;n del poder, espero que por todos los medios l&iacute;citos a su alcance. Una vez ocupado el poder, ya no se trata solamente de disfrutarlo. A lo mejor hay algunos que hacen cosas y transforman la sociedad, pero lo que es m&aacute;s importante es que, de la misma manera que la pol&iacute;tica, el Estado, debe poner condiciones a la econom&iacute;a y obligar a las empresas a redistribuir una parte de los beneficios, los ciudadanos deben condicionar a los pol&iacute;ticos. En democracia las ocupaciones son temporales y vemos como unos poderes van limitando a otros y evitan que lleguen a convertirse en poderes absolutos. Es as&iacute; como tiene que ocurrir.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Cuando hemos tratado de llevar la perfecci&oacute;n del ideal a la realidad esto nos ha conducido al fracaso o al terrorismo, desde Plat&oacute;n hasta la utop&iacute;a marxista&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Hablamos de valores, de ideales. Pero en las sociedades actuales uno de los principales problemas es que estamos faltos de figuras ejemplares. Hubo una &eacute;poca en la que los poetas y los fil&oacute;sofos lo fueron. El cetro pas&oacute;, hace unas d&eacute;cadas, a empresarios y pol&iacute;ticos, hoy tan denostados. Luego fueron los deportistas. Pero los ciclistas se han venido abajo con los esc&aacute;ndalos de dopaje y ya se est&aacute;n cuestionando las primas exageradamente altas de los futbolistas.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Lo que sucede es que todo tiende a ser desacralizado. Nosotros ahora vemos con enorme admiraci&oacute;n a Pericles, por ejemplo, al que se suele citar como ejemplo de pol&iacute;tico y orador virtuoso, pero Pericles era un hombre extremadamente corrupto, que us&oacute; el dinero de otras polis en beneficio de Atenas. Sentimos gran admiraci&oacute;n por Lincoln, pero en una pel&iacute;cula reciente sobre &eacute;l se demuestra que lleg&oacute; a comprar votos, un comportamiento que hoy consideramos absolutamente denigrante. Lo que sucede es que, independientemente de ese hecho, ese se&ntilde;or hizo cosas significativas, admirables. En el otro lado, est&aacute;n los que piensan que la virtud tiene que ser algo tan elevado, tan elevado, que como no exista hay que cortar cabezas. Eso fue lo que hizo Cromwell y tambi&eacute;n Robespierre. Ten&iacute;an un concepto tan puritano de c&oacute;mo deb&iacute;a ser la pol&iacute;tica que como nadie alcanzaba esos extremos de virtud hab&iacute;a que llevar al cadalso a la ciudad entera. Tanto uno como otro se volvieron locos con las ejecuciones, con la guillotina. Ante esto, tenemos que aceptar que la realidad no es ideal. Yo, que soy un defensor extremo del ideal, siempre pienso que solamente podemos proponer un ideal si comprendemos que la realidad ni es ideal, ni lo va a ser nunca, ni debe serlo. El ideal es una propuesta de perfecci&oacute;n y la realidad, en esencia, es imperfecta. Cuando hemos tratado de llevar la perfecci&oacute;n del ideal a la realidad esto nos ha conducido al fracaso o al terrorismo, desde Plat&oacute;n hasta la utop&iacute;a marxista. Ser un fil&oacute;sofo del ideal no me convierte en un cr&iacute;tico amargo de la realidad al comprobar que nadie encarna ese ideal. El ideal no se encarna. Debemos tender a &eacute;l, pero sabiendo que es como ese horizonte que se aleja a medida que avanzamos en el camino. Y ojal&aacute; se aleje, porque el d&iacute;a que se realice mal asunto. &iquest;Llegar&aacute; un d&iacute;a en que tengamos una realidad tan ideal que ya no haya que reformarla, que ya no haya que criticarla, que ya no haya que mejorarla? &iquest;Podemos pensar que alg&uacute;n d&iacute;a la sociedad va a tener un comportamiento absolutamente rectil&iacute;neo? No. Todo lo que hagamos siempre ser&aacute;n grandes rodeos y siempre el ideal se ir&aacute; alejando a medida que avanzamos. Teniendo esto muy claro, soy un defensor vehemente de la necesidad de tener siempre ese ideal por delante y, justamente, denuncio su falta hoy en d&iacute;a.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Para m&iacute; la felicidad consiste en no tener deudas con la vida&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Hablas de la felicidad, no como estado sino como direcci&oacute;n. La felicidad consiste en seguir los ciclos adecuadamente, en vivir cada momento, &ldquo;la hora buena&rdquo; de cada estadio, de cada edad.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Avanzar sin tener deudas con la vida es muy importante para m&iacute;. Nosotros hemos creado unos conceptos en la tradici&oacute;n filos&oacute;fica que fueron producidos en una &eacute;poca que ya no es la nuestra, y uno de esos conceptos es el de la felicidad. La palabra felicidad evoca una cierta perfecci&oacute;n individual. Esa perfecci&oacute;n pod&iacute;a ser posible en la &eacute;poca premoderna, donde todos cre&iacute;an que se viv&iacute;a en un cosmos perfecto, y donde el individuo adquir&iacute;a su sentido siempre y cuando se situara en la posici&oacute;n que el cosmos le asignara: hombre, mujer, campesino, obispo, cient&iacute;fico o lo que fuera. Pero desde que apareci&oacute; la subjetividad, el yo moderno, ese cosmos perfecto dej&oacute; de convencernos y toda la filosof&iacute;a que se cre&oacute; alrededor de ah&iacute;, se ha quedado caduca. La felicidad sugiere una perfecci&oacute;n que para nosotros, que tenemos una dignidad infinita, pero que estamos destinados a algo indigno, como es la muerte, ya no nos sirve. Por eso digo insistentemente que determinados conceptos de la tradici&oacute;n tenemos que someterlos a una cierta dieta de adelgazamiento y uno de ellos es la felicidad. Para m&iacute; la felicidad consiste en no tener deudas con la vida, comprender que no hay una respuesta te&oacute;rica al sentido de la existencia, sino una respuesta pr&aacute;ctica. Si en algo consiste la felicidad es en arrebatarle a la vida el beneficio de esa hora buena de cada una de sus etapas y hacerlo en la medida que podamos con placer, a fin de que si realmente somos ni&ntilde;os en la ni&ntilde;ez, maduros en la madurez y viejos en la vejez, no acumulemos demasiadas deudas con la vida, no arrastremos ese sentimiento de que la vida nos debe algo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- El problema es el desequilibrio, el querer vivir en una permanente juventud.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- As&iacute; es. Y esto sucede en nuestra &eacute;poca, pero no creo que sea as&iacute; por mucho tiempo. Antes habl&aacute;bamos del paso hacia sociedades post materiales que, sin duda, acabar&aacute;n modificando muchos conceptos. Es cierto que a&uacute;n estamos inmersos en una cultura un poco pueril que transmite la impresi&oacute;n de que el momento culminante en la historia de una persona es la juventud. La juventud tiene fuerza, energ&iacute;a, belleza, futuro, impertinencia, rebeld&iacute;a. Pero es algo que, por su propia naturaleza, dura poco y sucede en un estadio inicial. Todo lo que viene despu&eacute;s de la juventud m&aacute;s estricta, que pueden ser d&eacute;cadas, d&eacute;cadas y d&eacute;cadas, se convierte en una &eacute;poca declinante, en una bajada constante o un esfuerzo ag&oacute;nico por retener esas cualidades de la juventud. Eso lo que produce es un cierto desajuste, un cierto desequilibrio y una sensaci&oacute;n de mayor deuda. A falta de esa juventud, que es la que proporciona la dicha, el ser humano se convierte en un miope para la hora buena de las &eacute;pocas posteriores. Se niega el placer de tener 40 a&ntilde;os, 50, 60, 70, que existe si la fortuna lo permite, porque estamos expuestos cualquier d&iacute;a a sus golpes nefastos. Vivir es envejecer, y el &uacute;nico tratamiento &ldquo;antiaging&rdquo; eficaz es la muerte. Si no queremos ese tratamiento tendremos que comprender que la &uacute;nica manera de seguir viviendo es envejecer. Este es el argumento de mi ensayo, que se titula precisamente &ldquo;Deudas con la vida&rdquo;.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Se siente Javier Gom&aacute; satisfecho con las etapas vividas? &iquest;C&oacute;mo afronta el futuro?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Alguna vez he dicho que la vida ha sido injusta conmigo&hellip; pero en sentido positivo. &ldquo;Todo a mil&rdquo; contiene un microensayo program&aacute;tico, titulado &ldquo;Lo quiero todo&rdquo;, donde me refiero a esto. En cierta manera, siento que, dentro de las limitaciones de este extra&ntilde;o mundo que habitamos, nada esencial se me ha negado. Tengo casa y oficio a plena satisfacci&oacute;n, y adicionalmente la vida ha permitido, por halago de la fortuna, que lleve a cabo hasta completarlo un plan literario que en sus primeros esbozos se remonta a mi adolescencia, un plan de 40 a&ntilde;os. Miro adelante con confianza, con alegr&iacute;a y con esperanza, con el sentimiento de haber agotado las etapas anteriores y haberles arrebatado su &ldquo;hora buena&rdquo;. Todo esto no sin trabajo, dolor y ansiedad, mucha ansiedad;&nbsp; con la pena de algunas vidas rotas o truncadas cerca de m&iacute; en estos a&ntilde;os y prepar&aacute;ndome interiormente para todas esas negatividades que el destino fatalmente nos reserva.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;C&oacute;mo compaginas tu labor como fil&oacute;sofo con la direcci&oacute;n de la Fundaci&oacute;n Juan March? &iquest;Qu&eacute; te ense&ntilde;a un trabajo que tanto tiene que ver con la cultura, con la gesti&oacute;n de la cultura en unos tiempos en los que parece no ser una prioridad?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- En <em>Aquiles en el gineceo</em> sostengo que el paseo del estadio est&eacute;tico al &eacute;tico (ejemplaridad) presupone la doble especializaci&oacute;n: oficio y coraz&oacute;n, profesi&oacute;n y casa, producci&oacute;n y reproducci&oacute;n. En consecuencia, el desempe&ntilde;o de un oficio, el ejercicio de una profesi&oacute;n con la que ganarse la vida, constituye un elemento de toda individualidad, tambi&eacute;n de la m&iacute;a. Esto quiere decir que vivo mi cargo como director de la Fundaci&oacute;n sin los antagonismos rom&aacute;nticos, con la mayor naturalidad y plenamente reconciliado con los deberes profesionales. En estos 11 a&ntilde;os que llevo en la direcci&oacute;n he formado un equipo inmejorable y la coordinaci&oacute;n entre nosotros es perfecta. Esta armon&iacute;a hace todo m&aacute;s f&aacute;cil. El trabajo en la Fundaci&oacute;n me ha ense&ntilde;ado la importancia de proporcionar criterios seguros y firmes en el &ldquo;mundo revuelto&rdquo; de las humanidades en esta &eacute;poca postmoderna: hay otras instituciones que tienden m&aacute;s a la experimentaci&oacute;n y el riesgo; la Fundaci&oacute;n aspira m&aacute;s bien inspirar confianza en la mayor&iacute;a y a largo plazo. Y esto es algo con lo que simpatizo al m&aacute;ximo, tambi&eacute;n como escritor.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Vivimos en una &eacute;poca donde el nosotros empieza a cobrar sentido&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Habl&aacute;bamos de esa posible etapa post material. &iquest;No te parece tambi&eacute;n que estamos en un proceso de pasar del yo al nosotros? &iquest;Todos estos procesos colectivos que estamos viviendo no nos llevan a darnos cuenta de que s&oacute;lo podemos avanzar juntos, uniendo fuerzas, de que en solitario no podemos hacer que cambien las circunstancias de nuestras vidas y de las generaciones futuras? T&uacute; hablas de la mayor&iacute;a selecta.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Todo eso es muy interesante y es indudable que est&aacute; ah&iacute;. La denominaci&oacute;n de mayor&iacute;a selecta es una idea fija de mis escritos. Uno de los latiguillos que repito muchas veces es que ya lo importante no es ser libres sino ser libres juntos. Hablo de la mayor&iacute;a selecta consciente de que la herencia orteguiana, su concepto de masa, es muy pesada. Una y otra vez intento combatir en mis libros contra eso, pero hay mucha gente que sigue llen&aacute;ndose la boca con ese concepto tan perverso, que sigue pensando y creyendo en la divisi&oacute;n entre unas &eacute;lites superferol&iacute;ticas y exquisitas y una gran masa de gente que no tiene m&aacute;s obligaci&oacute;n que la docilidad. No dicen que los ciudadanos tengan que ser ciudadanos sino masa y tratan a la ciudadan&iacute;a de ese modo tan despectivo. Lo que yo digo es: &ldquo;Un momento. Esa llamada masa est&aacute; constituida por millones de ciudadanos, y cada uno de ellos es responsable, aut&oacute;nomo, cr&iacute;tico, c&iacute;vico, virtuoso&rdquo;. Por eso he concebido la expresi&oacute;n de mayor&iacute;a selecta, por eso hablo, en un momento dado, de la amistad o del lenguaje como ejemplos de hasta qu&eacute; punto limitarse es extenderse. Limitar el propio yo no nos restringe, como pudiera parecer, sino que nos hace m&aacute;s ricos. Por todo eso no puedo estar m&aacute;s de acuerdo con que vivimos en una &eacute;poca donde el nosotros empieza a cobrar sentido, donde podemos ser libres juntos, sin renunciar a lo que ya hemos conquistado.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Te refieres a superar el ego&iacute;smo, ese exceso de individualidad que es una fase gineceo, como expones en tu <em>Aquiles</em>, esa adolescencia perpetua...</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;, pero sin renunciar a ese espacio est&eacute;tico. Se trata de c&oacute;mo educar esa libertad para poder ser libres juntos y juntos poder hacer muchas cosas. Para m&iacute; eso es muy esperanzador.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- La educaci&oacute;n aqu&iacute; es esencial. Resulta muy interesante la imagen de la pi&ntilde;ata, que utilizas en otro de tus ensayos, para ver hasta qu&eacute; punto estamos educando a las nuevas generaciones exclusivamente para que entren en la sociedad del consumo, de la competitividad, de la avaricia. &iquest;C&oacute;mo podemos educar a nuestros hijos para que contribuyan a crear sociedades mejores?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Podemos volver a la idea de promover en los ni&ntilde;os, en los j&oacute;venes, la necesidad del viaje interior. En ese colegio ideal al que debemos tender no se trata tanto de transmitir conocimientos sino de alentar la idea del amor al conocimiento. No tengamos tanto inter&eacute;s en que el profesor le explique a nuestros hijos, a lo largo de un a&ntilde;o, toda la historia de la literatura universal, sino en que despierte en &eacute;l el amor a ese recorrido, a esa historia. Luego ellos ya har&aacute;n lo que quieran en su tiempo libre. La escuela debe ser el&nbsp; lugar en el que se transmita la pasi&oacute;n por el conocimiento, m&aacute;s que el conocimiento mismo, y tambi&eacute;n un espacio de convivencia, donde se aprenda a convivir. En cuanto a la&nbsp; universidad, ya lo dec&iacute;a antes. Tiene que formar a profesionales capaces de crear productos que tengan precio, pero tambi&eacute;n a ciudadanos cr&iacute;ticos, reflexivos, que hayan hecho el viaje interior y que sean conscientes de su dignidad sin precio.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Tambi&eacute;n hablas de c&oacute;mo aprender que somos mortales.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Yo distingo entre la muerte y la mortalidad. Se trata de tener presente que somos mortales, de adquirir esa conciencia. No s&eacute; si esa es una labor de los profesores, de los colegios. Es un asunto que tiene que ver con lo que dec&iacute;a antes, con la filosof&iacute;a. Hay que ir creando ese lenguaje que la gente, las distintas generaciones, han de tomar prestado y han de poner en circulaci&oacute;n.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Pero las humanidades, la filosof&iacute;a, cada vez est&aacute;n m&aacute;s menguadas en los planes de estudio.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- A veces siento una cierta resistencia a ese exceso de responsabilidad que la sociedad carga sobre los planes educativos y administrativos. &iquest;Realmente es tan importante una hora m&aacute;s de literatura? &iquest;De eso va a depender el futuro de las humanidades, de la dignidad y de la ciudadan&iacute;a? No s&eacute; si les estamos atribuyendo un exceso de responsabilidad a los planes de estudio, que ojal&aacute; est&eacute;n bien hechos, sean equilibrados y respondan a la pluralidad de las disciplinas de nuestra &eacute;poca. Pero pensar que esas directrices, aprobadas por la burocracia administrativa, van a ser la soluci&oacute;n a todos nuestros problemas me parece demasiado. No creo que un poeta nazca por las clases de historia de la literatura, o un fil&oacute;sofo por las de historia de la filosof&iacute;a. Yo no lo he vivido as&iacute;. Se trata de un amor, de una vocaci&oacute;n, que acaba prendiendo en ti.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Una lectura puede modificar nuestra manera de situarnos en el mundo&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- En tu trabajo filos&oacute;fico hay un gran apoyo en la literatura. Constantemente recurres a novelas, a protagonistas de la ficci&oacute;n que tomas como ejemplos de conductas, de circunstancias... &iquest;Crees que la literatura tiene un efecto transformador en la vida?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- S&iacute;, absolutamente. En primer lugar considero que lo verdaderamente importante en este mundo depende del coraz&oacute;n humano. La econom&iacute;a, a la que tanta trascendencia otorgamos, es la disciplina por la cual se utilizan los recursos para satisfacer las necesidades humanas b&aacute;sicas, pero pocas veces se pregunta cu&aacute;les son esas necesidades, cu&aacute;les son esos deseos que nacen del coraz&oacute;n y que tienen que ver con los pensamientos, con los sentimientos. Todo esto nos lleva a que, al final, la econom&iacute;a entera depende de la poes&iacute;a. Y tirando del hilo del car&aacute;cter transformador de la literatura, podemos preguntarnos: &iquest;Por qu&eacute; las novelas del siglo XIX fueron tan transformadoras? Pues porque nosotros asistimos al destino de <em>Ana Karenina</em> o de un individuo cuya empresa quiebra en las novelas de Dickens y sentimos que el tratamiento que la sociedad le est&aacute; dando a esa mujer o a ese pobre y peque&ntilde;o empresario es injusto. Eso puede generar en nosotros un sentimiento de injusticia social. Eso educa nuestro coraz&oacute;n y ese coraz&oacute;n, m&aacute;s educado como consecuencia de la novela o de la poes&iacute;a, genera actitudes que hacen que determinadas cosas nos parezcan mal y que incluso, al final, acaben canalizando en demandas y generando leyes. Es conocido que las novelas de Dickens produjeron un cambio legislativo en el tratamiento del deudor que quebraba, hicieron reflexionar sobre si deb&iacute;a o no ir a prisi&oacute;n una persona que solamente ten&iacute;a deudas. Hoy no se admite la prisi&oacute;n por deudas, en el caso de que no haya delito. Pero en el pasado fue as&iacute;. &iquest;Qu&eacute; sucedi&oacute;? Pues que hubo un momento en que la sociedad se dio cuenta de que era injusto y a eso ayudaron las novelas. La literatura transforma la mirada hacia las cosas, esa nueva mirada produce demandas y las demandas dan lugar a transformaciones en forma de leyes, de costumbres, de actitudes. Y a nivel particular una lectura puede modificar nuestra manera de situarnos en el mundo. Por tanto no es que piense que la literatura tiene importancia, sino que creo que al final es lo &uacute;nico que importa. La pol&iacute;tica, la econom&iacute;a, y todo lo dem&aacute;s, dependen del coraz&oacute;n humano, y ese coraz&oacute;n se alimenta de la poes&iacute;a, de la literatura.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 27 Nov 2014 07:04:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Javier Cercas: "Quien no asuma riesgos, que no sea escritor"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/javier-cercas-quien-no-asuma-riesgos-que-no-sea-escritor/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/JAVIER_CERCAS_2quinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>La entrevista empieza sin haber empezado. Javier Cercas se frota las manos, un gesto inocente si no desprendieran cal contra el suelo. Acaba de terminar un libro, faltan semanas para que llegue a las tiendas y la energ&iacute;a que le ha sobrado la va a emplear aqu&iacute;. Pero, como lo &uacute;ltimo no es lo &uacute;ltimo sino lo siguiente, no est&aacute; ocupado en &eacute;l, sino en unas ponencias que debe dictar el a&ntilde;o que viene en Oxford, donde ha sido invitado como Weindenfield Visiting Professor por el departamento de literatura comparada del St Anne&rsquo;s College.</p>
<p>Varios de los libros desperdigados por el estudio tienen que ver con esa cita. Un b&uacute;nker no tiene por qu&eacute; estar lucido, la confortabilidad en &eacute;l existe al servicio de una idea mayor. No es una sala de museo, sino una celda de trabajo. Si una gotera amenaza en desconch&oacute;n en una de las escasas porciones de pared sin estanter&iacute;a, no existe problema. Hay mesas y sillas, algunas parecen robadas la noche anterior de la terraza de un bar. Tambi&eacute;n hay sof&aacute;s, pero no situados para el descanso de las personas sino para el reposo de los libros, o sea, son m&aacute;s estanter&iacute;as. Al fondo, un catre mal vestido, por si el trabajo desfonda. Podr&iacute;a salir de &eacute;l una vaharada de mal olor, pero no. Un escritor febril es un animal o una m&aacute;quina, una persona con muy pocas preocupaciones que, sin embargo, terminan siendo todas las del mundo, confluyentes en la escritura. Lo dem&aacute;s, accesorio, pareciera incluso la vida. M&aacute;s adelante se esforzar&aacute; en dar a entender que no est&aacute; hecho un in&uacute;til para la domesticidad, y que es capaz de disfrutar de la <em>vida real</em>, pero sin olvidar que, por encima, reposa otra, <em>verdadera</em>.</p>
<p>Un b&uacute;nker tampoco tiene por qu&eacute; ser subterr&aacute;neo ni estar empapado en hormig&oacute;n, pueden bastar unas paredes llenas de papel. El refugio que algunos encontraron en el campo, caso de Wittgenstein, o en una c&aacute;rcel, San Juan, &eacute;l lo encuentra en la ciudad. Lo que no es &oacute;bice para contar con otro asilo en el Ampurd&aacute;n, adonde se retir&oacute; para llevar a puerto su pr&oacute;xima obra. No sali&oacute; m&aacute;s que para acudir a compromisos inaplazables, que, a su vez, aplazaban consecutivamente el nuestro: Metz, Londres y Berl&iacute;n, en cuya Universidad Libre fue el a&ntilde;o pasado profesor visitante: una actividad del departamento de Literatura Comparada que inaugur&oacute; Kenzaburo Oe hace poco m&aacute;s de una d&eacute;cada, y en la que tan s&oacute;lo figura otro autor en espa&ntilde;ol, el colombiano H&eacute;ctor Abad Faciolince.</p>
<p>Tiene la biblioteca despedazada en tres. Aqu&iacute; conserva manuales, &ldquo;llegaron en cajas y as&iacute; se quedaron&rdquo;, y, sobre todo, literatura en otras lenguas. Los viajes son el contrapunto a su recogimiento. &ldquo;Me ha costado habituarme. Trato de convertirlos en est&iacute;mulo para mi trabajo. Si sabes qu&eacute; est&aacute;s escribiendo, no te distraen, te aumentan la perspectiva&rdquo;. De vuelta a Espa&ntilde;a, lo que mejor le sienta es sentarse a escribir un art&iacute;culo period&iacute;stico.</p>
<p>En Oxford leer&aacute; cinco conferencias formales en dos meses. De ellas saldr&aacute; un libro org&aacute;nico. En la labor, le precedieron autores eximios: Eco, Steiner, Vargas Llosa,&hellip; &ldquo;Quiz&aacute; sume nuevos materiales, pero lo tengo todo, incluido el t&iacute;tulo: <em>El punto ciego</em>, una forma may&uacute;scula de elipsis&rdquo;. Para llevar a cabo esta teor&iacute;a general de la novela est&aacute; repasando a Cervantes, Kafka, James, Hawthorne, Melville, Lampedusa, Conrad. No quiere vender la piel del oso: &ldquo;Hemingway renunciaba a hablar de sus libros mientras los escrib&iacute;a. Pensaba que, de hacerlo, algo esencial se le iba a escapar. Y me parece una buena decisi&oacute;n&rdquo;. Publicados, no le cuesta. Es m&aacute;s, le resulta &uacute;til, incluso meses o a&ntilde;os despu&eacute;s, cuando viaja a los pa&iacute;ses a los que se van traduciendo. &ldquo;A veces con la prensa me siento como en una <em>jam session</em>, me surgen reflexiones de manera inesperada&rdquo;. <em>El punto ciego</em> lo fue elaborando en charlas y promociones en las que descubr&iacute;a por qu&eacute; hab&iacute;a hecho lo que hab&iacute;a hecho.</p>
<p>Como las preguntas de los periodistas no suelen diferir, tiene ocasi&oacute;n para especular respecto al mismo tema y al mismo libro. &ldquo;Si me preguntan c&oacute;mo llegu&eacute; a la forma de <em>Las leyes de la frontera</em> -di&aacute;logo, cuatro narradores [el periodista que interroga, oculto, es el m&aacute;s importante]-, tengo que pararme a pensar. La primera respuesta es elemental, pero muy importante: por eliminaci&oacute;n. Siempre hago las cosas as&iacute;, por eliminaci&oacute;n, aunque en este caso de manera m&aacute;s evidente. Yo escribo y escribo hasta que alcanzo la forma que me pide cada historia. Y s&eacute; que la he encontrado cuando lo que cuento suena a verdad. La literatura, contra lo que la gente piensa, no es lo que suena bonito ni a <em>literatura</em>, sino lo que suena a verdad&rdquo;.</p>
<p>-&iquest;Eso acerca m&aacute;s la literatura a la ciencia que al arte?</p>
<p>-El arte tambi&eacute;n busca la verdad, pero la verdad del arte y de la ciencia &ndash;como la de la literatura y de la historia- son distintas. No hablo de una verdad concreta, factual, sino de una verdad moral y universal. Y cuando digo que aquello suena a verdad quiero decir que yo me lo creo y, por tanto, que el lector se lo puede creer.</p>
<p>-Suponiendo que verdad y belleza sean cosas distintas.</p>
<p>-S&iacute;, yo estoy bastante de acuerdo con Keats, que cree que en realidad son lo mismo. Si aceptamos la distinci&oacute;n, s&iacute;, pero hablamos, entonces, de una belleza que busca la verdad. Sin ornamentos. Cuando una frase me suena bonita, la borro. La verdad, normalmente, no suena a literatura. La <em>literatura</em> es <em>antiliteraria</em>, le suena al lector com&uacute;n y corriente a <em>no literatura</em>. Todas las revoluciones se hicieron as&iacute;: Garcilaso, responsable de la mayor habida en Espa&ntilde;a, escribe sonetos en endecas&iacute;labo, procedente del italiano, y los poetas de la &eacute;poca le niegan: &ldquo;Eso no es poes&iacute;a, es prosa&rdquo;. Toda literatura se crea contra la literatura vigente. O suena a verdad o, para m&iacute;, no es literatura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La ambig&uuml;edad es, junto a la incertidumbre, la esencia de la gran literatura&rdquo;</strong></p>
<p>En <em>Las leyes de la frontera</em> le cost&oacute; que aquello <em>sonara</em>. &ldquo;Ah&iacute; [estira la mano y se&ntilde;ala, con cara de haberse comido un lim&oacute;n, un par de mamotretos anillados] hay dos versiones de la historia contada, entera, desde un solo punto de vista: en primera y en tercera. Hubo m&aacute;s: hice media docena de versiones&rdquo;. Hay otra raz&oacute;n para usar varios puntos de vista, aparte del mero descarte. La descubri&oacute; con el tiempo, a base de hacerse preguntas. &ldquo;Es la forma m&aacute;s ambigua posible. Yo no era consciente mientras la escrib&iacute;a. Bastante despu&eacute;s me di cuenta de que, en esa novela, no hay una &uacute;nica verdad, sino distintas, en conflicto, contradictorias a veces&rdquo;, lo que potenciaba la ambig&uuml;edad, y &ldquo;la ambig&uuml;edad es, junto a la incertidumbre, la esencia de la gran literatura porque supone el espacio que le cede el autor al lector para que convierta la obra en suya&rdquo;. Las grandes obras, dice Val&eacute;ry, las escriben los lectores, no los autores. &ldquo;Lectores encarnizados, vigilantes, capaces de descubrir en los textos cosas que ni siquiera los autores eran conscientes de haber puesto. Sin ese trabajo suplementario, no hay literatura, s&oacute;lo rompecabezas&rdquo;. <em>El punto ciego</em> habla de eso: de colocar la ambig&uuml;edad en el centro mismo de la literatura. &ldquo;Todav&iacute;a hablamos del <em>Quijote</em>, de <em>Hamlet</em> por eso, por su total ambig&uuml;edad. Le&iacute; el otro d&iacute;a una frase de Roland Barthes que voy a usar seguro [se levanta y toma un volumen blanco, que hojea hasta encontrarla]: &lsquo;Una obra es eterna no por que impone un sentido &uacute;nico a hombres diferentes, sino porque sugiere sentidos diferentes a un hombre &uacute;nico&rsquo;. &iexcl;Fant&aacute;stico! Las grandes novelas tienen esa ambig&uuml;edad en el coraz&oacute;n que denomino <em>punto ciego</em>. Sin &eacute;l, no ser&iacute;an nada&rdquo;.</p>
<p>-Cuando termina de escribir, &iquest;se convierte en lector de su obra?</p>
<p>-No la releo nunca o casi nunca, claro, pero reflexiono sobre ella, y ese es ya un lector distinto, no s&eacute;. Mientras escribo una obra tambi&eacute;n soy lector &ndash;escribo a la vez que leo, s&iacute;-, pero, despu&eacute;s de un tiempo, cuando hablo de ella, me convierto en un lector diferente. Es una visi&oacute;n, rara, muy desde dentro. M&aacute;s all&aacute; de la que poseo de la literatura en tanto que escritor, como la del entrenador de f&uacute;tbol que antes ha jugado. Es m&aacute;s que eso.</p>
<p>-Porque ha puesto distancia...</p>
<p>-Porque he puesto distancia y, al mismo tiempo, conozco muy bien la obra. Ello me permite especular y descubrir cosas que, seguro, no est&aacute;n al alcance de nadie m&aacute;s. Pound, en <em>The ABC of reading</em>, sostiene, como muchos otros, que los mejores cr&iacute;ticos son los escritores. Eliot, Borges, el propio Val&eacute;ry: es dif&iacute;cil pensar en cr&iacute;ticos mejores, &iquest;no? Wilde dec&iacute;a brillantemente lo contrario: &ldquo;Un escritor no puede ser cr&iacute;tico porque juzga de un modo demasiado personal&rdquo;. Y tambi&eacute;n es verdad: a m&iacute; s&oacute;lo me interesan determinados libros. Seguramente, no soy capaz de advertir el valor de un libro que est&aacute; fuera de mi est&eacute;tica, o me cuesta m&aacute;s trabajo hacerlo, o no me apetece hacerlo.</p>
<p>-Pero eso es bueno porque, en los que entras, perforas m&aacute;s.</p>
<p>-S&iacute;, eso tiendo a creer, pero f&iacute;jese qu&eacute; cosas pasan: Eliot rechaz&oacute; a Cernuda -en cambio era admirador de Lorca y lo public&oacute;-. De Cernuda pensaba que hac&iacute;a lo mismo que &eacute;l y, para eso, ya estaba &eacute;l. &iquest;Y Borges?: no fue capaz de apreciar a Balzac o Austen o incluso Tolstoi. Y, as&iacute;, podr&iacute;amos seguir. A cambio, son capaces de descubrir cosas con una perspicacia m&aacute;xima en la literatura que les interesa. Ah&iacute;, su experiencia como escritores es crucial. Eso es lo que le reprochar&iacute;a a Wilde&hellip;</p>
<p>-&hellip; que le interesa como ensayista m&aacute;s que como narrador.</p>
<p>-No, no. Me interesa todo &eacute;l. Si digo eso en alg&uacute;n lugar, me arrepiento.</p>
<p>-En un ensayo de <em>Una buena temporada</em> en el que realza la lucidez cr&iacute;tica de los poetas o de los escritores, Auden, por ejemplo<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>.</p>
<p>-Bueno, es verdad. Elegir un libro sobre los dem&aacute;s, o una faceta entre otras, puede ser justo e injusto. Pero, s&iacute;, claro, sus ensayos son enormes.</p>
<p>-&iquest;Los prefiere en contraste a su obra de creaci&oacute;n?</p>
<p>-&iquest;Y qui&eacute;n ha dicho que los ensayos no son obras de creaci&oacute;n? Precisamente, en ese art&iacute;culo digo que uno de los grandes escritores de XIX, si no el m&aacute;s grande, es Men&eacute;ndez Pelayo&hellip;</p>
<p>-&hellip; que le parece m&aacute;s actual que Men&eacute;ndez Vald&eacute;s, pero lo que defiende es la figura del novelista ejerciendo la cr&iacute;tica literaria.</p>
<p>-Hace muchos a&ntilde;os de ese texto&hellip;. Estoy b&aacute;sicamente de acuerdo con lo que dije. Es un libro, que, por cierto, quiero reeditar... Hombre, las novelas de Wilde &ndash;la novela- y los relatos son muy inferiores a sus ensayos, que, uf, se mantienen deslumbrantes. Incluso su poes&iacute;a es inferior. Se me hab&iacute;a olvidado, pero, vamos, a m&iacute; me gusta todo Wilde.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La literatura aspira a comprender la complejidad&rdquo;</strong></p>
<p>-Javier Cercas ha construido una obra b&iacute;fida. Por un lado, la no ficci&oacute;n; por otro, la ficci&oacute;n. &iquest;Son labores suficientemente diferenciadas?</p>
<p>-En los ensayos hablo yo y doy mis opiniones, que deben ser claras. En <em>Anatom&iacute;a</em> <em>de un instante</em>, que es una obra <em>literaria</em>, lo que cuenta es la ambig&uuml;edad. La literatura aspira a comprender la complejidad. En <em>Soldados de Salamina</em>, hay que ser muy malintencionado o rematadamente idiota para ver, aunque hay quien se empe&ntilde;a, complacencia con el fascismo. Si algo se puede reprochar es, al final, un canto a un h&eacute;roe [republicano]. En la novela se trata de mostrar los puntos de fuga. Las novelas no est&aacute;n para decir que los republicanos eran mejores que los fascistas ni que es mejor no matar que matar.</p>
<p>-En <em>Anatom&iacute;a</em>&hellip; hay adjetivos.</p>
<p>-Por supuesto.</p>
<p>-Peyorativos.</p>
<p>-Claro. &iquest;Cu&aacute;l es el problema?</p>
<p>-Se califica desleal el comportamiento del PSOE &ndash;p&aacute;gina 63-, se llama conspirador al rey -139-,&hellip;</p>
<p>-El narrador de esa obra hace juicios morales, por supuesto, y esos juicios van cambiando y matiz&aacute;ndose y volvi&eacute;ndose a matizar, como en una novela; y al final la visi&oacute;n es la general, no la de un solo adjetivo. Hablo, por ejemplo, de los H&eacute;roes de la Traici&oacute;n. En ning&uacute;n sitio pone que no se puede opinar sobre ellos.</p>
<p>-Me refiero a la alquimia: &iquest;de qu&eacute; compensaci&oacute;n surge la ambig&uuml;edad final, sobre todo, en un relato que aspira a la claridad?</p>
<p>-&hellip; Bueno, respetar la complejidad significa presentar la realidad con todos sus matices. Es verdad que <em>Anatom&iacute;a&hellip;</em> es un libro peculiar porque tiene mucho de ensayo y de cr&oacute;nica, pero al final es una novela.</p>
<p>-&iquest;Una novela de <em>no ficci&oacute;n</em>?</p>
<p>-Es un t&eacute;rmino posible, s&iacute;.</p>
<p>-Desde la perspectiva de que <em>novela</em> es lo que se puede leer como tal, como usted en alg&uacute;n lugar manifiesta, de acuerdo. Pero, &iquest;por qu&eacute; subraya el t&eacute;rmino? La ambig&uuml;edad, en este caso, gen&eacute;rica, &iquest;no le aleja de la realidad y puede sembrar dudas en algunos?</p>
<p>-En el pr&oacute;logo de <em>Anatom&iacute;a&hellip;</em> explico que quer&iacute;a hacer una ficci&oacute;n y, al final, decido lo contrario. En la cubierta pone claramente <em>Esto no es una ficci&oacute;n</em>. Y, en tercer lugar, proh&iacute;bo que salga la palabra <em>novela</em> en la contraportada porque se supone que novela es igual a ficci&oacute;n y, hasta donde yo s&eacute;, todo lo que se cuenta ah&iacute; es realidad. El caso de <em>Soldados de Salamina</em> es distinto, es una novela en este sentido m&aacute;s tradicional&hellip; que contiene elementos reales y ficticios, cosa en el fondo habitual en la novela pero prohibida en el periodismo y en la historia, porque, en ellos al contrario que en la novela digamos con ficci&oacute;n, la mezcla de ficci&oacute;n y realidad da ficci&oacute;n, y la de verdad y mentira, da mentira. Ser&iacute;a enga&ntilde;ar ileg&iacute;timamente. Pero en una novela, como digo, est&aacute;s obligado a mezclar, a enga&ntilde;ar, &eacute;se es el pacto con el lector: <em>lo que se dice aqu&iacute; no es verdad, nunca ocurri&oacute; lo que aqu&iacute; se cuenta, aunque lo parezca</em>. S&iacute;, hay gente que se crey&oacute; que el <em>Quijote</em> no lo hab&iacute;a escrito Cervantes, sino Cide Hamete Benengeli. Hay gente de todo tipo en el mundo, no podemos remediarlo. Pero las novelas funcionan as&iacute;: son enga&ntilde;os; enga&ntilde;os consentidos. Dice Gorgias, siglo IV a. n. e., &iexcl;anda que no ha llovido!, citado por Plutarco: &ldquo;La poes&iacute;a &ndash;debemos entender, la ficci&oacute;n- es un enga&ntilde;o en el que quien enga&ntilde;a es m&aacute;s honesto que quien no enga&ntilde;a y quien se deja enga&ntilde;ar es m&aacute;s sabio que quien no se deja enga&ntilde;ar&rdquo;. El deber de Flaubert era enga&ntilde;ar a la gente, haci&eacute;ndola creer que Bovary hab&iacute;a existido. Es la convenci&oacute;n. El receptor, mientras dura la lectura, cree que aquello sucedi&oacute;: igual debe hacer el lector de <em>Soldados&hellip;</em> El que se siente enga&ntilde;ado -<em>y se queja</em>: Madame Bovary<em> es mentira, &iexcl;me ha enga&ntilde;ado!</em>-, &eacute;se es un necio. &iexcl;El sabio se deja enga&ntilde;ar!, y, del enga&ntilde;o, extrae una verdad inaccesible de otra manera, que es lo que llamamos la verdad literaria. El se&ntilde;or Tarantino tiene todo el derecho del mundo a matar a Hitler en 1944 en un teatro. Y si hay alguien que se lo cree, que no vaya al cine y vuelva a la escuela. &iquest;Qu&eacute; hacemos, de lo contrario, con Homero, con Dante, con Shakespeare, toda la literatura universal?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El nivel de debate de este pa&iacute;s es horrible&rdquo;</strong></p>
<p>-En esa mezcla, muchos personajes de su obra tienen que ver consigo: Mario Rota, en <em>El inquilino</em>; &Aacute;lvaro, en <em>El m&oacute;vil</em>; Gafitas, en <em>Las leyes de la frontera</em>; Rodney, en <em>La velocidad de la luz</em>; los narradores de <em>Soldados&hellip;</em> y de <em>Anatom&iacute;a&hellip;</em>, por descontado. Se presenta con sus dudas inopinadamente cercano, &iquest;no teme hacerse vulnerable a los ojos del lector?</p>
<p>-La literatura es as&iacute; [cara de hilaridad]. Yo tengo dudas sobre casi todo, hay gente que no&hellip; &iquest;Que cualquier cosa que diga puede ser utilizada en mi contra? Es deprimente, pero prefiero eso a presentarme como un chulo que ve todos los defectos de los dem&aacute;s y ninguno de s&iacute; mismo.</p>
<p>-Su yo sale dentro de muestras de humor muy evidentes.</p>
<p>-Si uno es incapaz de re&iacute;rse de s&iacute; mismo, apaga y v&aacute;monos.</p>
<p>-Mi comentario iba en esa clave&hellip; sin dramas.</p>
<p>-El humor bien entendido empieza por uno mismo. &ldquo;La seriedad &ndash;dec&iacute;a La Rochefoucauld, y lo repiti&oacute; Sterne, o un personaje de Sterne- es la m&aacute;scara que se pone el cuerpo para ocultar la putrefacci&oacute;n del esp&iacute;ritu&rdquo;. El que va de serio, y es incapaz de re&iacute;rse, &eacute;se est&aacute; totalmente podrido. &iexcl;Es la m&iacute;nima decencia! Alguien podr&aacute; decirme: &ldquo;Eres un temerario, no te ataques t&uacute;&rdquo;. S&iacute;, pues espere al pr&oacute;ximo libro, <em>El impostor</em>&hellip; El nivel de debate de este pa&iacute;s es horrible.</p>
<p>-En realidad, &ldquo;hablar mucho de uno mismo es la mejor manera de ocultarse&rdquo;<a title="" href="#_ftn2">[2]</a>.</p>
<p>-Por supuesto.</p>
<p>-Quiero decir que quien espere sacar de sus libros la personalidad del autor para juzgarla, no va a poder.</p>
<p>-S&iacute;, pero, mire, ahora me contradigo. Usted est&aacute; tocando un tema delicado, que tiene doble cara: por una parte, es verdad la frase de Nietzsche; por otra, el yo verdadero es el que est&aacute; en los libros, eso lo dijo Proust y va a misa. Sin duda. Mi yo verdadero est&aacute; en los libros.</p>
<p>-Mezclado con el de los personajes.</p>
<p>-Por supuesto: yo no <em>cuento mi vida</em> en los libros, pero lo que yo cuento en ellos es m&aacute;s verdad que mi vida <em>real</em>. &ldquo;Yo &ndash;vino a decir Proust- no soy quien te est&aacute; hablando ahora; soy el se&ntilde;or que est&aacute; metido ah&iacute;, en el libro&rdquo;. Estoy disuelto en los libros con mis angustias y mis miedos y todo lo dem&aacute;s.</p>
<p>-&iquest;Hasta el punto de considerarse completamente personaje en alg&uacute;n momento?</p>
<p>-&iexcl;Todos somos personajes! Todos representamos alg&uacute;n papel.</p>
<p>-La verdadera vida, rematando con Proust, es la literatura.</p>
<p>-&iexcl;Pero c&oacute;mo no!...</p>
<p>-M&aacute;s que la prosaica de la calle.</p>
<p>-Hombre, esa vida puede ser fant&aacute;stica tambi&eacute;n, pero la literatura es el sitio donde eso, la vida prosaica de la calle, cobra sentido. Escribir es una forma m&aacute;s intensa de vivir.</p>
<p>-Eso dijo Borges.</p>
<p>-Con toda la raz&oacute;n del mundo, igual que Proust. Pero, ojo: vivir y escribir no son cosas separadas, se alimentan mutuamente. La <em>vida</em> me encanta. A lo que hay que a&ntilde;adir esto: el se&ntilde;or encerrado en un cuarto, como estuvo Proust, entre paredes de corcho, &iexcl;no est&aacute; aislado de la vida! Eso es vivir muy, pero que muy, bien, y muy intensamente. Est&aacute; viviendo m&aacute;s que los que andan, por ejemplo, en una discoteca. A ver, &iquest;por qu&eacute; va a ser vivir m&aacute;s y disfrutar m&aacute;s estar en una discoteca que encerrado en un cuarto escribiendo? No veo por qu&eacute;.</p>
<p>-&ldquo;Un escritor verdadero es el que se repone a la tentaci&oacute;n del silencio&rdquo;, dice en <em>Agamen&oacute;n</em>.</p>
<p>-S&iacute;, claro&hellip; La tentaci&oacute;n siempre est&aacute; ah&iacute;. Y, como dijo no s&eacute; qui&eacute;n -a lo mejor yo mismo-, la mejor escritura siempre linda con el silencio.</p>
<p>-Sin embargo, encontramos en <em>Soldados</em>&hellip; lo siguiente: &ldquo;Un escritor de verdad nunca deja de ser escritor aunque no escriba&rdquo;. No s&eacute; si es uno de los casos en que usted se independiza del personaje.</p>
<p>-Eso lo dice Bola&ntilde;o y lo que dice un personaje, como bien apunta, no lo dice el autor. Lo que se dice en mis novelas, como en todas, hay que entenderlo en el contexto de las novelas. Bola&ntilde;o se lo dice al narrador porque quiere que escriba, nada m&aacute;s. Le dice: &ldquo;T&uacute; eres escritor&rdquo;. Por supuesto, el Bola&ntilde;o real nunca dijo tales cosas; es un personaje, aunque alguna vez he visto que le han atribuido cosas que <em>dice</em> en <em>Soldados de Salamina</em>.</p>
<p>-Ha comentado m&aacute;s de una vez la distinci&oacute;n ferlosiana entre personajes de car&aacute;cter y de destino. Si extrapolamos la distinci&oacute;n de la <em>literatura</em> a la <em>vida</em>, &iquest;qu&eacute; clase de personaje se considera?</p>
<p>-Yo, por desgracia, soy personaje de destino. Los de car&aacute;cter son los ni&ntilde;os, los locos y los sabios. Qu&eacute; m&aacute;s quisiera yo que pertenecer a uno de esos grupos &ndash;bueno, al de los locos no-, formados por seres capaces de evitar vivir <em>entre la nostalgia y la esperanza</em>, como dice Montaigne que hacemos los dem&aacute;s.</p>
<p>-&Eacute;l tira a sabio. &iquest;En qu&eacute; grupo se inclu&iacute;a?</p>
<p>-&Eacute;l es un sabio, por eso nos supo definir. Pero se inclu&iacute;a en el com&uacute;n. Los personajes de car&aacute;cter son capaces de vivir en el presente. Montaigne dice que todos vivimos entre la nostalgia y la esperanza: recordando, arrepinti&eacute;ndonos, proyectando lo que queremos hacer. &ldquo;Nous ne sommes jamais au&nbsp; monde&rdquo; &ndash;es decir: nunca estamos en el mundo, en el presente, en lo que estamos viviendo-. Lo contrario s&oacute;lo son capaces de hacerlo los personajes de car&aacute;cter. Muy poca gente. Nadie en el fondo, es m&aacute;s bien una aspiraci&oacute;n. La de vivir cada vez m&aacute;s ahincado en el presente.</p>
<p>-Y qu&eacute; es m&aacute;s doblegable: &iquest;la literatura o la vida? &iquest;D&oacute;nde puede uno conseguir mejor lo que desea?, o trazar o corregir el camino.</p>
<p>-Hombre, en la literatura, &iquest;no?</p>
<p>-&iquest;Es m&aacute;s f&aacute;cil?</p>
<p>-S&iacute;&hellip;</p>
<p>-Usted porque es escritor&hellip; con abulia se puede vivir, dej&aacute;ndose llevar, pero nunca se podr&iacute;a escribir una novela.</p>
<p>-Bueno, a m&iacute; me cuesta menos porque soy escritor, al final no soy otra cosa, me ha costado mucho admitirlo. Pero es as&iacute;: me dedico a escribir, me gano la vida escribiendo y doy lo mejor de m&iacute; escribiendo. &iquest;En la literatura puedes elegir&hellip; m&aacute;s que en la vida? En la vida tambi&eacute;n puedes elegir. Aunque llega un momento en los libros &ndash;y seguramente en la vida- en que cada vez menos.</p>
<p>-&iquest;Cuando ya se ha <em>escrito</em> mucho?</p>
<p>-Depende de las reglas. Escribir un libro consiste en encontrar sus reglas. Las de cada uno han de ser distintas. Esto es muy importante. Cada libro formula una pregunta y, como cada pregunta es distinta, la manera de formularla tambi&eacute;n debe serlo. Eso diferencia a los escritores buenos de los falsamente buenos, que siempre hacen lo mismo, formulan igual preguntas distintas. Cambian algunas cositas, pero nada m&aacute;s. Hay quien, sobre todo si tiene &eacute;xito, cuela siete veces el mismo libro&hellip; y los que escribimos sabemos que hace trampa. Cada libro tiene que ser distinto y, si las reglas son fuertes, tiran de ti. Algunos escritores confiesan &ndash;es un clich&eacute; pero los clich&eacute;s siempre tienen algo de verdad, por eso lo son- que los personajes se les van de las manos y, eso, hay personas que piensan que es un cuento -Cela dec&iacute;a: &ldquo;Pues, si se me van de las manos, les pego una hostia&rdquo;-. No tiene nada de cuento ni de m&aacute;gico, y si lo tiene, se debe a la magia de la literatura: quiere decir que las reglas del libro han sido muy estrictas y los personajes ya van por su camino: en la segunda parte del <em>Quijote</em>, Cervantes no puede hacer que don Quijote y Sancho hagan lo que a &eacute;l le d&eacute; la gana -a menos que fuera idiota, cosa que evidentemente no era-. Imposible: don Quijote es don Quijote y Sancho es Sancho. Cervantes, bastante hace yendo detr&aacute;s de ellos. No puede obligarles a actuar de una forma distinta a la que llevan impl&iacute;cita en su car&aacute;cter, que ya est&aacute; totalmente definido. Dicen determinadas cosas, son de determinada manera, no pueden hacer lo que no corresponde a su car&aacute;cter. A menos que quieras arruinar el libro -algunos lo logran&hellip;-. La felicidad consiste en ver que <em>aquello</em> tira de ti.</p>
<p>Caminar de la mano de sus personajes y de la del narrador no elimina la angustia de Javier Cercas. Le cuesta m&aacute;s empezar un libro, ah&iacute; radica su capacidad de elecci&oacute;n, que acabarlo. Los finales le salen con relativa facilidad.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Sobre <em>Soldados de Salamina</em> y <em>Anatom&iacute;a de un instante</em></strong></p>
<p><em>Soldados de Salamina</em> y <em>Anatom&iacute;a de un instante</em> son los libros m&aacute;s parecidos y, en el fondo, los m&aacute;s distintos dentro de su obra. Los dos hablan, con reglas opuestas, de un instante y de un periodo hist&oacute;rico. En <em>Soldados&hellip;</em> estamos ante una mezcla de ficci&oacute;n y de realidad, es decir, ante una falsa cr&oacute;nica. &ldquo;Le digo al lector <em>Esto es un relato real</em>, como Cervantes dec&iacute;a que la historia de don Quijote era cierta. Ahora he vuelto a <em>Billy Budd</em>, una obra maestra, y Melville asegura lo mismo: <em>Esto es una historia real</em>. &iexcl;Todo el mundo sabe que no! Tambi&eacute;n pasa en <em>Robinson Crusoe, </em>aunque &eacute;ste fue directamente un fraude, un fraude genial, como el<em> Lazarillo</em>. Pero en el <em>Quijote</em> es m&aacute;s evidente que en muchos otros sitios por lo desarrollado que est&aacute;. Cervantes viene a decir: &lsquo;La historia de don Quijote es verdadera, don Quijote existi&oacute;, y, adem&aacute;s, no la cont&eacute; yo, la cont&oacute; un historiador que se llama Cide Hamete Benengeli<a title="" href="#_ftn3">[3]</a>&rsquo;&rdquo;.</p>
<p>En <em>Soldados de Salamina</em> quien habla es un hipot&eacute;tico periodista en busca de la verdad hist&oacute;rica y, al que, en un momento, no le bastan los instrumentos que tiene a mano: la investigaci&oacute;n tradicional, el uso de testigos, el cotejo de documentos, porque casi no hay, etc&eacute;tera. Y es entonces, al revelarse insuficientes los aparejos te&oacute;ricamente imparciales de la historia y el periodismo, cuando llega la ficci&oacute;n, con su foco de imaginaci&oacute;n y fantas&iacute;a, al lugar para el que la Historia permanece ciega, a e ilumina su oscuridad.</p>
<p><em>Anatom&iacute;a de un instante</em> es lo contrario. Javier Cercas avisa en el pr&oacute;logo &ndash;titulado &lsquo;Ep&iacute;logo de una novela&rsquo;- de que abandon&oacute; la idea de construir una ficci&oacute;n cuando se dio cuenta de que el 23-F &ldquo;ya era una gran ficci&oacute;n colectiva&rdquo;. Seg&uacute;n Juli&aacute;n Mar&iacute;as y Javier Pradera, la gran ficci&oacute;n<a title="" href="#_ftn4">[4]</a>. Cuando se plantea escribir sobre el Golpe, siente que la mentira ha sido elaborada a lo largo de treinta a&ntilde;os y que escribir ficci&oacute;n sobre ficci&oacute;n resulta redundante y literariamente <em>irrelevante</em>. &ldquo;Aqu&iacute; estamos ante una novela de no ficci&oacute;n, mientras en <em>Soldados</em> est&aacute;bamos ante una novela cl&aacute;sica&rdquo;.</p>
<p>-Cl&aacute;sica, pero muy moderna.</p>
<p>-Cl&aacute;sica en el sentido de que mezcla ficci&oacute;n y realidad. Y moderna, no; posmoderna.</p>
<p>-Dec&iacute;a moderna como <em>nueva</em>, <em>&uacute;ltima</em>, de investigaci&oacute;n formal, contraria, si quieres, a la realista.</p>
<p>-As&iacute;, s&iacute;. Pero yo dir&iacute;a que ahora ya soy <em>posposmoderno</em>; de hecho, empec&eacute; a serlo en la tercera parte de <em>Salamina</em>. En fin. Esto es otro tema.</p>
<p>-Los cap&iacute;tulos son aventuras formales independientes.</p>
<p>-Independientes pero unitarias. Una mitad de <em>Soldados de Salamina </em>es posmoderna -como <em>El m&oacute;vil</em> y <em>El inquilino</em>-; y otra, <em>posposmoderna</em>. Lo que viene despu&eacute;s ya se ha quedado en esa <em>posposmodernidad</em>. &Eacute;sas son las dos variantes en que me muevo.</p>
<p>-Pero una posmodernidad que entronca con Cervantes, inicio de la novela moderna&hellip;</p>
<p>-&iexcl;Pero es que yo defiendo que la posmodernidad es Cervantes! En &eacute;l est&aacute; todo [y parece que lo dice con may&uacute;scula, &Eacute;l]. Mi intento, visible en <em>Soldados de Salamina</em> y en <em>Anatom&iacute;a de un instante</em>, es romper el modelo del XIX, el siglo del gran modelo de realista-cl&aacute;sico. Vivimos todav&iacute;a ah&iacute; por desgracia. Lo que he intentado, y lo ver&aacute; de manera m&aacute;s clara en <em>El impostor</em>, es volver atr&aacute;s. &iquest;D&oacute;nde encontrar lo m&aacute;s moderno? En lo m&aacute;s antiguo. Siempre ha sido as&iacute;. Los contempor&aacute;neos se acaban todos pareciendo. Lo que intento, pienso que desde el principio, pero es m&aacute;s palmario los &uacute;ltimos a&ntilde;os, es romper con la idea de la novela como una historia que se cuenta con unos personajes y una trama etc&eacute;tera, etc&eacute;tera.</p>
<p>-&iquest;Y por qu&eacute; rompe? Me refiero a si es espont&aacute;neo o premeditado.</p>
<p>-Ver&aacute;, rompo por dos motivos: uno, porque hago novelas <em>reales, novelas sin ficci&oacute;n</em> -no a la manera de Capote o de Carr&egrave;re, sino cosidas a la realidad, rigurosamente reales, en el caso de <em>Anatom&iacute;a&hellip;</em> y de la &uacute;ltima; de otro modo tambi&eacute;n en <em>Soldados&hellip;</em>-. Y, dos, porque, como la novela del XVIII inglesa y el <em>Quijote</em>, son banquetes con muchos platos. <em>Cocidos, </em>si quieres. La novela es un g&eacute;nero de g&eacute;neros. Cabe todo: el ensayo, la biograf&iacute;a, la autobiograf&iacute;a, la cr&oacute;nica period&iacute;stica... Todo. Yo lo llamo novela. Una novela tan libre y heterog&eacute;nea como la que hab&iacute;a antes del estrecho XIX, que aporta un modelo maravilloso, pero que es tan s&oacute;lo un modelo&hellip; y no s&eacute; si va a dar mucho m&aacute;s de s&iacute;. &iexcl;Yo no quiero eso! &iquest;Tiene riesgos mi conducta? S&iacute;: puede venir una panda y lanzarme un martillo a la cabeza, y, si puede, dos. Quien no asuma riesgos, que no sea escritor.</p>
<p>-O sea, privilegia la realidad, pero, como Borges, abomina del realismo.</p>
<p>-Es que yo no tengo nada que ver con &eacute;l &ndash;con el realismo-, aunque admire a determinados escritores. Lo m&iacute;o, si acaso, tiene que ver con cierto hiperrealismo.</p>
<p>-Por las venas de sus novelas circula el rock.</p>
<p>-&iquest;S&iacute;? Qu&eacute; bien, eso me encanta. Yo creo que es verdad. &iquest;En qu&eacute; lo nota?</p>
<p>-Es manifiesto en el andamiaje, en la estructura, en el ritmo, por ejemplo. Se escucha la bater&iacute;a detr&aacute;s, golpeando la caja, marcando los compases, tirando hacia delante, marcando las pausas y el desboque como un rocinante a trote ligero.</p>
<p>-Absolutamente cierto. Ese libro &ndash;se&ntilde;ala <em>Anatom&iacute;a de un instante</em>- est&aacute; escrito a ritmo de <em>rock and roll</em>. Es la primera vez que alguien lo dice y es completamente cierto, ya era hora. A ritmo de <em>rock and roll</em>, as&iacute; quiero yo escribir mis libros: pa-pa-pa-pa-pa [y simula manejar unas baquetas].</p>
<p>-El rock y la m&uacute;sica popular, &iquest;han alcanzado un estatus reivindicable, igual que la cl&aacute;sica?,&nbsp; &iquest;por fin son presentables en sociedad?</p>
<p>-Le cuento un secreto: <em>Anatom&iacute;a de un instante</em> se iba a llamar <em>Heavy metal</em>. En fin, era una broma, aunque no s&eacute; hasta qu&eacute; punto.... Llam&eacute; a un amigo de toda la vida, que tiene muchos discos, que hemos escuchado juntos siempre en su casa y, para mi asombro, me pidi&oacute; que no fuera loco. Me lo quit&oacute; de la cabeza. Qu&eacute; pena, &iquest;no? El arte y la literatura se alimentan de lo popular porque es lo que todav&iacute;a no ha muerto, lo desprestigiado aunque vivo. Lo que ya est&aacute; en los museos, bueno, claro que puede ser materia &uacute;til para un artista, para un escritor, pero no siempre es as&iacute;; a veces puede ser paralizante, esterilizante. Los grandes artistas, la mayor&iacute;a, son aquellos que obraron sin pensar en la academia ni en los museos, que escrib&iacute;an cosas <em>sin prestigio</em>. Shakespeare, para su &eacute;poca, ni siquiera era considerado literatura; Cervantes no era m&aacute;s que el autor de un <em>best-seller</em>; Dickens, ya sabemos, no pasaba de <em>popular</em>; la novela, en general, no fue un g&eacute;nero serio hasta finales del diecinueve o principios del veinte. Etc&eacute;tera, etc&eacute;tera, etc&eacute;tera, etc&eacute;tera. Hay que recuperar ese esp&iacute;ritu. Lo fant&aacute;stico es el arte que todav&iacute;a <em>est&aacute; haci&eacute;ndose</em>.</p>
<p>-&iquest;Qu&eacute; me dice del cine, un arte joven?</p>
<p>-A pesar de que es cierto que es un arte joven, tampoco veo posible el candor en &eacute;l. &iquest;Por qu&eacute; son grandes John Ford y los cineastas de los cuarenta? Porque todav&iacute;a lo que ellos practican &ndash;desde su punto de vista- no es <em>Arte</em>. Cuando a Ford los j&oacute;venes franceses de los sesenta le sueltan que hace grandes obras de arte, &eacute;l se echa a re&iacute;r con el puro en la boca y un g&uuml;isqui en la mano. Y no les manda a la mierda por poco.</p>
<p>-&iquest;Ni volc&aacute;ndose en el yo, creando seg&uacute;n el impulso y sin rendir cuentas, es posible ya la <em>ignorancia</em>? &iquest;Bola&ntilde;o era consciente de la entidad de lo que hac&iacute;a cuando, enfermo y sin asomo del reconocimiento posterior, se apart&oacute; a escribir?</p>
<p>-Bola&ntilde;o es un contempor&aacute;neo. Nosotros ya somos conscientes de lo que hacemos. Y, m&aacute;s, los novelistas. Desde Flaubert todos somos <em>hiperconscientes</em>. &iexcl;Bola&ntilde;o no era un salvaje, por favor! Era un tipo muy le&iacute;do y muy culto. Todos somos <em>hiperconscientes</em>. Pero s&iacute; es verdad que los materiales todav&iacute;a no digeridos por el arte oficial son quiz&aacute; los m&aacute;s &uacute;tiles. Porque todav&iacute;a est&aacute;n <em>en bruto</em>&hellip; En cuanto a m&uacute;sica&hellip; mis gustos cl&aacute;sicos son escasos, pero intensos: Bach y Mozart; algunas cosas de Haendel y de Beethoven. Yo no distingo en mi iPod entre <em>La flauta m&aacute;gica</em> y Creedence Clearwater Revival. Tampoco hay presencia expl&iacute;cita del <em>rock</em> en mis novelas&hellip;</p>
<p>-Bueno, circulan algunos nombres<a title="" href="#_ftn5">[5]</a>.</p>
<p>-S&iacute;, pero muy tapados, muy tapados, de ah&iacute; que pocas personas pueden deducir lo que usted comenta acerca del ritmo. Son alusiones que, seguramente, le han saltado a la vista despu&eacute;s de descubrir el ritmo, no antes. Me encanta que diga que suena a rock. Mis libros tienen un ritmo muy ca&ntilde;ero; o eso me gustar&iacute;a. A lo mejor si yo he aportado alguna cosa distinta es, precisamente, de ese tipo. Y tiene que ver con ser un perif&eacute;rico, no porque lo crea o lo quiera, sino porque lo soy. Un don nadie.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Era, y soy, un tipo perif&eacute;rico&rdquo;</strong></p>
<p>-Que se va a Oxford&hellip;</p>
<p>-Toda mi vida he sido un simple profesor de universidad de provincias &ndash;en Gerona o en el Medio Oeste estadounidense-.</p>
<p>-&iquest;Un <em>simple profesor de universidad</em>?</p>
<p>-Bueno, para lo que cuenta, para la literatura, no era nadie. Era, y soy, un tipo perif&eacute;rico: de Gerona y de Ibahernando, C&aacute;ceres. Eso. &iquest;He vivido en Barcelona? S&iacute;. &iquest;Viajo? S&iacute;. &iquest;Ahora ya no soy periferia?. Vale. Pero el haber sido hasta los cuarenta a&ntilde;os totalmente perif&eacute;rico, en el estricto sentido de la palabra, me ha marcado. &iexcl;Yo no conoc&iacute;a ni a un pu&ntilde;etero escritor en espa&ntilde;ol! Cuando conoc&iacute; a los primeros -Vila-Matas y Bola&ntilde;o-, ten&iacute;a treinta y siete a&ntilde;os. Hasta ese momento, s&oacute;lo conoc&iacute;a a poetas catalanes, como Joan Ferrat&eacute; y Salvador Oliva, y a alg&uacute;n narrador, como Quim Monz&oacute; o Sergi P&agrave;mies. Ya ve&hellip; m&aacute;s perif&eacute;rico no se puede ser, para la literatura espa&ntilde;ola. &iexcl;La mitad de <em>Una buena temporada</em> fue escrita en catal&aacute;n! &iexcl;Periferia total y absoluta! No estaba en el circuito de la vida literaria espa&ntilde;ola. &iexcl;En absoluto! Yo viv&iacute;a en Las Antillas. Y me alegro. Fue por circunstancias de la vida, tampoco es que lo buscara. Y eso, quiz&aacute;, me llev&oacute; a abordar de manera distinta temas muy agotados. O eso creo.</p>
<p>En ese punto &ndash;abordar de manera nueva temas muy agotados- es donde, de tapadillo y repreguntado, Javier Cercas encuentra una clave de su &eacute;xito. &ldquo;Por vez primera se abordaba la Guerra Civil, quiz&aacute;, con instrumentos narrativos distintos. Yo soy un se&ntilde;or educado en el posmodernismo norteamericano, en Barthelme, Borges, Kafka, Calvino&hellip; esos eran mis h&eacute;roes. De la Guerra Civil se escrib&iacute;a o en plan realista o en <em>plan Benet</em>&rdquo;. Asegura que, quiz&aacute;, a nadie se le hab&iacute;a ocurrido hacerlo con metaliteratura y autoficci&oacute;n, elementos caracter&iacute;sticos de la narrativa posmoderna, como tampoco a nadie en los ambientes de Madrid se le habr&iacute;a ocurrido escribir un libro sobre el 23-F&hellip; demasiado grande, <em>demasiado gordo</em>, demasiado evidente, &ldquo;como el asesinato de Kennedy. S&oacute;lo a un tarado que vive por aqu&iacute;, en las afueras, se le ocurre algo as&iacute;. Quiz&aacute; nuestras virtudes son nuestros defectos&rdquo;.</p>
<p>&Eacute;l, educado en Calvino, Kafka y Borges, desconoce el encuentro entre este &uacute;ltimo y Mick Jagger, esto es, entre la Literatura y el Rock. Argentino e ingl&eacute;s tropezaron en el Palace madrile&ntilde;o y, seg&uacute;n parece, se profesaban entre simpat&iacute;a y admiraci&oacute;n, lo que refuerza su tesis sobre lo popular. Al autor de <em>El Aleph</em>, paradigma de la cultura may&uacute;scula, ni siquiera le gustaba Beethoven. La fuente es Mar&iacute;a Kodama, quien la mire con ojeriza pensar&aacute; que est&aacute; contaminada. &ldquo;Borges es una pasi&oacute;n que compart&iacute;a con Bola&ntilde;o. Creo que no se puede escribir en castellano sin haberlo asimilado. La mayor desgracia que le ha ocurrido a la literatura en espa&ntilde;ol es no haber sabido leer <em>El Quijote</em>. Los ingleses lo hicieron por nosotros. Cuando voy a Inglaterra siempre digo lo mismo: &lsquo;D&eacute;jense del Pe&ntilde;&oacute;n de Gibraltar y devu&eacute;lvannos la novela&rsquo;. Nos la robaron por imb&eacute;ciles, sin remedio, adem&aacute;s. Quienes la entendieron fueron Sterne, Fielding, Richardson,&hellip; Ellos dijeron: &lsquo;Esto es lo que hay que hacer&rsquo;, y lo avisan al empezar sus libros. Toda la novela occidental viene de ah&iacute;. Mientras, los espa&ntilde;oles, hala, tumbados a la bartola, distra&iacute;dos, creyendo que los buenos eran otros, o que no hab&iacute;a nadie bueno. &iexcl;Un horror! Con Borges no debe pasar eso&rdquo;. Afirma haberlo le&iacute;do sin parar desde los quince a&ntilde;os y siempre parecerle bueno. &ldquo;Tampoco se puede sin Kafka ni Pessoa&rdquo;. No se basa en su propio gusto: &ldquo;Son los que descubrieron cosas esenciales. En castellano, Borges es la tercera y &uacute;ltima revoluci&oacute;n. La primera fue Garcilaso y la segunda, Rub&eacute;n [Dar&iacute;o]. La literatura, sobre todo en castellano, es antes y despu&eacute;s de Borges&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;No asimilar las lecturas es un problema muy grave. Hay practicar de manera correcta el arte del canibalismo&rdquo;</strong></p>
<p>-Un peligro es que te posea, se ven casos en los que no se han metabolizado las lecturas.</p>
<p>-&iexcl;Lo que no hay que ser es ser un <em>borgesito</em>! Claro, eso es lo peor del mundo. Yo espero haberlo devorado y haber hecho una literatura distinta, que sin &eacute;l ser&iacute;a imposible, vuelvo a decir. Y, s&iacute;, no asimilar las lecturas es un problema muy grave. Hay practicar de manera correcta el arte del canibalismo. Lo he dicho muchas veces respecto a la relaci&oacute;n de los escritores en espa&ntilde;ol, sobre todo latinoamericanos, con la tradici&oacute;n. El m&eacute;rito de la narrativa de la segunda parte del XX fue recuperar a Cervantes gracias, fundamentalmente, a la relectura borgiana del <em>Quijote</em>. Todos los grandes &ndash;Garc&iacute;a M&aacute;rquez, Vargas Llosa, Cort&aacute;zar&hellip;- recuperan a su modo el legado perdido de Cervantes y resit&uacute;an la literatura espa&ntilde;ola en el lugar central de Occidente. Frente a esta explosi&oacute;n mundial creativa &ndash;tambi&eacute;n est&aacute;n Carpentier, Rulfo, Bioy,&hellip;- en Espa&ntilde;a no hay casi nadie. Y ahora, en nuestra lengua, las reacciones frente a esa explosi&oacute;n de talento han tendido a ser dos: el epigonismo, escribir a la manera de; y el parricidio, a la manera freudiana &ndash;&lsquo;No, en realidad, no son tan buenos, hay que matarlos&hellip;&rsquo;-. No, no basta con matarlos. Hay un personaje de la pel&iacute;cula de Pasolini <em>Uccellacci e uccellini</em> &ndash;<em>Pajaritos y pajarracos</em>- que dice: &lsquo;Il maestri si mangiano in salsa piccante&rsquo; &ndash;A los maestros se comen en salsa picante-. No basta matar al padre; hay que matarlo, sacar sus v&iacute;sceras, tirarlas, ponerlo a la parrilla, darlo la vuelta, echar salsa picante y comerlo. En eso consiste la literatura: masticarlos a todos, digerirlos y lograr con ellos una literatura distinta de la de ellos que sin la de ellos, sin embargo, ser&iacute;a imposible. Mi generaci&oacute;n ha sido una privilegiada por tener tanta comida. Ellos no tuvieron mucho donde elegir en nuestra lengua.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>-Y qu&eacute; tal se lleva con Mar&iacute;a Kodama.</p>
<p>-No la conozco, pero bien. Conozco la guerra, pero no la sigo; y no me interesa mucho, la verdad.</p>
<p>-Es un poco Yoko Ono.</p>
<p>-S&iacute;, es la Yoko de la literatura. Siempre hay que buscar una mala y suelen ser las viudas. La de Alberti, de Bola&ntilde;o&hellip; S&eacute; lo que dec&iacute;an Bioy y el c&iacute;rculo de Borges&hellip; cuestiones personales&hellip;</p>
<p>-Lo importante es que pas&oacute; a gusto con ella sus &uacute;ltimos a&ntilde;os.</p>
<p>-Importante no, muy importante. Tuvo una compa&ntilde;era de verdad. Sufri&oacute; tanto con las mujeres, pero tanto, que es muy bueno que al final tuviese a una chica joven con la que disfrutar y por la que sentirse querido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;No es lo mismo la verdad hist&oacute;rica o period&iacute;stica que la verdad literaria&rdquo;</strong></p>
<p>-Volvamos a la literatura. Defiende el concepto <em>relato real</em> al tiempo que se suma a la defensa de la ficci&oacute;n como indagaci&oacute;n de la verdad. &iquest;Qu&eacute; pesa m&aacute;s en usted: la realidad o la verdad?</p>
<p>-Son dos cosas distintas. No es lo mismo la verdad hist&oacute;rica o la verdad period&iacute;stica que la verdad literaria. Arist&oacute;teles distingu&iacute;a entre historia y poes&iacute;a. Yo dir&iacute;a que la verdad de la primera es concreta, factual -busca qu&eacute; les ocurri&oacute; a determinadas personas, en un determinado momento, en un determinado lugar-; la verdad de la poes&iacute;a &ndash;o de la literatura, o de la ficci&oacute;n-, en cambio, es moral, abstracta, universal: busca qu&eacute; les ocurri&oacute; a todos los hombres en cualquier tiempo, bajo cualquier circunstancia, en cualquier lugar. Para llegar a ella hay que trazar, a menudo, la par&aacute;bola de la ficci&oacute;n.</p>
<p>-No es el caso de <em>Anatom&iacute;a de un instante</em>, que busca las dos.</p>
<p>-&Eacute;se es un libro chalado: busca qu&eacute; ocurri&oacute; en Espa&ntilde;a el 23 de febrero de 1981 &ndash;y durante toda la Transici&oacute;n, a determinadas personas-. Pero tambi&eacute;n la verdad moral y universal, que tiene que ver, sobre todo, con lo que llamo los H&eacute;roes de la Transici&oacute;n. Por lo dem&aacute;s, lo de <em>relato real</em>, al principio, era casi una broma.</p>
<p>-Titula de ese modo un libro.</p>
<p>-S&iacute;, <em>Relatos reales</em>. Un relato real viene a ser una cr&oacute;nica, que aspira a verdadera aunque siendo consciente de que la verdad siempre acaba escap&aacute;ndose. Quien cree estar en posesi&oacute;n de ella es o un fan&aacute;tico o un idiota, o ambas cosas. A todo relato, por el hecho de serlo, la verdad se le acaba escapando por alg&uacute;n lado. En la historia aspiro a la verdad hist&oacute;rica y en la literatura, a una verdad literaria. A veces entran en conflicto, otras son complementarias. La verdad de <em>Madame Bovary</em> no es la de Gibbon en <em>Decadencia y ca&iacute;da del Imperio Romano</em>, ni la de Jules Michelet en <em>Historia de la Revoluci&oacute;n Francesa</em>. El t&eacute;rmino <em>relato real</em> alude a un reportaje consciente de sus propias limitaciones.</p>
<p>-En <em>Soldados de Salamina</em> vuelve a aparecer.</p>
<p>-Pero eso es s&oacute;lo lo que dice el narrador, no lo que es el libro.</p>
<p>-En sus libros hay dudas, arrepentimientos, culpa, existe el mal. Hay innumerables ejemplos<a title="" href="#_ftn6">[6]</a>. &iquest;Se da cuenta de que la moral no est&aacute; de moda, de que la gente est&aacute; casi prejuiciada en contra?</p>
<p>-Porque la asocia al catolicismo, supongo. Mi moral es absolutamente anticat&oacute;lica. &iquest;A la gente lo no le interesa aproximarse a saber lo que est&aacute; bien y lo que est&aacute; mal, lo que es justo y lo que es injusto? &iexcl;Pues estamos apa&ntilde;ados! [r&iacute;e]. &iexcl;Pues es lo &uacute;nico que le ha interesado al hombre desde que el mundo es mundo!</p>
<p>-&iquest;No aprecia el relativismo, contra el que se ha manifestado repetidas veces, por ejemplo, Claudio Magris?</p>
<p>-Pero que la gente ande totalmente distra&iacute;da, en una vida fatua, no significa que el bien y el mal no existan&hellip; S&iacute; existen. &iquest;Que todo da igual? Pues no me apunto, a m&iacute; no me da igual. Hay hombres que me parecen valientes y hombres que me parecen cobardes; justos e injustos,&hellip; Cervantes, Shakespeare, Dostoievski,&hellip; hablan de lo raras y complejas que somos las personas. Eso es la moral, no es poner una barrera, &lsquo;esto est&aacute; bien&rsquo;, &lsquo;esto est&aacute; mal&rsquo;, sino explorar sus territorios. La literatura de verdad no ha hecho otra cosa; lo dem&aacute;s es taquigraf&iacute;a y contar historietas donde no hay nada. Despu&eacute;s, cada cual sabr&aacute;. Ante la infidelidad en <em>Ana Karenina</em> y <em>Madame Bovary</em>, unos se mostrar&aacute;n indiferentes y otros se preguntar&aacute;n: &lsquo;&iquest;Estoy enga&ntilde;ando?, &iquest;me conviene?, por qu&eacute; lo hago, qu&eacute; consigo, c&oacute;mo vivo actuando de esta manera: &iquest;mejor o peor?&rsquo;. Es lo que llamamos &eacute;tica.</p>
<p>-De tono civil, frente al religioso de moral.</p>
<p>-Quit&eacute;moselo. En ingl&eacute;s no lo tiene. La vida moral es la vida compleja. Hemos dejado que el catolicismo la colonice, una cat&aacute;strofe nacional y de nuestra lengua.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo; No creo que ahora haya m&aacute;s idiotas e inmorales que en otros periodos&rdquo;</strong></p>
<p>-A su falta de aprecio habr&aacute;n contribuido el capitalismo exacerbado y la posmodernidad en su vertiente pol&iacute;tica, con sus conductas limpias de responsabilidad.</p>
<p>-Pues sin responsabilidad no hay nada. Quien no se interesa por ella es un animal en el sentido estricto. No tiene noci&oacute;n de qu&eacute; le conviene... Pero los hombres nunca hemos destacado por nuestra inteligencia, querido amigo [r&iacute;e]. Creo que el grado de idiotez est&aacute; muy bien repartido en todas las &eacute;pocas. No creo que ahora haya m&aacute;s idiotas e inmorales que en otros periodos. Antes estaban dominados por las aberraciones del catolicismo y de las religiones, formas de esclavitud contra las que lucha, precisamente, la moral.</p>
<p>-Thomas Bernhard es anticat&oacute;lico&hellip;</p>
<p>-&hellip; total&hellip;</p>
<p>-&hellip; y moral.</p>
<p>-Absolutamente. La moral aspira a la vida buena, trata de discernir c&oacute;mo vivir lo mejor posible. Hay quien considera que consiste en meterse tres botellas de g&uuml;isqui al d&iacute;a. Est&aacute; bien. Va a durar poco, me parece bastante idiota de su parte; para otros, la moral es matar. Cuando yo hablo de moral hablo de vida vivida a fondo, de vida vivida con complejidad, de vida que merece la pena. Y las preguntas que contiene la literatura, ayudan en ello.</p>
<p>-Requiere una predisposici&oacute;n, cuesta trabajo.</p>
<p>-S&iacute;, todo cuesta trabajo.</p>
<p>-&iquest;En la evasi&oacute;n hay moral?</p>
<p>-Depende de lo que entendamos por evasi&oacute;n.</p>
<p>-La discoteca que se&ntilde;alaba antes.</p>
<p>-El que no salga de ella, no s&eacute; c&oacute;mo acabar&aacute;, pero, mire, me voy a contradecir: de vez en cuando, una discoteca es una cosa que puede estar muy bien. Los hombres necesitamos evadirnos, no pasa nada, es Dionisios, es imprescindible. Nietzsche nos dijo que necesit&aacute;bamos de la org&iacute;a y del vino, que pueden ser infinitamente m&aacute;s morales que un cura con sotana. La literatura dice lo que est&aacute; bien al margen del catecismo. Es est&uacute;pido leer <em>Crimen y castigo</em>, <em>Macbeth</em> y <em>Ricardo III</em> y afirmar que no ense&ntilde;an nada. &iexcl;C&oacute;mo que no!, &iexcl;much&iacute;simo! Hace poco qued&eacute; a cenar con un amigo escritor que se ha separado de su mujer y lo est&aacute; pasando mal. Y me di cuenta de que &eacute;l, en sus relatos, no hab&iacute;a estado hablando m&aacute;s que de la cat&aacute;strofe de las separaciones. &ldquo;T&uacute; ya lo has vivido &ndash;le dije-. Eres la persona m&aacute;s preparada del mundo&rdquo;. Los libros son como simuladores de vuelo. Lees y, cuando ocurren de verdad las cosas, te pillan m&aacute;s fuerte y mejor preparado. Ya has matado a una vieja con un hacha, como Raskolnikov.</p>
<p>-En explicar lo que ha sucedido o lo puede suceder reside su factor de consuelo.</p>
<p>-Consuelan por el grado de verdad acumulado en las preguntas, y en las respuestas, que son esencialmente equ&iacute;vocas. La novela es el g&eacute;nero ir&oacute;nico por definici&oacute;n debido a que acepta verdades contradictorias. Los curas y los dogm&aacute;ticos detestan la ficci&oacute;n.</p>
<p>-No la controlan.</p>
<p>-No la controlan y es subversiva. Se preguntan: &lsquo;Pero, &iquest;esto es ficci&oacute;n o es realidad?&rsquo;; &ldquo;&iquest;Qu&eacute; dice este t&iacute;o, en definitiva?&rdquo;; te gritan: &ldquo;&iexcl;No te muevas: dilo todo clarito y bien clarito, sin equ&iacute;vocos!&rdquo;. Ven peligro en la confusi&oacute;n, en que dos cosas puedan ser verdad al mismo tiempo. &iexcl;Qu&eacute; horror! Se ponen furiosos, quieren matar. Por eso prohibieron durante tanto tiempo las novelas en Hispanoam&eacute;rica: porque introduc&iacute;an la duda, la ilusi&oacute;n, las malas costumbres, el jolgorio. A los comisarios pol&iacute;ticos y a los curas les ponen de los nervios.</p>
<p>-Un personaje suyo intenta escribir un poema &eacute;pico. &iquest;C&oacute;mo se mueves usted en ese g&eacute;nero?</p>
<p>-&hellip; La novela es poes&iacute;a &eacute;pica. Cervantes, en el <em>Quijote</em>, viene a decir que su libro es &eacute;pica en prosa. La novela hereda la &eacute;pica.</p>
<p>-Alberto Manguel sostiene que <em>Soldados de Salamina</em> recupera, para una &eacute;poca sin &eacute;pica, el g&eacute;nero &eacute;pico.</p>
<p>-Espero que sea verdad, y, si &eacute;l lo dice, debe de serlo. Todos mis libros contienen algo de &eacute;pica. En ese sentido, tambi&eacute;n voy contra el XX, donde, con excepciones, la literatura se vuelve, efectivamente, anti&eacute;pica. Despu&eacute;s de Flaubert, se quiere convertir la prosa de la vida en literatura: gente normal y corriente vuelta personaje. Eso es el <em>Ulises</em>, eso es <em>En busca del tiempo perdido</em>. En cambio, Faulkner mantiene la &eacute;pica, y Hemingway&hellip; hasta cierto punto.</p>
<p>-La novela asimila la poes&iacute;a, por medio de la &eacute;pica&hellip; Recuerdo que Bola&ntilde;o dec&iacute;a que la mejor poes&iacute;a del XX estaba en prosa, que las p&aacute;ginas del <em>Ulises</em>, y las de Proust y las de Faulnker, hab&iacute;an logrado tensar el arco como no lo hab&iacute;a logrado la poes&iacute;a, que el escritor se hab&iacute;a metido por una senda nueva.</p>
<p>-Lo que ocurre es que la novela adquiere estatus de gran literatura. El objetivo, se ve en la correspondencia de Flaubert, donde se convierte en obsesi&oacute;n -aunque escribe en la segunda mitad del XIX-, es dotar a la novela del prestigio de la poes&iacute;a. De otra manera: la novela no es un g&eacute;nero serio hasta el siglo pasado. Es algo vulgar y degenerado, no figura entre los g&eacute;neros cl&aacute;sicos. Todav&iacute;a Matthew Arnold, a mediados del XIX, no hablaba de la novela como algo serio, can&oacute;nico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Me da la risa cuando oigo proclamar la muerte de la novela&rdquo;</strong></p>
<p>-Y, desde hace d&eacute;cadas, o&iacute;mos proclamar su muerte.</p>
<p>-Me da la risa cuando lo oigo. Es un g&eacute;nero en pa&ntilde;ales. Y Bola&ntilde;o tiene raz&oacute;n: por vez primera la novela es considerada gran literatura. Vuelvo a lo mismo: si nos conformamos con el modelo del XIX, que puede dar todav&iacute;a obras valiosas, a lo mejor no llegaremos muy lejos. Hay que buscar nuevas f&oacute;rmulas, regresando al pasado. Kafka regresa a la f&aacute;bula antigua y es el escritor m&aacute;s revolucionario.</p>
<p>-La f&aacute;bula tambi&eacute;n tiene algo de po&eacute;tico.</p>
<p>-En la poes&iacute;a est&aacute; todo. Sin ella, no hay literatura.</p>
<p>-Esa importancia reciente de la novela, asimiladora de la poes&iacute;a, &iquest;puede relacionarse con que se practica en entornos urbanos, y la poes&iacute;a pudiera tender a la naturaleza? O sea, la ciudad es protagonista y a la ciudad le viene bien la narraci&oacute;n.</p>
<p>-No creo que los g&eacute;neros est&eacute;n determinados por los temas. En Baudelaire ya aparecen las grandes ciudades.</p>
<p>-Y en Whitman&hellip;</p>
<p>-&hellip; S&iacute;, con las muchedumbres... Y algo m&aacute;s buc&oacute;lico y campestre que el <em>Quijote</em> no s&eacute; si existir&aacute;. No sabr&iacute;a decir por qu&eacute; la novela va a ser m&aacute;s urbana que la poes&iacute;a&hellip;</p>
<p>-&iquest;Quiz&aacute;s asoci&aacute;ndola a t&eacute;rminos espirituales?</p>
<p>-&iquest;Espiritualmente la ciudad es menos apta? No lo s&eacute;. Tenemos a Eliot. La verdad, no me lo he planteado como lector, y como escritor me da igual si una obra transcurre en el campo en la ciudad.</p>
<p>&ldquo;Me gusta que a&uacute;n no sepas de qu&eacute; va la novela. Si lo sabes de antemano, malo; s&oacute;lo vas a decir lo que ya sabes, que es lo que sabemos todos. En cambio, si a&uacute;n no sabes lo que quieres decir pero est&aacute;s tan loco o tan desesperado o tienes el coraje suficiente para seguir escribiendo, a lo mejor acabas diciendo algo que ni siquiera t&uacute; sab&iacute;as que sab&iacute;as y que s&oacute;lo t&uacute; puedes llegar a saber, y eso a lo mejor tiene alg&uacute;n inter&eacute;s (&hellip;) Quien siempre sabe ad&oacute;nde va nunca llega a ninguna parte&rdquo;<a title="" href="#_ftn7">[7]</a>. El entrecomillado pertenece a Rodney -p&aacute;gina 55 de <em>La velocidad de la luz</em>-. Cercas comparte criterio. Ese caminar sin ideas previas que puedan obstruir la fluidez, y descubrir los pasos despu&eacute;s de darlos, le siguen pareciendo fundamentales, sobre todo, en la primera escritura, que &ldquo;siempre es una b&uacute;squeda&rdquo;. A partir de ah&iacute;, ha solido disfrutar de la reescritura. En ella pule el estilo y el punto de vista. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, desde que se dedica con mayor ah&iacute;nco a la <em>no ficci&oacute;n</em>, algo ha cambiado en su m&eacute;todo. Al comienzo, trabajaba sin esquemas, con una idea vaga, e iba avanzando como propone Rodney. &ldquo;Es un ir excavando sin saber qu&eacute; vas a encontrar. Y, mientras excavas, llegas a sitios inesperados&rdquo;. Llegar al final, volver al principio. Avanzar. Modificar. Llegar al final, volver al principio.</p>
<p>&Uacute;ltimamente, emplea esquemas. <em>Anatom&iacute;a&hellip;</em> y el pr&oacute;ximo est&aacute;n muy elaborados de partida. De <em>Las leyes&hellip;</em> lleg&oacute; a haber seis versiones, aunque aqu&iacute; mezcl&oacute; t&eacute;cnica. Y que exista un esquema no significa que sea el definitivo.</p>
<p>&ldquo;Hay dos clases de escritores, Unamuno los llamaba viv&iacute;paros y ov&iacute;paros. Los modelos son Flaubert y Cervantes. Flaubert, antes de ponerse a escribir, sabe d&oacute;nde va, ha trabajado mucho. Lo sabemos porque conocemos sus papeles. Es ov&iacute;paro, como nosotros: las mujeres gestan en su interior y, cuando paren, el hijo sale entero. Cervantes, pongo la mano en el fuego, no tiene esquema. &iquest;Qu&eacute; tiene?: el gordo y el flaco, el alto y el bajo. Y se los lleva de viaje. &Eacute;l cre&iacute;a que iba a ser una novela breve, pero sigue adelante. Hay alg&uacute;n episodio, alg&uacute;n esquemita..., poco m&aacute;s&rdquo;. A Cervantes le falta esa idea global que nace, como artefacto, a partir de Balzac y, sobre todo, con Flaubert, cuyas piezas empiezan a estar perfectamente colocadas de principio a fin.</p>
<p>La mente de Cercas parece m&aacute;s ordenada que su biblioteca. Las ideas le manan espontaneas y, aparentemente, en c&iacute;rculo. No son reiteraciones, sino escaleras de caracol que permiten ascender de piso, son como serpientes anill&aacute;ndose a la presa, que perfectamente pueden ser entrevistador y lector. Igual que menciona dos tipos de escritores, convoca dos tipos de novela: la primitiva y la geom&eacute;trica. &ldquo;La primitiva es libre, un banquete con muchos platos en los que cabe todo y la libertad es total. <em>El curioso impertinente</em>, &iquest;qu&eacute; pinta esa novela en medio del <em>Quijote</em>? Sigues leyendo el libro y aparece una aventura, luego un discurso, luego... Mi ideal es combinar ambos tipos de novela: recuperar la libertad de la primitiva sin perder el rigor formal de la geom&eacute;trica&rdquo;. Eso intenta con <em>Anatom&iacute;a&hellip;</em>, y en la siguiente, que significa un paso m&aacute;s dentro de la <em>no ficci&oacute;n</em>. &Uacute;ltimamente, cede al descanso del dise&ntilde;o previo. &iquest;Contradictorio? &ldquo;Eso me lo preguntaba yo tambi&eacute;n. Una amiga me dijo: &lsquo;Te propones cosas m&aacute;s dif&iacute;ciles y, por eso, lo necesitas&rsquo;. El &uacute;ltimo ha sido una locura, dice. Yo soy escritor de libros <em>friquis</em>. El primero, <em>El m&oacute;vil</em>, aunque <em>flaubertiano</em>, ya era loco.</p>
<p>-Que lo has dejado en un relato. Otra decisi&oacute;n moral.</p>
<p>-Toda decisi&oacute;n literaria lo es.</p>
<p>Le proponen reeditarlo y lo lee como lo leer&iacute;a un enemigo. De los cinco relatos que contiene, uno le parece malo y tres, derivativos. Decide quitar los cuatro de un plumazo y lo deja todo en una novela breve. &ldquo;Cuando empiezas a escribir, imitas; lo hac&iacute;an las escuelas medievales. Hasta que incorporas a los que te gustan a tu propia escritura y encuentras la voz y el estilo. En aquellos relatos yo no hab&iacute;a devorado bien a mis maestros&rdquo;. Reconoce las voces de Calvino, de H. G. Welles y de Cort&aacute;zar, y ecos de la novela policiaca, que, por entonces, le interesaba bastante. Todav&iacute;a no era Javier Cercas, pero sus preocupaciones ya lat&iacute;an en aquel relato, el &uacute;nico en pie, dando la raz&oacute;n a Andr&eacute; Gide: &ldquo;En el primer libro de un escritor est&aacute; ya todo el escritor&rdquo;. Se ha dado cuenta de que todo &eacute;l, o casi todo, est&aacute; en germen all&iacute;. Y <em>El impostor</em> vuelve a remitir a &eacute;l.</p>
<p>-El esquema de <em>Soldados de Salamina</em> tambi&eacute;n es deudor de <em>El m&oacute;vil</em>.</p>
<p>-Eso dice Rico en el ep&iacute;logo que acompa&ntilde;a a la reedici&oacute;n, que algo del esquema estaba ah&iacute;. Algunas cuestiones morales dir&iacute;a que tambi&eacute;n. Luego pasa el tiempo y voy despleg&aacute;ndolo todo.</p>
<p>Si hace un momento dividi&oacute; su producci&oacute;n en dos, ahora lo hace en tres. &ldquo;Me desdigo: <em>El m&oacute;vil</em>, <em>El inquilino</em> y <em>Relatos reales</em> son mis relatos posmodernos; <em>El vientre de la ballena</em> es mi novela moderna, que se me hab&iacute;a olvidado; lo dem&aacute;s es <em>posposmoderno</em>&rdquo;. En sus constantes labores de desbroce, acaba de hacer algo que llevaba en mente a&ntilde;os: reescribir <em>El vientre</em>&hellip; el &uacute;nico libro del que no estaba satisfecho. &ldquo;En su momento quise hacer una <em>gran novela</em> en lugar de cumplir con mi obligaci&oacute;n: hacer la mejor novela posible, la mejor que puedas escribir&rdquo;. Y remordimiento: &ldquo;Sospecho que deseaba aproximarme a la literatura espa&ntilde;ola de aquel momento, un error grave. Lo que yo hac&iacute;a no se parec&iacute;a a lo del resto. Quise parecerme y me equivoqu&eacute;&rdquo;. De nuevo, el compromiso con la verdad. &ldquo;Estil&iacute;sticamente, intent&eacute; aproximarme a la visi&oacute;n ornamental espa&ntilde;ola que detesto. &iexcl;Hay que ser idiota! Arendt dijo de Kafka: &lsquo;No le interesa la literatura, le interesa la verdad&rsquo;. Yo busco esa literatura, seca y directa y ah&iacute; hice el rid&iacute;culo conmigo mismo&rdquo;.</p>
<p>-En alg&uacute;n momento parece admitir, por mediaci&oacute;n de un personaje, no recuerdo cu&aacute;l, que se le escapa la frase bonita.</p>
<p>-Espero no hacerlo. Eso lo dice Rodney, se lo reprocha al amigo suyo que quiere ser escritor: &ldquo;D&eacute;jate de frases bonitas&rdquo;. Tambi&eacute;n lo comparto. Lo pongo ah&iacute; para record&aacute;rmelo.</p>
<p>-Comparte muchas cosas con Rodney&hellip;</p>
<p>-Como que estoy detr&aacute;s.</p>
<p>-Y la geometr&iacute;a no resta frescura.</p>
<p>-No, si es invisible. Uno debe trabajar mucho para que no se note todo lo que ha trabajado. <em>Vera ars velat artem</em>, dec&iacute;an los cl&aacute;sicos. El arte verdadero oculta el artificio. A trav&eacute;s de la forma, la verdad.</p>
<p>-La forma es m&aacute;s que el estilo.</p>
<p>-Mucho m&aacute;s. Abarca el estilo, la construcci&oacute;n&hellip; todo. Un escritor es aquel que piensa que, a trav&eacute;s de la forma, se puede llegar adonde dec&iacute;amos: a la verdad literaria. Frente a una realidad ca&oacute;tica, la geometr&iacute;a invisible garantiza esa verdad &ndash;literaria- y el <em>orden</em> para volver inteligible la realidad. No tiene que verse pero tiene que estar. <em>Madame Bovary</em> parece cierta porque est&aacute; bien contada y milim&eacute;tricamente construida, de la primera a la &uacute;ltima palabra.</p>
<p>-Nueva diferencia del periodismo y la historia con la literatura</p>
<p>-Exacto: en el periodismo puedes contar muy mal una noticia, pero esa <em>noticia</em> no deja de ser la que es. Ocurri&oacute; a las ocho y Fulanito muri&oacute;. Se entiende. Cuenta la verdad factual. Hablamos del periodismo entendido como noticia. La puedes dar por <em>sms</em>, todo lo mal que quepa darla, pero lo que cuentas ocurri&oacute;. En la literatura, la forma es el fondo. &ldquo;La verdad es cuesti&oacute;n de estilo&rdquo;, dec&iacute;a Wilde. En la literatura, la forma dota de verdad.</p>
<p>-Si la forma es el fondo, la forma <em>hace</em> el fondo, no hay rango de igualdad.</p>
<p>-S&iacute;, porque una buena historia bien contada es una buena historia, y&nbsp; una buena historia mal contada es una mala historia. Es importante aclararse.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Quien cree estar en posesi&oacute;n de la verdad es, o un fan&aacute;tico, o un idiota, o las dos cosas a la vez&rdquo;</strong></p>
<p>-&iquest;El periodismo no es narraci&oacute;n tambi&eacute;n?</p>
<p>-Ese es otro tema muy interesante que puede llevar a confusi&oacute;n. Merece ser tratado con historiadores y periodistas de verdad. La historia y el periodismo, s&iacute;, son narraci&oacute;n, por supuesto. Si hablas con profesionales humildes, sensatos y buenos, lo entender&aacute;n. Y los que no lo entienden, una de dos: o son analfabetos o son malintencionados. <em>Tertium non datur</em>. Anthony Beevor me explic&oacute;, presentando <em>Anatom&iacute;a de un instante</em>: &ldquo;Si a un historiador ingl&eacute;s le dices que est&aacute; haciendo ciencia, se echa a re&iacute;r&rdquo;. La historiograf&iacute;a inglesa no tiene la visi&oacute;n rid&iacute;culamente cientificista en la que, por cierto, caen a veces en Francia. No pretende tener la verdad absoluta. Las reglas son distintas, obviamente, a las de la ficci&oacute;n. El relato hist&oacute;rico intenta aproximarse a la verdad hist&oacute;rica. Pero conscientes de que, en el fondo, es un <em>relato</em>, una forma de literatura. La visi&oacute;n anglosajona no es ninguna broma Todo periodista consciente de su oficio sabe que no est&aacute; contando toda la verdad, sino una aproximaci&oacute;n a la verdad, lo m&aacute;s ce&ntilde;ida posible. Y quien cree estar en posesi&oacute;n de la verdad es, o un fan&aacute;tico, o un idiota&hellip; [y hace un gesto para que el entrevistador culmine la frase]</p>
<p>-&hellip; o las dos cosas a la vez&hellip;</p>
<p>-&hellip; que es lo m&aacute;s normal. Dif&iacute;cil que un idiota no sea fan&aacute;tico, imposible que el fan&aacute;tico no sea idiota.</p>
<p>-Ha sacado a Beevor. Al t&eacute;rmino de <em>Las leyes de la frontera</em> cita que cenaron juntos. &iquest;No es petulante?</p>
<p>-Me parece m&aacute;s petulante usar una frase suya sin decir que es de &eacute;l.</p>
<p>-Datar est&aacute; bien, pero la alusi&oacute;n a la cena, &iquest;viene a cuento?</p>
<p>-La pr&oacute;xima vez coger&eacute; ideas de otros sin declararlas. Otros escritores lo hacen. &iquest;Le parece mejor?</p>
<p>-En absoluto. No justifico la apropiaci&oacute;n indebida, ojal&aacute; muchos rese&ntilde;aran, es un acto de honradez intelectual. Me refiero al <em>colegueo</em>, a exteriorizar un episodio &iacute;ntimo en una nota brev&iacute;sima al final de una novela.</p>
<p>-Yo tengo la costumbre de agradecer lo que la gente hace por m&iacute;. Los colegas y los no colegas. Los conocidos y los desconocidos. Ya veo que en Espa&ntilde;a eso no se estila. En todas las novelas norteamericanas hay agradecimientos, yo los echo de menos.</p>
<p>-Aqu&iacute; se fusila.</p>
<p>-Yo, lo que saco de otros, lo digo. Y Beevor me dijo esa frase, que nunca ha escrito y creo que s&oacute;lo conocen los suyos. Me llam&oacute; su editor espa&ntilde;ol Gonzalo Pont&oacute;n para decirme que la descubri&oacute; y le gust&oacute; comprobar al final que estaba adjudicada. La pones en Google y no sale.</p>
<p>-Hablamos de una frase, pero, &iquest;cu&aacute;l? En la nota final no lo aclara, podr&iacute;a ser cualquiera.</p>
<p>-Entonces tendr&iacute;a que ser m&aacute;s extenso&hellip; [echa la espalda hacia atr&aacute;s]. Fuera de las novelas procuro decir siempre la verdad. &ldquo;Soy un pesimista preventivo&rdquo;. &Eacute;sa es. Y no la he sacado de Anthony Beevor, sino de-una-cena-con-Anthony-Beevor. No me parece petulante. S&oacute;lo estoy diciendo la verdad. He estado una vez con &eacute;l, nada m&aacute;s. En mis libros salen agradecimientos a payeses, a gente de mi pueblo, a todo el mundo. Justifico las procedencias y luego me pasa lo que me pasa: en <em>Las leyes de la frontera</em> la gente se ha dedicado a hablar de El Vaquilla. &iquest;Le parece una historia de El Vaquilla?</p>
<p>-No.</p>
<p>-&iexcl;Claro que no!, pero como yo en la parte de atr&aacute;s menciono, entre otras cosas, su autobiograf&iacute;a, los que no saben que decir de la novela se agarran a ella. &iquest;Tendr&eacute; que dejar de decir de d&oacute;nde he sacado las cosas, para ver si hablan del libro? Porque casi me arrepiento: &iexcl;de El vaquilla a lo mejor hay un dos por ciento!... Y los cr&iacute;ticos se dedican a decir que es su biograf&iacute;a.</p>
<p>-No ser&aacute;n cr&iacute;ticos.</p>
<p>-No lo entiendo. Es como si alguien dijera que es pertinente conocer la vida de William Randolph Hearst para entender <em>Ciudadano Kane</em>. &iexcl;Claro que Flaubert, en Madame Bovary, se inspir&oacute; en un caso real que conoc&iacute;a!... y para los eruditos puede tener su importancia, pero, dentro del libro, ninguna. El otro d&iacute;a Boyd Tonkin, responsable literario en <em>The Independent</em>, queda mal decirlo, pero es as&iacute;, me dijo: &ldquo;Tengo la impresi&oacute;n de que tus libros son entendidos mejor fuera que dentro&rdquo;. A lo mejor tiene raz&oacute;n. Aqu&iacute; a veces me quedo perplejo. Algunas cr&iacute;ticas eran francamente raras, por decirlo con suavidad. Al tocar temas muy espa&ntilde;oles, a veces no tratan mis novelas como novelas. Milan Kundera, que es un cr&iacute;tico excelente, reivindica a Anatole France, modelo del Bergotte de <em>&Agrave; la recherche&hellip;</em>, de Marcel Proust y muy apreciado a comienzos de siglo, ahora en desprestigio. Kundera, digo, reivindica su obra entera y una novela en concreto: <em>Los dioses tienen sed</em>. Y anuncia: &ldquo;Esa novela fue p&eacute;simamente entendida en Francia. Siempre ocurre con los libros que tratan temas muy importantes para un pa&iacute;s&rdquo;. Esa novela habla de la Revoluci&oacute;n Francesa y Kundera reflexiona: &ldquo;La gente quer&iacute;a saber si France estaba a favor o en contra, si Robespierre era bueno o malo&rdquo;. &iexcl;Y de eso no se ocupa la literatura! France puede tener sus opiniones, pero las novelas muestran la complejidad. De eso hablan. Pues con mis libros a veces me ocurre como a France. O esa impresi&oacute;n tengo.</p>
<p>-A usted, como a Vila-Matas, Javier Mar&iacute;as y Rafael Chirbes, el relieve se lo ha dado la cr&iacute;tica extranjera.</p>
<p>-De <em>Soldados&hellip;, </em>cuando se public&oacute;<em>,</em> en Espa&ntilde;a no hablaron los cr&iacute;ticos con mando en plaza, o apenas; quien habl&oacute; fue la gente a la que le gust&oacute;, porque fue un libro que levant&oacute; la gente. De hecho, quiz&aacute; hasta que no hablaron Vargas Llosa y luego Steiner y Susan Sontag.... Bueno, no quiero ser injusto, tambi&eacute;n hubo cr&iacute;ticos con mando en plaza, como Jos&eacute; Mar&iacute;a Pozuelo, que hablaron realmente bien del libro desde el primer momento, que se lo tomaron realmente en serio. Y otros. Pero tengo la impresi&oacute;n de que, al menos en mi caso, los cr&iacute;ticos extranjeros hablan m&aacute;s de cuestiones realmente literarias -como los buenos cr&iacute;ticos espa&ntilde;oles, que tambi&eacute;n los hay-. Aqu&iacute; la gente est&aacute; a menudo a otra cosa: &lsquo;Bueno, &eacute;ste qu&eacute; opina de S&aacute;nchez Mazas: &iquest;lo maltrata o es complaciente con &eacute;l?&rsquo; O de Su&aacute;rez: &lsquo;&iquest;Es un hijo de puta o es buena persona?&rsquo;. Las novelas no funcionan as&iacute;. En la siguiente ver&aacute; que pasa lo mismo; en la anterior ha pasado: &lsquo;&iquest;Este es el Vaquilla o no es el Vaquilla? &iquest;Los que salen son los quinquis de verdad?&rsquo;... &iexcl;A m&iacute; qu&eacute; me importan los quinquis!</p>
<p>-Son lecturas costumbristas&hellip;</p>
<p>-&iexcl;Totalmente costumbristas! No entienden que la literatura convierte lo particular en universal, que, en el fondo, da igual d&oacute;nde transcurra. A m&iacute; qu&eacute; me importa que el <em>Quijote</em> transcurra en La Mancha. Por m&iacute; puede hacerlo en la estepa siberiana. &iexcl;Me da lo mismo! La Mancha es una an&eacute;cdota. &iquest;Qu&eacute; tiene que ver el Vaquilla? Es como hablar de Hearst: cotilleo, no tiene que ver con la calidad de una obra, ni dice nada esencial de ella.</p>
<p>-Este apasionamiento literario me lleva a una frase de <em>Las leyes de la frontera</em>: &ldquo;Si enamorarse de alguien no consiste en idealizarlo, ya me dir&aacute; en qu&eacute; consiste&rdquo;. &iquest;Tambi&eacute;n vale en relaci&oacute;n a la literatura?</p>
<p>-[tras unos segundos en silencio] Yo no s&eacute; si lo m&iacute;o con la literatura es amor. Llam&eacute;moslo pasi&oacute;n. Bueno, amor tambi&eacute;n hay, claro. S&iacute;, se puede parecer. Nunca lo hab&iacute;a pensado, &iquest;ve lo que ocurre durante una charla?, a esto me refer&iacute;a antes: yo no me hab&iacute;a visto <em>enamorado</em> de la literatura. Me pod&iacute;a ver&hellip; <em>apasionado</em>. Es una forma de estar en el mundo, de vivir m&aacute;s intensamente. No est&aacute; separada de la vida, es una forma de vivir m&aacute;s.</p>
<p>-La persona apasionada/enamorada no exagera la importancia del otro.</p>
<p>-Mi respuesta es: absolutamente no. Adem&aacute;s, no comparto esa frase de <em>Las leyes...</em> La dice un adolescente. Tiene sentido dentro del libro, fuera no. Yo dir&iacute;a lo siguiente: &ldquo;Enamorarse es ver la verdad que hay dentro de una persona&rdquo;.</p>
<p>-Me gusta m&aacute;s.</p>
<p>-La literatura nos permite ser veh&iacute;culos del lenguaje y, por tanto, de la verdad. Me angustia no darle lo suficiente. Es muy exigente, es una amante de verdad, &iquest;eh? Es, como dice Vargas Llosa, <em>una amante excluyente</em>: no quiere que te vayas con nadie m&aacute;s. Entonces, a veces siento que no estoy siendo lo bastante fiel y me fastidia.</p>
<p>-&iquest;En qu&eacute; lugar deja literatura a la familia?</p>
<p>-Buena pregunta. No tengo respuesta. De eso hablan <em>El m&oacute;vil</em>, <em>El inquilino</em>. &iquest;Todo est&aacute; permitido si con ello se escribe algo valioso?</p>
<p>-Hombre, matar&hellip;</p>
<p>-Pero eso es lo que ocurre en <em>El m&oacute;vil</em>: si yo voy a pintar <em>Las meninas</em>, &iquest;tengo derecho a la absoluta inmoralidad?...</p>
<p>-&hellip; Es una pregunta para la que no tengo respuesta. Mejor dicho: lo que me interesa es la pregunta, no la respuesta.</p>
<p>-&iquest;Existe respuesta para una pregunta as&iacute;?</p>
<p>-Tampoco lo s&eacute;. Soy bastante bueno formulando preguntas, no tanto respondiendo. &iquest;Tengo derecho a matar a un t&iacute;o, como hace &Aacute;lvaro de <em>El m&oacute;vil</em>?: provoca un asesinato en aras de una obra que no sabe si escribir&aacute;. &iexcl;Lo mismo matas a un ej&eacute;rcito entero y luego escribes una mierda! Nunca sabes. Ese es el tema. En el fondo, la responsabilidad del escritor. Cuesti&oacute;n en la que algunas pel&iacute;culas de Bergman me han impresionado&hellip; <em>Como un espejo</em>, por ejemplo.</p>
<p>-Ah&iacute; se habla de que algo puede llegar a existir por que existe en el arte. Es m&aacute;s bien asumir que la vida va a remolque de la literatura, &iquest;no?</p>
<p>-Que algo existe por que existe en el arte, s&iacute;. &iquest;Que la vida va a remolque? Puede ser, tampoco no lo s&eacute;. Sobre todo me interesa la pregunta, insisto: &iquest;t&uacute; sabes si vas a conseguir lo que quieres, sacrific&aacute;ndolo todo a ello? No. Y si lo consiguieras, aunque fuese de mala manera, &iquest;tendr&iacute;as derecho a ello?</p>
<p>-La moral, de nuevo.</p>
<p>-Siempre la moral. Igual se ve mejor lo que quiero decir en <em>Fresas salvajes</em>: el hombre que consagra su vida a una tarea digna, noble, excluyente, que arrasa con lo que hay a su alrededor. Bueno, es tambi&eacute;n lo de <em>Como en un espejo</em><strong>. </strong></p>
<p>-Todos conocemos personas que han sacrificado su vida o una parcela de sus vidas. Es el sacrificio.</p>
<p>-Es un tema que me interesa mucho. Me apasion&oacute; en Flaubert &ndash;<em>El m&oacute;vil</em> bebe de &eacute;l-, y en <em>La org&iacute;a perpetua</em> y los primeros ensayos de Vargas Llosa, cuando era un kamikaze total, un asesino en serie, capaz de vender a su madre a una caravana de tuaregs con tal de satisfacer su vocaci&oacute;n. Faulkner dec&iacute;a: &ldquo;Para escribir un gran libro hay que estar dispuesto a robar a una viejecita indefensa&rdquo;. O algo as&iacute;. Me interesa mucho como tema y, desde el punto de vista personal, creo que es un dilema con el que se encuentra todo escritor.</p>
<p>-Te puede acercar a la locura.</p>
<p>-A la locura y al crimen [los ojos comienzan a chispearle], como a los protagonistas de <em>El m&oacute;vil</em> y <em>Como un espejo</em>. A la brutalidad y a la inhumanidad absolutas.</p>
<p>-&iquest;Le gustar&iacute;a sentirse capaz, aunque renunciara a ello?</p>
<p>-No lo s&eacute;. Yo creo que, en mi vida, no he sido capaz de d&aacute;rselo todo al arte: mi familia me importa demasiado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El sentido de la responsabilidad est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de todo&rdquo;</strong></p>
<p>-Habr&iacute;a que ver qu&eacute; opina la otra parte.</p>
<p>-Claro, aunque me temo que opinar&iacute;a lo mismo. A m&iacute; me ha cambiado totalmente tener un hijo. Y totalmente quiere decir totalmente: desde el momento en que lo tuve, mis libros empezaron a hablar de las relaciones entre padres e hijos, y nunca han dejado de hacerlo. Para m&iacute; fue una experiencia bestial. No digo que a mi familia &ndash;padres, hermanas, incluso, le dir&iacute;a, mi mujer- no la quiera, ni que no hubiese hecho cosas l&iacute;mite de no contar con mi hijo. Pero &eacute;l me ha cambiado por completo. El sentido de responsabilidad est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de todo.</p>
<p>-Pero las relaciones paternofiliales no est&aacute;n&hellip;</p>
<p>-&iquest;No est&aacute;n?</p>
<p>-&iquest;En primer t&eacute;rmino?</p>
<p>-En primer t&eacute;rmino. <em>Anatom&iacute;a de un instante</em> [dedicado a la memoria de Jos&eacute; Cercas y a Ra&uuml;l Cercas] est&aacute; hablando de mi padre, de c&oacute;mo se relaciona conmigo; en realidad, es el tema del libro, aunque s&oacute;lo lo s&eacute; cuando &eacute;l muere mientras lo escribo. <em>Soldados de Salamina</em> y <em>La velocidad de la luz</em> hablan de la b&uacute;squeda del padre a cargo del hijo&hellip; <em>Las leyes de la frontera</em> tambi&eacute;n recoge el tema.</p>
<p>-Hablaba de su hijo, no de su padre.</p>
<p>-Pero cuando yo digo que me ha cambiado, digo que ha variado la relaci&oacute;n. De manera secreta, uno de los temas en todos mis libros, si no el tema, pasa a ser &eacute;se. No hablo expl&iacute;citamente como padre, pero hablo de la relaci&oacute;n con el padre.</p>
<p>El narrador de <em>Soldados de Salamina</em> expresa en la p&aacute;gina 33: &ldquo;Recuerdo que en aquel momento pens&eacute; en mi padre, y que el hecho me extra&ntilde;&oacute;, porque hac&iacute;a mucho tiempo que no pensaba en &eacute;l; sin saber por qu&eacute;, sent&iacute; un peso en la garganta, como una sombra de culpa&rdquo;. Y, veinte p&aacute;ginas m&aacute;s adelante, vuelve: &ldquo;Se la o&iacute; contar [la historia] tantas veces a mi padre (&hellip;) Yo creo que nunca le hice mucho caso. Y ahora me arrepiento&rdquo;. &ldquo;La culpa y el arrepentimiento son inevitables en mis libros. Eso no se lo invent&oacute; Kafka&rdquo;.</p>
<p>-En el pr&oacute;logo a <em>La velocidad de la luz</em>, explica que ayud&oacute; a morir a su padre. &iquest;Hasta d&oacute;nde lleg&oacute;?</p>
<p>-No llegu&eacute; a ning&uacute;n sitio. Quiero decir que estuve con &eacute;l y le ayud&eacute; en lo que pude a que se fuera tranquilo. Fue una experiencia esencial.</p>
<p>-Unas &uacute;ltimas preguntas relacionadas con la actualidad de los &uacute;ltimos a&ntilde;os y con su libro <em>Anatom&iacute;a de un instante</em>. &iquest;La gesti&oacute;n de la Memoria Hist&oacute;rica de Zapatero fue una metida de mano o se acost&oacute; con ella?</p>
<p>-[se queda callado, desv&iacute;a la mirada] Insuficiente. Obviamente. Tendr&aacute; que leer mi pr&oacute;ximo libro, tambi&eacute;n hablo de eso. Digamos que fue bienintencionada, pero obviamente insuficiente. Y es terrible porque fue la &uacute;ltima oportunidad que tuvimos. Piense: &iquest;qui&eacute;n habla ya de la Memoria Hist&oacute;rica? Es un tema que ha desaparecido, entre otras cosas, porque las v&iacute;ctimas se est&aacute;n muriendo. Zapatero pudo hacer mucho m&aacute;s y realiz&oacute; un uso pol&iacute;tico equivocado.</p>
<p>-Una declaraci&oacute;n suya valiente: &ldquo;Si este pa&iacute;s fue generoso con los franquistas, tiene que serlo con ETA&rdquo;&hellip;</p>
<p>-[silencio mayor que el de antes] S&iacute;, me temo que tiene que ser as&iacute;. De hecho, ya lo est&aacute; siendo. Generoso no significa que un t&iacute;o que ha cometido cr&iacute;menes se vaya de rositas, por supuesto; sino que, igual que se hizo con los franquistas, hay que pactar. No queda otro remedio.</p>
<p>-&iquest;Marcelo Cuartero<a title="" href="#_ftn8">[8]</a> apoyar&iacute;a la versi&oacute;n de <em>Anatom&iacute;a</em>&hellip;?</p>
<p>-Supongo que s&iacute;, por qu&eacute; no. es lo m&aacute;s ajustado a la verdad que yo he sabido contar.</p>
<p>-Estados Unidos conoci&oacute; y apoy&oacute; el golpe &ndash;p&aacute;g.74-. Todos lo sab&iacute;an.</p>
<p>-Pero el Rey no.</p>
<p>-&iquest;No dej&oacute; hacer?</p>
<p>-Es obvio que no. El rey cree que la operaci&oacute;n Armada est&aacute; parada, no tiene ni idea de que Tejero va a entrar en el parlamento. Eso lo saben muy pocas personas: el embajador estadounidense, algunos vinculados a El Alc&aacute;zar, el nuncio de Roma.</p>
<p>-No era tan secreto cuando 20 guardias civiles, as&iacute; como agentes del CESID, se desplegaron por el congreso para asegurar la entrada de Tejero.</p>
<p>-Eso fue Cortina, como cuento en el libro; es decir: la AOME -Unidad de Operaciones Especiales- del CESID, no todo el CESID; ni siquiera toda la AOME: s&oacute;lo unos pocos. Lo de los guardias civiles no est&aacute; nada claro, que yo recuerde. Fuera de ah&iacute; tampoco saben exactamente qu&eacute; va a ocurrir, saben que va a ocurrir algo. Y la explicaci&oacute;n es sencilla: es un golpe improvisado. Hay una regla universal que Tejero conoc&iacute;a: cuando el ej&eacute;rcito va a dar un golpe, se cierra. Le hab&iacute;an pillado, por hablar con gente que no toca, en la Operaci&oacute;n Galaxia. Eso, lo del Parlamento, lo sabe poqu&iacute;sima gente. Rumores hab&iacute;a cada d&iacute;a.</p>
<p>-&iquest;Qu&eacute; piensa de que Tejero celebrase con una comida, en un cuartel, el trig&eacute;simo tercer aniversario del 23-F?</p>
<p>-[r&iacute;e abiertamente] Lo obvio: lo debe de celebrar cada a&ntilde;o, &iexcl;o cada d&iacute;a! &iquest;A qui&eacute;n se le ocurre otra cosa?</p>
<p>-&iquest;Y de que su hijo fuera destituido por promover la fiesta, siendo jefe del grupo de Reserva y Seguridad?</p>
<p>-Me parece bien.</p>
<p>-&iquest;El Papa cree en dios?</p>
<p>-Este s&iacute;: sin la menor duda. Debe de ser una excepci&oacute;n, pero estoy seguro. Este tipo es serio. Soy totalmente anticat&oacute;lico&hellip;</p>
<p>-&hellip; incluso ateo.</p>
<p>-Totalmente ateo. Pero muy respetuoso con los creyentes. Y me interesa mucho todo lo del Vaticano.</p>
<p>-No hay contradicci&oacute;n en ello.</p>
<p>-&hellip; &ldquo;Quien no se contradice tres veces al d&iacute;a es idiota&rdquo;, dec&iacute;a Voltaire... Yo estoy lleno de ellas.</p>
<p>-En esta conversaci&oacute;n, ha cubierto el cupo.</p>
<p>-&iquest;Ha visto qu&eacute; aplicado?</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En realidad, forma parte del ep&iacute;logo: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; sentido tiene que un novelista escriba cr&iacute;tica literaria? Para mi gusto lo m&aacute;s perdurable de la obra de Oscar Wilde son sus ensayos&rdquo;.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp; Pensamiento de Nietzsche que Cercas ha hace propio en <em>La verdad de Agamen&oacute;n</em> y en <em>La velocidad de la luz</em>.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Seg&uacute;n Francisco Rico, en la nota vigesimosexta del cap&iacute;tulo noveno, correspondiente a la Primera Parte: &ldquo;El presentarse como simple traductor de una obra escrita por otro es recurso frecuente en los libros de caballer&iacute;as&rdquo;.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En las p&aacute;ginas 19 y 20 de <em>Anatom&iacute;a de un instante</em>, leemos: &ldquo;Cuando se emitieron [las im&aacute;genes] por televisi&oacute;n, al mediod&iacute;a del 24 de febrero, el fil&oacute;sofo Juli&aacute;n Mar&iacute;as opino que merec&iacute;an el premio a la mejor pel&iacute;cula del a&ntilde;o; casi tres d&eacute;cadas despu&eacute;s yo sent&iacute; que era un elogio escaso&rdquo; y &ldquo;Le cont&eacute; a Pradera mi proyecto (&hellip;) Se mostr&oacute; entusiasmado; &lsquo;El golpe de Estado es una novela. Una novela polic&iacute;aca. El argumento es el siguiente: Cortina monta el golpe y Cortina lo desmonta. Por lealtad al rey&rsquo; [dijo]&rdquo;.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Bob Dylan, Ringo Starr, Frank Zappa y ZZ Top, en <em>La velocidad de la luz</em>; Springsteen, en <em>El m&oacute;vil</em>; Led Zeppelin, en <em>El vientre de la ballena</em>.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Algunos: En <em>La verdad de Agamen&oacute;n</em>, se cita a Elie Wiesel: &ldquo;El indiferente ante el mal siempre en las Sagradas Escrituras es m&aacute;s castigado que el malvado&rdquo;, y Cercas se pregunta: &ldquo;&iquest;Para qu&eacute; sirve la universidad si no ha sido capaz de ense&ntilde;ar a esos estudiantes la diferencia entre el bien y el mal?&rdquo;. En <em>La velocidad de la luz</em>, encontramos que Romney ha sido educado en un &ldquo;sentido estricto de la justicia y la probidad &eacute;tica&rdquo;. En <em>Las leyes de la frontera</em>: &ldquo;Conocer antes que los dem&aacute;s el mal absoluto no te hace mejor que los dem&aacute;s; te hace peor. Y no sirve absolutamente para nada&rdquo;. Tanto en <em>El vientre de la ballena</em> y en <em>La velocidad&hellip;</em> acontecen infidelidades.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta t&eacute;cnica se extiende a la manera de viajar del narrador: &ldquo;Al principio siguiendo un plan vagamente prefijado, pero luego dejando que fuera el capricho o el azar quien nos guiara (&hellip;)&rdquo;; y recorre Saint Louis, Memphis, Jackson Nueva Orle&aacute;ns, Meridian, Tuscaloosa, Nashville, Cincinnati e Indian&aacute;polis&ndash;p&aacute;gina 62-. Por el contrario, cuando aspira a escribir con total premeditaci&oacute;n, los resultados no le satisfacen: &ldquo;Me document&eacute; a fondo leyendo cuanto cay&oacute; en mis manos acerca de la guerra de Vietnam, tom&eacute; p&aacute;ginas y p&aacute;ginas de notas, hice esquemas, defin&iacute; personajes y plane&eacute; escenas y di&aacute;logos, pero lo cierto es que siempre quedaban piezas sueltas&rdquo; -p&aacute;gina 125-.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref8">[8]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Docente universitario, especie de preceptor, convertido en personaje en <em>La velocidad de la luz</em> y <em>El vientre de la ballena</em>.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Thu, 27 Nov 2014 07:02:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El difícil camino de la paz]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-dificil-camino-de-la-paz/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/CARMEN_MAGALL_N.jpg" alt="" /></p>
<p>Pocos vocablos han sido tan utilizados a lo largo de la historia como la palabra paz<em>. </em>Sus connotaciones son tan variadas, sus usos tan diversos, sus aplicaciones pr&aacute;cticas tan relativas que, en ocasiones, llega a perder su esencia y a convertirse en un t&eacute;rmino manido y, a todas luces, ambiguo. De todos modos, encontrar el fil&oacute;n de la paz en medio de tanta escoria es una tarea reservada a unos pocos privilegiados. El camino de Gandhi y de miles de pacifistas an&oacute;nimos es muy dif&iacute;cil de seguir con todas sus consecuencias.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Carmen Magall&oacute;n &ndash; que ya ha mostrado en numerosas publicaciones su preocupaci&oacute;n por el papel de las mujeres en la sociedad &ndash; conoce por propia experiencia los caminos, las sendas y las encrucijadas que conforman una red universal de encuentros y desencuentros en busca de la paz. De la Paz con may&uacute;scula. Por eso nos ofrece en el ensayo <em>Mujeres en pie de paz </em>una serie de ideas en torno a la construcci&oacute;n de la paz desde la base, desde dentro, desde la intrahistoria, desde lo cotidiano. Tal como afirma la escritora aragonesa en el ep&iacute;logo<em>, &ldquo;</em>el libro rescata iniciativas y debates protagonizados por mujeres que, en distintos momentos del siglo XX, desafiaron la din&aacute;mica de la violencia y propusieron v&iacute;as alternativas y valores contrapuestos al enfrentamiento armado&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pensamiento y pr&aacute;cticas se dan la mano &ndash; como reza el subt&iacute;tulo &ndash;&nbsp; en esta obra rica en planteamientos, iniciativas, encuentros y experiencias compartidas. El debate permanece abierto desde el principio: &iquest;Por qu&eacute; las mujeres? &iquest;Acaso son ellas m&aacute;s pac&iacute;ficas que los hombres? La respuesta no es f&aacute;cil, porque la b&uacute;squeda de la paz concierne a todos y es importante, de antemano, romper la dicotom&iacute;a: mujer pac&iacute;fica/hombre violento. Aunque es justo reconocer que las mujeres han desempe&ntilde;ado a lo largo de la historia &ndash; desde la antigua Grecia hasta los acontecimientos m&aacute;s recientes &ndash; un papel m&aacute;s relevante en los procesos de paz, no tanto por su protagonismo directo como por su implicaci&oacute;n en movimientos por y para la paz.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Fueron las redactoras de la revista <em>En pie de paz, </em>en la que colabor&oacute; la autora, las que fueron trenzando una sutil red y las que marcaron una pauta que aglutinar&iacute;a a cientos de mujeres de todo el continente con una &uacute;nica aspiraci&oacute;n: desterrar la violencia de cualquier lugar de la geograf&iacute;a terrestre. A ellas va dedicado el libro y de ellas se nutren numerosas experiencias y reivindicaciones. En un breve pr&oacute;logo, Estela B. de Carlotto, Presidenta de las Abuelas de la Plaza de Mayo, alude a los desaparecidos durante la dictadura argentina, en 1976. Sus palabras son un impulso y una sutil llamada de atenci&oacute;n: &ldquo;Las mujeres ignoramos la capacidad y fuerza que llevamos en nuestro interior&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta capacidad de lucha y sacrificio para construir la paz y expulsar la guerra de la historia se nos transmite a los lectores en la primera parte del ensayo: &ldquo;El protagonismo de las mujeres en la causa de la paz&rdquo;. Un protagonismo que abarca toda la geograf&iacute;a mundial y que recorre el convulso y controvertido siglo XX, desde la Primera Guerra Mundial, hasta los &uacute;ltimos conflictos en Oriente Medio. La autora parte primero de su propia experiencia y desgrana con sutileza algunos recuerdos de la posguerra espa&ntilde;ola durante su infancia en un pueblo del Bajo Arag&oacute;n turolense. Frente a la crueldad de la guerra, los conflictos ideol&oacute;gicos y las duras condiciones de la vida cotidiana, emerge la figura de sus abuelas como protagonistas de una alternativa a la violencia y como mujeres fuertes en un entorno dif&iacute;cil y deshumanizado. Abuelas, madres e hijas j&oacute;venes. Todas unidas y hermanadas como v&iacute;ctimas de la violencia y como impulsoras de iniciativas a favor de la paz.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El siglo XX ha sido testigo mudo de situaciones de violencia contra las mujeres. No s&oacute;lo en las guerras, donde sufren violaciones indiscriminadas, sino en tiempos de aparente paz. Carmen Magall&oacute;n nos recuerda el problema de las mujeres en los campos de refugiados, la discriminaci&oacute;n cotidiana por raz&oacute;n de sexo, las agresiones f&iacute;sicas como la ablaci&oacute;n genital o circuncisi&oacute;n femenina. La tarea es tan urgente que los grupos de mujeres que construyen la paz nacen en cualquier rinc&oacute;n del planeta: las Madres de la Plaza de Mayo, las Mujeres de Negro contra la ocupaci&oacute;n israel&iacute;,&hellip; Esfuerzo compartido que culminar&aacute; &ndash; o encontrar&aacute; un importante punto de inflexi&oacute;n &ndash; en&nbsp; la Resoluci&oacute;n 1325 del Consejo de Seguridad (octubre de 2000) que reconoce que &ldquo;el acceso pleno y la participaci&oacute;n total de las mujeres en las estructuras de poder y su completa implicaci&oacute;n en los esfuerzos para la prevenci&oacute;n y la resoluci&oacute;n de los conflictos, son esenciales para el mantenimiento y promoci&oacute;n de la paz y la seguridad&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La segunda parte de la obra es m&aacute;s reflexiva y tiene un car&aacute;cter m&aacute;s prospectivo. La autora rinde un homenaje impl&iacute;cito a las diez mujeres que han obtenido el Nobel de la Paz y recuerda las ideas de Virginia Wolf sobre las ra&iacute;ces sociales del militarismo en su novela <em>The Guineas. </em>&nbsp;Plantea, adem&aacute;s, la filosof&iacute;a del &ldquo;paternaje&rdquo; o pensamiento maternal y aboga por una paz desde dentro, desde las mentes, &ldquo;las primeras que necesitan desarmarse&rdquo;. El camino es arduo y est&aacute; sembrado de claroscuros. A pesar de los avances cient&iacute;ficos, a pesar del irreversible ritmo del progreso, el mundo es cada vez m&aacute;s vulnerable. Carmen Magall&oacute;n nos contagia as&iacute; un cierto desasosiego no exento de esperanza. Pero no hay que dormirse en los laureles, pese a&nbsp; t&iacute;midos logros &ndash; al menos en nuestro entorno &ndash; como la Ley contra la violencia de g&eacute;nero o la Ley para la conciliaci&oacute;n de la vida familiar.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Completan la cuidada edici&oacute;n una selecci&oacute;n fotogr&aacute;fica con Bertha Van Suttner &ndash; Nobel de la Paz en 1905 &ndash; y Estela Carloto como protagonistas o el grupo de mujeres de la revista <em>En pie de Paz, </em>en uno de sus &uacute;ltimos encuentros cerca de Barcelona. Hay que valorar tambi&eacute;n la selecta y completa bibliograf&iacute;a que remite al lector a publicaciones de todo tipo sobre el tema de la paz. Un ensayo claro, con un enfoque did&aacute;ctico y con un doble car&aacute;cter experimental y reflexivo. JOS&Eacute; MAR&Iacute;A ARI&Ntilde;O COL&Aacute;S.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Carmen Magall&oacute;n, <em>Mujeres en pie de paz, </em>Madrid, Editorial Siglo XXI, 2006.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 24 Nov 2014 07:14:19 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Redescubrir las novelas del Oeste]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/redescubrir-las-novelas-del-oeste/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/A.B._GUTHRIE_JR_quinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>A finales de 2011 apareci&oacute; el primer volumen de la colecci&oacute;n &laquo;Frontera&raquo;, dentro de la editorial Valdemar. En el pr&oacute;logo, a cargo de Alfredo Lara L&oacute;pez, director de la colecci&oacute;n, se establec&iacute;a el prop&oacute;sito de ofrecer a los lectores en espa&ntilde;ol las mejores obras de la literatura del Oeste. Aquel primer t&iacute;tulo &ndash;<em>Indian Country</em>- se deb&iacute;a a la novelista norteamericana Dorothy M. Johnson, autora de relatos que luego fueron llevados al cine en pel&iacute;culas emblem&aacute;ticas del g&eacute;nero western como <em>El hombre que mat&oacute; a Liberty Valance</em>, <em>El &aacute;rbol del ahorcado</em> o <em>Un hombre llamado caballo</em>. Hasta la fecha, han aparecido ya siete vol&uacute;menes, consagrados a los principales escritores y obras del Oeste que a su vez remiten a hitos del g&eacute;nero cinematogr&aacute;fico del western. Algunos de estos cuentos o novelas no hab&iacute;an tenido todav&iacute;a traducci&oacute;n al espa&ntilde;ol o la que ya hab&iacute;a no era la mejor, am&eacute;n de no contar con ediciones adecuadas a su calidad literaria; tal preterici&oacute;n se est&aacute; solventando ahora con unos pr&oacute;logos cuidados y precisos, un formato en tapa dura y una maquetaci&oacute;n de altos vuelos, con ilustraciones de la cubierta de grandes pintores del Oeste (Remington, Schreyvogel, Russell&hellip;) y con traducciones nuevas. En algunos casos ya hab&iacute;an aparecido previamente en espa&ntilde;ol novelas como <em>Hondo</em> y tambi&eacute;n unos pocos relatos de James Warner Bellah o <em>Un hombre llamado caballo</em>, en una edici&oacute;n casi artesanal dentro de la colecci&oacute;n de novelitas del fanzine <em>Opar</em>, que dirigi&oacute; Alfredo Lara. El objetivo de &laquo;Frontera&raquo; es ofrecer al p&uacute;blico las principales obras del western en ediciones cuidadas, bien traducidas y al mismo nivel que el resto de g&eacute;neros literarios, porque las novelas del Oeste ofrecen igual cantidad de obras maestras y de otras deleznables que cualquier otra vertiente literaria. Con <em>Bajo cielos inmensos</em> de A. B. Guthrie (<em>The Big Sky</em>, 1947) podemos estar seguros de que el acierto ha sido pleno. La novela ve la luz en una espl&eacute;ndida edici&oacute;n y traducci&oacute;n (a cargo de Marta Lila Murillo), que hace que sus m&aacute;s de 500 p&aacute;ginas se lean con soltura y agilidad, ofreciendo as&iacute; al p&uacute;blico en espa&ntilde;ol<a title="" href="#_ftn1">[1]</a> una de las un&aacute;nimemente consideradas como obras maestras de la narrativa del Oeste. Y motivos no faltan para tal aseveraci&oacute;n.</p>
<p>Quiz&aacute;s <em>R&iacute;o de sangre</em> (1952), que es como se tradujo en Espa&ntilde;a la pel&iacute;cula que se bas&oacute; en la novela <em>Bajo cielos inmensos</em>, no sea una de las obras m&aacute;s recordadas de Howard Hawks, una cinta en blanco y negro con Kirk Douglas, Dewey Martin y Arthur Hunnicutt que fue recortada en su metraje original por el estudio &ndash;RKO- y que solo en recientes versiones en DVD ha aparecido con su duraci&oacute;n prevista. Pero es una pel&iacute;cula que posee algo que la hace destacar dentro del corpus cinematogr&aacute;fico <em>hawksiano</em>, una brillantez que se oculta bajo la apariencia de una pel&iacute;cula menor, casi desapercibida. De las cinco partes en las que se estructura la novela en la que se basa y que comprenden desde 1830 a 1843, Hawks cogi&oacute; apenas las dos primeras, con modificaciones en la trama, junto con algunos pasajes del resto de la novela, trufado todo ello de los habituales motivos del universo de este director. Por ello, como bien se&ntilde;ala Alfredo Lara en el pr&oacute;logo de la novela, se puede disfrutar de una excelente pel&iacute;cula a la vez que de una fant&aacute;stica narraci&oacute;n, pues esta &uacute;ltima depara innumerables sorpresas para el espectador que recuerde la pel&iacute;cula de Hawks.</p>
<p>Tal vez el g&eacute;nero western en espa&ntilde;ol comience a ver algo m&aacute;s la luz en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os, con traducciones y t&iacute;tulos que podemos ir espigando en diversas editoriales, superando as&iacute; un poco la asociaci&oacute;n novela del Oeste con novela de quiosco y descubriendo al mismo tiempo que el western no es solo un g&eacute;nero cinematogr&aacute;fico que surge casi <em>ex nihilo</em>, sino que tiene un conjunto de novelas detr&aacute;s, de la misma o superior categor&iacute;a que sus versiones posteriores en el celuloide. As&iacute;, novelistas como Willa Cather (Alba editorial y Pre-textos), Oakley Hall (C&iacute;rculo de Lectores/Galaxia Gutenberg), Forrest Carter (Duomo), Wallace Stegner (Libros del Asteroide) o John Williams (Lumen) han visto publicadas en espa&ntilde;ol en ediciones actuales algunas de sus obras del Oeste. Junto a ellos, algunas obras de Marcial Lafuente Estefan&iacute;a han sido reeditadas en Almuzara, mientras que Francisco Gonz&aacute;lez Ledesma (Silver Kane) ha vuelto al g&eacute;nero en Planeta con <em>La dama y el recuerdo</em>. Tampoco hemos de pasar por alto la edici&oacute;n en C&aacute;tedra de <em>El Coyote</em> de Jos&eacute; Mallorqu&iacute;, en una preparad&iacute;sima edici&oacute;n al cuidado de Ram&oacute;n Charlo. E incluso desde un punto de vista te&oacute;rico nos encontramos, por ejemplo, con dos ensayos bien distintos sobre el g&eacute;nero western, como el dedicado por Eduardo Torres-Dulce a las novelas de James Warner Bellah (que tambi&eacute;n est&aacute; presente en la colecci&oacute;n de Valdemar con un volumen de relatos) en las que se bas&oacute; la conocida &ldquo;trilog&iacute;a de la caballer&iacute;a&rdquo; de John Ford, titulado <em>Jinetes en el cielo</em>; y, ya en otro campo, el muy sugerente ensayo <em>Desacoplados. Est&eacute;tica y pol&iacute;tica del western</em>, de Jordi Claramonte. Finalmente, al calor de celebradas versiones cinematogr&aacute;ficas, tambi&eacute;n se han visto en las librer&iacute;as t&iacute;tulos como <em>Paloma solitaria</em> de Larry McMurtry, <em>Bailando con lobos</em> de Michael Blake, <em>Monte fr&iacute;o</em> de Charles Frazier o <em>Valor de ley</em>, de Charles Portis, lo que demuestra que el g&eacute;nero est&aacute; muy vivo y puede seguir ofreciendo interesantes r&eacute;ditos.</p>
<p>Y es que editoriales como Molino, Toray, Brugera o Juventud, que publicaron a los cl&aacute;sicos Peter B. Kyne, James Oliver Curwood, Zane Grey o Karl May, fueron las encargadas de dar a conocer la literatura del Oeste y sus mitos por estos pagos, asoci&aacute;ndola con la literatura popular (por la distribuci&oacute;n y la facilidad en su adquisici&oacute;n), con ediciones y traducciones no muy rigurosas ni cuidadas, que obedec&iacute;an en muchos casos a la necesidad constante de alimentar el mercado editorial. Durante los a&ntilde;os cuarenta y cincuenta del pasado siglo gozaron de un innegable &eacute;xito, paralelo al del western cinematogr&aacute;fico. El progresivo declive de este &uacute;ltimo &ndash;prolongado en lo que se denomin&oacute; &ldquo;western crepuscular&rdquo;- tambi&eacute;n tuvo su paralelo en la novela western que de alg&uacute;n modo encontr&oacute; acomodo en otras formas narrativas, como el c&oacute;mic (<em>El teniente Blueberry</em>, <em>Comanche</em>, <em>McCoy</em> y <em>Manos Kelly</em>, entre otros), mientras que la novela del Oeste en espa&ntilde;ol iba reduciendo sus t&iacute;tulos y lectores.</p>
<p>Mientras tanto, en EE. UU., desde aquellos inicios con las <em>dime novels</em> del Oeste ya a finales del siglo XIX, este tipo de novelas comenzaron a contar con importantes reconocimientos, asociaciones de escritores, incursiones de autores consagrados en el g&eacute;nero, congresos, estudios, revistas (la important&iacute;sima e influyente <em>Western American Literature</em>) e incluso fueron obteniendo prestigiosos premios como los Pulitzer. Se han publicado relatos o historias del Oeste en revistas como <em>The Saturday Evening Post</em>, <em>Esquire</em>, <em>Argosy</em>, <em>Collier&rsquo;s</em>, <em>Cosmopolitan</em>&hellip;junto a nombres tan respetados como Hammett, Wharton, Salinger, Faulkner o Conan Doyle. Su vitalidad y pervivencia han sido mayores que las del g&eacute;nero cinematogr&aacute;fico hom&oacute;nimo que, como bien sabemos, ha ido sobreviviendo con una mala salud de hierro hasta nuestros tiempos.</p>
<p>El western &ndash;ya sea en su vertiente literaria o cinematogr&aacute;fica- sirve para desarrollar cualquier tipo de historias y permite la mezcla de novela de aventuras y de ambientaci&oacute;n hist&oacute;rica, a veces con una l&iacute;nea tenue que las separa y que hace dif&iacute;cil la adscripci&oacute;n de una obra. En ocasiones es tan solo un escenario para desarrollar una trama o una historia, un decorado sobre el que plantear una narraci&oacute;n. Pensemos, por ejemplo, en una obra ya publicadas en Valdemar en su colecci&oacute;n &laquo;Hist&oacute;rica&raquo;: <em>Los refugiados</em> de Arthur Conan Doyle, en cuyo pr&oacute;logo se hablaba del <em>prewestern</em>, de <em>coureurs-de-bois</em> y tramperos; o en otras para las cuales es solo el lugar donde transcurre una historia bastante alejada de los temas y motivos del Oeste</p>
<p>En general el western ha ido evolucionando y creando sus propias l&iacute;neas, tem&aacute;ticas y tradiciones. Ya no solo se ve&iacute;a el Oeste como un lugar salvaje e ind&oacute;mito, de vaqueros e indios y tiroteos en el <em>saloon</em>, sino que tambi&eacute;n se empez&oacute; a relatar la relaci&oacute;n entre la regi&oacute;n y la cultura. Willa Cather, John Steinbeck, HL Davis&hellip;son la vertiente algo<em> regionalista</em> del western, distinta a lo que habitualmente pensamos que es novela del Oeste. Sin embargo, la mayor&iacute;a de los escritores del Oeste han seguido la f&oacute;rmula m&aacute;s conocida de Zane Grey (Max Brand, Haycox, Will Henry, L&rsquo;Amour&hellip;) y deben m&aacute;s a los moldes ya creados que al venero que supon&iacute;a la complejidad cultural y territorial de la frontera. Pero hay otros &ndash;Guthrie est&aacute; entre ellos- que han tratado de ofrecer tambi&eacute;n un recorrido por la historia de su pa&iacute;s en toda su complejidad, en unos a&ntilde;os de rapid&iacute;simos y vertiginosos cambios. As&iacute;, conviene se&ntilde;alar que los acontecimientos que se narran en <em>Bajo cielos inmensos </em>suponen pr&aacute;cticamente el comienzo del final la conquista del Oeste, pues en poco m&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os desde el momento de la narraci&oacute;n (1830-1843) la expansi&oacute;n y colonizaci&oacute;n del <em>Far West </em>habr&aacute;n concluido. Lo m&aacute;s sorprendente sobre la creaci&oacute;n del denominado &ldquo;primer Oeste&rdquo; (hasta m&aacute;s o menos las primeras d&eacute;cadas del siglo XIX) fue el tiempo que cost&oacute;, sobre todo si se compara con la cronolog&iacute;a m&aacute;s &ldquo;ajustada&rdquo; de las posteriores expansiones hacia el Oeste (la segunda mitad del siglo XIX, que es la que normalmente asociamos con las pel&iacute;culas del western). La rapidez de estos cambios tambi&eacute;n es un elemento m&aacute;s en la &ldquo;desubicaci&oacute;n&rdquo; de los tramperos y <em>mountain men.</em></p>
<p>La variedad y heterogeneidad de las novelas del Oeste hacen dif&iacute;cil su clasificaci&oacute;n, si bien se se&ntilde;ala una serie de aspectos comunes a muchas de ellas. Por ejemplo, el magisterio de James Fenimore Cooper y sus &ldquo;Leatherstocking Tales&rdquo;, luego de Owen Wister y su novela <em>El virginiano</em>, o el concepto de frontera como un imaginario que se halla presente en todo momento. As&iacute;, la creaci&oacute;n y el mito de la frontera fueron los dos elementos que m&aacute;s contribuyeron a forjar el car&aacute;cter americano: desde aquel inicial ensayo de F. Jackson Turner (<em>El significado de la frontera en la historia norteamericana</em>), pasando por los desarrollos F. Logan Parson, Ray Allen Billington o Walter Prescott Webb, la frontera se convierte en el eje sobre el que gravita la expansi&oacute;n hacia el Oeste. Incluso, para algunos historiadores como Richard Etulain, este tiempo de expansi&oacute;n hacia el Oeste puede ser considerado como el periodo de la &ldquo;adolescencia&rdquo; del pa&iacute;s; de ah&iacute;, tal vez, la sensaci&oacute;n de nostalgia y melancol&iacute;a que ti&ntilde;e los pensamientos de los personajes de <em>Bajo cielos inmensos</em>.</p>
<p>El autor de esta novela es A. B. Guthrie, que fue ganador del Pulitzer por <em>The Way West</em>, llevada al cine por Andrew V. McLaglen en 1967 y que aqu&iacute; se tradujo con el t&iacute;tulo de <em>Camino de Oreg&oacute;n</em> -que no hay que confundirlo con <em>El camino de Oreg&oacute;n</em> (<em>The Oregon Trail</em>) del novelista e historiador Francis Parkman, otra obra que fue editada en espa&ntilde;ol hace no mucho por la editorial Siete noches- y se public&oacute; en Espa&ntilde;a, en la colecci&oacute;n de los Premios Pulitzer de Novela de Plaza y Jan&eacute;s. Adem&aacute;s de cuentos, ensayos y otras obras, escribi&oacute; seis&nbsp; novelas sobre esa zona de los mapas que iba m&aacute;s all&aacute; del r&iacute;o Misisipi hacia el Oeste, desde 1830 a 1960, en un fresco hist&oacute;rico que comprend&iacute;a los principales acontecimientos hist&oacute;ricos y sociales de su pa&iacute;s. En tres de ellas el protagonismo recae en Dick Summers (<em>The Big Sky</em>, <em>The Way West</em> y <em>Fair Land, Fair Land</em>), que se convierte en el personaje a trav&eacute;s del cual podemos contemplar la evoluci&oacute;n del pa&iacute;s. Tambi&eacute;n Boone Caudill, principal protagonista de <em>Bajo cielos inmensos</em>, repite en <em>Fair Land, Fair Land</em>, convertido, como prof&eacute;ticamente anunci&oacute; su venerado t&iacute;o Zeb en la primera novela, en un cazador de b&uacute;falos y luego en buscador de oro en California.</p>
<p>En la narrativa de A. B. Guthrie Jr. el conocimiento de la historia de su pa&iacute;s, su an&aacute;lisis exhaustivo y profundidad, que se acerca a lo antropol&oacute;gico en ocasiones, son rasgos se&ntilde;eros y reconocibles. En sus obras hay un prop&oacute;sito de ficci&oacute;n y otro hist&oacute;rico y tambi&eacute;n una fuerte preocupaci&oacute;n por el espacio en el que se desarrolla la trama. As&iacute; las exploraciones por los r&iacute;os Misuri y Misisipi (las de Stephen H. Long o John C. Fremont, por ejemplo), el comercio de pieles desde San Luis o la c&eacute;lebre expedici&oacute;n de Lewis y Clark est&aacute;n muy presentes en <em>Bajo cielos inmensos</em>, al igual que <em>Life in the Far West</em> (1848), de Frederick Ruxton, una de las muchas fuentes documentales que emple&oacute; Guthrie.</p>
<p>En la narraci&oacute;n de <em>Bajo cielos inmensos</em> podemos colegir la importancia que adquiere el paisaje, como un elemento m&aacute;s, siempre presente y que tambi&eacute;n evoluciona y cambia como lo hace Boone Caudill, el personaje que vertebra toda la obra. El joven llega a la frontera despu&eacute;s de que la ley, la sociedad y las costumbres hayan arruinado su infancia, tras romper con su familia debido a la tensa y violenta relaci&oacute;n con su padre. Junto a &eacute;l estar&aacute;n el curtido Dick Summers y Jim Deakins, que en el transcurso de los a&ntilde;os conformar&aacute;n tres tipos de monta&ntilde;eros diferentes, pero que tienen en com&uacute;n su deseo de vivir los riesgos, en compa&ntilde;&iacute;a de gente como ellos. Posteriormente, el devenir de los acontecimientos y su propia evoluci&oacute;n personal conformar&aacute;n distintas personalidades y modos de pensar. Boone seguir&aacute; siendo igual de impulsivo, indomable y salvaje y sus deseos de estar en contacto con la sociedad ser&aacute;n cada vez menores, volvi&eacute;ndose m&aacute;s arisco e independiente incluso con aquellos que m&aacute;s le quieren. Ser&aacute; un <em>outsider</em>, que quedar&aacute; fuera de la sociedad por ser coherente con su forma de pensar y actuar, aunque en el fondo es un inadaptado (como el Ethan Edwards de <em>Centauros del desierto</em>), que antepone su libertad y una vinculaci&oacute;n casi divina con la tierra -un poco a la manera de Huckleberry Finn con el r&iacute;o- a su inserci&oacute;n en la sociedad y que va m&aacute;s all&aacute; de los c&oacute;digos y la &eacute;tica de esta. Es la novela del individualismo asociado a una b&uacute;squeda de la verdad, que se ir&aacute; diluyendo frente al protagonismo colectivo posterior de <em>The Way West</em> y, en definitiva, a la desaparici&oacute;n de esos hombres de la monta&ntilde;a (o tramperos) que se adentraron en regiones inh&oacute;spitas antes que los pioneros.</p>
<p>Los primeros episodios son de un car&aacute;cter inici&aacute;tico m&aacute;s marcado y relatan la huida y llegada del casi adolescente Boone a Louisville en 1830. En su mente est&aacute; encontrar a su t&iacute;o Zeb Calloway, un hombre de las monta&ntilde;as, que figuraba en sus pensamientos como un ideal de plenitud y libertad. En su camino se encontrar&aacute; con Jim Deakins, algo mayor que &eacute;l y m&aacute;s reflexivo, sereno y con una visi&oacute;n del mundo algo pante&iacute;sta, donde Dios est&aacute; presente en la naturaleza que los rodea. Los dos zarpan en la barcaza Mandan, capitaneada por Jourdannais en un viaje al pa&iacute;s de los Pies Negros para comerciar con ellos, empresa harto dif&iacute;cil y peligrosa. Aqu&iacute; conocen a Dick Summers, el veterano trampero, que ser&aacute; como un padre para ambos, y a Ojos de Cerceta, la joven india que permitir&aacute; el intercambio comercial con los indios. Frente a ellos surge un paisaje nuevo, que apenas ha hollado el hombre, que encoge el coraz&oacute;n y que se extiende bajo esos cielos inmensos: &ldquo;Salvaje. Salvaje y bonito. A uno le da la sensaci&oacute;n de que cada cosa que hace all&iacute; ha sido el primero en hacerla&rdquo; (p&aacute;g. 110). El aprendizaje se va completando con diversos episodios, pero empieza a aparecer un elemento que impregnar&aacute; el resto de la narraci&oacute;n: la nostalgia. Melancol&iacute;a por un tiempo &ndash;el de los tramperos y la vida salvaje- que est&aacute; casi extinto y que ocupar&aacute; buena parte de las pl&aacute;ticas de los viejos Dick Summers y Zeb Calloway. Y es entonces cuando la narraci&oacute;n se amansa y se vuelve algo m&aacute;s morosa, como algunos tramos de los r&iacute;os que han remontado, y podemos empezar a intuir la inmensa tristeza de estos solitarios tramperos ante la ya segura destrucci&oacute;n de su mundo y ante la cual cada uno ir&aacute; tomando distintos caminos.</p>
<p><em>Bajo cielos inmensos</em> es la cr&oacute;nica de los avances y cambios que acabar&aacute;n por conformar el Oeste, a trav&eacute;s de unos personajes que tienen una vital disyuntiva: aceptar su final y la desaparici&oacute;n de su mundo y as&iacute; ser parte del progreso o bien permanecer ajenos al devenir de los acontecimientos, tratando de perpetuar aquello que los ha hecho como son. Con respecto a lo primero es el choque entre un viejo orden y otro nuevo, marcado un cambio social y econ&oacute;mico; lo segundo derivar&aacute; en los <em>misfits</em> o inadaptados que tanta fortuna han hecho en el cine y la literatura, individualistas, que asimilan el escapismo inherente al g&eacute;nero como algo propio y que rechazan lo que trae el futuro. Ah&iacute; est&aacute; la tragedia de estos <em>mountain men</em> y el porqu&eacute; de la nostalgia que envuelve sus acciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>A.B. Guthrie, Jr., <em>Bajo cielos inmensos</em>, traducci&oacute;n de Marta Lila Murillo, Madrid, Valdemar, 2014.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Existe una versi&oacute;n previa en espa&ntilde;ol, publicada por la editorial Santiago Rueda en Buenos Aires, en 1948, que apareci&oacute; con el t&iacute;tulo de <em>Pasiones bajo los cielos</em> (traducci&oacute;n de M&aacute;ximo Siminovich).</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 24 Nov 2014 07:00:43 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Larrea vs. Buñuel]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/larrea-vs-bunuel/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Noviembre/luisbu_uelquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>Entre los proyectos nonatos de Bu&ntilde;uel (papel sin celuloide), como <em>Goya</em>, <em>L&agrave; bas</em>, <em>El monje</em>, <em>Johnny cogi&oacute; su fusil</em>, <em>Ag&oacute;n</em>, <em>Fortunata y Jacinta</em>, <em>La casa de Bernarda Alba</em>, <em>Bajo el volc&aacute;n</em>, <em>Pedro P&aacute;ramo</em> y tantos otros, sobresale uno por su singularidad y por la dilataci&oacute;n en el tiempo de la voluntad por convertirlo en pel&iacute;cula: <em>Ilegible, hijo de flauta</em>, un trabajo singular de Juan Larrea cuya trayectoria como proyecto cinematogr&aacute;fico transita desde 1927 hasta finales de la d&eacute;cada de 1960. Varios de los guiones citados hab&iacute;an sido publicados anteriormente, sobre todo por iniciativa del Instituto de Estudios Turolenses, y ahora ve la luz &eacute;ste &uacute;ltimo auspiciado por la editorial andaluza Renacimiento, en colaboraci&oacute;n con el propio Instituto de la Diputaci&oacute;n de Teruel y la Universidad de B&eacute;rgamo. Su profesor Gabriele Morelli es precisamente el encargado de realizar una edici&oacute;n que sobresale por su rigor filol&oacute;gico y que incluye toda la documentaci&oacute;n necesaria para reconstruir la historia del texto. A saber: una introducci&oacute;n que contextualiza los avatares de su redacci&oacute;n, el proceso de correcciones e intervenciones sobre el original y el largo debate entre los dos creadores (que podr&iacute;a resumirse en una lucha de egos y de intereses intelectuales y econ&oacute;micos); la evacuaci&oacute;n de la correspondencia entre Larrea y Bu&ntilde;uel, que pone en evidencia tanto la coincidencia de intereses (convertir el argumento en film a partir de un material literario de com&uacute;n sensibilidad) como las grandezas y miserias de una colaboraci&oacute;n demasiado prolongada en el tiempo y destinada al fracaso reiterado; notas varias del escritor sobre su texto; la reproducci&oacute;n completa del argumento fechado en 1957 (el m&aacute;s elaborado de ellos y, por tanto, el considerado como definitivo por su autor); y la adaptaci&oacute;n f&iacute;lmica realizada por Bu&ntilde;uel a partir de &eacute;l en forma de gui&oacute;n t&eacute;cnico.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En 1927, una crisis espiritual lleva a Juan Larrea a escribir en Par&iacute;s <em>Ilegible, hijo de flauta</em>, un relato breve que se nutre del &ndash;para entendernos- movimiento surrealista, que por esa misma &eacute;poca tanto influye en Bu&ntilde;uel y Dal&iacute; para su concepci&oacute;n de <em>Un perro andaluz</em>. Perdido el texto original durante la Guerra Civil espa&ntilde;ola, ser&aacute; en 1947 cuando un grupo de amigos incite al escritor vasco para que colabore con el director aragon&eacute;s, entreg&aacute;ndole una sinopsis para que, ante el inter&eacute;s de una productora norteamericana, fuera convertida en pel&iacute;cula. El proyecto se duerme hasta diez a&ntilde;os despu&eacute;s, cuando es Bu&ntilde;uel quien toma la iniciativa de su realizaci&oacute;n tras convencer al productor mexicano Barbachano Ponce: Larrea, en colaboraci&oacute;n con su hija Luciane desde Buenos Aires, alarga el texto para convertirlo en un gui&oacute;n de duraci&oacute;n est&aacute;ndar, pero una desavenencia a prop&oacute;sito de una escena (la de los Testigos de Jehov&aacute;) que el autor considera imprescindible pero Bu&ntilde;uel ha aceptado suprimir por problemas presupuestarios, rompe el acuerdo y la amistad entre ambos. En 1963, Bu&ntilde;uel vuelve a la carga, pues planea incluir <em>Ilegible</em> en un film de cuatro episodios (que incluye la adaptaci&oacute;n de textos de Cort&aacute;zar, Carlos Fuentes y Wilhelm Jensen); el proyecto vuelve a truncarse y s&oacute;lo en 1980 el relato ver&aacute; definitivamente la luz cuando, a instancias de Octavio Paz, la revista mexicana <em>Vuelta</em> decida publicarlo en sus p&aacute;ginas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esa es <em>grosso modo</em> la historia imposible de <em>Ilegible, hijo de flauta</em>. Morelli describe el complejo argumento que ahora se hace p&uacute;blico con el sintagma &ldquo;entre el irracionalismo y el simbolismo&rdquo;; es indudable la impronta surreal que constituye su columna vertebral, con im&aacute;genes chocantes y elementos que apelan al subconsciente. Larrea dinamita la l&oacute;gica causal en el encadenamiento de aconteceres del relato, en una estrategia que evidentemente lo entronca con <em>Un perro andaluz</em> y que parece una reacci&oacute;n militante contra el cine naturalista que expl&iacute;citamente conden&oacute;. El brote on&iacute;rico y la ruptura espacio-temporal, el simbolismo agresivo y fulgurante y el disparate narrativo fueron materias primas con las que Bu&ntilde;uel edific&oacute; no pocas de sus obras, por lo que la uni&oacute;n de ambos talentos (sobre todo pensando en la capacidad del aragon&eacute;s para verter en im&aacute;genes de manera productiva el torrente de ideas ideado por Larrea) hace pensar en la fertilidad de su hipot&eacute;tica conversi&oacute;n en forma f&iacute;lmica. Polic&iacute;as que se suicidan en cadena, amantes escondidos en el armario, mujeres que se asemejan a la estatua de la Libertad o a la Venus de Milo, angelicales seres que expiran en brazos de Ilegible, un choque de trenes en la se&ntilde;era fecha 18 de julio de 1936, marineros que navegan en busca de una isla flotante, un cofre lleno de dentaduras postizas, una reuni&oacute;n de Testigos de Jehov&aacute;, un le&oacute;n que dormita y se parece a Le&oacute;n Felipe&hellip;, son algunas im&aacute;genes que, con una leve ilaci&oacute;n, van desfilando a lo largo de unas p&aacute;ginas abiertas tanto al choque il&oacute;gico de ideas como a un simbolismo cargado de intenciones religiosas, pol&iacute;ticas y culturales. La conclusi&oacute;n del texto es de una belleza conmovedora: &ldquo;Destaca sobre el cielo un gran bulto de mujer, algo as&iacute; como una inmensa estatua de la Venus de Milo con sus dos brazos completos el derecho levantado a la manera de la estatua de la Libertad. Como una antorcha parece tener el globo del sol en la mano. Esta mujer es exactamente la misma que alumbrada por el sol poniente se le mostr&oacute; desnuda en el bosque. (&hellip;) El trigo sigue creciendo con tan r&aacute;pida intensidad que en un momento oculta a Ilegible y Avenda&ntilde;o de nuestra vista&rdquo;. Ilegible parece haberse instalado en un universo situado fuera del tiempo y el espacio, en el que el &uacute;nico valor sea la libertad, asociada (como en Cernuda) a la ausencia de deseo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La edici&oacute;n de <em>Ilegible, hijo de flauta</em> permite conocer mejor &ndash;si ello es a&uacute;n posible- los m&eacute;todos de trabajo de Luis Bu&ntilde;uel a la altura de 1957, no s&oacute;lo por lo que se refiere a su voluntad por atenuar (a veces en contra de su fama) los desvar&iacute;os o los efectos gratuitos, sino tambi&eacute;n a la parquedad con que solventa el contenido t&eacute;cnico de su adaptaci&oacute;n: generalmente &eacute;ste se reduce a la escala de la toma (de <em>close-up</em> a <em>full-shot</em>) y los procedimientos de transici&oacute;n entre planos o escenas (corte,<em> fade in</em>), lo que hace pensar que el realizador dejaba para el momento del rodaje las soluciones ling&uuml;&iacute;sticas, t&eacute;cnicas y est&eacute;ticas de cada elemento f&iacute;lmico. Pero sobre todo, se trata de un libro que viene a sembrar nuevas luces (y tambi&eacute;n sombras nuevas) sobre los avatares y problemas que genera un medio de expresi&oacute;n colectivo (y muy caro) como el cine cuando sobre &eacute;l se vuelcan genios creativos y narcisismos incontrolables. Su historia est&aacute; llena de estos conflictos, y &eacute;ste es uno de los m&aacute;s singulares y reveladores. As&iacute;, la pel&iacute;cula <em>Ilegible, hijo de flauta</em> nunca vio el sol. Quedan, ahora, a disposici&oacute;n del lector los textos y, con ellos, una parte de la Historia de la cultura hispana del siglo XX. - PABLO P&Eacute;REZ RUBIO</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Gabriele Morelli (ed.), <em>Ilegible, hijo de flauta. Argumento cinematogr&aacute;fico original de Juan Larrea y Luis Bu&ntilde;uel</em>, Renacimiento (con la colaboraci&oacute;n del Instituto de Estudios Turolenses y la Universidad de B&eacute;rgamo), Sevilla, 2007.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 19 Nov 2014 07:42:27 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vigilia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/vigilia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Noviembre/agustinquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 510px;">De noche, algunas veces,<br /> cierro al invierno las contraventanas;<br /> acallo todo mal, todo sonido<br /> salvo las campanadas del reloj<br /> y, tras unos instantes de penumbra,<br /> enciendo alguna luz;<br /> escojo un libro &mdash;casi<br /> por mandato moral&mdash; y estudio.<br /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Siempre<br /> tengo a mi lado este papel en blanco.</p>
<p style="padding-left: 510px;">El mundo se hace as&iacute;<br /> brevemente habitable:<br /> deposito cenizas sobre el mar<br /> o brasas en la nieve;<br /> hago incisiones, podo, cavo, injerto<br /> de palabras y ausencias un jard&iacute;n<br /> ignoto. Sue&ntilde;o el mar<br /> junto a las escolleras, desatado...<br /> y mi padre el dolor, como otras veces,<br /> acaba por marcharse a descansar.</p>
<p style="padding-left: 510px;">Yo le dejo dormir. Camino lento</p>
<p style="padding-left: 510px;">para salir bajo mi lluvia, al raso;<br /> frotarme con las manos la mirada<br /> y en la sombra del agua revivir.</p>
<p style="padding-left: 510px;">Luego regreso.<br /> &Eacute;l duerme ya, en figura de le&oacute;n.<br /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Yo, el resto<br /> de la noche afilada, bajo tierra,<br /> me afano en el velar.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 18 Nov 2014 10:55:19 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rafael Chirbes protagoniza el nuevo número de la revista "Turia"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/rafael-chirbes-protagoniza-el-nuevo-numero-de-la-revista-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2014/rafaelquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>Rafael Chirbes ser&aacute; el gran protagonista de la nueva entrega de la revista cultural TURIA. En un a&ntilde;o en el que est&aacute; obteniendo el aplauso un&aacute;nime de cr&iacute;tica y lectores gracias a su novela &ldquo;En la orilla&rdquo;, Chirbes recibe el homenaje de 16 autores que publican en TURIA 180 p&aacute;ginas de textos originales en los que se analiza su personalidad y su obra literaria. El sumario se enriquece, adem&aacute;s, con una amplia selecci&oacute;n de fragmentos in&eacute;ditos del cuaderno de notas de Chirbes bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;A ratos perdidos&rdquo; y la m&aacute;s completa biocronolog&iacute;a nunca difundida sobre su trayectoria.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">El pr&oacute;ximo d&iacute;a 27 de noviembre, TURIA dar&aacute; a conocer en Teruel este nuevo n&uacute;mero. Ser&aacute; un acto de reconocimiento a Chirbes que contar&aacute; con la presencia del propio escritor homenajeado y con la del profesor y cr&iacute;tico literario Fernando Valls, que ejercer&aacute; de presentador y que ha coordinado el monogr&aacute;fico que la revista dedica a un autor que no deja indiferente a nadie. No en vano suele decirse de &eacute;l que su literatura es la de un sabueso a la caza de la verdad.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">&Aacute;ngel Basanta, Jos&eacute; Mar&iacute;a Pozuelo Yvancos, Jorge Herralde, Javier Go&ntilde;i, Marta Sanz y Javier Rodr&iacute;guez Marcos son algunos de los colaboradores de TURIA que ayudan al lector a descubrir a un autor capaz de narrar en su obra toda una &eacute;poca de nuestra historia y hacer de ello un conjunto de textos de indudable valor literario.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">En opini&oacute;n de Fernando Valls, y tras la publicaci&oacute;n de sus dos &uacute;ltimas novelas, parece haberle llegado el momento a Chirbes el momento de la consagraci&oacute;n. Pero no es un fen&oacute;meno casual: todas sus obras, desde la primera publicada en 1988,&nbsp; conforman una literatura de indudable valor y notable entidad. Son novelas en las que Chirbes &ldquo;deja constancia de setenta a&ntilde;os de historia espa&ntilde;ola, de lo p&uacute;blico y lo privado, de la educaci&oacute;n sentimental y la pol&iacute;tica, los negocios y la intimidad, destacando una serie de hechos que gran parte de la sociedad espa&ntilde;ola, encabezada por los dirigentes pol&iacute;ticos, parec&iacute;a haber olvidado. No olvidemos que para Chirbes, como para Balzac, la novela consiste en contar la vida privada de las naciones, frase que nuestro autor ha recordado en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n. Por tanto, nos hallamos ante un empe&ntilde;o narrativo que podr&iacute;a encuadrarse muy bien en la tradici&oacute;n de los <em>Episodios nacionales</em>, uno de esos grandes relatos que abarcan toda una &eacute;poca&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Este monogr&aacute;fico de TURIA dedicado a Rafael Chirbes nos demuestra, seg&uacute;n el cr&iacute;tico &Aacute;ngel Basanta que &ldquo;escritores como Chirbes son necesarios para afrontar con dignidad estos a&ntilde;os de descr&eacute;dito de la memoria o de recuperaci&oacute;n interesada de la memoria hist&oacute;rica&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Rafael Chirbes es, como ha escrito su editor Jorge Herralde, la voz de la verdad. Y lo es porque practica una literatura comprometida con su tiempo y con la literatura misma. Chirbes, subraya &Aacute;ngel Basanta en TURIA, &ldquo;incomoda a unos y a otros por su nula complacencia con la frivolidad y por su disidencia ideol&oacute;gica. Considerado como el gran novelista social de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, amparado en un realismo depurado que ha ido evolucionando en su revisi&oacute;n cr&iacute;tica de la historia y la sociedad espa&ntilde;ola desde la guerra civil hasta el siglo XXI, Chirbes ha descubierto las contradicciones y denunciado las traiciones e imposturas protagonizadas por su generaci&oacute;n en un tiempo hist&oacute;rico concreto&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>UN ESPECTACULAR CAT&Aacute;LOGO DE LECTURAS</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Adem&aacute;s del protagonismo esencial de Rafael Chirbes, este sumario de TURIA brinda un&nbsp; completo&nbsp; e&nbsp; interesante&nbsp; cat&aacute;logo&nbsp; de&nbsp; lecturas.&nbsp;&nbsp; No&nbsp; en&nbsp; vano,&nbsp; adem&aacute;s&nbsp; de&nbsp; las colaboraciones&nbsp; de&nbsp; los&nbsp; autores&nbsp; ya&nbsp; citados,&nbsp; las p&aacute;ginas de la revista se enriquecen con</p>
<p class="Textoindependiente21">la publicaci&oacute;n del primer cap&iacute;tulo de lo que ser&aacute; la nueva novela del gran escritor portugu&eacute;s Ant&oacute;nio Lobo Antunes o un relato in&eacute;dito de Eloy Tiz&oacute;n, uno de los m&aacute;s destacados cultivadores del g&eacute;nero en nuestras letras actuales. Tambi&eacute;n sobresalen&nbsp;&nbsp; poemas originales de Chantal Maillard, Antonio Hern&aacute;ndez, Vicente Gallego, Jordi Doce, Marta Agudo y Elena Medel, entre otros.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">No conviene olvidar tampoco que esta nueva entrega de TURIA contiene art&iacute;culos in&eacute;ditos sobre el ya citado Lobo Antunes, Nicanor Parra, John Banville y Jos&eacute; Ortega y Gasset.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Especialmente recomendables son las amplias entrevistas exclusivas que TURIA publica con el novelista y profesor Javier Cercas (&ldquo;Quien no asuma riesgos, que no sea escritor&rdquo;) y con Javier Gom&aacute;, fil&oacute;sofo y director de la Fundaci&oacute;n Juan March (&ldquo;Las sociedades democr&aacute;ticas est&aacute;n necesitadas hoy de un ideal que suscite entusiasmo&rdquo;).</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Fundada&nbsp; en&nbsp; 1983,&nbsp; TURIA&nbsp; ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales en espa&ntilde;ol de m&aacute;s dilatada trayectoria. Cuenta con difusi&oacute;n nacional e internacional y por sus p&aacute;ginas han pasado m&aacute;s de mil autores de diversas procedencias est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas, lo que da idea de la riqueza y pluralidad de sus contenidos. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>
<p class="Textoindependiente21">Desde hace poco m&aacute;s de un a&ntilde;o, adem&aacute;s de su edici&oacute;n en papel, TURIA cuenta con una versi&oacute;n digital integrada por una web y una p&aacute;gina en Facebook que est&aacute; obteniendo una gran acogida entre los lectores.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">La revista cultural TURIA es una publicaci&oacute;n cuatrimestral, editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero cuenta tambi&eacute;n con el patrocinio de Aragonesa de Servicios P&uacute;blicos.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 18 Nov 2014 10:07:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Borau entre el cine y la literatura]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/borau-entre-el-cine-y-la-literatura/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/borauquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>La vida es un movimiento continuo en el que hay que superar fronteras, afrontar contratiempos y reubicarse de forma constante para adaptarse a las nuevas situaciones que surgen. El cine de Jos&eacute; Luis Borau se acomoda muy bien a esta reflexi&oacute;n, como lo fue su vida, vinculada no solo a la industria cinematogr&aacute;fica sino tambi&eacute;n a la literatura y a la gesti&oacute;n cultural, puesto que no hay que olvidar al Borau presidente de la Academia del Cine as&iacute; como de la SGAE o al acad&eacute;mico de la Lengua que fue. El cineasta zaragozano ha sido muchas cosas y su obra, prol&iacute;fica. Eso s&iacute;, no debemos tener en cuenta exclusivamente su vertiente cinematogr&aacute;fica, cuya filmograf&iacute;a como director tampoco es muy extensa, sino su amplia obra cultural, que abarca su faceta literaria como escritor y editor, al margen de su labor como guionista, sin olvidar tampoco la de productor e incluso actor.</p>
<p>De Borau se han publicado numerosas biograf&iacute;as y aproximaciones a su filmograf&iacute;a, las m&aacute;s conocidas las de Agust&iacute;n S&aacute;nchez Vidal y Carlos F. Heredero, y junto a ellas otras no menos notables como la de Luis Mart&iacute;nez de Mingo y, una de las m&aacute;s recientes, el libro publicado por el Festival de M&aacute;laga en 2011 obra de Jos&eacute; Luis Angulo y Antonio Santamarina. A la extens&iacute;sima bibliograf&iacute;a sobre Borau hay que sumar otros proyectos editoriales que arrojan luz sobre el autor de <em>Furtivos</em>, como el libro cat&aacute;logo de la exposici&oacute;n que el Festival de Cine de Huesca de 2009 acogi&oacute; en torno a esta pel&iacute;cula, o el complet&iacute;simo monogr&aacute;fico que meses antes le dedic&oacute; la revista <em>Turia</em> del Instituto de Estudios Turolenses en su n&uacute;mero 89-90. Ahora se suma un nuevo volumen, <em>Jos&eacute; Luis Borau. La vida no da para m&aacute;s</em>, de Bernardo S&aacute;nchez Salas, un proyecto que no es nuevo, sino que se remonta a hace un lustro, pero que ha atravesado por m&uacute;ltiples vicisitudes y que apareci&oacute; por fin publicado poco antes de la muerte de Borau, convirti&eacute;ndose as&iacute;, incluido su t&iacute;tulo, en el epitafio de quien ha sido una de las personalidades claves de la cultura espa&ntilde;ola de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas tanto por sus aportaciones cinematogr&aacute;ficas como literarias, que hasta la fecha han resultado las m&aacute;s hu&eacute;rfanas de estudio. El libro de S&aacute;nchez Salas pretende cubrir ese vac&iacute;o.</p>
<p><em>Jos&eacute; Luis Borau. La vida no da para m&aacute;s</em> es un libro extra&ntilde;o, at&iacute;pico, chocante por su estructura y la disposici&oacute;n de su contenido, pero tambi&eacute;n porque aborda algo escasamente tratado en los trabajos sobre el cineasta, su obra narrativa escrita m&aacute;s all&aacute; de los guiones de sus filmes. El apartado dedicado a explorar esta faceta, bajo el ep&iacute;grafe <em>Un escritor de ida y vuelta</em>, es por ello el m&aacute;s interesante de este ensayo y un complemento imprescindible dentro de los estudios realizados hasta la fecha sobre el realizador y escritor. El libro atraves&oacute; por varios contratiempos y su publicaci&oacute;n se fue retrasando, por lo que su autor ha ido incorporando adendas y a&ntilde;adidos sin pretender alterar su esp&iacute;ritu inicial. La obra vio por fin la luz en 2012 dentro de la editorial Pigmali&oacute;n y con el patrocinio, adem&aacute;s, de la Semana de Cine Experimental de Madrid, la Fundaci&oacute;n Autor y la SGAE.</p>
<p>El t&iacute;tulo hace referencia a un comentario que Borau le hizo a S&aacute;nchez Salas en uno de los m&uacute;ltiples intercambios epistolares que mantuvieron, cuando al requerirle las respuestas a un cuestionario que le hab&iacute;a enviado, le pidi&oacute; m&aacute;s tiempo para hacerlo porque sus m&uacute;ltiples compromisos le imped&iacute;an contestarlo en el acto. &ldquo;La vida no da para m&aacute;s&rdquo;, le dijo, pero en el caso de Borau, la vida le dio para mucho, para ser uno de los personajes m&aacute;s importantes que ha tenido la cultura espa&ntilde;ola en los &uacute;ltimos tiempos, por lo que es de esperar, y de desear, que todav&iacute;a se publiquen muchos m&aacute;s trabajos sobre &eacute;l. En este caso su rasgo distintivo reside en abordar, entre otros aspectos, esa vertiente literaria y editora a la que ya hemos aludido, adem&aacute;s de contener la que probablemente sean la filmograf&iacute;a y bibliograf&iacute;a m&aacute;s completas del autor realizadas hasta la fecha.</p>
<p>El libro tiene una estructura muy ligada a las experiencias vitales de su autor y a la relaci&oacute;n que &eacute;ste mantuvo con Jos&eacute; Luis Borau, que se tradujo en la posibilidad de acceder a relatos antes de su publicaci&oacute;n y tambi&eacute;n a conocer los dos &uacute;ltimos guiones que dej&oacute; sin rodar, <em>La Pajarita de Oro</em> y <em>Los hermanos del Don</em> &ndash;en colaboraci&oacute;n este &uacute;ltimo con Rafael Azcona&ndash;. Las reflexiones que se hacen sobre estos trabajos figuran entre las aportaciones m&aacute;s novedosas que el lector puede encontrar. No se propone S&aacute;nchez Salas abordar en profundidad toda la obra cinematogr&aacute;fica de Borau, sino que busca centrarse, sobre todo, en su producci&oacute;n a partir de 1990, dando por suficientes las aportaciones hechas antes de esa fecha por Carlos Fern&aacute;ndez Heredero y Agust&iacute;n S&aacute;nchez Vidal. A partir de esa premisa, el autor nos traslada al universo de Borau a trav&eacute;s de sus &uacute;ltimos trabajos para el cine y la televisi&oacute;n, con continuas miradas hacia su filmograf&iacute;a anterior, teniendo presente como nunca se hab&iacute;a hecho antes su obra narrativa escrita. En medio, el lector encontrar&aacute; una inusual conversaci&oacute;n entre Borau y S&aacute;nchez Salas, tras pasar una jornada juntos en Logro&ntilde;o y de contenido m&aacute;s anecd&oacute;tico que otra cosa, aunque ayuda a comprender la forma de ser del personaje. Pero lo m&aacute;s destacado de este peculiar trabajo son esos v&iacute;nculos que el autor establece entre cine y literatura, y de qu&eacute; manera unos y otros est&aacute;n presentes al final en toda la obra de Borau, y c&oacute;mo su actividad en el cine y las m&uacute;ltiples facetas que ha desempe&ntilde;ado son el desencadenante de los libros que public&oacute; en las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Aflora as&iacute; el escritor oculto, el que se escond&iacute;a tras los guiones literarios del sus filmes, objeto igualmente de publicaci&oacute;n como si de novelas se tratara, y en algunos casos transcritos de la imagen a la palabra por el propio Borau, lo que le confiere todav&iacute;a m&aacute;s un valor literario, como fue el caso del gui&oacute;n de <em>Furtivos</em> publicado en la revista <em>Viridiana</em>. S&aacute;nchez Salas indaga en ese Borau escritor que no tiene ambiciones literarias pero posee un prurito literario que ha quedado patente en libros como <em>El caballero D&rsquo;Arrast</em>, <em>Camisa de once varas</em>, <em>Navidad, horrible Navidad</em>, y <em>Amigo de invierno</em>, entre otros. Lo hace, adem&aacute;s, profundizando, interes&aacute;ndose por comparar ediciones, como el original de <em>Arituyena</em>, primer relato que se conoce de Borau, publicado en 1952 en la revista del Colegio Mayor Cerbuna de Zaragoza y reeditado en 2008, reelaborado por el cineasta y con el nuevo t&iacute;tulo de <em>El pa&iacute;s de Arituyena</em>. La conclusi&oacute;n a la que llega S&aacute;nchez Salas es que cine y literatura van de la mano en Borau, aunque precisa que lo primero no monopoliza lo segundo pero se trasluce, seg&uacute;n sus propias palabras, &ldquo;como una especie de gu&iacute;a o de &lsquo;gui&oacute;n&rsquo; para atravesarla, incluso &ndash;en buena medida&ndash; sustanciarla y abrazarla&rdquo;.- FRANCISCO JAVIER MILL&Aacute;N.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bernardo S&aacute;nchez Salas, <em>Jos&eacute; Luis Borau, La vida no da para m&aacute;s</em>, Pigmali&oacute;n y Semana de Cine Experimental de Madrid, Madrid, 2012.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 17 Nov 2014 07:51:19 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Alas, espejos, anzuelos y piedras (notas sobre "profesiones para mujeres")]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/alas-espejoa-anzuelos-y-piedras-notas-sobre-profesionales-para-mujeres/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Noviembre/VIRGINIA_WOOLFquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>C&oacute;mo elevar el vuelo, sin ser un &aacute;ngel, desde un cuarto propio, c&oacute;mo comprar flores y gatos persas, papel para escribir; c&oacute;mo lanzar un anzuelo, c&oacute;mo lanzarse uno mismo como anzuelo para intuir una idea del mundo, para rozar una idea sobre el mundo. C&oacute;mo pasar el d&iacute;a con la mano suspendida en el aire, asida a una pluma, al borde de un tintero, al borde del lago. Y qu&eacute; decir. Y c&oacute;mo decirlo. Y c&oacute;mo decirlo en libertad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A Virginia Woolf le preguntaron por su profesi&oacute;n y le sugirieron que hablara sobre ella y sobre las dificultades a las que se enfrentaba una mujer en esa profesi&oacute;n. Como era de esperar, hizo algo m&aacute;s que un cat&aacute;logo de nudos sociol&oacute;gicos. En esa peque&ntilde;a conferencia, Virginia se&ntilde;ala las condiciones y obst&aacute;culos con los que se enfrenta una mujer a la hora de elegir la escritura como profesi&oacute;n, y a la hora, como creadora, de dejar correr la mano sobre el papel con libertad; en no m&aacute;s de cinco p&aacute;ginas, resume toda una actitud frente a la creaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Comprar el papel y la pluma, disponer del cuarto y el tiempo necesario, disfrutar de cierta independencia econ&oacute;mica: &eacute;stas eran las condiciones materiales. No es poco, y a&uacute;n era menos poco para una mujer en aquella &eacute;poca. Sin embargo, Virginia Woolf a&ntilde;ad&iacute;a que para comenzar a escribir, adem&aacute;s de reclamar aquel cuarto propio y el tiempo y el papel, hab&iacute;a que <em>matar al &aacute;ngel de la casa</em>. Es decir, el acto fundacional de la escritura como profesi&oacute;n, se&ntilde;alaba con serena y compleja precisi&oacute;n, era, en cierto sentido, un acto de violencia. En el caso de una mujer a principio de siglo, se trataba de elegir al otro abstracto que es la escritura frente a los otros particulares.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hab&iacute;a que comenzar con un acto de desplazamiento, de violentaci&oacute;n del orden establecido, para ejercer la profesi&oacute;n de escritor, seguido de un acto de libertad extrema en el decurso de la conciencia para vivir como tal: estas son las premisas que Virginia Woolf reclama para la creaci&oacute;n. Aunque sea desde un lugar distinto del prisma, me parece que las observaciones de Virginia Woolf contin&uacute;an siendo vigentes. Preguntarse por el actual &aacute;ngel de la casa, preguntarnos sobre cu&aacute;les son los fantasmas de contenci&oacute;n con los que se enfrentan hoy los creadores, y, suponiendo que se puedan conjurar, preguntar si se enfrentan hoy con libertad &ndash;como mujeres, como hombres- sin la coacci&oacute;n de la mirada sancionadora externa a la que alude Virginia, &iquest;acaso no siguen siendo tareas necesarias?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>_______________</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>*Conferencia dictada en la National Society for Women&rsquo;s Service el 21 de enero de 1931. P&oacute;stumamente publicada en <em>La muerte de la polilla</em>, 1942</p>
<p>Es posible que en estos a&ntilde;os las dificultades para iniciar la creaci&oacute;n y afrontarla con libertad sean menos dis&iacute;miles entre hombres y mujeres, sin embargo creo que, en cierto sentido, son m&aacute;s complejas para ambos sexos. Los &aacute;ngeles dom&eacute;sticos y los espejos petrificadores no han perdido ni su persuasi&oacute;n ni su severidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h1>Alas: la escritura como profesi&oacute;n</h1>
<p>Volvamos al acto fundacional de la escritura: matar al &aacute;ngel de la casa. Virginia se refer&iacute;a con esta imagen al popular poema de Coventry Patmore en el que &eacute;ste elogiaba a su perfecta esposa victoriana. Seg&uacute;n la intepretaci&oacute;n de Virginia, esa perfecta esposa era una especie de lubricante de la realidad, una mezcla de &aacute;ngel y duendecillo, malicioso si era el caso, que se encargaba de limar asperezas, engrasar los goznes para que no chirriaran, moderar desavenencias, apaciguar desencuentros y facilitar el curso de los acontecimientos previstos. En principio no parece una mala tarea, salvo porque no hay opci&oacute;n ni imprevistos. El &aacute;ngel de la casa custodiaba un orden ni elegido ni cuestionable, y lo hac&iacute;a bajo la br&uacute;jula de la renuncia y la abnegaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En esa peque&ntilde;a conferencia, Virginia Woolf confesaba que si bien cre&iacute;a haber solventado el problema de matar al &aacute;ngel de la casa, sin embargo no hab&iacute;a podido solucionar el conflicto del espejo; es decir, si bien los hombres eran libres para entregarse al acto de la creaci&oacute;n en t&eacute;rminos de imaginaci&oacute;n y trance, las mujeres no pod&iacute;an hacer tal cosa. Pod&iacute;an, s&iacute;, reclamar su cuarto, reclamar la remuneraci&oacute;n por su trabajo, reclamar su deseo de no ser las conciliadoras perpetuas de lo irreconciliable, pero el ejercicio extremo de la imaginaci&oacute;n para crear la obra de arte estaba a&uacute;n lejos. La descripci&oacute;n es sencilla y transparente, la joven mujer, que no sabe en qu&eacute; consiste ser una mujer, ni cree que nadie pueda saberlo, ya ha escrito un art&iacute;culo, lo ha enviado en un hermoso sobre, se lo han publicado, le han pagado por ello y con ese dinero ha comprado un gato persa: algo tan in&uacute;til como bello y necesario. &Eacute;se es su primer acto de escritora profesional, comprar un gato persa. Con ese acto y el de encerrarse a escribir su cuarto propio, Virginia entiende que ha matado al &aacute;ngel de la casa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Regreso entonces a la pregunta, con qu&eacute; &aacute;ngel se encuentran hoy la escritora o el escritor, la poeta, el compositor... Desgraciadamente, podemos hoy todav&iacute;a preguntarnos, como Virginia, si en el ejercicio de la escritura hay alg&uacute;n obst&aacute;culo mayor para las mujeres que para los hombres. Sin embargo, no es esto lo que me interesa se&ntilde;alar, sino que el acto de la escritura, la decisi&oacute;n de escribir, se inicia con un acto de perturbaci&oacute;n del orden, un acto de serena violencia que lleva a la escritora a la aniquilaci&oacute;n de la gestualidad que le es impuesta. No estoy muy segura de que podamos seguir explicitando, con la &ldquo;libertad&rdquo; con que lo hizo Virginia, que es necesario ese grado de violentaci&oacute;n de la realidad social e ideol&oacute;gica para, siquiera, empezar a plantearse el acto &ldquo;profesional&rdquo; de la escritura. Me temo que hoy no estamos menos impelidos a no generar conflictos, m&aacute;s all&aacute; de lo admisible, de lo que lo estaban hace casi un siglo los &aacute;ngeles de las diversas casas. Qui&eacute;n de entre los profesionales compra hoy con su primer &ldquo;sueldo&rdquo; de escritor el camale&oacute;n de Keats, el barril de Di&oacute;genes, la itinerancia de Rilke, el pan con dos cerillas de Vallejo, en lugar de la mantequilla para las tostadas o la hipoteca de la casa. As&iacute; lo enuncia Virginia, as&iacute; podemos enunciarlo hoy. Todo es entendible, sobrevivir es tambi&eacute;n vivir, comer pan con mantequilla, necesario. Pero no lo es menos el gato persa, la belleza del camale&oacute;n, la verdad de la belleza y la decisi&oacute;n de no asumir algunas contingencias. Al menos no todas. Ni es menos necesario tomar la decisi&oacute;n de no tener contento a todo el mundo, cosa terrible.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Matar al &aacute;ngel de la casa: primer escal&oacute;n, de ascensi&oacute;n o de descenso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h1>Espejos: la metamorfosis de la escritura</h1>
<p>Pero esa mujer es ambiciosa y quiere algo m&aacute;s que ser una &ldquo;profesional&rdquo; de la escritura, esa mujer quiere un acto libre de imaginaci&oacute;n y creaci&oacute;n, quiere levantar la mano, aferrarla a la pluma y, una vez que le ha lanzado el tarro de tinta al &aacute;ngel de la casa, como el que lanza una piedra a un estanque, una vez que ese recept&aacute;culo de l&iacute;quida escritura le ha dado muerte al &aacute;ngel, quiere algo m&aacute;s. El acto de asesinar al &aacute;ngel es una experiencia laboral, social, no le basta con documentar y testimoniar, y ahora quiere una experiencia de creaci&oacute;n de escritura, de imaginaci&oacute;n. Pero no es posible:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Quiero que me imagin&eacute;is escribiendo una novela en estado de trance. Quiero que pens&eacute;is en una joven sentada, con una pluma en su mano, que durante minutos, e incluso durante horas, no sumerge en el tintero. La imagen que llega a mi mente cuando pienso en esa joven es la imagen de un pescador que yace hundido en sue&ntilde;os al borde de un profundo lago con una vereda que se extiende alrededor del agua. Dejaba que su imaginaci&oacute;n se derramara libremente sobre cada roca y en cada grieta del mundo que yace sumergido en las profundidades de nuestro ser inconsciente. Entonces sucedi&oacute; la experiencia, la experiencia que creo menos frecuente entre las mujeres escritoras que entre los hombres. La l&iacute;nea se fug&oacute; entre los dedos de la joven. Su imaginaci&oacute;n se hab&iacute;a desvanecido. Hab&iacute;a buscado los estanques, las profundidades, oscuros lugares donde dormita el pez m&aacute;s grande. Y entonces algo se hab&iacute;a quebrado. Hubo una explosi&oacute;n. Hubo espuma y confusi&oacute;n. La imaginaci&oacute;n se hab&iacute;a estrellado contra algo duro. La joven despert&oacute; de su sue&ntilde;o. Estabo en un estado de la m&aacute;s aguda y extrema angustia. Para decirlo sin rodeos, hab&iacute;a rozado algo, algo sobre el cuerpo, sobre las pasiones que no le cab&iacute;a a ella nombrar como mujer. Los hombres, su raz&oacute;n se lo dec&iacute;a, se habr&iacute;an quedado pasmados. La conciencia de lo que los hombres dir&iacute;an de una mujer que dice la verdad sobre sus pasiones la hab&iacute;a expulsado de su art&iacute;stico estado de inconsciencia. No pod&iacute;a escribir m&aacute;s. El trance se hab&iacute;a desvanecido. Su imaginaci&oacute;n no pod&iacute;a continuar creando. Creo que esta es una experiencia muy com&uacute;n entre las mujeres escritoras, se encuentran impedidas por el extremo convencionalismo de su sexo.&rdquo;</p>
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<p>Esa joven mujer quiere un acto de creaci&oacute;n, un gesto que le permita entrar en contacto con lo desconocido, con lo que desconoce de ella y con lo que desconoce del mundo, y, si es posible, con lo que el mundo desconoce de si, es decir, con lo otro. Busca un acto de creaci&oacute;n que se refleja en un espejo de doble naturaleza. El vuelo de la libertad creadora se anuda no tanto a las alas de un &aacute;ngel como a las aletas de un pez, es decir, para que el vuelo no carezca de identidad y se convierta en una losa ha de sumergirse antes en lo inconsciente, individual o colectivo. La joven escritora, que bordea la orilla del lago y que ve el pez de lo inconsciente al fondo, sabe que debe prescindir de las preocupaciones que le pueda suscitar su imagen como mujer para poder sumergirse en busca de ese acto de creaci&oacute;n; ha podido atravesar, como Alicia, el espejo de su propia mirada, pero no ha podido hacer lo mismo con la mirada del otro, ese otro que es el azogue, el que convierte una superficie transparente en un espejo, y que delimita lo que se refleja. En esta &eacute;poca, me pregunto si hay siquiera un espejo para la tarea del escritor, si hay siquiera &ldquo;otro&rdquo; que espera algo de ese &ldquo;profesional&rdquo; de la l&iacute;nea, continua, partida, suspensiva...</p>
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<p>La creaci&oacute;n como un di&aacute;logo con y contra los espejos. La creaci&oacute;n como un acto de metamorfosis en di&aacute;logo con lo otro y en disidencia con lo uno.</p>
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<p>Me pregunto si podr&iacute;amos pensar en Orlando como en la respuesta al &aacute;ngel de la casa. Creo que en parte s&iacute;: Orlando no s&oacute;lo posee un cuarto propio sino un espacio laber&iacute;ntico e infinito, como el mundo, Orlando no depende econ&oacute;micamente de nadie, y por tanto no le debe servilismo a nada ni a nadie, Orlando participa de ambos sexos porque lo que no necesita que el otro sexo le devuelva su imagen, y, lo que es m&aacute;s interesante, ante tal c&uacute;mulo de peculiaridades desplegadas con tanta naturalidad y levedad, a nadie le resulta ofensiva su extravagancia. Orlando es libre de encontrar la manera para desarrollar sus deseos e inquietudes, y, sobre todo, su intensa y a la vez serena necesidad de vincularse a la vida y las experiencias, y meditarlas como mejor le plazca. Todo esto, claro, con muchos matices, nadie es enteramente libre; si bien hay ciertas y distintas convenciones a las que adecuarse, el espacio que le queda a Orlando para ser lo que es, es bastante amplio porque, y esto es lo m&aacute;s importante, Orlando no tiene miedo, su identidad es cambiante y no est&aacute; comprometida por un espejo petrificado. Orlando atraviesa el tiempo y la cultura y sus trasmutaciones casi como la poes&iacute;a de Holderlin. Su vida es su escritura y ese interminable poema dedicado a un &aacute;rbol.</p>
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<p>Alcanzar esa libertad quiz&aacute; sea ut&oacute;pico, pero de eso se trata, &iquest;no?. Al menos de intentarlo. Me pregunto qu&eacute; escritor en estos d&iacute;as puede encerrarse en su cuarto, con su gato persa, su camale&oacute;n, su Odradek, su barata resma de papel, el arma homicida del &aacute;ngel y lo que queda de &eacute;ste, su pluma, y dejar correr la mano, a trav&eacute;s de las metamorfosis. C&oacute;mo acceder a ese trance al que se refer&iacute;a Virginia Woolf sin quedarse paralizado ante la mirada sancionadora de lo que se espera o, lo que es peor, de lo que nadie espera.</p>
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<p>Bien, convengamos en que, a estas alturas de la modernidad y de la posmodernidad, las prevenciones no son las que eran, pero convengamos tambi&eacute;n que resulta iluso pensar que estamos libres de sanciones de una u otra &iacute;ndole. En estos momentos, me temo que el doble espejo, ese en el que debemos mirarnos y a la vez el que debemos eludir, no tiene tanto el car&aacute;cter de azogue moral, que tambi&eacute;n, como un car&aacute;cter formal. Porque, &iquest;cu&aacute;les son hoy los espejos petrificados o falsos espejos que paralizan la mano sobre el papel? &iquest;Los cr&iacute;ticos literarios, los estudiosos, los medios de comunicaci&oacute;n o silenciamiento, el mercado, el r&iacute;o del clasicismo y la tradici&oacute;n del que cada artista debe ser despositario o de la que debe huir? Y &iquest;cu&aacute;ntos est&aacute;n dispuestos a sumergirse en el trance al que se refiere Virginia y regresar siendo otros? &iquest;Qu&eacute; otros ser&iacute;an esos, y, para qui&eacute;n? Intuyo que &eacute;sta es m&aacute;s una &eacute;poca de cambios que de transformaciones, y que, en cierto sentido, la literatura ha renunciado a su poder alqu&iacute;mico de transformaci&oacute;n. Convertida la cultura en consumo de ocio, convertidas las filosof&iacute;as y las religiones en materiales arqueol&oacute;gicos, desprestigiadas las revoluciones, ignorados los recursos ret&oacute;ricos que no acudan al naturalismo, normativizadas formalmente las piezas art&iacute;sticas, de la &iacute;ndole que sean (cuadros, poemas, pel&iacute;culas, canciones, piezas de teatro, novelas), resulta cada vez m&aacute;s complicado, que no complejo, dejar correr la mano en libertad. Si la libertad de un creador fuera escribir un poema en prosa de quinientas p&aacute;ginas, o realizar una saga f&iacute;lmica de veintisiete cortos de tres cuartos de hora de duraci&oacute;n cada uno, o una novela por entregas en cap&iacute;tulos de tres renglones... S&iacute;, esa libertad ser&iacute;a posible, como lo ser&iacute;a un circo de fantasmas, pero me temo que s&oacute;lo bajo la intermediaci&oacute;n de mecanismos publicitarios que enfatizaran no su car&aacute;cter de objetos de conciencia sino de divertimento extravagante. Me pregunto, en realidad, cu&aacute;l es el espacio de di&aacute;logo que ahora se le otorga a la creaci&oacute;n.</p>
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<h1>Coda: anzuelos y piedras</h1>
<p>De buenas intenciones est&aacute; empedrado el camino del infierno, reza el refr&aacute;n, y la cuesti&oacute;n es como enfrentarse a la escritura sin confundir las alas con piedras ni la profesi&oacute;n con la creaci&oacute;n. C&oacute;mo no terminar con los bolsillos llenos de piedras, creyendo que son las alas de la profesi&oacute;n. El que est&eacute; libre de pecado que tire la primera piedra.</p>
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<p>Virginia Woolf no daba soluciones, se limitaba a poner el dedo en la llaga, a nombrar con lucidez no exenta de consternaci&oacute;n, las dificultades que advert&iacute;a y cre&iacute;a necesario salvar. Las nombraba como un San Jorge derrotado frente al drag&oacute;n que habr&iacute;a deseado ser un Jon&aacute;s que regresa del vientre de la ballena. Han pasado los a&ntilde;os, y me parece que la ense&ntilde;anza se mantiene intacta. Virginia expon&iacute;a en esa breve conferencia sus conquistas y derrotas, sus fantasmas y hallazgos: los anzuelos necesarios para la creaci&oacute;n y los detestables como seducci&oacute;n de la complacencia; las piedras necesarias para no perder el camino o para generarlo o para ser lanzadas contra los espejos del orden, y las que nos sumergen en el r&iacute;o sin retorno. Virginia Woolf se balance&oacute; de manera extrema entre la racionalidad y el abismo, entre la transparencia sint&aacute;ctica y la complejidad sem&aacute;ntica, entre las bibliotecas conquistadas o por conquistar y los gatos persas; busc&oacute; obcecadamente la manera no de narrar un mundo femenino sino de encontrar el espacio para la mirada femenina. En <em>Una habitaci&oacute;n propia</em> escrib&iacute;a: &ldquo;Es funesto ser un hombre o una mujer a secas; uno debe ser &lsquo;mujer con algo de hombre&rsquo; u &lsquo;hombre con algo de mujer&rsquo;. Es funesto para una mujer subrayar en lo m&aacute;s m&iacute;nimo una queja, abogar, a&uacute;n con justicia, una causa; en fin, el hablar conscientemente como mujer. Y por funesto entiendo mortal; porque cuanto se escribe con esa parcialidad consciente est&aacute; condenado a morir. Deja de ser fertilizado. Alguna clase de colaboraci&oacute;n debe operarse en la mente entre la mujer y el hombre para que el arte de creaci&oacute;n pueda realizarse&rdquo;. Esta, parece tambi&eacute;n hoy, una tarea pendiente.</p>
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<p>Un cuarto, una desobediencia, libertad para sumergirse en lo inconsciente, di&aacute;logo con lo otro: &iquest;podremos cumplir con estas tareas? Esa joven mujer delgada nombr&oacute; sin beligerancia, pero asumiendo la complejidad, el conflicto permanente al que se enfrenta la creaci&oacute;n. Conciliar lo irreconciliable, asumir las dificultades a las que en cada &eacute;poca est&aacute;n expuestos los creadores, descubrir lo que paraliza la mano, buscar con rotunda obstinaci&oacute;n la libertad. Pocas prosas son tan transparentes y sugerentes a un tiempo, tan conscientes de lo que nombra el arte s&oacute;lo puede ser nombrado de esa manera. Su b&uacute;squeda l&uacute;cida y desasosegada, incluso en sus textos m&aacute;s breves y aparentemente circunstanciales, es una permanente llamada de atenci&oacute;n que nos obliga a preguntarnos por las alas, los espejos, los anzuelos, las piedras.</p>
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      <pubDate>Thu, 13 Nov 2014 07:09:07 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En busca de la política]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/en-busca-de-la-politica/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/DANIEL_INNERARITYquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La experiencia intelectual de los dos &uacute;ltimos siglos, e incluso el sentido com&uacute;n, nos indica que es imprescindible conocer y tratar de comprender el mundo contempor&aacute;neo para orientarnos en &eacute;l como individuos o comunidades pol&iacute;ticas y, virtualmente, tomar las decisiones adecuadas. Tambi&eacute;n sabemos lo dif&iacute;cil que resulta ofrecer un retrato acertado sobre la realidad en la que vivimos, sobre el presente actual que transcurre ahora mismo a nuestro alrededor. Es un ejercicio intelectual arriesgado y comprometido, sin duda, tratar de apresar en algo similar a una fotograf&iacute;a la fluida sucesi&oacute;n de acontecimientos en los que estamos inmersos. Pero si se hacen las preguntas adecuadas, y se ofrecen diagn&oacute;sticos sobre la realidad inmediata, es posible, posteriormente, ofrecer algunas directrices sobre qu&eacute; ser&iacute;a bueno o deseable. El libro <em>El nuevo espacio p&uacute;blico</em> de Daniel Innerarity, parte del supuesto de que es imprescindible actualizar nuestra forma de mirar la realidad, y se atreve tambi&eacute;n a ofrecer algunas ideas sugerentes para afrontar los principales problemas con los que hoy nos encontramos. Por eso es un libro con una doble intenci&oacute;n; por un lado, el an&aacute;lisis profundo de los cambios radicales que experimenta el mundo social, los estados, el individuo, la historia, la ciudad y la urbanidad, la pol&iacute;tica, la identidad colectiva, girando todo ello alrededor del concepto de &ldquo;espacio p&uacute;blico&rdquo;; por otro lado, el texto est&aacute; dotado de una intenci&oacute;n normativa y en &eacute;l se sugieren caminos para lograr sortear algunas de las m&aacute;s complicadas cuestiones que debemos, queramos o no, enfrentar.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Innerarity parte del convencimiento de que vivimos en un mundo que se ha visto radicalmente modificado. Consecuentemente las categor&iacute;as que nos han servido hasta ahora para interpretar el mundo deben ser reconceptualizadas, especialmente el concepto de &ldquo;espacio p&uacute;blico&rdquo;. En realidad, la ambici&oacute;n de tratar de revigorizar y reconstruir el espacio p&uacute;blico es un interesante intento de recuperar la pol&iacute;tica, en la l&iacute;nea de algunas de las m&aacute;s recientes apuestas te&oacute;ricas que nos hablan de ciudadan&iacute;a, republicanismo y responsabilidad, bien anclado te&oacute;ricamente tambi&eacute;n en Habermas y especialmente en Luhmann. La propuesta de Innerarity aboga por la recuperaci&oacute;n de la pol&iacute;tica y lo pol&iacute;tico, mediante la creaci&oacute;n de un espacio p&uacute;blico acorde con la actual realidad, es decir, que se adapte, por decirlo a la manera de Ortega, a la altura de los tiempos. Desde el punto de vista constructivista, que defiende Innerarity, el espacio p&uacute;blico es algo que no se puede dar por hecho, sino que es un proceso, se construye y reconstruye, y lo hace de una manera muy singular que no es otra que mediante la intervenci&oacute;n de diferentes agentes y actores que deliberan. El espacio p&uacute;blico, igual que las comunidades o la idea de &ldquo;pueblo&rdquo;, no son realidades dadas de antemano, ni remiten a esencias, sino que se generan con la participaci&oacute;n de los actores, con sus di&aacute;logos y sus discusiones. Y el problema, seg&uacute;n se&ntilde;ala el autor, es que el actual espacio p&uacute;blico no est&aacute; cumpliendo las funciones que le corresponden. Una de las cuestiones que se abordan en este libro es el problema de la representaci&oacute;n pol&iacute;tica, la crisis de la pol&iacute;tica, y el tan rutinariamente repetido problema de la distancia entre los representantes pol&iacute;ticos y los representados. La pol&iacute;tica, para nuestro autor, es s&iacute;ntesis y deliberaci&oacute;n, es generaci&oacute;n de nuevos contenidos, identidades y soluciones mediante la discusi&oacute;n y la confrontaci&oacute;n en el espacio p&uacute;blico. Frente a la respuesta de ciertos autores posmodernos que enfatizan la alteridad y la diferencia, y frente a la cl&aacute;sica unificaci&oacute;n homogeneizante religiosa o pol&iacute;tica (a trav&eacute;s de las ideolog&iacute;as), el espacio p&uacute;blico deliberativo se alza como una alternativa capaz de articular el complejo mundo social del presente. Hay que evitar a toda costa el subcontrato social que supone la deslocalizaci&oacute;n de la pol&iacute;tica. Los pol&iacute;ticos delegan sus responsabilidades subcontratando su funci&oacute;n de tomar decisiones: hacia arriba, en una salida elitista que remite a los expertos; o hacia abajo, en una salida que devuelve los problemas irresueltos a los ciudadanos (bien sea en el modelo de democracia directa, bien en el de sociedad civil). En cambio, Innerarity se esfuerza en elaborar una defensa de la representaci&oacute;n y de la democracia deliberativa, que sea capaz de alcanzar s&iacute;ntesis, y no se limite a la mera agregaci&oacute;n y defensa de los propios intereses. Por eso tiene una especial relevancia el problema de la definici&oacute;n del &ldquo;bien com&uacute;n&rdquo;, as&iacute; como el intento de dotar de sentido a la cuesti&oacute;n de la &ldquo;responsabilidad&rdquo;. La responsabilidad que defiende Innerarity, frente a la dramatizaci&oacute;n maximalista (todos somos responsables de todo lo que sucede) y la irresponsabilidad (el mundo es tan complejo que la posibilidad de buscar responsabilidades es una mera ilusi&oacute;n), se basa en ensanchar el concepto, partiendo de la idea de que la historia es la acumulaci&oacute;n de una serie de efectos no previstos y no intencionados. Las acciones de los individuos o de los sistemas hacen la historia, pero no en los t&eacute;rminos que pretend&iacute;an. Por eso hay que ensanchar el concepto de responsabilidad, y ampliarlo hacia el pasado y el futuro. Tenemos que tratar de ser responsables de las consecuencias no queridas de nuestras acciones, seg&uacute;n defiende Innerarity, pese a la dificultad que esta apuesta conlleva. Volvamos ahora a la idea de bien com&uacute;n. Una vez que conocemos las dificultades, y los peligros, que entra&ntilde;a de una definici&oacute;n con pretensiones universalistas de la idea de bien com&uacute;n, no queda m&aacute;s remedio que buscar una alternativa si se quiere conservar este concepto vigente. Y es algo a lo que no renuncia Innerarity. El bien com&uacute;n es presentado as&iacute; como un concepto inacabado, que precisa de negociaci&oacute;n y di&aacute;logo, que requiere ser vigilado y reconceptualizado constantemente, mediante la participaci&oacute;n de los distintos actores en el espacio p&uacute;blico. Pero la importancia del espacio p&uacute;blico se ve a&uacute;n m&aacute;s ampliada cuando hablamos de la organizaci&oacute;n pol&iacute;tica del mundo. Los Estados liberales cl&aacute;sicos, deben ser sustituidos, seg&uacute;n argumenta Innerarity, por &ldquo;Estados cooperativos&rdquo;, al mismo tiempo que la globalizaci&oacute;n nos obliga a la b&uacute;squeda de una &ldquo;cosmopol&iacute;tica&rdquo;. Vayamos por partes. Frente a los problemas que han ocasionado en la historia reciente el poder omnipresente de los Estados fuertes y frente a la privatizaci&oacute;n de los servicios y la doctrina del Estado m&iacute;nimo, el poder cooperativo se alza como una especie de tercera v&iacute;a. Se trata, en pocas, palabras, de tratar de incorporar a los diversos actores e instituciones sociales en la toma de decisiones mediante un proceso de cooperaci&oacute;n, eliminando los juegos de suma cero (en los que siempre que uno gana es porque otro pierde). De una manera similar, presenta Innerarity la necesidad de tratar de enfrentarnos a los nuevos problemas que la globalizaci&oacute;n nos ha tra&iacute;do. La soluci&oacute;n vuelve a ser la pol&iacute;tica, la deliberaci&oacute;n y la cooperaci&oacute;n. Cosmopolitizar la globalizaci&oacute;n es tanto descosificar el concepto como politizarlo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por todo lo que hemos escrito hasta ahora, el lector puede muy bien entender que el libro de Innerarity es un interesante y ambicioso viaje hacia la recuperaci&oacute;n de la pol&iacute;tica en el complejo mundo actual, cuyo punto central es un renovado concepto de espacio p&uacute;blico.</p>
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<p>Daniel Innerarity, <em>El nuevo espacio p&uacute;blico</em>, Madrid, Espasa Calpe, 2006.</p>
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      <pubDate>Tue, 11 Nov 2014 09:12:50 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sexo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/sexo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Noviembre/RAMIRO_GAIRINquinientos.jpg" alt="" /></p>
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<p>Primero es el barullo de unos ni&ntilde;os</p>
<p>despu&eacute;s la asociaci&oacute;n con la noche de brujas</p>
<p>la lucidez despacio enmara&ntilde;ada</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>la habitaci&oacute;n de enfrente apareci&eacute;ndose</p>
<p>las cosas que han guardado y lo que miden</p>
<p>las partes de la casa que no vemos</p>
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<p>la huella del prop&oacute;sito</p>
<p>de releer los c&oacute;mics de Tint&iacute;n</p>
<p>la vieja colecci&oacute;n de pensamiento</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>la luz de la ma&ntilde;ana en la oficina</p>
<p>otro fin de semana reducido</p>
<p>a una tarde por culpa del trabajo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y al final el calor en vaharadas</p>
<p>la quemadura tribu de tu abrazo en mi espalda</p>
<p>con el que me preguntas en qu&eacute; pienso.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 07 Nov 2014 07:41:57 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Turia" entrevista a fondo a Javier Cercas y a Javier Gomá]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-entrevista-a-fondo-a-javier-cercas-y-a-javier-goma/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2014/JAVIER_CERCAS_2trescientos.jpg" alt="" /><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2014/javiergomatrescientos.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>JAVIER CERCAS TIENE MUY CLARO SU PAPEL: &ldquo;QUIEN NO ASUMA RIESGOS, QUE NO SEA ESCRITOR&rdquo;</strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>JAVIER GOM&Aacute; ANALIZA LAS CLAVES DE LO QUE NOS PASA: &ldquo;NECESITAMOS DE UN IDEAL QUE SUSCITE ENTUSIASMO&rdquo;</strong></p>
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<p>Nunca Javier Cercas ni Javier Gom&aacute; se hab&iacute;an sometido a unas entrevistas tan extensas e intensas como las que les ha realizado la revista TURIA en su nuevo n&uacute;mero, que se distribuye este mes de noviembre. Ambos, escritor y fil&oacute;sofo, son dos de los m&aacute;s singulares protagonistas de nuestra actualidad cultural. Son, sin duda, dos personalidades tan distintas como destacadas y leer a ambos merece mucho la pena. Sus libros no nos dejan indiferentes, tratan temas que nos seducen, nos hacen pensar, interrogarnos sobre lo que nos ocurre. Nos permiten disfrutar de su magisterio literario y ensay&iacute;stico. De ah&iacute; que TURIA no haya dudado en mantener con cada uno de ellos, sendas conversaciones a fondo y en exclusiva. Sus opiniones sobre casi todo son muy dignas de tener en cuenta en estos tiempos convulsos y complejos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Javier Cercas y Javier Gom&aacute; nos&nbsp; hablan, con absoluta libertad y sin reparos, de sus respectivas obras y trayectorias. Y, sobre todo, sus respuestas se ocupan tambi&eacute;n de abordar un amplio repertorio de temas: las relaciones entre vida y literatura, la siempre controvertida salud de la novela, la falta de ejemplaridad, lo necesario que es asumir riesgos, la importancia de la responsabilidad o la b&uacute;squeda de la verdad. No faltan reflexiones sobre la memoria hist&oacute;rica, el papel de la cultura en nuestra sociedad actual o&nbsp;&nbsp; la exigencia ciudadana de m&aacute;s calidad democr&aacute;tica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>JAVIER CERCAS: &ldquo;ESCRIBIR ES UNA FORMA M&Aacute;S INTENSA DE VIVIR&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Javier Cercas es hoy uno de los autores m&aacute;s interesantes del panorama de las letras espa&ntilde;olas. Traducido a numerosas lenguas, se ha convertido ya en uno de los m&aacute;s destacados narradores europeos del siglo XXI. De ah&iacute; que TURIA haya decidido entrevistarle para conocer mejor las claves de su trabajo creativo y sus opiniones sobre un amplio abanico de cuestiones de inter&eacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Adem&aacute;s, en los pr&oacute;ximos d&iacute;as se publica el nuevo libro de Cercas: &ldquo;El impostor&rdquo;. Una obra en la que su autor vuelve a situarse en un terreno entre la&nbsp;<strong>realidad&nbsp;</strong>y la&nbsp;<strong>ficci&oacute;n&nbsp;</strong>novelando el caso real de <strong>Enric Marco</strong>, el nonagenario barcelon&eacute;s que a lo largo de casi tres d&eacute;cadas se hizo pasar por superviviente de los campos nazis. Marco fue desenmascarado en mayo de 2005 despu&eacute;s de presidir durante tres a&ntilde;os la asociaci&oacute;n espa&ntilde;ola de supervivientes, pronunciar centenares de conferencias y recibir distinciones oficiales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Doctor en Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica, Javier Cercas dio clases en&nbsp; Estados Unidos, ha ejercido durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os como profesor de Literatura espa&ntilde;ola en la Universidad de Girona y ahora prepara su pr&oacute;xima estancia en Oxford como profesor visitante. Sobre su trayectoria literaria suele afirmarse que hay dos Javier Cercas, el anterior a &ldquo;Soldados de Salamina&rdquo; y el que nace de esa novela de extraordinario &eacute;xito internacional. Una novela&nbsp; que,&nbsp; basada&nbsp; en&nbsp; un&nbsp; hecho&nbsp; real&nbsp; de la guerra civil, tambi&eacute;n fue llevada al cine por David Trueba y que obtuvo elogios del ya citado Vargas Llosa y de otros autores relevantes como Susan Sontag, George Steiner o J.M. Coetzee. &nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Premio Nacional de Narrativa 2010 por &ldquo;Anatom&iacute;a de un instante&rdquo;, una acertada muestra de ensayo narrativo a partir del 23-F, Javier Cercas defiende en la exhaustiva entrevista de Fernando del Val que publica TURIA que &ldquo;quien no asuma riesgos, que no sea escritor&rdquo;. El tambi&eacute;n autor de la novela &ldquo;Las leyes de la frontera&rdquo;, asegura que &ldquo;la ambig&uuml;edad es, junto a la incertidumbre, la esencia de la gran literatura porque supone el espacio que le cede el autor al lector para que convierta la obra en suya&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cercas cree en una literatura que aspira a comprender la complejidad y que, como ya dijo Borges, &ldquo;escribir es una forma m&aacute;s intensa de vivir&rdquo;. Pero, matiza, &ldquo;vivir y escribir no son cosas separadas, se alimentan mutuamente&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Asegura Javier Cercas que la &ldquo;novela es un g&eacute;nero en pa&ntilde;ales&rdquo; y que le &ldquo;da risa cuando oigo proclamar la muerte de la novela&rdquo;. Porque, para &eacute;l, &ldquo;la novela es un g&eacute;nero de g&eacute;neros. Cabe todo: el ensayo, la biograf&iacute;a, la autobiograf&iacute;a, la cr&oacute;nica period&iacute;stica&hellip;Todo. Yo lo llamo novela. Una novela tan libre y heterog&eacute;nea como la que hab&iacute;a antes del estrecho siglo XIX, que aporta un modelo maravilloso, pero que es tan solo un modelo&hellip; y no se si va a dar mucho de s&iacute;. Hay que buscar nuevas f&oacute;rmulas&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Preguntado los problemas de nuestra &eacute;poca, Cercas no cree &ldquo;que ahora haya m&aacute;s idiotas e inmorales que en otros tiempos&rdquo; y apela tambi&eacute;n al sentido de la responsabilidad: &ldquo;sin responsabilidad no hay nada&rdquo;. Adem&aacute;s, quien &ldquo;cree estar en posesi&oacute;n de la verdad es o un fan&aacute;tico o un idiota, o las dos cosas a la vez&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>JAVIER GOM&Aacute;: &ldquo;EL FUTURO NO EST&Aacute; ESCRITO&rdquo;</p>
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<p>Javier Gom&aacute;, fil&oacute;sofo y director de la Fundaci&oacute;n Juan March, se muestra en la conversaci&oacute;n que mantiene para TURIA con Emma Rodr&iacute;guez tal cual es: afable, reflexivo y dado a cuestionarse muchas verdades aceptadas. La suya es una obra s&oacute;lida cuyas ramas brotan de un tronco robusto, el de la ejemplaridad como punto de partida y como constante tema de reflexi&oacute;n. Buena prueba de ello es su tetralog&iacute;a: &ldquo;Imitaci&oacute;n y experiencia&rdquo;, &ldquo;Aquiles en el gineceo&rdquo;, &ldquo;Ejemplaridad p&uacute;blica&rdquo; y &ldquo;Necesario pero imposible&rdquo;. Libros que acaban de volver a editarse juntos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la entrevista que ahora publica TURIA se habla ampliamente de las renuncias y los horizontes de la filosof&iacute;a, pero tambi&eacute;n del presente con sus luces y sus sombras y, por supuesto, del gran tema: la vida. Para Gom&aacute;, si de algo estamos faltos hoy es de ejemplaridad: &ldquo;un concepto conveniente, oportuno y necesario para nuestra &eacute;poca&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por otra parte, Javier Gom&aacute; ha demostrado una gran capacidad para la percepci&oacute;n de de lo cotidiano, para lo que &eacute;l llama la filosof&iacute;a mundana. Los microensayos contenidos en libros como &ldquo;Todo a mil&rdquo; y &ldquo;Raz&oacute;n: porter&iacute;a&rdquo; atestiguan la capacidad del autor para llegar a cualquier persona, de una manera que resulte amable y seductora, pero plante&aacute;ndole temas importantes como la amistad, el amor, el humor, Europa, la relativizaci&oacute;n de las cosas o la importancia de la fortuna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Preguntado por las vinculaciones entre filosof&iacute;a y ciencia, Gom&aacute; asegura que &ldquo;por mucha investigaci&oacute;n que hagamos del cerebro, el futuro no est&aacute; escrito&rdquo;.&nbsp; Tambi&eacute;n considera que &ldquo;hay que reivindicar el papel de la cultura como generadora de conciencias y de integraci&oacute;n social&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el presente momento de desesperanza y crisis que atravesamos, Javier Gom&aacute; argumenta que &ldquo;una de las cosas que est&aacute; pendiente es proponer, a esta sociedad democr&aacute;tica en la que vivimos, un ideal que suscite entusiasmo&rdquo;. Sin embargo, y seg&uacute;n afirma, lo que hasta ahora sucede &ldquo;es que esta sociedad tiende a convertirnos en s&uacute;bditos o consumidores de mercanc&iacute;as, incluso, si es posible, en mercanc&iacute;as de nosotros mismos y tiende a ponernos precio. Pero tenemos una dignidad que no tiene precio&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Preguntado por el desprestigio de la pol&iacute;tica y de las instituciones, Javier Gom&aacute; defiende la tesis de que la ciudadan&iacute;a ha alcanzado una gran altura moral y quiere m&aacute;s rectitud, m&aacute;s honestidad y m&aacute;s ejemplaridad: &ldquo;en la sociedad espa&ntilde;ola, en vez de romper cristales o cabinas telef&oacute;nicas, la gente se est&aacute; organizando para pedir calidad democr&aacute;tica y esto es propio de un pa&iacute;s civilizado&rdquo;. Y, por &uacute;ltimo, considera muy esperanzador y muestra su acuerdo con que vivimos en una &eacute;poca donde el nosotros empieza a cobrar sentido, donde podemos ser libres juntos, sin renunciar a lo que ya hemos conquistado&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>TURIA es, con 31 a&ntilde;os de trayectoria y periodicidad cuatrimestral, una de las publicaciones culturales espa&ntilde;olas m&aacute;s veteranas y reconocidas, por cuya labor obtuvo el Premio Nacional&nbsp; al Fomento de la Lectura. Desde el pasado a&ntilde;o, adem&aacute;s de su edici&oacute;n en papel, la revista TURIA tiene una versi&oacute;n digital a trav&eacute;s de una atractiva web y de una p&aacute;gina en Facebook que est&aacute; obteniendo una muy favorable acogida. &nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 07 Nov 2014 07:17:27 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Antonio Machado, poeta útil]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/antonio-machado-poeta-util/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Noviembre/antoniomachadoquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>T</strong>odo cl&aacute;sico es autor de una obra de lectura en el tiempo: a lo largo del tiempo, pese al paso del tiempo, contra el tiempo. Para don Antonio la poes&iacute;a fue, precisamente, palabra en el tiempo.</p>
<p>&Eacute;l es uno de los grandes cl&aacute;sicos de la literatura espa&ntilde;ola. Muchos de sus poemas han enriquecido mi conocimiento acerca de la existencia humana, del mundo y de mi propio mundo. Aquellos poemas fecundos, tan suyos, que acaban instal&aacute;ndose en nuestra vida, en nuestro tradici&oacute;n particular y que, m&aacute;s all&aacute; de leerlos, los recordamos y convivimos en muchas de nuestras situaciones y en muchos de nuestros actos, retos y frustraciones.</p>
<p>Antonio Machado es actualmente un poeta m&aacute;s &uacute;til que nunca. Su poes&iacute;a sirve al ser humano existencialmente, moral, est&eacute;tica, filos&oacute;fica y culturalmente.</p>
<p>Leer hoy a Antonio Machado es una reconfortante sobredosis de trascendencia: el consuelo de comprobar que la verdad a&uacute;n no es mentira, porque nunca ser&aacute; mentira la verdad. Es tambi&eacute;n un faro &eacute;tico, did&aacute;ctico y de conciencia cr&iacute;tica que nos previene de los inconvenientes de las prisas, de la banalidad, nos recuerda la importancia del trabajo bien hecho y agudiza nuestra sensibilidad respecto a temas tan importantes como la vida, la muerte, el amor, la ausencia, la soledad, la solidaridad, el paisaje que nos funda contra tanta confusi&oacute;n, y los posos que nos deja el peso del tiempo.</p>
<p>Solo o acompa&ntilde;ado -&iquest;o acompa&ntilde;ado pero solo?- he cultivado desde mi adolescencia una costumbre, espiritualmente enriquecedora: la interiorizaci&oacute;n del viaje, de la geograf&iacute;a existencial y literaria de Machado: Sevilla, Soria, Par&iacute;s, Baeza, Segovia, Madrid, Valencia, Barcelona y Collioure.</p>
<p>Los poemas m&aacute;s verdadera, dolorosa y estil&iacute;sticamente machadianos (pese a ser toda su obra verdad, dolor y perfecci&oacute;n de estilo) nos demuestran que el secreto de la autenticidad desgarradora de tanta belleza emocionada reside en la rigurosa hondura, lentitud y gravedad con que nuestro poeta sedimenta la visi&oacute;n de las cosas y de los hechos, su decidida comparecencia ante ellos a trav&eacute;s de la memoria afectiva, y la posterior, sabia, fidedigna y sincera traslaci&oacute;n de los mismos hacia el poema.</p>
<p>Hay un Antonio Machado que, mediante el pensamiento y el sentimiento hermanados, dialoga con la externa realidad para entablar una profunda comunicaci&oacute;n entre su mundo personal y el mundo.</p>
<p>Hay otro que monologa con sus fantasmales dioses interiores para no perderse o, si se cree perdido, para reencontrarse mediante un ejercicio de autoafirmaci&oacute;n y de reconciliaci&oacute;n con la vida.</p>
<p>Acaso sea este &uacute;ltimo el Machado al que Luis Felipe Vivanco se refiere cuando escribe: &ldquo;Machado ha escrito una docena de poemas, &uacute;nica cumbre de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea, que se pueden poner a la par de las <em>Coplas </em>de Jorge Manrique, del <em>C&aacute;ntico</em> de San Juan de la Cruz o de los versos religiosos de Lope de Vega&rdquo;. Poetas que son parte esencial de su tradici&oacute;n m&aacute;s arraigada, junto a Fray Luis de Le&oacute;n, B&eacute;cquer y Juan Ram&oacute;n.</p>
<p>Leer hoy a Machado es una actitud de convivencia aplicada entre aquellos poemas suyos imperecederos y nuestras propias experiencias a las que ajustarlos. Para m&iacute;, unos veinte poemas que nacen del poeta centrado en un espacio m&iacute;tico durante un tiempo magn&eacute;tico; que nacen del poeta concentrado en el desierto de su soledad f&eacute;rtil propiciada por la contemplaci&oacute;n activa del paisaje, fortalecida por el amor y la melancol&iacute;a y magnificada por el sentimiento de p&eacute;rdida que supone la muerte de la amada, Leonor. Entre ellos: &ldquo;Inventario galante&rdquo;, &ldquo;Desde el umbral de un sue&ntilde;o me llamaron&rdquo;, &ldquo;Es la tierra de Soria &aacute;rida y fr&iacute;a&rdquo;, &ldquo;He vuelto a ver los &aacute;lamos dorados&rdquo;, &ldquo;A un olmo seco&rdquo;, &ldquo;Recuerdos&rdquo;, &ldquo;Se&ntilde;or, ya me arrancaste lo que yo m&aacute;s quer&iacute;a&rdquo;, &ldquo;Dice la esperanza&rdquo;, &ldquo;All&aacute;, en las tierras altas&rdquo;, &ldquo;So&ntilde;&eacute; que t&uacute; me llevabas&rdquo;, &ldquo;Una noche de verano&rdquo;, &ldquo;Al borrarse la nieve&rdquo;, &ldquo;A Jos&eacute; Mar&iacute;a Palacio&rdquo;, &ldquo;A Xavier Valcarce&rdquo; o &ldquo;Estos d&iacute;as azules y este sol de la infancia&rdquo;.</p>
<p>Releer a Machado me ense&ntilde;a y recuerda constantemente que las palabras son puentes tendidos desde el mundo hasta el ser humano que desea transmitir ese mundo; que la lectura es un di&aacute;logo vivo, tolerantemente simbi&oacute;tico, entre la cosmovisi&oacute;n del autor y la del lector.</p>
<p>He considerado de inter&eacute;s recoger la opini&oacute;n acerca de la lectura &nbsp;machadiana por parte de dos extraordinarios poetas j&oacute;venes extranjeros y actuales: el iran&iacute; Mohsen Emad&iacute; y el bengal&iacute; Subhro Bandopadhyay, que residieron varios meses en Soria con motivo de haber obtenido la Beca Internacional Antonio Machado y me honran con su magisterio y amistad. All&iacute; escribi&oacute; Subhro <em>La ciudad leopardo</em> y Mohsen <em>Visible como el aire, legible como la muerte</em>; libros editados por Olifante con el patrocinio de la Fundaci&oacute;n Antonio Machado, del Ayuntamiento de Soria y del Ministerio de Cultura.</p>
<p>Dado que en estos momentos Subrho vive en Nueva Delhi y Mohsen en M&eacute;xico D.F., les solicit&eacute; unas l&iacute;neas testimoniales de lo que ha representado para ellos la poes&iacute;a de don Antonio y sus estancias sorianas.</p>
<p>Subhro Bandopadhyay declara: &ldquo;Me impresion&oacute; que, vista desde lo alto, Soria evoca la forma de un leopardo pl&aacute;cidamente tendido. Las calles y gentes sorianas, el paisaje, el fr&iacute;o, la nieve, la luz, han enriquecido mi imaginario metaf&oacute;rico. Ejemplo de ello es este texto: <em>Se pod&iacute;an decir muchas cosas, pero de momento s&oacute;lo cae nieve sobre un mont&oacute;n de piedras y se ve un camino lejano como una raya de ojos. Hay un hombre paseando por all&iacute; con su perro. No se oye nada, s&oacute;lo el perro est&aacute; ara&ntilde;ando y rascando el aire fr&iacute;o con su pata. </em>De Antonio Machado aprend&iacute; a ponerme en la piel de otras personas, a prestar atenci&oacute;n a sus puntos de vista. Quiero decir que como poeta, gracias a las lecturas y relecturas de su poes&iacute;a, comenc&eacute; a salir de la c&aacute;scara moderna del &ldquo;Yo&rdquo;, y a incorporar preguntas en mis poemas. Sobre todo me interesan sus ap&oacute;crifos, que considero semillas para un poeta del futuro.&rdquo;&nbsp;</p>
<p>Mohsen Emadi comenta: &ldquo;<em></em>Machado ve en Soria la melancol&iacute;a amarga de una ciudad que decae y parece vivir en el interior del poeta. La poes&iacute;a alza el cuerpo de Leonor sin escuchar la voz infausta de lo imposible. La poes&iacute;a sube al Espino y ve hacerse posible lo imposible. Ten&iacute;a diecis&eacute;is a&ntilde;os cuando me top&eacute; por primera vez con su poema &ldquo;El crimen fue en Granada&rdquo;. El mayor poeta iran&iacute; del siglo pasado, Ahmad Shaml&uacute;, hab&iacute;a citado varios versos de dicho poema en su introducci&oacute;n a la poes&iacute;a de Garc&iacute;a Lorca. Yo entonces sab&iacute;a de memoria todas las traducciones de Lorca que hab&iacute;a hecho Shaml&uacute; y, a&uacute;n antes de conocerlo a &eacute;l y tener as&iacute; acceso a la obra de Machado, hab&iacute;a intentado muchas veces, de distintas maneras, reescribir el poema machadiano a trav&eacute;s de aquellos pocos versos.<em> </em>La eleg&iacute;a a Orten de Vladimir Holan puede ser le&iacute;da con la segunda y tercera estrofas del poema de Machado, con la salvedad de que mientras Lorca cobra espacialidad en Granada, el Orten del poema de Holan queda en un no-lugar, en la errancia hereditaria del pueblo jud&iacute;o. En cuanto al tiempo, los poemas de Machado y de Holan dejan a ambos poetas petrificados en la vecindad de la existencia femenina de la muerte. Machado edifica un t&uacute;mulo de piedra y sue&ntilde;o en la Alhambra y Holan construye una estatua del momento en que el poeta queda inm&oacute;vil de modo que la poes&iacute;a no sabe c&oacute;mo cobrar vida. Mucho me aporta releer a Machado, incluso para comprender que un poeta que escribe eleg&iacute;as a otro poeta est&aacute; viendo de antemano su propia muerte y dialoga con ella. Por eso cada eleg&iacute;a es de alg&uacute;n modo un r&eacute;quiem. A la sombra del poeta de <em>Campos de Castilla</em>, y junto a tantos poemas, estas palabras escrib&iacute; en Soria: <em>Numancia es un cuerpo vivo transformado en ideal. Una Idea transformada en resistencia. Una resistencia transformada en muda desesperaci&oacute;n. Una desesperaci&oacute;n transformada en ruina. Una ruina transformada en palabra. Yo fui Numancia.</em>&rdquo;</p>
<p>Leer hoy a Machado es constatar el gran valor de la diferencia entre lo que es poes&iacute;a necesaria y poes&iacute;a prescindible, entre lo que es poes&iacute;a y lo que no lo es. La suya sigue siendo una poes&iacute;a definitiva, imperecedera. Poes&iacute;a habitada por palabras como g&eacute;rmenes cargados con el silencio y el grito de los mundos. Poes&iacute;a palabra de m&uacute;sica, fuente de conocimiento y reconocimiento. Poes&iacute;a herramienta del esp&iacute;ritu para explorar el misterio de la realidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 06 Nov 2014 07:09:30 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Retrato en tres tiempos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/retrato-en-tres-tiempos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img style="float: left;" src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Noviembre/albertosantamariaquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 420px; text-align: justify;">En la sala de estar se mece delicadamente la forma de una antigua conversaci&oacute;n que quiz&aacute; nunca tuvo lugar. Esa en la que dos animales se preguntan si la tarde trae consigo algo desconocido pero necesario. <em>Desconocido pero necesario</em>, &iquest;lo has o&iacute;do? En la sala de estar vac&iacute;a rebotan a&uacute;n las palabras como bolas de billar que buscan un lugar donde detenerse, un agujero en el que esperar; algo que permita que los pensamientos se deslicen y ordenen hasta adquirir la pegajosa forma de una historia que jam&aacute;s llegar&aacute; a comenzar. Lo que no existi&oacute; se resiste menos a la paciencia de quien nada espera, escribe alguien &mdash;feliz ante su est&uacute;pida ocurrencia&mdash; en un cuaderno de tapas blandas y agrietadas. Le observo. Admiro mis manos en su gesto sobre el papel. &iquest;Te has escuchado alguna vez a ti mismo tratando de hallar un argumento &mdash;feliz y neutral&mdash; a toda esta acumulaci&oacute;n de escenas que se suceden sin m&aacute;s inter&eacute;s que nuestro com&uacute;n deseo de que todo esto acabe? Eso es la vida. Una pregunta. Una pregunta demasiado larga que exige respuestas breves. Nada de s&iacute; o no. Basta con un ligero movimiento de cabeza. Una intenci&oacute;n. Un pensamiento. Un <em>estar aqu&iacute;</em> de nuevo. Vuelve, entonces, al principio. (S&iacute;. Ya s&eacute; que promet&iacute; lo contrario, que todo retorno era imposible, que no cab&iacute;a posibilidad de vuelta, que nadie nos despertar&iacute;a, pero como ves las promesas son como esas hormigas que desaparecen ante tus ojos con una pesada miga de pan sobre su lomo. Estaban ah&iacute; s&oacute;lo para que tus c&oacute;rneas tuvieran un objeto sobre el que reposar.) Simplemente ponlo por escrito. Empieza de una vez: ella recoge la mesa. La lluvia golpea mel&oacute;dicamente los aleros de metal&nbsp; comidos por el &oacute;xido. Las gotas tiemblan un instante rojizas antes de caer sobre los coches.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 04 Nov 2014 09:40:28 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Belleza, entrega y plenitud]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/belleza-entrega-y-plenitud/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Noviembre/mariavictoriaatienzaquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>Mar&iacute;a Victoria Atencia, nacida en M&aacute;laga hace setenta y cuatro a&ntilde;os, pertenece por edad a la generaci&oacute;n del Cincuenta, si bien su concepci&oacute;n de la creaci&oacute;n po&eacute;tica est&aacute; m&aacute;s pr&oacute;xima a los Nov&iacute;simos por sus elementos culturales. En todo caso su voz honda y compleja, siempre &ldquo;entre visillos del alma&rdquo;, la presta una singularidad dif&iacute;cilmente repetible.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desde la publicaci&oacute;n en 1961 de <em>Arte y parte</em> y <em>Ca&ntilde;ada de los ingleses</em>, hasta el libro que hoy nos ocupa <em>De p&eacute;rdidas y adioses</em>, la obra de la poeta malague&ntilde;a ha ido creciendo de modo org&aacute;nico, sustentada en una plenitud interior generadora de armon&iacute;a y belleza. En su crecimiento hubo quince a&ntilde;os de silencio rotos por la aparici&oacute;n en 1976 de <em>Marta y Mar&iacute;a</em> y <em>Los sue&ntilde;os</em>, durante los cuales se fue fraguando el oleaje interior de su poes&iacute;a, represado en una forma desprovista de met&aacute;foras, poes&iacute;a alumbrada por la cristalizaci&oacute;n de los movimientos del esp&iacute;ritu que quedan as&iacute; esculpidos y evitan su desvanecimiento como el humo. Por eso cada vez que el lector repasa con su mirada el cuerpo transparente de los poemas de Mar&iacute;a Victoria Atencia, siente bajo la solidez de su superficie un &iacute;ntimo temblor o irradiaci&oacute;n que le conduce a una suerte de comuni&oacute;n con la autora y su mundo, en la que lo real y lo abstracto, lo temporal y lo eterno, forman una unidad constitutiva de plenitud.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De &ldquo;belleza, entrega y plenitud&rdquo; habla Clara Jan&eacute;s al referirse a la obra de Mar&iacute;a Victoria Atencia, que se mueve entre lo cotidiano con aspiraci&oacute;n de absoluto y germina entre el suelo y el vuelo. Obra que para Miguel Casado se consuma en el &ldquo;hueco&rdquo; y se nutre, en opini&oacute;n de Olvido Garc&iacute;a Vald&eacute;s, de la carencia. La luz se impone en ella frente a la oscuridad y la ceguera en un combate donde la casa, los seres queridos, los objetos, el mar y otras manifestaciones de la naturaleza son el territorio acotado por el poema, dentro del cual camina y respira la autora andaluza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todas las caracter&iacute;sticas apuntadas aparecen, con distintas modulaciones, en otras obras suyas, como <em>Los sue&ntilde;os</em>, <em>El coleccionista</em>, <em>Ex libris</em>, <em>Las contemplaciones</em> o <em>El hueco</em>, hasta llegar a <em>De p&eacute;rdidas y adioses</em>, donde se da un paso m&aacute;s, si cabe, en su perplejidad existencial, en su situarse fuera del tiempo para mejor medir la fugacidad de todo y en su entornarse obediente a una fuerza superior. Y es que, si en toda la poes&iacute;a de Mar&iacute;a Victoria Atencia hay un componente de misterio, sagrado, en <em>De p&eacute;rdidas y adioses</em> pasa a ser un elemento central. Su vena m&iacute;stica aflora con resonancias de San Juan de la Cruz y de Santa Teresa en perfecta correspondencia con la ambig&uuml;edad propia del misticismo, en donde el amado a&uacute;na en s&iacute; lo m&aacute;s espiritual y lo m&aacute;s carnal: &ldquo;Qu&eacute; pudiera ofrecerte por aquella ternura / que me iba devolviendo a los labios el rojo, / a las sienes el pulso, si yo no era siquiera / se&ntilde;ora del aliento del agua, y descubr&iacute;a / que m&aacute;s amargo era ser mujer que el ac&iacute;bar, / m&aacute;s dif&iacute;cil que huir de la gon&iacute;a, / por m&aacute;s que t&uacute; siguieses con tu unci&oacute;n recorri&eacute;ndome/ entera, y yo sabi&eacute;ndome abierta a tu ejercicio / como s&oacute;lo una rosa de Jeric&oacute; lo hiciera&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay en <em>De p&eacute;rdidas y adioses</em> el sentimiento de p&eacute;rdida y despedida, como el t&iacute;tulo indica, pero sin clausurarse nada, pues todo queda abierto, en estado de horizonte: &ldquo;Despu&eacute;s, tras de ajustar / su sombra a medida con un salto / ciego y oscuro y suyo, a&uacute;n prosegu&iacute;a / alentando mi trazo y testimonio / como si cada d&iacute;a no fu&eacute;semos haci&eacute;ndonos / de p&eacute;rdidas y adioses, y quisiera / quedarse para m&iacute;, dispuesto en un papel / herido de punciones y en el que s&oacute;lo a tientas / alcanzase a leerlo con los ojos cegados&rdquo;. Poema &eacute;ste en el que tambi&eacute;n aparece otro de los grandes temas de Mar&iacute;a Victoria Atencia, el del texto como el lugar donde todo sucede, el de la hoja en blanco como espacio del ser. La escritura, la obra art&iacute;stica en general, tiene para ella un car&aacute;cter salvador de la fugacidad del tiempo, y crea belleza y armon&iacute;a, como al principio de este comentario dijimos. Con su nacimiento amanece siempre una nueva vida: &ldquo;Que me recorra un soplo, y pueda yo alcanzar / - sin que quiz&aacute;s me entienda - a escribir cada d&iacute;a / una l&iacute;nea distinta para inventar la vida que me falta, / y me aprenda, y me olvide, pues me s&eacute; de memoria despu&eacute;s de tantos a&ntilde;os. / No deteriora el tiempo la belleza: / la perfecciona en otra manera de hermosura&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El poemario <em>De p&eacute;rdidas y adioses</em> es, probablemente, el libro m&aacute;s desnudo de la autora malague&ntilde;a, donde su palabra despojada y esencial, aunque embarazada siempre de lo cotidiano y m&aacute;s pr&oacute;ximo, toca fondo en su vida y entabla un silencioso di&aacute;logo con la muerte, a la vez que abre una v&iacute;a unitiva con la divinidad. Hay en <em>De p&eacute;rdidas y adioses</em> una soledad purificadora, un reconocimiento en la extra&ntilde;eza y una ternura subterr&aacute;nea que encuentra en la memoria de la madre el hilo conductor de la existencia: &ldquo;B&uacute;scame a m&iacute; misma como si s&oacute;lo fuera / un eco de su luz, copia de su destino, / como una inclinaci&oacute;n para irle de la mano, / memoria de mi madre que, en el curso del d&iacute;a, / con gloria o con pesar, en la historia diversa, / prosegu&iacute;a en su oficio de irme precediendo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mar&iacute;a Victoria Atencia mantiene en su &uacute;ltimo libro ese ritmo sangu&iacute;neo que le es consustancial, fundador de lo real y de lo on&iacute;rico en perfecta simbiosis, ese sentido de la plasticidad que nunca la ha abandonado y esa tensi&oacute;n de hablarnos desde lo habitado, tanto visible como invisible. Sus versos gr&aacute;vidos en trazos leves, fruto de la contemplaci&oacute;n, mueven al lector a pasar al otro lado en compa&ntilde;&iacute;a de las formas, colores y olores familiares, y a sentir c&oacute;mo el tiempo se suspende en un eterno presente. El tiempo que a todos nos hace y deshace. <em>De p&eacute;rdidas y adioses</em> tiene, como toda la poes&iacute;a de esta autora, el h&aacute;lito de lo perdurable</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mar&iacute;a Victoria Atencia, De p&eacute;rdidas y adioses, Valencia, Pre-Textos, 2006</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 31 Oct 2014 13:13:48 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El gladiador invicto]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-gladiador-invicto/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/robertobolanoquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>Cuando M&oacute;nica Maristain, en una entrevista ya casi m&iacute;tica para la edici&oacute;n mejicana de la revista <em>Playboy</em>, le pregunt&oacute; a Roberto Bola&ntilde;o qu&eacute; le suger&iacute;a la palabra &ldquo;p&oacute;stumo&rdquo;, Bola&ntilde;o respondi&oacute;: &ldquo;Suena a nombre de gladiador romano. Un gladiador invicto. O al menos eso quiere ser el pobre P&oacute;stumo para darse valor&rdquo;. <em>Los sinsabores del verdadero polic&iacute;a</em> es el s&eacute;ptimo libro p&oacute;stumo del autor de <em>Los detectives salvajes</em>. Los seis anteriores son un conjunto de relatos terminado y entregado a su editor, Jorge Herralde, poco antes de ingresar en el hospital (<em>El gaucho insufrible</em>), una recopilaci&oacute;n de textos circunstanciales (<em>Entre par&eacute;ntesis</em>), una novela desmesurada, inconclusa y ya can&oacute;nica (<em>2666</em>), un pu&ntilde;ado de fragmentos narrativos deslumbrantes en distinto grado de composici&oacute;n (<em>El secreto del mal</em>), una recopilaci&oacute;n de poes&iacute;a con voluntad unitaria (<em>La Universidad Desconocida</em>) y una novela inici&aacute;tica redactada en los a&ntilde;os ochenta acerca de la que ya escribimos aqu&iacute; no hace mucho (<em>El Tercer Reich</em>). No hay duda de que el conjunto ilumina la obra bola&ntilde;iana, ampli&aacute;ndolo, complet&aacute;ndolo y ajust&aacute;ndolo, y ya ser&iacute;a imposible comprender a Bola&ntilde;o sin estas adiciones, que forman parte de un &uacute;nico sistema, de un &uacute;nico movimiento expansivo de construcci&oacute;n literaria. En cuanto a <em>Los sinsabores del verdadero polic&iacute;a</em>, su publicaci&oacute;n ha estado rodeada a partes iguales de expectaci&oacute;n y pol&eacute;mica. &iquest;Cu&aacute;nto m&aacute;s?, parecen preguntarse algunos cr&iacute;ticos. &iquest;Hasta cu&aacute;ndo? Las car&aacute;cter&iacute;sticas del texto (tal vez ser&iacute;a m&aacute;s adecuado decir textos, si atendemos a la nota editorial que cierra el volumen) que se ha publicado bajo este t&iacute;tulo obligan a una tarea detectivesca, para tratar de resolver un caso de ecd&oacute;tica sobre el que no conocemos todas las claves. El cr&iacute;tico Ignacio Echevarr&iacute;a, que fue amigo de Bola&ntilde;o y al que &eacute;ste nombr&oacute; albacea de su obra, insiste en que no se trata de una novela, sino de una &ldquo;v&iacute;a muerta&rdquo;, cuyo origen es previo a la redacci&oacute;n de los <em>Detectives salvajes</em> y que, m&aacute;s adelante, ya abandonada, dar&iacute;a lugar a <em>2666</em>. Si aceptamos este punto de vista, el libro no deber&iacute;a haberse publicado tal y como lo ha hecho, ya que exige m&aacute;s bien una edici&oacute;n cr&iacute;tica que aclare su lugar en la aventura narrativa bola&ntilde;iana y establezca de modo ordenado, si tal cosa es posible, las conexiones con un todo que tiende a la fractalidad. Cualquier lector atento de Bola&ntilde;o encontrar&aacute; en <em>Los sinsabores del verdero polic&iacute;a</em>, ya desde sus primas p&aacute;ginas (la clasificaci&oacute;n de diversos poetas seg&uacute;n su tipo de homosexualidad), repeticiones y recuperaciones de materiales (ideas, relatos exentos, embriones de distinto tipo) utilizados en otras obras del autor y que sin embargo, al parecer, son anteriores a los textos ya publicados, por lo que se hace dif&iacute;cil imaginar que Bola&ntilde;o los hubiera publicado tal y como se hace ahora. Por otra parte, dentro del propio libro existen repeticiones (tambi&eacute;n faltas de coherencia, y vacilaciones) que dan idea del grado de provisionalidad del mismo y de la imposibilidad de considerarlo una obra terminada y destinada a los lectores. Opino, tal y como sugiere Echevarr&iacute;a, que la irrupci&oacute;n de los cr&iacute;menes de Santa Teresa (reflejo hasta cierto punto de los de Ciudad Ju&aacute;rez) fue lo que hizo que Bola&ntilde;o decidiera reescribir toda la novela desde otro punto de vista, reconfigurando los materiales narrativos de una forma a&uacute;n m&aacute;s cent&iacute;fuga que permitiera una intuici&oacute;n m&aacute;s clara, y al mismo tiempo m&aacute;s elusiva, del centro oculto de la trama. Aunque es muy posible que eso no lo sepamos nunca.</p>
<p>Hasta aqu&iacute;, la lectura &ldquo;historicista&rdquo; de la obra, basada en conjeturas sobre la voluntad del autor, sus circunstancias personales, su propio <em>timing</em> editorial. Una lectura fascinante, sin duda, una lectura que incide en el mito y sus recovecos pero que, debido a la falta de datos fiables, puede llevar a la desesperaci&oacute;n cr&iacute;tica y al agotamiento. Podemos tomarnos la libertad, sin embargo, de proponer otra posibilidad, igual de inquietante, pero tal vez m&aacute;s productiva: una lectura de <em>Los sinsabores del verdadero polic&iacute;a</em> como una novela terminada, es decir, una lectura que tome su dedicatoria (&ldquo;A la memoria de Manuel Puig y Philip K. Dick&rdquo;) como una declaraci&oacute;n de intenciones y que elija leer la laber&iacute;ntica y di&aacute;fana &ldquo;Nota editorial&rdquo; firmada por Carolina L&oacute;pez y, sobre todo, el pr&oacute;logo de Juan Antonio Masoliver R&oacute;denas (claramente ir&oacute;nico, en ese caso), como parte integrante del texto, es decir, como engranajes imprescindibles de una &uacute;nica m&aacute;quina de belleza perturbada en la que los ecos y las resonancias no constituyen fallos del sistema sino una llamada a la participaci&oacute;n paranoica del lector. Manuel Puig, artista de la sospecha y de la deconstrucci&oacute;n de la realidad, fue pionero (con <em>Pubis angelical</em>) de un g&eacute;nero h&iacute;brido de la ciencia-ficci&oacute;n pol&iacute;tica al que tal vez podr&iacute;a adscribirse la obra de Bola&ntilde;o y por el que tambi&eacute;n transit&oacute; Philio K. Dick, el desquiciado y visionario autor de <em>Valis</em>. Veamos qu&eacute; sucede si leemos la nueva novela p&oacute;stuma de Bola&ntilde;o partiendo de esta premisa, la de que todo lo que en ella aprece, y el modo en que lo hace, es voluntario: Amalfitano, el profesor universitario viudo, y padre de una hija adolescente, que descubre su homosexualidad y se ve obligado a iniciar una huida hacia delante que lo llevar&aacute; desde Barcelona hasta Santa Teresa, ya no es un mero borrador del Amalfitano que protagoniza la segunda parte de <em>2666</em>, sino un cuestionamiento del mismo, una &ldquo;mise en abyme&rdquo; del propio concepto de ficci&oacute;n, y al mismo tiempo una glosa y una pista del modo de interpretar la obra maestra bola&ntilde;iana (indicios: Amalfitano es el narrador, omnisciente e incosciente al mismo tiempo, de 2666; suya es la <em>culpa</em>). Y lo mismo sucede con el misterioso J.M.G. Arcimboldi, que ya no es la prefiguraci&oacute;n del Beno von Archimboldi de <em>2666</em>, sino tal vez su creador, o un reflejo turbio, o la materializaci&oacute;n de la sospecha de su inconsistencia.</p>
<p>Cada lector (y tambi&eacute;n cada cr&iacute;tico, por tanto) tiene derecho a enfrentarse a una obra literaria como crea m&aacute;s conveniente. Las condiciones de escritura y publicaci&oacute;n de un texto pueden condicionar su lectura, pero tambi&eacute;n pueden esquivarse, dejando espacio para la obra misma. El texto es un espacio de libertad interpretativa en el que todo est&aacute; permitido. La literatura de Bola&ntilde;o, l&uacute;dica y terrible al mismo tiempo, exige del lector una toma de posici&oacute;n, lo empuja a cuestionarse su concepci&oacute;n de lo narrativo: <em>Los sinsabores del verdadero polic&iacute;a</em> lleva esta exigencia al l&iacute;mite, y ofrece una recompensa a la altura del reto, digno de un gladiador romano. Que cada lector decida su modo de enfrentarlo.</p>
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<p>Roberto Bola&ntilde;o, <em>Los sinsabores del verdadero polic&iacute;a</em>, Barcelona, Anagrama, 2011.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 31 Oct 2014 07:08:12 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El único camino, la verdadera vida]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-unico-camino-la-verdadera-vida/</link>
      <description><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/alvarodelaricaquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Existe siempre, por fuerza, una tercera persona que reorienta y proporciona un sentido profundo y &uacute;ltimo a las relaciones? &iquest;Se trata de un elemento estimulante y perfeccionador de estructuras o n&uacute;cleos humanos ya formados y establecidos, o conlleva m&aacute;s bien un fatal y corrosivo impulso destructor? Este es el tema de fondo que sobrevuela por un un apasionante, continua y sutilmente bifurcado cruce de caminos, que es&nbsp; la novela, o relatos enlazados, <em>La tercera persona</em> de Alvaro de la Rica (Madrid, 1965). Profesor de Teor&iacute;a Literaria y director de la C&aacute;tedra F&eacute;lix Huarte de Est&eacute;tica y Arte contempor&aacute;neo en la Universidad de Pamplona, articulista y cr&iacute;tico literario en diferentes revistas y peri&oacute;dicos espa&ntilde;oles y, paralelamente, autor de uno de los mejores blogs culturales que en la actualidad circulan por la red &ndash;un blog, Hobby Horse,&nbsp; que da idea de la enorme voracidad as&iacute; como de la riqueza y erudici&oacute;n, nada usual, de intereses art&iacute;sticos y culturales que lo alimentan- a Alvaro de la Rica se le conoc&iacute;a sobre todo por un magn&iacute;fico y muy original ensayo, titulado con el provocador &ndash;por lo anacr&oacute;nico y no simult&aacute;neo en el tiempo- t&iacute;tulo de <em>Kafka y el Holocausto</em> (Trotta, 2009).&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un brillante estudio dedicado a Kafka, probablemente nuestro mayor contempor&aacute;neo, que encarnar&iacute;a como suced&iacute;a con&nbsp; la obra de otros gigantes del nivel de Joyce y Pessoa, pero de forma mucho m&aacute;s marcada en su caso, al perseguido, al exiliado, al que sin cesar &ldquo;est&aacute; construyendo e iniciando una nueva huida&rdquo;, dispers&aacute;ndose por el mundo, como dec&iacute;a Joseph Roth en <em>Jud&iacute;os errantes</em>.&nbsp; O, si se prefiere, a &eacute;se que personifica en alg&uacute;n momento de la Historia al expulsado por ser &ldquo;la escoria de la naci&oacute;n&rdquo;, como posteriormente dir&iacute;an los nazis. Con su estudio sobre Kafka &ndash;al que le hab&iacute;an antecedido otros ensayos anteriores como <em>En lo m&aacute;s profundo del bosque. La juventud de Julien Green</em>, 1998; <em>Estudios sobre Claudio Magris,</em> 2000 y <em>Homenaje a Jos&eacute; Jim&eacute;nez Lozano</em>, 2006- De la Rica se convertir&iacute;a en uno de los escasos j&oacute;venes intelectuales espa&ntilde;oles que se atrever&iacute;an a afrontar, en su caso con enorme talento y solvencia, adem&aacute;s de con una&nbsp; clarividente penetraci&oacute;n nada mim&eacute;tica ni rutinaria, esa &ldquo;inmensa monta&ntilde;a de literatura&rdquo;, como la llamar&iacute;a el cr&iacute;tico George Steiner, creada en torno a un autor que en toda su vida no hab&iacute;a publicado m&aacute;s que una media docena de relatos y bocetos. Un autor que provocar&iacute;a, en ocasiones, una pavorosa &ldquo;kafkolog&iacute;a&rdquo;, en palabras de Kundera, y que, como dice Alvaro de la Rica en su obra &ndash;&ldquo;acaso el primer apocalipsis moderno&rdquo;- se ver&iacute;a empujado y condenado a asumir todo lo negativo de una &eacute;poca y de una condici&oacute;n humana universal, a tocar de cerca con sus visiones un coraz&oacute;n oscuro y tenebroso que tantas veces sobrecoger&iacute;a a sus lectores.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Kafka, como mantiene en su ensayo De la Rica, prefigura y graba a sangre y fuego en sus novelas y relatos, en la forma de figuras del exterminio, &ldquo;antes de que sucediera&rdquo;, genocidios masivos y posteriores, que sacudir&iacute;an a su m&aacute;s inmediata familia, ya que sus tres hermanas morir&iacute;an a&ntilde;os despu&eacute;s en Auschwitz. Como dir&aacute; el autor de este estudio: &ldquo;Ni <em>En la colonia penitenciaria</em> ni en ninguna otra de sus ficciones, especialmente <em>El proceso</em> y <em>El castillo</em>, ni las agudas reflexiones que las acompa&ntilde;an, escapan a un momento de la historia europea que se puede calificar de apocal&iacute;ptico&rdquo;. Una apocalipsis entrevista, que le hace convertirse a Kafka en una especie de gran testigo de cargo, por anticipado, del totalitarismo pol&iacute;tico &ndash;en sus diversas formas duales- del siglo XX, tanto en la forma de &ldquo;alfabeto&rdquo; detallado del nazismo, como en la casi exacta descripci&oacute;n del sistema pol&iacute;tico comunista y de aquellos aterradores juicios posteriores, en los que las v&iacute;ctimas y castigados sin causa reconocible, acabar&iacute;a clamando porque se les reconociera culpables. Sin haber llegado a tiempo al destino que probablemente le esperaba, lo mismo que a sus hermanas, nadie como &eacute;l, como dir&aacute; De la Rica, fue capaz de retratar la degeneraci&oacute;n de aquellos sistemas pol&iacute;ticos y la monstruosidad tantas veces inconcebible del Holocausto.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Un tema, el Holocausto, al que citamos sobre todo porque tambi&eacute;n ocupar&aacute; una parte importante y de gran intensidad, aunque sea de manera aparentemente colateral, en la obra&nbsp; <span style="text-decoration: underline;">La tercera persona</span>. Primera y excelente novela de Alvaro de la Rica, en realidad contiene dos distintas, aunque enlazadas,&nbsp; de un ciclo de nueve historias que ir&aacute;n apareciendo con el tiempo. Su g&eacute;nero mixto o amalgama de varios tipos de relatos (la novela epistolar, el relato filos&oacute;fico y moral&nbsp; a lo <span style="text-decoration: underline;">Jacques le fataliste</span> de Diderot, pero tambi&eacute;n de Proust, Camus o <span style="text-decoration: underline;">Les liaisons dangereuses </span>de Laclos, o bien los magn&iacute;ficos <em>Petits Trait&eacute;s</em> de Quignard) gozan de m&aacute;s tradici&oacute;n en las literaturas francesa o alemana y la hacen de nuevo tan inusual y extra&ntilde;a, tan fascinantemente compleja en su torbellino de ramificaciones, en comparaci&oacute;n a lo que estamos acostumbrados en el &aacute;mbito de los nuevos narradores de nuestros d&iacute;as, como tambi&eacute;n lo fue en su d&iacute;a&nbsp; su ensayo <em>Kafka y el Holocausto</em>.</p>
<p>&nbsp; &ldquo;Nadie puede conocer el sentido de las relaciones entre las personas&rdquo;, se dice en la novela <em>La tercera persona </em>de Alvaro de la Rica. Sobre este enigma y permanente ambig&uuml;edad y falta de clarificaci&oacute;n en las relaciones de seres humanos que comparten intimidades en ocasiones mucho m&aacute;s intensas que las de una alcoba o lecho matrimonial, est&aacute;n construidos los dos relatos complementarios que conforman esta obra. Sobre esa constante turbulencia y fina l&iacute;nea o frontera, casi invisible en ocasiones, que separa en la vida la amistad y el amor, el deseo sexual y la afinidad puramente espiritual, transitan estos relatos. Ya sea en la correspondencia que se intercambian dos personajes, un hombre y una mujer que han sido todo el uno para el otro, sin llegar a &ldquo;consumar&rdquo; su relaci&oacute;n, o ya sea en el encuentro fortuito de un norteamericano en Par&iacute;s con una seductora y bella mujer que le arrastra a una &ldquo;confesi&oacute;n&rdquo; y qui&eacute;n sabe si tambi&eacute;n a acabar esa noche con &eacute;l en la habitaci&oacute;n de su hotel, todos ellos est&aacute;n sujetos a cambios imprevistos, tanto interiores como exteriores, a oleadas de peque&ntilde;as e invisibles metamorfosis &ndash;muchas veces ignoradas por ellos mismos y no s&oacute;lo por los dem&aacute;s-&nbsp; que pueden dar inopinadamente la vuelta a lo que ha sido su historia personal hasta esos mismos momentos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dividida la obra en dos partes que aluden principalmente a la figura de esa &ldquo;tercera persona&rdquo;, ese intruso que interfiere en una relaci&oacute;n de pareja, sea la que sea la relaci&oacute;n que los une y el tipo de pareja del que se trate, el primer relato lleva por t&iacute;tulo &ldquo;Todesbanden (Una noche del oto&ntilde;o de 2008)&rdquo;. Un relato que adquiere un tono brumoso y como de sue&ntilde;o, como de juego perverso o pesadilla kafkiana, entre lo on&iacute;rico y lo real, en el que subyace&nbsp; sin cesar una continua y fuerte &ldquo;tensi&oacute;n er&oacute;tica&rdquo;. Un relato, cuyo misterio y extra&ntilde;eza va creciendo por momentos, que se sit&uacute;a en la &oacute;rbita de autores como Schnitzler y su famoso <em>Relato so&ntilde;ado </em>o en cualquiera de los no menos magn&iacute;ficos de Dino Buzzati. El protagonista, que en este relato se introduce a s&iacute; mismo ante una extra&ntilde;a y tentadora mujer, Mo&iuml;ra &ndash;que comparte el nombre con el personaje principal&nbsp; de una novela de Julien Green, en torno a una joven estudiante deseada ferozmente por todos-, conocida por casualidad en un caf&eacute; de Par&iacute;s, con la que inicia un excitante y&nbsp; repentino coqueteo, se llama Jacob&nbsp; y es&nbsp; profesor en la universidad de Nueva York. Seg&uacute;n &eacute;l mismo dice, escribe para algunos peri&oacute;dicos y de vez en cuando publica libros, aunque no espec&iacute;ficamente novelas. Como ironiza &ndash;esas iron&iacute;as de intelectual neoyorquino a lo Philip Roth que no cesar&aacute;n de aparecer en toda la novela- lo que escribe son &ldquo;s&oacute;lo estudios y comentarios, soy jud&iacute;o. Jud&iacute;o seg&uacute;n las leyes de Vichy y no por la Tor&aacute;&rdquo;. Mo&iuml;ra, por su parte,&nbsp; le confiesa que su motivo de estar en Par&iacute;s es que ha venido a despedirse de un amante casado, Franc, con el fin de acabar con la relaci&oacute;n, una relaci&oacute;n que los est&aacute; destrozando. Franc y Mo&iuml;ra le suplican a &eacute;l, a un desconocido que no sabe nada de ellos, o al menos qu&eacute; tipo de pareja son &ndash;&ldquo;hasta qu&eacute; punto son una pareja abierta&rdquo;- que les ayude en el momento desgarrador y traum&aacute;tico de la separaci&oacute;n. Dos constantes, la &ldquo;confesi&oacute;n&rdquo; que le hace un personaje a otro y que le implica r&aacute;pidamente no s&oacute;lo en el dolor y problemas privados que arrastra consigo,&nbsp; sino que le introduce desde ese instante en la historia futura, ya sea cercana o no, de su vida, y por otra parte, el hecho de&nbsp; la &ldquo;despedida&rdquo;, de la cancelaci&oacute;n necesaria y abrupta de una relaci&oacute;n que ha gozado de una gran intensidad, ya sea sexual o plat&oacute;nica, que se repetir&aacute; en estos relatos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por su parte, Jacob, que en esos momentos ha ido a Par&iacute;s, como &eacute;l dice, &ldquo;deseando aclararme sobre algo que tantas veces me hab&iacute;a quemado por dentro&rdquo;, se dispone a contarle a Mo&iuml;ra, la inesperada confidente, una extra&ntilde;a historia &ldquo;que hab&iacute;a marcado mi matrimonio con la sombra del adulterio&rdquo;. Ante la pregunta de Mo&iuml;ra de si nunca ha tenido &ldquo;tentaciones&rdquo; en su vida de casado, Jacob muy pronto&nbsp; se confiesa ante su nueva amiga, u objeto furioso e irresistible de deseo, la que en realidad maneja toda la situaci&oacute;n (&ldquo;es ella la que lleva la delantera en todo, tres horas manej&aacute;ndome a su antojo&rdquo;). La introduce en lo que es&nbsp; la historia y el dolor actual de su vida. Existe en la vida de Jacob -seg&uacute;n cuenta- una amiga de la universidad a la que se siente unido &ldquo;por lazos que no me explico&rdquo;. Ha preferido mantenerse fiel a su mujer, ha escogido la renuncia &ndash;&ldquo;no me preguntes por qu&eacute;&rdquo;- pero no por ello el deseo ha cedido: &ldquo;Deseo acostarme con ella. Todos los d&iacute;as y todas las noches siento ese deseo. A veces con una fuerza que me parte el alma en dos&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; El segundo relato, &ldquo;Desde un tren Brest-Lyon. Final de la primavera de 2008&rdquo;<span style="text-decoration: underline;">,</span> retrocede en el tiempo y en lo que ha sido hasta ese momento la historia de Jacob. Esta vez entra en juego la que ha sido esa &ldquo;tercera persona&rdquo; en discordia, o bien en feliz y estimulante compenetraci&oacute;n, que le narraba en el cap&iacute;tulo o historia anterior a Mo&iuml;ra. Jacob ha estado unido hasta hace poco a una compa&ntilde;era y colaboradora de la universidad, Claire, a trav&eacute;s de un grado de intimidad superior a la f&iacute;sica y carnal de muchos otros (&ldquo;al fin y al cabo, la cama no es lo m&aacute;s importante, ni mucho menos lo m&aacute;s &iacute;ntimo&rdquo;) y con una&nbsp; dependencia mutua que se hab&iacute;a vuelto tan vivificante y enriquecedora, tan indispensable, como casi insoportable e invivible. Casados ambos, Jacob y su compa&ntilde;era, los dos, despu&eacute;s de unos a&ntilde;os de fr&iacute;a y correcta relaci&oacute;n profesional, estuvieron a lo largo de los &uacute;ltimos meses, finalizados con una brusca despedida, unidos por v&iacute;nculos de una tremenda y creciente intensidad en la que ninguno se decid&iacute;a a &ldquo;decir basta&rdquo;. Ahora, la que se encarga de narrarlo &ldquo;desde el otro lado&rdquo;, desde su propio punto de vista o &ldquo;confesi&oacute;n&rdquo; directa, sin necesidad de utilizar testigos extra&ntilde;os, como fue el caso de Mo&iuml;ra en el anterior relato, donde Jacob apenas esboz&oacute; su historia, es la mujer, la amiga de Jacob en la Universidad. De nuevo, volvemos a encontrarnos en este relato con parejas cruzadas, en unos casos insatisfechas, como es el caso Claire y su marido, que viven en el fracaso total de un matrimonio que se ha dejado de querer y que no acaba de dar el paso definitivo de la separaci&oacute;n, y Jacob que vive por el contrario un matrimonio en principio feliz, a&uacute;n con la angustia de una enfermedad sin precisar que acecha constantemente&nbsp; a su mujer. Sentido de culpa y miedo a pecar (&ldquo;a infringir la ley, a condenarse&rdquo;), desesperaci&oacute;n y confesiones mutuas y compartidas, un amor que es dolor a un&nbsp; mismo tiempo, pero que tambi&eacute;n puede llegar a vencerlo, a ser &ldquo;superior al dolor y no s&oacute;lo su otra cara&rdquo;, vuelven a aparecer turbulentamente en esta narraci&oacute;n epistolar. Lo hace en la forma de una carta en la que amiga o amante plat&oacute;nica de Jacob hace recuento de lo que fue su historia, la historia personal de ella y la de los &uacute;ltimos meses de los dos juntos, hasta la aparici&oacute;n inopinada de una tercera persona, que provoc&oacute; la separaci&oacute;n definitiva de algo que ya de por s&iacute; se hab&iacute;a vuelto invivible. De nuevo, en este relato escrito durante el trayecto del tren de Brest a Lyon, se repite la ceremonia de los adioses de una pareja &ndash;sean amigos &iacute;ntimos, amantes que nunca llegaron a serlo, o una mezcla ambigua y sin determinar de todo ello- para lo que ha sido necesaria la intervenci&oacute;n de un extra&ntilde;o, de un tercero. A la carta de Claire le llegar&aacute; una respuesta, que conforma la tercera parte del libro (&ldquo;La respuesta de Jacob, o el comentario. Comienzo del verano de 2008&rdquo;). El mismo Jacob, de nuevo ir&oacute;nicamente y haciendo bromas sobre sus habituales cometidos acad&eacute;micos y profesionales, titula su respuesta como &ldquo;comentario&rdquo; : &ldquo;Tu carta est&aacute; escrita para ti misma, para aclararte t&uacute;. Me la escribes a m&iacute;, pero podr&iacute;as no hab&eacute;rsela dirigido a nadie. Es un autoexamen (&hellip;) Lo &uacute;nico que yo puedo hacer ahora es comentarte algunas cosas de las que escribes: al fin y al cabo, el comentario de un texto escrito es mi &uacute;nica especialidad (&hellip;) El comentario es siempre una forma de poner distancia. Es como un refrigerio, o un apaciguamiento. De esa forma uno cree que domina aquello que tiene delante&rdquo;. De todas formas, como &eacute;l mismo aclara, la pasi&oacute;n enfriada o vista a distancia por la raz&oacute;n no siempre es algo superado, totalmente vencido. En cualquier momento ese &ldquo;fuego&rdquo; que se cre&iacute;a dormido, dominado, puede resurgir y revolverlo todo, trastocando todo lo que la raz&oacute;n hab&iacute;a expuesto y clarificado fr&iacute;amente en un momento anterior.</p>
<p>&nbsp; Novela radial, multitentacular, que se abre sin cesar como un torbellino que avanza y retrocede, bien circularmente o por espasmos, como las emociones y &ldquo;puertas&rdquo; que van atravesando simb&oacute;licamente sus protagonistas, en el intercambio epistolar entre Claire y Jacbo se regresa&nbsp; a un hecho que marc&oacute;, de una forma m&aacute;s o menos visible, m&aacute;s o menos secreta, a estos personajes. El hecho o trauma sin igual del Holocausto. El principio y el fin simb&oacute;lico de muchas cosas. En la respuesta a la carta de Claire, Jacob le confiesa una de las razones -&iquest;quiz&aacute; la principal, sobre todo en su caso, como jud&iacute;o?-&nbsp; por la que siempre la admir&oacute;: &ldquo;Conozco tu generosidad a la hora de ponerte en el lugar de los dem&aacute;s, tu delicadeza, tu incapacidad de herir a nadie, y he observado tu fragilidad cuando algo, o alguien, te hiere a ti (&hellip;) Llevas varios a&ntilde;os zambullida en el estudio de la shoah y s&eacute; que es algo inseparable de tu vida, algo que no te puedes explicar y que te rompe por dentro&rdquo;. Ser&aacute; precisamente en una visita a Cracovia, cuando Claire, que est&aacute; iniciando en esos momentos un enamoramiento con un amigo &iacute;ntimo de Jacob que ha viajado con ellos, y tras decidir ir a lo que es el centro simb&oacute;lico de su estudio de muchos a&ntilde;os, Auschwitz, &ldquo;el coraz&oacute;n del mal&rdquo;, cuando todo acabe entre ellos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La muerte, esa muerte simb&oacute;lica que planeaba por estos relatos complementarios y con la que se iniciaba la novela, esa cancelaci&oacute;n abrupta de muchas cosas que se acaban, de muchos seres que dejan de &ldquo;vivir&rdquo; a diario para otros y ser &ldquo;alguien&rdquo; diferenciado, alej&aacute;ndose de su camino, o esa muerte o asesinato feroz y ritual de seres indefensos provocado en cierto&nbsp; momento de la Historia, la que cancele la historia privada de estos dos personajes. Dos personajes que han necesitado de la ayuda de un tercero para separarse. Dos personajes que se han desnudado y&nbsp; han narrado sus confesiones m&aacute;s &iacute;ntimas &ndash;&ldquo;las que les quemaban&rdquo;- aceptando a duras penas el desgarro que siempre supone un adi&oacute;s, sea del g&eacute;nero que sea: &ldquo;Hay una tercera persona que orienta las relaciones en la buena direcci&oacute;n (&hellip;) Entre t&uacute; y yo ha estado siempre presente mi mujer. Entre mi mujer y yo has estado t&uacute; presente, y eso me ha servido para darme cuenta de lo mucho que la quiero a ella. La tercera persona. En toda relaci&oacute;n hay que buscar siempre a la tercera persona. Es el &uacute;nico camino, la verdadero vida&rdquo;. Una vida que se hab&iacute;a dejado aparcada por un tiempo, pero que estuvo siempre all&iacute;, alerta y expectante, pendiente de ser retomada.-.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&Aacute;lvaro de la Rica, <em>La tercera persona</em>, Barcelona, Alfabia, 2012.</p>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 28 Oct 2014 07:13:09 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Muerte]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/muerte/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Octubre/alvarogarciaquinientos.jpg" alt="" /></p>
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<p>Noche final, si al fin tengo que verte,</p>
<p>s&eacute; una duelista noble y dame el sable</p>
<p>con en el que en nuestro duelo inevitable</p>
<p>no est&eacute; dejado yo s&oacute;lo a mi suerte.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Si la naturaleza no subvierte</p>
<p>su orden por m&aacute;s lucha que se entable,</p>
<p>d&eacute;jame por lo menos la improbable</p>
<p>ocasi&oacute;n de intentar matar mi muerte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mientras me agujereas el abrigo,</p>
<p>a&uacute;n en los botones viejas huellas</p>
<p>de mi ni&ntilde;ez, yo luchar&eacute; contigo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>noche en la que me miren las estrellas,</p>
<p>como amantes que, en un cielo enemigo,</p>
<p>sean dulces, crueles, como fueron ellas.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 27 Oct 2014 07:14:52 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Con el absurdo a cuestas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/con-el-absurdo-a-cuestas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/lorenzoarizaquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp; Desde la noche de los tiempos, Eros y Thanatos han conformado los dos grandes ejes, adem&aacute;s de b&aacute;sicos, sobre los que suelen asentarse y moverse los mecanismos de las grandes obras literarias. Ambas fuerzas est&aacute;n presentes&nbsp; en <em>Samsa</em>, de Lorenzo Ariza, latiendo con gran potencia en su horizonte, aunque el latido camine m&aacute;s por el carril de la sugerencia que por el trillado de la evidencia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; As&iacute;, Grete, la hermana de Gregor Samsa (que, en la novela, tambi&eacute;n act&uacute;a como elemento metaf&oacute;rico, capaz de retardar y ocultar la problem&aacute;tica al personaje central), actuar&aacute; como eje er&oacute;tico ante el protagonista-narrador, quien, sin saber la causa, se ve empujado a escribir sobre todo cuanto le rodea para as&iacute; disipar, cuando menos, alguna de las muchas nieblas que se ciernen&nbsp; sobre su existencia.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Frente a &eacute;ste eje sexual, femenino y er&oacute;tico, en paralelo, caminar&aacute; la fuerza del thanatos, asentada en el extra&ntilde;o accidente y&nbsp; posterior muerte del &ldquo;principal&rdquo; &ndash;brazo derecho del protagonista-narrador- quien hasta su &oacute;bito ha llevado con precisi&oacute;n matem&aacute;tica la ancestral empresa familiar que el protagonista hered&oacute; de sus mayores; una muerte que revolotea de forma insistente en todos los actos y sucesos de la novela.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Pero a&uacute;n siendo importante la presencia de tales polos universales, Lorenzo Ariza, con el potente eco de Kafka al fondo, hace parpadear&nbsp; con contundencia su inter&eacute;s por el tema del absurdo y sus muchas adherencias y ramificaciones. Nos referimos al absurdo que borra l&iacute;mites y que emborrona las fronteras de la l&oacute;gica. Con ello, la visi&oacute;n de la existencia humana perder&aacute; su pr&iacute;stina claridad y posibilitar&aacute; el paso al lado oscuro de la vida y, a la vez tambi&eacute;n, permitir&aacute; el acceso a la &ldquo;otredad&rdquo; (no olvidar la persistente met&aacute;fora del protagonista ante el espejo. Valga una cita como ejemplo: &ldquo;Por la ma&ntilde;ana, al despertar, observ&aacute;ndome en el espejo, pens&eacute; a que lado del mismo se encontraba aquel que dec&iacute;a ser yo&rdquo;, p&aacute;g. 89). De eso, precisamente, trata <em>Samsa</em>, en permanente di&aacute;logo con <em>La Metamorfosis</em> de Kafka (y de algunos otros cuentos del checo: &ldquo;el artista del hambre&rdquo;, por ejemplo), del lado oscuro de la vida y de la necesidad de hablar del &ldquo;otro&rdquo; o de encontrar al &ldquo;otro&rdquo; que est&aacute; instalado en nosotros. Un di&aacute;logo o narraci&oacute;n que se consigue, sobre todo, gracias a la abundante presencia y poder de los sue&ntilde;os (&ldquo;&rdquo;s&oacute;lo en el sue&ntilde;o se hac&iacute;an factibles las metamorfosis&rdquo; confesar&aacute; el protagonista- narrador en la p&aacute;g. 96 al saber con certeza que &ldquo;en los sue&ntilde;os somos los que nos somos&rdquo;) y, tambi&eacute;n, al poder de las alucinaciones o de las locuras personales que habitan y viven en la mayor&iacute;a de los personajes de la novela (y de todo lector, por supuesto).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &iquest;C&oacute;mo llega a ello Lorenzo Ariza?, &iquest;c&oacute;mo&nbsp; consigue exponer el absurdo de la existencia? O &iquest;c&oacute;mo accede y traspasa la oscuridad que envuelve a &eacute;sta?&nbsp; Lo consigue&nbsp; haciendo uso de la an&eacute;cdota con el mencionado apoyo de la historia de Gregor Samsa en lontananza. Con la an&eacute;cdota, en una continuo y permanente ramificaci&oacute;n, logra expandir su historia narrativa hacia el problema de c&oacute;mo acceder, conocer y comprender la existencia del ser humano. O, cuando menos, de c&oacute;mo acceder m&iacute;nimamente el lado oscuro del ser humano. Un lado oculto e inquietante a la vez que gratificante.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; La an&eacute;cdota en <em>Samsa</em>, tal como ocurre tambi&eacute;n en la narrativa de Javier Tomeo, por ejemplo, se reduce a un hecho en apariencia trivial&nbsp; que, sin embargo, es marcado de forma puntual en tiempo y en el calendario desde el inicio de la novela (&ldquo;D&iacute;a lluvioso de noviembre&rdquo;). Es decir, lo imprevisto, rebozado de l&oacute;gica. Y con esa l&oacute;gica asentada en la anomal&iacute;a, la profundizaci&oacute;n. La historia en pleno sentido apenas tiene cabida. Todo se reduce a lo que un narrador omnisciente quiere contar. Estamos ante el arte de componer con un material m&iacute;nimo, celular, para derivar a lo monumental y de trabajada arquitectura. Y ello es as&iacute; porque la clave de la novela no radica en el suceso o circunstancia, sino en el desarrollo a que es sometido el breve suceso o an&eacute;cdota, ramificada en una tupida red de disyuntivas.</p>
<p>&nbsp;En <em>Samsa</em> la an&eacute;cdota desencadenante es la siguiente: Un mozo de almac&eacute;n comunica al principal y &eacute;ste al due&ntilde;o de la empresa (a la postre protagonista y narrador de la novela) que uno de sus comerciales no ha acudido, como de costumbre, a la estaci&oacute;n para tomar, como estaba fijado, el tren de las cinco. Es decir, la l&oacute;gica de la rutina cotidiana del trabajo en la empresa se ha roto y debe ser conocida la causa de tal interrupci&oacute;n de la cadena. Un suceso simple, pero imprevisto, trastoca el orden secreto de la cotidianidad y debe ser analizado en profundidad. Ah&iacute; reside el desarrollo de la novela, pues la falta a la cita del comercial, conlleva la investigaci&oacute;n del principal y a causa de lo que &eacute;ste descubre cuando acude a la casa para interesarse y saber de &eacute;l &ndash;algo desconocido para el lector y continuamente aleteando en la narraci&oacute;n- la locura ocupa su persona y acaba muriendo arrollado por un tranv&iacute;a. Tras este arranque, la historia narrada adquiere r&aacute;pidamente ramificaciones en varias e imprevistas direcciones: investigaci&oacute;n de la muerte, indagaci&oacute;n introspectiva del protagonista-narrador, salida a la luz de circunstancias oscuras&nbsp; tales como la vida oculta (&ldquo;otredad&rdquo;) del principal y del comercial, etc. En suma, el suceso y su imprevisto acaecer permiten traspasar los l&iacute;mites de la realidad aceptada como verdadera y normal y, por tanto, acceder a otro mundo paralelo o submundo desconocido que deja claro que el absurdo es quien domina la vida.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Una vida desconocida a cuya informaci&oacute;n se ir&aacute; accediendo a cuentagotas, engrosando la an&eacute;cdota inicial para arribar a una realidad plural, ramificada en varias direcciones, sean las&nbsp; varias relativas a la vida de quien narra (desde el sue&ntilde;o, la introspecci&oacute;n, la alucinaci&oacute;n o la impresi&oacute;n), sean las relativas al hecho narrado y sus secuelas, o sean las propias a las vidas del resto de&nbsp; los personajes que pululan por la novela. La conclusi&oacute;n final ser&aacute; de desasosiego, de manera similar a lo que acontece en las creaciones kafkianas o en las obras de Javier Tomeo con quienes Lorenzo Ariza se emparenta.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; No quiero &ndash;no debo- desvelar m&aacute;s, pero s&iacute; decir, por ejemplo, que la historia narrada cuadra a la perfecci&oacute;n con los lugares donde acaece &ndash;almac&eacute;n, calles, casa...- y, tambi&eacute;n, que tales espacios poseen su buena dosis de tribulaci&oacute;n dentro de la l&oacute;gica de la cotidianidad. En ellos, la sensaci&oacute;n de lo cerrado, de clausura, de oclusi&oacute;n, de agobio... abunda. En ellos y en los muebles y dem&aacute;s elementos que los cercan, dando as&iacute; la fisonom&iacute;a adecuada cual geograf&iacute;a acompa&ntilde;ante, al tiempo que asisten a los sue&ntilde;os, cuadran con lo imposible y dan forma a la alucinaci&oacute;n (remito a la casa de la familia Samsa, por ejemplo). Y, tambi&eacute;n apuntar otro buen hallazgo de Lorenzo Ariza: maneja bien los tiempos verbales en funci&oacute;n de la materia narrada (narraci&oacute;n de hechos,&nbsp; introspecci&oacute;n, sue&ntilde;o...) sin que haya quiebro alguno en lo relatado. O que lo pict&oacute;rico ayuda perfectamente al aura de las descripciones. O que las enumeraciones concuerdan como guantes con la introspecci&oacute;n... En suma, una primera obra, densa, sugerente, profunda que rompe con el t&iacute;pico esquema que se espera de cualquier opera prima. Una primera obra que sorprende por su prosa&nbsp; medida, equilibrada, comunicativa y, sin duda, fiel a los momentos que el autor relata y, ante todo, una prosa rica en contenido y significados, por su detallismo comunicativo tanto a la hora de dar fe de&nbsp; sucesos, como a la hora de especificar rasgos f&iacute;sicos y ps&iacute;quicos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lorenzo Ariza, <em>Samsa,</em> Oviedo, Pez de Plata, 2014.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 22 Oct 2014 10:51:29 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Delia's gone]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/delias-s-gone/</link>
      <description><![CDATA[<p style="padding-left: 90px;"><img style="float: right;" src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Octubre/manuelvilasquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>Bendito sea el suicidio.&nbsp;</p>
<p>Lo mejor de nuestro amor fue suicidarnos.&nbsp;</p>
<p>Tantos suicidas en Par&iacute;s, en Nueva York,</p>
<p>en Ginebra, en Londres, en Estocolmo y en Madrid.&nbsp;</p>
<p>Hombres y mujeres que se arrojan por las ventanas,</p>
<p>desde d&eacute;cimos o und&eacute;cimos pisos,</p>
<p>intentando volar en el absurdo viento de las ciudades.&nbsp;</p>
<p>Bendito sea el suicidio, que nos iguala a los &aacute;ngeles</p>
<p>m&aacute;s famosos en las rutinarias gradas del Universo.&nbsp;</p>
<p>Es temperamental, la muerte por amor.&nbsp;</p>
<p>Suic&iacute;date, no significa nada, el mundo resplandecer&aacute;</p>
<p>a&uacute;n m&aacute;s y no habr&aacute; tristeza alguna porque nadie te ama ya.&nbsp;</p>
<p>Hombres y mujeres que dispararon negras pistolas</p>
<p>contra sus inocentes y vencidas sienes,</p>
<p>que castigaron&nbsp; su aparato digestivo</p>
<p>con c&aacute;psulas verdes y blancas, rojas y amarillas.&nbsp;</p>
<p>No soport&eacute; que me abandonaras, amor m&iacute;o.&nbsp;</p>
<p>No soport&eacute; quedarme sin trabajo, amor m&iacute;o.&nbsp;</p>
<p>No pod&iacute;a verte con otra, amor m&iacute;o.&nbsp;</p>
<p>San Ian Curtis, San Mariano Jos&eacute; de Larra, Santa Silvia Plath,</p>
<p>la santa horca, la santa pistola y el santo gas,</p>
<p>y el amor siempre,</p>
<p>el amor</p>
<p>tan asesino.&nbsp;</p>
<p>Di adi&oacute;s a tu cuerpo, se ha quedado vac&iacute;o.&nbsp;</p>
<p>Bendito sea el suicidio,</p>
<p>que nos aleja de la mirada de todos los Emperadores.&nbsp;</p>
<p>Bendito sea el suicidio, el gran adi&oacute;s de los lun&aacute;ticos.&nbsp;</p>
<p>Qu&eacute; bella es la muerte y su hermano el sue&ntilde;o,</p>
<p>dijo un ingl&eacute;s ilustre.&nbsp;</p>
<p>No pod&iacute;a soportar las nubes, el mar, las calles,</p>
<p>amor m&iacute;o.&nbsp;</p>
<p>C&uacute;breme de tierra, estar&eacute; bien no estando,</p>
<p>amor m&iacute;o.</p>
<p>C&oacute;mprame un ata&uacute;d barato, estar&aacute;&nbsp; bien as&iacute;.</p>
<p>No hace falta que me recuerdes, amor m&iacute;o.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 21 Oct 2014 12:59:46 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No hablemos de la belleza]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/no-hablemos-de-la-belleza/</link>
      <description><![CDATA[<p style="padding-left: 810px;">&nbsp;</p>
<p><img style="float: right;" src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Octubre/antoniocolinasquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;">No, no hablemos hoy de la belleza</p>
<p style="text-align: left;">(la que desde el origen va unida</p>
<p style="text-align: left;">a la verdad,</p>
<p style="text-align: left;">la que bien entendida a&uacute;n permite</p>
<p style="text-align: left;">ser humanos</p>
<p style="text-align: left;">a los que no desean ser humanos,</p>
<p style="text-align: left;">la que armoniza la naturaleza</p>
<p style="text-align: left;">y permite que el mundo -&iquest;hasta cu&aacute;ndo?-</p>
<p style="text-align: left;">a&uacute;n gire suavemente</p>
<p style="text-align: left;">en sus goznes).</p>
<p style="text-align: left;">Recordemos tan s&oacute;lo</p>
<p style="text-align: left;">a aquel para quien nunca podr&aacute; haber</p>
<p style="text-align: left;">memoria.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Se llamaba Jos&eacute;.</p>
<p style="text-align: left;">Fue el asesinado de nuestra familia.</p>
<p style="text-align: left;">Fue uno de esos muertos</p>
<p style="text-align: left;">que hubo en casi todas las familias</p>
<p style="text-align: left;">de ese pa&iacute;s que se llam&oacute; Cainlandia.</p>
<p style="text-align: left;">En concreto, fue uno de aquellos siete mil</p>
<p style="text-align: left;">y pico que creyeron simplemente</p>
<p style="text-align: left;">en lo sagrado.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Fue un joven agustino.</p>
<p style="text-align: left;">Dicen que en su voz</p>
<p style="text-align: left;">pose&iacute;a la m&uacute;sica de Orfeo.</p>
<p style="text-align: left;">Hab&iacute;a logrado huir de su colegio</p>
<p style="text-align: left;">y en una pensi&oacute;n busc&oacute; refugio.</p>
<p style="text-align: left;">Vest&iacute;a de paisano, deseaba</p>
<p style="text-align: left;">quiz&aacute;s estar en paz</p>
<p style="text-align: left;">consigo mismo y con aquel Madrid</p>
<p style="text-align: left;">convulso,</p>
<p style="text-align: left;">pero una noche</p>
<p style="text-align: left;">hombres airados fueron en su busca.</p>
<p style="text-align: left;">Fue llevado hasta el barrio</p>
<p style="text-align: left;">de Tetu&aacute;n, a la checa</p>
<p style="text-align: left;">del Cine Europa,</p>
<p style="text-align: left;">donde fue torturado,</p>
<p style="text-align: left;">sin causa, hasta la extenuaci&oacute;n.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Luego, fue conducido hasta un lugar</p>
<p style="text-align: left;">que todav&iacute;a hoy suelen llamar</p>
<p style="text-align: left;">&ldquo;El Quemadero&rdquo;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">(un basurero entonces de la ciudad,</p>
<p style="text-align: left;">all&aacute; por donde hoy &ndash;&iexcl;iron&iacute;as del destino!&ndash;</p>
<p style="text-align: left;">se alza un hospital al que llaman &ldquo;La Paz&rdquo;).</p>
<p style="text-align: left;">All&iacute;, en &ldquo;El Quemadero&rdquo;,</p>
<p style="text-align: left;">entre los desperdicios,</p>
<p style="text-align: left;">Jos&eacute; fue asesinado y sepultado.</p>
<p style="text-align: left;">Para &eacute;l no habr&aacute; jam&aacute;s</p>
<p style="text-align: left;">ni justicia,</p>
<p style="text-align: left;">ni tumba.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Ten&eacute;is raz&oacute;n, no hablemos de la belleza hoy.</p>
<p style="text-align: left;">No digamos tampoco quienes fueron</p>
<p style="text-align: left;">los cobardes.</p>
<p style="text-align: left;">Sin ira y sin rencor,</p>
<p style="text-align: left;">tengamos simplemente un piadoso recuerdo</p>
<p style="text-align: left;">para aquel inocente</p>
<p style="text-align: left;">y para sus asesinos</p>
<p style="text-align: left;">sin rostro.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 20 Oct 2014 06:48:15 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Juan Ramón Jiménez y su fundamental guerra en España]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/juan-ramon-jimenez-y-su-fundamental-guerra-en-espana/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/juanramonquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong><em>Guerra en Espa&ntilde;a </em>supone un importante corpus documental de textos de Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, cartas, reflexiones, etc, que vieron la luz, por primera vez, gracias al esfuerzo editorial del poeta &Aacute;ngel Crespo, en 1985. La labor docente de Crespo en la Universidad de Puerto Rico en Mayag&uuml;ez le permiti&oacute; el acceso al m&aacute;s importante archivo documental de Juan Ram&oacute;n, tras su muerte, ubicado en la &ldquo;Sala Zenobia-Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez&rdquo; del Recinto Universitario de R&iacute;o Piedras.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Fue la consulta de esos documentos lo que posibilit&oacute; el encuentro con tres sobres repletos de papeles que hab&iacute;an sido escritos por Juan Ram&oacute;n con el t&iacute;tulo de <em>Guerra en</em> <em>Espa&ntilde;a.</em> La existencia de esa documentaci&oacute;n s&oacute;lo era conocida, por entonces, por el profesor Ricardo Gull&oacute;n y la bibliotecaria Raquel S&aacute;rraga, encargados de la organizaci&oacute;n y gesti&oacute;n de la Sala y por Francisco Hern&aacute;ndez-Pinz&oacute;n, sobrino del poeta moguere&ntilde;o y por aquellos a&ntilde;os representante de sus herederos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los sobres conten&iacute;an una gran cantidad de documentos compuestos y recogidos por el poeta desde su salida de Espa&ntilde;a en 1936 hasta 1954. No hab&iacute;a orden alguno, lo que supuso para &Aacute;ngel Crespo una importante labor de ordenamiento de papeles, entre los que se hallaban textos propios y ajenos: entrevistas, cartas, informes, aforismos, art&iacute;culos de prensa, fotograf&iacute;as, manuscritos, etc.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el libro que hoy cito y estudio (me refiere a la edici&oacute;n de <em>Guerra en Espa&ntilde;a </em>revisada y ampliada por Soledad Gonz&aacute;lez R&oacute;denas, que completa la edici&oacute;n de Crespo) se nos habla de varios t&iacute;tulos al conjunto de papeles, de las ideas que Juan Ram&oacute;n ten&iacute;a de la publicaci&oacute;n de todo el material, pero tambi&eacute;n, para no extenderme en tantos detalles, de la mala relaci&oacute;n con la editorial Losada de Buenos Aires, lo que llev&oacute; a Juan Ram&oacute;n a rescindir su contrato con ellos y publicar su libro <em>Romance de</em> <em>Coral Gables</em> en 1948 con la editorial Stylo de M&eacute;xico.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La correspondencia que mantiene Juan Ram&oacute;n con Max Aub entre principios de 1953 y 1954 nos aclara esta mala relaci&oacute;n con Losada y su deseo de cambiar, como hizo, de editorial (<em>Animal de Fondo</em> apareci&oacute; en la editorial Pleamar en 1949).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Max Aub estuvo muy interesado en la publicaci&oacute;n de todo el material que Juan Ram&oacute;n ten&iacute;a, pero &eacute;ste fue retrasando la publicaci&oacute;n, dado su nivel de perfeccionamiento en cuanto a su obra y frente a ciertos per&iacute;odos de depresi&oacute;n que pas&oacute; entonces (ya sabemos que los tuvo durante toda su vida).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Max Aub hab&iacute;a formado junto a Giner de los R&iacute;os, Joaqu&iacute;n D&iacute;az-Canedo y Juli&aacute;n Calvo la colecci&oacute;n &ldquo;Patria y Ausencia&rdquo; donde pretend&iacute;a publicar libros de diferentes exiliados como era el caso de Francisco Ayala, Emilio Prados y el mismo Juan Ram&oacute;n. Pero la colecci&oacute;n no se llev&oacute; a cabo, acuciado Aub por problemas econ&oacute;micos y las dificultades que presentaban sus colaboradores.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Nos cuenta Soledad Gonz&aacute;lez Rodenas que Crespo tuvo que organizar todo el material que encontr&oacute; de Juan Ram&oacute;n, ya que estaba muy desordenado. Por ello, en <em>Prosa y verso</em> (subt&iacute;tulo que lleva el libro de Juan Ram&oacute;n) se re&uacute;nen materiales pertenecientes a los &ldquo;Diarios po&eacute;ticos&rdquo; del autor moguere&ntilde;o.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; El resto del material que encontr&oacute; lo orden&oacute; cronol&oacute;gicamente, compuestos por ensayos, cartas y reflexiones diversas escritas por Juan Ram&oacute;n, que se entremezclan con art&iacute;culos y cr&iacute;ticas de otros poetas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; La edici&oacute;n que public&oacute; Seix Barral fue s&oacute;lo una versi&oacute;n abreviada del ingente material que pose&iacute;a Crespo, ya que la editorial no estuvo dispuesta a publicar todo lo que el poeta hab&iacute;a seleccionado. Para Gonz&aacute;lez Rodenas, el mayor error fue publicar una obra de esta enjundia en una edici&oacute;n de tipo comercial en Seix Barral.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Por ello, la empresa de publicar &iacute;ntegramente todo aquello ha sido muy importante. De ah&iacute; que este libro de la editorial Point de Lunettes pretenda y consiga completar una edici&oacute;n (la de Crespo) limitada, donde faltaban muchos documentos importantes.</p>
<p><strong>COMPROMISO &Eacute;TICO CON LA ESPA&Ntilde;A REPUBLICANA</strong></p>
<p>&nbsp;Para no entrar en detalles de la vida de Juan Ram&oacute;n, muy estudiados ya por la mayor&iacute;a de los investigadores que han profundizado en su obra, pretendo destacar algunos fragmentos del libro, esclarecedores para entender la forma de ser y de pensar de Juan Ram&oacute;n frente a la Guerra y al exilio.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; La dedicatoria que el poeta moguere&ntilde;o en el principio del libro realiza a Manuel Aza&ntilde;a, Juli&aacute;n Besteiro y Cipriano Rivas-Cherif llama ya nuestra atenci&oacute;n. Tambi&eacute;n le dedica el libro a Juan Guerrero Ruiz, todos personas intachables que demostraron su dignidad en momentos de gran crisis para nuestra Espa&ntilde;a. Estas dedicatorias ya abren una senda de compromiso &eacute;tico con la Espa&ntilde;a republicana. El poeta de Moguer se caracteriz&oacute; por defender siempre la Rep&uacute;blica, por criticar a personajes que demostraron su hipocres&iacute;a en aquel momento, como lo fueron, entre otros, Jos&eacute; Bergam&iacute;n o Jos&eacute; Ortega y Gasset.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Juan Ram&oacute;n era un hombre dif&iacute;cil, lo que le llevar&aacute; a no participar con ning&uacute;n poema a la antolog&iacute;a llamada <em>Laurel</em> que se realiz&oacute; en M&eacute;xico en los a&ntilde;os cuarenta. El desprecio que sent&iacute;a por Bergam&iacute;n, responsable de la editorial S&eacute;neca fue una de las causas de su negativa a participar en la famosa antolog&iacute;a. Pero tambi&eacute;n choc&oacute; con Salinas, Jorge Guill&eacute;n y con muchos otros, lo que demuestra que el poeta de Moguer era un hombre de dif&iacute;cil trato y muy susceptible a recelos con la intelectualidad de la &eacute;poca.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De la primera secci&oacute;n &ldquo;Diarios po&eacute;ticos&rdquo;, me gustar&iacute;a destacar algunos fragmentos de ese periplo en el exilio, su viaje a Puerto Rico, su estancia en Cuba, etc: &ldquo;He recorrido la isla de Puerto Rico en distintas direcciones. Su riqu&iacute;sima naturaleza interior confirma mi duda primera. &iquest;Por qu&eacute; esa naturaleza hermosa me parece blanda, floja, insuficiente? Tierra, piedra, &aacute;rbol, &iquest;por qu&eacute; es todo demasiado bonito?...</p>
<p>&nbsp;Espa&ntilde;a, con sus altos castillos eternos, su normal casa s&oacute;lida, su piedra familiarizada, se me representa desde aqu&iacute; m&aacute;s tremenda que nunca. Si Puerto Rico, querido Tom&aacute;s Blanco, quiere ser solo y libre, si quiere &ldquo;de veras&rdquo; su independencia, debe construir, cimentar y levantar, dividir y repartir su casa con doble piedra&rdquo; (pp. 26-27).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Merece la pena tambi&eacute;n citar su llegada a Santiago de Cuba, podemos ver c&oacute;mo no deja de hablar de Espa&ntilde;a, como si la nostalgia fuese tan honda que todo paisaje quedase anulado ante el recuerdo de su patria: &ldquo;Espa&ntilde;a (coraz&oacute;n, cerebro, alta entra&ntilde;a) sale de Espa&ntilde;a. Y aqu&iacute; fue Espa&ntilde;a, una Espa&ntilde;a sin agua, heroica como la actual contra viento, marea y codicia&rdquo; (p. 29).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; La &eacute;tica del poeta de Moguer puede verse en otro apartado de estos &ldquo;Diarios&rdquo;, me refiero a &ldquo;El desterrado&rdquo;, cuando dice acerca del chantaje que se le propuso desde Valencia a Nueva York, en 1938, para apoyar la Guerra, desde luego, no cabe duda de que se trata de los republicanos, pero no nos debe hacer pensar que no defiende la idea de la izquierda, sino que desprecia el comunismo que hay detr&aacute;s: &ldquo;Algunos traficantes de la guerra y la paz, bien conocidos de todos, me escribieron desde Valencia a Nueva York ofreci&eacute;ndome &ldquo;apoyo moral y material del Gobierno y del Pueblo. Es decir, hablando en cristiano o en comunista, que deseaban mi apoyo moral a cambio de dinero, ellos, no el pueblo ni el gobierno&rdquo; (pp. 46-47).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; La respuesta de Juan Ram&oacute;n es clara, la indiferencia hacia cualquier chantaje de esos &ldquo;milicianos de la cultura&rdquo;, como los llama en un momento determinado de este fragmento.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Merece la pena citar tambi&eacute;n el texto titulado &ldquo;Poes&iacute;a de la Guerra&rdquo; donde destapa la hipocres&iacute;a de un Le&oacute;n Felipe (no fue el &uacute;nico que hizo bandera de la Rep&uacute;blica mientras se sent&iacute;a protegido) que pasea con un abrigo de pieles mientras arenga al soldado: &ldquo;En Cuba supe, por un testigo de vista, que durante la Guerra Le&oacute;n Felipe se refugi&oacute; en la Embajada de M&eacute;xico, donde protestaba de todo envuelto en el gran abrigo de pieles del Duque de T&acute;Serclaes asesinado, y jact&aacute;ndose de ello con vociferaci&oacute;n y bromita&rdquo; (p. 48).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Luego repasa a verdaderos h&eacute;roes, seres que s&iacute; han sido carne de ca&ntilde;&oacute;n, valientes de verdad, como Pablo de la Torriente, Miguel Hern&aacute;ndez o Gustavo Dur&aacute;n. Le dice a Le&oacute;n Felipe: &ldquo;O no gritar tanto o irse a las trincheras, Le&oacute;n Felipe&rdquo;.</p>
<p style="text-align: justify;" align="center">&nbsp;&nbsp;&nbsp; Termino este apartado con el doliente canto de un hombre que, en Charleston en 194&ordm;, dice, recordando su pa&iacute;s, lo que sigue: &ldquo;Lejos de Espa&ntilde;a, desterrado, prefiero vivir en pa&iacute;s sin tradici&oacute;n, en ciudad nueva. No quiero prendarme de una tradici&oacute;n que no puedo comprender ni amar como la m&iacute;a.</p>
<p>&nbsp; As&iacute; tengo siempre y &ldquo;s&oacute;lo&rdquo; la tierra, el cielo, el mar, que son eternidad, tradici&oacute;n universal. Y tengo mi obra, que es mi tradici&oacute;n y mi eternidad, para vivir, como debo, en mi pasado, en mi vida y mi obra de Espa&ntilde;a, en Espa&ntilde;a, ya que fuera de Espa&ntilde;a no tengo, no puedo ni debo ni quiero tener presente ni porvenir&rdquo; (p. 58).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; El dolor del desterrado, en la l&iacute;nea de lo que nos dec&iacute;an Llorens o Jordi Gracia, pervive para siempre, es una herida que no puede cicatrizar.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el apartado titulado &ldquo;En los Estados Unidos&rdquo;, hay un subapartado titulado &ldquo;Comprensi&oacute;n y justicia&rdquo;, donde Juan Ram&oacute;n expresa su compromiso con la Rep&uacute;blica y la ayuda de los americanos y de otros pa&iacute;ses a su querida Espa&ntilde;a: &ldquo;Pido aqu&iacute; y en todas partes simpat&iacute;a y justicia, es decir, comprensi&oacute;n moral para el Gobierno espa&ntilde;ol, que representa a la Rep&uacute;blica democr&aacute;tica ayudada por todo el Frente Popular, por la mayor&iacute;a de los intelectuales y por muchos de los mismos elementos conservadores&rdquo; (p. 195).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Resulta interesante la labor que Juan Ram&oacute;n y su mujer hicieron para ayudar a los ni&ntilde;os espa&ntilde;oles, ya que el poeta moguere&ntilde;o y su esposa pertenec&iacute;an a la Protecci&oacute;n de Menores, una asociaci&oacute;n creada para ayudar a los ni&ntilde;os en la guerra. Por ello, Juan Ram&oacute;n publicita en <em>La Prensa</em>, un peri&oacute;dico americano, el deseo de que otros se suscriban a la asociaci&oacute;n para ayudar as&iacute; a los ni&ntilde;os espa&ntilde;oles: &ldquo;El se&ntilde;or Jim&eacute;nez ha encomendado a este diario la tarea de dar a conocer entre sus lectores que esta suscripci&oacute;n est&aacute; abierta aqu&iacute; en Nueva York, en la misma forma que lo est&aacute; en Par&iacute;s, y de recoger y enviar los fondos recogidos a Espa&ntilde;a&rdquo; (p. 197).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Muchos de los que reciben la notificaci&oacute;n del peri&oacute;dico quieren conocer el funcionamiento de la citada asociaci&oacute;n, por lo que <em>La Prensa</em>, dirigida por el hermano de Zenobia, Jos&eacute; Camprub&iacute;, da a conocer a los posibles suscriptores que el poeta y su esposa comenzaron a trabajar como voluntarios en la citada asociaci&oacute;n tres d&iacute;as despu&eacute;s del levantamiento militar en Espa&ntilde;a.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; No s&oacute;lo van a colaborar en la asociaci&oacute;n, sino que la bondad manifiesta de Zenobia acogi&oacute; a un peque&ntilde;o grupo de ni&ntilde;os de cuatro a ocho a&ntilde;os para que vivieran con ellos en familia, por lo que arregl&oacute; un piso bajo, el n&uacute;mero 65 de la calle Vel&aacute;zquez, de Madrid. Amigos de los Jim&eacute;nez ayudaron al cuidado y mantenimiento de aquella casa y de sus habitantes.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Pasando a otro tema de este interesante apartado, el poeta moguere&ntilde;o muestra su disconformidad con la vida en Nueva York, ciudad que, en su parecer, muestra la antipat&iacute;a y la deshumanizaci&oacute;n de las grandes urbes: &ldquo;Vivir, como en New York, en casas donde los sentidos pierden su derecho y su objeto, desde donde mujer y hombre son invisibles, es morir&rdquo; (p. 211).</p>
<p>&nbsp;&ldquo;El sol, la luna, las estrellas, no tienen, en 1936, peor que en 1916, m&aacute;s valor, perdidos en la confusa m&aacute;quina neoyorkina del crep&uacute;sculo, que el de un anuncio cualquiera, que anuncia, aun en lo corriente, menos que cualquier anuncio&rdquo; (p. 212).</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; La llegada a Puerto Rico en el apartado que sigue al citado, nos ofrece la mirada de Juan Ram&oacute;n a un pa&iacute;s que tiene una semejanza con su Andaluc&iacute;a, donde va a encontrar el sosiego y la paz que necesita: &ldquo;San Juan le recuerda a C&aacute;diz y a Almer&iacute;a; el litoral, la costa gallega. La gente le parece andaluza&rdquo; (p. 216).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Juan Ram&oacute;n anota sus impresiones y las guarda en cajas. Luego las selecciona y cuando se produce el flechazo con lo verdadero, con lo que le emociona, se lo dicta a su mujer, su fiel compa&ntilde;era, su verdadero sost&eacute;n, la que transforma su humor acerado en sosegado y fino, sin rencores que s&iacute; vienen en aluvi&oacute;n a su boca en un primer momento: &ldquo;Ella tiene una gran paciencia conmigo. Una gran dosis de ternura que hered&oacute; de su madre, la puertorrique&ntilde;a de quien le habl&eacute; al principio&rdquo; (p. 223)</p>
<p>&nbsp;Estas palabras, recogidas en el libro, proceden de una entrevista de Juan Ram&oacute;n a &Aacute;ngela Negr&oacute;n Mu&ntilde;oz, recogidas en el peri&oacute;dico <em>El Mundo</em>, en Puerto Rico, el 7 de octubre de 1936.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el apartado titulado &ldquo;En Cuba&rdquo;, hay una parte interesante para mi estudio, donde Manuel Aznar cita en el <em>Diario de la Marina</em>, La Habana,&nbsp; de marzo de 1937, la siguiente precisi&oacute;n que hizo el doctor Mara&ntilde;&oacute;n en Francia cuando habl&oacute; de la huida de Espa&ntilde;a del ochenta y ocho por ciento del profesorado de Madrid, Valencia y Barcelona por el temor a ser asesinados por rojos, cuando ellos eran hombres de izquierda.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aznar los llama fugitivos y adem&aacute;s aparece una lista de la mayor&iacute;a de ellos, en la que est&aacute; el poeta de Moguer, &eacute;ste contesta al <em>Diario</em> lo siguiente:</p>
<p>&ldquo;Pero yo &ldquo;no he huido&rdquo; de los rojos ni de los blancos ni de los de ning&uacute;n otro color o matiz. Sal&iacute; de Espa&ntilde;a, con mi mujer, el 22 de agosto pasado, porque ten&iacute;a pendiente, con anterioridad al levantamiento militarista, un compromiso literario, muy importante para m&iacute;, con el Departamento de Educaci&oacute;n de Puerto Rico, que no pude cumplir en Madrid por los trastornos naturales de la guerra, y que estoy realizando aqu&iacute; en La Habana; y porque otros intereses particulares de mi mujer y los m&iacute;os lo reclamaban&rdquo; (p. 265).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dice tambi&eacute;n que ni su mujer ni &eacute;l han cobrado ni un c&eacute;ntimo del Estado espa&ntilde;ol. La Rep&uacute;blica s&iacute; le ayud&oacute; a llegar a Am&eacute;rica, pero se considera libre e independiente, aunque s&iacute; defienda los valores de los republicanos y ataque a los sublevados.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; La idea de ir a M&eacute;xico, desde Cuba pasa por la cabeza de Juan Ram&oacute;n, pero lo tiene muy dif&iacute;cil, dada la enorme actividad que tiene en La Habana, como nos cuenta aqu&iacute;: &ldquo;Para m&iacute; ser&iacute;a un gusto verdadero poder ir a M&eacute;jico, ver a mis amigos de M&eacute;jico y a M&eacute;jico mismo. Pero ahora no puedo decir que s&iacute; ni que no.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Estoy imprimiendo en La Habana 4 libros, 3 encargados desde Puerto Rico y uno de aqu&iacute;. Van&nbsp; muy&nbsp; despacio y no s&eacute; cu&aacute;ndo estar&aacute;n acabados. Por otra parte, los m&eacute;dicos me han recomendado &uacute;ltimamente, a causa de mis trastornos circulatorios, que no suba a m&aacute;s de 1.000 metros. Esto no s&oacute;lo ser&iacute;a un verdadero obst&aacute;culo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; La carta va dirigida a su amigo Genaro Estrada, que s&iacute; se halla en M&eacute;xico. Para el poeta de Moguer, los amigos son importantes, pero los enemigos siempre lo ser&aacute;n y mantendr&aacute; una dura actitud en contra de poetas como Pedro Salinas o Jorge Guill&eacute;n.</p>
<p><strong>CONTRA BERGAM&Iacute;N</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp; Haciendo un salto importante en el libro (un estudio detallado del mismo, me alejar&iacute;a de esta visi&oacute;n de conjunto que pretendo transmitir), merece la pena citar las palabras de Juan Ram&oacute;n en contra de su adhesi&oacute;n a la &ldquo;Alianza antifascista&rdquo; de escritores en defensa de la Rep&uacute;blica, porque en &eacute;sta hab&iacute;a nombres de conocidos falangistas:</p>
<p>&ldquo;Yo no acept&eacute; vivir en &ldquo;La alianza antifascista&rdquo;, por lo mismo que antes dije. All&iacute; estaban conocidos fascistas, falangistas, los amigos de J (os&eacute;) B (ergam&iacute;n) y C (orpus) B (arga), la redacci&oacute;n de <em>El Sol</em>, etc&rdquo; (p. 448).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tampoco acept&oacute; la propuesta hecha por Adolfo Salazar, Serrano Plaja y otros para dar una charlas en <em>El Mono Azul</em>, ya que Antonio Machado, con el que Juan ram&oacute;n manten&iacute;a una gran amistad, hab&iacute;a rechazado participar en las citadas charlas, ya que su hermano Manuel estaba en el otro bando. La negativa de Machado es el rechazo, tambi&eacute;n, de Juan Ram&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Resulta interesante tambi&eacute;n el apartado trece, titulado &ldquo;Respuestas&rdquo;, en el cual aparece la inquina que Juan Ram&oacute;n tiene a Bergam&iacute;n, se trata de una carta de Octavio Garc&iacute;a Barreda, director de <em>Letras de M&eacute;xico</em>, donde colabor&oacute; Juan Gil-Albert. La causa es la propuesta del poeta moguere&ntilde;o de colaborar en la revista, ya que ha rechazado abiertamente hacerlo en <em>El Hijo Pr&oacute;digo</em>, porque en ella se halla Bergam&iacute;n:</p>
<p>&ldquo;Nada tengo contra <em>El Hijo Pr&oacute;digo</em> en s&iacute; misma. Me gusta la revista por su forma y su colaboraci&oacute;n general, y colaborar&iacute;a gustoso en ella, como empec&eacute;, si no advirtiera la predominancia mayor cada d&iacute;a y m&aacute;s arbitraria de J (os&eacute;) B (ergam&iacute;n). Y no porque me ataque a m&iacute;, sistem&aacute;tica y bajamente; ya en <em>Cruz y Raya</em>, como digo en esta carta que le mando, y antes del ataque de J. B. en el primer n&uacute;mero, desde&ntilde;&eacute; colaborar con &eacute;l&rdquo; (p. 639).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para Juan Ram&oacute;n, la val&iacute;a de Bergam&iacute;n es m&iacute;nima, adem&aacute;s lo considera un hombre que, en un principio, cuando edit&oacute; el poeta de Moguer la revista <em>&Iacute;ndice</em> s&iacute; goz&oacute; de su amistad y su ayuda, pero luego fue perdiendo esa amistad debido a la vanidad desproporcionada de Bergam&iacute;n y de los amigos que ten&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; En otra de estas cartas, dice que Bergam&iacute;n tergiversa o calumnia al escribir, duras acusaciones que muestran la animadversi&oacute;n del poeta andaluz sobre el madrile&ntilde;o.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hay muchas cartas entre Bergam&iacute;n y Juan Ram&oacute;n donde mutuamente se lanzan dardos envenenados, pero nos apartar&iacute;a de nuestro verdadero objetivo, que es la mirada del poeta andaluz en el exilio y sobre algunos de los emigrantes intelectuales que conoci&oacute; o trat&oacute; antes o despu&eacute;s de su salida de Espa&ntilde;a.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Tambi&eacute;n manifiesta su admiraci&oacute;n por Antonio Machado, por el que sigue la senda de la mejor poes&iacute;a espa&ntilde;ola, pero desaprueba el &uacute;ltimo Machado, el que sirvi&oacute; de pretexto para ensalzar la guerra a trav&eacute;s de la imagen de Castilla, de sus encinas, de sus olivos, etc:</p>
<p>&ldquo;Y este Antonio Machado, es el que, por desventura, a cuenta de realidad m&aacute;s urgente, ha sido montado sobre el segundo, es decir, el primero en vida y muerte. Las guerras siempre exaltan lo grosero, porque la guerra es gruesa, es natural que lo sea, y la l&iacute;rica es delicada; y no deben mezclarse guerra y l&iacute;rica. Lo que corresponde a la guerra, en escritura, es la &eacute;pica; pero la &eacute;pica nunca ha sido la forma suprema de la poes&iacute;a ni en Antonio Machado ni en nadie&rdquo; (p. 656).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tampoco deja en buen lugar a otras figuras se&ntilde;eras de nuestra poes&iacute;a espa&ntilde;ola, como Guill&eacute;n, Neruda (aunque fuese chileno, su impronta fue esencial), Salinas, G&oacute;mez de la Serna y, como era de esperar, Bergam&iacute;n:</p>
<p>&ldquo;Dentro de m&iacute; hay algo que se levanta y se echa contra lo falso, sin yo poderlo evitar. En mi normal cr&iacute;tica literaria siempre coincide el ataque con la falsedad de la persona: Neruda, G&oacute;mez de la Serna, Salinas, Guill&eacute;n, Bergam&iacute;n, oportunistas generales todos. Pero yo pruebo los hechos que ellos cuando atacan no pueden probar porque yo pruebo con documentos.</p>
<p>&nbsp; Yo no puedo soportar el doble juego. Tengo amigos de todas las ideas, incluso falangistas, pero consecuentes toda la vida. Mi sobrino J (uan) R (am&oacute;n) lo mejor de mi familia, educado en un ambiente de religiosidad seria (toda mi familia es conservadora) muri&oacute; en el frente de Teruel forzado del fuego de un ideal&rdquo; (p. 672).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Considera falsos a quien utilizan las ideas para jugar con ellas, para mentir y desmentir sucesivamente, sin asomo de verdad en nada.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Dice, acerca del oportunismo de todos ellos, que Pedro Salinas lo fue, porque organiz&oacute; un homenaje, junto a otros, al Dictador Primo de Rivera. Considera que Guill&eacute;n fue un &ldquo;&eacute;mulo&rdquo; de Salinas, un hombre sin ideolog&iacute;a que nunca crey&oacute; en la Rep&uacute;blica. Los otros tampoco mostraron su nobleza, como los ya citados (Salinas, Guill&eacute;n), o personalidades como Navarro Tom&aacute;s o Am&eacute;rico Castro, los cuales asistieron varios a&ntilde;os a cursos de verano en Middlebury bajo la bandera franquista.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para Juan Ram&oacute;n, no era de honor que se izara la bandera de la Espa&ntilde;a franquista, ya que &eacute;l hab&iacute;a asistido a cursos donde no hab&iacute;a ocurrido eso.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me gustar&iacute;a terminar este repaso a este libro, con la sensaci&oacute;n que dejan las palabras de Juan Ram&oacute;n, como exiliado de un pa&iacute;s al que am&oacute; y al que no volver&aacute;. Queda su amor por Espa&ntilde;a, esa lucidez infinita que le llev&oacute; a denunciar cualquier atisbo de deshonestidad, aunque algunas de sus imprecaciones nos parezcan exageradas o injustas, como las que dirigi&oacute; a buenos espa&ntilde;oles como Guill&eacute;n o Salinas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; El poeta de Moguer es un hombre que ama su lengua, que la paladea en cualquier lugar en el que se halle, un hombre que conoce el sabor de la derrota, el agrio dolor de su voz, la cual ha ido perdiendo su aventura vital, la del decir en Espa&ntilde;a lo que quer&iacute;a, pero ahora se resiste a callar, clama con la hondura del que posee su verdad: &ldquo;Y yo un d&iacute;a, escrib&iacute; un espa&ntilde;ol aut&eacute;ntico y propio, y fui sencillo a veces y a veces complicado, coraz&oacute;n o cabeza, l&iacute;rica o s&aacute;tira; pero siempre de &ldquo;dentro&rdquo; de Espa&ntilde;a y de los espa&ntilde;oles de Espa&ntilde;a.</p>
<p>Yo estaba &ldquo;creando&rdquo; un espa&ntilde;ol de Espa&ntilde;a, &iexcl;mi espa&ntilde;ol!&rdquo; (p.69).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como dice muy bien Jordi Gracia en su libro <em>La resistencia silencios</em>a, resulta dif&iacute;cil saber qui&eacute;n fue fascista y qui&eacute;n no, porque las circunstancias eran complicadas, sin embargo, s&iacute; es f&aacute;cil sacar conclusiones por ejemplos palmarios como los que tuvieron los que nunca dijeron ni participaron en ning&uacute;n foro donde pudiese haber asomo de fascismo alguno: &ldquo;&iquest;Fueron los nombres que regresan &ndash;Baroja, Azor&iacute;n, Ortega y Mara&ntilde;&oacute;n- totalitarios y fascistas porque defendieron la victoria de Franco? &iquest;Fueron simples franquistas despu&eacute;s de la guerra, o franquistas renuentes, o franquistas cr&iacute;ticos, o franquistas de la resistencia o quintacolumnistas del franquismo, quiz&aacute;? Lo que ninguno de ellos fue nunca es fascista, por mucho que el nuevo Estado exigiese eso de ellos y el exilio les imputase lo mismo. Desde ese patr&oacute;n podr&aacute; acercarse al af&aacute;n del h&eacute;roe la trayectoria de Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, la de Cernuda o la de Salinas, que se exilian sin doblegarse a la ley del fascismo, antes que la de Gregorio Mara&ntilde;&oacute;n o la de Ortega o la de P&eacute;rez de Ayala. Pero tambi&eacute;n por eso est&aacute; m&aacute;s cerca de lo admirablemente humano la repulsa temprana de Dionisio Ridruejo a su propio pasado y sus convicciones fascistas antes que el caso de La&iacute;n Entralgo y su maquillaje de una biograf&iacute;a no asumida ni deplorada&rdquo; (p. 81).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin duda alguna, la actitud de Salinas no fue, en ning&uacute;n caso, de connivencia con ideas franquistas y la inquina de Juan Ram&oacute;n naci&oacute; m&aacute;s por otros motivos que no lo ennoblecen (temas literarios). Pero s&iacute; hay que tener en cuenta que el exilio espa&ntilde;ol cont&oacute; con figuras fuera de toda sospecha, que nunca aceptaron la m&aacute;s m&iacute;nima ofrenda del gobierno que hab&iacute;a derrotado a la Segunda Rep&uacute;blica Espa&ntilde;ola. El silencio de Juan Gil-Albert fue tambi&eacute;n una forma de denuncia, ya que su obra tuvo que esperar mucho para encontrar su aprecio mayoritario y nunca dej&oacute; de mostrar su repulsa a Franco como muestra su excelente <em>Drama Patrio</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez. <em>Guerra en Espa&ntilde;a (prosa y verso), 1936-1954</em>. Point de Lunnettes, Sevilla, 2009. Edici&oacute;n de &Aacute;ngel Crespo, revisada y ampliada por Soledad Gonz&aacute;lez R&oacute;denas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 09 Oct 2014 06:26:39 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Muerte lenta]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/muerte-lenta/</link>
      <description><![CDATA[<p><img style="float: right;" src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Octubre/emilioamortrescientos.jpg" alt="" /></p>
<p><br />&nbsp; <em>&iexcl;Cabalgar en el viento,&nbsp;</em> <br /> <em>&nbsp;viajero de los mares sin retorno:&nbsp;</em></p>
<p><em>&nbsp;no dejar otra huella&nbsp;</em><br /> <em>&nbsp;que la que deja el p&aacute;jaro en las nubes!</em><em>&nbsp;</em></p>
<p>&nbsp;Li-Po <br /> &nbsp;<br /> &nbsp;<br />&nbsp;</p>
<p><br /> Todo lo que persigo y no est&aacute; escrito en el agua<br /> ni en el palimpsesto continuo de los sue&ntilde;os,<br /> viene a aflorar en mi interior<em>&nbsp;</em>con la llegada de los &aacute;nades<br /> como una blanca pr&iacute;mula que subyace en los riscos,<br /> ajena a los eventos de las civilizaciones.<br /> <br /> &nbsp;&nbsp;<br /> Todo est&aacute; ah&iacute; como ausente,<br /> en un letargo silencioso y umbr&iacute;o,<br /> desvinculado de los d&iacute;as y las noches que emergen.<br /> &nbsp;<br /> <br /> No hace falta m&aacute;s luz, las cig&uuml;e&ntilde;as volvieron<br /> a sus or&iacute;genes de arena y vientos c&aacute;lidos;<br /> no volver&eacute; a sentir su crotorar mon&oacute;tono<br /> hasta el pr&oacute;ximo est&iacute;o.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esa es la condici&oacute;n de los humildes,<br /> ver pasar como un tren las estaciones<br /> hasta llegar al pr&oacute;ximo destino:<br /> <em>"</em><em>Estaci&oacute;n T&eacute;rmini. Fin del trayecto.</em><em><br /> </em><em>Rogamos desalojen los vagones</em>".</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 09 Oct 2014 06:21:31 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las cicatrices de la vida]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/las-cicatrices-de-la-vida/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Octubre/paul_austeraquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;">&ldquo;Piensas que nunca te va a pasar, imposible que te suceda a ti, que eres la &uacute;nica persona del mundo a quien jam&aacute;s ocurrir&aacute;n estas cosas, y entonces, una por una, empiezan a pasarte todas, igual que le suceden a cualquier otro&rdquo;. As&iacute; da principio a su relato un novelador de las casualidades de la vida, un escritor del azar poco propenso, sin embargo, a las &ldquo;alteraciones fant&aacute;sticas de la realidad&rdquo;, convencido de que tanto el cinismo como el convencionalismo distorsionan los hechos, sabedor de que uno no puede escribir sobre una persona si no siente un gran afecto por ella. El gran experimentador de formas y lenguajes, atrevido a la hora de combinar las secuencias de la historia y las instancias del narrador, el renovador de la construcci&oacute;n est&eacute;tica, mediante una peculiar simbiosis de realismo y enigmas ling&uuml;&iacute;sticos, sigue utilizando su vieja m&aacute;quina de escribir port&aacute;til, aquella Olympia de segunda mano por la que pag&oacute; cuarenta d&oacute;lares en 1974. Pero ahora, el narrador transfigurado, que contin&uacute;a reflexionando sobre la escritura desde un &aacute;mbito introspectivo, acaba de cumplir sesenta y cinco a&ntilde;os y advierte que ha entrado en el invierno de su vida.</p>
<p>Novelista, poeta, ensayista, traductor, editor, guionista, director de cine&hellip;, Paul Auster es el autor de veintitantas obras, publicadas en Espa&ntilde;a por la editorial Anagrama. Traducido a m&aacute;s de treinta idiomas, es uno de los m&aacute;ximos exponentes de la literatura norteamericana contempor&aacute;nea. El joven inquieto de New Jersey, tras adquirir una s&oacute;lida formaci&oacute;n literaria en la Universidad de Columbia, se emplea durante seis meses como marinero en el Golfo de M&eacute;xico. Es un momento en el que no sabe qu&eacute; hacer con su vida. Finales de los sesenta. Tiempos de agitaci&oacute;n social, perplejidad y zozobra, y hora de buscar respuestas. En 1970, con el dinero obtenido en el petrolero, se marcha a Par&iacute;s donde pasa cuatro a&ntilde;os y se gana la vida realizando m&uacute;ltiples actividades: trabaja como traductor, &ldquo;negro&rdquo; literario, cuidador de una finca..., y escribe, que es lo que realmente desea hacer. No satisfecho con los resultados de su prosa &ndash;ha comenzado dos novelas que llegar&aacute;n a la imprenta muchos a&ntilde;os despu&eacute;s&ndash;, se dedica a la poes&iacute;a &ndash;un ejercicio que le vendr&aacute; muy bien luego para poder esbozar las complejidades de los personajes con las palabras precisas. A mediados de los setenta compone tambi&eacute;n algunas piezas dram&aacute;ticas, pero al final de la d&eacute;cada, instalado ya en Brooklyn, experimenta una profunda crisis personal y art&iacute;stica que le obliga a detenerse en seco para empezar de nuevo.</p>
<p>Su carrera despega a mediados de los ochenta, con la publicaci&oacute;n de la <em>Trilog&iacute;a de Nueva York</em>, un tr&iacute;ptico que explora el v&iacute;nculo entre el pasado y el presente, la propiedad esquiva del lenguaje y la disociaci&oacute;n de la identidad. Luego, con <em>El palacio de la luna</em>, llega la acreditaci&oacute;n internacional: estamos ante el mejor libro editado en Francia en 1990, seg&uacute;n la revista <em>Lire</em>, y su autor es conceptuado de &ldquo;mitad Chandler, mitad Beckett&rdquo;, aunque tal vez habr&iacute;a que dividir en tercios y permitir que irrumpiera Kafka. Sea el narrador un perro, como en <em>Timbuktu</em>, o un ni&ntilde;o que puede volar, como en <em>Mr Vertigo</em>, siempre reflexionar&aacute; sobre la naturaleza de la creaci&oacute;n art&iacute;stica, as&iacute; como sobre su relaci&oacute;n con la vida y su capacidad redentora. Es el territorio familiar que describ&iacute;amos al rese&ntilde;ar <em>El libro de las ilusiones</em>: relatos dentro del relato; digresiones que complican la acci&oacute;n y suspenden el tiempo de la historia; estilo sincr&oacute;nico y el&iacute;ptico; tono de misterio, fantas&iacute;a y humor, aderezado con elementos de tragedia y romance, de farsa y melodrama, en equilibrio controlado; giros bruscos de la trama, sorpresas e interrupciones repentinas, casualidades, situaciones gemelas y finales con anticl&iacute;max o expl&iacute;citamente ambiguos; textos plurales, alusiones, resonancias extra&ntilde;as, y personajes conformados por la literatura, el destino y los cambios de identidad. En todo caso, argumentos que resultan apasionantes y que se leen con verdadera fruici&oacute;n, pues poseen &ldquo;todo el suspense y el tempo de un <em>thriller</em> exitoso&rdquo;, tal como anunciara el <em>Times</em>.</p>
<p>En <em>Diario de invierno</em> (<em>Winter Journal</em>, 2012), Auster vuelve la vista sobre s&iacute; mismo. No es la primera vez. Hemos de recordar <em>A salto de mata</em> (1997), con todo lo que ten&iacute;a de autorretrato de un artista joven. Y mucho antes, ya en los albores de su carrera, public&oacute; <em>La invenci&oacute;n de la soledad</em> (1982), un libro de memorias, con elementos de diario (en sus dos categor&iacute;as, &iacute;ntimo y anecd&oacute;tico) e ingredientes de literatura confesional &ndash;exposici&oacute;n subjetiva de experiencias, ideas, creencias y estados de la mente, del cuerpo y del alma&ndash;, pero tambi&eacute;n, sobre todo, una novela autobiogr&aacute;fica en la que <em>pathos</em> y <em>bathos</em>, pasi&oacute;n e iron&iacute;a, realismo y s&aacute;tira, catarsis y liberaci&oacute;n, concurren arm&oacute;nicamente en el proceso de autorrevelaci&oacute;n de la &ldquo;primera persona&rdquo;, as&iacute; como en la manifestaci&oacute;n de su <em>Weltanschauung</em>&nbsp; o concepci&oacute;n del mundo. Ahora, un narrador autodieg&eacute;tico, en segunda persona, apela a la complicidad del lector y cuenta la historia a un yo desdoblado que procura cierta &ldquo;distancia est&eacute;tica&rdquo; a la hora de transmitir sus propios sentimientos. En todo caso, como declara el autor en una reciente entrevista de Alex Vicente para <em>P&uacute;blico.es</em>, se nos ofrecen algunos fragmentos autobiogr&aacute;ficos, no un relato preciso sobre toda su vida. Y por lo que respecta al hilo conductor: &ldquo;Se trata de un libro sobre mi cuerpo, sobre los placeres y los dolores que uno siente viviendo dentro de &eacute;l&rdquo;. Si entonces fij&oacute; su memoria en la imagen del padre y, m&aacute;s que un diario, aderez&oacute; la evocaci&oacute;n literaria del mismo por medio de ep&iacute;grafes, retratos, citas, recortes, pensamientos&hellip;, ahora las vivencias y los recuerdos se concentran en la figura de la madre: su heroica lucha tras la ruptura matrimonial, los dif&iacute;ciles a&ntilde;os postreros en los que surgen amores tard&iacute;os, pero tambi&eacute;n la ruina, la enfermedad y la muerte, y el subsiguiente ataque de p&aacute;nico del hijo. De cualquier modo, en esa b&uacute;squeda de la identidad en el presente y en el pasado, las ideas tampoco se suceden atendiendo a reglas de causalidad o cronolog&iacute;a, sino por motivos de inmediaci&oacute;n emocional. En resumen: placeres y dolores f&iacute;sicos, marcas de la vida, acontecimientos contingentes y necesarios, errores de apreciaci&oacute;n y de comportamiento que nos atormentan, especialmente &eacute;se que predomina sobre los dem&aacute;s y que persiste en las noches de insomnio, &eacute;se que constituye una raz&oacute;n definitiva por la que uno dej&oacute; de considerarse heroico, supuesto que se fall&oacute; a s&iacute; mismo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entretanto, la <em>fabula</em> nos presenta el viaje de un personaje desde la infancia hasta la edad provecta. Los episodios pueden evocar un accidentado partido de b&eacute;isbol o la &eacute;poca en que acaban las peleas con los chicos y comienza la sempiterna pasi&oacute;n por las chicas, los a&ntilde;os de obsesi&oacute;n f&aacute;lica, la primera vez en un burdel, los encontronazos con los g&eacute;rmenes de las relaciones &iacute;ntimas, los devaneos y los grandes amores&hellip; En un sector central de la obra se hace un listado de los veinti&uacute;n domicilios permanentes del autor: desde los apartamentos de su ni&ntilde;ez y adolescencia en New Jersey hasta la actual casa de cuatro plantas en Park Slope, Brooklyn. Las dos viviendas de Manhattan descubren el ambiente generado por la guerra de Vietnam: son los a&ntilde;os locos de Columbia, tiempo de manifestaciones, huelgas y disturbios en el campus, una buena ocasi&oacute;n para ser conducido al calabozo en un furg&oacute;n policial. En los sucesivos habit&aacute;culos de Par&iacute;s, descubrir&aacute; que puede apa&ntilde;&aacute;rselas con casi nada: lo &uacute;nico que le importa es escribir. De vuelta en Nueva York, se enfrenta a un periodo cr&iacute;tico, de confusi&oacute;n y desaliento, con problemas econ&oacute;micos y conyugales, de inquietud y decadencia creativa, hasta que, tras una serie de cambios repentinos en su vida, experimenta una epifan&iacute;a que le permite empezar a escribir otra vez. Pero el hombre que no puede dejar sus &ldquo;adorados puritos y frecuentes copas de vino&rdquo;, que no se ha sentado al volante de un coche desde el d&iacute;a que casi mat&oacute; a su familia, aprendi&oacute; ya a los catorce a&ntilde;os que el mundo es caprichoso e inestable, &ldquo;que nos pueden robar el futuro en cualquier momento, que el firmamento est&aacute; lleno de rayos que pueden precipitarse y matar tanto a j&oacute;venes como a viejos, y que siempre, siempre, el rayo cae cuando menos se espera&rdquo;.-</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Paul Auster, <em>Diario de invierno</em>, traducci&oacute;n de Benito G&oacute;mez Ib&aacute;&ntilde;ez, Barcelona, Anagrama, 2012.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 09 Oct 2014 06:20:59 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Y otra vez el miedo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/y-otra-vez-el-miedo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas15/Julio/juanaquinien.jpg" alt="" /></p>
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<p>&iquest;Tienes miedo Amaltheus?</p>
<p>Peque&ntilde;o animalito, espiral de una hilaza</p>
<p>refugiada en su concha.</p>
<p>Fuiste madre, y fuiste hija, pero s&oacute;lo</p>
<p>mucho tiempo despu&eacute;s de ser madre.&nbsp;</p>
<p>Mira el &uacute;ltimo brillo</p>
<p>del sol en las ventanas</p>
<p>de las lejanas sierras, mira</p>
<p>tu peque&ntilde;ez delante del ocaso, Amaltheus.&nbsp;</p>
<p>Nadaste en aguas limpias, oce&aacute;nicas,</p>
<p>cuando tu juventud y el mundo.</p>
<p>Y ahora, s&oacute;lo polvo en la roca, s&oacute;lo forma</p>
<p>de caracol perdido, s&oacute;lo un punto</p>
<p>asomado sin red al universo.&nbsp;</p>
<p>S&iacute;, tienes miedo del tiempo, ese gigante</p>
<p>con forma de muchacha</p>
<p>que ya no reconoces. Ay el tiempo,</p>
<p>el tiempo y sus hip&eacute;rboles</p>
<p>que eran siempre tuyas, mientras la muerte</p>
<p>siempre fue de los otros.&nbsp;</p>
<p>Tienes miedo, Amaltheus, no lo niegues.</p>
<p>Por eso te acurrucas y &eacute;l por detr&aacute;s te abraza, te rodea</p>
<p>igual que cuando ni&ntilde;a</p>
<p>tiritabas de noche por los muertos,</p>
<p>y por la voz piadosa de tu madre</p>
<p>se abr&iacute;a un hueco cerrado, peque&ntilde;&iacute;simo,</p>
<p>entre ella y el padre.</p>
<p>Y se acallaba el miedo, y se aquietaba el fr&iacute;o,</p>
<p>y te dorm&iacute;as, como ahora en tu concha.&nbsp;</p>
<p>De tu dique y tu v&eacute;rtigo s&oacute;lo esta forma f&oacute;sil.</p>
<p>Tan s&oacute;lo la inscripci&oacute;n de lo que fue tu espacio.&nbsp;</p>
<p>Descansa ya, Amaltheus, en la valva vac&iacute;a.&nbsp;</p>
<p>Era tan s&oacute;lo el tiempo.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 09 Oct 2014 06:05:54 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Certero relámpago]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/certero-relampago/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/CARLOS_MARZALquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p class="txt-l1para-style-override-4">&ldquo;Despu&eacute;s de escribir un aforismo, entran ganas de decir <em>He escrito</em>&rdquo;.&ldquo;Despu&eacute;s de escribir un aforismo, entran siempre ganas de re&iacute;r&rdquo;.He citado dos aforismos de Carlos Marzal sobre el arte de escribirlos. Hay muchos en <em>La arquitectura del aire,</em> pero estos me llaman la atenci&oacute;n especialmente porque muestran dos facetas importantes del aforismo: su rotundidad literaria, por un lado, y por otro, su puro juego que provoca alegr&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No es de extra&ntilde;ar que, despu&eacute;s de alumbrar un buen aforismo, el autor se sienta muy satisfecho. Dif&iacute;cil debe de ser lograr esa arquitectura tan sutil y tan contundente e iluminadora que conlleva en s&iacute; misma la esencia de la vida y la alegr&iacute;a de descubrirla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Concisi&oacute;n, precisi&oacute;n, riqueza de connotaciones, de sugerencias y, al mismo tiempo, sabidur&iacute;a, conocimiento profundo del ser humano y de su experiencia, en todas sus dimensiones, son propiedades que posee este libro. Pero hay muchas m&aacute;s.&nbsp; S&oacute;lo un verdadero conocedor de la vida, s&oacute;lo alguien que la ama, puede escribir sobre ella de una forma tan precisa y tan libre:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Soy tan voluptuoso de vivir que podr&iacute;a ser feliz en otras vidas, aunque no fuesen las m&iacute;as&rdquo;. &ldquo;Amar es conocer, y a pesar de todo, seguir amando&rdquo;. &ldquo;Est&aacute; pasando la vida, y no dejo de tener la misma edad&rdquo;. &ldquo;Aprender a encontrar tiempo para la vida nos lleva la vida, y no se aprende a tiempo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El amor, la literatura, el paso del tiempo, la infancia, la muerte, el arte de la m&uacute;sica, el arte de escribir aforismos, la pol&iacute;tica, son temas que se abordan en este libro. El tema que m&aacute;s se repite es la experiencia de vivir, el comportamiento del ser humano en todas sus facetas, captado de manera ir&oacute;nica, en muchas ocasiones y, siempre, con luminosa profundidad.</p>
<p class="txt">Seg&uacute;n Erika Mart&iacute;nez (&Iacute;nsula 2012) &ldquo;hay aforistas que siguen cultivando las m&aacute;ximas morales y sus ideas redondas, cerradas, autosuficientes; aforistas con inclinaci&oacute;n por el fragmento rom&aacute;ntico, cuyo pensamiento es inseparable de la b&uacute;squeda epif&aacute;nica y la imagen sensorial, o por el fragmento posmoderno, que no aspira a completarse; aforistas entregados al humor l&uacute;dico y ocurrente de ciertas vanguardias&rdquo;. Se puede decir que Carlos Marzal abarca todas esas variedades.</p>
<p><em>La arquitectura del aire</em> es un libro sabio que debe consultarse de continuo.&nbsp; Bastantes aforismos se repiten con variaciones contradictorias. Es una forma de mostrar la riqueza de la vida que no puede agotarse en una afirmaci&oacute;n. Ni siquiera en la contundente e inteligente brevedad del aforismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;M&aacute;s que una teor&iacute;a de uno mismo, lo que uno tiene son fragmentos te&oacute;ricos sobre su ser fragmentario&rdquo;. Realmente, <em>La arquitectura del aire</em> es una obra cargada de resonancias. El aire sostiene palabras que se mueven y se desplazan como las nubes: &ldquo;Las palabras construyen arquitecturas en el aire: son otra forma de la solidez&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esa arquitectura hecha de apreciaciones y de sus contrarios es lo que ha creado un edificio luminoso, en donde cabe la experiencia de vivir, nada menos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Libro excepcional que deber&iacute;a leerse en las escuelas como modelo de reflexi&oacute;n, aunque no pretende ser modelo de nada. Pero s&iacute; incita al pensamiento riguroso, a la gimnasia ling&uuml;&iacute;stica que tan esencial es para la Literatura. Y no s&oacute;lo se trata de ejercicio de lenguaje, sino que muestra una de las m&aacute;s admirables propiedades del ser humano: la comprensi&oacute;n. Y la sabidur&iacute;a y la bondad, que son su consecuencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Carlos Marzal, <em>La arquitectura del aire</em>, Barcelona, Tusquets, 2013.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 06 Oct 2014 06:24:58 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un hombre a observación]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-hombre-a-observacion/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/danielquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Diario de un cuerpo</em> es la &uacute;ltima obra del escritor franc&eacute;s Daniel Pennac. Cuando vino a Zaragoza hace unos meses, dentro de su gira de promoci&oacute;n, convoc&oacute; a un p&uacute;blico numeroso, lo que, sin ser una sorpresa, fue una muestra m&aacute;s del seguimiento que este escritor tiene en nuestro pa&iacute;s. Entre ellos, algunos se reconoc&iacute;an lectores de las novelas de la familia Malauss&egrave;ne, una serie con elementos de novela negra y humor que le hizo muy popular. Ha dedicado textos al p&uacute;blico infantil y juvenil, y dir&eacute; ya que las partes que m&aacute;s me han gustado de <em>Diario de un cuerpo</em> se corresponden principalmente con la infancia y juventud del protagonista: Pennac parece tener una sensibilidad y una habilidad particulares para regresar, de adulto, a los miedos e incertidumbres de los menores, como ya demostr&oacute; tambi&eacute;n en el tratamiento que hace del estudiante &ldquo;zoquete&rdquo; en su ensayo <em>Mal de escuela</em>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Diario de un cuerpo</em> es una novela que se presenta bajo el artificio de ser un diario real escrito por un hombre que acaba de morir. Este diario fue redactado entre los doce y los ochenta y siete a&ntilde;os, y cuenta con la peculiaridad de que en sus entradas no se hace constar asuntos de la &ldquo;vida interior&rdquo; o ps&iacute;quica del protagonista, sino s&oacute;lo de aquello que tenga una dimensi&oacute;n corporal &ndash;de ah&iacute; el t&iacute;tulo de la novela. De modo que podemos decir que es un libro lleno de escatolog&iacute;a y de v&iacute;sceras, como un modo, aunque pudiese parecer lo contrario, de acercarse a la interioridad emocional humana: desde el episodio en que el ni&ntilde;o protagonista se mea encima por miedo, a las competiciones de mear lejos o &ldquo;hacer bola&rdquo; con el m&uacute;sculo del brazo; desde las erecciones, las poluciones y los cambios fisiol&oacute;gicos de la adolescencia, a las decrepitudes de la vida adulta &ndash;o a las aprensiones que conservamos, aun a nuestro pesar, como sucede en el pasaje en que el autor del diario cuenta c&oacute;mo descubre que una se&ntilde;ora mayor rechaza el asiento que le ofrecen en el autob&uacute;s porque secretamente le da asco sentarse en un lugar todav&iacute;a caliente por otro. En cierto modo, aunque <em>Diario de un cuerpo</em> es una novela, no se encuentra lejos del ensayo, o del tipo de ensayo que Pennac ha venido escribiendo: un ensayo ligado al relato de la experiencia propia, donde no tiene obst&aacute;culo en citar pel&iacute;culas o libros que le vienen a la mente, y que trata del hombre en todas sus edades, y no s&oacute;lo la de la madurez intelectual.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta novela de Pennac, sin m&aacute;s hilo narrativo que los episodios por los que va pasando el protagonista a lo largo de los a&ntilde;os, resulta ciertamente entretenida. En sus mejores p&aacute;ginas se transita con rapidez de lo divertido a la descripci&oacute;n de detalles con capacidad de conmover. Se ha se&ntilde;alado que en los libros de este autor hay en general un tono jubiloso, una <em>joie de vivre</em>, una celebraci&oacute;n de lo humano, y eso es algo que no falta en este volumen. Hay en Pennac un sentido de la humanidad, de la piedad, que antes que a la gravedad le lleva al sentido del humor. En particular, en este libro no s&oacute;lo hay momentos que mueven a la risa, sino que, contra lo que suele ser com&uacute;n en esta clase de textos, cuenta chistes &ndash;tengo anotados media docena de ellos. Y es que, realmente, la narrativa de Pennac no est&aacute; muy lejos de la oralidad. Pennac ha venido haciendo en teatros franceses lecturas de obras literarias en voz alta, un g&eacute;nero en el que le gusta recrearse y que tambi&eacute;n ha reivindicado en su ensayo <em>Como una novela</em>. Pennac ha escrito a menudo sobre el modo en que accedemos a los libros, y ha defendido una actitud desenfadada, desacralizada, para hacerlo. Esta clase de textos le han acercado al mundo de la pedagog&iacute;a y a la reflexi&oacute;n sobre la lectura.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta &ldquo;heterodoxia&rdquo; de Pennac ha hecho que sus ensayos se muevan en un terreno tambi&eacute;n dif&iacute;cil de clasificar. Y es este el campo que a m&iacute; m&aacute;s me gusta de este autor, en particular tal y como lo lleva a cabo en <em>Mal de escuela</em>, quiz&aacute; el libro suyo que prefiero: ese mezclar autobiograf&iacute;a con reflexiones sobre el mundo que ve, o ese incluir referencias del cine o la literatura como quien, de pronto, aconseja una lectura, m&aacute;s que como quien busca un argumento de autoridad. Y, como digo, tampoco est&aacute;n muy lejos de esta miscel&aacute;nea los episodios narrados en el falso diario de la novela que comentamos aqu&iacute;, ni faltan referencias a otros libros, como ventanas que el autor abre en medio de su texto. Entre los autores espa&ntilde;oles cita en varios momentos a Garc&iacute;a M&aacute;rquez y a Montalb&aacute;n &ndash;lo que no es extra&ntilde;o en un autor de novela negra con toques de humor como &eacute;l&ndash;, adem&aacute;s de a Bu&ntilde;uel. De este cineasta se refiere, dentro del g&eacute;nero &ldquo;corporal&rdquo; del que trata el libro, al momento de sus memorias en que celebra en su vejez haberse liberado de la libido &ndash;si el Diablo le hubiera propuesto una segunda vida sexual, dec&iacute;a Bu&ntilde;uel, la habr&iacute;a rechazado, prefiriendo antes que fortaleciera su h&iacute;gado y sus pulmones para poder seguir bebiendo y fumando.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Resulta quiz&aacute; parad&oacute;jico que su ensayo <em>Como una novela</em>, que trata sobre el hecho de leer, haya tenido tanto eco en nuestro pa&iacute;s, que cuenta con un &iacute;ndice tan bajo de lectores &ndash;como si la lectura tuviese que ver con una extra&ntilde;a clase de militancia, en lugar de ser sencillamente un h&aacute;bito social, natural y enriquecedor. En todo caso, se puede decir que si aquel texto trataba sobre el leer, este <em>Diario de un cuerpo</em> trata, veladamente, sobre el escribir. Al fin y al cabo, no es m&aacute;s que la cr&oacute;nica de un cuerpo que escribe. Y se puede decir tambi&eacute;n que, si <em>Mal de escuela</em> era un libro contra la sociolog&iacute;a &ndash;en cuanto que esta ciencia nunca tiene la &uacute;ltima palabra para explicar a las personas; o en cuanto que buscando &ldquo;causas&rdquo; que explican los problemas de la sociedad, deja fuera lo que para Pennac es el centro: la luz que mueve a cada persona, la responsabilidad individual y nuestra capacidad de salvar a &ldquo;otro&rdquo;, como le salvaron a &eacute;l unos pocos buenos profesores&ndash;, este <em>Diario de un cuerpo</em> lo es contra la psicolog&iacute;a. Todo queda reducido a un conjunto de humores, huesos, temores e &iacute;ntimas certidumbres, sin que podamos realmente separar unas cosas de otras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Daniel Pennac, <em>Diario de un cuerpo,<strong> </strong></em>Barcelona,<strong> </strong>Mondadori, 2012<strong>.</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 03 Oct 2014 10:07:59 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Reconciliar al hombre con lo que es]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/reconciliar-al-hombre-con-lo-que-es/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/pabloquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Empecemos por decir que, a no ser porque este libro llega firmado por alguien como Pablo D&rsquo;Ors y publicado por una editorial como Siruela, uno no lo habr&iacute;a abierto siquiera. Y no porque no le interese la cuesti&oacute;n &ndash;bien al contrario&ndash;, sino porque en la actualidad hay demasiados libros en el mercado relacionados directa o indirectamente con la espiritualidad y la meditaci&oacute;n de autores que uno no dudar&iacute;a en calificar de &ldquo;charlatanes&rdquo;. O algo peor. Como es habitual, pues, uno escoge cuidadosamente lo que lee. Por si acaso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>As&iacute; que, s&iacute;, uno lee el libro. Y subraya. Y comienza a establecer relaciones de parentesco por doquier. Pero antes digamos que se trata de un libro en el que Pablo D&rsquo;Ors, escritor y sacerdote cat&oacute;lico, ha volcado su experiencia en torno a la meditaci&oacute;n. Es, o viene a ser, una suerte de diario de su experiencia en este asunto. La narraci&oacute;n, con este formato, parece ganar en agilidad. Por si fuera poco, el estilo, claro y conciso, sin florituras, ayuda a entender todos y cada uno de los pasos por los que el autor va transitando: avances, dudas, primeros frutos, conclusiones. Y m&aacute;s meditaci&oacute;n en soledad: de las primeras dificultades a imponerse como un ejercicio necesario, apenas un paso. O dos, pero que resulta tan enriquecedor, seg&uacute;n nos cuenta el autor, que uno ya no puede dejarlo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo que en este libro nos propone Pablo D&rsquo;Ors es, ni m&aacute;s ni menos, una toma de conciencia de la realidad individual a trav&eacute;s de la meditaci&oacute;n. &Eacute;sta toma, para ello, elementos de cierto misticismo como el vaciamiento interior. Nada nuevo, nada que no supi&eacute;ramos ya. Lo interesante, al menos a primera vista, es el mismo relato: en &eacute;l vemos a D&rsquo;Ors quejarse del dolor de espalda, de sus largos paseos por la monta&ntilde;a, de, en fin, sus peripecias ante lo que es su prop&oacute;sito esencial, anotado al principio del texto: &ldquo;Reconciliar al hombre con lo que es&rdquo;. Porque no de otra cosa se trata aqu&iacute;. M&aacute;s interesante, m&aacute;s emocionante a&uacute;n para el lector, resultan sus conclusiones: esas que van surgiendo tras el ejercicio de la meditaci&oacute;n. Un ejercicio que se prolonga con los a&ntilde;os y que, efectivamente, va dando sus frutos. Esas conclusiones, fruto del ejercicio al que aludimos y de la sabidur&iacute;a que arrastra consigo el autor, constituyen el meollo de este libro: en conjunto forman una especie de tratado para la recuperaci&oacute;n del alma, si se me permite la expresi&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hemos citado antes posibles parentescos. Los que va estableciendo el lector seg&uacute;n su experiencia, entre otros. A uno, por proximidad, le parece o&iacute;r ecos de textos cl&aacute;sicos de la Antig&uuml;edad: de las <em>Ep&iacute;stolas morales a Lucilio</em>, de S&eacute;neca; de las <em>Cuestiones tusculanas</em> de Cicer&oacute;n; de los estoicos y sus ac&oacute;litos, en fin; y del pensamiento cristiano, que no deja de entroncar con ellos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se trata, bajo el humilde punto de vista de uno, de un libro valioso para aquellos lectores que buscan un referente moral, unas normas de conducta para el propio bien (y con &eacute;l, el colectivo), la buena vida, de cada cual. Desde ese punto de vista, no extra&ntilde;ar&aacute; que esta <em>Biograf&iacute;a del silencio</em> est&eacute; teniendo una buena acogida en el mercado editorial. La situaci&oacute;n del pa&iacute;s en el que vivimos es de tal podredumbre (en casi todos los aspectos), que una reflexi&oacute;n profunda sobre el ser con todo lo que ello supone y en la que se toca buena parte de las grandes cuestiones (personales) que preocupan a aquellas personas con un m&iacute;nimo de sensibilidad, debe interesar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el libro abundan las conclusiones de car&aacute;cter moral, como ya hemos apuntado antes. Para ello, y en pocas palabras, D&rsquo;Ors trata de despojarse (y su experiencia se quiere universal) de todo aquello que no es su propio yo: as&iacute; pues, remite al despojamiento &ndash;incluido todo tipo de pensamiento que, a la postre, embote la mente&ndash;, a la lucha contra un yo ego&iacute;sta, infeliz a fuerza de proyectarse en el futuro, de hipotecar su presente, de vivir en sue&ntilde;os. Y de, por tanto, hacerlo con miedo. Con un miedo paralizador. Es s&oacute;lo un ejemplo de todo lo que este libro ofrece: una sabidur&iacute;a elemental, necesaria. Y una breve, m&iacute;nima introducci&oacute;n a lo que es el ejercicio de la meditaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El texto de Pablo D&rsquo;Ors se quiere una reivindicaci&oacute;n de la vida, de una vida sencilla que puede vivirse con conciencia desde la realidad cotidiana, desde la proximidad con aquellos que nos rodean (aquello que Juli&aacute;n Mar&iacute;as reivindicaba en una serie de art&iacute;culos) y con la naturaleza. Nada realmente que no est&eacute; al alcance de nuestra mano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pablo d'Ors, <em>Biograf&iacute;a del silencio</em>, Madrid, Siruela, 2013.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 01 Oct 2014 12:29:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Benjamín Jarnés]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/benjamin-jarnes/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/soledadpuertolasquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>Una vez m&aacute;s, Benjam&iacute;n Jarn&eacute;s vuelve a nosotros. Esta vez viene de la mano de <em>Turia</em>, la prestigiosa revista literaria aragonesa. Hay escritores cuyo destino parece ser el de ir y venir con paso ligero por los anales de la literatura. La fama y el olvido, que conocieron en vida, se prolongan despu&eacute;s de su muerte y la balanza, en casi todos los casos, suele inclinarse del lado del olvido, porque olvidar es probablemente lo m&aacute;s f&aacute;cil. Son escritores de dif&iacute;cil clasificaci&oacute;n. No encajan del todo en la trayectoria central de la historia de la literatura. Dan vueltas alrededor de un centro que construyen para ellos mismos. Pertenecen a otros sistemas planetarios, aunque est&aacute;n ah&iacute;, conviviendo con el gran sistema solar y en ocasiones se confunden con &eacute;l, pero es s&oacute;lo por un momento. Es, casi, un malentendido. En todo caso, una rareza. Pero, &iquest;qu&eacute; ser&iacute;a de la historia del arte sin las rarezas?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Las</em> <em>Meninas</em> es una rareza. El<em> Quijote</em> es una rareza. Sin embargo, son cumbres art&iacute;sticas. No se ajustan a las convenciones de la &eacute;poca. Irrumpen por sorpresa y, asombrosamente, se imponen. Llevan dentro de s&iacute; una fuerza que se dir&iacute;a no calculada, imprevista, inesperada. No se sabe lo que sucede en el cuadro que pinta Vel&aacute;zquez y no se sabe cu&aacute;l es el &uacute;ltimo mensaje de Cervantes. Pero un p&uacute;blico acostumbrado a los retratos reales, a los bodegones y a las estampas religiosas, un p&uacute;blico acostumbrado a que los h&eacute;roes de las novelas de caballer&iacute;as rescaten a la doncella y den muerte al malvado drag&oacute;n, se rinde ante <em>Las Meninas</em> y ante el <em>Quijote</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ese margen de incertidumbre que est&aacute; en la ra&iacute;z de la creaci&oacute;n resulta alentador para los artistas. La fe siempre nace de la incertidumbre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay creadores que simplemente se instalan en ese margen, que hacen de &eacute;l su territorio. Seguramente, no de forma voluntarista, sino casi instintiva. De una forma que est&aacute; inextricablemente unida a la personalidad del artista.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Benjam&iacute;n Jarn&eacute;s pertenece a esta estirpe de creadores. Es un escritor que vive fuera de la corriente del legado literario. Observa, examina ese legado con un agudo sentido cr&iacute;tico, busca pistas que le permitan transitar por otros espacios. Quiere ser moderno, adelantarse a los tiempos. Es una voluntad en la que no hay impostura alguna. Es su visi&oacute;n de la literatura lo que le empujar hacia la modernidad. Desde el lugar en el que se ha situado, eso es lo que ve: hay que escribir de otro modo y de otras cosas, hay que partir de nuevos presupuestos. Sus textos literarios est&aacute;n llenos de pensamiento, pero es un pensamiento que, en s&iacute;, es ya literatura. Es el pensamiento de alguien que est&aacute; convencido de que la creaci&oacute;n es la meta vital de los seres humanos. Del &ldquo;hombre&rdquo;, dir&iacute;a Jarn&eacute;s. Como dir&iacute;a, en casos semejantes, el mismo Ortega.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>M&aacute;s que con Ortega, Jarn&eacute;s est&aacute; emparentado espiritualmente con Unamuno. Pero Jarn&eacute;s es un literato puro, no aspira a ser fil&oacute;sofo ni profesor (aunque lo fue, imparti&oacute; clases de literatura espa&ntilde;ola en la Escuela Normal Superior de Maestras de M&eacute;xico, DF y dirigi&oacute; cursos para norteamericanos en la Universidad de M&eacute;xico, explicando la novela picaresca durante varios a&ntilde;os, como nos dice Juan Dom&iacute;nguez Lasierra, en la biocronolog&iacute;a jarseniana que se publica en este n&uacute;mero de la revista <em>Turia</em>).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La meta y la materia de los libros de Jarn&eacute;s es, siempre, literaria. Las pesonas que son objeto de sus biograf&iacute;as, el g&eacute;nero que m&aacute;s practic&oacute;, se convierten en sus manos en personajes literarios, impregnados, eso s&iacute;, de dudas filos&oacute;ficas y metaf&iacute;sicas, dudas unamunianas, incluso orteguianas. Pero su prop&oacute;sito es esencialmente literario. Es aqu&iacute;, en el terreno de la literatura, donde Jarn&eacute;s quiere dar la batalla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Creo que todos los art&iacute;culistas que han colaborado en el dossier Jarn&eacute;s que nos ofrece <em>Turia</em> destacan el vitalismo del escritor. Su apuesta por la vida. Jarn&eacute;s no se considera un vanguardista &uacute;nicamente interesado en romper con la forma tradicional de la novela, quiere alcanzar momentos reveladores, conocer los entresijos de las emociones, bucear en los laberintos de la personalidad. Y quedarse, finalmente, con el aliento de la vida, como si se tratara de un elixir m&aacute;gico, un Santo Grial.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si Jarn&eacute;s rechaza la prosa decimon&oacute;nica es porque le se le ha hecho pl&uacute;mbea. Domingo R&oacute;denas de Moya resume muy bien el concepto de prosa que gu&iacute;a a Jarn&eacute;s: &ldquo;la prosa, en manos del artista, es un instrumento de creaci&oacute;n en el que la idea y la imagen encuentran su perfecta conciliaci&oacute;n, pues mientras la idea sostiene s&oacute;lidamente la pasarela sint&aacute;ctica, la imagen permite pasar deliciosamente de un lado a otro de la frase&rdquo; (p. 173)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jarn&eacute;s -sigue diciendo R&oacute;denas de Moya- &nbsp;&ldquo;preconiz&oacute; para el arte joven una v&iacute;a de conciliaci&oacute;n entre idealismo, realismo e infrarrealismo que llam&oacute; integralismo, en el que la sublimaci&oacute;n rom&aacute;ntica (la enso&ntilde;aci&oacute;n), la cotidianidad realista (la vigilia) y las simas oscuras del subconsciente (los sue&ntilde;os) se equilibraban en una representaci&oacute;n idedigna de la compleja naturaleza humana&rdquo; (p. 173)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una meta muy ambiciosa, ciertamente. Pero est&aacute; muy bien descrita. Jarn&eacute;s, como te&oacute;rico, tiene la facultad de seducirnos, de convencernos. Su teor&iacute;a literaria es, en s&iacute; misma, literatura. As&iacute;, por lo dem&aacute;s, lo conceb&iacute;a el autor, que contaba con el pensamiento como parte constitutiva de la creaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En este contexto, es la bandera de la moderaci&oacute;n lo que hace singular a&nbsp; Jarn&eacute;s. Sus estudiosos lo se&ntilde;alan siempre: huye de los extremos y del autoritarismo, se refugia en la sensatez y en el di&aacute;logo. Desde este refugio, se acerca al ser humano corriente, a cualquier lector. Y se brinda a ser recatado del olvido una y otra vez. Sus aspiraciones, sus metas, se pueden compartir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A diferencia de otros te&oacute;ricos, Jarn&eacute;s hace hincapi&eacute; en la imaginaci&oacute;n, que prefiere llamar &ldquo;fantas&iacute;a&rdquo;. Juan Herrero Sen&eacute;s se&ntilde;ala en su texto la importancia de lo corporal en Jarn&eacute;s como sustento de las emociones. El cuerpo es &ldquo;el mediador indiscutible entre el sujeto y el mundo circundante&rdquo;, un excelente &ldquo;conductor&rdquo; para &ldquo;poner en contacto a los seres&rdquo;, los momentos y las escenas se desprenden de los recuerdos, el futuro y la eternidad y alcanzan lo &ldquo;ef&iacute;mero esencial&rdquo; (p. 184). Y aqu&iacute;, en lo ef&iacute;mero esencial, tambi&eacute;n cabe el pensamiento. Herrero Sen&eacute;s cita una frase de Jarn&eacute;s en <em>El convidado de papel</em>: &ldquo;Solo una discreta pausa a medio aprendizaje de sensibilidad -unos zapatos a tiempo- permite conservar en los dedos todos los hilos de la enmara&ntilde;ada sinfon&iacute;a de lo vivo&rdquo; (p. 185)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Su desconfianza hacia la naturaleza objetiva de la realidad tambi&eacute;n nos hace cercano a Jarn&eacute;s. Cada observador capta una realidad distinta, y no siempre la misma, puesto que cada observador lleva dentro de s&iacute; a muchos otros. Los estados de &aacute;nimo cambian, las miradas sobre la realidad tambi&eacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ciertamente, como se&ntilde;ala Herrero Sen&eacute;s, los personajes novelescos de Jarn&eacute;s son &ldquo;solitarios hasta los huesos, vueltos sobre s&iacute; mismos, separados de los otros por fronteras invisibles&rdquo;, sus relaciones dejan &ldquo;un poso de incomprensi&oacute;n e insatisfacci&oacute;n&rdquo; (p. 188) El protagonista jarnesiano &ldquo;sufre de un hast&iacute;o casi cong&eacute;nito y sus momentos aislados de felicidad no le curan esa cierta desgana, esa indiferencia, ese arrojar la toalla que es precisamente lo que Jarn&eacute;s va a cuestionarse hacia 1929&rdquo; (p. 189)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La vida y la obra de Jarn&eacute;s giran alrededor de las fechas. 1929 es un a&ntilde;o clave, el a&ntilde;o del &eacute;xito, un a&ntilde;o de intensa actividad y numerosas publicaciones. Diez a&ntilde;os m&aacute;s tarde, en 1939, encontramos a Jarn&eacute;s en el campo de concentraci&oacute;n de Limoges. Otros diez a&ntilde;os m&aacute;s tarde, en 1949, muere, de regreso en Madrid, despu&eacute;s de haber vivido largo tiempo en M&eacute;xico. Su vida est&aacute;, como la de otros escritores de su tiempo, marcada por</p>
<p>el exilio. Jarn&eacute;s, hombre moderado, no encuentra su sitio. Moderado, pero inclasificable. No es hombre de grupos. Est&aacute; interesado en la exploraci&oacute;n literaria, y eso se lleva a cabo en soledad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No fue totalmente incomprendido ni totalmente marginado. Particip&oacute; en muchas tertulias literarias, colabor&oacute; en muchas revistas, la <em>Revista de Occidente</em>, entre otras. En 1943, se le rindi&oacute; un homenaje en el Palacio de Bellas Artes de M&eacute;xico con motivo del 25 aniversario de su obra literaria (p. 285) y de regreso a Madrid, en 1948, cont&oacute; con el inter&eacute;s del editor Jos&eacute; Jan&eacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El panorama literario de esos a&ntilde;os, que conocieron tantos cambios y convulsiones, y que finalmente se encauzaron hacia una estabilidad gris, marcada por la censura y una obligatoria uniformidad, no ser&iacute;a completo sin figuras como Benjam&iacute;n Jarn&eacute;s. Nos har&iacute;amos una idea err&oacute;nea de ese tiempo si no consideramos lo que signific&oacute; la obra de unos escritores que se apartaron de la corriente literaria heredada y se plantearon nuevas metas, se dejaron guiar por otras luces.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En este tipo de escritores se refleja, de una forma m&aacute;s evidente que en otros, la crisis de los valores, la transici&oacute;n hacia nuevas &eacute;pocas, un futuro que se desconoce.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El universo de Benjam&iacute;n Jarn&eacute;s, la trayectoria que recorri&oacute;, las sucesivas miradas que arroj&oacute; sobre la compleja relaci&oacute;n del ser humano consigo mismo y con los otros, son fruto, sin duda, de un tiempo convulso, desorientado, que, insatisfecho con su pasado, se mueve a tientas en un presente neblinoso y se esfuerza por encontrar peque&ntilde;as se&ntilde;ales indicadores, peque&ntilde;os destellos de luz que le permitan avanzar. Y es fruto, tambi&eacute;n, de sus inquietudes art&iacute;sticas y vitales. Si en Jarn&eacute;s no se puede separar el pensamiento de la acci&oacute;n, tampoco puede existir, claro est&aacute;, la separaci&oacute;n entre arte y vida. Ese arte total al que en definitiva aspiraba lo define como escritor y como ser humano. Y, como apuntan algunos de los textos que <em>Turia</em> ha recogido en este n&uacute;mero que hoy presenttamos sobre el escritor, quiz&aacute; encontremos en su obra algunos indicios que lo llevaron a defender, a la vez, el experimento y la moderaci&oacute;n, la divagaci&oacute;n y la sensibilidad, la belleza y la vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 29 Sep 2014 08:57:05 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Adolfo Bioy Casares: la invención de lo fantástico cotidiano]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/adolfo-bioy-casares-la-invencion-de-lo-fatastico-cotidiano/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Octubre/adolfobioyquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>Cuando este escritor argentino lleg&oacute; a Madrid para participar en varios actos donde se analizaba su obra literaria, no se pod&iacute;a imaginar que iba a regresar a su Buenos Aires natal con el m&aacute;ximo galard&oacute;n que se concede en lengua castellana, el premio Cervantes. Justo reconocimiento a quien dio forma narrativa a tantas historias extraordinarias, en las que el mundo cotidiano se transforma para participar de la materia de los sue&ntilde;os.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El autor de <em>La invenci&oacute;n de Morel</em> y <em>El lado de la sombra</em>, al que siempre se le suele relacionar con su gran amigo y colaborador Jorge Luis Borges, se nos muestra a sus setenta y seis a&ntilde;os como un amante de las cosas m&aacute;s sencillas, nos sorprende al reconocer que sus mayores goces son un ba&ntilde;o de agua fresca y el olor a pan tostado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Sus cuentos, que parecen comenzar de una forma inofensiva, encierran con frecuencia algo amenazador, algo terrible. La sensaci&oacute;n de querer conducirnos por un laberinto, para mostrarnos el otro lado de la realidad, la otra cara del espejo&hellip; &iquest;Qu&eacute; piensa usted de los espejos?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Los espejos siempre me han gustado y atraido. A los siete a&ntilde;os me fascinaba el espejo del cuarto de vestir de mi madre. Era un espejo de tres cuerpos en el que las im&aacute;genes se repet&iacute;an n&iacute;tidamente. Representaba para m&iacute; la atracci&oacute;n de lo sobrenatural. Quer&iacute;a introducirme en su interior, me daba una especie de v&eacute;rtigo, un v&eacute;rtigo agradable.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Octavio Paz dec&iacute;a que &ldquo;el espejo que soy me deshabita&rdquo;. Es el espejo como algo terrible. Usted parece verlo como algo positivo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- El espejo me gusta. A m&iacute; me gustan las cosas naturales, el agua, el pan. Pero adem&aacute;s de su funci&oacute;n, me gusta la parte biselada del espejo, esa parte donde no refleja nada, que tiene un color verde oscuro, me parece preciosa. Y la imagen en el espejo, bien n&iacute;tida, reproducida tal cual es. Fue eso lo que me incit&oacute; a crear <em>La invenci&oacute;n de Morel</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;El juego de los espejos?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- S&iacute;. Borges me hace decir en &ldquo;Tl&ouml;n, Uqbar, Orbis Tertius&rdquo;, absurdamente, que a m&iacute; el espejo me parece atroz. Cuando le&iacute; eso lo agradec&iacute; infinitamente, siempre lo agradecer&eacute;. Estar en un cuento como ese es la inmortalidad. Pero de todos modos me hace gracia que est&eacute; diciendo que me parece atroz lo que desde mi infancia m&aacute;s me gust&oacute;. A lo mejor yo, que me creo imaginativo porque invento historias fant&aacute;sticas, no soy tan imaginativo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Soy un individuo bastante simple&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Usted lo ve todo como muy natural, desde las mismas cosas&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Yo creo que s&iacute; porque soy un individuo bastante simple. Me gusta la vida por motivos simples no por motivos complej&iacute;simos. Es verdad que tambi&eacute;n me gusta la literatura que no es tan sencilla, pero me gusta la literatura en su complejidad y tambi&eacute;n la que es sencilla. Con Borges ten&iacute;a una especie de pol&eacute;mica. Yo le se&ntilde;alaba la sencillez de Lope, un poco en contra de la complicaci&oacute;n de Quevedo y&hellip; Creo que en definitiva Borges admiti&oacute;, aunque al principio con reticencias, que la simplicidad es una meta digna y que ser sencillo muchas veces es lo m&aacute;s dif&iacute;cil. F&iacute;jese en Berceo, en Fray Luis, en Jorge Manrique que me gust&oacute; desde la primera infancia hasta ahora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Da la impresi&oacute;n de conocer bien a los cl&aacute;sicos, de apreciar mucho la literatura espa&ntilde;ola.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Yo empec&eacute; con la literatura espa&ntilde;ola, le debo una de las condiciones de mi felicidad, que es escribir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;La vida humana es muy corta, pero suficientemente larga como para que uno olvide ciertas cosas&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Eso no lo sol&iacute;a reconocer Borges, que era bastante esc&eacute;ptico con nuestra literatura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Pero hablando con &eacute;l cambiaban muchas cosas. Hicimos juntos una antolog&iacute;a de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola que no llegamos a terminar. La vida humana es muy corta, pero suficientemente larga como para que uno olvide ciertas cosas. Por ejemplo, hace poco estaba viendo unas carpetas que hab&iacute;amos preparado para hacer una edici&oacute;n de los Argensola, y veo que hay notas de la edici&oacute;n Rivadeneyra corregidas por m&iacute;, que eran distintas a las que iban a figurar en la antolog&iacute;a. Pero no s&eacute; como proced&iacute;, no me acuerdo. Ni siquiera s&eacute; donde saco en una nota que &ldquo;le cruj&iacute;an los dientes&rdquo; y en otra corrijo &ldquo;le cruj&iacute;an los huesos&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Es una pena que no aparezcan esos textos. Deber&iacute;an editarse.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Si vale la pena, despu&eacute;s de muerto aparecer&aacute;n. Adem&aacute;s de la antolog&iacute;a de poes&iacute;a espa&ntilde;ola, hice otra antolog&iacute;a de poes&iacute;a hispanoamericana con Borges. Las dos quedaron inconclusas. La espa&ntilde;ola se hab&iacute;a perdido en el inmenso desorden de mi casa y ese extrav&iacute;o me hac&iacute;a pensar que quedaba por mentiroso ante las personas a las que se lo hab&iacute;a comentado, aunque encargu&eacute; infinidad de veces que la buscaran. Por casualidad la encontr&oacute; una mujer que ven&iacute;a del campo, sin aptitudes ni para leer el t&iacute;tulo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Amo la literatura espa&ntilde;ola&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Hasta qu&eacute; &eacute;poca llegaba esta antolog&iacute;a? Porque supongo que no llegaron hasta nuestros d&iacute;as.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Creo que terminaba en Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez. Cuando la encontr&eacute; pens&eacute; que deb&iacute;a releerla un poco antes de venir aqu&iacute;. Me parec&iacute;a como un acto de amor hacia Espa&ntilde;a. Una vez coment&eacute; esto a una periodista y luego cont&oacute; que lo hab&iacute;a dicho para quedar bien. Soy la persona m&aacute;s convencida del mundo de que si se est&aacute; hablando con un interlocutor y &eacute;ste posee algo bueno, se le debe decir; porque la vida ya es bastante dura. En todos los tiempos hay cosas desagradables. Si yo amo la literatura espa&ntilde;ola y adem&aacute;s le tengo gratitud, &iquest;por qu&eacute; se lo voy a ocultar a ustedes? Es a ustedes a quien se lo tengo que decir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Pero tambi&eacute;n nos tiene que decir lo malo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Lo malo es que no hay bastantes libros de memorias. Me gustar&iacute;a que hubiese m&aacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Conoce las de Rosa Chacel? A mi parecen muy buenas, adem&aacute;s habla bastante de Argentina.</p>
<p>- La conozco a ella, pero no sus memorias. Me alegro de que me lo diga. Yo he fracasado en mis memorias. Pensaba que escribir memorias no era m&aacute;s que escribir otro relato y consegu&iacute; hacer un relato tedioso, as&iacute; que muy alarmado decid&iacute; que ten&iacute;a que empezar de nuevo. Por eso quiero ver cu&aacute;les son las biograf&iacute;as de mis colegas, c&oacute;mo manejan ese g&eacute;nero tan dif&iacute;cil.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- A m&iacute; me gustan las de Chacel porque no est&aacute;n escritas ahora, en el momento de su vejez, sino que son p&aacute;ginas que ha ido reuniendo a trav&eacute;s del tiempo, a partir de sus anotaciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Desgraciadamente yo no puedo hacer eso. Podr&iacute;a mostrar los diarios que escrib&iacute; desde el a&ntilde;o 1946 a 1959, que son extens&iacute;simos, pero eso no me sirve porque creo que me dar&iacute;a m&aacute;s trabajo que ponerme a escribir mis memorias. Adem&aacute;s al pasar de una cosa a otra tendr&iacute;a que estar adaptando todo el tiempo. En cambio lo que haga ahora, bien o mal, ser&aacute; una creaci&oacute;n homog&eacute;nea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Chacel hace una obra muy abierta, muy moderna, que no es suficientemente conocida en este pa&iacute;s, donde hay gente que con poco m&aacute;s de treinta a&ntilde;os ya est&aacute; escribiendo memorias. Algunas hasta se venden bien. Claro que tambi&eacute;n las hay serias como las de Francisco Ayala.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Yo conoc&iacute; mucho a Ayala, pero me gustan m&aacute;s sus mejores cuentos que sus memorias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Su amistad durante tantos a&ntilde;os con Borges ha sido muy fecunda para la literatura, juntos dirigieron una antolog&iacute;a de literatura fant&aacute;stica, una colecci&oacute;n de novelas polic&iacute;acas y tambi&eacute;n escribieron algunos relatos memorables. &iquest;Qu&eacute; problemas se les planteaban con estas colaboraciones?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Est&aacute;bamos completamente c&oacute;modos, escrib&iacute;amos conversando y ri&eacute;ndonos. Coment&aacute;bamos los temas y mientras charl&aacute;bamos, redact&aacute;bamos los cuentos, que siempre sal&iacute;an distintos de nuestras previsiones. Algunos cuentos no sab&iacute;amos muy bien qui&eacute;n los hab&iacute;a redactado, yo pensaba que el tema lo hab&iacute;a propuesto Borges y&nbsp; &eacute;l dec&iacute;a que hab&iacute;a sido yo. Eso demuestra nuestra falta de amor propio y que los recuerdos son inseguros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Yo siempre he amado la vida, Borges no tanto&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Pero habr&iacute;a cosas en las que no estar&iacute;an de acuerdo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- A m&iacute; me gusta m&aacute;s la literatura amorosa, a &eacute;l no. Le interesaba m&aacute;s la &eacute;pica que la l&iacute;rica, al contrario que a m&iacute;. Yo siempre he amado la vida, Borges no tanto. Ten&iacute;a un fondo de amargura. Dec&iacute;a que ojal&aacute; le llegara la muerte pronto. Pero no era triste si pod&iacute;a estar funcionando su inteligencia. Ambos disfrut&aacute;bamos inventando versos absurdos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Su esposa, la escritora Silvina Ocampo, fue una de las personas que contribuyeron a la animaci&oacute;n cultural de Buenos Aires. &iquest;El matrimonio entre escritores supone alg&uacute;n problema a la hora de escribir?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- No. Nosotros nos cont&aacute;bamos las historias que &iacute;bamos a escribir. En casa siempre se hablaba de libros. Era un ambiente muy agradable. Ahora mi mujer est&aacute; muy enferma.</p>
<p>- Usted es un gran amante de la poes&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- No entiendo a la gente que dice que est&aacute; cansad y no puede leer poes&iacute;a. Yo, cansado o no cansado, no puedo pasar m&aacute;s de un d&iacute;a o dos sin leer poes&iacute;a. Adem&aacute;s he escrito poes&iacute;a y cuando lo he hecho es cuando he sentido que escrib&iacute;a m&aacute;s intensamente. Me parece que realmente escribir es escribir poes&iacute;a. Como he tomado la actitud de quien cree que va a ser inmortal, he inventado cuentos en 1934 y 1937 que luego he escrito en 1988 y 1989, con una gran confianza en que iba a seguir viviendo. Tambi&eacute;n he pensado siempre que iba a escribir alg&uacute;n libro de poes&iacute;a alg&uacute;n d&iacute;a. Aparte de eso, hago algo que es lo menos po&eacute;tico del mundo, que son esas rimas, generalmente sat&iacute;ricas, que escribo por las ma&ntilde;anas. Por ejemplo: &ldquo;Hinchado como un sapo y como un buey / tengo cara de Ernesto Hemingway&rdquo;. Es que cuando era joven ten&iacute;a cara de marinero norteamericano, una cara de bruto, luego la cara se me hinch&oacute; por el estallido de una gl&aacute;ndula salivar e hice esa rima.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- As&iacute; que alg&uacute;n d&iacute;a tendremos un libro suyo de poemas.</p>
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<p>- Claro. Cuando usted sea muy viejo y yo sea inmortal.</p>
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<p>- Usted es ya inmortal.</p>
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<p>- Esa inmortalidad es falsa. No, yo quiero la de la conciencia.</p>
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<p>- Alguien dijo que la amistad es una promesa de inmortalidad.</p>
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<p>- Eso es, una promesa&hellip;</p>
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<p><strong>&ldquo;Las vanguardias art&iacute;sticas son una de las grandes calamidades de este siglo&rdquo;</strong></p>
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<p>- &iquest;Qu&eacute; opini&oacute;n le merecen las vanguardias art&iacute;sticas?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Creo que son una de las grandes calamidades de este siglo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Le parecen una calamidad gentes como Ram&oacute;n G&oacute;mez de la Serna, Oliverio Girondo o Vicente Huidobro?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Admiro a Ram&oacute;n, aunque en momentos breves. La m&aacute;quina de las greguer&iacute;as lo devor&oacute; un poco. Girondo y Huidobro no han escrito para m&iacute;, no ten&iacute;an por qu&eacute; haber escrito para m&iacute;. Me parece que es el fruto de la malcrianza, de creer que cualquier ocurrencia rara vale la pena. Los vanguardistas han estado buscando la originalidad desesperadamente, cuando la originalidad no se busca, se encuentra. La vanguardia es m&aacute;s encantadora en boca de los cr&iacute;ticos que en la de los autores. Hay cosas que son muy interesantes de sus vidas pero no de sus obras. La biblioteca de libros ilegibles que han dejado es considerable. Los cuadros feos que han hecho son tan abundantes que ser&iacute;an la pesadilla de mi despertar si los tuviera en mi dormitorio. E incluyo ah&iacute; a Picasso con toda su obra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- En eso no estamos de acuerdo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Lo s&eacute;. Lo s&eacute;. En estas cosas somos enf&aacute;ticos porque las sentimos mucho. Yo creo que han sido una calamidad, que han hecho un par&eacute;ntesis en la literatura del que todav&iacute;a nos estamos reponiendo, y que subsiste hoy en d&iacute;a por el prestigio que contamina o puede contaminar a los j&oacute;venes. Hablo como una especie de educador viejo, lo que nunca he querido ser.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Usted conoci&oacute; a Breton.</p>
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<p>- Fui a visitar a Breton y me encontr&eacute; con un subteniente del ej&eacute;rcito voluntario y con una chica indochina que se la hubiera robado con gusto.</p>
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<p>- Y en el caso de Octavio Paz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Cuando dej&oacute; de ser como ellos, empez&oacute; a escribir bien. Un d&iacute;a me dijo, que en definitiva s&oacute;lo pod&iacute;amos hablar con los surrealistas. &iexcl;Pero Octavio, si precisamente es con quien no podemos hablar!, le respond&iacute;.</p>
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<p><strong>&ldquo;De Bu&ntilde;uel me quedo con <em>Ese oscuro objeto del deseo</em>&rdquo;</strong></p>
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<p>- Quiz&aacute; el surrealismo acapare muchas otras cosas. No s&oacute;lo est&aacute;n ellos.</p>
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<p>- Yo borrar&iacute;a todo el cap&iacute;tulo del surrealismo si no existiera Bu&ntilde;uel. El Bu&ntilde;uel de los &uacute;ltimos filmes, no el de <em>Un perro andaluz</em>.</p>
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<p>- &iquest;Y su periodo mexicano?</p>
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<p>- El mexicano tampoco. De Bu&ntilde;uel me quedo con <em>Ese oscuro objeto del deseo</em>, que hizo a partir de una novela tonta: <em>La mujer y el pelele</em>. Y con <em>El discreto encanto de la burgues&iacute;a</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Parece que va buscando la perfecci&oacute;n, pero eso lo da la edad. Me habla del Bu&ntilde;uel mayor, pero Borges a los diecinueve a&ntilde;os no era as&iacute;.</p>
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<p>- No es la edad, es el aprendizaje que supone la vida. La edad es tambi&eacute;n la decadencia, son los achaques, las debilidades, y todas esas cosas. Lo que s&iacute; puedo decirle es que una persona que practica un arte a lo largo de su vida, lo aprende y, si es inteligente, sabe aprovechar sus propias experiencias, sus propios errores. Cuando veo la equivocaci&oacute;n de un muchacho digo: &iexcl;Qu&eacute; suerte!. Porque yo ya la comet&iacute;. No son los consejos los que ense&ntilde;an sino las propias experiencias. Yo soy responsable de todos los errores que cometo con frecuencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Pero, &iquest;y la vibraci&oacute;n po&eacute;tica?. Creo que las vanguardias fueron un periodo inaugural, que hay ciclos que se repiten. Si usted hubiera nacido en 1899 en vez de en 1914, quiz&aacute; no hubiera conocido a Borges, quiz&aacute; su obra fuera distinta.</p>
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<p>- Estoy seguro de que hubiera sido distinta. Puede que se pareciera a la de Huidobro, pero entonces ser&iacute;a muy mala. El error y el acierto se presentan igualmente de atractivos. Tal vez un poco m&aacute;s el error, porque consigue ser atractivo con menos derecho. As&iacute; que uno tiene que ir eligiendo y siempre est&aacute; abierto a equivocarse.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- A usted parece gustarle tanto Baroja como Proust que son escritores muy distintos.</p>
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<p>- Me gustan escritores diversos. Stendhal y E&ccedil;a de Queiroz, Montaigne y Byron, Conrad y Borges. Leo mucho a los cl&aacute;sicos. El <em>Horacio en Espa&ntilde;a </em>de Men&eacute;ndez Pelayo me parece maravilloso. He vuelto a descubrir a Chejov y me da verg&uuml;enza pensar que pas&eacute; la vida creyendo que no me gustaba. No siempre vuelvo a los escritores mejores. Stevenson me gusta ahora menos de lo que me gust&oacute;, pero sus comienzos son tan extraordinarios que no me importa mucho como terminan sus obras.</p>
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<p>- Pero habla poco de escritores actuales. &iquest;Es que no lo suele leer?</p>
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<p>- Estoy leyendo m&aacute;s bien a escritores de otra &eacute;poca. Cuando se tienen mis a&ntilde;os uno encuentra placer en leer las cosas que sabe que son buenas. No estoy en edad de descubrimientos, adem&aacute;s no soy un historiador de la literatura, hablo de escritores porque es lo que conozco.</p>
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<p><strong>&ldquo;Uno debe escribir pensando en la miseria de la cr&iacute;tica literaria&rdquo;</strong></p>
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<p>- No parece apreciar mucho la labor de la cr&iacute;tica, de ciertos cr&iacute;ticos...</p>
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<p>- Uno no debe nunca escribir pensando en los cr&iacute;ticos, debe escribir pensando en la miseria de la cr&iacute;tica literaria. No s&eacute; si siempre saben lo que est&aacute;n haciendo. A veces leen libros m&iacute;os que yo no escrib&iacute;. Lo importante es no pensar en los cr&iacute;ticos sino en los lectores. La persona que est&aacute; fuera tiene la mirada fresca, ve cosas que uno no ve.</p>
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<p>- En sus comienzos la cr&iacute;tica le trat&oacute; bastante mal.</p>
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<p>- Cuando sali&oacute; mi libro <em>Caos</em> me recomendaron que me dedicara a sembrar patatas. Entonces s&iacute; estaba de acuerdo con ellos. Fue el encuentro con Borges en 1937 el que me indujo a abandonar las aventuras de vanguardia y a cambiar de estilo. Yo todav&iacute;a no me atrev&iacute;a a inventar nada. El se esforz&oacute; en que los cr&iacute;ticos me aceptaran como escritor. Considero que mi obra comienza a partir de 1940 con <em>La invenci&oacute;n de Morel</em>. S&oacute;lo en 1948, cuando escrib&iacute;a <em>La trama celeste</em>, not&eacute; que se me soltaba la mano y encontraba mi estilo.</p>
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<p>- La narrativa hisp&aacute;nica suele emplear la violencia, incluso la violentaci&oacute;n de la propia obra, como forma de expresi&oacute;n.</p>
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<p>- Comprendo bastante bien eso. Creo que soy de esos b&aacute;rbaros autores que necesitan de un enano y un gigante para estimular al lector. Me gustar&iacute;a ser un escritor de cosas sencillas pero necesito esos est&iacute;mulos de violencia o de rarezas, si no me aburro cuando escribo y aparece el gigante inevitablemente. Pero me inspira m&aacute;s la gente sencilla que la gente complicada.</p>
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<p>- Posiblemente de ah&iacute; viene su insistencia en lo fant&aacute;stico.</p>
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<p>- Quiz&aacute;, porque siempre deseo que en la vida pasen cosas extraordinarias. Somos demasiado parecidos a nosotros mismos. Se me ocurren las historias y las hago as&iacute;. Me divierte escribirlas. Es cierto que en m&iacute; lo fant&aacute;stico es constante, ya en 1953 quise hacer un libro con historias de amor y puse en &eacute;l historias fant&aacute;sticas. Pero tambi&eacute;n he escrito cuentos sin esos elementos.</p>
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<p>- &iquest;Utiliza a veces la contradicci&oacute;n como rasgo de estilo, como algo inherente a la propia obra?</p>
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<p>- Puede ser, pero no intento hacer blanco y negro.</p>
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<p><strong>&ldquo;Los intelectuales espa&ntilde;oles en el exilio enriquecieron la vida literaria de Buenos Aires&rdquo;</strong></p>
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<p>- A veces el papel de los intelectuales espa&ntilde;oles en el exilio nos llega un tanto deformado. Usted trat&oacute; a Francisco Ayala y Rosa Chacel, entre otros.</p>
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<p>- Indudablemente enriquecieron la vida literaria de Buenos Aires. Unos asesorando a editoriales, como Guillermo de Torre y Amado Alonso; otros con su simple presencia, como Ayala. Fue un momento muy hermoso. Dos importantes editoriales, Sudamericana y Losada, nacieron de aquel exilio.</p>
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<p>- Pero, &iquest;actuaban en c&iacute;rculos cerrados o eran independientes? &iquest;Se integraban bien en la sociedad argentina?</p>
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<p>- Con nosotros eran muy abiertos. El que se qued&oacute; solo siendo una persona muy querida por todo el mundo -por lo menos por Borges, por Silvina y por m&iacute;- fue G&oacute;mez de la Serna. No s&eacute; qu&eacute; pas&oacute;, quiz&aacute; su matrimonio, sus celos; fue algo triste. Lleg&oacute; como una aut&eacute;ntica notabilidad, un hombre muy brillante, y luego se le olvid&oacute;. Como si Buenos Aires lo hubiese devorado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- All&iacute; escribi&oacute; <em>Automoribundia</em>, que son unas memorias espl&eacute;ndidas.</p>
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<p>- S&iacute;, tienen cosas espl&eacute;ndidas. Ram&oacute;n pod&iacute;a ser muy humano, hacerle sentir a uno las cosas y, de pronto, dejarse llevar por un mecanismo de disparates, como una ametralladora.</p>
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<p>- Ram&oacute;n daba una importancia capital a las cosas, las eleva a otro nivel.</p>
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<p>- Es cierto, y muy po&eacute;ticamente.</p>
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<p>- En ese encanto de las cosas conecta un poco con usted, aunque de otra forma, claro.</p>
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<p>- Ram&oacute;n las agrupaba como en un museo. Yo m&aacute;s bien hablo de pocas cosas, esa es la diferencia. Pero le comprendo muy bien y me siento muy unido a &eacute;l. Sent&iacute;a una nostalgia tremenda de Madrid.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Usted particip&oacute; en una de las empresas culturales m&aacute;s interesantes de su pa&iacute;s, la revista <em>Sur</em>, que algunos consideran casi como una continuaci&oacute;n de la <em>Revista de Occidente</em>.</p>
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<p><strong>&ldquo;Cuando ahora releo la revista <em>Sur</em> me parece espl&eacute;ndida&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Puede ser. Victoria Ocampo era muy amiga de Ortega. Yo particip&eacute; m&iacute;nimamente, era consejero del grupo. Ten&iacute;a la impresi&oacute;n de que la revista no era tan importante. Ahora cuando la releo me parece espl&eacute;ndida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; opini&oacute;n le merece la &ldquo;novela negra&rdquo;, la obra de Dashiell Hammett, por ejemplo?</p>
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<p>- M&aacute;s que el ambiente de esos personajes ricos que son tan abundantes, me gusta el ambiente del detective, los bares y cosas as&iacute;. Son historias que uno no puede recordar, no puede cont&aacute;rselas a los dem&aacute;s, nunca se sabe lo que est&aacute; sucediendo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Pero est&aacute; la fuerza del lenguaje, las frases cortas tan precisas, casi como un pu&ntilde;etazo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Esa frase corta es la que yo utilizaba en <em>La invenci&oacute;n de Morel</em> para no equivocarme, para tener pocos errores. Despu&eacute;s me retaron con las frases cortas y empec&eacute; a darlas como pan rallado. Ahora me gusta que la frase sea un poco m&aacute;s larga. Su uso ha sido catastr&oacute;fico en los escritores americanos. Hay tantos que dicen: &ldquo;llegu&eacute; al hotel, tom&eacute; el ascensor, fui a mi cuarto, me sent&eacute;, despu&eacute;s me di un ba&ntilde;o...&rdquo;. Todo eso no quiere decir nada.</p>
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<p>- Pero en Hammett su utilidad es asombrosa.</p>
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<p>- Como semental ha tenido unos potrillos espantosos.</p>
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<p>- Usted escribi&oacute; cuentos policiales con Borges. Lo policial parece un intento de reordenar el mundo, un desplazamiento producido por el miedo a que se destruya el orden establecido. Supondr&iacute;a una tendencia a restablecer ese orden. Tambi&eacute;n es una forma combinatoria, una especie de juego.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Lo policial en nuestra obra no tiene mucho valor policial. Nos sal&iacute;an historias de otro tipo, muy barrocas. Nos perd&iacute;amos diez o doce veces en el argumento y eso se nota. A veces tengo cierto remordimiento.</p>
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<p><strong>&ldquo;Quisiera que el fin del mundo me pillara en una sala cinematogr&aacute;fica&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Usted es un gran amante del cine, incluso del de serie B.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Me gusta tanto el cine que quisiera que el fin del mundo me pillara en una sala cinematogr&aacute;fica.</p>
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<p>- Muchas obras suyas han sido llevadas al cine. Robbe Grillet confiesa haberse inspirado en <em>La invenci&oacute;n de Morel</em> para su gui&oacute;n de <em>El a&ntilde;o pasado en Marienbad</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Se han hecho veintid&oacute;s pel&iacute;culas basadas en narraciones m&iacute;as, alguna ha sido plagiada. No estoy satisfecho de ellas. Me gustar&iacute;a que con un argumento m&iacute;o se hiciera una buena pel&iacute;cula de serie B; que la gente disfrute con ella, que se divierta. Hay obras m&iacute;as que nacieron para el cine. La literatura fant&aacute;stica es muy dif&iacute;cil de llevar a la pantalla. El ojo ve mucho m&aacute;s, cree en lo que ve, no se deja enga&ntilde;ar cuando le muestran una cosa falsa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Usted ha escrito guiones para el cine.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Escrib&iacute; guiones cuando no sab&iacute;a escribirlos, salieron como deb&iacute;an salir, p&eacute;simamente. El suspense en el cine es distinto al de las novelas. Tiene que ser simple, que la gente encuentre algo que desear o que temer; as&iacute; el p&uacute;blico estar&aacute; interesado. Si se le dan toda una serie de actos inexplicables, el espectador se irrita y cuando llega a la explicaci&oacute;n ya no tiene inter&eacute;s por ella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Entonces, considera el gui&oacute;n como obra literaria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Claro, y como todo g&eacute;nero tiene sus exigencias. Como libro de lectura puede salir bien, pero para el cine hay que hacerlo con un comienzo, un nudo y un desenlace. Como dijo Byron, de un lado est&aacute;n las unidades y del otro la barbarie.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Se han publicado guiones de Fellini, Bergman o Godard, que son dif&iacute;ciles de leer si no se ha visto la pel&iacute;cula.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Y son dif&iacute;ciles de ver esas pel&iacute;culas. Tengo una larga experiencia en Godard porque he ido al cine casi todos los d&iacute;as durante mucho tiempo y he visto de todo. Pero Godard est&aacute; combinando en el vac&iacute;o.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Porque es un experimentador. Est&aacute; buscando un nuevo lenguaje.</p>
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<p>- Lo del nuevo lenguaje dej&eacute;moslo cuanto antes, eso son lugares comunes vac&iacute;os.</p>
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<p>- Es que con Godard sucede de nuevo lo de las vanguardias de los veinte. Por eso hablaba de ciclos, en los a&ntilde;os sesenta se vuelven a repetir aquellas inquietudes de los a&ntilde;os veinte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- No. Yo no veo las cosas como una historia. La historia no tiene importancia. Hay obras logradas y no logradas. Si quiere ponga los guiones de Godard en la biblioteca inmensa de obras logradas, todo es discutible. Cuando vino Robbe Grillet a Buenos Aires dijo que quer&iacute;a verme, as&iacute; que me escond&iacute;. Con una est&eacute;tica tan distinta, c&oacute;mo &iacute;bamos a hablar. Para discutir hay que tener alguna afinidad, sino no se puede discutir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bioy Casares defiende sus opiniones con calor porque cree que el mayor compromiso del escritor es la veracidad. Sus profundas convicciones no se llevan bien con ning&uacute;n tipo de poder, pero su desenga&ntilde;o de la pol&iacute;tica lo empuja a un amor profundo por la vida, en la que dice estar en continuo aprendizaje. Trastocador de los hechos m&aacute;s sencillos, a los que convierte en historias fant&aacute;sticas que se confunden en nuestra memoria con los sue&ntilde;os, todav&iacute;a confiesa que se olvida de la superstici&oacute;n y los temores cuando piensa en las mujeres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquel ni&ntilde;o que quiso atravesar el espejo, como Alicia, para ver el otro lado del mundo, se mantiene absorto en la contemplaci&oacute;n del brillo del sol a trav&eacute;s de las rendijas de la realidad.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 26 Sep 2014 10:38:10 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Leer sobre el leer]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/leer-sobre-el-leer/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Septiembre/angelgavilondo500.jpg" alt="" /></p>
<p>Pido disculpas por comenzar con una peque&ntilde;a confesi&oacute;n personal: nunca me han atra&iacute;do los libros que tratan sobre el acto de leer, las lecturas sobre lecturas. Sin citar a sus autores para no herir susceptibilidades, muchos me parecieron pl&uacute;mbeos, otros fr&iacute;volos, otros falsamente profundos, y casi todos los que recuerdo eran antes que nada una mezcla de mitolog&iacute;a de la lectura, erudici&oacute;n y anecdotario. No es el caso: siendo un libro de metalectura, que provoca el &lt;&lt;leer del leer&gt;&gt;, no se habla en <em>Darse a la lectura</em>, de &Aacute;ngel Gabilondo, de experiencias lectoras, sino que se hace filosof&iacute;a (casi metaf&iacute;sica) de la lectura.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Parte el autor, desde el propio t&iacute;tulo, del hecho de que leer es como ciertas drogas; hab&iacute;amos o&iacute;do las expresiones &lt;&lt;darse a la bebida&gt;&gt; o&nbsp; &lt;&lt;darse a la droga&gt;&gt;, pero nunca &lt;&lt;darse a la lectura&gt;&gt;, con la ventaja de que la lectura no es una man&iacute;a t&oacute;xica, aunque s&iacute; cree adicci&oacute;n. Leer ser&iacute;a as&iacute; una forma de afrontar la vida; no una suplantaci&oacute;n de la misma (como afirman ciertos <em>letraf&oacute;bicos</em>: quien lee lo que otros escriben es porque no tiene vida propia, se oye decir), sino una manera como tantas otras de vivirla, que nace de la curiosidad, de la insatisfacci&oacute;n, del deseo, de la b&uacute;squeda, del ansia de di&aacute;logo. E igual que hay <em>letraf&oacute;bicos</em> hay <em>letraheridos</em>: aquellos que deciden soportar las magulladuras que deja la existencia entreg&aacute;ndose a la lectura, que ─como toda manifestaci&oacute;n de amor─ pasa por ser una forma de dejar de ser uno mismo para darse al otro. Los que se dan a la lectura.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hace bien Gabilondo, como buen fil&oacute;sofo y escritor (lo de exministro no viene ahora al caso), en buscar en las etimolog&iacute;as, en leer las palabras una a una. Quiz&aacute; la vieja y sabia palabra que m&aacute;s se repite sea <em>l&oacute;gos</em>, pero no es la &uacute;nica; aprendemos con este texto que leer es a <em>legere</em> como elegir a <em>eligere</em>: adem&aacute;s de una importante decisi&oacute;n del ser humano, leer es una elecci&oacute;n permanente (&lt;&lt;elegir leer es elegir elegir&gt;&gt;, dice Gabilondo, de la misma manera que ser &lt;&lt;lector es ser elector&gt;&gt;) porque cada vez que se nos ofrece es una oportunidad a aprovechar. Conocemos tambi&eacute;n la vinculaci&oacute;n entre lectura y lecci&oacute;n, as&iacute; como que la palabra p&aacute;gina viene del verbo latino <em>pango</em> (acuerdo, pacto, paz, reconciliaci&oacute;n), y que se relaciona l&eacute;xicamente con <em>pagus</em> (aldea, reuni&oacute;n). E igualmente acierta en hacer referencia a sus maestros sin ampulosidad, y en dejar caer las citas culteranas con naturalidad y sin artificio, desgranadas a lo largo del libro; leemos apelar a la autoridad de Kristeva, Derrida, Barthes, Deleuze, Proust o Camus (entre los modernos: cultura afrancesada, pues, la de Gabilondo), y de S&eacute;neca, Cicer&oacute;n, Ovidio, Marco Aurelio o Epicteto entre los cl&aacute;sicos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ense&ntilde;a el autor que sabemos leer solos, pero leemos siempre a alguien (tambi&eacute;n se puede leer <em>con</em> alguien, como aquella egregia pareja que le&iacute;a el mismo libro a la vez: cuando &eacute;l terminaba una p&aacute;gina, arrancaba la hoja y se la pasaba a ella) con el que establecemos comunicaci&oacute;n, simp&aacute;tica o no; solemos leer de noche porque la lectura es actividad nocturna (&lt;&lt;siempre es algo de noche&gt;&gt;, y hay en el libro una deliciosa teor&iacute;a sobre la mesilla del sujeto lector); se puede leer en papel o en el &lt;&lt;atril luminoso&gt;&gt; de los nuevos aparatos ─no hay defensa a ultranza del libro tradicional, aunque s&iacute; de la Biblioteca como espacio f&iacute;sico y mental de la casa─; podemos leer como diversi&oacute;n o como disfrute, o en estrecha compa&ntilde;&iacute;a de Eros; pero siempre hay que darse a la lectura, como gran ense&ntilde;anza de este libro, sin prisa, frente a la obsesi&oacute;n tecnol&oacute;gica de la inmediatez y de la rapidez, sabiendo esperar (se habla de la importancia de los ritmos de lectura, de la necesidad de encontrar el adecuado a cada cual y a cada libro), sin miedo, demor&aacute;ndose. Leer no es una persecuci&oacute;n ─y mucho menos una huida─, sino una b&uacute;squeda paciente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En bastantes de sus breves treinta y dos cap&iacute;tulos, <em>Darse a la lectura</em> se desliza en un terreno f&eacute;rtil y grato, sobre todo por el asunto tratado, como es el de la frase breve y la tendencia al aforismo, a la manera de E.M. Cioran. Veamos algunos: &lt;&lt;atravesados por el Logos, somos seres de palabra&gt;&gt;; leer no es una tarea ni ocupaci&oacute;n para rellenar el tiempo libre; &lt;&lt;al finalizar un libro estamos m&aacute;s vivos&gt;&gt;; leer es una acci&oacute;n pol&iacute;tica, que invita a &lt;&lt;cuidar la palabra para cuidar la ciudad&gt;&gt;; &lt;&lt;cuando leemos a los cl&aacute;sicos, no nos sentimos solos&gt;&gt;, como reflejo de la conveniencia de leer y releer a los cl&aacute;sicos para evitar el bullicio de lo inminente y para aprovechar que un mismo texto, como aseveraba Calvino, admite infinitas lecturas; existen comunidades de personas lectoras desconocidas que &lt;&lt;se ven afectadas por un mismo libro, aunque cada cual viva su propia, singular e insustituible experiencia&gt;&gt;; leer es relacionarse, tanto por parte del lector (en su di&aacute;logo con el autor, y posteriormente con otros lectores) como por parte de los libros, que se entrelazan, se cruzan, conversan entre ellos. Recurre el autor tambi&eacute;n a los grandes pensadores alemanes, como Nietzsche: la Filolog&iacute;a es el arte de leer despacio, <em>con ojos y dedos delicados</em> (lentitud+detenimiento es el consejo par que moviliza el texto); y Hegel, motivo de su ya lejana tesis doctoral: en cualquier actividad humana, lo importante no es el resultado, sino el proceso. No importa acabar un libro, sino qu&eacute; ha ocurrido a lo largo de la lectura y c&oacute;mo ella ha cambiado al sujeto para transformarlo en otro; no importa acabar un libro sino en qu&eacute; condiciones se termina.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Incide el profesor Gabilondo en que la lectura act&uacute;a como terapia para curar esas heridas que el mero hecho de vivir deja en el hombre. No oculta, pues, que leer es bueno para la salud, tanto para las enfermedades del alma como para las del cuerpo: leer, dice, despierta, evita la soledad, reconforta, oxigena&hellip; Pero como estamos ante un libro serio, no se hace en &eacute;l mitolog&iacute;a de la lectura; de ah&iacute; que se alerte tambi&eacute;n de los peligros del ejercicio lector, porque la palabra cura, s&iacute;, pero tambi&eacute;n puede hacernos enfermar. Hay lecturas que efectivamente son terapia, pero a veces el remedio (<em>farmacon</em>) es peor que la enfermedad, ya que leer nos hace tambi&eacute;n m&aacute;s vulnerables, y leyendo se corre el riesgo de cambiar, de ser otro, de dejar de ser uno mismo. Se trata en cierta medida de un gesto de insatisfacci&oacute;n, de reconocimiento t&aacute;cito de aquello (&iexcl;tanto!) de lo que no somos capaces.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hay en <em>Darse a la lectura</em> m&aacute;s cosas. Un hermoso cap&iacute;tulo sobre el acto de leer en voz alta a otro, aunque no haya incapacidad f&iacute;sica de hacerlo por su parte. Una pertinente reflexi&oacute;n sobre c&oacute;mo leer provoca escribir, y otra sobre c&oacute;mo afecta a nuestra forma de ser el primer libro que le&iacute;mos, con el que nos liga un &lt;&lt;lazo imprevisible&gt;&gt;. Una sutil disquisici&oacute;n sobre la posibilidad de leer de memoria, ya que toda lectura es una rememoraci&oacute;n, &lt;&lt;una m&iacute;mesis que no imita lo ya dicho, sino que reactiva su decir hasta el punto de potenciar que se diga lo que nunca se dijo&gt;&gt;. As&iacute; es la prosa de Gabilondo, siempre atenta a la connotaci&oacute;n, al apunte conciso y sugerente. No es este libro exactamente un ensayo, sino una galer&iacute;a de breves reflexiones sobre los distintos &aacute;nimos, posturas, intereses, peligros, aciertos, logros, fallas, encuentros, litigios, elecciones, lecciones, rugosidades y milagros propios del acto de leer. Ese que tantos ─cada vez m&aacute;s─ encuentran penoso, in&uacute;til y absurdo, sin duda porque no han le&iacute;do a Nietzsche: &lt;&lt;Lo absurdo de una cosa no prueba nada contra su existencia, es m&aacute;s bien condici&oacute;n de ella&gt;&gt;. Y puestos a cerrar con m&aacute;s aforismos, citaremos uno del mismo Cioran y que &Aacute;ngel Gabilondo parece haber anotado bien en sus p&aacute;ginas, aquel que dice que &lt;&lt;La lucidez es el &uacute;nico vicio que hace al hombre libre: libre en un desierto&gt;&gt;. Las palabras lectura y luz no tienen la misma etimolog&iacute;a, pero bien podr&iacute;a buscarse una conexi&oacute;n feliz entre ambas.- PABLO P&Eacute;REZ RUBIO</p>
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<p>&Aacute;ngel Gabilondo, <em>Darse a la lectura</em>, RBA, Barcelona, 2012.</p>
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      <pubDate>Tue, 23 Sep 2014 06:45:55 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vida recreada]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/vida-recreada/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/luzpichelquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>Escribir sin pasi&oacute;n sobre esta obra fascinante es muy dif&iacute;cil pero intentar&eacute; ser comedido. Lo que te pide el cuerpo al contacto con estos poemas es hacer un alarde de lirismo; de hecho, cuanto he le&iacute;do sobre ellos es poes&iacute;a sobre la poes&iacute;a y a partir de ella, un vuelo l&iacute;rico como el de un planeador que se sirve del aire caliente para elevarse en pleno descenso. Intentar&eacute; evitar ese camino.</p>
<p>El t&iacute;tulo completo del libro que nos ocupa, el quinto de Luz Pichel (Al&eacute;n, Lal&iacute;n, Pontevedra, 1947), es<em> Cativa en su lughar/Casa pechada.</em> &nbsp;As&iacute; pues, no es un libro sino dos, y hasta tres o cuatro, en un solo volumen editado con meticuloso esmero. El primero &ndash;aunque aparece al final- es el poemario en gallego <em>Casa pechada</em> (aparecido en 2006, en la colecci&oacute;n Esqu&iacute;o de Poes&iacute;a). El segundo es <em>Cativa en su lughar</em>, &nbsp;traducci&oacute;n del anterior al castrapo, variedad fronteriza entre castellano y gallego propia de zonas rurales como Al&eacute;n, la aldea de la autora; no fronterizo en el sentido geogr&aacute;fico, sino en el ling&uuml;&iacute;stico. El tercero estar&iacute;a formado por una serie de notas aclaratorias que aparecen junto a los poemas en castellano, en p&aacute;gina distinta, siempre par, y que constituyen un corpus independiente del resto con su propio mundo l&iacute;rico y su propia historia, sus personajes y di&aacute;logos. &nbsp;Podr&iacute;a hablarse, por &uacute;ltimo, de un cuarto libro, el conjunto de &ldquo;carteles&rdquo; que la autora dice que va colgando por distintos rincones de la casa, como este &ldquo;LETRERO PARA LABRAR EN LA PIEDRA DEL LAVADERO&nbsp; Fr&iacute;o en la fuentefr&iacute;a./La ni&ntilde;a lava y llora,/vese en el fondofondo&rdquo; (27), o&nbsp; &ldquo;ESTE LETRERO HASE DE COLGHAR EN LA CUADRA DE LA YEGUA La bestia m&iacute;a/negharonle la lengua/no puede andar&rdquo; (73).</p>
<p>Los tres, o cuatro, se entrelazan y forman una red (un verdadero <em>textus</em>) que la autora va arrastrando por el mar de su memoria como una pescadora de esencias po&eacute;ticas, pero el fruto de ese arrastre no es un conjunto de eleg&iacute;as, contra lo que podr&iacute;a parecer por lo dicho, sino todo lo contrario, es vida recreada, revivida dram&aacute;ticamente, como en el teatro, podr&iacute;a decirse. &nbsp;</p>
<p>Todo est&aacute; cargado de sugerencias, desde los t&iacute;tulos:<em> Casa pechada</em> viene a significar &ldquo;casa cerrada&rdquo;, pero tambi&eacute;n &ldquo;nublada&rdquo;, &ldquo;apretujada&rdquo; o &ldquo;de acento dialectal marcado&rdquo;. <em>Cativa</em> significa &ldquo;cautiva&rdquo;, claro, pero tambi&eacute;n de &ldquo;mala calidad&rdquo;, &ldquo;ruin&rdquo; o &ldquo;pobre&rdquo;, y tambi&eacute;n &ldquo;rapaza&rdquo;, &ldquo;ni&ntilde;a&rdquo;; es adjetivo que al final se convierte en nombre propio, en personaje trasunto de la autora vuelta a la ni&ntilde;ez. <em>Lughar</em> es como el lugar de la Mancha, &ldquo;lugar&rdquo;, &ldquo;aldea&rdquo; &ndash;es &ldquo;Al&eacute;n el sitio, <em>el lughar</em>, aldea cativa y rural que comp&oacute;n parroquia con otras&hellip;&rdquo; (44)-, pero marcando con &ldquo;gh&rdquo; la sustituci&oacute;n del sonido g de gato por algo parecido a una j, ghato, fen&oacute;meno llamado geada, propio de algunas comarcas de Galicia.</p>
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<p>Respecto a la traducci&oacute;n, se ve que a veces es bastante fiel al original, como en el poema &ldquo;Ep&iacute;logo&rdquo; (112), pero aun en las traducciones m&aacute;s o menos literales encontramos la vertiginosa emoci&oacute;n del matiz que impone la lengua: en el poema &ldquo;Ando a buscar belleza&rdquo;, el verso &ldquo;&eacute; soamente un sapo que anda cantando&rdquo; (181) se convierte en &ldquo;es solamente un sapo que anda a cantar&rdquo; (88). Sin&nbsp; embargo, lo habitual es la revisi&oacute;n y la reescritura, bastante libre y enriquecedora. Podr&iacute;amos observarlo por ejemplo en la multiplicidad de voces que aparecen en la versi&oacute;n castrapa y que no est&aacute;n en la gallega: &iquest;son las de los antepasados?, &iquest;las de los amigos de la infancia?, &iquest;las de las distintas edades de la autora? De todo un poco.</p>
<p>Pero entre las dos versiones ha cambiado algo m&aacute;s que la lengua y se ha producido algo m&aacute;s que una mera amplificaci&oacute;n de los poemas. Separadas por seis o siete a&ntilde;os, numerosos signos parecen indicar que la poeta ya es otra, profundamente otra, y no necesita tanto el yo, por lo que en buena medida la primera persona desaparece y se disuelve en una tercera persona, en unos personajes y en la vida misma de la aldea. Por ejemplo, en el poema llamado &ldquo;Siente el ghato la falta de su due&ntilde;o&rdquo;, la versi&oacute;n gallega dice &ldquo;Mirouse nas mi&ntilde;as b&aacute;goas./Y revirouse&rdquo; (148) y en la castellana &ldquo;Mirose en una cuenca de agua / y revirose.&rdquo; (47) De forma parecida, en el poema &ldquo;P&eacute;sanle las ramas a la higuera por culpa de la carga&rdquo;, en la versi&oacute;n gallega la higuera le habla a la poeta &ldquo;E a figueira,/aliviada e contenta/move as follas e mira para min,/que me quedo sen figos,&rdquo; (137) y en la castellana le habla a una ni&ntilde;a indeterminada y hay incluso aclaraciones-acotaciones que lo hacen narrativo y hasta teatral: &nbsp;&ldquo;Descansa en esta sombra,/(&hellip;)/-la higuera, que pretende consolarla-/fantochea un poquito con la azada/a ver si encuentras algo,/una patata mismo./ Llevas mucho fardo encima,/no eres animal de por los aires.&rdquo; (25) Tomando distancia, la experiencia personal y subjetiva se ha disuelto en experiencia colectiva y parece que la voz de la poeta ha salido de s&iacute; misma para transformarse y hacerse una con todas&nbsp; las cosas (&aacute;rboles, ni&ntilde;os, perros, monta&ntilde;as, casas, muertos, herramientas).</p>
<p>La presencia de estas dos lenguas en tensi&oacute;n fronteriza pone de manifiesto otro de los aspectos m&aacute;s destacados del libro, el mestizaje, la impureza aquella de la que hablaban Neruda y sus amigos del 27, quiz&aacute; lo que en m&uacute;sica se llama fusi&oacute;n. Todo el libro es un canto a y sobre la impureza del mundo, sobre la esencial mezcolanza de cuanto hay en almas, cuerpos, lenguas, naciones, pero no como quien mira desde fuera y analiza sino como el que la vive por dentro (&iquest;como un Whitman gallego?). De ello resulta una est&eacute;tica y una &eacute;tica: &ldquo;Ando a buscar belleza/en la forma deforme/de la patata.//Ando a buscar belleza/en la lengua cativa/de la patata.&rdquo; (105) Ahondando m&aacute;s en lo h&iacute;brido de este libro, que transcurre &ldquo;al fondo de los caminos hondos de un pueblo donde crece la uralita entre el ma&iacute;z&rdquo; (7), en el mism&iacute;simo coraz&oacute;n de Galicia, resulta que se cierra con un haiku que resume el viaje (los viajes) que supuso su escritura: &ldquo;Abr&iacute; la puerta,/acarici&eacute; las cosas./Cerr&eacute; con llave.&rdquo; (111)</p>
<p>Efectivamente, esta obra es un viaje por la memoria a trav&eacute;s de las diferentes estancias de la casa familiar, en&nbsp; lo que recuerda a <em>La casa encendida</em>, de Luis Rosales; no solo por la casa, sino tambi&eacute;n por su car&aacute;cter liberador. Sirven de gu&iacute;a y parada los mencionados letreros, que son textos breves, sugerentes y precisos a la vez, que parecen convertir la casa familiar por la que deambula la poeta, y todos los habitantes de su pasado &ndash;vivos y muertos-, en un verdadero museo (en su sentido etimol&oacute;gico de recopilaci&oacute;n del saber humano) de vida atada a la naturaleza y a la aldea, llenos de fantas&iacute;a o magia, siempre con hondura reflexiva: &ldquo;Vete al al&eacute;n,/no se te haga de nocheoscura./Cuando te eche de menos,/duermo en la tierra.&rdquo; (45) Estos letreros, por cierto, siempre est&aacute;n atentos a la belleza de lo diminuto y a su simbolismo: &ldquo;Ma&uacute;llan, atacan, corren,/danse de gholpes contra las paredes/y no es m&aacute;s que la sombra de un volandero.&rdquo; (54) Este museo convertir&aacute; la <em>casa pechada, </em>el pasado definitivamente perdido, en una <em>casa aberta</em>, iluminada para nosotros por estos poemillas que representan un mundo entero a punto de desaparecer, un museo de emociones pasadas, presentes y futuras, personales y colectivas, vivificadas para siempre por la palabra po&eacute;tica.</p>
<p>Pero este libro no es un simple museo porque todo en &eacute;l est&aacute; completamente vivo y coleando. Pichel no hace arqueolog&iacute;a (quiz&aacute; s&iacute; antropolog&iacute;a) sino que crea un ambiente teatral en el que, como en las narraciones de Juan Rulfo, todo es un bullicio de vivos y muertos: &ldquo;La ni&ntilde;a escucha./Detr&aacute;s de aquella piedra,/los muertos andan a fabular.&rdquo; (101)</p>
<p>Tambi&eacute;n es<em> Cativa en su lughar </em>&nbsp;un viaje inici&aacute;tico hacia la edad de la comprensi&oacute;n (sea cual sea esta) en la que la autora asume la complejidad de su pasado y se afirma libre, de ah&iacute; parte del car&aacute;cter liberador: en el poema &ldquo;Ep&iacute;logo&rdquo; &ldquo;Cativa&rdquo; le dice a su can &ldquo;h&aacute;ceme un sitio en el pajar del trigo,/(&hellip;)/ando escapada&rdquo;(112). Pero antes ha tenido que superar (y revivir) muchos miedos y muchas miserias: &ldquo;T&uacute; por querer, quieres volar. Pero no se te da,/no son alas eso que voltea la tierra, (&hellip;)//la maza geneal&oacute;gica,/la del padre,/la de la piedra./ Para mazar en ti, pum./para mazar en ti, pum, pum/ (&hellip;) y viene Cativa y mira y odia/y el odio la asusta y vase escapada&rdquo; (55). En otro lugar es igual de clara: &ldquo;du&eacute;lenle las manos pero no dice nada,/pide perd&oacute;n,/hace como est&aacute; mandado&rdquo; (59).</p>
<p>El viaje del que hablamos es el de la vida, claro, pero si quisi&eacute;ramos verlo como el de la creaci&oacute;n de este libro &ndash;que a fin de cuentas es lo mismo- encontrar&iacute;amos que nace de una necesidad biogr&aacute;fica, que es un ajuste de cuentas con las lenguas de la autora, como ella misma confiesa, &ldquo;Hab&iacute;a que usar la lengua de la aldea para no ser aldeana&rdquo; (7), y un grito de protesta liberador contra todas las formas de malos tratos, las del idioma, las de la escuela, las del sexo, las del machismo, las de los pueblos y las de las ciudades, las burdas y las sibilinas: &ldquo;Sufrir por el hecho de hablar, eso no.&rdquo; (9)</p>
<p>El poema &ldquo;Ep&iacute;logo&rdquo; antes mencionado contiene esta aclaraci&oacute;n entre par&eacute;ntesis a modo de subt&iacute;tulo, &ldquo;(Canci&oacute;n de la reina liberada que rematar&aacute; una pieza para monighotes que est&aacute; por hacer)&rdquo; (112) que nos recuerda que este libro tambi&eacute;n es un drama para t&iacute;teres y &ldquo;monighotes&rdquo; que parece que quiere representar la Cativa adulta a sus nietos cativos, para que sepan, para que no olviden, para que vivan su <em>catharsis</em>. (Este aspecto dram&aacute;tico, como vamos viendo, dar&iacute;a materia para otro art&iacute;culo.)</p>
<p>Las &ldquo;notas&rdquo; merecer&iacute;an un estudio aparte. Son unas aut&eacute;nticas &ldquo;Glosas alenses&rdquo;, si se me permite el vocablo, que pretenden explicar t&eacute;rminos desconocidos o ambiguos para el lector castellanohablante y lo hacen en un idioma que ya no es el castellano ni el gallego, sino una lengua en formaci&oacute;n (y a punto al mismo tiempo de desaparecer; &iquest;no es eso lo que ocurri&oacute; con las primeras glosas medievales, en navarro-aragon&eacute;s?), sin gram&aacute;tica definida, por tanto, y con un l&eacute;xico prestado de aqu&iacute; y de all&aacute;. Un ejemplo: &ldquo;<em>Gando</em>. Es como ganado, toda clase de reses o gentes domesticadas y tratadas a palos. No vayan confundirte con trampa peque&ntilde;ita y ghrande consecuencia, no te arreen con varas, que todo eso pron&uacute;nciase en un diosquetecre&oacute; si t&uacute; no espabilas.&rdquo; (18) Estas glosas van tomando entidad propia y dejan de ser meras aclaraciones para convertirse en otro libro independiente, en otra parte de la historia en la que Cativa es personaje (a veces ni&ntilde;a, a veces mujer) que participa y hasta dialoga: &ldquo;<em>Malformada</em>. Es coruja pues tiene el ojo humano siendo como es una lechuza que mete miedo. (&hellip;) &ndash;Mirade, atendede, mirade lo que yo ando a hacer bien hecho de verdade, dice Cativa. Y viravu&eacute;ltase por el prado abajo hasta el alto perfil del encantamiento. Un poema.&rdquo; (96)</p>
<p>Entre las muchas maravillas de <em>Cativa en su lughar</em> destacan la musicalidad y la plasticidad. De un lado abundan el verso libre, contenido constantemente por el recuerdo de la musicalidad tradicional, el vers&iacute;culo y las jugosas prosas, entre otros metros. De otro lado, destaca una mirada fina, &ldquo;La ma&ntilde;ana despacio abre los ojos, / abre de espacio, mira de monte a r&iacute;o lo que baja/y du&eacute;lele el sentido con la luz&rdquo; (17). Muchas veces necesita el lenguaje infantil y el de la brujer&iacute;a, como corresponde a esa b&uacute;squeda de las ra&iacute;ces m&aacute;s profundas de su ser, &nbsp;pues la infancia y su magia son el comienzo del viaje inici&aacute;tico: &ldquo;Rastrillo de palo/rastrillo de hierro/horquillas del mundo/palas de toda casta/palos de cada casa/palodepalo/palodep&aacute;n/palodel-lomo y delas-piernas/palo de lumbre/guada&ntilde;o, guada&ntilde;a/azada y azad&oacute;n/caldero/trasno del lavadero en el mes de enero/caldera y calder&iacute;n/ y calderilla.&rdquo; (23)</p>
<p>Es un libro tan personal, l&iacute;rico y original que parece mentira que sea a la vez tan dram&aacute;tico y narrativo, tan local y tan universal. Es tan rico y complejo (en el mejor sentido), es tantas cosas a la vez, que me parece imposible nombrar todas sus caras, tem&aacute;ticas o estil&iacute;sticas. En fin, creo que es un libro grande que ser&aacute; recordado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>[Luz Pichel naci&oacute; en Al&eacute;n, Pontevedra, y ha sido profesora de Lengua y Literatura castellanas. Ha publicado los siguientes poemarios: <em>El p&aacute;jaro mudo</em> (Ediciones La Palma, 1990. I Premio internacional de poes&iacute;a &ldquo;Ciudad de Santa Cruz de La Palma&rdquo;), <em>La marca de los potros</em> (Diputaci&oacute;n de Huelva, 2004. XXIV Premio hispanoamericano de poes&iacute;a &ldquo;Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez&rdquo;), <em>El p&aacute;jaro mudo y otros poemas</em> (Universidad popular Jos&eacute; Hierro, 1004) y <em>Casa pechada</em> (Colecci&oacute;n Esqu&iacute;o de poes&iacute;a, Ferrol, 2006. XV premio &ldquo;Esqu&iacute;o de poes&iacute;a en lingua galega&rdquo;). Tambi&eacute;n ha publicado ensayos y traducciones de poes&iacute;a. Ha sido traducida al ingl&eacute;s y al irland&eacute;s.]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luz Pichel, <em>Cativa en su lughar/casa pechada,</em>&nbsp; Ibiza, Progresele, 2013.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 22 Sep 2014 12:14:28 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Música y tacto]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/musica-y-tacto/</link>
      <description><![CDATA[<p style="padding-left: 630px;"><img style="float: right;" src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Septiembre/antonioquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px; text-align: left;">&nbsp; &nbsp; Los dedos suenan puros,</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; polifon&iacute;a asombrosa,</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; suma de voces tan diversas si se aplican,</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; hasta veinte,</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; hasta cuarenta en el amor florido.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Qui&eacute;n pens&oacute; en el silencio?</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aunque parezcan reservados</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; los dedos no son mudos:</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; saben emocionar callando lo superfluo,</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; aire de fondo que acaricia,</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; como la buena m&uacute;sica.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 19 Sep 2014 09:05:32 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un Buñuel inédito y familiar]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-bunuel-inedito-y-familiar/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Septiembre/LUIS_BU_UEL_Y_SU_FAMILIA500.jpg" alt="" /></p>
<p>Cuando el 27 de diciembre de 1995 se hizo p&uacute;blica la adquisici&oacute;n por parte del Ministerio de Cultura del Gobierno de Espa&ntilde;a del legado del gran cineasta Luis Bu&ntilde;uel, nadie pod&iacute;a sospechar que, entre las cintas de v&iacute;deo que, junto al resto de documentos, llegaron al a&ntilde;o siguiente al Museo Reina Sof&iacute;a de Madrid (y que cuatro a&ntilde;os m&aacute;s tarde pasaron a la Filmoteca Espa&ntilde;ola, donde actualmente se custodian), se encontraba el &uacute;nico documento f&iacute;lmico que ilustraba su vida &iacute;ntima y familiar durante los primeros a&ntilde;os de su exilio en EE.UU. y la &uacute;nica pel&iacute;cula por &eacute;l realizada entre los a&ntilde;os que median desde <em>Las Hurdes-Tierra sin pan</em> (Espa&ntilde;a, 1933) a <em>Gran Casino</em> (M&eacute;xico, 1946).</p>
<p>Dicho hallazgo, dado a conocer por el diario <em>El Pa&iacute;s</em> en su revista semanal del 4 de diciembre de 2011 y que puede ser visionado on-line en su edici&oacute;n digital, no s&oacute;lo es importante por las razones antes citadas sino tambi&eacute;n por su rareza, pues resulta muy dif&iacute;cil encontrar en cineastas de su generaci&oacute;n, habituados a separar muy claramente los &aacute;mbitos familiar y profesional (obsesivamente en Bu&ntilde;uel), <em>home movies </em>realizadas por ellos mismos en las que ambos terrenos pueden llegar a confundirse. Sin embargo, en su caso, la simple constataci&oacute;n del&nbsp; cambio de perspectiva que para un profesional del cine supone la revelaci&oacute;n de su intimidad familiar &ndash;en realidad, su &ldquo;vida privada&rdquo;&ndash; es lo que desde nuestra &oacute;ptica acent&uacute;a a&uacute;n m&aacute;s la imagen moderna y rompedora de Luis Bu&ntilde;uel en la misma medida que, al humanizarla, tiende a engrandecerla a los ojos del gran p&uacute;blico y a difuminar su mito como cineasta vanguardista.</p>
<p>Desde el punto de vista f&iacute;lmico hay que precisar que lo llegado hasta nosotros no se trata de una pel&iacute;cula propiamente dicha sino de un montaje en formato v&iacute;deo a partir de siete fragmentos dispersos que se corresponden a otros tantos momentos de la vida familiar de Luis Bu&ntilde;uel que discurren entre el nacimiento de su segundo hijo, Rafael, en julio de 1940 en Nueva York y el verano del a&ntilde;o siguiente, pero que no guardan entre s&iacute;, como veremos, una continuidad cronol&oacute;gica. Tambi&eacute;n hay que hacer constar que no todas las partes est&aacute;n rodadas por Bu&ntilde;uel pues hay algunas tomas que, al aparecer su imagen, han debido ser grabadas por el matrimonio amigo que les acompa&ntilde;a en dos de los momentos: Juan Negr&iacute;n Jr., hijo del &uacute;ltimo presidente de la Rep&uacute;blica Espa&ntilde;ola, y su mujer, la actriz Rosita D&iacute;az Gimeno, los dos muy afincados y conocidos en los ambientes neoyorquinos, hecho que supone un valor documental a&ntilde;adido ya que son pocos los testimonios gr&aacute;ficos de esa &eacute;poca conservados tanto de Bu&ntilde;uel como del matrimonio Negr&iacute;n. La c&aacute;mara seguramente ser&iacute;a una &ldquo;Cin&eacute; Kodak Eight&rdquo;, llamada popularmente &ldquo;doble 8&rdquo; por utilizar una pel&iacute;cula de 16mm. que despu&eacute;s de la impresi&oacute;n por las dos caras se cortaba por la mitad, una c&aacute;mara que era la m&aacute;s extendida en la &eacute;poca y que fue lanzada precisamente para hacer pel&iacute;culas familiares. Aunque no sabemos el paradero del negativo, lo m&aacute;s probable es que el telecinado se hiciera ya en M&eacute;xico DF a partir del negativo original y del copi&oacute;n. La duraci&oacute;n total es de 8 minutos y 3 segundos.</p>
<p style="text-align: justify;" align="center">La &eacute;poca de realizaci&oacute;n coincide con la primera etapa de cierta normalidad y equilibrio en su vida desde que lleg&oacute; exiliado a los EE.UU. En efecto, tras una estancia nada afortunada en Hollywood como frustrado asesor hist&oacute;rico de films sobre la guerra civil espa&ntilde;ola, llega a Nueva York a primeros de noviembre de 1939 donde consigue, a trav&eacute;s de Iris Barry, directora del Film Archive del Museum of Modern Art &ndash;y de la espl&eacute;ndida tarjeta de visita que supone <em>Land without Bread&ndash;</em>, en la primavera de 1940, colaborar en el noticiario <em>The March of Time</em>, donde se ocupa de la versi&oacute;n espa&ntilde;ola del documental <em>The Vatican de Pius XII</em>. En esa &eacute;poca, en diversas cartas dirigidas a su amigo Ricardo Urgoiti, tambi&eacute;n exiliado en Buenos Aires, confiesa que el anterior Bu&ntilde;uel ha muerto y que ha&nbsp; cambiado hacia un &ldquo;sentido pr&aacute;ctico de la vida.. que conviene a cualquier casa productora&rdquo; (carta del 1 de abril de 1940). Se encuentra, pues, en una de las grandes encrucijadas de su vida pues, seg&uacute;n le escribe a Urgoiti, (carta del 19 de julio de 1940) estaba decidido a irse a Argentina con &eacute;l para resucitar Film&oacute;fono o bien aceptar un trabajo dentro de la divisi&oacute;n cinematogr&aacute;fica de la OIAA (Office of Inter-American Affairs) fundada por Nelson Rockefeller, opci&oacute;n que finalmente fue la elegida pues a partir de abril de 1941 le tenemos contratado por la Motion Picture Divisi&oacute;n, dirigida por John Hay Whitney. Ese es el contexto, felizmente exitoso, tras cuatro a&ntilde;os de penalidades sin cuento, en el que se produce la &ldquo;home movie&rdquo; y que pr&aacute;cticamente coincide con el primer a&ntilde;o de vida de Rafael, su segundo hijo.</p>
<p style="text-align: justify;">La pel&iacute;cula, tal y como nos ha llegado, tiene siete partes perfectamente diferenciadas. Se abre con un r&oacute;tulo que reza &ldquo;Rafael Bu&ntilde;uel &ndash; July 1940&rdquo;, aludiendo al mes de nacimiento de su hijo (nacer&iacute;a el d&iacute;a 1), pero inmediatamente lo que viene despu&eacute;s desconcierta porque vemos ya a Rafael crecidito, casi de un a&ntilde;o, sentado en las rodillas de su madrina, Rosita, intentando ponerse de pie y siguiendo, nervioso y agitado, la estela de un tren de cuerda que le comprar&iacute;a Bu&ntilde;uel a Juan Luis, seg&uacute;n el mismo hijo ha recordado varias veces; por lo cual sacamos en conclusi&oacute;n de que los distintos fragmentos est&aacute;n montados cronol&oacute;gicamente al rev&eacute;s ya que la parte en la que sale Rafael m&aacute;s peque&ntilde;o, casi reci&eacute;n nacido (y adem&aacute;s es verano), es en el &uacute;ltimo fragmento que se ve y que por lo tanto ser&iacute;a la primera rodada.</p>
<p style="text-align: justify;">Esa primera parte, que titular&iacute;amos <em>Rafael y el tren de cuerda</em>, consta de apenas tres planos &ndash;los dos primeros, por eliminaci&oacute;n, rodados por Negr&iacute;n y el &uacute;ltimo por Bu&ntilde;uel- y dura poco m&aacute;s de 31 segundos. Lo m&aacute;s interesante, aparte de comprobar los celos de Juan Luis, que intenta por todos los medios salir en cuadro hasta que lo consigue plenamente, es ver a Bu&ntilde;uel c&oacute;mo intenta por todos los medios que Rafael no haga descarrilar al tren, cosa que logra al darlea un vag&oacute;n una patada y que es apartado por &eacute;l de la v&iacute;a para evitar el descarrilamiento total. A Jeanne apenas se le advierte y a Negr&iacute;n (en el plano rodado por Bu&ntilde;uel) le vemos c&oacute;mo intentan sostener a Rafael de pie cuando su padre est&aacute; centrado en Juan Luis, que le mira fijamente a la c&aacute;mara; en cambio&nbsp; a Rosita se le puede reconocer en el plano que rueda su marido y en el que, sentada en el suelo con su ahijado encima, luce unas bien proporcionadas y bellas pantorrillas.</p>
<p style="text-align: justify;">En la segunda parte, que podr&iacute;amos titular &ldquo;Rafael tomando papilla&rdquo;, asistimos en dos planos y en poco m&aacute;s de 14 segundos, al ritual de darle la madre de comer al hijo una papilla (por lo que al menos debe ser a los cinco o seis meses de nacer), lo que nos remite sin querer a los mismos inicios del cine y a sus inventores, los Lumi&egrave;re, un tema recurrente, si no el que m&aacute;s, del cine familiar. Aqu&iacute; tambi&eacute;n, aparte de comprobar el excelente apetito del peque&ntilde;o, vemos c&oacute;mo Juan Luis intenta llamar la atenci&oacute;n del padre hasta que lo consigue plenamente en un delicioso primer plano que abarca a los dos hijos. Rodada l&oacute;gicamente por Bu&ntilde;uel en su casa del 301E 83St., la casa que, seg&uacute;n su mujer, &ldquo;consist&iacute;a en una salita, la cocina, una habitaci&oacute;n y un ba&ntilde;o. Los ni&ntilde;os y yo dorm&iacute;amos en el cuarto, mi marido en el sof&aacute; de la sala. No nos import&oacute; estar apretados: &iexcl;era nuestra casa!&rdquo;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">&ldquo;El ba&ntilde;o de Rafael&rdquo; podr&iacute;a titularse la tercera parte y en ella a base de diez planos muy cortos y con una duraci&oacute;n total de 46 segundos, Bu&ntilde;uel sigue puntualmente cada una de las fases del ritual del ba&ntilde;o del beb&eacute; acompa&ntilde;adas en algunos instantes de las gracietas que le hace Juan Luis (que l&oacute;gicamente quiere salir dentro del cuadro) y de la destreza de la madre que, con muy buen criterio, incorpora un poco a su cachorro para que el padre lo capte erguido en dos momentos de m&aacute;xima plenitud y felicidad, la primera vez reci&eacute;n lavado y la segunda reci&eacute;n acostado, en unos primeros planos llenos de gracia en los que trasluce la gran simpat&iacute;a y vitalidad del reto&ntilde;o. Rodada por Bu&ntilde;uel en la cocina-ba&ntilde;o de su modesta casa pues &ldquo;el ba&ntilde;o &ndash;seg&uacute;n Jeanne&ndash; s&oacute;lo ten&iacute;a ducha&rdquo;. En la cuarta parte, complementaria de la segunda, asistimos en cinco planos y 36 segundos a una nueva demostraci&oacute;n del buen apetito de Rafael comiendo otra papilla que le da la madre, esta vez sentada en la camita del peque&ntilde;o y sin la presencia del hermano mayor. La quinta parte &ndash;que cierra el ciclo de Rafael&ndash; registra en apenas 22 segundos y en dos primeros planos al hijo peque&ntilde;o en la proeza de mantenerse sentado encima de la mesa y poni&eacute;ndose nervioso al ver a su padre grab&aacute;ndole con la c&aacute;mara.</p>
<p>La sexta parte se inicia con un r&oacute;tulo &ldquo;Vanvis Bu&ntilde;uel 1941&rdquo; que ser&iacute;a la traslaci&oacute;n, en los primeros balbuceos de Rafael, del nombre de su hermano mayor, Juan Luis, a quien est&aacute; dedicado todo el fragmento. Estar&iacute;a rodado en el&nbsp; verano de ese a&ntilde;o &ndash;de esos cl&aacute;sicos veranos insoportables neoyorquinos tan bien ejemplificados por algunas fotos de ese mismo a&ntilde;o&ndash; porque le vemos corretear y chapoteando, seguramente por Central Park, y en ba&ntilde;ador por una piscina para ni&ntilde;os junto a otros muchos de su misma edad, luego trepar y moverse por el interior de las barras de mono del parque y despu&eacute;s columpi&aacute;ndose. Es quiz&aacute;s la parte m&aacute;s din&aacute;mica y mejor rodada de la &ldquo;home movie&rdquo;, sin duda facilitada por la extraordinaria movilidad del protagonista, que sin la competencia del hermano peque&ntilde;o, se dedica a exhibir sus habilidades motrices y circenses sin ning&uacute;n tipo de cortapisas ante el (suponemos) embobado padre, que, c&aacute;mara en ristre, no duda en captarlo con un variado repertorio de quince tomas ya sea de conjunto, medios o primeros planos, bien sigui&eacute;ndole en panor&aacute;micas o en contrapicados desde puntos de vista frontales o laterales.</p>
<p>Finalmente, la s&eacute;ptima y &uacute;ltima parte (que ser&iacute;a la primera grabada, es decir en el mismo verano de 1940) es la m&aacute;s compleja y larga pues hemos podido dividirla en ocho secuencias con un total de 41 planos y una duraci&oacute;n de 4 minutos y 31 segundos. En su rodaje intervienen tanto Bu&ntilde;uel como Juan Negr&iacute;n y Rosita D&iacute;az Gimeno, de quien comprobamos, por una serie de detalles presentes en los pocos planos que grab&oacute;, que no s&oacute;lo se le daba bien actuar delante de las c&aacute;maras sino tambi&eacute;n detr&aacute;s de ellas. Podr&iacute;amos titularla &ldquo;Vacaciones en Maine&rdquo;, por la zona lacustre de EE.UU. donde pasaron unos d&iacute;as de vacaciones los Bu&ntilde;uel-Rucar con los Negr&iacute;n-Diaz, que hab&iacute;an sido los padrinos de bautismo de Rafael, una ceremonia religiosa con la que no estaba de acuerdo el cineasta pero que acept&oacute; de buen grado por la presi&oacute;n de su mujer y de sus amigos y en &uacute;ltima instancia de su madre que, si bien lejana, segu&iacute;a ejerciendo una gran influencia en el hijo en cuanto al ejercicio de las buenas costumbres y a la salvaguardia del &ldquo;qu&eacute; dir&aacute;n&rdquo;. Las dos primeras secuencias seguramente fueron rodadas por Negr&iacute;n y aunque apenas constan&nbsp; cada una de un plano sin embargo est&aacute;n muy bien elaborados y resueltos: en la primera se enfoca a un recodo del lago donde se encuentra una ardilla movi&eacute;ndose por entre la maleza, la c&aacute;mara la sigue en panor&aacute;mica y apreciamos&nbsp; a un Bu&ntilde;uel campestre, tirado al suelo, que intenta cogerla al vuelo sin conseguirlo; acto seguido, en la segunda, vemos a Juan Luis saltando de un pedrusco a otro al borde del lago para centrarse despu&eacute;s la c&aacute;mara en el agua y a trav&eacute;s de una panor&aacute;mica de izquierda-derecha terminar en una zona de juegos donde vemos a Rosita y a Bu&ntilde;uel jugando animosamente al ping-pong.</p>
<p>La tercera secuencia es muy interesante pues en ella podemos encontrar un cierto hilo narrativo que a buen seguro necesit&oacute; de una planificaci&oacute;n e incluso de alg&uacute;n ensayo. Veamos. Podr&iacute;a titularse &ldquo;La casa del embarcadero&rdquo; y tiene un cierto halo de misterio al tratarse de una casa de campo vac&iacute;a al lado de uno de los embarcaderos del lago y representarse en nuestra opini&oacute;n la hu&iacute;da de alg&uacute;n peligro o de alg&uacute;n perseguidor. Consta de 9 planos y dura poco m&aacute;s de un minuto. La acci&oacute;n se inicia con (1) Negr&iacute;n, Rosita y Juan Luis corriendo como si huyeran de algo y dirigi&eacute;ndose a una casa de aspecto abandonado; (2) entran corriendo en la casa, envuelta en penumbra y Negr&iacute;n y Rosita cogen a Juan Luis y lo meten por el hueco de una ventana; (3) Juan Luis en el interior de la casa casi completamente a oscuras sigue corriendo y sube por una escalera que da a una buhardilla; (4) aparece por la trampilla de la buhardilla, todo est&aacute; totalmente a oscuras, llevando un&nbsp; quinqu&eacute; en la mano, y al poco suben Negrin y Rosita; (5) apenas se ve nada y lo &uacute;nico que se ve al trasluz es una silla en un cuarto, el adorno de una puerta adintelada e, intuy&eacute;ndose, el perfil de Juan Luis bajando una escalera; (6) salida al exterior de Juan Luis corriendo visto a trav&eacute;s de una reja de alambre hasta que llega a una baranda de madera en la que se apoya y mira a un lado a ver si viene alguien; (7) vemos que Negr&iacute;n se encuentra debajo del balc&oacute;n de la casa junto a una lancha motora, a Juan Luis lo coge Rosita, se lo baja a Negrin, &eacute;ste lo coge en brazos, lo introduce en la lancha y suelta la cuerda de amarre; (8) llega corriendo Rosita, salta a la lancha, se acomoda en los asientos delanteros y (9) la lancha sale disparada rumbo al interior del lago y, describiendo una maniobra semicircular, nos descubre que lleva detr&aacute;s una canoa. Rodada casi toda ella en planos generales seguro que requiri&oacute; de una planificaci&oacute;n fuera de lo com&uacute;n pues cada plano est&aacute; estudiado con una puesta en escena espec&iacute;fica puesto que en cada caso la c&aacute;mara adopta una posici&oacute;n previamente establecida que implica necesariamente un cambio de ubicaci&oacute;n en el operador; es decir, la pel&iacute;cula es montada directamente en el rodaje, que era, como sabemos, el sistema (por <em>d&eacute;coupage</em>) preferido por Bu&ntilde;uel y cada plano est&aacute; rodado situ&aacute;ndose la c&aacute;mara en el lugar exacto para conseguir el m&aacute;ximo de legibilidad de la escena y as&iacute; mantener el ritmo din&aacute;mico y &aacute;gil de la hu&iacute;da representada; en este sentido es muy probable que entendiera esta peliculita, adem&aacute;s de como un divertimento, como un peque&ntilde;o ensayo para no perder el pulso tras tanto tiempo sin poder hacer nada creativo. Es en estos detalles aparentemente banales e intrascendentes donde se manifiesta esa proverbial habilidad suya para sacar el m&aacute;ximo partido expresivo y est&eacute;tico a los recursos puestos a su disposici&oacute;n: en este caso sacar de algo tan nimio una peque&ntilde;a historia de hu&iacute;da y de misterio en torno a una casa abandonada en un embarcadero&hellip;</p>
<p>La siguiente secuencia consta de tres planos y una duraci&oacute;n de trece segundos. Sale la familia Bu&ntilde;uel al completo: primero el padre lleva en brazos al peque&ntilde;o Rafael &ndash;en una de las im&aacute;genes m&aacute;s novedosas de la pel&iacute;cula&ndash;, luego se lo da a su&nbsp; madre, que se encuentra en una barca con Juan Luis y, en compa&ntilde;&iacute;a de Negr&iacute;n, en el muelle, sube el carrito del ni&ntilde;o y suelta las amarras.&nbsp; Evidentemente fue grabada por Rosita, que es la &uacute;nica que no sale en cuadro.</p>
<p>La quinta tiene por protagonista a Rafael a quien en apenas dos planos y 14 segundos de duraci&oacute;n le vemos llorar desesperadamente porque una mano amiga junto a su madre no atina a darle el biber&oacute;n hasta que al final lo consigue. La sexta es de una extraordinaria ternura porque tambi&eacute;n en dos planos y en 8 segundos se nos muestra a una madre feliz (que masca chicle) c&oacute;mo muestra orgullosa a su v&aacute;stago dormil&oacute;n y lo arrulla para que el padre pueda captarlo en toda su plenitud. Las dos est&aacute;n rodadas por su padre.</p>
<p>La s&eacute;ptima es m&aacute;s compleja: tiene diez planos, dura 1 minuto 22 segundos y podr&iacute;a perfectamente titularse &ldquo;Escena de interior hogare&ntilde;o&rdquo;. En su primera parte, rodada por Rosita, aparece primero, ocupando todo el cuadro, Juan Luis dibujando con pastel sobre una mesa; luego se ampl&iacute;a la distancia y con &eacute;l en primer t&eacute;rmino vemos al fondo a Jeanne con el beb&eacute; y a Bu&ntilde;uel (de espaldas) y Negr&iacute;n sentados jugando a un juego de mesa, se acerca Jeanne con el beb&eacute; junto a Juan Luis y &eacute;ste r&iacute;e; luego se pasa a un primer plano del beb&eacute; y acto seguido la c&aacute;mara enfoca a Negr&iacute;n (de perfil) moviendo ficha jugando con Bu&ntilde;uel a las damas con Jeanne y el beb&eacute; de fondo (en un determinado momento Bu&ntilde;uel, tras hacer jugada, mira a la c&aacute;mara y sonr&iacute;e: es sin duda otra de las im&aacute;genes destacadas de la pel&iacute;cula); despu&eacute;s hay un contraplano frontal de Negr&iacute;n y la c&aacute;mara se mueve en panor&aacute;mica hacia la derecha donde est&aacute; Jeanne atus&aacute;ndole el abundante pelo a Rafael. Llegados a este punto la c&aacute;mara pasa a manos de Bu&ntilde;uel pues vemos a Rosita ocupando su sitio jugando con su marido para acto seguido, describiendo una panor&aacute;mica casi circular, mostrarnos a Juan Luis incorporado al grupo de su madre y su hermano para, despu&eacute;s de un primer plano de Rosita, y de Negrin jugando con ella, recrearse en la delicada operaci&oacute;n de Jeanne peinando a su beb&eacute;.</p>
<p>La &uacute;ltima secuencia es el digno colof&oacute;n de toda la pel&iacute;cula pues en doce planos y 54 segundos se resume el esp&iacute;ritu de juego, diversi&oacute;n y concordia que reinar&iacute;a en esas vacaciones: primero juegan a tirarse un plato por encima de una red (Bu&ntilde;uel con Rosita, &eacute;sta con Jeanne, &eacute;sta con su marido, Rosita con Negr&iacute;n y finalmente &eacute;ste con Jeanne &ndash;donde hay otra de las im&aacute;genes principales de la pel&iacute;cula cuando Jeanne se dirige a jugar y mirando a su marido, que es el que rueda en ese momento, le hace burla con la lengua); luego capta a Juan Luis paseando con una flor en las manos para desde all&iacute;, tras un barrido espectacular casi en c&iacute;rculo, centrarse en Negr&iacute;n y su mujer que simulan pelearse alegremente&hellip;</p>
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<p><strong>REFERENCIAS</strong></p>
<p>Javier Herrera, &ldquo;The Decisive Moments of Bu&ntilde;uel&rsquo;s Time in the United Status: 1938-40. An Analysis of Previously Unpublished Letters&rdquo; en Peter W. Evans &amp; Isabel Santaolalla, <em>Luis Bu&ntilde;uel. </em><em>New Readings. </em>London: British Film Institute, 2004, pp. 43-64</p>
<p>Jeanne Rucar, &ldquo;Vida en Estados Unidos&rdquo; en <em>Memorias de una mujer sin piano</em>. Madrid: Alianza Editorial, 1990, pp. 61-79</p>
<p><em>Bu&ntilde;uel en Hollywood</em>. V&iacute;deo VHS. Sogecable, 2000&nbsp;</p>
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      <pubDate>Thu, 18 Sep 2014 07:09:01 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Escritores regios]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/escritores-regios/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/DULCE_MAR_A_GONZ_LEZ500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&Uacute;ltimamente he estado en el correo electr&oacute;nico como quien pasa las horas filosofando en el caf&eacute;. Vivir entre los libros y el di&aacute;logo intern&eacute;tico me est&aacute; convirtiendo en ermita&ntilde;a, pens&eacute;, y decid&iacute; tomar aire fresco: me desprend&iacute; del teclado y sal&iacute; rumbo a la Galer&iacute;a Regia. Era mi&eacute;rcoles y esa noche se presentaba <em>Cuaderno de la nieve</em> (Mantis Editores-Conarte, 2004), nuevo poemario de Guillermo Mel&eacute;ndez.</p>
<p><br /> En la mesa de presentaci&oacute;n, Xavier Araiza y Eduardo Zambrano hablaban de la poes&iacute;a de Mel&eacute;ndez. Se mencion&oacute; a Sartre, a Merleau-Ponty, a Pessoa. En el poemario las referencias son interminables: Blake, Dante, Eliseo Diego, Pizarnik, Nietzsche, Safo, Miguel Hern&aacute;ndez, Cavafis... La poes&iacute;a de Guillermo Mel&eacute;ndez no es nada f&aacute;cil; y sin embargo, con toda su iron&iacute;a y sus intertextualidades, resulta muy disfrutable.</p>
<p><br /> Record&eacute; las palabras de un amigo escritor una ocasi&oacute;n en que convers&aacute;bamos precisamente de Mel&eacute;ndez, del prestigio que &eacute;ste se ha ganado a fuerza de trabajo, de persistencia, de haber apostado a la poes&iacute;a un poco en silencio, sin pretensiones, asumiendo su oficio desde un anonimato que parec&iacute;a tenerlo sin cuidado y que desapareci&oacute; con los a&ntilde;os, cuando se convirti&oacute; en un -poeta de la ciudad, alguien que, como dijo Araiza durante su presentaci&oacute;n, habla de las calles de Monterrey, de los bares, de los rincones que de pronto descubre ante los ojos de quienes habitamos esta ciudad sin asomarnos, casi sin verla.</p>
<p><br /> Alguien hab&iacute;a dicho hace poco que el poeta de la ciudad tiene en este momento 15 a&ntilde;os, ya que hasta ahora no ha habido nadie capaz de sintetizarla. Descalific&oacute; a nuestros poetas uno por uno, asegurando de unos cuantos que sus textos resultan -decentes, pero no poseen grandeza.</p>
<p><br /> A los regios nos resulta dif&iacute;cil aceptar la importancia de quienes se dedican a expresar la otra parte que somos: nuestras fantas&iacute;as y deseos, nuestros sue&ntilde;os y desencantos. Si un gran poeta es aquel capaz de establecer con el lector una comunicaci&oacute;n &iacute;ntima, alguien que hace sentir al otro que el poema es suyo, que dice sus cosas, entonces no me explico el motivo por el cual, para nosotros, los buenos escritores no se relacionan con nuestras experiencias de lectura, sino con las opiniones del Centro. S&oacute;lo por esta v&iacute;a se reconoce el trabajo de un escritor regiomontano.</p>
<p><br /> Cuando pienso en la relaci&oacute;n que existe entre nuestra ciudad y la poes&iacute;a de Guillermo Mel&eacute;ndez me viene a la mente &Aacute;lvaro Mutis, los lazos profundos entre sus textos y la Ciudad de M&eacute;xico.</p>
<p><br /> Pero comparar a Mutis con uno de los nuestros es arriesgarse a hacer el rid&iacute;culo si Krauze no lo ha legitimado con anterioridad.</p>
<p><br /> Para los regiomontanos, el problema de nuestros poetas es que son de aqu&iacute;; en consecuencia, no se puede esperar gran cosa de ellos. He aqu&iacute; un buen ejemplo de baja autoestima, una t&iacute;pica actitud regia.</p>
<p><br /> II. Los fabulosos veinte</p>
<p><br /> Sucede que, no conforme, el jueves regres&eacute; a la misma galer&iacute;a; esta vez para escuchar la lectura de &Oacute;scar David L&oacute;pez, poeta de 22 a&ntilde;os. La presentadora era Gabriela Torres, narradora de la misma edad, y actual becaria del Centro de Escritores.<br /> <br /> La seriedad se les nota a los muchachos desde el principio, pens&eacute;, el af&aacute;n de profesionalismo que los distingue entre sus compa&ntilde;eros.</p>
<p><br /> No pod&iacute;a evitar una sonrisa de orgullo al escuchar a la Gaby leer, con su voz fuerte y su apostura envidiable, las m&uacute;ltiples referencias a poetas y narradores, grupos de rock, juegos de Nintendo, programas de televisi&oacute;n y toda una serie de elementos con los cuales dibuj&oacute; un mapa generacional como introducci&oacute;n a la poes&iacute;a de &Oacute;scar.</p>
<p><br /> &iquest;Qu&eacute; dicen ellos en su momento de arranque, cuando apenas se dirigen hacia sus propias definiciones? &Oacute;scar David inici&oacute; su lectura con tres ep&iacute;grafes: uno de Gerardo Denis, el siguiente de Laura Le&oacute;n, y el &uacute;ltimo de Jos&eacute; Jos&eacute;. Enseguida ley&oacute; una serie de poemas de calidad desigual, pero todos ellos frescos, rebosantes de energ&iacute;a, de ganas de decir sus cosas. Hubo dos o tres verdaderamente hermosos.</p>
<p><br /> Evoqu&eacute; a los &Oacute;scar y Gaby preparatorianos, cuando &Oacute;scar no se hab&iacute;a enfermado, ni so&ntilde;aba que vendr&iacute;an estos dos &uacute;ltimos a&ntilde;os de hospitales; cuando Gaby era una ni&ntilde;a t&iacute;mida que apenas hablaba; cuando a&uacute;n no imaginaban que alguna vez iniciar&iacute;an el proyecto <em>Harakiri</em>, que actualmente re&uacute;ne a muchos de los escritores j&oacute;venes de nuestra ciudad.</p>
<p><br /> "La generaci&oacute;n actual de talleristas hace demasiadas concesiones con estos j&oacute;venes", suelen decir algunos escritores que conozco, "los est&aacute;n chiflando". Sin embargo, apenas empez&oacute; a leer &Oacute;scar record&eacute; el apoyo de nuestros maestros y coordinadores. &iquest;Qu&eacute; ser&iacute;a de nosotros si no nos hubieran mostrado una confianza de ese tama&ntilde;o?</p>
<p><br /> Me vinieron a la mente los dos Jorges: Xorge Manuel Gonz&aacute;lez y Jorge Cant&uacute; de la Garza. Record&eacute; tambi&eacute;n algunas opiniones de sus compa&ntilde;eros, id&eacute;nticas a las de mis conocidos. En el caso de nuestra generaci&oacute;n, el apoyo de &eacute;stos y de tantos otros escritores signific&oacute;, m&aacute;s que condescendencia destructiva, un empuje fuerte, una seguridad, una manera de ayudarnos a pisar tierra firme.</p>
<p><br /> Al salir esa noche de la galer&iacute;a ca&iacute; en la cuenta de que hab&iacute;a presenciado una especie de rese&ntilde;a. No era solamente la gente de las mesas en ambos eventos, o el p&uacute;blico que en las dos ocasiones llen&oacute; la sala; era el fen&oacute;meno literario regiomontano manifestado a trav&eacute;s de diferentes generaciones. Un proceso vivo, din&aacute;mico.</p>
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<p><em>Texto publicado en la secci&oacute;n Arte del peri&oacute;dico </em><em>El Norte</em><em>. Monterrey, M&eacute;xico. </em>(Noviembre 2004)</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 16 Sep 2014 06:30:09 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Caperucita en El Boalo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/caperucita-en-el-boalo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Septiembre/CARMEN-MARTIN-GAITE_500.jpg" alt="" /></p>
<p>La primera vez que vi en persona a Carmen Mart&iacute;n Gaite ten&iacute;a yo 17 a&ntilde;os. En esa ciudad nuestra, fr&iacute;a y adusta pero tambi&eacute;n firme y serena de <em>Entre visillos</em>, siempre era un verdadero acontecimiento recibir a &ldquo;nuestra escritora&rdquo;. Ella lleg&oacute; para dar una charla en alguna instituci&oacute;n que ni siquiera recuerdo aunque s&iacute; su pelo blanco, su boina de punto con su broche de Amor y ese desparpajo cantar&iacute;n, casi adolescente que la hac&iacute;an parecer una mezcla entre un hada buena y un personaje sacado de lo m&aacute;s profundo de nuestra tierra. No la conoc&iacute;a pero ya la admiraba y todav&iacute;a hoy conservo esa fascinaci&oacute;n por las personas que como ella construyen historias pero tambi&eacute;n las saben contar, que no es lo mismo aunque a veces creamos que s&iacute;. Ella las contaba y las cantaba, las hilaba y de esta forma encandil&oacute;, como s&oacute;lo ella pod&iacute;a hacerlo, a todas aquellas todav&iacute;a ni&ntilde;as que, como ella hab&iacute;a sido un d&iacute;a ya lejano, &eacute;ramos alumnas de un colegio de provincia castellana. Alguien me la present&oacute; y yo, rendida ante su presencia, ni siquiera pod&iacute;a imaginar que 13 a&ntilde;os despu&eacute;s nos volver&iacute;amos a encontrar, de otra forma muy distinta, y casi por &uacute;ltima vez.</p>
<p>Fue en el a&ntilde;o 2000, pocos meses antes de su muerte y fui a visitarla a su casa de Doctor Esquerdo. Iba a contarle, con temblor de rodillas, como no pod&iacute;a ser menos, y ese respeto casi reverencial como el que recordaba de mi primer encuentro a los 17 a&ntilde;os, de mi incorporaci&oacute;n a Siruela, a hablarle de proyectos futuros y, sobre todo, a dejarme fascinar de nuevo por ese hada de mi adolescencia, por esa caperucita urbana que, como dijo Gustavo Mart&iacute;n Garzo nos ense&ntilde;a desde sus p&aacute;ginas que <em>&ldquo;</em>no hay que tener miedo a vivir (&hellip;) que la vida se transforma muchas veces en un laberinto temible pero que basta con amarla de verdad para encontrar una salida<em>&rdquo;</em>. Y yo, en el mismo centro de mi laberinto, encontr&eacute; de su mano la fuerza para caminar hacia la salida, en sus palabras la energ&iacute;a para enfrentarme a los lobos que aparecen en el camino de cualquier caperucita y en su ejemplo la capacidad para crecer como mujer y no sentir miedo ante el t&uacute;nel negro que, como Sara Allen, todos tenemos delante en alg&uacute;n momento. Fueron unas horas que hoy todav&iacute;a conservo en mi memoria como si hubieran sido ayer&hellip;</p>
<p>Despu&eacute;s ya se fue&hellip; Demasiado pronto para mi que s&oacute;lo pude verla dos o tres veces m&aacute;s. Demasiado pronto para todos. Nos dej&oacute; como hab&iacute;a vivido y as&iacute;, como la protagonista de su particular Caperucita <em>&ldquo;</em>meti&oacute; la moneda en la ranura, dijo: &ldquo;Miranf&uacute;!&rdquo;, se descorri&oacute; la tapa de la alcantarilla y Sara, extendiendo los brazos, se arroj&oacute; al pasadizo, sorbida inmediatamente por una corriente de aire templado que la llevaba a la Libertad<em>&rdquo;.<a title="" href="#_ftn1">*</a></em></p>
<p>Pero aqu&iacute; no termin&oacute; este cuento, al contrario, todav&iacute;a hoy contin&uacute;a, porque esta otra Caperucita, la de El Boalo, nos dej&oacute; mucho; mucho en aquel momento de extra&ntilde;eza y mucho todav&iacute;a hoy de la mano de su hermana Ana Mar&iacute;a, la mejor depositaria de su obra y de su memoria, la persona con la que en su casa de El Boalo he podido vivir a Carmen Mart&iacute;n Gaite, mirar sus fotos, recrearme en su paisaje, buscar entre sus recuerdos, rescatar sus escritos, revivir su vida y, sobre todo, encontrar a dos amigas: a la que se conoce desde el recuerdo y desde el espejo y a la que se conoce desde el cari&ntilde;o y la cercan&iacute;a. Cada caj&oacute;n que su hermana Ana abr&iacute;a, desplegaba ante mi un mundo desconocido, una sorpresa, un regalo m&aacute;s de la siempre sorprendente Carmi&ntilde;a, un nuevo viaje, una nueva faceta, un misterio desvelado, un premio para esta todav&iacute;a editora principiante &aacute;vida de conocer y de dar a conocer m&aacute;s de esta mujer eterna. Y de esta forma otros proyectos han ido surgiendo en este tiempo, m&aacute;s all&aacute; de aquellos <em>Dos cuentos maravillosos</em>, <em>Esperando el porvenir</em> y <em>Caperucita en Manhattan</em>. Con la ayuda de Ana Mar&iacute;a he tenido, hemos tenido en Siruela, el privilegio de publicar su <em>Visi&oacute;n de Nueva York</em>, sus escritos period&iacute;sticos en <em>Tirando del hilo</em> y nuevos proyectos que llegar&aacute;n.</p>
<p>Por eso, y por muchas otras cosas que me guardo para m&iacute; como un tesoro, no puedo tener m&aacute;s que palabras de gratitud para estas dos hermanas, estas dos mujeres que nacieron antes del tiempo que les correspond&iacute;a y que juntas me han dado y me siguen dando el mejor de los ejemplos de fortaleza y de vida.</p>
<p>Gracias Carmen, Calila, Carmi&ntilde;a, por dejarme vivir esa maravillosa experiencia de ser la editora de muchas de tus obras. Gracias Anita por tu confianza, tu cari&ntilde;o, tu labor (muchas veces en la sombra) y tu amistad. Y gracias, sobre todo, a todos los lectores de la obra de Carmen Mart&iacute;n Gaite, que sois, sin duda, los que har&eacute;is que ella siga viviendo para siempre en nuestras lecturas y en nuestros corazones.<strong></strong></p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p align="right"><strong>&nbsp;</strong></p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">*</a> P&aacute;rrafo final de <em>Caperucita en Manhattan</em> de Carmen Mart&iacute;n Gaite, publicada por Ediciones Siruela.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 15 Sep 2014 06:17:54 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Violación y nota]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/violacion-y-nota/</link>
      <description><![CDATA[<p style="padding-left: 390px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 390px;">&nbsp;</p>
<p><em><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas23/Antonio_Gamoneda_500_px.jpg" alt="" /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
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<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<h1><span style="font-size: small;"><strong>Violaci&oacute;n</strong></span></h1>
<p>&nbsp;</p>
<p>Silba el amanecer, florece el hierro</p>
<p>bajo la incandescencia de los p&aacute;jaros</p>
<p>Pero tambi&eacute;n sucede el mar y las preguntas caen sobre la piel de</p>
<p>la melancol&iacute;a como un caballo que galopase en la memoria</p>
<p>y el hielo viene devorando sombra,</p>
<p>y esto es el d&iacute;a: s&iacute;labas azules</p>
<p>y las palomas perseguidas por el llanto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&shy;&shy;&shy;&shy;&shy;Nota</strong>&shy;&shy;&shy;&shy;&shy;&shy;&shy;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En general, aborrezco los experimentos literarios, pero me atrae salvajemente la reescritura, la penetraci&oacute;n de textos sin m&aacute;s fin que el de conducirlos a otra corporeidad despreciando el sentido y dem&aacute;s accidentes. Lo he hecho en dos o tres ocasiones con poemas ajenos, y Miguel Casado, que suaviza su autoridad con la iron&iacute;a, defini&oacute; cada actuaci&oacute;n como un &ldquo;atentado&rdquo;. Acatamiento, por mi parte.</p>
<p>Violador relapso, esta vez les ha tocado a mis propios poemas. Eran tres. Fracasados, a mi modo de ver. La feroz turbina los ha destrozado y convertido en lo que arriba queda escrito. Renuncio a explicarme. A&ntilde;ado &uacute;nicamente que esta nota tiene que ver con la perversi&oacute;n y la sinceridad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 12 Sep 2014 10:29:06 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rafael Gumucio: "mi abuela era la única persona para quien el exilio no era una novedad"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/rafael-gumucio-mi-abuela-era-la-unica-persona-para-quien-el-exilio-no-era-una-novedad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/RAFAEL_GUMUCIO500.jpg" alt="" /></p>
<p>Rafael Gumucio (Santiago, 1970) es una de las figuras actuales m&aacute;s s&oacute;lidas de las letras chilenas. El pasado junio, present&oacute; en la Casa de Am&eacute;rica de Madrid su nuevo libro: <em>Mi abuela, Marta Rivas Gonz&aacute;lez</em> (Ediciones UDP).</p>
<p>Hija del diplom&aacute;tico Manuel Rivas Vicu&ntilde;a, y esposa del senador Rafael Agust&iacute;n Gumucio, Marta Rivas Gonz&aacute;lez, una arist&oacute;crata de izquierdas, fue testigo de excepci&oacute;n de la historia de Chile de los &uacute;ltimos cien a&ntilde;os.</p>
<p>De la mano de su abuela, profesora en la Soborna, Rafael Gumucio se estren&oacute; de manera un tanto abrupta en la edad adulta. Tras el golpe de estado de Pinochet en 1973, Marta y Rafael compartieron la soledad del exilio en Par&iacute;s al abrigo de autores determinantes en la vida de ambos como Proust.</p>
<p>Es esta una cr&oacute;nica familiar, escrita desde el humor, la poes&iacute;a y la rabia, donde el escritor nos descubre a una abuela exc&eacute;ntrica, amiga de Marguerite Yourcenar, Garc&iacute;a M&aacute;rquez o Jos&eacute; Donoso, y a quien Cela invit&oacute; sin &eacute;xito a Mallorca.&nbsp; Gumucio narra en primera persona, c&oacute;mo fue aquella relaci&oacute;n de amor y el vac&iacute;o que dej&oacute; la muerte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En nuestra conversaci&oacute;n, el escritor y periodista habl&oacute; adem&aacute;s del futuro del periodismo, de su c&aacute;tedra de Estudios humor&iacute;sticos en la universidad santiaguina Diego Portales y, c&oacute;mo no, de literatura.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>-&nbsp; Uno de los problemas primeros con los que se enfrenta un escritor es elegir un tema y unos personajes, en este libro lo has tenido f&aacute;cil, estaba en tu familia&hellip;</p>
<p>-<strong> &nbsp;</strong>Casi todos mis libros versan sobre mi vida familiar. He tenido la suerte de tener una familia muy divertida, que ha estado muy comprometida con sus circunstancias y con la vida de Chile; que adem&aacute;s tiene un cierto gen exhibicionista que le hace contar sus cosas como si ellos esperaran que alguien las contara. He sido yo quien lo ha hecho. Cuando empec&eacute; a escribir no pens&eacute; nunca que este iba a ser mi tema. No pens&eacute; que iba a ser el cronista de mi familia, pero conforme pasan los a&ntilde;os, la verdad es que las mejores historias son las que est&aacute;n cerca de m&iacute;. He tenido el raro privilegio de contar con el permiso impl&iacute;cito de contarla, y eso es lo que he hecho desde entonces.</p>
<p>-&nbsp; Gracias a Marta Rivas,&nbsp; el lector se acerca a una clase social que ella representa, me refiero a la aristocracia de izquierdas.</p>
<p>- En Chile ese grupo social se prolong&oacute; durante muchos a&ntilde;os en la historia. De hecho, casi todo lo que el mundo conoce de Chile nace de esa clase social. Tuvo una enorme importancia. A m&iacute; me interes&oacute; sobre todo por las contradicciones, porque mi abuela era de izquierdas en cosas que uno no se esperaba, y de derechas en cosas que tampoco esperabas. Ella ten&iacute;a el ADN de ambos mundos y eso era realmente interesante porque me ahorraba construir un mar de personajes; con ella ten&iacute;a todo un mundo.</p>
<p>- Su abuela era una mujer de mentalidad abierta. Hoy la reconocer&iacute;amos como una feminista.</p>
<p>- Gen&eacute;ticamente era feminista, al contrario que otras mujeres que se han autoimpuesto ideol&oacute;gicamente la liberaci&oacute;n. Ella lo era sin quererlo, en un medio donde el feminismo era impensable. Pero, creo que su intento no fue liberarse sino al contrario, amarrarse, encontrar un marido y una familia en la que buscar protecci&oacute;n. Con tan mala suerte&nbsp; de encontrar un marido como mi abuelo, que en el papel representaba el conservadurismo ac&eacute;rrimo, pero que en la vida real se transform&oacute; en un hombre de izquierdas y para nada machista. Con el tiempo he llegado a pensar que el hombre conservador que buscaba, no se hubiera casado nunca con ella, s&oacute;lo mi abuelo pudo hacerlo.</p>
<p>- &iquest;Y eso?</p>
<p>- Porque ella era de las que dec&iacute;an a voz en cuello lo que opinaba, que era m&aacute;s inteligente y m&aacute;s culta que cualquier hombre, no estaba preparada para el matrimonio tradicional latinoamericano. Yo quise ir m&aacute;s all&aacute; de lo que era visible. A ella le importaban las convenciones pero nunca pudo amoldarse a ellas. En su vida tampoco tuvo ocasi&oacute;n de protagonizar ning&uacute;n acto de rebeld&iacute;a. Quiso siempre trabajar, pero no lo hubiera hecho si mi abuelo no se hubiera arruinado. No fue un acto de rebeld&iacute;a o una Casa de mu&ntilde;ecas, sino pura supervivencia.</p>
<p>- Dos exilios le marcaron la vida.</p>
<p>- Ella vivi&oacute; en total 22 a&ntilde;os de su vida fuera de Chile, la mayor&iacute;a de su infancia y adolescencia. En su primer exilio vivi&oacute; dos a&ntilde;os en Suiza porque su padre fue nombrado presidente de la Liga de las Naciones. Pero era un fuera de Chile pensando en Chile, hablando de Chile, preocupada por Chile y entre chilenos. Ella ten&iacute;a un empe&ntilde;o en lo chileno aunque nunca se sinti&oacute; c&oacute;moda en Chile.</p>
<p>- Pero Marta Rivas quer&iacute;a morir en Chile a toda costa.</p>
<p>- Quer&iacute;a morir en Chile porque no que quer&iacute;a que Pinochet le ganara la batalla. Dec&iacute;a que quer&iacute;a volver por el clima. Yo no creo que fuera por eso, el clima de Chile es muy malo. Seguramente era por la luz. Hay una luz en Santiago que no tiene Par&iacute;s y que a ella le era necesario; luego estaban los afectos. Vivir en el exilio exige vivir permanentemente en un logro, no te deja vivir en la inconsciencia. Pero para nosotros, que volviera a Chile nos parec&iacute;a algo il&oacute;gico porque ella era feliz en Par&iacute;s, hab&iacute;a conseguido una buena vida. Era muy divertido porque los rusos blancos pensaban que mi abuela era una rusa y la llamaban: Olga, Sonia&hellip;</p>
<p>Vivi&oacute; un tiempo en el mismo hotel que el pr&iacute;ncipe Yusipov, que fue quien envenen&oacute; a Rasput&iacute;n. Yusipov, que era buen mozo y muy homosexual, ten&iacute;a un novio chileno: Cuevas, Cuevitas. Un personaje divertid&iacute;simo que se fue de Chile, se convirti&oacute; en un mecenas del ballet y se cas&oacute; con Margaret Rockefeller, nieta del millonario. Yusipov era su amante. Termin&oacute; siendo rico e importante, pero en Chile le siguieron llamando Cuevitas, aunque en ese momento ya era el Marqu&eacute;s de Cuevas.</p>
<p>Tambi&eacute;n vivi&oacute; en el mismo barrio que Marguerite Yourcenar. Ella le ten&iacute;a ganas a mi abuela, le regalaba huevos pintados de Pascua. Eras amigas, pero a mi abuela que era conservadora en el fondo, le asustaba que fuera tan abiertamente lesbiana.</p>
<p>Mi abuela amaba la literatura y quer&iacute;a a los escritores pero no le gustaba el esnobismo. En cuanto un escritor famoso le hac&iacute;a demasiado caso, ella se distanciaba. Le pas&oacute; con Camilo Jos&eacute; Cela. En sus clases ella hablaba de <em>La familia Pascual Duarte</em>. Cela se enter&oacute; que una profesora de la Sorbona hablaba de su obra y la invit&oacute; a Mallorca. Mi abuela le dijo que no porque no quer&iacute;a ser una esnob. Me parece que hizo una tonter&iacute;a, quiz&aacute;s Cela hubiera escrito este libro y me hubiera ahorrado a m&iacute; el tiempo&hellip;</p>
<p>-&nbsp; Ella ten&iacute;a sus m&aacute;s y sus menos con los escritores&hellip;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>- Normalmente los escritores son siempre arribistas, y eso era algo que mi abuela no olvidaba. Yo siempre le dec&iacute;a que si hubiera conocido a Proust hubieran sido amigos claro, porque ten&iacute;an mucho en com&uacute;n, pero hubiera sido una amistad a la que mi abuela le hubiese puesto coto. Mi abuela hubiera suscrito la carta que le escribi&oacute; Gide a Proust rechazando su manuscrito, donde le dec&iacute;a que un escritor joven no puede ser bueno si vive obsesionado con princesas y duques. Gide se arrepentir&iacute;a despu&eacute;s toda su vida, como se hubiera arrepentido mi abuela.</p>
<p>Entabl&oacute; amistad con Garc&iacute;a M&aacute;rquez, pero &eacute;l se fue alejando y ella no hizo ning&uacute;n esfuerzo de acercamiento. Lo mismo le ocurri&oacute; con Isabel Allende. En el fondo era una especie de timidez que la paralizaba.&nbsp; De su relaci&oacute;n con Jos&eacute; Donoso hablo mucho en el libro, y lo pongo como ejemplo. Se conocieron cuando ambos eran muy j&oacute;venes. Eran dos personas con gustos, fobias y aficiones en com&uacute;n realmente asombrosas. Lo que les distanci&oacute; fue que Donoso era escritor, y ten&iacute;a demasiadas ganas de ser su amigo&hellip; Y mi abuela pens&oacute;: si este tiene tantas ganas es porque est&aacute; mal&hellip;</p>
<p>- Digamos que tampoco te anim&oacute; a ser escritor.</p>
<p>- S&iacute; y no. Me acerc&oacute; a la lectura de escritores que para m&iacute; han sido fundamentales: Proust, Ch&eacute;jov, T&oacute;lstoi, Shakespeare, tambi&eacute;n Ibsen, que&nbsp; le&iacute; tambi&eacute;n por ella, pero que no fue tan importante. No s&oacute;lo me alent&oacute; en la lectura, sino que foment&oacute; en m&iacute; la idea de que yo era escritor, que deb&iacute;a dedicarme a la literatura. Pero cuando vio que esto se hac&iacute;a realidad, entonces mantuvo una posici&oacute;n ambivalente.</p>
<p>- &iquest;Crees que sin la influencia de tu abuela, hubieras sido escritor de todas maneras?</p>
<p>- Yo quer&iacute;a ser escritor antes de conocerla, pero quiz&aacute;s me hubiera dedicado a escribir c&oacute;mics. Yo tengo primos que no ten&iacute;an ning&uacute;n inter&eacute;s por la literatura y que mi abuela adoraba. Nunca se le ocurri&oacute; fomentarle esa afici&oacute;n, fue algo que yo ped&iacute; y que se transform&oacute; en el eje de nuestra relaci&oacute;n.&nbsp; Fui el &uacute;nico de sus descendientes que hered&oacute; sus tomos de Proust, un escritor fundamental en su desarrollo como persona. Pero al mismo tiempo me recordaba que yo nunca ser&iacute;a como Proust.</p>
<p>- La relaci&oacute;n entre ustedes dos se forj&oacute; en Par&iacute;s. Ella necesitaba un hijo y usted un padre. &iquest;C&oacute;mo fue aquel exilio para ti?</p>
<p>- Yo buscaba a alguien que hubiese vivido esa cosa inaudita y extra&ntilde;a que est&aacute;bamos viviendo que era el exilio. Mi abuela era la &uacute;nica persona de las que me rodeaba para quien el exilio no era una novedad. Ella fue una gu&iacute;a.</p>
<p>Fue un tiempo doloroso porque en mi caso se cruz&oacute; con la separaci&oacute;n de mis padres, la destrucci&oacute;n de un cierto equilibrio familiar que me influy&oacute; tanto o m&aacute;s que el exilio f&iacute;sico. Evidentemente las dos cosas juntas fue como una bomba. Yo era una persona hipersensible, que en mi caso vino acompa&ntilde;ado de hechos externos. Ahora puedo ir al psic&oacute;logo y tener una justificaci&oacute;n&hellip; (R&iacute;e).&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Era Par&iacute;s entonces una ciudad dura para un extranjero?</p>
<p>Muy dura, fr&iacute;a y solitaria. Par&iacute;s no le ahorra dificultades a nadie. Tambi&eacute;n hay un dato que est&aacute; feo decirlo, pero nosotros nos desclasamos en Par&iacute;s. Fuimos a vivir a una ciudad europea, importante, pero para mi familia fue una p&eacute;rdida. En Chile cont&aacute;bamos con una red de apoyo en la que sent&iacute;amos que pasara lo que pasara no te iba a ocurrir nunca nada. Esto lo rompi&oacute; primero Pinochet y luego el exilio confirm&oacute; esa sensaci&oacute;n de que no est&aacute;bamos seguros en ninguna parte.</p>
<p>- Los escritores chilenos de distintas generaciones, como Alberto Fuguet, Alejandro Zambra o t&uacute; mismo, llevan la dictadura en el ADN de su escritura.</p>
<p>- En los nombres que has citado cada uno lo vivi&oacute; de un modo distinto: Alberto Fuguet vivi&oacute; la dictadura hasta los 20-23 a&ntilde;os. Yo la viv&iacute; hasta los 18,&nbsp; y Zambra hasta los 14. Pero hay un periodo del que se va a hablar con toda seguridad en la novela chilena.&nbsp; Yo mismo estoy escribiendo sobre la &eacute;poca de la transici&oacute;n: del 88 al 98, donde Pinochet ya estaba preso en Londres, pero su sombra era alargada.</p>
<p>La dictadura es un tiempo donde los pa&iacute;ses se reencuentran con sus peores y sus mejores demonios. Allende era algo que nosotros no hubi&eacute;ramos querido ser, pero nunca fuimos. Pinochet fue alguien que nunca quisimos ser pero fuimos. Un dictador se parece a lo peor de su pa&iacute;s.</p>
<p>- En estas memorias hay dos voces: la voz de Marta Rivas y la tuya. T&uacute; planteas cosas que quiz&aacute;s no te hubieras atrevido a decirle.</p>
<p>- Estuvo demente muchos a&ntilde;os antes de morir. Yo me hab&iacute;a resignado a la idea de que ya no me hac&iacute;a falta, que no la necesitaba. Cuando se fue, empec&eacute; a necesitarla, ajustar cuentas con ella, y sobre todo preguntarle muchas cosas sobre c&oacute;mo vivir. Yo la conoc&iacute; de vieja y yo a&uacute;n era un ni&ntilde;o. Nunca supe c&oacute;mo vivi&oacute; de los 35 hasta los 60 a&ntilde;os, que es el tiempo en la que uno tiene hijos, casa, perro, donde se vive de una manera rutinaria. Cuando empec&eacute; a vivir ese tiempo, fue cuando comenc&eacute; a hacerle esas preguntas: c&oacute;mo nosotros, que &eacute;ramos tan distintos por herencia hist&oacute;rica, que no est&aacute;bamos hechos para una vida burguesa y banal pod&iacute;amos construir la vida. Me hubiese sido muy &uacute;til, pero ya no estaba. De alguna manera tuve que inventarla para que me respondiera a todas estas cuestiones.&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Crees que a Marta Rivas le hubiera gustado el libro?</p>
<p>- Hay un poeta chileno muy bueno, Armando Uribe, que fue muy amigo de mi abuela, y a quien yo le di a leer el manuscrito.&nbsp; &Eacute;l me dijo: tu abuela hubiera odiado tu libro y a la vez hubiera sentido mucho orgullo. Habr&iacute;a detestado que hubieras sido capaz de escribirlo y habr&iacute;a adorado que lo hubieras hecho. No s&eacute; si se entiende la paradoja.</p>
<p>- &iquest;Ha sido una manera de enterrarla?</p>
<p>- S&iacute;. Entre su muerte y la novela escrib&iacute; una obra de teatro que estaba basada en ella y que protagoniz&oacute; una actriz que se le parece mucho, Delfina Guzm&aacute;n. Con esa obra pens&eacute; que de alguna manera hab&iacute;a logrado resucitarla, pero cuando se public&oacute; este libro, mi abuela ya no estaba.</p>
<h3>- Colaboras con diversos peri&oacute;dicos. En tu caso, &iquest;trazas una l&iacute;nea entre el escritor y el periodista?</h3>
<p>- Yo nunca he pretendido ser periodista. Escribo como un escritor que se amolda al formato y a las necesidades editoriales del diario.<strong> </strong>Mis columnas son de opini&oacute;n, cultura, literatura, pol&iacute;tica y sociedad; tambi&eacute;n hago entrevistas.</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo ves el oficio de periodista en el mundo actual?</p>
<p>&nbsp;Hay una inflaci&oacute;n del periodismo, lo mismo que pasa con la democracia porque ambos est&aacute;n relacionados. El poder opinar desde tu m&oacute;vil parece democr&aacute;tico pero no es democracia. La democracia tambi&eacute;n supone someterse a un orden. El periodismo es el derecho a opinar de una sociedad a trav&eacute;s de un peri&oacute;dico, pero no es lo mismo a que todos los ciudadanos griten al mismo tiempo.</p>
<p>El periodismo y la literatura sobrevivir&aacute;n, pero creo que acabar&aacute; con los profesionales que tienen este oficio como forma de subsistencia. Se perder&aacute; parte de la historia, la diversidad de voces, se convertir&aacute; en un periodismo previsible donde lo m&aacute;s importante ser&aacute;n las firmas.</p>
<p>- H&aacute;blame de tu faceta como director del Instituto de estudios humor&iacute;sticos en la Universidad Diego Portales. &iquest;En qu&eacute; consiste esta c&aacute;tedra?</p>
<p>- Es un curso complementario en la Escuela de Periodismo en la universidad, donde ense&ntilde;amos maneras de hacer humor aplicado en su trabajo. Organizamos tambi&eacute;n actividades donde explicamos el tipo de humor que se hace en Chile.</p>
<p>- Viviste en Madrid, despu&eacute;s en Barcelona. El atractivo de Espa&ntilde;a para los escritores hispanoamericanos se prolong&oacute; m&aacute;s all&aacute; del Boom.</p>
<p>- Cuando vine, el centro de la cultura en castellano era Espa&ntilde;a, ya no lo es. Vinimos a Espa&ntilde;a y fue una &eacute;poca gloriosa. Lamento mucho que despu&eacute;s, con la crisis, los destinos se hayan alejado tanto. Un chileno conoce a muy pocos escritores espa&ntilde;oles, y a un espa&ntilde;ol le pasa lo mismo con los escritores chilenos. Es una pena.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 10 Sep 2014 10:42:46 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En el principio fue "El Quijote"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/en-el-principio-fue-el-quijote/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/JOS_ORTEGA_Y_GASSET500.jpg" alt="" /></p>
<p>La conmemoraci&oacute;n en 2014 del centenario de la fecha que da nombre a una de las m&aacute;s importantes generaciones de intelectuales &ndash; para algunos, la m&aacute;s destacada &ndash; de la historia de Espa&ntilde;a ha servido, entre otras cosas, para revisar la vida y reivindicar la obra del que, a mi juicio, es el mejor pensador que ha dado la cultura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea y el miembro m&aacute;s preeminente de aquel grupo de hombres y mujeres que, con su esfuerzo individual y sus iniciativas conjuntas, trataron de regenerar y modernizar un pa&iacute;s que dormitaba, desde la fecha simb&oacute;lica de 1898, encerrado en una especie de bucle melanc&oacute;lico y autodestructivo.</p>
<p>Esta puesta en valor de la obra de Jos&eacute; Ortega y Gasset (1883-1955) tiene uno de sus hitos fundamentales en la publicaci&oacute;n por parte de Alianza Editorial de una biblioteca de autor en formato de bolsillo, destinada a albergar un total de cuarenta t&iacute;tulos, seleccionados de entre la vasta y variada producci&oacute;n del fil&oacute;sofo madrile&ntilde;o. Junto con la puesta en marcha de esta colecci&oacute;n, pensada para facilitar el acceso del gran p&uacute;blico a un corpus textual que se ofrece en ediciones accesibles y econ&oacute;micas, el broche de oro a esta recuperaci&oacute;n del legado orteguiano ha sido la publicaci&oacute;n de una edici&oacute;n conmemorativa de <em>Meditaciones del Quijote</em> en dos peque&ntilde;os libros: un primer volumen con una exquisita reproducci&oacute;n facs&iacute;mil de aquel ensayo editado en 1914 por las Publicaciones de la Residencia de Estudiantes, y un segundo tomo con un documentad&iacute;simo estudio introductorio de Javier Zamora Bonilla y un detallado ap&eacute;ndice a cargo de Jos&eacute; Ram&oacute;n Carriazo Ruiz, en el que se re&uacute;nen todas las variantes que fue introduciendo Ortega en las sucesivas reediciones del ensayo.</p>
<p>Como es sabido, el origen de este texto fundamental, el primero que concibi&oacute; y public&oacute; su autor en forma de libro, se sit&uacute;a en torno a los a&ntilde;os 1912-1913, cuando Ortega redact&oacute; un conjunto de escritos que, en principio, estaban destinados a formar parte de una serie de vol&uacute;menes de los que, no obstante, solo vio la luz el primero, titulado <em>Meditaciones del Quijote</em>.<em> </em>Consist&iacute;a dicho proyecto, finalmente inconcluso, en la publicaci&oacute;n de varios &ldquo;ensayos de amor intelectual&rdquo; sobre la cultura espa&ntilde;ola a los que el fil&oacute;sofo dio el nombre provisional de &ldquo;salvaciones&rdquo; (despu&eacute;s lo cambi&oacute; por el de &ldquo;meditaciones&rdquo;), con los que pretend&iacute;a despertar la aletargadas conciencias de los espa&ntilde;oles y generar un debate alrededor de ciertos temas considerados por &eacute;l de alcance nacional. Contrariamente a lo que se podr&iacute;a pensar por el t&iacute;tulo del &uacute;nico volumen publicado, las m&aacute;s importantes de estas &ldquo;meditaciones&rdquo; (de las que fueron escritas por aquellas fechas, pero no publicadas en ese libro de 1914) no ten&iacute;an como objeto de an&aacute;lisis la obra de Cervantes, sino la de dos escritores de su tiempo por los que sent&iacute;a un gran aprecio: Azor&iacute;n y Baroja. Sin embargo, la realidad es que esos textos, cuya edici&oacute;n se anunciaba &ldquo;en prensa&rdquo; en la contraportada, jam&aacute;s fueron publicados dentro de este n&uacute;cleo de ensayos en los que, &ldquo;al lado de gloriosos asuntos&rdquo;, Ortega pretend&iacute;a hablar, tambi&eacute;n, &ldquo;de las cosas m&aacute;s nimias&rdquo;.</p>
<p>En el caso concreto de <em>Meditaciones del Quijote</em>, lo que nos propon&iacute;a el fil&oacute;sofo era un &ldquo;estudio del quijotismo&rdquo; que no se centraba &uacute;nicamente &ndash; como hab&iacute;an hecho otros &ndash; en el personaje protagonista de la novela, sino en <em>El Quijote</em> como &ldquo;libro-escorzo por excelencia&rdquo; en el que encontrar ese <em>modi res considerandi</em> o nueva manera de mirar la realidad espa&ntilde;ola, que andaba buscando: &ldquo;Si supi&eacute;ramos con evidencia en qu&eacute; consiste el estilo de Cervantes, la manera cervantina de acercare a las cosas, lo tendr&iacute;amos todo logrado. Porque en estas cimas espirituales reina inquebrantable solidaridad y un estilo po&eacute;tico lleva consigo una filosof&iacute;a y una moral, una ciencia y una pol&iacute;tica&rdquo;. En otras palabras, y como resume bien Zamora Bonilla en su ya citada introducci&oacute;n, lo que pretend&iacute;a Ortega era &ldquo;mostrar que el Quijote no es solo una obra de burlas sino que entra&ntilde;a una filosof&iacute;a humana que contraponer al idealismo de la modernidad europea&rdquo;. En este sentido, nos encontramos ante una obra que rebasa claramente la categor&iacute;a de ensayo para convertirse, salvando las distancias y las formas, en un aut&eacute;ntico manifiesto personal y generacional &ndash; un &ldquo;<em>idearium</em> patri&oacute;tico, est&eacute;tico y cient&iacute;fico que una generaci&oacute;n anuncia al empezar su vida&rdquo;, como era descrito en el prospecto que acompa&ntilde;aba a la primera edici&oacute;n &ndash; que deb&iacute;a leerse en el contexto de ese proyecto orteguiano de mayor alcance que toma carta de naturaleza, precisamente, con la publicaci&oacute;n de este primer libro.</p>
<p>De hecho, era el propio Ortega quien reconoc&iacute;a en el pr&oacute;logo de 1914 que, independientemente de la forma que adoptaran (docencia universitaria, participaci&oacute;n en pol&iacute;tica, colaboraci&oacute;n en prensa o publicaci&oacute;n de ensayos), todas sus acciones iban enfocadas a canalizar un deseo de cambio que part&iacute;a de la &ldquo;negaci&oacute;n de la Espa&ntilde;a caduca&rdquo; y apostaba por una regeneraci&oacute;n del pa&iacute;s que pasaba, m&aacute;s que por la adopci&oacute;n indiscriminada y est&eacute;ril de todo lo que viniese de Europa, por el establecimiento de un di&aacute;logo rec&iacute;proco y enriquecedor entre la cultura espa&ntilde;ola y la europea. Quiz&aacute; por este car&aacute;cter provisional que reviste un ensayo sin ninguna pretensi&oacute;n de ser exhaustivo ni definitivo, dice Jordi Gracia en su recientemente publicada biograf&iacute;a del fil&oacute;sofo &ndash; <em>Jos&eacute; Ortega y Gasset</em> (Taurus, 2014) &ndash; que estas <em>Meditaciones </em>no son tanto un libro nuevo de Ortega, cuanto &ldquo;un diccionario personal y abreviado&rdquo; dirigido, sobre todo, a sus lectores fieles, conocedores ya de ese &ldquo;programa de acci&oacute;n intelectual&rdquo; que aqu&iacute; se formula, insiste Gracia, de forma &ldquo;met&oacute;dicamente dispersa&rdquo;, a la manera m&aacute;s puramente orteguiana. Una obra, en definitiva, que representa &ndash; como argumenta Zamora Bonilla &ndash; toda una &ldquo;encrucijada filos&oacute;fica en la biograf&iacute;a de su autor&rdquo; y que, solo por eso, justifica una reedici&oacute;n tan rigurosa y cuidada como la que, gracias a la efem&eacute;ride recientemente celebrada, podemos disfrutar ahora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jos&eacute; Ortega y Gasset, <em>Meditaciones del Quijote</em>, Alianza/Residencia de Estudiantes/Fundaci&oacute;n Jos&eacute; Ortega y Gasset &ndash; Gregorio Mara&ntilde;&oacute;n, Madrid, 2014.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 09 Sep 2014 10:16:07 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A veces hay dentro de mí otra memoria]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/a-veces-hay-dentro-de-mi-otra-memoria/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Septiembre/TERESA_AGUST_N.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A veces hay dentro de m&iacute; otra memoria</p>
<p>un viento que salpica en el rostro</p>
<p>confundiendo el espacio. Soy una sombra,</p>
<p>mis manos ya no son mis manos,</p>
<p>y esa vieja memoria me muestra una casa que</p>
<p>ya he habitado, un amor que ya he llorado,</p>
<p>una batalla donde he perdido. En esa</p>
<p>soledad que invita a los colores</p>
<p>en esa llama que no se quema y</p>
<p>que me quema, que permanece.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A veces hay dentro de m&iacute; otra memoria,</p>
<p>la memoria del fuego, la palabra del &aacute;rbol,</p>
<p>y esa sombra tuya que a veces me ha amado.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 08 Sep 2014 08:23:34 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No hay quien te mueva ya]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/no-hay-quine-te-mueva-ya/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Septiembre/JORDI_VIRALLONGA_quinientos.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left; padding-left: 570px;" align="center"><strong>I</strong></p>
<p style="padding-left: 570px;" align="center">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 570px;" align="center">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 570px;" align="center">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 570px;">No hay quien te mueva ya,</p>
<p style="padding-left: 570px;">siempre feliz, jam&aacute;s infortunado,</p>
<p style="padding-left: 570px;">pues el mal sabor sali&oacute; de ti.</p>
<p style="padding-left: 570px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 570px;">Hiciste lo que no quer&iacute;an, es cierto, mas era necesario,</p>
<p style="padding-left: 570px;">de lo contrario qu&eacute; soberbio,</p>
<p style="padding-left: 570px;">qu&eacute; otro vanidoso les hubiera gobernado.</p>
<p style="padding-left: 570px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 570px;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 570px;" align="center"><strong>II</strong></p>
<p style="padding-left: 570px;" align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p style="padding-left: 570px;">Por qu&eacute; segu&iacute;s insistiendo,</p>
<p style="padding-left: 570px;">s&eacute; que mal habl&aacute;is de mi.</p>
<p style="padding-left: 570px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 570px;">&iquest;Acaso no sab&eacute;is que sin adhesi&oacute;n</p>
<p style="padding-left: 570px;">no habr&aacute; bienestar ni petr&oacute;leo para los coches;</p>
<p style="padding-left: 570px;">que los televisores nunca se apagar&aacute;n,</p>
<p style="padding-left: 570px;">se os quedar&aacute; la casa vieja revieja</p>
<p style="padding-left: 570px;">y vuestros clientes os dir&aacute;n:</p>
<p style="padding-left: 570px;">c&oacute;mo no tienes sal ni aceite de girasol ni sujetadores?</p>
<p style="padding-left: 570px;">&iquest;Acaso no habr&aacute;s de pedir perd&oacute;n</p>
<p style="padding-left: 570px;">pues enloquec&iacute;,</p>
<p style="padding-left: 570px;">cuando veas desatar mi tormenta</p>
<p style="padding-left: 570px;">y no quede un barco apenas por salvar,</p>
<p style="padding-left: 570px;">mientras tu gato, el ficus, un traje azul,</p>
<p style="padding-left: 570px;">se embiste dulcemente hacia las rocas?</p>
<p style="padding-left: 570px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 570px;" align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p style="padding-left: 570px;" align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p style="padding-left: 570px;" align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p style="padding-left: 570px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 03 Sep 2014 07:37:42 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Esto no es un poema]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/esto-no-es-un-poema/</link>
      <description><![CDATA[<p style="text-align: right;"><img style="float: left;" src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Septiembre/EMILIO_QUINTANA_quinientos.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: right;">&nbsp;</p>
<p>Al menos por mi parte</p>
<p>la nuestra fue una historia apasionada:</p>
<p>algo as&iacute; como si en mi biograf&iacute;a</p>
<p>hubieran irrumpido</p>
<p>la batalla de Hastings,</p>
<p>Otumba, Salamina y Waterloo,</p>
<p>y adem&aacute;s todas juntas&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero ahora</p>
<p>yo renuncio a ser fr&iacute;volo,</p>
<p>renuncio a convertir este poema</p>
<p>en otra lamentable</p>
<p>pirueta quintanesca,</p>
<p>renuncio al <em>understatement</em></p>
<p>y al <em>como si tal cosa</em>,</p>
<p style="padding-left: 300px;">renuncio a todo eso</p>
<p style="padding-left: 300px;">que quiz&aacute; me define</p>
<p style="padding-left: 300px;">pero que en ning&uacute;n caso</p>
<p style="padding-left: 300px;">podr&iacute;a definir lo que te quise.</p>
<p style="padding-left: 300px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 300px;">Solo quiero decir</p>
<p style="padding-left: 300px;">-a Dios, al mundo, a m&iacute;, a este silencio:</p>
<p style="padding-left: 300px;">ya no les tengo miedo a estas palabras-</p>
<p style="padding-left: 300px;">que no pegu&eacute; un tiro</p>
<p style="padding-left: 300px;">ni me largu&eacute; a Siberia de eremita</p>
<p style="padding-left: 300px;">ni me volv&iacute; majara</p>
<p style="padding-left: 300px;">porque &ndash;mal que me pese-</p>
<p style="padding-left: 300px;">sigo siendo un Quintana.</p>
<p style="padding-left: 300px;">Es decir, que sufr&iacute; con decoro,</p>
<p style="padding-left: 300px;">sin l&aacute;grimas, tranquilo,</p>
<p style="padding-left: 300px;">ese dolor callado que convierte a la muerte</p>
<p style="padding-left: 300px;">en un juego de ni&ntilde;os.</p>
<p style="padding-left: 300px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 300px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 03 Sep 2014 07:30:15 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ana Blandiana y la conciencia de un pueblo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/ana-blandiana-y-la-conciencia-de-un-pueblo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Septiembre/ANA_BLANDIANA_2.jpg" alt="" /></p>
<p>Ana Blandiana (n. 1942), poetisa, prosista y ensayista, es una de las conciencias art&iacute;sticas y c&iacute;vicas m&aacute;s importantes en el panorama de la literatura rumana contempor&aacute;nea. Autora de catorce libros de poes&iacute;a, dos vol&uacute;menes de relatos fant&aacute;sticos, siete de ensayos y una novela, es la poetisa rumana actual m&aacute;s internacional. De su obra se han traducido cuarenta y seis libros a veinticuatro lenguas. Poetisa de excepci&oacute;n y, al mismo tiempo, una mujer extraordinariamente bella, carism&aacute;tica y valiente, Ana Blandiana es una figura legendaria de las Letras Rumanas.</p>
<p>El lugar que Blandiana ocupa en la literatura rumana es comparable al de Anna Ajm&aacute;tova o Vaclav Havel en la literatura rusa o checa. En su obra el destino personal es emblem&aacute;tico de un destino colectivo. Sus versos expresaban el sufrimiento de todos y daban voz a los que no la ten&iacute;an. Sus poemas se copiaron a mano, en <em>samizdat,</em> y circularon en miles de ejemplares. En 1989, despu&eacute;s de la ca&iacute;da del r&eacute;gimen comunista, Blandiana fue una voz creadora importante en la sociedad civil. Fund&oacute; y presidi&oacute; el movimiento Alianza C&iacute;vica (1991-2001) que contribuy&oacute; a la democratizaci&oacute;n del pa&iacute;s.</p>
<p>Bajo la &eacute;gida del Consejo de Europa, Ana Blandiana dirige junto con su marido, el tambi&eacute;n escritor y ensayista, Romulus Rusan, el &ldquo;Memorial de las V&iacute;ctimas del Comunismo y de la Resistencia&rdquo; ubicado en la ciudad de Sighet en el norte de Ruman&iacute;a. Este museo que es tambi&eacute;n una instituci&oacute;n dedicada a la investigaci&oacute;n de la historia es considerado el tercer museo de la conciencia europea despu&eacute;s del memorial de Normand&iacute;a y el museo de Auschwitz. En 2009, por su contribuci&oacute;n a la cultura europea y su lucha contra la injusticia, Blandiana fue condecorada con la m&aacute;s alta distinci&oacute;n de la Rep&uacute;blica Francesa, la<em> L&eacute;gion d&rsquo;Honneur</em>.</p>
<p>En lengua espa&ntilde;ola su escritura est&aacute; representada por: una <em>Antolog&iacute;a po&eacute;tica biling&uuml;e</em>. <em>Cosecha de &Aacute;ngeles</em>. Colecci&oacute;n Cosmopo&eacute;tica. Lucena: C&oacute;rdoba, Juan de Mairena, 2007), dos vol&uacute;menes de prosa fant&aacute;stica, <em>Proyectos de Pasado</em>. (C&aacute;ceres: Perif&eacute;rica, 2008) y <em>Las cuatro estaciones</em> (C&aacute;ceres: Perif&eacute;rica, 2011). Ensayos y entrevistas suyos han sido publicados en peri&oacute;dicos como <em>El Pa&iacute;s y ABC Cultural</em>, entre otros.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;La selecci&oacute;n de poemas que ahora publica TURIA procede del poemario de Ana Blandiana <em>Mi patria A4 </em>(2010).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;ANA BLANDIANA</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Caza en el tiempo</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Siento que soy la presa</p>
<p>Pero no s&eacute; de qui&eacute;n,</p>
<p>Pues las alas y las garras que descienden</p>
<p>Sobre m&iacute;,</p>
<p>Y me encadenan a la sombra</p>
<p>Mucho antes de alcanzarme</p>
<p>Carecen de nombre.</p>
<p>S&oacute;lo la frescura del aire dibuja</p>
<p>La amenaza que se acerca</p>
<p>Con cruda y voluptuosa lentitud.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>S&eacute; que no hay salvaci&oacute;n, pero</p>
<p>Tampoco s&eacute; qu&eacute; ser&iacute;a la salvaci&oacute;n.</p>
<p>Si intento huir, la sombra tambi&eacute;n cambia</p>
<p>Amold&aacute;ndose a mi horizonte como las nubes,</p>
<p>Feroz y protectora en su cuidado</p>
<p>De no perderme, presa de otro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la espera, los sobresaltos se confunden,</p>
<p>El pavor se mezcla pl&aacute;cidamente en el misterio</p>
<p>Desentra&ntilde;ar su enigma ser&aacute; mi sino:</p>
<p>Tengo que vivir hasta que encuentre la respuesta</p>
<p>Un tiempo igual al tiempo de la caza</p>
<p>En el que, al menos, s&eacute; que soy la presa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Aglomeraci&oacute;n</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Enterrados en monta&ntilde;as de nieve,</p>
<p>No estaban nunca seguros de que la primavera regresara,</p>
<p>No sab&iacute;an si el sol las derretir&iacute;a,</p>
<p>Y cada a&ntilde;o esperaban impacientes</p>
<p>Que los brotes florecieran otra vez.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;Qu&eacute; vida palpitante! &iexcl;Qu&eacute; emociones conmovedoras!</p>
<p>Cuando cada hecho estaba en manos de un dios,</p>
<p>Al que hab&iacute;a que invocar, implorar y adular,</p>
<p>Que esperaba sacrificios &ndash; una especie de soborno metaf&iacute;sico &ndash;</p>
<p>Para cumplir con su deber.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y los dioses peque&ntilde;os depend&iacute;an a su vez de unos dioses m&aacute;s fuertes,</p>
<p>Y los buenos se opon&iacute;an a otros vengativos,</p>
<p>Y cada cent&iacute;metro cuadrado lo habitaba</p>
<p>Un sinf&iacute;n de jerarqu&iacute;as de seres invisibles</p>
<p>&iexcl;Era tan maravilloso perderse entre ellos</p>
<p>Sin molestar a nadie!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>En las colinas</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En las colinas, el alma</p>
<p>Recobra su aliento,</p>
<p>Lo verde le sienta bien,</p>
<p>Se revuelca en el pasto reciente</p>
<p>Mitad hierba, mitad aroma.</p>
<p>Respira hondamente, inspira, espira,</p>
<p>La primavera pasa a trav&eacute;s de ella</p>
<p>Y la libera del miedo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Boca arriba, en la alta pradera,</p>
<p>Miro las nubes deslizarse por el cielo</p>
<p>Al igual que el olor de heno pasa sobre las colinas,</p>
<p>Mis ojos y mi nariz</p>
<p>Descubren el misterio:</p>
<p>La dulce e incansable rotaci&oacute;n en el caos</p>
<p>Que devana sobre el huso de los aires</p>
<p>Aromas y nubes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mientras, el alma</p>
<p>Se acostumbra a la tierra</p>
<p>Y respira profundamente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Como en un espejo</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Antes de que se acabe el d&iacute;a,</p>
<p>El sol desciende cada vez m&aacute;s rojo</p>
<p>Y la luna asciende a&uacute;n roja &ndash;</p>
<p>Son casi iguales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La hierba agostada por el calor</p>
<p>Y el &aacute;spero rastrojo</p>
<p>Parecido a una barba de d&iacute;as</p>
<p>No consiguen diferenciar</p>
<p>Los hilos negros</p>
<p>De sus pantallas</p>
<p>Colocadas cara a cara.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Suave confusi&oacute;n,</p>
<p>Parecida al momento en que al partir</p>
<p>Vuelves atr&aacute;s la mirada,</p>
<p>Y percibes, como en un espejo,</p>
<p>Tu nacimiento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Cara o cruz</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Como la cruz apenas descifrada</p>
<p>De una moneda lanzada al aire,</p>
<p>A punto de caer y decidir</p>
<p>&ndash; Cara o cruz &ndash;</p>
<p>Sin saber qu&eacute; destino va a designar</p>
<p>As&iacute; te vi,</p>
<p>Mientras ca&iacute;as</p>
<p>Cruzando los aires,</p>
<p>Rasgando las mortajas blancas de las nubes,</p>
<p>Dej&aacute;ndolas que te envolvieran,</p>
<p>Como si supieras que al final de la ca&iacute;da</p>
<p>Ibas a estrellarte sobre</p>
<p>El asfalto donde yo esperaba</p>
<p>Leer mi destino</p>
<p>En las entra&ntilde;as del &aacute;ngel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Panales</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>T&uacute; no has nacido,</p>
<p>Sino que naces</p>
<p>A cada momento,</p>
<p>Y no intentas</p>
<p>Estar all&iacute;, cuando est&aacute;s aqu&iacute;,</p>
<p>O aqu&iacute; cuando vas all&iacute;.</p>
<p>T&uacute; eres la materia audazmente salvada</p>
<p>De una respiraci&oacute;n en otra,</p>
<p>Sin la cual no existir&iacute;amos.</p>
<p>Y, en realidad, no somos</p>
<p>M&aacute;s que restos, formas vac&iacute;as,</p>
<p>Panales de los que se ha escurrido</p>
<p>La miel de la eternidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Fin de temporada</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Arrugada sobre la b&oacute;veda,</p>
<p>Como una piel vieja</p>
<p>Demasiado grande para lo que tiene que esconder:</p>
<p>El abismo</p>
<p>Del que los dioses fueron desalojados</p>
<p>Se vuelve m&aacute;s peque&ntilde;o.</p>
<p>Un aire provisional, de paso,</p>
<p>De final de temporada,</p>
<p>Envuelve el universo</p>
<p>Con polvo amontonado en los rincones</p>
<p>Y naves abandonadas</p>
<p>Donde se leen poemas sin sentido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cambio de signo:</p>
<p>La estupidez suicida,</p>
<p>Sin darse cuenta siquiera,</p>
<p>Toma el poder.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>La correa de la mochila</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Desde estas cimas miro alrededor,</p>
<p>Veo abetos arrastrados por vientos fuertes</p>
<p>Y valles casi obscenos, oscuros y h&uacute;medos,</p>
<p>Y otras cumbres m&aacute;s peque&ntilde;as y m&aacute;s grandes</p>
<p>Que se observan y se miden entre s&iacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pueblos de hoja caduca se someten a las estaciones</p>
<p>Con una sabidur&iacute;a que la lluvia pudre,</p>
<p>Y, entre ramas entrelazadas, esconden</p>
<p>Alima&ntilde;as hambrientas y miserables.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;Cu&aacute;nta serenidad ante tantas derrotas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La soledad toma la forma de las aglomeraciones,</p>
<p>Las multitudes son desiertos,</p>
<p>El retiro hacia las cimas bajo el peso</p>
<p>De los silencios hesicastas es siempre m&aacute;s inseguro,</p>
<p>Mientras que en el borde de los om&oacute;platos</p>
<p>La correa de la mochila</p>
<p>Roza los mu&ntilde;ones con restos de plumas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Traducci&oacute;n Viorica Patea y Antonio Colinas</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 28 Jul 2014 06:31:43 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sospecha]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/sospecha/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Agosto/JUAN_MANUEL_VILLALBA400.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 420px;">Hay un clima de orfandad en las miradas,</p>
<p style="padding-left: 420px;">un indicio o voltaje oscila ingr&aacute;vido, aterido,</p>
<p style="padding-left: 420px;">en el lento naufragio de la tarde.</p>
<p style="padding-left: 420px;">&iquest;D&oacute;nde abre la saqueada ciudad de la conciencia</p>
<p style="padding-left: 420px;">Sus sendas hacia la huida?</p>
<p style="padding-left: 420px;">Oscuras sombras se proyectan en la piel del muro.</p>
<p style="padding-left: 420px;">Hay se&ntilde;ales de lucha, de aguda agitaci&oacute;n</p>
<p style="padding-left: 420px;">que enrarece el aire.</p>
<p style="padding-left: 420px;">Son los febriles p&aacute;jaros de la sospecha,</p>
<p style="padding-left: 420px;">su aleteo chasqueante en las esquinas,</p>
<p style="padding-left: 420px;">en las cortinas dibujadas por la luz.</p>
<p style="padding-left: 420px;">Pues vendr&aacute; el tiempo en su extensa curvatura</p>
<p style="padding-left: 420px;">a encontrarme de nuevo, sentado aqu&iacute;,</p>
<p style="padding-left: 420px;">cuando todas las cosas se cumplan.</p>
<p style="padding-left: 420px;">Pero no es miedo,</p>
<p style="padding-left: 420px;">sino cansancio enorme de buque embarrancado,</p>
<p style="padding-left: 420px;">mordido para siempre por rocas asesinas.</p>
<p style="padding-left: 420px;">Eso s&iacute; es plenitud.</p>
<p style="padding-left: 420px;">No la noche inevitable,</p>
<p style="padding-left: 420px;">perdido ya el combate de antemano.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 28 Jul 2014 06:22:56 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lejana presencia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/lejana-presencia/</link>
      <description><![CDATA[<p style="text-align: left;"><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Agosto/FRANCISCO_BEJARANO350.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left; padding-left: 390px;" align="center">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 390px;">Con unas tibias manos me guardas del invierno</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 390px;">y sin embargo sufro de fr&iacute;o por tu causa.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 390px;">S&eacute; que est&aacute;s a mi lado, pero nunca presente:</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 390px;">vives en los recuerdos de las cosas amables.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 390px;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 390px;">Fueron tus ojos dulces lagos de madrugada,</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 390px;">&iquest;d&oacute;nde sus calmas aguas resplandecieron ahora?,</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 390px;">&iquest;desde d&oacute;nde tu voz lejana hasta m&iacute; llega</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 390px;">para mantener fresca la flor de la nostalgia?</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 390px;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 390px;">&iquest;O es que acaso no existes y yo te reconstruyo</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 390px;">para poner defensas a la muerte que evito?</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 390px;">No es posible que seas s&oacute;lo ausencia y silencio,</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 390px;">si mi mano nocturna te alcanz&oacute; tantas veces.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 23 Jul 2014 12:25:13 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cómo habitar la tierra]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/como-habitar-la-tierra/</link>
      <description><![CDATA[<p><img style="float: right;" src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Agosto/JORGE_RIECHMANN500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>1</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>The end of think/ The beginning of know</p>
<p>es el nuevo evangelio de las multinacionales</p>
<p>grabado en las pantallas por Thomson Reuters.</p>
<p>No habr&aacute; m&aacute;s pensamiento: s&oacute;lo knowledge to act,</p>
<p>soluciones rentables para problemas sencillos,</p>
<p>clientes que con aplomo comprar&aacute;n hot dogs o humanismo,</p>
<p>valores susceptibles de cotizar en Bolsa.</p>
<p>The end of think, la nueva m&aacute;quina</p>
<p>disuelve grumos ut&oacute;picos y suaviza los callos del cerebro.</p>
<p>Engrasamos los circuitos de la servidumbre,</p>
<p>revisamos engranajes maximizadores,</p>
<p>bru&ntilde;imos el sagrario de la eficiencia. La &ldquo;sociedad del conocimiento&rdquo;</p>
<p>va apagando, una a una, las luces con que se conectaban oscuridad y lumbre</p>
<p>en ventanas abiertas: ese atraso</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">2</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>Sue&ntilde;an</p>
<p>con extraer la &uacute;ltima gota de petr&oacute;leo del &Aacute;rtico</p>
<p>y capturar el &uacute;ltimo at&uacute;n en un rinc&oacute;n del &Iacute;ndico</p>
<p>y &aacute;gilmente repatriar despu&eacute;s su capital</p>
<p>a una luna de J&uacute;piter</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Su sue&ntilde;o</p>
<p>destruye</p>
<p>nuestro mundo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">3</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>C&oacute;mo habitar la Tierra</p>
<p>era nuestro problema cuando hace 35.000 a&ntilde;os</p>
<p>nos inclin&aacute;bamos tratando de adivinar</p>
<p>las formas animales que la luz de la antorcha</p>
<p>convocaba poderosas sobre la pared de piedra</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>C&oacute;mo habitar la Tierra</p>
<p>sigue siendo nuestro problema hoy cuando convocamos</p>
<p>el altar de las apariciones en las p&aacute;ginas</p>
<p>de un libro de poemas o de f&iacute;sica te&oacute;rica</p>
<p>bajo la fr&iacute;a luz de la bombilla</p>
<p>alimentada en una quinta parte &ndash;watio m&aacute;s watio menos&mdash;</p>
<p>con electricidad nuclear</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tiempos tan largos y saber tan menguado</p>
<p>para habitar la Tierra</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">4</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>El cofrecillo de Marco Aurelio:</p>
<p>no sufre da&ntilde;o al ser ensamblado</p>
<p>ni tampoco al ser desensamblado</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El cofrecillo de Rilke:</p>
<p>contiene un precioso secreto</p>
<p>y aunque uno mismo no lo conozca</p>
<p>s&iacute; que es capaz de transmitirlo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cofrecitos</p>
<p>escri&ntilde;os</p>
<p>cajitas de tesoros:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y no es el menor de ellos</p>
<p>alguna caja vac&iacute;a</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 23 Jul 2014 12:04:53 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La vida no se termina soplando velas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-vida-no-se-termina-soplando-velas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Agosto/JONAS_JONASSON500.jpg" alt="" /></p>
<p>A pesar de haber sido rechazado el manuscrito cinco veces por distintas editoriales, alguien apost&oacute; por &eacute;l y hoy <em>El abuelo que salt&oacute; por la ventana y se larg&oacute;</em> es ya una historia que se llevar&aacute; al cine, dirigida por el actor y cineasta sueco Felix Herngren. As&iacute; es como Jonas Jonasson -tras una larga carrera como periodista y consultor para televisi&oacute;n- decidi&oacute; darle un giro a su vida y hacer lo que de verdad quer&iacute;a hacer: <strong>escribir una novela</strong><strong>.</strong></p>
<p>Muchas son las sorpresas que nos da Jonasson en esta novela, pero la m&aacute;s impactante es la fuerza y la capacidad de decisi&oacute;n que muestra Allan Karlson, su protagonista, tanto a&nbsp; los veinte a&ntilde;os como a los cien, &eacute;l siempre fue as&iacute;. De joven lo ten&iacute;an por tarado, incluso pas&oacute; una temporada hospitalizado y medicado, pero cuando reconquist&oacute; la libertad se dijo: &ldquo;aqu&iacute; estoy yo, os vais a enterar&rdquo;. Sin escr&uacute;pulos, sin melindros, sin miramientos, Allan, de profesi&oacute;n dinamitero, arrasa por donde pasa, incluso en la casa del lector o la lectora.</p>
<p>Este personaje centenario es el eje central y el verdadero regalo de una historia extremadamente audaz e ingeniosa, capaz de aturdir a m&aacute;s de un lector. Allan es un hombre de un maravilloso sentido com&uacute;n, un anciano sin prejuicios que no est&aacute; dispuesto a renunciar al placer de vivir, cueste lo que cueste. Quiz&aacute; por ello el autor, Jonas Jonasson (V&auml;xsj&ouml;, 1962), no se casa con nadie, no juzga moralmente a sus personajes, al menos a los protagonistas, sino que los expone ante el mundo y el lector, para que ambos decidan y valoren.</p>
<p>Comenta el autor que la novela surgi&oacute; entre una veintena de historias con un tono humor&iacute;stico y sat&iacute;rico alrededor de la incomunicaci&oacute;n entre los humanos. Hoy, con casi dos millones de ejemplares vendidos -de los cuales m&aacute;s de un mill&oacute;n en Suecia, donde fue Libro del A&ntilde;o y Premio de los Libreros y su gran &eacute;xito en otros pa&iacute;ses- podr&iacute;amos decir que no son garant&iacute;a para un lector exigente, sin embargo, en este caso el &eacute;xito del libro no es exagerado porque entre otras, tiene la virtud de hacernos re&iacute;r ante la estupidez y la idiotez del mundo y de las personas.</p>
<p>&iquest;Y de d&oacute;nde semejante &eacute;xito? Pues quiz&aacute; porque no es una obra densa, con descripciones sublimes, ni momentos po&eacute;ticos, sino m&aacute;s bien una novela de acci&oacute;n y reacci&oacute;n, de pocos adjetivos y muchos verbos, de di&aacute;logos breves e incisivos, una <em>road novel</em>, una obra que se lee suavemente, si no te cuestionas ninguna de las barbaridades y excentricidades que est&aacute;s leyendo. Sus oportunos toques de humor y el desprecio hacia la vida humana en momentos puntuales son fascinantes, al margen de prejuicios y juicios, tanto como la camarader&iacute;a y la complicidad entre los miembros del grupo que acaba aunando la figura de Karlsson. Unos personajes estramb&oacute;ticos que dan conexi&oacute;n a la historia.</p>
<p><em>El abuelo que salt&oacute; por la ventana y se larg&oacute;</em>&nbsp; es&nbsp; un thriller al borde de la muerte con dos historias paralelas. De un lado, la de hoy, la que tiene en vilo al pa&iacute;s y a los medios de comunicaci&oacute;n, la ins&oacute;lita e incre&iacute;ble historia de Karlsson huyendo por la ventana y li&aacute;ndola gord&iacute;sima, y de otro, la vida de Karlsson vista en retrospectiva a trav&eacute;s de "las miserias de la humanidad" del siglo XX.</p>
<p>Si el t&iacute;tulo y la portada son, cuando menos, curiosos y surrealistas, no menos estramb&oacute;tica es la historia de su protagonista, Allan Karlsson, un anciano que el d&iacute;a de su 100 cumplea&ntilde;os decide escapar de una vida que no va con &eacute;l y se ve envuelto en mil aventuras, siempre guiado por un despierto sentido com&uacute;n y un escaso temor a la muerte y al crimen. A partir de aqu&iacute; se van sucediendo una serie de rocambolescas situaciones que nos llevan a conocer a fondo al personaje. Un hombre que toma las cosas tal como se le presentan. El azar, admite el autor, resulta vital en esta novela fluvial en la que Karlsson -adem&aacute;s de encontrar en un l&iacute;o tremendo- tropieza con personajes hist&oacute;ricos como Franco, Truman, Churchill, Stalin, Mao Zedong o De Gaulle, tratados desde el histrionismo.</p>
<p>Trepidante relato directo, sin ambages, <em>El abuelo que salt&oacute; por la ventana y se larg&oacute;</em><strong> </strong>se construye sobre una rocambolesca huida con robos, muertes, equ&iacute;vocos por doquier y mucho sentido del humor que en 400 p&aacute;ginas trata de las mentiras, del bien, de la soledad y del poco inter&eacute;s por la pol&iacute;tica y por lo humano. Una mezcla que deja al final cierto amargor porque quiz&aacute;, como dice el autor,<strong> &ldquo;</strong>una de las contradicciones de amar a Allan Karlsson, nuestro h&eacute;roe, es que es un idiota pol&iacute;tico, una m&aacute;quina de matar, un hombre sin moral, no es un hombre com&uacute;n. Dejo que sea el lector el que decida si es bueno o malo. No creo que sea una buena persona&rdquo;.</p>
<p>De hecho, Karlsson es aquel individuo ignorante que parece ser ciertamente el &uacute;nico que sabe disfrutar de la vida con un optimismo innato y encontrar razones para vivir, incluso a los cien a&ntilde;os. Es un personaje con entidad propia y de verdad que cuando se escapa del pueblo en un autob&uacute;s de destino incierto, con una maleta con 50 millones de coronas robada casi por accidente, no imaginamos la riqueza de la historia que nos espera. Y sin embargo, <em>voil&agrave;</em>.</p>
<p>Una historia que revisa tambi&eacute;n aspectos turbios para la memoria colectiva de Suecia, como las castraciones selectivas, lejos. Un aspecto que muchos suecos de hoy no conocen, pero que no fue nada raro en su momento, fruto de un contexto racista. Historias vergonzosas que sucedieron desde la d&eacute;cada de los cuarenta hasta la de los ochenta, y que ahora, &ldquo;una vez conocidas y tras que el Parlamento se haya disculpado con esas personas maltratadas, es el momento de contar la verdad&rdquo;, considera Jonasson.</p>
<p><strong><em>El abuelo que salt&oacute; por la ventana y se larg&oacute;</em></strong> es sobre todo un viaje surrealista y un ejercicio de invenci&oacute;n admirable. Su argumento, perfectamente hilado, en el que no se escapa detalle a pesar de su complejidad, sorprende constantemente con giros inesperados que dejan al desnudo la estupidez humana, que nos demuestran que las ideas absolutas conllevan miseria y destrucci&oacute;n y que algunas sociedades no aprenden de sus errores. Giros que nos descubren tambi&eacute;n que la risa es un arma infalible y que est&aacute; al alcance de todos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jonas Jonasson, <em>El abuelo que salt&oacute; por la ventana y se larg&oacute;</em>, traducci&oacute;n<strong> </strong>Sof&iacute;a Pascual Pape, Barcelona, Salamandra, 2012.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 22 Jul 2014 12:10:06 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mejor parecer que ser]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/mejor-parecer-que-ser/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Agosto/SACHA_GUITRY500.jpg" alt="" /></p>
<p>&ldquo;&iquest;Cu&aacute;l es el primer pensamiento que puede aflorar en la mente de un hombre castigado por no haber hecho trampas? &iexcl;Hacerlas! Por supuesto.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; As&iacute; como hay oficios que la historia ha arrinconado, cuando no hecho desaparecer por completo, tambi&eacute;n hay tipos humanos que no han sobrevivido al progreso, o que el progreso ha transformado, generalmente en su caricatura, y con frecuencia en algo peor. Son hombres producto de la &eacute;poca que les toc&oacute; vivir, generalmente en conflicto con ella, o, dicho con otras palabras, hombres que viven a contracorriente y ponen de manifiesto todas las contradicciones del mundo, hombres que dinamitan los lugares comunes m&aacute;s arraigados, y que la &eacute;poca tolera, e incluso mima, porque, en el fondo, son su mejor y m&aacute;s depurada expresi&oacute;n. El p&iacute;caro, el seductor, el dandy podr&iacute;an ser sin duda algunos ejemplos. Hoy estar&iacute;an, est&aacute;n, fuera de lugar. Algo rid&iacute;culos y anacr&oacute;nicos han perdido hace tiempo el esp&iacute;ritu que les caracterizaba y no conservan m&aacute;s que el envoltorio, el disfraz, la apariencia. No tienen alma.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y sin embargo, son precisamente esos hombres que no se adaptan a su &eacute;poca y viven al margen de ella, los que hacen que a la postre se produzcan cambios, quiz&aacute;s no tanto en la sociedad, por naturaleza perezosa y conservadora, pero s&iacute; en otros &aacute;mbitos que supon&iacute;amos, equivocadamente, sociales: la cultura, el arte, la ciencia&hellip; Sacha Guitry fue uno de esos hombres irrepetibles producto de una &eacute;poca. Y si se ha dicho con bastante fundamento que el siglo XX no empez&oacute; hasta despu&eacute;s de la primera Guerra, Sacha Guitry fue sin duda uno de los primeros hombres del siglo XX, a quien, por su fecha de nacimiento, toc&oacute; convivir con hombres del XIX.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De <em>Memorias de un tramposo</em> hay que decir ante todo dos cosas. Primero, que es un libro tremendamente divertido. Y segundo, que es un libro tremendamente serio. Y que es ambas cosas a la vez. O si lo prefieren, es divertido precisamente porque es serio, y serio precisamente porque es divertido. Quiz&aacute;s el secreto de esta combinaci&oacute;n con pinta de paradoja, que tan buenos resultados da cuando, como es el caso, el autor tiene genio, resida en la franqueza. &ldquo;Me pareci&oacute; que una relaci&oacute;n fiel de esta vida azarosa que he llevado durante m&aacute;s de treinta a&ntilde;os podr&iacute;a distraer e informar a algunas personas a las que la franqueza a&uacute;n divierte. Y por eso he escrito estas l&iacute;neas.&rdquo; La franqueza, no es necesario decirlo, no est&aacute; re&ntilde;ida con la ficci&oacute;n. Es m&aacute;s, suele ser m&aacute;s f&aacute;cil encontrar franqueza en una novela o un relato que en un texto autobiogr&aacute;fico.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aunque tampoco conviene confundir la franqueza con la autenticidad. La autenticidad es un concepto anacr&oacute;nico. La autenticidad exige que la piedra sea piedra y el amor amor. Y el mundo de hoy funciona mejor con el cart&oacute;n piedra y el amor <em>flou</em> (no confundir con el amor <em>fou</em>). Por eso, Sacha Guitry, al hablarnos de una ciudad como Montecarlo, paradigma entonces, y quiz&aacute;s todav&iacute;a hoy, de la frivolidad a ultranza, le hace indirectamente un encendido elogio cuando escribe de ella: &ldquo;Los colores all&iacute; son enga&ntilde;osos; los sentimientos, artificiales y las fortunas, ficticias.&rdquo; Lo cual no quiere decir que nada es lo que parece, pues nadie se enga&ntilde;a al respecto. Y una fortuna ficticia te puede hacer m&aacute;s rico y poderoso que una fortuna real, por no hablar de los sentimientos. En definitiva, las cosas parecen lo que son, pero no son lo que parecen.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sacha Guitry era lo que parec&iacute;a y parec&iacute;a lo que era. Actor, prol&iacute;fico autor dram&aacute;tico, guionista y director de sus propias pel&iacute;culas, que tambi&eacute;n interpretaba &eacute;l mismo,&nbsp; amigo de Mirbeau (tambi&eacute;n lo ser&iacute;a de Monet con quien compartir&iacute;a su afici&oacute;n por los jardines) fue un tipo inmensamente popular al que la cr&iacute;tica nunca trat&oacute; bien, pero tampoco pudo evitar sus &eacute;xitos. Hab&iacute;a nacido en San Petersburgo, un 21 de febrero de 1885, y muri&oacute; en Par&iacute;s el 24 de julio de 1957. Se cas&oacute; cinco veces, y en <em>Memorias de un tramposo</em>, tal vez su obra m&aacute;s celebrada, escribi&oacute;: &ldquo;He frecuentado todos los medios y todos los mundos. La buena gente es escasa y las mujeres honestas, escas&iacute;simas.&rdquo; Sobre las mujeres precisamente dir&iacute;a cosas imperdonables, pero tambi&eacute;n sobre los hombres, pues comprendi&oacute; muy pronto que querer agradar a todo el mundo era un imperdonable error, y que quien gustaba a todos no gustaba en el fondo a nadie. Sacha Guitry se jactaba de conocer a los hombres. En esta aparentemente intrascendente novela dej&oacute; escrito: &ldquo;Del mismo modo que puede uno convertirse en asesino sin tener alma de criminal, creo que se puede tener alma de asesino y no cometer cr&iacute;menes.&rdquo; Tambi&eacute;n, a&ntilde;adimos nosotros, se puede ser castigado por un crimen que no se ha cometido, y, cosa m&aacute;s frecuente hoy d&iacute;a, salir indemne de uno que s&iacute; se ha cometido.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando a un hombre se le castiga por un pecado que no ha cometido, empieza a desconfiar de la justicia humana. Cuando ese hombre ve que los cr&iacute;menes m&aacute;s flagrantes suelen quedar impunes, entonces empieza a desconfiar de la justicia divina. En un mundo en el que casi siempre resulta m&aacute;s convincente y seguro no parecer lo que se es o no ser lo que se parece, en un mundo que juzga a los hombres por las apariencias, mejor parecer que ser.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si quisi&eacute;ramos extraer una moraleja de este regocijante relato, dir&iacute;amos que la vida es como un juego &ndash; s&iacute;, no es una met&aacute;fora demasiado original, pero en cambio es bastante exacta &ndash; un juego en el que se puede hacer trampas durante un tiempo, como suelen hacer la mayor&iacute;a de los jugadores, o dejar que el azar decida la suerte. Al final el resultado es el mismo: todos pierden, naturalmente. S&oacute;lo que unos lo hacen con dignidad y otros de una manera indigna. Tal vez alguien piense que no importa c&oacute;mo se viva la vida si al final se va a perder. Y esa es la cuesti&oacute;n: importa precisamente porque se va a perder.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sacha Guitry, <em>Memorias de un tramposo</em>, traducci&oacute;n de Laura Salas Rodr&iacute;guez,</p>
<p>C&aacute;ceres, Perif&eacute;rica, 2012.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 22 Jul 2014 12:06:54 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Au pair]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/au-pair/</link>
      <description><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Agosto/SOLEDAD_PU_RTOLAS500.jpg" alt="" /></p>
<p>En el mes de julio de mis dieciocho a&ntilde;os, tom&eacute; la decisi&oacute;n de ir a Londres a trabajar de au pair. El objetivo no era tanto aprender ingl&eacute;s como salir de casa y de Espa&ntilde;a. Y tambi&eacute;n -aunque &eacute;ste era un objetivo m&aacute;s solapado- alejarme de mi novio, que empezaba a agobiarme. Hab&iacute;a sido un noviazgo prematuro -y por a&ntilde;adidura no premeditado-, me dec&iacute;a. Hab&iacute;a alcanzado ese punto en el que, cuando llegaba hora de la cita, me daba una pereza horrible y al final acud&iacute;a a ella con la vaga esperanza de que todo fuera como al principio o, al menos, que yo sintiera al verle, o en alg&uacute;n otro momento de la tarde -eran citas vespertinas-, un resto de aquella conmoci&oacute;n de los primeros d&iacute;as, cuando todo estaba por descubrir. &iexcl;Qu&eacute; misterioso me parec&iacute;a Nacho! Antes de que se produjera el encuentro, lo ve&iacute;a de lejos y me preguntaba qu&eacute; podr&iacute;a hacer para que se fijara en m&iacute;. Era uno de esos estudiantes que asist&iacute;an siempre a las asambleas y que conspiraban por los pasillos en peque&ntilde;os grupos, entre clase y clase. Se llamaba Nacho, lo supe en seguida. Su nombre lo conoc&iacute;a todo el mundo. Era un famoso conspirador. Incluso, se dec&iacute;a, ten&iacute;a un nombre de guerra, Nicol&aacute;s, &iquest;en ir&oacute;nico honor al &uacute;ltimo zar de Rusia?</p>
<p>Todo result&oacute; muy f&aacute;cil, como en una pel&iacute;cula francesa. Simplemente chocamos en el pasillo de la facultad, &iexcl;plaf!, un cuerpo contra el otro. Luego nos quedamos mir&aacute;ndonos, sonri&eacute;ndonos, detenidos en mitad del pasillo. Me mir&oacute;&nbsp; de arriba abajo, me dijo, innecesariamente, su nombre -el real, no el de guerra- y me pregunt&oacute; c&oacute;mo me llamaba yo. Y, nada m&aacute;s saberlo, lo pronunci&oacute; y pregunt&oacute;: &iquest;Tienes algo que hacer esta tarde?, &iquest;quieres venir conmigo al cine? S&iacute;, as&iacute; fue, fulminante, como yo hab&iacute;a imaginado siempre.</p>
<p>Nacho segu&iacute;a con sus misterios. Llevaba una torre de libros en la mano, o bajo el brazo, todos forrados -para que no se vieran los t&iacute;tulos ni qui&eacute;nes eran sus autores, ya que se trataba de libros prohibidos, de Marx, Engels y gente as&iacute;-, y carpetas de distintos colores. Era muy ordenado con sus papeles y le gustaba clasificarlo todo por colores, tama&ntilde;os y tipos de letra. Escrib&iacute;a mucho, siempre estaba haciendo res&uacute;menes de una cosa y otra, enviaba sus art&iacute;culos a peri&oacute;dicos y revistas que se editaban fuera de Espa&ntilde;a o en la clandestinidad. Pero todos esos misterios, poco a poco, me fueron pareciendo menos atrayentes. Cuando trataba de adoctrinarme, yo me aburr&iacute;a mortalmente. A&uacute;n segu&iacute;a pareci&eacute;ndome guapo, pero cada vez menos misterioso. El misterio estaba fuera, en lo que hac&iacute;a. No dentro de &eacute;l. He conocido despu&eacute;s a algunas personas m&aacute;s que me han producido desilusiones as&iacute;. Conforme te vas aproximando a ellas, se va diluyendo la atracci&oacute;n que ejercen sobre ti. Por eso, porque lo que te atra&iacute;a de ellas estaba fuera. Nacho fue la primera de esas personas. Fue &eacute;l quien me hizo pensar en esta clase de cosas. Los diferentes misterios, el largo camino desde el interior de uno mismo al exterior, a los otros, todo lo que puede pasar all&iacute;.</p>
<p>El ten&iacute;a sus propios planes de verano, eso facilit&oacute; las cosas. Hubiera deseado cancelarlos cuando me conoci&oacute;, pero sus compromisos eran sagrados. No se pod&iacute;a permitir ninguna debilidad, dada la reputaci&oacute;n de hombre de palabra que ten&iacute;a. Naturalmente, se trataba de planes misteriosos, viajes a lugares extra&ntilde;os, al Este de Europa, supon&iacute;a yo.</p>
<p>Debi&oacute; de ser en abril, un poco antes de semana santa, cuando conoc&iacute; a Julie, una inglesa que estaba siguiendo unos cursos en la facultad de filosof&iacute;a y letras y que buscaba a alguien que le diera clases de espa&ntilde;ol. Vi el cartel en el tabl&oacute;n de anuncios de mi facultad, la llam&eacute; y me ofrec&iacute; como profesora. Lo curioso fue que, nada m&aacute;s conocernos, no se estableci&oacute; entre nosotras la menor corriente de simpat&iacute;a y, a pesar de lo cual, ninguna se ech&oacute; para atr&aacute;s. Fuimos muy voluntariosas. Sent&iacute;a que a ella yo no le inspiraba curiosidad alguna, me miraba un poco por encima del hombro. &iquest;Qu&eacute; razones ten&iacute;a para hacerlo? Yo no ve&iacute;a ninguna, la verdad. Julie no era guapa. Era rubia y ten&iacute;a la piel muy blanca, pero toda ella parec&iacute;a como descolorida, desganada. S&iacute;, creo que &eacute;sta es la palabra adecuada, la que la describe mejor, por dentro y por fuera. Julie emanaba una sensaci&oacute;n de gran cansancio, gran desinter&eacute;s por todo. Con toda evidencia,&nbsp; yo&nbsp; no&nbsp; le&nbsp; interesaba,&nbsp; pero,&nbsp; &iquest;qui&eacute;n&nbsp; o&nbsp; qu&eacute;&nbsp; interesaba&nbsp; a&nbsp; Julie? Bostezaba continuamente, incluso de desperazaba un poco. Pero me propuso que le diera clases de conversaci&oacute;n y acept&eacute;. Me ven&iacute;a bien aquel dinero. Y, para ser sincera, hab&iacute;a algo m&aacute;s. Julie, tan desganada, precisamente por su desgana, me intrigaba un poco. No me quer&iacute;a dar por vencida tan pronto. Hab&iacute;a que probar, quiz&aacute; se tratase de una persona interesante. Al fin y al cabo, era extranjera. Los extranjeros no son tan f&aacute;ciles de captar. Puede a las dos nos pasara lo mismo, no acab&aacute;bamos de congeniar, lo sab&iacute;amos. Pero nos esforz&aacute;bamos, por lo que sea, a lo mejor sin una raz&oacute;n precisa, s&oacute;lo por no replantearnos ese peque&ntilde;o detalle de las clases. A la alumna no le gustaba mucho la profesora, a la profesora tampoco le gustaba demasiado la alumna, pero no se trataba de nada grave, no merec&iacute;a darle m&aacute;s importancia de la que ten&iacute;a.</p>
<p>Nos ve&iacute;amos un d&iacute;a por semana en una cafeter&iacute;a de la calle Princesa. Tom&aacute;bamos caf&eacute; y despleg&aacute;bamos libros y cuadernos sobre la mesa. De vez en cuando, nos re&iacute;amos. Parec&iacute;amos dos amigas que han decidido realizar un tipo de intercambio. Si aquello era una clase, se trataba de algo informal, casi festivo.</p>
<p>Cuando se anunci&oacute; el verano, Julie me pregunt&oacute; si no querr&iacute;a ir con ella a Londres, donde viv&iacute;an sus padres. Su hermana mayor, que ten&iacute;a una casa en el campo, acababa de tener un ni&ntilde;o y le hab&iacute;a comentado a Julie que preguntara aqu&iacute; y all&aacute; si a una estudiante espa&ntilde;ola le interesar&iacute;a ir a Inglaterra a trabajar de au pair. Era algo muy corriente. Estudiantes que trabajan en verano y, de paso, aprenden, o tratan de aprender, un idioma. Nunca se me hubiera ocurrido. Yo, que hab&iacute;a pasado doce largos a&ntilde;os en un colegio de monjas, no ten&iacute;a en ese momento demasiada compulsi&oacute;n por el trabajo y el aprendizaje de idiomas. Era ahora cuando empezaba a ver que la vida ten&iacute;a sus lados divertidos, y muchos. Pero cab&iacute;a considerar esa oferta como parte de esa diversi&oacute;n. Como una aventura. Adem&aacute;s, &iquest;qu&eacute; planes ten&iacute;a yo para el verano? Nacho se iba a su misterioso viaje, mis padres y mi hermana peque&ntilde;a, como de costumbre, pasar&iacute;an unos d&iacute;as a la orilla del mar. Probablemente, en alg&uacute;n pueblo del sur. Mi hermana mayor se hab&iacute;a casado en el oto&ntilde;o, por lo que era su primer verano de casada y se iba a la casa que los padres de su marido ten&iacute;an en alg&uacute;n lugar del Pa&iacute;s Vasco. La posibilidad de ir con mis padres, ya sin la compa&ntilde;&iacute;a de mi hermana mayor, ni siquiera se me pasaba por la cabeza. Mi hermana peque&ntilde;a era demasiado peque&ntilde;a para hacer planes con ella. Un d&iacute;a entero con mis padres me parec&iacute;a una pesadilla. No est&aacute;bamos de acuerdo en nada. Indudablemente, tendr&iacute;a que planear algo, irme a alg&uacute;n lugar, con alguien, una amiga, un grupo de amigos.</p>
<p>Lo cierto era que no ten&iacute;a dinero. Mis padres -m&aacute;s bien mi madre- me daban lo justo para coger el autob&uacute;s. Poco m&aacute;s. Algunos domingos, no todos - probablemente, s&oacute;lo cuando le hab&iacute;a sobrado algo del fondo del presupuesto semanal-, mi madre me entregaba, de forma casi clandestina, un billete para que fuera al cine. Eso dec&iacute;a ella: &ldquo;Para el cine&rdquo;. Todas mis necesidades estaban cubiertas, es verdad. Desayunaba, com&iacute;a y cenaba en casa. Algunas veces, incluso pod&iacute;a tomarme a media ma&ntilde;ana un caf&eacute; en el bar de la facultad. O pagar los vinos del atardecer. Normalmente, era Nacho quien lo hac&iacute;a. Pero de vez en cuando, le gustaba dejarse invitar. Sonre&iacute;a, satisfecho, al ver las monedas en mi mano, listas para pasar a las del camarero, como si ese gesto fuera ya expresi&oacute;n de la igualdad por la que luchaba. Igualdad esencial entre hombres y mujeres. Nacho era un feminista convencido. Apoyado en la barra del bar, sol&iacute;a darme largos sermones.</p>
<p>Nacho conoc&iacute;a a Julie. Algunas veces se pasaba por la cafeter&iacute;a de la calle Princesa donde d&aacute;bamos la clase y se sentaba un momento con nosotras. Julie le ca&iacute;a bien. Hab&iacute;a entre Julie y Nacho una corriente de simpat&iacute;a, justamente la que no exist&iacute;a entre ella y yo. Cuando le coment&eacute; a Nacho que Julie me hab&iacute;a propuesto que fuera con ella a Inglaterra a pasar el verano, trabajando como au pair en la casa de campo de su hermana, dijo que era una idea excelente. Se mataban muchos p&aacute;jaros de un tiro. Para empezar, resolv&iacute;a mi verano, y yo&nbsp; ten&iacute;a, adem&aacute;s, al oportunidad de asumir la condici&oacute;n de trabajadora que toda persona que se respetara a s&iacute; misma deb&iacute;a conocer. Por a&ntilde;adidura, aprend&iacute;a algo de ingl&eacute;s. Y con Julie cerca. Una chica tan agradable. Ten&iacute;a algo, era evidente. No era una chica del mont&oacute;n.</p>
<p>Del mont&oacute;n, eso era lo que Julie me parec&iacute;a a m&iacute;. De un mal mont&oacute;n. El&nbsp; mont&oacute;n de los que no nos entienden ni a quienes entendemos. Personas indiferenciadas, que se entienden perfectamente entre ellas y que a ti te miran con extra&ntilde;eza, como si hubieran detectado, al primer golpe de vista, en virtud de no se sabe qu&eacute; capacidades, una anomal&iacute;a en tu forma de ser. Pero, en fin, la pasan un poco por alto. Son magn&aacute;nimos, no hay por qu&eacute; incidir en los defectos y debilidades de los otros. Nosotros, en cambio, puede que seamos un poco resentidos. Desde luego, yo, comparada con Julie, era una verdadera resentida. Julie, con toda su desgana encima -que se manifestaba, sobre todo, en sus frecuentes bostezos-, parec&iacute;a contenta con su vida, incluso satisfecha. No creo que los bostezos se debieran a falta de sue&ntilde;o. Era as&iacute;, bostezaba porque le gustaba mucho dormir y, ya despierta y fuera de la cama, segu&iacute;a manteniendo dentro de s&iacute; una parte dormida. &iquest;Para qu&eacute; despertarse?, lo que ve&iacute;a, somnolienta, ya le parec&iacute;a bien. Yo no era as&iacute;. Siempre me fijaba en mis&nbsp; desventajas, no lo pod&iacute;a remediar.</p>
<p>No pod&iacute;a decirles a mis padres que me iba a Londres a trabajar de au pair. No lo hubieran entendido, les habr&iacute;a parecido algo deshonroso. Ellos quer&iacute;an que tuviera una carrera universitaria y me ganara la vida con ella. Un trabajo digno, propio de gente cultivada. Eso era lo que quer&iacute;an para m&iacute;, para las tres hermanas. Nos pod&iacute;amos casar o no, ten&iacute;amos que estar preparadas por si acaso. Esa era su moral. En aquel momento, no me llevaba bien con mis&nbsp; padres -en la universidad estaba descubriendo un mundo que no cuadraba con el suyo y que me resultaba mucho m&aacute;s seductor-, pero tampoco quer&iacute;a darles un disgusto. Si discut&iacute;a con ellos, la cosa acabar&iacute;a en gritos y reproches. Les dije que Julie, mi alumna inglesa, me hab&iacute;a invitado a pasar en verano con ella. Era muy rica, les dije. Adem&aacute;s de la casa de Londres, ten&iacute;a una en el campo. Era un plan estupendo, conocer&iacute;a algo de Inglaterra y me saldr&iacute;a muy barato, s&oacute;lo me ten&iacute;a que pagar el billete. Tren, ferry y tren, &eacute;sa era la combinaci&oacute;n m&aacute;s econ&oacute;mica. Bueno, si tienes tanta ilusi&oacute;n, dijo mi madre, de acuerdo, pero, &iquest;qu&eacute; sabes de esa chica? Nos llevamos muy bien, le dije, mintiendo a medias. Nos llev&aacute;bamos bien, s&oacute;lo eso. El caso es que consegu&iacute; que mis padres me pagaran el viaje.</p>
<p>Un atardecer de finales de julio, me acompa&ntilde;aron a la estaci&oacute;n. Se alegraron cuando me encontr&eacute; con compa&ntilde;eros de la facultad. Eran de otro curso, s&oacute;lo les conoc&iacute;a de vista. Mi madre habl&oacute; con ellos y les pidi&oacute; que cuidaran de m&iacute;. Que no viajara enteramente sola le alivi&oacute; un poco. Mi madre, desde el and&eacute;n, me dijo que me escribir&iacute;a a casa de Julie. Que fuera muy educada, me recomend&oacute;, que dejara buena impresi&oacute;n en aquella desconocida familia inglesa. Mi hermana peque&ntilde;a llor&oacute; y yo sent&iacute; dejarla sola con mis padres.(Fragmento de un libro en preparaci&oacute;n)</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 22 Jul 2014 12:01:40 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La poesía del pensamiento]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-poesia-del-pensamiento/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Julio/georgesteiner500.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em></em><strong></strong><em>para Durs Gr&uuml;nbein,</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>poeta y cartesiano</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;"><em>&nbsp;</em></p>
<p style="text-align: left;"><em>&nbsp;</em></p>
<p style="text-align: left;"><em>&nbsp;</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>Todo pensamiento empieza por un poema</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;Alain, &laquo;Commentaire sur &ldquo;La jeune Parque&rdquo;&raquo;, 1953</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>Hay siempre en la filosof&iacute;a una prosa literaria oculta, una ambig&uuml;edad en los t&eacute;rminos</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right">Sartre, <em>Situaciones IX</em>, 1965</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>En filosof&iacute;a no se piensa m&aacute;s que con met&aacute;foras</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right">Louis Althusser, <em>Elementos de autocr&iacute;tica</em>, 1972</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;"><em>&nbsp;</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>Lucrecio y S&eacute;neca son &ldquo;modelos de investigaci&oacute;n filos&oacute;fico-literaria en los cuales el lenguaje literario y unas complejas estructuras dial&oacute;gicas cautivan el alma entera del interlocutor (y del lector) de un modo que un tratado abstracto e impersonal no podr&iacute;a hacer&hellip; La forma es un elemento crucial en el contenido filos&oacute;fico de la obra. En ocasiones, incluso (como sucede en Medea), el contenido de la forma resulta ser tan poderoso que pone en cuesti&oacute;n la ense&ntilde;anza supuestamente simple que encierra&rdquo;</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Martha Nussbaum, <em>La terapia del deseo</em>, 1994</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">Al contrario que los poetas, los fil&oacute;sofos aparecen incre&iacute;blemente bien ataviados. Sin embargo est&aacute;n desnudos, lastimosamente desnudos, si se considera con qu&eacute; pobre imaginer&iacute;a tienen que manejarse la mayor parte del tiempo</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Durs Gr&uuml;nbein, <em>Das erste Jahr</em>, 2001</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Prefacio</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Cu&aacute;les son las concepciones filos&oacute;ficas del sordomudo? &iquest;Cu&aacute;les son sus representaciones metaf&iacute;sicas?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Todos los actos filos&oacute;ficos, todo intento de pensar, con la posible excepci&oacute;n de la l&oacute;gica formal (matem&aacute;tica) y simb&oacute;lica, son irremediablemente ling&uuml;&iacute;sticos. Son hechos realidad y tomados como rehenes por un movimiento u otro de discurso, de codificaci&oacute;n en palabras y en gram&aacute;tica. Ya sea oral o escrita, la proposici&oacute;n filos&oacute;fica, la articulaci&oacute;n y comunicaci&oacute;n del argumento est&aacute;n sometidas a la din&aacute;mica y a las limitaciones ejecutivas del habla humana.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Puede que en toda filosof&iacute;a, casi con seguridad en toda teolog&iacute;a, se oculte un deseo opaco pero insistente &mdash;el <em>conatus</em> de Spinoza&mdash; de escapar a esa servidumbre que otorga poder, bien modulando el lenguaje natural para transformarlo en las inexactitudes tautol&oacute;gicas, transparencias y verificabilidades de las matem&aacute;ticas; bien, de manera m&aacute;s enigm&aacute;tica, regresando a unas intuiciones anteriores al propio lenguaje. No sabemos que haya, que pueda haber, pensamiento antes de la expresi&oacute;n verbal. Aprehendemos m&uacute;ltiples puntos fuertes de significado, figuraciones de sentido en las artes, en la m&uacute;sica. El inagotable significado de la m&uacute;sica, su desaf&iacute;o a la traducci&oacute;n o a la par&aacute;frasis, se abre paso en los escenarios filos&oacute;ficos en S&oacute;crates, en Nietzsche. Pero cuando aducimos el &laquo;sentido&raquo; de las representaciones est&eacute;ticas y de las formas musicales, estamos metaforizando, estamos operando por analog&iacute;a m&aacute;s o menos encubierta. As&iacute; las estamos encerrando en los dominantes contornos del discurso. De ah&iacute; el recurrente tropo, tan insistente en Plotino y en el <em>Tractatus</em>, de que el meollo, el mensaje filos&oacute;fico, est&aacute; en lo que no se dice, en lo que permanece t&aacute;cito entre l&iacute;neas. Aquello que puede ser enunciado, aquello que supone que el lenguaje est&aacute; m&aacute;s o menos en consonancia con aut&eacute;nticas percepciones y demostraciones, quiz&aacute; revele de hecho la decadencia de los reconocimientos primordiales, epif&aacute;nicos. Tal vez aluda a la creencia de que en un estado anterior, &laquo;pre-socr&aacute;tica&raquo;, el lenguaje estaba m&aacute;s cercano a las fuentes de la inmediatez, de la no empa&ntilde;ada &laquo;luz del Ser&raquo; (como dice Heidegger). Pero no hay prueba alguna de semejante privilegio ad&aacute;nico. Ineludiblemente, el &laquo;animal que habla&raquo;, como definieron los griegos al hombre, habita las limitadas inmensidades de la palabra, de los instrumentos gramaticales. El<em> Logos</em> equipara la palabra a la raz&oacute;n en sus mismos fundamentos. Incluso es posible que el pensamiento est&eacute; exiliado. Pero si es as&iacute;, no sabemos o, dicho con m&aacute;s precisi&oacute;n, no podemos <em>decir</em> de qu&eacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se infiere que la filosof&iacute;a y la literatura ocupan el mismo espacio generativo, si bien, en &uacute;ltima instancia, se trata de un espacio circunscrito. Sus medios performativos son id&eacute;nticos: una alineaci&oacute;n de palabras, los modos de la sintaxis, la puntuaci&oacute;n (un recurso sutil). Esto es as&iacute; tanto en una canci&oacute;n infantil como en una <em>Cr&iacute;tica</em> de Kant, en una novela de tres al cuarto como en el <em>Fed&oacute;n</em>. Son hechos de lenguaje. La idea, como en Nietzsche o en Val&eacute;ry, de que se puede hacer danzar al pensamiento abstracto es una figura aleg&oacute;rica. La expresi&oacute;n, la enunciaci&oacute;n inteligible lo es todo. Juntas solicitan la traducci&oacute;n, la par&aacute;frasis, la met&aacute;frasis y todas las t&eacute;cnicas de transmisi&oacute;n o revelaci&oacute;n, o se resisten a ellas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los profesionales siempre lo han sabido. En toda filosof&iacute;a, admiti&oacute; Sartre, hay una &laquo;prosa literaria oculta&raquo;. El pensamiento filos&oacute;fico puede ser hecho realidad &laquo;s&oacute;lo con met&aacute;foras&raquo;, ense&ntilde;aba Althusser. En repetidas ocasiones (pero &iquest;hasta qu&eacute; punto en serio?), Wittgenstein afirm&oacute; que deber&iacute;a haber redactado sus <em>Investigaciones</em> en verso. Jean-Luc Nancy cita las dificultades vitales que la filosof&iacute;a y la poes&iacute;a se ocasionan rec&iacute;procamente: &laquo;Juntas son la dificultad misma: la dificultad de tener sentido&raquo;, giro que apunta al quid esencial, a la creaci&oacute;n de significado y la po&eacute;tica de la raz&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Algo que se ha aclarado menos es la incesante y determinante presi&oacute;n de las formas de habla, del <em>estilo</em>, sobre los sistemas filos&oacute;ficos y metaf&iacute;sicos. &iquest;En qu&eacute; aspectos una propuesta filos&oacute;fica, aun en la desnudez de la l&oacute;gica de Frege, es ret&oacute;rica? &iquest;Puede alg&uacute;n sistema cognitivo y epistemol&oacute;gico ser disociado de sus convenciones estil&iacute;sticas, de los g&eacute;neros de expresi&oacute;n prevalecientes o puestos en entredicho en su &eacute;poca y entorno? &iquest;Hasta qu&eacute; punto est&aacute;n condicionadas las metaf&iacute;sicas de Descartes, de Spinoza o de Leibniz por los complejos ideales sociales e instrumentales del lat&iacute;n tard&iacute;o, por los elementos constitutivos y por la autoridad subyacente de una latinidad parcialmente artificial en el seno de la Europa moderna? En otros momentos, el fil&oacute;sofo se propone construir un nuevo lenguaje, un idiolecto singular para su prop&oacute;sito. Sin embargo, este empe&ntilde;o, manifiesto en Nietzsche o en Heidegger, est&aacute; asimismo saturado por el contexto oratorial, coloquial o est&eacute;tico (es claro ejemplo de ello el &laquo;expresionismo&raquo; de Zaratustra). No podr&iacute;a haber un Derrida fuera del juego de palabras iniciado por el surrealismo y el dada&iacute;smo, inmune a la acrobacia de la escritura autom&aacute;tica. &iquest;Hay algo m&aacute;s cercano a la deconstrucci&oacute;n que <em>Finnegans Wake</em> o el lapidario hallazgo de Gertrude Stein de que &laquo;<em>There is no there</em>&raquo;, &laquo;All&iacute;<em> </em>no hay ning&uacute;n all&iacute;&raquo;?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Son algunos aspectos de esta &laquo;estilizaci&oacute;n&raquo; en ciertos textos filos&oacute;ficos, del engendramiento de esos textos a trav&eacute;s de herramientas y modas literarias, lo que quiero considerar (de una manera inevitablemente parcial y provisional). Quiero observar las interacciones, las rivalidades entre poeta, novelista o dramaturgo, por una parte, y el pensador declarado por otra. &laquo;Ser a la vez Spinoza y Stendhal&raquo; (Sartre). Intimidades y desconfianza mutua hechas ic&oacute;nicas por Plat&oacute;n y renacidas en el di&aacute;logo de Heidegger con H&ouml;lderlin.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En este ensayo es fundamental hacer una conjetura que encuentro dif&iacute;cil de expresar en palabras. La estrecha asociaci&oacute;n de la m&uacute;sica con la poes&iacute;a ya es un lugar com&uacute;n. Comparten fecundas categor&iacute;as de ritmo, fraseo, cadencia, sonoridad, entonaci&oacute;n y medida. La &laquo;m&uacute;sica de la poes&iacute;a&raquo; es exactamente eso. Poner letra a una melod&iacute;a o poner m&uacute;sica a un texto constituyen un ejercicio de materia prima com&uacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Hay en alg&uacute;n sentido af&iacute;n &laquo;una poes&iacute;a, una m&uacute;sica del pensamiento&raquo; m&aacute;s profunda que la que va ligada a los usos externos del lenguaje, al estilo?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Solemos utilizar el t&eacute;rmino y el concepto de &laquo;pensamiento&raquo; con irreflexiva amplitud y largueza. Asignamos el proceso de &laquo;pensar&raquo; a una ingente multiplicidad que se extiende desde el torrente subconsciente y ca&oacute;tico de restos interiorizados, incluso en el sue&ntilde;o, hasta el m&aacute;s riguroso de los procedimientos anal&iacute;ticos, una multiplicidad que abarca el ininterrumpido parloteo de lo cotidiano y la concentrada meditaci&oacute;n de Arist&oacute;teles sobre el alma o de Hegel sobre el yo. En el habla com&uacute;n, el &laquo;pensar&raquo; es democratizado. Se hace universal y sin patente. Pero esto es confundir radicalmente cosas que son fen&oacute;menos distintos, incluso antag&oacute;nicos. Definido de forma responsable &mdash;carecemos de un t&eacute;rmino se&ntilde;al&mdash;, el pensamiento serio no es frecuente. La disciplina que requiere, el abstenerse de la facilidad y del desorden son cosas que est&aacute;n muy raramente o nunca al alcance de la gran mayor&iacute;a. La mayor&iacute;a de nosotros apenas tenemos conocimiento de lo que es &laquo;pensar&raquo;, transmutar los t&oacute;picos, los manidos desechos de nuestras corrientes mentales, en &laquo;pensamientos&raquo;. Percibidos de forma adecuada &mdash;&iquest;cu&aacute;ndo nos detenemos a reflexionar? &mdash;, la instauraci&oacute;n del pensamiento de primer calibre es tan rara como la composici&oacute;n de un soneto de Shakespeare o de una fuga de Bach. Tal vez, en nuestra breve historia evolutiva, a&uacute;n no hayamos aprendido a pensar. Puede que la etiqueta <em>homo sapiens</em>, excepto para unos cuantos, sea una jactancia infundada.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las cosas excelentes, advierte Spinoza, &laquo;son raras y dif&iacute;ciles&raquo;. &iquest;Por qu&eacute; un distinguido texto filos&oacute;fico va a ser m&aacute;s accesible que la alta matem&aacute;tica o uno de los &uacute;ltimos cuartetos de Beethoven? Es inherente a un texto as&iacute; un proceso de creaci&oacute;n, una &laquo;poes&iacute;a&raquo; que a un tiempo revela y se resiste. El gran pensamiento filos&oacute;fico-metaf&iacute;sico engendra y a la vez trata de ocultar las &laquo;supremas ficciones&raquo; dentro de s&iacute; mismo. Las paparruchas de nuestras cavilaciones indiscriminadas son en efecto la prosa del mundo. No menos que la &laquo;poes&iacute;a&raquo;, en el sentido categ&oacute;rico en que la filosof&iacute;a tiene su m&uacute;sica, su pulso de tragedia, sus embelesos, incluso, aunque de modo infrecuente, su risa (como en Montaigne o Hume). &laquo;Todo pensamiento empieza con un poema&raquo;, ense&ntilde;aba Alain en su intercambio con Val&eacute;ry. Este inicio compartido, esta iniciaci&oacute;n de mundos es dif&iacute;cil de suscitar. Sin embargo, deja huellas, ruidos de fondo compatibles con aquellos que susurran los or&iacute;genes de nuestra galaxia. Sospecho que estas huellas se pueden discernir en el <em>mysterium tremendum</em> de la met&aacute;fora. Tal vez hasta la melod&iacute;a, &laquo;supremo enigma de las ciencias del hombre&raquo; (L&eacute;vi-Strauss), es, en cierto sentido, metaf&oacute;rica. Si somos un &laquo;animal que habla&raquo;, somos, concretando m&aacute;s, un primate dotado de la capacidad de usar met&aacute;foras, para relacionar con el rayo, el s&iacute;mil de Her&aacute;clito, los fragmentos dispersos del ser y de la percepci&oacute;n pasiva.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Donde se funden la filosof&iacute;a y la literatura, donde pleitean la una con la otra en forma o en materia, pueden o&iacute;rse estos ecos del origen. Este genio po&eacute;tico del pensamiento abstracto se ilumina, se hace audible. El argumento, aun anal&iacute;tico, tiene su redoble de tambor. Se hace oda. &iquest;Hay algo que exprese el movimiento final de la <em>Fenomenolog&iacute;a</em> de Hegel mejor que el <em>non de non</em> de Edith Piaf, una doble negaci&oacute;n que Hegel habr&iacute;a estimado en mucho?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Este ensayo es un intento de escuchar m&aacute;s atentamente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>1</strong></p>
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<p>Hablamos de la m&uacute;sica. El an&aacute;lisis verbal de una partitura musical puede, hasta cierto punto, dilucidar su estructura formal, sus elementos t&eacute;cnicos y su instrumentaci&oacute;n. Pero all&iacute; donde no es musicolog&iacute;a en sentido estricto, all&iacute; donde no recurre a un &laquo;meta-lenguaje&raquo; par&aacute;sito de la m&uacute;sica &mdash;&laquo;clave&raquo;, &laquo;tono&raquo;, &laquo;s&iacute;ncopa&raquo;&mdash;, hablar de la m&uacute;sica, oral o escrita, es un compromiso dudoso. Una narraci&oacute;n, una cr&iacute;tica de una ejecuci&oacute;n musical se ocupa menos del mundo sonoro real que del ejecutante o de la recepci&oacute;n por el p&uacute;blico. Es un reportaje hecho por analog&iacute;a. Apenas puede decir nada que pertenezca a la sustancia de la composici&oacute;n. Unos cuantos valientes, Boecio, Rousseau, Nietzsche, Proust y Adorno entre ellos, han tratado de traducir en palabras el tema de la m&uacute;sica y sus significados. Ocasionalmente han encontrado &laquo;contrapuntos&raquo; metaf&oacute;ricos, modos de sugerir, simulacros de considerable efecto evocador (Proust en relaci&oacute;n con la sonata de Vinteuil). Sin embargo, aun en los casos en que esos virtuosismos semi&oacute;ticos poseen m&aacute;s seducci&oacute;n, &laquo;escapan a la cuesti&oacute;n&raquo; en el sentido estricto de la expresi&oacute;n. Son derivaciones.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hablar de la m&uacute;sica es alimentar una ilusi&oacute;n, un &laquo;error categorial&raquo; como dir&iacute;an los l&oacute;gicos. Es tratar la m&uacute;sica como si fuese lenguaje natural o se hallase muy cercana a &eacute;ste. Es trasladar unas realidades sem&aacute;nticas de un c&oacute;digo ling&uuml;&iacute;stico a un c&oacute;digo musical. Los elementos musicales se experimentan o clasifican como sintaxis; la construcci&oacute;n en desarrollo de una sonata, su &laquo;tema&raquo; inicial y secundario, se designa como gram&aacute;tica. Las exposiciones musicales (a su vez una designaci&oacute;n prestada) tienen su ret&oacute;rica, su elocuencia o econom&iacute;a. Nos inclinamos a pasar por alto que cada una de estas r&uacute;bricas se ha tomado prestada de sus legitimidades ling&uuml;&iacute;sticas. Las analog&iacute;as son ineludiblemente contingentes. Una &laquo;frase&raquo; musical no es un segmento verbal.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta contaminaci&oacute;n se ve agravada por las relaciones m&uacute;ltiples entre letra y m&uacute;sica. Un sistema ling&uuml;&iacute;sticamente ordenado es insertado dentro de un &laquo;no lenguaje&raquo;, es colocado junto a &eacute;l y contra &eacute;l. Esta coexistencia h&iacute;brida tiene una ilimitada diversidad y una posible complicaci&oacute;n (con frecuencia un <em>Lied</em> de Hugo Wolf niega su texto verbal). Nuestra recepci&oacute;n de esta amalgama es en gran medida somera. &iquest;Qui&eacute;n sino el m&aacute;s concentrado &mdash;partitura y libreto en mano&mdash; es capaz de captar simult&aacute;neamente las notas musicales, las s&iacute;labas que las acompa&ntilde;an y la polim&oacute;rfica, verdaderamente dial&eacute;ctica interacci&oacute;n entre ellas? El c&oacute;rtex humano tiene dificultad para distinguir entre est&iacute;mulos aut&oacute;nomos, completamente distintos, y recombinarlos. Sin duda hay piezas musicales que aspiran a imitar, a acompa&ntilde;ar temas verbales y figurativos. Hay &laquo;m&uacute;sica program&aacute;tica&raquo; para la tempestad y la calma, para celebraciones y la lamentaciones. Mussorgsky puso m&uacute;sica a los &laquo;cuadros de una exposici&oacute;n&raquo;. Hay m&uacute;sica de cine, muchas veces esencial para el texto dram&aacute;tico-visual. Pero todas ellas son justamente consideradas especies secundarias, mestizas. Donde existe <em>per se</em>, donde seg&uacute;n Schopenhauer es m&aacute;s perdurable que el hombre, la m&uacute;sica no es ni m&aacute;s ni menos que ella misma. El eco ontol&oacute;gico est&aacute; al alcance de la mano: &laquo;Soy lo que soy&raquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su &uacute;nica &laquo;traducci&oacute;n&raquo; o par&aacute;frasis significativa es la del movimiento corporal. La m&uacute;sica se traduce a danza. Pero ese extasiado reflejo s&oacute;lo es aproximado. Det&eacute;ngase el sonido y no habr&aacute; forma segura alguna de decir qu&eacute; m&uacute;sica se est&aacute; danzando (un aspecto irritante al que se alude en las <em>Leyes</em> de Plat&oacute;n). Pero, a diferencia de los lenguajes naturales, la m&uacute;sica es universal. Innumerables comunidades &eacute;tnicas poseen s&oacute;lo rudimentos orales de literatura. Ning&uacute;n grupo humano carece de m&uacute;sica, a menudo elaborada y complejamente organizada. Los datos sensoriales y emocionales de la m&uacute;sica son mucho m&aacute;s inmediatos que los del habla (pueden remontarse al vientre materno). Excepto en ciertos extremos cerebrales, principalmente asociados con las modernidades y las tecnolog&iacute;as en Occidente, la m&uacute;sica no necesita ning&uacute;n desciframiento. La recepci&oacute;n es m&aacute;s o menos instant&aacute;nea en los niveles ps&iacute;quico, nervioso y visceral, cuyas interconexiones sin&aacute;pticas y rendimiento acumulativo apenas comprendemos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero &iquest;qu&eacute; es lo que est&aacute; recibiendo, interiorizando, a qu&eacute; se est&aacute; respondiendo? &iquest;Qu&eacute; es lo que nos pone a todos en movimiento? Aqu&iacute; llegamos a una dualidad de &laquo;sentido&raquo; y de &laquo;significado&raquo; que la epistemolog&iacute;a, la hermen&eacute;utica filos&oacute;fica y las investigaciones psicol&oacute;gicas han sido casi incapaces de dilucidar. Y ello invita a suponer que lo que es inagotablemente significativo puede tambi&eacute;n carecer de sentido. El significado de la m&uacute;sica est&aacute; en su ejecuci&oacute;n y audici&oacute;n (hay quienes &laquo;oyen&raquo; una composici&oacute;n cuando leen en silencio su partitura, pero son muy pocos). Explicar lo que significa una composici&oacute;n, dictamin&oacute; Schumann, es tocarla de nuevo. Desde los comienzos de la humanidad, para hombres y mujeres, la m&uacute;sica tiene tanto significado que apenas pueden imaginar la vida sin ella. &laquo;<em>Musique avant toute chose&raquo;</em> (Verlaine). La m&uacute;sica llega a poseer nuestro cuerpo y nuestra conciencia. Tranquiliza y enloquece, consuela o causa desolaci&oacute;n. Para incontables mortales, la m&uacute;sica, aunque sea vagamente, se acerca m&aacute;s que ninguna otra presencia sentida a inferir, a prever la posible realidad de la trascendencia, de un encuentro con lo numinoso y con lo sobrenatural, que se encuentran fuera del alcance emp&iacute;rico; para otras tantas personas religiosas, la emoci&oacute;n es m&uacute;sica metaforizada, pero &iquest;qu&eacute; sentido tiene, qu&eacute; significado hace verificable?, &iquest;puede mentir la m&uacute;sica o es enteramente inmune a lo que los fil&oacute;sofos llaman &laquo;funciones de verdad&raquo;? Id&eacute;ntica m&uacute;sica inspira y aparentemente articula propuestas irreconciliables. &laquo;Traduce&raquo; a antinomias. La misma melod&iacute;a de Beethoven inspir&oacute; la solidaridad nazi, la promesa comunista y las insulsas panaceas del himno de Naciones Unidas. El mism&iacute;simo coro del <em>Rienzi</em> de Wagner exalta el sionismo de Herzl y la visi&oacute;n hitleriana del Reich. Una fant&aacute;stica abundancia de significados divergentes, incluso contradictorios, y una ausencia total de sentido. Ni la semiolog&iacute;a ni la psicolog&iacute;a ni la metaf&iacute;sica pueden dominar esta paradoja (que alarma a pensadores absolutistas desde Plat&oacute;n hasta Calvino y Lenin). Ninguna epistemolog&iacute;a ha sido capaz de responder de manera convincente a la sencilla pregunta &laquo;&iquest;Para qu&eacute; sirve la m&uacute;sica?&raquo;. &iquest;Qu&eacute; sentido tiene hacer m&uacute;sica? Esta crucial incapacidad de respuesta hace algo m&aacute;s que insinuar unas limitaciones org&aacute;nicas del lenguaje, unas limitaciones capitales para el empe&ntilde;o filos&oacute;fico. Cabe la posibilidad de que el discurso hablado y no digamos el escrito sean un fen&oacute;meno secundario. Tal vez encarnen un deterioro de ciertas totalidades primordiales de la conciencia psicosom&aacute;tica que todav&iacute;a act&uacute;an en la m&uacute;sica. Con excesiva frecuencia, hablar es &laquo;malentender&raquo;. Poco antes de morir, S&oacute;crates canta.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando Dios canta para S&iacute; mismo, canta &aacute;lgebra, opinaba Leibniz. Las afinidades, los nervios que relacionan la m&uacute;sica con las matem&aacute;ticas se han percibido desde Pit&aacute;goras. Rasgos cardinales de la composici&oacute;n musical como el tono, el volumen y el ritmo pueden ser trazados mediante el &aacute;lgebra. Igual sucede con convenciones hist&oacute;ricas como fugas, c&aacute;nones y contrapuntos. Las matem&aacute;ticas son el otro lenguaje universal. Com&uacute;n a todos los hombres, instant&aacute;neamente legible para quienes est&aacute;n preparados para leerlo. Como en la m&uacute;sica, en las matem&aacute;ticas la idea de &laquo;traducci&oacute;n&raquo; es aplicable s&oacute;lo en un sentido trivial. Ciertas operaciones matem&aacute;ticas pueden ser relatadas o descritas verbalmente. Es posible parafrasear o metafrasear recursos matem&aacute;ticos. Pero son notas al margen secundarias, casi decorativas. En s&iacute; mismas y por s&iacute; mismas, las matem&aacute;ticas s&oacute;lo pueden traducirse a otras matem&aacute;ticas (como en la geometr&iacute;a algebraica). En los textos matem&aacute;ticos hay a menudo una sola palabra generativa: un &laquo;h&aacute;gase&raquo; inicial que autoriza y pone en marcha la cadena de s&iacute;mbolos y diagramas. Es comparable al imperativo &laquo;h&aacute;gase&raquo; que da comienzo a los axiomas de la creaci&oacute;n en el G&eacute;nesis.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin embargo, el (los) lenguaje(s) de las matem&aacute;ticas son enormemente ricos. Su despliegue es uno de los pocos viajes positivos y limpios a los anales de la mente humana. Aunque inaccesibles al lego, las matem&aacute;ticas manifiestan criterios de belleza en un sentido exacto, demostrable. S&oacute;lo aqu&iacute; impera la equivalencia entre verdad y belleza. A diferencia de las enunciadas por el lenguaje natural, las proposiciones matem&aacute;ticas pueden ser verificadas o refutadas. Cuando surge la indecidibilidad, ese concepto tiene tambi&eacute;n su significado preciso, escrupuloso. Las lenguas orales y escritas mienten, enga&ntilde;an, ofuscan a cada paso. La mayor&iacute;a de las veces su motor es la ficci&oacute;n y lo ef&iacute;mero. Las matem&aacute;ticas pueden producir errores que habr&aacute; que corregir despu&eacute;s. No pueden mentir. Hay ingenio en las construcciones y pruebas matem&aacute;ticas como hay ingenio en Haydn y Satie. Puede haber toques de estilo personal. Varios matem&aacute;ticos me han dicho que pueden identificar al proponente de un teorema y de su demostraci&oacute;n por razones estil&iacute;sticas. Lo que importa es que, una vez probada, una operaci&oacute;n matem&aacute;tica entra en la verdad colectiva y la disponibilidad del an&oacute;nimo. Y, adem&aacute;s, es permanente. Cuando Esquilo est&eacute; olvidado y el grueso de su obra se haya perdido, los teoremas de Euclides seguir&aacute;n existiendo (G. M. Hardy).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Desde Galileo, la marcha de las matem&aacute;ticas es imperial. Una ciencia natural eval&uacute;a su legitimidad por el grado en que es posible matematizarla. Las matem&aacute;ticas desempe&ntilde;an un papel cada vez m&aacute;s determinante en la econom&iacute;a, en destacadas ramas de los estudios sociales, hasta en las disciplinas estad&iacute;sticas de la historia (&laquo;cliometr&iacute;a&raquo;). El c&aacute;lculo y la l&oacute;gica formal son la fuente y anatom&iacute;a de la computaci&oacute;n, de la teor&iacute;a de la informaci&oacute;n, del almacenamiento y la transmisi&oacute;n electromagn&eacute;ticos que organizan y transforman ahora nuestra vida. Los j&oacute;venes manipulan el cristalino despliegue de los fractales como anta&ntilde;o manejaban las rimas. Las matem&aacute;ticas aplicadas, a menudo de una categor&iacute;a avanzada, invaden nuestra existencia individual y social.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Desde el principio, la filosof&iacute;a y la metaf&iacute;sica han dado vueltas alrededor de las matem&aacute;ticas como un halc&oacute;n frustrado. La exigencia de Plat&oacute;n era clara: &laquo;Nadie entre en la Academia que no sepa geometr&iacute;a&raquo;. En Bergson, en Wittgenstein, la libido matem&aacute;tica es representativa de la epistemolog&iacute;a en su conjunto. Hay episodios ilustrativos en la larga historia de las matem&aacute;ticas y destacan notablemente las investigaciones tempranas de Husserl. Pero los avances han sido irregulares. Si las matem&aacute;ticas aplicadas en sus comienzos en la hidr&aacute;ulica, la agricultura, la astronom&iacute;a y la navegaci&oacute;n pueden situarse dentro de las necesidades econ&oacute;micas y sociales, la matem&aacute;tica pura y su mete&oacute;rico progreso plantean una cuesti&oacute;n aparentemente dif&iacute;cil de responder. Los teoremas, la interacci&oacute;n de alta matem&aacute;tica, de la teor&iacute;a de los n&uacute;meros en especial, &iquest;se derivan de realidades &laquo;de ah&iacute; fuera&raquo; aunque no descubiertas todav&iacute;a y remiten a ellas?, &iquest;se ocupan de fen&oacute;menos existenciales, por formalizado que sea el nivel al que lo hacen, o son un juego aut&oacute;nomo, una serie y secuencia de operaciones tan arbitrarias, tan autistas como el ajedrez? El ilimitado, podemos decir &laquo;fant&aacute;stico&raquo;, avance hacia delante de las matem&aacute;ticas desde el tri&aacute;ngulo de Pit&aacute;goras hasta las funciones el&iacute;pticas &iquest;es generado, activado desde dentro de s&iacute; mismo, independiente de la realidad o de la aplicaci&oacute;n (aunque, de manera contingente, pueda aparecer la segunda)? La cuesti&oacute;n ha sido debatida incluso por matem&aacute;ticos y por fil&oacute;sofos durante milenios. Contin&uacute;a sin resolverse. A&ntilde;&aacute;dase a esto el luminoso rompecabezas de las capacidades y la productividad matem&aacute;ticas en el muy joven, en el preadolescente. Un caso enigm&aacute;tico an&aacute;logo a los virtuosismos del prodigio musical y del maestro infantil de ajedrez. &iquest;Existen v&iacute;nculos? &iquest;Hay alguna trascendental adicci&oacute;n a lo in&uacute;til implantada en unos cuantos seres humanos (un Mozart, un Gauss, un Capablanca)?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al estar condenadas al lenguaje, la filosof&iacute;a y la psicolog&iacute;a filos&oacute;fica se han encontrado m&aacute;s o menos desvalidas. Muchos pensadores se han hecho eco de un antiguo pesar: &laquo;&iquest;Yo habr&iacute;a sido fil&oacute;sofo de haber podido ser matem&aacute;tico?&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con respecto a los requerimientos de la filosof&iacute;a, el lenguaje natural padece graves debilidades. No puede igualar la universalidad de la m&uacute;sica o de las matem&aacute;ticas. Incluso la lengua m&aacute;s extendida &mdash;hoy es la angloamericana&mdash; s&oacute;lo es provinciana y pasajera. Ning&uacute;n lenguaje puede competir con las capacidades de la m&uacute;sica para las simultaneidades polif&oacute;nicas, para los significados m&uacute;ltiples bajo la presi&oacute;n de unas formas intraducibles. La capacidad de suscitar emociones, a la vez espec&iacute;ficas y generales, privadas y colectivas, excede en mucho a la que posee el lenguaje. En algunos aspectos, la ceguera es reparable (se pueden leer libros en Braille). La sordera, el ostracismo que expulsa de la m&uacute;sica, es un exilio irremediable. Tampoco puede el lenguaje natural competir con la precisi&oacute;n, con la inequ&iacute;voca finalidad, con la responsabilidad y la transparencia de las matem&aacute;ticas. No puede satisfacer criterios de prueba o refutaci&oacute;n &mdash;son lo mismo&mdash; inherentes a las matem&aacute;ticas. &iquest;Debemos, podemos querer decir lo que decimos o decir lo que queremos decir? La impl&iacute;cita generaci&oacute;n de nuevas preguntas, de nuevas percepciones, de hallazgos innovadores desde el interior de la matriz matem&aacute;tica no tiene equivalente en el discurso oral ni escrito. Las v&iacute;as que siguen las matem&aacute;ticas parecen aut&oacute;nomos e ilimitados. El lenguaje rebosa espectros manidos y circularidades artificiales.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y sin embargo. La definici&oacute;n misma de hombres y mujeres como &laquo;animales de lenguaje&raquo; propuesta por los antiguos griegos, la designaci&oacute;n del lenguaje y la comunicaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica como el atributo definitorio de lo humano, no son tropos arbitrarios. Las frases, orales y escritas (se puede ense&ntilde;ar a leer y a escribir a los mudos), son el &oacute;rgano capacitador de nuestro ser, de ese di&aacute;logo con el yo y con los dem&aacute;s que arma y estabiliza nuestra identidad. Las palabras, aun siendo imprecisas y de duraci&oacute;n limitada, construyen el recuerdo y articulan el futuro. La esperanza es el futuro verbal. Incluso cuando son ingenuamente figurativos y no sometidos a examen, los sustantivos que asociamos a conceptos como vida y muerte, al ego y al otro, son engendrados por palabras. Hamlet a Polonio. La fuerza del silencio es la de un negador eco del lenguaje. Es posible amar calladamente, pero quiz&aacute; s&oacute;lo hasta cierto punto. La aut&eacute;ntica incapacidad de hablar viene con la muerte. Morir es dejar de charlar. He intentado demostrar que el incidente de Babel fue una bendici&oacute;n. Todas las lenguas y cada una de ellas cartograf&iacute;an un mundo posible, un calendario y un paisaje posibles. Aprender una lengua es ensanchar inconmensurablemente el provincianismo del yo. Es abrir de par en par una nueva ventana a la existencia. Las palabras, s&iacute;, andan a tientas y enga&ntilde;an. Ciertas epistemolog&iacute;as les niegan el acceso a la realidad. Hasta la poes&iacute;a m&aacute;s excelente est&aacute; circunscrita por su lenguaje. No obstante, es el lenguaje natural el que proporciona a la humanidad su centro de gravedad (obs&eacute;rvense las connotaciones morales, psicol&oacute;gicas de este t&eacute;rmino). La risa seria es tambi&eacute;n ling&uuml;&iacute;stica. Quiz&aacute; s&oacute;lo el sonre&iacute;r desaf&iacute;e la par&aacute;frasis.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El lenguaje natural es el medio ineluctable de la filosof&iacute;a. El fil&oacute;sofo recurrir&aacute; a t&eacute;rminos t&eacute;cnicos y neologismos; tratar&aacute;, como Hegel, de llenar giros idiom&aacute;ticos familiares de nuevos significados. Pero en esencia y, como hemos visto, excluyendo el simbolismo de la l&oacute;gica formal, el lenguaje tiene que bastar. Como dice R. G. Collingwood en su <em>Ensayo sobre el m&eacute;todo filos&oacute;fico</em> (1933): &laquo;Si el lenguaje no puede explicarse a s&iacute; mismo, ninguna otra cosa puede explicarlo&raquo;. As&iacute;, el lenguaje de la filosof&iacute;a es, &laquo;como ya sabe todo lector atento de los grandes fil&oacute;sofos, un lenguaje literario y no un lenguaje t&eacute;cnico&raquo;. Prevalecen las reglas de la literatura. En este convincente aspecto, la filosof&iacute;a se asemeja a la poes&iacute;a. Es &laquo;un poema del intelecto&raquo; y representa &laquo;el punto en el que la prosa est&aacute; m&aacute;s cerca de ser poes&iacute;a&raquo;. La proximidad es rec&iacute;proca, pues a menudo es el poeta el que acude a los fil&oacute;sofos. Baudelaire se vuelve a De Maistre, Mallarm&eacute; a Hegel, Celan a Heidegger, T. S. Eliot a Bradley.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dentro de los incapacitantes l&iacute;mites de mi competencia ling&uuml;&iacute;stica y haciendo imperfecto uso de la traducci&oacute;n, quiero considerar una selecci&oacute;n de textos filos&oacute;ficos en su desarrollo bajo la presi&oacute;n de unos ideales literarios y de la po&eacute;tica de la ret&oacute;rica. Quiero estudiar los contactos sin&aacute;pticos entre argumento filos&oacute;fico y expresi&oacute;n literaria. Estas interpenetraciones y fusiones nunca son totales, pero nos llevan al coraz&oacute;n del lenguaje y de la creatividad de la raz&oacute;n. &laquo;No podemos pensar lo que no se puede pensar, por tanto tampoco podemos <em>decir</em> lo que no podemos pensar&raquo; (<em>Tractatus</em>, 5.61).</p>
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<p>(Fragmento del libro <em>La poes&iacute;a del pensamiento</em>, de George Steiner, publicado por Ediciones Siruela. Traducci&oacute;n de Mar&iacute;a Condor)</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 11 Jul 2014 05:46:24 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Eje]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/eje/</link>
      <description><![CDATA[<p style="text-align: left;" align="right"><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Julio/clarajanes500.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left; padding-left: 480px;" align="right"><em>escultura de Adriana Veyrat</em></p>
<p style="padding-left: 480px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 480px;">Descubre</p>
<p style="padding-left: 480px;">el pensamiento del &aacute;rbol,</p>
<p style="padding-left: 480px;">gu&iacute;a para el abismo,</p>
<p style="padding-left: 480px;">gu&iacute;a para la entra&ntilde;a de la tierra.</p>
<p style="padding-left: 480px;">Ser &aacute;rbol una vez</p>
<p style="padding-left: 480px;">y, cauteloso,</p>
<p style="padding-left: 480px;">por v&iacute;as de la sabia</p>
<p style="padding-left: 480px;">&ndash;espejo sin azogue</p>
<p style="padding-left: 480px;">y sin reflejo-&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 480px;">alcanzar</p>
<p style="padding-left: 480px;">los indicios</p>
<p style="padding-left: 480px;">de la pura</p>
<p style="padding-left: 480px;">oscuridad.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 09 Jul 2014 10:44:41 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Glup]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/Glup/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Julio/luismu_oz500.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 510px;">Viajo en un vag&oacute;n de luces grises.</p>
<p style="padding-left: 510px;">Los asientos son duros, de madera prensada.</p>
<p style="padding-left: 510px;">Una hora ha ca&iacute;do, un peso muerto.</p>
<p style="padding-left: 510px;">Escucho el glup dentro de mi cabeza.</p>
<p style="padding-left: 510px;">Las estaciones silban como p&aacute;jaros.</p>
<p style="padding-left: 510px;">Atardece sin fin.</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">Miro afuera al vac&iacute;o,</p>
<p style="padding-left: 510px;">que est&aacute; lleno de gente.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 08 Jul 2014 10:42:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nocturna lucidez]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/nocturna-lucidez/</link>
      <description><![CDATA[<p style="text-align: left;"><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Julio/ignaciogarciavalino500.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left; padding-left: 540px;">Es de noche</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 540px;">cuando los cuerpos vuelven a la calma;</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 540px;">las sombras retornan a sus moldes,</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 540px;">el tiempo se diluye en su propia falacia</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 540px;">y deja de hacerse temer.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 540px;">Es de noche, todo se ordena</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 540px;">con proporci&oacute;n de alquimia,</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 540px;">la biblioteca recupera</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 540px;">sus libros extraviados,</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 540px;">las dudas se obvian, el mismo miedo</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 540px;">se asemeja a un adjetivo.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 540px;">Fr&iacute;amente regresas</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 540px;">con un viento sordo barriendo hojas,</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 540px;">se han endurecido los recuerdos</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 540px;">como barro</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 540px;">arrancado de su cuna matricial;</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 540px;">uno tras otro</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 540px;">los vas depositando en tu mesa,</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 540px;">haces tu peque&ntilde;o desfile de figuritas de arcilla</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 540px;">y con esa penetrante lucidez reciente</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 540px;">-la noche-</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 540px;">te interrogas, ahora s&iacute;, qu&eacute;</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 540px;">ha donado tu vida, qu&eacute; perdura</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 540px;">ma&ntilde;ana, d&oacute;nde tu obra rotunda</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 540px;">con la cual dejar&iacute;as el mundo de los justos,</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 540px;">sacudirte el polvo de las suelas,</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 540px;">definitivamente, irte a descansar.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 540px;">Desnuda quedar&aacute; tu mesa al alba.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 540px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 07 Jul 2014 07:26:54 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Todo haz tiene su envés]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/todo-haz-tiene-su-enves/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Julio/javiermarias500.jpg" alt="" /></p>
<p>En un escritor de tan acusada personalidad literaria, forjada en una amplia y dilatada trayectoria, como es el caso de Javier Mar&iacute;as, en cualquier nueva obra afloran de inmediato algunos de los rasgos &ndash;axiales o no- que constituyen su singular mundo narrativo. Y as&iacute; sucede en su &uacute;ltima novela, <em>Los enamoramientos</em>, donde ya en las primeras l&iacute;neas conocemos el hecho que desencadenar&aacute; la intriga &ndash;el asesinato del empresario Miguel Desvern o Deverne-, reaparecen personajes de anteriores novelas - en la escena c&oacute;mica protagonizada por el profesor Rico o en el papel que juega el impar Ruib&eacute;rriz de Torres-, se ausculta y examina cr&iacute;ticamente ciertos modos y conductas que revelan una mentalidad social, a veces contrastando pasado y presente &ndash;y en correlaci&oacute;ncon las cr&oacute;nicas semanales del Javier Mar&iacute;as articulista-, se introducen elementos autobiogr&aacute;ficos &ndash;b&aacute;sicamente trasladados al personaje de Javier D&iacute;az-Varela- y digresiones de sesgo metaficcional que, sobre todo las referidas al acto de contar, propician reflexiones de sumo inter&eacute;s, adem&aacute;s de hallarse tambi&eacute;n iron&iacute;as y pullas en torno a ciertas maneras o modalidades de escritura y el retrato caricaturesco de un par de escritores que viene a ser contrahechura de modelos reales. Y desde luego, se reconoce el lenguaje del autor, aunque la novela est&eacute; narrada por una mujer, Mar&iacute;a Dol&ccedil;, perceptible igualmente en otros personajes, como Luisa, &ldquo;con no escaso vocabulario y con verbos que en el hablaba general son infrecuentes&rdquo; y Javier D&iacute;az-Varela &ldquo;y su sintaxis de encadenamientos a menudo arbitrarios&rdquo;. Y est&aacute; asimismo el tema medular de la obra de JM, la indagaci&oacute;n sobre el Tiempo: el modo de sentirlo y su pasar e incidencia en nuestras vidas &ndash;en qu&eacute; es capaz de convertirnos-, sus infinitas ramificaciones o sus formas -la espera, el azar-, su car&aacute;cter poli&eacute;drico y su porosidad, los v&iacute;nculos/alianzas que establece con la vida y con la muerte y tambi&eacute;n con el amor, y que en su conjunto pautan la profunda dimensi&oacute;n existencial de la novela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Inveros&iacute;milmente logramos convencernos de nuestros azarosos enamoramientos&rdquo;, le dice Javier a Mar&iacute;a, pero &ldquo;s&oacute;lo somos lo que est&aacute; disponible, los restos, las sobras, los supervivientes, lo que va quedando, los saldos, y es con eso poco noble con lo que se erigen los m&aacute;s grandes amores y se fundan las mejores familias, de eso provenimos todos, producto de la casualidad y el conformismo, de los descartes y las timideces y los fracasos ajenos...&rdquo; Esta l&iacute;neas apuntan el tema central de una novela que indaga en el estado de enamoramiento y su naturaleza, en los factores que concurren en &eacute;l y las estrategias que a &eacute;l conducen o pueden forzarlo &ndash;el azar, un golpe de fortuna, una extra&ntilde;a transformaci&oacute;n en la persona deseada, la tarea del tiempo-. Pero tambi&eacute;n, al hilo de los sucesos, se agavillan otros temas no menos relevantes: la inconveniencia de que los muertos vuelvan, la impunidad de ciertos hechos o la imposibilidad de saber nunca la verdad. Y en este punto es donde <em>Los enamoramientos</em>, como novela, marca un punto de inflexi&oacute;n en la trayectoria del autor (y no tanto en tener a una mujer en el papel de narradora, que no tiene repercusi&oacute;n literaria alguna). Javier Mar&iacute;as confiere ahora a la intriga un peso capital, no tanto para tenernos en vilo (que tambi&eacute;n, pues hay momentos de extrema tensi&oacute;n, cuando se revisan los hechos sucedidos y se analizan los posibles m&oacute;viles atendiendo a los factores psicol&oacute;gicos y emocionales que entraron en juego) y s&iacute; para mostrar que todo haz tiene su env&eacute;s, que la explicaci&oacute;n de un acto puede contar con dos versiones, ambas impecables en su &ldquo;verosimilitud&rdquo;. Al final de ese largo proceso &ndash;un verdadero y estremecedor asedio, modelo de pugilismo dial&eacute;ctico- que ocupa la segunda mitad de una novela dividida al modo cl&aacute;sico en tres partes &ndash; equivalentes al planteamiento, nudo y &iquest;desenlace?- y un ep&iacute;logo, tine lugar una meditaci&oacute;n de &iacute;ndole moral, cuando Mar&iacute;a Dol&ccedil;, pasado cierto tiempo, ya hab&iacute;a entrado en un &ldquo;proceso de atenuaci&oacute;n&rdquo; &ndash;indiferencia, olvido- y se reencuentra con Javier D&iacute;az-Varela y la viuda de Miguel y se olvida de sus antiguas sospechas y prop&oacute;sitos y renuncia a delatar, convencida de que &ldquo;No est&aacute; de m&aacute;s que algunos hechos civiles, si es que no la mayor&iacute;a, se queden sin registrar, ignorados, como es la norma&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Javier Mar&iacute;as, <em>Los enamoramientos</em>, Madrid, Alfaguara, 2011.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 07 Jul 2014 05:47:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[_Océano_]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/_oceano_/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Julio/marianopeyrou500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>atravesado por las autopistas imposibles, separa las vocales y las consonantes, uno y otro, el viento actual y las velas de antes</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>contiene la verdad y el odio de los r&iacute;os, la nieve m&aacute;s lejana que cabe en la memoria, las formas de tu letra, tu cara a cada hora</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>en las primeras horas de la luz, su superficie suave para el ojo rima con esto que bebemos, con el llanto que causamos e ignoramos y que es nuestro</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>dice de cada cosa su contrario, de la noche la tarde, y espera</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>es otro su vaiv&eacute;n y es el mismo que sufre en todas las formas de la curiosidad o las fuentes del yo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>entro en el sue&ntilde;o con una indiferencia ante todo salvo mi cansancio y pongo en movimiento todo lo que no es indiferencia</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y al sumergirse el aire equivale al agua y la profundidad es una cuesti&oacute;n de tono</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>cada caricia es buena para recordar las pieles de naranja que alimentan a sus seres, las transl&uacute;cidas columnas del oc&eacute;ano que nos sostienen y nos hunden y nos juntan</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 04 Jul 2014 05:21:21 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pentagrama]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/pentagrama/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Julio/Raulquinto350.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 390px;">Con una cuerda de viol&iacute;n</p>
<p style="padding-left: 390px;">secciona mi garganta</p>
<p style="padding-left: 390px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 390px;">y transcribe el sonido</p>
<p style="padding-left: 390px;">del aliento silbando</p>
<p style="padding-left: 390px;">a trav&eacute;s de la herida.</p>
<p style="padding-left: 390px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 390px;">La m&uacute;sica es materia:</p>
<p style="padding-left: 390px;">el canto del arp&oacute;n</p>
<p style="padding-left: 390px;">atravesando el pecho de la sirena;</p>
<p style="padding-left: 390px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 390px;">la partitura ciega</p>
<p style="padding-left: 390px;">de las ara&ntilde;as</p>
<p style="padding-left: 390px;">tejiendo nuestros labios,</p>
<p style="padding-left: 390px;">el uno contra el otro,</p>
<p style="padding-left: 390px;">como en un beso</p>
<p style="padding-left: 390px;">donde no hubiera m&aacute;s salida</p>
<p style="padding-left: 390px;">que respirar a dentelladas.</p>
<p style="padding-left: 390px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 390px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 03 Jul 2014 06:12:36 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fundir el cuerpo y la palabra]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/fundir-el-cuerpo-y-la-palabra/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/CARLOS_FERN_NDEZ_L_PEZ.jpg" alt="" /></p>
<p>Inmensidad. Esta es la primera sensaci&oacute;n que el lector tiene cuando ojea, ayud&aacute;ndose de su mano ―se presenta como un libro electr&oacute;nico y la mano sigue siendo nuestro acceso al espacio literario―, <em>Soundscape</em>. Esta obra es una ventana al espacio y al vac&iacute;o, al blanco y al negro, respectivamente. La primera secci&oacute;n recopila una serie de poemas bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;H&aacute;bitat&rdquo;. Se trata de peque&ntilde;as composiciones en forma de cubo que ocupan el centro de la p&aacute;gina, poemas breves cuya velocidad vertiginosa se despliega de manera vertical para el lector, porque los significantes viajan de lo m&aacute;s alto hacia el suelo, incluso al subsuelo, a la ra&iacute;z. De esta forma, un mismo poema puede enfocar al &ldquo;techo&rdquo; y al &ldquo;cielo&rdquo; y quedar, al final, completamente &ldquo;sumergido&rdquo;; observar las &ldquo;nubes negras&rdquo; y acabar pisando &ldquo;la raya&rdquo;. A medida que los poemas se suceden, los t&eacute;rminos que hacen referencia a lo terrenal se multiplican, el pen&uacute;ltimo de ellos comienza con &ldquo;Bajo tierra&rdquo; y el &uacute;ltimo sentencia de manera sint&eacute;tica: &ldquo;Ser fiel a la ra&iacute;z, conservar la memoria del hambre&rdquo;. Hace poco o&iacute; que un poema extenso no es tal en la medida de su n&uacute;mero de versos, sino en la voluntad que tiene de extenderse a lo largo del espacio po&eacute;tico. &ldquo;H&aacute;bitat&rdquo; es un poema extenso m&iacute;nimo; su vocaci&oacute;n es delimitar el espacio a partir del cual el poeta crea y &eacute;ste es el que se forma como un &ldquo;puente entre el p&aacute;rpado y el p&aacute;jaro&rdquo;: cerrar el p&aacute;rpado puede ser suficiente para dejar escapar la materialidad de un mundo en constante movimiento. Abran las hojas de <em>Soundscape</em>, conviertan en p&aacute;jaro las letras que componen estos poemas, porque no deben reconocer s&oacute;lo en ellos la posibilidad de la palabra.</p>
<p>El poeta ya ha establecido el &ldquo;lugar de condiciones apropiadas para que viva un organismo, especie o comunidad animal o vegetal&rdquo;. Tras &eacute;ste sit&uacute;a las secciones &ldquo;Vitral de voz&rdquo; y &ldquo;Materiales para el desastre&rdquo;. En &ldquo;Vitral de voz&rdquo;, las hojas impares ―que ser&iacute;an las que primero observar&iacute;a el lector de un libro impreso― est&aacute;n llenas de una vacuidad tal, que casi podr&iacute;amos reflejarnos, la &uacute;nica marca po&eacute;tica existente en ellas lo constituyen unas sentencias que el autor denomina vetas, esas listas que se distinguen de la masa, de la masa blanca, del espacio febril: &laquo;hablan madera, muros de piedra y fruta, vetas&raquo;, afirma el autor en la primera de ellas; a veces, esas vetas se destazan en una suerte de integraci&oacute;n con los espacios en blanco: individualidad y masa como caras de una misma moneda. Los poemas se desgajan desnudos en las p&aacute;ginas pares, todas las letras se muestran en su &ldquo;minusculosidad&rdquo;, no hay ninguna que prime sobre el resto, para que su fundici&oacute;n sea m&aacute;s perfecta. Inmensidad. Y los lectores la aminoramos sumergi&eacute;ndonos en las palabras, porque la &uacute;nica vidriera de color que encontramos ―el vitral― se encuentra en ellas, que tienen la dicha de ser pronunciadas por la voz. Los poemas se agrupan indefensos, sin t&iacute;tulo, sin numeraci&oacute;n, sin barreras de signos que los separen, sobre tres voces: voz de agua, voz de llama, voz de llaga. Es el camino de la existencia, porque agua es como aludir al compuesto del que estamos hechos en esencia, es el l&iacute;quido en donde nuestra primera corporeidad flota; llama es el calor que nos funde a otras materialidades, es la creaci&oacute;n que pone entredicho la versi&oacute;n judeocristiana, es el contacto con la tierra que arde; llaga es el dolor de lo que encontramos hasta llegar a algo, &laquo;mi cuerpo que es todo herida hasta tu cuerpo turbio&raquo;. El poema es el cuerpo, pero es tambi&eacute;n el camino de la palabra que nos acompa&ntilde;a, la definici&oacute;n que podemos hacer de nosotros mismos, el desprendimiento que de la corporeidad hace la voz para nombrar, nombrar el amor, nombrar la naturaleza, nombrar el sufrimiento, es el vitral.</p>
<p>Los poemas de &ldquo;Vitral de voz&rdquo; parecen provenir los unos de los otros, parecen irse desgajando de un cuerpo robusto que los compone, no poseen letras may&uacute;sculas, los verbos indican transici&oacute;n ―en algunos incluso gradaci&oacute;n. Para Fern&aacute;ndez L&oacute;pez no es tan importante la rima ―incluso hay versos que terminan con la conjunci&oacute;n copulativa &ldquo;y&rdquo;―, el ritmo lo marcan las diferentes f&oacute;rmulas anaf&oacute;ricas que contiene cada poema y el sentido cadencioso de la oraci&oacute;n. A modo ultra&iacute;sta tambi&eacute;n, encontramos palabras que tipogr&aacute;ficamente se fusionan en busca de nuevos significados, de nuevas sensaciones, estas fusiones van en armon&iacute;a con el ritmo: &ldquo;puertasgrito&rdquo;, &ldquo;domaryolor&rdquo;. A veces, los caracteres en cursiva conviven con los redondos: &ldquo;desnaci<em>miento</em>&rdquo;, &ldquo;s<em>urgir</em>&rdquo;, &ldquo;desa<em>si</em>miento&rdquo;, &ldquo;rug<em>ir</em>&rdquo;, la pl&aacute;stica se fusiona con la poes&iacute;a, la palabra lleva al l&iacute;mite la voz.</p>
<p>&laquo;En mi caso, el di&aacute;logo con las otras artes es una necesidad y una de las formas de asedio y encuentro con lo po&eacute;tico&raquo;, nos confiesa el autor en una entrevista realizada por el tambi&eacute;n poeta &Oacute;scar Curieses. Ese di&aacute;logo es m&aacute;s directo en la tercera parte del libro, la denominada &ldquo;Materiales para el desastre&rdquo;, donde el autor pone letra ―y voz, en el montaje completo― a los dibujos de H&eacute;ctor Solari, procedimientos para dibujar la condici&oacute;n humana en mitad del desastre. El espacio pict&oacute;rico se despliega ante el lector como un c&uacute;mulo de letras abigarradas que apenas dejan un punto de fuga.</p>
<p>El final de cada uno de las secciones que componen <em>Soundscape</em> est&aacute; marcado por el tr&aacute;nsito, la b&uacute;squeda del camino, el escarbar como procedimiento. El poeta no ceja en su empe&ntilde;o de descubrir su rumbo. Es un acierto que la nota del autor se encuentre al final del libro, porque as&iacute; el lector abandona todo c&uacute;mulo de sinestesias adquiridas por la lectura y se da cuenta de que <em>Soundscape</em> no est&aacute; concebido de una vez, sino que pertenece a un organismo que, en conjunci&oacute;n con el propio autor, se ha ido creando y desarrollando, repleg&aacute;ndose en la materialidad de una hoja en blanco, de un escenario vac&iacute;o, de un lienzo c&aacute;ndido, de un murmullo de ritmo cadente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p>Carlos Fern&aacute;ndez L&oacute;pez, <em>Soundscape</em>, Uno y Cero Ediciones, Valencia, 2014.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 02 Jul 2014 06:08:54 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[_Un siglo con Julio Cortázar_]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/_un-siglo-con-julio-cortazar_/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Junio/julioicortgazar500.jpg" alt="" /></p>
<p>Al conmemorar en 2014 el centenario del nacimiento de Julio Cort&aacute;zar no est&aacute; de m&aacute;s recordar que el a&ntilde;o pasado cumpli&oacute; cincuenta a&ntilde;os <em>Rayuela</em>, la obra que dio a su autor un lugar indiscutido entre los protagonistas del llamado <em>boom</em> de la narrativa hispanoamericana. El tiempo transcurrido permite ver en aquella novela el testimonio magn&iacute;fico de un tiempo en el que no pocos escritores trataron de hallar una salida frente al malestar existencial, lo que en su caso se concret&oacute; en la historia de b&uacute;squedas y desencuentros iniciada en cuanto la Maga y Horacio Oliveira eleg&iacute;an el azar como manifestaci&oacute;n de una causalidad secreta que los un&iacute;a y los alejaba hasta la separaci&oacute;n definitiva. Aunque los episodios situados &ldquo;del lado de ac&aacute;&rdquo; a&ntilde;adieran matices al relato iniciado &ldquo;del lado de all&aacute;&rdquo;, su repatriaci&oacute;n desde Par&iacute;s a Buenos Aires no alteraba la significaci&oacute;n de Oliveira: lo suyo era buscar, sentir la ansiedad axial, tratar de acercarse a un centro apenas adivinado. &Eacute;l era quien experimentaba estados excepcionales, momentos fugaces de videncia, el &uacute;nico entre los miembros del Club de la Serpiente capaz de advertir que la Maga cre&iacute;a sin ver, formaba parte del continuo de la vida, nadaba en los r&iacute;os metaf&iacute;sicos como las golondrinas nadan en el aire, accediendo sin dificultad a dimensiones que ellos trataban in&uacute;tilmente de conquistar a golpes de cultura. S&oacute;lo &eacute;l era suficientemente l&uacute;cido para relacionar su propia conducta con los ritos infantiles del guijarro y el salto sobre un pie para entrar en el cielo, seg&uacute;n anticipaba el t&iacute;tulo de la novela, e incluso para saber cu&aacute;ndo el juego corr&iacute;a el riesgo de convertirse en sacrificio; s&oacute;lo &eacute;l consegu&iacute;a al final entrever la existencia de un pasaje para salir del territorio de la descaminada especie humana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por entonces resultaba atractivo el desd&eacute;n hacia los valores convencionales, hacia los representantes de la Gran Costumbre de las imposiciones sociales, vistos siempre desde una posici&oacute;n de superioridad moral apenas matizada por la iron&iacute;a con que el narrador o el propio Oliveira expon&iacute;an sus puntos de vista. No en vano se trataba de encontrar un lector al que mutar o enajenar, pretensi&oacute;n que conllevaba la intenci&oacute;n declarada de convertirlo en un c&oacute;mplice, de redimirlo de su condici&oacute;n de lector-hembra, marcando de paso las distancias entre la escritura dem&oacute;tica y la escritura hier&aacute;tica, como declaraban las reflexiones de Morelli y su rechazo de la novela &ldquo;rollo chino&rdquo;, del libro que se dejara leer sin m&aacute;s desde su principio a su final. Con ese lector se contaba para que el humor pataf&iacute;sico de incidentes absurdos operara como ant&iacute;doto de lo absurdo de vivir, para olvidar los conflictos psicol&oacute;gicos y los comportamientos descritos en las novelas hed&oacute;nicas, para que compartiera la urgencia de trascender el tiempo superficial del presente hist&oacute;rico. No se trataba de abandonarse a la nostalgia de los para&iacute;sos perdidos, sino de decir adi&oacute;s a las tres dimensiones tradicionales del espacio, al conocimiento ligado a las categor&iacute;as de la raz&oacute;n suficiente, al mundo satisfactorio de las gentes razonables con sus sacrosantas obligaciones castradoras. Ese lector deber&iacute;a compartir el manoteo desorientado del escritor y de la novela en busca de un asidero, de la revelaci&oacute;n de ese orden al que pertenec&iacute;a la interminable figura sin sentido que Oliveira crey&oacute; componer con la Maga tras la muerte del peque&ntilde;o Rocamadour.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cort&aacute;zar ya hab&iacute;a emprendido esa b&uacute;squeda en <em>Los premios</em>, novela publicada en 1960 y que en la Argentina obtuvo un &eacute;xito notable de cr&iacute;tica y lectores. En ella los agraciados en el sorteo de un viaje de recreo se reun&iacute;an en un barco sin destino preciso, y se empe&ntilde;aban en llegar al espacio prohibido de la popa mientras Persio, uno de ellos, se enfrascaba en la b&uacute;squeda de simetr&iacute;as o geometr&iacute;as relacionadas con un orden dif&iacute;cil de aprehender, con la existencia de un punto central donde cada elemento discordante pudiera llegar a verse como el rayo de una rueda. El inter&eacute;s de la trama urdida con los hechos narrados dejaba esas reflexiones en segundo t&eacute;rmino, pero no resulta dif&iacute;cil comprobar que Cort&aacute;zar ya apostaba all&iacute; por una novela nueva, ligada a una nueva visi&oacute;n del mundo, y lo dejaba de manifiesto especialmente cuando Persio, desencantado, cre&iacute;a asistir bajo otras apariencias a la danza de los mu&ntilde;ecos de madera, al primer acto del destino americano ―en evidente referencia al <em>Popol Vuh</em>―, y sent&iacute;a que esa danza continuaba en espera de que naciese o hubiera nacido ya un hombre nuevo. La muerte de Gabriel Medrano en la popa, antes de encontrar la respuesta que Claudia parec&iacute;a representar para &eacute;l, situaba al novelista del lado de quienes buscaban hasta el sacrificio y contra quienes falsificaban la verdad en nombre del orden y del buen sentido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esa b&uacute;squeda se hab&iacute;a acentuado en <em>Rayuela</em>, donde adem&aacute;s se planteaban nuevas aperturas para el futuro: no en vano Morelli, en su cap&iacute;tulo 62, propon&iacute;a imaginar un grupo humano que creyera reaccionar psicol&oacute;gicamente cuando en verdad obedecer&iacute;a a instancias del flujo de la materia animada, en cuyo funcionamiento secreto Cort&aacute;zar trat&oacute; de adentrarse al escribir <em>62. Modelo para armar</em>. Publicada en 1968, esta novela pod&iacute;a verse ―puesto que para cada lector ser&iacute;a el libro que hubiera elegido leer― como un esfuerzo para desarrollar como narraci&oacute;n la cadena de asociaciones o co&aacute;gulo que la atenci&oacute;n distra&iacute;da de Juan, de oficio traductor (como Cort&aacute;zar), capta cuando el <em>ch&acirc;teau sanglant</em> demandado por un comensal se asocia a la copa de Sylvaner que &eacute;l paladea en un restaurante parisino llamado Polidor, dejando entrever una dimensi&oacute;n extra&ntilde;a aderezada con vampirismo y otros placeres sangrientos. Despu&eacute;s los encuentros y desencuentros, fundamentalmente amorosos, se aceptan mejor si se recuerda lo que Morelli propon&iacute;a para esa novela nueva. Si las actuaciones de sus personajes a veces los hac&iacute;an parecer insanos o idiotas, era precisamente porque estaban a merced de la materia animada que a trav&eacute;s de ellos trataba de manifestarse: fuerzas habitantes, extranjeras, que avanzaban en procura de su &ldquo;derecho de ciudad&rdquo;, como Morelli tambi&eacute;n hab&iacute;a previsto. Era eso lo que en <em>62. Modelo para armar</em> se configuraba como una dimensi&oacute;n extra&ntilde;a que parec&iacute;a absorber a los personajes, imaginada como una ciudad vac&iacute;a por la que discurrieran tranv&iacute;as incontables, un espacio ominoso donde se sent&iacute;an horrores ancestrales, un universo de pesadilla que parec&iacute;a aflorar precisamente en los sue&ntilde;os o en la duermevela. A esa otra dimensi&oacute;n ten&iacute;an acceso casi todos los que compart&iacute;an la &ldquo;zona&rdquo;, un espacio de complicidad que agrupaba a quienes se reun&iacute;an en torno a una mesa del bar <em>Cluny</em>, algo similar al Club de la Serpiente de <em>Rayuela</em>, propicio otra vez a los juegos verbales, a los episodios de humor pataf&iacute;sico y a cuanto pudiera atentar contra las barreras culturales que obstaculizar&iacute;an el avance de esa dimensi&oacute;n que apenas se consegu&iacute;a entrever.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las tensiones pol&iacute;ticas de la &eacute;poca consiguieron encontrar eco tard&iacute;o en las novelas de C&oacute;rtazar, a pesar de que Oliveira hubiera desestimado la opci&oacute;n de &ldquo;comprometerse&rdquo; por estimarla una traici&oacute;n a s&iacute; mismo, una coartada para abandonar la b&uacute;squeda verdadera, la relacionada con el acceso al cielo de la rayuela, o al &ldquo;kibbutz del deseo&rdquo; imaginado en la noche parisina de su degradaci&oacute;n final. Morelli y <em>62. Modelo para armar</em> mostraban que esa b&uacute;squeda exced&iacute;a a los individuos, como si algo que el homo sapiens guardara en lo subliminal se abriese camino a trav&eacute;s de ellos, como si la vida tratase de alumbrar una humanidad diferente. Cuando las circunstancias exigieron planteamientos acordes con las urgencias del presente, Cort&aacute;zar escribi&oacute; <em>Libro de Manuel</em> (1973) para que su hombre nuevo se acomodase al propuesto por la revoluci&oacute;n cubana. Al Club de la Serpiente y a la mesa del <em>Cluny</em>, siempre en Par&iacute;s, suced&iacute;a una nueva pandilla que en su sector m&aacute;s radical conformaba &ldquo;la Joda&rdquo;, cuyas actividades revolucionarias hab&iacute;an de culminar con el secuestro de un diplom&aacute;tico, en tanto que Andr&eacute;s adquir&iacute;a una conciencia pol&iacute;tica a costa de los valores peque&ntilde;oburgueses que iba dejando atr&aacute;s, aunque a lo largo de la obra no cejase de buscar en el amor y hasta en la degradaci&oacute;n la apertura hacia esa otra dimensi&oacute;n que hab&iacute;a obsesionado a los protagonistas de sus novelas anteriores. Los recortes de prensa destinados a conformar el &ldquo;libro de Manuel&rdquo; serv&iacute;an de contrapunto a las inquietudes metaf&iacute;sicas con la irrupci&oacute;n de un presente hist&oacute;rico signado sobre todo por la represi&oacute;n, la tortura y la muerte, que Cort&aacute;zar condenaba a la vez que segu&iacute;a mostrando su simpat&iacute;as por los j&oacute;venes contestatarios de entonces, por los <em>hippies</em> de cualquier parte y por cuantos colaborasen en la destrucci&oacute;n de los principios razonables que hasta los partidos comunistas parec&iacute;an representar.</p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em>Libro de Manuel</em> pareci&oacute; agotar el inter&eacute;s de su autor por la novela, sin duda para alivio de algunos de sus lectores, saturados de sus pandillas de adolescentes j&oacute;venes o mayorcitos, de tanta exaltaci&oacute;n de la inmadurez y de tanta metaf&iacute;sica progresivamente erot&oacute;mana, justificada por la necesidad de superar las carencias que en este aspecto mostraban las reprimidas literaturas hisp&aacute;nicas. Cort&aacute;zar preferir&iacute;a seguir demostrando una y otra vez su capacidad para el relato breve, del que hab&iacute;a ofrecido muestras excelentes ya antes de que en 1951, cuando estaba a punto de dejar Buenos Aires para afincarse en Par&iacute;s, ofreciera en <em>Bestiario</em> la primera colecci&oacute;n. La abr&iacute;a el titulado &ldquo;Casa tomada&rdquo;, bien conocido desde que a finales de 1946 lo publicara Jorge Luis Borges en la revista <em>Los Anales de Buenos Aires</em>, en el que unos ruidos sordos expulsaban a Irene y al narrador de la morada familiar. Los personajes aceptaban la irrupci&oacute;n de lo extra&ntilde;o como si lo estuvieran esperando, como el narrador de &ldquo;Carta a una se&ntilde;orita en Par&iacute;s&rdquo; asum&iacute;a que vomitaba conejitos, o como la protagonista de &ldquo;Lejana&rdquo; afrontaba la presencia que se anunciaba en un sue&ntilde;o, invad&iacute;a su realidad y parec&iacute;a poseerla en un puente de Budapest. Esas eran solo algunas de las formas en que se manifestaba la presencia de otra dimensi&oacute;n, multiplicadas en los sucesivos vol&uacute;menes que Cort&aacute;zar titul&oacute; <em>Final del juego</em> (1956; ampliado en 1964), <em>La armas secretas</em> (1959), <em>Todos los fuegos el fuego</em> (1966), <em>Octaedro</em> (1974), <em>Alguien que anda por ah&iacute; y otros relatos</em> (1977), <em>Queremos tanto a Glenda</em> (1980) y <em>Deshoras</em> (1982), hasta conformar una producci&oacute;n abundante y de calidad casi siempre excepcional.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nada inveros&iacute;mil se narra en &ldquo;Torito&rdquo; o &ldquo;El m&oacute;vil&rdquo;, cuentos decididamente porte&ntilde;os, ni en &ldquo;La banda&rdquo; o en &ldquo;Los venenos&rdquo; ―por recordar simplemente algunos de los t&iacute;tulos incluidos en <em>Final del juego</em>, lo que podr&iacute;a hacerse con cualquier otro de los vol&uacute;menes mencionados―, pero en su conjunto esos relatos han sido relacionados con la literatura fant&aacute;stica, lo que invita a recordar que para Cort&aacute;zar lo fant&aacute;stico exig&iacute;a que lo excepcional pasara a ser la regla sin desplazar las estructuras ordinarias entre las cuales se insertaba, seg&uacute;n explic&oacute; en &ldquo;El cuento breve y sus alrededores&rdquo;, un ensayo incluido en <em>&Uacute;ltimo round</em> (1969). All&iacute; se refer&iacute;a tambi&eacute;n a la forma cerrada propia de un g&eacute;nero que en su versi&oacute;n moderna ―la nacida con Edgar Allan Poe― deb&iacute;a llevar su esfericidad a una extrema tensi&oacute;n, basada en la m&aacute;xima econom&iacute;a de medios, y que hab&iacute;a de funcionar como un exorcismo que alejara del autor criaturas invasoras, algo procedente de un territorio indefinible y ominoso, relacionado con latencias profundas y balbuceos arquet&iacute;picos, acercando el cuento a la poes&iacute;a tal como esta se concebir&iacute;a a partir de Charles Baudelaire. La irrupci&oacute;n de lo fant&aacute;stico equival&iacute;a as&iacute; a la manifestaci&oacute;n de una verdad o realidad m&aacute;s honda, aunque la desestabilizaci&oacute;n de la experiencia ordinaria no siempre necesitaba recurrir a lo decididamente extra&ntilde;o: con frecuencia una historia de amor bastaba para dejar de manifiesto la incapacidad para rellenar el hueco, para disimular la inquietud o desasosiego que se adivinaba tras ella, como se dejaban sentir el desconcierto y a veces la crueldad tras las protagonizadas por ni&ntilde;os o adolescentes. Desde luego, se reiteraron los relatos dedicados a establecer conexiones extra&ntilde;as, fusiones inquietantes de sue&ntilde;os (pesadillas) y vigilia, pasajes entre tiempos y lugares diversos, oscuras llamadas que pod&iacute;an traducirse en posesiones o trueques de personalidad, alguna vez accesos a una &eacute;poca remota de ritos y terrores. &ldquo;El perseguidor&rdquo;, un relato incluido en <em>Las armas secretas</em> y com&uacute;nmente asociado a la b&uacute;squeda que Cort&aacute;zar plasm&oacute; en sus novelas, permite entrever la significaci&oacute;n tambi&eacute;n compleja de sus cuentos, que no se limitaban a desestabilizar las seguridades cotidianas, a registrar sucesos ins&oacute;litos o a atestiguar la presencia de fuerzas extra&ntilde;as a trav&eacute;s de la ficci&oacute;n: como Johnny Carter, como de alg&uacute;n modo tambi&eacute;n su bi&oacute;grafo, Cort&aacute;zar fue en ellos no tanto el perseguido como el perseguidor, al convertirlos en formas diferentes de su tanteo incesante en busca de una puerta o pasaje hacia otra realidad.</p>
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<p>En alguno de los ensayos de <em>La vuelta al d&iacute;a en ochenta mundos </em>(1967), Cort&aacute;zar dej&oacute; constancia de la dial&eacute;ctica entre el ni&ntilde;o y el adulto que conformaba su personalidad y que de alg&uacute;n modo se manifestaba en toda su obra literaria. No es dif&iacute;cil comprobar que acentu&oacute; la aparente ingenuidad de la primera opci&oacute;n en <em>Historias de cronopios y de famas </em>(1962), donde a las aventuras de esas criaturas de su invenci&oacute;n se un&iacute;an consideraciones sobre ocupaciones raras e instrucciones innecesarias para acciones elementales. Esa actitud na&iacute;f, atemperada por el paso del tiempo y las vivencias personales, reapareci&oacute; en <em>Un tal Lucas</em> (1979), y hab&iacute;a tenido ocasiones sobradas para manifestarse en almanaques o libros de materiales heterog&eacute;neos como los ya mencionados <em>La vuelta al d&iacute;a en ochenta mundos</em> y <em>&Uacute;ltimo round</em>, precisamente porque hasta en su formato significaban una defensa de la libertad y la imaginaci&oacute;n. Ricos en ilustraciones para acompa&ntilde;ar textos de factura muy variada, incluyeron cuentos, poemas, ensayos y otras experiencias de m&aacute;s dif&iacute;cil clasificaci&oacute;n, y resultan imprescindibles para advertir los m&uacute;ltiples motivos que ocupaban la atenci&oacute;n de Cort&aacute;zar. En <em>&Uacute;ltimo round</em> pueden encontrarse sus consideraciones sobre la distracci&oacute;n, entendida como una forma de atenci&oacute;n pasiva que permitir&iacute;a entrever otra realidad y padecerla como extra&ntilde;amiento moment&aacute;neo, del que luego quedar&iacute;an apenas una ansiedad o una vaga nostalgia: no es f&aacute;cil describir mejor la experiencia que algunos cuentos concretan y que impregna <em>62. Modelo para armar</em>, y con la que cabe relacionar incluso el conjunto de una obra predominantemente dedicada a indagar en los intersticios del espacio y del tiempo, en los vac&iacute;os de la realidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En <em>La vuelta al d&iacute;a en ochenta mundos</em> y <em>&Uacute;ltimo round</em> puede percibirse tambi&eacute;n el eco creciente que el entorno sociopol&iacute;tico encontraba en Cort&aacute;zar, interesado tanto en la guerra de Vietnam como en las protestas estudiantiles del mayo franc&eacute;s del 68, que para &eacute;l fueron el enfrentamiento de un pu&ntilde;ado de p&aacute;jaros contra la Gran Costumbre y un episodio de la lucha por una sociedad m&aacute;s justa. En ese proceso se integraba su adhesi&oacute;n a la revoluci&oacute;n cubana, que por entonces ve&iacute;a como la obra improvisada de unos cronopios y por lo tanto perfectamente compatible con su b&uacute;squeda personal. Esa adhesi&oacute;n qued&oacute; pronto de manifiesto en el relato &ldquo;Reuni&oacute;n&rdquo;, derivado de sus impresiones cuando en 1963 visit&oacute; Cuba por primera vez, aunque Cort&aacute;zar siempre defendi&oacute; la libertad total para su imaginaci&oacute;n creadora: en <em>&Uacute;ltimo round</em> ya qued&oacute; constancia de sus esfuerzos para explicar su peculiar condici&oacute;n de intelectual latinoamericano en Par&iacute;s, y para conciliar su b&uacute;squeda ontol&oacute;gica y los juegos de su imaginaci&oacute;n con la preocupaci&oacute;n por el presente hist&oacute;rico y con las inquietudes que se consideraban propias del intelectual del tercer mundo. Esos planteamientos determinaron que se viese envuelto en pol&eacute;micas sobre la responsabilidad pol&iacute;tica y social del escritor e incluso sobre la legitimidad de quien escrib&iacute;a u opinaba desde Europa. Pero sus circunstancias personales no impidieron que Cort&aacute;zar se mantuviera leal a la revoluci&oacute;n cubana incluso en los momentos en los que la radicalizaci&oacute;n del r&eacute;gimen castrista dificult&oacute; sus relaciones con los intelectuales y con &eacute;l mismo, y esa simpat&iacute;a determin&oacute; su preocupaci&oacute;n creciente por los problemas latinoamericanos tal como se ve&iacute;an desde La Habana.</p>
<p>No siempre supo resistirse a las presiones del entorno, como <em>Libro de Manuel</em> permite comprobar. Tambi&eacute;n puede constatarse que supo expresar con acierto los horrores de la &eacute;poca cuando consigui&oacute; acercarlos a las atm&oacute;sferas ominosas tan frecuentes en su obra: los relatos &ldquo;Segunda vez&rdquo; y &ldquo;Apocalipsis de Solentiname&rdquo; de <em>Alguien que anda por ah&iacute;</em>, &ldquo;Recortes de prensa&rdquo; y &ldquo;Grafitti&rdquo;, de <em>Queremos tanto a Glenda</em>, y &ldquo;Pesadillas&rdquo;, de <em>Deshoras</em>, son buenas muestras de que la conciliaci&oacute;n de obsesiones personales e inquietudes pol&iacute;ticas era posible, y de que result&oacute; especialmente eficaz a la hora de expresar el miedo y la indefensi&oacute;n frente a los desmanes represivos que los argentinos sufrieron antes de 1976 y sobre todo a partir de esa fecha. Desde que en septiembre de 1973 un golpe de estado derribara en Chile al gobierno de Salvador Allende, las dictaduras implantadas en los pa&iacute;ses del Cono Sur de Am&eacute;rica se convirtieron en objeto principal de las preocupaciones de Cort&aacute;zar, cuya dedicaci&oacute;n a actividades relacionadas con la actualidad pol&iacute;tica se increment&oacute; extraordinariamente: lo requer&iacute;a la urgencia de denunciar la brutal represi&oacute;n que hab&iacute;a seguido a la irrupci&oacute;n de aquellos gobiernos militares, de defender a los sandinistas antes y despu&eacute;s de que en 1979 se hicieran con el poder en Nicaragua, y de condenar la complicidad del imperialismo norteamericano con los culpables de la ola de violencia que parec&iacute;a poner fin a casi todas las esperanzas de cambio. Los vol&uacute;menes <em>Nicaragua tan violentamente dulce</em> y <em>Argentina: a&ntilde;os de alambradas culturales</em> reunieron en 1984 una buena muestra de la preocupaci&oacute;n de Cort&aacute;zar por esos temas, que hasta su muerte tambi&eacute;n determinaron en gran medida sus numerosos viajes y sus actuaciones p&uacute;blicas. De esa dedicaci&oacute;n hab&iacute;a nacido su relato-c&oacute;mic <em>Fantomas contra los vampiros multinacionales</em> (1975), derivado de su participaci&oacute;n en el Tribunal Russell II, que acababa de ocuparse de la violaci&oacute;n de los derechos humanos en Am&eacute;rica Latina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los escritos de Cort&aacute;zar ofrecen, por tanto, un testimonio directo de aquellos tiempos violentos, que el sandinismo nicarag&uuml;ense y el fin de la dictadura militar argentina parec&iacute;an dulcificar para &eacute;l en los d&iacute;as que precedieron a su muerte en Par&iacute;s, el 12 de febrero de 1984. En colaboraci&oacute;n con Carol Dunlop, su &uacute;ltima esposa, hab&iacute;a elaborado <em>Los autonautas de la cosmopista o Un viaje atemporal Par&iacute;s-Marsella</em> (1983), donde al diario de la experiencia aludida en el t&iacute;tulo se sumaban materiales heterog&eacute;neos hasta conformar otro de esos almanaques tan acordes con su personalidad. Y a los libros mencionados, que no son todos los posibles, cabe a&ntilde;adir las obras publicadas tras su fallecimiento, que han permitido rellenar no pocos vac&iacute;os en su biograf&iacute;a literaria, en particular por lo que se refiere a la poes&iacute;a. El &eacute;xito obtenido con sus narraciones no debe ocultar que Cort&aacute;zar se consideraba ante todo un poeta y que, consecuentemente, escribi&oacute; poemas a lo largo de toda su vida, con frecuencia para dispersarlos en las novelas o en otras obras suyas. Solo a veces los reuni&oacute; en libros: en <em>Presencia</em>, publicado en 1938 bajo el seud&oacute;nimo de Julio Denis, y tard&iacute;amente en <em>Pameos y meopas</em> (1971) y en <em>Salvo el crep&uacute;sculo</em> (1984), volumen que reiteraba algunos del anterior. Recuperados los que solo hab&iacute;an aparecido traducidos al italiano en <em>Le ragioni della collera</em> (1982; edici&oacute;n biling&uuml;e de 1995), y reunidos los muchos que permanec&iacute;an in&eacute;ditos o dispersos, desde 2005 un volumen de sus <em>Obras completas</em> permite seguir con detalle los avatares de otra b&uacute;squeda constante, m&aacute;s &iacute;ntima y sin embargo relacionada con el resto de su obra, tan propicia al extra&ntilde;amiento como determinada por &eacute;l.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De especial inter&eacute;s resultan las novelas <em>Divertimento</em> (1988) y<em> El examen</em> (1987), fechadas respectivamente en 1949 y 1950, por lo que dicen sobre el proceso que habr&iacute;a de desembocar en <em>Rayuela </em>y en sus otras novelas de madurez, tan proclives a las grupos de amigos conversadores, ajenos a las convenciones y aptos para discutir sobre literatura y para promover situaciones ins&oacute;litas, con frecuencia en atm&oacute;sferas enigm&aacute;ticas que en no pocos aspectos mostraban afinidades con el surrealismo, y a veces en circunstancias que revelaban el rechazo de populismo peronista que Cort&aacute;zar tambi&eacute;n hab&iacute;a dejado patente en algunos relatos. Por suyos, merecen tambi&eacute;n atenci&oacute;n los primeros que escribi&oacute;, recogidos en el volumen <em>La otra orilla</em> (1994). Desde 1991 sus lectores tambi&eacute;n pudieron encontrar reunidas las versiones definitivas de <em>Dos juegos de palabras</em> (<em>Pieza en tres escenas</em>, 1949, y <em>Tiempo de barrilete</em>, 1950), <em>Nada a Pehuaj&oacute;</em> (1955) y <em>Adi&oacute;s, Robinson</em> (1977), intentos teatrales que a&ntilde;adir al poema dram&aacute;tico <em>Los reyes</em>, que hab&iacute;a dado a conocer ya en 1947. Adem&aacute;s, conviene tener en cuenta <em>Diario de Andr&eacute;s Fava</em> (1986), conjunto miscel&aacute;neo de textos redactados al tiempo que <em>El examen</em> y solo a veces relacionados con esa novela, y los ensayos in&eacute;ditos que contribuyeron a engrosar los tres vol&uacute;menes de su <em>Obra cr&iacute;tica</em> (1994), entre los que destacaba <em>Teor&iacute;a del t&uacute;nel. Notas para una ubicaci&oacute;n del surrealismo y el existencialismo</em>, de 1947; y tambi&eacute;n los muchos textos desconocidos que conformaron <em>Imagen de John Keats</em> (1996), obra algo posterior y relevante para entender la po&eacute;tica de Cort&aacute;zar desde el linaje rom&aacute;ntico que la determinaba. Una copiosa correspondencia ayuda hoy a seguir la trayectoria de ese escritor que se alej&oacute; de la Argentina que desde&ntilde;aba para descubrir Am&eacute;rica desde Par&iacute;s, que dibuj&oacute; su mandala y lo recorri&oacute; mientras procuraba hacer de su escritura el espacio no tanto de una revelaci&oacute;n como de un alumbramiento tan imprecisable como decisivo para el porvenir de la condici&oacute;n humana.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 27 Jun 2014 08:39:29 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ana María Matute: "escribir es una larga pregunta"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/ana-maria-matute-escribir-es-una-larga-pregunta/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Junio/anamariamatute500.jpg" alt="" /></p>
<p>Ana Mar&iacute;a Matute embruja a quien habla con ella. Lo hechiza mediante las palabras y a trav&eacute;s de unos ojos &ndash;grandes, negros, en sostenido asombro, como los que pintan en el exterior de las pagodas nepal&iacute;es para representar el celo de Buda- que han visto mucha tristeza, pero tambi&eacute;n el lado bueno de la vida.</p>
<p>La entrevista se desarrolla en un hotel de Madrid, a cincuenta metros del Retiro, y la escritora se comporta con la misma hospitalidad que si estuviera en su casa. Se empe&ntilde;a en que tome algo y, ante la negativa, me reprende amistosamente. &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; sobrio! Antes te dec&iacute;an: &iquest;Qu&eacute; quieres beber? y, seg&uacute;n la hora, respond&iacute;as: una cerveza, un co&ntilde;ac, o lo que fuera. Los j&oacute;venes de ahora dec&iacute;s: agua, agua&hellip; (pone voz de falsete). Se trabaja mejor con una cerveza&rdquo;.</p>
<p>Arranca la conversaci&oacute;n con referencias a su &uacute;ltima novela, <em>Aranmanoth</em> (Espasa Calpe), donde retoma el clima m&aacute;gico de <em>Olvidado rey Gud&uacute;</em> y que concluye de forma inesperada. &ldquo;Casi todos mis libros, esto lo digo de una forma un poco pedestre, no se entienden bien hasta leer el final. <em>Aranmanoth</em> no es de suspense, est&aacute; claro, pero esa forma de acabar tiene su gracia. Aunque la atm&oacute;sfera tambi&eacute;n sea medieval, es muy diferente. Incluso el lenguaje ha cambiado: es m&aacute;s sencillo, m&aacute;s contenido y una historia m&aacute;s breve. Cada libro tiene su personalidad y pide una extensi&oacute;n y un lenguaje; lo pide &eacute;l, no es capricho m&iacute;o. &Eacute;ste necesitaba doscientas p&aacute;ginas y un lenguaje concentrado en el que dejo adivinar al lector muchas cosas, en vez de cont&aacute;rselas de manera expl&iacute;cita. Pod&iacute;a haberme recreado en determinadas situaciones, pero he preferido sacrificar brillantez a lo que yo llamo eficacia literaria. No s&eacute; si se ha salido o no. Hasta ahora todos los que lo han le&iacute;do me dicen que les ha gustado mucho y un escritor se da cuenta en seguida cuando le mienten. En ocasiones te dicen que han le&iacute;do tu libro y basta hacer tres preguntas para comprobar que no es cierto. Se puede enga&ntilde;ar a otros, pero al autor nunca&rdquo;.</p>
<p>A pesar de las diferencias, la escritora reconoce que <em>Aranmanoth</em> guarda similitudes con otras novelas suyas. Comparte, en primer lugar, su car&aacute;cter de libro inici&aacute;tico. &ldquo;El protagonista va en pos del Grial. &iquest;Qu&eacute; es el Grial? Pues un deseo sin nombre pero que nos empuja y nos hace ser personas. Porque al Grial se le ha dado forma de c&aacute;liz y todas esas cosas, pero nadie sabe lo que es. Yo lo veo tambi&eacute;n como un proceso alqu&iacute;mico y cada uno tiene su versi&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- <em>Olvidado rey Gud&uacute;</em> convivi&oacute; con usted veinte a&ntilde;os. Hasta se llevaba el paquet&oacute;n de folios, en un carrito, a muchos de sus viajes. Si me permite exagerar, casi era un ap&eacute;ndice suyo. Cuando public&oacute; esta novela, hace un lustro, dijo que hab&iacute;a tardado tanto tiempo porque, de haberla entregado antes a sus lectores, no la hubieran comprendido. Y despu&eacute;s vendi&oacute; medio mill&oacute;n de ejemplares, que se dice pronto, en esta Espa&ntilde;a donde hay que dar la enhorabuena al que agota una tirada de cinco mil. &iquest;Considera, por tanto, que nuestra sociedad, tan poco dada a la magia, a la imaginaci&oacute;n y a los sue&ntilde;os, ha empezado a abrirse a ese mundo?</p>
<p>- No&nbsp; s&eacute; exactamente. Porque la sociedad es algo tan amplio, tan complejo y tan variado&hellip; Pero hay un sector muy populoso de ella, lo digo por c&oacute;mo se ha vendido el libro y los comentarios que me hacen los lectores en sus cartas, necesitado de espiritualidad y en la tradici&oacute;n literaria espa&ntilde;ola no se ha cultivado este g&eacute;nero. La fantas&iacute;a s&iacute;, porque, por ejemplo en <em>El Quijote</em>, hay fantas&iacute;a. Pero es de otro tipo. Y, precisamente porque la fantas&iacute;a puede ser de muchas maneras, a m&iacute; no me gusta llamarlo fant&aacute;stico, sino m&aacute;gico. Son obras de ambiente m&aacute;gico y misterioso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aranmanoth no es un personaje como el com&uacute;n de los mortales fue engendrado por un se&ntilde;or feudal y un hada del bosque y esa condici&oacute;n, entre m&aacute;gica y humana, se convierte en un impedimento para comprender el mundo en el que vive. Ana Mar&iacute;a Matute se r&iacute;e mucho cuando le comento que ella tampoco ha sido una persona normal en la literatura de su &eacute;poca. Empez&oacute; con relatos de corte realista &ndash;era lo que se llevaba en los cincuenta- pero inmediatamente se pas&oacute; a ese mundo m&aacute;gico que sus compa&ntilde;eros de generaci&oacute;n no acababan de asimilar. &ldquo;La fascinaci&oacute;n por el ambiente m&aacute;gico y el mundo medieval, que no est&aacute;n tan separados, la he sentido desde ni&ntilde;a. Yo digo muchas veces, y lo repito, que entr&eacute; en la literatura con los cuentos de hadas. Desde muy peque&ntilde;a me leyeron cuentos de hadas. Luego, en cuanto aprend&iacute; las letras, no s&oacute;lo los le&iacute;, sino que, encima, los escrib&iacute;. Porque a los cinco a&ntilde;os yo escrib&iacute;a ya peque&ntilde;os cuentos. O sea, que ese mundo ha estado siempre dentro de m&iacute;. Y, s&iacute;, es verdad, yo misma me daba cuenta de que no iba a ser entendida, ya que en Espa&ntilde;a no hay tradici&oacute;n de ese tipo de literatura. Es algo muy anglosaj&oacute;n, n&oacute;rdico y quiz&aacute; germ&aacute;nico, pero hasta ahora la literatura m&aacute;gica no iba con los lectores espa&ntilde;oles. Recuerdo que, cuando era peque&ntilde;a, muy pocos ni&ntilde;os y ni&ntilde;as hab&iacute;an le&iacute;do Alicia en el pa&iacute;s de las maravillas, y casi ning&uacute;n cuento. En cambio ahora s&iacute;. Se ha generalizado su lectura, a pesar de que la sociedad, ese pulpo con tantos brazos que se llama sociedad, es muy competitiva, brutal, incluso depredadora; el sentimiento de la amistad casi ha desaparecido, porque cuando hay una prebenda a repartir entre dos grandes amigos se matan. Y eso es muy triste&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Lo que afirma nos lleva a otra constante de su obra: el escepticismo. Marco, el protagonista de <em>Peque&ntilde;o Teatro</em> (la escritora termin&oacute; esta novela con diecisiete a&ntilde;os, pero no la public&oacute; hasta los veintiocho). Fue la ganadora del Premio Planeta en 1954), ya era un esc&eacute;ptico.</p>
<p>- M&aacute;s bien un loco. Estaba como una chota &ndash;suelta una carcajada al rememorar ese personaje-. Pero s&iacute;, era un desenga&ntilde;ado, porque su trayectoria vital no se correspond&iacute;a con sus sue&ntilde;os. Eso le pasa a mucha gente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Si deseas leer completa la amplia y exclusiva entrevista a ANA MAR&Iacute;A MATUTE, puedes hacerlo adquiriendo on line el n&ordm; 54 de la edici&oacute;n en papel de la revista TURIA. &iexcl;&iexcl;340 p&aacute;ginas de buenas lecturas por s&oacute;lo 7&rsquo;50 euros!! Te dejamos el enlace <a href="../../../../revista_turia/" target="_blank">http://www.ieturolenses.org/revista_turia/</a>)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 26 Jun 2014 06:21:27 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gramática vitae]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/gramatica-vitae/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Junio/jesussoria500.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 420px;">Renuncio a las sombras del significado,</p>
<p style="padding-left: 420px;">a las grietas de la noche,</p>
<p style="padding-left: 420px;">a las m&aacute;scaras de tu voz de nieve,</p>
<p style="padding-left: 420px;">a los silencios de los verbos de la verdad.</p>
<p style="padding-left: 420px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 420px;">Abandono los n&uacute;meros del amor,</p>
<p style="padding-left: 420px;">las hipotecas de sangre de los olvidados,</p>
<p style="padding-left: 420px;">el resumen de la muerte en los libros</p>
<p style="padding-left: 420px;">de las escuelas de silencio.</p>
<p style="padding-left: 420px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 420px;">Desaparezco en el vuelo de los p&aacute;jaros,</p>
<p style="padding-left: 420px;">en la luz sobre los valles,</p>
<p style="padding-left: 420px;">en la nieve que acaricia la belleza del abismo.</p>
<p style="padding-left: 420px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 420px;">Desaparezco ya tras el silencio de estos versos ...</p>
<p style="padding-left: 420px;"><strong>&nbsp;</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 26 Jun 2014 05:16:56 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[James Joyce: dublineses, cien años]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/james-joyce-dublineses-cien-anos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/jamesjoyce500.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong>&nbsp;&nbsp; En una vitrina del Museo Sveviano de Trieste reposa la primera edici&oacute;n de <em>Dublineses</em>.&nbsp; En la sala Joyce&nbsp; se conserva un ejemplar en pasta roja y letras doradas con dedicatoria manuscrita de James Joyce&nbsp; a H&eacute;ctor y Livia Schmtitz.&nbsp; Est&aacute; fechado&nbsp; y firmado el 25 de junio de 1914. La editorial Grant Richards lo public&oacute; una d&eacute;cada despu&eacute;s de aparecer los tres primeros relatos en The Irish Homestad.<strong> </strong>Hac&iacute;a m&aacute;s de ocho a&ntilde;os que el autor irland&eacute;s hab&iacute;a terminado de escribirlos.</p>
<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp; </em>&ldquo;Cae la nieve&hellip; sobre todos los vivos y sobre los muertos&rdquo;<em>.<a title="" href="#_edn1"><strong>[1]</strong></a> </em>James Joyce muri&oacute; el 13 de enero de 1941en Zurich, donde se hab&iacute;a instalado&nbsp; huyendo de la ocupaci&oacute;n germana de Par&iacute;s. Imagino al autor del Ulises, con su inquieta curiosidad, compartiendo con Bu&ntilde;uel el deseo de salir&nbsp; alguna vez de su tumba para&nbsp; saber&nbsp; algo de lo que est&aacute; pasando en este mundo. Y &iquest;por qu&eacute; no? conocer el recorrido de su obra, de las ediciones y&nbsp; traducciones a nuestro idioma&nbsp; y&nbsp; su conversi&oacute;n en im&aacute;genes cinematogr&aacute;ficas. El pasado d&iacute;a 16 se ha celebrado el &ldquo;Bloomsday&rdquo; en Dubl&iacute;n y en muchos pubs de todo el mundo. Desde 1954 &ndash;hace ya 60 a&ntilde;os-&nbsp; los irlandeses&nbsp; festejan en esta fecha el encuentro entre Nora Barnacle y James&nbsp; Joyce que da lugar a la jornada imaginaria-16 de junio de 1904- de Leopoldo Bloom en el <em>Ulises<strong>.</strong></em> Ciento diez a&ntilde;os despu&eacute;s, en este mes de junio de 2014, conmemoramos adem&aacute;s el centenario de&nbsp; <em>Dublineses</em>, cuentos que, en aspectos de estilo y personajes, son&nbsp; precedentes de su obra m&aacute;s universal. Empez&oacute; Joyce a escribir estos relatos cuando a&uacute;n viv&iacute;a en la capital irlandesa, pero la mayor&iacute;a nacen en su &eacute;poca de autoexilio en Trieste.&nbsp; All&iacute; y en Roma y tambi&eacute;n en Pula(Croacia) concibi&oacute; y redact&oacute; el grueso de los quince relatos breves que empiezan, seg&uacute;n el orden que el propio Joyce estableci&oacute;,&nbsp; con&nbsp; <em>Las hermanas</em>&nbsp; y finaliza en <em>Los muertos</em>. Termin&oacute; este &uacute;ltimo relato hacia 1907&nbsp; para concluir y mostrar aspectos de la vida dublinesa que a&uacute;n no le parec&iacute;an suficientemente tratados: &ldquo;su ingenua insularidad ni su hospitalidad&hellip; virtud esta &uacute;ltima que no creo exista en otro lugar de Europa&hellip;&rdquo;<a title="" href="#_edn2"><em><strong>[2]</strong></em></a><em>, </em>seg&uacute;n le cont&oacute; a su hermano Stanislaus en carta desde Roma.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con este motivo he seguido sus huellas &iexcl;hay tantas&iexcl;&nbsp; en el esp&iacute;ritu y rincones de Trieste. Doce a&ntilde;os de una vida entre 1904 y 1916 en una ciudad que hoy es Italia, pero que hasta el final de la Gran Guerra formaba parte del&nbsp; Imperio Austro-H&uacute;ngaro. Era uno de los grandes puertos del Sur de Europa. En sus muelles estaba anclada&nbsp; gran parte de la Armada Imperial. Eslavos serbios, germanos, jud&iacute;os y, por supuesto, los italianos, muchos de los cuales ansiaban incorporarse a Italia, formaban un complejo entramado cosmopolita que a&uacute;n se percibe en sus calles. Huyendo por voluntad propia de una Irlanda cat&oacute;lica y nacionalista y-enfrentada a ella- otra angl&oacute;fila y protestante, Joyce sinti&oacute; el impacto de esa diversidad cultural.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Trieste est&aacute; salpicado de testimonios en&nbsp; memoria del escritor, sentido por sus habitantes como Patrimonio inalienable de la ciudad. Hay varias esculturas. La del Jard&iacute;n P&uacute;blico Muzio Tommasini es un busto sobre pedestal ubicado junto al de otros personajes ilustres. Entre ellos, muy cerca del de Joyce,&nbsp; el de&nbsp; Italo Svevo, primero&nbsp; alumno de ingl&eacute;s, luego amigo y tambi&eacute;n maestro literario del escritor irland&eacute;s. Otra estatua&nbsp; se encuentra en el canal, en V&iacute;a Roma, esculpida por Nino Spagnoli. El viaje contin&uacute;a hasta&nbsp; Pula, unos cien kil&oacute;metros al Sur, en la Pen&iacute;nsula de Istria. All&iacute; se encuentra una escultura sedente. El personaje, mucho m&aacute;s grueso&nbsp; que la figura magra del escritor, parece dispuesto a tomarse una pinta de cerveza. Est&aacute; sentado en una de las mesas de la terraza&nbsp; junto al arco romano de los Segi. El pub est&aacute; situado justo en el edificio que albergaba la delegaci&oacute;n de&nbsp; Berlitz School donde Joyce daba clases de ingl&eacute;s.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Volviendo a Trieste, una placa recuerda que Joyce, buen tenor y aficionado a la &Oacute;pera, asisti&oacute; a numerosas representaciones en el Teatro Verdi. Evocaci&oacute;n obligada en la Piazza della Borsa donde estaba el Cinema Americano. Un hito en su biograf&iacute;a porque Joyce convenci&oacute; a su empresario, Giuseppe Caris, para que invirtiera en la que est&aacute; considerada la primera sala de cine de Dubl&iacute;n. Una vez instaladas las pantallas en el Teatro Volta, el propio Joyce regres&oacute; a la capital irlandesa con la intenci&oacute;n de dirigir el Cine, pero un estrepitoso fracaso le devolvi&oacute; nuevamente a Trieste. Camino de la Academia Berlitz, en <em>via San Nicol&ograve;</em>, es propicio un alto nutritivo en la <em>Pasticceria</em> Pirona. All&iacute; se siguen degustando buenos y caros cruasanes y otros productos dulces y salados como los que deb&iacute;a tomar el escritor. La ruta urbana contin&uacute;a por los humildes apartamentos en los que se aloj&oacute;&nbsp; junto a Nora y sus dos hijos, ambos nacidos en esta ciudad del Adri&aacute;tico. Termina el itinerario en el Museo que comparte con Svevo en la V&iacute;a de la Madonna del Mare donde entre sus libros, objetos personales,&nbsp; escritorio, otros muebles y carteles conmemorativos destaca el primer ejemplar de <em>Dublineses</em>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo m&aacute;s personal de esta b&uacute;squeda&nbsp; tuvo lugar en el encuentro con Claudio Magris. Ensayista, escritor, traductor de alem&aacute;n, profesor universitario y viajero, tiene un v&iacute;nculo intelectual y familiar con Joyce. Su padre fue alumno de ingl&eacute;s de Stanislaus, el hermano de James, quien acudi&oacute; a su llamada, vino a visitarle y se qued&oacute; a vivir y morir definitivamente en Trieste, donde est&aacute; enterrado. Nuestro encuentro fue el cumplimiento de una promesa aplazada desde 2006 cuando le entrevist&eacute; para el n&uacute;mero 80 de la Revista Cultural Turia. Aquella conversaci&oacute;n con el Premio Pr&iacute;ncipe de Asturias de las Letras 2004 se realiz&oacute; por correo electr&oacute;nico. Le pregunt&eacute;, me envi&oacute; sus respuestas en italiano y tuve la osad&iacute;a de traducirle. Prometimos entonces saludarnos en cuanto se nos presentara la ocasi&oacute;n. Y as&iacute; ha sido. Nos hemos encontrado en Trieste, la ciudad en la que vive cuando no viaja, le tiene en m&aacute;xima consideraci&oacute;n y le cita como referencia cultural&nbsp; junto a Joyce y Svevo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Hemos mantenido un breve encuentro en el Caf&eacute; San Marco, uno de los m&aacute;s literarios e hist&oacute;ricos de la ciudad. El amplio local alberga adem&aacute;s una librer&iacute;a. All&iacute; el camarero le tiene reservada una mesa junto al gran ventanal, iluminado ese d&iacute;a de abril por un sol espl&eacute;ndido. En la entrevista que ya he mencionado de 2006 dec&iacute;a del San Marco &ldquo;voy all&iacute; no para tener una tertulia sino para escribir o leer o reunirme con amigos&rdquo;.<em> </em>Desde el momento del saludo hasta la cercana despedida, el escritor ha sido acogedor y din&aacute;mico. Tomamos un caf&eacute;, s&oacute;lo unos minutos, porque es un hombre con mucha actividad. Al d&iacute;a siguiente cumpl&iacute;a 75 a&ntilde;os y le esperaba un homenaje en la Universidad. Apenas hubo tiempo para hablar de Joyce. Sin ped&iacute;rselo cuenta una an&eacute;cdota: &ldquo;Un d&iacute;a estaban Joyce y Svevo en un Pub tomando wisky y cerveza. A Joyce&nbsp; se le cay&oacute; un vaso y solt&oacute; una palabrota&hellip; Svevo le advirti&oacute;: eso se puede escribir, pero no se puede decir&hellip;&rdquo; El episodio puede evocar la tr&aacute;gica afici&oacute;n a la bebida del escritor irland&eacute;s.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Seguimos hablando del viaje como met&aacute;fora de la vida. Pone Magris de ejemplo el periplo de Odiseo en Homero y&nbsp; la jornada de Ulises en Joyce. Enseguida nos despedimos con la misma amabilidad del principio. Al&nbsp; d&iacute;a siguiente volvimos a vernos en el homenaje de&nbsp; los int&eacute;rpretes y traductores en la Universidad. &Eacute;l estaba en el centro de la mesa, sobre el estrado,&nbsp; junto a sus colegas, profesores y alumnos. El&nbsp; p&uacute;blico de sus fieles casi llenaba el aula. Palabras de agradecimiento y discursos sobre la idea transcultural de la literatura que atraviesa la obra de Claudio Magris. Entre las ponencias,&nbsp; la m&aacute;s extensa fue la de&nbsp; la doctora Pellegrini. Entend&iacute;a esta profesora la traducci&oacute;n como acto de canibalismo, tambi&eacute;n al traductor como c&oacute;mplice para salvar la suprema ambivalencia del lenguaje. En definitiva una fidelidad libre, ya que el traductor es a la vez c&oacute;mplice y rival. Sali&oacute; Borges a relucir: el escritor argentino entend&iacute;a toda traducci&oacute;n como&nbsp; identificaci&oacute;n con el texto, al que a la vez se le somete a un proceso de alienaci&oacute;n. <em>Traducir es la invenci&oacute;n de nuestros predecesores</em>. El traductor reinventa, es coautor de la obra, a pesar de no ser suficientemente reconocido. Despu&eacute;s de los agradecimientos y aplausos, al terminar el acto, otro amable apret&oacute;n de manos de Claudio Magris y&nbsp; una dedicatoria: <em>con amistad A Maddalena y Eduardo</em> estampada sobre <em>El infinito viajar</em>, el libro que desde Madrid&nbsp; nos ha acompa&ntilde;ado- a mi mujer y a m&iacute;- en nuestra estancia en Trieste.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Estas ideas sobre la traducci&oacute;n sirven de referencia para indagar en algunas ediciones de <em>Dublineses<strong> </strong></em>que han ido apareciendo en lengua espa&ntilde;ola.<strong><em> </em></strong>&nbsp;La primera versi&oacute;n a nuestro idioma, editada por Tartessos de Barcelona, es de I.Abell&oacute; y no apareci&oacute; hasta 1942, un a&ntilde;o despu&eacute;s de fallecer Joyce. &iexcl;Tard&oacute; 18 a&ntilde;os en publicarse en espa&ntilde;ol&iexcl; Una de las ediciones m&aacute;s reputadas es la que Guillermo Cabrera Infante tradujo para Alianza Editorial en 1974. En el tiempo le sigue la del periodista y escritor Eduardo Chamorro. &Eacute;sta, editada por C&aacute;tedra en 1998, viene a salvar para los espa&ntilde;oles el estilo del habla iberoamericana del escritor cubano. Lo m&aacute;s interesante de esta edici&oacute;n es el magn&iacute;fico pr&oacute;logo de Fernando Galv&aacute;n y los centenares de notas a pie de p&aacute;gina para contextualizar mejor el texto. No olvidemos que en <em>Dublineses</em><strong> </strong>&nbsp;Joyce combina la inspiraci&oacute;n creadora con un naturalismo obsesivamente fiel a la realidad social, geogr&aacute;fica e hist&oacute;rica que describe. Las notas de Chamorro permiten saber de d&oacute;nde o de qu&eacute;&nbsp; habla el relato sobre temas y personajes conocidos en su &eacute;poca y que en muchos casos fueron parte del problema en los sucesivos intentos de publicarlo. En alguna ocasi&oacute;n, esos intentos derivaron en agrias disputas con editores y linotipistas. Hay otras ediciones de los relatos en Lumen, Premia y DeBolsillo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hacia 1906 Joyce envi&oacute; desde Trieste al editor Grant Richards varias cartas sobre <em>Dublineses</em>: &ldquo;mi intenci&oacute;n era escribir un cap&iacute;tulo de la historia moral de mi pa&iacute;s y escog&iacute; como escenario Dubl&iacute;n porque esa ciudad revela la esencia de esa par&aacute;lisis que muchos consideran una ciudad&rdquo;<a title="" href="#_edn3"><em><strong>[3]</strong></em></a><em>. </em>Asistimos en sus p&aacute;ginas al desenga&ntilde;o que rodean las sombras de Dubl&iacute;n, una ciudad que&nbsp; <em>es tan peque&ntilde;a que todo el mundo sabe lo de todo el mundo</em>. Los tres relatos escritos antes de su partida vienen a ser el amargo diagn&oacute;stico previo al destierro. En <strong><em>Una peque&ntilde;a nube</em></strong> advierte &hellip;<em>no hab&iacute;a la menor duda, si quieres triunfar has de irte. En Dubl&iacute;n no hay nada que hacer </em><a title="" href="#_edn4">[4]</a><em>. </em>En otra carta fechada en 1905 le cuenta&nbsp; a&nbsp; su hermano Stanislaus&nbsp; que a&uacute;n viv&iacute;a en Dubl&iacute;n &hellip;<em>las historias de <strong>Dublineses </strong>me parecen incontestablemente bien hechas. No he tenido &nbsp;dificultades para escribirlas&hellip;<a title="" href="#_edn5"><strong>[5]</strong></a> </em>Alguno de los cuentos adem&aacute;s anticipan algunos personajes del <strong><em>Ulises</em></strong>.&nbsp; Por ejemplo, la se&ntilde;ora Mooney de <strong><em>La casa de hu&eacute;spedes</em></strong> y Corley, uno de los protagonistas de <strong><em>Dos galanes.</em></strong> Hay otros muchos que se descubren leyendo ambas obras literarias. Sirve como gu&iacute;a&nbsp; la edici&oacute;n de C&aacute;tedra.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; <strong><em>Los muertos, </em></strong>el &uacute;ltimo relato, encarna las nuevas ideas o actitud que&nbsp; para Joyce hab&iacute;an cambiado en Roma despu&eacute;s de un itinerario que hab&iacute;a comenzado en Par&iacute;s, con escalas en Zurich, Trieste y Pula. Descubri&oacute; all&iacute; que Dubl&iacute;n es como Roma una ciudad llena de monumentos y quiere olvidar, pero se aferra a su memoria. La fiesta con la que comienza el relato es una cena del D&iacute;a de Reyes como las que celebraba su propia&nbsp; familia. Se hablaba mucho sobre personas ya muertas. Stanislaus considera que el discurso en el que Gabriel Conroy habla del alma irlandesa es una buena imitaci&oacute;n de los que pronunciaba&nbsp; su padre en esas reuniones, rodeado de amigos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero en <strong><em>Dublineses </em></strong>hay otros muertos que est&aacute;n ah&iacute; para hablar de los seres que desde su ausencia han marcado&nbsp; las vidas de quienes siguen aqu&iacute;.&nbsp; En el primer p&aacute;rrafo de <strong><em>Las hermanas</em></strong>, relato editado en solitario en 1904 y varias veces corregido, expresa lo que viene a ser un sin&oacute;nimo literario de la muerte: <em>todas las noches al levantar la mirada hacia la ventana, me dec&iacute;a suavemente a m&iacute; mismo la palabra par&aacute;lisis</em>.<a title="" href="#_edn6">[6]</a>&nbsp; Enseguida constata&nbsp; el fallecimiento del Padre James Flynn.&nbsp; El ni&ntilde;o <em>&ndash; alter ego</em> del escritor- observa y ve indicios de muerte. Si seguimos adelante asistimos a los preparativos del velatorio, al ritual narrado del embalsamamiento y ya, ante el cad&aacute;ver del cura, se habla del muerto con frases entrecortadas o palabras suprimidas. Ese recurso literario lo inaugura Joyce en este relato. Luego contin&uacute;a emple&aacute;ndolo en el <strong><em>Ulises</em></strong>. Frases sin concluir sobre el cura y tambi&eacute;n para justificar a los vivos. &iquest;Habr&aacute;n hecho todo lo posible para tener limpia su conciencia? Se preparan de esta forma para el duelo &iacute;ntimo que comenzar&aacute; cuando pase el velatorio, el funeral y el entierro. En <strong><em>Arabia, </em></strong>el tercer relato, el muerto es tambi&eacute;n un sacerdote que ocupaba la casa antes que el protagonista. Fue hogar de la familia Joyce. El <em>puber</em> cuenta&nbsp; c&oacute;mo sus gustos est&aacute;n&nbsp; marcados&nbsp; por la presencia de los libros que dej&oacute; el fallecido. Ser&aacute;n una gu&iacute;a literaria entre Walter Scott y Vidocq. Describe el manzano en el jard&iacute;n de la casa que hab&iacute;a plantado el cura. Hay tambi&eacute;n una bomba de &ldquo;bici&rdquo; que seguir&aacute; usando el protagonista. La sala en la que se alojaba el anterior inquilino le da fuerzas y le inspira en su primera aventura amorosa. En <strong><em>Evelyn</em></strong> los muertos son los padres del narrador. Ya&nbsp; mayor &eacute;ste, lo que nos cuenta es c&oacute;mo eran las cosas antes de que sus padres faltaran. A&ntilde;oranza del hogar, desde el recuerdo de los tiempos en que ellos viv&iacute;an. Es el momento de recordar&nbsp; la amargura de Joyce por la muerte de su madre, Mary Jane Murray, en 1903. Quiz&aacute; sea &eacute;ste acontecimiento una de las claves que expliquen por qu&eacute; un escritor de veinte a&ntilde;os describe con cierta insistencia la realidad y el contexto inexorable de la muerte<strong>.</strong> James estaba muy vinculado emocionalmente a su madre y no se entend&iacute;a, ni &eacute;l ni ninguno de sus hermanos, con su padre John Joyce. Le consideraban un desagradable y <em>violento borracho</em>.&nbsp; <strong><em>La casa de hu&eacute;spedes</em></strong> comienza advirtiendo que cuando muri&oacute; el suegro todo fue a peor. He aqu&iacute; la influencia de los muertos sobre los vivos o&nbsp; la deriva que un duelo puede causar. <strong><em>Un caso doloroso </em></strong>es un ejemplo de lo que el propio Joyce llamaba epifan&iacute;a o, en un sentido m&aacute;s amplio, <em>ep&iacute;cleto</em>. Un hecho, en este caso un suicidio, representa&nbsp; un deslumbramiento sobre el sentido y condici&oacute;n humana del personaje. Epifan&iacute;a es sobre todo en <strong><em>Los muertos</em></strong> el trance que vive Mr. Conroy al descubrir que Gretta, su mujer, ha amado toda su vida a alguien que muri&oacute; por su causa. &Eacute;ste ser&aacute; el <em>leit motiv</em> que dar&aacute; pie a John Huston para llevar este relato a la pantalla.</p>
<p><strong>John Huston: Morir despu&eacute;s de rodar <em>Los muertos</em></strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; John Huston nos dej&oacute; en&nbsp; <strong><em>Dublineses </em></strong>(<strong><em>Los Muertos)</em></strong> un testamento y un epitafio. Cuatro meses despu&eacute;s de&nbsp; finalizar el rodaje el cineasta falleci&oacute;. No lleg&oacute; a ver estrenada su &uacute;ltima pel&iacute;cula. Hac&iacute;a muchos a&ntilde;os que el realizador de origen irland&eacute;s ten&iacute;a el deseo de llevar a la pantalla esta obra de James Joyce<em>. </em>Consideraba Huston<em> que <strong>Los muertos</strong> te muestra ciertos hechos de la vida &ndash;amor, matrimonio, pasi&oacute;n, muerte- y te obliga a enfrentarte a ellos. Muy pocos relatos tienen este misterioso poder</em><a title="" href="#_edn7">[7]</a><em>.</em></p>
<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </em>El gui&oacute;n lleva la firma su hijo Tony, pero &eacute;l&nbsp; estuvo muy presente en su elaboraci&oacute;n. Tony Huston declar&oacute; que su padre le hab&iacute;a ensa&ntilde;ado<em> c&oacute;mo una palabra se transforma en lenguaje cinematogr&aacute;fico<a title="" href="#_edn8"><strong>[8]</strong></a>.</em> Al realizador le costaba sentarse a escribir, pero siempre fue minucioso en la supervisi&oacute;n de los guiones, escritos por &eacute;l o por otros guionistas, incluidos Truman&nbsp; Capote, Peter Viertel o Ray Bradbury. Adem&aacute;s el cineasta estaba acostumbrado a adaptar para el teatro y el cine obras literarias: Ah&iacute; tenemos&nbsp; <strong><em>El Halc&oacute;n Malt&eacute;s</em></strong> de Dashiell Hammett&nbsp; o <strong><em>El hombre que pudo reinar</em></strong> de Ruyard Kipling. Padre e hijo pasaron una temporada juntos para dar forma al gui&oacute;n en casa del actor Burgess Meredith en Malib&uacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Enfermo y casi inmovilizado por la necesidad de estar enchufado a una bombona de ox&iacute;geno, pretend&iacute;a&nbsp; rodar en Irlanda. Lleg&oacute; a decir: <em>no quiero hacer la pel&iacute;cula si no puedo rodarla en Irlanda<a title="" href="#_edn9"><strong>[9]</strong></a>. </em>Era la tierra de sus antepasados donde hab&iacute;a vivido un autoexilio como el de Joyce en el Continente. Huston estuvo pasando una larga temporada en Galway en 1952. Fue su manera de rebelarse contra el <em>deterioro moral de Am&eacute;rica</em> y la caza de brujas que tanto atenaz&oacute; a la cultura del pa&iacute;s por obra y gracia del senador McCarthy. Desde 1956 &ndash;el a&ntilde;o en que realiz&oacute;<strong><em> Mobby Dyck, </em></strong>otra adaptaci&oacute;n literaria- intent&oacute; llevar&nbsp; a la pantalla el relato de Joyce. Tard&oacute; tres d&eacute;cadas en cumplir su deseo. El tiempo vivido desde entonces dio calado a su obra p&oacute;stuma. Ese empe&ntilde;o algo ten&iacute;a que ver con la lectura del <strong><em>Ulises </em></strong>cuando apenas ten&iacute;a 20 a&ntilde;os. En esa &eacute;poca&nbsp; la obra fundamental de Joyce estaba prohibida en Estados Unidos. John intentaba ganarse la vida como pintor. Su madre, actriz de teatro,&nbsp; hab&iacute;a viajado a Europa. A la vuelta trajo en la maleta, escondido el <strong><em>Ulyses</em></strong>. Huston confiesa en &ldquo;<strong><em>A libro abierto</em></strong>&rdquo;- la obra que recoge sus memorias- &hellip;<em>probablemente fue la experiencia m&aacute;s grande que ning&uacute;n otro libro me haya dado nunca<a title="" href="#_edn10"><strong>[10]</strong></a></em> . Dorothy, su primera mujer, le&iacute;a en voz alta las p&aacute;ginas del <strong><em>Ulyses</em></strong> mientras John pintaba.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando finalmente llev&oacute; a cabo el rodaje de <strong><em>Los muertos</em></strong>, por prescripci&oacute;n de sus m&eacute;dicos, que incluso le aconsejaron no hacer ese esfuerzo, tuvo que rodar cerca del hospital&nbsp; Cedros del Sina&iacute;, en el barrio de Valencia de la ciudad de Santa Clara, California. Eso s&iacute;, los escasos&nbsp; exteriores est&aacute;n rodados en Dubl&iacute;n. El 5 de enero de 1987 comenzaban los ensayos con los 26 actores, incluida su hija Anjelica, la &uacute;nica no irlandesa del reparto. Aunque ella hab&iacute;a vivido en Irlanda m&aacute;s de 10 a&ntilde;os, John Huston entendi&oacute; que deb&iacute;a suavizarle el acento para que no desentonara con el resto. Siempre fue minucioso con los detalles. Dos semanas despu&eacute;s daba comienzo el rodaje. Anjelica Huston entendi&oacute; perfectamente lo que significaba para su padre rodar esta pel&iacute;cula. La actriz declara: <em>Joyce dice en Dublineses lo que John pensaba de la vida.</em></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>The Dead</em>&nbsp; aqu&iacute; titulada <em>Dublineses(Los muertos)</em>,<strong><em> </em></strong>dedicada a Maricela, su &uacute;ltima compa&ntilde;era, se estren&oacute; fuera de competici&oacute;n en la Mostra de Venecia en 1987, pocos d&iacute;as despu&eacute;s de haber fallecido el director. De haber vivido para verlo le habr&iacute;a emocionado que el gui&oacute;n que firmaba su hijo llegara a&nbsp; ser candidato al Oscar. No obstante, se lo llev&oacute; <em>El &uacute;ltimo emperador</em> de Bertolucci.&nbsp; En la rese&ntilde;a del estreno en Espa&ntilde;a, &Aacute;ngel Fern&aacute;ndez Santos, maestro del periodismo y la cr&iacute;tica, escrib&iacute;a en <em>El Pa&iacute;s</em> del 19 de marzo de 1988: <em>Es un filme amargo pero sereno, duro pero fr&aacute;gil, despojado pero rico, lleno de luminosas sombras y de sombr&iacute;as luces; un grito inaudible y sagrado.</em> La cr&iacute;tica en Europa y Am&eacute;rica acogi&oacute; inicialmente la pel&iacute;cula con una valoraci&oacute;n dispar que se acerca a la tibieza. Despu&eacute;s, con el paso de los a&ntilde;os, est&aacute; considerada como obra maestra.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Visionado tras visionado <em>Los Muertos</em>&nbsp; va ganando sentido. La&nbsp; epifan&iacute;a&nbsp; de Gabriel Conroy (Donald McCann) marca la tensi&oacute;n de una pel&iacute;cula en la que aparentemente no ocurre casi nada. Se canta, se baila, se charla, se discute, se come, se bebe en la fiesta del D&iacute;a de Reyes. Lo trascendente pasa en el interior de los personajes. Huston, en el final de sus d&iacute;as, deb&iacute;a identificarse con Miss Kate o Miss Julia, las anfitrionas a quienes se rinde homenaje en esa fiesta por los m&eacute;ritos acumulados en una larga vida familiar. Primeros planos, planos medios y contraplanos, en la primera media hora el piano marca y justifica el&nbsp; tiempo de la narraci&oacute;n. Para anticipar lo que ser&aacute; el momento luminoso del relato, Huston a&ntilde;ade el&nbsp; poema&nbsp; &ldquo;Promesas rotas&rdquo;&nbsp; de Lady Gregory, poetisa con la que Joyce manten&iacute;a sus diferencias.</p>
<p class="NoSpacing"><strong><em>&nbsp;&nbsp; </em></strong><strong>&ldquo;</strong>Anoche &hellip; el p&aacute;jaro hablaba de ti en el profundo pantano, dec&iacute;a que t&uacute; eres el ave solitaria a trav&eacute;s del bosque y que probablemente sigas sin pareja hasta que me encuentres&hellip; Me prometiste y me mentiste<em></em></p>
<p class="NoSpacing">Dijiste que estar&iacute;as conmigo &hellip;&rdquo;</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing">&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y contin&uacute;a unos instantes el poema narrando la desolaci&oacute;n y desorientaci&oacute;n que provoca el desamor. Mientras Mr. Grace declama, un barrido de la c&aacute;mara se va deteniendo en el rostro de los personajes que escuchan. En un punto del <em>travelling</em> marido y mujer se est&aacute;n mirando, &eacute;l con una pregunta en su rostro, ella escondi&eacute;ndose tras un gesto de melancol&iacute;a. &iquest;Qu&eacute; significado tiene este poema que recita Mr.Grace, un personaje que no est&aacute; en el relato de Joyce? No tengo la respuesta de Huston pero entiendo que su elecci&oacute;n anticipa la deslumbrante&nbsp; secuencia en la que Gretta descubre a Gabriel que toda la vida ha llevado en su coraz&oacute;n el duelo por un joven que muri&oacute; am&aacute;ndola. Habr&aacute; que asistir a la cena, esperar otros cuarenta minutos, y en&nbsp; la despedida escuchamos&nbsp; &ldquo;La chica de Aughrim&rdquo;.</p>
<p><strong><em>&nbsp;</em></strong></p>
<p>&ldquo;Si eres la chica de Aughrim como t&uacute; dices ser,<br /> dime cu&aacute;l fue la primera prenda que se cruz&oacute; entre t&uacute; y yo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Esta canci&oacute;n irlandesa que canta el tenor Bartell D&rsquo;Arcy (Frank Patterson) evoca un momento cumbre en la biograf&iacute;a del escritor. <em>Lejana melod&iacute;a</em> <em>llamar&iacute;a al cuadro si fuera pintor<a title="" href="#_edn11"><strong>[11]</strong></a></em>, hab&iacute;a escrito Joyce en el relato. Huston lo cuenta de una manera m&aacute;s expl&iacute;cita y a&uacute;n m&aacute;s emotiva. La escena viene a representar los celos que sent&iacute;a el escritor por un personaje del pasado de Nora. Ella le confes&oacute; que hab&iacute;a tenido un amor de juventud que muri&oacute; por ella. Para agravar a&uacute;n m&aacute;s su amargura le a&ntilde;ade que, cuando le conoci&oacute;, lo que le hab&iacute;a gustado de &eacute;l era su parecido con aquel joven, Michael Fury.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Joyce escribi&oacute; <em>Dublineses<strong> </strong></em>&nbsp;con poco m&aacute;s de 20 a&ntilde;os, m&aacute;s de ochenta ten&iacute;a Huston cuando convirti&oacute; en im&aacute;genes este relato sobre la influencia que ejercen&nbsp; los muertos sobre los vivos. Acuciado por el tiempo,&nbsp; su epitafio habla de las horas que nos van acercando al final, en di&aacute;logo con los muertos. Es el momento de preguntarnos, y quiz&aacute; entender, si nuestra vida ha tenido alg&uacute;n sentido, si hemos sido marionetas de una farsa cuyos hilos desconocemos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>BIBLIOGRAFIA CONSULTADA</strong></p>
<p><strong>-JAMES JOYCE. Ellmann, Richard Compactos Anagrama 2002</strong></p>
<p><strong>-JAMES JOYCE. Vargas, Manuel Arturo. Epesa 1972</strong></p>
<p>-JAMES JOYCE: EL OFICIO DE ESCRIBIR. Melchiori, Giorgio. Antonio Machado Libros 2011</p>
<p>- A LIBRO ABIERTO:MEMORIAS. Huston, John. Memorias. Espasa Calpe&nbsp; 1986</p>
<p>-JOHN HUSTON. Cantero, Marcial. Edit. C&aacute;tedra. Signo e imagen/cineastas</p>
<p>-LOS HUSTON.HISTORIA DE UNA DINASTIA DE HOLLYWOOD, Grobel, Lawrence. T y B editores 2003</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ednref1">[1]</a> Dublineses, Joyce, James. Alianza editorial&hellip;pg.213</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref2">[2]</a> James Joyce, Richard Ellman&hellip;pg.273</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref3">[3]</a> Joyce:el oficio de escribir, Giorgio Melchiori&hellip;pg.116</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref4">[4]</a> Dublineses, Joyce, James. C&aacute;tedra&hellip;pg.167</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref5">[5]</a> James Joyce, Manuel Arturo Vargas. Epesa&hellip;pg.54</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref6">[6]</a> Dublineses, Joyce, James. C&aacute;tedra&hellip;pg.81</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref7">[7]</a> declaraciones recogidas en El Pa&iacute;s el 9 de enero de 1988</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref8">[8]</a> Tony Huston&hellip;en el mismo reportaje del Diario El Pa&iacute;s.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref9">[9]</a> Los Huston:historia de una dinast&iacute;a de Hollywood. Grobel, Lawrence. TyB&hellip;pg.32</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref10">[10]</a> A libro abierto. Huston,John. Espasa&hellip;pg.65</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref11">[11]</a> Dublineses, Joyce, James. C&aacute;tedra&hellip;pg.332</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Wed, 25 Jun 2014 06:29:16 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aurora Egido: "La desmemoria, la amnesia, es lo peor que puede acontecer en un pueblo"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/aurora-egido-la-desmemoria-la-amnesia-es-lo-peor-que-puede-acontecer-en-un-pueblo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/auroraegido500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De ni&ntilde;a era una lectora compulsiva que recorr&iacute;a las p&aacute;ginas de todo volumen que cayera en sus manos, lejos de imaginar que los libros, los cl&aacute;sicos, las bibliotecas, las universidades, iban a ser esenciales en su vida. Cuando se habla con Aurora Egido de literatura es como si Graci&aacute;n, Calder&oacute;n, Lope, Cervantes, San Juan de la Cruz, y tantos otros, hicieran acto de presencia, decididos a sentarse en la misma mesa, porque a ellos se refiere no desde la posici&oacute;n distante de la erudita, de la estudiosa, sino desde la cercan&iacute;a y la naturalidad de quien ha aprendido de ellos, los considera compa&ntilde;eros de viaje y es capaz de ver sus excelencias y tambi&eacute;n sus defectos, entablando un di&aacute;logo apasionado y libre de las cargas del tiempo. Esta catedr&aacute;tica de literatura espa&ntilde;ola, que ha impartido la docencia en distintas universidades espa&ntilde;olas y del &aacute;mbito anglosaj&oacute;n; que es una de las grandes especialistas en el Barroco y en el Siglo de Oro, per&iacute;odo al que ha aportado obras esenciales, que ha obtenido m&uacute;ltiples distinciones y premios, como el Nacional de Investigaci&oacute;n en Humanidades Ram&oacute;n Men&eacute;ndez Pidal en 2008, y que ha sido elegida recientemente para ocupar el sill&oacute;n &ldquo;B&rdquo; de la Real Academia Espa&ntilde;ola, es una mujer de la que puede decirse que lo ha conseguido todo en su carrera, pero que, sin embargo, confiesa sentirse especialmente feliz dando clases y siempre que un antiguo alumno o alumna, ya convertidos en profesores, la reconocen por la calle y le comentan que a&uacute;n siguen utilizando sus apuntes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los intereses, las etapas vitales, de quien se define como una investigadora, como &ldquo;una profesora normal&rdquo;, asoman a lo largo de esta entrevista intensa realizada en Madrid, en un caf&eacute; cercano a la Biblioteca Nacional, lugar en el que Egido suele pasar muchas ma&ntilde;anas cuando est&aacute; en la ciudad. Encerrarse a seguir rastreando las pistas dejadas por esos cl&aacute;sicos que nunca dejan de sorprenderla, lejos de ser un trabajo, parece una actividad que forma parte de s&iacute; misma y que irremediablemente lleva a penar en lo gozoso que resulta poder desarrollar una aut&eacute;ntica vocaci&oacute;n, hacer aquello para lo que se est&aacute; dotado. Disfruta Aurora Egido buceando en los secretos de la literatura, sumergi&eacute;ndose en las profundas aguas del oc&eacute;ano de las letras. Disfruta leyendo, observando y viajando porque siente que la mirada se renueva y el esp&iacute;ritu se transforma de un modo u otro. El d&iacute;a del encuentro acababa de ver la luz su &uacute;ltimo libro, <em>Bodas de Arte e Ingenio</em> (Acantilado), un conjunto de estudios sobre Baltasar Graci&aacute;n y ten&iacute;a en el horizonte un viaje a Oxford por motivos profesionales, que le iba a permitir unos d&iacute;as de descanso en Londres. &ldquo;Pero no s&eacute; si voy a poder resistir la tentaci&oacute;n de ir a la Biblioteca Brit&aacute;nica&rdquo;, me dec&iacute;a. Esa frase puede ser el punto de partida de su retrato, un retrato cuyos trazos ser&aacute;n fijados a partir de ahora con el pincel de sus palabras, de sus reflexiones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Pronto me convert&iacute; en una gran lectora&rdquo;</strong></p>
<p>- Partamos de los comienzos. &iquest;C&oacute;mo se forj&oacute; la vocaci&oacute;n de Aurora Egido. &iquest;C&oacute;mo descubri&oacute; los primeros libros, c&oacute;mo era el ambiente de su infancia, de su familia?</p>
<p>- Bueno, yo nac&iacute; en Molina de Arag&oacute;n en 1946. Era una ciudad que entonces ten&iacute;a unos 2.000 habitantes. Mi ni&ntilde;ez la pas&eacute; en colegios de monjas y el cambio al instituto, que era mixto, supuso toda una liberaci&oacute;n. Mi vocaci&oacute;n lectora se despert&oacute;, sobre todo, a ra&iacute;z de unas fiebres de malta que contrajo mi padre y que lo mantuvieron postrado durante una temporada. Mi madre y yo empezamos entonces a ir a la biblioteca con un cesto, que tra&iacute;amos y llev&aacute;bamos lleno de libros para &eacute;l, y al poco tiempo me ocup&eacute; yo sola de ese cometido. All&iacute; me di cuenta de que, aparte de esos libros, que eran fundamentalmente novelas no aptas para mi edad, hab&iacute;a otras obras que s&iacute; lo eran y que los bibliotecarios me facilitaban. Pronto me convert&iacute; en una gran lectora. No pod&iacute;a vivir sin estar leyendo ma&ntilde;ana, tarde y noche. Y, adem&aacute;s, yo creo que tuve la ventaja de vivir en un entorno donde la oralidad era importante. Mis abuelos no eran personas cultas y, sin embargo, llevaban consigo todo ese acervo del romancero, de la tradici&oacute;n teatral. Se sab&iacute;an de memoria <em>Don Juan Tenorio</em>, conoc&iacute;an todas las letras de las zarzuelas... Ese hecho, la experiencia de la palabra literaria transmitida a trav&eacute;s de la voz, fue una de las cosas que m&aacute;s me influyeron en aquel momento. Fue fundamental esa costumbre que hab&iacute;a entonces de recitar. A m&iacute; las monjas me utilizaban para todo festejo que hubiera y el ejercicio memor&iacute;stico que supone aprender poemas bastante largos, aunque no fuesen todos de gran calidad, te familiariza con el lenguaje.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;les fueron las primeras lecturas?</p>
<p>- Yo dir&iacute;a que el libro que m&aacute;s me atrajo en un primer momento fue las <em>Rimas</em> de B&eacute;cquer, que memoric&eacute; en gran parte y cuyo lenguaje me cautiv&oacute;. M&aacute;s adelante me entusiasm&eacute; por la novela rusa, sobre todo por Dostoievski, al que le&iacute; a los 12 o 13 a&ntilde;os. A esa edad ya era una lectora compulsiva y, sobre todo, tenaz. No eleg&iacute;a demasiado, ya que ten&iacute;a que adaptarme a lo que hab&iacute;a en la biblioteca y esa circunstancia propici&oacute; que me aficionara a las novelas polic&iacute;acas de Edgar Wallace, del que estaba la colecci&oacute;n entera. En ese sentido, a veces me acuerdo de aquello que dec&iacute;a Monterroso de que la biblioteca de su pueblo era tan pobre, tan pobre, que s&oacute;lo hab&iacute;a libros buenos, como el <em>Quijote</em> y nada de novelas modernas norteamericanas. Eso lo cuento en un art&iacute;culo que se incluye en <em>Bodas de Arte e Ingenio</em>, en el que relaciono a Monterroso y Graci&aacute;n porque a ambos gustaban de esa literatura que dice mucho con pocas palabras. Monterroso ejemplifica esas obras completas que caben en varias p&aacute;ginas que, sin embargo, a lo mejor, pueden valer m&aacute;s que cientos de ellas vac&iacute;as de contenido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;De ni&ntilde;a era bastante rebelde&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Y c&oacute;mo era la ni&ntilde;a Egido?</p>
<p>- Era bastante rebelde y siempre mantuve una batalla con las monjas, a las que al cabo de los a&ntilde;os tambi&eacute;n he comprendido en su af&aacute;n de mantener la disciplina. No me costaba nada cumplir con la puntualidad y el estudio. Siempre acababa aprobando, y bien, el curso, pero me agobiaba con todas esas horas de Rosario y de piedad. Eran otros tiempos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Hasta qu&eacute; punto la tierra, el origen, fue importante en su formaci&oacute;n, en el forjado de su car&aacute;cter?</p>
<p>- Molina de Arag&oacute;n es un lugar de frontera entre Arag&oacute;n y Castilla, pero pertenece a Castilla- La Mancha y de ni&ntilde;a yo ten&iacute;a conciencia de castellana. Como dice Luis Mateo D&iacute;ez, est&aacute; claro que la tierra es el &ldquo;humus&rdquo; del que venimos. Los primeros a&ntilde;os son fundamentales, marcan mucho y yo reconozco que el haber vivido en uno de los lugares m&aacute;s fr&iacute;os de Espa&ntilde;a, en una tierra muy &aacute;spera, muy dura, ha influido indudablemente en mi car&aacute;cter. Es imposible desprenderse de eso, del contacto con otras personas que provienen del mismo &ldquo;humus&rdquo;. Y, por otro lado, en mi caso, en el de mi generaci&oacute;n, tampoco se puede eludir la herencia de ese mundo de la posguerra lleno de silencios, de recuerdos amargos por los que hab&iacute;an desaparecido. Hab&iacute;a una cultura y una moral muy cerradas, una especie de sospecha permanente hacia las personas.&nbsp; Pese a todo ello, yo puedo decir que mi infancia fue muy feliz porque tuve la fortuna de tener unos padres complementarios: mi padre era imaginativo y fantasioso, mientras que mi madre era muy realista, con los pies en la tierra. Ella me hac&iacute;a aterrizar cuando volaba demasiado alto con la imaginaci&oacute;n. Es curioso, pero pasado el tiempo, cuando me encontr&eacute; con un emblema del Siglo de Oro, procedente del incunable italiano <em>Sue&ntilde;o de Pol&iacute;filo</em>, donde se muestra a una mujer que tiene una pierna atada al suelo, con una piedra que la sujeta, y en el brazo un ala que le permite volar, me sent&iacute; muy identificada con esa imagen que, por supuesto, desconoc&iacute;a cuando era ni&ntilde;a. Yo era la mayor de seis hermanos y pod&iacute;amos pasarnos el d&iacute;a en la calle, sin el agobio que hay</p>
<p>ahora en las familias de estar todo el tiempo pendientes de los ni&ntilde;os. Yo lo que recuerdo de Molina es el callejear, el irnos a coger moras, o a meternos en el r&iacute;o a pescar cangrejos; el jugar al escondite por las calles; el tocar en las puertas y echarnos a correr y cosas as&iacute;. Eran juegos que invent&aacute;bamos o que se transmit&iacute;an boca a boca, pero que nos llenaban la vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Zaragoza, Barcelona y otras estancias universitaria</strong></p>
<p>- Pero hubo un momento en el que el escenario cambi&oacute;. &iquest;C&oacute;mo fue el cambio a Zaragoza, un escenario tan distinto en el que ha transcurrido gran parte de su vida?</p>
<p>- Cuando ten&iacute;a 15 a&ntilde;os, toda mi familia, se fue a Zaragoza a vivir, pero yo me qued&eacute; en Molina dos a&ntilde;os m&aacute;s a terminar el bachillerato y a hacer lo que se llamaba entonces el COU. Esa etapa la viv&iacute; con mis abuelos y despu&eacute;s estudi&eacute; los dos primeros a&ntilde;os de la carrera, los llamados comunes, en Zaragoza, antes de marchar a Barcelona a hacer la especialidad de Filolog&iacute;a Espa&ntilde;ola, que all&iacute; no exist&iacute;a. Me gustaba mucho Barcelona, que conoc&iacute;a porque hab&iacute;a trabajado durante los veranos como gu&iacute;a tur&iacute;stica para poder costear mis estudios. Barcelona a mediados de los 60 era una ciudad muy cosmopolita, abierta a Europa, y el clima, para alguien nacido en las parameras de Molina, me la hac&iacute;a parecer un para&iacute;so terrenal. Adem&aacute;s, me atra&iacute;a mucho poder descubrir otra lengua y la Universidad ten&iacute;a un plantel de profesores que era envidiable. En eso tambi&eacute;n fui absolutamente afortunada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- En Barcelona tambi&eacute;n se inici&oacute; su actividad como docente.</p>
<p>- S&iacute;. Fui profesora tanto en la Universidad Central como en la Aut&oacute;noma, despu&eacute;s de haber estado tres a&ntilde;os estudiando en Inglaterra, en distintas universidades, donde se me abri&oacute; la posibilidad de aprender ingl&eacute;s, idioma que desconoc&iacute;a, y donde tambi&eacute;n tuve la suerte de contar con profesores de primera categor&iacute;a, sobre todo en el teatro del Siglo de Oro. De esos a&ntilde;os recuerdo las muchas horas que pas&eacute; encerrada en la biblioteca del Museo Brit&aacute;nico haciendo la tesis doctoral, que ya ten&iacute;a acabada cuando me contrataron en la Universidad de Barcelona. En Zaragoza me instal&eacute; a&ntilde;os despu&eacute;s, tras un per&iacute;odo de tres a&ntilde;os en el Colegio Universitario de L&eacute;rida. Llevo muchos a&ntilde;os ejerciendo de profesora en la ciudad, lo cual no quiere decir que me haya quedado siempre all&iacute;. Despu&eacute;s de opositar al cuerpo de agregados y al de catedr&aacute;ticos, estuve un a&ntilde;o en la Universidad de Le&oacute;n. Mis hijos eran peque&ntilde;os y me pas&eacute; ese tiempo yendo y viniendo de una capital a otra, nueve horas de trayecto en tren. Tras ese par&eacute;ntesis, he procurado estar en Zaragoza, pero con estancias temporales en universidades brit&aacute;nicas o norteamericanas. Siempre he pensado que la filolog&iacute;a espa&ntilde;ola no tiene fronteras, como tampoco la lengua, y que es bueno salir para volver con nuevos br&iacute;os y nuevos &aacute;nimos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Marcharse enriquece much&iacute;simo&rdquo;</strong></p>
<p>- La suya ha sido una trayectoria de muchos tr&aacute;nsitos. &iquest;Se siente muy viajera?</p>
<p>- Bastante. Es algo que llevo dentro, porque en mi familia ha habido empresas de autobuses y agencias de viajes. Como dec&iacute;a mi abuela: &ldquo;cojo el portante y me voy&rdquo;. Y eso de coger el portante e irse, aunque sea para pocos d&iacute;as, permite volver de una manera diferente. Recuerdo tambi&eacute;n otra frase al respecto, esta vez de mi madre: &ldquo;Cada d&iacute;a que salgo cuando regreso me siento distinta, porque he visto cosas que no quer&iacute;a haber visto y he dicho cosas que no quer&iacute;a haber dicho&rdquo; (risas). Esto de los viajes me lleva a pensar en la manera un tanto absurda en la que se habla a veces de los j&oacute;venes de hoy. No nos damos cuenta, por ejemplo, de que han mejorado mucho en este aspecto. Cuando yo me fui a Inglaterra parec&iacute;a que me iba al m&aacute;s all&aacute;; incluso hubo gente que me lo lleg&oacute; a reprochar. Como si hubiera hecho algo mal, como si el irse supusiera no responsabilizarse de lo que hab&iacute;a que hacer en la Espa&ntilde;a de Franco y cosas por el estilo. Yo siempre tuve claro que el marcharse&nbsp; enriquece much&iacute;simo, aunque ahora haya un componente bastante triste, ya que los que se van es muy dif&iacute;cil que vuelvan y tenemos que dar la vuelta a la historia y hablar de una p&eacute;rdida en lugar de una ganancia. A m&iacute; me da much&iacute;sima pena que personas muy cualificadas, que se marchan porque aqu&iacute; no encuentran sitio en la universidad, en la ense&ntilde;anza o en la investigaci&oacute;n, es casi seguro que ya no tengan la oportunidad de regresar. Eso, no ya s&oacute;lo a t&iacute;tulo personal, sino a escala nacional, significa una p&eacute;rdida enorme y sobre todo un hiato en el trayecto com&uacute;n, en las aportaciones a los distintos &aacute;mbitos del saber. Cuando se cortan eslabones luego es imposible borrar ese par&eacute;ntesis de vac&iacute;o. La recuperaci&oacute;n del tiempo perdido es inviable.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>Investigar el Siglo de Oro y el Barroco</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;Y en qu&eacute; momento, de qu&eacute; manera, se decant&oacute; por el Siglo de Oro y por el Barroco?</p>
<p class="normal">- Pues el culpable fue el profesor que eleg&iacute; para que me dirigiese la tesis doctoral, Jos&eacute; Manuel Blecua, Blecua padre, que es como lo llamamos para distinguirlo del hijo, el actual director de la Real Academia Espa&ntilde;ola. &Eacute;l me aconsej&oacute;, con bastante acierto, que deb&iacute;a aprovechar mi estancia en Londres para investigar los fondos bibliogr&aacute;ficos, extraordinariamente ricos, del Museo Brit&aacute;nico. Ah&iacute; me encontr&eacute; con mucho material sobre los poetas aragoneses del siglo XVII y vi claro que ten&iacute;a que hacer mi tesis sobre la influencia que G&oacute;ngora ejerci&oacute; sobre ellos. En realidad fue una tesis doctoral que realic&eacute; por mi cuenta, bastante a solas, porque la relaci&oacute;n que ten&iacute;a entonces con Blecua era, pr&aacute;cticamente, una carta cada cuatro meses; entonces no nos comunic&aacute;bamos de otra manera. Mi punto de partida fue el an&aacute;lisis de poetas que no eran de primera fila, pero eso me ense&ntilde;&oacute; mucho sobre la investigaci&oacute;n, sobre lo que dec&iacute;a Ram&oacute;n Men&eacute;ndez Pidal de que la investigaci&oacute;n avanza por los m&aacute;rgenes y de que a veces, sobre el estado de la literatura, del arte o de la historia de una &eacute;poca concreta, nos dicen m&aacute;s los autores secundarios que los principales, que son precisamente los que destacan y los que se diferencian del resto de los mortales.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- En ese sentido Blecua actu&oacute; como todo buen maestro que sabe ver las virtudes y potencialidades de sus alumnos.</p>
<p class="normal">- S&iacute;, sobre todo supo ver algo que era l&oacute;gico: la inmensa ventaja que me proporcionaba mi estancia en Londres para acceder a estudios que en Espa&ntilde;a pr&aacute;cticamente no exist&iacute;an, por ejemplo los relacionados con la emblem&aacute;tica, con las justas po&eacute;ticas y las academias del Siglo de Oro. Eso me llev&oacute; a dividir mi trabajo en dos partes: una relacionada con los trabajos de D&aacute;maso Alonso y la estil&iacute;stica, a trav&eacute;s del an&aacute;lisis de la lengua de todos esos poetas casi desconocidos -Juan de Moncayo, Jos&eacute; Navarro, D&iacute;ez y Foncalda, etc&eacute;tera-,&nbsp; y otra con el &aacute;mbito de las justas po&eacute;ticas, que se celebraron en Zaragoza a lo largo del siglo XVII, y de las academias literarias. Hab&iacute;a academias en Huesca, en Zaragoza, y otras ocasionales en Calatayud o en Fr&eacute;scano, un pueblecito peque&ntilde;o, donde exist&iacute;a una triling&uuml;e en la que se utilizaba el catal&aacute;n, el lat&iacute;n y el castellano para escribir poes&iacute;a. La verdad es que fue una labor apasionante, muy intensa, que tuve que completar durante los veranos en Zaragoza, donde tambi&eacute;n manej&eacute; bastante documentaci&oacute;n, y en la Biblioteca Nacional de Espa&ntilde;a, en la que acomet&iacute; el an&aacute;lisis de aquellos textos que no se encontraban en el Museo Brit&aacute;nico.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;He seguido el consejo de Graci&aacute;n: no hay que dar con el mazo sobre un solo tema&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- El Siglo de Oro ha sido su territorio desde entonces, pero siempre abriendo senderos en otras direcciones.</p>
<p class="normal">- S&iacute;. A partir de esa tesis doctoral, decid&iacute; dedicarme, sobre todo, al Siglo de Oro, aunque oposit&eacute;, tanto a la plaza de adjunto como a la de agregado, a toda la literatura espa&ntilde;ola, y he publicado textos sobre el Medievo y sobre los siglos&nbsp; XVIII, XIX y XX. Lo cierto es que ese af&aacute;n por abarcar toda la literatura espa&ntilde;ola, algo imposible hoy porque la bibliograf&iacute;a que existe, no ya s&oacute;lo sobre un periodo sino sobre cualquier autor, es mostrenca, me sirvi&oacute; much&iacute;simo, tanto para la investigaci&oacute;n del Siglo de Oro como para la docencia. En esto he seguido el consejo de Graci&aacute;n, que dec&iacute;a que no hay que dar con el mazo sobre un solo tema, que salir de una materia a otra ilumina y ense&ntilde;a mucho. Yo nunca me he limitado ni a un solo autor ni a un solo g&eacute;nero y creo que he aprendido mucho de la mezcla de unos y otros. En &ldquo;El barroco de los modernos&rdquo;, una obra que escrib&iacute; en 2009, por ejemplo, me salgo de la &eacute;poca aurisecular y emprendo un tr&aacute;nsito por otros per&iacute;odos. Y es que el mismo concepto de barroco surgi&oacute; en Alemania a principios del siglo XX. La perspectiva que tenemos ahora sobre el barroco es, en realidad, una perspectiva moderna sobre un per&iacute;odo que habr&iacute;a de marcar mucho la creaci&oacute;n literaria, desde la generaci&oacute;n del 14 o del 27 hasta los nov&iacute;simos y lo que llamamos posmodernidad, que, en cierto modo, ha recogido esa corriente tan rica del barroco, no s&oacute;lo en la literatura sino en el arte y hasta en el cine.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;El placer de leer va cambiando a tenor de las circunstancias y del tiempo&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- En sus obras tambi&eacute;n se percibe su gusto por la literatura contempor&aacute;nea. &iquest;Con qu&eacute; autores disfruta especialmente?</p>
<p class="normal">- La literatura contempor&aacute;nea es mi &aacute;mbito m&aacute;s gustoso, tal vez porque llego a ella por placer, sin pensar en un trabajo de investigaci&oacute;n o de an&aacute;lisis, aunque luego pueda incorporarla a mis estudios. En cuanto a mis preferencias, la verdad es que no soy fiel a uno o dos autores, sino que pienso que cada d&iacute;a tiene su libro y su lectura. La verdad es que siempre que me hacen esta pregunta huyo un poco de la contestaci&oacute;n, que lleva en cierto modo a establecer un canon personal. Como profesora&nbsp; y como investigadora normal y corriente que soy, pienso que la elecci&oacute;n de los autores es algo casi privado e intransferible y que el placer de leer va cambiando a tenor de las circunstancias y del tiempo. A veces puede resultar que en una relectura de Garcilaso, por ejemplo, encuentres una modernidad y una renovaci&oacute;n del lenguaje mayor que la que pueda haber en un escritor absolutamente actual. En relaci&oacute;n con los h&aacute;bitos y la formaci&oacute;n lectora s&iacute; me gusta recordar que, cuando fui alumna del Instituto de Molina de Arag&oacute;n, me marc&oacute; mucho la llegada al instituto de un poeta gallego, Bernardino Gra&ntilde;a, que lleg&oacute; all&iacute; desterrado, supongo que por sus ideas pol&iacute;ticas. &Eacute;l nos ense&ntilde;&oacute; que las lenguas se aprenden por gusto y por placer; nos hizo aprender de memoria los versos de Celso Emilio Ferreiro o de Ausias March, en gallego o en catal&aacute;n respectivamente, y nos mostr&oacute; el modo de disfrutar con la lectura y el an&aacute;lisis. En esa &eacute;poca yo fui una gran lectora de la Generaci&oacute;n del 98. Me gustaba Antonio Machado, pero, sobre todo, Azor&iacute;n, con esa sintaxis impresionista y esas nominales. Todo en &eacute;l me parec&iacute;a que iluminaba un espa&ntilde;ol que ya no era esa lengua de per&iacute;odos largos a la que estaba acostumbrada, la que se utilizaba en la oratoria y la que la gente empleaba en las clases o en los escritos period&iacute;sticos de la &eacute;poca. Tambi&eacute;n recuerdo el gozo que me supuso por entonces la lectura de Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, que yo creo que ha sido una de las m&aacute;s importantes a lo largo de mi vida, precisamente tambi&eacute;n por la forma del lenguaje, una forma que en literatura es fondo. Actualmente yo dir&iacute;a que leo un poco de todo; que sigo siendo una degustadora de las mezclas; que me ha influido mucho el teatro, el cual me encanta ver en vivo y en directo y que disfruto con todos los g&eacute;neros, aunque el que prefiero sea la poes&iacute;a. De lo &uacute;ltimo que he le&iacute;do puedo destacar el fest&iacute;n estil&iacute;stico que ha sido para m&iacute; <em>El h&eacute;roe discreto</em>, de Vargas Llosa, que ha tomado de Graci&aacute;n no s&oacute;lo el t&iacute;tulo sino la composici&oacute;n simb&oacute;lica de los nombres de los protagonistas.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Considero a San Juan de la Cruz el poeta mayor de la literatura espa&ntilde;ola&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Tambi&eacute;n los m&iacute;sticos han sido objeto de su atenci&oacute;n. Me atrever&iacute;a a decir de su pasi&oacute;n.</p>
<p class="normal">- Bueno, ah&iacute; tocamos uno de esos territorios &iacute;ntimos de lectura a los que me refer&iacute;a antes. Les he dedicado varios estudios y debo decir que mis lecturas de San Juan de la Cruz y de Santa Teresa de Jes&uacute;s fueron cruciales en mi adolescencia y lo siguen siendo hasta el d&iacute;a de hoy. Considero a San Juan de la Cruz el poeta mayor de la literatura espa&ntilde;ola, precisamente porque &eacute;l se adelant&oacute; en siglos a lo que fue, a partir de B&eacute;cquer, la poes&iacute;a actual. La despoj&oacute; de toda ganga y la desprendi&oacute; de la carga aleg&oacute;rica y simb&oacute;lica que las palabras acarreaban, lo cual era muy dif&iacute;cil. Eso no quiere decir que su poes&iacute;a no sea simb&oacute;lica, todo lo contrario. San Juan cre&oacute; s&iacute;mbolos nuevos, aut&oacute;nomos, cuyo significado no proviene de la erudici&oacute;n que arrastran, sino de la que tienen y alcanzan en el propio poema. Si bien Garcilaso augur&oacute;, en cierto modo, esa trayectoria, ser&iacute;a &eacute;l quien la llev&oacute; a sus &uacute;ltimos extremos.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Y Santa Teresa de Jes&uacute;s?</p>
<p class="normal">-&nbsp; A Santa Teresa la descubr&iacute; posteriormente, pero tambi&eacute;n fue muy significativa. Me llama mucho la atenci&oacute;n que un personaje tan singular como Truman Capote, haya sido tambi&eacute;n lector suyo, pero es que en la autobiograf&iacute;a moderna, despu&eacute;s de San Agust&iacute;n, cuyas <em>Confesiones</em> ella ten&iacute;a y lleg&oacute; a comentar, va a ser el gran hito de esa ficci&oacute;n que consiste en contar en primera persona. &ldquo;El libro de la vida&rdquo; es el m&aacute;s moderno y avanzado en ese sentido y de &eacute;l Cervantes aprendi&oacute; much&iacute;simo. Ese estilo suelto, que recog&iacute;a la tradici&oacute;n del &ldquo;escribo como hablo&rdquo; de Vald&eacute;s, pero llevada a sus &uacute;ltimas consecuencias y que es lo que se ha dado en llamar &ldquo;desbordamiento&rdquo; de la palabra interior, est&aacute; en esa obra. Santa Teresa siempre me ha interesado como prosista y creo que tiene mucho que decir a la narraci&oacute;n moderna su trabajo en ese &aacute;mbito. Fray Luis de Le&oacute;n se dio perfectamente cuenta de ello cuando prolog&oacute; sus obras, incluso cuando hablaba de sus defectos, de los que dec&iacute;a que eran como un lunar en un rostro bello, que lejos de afearlo lo engrandecen. La belleza de la imperfecci&oacute;n est&aacute; tambi&eacute;n en Graci&aacute;n, que prefiere a Vel&aacute;zquez con sus impurezas que a otros pintores m&aacute;s correctos. Esa belleza de lo feo, de lo desagradable, que est&aacute; en Santa Teresa, marca ese cambio de est&eacute;tica y de gusto. El hecho, adem&aacute;s, de ser mujer y de no ser letrada, se convierte para ella en una liberaci&oacute;n. Siempre est&aacute; parapet&aacute;ndose en que es inculta, y claro que no tiene los vastos conocimientos de Fray Luis, pero en verdad encierra una cantidad tremenda de lecturas, que no confiesa pero que est&aacute;n ah&iacute;. Su ventaja es que, haci&eacute;ndose la tonta y la inculta, lo ama&ntilde;a todo a su manera, lo lleva a su propio terreno y hace que la prosa destile formulaciones nuevas, discurriendo con rupturas de la sintaxis que no estaban permitidas y rompiendo las reglas de la ret&oacute;rica. Despu&eacute;s de ella, s&oacute;lo Cervantes es capaz de hablar en ese estilo abierto y suelto, ese estilo de apertura que no se somete a las reglas.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Siempre he procurado entrar en los sitios como persona y no como mujer&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Cambiando de tema. &iquest;En alg&uacute;n momento del trayecto ha sentido que ten&iacute;a que saltar m&aacute;s obst&aacute;culos por ser mujer?</p>
<p class="normal">- Yo, sinceramente, pienso que los mayores obst&aacute;culos que, por lo general, tienen que afrontar las personas son debidos a la brecha social. Se insiste mucho en el problema de la mujer, que evidentemente existe y est&aacute; demostrado hist&oacute;ricamente, pero yo pienso que una mujer si tiene medios econ&oacute;micos podr&aacute; salir adelante, desarrollar una carrera, triunfar, pero que eso nunca lo conseguir&aacute; una persona, hombre o mujer, que carezca de esos medios. Eso lo pens&eacute; cuando ten&iacute;a 14 a&ntilde;os y lo sigo pensando ahora. En el plano personal, si he tenido dificultades ha sido, m&aacute;s que por el hecho de ser mujer, por haber destacado en alg&uacute;n campo, con las consiguientes envidias que eso suscita. Pero lo mismo le puede suceder a un hombre. Los seres humanos somos as&iacute;. Hay que tener en cuenta que en la carrera de Filosof&iacute;a y Letras hay muchas m&aacute;s mujeres que hombres y, aunque es verdad que cuando&nbsp; se entra en el an&aacute;lisis de los cargos, y cargas que las personas tienen, hay muchos m&aacute;s hombres que mujeres que ocupan altas posiciones, lo cierto es que yo siempre he procurado acudir, entrar en los sitios, como persona y no como mujer. Por eso, incluso, cuando est&aacute; pregunta ha aparecido, por ejemplo cuando he ganado una oposici&oacute;n con el n&uacute;mero uno, o cuando me han dado un premio nacional o, recientemente, al ser nombrada acad&eacute;mica, en el fondo me ha dolido. Si insistimos demasiado en ese tipo de preguntas, entonces no salimos del cerco del problema. Y resulta un tanto doloroso que, cuando ya tienes unos a&ntilde;os como yo, muchas veces eso sea lo primero que te pregunten y nada relacionado con tu profesi&oacute;n, con tu trabajo, con la materia de tus estudios, de tus libros. Dar prioridad a esa pregunta, que nunca se hace&nbsp; a los hombres, puede llegar a ser ofensivo y creo que no ayuda nada a la causa femenina, a los problemas que la mujer tiene ahora mismo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Pero la pregunta no surgir&iacute;a si no hubiese un problema evidente de desigualdad en la sociedad. Sin nos circunscribimos al &aacute;mbito que le ata&ntilde;e, en la RAE parece que &uacute;ltimamente hay una intenci&oacute;n de cubrir el hueco dejado por la ausencia de mujeres, pero durante mucho tiempo no ha sido as&iacute;. Si repasamos la historia de la instituci&oacute;n vemos c&oacute;mo se ha negado la plaza a muchas mujeres que la merec&iacute;an tanto o m&aacute;s que sus compa&ntilde;eros varones.</p>
<p class="normal">- Por supuesto que ha sido as&iacute;, pero yo creo que no ayuda seguir insistiendo en ese hecho. Tanto si es en la Academia como si es en la Sanidad, la primera cuesti&oacute;n que hay que plantearse es si la persona que entra tiene el nivel suficiente; que luego se hagan otras preguntas, referidas a la condici&oacute;n de la mujer en casos muy llamativos de desigualdad, me parece bien, pero yo a lo que me refiero es a que resulta doloroso, desde el punto de vista personal, que lo primero que te pregunten es qu&eacute; sientes por ser mujer, cuando t&uacute; lo que crees es que en tu vida profesional has alcanzado algo por tus m&eacute;ritos, por tu dedicaci&oacute;n al trabajo. Hay que normalizar las cosas un poco, porque si no la an&eacute;cdota se convierte en categor&iacute;a y entonces se pasa a un discurso en el cual la mujer se convierte en una especie de bicho raro dentro de cualquier instituci&oacute;n. Yo personalmente pienso que con lo que m&aacute;s se hace es con el ejemplo. Me gusta mucho esa expresi&oacute;n del &ldquo;d&iacute;melo hilando&rdquo;. En una clase, frente a los alumnos y las alumnas; en casa, ante los hijos, o en la sociedad, creo que es m&aacute;s efectivo el predicar con las obras que con las palabras y los discursos. Esto no quiere decir que yo no respete los discursos, siempre que sean sensatos, pero, en mi caso, prefiero aportar lo que buenamente puedo y hacer las cosas lo m&aacute;s dignamente que me han ense&ntilde;ado a hacerlas tanto mis padres como mis maestros. Eso me va mucho m&aacute;s que interpretar el personaje cervantino de la due&ntilde;a Dolorida, lo cual es absolutamente negativo. Insisto en que deber&iacute;a hacerse m&aacute;s hincapi&eacute; en la brecha social, que a la hora de la verdad es el aut&eacute;ntico obst&aacute;culo, y tambi&eacute;n defiendo que la soluci&oacute;n para muchas mujeres que se angustian al no ver el camino para conciliar vida laboral y profesional pasa porque el hombre se implique m&aacute;s en el proceso de compartir el cuidado y la educaci&oacute;n de los hijos. Poner en marcha programas que alejen a la mujer de la vida laboral durante un tiempo, como se hace en algunos pa&iacute;ses avanzados, a la larga, lejos de favorecerla, pueden perjudicarla en el momento en que se quiera volver a incorporar al mundo laboral.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Dar ejemplo con los hechos, que los hechos se ajusten a las ideas. Eso es muy de Graci&aacute;n. A ello se refiere en uno de los textos de <em>Bodas de Arte e Ingenio</em>.</p>
<p class="normal">-&nbsp; Es muy de Graci&aacute;n y tambi&eacute;n muy del Siglo de Oro, aunque, en el fondo, es una tradici&oacute;n m&aacute;s antigua, cl&aacute;sica y medieval. Se trata de los dichos y los hechos, de que las palabras se ajusten a las cosas. En realidad la literatura es eso, una adecuaci&oacute;n entre las palabras y las cosas, sin olvidar que a veces las palabras ya son cosas, porque en literatura un cambio en la forma es un cambio en el fondo. La literatura siempre ha hablado de cuatro o cinco temas grandes y universales: el amor, la muerte, la envidia, el odio, la melancol&iacute;a. Lo que va cambiando son las maneras, las formas en que todos esos sentimientos, pasiones y razones, se van transmutando a lo largo del tiempo. Eso que dice Alberto Blecua, que a m&iacute; me hace mucha gracia, de que la literatura ni se crea, ni se destruye, &uacute;nicamente se transforma.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Graci&aacute;n me ha ense&ntilde;ado que la verdadera discreci&oacute;n consiste en saber elegir&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Pero tambi&eacute;n la frase tiene que ver con el hecho de dar ejemplo, de convertirse en modelo de conducta, de tender a la excelencia.</p>
<p class="normal">-S&iacute;, pero aqu&iacute; se ha de tener cautela porque es un error pretender ser modelo de algo o de alguien, sobre todo si partimos del hecho de que todas las personas tenemos much&iacute;simos defectos, defectos que, adem&aacute;s, se acrisolan, se acu&ntilde;an y se agrandan con el tiempo. De lo que se trata es de procurar hacer las cosas lo mejor que se pueda y, en ese sentido, tambi&eacute;n es verdad que el servir de espejo a otros nunca lo tiene que pretender uno, sino que son los dem&aacute;s los que lo determinan. T&uacute; puedes creer que est&aacute;s dando una imagen y a lo mejor la imagen que das es la contraria a la que pretend&iacute;as. A m&iacute;, en ese sentido, Graci&aacute;n me ha ense&ntilde;ado lo que es la verdadera discreci&oacute;n, que consiste en saber elegir, una de las cosas m&aacute;s dif&iacute;ciles que hay. Ya&nbsp; dec&iacute;a Arist&oacute;teles que la vida depende de las elecciones que hacemos, a sabiendas de que toda elecci&oacute;n puede ser equ&iacute;voca y de que, afortunadamente, tambi&eacute;n se puede deshacer el camino y volver a elegir de nuevo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Despu&eacute;s de tanto tiempo leyendo y estudiando a Graci&aacute;n, &iquest;en qu&eacute; se ha convertido, en un compa&ntilde;ero, en una buena compa&ntilde;&iacute;a?</p>
<p class="normal">- Bueno, la verdad es que Graci&aacute;n, como se dec&iacute;a en el Siglo de Oro, es todo caldo de cabeza y suele ser agotador. Yo llegu&eacute; a &eacute;l tarde, con los cuarenta bien cumplidos. Hasta entonces me hab&iacute;a parecido inaccesible, no me consideraba lo suficientemente preparada para acometer su estudio. Pero una vez que me adentr&eacute; en su territorio fue toda una experiencia. Siempre que lees algo de Graci&aacute;n, como &eacute;l mismo dir&iacute;a, te deja con hambre. Te obliga a detenerte una y otra vez, no ya en cada realce, primor, cap&iacute;tulo o &ldquo;crisi&rdquo;, sino en cada l&iacute;nea, en cada par&aacute;grafo y hasta en cada vocablo, porque, siguiendo sus propias palabras, la agudeza es como una hidra vocal, llena de numerosos tent&aacute;culos y cuando cortas uno, va y se genera otro. Tal riqueza de lenguaje te conduce a un ejercicio casi gimn&aacute;stico para intentar penetrar los distintos significados que ofrece. Y, por otro lado, a Graci&aacute;n no se puede entrar con las manos vac&iacute;as. Es necesario que te arropes con una erudici&oacute;n y una cultura que, afortunadamente, ya cada vez est&aacute; m&aacute;s sostenida gracias a los editores y a los estudiosos. Pese a ello, hay que tener en cuenta que Graci&aacute;n no es como G&oacute;ngora, que tuvo sus comentaristas. No tuvo ni su Pellicer ni su Salcedo, de manera que interpretarlo es francamente dif&iacute;cil. Por eso yo he procurado mezclar el estudio de Graci&aacute;n con otros viajes hacia G&oacute;ngora; hacia San Juan de la Cruz y Teresa de Jes&uacute;s; hacia el teatro del Siglo de Oro o hacia Cervantes, que en el fondo es un remanso en relaci&oacute;n con Graci&aacute;n. Bueno, la verdad es que Cervantes y Lope, que parecen tan sencillos, luego son tanto o m&aacute;s complicados que Graci&aacute;n, pero lo que pasa es que su dificultad y complejidad es a otro nivel bien diferente.</p>
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<p class="normal">- &Eacute;l dec&iacute;a &ldquo;sed de hambre&rdquo;, reivindicaba la dificultad. En el pr&oacute;logo de <em>Bodas de Arte e Ingenio</em> se hace alusi&oacute;n lo que buscaba Graci&aacute;n en los textos literarios: que llevasen al cuestionamiento, a las preguntas, a las reflexiones, a las dudas. Pero, sin embargo, todo eso est&aacute; muy lejos de la postura del lector actual, cada vez m&aacute;s c&oacute;modo, m&aacute;s pasivo, molesto incluso a la hora de tener que afrontar cualquier dificultad.</p>
<p class="normal">- Bueno, aqu&iacute; hay que empezar hablando de la pereza mental, de la abulia, que es una palabra que ya apenas se emplea, pero que reina por doquier. Se trata de una especie de dejadez absoluta en la que todo se tiene que servir en bandeja y que se da ya en la primera ense&ntilde;anza, donde al ni&ntilde;o se le convierte en un ente pasivo que va recibiendo cosas, sin apenas estimularlo para que busque por su cuenta, para que rastree. Pero la pregunta tambi&eacute;n nos lleva a otro planteamiento, el de la utilidad de la literatura. Se considera que la literatura es algo que sirve de adorno, como un hermoso florero, lo mismo que la cultura en general. No se entiende su utilidad in&uacute;til, porque los baremos por los que se tiene que medir la cultura no pueden ser los mismos que aquellos por los que se mide la industria o la ingenier&iacute;a. Ante eso, ya en el Siglo de Oro, G&oacute;ngora se defend&iacute;a diciendo que, precisamente, al tener que vencer la dificultad; al tener que acometer una trayectoria semejante a la del autor, que ha llegado a plasmar su pensamiento y su idea, el lector ha de&nbsp; meterse en el laberinto del lenguaje y de la erudici&oacute;n para desentra&ntilde;ar aquello que est&aacute; oscuro. En ese momento todo se convierte en luz y en descubrimiento para &eacute;l y es ah&iacute; donde est&aacute; la utilidad de la literatura. El propio Cervantes dice: &ldquo;yo he dado en el &ldquo;Quijote&rdquo; pasatiempo&rdquo;. Parece que eso es gratis, pero si nos detenemos un poco en la palabra, pasatiempo significa un tiempo fuera del tiempo que se ha vivido dentro de la literatura.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;El conocimiento y la cultura enriquece al ser humano y le hace m&aacute;s digno&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- En realidad hablamos de algo que precisamente por ser tan valioso no tiene precio.</p>
<p class="normal">- As&iacute; es. Esa utilidad que da el placer y la belleza y tambi&eacute;n el terror, la fealdad, la tragedia o desaz&oacute;n que la literatura comporta, tiene una utilidad, entre comillas, que no es comparable a otras utilidades, pero que es la que enriquece al ser humano y le hace m&aacute;s digno. Yo reivindico ese predicado que en realidad se inici&oacute; en el Renacimiento y que supuso el canto de la dignidad de las humanidades. Frente a las miserias humanas, el hombre atado a todos los trabajos y fatigas, se realza dignamente a trav&eacute;s de las humanidades, empezando por la lengua, que le permite acceder despu&eacute;s al resto de los saberes y a cultivar la dignidad. Ya s&oacute;lo con eso y con ser libres, con expresar una libertad de pensamiento, se justifica con creces, si es que hay que buscar justificaciones, la literatura. Hay que recuperar ese discurso frente al concepto de adorno y de superficie que en estos principios del siglo XXI se le da al conocimiento y a la cultura, que solamente se ensalzan y se realzan, a efectos period&iacute;sticos, en el sentido de escaparate, de algo que sirve de lucimiento.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Le preocupa transmitir todo eso a sus alumnos? &iquest;Qu&eacute; es lo que m&aacute;s le gusta a Aurora Egido de su faceta como docente?</p>
<p class="normal">- Bueno, a mis alumnos yo siempre les he tenido un grand&iacute;simo respeto. En las primeras clases, que di en la universidad de Barcelona, ya no solo era respeto, sino incluso miedo. Ten&iacute;a 200 alumnos y yo era una profesora muy joven, de 25 a&ntilde;os. Desde entonces siempre me he preparado mucho las clases, siempre he pretendido que fueran el resultado de un trabajo previo de investigaci&oacute;n y siempre me he preocupado de la transmisi&oacute;n de los temas de una manera elocutiva, es decir, utilizando un lenguaje a la altura de lo explicado. Digo esto porque tambi&eacute;n creo que en la ense&ntilde;anza la forma es el fondo. Quiz&aacute;, a veces, he podido ser excesiva en ese aspecto, pero ha habido alumnos que luego, al cabo del tiempo, me lo han agradecido; porque les he transmitido esa doble funci&oacute;n de fondo y forma que tiene que ser tambi&eacute;n la clase como medio de comunicaci&oacute;n. Me he esforzado por estar al d&iacute;a en la materia tratada, por hacerla llegar de una manera atractiva a los estudiantes. He procurado, sobre todo, que amaran la literatura y cuando alguno de los alumnos que he tenido, y son varios los que se han convertido en escritores, me han reconocido que algo de esa vocaci&oacute;n creadora, ya no digo investigadora, tuvo que ver con mis clases, me he sentido muy feliz. Confieso que, m&aacute;s all&aacute; de los premios y los reconocimientos, que no voy negar que me gustan, pero que son, indudablemente, signos de los honores y horrores de la vejez, que dec&iacute;a Graci&aacute;n; cuando de verdad me siento feliz es cuando, por ejemplo, entro en un supermercado o voy en el metro, si estoy en Madrid, y de repente me viene alguien, que yo ya no s&eacute; c&oacute;mo se llama, pero que reconozco, porque me fijo siempre en las caras de los alumnos, y me dice que se alegra un mont&oacute;n de verme, que trabaja como profesor, o profesora, en un determinado instituto, y que a&uacute;n sigue utilizando mis apuntes de clase. Eso me encanta. Me gusta dar clases y les agradezco mucho a los alumnos que hayan sido para m&iacute; como un term&oacute;metro. Como siempre he vinculado mis investigaciones a la docencia, a veces, antes de publicar algo lo he transmitido en el aula. La reacci&oacute;n de los alumnos, las preguntas que me hacen o la manera en que vierten esas explicaciones en los ex&aacute;menes, me ha ayudado a corregirme a m&iacute; misma, no s&oacute;lo para las clases sino tambi&eacute;n a la hora de determinar los cauces de la investigaci&oacute;n. Eso ha sido especialmente notorio con alumnos a los que he dirigido tesis doctorales, porque he aprendido mucho de ellos, de todos. Me han ayudado mucho a investigar.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Los profesores de ense&ntilde;anza media y los maestros son los verdaderos h&eacute;roes de nuestro tiempo&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Es bonito que Aurora Egido diga esto porque normalmente se habla del mal nivel de los estudiantes espa&ntilde;oles.</p>
<p class="normal">-&nbsp; Yo estoy completamente convencida de que los buenos, que los hay en todos los &aacute;mbitos, son mejores que los mejores de mi generaci&oacute;n. Tienen mucha mejor preparaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica, en idiomas; tienen una vocaci&oacute;n mucho m&aacute;s fijada y arraigada que la nuestra y yo creo que, afortunadamente, la superar&aacute;n. Dicho esto, yo considero que los profesores de ense&ntilde;anza media son los verdaderos h&eacute;roes de nuestro tiempo, sin descontar, por supuesto, a los de la primera ense&ntilde;anza, a los maestros. Ah&iacute; es donde el vac&iacute;o es enorme, empezando porque la literatura se ha convertido en una mar&iacute;a, como se dec&iacute;a antes. La han ido denigrando cada vez m&aacute;s en los sucesivos programas. Se ha optado por fragmentarla, por transmitirla&nbsp; a trav&eacute;s de una serie de textos, de fragmentos, donde a peque&ntilde;as dosis se intenta suplir lo que es la lectura de una obra completa. Eso es algo que yo no entiendo. No digo que los escolares se vayan a leer <em>Los hermanos Karamazov</em>, pero es que convertir las novelas, o las obras dram&aacute;ticas, en un fragmento suelto me parece un crimen cometido con alevos&iacute;a y premeditaci&oacute;n. Por otra parte, las horas que se dedican a lengua espa&ntilde;ola est&aacute;n desgajadas de la literatura y cuando se realizan las pruebas de acceso a la universidad se suele poner como ejercicio, como comentario, cualquier art&iacute;culo de peri&oacute;dico. No se coge a Larra, a Unamuno, a tantos grand&iacute;simos escritores, incluso actuales, que tambi&eacute;n practican el periodismo, o a periodistas buenos, que tambi&eacute;n los hay. Cuando se habla de la mala situaci&oacute;n de la universidad hay que tener en cuenta los antecedentes. Es cierto que, junto a esos alumnos que mencionaba antes y que son los que de verdad tienen vocaci&oacute;n, te encuentras con una masa de gente que no sabes muy bien qu&eacute; hacen estudiando, por ejemplo, Filolog&iacute;a, pero el problema es que la culpa no es de ellos. &iquest;C&oacute;mo van a contestar a nuestras preguntas correctamente si no han recibido una ense&ntilde;anza b&aacute;sica y elemental suficiente?. Es muy triste hacer una pregunta de m&eacute;trica o de ret&oacute;rica en cuarto de Filolog&iacute;a y que te la conteste un Erasmus que viene de Polonia, de Ruman&iacute;a o de Italia, porque tienen mejor preparaci&oacute;n en ese campo. Pero, insisto: aqu&iacute; los culpables no son los alumnos. Habr&aacute; alguno que s&iacute; lo sea, porque no estudia o porque acude a la facultad como convidado de piedra, pero, en la mayor&iacute;a de los casos, la culpa hay que buscarla en los vac&iacute;os, en las lagunas del sistema educativo. Es una pena que no haya habido un consenso entre los partidos para hacer programas de educaci&oacute;n que permanezcan inalterables, por encima de los cambios pol&iacute;ticos; programas que, adem&aacute;s, deber&iacute;an estar hechos, dirigidos y configurados, por los mismos profesores, con la participaci&oacute;n de los alumnos cuando estos est&eacute;n capacitados para ello. Pero &ldquo;de aquellos polvos vinieron estos lodos&rdquo; y a m&iacute; me parece muy dif&iacute;cil que, tal como van las cosas, esto vaya a mejorar. Yo veo, por ejemplo, c&oacute;mo es el bachillerato en otros pa&iacute;ses de nuestro entorno y la base que tienen de lengua es fundamental, porque a trav&eacute;s de la lengua, o lenguas, es como se accede luego al resto de los saberes.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Las cosas no hay que hacerlas por imposici&oacute;n gubernativa sino por placer&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Es curioso que actualmente, desde las instancias pol&iacute;ticas, se marque como prioridad de la</p>
<p class="normal">ense&ntilde;anza p&uacute;blica la ense&ntilde;anza del ingl&eacute;s, mientras que se descuida la propia lengua.</p>
<p class="normal">- Bueno, una cosa no debe quitar la otra. Hay que cuidar el espa&ntilde;ol, por supuesto. Eso es b&aacute;sico, pero tambi&eacute;n es estupendo que se apueste por el segundo idioma. Y en el caso del Pa&iacute;s Vasco, de Catalu&ntilde;a o de Galicia, fomentar sus propias lenguas. Eso es una maravilla. Yo tambi&eacute;n quisiera ser triling&uuml;e. Pero los pol&iacute;ticos han convertido eso en un problema, lejos de entender que se trata de una riqueza a&ntilde;adida.&nbsp; Graci&aacute;n dec&iacute;a que las lenguas son las llaves del mundo, las que te abren las puertas, y ya no me refiero s&oacute;lo a las econ&oacute;micas, que ya estamos viendo que es as&iacute;, sino tambi&eacute;n las del conocimiento y la comunicaci&oacute;n. En la edad temprana todo es aprendible, pero hay que transmitirlo desde el gusto por el aprendizaje. Las cosas no hay que hacerlas por imposici&oacute;n gubernativa sino por placer, por el placer de los idiomas, de las matem&aacute;ticas, de las que tantos escolares se quejan. El ni&ntilde;o no puede acceder a las distintas materias como si fueran un suplicio, ya se trate de lengua, de f&iacute;sica o de matem&aacute;ticas.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Tenemos una programaci&oacute;n de la ense&ntilde;anza nefasta&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Pero m&aacute;s que buscar ese goce del saber, del aprender, que es siempre descubrimiento, aventura, hoy se fomentan los resultados por encima de todo, se examina a los ni&ntilde;os una y otra vez. Importan m&aacute;s las notas obtenidas que la curiosidad o la creatividad, por ejemplo.</p>
<p class="normal">- Uno de los problemas de la ense&ntilde;anza en este pa&iacute;s es que pasamos de una educaci&oacute;n f&eacute;rrea, anquilosada, a un dejarles hacer, que tampoco ha sido nada bueno. La ense&ntilde;anza a los ni&ntilde;os debe impartirse tratando de que les guste aquello que est&aacute;n haciendo, pero tambi&eacute;n hay que imponer ciertas normas y l&iacute;mites. Ah&iacute; est&aacute; la gracia. Hay que tender a un equilibrio. Ahora hay muchas asignaturas en las que todo es imagen, plastilina, susceptible de tener mucho color, pero vac&iacute;o. Hay que hacer programas m&aacute;s sensatos, con menos materias pero m&aacute;s s&oacute;lidas. Yo abogo por mi terreno, que es el de la Literatura, pero lo mismo pasa con la Historia del Arte o con la Filosof&iacute;a, &aacute;mbitos que no se est&aacute;n cuidando, en los que los ni&ntilde;os llegan limpios, casi sin mancharse, a la mayor&iacute;a de edad. Y es curioso, porque luego te encuentras con mucha gente con unas ganas enormes de conocer, de saber. Pero,&nbsp; &iquest;c&oacute;mo esas ganas no se han cumplido ya?, te preguntas. Pues resulta que a toda esa gente no le hemos dado lo que necesitaba y lo que le deber&iacute;amos haber dado, debido a una programaci&oacute;n de la ense&ntilde;anza nefasta. Me r&iacute;o yo despu&eacute;s de los informes Pisa y dem&aacute;s. Ah&iacute; estamos todos: los profesores, los padres, la sociedad entera y los pol&iacute;ticos, por supuesto.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;La universidad no es un globo de cristal que se pueda aislar&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;Hasta qu&eacute; punto la universidad es reflejo de la sociedad en que vivimos?</p>
<p class="normal">-&nbsp; Pues yo creo que absolutamente. Todo es reflejo de todo. La universidad no es un globo de cristal que se pueda aislar. Ahora mismo hay gente que destaca much&iacute;simo, y no me refiero s&oacute;lo al &aacute;mbito de las letras, sino tambi&eacute;n al de las ciencias. Si antes no ve&iacute;as un nombre espa&ntilde;ol en las estad&iacute;sticas internacionales, ahora hay gente brillant&iacute;sima, que est&aacute; en todas partes. Pero, claro, volvemos a lo de antes: esos son los felices pocos,&nbsp; y a m&iacute; lo que me preocupa son los muchos que alcanzan un nivel cultural bajo. Creo que eso se podr&iacute;a solucionar sin mucho esfuerzo, porque est&aacute; en manos de los profesores, que est&aacute;n preparados, y de los padres, que tambi&eacute;n lo est&aacute;n. Pero no puede hacerse pensando que los ni&ntilde;os, los adolescentes, son sujetos a los que no se debe molestar, a los que no se les deben marcar reglas. Ese no es el camino. El &ldquo;usted&rdquo;, por ejemplo, que no se utiliza ya, ni en el &aacute;mbito familiar ni en el de la educaci&oacute;n, lo van a tener que utilizar desde el primer d&iacute;a que trabajen en una empresa privada. Pero terminan los estudios sin saber hablar en tercera persona. El salto que dan esos j&oacute;venes cuando pasan al mundo laboral es tremendo, porque de repente se caen del &aacute;rbol supuestamente maravilloso en el que se les hab&iacute;a pretendido ubicar.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Cu&aacute;ndo se vive todo el tiempo entre libros es posible atisbar las miserias del presente? &iquest;Por qu&eacute; da la impresi&oacute;n de que muchas veces el estudioso, el investigador, est&aacute; como en una torre de marfil, alejado de la realidad?</p>
<p class="normal">- Bueno, esto nos lleva al &aacute;rbol en el que vive el protagonista de <em>El bar&oacute;n rampante</em>, de Italo Calvino, el cual no le impide contemplar el mundo, vivir aislado de &eacute;l. El universitario o el que se dedica al &aacute;mbito de la cultura se enfrenta a ese peligro, y por eso, precisamente, yo creo que es bueno vivir con los pies en el suelo, en la realidad que se pisa. Aunque la literatura, como dijo Borges y, en el fondo, tambi&eacute;n Graci&aacute;n y Cervantes, no es el mundo, sino la capacidad de crear otros mundos diferentes, s&iacute; tiene el poder de decirnos algo del mundo que no se ve a primera vista. Graci&aacute;n hablaba de ser zahor&iacute;, de ser capaz de imaginar y de ver lo que hay bajo la cifra de las cosas y descubrir lo que hay tras las apariencias. Eso lo ense&ntilde;a como nada la literatura y, por supuesto, la filosof&iacute;a y el arte, que nos permiten mirar con perspectiva. Pero es evidente que la realidad es muy distinta, a veces incluso m&aacute;s complicada que la propia literatura o el arte. El mundo real exige que el intelectual, el escritor, el profesor, no deje de vivir en &eacute;l, porque si no los libros se convierten en un castillo, en una prisi&oacute;n como aquella&nbsp; en la que viv&iacute;a el Segismundo de Calder&oacute;n, que hab&iacute;a conocido la cultura, pero s&oacute;lo a trav&eacute;s de los libros, y no hab&iacute;a tenido comunicaci&oacute;n alguna con el resto de los seres humanos.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Lo que m&aacute;s me asusta es el empobrecimiento de la clase media&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;Y c&oacute;mo contempla usted la realidad, la brecha de desigualdad cada vez m&aacute;s acentuada; las dificultades de las familias; los derechos arrebatados sucesivamente en nombre de la crisis econ&oacute;mica...?</p>
<p class="normal">- Pues yo creo que el progreso no siempre va en la direcci&oacute;n que debiera y en momentos como los actuales hay aut&eacute;nticos retrocesos. En el &aacute;mbito de las mujeres, por ejemplo, las nuevas generaciones han perdido algunos escalones o los han bajado en relaci&oacute;n con avances que hab&iacute;amos hecho anteriormente. Y tambi&eacute;n ocurre en el terreno de lo social. Yo estudi&eacute; siempre con becas y reconozco que la beca te obliga a destacar, porque sabes que si no lo haces, si no te esfuerzas, puedes perderla. Pero resulta que esos planteamientos hoy se deforman para dar la impresi&oacute;n de que la gente lo quiere todo gratis. S&iacute;, hay bastante retroceso y, sobre todo, a m&iacute; lo que m&aacute;s me asusta es la enorme brecha que se est&aacute; abriendo con el empobrecimiento de la clase media, mientras cada vez hay m&aacute;s riquezas cuyas cifras astron&oacute;micas asustan. Da la sensaci&oacute;n de que todo est&aacute; dirigido, de alguna manera, para que los ricos lo sean cada vez m&aacute;s y para que haya una gran masa de pobres que, por supuesto, protesta, pero no tanto como debiera.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Es incomprensible que teniendo una literatura como la que tenemos no presumamos de ella&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Y si esa masa carece de conocimientos, si es privada de la cultura. &iquest;Cree que tambi&eacute;n hay intenci&oacute;n, que la infravaloraci&oacute;n de la cultura es premeditada?</p>
<p class="normal">- Yo creo que forma parte de lo mismo. De alguna manera parece que se tiende hacia una especie de oc&eacute;ano gris. Justamente, cuando hay m&aacute;s comunicaci&oacute;n y m&aacute;s posibilidades de aprender, se pretende que todo sea como una especie de tabula rasa, uniforme, que no cuestione nada, que no dude, que no obligue a preguntarse. Yo creo que la pregunta es fundamental, incluso a sabiendas de que las preguntas a veces no tienen contestaci&oacute;n alguna. Por eso me duele tanto que el &aacute;mbito de las humanidades est&eacute; tan dejado de la mano de Dios, o de los dioses que nos rigen. Por eso digo que somos la &uacute;nica especie a extinguir no protegida, porque se protege al oso panda y a otros animales, mientras que el humanista da la sensaci&oacute;n de que es una rareza en este mundo. Es un aut&eacute;ntico disparate. Las humanidades deber&iacute;an seguir siendo patrimonio com&uacute;n de todos. Es incomprensible que, en este pa&iacute;s, teniendo una literatura como la que tenemos, no presumamos de ella. La tratamos como si no valiera nada y yo me hago esta pregunta: &iquest;Por qu&eacute; se conoce a Espa&ntilde;a fuera de nuestras fronteras? Nuestros alcances econ&oacute;micos y cient&iacute;ficos, afortunadamente, han ido para arriba en los &uacute;ltimos tiempos, pero Espa&ntilde;a se conoce por figuras como Vel&aacute;zquez, como Picasso, como Cervantes. Y qu&eacute; poco se presume de lo que verdaderamente se tiene. Parece como si todo estuviera guardado en el ba&uacute;l del olvido, mientras se sacan abanicos y mantones de cosas absolutamente superficiales y ef&iacute;meras. Tendr&iacute;amos que mirar a los ingleses, a los franceses, por ejemplo, que en eso son los grandes maestros. Calder&oacute;n o Lope de Vega no son tan conocidos como Shakespeare y son igualmente extraordinarios. En ese sentido tenemos mucho que aprender, sobre todo cuando tenemos tantos millones de hispanoparlantes. Cuando fui presidenta de la Asociaci&oacute;n Internacional de Hispanistas, todos mis discursos iban en esa direcci&oacute;n. La verdad es que el n&uacute;mero de hablantes se nos ha dado gratuitamente, por la fuerza de la uni&oacute;n entre hombres y mujeres, pero tenemos un peso muy escaso en los foros internacionales pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos. Ya es hora de convertir el espa&ntilde;ol en lo que deber&iacute;a ser, una lengua a todos los niveles, no s&oacute;lo en el &aacute;mbito de la cultura y de la comunicaci&oacute;n, sino tambi&eacute;n en el econ&oacute;mico y social. Yo creo que con el tiempo eso se ir&aacute; imponiendo por la fuerza de la gravedad; gravedad en el doble sentido: por lo grave, lo doloroso, y, tambi&eacute;n, por el peso que el n&uacute;mero de hablantes impone. El espa&ntilde;ol se est&aacute; convirtiendo en una lengua de comunicaci&oacute;n en Europa. Las universidades cada vez tienen m&aacute;s alumnos que lo aprenden, no tanto por Espa&ntilde;a como por el conjunto de Hispanoam&eacute;rica, pero queda much&iacute;simo por hacer. En este sentido, que se pretenda hacer una pol&iacute;tica de Espa&ntilde;a y de lo espa&ntilde;ol, que a m&iacute; me parece estupendo, y que luego no se cuide la ense&ntilde;anza de la literatura espa&ntilde;ola y de la lengua espa&ntilde;ola en Espa&ntilde;a, es que parece casi un chiste.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Graci&aacute;n traspasa el tiempo y el espacio&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Volviendo a Graci&aacute;n. &iquest;C&oacute;mo convencer a un lector de hoy que es interesante acercarse a &eacute;l y c&oacute;mo comprender que una obra suya, el<em> Or&aacute;culo manual y arte de prudencia</em> se lleg&oacute; a vender como un libro de autoayuda con gran &eacute;xito?</p>
<p class="normal">- Bueno, hay que reconocer, como dec&iacute;a antes, que Graci&aacute;n es un autor muy dif&iacute;cil. Nunca ser&aacute; Cervantes ni Lope de Vega, ni tiene porqu&eacute; serlo, ya que la riqueza de la literatura es que hay autores para todos los gustos y para todas las &eacute;pocas. El hecho de que el <em>Or&aacute;culo</em> haya sido tan atractivo proviene, no hay que negarlo, de que es un libro fragmentario, hecho a base de or&aacute;culos peque&ntilde;os, que son como p&iacute;ldoras que vienen muy bien a este mundo fragmentado de la modernidad, mejor dicho de la posmodernidad, que se alimenta en gran parte de p&iacute;ldoras, de cosas ef&iacute;meras, de frases sentenciosas, que quedan ah&iacute;, acrisoladas. En el fondo lo que Graci&aacute;n hace es convertirse en or&aacute;culo para todas las preguntas que un lector le pueda plantear, preguntas que, adem&aacute;s, no son nada claras sino que se insertan en una especie de laberinto ling&uuml;&iacute;stico y conceptual. Entrar por el <em>Or&aacute;culo manual y arte de prudencia</em> es el camino m&aacute;s f&aacute;cil, pero hacerlo por <em>El Critic&oacute;n</em> ya son palabras mayores. Pero tambi&eacute;n lo es el <em>Quijote</em>. La gente presume de su lectura y yo he comprobado en la universidad, cuando he tenido que examinar o hacer preguntas, que son muchos los que no han terminado la primera parte o han pasado a la segunda. Y lo mismo ocurre con Lope de Vega, que parece tan f&aacute;cil y no lo es. En el caso del <em>Or&aacute;culo</em> nos damos cuenta tambi&eacute;n de hasta qu&eacute; punto muchos de nuestros autores se han hecho universales a trav&eacute;s de la traducci&oacute;n a otras lenguas. Aqu&iacute; ocurri&oacute; que un hispanista, Christopher Maurer, hizo una traducci&oacute;n al ingl&eacute;s de la obra, adapt&aacute;ndola un poco al pensamiento moderno y haci&eacute;ndola asequible al lector norteamericano o ingl&eacute;s medio. Esa traducci&oacute;n, adem&aacute;s, se acompa&ntilde;aba de un CD que muchos <em>yuppies</em> de Manhattan escuchaban cuando iban a trabajar. Eran frases que la gente reten&iacute;a, del tipo: &iquest;c&oacute;mo situarse en relaci&oacute;n con los que son superiores o inferiores?. El <em>Or&aacute;culo</em> es un arte para todos; como el de Delfos te responde a todas las preguntas, pero de ah&iacute; a pasar a una lectura profunda de la obra ya es otro cantar. Y luego nos encontramos con libros como <em>El discreto</em>, que son bastante f&aacute;ciles de leer, pero que no han tenido una difusi&oacute;n muy amplia. Incluso otra obra como <em>El H&eacute;roe</em> es bastante poco conocida y yo creo que es de lo mejor de Graci&aacute;n. Se trata de la primera y en ella est&aacute; todo. En lo que respecta a <em>El Critic&oacute;n</em> ha tenido grandes lectores, pero ha sido m&aacute;s estimado fuera de Espa&ntilde;a, sobre todo en Alemania, gracias a Schopenhauer, a Nietzsche, quienes le pusieron esa medalla de ser uno de los mejores libros del mundo, de los tres mejores, como dec&iacute;a Schopenhauer. Graci&aacute;n tiene esa resonancia de universalidad. Siempre es para unos pocos por la dificultad que comporta, pero traspasa el tiempo y el espacio.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Aunque no se le lea mucho, a trav&eacute;s de la corriente del tiempo y de la tradici&oacute;n, Graci&aacute;n ha llegado hasta nosotros. Lo ha hecho de la mano de otros autores a los que ha influido. En <em>Bodas de Arte e Ingenio</em> resulta muy interesante comprobar el trazado de puentes hacia el presente, el di&aacute;logo con Borges o con Augusto Monterroso, por ejemplo.</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Incluso hay una atribuci&oacute;n de un poema de Mat&iacute;as Genov&eacute;s, que no era de Graci&aacute;n, y por el que fue atacado por el propio Borges y por otros. Ah&iacute; vemos claramente que la literatura es historia de la recepci&oacute;n. En el caso de Borges siempre mantuvo una especie de batalla continua con Graci&aacute;n, como la mantuvo con Quevedo y con Cervantes, porque todo autor tiene que apartar al resto de los cl&aacute;sicos. Lope dec&iacute;a que cuando escrib&iacute;a una comedia ten&iacute;a que encerrar a Plauto y a Terencio con seis llaves para que no le gritaran. Y eso es lo que hace Borges tambi&eacute;n con los cl&aacute;sicos. Los lee, se apasiona y luego tiene que encerrarlos con siete llaves o m&aacute;s, tiene que discutir con ellos. Y tambi&eacute;n hay que tener en cuenta que, a principios del siglo XX, cuando se resucit&oacute; al Barroco y al propio G&oacute;ngora, los escritores ten&iacute;an que luchar con un lenguaje que hab&iacute;a llegado al m&aacute;ximo. Era necesario que, a partir de ah&iacute;, ellos crearan otro nuevo, acorde con su tiempo. Lo mismo pas&oacute; con el realismo m&aacute;gico, cuyo concepto naci&oacute; a la vez que el del barroco -ambos conceptos se transmitieron a trav&eacute;s de la <em>Revista de Occidente</em>-. El realismo m&aacute;gico ya estaba inventado, pero hab&iacute;a que reinventarlo y crear un espa&ntilde;ol moderno. Por eso, en el fondo, Borges fue un poco cruel con Graci&aacute;n y lo convirti&oacute; en una especie de laberinto de palabras, de ingeniosidad y de fuegos fatuos. &Eacute;l sab&iacute;a que no era as&iacute;. Si repasamos sus obras, desde &ldquo;Funes, el memorioso&rdquo; hasta &ldquo;El jard&iacute;n de los senderos que se bifurcan&rdquo;, pasando por su idea de la biblioteca como un para&iacute;so, que luego desarrolla tambi&eacute;n Umberto Eco, vemos que todo eso est&aacute; ya en Graci&aacute;n, pero hab&iacute;a que reformularlo y transmitirlo de otra manera. Borges le da a todo un significado diferente, a trav&eacute;s de un nuevo lenguaje, y ah&iacute; est&aacute; esa especie de &ldquo;otro yo&rdquo; con el que todos los escritores combaten para crear un yo que sea distinto y que no se parezca nada al original. Ese es un proceso que todo creador tiene que llevar a cabo, cualquiera que sea la &eacute;poca o el momento.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;De qu&eacute; manera dialoga Graci&aacute;n con sus contempor&aacute;neos?</p>
<p class="normal">- Pues de una manera bastante cruel, en el sentido de que tambi&eacute;n hace como Borges. Cuando ves los pr&oacute;logos de sus obras, el cat&aacute;logo de autores que reivindica es siempre cl&aacute;sico. Invoca a Horacio, a Ovidio, a Homero, a Luciano. Alude a la s&aacute;tira menipea, a John Barclay, que era extranjero, a Marino... Pero, a excepci&oacute;n de en la <em>Agudeza</em>, donde la mayor&iacute;a son espa&ntilde;oles; donde alaba y cita a G&oacute;ngora por encima de todos; a Lope no tanto; a Calder&oacute;n menos, en el resto de su obra hay un silencio absoluto sobre los contempor&aacute;neos. Eso es algo que, a la hora de la verdad, todos los autores suelen hacer. Ya lo dec&iacute;a Truman Capote: &ldquo;advertisements for myself&rdquo; (&ldquo;anuncios para m&iacute; mismo&rdquo;). Desde Garcilaso hasta Graci&aacute;n, que marcan un poco el arco desde el Renacimiento hasta un barroco que se ir&aacute; diluyendo en la segunda mitad del XVII, a lo que aspiraban todos era a convertirse en cl&aacute;sicos espa&ntilde;oles, emulando a los italianos, que eran los grandes modelos. Quer&iacute;an colocarse en el pante&oacute;n cl&aacute;sico a esa altura y entonces, claro, sol&iacute;an ser&nbsp; bastante olvidadizos con los que ten&iacute;an al lado.</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;La moralidad para Graci&aacute;n es fundamental&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;Y con Cervantes?</p>
<p class="normal">- Pues con Cervantes la relaci&oacute;n es muy curiosa, porque apenas aparece, pero est&aacute;. Yo creo que, de todas maneras, por quien m&aacute;s admiraci&oacute;n sent&iacute;a Graci&aacute;n era por Mateo Alemany, porque el <em>Guzm&aacute;n de Alfarache</em> para &eacute;l era como el modelo por excelencia. En &eacute;l encontraba una carga creativa de narraci&oacute;n vital, de picaresca, g&eacute;nero que tambi&eacute;n hemos apostillado despu&eacute;s, y al mismo tiempo una gran peso de filosof&iacute;a moral. La moralidad para Graci&aacute;n es fundamental. No se le puede entender sin la filosof&iacute;a moral, aunque no fuera un fil&oacute;sofo sino un escritor, faceta por la que le reconocemos. En relaci&oacute;n con el <em>Quijote</em>, Graci&aacute;n no lo valoraba porque lo ve&iacute;a un entretenimiento. &Eacute;l, autor de <em>El H&eacute;roe</em>, un libro donde va buscando maximidades en la persona y predicando eso tan dif&iacute;cil de que cualquiera puede ser h&eacute;roe de s&iacute; mismo si alcanza la magnificencia, la excelencia, y la traslada a su diario vivir, no soportaba, o le parec&iacute;a una desfachatez, que Cervantes hubiera convertido en h&eacute;roe a un loco, acompa&ntilde;ado, adem&aacute;s, de un personaje como Sancho Panza. Eso a Graci&aacute;n no le gustaba, como tampoco el teatro; siempre arremet&iacute;a contra las comedias. Sin embargo, hay que decir que fue capaz de ver donde hab&iacute;a una gran obra universal, porque <em>El gran teatro del mundo</em> y <em>La vida es sue&ntilde;o</em>&rdquo; son fundamentales en <em>El Critic&oacute;n</em>. Las dos puertas que coloca en la primera de ellas Calder&oacute;n, donde el nacer y el morir, la cuna y la sepultura, est&aacute;n tan cercanas, as&iacute; como esos personajes que van buscando un autor, tema que aparece en el peregrino inmortal en <em>El Critic&oacute;n</em> y que tambi&eacute;n tom&oacute; Pirandello, indican ese reconocimiento. Pero el mundo de la comedia le parec&iacute;a quiz&aacute; demasiado fr&iacute;volo, festivo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Tambi&eacute;n es interesante su relaci&oacute;n con G&oacute;ngora y con Quevedo.</p>
<p class="normal">Graci&aacute;n no es G&oacute;ngora, es contra G&oacute;ngora, en el sentido de que lo admira, lo mismo que le pasa con Quevedo, del cual dice que sus obras son como el tabaco, de mucho placer instant&aacute;neo, pero de poco provecho moral. Es bastante injusto con &eacute;l, pero a Quevedo lo imita tambi&eacute;n much&iacute;simo, trasladando tambi&eacute;n sus bajadas al infierno a &ldquo;El Critic&oacute;n&rdquo;. Pero &eacute;l quer&iacute;a destacar de manera diferente, huyendo de lo que podr&iacute;amos llamar literatura de mero entretenimiento y buscando la acomodaci&oacute;n entre el concepto y el lenguaje, que estos fueran unidos y sirvieran el&nbsp; uno al otro. En eso yo creo que es el m&aacute;s grande junto con Calder&oacute;n. Fueron coet&aacute;neos, nacieron con un a&ntilde;o de diferencia -Graci&aacute;n muri&oacute; bastante antes, veintitantos a&ntilde;os antes que Calder&oacute;n-&nbsp; y ambos practicaron esa uni&oacute;n de literatura formalmente escrita con ingenio y agudeza, pero que est&aacute; al servicio de una filosof&iacute;a moral.</p>
<p class="normal"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Debemos aprender del pasado para vivir mejor el presente y tambi&eacute;n para iluminar el futuro&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Las lagunas, los vac&iacute;os del presente, los males de la educaci&oacute;n, la infravaloraci&oacute;n de las humanidades. &iquest;Que tenemos que aprender del pasado en relaci&oacute;n a todo esto? &iquest;Qu&eacute; &eacute;poca del pasado le parece especialmente luminosa?</p>
<p class="normal">- Pienso que, aunque haya habido siglos de Oro y de las Luces, todo eso no dejan de ser convenciones. Yo creo que ninguna &eacute;poca ha sido perfecta, que incluso ha habido algunas que se nos han transmitido como imperfectas, caso de la oscura Edad Media, que los renacentistas trataron de inventarse y que luego la historiograf&iacute;a ha demostrado que no era tan oscura y oscurantista. A veces el Siglo de Oro tambi&eacute;n se vende, por culpa de la leyenda negra, como un siglo lleno de pa&ntilde;os largos y de pesimismo, cuando en realidad tambi&eacute;n es cierto que la gente se pasaba el d&iacute;a de fiesta en fiesta y en el teatro. Yo creo en ese sentido en las caras de la prudencia, en ese cuadro de Tiziano con tres caras: una que mira al pasado, otra al presente y otra al futuro. Graci&aacute;n es lo que hace a lo largo de toda su obra. Mirar al pasado para rescatar todo lo bueno que haya en cada &eacute;poca y en cada momento. Yo creo que lo del tiempo pasado fue mejor es una percepci&oacute;n que tenemos y que se inscribe en el plano humano, porque nos hacemos viejos y querr&iacute;amos volver a ser j&oacute;venes. Por eso tendemos a pensar y a rescatar lo bueno que nos queda, porque es gracias a eso que sobrevivimos. Debemos ir al juego de las tres caras de la prudencia: aprender del pasado para vivir mejor el presente y tambi&eacute;n para iluminar el futuro y hacerlo mejor. Al menos debemos intentarlo. Otra cosa es que lo consigamos.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Pero es que el progreso se ha mitificado tanto, que lo bueno del pasado se ha olvidado. Quiz&aacute; &eacute;se sea uno de los problemas de la &eacute;poca que vivimos.</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Y, adem&aacute;s, cada &eacute;poca tiene una apreciaci&oacute;n sobre el pasado o los pasados, que son muchos, distinta. Lo que sucede es que el pasado exige conocimiento, memoria y estudio. Lo que no se puede es frivolizar sobre los hechos acontecidos y ah&iacute; ya no se trata de historia de la literatura sino de Historia con may&uacute;sculas. De ah&iacute; la importancia de la educaci&oacute;n, que permite estudiar y analizar el pasado sin apasionamientos, reflexivamente, con la luz de la lecci&oacute;n. El pasado es historia del aprendizaje, por eso la desmemoria y la amnesia es lo peor que puede acontecer en un pueblo. Hay que ir a pasado y ah&iacute; rescatar lo mejor y tambi&eacute;n aprender las lecciones de lo peor, para no repetirlas. Dicho esto, no debemos olvidar tampoco que el ser humano caer&aacute; mil veces y que ese sentido progresivo de la Historia en ocasiones es equ&iacute;voco, porque hay etapas de retroceso y ese retroceso se produce precisamente por falta de conocimiento del pasado, por inercia, por abulia. Yo creo que el futuro lo que exige sobre todo es &aacute;nimo y una direcci&oacute;n. La teor&iacute;a de la prudencia en Arist&oacute;teles y en Graci&aacute;n significa tener una meta y el que no tiene una meta clara se pierde. Ahora bien, en la literatura tambi&eacute;n Cervantes nos ense&ntilde;a el gozo de no tener una meta. Don Quijote deja a veces el destino de su camino al caballo, al azar, porque lo que no puede el ser humano es tampoco vivir todo el rato pendiente de cosas trascendentes. Hay que buscar un t&eacute;rmino medio.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Es necesario que uno se pierda en el camino para encontrar otros caminos&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- La vida es imprevisible.</p>
<p>- La vida es imprevisible y debe serlo, porque de lo contrario no se descubren cosas nuevas. Es m&aacute;s, es necesario que uno se pierda en el camino para encontrar otros caminos. Huarte de San Juan, que fue un gran maestro de Graci&aacute;n, habla de que en el &aacute;mbito de la literatura y en general de la creaci&oacute;n no hay que ir por los senderos por donde van todos, sino marcharse y descubrir esos que nadie ha pisado. Si no es de esta manera no puede darse ninguna manifestaci&oacute;n creativa. Y yo creo que esto tambi&eacute;n se puede aplicar al &aacute;mbito de la ense&ntilde;anza e incluso a la propia vida. El gozo del descubrimiento se hace siempre a partir de caminos que no est&aacute;n prefijados con anterioridad.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 24 Jun 2014 05:05:31 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Luis Alberto Cuenca: "La cultura no es de izquierdas ni de derechas"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/luis-alberto-cuenca-la-cultura-no-es-de-izquierdas-ni-de-derechas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/luisalbertocuenca500.jpg" alt="" /></p>
<p class="normal">Esta entrevista tuvo lugar una ma&ntilde;ana de cielos grises en el despacho que Luis Alberto de Cuenca ocupa en el Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC, situado en la zona este de Madrid, en un entorno &aacute;spero, de aspecto industrial. A su oficina se llega despu&eacute;s de recorrer un laberinto de largos pasillos a cuyos lados s&oacute;lo se ven puertas cerradas y que, a poco que se ponga imaginaci&oacute;n, transporta a los escenarios cerrados, claustrof&oacute;bicos, de Franz Kafka. Frente a la letra indicada, tras pulsar el timbre, aparece el poeta, el investigador, el hombre de letras. Las persianas de la estancia est&aacute;n bajadas. No hay luz natural. Los papeles en los que trabaja han quedado sobre la mesa. De repente se ha alterado el orden de la ma&ntilde;ana, de la rutina, de la labor. La visita, la posterior conversaci&oacute;n, rompen el silencio, la sensaci&oacute;n de aislamiento, de tiempo detenido. &ldquo;Pasan semanas y semanas y apenas me cruzo con alg&uacute;n compa&ntilde;ero&rdquo;, se&ntilde;ala quien parece alejado de los ruidos del mundo. Sus palabras, dichas en ese momento y en ese entorno, conducen irremediablemente a los versos de &ldquo;La brisa de la calle&rdquo;, uno de los poemas que componen su &uacute;ltima y reciente entrega, <em>Cuaderno de vacaciones</em> (Visor), donde De Cuenca se mira a s&iacute; mismo con distancia, como si fuera un espectador de su vida. Y le pregunta a su &ldquo;otro&rdquo;: &ldquo;&iquest;Existe algo, realmente, al margen / de las cuatro paredes de tu casa?&rdquo;.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">&ldquo;Siempre has visto la vida por el ojo de la literatura. / Pero nunca has sabido / c&oacute;mo es el exterior (si es que lo hay), / por falta de inter&eacute;s o de coraje&rdquo;, vuelvo a la composici&oacute;n mientras trato de recuperar esa jornada que transcurr&iacute;a tan tranquila: la charla, el di&aacute;logo amable, la atm&oacute;sfera de retiro, de insonorizaci&oacute;n frente a todo lo que&nbsp; transcurr&iacute;a afuera. Y, sin embargo, esa ma&ntilde;ana tan parecida a todas las ma&ntilde;anas, alterada levemente por el ritmo de las preguntas y las respuestas, habr&iacute;a de fijarse en la memoria como inolvidable tras la brusca sacudida de una llamada telef&oacute;nica. El d&iacute;a que tuvo lugar esta entrevista falleci&oacute; inesperadamente Gonzalo Anes, el director de La Real Academia de la Historia, compa&ntilde;ero de trabajos y amigo de Luis Alberto de Cuenca. Justo en el momento en que recibi&oacute; la noticia llev&aacute;bamos m&aacute;s de una hora hablando y la charla ya declinaba, girando sobre el tema de la vejez y la muerte. &ldquo;La luz de lo real&rdquo;, a la que se alude en el poema citado (&ldquo;... permite que la luz de lo real / entre en tu coraz&oacute;n...&rdquo;)&nbsp; pas&oacute; a impregnarlo todo. Ya no ten&iacute;a sentido hablar de casi nada. Al dejar la estancia el d&iacute;a parec&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s oscuro y las calles m&aacute;s desoladas. Llov&iacute;a suavemente. El silencio se hab&iacute;a quedado en el laberinto de pasillos y puertas cerradas. En la calle, apenas sin tr&aacute;fico, peque&ntilde;os grupos de empleados fumaban en los portales de algunos edificios. Pens&eacute; en el hombre que ya no habr&iacute;a de volver ese d&iacute;a al trabajo interrumpido, en las hojas sin acabar de ser corregidas dejadas sobre la mesa, en los libros de los cl&aacute;sicos como fieles vigilantes de todo desde sus estanter&iacute;as. Pens&eacute; en el hombre apagando la luz y saliendo a enfrentarse con la verdad desnuda; en el poeta buscando las palabras justas, consoladoras.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">Recupero ahora, mientras esto escribo, los versos que abren &ldquo;Melancol&iacute;a&rdquo;, otra de las piezas de su nuevo libro: &ldquo;La bilis negra es vieja como el hombre. / para intentar vencerla / viene bien / que te lo tomes todo en positivo: / si luce un sol espl&eacute;ndido en el cielo, / disfruta con sus rayos, aunque hieran, / y si el d&iacute;a es tan gris como un fantasma / brumoso, si&eacute;ntelo como si fuese / de tu familia y adivina en &eacute;l / los ojos grises de tu amada muerta&rdquo;. A partir de ellos voy recuperando las palabras, la voz pausada de Luis Alberto de Cuenca. Tiro del hilo de la conversaci&oacute;n que hab&iacute;a tenido lugar en su pr&aacute;ctica totalidad antes del instante en el que el tel&eacute;fono hizo que todo cambiase de color. Una conversaci&oacute;n llena de matices, una conversaci&oacute;n honda que fue alterada por las circunstancias.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Mis poemas son teselas de un mosaico que, si se unen, configuran mi rostro y, m&aacute;s all&aacute;, mi esp&iacute;ritu&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- En <em>Cuaderno de vacaciones</em>, la poes&iacute;a, la escritura, se asocia con el gozo, con el disfrute, con el tiempo de ocio. Sin embargo, es inevitable, que asomen a sus p&aacute;ginas, las peque&ntilde;as sombras, las melancol&iacute;as, los temores... Hay una especie de equilibrio que impregna todo el volumen.</p>
<p class="normal">-&nbsp; Dicen que la ociosidad es la madre de todos los vicios, pero yo a&ntilde;adir&iacute;a: &ldquo;y de todos mis poemas&rdquo;. Este libro es fruto de lo que he escrito desde <em>El reino blanco</em> y participa del mismo tono. Yo me dedico a mirar al mundo po&eacute;ticamente todo el a&ntilde;o y luego escribo los poemas durante las vacaciones de verano. En este caso se registran las de 2010, 2011 y 2012, que fueron particularmente prol&iacute;ficas y donde ciertamente doy entrada al optimismo, pero tambi&eacute;n a la melancol&iacute;a. En estos poemas estoy yo, con mi biograf&iacute;a, con mis lecturas, con todo lo que me interesa. En el fondo se trata de un retrato de m&iacute; mismo o de una especie de <em>streaptease</em>, que tambi&eacute;n hay algo de eso.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;En ese sentido act&uacute;a la poes&iacute;a como una especie de terapia?</p>
<p class="normal">- S&iacute;. El ser humano es un manojo de miedos. El arte ayuda a encauzarlos, a olvidarlos moment&aacute;neamente, a mitigarlos, a dulcificarlos. Mis poemas son teselas de un mosaico, piezas de un puzzle que, si se unen, configuran mi rostro y, m&aacute;s all&aacute;, mi esp&iacute;ritu. No hay duda de que la mejor manera de conocerme es leyendo mis versos. Un psicoanalista que me tratase podr&iacute;a utilizarlos como el principal medio de conocimiento de su paciente. Estoy yo entero en cada verso. Con mis m&aacute;scaras, claro, pero entero y verdadero.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Luis Alberto de Cuenca es un hombre de m&uacute;ltiples facetas: poeta, ensayista, traductor, editor, cr&iacute;tico literario... &iquest;En qu&eacute; faceta se siente m&aacute;s c&oacute;modo, c&oacute;mo le gusta que lo definan?</p>
<p class="normal">- Creo que el t&eacute;rmino que m&aacute;s lo resumir&iacute;a todo ser&iacute;a el de humanista, a&uacute;n siendo consciente de que puede resultar un poco petulante que me arrogue la representaci&oacute;n de un grupo humano del que casi no quedan representantes. El humanismo no est&aacute; en boga debido a los planes de estudio, que han sido terribles y lo han ido arrumbando. Hoy una asignatura hist&oacute;rica como Historia del Arte no es m&aacute;s que una optativa, mientras que el lat&iacute;n y el griego han retrocedido de una manera brutal en todo el mundo, pero especialmente en Espa&ntilde;a. No se deja lugar para que surjan nuevos humanistas porque los planes de estudio lo impiden. Pese a ello, es una denominaci&oacute;n que me gusta especialmente, aunque tambi&eacute;n me tienta mucho a la hora de definirme la de poeta.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;En este pa&iacute;s no hemos hecho sino retroceder sin remedio en materia de educaci&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Hemos llegado muy pronto al tema de la educaci&oacute;n. La educaci&oacute;n siempre en el punto de mira. La educaci&oacute;n utilizada pol&iacute;ticamente y por eso mismo siempre en el centro de la conflictividad.</p>
<p class="normal">- Est&aacute; claro que en este pa&iacute;s no hemos hecho sino retroceder sin remedio en materia de educaci&oacute;n. Ha habido un particular ensa&ntilde;amiento con las humanidades que no se ha dado en otros pa&iacute;ses de nuestro entorno de la misma manera, aunque el mundo ha cambiado mucho para todos, no s&oacute;lo para nosotros. Hubo un momento, a finales de los a&ntilde;os 90, con Esperanza Aguirre al frente de Educaci&oacute;n y Cultura, en que cre&iacute;amos que se pod&iacute;a recuperar el terreno perdido. Entonces se llev&oacute; a cabo una reuni&oacute;n con todos los implicados en el asunto, con representantes de las distintas autonom&iacute;as, para hacer un dictamen que contribuyera a rearmar human&iacute;sticamente el bachillerato, pero en cuanto hubo cambio de gobierno, en el a&ntilde;o 2.000, ese dictamen se dej&oacute; de lado y nunca lleg&oacute; a esgrimirse. Despu&eacute;s, ha habido planes de estudio mejores y peores, pero ninguno ha cumplido con las expectativas de devolver a las humanidades el lugar de privilegio que le correspond&iacute;a. Particularmente hay muchas cosas que yo no entiendo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Por ejemplo...?</p>
<p class="normal">-&nbsp; Pues, por ejemplo, hay algo que suelo plantearme: &iquest;Por qu&eacute; se habla hoy de Ciencias Sociales para enmascarar la Historia, una palabra tan noble, o se utiliza Conocimiento del Medio en vez de Geograf&iacute;a?. No se sabe muy bien porqu&eacute; se tapan t&eacute;rminos que no son pol&iacute;ticamente incorrectos ni da&ntilde;an a nadie como la Historia o la Geograf&iacute;a y se los pasa a denominar de otra manera. De esto tienen una gran culpa los pedagogos, que son los que hacen los planes de estudio. Y ah&iacute; da igual quien est&eacute; en el poder, porque son los mismos se&ntilde;ores quienes se perpet&uacute;an haciendo esos planes de estudio. Desde el oto&ntilde;o del franquismo, desde la ley de Villar Palas&iacute; de los 70, aquel famoso &ldquo;Libro Blanco&rdquo;, todo empez&oacute; a pudrirse en la educaci&oacute;n en Espa&ntilde;a, y tuvieron mucho que ver los pedagogos, que empezaron a ponerse modernos y a arrumbar, por ejemplo, la memoria. &iquest;C&oacute;mo es posible acceder a algo sin&nbsp; memoria? La memoria es important&iacute;sima, pero hubo un momento en que cay&oacute; en desgracia y, en cierto modo, se la empez&oacute; a considerar como reaccionaria. A partir de ah&iacute; fue cuando la ense&ntilde;anza empez&oacute; a degradarse, a construirse de otra manera.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;La sabidur&iacute;a m&aacute;s profunda, la m&aacute;s universal, es la que nos legan los cl&aacute;sicos&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">-&nbsp; La memoria, el pasado, los autores del mundo cl&aacute;sico, grecolatino, que siempre han caminado a su lado. Precisamente en <em>Cuaderno de vacaciones</em> vuelve a ellos. &ldquo;Los cl&aacute;sicos ayudan a vivir, / y a morir, y a olvidar nuestras miserias, / y a no perdernos por el laberinto / sin Teseo ni Ariadna que es el mundo&rdquo;. &iquest;Algo m&aacute;s que a&ntilde;adir?</p>
<p class="normal">- A m&iacute; los cl&aacute;sicos me lo han ense&ntilde;ado todo. Aqu&iacute;, en estas estanter&iacute;as, tengo parte de mi colecci&oacute;n particular, para poder consultarlos en cualquier momento. La sabidur&iacute;a m&aacute;s profunda, la m&aacute;s universal, es la que nos legan los cl&aacute;sicos, no s&oacute;lo los grecolatinos, que son los nuestros, los de Occidente, sino tambi&eacute;n los de otras culturas. Los chinos, los japoneses... El extremo Oriente tambi&eacute;n ha sido fundamental en nuestra evoluci&oacute;n humana. Los cl&aacute;sicos nos muestran lo mejor que hay en nosotros mismos, los modelos que debemos exhibir en p&uacute;blico. Jugando con el doble sentido de la palabra -modelo de atuendo y modelo de conducta- ellos son todo lo mejor que ha dado el hombre a lo largo de su historia, que no es tan larga. La epopeya de Gilgamesh naci&oacute; en Mesopotamia hace cinco mil a&ntilde;os antes de Cristo. Desde&nbsp; ah&iacute; a nuestros d&iacute;as la distancia temporal no es tanta, pero ah&iacute;, en esos cinco mil a&ntilde;os de cl&aacute;sicos, est&aacute; lo m&aacute;s grande, lo m&aacute;s alto, que hemos hecho nunca. Por eso leerlos, acercarnos a ellos, es un regalo, y no s&oacute;lo me refiero a los de la antig&uuml;edad, sino tambi&eacute;n a los autores contempor&aacute;neos que nos pillan m&aacute;s cerca. Pienso en Thomas Mann, en Kavafis, en Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez... Los cl&aacute;sicos son los que pasan la criba de la Historia, los que se van incorporando con el tiempo. Hay muchos que no han tenido suerte en su &eacute;poca y que, una vez muertos, son valorados y adquieren esa categor&iacute;a. Le pas&oacute; a Pessoa, por ejemplo, que es uno de los grandes creadores de la cultura universal. Sucede en todas las &aacute;reas de la cultura: en la pintura, en la m&uacute;sica...&nbsp; Siempre hay recuperaciones. Se suele echar la culpa a las guerras, a las circunstancias hist&oacute;ricas, del vaiv&eacute;n, del olvido de los cl&aacute;sicos, pero yo creo que los fil&oacute;logos, que han impuesto desde determinadas escuelas, un gusto u otro, han influido m&aacute;s que todas las guerras y todos los expolios que ha habido en la Humanidad. Los cambios de gusto y la arbitrariedad de los profesores han llevado a elevar a algunos nombres en detrimento de otros.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Tambi&eacute;n hay que tener en cuenta que muchos creadores se han adelantado, y siguen adelant&aacute;ndose, a su tiempo, a su &eacute;poca. Su paso no ha ido a la par que el de sus coet&aacute;neos y han sido entendidos con posterioridad.</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Vuelvo a citar a Pessoa. En los a&ntilde;os 20 o 30 ya era, para algunos que lo supieron ver, un gran autor, pero, evidentemente, ahora, ese se&ntilde;or que muri&oacute; hace d&eacute;cadas, nos parece el s&uacute;mmum de la modernidad. Y como &eacute;l hay muchos. Est&aacute; Kavafis, otro autor que muri&oacute; en 1933, pr&aacute;cticamente desconocido por todos, y que, sin embargo, ahora es un autor de culto, un t&eacute;rmino muy curioso por su ambig&uuml;edad. Nos parece que ser de culto es algo minoritario y, sin embargo, hay creadores as&iacute; considerados que acaban llegando al gran p&uacute;blico. Pienso en Tarantino, por ejemplo. Se puede decir que es un director de culto y lo cierto es que, sin dejar de serlo, tambi&eacute;n ha tenido mucho &eacute;xito.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Espa&ntilde;a es particularmente agresiva con su pasado&rdquo; </strong></p>
<p class="normal">- &iquest;Si tuvi&eacute;semos m&aacute;s presentes a los cl&aacute;sicos, si los libros, la lectura, acompa&ntilde;aran m&aacute;s a las personas en el d&iacute;a a d&iacute;a, ir&iacute;an mejor las cosas?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Yo creo que s&iacute;, desde el punto de vista social, incluso econ&oacute;mico y pol&iacute;tico, las cosas ir&iacute;an mejor. Yo creo que una educaci&oacute;n basada en las humanidades, al final siempre redunda en el beneficio de la sociedad. Eso demuestra hasta qu&eacute; punto yo creo en los cl&aacute;sicos. Una persona que conoce bien a Shakespeare, que ha le&iacute;do a Homero, lo ha disfrutado y lo ha entendido, probablemente meter&aacute; menos la pata a la hora de llevar la pol&iacute;tica de un pa&iacute;s, a la hora de interpretar las reacciones de los pueblos, que alguien que ignora por completo a esos autores. En la antig&uuml;edad todos los grandes hombres de poder eran tipos extremadamente educados en una determinada escuela de humanidades. Si de repente esto volviera a darse las cosas mejorar&iacute;an, s&iacute;, pero soy consciente de que esto es una quimera. Las sociedades han cambiado a nivel mundial. En Estados Unidos, en Alemania, en Inglaterra, cada vez est&aacute; m&aacute;s restringido el culto a los cl&aacute;sicos. Italia quiz&aacute; sea el pa&iacute;s de Europa donde m&aacute;s lat&iacute;n y griego se estudia. Puede que sea porque ah&iacute; est&aacute; la cuna, pero el hecho es que se han puesto de acuerdo todos los partidos pol&iacute;ticos en lo que respecta a las reformas en la ense&ntilde;anza y han conservado por lo menos eso. No digo que la educaci&oacute;n en Italia sea lo ideal, pero s&iacute; funciona mucho mejor que aqu&iacute;. En Espa&ntilde;a, adem&aacute;s, no hemos sabido conservar lo bueno que ten&iacute;amos. Y eso nos diferencia de los otros pa&iacute;ses europeos. Basta con fijarse en cualquier colecci&oacute;n editorial importante. Al cabo de un determinado tiempo se cambia de maqueta, mientras que los libros ingleses, los alemanes, los franceses, son siempre lo mismo. Hay una obsesi&oacute;n en este pa&iacute;s por considerar lo antiguo como viejo, lo cual es lamentable. En las casas, por ejemplo, hay muebles maravillosos que van a las almonedas porque de repente personas de la familia deciden que son viejos, cuando lo que son es hermosos y antiguos, no viejos. Se prefiere comprar un mueble nuevo a restaurar el que se tiene, que seguramente es de m&aacute;s calidad. Esto no sucede en otras partes. Espa&ntilde;a es particularmente agresiva con su pasado.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Nuestra literatura es tan rica como cualquier otra de Europa&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;Esto puede explicar que no se valore, que no se defienda la literatura, la cultura, propias; ese complejo tan espa&ntilde;ol de que lo de fuera es siempre mejor?</p>
<p class="normal">- Aqu&iacute; ha habido siempre un rechazo de lo propio. En los c&aacute;nones que se han trazado, por ejemplo el famoso &ldquo;Canon occidental&rdquo;, de Harold Bloom, apenas hay lugar para las letras en castellano. Cervantes, Garc&iacute;a Lorca, San Juan de la Cruz, Borges, y para de contar. Esto es lamentable porque nuestra literatura es tan rica como cualquier otra de Europa. De hecho, en los siglos XVI y XVII, era, como se dice ahora, la que marcaba tendencia. Toda la dramaturgia francesa del XVII depende de nuestras fuentes. Corneille bebi&oacute; en <em>La verdad sospechosa</em>, de Ruiz de Alarc&oacute;n. Se dice que el propio Shakespeare escribi&oacute; una obra sobre la historia de Cardenio del&nbsp; <em>Quijote</em> y que su obra <em>La tempestad</em> est&aacute; inspirada en <em>Las noches de invierno</em> de Antonio de Eslava, un autor navarro. Es decir, que hay una gran influencia de lo espa&ntilde;ol en el mundo. Y eso no se ha difundido, no se ha utilizado como un valor. Se ha perdido por falta de voluntad propia a la hora de defender nuestros valores. O los hemos defendido de una manera absoluta, de una manera patriotera, como hizo Men&eacute;ndez Pelayo, para quien lo &uacute;nico que hab&iacute;a era la cultura hisp&aacute;nica, o bien, a la contra, se ha considerado reaccionario defender lo propio, lo cual es verdaderamente lamentable, porque se est&aacute; eclipsando una de las grandes literaturas del mundo. Yo creo que eso, poco a poco, se ir&aacute; mitigando por el empuje de Hispanoam&eacute;rica. Ah&iacute; est&aacute; nuestro vivero. Los hispanoamericanos muestran m&aacute;s orgullo por su lengua, por su cultura, hasta por su bandera. No es concebible que en Chile, por ejemplo, seas del signo pol&iacute;tico que seas, no esgrimas la misma bandera. Aqu&iacute; estamos muy lejos de eso.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- En la antig&uuml;edad -volvemos atr&aacute;s- los pol&iacute;ticos eran hombres de letras, de cultura, pero ahora estamos asistiendo a un panorama en el que los pol&iacute;ticos muestran una gran incultura e ignorancia. Ni siquiera se preocupan de ser brillantes en sus discursos.</p>
<p class="normal">- S&iacute;. La clase pol&iacute;tica adolece, incluso, de una falta de cultura pol&iacute;tica. No tenemos la sensaci&oacute;n de que sean los mejores los que se dedican a la pol&iacute;tica, que es lo que deber&iacute;a ocurrir, como dice Plat&oacute;n en <em>La Rep&uacute;blica</em>. Yo creo que en esto sucede como con las a&ntilde;adas de los vinos, que hay cosechas buenas y cosechas malas. Yo he estado en pol&iacute;tica y s&eacute; que tampoco se puede afirmar que la profesi&oacute;n pol&iacute;tica sea m&aacute;s horrenda y m&aacute;s deleznable que otras. Es una m&aacute;s. En el mundo, en la educaci&oacute;n, territorio que tambi&eacute;n conozco bien, se dan las mismas pugnas, los mismos problemas, las mismas mediocridades. Tendemos a mirar el mundo de la pol&iacute;tica con ojos m&aacute;s cr&iacute;ticos y, por otra parte, sus acciones son m&aacute;s visibles, pero el hombre es bastante miserable, bastante canalla, en todas sus facetas. Leer a Shakespeare es muy educativo en ese sentido.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Pero el pol&iacute;tico influye en el conjunto de la sociedad, en la vida de las personas. Es l&oacute;gico que haya que exigirle m&aacute;s.</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Y tambi&eacute;n es l&oacute;gico que ahora el foco est&aacute; puesto sobre &eacute;l de manera especial porque atravesamos por un momento cr&iacute;tico. Esto ya ocurri&oacute; con la crisis del 29, con la famosa crisis de Wall Street, que fue tambi&eacute;n dur&iacute;sima. En situaciones as&iacute; se crea una gran desconfianza hacia los dirigentes. Vemos que aunque est&eacute;n haciendo todo lo posible, a veces dan palos de ciego y no se ve clara la direcci&oacute;n. Y tambi&eacute;n sucede que, como la pol&iacute;tica se ha globalizado tanto, lo que se mueve en el exterior acaba determinando lo que pasa aqu&iacute;. Es muy complicado. Esperemos que todo sea cuesti&oacute;n de tiempo, como las cuestiones de la renta variable</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;No hay necesidad de hacer grandes manifestaciones revolucionarias para estar comprometidos con lo humano&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Ante un presente tan conflictivo, &iquest;el poeta, el creador, debe adoptar una posici&oacute;n distante o debe inmiscuirse, tomar postura ante esos conflictos?</p>
<p class="normal">- Bueno, aqu&iacute; nos topamos con el famoso tema del compromiso. Yo creo que eso depender&aacute; de las necesidades de la persona, m&aacute;s que del poeta. El poeta de lo que debe rendir cuentas a la sociedad, es de su poes&iacute;a, de su actividad primordial, que es la de escribir versos. Pero es evidente que el contenido de esos versos se lo dictar&aacute; su propia conciencia. Yo creo que no hay necesidad de hacer grandes manifestaciones revolucionarias para estar comprometidos con lo humano. Hay muchos&nbsp; tipos de compromiso. Es muy l&iacute;cito militar en un determinado partido pol&iacute;tico, sea del signo que sea, como lo es igualmente practicar la denuncia o estar comprometido con lo m&aacute;s &iacute;ntimo y hondo que hay en el hombre: con nuestra vida, con nuestra capacidad de sufrir en esta vida y con la inminencia de la muerte y todo ese tipo de cosas. En el fondo es todo eso lo que nos define como humanos, al margen de las ideolog&iacute;as pol&iacute;ticas, que, siendo importantes, no dejan de ser algo superficial, algo que va y viene. El hombre, como dec&iacute;a Heidegger, como ser para la muerte, es lo realmente profundo, esencial, lo que siempre permanece igual. <em>Gilgamesh</em>, la epopeya mesopot&aacute;mica, es la historia de un hombre que va en busca de la inmortalidad, y hoy seguimos yendo en busca de la inmortalidad. No ha cambiado nada pese a que una y otra vez han cambiado las estructuras. Ha habido imperios, dictaduras, totalitarismos,&nbsp; monarqu&iacute;as absolutas, revoluciones, pero lo &uacute;nico que queda es ese hombre que est&aacute; hecho para extinguirse y que es el &uacute;nico animal de la creaci&oacute;n que sabe que va a extinguirse.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Hablando de ideolog&iacute;as: &iquest;Por qu&eacute; la cultura siempre se ha asociado con la izquierda?</p>
<p class="normal">- Bueno. Yo he escrito algunos textos atacando esa identificaci&oacute;n de la cultura con la izquierda porque no me parece m&aacute;s que una cuesti&oacute;n hisp&aacute;nica. Como aqu&iacute; hemos tenido una historia muy reciente, ligada a una dictadura de hace casi 40 a&ntilde;os, obviamente la gente que se ha planteado hacerse preguntas desde el punto de vista intelectual, ha optado por la izquierda. En el mundo que estuvo sometido al comunismo en el este de Europa, sucede lo contrario. Por lo general, ahora mismo en Ruman&iacute;a, en Polonia, en la Rep&uacute;blica checa, casi todos los intelectuales son conservadores. En Espa&ntilde;a sucede al rev&eacute;s y yo creo que con el tiempo se ir&aacute; corrigiendo, porque, evidentemente, hay que decir muy alto y muy claro que la cultura no es ni de izquierdas, ni de derechas, ni de centro, ni de ninguna parte. La cultura es una de las manifestaciones que tiene el ser humano y el ser humano, estructuralmente, no tiene nada que ver con las ideolog&iacute;as.</p>
<p class="normal"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Como corriente de ruptura, de innovaci&oacute;n, la generaci&oacute;n nov&iacute;sima fue importante&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;C&oacute;mo recuerda Luis Alberto de Cuenca sus comienzos? Se le sit&uacute;a en la generaci&oacute;n de 1968, en las proximidades, los aleda&ntilde;os, de los denominados nov&iacute;simos.</p>
<p class="normal">- Me gusta mucho lo de Generaci&oacute;n del 68. Se suele emplear poco y para m&iacute; significa mucho. Me siento parte de aquella generaci&oacute;n de Mayo del 68. Recuerdo un art&iacute;culo que escrib&iacute; para <em>ABC</em>, titulado &ldquo;Tambores del 68&rdquo;, donde defend&iacute;a la adscripci&oacute;n de mi generaci&oacute;n que abogaba por la superaci&oacute;n de las ideolog&iacute;as. El 68 no fue s&oacute;lo un movimiento de indignados. Fue un grito de rebeld&iacute;a ante la estructuraci&oacute;n de la sociedad en grupos de poder y en grupos pol&iacute;ticos. Se ped&iacute;a que hubiera otra cosa al margen de los partidos, de los movimientos legislados. Y eso nos marc&oacute; a los que ten&iacute;amos entonces 17 a&ntilde;os. En cuanto a los nov&iacute;simos, la antolog&iacute;a que hizo Jos&eacute; Mar&iacute;a Castellet en 1970 fue muy importante porque marc&oacute; un sesgo est&eacute;tico del que, en parte, todav&iacute;a estamos viviendo. Pero fue muy caduco en el sentido de que dur&oacute; muy poco. Con los nov&iacute;simos pas&oacute; un poco como la Movida madrile&ntilde;a, que no se prolong&oacute; demasiado en el tiempo y, sin embargo, marc&oacute; much&iacute;simo la vida cultural, musical, pict&oacute;rica, la vida literaria de Madrid. La est&eacute;tica de los nov&iacute;simos era una est&eacute;tica de la deshumanizaci&oacute;n. De repente nos hartamos del compromiso que nos marcaba la generaci&oacute;n social precedente, nos negamos a estar todo el tiempo completamente metidos en la denuncia. Nos dijimos que, pese a estar en una dictadura, y pese a no estar de acuerdo con ella, eso no ten&iacute;a que afectar al arte. Nos dijimos que &iacute;bamos a intentar llegar a una Democracia, pero que al mismo tiempo &iacute;bamos a hacer nuestra evoluci&oacute;n est&eacute;tica al margen de las evoluciones pol&iacute;tico-ideol&oacute;gicas. Lo moderno en el a&ntilde;o 1966 era escribir <em>Arde el mar</em>, de Pere Gimferrer, o <em>La muerte en Beverly Hills</em>, del 68. Mi <em>Elsinore</em> es del 72. Eso era lo moderno, m&aacute;s que dedicar cantos al pueblo, hablar de liberaci&oacute;n y enarbolar banderas rojas por todas partes. Todo eso nos resultaba&nbsp; arcaico y en ese sentido, como corriente de ruptura, de innovaci&oacute;n, la generaci&oacute;n nov&iacute;sima fue importante. Se recuperaron valores ling&uuml;&iacute;sticos en un momento en que la lengua estaba, en cierto modo, echada a perder; se dio valor a la cultura, y no s&oacute;lo a espa&ntilde;ola, sino a la universal, a la que la generaci&oacute;n social, o progre, no prestaba atenci&oacute;n. Los nov&iacute;simos abrimos un poco la ventana para dejar que la brisa entrara en la biblioteca, que estaba un poco llena de polvo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Alguna vivencia, an&eacute;cdota especial, de aquellos a&ntilde;os?</p>
<p class="normal">- Recuerdo los primeros viajes a Londres, a Par&iacute;s. Ahora todo est&aacute; homogeneizado, pero entonces hab&iacute;a notables diferencias entre las librer&iacute;as de esos pa&iacute;ses y las nuestras. Era mucho m&aacute;s divertido porque pod&iacute;as descubrir cosas. Viajar fuera de nuestras fronteras era una especie de fiesta. En aquellos a&ntilde;os tambi&eacute;n viv&iacute; una experiencia crucial, ya que mi primera novia, Rita Macau, muri&oacute;, y para rendirle homenaje, como detalle hacia m&iacute;, se decidi&oacute; titular <em>Espejo del amor y de la muerte</em> la antolog&iacute;a de Antonio Prieto que fue una especie de anexo a la de Castellet y que incorporaba a los poetas de Madrid. Ahora que est&aacute; tan en boga el tema catal&aacute;n, veo la Barcelona de entonces como una ciudad totalmente catalana, pero tambi&eacute;n totalmente espa&ntilde;ola. Era las dos cosas a la vez, y yo creo que lo sigue siendo, aunque se fomente otra imagen. Aunque resulte extra&ntilde;o, curiosamente, los puentes, en plena dictadura, estaban mucho m&aacute;s abiertos.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;La posmodernidad supuso la ruptura de las fronteras entre la gran cultura y la cultura popular&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Volvamos a Mayo del 68. Fue una &eacute;poca muy luminosa, en la que se crey&oacute; que el mundo pod&iacute;a transformarse.</p>
<p class="normal">- S&iacute;. No hay m&aacute;s que leer alguno de los libros que se han publicado sobre aquellos d&iacute;as, donde se recogen todas esas frases pintadas en los muros de ciudades como Par&iacute;s, escritas por los revolucionarios del 68. Aquello no ten&iacute;a nada que ver con la revoluci&oacute;n sovi&eacute;tica ni con revoluciones totalitarias de ning&uacute;n tipo. Eran gritos libertarios, idealistas, ut&oacute;picos, con poqu&iacute;simas posibilidades de fructificar en algo. Todo eso nos marc&oacute; y, adem&aacute;s, el 68 empez&oacute; a reivindicar toda la cultura popular, hasta entonces desde&ntilde;ada por la alta cultura. El gran cine norteamericano, el gran c&oacute;mic de la &eacute;poca dorada, todo eso empez&oacute; a incorporarse. Resultaba estimulante, muy novedoso, y hoy, con 63 a&ntilde;os, me siento feliz por haber podido vivirlo con 18, con 20. Fue important&iacute;simo. Percib&iacute; ese momento en el que los que se dedicaban a ver pel&iacute;culas del oeste, a coleccionar cromos o a leer tebeos, ya no eran considerados como subnormales. Ese fue el gran reto de la posmodernidad y yo me inscribo en esa corriente en lo profundo, sin el envoltorio gratuito y bobo que tiene. La posmodernidad supuso la ruptura de las fronteras entre la gran cultura y la cultura popular, la uni&oacute;n de ambas. A partir de ah&iacute; se tuvo claro que los grandes protagonistas del siglo XX no son s&oacute;lo Picasso o Dal&iacute;; que junto a ellos est&aacute;n tambi&eacute;n John Ford o Howard Hughes. Y grandes dibujantes de c&oacute;mics como Alex Raymond o Hal Foster.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Igual que los nov&iacute;simos rechazaron la etapa anterior del realismo social, &iquest;no se est&aacute; produciendo ahora, desde la poes&iacute;a, desde la narraci&oacute;n, desde los distintos &aacute;mbitos de la creaci&oacute;n, una vuelta a la denuncia en respuesta a los tiempos dif&iacute;ciles que vivimos?</p>
<p class="normal">- Me parece totalmente l&oacute;gico que en crisis tan brutales como la que nos ocupa ahora, con ese paro tan tremendo, haya una vuelta a los valores de denuncia social. Es algo leg&iacute;timo, normal, que se inscribe en lo que denominamos posmodernidad. Que coexistan diferentes modos de entender el hecho literario, el hecho est&eacute;tico, la manera de expresarse, es lo que tiene que ocurrir. Y eso en el arte se ve clar&iacute;simamente. Hay mucha gente que ha apostado por las instalaciones o por las creaciones m&aacute;s ultramodernas y, sin embargo, el realismo ha vuelto a la pintura en muchos artistas j&oacute;venes, admirables, que tambi&eacute;n representan la vanguardia. Llega un momento en que la vanguardia no se identifica con la ruptura del discurso, sino que puede ser perfectamente su perpetuaci&oacute;n.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Se empiezan a apreciar signos de reivindicaci&oacute;n del realismo social, tan denostado pese a haber dado obras de gran envergadura.</p>
<p class="normal">- Estoy totalmente de acuerdo. Pero ese rechazo se dio cuando el realismo social lo estaba acogotando todo e impidiendo que surgiera cualquier otra est&eacute;tica que no fuera la suya, cuando sus intenciones empezaron a ser totalitarias. Ahora que con la posmodernidad hemos desterrado el totalitarismo y hemos aceptado que el arte puede manifestarse por senderos bien distintos, no tiene sentido seguir denostando una corriente que ha dado obras maestras. Bertolt Brecht, por ejemplo, que a m&iacute; me ha fascinado siempre, representa esa tendencia a la denuncia. &Eacute;l se la planteaba como un punto de partida fundamental, pero es tan genial que su obra llega mucho m&aacute;s all&aacute; de todo eso, lo que lo convierte en un cl&aacute;sico. Y lo mismo sucede tambi&eacute;n con otros autores. Ah&iacute; est&aacute; Jos&eacute; Hierro, un poeta para la eternidad. Pero en su momento el rechazo estuvo justificado. Hab&iacute;a que dar esa batalla porque hab&iacute;a como un pensamiento &uacute;nico y no nos gustan los pensamientos &uacute;nicos.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Lo que permanece lo fundan los poetas&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;Ha perdido el poeta el cetro, el lugar sagrado? Hubo una &eacute;poca en la que era como el sabio de la tribu.</p>
<p class="normal">- Yo creo que en el fondo la sentencia aquella de H&ouml;lderlin: &ldquo;lo que permanece lo fundan los poetas&rdquo;, esa frase tan maravillosa y tan repetida, es muy real incluso en los momentos en los que parece que la poes&iacute;a ha perdido el tim&oacute;n y est&aacute; a punto de naufragar. Yo creo que, al final, a los pueblos son los poetas los que les dan voz. Y hablo de poes&iacute;a en un sentido amplio, abarcador. Para los portugueses <em>Los Lusiadas</em>, de Camoens, es su obra fundamental, mientras que los espa&ntilde;oles pensamos de inmediato en el <em>Quijote</em>. Son siempre los poetas los que acaban definiendo a los pueblos, aunque lo pasen mal, aunque no vendan libros. Pessoa tambi&eacute;n representa al pueblo portugu&eacute;s y estuvo siempre, el pobre, llevando una vida arrastrada y sin comerse una rosca econ&oacute;mica. Aleixandre, a quien yo visit&eacute; mucho de joven, sol&iacute;a decir: &ldquo;aunque ahora no nos hagan caso, los poetas somos el alma de los pueblos&rdquo;.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- La poes&iacute;a es, por otro lado, una corriente muy caudalosa, muy subterr&aacute;nea. Hay muchas voces y tendencias.</p>
<p class="normal">- Bueno, aunque los narradores, que siempre son muy corteses, digan que lo dif&iacute;cil es escribir poes&iacute;a, la verdad es que es mucho m&aacute;s f&aacute;cil coger una cuartilla y hacer un poemita, aunque sea horroroso, que no escribir una novela. Ante la novela hay que quitarse el sombrero; requiere muchas horas y esfuerzo. Est&aacute; claro que la buena poes&iacute;a es dif&iacute;cil de alcanzar, pero, no nos enga&ntilde;emos, escribir un poemita es lo m&aacute;s sencillo del mundo. De ah&iacute; que la corriente sea caudalosa, m&aacute;s cuando Internet contribuye a su expansi&oacute;n, a su difusi&oacute;n. Mi obra est&aacute; toda ah&iacute;, copiada hasta la saciedad. Y yo no puedo ni quiero hacer nada, &iquest;qu&eacute; m&aacute;s me da? En eso yo creo que los poetas nos diferenciamos tambi&eacute;n de los narradores, de los cineastas, que est&aacute;n siempre tan cabreados por el tema de los derechos. Los poetas, como no tenemos nada que ver con el dinero, como nunca nos han pagado nada por nuestros poemas, estamos menos preocupados. &ldquo;Por lo menos que circulen&rdquo;, nos decimos. Por eso es tan universal la poes&iacute;a y ahora mucho m&aacute;s. Lo cierto, s&iacute;, es que hay much&iacute;simos poetas, pero son muchos los llamados y pocos los elegidos. Y los elegidos, adem&aacute;s, van cambiando seg&uacute;n las &eacute;pocas y los gustos.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Resulta muy dif&iacute;cil trazar un mapa de los caminos, de las vertientes po&eacute;ticas, en la actualidad. &iquest;Qu&eacute; corrientes le interesan ahora mismo a Luis Alberto de Cuenca?</p>
<p class="normal">- Bueno, yo creo que ahora mismo hay una pluralidad de voces y ninguna est&eacute;tica dominante. En los a&ntilde;os 80 domin&oacute; una est&eacute;tica neorrealista, figurativa, en la poes&iacute;a espa&ntilde;ola, pero ahora la poes&iacute;a irracionalista, la del silencio, la herm&eacute;tica, conviven perfectamente con la poes&iacute;a realista o con la social. Por los jurados de premios de poes&iacute;a joven en los que participo anualmente, me doy cuenta de que los diez finalistas que te dan a leer, previamente seleccionados, cada uno va de su padre y de su madre. Y eso es realmente divertido y bonito, porque no hay una corriente dominante. Hay de todo y, desde luego, hay muchos imitadores. El estilo Gamoneda, el estilo Jos&eacute; Hierro, est&aacute;n ah&iacute;, y el de Gimferrer, que cundi&oacute; mucho en su d&iacute;a, tambi&eacute;n. Yo soy un perfecto ejemplo de la factor&iacute;a Gimferrer. Es l&oacute;gico: uno siempre tiene que escribir a imitaci&oacute;n de algo, surgir de una semilla para luego poder distanciarse. En mi caso, yo parto de Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, de Juan Eduardo Cirlot, de Gimferrer y de Jaime Gil de Biedma. Pero de la amalgama que hago, de esa especie de c&oacute;ctel con todos ellos, sale mi propia voz. Al principio hay que ser obligatoriamente eco. Picasso cuando empez&oacute; a pintar lo hac&iacute;a al estilo de sus maestros. Es as&iacute;. Y llega un momento en el toca que te imiten a ti que puede resultar muy desconcertante. Yo he visto libros muy basados en mi poes&iacute;a que a veces me han parecido interesantes. Los pastiches no tienen que ser necesariamente malos.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Poetas a los que se siente cercano ahora mismo, que le gusten especialmente?</p>
<p class="normal">- Pues de los poetas vivos leo con placer a Roger Wolfe, Manuel Vilas, Amalia Bautista, Almudena Guzm&aacute;n, Miguel d&rsquo;Ors. Son poetas de los que me encuentro muy cerca por su manera de construir el verso,&nbsp; porque tienen una idea de la estructura del poema muy pr&oacute;xima a la que yo pienso que es la correcta. Aprendo mucho de ellos y me emocionan. A m&iacute; la poes&iacute;a me tienen que emocionar. Antes mencionaba, por ejemplo, a Gamoneda. Es un gran poeta del que tuve la ocasi&oacute;n de hacer una antolog&iacute;a para ser le&iacute;da en p&uacute;blico. Me alegr&oacute; ese cometido porque me llev&oacute; a buscar los poemas de Gamoneda que m&aacute;s emocionan y me hizo darme cuenta de que, por encima de esa capa de aparente frialdad que parece que pueda tener, hay poemas con una gran capacidad de suscitar emoci&oacute;n. Hay otro poeta, Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente, que tambi&eacute;n est&aacute; ahora como maestro de muchos j&oacute;venes y con quien tuve la suerte de viajar en dos ocasiones a Am&eacute;rica, que es un impresionante &ldquo;poetazo&rdquo; del coraz&oacute;n, pero hay que llegar ah&iacute; despu&eacute;s de traspasar esa corteza que tiene de intelectualidad o de experimentalismo. A m&iacute; me ha emocionado tambi&eacute;n mucho Valente. He procurado beber de todo, ir enriqueci&eacute;ndome con la suma. Me parece una guerra absurda y sin sentido esa tendencia de las escuelas de aislar a los maestros y quedarse s&oacute;lo con uno, algo que se da mucho en poes&iacute;a. Todo puede contribuir a crear tu mundo po&eacute;tico y todo puede ser positivo. No hay que ser maximalistas.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Y de los cl&aacute;sicos? &iquest;Cu&aacute;les est&aacute;n siempre?</p>
<p class="normal">- Pues de los cl&aacute;sicos est&aacute;, en primer lugar, la <em>Antolog&iacute;a Palatina</em>, esa&nbsp; colecci&oacute;n de epigramas helen&iacute;sticos que tengo en varias ediciones aqu&iacute; detr&aacute;s [indica una estanter&iacute;a en su despacho]. Para m&iacute; fue la anunciaci&oacute;n, la anunciaci&oacute;n de la poes&iacute;a en mi vida. Se trata de&nbsp; epigramas, todos breves, muy pensados, calibrados, estructurados. Mi poes&iacute;a tambi&eacute;n es eso. En esa tradici&oacute;n est&aacute; Catulo, por supuesto, fundamental para m&iacute;, y despu&eacute;s el &ldquo;dolce stil novo&rdquo;, con Petrarca, por ejemplo, que me parece imprescindible. Entre los m&aacute;s recientes debo citar a los autores de la Generaci&oacute;n del 27, que nos han influido a todos, y de entre los que me quedo con Garc&iacute;a Lorca. No soy nada original en eso. Y luego hay poetas que me fascinan de otras tradiciones: Ezra Pound, del que tanto he aprendido a escribir; Pessoa, Kavafis, Saint John Perse... Son lecturas a las que siempre vuelvo, que siempre me iluminan y me dan una idea en momentos de poca imaginaci&oacute;n po&eacute;tica. Son mis maestros. Y no puedo olvidar a Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, esencial, m&aacute;s incluso que todos los del 27. Hay en Juan Ram&oacute;n algo muy dif&iacute;cil de encontrar en otro poeta. &Eacute;l puede ser el maestro de alguien figurativo o abstracto, de alguien herm&eacute;tico o comunicativo. Lo tiene todo, es prodigioso. Todos tenemos nuestro Juan Ram&oacute;n.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;No puedo imaginarme una existencia sin libros, sin personajes literarios&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- En uno de sus libros de ensayo, <em>De Gilgamesh a Francisco Nieva. Un itinerario fant&aacute;stico</em> escribi&oacute;: &ldquo;Mi casa so&ntilde;ada est&aacute; construida con libros y no puedo imaginarme una existencia que no est&eacute; veteada de personajes literarios. La historia de mi vida es la historia de mis lecturas y de las respuestas vitales que esas lecturas han ido generando en mi &aacute;nimo&rdquo;. &iquest;Tiene la literatura un efecto transformador en la vida?</p>
<p class="normal">- Estoy de acuerdo conmigo mismo y no sucede siempre. No siempre uno sigue estando de acuerdo con lo que ha escrito alguna vez, pero en este caso sigo afirm&aacute;ndolo. No puedo imaginarme una existencia sin libros, sin personajes literarios. No concibo que haya por una parte vida y por la otra literatura. Cuando somos j&oacute;venes podemos pensar que drogarnos, emborracharnos, tener cuatrocientas novias, etc&eacute;tera, es m&aacute;s literario o m&aacute;s creativo que estar leyendo un libro, pero no es verdad. La lectura es una acci&oacute;n vital tan importante como cualquier otra de esas actividades. Quien no lee se est&aacute; perdiendo algo grande. Hay que estar en todo, por supuesto, hay que experimentar y atender a la biolog&iacute;a, pero tengo el convencimiento de que leer es vivir m&aacute;s y vivir mejor. Por eso creo que es un error contraponer lectura y vida; cultura y vida. Yo he conocido deportistas de &eacute;lite que son personas cult&iacute;simas. Emilio Butrague&ntilde;o o Miguel Pardeza, que son amigos m&iacute;os, son personas que disfrutan much&iacute;simo con un libro&nbsp; y eso no quita que luego hayan sido unos genios del bal&oacute;n. Otra cosa que me parece negativa en los intelectuales espa&ntilde;oles es su rechazo del deporte. Ahora algunos se declaran futboleros, pero yo tengo 63 a&ntilde;os y en mi &eacute;poca ser futbolero era casi como ser franquista, igual que ser taurino. Yo soy futbolero y soy taurino. Me gustan las cosas que le gustan a todo el mundo. No soy nada rarito en ese sentido y creo que eso en vez de restar, suma.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Si le pidiera que asociara determinados libros a estados de &aacute;nimo concretos; por ejemplo, un libro cuya lectura le haya producido una particular alegr&iacute;a?</p>
<p class="normal">- Estupendo. Empezar&iacute;a por&nbsp; <em>El mago de Oz</em>. Tengo un libro, <em>Baldosas amarillas</em> en homenaje precisamente a &ldquo;El camino de baldosas amarillas&rdquo; de <em>El mago de Oz</em>. Es una obra verdaderamente plet&oacute;rica. Otro libro que me hizo feliz y que siempre recuerdo fue un volumen de la colecci&oacute;n de Aguilar con las obras completas de Shakespeare. Ten&iacute;a 12 a&ntilde;os y, como hab&iacute;a sacado matr&iacute;cula en cuarto de rev&aacute;lida, ped&iacute; que me lo regalaran. Para m&iacute; encontrarme con mis ra&iacute;ces; porque lo que hizo Shakespeare fue descubrirme todas las ra&iacute;ces del ser humano, todo lo que tenemos por dentro supuso una gran felicidad, igual que la lectura de <em>Las memorias de ultratumba</em>, de Chateaubriand, que me parecen prodigiosas en cuanto trasunto, fotograf&iacute;a perfecta de la personalidad de su autor. Y tambi&eacute;n est&aacute; la <em>Antolog&iacute;a Palatina</em>, que citaba antes, y otros textos medievales, art&uacute;ricos, hermos&iacute;simos, que constituyen otra de mis pasiones. Recuerdo la colecci&oacute;n para ni&ntilde;os Araluce. Se llamaba &ldquo;Las obras maestras al alcance de los ni&ntilde;os&rdquo;, y la fui coleccionando poco a poco. Yo soy muy partidario de que haya ese tipo de adaptaciones. Los ni&ntilde;os de 8 o 9 a&ntilde;os pueden disfrutar mucho con la lectura, pero no con el <em>Macbeth</em> entero. Hay unas historias contadas para ni&ntilde;os que pueden resultar fascinantes.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Sus padres eran buenos lectores?</p>
<p class="normal">- Mis padres eran lectores habituales, no hist&eacute;ricamente lectores, como yo. Hab&iacute;a una biblioteca en casa muy decente, de unos 2.000 vol&uacute;menes y, s&iacute;, el ambiente que vivimos mi hermana y yo fue muy positivo para el cultivo de la lectura. Mi padre era muy lector de novelas de g&eacute;nero y yo le he seguido mucho en eso: novelas de aventuras, de espada, polic&iacute;acas. Y hab&iacute;a un buen n&uacute;mero de cl&aacute;sicos, pero no era para nada mi biblioteca so&ntilde;ada. Esa me la fui haciendo yo con el tiempo. Shakespeare no estaba. Lleg&oacute; gracias a m&iacute; cuando ten&iacute;a 12 a&ntilde;os. Yo podr&iacute;a haber sido un notario que hubiera le&iacute;do solamente best-sellers. Gen&eacute;ticamente estaba dotado para ser un voraz consumidor de literatura y un ocasional escritor, pero tambi&eacute;n podr&iacute;a haber sido otra cosa; podr&iacute;a haber sido un ingeniero de caminos. Ahora, visto con perspectiva, creo que bueno es que crec&iacute; en un hogar que posibilitaba muchas salidas. Yo creo lo bueno es que las familias creen un ambiente en el que los hijos puedan desarrollar y elegir sus virtualidades. Pero nunca se sabe. Hay de todo. Est&aacute; Juli&aacute;n Mar&iacute;as, al que salieron los cuatro hijos list&iacute;simos (risas) En mi caso, mi padre era abogado y mi madre, aunque era list&iacute;sima, muy culta y le&iacute;a m&aacute;s que mi padre, no ten&iacute;a carrera, como correspond&iacute;a a las mujeres de su &eacute;poca. Creo que yo no pod&iacute;a haber salido no lector, pero mis padres no me animaron en mi trayectoria de escritor. Lo que quer&iacute;an es que yo fuese notario o abogado del Estado, lo cual a m&iacute; me horrorizaba. Estudi&eacute; dos a&ntilde;os de derecho, saqu&eacute; muy buenas notas y les dije: &ldquo;estas son mis notas, pero no me gusta, voy a hacer Filosof&iacute;a y Letras&rdquo;. Y as&iacute; fue.&nbsp; Afortunadamente, los de mi generaci&oacute;n pudimos vivir de eso. Yo sab&iacute;a que si me dedicaba a ello con gusto y con voluntad, jug&aacute;ndomelo todo,&nbsp; poni&eacute;ndolo todo sobre el tablero, saldr&iacute;a adelante, pero es que entonces hab&iacute;a posibilidades. Ahora ni siquiera jug&aacute;ndotelo todo puedes salir adelante. Eso lo veo yo en mis hijos.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Y un libro de la melancol&iacute;a, de la tristeza?</p>
<p class="normal">- Indudablemente <em>El libro del desasosiego</em>, de Pessoa. Un libro que es tremendo, muy triste, pero tambi&eacute;n est&aacute; <em>Cantos de vida y esperanza</em>, de Ruben Dar&iacute;o. Ese poema que se titula &ldquo;Lo fatal&rdquo; y que dice: &ldquo;... no hay dolor m&aacute;s grande que el dolor de ser vivo ni mayor pesadumbre que la vida consciente...&rdquo; es terriblemente melanc&oacute;lico y amargo. Todo el libro lo es y, sin embargo, lo titul&oacute; <em>Cantos de vida y esperanza</em>. Es una cosa completamente curiosa.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;El dinero se ha convertido en una especie de para&iacute;so al que acceder sin escr&uacute;pulos&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Ha estudiado mucho los mitos, localizando la tradici&oacute;n cl&aacute;sica en las formas de expresi&oacute;n contempor&aacute;neas, en el c&oacute;mic, en el cine. Ha dicho que necesitamos los mitos para sentirnos vivos. &iquest;Han cambiado mucho los mitos con el paso del tiempo? &iquest;Hasta qu&eacute; punto el dinero es el gran mito del presente?</p>
<p class="normal">- Bueno, el dinero, el oro, siempre lo ha sido. Pensemos en el mito de El Dorado, ese lugar al que todo el mundo quiere acudir. No es algo nuevo. Podemos remontarnos al rey Creso de Lidia y llegar desde ah&iacute; al presente. El ansia por la acumulaci&oacute;n de riquezas se repite una y otra vez. Lo que pasa ahora, con la actual crisis, que arranca de la cultura de los 80, del pelotazo, es que las clases medias se est&aacute;n aboliendo y cada vez hay m&aacute;s distancia entre los ricos y los pobres. Eso es tr&aacute;gico, pero, en cualquier caso, si hablamos del mito como un discurso que explica el universo, el mito del dinero puede explicar alguna de de las peculiaridades del ser humano, pero no es fundamental. Los mitos fundamentales var&iacute;an muy poco. La sociedad tradicional, la que todav&iacute;a existe en los abor&iacute;genes australianos o en el Amazonas, sigue teniendo las mismas conexiones internas que la nuestra. Eso del hombre civilizado y hombre salvaje es muy relativo. Tenemos los mismos mitos, solo que desarrollados de una manera diferente. En esa especie de arcadia original que fue la vida de los hombres salvajes, seguro que tambi&eacute;n se dieron posiciones de prestigio, de poder. Aunque el dinero no existiera como tal, estaban las cabezas de ganado, cuya posesi&oacute;n diferenciaba a unos de otros, o el n&uacute;mero de mujeres que se tuviera. El mito de la igualdad s&iacute; que es un mito absolutamente absurdo, porque nunca hemos sido iguales. Lo que pasa hoy, particularmente, en esta sociedad mundializada, globalizada, es que el dinero se ha convertido en una especie de para&iacute;so al que acceder sin escr&uacute;pulos. Eso se ve claramente en <em>El lobo de Wall Street</em>, una pel&iacute;cula que me parece extraordinaria y que ha sido criticada precisamente por exponer todo esto sin ser cr&iacute;tica. Scorsese lo pone todo sobre la mesa de una manera magistral. Yo soy muy de Scorsese y en su nombre me he peleado con mucha gente que dice haberse sentido molesta porque en la pel&iacute;cula s&oacute;lo sale sexo y droga. Yo no s&eacute; qu&eacute; pel&iacute;cula han visto, si han visto la misma pel&iacute;cula que yo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Hasta qu&eacute; punto estamos faltos de h&eacute;roes y hasta qu&eacute; punto los h&eacute;roes se han abaratado? Se ha puesto la heroicidad en los villanos, en los mercaderes, en los que se enriquecen, no en los creadores, en los&nbsp;&nbsp; humanistas, los cient&iacute;ficos, en los que ayudan a los dem&aacute;s.</p>
<p class="normal">- Bueno, en los villanos y tambi&eacute;n, durante mucho tiempo, en los pol&iacute;ticos. Pienso en la familia Kennedy, que representa un cierto paradigma de hero&iacute;smo basado en el culto a la personalidad. En este pa&iacute;s con la muerte de Su&aacute;rez hemos vivido una especie de canonizaci&oacute;n de un se&ntilde;or al que odiaba todo el mundo, de quien nadie se acordaba y que de repente se convierte en un tipo de h&eacute;roe al que la sociedad rinde culto, como se rend&iacute;a culto a los dioses en la antig&uuml;edad romana. Dejando eso de lado, los h&eacute;roes de nuestro tiempo son la starlette, el actor de pel&iacute;culas de &eacute;xito, el futbolista, el deportista de &eacute;lite y, por supuesto, el que gana mucho dinero. Es pat&eacute;tico que se mitifique tanto todo esto, pero por debajo de esa capa superficial, si escarbamos detr&aacute;s de esos h&eacute;roes un poco de pacotilla, siguen estando los valores de siempre: la fortaleza, la capacidad de sufrimiento... En el fondo, la estructura profunda de los mitos es la misma que se da en la sociedad primitiva. Se ha degradado, eso s&iacute;, se ha profanado, el concepto de mito, que antes era sagrado.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">&ldquo;Todos debemos luchas por ennoblecer lo que estamos haciendo&rdquo;</p>
<p class="normal">- Recuerdo una declaraci&oacute;n que hizo Luis Alberto de Cuenca cuando se puso al frente de la Biblioteca Nacional [cargo que ocup&oacute; desde 1996 hasta el 2000]. &ldquo;Hay que dignificar y ennoblecer la pol&iacute;tica&rdquo;, dijo entonces, y se refer&iacute;a a ese momento como el id&oacute;neo para demostrar que &ldquo;hacer pol&iacute;tica no era una actividad cercana al gangsterismo como cre&iacute;an los taxistas&rdquo;. Lejos de mejorar la cosa ha empeorado. &iquest;Cree que todav&iacute;a es posible ennoblecer la pol&iacute;tica?</p>
<p class="normal">- Bueno, es que entonces estaba reci&eacute;n llegado y ten&iacute;a mucha ilusi&oacute;n por ennoblecer una profesi&oacute;n que estaba ya entonces mal vista. La situaci&oacute;n ha ido degenerando, es cierto, pero creo que siempre es posible ennoblecer cualquier cosa. Todo son ciclos. Yo soy &ldquo;eli&aacute;dico&rdquo; en ese sentido. Mircea Eliade siempre hablaba del eterno retorno y, como &eacute;l, yo no creo que las cosas sean una l&iacute;nea recta. &iquest;Hacia qu&eacute;, hac&iacute;a qu&eacute; lugar? Los revolucionarios del 89 pensaban que estaban inaugurando el mundo y despu&eacute;s vino la revoluci&oacute;n del 17, a la que sigui&oacute; la contrarrevoluci&oacute;n del 81... Todo es muy relativo. Yo lo que pienso es que todos debemos luchar en nuestra parcelita por ennoblecer lo que estamos haciendo. Eso es lo que yo quer&iacute;a decir entonces, cuando estaba reci&eacute;n llegado a la pol&iacute;tica, que no era pol&iacute;tica, porque ser director de la Biblioteca Nacional en cualquier pa&iacute;s del mundo no es nombramiento pol&iacute;tico, salvo en Espa&ntilde;a. No tiene sentido que el PP o el PSOE nombre al director de la Biblioteca Nacional, que hoy ni siquiera es una direcci&oacute;n general, lo cual me parece un error. En el Reino Unido, por ejemplo, los pol&iacute;ticos s&oacute;lo nombran a secretarios de Estado y a ministros. Lo dem&aacute;s es funcionarial.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Cree que estamos en un umbral de cambio hacia otra cosa?</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Creo que Internet ha sido una revoluci&oacute;n profunda, mucho m&aacute;s que cualquier otra, mucho m&aacute;s que la ca&iacute;da de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica o que la globalizaci&oacute;n, fen&oacute;menos que son pura historia. Borges ya supo ver en&nbsp; <em>El libro de arena</em> lo que hoy es Internet. El hecho de que con este dispositivo m&oacute;vil pueda tener todo a mi alcance, pueda acceder a una gran biblioteca con s&oacute;lo pasear mi yema de dedo por la superficie, es algo fundamental. Creo que esto que estamos viviendo supone m&aacute;s de lo que la imprenta supuso en su d&iacute;a. La imprenta revolucion&oacute; todo porque evidentemente el protestantismo no habr&iacute;a tenido lugar sin ella. No habr&iacute;a habido una rebeli&oacute;n en el seno del cristinanismo sin la imprenta. Y fue fundamental el invento de Gutenberg de los tipos m&oacute;viles, que ya los chinos hab&iacute;an utilizado antes, pero Internet es mucho m&aacute;s. Estamos en el umbral de algo desconocido, que ya nos ha conducido a una forma de comunicarnos, de relacionarnos a trav&eacute;s de las redes sociales. Yo no participo en ellas porque soy de otra generaci&oacute;n, pero me parece incre&iacute;ble, incluso la manera de expresarse que han abierto. Si hubi&eacute;ramos vivido en los tiempos de la Inquisici&oacute;n hubieran quemado al tipo que ha inventado todo esto. Es pura magia, una especie de pacto con el diablo. Yo tardo ahora en hacer una rese&ntilde;a la d&eacute;cima parte de lo que tardaba antes y cada vez son m&aacute;s fiables los datos que se manejan en Internet, siempre que conozcas bien el campo en el que te mueves. Es impresionante c&oacute;mo lo ha facilitado todo. No podemos dejar de reconocerlo, de apreciarlo. A m&iacute; me sigue fascinando ir a la enciclopedia, pero eso es ya es un acto de perversi&oacute;n, una delicia que se acabar&aacute; convirtiendo en una rareza estramb&oacute;tica.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;El libro f&iacute;sico durar&aacute; m&aacute;s de lo que muchos auguran&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Pero no es lo mismo una enciclopedia que una novela, &iquest;no?</p>
<p class="normal">- Por supuesto. Yo creo que el libro f&iacute;sico durar&aacute; mucho m&aacute;s de lo que muchos auguran. El c&oacute;dex fue uno de los grandes inventos de la humanidad. Antes de &eacute;l exist&iacute;a el volumen, que era un rollo de papel, pero, a partir del siglo IV, a alguien se le ocurri&oacute; en Roma que era much&iacute;simo mejor pasar las p&aacute;ginas. A partir de ese momento, esa revoluci&oacute;n del c&oacute;dice fue tan importante como la de la imprenta. Catulo &ldquo;and company&rdquo;, no ten&iacute;an c&oacute;dices. Ten&iacute;an que ir poniendo piedras para poder leer los contenidos del rollo de papel.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Estar tan inmersos en ese cambio, en esa revoluci&oacute;n, genera confusi&oacute;n, incertidumbre?</p>
<p class="normal">- As&iacute; es. No podemos apreciarlo en toda su magnitud. Las ventajas son muchas, pero tambi&eacute;n podemos ver la desventaja de que los malos, por decirlo de alg&uacute;n modo, tienen tambi&eacute;n a su disposici&oacute;n un medio para hacer fructificar las actividades a las que se dedican. Me refiero, por ejemplo, a las redes de pederastia o al terrorismo. Internet lo facilita todo, porque es el libro de arena y en el libro de arena del que hablaba Borges se encuentra todo... Permite un mayor control sobre todos. Lo vemos por Obama, que tiene controlado a todo Dios. Eso es evidente, pero tiene toda la l&oacute;gica. Internet es como un trasunto del mundo, con todo lo bueno y lo malo del mundo. Se trata de un mapa a peque&ntilde;a escala del planeta tierra, de la vida y de la cultura que se ha desarrollado dentro de ese planeta. Y claro ah&iacute; cabe todo: los santos, los m&aacute;rtires, los monstruos, los capos de la mafia... Acord&eacute;monos de Walt Whitman y sus <em>Hojas de hierba</em>, un libro en el que el autor norteamericano del XIX le cantaba a todo lo que es el hombre, no s&oacute;lo a sus actos ben&eacute;ficos. Por eso me encanta Shakespeare, porque pinta la vida como es, con sus monstruos y sus &aacute;ngeles. Todos tenemos a la vez parte de monstruo y parte de &aacute;ngel, aunque, evidentemente, luego est&aacute; el derecho, las leyes, para controlar al monstruo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Sigamos con la biograf&iacute;a. Despu&eacute;s de la Biblioteca Nacional, de 2000 a 2004, Luis Alberto de Cuenca ejerci&oacute; de secretario de Estado de Cultura. &iquest;Qu&eacute; recuerdos guarda de esa etapa?</p>
<p class="normal">-&nbsp; Ese pasado m&iacute;o no me interesa. A la Biblioteca Nacional s&iacute; le guardo cari&ntilde;o, pero nunca disfrut&eacute; estando en el primer plano de la vida pol&iacute;tica. Eso mis amigos lo saben muy bien, como que tampoco cambi&eacute;. Puede que alguna vez diese a alguien una respuesta un poco m&aacute;s nerviosa de lo habitual en m&iacute;, pero uno de mis mayores orgullos es que la pol&iacute;tica no me hizo cambiar.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;Le ense&ntilde;&oacute; algo esa etapa?</p>
<p class="normal">- Indudablemente. Me ense&ntilde;&oacute; c&oacute;mo tienes moscones continuamente contigo, gente que que est&aacute; a tu lado s&oacute;lo porque est&aacute;s ocupando un determinado cargo, mientras que, como contrapunto, los que de verdad eran mis amigos procuraban mantenerse al margen, no darme la lata. Aprend&iacute; mucho del alma humana, de lo que supone el poder, un poder relativo, ya que en Espa&ntilde;a poder, poder, s&oacute;lo lo tiene el presidente del Gobierno, el jefe de la oposici&oacute;n y el Rey, que sigue teniendo mucho.&nbsp;&nbsp; Pero lo dem&aacute;s... Por delegaci&oacute;n me toc&oacute; algo y realmente ah&iacute; aprend&iacute; a profundizar mucho de los mecanismos que mueven a las personas, de lo que nos rodea, de lo que es realmente importante.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Somos criaturas depredadoras&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;Por qu&eacute; es tan t&oacute;xico el poder?</p>
<p class="normal">- No lo s&eacute;, pero siempre ha gustado, desde el principio de los tiempos, y no s&oacute;lo se trata de una estructura a nivel de Estado, de autonom&iacute;as, de ayuntamientos. El poder tambi&eacute;n se ejerce en la familia. Siempre hay un c&oacute;nyuge que manda m&aacute;s que otro; un ni&ntilde;o que se impone a los dem&aacute;s. Es algo que procede de nuestra condici&oacute;n de primates evolucionados. Las relaciones de poder ya est&aacute;n en las tribus de los chimpanc&eacute;s o de los gorilas. Y en el fondo tambi&eacute;n est&aacute; en la condici&oacute;n de los carn&iacute;voros. La relaci&oacute;n de poder, exige caza. Somos criaturas depredadoras.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">-&nbsp; Un amante del cine, de la m&uacute;sica, autor de letras de canciones para la Orquesta Mondrag&oacute;n o para Loquillo, simpatizante de la Movida, como usted, &iquest;qu&eacute; opina de la actual situaci&oacute;n de la cultura, por qu&eacute; da la impresi&oacute;n de que es ninguneada, despreciada, por los gobernantes, quienes la consideran un mero entretenimiento y no aprecian su valor?</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- La situaci&oacute;n es verdaderamente dram&aacute;tica. En la m&uacute;sica el negocio se ha reducido un 95%; en el mundo del audiovisual lo mismo y el mercado del libro ya est&aacute; en un 50 o un 60% menos debido a la pirater&iacute;a. Todas las medidas de revitalizaci&oacute;n econ&oacute;mica a consecuencia de la crisis han resultado dur&iacute;simas para la cultura, para el teatro, para el cine. Y lo del IVA ya ha sido una pu&ntilde;alada trapera. &iquest;Qu&eacute; es lo que pasa? Pues que a la cultura en Espa&ntilde;a, y lo s&eacute; porque he estado al frente de la misma cuando hab&iacute;a dinero, siempre se le escatima la financiaci&oacute;n. Y en tiempos de crisis mucho m&aacute;s. La cultura ha sido siempre una especie de comod&iacute;n que se ha utilizado seg&uacute;n los intereses del momento. Tenemos el ejemplo del Instituto Cervantes. Los distintos gobiernos que ha habido siempre han dicho que iban a apoyarlo y a apostar fuerte por &eacute;l, pero nunca lo han hecho.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;No hay condiciones objetivas para fomentar un di&aacute;logo entre lo p&uacute;blico y lo privado que favorezca la cultura&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Pero la cultura, la lengua, pueden generar riqueza.</p>
<p class="normal">- Por supuesto que la cultura puede generar dinero, sobre todo en un pa&iacute;s como Espa&ntilde;a, un pa&iacute;s de sol y playa y de cultura. Pero aqu&iacute; nunca ha habido, como en el mundo anglosaj&oacute;n, una conexi&oacute;n f&eacute;rtil entre lo privado y lo p&uacute;blico. Aqu&iacute; nunca se ha hecho una ley de mecenazgo generosa que permita que gente con dinero apoye proyectos culturales a cambio de desgravaciones fiscales. Ahora se ha puesto sobre la mesa, pero tenemos unos n&uacute;meros muy malos que no lo permiten y Hacienda es muy avara. No hay condiciones objetivas para fomentar un di&aacute;logo entre lo p&uacute;blico y lo privado que favorezca la cultura. No cabe duda de que la lengua espa&ntilde;ola, a trav&eacute;s de la venta de t&iacute;tulos que fuesen valorados por las universidades espa&ntilde;olas, es un negocio. Tendr&iacute;amos que jugar a la metr&oacute;polis como juegan en el Reino Unido con su Commonwealth, pero no hemos sabido. Somos un pa&iacute;s cortoplacista, que busca el provecho a un mes, a un a&ntilde;o vista, hasta las siguientes elecciones. Falta un sentido m&aacute;s amplio de futuro, eso siempre ha sido as&iacute;. Y, por otro lado, algo que me incomoda mucho es que haya gente, cineastas de moda, por ejemplo, que se crean los due&ntilde;os de esa cultura. &ldquo;A la gente de la cultura no nos oyen&rdquo;, suelen decir. No, se&ntilde;ores, la cultura es de todos.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">-&nbsp; &iquest;C&oacute;mo ve el devenir de la humanidad, se atreve a mirar el futuro a trav&eacute;s de la bola de cristal?</p>
<p class="normal">- Un c&iacute;clico como yo, no un ciclot&iacute;mico, en lo que cree es en los ciclos, en el eterno retorno del que hablaba Eliade. Yo creo en el principio del caos. Mi amigo Juan Luis Arsuaga, el antrop&oacute;logo, dice que todo es fruto del caos, que no puede haber planificaci&oacute;n de ning&uacute;n tipo, y yo estoy con &eacute;l. Esto quiere decir que este estado de postraci&oacute;n de la cultura, que este estado de crisis lamentable, que esta ausencia de trabajo para los j&oacute;venes y para los que no son tan j&oacute;venes, tendr&aacute; un fin. Qui&eacute;n sabe cu&aacute;ndo, no se sabe, pero los que somos c&iacute;clicos pensamos que no todo va a ir a mejor ni a peor sino que va a mutar. Yo creo que estamos en el comienzo de un determinado giro importante en las sociedades. Hasta ahora hemos cre&iacute;do que todo iba a mejorar continuamente y ahora nos hemos dado cuenta de que eso no es as&iacute; y no somos capaces de discernir lo que va a ocurrir en el futuro, pero yo creo que incluso va a cambiar el modelo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- &iquest;El modelo capitalista?</p>
<p class="normal">- El modelo capitalista, s&iacute;, pero sin hacerse socialista tampoco. No tengo ni idea de lo que surgir&aacute;, pero va a ser un capitalismo nuevo. Desde el &ldquo;new deal&rdquo; de Roosevelt &eacute;ste hab&iacute;a estado muy marcado por las mejoras sociales, pero la situaci&oacute;n de crisis ha provocado un recrudecimiento de su rostro menos humano. Y en eso ha tenido que ver tambi&eacute;n la ca&iacute;da del socialismo, el modo en que se ha gestionado el socialismo real, que ha sido lamentable. Estamos en un momento en el que no sabemos qu&eacute; va a ocurrir. Los liberales dicen que la soluci&oacute;n es el liberalismo, los socialdem&oacute;cratas le echan la culpa a los liberales de la crisis. Yo no tengo conocimientos para dictaminar lo que ocurrir&aacute;. Lo que s&iacute; s&eacute; es que estamos en la aurora de algo. Esa es la impresi&oacute;n que tenemos todos los que nos paramos a pensar un poquito.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Volvemos al principio de esta entrevista. &iquest;En el plano personal Luis Alberto de Cuenca es un hombre optimista?</p>
<p class="normal">- Yo creo que no se puede ser optimista, porque esta pel&iacute;cula siempre acaba mal, porque el proceso de envejecimiento no puede llevarse bien desde el momento en que empiezan a fallar las habilidades. D&aacute;maso Alonso confesaba sentir: al &ldquo;oso pardo de la vejez&rdquo; abalanzarse sobre &eacute;l, y eso es verdad. Ser optimistas es de necios, pero lo que ocurre es que tampoco puede ir uno por el mundo como un melanc&oacute;lico o un depresivo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Mi poes&iacute;a es terap&eacute;utica&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">-- &ldquo;Hay que vivir la decadencia con buen humor&rdquo;, dice en uno de los poemas de <em>Cuaderno de</em> <em>verano</em>. En un libro anterior, <em>La caja de plata</em>, anima a que el ejemplo en la vida sea lo que se ha gozado, nunca lo sufrido. Hay mucho optimismo en esos versos.</p>
<p class="normal">-- Es que en mi poes&iacute;a traslado mi lado saturniano, pero tambi&eacute;n mi lado apol&iacute;neo, mi lado luminoso, solar. En cierto modo lo que intento en ocasiones es darme &aacute;nimos a m&iacute; mismo, mientras que otras veces, por el mero hecho de describir mi situaci&oacute;n desastrosa, tambi&eacute;n me estoy mimando. Eso lo dicen los psic&oacute;logos. Si t&uacute; de repente eres capaz de verbalizar tu horror vas mejorando. Para m&iacute;, precisamente por eso, mi poes&iacute;a es terap&eacute;utica.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Hay otro poema, &ldquo;Abre todas las puertas&rdquo;, perteneciente a <em>Por fuertes y fronteras</em>, en el que se apuesta por la curiosidad&nbsp; ante la vida, en el que se incita a abrir todas las puertas, aunque &ldquo;nada haya dentro&rdquo;. Dice mucho de una manera de ser.</p>
<p class="normal">- S&iacute;. Yo estoy educado en un cierto nihilismo. Pertenezco a una generaci&oacute;n muy interesada por el teatro del absurdo, por Samuel Beckett, por Ionesco... Me he educado en esa cultura de posguerra mundial donde no hab&iacute;a ning&uacute;n tipo de horizonte, donde no te pod&iacute;as agarrar a nada. Y sigo en esa cultura porque es la que he vivido de joven, pero, por otro lado, tambi&eacute;n tengo un gran respeto hacia la tradici&oacute;n, hacia los valores del cristianismo europeo, de Occidente, que es de donde han salido los derechos del hombre, las revoluciones. Lo hemos hecho pr&aacute;cticamente todo y ahora que nos castigamos, que nos flagelamos tanto, yo me confieso muy occidentalista, muy partidario de Occidente.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">[Fue al final de la entrevista, muy cerca del &ldquo;oso pardo de la muerte&rdquo; al que nombraba D&aacute;maso Alonso, cuando son&oacute; el tel&eacute;fono con esa noticia que modific&oacute; el tono de voz, el gesto, la palabra, el estado de &aacute;nimo, el ritmo de la conversaci&oacute;n. Todo estaba dicho. &ldquo;Cuando te veo triste y melanc&oacute;lico, / pr&oacute;ximo ya a la ruina cenicienta, / me permito decirte (en estos versos, / porque a la cara no me atrever&iacute;a), / que a&uacute;n respiras (lo que es inevitable / cuando se sigue vivo), que hay pel&iacute;culas todav&iacute;a que ver / y geolog&iacute;as / caprichosas y oc&eacute;anos en llamas / y tesoros escitas y crep&uacute;sculos / que admirar, y novelas que leer, / y connivencias m&aacute;gicas, y copas / fe&eacute;ricas que apurar. Y aunque no haya / emociones fort&iacute;simas, pasiones / consuntivas ni t&iacute;os en Am&eacute;rica / esperando a las puertas del futuro, / hay que intentar vivir hasta la &uacute;ltima / bocanada de aire en los pulmones / sin perder la esperanza...&rdquo;, me puse a leer &ldquo;Consolatio ad se ipsum&rdquo;, de <em>Cuaderno de vacaciones</em>, sentada en el metro, camino de vuelta a casa].</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 24 Jun 2014 05:05:20 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un siglo con Julio Cortázar]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-siglo-con-julio-cortazar/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/julioicortgazar500.jpg" alt="" /></p>
<p>Al conmemorar en 2014 el centenario del nacimiento de Julio Cort&aacute;zar no est&aacute; de m&aacute;s recordar que el a&ntilde;o pasado cumpli&oacute; cincuenta a&ntilde;os <em>Rayuela</em>, la obra que dio a su autor un lugar indiscutido entre los protagonistas del llamado <em>boom</em> de la narrativa hispanoamericana. El tiempo transcurrido permite ver en aquella novela el testimonio magn&iacute;fico de un tiempo en el que no pocos escritores trataron de hallar una salida frente al malestar existencial, lo que en su caso se concret&oacute; en la historia de b&uacute;squedas y desencuentros iniciada en cuanto la Maga y Horacio Oliveira eleg&iacute;an el azar como manifestaci&oacute;n de una causalidad secreta que los un&iacute;a y los alejaba hasta la separaci&oacute;n definitiva. Aunque los episodios situados &ldquo;del lado de ac&aacute;&rdquo; a&ntilde;adieran matices al relato iniciado &ldquo;del lado de all&aacute;&rdquo;, su repatriaci&oacute;n desde Par&iacute;s a Buenos Aires no alteraba la significaci&oacute;n de Oliveira: lo suyo era buscar, sentir la ansiedad axial, tratar de acercarse a un centro apenas adivinado. &Eacute;l era quien experimentaba estados excepcionales, momentos fugaces de videncia, el &uacute;nico entre los miembros del Club de la Serpiente capaz de advertir que la Maga cre&iacute;a sin ver, formaba parte del continuo de la vida, nadaba en los r&iacute;os metaf&iacute;sicos como las golondrinas nadan en el aire, accediendo sin dificultad a dimensiones que ellos trataban in&uacute;tilmente de conquistar a golpes de cultura. S&oacute;lo &eacute;l era suficientemente l&uacute;cido para relacionar su propia conducta con los ritos infantiles del guijarro y el salto sobre un pie para entrar en el cielo, seg&uacute;n anticipaba el t&iacute;tulo de la novela, e incluso para saber cu&aacute;ndo el juego corr&iacute;a el riesgo de convertirse en sacrificio; s&oacute;lo &eacute;l consegu&iacute;a al final entrever la existencia de un pasaje para salir del territorio de la descaminada especie humana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por entonces resultaba atractivo el desd&eacute;n hacia los valores convencionales, hacia los representantes de la Gran Costumbre de las imposiciones sociales, vistos siempre desde una posici&oacute;n de superioridad moral apenas matizada por la iron&iacute;a con que el narrador o el propio Oliveira expon&iacute;an sus puntos de vista. No en vano se trataba de encontrar un lector al que mutar o enajenar, pretensi&oacute;n que conllevaba la intenci&oacute;n declarada de convertirlo en un c&oacute;mplice, de redimirlo de su condici&oacute;n de lector-hembra, marcando de paso las distancias entre la escritura dem&oacute;tica y la escritura hier&aacute;tica, como declaraban las reflexiones de Morelli y su rechazo de la novela &ldquo;rollo chino&rdquo;, del libro que se dejara leer sin m&aacute;s desde su principio a su final. Con ese lector se contaba para que el humor pataf&iacute;sico de incidentes absurdos operara como ant&iacute;doto de lo absurdo de vivir, para olvidar los conflictos psicol&oacute;gicos y los comportamientos descritos en las novelas hed&oacute;nicas, para que compartiera la urgencia de trascender el tiempo superficial del presente hist&oacute;rico. No se trataba de abandonarse a la nostalgia de los para&iacute;sos perdidos, sino de decir adi&oacute;s a las tres dimensiones tradicionales del espacio, al conocimiento ligado a las categor&iacute;as de la raz&oacute;n suficiente, al mundo satisfactorio de las gentes razonables con sus sacrosantas obligaciones castradoras. Ese lector deber&iacute;a compartir el manoteo desorientado del escritor y de la novela en busca de un asidero, de la revelaci&oacute;n de ese orden al que pertenec&iacute;a la interminable figura sin sentido que Oliveira crey&oacute; componer con la Maga tras la muerte del peque&ntilde;o Rocamadour.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cort&aacute;zar ya hab&iacute;a emprendido esa b&uacute;squeda en <em>Los premios</em>, novela publicada en 1960 y que en la Argentina obtuvo un &eacute;xito notable de cr&iacute;tica y lectores. En ella los agraciados en el sorteo de un viaje de recreo se reun&iacute;an en un barco sin destino preciso, y se empe&ntilde;aban en llegar al espacio prohibido de la popa mientras Persio, uno de ellos, se enfrascaba en la b&uacute;squeda de simetr&iacute;as o geometr&iacute;as relacionadas con un orden dif&iacute;cil de aprehender, con la existencia de un punto central donde cada elemento discordante pudiera llegar a verse como el rayo de una rueda. El inter&eacute;s de la trama urdida con los hechos narrados dejaba esas reflexiones en segundo t&eacute;rmino, pero no resulta dif&iacute;cil comprobar que Cort&aacute;zar ya apostaba all&iacute; por una novela nueva, ligada a una nueva visi&oacute;n del mundo, y lo dejaba de manifiesto especialmente cuando Persio, desencantado, cre&iacute;a asistir bajo otras apariencias a la danza de los mu&ntilde;ecos de madera, al primer acto del destino americano ―en evidente referencia al <em>Popol Vuh</em>―, y sent&iacute;a que esa danza continuaba en espera de que naciese o hubiera nacido ya un hombre nuevo. La muerte de Gabriel Medrano en la popa, antes de encontrar la respuesta que Claudia parec&iacute;a representar para &eacute;l, situaba al novelista del lado de quienes buscaban hasta el sacrificio y contra quienes falsificaban la verdad en nombre del orden y del buen sentido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esa b&uacute;squeda se hab&iacute;a acentuado en <em>Rayuela</em>, donde adem&aacute;s se planteaban nuevas aperturas para el futuro: no en vano Morelli, en su cap&iacute;tulo 62, propon&iacute;a imaginar un grupo humano que creyera reaccionar psicol&oacute;gicamente cuando en verdad obedecer&iacute;a a instancias del flujo de la materia animada, en cuyo funcionamiento secreto Cort&aacute;zar trat&oacute; de adentrarse al escribir <em>62. Modelo para armar</em>. Publicada en 1968, esta novela pod&iacute;a verse ―puesto que para cada lector ser&iacute;a el libro que hubiera elegido leer― como un esfuerzo para desarrollar como narraci&oacute;n la cadena de asociaciones o co&aacute;gulo que la atenci&oacute;n distra&iacute;da de Juan, de oficio traductor (como Cort&aacute;zar), capta cuando el <em>ch&acirc;teau sanglant</em> demandado por un comensal se asocia a la copa de Sylvaner que &eacute;l paladea en un restaurante parisino llamado Polidor, dejando entrever una dimensi&oacute;n extra&ntilde;a aderezada con vampirismo y otros placeres sangrientos. Despu&eacute;s los encuentros y desencuentros, fundamentalmente amorosos, se aceptan mejor si se recuerda lo que Morelli propon&iacute;a para esa novela nueva. Si las actuaciones de sus personajes a veces los hac&iacute;an parecer insanos o idiotas, era precisamente porque estaban a merced de la materia animada que a trav&eacute;s de ellos trataba de manifestarse: fuerzas habitantes, extranjeras, que avanzaban en procura de su &ldquo;derecho de ciudad&rdquo;, como Morelli tambi&eacute;n hab&iacute;a previsto. Era eso lo que en <em>62. Modelo para armar</em> se configuraba como una dimensi&oacute;n extra&ntilde;a que parec&iacute;a absorber a los personajes, imaginada como una ciudad vac&iacute;a por la que discurrieran tranv&iacute;as incontables, un espacio ominoso donde se sent&iacute;an horrores ancestrales, un universo de pesadilla que parec&iacute;a aflorar precisamente en los sue&ntilde;os o en la duermevela. A esa otra dimensi&oacute;n ten&iacute;an acceso casi todos los que compart&iacute;an la &ldquo;zona&rdquo;, un espacio de complicidad que agrupaba a quienes se reun&iacute;an en torno a una mesa del bar <em>Cluny</em>, algo similar al Club de la Serpiente de <em>Rayuela</em>, propicio otra vez a los juegos verbales, a los episodios de humor pataf&iacute;sico y a cuanto pudiera atentar contra las barreras culturales que obstaculizar&iacute;an el avance de esa dimensi&oacute;n que apenas se consegu&iacute;a entrever.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las tensiones pol&iacute;ticas de la &eacute;poca consiguieron encontrar eco tard&iacute;o en las novelas de C&oacute;rtazar, a pesar de que Oliveira hubiera desestimado la opci&oacute;n de &ldquo;comprometerse&rdquo; por estimarla una traici&oacute;n a s&iacute; mismo, una coartada para abandonar la b&uacute;squeda verdadera, la relacionada con el acceso al cielo de la rayuela, o al &ldquo;kibbutz del deseo&rdquo; imaginado en la noche parisina de su degradaci&oacute;n final. Morelli y <em>62. Modelo para armar</em> mostraban que esa b&uacute;squeda exced&iacute;a a los individuos, como si algo que el homo sapiens guardara en lo subliminal se abriese camino a trav&eacute;s de ellos, como si la vida tratase de alumbrar una humanidad diferente. Cuando las circunstancias exigieron planteamientos acordes con las urgencias del presente, Cort&aacute;zar escribi&oacute; <em>Libro de Manuel</em> (1973) para que su hombre nuevo se acomodase al propuesto por la revoluci&oacute;n cubana. Al Club de la Serpiente y a la mesa del <em>Cluny</em>, siempre en Par&iacute;s, suced&iacute;a una nueva pandilla que en su sector m&aacute;s radical conformaba &ldquo;la Joda&rdquo;, cuyas actividades revolucionarias hab&iacute;an de culminar con el secuestro de un diplom&aacute;tico, en tanto que Andr&eacute;s adquir&iacute;a una conciencia pol&iacute;tica a costa de los valores peque&ntilde;oburgueses que iba dejando atr&aacute;s, aunque a lo largo de la obra no cejase de buscar en el amor y hasta en la degradaci&oacute;n la apertura hacia esa otra dimensi&oacute;n que hab&iacute;a obsesionado a los protagonistas de sus novelas anteriores. Los recortes de prensa destinados a conformar el &ldquo;libro de Manuel&rdquo; serv&iacute;an de contrapunto a las inquietudes metaf&iacute;sicas con la irrupci&oacute;n de un presente hist&oacute;rico signado sobre todo por la represi&oacute;n, la tortura y la muerte, que Cort&aacute;zar condenaba a la vez que segu&iacute;a mostrando su simpat&iacute;as por los j&oacute;venes contestatarios de entonces, por los <em>hippies</em> de cualquier parte y por cuantos colaborasen en la destrucci&oacute;n de los principios razonables que hasta los partidos comunistas parec&iacute;an representar.</p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em>Libro de Manuel</em> pareci&oacute; agotar el inter&eacute;s de su autor por la novela, sin duda para alivio de algunos de sus lectores, saturados de sus pandillas de adolescentes j&oacute;venes o mayorcitos, de tanta exaltaci&oacute;n de la inmadurez y de tanta metaf&iacute;sica progresivamente erot&oacute;mana, justificada por la necesidad de superar las carencias que en este aspecto mostraban las reprimidas literaturas hisp&aacute;nicas. Cort&aacute;zar preferir&iacute;a seguir demostrando una y otra vez su capacidad para el relato breve, del que hab&iacute;a ofrecido muestras excelentes ya antes de que en 1951, cuando estaba a punto de dejar Buenos Aires para afincarse en Par&iacute;s, ofreciera en <em>Bestiario</em> la primera colecci&oacute;n. La abr&iacute;a el titulado &ldquo;Casa tomada&rdquo;, bien conocido desde que a finales de 1946 lo publicara Jorge Luis Borges en la revista <em>Los Anales de Buenos Aires</em>, en el que unos ruidos sordos expulsaban a Irene y al narrador de la morada familiar. Los personajes aceptaban la irrupci&oacute;n de lo extra&ntilde;o como si lo estuvieran esperando, como el narrador de &ldquo;Carta a una se&ntilde;orita en Par&iacute;s&rdquo; asum&iacute;a que vomitaba conejitos, o como la protagonista de &ldquo;Lejana&rdquo; afrontaba la presencia que se anunciaba en un sue&ntilde;o, invad&iacute;a su realidad y parec&iacute;a poseerla en un puente de Budapest. Esas eran solo algunas de las formas en que se manifestaba la presencia de otra dimensi&oacute;n, multiplicadas en los sucesivos vol&uacute;menes que Cort&aacute;zar titul&oacute; <em>Final del juego</em> (1956; ampliado en 1964), <em>La armas secretas</em> (1959), <em>Todos los fuegos el fuego</em> (1966), <em>Octaedro</em> (1974), <em>Alguien que anda por ah&iacute; y otros relatos</em> (1977), <em>Queremos tanto a Glenda</em> (1980) y <em>Deshoras</em> (1982), hasta conformar una producci&oacute;n abundante y de calidad casi siempre excepcional.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nada inveros&iacute;mil se narra en &ldquo;Torito&rdquo; o &ldquo;El m&oacute;vil&rdquo;, cuentos decididamente porte&ntilde;os, ni en &ldquo;La banda&rdquo; o en &ldquo;Los venenos&rdquo; ―por recordar simplemente algunos de los t&iacute;tulos incluidos en <em>Final del juego</em>, lo que podr&iacute;a hacerse con cualquier otro de los vol&uacute;menes mencionados―, pero en su conjunto esos relatos han sido relacionados con la literatura fant&aacute;stica, lo que invita a recordar que para Cort&aacute;zar lo fant&aacute;stico exig&iacute;a que lo excepcional pasara a ser la regla sin desplazar las estructuras ordinarias entre las cuales se insertaba, seg&uacute;n explic&oacute; en &ldquo;El cuento breve y sus alrededores&rdquo;, un ensayo incluido en <em>&Uacute;ltimo round</em> (1969). All&iacute; se refer&iacute;a tambi&eacute;n a la forma cerrada propia de un g&eacute;nero que en su versi&oacute;n moderna ―la nacida con Edgar Allan Poe― deb&iacute;a llevar su esfericidad a una extrema tensi&oacute;n, basada en la m&aacute;xima econom&iacute;a de medios, y que hab&iacute;a de funcionar como un exorcismo que alejara del autor criaturas invasoras, algo procedente de un territorio indefinible y ominoso, relacionado con latencias profundas y balbuceos arquet&iacute;picos, acercando el cuento a la poes&iacute;a tal como esta se concebir&iacute;a a partir de Charles Baudelaire. La irrupci&oacute;n de lo fant&aacute;stico equival&iacute;a as&iacute; a la manifestaci&oacute;n de una verdad o realidad m&aacute;s honda, aunque la desestabilizaci&oacute;n de la experiencia ordinaria no siempre necesitaba recurrir a lo decididamente extra&ntilde;o: con frecuencia una historia de amor bastaba para dejar de manifiesto la incapacidad para rellenar el hueco, para disimular la inquietud o desasosiego que se adivinaba tras ella, como se dejaban sentir el desconcierto y a veces la crueldad tras las protagonizadas por ni&ntilde;os o adolescentes. Desde luego, se reiteraron los relatos dedicados a establecer conexiones extra&ntilde;as, fusiones inquietantes de sue&ntilde;os (pesadillas) y vigilia, pasajes entre tiempos y lugares diversos, oscuras llamadas que pod&iacute;an traducirse en posesiones o trueques de personalidad, alguna vez accesos a una &eacute;poca remota de ritos y terrores. &ldquo;El perseguidor&rdquo;, un relato incluido en <em>Las armas secretas</em> y com&uacute;nmente asociado a la b&uacute;squeda que Cort&aacute;zar plasm&oacute; en sus novelas, permite entrever la significaci&oacute;n tambi&eacute;n compleja de sus cuentos, que no se limitaban a desestabilizar las seguridades cotidianas, a registrar sucesos ins&oacute;litos o a atestiguar la presencia de fuerzas extra&ntilde;as a trav&eacute;s de la ficci&oacute;n: como Johnny Carter, como de alg&uacute;n modo tambi&eacute;n su bi&oacute;grafo, Cort&aacute;zar fue en ellos no tanto el perseguido como el perseguidor, al convertirlos en formas diferentes de su tanteo incesante en busca de una puerta o pasaje hacia otra realidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En alguno de los ensayos de <em>La vuelta al d&iacute;a en ochenta mundos </em>(1967), Cort&aacute;zar dej&oacute; constancia de la dial&eacute;ctica entre el ni&ntilde;o y el adulto que conformaba su personalidad y que de alg&uacute;n modo se manifestaba en toda su obra literaria. No es dif&iacute;cil comprobar que acentu&oacute; la aparente ingenuidad de la primera opci&oacute;n en <em>Historias de cronopios y de famas </em>(1962), donde a las aventuras de esas criaturas de su invenci&oacute;n se un&iacute;an consideraciones sobre ocupaciones raras e instrucciones innecesarias para acciones elementales. Esa actitud na&iacute;f, atemperada por el paso del tiempo y las vivencias personales, reapareci&oacute; en <em>Un tal Lucas</em> (1979), y hab&iacute;a tenido ocasiones sobradas para manifestarse en almanaques o libros de materiales heterog&eacute;neos como los ya mencionados <em>La vuelta al d&iacute;a en ochenta mundos</em> y <em>&Uacute;ltimo round</em>, precisamente porque hasta en su formato significaban una defensa de la libertad y la imaginaci&oacute;n. Ricos en ilustraciones para acompa&ntilde;ar textos de factura muy variada, incluyeron cuentos, poemas, ensayos y otras experiencias de m&aacute;s dif&iacute;cil clasificaci&oacute;n, y resultan imprescindibles para advertir los m&uacute;ltiples motivos que ocupaban la atenci&oacute;n de Cort&aacute;zar. En <em>&Uacute;ltimo round</em> pueden encontrarse sus consideraciones sobre la distracci&oacute;n, entendida como una forma de atenci&oacute;n pasiva que permitir&iacute;a entrever otra realidad y padecerla como extra&ntilde;amiento moment&aacute;neo, del que luego quedar&iacute;an apenas una ansiedad o una vaga nostalgia: no es f&aacute;cil describir mejor la experiencia que algunos cuentos concretan y que impregna <em>62. Modelo para armar</em>, y con la que cabe relacionar incluso el conjunto de una obra predominantemente dedicada a indagar en los intersticios del espacio y del tiempo, en los vac&iacute;os de la realidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En <em>La vuelta al d&iacute;a en ochenta mundos</em> y <em>&Uacute;ltimo round</em> puede percibirse tambi&eacute;n el eco creciente que el entorno sociopol&iacute;tico encontraba en Cort&aacute;zar, interesado tanto en la guerra de Vietnam como en las protestas estudiantiles del mayo franc&eacute;s del 68, que para &eacute;l fueron el enfrentamiento de un pu&ntilde;ado de p&aacute;jaros contra la Gran Costumbre y un episodio de la lucha por una sociedad m&aacute;s justa. En ese proceso se integraba su adhesi&oacute;n a la revoluci&oacute;n cubana, que por entonces ve&iacute;a como la obra improvisada de unos cronopios y por lo tanto perfectamente compatible con su b&uacute;squeda personal. Esa adhesi&oacute;n qued&oacute; pronto de manifiesto en el relato &ldquo;Reuni&oacute;n&rdquo;, derivado de sus impresiones cuando en 1963 visit&oacute; Cuba por primera vez, aunque Cort&aacute;zar siempre defendi&oacute; la libertad total para su imaginaci&oacute;n creadora: en <em>&Uacute;ltimo round</em> ya qued&oacute; constancia de sus esfuerzos para explicar su peculiar condici&oacute;n de intelectual latinoamericano en Par&iacute;s, y para conciliar su b&uacute;squeda ontol&oacute;gica y los juegos de su imaginaci&oacute;n con la preocupaci&oacute;n por el presente hist&oacute;rico y con las inquietudes que se consideraban propias del intelectual del tercer mundo. Esos planteamientos determinaron que se viese envuelto en pol&eacute;micas sobre la responsabilidad pol&iacute;tica y social del escritor e incluso sobre la legitimidad de quien escrib&iacute;a u opinaba desde Europa. Pero sus circunstancias personales no impidieron que Cort&aacute;zar se mantuviera leal a la revoluci&oacute;n cubana incluso en los momentos en los que la radicalizaci&oacute;n del r&eacute;gimen castrista dificult&oacute; sus relaciones con los intelectuales y con &eacute;l mismo, y esa simpat&iacute;a determin&oacute; su preocupaci&oacute;n creciente por los problemas latinoamericanos tal como se ve&iacute;an desde La Habana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No siempre supo resistirse a las presiones del entorno, como <em>Libro de Manuel</em> permite comprobar. Tambi&eacute;n puede constatarse que supo expresar con acierto los horrores de la &eacute;poca cuando consigui&oacute; acercarlos a las atm&oacute;sferas ominosas tan frecuentes en su obra: los relatos &ldquo;Segunda vez&rdquo; y &ldquo;Apocalipsis de Solentiname&rdquo; de <em>Alguien que anda por ah&iacute;</em>, &ldquo;Recortes de prensa&rdquo; y &ldquo;Grafitti&rdquo;, de <em>Queremos tanto a Glenda</em>, y &ldquo;Pesadillas&rdquo;, de <em>Deshoras</em>, son buenas muestras de que la conciliaci&oacute;n de obsesiones personales e inquietudes pol&iacute;ticas era posible, y de que result&oacute; especialmente eficaz a la hora de expresar el miedo y la indefensi&oacute;n frente a los desmanes represivos que los argentinos sufrieron antes de 1976 y sobre todo a partir de esa fecha. Desde que en septiembre de 1973 un golpe de estado derribara en Chile al gobierno de Salvador Allende, las dictaduras implantadas en los pa&iacute;ses del Cono Sur de Am&eacute;rica se convirtieron en objeto principal de las preocupaciones de Cort&aacute;zar, cuya dedicaci&oacute;n a actividades relacionadas con la actualidad pol&iacute;tica se increment&oacute; extraordinariamente: lo requer&iacute;a la urgencia de denunciar la brutal represi&oacute;n que hab&iacute;a seguido a la irrupci&oacute;n de aquellos gobiernos militares, de defender a los sandinistas antes y despu&eacute;s de que en 1979 se hicieran con el poder en Nicaragua, y de condenar la complicidad del imperialismo norteamericano con los culpables de la ola de violencia que parec&iacute;a poner fin a casi todas las esperanzas de cambio. Los vol&uacute;menes <em>Nicaragua tan violentamente dulce</em> y <em>Argentina: a&ntilde;os de alambradas culturales</em> reunieron en 1984 una buena muestra de la preocupaci&oacute;n de Cort&aacute;zar por esos temas, que hasta su muerte tambi&eacute;n determinaron en gran medida sus numerosos viajes y sus actuaciones p&uacute;blicas. De esa dedicaci&oacute;n hab&iacute;a nacido su relato-c&oacute;mic <em>Fantomas contra los vampiros multinacionales</em> (1975), derivado de su participaci&oacute;n en el Tribunal Russell II, que acababa de ocuparse de la violaci&oacute;n de los derechos humanos en Am&eacute;rica Latina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los escritos de Cort&aacute;zar ofrecen, por tanto, un testimonio directo de aquellos tiempos violentos, que el sandinismo nicarag&uuml;ense y el fin de la dictadura militar argentina parec&iacute;an dulcificar para &eacute;l en los d&iacute;as que precedieron a su muerte en Par&iacute;s, el 12 de febrero de 1984. En colaboraci&oacute;n con Carol Dunlop, su &uacute;ltima esposa, hab&iacute;a elaborado <em>Los autonautas de la cosmopista o Un viaje atemporal Par&iacute;s-Marsella</em> (1983), donde al diario de la experiencia aludida en el t&iacute;tulo se sumaban materiales heterog&eacute;neos hasta conformar otro de esos almanaques tan acordes con su personalidad. Y a los libros mencionados, que no son todos los posibles, cabe a&ntilde;adir las obras publicadas tras su fallecimiento, que han permitido rellenar no pocos vac&iacute;os en su biograf&iacute;a literaria, en particular por lo que se refiere a la poes&iacute;a. El &eacute;xito obtenido con sus narraciones no debe ocultar que Cort&aacute;zar se consideraba ante todo un poeta y que, consecuentemente, escribi&oacute; poemas a lo largo de toda su vida, con frecuencia para dispersarlos en las novelas o en otras obras suyas. Solo a veces los reuni&oacute; en libros: en <em>Presencia</em>, publicado en 1938 bajo el seud&oacute;nimo de Julio Denis, y tard&iacute;amente en <em>Pameos y meopas</em> (1971) y en <em>Salvo el crep&uacute;sculo</em> (1984), volumen que reiteraba algunos del anterior. Recuperados los que solo hab&iacute;an aparecido traducidos al italiano en <em>Le ragioni della collera</em> (1982; edici&oacute;n biling&uuml;e de 1995), y reunidos los muchos que permanec&iacute;an in&eacute;ditos o dispersos, desde 2005 un volumen de sus <em>Obras completas</em> permite seguir con detalle los avatares de otra b&uacute;squeda constante, m&aacute;s &iacute;ntima y sin embargo relacionada con el resto de su obra, tan propicia al extra&ntilde;amiento como determinada por &eacute;l.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>De especial inter&eacute;s resultan las novelas <em>Divertimento</em> (1988) y<em> El examen</em> (1987), fechadas respectivamente en 1949 y 1950, por lo que dicen sobre el proceso que habr&iacute;a de desembocar en <em>Rayuela </em>y en sus otras novelas de madurez, tan proclives a las grupos de amigos conversadores, ajenos a las convenciones y aptos para discutir sobre literatura y para promover situaciones ins&oacute;litas, con frecuencia en atm&oacute;sferas enigm&aacute;ticas que en no pocos aspectos mostraban afinidades con el surrealismo, y a veces en circunstancias que revelaban el rechazo de populismo peronista que Cort&aacute;zar tambi&eacute;n hab&iacute;a dejado patente en algunos relatos. Por suyos, merecen tambi&eacute;n atenci&oacute;n los primeros que escribi&oacute;, recogidos en el volumen <em>La otra orilla</em> (1994). Desde 1991 sus lectores tambi&eacute;n pudieron encontrar reunidas las versiones definitivas de <em>Dos juegos de palabras</em> (<em>Pieza en tres escenas</em>, 1949, y <em>Tiempo de barrilete</em>, 1950), <em>Nada a Pehuaj&oacute;</em> (1955) y <em>Adi&oacute;s, Robinson</em> (1977), intentos teatrales que a&ntilde;adir al poema dram&aacute;tico <em>Los reyes</em>, que hab&iacute;a dado a conocer ya en 1947. Adem&aacute;s, conviene tener en cuenta <em>Diario de Andr&eacute;s Fava</em> (1986), conjunto miscel&aacute;neo de textos redactados al tiempo que <em>El examen</em> y solo a veces relacionados con esa novela, y los ensayos in&eacute;ditos que contribuyeron a engrosar los tres vol&uacute;menes de su <em>Obra cr&iacute;tica</em> (1994), entre los que destacaba <em>Teor&iacute;a del t&uacute;nel. Notas para una ubicaci&oacute;n del surrealismo y el existencialismo</em>, de 1947; y tambi&eacute;n los muchos textos desconocidos que conformaron <em>Imagen de John Keats</em> (1996), obra algo posterior y relevante para entender la po&eacute;tica de Cort&aacute;zar desde el linaje rom&aacute;ntico que la determinaba. Una copiosa correspondencia ayuda hoy a seguir la trayectoria de ese escritor que se alej&oacute; de la Argentina que desde&ntilde;aba para descubrir Am&eacute;rica desde Par&iacute;s, que dibuj&oacute; su mandala y lo recorri&oacute; mientras procuraba hacer de su escritura el espacio no tanto de una revelaci&oacute;n como de un alumbramiento tan imprecisable como decisivo para el porvenir de la condici&oacute;n humana.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 24 Jun 2014 05:05:04 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Benjamín Jarnés sin embozos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/benjamin-jarnes-sin-embozos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Junio/benjaminjarnes450.jpg" alt="" /></p>
<p>Es curioso el caso de Benjam&iacute;n Jarn&eacute;s. No en s&iacute; mismo, que tambi&eacute;n, sino visto desde su irregular presencia en las historia de la literatura y desde las reiteradas reivindicaciones y tentativas de rescate editorial. Bien mirado, el suyo es un caso afortunado si lo comparamos con el de otros creadores coet&aacute;neos con obra de mayor eslora, como Gabriel Mir&oacute; o Ram&oacute;n P&eacute;rez de Ayala. A Jarn&eacute;s se le ha reeditado y estudiado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os; su obra no ha dejado de emanar el raro perfume que atrae a los j&oacute;venes doctorandos en busca de un tema de investigaci&oacute;n poco manido. En los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os, por ejemplo, se han le&iacute;do sendas tesis doctorales sobre las biograf&iacute;as (Macarena Jim&eacute;nez en la Universidad de M&aacute;laga) y sobre el llamado g&eacute;nero intermedio (Sandra L. Watts en la University of Michigan). Y eso a pesar de que la atm&oacute;sfera de cerrado y biblioteca no casa bien con el talante vitalista, a&eacute;reo y risue&ntilde;o que transpira toda la prosa jarnesiana. Desde el a&ntilde;o 2000 habr&aacute;n aparecido no menos de quince ediciones anotadas y prologadas de sus obras, alguna in&eacute;dita como <em>El aprendiz de brujo</em> que edit&oacute; en 2007 Francisco Soguero. Se le ha traducido al italiano, se le ha reeditado en Estados Unidos y Argentina y todav&iacute;a guarda la capacidad de producir sorpresa cuando los lectores m&aacute;s avezados tropiezan con algunas de sus cosas, como le sucedi&oacute; al peruano Fernando Iwasaki en 2003 al leer <em>Ariel disperso</em> (&laquo;El Ariel americano de Jarn&eacute;s&raquo;, <em>ABC</em>, 27 de septiembre). Sin embargo, la supervivencia de Jarn&eacute;s es tributaria de una m&aacute;scara de yeso que simplifica la complejidad de su producci&oacute;n pero sobre de su &eacute;tica literaria. Me refiero, claro, a la m&aacute;scara de narrador deshumanizado o vanguardista, t&eacute;rminos ambos que rechaz&oacute; desde 1929 de forma inequ&iacute;voca, solo tres a&ntilde;os despu&eacute;s de publicar su primer libro resonante, <em>El profesor in&uacute;til</em>, aunque ese rechazo topara con la obtusa tendencia espa&ntilde;ola a clasificar a las gentes en bander&iacute;as, camadas, generaciones o partidos est&eacute;ticos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Nunca fue Jarn&eacute;s un escritor dogm&aacute;ticamente convencido de las bondades del experimentalismo vanguardista. Su extracci&oacute;n social, algo m&aacute;s que humilde, y su juventud carente de blanduras burguesas le hab&iacute;an vacunado contra el elitismo de clase y la lucha por hacerse un hueco en el mundo intelectual de los a&ntilde;os veinte le hab&iacute;a hecho entender que lo minoritario selecto resid&iacute;a no en el grupo social de procedencia, ni siquiera en la profesi&oacute;n ejercida, sino en una determinada calidad del esp&iacute;ritu en la que se armonizaban la inteligencia, la sensibilidad y la moral. Como para los antiguos <em>stilnovisti</em>, la genuina distinci&oacute;n no la determinaba la cuna sino la <em>nobilt&agrave; de</em> <em>cuore</em>.&nbsp; &Eacute;l se sinti&oacute; siempre dentro de esa minor&iacute;a espiritual y se doli&oacute; de la envidia, rencores, maledicencia y zafiedad de muchos de sus colegas, con y sin raz&oacute;n. Le pareci&oacute; que los j&oacute;venes poetas y prosistas de los a&ntilde;os veinte &mdash;a los que les llevaba m&aacute;s de diez a&ntilde;os&mdash; sufr&iacute;an un s&iacute;ndrome de miedo y astringencia del que sal&iacute;an aquellas p&iacute;ldoras en prosa (las &laquo;cagarritas&raquo; a las que aludir&iacute;a con resentimiento Max Aub) o aquellos poemas asperjados en las revistas literarias, unos textitos que se le antojaban faltos de fuerza vital y aut&eacute;ntica energ&iacute;a creadora. Denunci&oacute; el exceso de &laquo;genios emboscados&raquo;, con mucho embarazo y poco parto. Se equivocaba, desde luego, pero no por el lado de exigir a los escritores j&oacute;venes un mayor arrojo y tambi&eacute;n un mayor compromiso con su vocaci&oacute;n art&iacute;stica y con el mundo tumultuoso que les hab&iacute;a tocado vivir. Es lo que explic&oacute; en el pr&oacute;logo de <em>Paula y Paulita</em> (1929): las &laquo;cosas est&aacute;n ah&iacute;&raquo;, alrededor nuestro, aguardando la valent&iacute;a del artista, que deber&aacute; restablecer su relaci&oacute;n con el mundo (&laquo;Que intimemos con &eacute;l. Que le perdamos el respeto&raquo;). Y es lo que volvi&oacute; a explicar una y otra vez: &laquo;sobra talento, pero falta empuje aventurero&raquo;, como le cont&oacute; al periodista Dar&iacute;o P&eacute;rez justo en 1929.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Alguna vez he dicho que aquel a&ntilde;o calamitoso, el del crack econ&oacute;mico, fue para Jarn&eacute;s un a&ntilde;o mir&iacute;fico. Su conquista del campo literario de la Joven Literatura hab&iacute;a sido rapid&iacute;sima, una campa&ntilde;a de apenas dos a&ntilde;os en los que el aragon&eacute;s sali&oacute; del anonimato y subi&oacute; verticalmente en el escalaf&oacute;n hasta encaramarse a la representaci&oacute;n simb&oacute;lica de los nuevos valores. Sus credenciales fueron <em>El profesor in&uacute;til</em> y las notas ensay&iacute;sticas de <em>Ejercicios</em> (1927), dos libritos que concitaron elogios casi un&aacute;nimes e hicieron de su autor, de golpe, un ejemplo de teor&iacute;a y praxis de la literatura nueva. Parad&oacute;jicamente, en 1929 el ciclo de esa literatura iniciaba su declive, o al menos declinaban los principios de intrascendencia, asepsia pol&iacute;tica y ludibrio general en los que se asentaba, porque los tiempos se estaban aborrascando. Pero a Jarn&eacute;s todo le sonre&iacute;a. Su fecundidad parec&iacute;a ocultar un taller de confecci&oacute;n textual: en un a&ntilde;o publica cuatro libros importantes (<em>Paula y Paulita</em>, <em>Locura y muerte de Nadie</em>, <em>Sal&oacute;n de Est&iacute;o</em>, <em>Sor Patrocinio</em>), la versi&oacute;n corta de <em>Viviana y Merl&iacute;n</em>, varias traducciones, una de ellas la exitos&iacute;sima de <em>Sin novedad en el frente</em>, de Erich Maria Remarque, que hizo en colaboraci&oacute;n con Eduardo Foerstch y que le report&oacute; m&aacute;s disgustos que dividendos, art&iacute;culos y prosas sin cuento y por doquier, en peri&oacute;dicos y revistas, en Europa y Am&eacute;rica (en M&eacute;xico, en Argentina, en Cuba, en los Estados Unidos). Pedro Salinas no le pod&iacute;a resumir mejor la situaci&oacute;n a su amigo Jorge Guill&eacute;n en noviembre de 1929: &laquo;Jarn&eacute;s en la c&uacute;spide: un tomo por mes, colaboraci&oacute;n en todos los diarios y revistas, conferencias por la radio, <em>interviews</em>, la gloria&raquo;. Una gloria ef&iacute;mera, habr&iacute;a que a&ntilde;adir.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Desde Barcelona, Juan Chab&aacute;s presentaba en agosto a los lectores del <em>Diario de Barcelona</em> qui&eacute;n era aquel escritor ubicuo, con biograf&iacute;a y &laquo;todav&iacute;a&raquo; joven. Su retrato es perceptivo incluso en los pellizcos de monja que contiene:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Benjam&iacute;n Jarn&eacute;s es todav&iacute;a un escritor joven. Por su estilo, por su orientaci&oacute;n, por sus gustos, mucho m&aacute;s joven que por su edad. Los amigos de <em>Revista de Occidente</em> est&aacute;n acostumbrados a ver en el Sal&oacute;n donde se celebra la tertulia de esta Revista a un hombre vestido de negro, algo, grueso, pero no gordo. Tiene este hombre cerca de cuarenta a&ntilde;os, pero en sus ojos, vivaces a trav&eacute;s de unos lentes de mariposa, se adivina mayor juventud. La frente es alta, tersa y despejada. Las mejillas tienen suaves y gordezuelos mofletes de infante. A un lado y otro de la cabeza le caen blandamente unos bandos de pelo fl&aacute;cido, d&oacute;cil. Sus gestos, sus palabras, sus silencios tienen siempre una lentitud amable, una ternura pacata, una discreci&oacute;n llena de beatitud de prelado. Si este joven enlutado fuera sacerdote &mdash;casi lo parece&mdash;, predecir&iacute;ais f&aacute;cilmente que llegar&iacute;a a obispo de una vieja ciudad espa&ntilde;ola: Toledo, Salamanca, Zaragoza.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Tal Benjam&iacute;n Jarn&eacute;s, tejedor de una prosa sabia, muy pulida, muy linda, totalmente segura, sin vacilaciones ni durezas. Bellas las met&aacute;foras, bellas las palabras, armonioso y dulce el ritmo de las frases. Tal dulces a veces que leyendo la prosa de Jarn&eacute;s ten&eacute;is a veces la sensaci&oacute;n de que un caramelo de frutas sazonadas se os desl&iacute;e en la boca, lentamente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Y este escritor tan pulcro, tan cuidadoso de su dicci&oacute;n, es, al mismo tiempo, un escritor fecundo. En la <em>Revista de Occidente</em>, en <em>S&iacute;ntesis</em>, en <em>Criterio</em>, en <em>Diario de la Marina</em>, en <em>La</em> <em>Naci&oacute;n</em> de Buenos Aires aparecen frecuentemente art&iacute;culos suyos. Y a&uacute;n le queda tiempo, luego de satisfacer tan amplias colaboraciones, para escribir sus libros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una vez hecha la presentaci&oacute;n del individuo, Chab&aacute;s pasa a referirse a uno de los problemas est&eacute;ticos de su generaci&oacute;n, el de la creaci&oacute;n de una novela distanciada del modelo decimon&oacute;nico y consustanciada con la visi&oacute;n del mundo y la sensibilidad del hombre del siglo XX. Qu&eacute; &laquo;dif&iacute;cil que es hoy escribir una novela&raquo; cuando el g&eacute;nero parece agotado pero se barruntan &laquo;m&uacute;ltiples posibilidades de renovaci&oacute;n&raquo; a&uacute;n inseguras. En esa confusa encrucijada de caminos, a Chab&aacute;s le parece que deben cumplirse dos condiciones: la de que el lector sienta &laquo;que le cuentan algo acontecido de verdad&raquo; y la de que el escritor experimente &laquo;m&aacute;s vivamente esa sensaci&oacute;n, aunque sepa que nada de lo que &eacute;l relata sucedi&oacute;&raquo;. Dicho de otro modo, el novelista tiene que creerse las arquitecturas de su imaginaci&oacute;n para dotarlas de la verosimilitud sin la cual el lector pierde el inter&eacute;s. Para ello es imprescindible el acorde entre imaginaci&oacute;n y memoria. &laquo;Y con la memoria surgen entonces, como del fondo de nuestro ser un sonido, un acento, un residuo de algo que no es puro sentimiento, que no es puro pensamiento, sino bizarr&iacute;a, o nostalgia, o dolor, y todo ello sincera y po&eacute;ticamente anatomizado, analizado, descompuesto y compuesto de nuevo, es decir, sentido e inventado&raquo;. Ese es el mecanismo compositivo de la narrativa de Jarn&eacute;s, de <em>Paula y Paulita</em> &mdash;que es de la que se habla&mdash; y del resto de novelas jarnesianas. Era 1929, y en ese filo del tiempo Chab&aacute;s tiene claro que &laquo;este libro es lo mejor que &eacute;l ha escrito y de lo mejor que han escrito los j&oacute;venes de nuestro tiempo&raquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>A pesar de que no le faltaba raz&oacute;n a Chab&aacute;s, la obra de Jarn&eacute;s no se resum&iacute;a en sus esfuerzos de renovaci&oacute;n novel&iacute;stica. De hecho, los m&eacute;ritos m&aacute;s ostensibles del escritor empezaron siendo los del estilo, aunque hoy aparezcan deslucidos por el transcurso de noventa a&ntilde;os. En la prosa de Jarn&eacute;s hab&iacute;a un ritmo y una dicci&oacute;n nuevos, de una elegancia a la vez cl&aacute;sica y juvenil, que daban carpetazo a la prosa pl&uacute;mbea del siglo XIX, apesadumbrada por las cazcarrias ret&oacute;ricas. El aragon&eacute;s impon&iacute;a a su escritura una agilidad y una precisi&oacute;n casi gimn&aacute;sticas, con brillos metaf&oacute;ricos y nudos afor&iacute;sticos que golpeaban constantemente la inteligencia de sus lectores. Al describir, desplegaba una paleta de sensaciones (colores, sabores, olores...); al narrar, saltaba por encima de las acciones presumibles o superfluas, aquellas f&aacute;cilmente deducibles, para situar su relato entre elipsis y sugerencias; al reflexionar, apretaba el pensamiento en una formulaci&oacute;n escueta, casi gracianesca, y siempre escog&iacute;a con primor las palabras que hab&iacute;an de servirle en cada momento. Su papel en la renovaci&oacute;n de la prosa literaria espa&ntilde;ola de los a&ntilde;os veinte no puede desde&ntilde;arse, a pesar de que se encontr&oacute; en una tierra de gigantes &mdash;Valle-Incl&aacute;n, Azor&iacute;n, Unamuno, Juan Ram&oacute;n, Ortega, incluso Mir&oacute;&mdash; y &eacute;l lo sab&iacute;a, pero en &eacute;l vieron muchos la continuidad del proceso de depuraci&oacute;n iniciado por algunos de los mayores. En <em>Ejercicios</em> expuso que la prosa, en manos del artista, es un instrumento de creaci&oacute;n en el que la idea y la imagen encuentran su perfecta conciliaci&oacute;n, pues mientras la idea sostiene s&oacute;lidamente la pasarela sint&aacute;ctica, la imagen permite pasar deliciosamente de un lado al otro de la frase: &laquo;El pensamiento es la maroma tensa, vibr&aacute;til &mdash;acaso de alambre robusto de acero&mdash; que mantiene enhiesta la arquitectura de la frase; pero de uno al otro extremo se entrelazan armoniosamente las cintas paralelas de la imagen&raquo;. Estos juegos de la inteligencia son&nbsp; constantes en las p&aacute;ginas jarnesianas y encandilaron a sus primeros lectores en Espa&ntilde;a y Am&eacute;rica Latina. &laquo;Todos estamos entusiasmados con este peque&ntilde;o ensayo que define nuestras propias ideas, y cuya prosa es verdaderamente exquisita&raquo;, le confesaba Federico Garc&iacute;a Lorca en 1927.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>El &eacute;xito no nubl&oacute; el juicio a Jarn&eacute;s. No lo envaneci&oacute; ni ensoberbeci&oacute;, no se crey&oacute; m&aacute;s de lo que era (y quiz&aacute; hasta le cost&oacute; creer en su triunfo) y tuvo una clara conciencia de sus aptitudes y de sus l&iacute;mites. Fue, bien mirado, un hombre entre l&iacute;mites (m&aacute;s que <em>de</em> l&iacute;mites), unos que le trazaron desde fuera y otros que se impuso &eacute;l mismo. Su pasi&oacute;n fue fr&iacute;a, su vitalismo fue sereno, su entusiasmo fue embridado, su vanguardismo estuvo represado por el anhelo de un nuevo clasicismo y al impulso de la aventura est&eacute;tica solo se dej&oacute; llevar con cautela y un mapa secreto de los caminos de regreso al equilibrio entre lo irracional y la raz&oacute;n ordenadora. Desde 1929 preconiz&oacute; para el arte joven una v&iacute;a de conciliaci&oacute;n entre idealismo, realismo e infrarrealismo que llam&oacute; <em>integralismo</em>, en el que la sublimaci&oacute;n rom&aacute;ntica (la enso&ntilde;aci&oacute;n), la cotidianidad realista (la vigilia) y las simas oscuras del subconsciente (los sue&ntilde;os) se equilibraban en una representaci&oacute;n fidedigna de la compleja naturaleza humana. La doctrina no tuvo su contrapartida pr&aacute;ctica porque <em>Teor&iacute;a del zumbel</em> o <em>Escenas junto a la muerte</em>, aun siendo excelentes novelas, no cuajaron como ilustraciones del integralismo. La propuesta misma, en el contexto de las radicalidades vanguardistas, resultaba extravagante no por su eclecticismo (com&uacute;n a muchas vanguardias) sino por su defensa de la armon&iacute;a y la ponderaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Esa querencia por los espacios intelectuales de convergencia y concierto form&oacute; parte de su personalidad siempre, tanto en el terreno de la literatura como en el de las ideas pol&iacute;ticas y sociales. Desconfi&oacute; y denunci&oacute; el crecimiento de los &laquo;muchachos de uniforme&raquo; cuando en Europa el fascismo y el comunismo empezaron a envenenar de utopismos suicidas las cabezas de millones de j&oacute;venes. Y del mismo modo se mostr&oacute; receloso con los escritores que parec&iacute;an confiar en el poder protector y consagrador del reba&ntilde;o o la horda. &laquo;&iexcl;M&aacute;s equilibrados y menos equilibristas! &iexcl;M&aacute;s '&aacute;gora' y menos 'pista'!&raquo;, escrib&iacute;a en uno de sus cuadernos &iacute;ntimos de los a&ntilde;os treinta. La sensatez, el fiel de la balanza, el di&aacute;logo fueron sus bastiones frente al arrebato, la extremosidad o el autoritarismo. Sus reparos a los excesos fueron tempranos y ya en 1925, cuando estaba labr&aacute;ndose un nombre en el mercado de talentos del Arte Nuevo, se atrevi&oacute; a izar objeciones contra la literatura de vanguardia en lugar tan significado como la revista <em>Proa </em>de Buenos Aires, una importante plaza del ultra&iacute;smo argentino fundada por Jorge Luis Borges, Francisco Luis Bern&aacute;rdez y Brand&aacute;n Caraffa. Lo hizo con el pretexto de rese&ntilde;ar ni m&aacute;s ni menos que <em>Literaturas europeas de vanguardia</em> de Guillermo de Torre, libro meritorio que, en su opini&oacute;n, hab&iacute;a &laquo;obrado el prodigio de crear un per&iacute;odo literario que de otro modo no hubiera existido&raquo;. Varias eran las objeciones, desde la inconsciencia y falta de sentido cr&iacute;tico de los vanguardistas hasta la futilidad de su obra, su gasto de la p&oacute;lvora en salvas (en manifiestos, en pol&iacute;tica literaria...) y la desbandada de quienes formaron sus filas. Torre hab&iacute;a recibido a trav&eacute;s de su sensitiva antena todas las vibraciones de nuevo esp&iacute;ritu pero tambi&eacute;n mucho ruido. A esa antena que lo recoge todo sin discriminar, Jarn&eacute;s opon&iacute;a el sem&aacute;foro, la regulaci&oacute;n y el control, el cauce de las energ&iacute;as juveniles. Por eso titul&oacute; su cr&iacute;tica &laquo;Antena y sem&aacute;foro&raquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Es f&aacute;cil espigar estos reparos a lo largo de toda su obra cr&iacute;tica y ensay&iacute;stica. A los propios argentinos les advert&iacute;a un par de a&ntilde;os despu&eacute;s, en la revista <em>S&iacute;ntesis</em>, de que a veces &laquo;todo el &iacute;mpetu se gasta en afinar la propia m&aacute;quina&raquo; y el artista que se empe&ntilde;a en ensayar posturas y postergar el momento de la creaci&oacute;n es como el Estilita, que, subido a su columna, acaba petrificado. Lo contrario es el escritor audaz que se lanza a crear asumiendo el riesgo de equivocarse: &laquo;Entre estos hombres, cuento a James Joyce&raquo;, afirma en las notas cr&iacute;ticas que titul&oacute; &laquo;Biela&raquo;. Pero, aun siendo f&aacute;cil esa recolecta, es a partir de 1929 cuando el compromiso de Jarn&eacute;s con la discrepancia se vuelve m&aacute;s visible. Una discrepancia desde la mesura o desde la equidistancia y que le permite intervenciones p&uacute;blicas como la conferencia in&eacute;dita &laquo;Deberes del libro actual&raquo;, en la que condena todo libro que no conduzca al fin esencial de hacernos m&aacute;s libres, de &laquo;dejarnos m&aacute;s alertas&raquo;, una conferencia donde aconseja no leer aquel libro que nosotros mismos podr&iacute;amos haber escrito o que se entrega a la primera acometida o que ha sido escrito para complacer el gusto del p&uacute;blico y no para &laquo;encauzarlo, depurarlo, robustecerlo&raquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Si m&aacute;s arriba dec&iacute;a que la gloria de 1929 fue ef&iacute;mera, tambi&eacute;n fue temporal el encandilamiento que produjo su prosa. Chab&aacute;s dec&iacute;a en el art&iacute;culo citado que los personajes de nuestro autor ten&iacute;an&nbsp; &laquo;todos aquella bondad suave y algo ingenua&raquo; de <em>El profesor in&uacute;til</em> y &laquo;una sensualidad h&uacute;meda y dulce&raquo;, pero estas lenidades tocaban tambi&eacute;n al tono de sus relatos y a la escritura, volvi&eacute;ndolos en los peores casos melifluos y hasta un punto empalagosos. Lo parnasiano, pasado por el modernismo espa&ntilde;ol, hab&iacute;a lustrado el estilo temprano de Jarn&eacute;s, y ese regodeo en la forma se hab&iacute;a cruzado con una sensibilidad decadente y con un difuso franciscanismo quiz&aacute; adquirido en sus a&ntilde;os de seminario, que fueron muchos, nueve. Cuando Jarn&eacute;s lleg&oacute; a Madrid en 1920, destinado al Parque de Intendencia de la capital y procedente de Larache, ten&iacute;a treinta y dos a&ntilde;os y distaba de ser due&ntilde;o de la prosa alquitarada que le dar&iacute;a prestigio. Durante un lustro tuvo que pulir los dengues sentimentales y dem&aacute;s adherencias de un estilo labrado en la prensa regional aragonesa, en revistas religiosas como <em>Rosas y Espinas</em> y en cert&aacute;menes literarios militares. Su contacto con la juventud vanguardista fue depurativo, pero todav&iacute;a en 1925 pod&iacute;a publicar en la revista <em>Plural </em>un fragmento titulado &laquo;El profesor in&uacute;til&raquo; en el que rechinan morbideces estil&iacute;sticas que eliminar&iacute;a en la edici&oacute;n de 1926. Y sin embargo, pese a ese largo ba&ntilde;o en el Jord&aacute;n del idioma (por usar una imagen suya), a&uacute;n le qued&oacute; a su prosa una reticencia, un no s&eacute; qu&eacute; de esponjosidad y mansedumbre que, si bien continu&oacute; despertando el elogio de muchos, empez&oacute; pronto (ya en 1929) a provocar el reparo de otros que echaban en falta algo m&aacute;s de dureza, r&aacute;fagas de aspereza y acidez como las que, desde 1930, iban a encontrarse en las novelas de su paisano Ram&oacute;n J. Sender. Precisamente en julio de ese a&ntilde;o, Jos&eacute; Garc&iacute;a Mercadal public&oacute; en <em>La Voz de Arag&oacute;n</em> un art&iacute;culo que parec&iacute;a anunciar la divisi&oacute;n futura de la narrativa aragonesa en dos opciones: &laquo;Jarn&eacute;s y Sender&raquo;. El pretexto era la aparici&oacute;n de <em>Teor&iacute;a del zumbel</em> del primero e <em>Im&aacute;n</em> del segundo y Mercadal la celebraba como la ocasi&oacute;n de que las letras aragonesas &laquo;salgan de su penuria tradicional, ganando de golpe, no uno, sino dos novelistas&raquo;. En esa revelaci&oacute;n dual, Jarn&eacute;s representaba la obra depurada y exquisita, &laquo;fruto maduro de una personalidad ya destacada entre lo m&aacute;s selecto de la &uacute;ltima promoci&oacute;n literaria&raquo;, era el artista; mientras que a Sender le correspond&iacute;an &laquo;menores pretensiones est&eacute;ticas&raquo; pero &laquo;mayores valores objetivos&raquo;. Y a Mercadal se le nota m&aacute;s tocado por la fuerza de denuncia de la novela sobre el desastre de Annual, que lanza &laquo;el grito lancinante que viene a herir nuestra conciencia de espa&ntilde;oles, la voz conminatoria que nos recuerda [...] las iniciales y m&aacute;s apremiantes responsabilidades del presente pol&iacute;tico y social de Espa&ntilde;a&raquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Jarn&eacute;s y Sender. Los dos perdieron, pero quiz&aacute; la derrota fue m&aacute;s inclemente con el primero, puesto que lo castig&oacute; no solo con el exilio sino con la precariedad econ&oacute;mica y la probable certeza, que pudo llegar a palpar, de la disoluci&oacute;n de su nombre en la futura memoria hist&oacute;rica de la cultura espa&ntilde;ola. No le angusti&oacute; a Jarn&eacute;s ese desvanecimiento, no al menos desde 1939, porque entonces su prioridad hab&iacute;a pasado a ser la supervivencia (suya y de su esposa Gregoria) y el voluntarioso cultivo de una alegr&iacute;a vital que sigui&oacute; buscando donde no suele estar, en la escritura, y que encontr&oacute; en la amistad inopinada pero encantadora de la escritora Paulita Brook.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Eso fue ya en M&eacute;xico, adonde Jarn&eacute;s lleg&oacute; a bordo del <em>Sinaia</em> el 13 de junio de 1939, despu&eacute;s de meses de incertidumbre en Francia, de esperar interminablemente la ayuda rogada a Victoria Ocampo, a Guillermo de Torre, a Gregorio Mara&ntilde;&oacute;n, a Ortega y Gasset, ignorante de que los dos &uacute;ltimos se hab&iacute;an puesto de parte de los sublevados: &laquo;Sepan que estoy completamente alejado de todo partido, de toda organizaci&oacute;n pol&iacute;tica, Que estoy solo. Que, si ustedes no me atienden, quedo en absoluto a la intemperie&raquo;, le escribe a Mara&ntilde;&oacute;n en febrero. &laquo;Ati&eacute;ndame, se lo ruego&raquo;. No le atendieron y hubo de esperar a la solidaridad de sus amigos mexicanos, de Xavier Villaurrutia y sobre todo de Jaime Torres Bodet, y a la generosidad del presidente L&aacute;zaro C&aacute;rdenas, que acogi&oacute; a miles de espa&ntilde;oles. Mientras tanto fue un profesor de liceo en Limoges, Narcisse Marcel, quien dio amparo durante varias semanas a Jarn&eacute;s y Gregoria y quien habl&oacute; a sus alumnos de aquel escritor espa&ntilde;ol que hab&iacute;a defendido la libertad y los valores de la democracia y, vencido por los fascistas, se hallaba arrojado a un destino de expatriado. Esto lo record&oacute; muchos a&ntilde;os despu&eacute;s uno de aquellos alumnos, un chaval de diecisiete a&ntilde;os que se llamaba Roland Dumas y ser&iacute;a Ministro de Asuntos Exteriores.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Llegar a un pa&iacute;s desconocido tras perder una guerra, sin fortuna alguna ni profesi&oacute;n cotizable y con cincuenta a&ntilde;os a la espalda no parece el comienzo de una historia feliz. Jarn&eacute;s vivi&oacute; en M&eacute;xico desde junio de 1939 hasta febrero de 1948 y, aunque public&oacute; a un ritmo fren&eacute;tico novelas, biograf&iacute;as, ensayos, compilaciones, antolog&iacute;as, enciclopedias, art&iacute;culos y rese&ntilde;as en diarios y revistas mexicanos y del c&iacute;rculo exiliado, no pudo pasar de ser un hu&eacute;sped de s&iacute; mismo. El Jarn&eacute;s brillante (lo hubo) hab&iacute;a quedado atr&aacute;s. Su exilio no fue fecundo como el de Jos&eacute; Bergam&iacute;n, que le pidi&oacute; un libro para la editorial S&eacute;neca, o el de Pedro Salinas, que se lo encontr&oacute; en 1940 &laquo;resbaladizo, apartado de todos&raquo;, o el de Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, al que Jarn&eacute;s le sac&oacute; unas p&aacute;ginas prologales para las <em>Cartas a Platero</em> (1944) de su Paulita Brook. No, su exilio fue arduo y careci&oacute; de grandeza porque le cogi&oacute; fatigado y quiz&aacute; &iacute;ntimamente persuadido de que ya hab&iacute;a dado lo mejor de s&iacute;. Por eso volvi&oacute; sobre sus pasos y recuper&oacute; viejos papeles a los que encaj&oacute; en un nuevo envoltorio, como las <em>Cartas al Ebro</em> (1940) o <em>Ariel disperso</em> 1946), reescribi&oacute; y refundi&oacute; cuentos, novelitas y f&aacute;bulas rosadas como en <em>La novia del viento</em> (1940) y <em>Venus din&aacute;mica</em> (1943) o public&oacute; como obra de su heter&oacute;nimo Julio Aznar lo que era de hecho una traducci&oacute;n libre, la &laquo;rapsodia griega&raquo; <em>Constelaci&oacute;n de Frin&eacute;</em> (1944). Todo ello, seguramente, mientras le pesaba en la conciencia el original de <em>Eufrosina o la Gracia</em> que hab&iacute;a dejado en las manos del editor Josep Jan&eacute;s en los d&iacute;as de fuego de Barcelona, antes de integrarse en la ominosa columna de republicanos camino de Figueres y La Jonquera, hacia los campos de concentraci&oacute;n franceses. Fue entonces cuando se fragu&oacute; la confianza que seguramente explica que Jan&eacute;s publicara en 1948 dos libros (<em>Eufrosina</em> y la segunda edici&oacute;n de <em>Libro de Esther</em>) de un exiliado inc&oacute;modo, cuando menos por su condici&oacute;n de capit&aacute;n del ej&eacute;rcito de la Rep&uacute;blica.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>El episodio vale la pena recordarlo porque apenas es conocido y no ha sido bien contado. Jarn&eacute;s se encuentra, como muchos intelectuales republicanos, en Barcelona, la <em>ville ext&eacute;nu&eacute;e</em> &mdash;como la llama en marzo en el peri&oacute;dico franc&eacute;s <em>Le Courrier du Centre</em>&mdash;. Por esos d&iacute;as es detenido el escritor F&eacute;lix Ros acusado de quintacolumnista y es conducido a la checa Preventorio D. Su amigo Josep Jan&eacute;s trata de salvar su vida pero est&aacute; &laquo;absolutamente solo&raquo; y sabe que la &uacute;nica posibilidad de lograrlo pasa por realizar gestiones cerca del gobierno de Negr&iacute;n. El relato de los hechos lo hizo Jan&eacute;s en un art&iacute;culo de <em>Solidaridad Nacional</em> el 8 de julio de 1939 y &eacute;l mismo lo citar&iacute;a ampliamente en el ap&eacute;ndice que puso al <em>Preventorio D</em> de F&eacute;lix Ros (cito por la edici&oacute;n de 1974). Cont&oacute; el editor que el primer intelectual al que acudi&oacute;, sin conocerlo personalmente, fue Benjam&iacute;n Jarn&eacute;s y que desde el primer momento encontr&oacute; en &eacute;l comprensi&oacute;n y humanidad. Acudieron ambos a Corpus Barga, pero &eacute;ste recrimin&oacute; a Jan&eacute;s que se preocupara por un fascista como Ros. Jarn&eacute;s &laquo;fue el &uacute;nico que me defendi&oacute; de las recriminaciones m&aacute;s o menos cordiales que me dirig&iacute;a Corpus Barga y fue el primero en insistir en favor de Ros a pesar de las declaraciones del m&aacute;ximo fautor del SIM [Servicio de Informaci&oacute;n Militar]&raquo;. Despu&eacute;s de este encuentro, Corpus se sum&oacute; activamente a la intercesi&oacute;n a favor de Ros. Tras negar su ayuda Bergam&iacute;n y Max Aub, Jan&eacute;s redacta con Jarn&eacute;s una carta contundente dirigida a Juli&aacute;n Zugazagoitia (quien ya hab&iacute;a intervenido para salvar la vida de Wenceslao Fern&aacute;ndez Fl&oacute;rez). Tambi&eacute;n es Benjam&iacute;n Jarn&eacute;s quien acompa&ntilde;a a Jan&eacute;s a visitar a Antonio Machado. El poeta se abstuvo de actuar a favor de un &laquo;redomado fascista&raquo; como Ros, pero su actitud firme no amilan&oacute; a Jarn&eacute;s, que &laquo;agot&oacute; todos los recursos de la persuasi&oacute;n&raquo; apelando a la solidaridad entre intelectuales y refiriendo las atrocidades practicadas por el SIM en las checas. Nada obtuvieron de Machado, y Josep Jan&eacute;s cuenta que sali&oacute; &laquo;Jarn&eacute;s casi llorando&raquo; y le pidi&oacute; que por favor no juzgara a Machado por lo que hab&iacute;a visto en esa reuni&oacute;n: &laquo;No es Machado ese hombre&raquo;. Luego, ocupada la ciudad por las tropas franquistas, Ros fue liberado y al poco tiempo mostr&oacute; su catadura asaltando el piso de Juan Ram&oacute;n en Madrid y sustrayendo de &eacute;l valiosos libros y manuscritos. Jarn&eacute;s, por su lado, integr&oacute; el desolador contingente de los despose&iacute;dos y no sabemos qu&eacute; pudo pensar al enterarse &mdash;si es que se enter&oacute;&mdash; de la fechor&iacute;a de aquel sujeto indefendible al que hab&iacute;a defendido.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;</p>
<p>Los a&ntilde;os de guerra y el exilio pasaron sobre Jarn&eacute;s como una apisonadora y el reumatismo que sufr&iacute;a, derivado luego en arteriosclerosis cerebral, contribuy&oacute; muy poco a paliar su situaci&oacute;n. Despu&eacute;s de 1943, la etapa mexicana fue un lento desmoronamiento que no pudo frenar la cotidiana faena de escritura mercenaria ni alg&uacute;n ocasional regreso del Jarn&eacute;s de otro tiempo, como en el estupendo relato &laquo;B&iacute;lbilis&raquo; (1944) con el que volv&iacute;a a los paisajes aragoneses de <em>Paula y Paulita</em> pero que seguramente hab&iacute;a sido escrito a&ntilde;os antes. Ese fue uno de los regresos, pero debieron de acumularse los retornos en la cabeza de Jarn&eacute;s hasta que, por fin, el 10 de febrero de 1948 emprendieron &eacute;l y su esposa Gregoria el &uacute;nico retorno f&iacute;sico y ya definitivo. Quienes hab&iacute;an sido en cierto modo disc&iacute;pulos suyos y promotores de la revista <em>Literatura</em> y de la PEN Colecci&oacute;n antes de la guerra, Ildefonso-Manuel Gil y Ricardo Gull&oacute;n, dejaron un testimonio triste de su visita al escritor, que se encontraba ya en estado casi vegetativo. Muri&oacute; el 10 de agosto de 1949 en su piso de la calle de Santa Engracia. La v&iacute;spera, Gregoria envi&oacute; una carta a sus hermanos que transcribo casi en su integridad:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Queridos hermanos:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El jueves, al poco rato de marcharse los sobrinos, vino un padre de la Parroquia para preparar a Benjam&iacute;n, para el viernes, y como lo vio tan abatido me dijo que, si quer&iacute;a yo, ser&iacute;a lo mejor que recibiese al Se&ntilde;or, como primer viernes y como vi&aacute;tico. As&iacute; es que recibi&oacute; todos los Sacramentos y Bendici&oacute;n del Sagrado Coraz&oacute;n. No pudo hablar, pero con los ojos &mdash;me dijo el padre&mdash; se lo dijo todo. Fue conmovedor, porque se dio perfecta cuenta de lo que recib&iacute;a. Estuvo sereno y quieto durante todo el rato.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Yo tengo una gran tranquilidad &mdash;dentro de mi gran pena&mdash; de ver que lo ha recibido con todo conocimiento.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El m&eacute;dico se qued&oacute; asombrado al ver que le ha bajado la tensi&oacute;n a 12. Por eso le ha producido este estado de agotamiento. No se puede levantar de la cama. [...]</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Yo os avisar&eacute; cuando sea necesario, pues me dice el m&eacute;dico, que lo mismo puede dormirse y no despertar que pasar as&iacute; alg&uacute;n tiempo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pedid mucho por &eacute;l y por m&iacute;, para que el Se&ntilde;or me d&eacute; fuerzas para poderle atender bien.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Perdonad que no s&eacute; c&oacute;mo escribo. El s&aacute;bado se durmi&oacute; a las 6 de la tarde y se despert&oacute; a las 7 de la ma&ntilde;ana siguiente. Yo estaba alarmad&iacute;sima, pero la respiraci&oacute;n era normal y, el domingo, se durmi&oacute; a las 11 de la noche y despert&oacute; a las 7 de la ma&ntilde;ana. Aunque sea r&aacute;pidamente seguir&eacute; dando noticias.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un fuerte abrazo de vuestra hermana,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">Gregoria</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p>Esta noche ha dormido desde las diez y media de la noche hasta las ocho de la ma&ntilde;ana. Contin&uacute;a sin poder hablar y le cuesta bastante tomar los alimentos pero tiene buena cara.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tras el fallecimiento de Jarn&eacute;s, Ildefonso-Manuel Gil escribi&oacute; un art&iacute;culo necrol&oacute;gico para el <em>Heraldo de Arag&oacute;n</em>, pero la censura lo prohibi&oacute; una y otra vez. Tengo a la vista una copia de las pruebas. Ah&iacute; refiere Gil su visita al escritor enfermo: &laquo;Ya no era m&aacute;s que un despojo humano, privado de palabra, paral&iacute;tico, inexpresiva su mirada, sin aquel agudo brillo que record&aacute;bamos en sus ojos&raquo;, para el que la muerte fue &laquo;una mano piadosa sobre su dolor y su aniquilamiento&raquo;. Pero esto lo cuenta al final de su art&iacute;culo, porque hab&iacute;a empezado por lamentar &laquo;el extra&ntilde;o silencio que se extendi&oacute; sobre la muerte del gran prosista&raquo; para afirmar a continuaci&oacute;n que pueden &laquo;contarse con los dedos de una mano los escritores aragoneses contempor&aacute;neos que han conseguido ser algo m&aacute;s que 'glorias locales'&raquo; y Jarn&eacute;s est&aacute; al frente de todos por el volumen y calidad de su obra. &laquo;Era un prosista de sencilla perfecci&oacute;n, un lento enamorado de la palabra&raquo;, a&ntilde;ade, y eso lo convert&iacute;a en &laquo;un escritor para buenos lectores y no para devoradores de an&eacute;cdotas&raquo;.&nbsp; En sus novelas &laquo;el argumento era poco m&aacute;s que un tenue hilo que un&iacute;a el comienzo con el final, revisti&eacute;ndose de p&aacute;ginas poem&aacute;ticas, de fragmentarios y brillantes ensayos&raquo;. Esa concepci&oacute;n elevada de la literatura le pas&oacute; una factura que &eacute;l acept&oacute; desde el principio: &laquo;Por ese logro se dispuso a pagar el precio de la renuncia a un f&aacute;cil triunfo, manteniendo hasta el &uacute;ltima p&aacute;rrafo salido de su pluma esa posici&oacute;n exigente del artista que doma su propia fuerza creadora para encauzarla, sin desbordamientos posibles, por el r&iacute;o dif&iacute;cil de la gracia art&iacute;stica&raquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Ese fue el nombre que Jarn&eacute;s dio a su concepto est&eacute;tico central: gracia. Y a &eacute;l dedic&oacute; muchas p&aacute;ginas, alguna conferencia (de 1932) y un libro, <em>Eufrosina o la Gracia</em>, que quiz&aacute; ya ni alcanz&oacute; a ver con lucidez en 1948, en el que su trasunto Julio y una de las tres gracias mitol&oacute;gicas, Eufrosina, la de la alegr&iacute;a, entablan un sinuoso coloquio plagado de juegos de seducci&oacute;n. La alegr&iacute;a, la armon&iacute;a entre la raz&oacute;n y la pulsi&oacute;n, la plenitud de las potencias humanas expresada como puente de comunicaci&oacute;n con el otro, la simpat&iacute;a que facilita el trato humano (de ah&iacute; que la gracia sea tambi&eacute;n un valor social), la transparencia y la espontaneidad, rasgos todos de esa gracia en la que la palpitaci&oacute;n de la vida y las arquitecturas del arte se conciertan.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Seguir&aacute; siendo Jarn&eacute;s el perpetuo resucitado; su destino es ser redescubierto por lectores aislados que se sorprender&aacute;n de su idioma o de sus met&aacute;foras, de su cr&iacute;tica literaria regularmente certera o de su concepci&oacute;n vegetal de la novela, en continuo crecimiento, llena de injertos y cargada de frutos que se saborean de uno en uno. A Jarn&eacute;s le gustaba repetir que a veces hay que sacrificar una parte de la inteligencia para que te perdonen el resto. &iquest;Sacrific&oacute; Jarn&eacute;s la porci&oacute;n suficiente o se qued&oacute; corto? Es una pregunta in&uacute;til. Jarn&eacute;s siempre valdr&aacute; la pena, quiero decir que valdr&aacute; la alegr&iacute;a que transfunde su lectura.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 24 Jun 2014 05:00:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gamoneda, sujeto poético]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/gamoneda-sujeto-poetico/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Junio/antoniogamoneda450.jpg" alt="" /></p>
<p>De la verdad emocional del sujeto po&eacute;tico, que afirma en el primer verso del primer poema: &ldquo;Mis l&aacute;grimas entran en la luz.&rdquo; (P&aacute;g. 39) y termina el &uacute;ltimo verso del &uacute;ltimo poema: &ldquo;L&aacute;stima de luz.&rdquo; (p&aacute;g. 218). Tambi&eacute;n, de esa necesidad de un planteamiento po&eacute;tico de la realidad y del planteamiento po&eacute;tico del lenguaje es de lo que y con lo que cuenta Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931 y leon&eacute;s desde 1934) en su <em>Antolog&iacute;a po&eacute;tica</em>(Alianza Editorial), con selecci&oacute;n e introducci&oacute;n del tambi&eacute;n poeta Tom&aacute;s S&aacute;nchez Santiago. Creo -como dice el prologuista de esta edici&oacute;n- que la textura de la poes&iacute;a de Gamoneda ha sonado extra&ntilde;a durante mucho tiempo hasta que Miguel Casado la explic&oacute; en el volumen recopilatorio de &ldquo;Edad&rdquo; (C&aacute;tedra, 1987. Premio Nacional de Poes&iacute;a en 1988). Y, creo, que es necesaria y justa la lectura de la enjundiosa y contenida introducci&oacute;n que lleva un m&aacute;s que sugerente y explicativo t&iacute;tulo: &ldquo;La armon&iacute;a de las tormentas&rdquo;, con cita p&oacute;rtico de Mallarm&eacute;, autor querido y cercano a nuestro Premio Reina Sof&iacute;a de Poes&iacute;a Iberoamericana en 2006. (P&aacute;g. 7-32). Este pr&oacute;logo explica las claves de la poes&iacute;a de Gamoneda y se fija en el espacio y el tiempo como referencias angulares de la misma, adem&aacute;s de la pre&ntilde;ez de im&aacute;genes, de una m&aacute;s que gran fuerza expresiva, que la acompa&ntilde;an.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; As&iacute;, pues, en este volumen, hay casi unas ciento ochenta brillantes y bien escogidas p&aacute;ginas, donde encontramos que poes&iacute;a es el arte que se manifiesta por medio del lenguaje y lo que busca es conmover &ldquo;En mi casa est&aacute;n vac&iacute;as las paredes / y yo sufro mirando la cal fr&iacute;a.&rdquo; (P&aacute;g. 74). Que es, tambi&eacute;n, palabra sujeta a ritmo y suplementada ret&oacute;ricamente: &ldquo;Por la escalera sube una mujer / con un caldero lleno de penas. / Por la escalera sube la mujer / con el caldero de las penas.&rdquo; (P&aacute;g. 75). Es ella en s&iacute; &ndash;la poes&iacute;a de Gamoneda- y, a la vez, el lenguaje y el lector: &ldquo;Dime qu&eacute; ves en el armario horrible / y en las vasijas de llorar: &iquest;qu&eacute; es esto?&rdquo; (P&aacute;g. 89). Dado que el poema se prolonga en quien lo lee, lo recita o lo escucha, y es &eacute;sta la &uacute;nica manera de que tenga continuidad ese v&eacute;rtigo que, en un l&iacute;mpido instante, es capaz de desvelar sombras. Hay que velar-revelar tu nombre poes&iacute;a: &ldquo;Bajo las &aacute;guilas silenciosas, la inmensidad carece de significado.&rdquo; (P&aacute;g. 143) o &ldquo;Eran d&iacute;as atravesados por los s&iacute;mbolos.&rdquo; (P&aacute;g. 131). Que los s&iacute;mbolos han llenado la vida y obra del poeta Gamoneda es bien sabido por sus lectores. Sus d&iacute;as siempre han estado atravesados por los s&iacute;mbolos. Su libro <em>L&aacute;pidas</em> dio buena cuenta de ello, sin ir m&aacute;s lejos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tambi&eacute;n vemos que la materia, de por s&iacute;, puede contener o no un cierto grado de poes&iacute;a, pero es el talento art&iacute;stico de Gamoneda el &uacute;nico capaz de infundirle aut&eacute;ntica belleza est&eacute;tica: &ldquo;Am&eacute; todas las p&eacute;rdidas. / A&uacute;n retumba el ruise&ntilde;or en el jard&iacute;n invisible.&rdquo; (P&aacute;g. 156). La l&iacute;rica no tiene una m&eacute;trica espec&iacute;fica, es la intuici&oacute;n del poeta la que la gu&iacute;a: &ldquo;Oyes la m&uacute;sica de los l&iacute;mites y ves pasar al animal del / llanto.&rdquo; (P&aacute;g. 161).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El poeta, creador literario, aprehende de la poes&iacute;a de la vida y es su amante. Antonio Gamoneda logra que el lector viva la experiencia que plasma en sus versos. &ldquo;Ustedes saben ya que una sart&eacute;n / da un sonido a madre por el hierro / y yo s&eacute; que una celesta / suena a tierra feliz, pero si ustedes / tienen a su madre en el fregadero, / no toquen por favor, la celesta.&rdquo; (P&aacute;g. 63). El poeta sabe qui&eacute;n es: &ldquo;Cuando yo ten&iacute;a catorce a&ntilde;os, / me hac&iacute;an trabajar hasta muy tarde.&nbsp; / Cuando llegaba a casa, me cog&iacute;a / la cabeza mi madre entre sus manos. (P&aacute;g. 65).</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;El lenguaje po&eacute;tico Gamoneda indaga en las palabras y en sus im&aacute;genes. &iexcl;Novedad, siempre novedad! Se atreve con lo a&uacute;n por mostrar. El poder de su lenguaje es puro hechizo, fuerza plasmadora, magia verbal. Ah&iacute; la entrega del poeta en sus textos. La autenticidad y sinceridad distinguen un texto po&eacute;tico de uno que no lo es. He ah&iacute; el estilo personal y la originalidad: &ldquo;Suced&iacute;an cuerdas de prisioneros; hombres cargados de / silencio y mantas. En aquel lado del Bernasga los contem- / plaban con amistad y miedo. Una mujer, agotada y her- / mosa, se acercaba con un serillo de naranjas; cada vez, la / &uacute;ltima naranja le quemaba las manos: siempre hab&iacute;a m&aacute;s / presos que naranjas. // Cruzaban mis balcones y yo bajaba hasta los hierros / cuyo fr&iacute;o no cesar&aacute; en mi rostro. En largas cintas eran lle-/ vados a los puentes y ellos sent&iacute;an la humedad del r&iacute;o an-/ tes de entrar en la tiniebla de San Marcos, en los tristes / dep&oacute;sitos de mi ciudad avergonzada.&rdquo; (P&aacute;g. 130).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Poetizar es, qu&eacute; duda cabe, un enfrentamiento con las realidades interiores y exteriores imbricadas en uno mismo, al tiempo que se desarrolla esa &ldquo;agon&iacute;a&rdquo;: desgarramiento en el papel por medio del signo escrito. La muerte acompa&ntilde;a al poeta desde su primer a&ntilde;o de vida. De alguna manera es ser por y en el acto del quehacer demiurgo, en ese grito desesperado o amable del silencio frente a la realidad o de la realidad frente al silencio: &ldquo;Arden las p&eacute;rdidas. Ya ard&iacute;an / en la cabeza de mi madre. Antes / ardi&oacute; la verdad y ardi&oacute; / tambi&eacute;n mi pensamiento. Ahora / mi pasi&oacute;n es la indiferencia. / Escucho / en la madera dientes invisibles.&rdquo; (P&aacute;g. 186).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En todo poema debe de existir la vivencia de la palabra, la b&uacute;squeda y su propia m&iacute;stica. Se debe perseguir y ofrecer el hallazgo ling&uuml;&iacute;stico, las im&aacute;genes inquietantes y la propia sustancialidad del lenguaje po&eacute;tico, que es lenguaje de revelaci&oacute;n: &ldquo;Tierra despose&iacute;da de sus tumbas, madres encanecidas en / el v&eacute;rtigo.&rdquo; // Es lo que queda de mi patria.&ldquo; (P&aacute;g. 115). Hallazgo sin olvidar el sentido estr&oacute;fico. Es necesaria la unidad de significaci&oacute;n de las palabras y ritmo. Cada palabra del verso debe ser necesaria e insustituible. Los versos son experiencias no s&oacute;lo sentimientos: &ldquo;Estoy so&ntilde;ando la existencia y es un jard&iacute;n torturado. Ante m&iacute; pasan madres encanecidas en el v&eacute;rtigo.&rdquo; (P&aacute;g. 193).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La poes&iacute;a del Premio Cervantes 2006 vive tras de su propia b&uacute;squeda: escribir, reescribir, desde sus &ldquo;Primeros poemas: La tierra y los labios&rdquo; (1947-1953 y 2003) hasta &ldquo;Exentos III&rdquo; (1990-2003 y 2004), por lo que tiene vida para largo; y se puede afirmar que goza de muy buena salud, porque ella y s&oacute;lo ella sirve para nombrar lo desconocido y hacer de nosotros buenas personas, como creadora de belleza que es. Pues, &ldquo;La belleza no es / un lugar donde / van a parar los cobardes. // Viva en su luz / mi pensamiento. Quiero / morir en libertad.&rdquo; (P&aacute;g. 48).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por &uacute;ltimo, debe decirse aqu&iacute; que, salvo los ejemplos de &ldquo;Libro de los venenos&rdquo; (Siruela, 1995), los poemas est&aacute;n tomados de la versi&oacute;n &ndash;nunca se sabe si &uacute;ltima o definitiva- que Antonio Gamoneda dio por buena en cada caso para &ldquo;Esta luz&rdquo;. T&iacute;tulos y juegos de fechas se toman igualmente de esa edici&oacute;n de la poes&iacute;a reunida del autor. (P&aacute;g.32, S&aacute;nchez Santiago<em> dixit</em>). Es, no cabe duda, un buen introito a &ldquo;Esta luz. Poes&iacute;a reunida (1947-2004)&rdquo; (Galaxia-C&iacute;rculo), con ep&iacute;logo de Casado. Y es, un buen libro de bolsillo y cabecera donde se recoge parte de la mejor poes&iacute;a de uno de los mejores poetas espa&ntilde;oles vivos: &ldquo;que las serpientes dejen de llorar. &ldquo; (P&aacute;g. 217).- ENRIQUE VILLAGRASA GONZALEZ.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Antonio Gamoneda, <em>Antolog&iacute;a po&eacute;tica</em>, Madrid, Alianza Editorial, 2006.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 23 Jun 2014 05:51:55 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[_Benjamín Jarnés sin embozos_]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/_benjamin-jarnes-sin-embozos_/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/benjaminjarnes450.jpg" alt="" /></p>
<p>Es curioso el caso de Benjam&iacute;n Jarn&eacute;s. No en s&iacute; mismo, que tambi&eacute;n, sino visto desde su irregular presencia en las historia de la literatura y desde las reiteradas reivindicaciones y tentativas de rescate editorial. Bien mirado, el suyo es un caso afortunado si lo comparamos con el de otros creadores coet&aacute;neos con obra de mayor eslora, como Gabriel Mir&oacute; o Ram&oacute;n P&eacute;rez de Ayala. A Jarn&eacute;s se le ha reeditado y estudiado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os; su obra no ha dejado de emanar el raro perfume que atrae a los j&oacute;venes doctorandos en busca de un tema de investigaci&oacute;n poco manido. En los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os, por ejemplo, se han le&iacute;do sendas tesis doctorales sobre las biograf&iacute;as (Macarena Jim&eacute;nez en la Universidad de M&aacute;laga) y sobre el llamado g&eacute;nero intermedio (Sandra L. Watts en la University of Michigan). Y eso a pesar de que la atm&oacute;sfera de cerrado y biblioteca no casa bien con el talante vitalista, a&eacute;reo y risue&ntilde;o que transpira toda la prosa jarnesiana. Desde el a&ntilde;o 2000 habr&aacute;n aparecido no menos de quince ediciones anotadas y prologadas de sus obras, alguna in&eacute;dita como <em>El aprendiz de brujo</em> que edit&oacute; en 2007 Francisco Soguero. Se le ha traducido al italiano, se le ha reeditado en Estados Unidos y Argentina y todav&iacute;a guarda la capacidad de producir sorpresa cuando los lectores m&aacute;s avezados tropiezan con algunas de sus cosas, como le sucedi&oacute; al peruano Fernando Iwasaki en 2003 al leer <em>Ariel disperso</em> (&laquo;El Ariel americano de Jarn&eacute;s&raquo;, <em>ABC</em>, 27 de septiembre). Sin embargo, la supervivencia de Jarn&eacute;s es tributaria de una m&aacute;scara de yeso que simplifica la complejidad de su producci&oacute;n pero sobre de su &eacute;tica literaria. Me refiero, claro, a la m&aacute;scara de narrador deshumanizado o vanguardista, t&eacute;rminos ambos que rechaz&oacute; desde 1929 de forma inequ&iacute;voca, solo tres a&ntilde;os despu&eacute;s de publicar su primer libro resonante, <em>El profesor in&uacute;til</em>, aunque ese rechazo topara con la obtusa tendencia espa&ntilde;ola a clasificar a las gentes en bander&iacute;as, camadas, generaciones o partidos est&eacute;ticos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Nunca fue Jarn&eacute;s un escritor dogm&aacute;ticamente convencido de las bondades del experimentalismo vanguardista. Su extracci&oacute;n social, algo m&aacute;s que humilde, y su juventud carente de blanduras burguesas le hab&iacute;an vacunado contra el elitismo de clase y la lucha por hacerse un hueco en el mundo intelectual de los a&ntilde;os veinte le hab&iacute;a hecho entender que lo minoritario selecto resid&iacute;a no en el grupo social de procedencia, ni siquiera en la profesi&oacute;n ejercida, sino en una determinada calidad del esp&iacute;ritu en la que se armonizaban la inteligencia, la sensibilidad y la moral. Como para los antiguos <em>stilnovisti</em>, la genuina distinci&oacute;n no la determinaba la cuna sino la <em>nobilt&agrave; de</em> <em>cuore</em>.&nbsp; &Eacute;l se sinti&oacute; siempre dentro de esa minor&iacute;a espiritual y se doli&oacute; de la envidia, rencores, maledicencia y zafiedad de muchos de sus colegas, con y sin raz&oacute;n. Le pareci&oacute; que los j&oacute;venes poetas y prosistas de los a&ntilde;os veinte &mdash;a los que les llevaba m&aacute;s de diez a&ntilde;os&mdash; sufr&iacute;an un s&iacute;ndrome de miedo y astringencia del que sal&iacute;an aquellas p&iacute;ldoras en prosa (las &laquo;cagarritas&raquo; a las que aludir&iacute;a con resentimiento Max Aub) o aquellos poemas asperjados en las revistas literarias, unos textitos que se le antojaban faltos de fuerza vital y aut&eacute;ntica energ&iacute;a creadora. Denunci&oacute; el exceso de &laquo;genios emboscados&raquo;, con mucho embarazo y poco parto. Se equivocaba, desde luego, pero no por el lado de exigir a los escritores j&oacute;venes un mayor arrojo y tambi&eacute;n un mayor compromiso con su vocaci&oacute;n art&iacute;stica y con el mundo tumultuoso que les hab&iacute;a tocado vivir. Es lo que explic&oacute; en el pr&oacute;logo de <em>Paula y Paulita</em> (1929): las &laquo;cosas est&aacute;n ah&iacute;&raquo;, alrededor nuestro, aguardando la valent&iacute;a del artista, que deber&aacute; restablecer su relaci&oacute;n con el mundo (&laquo;Que intimemos con &eacute;l. Que le perdamos el respeto&raquo;). Y es lo que volvi&oacute; a explicar una y otra vez: &laquo;sobra talento, pero falta empuje aventurero&raquo;, como le cont&oacute; al periodista Dar&iacute;o P&eacute;rez justo en 1929.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Alguna vez he dicho que aquel a&ntilde;o calamitoso, el del crack econ&oacute;mico, fue para Jarn&eacute;s un a&ntilde;o mir&iacute;fico. Su conquista del campo literario de la Joven Literatura hab&iacute;a sido rapid&iacute;sima, una campa&ntilde;a de apenas dos a&ntilde;os en los que el aragon&eacute;s sali&oacute; del anonimato y subi&oacute; verticalmente en el escalaf&oacute;n hasta encaramarse a la representaci&oacute;n simb&oacute;lica de los nuevos valores. Sus credenciales fueron <em>El profesor in&uacute;til</em> y las notas ensay&iacute;sticas de <em>Ejercicios</em> (1927), dos libritos que concitaron elogios casi un&aacute;nimes e hicieron de su autor, de golpe, un ejemplo de teor&iacute;a y praxis de la literatura nueva. Parad&oacute;jicamente, en 1929 el ciclo de esa literatura iniciaba su declive, o al menos declinaban los principios de intrascendencia, asepsia pol&iacute;tica y ludibrio general en los que se asentaba, porque los tiempos se estaban aborrascando. Pero a Jarn&eacute;s todo le sonre&iacute;a. Su fecundidad parec&iacute;a ocultar un taller de confecci&oacute;n textual: en un a&ntilde;o publica cuatro libros importantes (<em>Paula y Paulita</em>, <em>Locura y muerte de Nadie</em>, <em>Sal&oacute;n de Est&iacute;o</em>, <em>Sor Patrocinio</em>), la versi&oacute;n corta de <em>Viviana y Merl&iacute;n</em>, varias traducciones, una de ellas la exitos&iacute;sima de <em>Sin novedad en el frente</em>, de Erich Maria Remarque, que hizo en colaboraci&oacute;n con Eduardo Foerstch y que le report&oacute; m&aacute;s disgustos que dividendos, art&iacute;culos y prosas sin cuento y por doquier, en peri&oacute;dicos y revistas, en Europa y Am&eacute;rica (en M&eacute;xico, en Argentina, en Cuba, en los Estados Unidos). Pedro Salinas no le pod&iacute;a resumir mejor la situaci&oacute;n a su amigo Jorge Guill&eacute;n en noviembre de 1929: &laquo;Jarn&eacute;s en la c&uacute;spide: un tomo por mes, colaboraci&oacute;n en todos los diarios y revistas, conferencias por la radio, <em>interviews</em>, la gloria&raquo;. Una gloria ef&iacute;mera, habr&iacute;a que a&ntilde;adir.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Desde Barcelona, Juan Chab&aacute;s presentaba en agosto a los lectores del <em>Diario de Barcelona</em> qui&eacute;n era aquel escritor ubicuo, con biograf&iacute;a y &laquo;todav&iacute;a&raquo; joven. Su retrato es perceptivo incluso en los pellizcos de monja que contiene:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Benjam&iacute;n Jarn&eacute;s es todav&iacute;a un escritor joven. Por su estilo, por su orientaci&oacute;n, por sus gustos, mucho m&aacute;s joven que por su edad. Los amigos de <em>Revista de Occidente</em> est&aacute;n acostumbrados a ver en el Sal&oacute;n donde se celebra la tertulia de esta Revista a un hombre vestido de negro, algo, grueso, pero no gordo. Tiene este hombre cerca de cuarenta a&ntilde;os, pero en sus ojos, vivaces a trav&eacute;s de unos lentes de mariposa, se adivina mayor juventud. La frente es alta, tersa y despejada. Las mejillas tienen suaves y gordezuelos mofletes de infante. A un lado y otro de la cabeza le caen blandamente unos bandos de pelo fl&aacute;cido, d&oacute;cil. Sus gestos, sus palabras, sus silencios tienen siempre una lentitud amable, una ternura pacata, una discreci&oacute;n llena de beatitud de prelado. Si este joven enlutado fuera sacerdote &mdash;casi lo parece&mdash;, predecir&iacute;ais f&aacute;cilmente que llegar&iacute;a a obispo de una vieja ciudad espa&ntilde;ola: Toledo, Salamanca, Zaragoza.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Tal Benjam&iacute;n Jarn&eacute;s, tejedor de una prosa sabia, muy pulida, muy linda, totalmente segura, sin vacilaciones ni durezas. Bellas las met&aacute;foras, bellas las palabras, armonioso y dulce el ritmo de las frases. Tal dulces a veces que leyendo la prosa de Jarn&eacute;s ten&eacute;is a veces la sensaci&oacute;n de que un caramelo de frutas sazonadas se os desl&iacute;e en la boca, lentamente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Y este escritor tan pulcro, tan cuidadoso de su dicci&oacute;n, es, al mismo tiempo, un escritor fecundo. En la <em>Revista de Occidente</em>, en <em>S&iacute;ntesis</em>, en <em>Criterio</em>, en <em>Diario de la Marina</em>, en <em>La</em> <em>Naci&oacute;n</em> de Buenos Aires aparecen frecuentemente art&iacute;culos suyos. Y a&uacute;n le queda tiempo, luego de satisfacer tan amplias colaboraciones, para escribir sus libros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una vez hecha la presentaci&oacute;n del individuo, Chab&aacute;s pasa a referirse a uno de los problemas est&eacute;ticos de su generaci&oacute;n, el de la creaci&oacute;n de una novela distanciada del modelo decimon&oacute;nico y consustanciada con la visi&oacute;n del mundo y la sensibilidad del hombre del siglo XX. Qu&eacute; &laquo;dif&iacute;cil que es hoy escribir una novela&raquo; cuando el g&eacute;nero parece agotado pero se barruntan &laquo;m&uacute;ltiples posibilidades de renovaci&oacute;n&raquo; a&uacute;n inseguras. En esa confusa encrucijada de caminos, a Chab&aacute;s le parece que deben cumplirse dos condiciones: la de que el lector sienta &laquo;que le cuentan algo acontecido de verdad&raquo; y la de que el escritor experimente &laquo;m&aacute;s vivamente esa sensaci&oacute;n, aunque sepa que nada de lo que &eacute;l relata sucedi&oacute;&raquo;. Dicho de otro modo, el novelista tiene que creerse las arquitecturas de su imaginaci&oacute;n para dotarlas de la verosimilitud sin la cual el lector pierde el inter&eacute;s. Para ello es imprescindible el acorde entre imaginaci&oacute;n y memoria. &laquo;Y con la memoria surgen entonces, como del fondo de nuestro ser un sonido, un acento, un residuo de algo que no es puro sentimiento, que no es puro pensamiento, sino bizarr&iacute;a, o nostalgia, o dolor, y todo ello sincera y po&eacute;ticamente anatomizado, analizado, descompuesto y compuesto de nuevo, es decir, sentido e inventado&raquo;. Ese es el mecanismo compositivo de la narrativa de Jarn&eacute;s, de <em>Paula y Paulita</em> &mdash;que es de la que se habla&mdash; y del resto de novelas jarnesianas. Era 1929, y en ese filo del tiempo Chab&aacute;s tiene claro que &laquo;este libro es lo mejor que &eacute;l ha escrito y de lo mejor que han escrito los j&oacute;venes de nuestro tiempo&raquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>A pesar de que no le faltaba raz&oacute;n a Chab&aacute;s, la obra de Jarn&eacute;s no se resum&iacute;a en sus esfuerzos de renovaci&oacute;n novel&iacute;stica. De hecho, los m&eacute;ritos m&aacute;s ostensibles del escritor empezaron siendo los del estilo, aunque hoy aparezcan deslucidos por el transcurso de noventa a&ntilde;os. En la prosa de Jarn&eacute;s hab&iacute;a un ritmo y una dicci&oacute;n nuevos, de una elegancia a la vez cl&aacute;sica y juvenil, que daban carpetazo a la prosa pl&uacute;mbea del siglo XIX, apesadumbrada por las cazcarrias ret&oacute;ricas. El aragon&eacute;s impon&iacute;a a su escritura una agilidad y una precisi&oacute;n casi gimn&aacute;sticas, con brillos metaf&oacute;ricos y nudos afor&iacute;sticos que golpeaban constantemente la inteligencia de sus lectores. Al describir, desplegaba una paleta de sensaciones (colores, sabores, olores...); al narrar, saltaba por encima de las acciones presumibles o superfluas, aquellas f&aacute;cilmente deducibles, para situar su relato entre elipsis y sugerencias; al reflexionar, apretaba el pensamiento en una formulaci&oacute;n escueta, casi gracianesca, y siempre escog&iacute;a con primor las palabras que hab&iacute;an de servirle en cada momento. Su papel en la renovaci&oacute;n de la prosa literaria espa&ntilde;ola de los a&ntilde;os veinte no puede desde&ntilde;arse, a pesar de que se encontr&oacute; en una tierra de gigantes &mdash;Valle-Incl&aacute;n, Azor&iacute;n, Unamuno, Juan Ram&oacute;n, Ortega, incluso Mir&oacute;&mdash; y &eacute;l lo sab&iacute;a, pero en &eacute;l vieron muchos la continuidad del proceso de depuraci&oacute;n iniciado por algunos de los mayores. En <em>Ejercicios</em> expuso que la prosa, en manos del artista, es un instrumento de creaci&oacute;n en el que la idea y la imagen encuentran su perfecta conciliaci&oacute;n, pues mientras la idea sostiene s&oacute;lidamente la pasarela sint&aacute;ctica, la imagen permite pasar deliciosamente de un lado al otro de la frase: &laquo;El pensamiento es la maroma tensa, vibr&aacute;til &mdash;acaso de alambre robusto de acero&mdash; que mantiene enhiesta la arquitectura de la frase; pero de uno al otro extremo se entrelazan armoniosamente las cintas paralelas de la imagen&raquo;. Estos juegos de la inteligencia son&nbsp; constantes en las p&aacute;ginas jarnesianas y encandilaron a sus primeros lectores en Espa&ntilde;a y Am&eacute;rica Latina. &laquo;Todos estamos entusiasmados con este peque&ntilde;o ensayo que define nuestras propias ideas, y cuya prosa es verdaderamente exquisita&raquo;, le confesaba Federico Garc&iacute;a Lorca en 1927.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>El &eacute;xito no nubl&oacute; el juicio a Jarn&eacute;s. No lo envaneci&oacute; ni ensoberbeci&oacute;, no se crey&oacute; m&aacute;s de lo que era (y quiz&aacute; hasta le cost&oacute; creer en su triunfo) y tuvo una clara conciencia de sus aptitudes y de sus l&iacute;mites. Fue, bien mirado, un hombre entre l&iacute;mites (m&aacute;s que <em>de</em> l&iacute;mites), unos que le trazaron desde fuera y otros que se impuso &eacute;l mismo. Su pasi&oacute;n fue fr&iacute;a, su vitalismo fue sereno, su entusiasmo fue embridado, su vanguardismo estuvo represado por el anhelo de un nuevo clasicismo y al impulso de la aventura est&eacute;tica solo se dej&oacute; llevar con cautela y un mapa secreto de los caminos de regreso al equilibrio entre lo irracional y la raz&oacute;n ordenadora. Desde 1929 preconiz&oacute; para el arte joven una v&iacute;a de conciliaci&oacute;n entre idealismo, realismo e infrarrealismo que llam&oacute; <em>integralismo</em>, en el que la sublimaci&oacute;n rom&aacute;ntica (la enso&ntilde;aci&oacute;n), la cotidianidad realista (la vigilia) y las simas oscuras del subconsciente (los sue&ntilde;os) se equilibraban en una representaci&oacute;n fidedigna de la compleja naturaleza humana. La doctrina no tuvo su contrapartida pr&aacute;ctica porque <em>Teor&iacute;a del zumbel</em> o <em>Escenas junto a la muerte</em>, aun siendo excelentes novelas, no cuajaron como ilustraciones del integralismo. La propuesta misma, en el contexto de las radicalidades vanguardistas, resultaba extravagante no por su eclecticismo (com&uacute;n a muchas vanguardias) sino por su defensa de la armon&iacute;a y la ponderaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Esa querencia por los espacios intelectuales de convergencia y concierto form&oacute; parte de su personalidad siempre, tanto en el terreno de la literatura como en el de las ideas pol&iacute;ticas y sociales. Desconfi&oacute; y denunci&oacute; el crecimiento de los &laquo;muchachos de uniforme&raquo; cuando en Europa el fascismo y el comunismo empezaron a envenenar de utopismos suicidas las cabezas de millones de j&oacute;venes. Y del mismo modo se mostr&oacute; receloso con los escritores que parec&iacute;an confiar en el poder protector y consagrador del reba&ntilde;o o la horda. &laquo;&iexcl;M&aacute;s equilibrados y menos equilibristas! &iexcl;M&aacute;s '&aacute;gora' y menos 'pista'!&raquo;, escrib&iacute;a en uno de sus cuadernos &iacute;ntimos de los a&ntilde;os treinta. La sensatez, el fiel de la balanza, el di&aacute;logo fueron sus bastiones frente al arrebato, la extremosidad o el autoritarismo. Sus reparos a los excesos fueron tempranos y ya en 1925, cuando estaba labr&aacute;ndose un nombre en el mercado de talentos del Arte Nuevo, se atrevi&oacute; a izar objeciones contra la literatura de vanguardia en lugar tan significado como la revista <em>Proa </em>de Buenos Aires, una importante plaza del ultra&iacute;smo argentino fundada por Jorge Luis Borges, Francisco Luis Bern&aacute;rdez y Brand&aacute;n Caraffa. Lo hizo con el pretexto de rese&ntilde;ar ni m&aacute;s ni menos que <em>Literaturas europeas de vanguardia</em> de Guillermo de Torre, libro meritorio que, en su opini&oacute;n, hab&iacute;a &laquo;obrado el prodigio de crear un per&iacute;odo literario que de otro modo no hubiera existido&raquo;. Varias eran las objeciones, desde la inconsciencia y falta de sentido cr&iacute;tico de los vanguardistas hasta la futilidad de su obra, su gasto de la p&oacute;lvora en salvas (en manifiestos, en pol&iacute;tica literaria...) y la desbandada de quienes formaron sus filas. Torre hab&iacute;a recibido a trav&eacute;s de su sensitiva antena todas las vibraciones de nuevo esp&iacute;ritu pero tambi&eacute;n mucho ruido. A esa antena que lo recoge todo sin discriminar, Jarn&eacute;s opon&iacute;a el sem&aacute;foro, la regulaci&oacute;n y el control, el cauce de las energ&iacute;as juveniles. Por eso titul&oacute; su cr&iacute;tica &laquo;Antena y sem&aacute;foro&raquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Es f&aacute;cil espigar estos reparos a lo largo de toda su obra cr&iacute;tica y ensay&iacute;stica. A los propios argentinos les advert&iacute;a un par de a&ntilde;os despu&eacute;s, en la revista <em>S&iacute;ntesis</em>, de que a veces &laquo;todo el &iacute;mpetu se gasta en afinar la propia m&aacute;quina&raquo; y el artista que se empe&ntilde;a en ensayar posturas y postergar el momento de la creaci&oacute;n es como el Estilita, que, subido a su columna, acaba petrificado. Lo contrario es el escritor audaz que se lanza a crear asumiendo el riesgo de equivocarse: &laquo;Entre estos hombres, cuento a James Joyce&raquo;, afirma en las notas cr&iacute;ticas que titul&oacute; &laquo;Biela&raquo;. Pero, aun siendo f&aacute;cil esa recolecta, es a partir de 1929 cuando el compromiso de Jarn&eacute;s con la discrepancia se vuelve m&aacute;s visible. Una discrepancia desde la mesura o desde la equidistancia y que le permite intervenciones p&uacute;blicas como la conferencia in&eacute;dita &laquo;Deberes del libro actual&raquo;, en la que condena todo libro que no conduzca al fin esencial de hacernos m&aacute;s libres, de &laquo;dejarnos m&aacute;s alertas&raquo;, una conferencia donde aconseja no leer aquel libro que nosotros mismos podr&iacute;amos haber escrito o que se entrega a la primera acometida o que ha sido escrito para complacer el gusto del p&uacute;blico y no para &laquo;encauzarlo, depurarlo, robustecerlo&raquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Si m&aacute;s arriba dec&iacute;a que la gloria de 1929 fue ef&iacute;mera, tambi&eacute;n fue temporal el encandilamiento que produjo su prosa. Chab&aacute;s dec&iacute;a en el art&iacute;culo citado que los personajes de nuestro autor ten&iacute;an&nbsp; &laquo;todos aquella bondad suave y algo ingenua&raquo; de <em>El profesor in&uacute;til</em> y &laquo;una sensualidad h&uacute;meda y dulce&raquo;, pero estas lenidades tocaban tambi&eacute;n al tono de sus relatos y a la escritura, volvi&eacute;ndolos en los peores casos melifluos y hasta un punto empalagosos. Lo parnasiano, pasado por el modernismo espa&ntilde;ol, hab&iacute;a lustrado el estilo temprano de Jarn&eacute;s, y ese regodeo en la forma se hab&iacute;a cruzado con una sensibilidad decadente y con un difuso franciscanismo quiz&aacute; adquirido en sus a&ntilde;os de seminario, que fueron muchos, nueve. Cuando Jarn&eacute;s lleg&oacute; a Madrid en 1920, destinado al Parque de Intendencia de la capital y procedente de Larache, ten&iacute;a treinta y dos a&ntilde;os y distaba de ser due&ntilde;o de la prosa alquitarada que le dar&iacute;a prestigio. Durante un lustro tuvo que pulir los dengues sentimentales y dem&aacute;s adherencias de un estilo labrado en la prensa regional aragonesa, en revistas religiosas como <em>Rosas y Espinas</em> y en cert&aacute;menes literarios militares. Su contacto con la juventud vanguardista fue depurativo, pero todav&iacute;a en 1925 pod&iacute;a publicar en la revista <em>Plural </em>un fragmento titulado &laquo;El profesor in&uacute;til&raquo; en el que rechinan morbideces estil&iacute;sticas que eliminar&iacute;a en la edici&oacute;n de 1926. Y sin embargo, pese a ese largo ba&ntilde;o en el Jord&aacute;n del idioma (por usar una imagen suya), a&uacute;n le qued&oacute; a su prosa una reticencia, un no s&eacute; qu&eacute; de esponjosidad y mansedumbre que, si bien continu&oacute; despertando el elogio de muchos, empez&oacute; pronto (ya en 1929) a provocar el reparo de otros que echaban en falta algo m&aacute;s de dureza, r&aacute;fagas de aspereza y acidez como las que, desde 1930, iban a encontrarse en las novelas de su paisano Ram&oacute;n J. Sender. Precisamente en julio de ese a&ntilde;o, Jos&eacute; Garc&iacute;a Mercadal public&oacute; en <em>La Voz de Arag&oacute;n</em> un art&iacute;culo que parec&iacute;a anunciar la divisi&oacute;n futura de la narrativa aragonesa en dos opciones: &laquo;Jarn&eacute;s y Sender&raquo;. El pretexto era la aparici&oacute;n de <em>Teor&iacute;a del zumbel</em> del primero e <em>Im&aacute;n</em> del segundo y Mercadal la celebraba como la ocasi&oacute;n de que las letras aragonesas &laquo;salgan de su penuria tradicional, ganando de golpe, no uno, sino dos novelistas&raquo;. En esa revelaci&oacute;n dual, Jarn&eacute;s representaba la obra depurada y exquisita, &laquo;fruto maduro de una personalidad ya destacada entre lo m&aacute;s selecto de la &uacute;ltima promoci&oacute;n literaria&raquo;, era el artista; mientras que a Sender le correspond&iacute;an &laquo;menores pretensiones est&eacute;ticas&raquo; pero &laquo;mayores valores objetivos&raquo;. Y a Mercadal se le nota m&aacute;s tocado por la fuerza de denuncia de la novela sobre el desastre de Annual, que lanza &laquo;el grito lancinante que viene a herir nuestra conciencia de espa&ntilde;oles, la voz conminatoria que nos recuerda [...] las iniciales y m&aacute;s apremiantes responsabilidades del presente pol&iacute;tico y social de Espa&ntilde;a&raquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Jarn&eacute;s y Sender. Los dos perdieron, pero quiz&aacute; la derrota fue m&aacute;s inclemente con el primero, puesto que lo castig&oacute; no solo con el exilio sino con la precariedad econ&oacute;mica y la probable certeza, que pudo llegar a palpar, de la disoluci&oacute;n de su nombre en la futura memoria hist&oacute;rica de la cultura espa&ntilde;ola. No le angusti&oacute; a Jarn&eacute;s ese desvanecimiento, no al menos desde 1939, porque entonces su prioridad hab&iacute;a pasado a ser la supervivencia (suya y de su esposa Gregoria) y el voluntarioso cultivo de una alegr&iacute;a vital que sigui&oacute; buscando donde no suele estar, en la escritura, y que encontr&oacute; en la amistad inopinada pero encantadora de la escritora Paulita Brook.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Eso fue ya en M&eacute;xico, adonde Jarn&eacute;s lleg&oacute; a bordo del <em>Sinaia</em> el 13 de junio de 1939, despu&eacute;s de meses de incertidumbre en Francia, de esperar interminablemente la ayuda rogada a Victoria Ocampo, a Guillermo de Torre, a Gregorio Mara&ntilde;&oacute;n, a Ortega y Gasset, ignorante de que los dos &uacute;ltimos se hab&iacute;an puesto de parte de los sublevados: &laquo;Sepan que estoy completamente alejado de todo partido, de toda organizaci&oacute;n pol&iacute;tica, Que estoy solo. Que, si ustedes no me atienden, quedo en absoluto a la intemperie&raquo;, le escribe a Mara&ntilde;&oacute;n en febrero. &laquo;Ati&eacute;ndame, se lo ruego&raquo;. No le atendieron y hubo de esperar a la solidaridad de sus amigos mexicanos, de Xavier Villaurrutia y sobre todo de Jaime Torres Bodet, y a la generosidad del presidente L&aacute;zaro C&aacute;rdenas, que acogi&oacute; a miles de espa&ntilde;oles. Mientras tanto fue un profesor de liceo en Limoges, Narcisse Marcel, quien dio amparo durante varias semanas a Jarn&eacute;s y Gregoria y quien habl&oacute; a sus alumnos de aquel escritor espa&ntilde;ol que hab&iacute;a defendido la libertad y los valores de la democracia y, vencido por los fascistas, se hallaba arrojado a un destino de expatriado. Esto lo record&oacute; muchos a&ntilde;os despu&eacute;s uno de aquellos alumnos, un chaval de diecisiete a&ntilde;os que se llamaba Roland Dumas y ser&iacute;a Ministro de Asuntos Exteriores.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Llegar a un pa&iacute;s desconocido tras perder una guerra, sin fortuna alguna ni profesi&oacute;n cotizable y con cincuenta a&ntilde;os a la espalda no parece el comienzo de una historia feliz. Jarn&eacute;s vivi&oacute; en M&eacute;xico desde junio de 1939 hasta febrero de 1948 y, aunque public&oacute; a un ritmo fren&eacute;tico novelas, biograf&iacute;as, ensayos, compilaciones, antolog&iacute;as, enciclopedias, art&iacute;culos y rese&ntilde;as en diarios y revistas mexicanos y del c&iacute;rculo exiliado, no pudo pasar de ser un hu&eacute;sped de s&iacute; mismo. El Jarn&eacute;s brillante (lo hubo) hab&iacute;a quedado atr&aacute;s. Su exilio no fue fecundo como el de Jos&eacute; Bergam&iacute;n, que le pidi&oacute; un libro para la editorial S&eacute;neca, o el de Pedro Salinas, que se lo encontr&oacute; en 1940 &laquo;resbaladizo, apartado de todos&raquo;, o el de Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, al que Jarn&eacute;s le sac&oacute; unas p&aacute;ginas prologales para las <em>Cartas a Platero</em> (1944) de su Paulita Brook. No, su exilio fue arduo y careci&oacute; de grandeza porque le cogi&oacute; fatigado y quiz&aacute; &iacute;ntimamente persuadido de que ya hab&iacute;a dado lo mejor de s&iacute;. Por eso volvi&oacute; sobre sus pasos y recuper&oacute; viejos papeles a los que encaj&oacute; en un nuevo envoltorio, como las <em>Cartas al Ebro</em> (1940) o <em>Ariel disperso</em> 1946), reescribi&oacute; y refundi&oacute; cuentos, novelitas y f&aacute;bulas rosadas como en <em>La novia del viento</em> (1940) y <em>Venus din&aacute;mica</em> (1943) o public&oacute; como obra de su heter&oacute;nimo Julio Aznar lo que era de hecho una traducci&oacute;n libre, la &laquo;rapsodia griega&raquo; <em>Constelaci&oacute;n de Frin&eacute;</em> (1944). Todo ello, seguramente, mientras le pesaba en la conciencia el original de <em>Eufrosina o la Gracia</em> que hab&iacute;a dejado en las manos del editor Josep Jan&eacute;s en los d&iacute;as de fuego de Barcelona, antes de integrarse en la ominosa columna de republicanos camino de Figueres y La Jonquera, hacia los campos de concentraci&oacute;n franceses. Fue entonces cuando se fragu&oacute; la confianza que seguramente explica que Jan&eacute;s publicara en 1948 dos libros (<em>Eufrosina</em> y la segunda edici&oacute;n de <em>Libro de Esther</em>) de un exiliado inc&oacute;modo, cuando menos por su condici&oacute;n de capit&aacute;n del ej&eacute;rcito de la Rep&uacute;blica.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>El episodio vale la pena recordarlo porque apenas es conocido y no ha sido bien contado. Jarn&eacute;s se encuentra, como muchos intelectuales republicanos, en Barcelona, la <em>ville ext&eacute;nu&eacute;e</em> &mdash;como la llama en marzo en el peri&oacute;dico franc&eacute;s <em>Le Courrier du Centre</em>&mdash;. Por esos d&iacute;as es detenido el escritor F&eacute;lix Ros acusado de quintacolumnista y es conducido a la checa Preventorio D. Su amigo Josep Jan&eacute;s trata de salvar su vida pero est&aacute; &laquo;absolutamente solo&raquo; y sabe que la &uacute;nica posibilidad de lograrlo pasa por realizar gestiones cerca del gobierno de Negr&iacute;n. El relato de los hechos lo hizo Jan&eacute;s en un art&iacute;culo de <em>Solidaridad Nacional</em> el 8 de julio de 1939 y &eacute;l mismo lo citar&iacute;a ampliamente en el ap&eacute;ndice que puso al <em>Preventorio D</em> de F&eacute;lix Ros (cito por la edici&oacute;n de 1974). Cont&oacute; el editor que el primer intelectual al que acudi&oacute;, sin conocerlo personalmente, fue Benjam&iacute;n Jarn&eacute;s y que desde el primer momento encontr&oacute; en &eacute;l comprensi&oacute;n y humanidad. Acudieron ambos a Corpus Barga, pero &eacute;ste recrimin&oacute; a Jan&eacute;s que se preocupara por un fascista como Ros. Jarn&eacute;s &laquo;fue el &uacute;nico que me defendi&oacute; de las recriminaciones m&aacute;s o menos cordiales que me dirig&iacute;a Corpus Barga y fue el primero en insistir en favor de Ros a pesar de las declaraciones del m&aacute;ximo fautor del SIM [Servicio de Informaci&oacute;n Militar]&raquo;. Despu&eacute;s de este encuentro, Corpus se sum&oacute; activamente a la intercesi&oacute;n a favor de Ros. Tras negar su ayuda Bergam&iacute;n y Max Aub, Jan&eacute;s redacta con Jarn&eacute;s una carta contundente dirigida a Juli&aacute;n Zugazagoitia (quien ya hab&iacute;a intervenido para salvar la vida de Wenceslao Fern&aacute;ndez Fl&oacute;rez). Tambi&eacute;n es Benjam&iacute;n Jarn&eacute;s quien acompa&ntilde;a a Jan&eacute;s a visitar a Antonio Machado. El poeta se abstuvo de actuar a favor de un &laquo;redomado fascista&raquo; como Ros, pero su actitud firme no amilan&oacute; a Jarn&eacute;s, que &laquo;agot&oacute; todos los recursos de la persuasi&oacute;n&raquo; apelando a la solidaridad entre intelectuales y refiriendo las atrocidades practicadas por el SIM en las checas. Nada obtuvieron de Machado, y Josep Jan&eacute;s cuenta que sali&oacute; &laquo;Jarn&eacute;s casi llorando&raquo; y le pidi&oacute; que por favor no juzgara a Machado por lo que hab&iacute;a visto en esa reuni&oacute;n: &laquo;No es Machado ese hombre&raquo;. Luego, ocupada la ciudad por las tropas franquistas, Ros fue liberado y al poco tiempo mostr&oacute; su catadura asaltando el piso de Juan Ram&oacute;n en Madrid y sustrayendo de &eacute;l valiosos libros y manuscritos. Jarn&eacute;s, por su lado, integr&oacute; el desolador contingente de los despose&iacute;dos y no sabemos qu&eacute; pudo pensar al enterarse &mdash;si es que se enter&oacute;&mdash; de la fechor&iacute;a de aquel sujeto indefendible al que hab&iacute;a defendido.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;</p>
<p>Los a&ntilde;os de guerra y el exilio pasaron sobre Jarn&eacute;s como una apisonadora y el reumatismo que sufr&iacute;a, derivado luego en arteriosclerosis cerebral, contribuy&oacute; muy poco a paliar su situaci&oacute;n. Despu&eacute;s de 1943, la etapa mexicana fue un lento desmoronamiento que no pudo frenar la cotidiana faena de escritura mercenaria ni alg&uacute;n ocasional regreso del Jarn&eacute;s de otro tiempo, como en el estupendo relato &laquo;B&iacute;lbilis&raquo; (1944) con el que volv&iacute;a a los paisajes aragoneses de <em>Paula y Paulita</em> pero que seguramente hab&iacute;a sido escrito a&ntilde;os antes. Ese fue uno de los regresos, pero debieron de acumularse los retornos en la cabeza de Jarn&eacute;s hasta que, por fin, el 10 de febrero de 1948 emprendieron &eacute;l y su esposa Gregoria el &uacute;nico retorno f&iacute;sico y ya definitivo. Quienes hab&iacute;an sido en cierto modo disc&iacute;pulos suyos y promotores de la revista <em>Literatura</em> y de la PEN Colecci&oacute;n antes de la guerra, Ildefonso-Manuel Gil y Ricardo Gull&oacute;n, dejaron un testimonio triste de su visita al escritor, que se encontraba ya en estado casi vegetativo. Muri&oacute; el 10 de agosto de 1949 en su piso de la calle de Santa Engracia. La v&iacute;spera, Gregoria envi&oacute; una carta a sus hermanos que transcribo casi en su integridad:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Queridos hermanos:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El jueves, al poco rato de marcharse los sobrinos, vino un padre de la Parroquia para preparar a Benjam&iacute;n, para el viernes, y como lo vio tan abatido me dijo que, si quer&iacute;a yo, ser&iacute;a lo mejor que recibiese al Se&ntilde;or, como primer viernes y como vi&aacute;tico. As&iacute; es que recibi&oacute; todos los Sacramentos y Bendici&oacute;n del Sagrado Coraz&oacute;n. No pudo hablar, pero con los ojos &mdash;me dijo el padre&mdash; se lo dijo todo. Fue conmovedor, porque se dio perfecta cuenta de lo que recib&iacute;a. Estuvo sereno y quieto durante todo el rato.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Yo tengo una gran tranquilidad &mdash;dentro de mi gran pena&mdash; de ver que lo ha recibido con todo conocimiento.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El m&eacute;dico se qued&oacute; asombrado al ver que le ha bajado la tensi&oacute;n a 12. Por eso le ha producido este estado de agotamiento. No se puede levantar de la cama. [...]</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Yo os avisar&eacute; cuando sea necesario, pues me dice el m&eacute;dico, que lo mismo puede dormirse y no despertar que pasar as&iacute; alg&uacute;n tiempo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pedid mucho por &eacute;l y por m&iacute;, para que el Se&ntilde;or me d&eacute; fuerzas para poderle atender bien.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Perdonad que no s&eacute; c&oacute;mo escribo. El s&aacute;bado se durmi&oacute; a las 6 de la tarde y se despert&oacute; a las 7 de la ma&ntilde;ana siguiente. Yo estaba alarmad&iacute;sima, pero la respiraci&oacute;n era normal y, el domingo, se durmi&oacute; a las 11 de la noche y despert&oacute; a las 7 de la ma&ntilde;ana. Aunque sea r&aacute;pidamente seguir&eacute; dando noticias.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un fuerte abrazo de vuestra hermana,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">Gregoria</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p>Esta noche ha dormido desde las diez y media de la noche hasta las ocho de la ma&ntilde;ana. Contin&uacute;a sin poder hablar y le cuesta bastante tomar los alimentos pero tiene buena cara.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tras el fallecimiento de Jarn&eacute;s, Ildefonso-Manuel Gil escribi&oacute; un art&iacute;culo necrol&oacute;gico para el <em>Heraldo de Arag&oacute;n</em>, pero la censura lo prohibi&oacute; una y otra vez. Tengo a la vista una copia de las pruebas. Ah&iacute; refiere Gil su visita al escritor enfermo: &laquo;Ya no era m&aacute;s que un despojo humano, privado de palabra, paral&iacute;tico, inexpresiva su mirada, sin aquel agudo brillo que record&aacute;bamos en sus ojos&raquo;, para el que la muerte fue &laquo;una mano piadosa sobre su dolor y su aniquilamiento&raquo;. Pero esto lo cuenta al final de su art&iacute;culo, porque hab&iacute;a empezado por lamentar &laquo;el extra&ntilde;o silencio que se extendi&oacute; sobre la muerte del gran prosista&raquo; para afirmar a continuaci&oacute;n que pueden &laquo;contarse con los dedos de una mano los escritores aragoneses contempor&aacute;neos que han conseguido ser algo m&aacute;s que 'glorias locales'&raquo; y Jarn&eacute;s est&aacute; al frente de todos por el volumen y calidad de su obra. &laquo;Era un prosista de sencilla perfecci&oacute;n, un lento enamorado de la palabra&raquo;, a&ntilde;ade, y eso lo convert&iacute;a en &laquo;un escritor para buenos lectores y no para devoradores de an&eacute;cdotas&raquo;.&nbsp; En sus novelas &laquo;el argumento era poco m&aacute;s que un tenue hilo que un&iacute;a el comienzo con el final, revisti&eacute;ndose de p&aacute;ginas poem&aacute;ticas, de fragmentarios y brillantes ensayos&raquo;. Esa concepci&oacute;n elevada de la literatura le pas&oacute; una factura que &eacute;l acept&oacute; desde el principio: &laquo;Por ese logro se dispuso a pagar el precio de la renuncia a un f&aacute;cil triunfo, manteniendo hasta el &uacute;ltima p&aacute;rrafo salido de su pluma esa posici&oacute;n exigente del artista que doma su propia fuerza creadora para encauzarla, sin desbordamientos posibles, por el r&iacute;o dif&iacute;cil de la gracia art&iacute;stica&raquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Ese fue el nombre que Jarn&eacute;s dio a su concepto est&eacute;tico central: gracia. Y a &eacute;l dedic&oacute; muchas p&aacute;ginas, alguna conferencia (de 1932) y un libro, <em>Eufrosina o la Gracia</em>, que quiz&aacute; ya ni alcanz&oacute; a ver con lucidez en 1948, en el que su trasunto Julio y una de las tres gracias mitol&oacute;gicas, Eufrosina, la de la alegr&iacute;a, entablan un sinuoso coloquio plagado de juegos de seducci&oacute;n. La alegr&iacute;a, la armon&iacute;a entre la raz&oacute;n y la pulsi&oacute;n, la plenitud de las potencias humanas expresada como puente de comunicaci&oacute;n con el otro, la simpat&iacute;a que facilita el trato humano (de ah&iacute; que la gracia sea tambi&eacute;n un valor social), la transparencia y la espontaneidad, rasgos todos de esa gracia en la que la palpitaci&oacute;n de la vida y las arquitecturas del arte se conciertan.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Seguir&aacute; siendo Jarn&eacute;s el perpetuo resucitado; su destino es ser redescubierto por lectores aislados que se sorprender&aacute;n de su idioma o de sus met&aacute;foras, de su cr&iacute;tica literaria regularmente certera o de su concepci&oacute;n vegetal de la novela, en continuo crecimiento, llena de injertos y cargada de frutos que se saborean de uno en uno. A Jarn&eacute;s le gustaba repetir que a veces hay que sacrificar una parte de la inteligencia para que te perdonen el resto. &iquest;Sacrific&oacute; Jarn&eacute;s la porci&oacute;n suficiente o se qued&oacute; corto? Es una pregunta in&uacute;til. Jarn&eacute;s siempre valdr&aacute; la pena, quiero decir que valdr&aacute; la alegr&iacute;a que transfunde su lectura.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 23 Jun 2014 05:06:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Víctor Mira ilustra el nuevo número de "Turia"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/victor-mira-ilustra-el-nuevo-numero-de-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2014/dibujoportada500.jpg" alt="" /></p>
<p>Las 10 ilustraciones interiores de V&iacute;ctor Mira que TURIA publica pertenecen a dos series diferentes: &ldquo;Musas del Paralelo&rdquo;, de 1979 y &ldquo;Montjuich&rdquo;, de 1990. Todas ellas son xilograf&iacute;as. Mientras que la ilustraci&oacute;n de portada es la obra &ldquo;Caminantes&rdquo;, fechada en 1984 y elaborada con la t&eacute;cnica de aguafuerte y xilograf&iacute;a. Todas las obras pertenecen a la colecci&oacute;n del galerista zaragozano Pepe Navarro Casaus, actual administrador del Legado V&iacute;ctor Mira junto con la que fuera su compa&ntilde;era, Esther Romero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Seg&uacute;n escribe Chus Tudelilla en TURIA, V&iacute;ctor Mira &ldquo;se quiso continuador de lo esp&iacute;ritus reveladores e inquisitivos de Graci&aacute;n, Goya, Bu&ntilde;uel y Saura, y a ellos encomend&oacute; su pensamiento pl&aacute;stico que le conducir&iacute;a a desnudar la imagen en medio de un vac&iacute;o desolador&rdquo;. Fue, por tanto, Mira un creador solitario que &ldquo;decidi&oacute; zambullirse en el territorio convulso de las emociones y de los impulsos furiosos que se agitan en el interior de la condici&oacute;n humana&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tambi&eacute;n encontraremos en V&iacute;ctor Mira a un ser adicto al trabajo. &Eacute;l mismo lo confes&oacute; en su libro &ldquo;En Espa&ntilde;a no se puede dormir&rdquo;: &ldquo;quiero perder la vida en la aventura de mi trabajo y no gastarla en una perezosa longevidad, que el arte no debe estar empapado en l&aacute;grimas, ni yo aceptar jam&aacute;s que tengo miedo. Me concentro y camino seguro por la tensa cuerda. Hacerlo sin red me mantiene de pie. En esa tensi&oacute;n escojo los colores, los mezclo, mato la escoria, color tras color, pelda&ntilde;o tras pelda&ntilde;o. La continuidad del pelda&ntilde;o, la continuidad del precipitarse, v&eacute;rtigo placentero y virginal irresponsabilidad&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>V&iacute;ctor Mira (1949-2003) fue un artista total y cosmopolita, entregado por completo a la tarea creativa. Y lo hizo siempre&nbsp; de manera multidisciplinar: fue tan escritor como pintor, tan escultor como grabador. Siempre quiso utilizar todas las herramientas art&iacute;sticas a su alcance. De formaci&oacute;n autodidacta, realiz&oacute; su primera exposici&oacute;n en Zaragoza en 1968. Durante la d&eacute;cada de los setenta, viaj&oacute; por Espa&ntilde;a y tambi&eacute;n por pa&iacute;ses como Alemania o Estados&nbsp; Unidos.&nbsp; Su&nbsp; primer&nbsp; libro,&nbsp; &ldquo;Est&eacute;tica&nbsp; kebrada&nbsp; aragonesa&rdquo;, es de 1978. La suya es una&nbsp; trayectoria&nbsp;&nbsp; caracterizada&nbsp; por&nbsp; una&nbsp; actividad&nbsp; constante,&nbsp; en&nbsp; la&nbsp; que&nbsp; se&nbsp; suceden&nbsp; las exposiciones en los m&aacute;s diversos lugares de la geograf&iacute;a peninsular, europea e incluso americana. De igual forma, sus publicaciones continuaron viendo la luz y sus trabajos abarcaron todo tipo de t&eacute;cnicas y de formatos textuales y gr&aacute;ficos. Sin duda, V&iacute;ctor Mira vivi&oacute; siempre por y para el arte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En cuanto a la obra pict&oacute;rica, sus creaciones se caracterizan por una presencia constante de motivos e iconos relacionados con una tem&aacute;tica siempre vinculada al hombre, al destino, al tiempo, la vida y la muerte. Temas todos ellos tratados siempre por V&iacute;ctor Mira a trav&eacute;s de un lenguaje art&iacute;stico muy personal e inquietante, a trav&eacute;s del cual se transmiten diferentes estados de &aacute;nimo y preocupaciones. No en vano, se ha dicho de su obra que posee una aureola de misticismo y rebeld&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Concluye Chus Tudelilla su art&iacute;culo en TURIA asegurando al lector que &ldquo;Mira, como Saura y antes Goya, se atrevi&oacute; a dar luz a las tinieblas de la pintura, a escudri&ntilde;ar en la naturaleza convulsa de la imagen desnuda con gestos violentos, a romper el silencio con los estertores de la muerte que violenta la carne&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>PARA CONOCER A GONZALO TENA</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tambi&eacute;n en el sumario del n&ordm; 111 de TURIA se publica la tercera y &uacute;ltima entrega del estudio de Ernesto Utrillas sobre la trayectoria creativa del pintor turolense Gonzalo Tena, uno de los protagonistas indiscutibles que Arag&oacute;n ha aportado al arte contempor&aacute;neo espa&ntilde;ol. En esta ocasi&oacute;n, el periodo analizado va de 2004 hasta nuestros d&iacute;as. Es decir, se nos da noticia de la continuidad del fervor creativo de Tena en torno a la obra de la escritora norteamericana Gertrude Stein.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tambi&eacute;n se habla de la interesante aproximaci&oacute;n que realiz&oacute; Tena al mud&eacute;jar turolense desde el arte contempor&aacute;neo y que tuvo como resultado la exposici&oacute;n &ldquo;En torno al mud&eacute;jar&rdquo; y el libro &ldquo;How many windows&rdquo;. Fueron m&aacute;s de 140 pinturas y dibujos, realizados en diferentes formatos y t&eacute;cnicas, que testimonian una aut&eacute;ntica labor de sincretismo est&eacute;tico, al integrar tradici&oacute;n y modernidad&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otro de los ejes de la actividad art&iacute;stica de Gonzalo Tena en los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha sido la fascinaci&oacute;n por la obra del pintor flamenco Pieter Bruegel el Viejo. Fruto de esa pasi&oacute;n fue el libro &ldquo;Bruegel en La torre de Babel&rdquo; y la exposici&oacute;n que lo acompa&ntilde;&oacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Concluye su art&iacute;culo Ernesto Utrillas con una aproximaci&oacute;n a los &uacute;ltimos proyectos de Tena y a su insaciable curiosidad e inquietud creativa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA es una revista de periodicidad cuatrimestral que tiene una edici&oacute;n en papel y otra&nbsp; digital (web y Facebook). Est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero cuenta tambi&eacute;n con el patrocinio las Cortes de Arag&oacute;n y la Obra Social de IberCaja.&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 20 Jun 2014 05:33:23 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo que yo veo cada noche]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/lo-que-yo-veo-cada-noche/</link>
      <description><![CDATA[<p style="text-align: right;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;"><img style="float: right;" src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Junio/kepamurua.jpg" alt="" />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo que veo yo cada noche</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">es el aire que respiras.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">Tus ojos que brillan</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">en el cielo abierto</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">de tus sue&ntilde;os.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">Unas ventanas desnudas</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">que te rodean</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">sin que lo sepas.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">Unas cortinas transparentes</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">que te envuelven</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">sin que lo notes.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">Lo que veo yo cada noche</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">solo lo ven los &aacute;ngeles</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">que nos acompa&ntilde;an.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">Lo que yo veo</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">no lo ve nadie.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">Y aunque se siente</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">a veces cercano,</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">no lo pueden ver</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">porque no se mira</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">aquello que no se pronuncia</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">ni se sabe.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">El amor que te acompa&ntilde;a,</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">a tu lado veo.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">El coraz&oacute;n que te salpica</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">con cada gota</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">de lluvia inexistente.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">El cuerpo que se agita</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">durante un segundo</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">cuando vuela el silencio</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">tras la palabra dicha</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">en un susurro.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">Lo que veo yo cada noche</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">solo lo ven las personas</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">que no est&aacute;n con nosotros.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">Las que se fueron</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">a volar muy alto.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">Las que se marcharon muy lejos</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">en busca de su alma</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">con unas flores rojas</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">que dejan un rastro</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">en el atardecer de la tarde.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">Lo que yo veo cada noche</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">es la intensidad de la misma noche</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">en una luz blanca que nos acompa&ntilde;a</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">hasta el umbral del primer sue&ntilde;o.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">La estancia blanca que cobija</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">el ligero beso de unos labios</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">que todav&iacute;a no han pronunciado</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">la palabra <em>amor</em>,</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">las palabras <em>te quiero</em>,</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">y que huyen del deseo</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">como se huye del fuego</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">cuando se tiene miedo</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">y alrededor todo arde.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">Lo que veo yo cada noche</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">es el banco del parque</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">donde a leer te sientas.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">La calle que pisas</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">con tus ojos abiertos</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">para no tropezarte.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">La sombra que te cobija</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">cuando descansas.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">La ma&ntilde;ana que despierta</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">tras salir del sue&ntilde;o.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">Y veo al recuerdo</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">c&oacute;mo te acaricia el rostro.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">A la memoria</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">que te lava la cara.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">C&oacute;mo quitan las lega&ntilde;as de tus ojos</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">las caricias de unos dedos</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">que se posan a escribir</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">lo que te traer&aacute; el d&iacute;a</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">sobre una hoja blanca</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">con la luz de la ma&ntilde;ana.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">Lo que veo yo cada noche</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">son las horas que pasan,</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">la tarde que te envuelve,</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">la noche que te acaricia</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">cuando vas a la cama a dormir,</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">y cierras los ojos</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">con una sonrisa.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">Lo que yo veo cada noche,</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">lo que sintieron en vida</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">y no se dieron cuenta de su magia.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">Ese ligero murmullo</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">que todav&iacute;a no llega a tus o&iacute;dos</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">para que no se equivoque.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">Lo que veo yo cada noche</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">es el aire que respiras,</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">el coraz&oacute;n que te despierta</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 90px;">cuando est&aacute;s dormida.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 19 Jun 2014 07:18:43 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dos fragmentos para un tombeau]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/dos-fragmentos-para-un-tombeau/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Junio/jenarotalens.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left; padding-left: 510px;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px; text-align: left;">&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;</p>
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<p>IV</p>
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<p>Para reconocer la mordedura</p>
<p>de la muerte no hay l&iacute;mites. Tu ocaso</p>
<p>a&uacute;n brilla en el azar de los rescoldos,</p>
<p>entre las dalias de Bastions, en brazos</p>
<p>de esas estatuas que sin voz increpan</p>
<p>la finitud de todo lo nombrado.</p>
<p>No basta un c&uacute;mulo de claridad</p>
<p>ni es necesario que amanezca. El blanco</p>
<p>de la luz incipiente nada dice.</p>
<p>Ronronea tan s&oacute;lo a nuestro alrededor y el amplio</p>
<p>murmullo de la noche rasga el aire,</p>
<p>sin comprender siquiera que los p&aacute;jaros</p>
<p>fermentan con el alba, a&uacute;n a sabiendas</p>
<p>de que la sed es c&oacute;mplice, que tanto</p>
<p>la lunaci&oacute;n como el ardid del &eacute;xtasis</p>
<p>apenas saben si imitar su canto</p>
<p>o disolverse en su vaiv&eacute;n, en busca</p>
<p>de otra hondonada en que morir. Descalzo,</p>
<p>con la hermandad de las estrellas,</p>
<p>camino sobre esquirlas de otro cielo. Marzo</p>
<p>se ha vuelto un mes cruel, porque se ha ido</p>
<p>con la memoria intacta de tu paso.</p>
<p>Voy sin mirar atr&aacute;s por un sendero</p>
<p>hecho de brotes en saz&oacute;n, de abrazos</p>
<p>tan sin futuro como la esperanza</p>
<p>fr&aacute;gil del despertar. Por los sembrados,</p>
<p>abril se desparrama y la cosecha</p>
<p>muestra que hubo traici&oacute;n, que s&oacute;lo cuando</p>
<p>es h&uacute;meda la tierra y nos acoge&nbsp;&nbsp;</p>
<p>la eternidad florece, pero en vano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>V</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>O weiter, stiller Friede! </p>
<p>So tief im Abendrot. </p>
<p>Wie sind wir wanderm&uuml;de-- </p>
<p>Ist dies etwa der Tod?</p>
<p><em>Joseph von Eichendorf</em></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em></em>&ldquo;Im Abendrot&rdquo;,<em>&nbsp;Vier letzte Lieder</em></p>
<p><em></em><em>Richard Strauss</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un cielo a tu medida, a&uacute;n por hacer, ha intentado fijarte en el v&eacute;rtigo de lo visible, pero eres como el aire, que es aire s&oacute;lo porque pasa, sin m&aacute;s sustancia que la sensaci&oacute;n de una memoria imaginaria, tan m&iacute;a y tan ajena, igual que las astillas de la luz que dibujan mi sombra por el parque y en su fulgor se desvanecen. Inmune a la inclemencia del silencio, todo era para ti puro sonido, m&uacute;sica diurna, incluso la rumorosa melod&iacute;a del atardecer. Tu ausencia de palabras giraba en el vac&iacute;o, lo mismo que la estrella (cuya luz certifica que ya ha muerto) brilla con fuerza en medio de la noche. Dabas con generosidad lo que nunca ped&iacute;, y a cambio s&oacute;lo de un temblor, es decir, nada. Hoy la brisa de mayo te trae a m&iacute; de nuevo, entre fragmentos dispersos de un mon&oacute;logo antiguo disuelto con la niebla, y recuerdo (&iquest;o escucho?) algo como un zumbido triste que agita y desordena las hojas de los pl&aacute;tanos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jenaro Talens</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 18 Jun 2014 06:39:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La grandeza de la cotidianidad]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-grandeza-de-la-cotidianidad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/ricardovirtanen500.jpg" alt="" /></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em>Cuaderno de interior</em>, Ricardo Virtanen, Baile del sol, 2013.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En una rese&ntilde;a reciente he afirmado que soy un voraz lector de diarios. Algo hay en ellos me atrae irremediablemente, incluso aunque propenda a lo aburrido y lo intrascendente. La mezcla de g&eacute;neros, ese gusto por los peque&ntilde;os detalles, esa opci&oacute;n que nos dan de comprender una visi&oacute;n ajena y particular&nbsp; del mundo desde lo m&aacute;s &iacute;nfimo de la existencia de un autor; y esa cr&oacute;nica, muchas veces, de las inquietudes&nbsp; m&aacute;s curiosas y del desasosiego personal de quien lo escribe. Creo que encuentro tambi&eacute;n cierto placer en leer diarios por lo que tienen de rutina, pues el h&aacute;bito es algo que me procura seguridad. Me gustan por lo que tienen de inmediato y de literatura sin retoques, ese dejar constancia de las cosas entrevista al paso, tan acuciadas por divagaciones y ensue&ntilde;os. Y porque son un &uacute;til registro de lecturas y recomendaciones.</p>
<p>Acabo de terminar<em> Cuaderno de interior</em> (Baile del sol, 2013), la m&aacute;s reciente publicaci&oacute;n de Ricardo Virtanen, de quien hasta la fecha s&oacute;lo hab&iacute;a le&iacute;do su estupenda colecci&oacute;n de haikus editada por Renacimiento, <em>Sol de hogueras</em>. <em>Cuaderno de interior</em> es un diario que, a pesar de su volumen de m&aacute;s de trescientas p&aacute;ginas, s&oacute;lo acoge poco m&aacute;s de un a&ntilde;o de itinerario vital. Uno, consciente como es del rigor y la disciplina que requiere esa tarea, se sorprende pregunt&aacute;ndose por los pormenores que le habr&aacute;n llevado al autor a dedicar un esfuerzo y dedicaci&oacute;n de esa magnitud; tambi&eacute;n, por supuesto, por la exclusividad de acoger &uacute;nicamente ese periodo de tiempo. Virtanen es m&uacute;sico, veterano baterista de un grupo de rock y experto en Musicolog&iacute;a, algo perceptible a poco que se lea <em>Cuaderno de interior</em>, pues en &eacute;l se mencionan a muchas leyendas del rock y del jazz (con algunos obituarios), audiciones de &oacute;pera y artistas contempor&aacute;neos como Cage. <em></em></p>
<p>Con el car&aacute;cter de lo &iacute;ntimo como imperativo, Ricardo Virtanen atesora en <em>Cuaderno de interior</em> una intrincada trama de sugerencias y evocaciones privadas. Se confirma como un diarista impecable y entretenido, capaz de sacar al lector m&aacute;s perezoso de su monoton&iacute;a particular y penitente. <em>Hay tanto de narcisismo en estas p&aacute;ginas como de verdad a medias</em>, advierte en los preliminares del libro. La prosa &aacute;gil, no afectada, y carente de ret&oacute;rica, se digiere f&aacute;cilmente y el libro permite la lectura en tandas e incluso en desorden cronol&oacute;gico, sin que pierda inter&eacute;s. En Virtanen, el ejercicio de la escritura, a la vez que de otras artes, especialmente la m&uacute;sica y la pintura, supone la forma m&aacute;s accesible de llegar al conocimiento personal, poblar lo anodino de vida y que los propios acontecimientos vitales&nbsp; escenifiquen la grandeza de la cotidianidad.</p>
<p>La vida, en general, no es tan diferente de todo lo que uno intenta describir en la literatura. Si una autobiograf&iacute;a es un camino estrecho e interrumpido por multitud de tramos de niebla, el archivo de lo acumulado con perseverancia a diario es m&aacute;s una amalgama y un derroche de inutilidades, un caj&oacute;n de nimiedad, una abigarrada estampa de incidencias y embrujos banales.</p>
<p>De muchos libros actuales, no se&ntilde;alados como diarios, se podr&iacute;a decir aquello de&nbsp; Chamfort: <em>la mayor parte de los libros del presente tienen el aire de haber sido escritos en un d&iacute;a, con los libros le&iacute;dos la v&iacute;spera. </em>Hay diarios, como el de Virtanen, que&nbsp; tienen por norma trascender la an&eacute;cdota y abrirse a la expectativa sensorial, a la reflexi&oacute;n metaliteraria o a la visual&nbsp; definici&oacute;n del paisaje. Ya lo dijo C&eacute;sar Sim&oacute;n, con acierto, en uno de los suyos: <em>&ldquo;Debo anotar lo pensado. Aunque no es pensado, sino sentido. He tenido una experiencia que no debo permitir que se desdibuje y transforme en ideas&rdquo;. </em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Toda vida es provisional. La m&iacute;a no es una excepci&oacute;n</em> - especula Virtanen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En un diario la veleta permanece siempre quieta, impasible, apuntando hacia una regi&oacute;n de niebla perdida en el horizonte. Escribir un diario es no concluir nada, es, en todo caso, llegar tarde a la escritura.</p>
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      <pubDate>Tue, 17 Jun 2014 06:47:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Toda la magia de la vida]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/toda-la-magia-de-la-vida/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Junio/gianistuparich.jpg" alt="" /></p>
<p>Apenas dos a&ntilde;os despu&eacute;s de que apareciese en las librer&iacute;as <em>La isla,</em> la obra maestra del escritor triestino Giani Stuparich (Trieste 1891-1961), aparece, en la misma colecci&oacute;n, de los ya c&eacute;lebres <em>Paisajes narrados</em> de ediciones Min&uacute;scula, otra pieza, menos redonda quiz&aacute;s, pero que nos devuelve, por momentos, toda la magia, no s&oacute;lo de la literatura, lo que ya ser&iacute;a mucho decir, sino, m&aacute;s a&uacute;n, de la vida propia, magistralmente sugerida en sus apenas cien p&aacute;ginas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si <em>La isla</em> era el relato circular y completo de una vida, a trav&eacute;s de la relaci&oacute;n paterno-filial, en esta nueva entrega el marco temporal es, en principio, un &uacute;nico a&ntilde;o escolar, el tiempo que transcurre linealmente del final de un verano al siguiente, pero de un a&ntilde;o trascendental para cada uno de los protagonistas. El a&ntilde;o terminal, el &uacute;ltimo de los del bachillerato, aquel en que se perfilan los grandes amores y los claroscuros horizontes vitales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la clase del instituto habsb&uacute;rgico (pleno de latines, griegos y de un esp&iacute;ritu que juega conscientemente a distanciarse de la insoportable levedad de lo real), un grupo de bachilleres italianos ve transformada su peripecia vital por la irrupci&oacute;n inesperada de una condisc&iacute;pula mujer: Edda Marty. Al desconcierto general por el mero hecho de que una joven est&eacute; dispuesta a concurrir y competir con ellos en el &aacute;mbito acad&eacute;mico &ndash; se trata de una de aquellas pioneras &ndash;, hay que sumarle el esp&iacute;ritu particular, mucho m&aacute;s libre y vivo que el de los barones, de la protagonista femenina del relato de Stuparich. N&oacute;rdica, abierta, tan inalcanzable como sensual, Edda Marty consigue enamorar a media escuela, profesores incluidos, despertando en su entorno todas las fuerzas, constructivas o destructivas, de sus inexpertos colegas. Ante la aparici&oacute;n inusitada del genio femenino, el grupo deja de comportarse como tal y despuntan, como voluntarios garantes de la especie, una larga serie de individuos a cual m&aacute;s perdido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Surge la elecci&oacute;n (la del brillante Antero) y el enamoramiento. &ldquo;Esta vez se miraron. Las pupilas de ella eran de una luminosidad solar, y por su boca pasaban los sentimientos como suaves sombras en los prados. Antero naufrag&oacute; en toda aquella luz y por un instante&nbsp; tuvo la sensaci&oacute;n de que quiz&aacute;s habr&iacute;a sido mejor no existir, porque dol&iacute;a demasiado; y lo mir&oacute; como si implorase la muerte. Edda Marty parpade&oacute; como para alejar de s&iacute; aquella mirada, y con unos ojos m&aacute;s dulces, en que refulg&iacute;an bellas briznas de oro, y con la voz un poco silbante, ruboriz&aacute;ndose, lo invit&oacute; a dar un paseo&rdquo; (pp. 18-19). En la obra, el divino despertar es descrito con toda la sutileza, la precisi&oacute;n y la viveza que s&oacute;lo los grandes han sabido imprimir en sus narraciones, pero tambi&eacute;n infestado con el germen de dolorosa mortalidad que implica y que ti&ntilde;e cada&nbsp; una de las palabras citadas. Ante el deseo sexual que invade a los amantes, se asoma, quiz&aacute;s por &uacute;ltima vez en sus vidas, la aspiraci&oacute;n a la pureza: &ldquo;Ahora se ve&iacute;an incluso algunos domingos. Ma&ntilde;ana caminaremos, se dec&iacute;an, con un tono como si en aquel caminaremos hubiese la prohibici&oacute;n de besarse. Sab&iacute;an que era necesario un descanso, una pausa en su extenuante deseo; y, en efecto, al d&iacute;a siguiente se pon&iacute;an a caminar, esforz&aacute;ndose en volver al espont&aacute;neo proceder y a las conversaciones de cuando eran simplemente dos compa&ntilde;eros de instituto en buena armon&iacute;a que paseaban alegremente juntos; pero una ocasi&oacute;n que les ofreciera el taimado camino, una palabra dicha con pasi&oacute;n, a veces un simple cruce de miradas, lo sum&iacute;a de nuevo en ansia amorosa; y entonces los besos ten&iacute;an un dulce sabor a ira y a sangre&rdquo; (p. 46). N&oacute;tese la bell&iacute;sima aparici&oacute;n del subjuntivo de ese &ldquo;ofreciera&rdquo;, introduciendo el terreno pantanoso de la inseguridad de los prop&oacute;sitos de la voluntad, al comienzo de la enumeraci&oacute;n de los desencadenantes del deseo. Surge al fin el desamor y la imposibilidad er&oacute;tica. Aparecen la desesperaci&oacute;n, la huida y hasta el suicidio (esa sombra que rond&oacute; de por vida y fatalmente a Stuparich). El autor se quej&oacute; siempre de la imposibilidad de crear en su ciudad una identidad cultural duradera: la raz&oacute;n era la fuga constante de los mejores, a trav&eacute;s de la vida (la emigraci&oacute;n, la ambici&oacute;n capitalina o extranjera, las circunstancias) y de la muerte (la guerra y el suicidio). Al final del &uacute;ltimo a&ntilde;o escolar, algunos se marchan a estudiar a otras cuidades (Viena, Roma&hellip;), otros en cambio vuelven a su tierra natal, los menos ni siquiera han llegado al final, la muerte les ha atrapado con sus garras y con sus u&ntilde;as de mujer. De todo ese rosario de misterios, gozosos y dolorosos, est&aacute; compuesta esta narraci&oacute;n. Estil&iacute;sticamente perfecta, en tanto que se mimetiza con el estado mental de la primera juventud que rompe la adolescencia. Y literariamente sublime, en la medida en que lo hace con el sello indispensable de la claridad y de la distancia.- &Aacute;LVARO DE LA RICA</p>
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<p>Giani Stuparich, <em>Un a&ntilde;o de escuela en Trieste</em>, traducci&oacute;n de Francesc Miravitlles, Barcelona, Min&uacute;scula, 2010.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 17 Jun 2014 06:43:02 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Turia" reivindica y rinde homenaje a Benjamín Jarnés]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-reivindica-y-rinde-homenaje-a-benjamin-jarnes/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2014/portada500.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>SOLEDAD PU&Eacute;RTOLAS PRESENTAR&Aacute; EL 24 DE JUNIO EN ZARAGOZA EL NUEVO N&Uacute;MERO DE LA REVISTA</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">La escritora y acad&eacute;mica Soledad Pu&eacute;rtolas ser&aacute; la encargada de presentar en Zaragoza el nuevo n&uacute;mero de la revista cultural TURIA. Un sumario de casi 500 p&aacute;ginas que tiene como gran protagonista a Benjam&iacute;n Jarn&eacute;s. Ser&aacute; un ejercicio de reivindicaci&oacute;n y homenaje a un gran autor del siglo XX espa&ntilde;ol que merece, de una vez por todas, ocupar un lugar destacado dentro de la historia de nuestra literatura y conseguir que nuevas generaciones de lectores disfruten de una obra que sigue teniendo inter&eacute;s y vigencia.</p>
<p class="Textoindependiente21">El palacio de la Aljafer&iacute;a ser&aacute; el escenario, el pr&oacute;ximo d&iacute;a 24 de junio, donde se d&eacute; a conocer este ejercicio de recuperaci&oacute;n de un autor que siempre merecer&aacute; la pena. Este monogr&aacute;fico de TURIA sobre Jarn&eacute;s ha sido posible gracias al patrocinio de las Cortes de Arag&oacute;n y la Obra Social de IberCaja.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA ofrece una atractiva y plural aproximaci&oacute;n a la vida y la obra de Benjam&iacute;n Jarn&eacute;s (Codo, Zaragoza, 1888 &ndash; Madrid, 1949) a trav&eacute;s de textos in&eacute;ditos elaborados por 15 autores. Un total de 120 p&aacute;ginas permiten desentra&ntilde;ar las claves vitales y creativas de un escritor en el que &ldquo;se armonizaban la inteligencia, la sensibilidad y la moral&rdquo;, seg&uacute;n subraya Domingo R&oacute;denas de Moya en el texto introductorio del monogr&aacute;fico de TURIA. Jos&eacute;-Carlos Mainer, Jordi Gracia, Juan Dom&iacute;nguez Lasierra, Juan Herrero Sen&eacute;s, V&iacute;ctor Fuentes, Jos&eacute; Luis Calvo Carilla, Elvira Luengo, Azucena L&oacute;pez Cobo, Macarena Jim&eacute;nez Naranjo y Juan Marqu&eacute;s son algunos de los estudiosos que colaboran en un homenaje que permite conocer a un Benjam&iacute;n Jarn&eacute;s sin m&aacute;scaras y m&aacute;s all&aacute; de los t&oacute;picos sobre la dificultad o vanguardismo su obra. Se trata as&iacute; e contribuir a que Jarn&eacute;s deje de ser el eterno resucitado de las letras espa&ntilde;olas.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA reivindica hoy a Jarn&eacute;s no solo por el talante vitalista que respira su obra, por su estilo renovador que abri&oacute; una nueva etapa en la literatura espa&ntilde;ola del siglo XX. Tambi&eacute;n valora la actualidad de Jarn&eacute;s por la defensa que siempre hizo de la armon&iacute;a y la ponderaci&oacute;n. &ldquo;Esa querencia por los espacios intelectuales de convergencia y concierto -escribe en TURIA Domingo R&oacute;denas de Moya- form&oacute; parte de su personalidad siempre, tanto en el terreno de la literatura como en el de las ideas pol&iacute;ticas y sociales. Desconfi&oacute; y denunci&oacute; el crecimiento de los 'muchachos de uniforme' cuando en Europa el fascismo y el comunismo empezaron a envenenar de utopismos suicidas las cabezas de millones de j&oacute;venes. Y del mismo modo se mostr&oacute; receloso con los escritores que prec&iacute;an confiar en el poder protector y consagrador del reba&ntilde;o o la horda. '&iexcl;M&aacute;s equilibrados y menos equilibristas!', escrib&iacute;a en uno de sus cuadernos &iacute;ntimos de los a&ntilde;os treinta. La sensatez, el fiel de la balanza, el di&aacute;logo fueron sus bastiones frente al arrebato, la extremosidad o el autoritarismo&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>UN JARN&Eacute;S IN&Eacute;DITO</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">A destacar, entre otras interesantes aportaciones que realiza TURIA, la publicaci&oacute;n por primera vez de una conferencia in&eacute;dita pronunciada por Benjam&iacute;n Jarn&eacute;s en 1930 sobre uno de sus libros m&aacute;s queridos: &ldquo;Viviana y Merl&iacute;n&rdquo;. En este texto, se nos anima a lograr una armon&iacute;a entre el mundo ideal y el mundo real y construir as&iacute; el mundo de los s&iacute;mbolos, un mundo que &eacute;l retrata en su novela y que permite entre los hombres aumentar su potencial de vida. Una vida colmada en la que seremos capaces de &ldquo;olvidar nuestra capacidad de dictar leyes porque encontraremos que es m&aacute;s hermoso formular dudas&rdquo;. Un mundo en el que &ldquo;el soberbio, que antes prefer&iacute;a la ciencia de los fr&iacute;os n&uacute;meros exactos, comprender&aacute; que el goce m&aacute;s intenso nos lo ofrece la ciencia de las cosas humildes, movedizas, transitorias, febriles&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>LOS ESCRITORES ARAGONESES DE HOY Y BENJAM&Iacute;N JARN&Eacute;S</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA da a conocer tambi&eacute;n la opini&oacute;n sobre Benjam&iacute;n Jarn&eacute;s de varios de los escritores aragoneses de mayor proyecci&oacute;n en la actualidad: Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget, Ant&oacute;n Castro, Javier Sebasti&aacute;n, Daniel Gasc&oacute;n y Cristina Grande.&nbsp; A trav&eacute;s de estos art&iacute;culos, sus autores brindan una mirada contempor&aacute;nea sobre la literatura jarnesiana y permiten conocer el nivel de influencia que obtienen hoy sus libros entre los nuevos creadores. As&iacute; descubriremos, por ejemplo, c&oacute;mo Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget reconoce que lleg&oacute; tard&iacute;amente a la obra de Jarn&eacute;s y que sus novelas &ldquo;El convidado de papel&rdquo; y &ldquo;Lo rojo y lo azul&rdquo; son las que m&aacute;s huella le dejaron. Aprecia tambi&eacute;n Conget en Jarn&eacute;s el haber sido &ldquo;uno de los primeros narradores espa&ntilde;oles en mencionar la inserci&oacute;n de las salas de cine en el paisaje urbano, la novedad de las bandas de jazz y el derecho de la mujer a una sexualidad libre y satisfactoria&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Ant&oacute;n Castro reconoce que en su descubrimiento de Jarn&eacute;s fue clave Ildefonso-Manuel Gil: &ldquo;Ildefonso nos hablaba de muchas cosas de Jarn&eacute;s: de sus viajes por Arag&oacute;n, de sus citas en Daroca y Albarrac&iacute;n, de su pasi&oacute;n por el balneario de Alhama y por aquella novelista peruana que se llamaba Rosa Arciniega, con quien tanto le gustaba bailar. Y nos habl&oacute;, incluso, de su secreta pasi&oacute;n por escribir novelas er&oacute;ticas&rdquo;. Hoy, Ant&oacute;n Castro considera a Jarn&eacute;s un &ldquo;escritor primoroso, hondo, l&iacute;rico, un esteta que contempla el mundo y lo recrea con delectaci&oacute;n&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Javier Sebasti&aacute;n utiliza un juego de palabras para decirnos que, para &eacute;l, Jarn&eacute;s es Mainer. Y es que fue el profesor Jos&eacute;-Carlos Mainer quien, en las aulas de la Universidad, le descubri&oacute; a Jarn&eacute;s: &ldquo;Mainer levant&oacute; a Jarn&eacute;s de su tumba y desde entonces quedaron unidos en mi memoria. Atados los dos. Me interes&oacute; Jarn&eacute;s porque le interesaba a Mainer. Juventud filol&oacute;gica. Alegre y de vanguardia&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>UN ESPECTACULAR CAT&Aacute;LOGO DE LECTURAS</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">Adem&aacute;s del protagonismo esencial de Benjam&iacute;n Jarn&eacute;s, el nuevo n&uacute;mero de TURIA brinda un&nbsp; variado e&nbsp; interesante&nbsp; cat&aacute;logo&nbsp; de&nbsp; lecturas.&nbsp;&nbsp; No&nbsp; en&nbsp; vano,&nbsp; adem&aacute;s&nbsp; de&nbsp; las colaboraciones&nbsp; de&nbsp; los&nbsp; autores&nbsp; ya&nbsp; citados,&nbsp; las p&aacute;ginas de la revista se enriquecen con textos in&eacute;ditos de grandes autores internacionales. As&iacute;, TURIA da a conocer un avance del libro por el que Tom Reiss gan&oacute;, en 2013, el Premio Pulitzer de biograf&iacute;a: &ldquo;El conde negro. Gloria, revoluci&oacute;n, traici&oacute;n y el verdadero conde de Montecristo&rdquo;. Tambi&eacute;n ofrece a los lectores el primer cap&iacute;tulo de &ldquo;Las luminarias&rdquo;, la novela que ha coronado a Eleanor Catton como la gran revelaci&oacute;n de las letras brit&aacute;nicas al obtener con s&oacute;lo 28 a&ntilde;os el codiciado premio Man Booker. Por &uacute;ltimo, TURIA brinda la posibilidad de descubrir la poes&iacute;a de la austr&iacute;aca Friederike Mayr&ouml;cker, una de las grandes personalidades de la literatura contempor&aacute;nea en lengua alemana y cuya obra es pr&aacute;cticamente desconocida en espa&ntilde;ol.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;Otros protagonistas del sumario del nuevo n&uacute;mero de TURIA son autores como Julio Cort&aacute;zar, Octavio Paz, David Foster Wallace, Jos&eacute; Mar&iacute;a Merino, Jaime Siles, Andr&eacute;s Neuman, Peter Sloterdijk o Christopher Hitchens. Sin olvidar la publicaci&oacute;n de narraciones in&eacute;ditas de Ismael Grasa, Patricia Esteban Erl&eacute;s, Miguel Serrano Larraz o Sergio del Molino.</p>
<p class="Textoindependiente21">Especialmente recomendables son las dos amplias entrevistas exclusivas que TURIA publica: con la profesora Aurora Egido, reciente acad&eacute;mica de la RAE (&ldquo;La desmemoria, la amnesia, es lo peor que puede acontecer en un pueblo&rdquo;) y con el poeta y fil&oacute;logo Luis Alberto de Cuenca (&ldquo;La cultura no es de izquierdas ni de derechas&rdquo;).</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA ha conseguido convertirse, tras m&aacute;s de 30 a&ntilde;os de trayectoria,&nbsp; en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol. Tiene difusi&oacute;n nacional e internacional y por sus p&aacute;ginas han pasado m&aacute;s de mil autores de diversas procedencias est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas, lo que da idea de la riqueza y pluralidad de sus contenidos. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA es una revista de periodicidad cuatrimestral que tiene una edici&oacute;n en papel y otra&nbsp; digital (web y Facebook). Est&aacute; publicada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero cuenta tambi&eacute;n con el patrocinio las Cortes de Arag&oacute;n y la Obra Social de IberCaja.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 16 Jun 2014 06:41:50 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[José Antonio Labordeta: hombre de papel]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jose-antonio-labordeta-hombre-de-papel/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Junio/joseantoniolabordeta.jpg" alt="" /></p>
<p class="Textoindependiente31">Jos&eacute; Antonio Labordeta (Zaragoza, 1957-2010) tuvo una actividad incesante a lo largo de toda su vida, en muchos momentos vinculada a la literatura. Desde sus primeros contactos con la escritura (principalmente, con la poes&iacute;a, desde, al menos 1945, cuando contaba con diez a&ntilde;os, pero tambi&eacute;n con peque&ntilde;os cuadros teatrales y relatos despu&eacute;s) hasta los &uacute;ltimos libros aparecidos en editoriales de tirada nacional, la literatura ha sido su actividad m&aacute;s constante. Pero, como sabemos, hubo otras facetas que le fueron ocupando a lo largo de su vida: primero, la de profesor de Geograf&iacute;a, Historia e Historia del arte, desde los a&ntilde;os turolenses (1964-1970) hasta que pidi&oacute; la excedencia del cuerpo de Catedr&aacute;ticos de Ense&ntilde;anza Media en 1985; en segundo lugar, estar&iacute;a su faceta de cantante, que le llev&oacute; a grabar unos veinte discos y participar en cientos de conciertos, en Arag&oacute;n y en el resto de Espa&ntilde;a, pero tambi&eacute;n en Suecia, Francia o Alemania (en ella, tambi&eacute;n habr&iacute;a que contar la labor de creaci&oacute;n: letras y m&uacute;sicas); en tercero, habr&iacute;a que mencionar al hombre p&uacute;blico y al pol&iacute;tico (en esta &uacute;ltima faceta, desde 1999, como diputado en las Cortes de Arag&oacute;n y, del a&ntilde;o 2000 al 2008, como diputado del Congreso en Madrid. pero antes como candidato del PSA, del PCA y de IU); en cuatro lugar, y por &uacute;ltimo, habr&iacute;a que mencionar otras actividades. como actor, director y adaptador de obras de teatro, cr&iacute;tico literario y conferenciante, realizador de televisi&oacute;n, presentador de televisi&oacute;n y entrevistador, etc. Es decir, todo un mundo de tareas relacionadas, m&aacute;s o menos, las unas con las otras, pero que nos presentan a una persona sin descanso y con una capacidad de adaptarse a m&uacute;ltiples circunstancias.</p>
<p class="Textoindependiente31">Pues bien de todo este mundo, la actividad que le ha acompa&ntilde;ado durante m&aacute;s tiempo ha sido la literatura. Labordeta ha sido, ante todo, un escritor y un lector, y ha realizado ambos trabajos con entrega y entusiasmo. Y, entre todos los g&eacute;neros en que ha desarrollado esta actividad literaria, el po&eacute;tico es, desde mi punto de vista, el m&aacute;s representativo y personal: en &eacute;l naci&oacute; a la literatura y fue el &uacute;ltimo que ejercit&oacute;. Curiosamente, es, al mismo tiempo, el menos conocido, en parte porque sus primeros libros aparecieron en editoriales de difusi&oacute;n muy limitada y tuvieron escasa distribuci&oacute;n, en parte tambi&eacute;n porque la poes&iacute;a sigue siendo la cenicienta literaria (apenas tiene lectores y econ&oacute;micamente es ruinosa tanto para el editor como para el creador). Es evidente que el aspecto como escritor m&aacute;s conocido es el de autor de libros de memorias, especialmente, los dos &uacute;ltimos en los que cuenta su experiencia en el Congreso de los Diputados y el dedicado a su enfermedad <em>(Regular, gracias a Dios, </em>2010). De los trescientos ejemplares que se editaron de su primera obra po&eacute;tica (<em>Sucede el pensamiento, </em>1959, editado por la revista que &eacute;l mismo dirig&iacute;a), que fueron regalados por el autor a sus amigos y poco m&aacute;s, a las decenas de miles de los libros aparecidos en C&iacute;rculo de Lectores y en Ediciones B (<em>Memorias de un beduino, </em>2009, incluso tuvo varias reediciones) hay evidentemente un abismo. Despu&eacute;s de la poes&iacute;a vendr&iacute;a la narrativa. Sus <em>Cuentos de San Cayetano</em>, 2004, han tenido una buena acogida en Arag&oacute;n, y ha gozado de varias reediciones en la zaragozana editorial Xordica; <em>En el remolino, </em>2007,<em> </em>ha sido editada en Anagrama, una de las editoriales de este g&eacute;nero m&aacute;s prestigiosas. Aparte quedar&iacute;an, l&oacute;gicamente, la labor como articulista (en el diario <em>Lucha</em> de Teruel, en <em>Arag&oacute;n Expr&eacute;s, El D&iacute;a, Diario 16 Arag&oacute;n, </em>antes en <em>Andal&aacute;n, </em>despu&eacute;s en <em>El Peri&oacute;dico de Arag&oacute;n </em>o en <em>P&uacute;blico</em>), cuyos escritos tienen la virtud de llegar a muchos m&aacute;s lectores. De esta labor como articulista, deber&iacute;a rescatarse alguna serie, como la denominada &laquo;El dedo en el ojo&raquo;, aparecida en <em>Andal&aacute;n, </em>entre 1972 y 1976, firmada por Polonio Royo Alsina, en la que desarrolla las mejores artes del periodismo literario en la l&iacute;nea de un Larra.</p>
<p class="Textoindependiente31">Sin embargo, y a pesar de ser minoritario, considero que es en la poes&iacute;a donde Jos&eacute; Antonio se sent&iacute;a m&aacute;s libre, m&aacute;s aut&eacute;ntico, m&aacute;s a su aire. La poes&iacute;a ha sido su m&aacute;s fiel refugio contra la soledad y contra los aconteceres cotidianos. De hecho, sigui&oacute; escribiendo poes&iacute;a hasta el momento de su fallecimiento, y dej&oacute; varias libretas con poes&iacute;a in&eacute;dita, si bien no revisada ni corregida, lo que hace que, en la mayor&iacute;a de los casos, haya que considerar estos poemas meros bosquejos o borradores. La poes&iacute;a representa, de alguna manera, su voz m&aacute;s &iacute;ntima, su mirada menos mediatizada, m&aacute;s t&iacute;mida, menos prejuiciada y m&aacute;s inocente.</p>
<p class="Textoindependiente31">La po&eacute;tica de Jos&eacute; Antonio Labordeta se refleja, aunque sea de forma diversa, en todos sus escritos. La narrativa indaga en temas semejantes a la poes&iacute;a, ya sea la violencia y sus causas, o el miedo y la opresi&oacute;n como motor de los comportamientos humanos (<em>En el remolino</em>); ya sea la b&uacute;squeda de una infancia que se pierde entre calles con olor a orina, prostitutas, frutas y verduras, gritos y muertos en el Ebro (<em>Cuentos de San Cayetano</em>). Los libros de viaje nos dar&aacute;n cuenta de un narrador que imposta una voz distante, pero a la vez cercana, en tercera persona en ocasiones, que oculta la inmensa ternura que siente ante paisajes y personajes. En los libros memorial&iacute;sticos, el estilo es mucho m&aacute;s cercano, socarr&oacute;n y directo. Siempre hay en ellos una mirada compasiva, aunque dura a veces ―pero tambi&eacute;n tierna―, sobre el pasado. Y la amistad (<em>Los amigos contados</em>) como una constante y un objetivo, como un obejetivo y un camino para seguir caminado, aunque no se sepa la raz&oacute;n. La escritura se entiende como una mirada atr&aacute;s para permitir recuperar episodios, sucesos, sentimientos, olores, incluso, del pasado y poder recrear de esta manera un tiempo ido y apenas percibido, como si solo a trav&eacute;s de este ejercicio se pudiera ser consciente de haberlo vivido.</p>
<p class="Textoindependiente31">Como dice el primer t&iacute;tulo de poes&iacute;a que public&oacute;, <em>Sucede el pensamiento, </em>y esta actividad mental,<em> </em>esta actividad intelectual pone en marcha la memoria y, con ella, surge el recuerdo que aviva las im&aacute;genes recreadas. No hay lucha, apenas acci&oacute;n; la inanidad es la nota dominante en una literatura que surge como ejercicio del intelecto, en el descanso del combate diario que es existir; hay descripci&oacute;n, reflexi&oacute;n sobre miradas y sobre lo que el ojo retiene en la retina, de ah&iacute; que la poes&iacute;a se torne introspectiva y que se revista de un velo de malancol&iacute;a y de nostalgia por lo que nunca vuelve; de ah&iacute; tambi&eacute;n que busque ―como su hermano Miguel― en los espejos, en los armarios, pero ya no tratando de encontrar la identidad propia, el yo fragmentado, sucesivo y desaparecido, sino elementos materiales que le remitan al recuerdo, a otro tiempo recreado. A partir de este t&iacute;tulo se fueron sucediendo otros, con retrasos en la publicaci&oacute;n en ocasiones y problemas con la censura (de forma que algunos libros de poemas salieron incompletos): <em>La sonatas </em>(1965), <em>Cantar y callar </em>(1971), <em>Treinta y cinco veces uno</em> (1972), <em>Tribulatorio </em>(1973), <em>Poemas y Canciones </em>(1976), <em>M&eacute;todo de lectura </em>(1985), <em>Jard&iacute;n de la memoria</em> (1985), <em>Diario de un n&aacute;ufrago</em> (1988) y <em>Monegros</em> (1994). Aparte alg&uacute;n conjunto de poemas o composiciones sueltas aparecidos en revistas, entre los que destaca el titulado &laquo;Foto de familia&raquo;, publicado en la revista <em>Rolde </em>en 2007.</p>
<p class="Textoindependiente31">Jos&eacute; Antonio coment&oacute; en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n que el verdadero poeta es el que construye, desde las palabras y su imaginaci&oacute;n, aut&eacute;nticos mundos. Y argu&iacute;a, con cierta nostalgia, que su hermano Miguel s&iacute; que era un poeta genial, &uacute;nico, pero que &eacute;l, como poeta, solo narraba la realidad, su realidad recreada, contaba el mundo que ve&iacute;a, el mundo que sent&iacute;a o que intu&iacute;a. La diferencia estriba en ser poeta que reconstruye el mundo a trav&eacute;s de im&aacute;genes o no. Jos&eacute; Antonio prefiri&oacute; otras maneras que se aven&iacute;an mejor a su pensamiento: sobre todo fundir el paisaje con sus gentes.</p>
<p class="Textoindependiente31">En fin, para terminar, con esta &laquo;voz melanc&oacute;lica y a&ntilde;orante&raquo;, de &laquo;expresi&oacute;n simbolista en que mundo y vivencia personal se enfrentan&raquo;,<a title="" href="#_ftn1">[1]</a> hay que comentar que la poes&iacute;a de Jos&eacute; Antonio Labordeta es, quiz&aacute;, entre todas sus actividades culturales la que nos muestra mejor su compromiso personal y vital con una realidad contradictoria: un mundo sin posible comunicaci&oacute;n que conduce, inevitablemente, a una gran angustia existencial, de la que surge, como necesario equilibrio mental, la esperanza a trav&eacute;s de la transformaci&oacute;n (m&aacute;s personal que social, m&aacute;s profunda que coyuntural) de todos y cada uno de nosotros. El escepticismo labordetiano &mdash;impuesto por un fatal lastre de marginalidad&mdash; termina desconfiando tanto de las ideas como de los hombres que pretenden llevarlas a efecto, porque el ser pol&iacute;tico tiende, necesariamente, a la corrupci&oacute;n moral. Y de esto sabe mucho Jos&eacute; Antonio. La transformaci&oacute;n social no vendr&aacute; por la sustituci&oacute;n de unos nombres por otros, sino por la solidaridad c&oacute;smica con el paisaje, con sus gentes, con la vida. &Eacute;l, como nadie, supo captar la tristeza y la desolaci&oacute;n de quien tiene que abandonar sus ra&iacute;ces.</p>
<p class="Textoindependiente31">El sentimiento se hace universal; nadie como &eacute;l ha definido el contraste de esta tierra entre la esperanza y el desasosiego, entre la utop&iacute;a y la desesperaci&oacute;n (las canciones &laquo;Ya ves&raquo; y &raquo;Somos&raquo; son un buen ejemplo).</p>
<p class="Textoindependiente31">Voy a incluir dos poemas in&eacute;ditos. El primero fue desestimado del original que inicialmente se titul&oacute; <em>Hablando por hablar </em>y que, finalmente, fue publicado como <em>Cantar y callar </em>(que inclu&iacute;a poes&iacute;a y letras de canciones, adem&aacute;s de un disco con cuatro temas); el segundo se inclu&iacute;a en el aut&oacute;grafo de <em>Treinta y cinco veces uno, </em>un libro concebido como un homenaje a su hermano Miguel, que tuvo muchos retrasos por culpa de la censura y que fue publicado con, al menos, dos poemas, menos de los que inicialmente compon&iacute;an el poemario. El primero habla de la vista desde la catedral de la vieja ciudad en la que nac&iacute;; la segunda de ese Teruel que tanto ayud&oacute; a construir desde la dura tarea de hacer que sus gentes creyeran en &eacute;l y en sus posibilidades a trav&eacute;s de la educaci&oacute;n y la instrucci&oacute;n.</p>
<p class="Textoindependiente31"><strong><br /></strong></p>
<p class="Textoindependiente31"><strong>Jaca</strong><a title="" href="#_ftn2">[2]</a></p>
<p class="Bibliography">&nbsp;</p>
<p class="Bibliography">Se hizo el silencio Dios. Se hizo el silencio</p>
<p class="Bibliography">sobre la propia piedra:</p>
<p class="Bibliography">gran&iacute;ticas miradas, desde el atrio sombr&iacute;o,</p>
<p class="Bibliography">nos contemplan. Rudo es el campanario</p>
<p class="Bibliography">que hacia Oroel ―esa quilla de dioses desterrados―</p>
<p class="Bibliography">alza, melanc&oacute;lico, su canto.</p>
<p class="Bibliography">(Aqu&iacute; el llanto del hombre</p>
<p class="Bibliography">no te abruma). (Lo que s&iacute; te estremece</p>
<p class="Bibliography">es el amplio horizonte</p>
<p class="Bibliography">que se llama Francia).</p>
<p class="Bibliography"><strong><br /></strong></p>
<p class="Bibliography"><strong>San Juli&aacute;n. (El barrio)</strong><a title="" href="#_ftn3">[3]</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aqu&iacute; nace la yedra</p>
<p>sobre el muro.</p>
<p>Sobre el muro</p>
<p>crece el barro, la arcilla</p>
<p>y el ni&ntilde;o entristecido por la tarde.</p>
<p>Aqu&iacute; crecen las madres</p>
<p>a la puesta del sol</p>
<p>al tiempo que se ara&ntilde;an</p>
<p>desde el monte cercano</p>
<p>unas borrajas raqu&iacute;ticas y pobres</p>
<p>para hacerse entender</p>
<p>por campesinos.</p>
<p>Se canta al sol,</p>
<p>al yeso, a los p&aacute;jaros lejanos</p>
<p>y a la nube mud&eacute;jar</p>
<p>que sobre su pedestal</p>
<p>seguir&aacute; los mojones de casas</p>
<p>surgidas de la tierra</p>
<p>como grumos. Luego, cuando anochece,</p>
<p>las pobres luminarias ciudadanas</p>
<p>atesoran los ojos de los perros,</p>
<p>hortelanos batidos en la grieta.</p>
<p>Y en el silencio</p>
<p>nadie recuerda ya</p>
<p>el nombre de aquel viejo</p>
<p>que por primera vez</p>
<p>ar&oacute; las enramadas, los barros,</p>
<p>y levant&oacute; del suelo</p>
<p>estas pobres y tristes masadas.</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Rosendo Tello, &laquo;Introducci&oacute;n&raquo; a <em>Orejud&iacute;n</em>, Zaragoza, DGA, 199, p. 52.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Este poema formaba parte inicialmente del libro <em>Cantar y callar </em>(Zaragoza, colecci&oacute;n Fuendetodos, 1972), que se titul&oacute;, en sus primeras versiones, <em>Hablando por hablar.</em></p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Incluido en el aut&oacute;grafo de <em>Treinta y cinco veces cinco </em>y marcado con un interrogante, por lo que se desech&oacute; de la versi&oacute;n definitiva. Fechado en Teruel, el 11-12-29.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Fri, 13 Jun 2014 12:36:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Doble orilla]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/doble-orilla/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Junio/raulalonso500.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 540px;">La vida es una orilla</p>
<p style="padding-left: 540px;">pero no existe sola.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Nunca la vida es s&oacute;lo una.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">Cada vida son dos, una en la otra.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Orillas que se tienden frente a frente.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Tienen rumor distinto que al unirse</p>
<p style="padding-left: 540px;">son un mismo rumor.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">No se tocan del todo. Se contemplan.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Algunas veces funden su oleaje</p>
<p style="padding-left: 540px;">en instante de amor o de universo.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">Porque una vida es dos.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Las dos vidas reales. Verdaderas.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Una no est&aacute; en la otra.</p>
<p style="padding-left: 540px;">La otra s&iacute;.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 12 Jun 2014 06:21:04 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Occidente]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/occidente/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Junio/czeslaw500.jpg" alt="" /></p>
<p>&ldquo;&iquest;Son los americanos <em>realmente</em> tan terriblemente est&uacute;pidos?&rdquo; me pregunt&oacute; uno de mis amigos de Varsovia, y en su voz hab&iacute;a desesperaci&oacute;n y tambi&eacute;n la esperanza de que lo contradijera. Esta pregunta muestra de manera bastante fiel la relaci&oacute;n de la gente en cuanto a las democracias populares de Occidente. Se trata de una duda casi absoluta con un vestigio de esperanza.</p>
<p>En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, Occidente ha dado una cantidad m&aacute;s que suficiente de motivos pol&iacute;ticos para dudar. Pero en el caso de los intelectuales entran en juego otros motivos, quiz&aacute;s a&uacute;n m&aacute;s complicados. Antes de que los pa&iacute;ses de Europa Central y Oriental entrasen a formar parte del Imperio, hab&iacute;an pasado la Segunda Guerra Mundial, y el curso de &eacute;sta fue all&iacute; incomparablemente mucho m&aacute;s devastador que en la Europa Occidental. La guerra no tan s&oacute;lo destruy&oacute; la econom&iacute;a de aquellos pa&iacute;ses. Aniquil&oacute; tambi&eacute;n muchos valores que hasta aquel momento se consideraban inamovibles.</p>
<p>El hombre tiende generalmente a considerar que el orden en el que vive es <em>natural</em>. Las casas que ve cuando va a trabajar le parecen m&aacute;s bien unas rocas que han surgido de la misma tierra que una obra de la mente y las manos del hombre. Las actividades que lleva a cabo en su empresa o en su oficina las juzga importantes y considera que son parte del funcionamiento arm&oacute;nico del mundo. La ropa, tanto la que &eacute;l lleva como la que ve a su alrededor, es en su opini&oacute;n la que deber&iacute;a ser, y pensar que tanto &eacute;l como sus amigos podr&iacute;an llevar igualmente t&uacute;nicas romanas o armaduras medievales le provoca risa. La posici&oacute;n social de un ministro o del director de un banco le parece algo importante y digno de envidia, y considera que poseer una considerable cantidad de dinero es una garant&iacute;a de tranquilidad y seguridad. No cree que en una calle que conoce bien, en la que duermen los gatos y se divierten los ni&ntilde;os, pueda aparecer un jinete con un lazo y que empiece a perseguir a los transe&uacute;ntes y los arrastre hasta el matadero donde los matar&aacute;n al acto y los colgar&aacute;n de unos ganchos. Tambi&eacute;n est&aacute; acostumbrado a satisfacer sus necesidades fisiol&oacute;gicas, que se consideran &iacute;ntimas, de la manera m&aacute;s discreta posible, lejos de las miradas de la gente, sin pararse a pensar demasiado en esa costumbre que no es en absoluto propia a todas las sociedades. En una palabra, se comporta un poco como Chaplin en <em>La fiebre del oro</em>, que trajina en su caba&ntilde;a sin sospechar que est&aacute; al borde de un precipicio.</p>
<p>No obstante, al pasear por primera vez por una calle donde las aceras est&aacute;n cubiertas de una capa gruesa de cristales de ventanas destruidas por las bombas, y donde el viento trae papeles de las oficinas evacuadas en estado de p&aacute;nico, se ver&aacute; directamente mermada su confianza hacia la supuesta naturalidad de lo que hasta aquel momento hab&iacute;an sido sus costumbres. &iexcl;C&oacute;mo vuelan aquellos papeles, con una enorme cantidad de sellos, con las inscripciones &ldquo;confidencial&rdquo;, &ldquo;alto secreto&rdquo;! &iexcl;Cu&aacute;ntas cajas fuertes, llaves, cu&aacute;ntas papadas carnosas de directores, conferencias, ujieres, cigarros, se&ntilde;oritas tensas tecleando en las m&aacute;quinas de escribir! Y el viento que empuja estos papeles por las calles, cualquiera los puede coger y los puede leer, pero nadie quiere ya leerlos, hay asuntos m&aacute;s importantes, por ejemplo, conseguir un quilogramo de pan. Y nada, el mundo sigue adelante. Qu&eacute; extra&ntilde;o. Ese mismo hombre va por la valle y se detiene ante una casa que una bomba ha partido por la mitad. &iexcl;La privacidad de las casas humanas, sus olores tan familiares, su calor de un panal de abejas, sus muebles conservan la memoria del amor y del odio! Y ahora todo se encuentra en la superficie, la casa muestra su estructura, no es ya una roca que perdura desde hace siglos: el revoque, la cal, los ladrillos, los encofrados, y en el tercer piso una ba&ntilde;era blanca, sola, que quiz&aacute; sirva tan s&oacute;lo para los &aacute;ngeles. La lluvia aclara los recuerdos de los que all&iacute; se ba&ntilde;aron. Personas que hasta hac&iacute;a poco eran ricas y adoradas perdieron todo lo que ten&iacute;an, van por los campos y le piden a un campesino un pu&ntilde;ado de patatas. El dinero cambia de valor de un d&iacute;a para otro, se convierte en un mont&oacute;n de rect&aacute;ngulos absurdamente impresos. Un chico est&aacute; sentado sobre los montones de escombros humeantes y mientras escarba con una vara de alambre en aquellas ruinas y se solaza con una canci&oacute;n sobre un gran comandante tan valiente que no permite al enemigo ni tan s&oacute;lo acercarse a la frontera. La canci&oacute;n todav&iacute;a permanece, pero el capit&aacute;n en pocos d&iacute;as se convirti&oacute; en pasado.</p>
<p>Despu&eacute;s, hay que adquirir nuevos h&aacute;bitos. Al tropezarse con un cad&aacute;ver por la tarde, antes el ciudadano habr&iacute;a corrido hacia el tel&eacute;fono, se habr&iacute;a congregado un grupo de curiosos, se habr&iacute;an intercambiado observaciones y comentarios. Ahora sabe que hay que esquivar r&aacute;pidamente aquel pelele tirado en medio de un charco oscuro y no hacer preguntas innecesarias. El que le dispar&oacute; seguro que ten&iacute;a sus razones. La sentencia clandestina se dictamina por lo general sin escuchar al acusado.</p>
<p>En cualquier ciudad europea normal no se obliga a la poblaci&oacute;n a estudiar un plan de la ciudad para comprobar si todos viven en los barrios que les corresponden. Pero, &iquest;por qu&eacute; no? El barrio A es para una raza, el barrio B para otra raza, el barrio C, para una tercera. Hay fijado un plazo de traslados y las calles se llenan de largas hileras de camiones de transporte, de carretones, carretillas, de gente cargando con fardos, de camas, de armarios, de ollas, de jaulas con canarios. Hasta que finalmente cada uno vive en su barrio, y no importa si en algunos barrios una casa que ten&iacute;a 200 habitantes ahora tiene que dar cabida a dos mil. Ahora, alrededor del barrio C se construyen unos muros altos, se cierran las puertas y durante muchos meses se carga cada d&iacute;a nuevos contingentes de hombres, mujeres y ni&ntilde;os en unos vagones de ganado que los llevan a una f&aacute;brica construida para la ocasi&oacute;n, all&iacute; los transportes humanos son envenenados con m&eacute;todos cient&iacute;ficos, y se queman los cuerpos en enormes crematorios.</p>
<p>Y he aqu&iacute; que aparece el jinete con el lazo. Se trata de una &ldquo;capota&rdquo;, es decir de un cami&oacute;n militar cubierto con una lona que espera a la vuelta de la esquina. Un hombre, inconsciente del peligro que corre, pasa por aquella esquina y se encuentra de repente con el ca&ntilde;&oacute;n de un arma que apunta hacia &eacute;l, levanta los brazos y lo meten en un coche a la fuerza; a partir de entonces, ya se da por perdido para sus parientes. Ser&aacute; un prisionero de los campos de concentraci&oacute;n o lo pondr&aacute;n contra el muro, la boca sellada con esparadrapo para que no alce sus gritos contra el estado, y lo fusilar&aacute;n, lo cual deber&iacute;a tener una influencia liberadora en la poblaci&oacute;n de la ciudad y deber&iacute;a predisponerla a la obediencia. Con el fin de evitar un tal destino, lo mejor habr&iacute;a sido no haber salido de casa. No obstante, un padre de familia debe salir de casa, puesto que de alguna manera tiene que ganarse el pan y la sopa para su mujer y sus hijos. Todas las tardes, la familia est&aacute; angustiada: volver&aacute; o no volver&aacute;. Y como que esto dura muchos a&ntilde;os, paulatinamente todos se acostumbran a considerar la ciudad como una jungla, y el destino del hombre del siglo XX igual al destino del hombre de las cavernas que pasaba su vida entre monstruos que eran mucho m&aacute;s poderosos que &eacute;l.</p>
<p>Hasta entonces se daba por sentado que una persona ten&iacute;a los mismos nombres y apellidos durante toda su vida. Pero ahora resulta que a causa de varios motivos se hace preciso cambiar el nombre y los apellidos y aprenderse de memoria una nueva biograf&iacute;a propia. La costumbre relega a la sombra el nombre y los apellidos anteriores, hasta que se adquiere la nueva personalidad. Cuando las esposas est&aacute;n sin sus maridos y cuando la gente tiene unos apellidos diferentes a los que ten&iacute;a antes de la guerra, se hace dif&iacute;cil ocuparse de las actas del estado civil. Constituir un matrimonio se reduce directamente a vivir juntos y ese tipo de matrimonio, que antes se despreciaba, adquiere un reconocimiento social.</p>
<p>Antes se consideraba que los robos eran actos delictivos. Ahora, los que asaltan un banco son considerados como h&eacute;roes ya que el dinero robado servir&aacute; para engrosar las arcas de la organizaci&oacute;n clandestina. Normalmente, son j&oacute;venes con aspecto de hijos de pap&aacute;. Matar a un hombre no les representa ning&uacute;n tipo de problema moral.</p>
<p>La cercan&iacute;a de la muerte elimina cualquier tipo de freno moral. Los hombres y las mujeres, al saber que un tipo corpulento con una pistola y un l&aacute;tigo que decide sobre su destino ya ha fijado la fecha de su muerte en un cuaderno, copulan a la vista de todos, en un reducido espacio rodeado de alambre de p&uacute;as, un espacio que es su &uacute;ltimo lugar en la tierra. Un joven de dieciocho a&ntilde;os y una chica, antes de tomar posiciones en las barricadas, donde luchar&aacute;n con pistolas y con bidones de gasolina contra los tanques, quieren disfrutar de su juventud que muy probablemente no tendr&aacute; continuidad en la edad madura, y no se preocupan por la decencia que exist&iacute;a en otra dimensi&oacute;n, muy alejada de su &eacute;poca.</p>
<p>&iquest;Cu&aacute;l es el mundo &ldquo;natural&rdquo;? &iquest;El de antes de la guerra o el de la guerra? Ambos son naturales, as&iacute; lo considera el hombre, si ha podido conocer ambos. No hay instituciones, no hay ning&uacute;n h&aacute;bito ni costumbre que no pueda sufrir alg&uacute;n cambio. Todo lo que constituye la vida humana es un regalo de la formaci&oacute;n hist&oacute;rica en la que se encuentra el hombre. La inestabilidad y los cambios constantes son una caracter&iacute;stica de los fen&oacute;menos, mientras que el hombre es un ser tan moldeable que puede imaginarse el d&iacute;a en el que un ciudadano respetable se caracterizar&aacute; por ir a gatas con una especie de penacho de plumas de colores en el culo.</p>
<p>La gente de los pa&iacute;ses occidentales, y especialmente los americanos, no le parecen serios precisamente porque no han pasado por las experiencias que muestran la relatividad de sus juicios y de sus vicios intelectuales. La falta de imaginaci&oacute;n que denotan es realmente espantosa. Como que nacieron y se educaron en un determinado orden social y en un determinado sistema de valores, creen que cualquier otro orden tiene que ser &ldquo;no natural&rdquo; y que no puede mantenerse al ser contrario a la naturaleza humana. Y no obstante, a ellos tambi&eacute;n les puede alcanzar el fuego, la hambruna y la espada. Es m&aacute;s, seguramente esto ocurrir&aacute;, puesto que en la vida de la gente funciona la ley de los vasos comunicantes: es dif&iacute;cil creer que cuando una parte del planeta experimenta grandes desastres, la otra mitad tiene que continuar el estilo de vida del siglo XIX y saber de los sufrimientos de sus semejantes lejanos s&oacute;lo por el cine y los peri&oacute;dicos. Los ejemplos muestran que acostumbra a ser as&iacute;. Un habitante de Varsovia o de Budapest tambi&eacute;n ha visto en el cine los bombardeos sobre Espa&ntilde;a o Shangh&aacute;i en llamas. Y muy poco despu&eacute;s se ha convencido de c&oacute;mo son &eacute;stas y muchas otras intervenciones en la pr&aacute;ctica. Ha le&iacute;do l&uacute;gubres historias sobre el NKVD hasta que al final ha resultado que tambi&eacute;n tiene que v&eacute;rselas con &eacute;l. <em>Todo lo que ocurre en alg&uacute;n lugar, ocurrir&aacute; en todos los lugares</em>, &eacute;sta es la conclusi&oacute;n que extrae de sus observaciones y la temporal prosperidad de Am&eacute;rica no despierta en &eacute;l una particular confianza. Considera que los acontecimientos de los a&ntilde;os 1933-1945 en Europa son un presagio de lo que ocurrir&aacute; en otro lugar y desde este punto de vista la conciencia de los europeos del Este es incomparablemente mucho m&aacute;s avanzada en cuanto a la comprensi&oacute;n de los acontecimientos contempor&aacute;neos que la de los habitantes de pa&iacute;ses que no han sufrido nada particular.</p>
<p>Piensa sociol&oacute;gicamente y hist&oacute;ricamente, y este tipo de pensamiento est&aacute; profundamente arraigado en &eacute;l, puesto que lo aprendi&oacute; en una escuela muy estricta donde el desconocimiento no entra&ntilde;a el peligro de una mala nota sino perder la vida. Por este motivo, es especialmente susceptible a las teor&iacute;as que prev&eacute;n cambios bruscos en los pa&iacute;ses occidentales; no hay ninguna raz&oacute;n para pensar que all&iacute; perdure lo que en otro lugar ha dejado de perdurar.</p>
<p>El &uacute;nico sistema de pensamiento que le es accesible es el materialismo dial&eacute;ctico, que ejerce sobre &eacute;l una gran fuerza de atracci&oacute;n puesto que utiliza un lenguaje que es comprensible para sus experiencias. El ilusorio orden &ldquo;natural&rdquo; en los pa&iacute;ses occidentales est&aacute; condenado, seg&uacute;n el materialismo dial&eacute;ctico (en su concepci&oacute;n estaliniana), a una repentina cat&aacute;strofe causa de la crisis. Donde surge una crisis, las clases dominantes se refugian en el fascismo como un medio en contra de la revoluci&oacute;n y del proletariado. El fascismo significa la guerra, las c&aacute;maras de gas y los hornos crematorios. A decir verdad, la crisis que se preve&iacute;a en Am&eacute;rica en el momento de la desmovilizaci&oacute;n no tuvo lugar, a decir verdad Inglaterra introdujo la seguridad social y la socializaci&oacute;n de la medicina hasta niveles desconocidos hasta aquel momento, y cuando surgi&oacute; la histeria anticomunista en los Estados Unidos el miedo a otro imperio jug&oacute; un papel muy importante. No obstante, &eacute;stas son tan s&oacute;lo modificaciones de un modelo que sigue confirm&aacute;ndose. Si el mundo est&aacute; dividido entre el fascismo y el comunismo, evidentemente el fascismo debe perder, puesto que es la &uacute;ltima y desesperada tabla de salvaci&oacute;n de la burgues&iacute;a, un tipo de gobierno que se basa en la demagogia, lo que en la pr&aacute;ctica desemboca en que son las personas m&aacute;s irresponsables las que llegan a ocupar los cargos m&aacute;s importantes. En los momentos decisivos es gente que hace estupideces (como por ejemplo la pol&iacute;tica de terror contra la poblaci&oacute;n que aplic&oacute; Hitler en el Este, o que Italia se vea empujada a la guerra por Mussolini).</p>
<p>No es necesario que un hombre sea estalinista para que razone de tal manera. Todo lo contrario, al conocer los dudosos beneficios del sistema desarrollado en el Centro, le encantar&iacute;a ver c&oacute;mo un enorme meteorito barre de la faz de la tierra las causas de su suplicio. Pero es tan s&oacute;lo un ser humano, sospesa las posibilidades y sabe que es mejor no alinearse del lado condenado por ese ente que en el siglo ha llegado a ocupar el lugar de Dios, es decir la Historia. La propaganda a la que se ve sometido intenta convencerle por todos los medios posibles de que el nazismo y el americanismo son dos fen&oacute;menos id&eacute;nticos, ya que en su base se encuentran las mismas relaciones econ&oacute;micas. Cree en esta propaganda en un grado no menor a como un americano medio cree a sus periodistas que le aseguran que el hitlerismo y el estalinismo no se diferencian en nada.</p>
<p>Si nuestro hombre se encuentra incluso en un eslab&oacute;n bastante alto de la jerarqu&iacute;a y tiene acceso a la informaci&oacute;n, apenas se orientar&aacute; en los puntos fuertes y d&eacute;biles de Occidente. El instrumento &oacute;ptico que utiliza est&aacute; construido de tal manera que tan s&oacute;lo abarca unos campos de visi&oacute;n que han sido previstos de antemano. Al observarlos, se ratifica en lo que esperaba ver (de manera similar, los informes diplom&aacute;ticos que reciben los gobernantes identifican el alcance del instrumento del M&eacute;todo con la realidad). Por ejemplo, al estar acostumbrados a vivir en un sistema donde la ley no existe, es decir, donde &eacute;sta es tan s&oacute;lo una herramienta en las manos del Partido, y donde la efectividad de la acci&oacute;n es el &uacute;nico criterio, se hace dif&iacute;cil imaginar un r&eacute;gimen donde cada ciudadano, del m&aacute;s grande al m&aacute;s peque&ntilde;o, se sienta vinculado por preceptos jur&iacute;dicos. Unos preceptos que seguramente se introdujeron para defender los intereses de unos grupos privilegiados, pero que perduran a&uacute;n a pesar de que los intereses hayan cambiado, y sustituir esos preceptos por otros no es nada f&aacute;cil. Cada ciudadano se encuentra atrapado en una red de leyes que surgieron en tiempos remotos. Esto llega a agotar, el mecanismo de la vida colectiva est&aacute; entorpecido y los que quisieran realmente hacer algo, forcejean impotentes. De aqu&iacute; que para el habitante de la Europa Central y Oriental le sea completamente incomprensible los retrasos, las decisiones absurdas, las campa&ntilde;as pol&iacute;ticas enfocadas seg&uacute;n el humor de los votantes, la demagogia, las discusiones mutuas. Y no obstante, al mismo tiempo esto da protecci&oacute;n al ciudadano: atrapar en la calle a un sujeto que no gusta a los gobernantes, hacerlo entrar en la &ldquo;capota&rdquo; y llev&aacute;rselo a un campo de concentraci&oacute;n es realmente una excelente soluci&oacute;n pero dif&iacute;cil de aplicar donde se considera que un delincuente es tan s&oacute;lo la persona que ha cometido un acto que est&aacute; claramente definido como delictivo en tal y tal p&aacute;rrafo. Por otra parte, los c&oacute;digos penales nazista y sovi&eacute;tico coinciden plenamente en borrar las fronteras entre lo que es un acto delictivo y el que no lo es. El primer c&oacute;digo, al determinar un delito como cualquier acto dirigido en contra de los intereses de la naci&oacute;n alemana; el segundo, como cualquier acto dirigido en contra de los intereses de la dictadura del proletariado. As&iacute; pues, lo que se llama &ldquo;despiadado formalismo burgu&eacute;s&rdquo; da algunas garant&iacute;as de que el padre de familia no ir&aacute; a dar un paseo, en lugar de volver a casa a cenar, por las zonas en las que el oso blanco se siente a gusto, y el hombre a disgusto. Tampoco se pueden aplicar torturas elaboradas cient&iacute;ficamente, bajo cuyo influjo todo el mundo reconoce los cr&iacute;menes que ha cometido y los que no ha cometido con el mismo af&aacute;n. El aparato de propaganda intenta convencer a los ciudadanos de las democracias populares de que la ley en Occidente es una completa ficci&oacute;n y de que sirve los intereses de los gobernantes. Quiz&aacute;s s&iacute; sea una ficci&oacute;n, pero poco c&oacute;moda para los gobernantes. Si se quiere condenar a alguien, hay que esforzarse y sudar para poder realmente demostrar su culpabilidad, los abogados recurren a todos los trucos legales posibles, la causa se posterga con apelaciones, casaciones, etc. Es evidente que tambi&eacute;n se cometen cr&iacute;menes bajo capa del derecho. Pero con todo, el derecho ata de manos tanto a los gobernantes como a los gobernados, lo cual, en funci&oacute;n de c&oacute;mo se valore, puede ser considerado como poder o como debilidad.</p>
<p>Los americanos comparan la democracia con una torpe balsa en la que cada uno rema en una direcci&oacute;n diferente. Hay un gran griter&iacute;o, todos se insultan mutuamente, y no es nada f&aacute;cil conseguir que todos remen en una sola direcci&oacute;n. En comparaci&oacute;n con la balsa, la galera de un estado totalitario se presenta de manera esplendorosa. Pero muchas veces ocurre que all&iacute; donde se estrella un r&aacute;pido nav&iacute;o totalitario, puede pasar una torpe balsa.</p>
<p>Lo que es nuevo en Occidente no es f&aacute;cil que sea percibido por el cliente del Centro. En algunos pa&iacute;ses occidentales, con los Estados Unidos a la cabeza, ha ocurrido algo que no tiene analog&iacute;a en siglos anteriores: ha surgido una civilizaci&oacute;n popular, vulgar, que puede provocar repulsi&oacute;n en las personas m&aacute;s refinadas, pero que asegura su participaci&oacute;n en los frutos del trabajo mecanizado a una masa de muchos millones. Es verdad que lo que les gusta a esas masas son por lo general oropeles y cosas relucientes y que lo pagan con el precio de su duro trabajo. Con todo, una trabajadora que por poco dinero consigue reproducciones de vestidos que llevan las estrellas del cine, que va con un coche viejo, pero que es su coche propio, que mira pel&iacute;culas de vaqueros que la divierten y tiene una nevera el&eacute;ctrica en su casa, se encuentra en un cierto nivel de civilizaci&oacute;n <em>com&uacute;n</em> con los otros y no recuerda en absoluto a una trabajadora de un kolj&oacute;s cerca de Kursk cuya biznieta, en el mejor de los casos, podr&iacute;a s&oacute;lo llegar a aproximarse a tal nivel de mediocridad. La &ldquo;estupidez&rdquo; de las masas americanas que sienten satisfacci&oacute;n de los beneficios puramente materiales de la civilizaci&oacute;n contempor&aacute;nea irrita en grado sumo al intelectual. Educado en un pa&iacute;s donde exist&iacute;a una divisi&oacute;n entre la &ldquo;clase intelectual&rdquo; y el &ldquo;pueblo&rdquo;, busca ante todo ideas que los intelectuales, el fermento de los cambios revolucionarios, hayan creado. Al toparse con una sociedad donde la &ldquo;clase intelectual&rdquo;, tal como se conoce en la Europa Central y Oriental, no existe, encuentra muchas dificultades para con ese material de observaci&oacute;n que es igualmente anticonceptual. Las &ldquo;ideas&rdquo; que encuentra all&iacute; est&aacute;n claramente anticuadas y han quedado muy rezagadas en relaci&oacute;n con el desarrollo de la econom&iacute;a y de la t&eacute;cnica. La soluci&oacute;n puramente emp&iacute;rica y pragm&aacute;tica de las dificultades, la incapacidad de una dosis de abstracci&oacute;n, por peque&ntilde;a que sea (cuando precisamente la burgues&iacute;a, por ejemplo, la alemana, dispon&iacute;a de aquella capacidad en un grado muy elevado) introducen en la cuenta una serie de datos indeterminada. Si se consideran estas caracter&iacute;sticas como un &ldquo;retraso&rdquo; en relaci&oacute;n con Europa, igualmente tendr&iacute;amos que decir que la &ldquo;estupidez&rdquo; ayudada por la t&eacute;cnica, considerablemente m&aacute;s avanzada que la t&eacute;cnica europea, no es tan s&oacute;lo una fuente de debilidad.</p>
<p>Hasta el momento actual, el impulso a la hora de conseguir y aplicar nuevos inventos no se ha frenado. Es Europa quien tiene en este caso la primac&iacute;a. El intento de alcanzar a Occidente que ha llevado a cabo Jap&oacute;n ha terminado en un fracaso y Jap&oacute;n sucumbi&oacute; ante los pac&iacute;ficos y desgarrados por conflictos internos Estados Unidos de Roosevelt. Rusia, habiendo copiado de Occidente los modelos de coches y de aviones, el avi&oacute;n a reacci&oacute;n, el radar, la penicilina, la televisi&oacute;n, la bomba at&oacute;mica y los submarinos alemanes, se ha incorporado a la carrera. La generaci&oacute;n de los m&aacute;s j&oacute;venes de la Europa Oriental, educada en el culto a la ciencia rusa, empieza a creer que la ciencia y la t&eacute;cnica rusas ocupan un lugar preeminente en el mundo. Los m&aacute;s viejos consideran que esta suposici&oacute;n es absurda, pero no est&aacute;n seguros de si, teniendo en cuenta la inconmensurable riqueza natural, la econom&iacute;a planificada y la posibilidad de derrochar cantidades ilimitadas de dinero para las investigaciones y los experimentos cient&iacute;ficos, Rusia no se encuentra en un punto de inflexi&oacute;n. Parece contradecir esta afirmaci&oacute;n el pragmatismo de la ciencia rusa contempor&aacute;nea, sometida a un M&eacute;todo. Como es bien sabido, los inventos m&aacute;s grandes son el resultado de una larga y desinteresada dedicaci&oacute;n de muchos cient&iacute;ficos que no aporta ning&uacute;n resultado concreto de inmediato. Tambi&eacute;n parece contradecirlo la insistencia con que la propaganda atribuye la mayor&iacute;a de inventos a los rusos (aunque a la vez se copia la t&eacute;cnica americana, empezando por la construcci&oacute;n de puentes hasta las motos, hasta los detalles m&aacute;s insignificantes). Un tal esfuerzo de la propaganda, que a veces raya el rid&iacute;culo, no indica una buena disposici&oacute;n, como tampoco indica una buena disposici&oacute;n, por ejemplo, vender m&aacute;quinas suecas a las democracias populares con los s&iacute;mbolos repintados como si fueran rusas. No obstante, el esfuerzo de la propaganda para combatir el complejo de inferioridad ruso y levantar la &ldquo;moral t&eacute;cnica&rdquo; constituye una muestra de la importancia que el Centro atribuye a la carrera cient&iacute;fica. Qui&eacute;n sabe qu&eacute; resultados podr&iacute;a comportar tal concentraci&oacute;n de la voluntad. Lo &uacute;nico que se necesita es tiempo.</p>
<p>No obstante, vamos a aceptar &ndash;admite la persona de la Europa Central y Oriental- que <em>en este momento </em>la superioridad de Occidente en el campo del potencial de la producci&oacute;n, de la t&eacute;cnica, de la sustituci&oacute;n de la mano de obra por las m&aacute;quinas (lo que equivale a borrar paulatinamente la frontera entre el trabajo f&iacute;sico y el trabajo intelectual) es indudable. Pero &iquest;qu&eacute; pasa por las mentes de las masas occidentales? &iquest;No estar&aacute; su esp&iacute;ritu dormido y cuando despierte ser&aacute; el estalinismo la &uacute;nica forma? &iquest;No ser&aacute; que el cristianismo est&aacute; retrocediendo? &iquest;No carecer&aacute;n las masas de cualquier tipo de fe? Es indudable que es as&iacute;. &iquest;Existe un vac&iacute;o en sus mentes? S&iacute;. &iquest;Se est&aacute; llenando este vac&iacute;o con el chovinismo, con novelas policiacas y con pel&iacute;culas que no tienen ning&uacute;n valor art&iacute;stico? S&iacute;. As&iacute; pues, &iquest;qu&eacute; nos puede ofrecer Occidente? La libertad <em>de algo</em> es mucho, pero demasiado poco, realmente mucho menos que la libertad <em>para algo</em>,</p>
<p>Son preguntas que nos pueden parecer demasiado esenciales, pero que se formulan. A decir verdad, se puede responder a estas preguntas con otras preguntas. Son pocos los comunistas americanos (en general, hijos de familias burguesas y peque&ntilde;o burguesas con tendencias intelectualizantes) los que se compadecen de la miseria espiritual de las masas, pero no reflexionan sobre el hecho de que en el Imperio que a&ntilde;oran tanto existe una miseria material, que hay una falta de t&eacute;cnica m&aacute;s estalinismo, y que ser&iacute;a muy interesante imaginarse el bienestar y la t&eacute;cnica m&aacute;s estalinismo, lo que todav&iacute;a no se ha llevado a cabo en ning&uacute;n lugar del planeta. La creaci&oacute;n del nuevo hombre en el Imperio se realiza bajo la consigna de la lucha contra la miseria (a la vez provocada y combatida) y del desarrollo de la t&eacute;cnica (a la vez destruida y construida). &iquest;Qu&eacute; pasar&iacute;a si faltasen estos dos potentes motivos? Cabe sospechar que las ruedas de aquella inmensa m&aacute;quina girar&iacute;an en el vac&iacute;o. Esta etapa, la del comunismo realizado, es un &ldquo;sancta sanct&oacute;rum&rdquo; para los fieles y no est&aacute; permitido mirarlo directamente. Es el Cielo. Ni tan s&oacute;lo se puede intentar penetrar en aquello que est&aacute; fuera de cualquier comprensi&oacute;n. Pero si alguien llegara a atreverse, resultar&iacute;a que el Cielo no se diferencia demasiado de los Estados Unidos en los per&iacute;odos de plena ocupaci&oacute;n y que (incluso si acept&aacute;ramos que se suavizara el terror, lo que es poco probable) las masas viven una vida fisiol&oacute;gica, gozan de los logros materiales de la civilizaci&oacute;n, y su desarrollo tropieza con un escollo insuperable en forma de una doctrina que ve su objetivo en salvar al hombre de las preocupaciones materiales en vista a algo que, seg&uacute;n ella misma, es un absurdo.</p>
<p>Evidentemente, tales consideraciones son ut&oacute;picas. Si, en el fondo, no preocupan demasiado a los comunistas de Occidente, sus hermanos del Imperio no se ven liberados de ellas. Record&eacute; que alguien dijo: &ldquo;No quisiera vivir el comunismo realizado, porque seguramente ser&iacute;a muy aburrido&rdquo;. Cuando ya haya terminado la gran tarea educativa y la &ldquo;esencia metaf&iacute;sica&rdquo; odiada se haya exterminado, &iquest;qu&eacute; vendr&aacute; despu&eacute;s? Es dudoso que las imitaciones de la liturgia cristiana a cargo del Partido y el tipo de oficios divinos celebrados ante los retratos de los l&iacute;deres proporcionen a la gente satisfacciones perfectas.</p>
<p>Mirar hacia Occidente con la esperanza que all&iacute; nace <em>algo</em> est&aacute; m&aacute;s difundido entre los intelectuales del Este de lo que piensan los occidentales. No se trata de fijarse en la propaganda, de ninguna manera. <em>Algo</em> significa en este caso un genial autor, una nueva filosof&iacute;a social, un movimiento art&iacute;stico, un descubrimiento cient&iacute;fico, nuevos principios pict&oacute;ricos o musicales. Y encontrar ese <em>algo</em> ocurre pocas veces. La gente del Este se ha acostumbrado a tratar en serio tan s&oacute;lo aquellas manifestaciones de la vida social que aparecen a escala organizada y masiva. En el campo de la cultura no hay nada en Occidente que alcance tal escala, si exceptuamos las pel&iacute;culas, los best seller y las revistas ilustradas. Ninguna persona que piense toma en serio, en Occidente, la mayor&iacute;a de estos medios de diversi&oacute;n masiva, mientras que en los pa&iacute;ses del Este per analogiam (all&iacute; todo tiene un car&aacute;cter masivo) se elevan hasta la dignidad de convertirse en los &uacute;nicos representantes de la &ldquo;podrida cultura occidental&rdquo;. Burlarse de la idiotez de numerosas pel&iacute;culas, de novelas o de algunos art&iacute;culos es f&aacute;cil (se gana un sueldo con poco esfuerzo y adem&aacute;s gracias a esto uno se libra de la obligaci&oacute;n, mucho m&aacute;s desagradable, de escribir art&iacute;culos entusiastas sobre el Centro), as&iacute; que &eacute;sta es la ocupaci&oacute;n preferida de los periodistas, y la influencia que ejerce este tipo de cr&iacute;tica en el p&uacute;blico es considerable.</p>
<p>La aut&eacute;ntica vida cultural de Occidente es completamente distinta. Y all&iacute;, incluso un intelectual del Este topa con enga&ntilde;osas apariencias, porque ve la igualdad de derechos entre los ep&iacute;gonos y los innovadores, entre la decadencia y la salud, entre la falta de talento divulgada y la grandeza mascullada entre dientes. Las corrientes que conoce de sus viajes a Occidente de antes de la guerra, todav&iacute;a siguen activas y despiertan en &eacute;l una indignaci&oacute;n como etapa que ya ha superado. Pero estas corrientes imponen que se les preste atenci&oacute;n, y no los nuevos fen&oacute;menos que brotan con dificultades en un bosque de &aacute;rboles carcomidos.</p>
<p>El reproche m&aacute;s serio que se formula en contra de los valores culturales de Occidente es que es elitista e inaccesible para las masas. Es un reproche certero. La poes&iacute;a, la pintura o incluso la m&uacute;sica, encerradas en torres de marfil, caen en numerosas enfermedades del estilo. Pero a la vez, sus relaciones con la vida cotidiana de la gente son considerablemente m&aacute;s estrechas de lo que les puede parecer a los observadores superficiales. Por ejemplo, la pintura innovadora, &ldquo;dif&iacute;cil&rdquo;, &ldquo;incomprensible&rdquo;, encuentra directamente un gran n&uacute;mero de consumidores, porque influye en el estilo de la publicidad, en la moda femenina, en los decorados esc&eacute;nicos, en la decoraci&oacute;n de interiores y, lo que es m&aacute;s importante, en la forma de las m&aacute;quinas que se usan habitualmente. En comparaci&oacute;n con este estilo, el estilo del &ldquo;imperio sovi&eacute;tico&rdquo;, que se basa en pintar enormes telas en las que se ven a los dignitarios en diferentes grupos y poses, est&aacute; completamente apartado de la vida. Habiendo destruido la experimentaci&oacute;n en el arte, el Centro se ha sentenciado a s&iacute; mismo en el campo de las artes aplicadas (si es que se puede hablar de la existencia de las mismas) a la imitaci&oacute;n torpe de las artes aplicadas de Occidente que se renuevan constantemente gracias a los experimentos de la pintura de caballete. Los esfuerzos heroicos de los checos y de los polacos para salvar su propio arte a trav&eacute;s de la recuperaci&oacute;n de los modelos folcl&oacute;ricos est&aacute;n muy probablemente condenados al fracaso porque existe la correlaci&oacute;n entre los muebles, los tapices en las pareces o la tela de un vestido femenino con la pintura y la escultura. Cuando, as&iacute; en la pintura como en la escultura rige el culto a la fealdad, y cuando cualquier tipo de atrevimiento se considera formalismo, las artes aplicadas, escindidas de sus fuentes, est&aacute;n condenadas a ser est&eacute;riles.</p>
<p>El escenario multicolor en el que se desarrolla la vida de los pa&iacute;ses occidentales est&aacute; sometido a la ley de la osmosis. Un ciudadano corriente de estos pa&iacute;ses no se da cuenta de que un pintor que est&aacute; en una buhardilla o un autor de poemas incomprensibles o un m&uacute;sico despreciado son magos que dan forma a todo lo que &eacute;l aprecia en la vida. Tampoco piensan en esto los dirigentes para los que tales minucias son una p&eacute;rdida de tiempo. El sistema econ&oacute;mico, privado de cualquier planificaci&oacute;n, imposibilita que se ayude a la gente que trabaja en otros campos de la cultura. Son personas que, persiguiendo desinteresadamente su propia quimera, m&aacute;s de una vez se mueren de hambre, mientras que a su lado unos ricos cretinos no saben qu&eacute; hacer con el dinero y lo gastan tal como les dicta su abotargado juicio. Es este orden de cosas el que indigna al hombre de los pa&iacute;ses del Este. En su pa&iacute;s, cada persona que muestra un cierto talento es utilizada. En los pa&iacute;ses occidentales alguien que tiene el mismo talento tiene &iacute;nfimas posibilidades. As&iacute;, el dispendio de talentos en la econom&iacute;a es deprimente en esos pa&iacute;ses, mientras que los pocos que consiguen obtener un reconocimiento no lo consiguen precisamente gracias a sus virtudes profesionales sino m&aacute;s bien y con m&aacute;s frecuencia gracias a la casualidad. El equivalente de este despilfarro en los pa&iacute;ses de la Nueva Fe es la capacidad de saber adaptarse a la l&iacute;nea pol&iacute;tica como criterio selectivo, y gracias a esto son los mediocres los que llegan a obtener honores con m&aacute;s facilidad. A pesar de todo, al artista y al sabio les puede ser m&aacute;s f&aacute;cil en estos pa&iacute;ses que a sus colegas occidentales. Aunque la presi&oacute;n del M&eacute;todo sea muy fastidiosa, no se puede menospreciar las recompensaciones materiales. Muchos m&uacute;sicos, pintores y escritores que tuvieron la oportunidad de pasarse a Occidente, no lo hicieron porque era mejor componer, pintar o escribir de una u otra manera a trabajar en una f&aacute;brica y a no tener ni tiempo ni ganas para dedicarse a su aut&eacute;ntica profesi&oacute;n. Muchos de los que estuvieron en el extranjero volvieron precisamente por estos motivos. El miedo ante la implacabilidad con la que el sistema econ&oacute;mico occidental trata a sus trabajadores cient&iacute;ficos y art&iacute;sticos est&aacute; muy difundido entre los intelectuales del Este. Es mejor ten&eacute;rselas con un diablo inteligente que con un bondadoso papanatas, dicen. El diablo inteligente entiende que hay un inter&eacute;s com&uacute;n y permite vivir de la pluma, del cincel o del pincel, exigiendo y teniendo en cuenta a sus clientes. Un bondadoso papanatas no entiende ning&uacute;n inter&eacute;s com&uacute;n, no da nada y no exige nada, lo que en la pr&aacute;ctica equivale a una afable crueldad. Los habitantes de los pa&iacute;ses del Este piensan que los medios de producci&oacute;n b&aacute;sicos deber&iacute;an pertenecer al Estado que fija los planes econ&oacute;micos y emplea los ingresos en finalidades como la higiene, la educaci&oacute;n, la ciencia y el arte. Esto es para ellos evidente y ser&iacute;a ingenuo buscar entre &eacute;stos a algunos partidarios del capitalismo. Lo que buscan en Occidente no es en absoluto gastadas consignas de la Revoluci&oacute;n francesa o de la Guerra de la Independencia americana. A los argumentos de que las f&aacute;bricas y las minas deber&iacute;an pertenecer a personas privadas, responden con sarcasmo. Buscar <em>algo</em> resulta de entender, de manera m&aacute;s o menos clara, el hecho de que la Nueva Fe es incapaz de satisfacer las necesidades espirituales de la gente, y sus intentos implacablemente correctos hacia esa direcci&oacute;n se transforman en una caricatura. Si se les acorralara y se les obligara a formular qu&eacute; quieren, seguramente responder&iacute;an que quieren un sistema en el que la econom&iacute;a sea socialista, pero que donde el hombre no tuviera que debatirse impotente con el M&eacute;todo que le aprisiona como una serpiente. As&iacute; que esperan alguna se&ntilde;al que demuestre que los aut&eacute;nticos valores culturales pueden surgir fuera del M&eacute;todo. Pero deber&iacute;an ser valores perdurables, para el ma&ntilde;ana, y no los que se derivan de una conciencia anacr&oacute;nica, porque entonces s&oacute;lo existir&iacute;an estos &uacute;ltimos, y confirmar&iacute;a el triunfo del M&eacute;todo. La gente en los pa&iacute;ses de la Nueva Fe sabe que <em>s&oacute;lo</em> en Occidente pueden surgir obras que representen el germen de una futura esperanza. Qui&eacute;n sabe si en los talleres de trabajadores solitarios no se llevan a cabo ya descubrimientos de un peso no inferior a los trabajos de Darwin o de Marx, igualmente solitarios en su &eacute;poca. Pero &iquest;c&oacute;mo llegar a conseguirlo?</p>
<p>&nbsp;El intelectual del Este es un juez especialmente severo ante todo lo que llega de Occidente. Se ha visto defraudado muchas veces y no quiere aceptar consuelos baratos que despu&eacute;s le dejan con una desaz&oacute;n a&uacute;n mayor. La guerra lo ha convertido en una persona muy perspicaz y desconfiada a la hora de desenmascarar enga&ntilde;osas apariencias. Ha rechazado muchos de los libros que le gustaban antes de la guerra, muchas de las corrientes pict&oacute;ricas y musicales porque no han resistido la prueba de la cruda y brutal realidad. Si no consigue perdurar, no tiene ning&uacute;n tipo de valor. Muy probablemente lo que es realmente valioso es lo que es capaz de existir para el hombre en el momento que se ve amenazado por una muerte inminente.</p>
<p>Un hombre se encuentra bajo el fuego de las ametralladoras en las calles de una ciudad donde se libran encarnizados combates. Mira el empedrado y observa un divertido espect&aacute;culo: los adoquines se erizan como las p&uacute;as de un erizo, son las balas que al golpear con sus bordes los desplazan y los ponen en situaci&oacute;n oblicua. Son momentos en los que, en su conciencia, el hombre <em>juzga</em> a los poetas y a los fil&oacute;sofos. Es posible que alg&uacute;n poeta fuera adorado por el p&uacute;blico literario de los caf&eacute;s, y cuando ese poeta entraba todas las miradas, llenas de curiosidad y de admiraci&oacute;n, se posaban en &eacute;l. No obstante, sus poemas, recordados en un momento como aqu&eacute;l, se revelan raqu&iacute;ticos y muestran todos los rasgos de ser s&oacute;lo un divertimento estetizante. Por el contrario, observar los adoquines es algo sin duda real, y la poes&iacute;a que se basara en una experiencia <em>despojada </em>como &eacute;sta ser&iacute;a capaz de mantenerse victoriosa el d&iacute;a que se condenasen las ilusiones con las que la gente est&aacute; dispuesta a alimentarse. En los intelectuales que sobrevivieron a &ldquo;los desastres de la guerra&rdquo; en Europa Oriental tuvo lugar un fen&oacute;meno que podemos denominar como la <em>reducci&oacute;n de los lujos emocionales</em>. Las novelas psicoanal&iacute;ticas les inducen a re&iacute;rse con desprecio. La literatura de enredos er&oacute;ticos, que sigue siendo popular en Occidente, les parece una basura. La pintura de los ep&iacute;gonos del arte abstracto les hace bostezar. Est&aacute;n hambrientos, pero quieren pan, y no tan s&oacute;lo <em>hors d&rsquo;oeuvre</em>.</p>
<p>El materialismo dial&eacute;ctico encuentra en ellos f&aacute;cilmente una resonancia, porque es una forma de pensar <em>terrenal</em>. Les encantar&iacute;a ver la literatura y el arte fuera del &aacute;mbito de influencia del M&eacute;todo, pero con la condici&oacute;n de que fuera terrenal, fuerte y sana. &iexcl;Si al menos pudieran encontrarla! Da que pensar que cualquier cosa occidental que para su gusto es lo suficientemente fuerte, trata sobre los problemas del sistema social y de las creencias masivas que tanto los apasionan: son tanto libros de estalinistas, como tambi&eacute;n, todav&iacute;a en mayor medida, libros de antiestalinistas. Muchos de ellos han le&iacute;do <em>El cero y el infinito</em> de Koestler. No son muchos los que conocen <em>1984</em> de George Orwell (a causa de las dificultades para conseguir este libro y de los peligros que conlleva tenerlo, tan s&oacute;lo algunos de los miembros del Partido Interno lo conocen); Orwell los fascin&oacute; por su manera de indagar en los detalles que ellos conocen tan bien, y tambi&eacute;n por la s&aacute;tira que sigue la tradici&oacute;n de Swift.; esta forma es imposible de practicar en los pa&iacute;ses de la Nueva Fe, porque la alegor&iacute;a, que es ambigua por naturaleza, transgredir&iacute;a los preceptos del realismo socialista y las exigencias de la censura. Tambi&eacute;n los que conocen a Orwell s&oacute;lo de o&iacute;das se extra&ntilde;an de que un escritor que no ha estado nunca en Rusia haya podido agrupar tantas observaciones atinadas. Teniendo en cuenta la &ldquo;estupidez&rdquo; de Occidente, el solo hecho de que all&iacute; existan escritores que entienden el funcionamiento de una m&aacute;quina tan incre&iacute;blemente compleja, de la que ellos forman parte, les hace reflexionar.</p>
<p>No obstante, lo que tiene fuerza en Occidente es, habitualmente, una negaci&oacute;n. La cr&iacute;tica de la Nueva Fe que all&iacute; se lleva a cabo es, con frecuencia, acertada. A pesar de esto, no muestra el camino de la salida y no introduce nada en lugar del M&eacute;todo. Es cierto que se puede decir que introduce al hombre vivo que no se averg&uuml;enza de sus pensamientos y tiene el valor de moverse por s&iacute; mismo, sin las muletas que son las citas extra&iacute;das de las autoridades. Pero todo esto, a los intelectuales del Este les parece insuficiente. No se vence al Mes&iacute;as con argumentos de la gente sensata de cuyas bocas salen palabras, y no una espada de fuego.</p>
<p>La religi&oacute;n cristiana, limitada o directamente exterminada en los pa&iacute;ses de la Nueva Fe, sigue despertando un inter&eacute;s (insano). &iquest;Aprovechar&aacute;n de manera adecuada los cristianos de los pa&iacute;ses occidentales la libertad? Hay que llegar a la conclusi&oacute;n que m&aacute;s bien no. La religi&oacute;n se ha convertido all&iacute; en una especie de vestigio de las costumbres cuyos ejemplos podemos encontrar en el folclore de diferentes naciones. Es m&aacute;s, parece como si fuera de la mano de la pol&iacute;tica m&aacute;s reaccionaria. Es probable que para que el cristianismo consiga renacer sea necesaria la opresi&oacute;n, tal como demuestra el fervor religioso de los cristianos en las democracias populares. Pero cabe tambi&eacute;n preguntarse si no ser&aacute; tan s&oacute;lo una devoci&oacute;n de ratones en una trampa y si no habr&aacute; llegado un poco demasiado tarde.</p>
<p>Oficialmente, se indica que hay que mostrar la repulsi&oacute;n m&aacute;s absoluta hacia Occidente. All&iacute; todo va mal: los trenes no son puntuales, las tiendas est&aacute;n vac&iacute;as porque nadie tiene dinero, la gente va mal vestida, la tan famosa t&eacute;cnica no sirve. Al o&iacute;r mencionar el nombre de un escritor, de un pintor o de un m&uacute;sico de Occidente, hay que hacer una mueca sarc&aacute;stica y poner los labios como para escupir, puesto que la batalla contra el cosmopolitismo es una de las obligaciones fundamentales del ciudadano. El cosmopolitismo es respetar la cultura de Occidente (burguesa). El t&eacute;rmino se acu&ntilde;&oacute; en Mosc&uacute; y en la historia de Rusia no es especialmente nuevo. Ya hace cien a&ntilde;os, los historiadores zaristas hablaban con repugnancia del &ldquo;Occidente podrido&rdquo;. Era precisamente entonces en aquel &ldquo;Occidente podrido&rdquo; que ya actuaban Marx y Engels, a quienes despu&eacute;s se ten&iacute;a que importar de aquel Occidente, como muchos otros inventos. En la pr&aacute;ctica, la lucha contra el cosmopolitismo se muestra en las democracias populares al recomendar traducir y publicar a algunos escritores antiguos occidentales considerados como &ldquo;progresistas en su &eacute;poca&rdquo; (por ejemplo, Shakespeare, Balzac, Swift), mientras que se recomienda y es necesario traducir y publicar a todos los escritores antiguos rusos, con algunas excepciones. En cuanto a los contempor&aacute;neos, hay que traducir y publicar a todos los escritores rusos, mientras que de los occidentales tan s&oacute;lo aquellos que sean comunistas (en casos de duda, el Centro elabora listas especiales de autores prohibidos que entregan a los editores). La pintura occidental hasta el siglo diecinueve se acepta sin reservas, pero los impresionistas franceses, como qued&oacute; demostrado, surgieron de la filosof&iacute;a de una burgues&iacute;a en descomposici&oacute;n, y los realistas rusos (<em>peredvizhniki</em>)<a title="" href="#_ftn1">[1]</a> se encuentran art&iacute;sticamente muy por encima de ellos. Toda la m&uacute;sica rusa es apta como repertorio de las orquestas y de los solistas, mientras que en cuanto a la m&uacute;sica occidental ya los compositores de finales del siglo XIX plantean muchas dudas. Una manifestaci&oacute;n de cosmopolitismo ser&iacute;a presentar un repertorio s&oacute;lo con piezas occidentales (por ejemplo, Bach, Mozart, Berlioz, Verdi). Mientras que una manifestaci&oacute;n de comprender las necesidades es un repertorio combinado (por ejemplo, Musorgski, Chaikovski, Bach, Borodin).</p>
<p>Aunque unas normas tan detalladas ocasionan muchas dificultades a los redactores, a los trabajadores de las editoriales y a los int&eacute;rpretes musicales, la &ldquo;lucha contra el cosmopolitismo&rdquo; no carece de un fundamento racional. La raz&oacute;n de tal fundamento es muy clara para el Centro: una escala de comparaciones demasiado amplia no contribuye a la salud moral del ciudadano. Por otra parte, en los pa&iacute;ses donde hay una democracia popular, sometidos desde siglos a los influjos de Occidente, se trata de erradicar un vicio: se desacostumbra al fumador de fumar quit&aacute;ndole los cigarrillos. Existen unas circunstancias que provocan que la hostilidad reglamentaria hacia el cosmopolitismo no sea tan ardua para los intelectuales como uno podr&iacute;a esperar. En cualquier caso consiguen convencerse a s&iacute; mismos de que las prescripciones del Centro son relativamente justificadas. El territorio en el que ha surgido la civilizaci&oacute;n llamada europea coincide m&aacute;s o menos con el territorio en el que se ha propagado la religi&oacute;n que proced&iacute;a de Roma. Los pa&iacute;ses que hoy en d&iacute;a constituyen las provincias occidentales del Imperio fueron durante siglos la periferia del Este. El desarrollo de la Europa moderna, cuyos centros industriales y comerciales han tenido una actividad febril, ha agravado la diferencia entre &ldquo;Europa&rdquo; entre comillas y su &ldquo;Marca oriental&rdquo;. Si se le pregunta hoy en d&iacute;a a un habitante del estado de Idaho qu&eacute; entiende por Europa, seguramente mencionar&aacute; a Francia, Holanda, Italia, Alemania. Pero ya no seguir&aacute; m&aacute;s hacia el Este, y las naciones que est&aacute;n all&iacute; se le presentan como una mezcla de tribus atrasadas que no son demasiado dignas de atenci&oacute;n. Es probable que el habitante de Idaho represente un &ldquo;atraso hist&oacute;rico&rdquo;, es decir, que su conciencia obedece a rancias costumbres que los hechos ya se han encargado de negar. No obstante, sus puntos de vista son significativas, y adem&aacute;s han ejercido influencia en las intervenciones de los pol&iacute;ticos americanos para quienes la p&eacute;rdida de la &ldquo;Marca oriental&rdquo; europea a favor de Rusia no parece ser una intervenci&oacute;n que pueda tener importantes consecuencias. A lo largo de la historia, el dinero y la fuerza se han acumulado en la Europa Occidental, all&iacute; tambi&eacute;n se han creado los modelos culturales que despu&eacute;s se han extendido en el Este (por ejemplo, fueron los arquitectos italianos quienes construyeron las iglesias y los palacios en Polonia, los poetas polacos imitaban con pasi&oacute;n las formas del verso franc&eacute;s, etc.).</p>
<p>Los pa&iacute;ses de Europa Central y Oriental eran los &ldquo;parientes pobres&rdquo;, un terreno medio colonial. La relaci&oacute;n de Occidente para con ellos no estaba privado de un desd&eacute;n protector y a la saz&oacute;n no se diferenciaba demasiado de las opiniones sinceras de aquel habitante de Idaho.</p>
<p>Un polaco, un checo, un h&uacute;ngaro medianamente educados sabe bastante sobre Francia, B&eacute;lgica o Holanda. Un franc&eacute;s, un belga o un holand&eacute;s medianamente cultivado no sabe nada de Polonia, de Checoslovaquia o de Hungr&iacute;a. Un intelectual del Este no considera que este estado sea l&oacute;gico y m&aacute;s bien siente solidaridad con un ruso que mantiene asuntos pendientes antiguos y poco agradables con Occidente. Aunque el complejo de inferioridad del ruso, que lleva siempre a afirmar su absoluto dominio y a exigir continuamente homenajes, le irrita en un grado absoluto, piensa que el desprecio que Occidente muestra hacia los pa&iacute;ses de Europa Central y Oriental procede de una mala orientaci&oacute;n en el cambio de proporciones que tuvo lugar a mediados del siglo XX, puesto que estos pa&iacute;ses tienen una considerable poblaci&oacute;n, muestran una particular capacidad de adaptarse a las exigencias t&eacute;cnicas de la industria moderna; tienen riquezas naturales, una industria pesada y miner&iacute;a que se desarrolla con rapidez; sus trabajadores apenas recuerdan a un emigrante desamparado que va a Occidente a ganarse el pan, donde era utilizado para los trabajos m&aacute;s duros; sus t&eacute;cnicos y sus estudiantes pueden competir con sus colegas occidentales; sus escritores y m&uacute;sicos no pueden quejarse de falta de talento. Es m&aacute;s, desde cualquier punto de vista estos pa&iacute;ses son probablemente no tan s&oacute;lo la parte m&aacute;s importante de Europa, sino de todo el planeta. Si se supone que la Nueva Fe puede extenderse por todos sitios, ellos son el primer terreno de experimentaci&oacute;n fuera de Rusia, y por eso, el m&aacute;s interesante. Si se supone que el Centro pierde y no consigue imponer al mundo su hegemon&iacute;a, las formas de econom&iacute;a y de cultura que surgir&aacute;n en estos pa&iacute;ses, ser&aacute;n un apasionante ejemplo de vivificar algo nuevo, puesto que en la Historia no existe un retorno al <em>status quo</em>. As&iacute; pues, &iquest;no est&aacute; justificado frenar toda esta idolatr&iacute;a hacia los modelos occidentales, que se hab&iacute;a generalizado tanto entre las capas ilustradas de la &ldquo;Marca Oriental&rdquo;? Mirados desde los pa&iacute;ses de la democracia popular, las peque&ntilde;as naciones en la costa atl&aacute;ntica est&aacute;n llenas de recuerdos de una gloria pasada, ya olvidada, pero privadas de cualquier dinamismo. &iquest;Por qu&eacute;, pues, la pintura de los pintores franceses actuales, que surge en un pa&iacute;s sin dinamismo, tendr&iacute;a que ser imitada en Praga o en Varsovia? &iquest;Por qu&eacute; se deber&iacute;an representar en estas ciudades obras inglesas que han sido escritas para un tipo de p&uacute;blico completamente diferente? Hay que desarraigar la imitaci&oacute;n que durante tantos a&ntilde;os hab&iacute;a sido justificada, precisamente los a&ntilde;os durante los cuales el capital franc&eacute;s, ingl&eacute;s o belga invirti&oacute; en minas, en ferrocarriles y en f&aacute;bricas de la &ldquo;Marca Oriental&rdquo;, imponiendo a la vez sus libros, sus pel&iacute;culas y sus modas. Hay que levantarse por el propio pie, igual que por el propio pie se ha levantado la industria nacionalizada. La contrariedad reside en que despu&eacute;s de liberarse de los encantos occidentales, la literatura, la ciencia y el arte de la &ldquo;Marca&rdquo; han ca&iacute;do irremisiblemente en una dependencia de la nueva metr&oacute;polis. Si antes la imitaci&oacute;n se hac&iacute;a de buen grado y voluntariamente, ahora ha adoptado un cariz de obligatoriedad. Si alguien buscaba los propios caminos, se encontraba con el reproche de tito&iacute;smo. Incluso remontarse al propio pasado de cada una de las naciones de la &ldquo;Marca&rdquo; es tan s&oacute;lo posible siempre y cuando este pasado demuestre que los caminos evolutivos de una naci&oacute;n determinada eran paralelos a los caminos evolutivos de la naci&oacute;n rusa. Evidentemente, el folclore se acepta. Se aceptan las obras teatrales realistas del siglo XIX. Pero, por ejemplo, Polonia posee una tradici&oacute;n teatral en el Romanticismo que no admite ser representada de manera realista. Tambi&eacute;n posee una tradici&oacute;n de directores de escena que es denominada como &ldquo;teatro monumental&rdquo; por la gente de teatro. Continuar tales tradiciones habr&iacute;a olido a peligrosa herej&iacute;a.</p>
<p>As&iacute;&nbsp; pues, la &ldquo;lucha contra el cosmopolitismo&rdquo;, tan s&oacute;lo consiste en realidad en vaciar un matraz para llenarlo con otro l&iacute;quido. En el pasado, en aquel matraz se formaba una substancia particular a partir de que reaccionaban entre s&iacute; elementos importados y elementos aut&oacute;ctonos. Hoy en d&iacute;a, el elemento importado act&uacute;a de forma considerablemente m&aacute;s pura, porque hay una suficiente cantidad de guardas que se encargan de conservar el respeto debido a los modelos. A pesar de eso, la &ldquo;lucha contra el cosmopolitismo&rdquo; puede ser, as&iacute; lo cree el intelectual, una buena cura. Ya nunca volver&aacute;n las &eacute;pocas de diversi&oacute;n, cuando los pintores polacos, checos o h&uacute;ngaros iban a la Meca de la pintura, Par&iacute;s, y al volver pintaban su r&iacute;o natal como si fuera exactamente el Sena, aunque no se pareciera en absoluto.</p>
<p>El &ldquo;podrido Occidente&rdquo; fue en el siglo pasado reprobado por los historiadores patri&oacute;ticos rusos porque era liberal y las ideas que penetraban desde all&iacute; amenazaban los gobiernos autocr&aacute;ticos. Y no s&oacute;lo fue atacado por los defensores del trono. Basta leer la disertaci&oacute;n <em>&iquest;Qu&eacute; es el arte?</em> de Lev Tolstoi para hacerse una idea de ese desprecio hacia el exceso de refinamiento (<em>utonchenia</em>) de Occidente, un desprecio tan t&iacute;pico de los rusos. Tolstoi considera que las obras de Shakespeare eran una acumulaci&oacute;n de atroces disparates, y que la pintura francesa (en la &eacute;poca del gran florecimiento del impresionismo) consist&iacute;a en unos pintarrajos de degenerados. Despu&eacute;s de la revoluci&oacute;n, no fue dif&iacute;cil ahondar en estos prejuicios, a los que se a&ntilde;adi&oacute; una gran cantidad de argumentos: de nuevo Rusia ten&iacute;a un r&eacute;gimen completamente diferente del occidental. No obstante, &iquest;no ser&aacute; que esa desconfianza hacia Occidente hubiese conformado siempre la gran fuerza de Rusia? E incluso los historiadores zaristas &iquest;no trabajaron directamente para la revoluci&oacute;n, cultivando en los rusos una seguridad en s&iacute; mismos y una fe en su particular vocaci&oacute;n de la naci&oacute;n? Mirar a Occidente de reojo y con burla no result&oacute; ser un mal ejercicio. Gracias a esto surgi&oacute; un tipo de hombre terrenal, estricto, que no se amedrenta ante ninguna consecuencia, todo lo contrario del hombre occidental, sobre el cual pesaba sobremanera el pasado que trababa cualquier movimiento audaz en una red de leyes, de creencias y de afectos &eacute;ticos. Conscientes de su fuerza secreta hasta entonces, los &ldquo;Escitas&rdquo;, como denomin&oacute; a su naci&oacute;n el poeta ruso Blok, empezaron finalmente a desfilar, y sus &eacute;xitos les ratificaron en su convencimiento de que el desprecio para con Occidente no estaba privado de fundamento. De esta manera, ser&iacute;a tambi&eacute;n aconsejable que las naciones que se encuentran entre el Mar B&aacute;ltico y el Mar Mediterr&aacute;neo siguieran tanto esta seguridad de los rusos como el hecho de librarse de esos vicios de loros.</p>
<p>El intelectual percibe, evidentemente, que &eacute;l es el tipo de cosmopolita que se reprende, puesto que observa continuamente Occidente esperando <em>algo</em>. Pero esto no significa que lamenta especialmente las prohibiciones que eliminan de su pa&iacute;s el arte de poco valor de los bulevares parisinos o de las novelas policiacas. E igualmente, muchos de los fen&oacute;menos culturales que en los pa&iacute;ses occidentales emocionan a las &ldquo;&eacute;lites&rdquo; le despiertan aversi&oacute;n. Preguntado por si se deber&iacute;a representar en su patria el <em>Cocktail-party</em> de T. S. Eliot, responder&iacute;a resueltamente que no, a pesar de que pueda considerar que <em>La tierra bald&iacute;a</em> del mismo autor es una obra po&eacute;tica interesante. El logro al que ya no querr&aacute; renunciar la gente de Europa Central y Oriental es el sentimiento de responsabilidad por todo aquello que el p&uacute;blico recibe del editor o del teatro: si se considera que una obra es mala, no hay que mostrarla, a pesar de que pueda tener &eacute;xito y pueda conseguir unos buenos beneficios (imaginaos a los trabajadores de Praga o de Varsovia asistiendo al esnobismo de <em>Cocktail-party</em> de T. S. Eliot). Por otra parte, la prohibici&oacute;n de interpretar <em>La consagraci&oacute;n de la primavera</em> de Stravinsky y educar el gusto musical del p&uacute;blico con Chaikovski es un absurdo demasiado evidente como para que no suscite amargas sonrisas. As&iacute; pues, el cosmopolitismo del intelectual al que me refiero es muy moderado. Introduce una diferencia entre lo que en Occidente es digno de respeto y lo que es resultado del &eacute;xito de una campa&ntilde;a sospechosa que apela al gusto de los dudosos valores de las &ldquo;&eacute;lites&rdquo;.</p>
<p>La superioridad de la pintura de los realistas rusos (<em>peredvizhniki</em>) sobre el impresionismo franc&eacute;s ha sido demostrada en Mosc&uacute;. Desgraciadamente, la pintura se caracteriza porque, al valorarla, el ojo del espectador tambi&eacute;n tiene algo que aportar y ni el discurso m&aacute;s erudito es capaz de transformar un lienzo horrible en una gran obra de arte. Lo cual es deplorable. A cado paso, sea en el campo de la est&eacute;tica sea en el de la &eacute;tica topamos con la resistencia que la excentricidad del hombre opone a la sabia teor&iacute;a. Que un ni&ntilde;o, si est&aacute; educado como se debe, tiene que denunciar a su padre cuando vea que su comportamiento es nocivo para la construcci&oacute;n del socialismo (de cuyo &eacute;xito depende la felicidad de toda la humanidad) parece razonable. Y no obstante, a muchas personas actuar as&iacute; les provoca una repugnancia inexplicable, igual que cuando prefieren Manet a los pintores realistas rusos del siglo XIX. El atrevimiento con el que los rusos introducen sus operaciones intelectuales alcanza unas dimensiones peligrosas y que auguran un mal futuro para sus dirigentes, seg&uacute;n la opini&oacute;n del intelectual. El racionamiento consecuente que, al encontrar contradicciones con la realidad, obliga a hacer caso omiso del empirismo, acarrear&aacute; finalmente errores costosos. La lucha de Hitler con el &ldquo;arte degenerado&rdquo; era seguramente un s&iacute;ntoma del mismo tipo que la nueva &eacute;tica de su partido que ordenaba el exterminio de las &ldquo;razas inferiores&rdquo;, y el germen de sus derrotas radica en ideas semejantes. Observando las preocupaciones del Centro para que la ciencia y el arte sean conformes al M&eacute;todo, el intelectual llega a la conclusi&oacute;n de que no son la fuerza y la sabidur&iacute;a de Occidente las causantes de la ca&iacute;da del Imperio sino precisamente las aberraciones a las que conduce el M&eacute;todo.</p>
<p>El Centro utiliz&oacute;, a grandes rasgos, tres grupos de argumentos para declarar que la gen&eacute;tica de Mendel era equivocada: 1) que es contradictoria con la teor&iacute;a darwiniana de la selecci&oacute;n natural de las especies interpretada de manera dial&eacute;ctica, puesto que se refiere a aquellos elementos de la teor&iacute;a de Darwin que son un reflejo de las relaciones sociales, es decir, la lucha despiadada por la existencia en un r&eacute;gimen capitalista (en lugar de la lucha por la existencia en el marco de una especie hay que plantear la cooperaci&oacute;n en el marco de una especie determinada); 2) que no aporta resultados pr&aacute;cticos satisfactorios en la agricultura; 3) que puede servir como fundamento para teor&iacute;as raciales, puesto que un individuo es &ldquo;mejor&rdquo; o &ldquo;peor&rdquo; en funci&oacute;n de sus genes. As&iacute; pues, se puede considerar a todos los argumentos utilizados como un indicio de deseo para que la realidad sea tal como se anhela ver. Pero &iquest;qu&eacute; ocurrir&iacute;a si la gen&eacute;tica de los seguidores de Mendel concordara con la observaci&oacute;n cient&iacute;fica? pregunta el intelectual. A pesar de que aplaude con vehemencia a los oradores que aplastan a los genetistas occidentales, no est&aacute; nada seguro de si no se encuentra ante un gran esc&aacute;ndalo, parecido a los argumentos escandalosos de los sabios alemanes que demuestran cient&iacute;ficamente todo lo que en un momento determinado es necesario para Alemania. De aqu&iacute; hay un solo paso para dudar de la misma dial&eacute;ctica del M&eacute;todo. &iquest;No se basa &eacute;ste a veces en descifrar signos de la naturaleza y de la historia que antes ha colocado h&aacute;bilmente la mano del mismo lector? La dial&eacute;ctica es una &ldquo;l&oacute;gica de las contradicciones&rdquo; que se aplica all&iacute; donde no basta la l&oacute;gica formal, tal como dicen los sabios, as&iacute; pues, a los fen&oacute;menos en movimiento. Como que tanto los conceptos humanos como los fen&oacute;menos que observa la gente est&aacute;n en movimiento, &ldquo;las contradicciones contenidas en los conceptos son s&oacute;lo un reflejo, la traducci&oacute;n de esas contradicciones que est&aacute;n contenidas en los fen&oacute;menos al lenguaje del pensamiento&rdquo;. Maravilloso. &iquest;Y qu&eacute; se puede decir del ejemplo que aporta Plej&aacute;nov para justificar la insuficiencia de la l&oacute;gica formal? Alguien muestra a un hombre joven a quien apenas le sale barba y le exige una respuesta a la pregunta de si ese hombre tiene o no tiene barba. No se puede responder que no tiene barba, puesto que le est&aacute; saliendo. No se puede responder que tiene porque a&uacute;n no es una barba. En una palabra, la barba est&aacute; a punto de ser barba, est&aacute; en movimiento, por ahora es s&oacute;lo una cierta <em>cantidad</em> de pelos individuales que alg&uacute;n d&iacute;a se convertir&aacute;n en una nueva <em>cualidad</em>, es decir, en una barba. &iexcl;Diablos, rezonga nuestro intelectual, pero si esto son ejercicios para los rabinos del siglo XVII! Los pelos que crecen en la barbilla de ese hombre joven no se preocupan en absoluto de c&oacute;mo los llamemos. No se encuentra ning&uacute;n &ldquo;paso de la cantidad a la calidad&rdquo;, tal como repiten los creyentes embelesados. La cuesti&oacute;n es que tanto la barba como la no barba proceden del uso que hacemos de la lengua, de nuestra clasificaci&oacute;n. &iexcl;Pero qu&eacute; soberbia tan inmensurable atribuir a los fen&oacute;menos unas contradicciones en las que se entrelazan nuestros torpes conceptos! Y, no obstante, es un asunto de capital importancia. El destino del Imperio depende de aquella pobre barba. Si todo el an&aacute;lisis de la Historia realizado seg&uacute;n el M&eacute;todo funciona con trucos similares, es decir, de antemano se introduce el concepto, y despu&eacute;s se extraen una contradicci&oacute;n tras otra del material observado, bonito ser&aacute; el Imperio que se erija sobre tales fundamentos.</p>
<p>Y con todo, uno se siente aterrorizado por el M&eacute;todo. &iquest;C&oacute;mo explicarlo? Sin confes&aacute;rselo a nadie acepta pensar que en el mismo germen radica la falsedad, lo que no es ning&uacute;n impedimento para observar y elaborar el material con otros m&eacute;todos, atribuyendo, eso s&iacute;, todos los &eacute;xitos a la utilizaci&oacute;n del M&eacute;todo. Puesto que &eacute;ste ejerce un influjo magn&eacute;tico en la gente contempor&aacute;nea porque destaca, de manera desconocida hasta ahora, la fluidez y la interdependencia de los fen&oacute;menos. Como que la gente del siglo XX se ha encontrado en condiciones sociales en las que desaparece la &ldquo;naturalidad&rdquo;, mientras que la fluidez y la interdependencia devienen perceptibles hasta para los m&aacute;s obtusos, pensar en categor&iacute;as del movimiento parece ser el m&eacute;todo m&aacute;s seguro para pillar a la realidad in fraganti. El M&eacute;todo es misterioso y nadie lo acaba de entender, lo que ampl&iacute;a su fuera m&aacute;gica. Su elasticidad, que ha sido aprovechada por los rusos, que no poseen, como se sabe, la virtud de la medida, puede desembocar en desagradables edictos que emanan del Centro. No obstante, el sentido com&uacute;n siempre ha sido a lo largo de la Historia un gu&iacute;a eficaz por el laberinto de las cuestiones humanas. El M&eacute;todo aprovecha los descubrimientos de Marx y de Engels, su indignaci&oacute;n moral y la t&aacute;ctica de sus seguidores que niegan que la indignaci&oacute;n moral sea razonable. Es como una serpiente, una criatura indudablemente dial&eacute;ctica. &ldquo;Pap&aacute;, &iquest;las serpientes tienen cola?&rdquo;, pregunta el peque&ntilde;o Jakub. &ldquo;<em>S&oacute;lo</em> cola tienen&rdquo;, responde pap&aacute;. De ah&iacute; las posibilidades ilimitadas. Al preguntarse a s&iacute; mismo honestamente por qu&eacute; no se puede librar de su encanto (a pesar de que quisiera hacerlo) el intelectual seguramente responder&iacute;a que la medida de su razonabilidad es la fuerza de los que lo dominan. Saben construir un gran edificio de paredes m&oacute;viles en un terreno sacudido constantemente por terremotos, mientras que Occidente, al no disponer de unas normas tan perfectas, se aferran a una arquitectura tradicional que amenaza con venirse abajo. Algunas de las paredes m&oacute;viles del edificio dial&eacute;ctico son realmente monstruosas y colman a sus habitantes de un sincero temor en cuanto al futuro de una construcci&oacute;n de este tipo, pero cuando se compara con los rasgos de la arquitectura est&aacute;tica de Occidente, a veces parece como si toda la humanidad se vea obligada a trasladarse a apartamentos m&aacute;s m&oacute;viles.</p>
<p>La relaci&oacute;n del intelectual del Este con Occidente es, pues, complicado y no se puede zanjar en las f&oacute;rmulas de simpat&iacute;a o antipat&iacute;a. Se parece a un desenga&ntilde;o amoroso y, como se sabe, todo desenga&ntilde;o amoroso siempre deja un poso de sarcasmo. Era necesaria una desgracia de tales caracter&iacute;sticas para que, en contra de todas las previsiones de Marx, un nuevo sistema econ&oacute;mico surgiera en la atrasada Rusia, y tambi&eacute;n para que la revoluci&oacute;n se convirtiera en una empresa planificada por los funcionarios del Centro y difundida a trav&eacute;s de conquistas militares. Tambi&eacute;n fue necesaria la desgracia para que los europeos, que tan s&oacute;lo quieren cambiar el anticuado orden en sus pa&iacute;ses, tuvieran que aceptar, tambi&eacute;n en contra de las previsiones de Marx, que una naci&oacute;n que nunca supo gobernarse ni siquiera en casa, y que si nos remontamos al pasado m&aacute;s remoto, nunca ha conocido el &eacute;xito ni la libertad, conquistara sus pa&iacute;ses. &iexcl;Qu&eacute; fatalidad, haber nacido en una &eacute;poca como &eacute;sta, piensa el intelectual pronunciando al mismo tiempo un discurso sobre el gran honor que es vivir en la &ldquo;gran &eacute;poca estalinista&rdquo;. Tal como &eacute;l mismo lo denomina con sarcasmo, su funci&oacute;n consiste en &ldquo;inculcar los principios b&aacute;sicos del entusiasmo&rdquo; a los otros. No le parece inveros&iacute;mil que Occidente pueda salir victorioso de su lucha contra el M&eacute;todo. Con todo, el M&eacute;todo, es decir la revisi&oacute;n de Marx a la manera sovi&eacute;tica, a pesar de tener numerosos puntos d&eacute;biles, constituye en manos de los gobernantes del Centro un arma mucho m&aacute;s poderosa que los tanques y los ca&ntilde;ones. Y una de sus cualidades es que con su ayuda pueda demostrarse lo que es necesario a los gobernantes en un momento determinado, y al mismo tiempo lo que es necesario en un momento determinado se establece a trav&eacute;s del M&eacute;todo; esto concuerda exactamente con su car&aacute;cter serpentino.</p>
<p>La experiencia ha ense&ntilde;ado a los intelectuales del Este a medir muy cuidadosamente sus movimientos. Muchos son los que han visto caer en el abismo a causa de un acto irreflexivo, de un art&iacute;culo escrito impulsivamente. Si el Imperio se viene abajo, se podr&aacute; buscar en el caos que se cree nuevos medios de supervivencia y de actuaci&oacute;n. Mientras esto no ocurra, se debe trabajar con fervor por la victoria del Imperio, cobijando en secreto la esperanza de que la &ldquo;estupidez&rdquo; de Occidente no sea tan ilimitada como se supone. &iexcl;Si la gente de Occidente entendiera realmente el mecanismo de la &ldquo;gran &eacute;poca estalinista&rdquo; y si actuara en consecuencia! Todo parece indicar que no lo entiende. Pero, &iquest;y si lo entendiera?</p>
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<p>(Este texto corresponde al cap&iacute;tulo II del libro <em>El pensamiento cautivo</em>, de Czeslaw Milosz. Traducido por Xavier Farr&eacute;, ser&aacute; pr&oacute;ximamente publicado por la editorial Galaxia Gutenberg)</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hace referencia a la llamada Sociedad de Ambulantes. Czeslaw Milosz da el nombre original en ruso <em>[N. del T.]</em></p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Wed, 11 Jun 2014 06:22:12 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nembrot o la celebración del lenguaje]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/nembrot-o-la-celebracion-del-lenguaje/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/josemariaperezalvarez500.jpg" alt="" /></p>
<p>Resulta perentoria en nuestros d&iacute;as una redefinici&oacute;n de conceptos como literatura, cine, arte, etc. El mercado ha difuminado de tal modo los l&iacute;mites entre obra de arte y producto de consumo que es ya imposible para el lector realizar cualquier tipo de discriminaci&oacute;n al respecto. Si en lo que hace al s&eacute;ptimo arte, el propio mercado ha acu&ntilde;ado la tautol&oacute;gica etiqueta de "cine de autor" para referirse a la obra que a&uacute;n preserva cierta intenci&oacute;n art&iacute;stica, no ha sabido hallar un equivalente en lo que concierne a la producci&oacute;n editorial. La cr&iacute;tica, que deber&iacute;a arrojar luz sobre el embrollo, se ha mostrado en nuestro pa&iacute;s del todo ineficaz, contribuyendo en su lugar a fomentar la confusi&oacute;n. Por un lado, la llamada cr&iacute;tica acad&eacute;mica resulta a todas luces un mecanismo esencialmente endog&aacute;mico ajeno al lector com&uacute;n, y en cuanto a la llamada cr&iacute;tica medi&aacute;tica, salvo contadas excepciones, jam&aacute;s goz&oacute; en nuestro pa&iacute;s de una independencia real que le capacitara para la realizaci&oacute;n del libre ejercicio que de ella se espera. Si durante los a&ntilde;os veinte y treinta del siglo pasado los cr&iacute;ticos espa&ntilde;oles profesaron una fidelidad canina a Ortega, su amo; los a&ntilde;os siguientes a la Guerra Civil fueron rehenes del franquismo y su censura, y actualmente se deben a los intereses de los grandes grupos editoriales que les dan de comer. A&uacute;n no han pasado diez a&ntilde;os desde que un conocido cr&iacute;tico fuera expulsado del suplemento en el que colaboraba por escribir una rese&ntilde;a adversa sobre una novela publicada por un sello del mismo grupo editorial que el diario que acog&iacute;a el suplemento. Queda pues el tiempo como &uacute;nico elemento capaz de decantar toda esa masa ingente con que el mercado nos abruma. El tiempo tiene una dura tarea por delante. No me gustar&iacute;a estar en el pellejo del tiempo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tengo la convicci&oacute;n de que el tiempo, <em>tel qu'en Lui-m&ecirc;me enfin l'eternit&eacute; le change</em>, ya que no la maniatada cr&iacute;tica, ha de poner a <em>Nembrot, </em>la novela de Jos&eacute; Mar&iacute;a P&eacute;rez &Aacute;lvarez que aqu&iacute; rese&ntilde;amos y que hoy reedita en versi&oacute;n digital el sello Uno y Cero, en el lugar que le corresponde. Hablar en pocas l&iacute;neas de una obra tan compleja no es tarea f&aacute;cil. Decir que el protagonista principal de la novela es el lenguaje ser&iacute;a incurrir en un socorrido t&oacute;pico. S&iacute; dir&eacute; que Jos&eacute; M&ordf; P&eacute;rez &Aacute;lvarez es un autor fascinado por la literatura y por el lenguaje. Ortega reprochaba a Unamuno que su castellano era un idioma "aprendido". Ignoro si tal es el caso de P&eacute;rez &Aacute;lvarez, autor que habla en gallego y escribe en castellano, pero advierto en su uso del idioma una contemplaci&oacute;n "extra&ntilde;ada", de ah&iacute; la tensi&oacute;n a la que somete al lenguaje, su continua innovaci&oacute;n, sus conceptismos, sus neologismos, sus paradojas&hellip; P&eacute;rez &Aacute;lvarez no ve el castellano con los ojos del campesino que contempla su tierra y de la que solo alcanza a atisbar un medio de subsistencia, &eacute;l ve el castellano con fascinaci&oacute;n, con deslumbramiento y consigue transmitir esa fascinaci&oacute;n y ese deslumbramiento al lector en cada frase, en cada palabra, a trav&eacute;s de una iron&iacute;a sutil imbricada tanto en la idea o en la imagen contenidas en &eacute;l como en la propia prosa que las arrastra, ora como torrente, ora como apacible regato. Una prosa que, a veces auto alusiva, se replica a s&iacute; misma o se niega o se auto justifica; cuyas frases juegan, toman carrerilla, se detienen o truncan al pie de lo evidente, frente al t&oacute;pico, al borde del abismo, ante lo inefable. Una prosa que se riza en irisadas volutas o titila en deslumbrantes hallazgos, en un continuo juego, en una sublime travesura que tiene mucho de cervantina. Nada m&aacute;s alejado de la prosa de <em>Nembrot</em> que esa "prosa funcional" que, sin distraer al lector de una trama trepidante, le conduce a un desenlace invariablemente sorpresivo, mecanismo que se asemeja a una v&iacute;a soterrada por la que circula un tren a alta velocidad que te lleva sin demora a tu destino en un trayecto en el que no se ve otra cosa que un t&uacute;nel de hormig&oacute;n s&oacute;lidamente construido. Esa "prosa funcional", que hoy triunfa, es consustancial a un mundo en el que, a algunos, cada vez nos gusta menos vivir.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Nembrot</em> cuenta, intercalando tiempos y voces narrativas, fragmentos de un diario y de una correspondencia fallidos, la historia de amor no resuelta entre Horacio Oureiro y el escritor argentino Ernesto Jorge Bralt Cos&iacute;o, desde la pensi&oacute;n de una poblaci&oacute;n de la costa gallega, que tiene su m&aacute;s claro referente en la venta cervantina, ese espacio donde diversos destinos confluyen propiciando las m&aacute;s variadas, tr&aacute;gicas o vodevilescas, situaciones, conflictos y equ&iacute;vocos. El presente o "lado de ac&aacute;", por emplear la alusi&oacute;n cortazariana, se entrelaza con el "lado de all&aacute;", el Par&iacute;s, el Dubl&iacute;n o la Galicia rural de la infancia, donde las evocaciones de Horacio se proyectan, se alternan y entrecruzan en una narraci&oacute;n que fluye como un r&iacute;o bifurc&aacute;ndose y desdobl&aacute;ndose en m&uacute;ltiples afluentes y en la que sobrenadan como espuma el deseo, la frustraci&oacute;n, el fracaso, la cobard&iacute;a o la impostura. En cuanto a su concepci&oacute;n, baste esta frase de <em>Rayuela</em> (de la que <em>Nembrot </em>reconoce su influencia y a la que, unas veces de forma expl&iacute;cita, otras impl&iacute;cita, homenajea)&nbsp; en la que Cort&aacute;zar, en palabras de Morelli, propone como m&eacute;todo narrativo "la iron&iacute;a, la autocr&iacute;tica incesante, la incongruencia, la imaginaci&oacute;n al servicio de nadie."</p>
<p><em>Nembrot</em> propone un juego literario en el que resulta apasionante implicarse, una celebraci&oacute;n del lenguaje llena paralelismos, simetr&iacute;as y asimetr&iacute;as, reflejos y juegos de espejos entre la realidad y la ficci&oacute;n, entre la literatura y la vida. Si para los fenomen&oacute;logos es la intersubjetividad de todas las miradas y la intencionalidad de todas las conciencias lo que sostiene la realidad, en el mundo de <em>Nembrot</em> la realidad narrativa es un ente literariamente consensuado, una amalgama de voces y referencias que confluyen y encajan siguiendo la t&eacute;cnica del puzzle y del arte combinatorio que propone Perec. De ah&iacute; que, en virtud de un inexorable principio de indeterminaci&oacute;n, esa realidad ficcionalmente consensuada que es Mondo&ntilde;edo se desdibuje y se diluya cuando nadie lee a Cunqueiro. Doble homenaje al autor de <em>Merl&iacute;n e familia</em> y al Torrente Ballester que cre&oacute; en su <em>Saga/Fuga</em> el inestable territorio supeditado al consenso de Castroforte de Baralla. De ah&iacute; que el personaje m&aacute;s enigm&aacute;tico y demi&uacute;rgico de la novela, el se&ntilde;or Uno, maese Pedro cervantino con su teatrillo de titiritero, reproduzca un mal&eacute;fico juego de espejos donde la realidad se desdobla en esa par&oacute;dica <em>mise en abyme</em> que constituye el di&aacute;logo de la literatura con la literatura.</p>
<p>Pero <em>Nembrot </em>no es solo una gran novela, es tambi&eacute;n un ejercicio absoluto de libertad literaria, la obra de un autor que escribe sin condicionamientos ni consideraciones ajenas a la propia literatura. Y como ya sabemos toda libertad implica riesgo. Pensando en el enorme ejercicio de libertad que supone <em>Nembrot</em> me viene a las mientes otra novela cuya similitud inmediata con la que aqu&iacute; nos ocupa es la absoluta libertad que supone su escritura, me refiero a <em>Infinite Jest</em> de Foster Wallace, un libro sobre el que han corrido r&iacute;os de tinta y acerca del cual todo el mundo, autores, editores y cr&iacute;ticos, tienen alguna frase de encomio en la boca. Y uno se pregunta &iquest;cu&aacute;ntos editores espa&ntilde;oles hubieran publicado esa novela de no haber llegado avalada por el aura de prestigio con que lleg&oacute; pasada por el filtro de una cr&iacute;tica americana que, a diferencia de la de aqu&iacute;, a&uacute;n goza al parecer de cierta independencia? Uno se pregunta &iquest;cu&aacute;ntos editores hubieran publicado <em>La broma infinita</em> de haberse escrito en este pa&iacute;s por un autor espa&ntilde;ol? No responder&eacute; a una cuesti&oacute;n tan obvia. Solo dir&eacute; que para editar obras escritas con la libertad de <em>La broma infinita</em>, <em>Nembrot</em> o <em>Reivindicaci&oacute;n del Conde don Juli&aacute;n </em>(de la cual el propio Goytisolo ha expresado dudas respecto a si hoy en d&iacute;a hallar&iacute;a editor) se necesitan editores capaces de asumir riesgos y hacer uso de una libertad e independencia en consonancia. Ese fue el caso de Sergio Gaspar que asumi&oacute; la edici&oacute;n de <em>Nembrot</em> en DVD Ediciones en 2002 y en la que supo ver una gran obra por encima de cualquier consideraci&oacute;n espuria. Ese es el merito de Teresa Garb&iacute;, la editora de Uno y Cero, que acomete hoy la publicaci&oacute;n de la novela en formato digital. Y a uno no le queda m&aacute;s remedio que saludar este gran hito de libertad y celebrar su reaparici&oacute;n con el inmenso regalo que supone la lectura y la relectura de ese monumento literario que es <em>Nembrot</em>.</p>
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<p><em>Nembrot</em>. Jos&eacute; Mar&iacute;a P&eacute;rez &Aacute;lvarez. Uno y Cero Ediciones, 2014.</p>
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      <pubDate>Tue, 10 Jun 2014 09:50:45 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La ciencia según Stanislaw Lem]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-ciencia-segun-stanislaw-lem/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Junio/stanislaw.jpg" alt="" /></p>
<p>Lo asegura Ricardo Piglia en alg&uacute;n sitio de <em>Cr&iacute;tica y ficci&oacute;n</em>: las novelas de detectives &ndash;no confundir con la serie negra&ndash; no se resuelven gracias a la inmersi&oacute;n del investigador en el entorno criminal sino a su distanciamiento. A &eacute;ste le basta con recoger unas pocas pruebas en el lugar del crimen y con la valoraci&oacute;n de los interrogatorios para fabricar, desde su escritorio, una soluci&oacute;n antes de que se cometa el siguiente asesinato. Su principal arma es la l&oacute;gica deductiva y la audacia, dando la impresi&oacute;n de que el enigma se puede despejar a golpe de raz&oacute;n pura. Visto as&iacute;, m&aacute;s que narraciones ser&iacute;an tests psicot&eacute;cnicos para adultos.</p>
<p>Pero esta consideraci&oacute;n resulta falsa, porque las novelas de detectives s&oacute;lo presentan problemas racionales en apariencia. Las trampas del lenguaje, de la estructura narrativa, del uso de la elipsis y de otros rudimentos literarios hacen que, por m&aacute;s que parezca que el misterio se encuentra al alcance del lector, por mayor coeficiente intelectual que movilice, &eacute;ste nunca logre su desentra&ntilde;amiento. Demasiadas veces las novelas de detectives han abusado de sus propias argucias para generar efectos sorpresa y priorizar el ingenio &ndash;para la producci&oacute;n de espect&aacute;culo&ndash; sobre otras v&iacute;as m&aacute;s interesantes (por ejemplo, la discusi&oacute;n racional sobre cualquier aspecto de la condici&oacute;n humana o sobre su problem&aacute;tica social). Esto resulta llamativo porque, si bien es cierto que estamos hablando de una literatura que siempre ha buscado el r&eacute;dito comercial, no lo es menos que desde el punto de vista narratol&oacute;gico un g&eacute;nero propone una estructura y una est&eacute;tica que, a fin de cuentas, se puede modificar y hasta perturbar de acuerdo con otros fines.</p>
<p>Pues bien, fines art&iacute;sticos o intelectuales fue lo que precisamente Stanislaw Lem (Polonia, 1921 - 2006) persigui&oacute; a lo largo de su vida utilizando los materiales &ldquo;pobres&rdquo; &ndash;las comillas son importantes&ndash; de la ciencia ficci&oacute;n. Desconocemos si sigui&oacute; este peculiar camino por convicci&oacute;n &ndash;era un lector declarado de Borges, tan aficionado a las novelas de entretenimiento&ndash; o porque esa estrategia constitu&iacute;a la mejor burla de la censura polaca. Pero s&iacute; que sabemos que, bajo el ropaje de la ciencia ficci&oacute;n, Lem desmont&oacute; cuantas convenciones literarias se pusieron a tiro y levant&oacute; una severa cr&iacute;tica a la ciencia de su &eacute;poca. Este cuestionamiento epistemol&oacute;gico, por muy temperamental que se mostrara su autor en sus escritos, no era estrictamente visceral sino que estaba concebido para atacar subliminalmente el r&eacute;gimen socialista &ndash;recuerden, &ldquo;cient&iacute;fico&rdquo;&ndash;, al tiempo que postulaba una visi&oacute;n del ser humano, esa minucia biol&oacute;gica de pretensiones racionales inserta en un universo enigm&aacute;tico e ind&oacute;mito. Quien le haya echado un ojo a textos como <em>Solaris</em> o <em>Ed&eacute;n</em> sabe que estas ficciones cuestionaban duramente el antropomorfismo, la soberbia de la comunidad cient&iacute;fica as&iacute; como sus metodolog&iacute;as.</p>
<p>Pero volvamos a las lupas. En 1959, Lem public&oacute; <em>La investigaci&oacute;n</em>, que sigue el esquema narrativo de las novelas de detectives y presenta algunos componentes del g&eacute;nero de terror. Es decir, hay un enigma, hay un detective, hay un departamento de polic&iacute;a, hay pruebas materiales y hay un apremio para hallar una soluci&oacute;n. Pero no se trata, como decimos, de un texto que prescriba el simple entretenimiento. De modo similar a como oper&oacute; Henry James en su <em>nouvelle</em> <em>La figura de la alfombra</em>, la intriga polic&iacute;aca configura s&oacute;lo un soporte, un cauce. Por mucho que en el texto se detallen las pesquisas de un investigador que debe resolver un raro caso de desaparici&oacute;n de cad&aacute;veres en Londres, resulta f&aacute;cil darse cuenta que aqu&iacute; no interesa cuadrar los detalles de la intriga (de hecho, no encajan). Y no interesa porque ese objetivo irrisorio, pedestre y hasta sentimental que es la captura del malo (el malo: figura pat&eacute;tica m&aacute;s merecedora de piedad que de ira) supone una ambici&oacute;n raqu&iacute;tica si se la compara con la verdadera pretensi&oacute;n del libro.</p>
<p>Y es que <em>La investigaci&oacute;n</em> no s&oacute;lo pone en entredicho el car&aacute;cter previsible de ciertos g&eacute;neros (cuesti&oacute;n en la que a Lem debe de considerarse un pionero, por cierto), sino que enuncia a las claras que su aut&eacute;ntico &aacute;mbito de discusi&oacute;n es el cuestionamiento cient&iacute;fico. El escritor Javier Fern&aacute;ndez explic&oacute; en el dossier que la revista <em>Quimera</em> dedic&oacute; al genio polaco que los tres personajes principales de la novela &ndash;el investigador, un cient&iacute;fico y el jefe de polic&iacute;a&ndash; encarnan tres metodolog&iacute;as cient&iacute;ficas. El primero opera seg&uacute;n el m&eacute;todo deductivo, el segundo sigue el inductivo y el tercero utiliza el m&eacute;todo hipot&eacute;tico deductivo. La novela no dispone acontecimientos para incrementar paulatinamente la conmoci&oacute;n del lector ni trata tampoco de resaltar la agilidad de un detective que le enmienda la plana a las fuerzas de seguridad del Estado, inh&aacute;biles en su cometido de velar por la seguridad ciudadana. Aqu&iacute; la narraci&oacute;n sigue el decurso de los tres personajes. Es decir, ense&ntilde;a, con pelos y se&ntilde;ales, la naturaleza de su pensamiento, el distanciamiento de su modelo te&oacute;rico respecto a una realidad que se presenta amorfa e incognoscible, pero, sobre todo, hace hincapi&eacute; las limitaciones de sus hip&oacute;tesis. La primera consecuencia de esto es que la intriga es m&iacute;nima. Al lector no se le desboca el coraz&oacute;n y sus retinas no persiguen letras a la vuelta de cada p&aacute;gina. Todo lo contrario: hay que detenerse en muchos p&aacute;rrafos para valorar que lo que cada personaje propone supone un acercamiento epistemol&oacute;gico a la resoluci&oacute;n de un problema de orden policial y que puede extrapolarse sin problemas a otros &aacute;mbitos.</p>
<p>La segunda consecuencia es que, siendo <em>La investigaci&oacute;n</em> una novela que se desv&iacute;a de la tradici&oacute;n detectivesca, lanza una severa reflexi&oacute;n sobre las certidumbres cient&iacute;ficas que no s&oacute;lo soportan el conocimiento sino tambi&eacute;n sus innumerables aplicaciones t&eacute;cnicas, el modo en que se habita el planeta y hasta el posicionamiento engre&iacute;do del ser humano en el universo. Lo que ilustra de una manera m&aacute;s que inspirada Lem es que si uno pretende inventariar la fauna oce&aacute;nica y sale a alta mar con una red de agujeros de un metro cuadrado de dimensi&oacute;n, s&oacute;lo capturar&aacute; peces enormes. Con lo cual, su estudio del mar yerrar&aacute;, porque el investigador difundir&aacute; la idea de que los mares s&oacute;lo los habitan delfines y atunes. Esto mismo es <em>La investigaci&oacute;n</em>: un aviso sobre los l&iacute;mites del conocimiento humano, una l&uacute;dica puesta en duda de los mecanismos de obtenci&oacute;n del conocimiento y sus aplicaciones. La ciencia, parece decir Lem, m&aacute;s que un c&oacute;digo preestablecido de aproximaci&oacute;n a la realidad, deber&iacute;a partir de una apertura lo m&aacute;s amplia posible de posibilidades y de un reconocimiento de las limitaciones intr&iacute;nsecas del hombre.</p>
<p>Y luego, hacia el final de la novela, encontramos corrupci&oacute;n, torpeza y negligencia. Es decir, la inevitable caricaturizaci&oacute;n de los &oacute;rganos de seguridad que todo esp&iacute;ritu libre difunde sin descanso.- ROBERTO VALENCIA.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Stanislaw Lem, <em>La investigaci&oacute;n</em>,<strong> </strong>traducci&oacute;n de Joanna Orzechowska, Madrid, Impedimenta, 2011.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 10 Jun 2014 09:46:08 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Turia" publica inéditos de grandes autores internacionales]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-publica-ineditos-de-grandes-autores-internacionales/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2014/eleanorcatton500.jpg" alt="" /></p>
<p align="left"><strong>EL VERDADERO Y DESCONOCIDO CONDE DE MONTECRISTO</strong></p>
<p align="left">&nbsp;</p>
<p>El periodista y escritor estadounidense Tom Reiss (Nueva York, 1964) nos cuenta en &ldquo;El conde negro. Gloria, revoluci&oacute;n, traici&oacute;n y el verdadero conde de Montecristo&rdquo; la historia del general Alejandro Dumas. Un personaje que, nacido en Hait&iacute;, mulato y bien parecido, fue diestro con la espada y padre del autor de novelas como &ldquo;El Conde de Montecristo&rdquo; o &ldquo;Los Tres Mosqueteros&rdquo;. Su biograf&iacute;a es digna de las fascinantes aventuras literaria que cre&oacute; su hijo.</p>
<p align="left">&nbsp;</p>
<p>&ldquo;El conde negro&rdquo; obtuvo el Premio Pulitzer en 2013 y este pr&oacute;ximo oto&ntilde;o ser&aacute; editada en Espa&ntilde;a por Anagrama. Ahora, la revista TURIA ofrece un amplio anticipo de una obra que ha causado un notable impacto entre los lectores en aquellos pa&iacute;ses donde se ha traducido.</p>
<p align="left">&nbsp;</p>
<p>Hijo de un arist&oacute;crata franc&eacute;s y una esclava negra, Alejandro Dumas se convirti&oacute; en general poco despu&eacute;s de la Revoluci&oacute;n Francesa. Su trayectoria nos habla de un personaje de gran destreza como estratega militar, que destac&oacute; en el combate y que lleg&oacute; a rivalizar con el mism&iacute;simo Napole&oacute;n. Luego languideci&oacute; en un calabozo durante dos a&ntilde;os y los recuerdos de esa aciaga experiencia inspiraron los avatares de Edmundo Dant&eacute;s, el protagonista de la famosa novela &ldquo;El Conde de Montecristo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tom Reiss investig&oacute; en archivos oficiales y privados de Francia y recuper&oacute; su historia en una biograf&iacute;a que est&aacute; siendo muy celebrada por cuanto probar&iacute;a Edmundo Dant&eacute;s no fue un personaje de ficci&oacute;n sino que est&aacute; inspirado en el primer general mulato del ej&eacute;rcito franc&eacute;s. Seg&uacute;n su bi&oacute;grafo, &ldquo;sus haza&ntilde;as militares inspiraron las aventuras de&nbsp; los mosqueteros y su terrible experiencia en el calabozo, &ldquo;El Conde de Montecristo&rdquo;. El general Dumas muri&oacute; de c&aacute;ncer a los 43 a&ntilde;os, cuando su hijo Alejandro s&oacute;lo ten&iacute;a cuatro y su nombre se fue difuminando en la historia, aunque dej&oacute; huella e inspiraci&oacute;n en la obra del novelista. Curiosamente, la &uacute;nica estatua que recordaba en Francia las haza&ntilde;as del general mulato fue destruida por los nazis cuando invadieron Par&iacute;s en 1940 y nunca fue recuperada pero su nombre sigue grabado entre los h&eacute;roes nacionales que figuran en las columnas del Arco de Triunfo.</p>
<p align="left">&nbsp;</p>
<p align="left"><strong>ELEANOR CATTON, LA REVELACI&Oacute;N DE LAS LETRAS BRIT&Aacute;NICAS</strong></p>
<p align="left">&nbsp;</p>
<p>Eleanor Catton, es una escritora que con s&oacute;lo 28 a&ntilde;os ha conseguido uno de los premios literarios m&aacute;s codiciados de la lengua inglesa: el Man Booker, dotado con 50.000 libras (59.200 euros). Se convierte as&iacute; en la autora m&aacute;s joven que lo obtiene con la que es la segunda novela de su carrera. Adem&aacute;s, con su novela &ldquo;Las luminarias&rdquo; la escritora neozelandesa nacida en Canad&aacute;, obtiene otro r&eacute;cord: las 832 p&aacute;ginas de su obra la convierten en la obra m&aacute;s voluminosa en ganarlo.</p>
<p align="left">&nbsp;</p>
<p>Est&aacute; previsto que la novela &ldquo;Las luminarias&rdquo; sea editada en Espa&ntilde;a por Siruela en enero de 2015. Mientras llega esta esperada novedad narrativa, la revista TURIA brinda a los lectores el primer cap&iacute;tulo de esta extensa y alabada obra literaria de Eleanor Catton.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Seg&uacute;n la cr&iacute;tica brit&aacute;nica, Eleanor Catton ha conseguido con &ldquo;Las luminarias&rdquo; una novela deslumbrante y monumental, construida al estilo de la gran tradici&oacute;n de la novela del siglo XIX y alrededor de la astrolog&iacute;a como uno de los elementos principales. Situada en la Nueva Zelanda del citado siglo XIX, esta novela hist&oacute;rica se enmarca en el mundo de los buscadores de oro y gira en torno a un personaje llamado Walter Moody que ha llegado a la isla para hacer fortuna con el metal precioso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para el presidente del jurado del premio Man Booker, &ldquo;Las luminarias&rdquo; es una novela &ldquo;magn&iacute;fica, maravillosa en su compleja estructura, adictiva en su narraci&oacute;n y m&aacute;gica en la forma en que evoca un mundo de codicia y oro&rdquo;.</p>
<p align="left">&nbsp;</p>
<p align="left"><strong>UNA GRAN POETA AUSTR&Iacute;ACA DESCONOCIDA EN ESPA&Ntilde;OL</strong></p>
<p align="left">&nbsp;</p>
<p>En el apartado que TURIA dedica a la poes&iacute;a, este nuevo n&uacute;mero descubre al lector en espa&ntilde;ol a una gran autora pr&aacute;cticamente desconocida en nuestro idioma: la austr&iacute;aca Friederike Mayr&ouml;cker. Sin embargo, tal y como nos recuerda su traductor Jos&eacute; Luis Reina Palaz&oacute;n, Mayr&ouml;cker es &ldquo;la m&aacute;s prestigiosa poeta actual de lengua alemana, tres veces candidata al Nobel y con todos los premios imaginables desde el B&uuml;chner al Gran Premio del Estado Austr&iacute;aco&rdquo;.</p>
<p align="left">&nbsp;</p>
<p>Friederike Mayr&ouml;cker &ldquo;sigue escribiendo cada d&iacute;a a sus 89 a&ntilde;os en un amplio piso de la calle Zenta de Viena&rdquo;. Ahora, la revista TURIA ofrece una antolog&iacute;a po&eacute;tica de una autora que ha practicado todos los g&eacute;neros: poes&iacute;a, ensayo, novela, teatro radiof&oacute;nico, libros infantiles...</p>
<p align="left">&nbsp;</p>
<p align="left">En&nbsp; la&nbsp; nota&nbsp; introductoria&nbsp; que&nbsp; TURIA&nbsp; publica&nbsp; junto&nbsp; a sus poemas, se nos asegura que &ldquo;quien lee textos de Friederike Mayr&ouml;cker se debe entregar a ellos y seguir sus movimientos, sin preguntar enseguida por el sentir y el mensaje. La significaci&oacute;n surge de los sonidos y para cada lector se da, si es abierto y sabe o&iacute;r, una significaci&oacute;n propia. Es una escritura que consume y recrea, recoge y amenaza, causa dolor y extiende alegr&iacute;a&rdquo;.</p>
<p align="left">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA, que cuenta ya con m&aacute;s de 30 a&ntilde;os de trayectoria,&nbsp; ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia. De periodicidad cuatrimestral, est&aacute; editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este nuevo n&uacute;mero cuenta tambi&eacute;n con el patrocinio las Cortes de Arag&oacute;n y la Obra Social de IberCaja.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 09 Jun 2014 06:07:15 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pasillos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/pasillos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Junio/matiascandeira.jpg" alt="" /></p>
<p>Porque te llamas Sof&iacute;a, &iquest;verdad? As&iacute; es como le dijiste que te llamabas a aquel t&iacute;o de Seguridad que nos rog&oacute; amablemente que nos identific&aacute;ramos. &iquest;A&uacute;n te acuerdas de c&oacute;mo nos amenazaba con la porra?</p>
<p>Es curioso el modo en que entraste en la vida de este hombre que ahora te habla, sorbi&eacute;ndose las l&aacute;grimas aunque feliz&nbsp;&nbsp; &mdash;bastante feliz&mdash;, porque hoy, martes, no puede o&iacute;r ese <em>tac-tac</em> blandito, pulcro, de tus tacones en el pasillo de los cereales. Para eso hay que esperar toda una semana, hay que armarse de valor. Resulta que aquella tarde estaba apoyado en el carro sin silbar, buscando las latas de at&uacute;n, los yogures, no me acuerdo. Los hombres alegres, puede que no lo sepas, silban s&oacute;lo de vez en cuando; y yo, que me part&iacute; el labio hace muchos a&ntilde;os por no frenar mi vieja bicicleta a tiempo, no hab&iacute;a vuelto a hacerlo hasta que t&uacute; apareciste con ese aire de compradora compulsiva que tienes. Ah, llegaste con tu melena pelirroja en un mo&ntilde;o, tus manos p&aacute;lidas de ayudante de dentista, manos tan ciertas, enfrent&aacute;ndose a octubre, empujando aquel carro de la compra. Y te juro que pens&eacute; que era una suerte haber llegado a ese pasillo donde nosotros dos fuimos a parar.</p>
<p>&iquest;Imaginas que este hombre con el que has corrido hasta el desmayo, que tiene debilidad &mdash;y t&uacute; lo sabes&mdash; por las aceitunas con hueso, ha llegado a quererte por eso que hiciste? Consisti&oacute; en que miraste aquella botella de detergente al fondo del pasillo, tan lejana que casi daba miedo acercarse a mirar el precio. Una &uacute;nica botella de detergente para ricos, y el resto del estante desierto, como si ese objeto lejano fuera igual que el ramo que tiran las novias, un tesoro familiar, como..., no s&eacute;, no s&eacute; lo que digo. &iquest;Y recuerdas que al poco empezaste a suspirar y despu&eacute;s te mordiste ligeramente el labio, provoc&aacute;ndome? De pronto me encontr&eacute; corriendo como un ni&ntilde;o que persiguiera un perrillo blanco y su pelota, corriendo junto a ti, todo por ese est&uacute;pido detergente listo para entrar en la vida de cualquiera, en nuestra vida. Y esa primera vez me pregunt&eacute; si tu repentino tropez&oacute;n fue a prop&oacute;sito, para ver c&oacute;mo ganaba la carrera, conferirme el privilegio de ser tu enemigo, qu&eacute; s&eacute; yo. Bueno, tambi&eacute;n lament&eacute; toda la noche haberte puesto la zancadilla, pero lo cierto es que pens&eacute; en ti, y que esas piernas finas tuyas, como las varas de un equilibrista, pod&iacute;an aguantar cualquier cosa.</p>
<p>Con aquel bote de detergente en la mano, mientras gritaba y elevaba los brazos y todo el mundo ten&iacute;a la vista puesta en m&iacute;, recuerdo que sent&iacute; algo dentro, algo muy grande, si te soy franco; puede que algo que, de tantos a&ntilde;os ya sin ello, se me hubiera perdido en el cuerpo, o en la memoria, no lo s&eacute;, y nunca me acordara. Ni siquiera sabr&iacute;a explicarlo. Todo fue porque decid&iacute; cederte el bote y t&uacute;, en aquel momento, te re&iacute;ste un poquito. Yo lo vi, Sof&iacute;a. As&iacute; empezamos, &iquest;recuerdas? Tienes que acordarte, por favor. Lo cierto es que no puedo imaginarme un lunes diferente del que vivimos nosotros: con derrapes de los carros, con las zancadillas rastreras, con todos esos insultos en voz baja mientras nos hinchamos de risa &mdash;bastardo... puta... vas a tragarte esa lata de tomate&mdash;. Es verdad que no soy muy ambicioso, que eso me bastar&iacute;a, por ejemplo, para todos los desayunos que me quedan por vivir. Y no me quejo, sabes que no. En el fondo, desde que nos conocimos, t&uacute; siempre fuiste la m&aacute;s visionaria, y por eso creo que aquel lunes, no muchos meses despu&eacute;s de la primera carrera, gritaste delante de todo el mundo que yo<strong> </strong>me<strong> </strong>hab&iacute;a meado en el estante de los chocolates.<strong> </strong>Me digo que a lo mejor te preguntaste:<strong> </strong>&iquest;Por qu&eacute; no mejorar el m&eacute;todo? &iquest;Qu&eacute; tal si nos divertimos un poco m&aacute;s? Ahora que estoy sentado pienso en todo aquello, en nosotros &mdash;hay que ver lo curioso que es el sonido de esa palabra en una cocina vac&iacute;a&mdash;, en c&oacute;mo hemos acabado haciendo carreras mortales donde al final, puede que sea tirado en una esquina con los tobillos hinchados, o quiz&aacute;s dando esos alaridos de dolor (bueno, reconozco que tambi&eacute;n hay algo de felicidad), yo te quiero, Sof&iacute;a, toda entera, con tu nombre de catedral famosa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No es que quiera elegir un momento, enti&eacute;ndeme. &iquest;Podr&iacute;a? Si me esforzara, &iquest;llegar&iacute;a a acomodarlo en mis manos y mirarlo fijamente con admiraci&oacute;n? &iquest;Est&aacute;s segura? Recuerda que existen tantos momentos como pasillos, como cajas registradoras, como esos guardias de seguridad precavidos que rondan cerca. Acu&eacute;rdate de que me haces un hombre feliz&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &mdash;palabra, Sof&iacute;a, palabra&mdash; cuando me tiras un bote de cacao o un paquete de latas y te las arreglas para conseguir que se queden encajados entre mis piernas y casi me parta la crisma. Y vale, vale que te gustar&iacute;a verme llorar en el suelo, con la espalda hecha un cirio, rog&aacute;ndote que llames al hospital; pero tambi&eacute;n s&eacute; que te muerdes los labios con ganas cuando abro los paquetes de pur&eacute; y te echo el polvo a los ojos. A veces haces ese teatrito tan tuyo, gritando por el escozor y golpeando los estantes.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si te pregunto algo, &iquest;me dejar&aacute;s?... &iquest;C&oacute;mo lo consigues? Quiero decir, es estupendo verte correr sac&aacute;ndole dos o tres cuerpos de ventaja al t&iacute;o de Seguridad, pero ese tipo debe&nbsp; de hacer pesas, debe incluso correr m&aacute;s que su perro, el pastor alem&aacute;n que lleva siempre pegado a los talones. Aunque yo le distraiga &mdash;porque ya s&eacute; c&oacute;mo es el siseo de su porra en el aire... una porra preciosa, tengo que dec&iacute;rtelo&mdash;, hay que ver c&oacute;mo corres. Tambi&eacute;n es cierto que siempre que le doy un billete, le cambia la cara &mdash;ese hombre se ilumina como un ne&oacute;n&mdash;, y despu&eacute;s hace como que no nos ve y se va a sobarle los botones a la chica de las muestras gratuitas. Pero igualmente, verte correr es igual que contemplar un rayo partiendo un &aacute;rbol, te lo digo en serio. Palabra.</p>
<p>Debes saber que a veces no puedo evitar que esta electricidad del est&oacute;mago que podr&iacute;a encender avenidas &mdash;como un viento c&aacute;lido que proviniera de la felicidad, s&iacute;, eso es, del mism&iacute;simo coraz&oacute;n de la dicha&mdash; se apague. Es cierto, se va, porque cuando termina todo ese correr y empujarse, esos quiebros, llega el turno de la verdadera compra, y es ah&iacute; cuando tengo que verte, he de hacerlo. Observo c&oacute;mo echas unos cuantos potitos al carro. Me pregunto si ella se llamar&aacute; como t&uacute;, si tendr&aacute; tu piel blanca, cosas as&iacute;. Y luego te detienes en esa secci&oacute;n con olor a cuarto de ba&ntilde;o de hotel de provincias y echas las cuchillas de afeitar, la crema, la loci&oacute;n para la piel, y a m&iacute; se me encoge un poco el est&oacute;mago &mdash;qu&eacute; quieres&mdash; y me digo que tengo que estar a mis cosas, que basta de meterme en lo que no me llaman. Entonces pienso que seguramente podr&iacute;a vivir del aire con tal de que todos los d&iacute;as pudiera bajar a destrozar el supermercado contigo.</p>
<p>Cuando sales, me da la impresi&oacute;n de que les has dicho que te esperen en la esquina, que no quieres que investiguen. Eso me gusta. Repartes las bolsas con &eacute;l y, justo ah&iacute;, en ese segundo, me arden las manos, soy igual que un edificio en llamas, un animal observando las estrellas. Nada, Sof&iacute;a, me quedo mir&aacute;ndote hasta que te pierdes en el viento de octubre. Te vas agarrada de su brazo, con la ni&ntilde;a tir&aacute;ndote del pelo o enred&aacute;ndose entre tus piernas. Ella se parece a ti.</p>
<p>No me quejo, porque es s&oacute;lo una semana, &iquest;y qu&eacute; es una semana en la vida de alguien? Nada. S&oacute;lo tengo que esperar al lunes para vengarme, ese tiempo de mi vida en el que est&aacute;s disponible. Acu&eacute;rdate de lo que te digo, &iquest;vale? Es lo &uacute;nico que te pido ahora. Acu&eacute;rdate de la sinceridad mundana, de las magulladuras que hemos pasado juntos y nos han erizado el coraz&oacute;n por un instante, del cari&ntilde;o de este hombre que te habla mirando a la nevera y no tiene palabras m&aacute;s dif&iacute;ciles en el cuerpo. Acu&eacute;rdate, porque ahora tengo que contarte algo m&aacute;s.</p>
<p>Hoy le he preguntado al de Seguridad; Juan, se llama. En el fondo, si se olvida de la porra de goma, es un tipo simp&aacute;tico. Le he dicho que la semana que viene es mi cumplea&ntilde;os y que me gustar&iacute;a organizar algo en el s&uacute;per. Yo s&eacute;, con todo mi coraz&oacute;n &mdash;y con sus partes derruidas&mdash;, que no podr&iacute;a pedirte que subieras a casa. El supermercado, Sof&iacute;a, es m&aacute;s neutral, &iquest;no crees? Algo impresionante, Juan, le he dicho. &Eacute;l sabe de lo que estoy hablando. Hace a&ntilde;os que nadie celebra este d&iacute;a conmigo; son siempre horas oscuras, hay una tarta blanca sobre la mesa de mi cocina, soplo las velas y me grito: &ldquo;Que cumplas muchos m&aacute;s&rdquo;. Entonces miro al patio vac&iacute;o. Miro al patio unas cuantas horas seguidas, hasta que me quedo dormido. De modo que he pensado hacer esto, algo &iacute;ntimo, t&uacute; y yo, s&eacute; que no es mucho. Pero ojal&aacute; vengas, me gustar&iacute;a creer que lo har&aacute;s. &iquest;Prometes que vas a pens&aacute;rtelo? Juan me ha dicho que, por un m&oacute;dico precio, puede hacer que accidentalmente se estropeen las c&aacute;maras de la secci&oacute;n de Congelados. Es un gran tipo este Juan, &iquest;sabes? Ahora, cuando habla conmigo, ya no acaricia la porra.</p>
<p>Intentar&eacute; birlar esas velas moradas que te tir&eacute; a la cara una vez y comprar&eacute; una tarta. Una de esas tartas con crema que, ya sabes, han servido para mis indigestiones, para soplar las velas tantas veces con el coraz&oacute;n en ayunas y dejarla en la nevera despu&eacute;s, hasta ni se sabe cu&aacute;ndo. Y en esa tarde voraz y amarilla que llegar&aacute; el pr&oacute;ximo lunes, Sof&iacute;a, si has aceptado venir&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &mdash;recuerda una vez m&aacute;s todo lo que hemos pasado juntos&mdash; nos acomodaremos en uno de esos compartimentos tan fresquitos; y yo a lo mejor har&eacute; alguna broma est&uacute;pida sobre la merluza congelada, sin tener en realidad demasiado que decir. Despu&eacute;s, siendo sincero, no s&eacute; lo que pasar&aacute;, pero igual, si no es mucho pedir, t&uacute; podr&iacute;as tirarme de las orejas todo lo fuerte que desees, y si Juan se acuerda de bajar las luces&nbsp;&nbsp; &mdash;eso me ha salido un poco m&aacute;s caro, aunque no me importa&mdash;, podr&eacute; soplar las velas de la tarta, una a una, todas esas velas, y casi llorar, desarmarme, cuando a lo mejor te oiga decir: &ldquo;Que cumplas muchos m&aacute;s&rdquo;.</p>
<p>S&oacute;lo quiero eso, ya sabes, un lugar para nosotros &mdash;este cumplea&ntilde;os de mi vida&mdash;, un instante para guardarlo mientras duerma. Hace ya mucho tiempo o&iacute; decir a alguien que toda persona tiene un lugar donde esperar, ser humano, roer la propia angustia junto a otro,&nbsp; y a lo mejor, Sof&iacute;a, este sitio es el m&iacute;o, el pasillo de los Congelados, nuestro lugar. No tengo m&aacute;s que aguantar siete d&iacute;as. Desear que llegue el lunes. Que me tires de las orejas con un poco de sa&ntilde;a y esa noche aceptes una tarta junto a este hombre que te quiere todos los d&iacute;as de este mundo. Esperarte, Sof&iacute;a, mi Sof&iacute;a, eso es todo.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 09 Jun 2014 06:02:21 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Meditación de invierno]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/meditacion-de-invierno/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas24/manuelrico.jpg" alt="" /></p>
<p class="cita"><strong><br /></strong></p>
<p class="cita"><strong><br /></strong></p>
<p class="cita"><strong><br /></strong></p>
<p class="cita"><strong><br /></strong></p>
<p class="cita"><strong><br /></strong></p>
<p class="cita"><strong><br /></strong></p>
<p class="cita"><strong><br /></strong></p>
<p class="cita"><strong><br /></strong></p>
<p class="cita"><strong>(Frente al r&iacute;o Lozoya)</strong></p>
<p class="cita">&nbsp;</p>
<p>Descubro el cielo limpio como nunca lo vimos.</p>
<p>El invierno ha dejado su noticia entre ocre y amarilla</p>
<p>en la orilla del r&iacute;o.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se desliza la tarde y nos ama quiz&aacute; demasiado. Todo el valle,</p>
<p>abierto como un c&aacute;ntaro</p>
<p>bajo la oscuridad de las monta&ntilde;as, nos entrega</p>
<p>su aliento. Nunca la tarde, amor, se nos qued&oacute; tendida</p>
<p>como ahora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Huele el invierno a madera quemada, suenan,</p>
<p>muy a lo lejos, las aguas del Lozoya, esas aguas</p>
<p>que tanto nos salvaron, que hicieron del domingo</p>
<p>tierra s&oacute;lo poblada por nosotros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Son ellos, vivos recipientes donde reconocernos, hijos que elevan</p>
<p>su estatura en el valle y ven el r&iacute;o y se lo apropian,</p>
<p>quienes nos hacen pura conciencia de lo ef&iacute;mero.</p>
<p>Malva</p>
<p>tiene ya siete a&ntilde;os y a sus ojos acuden</p>
<p>todas las estaciones de nuestra historia, todas las sombras</p>
<p>de los fracasos, todas las encogidas luces de un entusiasmo</p>
<p>envejecido y triste. Malva</p>
<p>contempla la arboleda y calla. Tiene</p>
<p>la madurez prematura de las diosas</p>
<p>que am&eacute; en la adolescencia.</p>
<p>Suena el r&iacute;o a lo lejos y ella calla y nos oye,</p>
<p>ronda el viento sus hombros, llega</p>
<p>desde el norte a su cielo,</p>
<p>limpio cielo invernal como no conocimos,</p>
<p>y son hoy menos nuestras su luz y su palabra,</p>
<p>son algo m&aacute;s del aire y de la tierra, algo m&aacute;s del crep&uacute;sculo</p>
<p>que nos huele a humareda y a distancia y es ocre</p>
<p>cual los robles desnudos</p>
<p>o las rocas que asoman, sin musgo, por encima del r&iacute;o.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un a&ntilde;o solamente cumpli&oacute; Jos&eacute; Manuel. Y sabe</p>
<p>levemente a tomillo, a tarde interminable</p>
<p>todav&iacute;a. Corre sobre la hierba helada y nada intuye.</p>
<p>Lo distancia a&uacute;n el tiempo y su inocencia</p>
<p>de la talla maldita de los l&uacute;cidos. Mira al cielo y sonr&iacute;e</p>
<p>y su cielo eres t&uacute; del mismo modo</p>
<p>que es tuya la pureza del aire, la urdimbre transparente</p>
<p>de los fresnos sin hojas, el invierno y la le&ntilde;a</p>
<p>que en ocultas fogatas arde con sigilo</p>
<p>en lugares que tiemblan a lo lejos, s&oacute;lo denunciados</p>
<p>por columnas de humo contra el azul helado</p>
<p>que es cielo protector, c&uacute;pula</p>
<p>sobre el valle y el r&iacute;o, sobre el pi&eacute;lago</p>
<p>de nuestras certidumbres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Muchos a&ntilde;os alientan en la mutua mirada</p>
<p>que hemos hecho codicia y reparto a la vez,</p>
<p>compartida penumbra y luz no congelada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<div><br />
<p class="Cita">&nbsp;</p>
<p class="Cita" style="padding-left: 60px;"><strong><br /></strong></p>
<p class="Cita" style="padding-left: 60px;"><strong><br /></strong></p>
<p class="Cita" style="padding-left: 60px;"><strong><br /></strong></p>
<p class="Cita" style="padding-left: 60px;">&nbsp;</p>
</div>]]></description>
      <pubDate>Thu, 05 Jun 2014 06:13:43 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Anclajes]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/anclajes/</link>
      <description><![CDATA[<p><img style="float: right;" src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Junio/carloscontreras.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="right"><em>&nbsp;</em></p>
<p style="text-align: left; padding-left: 60px;" align="right"><em>A Paula L&oacute;pez Contreras.</em></p>
<p style="padding-left: 60px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 60px;">Ahora que por fin te has apropiado</p>
<p style="padding-left: 60px;">del nombre que escribieron en tu cuna,</p>
<p style="padding-left: 60px;">ahora que te empachas y que duermes</p>
<p style="padding-left: 60px;">y que ajustas despacio tus sentidos</p>
<p style="padding-left: 60px;">mientras la gente acude a vuestra casa</p>
<p style="padding-left: 60px;">para llevar baberos y juguetes</p>
<p style="padding-left: 60px;">-las cosas de las tiendas</p>
<p style="padding-left: 60px;">que no se me permiten-</p>
<p style="padding-left: 60px;">pienso en que un hombre solo, ante un papel,</p>
<p style="padding-left: 60px;">no tiene m&aacute;s que a s&iacute;&nbsp;para ofrecerse.</p>
<p style="padding-left: 60px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 60px;">De modo que,</p>
<p style="padding-left: 60px;">en vista de un quehacer tan poco pr&oacute;spero,</p>
<p style="padding-left: 60px;">me he presentado aqu&iacute;&nbsp;para decirte</p>
<p style="padding-left: 60px;">que aunque la realidad, d&iacute;a tras d&iacute;a,</p>
<p style="padding-left: 60px;">querr&aacute;&nbsp;que te confundas,</p>
<p style="padding-left: 60px;">t&uacute;&nbsp;puedes conseguir que se equivoque.</p>
<p style="padding-left: 60px;">ver&aacute;s que las palabras que a&uacute;n no entiendes</p>
<p style="padding-left: 60px;">pueden contarnos m&aacute;s de lo que expresan;</p>
<p style="padding-left: 60px;">que la nieve se endulza y da calor&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 60px;">si la tocas con alguien a quien amas</p>
<p style="padding-left: 60px;"><em>&nbsp;</em></p>
<p style="padding-left: 60px;">o que la luz usada que en las tardes</p>
<p style="padding-left: 60px;">se hace chispa de polvo en tu balc&oacute;n</p>
<p style="padding-left: 60px;">no es m&aacute;s que la lib&eacute;lula del d&iacute;a</p>
<p style="padding-left: 60px;">incinerada.</p>
<p style="padding-left: 60px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 60px;">La forma en que sucede da lo mismo</p>
<p style="padding-left: 60px;">-lo cl&aacute;sico es so&ntilde;ar (y muy barato:</p>
<p style="padding-left: 60px;">m&aacute;s caro es pretender que se te cumplan&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 60px;">los sue&ntilde;os si no luchas)-</p>
<p style="padding-left: 60px;">pero antes es mejor</p>
<p style="padding-left: 60px;">que sigas el ejemplo de los p&aacute;jaros&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 60px;">emprendiendo tu viaje con lo m&iacute;nimo;</p>
<p style="padding-left: 60px;">que llegues a ser libre</p>
<p style="padding-left: 60px;">sin frecuentar jam&aacute;s el ego&iacute;smo</p>
<p style="padding-left: 60px;">y desconf&iacute;es de los que no puedan&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 60px;">decirte lo que sienten con los ojos;</p>
<p style="padding-left: 60px;">que mientas&nbsp;sin que nadie te descubra</p>
<p style="padding-left: 60px;">porque todos,&nbsp;m&aacute;s tarde o m&aacute;s temprano,</p>
<p style="padding-left: 60px;">nos sorprendemos a nosotros mismos</p>
<p style="padding-left: 60px;">instalados en&nbsp;&uacute;tiles enga&ntilde;os</p>
<p style="padding-left: 60px;">que nos hacen m&aacute;s c&oacute;moda la vida.</p>
<p style="padding-left: 60px;"><em>&nbsp;</em></p>
<p style="padding-left: 60px;">Por lo dem&aacute;s,</p>
<p style="padding-left: 60px;">si un d&iacute;a llega el fr&iacute;o (que lo har&aacute;</p>
<p style="padding-left: 60px;">ya que vivir no cuesta lo que vale)</p>
<p style="padding-left: 60px;">nunca olvides que si mirar atr&aacute;s</p>
<p style="padding-left: 60px;">es de cobardes a la larga es peor</p>
<p style="padding-left: 60px;">no tener d&oacute;nde mirar;</p>
<p style="padding-left: 60px;">que puedes llorar todo lo que quieras</p>
<p style="padding-left: 60px;">sin sentirte por ello avergonzada,</p>
<p style="padding-left: 60px;">pues la vida sin llanto es el suspiro</p>
<p style="padding-left: 60px;">de los que no aprendieron a re&iacute;r;</p>
<p style="padding-left: 60px;">que la sombra nos crece con el cuerpo</p>
<p style="padding-left: 60px;">pero que tienes tiempo de aprender</p>
<p style="padding-left: 60px;">a no dejar al resto ensombrecidos</p>
<p style="padding-left: 60px;">y que</p>
<p style="padding-left: 60px;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; aunque la realidad, d&iacute;a tras d&iacute;a,</p>
<p style="padding-left: 60px;">querr&aacute;&nbsp;que te confundas</p>
<p style="padding-left: 60px;">yo estar&eacute;&nbsp;siempre aqu&iacute;&nbsp;para decirte</p>
<p style="padding-left: 60px;">que t&uacute;&nbsp;puedes hacer que se equivoque.</p>
<p style="padding-left: 60px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 04 Jun 2014 06:30:34 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dame una razón]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/dame-una-razon/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/ARTURO_ACCIO500.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left; padding-left: 450px;">Veo a la gente</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 450px;">preocupada por ser feliz,</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 450px;">les tengo miedo,</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 450px;">har&aacute;n lo que sea por lograr ese objetivo,</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 450px;">amar&aacute;n una bandera</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 450px;">sin importar los colores,</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 450px;">abrazar&aacute;n una idea</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 450px;">sin importar los ideales,</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 450px;">firmar&aacute;n la aniquilaci&oacute;n</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 450px;">mientras no sea la propia,</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 450px;">les tengo miedo,</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 450px;">saben todo de memoria</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 450px;">cualquier cambio los har&aacute; tomar el fusil,</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 450px;">dirigirlo contra quien intente un cambio,</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 450px;">para dejarlo como &uacute;til alfombra</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 450px;">y muestra de su leal virtud.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 04 Jun 2014 06:22:02 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Volar y arder en la poesía de Pilar Blanco]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/volar-y-arder-en-la-poesia-de-pilar-blanco/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/pilarblanco.jpg" alt="" /></p>
<p>Un a&ntilde;o largo despu&eacute;s de la aparici&oacute;n de la antolog&iacute;a de su obra, editada bajo el t&iacute;tulo <em>Con la cal en los dedos</em> por el Instituto Leon&eacute;s de Cultura, llega a nuestras manos la siguiente entrega po&eacute;tica de Pilar Blanco, <em>Alas los labios</em>, recientemente publicada en el sello conquense Ediciones Olcades.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La autora leonesa ha dicho hablando de s&iacute; misma: &ldquo;escribo siempre el mismo libro, un r&iacute;o que fluye y recoge todo lo que encuentra en sus orillas&rdquo;. Pero eso no nos impide apreciar una notable evoluci&oacute;n en su poes&iacute;a. Y es que dejando a un lado su prometedor inicio, aquella <em>Voz primera </em>de 1982 que se sustentaba en un registro personal de claros ecos juveniles y enamorados, sus posteriores libros, que empiezan a publicarse quince a&ntilde;os m&aacute;s tarde, suponen un salto cualitativo en su po&eacute;tica avanzando hacia un territorio fronterizo entre lo intimista y lo eleg&iacute;aco. As&iacute; se escribir&aacute;n sus tres obras siguientes, <em>Vocabulario &iacute;ntimo</em> (1997), <em>Mundos disueltos</em> (1998) y <em>A flor de agua</em> (2000), que delimitan un ciclo de mirada introspectiva en la poeta de Bembibre y cantan descaradamente al dolor, a la ausencia y a la soledad que humanamente se rebela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una segunda etapa de Pilar Blanco se abre con el libro <em>Mar de silencio</em> (2004), al que seguir&aacute;n <em>La luz herida</em> (2004) y <em>Ceniza</em> (2005). Estos t&iacute;tulos, que por su proximidad temporal entre s&iacute; y su afinidad tem&aacute;tica y ling&uuml;&iacute;stica son considerados por la propia escritora como una trilog&iacute;a, establecen un nuevo rumbo para su traves&iacute;a po&eacute;tica. En ellos el lenguaje se barroquiza y el discurso se despoja de la exclusividad del yo para asumir el t&uacute; y el nosotros, la mirada introspectiva de su primera poes&iacute;a se posa ahora en el afuera, en el espacio vital, y hasta el universal, que la rodea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Habiendo pasado casi de puntillas por las distintas etapas previas de la autora, llegamos a la que inicia con su libro <em>El jard&iacute;n invisible</em>, publicado en el a&ntilde;o 2007. La voz de Pilar Blanco vuelve a sorprendernos en su trazado evolutivo a trav&eacute;s de los versos que componen este fundamental poemario. El lenguaje utilizado se suaviza, aunque no renuncia del todo a esa dicci&oacute;n quevediana tan caracter&iacute;stica de sus obras precedentes, y pasan a tomar protagonismo dos conceptos que, si bien pod&iacute;an estar apuntados en algunos momentos de su producci&oacute;n anterior, adquieren ahora una especial dimensi&oacute;n al interconectarse: el de la b&uacute;squeda de la propia identidad y el de la indagaci&oacute;n de la misteriosa naturaleza de la vida. Y como aliada esencial para abrirse paso a trav&eacute;s de esos terrenos tan arduos e inciertos, el sujeto po&eacute;tico se ayuda de la herramienta que sin duda mejor conoce y maneja: la palabra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;La poes&iacute;a m&aacute;s reciente de Pilar Blanco se posiciona pues en una l&iacute;nea existencial y reveladora, entabla un duelo de conocimiento -que quiz&aacute;s intuye de antemano perdido- vali&eacute;ndose del lenguaje como espada con la que cortar la niebla, para seguir avanzando hacia la frontera de la verdad esencial, hacia los dominios inalcanzables del origen cierto de la luz. Y es en esa misma l&iacute;nea donde se sit&uacute;a su nuevo poemario, <em>Alas los labios</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;El libro nos recibe con la formulaci&oacute;n de un conjuro que la poeta parece verter sobre s&iacute; misma: &ldquo;Serenidad/en el decir, / aliento visionario&rdquo;. &ldquo;Serenidad&rdquo; para que los versos no se pierdan en falsos e in&uacute;tiles fogonazos de p&oacute;lvora vac&iacute;a, y &ldquo;aliento visionario&rdquo; para que su mirada se transporte m&aacute;s all&aacute; del primer alcance que refleja la realidad cotidiana y superficial.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;Y esa especie de auto-conjuro funciona perfectamente en cualquiera de las cuatro partes que componen el poemario. En la secci&oacute;n inicial, titulada &ldquo;La grieta en el muro&rdquo;, ya se empiezan a destapar esas virtudes perseguidas por la autora en su brindis po&eacute;tico previo. Se observa el aplomo de las palabras escogidas y la visi&oacute;n trascendental de la mirada que, tal como ha dejado escrito el poeta y cr&iacute;tico Jos&eacute; Luis Morante, encuentra en una simple abertura en el muro de las rutinas y las incertidumbres la posibilidad de un punto de fuga, una senda de interrogaciones para la conciencia. En este sentido podemos leer en el poema &ldquo;Lo que brota y pasa&rdquo; los siguientes versos: &ldquo;Abrir el pozo, / constatar que su hondura / es f&eacute;rtil, / que su humedad propicia y / su cavidad se ofrece. / Esparcir las semillas en sus grietas / para ver si los d&iacute;as / en su piel perseveran o / tal vez / son lo que brota y pasa.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;En la segunda parte de <em>Alas los labios</em>, la introducida por el ep&iacute;grafe &ldquo;Para siempre al borde&rdquo;, se dibuja una especie de juego perverso de tintes nihilistas, en el que la vida intenta vencer el v&eacute;rtigo del tiempo y as&iacute; mantenerse en un enga&ntilde;oso equilibrio mientras camina sobre el abismo de la negaci&oacute;n y el vac&iacute;o. Se trata de una bella, pero dura sucesi&oacute;n de poemas que nos obliga a avanzar como fun&aacute;mbulos pisando alambres y puentes de tablas a la deriva&hellip; &ldquo;Camino / sobre la l&iacute;nea en llamas / que me lleva de d&oacute;nde/a no s&eacute; bien a&uacute;n. / Por no caerme.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;La secci&oacute;n tercera, encabezada por el precioso r&oacute;tulo &ldquo;Sobre la palma del mundo&rdquo;, incide en algunos de los s&iacute;mbolos que mejor vertebran esta nueva entrega po&eacute;tica de Pilar Blanco. Reaparecen las puertas, presentes en distintos momentos claves del libro, a las que la autora se enfrenta con una mezcla de curiosidad y miedo; los p&aacute;jaros y sus alas, significantes claros del intento de elevaci&oacute;n de la mirada por encima de la perspectiva plana que la ata al mundo; los labios y las voces, como signos de sustento de las caricias esperadas y como refugios &uacute;ltimos donde tal vez se oculten las m&aacute;s deseadas respuestas; y la luz, idea recurrente en toda la poes&iacute;a de Pilar Blanco, pero que aqu&iacute; se nos presenta con un vestido nuevo, menos enfrentada al imperio de la sombra y m&aacute;s comprometida consigo misma: &ldquo;Cae la luz / sobre las cosas / y en su lluvia / reverberan los cobres, / se acallan los sonidos, la ebriedad / de la flor en su muerte, / de la tarde en suspenso como hil&aacute;ndose / copo a / copo / mientras toda la luz se tambalea.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;En la cuarta y conclusiva parte del libro, titulada &ldquo;Anegarse&rdquo;, se nos alerta con una turbadora cita de Alejandra Pizarnik: &ldquo;Ella tiene miedo de no saber nombrar lo que no existe.&rdquo; Esta vinculaci&oacute;n entre el lenguaje, al que ya antes hemos identificado con una espada para cortar la niebla, y el enigma, que tras esa barrera de niebla basa su existir en la sospecha de su propia inexistencia, parece llevarnos a un callej&oacute;n sin salida. Y as&iacute; ser&iacute;a si no fuera porque Pilar Blanco, en mitad de la aparente condena que suponen los pasajeros d&iacute;as de b&uacute;squeda, nos regala de pronto ese arrebato de alas, esa mirada desde lo alto que nos cambia la perspectiva y nos altera radicalmente la concepci&oacute;n de la vida: &ldquo;Acaso es estar viva / y plena en la conciencia de la fugacidad. / Para brillar un siglo, / para estallar en llama y en aromas, / para tejer con sal la marea y sus peces, / ser la mujer que hablaba con los p&aacute;jaros.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;Mediante esa misma aventura de salvaci&oacute;n a&eacute;rea, que no pretende desvirtuar la vida, sino reinterpretarla por elevaci&oacute;n, se nos invita a otorgar valor de eternidad al presente, donde quiz&aacute;s residan la &uacute;nica prueba y la sola raz&oacute;n que den verdadero sentido al don de la existencia. Y ah&iacute; precisamente, en mitad del presente eterno, caben y surgen unos casi retadores versos de ofrecimiento, los del poema titulado &ldquo;Beso&rdquo;: &ldquo;No es preciso que explique / cu&aacute;nta agua necesita el pen&uacute;ltimo pez, / cu&aacute;nto aire la &uacute;ltima cometa, / o cu&aacute;nto sol el vientre de la espiga. / Ac&eacute;rcate a mis labios, / bebe, late; / arde en ellos.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;Alas y labios, pues, son los elementos necesarios para volar y arder, para llenar de aire y de luz viva los territorios oscuros que ejercen su tiran&iacute;a alrededor de nuestras conciencias, para aprender a gozarnos y a consumirnos en la plenitud de este mundo, &uacute;nico que conocemos y &uacute;nico que al fin se nos entrega. Empecemos a pensar en ello bajo el influjo de las palabras de esta poeta, leonesa por tres de sus costados y alicantina por el cuarto, que con tanta autenticidad lo cree y con tanto talento nos lo escribe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pilar Blanco, Alas los labios, Ediciones Olcades, Cuenca, 2014.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 03 Jun 2014 07:07:28 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cobra]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/cobra/</link>
      <description><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/Febrero/ENRIQUE_JUNCOSA_2.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 540px;">Son los bellos cantantes tropicales</p>
<p style="padding-left: 540px;">Endiablados &aacute;ngeles azules.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Veneraron serpientes tibetanas,</p>
<p style="padding-left: 540px;">Entregados a p&aacute;jaros y falos.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Rieron, bailaron, no poco sensibles:</p>
<p style="padding-left: 540px;">Ojos pintados, mimesis y cisnes.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">Son ellos santas exc&eacute;ntricas, beatas,</p>
<p style="padding-left: 540px;">Ardientes m&iacute;sticas estructurales.</p>
<p style="padding-left: 540px;">Relojes, analectas ya convulsas,</p>
<p style="padding-left: 540px;">D&eacute;cimas recitadas, sones nocturnos,</p>
<p style="padding-left: 540px;">Und&eacute;cimo placer procaces linos</p>
<p style="padding-left: 540px;">Y mil camas y &eacute;mbolos y cielos.</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 540px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 510px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 03 Jun 2014 06:59:12 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Turia" obtiene el reconocimiento del hispanismo norteamericano]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-obtiene-el-reconocimiento-del-hispanismo-norteamericano/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/2014/portadacuadernos300.jpg" alt="" /></p>
<p>En el editorial que escribe la m&aacute;xima responsable de &ldquo;Cuadernos de ALDEUU&rdquo; se destaca tambi&eacute;n que &ldquo;TURIA posee un valor innegable en el contexto espa&ntilde;ol de los &uacute;ltimos 30 a&ntilde;os. Con el prop&oacute;sito de ser un ejercicio v&aacute;lido de pluralidad intelectual, TURIA es notable por la calidad de sus contribuidores y el n&uacute;mero y variedad de sus publicaciones. Los logros de esta publicaci&oacute;n destacan, adem&aacute;s, porque no se afilian con ninguno de los grandes centros, como Madrid o Barcelona, sino con Teruel, en Arag&oacute;n. Su labor ha sido reconocida con varios premios, entre los que destaca el Nacional de Literatura de Fomento de la Lectura (2002). Es un placer para &ldquo;Cuadernos de ALDEUU&rdquo; divulgar una publicaci&oacute;n con cuyos objetivos concuerda&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El art&iacute;culo sobre TURIA fue encargado por ALDEUU al profesor de la Universidad de Zaragoza Juan Villalba Sebasti&aacute;n, uno de los m&aacute;s asiduos colaboradores de la revista turolense. En su texto, el autor subraya que &ldquo;una revista cultural es un term&oacute;metro de las letras de un pa&iacute;s, su existencia es una radiograf&iacute;a de la misma cultura en la que arraiga o muere. La trayectoria vital de TURIA supone un precipitado esencial de las letras, el arte y el pensamiento de los &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os en la Espa&ntilde;a del cambio democr&aacute;tico, del falso triunfo econ&oacute;mico, del gigante con los pies de barro que hoy sufre y comienza a reconocer su realidad sobrevenida de nuevo rico arruinado&rdquo;.</p>
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<p>&ldquo;Cuadernos de ALDEUU&rdquo; es una revista editada por la Asociaci&oacute;n de Licenciados y Doctores Espa&ntilde;oles en Estados Unidos. Es una de las publicaciones universitarias m&aacute;s apreciadas por los hispanistas norteamericanos y en ella los miembros de la citada entidad o los colaboradores seleccionados publican, tanto en espa&ntilde;ol como en ingl&eacute;s, art&iacute;culos, notas, trabajos de creaci&oacute;n y rese&ntilde;as sobre temas relativos a Espa&ntilde;a y el mundo hisp&aacute;nico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ALDEEU es una asociaci&oacute;n de licenciados, doctores y otros profesionales de origen espa&ntilde;ol que ejercen su actividad en Estados Unidos. Fue fundada en 1980 para servir de lazo de uni&oacute;n entre los emigrantes espa&ntilde;oles, as&iacute; como para promover la historia y la cultura de Espa&ntilde;a en Norteam&eacute;rica.</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 02 Jun 2014 07:06:53 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Martha Nussbaum: Las capacidades humanas y la vida buena]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/martha-nussbaum-las-capacidades-humanas-y-la-vida-buena/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Junio/marthanussbaum.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>Una pol&iacute;tica centrada en la &eacute;tica</strong></p>
<p><strong></strong>La teor&iacute;a &eacute;tica y pol&iacute;tica de Martha Nussbaum se sit&uacute;a en una l&iacute;nea de continuidad con los planteamientos cl&aacute;sicos de Arist&oacute;teles. La profesora de Chicago comparte con el Estagirita la idea de que el discurso sobre la m&aacute;s adecuada organizaci&oacute;n pol&iacute;tica se apoya en una definici&oacute;n de lo que se considera el bien para el ser humano. En consecuencia, se elabora una teor&iacute;a pol&iacute;tica conectada con la &eacute;tica que parte de una concepci&oacute;n de las capacidades humanas a las que se les asigna especial relevancia para perfilar una noci&oacute;n de lo que significa vivir bien. Ahora bien, en el caso de Nussbaum, su teor&iacute;a se vincula a un ideal <em>eudaimonista</em> adaptado a la Modernidad que actualiza la concepci&oacute;n aristot&eacute;lica, recuperando la importancia del h&aacute;bito, la pr&aacute;ctica y la educaci&oacute;n en el &aacute;mbito de los afectos y experiencia humanos para el desarrollo de una vida floreciente. Tambi&eacute;n destaca en este planteamiento la importancia concedida a las emociones para el razonamiento &eacute;tico. Seg&uacute;n esta investigaci&oacute;n, las emociones constituyen el reflejo del estado de apertura del ser humano hacia aquellos objetos que considera valiosos y que escapan a su completo control, revelando sus limitaciones pero tambi&eacute;n los recursos con los que cuenta para desenvolverse en un mundo de conflictos y azar.</p>
<p><strong>La justicia y el bien</strong></p>
<p><strong></strong>Nussbaum considera que para elaborar una teor&iacute;a de la justicia es preciso contar primero con una teor&iacute;a de la vida buena que permita dar forma espec&iacute;fica a los criterios de distribuci&oacute;n y a las principales instituciones pol&iacute;ticas. Asumiendo que algunas de estas instituciones constituyen los lugares privilegiados de deliberaci&oacute;n sobre los fines de la comunidad, una teor&iacute;a del bien permitir&aacute; evaluar hasta qu&eacute; punto el ordenamiento pol&iacute;tico alcanza su objetivo de facilitar una vida floreciente a los ciudadanos. El punto de partida es que la tarea fundamental del gobierno consiste en poner a la disposici&oacute;n de los miembros de la comunidad pol&iacute;tica los recursos y condiciones necesarias para &laquo;hacer a la gente capaz de vivir bien&raquo;.<a title="" href="#_ftn1">[1]</a> De ah&iacute; que deban identificarse las funciones especialmente importantes en la vida humana, para estar en disposici&oacute;n de examinar si las instituciones sociales y pol&iacute;ticas ofrecen a los ciudadanos lo que necesitan para llevar a cabo un buen funcionamiento humano y, dado el caso, medir si &laquo;se lo est&aacute;n dando de un modo m&iacute;nimo o est&aacute;n haciendo posible que los ciudadanos funcionen bien&raquo;.<a title="" href="#_ftn2">[2]</a></p>
<p>Para definir dicha concepci&oacute;n ser&aacute; necesario efectuar una valoraci&oacute;n que seleccione algunas funciones humanas se&ntilde;al&aacute;ndolas m&aacute;s b&aacute;sicas que otras. Esta selecci&oacute;n, obviamente, puede estar sometida a deliberaci&oacute;n y controversia, pero nos permitir&aacute; guiar la pol&iacute;tica p&uacute;blica en muchas &aacute;reas. En este sentido, por ejemplo Nussbaum indica que para evaluar la &laquo;calidad de vida&raquo; de un pa&iacute;s es preciso contar previamente con un listado de las capacidades humanas que consideramos centrales; para comprender el significado pleno de la escasez, de las dificultades o del sufrimiento requerimos una concepci&oacute;n de lo que significa llevar una vida floreciente. De manera que si no especificamos los &laquo;bienes&raquo; a los que deben tener acceso los ciudadanos y en qu&eacute; grado, &laquo;careceremos de una base adecuada para decir qu&eacute; es lo que falta de las vidas de los pobres, los marginados o los excluidos&raquo;.<a title="" href="#_ftn3">[3]</a></p>
<p>En su art&iacute;culo, &laquo;Aristotelian Social Democracy&raquo;,<a title="" href="#_ftn4">[4]</a> Nussbaum muestra c&oacute;mo su concepci&oacute;n del ser humano y de las capacidades fundamentales que permitir&aacute;n a &eacute;ste llevar a cabo una forma de vida, de acuerdo a lo que se considera digno, conducen a una forma de democracia social. En el modelo pol&iacute;tico que propone, la tarea del buen gobierno superar&aacute; las funciones que tradicionalmente son asignadas en las democracias de corte liberal y, en consecuencia, se garantizar&aacute;n no s&oacute;lo un conjunto de derechos asociados a la libertad, sino tambi&eacute;n a un bienestar elemental.<a title="" href="#_ftn5">[5]</a></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>El valor de los &laquo;bienes externos&raquo;</strong></p>
<p><strong></strong>La concepci&oacute;n de la &laquo;vida buena&raquo; que defiende Nussbaum asume que, al menos, ciertas cosas y personas que escapan al control del agente poseen un valor real. Esta l&iacute;nea de argumentaci&oacute;n difiere de la tradici&oacute;n, que encuentra sus exponentes m&aacute;s influyentes en los fil&oacute;sofos estoicos, seg&uacute;n la cual para alcanzar una vida floreciente debemos desarrollar un modelo de autocontrol de las emociones bajo la supervisi&oacute;n de la raz&oacute;n. Nussbaum considera que esta imagen de autosuficiencia que los estoicos atribuyen al &laquo;sabio&raquo; es una representaci&oacute;n que no se ajusta a la realidad del ser humano, ni al mundo en que &eacute;ste se desenvuelve, lleno de peligros reales dependientes de acontecimientos fortuitos y de apremiantes necesidades de bienes externos.<a title="" href="#_ftn6">[6]</a> As&iacute;, la estadounidense efect&uacute;a una recuperaci&oacute;n de la &eacute;tica de Arist&oacute;teles que, sin renunciar a cierto modelo de autocontrol, incluye en su visi&oacute;n de la &laquo;vida buena&raquo; el valor de algunos bienes externos, aunque siempre en cierta medida. M&aacute;s a&uacute;n, mantiene que el buen pensar y el buen desear no son independientes de las condiciones materiales y sociales, educativas e institucionales, en las que se desenvuelve el agente humano. De ah&iacute; que la tarea del fil&oacute;sofo en tanto que &laquo;trabajador por el bien humano&raquo;<a title="" href="#_ftn7">[7]</a> consista en averiguar cu&aacute;les son estos &laquo;bienes b&aacute;sicos&raquo; que caracterizan el desarrollo humano para describir con mayor precisi&oacute;n las condiciones sociales y pol&iacute;ticas en los que ese desarrollo humano pueda tener lugar.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Una definici&oacute;n &laquo;esencialista&raquo; de las capacidades humanas</strong></p>
<p><strong></strong>Para lograr este cometido, Nussbaum comienza por mostrar a trav&eacute;s de su investigaci&oacute;n una serie de <em>capacidades </em>o <em>funciones</em> que se dan en todas las culturas y definen nuestra humanidad com&uacute;n. Este conjunto de caracter&iacute;sticas constituye una noci&oacute;n &laquo;esencialista&raquo; de la naturaleza humana, o que al menos asume &laquo;que la vida humana tiene ciertos rasgos centrales definitorios&raquo;.<a title="" href="#_ftn8">[8]</a> A la hora de ofrecer esta definici&oacute;n, Nussbaum no apuesta por un fundamento metaf&iacute;sico trascendente para nuestros juicios de valor sobre la realidad humana, sino por una teor&iacute;a que emerge de una investigaci&oacute;n comparada y emp&iacute;rica basada en las autointerpretaciones y autoevaluaciones de los seres humanos en la historia, lo que denomina un &laquo;esencialismo emp&iacute;rico fundado hist&oacute;ricamente&raquo;.<a title="" href="#_ftn9">[9]</a></p>
<p>As&iacute;, para confeccionar la lista de los rasgos centrales del ser humano efect&uacute;a una investigaci&oacute;n evaluativa que &laquo;procede examinando una amplia variedad de comprensiones de s&iacute; mismos que han tenido los pueblos en muchas &eacute;pocas y lugares&raquo;<a title="" href="#_ftn10">[10]</a>. Esta indagaci&oacute;n revela que, a pesar de que existen diferencias evidentes en la forma cultural espec&iacute;fica que adoptan nuestras experiencias fundamentales, &laquo;reconocemos que las experiencias de las personas de otras culturas son similares a las nuestras&raquo;.<a title="" href="#_ftn11">[11]</a> Por consiguiente, en vista de las similitudes que se dan en las diferentes sociedades sobre las interpretaciones de lo humano, se puede obtener una teor&iacute;a que no resulte etnoc&eacute;ntrica, sino que constituya una base para una sinton&iacute;a transcultural.</p>
<p>Este procedimiento, que busca los elementos compartidos por las experiencias de diferentes sociedades en muchos tiempos y lugares diferentes, posibilita la especificaci&oacute;n de ciertas &aacute;reas de universalidad que conducen a su autora a elaborar una &laquo;teor&iacute;a densa y vaga del bien&raquo;.<a title="" href="#_ftn12">[12]</a> La teor&iacute;a de Nussbaum es &laquo;densa&raquo; porque, por un lado, ofrece un listado de bienes b&aacute;sicos m&aacute;s amplio y sustantivo del que las teor&iacute;as liberales suelen reconocer, y porque, por otro lado, soslaya la neutralidad estatal, tan requerida por el credo liberal est&aacute;ndar, al incluir una evaluaci&oacute;n sobre los fines de la vida humana que considera m&aacute;s valiosos. Adem&aacute;s, su lista es lo suficientemente &laquo;vaga&raquo; como para poder ser objeto de aceptaci&oacute;n y posterior concreci&oacute;n seg&uacute;n las diferencias locales y personales.</p>
<p>En s&iacute;ntesis, su teor&iacute;a del bien se articula a trav&eacute;s de dos ejes: el primero remite a las experiencias fundamentales que revelan &laquo;la configuraci&oacute;n de la forma humana de vida&raquo;, o las &laquo;circunstancias constitutivas del ser humano&raquo;, y que se detectan al &laquo;aislar una esfera de la experiencia humana que figura m&aacute;s o menos en cualquier vida humana, y en la que m&aacute;s o menos cualquier ser humano tendr&aacute; que hacer <em>algunas</em> elecciones en vez de otras, y actuar de <em>alguna </em>manera y no de otra&raquo;.<a title="" href="#_ftn13">[13]</a></p>
<p>Despu&eacute;s, el segundo momento de su investigaci&oacute;n consiste en, una vez aisladas las experiencias originarias que definen la esencia de lo humano, identificar el comportamiento excelente dentro de ese &aacute;mbito o funci&oacute;n correspondiente. Este segundo nivel es el que m&aacute;s interesa por sus consecuencias para la pol&iacute;tica p&uacute;blica, pues encomienda la tarea a la legislaci&oacute;n y a la planificaci&oacute;n p&uacute;blicas de potenciar al m&aacute;ximo las capacidades de funcionamiento de los ciudadanos. Por lo tanto, la propuesta se relaciona con el desarrollo de la excelencia humana, esto es, con la acci&oacute;n virtuosa que emerge cuando se efect&uacute;a el comportamiento adecuado en un &aacute;mbito dado de experiencia.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Una defensa de la &laquo;vida buena&raquo; conectada a las &laquo;capacidades&raquo;</strong></p>
<p>Nussbaum sostiene que este &laquo;enfoque de las capacidades&raquo; debe servir de base para &laquo;una teor&iacute;a de los derechos b&aacute;sicos de los seres humanos que deben ser respetados y aplicados por los gobiernos de todos los pa&iacute;ses, como requisito m&iacute;nimo del respeto por la dignidad humana.&raquo;<a title="" href="#_ftn14">[14]</a> Por lo tanto, de acuerdo con este marco te&oacute;rico, se indica que las sociedades debieran garantizar a todos sus ciudadanos un nivel superior al umbral m&iacute;nimo de las siguientes capacidades humanas fundamentales:</p>
<p>1. Respecto a la <em>mortalidad</em>. La capacidad de vivir una vida humana de longitud normal y que la vida no quede tan mermada que no merezca la pena vivirse.</p>
<p>2. Respecto a la <em>corporalidad</em>. La capacidad de tener salud f&iacute;sica (alimento, vivienda, etc.).</p>
<p>3. Respecto al <em>placer</em> y al <em>dolor</em>: La capacidad de mantener la integridad corporal (protecci&oacute;n ante ataques violentos, incluidas las agresiones sexuales y la violencia dom&eacute;stica), capacidad de moverse libremente de unos lugares a otros, posibilidades de satisfacci&oacute;n sexual y de elegir en lo que ata&ntilde;e a la reproducci&oacute;n.</p>
<p>4. Respecto a la <em>cognici&oacute;n</em>. La capacidad de emplear los sentidos, de imaginar, de pensar y de razonar. Implica la necesidad de una educaci&oacute;n adecuada.</p>
<p>5. Respecto a las <em>emociones</em>. La capacidad de sentir apegos hacia cosas y personas que est&aacute;n fuera de uno mismo; amar a quienes nos aman y se preocupan de nosotros, sentir pena por su ausencia; en general, amar, padecer, sentir anhelos, compasi&oacute;n y gratitud.</p>
<p>6. Respecto a la <em>raz&oacute;n pr&aacute;ctica</em>. La capacidad de formarse una concepci&oacute;n del bien e implicarse en reflexiones cr&iacute;ticas acerca de la planificaci&oacute;n de la propia vida. Es pertinente se&ntilde;alar que, en la concepci&oacute;n de Nussbaum, la raz&oacute;n pr&aacute;ctica es fundante respecto a las otras capacidades, porque permite determinar cu&aacute;l es el grado &oacute;ptimo o virtuoso de realizaci&oacute;n de una capacidad.</p>
<p>7. Respecto a la <em>sociabilidad</em>. La capacidad de formar una comunidad con otros seres humanos (reconocer y mostrar preocupaci&oacute;n por otros seres humanos, comprometerse en diversas formas de interacci&oacute;n social, imaginar la situaci&oacute;n de otras personas, tratarse con respeto, etc.).</p>
<p>8. Respecto a la relaci&oacute;n con otras <em>especies</em> y la <em>naturaleza</em>. La capacidad de vivir junto a ella, y respetar a los animales, las plantas y la naturaleza en general.</p>
<p>9. Respecto al <em>humor</em> y el <em>juego</em>. La capacidad de re&iacute;r, jugar y disfrutar de actividades recreativas.</p>
<p>10. Respecto a la <em>individualidad</em>. Se refiere a la capacidad de vivir la propia vida y ostentar cierto control sobre el propio entorno (participar de forma efectiva en las decisiones pol&iacute;ticas que gobiernan la vida, poseer libertad de expresi&oacute;n y asociaci&oacute;n, derecho a la propiedad privada, derechos laborales, etc&eacute;tera).</p>
<p>La autora admite que, en algunos de estos &aacute;mbitos, no queda clara la diferencia entre funcionamiento m&iacute;nimo y funcionamiento excelente; de hecho, en alguno de estos casos, s&oacute;lo se tratar&aacute; de alcanzar el m&iacute;nimo para brindar la oportunidad a los individuos de que hagan uso de su propio poder de elecci&oacute;n y autodeterminaci&oacute;n. Adem&aacute;s, su lista permite una concreci&oacute;n local, pues queda a expensas de los procesos pol&iacute;ticos internos a cada sociedad la especificaci&oacute;n o matizaci&oacute;n de los componentes asignados a las diversas esferas de funcionamiento. Del mismo modo, se admite que otros aspectos pol&iacute;ticos podr&aacute;n ser incorporados a una lista que se declara abierta a los cambios y que, de hecho, ha experimentado cambios desde su origen como resultado de la cr&iacute;tica.<a title="" href="#_ftn15">[15]</a></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>El papel de las emociones</strong></p>
<p><strong></strong>Hasta el momento, se ha expuesto el marco normativo que, en palabras de su autora, podr&iacute;a relacionarse &laquo;bien con una rama liberal del aristotelismo, bien con un tipo de kantismo flexible y orientado a la virtud&raquo;.<a title="" href="#_ftn16">[16]</a> En &eacute;l se asigna un papel fundamental a la capacidad emotiva del sujeto para desarrollar y afinar el sistema de razonamiento &eacute;tico. Para justificar esta aportaci&oacute;n al pensamiento moral, por un lado, se argumenta que las emociones no son meros impulsos irracionales sin ninguna conexi&oacute;n cognitiva; al contrario, se considera que las emociones contienen la expresi&oacute;n de juicios verdaderos o falsos sobre cosas, personas y acciones, que impulsan las elecciones morales. Por otro lado, se admite que las emociones son poderosos motivadores de la acci&oacute;n, al estar caracterizadas por &laquo;su apremio y su calor; su inclinaci&oacute;n a apoderarse de la personalidad e impulsarla a la acci&oacute;n con una fuerza arrolladora&raquo;.<a title="" href="#_ftn17">[17]</a></p>
<p>Quiz&aacute;s por este enorme poder desencadenante de la voluntad, a trav&eacute;s del impulso emocional que es en parte irreflexivo, Nussbaum reconoce que las emociones tambi&eacute;n pueden provocar malas acciones. De hecho, quienes niegan la capacidad de las emociones para contribuir al desarrollo del pensamiento moral, se apoyan en esta ambivalencia de las emociones para desecharlas como facultades de razonamiento &eacute;tico. Sin embargo, frente a esta corriente de pensamiento, la estadounidense defiende una &laquo;teor&iacute;a cognitiva-evaluadora de las emociones&raquo;<a title="" href="#_ftn18">[18]</a>, seg&uacute;n la cual las emociones son evaluaciones o juicios de valor que atribuyen a las cosas y a los seres humanos, que est&aacute;n fuera del control del agente, una gran importancia para su florecimiento. De modo que, aceptando que no puede concederse a las emociones una confianza privilegiada, tampoco pueden ser ignoradas ni expulsadas del sistema de razonamiento &eacute;tico. M&aacute;s bien sucede que las emociones se producen en el pensamiento y su &laquo;alto contenido cognitivo-intencional&raquo; las hace ser &laquo;parte esencial de una interrogaci&oacute;n general acerca de la vida humana buena.&raquo;<a title="" href="#_ftn19">[19]</a></p>
<p>En esta indagaci&oacute;n acerca de las facultades que nos permiten definir los bienes que, a su vez, orientar&aacute;n nuestras disposiciones generales hacia el modo en que concebimos la justicia, la profesora de Chicago atribuye una funci&oacute;n central a dos emociones esenciales que sirven para ligar nuestra imaginaci&oacute;n al bien de los otros y para convertirlos en objeto de nuestro inter&eacute;s profundo: la &laquo;compasi&oacute;n&raquo; y el &laquo;amor&raquo;.<a title="" href="#_ftn20">[20]</a> Su teor&iacute;a mantiene que ambas emociones, a pesar de su potencial para la desigualdad y la parcialidad, pueden constituir una poderosa forma de acrecentar nuestra conciencia &eacute;tica y de comprender el significado humano de una pol&iacute;tica basada en una &eacute;tica de las capacidades.</p>
<p>En este contexto, la <em>compasi&oacute;n</em> ocupa un espacio importante en la tradici&oacute;n &eacute;tica porque suele considerarse que ayuda a las personas a efectuar buenas deliberaciones sobre cuestiones morales y a realizar acciones adecuadas. Sin embargo, para que se produzca un funcionamiento adecuado de esta emoci&oacute;n, ser&aacute; necesario que descanse sobre un conjunto de creencias correctas que regulan, por as&iacute; decir, el marco cognitivo en el que opera la emoci&oacute;n. De este modo, es preciso que la emoci&oacute;n de la compasi&oacute;n cumpla tres condiciones cognitivas que, una vez dadas, adem&aacute;s har&aacute;n imposible no sentir dicha emoci&oacute;n:</p>
<p>1. El juicio de la <em>magnitud</em>. En primer lugar, debe contarse con la creencia de que el sufrimiento del otro es grave, y no trivial. En este sentido, Nussbaum alega &laquo;una constancia llamativa en lo que se consideran los principales desastres a los que se expone la vida humana&raquo;<a title="" href="#_ftn21">[21]</a> que no hace m&aacute;s que poner de manifiesto que &laquo;en la propia emoci&oacute;n est&aacute; impl&iacute;cita una concepci&oacute;n del florecimiento humano y de cu&aacute;les son los principales trances en que se puede encontrar la vida humana&raquo;.<a title="" href="#_ftn22">[22]</a></p>
<p>2. El juicio del <em>inmerecimiento</em>. En segundo lugar, debe compartirse la creencia de que la persona no merece ese sufrimiento. Nussbaum reconoce que las nociones de responsabilidad y de culpa son extraordinariamente variables y que, en consecuencia, este elemento cognitivo de la emoci&oacute;n resulta considerablemente maleable. De ah&iacute; que la virtud de la <em>compasi&oacute;n</em> que refiere descanse sobre cierta representaci&oacute;n del mundo seg&uacute;n la cual las cosas valiosas no siempre est&aacute;n a salvo y bajo control del individuo, sino que a veces pueden resultar da&ntilde;adas por la acci&oacute;n de la fortuna. Por lo tanto, para que el juicio moral que descansa sobre la compasi&oacute;n sea adecuado, se exige &laquo;la creencia de que hay cosas realmente malas que les pueden suceder a las personas, sin mediar ning&uacute;n fallo por su parte, o situ&aacute;ndose m&aacute;s all&aacute; de sus fallos.&raquo;<a title="" href="#_ftn23">[23]</a></p>
<p>3. El juicio <em>eudaimonista</em>. El tercer requisito para que se despierte la compasi&oacute;n es que se deben tomar las penurias de otra persona como algo que afecta al propio florecimiento. Se necesita, pues, que se produzca &laquo;el juicio eudaimonista de que otros (incluso otros distantes) son una parte importante del esquema propio de objetivos y proyectos, importantes como fines en s&iacute; mismos.&raquo;<a title="" href="#_ftn24">[24]</a></p>
<p>Para cumplir con esta tercera condici&oacute;n, digamos que para sentir la emoci&oacute;n de la compasi&oacute;n, bastar&iacute;a con ser conscientes de la afinidad de origen que existe entre todos los seres humanos y considerar la vulnerabilidad o falta de autosuficiencia como algo com&uacute;n a nuestra naturaleza, en base a lo cual nos hallaremos en disposici&oacute;n de aceptar que la suerte del otro podr&iacute;a ser la nuestra.<a title="" href="#_ftn25">[25]</a></p>
<p>En este sentido, tambi&eacute;n resulta primordial cultivar la capacidad de imaginar a los otros. Por ello Nussbaum defiende la importancia de una educaci&oacute;n que, a trav&eacute;s del cultivo de las artes y las humanidades, contribuya al desarrollo de una imaginaci&oacute;n que nos permita percibir a los otros en su riqueza y complejidad.<a title="" href="#_ftn26">[26]</a></p>
<p>A su vez, esta concepci&oacute;n del florecimiento humano tiene repercusiones pol&iacute;ticas, pues, al asumir el hecho de nuestra com&uacute;n vulnerabilidad, en la medida en que asumimos que las personas pueden padecer la privaci&oacute;n de bienes externos importantes, sin que medie ning&uacute;n fallo por su parte, estaremos interesados en garantizar las condiciones necesarias para que pueda darse un funcionamiento positivo general, por lo que promoveremos &laquo;la selecci&oacute;n de principios que eleven los niveles m&iacute;nimos de la sociedad.&raquo;<a title="" href="#_ftn27">[27]</a></p>
<p>Del mismo modo que la <em>compasi&oacute;n</em> ocupa un lugar privilegiado en la concepci&oacute;n &eacute;tica de Nussbaum, su teor&iacute;a defiende que el <em>amor</em> tambi&eacute;n debe formar parte de una vida moralmente aceptable. De hecho, su tesis sostiene que el <em>amor</em> est&aacute; a la base de la <em>compasi&oacute;n</em> porque dota al agente de una apertura orientada hacia objetos externos del mundo que considera valiosos. Adem&aacute;s, el <em>amor</em> puede combatir las emociones de la verg&uuml;enza o del asco &ndash;que puede estar en el origen de ciertas actitudes de rechazo o exclusi&oacute;n&ndash; borrando las fronteras entre las personas y abri&eacute;ndolas a la influencia de los otros, de manera que puede resultar eficaz para apoyar los objetivos de una sociedad liberal y democr&aacute;tica.<a title="" href="#_ftn28">[28]</a></p>
<p>Ahora bien, la tradici&oacute;n filos&oacute;fica ha presentado severas cr&iacute;ticas a esta emoci&oacute;n poniendo en duda su adecuaci&oacute;n para promocionar una sociedad democr&aacute;tica basada en el principio de igual respeto. En concreto, las principales objeciones que se esgrimen contra los v&iacute;nculos del amor se ligan a la excesiva necesidad del otro, al car&aacute;cter vengativo que puede provocar el reconocimiento de esa necesidad y a una estrecha parcialidad del inter&eacute;s. As&iacute; que, para servirnos de las bondades que el amor provoca, habr&aacute; que potenciar una concepci&oacute;n del amor liberada de estas dificultades, enfocando el amor hacia formas m&aacute;s maduras, inclusivas y menos ambivalentes. Con este fin, Nussbam muestra que muchas teor&iacute;as sobre el amor destacan los siguientes elementos que salvan esta intensa emoci&oacute;n de sus principales objeciones:<a title="" href="#_ftn29">[29]</a></p>
<p>1.<em> Compasi&oacute;n</em>: La compasi&oacute;n cimentada por el amor debe albergar y apoyar la compasi&oacute;n social general. Para ello tiene que erigirse sobre las tres creencias comentadas anteriormente que constituyen la emoci&oacute;n compasiva.</p>
<p>2. <em>Reciprocidad</em>: El sentimiento amoroso debe albergar y apoyar relaciones rec&iacute;procas de inter&eacute;s por los dem&aacute;s, en las que las personas se respondan las unas a las otras trat&aacute;ndose como agentes y como fines. En realidad, para que el amor se convierta en una fuerza transformadora de la sociedad la reciprocidad debe extenderse progresivamente, desde la propia relaci&oacute;n de amor er&oacute;tico, hacia el resto de relaciones sociales.</p>
<p>3. <em>Individualidad</em>: Una concepci&oacute;n del amor &eacute;ticamente buena tiene que respetar que los seres humanos son individuos con vidas y cuerpos diferenciados, y vidas propias que vivir.</p>
<p>Nussbaum cree que el acatamiento de estas tres condiciones, erigidos en criterios normativos, librar&iacute;a al amor de sus posibles desviaciones.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Una evaluaci&oacute;n de la propuesta de Martha Nussbaum</strong></p>
<p>El enfoque de Nussbaum ofrece una concepci&oacute;n de los rasgos definitorios de la vida humana que ampl&iacute;a la lista de &laquo;bienes primarios&raquo; se&ntilde;alados por el contractualismo liberal de John Rawls, y ello redunda en la elaboraci&oacute;n de una teor&iacute;a de la justicia distinta. Adem&aacute;s, el procedimiento que utiliza para fundamentar los bienes a los que su teor&iacute;a da cobijo difiere del propuesto por Rawls. La defensa de distribuci&oacute;n de los recursos humanos b&aacute;sicos efectuada por el liberalismo rawlsiano insiste en adoptar una postura &laquo;restringida&raquo; acerca del bien humano.<a title="" href="#_ftn30">[30]</a> Su teor&iacute;a presenta una lista de los &laquo;bienes primarios&raquo; que contienen los recursos m&iacute;nimos necesarios para que los ciudadanos puedan, con la misma libertad, perseguir cualquier concepci&oacute;n del bien que sea &laquo;razonable&raquo;.<a title="" href="#_ftn31">[31]</a> Por eso sus principios de distribuci&oacute;n aparecen al modo de exigencias de la justicia concebida como imparcialidad, ya que Rawls defiende la neutralidad de prop&oacute;sitos &laquo;de las instituciones b&aacute;sicas y de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas en relaci&oacute;n con las doctrinas comprehensivas y sus correspondientes concepciones del bien.&raquo;<a title="" href="#_ftn32">[32]</a> Sin embargo, Nussbaum fundamenta su lista de &laquo;bienes&raquo; desde una valoraci&oacute;n moral de lo que se considera importante para el florecimiento humano. No se trata tanto de asignar una cantidad m&iacute;nima de recursos b&aacute;sicos y desentenderse de los resultados, sino de pensar la distribuci&oacute;n desde las nociones centrales de <em>funcionamiento</em> y <em>capacidad</em>, lo cual requiere una concepci&oacute;n general en la que se enuncian las funciones humanas b&aacute;sicas que se est&aacute;n tratando de apoyar y una atenci&oacute;n constante a los resultados pr&aacute;cticos que esa distribuci&oacute;n de bienes genera.</p>
<p>Asimismo, la teor&iacute;a de Nussbaum expone que los &laquo;bienes&raquo; que aparecen en su concepci&oacute;n son valiosos porque definen recursos necesarios para el desarrollo de una vida floreciente, y no simplemente porque sean medios de uso universal para realizar cualquier concepci&oacute;n del bien, como Rawls indica. El enfoque de las capacidades apunta que las capacidades son ahora tomadas como algo valioso en s&iacute; mismo y no como simples medios para llevar una vida digna, de tal manera que tal vida digna &laquo;est&aacute; constituida, al menos en parte, por las capacidades que figuran en la lista&raquo;.<a title="" href="#_ftn33">[33]</a>&nbsp;</p>
<p>Por lo tanto, el planteamiento general de Nussbaum no reh&uacute;ye la reflexi&oacute;n antropol&oacute;gica que Rawls desecha porque considera que restar&iacute;a &laquo;estabilidad&raquo;<a title="" href="#_ftn34">[34]</a> a una concepci&oacute;n de la justicia que aspirara a ser aceptable por personas con cosmovisiones y sentidos de la vida diferentes que, sin embargo, han de convivir y cooperar en una buena sociedad.</p>
<p>No obstante, la cuesti&oacute;n fundamental estriba en plantear si la concepci&oacute;n de Nussbaum es compatible con el liberalismo, y si podr&iacute;a contar con la aprobaci&oacute;n de los ciudadanos de una sociedad democr&aacute;tica donde el pluralismo es ya un hecho evidente. Sobre este asunto, en primer lugar cabe se&ntilde;alar que el enfoque de las capacidades comparte con el liberalismo contractualista la intuici&oacute;n b&aacute;sica que considera a los seres humanos iguales y que, precisamente, esta aceptaci&oacute;n de la igualdad pol&iacute;tica conlleva el apoyo a un amplio espectro de actividades y opciones vitales.</p>
<p>En segundo lugar, debe advertirse que el planteamiento esencialista de las funciones humanas b&aacute;sicas defendido por Nussbaum no es el de una tradici&oacute;n metaf&iacute;sica o religiosa en particular. Aunque en el centro de su propuesta lata una fuerte indagaci&oacute;n antropol&oacute;gica sobre los caracteres que constituyen una vida verdaderamente humana, su teor&iacute;a se abstiene de proponer una concepci&oacute;n cerrada y comprehensiva del bien que ofrezca una respuesta completa a las preguntas sobre cu&aacute;les son la totalidad de bienes externos verdaderamente importantes y hasta qu&eacute; punto. As&iacute; que, aunque la coexistencia de m&uacute;ltiples doctrinas comprehensivas es un hecho innegable, y aunque esa pluralidad genere diversas respuestas sobre la importancia de algunos bienes externos tales como el dinero, el amor o la salud, su argumentaci&oacute;n pretende establecer una base de confluencia, que no s&oacute;lo cree posible sino tambi&eacute;n necesaria en el seno de una sociedad pol&iacute;tica liberal, sobre los bienes b&aacute;sicos que deber&iacute;an estar al alcance de todos los ciudadanos.<a title="" href="#_ftn35">[35]</a></p>
<p>En tercer lugar, Nussbaum insiste, a trav&eacute;s de la noci&oacute;n de <em>individualidad</em> que aparece en su listado de capacidades fundamentales en la importancia concedida a la libertad y a la separaci&oacute;n de las personas, comprometi&eacute;ndose con los bienes de la elecci&oacute;n y la autonom&iacute;a, tan destacados en la tradici&oacute;n liberal. Su propuesta persigue como meta de la pol&iacute;tica p&uacute;blica hacer que los ciudadanos libres puedan alcanzar sus planes de vida y gozar de una igualdad de oportunidades, aunque estas oportunidades hayan de encararse desde la &oacute;ptica de las <em>capacidades</em> y no enfocarse como meros <em>recursos</em>.</p>
<p>Por &uacute;ltimo, su lista de capacidades humanas la sigue ubicando en una l&iacute;nea compatible con los planteamientos liberales democr&aacute;ticos porque se descartan aquellas concepciones monistas del bienestar y enfoques radicalmente perfeccionistas que estar&iacute;an dispuestos a recortar las libertades individuales para evitar conductas, seg&uacute;n este marco normativo, inmorales o peligrosas para el bienestar de quien las realiza.<a title="" href="#_ftn36">[36]</a> Su compromiso con una forma plural de sociedad democr&aacute;tica eleva el principio del respeto hacia aquellas personas que eligen estilos de vida con los que la mayor&iacute;a de la sociedad puede no estar acuerdo. De ah&iacute;, por ejemplo, deriva su fuerte defensa de la libertad de conciencia, considerada incompatible con el establecimiento de un culto oficial, que le lleva a defender que los ciudadanos lleven a cabo su propia vida de acuerdo a su propia concepci&oacute;n de lo valioso, e incluso a abogar por la posibilidad de conceder exenciones respecto de algunas leyes que se aplican al conjunto de la ciudadan&iacute;a, con el fin de atender algunas diferencias.<a title="" href="#_ftn37">[37]</a></p>
<p>En consonancia con este planteamiento, los ejemplos de intervenci&oacute;n pol&iacute;tica que propone se centran en fortalecer el papel educativo de las instituciones, pero no se aceptan intervenciones externas coactivas para lo que podr&iacute;an juzgarse, desde la concepci&oacute;n del bienestar humano desplegada por su lista de capacidades, casos de falta de voluntad para alcanzar el bien. En este sentido, las acciones que prescribe son campa&ntilde;as de educaci&oacute;n dirigidas a incentivar cambios de actitudes como resultado de la reflexi&oacute;n y la deliberaci&oacute;n colectivas.</p>
<p>El otro elemento que conviene analizar en la teor&iacute;a de Nussbaum es el importante papel que desempe&ntilde;an las emociones en el razonamiento pr&aacute;ctico. En su concepci&oacute;n se incluye el desarrollo emocional como parte de nuestra capacidad de razonar en tanto que criaturas pol&iacute;ticas. Las emociones quedan enmarcadas en una teor&iacute;a cognitivo-evaluadora que atiende a los aspectos racionales que acompa&ntilde;an a las emociones, y es esta concepci&oacute;n de la emoci&oacute;n lo que le permite apostar porque las instituciones pol&iacute;ticas y sociales ayuden al cultivo de las emociones morales para que puedan llegar a formar parte de un buen car&aacute;cter.<a title="" href="#_ftn38">[38]</a></p>
<p>En su argumentaci&oacute;n, las emociones son reveladoras de intuiciones acerca del valor de las cosas y se consideran una capacidad de acceso al mundo moral. A la vez, Nussbaum considera que los elementos cognitivos que est&aacute;n presentes en la emoci&oacute;n permiten a las personas modelar su contenido y tambi&eacute;n abrirlas a la influencia de las construcciones sociales. De este modo, la perspectiva cognitivo-evaluadora de la emoci&oacute;n apunta la posibilidad de que la emoci&oacute;n misma pueda ser evaluada y alterada en caso de no superar la cr&iacute;tica efectuada por un examen racional.<a title="" href="#_ftn39">[39]</a></p>
<p>Atendiendo a esta caracter&iacute;stica, se defiende la creaci&oacute;n de instituciones pol&iacute;ticas y sistemas legales que conformen un entorno facilitador del adecuado desarrollo de las emociones de los ciudadanos.<a title="" href="#_ftn40">[40]</a> As&iacute;, se declara su preferencia por instituciones y leyes que apoyen a los individuos en sus esfuerzos por desarrollar su capacidad de compasi&oacute;n, amor y reparaci&oacute;n, en tanto los considera &laquo;bienes primarios&raquo; que cualquier sistema pol&iacute;tico debe respaldar.<a title="" href="#_ftn41">[41]</a></p>
<p>En este sentido, parece que en la teor&iacute;a de Nussbaum existe una circularidad, o al menos una mutua complementaci&oacute;n, entre el papel fundante que desempe&ntilde;an las emociones para detectar ciertos bienes humanos b&aacute;sicos, y la estructura social que, a trav&eacute;s de su influencia en las creencias de las personas, puede modificar el contenido de las propias emociones. Por lo tanto, la teor&iacute;a cognitiva-evaluadora de las emociones que defiende es, en realidad, dependiente del marco normativo previo que ella misma establece sobre el florecimiento humano y sobre las condiciones materiales y sociales id&oacute;neas para su desarrollo. Aunque deba admitirse que, para definir ese marco normativo, se haya requerido la funci&oacute;n que desempe&ntilde;an las emociones para detectar algunos bienes fundamentales para la vida humana. En cualquier caso, el centro de la deliberaci&oacute;n deber&aacute; girar en torno al examen de ese marco normativo, con el fin de evaluar el alcance y las posibilidades de sus repercusiones pol&iacute;ticas.</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> Nussbaum, &laquo;Nature, Function and Capability: Aristotle on Political Distribution&raquo;, <em>Oxford</em><em> Studies in Ancient Philosophy</em>, Supplementary Vol. 1, 1988, pp. 150.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> Nussbaum, &laquo;Human Functioning and Social Justice: In Defense of Aristotelian Essentialism&raquo;, <em>Political Theory</em>, 20, 1992, p. 216.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a> <em>Ib&iacute;d</em>., p. 239.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a> Nussbaum, &laquo;Aristotelian Social Democracy&raquo;, en R. B. Douglas, G. Mara y H. Richardson (comps.), <em>Liberalism and the Good</em>, Nueva York, Routledge, 1990, pp. 203-252.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a> Cfr. <em>Ib&iacute;d.</em>, p. 203.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a> Nussbaum, <em>The Fragility of Goodness. Luck and Ethics in Greek Tragedy and Philosophy</em>, Cambridge, Cambridge University Press, 1986.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a> Nussbaum, &laquo;Nature, Function and Capability: Aristotle on Political Distribution&raquo;, p. 171.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref8">[8]</a> Nussbaum, &laquo;Human Functioning and Social Justice: In Defense of Aristotelian Essentialism&raquo;, p. 205.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref9">[9]</a> <em>Ib&iacute;d.</em>, p. 208.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref10">[10]</a> <em>Ib&iacute;d</em>., p.217.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref11">[11]</a> Nussbaum, &laquo;Non-Relative Virtues: An Aristotelian Approach&raquo;, en M. C. Nussbaum y A. Sen (eds.), <em>The Quality of Life</em>, Oxford, Clarendon Press, 1993, p. 261.</p>
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<div>
<p><a title="" href="#_ftnref12">[12]</a> Nussbaum, &laquo;Human Functioning and Social Justice: In Defense of Aristotelian Essentialism&raquo;, p. 214.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref13">[13]</a> Nussbaum, &laquo;Non-Relative Virtues: An Aristotelian Approach&raquo;, p. 245.</p>
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<div>
<p><a title="" href="#_ftnref14">[14]</a> Nussbaum, <em>Frontiers of Justice. Disability, Nationality, Species Membership</em>, Cambridge Mass., The Belknap Press of Harvard University Press, 2006, p. 70.</p>
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<div>
<p><a title="" href="#_ftnref15">[15]</a> Diferentes versiones de esta lista, con peque&ntilde;as modificaciones y adendas, pueden cotejarse en: M. Nussbaum, &laquo;Human Functioning and Social Justice: In Defense of Aristotelian Essentialism&raquo;, <em>Political Theory</em>, 20, 1992, p. 222; &laquo;Capabilities and Human Rights&raquo;, <em>Fordham Law Review</em>, 66, 1997, pp. 297-300; &laquo;The Good As Discipline, The Good As Freedom&raquo;, en David. C. Crocker y Toby Linden (eds.), <em>Ethics of Consumption. The Good Life, Justice and Global Stewarship</em>, Nueva York, Rowman &amp; Littlefield, 1998, pp. 318-319; <em>Sex and Social Justice</em>, Oxford, Oxford University Press, 1999, pp. 41-42;<em> Women and Human Development: The Capabilities Approach</em>, Cambridge, Cambridge University Press, 2000, pp. 78-80; <em>Upheavals of Thought. The Intelligence of Emotions</em>, Cambridge, Cambridge University Press, 2001, pp. 416-418; &laquo;Capabilities as Fundamental Entitlements: Sen and Social Justice&raquo;, <em>Feminist Economics</em>, 9, 2003, pp. 41-42. <em>Frontiers of Justice: Disability, Nationality, Species Membership</em>, Cambridge, Harvard University Press, 2006,<em> </em>pp. 76-78; <em>Creating Capabilities: The Human Development Approach</em>, Cambridge, The Belknap Press of Harvard University Press, 2011, pp. 33-34.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref16">[16]</a> Nussbaum, <em>Upheavals of Thought</em>, p. 12.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref17">[17]</a> <em>Ib&iacute;d.</em>, p. 22.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref18">[18]</a> <em>Ib&iacute;d.</em>, p. 23 y ss.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref19">[19]</a> <em>Ib&iacute;d.</em>, p. 11.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref20">[20]</a> <em>Ib&iacute;d.</em>, p. 300.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref21">[21]</a> <em>Ib&iacute;d.</em>, p. 307.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref22">[22]</a> <em>Ib&iacute;d.</em>, p. 309.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref23">[23]</a> <em>Ib&iacute;d.</em>, p. 314.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref24">[24]</a> <em>Ib&iacute;d.</em>, p. 320.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref25">[25]</a> Esta alusi&oacute;n a la compasi&oacute;n solidaria basada en la afinidad se encuentra tambi&eacute;n en Macintyre. Ver Alasdair MacIntyre, <em>Animales racionales y dependientes</em>, Barcelona, Paid&oacute;s, 2001, p. 121.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref26">[26]</a> Esta defensa del papel de las humanidades en la educaci&oacute;n de las emociones para contribuir al desarrollo moral se encuentra en: Nussbaum, <em>Cultivating Humanity. </em><em>A Classical Defense of Reform in Liberal Education</em>, Cambridge, Harvard University Press, 1997; y en <em>Not for Profit. Why Democracy Needs the Humanities</em>, Princeton, Princeton University Press, 2010.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref27">[27]</a> Nussbaum, <em>Upheavals of Thought</em>, p. 321.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref28">[28]</a> <em>Ib&iacute;d.</em>, p. 463.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref29">[29]</a> Nussbaum recoge una tradici&oacute;n del &laquo;ascenso er&oacute;tico del amor&raquo; que se depura a trav&eacute;s de un proceso que se origina en Plat&oacute;n, se extiende a trav&eacute;s de los pensadores cristianos Agust&iacute;n de Hipona y Dante, entra en la Modernidad a trav&eacute;s de Spinoza, y se halla, en el panorama contempor&aacute;neo, encarnado en la expresi&oacute;n art&iacute;stica de Marcel Proust, Emily Bront&euml;, Mahler y Walt Whitman, alcanzando con James Joyce la forma m&aacute;s adecuada a la teor&iacute;a del bien defendida por Nussbaum. Para conocer el desarrollo de esta argumentaci&oacute;n ver: Nussbaum, <em>Upheavals of Thought</em>, pp. 455-714.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref30">[30]</a> J. Rawls, <em>El liberalismo pol&iacute;tico</em>, Barcelona, Cr&iacute;tica, 1996, p. 210.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref31">[31]</a> Cfr. <em>Ib&iacute;d.</em>, pp. 89-95 y p. 221.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref32">[32]</a> <em>Ib&iacute;d.</em>, p. 226.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref33">[33]</a> Nussbaum, <em>Frontiers of Justice. Disability, Nationality, Species Membership</em>, Cambridge Mass., The Belknap Press of Harvard University Press, 2006, p. 162.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref34">[34]</a> Rawls, <em>El liberalismo pol&iacute;tico</em>, Barcelona, Cr&iacute;tica, 1996, pp. 39-40, 172-176.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref35">[35]</a> Cfr. Nussbaum, <em>Upheavals of Thought</em>, pp. 415-416.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref36">[36]</a> Cfr. Nussbaum, &laquo;Capabilities and Human Rights&raquo;, <em>Fordham Law Review</em>, 66, 1997, pp. 297-300.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref37">[37]</a> Cfr. Nussbaum, <em>Liberty</em><em> of conscience: in defense of America's tradition of religious equality</em>, Nueva York, Basic Books, 2008.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref38">[38]</a> Cfr. Nussbaum, <em>Upheavals of Thought</em>, p. 400.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref39">[39]</a> Cfr. <em>Ib&iacute;d</em>., p. 172.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref40">[40]</a> Respecto a las instituciones p&uacute;blicas que pueden colaborar para un adecuado desarrollo de las emociones que conlleve una buena educaci&oacute;n moral y c&iacute;vica, Nussbaum se detiene en la influencia que ejerce el sistema educativo, los medios de comunicaci&oacute;n, los l&iacute;deres pol&iacute;ticos, el pensamiento econ&oacute;mico y el sistema jur&iacute;dico. Cfr. Nussbaum, <em>Upheavals of Thought</em>, pp. 425-454.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref41">[41]</a> <em>Ib&iacute;d</em>., p. 226.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Fri, 30 May 2014 12:35:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Antes del accidente]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/antes-del-accidente/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Mayo/juanmarqu_s.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Nos tenemos que ir&rdquo;, dice de pronto,</p>
<p>y cuando se levantan</p>
<p>su verticalidad nos hace vulnerables.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Re&uacute;nen a los ni&ntilde;os, nos abrazan</p>
<p>y se van hacia el coche.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El verano se pone de puntillas</p>
<p>detr&aacute;s de los tejados</p>
<p>y no queremos irnos a dormir.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 29 May 2014 06:17:54 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Música para las fieras]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/musica-para-las-fieras/</link>
      <description><![CDATA[<p><img style="float: right;" src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/giovannabenedetti500.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left; padding-left: 30px;" align="center">V</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px;">La memoria es una lenta caravana de consignas.</p>
<p style="padding-left: 30px;">Una mano extendida que separa las aguas.</p>
<p style="padding-left: 30px;">Una trampilla de paso. Una ficci&oacute;n del c&aacute;ntaro.</p>
<p style="padding-left: 30px;">Una caja de reliquias que sobrevive al c&aacute;lculo.</p>
<p style="padding-left: 30px;">Una opini&oacute;n que afina la velocidad de la mirada.</p>
<p style="padding-left: 30px;">Una noria que da vueltas und&iacute;vaga y port&aacute;til.</p>
<p style="padding-left: 30px;">Un barco que se desliza por un mar de abecedarios</p>
<p style="padding-left: 30px;">sobre esa incertidumbre fratricida del olvido</p>
<p style="padding-left: 30px;">donde ya no coinciden ni los d&iacute;as ni las palabras;</p>
<p style="padding-left: 30px;">y los sucesos se depuran de la sal en sus cornisas</p>
<p style="padding-left: 30px;">y los h&eacute;roes se desploman y caen sobre sus astas</p>
<p style="padding-left: 30px;">tumbados a banderillerazos o envejecidos de s&uacute;bito.</p>
<p style="padding-left: 30px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px;">De largo sopla el viento que convida a los halcones</p>
<p style="padding-left: 30px;">brincando entre la espiga y la bulla sofocante;</p>
<p style="padding-left: 30px;">sin planos, ni portulanos, ni folios, ni recetarios</p>
<p style="padding-left: 30px;">desahogando los naufragios rescatados de las olas</p>
<p style="padding-left: 30px;">que confunden la ilusi&oacute;n de cal y canto de las piedras</p>
<p style="padding-left: 30px;">con la tibieza protectora de una lumbre bien servida</p>
<p style="padding-left: 30px;">porque la piel de los verdugos no se quema.</p>
<p style="padding-left: 30px;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sencilla metalurgia del infierno:</p>
<p style="padding-left: 30px;">martillar a yunque plano la fatiga de la carne</p>
<p style="padding-left: 30px;">y herrar la fragua d&oacute;cil que ya no tiene aliento.</p>
<p style="padding-left: 30px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 28 May 2014 10:09:45 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Paloma entre el jardín de las jaras]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/paloma-entre-el-jardin-de-las-jaras/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Mayo/teresaagust_n.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>C&oacute;mo fue que la cabeza se comi&oacute; el coraz&oacute;n y</p>
<p>c&oacute;mo fue que fuese la cabeza desbordada por las nubes</p>
<p>ese d&iacute;a rotundamente azul en que&nbsp; tu vida</p>
<p>fuera arrasada por la presencia de la vida, con toda ella en tu cabeza</p>
<p>como si ella fuese su oscuro objeto de deseo .</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hermosa y en silencio te contemplo,&nbsp; tu coraz&oacute;n amado</p>
<p>viajando quedo va, en esa nave, entre el jard&iacute;n de la jaras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 28 May 2014 10:00:43 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Para descubrir a Manuel Gahete]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/para-descubrir-a-manuel-gahete/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/antoniomorenoayora.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Despu&eacute;s de haber publicado libros de una utilidad indudable para conocer la literatura de su entorno cultural, tales como <em>Historia literaria cordobesa </em>y <em>Tres a&ntilde;os de narrativa en C&oacute;rdoba</em>, la constante investigaci&oacute;n del profesor Antonio Moreno Ayora ofrece un nuevo libro de uno de los poetas m&aacute;s valorados en el contexto de la literatura nacional, Manuel Gahete, traducido ya a varios idiomas y recientemente versionado en una edici&oacute;n biling&uuml;e italo-espa&ntilde;ola dedicada a su poemario <em>Mitos urbanos </em>(italiano, <em>Miti urbani</em>). Pero lo novedoso del nuevo ensayo es que valora y pondera en su extensi&oacute;n toda la producci&oacute;n literaria de Manuel Gahete &ndash;no solo la del g&eacute;nero l&iacute;rico&ndash;, y era esperable que apareciera firmado por Moreno Ayora por ser este uno de los cr&iacute;ticos que m&aacute;s lo ha seguido y estudiado. Con el t&iacute;tulo de <em>Manuel Gahete. El esteticismo en la literatura espa&ntilde;ola</em>, es su objetivo centrarse sobre el citado escritor cordob&eacute;s para destacar del mismo su originalidad, variedad de intereses literarios y su inamovible intenci&oacute;n de perfeccionamiento estil&iacute;stico. Por si fuera poco, la edici&oacute;n &ndash;cuidada, moderna y de elegante sobriedad&ndash; ha coincidido con el nuevo reconocimiento otorgado al poeta, el I Premio de poes&iacute;a Fernando de Herrera, un galard&oacute;n que sumado a los muchos ya conseguidos por &eacute;l justifica a&uacute;n m&aacute;s que el cr&iacute;tico lo haya elegido como escritor de merecida atenci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Puede decirse que el gran inter&eacute;s del estudio lo representa su amplitud documental, pues este es el primer trabajo que expone la creaci&oacute;n de Gahete atendiendo a los diferentes g&eacute;neros que ha cultivado: primeramente el ensayo (en sus diversas orientaciones que ahondan en lo literario, lo hist&oacute;rico, la edici&oacute;n y la prosa period&iacute;stica), luego el relato, el teatro y la poes&iacute;a &ndash;esta como conjunto fundamental&ndash;,&nbsp; aunque ya nos avise Moreno Ayora que su &ldquo;intenci&oacute;n es tocar solo los puntos esenciales de su actividad literaria, y estos incluso sin pretendida exhaustividad&rdquo;. Al autor cordob&eacute;s se le concept&uacute;a, sin duda, como un escritor que experimenta &ldquo;el trasiego de lo l&iacute;rico a lo narrativo reforzando la idea, tan defendida por Gahete, de que la separaci&oacute;n de g&eacute;neros es algo irreal y antiliterario&rdquo;. La consecuencia es que Moreno Ayora organiza y comenta con detalle todo ese complejo material de estudio hasta exponerlo razonadamente desde el punto de vista cr&iacute;tico, dando como resultado un volumen donde la implicaci&oacute;n y la ex&eacute;gesis se prolongan sin sobrepeso hasta alcanzar las doscientas sesenta p&aacute;ginas que vienen a ser modelo de investigaci&oacute;n y de an&aacute;lisis conceptual. &nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al lector le queda claro que nadie hasta ahora hab&iacute;a expuesto toda la extensa obra literaria de Manuel Gahete con igual precisi&oacute;n, exactitud y riqueza de matices estil&iacute;sticos, valor&aacute;ndolo no solo como el gran poeta que indudablemente es desde su primero hasta el &uacute;ltimo poemario publicado, <em>Mitos urbanos</em>, sino calibr&aacute;ndolo igualmente como el escritor que se ha entregado a la creaci&oacute;n en la dificultad y los mecanismos de otros g&eacute;neros y modalidades, ya sean el dram&aacute;tico, el narrativo (en el que paulatinamente se crece y al que ya ha aportado un conjunto de textos dignos de considerar) o ese otro de car&aacute;cter tan especial que tiene que ver con la literatura infantil. En su ensayo, Moreno Ayora no quiere dejar flecos sueltos, y por ello atiende tambi&eacute;n a la consideraci&oacute;n de las tres antolog&iacute;as en que se contiene lo mejor de la poes&iacute;a gahetiana &ndash;la m&aacute;s extensa, <em>El tiempo y la palabra (Antolog&iacute;a po&eacute;tica </em><em>1985&ndash;2010)</em>&ndash; y a la inclusi&oacute;n de un cap&iacute;tulo imprescindible que es esencial para comprender al autor, <em>La est&eacute;tica de Gahete seg&uacute;n sus textos</em>, tratado en relaci&oacute;n con su expresividad y lenguaje y desglosado por ello en varios par&aacute;grafos de indudable utilidad cr&iacute;tica.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La l&iacute;nea de investigaci&oacute;n planteada presenta a Manuel Gahete como un escritor marcado por el signo de la poes&iacute;a de G&oacute;ngora, y por la misma raz&oacute;n atento &ndash;concreta Moreno Ayora&ndash; a &ldquo;hacer uso de la alta virtualidad y capacidad del lenguaje&rdquo;. El ser&aacute; un autor de prosas y poemas en los que el cuidado l&eacute;xico y la sonoridad sean rasgos inalienables, y en paralelo con ellos surgir&aacute; &ndash;leemos igualmente&ndash; &ldquo;un l&eacute;xico marcado por los inconfundibles y selectos cultismos&rdquo;. Son estos cultismos, como particularidad del estilo de Gahete, los que con minuciosidad y detalle se investiga y rastrea a menudo en estas p&aacute;ginas, dedic&aacute;ndoles repetidamente el ep&iacute;grafe <em>Vocablos selectos, cultos o llamativos del poemario</em>, punto que es una aportaci&oacute;n &uacute;nica y de novedoso valor cr&iacute;tico-ling&uuml;&iacute;stico. En los listados que se suministran advertimos uno de los grandes aciertos del libro y, por supuesto, en ellos se perfila una de las futuras l&iacute;neas de investigaci&oacute;n sobre el estilo de Gahete, a la que seguramente tambi&eacute;n Moreno Ayora sabr&aacute; dar cumplida respuesta.&nbsp; &nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El ensayista no duda en recordar que el poeta mellariense (de Fuente Obejuna, C&oacute;rdoba) defiende &ldquo;la idea inamovible seg&uacute;n la cual la escritura, la creaci&oacute;n, la poes&iacute;a es el motor de su vida&rdquo;. Demuestra Moreno Ayora que Gahete es inconfundiblemente, y aparte de otras consideraciones que tambi&eacute;n argumenta, un poeta que reivindica la experiencia del amor, un escritor que desarrolla una sugerente simbolog&iacute;a amorosa, un creador que de modo constante, y no solo en su poes&iacute;a sino igualmente en otros de sus textos, acude a la defensa del amor y de sus efectos sobre el ser humano. En este y en otros muchos aspectos, que Moreno Ayora descubre y comenta con certera intuici&oacute;n y abundancia de datos, este ensayo es ejemplar y lleva la marca de un estudioso de primera categor&iacute;a al que a partir de ahora consideraremos de obligada consulta para comprender la obra literaria de Gahete en el conjunto de sus riquezas y sugerencias.</p>
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<p>Antonio Moreno Ayora, <em>Manuel Gahete. El esteticismo en la literatura espa&ntilde;ola, </em>Sevilla, La Isla de Siltol&aacute;, 2013.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 27 May 2014 06:26:43 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Teatro de sombras]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/teatro-de-sombras/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Mayo/adolfoburriel.jpg" alt="" /></p>
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<p>Oh Lillian Gish,</p>
<p>&iquest;d&oacute;nde estaban los ojos c&aacute;ndidos</p>
<p>del ni&ntilde;o,</p>
<p>que yo ten&iacute;a un ramo de violetas</p>
<p>y me dol&iacute;a el alba</p>
<p>y daba nombre a los silencios</p>
<p>y esperaba el naufragio de tu suave</p>
<p>desnudo?</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 27 May 2014 06:19:56 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Confidencias]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/confidencias/</link>
      <description><![CDATA[<p style="text-align: right;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: right;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px;"><strong></strong>En el bar de costumbre soy atento auditorio&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <img style="float: right;" src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Mayo/joseluismorante.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 30px;">de un borracho feliz, adolescente,</p>
<p style="padding-left: 30px;">cuyo pulso derrama hermosas confidencias.</p>
<p style="padding-left: 30px;">No son originales,</p>
<p style="padding-left: 30px;">acaso ni pretenden ser cre&iacute;das.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px;">En su infancia fue v&iacute;ctima de una escuela rural</p>
<p style="padding-left: 30px;">- el asunto es com&uacute;n y se repite</p>
<p style="padding-left: 30px;">con alguna frecuencia &ndash;</p>
<p style="padding-left: 30px;">y aprendi&oacute; a odiar los libros con odio precoz,</p>
<p style="padding-left: 30px;">como sucede siempre que aprendemos con sangre.</p>
<p style="padding-left: 30px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px;">Memoriz&oacute; de paso reyes godos,</p>
<p style="padding-left: 30px;">algo de geograf&iacute;a,</p>
<p style="padding-left: 30px;">la sibilina historia de Ca&iacute;n,</p>
<p style="padding-left: 30px;">la prueba de los nueves</p>
<p style="padding-left: 30px;">y el uso de la m delante de p y b.</p>
<p style="padding-left: 30px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px;">Porque nada es eterno aquel encono</p>
<p style="padding-left: 30px;">se fue desvaneciendo como luz de cresp&uacute;sculo;</p>
<p style="padding-left: 30px;">en un hipermercado &ndash; limpiando estanter&iacute;as -</p>
<p style="padding-left: 30px;">descubri&oacute; por azar</p>
<p style="padding-left: 30px;">el polvo acumulado de los cl&aacute;sicos.</p>
<p style="padding-left: 30px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px;">Aquel hallazgo fue clarividente:</p>
<p style="padding-left: 30px;">quiere ser narrador, o siquiera poeta;</p>
<p style="padding-left: 30px;">no le arredra ignorar c&oacute;mo literatura se convoca,</p>
<p style="padding-left: 30px;">ni pone a su deseo ning&uacute;n sello de urgencia.</p>
<p style="padding-left: 30px;">Que Cervantes escribiera El Quijote</p>
<p style="padding-left: 30px;">a los cuarenta y tantos</p>
<p style="padding-left: 30px;">le hace ser optimista.</p>
<p style="padding-left: 30px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 26 May 2014 06:30:34 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Napátrida]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/napatrida/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Mayo/errideluca.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>Nota previa</strong></p>
<p><strong></strong>&ldquo;N&aacute;poles en los libros impares y el Antiguo Testamento en los pares, ese es el p&eacute;ndulo de escritura que me oscila en el cuerpo.&rdquo; Estas palabras del texto que presentamos (publicado en un volumen con el mismo t&iacute;tulo junto con otros m&aacute;s breves, todos referidos a su ciudad natal, por el librero-editor napolitano Dante &amp; Descartes en 2006), vienen a constatar que N&aacute;poles, en efecto, es el tel&oacute;n de fondo, identificado o no, de buena parte de la obra narrativa de Erri de Luca, al hilo de ese ca&ntilde;amazo autobiogr&aacute;fico que, m&aacute;s o menos velado, la sustenta. De ah&iacute; el inter&eacute;s que para el lector de su obra tiene este breve texto, en el que el autor describe en primera persona y sin las m&aacute;scaras de la ficci&oacute;n a las que otras veces recurre, su compleja relaci&oacute;n con su ciudad natal, de la que se march&oacute; a su dieciocho a&ntilde;os, pero que no ha podido (ni querido) sustituir en su lejan&iacute;a. De ah&iacute; que se declare &ldquo;nap&aacute;trida&rdquo;, traslaci&oacute;n al castellano del neologismo original italiano napolide, que mantiene mejor la eufon&iacute;a de sus formantes (Napoli + apolide). Y quiz&aacute; porque el autor habla en primera persona y de uno de los temas cruciales no solo de su obra, el siempre sobrio De Luca deja aflorar algo m&aacute;s de lo habitual ese trasfondo l&iacute;rico que en sus relatos siempre aparece en sordina. El resultado es un texto apasionado y conmovedor, en el que el autor no solo nos regala algunas confesiones personales, sino un aut&eacute;ntico ep&iacute;tome de todas sus constantes tem&aacute;ticas: la indagaci&oacute;n en la propia memoria personal (ra&iacute;ces familiares, infancia y educaci&oacute;n a la vida) a la vez que en la historia tr&aacute;gica del siglo veinte, la condici&oacute;n rebelde de su generaci&oacute;n, el hebreo del Antiguo Testamento, el amor por la materia y por la naturaleza captadas a trav&eacute;s de los cinco sentidos, el trabajo manual y la escritura como ritualidades. Y todo ello, tan perfectamente entrelazado y con la intensidad contenida que tan bien conocen sus lectores.- CARLOS GUMPERT</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se desprenden as&iacute; las hojas, el pelo, las gotas, las p&aacute;ginas.</p>
<p>Me fui de casa en 1968, a mis dieciocho a&ntilde;os, tras una infancia digerida como una cuarentena.</p>
<p>Escog&iacute; el tren, el horario, no me entregu&eacute; al azar de un tr&aacute;nsito: quer&iacute;a gobernar mi marcha. Tom&eacute; asiento junto a la ventanilla y permanec&iacute; inm&oacute;vil, mirando fuera la procesi&oacute;n de mi adi&oacute;s. Mientras me desprend&iacute;a, la ciudad acab&oacute; bajo mi piel, como esos anzuelos de pesca que, una vez que entran por las heridas, viajan por el cuerpo, inextirpables.</p>
<p>En el estruendo de los muchos portazos, cerr&eacute; mi puerta despacio. Mi padre lloraba con sollozos regulares cuyo ritmo, hincado como clavo en los o&iacute;dos, repet&iacute; trabajando en la obra cuando, al golpear con el martillo sobre el cincel, me repic&oacute; entre las manos. Me dej&oacute; marchar sin blasfemia alguna.</p>
<p>Sus restos est&aacute;n en una colina cerca de una l&iacute;nea f&eacute;rrea local, con vistas a un lago.</p>
<p>Si el verbo volver tiene para m&iacute; alg&uacute;n sentido y alguna direcci&oacute;n, si yo tambi&eacute;n tengo alg&uacute;n sitio al que volver, es esa colina. Volver es para m&iacute; verbo de cuchicheos, no de geograf&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En N&aacute;poles, cuando bajo de las escalerillas del tren, no tengo la sensaci&oacute;n de estar de vuelta. Por el contrario, me siento solo, con un derecho m&aacute;s &iacute;ntimo que el que percibo en otros lugares. Una ciudad no perdona la separaci&oacute;n, que siempre es una deserci&oacute;n. Estoy de acuerdo con ella, con la ciudad: quien no estuvo, quien falt&oacute;, ahora no est&aacute;, ha deca&iacute;do su derecho de ciudadan&iacute;a. Ahora es uno de los muchos transe&uacute;ntes que acoge, sin oponer resistencia, el extranjero embobado al que nadie ahuyenta, observado de reojo como mercanc&iacute;a de embaucamiento. He respetado el derecho de regurgito que la ciudad aplica a quien se aleja de ella. Si respondo de m&iacute; junto a ella es porque llevo el traje de hu&eacute;sped, no de ciudadano. Y si no tengo derecho a definirme como ap&aacute;trida, puedo decirme nap&aacute;trida, alguien que se ha raspado del cuerpo su origen, para entregarse al mundo.</p>
<p>Nunca he vuelto a pegarme a ninguna otra parte.</p>
<p>Quien se ha desprendido de N&aacute;poles, se desprende en el fondo de todo: no le queda siquiera saliva para pegarse a algo, a alguien.</p>
<p>Nunca he vuelto a escupir, me he limitado a engullir, una y otra vez.</p>
<p>El sello en el billete del tren ten&iacute;a el golpe furibundo de un portazo a mis espaldas. Era yo quien hab&iacute;a sido cancelado, no el billete.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay una cepa de Ischia, <em>per &lsquo;e palummo</em>, pie de palomo, que da un tinto ensombrecido, extra&iacute;do m&aacute;s de alquitr&aacute;n de vino que de prensado de uvas. Hace que la lengua se cierre en la boca como un pu&ntilde;o, lejos de soltarla. Es vino que amortigua las voces y da profundidad a los ojos. En la ventanilla del tren mi embriaguez era de esas.</p>
<p>Roma es un buen lugar de desclasificaci&oacute;n. Sub&iacute; una larga escalera y en lo alto de un cuarto piso llam&eacute; a una puerta: habitaciones amuebladas. Un viejo embadurnado de vino y tabaco me asign&oacute; uno de los tres catres de la habitaci&oacute;n. Un armario en com&uacute;n agotaba el mobiliario. La habitaci&oacute;n estaba cerca de la universidad donde pronto aprender&iacute;a a correr, a respirar gases lacrim&oacute;genos, a desadoquinar empedrados, a conservar la calma en medio del tumulto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En los parques p&uacute;blicos, el oto&ntilde;o del sesenta y ocho era pr&oacute;digo en paz, en tibiezas, en muchachas de paseo.</p>
<p>En las plazas, el oto&ntilde;o estaba repleto del gris de las unidades de los antidisturbios. Yo ven&iacute;a de una ciudad que me hab&iacute;a ense&ntilde;ado la densidad de las multitudes, la destreza para deslizarse en medio de ellas, a fuerza de quiebros y de arranques. Me adaptaba f&aacute;cilmente a una que instigaba las carreras, las cargas, las fugas en un espacio vac&iacute;o. Se abr&iacute;a de par en par la nada, el espacio abierto entre los irregulares y las tropas.</p>
<p>Tuvimos suerte aquel oto&ntilde;o, el viento soplaba a nuestras espaldas y devolv&iacute;a el humo hacia los ojos de las tropas.</p>
<p>N&aacute;poles se desvaneci&oacute; detr&aacute;s de aquella cortina de l&aacute;grimas qu&iacute;micas. Ya no era de ella, de ning&uacute;n lugar ni de ning&uacute;n antes. Pertenec&iacute;a a la revuelta que raspaba el pasado de cada uno de nosotros y fundaba el d&iacute;a uno de una ciudad nueva.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pienso en el gas, en las humaredas tras las que vi desvanecerse la ciudad. Cada generaci&oacute;n del siglo pasado ha tenido su propio gas. Nuestros abuelos de Europa se vieron sofocados con la iperita, el gas mostaza para quien lo prob&oacute;, un sulfuro que mataba dejando vejigas en el cuerpo. Nuestros padres asistieron al empleo del Zyklon B en los campos de exterminio, pero nadie volvi&oacute; para hablarnos de su olor. Nuestros emigrantes aprendieron lo que era el gris&uacute; en las minas de carb&oacute;n, un gas metano capaz de explotar.</p>
<p>A nosotros nos fue mejor. Probamos los lacrim&oacute;genos, salimos del paso con meras conmociones qu&iacute;micas en las gl&aacute;ndulas, que atenu&aacute;bamos con el ant&iacute;doto de los limones. Tal vez a la pr&oacute;xima generaci&oacute;n la dispersen con gas hilarante. Por ahora, se la mantiene quieta con la m&uacute;sica que, en fuertes dosis, es gas nervioso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mi gas: cuando en mitad del turno se elevaba en la f&aacute;brica el grito mec&aacute;nico del cambio de fresas y la nube del polvillo de aceite lubrificante, cuando el torno humeaba a causa de su l&iacute;quido de refrigeraci&oacute;n, blanco como la leche, entonces el balc&oacute;n de la casa de N&aacute;poles estaba bajo mis pies. La plataforma de la maquinaria de utillaje que se me hab&iacute;a asignado era estrecha y larga como aquel balc&oacute;n. Por &eacute;l caminaba cual cr&iacute;o absorto, con gesto hosco contra el lazo de horizonte que me ten&iacute;a encerrado. La plataforma de la f&aacute;brica era mi paseo de ocho horas, arriba y abajo con el polispasto que sosten&iacute;a un cig&uuml;e&ntilde;al de ciento ochenta kilos. &iquest;En qu&eacute; gas se hallaba la libertad? &iquest;En los de la f&aacute;brica o en los que se saboreaban al alba en el balc&oacute;n con vistas al mar, donde se escuchaba el ruido amortiguado de los motores di&eacute;sel de las barcas de pesca de Mergellina, antes incluso que el de los ciudadanos a motor?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El gesto con el que descargaba la pieza del polispasto para encajarlo en las fresas: intentaba hacerlo imitando con esfuerzo el gesto del camarero que soltaba la palanca del caf&eacute; y ten&iacute;a en la cara el cristal y el mar. Cuando colocaba la pieza bajo la vieja prensa americana para su enderezamiento, el golpe de miles de kilos que yo dejaba caer en el centro provocaba en el banco de acero el ruido de atraque del puente levadizo del transbordador que lleva a las islas. Y cuando la primera pieza inauguraba las fresas nuevas montadas por m&iacute; y en todo el taller se o&iacute;a el silbido oscuro de las u&ntilde;as de acero ante el primer corte, en mis o&iacute;dos resonaba la sirena del Andrea Doria que entraba en el golfo. El cuerpo produce rimas f&iacute;sicas.</p>
<p>Ten&iacute;a las manos llenas de aceite y de esquirlas de hierro, no llevaba guantes porque no hab&iacute;a visto que los llevaran los pescadores, los alba&ntilde;iles, que eran los obreros con los que me top&eacute; en mi infancia. No quer&iacute;a protegerme las manos. Mis compa&ntilde;eros se re&iacute;an dici&eacute;ndome que si pasaba al lado de un im&aacute;n se me quedar&iacute;an los dedos pegados en &eacute;l.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otros gases se sobrepusieron: no reconozco ya los de mi ciudad de origen, que traficaba con material de desecho y ten&iacute;a embadurnados de grasa y cenizas desde el adoquinado a los tejados. Solo pod&iacute;a sobrepujarlos el lebeche de oto&ntilde;o que representaba su escena principal en el paseo mar&iacute;timo, saltando la escollera y chapoteando como mar averiado por via Caracciolo y el parque de Villa Comunale.</p>
<p>Jam&aacute;s se ha contentado N&aacute;poles con respirar solo ox&iacute;geno y &aacute;zoe. Integraba la mezcla con fermentaciones de tabaco, caf&eacute;, manteca, cocciones interminables a fuego susurrado.</p>
<p>El rag&uacute;, antes que una salsa de domingo, era una necesidad de producir olor, humo suave, incienso de cocina a la tarea. M&aacute;s que un mordisco apresurado al macarr&oacute;n empapado en ella, era, antes que nada y desde el d&iacute;a anterior, noticia de la salsa: esparcida en la manzana y por la calle. Hab&iacute;a que vestir el aire, aunque fuera de harapos, antes que dejarlo desnudo. En los inviernos secos con las ventanas siempre cerradas, el recambio se confiaba a las corrientes de las ventanas desencajadas y en cada habitaci&oacute;n se hacinaba el olor de una asfixia dom&eacute;stica, cada una distinta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ahora olisqueo el aire de N&aacute;poles depurado de chimeneas, de estufas de pic&oacute;n, de cazuelas incrustadas de t&aacute;rtaro de tomate negro y ropa lavada en la calle. Not&oacute; solo el ins&iacute;pido hidrocarburo de los tubos de escape que hace de todas las ciudades un mismo aire. Los nuevos olfatos que se llenan de este, los nuevos pulmoncitos de paseo bajo los escasos &aacute;rboles se entrenan para una asfixia homogeneizada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya no quedan olores y mis sentidos se han ido consumiendo en otras partes, por azares verificados lejos de la ciudad. No noto la espuma de azufre que se elevaba de Pozzuoli con el maestral y se mezclaba con los respiraderos de los altos hornos. Y las chimeneas de los buques que descargaban hierro de desguace. Un mineral que no era nuestro, no era veta de nuestras excavaciones. Ven&iacute;a de lejos y lejos se iba, tras haber sido expurgado en la ribera de Bagnoli, costa de lavanderos del Sur que sacud&iacute;a sobre la arena las escorias del mundo.</p>
<p>El gusto a alquitr&aacute;n asado refinado por el adarce, eso lo sigo notando, en el viento marino. Y el ox&iacute;geno salado del puerto, la soga empapada en el arco iris del gas&oacute;leo antes de meterse en el bolardo del anclaje. Y el sulfato de calcio dihidrato del yeso con el que se amasa la multitud de figurantes del bel&eacute;n, en los caminos de los pastores: el yeso, que es el &uacute;nico polvo de trabajo que no roe la piel y que puede dejarse en las arrugas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si N&aacute;poles es barroca, mi vida y el cuerpo no lo son, se han amueblado en un estilo distinto: pero el olfato del regreso, que olisquea materiales inertes, de talleres apagados, el olfato que preside los recuerdos, ese s&iacute; es barroco. Busca el desperdicio, el hedor, el esmalte del desgaste, la barca hundida cada primavera para empapar bien la madera antes de reutilizarla.</p>
<p>La nariz conoce un solo amor y manda sobre los ojos. Uno no lagrimea con las cebollas porque irritan los ojos, sino porque atacan la nariz: si no se respira, no se llora.</p>
<p>Por m&aacute;s que la m&iacute;a est&eacute; partida por una ca&iacute;da en la monta&ntilde;a y aprecie poco, es una mucosa barroca y me hace lagrimear cuando respiro el corte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me detengo aqu&iacute;, no voy ni veo m&aacute;s all&aacute; de la superficie, el tacto, <em>tactus</em> en lat&iacute;n: lo que hemos tocado, que en el fondo es mucho de lo que nos ha tocado.</p>
<p>La piel de gallina es una reacci&oacute;n de superficie. N&aacute;poles es una ciudad de contrapelo, de esas que ara&ntilde;an la pizarra con la u&ntilde;a y el m&aacute;rmol con hoja de cuchillo. A sus inquilinos suscita erupciones cut&aacute;neas.</p>
<p>Todo el que baja en N&aacute;poles lo sabe con anterioridad: habr&aacute; muchas cosas que le tocar&aacute;n. Las ciudades que acaban en el mar se deslizan de buena gana hacia las olas a trav&eacute;s de pasajes angostos. Acaso por defensa, para que el enemigo se adentre inc&oacute;modamente en ella por embudos, estrechamientos, gargantas.</p>
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<p>De N&aacute;poles ha sido exiliada la facilidad de moverse. El transe&uacute;nte se adentra en el laberinto ciego del toque y retoque, del entrometimiento de su pr&oacute;jimo en s&iacute; mismo. Restregamiento, rodeo, retroceso y percusi&oacute;n son t&eacute;cnicas primarias del avanzar. Es vana, en cambio, la simulaci&oacute;n de la prisa, pantomima eficaz en otros lugares para abrirse paso. La prisa es considerada aqu&iacute; como manifestaci&oacute;n de una afecci&oacute;n nerviosa. Uno forma parte de una viscosidad general que no puede sortearse, en la que se desembrolla mejor quien sabe escabullirse aprovechando el empuje de los cuerpos ajenos, en vez de recurrir al propio. Uno est&aacute; inmerso por la calle en una din&aacute;mica de fluidos. No ha sido establecida f&oacute;rmula alguna que ilustre este fen&oacute;meno: que las calles de N&aacute;poles son flujos regulares de una crisis. En el punto de m&aacute;ximo estorbo se determina una fluidez que suspende en parte la gravedad de los cuerpos, dot&aacute;ndolos de levedad y de oleodinamismo. Es el efecto que se manifiesta en el tanque de las anguilas.</p>
<p>Solo en la segunda mitad de este siglo, por primera vez en su historia, la gente acomodada de la ciudad empez&oacute; a alejarse de la densidad habitacional del centro. En contenedores relativamente m&aacute;s espaciosos consiguen parecerse a la gente acomodada de otras ciudades, y sus hijos comparten el incierto honor de ser confundidos con la juventud bien criada de Roma o de Mil&aacute;n.</p>
<p>En otros tiempos, se era pueblo tupido. Toda la agitaci&oacute;n de muecas bajo las palabras serv&iacute;a a empujar la voz en medio de los dem&aacute;s, a proporcionarle hueco y escucha. Los gestos sub&iacute;an del termitero, deb&iacute;an dar fuerza al dialecto, a la estenograf&iacute;a de los insultos, trapicheos, avisos, exclamaciones, l&iacute;os.</p>
<p>Pero donde N&aacute;poles conserva a&uacute;n su densidad, la mezcla preciosa de la promiscuidad la salva de parecerse a nada que no sea a s&iacute; misma. Tocar, hablar, jam&aacute;s dejar inerte el cuerpo: es la terapia para los casos de coma. En N&aacute;poles es la premura que los ciudadanos se dispensan gratuitamente los unos a los otros.</p>
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<p>Me sent&oacute; muy bien, no en sentido moral sino sanitario, transcurrir la infancia en una ciudad de reanimaci&oacute;n. Hab&iacute;a tanta vida pisoteada, invencible, como para hacer bueno en toda clase de oficios a un muchacho crecido en un tonel de libros.</p>
<p>Me adiestr&oacute; los sentidos, de modo que pude mantener mi sitio en la mara&ntilde;a ac&uacute;stica de un taller, en el polvo perpetuo de las obras. El estrangulamiento de los poros adquirido en tierna edad me proporcion&oacute; la indiferencia ante las ratas que me bailaban entre los pies en ciertas reformas de s&oacute;tanos y de desvanes, la resistencia al v&oacute;mito mientras se desatasca una alcantarilla, a los murci&eacute;lagos de las noches de &Aacute;frica, m&aacute;s abundantes que los mosquitos.</p>
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<p>La ciudad rozaba, embest&iacute;a, arrastraba y no dejaba de llamar al o&iacute;do. En el tiempo en el que fui su materia prima tatuaba sobre m&iacute; terrores, enfermedades, felicidad. Me los trazaba sobre la alfombra de la piel de gallina, desahogo de remilgos equivocados, repugnancias.</p>
<p>He conocido de ni&ntilde;o el disgusto. Cuando un adulto me llamaba la atenci&oacute;n, me ven&iacute;a la n&aacute;usea: si me golpeaba, todo el contragolpe acababa en mi est&oacute;mago. Me sub&iacute;a un regurgito, como para vomitar por la boca las palabras que me hab&iacute;an entrado por los o&iacute;dos. La experiencia de los adultos era inservible para m&iacute;. Los reproches no eran m&aacute;s que una tentativa de cegarme. No reaccionaba ante lo exterior, lo aceptaba con sosiego, pero nunca fui tan rebelde como de ni&ntilde;o, reaccionando con insurrecci&oacute;n f&iacute;sica, v&oacute;mitos, fiebre contra el campo de los adultos. A algunos los admiraba, pero a todos los he conocido bajo especie de repulsi&oacute;n. Hac&iacute;a a&ntilde;icos sus reproches repiti&eacute;ndolos mentalmente y confut&aacute;ndolos palabra por palabra. Cuanto mejor sab&iacute;a el italiano m&aacute;s desarticulaba en fr&iacute;o muchas veces sus frases pronunciadas al vuelo en un momento de reprensi&oacute;n. Los libros mejoraban mis argumentos de acusaci&oacute;n. Ten&iacute;a un aspecto d&oacute;cil y un tribunal en el cuerpo.</p>
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<p>Con el tiempo, he mejorado la distancia entre dentro y fuera: ahora creo tener una cara que exhala a la superficie mi clausura.</p>
<p>Ten&iacute;a como consuelo una fantas&iacute;a que, por lo general, en un ni&ntilde;o resulta una pesadilla: la de no ser hijo de mis padres, la de haber sido adoptado y de que en m&iacute; reaccionaban antepasados desconocidos para ellos. No buscaba una pertenencia distinta, no fantaseaba con una familia distinta, me bastaba con pensarme ajeno. Me enrocaba como extra&ntilde;o, convirti&eacute;ndome en inexpugnable. Callar bajo los reproches era para m&iacute; la forma cumplida de la ajenidad. Yo era otro, confundido desde siempre con otro ni&ntilde;o. Pobres de mis padres: qu&eacute; clase de hongo les hab&iacute;a nacido bajo el &aacute;rbol. Hoy mi madre dice: &ldquo;Ya no s&eacute; acordarme de ti de ni&ntilde;o&rdquo;. Es su sosegada e involuntaria maldici&oacute;n, la de haber parido a un extra&ntilde;o.</p>
<p>Hay disgustos constitutivos del car&aacute;cter, lo forman y lo deforman m&aacute;s que los gustos, m&aacute;s que los deseos. Por eso he aprendido poco de la experiencia constituida y m&aacute;s de la parte opuesta, la imaginaci&oacute;n. Reordenaba las innumerables especies de dificultades, peligros y me dotaba de una reacci&oacute;n. Me impon&iacute;a as&iacute; el adquirirla en un repertorio como una experiencia vivida. Despu&eacute;s me comport&eacute; seg&uacute;n el programa. Los casos eran muchos, pero el tiempo de afrontarlos en la mente era m&aacute;s vasto. &ldquo;&iquest;En qu&eacute; piensas?&rdquo;, &ldquo;En nada&rdquo;, y era verdad, era la nada de los gestos futuros que se iba depositando en el archivo. Sustitu&iacute;a la experiencia con la variedad de las reacciones. Era la vida simulada, prefigurada en seco, m&aacute;s vasta y arriesgada que la vida verdadera. De ah&iacute;, y de la ciudad que me rodeaba me vino el impulso para escribir historias.</p>
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<p>Cuando era de los suyos, los ciudadanos hab&iacute;an cerrado el mercado de las experiencias: las pose&iacute;an ya. Pose&iacute;an todos los comportamientos, un repertorio de reflejos autom&aacute;ticos, cuya perfecci&oacute;n solo he visto en las especies animales. Los ni&ntilde;os, por la calle, sab&iacute;an ya todo lo que hab&iacute;a que hacer, apa&ntilde;&aacute;rselas, jugar, evitar, recibir bofetones, golpes al vuelo. Eran grandes encajadores, como se dice de algunos p&uacute;giles. Todos eran expertos, nada pod&iacute;a sorprenderlos, &ldquo;<em>nisciuno</em>&rdquo;, nadie, era bobo ni por ingenuidad ni por defecto. Los bobos mor&iacute;an de peque&ntilde;os.</p>
<p>En la ciudad hab&iacute;a un &aacute;rbol de la ciencia del bien y del mal, con las hojas del mal m&aacute;s tupidas, expuesto al Sur. Era un &aacute;rbol local y no hab&iacute;a sido prohibido, por lo que todos hab&iacute;an comido de &eacute;l. Todos sab&iacute;an qu&eacute; hacer y c&oacute;mo.</p>
<p>La ciudad ten&iacute;a su propia experiencia de especie y no acog&iacute;a nada que no fuera suyo ya. De este modo, un ni&ntilde;o revoltoso contra la experiencia de los adultos se encontraba en una ciudad experta, densa en ex&aacute;menes f&iacute;sicos de pertenencia en los que demostrar su propia agilidad de aprendizaje, de destreza en reaccionar, de gestos y tonos de voz, de fugas y chuler&iacute;as.</p>
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<p>Cuanto m&aacute;s aprend&iacute;a, m&aacute;s se apartaba de la pertenencia. La ciudad me aplicaba en la piel su lema: &ldquo;<em>T&rsquo;aggia &lsquo;mpar&agrave; e t&rsquo;aggia perdere</em>&rdquo;, he de ense&ntilde;arte y he de perderte despu&eacute;s.</p>
<p>Nunca maternal, ni indulgente: no guardo recuerdos de que perdonara a los suyos, ni que los suyos se perdonaran entre s&iacute;.</p>
<p>En casa, nada les era condonado a los ni&ntilde;os sin ser expiado, pagado con p&uacute;blicas disculpas, promesas de no volver a hacerlo. A trav&eacute;s de un alfabeto de correcciones aprend&iacute;amos a conducirnos, a no chocar contra las aristas de la casa o de la ciudad, a recorrer trayectorias netas, sin derribar obst&aacute;culos.</p>
<p>N&aacute;poles me adiestro a los dem&aacute;s. Pude vivir durante m&aacute;s de un a&ntilde;o en dos habitaciones de Catania con otros cinco obreros, seis catres y tres turnos de trabajo, mezclados entre nosotros d&iacute;a y noche. Cada uno de nosotros dorm&iacute;a, cocinaba, se lavaba la ropa, escrib&iacute;a a casa en horarios distintos. Si conservo ejemplo de la palabra civilizaci&oacute;n, son nuestros pasos de puntillas al volver al alba del turno de noche, mientras fuera ya cund&iacute;a el foll&oacute;n, y el desnudarse en el vest&iacute;bulo, para no despertar a los dem&aacute;s en las habitaciones.</p>
<p>A continuaci&oacute;n he escrito en lugares angostos, con escasa comodidad, condici&oacute;n adecuada a las historias. Quien escribe no debe ocupar demasiado espacio ni tampoco demasiado silencio a su alrededor. He escrito sobre lugares angostos, de escasa comodidad, porque provengo de la tupida humanidad de una ciudad repleta: ni umbral ni ventana atrancada salvaba del potaje sonoro de peleas, discusiones, comidas, cisternas, fiestas, lutos e insomnios ajenos. No pod&iacute;a uno oponerse, taparse los &oacute;rganos: la densidad desbordaba, consum&iacute;a el aire. El dialecto era lengua de asfixiados, breve para consumir menos aire.</p>
<p>De ah&iacute; me ha venido mi amor por el viento, incluso por el que en la monta&ntilde;a sacude las cordadas y se afana por arrancarlas de las paredes.</p>
<p>El viento, el <em>r&ugrave;ah</em> que sofoca a Koh&egrave;let, que lo desespera, a m&iacute; me sirve de canci&oacute;n, me llena las narices, los pulmones, las cuerdas vocales, las orejas y todo lo que hace del cuerpo una vela. Limpia el aire, aunque sea siroco, y hace llover granos de desierto sobre los geranios. En la obra, cuando m&aacute;s fuerte se alzaba, formando corrientes en los vac&iacute;os de las habitaciones, y todos apretaban los ojos y los labios, a m&iacute; se me abr&iacute;a la garganta en un canto a contraviento: tragaba polvo hasta que acababa, el trabajo o el viento. Y aunque arremetiera a pu&ntilde;etazos contra la tramontana que me part&iacute;a los capilares de la cabeza, incluso as&iacute; era justo que el viento despellejara el cielo y matara a los viejos de noche con una cantinela de rendijas.</p>
<p>Entre nosotros, en otros tiempos, los viejos mor&iacute;an en casa, aspirando por la nariz con el &uacute;ltimo azoe el aliento adormecido de sus nietos.</p>
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<p>Mi padre volvi&oacute; a hablar en napolitano en su agon&iacute;a. Su tono ten&iacute;a una gravedad que solo el dialecto pod&iacute;a soportar. &ldquo;<em>Manco so&rsquo; mmuorto</em>&rdquo;, &ldquo;Y ni siquiera me he muerto&rdquo;, me dijo una ma&ntilde;ana, saliendo de una noche pasada frisando el final sin conseguir embocarlo. &ldquo;<em>Manco so&rsquo; mmuorto</em>&rdquo;, se sent&iacute;a tan cansado por verse clavado a otro d&iacute;a, tan ingrato por seguir vivo a&uacute;n. Si hay silencios en napolitano, yo permanec&iacute; callado as&iacute;, dejando caer los p&aacute;rpados sobre los ojos y haciendo con la cabeza un m&iacute;nimo gesto hacia atr&aacute;s. Subt&iacute;tulos para los poco pr&aacute;cticos en el napolitano mudo: &ldquo;<em>Manco s&igrave; mmuorto</em>&rdquo; &ldquo;Y ni siquiera te has muerto&rdquo;.</p>
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<p>El dialecto es como el deporte: hay que aprenderlo a edad temprana. Contiene destrezas musculares, habilidades, pases y atajos inadmisibles fuera del campo. Lo uso por costumbre con mi madre y es uso ese de muchas comunidades. Los jud&iacute;os de Europa oriental llaman al yidis <em>mamel&ograve;shn</em>, lengua de madre. Lo uso por agresividad hacia ciertos desconocidos, por brevedad en el trabajo, por alegr&iacute;a en alguna reuni&oacute;n de amigos, por necesidad de exactitud cuando manejo la baraja de cartas napolitanas, por identidad cuando oigo a gente extra&ntilde;a hablar del Sur.</p>
<p>Quien ha dejado de usar el dialecto es alguien que ha renunciado a cierto grado de intimidad con su propio mundo y ha establecido distancias. He marcado muchas de ellas yo, pero conservo para mi salvaci&oacute;n un resto de esas estocadas bruscas de sentido y de contacto que solo son posibles en <em>mamel&ograve;shn</em>, el napolitano para m&iacute;.</p>
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<p>N&aacute;poles en los libros impares y el Antiguo Testamento en los pares, ese es el p&eacute;ndulo de escritura que me oscila en el cuerpo. Me mantengo apartado de ambos, escribo desde otros lugares, no desde la ciudad de nacimiento, no desde la fe.</p>
<p>En la relaci&oacute;n de peque&ntilde;os descubrimientos como lector de Escrituras Sagradas, colocaba yo N&aacute;poles como contrapeso frente a los lugares de las historias sacras: el napolitano de nacimiento se encuentra con el hebreo definitivo de la divinidad. Como no creyente, me he dejado deslumbrar. Si tuviera fe, considerar&iacute;a el hebreo como un maravilloso medio, pero sin ella lo he amado por su finitud, no por su eternidad. No he buscado asilo en esa lengua, ni pertenencia.</p>
<p>&ldquo;Quien se ha dado, m&aacute;s no puede darse&rdquo; escribe en un verso de amor Jacopone da Todi. Yo estoy dado, asignado. Sigo siendo nap&aacute;trida, uno que ha consumado su cuota de pertenencia, poca, naciendo en un lugar y desprendi&eacute;ndose despu&eacute;s de &eacute;l a la fuerza: ninguna nueva alianza pod&iacute;a sustituir al destino de nacimiento. Llegaba al hebreo de las Escrituras por necesidad de mantenerme alejado.</p>
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<p>N&aacute;poles viene de oriente, el Tirreno fue surco de velas desde el Egeo. Los marineros del gregal vinieron a fundar una <em>polis</em> toda <em>nea</em> y le dieron un nombre de muchacha: desde entonces, para quien ha nacido all&iacute;, N&aacute;poles es una costilla. Quien pierde este lugar queda desorientado a la fuerza. He tenido ocasi&oacute;n de ver N&aacute;poles a la luz de otras ciudades. A la luz de Jerusal&eacute;n, no la geogr&aacute;fica, sino la escrita en las historias sagradas, la ciudad en lo alto de las cuestas: la lengua hebrea, cuando no la maldice, la nombra con un afecto paralelo, si bien superior, al de las canciones napolitanas dedicadas al lugar.</p>
<p>Hay en esa lengua sagrada una part&iacute;cula de acicate que se a&ntilde;ade por lo general a un verbo y que hay que entender como un &ldquo;venga&rdquo;, &ldquo;por favor&rdquo;, al objeto de amortiguar un imperativo. Esa part&iacute;cula es <em>na</em>. La m&aacute;s terrible petici&oacute;n de Iod/Dios, la que le hizo a Abraham para que sacrificara a su hijo, va acompa&ntilde;ada de un <em>na</em> que transforma una orden en una petici&oacute;n, en una plegaria de lo alto hacia lo bajo, a contramano respecto a la direcci&oacute;n obligatoria de marcha de las s&uacute;plicas. Me gusta que haya un <em>na</em>: tambi&eacute;n entre nosotros las &oacute;rdenes se diluyen en peticiones. La aut&eacute;ntica diferencia entre los alemanes y los napolitanos estriba precisamente en el manejo de las &oacute;rdenes. Los alemanes est&aacute;n acostumbrados a poner mucha inventiva y mucho celo en traducir a la pr&aacute;ctica &oacute;rdenes a veces gen&eacute;ricas. Los napolitanos aplican inteligencia en atascarlas, en esquivar &oacute;rdenes meticulosas y tr&aacute;mites. Entre nosotros, un mandato ha de suministrarse con el aparato de la discreci&oacute;n y de la invitaci&oacute;n; solo as&iacute; suscita un sentimiento de colaboraci&oacute;n y obtiene una respuesta. Si incluso la divinidad a&ntilde;ade un <em>na</em> de exhortaci&oacute;n al pedir, nos sentimos autorizados a considerar las &oacute;rdenes como invitaciones.</p>
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<p>He desviado hacia N&aacute;poles una frase del profeta Ezequiel sobre la Jerusal&eacute;n asediada: &ldquo;Ella [la ciudad] es la olla y nosotros somos la carne&rdquo;. Fui ni&ntilde;o en una ciudad olla, pero tuve que leer el Antiguo Testamento para saberlo.</p>
<p>Por eso N&aacute;poles se ha convertido a la luz de la lectura en una contrafigura de Jerusal&eacute;n. Un segundo arco iris se forma a veces, m&aacute;s desva&iacute;do, junto al primero, as&iacute; es N&aacute;poles para m&iacute; desde los versos escritos para Jerusal&eacute;n. Se yergue cual lugarteniente, detr&aacute;s de la ciudad santa, la m&iacute;a de origen y de oriente, mi <em>tabb&ugrave;r ha&agrave;retz</em>, ombligo de la tierra. No es un centro el ombligo, es solo un nudo y un punto de separaci&oacute;n. De all&iacute; me separ&eacute; con un mordisco, la cuerda se la dieron a los gatos pero el nudo es m&iacute;o, asido a m&iacute;. De all&iacute; me extraje como diente de quijada.</p>
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<p>Y si ya no s&eacute; ver la ciudad como es, puedo sentirla a la luz de otros lugares y nombres. Me ocurre a veces el toparme con el rostro de mi padre bajo las facciones de alg&uacute;n anciano y una vez en las de un joven detenido de la c&aacute;rcel de Regina Coeli. Cuando me percato, no le traiciono, para conservar un rato m&aacute;s esa presencia. Porque estoy convencido en ese momento de que se trata de &eacute;l precisamente, que ha venido a rozarme como saludo, por nostalgia.</p>
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<p>He le&iacute;do N&aacute;poles a la luz de Jerusal&eacute;n y la he visto en Mostar entre las casas martilleadas, en las caras magn&iacute;ficas, miserables de los musulmanes eslavos de la orilla este, se&ntilde;ores de otra &eacute;poca en medio de escombros incurables y muertos enterrados en los jardines. En los enjambres de ni&ntilde;os he vuelto a ver a los m&iacute;os de la infancia. Los ni&ntilde;os napolitanos de Mostar este sal&iacute;an a las calles bajo la incierta tregua de mayo de 1994, al encuentro de nuestras furgonetas. Correteaban bajo el sol de guerra que los hab&iacute;a obligado a estar durante tantos meses en la oscuridad de los s&oacute;tanos g&eacute;lidos.</p>
<p>Los m&aacute;s extranjeros en la tierra eran los viejos. Sobre ellos se cern&iacute;a el agravio de sobrevivir a sus hijos enterrados, a nietos hechos pedazos por una explosi&oacute;n o exhaustos de hambre. Pasaban pegados a los muros, mirando al suelo con la excusa de no tropezar. Vivir era para ellos una verg&uuml;enza y cada comida un robo que le quitaba peso a un hijo, a un nieto. Sal&iacute;an de los s&oacute;tanos de Mostar este los abuelos musulmanes al encuentro de las cruces impresas en nuestras furgonetas, las primeras cruces que no tra&iacute;an matanzas desde el Oeste. He visto en ellos las caras de mi gente que sal&iacute;a al encuentro de los americanos a finales del verano de 1943, al encuentro de quienes los hab&iacute;an bombardeado cien veces.</p>
<p>Bajo otras carnes y alfabetos he visto N&aacute;poles. Creo saber reconocerla solo bajo disfraces as&iacute;.</p>
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<p>Se pretende que la ciudad pertenezca al Sur, por m&aacute;s que se halle en el centro del Mediterr&aacute;neo, que es el continente y el contenedor de la pen&iacute;nsula. Somos de Europa solo por la cresta de gallo de los Alpes, somos de mar por todo el resto del cuerpo. Para quien ha nacido aqu&iacute;, en este exacto centro, decirse del Sur es un error geogr&aacute;fico reciente, debido a la unidad de Italia.</p>
<p>Si se traza una l&iacute;nea desde Marsella hasta Beirut, de Trieste a Tr&iacute;poli, desde el delta del Nilo al del R&oacute;dano, del r&iacute;o Viosa al Ebro, all&iacute; se encuentra la ciudad, bisectriz del mar que hace de &Aacute;frica y de Oriente, de eslavos, &aacute;rabes y latinos pueblos de una &uacute;nica ribera, todos gente de costa. Ese mar es la habitaci&oacute;n a la que se abren nuestras puertas, incluidas las aguas del Mar Negro y la ciudad de Odessa, cargada de vi&ntilde;as y de higueras, de p&aacute;ginas meridionales escritas por su Isaak B&aacute;bel.</p>
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<p>A N&aacute;poles vino Norteam&eacute;rica, que decidi&oacute; implantar aqu&iacute; el centro de guerra del Mediterr&aacute;neo. En la posguerra, la ciudad se convirti&oacute; en burdel de paso de los marineros norteamericanos. En otras partes de Italia eran las fuerzas aliados, en la ciudad segu&iacute;an siendo las fuerzas de ocupaci&oacute;n, liberadores sedentarios con sus barrios, bases, mercanc&iacute;as, coches, fiestas, tribunales. Cualquier delito cometido por los marineros era juzgado por una corte propia. En N&aacute;poles, el derecho italiano qued&oacute; suspendido, dej&oacute; de ser la capital de la Cuesti&oacute;n meridional, para serlo de una cuesti&oacute;n militar entre potencia lejanas. Se hab&iacute;a convertido, como Saig&oacute;n, Manila, en una escala estrat&eacute;gica, retaguardia de marina militar.</p>
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<p>Me remonto a una mezcla de dos olores: el bet&uacute;n de los zapatos y las orinas torrenciales volcadas cara al muro por un ej&eacute;rcito de permiso. Negro reluciente a los pies de uniformes blancos y cerveza drenada por los ri&ntilde;ones y orde&ntilde;ada en los callejones tambale&aacute;ndose desde gigantes que se sujetaban con una mano a los muros y con la otra al aparato.</p>
<p>Era Norteam&eacute;rica en casa, no la de los d&oacute;lares enviados por los emigrantes que se marcharon como mercanc&iacute;a de bodega, no los d&oacute;lares de los dolores. Era el dinero f&aacute;cil de los puertos militares del mundo.</p>
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<p>Una patrulla de Shore Patrol me vio en la cara el cuarto de sangre norteamericana que mi abuela, Ruby Hammond de De Luca, me ha transmitido en dep&oacute;sito. No s&eacute; decir en herencia, porque nunca llegu&eacute; a tocarla: dej&eacute; que se marchitara, negu&eacute; ese cuarto de sangre en los a&ntilde;os de las revueltas contra los muchos tiranos del mundo, gritando nuestro &ldquo;go home&rdquo; a los soldados americanos expatriados en todas partes y que no so&ntilde;aban con otra cosa. Y mientras lo gritaba, un cuarto de ese grito iba dirigido contra m&iacute;, contra mi cuota de origen que con todo deb&iacute;a servirme de explicaci&oacute;n: si no me sent&iacute;a de N&aacute;poles en sentido genitivo, se lo deb&iacute;a a la semilla de esos desplazados, fundadores de ciudades de cart&oacute;n piedra, clientes de los <em>saloon</em>, capaces de hacer de una prostituta de allende los mares el r&eacute;dito base de una familia, listos para vomitar por las calles las cervezas del mareo terrestre y dejar que los ni&ntilde;os les aligeraran los bolsillos.</p>
<p>En cambio, nada: esa sangre norteamericana se hab&iacute;a perdido. Pero no para los de la Shore Patrol, que se cruzaron conmigo en un callej&oacute;n, durante una redada. Ten&iacute;a diecis&eacute;is a&ntilde;os y un cuerpo de nataci&oacute;n. Me untaron contra un muro, junto a una destartalada columna de chicos norteamericanos esposados. No dije nada. Admito haber deseado que me llevaran lejos, no importaba a d&oacute;nde: si no eres capaz de hacerlo por ti mismo, es preciso que alg&uacute;n otro te pille y te lance lejos de casa. En otros tiempos lo hac&iacute;an las guerras. Solo cuando me vaciaron los bolsillos y sali&oacute; a la luz mi carn&eacute; de identidad, uno de ellos, un negro imponente como un rey de piazza Plebiscito, me dijo: &ldquo;Sorry, m&iacute;ster De Luca&rdquo; y apart&oacute; su porra de detr&aacute;s de mi nuca.</p>
<p>Ya hab&iacute;a aprendido a ser americano en N&aacute;poles, muchas veces ya por la calle me hab&iacute;an pedido y ofrecido de todo con ese acento de choteo, porque, cuando quer&iacute;an, los napolitanos hablaban un excelente ingl&eacute;s. Se equivocaban conmigo, pero por necesidad, por costumbre de abordar al extranjero. No cre&iacute;a que tambi&eacute;n los norteamericanos pudieran equivocarse conmigo. Lo puse en la cuenta como homenaje a mi abuela.</p>
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<p>Mientras viv&iacute; en N&aacute;poles tuve un cuerpo de muchacho. Lejos de all&iacute;, en los trabajos obreros de la edad adulta, mi silueta se fue simplificando. Cada precisi&oacute;n contiene una p&eacute;rdida. Sent&iacute;a en los espesamientos una falta de soltura, se endurec&iacute;an las fibras del cuello, me costaba extender las manos, incluso vac&iacute;as se me quedaban medio cerradas, como si tuvieran siempre que sostener una piedra. No quer&iacute;a entumecerme, como los obreros. Despu&eacute;s de las ocho horas volv&iacute;a a la habitaci&oacute;n y a&ntilde;ad&iacute;a una hora m&aacute;s de gimnasia. Hizo falta una dosis de violencia para hacerme aquello.</p>
<p>Bajo la carga del d&iacute;a, el cuerpo se fabricaba, resist&iacute;a, cambiaba de usanzas. Lo he sudado, herido, agotado y no se alejaba de m&iacute;, no enfermaba. Ten&iacute;a veintis&eacute;is a&ntilde;os, demasiados, cuando empec&eacute; a hacer de mi cuerpo un obrero. Y los a&ntilde;os, despu&eacute;s, fueron c&iacute;rculos que ensanchaban un poco los hombros, el aliento, las manos: c&iacute;rculos, los de los &aacute;rboles que pueden contarse cuando los cortas. Aprend&iacute;a a entender el cuerpo y a comprender que no era m&iacute;o. Proven&iacute;a de una multitud de esqueletos masculinos y femeninos, fatigas, pestilencias. No era m&iacute;o, estaba antes que yo, he habitado en &eacute;l, lo he esforzado hasta l&iacute;mites que &eacute;l desplazaba, sin dejarse encajar entre ning&uacute;n conf&iacute;n y yo. No se dejaba alcanzar. No fui capaz de conocerlo mientras me afanaba sobre el cuerpo de una mujer ni en el vac&iacute;o ligero de una pared de monta&ntilde;a. All&iacute; se encerraba absorto en su cometido y todo j&uacute;bilo era solamente m&iacute;o.</p>
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<p>&nbsp;N&aacute;poles ha sido ese cuerpo trabajado por los pueblos, desde el subsuelo, probado una y otra vez y redescubierto mayor que la prueba. Su paciencia es fruto de un volc&aacute;n que est&aacute; all&iacute; para sepultarla de cenizas. <em>Pacienza</em>: es palabra local que re&uacute;ne la voz &ldquo;padecer&rdquo; con la de conformarse; virtud del sistema nervioso capaz de soportar vidas imposibles. No es una resignaci&oacute;n, sino el m&aacute;s alto estado civil de la experiencia, una santidad de marineros en tierra que saben dormir en las tempestades. <em>Pacienza</em> con los ojos secos &ldquo;<em>comm&rsquo; all&rsquo;esca</em>&rdquo;, como el cebo: que era un calamar, una pota que se cortaba en trocitos y se dejaba secar sobre la madera de la barca mientras se pescaba. <em>Pacienza</em> de vivir <em>accus&igrave;</em> que no es solo &ldquo;as&iacute;&rdquo; sino un salir al encuentro del &ldquo;as&iacute;&rdquo; y contra &eacute;l, de vivir &ldquo;as&iacute;&rdquo; por apego al lugar. Quien se marcha o muere ha perdido la <em>pacienza </em>y el<em> accuss&igrave;</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otras ciudades tienen cuerpos de obreros, cuerpos de combates contra la fatiga, cuerpos que acaban derrotados, entumecidos, hinchados. En la f&aacute;brica me manten&iacute;a apartado de ellos, no me asemejaba a esas espaldas de &aacute;rboles cortados. Al mediod&iacute;a, mi sopa sobrante de la noche anterior no se parec&iacute;a a sus hogazas rellenas y a su enloquecido litro pimplado y pagado despu&eacute;s con aliento pesado y venas a punto de estallar en las horas de trabajo sucesivas.</p>
<p>Hoy han desaparecido semejantes usanzas y en las obras los obreros siguen las dietas de sus mujeres y de los doctores. En otros tiempos eran hombres amansados por los cansancios, de sus poros hab&iacute;a salido el agua de un r&iacute;o y la sal de un acantilado. Eran un mineral extra&iacute;do cada d&iacute;a antes del alba. No so&ntilde;aban nunca, ni yo tampoco. De joven dorm&iacute;a ligero, la noche era una c&aacute;scara fr&aacute;gil y se quebraba muchas veces. Los sue&ntilde;os, para m&iacute;, se parec&iacute;an a los huevos. Entonces so&ntilde;aba, participaba en el coro de las noches, en la empolladura, qui&eacute;n sabe cu&aacute;nta ciudad entraba en la c&aacute;scara. Lejos de all&iacute;, aprend&iacute; el sue&ntilde;o f&oacute;sil de las piedras. Los sue&ntilde;os eran cajones cerrados, eran, como dice el Talmud, cartas sin abrir. La noche no era m&aacute;s que una deposici&oacute;n del cuerpo, un aprovisionamiento. Desde hace un diluvio de a&ntilde;os he dejado de saber que sue&ntilde;o.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nada de lo que he acabado por ser f&iacute;sicamente se remonta a mis or&iacute;genes. Solo un porrazo, todav&iacute;a de madera, que buscaba mi cabeza y que esquiv&eacute; por instinto ofreciendo el hombro en sacrificio: solo ese, recibido en la ciudad, fue el anticipo de todos los golpes futuros. Reaccion&eacute; junto a la multitud, coceando como una manada de asnos salvajes, rebuznando en corto en la refriega breve del impacto. Fue un golpe el&eacute;ctrico en los nervios que hizo que me resonaran en la cabeza todas las campanas, las del colegio al acabar las clases. El tiempo amagaba un paso de carga, los a&ntilde;os ten&iacute;an en el pulso una taquicardia de tarantela y las cuentas se simplificaban: ellos o nosotros. De ah&iacute; en adelante no volv&iacute; a sentir verg&uuml;enza ante ning&uacute;n enfrentamiento, porque no los s&eacute; juzgar. Solo s&eacute; que he tenido suerte, lejos de mis or&iacute;genes.</p>
<p>Igual que los besos: no am&eacute; a ninguna muchacha de N&aacute;poles mientras viv&iacute; all&iacute;, toda la adolescencia hasta los dieciocho a&ntilde;os. Solo como extranjero, muchos a&ntilde;os despu&eacute;s, de paso en la ciudad la conoc&iacute; bajo especie de brazos abiertos. En aquellos besos tard&iacute;os engull&iacute;a yo una saliva que curaba mis carencias, la lepra seca de mis deseos de muchacho. Prob&eacute; besos de consuelo, premios para el &uacute;ltimo en llegar. Eran labios sin futuro, pero proporcionaban paz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tras dieciocho, uno: volv&iacute; en el invierno tel&uacute;rico de 1980. Empezaba con desalojos, escombros y polvo una d&eacute;cada de habitaciones vac&iacute;as para hombres dispersos. Buena parte de mi gente viv&iacute;an en c&aacute;rceles, yo fuera. Mi domicilio entonces era un adverbio de lugar: fuera. N&aacute;poles era ciudad extenuada y temblada, nuevos escalofr&iacute;os y enjambres se descargaban sobre los terrones de toba.</p>
<p>En mis a&ntilde;os de infancia me sofocaba el polvillo de la toba, el musgo de las fachadas norte, la hiedra de las paredes, los regatos, los huecos angostos en los que se constru&iacute;an casa los palomos, p&aacute;jaros que no saben de nidos. Colinas de toba me pasaron m&aacute;s tarde entre las manos en bloques, para emparedarlos, para perfilarlos con el hacha, para mojarlos y hacer que se adhiriera la cal. Consegu&iacute; que me gustara la toba lejos de N&aacute;poles y jam&aacute;s me hizo el da&ntilde;o que me hac&iacute;a all&iacute; sin tocarla.</p>
<p>En aquel invierno sin techo, nadie se fiaba ya de sus piedras: muletas, bastiones, troncos, tubos, tenazas, rejas elevadas al cielo, estorbos sobre estorbos y muchedumbre que hac&iacute;a el vac&iacute;o ante s&iacute; misma y que presionaba sobre el dinero del socorro, haciendo que les cayera encima cual lluvia.</p>
<p>Estaba de nuevo all&iacute; pero no a&ntilde;ad&iacute;a ni un a&ntilde;o a esos primeros dieciocho. Esos eran una planta entera; este, en cambio, un bast&oacute;n ca&iacute;do de esa madera. No en socorro, no ante la llamada de la patria derrumbada, por ninguna de esas intenciones me hallaba de nuevo all&iacute;, sino por amor, voz del azar que se disfraza de necesidad. Me hab&iacute;a enamorado, una noche de invierno, en una pizzer&iacute;a del barrio de Fuorigrotta, de una muchacha que estaba sentada a mi lado. &iquest;Me habr&iacute;a marchado de no haberla conocido? Toda una vida me pasaba por delante y se sobrepon&iacute;a para borrar trece a&ntilde;os de distancia. Nunca llegu&eacute; a irme: me qued&eacute; aqu&iacute;, t&uacute; eres mi ciudad, eso le dec&iacute;a a ella.</p>
<p>Confund&iacute;a su nombre con los lugares de N&aacute;poles, su cuerpo reclinado con el golfo. Mi sudor y su aroma de hierba ahumada, el trino de alegr&iacute;a de su voz cantaba en mi cabeza todo el d&iacute;a, en la obra me acariciaba por dentro, me enmudec&iacute;a. Lo esperaba por la noche preparando la cena en la casa donde viv&iacute;amos juntos. Los domingos recorr&iacute;amos arriba y abajo las curvas de la costa de Amalfi para mordisquear pescado frito, para digerirlo en una cama. Yo ten&iacute;a las manos de papel de lija, ella la piel delicada. Ninguna se ha asomado, despellejado y desperdiciado tanto conmigo. Una vida magra le daba yo a cambio de su donaci&oacute;n entera. Se consum&iacute;a de m&iacute;, perd&iacute;a la luz poco a poco, se entristec&iacute;a. Cuando acab&oacute; el a&ntilde;o me pidi&oacute; que no volviera a tocarla. Se marchaba con su piel enrojecida y la voz que se apagaba al final de las escaleras, mientras por all&iacute; sub&iacute;a la ciudad, con un llanto desquiciado de ni&ntilde;o. Reun&iacute; ciudad y muchacha, vida desvanecida, no era ciudadano de ellas.</p>
<p>Era tarde. No era la muchacha la que me ped&iacute;a que no la tocara, era la ciudad: porque las ciudades coinciden con un amor, uno es ciudadano en virtud de abrazos y yo lo fui durante un a&ntilde;o. Y despu&eacute;s, no hubo m&aacute;s que tocar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mi padre no me a&ntilde;oraba ya, sus ojos secos miraban de buena gana por el balc&oacute;n, pero no consegu&iacute;an ver la explanada deslumbrante del azul. No distingu&iacute;a el cielo del mar. As&iacute; se cerr&oacute; N&aacute;poles a mis espaldas, cortina tras cortina para retirar la luz, como en la retina rasgada de mi ciego asomado al balc&oacute;n.</p>
<p align="right">(Traducci&oacute;n de Carlos Gumpert)</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 23 May 2014 11:55:48 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Trieste. Una identidad de frontera]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/trieste-una-identidad-de-frontera/</link>
      <description><![CDATA[<p style="text-align: left;" align="center"><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Mayo/CLAUDIO_MAGRIS_2.jpg" alt="" /><strong></strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">1.</p>
<h1>Querr&iacute;a deciros</h1>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En los tres primeros p&aacute;rrafos de <em>Mi Carso,</em> todos los cuales empiezan con las palabras &ldquo;querr&iacute;a deciros&rdquo;,<em> </em>Scipio Slataper confiesa y conjura una tentaci&oacute;n de mentir. Slataper querr&iacute;a decir a sus lectores, esto es, a los italianos, que ha nacido en una casita del Carso, en un bosque de robles en Croacia o en la llanura morava; querr&iacute;a darles a entender que no es italiano y que s&oacute;lo ha &ldquo;aprendido&rdquo; la lengua en la que escribe, que esa lengua no lo satisface sino que le despierta &ldquo;el deseo de regresar a la patria porque aqu&iacute; me encuentro muy mal&rdquo;. Sin embargo, sus lectores &ldquo;taimados y sagaces&rdquo;, a&ntilde;ade, enseguida se dar&iacute;an cuenta de que en realidad es &ldquo;un pobre italiano que busca barbarizar sus solitarias inquietudes&rdquo;, un hermano suyo que a lo sumo se siente amedrentado por la cultura y astucia que ellos encarnan.&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el &aacute;spero y esquivo lirismo de <em>Mi Carso, </em>Slataper, venciendo con su sinceridad el impulso a la declamaci&oacute;n, identifica la <em>triestinidad</em> con la conciencia y el anhelo de una diversidad cierta pero indefinible, aut&eacute;ntica cuando se vive en la p&uacute;dica interioridad del sentimiento, no cuando se proclama y exhibe. Slataper se siente receptor del legado y los ecos de otras civilizaciones, de ra&iacute;ces y savias consustanciales a su ser. Los lectores burlones y obtusos hacen mal en no advertir su diversidad genuina, s&oacute;lo que &eacute;sta no admite definiciones, todo lo que se diga de ella ser&aacute; necesariamente falaz: Slataper no ha nacido en el Carso, ni en Croacia, ni en Moravia, el italiano es su &uacute;nica lengua y su verdadera nacionalidad, por mucho que &eacute;sta sea un amasijo plurinacional. La patria de la que siente nostalgia no existe en ning&uacute;n lugar, porque si &ldquo;aqu&iacute;&rdquo; (en Trieste, entonces austr&iacute;aca, o en Italia, en Florencia, donde estudia y escribe), se encuentra mal, tampoco sabr&iacute;a ni querr&iacute;a se&ntilde;alar otra tierra natal.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ahora bien, si los lectores ficticios, sobre todo los cultos amigos con los que se imagina que dialoga, no comprenden las contradicciones de su identidad, por su parte Slataper revela la secreta necesidad que siente de esa incomprensi&oacute;n, en la que encuentra una confirmaci&oacute;n de su diversidad, que, constituyendo su naturaleza, no sabe definir. De forma genial, Slataper identifica esa diversidad con la poes&iacute;a, es decir, con una verdad existencial que se puede vivir, pero no predicar, y que es fecunda cuando se objetiva y se transfigura en las obras concretas (del pensamiento, de la fantas&iacute;a y de la acci&oacute;n), que de ella extraen la primera inspiraci&oacute;n pero para traducirla en valores que la trascienden. En cambio, teorizar y hacer alarde de esa diversidad es literatura, artificio ret&oacute;rico o &eacute;nfasis sentimental.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta diversidad de Trieste ha sido ostentada, negada, afrontada con l&uacute;cida conciencia, ignorada con arrogancia o codificada en un c&oacute;modo y falso <em>clich&eacute;, </em>al que regularmente ha recurrido su clase rectora para justificarse y explicar su falta de adecuaci&oacute;n sociopol&iacute;tica. Ciudad &ldquo;abstracta y premeditada&rdquo;, como dec&iacute;a Dostoievski de San Petersburgo (tambi&eacute;n crecida por la decisi&oacute;n de un gobierno y no por un proceso de desarrollo org&aacute;nico), Trieste ha sido, y sigue siendo, una ciudad llena de contrastes, pero sobre todo ha buscado y busca su propia raz&oacute;n de ser en esos contrastes y en su indisolubilidad. Los escritores que han vivido a fondo su heterogeneidad y su multiplicidad de elementos sin posible unidad, han comprendido que Trieste &ndash;como el Imperio Habsburgo del que formaba parte- era un modelo de la disparidad y de la contradicci&oacute;n de toda la civilizaci&oacute;n moderna, carente de una fundamento central y de una unidad de valores. Svevo y Saba hicieron de Trieste una estaci&oacute;n sismogr&aacute;fica de los terremotos que estaban a punto de sacudir el mundo; con Svevo, desde la civilizaci&oacute;n burguesa por excelencia, cuya historia ha sido esencialmente la de su ascenso y decadencia, naci&oacute; una gran poes&iacute;a de la crisis del individuo contempor&aacute;neo, una poes&iacute;a ir&oacute;nica y tr&aacute;gica, muy l&uacute;cida y evasiva, que oculta su desenga&ntilde;ada agudeza tras una amable reticencia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como el austr&iacute;aco de Musil, que era &ndash;lo dec&iacute;a el propio Musil- un austro-h&uacute;ngaro sin el h&uacute;ngaro, esto es, el fruto de una sustracci&oacute;n, tambi&eacute;n al triestino le cuesta definirse en t&eacute;rminos positivos; le resulta m&aacute;s f&aacute;cil proclamar lo que no es, lo que lo diferencia de cualquier otra realidad, que declarar su identidad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Toda b&uacute;squeda de una identidad, leg&iacute;tima en el plano existencial y a veces fecunda en el po&eacute;tico, comporta por norma la transfiguraci&oacute;n caprichosa de la realidad sociohist&oacute;rica. La b&uacute;squeda de la identidad conlleva, de un modo m&aacute;s o menos consciente, el af&aacute;n de encontrar una esencia, una dimensi&oacute;n que no se altere ni var&iacute;e por los vaivenes del acontecer hist&oacute;rico. As&iacute;, aqu&eacute;lla inmoviliza y distorsiona la historicidad, inventa y acent&uacute;a analog&iacute;as y semejanzas en vez de captar las transformaciones y distinciones que se dan en cada fen&oacute;meno hist&oacute;rico. Mitifica, es decir, cautiva con la inmovilidad de lo id&eacute;ntico, y petrifica la historia en la m&aacute;scara del mito. La &ldquo;triestinidad&rdquo;, como toda definici&oacute;n de una identidad cultural, es ciertamente una categor&iacute;a &ldquo;indiferenciada e inapropiada&rdquo;, como escribe Elvio Guagnini, que se proyecta m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites hist&oacute;ricos y culturales de momentos y elementos dispares. La b&uacute;squeda de una esencia &ndash;y eso es precisamente el &ldquo;querr&iacute;a deciros&rdquo; de Slataper - cae f&aacute;cilmente en una visi&oacute;n totalizadora, y por ende reductora como todo proyecto totalizador, que aprisiona en su red tambi&eacute;n los fen&oacute;menos reacios a la inclusi&oacute;n, o los elimina o les niega su importancia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La definici&oacute;n de una identidad acaba extrayendo o abstrayendo rasgos t&iacute;picos, a los que se confiere un valor ejemplar y absoluto, estimando representativo &uacute;nicamente lo que es propio de ese valor. Ni la cultura triestina ni su literatura se reducen a la cultura ni a la literatura nacidas de la tribulaci&oacute;n slataperiana, que poseen un significado hist&oacute;rico e intelectual muy notable, pero no cubren todo el espectro de la ciudad, mucho m&aacute;s variada y articulada. Con buen tino, Silvio Bencio, en una conferencia que dict&oacute; en Florencia en 1932, invitaba &ndash;en relaci&oacute;n con la literatura triestina- a no meterlo todo en el mismo saco, a establecer m&aacute;s distinciones que analog&iacute;as. De esa diversidad que Slataper sufri&oacute;, exhibi&oacute; y descubri&oacute;, naci&oacute; el arte del propio Slataper y quiz&aacute;, en un tono completamente distinto, tambi&eacute;n el reticente juego sveviano con la nada. En cambio, resulta bastante m&aacute;s dif&iacute;cil vincular con aqu&eacute;lla, por ejemplo, la poes&iacute;a de Saba o la de Giotti, o la narrativa de Quarantotti Gambini. Adem&aacute;s, Slataper proclama que Trieste &ldquo;tiene un tipo triestino... y debe buscar un arte triestino&rdquo;, pero demuele, en una rese&ntilde;a de 1911, el primer libro de <em>Poemas</em> de Saba, demostrando que su proyecto de &ldquo;arte triestino&rdquo; es uno, pero desde luego no el &uacute;nico ni exhaustivo programa literario. Hay, como se ha se&ntilde;alado acertadamente, distintas realidades culturales triestinas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin duda, una de &eacute;stas es la que parte de la reflexi&oacute;n sobre la diversidad, de la importancia que se le atribuye o de la exigencia de conjurarla. Naturalmente, toda realidad hist&oacute;rica tiene su propia diversidad, m&aacute;s o menos marcada. Trieste tiene caracter&iacute;sticas peculiares, pero el hecho de subrayarlas, que a veces es una inconfesable pretensi&oacute;n de poseer una especie de monopolio, constituye una imposici&oacute;n ideol&oacute;gica, que, seg&uacute;n el momento, adopta f&oacute;rmulas distintas. La historia de este mito de la diversidad &ndash;con sus regresiones, sus testimonios reveladores y su paisaje sentimental- no es la historia de Trieste, sino la historia de un motivo caracter&iacute;stico y recurrente de amplios sectores de la cultura triestina, es la historia de lo que Fabio Cusin ha llamado &ldquo;el particularismo triestino&rdquo;. Seguir la historia de un mito no significa aceptarlo, sino comprender esa realidad hist&oacute;rica m&aacute;s amplia, de la que tambi&eacute;n forman parte su g&eacute;nesis y su evoluci&oacute;n. Por tanto, aunque este libro se centre en un aspecto de la cultura triestina que ha determinado su imagen y su paisaje literario, ha de entenderse que dicho aspecto no es el &uacute;nico ni tampoco m&aacute;s significativo que otros que no se tratan aqu&iacute;, como Slataper, cuya figura es fundamental para la tem&aacute;tica del libro, no es m&aacute;s importante que el gran Saba ni po&eacute;ticamente m&aacute;s v&aacute;lido que Virgilio Giotti, cuya obra apenas se analiza en estas p&aacute;ginas.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Asimismo, la b&uacute;squeda de la identidad encubierta del &ldquo;querr&iacute;a deciros&rdquo; hace que &eacute;sta se centre en el proceso de sustracci&oacute;n, de definici&oacute;n por negaci&oacute;n, hacia el que tiende y en el que desemboca, como se ha se&ntilde;alado, aquella forma de b&uacute;squeda. Una historia completa, aunque s&oacute;lo sea cultural, deber&iacute;a contemplar, como ha escrito Marino Raicich, a toda aquella amplia &aacute;rea para la que Ascoli, el gran ling&uuml;ista, acu&ntilde;&oacute; el t&eacute;rmino Venecia Julia: adem&aacute;s de Trieste, Goricia y el Friuli oriental, Istria y Fiume, con sus voces po&eacute;ticas y la pluralidad de sus componentes sociales y nacionales. Pero la esencia no enunciable &ndash;y las dificultades hist&oacute;ricas inducen muchas veces a una parte de la cultura triestina a refugiarse en esta esencia- se reconoce en la sustracci&oacute;n, en la persecuci&oacute;n de un centro que, definido en la diferencia, no existe.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta actitud no ha terminado, sigue siendo un elemento de historia: sobrevive no s&oacute;lo en las nostalgias m&aacute;s palmarias, en los mitos de una ciudad en crisis que busca justificaciones a su declive, sino tambi&eacute;n &ndash;parad&oacute;jicamente- en algunas obras recientes que quieren desmitificar esos mitos de la ciudad y su tradici&oacute;n autoconsoladora. El libro de F&ouml;lkel y Cergoly, verbigracia, que abarca y saca a la luz la tradici&oacute;n cultural eslava y alemana de la ciudad, desligada del nacionalismo italiano, se inspira en una febril y visceral obsesi&oacute;n ed&iacute;pica, en una excitaci&oacute;n &ldquo;slataperiana&rdquo; &ndash;aunque se dirige contra Slataper-, con el fin de captar un alma tan dispersa como diversa, imposible de reducir a cualquier definici&oacute;n unitaria. Por el lado esloveno, por ejemplo, Joze Pirjevec &ndash;precisamente rese&ntilde;ando la primera edici&oacute;n de este libro- habla de un &ldquo;vac&iacute;o&rdquo; entre los eslovenos de Yugoslavia y los de Trieste, vac&iacute;o que existe pero que es experimentado y no definido. En un art&iacute;culo suyo muy interesante y agudo, tambi&eacute;n dedicado, con un prop&oacute;sito muy diferente, a la discusi&oacute;n franca y profunda de la primera edici&oacute;n del mismo libro, Jost Zakbar compara con acierto la <em>triestinidad </em>con el ave f&eacute;nix (&ldquo;todo el mundo dice que existe, pero nadie sabe d&oacute;nde est&aacute;&rdquo;, escribi&oacute; Metastasio), pero pone en evidencia que esta realidad forma parte de la ideolog&iacute;a &ndash;y, por ende, de un cap&iacute;tulo de historia- triestina, as&iacute; como el inexistente ave f&eacute;nix existe, como <em>topos </em>literario, en la historia de la literatura y, por consiguiente, de la civilizaci&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A tenor de la l&oacute;gica de este mito construido por negaci&oacute;n, una gran etapa de la cultura triestina, o sea, el periodo anterior a la Primera Guerra Mundial, empieza con una toma de conciencia y con una denuncia de un vac&iacute;o espiritual; empieza cuando Slataper escribe, en un art&iacute;culo aparecido en <em>La Voce </em>en 1909, que &ldquo;Trieste no tiene tradiciones de cultura&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Fragmento del libro <em>Trieste. Una identidad de frontera</em>, de Angelo Ara y Claudio Magris, que la Editorial Pre-Textos publicar&aacute; en breve en una traducci&oacute;n de C&eacute;sar Palma)</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 22 May 2014 10:43:28 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Quinta del sordo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/quinta-del-sordo/</link>
      <description><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px;">&nbsp;<img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas20/MARIO_HINOJOSA_3.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp; &nbsp; &nbsp; Porque conspir&aacute;is en Callao</p>
<p style="padding-left: 480px;">con un pu&ntilde;ado de poemas</p>
<p style="padding-left: 480px;">en las manos y en las tripas,</p>
<p style="padding-left: 480px;">sois el futuro,</p>
<p style="padding-left: 480px;">desde el Distrito Federal a Buenos Aires</p>
<p style="padding-left: 480px;">pasando por Santiago de Chile o Lima.</p>
<p style="padding-left: 480px;">Llev&aacute;is tatuada a Jane Birkin</p>
<p style="padding-left: 480px;">en la punta del coraz&oacute;n</p>
<p style="padding-left: 480px;">y pos&aacute;is desafiantes al calor de Vallejo y Parra,</p>
<p style="padding-left: 480px;">ten&eacute;is rock en las venas</p>
<p style="padding-left: 480px;">y semen en los tinteros.</p>
<p style="padding-left: 480px;">Preciados se diluye en Lavapi&eacute;s,</p>
<p style="padding-left: 480px;">tambores de guerra,</p>
<p style="padding-left: 480px;">Borges y Leonard Cohen</p>
<p style="padding-left: 480px;">se citan en La Montera,</p>
<p style="padding-left: 480px;">un duelo a muerte,</p>
<p style="padding-left: 480px;">Peque&ntilde;o Vals Vien&eacute;s</p>
<p style="padding-left: 480px;">al sur de Rivadavia.</p>
<p style="padding-left: 480px;">Y sois descarados y canallas</p>
<p style="padding-left: 480px;">pero am&aacute;is con verg&uuml;enza,</p>
<p style="padding-left: 480px;">Bola&ntilde;escos y Cortazarianos,</p>
<p style="padding-left: 480px;">estirpes de cerveza y whisky,</p>
<p style="padding-left: 480px;">teor&iacute;as cient&iacute;ficas</p>
<p style="padding-left: 480px;">para ingresar en la astronom&iacute;a laber&iacute;ntica de &Oacute;scar Pirot</p>
<p style="padding-left: 480px;">o salir del Manicomio de Mauricio Medo.</p>
<p style="padding-left: 480px;">Cada tarde os bat&iacute;s en duelo,</p>
<p style="padding-left: 480px;">y lleg&aacute;is al amanecer borrachos,</p>
<p style="padding-left: 480px;">al final cre&eacute;is que todo es un juego,</p>
<p style="padding-left: 480px;">hasta que suena el timbre</p>
<p style="padding-left: 480px;">y otra vez el maldito alquiler.</p>
<p style="padding-left: 480px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 21 May 2014 05:54:36 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un erótico cadáver exquisito]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-erotico-cadaver-exquisito/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/rocioerotico500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El artista visual, dise&ntilde;ador gr&aacute;fico y activista cultural, Paco Rallo, es el autor del proyecto y el editor de <em>Roc&iacute;o Er&oacute;tico, </em>una obra coral en la que participan sesenta y cuatro creadores, entre escritores y artistas visuales de &nbsp;ambos sexos, en paridad casi absoluta, con mezcla de edades, tendencias art&iacute;sticas y procedencias geogr&aacute;ficas, todos ellos invitados a participar en una cita a ciegas creativa, con la &uacute;nica premisa de que su aportaci&oacute;n, visual o narrativa, girara en torno al tema del erotismo y con unas m&iacute;nimas condiciones t&eacute;cnicas: para los escritores la extensi&oacute;n m&aacute;xima del microrelato no deb&iacute;a superar los 1200 caracteres, &nbsp;y para los autores de los dibujos el formato deb&iacute;a ser cuadrado de 21 x 21 cm., con la previsi&oacute;n de que su posterior reproducci&oacute;n ser&iacute;a a una tinta. El resultado es un <em>er&oacute;tico cad&aacute;ver exquisito</em> en forma de libro de factura excelente y cuidada edici&oacute;n digno de figurar en las colecciones de los erot&oacute;manos m&aacute;s exigentes. A la calidad de la extensa n&oacute;mina de artistas invitados, se suman los dos magn&iacute;ficos trabajos introductorios de los especialistas en sus respectivas materias como son el escritor Javier Barreiro y el cr&iacute;tico de arte Juan Ignacio Bernu&eacute;s.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La idea es brillante, el erotismo y&nbsp; el microcuento &ndash;prosas po&eacute;ticas, poes&iacute;as en prosas, tanto monta-, casan tan bien como el tabaco y el alcohol, pues de alguna manera, el erotismo es al sexo lo que el microcuento a la narrativa: esencia e intensidad. La narrativa breve -el microcuento, microrrelato, minicuento, minificci&oacute;n, nanocuento o como se les quiera llamar- guarda una semejanza natural con el placer, o mejor dicho, con el cl&iacute;max del placer, pues quiz&aacute; el microcuento tenga algo de orgasmo intelectual, de fogonazo iluminador, de eyaculaci&oacute;n creativa, en la que se combinan la esencial velocidad con la intensidad, en su caso ling&uuml;&iacute;stica y de densidad sem&aacute;ntica.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero, &iquest;qu&eacute; entendemos por erotismo? Me gusta mucho la definici&oacute;n de Octavio Paz citada por Jos&eacute; Ignacio Bernu&eacute;s en su introducci&oacute;n: el erotismo es &ldquo;la poes&iacute;a de la sexualidad&rdquo;. Por mi parte, y siguiendo con Octavio Paz, a&ntilde;adir&iacute;a que &ldquo;erotismo es sexo y pasi&oacute;n, no en bruto, sino trasfigurados por la imaginaci&oacute;n: rito y teatro.&rdquo; Es decir, el erotismo no hace referencia un&iacute;voca al mundo de las cosas, al referente, sino a la realidad de la ficci&oacute;n que &eacute;l mismo crea, a la irrealidad por tanto: el erotismo no denota, evoca; el erotismo no imita, crea; el erotismo pone en funcionamiento mecanismos de re-presentaci&oacute;n, de re-creaci&oacute;n de la realidad y est&aacute; situado en el plano de la ficci&oacute;n, sobre todo,&nbsp; en el del sue&ntilde;o, o deber&iacute;amos decir mejor del ensue&ntilde;o, en ese sentido sadiano-bu&ntilde;ueliano que libera la imaginaci&oacute;n de todo pecado. As&iacute;, de esta forma, en el erotismo el lenguaje pasa de designar a expresar, a sugerir, a evocar experiencias sexuales o relacionadas con el sexo plenas de sentido, sentimiento y emoci&oacute;n. En rom&aacute;n paladino, lo que quiero decir es que un texto es er&oacute;tico en la medida que alcanza una importante calidad literaria, considerada solo a partir de la escritura, al margen de todo prejuicio moral, pol&iacute;tico o religioso y no insulta ni agrede al lector consider&aacute;ndolo como un ser carente&nbsp; de imaginaci&oacute;n. En suma, el erotismo es un arte pleno de imaginaci&oacute;n, delicadeza, esfuerzo y creatividad al servicio de algo tan natural como el sexo</p>
<p><strong><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </em></strong>Esta es la &oacute;ptica con la que debemos encarar <em>Roc&iacute;o er&oacute;tico<strong>, </strong></em>que se abre con un relato provocador, verdaderamente duro, cr&iacute;tico y sin concesiones, &ldquo;Primicomulgante&rdquo;,&nbsp; una aut&eacute;ntica patada en sus partes a la Iglesia.&nbsp; Despu&eacute;s los textos se remansan y como en cualquier antolog&iacute;a, no todos tienen la misma calidad, pero el nivel medio es m&aacute;s que aceptable y, de hecho, hay un nutrido grupo de ellos a mi juicio memorables, que ofrecen los rasgos que caracterizan al conjunto. Pondr&eacute; como ejemplo algunos, sin intenci&oacute;n de infravalorar al resto.&nbsp; En &ldquo;Entre las piernas&rdquo;, Elena Santolaya, juega a enga&ntilde;ar al lector y a sorprenderlo con un inesperado giro final; en &ldquo;Las puertas del Para&iacute;so&rdquo;, Paco Rallo sugiere mediante un lirismo contenido una fantas&iacute;a er&oacute;tica elidida y aludida en su final; en &ldquo;Galer&iacute;a de la Academia&rdquo;, Luisa Liberio, siguiendo con las alusiones art&iacute;sticas, si antes con Paco eran &ldquo;las puertas doradas del para&iacute;so de Giberti&rdquo;, ahora, la autora convierte al David de Miguel &Aacute;ngel en el &ldquo;amante m&aacute;s hermoso de todos los tiempos&rdquo;, y no le falta raz&oacute;n; en &ldquo;Trazarte&rdquo;, Igu&aacute;zel Elhombre, escribe una poes&iacute;a en prosa de hondo calado; suficientemente expl&iacute;cito resulta el t&iacute;tulo del relato de Milagros Angelini, &ldquo;Instrucciones de uso&rdquo; , que no requiere m&aacute;s comentario si hablamos de sexo y desde el punto de vista de una mujer; en &ldquo;La criatura&rdquo;, Ra&uacute;l Herrero reescribe el cl&aacute;sico de Mary Shelley desde la visi&oacute;n atormentada del propio monstruo necesitado de compa&ntilde;era y el deseo sexual del propio creador por su criatura; por su parte, &Aacute;ngel Petisme, rinde un humor&iacute;stico y r&iacute;tmico homenaje a Nabokov con su particular &ldquo;Lolita&rdquo;, en este caso&nbsp; prostituta de una lupanar monegrino asada de <em>cal&oacute;; </em>en &ldquo;Retrato&rdquo;, Francisco Julio Donoso<em> </em>rememora con meticulosidad tan literaria como reconocible una primera vez descrita con precisi&oacute;n naturalista; en &ldquo;Despedidas&rdquo; Rafael Notivol narra una historia sarc&aacute;stica de amor y desamor, de sexo, pasi&oacute;n y abandonos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Repito que no quiero ser injusto con los numerosos cuentos que no he mencionado, obligado por las restricciones de tiempo que me impone mi papel de presentador, basten los&nbsp; brevemente comentados para mostrar no s&oacute;lo la solidez del conjunto sino la diversidad de los tonos y&nbsp; temas: desde el realismo con denuncia social del citado &ldquo;Primicomulgante&rdquo; o la impregnaci&oacute;n fant&aacute;stica y on&iacute;rica, pasando por la iron&iacute;a y el humor o la destreza metaliteraria y el gusto por el experimento, hasta llegar a textos de hondo lirismo bien dosificado; hay cuentos fetichistas, homosexuales, obsesivos, etc. Son tambi&eacute;n numerosos los cuentos que suponen de una u otra forma un homenaje a escritores consagrados, como el ya citado de Petisme a Nabokov, el de Miguel Ortiz al poeta Apollinaire, el de Milagros Angelini a Marguerite Duras o el de Charo de la Varga a Monterroso.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero que no se enga&ntilde;e el lector, de estos cuentos decimos que se leen en pocos minutos, y es cierto, parece el g&eacute;nero ideal para ese lector moderno al que, piadosamente, le atribuimos una sola carencia: la de tiempo. As&iacute; pensamos y seguramente estamos en lo cierto, pero digo, que no se enga&ntilde;e nadie, todos sabemos que esos minutos exigen mucho, y que no todo el mundo est&aacute; dispuesto a un esfuerzo de concentraci&oacute;n tan intenso y tan breve. Si el escritor de cuentos es un corredor de velocidad, el lector est&aacute; obligado a correr tanto como &eacute;l y en muchos casos a realizar series de varias relecturas para desentra&ntilde;ar el fondo del relato.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En definitiva, este libro es un <em>er&oacute;tico cad&aacute;ver exquisito</em> en forma de libro de factura excelente y cuidada edici&oacute;n digno de figurar en las colecciones de los erot&oacute;manos m&aacute;s exigentes, solo su portada vale un Potos&iacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 20 May 2014 06:18:59 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El cazador de moscas (2010)]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-cazador-de-moscas-2010/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Mayo/juliojoseordovas.jpg" alt="" /></p>
<p>Me quito la gorra y vac&iacute;o la mochila: unos vaqueros, una chaqueta, una sudadera, unos calcetines, unos calzoncillos y unas cuantas camisetas. Mientras retumba la lavadora preparo un t&eacute;, que me tomo, con un cigarrillo, leyendo un cuento de Katherine Mansfield. Sorpresa en el contestador: &ldquo;Desde el desierto, un beso. Que el nuevo a&ntilde;o descongele tu coraz&oacute;n&rdquo;. Saco un par de higos del frigor&iacute;fico. Es lo que m&aacute;s me gusta de la navidad. Los higos secos.</p>
<p>Luz helada.</p>
<p>Subo la cuesta de San Jos&eacute; digiriendo la comida familiar, en la que no ha faltado el buen humor. Brilla el misterio de lo deshabitado en esos pocos edificios que crecieron, solitarios, en lo que eran las afueras de Zgz hace setenta u ochenta a&ntilde;os. Desbordados por las nuevas construcciones, son c&eacute;lulas muertas que permiten analizar, como los anillos de crecimiento de los &aacute;rboles, las sucesivas edades de la ciudad, su evoluci&oacute;n.</p>
<p>En las fuentes del parque Grande, las hojas secas, al cristalizarse, parecen haberse caramelizado. Dos chicas extranjeras, bonitas y sonrientes, con sus blocs de dibujo, buscan un banco en el que sentarse a pintar el fr&iacute;o.</p>
<p>El placer infantil de resbalar en los charcos de hielo.</p>
<p>En casa ya. Enciendo el ordenador. Escribo la frase que ten&iacute;a pensada, desde anoche, para este d&iacute;a: &ldquo;34. Y no me han crucificado&rdquo;.</p>
<p>Cervantes lo revolucion&oacute; todo cuando, al t&eacute;rmino de la aventura de Clavile&ntilde;o, hizo que don Quijote se llegara a Sancho para decirle al o&iacute;do: &ldquo;Sancho, pues vos quer&eacute;is que se os crea lo que hab&eacute;is visto en el cielo, yo quiero que vos me cre&aacute;is a m&iacute; lo que vi en la cueva de Montesinos. Y no os digo m&aacute;s&rdquo;. Ese momento es a la literatura lo que la toma de la Bastilla a la historia.</p>
<p>Mi vida, esta habitaci&oacute;n cerrada que apesta a humo fr&iacute;o.</p>
<p>Una pistola con las cachas de n&aacute;car produce el mismo efecto en un relato que una porcelana de Lladr&oacute; en un sal&oacute;n.</p>
<p>Presentaci&oacute;n de un libro de poemas. Casi todos los presentes se dedican a la versificaci&oacute;n. Los poetas son los masones de la literatura. Y no solo porque se pasan la vida conspirando, organizado jurados y otorgando y recibiendo premios, divididos y agrupados en distintas logias. Al final del acto, la actuaci&oacute;n: el poeta recita, como era de temer, un poema in&eacute;dito. Qu&eacute; manera de afantasmar la voz. Da repel&uacute;s. Ni que fuera un or&aacute;culo. Los poetas deber&iacute;an probar a grabar sus poemas en los contestadores de los tel&eacute;fonos. As&iacute; es como tendr&iacute;a que sonar la poes&iacute;a. Como un mensaje en el contestador. Uno de esos mensajes temblorosos que nos dejan temblando durante horas.</p>
<p>Le ha afectado mucho la noticia de los estragos que un hurac&aacute;n ha causado en Madeira. All&iacute; pas&oacute; su luna de miel.</p>
<p>Fue como amputar una pierna gangrenada. No quieres desprenderte de ella, forma parte de ti, una parte importante, fundamental, pero no tienes elecci&oacute;n: es tu pierna o tu vida. Aunque me siga acordando de ella, ya no la echo en falta. Veo que no est&aacute;, pero raras veces siento su ausencia.</p>
<p>No es ambici&oacute;n literaria lo que tienen. Es &uacute;nicamente ambici&oacute;n.</p>
<p>Los microrrelatistas han ocupado el lugar que los sonetistas dejaron vac&iacute;o al extinguirse, y producen y venden la misma clase de churros crujientes y grasientos que, en cuanto se enfr&iacute;an, y se enfr&iacute;an enseguida, se ponen tan duros que no hay dios que les hinque el diente.</p>
<p>El espa&ntilde;ol no opina. Eructa. Lees los peri&oacute;dicos, escuchas la radio, ves la televisi&oacute;n y casi todos eructan. Naturalmente, es el que eructa m&aacute;s fuerte el que m&aacute;s se hace o&iacute;r. La prensa es la barra del bar donde se celebra el concurso de eructos nacional. En la calle, y en internet, los aficionados los aplauden y emulan, regoldando, que es lo mismo pero no es igual.</p>
<p>Ha desaparecido todo el mundo y todas las luces se han apagado, excepto las del tiovivo, que sigue dando vueltas en la noche, y yo en &eacute;l.</p>
<p>La Biblia, en mi mesilla de noche. El hijoputa de Yahv&eacute; asola Egipto para demostrar que su poder es infinitamente superior al del fara&oacute;n. Tengo que comprarme una pistola y meterla en el caj&oacute;n, escondida entre los calcetines. As&iacute;, con la Biblia y la pistola en la mesilla, sabr&eacute; c&oacute;mo se siente un asesino en serie.</p>
<p>Los brillos plateados del agua en las pel&iacute;culas en blanco y negro. No ha habido technicolor ni habr&aacute; 3D que supere esa magia iridiscente.</p>
<p>El cami&oacute;n que riega las calles deja un buen charco en el paso de cebra que cruzo todas las ma&ntilde;anas, siempre antes del amanecer, camino del desierto. Pisar o no pisar el charco. Es lo &uacute;nico que hace que un d&iacute;a sea distinto a otro.</p>
<p>Es lunes. Llueve. Un d&iacute;a perfecto para suicidarse.</p>
<p>La vida, como el tiovivo: crees que avanzas pero solo das vueltas.</p>
<p>Los ni&ntilde;os se divierten en el tiovivo mientras que los ancianos, sentados alrededor, los&nbsp; miran desde la distancia. Como se contempla una orilla desde la otra orilla.</p>
<p>La marginaban en el colegio y la gente ha seguido evit&aacute;ndola, yo tambi&eacute;n, pero no por lo que ella se figura: el aliento le apesta a huevos podridos, eso es todo. Una mano amiga deber&iacute;a ofrecerle un caramelo, y ella deber&iacute;a aceptarlo. Su vida cambiar&iacute;a de color.</p>
<p>La blogosfera ha convertido a muchos escritores, no solo a los que empiezan, en hombres-anuncio. Es el g&eacute;nero de moda: la autopublicidad.</p>
<p>Unos pocos escritores son los que marcan estilo. Los dem&aacute;s van o no van a la moda.</p>
<p>La primera rosa de mi rosal. Solitaria, segura de s&iacute; misma, dolorosamente roja y un poco triste.</p>
<p>Los aforismos son como las chaquetas reversibles. Les das la vuelta y tambi&eacute;n sirven.</p>
<p>La inspiraci&oacute;n, como el riego: unas veces por aspersi&oacute;n y otras por goteo.</p>
<p>Anoche, borrachera de besos y risas y a trabajar sin dormir. La resaca, muy dulce. Rebeca, tres kilos y medio, naci&oacute; ayer y hoy tocaba visita al hospital, con una cajita de bombones que la pastelera ha adornado con una rosa roja. Luz de s&aacute;bado, velada por una lluvia de &aacute;mbar que preludia el verano. En la avenida, sobrevolando el tr&aacute;fico, una pompa de jab&oacute;n del tama&ntilde;o de una pelota de f&uacute;tbol. No he visto por ninguna parte al ni&ntilde;o que la ha lanzado. &iquest;Habr&eacute; sido yo?</p>
<p>Ayer encontr&eacute; en la orilla del r&iacute;o, mientras corr&iacute;a, dos billetes nuevos, uno de diez y otro de veinte. Al pasar hoy por el mismo sitio, me preocupaba volver a tropezar con otros dos billetes o, peor a&uacute;n, con uno m&aacute;s grande. Por experiencia o por instinto, desconf&iacute;o de la suerte cuando amenaza con repetirse: suele tener trampa.</p>
<p>El escritor de diarios es un cazador de moscas.</p>
<p>Escriben diarios sin vida, inodoros, incoloros e ins&iacute;pidos.</p>
<p>Durante mucho tiempo he vivido convencido de que el cuerpo femenino alcanzaba la plenitud unos d&iacute;as despu&eacute;s del parto. Las miraba, con sus hijitos en brazos y sus caras de peponas, y pensaba: la maternidad, no hay duda, las envuelve en un aura m&aacute;gica. Era la vista que me enga&ntilde;aba. Ni magia ni aura. Simplemente son las tetas, que se les inflan.</p>
<p>Por la que est&aacute;n armando en el bar de abajo, Espa&ntilde;a ha debido de adelantarse en el marcador. Qu&eacute; buena me sabe la ensalada de todas las noches. A Jesse James va a traicionarlo uno de su banda. Ha renunciado a su carrera delictiva por amor a su mujer y a su hijo y est&aacute; desarmado, descolgando un cuadro, cuando el traidor lo mata por la espalda. De ni&ntilde;o no so&ntilde;aba con ser futbolista. Yo quer&iacute;a ser forajido. &iquest;Y morir como un h&eacute;roe a manos de un cobarde? No me lo hab&iacute;a Lo ha dicho Puyol, el jugador del Bar&ccedil;a: &ldquo;Cada vez corro menos y pienso m&aacute;s&rdquo;. A m&iacute; me pasa lo mismo. &iquest;Y si jugar al f&uacute;tbol y escribir no fueran cosas tan distintas?</p>
<p>Loha dicho Puyol, el jugador del Bar&ccedil;a: "Cada vez corro menos y pienso m&aacute;s. A m&iacute; me pasa lo mismo. &iquest;Y si jugar al f&uacute;tbol y escribir no fueran cosa tan distintas?</p>
<p>Mi menor. Es el tono en el que me gusta pensar que est&aacute;n escritas est&aacute;s p&aacute;ginas.</p>
<p>Quiero su sonrisa, su saliva, sus pecas, sus pesta&ntilde;as, sus u&ntilde;as, su olor, sus soledades, la goma con la que se recoge el pelo, su forma de arrugar la nariz, su manera de sacar la lengua, su maquillaje, sus caderas, sus estr&iacute;as, su cuello, el lunar escondido entre sus pechos, la dulzura violenta de sus gemidos, sus dientes irregulares, sus ni&ntilde;er&iacute;as, su falda corta, sus zapatos nuevos, su anemia, sus implantes, su almohada, sus zapatos sin tac&oacute;n, sus botas de siete leguas, sus ganas de comerse el mundo, su timidez, la tinta triste de sus poemas, sus escalofr&iacute;os, sus sudores, su misterio, su pereza, sus silencios, sus temblores, sus certezas, su respiraci&oacute;n, el diamante de su ombligo, sus pasadizos secretos, su pasado, su presente, su futuro. Lo quiero todo. Todo para m&iacute; y solo para m&iacute;.</p>
<p>&ldquo;No escribo por dinero, pero tampoco estoy dispuesto a escribir gratis&rdquo;. Deber&iacute;a hab&eacute;rselo dicho cuando me ha pedido que contin&uacute;e con mis columnas, aunque ya no me las vayan a pagar.</p>
<p>&ldquo;La vida trabaja incansablemente las veinticuatro horas&rdquo;. J. G. B.</p>
<p>Puede que alg&uacute;n d&iacute;a olviden el sabor de sus bocas, pero no podr&aacute;n olvidar a las ranas que croaban, al ritmo de la marcha Radetzky, mientras se besaban aquella madrugada del mes de julio, frente al r&iacute;o, en el portal de la casa de ella.</p>
<p>No importan las veces que te hayas enamorado y desenamorado. Un nuevo amor, cuando es verdadero, es siempre el primer amor.</p>
<p>Un poema, un relato y una novela se resuelven como se resuelve un crimen. Pero el escritor no es solo el detective encargado del caso: es tambi&eacute;n el asesino y la v&iacute;ctima.</p>
<p>Hay que perder la rigidez, despu&eacute;s de haber perdido el pudor. Y escribir sin cond&oacute;n. Escribir como silbas cuando vas en bicicleta, como cantas cuando cantas para las paredes, como hablas cuando no hablas con nadie. Sin pretender hacerte o&iacute;r, sin escucharte a ti mismo, indiferente por completo al efecto de tus palabras y a sus consecuencias. Cuesta lo suyo perderla, pero qu&eacute; alivio el d&iacute;a que dejas de sentir ese palo que durante tanto tiempo has llevado clavado en el culo.&nbsp;</p>
<p>Ya no leo por el mero placer de leer. Todo, hasta los papeles rotos de la calle, lo leo depredadoramente, en beneficio propio.</p>
<p>Pasada cierta edad deja de pasar la vida y solo pasa el tiempo.</p>
<p>Mejor ciego en Granada que pobre en Par&iacute;s.</p>
<p>Las piernas de las parisinas, las poses dieciochescas de los parisinos (les falta empelucarse), la miseria de los miserables, tanta ret&oacute;rica urban&iacute;stica, tanta belleza a pie de calle, tanta soledad entre tanta gente, la felicidad que se compra y se vende en los barrios del centro, la desesperaci&oacute;n que se masca en los de la periferia, el atardecer pintando de rosa el cielo, esmaltando las copas de los edificios, y Brenda y yo buscando como locos un sitio donde vaciar las vejigas y llenar los est&oacute;magos despu&eacute;s de atravesar el sue&ntilde;o perfecto de la place des Vosgues, vac&iacute;a tras la lluvia.&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Il y a certaines coses que j&rsquo;&eacute;cris et que je ne dirais pas de vive voix&rdquo;. P. L&eacute;autaud.</p>
<p>Cargados de bolsas de supermercado, caminan cada uno por una acera, despu&eacute;s de pasar la tarde del domingo en casa de su hija, con sus nietas, unas gemelas encantadoras. Cuarenta a&ntilde;os casados y cada d&iacute;a se odian un poco m&aacute;s. Ya no les quedan fuerzas para disimularlo.</p>
<p>&nbsp;&ldquo;Lo peor que te puede pasar en un viaje es que no te pase nada&rdquo;, han escrito unos jipis en su furgoneta. Me acuerdo de Paul Morand, que dec&iacute;a de los jipis que eran unos budas sin curiosidad.</p>
<p>Esta noche las aguas del Ebro brillan como nunca. Me fumo un cigarrillo imaginario (no tengo fuego) en el puente de Piedra. Se nos ha muerto Labordeta, pero no se ha ido. Y si se ha ido, no tardar&aacute; en volver. Volver&aacute; a su querida y odiada gusanera, y en esa acera de sombra por la que caminamos los vivos y deambulan los muertos nuestros pasos se cruzaran de nuevo, a cualquier hora, cualquier d&iacute;a de estos.</p>
<p>Varias generaciones descubrieron la muerte asistiendo, con los corazones encogidos, al asesinato a tiros de la madre de Bambi, as&iacute; como a muchos otros ni&ntilde;os la primera noticia de la muerte y su brutal impacto les ha llegado a trav&eacute;s de otra pel&iacute;cula de dibujos animados, <em>El rey le&oacute;n</em>, en la que el asesinado es el padre del protagonista.&nbsp; La muerte no admite mojigater&iacute;as ni siquiera en los relatos infantiles salidos de la factor&iacute;a Disney. Fue sin embargo en una serie de televisi&oacute;n donde descubrimos la muerte unos cuantos espa&ntilde;olitos. No puedo contener una risa nerviosa cuando vuelvo a o&iacute;r aquellos gritos de Pancho, repetidos por el eco angustiante de la memoria: &ldquo;&iexcl;Chanquete ha muerto! &iexcl;Chanquete ha muerto!&rdquo;.</p>
<p>Ninguno de los cuatro hemos heredado de nuestro padre su habilidad con las herramientas, la destreza y la paciencia con las que arregla cualquier aver&iacute;a. No nos ha ense&ntilde;ado, pero tampoco hemos querido aprender. Tambi&eacute;n es verdad &ndash;pienso en mi descargo- que la sociedad ha cambiado y ahora todo lo que se rompe, se tira. Como si las reparaciones fueran una p&eacute;rdida de tiempo.</p>
<p>Dice Proust algo muy cierto, po&eacute;ticamente cierto, a prop&oacute;sito de Chardin y sus naturalezas muertas. Que las cosas, los objetos, no son hermosos en s&iacute; mismos. Es la luz que los envuelve, la luz que les da la vida, la que los embellece.</p>
<p>Hemos tomado pac&iacute;ficamente la Aljafer&iacute;a en cuanto se ha cerrado la capilla ardiente. Hab&iacute;a pocas banderas, de lo cual me he alegrado: &eacute;l luch&oacute; por la libertad sin bander&iacute;as. La mitad est&aacute;bamos conteniendo las l&aacute;grimas y la otra mitad llorando. Los silencios y los sollozos han precedido al estallido de los v&iacute;tores. Las sombras de la multitud, con los brazos alzados, temblaban agigantadas en los muros del palacio mientras sonaban sus canciones, coreadas por una multitud de gargantas rotas. Faltaba la voz cantante. Su vozarr&oacute;n, que ya nunca oiremos en directo. Nos queda su palabra. Nos deja su ejemplo.</p>
<p>Me encanta esa hora &uacute;ltima de la tarde en la que el cielo empieza a oscurecerse y se encienden todas las luces de la ciudad. Era la hora de volver al pueblo, hechas las gestiones, las visitas m&eacute;dicas y las compras que hab&iacute;an llevado a mis padres a Zgz, y a mis hermanos y a m&iacute; con ellos. Es con aquella mirada pueblerina como sigo contemplando la ciudad, rindi&eacute;ndome cada noche ante su hechizo el&eacute;ctrico. No echo de menos el pueblo, tan oscuro bajo la b&oacute;veda celeste, y sus cuatro farolas con sus cuatro gatos.</p>
<p>Despu&eacute;s de muchos meses sin poder pegar ojo, cuando decid&iacute; que no aguantaba m&aacute;s, que me largaba, y nos instalamos, mis libros y yo, en el piso de mi hermano, volv&iacute; a conciliar el sue&ntilde;o con la facilidad y la felicidad con las que lo he conciliado siempre, para envidia de mis amigos insomnes. Durante el d&iacute;a lo pasaba fatal, pero era meterme en la cama, cerrar los ojos y empezar a roncar, lo que &uacute;nicamente pod&iacute;a significar una cosa: que hab&iacute;a elegido la opci&oacute;n correcta, aunque entonces me costara creerlo. Se lo he contado a Antonio, que se divorci&oacute; a comienzos de verano, y a &eacute;l le sucedi&oacute; lo mismo. Al d&iacute;a siguiente del d&iacute;a en que verbaliz&oacute; su divorcio pudo por fin volver a dormir la siesta como un bendito.</p>
<p>Lo ha dicho mi madre, que sabe de lo que habla: &ldquo;A las parejas que se mueren, las mata el aburrimiento&rdquo;.</p>
<p>Si para castigar a alguien tienes que castigarte a ti mismo, qu&eacute; estupidez.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 20 May 2014 06:13:52 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un juego muy serio]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-juego-muy-serio/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Mayo/neilgaiman.jpg" alt="" /></p>
<p>En cada novela, en cada poema, en cada relato hay una partitura. Ning&uacute;n autor fue tan claro sobre el car&aacute;cter musical de la literatura como Homero: la <em>Odisea</em> consta de 24 cantos y otros tantos componen la <em>Iliada</em>. Ambos poemas son como dos grandes &oacute;peras wagnerianas, rebosantes de dramas y pasiones. Homero pulsa todas las cuerdas de su lira -desde la m&aacute;s grave hasta la m&aacute;s aguda- para contar, o mejor cantar, las haza&ntilde;as y amores de los dioses y los hombres. En&nbsp; la buena literatura siempre es posible escuchar la melod&iacute;a. El ingl&eacute;s Neil Gaiman, seleccionado entre los diez mejores escritores vivos por el prestigioso <em>Dictionary of Literary Biography,</em> tiene un agudo sentido musical. Su obra posee un ritmo extraordinario y una prosa en clave de ingenio. Explorador de casi todos los g&eacute;neros &ndash; novela, c&oacute;mic, relatos, poes&iacute;a, guiones, teatro, cuentos para ni&ntilde;os y hasta letras de canciones para Tori Amos-, Gaiman podr&iacute;a hacer suya la definici&oacute;n que daba de su trabajo el artista holand&eacute;s M.C. Escher: &ldquo;Lo que yo hago es un juego, pero un juego muy serio&rdquo;. La &uacute;ltima novela del ingl&eacute;s publicada en Espa&ntilde;a, <em>Los hijos de Anansi, </em>es tan fascinante como divertida. Y su banda sonora est&aacute; a la altura: el libro comienza con la m&uacute;sica de fondo de <em>What&rsquo;s new Pussycat?, </em>ese tema memorable de Tom Jones, y finaliza con <em>The Lady is a Tramp, </em>un cl&aacute;sico de Frank Sinatra, y <em>Yellow Submarine, </em>de los Beatles. Entre ambos, Gaiman relata una historia tan inolvidable como esa m&uacute;sica.</p>
<p>El protagonista de la novela, Gordo Charlie, vive en Londres desde que sus padres se separaron en Florida, cuando &eacute;l ten&iacute;a diez a&ntilde;os. Gordo Charlie -que no est&aacute; gordo, pero conserva el apodo que le puso su padre- tiene una novia llamada Rosie -que se niega a acostarse con &eacute;l hasta que est&eacute;n casados- y trabaja para un agente de actores -que lleva a&ntilde;os estafando a sus clientes-. Su vida es pura rutina hasta que la muerte de su padre le obliga a viajar a Florida para asistir al entierro. Cuatro ancianas, amigas del fallecido, ponen su vida patas arriba cuando le revelan: 1) que su padre era la reencarnaci&oacute;n humana del dios africano Anansi y 2) que no es hijo &uacute;nico, sino que tiene un hermano, Ara&ntilde;a, que ha heredado los poderes m&aacute;gicos de su padre.</p>
<p>La aparici&oacute;n de Ara&ntilde;a en la casa londinense de Gordo Charlie no hace m&aacute;s que complicar a&uacute;n m&aacute;s las cosas. Su desconocido hermano es guapo, seguro de s&iacute; mismo, divertido, sin escr&uacute;pulos y con una labia espectacular. Tambi&eacute;n es ego&iacute;sta e inconsciente. Antes de que Gordo Charlie se d&eacute; cuenta, Ara&ntilde;a le ha robado la novia, se ha instalado en la mejor habitaci&oacute;n del piso, ha conseguido que le despidan del trabajo y que la polic&iacute;a le persiga por fraude y como sospechoso de asesinato. Pero Gordo Charlie se siente, sobre todo, profundamente humillado: Rosie, que se negaba a acostarse con &eacute;l, ahora se niega a abandonar la cama de Ara&ntilde;a.</p>
<p>Decidido a librarse de su hermano, Gordo Charlie regresa a Florida. Con ayuda de las cuatro ancianitas, que practican una peculiar forma de vud&uacute;, convocan una fuerza poderosa y malvada. Pero cuando dicha Fuerza Oscura act&uacute;e, las cosas empezar&aacute;n a ir realmente mal para todos. Gordo Charlie deber&aacute; adentrarse en un mundo tenebroso, habitado por antiguos dioses con forma animal, para intentar salvar a su hermano y al mundo del da&ntilde;o que ha liberado. En ese espacio m&iacute;tico, los hermanos Anansi vivir&aacute;n, al igual que Odiseo durante su largo viaje de retorno a &Iacute;taca, aventuras terribles, emocionantes y algunas muy graciosas mientras luchan por regresar a la normalidad.</p>
<p>Clasificar esta novela genial y disparatada es imposible, incluso para el propio autor. Esc&uacute;chenle: &ldquo;<em>Los hijos de Anansi </em>es una divertida historia de miedo. No es exactamente un <em>thriller</em> ni una novela de terror, tampoco una novela de fantasmas (aunque en ella aparece alg&uacute;n fantasma) o una comedia rom&aacute;ntica (aunque hay varios romances y partes muy c&oacute;micas, si exceptuamos las partes terror&iacute;ficas). En realidad, si tuviera que definirla dir&iacute;a que es una &eacute;pica familiar-c&oacute;mico-rom&aacute;ntica-de fantasmas-thriller-m&aacute;gica-de horror, aunque eso deja fuera la parte polic&iacute;aca y gran parte de la comida&rdquo;.</p>
<p>Con poco m&aacute;s de 40 a&ntilde;os, Gaiman goza de un prestigio considerable gracias a su manera magistral de moverse entre la fantas&iacute;a y la realidad. Ese lugar fronterizo y en penumbra, donde se confunden ficci&oacute;n y no ficci&oacute;n, es el terreno en el que se desarrollan sus libros y donde mejor brilla su imaginaci&oacute;n. Es el espacio del mito hom&eacute;rico, donde dioses y hombres intercambian a menudo sus papeles. En <em>Los hijos de Anansi</em>, Gaiman convierte el mito del dios africano Anansi en un escenario donde conviven sin estridencias algunos de los dioses que llevaron los esclavos a Estados Unidos junto a polic&iacute;as, agentes de actores, enamorados sin esperanza y hombres y mujeres con problemas familiares.</p>
<p>Parece mentira que un autor como Neil Gaiman sea tan poco conocido en Espa&ntilde;a. O quiz&aacute; ser&iacute;a m&aacute;s adecuado decir: tan poco reconocido. Los aficionados al c&oacute;mic le conocen por su brillante serie <em>Sandman</em>, pero en el mundo de la narrativa a&uacute;n est&aacute; por descubrir. Ha conseguido numerosos premios en todos los g&eacute;neros que ha cultivado, pero su principal galard&oacute;n es el entusiasmo y el asombro maravillado que suscita su lectura. <em>Los hijos de Anansi </em>es un placer y posee adem&aacute;s un raro don: hace re&iacute;r. Uno de los mejores espect&aacute;culos que existen es la risa solitaria del lector hipnotizado por las p&aacute;ginas que tiene delante.</p>
<p>Algunos de los premios que adornan su solapa son los siguientes. Su novela <em>American Gods </em>obtuvo los premios Bram Stoker, Nebula, Hugo, SFX y Locus; <em>Neverwhere </em>gan&oacute; el Premio Julia Verlanger para la Mejor Novela de Fantas&iacute;a y Ciencia-Ficci&oacute;n; <em>Stardust </em>consigui&oacute; el Premio MythoPoeic a la Mejor Novela para Adultos; <em>Smoke and Mirrors </em>logr&oacute; el Premio PEN para el Mejor Libro de Relatos. La serie de c&oacute;mics <em>Sandman </em>obtuvo los premios Will Eisner y Harvey, consigui&oacute; el primer galard&oacute;n literario concedido a un c&oacute;mic, el World Fantasy Award, y se convirti&oacute; en el primer libro de este g&eacute;nero que aparec&iacute;a en la lista de los libros de ficci&oacute;n m&aacute;s vendidos del <em>New York Times</em>. Sus novelas infantiles han obtenido un &eacute;xito similar: <em>Coraline </em>gan&oacute; los premios Elizabeth Burr/Worzalla, BSFA, Bram Stoker, Nebula y Hugo, y ser&aacute; llevada al cine. Entre sus libros ilustrados, <em>Los lobos de la pared </em>ha sido adaptado para la &oacute;pera. Neil Gaiman ha obtenido asimismo el Premio a la Defensa de las Libertades que concede el Comic Book Legal Defense Fund. Su obra ha sido traducida a 28 idiomas.</p>
<p><em>Los hijos de Anansi</em> comenzaba con una canci&oacute;n y una tesis: &ldquo;Las canciones permanecen. Perduran. Una canci&oacute;n puede convertir en buf&oacute;n a un emperador o derrocar dinast&iacute;as. Seguir&aacute; viva mucho tiempo despu&eacute;s de que los hechos que narra y sus protagonistas se hayan transformado en polvo y sue&ntilde;os, condenados al olvido. Tal es el poder de una canci&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>Cuando cierren esta novela, se descubrir&aacute;n moviendo los pies al ritmo de su jubilosa melod&iacute;a interna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Neil Gaiman, <em>Los hijos de Anansi,</em> Barcelona, Roca Editorial, 2006.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 19 May 2014 06:33:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Catálogo Avon]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/catalogo-avon/</link>
      <description><![CDATA[<p style="text-align: right;"><img style="float: left;" src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Mayo/JULIO_ESPINOSA_GUERRA.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left; padding-left: 30px;" align="right"><em>A mis padres, que ya son viejos</em>.</p>
<p style="text-align: left; padding-left: 30px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px;">Me encuentro sobre el escritorio</p>
<p style="padding-left: 30px;">con el cat&aacute;logo Avon.</p>
<p style="padding-left: 30px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px;">Recuerdo esos productos</p>
<p style="padding-left: 30px;">que vend&iacute;a mi madre</p>
<p style="padding-left: 30px;">para sacar cuatro mil</p>
<p style="padding-left: 30px;">cinco mil pesos m&aacute;s</p>
<p style="padding-left: 30px;">Nada o casi nada</p>
<p style="padding-left: 30px;">que se transformaba</p>
<p style="padding-left: 30px;">en unos kilos de papas o arroz</p>
<p style="padding-left: 30px;">para llegar a fin de mes</p>
<p style="padding-left: 30px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px;">Ella era profesora</p>
<p style="padding-left: 30px;">ahora tiene artritis</p>
<p style="padding-left: 30px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px;">Y es mi mujer</p>
<p style="padding-left: 30px;">la que hoy compra esos productos</p>
<p style="padding-left: 30px;">en la tienda de la esquina</p>
<p style="padding-left: 30px;">ac&aacute;</p>
<p style="padding-left: 30px;">en el otro mundo</p>
<p style="padding-left: 30px;">en el viejo continente</p>
<p style="padding-left: 30px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px;">Abro sus p&aacute;ginas</p>
<p style="padding-left: 30px;">y me encuentro con una serie de potingues</p>
<p style="padding-left: 30px;">que no conoc&iacute;a</p>
<p style="padding-left: 30px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px;">y las chicas Avon</p>
<p style="padding-left: 30px;">que marcaron mi primera adolescencia</p>
<p style="padding-left: 30px;">con su ropa interior</p>
<p style="padding-left: 30px;">y lo que imaginaba encapuchado en la cama</p>
<p style="padding-left: 30px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px;">Ya no alegran</p>
<p style="padding-left: 30px;">ni agitan</p>
<p style="padding-left: 30px;">ni sudan</p>
<p style="padding-left: 30px;">mis noches</p>
<p style="padding-left: 30px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px;">Pero</p>
<p style="padding-left: 30px;">es curioso</p>
<p style="padding-left: 30px;">qui&eacute;n lo dir&iacute;a</p>
<p style="padding-left: 30px;">me traen el vago recuerdo</p>
<p style="padding-left: 30px;">de la lluvia</p>
<p style="padding-left: 30px;">la tierra mojada</p>
<p style="padding-left: 30px;">las gotas cayendo</p>
<p style="padding-left: 30px;">sobre las ventanas de pl&aacute;stico</p>
<p style="padding-left: 30px;">el viento meti&eacute;ndose dentro de la habitaci&oacute;n</p>
<p style="padding-left: 30px;">y a mi madre</p>
<p style="padding-left: 30px;">mi padre</p>
<p style="padding-left: 30px;">a &uacute;ltima hora</p>
<p style="padding-left: 30px;">en la cocina</p>
<p style="padding-left: 30px;">sudando</p>
<p style="padding-left: 30px;">amasando y horneando el pan del d&iacute;a pr&oacute;ximo</p>
<p style="padding-left: 30px;">el de ayer</p>
<p style="padding-left: 30px;">el que parto y mastico hoy</p>
<p style="padding-left: 30px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 30px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 16 May 2014 06:16:46 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Darío Jaramillo: la poesía tiene la palabra]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/dario-jaramillo-la-poesia-tiene-la-palabra/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Mayo/dariojaramillo.jpg" alt="" /></p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<h1 style="text-align: left;">S&eacute; que la poes&iacute;a es indispensable, pero ignoro para qu&eacute;</h1>
<p style="text-align: left;" align="right">Jean Cocteau</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<h2 style="text-align: left;">Un ser de letras ordena unas letras. Yo tengo poco que ver</h2>
<p style="text-align: left;" align="right">Dar&iacute;o Jaramillo</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En 1989, con la elecci&oacute;n de&nbsp; &ldquo;Poemas de amor, I&rdquo;&nbsp; como el mejor texto sobre este tema de la poes&iacute;a colombiana (con m&aacute;s de diecisiete mil votos en el festival <em>La poes&iacute;a tiene la palabra</em>), la obra de Dar&iacute;o Jaramillo Agudelo demostr&oacute; ser apreciada y seguida por un p&uacute;blico amplio, fuera de los canales habituales de la recepci&oacute;n de un g&eacute;nero usualmente minoritario. Sin embargo, versos como los de las series que conforman &ldquo;Poemas de amor&rdquo; y &ldquo;Amores imposibles&rdquo;, no s&oacute;lo tienen como m&eacute;rito el reconectar a los lectores con el mundo de lo sentimental, tan escasamente explorado por la tradici&oacute;n de la escritura moderna, sino que tambi&eacute;n elaboran una lograda s&iacute;ntesis de influencias cultas y populares que, de manera sutil, enfrentan problem&aacute;ticas formales y retos discursivos propios de la poes&iacute;a y las artes m&aacute;s ambiciosas de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del pasado siglo XX.</p>
<p>En efecto, el lenguaje de Dar&iacute;o Jaramillo, en el ciclo que va de <em>Cantar por cantar</em> (2001) a <em>Cuadernos de m&uacute;sica </em>(2008), es inusual por su depuraci&oacute;n y contundencia pero, adem&aacute;s, resulta enga&ntilde;oso por su artificiosa sencillez: esta versificaci&oacute;n espont&aacute;nea, gr&aacute;cil y elocuente, siempre imaginativa y clara, representa el punto de llegada de una escritura diversa e incesante muy cercana a los importantes cambios de paradigmas que instituy&oacute; el pasado fin de siglo.</p>
<p>De tal modo, aspectos que van adquiriendo relevancia entre la &uacute;ltima poes&iacute;a de nuestro idioma &ndash;la disoluci&oacute;n del sujeto y los l&iacute;mites de lo afectivo, la indeterminaci&oacute;n y el azar, la autonom&iacute;a no referencial de lo literario, la imbricaci&oacute;n de alta y baja cultura, la contaminaci&oacute;n de diversos estilos y g&eacute;neros,&nbsp; etc. &ndash; est&aacute;n presentes tempranamente en los libros de este autor &ndash;que, como se sabe, tambi&eacute;n incursiona con solvencia en la novela y el ensayo- de forma peculiar, casi secreta. Quiz&aacute; la precoz manifestaci&oacute;n de dichos rasgos en esta obra, alejada en apariencia del intelectualismo posestructuralista franc&eacute;s y estadounidense, ilustra algunas de las bendiciones de la llamada creaci&oacute;n perif&eacute;rica: aquellas en la que la renovaci&oacute;n de propuestas responde, ante todo, a una l&oacute;gica interna que reconoce una sensibilidad distinta que se anticipa, intuitiva e individualmente, a la voluntad colectiva de asumir discursos y formas de ruptura.</p>
<p>As&iacute;, antes de desarrollar esta lectura, ser&aacute; necesario recalcar que Dar&iacute;o Jaramillo no es un poeta abiertamente intelectual, program&aacute;tico o de una expl&iacute;cita ambici&oacute;n discursiva extrema. Sus declaraciones en entrevistas lo muestran como un autor que prefiere desarrollar sus obsesiones y pareceres exclusivamente en la propia escritura, donde precisamente estos conflictos e intereses se configuran con m&aacute;s contundencia. No obstante, tal opci&oacute;n f&eacute;rreamente individual de ning&uacute;n modo defiende la alienaci&oacute;n art&iacute;stica pues su conexi&oacute;n con el mundo concreto es rotundamente sensorial y, en no pocas ocasiones, estos intensos intercambios coinciden con temas cruciales de su tiempo o entorno (como el narcotr&aacute;fico en el caso de la novela <em>Cartas cruzadas </em>publicada en 1995).</p>
<p>Esta alternancia entre lo &iacute;ntimo y lo colectivo, entre lo real y lo imaginario, entre lo intelectual y lo cotidiano, representa una de las constantes m&aacute;s sugerentes de la poes&iacute;a de Dar&iacute;o Jaramillo Agudelo. Al respecto podemos remontarnos al primer poema de toda su obra &ldquo;Biograf&iacute;a imaginaria de Seymour&rdquo;, de <em>Historias </em>(1974), en el que se anhela la posibilidad de una identidad m&uacute;ltiple, fant&aacute;stica:</p>
<p>No s&eacute; si a ustedes les pasa que se cansan un poco de</p>
<p>la rutina cargante de ser la misma persona</p>
<p>todos los d&iacute;as [&hellip;]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso el hermano de Seymour dijo en una noche</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; memorable que <em>le gustar&iacute;a incluso que todo el mundo</em></p>
<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; fuera id&eacute;ntico</em>.</p>
<p>Dijo que as&iacute; uno pensar&iacute;a que todas las personas del mundo</p>
<p>son la mujer, el padre o la madre de uno, y la gente se</p>
<p>pasar&iacute;a</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; el tiempo</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; arroj&aacute;ndose los unos en los brazos de los otros</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; donde quiera que fuese y que ser&iacute;a muy lindo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>N&oacute;tese que, pese a la reconocida y asimilada extra&ntilde;eza existencial, este sentimiento no impide &ndash;incluso con pinceladas ir&oacute;nicas- una decidida defensa de la felicidad del individuo. Ya en esta temprana entrega se puede apreciar, entonces, una confluencia entre motivos altamente valorados por la filosof&iacute;a contempor&aacute;nea (la muerte del sujeto) y otros anhelos de raigambre humanista o cl&aacute;sica (la calidez emocional, el vivir a plenitud). Esta particular s&iacute;ntesis, que busca una resoluci&oacute;n de bienestar f&iacute;sico y espiritual, es corroborada posteriormente en <em>Historia de una pasi&oacute;n </em>(2006), el libro de memorias literarias en el que el poeta cuenta el origen y las constantes de su escritura: &ldquo;M&aacute;s que las ideas abstractas, que los principios definidos, me motivan el afecto, el calor de un abrazo, el incendio de la piel amada&rdquo;.&nbsp; En este ensayo Dar&iacute;o Jaramillo cifra con contundencia en la imaginaci&oacute;n, el deleite, la familia y la amistad las claves de su obra: aquel mundo espont&aacute;neo regido por lo afectivo que se vislumbraba ya en el padre que le&iacute;a al ni&ntilde;o, en el abuelo que ense&ntilde;aba a leer cantando, y en los fieles amigos, destinatarios de innumerables cartas.&nbsp; En otros t&eacute;rminos, la creaci&oacute;n verbal definida ante todo como una compa&ntilde;&iacute;a grata, fuente de humor y refugio de lo emocional.</p>
<p>La b&uacute;squeda de esta sobriedad existencial marca el tono de la poes&iacute;a de Dar&iacute;o Jaramillo y ha hecho que sea reconocido, en las letras colombianas, como un continuador de lo que Charry Lara llam&oacute; la tradici&oacute;n de &ldquo;lirismo, intimismo y expresividad&rdquo; de Jos&eacute; Asunci&oacute;n Silva, Aurelio Arturo, Eduardo Carranza y Giovanni Quessep. La escritura del autor de <em>Tratado de ret&oacute;rica</em>, desde muy pronto, busca el virtuosismo del tono menor contra la inercia de un lenguaje grandilocuente y desgastado, sea por el conservadurismo modernista o por el brillo de met&aacute;foras ingeniosas o ingenuas de cierta vanguardia.&nbsp; Esta mesura de filiaci&oacute;n cl&aacute;sica ha sido se&ntilde;alada tambi&eacute;n por Sergio Pitol, sobre <em>Cantar por cantar</em>: &ldquo;Un libro de plena madurez, en la l&iacute;nea de los estoicos, de un rigor asc&eacute;tico, en el mejor sentido de la palabra&rdquo;. Sin embargo, en nuestra opini&oacute;n, lo determinante en la obra de Dar&iacute;o Jaramillo Agudelo est&aacute; en su asunci&oacute;n de un sutil y constante elemento de riesgo, que lo lleva a intentar conciliar est&eacute;ticas y presupuestos dispares, que para otros autores ser&iacute;an irresolublemente antag&oacute;nicos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3>Buscando una voz entre lo popular y lo metapo&eacute;tico</h3>
<p>&nbsp;</p>
<p>La extra&ntilde;eza de la subjetividad moderna se define t&iacute;picamente en la melancol&iacute;a, en la nostalgia de otro orden, ese anhelo imposible por conciliar lo fugaz y lo eterno que reconociera Baudelaire. Si bien tal sentimiento resulta com&uacute;n pr&aacute;cticamente a toda experiencia humana, la exploraci&oacute;n de lo emotivo, en el &aacute;mbito de las letras y las artes, ha sufrido un paulatino cuestionamiento por la reiteraci&oacute;n con la que dicho tema ha sido explotado por los medios de comunicaci&oacute;n. Una situaci&oacute;n que ha terminado por consolidar un impase comunicativo que, lamentablemente, se manifiesta con contundencia en el reducido n&uacute;mero de lectores de poes&iacute;a contempor&aacute;nea.</p>
<p>La obra de Dar&iacute;o Jaramillo, desde su primer libro, aboga por revertir esta tendencia, decant&aacute;ndose por lo emocional, desenvolvi&eacute;ndose en un universo de circunstancias concretas, acontecimientos y an&eacute;cdotas personales, que buscan comunicar resonancias &iacute;ntimas.&nbsp; Desde el reconocimiento de este prop&oacute;sito se aprecia mejor tambi&eacute;n la naturalidad con la que a lo largo de esta poes&iacute;a se aborda lo popular, no como rasgo decorativo, sino a la manera de una nota vital que reconcilia con la realidad tangible.</p>
<p>En consecuencia, la poes&iacute;a de Dar&iacute;o Jaramillo cuida no alienar a sus interlocutores, por lo que, estil&iacute;sticamente, renuncia a alardes herm&eacute;ticos o experimentalistas, apoy&aacute;ndose en una elocuci&oacute;n sensorial, con un marcado gusto por la paradoja, actualizando para tal fin ciertas lecciones surrealistas y de la antipoes&iacute;a latinoamericana. No se trata, por lo tanto, de una escritura rupturista, pero s&iacute; de una muy atenta a integrar nuevos retos como, de forma notoria, una reflexi&oacute;n a partir del di&aacute;logo con otras artes: la m&uacute;sica (el bolero y la ranchera, pero tambi&eacute;n Bach, Satie o John Cage) y la pl&aacute;stica (Juan Antonio Roda). No obstante, la naturalidad del habla ser&aacute; siempre una meta para el poeta, la cual le permitir&aacute; fusionar sutilmente tanto el culturalismo y el tr&oacute;pico como lo popular y lo elitista, a la manera de un rapsoda de nuestro tiempo que anhela la renovada s&iacute;ntesis del cuento y la canci&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>En esta l&iacute;nea Dar&iacute;o Jaramillo ha publicado recientemente en <em>El poema en la canci&oacute;n latinoamericana</em> (2009) un conjunto de impresiones sobre uno de sus intereses predilectos: la posibilidad de una poes&iacute;a popular contempor&aacute;nea. Ya en <em>Poemas de amor</em> (1986) su escritura asumi&oacute; en la pr&aacute;ctica la b&uacute;squeda de un dif&iacute;cil equilibrio entre la emoci&oacute;n y su recreaci&oacute;n art&iacute;stica, con los notables resultados de aceptaci&oacute;n antes referidos. Pero, una vez m&aacute;s, mucho antes sus versos hab&iacute;an reflexionado el deseo de una voz cercana a la de esas canciones que conforman la banda sonora de la vida emocional de tantos individuos, como en &ldquo;Love story&rdquo;, poema de <em>Historias</em> (1974):</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Digamos que es lindo tener penas de amor</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; y disfrazar la noche con la llorosa nostalgia del bolero:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>sin ti es in&uacute;til vivir</em></p>
<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; como in&uacute;til ser&aacute;</em></p>
<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; el quererte olvidar:</em></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; digamos que la violeta entre el libro,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; un retrato, acaso la carta donde volcamos toda nuestra falta</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; de verg&uuml;enza</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; (&iquest;sabe usted lo que es ir desnudo por la calle?)</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; quieren decir que <em>sin un amor la vida no se llama vida</em>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Digamos todo esto:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; que la soledad, que la nostalgia, que <em>el ayer que vivimos</em>,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; son apenas esta noche que no te veo mir&aacute;ndome a los ojos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Buscando en parte definir en el ensayo lo planteado durante a&ntilde;os en el poema, Jaramillo Agudelo se pregunta si la diferencia entre la poes&iacute;a llamada culta (la del texto impreso, la de ver) es irreconciliable con la poes&iacute;a popular (la de la canci&oacute;n, la de o&iacute;r; en Latinoam&eacute;rica representada por boleros, tangos y rancheras), si, efectivamente son capaces estos g&eacute;neros musicales de condicionar la sensibilidad emotiva de miles de personas, o si, en &uacute;ltima instancia, los homenajes y referencias de autores can&oacute;nicos como Borges, Neruda y Gelman son s&oacute;lo parte de un anecdotario sentimental o&nbsp; &ldquo;Algo tienen estas palabras al ser dichas y o&iacute;das como para convocar la emoci&oacute;n po&eacute;tica, algo que la poes&iacute;a para el ojo tendr&iacute;a que buscar tambi&eacute;n o, por lo menos, no excluir&rdquo;.</p>
<p>En este ensayo el poeta recuerda que la tradici&oacute;n de la poes&iacute;a escrita es reciente si la comparamos con su vertiente oral y que, por lo tanto, la renovada b&uacute;squeda de puntos de contacto entre ambas expresiones &ndash;que coincide con el ocaso del proyecto ilustrado- puede ser ventajosa. Citando a Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n, Dar&iacute;o Jaramillo incide en que, dentro del canon literario occidental, estas fronteras tampoco han sido nunca del todo precisas: &ldquo;&iquest;No tuvieron los escritores en lenguas romances una inseguridad secular de sat&eacute;lites viles y degradados, expulsados de la galaxia de Homero, S&oacute;focles, Horacio, Virgilio y Cicer&oacute;n?&rdquo;. A la luz de un dato evidente y curiosamente omitido, el poeta inicia un an&aacute;lisis m&aacute;s profundo, que desea delimitar la naturaleza de lo po&eacute;tico:&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Los valores que posee la canci&oacute;n pertenecen a la &oacute;rbita de los antivalores de la poes&iacute;a para ver. &Eacute;sta exige distancia y la distancia &ndash;que es tiempo&ndash; trastoca el significado, modifica y atempera el impulso y convierte todo, todo es todo, en palabras. La poes&iacute;a para leer est&aacute; hecha de palabras silenciosas. En cambio, lo esencial en las canciones es la inmediatez de la emoci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esta reflexi&oacute;n plantea al menos dos aspectos importantes. En primer lugar, el hecho de que la anhelada clave sentimental, regida en gran parte por factores de temporalidad y contexto, expresa tambi&eacute;n diferencias culturales: matices de experiencia vivida en un espacio y un tiempo espec&iacute;ficos. As&iacute;, en Latinoam&eacute;rica la canci&oacute;n popular puede preferir una intensidad emocional matizada por el humor, mientras que en sociedades plenamente industrializadas, como la francesa o la espa&ntilde;ola, el cinismo y el distanciamiento nihilistas resultan m&aacute;s apreciados.&nbsp;</p>
<p>En todo caso, m&aacute;s all&aacute; de subjetividades, en la apuesta por contar y cantar, lo crucial en Dar&iacute;o Jaramillo Agudelo radica en que la importancia de lo narrativo se vincula a la capacidad de seducci&oacute;n del relato decimon&oacute;nico: &ldquo;Quisiera envolver al lector, raptarlo para la historia&rdquo;. Es decir, el poeta insiste en recuperar siempre el poder alucinatorio de la palabra. En consecuencia, Jaramillo Agudelo se declara influenciado por narradores decimon&oacute;nicos como Julio Verne, Mark Twain y Marcel Schowb, adem&aacute;s de que toda su poes&iacute;a est&aacute; plagada, indistintamente, de homenajes a escritores y seres de ficci&oacute;n. El &uacute;ltimo paso de esta larga convivencia con lo narrativo ser&iacute;a la propia pr&aacute;ctica de la escritura novelesca.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero, como antes el autor mezclaba el relato con el canto, su novel&iacute;stica est&aacute; filtrada a su vez por la poes&iacute;a. La obra narrativa del art&iacute;fice de <em>Cartas cruzadas</em>, pese a que busca la inmediatez del di&aacute;logo con un destinatario definido (de all&iacute; la predilecci&oacute;n epistolar), se desarrolla tambi&eacute;n bajo una reflexi&oacute;n metapo&eacute;tica, un constante cuestionamiento sobre los mecanismos de la creaci&oacute;n literaria, explorando para este fin la interrelaci&oacute;n entre la lectura y la escritura que subyace al origen de todo texto. Se&ntilde;ala Alfonso Vargas Franco, que en libros como <em>La muerte de Alec (1983), Cartas cruzadas (1995), Novela con</em> <em>fantasma (1996) y Memorias de un hombre feliz (2000) </em>la reflexi&oacute;n de los personajes acerca de asuntos est&eacute;ticos es frecuente, lo que indica que lo metapo&eacute;tico deviene tambi&eacute;n clave en su producci&oacute;n narrativa: un rasgo que no hace sino extender planteamientos y obsesiones de la obra en verso. En dicho trasvase de los conflictos y condicionamientos de un g&eacute;nero de escritura a otro se vislumbra, por lo tanto, un enfoque que, obedeciendo a una necesidad personal, tiene tambi&eacute;n en la construcci&oacute;n experimental o azarosa uno de sus puntos de apoyo.</p>
<p>Nuevamente, de un modo fuera de lo com&uacute;n, esta opci&oacute;n metapo&eacute;tica se presenta sin mayores alardes intelectuales, a trav&eacute;s de un enfoque naturalmente l&uacute;dico. N&oacute;tese como la mirada del ensayista tambi&eacute;n destaca casos en los que se traduce a una sensibilidad popular tradiciones po&eacute;ticas cultas, como la del cent&oacute;n:</p>
<p><em>Es la historia de un amor</em> de Jorge Trejos Jaramillo es una narraci&oacute;n construida ensartando 21,320 pedacitos de canciones uno detr&aacute;s de otro, sin nada m&aacute;s, sin pegante. Una proeza que narra un desamor hilando frases prestadas de la canci&oacute;n. El Ni&aacute;gara en bicicleta. La muralla china reproducida con palitos de helado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Este tipo de reflexi&oacute;n se manifest&oacute; originalmente en su poes&iacute;a, bajo el influjo de Jorge Luis Borges y Nicanor Parra, en <em>Historias</em> (1974) y <em>Tratado de ret&oacute;rica &ndash;o de la necesidad de la poes&iacute;a-</em> (1978). Borges&nbsp; brindar&iacute;a a Dar&iacute;o Jaramillo dos herramientas poderosas: el ejercicio de la contradicci&oacute;n y la bondad (siendo casi adolescente, el poeta colombiano conoci&oacute; al maestro argentino, recordando vivamente la predilecci&oacute;n del autor de <em>Ficciones</em> por dicha virtud). Nicanor Parra, a su vez, le otorgar&iacute;a una temprana desconfianza ante el lenguaje po&eacute;tico, abri&eacute;ndolo a las posibilidades de lo coloquial, de lo l&uacute;dico y del sentido del humor.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Se observa as&iacute;, desde los primeros libros de poemas, una natural inclinaci&oacute;n para procesar influencias antag&oacute;nicas. Estamos, por lo tanto, ante una mirada que asume lo po&eacute;tico como un fen&oacute;meno moderno, sin estridencias, pero nunca ajeno a los contrastes: una poes&iacute;a escrita desde la cotidianidad de la vida urbana, en ciudades todav&iacute;a peque&ntilde;as &ndash;Medell&iacute;n y Bogota- , amables pero que a la vez desvelan sus contradicciones y necesidades secretas, irresolubles o s&oacute;lo atenuadas por el afecto y la imaginaci&oacute;n.&nbsp; Borges y Parra: la tradici&oacute;n de una modernidad distinta, ecl&eacute;ctica,&nbsp; propia de la periferia, que en este caso promueve la consecuci&oacute;n de un equilibrio desde lo precario. El punto formal&nbsp; a conciliar ser&iacute;a precisamente la brecha entre la poes&iacute;a del ver y la poes&iacute;a del o&iacute;r, algo que se resume en un comentario sobre&nbsp; <em>Tratado de ret&oacute;rica</em>: &ldquo;Creo que en ese libro hay un acto de fe en las palabras, que es de alg&uacute;n modo opuesto y de alg&uacute;n modo igual a lo que hac&iacute;a Parra&rdquo;. Esa convicci&oacute;n, ecl&eacute;ctica y abierta -expresada en el gusto por lo narrativo y el respeto a la sintaxis- lo conduce a asumir entre todas las alternativas la de comunicar emotivamente. De all&iacute; el interesarse por la canci&oacute;n como instrumento y s&iacute;mbolo de comuni&oacute;n: el poema a la manera de un canto silencioso para ser le&iacute;do, que reproduce artificialmente la inmediatez de lo vivido y que, siendo parte de lo culto y de lo popular, reflexiona sobre sus propios recursos en el vaiv&eacute;n emocional que surge entre el amor y el desamor. Mejor escuchemos la voz del poeta en &ldquo;Amores imposibles, 4&rdquo; de <em>Cantar por cantar</em> :</p>
<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </em>La m&uacute;sica sostiene los amores imposibles,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; los alimenta con la presencia et&eacute;rea de una canci&oacute;n,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; una canci&oacute;n que es la nuestra aunque s&oacute;lo la oiga</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; solo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El amor imposible guarda equilibrio perfecto</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; sobre la cuerda de una guitarra,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; se embriaga con la dulce nostalgia de una polonesa,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; se estremece con una voz entre gemido y canto.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entonces el amor imposible se convierte en guitarra,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; en piano</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; o es el sonido de una voz.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La m&uacute;sica es el tiempo presente de los amores</p>
<p>&nbsp;imposibles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La maestr&iacute;a de Dar&iacute;o Jaramillo Agudelo en el dif&iacute;cil g&eacute;nero del poema de amor lo convierte, con entera justicia, en uno de los pocos poetas contempor&aacute;neos con una obra de cierto alcance masivo. Pero, como sucede con la buena m&uacute;sica popular, no puede sorprender tampoco que haya muchos niveles de sentido imbricados en dichas sabias canciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3>Cantando desde el platonismo hasta la desintegraci&oacute;n del sujeto</h3>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En la poes&iacute;a de Dar&iacute;o Jaramillo se reconoce f&aacute;cilmente la presencia del amor plat&oacute;nico como uno de sus pilares discursivos. Sin embargo, a diferencia del modelo petrarquista, dicho idealismo, llegado el momento, ser&aacute; contrastado sin contemplaciones por el desamor y por una imaginaci&oacute;n que acepta las limitaciones y paradojas de lo emocional. Entonces, desde nuestra perspectiva, lo decisivo de tal obsesi&oacute;n viene a ser lo que desvela como anhelo de trascendencia pese a reconocer la imposibilidad de la plenitud amorosa.</p>
<p>En efecto, situado en el paso de la sensibilidad moderna a la posmoderna, para Dar&iacute;o Jaramillo, la literatura y las artes ofrecen fundamentalmente un refugio que combina la acci&oacute;n y lo imaginativo, pero sin pretender que &eacute;stas lleguen a constituir del todo una realidad aut&oacute;noma. N&oacute;tese que, asimismo, lo religioso &ndash;la alternativa organizada de plenitud desde lo inmaterial- es una reveladora ausencia en esta obra, precisamente porque la poes&iacute;a moderna, como aspiraci&oacute;n laica, no requiere apelar a lo religioso para expresar su espiritualidad.</p>
<p>&nbsp;Sin el amor total ni la religi&oacute;n, el anhelo de trascendencia ser&aacute; resuelto desde la escritura s&oacute;lo en contadas ocasiones y por&nbsp; acci&oacute;n del azar. Dicho trayecto ser&aacute; m&aacute;s sencillo, seg&uacute;n Dar&iacute;o Jaramillo,&nbsp; si la subjetividad que otorga sentido al mundo se torna ligera y se confunde l&uacute;dicamente con otras identidades y experiencias ajenas.</p>
<p>As&iacute;, para el autor de <em>Cantar por cantar</em> la disoluci&oacute;n del sujeto y la acci&oacute;n del azar no impiden realmente cierto leg&iacute;timo af&aacute;n de trascendencia. De este modo, se sugiere tambi&eacute;n un camino hacia la&nbsp; anhelada reconciliaci&oacute;n de lo posmoderno y lo moderno.&nbsp; Dar&iacute;o Jaramillo Agudelo libro a libro nos recuerda que las respuestas y los consuelos de la poes&iacute;a son parciales y ef&iacute;meros, alcanzando a ser bellos y efectivos precisamente a partir de su precaria condici&oacute;n.</p>
<p>Con el prop&oacute;sito de contrastar este planteamiento, haremos un r&aacute;pido recorrido por las colecciones del poeta, incidiendo en retos y problem&aacute;ticas propios de la tradici&oacute;n culta contempor&aacute;nea, notablemente la interrelaci&oacute;n de las artes y las fluctuaciones entre la disoluci&oacute;n y la trascendencia del yo.</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em>Historias</em> (1974)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dar&iacute;o Jaramillo inicia su obra con un proyecto decididamente metapo&eacute;tico: las &ldquo;Biograf&iacute;as imaginarias&rdquo;, poemas en los que aparecen reflexiones a partir de Marcel Schowb,&nbsp; Blaise Cendrars y Graham Greene. El joven poeta difumina desde muy temprano las fronteras entre la realidad y la ficci&oacute;n, pues los aventureros de bibliotecas y geograf&iacute;as ex&oacute;ticas se confunden indistintamente con los personajes literarios (v.g. Seymour, de J.D. Salinger).</p>
<p>Ya en esta primera entrega el estilo, en su sentido de gesta art&iacute;stica moderna o de ruptura, parece secundario frente al anhelo de intensidad: s&oacute;lo aquella crear&aacute; la verdad literaria que se celebra en los homenajes metapo&eacute;ticos. El lenguaje escogido para estos fines, curiosamente, es decimon&oacute;nico y popular, siguiendo la est&eacute;tica de la canci&oacute;n que explora los sentimientos, como el bolero y la ranchera.</p>
<p>En otros t&eacute;rminos, la ambici&oacute;n mayor del poeta est&aacute; en alcanzar esa maestr&iacute;a que constituye una realidad verbal a trav&eacute;s del canto (&ldquo;Entonces, / para qu&eacute; la tarde / si no para fatigar el olvido, / para huir un poco de la antigua soledad del d&iacute;a / hacia la noche&rdquo;). Un impulso clave para el aliento narrativo y la convicci&oacute;n que sostienen el conjunto de an&eacute;cdotas, p&uacute;blicas e &iacute;ntimas, que entreteje el libro. En <em>Historias</em> Dar&iacute;o Jaramillo se muestra como due&ntilde;o de una imaginaci&oacute;n autogen&eacute;sica profundamente aferrada a lo literario (como un universo paralelo), que en &uacute;ltima instancia forja un espacio que no procura ser real, si no m&aacute;s gratificante (&ldquo;Quisiera ser la quinta rueda del carro / tempestad / Peras en el olmo / ser nada y estar en todo&rdquo;).</p>
<p>La iron&iacute;a y el humor,&nbsp; presentes en esta obra, son&nbsp; parad&oacute;jicamente humanos, pues nunca ceden al cinismo. Junto a dicha sensibilidad,&nbsp; algo cercana a la mesura de lo cl&aacute;sico, tambi&eacute;n se expresan ciertas notas discordantes: aparece la llamada de la otredad, en el poema &ldquo;Historia de mi hermano&rdquo; que, pese a sus limitaciones, desvela a la poes&iacute;a como una actividad m&aacute;gica que prolonga la vida.&nbsp;</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em>Tratado de ret&oacute;rica</em> <em>&ndash;o de la necesidad de la poes&iacute;a-</em> (1978)</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>En <em>Tratado de ret&oacute;rica</em> Dar&iacute;o Jaramillo se debate entre el poder de la palabra visionaria y el escepticismo, para asumir que, de distinta manera, ambos son experiencias plenas. En consecuencia, los poemas de la secci&oacute;n &ldquo;El libro de las mutaciones&rdquo; representan el aprendizaje de una plasticidad que en su propio despliegue se eleva hasta otras zonas del conocimiento en las que domina totalmente la intuici&oacute;n (&ldquo;Todos tendremos que madrugar ma&ntilde;ana despu&eacute;s de una noche de calor y mosquitos, &hellip; / &iquest;cu&aacute;ndo cesar&aacute; el dolor, cu&aacute;ndo regresar&aacute; la peste, llegar&aacute; alg&uacute;n mensaje de tregua, estallar&aacute; todo por fin?&ldquo;). Sin apelar a la espiritualidad religiosa, la observaci&oacute;n paciente y profunda de la realidad termina por descubrir la presencia s&uacute;bita de lo misterioso. De otra parte, en textos como &ldquo;De la necesidad de la poes&iacute;a&rdquo; y &ldquo;Los sue&ntilde;os del poeta&rdquo; se efect&uacute;a una dura cr&iacute;tica, tanto a lo que el autor ha ido construyendo como identidad como al quiz&aacute; inevitable narcisismo art&iacute;stico.</p>
<p>El poema que resume esta fluctuaci&oacute;n entre la fe y la incredulidad, que impregna tanto la vida como la creaci&oacute;n verbal, es &ldquo;Razones del ausente&rdquo; (&ldquo;Y d&iacute;ganle que se llev&oacute; consigo algunas supersticiones, tres fetiches, / ciertas complicidades mal entendidas / y el recuerdo de dos o tres rostros que siempre vuelven a &eacute;l en la oscuridad / y nada&rdquo;). El poeta reconoce as&iacute; la alternativa de un lenguaje, que no es esencialista ni formalista, sino algo m&aacute;s humilde y tambi&eacute;n definitivo: un h&aacute;bito individual, una man&iacute;a propia, una pr&aacute;ctica personal.</p>
<p><em>Tratado de ret&oacute;rica</em> plantea que toda biograf&iacute;a es, en gran medida,&nbsp; imaginaria y que los personajes que la habitan, por lo tanto, no existen sino por el poder de la fabulaci&oacute;n. En Dar&iacute;o Jaramillo pronto este descubrimiento abrir&aacute; paso al amor plat&oacute;nico, que no es deseo, sino que corresponde tambi&eacute;n a un uso imaginario, a una idealizaci&oacute;n, que trasciende lo corporal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Poemas de amor</em> (1986)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Este libro, a pesar de tener un t&uacute; como interlocutor constante,&nbsp; pretende indagar en lo emocional y sus fluctuaciones antes que dirigir mensajes hacia alguien concreto. De este modo Dar&iacute;o Jaramillo intenta convertir la experiencia individual en un arquetipo, por lo que se expresa con m&aacute;s intensidad en lo perdido, en la nostalgia (&ldquo;No es el aroma que llevas como una prenda m&aacute;s: / es tu olor m&aacute;s esencial, tu halo &uacute;nico. Y cuando, ausente, mi vac&iacute;o te convoca&hellip;&ldquo;). Una alternativa que lleva al poeta a la recuperaci&oacute;n de un antiguo modelo: la canci&oacute;n.</p>
<p>Se inicia as&iacute; la b&uacute;squeda consciente de una renovada v&iacute;a formal para el lirismo. Es decir, en <em>Poemas de amor</em> palpita como reto el atrevimiento de confrontar un universo emocional diluido en las urgencias de la sociedad postindustrial y mediatizado por la comunicaci&oacute;n de masas (&ldquo;Tu voz por el tel&eacute;fono tan cerca y nosotros tan distantes, / tu voz, amor, al otro lado de la l&iacute;nea y yo aqu&iacute; solo, sin ti, al otro lado de la luna&ldquo;. )</p>
<p>Dicha opci&oacute;n indudablemente implica riesgos. Pero, para este poeta, resulta preferible atreverse con lo cursi que lidiar con la frialdad emocional o el cinismo. La aproximaci&oacute;n a la canci&oacute;n, por lo tanto, es sutil, ecl&eacute;ctica y cuidadosa, pero no severa: en ella se anhela la calidez emocional y su inmediatez, sin necesariamente copiar estructuras (el coro y sus repeticiones).&nbsp; En <em>Poemas de amor</em> aparece lograda tambi&eacute;n cierta intensidad que asocia estos textos a los de grandes recreadores de la pasi&oacute;n er&oacute;tica surrealista como Robert Desnos o C&eacute;sar Moro.</p>
<p>En la alternativa por trabajar este peculiar tono hay asimismo una cuesti&oacute;n de generosidad, que ans&iacute;a reconectar con ese otro, a veces llamado p&uacute;blico. O, como dijera Pessoa: &ldquo;s&oacute;lo las criaturas que nunca escribieron cartas de amor / s&iacute; que son / rid&iacute;culas&rdquo;. No obstante, de nuevo, el universo de lo art&iacute;stico otorga finalmente un refugio, una distancia redentora. En la secci&oacute;n &ldquo;Colecci&oacute;n de m&aacute;scaras&rdquo; aparecen Scott Fitzgerald y la m&uacute;sica, el mon&oacute;logo de un &ldquo;Plat&oacute;n borracho&rdquo; y homenajes a autores de distinta fortuna como Her&aacute;clito, Miguel A. Osorio (Porfirio Barba-Jacob) y J.D. Salinger. Una vez m&aacute;s, observamos la natural confluencia de lo metapo&eacute;tico y lo popular, de lo reflexivo y lo l&iacute;rico en la escritura de Dar&iacute;o Jaramillo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Poemas de Esteban</em> (1995)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desde su origen como parte del libro <em>Cartas cruzadas</em>, esta breve colecci&oacute;n representa un decidido paso hacia un di&aacute;logo a partir de la interconexi&oacute;n de g&eacute;neros: los poemas surgen dando, precisamente, voz a Juan Esteban, un personaje de dicha novela. El quiebre m&aacute;s notable con el resto de la obra de Dar&iacute;o Jaramillo es que textos como &ldquo;Una noche&rdquo; y &ldquo;Nocturno&rdquo; (repetidos varias veces como t&iacute;tulo) expresan un yo m&aacute;s oscuro, que vive plenamente el misterio y la sensualidad (&ldquo;La noche es humedad, sudor de cuerpos, saliva de lujuria, semen, savia reciclando ox&iacute;geno&rdquo;). Es decir, dan voz a otra parte de su ser habitual, una zona rec&oacute;ndita de la identidad, s&oacute;lo en apariencia s&oacute;lidamente construida. En estos poemas surge tambi&eacute;n un mayor contraste entre el escenario y la elocuci&oacute;n, permitiendo al lenguaje proyectarse rom&aacute;nticamente en la realidad con todo su esplendor oscuro (&ldquo;La ciudad traquetea como un mecanismo desajustado, / algo le suena sin ritmo a la ciudad de noche&rdquo;).&nbsp; En t&eacute;rminos distintos, en <em>Poemas de Esteban, </em>siguiendo la tradici&oacute;n de los nocturnos de Jos&eacute; Asunci&oacute;n Silva y Fernando Charry Lara,<em> </em>&nbsp;domina la sombra, en el sentido de Carl Gustav Jung, la cual se despliega implacablemente con la ciudad como tel&oacute;n de fondo.</p>
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<p><em>Del ojo a la lengua</em> (1995)</p>
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<p>El di&aacute;logo interdisciplinario contin&uacute;a con Juan Antonio Roda (1921-2003), pintor y grabador colombiano de origen espa&ntilde;ol, cuya obra recorriera distintas facetas de las vanguardias y el arte abstracto. El reto de Dar&iacute;o Jaramillo, planteado con amistosa gravedad por el propio artista, consisti&oacute; en encontrar un correlato po&eacute;tico para grabados concebidos desde el indeterminismo pict&oacute;rico. Este planteamiento dio origen a un experimento que, bajo el pretexto de establecer un comentario y un homenaje a la obra pl&aacute;stica, indaga en la relaci&oacute;n de lo abstracto con lo concreto y, por &uacute;ltimo, en los l&iacute;mites del arte y la poes&iacute;a como medios expresivos (es fundamental en este sentido el texto &ldquo;26 letras para un pr&oacute;logo&rdquo;). .</p>
<p>&nbsp;Nuevamente, creemos hallar en la respuesta tentativa y contradictoria del poeta ciertos rezagos de la indeterminaci&oacute;n borgiana (&ldquo;Si toco, el espejo se queda ciego &ldquo;). Todo el resultado puede reducirse, entonces, a una serie de &ldquo;Entrevisiones de asuntos inmateriales&rdquo;, una forma de justificar la duraci&oacute;n (&ldquo;La pregunta por uno mismo, solamente para que el yo desaparezca&rdquo;). Es decir, la imposible b&uacute;squeda de un correlato po&eacute;tico para la indeterminaci&oacute;n pict&oacute;rica no difiere mucho del sinsabor inicial que enfrenta el escritor al asumir la p&aacute;gina en blanco, ni de la incertidumbre sobre si alguna vez se llegar&aacute; a expresar cabalmente la subjetividad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Cantar por cantar</em> (2001)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El aspecto m&aacute;s notable de este libro quiz&aacute; sea su actualizaci&oacute;n plat&oacute;nica, la misma que pese a resultar inevitable tras los cambios epistemol&oacute;gicos y sociales instaurados internacionalmente por la modernidad, representa un rasgo poco explorado con ambici&oacute;n art&iacute;stica desde lo literario. El poeta asume en estos versos, conscientemente, una alternativa intermedia frente al miedo al contacto y a la expresi&oacute;n de afecto, a esa anomia tan com&uacute;n en el mundo industrializado (&ldquo;Vinieron a salvarme los amores imposibles, / amores sin astucia y sin heridas, / amores curativos que no existen&ldquo;). Frente a la expresi&oacute;n de lo emotivo como un signo de debilidad, en la serie de poemas de&nbsp; &ldquo;Amores imposibles&rdquo;&nbsp; la respuesta de Dar&iacute;o Jaramillo es clara: el amor y lo imaginario, aunque considerados mayoritariamente como realidades antag&oacute;nicas,&nbsp; comparten la posibilidad de ofrecer un refugio, de brindar cobijo, de crear una intimidad emotiva totalmente satisfactoria que nos reconcilia con la realidad.</p>
<p>El enamoramiento se torna as&iacute; en un medio para reconocerse a trav&eacute;s de otro (&ldquo;Yo no voy nunca solo al fondo de m&iacute; mismo, / me acompa&ntilde;an mis amores imposibles / -los amores posibles no me amar&iacute;an / si conocieran el fondo de m&iacute; mismo- &ldquo;). Con una curiosa mezcla de convicci&oacute;n y distanciamiento, la ternura se ofrece gratuita y unilateralmente, asumiendo de antemano una generosa y digna imposibilidad. <em>Cantar por cantar</em> constituye una obra de madurez, exhibiendo precisi&oacute;n, intensidad y, al mismo tiempo, un pleno reconocimiento del azar, de la inutilidad de los prop&oacute;sitos.</p>
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<p><em>Gatos</em> (2003)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Este bello y breve libro establece una reflexi&oacute;n, a trav&eacute;s de poemas en serie, en torno al gato como personaje arquet&iacute;pico, a la vez real y fant&aacute;stico. Dar&iacute;o Jaramillo construye as&iacute; una curiosa materializaci&oacute;n plat&oacute;nica: no la del ideal, versi&oacute;n absoluta de alguna virtud, sino la del misterio corporizado, en la que predomina lo l&uacute;dico.</p>
<p>En estos poemas los gatos deambulan como dioses entre cuyos mayores dones est&aacute;n la indiferencia y lo contradictorio (&ldquo;cuando el esp&iacute;ritu juega a ser materia / entonces se convierte en gato&rdquo;).&nbsp; Pese a su logrado tono amable y juguet&oacute;n, <em>Gatos</em> persigue una respuesta al vac&iacute;o metaf&iacute;sico (&ldquo;Dios hizo los gatos para que hombres y mujeres aprendan a estar solos&rdquo;). El gato constituye entonces una divinidad cotidiana y menor, que se impone no por el miedo sino por su fascinaci&oacute;n ineludible.</p>
<p>El gato, como seductor, guarda secretos en su movimiento y se mantiene en un equilibrio, natural y sin atisbo de culpa,&nbsp; entre el amor y el desamor. En estos poemas destaca una observaci&oacute;n minuciosa y siempre trascendida por la imaginaci&oacute;n pero, en &uacute;ltima instancia y demostrando la coherencia de la obra de Jaramillo Agudelo en su diversidad, tambi&eacute;n el felino representa una alegor&iacute;a de la propia escritura y del destino del poeta (&ldquo;&iquest;C&oacute;mo hacer que la palabra me contenga / y yo desaparezca, / hecho silencio, / como se desvanece entre la noche / un gato?&rdquo;)</p>
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<p><em>Cuadernos de m&uacute;sica</em> (2008)</p>
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<p>Nuevamente Dar&iacute;o Jaramillo asume el reto de abordar la escritura desde un di&aacute;logo con otra disciplina. Pero esta vez lo que lo obsesiona, a trav&eacute;s de la belleza de la expresi&oacute;n musical, es la autonom&iacute;a de lo art&iacute;stico para crear una realidad trascendente,&nbsp; lo que consolida, en &uacute;ltima instancia, una v&iacute;a para los anhelos de espiritualidad. Quiz&aacute; esto haya producido que el poeta abandone las referencias expl&iacute;citas a la canci&oacute;n popular para centrarse en la m&uacute;sica culta (&ldquo;Piezas para piano&rdquo; y &ldquo;Piezas para violonchelo&rdquo; son los t&iacute;tulos de las secciones principales), relegando tambi&eacute;n la aproximaci&oacute;n tentativa y experimental de <em>Del ojo a la lengua</em> con respecto a las artes pl&aacute;sticas.</p>
<p>En efecto, uno de los rasgos saltantes de <em>Cuadernos de m&uacute;sica</em> est&aacute; en que propone una versi&oacute;n renovada del esencialismo, a la manera de un Wallace Stevens no pict&oacute;rico sino cantado (recu&eacute;rdese el poema &ldquo;Peter Quince en el clavicordio&rdquo; del modernista estadounidense). Pero tambi&eacute;n resulta inevitable escuchar en estos versos el eco de la duraci&oacute;n que proclamara Bergson: &ldquo;La quietud absoluta elimina el tiempo en esta m&uacute;sica/ Oigo el piano sin que los minutos pasen. / M&uacute;sica sin tiempo...&rdquo;.</p>
<p>Desde esta perspectiva, <em>Cuadernos de m&uacute;sica, </em>con sus referencias sutiles que crean un juego de ecos y veladuras,&nbsp; se puede leer como la aspiraci&oacute;n a desentra&ntilde;ar los mecanismos que despliega la m&uacute;sica &ndash;su capacidad para transportarnos y crear otro tiempo, plenamente subjetivo y fuera del devenir normal- con el fin de reproducirlos verbalmente. El resultado son algunos textos que se convierten en equivalentes a piezas musicales, y otros que tienen vida propia en la poes&iacute;a.</p>
<p>No obstante, como en toda traducci&oacute;n valida, el poeta sabe que debe ser fiel al sentido antes que a la mera transcripci&oacute;n formal: la escritura de <em>Cuadernos de m&uacute;sica</em> es impresionista, crea sensaciones, no se limita a repetir estructuras ni simplemente a conceptualizar o decir. Consecuentemente, Dar&iacute;o Jaramillo opta por un enfoque secuencial y fragmentario, incesante como la lluvia (&ldquo;Si la lluvia cantara /&nbsp; sonar&iacute;a como este piano lento / que da vueltas en torno a un solo motivo.&rdquo;)&nbsp;</p>
<p>Al igual que en <em>Del ojo a la lengua</em>, el poeta elabora textos aut&oacute;nomos con respecto a sus referentes y que aluden secretamente a compositores que le han servido de inspiraci&oacute;n (en declaraciones el poeta reconoce homenajes a Satie, Chopin, Bach y Winston Marsalis). De modo inevitable, pese a la inicial reflexi&oacute;n sobre la m&uacute;sica, se despliegan tambi&eacute;n temas y figuras predilectos: la espiritualidad, los gatos, la canci&oacute;n, el poder curativo del arte (&ldquo;Medicina para las malas horas, / oraci&oacute;n para el que no tiene palabras&ldquo;).</p>
<p>El poema final &ldquo;Some present moments of the future&rdquo;&nbsp; presenta un tema amoroso en dos versiones, el cual sirve para incidir en aspectos clave de la propuesta. La repetici&oacute;n de un mismo tema nos recuerda que, como en el jazz, una pieza es su interpretaci&oacute;n y, por lo tanto, sin desconocer su belleza, en la m&uacute;sica y en la poes&iacute;a no hay absolutos pues sus resonancias est&aacute;n condicionadas siempre por circunstancias espec&iacute;ficas.&nbsp; Y, fusionando uno de sus motivos m&aacute;s queridos, el poeta nos sugiere tambi&eacute;n que la m&uacute;sica y el amor comparten el ser experiencias inusuales que nos permiten durar fuera de nuestra humana condici&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>En resumen, el objetivo primordial de este libro ser&iacute;a retratar el poder evocador de la m&uacute;sica sobre quien la disfruta: &ldquo;La m&uacute;sica no es lo que digo. Lo que digo soy yo invadido por la m&uacute;sica&rdquo;. Es decir, se debe agradecer a la m&uacute;sica el poner a nuestro alcance medios que nos permiten alcanzar a ser otros, haci&eacute;ndonos trascender los l&iacute;mites impuestos por nuestra identidad personal.</p>
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<h3>Y poder volverme invisible a voluntad</h3>
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<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como se aprecia, establecido el inicial e inacabado recorrido por una obra llena de matices, cabe a&uacute;n preguntarse cu&aacute;l es el tema central de la poes&iacute;a de Dar&iacute;o Jaramillo Agudelo. Quiz&aacute; &eacute;ste sea uno de extrema vigencia en las po&eacute;ticas de inicios del nuevo siglo: la celebraci&oacute;n de una subjetividad inasible, el escribir desde un yo que acepta su identidad difusa y convive naturalmente con la otredad y lo ef&iacute;mero. Tal peculiar apertura desde lo interior hacia las zonas m&aacute;s variadas de lo concreto es la que permite a este poeta cultivar una voz poli&eacute;drica, propia&nbsp; de un ser simult&aacute;neamente culto y popular, espont&aacute;neo y artificioso, que se reconoce en el amor y en el desamor, y que, por &uacute;ltimo, viviendo a plenitud lo sensible y perecedero, anhela tambi&eacute;n cierto orden espiritual: &ldquo;Los amores imposibles / -es tan evidente que siempre lo olvido- / son parte de ese mundo imposible / que es mi mundo verdadero.&rdquo;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En otras palabras, la evoluci&oacute;n de Dar&iacute;o Jaramillo sugiere que el poeta no ambiciona ya la materializaci&oacute;n del esp&iacute;ritu &ndash;fugaz o fant&aacute;stico, como sucediera notablemente en <em>Gatos</em>- sino que proclama la identificaci&oacute;n y el pleno reconocimiento de lo temporal: la poes&iacute;a y la vida asumidas desde el movimiento, el cual, pese al caos y el azar, tambi&eacute;n puede conmover y arrebatarnos. Aquella l&uacute;cida decisi&oacute;n de aceptar lo precario reconcilia la inestabilidad de nuestro tiempo con la espiritualidad laica que promovieron las artes en el inicio de la modernidad. Un esfuerzo tit&aacute;nico en su ligereza, que permite comunicar una verdad humilde, a la vez eterna y ef&iacute;mera, como la propia escritura, y que se sigue con inter&eacute;s por ser no otra cosa que la <em>Historia de una pasi&oacute;n</em>:</p>
<p>Pasi&oacute;n a riesgo total, en ella no hay experiencia acumulable. Nunca aprender&eacute; a escribir. Y esa elusi&oacute;n tambi&eacute;n me parece fascinante. Partir de cero cada d&iacute;a, poniendo en cuesti&oacute;n la frase anterior, el p&aacute;rrafo anterior, el mundo anterior, todo lo que va hasta ese instante.</p>
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      <pubDate>Thu, 15 May 2014 06:04:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Esas palabras sin nombre]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/esas-palabras-sin-nombre/</link>
      <description><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
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<p style="padding-left: 30px;">Esas palabras sin nombre<img style="float: right;" src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Mayo/ANA_MARIA_NAVALES_2.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 30px;">que intento despertar cada d&iacute;a</p>
<p style="padding-left: 30px;">son la memoria de un instante</p>
<p style="padding-left: 30px;">que se pierde en la niebla.</p>
<p style="padding-left: 30px;">Como un zahor&iacute; busco el agua</p>
<p style="padding-left: 30px;">que les de vida,</p>
<p style="padding-left: 30px;">y encuentro s&oacute;lo sombra,</p>
<p style="padding-left: 30px;">un remolino de voces</p>
<p style="padding-left: 30px;">que se agitan en el sue&ntilde;o</p>
<p style="padding-left: 30px;">a la espera de que alguien</p>
<p style="padding-left: 30px;">les revele su destino.</p>
<p style="padding-left: 30px;">Oigo una vieja sinfon&iacute;a,</p>
<p style="padding-left: 30px;">un rumor que brota de un arroyo</p>
<p style="padding-left: 30px;">en el desierto.</p>
<p style="padding-left: 30px;">El aliento de los &aacute;ngeles</p>
<p style="padding-left: 30px;">dibuja las huellas de mis labios</p>
<p style="padding-left: 30px;">y algunos versos imposibles.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 14 May 2014 06:12:46 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Engolfarse en la lectura]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/engolfarse-en-la-lectura/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/MANUEL_VILLAR_RASO.JPG" alt="" /></p>
<p class="Default">He aqu&iacute; una novela que devuelve el gusto por la lectura, lectura a lo grande, como cuando, a leer, no se le llamaba simplemente as&iacute;, sino <em>engolfarse en la lectura</em>. Con ella, su autor alcanza la novela cumbre de su vida. Si vivi&eacute;ramos en un pa&iacute;s culturalmente decente, <em>Las se&ntilde;oras de Paran&aacute; </em>(Ed. Autores Premiados, 2014) se habr&iacute;a convertido en un acontecimiento literario. Profesor de Literatura Norteamericana en la Universidad granadina, ya en excedencia, Manuel Villar Raso (&Oacute;lvega, Soria, 1936; residente en Granada desde 1977) es un viajero incesante y un lector &aacute;vido. Su trayectoria se inicia en 1975, cuando, a ra&iacute;z del premio Nadal de aquella convocatoria, public&oacute; <em>Mar ligeramente sur</em>, novela yo dir&iacute;a entre el experimentalismo y el culturalismo de aquellos a&ntilde;os, pero ya con el estilo sincopado y veloz, elusivo y envolvente que ha sido la marca de su producci&oacute;n, una veintena larga de novelas. Su inquietud por las ciudades extra&ntilde;as y parajes remotos le llev&oacute; a Tombuct&uacute; a la b&uacute;squeda del rastro del m&iacute;tico Yuder Pach&aacute;, y cuantos granadinos hubieron de emigrar hasta all&aacute; tras la Toma del reino en 1492 en oleadas sucesivas. Hoy, Tombuct&uacute; es una ciudad protegida por los organismos internacionales, pero, en aquellos a&ntilde;os, apenas si se conoc&iacute;a m&aacute;s all&aacute; del nombre. As&iacute; que fue de los primeros en llegar a ella. Esto trajo consigo todo un ciclo de novelas inspiradas en &Aacute;frica, erigi&eacute;ndose en verdadero adelantado al adentrarse no s&oacute;lo en sus misterios, sino en el p&aacute;lpito de su vida m&aacute;s interna y desgarrada. Novelas como <em>El color de los sue&ntilde;os </em>o <em>La mujer de Burkina </em>pueblan este mundo de la decrepitud y el desamparo sociales. Corriendo el tiempo, y tras un buen rimero de novelas diversas, desde tem&aacute;tica urbana a la memoria de la infancia rural, Villar Raso, como por destino natural del tr&aacute;nsito de la negritud hacia el Nuevo Mundo, recal&oacute; en Brasil, y aqu&iacute; encontr&oacute; la historia que nos narra, o&iacute;da en lo germinal a una mujer llamada Silvana, a quien conoci&oacute; en sus andanzas por aquella tierra en compa&ntilde;&iacute;a de su hijo Eloy, historia que ha ido transformando en pieza narrativa de primer orden.</p>
<p class="Default">&nbsp;</p>
<p class="Default">Su argumento &eacute;l mismo, a trav&eacute;s de la narradora cuya voz se extiende por m&aacute;s de trescientas p&aacute;ginas, nos lo resume: &ldquo;Gabriela le hab&iacute;a dado catorce hijos a su Ignacio Coimbra y nunca le am&oacute;. Eliana no lleg&oacute; a perdonarle a C&eacute;sare su desenfreno sexual con las ramerillas de Curitiva y las campesinas de San Geminiano, y nunca lleg&oacute; a amarlo, aunque tuvo con &eacute;l dos hijos. Marcela jam&aacute;s quiso a mi pap&aacute; Vincenzo Agnelli y nada m&aacute;s triste que este fracaso para &eacute;l, nada m&aacute;s traum&aacute;tico para ella que casarse con un hombre a quien no amaba y con el que tuvo tres hijas&rdquo;. Una de estas tres hijas, Rossana, es quien narra la historia. Que tiene en la cadena sexual de tres formidables hembras su sustento, y en el amor marital quebrado el &aacute;mbito en el que se desarrolla. Con un antes, los amores de don Pedro de Oliveira con su esclava prodigiosa Sebastiana Vellozo, y el choque emocional que supuso la venganza en ella de la que fuera su verecunda leg&iacute;tima Ana dos Praceres. Y un despu&eacute;s, los fant&aacute;sticos amores de la propia Rossana (hija de Marcela, nieta de Eliana y biznieta de Gabriela) con el mic&oacute;logo Jan Van Rijsted y el ornit&oacute;logo &Eacute;douard Baulieu en la Ilha do Mel, un para&iacute;so de la vida primigenia. Las mujeres desquiciadas a lo divino de esta maravillosa historia se casan con quienes no quieren y aman a quienes no deben, seg&uacute;n las estrictas normas morales de aquel tiempo. Y todos los amantes son, adem&aacute;s de alemanes la mayor&iacute;a de ellos, afectos al mundo natural. El contraste entre la temperamentalidad estricta de ellos y la generosidad sensitiva y sexual de ellas, m&aacute;s la disparidad entre sus tipos de inteligencia, sagazmente intuitiva en ellas y pragm&aacute;tica e incolora en ellos, conforma la trabaz&oacute;n psicol&oacute;gica de estas p&aacute;ginas siempre al filo de la devastaci&oacute;n amorosa. Escrita con pasi&oacute;n, y tes&oacute;n, con frases breves, punzantes, y un &aacute;gil y endiablado ritmo, con im&aacute;genes que impactan como piedras, con su misma contundencia, transiciones r&aacute;pidas y eficaces as&iacute;ndetos, y un aire de fascinaci&oacute;n que todo lo transforma, traza su autor esta obra maestra en donde tragedia y ensue&ntilde;o conviven, como el odio y el amor m&aacute;s desaforados, pero tambi&eacute;n la soledad que queda tras el fuego que consume la vida en las mujeres, y el olvido que afecta a los hombres que amaron sin ser correspondidos. Un fastuoso lenguaje acompa&ntilde;a el mundo vegetal y animal de aquellas tierras pobladas de p&aacute;jaros ex&oacute;ticos y &aacute;rboles milenarios en la Ilha do Mel, pero tambi&eacute;n en las inmediaciones del Iguaz&uacute;, y en los parajes entre Curitiva y Paranagu&aacute;, documentaci&oacute;n de la que el autor hizo asunto exhaustivo, al tiempo que hurga en lo m&aacute;s ignoto de la condici&oacute;n humana, adentr&aacute;ndose, con el hilo de la saga femenina, en los or&iacute;genes de aquella gran naci&oacute;n, fundada en la esclavitud transatl&aacute;ntica, y hasta finales del pasado siglo, con sus exc&eacute;ntricas guerras de antepasados, sus negocios ef&iacute;meros, las ruinas comerciales repentinas, las ambiciones, los sue&ntilde;os, la conmoci&oacute;n de amar, la premura por vivir y morir.</p>
<p class="Default">&nbsp;</p>
<p class="Default">Pero lo esencial aqu&iacute; ha sido la inventiva. Trepidante la acci&oacute;n, detallad&iacute;simos los resortes emocionales que la propician en hombres y mujeres, se ramifica en mil peregrinos incidentes, se exfolia en una diversidad de registros tal que la sorpresa es continua, y la admiraci&oacute;n, duradera. &iquest;De d&oacute;nde le viene a este escritor su inventiva poderosa e inacabable? &iquest;C&oacute;mo es posible que se mantenga en tensi&oacute;n que no decae cap&iacute;tulo tras cap&iacute;tulo? &iquest;C&oacute;mo ha conseguido ahondar tanto, y certeramente, en la psique femenina? Todo aqu&iacute; se orquesta armoniosamente en los elementos argumentales que la constituyen, en tanto que el lenguaje se acompasa a la melancol&iacute;a a la que el paso del tiempo induce. Mujeres como Gabriela, que en la pobreza extrema cuida de su padre don Serafim, enfermo desahuciado con treintaitantos a&ntilde;os, como Eliana, bot&aacute;nica y repostera, tan fuerte de voluntad como deca&iacute;da de cuerpo, o como Marcela, casada contra su voluntad con un empleado de hotel y condenada por ello a los amores inestables de por vida, acabando en la demencia, pero hombres tambi&eacute;n como Joao, que termin&oacute; de ermita&ntilde;o tras una vida errante y misteriosa, o como C&eacute;sare San Geminiano, cuyo desamor de Eliana le sume en desesperaci&oacute;n silenciosa y resignada, hasta la disoluci&oacute;n de su identidad, o como Ralph Friedman o Herbert Weigel en quienes se opera la fuerza amorosa de estas mujeres excesivas, quedar&aacute;n en el recuerdo como que tan vivas son y tan vividas parecen.</p>
<p class="Default">&nbsp;</p>
<p class="Default">&iquest;Realismo m&aacute;gico? Lo que esto es, en definitiva se refiere al lenguaje en relaci&oacute;n al tiempo. El Tiempo se dilata en el realismo m&aacute;gico, de manera que el lenguaje ha de abarcarlo con perspectiva amplia de los tiempos verbales y la concatenaci&oacute;n de objetos sugestivos: los acontecimientos, as&iacute;, quedan subsumidos en una atm&oacute;sfera irreal, pero a la vez tan cercana que los hace posibles. Y por incre&iacute;bles, no dejan de ser veros&iacute;miles. Es un procedimiento, el realismo m&aacute;gico, mediante el cual el autor sit&uacute;a al lector en una disyuntiva permanente: lo que parece, es, pero lo que no es tambi&eacute;n lo parece, cierto. Y consecuentemente, en estas p&aacute;ginas resuena Garc&iacute;a M&aacute;rquez, pero tambi&eacute;n Carpentier (que se refer&iacute;a al realismo m&aacute;gico, que &eacute;l inici&oacute; sin saberlo, como &ldquo;lo real maravilloso&rdquo;), aunque la voz que a m&iacute; al menos me ha sacudido es la que me llega de Jorge Amado, el grand&iacute;simo escritor que fund&oacute; su mundo en Bah&iacute;a, mientras Villar Raso act&uacute;a mucho m&aacute;s al sur, la regi&oacute;n del Paran&aacute;. Un Paran&aacute; cuyas se&ntilde;oras para siempre ser&aacute;n las de Manuel Villar Raso.</p>
<p class="Default">&nbsp;</p>
<p class="Default">&nbsp;</p>
<p class="Default">&nbsp;</p>
<p class="Default"><em>Las se&ntilde;oras de Paran&aacute;</em>, Manuel Villar Raso, Editorial Autores Premiados, Sevilla, 2014.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 13 May 2014 07:05:38 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Devocionario en prosa de un poeta]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/devocionario-en-prosa-de-un-poeta/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Mayo/gastonbaquero.jpg" alt="" /></p>
<p>Hubo un mago, retirado del tr&aacute;fago y del ruido veleidoso, en su cueva cervantina de las maravillas, prendado de la palabra po&eacute;tica en su libertad y en su resplandor por sobre todas las cosas, encadenado perpetuo a la literatura y a la sabidur&iacute;a, que se llam&oacute; Gast&oacute;n Baquero (Banes, Cuba, 1914 &ndash; Madrid, 1997). La primera parte de su vida la pas&oacute; en su Isla natal. Perteneci&oacute; al grupo de la revista <em>Or&iacute;genes </em>(que tutelaba su siempre idolatrado Lezama Lima) y ejerci&oacute; el periodismo, aunque como &eacute;l mismo se&ntilde;alase &ldquo;fue de la poes&iacute;a al periodismo y, en lo posible, llev&oacute; a &eacute;ste los temas, las personas y los problemas de la poes&iacute;a&rdquo;. Mar&iacute;a Zambrano lo conoci&oacute; en La Habana m&iacute;tica de la d&eacute;cada de los a&ntilde;os cuarenta y qued&oacute; deslumbrada ya por sus primeros poemas. Cintio Vitier testimoni&oacute; de ellos: &ldquo;Llegaban y se establec&iacute;an en la luz como si siempre hubieran estado ah&iacute;, familiares en su secreto y en su grave magnitud&rdquo;. A partir de 1959 Baquero residir&iacute;a en su destierro espa&ntilde;ol, donde morir&iacute;a sin haber podido regresar a su pa&iacute;s. Su libro <em>Memorial de un testigo </em>(Adonais, 1966) se convertir&iacute;a en gema casi secreta de alabanzas, defendido con pertinacia por poetas como Gerardo Diego, Francisco Brines, Luis Alberto de Cuenca o Mario M&iacute;guez y cr&iacute;ticos como Jos&eacute; Olivio Jim&eacute;nez y Guillermo D&iacute;az-Plaja. Tuvo la buena fortuna de disfrutar de postreras ediciones de su obra en verso, que vieron la luz antes de su fallecimiento; as&iacute;, <em>Poemas invisibles </em>(Verbum, 1991) y <em>Autoantolog&iacute;a comentada </em>(Signos, 1992). En su labor de ensayista literario recordaremos <em>Dar&iacute;o, Cernuda y otros temas po&eacute;ticos </em>(Editora Nacional, 1969) y <em>La fuente inagotable </em>(Pre-Textos, 1995).</p>
<p>La minuciosa e inexcusable resonancia de Baquero sigue, felizmente, cumpliendo su curso. Gracias a la dedicaci&oacute;n consecuente y apasionada de sus conocedores devotos. El tambi&eacute;n poeta y editor &Aacute;ngel Luis Vigaray inici&oacute; la andadura de la colecci&oacute;n &ldquo;Signos/Versi&oacute;n Celeste&rdquo; (bajo el auspicio de Huerga y Fierro Editores) con un op&uacute;sculo del cubano, recuperado homenaje a Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, escrito tras el fallecimiento de &eacute;ste en 1958. Ahora, en esa misma colecci&oacute;n, se publica una amplia &ndash;m&aacute;s de 40 piezas&ndash; recopilaci&oacute;n de cr&oacute;nicas y ensayos aparecidos, en su d&iacute;a, en prensa aqu&iacute; y acull&aacute;, y reunidos en casi detectivesca indagaci&oacute;n por el estudioso cubano Alberto D&iacute;az-D&iacute;az, transterrado residente en Edimburgo que asimismo culmin&oacute; una tesis en la Complutense madrile&ntilde;a (<em>Perfil &iacute;ntegro de Gast&oacute;n Baquero</em>) sobre nuestro autor. Como encargado de esta edici&oacute;n subraya la sabia y generosa virtud baqueriana para pensar con fe o sentimiento siempre en la Poes&iacute;a, y nos indica c&oacute;mo Baquero super&oacute; las rejas del art&iacute;culo period&iacute;stico para lograr incluir en su luminosidad el ensayo literario de venero hondo y palpitante. Pues lo primero que demuestra este libro, en su desplegado muestrario, es que la prosa de Gast&oacute;n Baquero no es inferior a su poes&iacute;a l&iacute;rica.</p>
<p>Escojamos un par de ejemplos relevantes. <em>Diario de la Marina, </em>peri&oacute;dico habanero. A&ntilde;o 1946. &ldquo;Memorial por el poeta John Keats&rdquo;. Se repasa ah&iacute; la existencia de creaci&oacute;n, de contemplaci&oacute;n y de reverencia a la Belleza por parte del rom&aacute;ntico ingl&eacute;s enterrado en Roma, y se nos ofrece lo impalpable y sutil de su quehacer, en compa&ntilde;&iacute;a y frente a sus compa&ntilde;eros Shelley y Byron. La divisa del <em>Endymion </em>(&ldquo;A thing of beauty is a joy forever&rdquo;) brilla como hechizo cautivador, y el excurso del comentarista a&uacute;n rutila seis d&eacute;cadas despu&eacute;s: &ldquo;Que la vida se vive con id&eacute;ntica intensidad y potencia, tanto por el que est&aacute; llamado a combatir en medio de la arena, como por el que est&aacute; llamado a contemplar las estrellas&rdquo;. Mismo peri&oacute;dico y mismo a&ntilde;o: &ldquo;Emily Dickinson o de las maravillas peque&ntilde;as&rdquo;. La aparici&oacute;n de una traducci&oacute;n al espa&ntilde;ol de la se&ntilde;ora rara y fantasmal de la casona de Amherst llevada a cabo por Ernestina de Champourcin y Juan Jos&eacute; Domenchina nos conduce de bruces ante la misteriosa, m&aacute;gica y exquisita Emily. La consecuencia expl&iacute;cita deviene lema plausible, v&aacute;lido para la obra del propio creador cubano: &ldquo;Aun en el m&aacute;s humilde hond&oacute;n de una aldea, o en la m&aacute;s apagada vida de un ser cualquiera, puede arder, y arde con frecuencia, la llama transfiguradora e inmortal de la Poes&iacute;a&rdquo;. Les invito a leer un par de poemas del mencionado <em>Memorial de un testigo </em>(&ldquo;Primavera en el Metro&rdquo; o &ldquo;Discurso de la rosa en Villalba&rdquo;) y podr&aacute;n hallar las correspondencias pertinentes entre el verso y la prosa de tan sabio hacedor.</p>
<p>Oto&ntilde;o de 1945; Baquero se refiere a su dilecto compatriota Juli&aacute;n del Casal. &ldquo;Se sabe que el oto&ntilde;o ha llegado porque la luz comienza a hacerse m&aacute;s oscura (...) Se pronuncia despaciosamente la palabra O-to-&ntilde;o, y el color gris, gris de humo, hace su aparici&oacute;n&rdquo;. All&iacute; donde el oto&ntilde;o echa sus lienzos de humo, sus meditaciones tristes y sus sentidos rebeldes queda anclado el modernista cubano. Durante otro adi&oacute;s al est&iacute;o &ndash;&ldquo;reinar deleitoso de la luz&rdquo;&ndash; en noviembre de 1951, llega a La Habana Luis Cernuda. La nota de recibimiento de Baquero &ndash;siempre en el <em>Diario de la Marina</em>&ndash; describe al sevillano reflexivo, tocado por lo ingl&eacute;s, en su madurez; y nos acent&uacute;a su poes&iacute;a tr&aacute;gica sin desmelenamiento, dolorida sin alarido, eleg&iacute;aca: &ldquo;En Luis Cernuda se reencuentra lo griego, se comprende que el punto final del romanticismo apuntaba m&aacute;s hacia el retorno a Grecia que el Renacimiento&rdquo;. La inserci&oacute;n de lo griego gira y abre una aguda interpretaci&oacute;n en su art&iacute;culo de bienvenida. La poes&iacute;a de Cernuda, en su desnudez limpia de aditamentos y estorbos, resplandece como un templo escueto, como una estatua griega. La concatenaci&oacute;n de oto&ntilde;os se nos revela, como un &iacute;ntimo trallazo confesional aunque sobrio, m&aacute;s adelante ya en Madrid, en el exilio de Gast&oacute;n. Diario <em>Arriba, </em>1965. El confeso oto&ntilde;&oacute;filo de nacimiento, disc&iacute;pulo de Spengler y de Schumann, habla de su estaci&oacute;n amiga, intuida, so&ntilde;ada: &ldquo;El oto&ntilde;o es as&iacute;, no defrauda, no miente, no simula. El oto&ntilde;o es&rdquo;. La poes&iacute;a, que ha de enriquecer y de perfeccionar la vida, se hace entonces expl&iacute;cita po&eacute;tica baqueriana; al ser el oto&ntilde;o una estaci&oacute;n rev&eacute;s del perpetuo verano antillano, posibilita vivir en ella &ldquo;sin precipitaciones, hablar reposadamente, contemplar sin prisas las maravillas del mundo&rdquo;. Tal es su est&eacute;tica de compositor.</p>
<p>Una fiesta de la literatura universal resulta ser este libro. En las p&aacute;ginas escritas anta&ntilde;o en La Habana podemos recrearnos con Lautr&eacute;amont y Val&eacute;ry, celebrar el Premio Nobel de T. S. Eliot o complacernos con exc&eacute;ntricos como Jorge Santayana y O. W. de Milosz. Instalado ya en Madrid, destaca un agudo ensayo sobre Borges, aparecido en el diario <em>ABC, </em>&iexcl;en mayo de 1962! &iquest;C&uacute;antos conoc&iacute;an aqu&iacute; entonces al pol&iacute;glota, sabelotodo y memori&oacute;n memorable (sic) calificado como &ldquo;la primera figura intelectual de la Am&eacute;rica Espa&ntilde;ola&rdquo;? Se celebran con precisi&oacute;n las fabulaciones del argentino universal: &ldquo;Gracias a Borges, Am&eacute;rica es m&aacute;s rica, m&aacute;s profunda, m&aacute;s inteligente...&rdquo;. Un corolario de este libro es tambi&eacute;n constatar la indisolubilidad eterna del v&iacute;nculo creado por la lengua espa&ntilde;ola en sus dos vertientes: Espa&ntilde;a y Am&eacute;rica. Gozosas de paladear ambas una lengua com&uacute;n que se ha imantado en maneras tan diversas: B&eacute;cquer, Mart&iacute;, Valle-Incl&aacute;n, Baroja, Ballagas, Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, Octavio Paz, Eliseo Diego. Rel&aacute;mpagos que recorren el devocionario de quien impelido por su l&iacute;mpida obsesi&oacute;n sabe, y mucho, de la palabra vivificadora de la Poes&iacute;a. En fin, esta <em>Geograf&iacute;a literaria </em>acoge una cultura universal unitaria (tambi&eacute;n a Novalis, Rilke, Huidobro, Ram&oacute;n G&oacute;mez de la Serna y tantos m&aacute;s) que se hace simult&aacute;nea en sus diversidades. &ldquo;Un ni&ntilde;o con una candelita encendida en medio de la noche es lo que siempre he sido&rdquo; nos dej&oacute; dicho ese inmenso cubano de plural resonancia que es Gast&oacute;n Baquero. Acompa&ntilde;&eacute;mosle en este viaje por el mapa de sus predilecciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;Gast&oacute;n Baquero, <em>Geograf&iacute;a literaria (1945-1996). Cr&oacute;nicas y ensayos</em>, Madrid. Huerga y Fierro Editores, 2007.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 13 May 2014 06:50:52 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Claire]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/claire/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Mayo/mercedesd_az.jpg" alt="" /></p>
<p>Y c&oacute;mo cambi&oacute; mi hermana Claire.</p>
<p>Estaba all&iacute; de pie,</p>
<p>con un abrigo de soldado</p>
<p>y una cocacola sin gas en la mano</p>
<p>mirando a los que ca&iacute;an de las torres</p>
<p>mirando los vagones quemados</p>
<p>y entonces o&iacute;mos un ruido hueco</p>
<p>y vi su equipaje de mano</p>
<p>y vi que ya no era joven,</p>
<p>que hab&iacute;a dejado a su marido</p>
<p>porque sus manos apretaban demasiado.</p>
<p>Porque el minibar estaba lleno</p>
<p>de restos de medusas y metales;</p>
<p>Porque &eacute;l entraba dejando</p>
<p>un simb&oacute;lico rastro rosa en la ba&ntilde;era</p>
<p>mientras los ni&ntilde;os rezaban</p>
<p>encerrados en las aulas.</p>
<p>Y &eacute;l segu&iacute;a sentado en un sof&aacute; naranja</p>
<p>chasqueando piezas de bricolaje con la boca</p>
<p>odiando sordamente</p>
<p>a las t&iacute;as que le insultaban</p>
<p>pensando en el hacha y los ahorros de la boda.</p>
<p>Y pegaba y pegaba a Claire</p>
<p>un par de veces</p>
<p>hasta que papi le acompa&ntilde;aba al avi&oacute;n</p>
<p>del mismo brazo.</p>
<p>Pero Claire convenc&iacute;a a todos</p>
<p>y &eacute;l volv&iacute;a a casa en su propio coche</p>
<p>y regresaba a su sill&oacute;n naranja</p>
<p>girando uno a uno los n&uacute;meros</p>
<p>de sus antiguas amantes</p>
<p>que, una por una,</p>
<p>fueron declinando la llamada</p>
<p><em>Oh, tengo lotes de Biblias</em></p>
<p><em>para vender puerta a puerta</em></p>
<p><em>Oh, tengo que devolver al s&uacute;per</em></p>
<p><em>un disco de Roy Orbison</em></p>
<p><em>Oh, la se&ntilde;orita</em></p>
<p><em>no puede ponerse en este mismo momento</em></p>
<p>Porque quer&iacute;a que mi hermana volviera</p>
<p>pero ella dec&iacute;a No</p>
<p>por mucho que &eacute;l dijera</p>
<p><em>This is your home, darling,</em></p>
<p><em>This trailer&acute;s your home.</em></p>
<p>Y la peque&ntilde;a Claire, la sobrina,</p>
<p>se sinti&oacute; confundida</p>
<p>cuando cambi&oacute; mi hermana,</p>
<p>ped&iacute;a a gritos los mismos dibujos</p>
<p>y no respond&iacute;a si le hablaban extra&ntilde;os.</p>
<p><em>This is your mum, Money,</em></p>
<p><em>Mum has to change now.</em></p>
<p>Y Claire puso en marcha</p>
<p>sus mand&iacute;bulas trituradoras</p>
<p>su ej&eacute;rcito blanco bajando por la Avenida,</p>
<p>y pag&oacute; con su tarjeta mi propia comida</p>
<p>y pag&oacute; con su tarjeta</p>
<p>un &ldquo;Kerouac para ni&ntilde;os&rdquo;</p>
<p>una taza de Anthropology</p>
<p>con sus siglas bien marcadas.</p>
<p>Y Claire ni&ntilde;a en el carrusel dec&iacute;a:</p>
<p><em>&ldquo;They have toy horses, mummy</em></p>
<p><em>Now, you hunt yours</em></p>
<p><em>hunt yours, mummy&rdquo;.</em></p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 12 May 2014 06:02:10 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aforismo y poesía gravitatoria]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/aforismo-y-poesia-gravitatoria/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Mayo/jorgewagensberg.jpg" alt="" /></p>
<p>Hacer del m&eacute;todo cient&iacute;fico una po&eacute;tica del pensamiento no es una empresa in&eacute;dita. Hace m&aacute;s de un cuarto de siglo, Hans Magnus Enzensberger fundi&oacute; las ra&iacute;ces de la poes&iacute;a y la ciencia en las "37 baladas de la historia del progreso", que public&oacute; en su libro <em>Mausoleo</em>. M&aacute;s recientemente, el pensador alem&aacute;n ha proseguido sus "miradas de soslayo" en poes&iacute;a y prosa en <em>Los elixires del progreso</em>. Enzensberger se congratula de haber superado por fin el cientifismo excluyente decimon&oacute;nico, cuyo epitafio es el <em>Bouvard et P&eacute;cuchet</em> flaubertiano. Tras asociar el l&eacute;xico de la astronom&iacute;a, las matem&aacute;ticas o la f&iacute;sica a lo que Jakobson denomin&oacute; "funci&oacute;n po&eacute;tica", Enzensberger colige que toda narraci&oacute;n cient&iacute;fica se fundamenta en un discurso metaf&oacute;rico: "Invisible como un is&oacute;topo que sirve para el diagn&oacute;stico y la medici&oacute;n de tiempos, imperceptible pero apenas renunciable como un oligoelemento, la poes&iacute;a est&aacute; actuante all&iacute; donde nadie la supone".</p>
<p>Esas sugestiones permiten calibrar las intenciones de Jorge Wagensberg (Barcelona, 1948). Doctor en F&iacute;sica, profesor de Teor&iacute;a de los Procesos Irreversibles en la Universidad de Barcelona, ameno divulgador y cabeza pensante de la mod&eacute;lica &Aacute;rea de Ciencia y Medio Ambiente de la Obra Social de "la Caixa", Wagensberg encaden&oacute; en <em>Si la naturaleza es la respuesta, &iquest;cu&aacute;l era la pregunta?</em> (2003), colecci&oacute;n de aforismos que otorgaban un tono coral a unas reflexiones que, como anuncia el interpelativo t&iacute;tulo, pretenden que el lector abandone la arcaica condici&oacute;n de "desocupado" para pasar a ser "interactivo".</p>
<p>Siguiendo la misma estrategia, Wagensberg vuelve a proponer en <em>A m&aacute;s c&oacute;mo</em>, <em>menos por qu&eacute;</em> 747 reflexiones sobre la verdad, la duda, lo bello y lo inteligible, la selecci&oacute;n y la evoluci&oacute;n, las construcciones y fronteras de lo humano, los museos y el arte&hellip; Y lo hace en dos formatos de pensamiento y expresi&oacute;n. En la primera parte del libro utiliza el aforismo como distancia corta y en la segunda opta por g&eacute;neros literarios como la cr&oacute;nica o el cuento para modular la distancia larga. Wagensberg considera el aforismo "el m&aacute;s cient&iacute;fico de los g&eacute;neros literarios"&nbsp; y subraya que "la poes&iacute;a es m&aacute;s cient&iacute;fica que la historia" y se vacuna contra la autocomplacencia: "El dudoso prestigio de los aforismos procede de la facilidad con la que se logra un aforismo malo", advierte. El aforismo, como la buena poes&iacute;a, expresa lo m&aacute;ximo con el m&iacute;nimo n&uacute;mero de palabras, una decena a lo sumo, por lo que el autor encadena sus reflexiones para que sean le&iacute;das como los versos de un poema. A cada familia de aforismos le corresponde en la segunda parte un texto que permitir&aacute; que esa idea "empaquetada en una sola frase se disuelva, se desarrolle y viva su propia vida". Como ejemplo, la segunda ley de Newton, que se escribe con tres letras (F=ma), "pero comprende cualquier movimiento de cualquier cuerpo cuyo conocimiento quiz&aacute; se exprese con una larga, muy larga secuencia de datos". La relaci&oacute;n entre reflexiones extensa y compacta podr&iacute;a explicar algunas opiniones de un periodista de la celebridad del polaco Kapuscinsky, cuando afirma que la capacidad de expresi&oacute;n po&eacute;tica es la semilla del mejor periodismo. Para Wagensberg, "una frase de veinte palabras se conserva peor que una palabra y un texto de mil palabras peor que una frase de veinte. En veinte palabras la intenci&oacute;n es m&aacute;s bien comprender, en mil palabras la intenci&oacute;n es m&aacute; bien conocer".</p>
<p>Partiendo del <em>cogito ergo sum</em> descartiano, Wagensberg indaga en los fundamentos de la verdad y la inteligibilidad, que "es la belleza externa de las cosas". Apunta como primera evidencia del sentido est&eacute;tico la simetr&iacute;a obsesiva de un hacha de <em>Homo</em> <em>erectus</em>, mientras que la autoconciencia se plasmar&iacute;a en un enterramiento ritual neandertalense y el conocimiento abstracto en la inteligibilidad del <em>Homo sapiens</em> que esboza una pintura rupestre. Tienen estos aforismos un ritmo y una cadencia que repiquetea en el pensamiento como las gotas de lluvia en un fino cristal. Palabras que propician la simbiosis entre Ciencia, Literatura y Arte. "El &aacute;rbol amaz&oacute;nico Acariquara ilustra una intuici&oacute;n de Oscar Wilde: hace milenios que la naturaleza copia a Gaud&iacute;". Los asombros de Einstein que le llevan en volandas desde los cinco a&ntilde;os a los veintis&eacute;is, cuando su Teor&iacute;a de la Relatividad "prepara los siguientes cien a&ntilde;os de la ciencia" se&ntilde;alan en lo cotidiano la fuente primigenia de los genios. Einstein y Newton inspiran el t&iacute;tulo del libro: "A m&aacute;s <em>c&oacute;mo</em>, menos <em>por qu&eacute;</em>". Y esa frase sobre la que pivota la especulaci&oacute;n cient&iacute;fica abre la puerta del asombro permanente. "Educar no es llenar sino encender", advierte Wagensberg.</p>
<p>La curiosidad del escritor de aforismos alcanza a la ciencia social. Nos dice que en las sociedades creativas como el Renacimiento italiano las masas se miran en la elite, mientras que en las destructivas, como el nazismo, la elite se mira en las masas. En los &uacute;ltimos apartados de su exploraci&oacute;n revela su experiencia museol&oacute;gica en la colisi&oacute;n de objetos, fen&oacute;menos, ideas y visitantes. Ese Museo Universal, utilizando una denominaci&oacute;n del siglo XIX, depara cuestiones como la creaci&oacute;n, la copia, el plagio y la clonaci&oacute;n. Si el museo es interacci&oacute;n, la conversaci&oacute;n es el postrero moj&oacute;n de un autor que cuantifica cada formato comunicativo, al igual que lo hace entre la extensi&oacute;n afor&iacute;stica y el desarrollo narrativo de esos aforismos. "Un individuo es para la reflexi&oacute;n, dos individuos son para la conversaci&oacute;n, unos diez son para la tertulia y unos cien son para la conferencia". La reflexi&oacute;n supone la independencia individual ante la incertidumbre.</p>
<p>Y al final, los aforismos se despliegan en poemas en prosa: la innovaci&oacute;n tiene la forma de un viol&iacute;n de Cremona. La tecnolog&iacute;a no es capaz de conseguir el "raro terciopelo" de un sonido de viol&iacute;n. Y el aserto plat&oacute;nico de que conocer es recordar se reafirma cuando el profesor Wagensberg evoca el sabor de los morados melocotones de agua de su infancia que com&iacute;a directamente del &aacute;rbol "quiz&aacute;, como los violines de Cremona, ya no vuelvan". La ley de Proust gravitando en un pensamiento cient&iacute;fico. Poes&iacute;a actuante donde nadie lo supon&iacute;a.- SERGI DORIA</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jorge Wagensberg. <em>A m&aacute;s c&oacute;mo, menos por qu&eacute;</em>. Barcelona, Tusquets, 2006</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 09 May 2014 07:40:49 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Quién es Antonio Porchia?]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/quien-es-antonio-porchia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Mayo/antonioporchia.jpg" alt="" /></p>
<p>Empecemos por un lugar com&uacute;n. La mayor&iacute;a de los autores, y Porchia es m&aacute;s un autor que un escritor, esconden su vida en su obra. En realidad en esta frase hay dos lugares comunes en vez de uno. El t&oacute;pico que distingue al autor del escritor, en el que los franceses han abundado a conciencia, y el m&aacute;s universal del autor que instintivamente se oculta en su obra. Claro que algunos incluso lo hacen conscientemente. Y no importa que esa obra sean libros de poemas, relatos o incluso novelas, por limitarnos a la literatura, o a una concepci&oacute;n t&oacute;pica de la literatura. La vida de Porchia est&aacute; en sus <em>Voces</em>, &ldquo;<em>mis Voces es casi una biograf&iacute;a</em>&rdquo;, dijo en una ocasi&oacute;n, y Porchia, m&aacute;s que en cualquier aproximaci&oacute;n que pudi&eacute;ramos intentar a su vida, y hay algunas soberbias, de las que tal vez luego hablemos, est&aacute; en sus <em>Voces reunidas</em>. Es decir, en todas sus <em>Voces</em> hasta la fecha. Porque parece ser que sigue habiendo <em>voces</em> desperdigadas por el mundo, que su autor iba dejando caer ac&aacute; o all&aacute; al capricho de su humor, o de su amor. Y dig&aacute;moslo ya sin mas dilaci&oacute;n, esta espl&eacute;ndida edici&oacute;n de sus <em>Voces reunidas</em> viene a saldar nuestra incomprensible deuda editorial con una de las voces, valga aqu&iacute; la redundancia, un procedimiento expresivo que no desde&ntilde;ar&iacute;a Porchia por cierto, m&aacute;s originales y sugerentes del pasado siglo. Porque de Porchia s&oacute;lo conoc&iacute;amos hasta la fecha sus <em>Voces abandonadas</em> (Pre-Textos, 1992). A no ser que posean ustedes alguna de las ediciones de <em>Voces</em> que hiciera Hachette en Buenos Aires, 1&ordf; edici&oacute;n en 1943. La que yo poseo, un precioso regalo, es la decimoquinta, de 1982. Est&aacute; dedicada a Roger Caillois, y empieza as&iacute;: &ldquo;<em>Situado en alguna nebulosa lejana hago lo que hago, para que el universal equilibrio de que soy parte no pierda el equilibrio</em>&rdquo;. Estas <em>Voces</em> de Hachette est&aacute;n incluidas naturalmente en las <em>Voces reunidas</em> que hoy celebramos. Una edici&oacute;n magn&iacute;ficamente preparada por Daniel Gonz&aacute;lez Due&ntilde;as, Alejandro Toledo, y &Aacute;ngel Ros, tres profundos conocedores de la obra de Porchia, que viene acompa&ntilde;ada por un cd con una selecci&oacute;n de <em>Voces</em> le&iacute;das por el propio Porchia, adem&aacute;s de una complet&iacute;sima bibliograf&iacute;a y un emocionante ap&eacute;ndice fotogr&aacute;fico, por no hablar del pr&oacute;logo y el ep&iacute;logo de los editores. En una palabra, una edici&oacute;n integral en toda regla, como reza por lo dem&aacute;s en la cubierta del libro. Despu&eacute;s de leerlo sabr&aacute;n ya qui&eacute;n fue Porchia, y qui&eacute;n es Antonio Porchia. Y si todav&iacute;a no se ha agotado su curiosidad, les aconsejo que visiten la p&aacute;gina <a href="http://www.antonioporchia.com.ar/">http://www.antonioporchia.com.ar</a>. Preparada tambi&eacute;n por &Aacute;ngel Ros, ofrece, adem&aacute;s de varias ediciones de las <em>Voces</em> (texto &iacute;ntegro) su biograf&iacute;a, im&aacute;genes, testimonios, y algunas agradables sorpresas m&aacute;s.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y ahora hablemos de las <em>Voces</em>. O, mejor aun, dejemos que hablen las <em>Voces</em>. &iquest;Son aforismos? &iquest;son sentencias? &iquest;m&aacute;ximas? &iquest;cohetes, como dir&iacute;a Baudelaire? Son todo eso, y no son nada de eso. &ldquo;<em>Jam&aacute;s digan que escribo aforismos. Me sentir&iacute;a humillado</em>&rdquo;. Sus <em>Voces</em> son literalmente eso, voces, siempre fulgurantes, destellos s&uacute;bitos de pensamientos imposibles, un cat&aacute;logo inmenso de figuras inveros&iacute;miles, silogismos il&oacute;gicos, negaciones que afirman y afirmaciones que niegan. Todo eso podr&iacute;an ser o no ser. Porque el proceso de elaboraci&oacute;n de una <em>Voz</em> no era, lo sabemos por su autor, un proceso intelectual. La <em>Voz</em> respond&iacute;a a una experiencia vivida, &iacute;ntima, un sentimiento, una emoci&oacute;n, la voz se iba formando espont&aacute;neamente poco a poco, o de golpe, emerg&iacute;a, tomaba forma, se articulaba. O bien se esfumaba para volver a&ntilde;os despu&eacute;s, ya crecida, pero todav&iacute;a ingenua, inocente, cabal. Dicho en palabras de Caillois, que traducir&iacute;a sus <em>Voces</em> y las dar&iacute;a a conocer en Francia, &ldquo;<em>esos pensamientos no son ideas, y escasamente son pensamientos; no revelan l&oacute;gica ni psicolog&iacute;a, sino m&aacute;s bien metaf&iacute;sica, y una metaf&iacute;sica donde hay que adivinar m&aacute;s bien que comprender</em>&rdquo;. Roberto Juarroz, posiblemente quien m&aacute;s haya hecho por la difusi&oacute;n de las <em>Voces</em> de Porchia, dijo de &eacute;l en una ocasi&oacute;n: &ldquo;<em>Era un individuo con la disponibilidad para pensar lo que, seg&uacute;n parece, no necesita ser pensado</em>&rdquo;. Y &iquest;qu&eacute; es lo que no necesita ser pensado? &iquest;Lo superfluo? Seguramente, tal vez porque &ldquo;<em>solo lo superfluo es necesario</em>&rdquo; (esta <em>Voz</em> no es de Porchia, &iquest;es un eco de alguna voz de Porchia?).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Estas s&iacute; son de Porchia: <em>La seriedad es un rasgo de la ni&ntilde;ez que en algunos hombres perdura (683) Para elevarse es necesario elevarse, pero es necesario tambi&eacute;n que haya altura. (542) A veces lo que deseo y lo que no deseo se hacen tantas concesiones que llegan a parecerse (514) La vida durar&iacute;a m&aacute;s si las cosas de la vida no durasen tanto (852) Lo que haces no es lo que crees que haces (271) Quien ama sabiendo por qu&eacute; ama, no ama (277) Estar en compa&ntilde;&iacute;a no es estar con alguien, sino estar en alguien (1122) Hay fuegos que desde lejos dan calor y desde cerca fr&iacute;o (624) </em></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Son voces al azar, como recomendaba Borges leer las <em>Voces</em> de Antonio Porchia: <em>En un momento de duda, alguien abre el volumen al azar&hellip;</em> Y as&iacute; es Porchia.- MANUEL ARRANZ</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Antonio Porchia, <em>Voces reunidas</em> , edici&oacute;n, pr&oacute;logo, tabla de variantes, anexo y ep&iacute;logo de Daniel Gonz&aacute;lez Due&ntilde;as y Alejandro Toledo, con la colaboraci&oacute;n de &Aacute;ngel Ros, Valencia, Pre-Textos, 2006.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 08 May 2014 06:42:25 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El miedo unánime]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-miedo-unanime/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/PILAR_BLANCO.jpg" alt="" /></p>
<p class="yiv1422601732msonormal" style="text-align: left;" align="right">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>A&uacute;n tra&iacute;a conmigo la nieve de la infancia</em></p>
<p class="yiv1422601732msonormal" style="text-align: left;" align="right">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Antonio Colinas</p>
<p class="yiv1422601732msonormal" style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p class="yiv1422601732msonormal">&nbsp;</p>
<p class="yiv1422601732msonormal">Es un latir apenas. Plumas que caen en el amanecer. Ladridos a lo lejos.</p>
<p class="yiv1422601732msonormal">Es un horizonte de campanas y humo. El campo en la memoria. Lo que dej&oacute; de ser.</p>
<p class="yiv1422601732msonospacing">Humedad y pizarra, retales sueltos del tapiz de la infancia.</p>
<p class="yiv1422601732msonospacing">&nbsp;</p>
<p class="yiv1422601732msonospacing">En este alc&aacute;zar blanco que abrasa el sol.</p>
<p class="yiv1422601732msonospacing">&nbsp;</p>
<p class="yiv1422601732msonormal">Es el aliento apenas. Contener la respiraci&oacute;n hasta domarla.</p>
<p class="yiv1422601732msonormal">Que no galope el coraz&oacute;n,</p>
<p class="yiv1422601732msonormal">que los pulmones cedan.</p>
<p class="yiv1422601732msonospacing">Si no respiras, si no aferras el latido a contralaire quiz&aacute;s no te expongas a la muerte, ancilla del dolor.</p>
<p class="yiv1422601732msonospacing">&nbsp;</p>
<p class="yiv1422601732msonormal">Lo que no vive no declina. Ni cae lo que yace ya en tierra.</p>
<p class="yiv1422601732msonormal">Hieren los pensamientos, saeta en el azul.</p>
<p class="yiv1422601732msonormal">Hiere la memoria, tormenta de luz brava.</p>
<p class="yiv1422601732msonospacing">Hiere lo no sufrido. Los errores que no ha sido posible cometer.</p>
<p class="yiv1422601732msonospacing">&nbsp;</p>
<p class="yiv1422601732msonospacing">Hiere el lenguaje con sus mil alfileres inaudibles.</p>
<p class="yiv1422601732msonospacing">&nbsp;</p>
<p class="yiv1422601732msonormal">Hiere pensar la huida</p>
<p class="yiv1422601732msonormal">sabiendo que vendr&aacute;</p>
<p class="yiv1422601732msonormal">y que no hay compasi&oacute;n para el que huye.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 07 May 2014 06:33:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Suiza pasión]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/suiza-pasion/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Mayo/carlosgrassatoro.jpg" alt="" /></p>
<p>Acerca de lo que le sucedi&oacute; al gal&aacute;n de la mirada de nardo</p>
<p>durante la visita que caus&oacute; a la blanca ni&ntilde;a</p>
<p>por voluntad de los futuros desconocidos nadie supo,</p>
<p>as&iacute; que la versi&oacute;n que aqu&iacute; a la sombra acontece</p>
<p>tiene que pertenecer, a la fuerza del ojo, a ella o a &eacute;l.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sucedi&oacute; al borde del lago, cl&aacute;sicamente,</p>
<p>el tren arrib&oacute; hasta la misma orilla, humedad y acero,</p>
<p>ella peinaba sus pies sobre el rail,</p>
<p>piedra que te quedar&aacute;s para siempre</p>
<p>y la ondita crec&iacute;a sobre el agua.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El h&iacute;gado del joven descendi&oacute; envuelto en un traje rayado</p>
<p>del vag&oacute;n de primera, todav&iacute;a,</p>
<p>lo que no era en &eacute;l sorpresa, era en el pasado maletas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ni pensar que ella se alejar&iacute;a del rail</p>
<p>ni pensar que &eacute;l se descalzara,</p>
<p>el cuero de los botines recorri&oacute; el universo</p>
<p>de los pies de la que siempre hab&iacute;a sido ya su amada,</p>
<p>le anduvo sin descanso, ella se abandon&oacute;,</p>
<p>los empleados de la l&iacute;nea del ferrocarril lloraron,</p>
<p>lloraron m&aacute;s intensamente que si la m&aacute;quina</p>
<p>hubiera arrollado el cuerpo de la desgraciada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 07 May 2014 06:28:43 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Latorre en estado puro]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/latorre-en-estado-puro/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/josemarialatorre.jpg" alt="" /></p>
<p>El escritor zaragozano, residente desde hace a&ntilde;os en Barcelona, maestro del g&eacute;nero fant&aacute;stico y autor de grandes cl&aacute;sicos como <em>La noche de Cagliostro y otros relatos</em>, <em>En la ciudad de los muertos</em> o <em>Fiesta perpetua</em> ha conseguido con esta nueva entrega cautivar una vez m&aacute;s a los adeptos de lo fant&aacute;stico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De nuevo en <em>M&uacute;sica muerta y otros relatos</em> nos encontramos al Latorre m&aacute;s genuino, aut&eacute;ntico e impredecible. A lo largo de los veinte relatos, el lector queda atrapado en un inc&oacute;modo estado de incertidumbre. Los narradores de cada historia consiguen contagiar el desasosiego, la angustia y la sensaci&oacute;n de ahogo de los personajes, que p&aacute;gina tras p&aacute;gina no quedar&aacute;n impunes ante los vuelcos y sobresaltos ficcionales cuyo elemento com&uacute;n es la sorpresa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El abanico de los temas de la obra posee un tratamiento original y variado: los motivos cl&aacute;sicos del hombre lobo, los vampiros o los fantasmas se entremezclan con temas donde lo fant&aacute;stico traspasa las fronteras de lo f&iacute;sico convirti&eacute;ndose en terror psicol&oacute;gico: las patolog&iacute;as ps&iacute;quicas como demencias o fobias extremas no dar&aacute;n tregua a los personajes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No resulta f&aacute;cil destacar en este libro unos pocos relatos, ya que todos ellos desarrollan vertientes complementarias del mundo narrativo de J.M. Latorre.<em> </em>As&iacute;,<em> </em>&ldquo;Cuervo&rdquo;<em> </em>y &ldquo;La m&aacute;scara del diablo&rdquo; son dos relatos de terror donde desde sus inicios, la atm&oacute;sfera presagia la desgracia que va a cernirse sobre los personajes. La ambici&oacute;n de fortuna en &ldquo;Cuervo&rdquo; y la ambici&oacute;n de fama, gloria, respeto y superioridad en &ldquo;La m&aacute;scara del diablo&rdquo; conducir&aacute;n a los personajes a una muerte ins&oacute;lita, rozando lo absurdo, acontecida sin duda como castigo divino. &ldquo;El dep&oacute;sito de agua&rdquo; y &ldquo;En los bloques de nichos&rdquo; ofrecen una versi&oacute;n peculiar del motivo de las fobias (la claustrofobia) explotado de diversas formas: en el primer caso es el personaje quien sufre un encierro donde el fin y la liberaci&oacute;n parecen no tener cabida. La angustia y el ambiente putrefacto, hediondo y f&eacute;tido invaden por accidente la m&iacute;sera vida del personaje a lo largo de toda la narraci&oacute;n. En el segundo caso es el personaje quien liberar&aacute; del perpetuo encierro a un ser aparentemente sobrenatural para, parad&oacute;jicamente, dar encierro perpetuo a su propia existencia, carente de todo sentido en nuestra realidad.</p>
<p>&ldquo;El regreso&rdquo;, &ldquo;Desapariciones&rdquo;, &ldquo;El hombre del cementerio&rdquo;, &ldquo;Invierno en la tierra&rdquo; y &ldquo;Sally en el pasado&rdquo; suponen unos inquietantes relatos de suspense donde una especie de fantas&iacute;a terror&iacute;fica sobrevuela los escenarios de cada una de las historias. Las dicotom&iacute;as del amor y el odio; la vida y la muerte; lo visible y lo invisible; el pasado y el futuro y la crueldad y la humanidad se presentan como dualidades incompatibles y al mismo tiempo, inseparables. En &ldquo;El regreso&rdquo; lo invisible se hace &ldquo;visible&rdquo; para morir en vida o vivir en muerte&hellip;En &ldquo;Desapariciones&rdquo; cuando las palabras cobran vida, las personas mueren. En &ldquo;El hombre del cementerio&rdquo; la existencia marginal se materializara en crueldad. En &ldquo;Invierno en la tierra&rdquo; una explosi&oacute;n purificadora inmortalizar&aacute; la muerte de la cultura y el nacimiento del amor y finalmente &ldquo;Sally en el pasado&rdquo; representa la idea de &ldquo;la muerte de la muerte&rdquo;: morir en el pasado para volver a morir en el futuro. &ldquo;El experimento de Armando Lombarte&rdquo;<em> </em>es un cl&aacute;sico en cuanto a su tem&aacute;tica: el personaje principal posee un don sobrenatural imposible de dominar y controlar cuyo poder, previsiblemente, le conducir&aacute; a un fatal destino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los vampiros, hombres lobo y las creaciones horripilantes humano-fant&aacute;sticas no pod&iacute;an faltar en esta colecci&oacute;n. &ldquo;Potocki&rdquo; es una h&aacute;bil y din&aacute;mica narraci&oacute;n donde el motivo del hombre lobo es el motor principal de la historia. &ldquo;Resurgam&rdquo; y &ldquo;El sacerdote suicida&rdquo; suponen el plato fuerte de esta serie de cl&aacute;sicos de lo fant&aacute;stico: el vampirismo. &ldquo;Resurgam&rdquo;, un relato cuyo tiempo de narraci&oacute;n se corresponde con nuestro mundo contempor&aacute;neo, narra una magn&iacute;fica historia de amor con un final extraordinariamente inmortal y fatal pero deseado. &ldquo;El sacerdote suicida&rdquo;, ambientado en siglos pasados, nos dejar&aacute; insatisfechos ya que el final no es el so&ntilde;ado. No debemos olvidar el texto que tenemos entre nuestras manos. Los finales felices y los h&eacute;roes inmortales quedan reservados para otros tipos de literatura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quienes sean fieles seguidores de este autor sentir&aacute;n cierta familiaridad y sorpresa al encontrarse de nuevo con &ldquo;Shelleyana&rdquo;. (Al igual que lo hicieron con &ldquo;Cuervo&rdquo; y lo har&aacute;n con &ldquo;Simbad y la isla de la muerte&rdquo;). No es la primera vez que el autor rescata un texto aportando nuevas variaciones. De nuevo, un &ldquo;monstruoso&rdquo; creador dar&aacute; vida a un ser compuesto por diferentes partes de otros seres humanos con un final dif&iacute;cil de digerir. &nbsp;Los espectros y fantasmas ser&aacute;n los protagonistas de &ldquo;M&uacute;sica muerta&rdquo; y &ldquo;Sesi&oacute;n de espiritismo en una noche de lluvia&rdquo;. En el primer relato, el que da nombre a esta obra, el concepto de la m&uacute;sica olvidada, muerta, se materializar&aacute; en un espectro que no aterrorizar&aacute; a los personajes sino que los deleitar&aacute;. En el segundo relato, de nuevo un castigo divino para dar vida al cl&aacute;sico g&eacute;nero del <em>ghost story</em>: una charlatana farsante&nbsp; supuestamente capaz de comunicarse con los muertos, enga&ntilde;a a una madre deseosa de poder comunicarse con su hijo muerto recientemente en un accidente. La timadora finge una sesi&oacute;n de espiritismo cuyas consecuencias ser&aacute;s nefastas al m&aacute;s puro estilo <em>poltergeist.</em></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>&ldquo;Los ojos muertos&rdquo; y &ldquo;Los ojos muertos: una variaci&oacute;n&rdquo; son dos narraciones con el mismo origen pero distinto final. La segunda versi&oacute;n cobra fuerza y resulta a&uacute;n m&aacute;s inquietante. En ambos casos un cad&aacute;ver sepultado en el lugar err&oacute;neo vaticina el tr&aacute;gico final. &ldquo;La<em> </em>lengua de Basil&rdquo; es, sin duda, desde mi punto de vista la obra maestra de este conjunto de relatos. Este texto breve pero intenso se trata de un microrrelato anclado en el medio de dos intensos relatos: &ldquo;El sacerdote suicida&rdquo; y &ldquo;Sesi&oacute;n de espiritismo en una noche de lluvia&rdquo;. Nos encontramos ante la presentaci&oacute;n de un tema fant&aacute;stico &iquest;sin explicaci&oacute;n? cuya intenci&oacute;n es crear, de nuevo, un efecto de sorpresa e incertidumbre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El libro finaliza con &ldquo;Simbad y la isla de la muerte&rdquo;, un inquietante relato de aventuras similar a su precursor &ldquo;Una sombra blanca&rdquo;. Aventuras, exotismo y fantas&iacute;a se entremezclan para dotar a esta historia de un dinamismo particular e ins&oacute;lito.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El peculiar tratamiento del lenguaje, elegido con sumo cuidado, contribuye a la creaci&oacute;n de una determinada atm&oacute;sfera propia de lo fant&aacute;stico en cada uno de los veinte relatos que componen esta obra: unos relatos breves pero intensos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya que &ldquo;lo que vemos y lo que o&iacute;mos es solo una m&iacute;nima parte de lo que existe&rdquo;, tal y como reza la frase inaugural del libro, quiz&aacute; veinte relatos no sean bastantes para dar cuenta de ello, pero s&iacute; suficientes para dejarnos impacientes a la espera de una pr&oacute;xima entrega. &ndash; LORENA CASORR&Aacute;N L&Oacute;PEZ.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Latorre, Jos&eacute; Mar&iacute;a, <em>M&uacute;sica muerta y otros relatos</em>, Madrid, Valdemar, 2014</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 06 May 2014 06:28:43 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Testimonios]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/testimonios/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Abril/Mayo/vicenteluismora.jpg" alt="" /></p>
<p align="center"><strong>&nbsp; <br /></strong></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em>(Basado en hechos reales)</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>He visto un hombre limpiando su coche un d&iacute;a de lluvia, a las doce de la noche.</p>
<p>He visto a los gatos andando hacia atr&aacute;s, erizados ante la forma de la nada.</p>
<p>He visto los ojos de un icono ruso observando el crecimiento del tiempo.</p>
<p>He visto a un poeta desesperado por escapar de la palabra <em>celeste</em>.</p>
<p>He visto a mujeres combadas de dolor por un presagio.</p>
<p>He visto un ahorcado balance&aacute;ndose levemente por el viento.</p>
<p>He visto a un potrillo salir al mundo sobre el heno, con el rostro triste.</p>
<p>He visto olas que no llegaban a romper, y regresaban.</p>
<p>He visto ni&ntilde;os intentando recomponer a las hormigas rotas.</p>
<p>He visto a borrachos seguir bebiendo para perder el sentido. Todo sentido.</p>
<p>He visto a una mujer llorando de alegr&iacute;a, mientras miraba a su hombre.</p>
<p>He visto rectas circulares en carreteras infinitas.</p>
<p>He visto a pescadores acariciando el mar.</p>
<p>Y yo era el hombre.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 06 May 2014 06:21:38 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El deseo y la realidad]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-deseo-y-la-realidad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Abril/Mayo/JOS_ANTONIO_MARINA.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <strong></strong></p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong>Puntual a su cita peri&oacute;dica con el lector,&nbsp; Jos&eacute; Antonio Marina (autor de obras tan celebradas como <em>Elogio y refutaci&oacute;n del ingenio</em>, <em>Teor&iacute;a de la inteligencia creadora</em>, <em>Cr&oacute;nicas de la ultramodernidad</em> o <em>Anatom&iacute;a del miedo </em>entre otras muchas) acaba de publicar <em>Las arquitecturas del deseo</em>, un libro de esclarecedor subt&iacute;tulo: <em>Una investigaci&oacute;n sobre los placeres del esp&iacute;ritu</em>. Tan prometedor planteamiento no se ve defraudado en las amenas y rigurosas p&aacute;ginas de quien ha elaborado ya -y desde hace a&ntilde;os- un sistema filos&oacute;fico coherente y trabado, una inteligente mirada sobre la realidad y una conciencia cr&iacute;tica sobre nuestro mundo actual. Con su ya conocido estilo cercano, su capacidad ejemplificadora de las m&aacute;s diversas circunstancias conceptuales, la sabia utilizaci&oacute;n de referentes interculturales y su particular dosis de bonhom&iacute;a bienhumorada, este ensayo nos acerca a los resortes, impulsos y contradicciones del anhelo y el deseo como elementos integrantes de una nueva moral, pujante y desinhibida, pero tambi&eacute;n esclavizada y desquiciante, una acaso renovada enajenaci&oacute;n colectiva. Con su caracter&iacute;stico tono relativizador, revisionista incluso, en la senda del mejor Ortega y Gasset, Marina nos ofrece una vez m&aacute;s ese tipo de discurso ensay&iacute;stico que cabalga sobre la filosof&iacute;a, la sociolog&iacute;a, el cine, la literatura o la psicolog&iacute;a, en una ejemplar confluencia interdisciplinar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Este libro parte de una epistemolog&iacute;a del deseo; su pretensi&oacute;n es adentrarse en los modos de conocimiento del anhelo personal y en los objetos, sentimientos o pasiones que lo suscitan. El sujeto deseante es analizado as&iacute; con la implacable mirada del antrop&oacute;logo cultural que desmenuza los caracteres de una ancestral condici&oacute;n humana centrada en la voluntariosa consecuci&oacute;n de un fin necesario o superfluo, pero que se presenta como esencialmente imprescindible. Se recalca, con singular acierto, la funci&oacute;n liberadora del capricho, se reivindica el valor transgresor de la obsesi&oacute;n placentera, y se ahonda en la fascinaci&oacute;n gratificante que ejerce la obtenci&oacute;n de poder (pol&iacute;tico, sobre todo). Y la cosa se anima cuando el lector se adentra en los argumentos que relacionan tentaci&oacute;n, pecado, culpa, perd&oacute;n, penitencia, redenci&oacute;n y condena; la faceta religiosa, en fin, del deseo. Sin olvidar las referencias a las teor&iacute;as freudianas, en las que se conecta la satisfacci&oacute;n placentera con una sociedad no civilizada, la barbarie de una voluptuosidad incontrolada como desencadenante &ldquo;subversivo&rdquo; de una honda perturbaci&oacute;n social. La sexualidad, como potente componente de esta tem&aacute;tica, se vertebra aqu&iacute; a modalidades de lo s&aacute;dico o lo fetichista como expresi&oacute;n de creativos deseos esp&uacute;reos, fijaciones psicol&oacute;gicas de lo anticonvencional. Marina profundiza as&iacute; en las pulsiones que genera el delirio absorvente de lo deseado, en la satisfacci&oacute;n personal y su repercusi&oacute;n neurol&oacute;gica, y en el car&aacute;cter tambi&eacute;n &ldquo;espiritual&rdquo;, casi m&iacute;stico, de hondo tono &eacute;tico del placer obtenido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La represi&oacute;n psicol&oacute;gica o social del deseo resulta particularmente interesante, porque evidencia las contradicciones de una moral natural sin un claro contenido racionalista. La inhibici&oacute;n de la ansiedad anhelante, los efectos contraproducentes de una libido reprimida o la influencia de estas contenciones en la sentimentalidad amorosa son aspectos ampliamente desarrollados en estas p&aacute;ginas entre ejemplos, referencias, citas,&nbsp; modelos de conducta o an&eacute;cdotas que agilizan un texto de amena configuraci&oacute;n te&oacute;rica. Determinados deseos, ligados a una emotividad radical, constituyen un singular proyecto vital (con Castilla del Pino al fondo), capaces de dar sentido propio a toda una existencia y, desde este punto de vista, erigirse en motor de unas finalidades &iacute;ntimas. De este modo, son los deseos y no las opiniones, los que configuran la personalidad, conforman el sentido de las preferencias personales y establecen las diferentes tipolog&iacute;as humanas. El deseo, que tanto tiene que ver con el placer, se relaciona tambi&eacute;n con la distinci&oacute;n y la aprobaci&oacute;n social, con el exhibicionismo colectivo, con la sociabilidad o, incluso, con las capacidades econ&oacute;micas del sujeto, aspectos estos integrados en una sistem&aacute;tica de lo comunitario que aparece aqu&iacute; perfectamente glosada y analizada. La insaciabilidad del deseo, los terrores que se agazapan tras su represi&oacute;n can&oacute;nica o el car&aacute;cter l&uacute;dico tambi&eacute;n de los anhelos incontrolados o festivos son cuestiones que fluyen igualmente en este reflexivo contexto de voluptuosas ansiedades. Se traza a la vez un incisivo an&aacute;lisis de las dimensiones culturales del placer, sus implicaciones est&eacute;ticas y la &oacute;ptica antropol&oacute;gica que tan bien ilumina todos estos referentes. En las propias palabras de Marina: &ldquo;En el origen de la cultura est&aacute; el deseo. Todas las invenciones de la humanidad tienen como meta satisfacer nuestras necesidades y anhelos, sean reales o ficticios. Vivimos, como los dem&aacute;s animales, en un universo f&iacute;sico, pero habitamos en un mundo simb&oacute;lico, expansivo, explosivo, deflagrante. Llamar&eacute; cultura a esa morada construida, es decir, a la realidad humanizada.&rdquo; (p&aacute;g. 141)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Es evidente que, tras la dilatada trayectoria intelectual de Jos&eacute; Antonio Marina, no existe solamente una trabada concepci&oacute;n filos&oacute;fica y humanista de las realidades contempor&aacute;neas, sino que su ensayismo ha generado tambi&eacute;n un determinado tipo de lector, inquieto, cr&iacute;tico y sensible, buen conocedor quiz&aacute;, en este caso, de los factores que distancian -o aproximan- la realidad del deseo; un excelente libro este para ahondar en estas identidades, caracteres y contrastes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jos&eacute; Antonio Marina: <em>Las arquitecturas del deseo. Una investigaci&oacute;n sobre los placeres del esp&iacute;ritu</em>. Anagrama. Barcelona, 2007.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 06 May 2014 06:12:26 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La ventana de Mario Vargas Llosa]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-ventana-de-mario-vargas-llosa/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Abril/Mayo/mariovargas.jpg" alt="" /></p>
<p>El nombre de Mario Vargas Llosa ha estado asociado a mi vida desde siempre, incluso desde antes de que ese nombre tuviese un rostro o una biograf&iacute;a o la cantidad de obras que puedo enumerar ahora en orden de publicaci&oacute;n. Mario Vargas Llosa estuvo conmigo siempre, desde ni&ntilde;o, aunque solo despu&eacute;s de una d&eacute;cada le&iacute; cada uno de sus libros, sus ensayos, sus cr&oacute;nicas, sus art&iacute;culos de diario, muchas de sus entrevistas o ponencias (imposible seguirlas todas) y centenares de monograf&iacute;as sobre &eacute;l que tuve que leer y calificar, en un curso que dict&eacute; en la universidad dedicado a <em>La ciudad y los perros.</em></p>
<p>Al principio, insisto, era solo un nombre. Un nombre m&aacute;s en medio de una lista de nombres en los que apenas pod&iacute;a reconocer uno de otro. En esos a&ntilde;os de infancia solo hab&iacute;an dos nombres que pod&iacute;a identificar claramente: Hans Christian Andersen, el cuentista dan&eacute;s, cuyo nombre llevaba mi colegio y por ello me sent&iacute; en la obligaci&oacute;n de leer todos los cuentos suyos que pude conseguir (y am&eacute; algunos cuentos suyos menos c&eacute;lebres que el &ldquo;patito feo&rdquo;, como &ldquo;la reina de los ventisqueros&rdquo; o aquel en que una madre va en busca de su hijo que se lo llev&oacute; la muerte), y Abraham Valdelomar, cuyo cuento &ldquo;Los ojos de Judas&rdquo; me impresion&oacute; de tal manera (y me sigue impresionando) que quise saber m&aacute;s de su autor, y as&iacute; me enter&eacute; de su vida de snob, de su temprana muerte bajo terribles gritos de dolor y su mon&oacute;culo.</p>
<p>Todos los dem&aacute;s autores, desde Ventura Garc&iacute;a Calder&oacute;n, pasando por Jos&eacute; Mar&iacute;a Arguedas, Julio Ram&oacute;n Ribeyro o Vargas Llosa, eran solo nombres imposible de identificar en el libro de literatura de la empleada de mi casa. En aquel libro, el autor hab&iacute;a colocado un cuento cada semana y luego un cuestionario para controlar la lectura y fomentar el an&aacute;lisis cr&iacute;tico y el juicio social. Adem&aacute;s, como m&eacute;todo did&aacute;ctico de avanzada, se le ocurri&oacute; dejar un recuadro en blanco para que el joven estudiante dibuje la escena que m&aacute;s le hab&iacute;a impactado, o aquella que mejor resum&iacute;a, el relato. Mi empleada sab&iacute;a que me gustaba leer, que desde que aprend&iacute; a leer no solt&eacute; jam&aacute;s los libros (unos libros juveniles, res&uacute;menes de obras famosas, que mi padre compraba en kioskos muy baratos, impresos en Ecuador). Adem&aacute;s, era el dibujante de la familia (aunque fue mi hermano quien despu&eacute;s se hizo pintor e ingres&oacute; a estudiar Artes), garabateando no solo hojas, cuadernos, libretas de apuntes de mi madre, sino tambi&eacute;n paredes, las maderas de mi cama e incluso las s&aacute;banas.</p>
<p>Por lo tanto, yo era perfecto para que ella pudiese saltarse una tarea que no le apetec&iacute;a hacer. Me ped&iacute;a siempre que leyese el cuento e hiciese el dibujo, aunque ella contestaba las preguntas (o las copiaba de sus amigas m&aacute;s aplicadas). Me encantaba esa tarea. Sent&iacute; una gran decepci&oacute;n cuando ingres&eacute; al colegio y nadie me pidi&oacute; una tarea parecida. Por aquellos a&ntilde;os era feliz leyendo los cuentos, pensando en la escena principal y dibuj&aacute;ndola. No me importaba qui&eacute;n hab&iacute;a escrito el cuento o si era bueno o malo (normalmente, no pod&iacute;a distinguir la calidad de esos relatos ni de la prosa, salvo el mencionado de Valdelomar), sino qu&eacute; dibujo pod&iacute;a usar y cu&aacute;ntos colores podr&iacute;a poner. Me gustaba el rojo, por eso prefer&iacute;a siempre escenas donde ese color se pod&iacute;a utilizar, como aquellas en las que se ve&iacute;a sangre (me imagino lo divertido que fue dibujar &ldquo;El campe&oacute;n de la muerte&rdquo; de Enrique L&oacute;pez Alb&uacute;jar). Desde luego, Mario Vargas Llosa fue uno de los cuentos que le&iacute; y dibuj&eacute; entonces. No recuerdo bien aquel cuento, pero mi memoria se inventa que fue &ldquo;El desaf&iacute;o&rdquo; lo primero que le&iacute; de &eacute;l. No me impact&oacute; demasiado, como no me impact&oacute; nunca ninguno de los cuentos de Vargas Llosa. He le&iacute;do un par de veces su &uacute;nica colecci&oacute;n de relatos <em>Los jefes</em> y a pesar de descubrir en &eacute;l rasgos que ser&aacute;n puestos en evidencia en <em>La ciudad y los perros </em>es obvio para m&iacute; que el Vargas Llosa cuentista era un embri&oacute;n que nunca se desarroll&oacute; dentro del g&eacute;nero, y dio un paso al costado (nunca un salto hacia adelante, como les gusta decir a los editores, a los profesores de taller y a los escritores j&oacute;venes m&aacute;s ambiciosos de reconocimiento) muy pronto para dedicarse a la novela. En ese sentido, es interesante la an&eacute;cdota que cuenta el mismo Vargas Llosa (y ha certificado uno de los presentes, Abelardo Oquendo) sobre la vez que ley&oacute; un relato en una tertulia de amigos, luego de lo cual se hizo un silencio profundo y se sigui&oacute; la conversaci&oacute;n sin aludir a lo que acababa de ser le&iacute;do. As&iacute; de malo parec&iacute;a ser. Y as&iacute; de malo se pinta Varguitas en<em> La t&iacute;a Julia y el escribidor,</em> resumiendo los argumentos de sus primeros cuentos, todos ellos condenados al fracaso.</p>
<p>Mario Vargas Llosa empez&oacute; a tener rostro y biograf&iacute;a, para m&iacute;, antes de leer el primer libro suyo. Lo tuvo a&ntilde;os despu&eacute;s de ese oficio de lector-ilustrador para una chica que iba a la escuela nocturna. Vargas Llosa empez&oacute; a existir para m&iacute; debido a la cama de mis padres. La cama en la que ellos durmieron sus primeros a&ntilde;os era un modelo de los a&ntilde;os sesenta (un <em>vintage </em>que, por cierto, jam&aacute;s he vuelto a encontrar en mis b&uacute;squedas en la cachina de muebles viejos) que incorporaba, en la cabecera, dos peque&ntilde;os cajones sobre cada almohada y un espacio vac&iacute;o entre ambos, que bien pod&iacute;a ser utilizado como librero. Siembre hab&iacute;an ah&iacute; los mismos libros, quiz&aacute; algunos cambiasen de vez en cuando, pero la mayor&iacute;a no se mov&iacute;an. El que m&aacute;s recuerdo era una primera edici&oacute;n, en Seix Barral, de <em>La casa verde</em> de Mario Vargas Llosa. Se lo hab&iacute;a prestado un primo suyo a mi madre, y ella no hab&iacute;a superado jam&aacute;s las primeras p&aacute;ginas (el tedioso descenso hacia la nada de Fush&iacute;a), pero el libro qued&oacute; ah&iacute; durante a&ntilde;os, hasta que yo decid&iacute; armar una biblioteca personal y me lo llev&eacute; (y a&uacute;n lo conservo). Me llam&oacute; la atenci&oacute;n de inmediato el dise&ntilde;o de la car&aacute;tula, que era un garabato verde. Un simple garabato, hecho con cray&oacute;n gris o carboncillo, como una travesura de mi hermano o m&iacute;a. Muchos a&ntilde;os despu&eacute;s me enterar&iacute;a de que el autor de ese &ldquo;garabato&rdquo; era, ni m&aacute;s ni menos, que Antoni Tapi&eacute;s. La sorpresa del garabato me llev&oacute; a abrir el libro, quiz&aacute; pretender leerlo, enterarme del autor, ver su foto riendo en la solapilla, enterarme de que viv&iacute;a en Espa&ntilde;a. Ese libro represent&oacute; para m&iacute; la infancia, la &eacute;poca en la que pensaba que mis padres le&iacute;an mucho, el deseo de seguir con esa tradici&oacute;n de buenos lectores. No pude, desde luego, a esa edad, leer <em>La casa verde</em>, aunque sin duda lo intent&eacute; varias veces. Pero s&iacute; sostuve el libro en mis manos muchas veces y mi memoria, otra vez mentirosa, quiere recordar una foto en la que mi hermana toma el biber&oacute;n, con las piernas dobladas, y yo tengo cogido el libro como si lo estuviese leyendo.</p>
<p>Mario Vargas Llosa ya era un nombre conocido para m&iacute;, y muy admirado y respetado, cuando ingres&eacute; a secundaria, en marzo de 1980. Ya hab&iacute;a ganado todo lo que deb&iacute;a ganar y yo lo admiraba profundamente, aunque solo hubiese le&iacute;do sus cuentos. Su fotograf&iacute;a no me resultaba extra&ntilde;a y su nombre, que sol&iacute;a aparecer en los suplementos culturales, me sonaba siempre conocido. Mi padre era un coleccionista de libros (que no le&iacute;a) y hab&iacute;a comprado una colecci&oacute;n de autores peruanos editada por Peisa, una biblioteca de tapas azules con listones de diversos colores, cuyos t&iacute;tulos eran escogidos muy azarosamente seg&uacute;n creo (y no discriminaban poetas, ensayistas, novelistas y cuentistas). La virtud de esa biblioteca de autores peruanos fue adoptar escritores de la generaci&oacute;n de los 50, e incluso menores, adem&aacute;s de hacer antolog&iacute;as de cuentistas como Julio Ram&oacute;n Ribeyro o Carlos Eduardo Zavaleta. Tambi&eacute;n apareci&oacute; ah&iacute; un t&iacute;tulo de Mario Vargas Llosa: <em>Los jefes/ Los cachorros</em>. Hab&iacute;an integrado ambos libros para hacer un solo volumen. Le&iacute; el libro y finalmente pude sentirme identificado con los personajes de <em>Los jefes, </em>que antes me parec&iacute;an ap&aacute;tridas. Ahora resultaban lime&ntilde;os t&iacute;picos, como yo. Pero lo que realmente me impact&oacute; fue <em>Los cachorros. </em>Apenas demor&eacute; unos minutos de incertidumbre antes de darme cuenta de que se mezclaban dos narradores, uno colectivo en primera persona, y uno en tercera persona, omnisciente. La historia me sedujo de tal forma que super&eacute; el tema del intercambio de narradores y devor&eacute; la novela, sinti&eacute;ndome conmovido por el drama de <em>Pichulita </em>Cu&eacute;llar, y enamorado de la muchacha imposible y de nariz respingada, Teresita (que en la versi&oacute;n original la llamaban &ldquo;potoncita&rdquo; pero por error tipogr&aacute;fico ac&aacute; la calificaban de &ldquo;patoncita&rdquo;, un adjetivo que me seduc&iacute;a much&iacute;simo porque me la imaginaba de andar torpe, como de pato, y la torpeza femenina siempre ha sido una debilidad m&iacute;a).</p>
<p>Le&iacute; varias veces <em>Los cachorros</em> y alguna vez lo coment&eacute; a mis padres. Ellos no lo hab&iacute;an le&iacute;do pero avivaban mi deseo por la lectura. Buscaron nuevos libros de Vargas Llosa para comprarme y as&iacute; consegu&iacute; una edici&oacute;n de bolsillo de <em>La ciudad y los perros,</em> que tambi&eacute;n le&iacute; apasionadamente. Otra vez surgi&oacute; en m&iacute; la identificaci&oacute;n con el barrio de Miraflores y con la juventud de los protagonistas, aunque a decir verdad esa identidad era m&aacute;s bien extra&ntilde;a porque mi barrio era el clasemediero San Miguel, muy lejos de la Miraflores de clase media alta, y mi colegio era mixto y bastante poco atractivo literariamente, nada que ver con el Champagnat de <em>Los cachorros</em> o el colegio militar Leoncio Prado de <em>La ciudad y los perros. </em>Las menciones a la m&uacute;sica de P&eacute;rez Prado me dejaban intrigado (me llevaban hacia el mundo de mis padres), pero cuando anotaba el nombre de una calle, de un restaurante o de un parque, s&iacute; pod&iacute;a verme en ellos comprando un helado, esperando a una novia para ir al cine, conversando con amigos de barrio o de colegio (amigos que, por cierto, no ten&iacute;a en aquellos a&ntilde;os).</p>
<p>Recuerdo claramente mi primera pelea literaria, dedicada a Vargas Llosa. Unos vecinos nos hab&iacute;an invitado a un picnic en alg&uacute;n club campestre, y yo me llev&eacute; un libro para leer durante el camino y, por qu&eacute; no decirlo, tambi&eacute;n durante el picnic, porque ser f&oacute;bico social es lo &uacute;nico que he sabido ser constantemente en mi vida. La amiga de mi madre, que me conoc&iacute;a desde bebe, se sorprendi&oacute; al verme apartado de todos leyendo un libro y decidi&oacute; buscarme conversaci&oacute;n.</p>
<p>&iquest;Te gusta la lectura?, me dijo.</p>
<p>S&iacute;, me gusta mucho, solo quiero leer toda mi vida.</p>
<p>A m&iacute; tambi&eacute;n me gusta leer, sobre todo antes de dormir.</p>
<p>Yo antes de dormir le&iacute;a much&iacute;simo, demasiado, en una carrera extravagante por leer un libro al d&iacute;a. No comprendo por qu&eacute; ten&iacute;a esa obsesi&oacute;n. Uno al d&iacute;a. Lo logr&eacute; eventualmente con algunos (recuerdo una biograf&iacute;a de Napole&oacute;n) pero igual, leer a carreras era usual en esos a&ntilde;os.</p>
<p>No le dije nada de eso a la vecina.</p>
<p>Ella no se dio por vencida y me pregunt&oacute; cu&aacute;l era mi autor favorito.</p>
<p>Sin dudar, pronunci&eacute; el nombre de Mario Vargas Llosa.</p>
<p>Los ojos de la se&ntilde;ora se desorbitaron. &ldquo;&iquest;Vargas Llosa?&rdquo; &ldquo;&iquest;C&oacute;mo era posible que Vargas Llosa fuera una lectura, ya no favorita, sino probable?&rdquo; Ella dijo que jam&aacute;s, jam&aacute;s hab&iacute;a le&iacute;do uno de sus libros. Que alguna vez lo intent&oacute; pero qued&oacute; impresionada por la cantidad de malas palabras y vulgaridades que hab&iacute;a en cada p&aacute;gina. Definitivamente, no era un buen autor y era un desperdicio que yo lo leyese, habiendo tantos escritores con valores positivos.</p>
<p>Mi defensa de Mario Vargas Llosa fue heroica, quijotesca, por in&uacute;til. No iba a hacerla cambiar de opini&oacute;n jam&aacute;s. Pero le di mil argumentos a favor de la calidad de sus novelas, de sus personajes inolvidables, de su complejidad estructural. Nada de eso val&iacute;a como argumento para defender a aquel cuya frase m&aacute;s c&eacute;lebre incluye la palabra &ldquo;jodi&oacute;&rdquo;. Nunca m&aacute;s escuch&eacute; un argumento semejante contra Vargas Llosa (hasta que hace poco le&iacute; las objeciones que los censores espa&ntilde;oles franquistas le pusieron a sus primeros libros) pero la buena se&ntilde;ora, en su ira, trajo a la mesa otro argumento que s&iacute; lo he o&iacute;do innumerables veces: que Vargas Llosa y sus lisuras y argumentos degenerados lo que hac&iacute;a era insultar al pa&iacute;s. No solo porque un peruano fuera tan grosero sino porque, seg&uacute;n sabe, siempre deja mal a los peruanos en sus libros, como seres grotescos, lisurientos, aberrantes sexuales, delincuentes, marginales, pobretones, rateros, dictadores y, por su fuera poco, maricones.</p>
<p>Muchas veces he o&iacute;do ese argumento: que Vargas Llosa hace quedar mal al Per&uacute;. Lo he o&iacute;do respecto de sus novelas y tambi&eacute;n respecto a sus declaraciones pol&iacute;ticas, a ra&iacute;z de su candidatura presidencial. Cuando luego del golpe pidi&oacute; que se cierren las fronteras a la dictadura fujimorista, se le consider&oacute; un traidor. Pero ya antes se le hab&iacute;a llamado as&iacute;, cuando escribi&oacute; <em>La t&iacute;a Julia y el escribidor</em> y seg&uacute;n muchos &ldquo;traicion&oacute;&rdquo; a su primera esposa al contar, con pelos y se&ntilde;ales, su historia de amor. Una historia de amor absolutamente id&iacute;lica, hay que decirlo, con un personaje como Julia convertido en una mujer enamorada, decidida y capaz de romper con los moldes sociales de la &eacute;poca, es decir entra&ntilde;able. Cuando luego supe, por el libro que Julia Urquidi escribi&oacute; para contrarrestar el de Vargas Llosa, que lo que m&aacute;s le afect&oacute; a la t&iacute;a Julia fue que Vargas Llosa confesase que tuvieron por primera vez relaciones sexuales horas antes de que llegase el cura, es decir sin estar casados, descubr&iacute; que detr&aacute;s de ese personaje entra&ntilde;able que hab&iacute;a retratado Vargas Llosa hab&iacute;a una mujer vencida por las convenciones sociales y un rencor, dif&iacute;cil de tragar, por haber sido traicionada por su sobrina. Una mujer que exig&iacute;a para s&iacute; misma el haber convertido a Vargas Llosa en escritor, aunque su convivencia (y por tanto, su influencia) solo se limit&oacute; a la escritura y edici&oacute;n de <em>La ciudad y los perros.</em> Dif&iacute;cil compaginar a Julia Urquidi (ella s&iacute; bastante chismosa y mala onda en su libelo <em>Lo que Varguitas no dijo</em>) con la encantadora t&iacute;a Julia de la novela de Vargas Llosa.</p>
<p>Defender a Mario Vargas Llosa de los ataques de esa vecina solo hicieron que mi admiraci&oacute;n y respeto hacia &eacute;l se afianzaran. Hab&iacute;a dejado de ser mi escritor favorito y se hab&iacute;a convertido en mi &iacute;dolo. El no solo escrib&iacute;a estupendas novelas, sino que adem&aacute;s era perseguido, acosado, insultado, por aquellas personas que no pod&iacute;an soportar el &eacute;xito ajeno. Y aquel odio parec&iacute;a ser el combustible para seguir triunfando y escribiendo novelas extraordinarias. Cuando me enter&eacute; de algunos datos biogr&aacute;ficos, como la historia con su padre o los primeros a&ntilde;os de pobreza o el triunfo durante el <em>Boom</em>, qued&eacute; fascinado por el personaje Vargas Llosa casi tanto como por el escritor. Cuando en cuarto de secundaria me toc&oacute; estudiarlo en el colegio, me hab&iacute;a le&iacute;do casi todas las novelas y ensayos que hab&iacute;an aparecido suyas en ese a&ntilde;o (1984) y conoc&iacute;a mejor que nadie (mejor desde luego que la profesora de literatura) todo lo que concern&iacute;a a Vargas Llosa. Ten&iacute;a adem&aacute;s una foto suya, recortada del diario, en mi mesa de noche (al lado de la de Mario Kempes, el otro de mis &iacute;dolos de adolescencia) y el deseo, aun imposible de ser proferido en voz alta, de ser como &eacute;l. No solo un triunfador, sino sobre todo un escritor.</p>
<p>Curiosamente, cuando empec&eacute; a escribir no sent&iacute; la influencia de Vargas Llosa. Mis temas no se parec&iacute;an a los suyos, yo no era un escritor &ldquo;topogr&aacute;fico&rdquo; y tampoco me consideraba un escritor que quisiera escribir sobre el Per&uacute;. Cuando escrib&iacute; mi primera novela, la influencia fue la de un cura que escrib&iacute;a novelas de adolescentes bajo el nombre de Francisco Finn. Olvidable. Cuando empec&eacute; a escribir mis cuentos, la influencia m&aacute;s notable fue la de Juan Carlos Onetti, cuyo libro de cuentos de poco m&aacute;s de 100 p&aacute;ginas demor&eacute; en leer casi seis meses, intern&aacute;ndome en ese mundo escabroso con entusiasmo pero tambi&eacute;n con agon&iacute;a, pues muchas veces me daba cuenta de que la p&aacute;gina que le&iacute; ayer no la recordaba al d&iacute;a siguiente. Cuando en 1985 le&iacute; <em>Lolita</em>, supe exactamente qu&eacute; clase de escritor quer&iacute;a ser. El modelo Vargas Llosa y sus complicadas estructuras me importaban menos que la prosa inteligente y pulida de Nabokov. Los cuestionamientos por la identidad o por el poder no me atra&iacute;an tanto, como autor, como las lobregueces y el escepticismo de Onetti. Cuando le&iacute; aquella &eacute;pica narrativa <em>La guerra del fin del mundo</em> por primera vez, adem&aacute;s del pr&oacute;logo que le dedic&oacute; a Tirante el blanco, supe que yo jam&aacute;s ser&iacute;a un escritor como Mario Vargas Llosa, ni lo intentar&iacute;a, aunque la admiraci&oacute;n por su obra segu&iacute;a intacta.</p>
<p>Sin embargo, la influencia m&aacute;s notable segu&iacute;a en m&iacute; de manera inconsciente. Mario Vargas Llosa era el &uacute;nico escritor cuya vida yo pod&iacute;a seguir, el &uacute;nico modelo real de escritor al que pod&iacute;a acceder, lejos de las borracheras puta&ntilde;eras de Onetti y de las petulancias eruditas de Nabokov. Mario Vargas Llosa era el escritor que yo tambi&eacute;n pod&iacute;a ser. Era peruano, era sobrio, ten&iacute;a una familia, escrib&iacute;a en un escritorio con ventanas anchas que daba al mar de Barranco, y cuando no estaba escribiendo se dedicaba a leer y a hablar de libros y autores.</p>
<p>Por ello, durante mi &uacute;ltimo a&ntilde;o escolar, decid&iacute; tomar a Vargas Llosa como c&aacute;bala. Soy muy supersticioso, demasiado supersticioso (y no temo admitirlo pues parte de mi superstici&oacute;n implica declarar en voz alta, siempre que puedo, que soy supersticioso). Estando en quinto a&ntilde;o de secundaria, hab&iacute;a decidido que quer&iacute;a estudiar derecho (como Vargas Llosa) y dedicarme a la diplomacia (para viajar como Vargas Llosa), rob&aacute;ndole tiempo a mis labores diplom&aacute;ticas para escribir novelas. En realidad, todo era un plan para ser novelista. Ahora, los j&oacute;venes que se inician en la literatura no necesitan planes para ser escritores, simplemente declaran serlo y lo son. Pero en mis a&ntilde;os de adolescencia, a mediados de los 80, y a pesar del &eacute;xito de Vargas Llosa, uno siempre pensaba que ten&iacute;a que tener un plan de contingencia y no declararse escritor as&iacute; nom&aacute;s, aunque fuese lo &uacute;nico que uno quer&iacute;a ser.</p>
<p>Dentro de mi superstici&oacute;n, se me ocurri&oacute; una muy extra&ntilde;a durante mi &uacute;ltimo a&ntilde;o de colegio. Deb&iacute;a tratar de ir todos los d&iacute;as a la casa de Vargas Llosa, la antigua casa de Barranco, antes de que la convirtiesen en edificio, y mirar por la ventana del segundo piso, que yo sospechaba era su escritorio. Iba todos los d&iacute;as y la c&aacute;bala era: Si aparece Vargas Llosa, si logro verlo aunque sea un segundo, ser&eacute; escritor.</p>
<p>Fui durante meses.</p>
<p>Nunca apareci&oacute;.</p>
<p>Sin embargo, la persistencia, la terquedad, la supersticiosa insistencia de ir a ese lugar y esperar esa aparici&oacute;n &ldquo;milagrosa&rdquo; me ense&ntilde;&oacute; un lecci&oacute;n literaria inolvidable. La lecci&oacute;n que durante a&ntilde;os Vargas Llosa le ha estado ense&ntilde;ando a los escritores j&oacute;venes de todo el mundo: persistir.</p>
<p>En literatura no suelen ocurrir milagros ni cumplirse supersticiones, y por eso la ventana de Vargas Llosa estuvo vac&iacute;a para m&iacute; durante todos esos a&ntilde;os. Ahora la c&aacute;bala ha desaparecido, aunque tengo la suerte de conocer personalmente a Vargas Llosa, quien ha sido muy generoso conmigo y mi carrera siempre. Cuando lo vi por primera vez directamente la superstici&oacute;n hab&iacute;a desaparecido. Quedaba la vocaci&oacute;n.</p>
<p>Y es que lo m&aacute;s importante que me ocurri&oacute; en esos a&ntilde;os de formaci&oacute;n fue ir hasta Barranco y pararme bajo esa ventana, esa ilusi&oacute;n adolescente, ese acto estrafalario y cr&eacute;dulo, que se fue convirtiendo en un deseo real y concreto. No lo sab&iacute;a, pero me estaba probando como escritor bajo la ventana de Vargas Llosa. Y detr&aacute;s de la frustraci&oacute;n de no poder verlo entonces, crec&iacute;a la decisi&oacute;n, cada d&iacute;a m&aacute;s f&eacute;rrea, de dedicarme a escribir siempre.</p>
<p>Y as&iacute; ha sido hasta ahora.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 06 May 2014 06:04:24 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aritmética]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/aritmetica/</link>
      <description><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;<img style="float: right;" src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Abril/Mayo/FERNANDO_SANMARTIN.jpg" alt="" /></p>
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<p>Siete por ocho, cincuenta y seis. Este es el&nbsp;</p>
<p>n&uacute;mero&nbsp; de&nbsp; ventanas que ten&iacute;a un edificio&nbsp;</p>
<p>de&nbsp; Varsovia.&nbsp; Dorm&iacute;&nbsp; junto&nbsp; a&nbsp; una de esas&nbsp;</p>
<p>ventanas.&nbsp; En Washington&nbsp; y&nbsp; en Budapest&nbsp;</p>
<p>tambi&eacute;n descubr&iacute; otros edificios que ten&iacute;an&nbsp;</p>
<p>cincuenta y seis ventanas.&nbsp; Pero&nbsp; no dorm&iacute;&nbsp;</p>
<p>dentro.&nbsp; Es&nbsp; f&aacute;cil contar las ventanas de un&nbsp;</p>
<p>edificio.&nbsp; Y&nbsp; las&nbsp; personas&nbsp; que se asoman.&nbsp;</p>
<p>Lo&nbsp; que&nbsp; no es f&aacute;cil es contar las ventanas&nbsp;</p>
<p>que hay en cada persona. Y no hablo de lo&nbsp;</p>
<p>irreversible.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 02 May 2014 11:30:46 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El poeta Buñuel]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-poeta-bunuel/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Abril/Mayo/octaviopas_500.jpg" alt="" /></p>
<p>La aparici&oacute;n de <em>La edad de oro</em> y <em>El perro andaluz</em> se&ntilde;alan la primer irrupci&oacute;n deliberada de la poes&iacute;a en el arte cinematogr&aacute;fico. Las nupcias entre la imagen f&iacute;lmica y la imagen po&eacute;tica, creadoras de una nueva realidad, ten&iacute;an que parecer escandalosas y subversivas. Lo eran. El car&aacute;cter subversivo de los primeros films de Bu&ntilde;uel reside en que, apenas tocadas por la mano de la poes&iacute;a, se desmoronan las fantasmales convenciones (sociales, morales o art&iacute;sticas) de que est&aacute; hecha nuestra realidad. Y &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; de esas ruinas surge una nueva verdad, la del hombre y su deseo. Bu&ntilde;uel nos muestra que ese hombre maniatado puede, con s&oacute;lo cerrar los ojos, hacer saltar el mundo. Esos films son algo m&aacute;s que un ataque feroz a la llamada realidad; son la revelaci&oacute;n de otra <em>realidad</em> humillada por la civilizaci&oacute;n contempor&aacute;nea. El hombre de <em>La edad de oro</em> duerme en cada uno de nosotros y s&oacute;lo espera un signo para despertar: el del amor. Esta pel&iacute;cula es una de las pocas tentativas del arte moderno para revelar el rostro terrible del amor en libertad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un poco despu&eacute;s Bu&ntilde;uel exhibe <em>Tierra sin pan</em>, un film documental que en su g&eacute;nero es tambi&eacute;n una obra maestra. En esta pel&iacute;cula el poeta Bu&ntilde;uel se retira; calla, para que la realidad hable por s&iacute; sola. Si el tema de los films surrealistas de Bu&ntilde;uel es la lucha del hombre contra una realidad que lo asfixia y mutila, el de <em>Tierra sin pan</em> es el del triunfo embrutecedor de esa misma realidad. As&iacute; este documental es el necesario complemento de sus creaciones anteriores. El las explica y las justifica. Por caminos distintos Bu&ntilde;uel prosigue su lucha encarnizada con la realidad. Contra ella, mejor dicho. Su realismo, como el de la mejor tradici&oacute;n espa&ntilde;ola &ndash;Goya, Quevedo, la novela picaresca, Valle-Incl&aacute;n, Picasso- consiste en un despiadado cuerpo a cuerpo con la realidad. Al abrazarla, la desuella. De all&iacute; que su arte no tenga parentesco alguno con las descripciones m&aacute;s o menos tendenciosas, sentimentales o est&eacute;ticas, de lo que com&uacute;nmente se llama realismo. Por el contrario, toda su obra tiende a provocar la erupci&oacute;n de algo secreto y precioso, terrible y puro, escondido precisamente por nuestra realidad. Sirvi&eacute;ndose del sue&ntilde;o y de la poes&iacute;a o utilizando los medios del relato f&iacute;lmico, el poeta Bu&ntilde;uel desciende al fondo del hombre, a su intimidad m&aacute;s radical e inexpresada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Despu&eacute;s de un silencio de muchos a&ntilde;os, Bu&ntilde;uel presenta una nueva pel&iacute;cula: <em>Los olvidados</em>. Si se comparan a esta cinta las realizadas con Salvador Dal&iacute;, sorprende sobre todo el rigor con que Bu&ntilde;uel lleva hasta sus l&iacute;mites extremos sus primeras intuiciones. Por una parte, <em>Los olvidados</em> representan un momento de madurez art&iacute;stica; por la otra, de mayor y m&aacute;s total desesperaci&oacute;n: la puerta del sue&ntilde;o parece cerrada para siempre; s&oacute;lo queda abierta la de la sangre. Sin renegar de la gran experiencia de su juventud, pero consciente del cambio de los tiempos &ndash; que ha hecho m&aacute;s espesa esa realidad que denunciaba en sus primeras obras-, Bu&ntilde;uel construye una pel&iacute;cula en la que la acci&oacute;n es precisa como un mecanismo, alucinante como un sue&ntilde;o, implacable como la marcha silenciosa de la lava. El argumento de <em>Los olvidados</em> &ndash; la infancia delincuente- ha sido extra&iacute;do de los archivos penales. Sus personajes son nuestros contempor&aacute;neos y tienen la edad de nuestros hijos. Pero <em>Los olvidados</em> es algo m&aacute;s que un film realista. El sue&ntilde;o, el deseo, el horror, el delirio y el azar, la porci&oacute;n nocturna de la vida, tambi&eacute;n tienen su parte. Y el peso de la realidad que nos muestra es de tal modo atroz, que acaba por parecernos imposible, insoportable. Y as&iacute; es: la realidad es <em>insoportable</em>; y por eso, porque no la soporta, el hombre mata y muere, ama y crea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La m&aacute;s rigurosa econom&iacute;a art&iacute;stica rige a Los olvidados. A mayor condensaci&oacute;n corresponde siempre una m&aacute;s intensa explosi&oacute;n. Por eso es una pel&iacute;cula sin &ldquo;estrellas&rdquo;; por eso, tambi&eacute;n la discreci&oacute;n del &ldquo;fondo musical&rdquo;, que no pretende usurpar lo que en el cine la m&uacute;sica le debe a los ojos; y finalmente, el desd&eacute;n por el color local. Dando la espalda a la tentaci&oacute;n del impresionante paisaje mexicano, la escenograf&iacute;a se reduce a la desolaci&oacute;n s&oacute;rdida e insignificante, m&aacute;s siempre implacable, de un paisaje urbano. El espacio f&iacute;sico y humano en que se desarrolla el drama no puede ser m&aacute;s cerrado: la vida y la muerte de unos ni&ntilde;os entregados a su propia fatalidad, entre los cuatro muros del abandono. La ciudad, con todo lo que esta palabra entra&ntilde;a de solidaridad humana, es lo ajeno y extra&ntilde;o. Lo que llamamos civilizaci&oacute;n no es para ellos sino un muro un gran No cierra el paso. Esos ni&ntilde;os son mexicanos pero podr&iacute;an ser de otro pa&iacute;s, habitar un suburbio cualquiera de otra gran ciudad. En cierto modo no viven en M&eacute;xico, ni en ninguna parte: son los olvidados, los habitantes de esas <em>waste lands</em> que cada urbe moderna engendra a sus costados. Mundo cerrado sobre s&iacute; mismo, donde todos los actos son circulares y todos los pasos nos hacen volver a nuestro punto de partida. Nadie puede salir de all&iacute;, ni de s&iacute; mismo, sino por la calle larga de la muerte. El azar, que en otros mundos abre puertas, aqu&iacute; las cierra.</p>
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<p>La presencia continua del azar posee en <em>Los olvidados</em> una significaci&oacute;n especial, que proh&iacute;be confundirlo con la muerte. El azar que rige la acci&oacute;n de los h&eacute;roes se presenta como una necesidad que sin embargo, <em>pudiera no haber ocurrido</em>. (&iquest;Por qu&eacute; no llamarlo entonces con su verdadero nombre, como en la tragedia: <em>destino</em>?) La vieja fatalidad vuelve a funcionar, s&oacute;lo que despojada de sus atributos sobrenaturales: ahora nos enfrentamos a una fatalidad social y psicol&oacute;gica. O, para emplear la palabra m&aacute;gica de nuestro tiempo, el nuevo fetiche intelectual: una fatalidad hist&oacute;rica. No basta, sin embargo, con que la sociedad, la historia o las circunstancias se muestren hostiles a los h&eacute;roes; para que la cat&aacute;strofe se produzca es necesario que esos determinantes coincidan con la voluntad de los hombres. Pedro lucha contra el azar, contra su mala suerte o mala sombra, encarnada en el Jaibo; cuando, cercado, la acepta y la afronta, transforma la fatalidad en destino. Muere, pero hace suya su muerte. El choque entre la conciencia humana y la fatalidad externa constituye la esencia del acto tr&aacute;gico. Bu&ntilde;uel ha redescubierto esta ambig&uuml;edad fundamental: sin la complicidad humana el destino no se cumple y la tragedia es imposible. La fatalidad ostenta la m&aacute;scara de la libertad; &eacute;sta, la del destino.</p>
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<p><em>Los olvidados</em> no es un film documental. Tampoco es una pel&iacute;cula de tesis, de propaganda o de moral. Aunque ninguna pr&eacute;dica empa&ntilde;a su admirable objetividad, ser&iacute;a calumnioso decir que se trata de un film est&eacute;tico, en el que s&oacute;lo cuentan los valores art&iacute;sticos. Lejos del realismo (social, psicol&oacute;gico y edificante) y del esteticismo, la pel&iacute;cula de Bu&ntilde;uel se inscribe en la tradici&oacute;n de un arte pasional y feroz, contenido y delirante. Que reclama como antecedentes a Goya y a Posada, quiz&aacute; los artistas pl&aacute;sticos que han llevado m&aacute;s lejos el humor negro. Lava fr&iacute;a, hielo volc&aacute;nico. A pesar de la universalidad de su tema, de la ausencia de color local y de la extrema desnudez de su construcci&oacute;n, <em>Los olvidados</em> posee un acento que no hay m&aacute;s remedio que llamar racial (en el sentido en que los toros tienen &ldquo;casta&rdquo;). La miseria y el abandono pueden darse en cualquier parte del mundo, pero la pasi&oacute;n encarnizada con que est&aacute;n descritas pertenece al gran arte espa&ntilde;ol. Ese mendigo ciego ya lo hemos visto en la picaresca espa&ntilde;ola. Esas mujeres, esos borrachos, esos cretinos, esos asesinos, esos inocentes, los hemos visto en Quevedo y en Gald&oacute;s, los vislumbramos en Cervantes, los han retratado Vel&aacute;zquez y Murillo. Esos palos &ndash;palos de ciego- son los mismos que se oyen en todo el teatro espa&ntilde;ol. Y los ni&ntilde;os, los olvidados, su mitolog&iacute;a, su rebeld&iacute;a pasiva, su lealtad suicida, su dulzura que relampaguea, su ternura llena de ferocidades exquisitas, su desgarrada afirmaci&oacute;n de s&iacute; mismos en y para la muerte, su b&uacute;squeda sin fin de la comuni&oacute;n &ndash; aun a trav&eacute;s del crime- no son ni pueden ser sino mexicanos. As&iacute;, en la escena clave de la pel&iacute;cula &ndash;la escena on&iacute;rica- el tema de la madre se resuelve en la cena en com&uacute;n, en el fest&iacute;n sagrado. Quiz&aacute; sin propon&eacute;rselo, Bu&ntilde;uel descubre en el sue&ntilde;o de sus h&eacute;roes las im&aacute;genes arquet&iacute;picas del pueblo mexicano: Coatlicue y el sacrificio. El tema de la madre, que es una de las obsesiones mexicanas, est&aacute; ligado inexorablemente al de la fraternidad, al de la amistad hasta la muerte. Ambos constituyen el fondo secreto de esta pel&iacute;cula. El mundo de <em>Los olvidados</em> est&aacute; poblado por hu&eacute;rfanos, por solitarios que buscan la comuni&oacute;n y que para encontrarla no retroceden ante la sangre. La b&uacute;squeda del &ldquo;otro&rdquo;, de nuestro semejante, es la otra cara de la b&uacute;squeda de la madre. O la aceptaci&oacute;n de su ausencia definitiva: el sabernos solos. Pedro, el Jaibo y sus compa&ntilde;eros nos revelan as&iacute; la naturaleza &uacute;ltima del hombre, que quiz&aacute; consista en una permanente y constante orfandad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Testimonio de nuestro tiempo, el valor moral de <em>Los olvidados</em> no tiene relaci&oacute;n alguna con la propaganda. El arte, cuando es libre, es testimonio conciencia. La obra de Bu&ntilde;uel es una prueba de lo que pueden hacer el talento creador y la conciencia art&iacute;stica cuando nada, excepto su propia libertad, los constri&ntilde;e o coacciona.</p>
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<p align="right">Cannes, 4 de abril de 1951</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 02 May 2014 06:37:43 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Luis Fernando Heppe: el ángel pasajero]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/luis-fernando-heppe-el-angel-pasajero/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/LUIS_FERNANDO_HEPPE.jpg" alt="" /></p>
<p>A veces las palabras no alcanzan. Son salvavidas en la torrentera de la existencia, pero, en ocasiones, no pueden mantenernos a flote. Ning&uacute;n ser humano conoce su fuerza. Y el poeta menos que nadie, pues su trabajo es expresar, ya sea el dolor, los golpes que recibe de la fortuna, el silencio y tambi&eacute;n, aunque raramente, la alegr&iacute;a. Pero no ser&aacute; una historia alegre la que quiero contar. Se trata de un poeta, pues de poes&iacute;a hablamos, hoy pr&aacute;cticamente desconocido, a excepci&oacute;n de unos pocos que le trataron o le leyeron en vida o en las escasas, escas&iacute;simas publicaciones, que se permiti&oacute; realizar. Hu&iacute;a de los editores, pero se autoproclamaba poeta. Y el lenguaje le acompa&ntilde;aba como una vestidura hasta que la vida, en uno de esos vendavales que nos dejan desnudos, le arroj&oacute; en medio de la tormenta con unas palabras que apenas le serv&iacute;an ya, que eran s&oacute;lo harapos de voces, jirones balbucientes.</p>
<p>El poeta tuvo un nombre. Se llamaba Luis Fernando Heppe. Naci&oacute; y muri&oacute; en Bilbao. Vivi&oacute; casi 58 a&ntilde;os. Era<em> </em>un extra&ntilde;o en el mundo, un estrafalario, exagerado en sus opiniones, apasionado -se cas&oacute; cinco veces-, que se beb&iacute;a la vida a grandes tragos, pero todo esto, que forma parte de su historia, no puede extra&ntilde;arnos, pues se trataba de un poeta. Sin embargo, hubo algo para lo que no estaba preparado. Pod&iacute;a entretenerse con las pasiones, siempre que fueran suyas, pero no con algo imprevisto, que el destino le arroj&oacute; a la cara como un juguete roto. En noviembre de 2003, su hijo, H&eacute;ctor Egieder, de 21 meses, muri&oacute; al caerse de la terraza de su casa. Hab&iacute;a sido un giro no previsto, mal&eacute;fico, de la fortuna. La vida hab&iacute;a vuelto su rostro enmascarado, la risotada maligna del destino reson&oacute; en las rec&oacute;nditas cavernas de su mente. Y las voces, las palabras, ya no le valieron para mitigar el dolor, ni las l&aacute;grimas, y el silencio se condens&oacute; como una costra, como insecto voraz que no abandona a su presa y arremete una y otra vez en la misma herida hasta envenenarla.</p>
<p>Para el poeta, este ni&ntilde;o fue ya para siempre el &Aacute;ngel Pasajero, &ldquo;aquel que colma su perfecci&oacute;n tras la fugaz estancia en la tierra.&rdquo; Y la desolaci&oacute;n de su partida no se pudo comparar a ninguna otra, su ausencia fue m&aacute;s poderosa que cualquier posible compa&ntilde;&iacute;a. Recuerdo que, poco despu&eacute;s de este hecho atroz, que pesaba en su conciencia como un silencio de piedra, se puso en contacto conmigo. Hac&iacute;a muchos a&ntilde;os que no nos habl&aacute;bamos. Nos hab&iacute;amos conocido en la Universidad, pero nuestros pasos nos hab&iacute;an separado. Me dijo que hab&iacute;a escrito un <em>R&eacute;quiem</em> a su hijo y me describi&oacute; los detalles del accidente con tal minuciosidad que me aterr&oacute;. Luego su vida se precipit&oacute; y le perd&iacute; nuevamente de vista. Me impresion&oacute; aquella irrupci&oacute;n del pasado con su carga de desgracia, con el desconsuelo de una voz que no pude, entonces, acompa&ntilde;ar, pues las palabras no sirven para aliviar semejante sufrimiento, tal absurdo, tan tremendo desajuste con la biolog&iacute;a y en la naturaleza. El ni&ntilde;o hab&iacute;a muerto. Era una jugarreta del destino, un escupitajo arrojado a su rostro. Mala, funesta suerte. Nada m&aacute;s se podr&iacute;a decir. Sin embargo, hay que seguir viviendo. S&iacute;, pero &iquest;c&oacute;mo? &iquest;C&oacute;mo? Ya nada era posible.</p>
<p>Escribo este texto para presentar al lector una selecci&oacute;n de este &ldquo;R&eacute;quiem para H&eacute;ctor Egieder&rdquo;, el &Aacute;ngel Pasajero, &ldquo;iniciado en el camino de la vida el 8 de Febrero de 2002. Regresado a la esencia primordial el 13 de Noviembre de 2003.&rdquo;</p>
<p>Hoy s&oacute;lo quedan cenizas: las del poeta y las de su hijo. Las palabras, que no pudieron mitigar el dolor, son apenas las &uacute;nicas que dan testimonio de los hechos. He elegido unos poemas de aquel libro, que no fue publicado ni su autor quiso escribir, que nunca debi&oacute; existir. La verdad del poema se dirige, muchas veces, a una realidad imposible de aceptar. Dejemos hablar a las palabras: bajo una forma aparentemente serena, est&aacute;n empapadas de sufrimiento, de un dolor que las trasciende.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Poemas</strong></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center"><span style="text-decoration: underline;">&nbsp;</span></p>
<p align="center"><span style="text-decoration: underline;">&nbsp;</span></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Patio de vecindad con ni&ntilde;o al fondo</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el patio de atr&aacute;s, el de la muerte,</p>
<p>se ha dormido mi ni&ntilde;o de oro y trigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya no le lloren m&aacute;s buenas mujeres</p>
<p>en el nombre del padre ya perdido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero el nombre del hijo es el esp&iacute;ritu</p>
<p>que, literal, huy&oacute; por la ventana,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>mas procede del padre y &eacute;ste anuda</p>
<p>sus entra&ntilde;as al negro y vasto d&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Te llamo</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Carne sin sombra, luna de mis huesos,</p>
<p>nave del tiempo donde al fin navega</p>
<p>por terribles incendios mi desd&eacute;n por las cosas</p>
<p>que de tu lado huyeron rendidas por la espera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A tu presencia llego nutrido por el cielo</p>
<p>que me conforta y lava; rosa insondable, eterna,</p>
<p>que llenaste de pasos el desierto camino</p>
<p>donde como fantasma ondeaba mi estela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por ese dios que, apenas, se cierne sobre el mundo,</p>
<p>por esa incierta m&uacute;sica, inerte ya, incompleta</p>
<p>sinfon&iacute;a que el viento va escribiendo despacio</p>
<p>con ringleras de &aacute;rboles hincados en la tierra,</p>
<p>yo te conjuro y llamo, m&aacute;s all&aacute; de los sue&ntilde;os</p>
<p>que la vida ha fingido de la esperanza muerta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hijo, yo te convoco, sabedor de que un alma</p>
<p>que ya se fue no puede regresar a su esencia</p>
<p>y a&uacute;n as&iacute; te recojo, dormido en la ceniza,</p>
<p>desplazando en mi cuerpo sangre desnuda y v&iacute;sceras</p>
<p>para que te acomodes en el cristal temprano</p>
<p>que un soplador constante, yo mismo, &ndash;forma terca</p>
<p>de la raz&oacute;n- expando procurando que crezcas</p>
<p>sin mesura ni l&iacute;mites.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hijo, por esa luna</p>
<p>de mis huesos menguantes, exentos de futuro,</p>
<p>he aireado y dispuesto la casa de mi cuerpo</p>
<p>y amueblo su oquedad con la luz que despierta.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Pensarte como eras</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya se cerr&oacute; la noche. Escucho el giro</p>
<p>rotundo de las llaves en el ojo</p>
<p>sangriento de la tarde.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un ronco v&eacute;rtigo</p>
<p>de p&aacute;jaros izados por la luna</p>
<p>se despierta en mi llanto.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y s&oacute;lo quiero</p>
<p>pensar en ti, pensarte como eras</p>
<p>antes del mundo por aqu&eacute;l sendero</p>
<p>de los antepasados que brotaban</p>
<p>de tu mirada como un mar de flores</p>
<p>interiores, desnudas y fragantes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Propios y extra&ntilde;os se me aparec&iacute;an,</p>
<p>de pronto, innumerables, como ni&ntilde;os</p>
<p>que ascienden por laderas escarpadas</p>
<p>hacia la eternidad de la promesa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Oyes mi canto ahora, los acordes</p>
<p>de la carne estallando contra el suelo?</p>
<p>&iquest;y sus arpegios, sangre rezagada,</p>
<p>m&aacute;s lenta y noble que las densas l&aacute;grimas?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No, t&uacute; no escuchas estas tristes cosas;</p>
<p>s&oacute;lo mi voz arranca del pasado</p>
<p>y cruza el ronco espacio, el tiempo negro</p>
<p>donde ahora te meces y fulguras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero es que esto es la noche y no s&eacute; bien</p>
<p>c&oacute;mo empujarla hacia el abismo abriendo</p>
<p>las valvas crueles de la madrugada.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Risa que despierta</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me despierta tu risa que suena en la distancia</p>
<p>como el ta&ntilde;er sin torre de una inmensa campana</p>
<p>que rueda por desmontes hasta quedar exhausta</p>
<p>a los pies de mi vida.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tu risa era una suelta</p>
<p>de p&aacute;jaros cantores que volaban despacio,</p>
<p>sin miedo, siempre abiertos, a la caricia lenta</p>
<p>de las manos del alma, sarmentosas, deshechas</p>
<p>en peque&ntilde;as astillas, a estas horas del alba</p>
<p>en que el c&iacute;clope alegre del d&iacute;a abre su p&aacute;rpado</p>
<p>&uacute;nico para verme llorar de cuerpo entero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tu risa, que no puedo contener en la esfera</p>
<p>diminuta y redonda de mis desnudas l&aacute;grimas,</p>
<p>me dice que a&uacute;n esperas mi caricia, lejana</p>
<p>como ese porvenir minucioso, distante,</p>
<p>en que construyo escalas de venas ateridas,</p>
<p>de huesos bien despiertos, s&oacute;lidos como rocas</p>
<p>bas&aacute;lticas y extremas en su inicial dureza,</p>
<p>para llegar a ti, a tu lado, y tenerte</p>
<p>cercado por mis besos, diluido en mis labios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quema tu risa, abrasa su emoci&oacute;n en las amplias</p>
<p>estancias del recuerdo, tu motivada risa,</p>
<p>tras un vuelo de mosca, la nariz de patata</p>
<p>de un enano de fieltro, gru&ntilde;&oacute;n, cuando yo hac&iacute;a</p>
<p>de apayasado monstruo de feria, cojitranco, ondeando</p>
<p>mi melena en el aire segado de la casa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No es tu risa, es su falta, lo que en m&iacute; ha desatado</p>
<p>las sibilinas fieras, arp&iacute;as de los sue&ntilde;os,</p>
<p>que han ara&ntilde;ado toda mi sustancia interior</p>
<p>reduciendo a un harapo mi traje de ternura</p>
<p>y lana que vest&iacute;a las v&iacute;sceras gastadas</p>
<p>donde yo te guardaba sereno frente al viento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ahora que estoy despierto quisiera o&iacute;r de nuevo</p>
<p>la risa de mi amarga enso&ntilde;aci&oacute;n, tu risa</p>
<p>tras la que hipabas luego, agotado quiz&aacute;</p>
<p>por el tremendo esfuerzo de la felicidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Disc&uacute;lpame, amor m&iacute;o, yo cruzo a cada instante</p>
<p>rubicones de sombra cuando eres tan real</p>
<p>que te sales del mapa de las lamentaciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ma&ntilde;ana, hoy, cuando puedas, quiero que comparezcas</p>
<p>y llames a la puerta de tu casa: mi cuerpo;</p>
<p>o entres con leve pie en alcobas y salas</p>
<p>de un coraz&oacute;n que en di&aacute;stole perpetua te recibe,</p>
<p>&Aacute;ngel de la alegr&iacute;a final de la tormenta</p>
<p>que amaina cuando el barco de mi cuerpo se escora</p>
<p>y queda a punto de encallar en hoscos</p>
<p>arrecifes de pena; no te asuste</p>
<p>mi compunci&oacute;n de ahora; yo tambi&eacute;n reir&eacute;</p>
<p>cuando te sienta a salvo definitivamente,</p>
<p>y risa, llanto y sue&ntilde;o se confundan en uno&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>por saber que a&uacute;n entero vives entre nosotros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Los allegados</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vinieron los parientes, faros negros</p>
<p>que oscurecen la t&uacute;nica del d&iacute;a</p>
<p>donde el absurdo teje sus cuidados,</p>
<p>con su acci&oacute;n excesiva, sus banales</p>
<p>comentarios surgidos de la mesa.</p>
<p>All&aacute; entre vianda y vinos maliciosos</p>
<p>se re&iacute;an, recientes todav&iacute;a</p>
<p>el calor de tus huesos, el tr&aacute;mite de exequias.</p>
<p>Con su glacial entendimiento hablaban</p>
<p>ponderando los platos que serv&iacute;a</p>
<p>cierta alegre muchacha.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; (Una excepci&oacute;n:</p>
<p>mi concu&ntilde;ado despleg&oacute; su llanto</p>
<p>pues era de otra sangre y de otra tierra</p>
<p>y del mar de las l&aacute;grimas que alberga</p>
<p>el plancton de la vida).&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;Yo, creyendo</p>
<p>que iba a desvanecerme, reprend&iacute;a</p>
<p>su deslumbrada liviandad, o acaso</p>
<p>la clamorosa huida del quebranto</p>
<p>de esa inmisericorde parentela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Est&aacute;n muy bien estos jibiones, &ndash;dijo</p>
<p>la matriarca- yo como de todo.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>T&uacute;, mi ni&ntilde;o, dormido all&aacute; en la morgue,</p>
<p>sin hacer comentarios, sonre&iacute;as</p>
<p>desnudo sobre el fr&iacute;o corredor de la sangre,</p>
<p>sobre el metal bullente de la muerte</p>
<p>que a s&iacute; misma se ignora, los ojitos</p>
<p>cerrados por un sue&ntilde;o de imposibles</p>
<p>beldades.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mientras ellos masticaban</p>
<p>tu delicado esp&iacute;ritu,</p>
<p>transustanciado en plato y tenedores.</p>
<p>Cerr&eacute; un complejo nudo en mi garganta</p>
<p>para que en las obscenas cavidades</p>
<p>del apetito no cupiera el viento</p>
<p>siquiera de mi c&oacute;lera silente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ya no pude digerir la luz,</p>
<p>ni el tiempo que cruj&iacute;a como un pan</p>
<p>reci&eacute;n salido de la misma hornada</p>
<p>que el polvo de tu cuerpo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hijo, perd&oacute;nalos</p>
<p>porque no saben lo que har&aacute;n ma&ntilde;ana</p>
<p>ni ayer ni nunca,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; amor de mi alma atenta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Perdona t&uacute;, inmortal, a aquellos muertos</p>
<p>bien cebados que son los ata&uacute;des</p>
<p>del amor y caminan a deshora</p>
<p>por la tierra doliente de tu cuerpo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>El &Aacute;ngel Pasajero</strong></p>
<p><span style="text-decoration: underline;">&nbsp;</span></p>
<p>Esta noche me hablaban dos mujeres</p>
<p>sabias en el dolor, vivas de pena,</p>
<p>de ti, me hablaban escuchando el r&iacute;o</p>
<p>de la desolaci&oacute;n que m&aacute;s consuela.</p>
<p>Aura Mar&iacute;a, s&iacute;, y Cuarto-creciente,</p>
<p>trenzas urdidas en la cabellera</p>
<p>brillante de la noche; iban del fr&iacute;o</p>
<p>a la c&aacute;lida luz con firme paso,</p>
<p>sumando verdes ramas a mi &aacute;rbol</p>
<p>de la renunciaci&oacute;n; al tronco seco</p>
<p>le nac&iacute;an entonces unos bulbos</p>
<p>y en ellos hojas, flores, frutos, d&iacute;as</p>
<p>donde el vivir merece ser contado</p>
<p>en rosario de perlas ensartadas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aura Mar&iacute;a dijo que t&uacute; eras</p>
<p>el &Aacute;ngel Pasajero, aqu&eacute;l que colma</p>
<p>su perfecci&oacute;n tras la fugaz estancia</p>
<p>en la madrastra tierra;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; se erizaban</p>
<p>por esto mis cabellos y, aun pensando</p>
<p>que ello pudiera ser verdad, negaba</p>
<p>la piedad de quien no orden&oacute; a otro Arc&aacute;ngel</p>
<p>mas experto guardarte entre nosotros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No es por hacer desprecio ni es acaso</p>
<p>por extra&ntilde;a avaricia lo que ansiaba:</p>
<p>guardar a mi &Aacute;ngel vivo y el pasaje</p>
<p>hacerlo yo seguido y sin regreso</p>
<p>hacia el remoto coraz&oacute;n del tiempo</p>
<p>no mensurable, darme y no perderte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y las sabias mujeres denegaban</p>
<p>con la seguridad de lo intuido</p>
<p>hondamente &ndash;intuici&oacute;n de la experiencia-.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Es cierto que tu tr&aacute;nsito ya estaba</p>
<p>prevenido, que s&oacute;lo precisabas</p>
<p>de unos celestes d&iacute;as para luego</p>
<p>disolverte en la dicha de estar muerto,</p>
<p>salvado, completando un largo ciclo</p>
<p>de perfecci&oacute;n creciente? &iquest;En d&oacute;nde queda,</p>
<p>mi amor, el desconsuelo? &iquest;Soy tan pobre</p>
<p>y ciego que no tengo y que no veo</p>
<p>tu realidad tan necesaria? S&oacute;lo</p>
<p>s&eacute; que ya nunca estrechar&eacute; tu cuerpo</p>
<p>contra el m&iacute;o; la atroz metempsicosis</p>
<p>apenas me persuade, pero roba</p>
<p>alguna solidez a mi quebranto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si te digo, hijo m&iacute;o &iquest;qu&eacute; es lo m&iacute;o?,</p>
<p>&iquest;debo dejarte libre o retenerte</p>
<p>con mi dolor de ahora?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Siempre libre</p>
<p>quise que fueras, pues, mi confianza.</p>
<p>En ti era m&aacute;s que una promesa, un acto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero t&uacute;, &Aacute;ngel remoto y venidero,</p>
<p>nos diste se&ntilde;as de frugal presencia,</p>
<p>tan leves, tan difusas y felices</p>
<p>que no las comprendimos, porque &eacute;ramos</p>
<p>sombras de lodo en el pantano antiguo,</p>
<p>donde moran los hombres que no saben,</p>
<p>que no quieren ver la despiadada esfera</p>
<p>de fuego que los limpia de excrecencias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>T&uacute; refulg&iacute;as, hijo, eras la estrella</p>
<p>desvelada, una l&uacute;cida alegr&iacute;a</p>
<p>entre tanto sufrir por nimiedades;</p>
<p>y ahora nos centras tras la conmoci&oacute;n</p>
<p>de tu partida, mi &Aacute;ngel transitorio,</p>
<p>u&ntilde;a de eternidad que rasga el pa&ntilde;o</p>
<p>mal tejido por manos inexpertas,</p>
<p>guiadas por la furia, el descontento</p>
<p>y la niebla feroz de las respuestas</p>
<p>insolentes; no seas la verdad</p>
<p>porque debemos alcanzarla a tientas,</p>
<p>quiz&aacute;, pero en caminos solitarios</p>
<p>que no s&eacute; si escogemos o se imponen</p>
<p>como necesidad; y no hay regreso</p>
<p>a la conciencia que ostentamos, tosca,</p>
<p>ruda, nerviosa, bronca y afligida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal vez tengan raz&oacute;n quienes aducen</p>
<p>que no es preciso recordar</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; o, acaso,</p>
<p>los que todo recuerdan; pero observo</p>
<p>que unos y otros tropiezan con las lindes.</p>
<p>Y su sendero va como las sierpes,</p>
<p>ondulando en deslices pedregosos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hijo, yo act&uacute;o de amanuense, acudo</p>
<p>a tu lado pues templas el invierno</p>
<p>de mi quebrada voluntad; escucho</p>
<p>voces, voces de c&aacute;lidas mujeres</p>
<p>que te pronuncian con rigor ben&eacute;volo;</p>
<p>y s&eacute; que entre tus muchas propiedades</p>
<p>una es esta: ser &Aacute;ngel Pasajero</p>
<p>que descansa en la p&aacute;lida estaci&oacute;n</p>
<p>de la vida un momento y cuando partes</p>
<p>se levantan las torres del esfuerzo,</p>
<p>donde posaste el pie que yo persigo</p>
<p>por la estela de amor que fue dejando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 29 Apr 2014 10:21:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La ritualidad poética del canto navideño]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-ritualidad-poetica-del-canto-navideno/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/navidadesmodernas500.jpg" alt="" /></p>
<p>A mediados del siglo XIII, Gonzalo de Berceo romance&oacute; dos docenas de intervenciones maravillosas atribuidas a la Virgen, popularizando as&iacute; la miracolog&iacute;a mariana, hasta entonces encriptada en textos latinos. Al margen de las intenciones propagand&iacute;sticas que la filolog&iacute;a le ha atribuido en alg&uacute;n momento a los <em>Milagros de Nuestra Se&ntilde;ora</em>, lo cierto es que la obra del cl&eacute;rigo riojano inaugura una religiosidad &ldquo;de tejas para abajo&rdquo; que, desde entonces e ininterrumpidamente hasta hoy mismo, es veta que atraviesa de cabo a rabo la poes&iacute;a en lengua castellana. Raro es el autor hisp&aacute;nico (creyente o agn&oacute;stico, ateo o devoto, de primera o de quinta fila) que, desde aquel remoto siglo XIII, se ha resistido a cantar en alg&uacute;n momento los prodigios sobrenaturales de la Virgen o de su Hijo, conmovidos todos por una supuesta convivencia con lo maravilloso que hay que interpretar en primera instancia no como Teolog&iacute;a, sino como cultura de lo cotidiano.</p>
<p>De todos los episodios que la Biblia o los Evangelios Ap&oacute;crifos atribuyen a la Sagrada Familia, es el momento del nacimiento de Jes&uacute;s (y las peripecias inmediatamente posteriores) lo que sin duda ha seducido m&aacute;s a la poes&iacute;a, constituy&eacute;ndose tales sucesos en centro neur&aacute;lgico de lo que desde el siglo XVI empez&oacute; a entenderse como villancico, a saber: canci&oacute;n devota destinada a la exaltaci&oacute;n de la Natividad y compuesta con el objetivo primordial de acercar al pueblo a los oficios religiosos. La condici&oacute;n sencillamente popular del villancico acab&oacute; imponi&eacute;ndose sobre las estrat&eacute;gicas intenciones de la Iglesia y dej&oacute; de vivir en los templos para acomodarse en el calor de las cocinas y trenzarse en la memoria infantil de cuantos hombres y mujeres fueron viviendo la Navidad como el momento m&aacute;gico de la vida.</p>
<p>Y ha sido eso, la magia &ndash;junto con la melancol&iacute;a- lo que ha marcado la composici&oacute;n de villancicos en los autores hisp&aacute;nicos de los &uacute;ltimos siglos, hasta el punto de que apenas pueden discernirse generaciones o paisanajes entre ellos. Todos habitan un mismo territorio, el de la infancia, que, como bien advierte Pedro Sevilla en el pr&oacute;logo de estas <em>Navidades modernas</em>, &ldquo;es un no tiempo&rdquo;; y todos trovan la Epifan&iacute;a apoyando su acento en ritmos aprendidos en su etapa de pre-escritura: el romancillo, el octos&iacute;labo, la asonancia, la seguidilla, la espinela&hellip;</p>
<p>La propuesta de Jos&eacute; Mateos de recoger en esta antolog&iacute;a &ldquo;villancicos, algunos de ellos in&eacute;ditos, de poetas posteriores a la Generaci&oacute;n del 27&rdquo; tiene, por una parte, el valor de afianzarnos en la ritualidad po&eacute;tica del canto navide&ntilde;o (&iexcl;hay tanta tradici&oacute;n!) y, por otra, el de avisarnos de un cambio de &oacute;ptica en las &uacute;ltimas generaciones, en las que se percibe, por primera vez, un ocasional distanciamiento de la naturaleza popular del villancico y una experimentaci&oacute;n con elementos m&aacute;s adscritos a la interiorizaci&oacute;n conceptual del adulto y a la cultura libresca. Resulta, en tal sentido, muy interesante distinguir dos grupos entre los autores antologados: el de los nacidos entre 1909 y 1931 (abre el per&iacute;odo Jos&eacute; Antonio Mu&ntilde;oz Rojas y lo cierra Carlos Murciano), y el de los que lo hicieron entre 1958 y 1973 (de Jos&eacute; Julio Cabanillas a Ra&uacute;l Pizarro).</p>
<p>Para el caso de los primeros, es indudable el peso de la tradici&oacute;n popular como base creativa de sus cantos. Me refiero a esa veta popularizante que &ndash;ya dijimos- comienza en Berceo y se consolida en verbo e imagen en el Barroco. La imaginer&iacute;a navide&ntilde;a, a partir del siglo XVII, eclosiona en una representaci&oacute;n peculiar de sus milagros: dom&eacute;stica, callejera, costumbrista, harapienta a veces, soez incluso, expresionista si queremos, cercana al fin. A las figuras de la Sagrada Familia y de los Reyes de Oriente, los <em>belenes</em> incorporan &ndash;primero en los templos, luego en los hogares- un acompa&ntilde;amiento bullicioso de personajes extra&iacute;dos del entorno rural y urbano: pastores, pescadores, labriegos, mercaderes, herreros, chamarileros, aguadores&hellip; y hasta vizca&iacute;nos y esclavos negros, objetos de burla preferidos en esa vertiente xen&oacute;foba que siempre ha tenido lo popular. Del mismo modo, el villancico se convierte a veces en un desfile casi carnavalesco de tipos sociales, descolgando de la &oacute;rbita de lo sobrenatural al milagro de Dios hecho hombre y atray&eacute;ndolo a un aqu&iacute; y un ahora de tintes casi irreverentes.</p>
<p>Instalados definitivamente en esa religiosidad &ldquo;de tejas para abajo&rdquo; est&aacute;n los textos de, por ejemplo, Federico Muelas (&ldquo;Villancico del impresor&rdquo;, &ldquo;Villancico del boticario&rdquo;), Gloria Fuertes (&ldquo;El camello cojito&rdquo;), Jos&eacute; Luis Tejada (&ldquo;El usurero&rdquo;, &ldquo;El cartero&rdquo;, &ldquo;El maestro alba&ntilde;il&rdquo;, &ldquo;La comadrona&rdquo;, &ldquo;El aguador&rdquo;) o Aquilino Duque (&ldquo;Los oficios perdidos&rdquo;). Muy consciente de la tradici&oacute;n en la que arraiga se muestra Pablo Garc&iacute;a Baena, de quien aqu&iacute; se seleccionan dos poemas procedentes de su hermosa colecci&oacute;n <em>Gozos para la Navidad de Vicente N&uacute;&ntilde;ez</em> (Hiperi&oacute;n, 1984). El primero de ellos, &ldquo;Espiritual negro&rdquo;, es un tesoro para conocer una parte riqu&iacute;sima de la tradici&oacute;n oral andaluza extinta desde mediados del siglo XX. Recrea en &eacute;l Garc&iacute;a Baena alg&uacute;n <em>villancico de negro</em> que hubo de escuchar cuando ni&ntilde;o en su C&oacute;rdoba natal: &ldquo;Negra, vente pa Belena. / - &iquest;Pues qu&eacute; pasa, Magalena? / - Pasa el carnaval de R&iacute;o, / samba y fr&iacute;o; / pasa el Rey Don Baltasara / chirim&iacute;a y algasara / con nuestros primos del Congo, / mambo y bongo&hellip;&rdquo;. <em>Villancicos de negros</em> que circularon profusamente en la Andaluc&iacute;a de los siglos XVIII y XIX, cuando el paisaje urbano inclu&iacute;a esclavos africanos que, ajenos a los oficios religiosos de la Navidad, celebraban sus <em>zarabandas</em> en la calle y a los que la Iglesia procuraba hacer entrar en los templos incorporando sus figuras a los <em>belenes</em> y sus canciones y ritmos al repertorio <em>ortodoxo</em>.</p>
<p>Una comprensi&oacute;n dom&eacute;stica de lo milagroso habita tambi&eacute;n c&oacute;modamente en el primer grupo de poetas, referida sobre todo al mito de la Inmaculada concepci&oacute;n y a la &ldquo;dif&iacute;cil&rdquo; situaci&oacute;n sentimental de San Jos&eacute;. La pre&ntilde;ez inexplicable de una virgen es motivo recurrente en todo el folklore europeo (cristiano o&nbsp; pagano) y aparece ya en las primeras novelas de caballer&iacute;as para justificar la heroicidad del protagonista. Hay de este mito una hermosa comprensi&oacute;n intuitiva en algunos de los autores, caso de Luis Rosales, que explica as&iacute; el milagro: &ldquo;Cuando el sol en el portal / entra y su luz reverbera, / ella le contesta: - Era&hellip; / como el sol en el cristal&rdquo; (&ldquo;De c&oacute;mo entr&oacute; por la ventana el primer rayo del sol&rdquo;). De los celos de San Jos&eacute; ha ido dando cumplida cuenta el romancero tradicional a lo largo de ocho siglos, en los que siempre la palabra popular ha concedido al esposo de la Virgen una proverbial paciencia y una devota comprensi&oacute;n, con la intenci&oacute;n probable de humanizar lo inaprensible. Humanizaci&oacute;n similar a la que se la ha dado a los &aacute;ngeles, traviesos y habituados al trasiego dom&eacute;stico desde que el Murillo m&aacute;s barroco los pintara en la cocina,&nbsp; en un traj&iacute;n de ollas y cacerolas. Por completo inmerso en esa percepci&oacute;n popular de los angelitos, Alfonso Canales canta as&iacute; su descenso a la tierra: &ldquo;Y con qu&eacute; alegre revuelo / por el techo se le entraban / a Mar&iacute;a! &iexcl;C&oacute;mo daban / sus alas sobre el cristal / de las ventanas, igual / que si rompieran espumas! / &iexcl;C&oacute;mo pusieron de plumas / los &aacute;ngeles el Portal!&rdquo;.</p>
<p>El acento sentimental del segundo grupo de autores est&aacute; puesto en la infancia, no en la de Jes&uacute;s, sino en la propia. Hay un acendrado individualismo en la inercia de explorar la Navidad no como hecho social (rasgo evidente en los poetas de m&aacute;s edad), sino como acontecimiento &iacute;ntimo salvaguardado en la memoria. Suceso excepcional que marca las fronteras de la infancia y, por tanto, las fronteras de una concepci&oacute;n del universo ya perdida. Fronterizo tambi&eacute;n el espacio que se acota para rememorar: la casa, m&aacute;s a&uacute;n, la sala, y m&aacute;s a&uacute;n, la mesa sobre la que el padre o la madre instalan el <em>bel&eacute;n</em>. Y fronteriza la consciencia, que deja en un limbo extinto lo que fue y reconoce lo que ya no podr&aacute; repetirse. Ejemplares de esta voz po&eacute;tica son las canciones de Jos&eacute; Julio Cabanillas (&ldquo;Los montes de cartulina. / El r&iacute;o, plata y papel. Falso el tiempo&hellip;&rdquo;) Jos&eacute; Mateos (&ldquo;Ma&ntilde;anitas de entonces / junto al pesebre. / Yo era ni&ntilde;o, y eterno / era el presente&rdquo;; &ldquo;Las campanas de mi infancia / no s&eacute; si oigo o recuerdo, / coraz&oacute;n&rdquo;) y Jos&eacute; Manuel Ben&iacute;tez Ariza, que titula un villancico &ldquo;Si fueses ni&ntilde;o de nuevo&rdquo; y dice en otros: &ldquo;Mi infancia &iquest;d&oacute;nde la dejo? / En una noche de Reyes, / montada en un tren el&eacute;ctrico&hellip;&rdquo;; &ldquo;Con papel de plata un d&iacute;a / yo tambi&eacute;n trazaba arroyos / sobre un pa&iacute;s de cart&oacute;n / con horizontes de corcho&rdquo;.</p>
<p>Son, los m&aacute;s j&oacute;venes, poetas m&aacute;s transterrados que los viejos. Parecen incapaces, aqu&eacute;llos, de reencarnarse por un momento en el ni&ntilde;o que fueron, adem&aacute;n en el que &eacute;stos muestran absoluta naturalidad cada diciembre. Se plantean adem&aacute;s, los j&oacute;venes, la tragedia del descreimiento, de la irremediable p&eacute;rdida de fe, y contemplan con cierta suficiencia adulta la confianza infantil: &ldquo;Dicen que ha nacido un ni&ntilde;o / para salvarnos a todos. / -&iquest;Un ni&ntilde;o para borrar / el miedo de nuestros ojos?&rdquo; (&Aacute;ngel Mendoza). Pensando en las causas de tal pesadumbre navide&ntilde;a, a una se le ocurre que quiz&aacute;s los medios de comunicaci&oacute;n masivos (esta segunda generaci&oacute;n de autores son los primeros hijos de la televisi&oacute;n) hayan operado sobre la verdad, distorsion&aacute;ndola y haciendo una garant&iacute;a fraudulenta al ofrecer su mentira. Es curioso, al respecto, con cu&aacute;nta frecuencia y solemnidad el nacimiento de Jes&uacute;s aparece asociado a la televisi&oacute;n en estos versos: &ldquo;El ni&ntilde;o Jes&uacute;s naci&oacute; / en el portal de Bel&eacute;n&hellip; / Si lo supi&eacute;semos varios / el mundo mejorar&iacute;a&hellip; / &iexcl;Que cuente con alegr&iacute;a / la nueva el telediario!&rdquo; (Enrique Garc&iacute;a M&aacute;iquez).</p>
<p>Pero tambi&eacute;n son las voces de este grupo las que reclaman, tras muchos siglos, la palabra escrita, la b&iacute;blica, probablemente porque tambi&eacute;n son la primera generaci&oacute;n ajena a la oralidad y, m&aacute;s que el villancico popular compartido, les ha nutrido la imaginaci&oacute;n la lectura en solitario. Hay ecos, entre ellos, del <em>Cantar de los cantares</em>, y resonancias de las <em>Coplas</em> de Manrique, de los cuentos de Dickens, de la filosof&iacute;a milesia y del teatro de Oscar Wilde&hellip; Como si necesit&aacute;ramos regresar a una espiritualidad m&aacute;s trascendente, m&aacute;s remota, m&aacute;s cr&iacute;ptica tambi&eacute;n, anterior en suma a los sencillos <em>Milagros</em> de Berceo.</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em>Navidades modernas. Antolog&iacute;a del villancico actual</em>. Nota preliminar de Jos&eacute; Mateos. Pr&oacute;logo de Pedro Sevilla. Textos de Jos&eacute; Antonio Mu&ntilde;oz Rojas, Leopoldo Panero, Ram&oacute;n Gaya, Federico Muelas, Luis Rosales, Francisco Pino, Ricardo Molina, Gloria Fuertes, Jos&eacute; Luis Hidalgo, Rafael Montesinos, Antonio &Aacute;lamo Salazar, Bartolom&eacute; Llorens, Alfonso Canales, Pablo Garc&iacute;a Baena, Jos&eacute; Luis Tejada, Antonio Murciano, Aquilino Duque, Carlos Murciano, Jos&eacute; Julio Cabanillas, Inmaculada Moreno, Enrique Andr&eacute;s Ruiz, Mario M&iacute;guez, Jos&eacute; Mateos, Jos&eacute; Manuel Ben&iacute;tez Ariza, Abel Feu, Enrique Garc&iacute;a M&aacute;iquez, &Aacute;ngel Mendoza y Ra&uacute;l Pizarro. Jerez. Libros Canto y Cuento, 2013.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 29 Apr 2014 10:09:08 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Canción VII para Beatriz]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/cancion-vii-para-beatriz/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Abril/ernestoperezzu_iga.jpg" alt="" /></p>
<p>En el para&iacute;so</p>
<p>te voy a perder.</p>
<p>Miro los jardines,</p>
<p>rosales de estrellas,</p>
<p>te voy a perder.</p>
<p>Los dos de la mano</p>
<p>durante el desierto,</p>
<p>ciudad luminosa,</p>
<p>neones de fiesta,</p>
<p>te voy a perder.</p>
<p>Botellas de whisky,</p>
<p>&aacute;ngeles desnudos.</p>
<p>Sobre los cristales</p>
<p>de la gran berlina</p>
<p>se reflejan rostros</p>
<p>tan maravillados.</p>
<p>Quisiera llevarte</p>
<p>al hotel dormido</p>
<p>lejos de las v&iacute;rgenes</p>
<p>y las mansas fieras.</p>
<p>Tigres de bengala</p>
<p>deleitan el tr&aacute;fico.</p>
<p>Pasean jirafas</p>
<p>dentro del casino.</p>
<p>Quisiera llevarte,</p>
<p>callej&oacute;n secreto.</p>
<p>Huyamos muy quietos</p>
<p>de este para&iacute;so.</p>
<p>La noche se funde,</p>
<p>los taxis te llaman,</p>
<p>rosales de estrellas,</p>
<p>rosales de estrellas.</p>
<p>Y haberte logrado,</p>
<p>en el para&iacute;so</p>
<p>te voy a perder.</p>
<p>Antes de la casa,</p>
<p>callej&oacute;n secreto.</p>
<p>Sue&ntilde;os de frontera</p>
<p>suben los coyotes.</p>
<p>Quisiera abrazarte</p>
<p>en el purgatorio.</p>
<p>Prefiero seguirte</p>
<p>por todo el infierno.</p>
<p>Los dioses te buscan</p>
<p>y me dejan solo.</p>
<p>Se detuvo un coche.</p>
<p>&ldquo;Es la gran berlina&rdquo;.</p>
<p>Te abren la puerta</p>
<p>y me dejan solo.</p>
<p>En el para&iacute;so</p>
<p>te voy a perder.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 29 Apr 2014 06:31:13 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El alma de las cosas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/al-alma-de-las-cosas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/DIEGO_MART_NEZ_TORR_N.JPG" alt="" /></p>
<p>La primera novela extensa de Diego Mart&iacute;nez Torr&oacute;n, catedr&aacute;tico de Literatura Espa&ntilde;ola (Universidad de C&oacute;rdoba) y poeta, es, como no pod&iacute;a ser de otra forma, una novela &ldquo;de pensamiento&rdquo;. As&iacute;, la narraci&oacute;n que vertebra la novela queda diluida ya desde las primeras p&aacute;ginas, como una melod&iacute;a de fondo, en una sucesi&oacute;n de reflexiones sobre la vida, el arte, la cultura&hellip;</p>
<p>Marga, escritora de &eacute;xito, padece un c&aacute;ncer terminal que la empuja a organizar un encuentro de despedida con sus amigos en su casa de Llanes. La novela se va construyendo a partir de una serie de correos electr&oacute;nicos que los personajes se intercambian; en ellos, bien mediante la exposici&oacute;n deshilvanada de ideas, bien a trav&eacute;s de la articulaci&oacute;n de elaborados discursos, exponen su visi&oacute;n del mundo, sus anhelos, algunas de sus vivencias&hellip; Con este material el autor da forma a todo un tejido que configura un panorama sincr&eacute;tico y total de los miembros de una generaci&oacute;n. Novela polif&oacute;nica y fragmentaria, funciona como un mosaico cuyas teselas est&aacute;n valientemente ideadas tanto para encajar y dar sentido a un todo org&aacute;nico, como para invitar a una reflexi&oacute;n moment&aacute;nea, fulgurante, al hilo de la propia lectura, que sin embargo deja poso, con el caracter&iacute;stico marchamo de la buena literatura de pensamiento (es imposible leer a Mart&iacute;nez Torr&oacute;n y no pensar en el l&uacute;cido Azor&iacute;n).</p>
<p><em>&Eacute;xito</em> es una novela <em>a r&egrave;bours</em>, inusual, completamente alejada de los cauces habituales del g&eacute;nero. En parte por esta raz&oacute;n, sus momentos m&aacute;s conmovedores est&aacute;n relacionados con el contenido filos&oacute;fico que rezuman los razonamientos de los personajes, en ocasiones de gran belleza y calado; as&iacute;, la novela est&aacute; pre&ntilde;ada de iluminados instantes en los que el autor toca de lleno <em>el alma de las cosas</em>. En una ocasi&oacute;n el narrador, esa voz que, casi invisible, nos presenta a los personajes en breves y enriquecedores par&eacute;ntesis entre correos, dice de In&eacute;s, escritora de provincias: &ldquo;Se sent&iacute;a de este modo como un simple instante de consciencia en la historia del hombre. Un instante de una consciencia que a veces parec&iacute;a ni siquiera pertenecerle. Como si su pensamiento fuera un sue&ntilde;o, y su vida tan solo la simple imagen ante un espejo en donde se reflejaba un cuerpo y un rostro con los que, en el fondo, ni siquiera se reconoc&iacute;a&rdquo;.</p>
<p>El otro gran acierto de Mart&iacute;nez Torr&oacute;n es, a mi juicio, concebir <em>&Eacute;xito</em> como una novela metaliteraria. El material que lee el lector es aquel con el que barrunta Irene forjar una novela, la novela definitiva. De esta forma, Mart&iacute;nez Torr&oacute;n consigue romper los l&iacute;mites entre la realidad y la ficci&oacute;n, entre la belleza y la vida, planteamiento que, por otra parte, est&aacute; en perfecta consonancia con los presupuestos te&oacute;ricos acerca de la novela que esgrimen los propios personajes: &ldquo;le hubiera gustado escribir una novela profunda, diferente, que constituyera el s&iacute;mbolo de la manera de pensar de toda una generaci&oacute;n&rdquo;. Finalmente esa novela que a In&eacute;s le habr&iacute;a gustado escribir no puede ser otra que el &ldquo;cad&aacute;ver exquisito&rdquo; que entre todos los personajes van construyendo, al latido de sus propias vidas.</p>
<p>Bas&aacute;ndose en este juego de cajas chinas, el autor nos da la &uacute;ltima lecci&oacute;n sobre literatura: la novela ideal no existe &ndash;tal vez <em>&ldquo;El Quijote&rdquo;</em> es la que m&aacute;s se acerca, tal y como afirma uno de los personajes de la obra&ndash;, y el <em>yo</em> del autor est&aacute; avocado a desle&iacute;rse en la propia obra, que es la que queda a la postre, a pesar de la fama ef&iacute;mera o la ausencia de un lector c&oacute;mplice.</p>
<p><em>&Eacute;xito</em> es una novela m&aacute;gica que reflexiona sobre la naturaleza del verdadero triunfo: multiforme, subjetivo, inalcanzable. Es, como nuestras propias vidas, &ldquo;una novela imposible que se va creando conforme la vas leyendo&hellip;&rdquo;. Sin duda, su lectura interesar&aacute; particularmente a aquellos que a&uacute;n siguen creyendo en la belleza del pensamiento a trav&eacute;s de una palabra total, universal, imposible de adscribir al cors&eacute; de ning&uacute;n g&eacute;nero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>&Eacute;xito</em>, Diego Mart&iacute;nez Torr&oacute;n, Sevilla, Alfar, 2013.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 29 Apr 2014 05:56:57 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[In the mood for love]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/in-the-mood-for-love/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Abril/julietavalero.jpg" alt="" /></p>
<p align="right"><em>&nbsp;<br /></em></p>
<p align="right"><em>&nbsp;</em></p>
<p align="right"><em>&nbsp;</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>En alg&uacute;n lugar alguien est&aacute; viajando furiosamente hacia ti</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right">John Ashbery</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Iba a decirte No vengas</p>
<p>que conozco la trampa del para&iacute;so: limbo, piedra y abandono.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero es tan inc&oacute;modo estar vivo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Este fest&iacute;n, defectuoso porque cursa, defectuoso porque termina.</p>
<p>Todo tiene el mismo cuerpo que la vida.</p>
<p>Todo est&aacute; mal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De modo que t&uacute;, ciego cometa que trabaja, compra</p>
<p>y algunas ma&ntilde;anas de festivo alcanza verdades... Ven.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando la revuelta del encuentro amaine</p>
<p>y ames mi cuerpo y la forma de mis dientes</p>
<p>y el error de estas manos exactamente distintas a las que imaginabas</p>
<p>te conmueva como una revelaci&oacute;n</p>
<p>te dar&eacute; tres mentiras contra el fr&iacute;o</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>no debes tener miedo</p>
<p>no est&aacute;s solo ni hay la sentencia</p>
<p>desde hoy la cat&aacute;strofe consiste en no salir a la vez.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 28 Apr 2014 12:36:23 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La balada de la contaminación lumínica]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-balada-de-la-contaminacion-luminica/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Abril/octaviogomez.jpg" alt="" /></p>
<p>Aquella noche,</p>
<p>desde la parte alta de la ciudad,</p>
<p>entre besos furtivos y cazadores de pubis,</p>
<p>vimos c&oacute;mo se produc&iacute;a la aver&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Poco a poco</p>
<p>todas las luces de barrio</p>
<p>y las luci&eacute;rnagas de la Romareda,</p>
<p>todas, poco a poco,</p>
<p>como velas sopladas</p>
<p>por un ni&ntilde;o delicado el d&iacute;a de su cumplea&ntilde;os,</p>
<p>todas, poco a poco,</p>
<p>se fueron marchando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y pararon los sexos</p>
<p>y las palabras melosas,</p>
<p>y todos,</p>
<p>sin luz el&eacute;ctrica,</p>
<p>vimos &ndash;fuera parches-</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>todas las estrellas mostrando a la vez</p>
<p>el mentiroso color nocturno</p>
<p>de un cielo que ya&nbsp; no era el nuestro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 16 Apr 2014 06:39:40 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La negra]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-negra/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/PEPE_PEREZA.jpg" alt="" /></p>
<p>Se prepar&oacute; para salir, pero antes se acerc&oacute; hasta el dormitorio donde convalec&iacute;a su anciano marido. El pobre hombre llevaba varias semanas enfermo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Voy a salir. Enseguida vuelvo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la calle hac&iacute;a fr&iacute;o. Se abroch&oacute; el abrigo. Al hacerlo not&oacute; que uno de los botones estaba medio suelto y que el hilo que lo un&iacute;a al tejido estaba deshilachado. Quiso comprobar su consistencia y se qued&oacute; con &eacute;l en la mano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iexcl;Porras!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tir&oacute; de los hilos que hab&iacute;an quedado expuestos y los fue quitando uno a uno para que no quedase huella. Pens&oacute; en c&oacute;mo iba a coserlo de nuevo. Enhebrar una aguja era tarea imposible, aunque se pusiese las gafas. Tampoco pod&iacute;a pedir ayuda a ning&uacute;n vecino. En el edificio ya no quedaban. Se hab&iacute;an ido muriendo poco a poco, o hab&iacute;an sido trasladados a asilos y hospitales. Los nuevos ni siquiera se dignaban a devolverle el saludo cuando coincid&iacute;an en el ascensor. De haber tenido a alguien de confianza le habr&iacute;a encargado que vigilase a su marido mientras ella estaba fuera de casa. Estamos solos, se dijo con resignaci&oacute;n. Las bombillas de las farolas se fueron encendiendo. La luz ilumin&oacute; unos pocos copos de nieve que, m&aacute;s que caer, flotaban a media altura mecidos por el viento. El fr&iacute;o se colaba por el hueco sin abotonar. Tuvo que agarrar la zona y taponarla con la mano. Con su marido enfermo no se pod&iacute;a permitir resfriarse. Observ&oacute; la algarab&iacute;a de gent&iacute;o y tr&aacute;fico. La ciudad crec&iacute;a y se modernizaba a pasos agigantados, mientras que ella cada d&iacute;a que pasaba se sent&iacute;a m&aacute;s vieja e insignificante. No reconoc&iacute;a los comercios, la mayor&iacute;a eran tiendas nuevas. Todo era tan distinto. Todo estaba dise&ntilde;ado para la gente joven. Los cajeros, los electrodom&eacute;sticos, los mandos del televisor&hellip; todo funcionaba apretando un interruptor, pero de todos ellos &iquest;cu&aacute;l era el indicado? Ella nunca lo sab&iacute;a y se sent&iacute;a in&uacute;til y tonta. No, ya no hab&iacute;a sitio en el mundo para ellos. Su marido pronto morir&iacute;a, cosas de la edad, y ella se quedar&iacute;a m&aacute;s sola que nunca, sin otra cosa que hacer que esperar su hora. Era triste llegar a esas edades. Se adentr&oacute; en el casco antiguo. Vio a los hombres en las tabernas brindando por el fin de la jornada. Sigui&oacute; calle abajo sorteando grupos de estudiantes que re&iacute;an y hablaban subidos de tono. Por fin lleg&oacute; a su destino e hizo amago&nbsp; de entrar en el local. El portero, un tipo corpulento y con el pelo a cepillo, le dio el alto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;D&oacute;nde va usted?</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dentro.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Sabe d&oacute;nde est&aacute; entrando?</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Claro.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Est&aacute; usted segura?</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; S&iacute; se&ntilde;or, esto es un prost&iacute;bulo.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Perdone mi indiscreci&oacute;n&hellip; &iquest;Le puedo preguntar por qu&eacute; quiere entrar en un sitio como &eacute;ste?</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para qu&eacute; va a ser. Para contratar los servicios de una prostituta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El portero la mir&oacute; extra&ntilde;ado. No comprend&iacute;a que una anciana necesitase las atenciones de una puta. De todas formas &eacute;l hab&iacute;a visto cosas mucho m&aacute;s raras en aquel lugar. Le abri&oacute; la puerta y se dispuso para dejarla pasar. Antes la anciana pregunt&oacute;:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Aqu&iacute; tienen negras?</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tenemos una.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Es guapa?</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; S&iacute;.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;C&oacute;mo se llama ella?</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Yamila.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La anciana entr&oacute; en el prost&iacute;bulo y avanz&oacute; hacia el bar. Apenas hab&iacute;a clientes y la mayor&iacute;a de las putas estaban sentadas alrededor de la barra. Cuando la anciana irrumpi&oacute; todas las miradas se posaron en ella. No era corriente ver a una octogenaria visitando el lugar. Ella escrut&oacute; el garito buscando a Yamila. Al no encontrarla decidi&oacute; preguntar al camarero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Joven, &iquest;sabe usted d&oacute;nde est&aacute; Yamila?</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En estos momentos est&aacute; ocupada. Si quiere algo con ella tendr&aacute; que esperar.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Bien, esperar&eacute;.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Quiere tomar algo mientras tanto?</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Es obligatorio?</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entonces no.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La anciana esper&oacute;. Era la primera vez que pisaba un prost&iacute;bulo. Observ&oacute; el lupanar con curiosidad. Todo ten&iacute;a un aspecto deprimente y oscuro. Se dio cuenta de que las putas la miraban de reojo. No le import&oacute;, era consciente de que estaba fuera de lugar y que all&iacute; no pegaba ni con cola.</p>
<p>Al cuarto de hora Yamila baj&oacute; por las escaleras acompa&ntilde;ada de un cliente satisfecho. Se le ve&iacute;a en la est&uacute;pida sonrisa que colgaba de su cara. La anciana esper&oacute; a que se despidiera del tipo y luego la abord&oacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Podr&iacute;a hablar un momento con usted?</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Usted dir&aacute;.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Quer&iacute;a saber cu&aacute;nto me costar&iacute;a contratar sus servicios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yamila mir&oacute; a su alrededor buscando las caras de sus compa&ntilde;eras, creyendo que &eacute;stas le estaban gastando una broma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Habla en serio?</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Totalmente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yamila sopes&oacute; la oferta intentando decidir si la rechazaba o no. Finalmente resolvi&oacute; que si alguien solicitaba sus servicios, como profesional que era estaba obligada a ofrec&eacute;rselos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por media hora cobro sesenta euros, por una hora cien. Y le advierto que yo no hago cosas raras.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No se preocupe, lo &uacute;nico que tiene que hacer es desnudarse delante de mi marido.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Su marido?</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; S&iacute;, el pobre est&aacute; enfermo en la cama. Hoy es su cumplea&ntilde;os. Cumple noventa y dos a&ntilde;os.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Y solo tengo que desnudarme?</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como comprender&aacute; el pobre hombre ya no tiene &aacute;nimo para m&aacute;s.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Est&aacute; bien. Acepto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yamila recogi&oacute; su abrigo y se pusieron en camino. Al salir por la puerta del local el portero se dirigi&oacute; a ellas con recochineo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Adi&oacute;s chicas.&nbsp; Cuidado con lo que hac&eacute;is.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En respuesta Yamila le ense&ntilde;&oacute; el dedo coraz&oacute;n. La temperatura estaba bajando y al poco se puso a nevar. No hab&iacute;a taxis por la zona. Decidieron hacer el camino a pie.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hija, &iquest;me permite cogerla del brazo?</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Claro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yamila se sinti&oacute; conmovida cuando la anciana se agarr&oacute; a ella. Por un momento se acord&oacute; de su abuela materna. Un alud de emociones estuvo a punto de humedecerle los ojos. Decidi&oacute; iniciar una conversaci&oacute;n para alejarse de todas las nostalgias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Debe querer mucho a su marido para hacer esto por &eacute;l.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El pobre, siempre ha tenido obsesi&oacute;n por ver a una negra desnuda, pero nunca ha podido cumplir su sue&ntilde;o.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con los hombres nunca se sabe.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No digo que no haya visto alguna en las pel&iacute;culas, pero al natural estoy segura que no.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Insisto en que con los hombres nunca se sabe. H&aacute;game caso, de esto s&eacute; un rato.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mi marido, en todo lo que llevamos de casados, siempre me ha sido fiel. Lo s&eacute; porque es un hombre sin un &aacute;pice de malicia. Toda su vida ha estado pendiente de m&iacute;. A su lado nunca me ha faltado de nada, me lo ha dado todo. Ahora me toca a m&iacute;. El pobrecito se muere y antes de que Dios se lo lleve a su lado quiero que su sue&ntilde;o se haga realidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los copos de nieve eran del tama&ntilde;o de pelotas de ping-pong y el viento los impulsaba contra sus caras. Cuando llegaron la ventisca estaba en pleno apogeo. Al entrar en la casa la anciana se llev&oacute; el &iacute;ndice a sus labios, indic&aacute;ndole a Yamila que guardase silencio. Las mujeres se dirigieron directamente al dormitorio. La anciana le hizo un gesto para que esperase en el pasillo. Despu&eacute;s ella cruz&oacute; la puerta del dormitorio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iexcl;Feliz cumplea&ntilde;os, mi amor!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El anciano trat&oacute; de incorporarse pero solo tuvo fuerzas para un amago de sonrisa. Ella se acerc&oacute; a la cama y le acarici&oacute; la cara.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ya pensabas que me hab&iacute;a olvidado &iquest;eh...? Tengo una sorpresa para ti.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&Eacute;l la mir&oacute; con curiosidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ya puedes entrar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yamila entr&oacute; en el dormitorio en plan seductor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cari&ntilde;o, te presento a Yamila.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De repente la pesada m&aacute;scara de la enfermedad desapareci&oacute; de la cara del anciano y un brillo vital se reflej&oacute; en sus pupilas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Yamila tiene algo para ti, as&iacute; que os dejo solos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yamila avanz&oacute; hasta los pies de la cama y empez&oacute; a desabrocharse la camisa. Mientras tanto la anciana se dirigi&oacute; al sal&oacute;n. Se quit&oacute; el abrigo, dej&oacute; el bot&oacute;n sobre la mesa y sac&oacute; la caja de la costura. Sab&iacute;a de antemano que era una batalla perdida, aun as&iacute; se puso las gafas y trat&oacute; de enhebrar una aguja. Llevaba m&aacute;s de un cuarto de hora pretendiendo acertar con el hilo cuando Yamila entr&oacute; en el sal&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Ya?</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; S&iacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La anciana sonri&oacute; satisfecha mientras sigui&oacute; intentando pasar el hilo a trav&eacute;s del ojal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; D&eacute;jeme a m&iacute;.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Te lo agradezco hija, porque soy incapaz.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su marido quiere verla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El enfermo sonre&iacute;a de oreja a oreja cuando entr&oacute; su esposa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Est&aacute;s contento?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El anciano asinti&oacute; sin dejar de sonre&iacute;r.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me alegro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se inclin&oacute; sobre &eacute;l y le beso en los labios.</p>
<p>Cuando regres&oacute; encontr&oacute; a Yamila terminando de coser el bot&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No ten&iacute;as que haberte molestado.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No es ninguna molestia, adem&aacute;s ya est&aacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Efectivamente el bot&oacute;n estaba firmemente zurcido al abrigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Eres muy amable.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No ha sido nada.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo digo por todo lo que has hecho. Te lo agradezco con el coraz&oacute;n. Por cierto, tengo que pagarte. Dime cu&aacute;nto te debo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La anciana ech&oacute; mano del monedero y sac&oacute; unos billetes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Sabe qu&eacute;...? No voy a cobrarle.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hija, c&oacute;mo dices eso. Es tu trabajo&hellip;</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No, esto no ha sido trabajo, se lo aseguro. Esto ha sido algo muy bonito y agradable de hacer. Por eso no puedo aceptar su dinero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El gesto conmovi&oacute; a la anciana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Much&iacute;simas gracias, hija. Hac&iacute;a mucho tiempo que nadie se portaba tan bien con nosotros.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Gracias a usted por darme la oportunidad de hacer algo tan&hellip; decente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las dos mujeres se abrazaron y permanecieron as&iacute; durante unos segundos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Sabe?... Usted me recuerda a mi abuela. Por eso quisiera pedirle algo.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Claro.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me gustar&iacute;a darle un beso.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A los viejos no nos gusta que nos besen. Estamos llenos de g&eacute;rmenes y enfermedades.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aun as&iacute;, lo voy a hacer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se besaron. A continuaci&oacute;n se despidieron, conscientes en todo momento de que su adi&oacute;s era definitivo.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 15 Apr 2014 10:38:24 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Belleza oculta]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/belleza-oculta/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/josemanueldelahuerga.jpg" alt="" /></p>
<p>Cualquier herramienta sirve para investigar una disciplina cultural. As&iacute; como Arnheim, sic&oacute;logo del arte, estudi&oacute; el cine a partir de las leyes de la percepci&oacute;n, la literatura cabe ser enjuiciada, adem&aacute;s de literariamente, desde los puntos de vista filos&oacute;fico, hist&oacute;rico, sicoanal&iacute;tico, sociol&oacute;gico y, por qu&eacute; no, cinematogr&aacute;fico. Una aproximaci&oacute;n a la imagen y a c&oacute;mo &eacute;sta se relaciona con el espacio y el tiempo, al tratamiento que Jos&eacute; Manuel de la Huerga depara de ella, de la imagen, nos lleva a concluir que <em>Solitarios</em> es una novela sobre el tiempo, que fluye, mientras el espacio elige quedarse quieto. El logro del cine es que los dos circulen si bien el de la butaca permanece inm&oacute;vil. Una sensaci&oacute;n est&eacute;tica. Bien, pues en la novela que nos ocupa sucede igual, De la Huerga lo dice: el tel&oacute;n de fondo cambia, las personas no, prosiguen siendo las mismas y, quiz&aacute; por ende, se mantienen juntas. Es decir, el paisaje hace las veces de tiempo y el estatismo de los protagonistas, de espacio. Un movimiento inm&oacute;vil, cuyo desplazamiento silencioso ve, recibe, el espectador, el lector, lento y detenido. Es toda la novela una imagen semiparada. Lo incomprensible anega buena parte del transcurso, que fluye cual en esta fracci&oacute;n: &ldquo;(&hellip;) se empe&ntilde;aba en que repitieran palabra por palabra lo que sali&oacute; con naturalidad cuando tuvo su momento irrepetible. No exist&iacute;an dos &aacute;rboles id&eacute;nticos, ni siquiera un &aacute;rbol se parec&iacute;a a s&iacute; mismo de un d&iacute;a para otro. Menos las palabras, las personas menos&rdquo;. U, ochenta p&aacute;ginas adelante, en el siguiente parlamento: &ldquo;Debemos viajar juntos, viajaremos al ritmo de la bola del mundo, para no envejecer y continuar unidos siempre&rdquo;. Una prosa que se dobla sin romperse como la hoja verde de un &aacute;rbol que permite al lector imaginar ipso facto lo que el narrador va describiendo.</p>
<p>Los personajes se comunican, sobre todo, por medio de un lenguaje no verbal. Lo hacen de un modo tan dr&aacute;stico que &lsquo;Ultramarinos El Pez de Oro&rsquo;, la primera de las dos <em>nouvelles</em>, viene protagonizada por un ni&ntilde;o sordomudo apelado Cachelo, que acude al pensamiento y al tacto para comunicarse; los dedos de la madre le acarician como fonendos. No solamente Cachelo calla: Fernando el Portugu&eacute;s, su padre, habla &ldquo;de peces que, a pesar de estar mudos&rdquo;, cuentan &ldquo;historias maravillosas en pompas de aire&rdquo; que descienden sin ser descifradas; y Berta, la madre, descubre el mundo &ldquo;por el olor&rdquo; y no comunica a sus progenitores el alumbramiento. Existencias impronunciadas. Todo, m&eacute;todos alternativos para inquirir la realidad, quiz&aacute; porque, manifiesta el autor al poco del arranque, &ldquo;la belleza evidente agota pronto su significado&rdquo;. Los personajes se autopreservan, aqu&iacute;, ocultos en una sombra que garantiza penetrar en el ambiente. La madre intenta contrarrestar la diagnosis de los m&eacute;dicos aplicando al nuevo ser una especie de imposici&oacute;n de la palabra, susurr&aacute;ndole al o&iacute;do, estimulando hasta el hueso m&aacute;s peque&ntilde;o. Pero no se centra en el logos, tambi&eacute;n le brinda fantas&iacute;a y promete un viaje a Lisboa para reencontrarse con el padre. Adem&aacute;s de confrontar al lector con lo intestino, Jos&eacute; Manuel de la Huerga le arroja a las veleidades del azar, o, mejor, contra el muro de las casualidades. Berta acostumbra a llevar un mazo de cartas. Consulta, no a pie juntillas, la posible encarnaci&oacute;n del futuro, o m&aacute;s bien, nunca se sabe, verifica el deseo. Las cartas acertaron la llegada misteriosa de un caballero invernal y nocturno, a lo Calvino, y erraron al anunciar que la encinta llevaba una ni&ntilde;a rubia en las entra&ntilde;as: no son un valor seguro. La comunicaci&oacute;n sensorial y extrasensorial funciona mejor. Comprobaremos si la medicina, al igual que la fortuna, se permite tambi&eacute;n el fallo y el ni&ntilde;o consigue parlotear. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os las artes est&aacute;n poniendo a prueba la confianza en la todopoderosa ciencia, de momento ignoramos si representa una prolongaci&oacute;n en la quiebra racional del siglo XX, si responde a un hartazgo de la colonizaci&oacute;n por ella ejercida en el mundo del conocimiento o si consiste en una v&iacute;a abierta a una espiritualidad compatible con modos ilustrados. Ya se ver&aacute; hasta d&oacute;nde llegan la intuici&oacute;n y la imaginaci&oacute;n, si el ni&ntilde;o, en definitiva, arranca a hablar. Poco importa. Lo genuino es que el deslumbrante Cachelo &ndash;de &eacute;l se llega a afirmar que est&aacute; &ldquo;investido de un conocimiento sagrado&rdquo;- no ser&iacute;a tal sin la sordera: la anomal&iacute;a como bondad. Estar inacabado, de repente, como virtud. Ello emparenta la narraci&oacute;n con la de uno de los mejores cuentistas espa&ntilde;oles: Gustavo Mart&iacute;n Garzo, en cuya obra &ndash;<em>La princesa manca</em>, <em>El lenguaje de las fuentes</em>&hellip;- la p&eacute;rdida acostumbra a poseer una dimensi&oacute;n redentora. En su &uacute;ltima entrega, <em>Y que se duerma el mar</em>, leemos: &ldquo;Es verdad que hab&iacute;a nacido mutilada, pero eso no la hac&iacute;a diferente de los otros ni&ntilde;os. &iquest;Acaso no estaban todos incompletos, no buscaban algo que nunca ten&iacute;an del todo: su propia y esquiva verdad?&rdquo;. En esta ocasi&oacute;n no falta un miembro, sino un sentido.</p>
<p>Si en la primera <em>nouvelle</em> hab&iacute;a lamparillas de cera para tardes de tormenta y piment&oacute;n dulce y picante; en la segunda encontramos <em>mercheros</em>; sangradores; braseros; el pirul&iacute; azul, blanco y rojo de las peluquer&iacute;as; la bilba&iacute;na; el infiernillo; recitaciones a la virgen; m&aacute;quinas Singer; sillas de escay. Si la primera estaba llena de poes&iacute;a y, hasta cierto punto, de exotismo; en la segunda -presentes todav&iacute;a El Pez de Oro y Barrio de Piedra; traslada el escenario-, hay costumbrismo y una ciudad de provincias tardofranquista. El tiempo abandona la suspensi&oacute;n y coge carrerilla, la pel&iacute;cula se vuelve comedia. El lenguaje, directo y concreto. Abunda el coloquialismo: &lsquo;daba gloria olerlo&rsquo;, &lsquo;estar de pinote&rsquo;, <em>apalominamientos</em>, chambergo, &lsquo;Hola don Pepito&rsquo;. Lo subterr&aacute;neo, en acontecimientos rasos: las relaciones vendedor-cliente en un mercadillo, el trato de Rufi y F&eacute;lix &ndash;nuevo protagonista- o c&oacute;mo &eacute;ste se ausenta del trabajo sin que sus compa&ntilde;eras lo noten.</p>
<p>Jos&eacute; Manuel de la Huerga ha merecido, entre otros, los premios Fray Luis de Le&oacute;n de narrativa y Hucha de Oro de relato. Su producci&oacute;n arranca en 1985 e incluye casi una decena de t&iacute;tulos. Destacan la muy exigente <em>Leipzig sobre Leipzig</em> y el poemario esmerado <em>La casa del poema</em>, ambos, de 2005.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jos&eacute; Manuel de la Huerga, <em>Solitarios</em>, Palencia, Editorial Menoscuarto, 2013. 218 p&aacute;ginas.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 15 Apr 2014 10:22:04 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Diario de Gorizia y Trieste]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/diario-de-gorizia-y-trieste/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Abril/josecarloscatano.jpg" alt="" /></p>
<p>SALES del aeropuerto Marco Polo a la oscuridad de un paisaje con nieve y neblina sobre los &aacute;rboles despojados. Son fechas de poco turismo. El que hay, en cuanto puede, pone rumbo a Venecia, y los rostros que te vienen del exterior, en esta tarde desapacible, son r&uacute;sticos, guarecidos con gorros y anoraks voluminosos.</p>
<p>Casi no sabes hacia d&oacute;nde tirar, una vez que se cierran las puertas autom&aacute;ticas. Venecia, en estos momentos, te parece cosa extra&ntilde;a; otra historia, y te resulta ajena. Hace apenas una hora has sobrevolado su collar de luces mar&iacute;timas. Pero se desvanece. En la niebla, en la oscuridad.</p>
<p>Sigues hacia el norte. Llegas a Mestre, una poblaci&oacute;n sin mayores atractivos, a la estaci&oacute;n ferroviaria, repleta de gentes en tr&aacute;nsito, africanos y eslavos, gentes de pelo rubio que suben los convoyes que se dirigen a Austria.</p>
<p>Te gustar&iacute;a marchar hasta Viena. Tomarla con punto axial desde el que recorrer las provincias del viejo imperio inexistente.</p>
<p>El tren que has tomado al comienzo de la noche parece tomar el camino norte&ntilde;o, pero al cabo se desv&iacute;a hacia el este. Los Alpes nevados, sus estribaciones, que para ti siguen siendo imponentes, te acompa&ntilde;an mientras observas la oscuridad desde la ventanilla. El oriente al que te diriges es esta vez poli&eacute;drico, austriaco y eslavo, un conf&iacute;n en las tierras de Friule: Gorizia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que una localidad peque&ntilde;a como Gorizia haya dado tantos nombres prominentes s&oacute;lo puede entenderse por la marca austroh&uacute;ngara y la tensi&oacute;n de las fronteras, ese v&oacute;rtice que hubo aqu&iacute; entre culturas y pueblos, distintos y complementarios.</p>
<p>Pienso especialmente en Carlo Michelstaedter, el fil&oacute;sofo y pintor hebreo que se suicid&oacute; despu&eacute;s de concluir su tesis de filosof&iacute;a, <em>La persuasi&oacute;n y la ret&oacute;rica</em>. La novela de Magris <em>Un altre mare</em> est&aacute; escrita para &eacute;l. Me lo comentan ahora. Apenas me acuerdo de la novela. No me gust&oacute;. Tampoco s&eacute; en este momento por qu&eacute; no me gust&oacute;.</p>
<p>Pienso en la pintura de Zoran Music. Pienso en la obra fotogr&aacute;fica de Roberto Kusterle, a cuyo estudio me ha llevado el poeta Alberto Princis, impulsor de los encuentros multidisciplinares de <em>Ex Border</em>. Kusterle ya tiene la distancia eslava, la sonrisa mordaz, y sin embargo es extraordinariamente c&aacute;lido en los detalles.</p>
<p>LLUEVE intermitentemente. Anoche, sin embargo, descendiendo por la cuesta del Castelo, la luna tuvo un momento para asomarse sobre los bosques de la Eslovenia contigua.</p>
<p>Josef K. parec&iacute;a haber pasado por la taberna que abre sus portalones a los pies del Castillo. En la enoteca, observo botellas de vino con fotos de Mussolini, Hitler, Che Guevara, Bob Marley...</p>
<p>En casa de A. P. Nos acompa&ntilde;a Jelena Stojsavljevic, poeta de Novi Sad.</p>
<p>A Jelena la conoc&iacute; el a&ntilde;o pasado en Smederevo, junto al Danubio, a la vista de los campos de Vodovina. Tambi&eacute;n de Smederevo surgi&oacute; la amistad con A. P. En el viejo autom&oacute;vil de G. su compa&ntilde;ero de expedici&oacute;n, recorr&iacute;amos las tabernas m&aacute;s oscuras que siguen el borde del r&iacute;o. Recuerdo una noche ya avanzada, con Jelena subida a lo alto de una mesa, cantando canciones yugoslavas a una horda de neofascistas que, sin embargo, se amansaron.</p>
<p>Todo as&iacute; se va anudando, entre azares y lazos de continuidad.</p>
<p>Preparamos el almuerzo y ultimamos las traducciones de mis poemas, todo al mismo tiempo, con prisas, en el &uacute;ltimo momento. Esta tarde los leo en la Sala de la Torre.</p>
<p>LAS HOJAS de los &aacute;rboles en el barro. Su resplandor amarillo cuando cae la noche, que es de un azul pur&iacute;simo, pr&iacute;stino, helado como las estrellas.</p>
<p>Me gustan estas tierras de frontera. Est&aacute;s en los l&iacute;mites. Es y no es Italia. Parece y no parece Eslovenia. Se nota la huella austriaca. Las fachadas, sin embargo, dan cuenta del abandono. Fotografi&aacute;ndolas, fotograf&iacute;o el recuerdo de Humberto Rivas, el amigo fot&oacute;grafo de cuya muerte he sabido esta ma&ntilde;ana.</p>
<p>NOS INTRODUC&Iacute;AMOS en la antigua juder&iacute;a de Gorizia, hacia el este, como si quisiera seguir unida a su cementerio, que con la partici&oacute;n despu&eacute;s de la guerra se qued&oacute; en zona yugoslava.</p>
<p>Nos hab&iacute;amos acostumbrado a la lluvia. Nos hab&iacute;amos acostumbrado a que la noche cayera con la niebla, y se confundiera con ella, a las cuatro de la tarde. Fotografiaba los escaparates, no muchos, en cuyos r&oacute;tulos siguen apareciendo apellidos hebreos, un establecimiento tipogr&aacute;fico, un fot&oacute;grafo de bodas, bautizos y escenas antiguas... A punto de tocar la esquina de la sinagoga, mi c&aacute;mara no dio m&aacute;s de s&iacute; y se apag&oacute;. La puerta del templo estaba cerrada.</p>
<p>Seg&uacute;n se mire, en el momento, eso significa que el lugar y su historia no desean que conserves una imagen de ellos. Al d&iacute;a siguiente, y como quien no quiere la cosa, volv&iacute; a las andadas. Tambi&eacute;n llov&iacute;a; tambi&eacute;n estaban vac&iacute;as las aceras. Prob&eacute; la c&aacute;mara y funcion&oacute;.</p>
<p>La puerta del edificio estaba abierta. En medio del silencio, brillaban los p&aacute;jaros y las hojas amarillas y subidas de ocre, los troncos rugosos y oscuros de los tilos.</p>
<p>Cruzamos el peque&ntilde;o patio y tocamos al timbre. Al cabo de unos minutos una cabeza pelada y con gafas redondas nos pregunt&oacute; qu&eacute; quer&iacute;amos. La expresi&oacute;n del joven era por una parte inocente y por otra desconfiada. Me tem&iacute; lo peor; me ha ocurrido en Marruecos, en Turqu&iacute;a; en Barcelona..., cuando aparezco de tanto en tanto por <em>tefil&aacute;</em> y nadie me reconoce. El resquemor, el interrogatorio, la sospecha. Encogido y culpable por anticipado, traspas&eacute; el umbral mientras el joven encend&iacute;a las luces de una sala que albergaba una peque&ntilde;a muestra de la historia de la comunidad, y el templo, que luc&iacute;a espl&eacute;ndido, con una paz en la que lat&iacute;a el dolor y el futuro incierto.</p>
<p>Las tropas nazis acabaron con los jud&iacute;os de Gorizia. Acaso dos personas se salvaron, cree el joven. La sinagoga s&oacute;lo abre unos d&iacute;as a la semana. Ya no se celebra en ella ninguna ceremonia religioso. Ya no hay jud&iacute;os en Gorizia. Tal vez exageraba el cuidador, y permanecieran todav&iacute;a los propietarios de los dos negocios que hab&iacute;a fotografiado el d&iacute;a anterior. Aun siendo unos cuantos, y no llegando a la decena, no se podr&iacute;a tampoco celebrar ning&uacute;n oficio religioso como marca la ortodoxia.</p>
<p>Cuando nos ganamos su confianza, me interes&eacute; por un libro que recog&iacute;a, en edici&oacute;n biling&uuml;e alem&aacute;n-italiano, la poes&iacute;a de Carlo Michelstaedter, y un libro de fotos, <em>Beth Ha Chajim</em> (<em>"La Casa dei Viventi"</em>). Es un compendio de im&aacute;genes del cementerio de la antigua comunidad, Valdirose (Rožna Dolina),&nbsp; ahora en Nova Gorica, junto al cual han construido un casino. Lo visitamos en compa&ntilde;&iacute;a de Alberto Princis en diciembre del a&ntilde;o pasado. Michelstaedter est&aacute; enterrado all&iacute;. Su madre fue deportada y asesinada por los nazis, con otros miembros de la familia.</p>
<p>Ciertamente, las im&aacute;genes fotogr&aacute;ficas tienden al fetichismo y a la ocultaci&oacute;n de la palabra. Las palabras mismas, cuando se repiten, cavan su propio fracaso, la disoluci&oacute;n de lo que pretenden narrar.</p>
<p>Y, sin embargo, volvemos al dep&oacute;sito fotogr&aacute;fico de Roman Vishniac, por ejemplo, quien retrat&oacute; a la juder&iacute;a europea poco antes de la Shoah. Y hemos de recurrir a las palabras para tratar de rescatar de su eclipse a la tragedia, muda, transparente como el color de los tilos sobre los que se alegraban los p&aacute;jaros la ma&ntilde;ana de luz en la lluvia.</p>
<p>Los d&iacute;as son extremadamente azules. De un azul que hiere, como el fr&iacute;o, que para m&iacute; es extremo. Pero al mismo tiempo cobija, quiero decir, te lleva en busca de&nbsp; compa&ntilde;&iacute;a, de calor humano.</p>
<p>El individualismo no es posible en los pa&iacute;ses helados.</p>
<p>G. ha marchado en busca de Jelena. Dejo pasar el tiempo y luego logro hablar con ellos por tel&eacute;fono. Parecen felices, en alg&uacute;n lugar pr&oacute;ximo a Belgrado.</p>
<p>A., por su parte, se ha quedado entre el beso de la poeta siria de Par&iacute;s y el padre, al que visitamos en el hospital, al l&iacute;mite de la vida.</p>
<p>Adriano, Federico, Giuseppe, Roberto..., todos los amigos de aqu&iacute; me recuerdan a los amigos ampurdaneses de Crespi&agrave;. Las Merc&egrave; y Pilar de aquel tiempo ya lejano, aqu&iacute; se llaman Paola, Roberta, Marina...</p>
<p>Est&aacute; bien eso de tener un sitio por el que entrar y salir, un espacio para el roce y el encuentro. Los extraterritoriales ya hemos perdido el sentido de tales ritos, la vida de los bares, los aguardientes, las bebidas fuertes. En una callejuela m&iacute;nima, que extra&ntilde;amente sigue siendo una calle, via Garibaldi, se encuentra "la oficina" de mis amigos, el bar L'Alchimista...</p>
<p>Pasas por ah&iacute; y te encuentras al operador de cine esloveno pero con pasaporte italiano. M&aacute;s tarde entra el arquitecto, el escritor, el versado en la historia del Friul...</p>
<p>MA&Ntilde;ANA, &uacute;ltimo d&iacute;a del a&ntilde;o, me he prometido pasar la medianoche entrando y saliendo en la frontera. La frontera con Eslovenia ya no existe. Por el momento, ha sido la &uacute;ltima frontera de Europa en caer. Pero hay que mantener ciertas densidades magn&eacute;ticas. Las fronteras. El hecho de que pueda atravesar una huerta, unos aligustres helados y encontrarte en Nova Gorica.</p>
<p>Me han mostrado fotograf&iacute;a de ellos cuando cr&iacute;os jugando al voleibol con los cr&iacute;os del otro lado. La valla fronteriza era la red del juego.</p>
<p>Oh, memoria confusa: cuando supuras, qu&eacute; n&iacute;tida brilla la frontera, los vi&ntilde;edos, la neblina leve, las estancias de las villas estivales.</p>
<p>Amanecer para seguir, tomar el tren. Para dejarse llevar por el viento m&aacute;s hacia el este, como si trataras de escapar de la rotaci&oacute;n de la vida hacia el oeste.</p>
<p>Memoria: t&uacute; tratas de llevarnos siempre al oriente, al origen y momento de la luz imperecedera, y el viento te deshace. Y el viento nos despoja y oscurece. Rakia blanca, fuego blanco para ver, agua ardiente que luego nos deja donde la corriente abandona los restos.</p>
<p>LA CARRETERA de Gorizia a Trieste serpentea, entra y sale por territorio esloveno. Todos los indicadores son biling&uuml;es. Los bosques se despejan y dan paso a la austeridad del Carso, la piedra calc&aacute;rea, el matorral de colorido intenso. De repente, en la rada de Trieste, el Adri&aacute;tico deslumbra bajo el sol de invierno.</p>
<p>Los oficinistas avanzan doblados hacia adelante para contrarrestar el empuje del bora, el viento de noreste. A pesar de todo, el fr&iacute;o no es tan intenso como en Gorizia. Las damas y las damiselas, de aspecto austr&iacute;aco, visten cazadoras acolchadas, sombreros y&nbsp; fulares.</p>
<p>He salido a la plaza Unit&agrave; d'Italia en busca de un <em>cafetto</em> &mdash;otra semejanza con el catal&aacute;n que se da en el triestino&mdash; y una botella de <em>acqua frissante</em>. Me he internado por el barrio hebreo en busca de librer&iacute;as de viejo. Pero es lunes, d&iacute;a de cierre.</p>
<p>Busco la orilla, el agua del Adri&aacute;tico lamiendo las piedras del Molo Audace, el azul esmeralda oscuro del mar bajo un cielo enamorado del hierro y la hulla. Reparo en una dama, pelo corto y moreno, tabardo azulmarino y vaqueros. Camina por el muelle muy despacio, las botas rojas, un peque&ntilde;o bolso en la mano. Yo me entretengo con los cuervos que picotean en la cubierta de los veleros. La dama me rebasa, imperturbable. Doblo para entrar en el espig&oacute;n, y ella ya est&aacute; unos pocos metros por delante. Una lectora se arrebuja en el hueco de unas escalinatas. Hay tambi&eacute;n un pescador, una pareja de enamorados, tres hombres sac&aacute;ndose fotos con plumas y risas. La dama sigue hacia el borde, con las nieves de las monta&ntilde;as v&eacute;netas brillando a lo lejos. Cada paso que da, ligeramente inclinada, parece un arrepentimiento, un remordimiento, una oscura condena. Por &uacute;ltimo, saca del bolso una bufanda roja y la coloca sobre el noray para que no le alcance el &oacute;xido, la humedad. Se sienta en el noray. Enciende un cigarrillo. Las botas rojas, estiradas y cruzadas, se quedan mudas contemplando al horizonte.</p>
<p><em>Acre</em><em> ed arida giornata ieri; sera d'inerte disgusto, come sopra un vascello scosso da un lento rullio, nel fetore della sentina, per un mare nerastro; notte di sogni monstruosi, risveglio torpido, cupa stanchezza della prima ora</em>. Lo apunta en su diario Gabriele D'Annunzio, el martes 29 de septiembre de 1908, con esa cadencia paseada que contrasta con el sentimiento que expresa.</p>
<p>Lo he comprado (<em>Solus ad solam</em>, 1939) hoy a media tarde, en un puesto al aire libre en la plaza Vecchia. Un hombre enjuto y de corta estatura, ido como cualquier librero de viejo, atend&iacute;a los tres mostradores, uno para las pel&iacute;culas, otra para los folletines y el tercero para la literatura con alg&uacute;n inter&eacute;s. Por la ma&ntilde;ana, atravesando la misma calle, me llegu&eacute; hasta la librer&iacute;a de Umberto Saba. Como es establecimiento anticuario, cualquier papel te cuesta un ojo de la cara. Lo hab&iacute;a regentado el poeta. Cuando se avecinaba su final, le leg&oacute; el negocio a su ayudante. Sus descendientes son los que llevan el negocio. Junto a la puerta figuran dos carteles, un relativo al oficio de Saba, el otro informando de que, en el segundo piso, naci&oacute; Giacomo Joyce.</p>
<p>En el interior de la librer&iacute;a, pocos pasos se pueden dar sin riesgo de tropiezo. Los techos, alt&iacute;simos, los flancos, a oscuras, carteles modernos y fotos del triestino que tapan los vol&uacute;menes. Los precios, ya lo le se&ntilde;alado, prohibitivos. La simpat&iacute;a del vendedor, nula, como acostumbra a suceder entre los del gremio.</p>
<p>En el Canal Grande, una terraza al sol. El cielo, de un azul espl&eacute;ndido pulido por el bora. Almuerzo con m&uacute;sica de &oacute;pera en el Niccol&ograve; Tommaseo. Me encontr&eacute; con Rina y volv&iacute; a ver a Pablo. De todo ello ha surgido una cena con el escritor argentino y triestino Juan Octavio Prenz.</p>
<p>Al atardecer he vuelto a los muelles. En pocos lugares he visto a tanta mujer solitaria contemplando el mar y leyendo un libro. &iquest;No la ha llamado Magris ciudad de papel?. Trieste e una donna", reza un t&iacute;tulo de Saba. Una mujer que tiene cabellos delicadamente rubios, casi escandinavos. Una mujer de facciones finas, elegante, pero sin la suficiencia de la Italia norte&ntilde;a. Los cuervos expresan su malhumor por los aires. Ya s&eacute; que el &uacute;nico lector de hoy en d&iacute;a es una mujer. En Trieste se materializa, sobre todo al lado del mar. En este mar que parece el &uacute;ltimo.</p>
<p>ES CURIOSO. La abundancia de r&oacute;tulos que van consignando que aqu&iacute; tomaba el caf&eacute; Svevo, que all&aacute; Joyce cant&oacute; en los coros de una &oacute;pera. Falta, o no la descubro, la de Giani Stuparich; hoy me hecho con su <em>Trieste nei miei ricordi</em>, publicado en 1948, cuando Triste era todav&iacute;a un ciudad aut&oacute;noma pero ocupada por los aliados, entre Italia y Yugoslavia. A menudo aparecen juntas las placas, casi siempre Svevo y Joyce. Puedo imaginarme top&aacute;ndose hasta el hartazgo en una ciudad peque&ntilde;a. No obstante, lo que refiere la biobibliograf&iacute;a de ambos autores es bien conocido: Svevo (Ettore Schmitz) conoci&oacute; a Joyce siendo su alumno de ingl&eacute;s en la escuela Berlitz. Ya puestos, faltan las referencias a las alumnas predilectas de Joyce, con las que vivi&oacute; intensos platonismos.</p>
<p>EL CASTILLO<em> </em>de Duino se nos resiste. El a&ntilde;o pasado fuimos con Adriano en enero y estaba cerrado. Esta ma&ntilde;ana, con P., pudimos ver que se abr&iacute;a el portal&oacute;n . Sali&oacute; un autom&oacute;vil cargado de cuadros y pens&eacute;: Este ser&aacute; el se&ntilde;or conde, el heredero de la viej&iacute;sima familia. Por limitarnos al XIX y XX, la antiqu&iacute;sima familia aloj&oacute; entre sus paredes a Johann Strauss y Franz Liszt, a la emperatriz Isabel de Wittelsbach (la Sissi austriaca) y al archiduque Maximiliano, a Mark Twain y Rainer Maria Rilke.</p>
<p>Habr&aacute; que venir en domingo. S&eacute; que es fetichismo, coleccionismo de idiotas, pisar el lugar en que Rilke comenz&oacute; las Eleg&iacute;as. Como entrar tambi&eacute;n cada a&ntilde;o en el &uacute;ltimo piso que tuvo Strindberg, en el 85 de Drottinggatan, Estocolmo, la llamada Torre Azul.</p>
<p>Nos internamos por el bosque del Carso, sobre los acantilados que caen a un mar leve, quieto, el cielo entero resplandor de n&aacute;car voluptuoso por el lado de Istria, pura neblina de fuego invisible por Dalmacia... Rojos y verdes, amarillos y ocres, y la abrasada piedra pulida y agujereada, con flores lilas cuyo nombre ignoro y que me recordaban el tajinaste canario.</p>
<p>Conversaciones que contin&uacute;an, desde la estancia en Gorizia, sobre la historia de estos lugares que han pasado por diferentes manos, y que han perdido; poco queda del poder&iacute;o mar&iacute;timo y comercial de Trieste, puerto principal de Austria en una &eacute;poca. Puja Eslovenia y Croacia cultiva el turismo.</p>
<p>Me contaba Juan Octavio Prenz c&oacute;mo de aqu&iacute; todav&iacute;a salieron sus mayores hacia Argentina, represaliados socialistas de la zona de Monfalcone en los a&ntilde;os 20.</p>
<p>Se habla de la actualidad pol&iacute;tica, de las gentes que ha apostado, y vota, por lo il&iacute;cito, por el enriquecimiento y la amoralidad. Hay muchos parecidos con lo que sucede en Espa&ntilde;a.</p>
<p>Verdeaba el Carso, la llanura alta. Qu&eacute; alegr&iacute;a atravesar tantos colores. Recordar las noches de Rilke en el Castillo, con un cuarteto de c&aacute;mara que le hac&iacute;a traer de Trieste la princesa Maria von Thurn und Taxis.</p>
<p>Por la tarde, en las solitarias estancias del palacio Revoltella, con suficientes buenas pinturas del <em>fin de si&egrave;cle</em> centroeuropeo. Y un Zuloaga.</p>
<p>Salimos transfigurados. La noche era amarilla a la luz de las farolas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;C&Oacute;MO ser&iacute;an las amigas del bar&oacute;n Pasquale Revoltella?</p>
<p>Entre el Carso e Istria, entre Gorizia y el Adri&aacute;tico transcurren mis d&iacute;as. Ayer entr&eacute; en una peque&ntilde;a tienda de g&eacute;nero de punto. La dependienta, su mirar.... Los ojos se nos quedaron trabados, y eso que ella estaba a un extremo atendiendo a una clienta. Una dama parec&iacute;a esperar a que me atendiera. Era como si la se&ntilde;ora fuese una t&iacute;a lejana, una que le dec&iacute;a entre dientes a su sobrina la dependienta: Ya est&aacute;. &Eacute;ste mismo...</p>
<p>Era preciso volver a la calle, desanudar los ojos, y entrar otra vez. A ver si as&iacute; a ella no se le ca&iacute;a la bufanda de las manos y a m&iacute; los billetes de la cartera con el azoro mutuo.</p>
<p>Cuando el taxi ya recorr&iacute;a la costanera que dejaba atr&aacute;s a Trieste, mirando hacia los muros de piedras los ojos de la dependienta se me fueron apagando. Y sonre&iacute;. Uno a veces est&aacute; enred&aacute;ndose con los ojos y visionando c&oacute;mo ser&iacute;a la vida en otra parte. Quiz&aacute; en Trieste podr&iacute;a dar clases de espa&ntilde;ol; ella me asegur&oacute; que lo ten&iacute;a como asignatura pendiente. Igual me sucedi&oacute; en Martinica, llorando el &uacute;ltimo d&iacute;a porque no quer&iacute;a abandonar la isla.</p>
<p>CONTEMPLO las reconfortantes ventanas encendidas, las piadosas ventanas habitadas, y he supuesto que la escritura que all&aacute; se extend&iacute;a, por el orden y el pleno sentido del mundo, compensaba de todos los rasgu&ntilde;os, de todos los desalientos, de todos los afanes vencidos.</p>
<p>Cae la noche, y eso es todo. Me duele la cabeza y no hay dolor, no hay nostalgia. No hay nada que salvar. Cae la noche con la mayor naturalidad, sin m&aacute;s importancia que la que tiene un cuerpo que avanza en su anonimato correctamente por la calle.</p>
<p>Todav&iacute;a es pronto y sin embargo cada vez es menor el espacio que tienes por delante. Todo tiene sentido, aun lo carente de sentido. Otros se encargar&aacute;n de ello. Los otros que sin cesar crecen detr&aacute;s de ti, de ti que ya vas por delante sin contar lo que tienes.</p>
<p>Habr&aacute; un fin de partida. Habr&aacute; una isla que se har&aacute; total sobre tus cenizas.</p>
<p>La Isla que abandonaste te alcanzar&aacute; como la sombra del Volc&aacute;n sobre el mar cuando amanece y toca por fin el horizonte.</p>
<p>Cuando se haga el pleno d&iacute;a, desaparecer&aacute; la sombra. Ni siquiera estar&aacute;s en ella ese d&iacute;a del final.</p>
<p>Disponibilidad de la v&iacute;spera. Exultaci&oacute;n de las horas que faltan para la partida, las ramas de los &aacute;rboles esperando; como las ra&iacute;ces y la tierra que esperan. En ninguna parte, a la estiba. En espera de fondeaderos y traves&iacute;as, mediod&iacute;as y m&aacute;s despedidas.</p>
<p>&Eacute;se es la tensi&oacute;n de la v&iacute;spera, con el primer azul de la noche, que tiembla y es ligero y se desvanece en lo impronunciado.</p>
<p>Hay nieve y niebla por la mitad del camino, en el tren que te conduce de Trieste a Venecia. Otra vez las monta&ntilde;as alejadas, el momento en que el sol pinta de rosa sus cimas tan calladas. Tan de la noche esas cumbres, extra&ntilde;amente p&aacute;lidas en su refulgencia.</p>
<p>La oscuridad, el movimiento del tren, los asientos vac&iacute;os.</p>
<p>La niebla y la nieve otra vez envuelven el aeropuerto de Marco Polo. Los turistas, con los que en todo este tiempo no te has tropezado, regresan de Venecia. Hay tanta niebla en el aeropuerto, y nieve junto a las pistas, que ni piensas en que el avi&oacute;n ser&aacute; capaz de despegar. Al final lo hace, por una pista toda ella encendida, como una rampa especial para elevar al cielo la m&aacute;quina.</p>
<p>El avi&oacute;n comenz&oacute; a virar y a ladearse, con lo que se divisaban en la reducida oscuridad de la ventanilla, como diademas ardientes, las luces de Venecia</p>
<p>Sobrevuelas la Seren&iacute;sima, por la que no has mostrado inter&eacute;s en esta ocasi&oacute;n. Cierras los ojos.</p>
<p>&iquest;La vida est&aacute; en otra parte? &iquest;O quiz&aacute; en lo que recordamos?</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 15 Apr 2014 08:43:30 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Diario]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/diario/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Abril/flavia500.jpg" alt="" /></p>
<p><strong><br /></strong></p>
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<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>S&aacute;bado 18 de enero</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Hoy se cumple un a&ntilde;o de la muerte de Javier.</p>
<p>Todo el mundo me dice que es poco tiempo a&uacute;n. Pero yo s&eacute; que no es cuesti&oacute;n de tiempo.</p>
<p>Nunca me acostumbrar&eacute; a su ausencia. Ni me resignar&eacute;. Sigo sintiendo rabia. Rabia contra el mundo entero.</p>
<p>Me he decidido a empezar el diario para ver si consigo aclararme un poco las ideas y tal vez aliviarme.</p>
<p>Yo contin&uacute;o como si nada. Voy al trabajo, respiro y como. Parpadeo, sonr&iacute;o, hablo... pero es como si me hubiera vuelto autom&aacute;tica, como si funcionara con unos resortes, pling, pling, pling, y media vuelta, vuelta entera, reverencia, posici&oacute;n horizontal, lavarse la cara, los dientes, sonre&iacute;r.</p>
<p>Pero todo me da lo mismo. Yo s&eacute; lo que quiero decir, lo que eso significa.</p>
<p>Hace falta tanto valor. Y yo no lo tengo. Ni lo quiero. Ni regalado. Para m&iacute; la muerte de Javier es haberme perdido a m&iacute; misma, y tener que ir como con los ojos en la mano para ver por d&oacute;nde voy.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Lunes 20 de enero</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Ayer no escrib&iacute;. Me pas&eacute; el d&iacute;a en la cama. Con la luz apagada. Carlota me telefone&oacute; par que fu&eacute;ramos al cine y la mand&eacute; a paseo. Luego descolgu&eacute; el tel&eacute;fono.</p>
<p>Me pas&eacute; el domingo llorando. Y no me compadezco. Fue un descanso. Lo hago casi todos los domingos, como quien ve el partido, qu&eacute; se yo. Los que lloran no tienen que dar pena. Llorar es desahogarse. Es como gritar, como pegar, como dar puntapi&eacute;s o algo as&iacute;. Como quitarse unos zapatos que nos est&aacute;n matando.</p>
<p>Esta tarde, al llegar de la oficina y abrir el buz&oacute;n, he encontrado cinco folletos de propaganda y una carta de mi hijo. Escribe desde Italia. Que ha conocido a un grupo de artistas estupendos y va a compartir con ellos un estudio. Que va a trabajar en el mercado, descargando sacos...</p>
<p>Ya es mayorcito. Y sabe lo que hace. Se parece mucho a su padre.</p>
<p>No, no es que yo no me preocupe. Es que no soy s&oacute;lo una madre. Ahora soy la viuda del padre de mi hijo. Y mi hijo es el hijo de un hombre muerto.</p>
<p>A pesar de que s&eacute; que Javier est&aacute; enterrado, all&iacute; en el cementerio, colocado en una caja de pino y tras una capa de cemento en un nicho m&iacute;nimo, no logro asociarlo con la palabra &ldquo;muerto&rdquo;.</p>
<p>Dicen que un a&ntilde;o es a&uacute;n poco tiempo.</p>
<p>Yo creo que es poco para estar vivo. Pero mucho para estar muerto. Da lo mismo llevar muerto un a&ntilde;o que ciento.</p>
<p>Estoy enamorada de Javier. Y quiero que vuelva. Para qu&eacute; andarme con rodeos.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Martes 21 de enero</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Javier y yo hac&iacute;amos muy buena pareja.</p>
<p>El ten&iacute;a un excelente sentido del humor. Y yo una f&aacute;cil tendencia a la risa.</p>
<p>Nos tom&aacute;bamos la vida con calma. Nos divert&iacute;amos mucho. En la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza... Las pasamos de todos los colores. En la alegr&iacute;a y en la tristeza... hasta que la muerte nos separ&oacute;.</p>
<p>Resulta incre&iacute;ble.</p>
<p>Al final me dec&iacute;a:</p>
<p>- Estoy podrido, cari&ntilde;o. Siempre salen unas cuantas manzanas podridas en la cesta... Te ha tocado a ti.</p>
<p>Y me acariciaba la cabeza con una suavidad impropia de &eacute;l, fruto de la debilidad, porque siempre hab&iacute;a tocado todas las coas con energ&iacute;a, tanta, que parec&iacute;a que iba a romperlas, pero no.</p>
<p>Le daba pena dejarme sola. Nuestro hijo empezaba a hacer su vida, y me conoc&iacute;a lo suficiente como para saber que no lo retendr&iacute;a a pesar de mi soledad.</p>
<p>Y no lo reten&iacute;a, porque adem&aacute;s nadie que no fuera Javier pod&iacute;a consolarme de nada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Mi&eacute;rcoles 22 de enero</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Lo cierto es que he pensado varias veces en tomar una decisi&oacute;n de esas que se podr&iacute;an llamar dr&aacute;sticas.</p>
<p>No creo en Dios, ni en otra vida, y por tanto no albergo esperanza alguna de reunirme con Javier.</p>
<p>Pero descansar&iacute;a. No veo qu&eacute; sentido puede tener mi vida as&iacute;.</p>
<p>Hoy ha venido a verme mi madre.</p>
<p>Est&aacute; desesperada. Dice que mi padre est&aacute; preocupado por m&iacute;. Lo dice con una cara desencajada, cansada, demacrada por el insomnio y el miedo. (Cree que el d&iacute;a menos pensado, yo, zas, y se acab&oacute;. Punto y aparte).</p>
<p>Pero luego est&aacute; esa cosa inconsciente, ese instinto de supervivencia o lo que sea, m&aacute;s all&aacute; de la raz&oacute;n, que me obliga a seguir aqu&iacute;, as&iacute;.</p>
<p>No es que espere que se solucione algo. Javier no puede volver, eso ya lo s&eacute;. Pero algo me dice que esperar es bueno. Y adem&aacute;s est&aacute; nuestro hijo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Jueves 23 enero</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me estoy cansando de escribir el diario. De uno que escrib&iacute;a de peque&ntilde;a tambi&eacute;n me cans&eacute; enseguida. Pero ahora es distinto. Ahora me canso de todo. Y adem&aacute;s, tampoco me ayuda. Y no tengo nada que decir.</p>
<p>Cada d&iacute;a es lo mismo.</p>
<p>Ir, volver, andar, acostarse, respirar.</p>
<p>Y recordar.</p>
<p>Se puede recordar sin querer.</p>
<p>O se puede recordar en contra del olvido.</p>
<p>Cuando se recuerda en contra del olvido, recordar es un gran trabajo. Mi memoria lucha contra esa capa borrosa que parece niebla y que va cubriendo las im&aacute;genes de mis archivos. Cada vez me cuesta m&aacute;s alcanzar con nitidez momentos pasados. Rozarlos. Y lo de las fotos no me basta. Hay infinidad de gestos de Javier que nunca consegu&iacute; captar con la c&aacute;mara. Y tantas cosas que...</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>23 de mayo</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Abandon&eacute; el diario porque no me ayudaba.</p>
<p>Pero ahora debo recuperarlo porque necesito leer lo que me ha ocurrido. Una y otra vez. Para creerlo.</p>
<p>Esta tarde, al regresar de la oficina, como siempre, he abierto el buz&oacute;n. No hab&iacute;a propaganda. Ni cartas del banco. Ni carta de mi hijo.</p>
<p>S&oacute;lo un sobre ocre -yo ya conoc&iacute;a esos sobres-, un sobre ocre escrito con tinta negra, de pluma. Y era su letras, y de eso me di cuenta antes de cerrar el buz&oacute;n de golpe.</p>
<p>No he cogido la carta.</p>
<p>No me atrevo.</p>
<p>Es de Javier.</p>
<p>Voy a volverme loca. Me va a dar algo. Tengo que pensar deprisa.</p>
<p>Y, sobre todo, dejar de llorar como si fuera idiota.</p>
<p>Tengo que pensar en algo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>***</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>He vuelto a bajar al buz&oacute;n. Hace un momento. Para mirar la carta. Y he cogido la carta. Con mis propias manos. Y lo he comprobado. Es de Javier. No hay duda. La he vuelto a dejar all&iacute;. No puedo subirla a casa.</p>
<p>Si dejo que la locura entre en casa, me descubrir&aacute;n. Dir&aacute;n que me la he enviado yo misma, que delirio...</p>
<p>Tengo las manos h&uacute;medas. Los ojos irritados. Creo que hasta me ha subido un poco la fiebre.</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; significa esto?</p>
<p>Voy a tomarme algunos calmantes. Necesito dormir. Ma&ntilde;ana, tal vez, todo hay sido un sue&ntilde;o.</p>
<p>&iquest;Y si alguien me roba la carta?</p>
<p>Debo abandonar ideas como &eacute;sa. Se me ocurren tantas...</p>
<p>Por suerte mi hijo sigue afuera. No s&eacute; siquiera cuando volver&aacute;.</p>
<p>Tal vez s&iacute; existe el otro mundo. Y a Javier le han dado otra oportunidad.</p>
<p>Eso es absurdo. Debe de tratarse de alg&uacute;n error. Debe tratarse de alg&uacute;n error: tiene que serlo.</p>
<p>Antes de tomarme las pastillas llamo a Carlota. Que ma&ntilde;ana no ir&eacute; a la oficina. Que me encuentro muy mal. No, que no necesito nada, que ya le llamar&eacute; al d&iacute;a siguiente para decirle c&oacute;mo sigo. Bueno, si quiere que me llame ella.</p>
<p>Mis padres no vendr&aacute;n hasta el s&aacute;bado. Tengo tres d&iacute;as enteros. Cuatro noches. Algo se me ocurrir&aacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>24 de mayo</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Me he tra&iacute;do el diario a la cama.</p>
<p>No me atrevo a levantarme. Si me levanto, tendr&eacute; que bajar por la carta. Mientras siga en la cama, puedo enga&ntilde;arme.</p>
<p>Enga&ntilde;arme. Como si eso fuera posible, sabiendo todo lo que s&eacute;. Se sobre m&iacute; misma demasiado. M&aacute;s incluso de lo que sab&iacute;a Javier. Y no porque yo no me dejara conocer, sino porque no fui capaz de explicarme mejor de lo que lo hice.</p>
<p>A veces pasamos a&ntilde;os junto a alguien. Un mont&oacute;n de tiempo, y de pronto ese alguien nos pregunta si nos gusta el chocolate, o qu&eacute; clase de flor preferimos.</p>
<p>Absurdo.</p>
<p>Javier era muy detallista. Aunque he de reconocer que al final, supongo que por culpa de la enfermedad, equivocaba mis gustos, y yo disimulaba por no herirlo.</p>
<p>Incluso nuestro hijo se dio cuenta alguna vez. Sorprendido, comentaba:</p>
<p>- Pero, pap&aacute;, &iexcl;si a mam&aacute; jam&aacute;s le ha gustado el marisco!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>25 de mayo</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Los d&iacute;as no pasan as&iacute; como as&iacute;. A veces cuesta trabajo.</p>
<p>Porque, por ejemplo, yo hoy no hago m&aacute;s que cerrar los ojos. Y quedarme en la cama. Esperando, como si de repente fuera a ser ma&ntilde;ana.</p>
<p>Lo que ocurre es que tampoco ma&ntilde;ana es una soluci&oacute;n. Porque el buz&oacute;n y la carta seguir&aacute;n acech&aacute;ndome.</p>
<p>Y no puedo permanecer para siempre aqu&iacute;, encerrada. Entre otras cosas porque vendr&aacute;n a buscarme, y me llevar&aacute;n lejos de la carta y lejos del buz&oacute;n.</p>
<p>Voy a bajar.</p>
<p>Luego.</p>
<p>Y coger&eacute; la carta. Me atrever&eacute;. Y si Javier en realidad no hubiera muerto, aqu&iacute; lo esperar&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>26 de mayo</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aun sin vida ya, Javier era la &uacute;nica raz&oacute;n de mi existencia.</p>
<p>He estado viva por &eacute;l, antes porque &eacute;l estaba, y luego porque no estaba. Nunca por nada distinto a su ser.</p>
<p>Y, sin embargo, &eacute;l hab&iacute;a decidido abandonarme.</p>
<p>Probablemente la carta hab&iacute;a equivocado su trayecto. Y hab&iacute;a dado vueltas y m&aacute;s vueltas, manoseada por carteros y destinatarios que la devolv&iacute;an, tanto tiempo como Javier llevaba ausente. Y m&aacute;s a&uacute;n.</p>
<p>Y llegaba a m&iacute; cuanto el ya no viv&iacute;a para desmentirlo.</p>
<p>De pronto, all&iacute; se ve&iacute;a a ese otro Javier que confund&iacute;a mis gustos porque estaba m&aacute;s pendiente y seguro de los de otra mujer. Un hombre diferente al que yo hab&iacute;a perdido.</p>
<p>All&iacute; estaba la triste explicaci&oacute;n a tantas demoras, a tantos m&eacute;dicos veros&iacute;miles hasta la muerte.</p>
<p>&iquest;C&oacute;mo pod&iacute;a seguir llorando? &iquest;Por qu&eacute; deb&iacute;a llorar ahora?</p>
<p>Javier hab&iacute;a escrito una carta en la que anunciaba que me dejaba, que se iba con otra a un lugar lejano que ni siquiera mencionaba. Y la carta me llega ahora, m&aacute;s de un a&ntilde;o despu&eacute;s que &eacute;l la escribiera. Y me comunica una decisi&oacute;n que yo ni siquiera sospechaba y que &eacute;l, evidentemente, hab&iacute;a tomado antes de saber que se mor&iacute;a.</p>
<p>A saber cu&aacute;nto tiempo hac&iacute;a que conoc&iacute;a a &eacute;sa.</p>
<p>Mi imaginaci&oacute;n se dirige al d&iacute;a del entierro, pero mi memoria no consigue descubrir a ninguna mujer extra&ntilde;a que llamara mi atenci&oacute;n.</p>
<p>Tal vez no se atrevi&oacute; a ir.</p>
<p>Tal vez vaya a llevarle flores de vez en cuando. Siento que no tiene derecho.</p>
<p>Pero pienso que tal vez lo tiene todo.</p>
<p>Y de pronto un alivio desconocido va gan&aacute;ndome. Si ella tiene el derecho, soy yo quien ya lo perdi&oacute;. Y si no hay derecho no hay deber.</p>
<p>Mis palabras me dan miedo.</p>
<p>Llevo un a&ntilde;o llorando por un hombre que, al marcharse, ya no me amaba. Porque aunque no se fue como &eacute;l quer&iacute;a, se fue. No con otra, sino solo, completamente solo, como todos a la hora de morir. De la mano del terror a desaparecer y a que el mundo siga andando sin nosotros y a ese vac&iacute;a que mi padre siempre llama &ldquo;el tobog&aacute;n&rdquo;.</p>
<p>As&iacute; es que no s&eacute; demasiado bien qui&eacute;n se me ha muerto. &iquest;A qui&eacute;n se la ha muerto Javier?</p>
<p>De estar vivo, estar&iacute;a con la otra. Y yo sola, como hoy, como todos los d&iacute;as desde hace un a&ntilde;o.</p>
<p>&iquest;Y eso ser&iacute;a justo?</p>
<p>Cada muerto tiene su pla&ntilde;idera. Y de pronto me doy cuenta de que la de Javier no soy yo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>29 de mayo</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>He decidido telefonear a Carlota para decirle si podemos vernos cuando salga de la oficina. (Hoy tampoco he ido. Ma&ntilde;ana ya me reincorporar&eacute; al trabajo).</p>
<p>Se ha sorprendido.</p>
<p>A la pregunta de ad&oacute;nde quer&iacute;a ir, le he contestado que a divertirnos un poco. Y entonces me dice que si es que ha pasado algo. Y yo le respondo que s&iacute;, que, aunque no lo entienda, Javier no pudo morir porque no exist&iacute;a, y que ya le explicar&eacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 14 Apr 2014 06:54:21 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mitologías]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/mitologias/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Abril/JOSEP_M._RODR_GUEZ.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El d&iacute;a es como un cuadro de Tom Wesselmann,</p>
<p>revientan los colores</p>
<p>y por supuesto hay una mujer,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>aunque no est&aacute; desnuda,</p>
<p>el mar le cubre la mitad del cuerpo:</p>
<p>adorable centauro,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>te abandono,</p>
<p>me tumbo nuevamente en la toalla</p>
<p>y un sol</p>
<p>adolescente</p>
<p>hace crecer</p>
<p>la levadura de los sentimientos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la brisa</p>
<p>susurran</p>
<p>sirenas de la Atl&aacute;ntida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y aprendo a decir no:</p>
<p>el deseo es un cofre</p>
<p>con dos llaves.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 14 Apr 2014 06:14:05 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La visita (un recuerdo terrorífico)]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-visita-un-recuerdo-terrorifico/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Abril/bertamarse.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mediod&iacute;a. Pleno agosto. Est&aacute;bamos jugando en la calle del pueblo cuando un ni&ntilde;o baj&oacute; la cuesta en bicicleta con una noticia perturbadora: la ni&ntilde;a de los Rius hab&iacute;a muerto electrocutada. Sugiri&oacute; que fu&eacute;semos todos a verla. No s&eacute; si por no dejarme sola o por no perd&eacute;rselo, mi hermano me arrastr&oacute; con el grupo rambla arriba. La casa de los Rius era la &uacute;ltima, y estaba abierta. Ning&uacute;n adulto nos prohibi&oacute; la entrada. Al contrario, nos ofrecieron limonada y rosquillas y nos acompa&ntilde;aron hasta el centro del sal&oacute;n, donde estaba la ni&ntilde;a muerta en su ata&uacute;d blanco, con su vestidito blanco, sus patucos blancos, su gorrito blanco de perl&eacute;, atado con un lazo bajo la barbilla. S&oacute;lo sus regordetes dedos ennegrecidos, chamuscados&hellip; Este deber&iacute;a ser mi primer recuerdo terror&iacute;fico, pero no lo es. &iquest;Por qu&eacute;? &iquest;Por qu&eacute; un suceso tan terrible no dej&oacute; en mi memoria un recuerdo terrible? Porque s&oacute;lo ten&iacute;a cinco a&ntilde;os. Porque s&oacute;lo ve&iacute;a un beb&eacute; rollizo con nariz de bot&oacute;n y hoyuelos por todas partes, como la mayor&iacute;a de mis mu&ntilde;ecas. Porque s&oacute;lo pensaba en sacarla de aquella caja y ponerla en vertical para que abriera los ojos, en rega&ntilde;arla por mancharse los dedos para poder consolarla inmediatamente; aunque algo en la tr&aacute;gica atm&oacute;sfera me dec&iacute;a estate quieta, y calladita, no es el momento adecuado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En cuestiones relacionadas con los misterios de la vida y de la muerte, la edad marca la diferencia. Y la misma inocencia que acepta con naturalidad lo m&aacute;s terrible, m&aacute;s adelante rechaza lo m&aacute;s natural con aut&eacute;ntico pavor; como sucedi&oacute; unos a&ntilde;os despu&eacute;s de que el instinto, y quiz&aacute; tambi&eacute;n la timidez, impidieran que le pusiera las manos encima a la ni&ntilde;a electrocutada de los Rius, afortunadamente. En el mismo pueblo, a la misma hora del d&iacute;a y durante la misma estaci&oacute;n del a&ntilde;o. Mi primer recuerdo &ndash;ahora s&iacute;- realmente terror&iacute;fico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mediod&iacute;a. Pleno agosto. Estoy en la calle esperando a dos amigas para jugar a las casitas. Son gitanas. Y son hermanas, la mayor se llama Dolores y la menor Antonia. Dolores es muy flaca, tiene una trenza larga y negra y pelusilla en la comisura de los labios. Dice que ser&aacute; monja o azafata, pero a m&iacute; me cuesta imaginarla de cualquiera de las dos maneras. No soy capaz de imaginarme monjas ni azafatas con bigote y tan mal car&aacute;cter. Tengo once a&ntilde;os; a&uacute;n creo que las monjitas son todas unas santas piadosas y todas las azafatas rubias y alegres. Dolores es muy creyente y muy seria, y no suele decir palabrotas pero, a veces, de repente, aprieta los labios y se le pone cara de malvada. Y entonces se santigua con la izquierda porque, adem&aacute;s de t&iacute;mida y mal pensada, Dolores es zurda. Antonia es vivaracha, de risa f&aacute;cil, dice a todo que vale y no se enfada aunque vaya siempre en tercer lugar, como dice ella, o sea perdiendo. Ser&aacute; profesora, o se casar&aacute; con un gitano y tendr&aacute; hijos. Nunca dice las dos cosas a la vez. Otras veces dice que no sabe lo que quiere. A m&iacute; me parece que lo que Antonia quiere, b&aacute;sicamente, es pasarlo bien. Tambi&eacute;n tiene una trenza larga y negra, pero su bigote de pelusa no destaca tanto porque su piel es m&aacute;s aceitunada, y sus mejillas est&aacute;n m&aacute;s llenas. Parece m&aacute;s sana y fornida que su hermana mayor. Nadie dir&iacute;a que se llevan casi dos a&ntilde;os.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Estoy en la puerta de casa, esperando verlas bajar corriendo por la cuesta, tan parecidas y tan diferentes como las dos caras de una misma moneda -la cruz bru&ntilde;ida y sombr&iacute;a de Dolores, la cara amable y sonriente de Antonia. Me cuesta pensar en jugar con ellas por separado. Las horas se nos har&iacute;an lentas y aburridas. Pero siempre vienen juntas y a todo correr, sujet&aacute;ndose las faldas con la mano. Y el tiempo se nos va volando.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Antonia y Dolores tienen su propia manera de empezar el juego de las casitas. Hacen tareas que a m&iacute; no se me ocurrir&iacute;an, como llenar un cubo y salpicar agua con la mano en la puerta de casa, o escupir sobre las cosas -ya sea un cacharro, un espejo o la cara de una mu&ntilde;eca-, y luego frotarlas en&eacute;rgicamente. Para asombro m&iacute;o, ambas parecen disfrutar quej&aacute;ndose, suspirando, poniendo los ojos en blanco, abusando de expresiones raras pero divertidas, como <em>&iexcl;Qu&eacute;</em> <em>fatiga tengo! </em>o <em>&iexcl;Que me da un parraque!, </em>y de palabras tremendas como <em>sacrificio</em>, <em>amargura</em>, <em>condena</em>. Seguramente Antonia y Dolores reproducen en nuestra casita lo que llevan haciendo toda la ma&ntilde;ana en su propia casa, de la que se ocupan, igual de hacendosas, mientras los padres y el hermano mayor est&aacute;n en el mercadillo. Despu&eacute;s del zafarrancho de rigor, empieza la parte m&aacute;s creativa del juego. Cuando Dolores hace de padre despliega todas sus dotes de mando, normalmente ocultas en su discreta reserva; avisos de que, si lo de estudiar para azafata se le complica demasiado, ser&aacute; una gran monja. Antonia borda el papel de madre y el de profesora, aunque ella no se vea ejerciendo de ambas en el futuro, no s&eacute; por qu&eacute;. En cuanto a m&iacute;, soy el comod&iacute;n que hace las veces de hija mayor, de alumna o de vecina. Y as&iacute; jugamos hasta la hora de comer. Entonces ellas dejan las cosas como las han encontrado, se despiden educadamente de mis padres y se recogen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como Antonia y Dolores no llegan decido acercarme al mercadillo para ver si est&aacute;n ayudando a sus padres. Me llevo a la Nancy despeluchada en el cochecito, por si encontramos un rato para jugar.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero tampoco est&aacute;n all&iacute;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Est&aacute;n en la casa y no pueden salir- me dice la madre.- Tienen la visita.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ah- digo yo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Y t&uacute; deber&iacute;as irte tambi&eacute;n. Se est&aacute; nublando y va a llover de un momento a otro.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me se&ntilde;ala los nubarrones grises que vienen del cementerio. Parecen pintados a l&aacute;piz, recortados y enganchados sobre los cipreses. No los vi cuando eleg&iacute; las sandalias de esparto y el cochecito sin toldo. Pero no importa, son preciosos. Me quedo un rato mirando y escuchando a la familia de mis amigas gitanas. Su tenderete exhibe toda clase de ropa interior y para la casa. Batas, mandiles, pijamas, medias, sostenes, toallas, s&aacute;banas, manteles. El padre maneja un palo muy largo en cuyo extremo hay unas bragas extendidas que agita al sorprendente grito de: <em>&iexcl;Las robamos de noche, las vendemos de d&iacute;a, m&aacute;s baratas que en la mercer&iacute;a!</em> Es lo &uacute;nico que hace, llamar la atenci&oacute;n, con la voz &aacute;spera y una colilla entre los labios. El hermano no hace nada, por lo menos aparentemente. Aunque tiene casi veinte a&ntilde;os dicen que a&uacute;n habla como un ni&ntilde;o peque&ntilde;o y a menudo tiene ataques epil&eacute;pticos. Pero como es guapo y pac&iacute;fico lo sientan ah&iacute;, y cuando las se&ntilde;oras se detienen a mirarlo, conmovidas por su belleza tr&aacute;gica, el padre agita las bragas en sus caras y la madre les vende la mercanc&iacute;a, pirope&aacute;ndolas y llamando a cada una por su nombre. Es tan bonita la madre como el hijo. Las mismas cejas salvajes junt&aacute;ndose en lo alto de la nariz, los mismos ojos negros y profundos. Siempre que la veo me viene a la mente la impresi&oacute;n que me caus&oacute; la primera vez que la vi, sentada en la orilla del r&iacute;o, con la bata puesta y manguitos de ni&ntilde;a ci&ntilde;endo sus brazos morenos. Hasta las hijas se re&iacute;an de ella con cari&ntilde;o. &iexcl;Mira la gitana gorda y rid&iacute;cula sentada con manguitos en un palmo de agua! Gorda s&iacute;, y gitana tambi&eacute;n. Pero de rid&iacute;cula nada. Estaba magn&iacute;fica.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De vuelta a casa, empujando el cochecito, paso frente a la de mis amigas y las veo a las dos en su balc&oacute;n, ambas muy mustias, con la mirada gacha y un turbante en la cabeza. Hay algo desolador en la composici&oacute;n de la imagen, pero no s&eacute; qu&eacute; es. Tampoco s&eacute; interpretar los gestos que hacen cuando me ven. Parecen enfadadas la una con la otra, y las dos con el mundo. Subo, m&aacute;s que nada por curiosidad. Ahora s&eacute; qu&eacute; hab&iacute;a de extra&ntilde;o en el balc&oacute;n, normalmente lleno de flores mimadas y felices. Las plantas est&aacute;n en el rellano, todas, las de exterior y las de interior. Mientras esquivo las macetas con el cochecito me reciben las dos en la puerta, paliduchas, descalzas y en camis&oacute;n. Parecen dos princesas indias cautivas.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No podemos salir- dice Dolores.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ya lo s&eacute;- digo. Dolores me mira fijamente a los ojos, esperando que diga algo m&aacute;s. Antonia se mira los dedos de los pies y no dice nada. - Ten&eacute;is visita. Me lo ha dicho vuestra madre.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Y no podemos salir- insiste Dolores.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ya-. Me fastidia que me repitan las cosas, aunque no las entienda del todo&ndash;. Si quer&eacute;is, os subo unos helados.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Tampoco podemos comer helados.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ah, ya.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuanto menos lo entiendo, m&aacute;s me fastidia. Antonia y Dolores no pueden salir porque tienen visita, raro pero vale, creo que puedo entenderlo. Pero &iquest;por qu&eacute; no pueden comer helados? Como la curiosidad puede m&aacute;s que la reticencia a que me tomen por tonta, les hago finalmente la pregunta. Dolores mira a Antonia con una sonrisa enigm&aacute;tica. Antonia me mira a m&iacute; y niega con la cabeza, desaprob&aacute;ndome.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Cagona- dice Dolores. Y a m&iacute; se me escapa la risa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al final, las dos se hacen a un lado para darnos paso al cochecito y a m&iacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La casa est&aacute; fresca y todo brilla en la penumbra, los muebles, el suelo, los objetos, hasta la fruta que hay en una bandeja sobre la mesa, junto a los cuadernos escolares cerrados. Las persianas enrollables de madera est&aacute;n echadas. Hay un ventilador de pie que gira ruidosamente y en el aire un aroma desconocido para m&iacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;A qu&eacute; huele?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - A lej&iacute;a- responden las dos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ah, ya.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ah, ya. Reconozco el olor porque mi madre tambi&eacute;n es fan de la lej&iacute;a. A falta de otras se&ntilde;ales, asocio el olor misterioso a la misteriosa visita. Como ya tengo un poco de miedo, empiezo a contar tonter&iacute;as. Que mi perro se ha comido una planta rara y est&aacute; como borracho, con los ojos rojos y medio atontado. Que le he lavado el pelo a la Nancy con vinagre y huevo, como ellas me dijeron, y se lo he estropeado del todo. Se lo cuento de pie, todav&iacute;a agarrada al cochecito. Pero las hermanas siguen tristes, avergonzadas, mudas. Cuando propongo el parch&iacute;s para no molestar a la visita, Dolores se encoje de hombros y Antonia dice que vale, pero sin la chispa de costumbre. Est&aacute; desconocida, y a Dolores se le nota en la cara que sabe por qu&eacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Antes de empezar la partida nos comemos un paquete de rosquillas entre las tres. En apenas cuatro minutos y en silencio absoluto. Dolores y yo nos adelantamos enseguida en el tablero, pis&aacute;ndonos los talones la una a la otra, mientras Antonia se desespera porque no le sale el 5 necesario para sacar ficha. Y justo cuando Dolores tiene una a salvo en la casilla de salida de su ansiosa hermana, &iexcl;va y a Antonia le salen dos 5 de golpe! Pero, pobre, es tan grande su ansia que prefiere arrancarse a por m&iacute; que zamparse a su hermana y contar 20.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Intento dec&iacute;rselo con la mirada, pero no lo capta.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Esto no te lo esperabas, &iquest;eh?... &iexcl;Corre, paya, corre!</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por lo menos le ha vuelto el color a la cara. Y cuando Dolores se cachondea de su error, y de lo mala profesora que ser&aacute;, Antonia no se desanima y sigue adelante. As&iacute; pasamos el rato. Yo sigo esperando que la visita despierte y salga en cualquier momento, pero el miedo se ha disipado. Dolores parece impaciente, inc&oacute;moda, se rasca la cabeza cada dos por tres y se queja constantemente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - C&oacute;mo pica&hellip;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las tres o&iacute;mos las campanas de la iglesia. Yo cuento doce.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Las once- dice Antonia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Menuda profesora&hellip;- se burla su hermana, rasc&aacute;ndose dentro del turbante con un l&aacute;piz.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y, de repente, se levanta muy decidida.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;A d&oacute;nde vas?- se alarma Antonia</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Esto no hay quien lo aguante .Voy a hacerlo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iexcl;Est&aacute;s loca! &iexcl;No lo hagas! &iexcl;No puedes, con la visita no!</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dolores estira la mano hacia el frutero y le lanza un albaricoque a la cabeza.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iexcl;Cagona!</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y, con una mirada desafiante, nos da la espalda y camina hacia el ba&ntilde;o muy segura de s&iacute; misma. Una vez all&iacute;, se encierra dando un portazo. Entonces Antonia se pone en pie, derriba su silla, cruza el sal&oacute;n melodram&aacute;ticamente y se lanza boca abajo en el sof&aacute;, cubierto con una s&aacute;bana blanca. Al verla correr desmadejada me doy cuenta del desarrollo desmedido de sus pechos. No me hab&iacute;a fijado antes, siempre van vestidas de forma tan recatada.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ay, ay&hellip;- se lamenta Antonia, pataleando y retorci&eacute;ndose como si se estuviera muriendo de dolor de tripa. Cuando oye el estruendo del calentador en funcionamiento, arrecia en los quej&iacute;dos. - &iexcl;Ay, ay, que mi hermana est&aacute; loca! &iexcl;Que es una cabezona y se va a morir por cabezona!</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Yo no entiendo nada. &iquest;Qu&eacute; va a hacer Dolores, la cabezona? &iquest;Por qu&eacute; se va a morir? Ojal&aacute; que ahora mismo aparezca la visita y ponga fin a este dram&oacute;n. Portazos, golpes, carreras, llantos. &iquest;Acaso no es suficiente para despertarla? Pues parece que no, porque all&iacute; sigue sin haber nadie m&aacute;s que dos hermanas gitanas -la mayor encerrada en el ba&ntilde;o, en peligro de muerte, la menor lloriqueando de los nervios en el sof&aacute;, con sus grandes pechos-, y yo, a&uacute;n sentada a la mesa y sin mover una pesta&ntilde;a, paralizada por el miedo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Pero qu&eacute; est&aacute; pasando aqu&iacute;? &ndash; pregunto al fin, sin estar nada convencida de querer saberlo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Antonia se quita el coj&iacute;n de la cara y me grita aterrorizada, fuera de s&iacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iexcl;&iexcl;Que se va a lavar el pelo!!</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Yo cada vez entiendo menos, y cada vez tengo m&aacute;s miedo. Como no s&eacute; qu&eacute; hacer, no hago nada. El mismo instinto, o la misma timidez, que me impidi&oacute; sacar del f&eacute;retro a la ni&ntilde;a electrocutada de los Rius, y jugar con ella para consternaci&oacute;n general, me dice que me est&eacute; quieta y no diga nada. Miro con compasi&oacute;n a Antonia, que llora a moco tendido. Hasta que Dolores abre la puerta con una expresi&oacute;n grave y serena.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ya basta de alboroto- dice. Se ha quitado el turbante y lleva su trenza de siempre, con raya al medio-. Entrad las dos, por si me da un parraque.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Antonia obedece. Se levanta y pasa por mi lado como Juana de Arco camino de la hoguera. Temblorosa, l&iacute;vida, con el turbante torcido. Yo la sigo, fascinada por su dramatismo. En un arrebato inconsciente de protecci&oacute;n maternal, he cogido a la Nancy y no tengo intenci&oacute;n de soltarla pase lo que pase. En el ba&ntilde;o, Dolores espera tranquila a que el d&eacute;bil chorro llene un barre&ntilde;o de agua caliente. Parece resignada a su destino, casi m&iacute;stica.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Te castigar&aacute;n&hellip;.- balbucea Antonia, muy congestionada.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No, si nadie se entera-. Dolores la mira a los ojos. Luego a m&iacute;-.Y nadie se entera, si nadie se chiva.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Olvida un posible chivatazo por parte de la extra&ntilde;a visita. Cuando se lo recuerdo, todo su misticismo se transforma en una carajada siniestra. Empiezo a creer que se ha vuelto loca de verdad. Antonia se tapa los o&iacute;dos y se deja resbalar por la pared hasta quedar sentada en el suelo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Qu&eacute; he dicho?- me pregunto.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ver&aacute;s, es que&hellip;- Dolores se santigua con la izquierda y baja el tono de voz-&hellip;es mejor no hablar mucho de la visita, &iquest;sabes? Es un tab&uacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ah, ya.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No puedo evitarlo. Y tampoco me atrevo a pedir que me lo expliquen todo. Hasta donde s&eacute;, un tab&uacute; es algo de lo que no se habla, materia de esc&aacute;ndalo. Pero la curiosidad es a veces m&aacute;s fuerte que el miedo y que la verg&uuml;enza. Me siento en la taza del v&aacute;ter, por si el parraque y la visita tab&uacute; resultan demasiada revelaci&oacute;n para m&iacute;, y, con la Nancy encajada bajo la axila, admito mi ignorancia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Vale, no lo entiendo. &iquest;Qui&eacute;n es? Decidme qui&eacute;n es.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Pareces tonta- dice Dolores, deshaci&eacute;ndose la larga trenza con los dedos -. La visita es como una especie de enfermedad, y mientras dura es mejor no salir ni hablar con nadie.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Por eso te has puesto as&iacute;?- le pregunto a Antonia, que se suena con papel de v&aacute;ter ruidosamente, con la cara roja y contra&iacute;da. - &iquest;Tanto duele?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iexcl;Se ha puesto as&iacute; porque es una cagona!- se adelanta Dolores.- Doler no duele mucho, pero no te puedes lavar y pica que no veas&hellip; &ndash; Se me acerca. El olor desconocido est&aacute; impregnado en su pelo-. Tambi&eacute;n puede marchitar las flores, agriar el vino y la leche, nublar los cielos y empa&ntilde;ar los espejos.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Anda ya&hellip;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Simulo incredulidad, pero en realidad estoy muy, muy impresionada. Una vez abierta la caja de los truenos, Antonia se anima:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Tambi&eacute;n puede matar las abejas y hacer abortar a los animales- asegura con rotundidad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Si, hombre&hellip;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Y si te ba&ntilde;as en la playa con la visita te siguen los tiburones, nuestra abuela siempre lo dice.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iexcl;Eso no me lo creo!- salto yo, aferrada a la primera y &uacute;nica evidencia real; no hay tiburones en el Mediterr&aacute;neo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iexcl;Que nos quedemos ciegas si no decimos la verdad!</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No exageres tanto, Antonia &ndash; la reprime su hermana.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero la maldici&oacute;n escupida de Antonia me ha dejado estupefacta, y por la boca abierta se me cuela el miedo hasta el fondo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Lo que dice abuela- matiza Dolores- es que si te quedas embarazada cuando tienes la visita te salen beb&eacute;s pelirrojos, viciosos y hasta leprosos&hellip;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iexcl;Madre m&iacute;a!</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aprieto la Nancy contra mi pecho. Me falta el aire. Atroces desgracias me pasan por la mente -plantas muertas, tiburones hambrientos, abortos deformes, beb&eacute;s contagiados de epilepsia, de parraques, de lepra&hellip;&iexcl;Contagiados todos!</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Quisiera salir corriendo, pero las piernas no me responden.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No es contagiosa- dice Dolores, ley&eacute;ndome el pensamiento.- As&iacute; que puedes quedarte tranquila. Pero no mucho &iquest;eh? No creas que te vas a librar. Muy pronto tendr&aacute;s la visita t&uacute; tambi&eacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y, dicho esto, mete la cabeza en el barre&ntilde;o para espanto de Antonia y m&iacute;o, que nos abrazamos con los ojos cerrados, ambas muy sugestionadas por lo que pueda pasar a partir de ahora. A los suspiros de alivio de Dolores pronto se suman los truenos de la tormenta que se avecina. Al abrir los ojos nos damos cuenta de que ya la tenemos encima nuestro, oscureci&eacute;ndolo todo. Dolores, que tambi&eacute;n ha o&iacute;do crujir el cielo sobre nuestras cabezas, se incorpora chorreando agua. Y en cuanto ve que el espejo se ha empa&ntilde;ado cae redonda y se parte la ceja con el lavamanos. Brota la sangre maldita de Dolores, y un torrente de histerismo se precipita vertiginosamente, tanto que apenas retengo algunos destellos del caos. Aparecen por todas partes vecinos, familiares, adultos irritados que quieren tomar el mando y se dan &oacute;rdenes los unos a los otros. Del ba&ntilde;o al sof&aacute; y del sof&aacute; a la cama, la pobre Dolores es trasladada en alto mientras recobra y pierde el conocimiento alternativamente. En alg&uacute;n momento aparecen los padres, con sus carritos envueltos en pl&aacute;stico, y el hermano mayor sufre una crisis aguda. Antonia y yo gritamos y lloramos y estorbamos alrededor de las comitivas que vienen y van, vociferantes, pero nadie nos hace ning&uacute;n caso. El espect&aacute;culo aterrador termina para m&iacute; cuando alguien se apiada, me pone una bolsa de pl&aacute;stico en la cabeza y me env&iacute;a a casa bajo una lluvia torrencial. Corro por las calles tanto como puedo, con las pesadas sandalias de esparto y sin soltar a la Nancy. Pero, por mucho que corra, s&eacute; que no voy a librarme. Muy pronto recibir&eacute; la visita.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 10 Apr 2014 06:46:57 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La narrativa de Antonio Castellote. El oficio del funambulista]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-narrativa-de-antonio-castellote-el-oficio-del-funambulista/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/ANTONIO_CASTELLOTE.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>El autor y los folletines</strong></p>
<p>Antonio Castellote public&oacute; en <em>Diario de Teruel</em> cinco folletines durante los correspondientes veranos, recuperando as&iacute; una forma narrativa que hab&iacute;a gozado del aprecio de los lectores al tiempo que un cierto desd&eacute;n de la cr&iacute;tica, recelosa hacia aquellas manifestaciones literarias que han tenido &eacute;xito o popularidad. De hecho, cuando se habla del follet&iacute;n, su sola menci&oacute;n asocia el t&eacute;rmino con cultura popular, baja calidad literaria, tramas truculentas y situaciones rocambolescas, personajes maniqueos, enredos inveros&iacute;miles y recurrentes sorpresas y apariciones o desapariciones de personajes a lo largo de la trama, entre otros rasgos intr&iacute;nsecos al g&eacute;nero. Pese a los estudios y desvelos de una parte de la cr&iacute;tica por sacar a la luz cuanto de positivo y trascendental tuvo el g&eacute;nero del follet&iacute;n en el devenir de la historia de la literatura, todav&iacute;a pesan m&aacute;s los rasgos negativos anteriormente esbozados que su posible relevancia en la evoluci&oacute;n de la literatura.</p>
<p>Con la aparici&oacute;n de las cinco novelas en el diario en forma de follet&iacute;n, Antonio Castellote retomaba as&iacute; a una forma narrativa que permit&iacute;a ofrecer a los lectores del peri&oacute;dico una obra para ser le&iacute;da no solo durante el periodo estival para el que parec&iacute;a ser publicada, a la vez que confirmaba su buen quehacer como novelista, ya que como articulista y cr&iacute;tico literario y cultural era ya conocido y apreciado por los lectores del <em>Diario de Teruel</em>. Antonio Castellote (Teruel, 1965) es licenciado en Filolog&iacute;a Cl&aacute;sica por la Universidad de Salamanca y en la actualidad es profesor de Lengua castellana y Literatura en un instituto de Madrid. Trabaj&oacute; en Radio Nacional como locutor-presentador y tuvo un programa junto al ilustrador Juan Carlos Navarro, quien ha puesto im&aacute;genes a las novelas y relatos de Antonio. Su colaboraci&oacute;n con <em>Diario de Teruel</em> comenz&oacute; en 1990, con las columnas de <em>Vuelo sin motor</em> y continu&oacute; m&aacute;s adelante con <em>Miniaturas del 98</em>, <em>Las bugonias</em> y <em>Bernardinas</em>. Es tambi&eacute;n autor de diversos guiones de documentales, como <em>T&eacute;mpora y Violeta</em> (1995) de Jos&eacute; Miguel Iranzo. En abril de 2005 inaugur&oacute; su blog <em>Bernardinas</em>, con t&iacute;tulo hom&oacute;nimo al de las columnas del peri&oacute;dico. Esta bit&aacute;cora es un referente cultural y literario de primer orden, que tambi&eacute;n permite leer la obra del autor, junto con reflexiones y art&iacute;culos de cr&iacute;tica literaria. Al mismo tiempo, posibilita m&aacute;s opciones sobre la lectura de los folletines y su proceso de escritura, ya que facilita conocer la g&eacute;nesis y evoluci&oacute;n de cada obra. Y en ella se <em>aloja</em> gran parte de la producci&oacute;n novel&iacute;stica de Antonio Castellote, desde <em>Modelo sin dolor</em> (2000), los cinco folletines publicados en <em>Diario de Teruel</em> (<em>Fabricaci&oacute;n brit&aacute;nica</em>, 2005; <em>Los ojos del r&iacute;o</em>, 2006; <em>Una flor de hierro</em>, 2007; <em>Oto&ntilde;o ruso</em>, 2008; <em>La enfermedad sospechosa</em>, 2009), hasta diversos relatos y fragmentos de cr&iacute;tica literaria y de creaci&oacute;n o traducciones, como la reciente <em>Ge&oacute;rgicas</em> (2013).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para el estudio de los folletines, tambi&eacute;n hay que tener en cuenta la importancia de Juan Carlos Navarro, su habitual ilustrador. Esta relevancia no solo viene dada por su labor como dibujante, sino tambi&eacute;n por la ingente tarea de documentaci&oacute;n hist&oacute;rica y ambientaci&oacute;n para las novelas. En ocasiones, alguna fotograf&iacute;a antigua de la historia de Teruel ha servido para la posterior caracterizaci&oacute;n de alg&uacute;n personaje o pasaje de las novelas, como la Sang&uuml;esita (Sagrario) de <em>Una flor de hierro</em>; e incluso alguna descripci&oacute;n de personaje fue modificada en la escritura tras ver la ilustraci&oacute;n dise&ntilde;ada para el cap&iacute;tulo (por ejemplo, en el caso del personaje de Manuela en <em>Fabricaci&oacute;n brit&aacute;nica</em>). Adem&aacute;s, cada cap&iacute;tulo publicado de los folletines iba acompa&ntilde;ado en el diario de la correspondiente ilustraci&oacute;n de Juan Carlos, como tambi&eacute;n ha sucedido con las publicaciones en formato libro (<em>Fabricaci&oacute;n brit&aacute;nica</em>, 2007; <em>Ge&oacute;rgicas</em>, 2010; o la reciente y premiada <em>Caballos de labor</em>, de 2012, aunque solo sea en la ilustraci&oacute;n de la portada), en una muestra de trabajo colaborativo para la confecci&oacute;n de los folletines.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La estructura de la narraci&oacute;n de un follet&iacute;n &ndash;con su correspondiente divisi&oacute;n epis&oacute;dica- viene determinada por el medio de publicaci&oacute;n. Se impone una limitaci&oacute;n espacial relacionada con el lugar en el que figura la narraci&oacute;n del texto dentro del peri&oacute;dico: 150 l&iacute;neas en el caso de Antonio Castellote, que luego aparec&iacute;an en las p&aacute;ginas centrales del peri&oacute;dico (aunque en los &uacute;ltimos folletines se extend&iacute;a hasta las 250 l&iacute;neas); la limitaci&oacute;n temporal variaba en funci&oacute;n de la respuesta del p&uacute;blico, pudiendo alargarse de manera casi parox&iacute;stica en algunos folletines. En los de Antonio Castellote s&iacute; que exist&iacute;a una limitaci&oacute;n temporal, que ven&iacute;a marcada por la aparici&oacute;n de cada cap&iacute;tulo en los d&iacute;as laborables del mes de agosto, por lo que el n&uacute;mero total de entregas se situaba entre las 21 y las 23 y as&iacute;, de este modo, se pod&iacute;a establecer un plan de trabajo previo limitado en la extensi&oacute;n de la narraci&oacute;n, aunque gran parte de la carga de escritura fuera casi simult&aacute;nea a la de publicaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Antes mencion&aacute;bamos que gran parte de la novel&iacute;stica de Castellote se encuentra en su blog, ante las dificultades para encontrar acomodo en el complejo y cambiante mundo editorial presente. El blog y la difusi&oacute;n que este pueda tener suponen una salida para estos textos, en una tendencia cada vez m&aacute;s pronunciada dentro del panorama literario. Si nos centramos en el caso de los folletines de Antonio Castellote, observamos que la distribuci&oacute;n del <em>Diario de Teruel </em>es limitada a un entorno geogr&aacute;fico pr&oacute;ximo y, por tanto, tambi&eacute;n la de las entregas de cada follet&iacute;n. Con la opci&oacute;n de publicarlos en el blog<em> </em>se ampl&iacute;an las posibilidades de llegar a m&aacute;s lectores, adem&aacute;s de no tener que depender de la compra diaria del peri&oacute;dico o de tener que agavillar posteriormente las entregas, am&eacute;n de preservar el texto, dada la volatilidad de la hoja impresa del peri&oacute;dico. El blog permite albergar las novelas, pues solo el primero de los folletines &ndash;<em>Fabricaci&oacute;n brit&aacute;nica</em>- fue publicado en formato libro dos a&ntilde;os despu&eacute;s de aparecer en el diario (editorial Certeza, colecci&oacute;n Redallo, n&uacute;mero 8); el resto, de momento, no ha corrido la misma suerte.</p>
<p>En cuanto al follet&iacute;n en su forma originaria &ndash;es decir, en la prensa-, su presencia en nuestros d&iacute;as es muy escasa. Por ello, los folletines de Antonio Castellote publicados en <em>Diario de Teruel</em> constituyen, sin duda, una feliz excepci&oacute;n, una aventura singular en este g&eacute;nero y forma narrativa, como ha se&ntilde;alado el propio escritor en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n. Otra cosa es el &ldquo;esp&iacute;ritu folletinesco&rdquo;, que es m&aacute;s com&uacute;n y m&aacute;s perceptible en diversos autores contempor&aacute;neos, como se ha indicado antes, y que ya no tiene esa carga peyorativa con la que tradicionalmente se ha venido asociando, y que es, en definitiva, la forma en la que el follet&iacute;n ha sobrevivido, pues las experiencias de Eduardo Mendoza, Antonio Mu&ntilde;oz Molina o Arturo P&eacute;rez Reverte en <em>El Pa&iacute;s</em> a comienzos de los noventa del siglo pasado quedaron en poco m&aacute;s que fuegos de artificio. Y, aunque hay m&aacute;s ejemplos (Mu&ntilde;oz Puelles, de Prada, Fernando Mar&iacute;as&hellip;), el follet&iacute;n, en su forma originaria &ndash;es decir, en la prensa- est&aacute; pr&aacute;cticamente extinto.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pese a la ingente cantidad de obras que se publican y distribuyen por doquier, resulta complicado encontrar un lugar a algunos autores m&aacute;s all&aacute; del <em>mainstream</em> narrativo actual. Existen unas l&iacute;neas tem&aacute;ticas y argumentales muy trilladas y explotadas &ndash;no solo la novela hist&oacute;rica, por supuesto- que son las que en estos momentos aglutinan el grueso de la narrativa que se publica en Espa&ntilde;a. Lo que queda al margen puede encontrar su lugar (con suerte) en peque&ntilde;as editoriales o servicios de publicaciones municipales o auton&oacute;micos, sin que por ello se les asegure una distribuci&oacute;n adecuada ni unos m&iacute;nimos de calidad. Y ese es uno de los problemas con los que se encuentra la narrativa de Antonio Castellote. En el variado y confuso panorama literario actual, la narrativa de Castellote es una excepci&oacute;n, alejada de los vaivenes del mercado y sin caer en las modas m&aacute;s recientes, agostadas de tanta novela que repite los mismos clich&eacute;s. Su obra narrativa est&aacute; en di&aacute;logo con la gran literatura europea y norteamericana, sobre todo la del siglo XIX, y muestra el poso de un novelista que ha le&iacute;do y asimilado tambi&eacute;n a los cl&aacute;sicos, que sabe construir y mantener una trama, sin la artificiosidad y discontinuidad narrativa que caracteriza a parte de la m&aacute;s reciente novela espa&ntilde;ola. El hecho de que no sea <em>subversivo</em>, radical, ni cree argumentos en los que tenga m&aacute;s peso la hibridaci&oacute;n de lenguajes o la metaliteratura, tal vez lo alejen del circuito comercial m&aacute;s conocido. Pero la publicaci&oacute;n de cinco folletines durante los correspondientes veranos, la perfecci&oacute;n formal que alcanza en ellos, con sus correspondientes recreaciones hist&oacute;ricas que recorren todo el siglo XIX y comienzos del XX es algo m&aacute;s que un hecho aislado o un pasatiempo veraniego. Es posiblemente la constataci&oacute;n de que se puede hacer una novela de ambientaci&oacute;n local con proyecci&oacute;n universal, ya que no cae en el provincianismo ni en los localismos m&aacute;s t&oacute;picos, sino que a partir de esa localizaci&oacute;n crea argumentos e historias de mayor alcance. Adem&aacute;s, la inmensa labor de documentaci&oacute;n, pues recorre gran parte de la historia de Teruel desde el siglo XIX hasta nuestros d&iacute;as, emplea un lenguaje adaptado al tiempo de la narraci&oacute;n, en un esfuerzo por ofrecer, a trav&eacute;s del relato, fragmentos de la vida del momento. Sus historias son veros&iacute;miles y est&aacute;n dotadas de credibilidad, con un estilo y una preocupaci&oacute;n por el lenguaje que se refleja en los giros y los t&eacute;rminos con los que las narra. Su narrativa requiere de un lector atento, que sepa extraer sus propias conclusiones y que no solo busque un mero entretenimiento.</p>
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<p><strong>Un rep&oacute;quer de novelas</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las cinco novelas son folletines por la forma de publicaci&oacute;n, pero escapan de los t&oacute;picos y caracter&iacute;sticas con las que se suele asociar al g&eacute;nero desde comienzos del siglo XIX, aunque haya algunos gui&ntilde;os, como el final de <em>La enfermedad sospechosa</em>. Es una forma de publicaci&oacute;n que responde a un encargo &ndash;un contrato formal, pero tambi&eacute;n un entretenimiento, como reconocen Antonio y Juan Carlos- y que ha de cumplir unos requisitos (en este caso que tuvieran ambientaci&oacute;n en Teruel) y se ajustaran a la parte central de un peri&oacute;dico, es decir, que cada entrega tuviera una extensi&oacute;n similar. Para Antonio Castellote, el follet&iacute;n es una forma que es juzgada en muchas ocasiones por lectores y cr&iacute;ticos solo por los t&oacute;picos y no por la t&eacute;cnica narrativa que hay detr&aacute;s, como si pesasen m&aacute;s los primeros que el oficio que subyace en su composici&oacute;n.</p>
<p>Aunque el grueso de la escritura de los folletines se abordaba en verano, el proceso de creaci&oacute;n comenzaba antes, con la recopilaci&oacute;n de la informaci&oacute;n y datos y, m&aacute;s adelante, se comenzaba a perge&ntilde;ar la historia, hasta que ya en el mes de julio &ndash;un mes antes de la publicaci&oacute;n en el diario- se iban perfilando los cap&iacute;tulos. Se trataba de un trabajo que requer&iacute;a de muchas horas y dedicaci&oacute;n, pues pr&aacute;cticamente se escrib&iacute;a un cap&iacute;tulo por d&iacute;a. Exist&iacute;a por tanto una <em>presi&oacute;n</em> sobre la escritura, por cuanto los plazos ten&iacute;an que cumplirse y la periodicidad de las entregas marcaba un ritmo de trabajo continuo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando comenz&oacute; la composici&oacute;n de los folletines la idea fue escribir sobre diversos lugares de la provincia, aunque conforme avanzaba la escritura, la narraci&oacute;n deriv&oacute; en una novela de ambientaci&oacute;n hist&oacute;rica para la primera colaboraci&oacute;n (<em>Fabricaci&oacute;n brit&aacute;nica. Follet&iacute;n rom&aacute;ntico del Maestrazgo</em>) y, luego, en las posteriores, se pierde en cierto modo ese componente descriptivo con el que se narran las aventuras de Charles Lamb, protagonista del primer follet&iacute;n, en el Maestrazgo.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Algunos de los elementos tem&aacute;ticos y formales m&aacute;s destacados posteriormente en los folletines aparecen ya en la primera obra de Antonio Castellote, <em>Modelo sin dolor</em> (2000), una larga novela de casi 500 p&aacute;ginas que no se ha llegado a publicar y que se encuentra disponible en el blog del escritor. En ella se narra la historia en primera persona a trav&eacute;s de G&uuml;ino, un bedel y modelo de la Escuela de Arte de Madrid, separado de su mujer Remedios y con una hija en com&uacute;n, Violeta. En algunos breves fragmentos se emplea la segunda persona del singular que alterna entre G&uuml;ino, su hija Violeta y, justo al final, a trav&eacute;s de un podenco que G&uuml;ino adopta. En ocasiones, el narrador se refiere a su relato como si formara parte de un diario, t&eacute;cnica que el narrador-protagonista de <em>Fabricaci&oacute;n brit&aacute;nica</em>, Charles Lamb, emplea tambi&eacute;n para referirse a sus memorias y las de su compa&ntilde;ero de viaje Lewis Gruneisen.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Varios de los temas, ideas o personajes que aparecen en esta primera novela volver&aacute;n a estar presentes en los folletines publicados entre 2005 y 2009, sobre todo en <em>Los ojos del r&iacute;o</em> (2006), cuyo argumento y personajes est&aacute;n sacados de esta primera obra. As&iacute;, la historia de Rosita, la compa&ntilde;era de trabajo de G&uuml;ino y madre soltera de Lurdes, es la misma que unos a&ntilde;os m&aacute;s tarde se desarrollar&aacute; con Barbarita y su hija Lourdes en el segundo de los folletines. Entre ambas novelas se incluyen pasajes y motivos comunes, como el episodio de unas oposiciones fallidas, el <em>affaire</em> amoroso de la madre con un hombre de buena posici&oacute;n social (un juez y un catedr&aacute;tico, respectivamente) y alusiones a varios <em>lugares comunes</em> de la narrativa de Antonio Castellote. Aqu&iacute; aparece tambi&eacute;n el personaje de Sebasti&aacute;n, que trata de ayudar a la hija de Rosita, tal y como su tocayo har&aacute; en el follet&iacute;n de 2006; est&aacute; tambi&eacute;n la ambientaci&oacute;n de parte de la novela en Pomona (Teruel) y que simb&oacute;licamente puede entenderse como el <em>descubrimiento</em> de la ciudad como lugar narrativo para Antonio Castellote, en el que se localizar&aacute; buena parte de la acci&oacute;n de los folletines.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; As&iacute;, con respecto a la serie de folletines posteriores, encontramos las referencias a los cl&aacute;sicos (los veremos, sobre todo, en <em>La enfermedad sospechosa</em>); la aparici&oacute;n de una c&aacute;mara de fotos Leica y la lectura de los novelistas rusos, la historia de Jan, el chico polaco, tan parecido a Kolia o el episodio del conejo desollado (<em>Oto&ntilde;o ruso</em>, 2008); el personaje literario de Charles Lamb Jr., autor de <em>Fabricaci&oacute;n brit&aacute;nica</em> (<em>Made in England</em>), que es como G&uuml;ino quiere titular una serie de ilustraciones para su hija, y que reaparecer&aacute; como personaje principal y narrador en la obra hom&oacute;nima y primer follet&iacute;n de la serie en 2005; las menciones a Pau Mongui&oacute; y el modernismo en la ciudad de Pomona, los vaciados de escayola (<em>Una flor de hierro</em>)&hellip; Al mismo tiempo, no se ha de olvidar la precisi&oacute;n en los registros idiom&aacute;ticos de los personajes, la querencia por el di&aacute;logo como modo de presentaci&oacute;n de los personajes &ndash;sobre todo en la segunda parte de la novela- y otros elementos que ir&aacute;n apareciendo y configurando la narrativa de Castellote. No se trata de hacer un cat&aacute;logo de t&oacute;picos y temas de esta primera novela, pero esta obra, apenas conocida por el p&uacute;blico, resulta de suma importancia para comprender la evoluci&oacute;n de la narrativa de Castellote, no tanto por los temas o alusiones se&ntilde;alados, sino porque, muy posiblemente consolida un tono y un modo narrativo que ser&aacute; luego el de los dos primeros folletines.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el primero de los folletines, <em>Fabricaci&oacute;n brit&aacute;nica. Follet&iacute;n rom&aacute;ntico por entregas </em>(2005), Castellote se sirve de un episodio real e hist&oacute;rico &ndash;la existencia y presencia del reportero Lewis Gruneisen por el Maestrazgo turolense durante la Primera Guerra Carlista- y de una parte de ficci&oacute;n, que se centra en la historia de su reportero gr&aacute;fico, Charles Lamb, que es quien narra la historia con posterioridad a lo acontecido. Con este personaje, hom&oacute;nimo del escritor brit&aacute;nico autor de los conocidos <em>Cuentos basados en el teatro de Shakespeare</em> o sus celeb&eacute;rrimos <em>Essays of Elia</em>, Castellote rinde homenaje a un escritor que trat&oacute; temas relativos a la vida cotidiana desde un prisma po&eacute;tico. Otra influencia visible son las narraciones de los viajeros extranjeros por Espa&ntilde;a, como George Borrow quien estuvo entre 1836 y 1840 y cuya experiencia qued&oacute; reflejada en <em>La Biblia en Espa&ntilde;a</em> (1842), interesante por su glosario de t&eacute;rminos cal&oacute; y muy &uacute;til para algunos pasajes de la novela de Castellote y para la caracterizaci&oacute;n del personaje de Manuela.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Este follet&iacute;n es la historia tambi&eacute;n de un viaje personal y de crecimiento de un personaje, Charles Lamb, de cuya evoluci&oacute;n y aprendizaje (al modo de una <em>bildungsroman</em>) somos testigos a lo largo de la narraci&oacute;n. De un joven algo <em>snob</em> y c&iacute;nico &ndash;un poco como Gruneisen, que queda algo oscurecido en la narraci&oacute;n-, pasamos a un reportero gr&aacute;fico convertido en pintor, que ama las cosas sencillas y cercanas, que es consciente de sus defectos y de sus escasas virtudes, pero capaz de querer a los dem&aacute;s y ser bueno. De Gruneisen, presentado en una taberna en vez de en la redacci&oacute;n del peri&oacute;dico, para sorpresa de Lamb, se ha de recordar sus<em> Sketches of Spain and the Spaniards during the Carlist Civil War </em>(1874), que tambi&eacute;n sirven de apoyo documental a Lamb para su narraci&oacute;n. Por otro lado, todos los ropajes descriptivos de la provincia de Teruel que hac&iacute;an algo morosas algunas partes de la novela ir&aacute;n despoj&aacute;ndose en futuros folletines; sin embargo, en <em>Fabricaci&oacute;n brit&aacute;nica</em>, esa <em>carga</em> la novela la lleva con soltura y sabe salir airosa. Pensemos tambi&eacute;n que el relato de Lamb, de car&aacute;cter retrospectivo &ndash;cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s de lo narrado- puede estar <em>dirigido</em> a un p&uacute;blico brit&aacute;nico, por lo que la profusi&oacute;n descriptiva encuentra mayor espacio y justificaci&oacute;n. Como curiosidad, en esa contemplaci&oacute;n del paisaje se puede citar el descubrimiento de las &ldquo;palomitas&rdquo; (unos restos f&oacute;siles con forma de paloma en vuelo), que tanta importancia tendr&aacute;n en el follet&iacute;n posterior (<em>Los ojos del r&iacute;o</em>). Lamb alude a su amigo, el doctor Lyell, un eminente ge&oacute;logo del siglo XIX, quien coment&oacute; la riqueza en f&oacute;siles de Espa&ntilde;a (tambi&eacute;n los f&oacute;siles y la geolog&iacute;a son habituales en la novel&iacute;stica de Castellote).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En este primer follet&iacute;n aparecen tambi&eacute;n por primera vez los caballos percherones, que se convertir&aacute;n en una presencia casi constante en el resto de novelas, y que adquirir&aacute;n, a trav&eacute;s del caballo Severino (<em>Caballos de labor</em>) un lugar especial. Aparece fray Bernardino, un franciscano que volver&aacute; a asomar con el nombre de Silvestre en <em>La enfermedad sospechosa</em> y est&aacute; tambi&eacute;n Miguel, tal vez un antecedente del Mart&iacute;n de <em>Caballos de labor</em>, un personaje apegado a su tierra, el Maestrazgo, diestro en tareas con la madera, sincero y cabal, un <em>h&eacute;roe</em> discreto y abnegado. En el &uacute;ltimo cap&iacute;tulo de la novela conocemos un poco m&aacute;s a Florence, la esposa de Lamb, una mujer con una personalidad que solo podemos ver en el final del follet&iacute;n, un antecedente de otros personajes femeninos como Barbarita (<em>Los ojos del r&iacute;o</em>), Roser (<em>Una flor de hierro</em>), Tatiana (<em>Oto&ntilde;o ruso</em>) o Ampar&iacute;n (<em>La enfermedad sospechosa</em>), muchos de ellos precedidos, en cierto modo, por Rosita (<em>Modelo sin dolor</em>): mujeres resueltas, directas, que luchan y pelean por lo suyo y que, en varios de estos ejemplos, est&aacute;n por encima de lo que se <em>espera</em> de ellas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con <em>Los ojos del r&iacute;o</em> (2006), narrada en primera persona del singular a trav&eacute;s de Balbino, un guarda fluvial a punto de jubilarse, Castellote retoma gran parte de los temas y argumentos de <em>Modelo sin dolor</em>. Destaca sobre todo la fidelidad ling&uuml;&iacute;stica del personaje de Balbino, que permite articular una voz narrativa cre&iacute;ble y veros&iacute;mil que lleva al lector por los paisajes nevados de la Sierra de Albarrac&iacute;n o entre las tumultuosas fiestas con motivo de las bodas de Diego e Isabel. Est&aacute; tambi&eacute;n la presencia del caballo percher&oacute;n de Balbino, la asunci&oacute;n de la imposibilidad de las utop&iacute;as (a trav&eacute;s del personaje Sebasti&aacute;n y su robinsonismo algo trasnochado &ndash;pese a que evolucionar&aacute;-, quien ya hab&iacute;a aparecido en la novela de 2000). Es tal vez una novela m&aacute;s <em>fr&iacute;a</em>, m&aacute;s desilusionada en su descripci&oacute;n de Teruel y su vida &ndash;visible, por ejemplo, en las cr&iacute;ticas a los &uacute;ltimos desatinos urban&iacute;sticos-, con personajes negativos como Sim&oacute;n Pedralba, presentado como un fantoche al estilo del Ram&oacute;n Cabrera de la novela anterior. Por otro lado, en esta novela tambi&eacute;n se anuncian algunos de los temas que ir&aacute;n apareciendo en posteriores folletines, como la introducci&oacute;n al mundo de lo ruso, las alusiones a Mongui&oacute;&hellip; Junto a Balbino destaca el inicialmente biso&ntilde;o Sebasti&aacute;n, que tambi&eacute;n ir&aacute; creciendo como personaje y madurando, hasta aceptar las cosas como vienen dadas. Adem&aacute;s, es posible ver una relaci&oacute;n de admiraci&oacute;n por parte de Sebasti&aacute;n hacia Balbino, su mentor, quien siempre est&aacute; aprendiendo nuevas cosas con &eacute;l y despoj&aacute;ndose de sus prejuicios de urbanita, cada vez m&aacute;s <em>adaptado</em> al medio. Y este &uacute;ltimo aspecto es una constante en los finales de las novelas de Antonio Castellote, por cuanto los protagonistas (aunque en este caso Sebasti&aacute;n no sea el principal) terminan por aceptar su condici&oacute;n, no luchan contra las circunstancias y se adaptan al medio. Tambi&eacute;n con Balbino observaremos esta misma asunci&oacute;n de la realidad, algo visible desde <em>Modelo sin dolor</em> hasta <em>Caballos de labor</em>. El percher&oacute;n de la novela adquiere su protagonismo en el cap&iacute;tulo &ldquo;Los toros en invierno&rdquo;, t&iacute;tulo hom&oacute;nimo al del relato publicado en 2010 y escrito tras este follet&iacute;n, en el que abandonar&aacute; la primera persona del singular para el narrador y adoptar&aacute; la tercera, con un narrador omnisciente, que ser&aacute; el que caracterizar&aacute; el resto de sus folletines.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Una flor de hierro. Follet&iacute;n modernista por entregas</em> (2007) es el tercero de los folletines publicados en <em>Diario de Teruel </em>y supone una vuelta a una ambientaci&oacute;n pret&eacute;rita (en este caso el Teruel de comienzos del siglo XX), tras situar su anterior novela en el presente. Se produce un giro significativo en el modo de narrar, pues ahora Castellote emplea un narrador omnisciente y, al mismo tiempo, dota a su relato de &ldquo;pedrer&iacute;a modernista&rdquo;, con giros, expresiones y un tempo narrativo que remite a la novela finisecular y que confirma la versatilidad de nuestro autor hacia distintas formas narrativas y estilos. Por otro lado, la linealidad de los dos primeros folletines y la estructura que ambos presentaban cambia con esta tercera novela, m&aacute;s compleja en su estructura y en sus modos narrativos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ahora la acci&oacute;n se sit&uacute;a en tierras del Jiloca (las minas de hierro de Ojos Negros) y en Teruel, en un momento art&iacute;stico y cultural sobresaliente para la ciudad, con los talleres y las forjas produciendo &uacute;tiles y bellos objetos de hierro y con Pau Mongui&oacute; de vuelta por Teruel tras su <em>estad&iacute;a</em> en tierras tarraconenses. Donde quiz&aacute;s se ve mejor el dominio de la t&eacute;cnica y la maestr&iacute;a que alcanza Antonio Castellote es, posiblemente, en los episodios que narran el vaciado de escayola (que ya hab&iacute;a aparecido en <em>Modelo sin dolor</em>) y en aquellos que muestran a trav&eacute;s de estilo indirecto libre las <em>d&eacute;lusions de grandeur</em> de Guillermina, algo neurast&eacute;nica, que ve el mundo a trav&eacute;s de las novelas francesas que lee, su anhelado mundo refinado y exquisito, que contrastar&aacute; con el de los obreros que trabajan en la ciudad. Hasta ahora hab&iacute;amos visto que el narrador omnisciente dejaba paso en contadas ocasiones a mon&oacute;logos interiores de algunos personajes pero, en general, predominaba la narraci&oacute;n en tercera persona; la variedad narrativa tambi&eacute;n incluye un cronista de un peri&oacute;dico local, en un episodio que supone un interludio c&oacute;mico, en un cambio de narrador, perspectiva y tono (cap&iacute;tulo 17, &ldquo;Cajas destempladas&rdquo;). Y no hay que olvidarse de otros personajes como Roser, una mujer de rompe y rasga, con el pelo a lo <em>gar&ccedil;on</em>, o el ni&ntilde;o Raim&oacute;n, descrito con ternura y compasi&oacute;n, junto con otros personajes que formaron parte de la historia del Teruel de comienzos del pasado siglo. Es, posiblemente, la novela bisagra &ndash;junto con el relato <em>Los toros en invierno</em>, tambi&eacute;n de 2007- de la narrativa de Antonio Castellote, la que marca un cambio m&aacute;s importante y la que muestra la destreza del autor en diversos modos y t&eacute;cnicas narrativas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Oto&ntilde;o ruso</em> (2008) sirve para cerrar el ciclo de las estaciones al que alguna vez ha aludido nuestro autor con respecto a sus folletines. Contin&uacute;a con un narrador omnisciente, pese a que al principio iba a estar narrada en primera persona a trav&eacute;s de una adolescente. Con este cuarto follet&iacute;n se efect&uacute;a una vuelta al presente, al Teruel m&aacute;s tradicional y conservador, en una narraci&oacute;n plena de fluidez y libertad estructural, que toca temas que ya hab&iacute;an aparecido anteriormente, como la Guerra Civil en Teruel y provincia, la literatura rusa, que <em>flota</em> en el ambiente y cuya influencia va m&aacute;s all&aacute; de las alusiones a los nombres de algunos personajes. Tal vez sea una novela m&aacute;s tranquila, serena y sosegada con respecto a la anterior y da la sensaci&oacute;n de que con ella se cierra un ciclo. En cuanto a la ambientaci&oacute;n, puede ser vista con un costumbrismo casi antropol&oacute;gico de las costumbres y gentes de Teruel, pero es un costumbrismo veros&iacute;mil, no como algo t&oacute;pico, sino como algo que el lector se cree.</p>
<p>En esta novela, los temas y motivos que han ido jalonando la novel&iacute;stica de Castellote vuelven a aparecer con fuerza, aunque tal vez sean los fragmentos dedicados a la familia rusa que vive cerca de Alfambra los m&aacute;s logrados, junto con la creaci&oacute;n de los personajes femeninos, como Matilde y Tatiana, siempre <em>superiores</em> a los masculinos, con m&aacute;s aristas, complejidades y dudas. Es tambi&eacute;n una novela que se cierra de manera circular, volviendo, como es habitual en este autor, sobre la idea de que hay que asumir las cosas como vienen. Esta adaptaci&oacute;n al medio y a las circunstancias ser&aacute; todav&iacute;a m&aacute;s clara en el &uacute;ltimo de los folletines, que cierra tambi&eacute;n, creemos, un ciclo novel&iacute;stico para Antonio Castellote.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>La enfermedad sospechosa. Follet&iacute;n naturalista por entregas</em> (2009) es un follet&iacute;n lleno de datos hist&oacute;ricos y reales, ambientado en Teruel en 1885, durante la epidemia de c&oacute;lera (tambi&eacute;n llamada &ldquo;morbo asi&aacute;tico&rdquo;) que asol&oacute; parte del Levante y zonas lim&iacute;trofes y que en la provincia de Teruel dej&oacute; m&aacute;s de 5000 muertos. Es una novela poblada de personajes que existieron y a los que no se les cambi&oacute; el nombre, aunque s&iacute; se inventaron aspectos biogr&aacute;ficos sobre alguno de ellos, como el doctor Aurelio Benito, redactor del peri&oacute;dico <em>El Ferrocarril</em>. Muchos son personas ligadas a la historia reciente de Teruel, como en el caso del bot&aacute;nico Loscos (que falleci&oacute; al a&ntilde;o siguiente debido a esta epidemia y que dej&oacute; inconclusa su gran obra de un <em>Herbario Nacional</em>, confeccionado desde su agencia de Castelser&aacute;s), el novelista Polo y Peyrol&oacute;n (que aparece en un episodio algo c&oacute;mico-sat&iacute;rico), el abogado Mu&ntilde;oz Nogu&eacute;s o las hermanas Blanca y Clotilde Catal&aacute;n de Oc&oacute;n (bot&aacute;nica y naturalista respectivamente). La aparici&oacute;n de la enfermedad, la cr&oacute;nica detallada y pormenorizada del a&ntilde;o 1885 en la ciudad de Teruel son descritas en el primer cap&iacute;tulo de la novela, que sirve como introducci&oacute;n hist&oacute;rica y social para el lector, que conoce as&iacute; los datos y la ambientaci&oacute;n de la historia.</p>
<p>Comparte esta novela con la anterior el tono circular de la narraci&oacute;n, con la carta de Loscos que lleva guardada en su bolsillo Ram&oacute;n Vargas, el heroico maestro protagonista de la novela. De nuevo nos encontramos con un narrador omnisciente, con escenas, como la descripci&oacute;n del hogar del maestro o de la enfermedad y agon&iacute;a de la joven Encarnita que responden a la m&aacute;s inveterada tradici&oacute;n del movimiento naturalista. Est&aacute; presente el determinismo biol&oacute;gico, cierta delectaci&oacute;n en describir aspectos desagradables de algunos lugares y personas (como la visita m&eacute;dica del comienzo), aunque la narraci&oacute;n no est&aacute; tampoco exenta de algunos toques de humor negro, como el episodio en el que Ram&oacute;n consigue libros y que muestra las duras condiciones de vida de un maestro que se atreve a hablar de Darwin en sus clases.</p>
<p>Quiz&aacute;s, junto a la mejor dupla de personajes masculinos de la narrativa de Castellote (Ram&oacute;n Vargas y Aurelio Benito), destaca sobremanera, en especial hasta la mitad de la narraci&oacute;n, el personaje de Ampar&iacute;n, la hija del doctor, que quiere ser una mujer de acci&oacute;n, que toma sus propias decisiones, como unirse a Ram&oacute;n Vargas, en vez del &ldquo;apareamiento l&oacute;gico&rdquo; que quiere su madre con uno de los hijos de la burgues&iacute;a turolense y que tal vez obedezca (esta uni&oacute;n) a una cuesti&oacute;n meramente patrimonial. Frente a ella y los dos protagonistas a los que antes alud&iacute;amos est&aacute;n los personajes negativos, como el hijo del doctor Benito, Julio, prototipo de personaje de follet&iacute;n. Como en las dem&aacute;s novelas siempre hay un personaje que ha de sufrir o perder m&aacute;s que los otros; en este caso es Julio, aunque su exilio final est&eacute; m&aacute;s que justificado por la ignominia que ha cometido con su familia. La adaptaci&oacute;n final de los personajes, su aceptaci&oacute;n de lo que les ha deparado la vida desemboca en tranquilidad y armon&iacute;a, como sucede en la narrativa de Antonio Castellote.</p>
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<p><strong>A modo de conclusi&oacute;n</strong></p>
<p>Los folletines publicados en <em>Diario de Teruel</em> por Antonio Castellote entre 2005 y 2009 constituyen un caso singular dentro del panorama literario actual, aunque su difusi&oacute;n haya tenido un marcado car&aacute;cter local. Resulta interesante ver c&oacute;mo a trav&eacute;s de la escritura de estas cinco novelas se recrea la vida de una ciudad y una provincia con rigor y precisi&oacute;n hist&oacute;ricas, en diversos momentos y tiempos, con un, creemos, profundo amor &ndash;no exento de cr&iacute;tica- hacia Teruel.</p>
<p>Antonio Castellote emplea un formato literario &ndash;el del follet&iacute;n- como forma de publicaci&oacute;n tradicional, al tiempo que para su posterior conservaci&oacute;n y difusi&oacute;n utiliza un nuevo soporte digital, como es el blog. La particularidad de estas cinco novelas no solo radica en el hecho de que los haya publicado un peque&ntilde;o peri&oacute;dico de provincias para algo m&aacute;s que &ldquo;llenar los huecos informativos&rdquo; del verano. Supone tambi&eacute;n la posibilidad de descubrir a un autor que ya era conocido por los lectores por sus art&iacute;culos de cr&iacute;tica literaria y cultura, que demuestra su <em>savoir faire</em> narrativo en conjunci&oacute;n con Juan Carlos Navarro, su habitual ilustrador, excelso conocedor de la historia de Teruel, en una dupla que ha trabajado de manera conjunta durante muchos a&ntilde;os en diversas actividades.</p>
<p>Cuando hablamos de los folletines de Antonio Castellote conviene hacerlo con el asombro y reconocimiento hacia una obra dotada, a nuestro juicio, de una alta calidad literaria, diferente a gran parte de lo que se publica en la actualidad y que tal vez por ello encuentra dif&iacute;cil acomodo en las l&iacute;neas o tem&aacute;ticas que marcan las editoriales. Adem&aacute;s, la localizaci&oacute;n en Teruel o su provincia puede ser un obst&aacute;culo m&aacute;s para la difusi&oacute;n de sus novelas, si bien es cierto que las historias que cuenta pueden extrapolarse a cualquier lugar, y buena prueba de ello son los lectores que han descubierto su obra desde sitios bien lejanos a Teruel <em>gracias</em> a la publicaci&oacute;n en el blog de las novelas. Antonio Castellote logr&oacute;, con los folletines, adaptarse a una forma de publicaci&oacute;n que exig&iacute;a unas determinadas caracter&iacute;sticas, en un oficio de escritor que requer&iacute;a de una gran dosis de conocimiento y habilidad narrativas para no caer en el t&oacute;pico y lo sencillo, para mantenerse por encima de ello, como un funambulista sobre un fino alambre.</p>
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<p><strong>Bibliograf&iacute;a</strong></p>
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<li>APARICI, Pilar y GIMENO, Isabel (eds.). <em>Literatura menor del siglo XIX: una antolog&iacute;a de la novela de follet&iacute;n (1840-1870)</em>. Barcelona, Anthropos, 1996.</li>
<li>ARRANZ LAGO, David Felipe. &ldquo;El follet&iacute;n y la literatura por entregas&rdquo;. En <a href="http://dialnet.unirioja.es/servlet/revista?codigo=5741"><em>Leer</em></a>, <a href="http://dialnet.unirioja.es/servlet/listaarticulos?tipo_busqueda=EJEMPLAR&amp;revista_busqueda=5741&amp;clave_busqueda=314189">A&ntilde;o 28, N&ordm; 237 (nov.), 2012</a>, pp. 68-69.</li>
<li>CASTELLOTE BRAVO, Antonio. <em>Modelo sin dolor</em>. Sin publicar, 2000.</li>
<li>-------------------. <em>Fabricaci&oacute;n brit&aacute;nica. Follet&iacute;n rom&aacute;ntico del Maestrazgo</em>. Teruel, <em>Diario de Teruel</em>, agosto de 2005. Tambi&eacute;n disponible en formato libro: Zaragoza, Certeza, 2007, con proemio de Enrique Romero Ena.</li>
<li>-------------------. <em>Los ojos del r&iacute;o</em>. Teruel, <em>Diario de Teruel</em>, agosto de 2006.</li>
<li>-------------------. <em>Una flor de hierro. Follet&iacute;n modernista por entregas</em>. Teruel, Diario de Teruel, agosto de 2007.</li>
<li>-------------------. <em>Oto&ntilde;o ruso</em>. Teruel, <em>Diario de Teruel</em>, agosto de 2008.</li>
<li>-------------------. <em>La enfermedad sospechosa. Follet&iacute;n naturalista por entregas</em>. Teruel, Diario de Teruel, agosto de 2009.</li>
<li>CORT&Eacute;S VALENCIANO, Marcelino. &ldquo;Antonio Castellote o la dignidad del follet&iacute;n&rdquo;. En <em>&Aacute;gora. Revista de cultura, ensayo y creaci&oacute;n literaria</em>, a&ntilde;o VIII, N&ordm; 8, mayo de 2010, pp. 17-23.</li>
<li>EPPLE, Juan Armando. &ldquo;Notas sobre la estructura del follet&iacute;n&rdquo;. En <a href="http://dialnet.unirioja.es/servlet/revista?codigo=387"><em>Cuadernos hispanoamericanos</em></a>, <a href="http://dialnet.unirioja.es/servlet/listaarticulos?tipo_busqueda=EJEMPLAR&amp;revista_busqueda=387&amp;clave_busqueda=16059">N&ordm; 358, 1980</a>, pp. 147-155.
<ul>
<li>FERN&Aacute;NDEZ CLEMENTE, Eloy. <em>Historia del ferrocarril turolense</em>. Teruel, Instituto de Estudios Turolenses, Colecci&oacute;n &ldquo;Cartillas turolenses&rdquo;, N&ordm; 10, 1987.</li>
<li>FERN&Aacute;NDEZ-GALIANO, Dimas. <em>Los bot&aacute;nicos turolenses</em>. Teruel, Instituto de Estudios Turolenses, Colecci&oacute;n &ldquo;Cartillas turolenses&rdquo;, N&ordm; Extraordinario 2, 1986.</li>
<li>FERRERAS, Juan Ignacio. <em>La novela por entregas (1840-1900</em>). Madrid, Taurus, 1972.</li>
<li>FORCADELL &Aacute;LVAREZ, Carlos.<em> El regeneracionismo turolense a finales del siglo XIX</em>. Teruel, Instituto de Estudios Turolenses, Colecci&oacute;n &ldquo;Cartillas turolenses&rdquo;, N&ordm; 15, 1993.</li>
<li>GARC&Iacute;A, Agust&iacute;n, HERN&Aacute;NDEZ, Fernando y NAVARRO, Juan Carlos, <em>El Teruel que fue. Un paseo fotogr&aacute;fico por el Teruel del siglo XIX y XX</em>. Teruel, Perruca, 2013.</li>
<li>G&Oacute;MEZ-ELEGIDO CENTENO, Ana Mar&iacute;a. &ldquo;Del peri&oacute;dico al ciberespacio: la pervivencia comunicativa y literaria del follet&iacute;n&rdquo;. En <em>Quimera: Revista de literatura</em>, N&ordm; 308-309, 2009, pp. 90-93.</li>
<li>L&Aacute;ZARO POLO, Francisco. &ldquo;De la literatura oral al regeneracionismo permanente&rdquo;. En <em>Comunidad de Teruel</em>, Colecci&oacute;n Territorio, N&ordm; 33, 2010, coord. Antonio Losantos Salvador, pp. 211-220.</li>
<li>LOSANTOS SALVADOR, Antonio. &ldquo;Septiembre&rdquo;. En <em>Diario de Teruel</em>, 5 de septiembre de 2008, p. 8.</li>
<li>MART&Iacute;NEZ RUBIO, Jos&eacute;. &ldquo;La novela de follet&iacute;n en el siglo XXI: reminiscencia, parodia y deformaci&oacute;n del siglo XIX&rdquo;. En <em>Divergencias. Revista de estudios ling&uuml;&iacute;sticos y literarios</em>. Volumen 9, N&ordm; 1, verano 2011, pp. 32-39.</li>
<li>OLEZA, Joan. <em>La novela del siglo XIX. Del parto a la crisis de una ideolog&iacute;a</em>. Laia, Barcelona, 1984.</li>
<li>P&Eacute;REZ S&Aacute;NCHEZ, Antonio. &ldquo;Forja modernista&rdquo;. En <em>De lo &uacute;til a lo bello. Forja tradicional en Teruel</em>, Museo de Teruel. Teruel, Museo de Teruel-Diputaci&oacute;n Provincial de Teruel, 1993, pp. 61-75.</li>
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<li>ROMERO TOBAR, Leonardo. <em>La novela popular espa&ntilde;ola del siglo XIX</em>. Barcelona, Fundaci&oacute;n Juan March/Ariel, 1976 (Col. Monograf&iacute;as).</li>
<li>SEBOLD, Russell P. &ldquo;El aliciente de las novelas cursis (ejercicio sano para cr&iacute;ticos hastiados)&rdquo;. En <em>Salina: revista de lletres</em>, N&ordm; 17, 2003, pp. 111-118.</li>
</ul>
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<ul>
<li>BRAVO CASTILLO, Juan. <em>Grandes hitos de la historia de la novela euroamericana. Vol. II. El siglo XIX: los grandes maestros</em>. Madrid, C&aacute;tedra, 2010.</li>
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<li>MANRIQUE SABOGAL, Winston. &ldquo;El follet&iacute;n digital por entregas se abre paso en la Red&rdquo;. En <em>El Pa&iacute;s</em>, 23 de enero de 2013.</li>
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<li>MERLO MORAT, Philippe. &ldquo;El follet&iacute;n moderno. El regreso de un g&eacute;nero decimon&oacute;nico&rdquo;. En <em>RILCE</em> 16.3 (2000), pp. 607-624.</li>
</ul>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 09 Apr 2014 06:24:44 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Brines ante el espejo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/brines-ante-el-espejo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Abril/franciscobrines.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Francisco Brines (Oliva, Valencia, 1932) es autor de una de las m&aacute;s delicadas y s&oacute;lidas obras po&eacute;ticas de la Generaci&oacute;n de los cincuenta; y uno de los poetas m&aacute;s influyentes del panorama actual de nuestras letras. Heredero de una estirpe privilegiada en la que habr&iacute;a que incluir, partiendo de Juan Ram&oacute;n, a Cernuda o Juan Gil Albert, por poner s&oacute;lo ejemplos se&ntilde;eros, ha ido escribiendo con cuidadosa y dedicada lentitud un corpus po&eacute;tico extremadamente coherente, org&aacute;nico y unitario. Lo public&oacute;, completo hasta hoy, en 1997 con el t&iacute;tulo de <em>Ensayo de una despedida</em>. La antolog&iacute;a que ahora escoge y prologa el tambi&eacute;n poeta Dionisio Ca&ntilde;as con el t&iacute;tulo de <em>Todos los rostros del pasado</em> puede leerse, pues, como una primera cata en ese oc&eacute;ano profundo e irisado de una obra vasta y honda, siempre dispuesta a sorprender a cada nuevo lector; a cada nueva lectura.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ca&ntilde;as ha confeccionado una antolog&iacute;a centrada, seg&uacute;n su pr&oacute;logo, en la figura autoral; en el &ldquo;yo l&iacute;rico&rdquo; protagonista de la poes&iacute;a de Brines. Una opci&oacute;n que incide particularmente en &ldquo;esa centralidad existencial que vertebra gran parte de la obra del autor.&rdquo; Quedan fuera de la selecci&oacute;n todos los poemas sat&iacute;ricos (a los que C&eacute;sar Sim&oacute;n dedic&oacute; un memorable art&iacute;culo) y los construidos mediante la t&eacute;cnica del mon&oacute;logo dram&aacute;tico; y est&aacute;n poco representados los er&oacute;ticos, los amicales, los m&aacute;s directamente on&iacute;ricos. Todo ello hace de esta antolog&iacute;a un territorio perfectamente acotado, por m&aacute;s que en muchas ocasiones se echen de menos muchos temas y motivos tan caros al autor como a sus lectores. Con todo, no tiene Brines un solo poema que desmerezca del resto de su obra, y ese rigor extremo lo agradecer&aacute; cualquier ant&oacute;logo con la certeza de no estarse nunca equivocando mucho. La selecci&oacute;n de Ca&ntilde;as cumple con creces su prop&oacute;sito de actuar como p&oacute;rtico a la obra toda del poeta, con lo que ser&iacute;a dif&iacute;cil ponerle m&aacute;s pegas que la de echar de menos tantos poemas descartados para reconocer a continuaci&oacute;n que no sobra ninguno de los que est&aacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Creo que el conjunto de mi obra, aun en los momentos en que aparece el c&aacute;ntico, no es otra cosa que una extensa eleg&iacute;a.&rdquo; Estas palabras de Brines, publicadas en 1984, han concitado tal unanimidad que no hay hoy cr&iacute;tico en activo que se atreva no ya a discutirlas, sino siquiera a obviar para su autor la etiqueta de &ldquo;poeta eleg&iacute;aco&rdquo;. Pero una vez aceptado el marchamo, y conscientes de su escasa concreci&oacute;n, se hace necesario ahondar en la lectura e ir anotando algunos matices que perfilan el dibujo de un poeta tan eleg&iacute;aco como epic&uacute;reo; y que ha sabido intuir tantas veces (y en su poes&iacute;a toda, tomada en conjunto) que detr&aacute;s de la p&eacute;rdida se oculta la pulsi&oacute;n del renacer.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En la existencia humana, tal y como creo que la entiende Brines, parece haber dos momentos muy definidos: el tiempo de la vida y el tiempo del poema. Ambos aparecen como perfectamente delimitados, si bien no son en absoluto estancos: el primero engloba al segundo y &eacute;ste, el del poema, es una transfiguraci&oacute;n meditativa del primordial. Pero hay algo del tiempo de la vida que, en el del poema, parece estar no &ldquo;in pectore&rdquo; sino m&aacute;s bien, por seguir con las f&oacute;rmulas jur&iacute;dicas, siendo juzgado en rebeld&iacute;a. De esa ausencia de lo que podr&iacute;amos llamar crestas de plenitud vital parece surgir la necesidad del poema; y del temor existencial de no recobrarlas (o de la certeza de la imposibilidad de hacerlo) nace el tono eleg&iacute;aco, pero tambi&eacute;n h&iacute;mnico y celebrativo, de su poes&iacute;a: una l&iacute;rica que celebra &ldquo;in absentia&rdquo; lo que, de estar presente, impedir&iacute;a al poeta sentarse a escribir. As&iacute;, los tonos de la eleg&iacute;a y el himno se entrelazan con asombrosa promiscuidad, haciendo de Brines un hedonista tr&aacute;gico capaz de cerrar uno de sus poemas m&aacute;s angustiados &mdash;&ldquo;Isla de piedras&rdquo;: &ldquo;terriblemente han de venir / todas las horas del dolor&rdquo; (...) &ldquo;mis pies pisan el mundo desolados.&rdquo;&mdash;, un poema cargado de semas de oscuridad y podredumbre, en el que la desolaci&oacute;n del paisaje se transmite al cuerpo mismo del poeta, con un &uacute;ltimo verso de amor incondicional a la vida: &ldquo;porque nunca se acaba el olor de las rosas&rdquo; (p. 63)</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El contraste insistente y sostenido entre la finitud de lo vivo y el canto gozoso de sus inagotables fuentes de belleza y alegr&iacute;a; el combate entre fauce y caricia de la existencia humana es el hilo conductor de esta extensa meditaci&oacute;n en que se resuelve la poes&iacute;a de Francisco Brines. Una ant&iacute;tesis rica en matices y estadios intermedios (no en vano las horas m&aacute;s familiares a esta poes&iacute;a son las del crep&uacute;sculo) que, como si se tratase de dos tonos musicales, tiene una traducci&oacute;n precisa y reveladora en los tiempos verbales empleados: los pret&eacute;ritos, los tiempos de aspecto terminativo (el pret&eacute;rito perfecto simple y las formas compuestas), como el tono menor en la m&uacute;sica, son sombr&iacute;os, doloridos, y se recrean en la p&eacute;rdida y en la imposibilidad de no aceptarla. Contrastando con ellos, el presente y los otros tiempos simples, solares, llenos de amplia luz, de amor y de placer, son los empleados en ese espl&eacute;ndido y vital canto al mundo natural y a la vida de los hombres que es, en tantos momentos, la poes&iacute;a de Francisco Brines. Esto que digo puede observarse con viva nitidez, entre otros poemas, en &ldquo;Museo de la Academia&rdquo; (p. 49) o &ldquo;Versos &eacute;picos&rdquo; (p. 54), escritos en un glorioso presente sostenido, que el poeta resuelve en himno: &ldquo;Yo canto la pureza&rdquo;, concluye.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De toda la obra de Brines, el libro m&aacute;s y mejor representado aqu&iacute; es, sin duda, <em>Palabras a la oscuridad</em>: un t&iacute;tulo capital para varias generaciones de poetas. En &eacute;l se construyen ante los ojos del lector, en poemas de una exquisitez desconcertante, el mundo y la voz definitivos del autor. El libro entero es un progresivo desvelamiento del destino individual de un hombre joven, trasunto del poeta: la revelaci&oacute;n de ese destino, su aceptaci&oacute;n y comuni&oacute;n con &eacute;l est&aacute;n admirablemente evocados en versos de factura cl&aacute;sica que anunciaban, en 1966, mucho de lo que ha venido despu&eacute;s. Creo que a&uacute;n no se ha se&ntilde;alado suficientemente la importancia que tuvo ese libro en la naciente red de po&eacute;ticas que acab&oacute; por desembocar en los cauces y caudales nov&iacute;simos y postnov&iacute;simos: el cosmopolitismo, la voluntad introspectiva, la renuncia al temario de la poes&iacute;a social, el culturalismo sin impostas, el dedo puesto en la llaga de la experiencia humana, la huella cernudiana... Todo ello aparec&iacute;a ya, majestuoso, impregnando de emoci&oacute;n dolorida unos versos imperecederos cuyo fluir reposado nunca aten&uacute;a la innovadora radicalidad de la propuesta. Su honestidad, su naturalidad, su cercan&iacute;a son a&uacute;n m&aacute;s sorprendentes cuando se repara en la fecha de publicaci&oacute;n: esos poemas supieron poner luz mediterr&aacute;nea, pagana y libre en el mundo hostil, pacato y servil&oacute;n del desarrollismo. Fueron un soplo intenso de aire fresco en medio de la grisura y la &ntilde;o&ntilde;ez de la &eacute;poca.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En su siguiente entrega, <em>A&uacute;n no</em> (1971), la expresi&oacute;n de la fugacidad y muerte de lo vivo, ahora m&aacute;s &iacute;ntimamente ligada a la experiencia amorosa, se decanta, se despoja y va quedando enteca, puro concepto, verdad palmaria y triste. Desde su propio t&iacute;tulo, a caballo entre la petici&oacute;n angustiada y la constataci&oacute;n te&ntilde;ida de sorpresa, el libro es a la vez una disecci&oacute;n de ese dolor de finitud y un d&eacute;bil lenitivo, forjado en la contemplaci&oacute;n de las &uacute;ltimas luces. En varios poemas del libro aparece el desdoblamiento del poeta en protagonista y narrador; en actante y observador, que se trasmuta a menudo y salta las fronteras temporales para lograr con su desmantelamiento un suced&aacute;neo, una ilusi&oacute;n de eternidad. As&iacute; sucede, por ejemplo, en &ldquo;El triunfo del amor&rdquo; (p. 103): uno de los escasos poemas de tema helen&iacute;stico recogidos en la antolog&iacute;a. Hay tambi&eacute;n un desle&iacute;rse de la propia identidad que, sabedora de su pr&oacute;xima consunci&oacute;n en cenizas, se anticipa y difumina en bell&iacute;simos versos desolados: &ldquo;Mir&eacute; desde el balc&oacute;n / y en el balc&oacute;n no hab&iacute;a nadie.&rdquo; (&ldquo;La espera&rdquo;, p. 108) Ese desdoblamiento lleva al poeta hasta observarse muerto y, en nuevos ejercicios ignacianos (Brines estudi&oacute; con los Jesuitas en Valencia, y esa experiencia le ha marcado a fuego), asistir a la futilidad de todo funeral en el poema &ldquo;Palabras para una despedida&rdquo; (p. 113). Por eso tambi&eacute;n se insiste en la querencia del presente (&ldquo;Elca y Montg&oacute;&rdquo;, p. 109): el &uacute;nico tiempo verbal que nos es dado vivir, y el s&iacute;mbolo m&aacute;s puro de la fugacidad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El desdoblamiento del &ldquo;yo&rdquo; po&eacute;tico persiste a&uacute;n en <em>Insistencias en Luzbel</em> (1977), el libro m&aacute;s enjuto y conceptual de todos los suyos, de m&aacute;xima pureza, para estallar en figuras fantasmales y evocar los terrores infantiles. Pero desaparece tras el reencuentro consigo mismo que supone <em>El oto&ntilde;o de las rosas</em> (1986). Ahora, una serenidad augusta se yergue sobre la angustia metaf&iacute;sica, y el poeta Brines aprende a reconciliarse consigo mismo. El retiro de Elca, en su Oliva natal, cobra aqu&iacute; un definitivo protagonismo, como si el hombre dividido de los dos libros anteriores hubiera logrado al fin reconocer su imagen reflejada en el espejo, hallar su centro y habitarlo conforme. Su &uacute;ltimo libro hasta la fecha, <em>La &uacute;ltima costa</em> (1995), es un definitivo reencuentro con la identidad perdida o disgregada: una recuperaci&oacute;n de la propia infancia como cifra de la existencia toda; un cerrarse el c&iacute;rculo que abrieron <em>Las brasas</em>. El poeta, reconciliado, percibe la totalidad mediante sinestesias: &ldquo;Han tocado mis ojos el esplendor del mundo&rdquo; (p. 169). La aceptaci&oacute;n es un hecho, y la comuni&oacute;n con la condici&oacute;n humana, as&iacute; como el reencuentro con un pasado personal que vuelve a ser f&eacute;rtil, confieren a estos poemas &uacute;ltimos un inequ&iacute;voco aroma, parad&oacute;jico y v&iacute;vido, de eternidad: hay un poeta en pie, que ha comprendido.</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Francisco Brines, <em>Todos los rostros del pasado</em>, Madrid, C&iacute;rculo de Lectores / Galaxia Gutenberg, 2007.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 09 Apr 2014 06:18:11 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Malambo o la épica de la supervivencia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/malambo-o-la-epica-de-la-supervivencia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/LEILA_GUERRIERO.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Esta es la historia de un hombre que particip&oacute; en una competencia de baile&rdquo;, as&iacute; comienza <em>Una historia sencilla</em>, un reportaje period&iacute;stico novelado de la escritora argentina Leila Guerriero. Y no es m&aacute;s ni menos que eso: un festival, un baile, un hombre; un hombre com&uacute;n y corriente, con una familia com&uacute;n y corriente, con una pobreza com&uacute;n y corriente; unos valores, una pasi&oacute;n, un sue&ntilde;o, la lucha diaria y una naci&oacute;n; una periodista que mira, sin censuras ni apriorismos, pero con respeto y admiraci&oacute;n, con un objetivo macro en la distancia &iacute;ntima; un estilo sencillo, casi austero, de tan esencial, completamente universal.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No es f&aacute;cil que &ldquo;menos&rdquo; sea &ldquo;m&aacute;s&rdquo;, mucho &ldquo;m&aacute;s&rdquo;, pero en este caso lo que comienza siendo un reportaje sobre el Festival Nacional de Malambo de Laborde, en la Argentina profunda, y el baile tradicional de los gauchos argentinos, el malambo, consistente en un zapateado <em>in crescendo</em>, mezcla de destreza y resistencia, pronto muta hacia la cr&oacute;nica novelada de la lucha del malambista Rodolfo Gonz&aacute;lez Alc&aacute;ntara por alcanzar tan preciado galard&oacute;n. En esos momentos de la narraci&oacute;n, el malambo ya no es tan s&oacute;lo un baile, es m&aacute;s, mucho m&aacute;s: es una forma de ver y entender la vida.&nbsp; Como el ritmo del mismo zapateado, la historia aumenta en intensidad y es m&aacute;s, mucho m&aacute;s: la &ldquo;historia sencilla&rdquo; se transforma en &ldquo;historia dif&iacute;cil&rdquo;, en la &ldquo;historia de un hombre com&uacute;n&rdquo;, en la historia de todo un pueblo, en nuestra propia historia. Poco a poco, hacia su recta final, la novela es m&aacute;s, mucho m&aacute;s: es pura &eacute;pica; la &eacute;pica del Hombre que lucha por sobrevivir con dignidad, que se esfuerza por alcanzar una meta aferrado a unos valores y principios; es la epopeya de un pueblo, de todos aquellos pueblos que se mantienen fieles a sus tradiciones y firmes sobre el escenario de la vida mirando hacia el futuro con decisi&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Una historia sencilla</em> es una obra tierna y emocionante, arranca como un reportaje que se transforma en cr&oacute;nica que, poco a poco, deriva hacia la novela hasta alcanzar en determinados momentos un intenso lirismo &eacute;pico, en especial cuando el danzante siente que el malambo le crece dentro y &eacute;l crece con el malambo, transform&aacute;ndose completamente: &ldquo;El primer movimiento de las piernas hizo que el cribo se agitara como una criatura blanda mecida bajo el agua. Despu&eacute;s, durante cuatro minutos cincuenta y dos segundos, hizo crujir la noche bajo su pu&ntilde;o. El era el campo, era la tierra seca, era el horizonte tenso de la pampa, era el olor de los caballos, era el zumbido de la soledad, era la furia, era la enfermedad&nbsp; y era la guerra, era lo contrario de la paz. Era el cuchillo y era el tajo. Era el can&iacute;bal. Era una condena. Al terminar golpe&oacute; la madera con la fuerza de un monstruo y se qued&oacute; all&iacute;, mirando a trav&eacute;s de las capas del aire hojaldrado de la noche, cubierto de estrellas, todo fulgor. Y, sonriendo de costado &ndash;como un pr&iacute;ncipe, como un rufi&aacute;n o como un diablo-, se toc&oacute; el ala del sombrero. Y se fue.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Este libro podr&iacute;a haber tenido m&aacute;s de mil p&aacute;ginas, pero no supera las ciento cincuenta en un ejercicio de depuraci&oacute;n absoluta, de decantaci&oacute;n hacia lo esencial, es &ldquo;m&aacute;s&rdquo; con &ldquo;menos&rdquo;; se elimina todo lo innecesario y se deja &uacute;nica y exclusivamente lo indispensable, conformando un artefacto narrativo de tan extrema como compleja sencillez, que aviva la experiencia literaria, en la que todo lo importante est&aacute; fuera y es completado por el lector, que es quien da sentido verdadero al texto al interiorizar la historia, identificarse con el personaje y reconocerse en &eacute;l.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En definitiva,&nbsp;<em>Una historia sencilla</em> es una cr&oacute;nica novelada que habla de la dignidad en lo cotidiano, de la lucha por la supervivencia. A trav&eacute;s de Rodolfo Gonz&aacute;lez Alc&aacute;ntara, Leila Guerriero nos habla de la templanza, de la tenacidad y &nbsp;de la paciencia de un hombre; de la austeridad, el coraje, la altivez, la sinceridad y la franqueza de un gaucho, valores que se repiten a lo largo del texto como un mantra, generando un ritmo, un ritmo de zapateado, un ritmo &eacute;pico y po&eacute;tico. Pero <em>Una historia sencilla</em> es m&aacute;s, mucho m&aacute;s, y Leila nos habla tambi&eacute;n del apego a la tradici&oacute;n y del amor a la patria. Nos ense&ntilde;a que en la rutina tambi&eacute;n puede haber filosof&iacute;a. Y, sobre todo, intenta hacernos ver que los grandes logros, las m&aacute;s duras batallas, s&oacute;lo se ganan con una &uacute;nica arma: la confianza en uno mismo y el esfuerzo diario mantenido en el tiempo. Al fin y al cabo, &ldquo;somos del mismo material del que se tejen los sue&ntilde;os&rdquo;: la esperanza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>LEILA GUERRIERO, <em>Una historia sencilla, </em>Barcelona, Anagrama, 2013<em>.</em></p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 08 Apr 2014 06:52:59 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dos poemas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/dos-poemas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Abril/juanmanuelbonet.jpg" alt="" /></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>The World at Night (1940)</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ne&oacute;n del alma, qu&eacute; sordid hotel anuncias</p>
<p>en la noche de este Par&iacute;s dolorido,</p>
<p>calle del Par&iacute;s del cuarenta, ne&oacute;n</p>
<p>del alma, hermano ne&oacute;n, qu&eacute; inhumanidad</p>
<p>desvela tu luz l&iacute;vida tan sin rumbo,</p>
<p>este terrible Par&iacute;s &uacute;ltimo, &aacute;mbito</p>
<p>de los placeres de la estirpe m&aacute;s turbia,</p>
<p>caros restaurantes del mercado negro,</p>
<p>tangos idos, lupanares verdigr&iacute;s,</p>
<p>cines s&oacute;lo para el soldado alem&aacute;n,</p>
<p>luego las ma&ntilde;anas azules de anta&ntilde;o,</p>
<p>desierto iluminado, infame desierto</p>
<p>del alma m&iacute;a, ya pianista y poeta</p>
<p>murieron, Hotel de Par&iacute;s ya sin alma,</p>
<p>escuchando lluvia andina sobre el zinc.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Un domingo en el Marne (1953)</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La vida es bella en el r&iacute;o, en la pantalla</p>
<p>fluyen serenas las aguas a ambos lados</p>
<p>de la barcaza, el color de las guinguettes,</p>
<p>tan dem&oacute;ticos para&iacute;sos entre ramas,</p>
<p>espacios de baile y vino blanco fr&iacute;o</p>
<p>rumbo a los cuales navega la mirada</p>
<p>en esta segunda posguerra del siglo,</p>
<p>parece mentira que Marne sea tambi&eacute;n</p>
<p>el nombre de una batalla, tan cercana</p>
<p>en el tiempo, navegando, los taxis</p>
<p>del Marne en la primavera de las guerras,</p>
<p>hoy en el irse de este r&iacute;o retornan</p>
<p>el piano de Poulenc, los cuadros, los trenes</p>
<p>en la memoria, por siempre la banlieue</p>
<p>color cereza, la vida es bella en el r&iacute;o.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 08 Apr 2014 06:41:33 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Diario del niño]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/diario-del-nino/</link>
      <description><![CDATA[<p align="right"><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Abril/rafaelperezestrada.jpg" alt="" /><strong></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">A Clara y Miguel &Aacute;ngel Mu&ntilde;oz Sanju&aacute;n</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">I</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>Los gatos son tigres y dejan rastros de plata; los p&aacute;jaros son &aacute;guilas inm&oacute;viles; y ahora cazo los recortes de luz entre las hojas. Si cierro el pu&ntilde;o, al anochecer, cuando nadie pueda verme, tendr&eacute; una mariposa de luz para m&iacute; s&oacute;lo. Si abro la mano frente al sol, la mariposa se niega a volar y muere entre mis dedos.</p>
<p>Morir es una palabra con espinas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">II</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>Contar olas. Por el momento hay 1.332 olas impares, una vana y un mont&oacute;n de pares. Las algas no cuentan. Despu&eacute;s viene el cansancio y el sue&ntilde;o azul. Cuando duermo, vuelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">III</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>El mar es mentira. Tomo un poco de mar y es transparente. El mar no existe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">IV</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>Sandok&aacute;n es un &aacute;ngel que amaestra tigres y vive al final de espejo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">V</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>La noche es una pantera de Java, descalza y con mil ojos.</p>
<p>La noche devora sombras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">VI</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>Prop&oacute;sitos:</p>
<p>a) Depilar las rosas del jard&iacute;n, quitarles las espinas.</p>
<p>b) Seguir el rastro de los caracoles hasta que los pies sean de cristal.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; c) Enjugar el llanto del sauce.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">VII</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>El campo es sucio y desordenado. Nadie plancha el campo,</p>
<p>nadie lo limpia.</p>
<p>En el monte, mi amigo el pastor apacienta nubes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">VIII</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>El &aacute;rbol es una casa pintada de verde, las hojas son alas.</p>
<p>Las hojas est&aacute;n dormidas. Llama la lluvia, las hojas siguen dormidas.</p>
<p>Intenci&oacute;n: salvar las hojas en oto&ntilde;o. Pegarlas una a una al &aacute;rbol.</p>
<p>La siempreviva: Un &aacute;rbol de hojas pegadas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">IX</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>Observaciones:</p>
<p>Las estrellas del cielo se han escapado del caleidoscopio.</p>
<p>La pantera de Java duerme.</p>
<p>Prop&oacute;sito: Te&ntilde;ir las estrellas de colores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">X</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>El eco est&aacute; camuflado en el monte: cazar el eco.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">XI</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>Guerra:</p>
<p>El hombre grande se come al chico.</p>
<p>La sombra del cipr&eacute;s, pincha.</p>
<p>El ladr&oacute;n de sonrisas.</p>
<p>Un aleteo de p&aacute;jaros azules.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">XII</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>Noche:</p>
<p>El pastor seguido por una luna mansa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">XIII</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>Deseo:</p>
<p>Ba&ntilde;arse dos veces en el mismo sue&ntilde;o.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;XIV</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>Cuando yo duermo todo el mundo duerme.</p>
<p>Prop&oacute;sito: pensarlo m&aacute;s despacio.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 07 Apr 2014 06:44:47 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Del no mundo. Poesía (1961-1973)]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/del-no-mundo-poesia-1961-1973/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Abril/juaneduardocirlot.jpg" alt="" /></p>
<h1>&nbsp;</h1>
<h1>&nbsp;</h1>
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<h1>&nbsp;</h1>
<h1>&nbsp;</h1>
<h1 style="text-align: left;">Inmersi&oacute;n en el abismo</h1>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tras la edici&oacute;n del ciclo <em>Bronwyn </em>(Siruela, Madrid 2001) y <em>En la llama </em>(Siruela, Madrid 2005), aparece ahora <em>Del no mundo</em>, tercer y &uacute;ltimo volumen de la poes&iacute;a reunida de Juan Eduardo Cirlot. En &eacute;l, a excepci&oacute;n del mencionado ciclo, se recoge la poes&iacute;a escrita por el autor desde el a&ntilde;o 1960 hasta su muerte, acontecida en mayo de 1973. El t&iacute;tulo se debe a un libro de aforismos, donde el poeta condens&oacute; su pensamiento en breves fragmentos, entre los que leemos: &laquo;<em>Algo </em>viene al ser-dejandode-ser-rodeado-de-no ser, que es el tiempo existencial (=la existencia temporal). Ignoramos si la fase negra, u oculta (no existir), de lo que llega a ser (desde su cese) tiene un secreto modo de hilarse con lo otro advenido o adveniente. La conciencia individual (en todos los casos) es discontinua. Por eso, el existente es un ser condenado a saber que dejar&aacute; de ser, paradoja y contradicci&oacute;n insultante, origen de toda sublevaci&oacute;n contra lo-que-es&raquo;.&nbsp;</p>
<p>Toda la obra po&eacute;tica de Cirlot &ndash;incluso la m&aacute;s luminosa&ndash; parte de la conciencia de ese &laquo;ser-dejando-de-ser&raquo;, y se presenta como una manifestaci&oacute;n de dicha dualidad. Ofrece, pues, un panorama en el que &laquo;ser y no ser&raquo; a un tiempo es la m&aacute;xima paradoja y, acaso, la &uacute;nica posibilidad. Porque este &laquo;ser-dejandode-ser&raquo; tiende, al irse desvaneciendo, a &laquo;volver a ser&raquo;, es decir, a renacer. Y en el punto de renacer, el hombre, &laquo;ser parcial&raquo;, es sujeto de una transformaci&oacute;n y llega a ser total; llega a la integraci&oacute;n de su corporalidad y su alma, su yo de luz. De este modo se convierte en destellante <em>oro </em>la <em>negrura </em>de la carencia.&nbsp;</p>
<p>Los poemas &ndash;cuadernos, folletos o poemas sueltos&ndash; que integran <em>Del no mundo </em>reflejan esta din&aacute;mica y se mueven incesantemente, mostrando un espectro de colores y una armadura de sonidos que se orientan hacia el fin mencionado. El hecho de que el <em>Ciclo Bronwyn</em>, aunque cronol&oacute;gicamente pertenezca a este periodo, no figure en sus p&aacute;ginas destaca particularmente este dinamismo. Civilizaciones pasadas, arrasadas, restos de memoria hist&oacute;rica, ruinas, recuerdos de combates, armas rotas, cuerpos destrozados, vegetaci&oacute;n casi sepultada, tierra propicia a la fermentaci&oacute;n, se hallan latentes en sus p&aacute;ginas esperando la total descomposici&oacute;n de la que emerger&aacute; un germen de nueva vida. Por ello los poemas <em>(Las oraciones oscuras, La doncella de las cicatrices, </em><em>44 </em><em>sonetos de amor&hellip;)</em>, como la cola del pavo real, despliegan ese colorido (del negro al oro,&nbsp; pasando&nbsp; por&nbsp; el&nbsp; blanco,&nbsp; el&nbsp; rojo&nbsp; y&nbsp; el&nbsp; verde) que nos habla de la transformaci&oacute;n alqu&iacute;mica, del mismo modo que hay en ellos rupturas <em>(La sola virgen la)</em>, reiteraciones <em>(Inger Stevens, in memoriam)</em>, insistencia en las construcci&oacute;n del verso <em>(El palacio de plata) </em>y un empleo particular de los sonidos <em>(Inger, permutaciones) </em>que nos remiten al hechizo, la letan&iacute;a y la oraci&oacute;n. Todo esto apunta al terreno de lo sagrado. De hecho nos traslada a los or&iacute;genes mismos de la poes&iacute;a, tan vinculada a la magia y a la f&oacute;rmula para persuadir al Dios, como a enfrentarse con el misterio.&nbsp;</p>
<p>El verdadero misterio es el de la vida y va unido a la capacidad del hombre para reconocerlo. La inteligencia desempe&ntilde;a, por ello, en esta obra un papel fundamental. En el caso de Cirlot la inteligencia &ndash;como el estar en el mundo&ndash; es dual, ya que la mueve por un lado la raz&oacute;n y, por otro, la intuici&oacute;n. Unidas ambas, el resultado es de una enorme coherencia. Schopenhauer escribi&oacute;: &laquo;la verdadera esencia de la realidad es precisamente la simultaneidad de diversos estados, pues s&oacute;lo esto es lo que hace posible la duraci&oacute;n<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>&raquo;. La poes&iacute;a de Cirlot, aunque se extienda por unos determinados a&ntilde;os y abarque formas diversas, logra una asombrosa simultaneidad. Esto se debe a que cada nuevo paso dado, incluso en el sentido formal, se hallaba en germen ya desde un comienzo, as&iacute; como los elementos esenciales de su particular mitolog&iacute;a. Se trata, sin duda, de intuiciones rigurosamente personales que se fueron reflejando luego en los espejos m&uacute;ltiples de una vast&iacute;sima erudici&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>Juan Eduardo Cirlot, conocedor del surrealismo desde que en 1940 vive en Zaragoza y tiene acceso a la biblioteca del cineasta Luis Bu&ntilde;uel, gracias a su hermano Alfonso; interesado desde un principio en egiptolog&iacute;a y poco despu&eacute;s en los s&iacute;mbolos, movido por el deseo de descifrar sus sue&ntilde;os &ndash;tema en el que profundiza gracias a su amistad con el etn&oacute;logo y music&oacute;logo Marius Schneider&ndash;; m&uacute;sico y compositor que admira la obra de Wagner, Sch&ouml;nberg, Scriabin, Alban Berg o Hindemith; cr&iacute;tico de arte y miembro del grupo <em>Dau al set</em>, junto a T&agrave;pies, Cuixart, Joan Pon&ccedil;, Tharrats, Brossa y Arnau Puig; interesado no s&oacute;lo en el arte de vanguardia, sino en el medieval, sabe desde un principio que la obra, se trate de realismo o de abstracci&oacute;n, debe expresar al artista. As&iacute; en su art&iacute;culo &laquo;Cohesi&oacute;n y no armon&iacute;a<a title="" href="#_ftn2">[2]</a>&raquo; afirma: &laquo;Si alguna misi&oacute;n tiende a llenar el Arte, es expresar al hombre, al hombre, as&iacute;, &iacute;ntegro, total, residente en la tierra, v&iacute;ctima de miles de solicitudes extra&ntilde;as entre s&iacute; y contrapuestas; al hombre como v&iacute;ctima y al hombre como vencedor, en la gran invasi&oacute;n de las fuerzas que lo mueven y que son por &eacute;l movidas&raquo;. En una carta a la directora de la revista de Caracas <em>&Aacute;rbol de fuego</em>, Jean Aristeguieta, del 16 de abril de 1967, le dec&iacute;a: &laquo;Ver&aacute;s, un ser como yo, que ha escrito versos m&aacute;s o menos herm&eacute;ticos, que ha publicado, al margen, unos doscientos art&iacute;culos y m&aacute;s de treinta libros sobre arte, en el fondo <em>no ha hecho nada </em>si no ha contado <em>lo que le pasa</em>&raquo;.&nbsp;</p>
<p>La certeza, pues, de que el arte se mueve en el terreno de la subjetividad, pero elevado a un nivel universal, comporta una exigencia inapelable. Por este motivo Cirlot tiene gran empe&ntilde;o en la forma e insiste en que &eacute;sta es la piedra de toque. Y aunque &laquo;el &lt;hecho po&eacute;tico&gt; es siempre un acto an&iacute;mico, un &lt;estado&gt; o &lt;vivencia&gt; tenidos por el creador l&iacute;rico&raquo;<a title="" href="#_ftn3">[3]</a>, el esfuerzo se encamina en este sentido. Por ello dice de <em>Inger Stevens, in memoriam </em>que es una de sus obras m&aacute;s queridas y le parece que en ella ha conseguido aquello que busca, &laquo;lo que m&aacute;s me cuesta lograr: la &lt;forma&gt; del poema como tal<a title="" href="#_ftn4">[4]</a>&raquo;.&nbsp;</p>
<p>La forma &ndash;su forma&ndash; la descubre Cirlot gracias a la relaci&oacute;n con las otras artes. Si llega a lo que llama poes&iacute;a &laquo;experimental&raquo; partiendo de la pintura, fundamentalmente de la t&eacute;cnica del collage, descubre la permutaci&oacute;n aplicando a los versos el serialismo de Sch&ouml;nberg. As&iacute; puede sintetizar en su escritura t&eacute;cnicas surrealistas, expresionistas, simb&oacute;licas y herm&eacute;ticas orientadas siempre a expresar eso &laquo;que le pasa&raquo; y a crear un mundo propio en todos los terrenos.&nbsp;</p>
<p>El lector que se enfrenta a este libro, <em>Del no mundo</em>, se ver&aacute; sumido en un potente magma oscuro y lleno de destellos y, a la vez, asaltado por el ritmo y el sonido, lo que en alg&uacute;n momento puede parecerle arbitrario, pero pronto captar&aacute; que no es as&iacute;, que todo tiene un sentido profundo. Estar&aacute; asistiendo al descarnamiento &uacute;ltimo de un poeta que &laquo;inscribe su alma&raquo; en cada verso, pero que es consciente de que el aspecto espiritual del hombre se asienta en&nbsp; su cuerpo (&laquo;yo no creo en una energ&iacute;a sin materia y esp&iacute;ritu es energ&iacute;a&raquo;, dijo<a title="" href="#_ftn5">[5]</a>). Y la voz lo expresa: &laquo;una rosa de voz en el desierto6&raquo;. Por ello se trata de materia viva, latente; materia humana, llena de conciencia, de una conciencia tan poderosa que hace sentirse a aquel que la padece como un ser &laquo;ahumano&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Clara Jan&eacute;s</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p>Como si los leones devorasen tu cuerpo, y tu sangre</p>
<p>corriera sobre el m&aacute;rmol escaso,</p>
<p>as&iacute; te miro, pensando</p>
<p>en el sagrado d&iacute;a de tu muerte,</p>
<p>cuando un sepulcro inmenso beber&aacute; tu hermosura</p>
<p>quemada por el tiempo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Habr&aacute;s sido una m&uacute;sica ciega en lo alto de un muro.</p>
<p>Mi larga maldici&oacute;n te pertenece como tus propios huesos,</p>
<p>ll&eacute;vatela contigo a la tierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tenebrosa, &iquest;de qu&eacute; te sirve tanto oro</p>
<p>confundido con plata?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No podr&eacute; ver tu muerte, comprobar tu agon&iacute;a;</p>
<p>s&oacute;lo tendr&eacute; una escueta noticia inacabada,</p>
<p>la certidumbre del lugar ocupado por tus &laquo;restos&raquo;</p>
<p>y la seguridad mayor de que no he de nombrarte</p>
<p>cuando me refiera a mis &aacute;ngeles clarividentes, erguidos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">(de <em>Regina Tenebrarum</em>, 1966)</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Heme aqu&iacute; postrado ante ti, a la que llamo Reina de las Tinieblas</p>
<p>porque la luz es reina por s&iacute; misma y s&oacute;lo la oscuridad necesita</p>
<p>una reina que en ellas refulja con su diadema de emanaci&oacute;n</p>
<p>incesante, y la grabe en su losa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No te ruego que deshagas la oscuridad de mi coraz&oacute;n ni de mi</p>
<p>conciencia sino en la medida en que esto sea justo para que</p>
<p>pueda alabarte, y ver en lo Tenebroso la forma de lo que debe</p>
<p>ser exaltado y en lo alucinante de mi propio esp&iacute;ritu que ya</p>
<p>tengo el fuego que s&oacute;lo T&uacute; has de encender.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No s&eacute; darte otro nombre que exprese mejor el mundo desde</p>
<p>el cual te contemplo y te adoro, sumido en la profundidad de</p>
<p>un mar negr&iacute;simo cuyos abismos son yo mismo convertido en</p>
<p>mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No te invoco con palabras de alegr&iacute;a ni te proclamo con tus</p>
<p>nombres de exasperaci&oacute;n o de serenidad porque no tengo el</p>
<p>tesoro del que se extraen esas antorchas. Levanto hacia ti mis</p>
<p>manos de ceniza ensangrentada y mis dones son solamente,</p>
<p>Potencia Oscura, los que T&uacute; te das a ti misma, el reflejo que mi</p>
<p>opacidad puede dar de tu oscura luminosidad. Pues, para m&iacute;,</p>
<p>hasta la luz es tinieblas en tanto no sea llamado y vea que me</p>
<p>env&iacute;as tu &Aacute;ngel en el puente llameante, en el tercer d&iacute;a que suceda</p>
<p>al de mi muerte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(De <em>Las oraciones oscuras</em>, 1966)</p>
<p><span style="font-size: 1.17em;"><br /></span></p>
<p><span style="font-size: 1.17em;">Tres fragmentos de la ciudad de la nada</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>1</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si no tuvieras</p>
<p>ni d&oacute;nde ni por qu&eacute;,</p>
<p>si solamente gris</p>
<p>fueras la resonancia de un olvido</p>
<p>o de un llanto fingiendo</p>
<p>el paso de la nieve entre las nubes,</p>
<p>la desgarrada l&iacute;nea</p>
<p>que marca lo que hubiese</p>
<p>podido ser alguna</p>
<p>imagen, y si no</p>
<p>fueras algo</p>
<p>te pedir&iacute;a, Sombra, que volvieras</p>
<p>la alucinante luz de tu lejano</p>
<p>irte</p>
<p>raudo en la inexistencia de lo que</p>
<p>es.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>2</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ven a la habitaci&oacute;n lejos del cielo</p>
<p>donde no llegan rosas ni gemidos.</p>
<p>Las olas solamente son las olas.</p>
<p>Cont&eacute;mplate en la olas desoladas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dos mil doscientos a&ntilde;os est&aacute;n vivos.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>3</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hablarte no es cantar ni sollozar,</p>
<p>doncella de Cartago.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Te quiero no es decir te necesito,</p>
<p>no es hablar del amor ni de cerrados</p>
<p>&eacute;xtasis compartiendo los rosales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Te quiero solamente es admitir</p>
<p>que te existo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que contengo tu ser en esta p&aacute;gina</p>
<p>nacida de las ruinas de mis labios.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">(De <em>Poemas de Cartago</em>, 1969)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tiniebla y claridad. Ser y no ser</p>
<p>unidos en lo gris donde la mezcla</p>
<p>eleva su castillo sin sonido,</p>
<p>la castidad doliente de sus lanzas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el oro, lo negro se reviste</p>
<p>de celeste fulgor para acercar</p>
<p>su rostro hacia las alas de las aves</p>
<p>que rozan las almenas de la niebla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La mezcla nos confunde en su color</p>
<p>de transparencias que se agregan s&oacute;lo</p>
<p>en superposici&oacute;n de movimientos</p>
<p>y de inmovilidades desvariantes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las escaleras gimen cuando el alma</p>
<p>desciende por su sombra hacia la piedra,</p>
<p>o sube por su piedra hacia la sombra</p>
<p>que finge ser un &aacute;ngel entre anillos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La luz, la oscuridad, como el silencio,</p>
<p>o la palabra sorda de los siglos</p>
<p>entre las yuxtaposiciones de los tiempos</p>
<p>pensados o vividos solamente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La nunca eternidad erige solios</p>
<p>en las llanuras blancas de la muerte</p>
<p>que el impalpable polvo reconoce</p>
<p>como si hierbas fueran desde siempre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un mundo sin murallas se deshace</p>
<p>mientras la mano humana lo se&ntilde;ala</p>
<p>en la ventana inmensa de una frente</p>
<p>bajo su cabellera rubia y gris.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Heredero de horror y de caricias,</p>
<p>mensajero de un &eacute;xtasis en turnos</p>
<p>agraviados por rosas que se cierran.</p>
<p>As&iacute; comienza el fuego a enmudecer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(De <em>Hamlet</em>, 1969)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El &laquo;modelo&raquo; del deseo est&aacute; ah&iacute;. Su estar no es signo de esperanza</p>
<p>(posibilidad), pues la distancia (espacio, tiempo), desuniendo,</p>
<p>impide. La intuici&oacute;n de amor es absoluta. Todo lo de</p>
<p>despu&eacute;s (ser o no ser) es relativo, contingente, deteriorado.</p>
<p>Est&aacute; amenazado desde dos interiores y toda la exterioridad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; *</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ser ahumano s&oacute;lo es un aspecto de ser amundano. El que rechaza</p>
<p>en su fundamento un cosmos espacial-din&aacute;mico-temporal,</p>
<p>rechaza lo humano. Se rechaza a s&iacute; mismo en cuanto no es</p>
<p>pensamiento ext&aacute;tico.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; *</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La persistencia, con todo, le constri&ntilde;e a manifestarse, actuar,</p>
<p>relacionarse. Pero todo es &laquo;comportamiento en exterioridades&raquo;,</p>
<p>pluralidad de divergencias disonantes, con ocasionales simultaneidades.</p>
<p>El que rechaza est&aacute; aparte, como un alma en</p>
<p>medio de un inmenso solar lleno de restos y deshechos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;*</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El mundo es el lugar donde nada permanece (consecuente</p>
<p>consigo), lo nunca puede darse, pero ni lo que aparece existe</p>
<p>fuera del tiempo. El tiempo parece ser una condici&oacute;n continente-</p>
<p>contenido que, a cambio de dar el estar, exige el deteriorar</p>
<p>hasta la aniquilaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; *</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El hombre interior puede pensarse como ser ahumano. Basta</p>
<p>con que haga abstracci&oacute;n de todo cuanto le rodea circustancialmente.</p>
<p>Y todo es circunstancia (no s&oacute;lo el lugar, la &eacute;poca y</p>
<p>la situaci&oacute;n); hasta el cuerpo, el pensamiento y el destino propio</p>
<p>son circunstancia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; *</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El objeto del amor es el signo de la invalidez, de la carencia del</p>
<p>yo. Amar &laquo;lo otro&raquo; es no poder amar suficientemente lo uno,</p>
<p>lo Uno. Es decir, ni el centro ahumano de la mismidad, que cabr&iacute;a</p>
<p>imaginar inespacial e intemporal, esto es, acircunstancial.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; *</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo &laquo;no&raquo; pudiera ser una apariencia &ndash;ya que la nada, en s&iacute;, es</p>
<p>inexperimentable&ndash;. Ser&iacute;a la apariencia fundamental del individuo,</p>
<p>como asignaci&oacute;n de espacio y tiempo en que &laquo;&eacute;l&raquo; (o</p>
<p>ello) <em>no est&aacute; </em>(no es). Apariencia desde el sentido general del</p>
<p>ser, no desde el &aacute;ngulo del ente discontinuo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; *</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La posibilidad, m&aacute;s a&uacute;n, la necesidad de fundamentarse en la</p>
<p>apariencia (sucesi&oacute;n de entes, estados, extensiones) ser&iacute;a el</p>
<p>destino del existente, determinante, en lo afirmativo, de lo estructural;</p>
<p>en lo negativo, de la insuficiencia, de la carencia de</p>
<p>cada &laquo;s&iacute;&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; *</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nadie, en realidad, puede ayudar. Nadie puede hacer nada</p>
<p>por ti, ni en lo esencial ni en lo circunstancial. No debes esperar</p>
<p>nada, desear nada, confiar en nada. Tienes, sin embargo,</p>
<p>que seguir actuando (pero, progresivamente menos, orientado</p>
<p>a lo s&oacute;lo necesario), porque tu circunstancia lo exige. (Por</p>
<p>ahora).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; *</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Buda se equivoc&oacute;. La causa del dolor no es el deseo, sino la <em>carencia</em></p>
<p>que motiva el deseo. Por la renunciaci&oacute;n y el ascetismo</p>
<p>se anticipa la muerte, pero no se resuelve el problema &ndash;los problemas&ndash;</p>
<p>de la vida (engendrados por la radical carencia del</p>
<p>ente que siente, sabe y <em>se </em>sabe).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;*</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desinteresarse de todo lo exterior es imposible, razonablemente,</p>
<p>cuando se tiene ya una existencia construida con interrelaciones.</p>
<p>Basta recordar el &laquo;verdadero car&aacute;cter&raquo; de todo</p>
<p>ello, y buscar el equilibrio en lo interior. Pero no como plenitud</p>
<p>de sentido, ni como <em>lugar </em>donde lo universal refluye o coexiste,</p>
<p>sino como la pura nada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; *</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Este vac&iacute;o esencial, en torno al cual se pueden admitir toda</p>
<p>suerte de relaciones, objetos, sentimientos, ha de poseer bastante</p>
<p>fuerza para que una p&eacute;rdida o renuncia sean disueltas en</p>
<p>su espiral, sin grave padecimiento. El padecer <em>significa </em>la insuficiencia</p>
<p>aniquilante del vac&iacute;o interior, la &laquo;diferencia&raquo; entre</p>
<p>herida y fuerza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;*</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Algo </em>viene al ser-dejando-de-ser-rodeado-de-no ser, que es el</p>
<p>tiempo existencial (= la existencia temporal). Ignoramos si la</p>
<p>fase negra, u oculta (no existir) de lo que llega a ser (desde su</p>
<p>cese) tiene un secreto modo de hilarse con lo otro advenido o</p>
<p>adveniente. La conciencia individual (en todos los casos) es discontinua.</p>
<p>Por eso, el existente es un ser condenado a saber</p>
<p>que dejar&aacute; de ser, paradoja y contradicci&oacute;n insultante, origen</p>
<p>de toda sublevaci&oacute;n contra lo que-es.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; *</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los instrumentos (espada, radar) son elementos que <em>intentan</em></p>
<p><em>movilizar </em>(&iquest;transformar?) <em>la discontinuidad</em>. O&iacute;r otros mundos</p>
<p>(lejanos), matar a otros seres (y disolver su <em>aparente </em>unidad),</p>
<p>no son actividades demasiado contradictorias en cuanto a su</p>
<p>motivaci&oacute;n-origen.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; *</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El estructuralismo, que parece funcional, es metaf&iacute;sico. Intentando</p>
<p>comprenderlo (o convertirlo) todo en <em>componentes intercambiables</em>,</p>
<p>quiere convencernos de la unidad subyacente bajo</p>
<p>la dial&eacute;ctica de los complejos universales (signos matem&aacute;ticos,</p>
<p>palabras, actos, formas).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; *</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El abandono de la simb&oacute;lica por la semi&oacute;tica es s&iacute;ntoma de &laquo;civilizaci&oacute;n</p>
<p>&raquo;, en el sentido en que lo es el abandono de lo natural</p>
<p>por lo artificial, de lo vital por lo mec&aacute;nico. Aunque no</p>
<p>exista absoluta soluci&oacute;n de continuidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; *</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El origen del mal no es un misterio tan insondable como el origen</p>
<p>de &laquo;lo otro&raquo;. &iquest;C&oacute;mo &Eacute;l pudo desear algo, si deseo es carencia?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; *</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Somos lo que tenemos m&aacute;s o menos continuamente. Lo que</p>
<p>&laquo;poseemos&raquo; discontinua o infrecuentemente crea un vac&iacute;o en</p>
<p>nuestro tener (= ser) proporcional a su rareza (en nuestro</p>
<p>tiempo).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; *</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El arte es necesario en la medida que facilita suced&aacute;neos (a</p>
<p>veces transfigurados, nunca equivalentes) de ciertas de nuestras</p>
<p>carencias dominantes. Tambi&eacute;n es necesario (o concebible)</p>
<p>en la medida que &laquo;re-presenta&raquo; nuestro acaecer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; *</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La vida: una m&uacute;sica que crea esculturas que, por seguir siendo</p>
<p>m&uacute;sica, se desarrollan, culminan, cambian, decaen, cesan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; *</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Parad&oacute;jicamente, y por ant&iacute;tesis, la conciencia de vivir lanza a</p>
<p>la muerte. S&oacute;lo vive lo inconsciente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; *</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No me identifico con mi ser; mucho menos con la inteligencia</p>
<p>de que dispongo. Yo soy mucho m&aacute;s que yo. Mejor dicho, soy</p>
<p>&laquo;otra cosa&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; *</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La que llamo <em>Bronwyn</em>, en poes&iacute;a, es el centro del &laquo;lugar&raquo; que,</p>
<p>dentro de la muerte, se prepara para resucitar ; es lo que renace</p>
<p>eternamente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; *</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vivimos en la nada, no es que caigamos en la nada al morir. La</p>
<p>muerte s&oacute;lo es la zona oscura de la vida. En ella <em>algo </em>empuja</p>
<p>hacia el resurgir. Ese algo (<em>anima </em>= <em>mater</em>) es como un hilo enterrado</p>
<p>en la sombra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; *</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si la vida es nada es porque en ella no lo somos todo. Y ser un</p>
<p>&laquo;trozo&raquo; (de espacio, de tiempo, de vida, de materia) <em>no basta</em>.</p>
<p>La vida es carencia. Por eso es dinamismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; *</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La sexualidad y la arqueolog&iacute;a son lo mismo, o, mejor dicho,</p>
<p>surgen de lo mismo. De la noci&oacute;n de que en la materia est&aacute; <em>ello</em></p>
<p>(el secreto de la vida eterna).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;*</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La &laquo;duraci&oacute;n&raquo; de ciertos objetos arqueol&oacute;gicos (s&iacute;lex con</p>
<p>200.000 a&ntilde;os de antig&uuml;edad) nos afecta por nuestra limitaci&oacute;n</p>
<p>temporal, en la medida que &eacute;sta act&uacute;a sobre la capacidad de ideaci&oacute;n.</p>
<p>El pensamiento humano soportar&aacute; probablemente las</p>
<p>mismas torturas que hoy, bajo <em>x </em>envoltura, dentro de 2.000.000</p>
<p>de a&ntilde;os <em>x n</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; *</p>
<p>El deseo, necesario para que exista algo ( = todo), no terminar&aacute;</p>
<p>nunca, sino terminamos con el universo, no ya con el planeta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;(Del libro <em>Del no mundo</em>, 1969)&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4>El pensamiento de Edgar Poe</h4>
<h4><em><br /></em></h4>
<p>Era. La palabra &laquo;era&raquo; encierra todo el misterio del universo,</p>
<p>mejor a&uacute;n, de los universos (posibles, imposibles, existidos,</p>
<p>existentes, existibles, imaginarios, reales, so&ntilde;ados, perdidos,</p>
<p>muertos o vivos), pues lo-que-es, <em>es-dejando-de-ser</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay dos modos de no tener y de no ser. No haber existido</p>
<p>nunca. (<em>Nunca</em>, otra palabra). O haber existido en el tiempo.</p>
<p>(<em>Tiempo</em>, &iquest;se puede pronunciar o escribir esa pa-la-bra?).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Edgar Poe no se detuvo a mirar las an&eacute;monas, ni a calcular ra&iacute;ces</p>
<p>c&uacute;bicas, ni pens&oacute; en lo que podr&iacute;a ser la mente de un general</p>
<p>romano, la esencia de una enfermedad, el color de un</p>
<p>paisaje. (Pens&oacute; en todo ello, pero a <em>trav&eacute;s </em>de ello).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Poe no toc&oacute; cuerpos humanos. Acarici&oacute;, sin duda, los muslos juveniles</p>
<p>de su mujer, que morir&iacute;a tan pronto. Pens&oacute; en el &ndash;&iquest;m&aacute;s</p>
<p>denso?&ndash; cuerpo de otra (&iquest;de otras?). &iquest;Qu&eacute; <em>pudo </em>imaginar <em>era</em></p>
<p>todo eso? Poe llor&oacute;, comi&oacute;, bebi&oacute;. Bebi&oacute; sobre todo alcohol,</p>
<p>mostrando que saciaba as&iacute; su sed alqu&iacute;mica del Andr&oacute;gino, pues</p>
<p>el alcohol (agua-fuego) es un s&iacute;mbolo de <em>coincidentia oppositorum</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Poe vivi&oacute; en casas, us&oacute; muebles, ley&oacute; diarios, escribi&oacute; (menos</p>
<p>por aquello de que trataba que por <em>lo otro</em>) y m&aacute;s que ser, <em>era</em>. Es</p>
<p>decir, siempre hab&iacute;a sido mejor que ser, y hab&iacute;a estado mejor</p>
<p>que estar. Miraba a su amada &ndash;&iquest;oro?&ndash; y ve&iacute;a un estanque; no un</p>
<p>estanque, un pantano. Un pantano sumido en la niebla (mezcla</p>
<p>aire-agua, gris de la disoluci&oacute;n), entre altos &aacute;rboles (s&iacute;, descarnados</p>
<p>porque el t&oacute;pico lo exige y hay que dar lo suyo al infierno</p>
<p>de la vulgaridad humana, que es la vulgaridad de todo el cosmos).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Poe habl&oacute; con hombres, pero no era un hombre (en el sentido</p>
<p>estricto y total, al tiempo, del concepto). Dialog&oacute;. &iquest;Dialog&oacute;?</p>
<p>Pod&iacute;an parecerle fantasmas, aparecidos (es decir, <em>existentes</em></p>
<p>= hombres verdaderos). Eran. Pero ya casi no eran cuando &eacute;l</p>
<p>lanzaba su mirada. (<em>Mirada</em>, otra palabra).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Poe s&oacute;lo sent&iacute;a <em>en </em>la muerte. Solamente la muerte le interesaba.</p>
<p>La poes&iacute;a la hac&iacute;a por y en la muerte. Dijo &ndash;por error o por</p>
<p>enmascaramiento &laquo;rojo&raquo;&ndash; que la poes&iacute;a se hace con lucidez, y</p>
<p>que debe elegirse un tema apasionante. Y que ninguno mayor</p>
<p>que la belleza y la muerte de la belleza (&laquo;La ruina de una</p>
<p>belleza&raquo;, Rodin). Lo dijo. Era su manera de expresarse para los</p>
<p><em>seres </em>humanos (?). Pero &eacute;l sab&iacute;a que no. El tema no es nada, ni</p>
<p>una palabra. La t&eacute;cnica ya es m&aacute;s, porque es manifestaci&oacute;n de</p>
<p>s&iacute;ntesis inteligencia-esp&iacute;ritu-objeto (<em>Ulalume</em>).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Poe quer&iacute;a <em>entender </em>en muerte. Poe fue un absoluto t&eacute;cnico en</p>
<p>muerte. Poe quiso conocer de la muerte coma los m&eacute;dicos forenses</p>
<p>(lo hizo), como los m&eacute;dicos-poetas (alguno puede existir),</p>
<p>como los poetas que no son m&eacute;dicos, como los fil&oacute;sofos,</p>
<p>corno los ocultistas, los sacerdotes, los magos, como los Poes.</p>
<p>Pero s&oacute;lo &eacute;l <em>era </em>Poe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sin embargo, su conocimiento esencial de la muerte no fue</p>
<p>ninguno de los citados. Entendi&oacute; la muerte como la entienden</p>
<p>los propios muertos. Poe hizo que su coraz&oacute;n latiera al ritmo</p>
<p>m&aacute;s leve. Puso la mayor lividez en su frente, hizo entenebrecerse</p>
<p>sus manos delicadas. Poe hizo que su cerebro llegara</p>
<p>(muchas veces) a los umbrales (con su dintel, etc.) de la <em>no</em></p>
<p><em>vida</em>. &iquest;Lleg&oacute; en alguno de esos momentos a no ser?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La muerte, en s&iacute;, ofrece muchas posibilidades: cese total, apertura</p>
<p>instant&aacute;nea desde otra mente (ya que <em>no se puede ser nada</em>),</p>
<p>ir deshaci&eacute;ndose lentamente, con sue&ntilde;os cada vez m&aacute;s deformes,</p>
<p>informes, informales, deformales, mientras las c&eacute;lulas se</p>
<p>descomponen; pasar a otros mundos, &iquest;ortodoxos?, &iquest;heterodoxos?,</p>
<p>&iquest;fuego?, &iquest;luz?, &iquest;oscuridad?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero esas, posibilidades, en el fondo (<em>fondo</em>, otra palabra) no</p>
<p>son, bien pensado, <em>la </em>muerte. La muerte es el cese. Es el no. Es</p>
<p>donde nada lo nunca ni. Es lo que no, en no, por no, para no.</p>
<p>Es la aniquilaci&oacute;n del proyecto, desde el vuelo lento de la idea</p>
<p>sublime a la pulsaci&oacute;n del nervio m&iacute;nimo. <em>Ese cese </em>lo vivimos,</p>
<p>tambi&eacute;n, de otro modo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>S&eacute;neca lo dijo: &laquo;La mayor&iacute;a de los humanos consideran la muerte</p>
<p>como algo venidero; cuando la muerte est&aacute; ya tras de ellos&raquo;.</p>
<p>Es lo que <em>ya </em>no son, lo que <em>ya </em>no tienen. (Es lo que <em>ya</em>, otra palabra).</p>
<p><em>Era </em>y <em>ya</em>. Pensarlo desde m&aacute;s all&aacute; de la altura de los ojos:</p>
<p>asomarse al cielo, hundido en el mar hasta las pupilas y alzarlas</p>
<p>algo para sentir que se anegan y caen los ojos al fondo del mar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero no. Nada de esto es la muerte. La muerte podr&iacute;a ser la</p>
<p>tensa contemplaci&oacute;n de la idea de morir, de haber sido, o de</p>
<p>estar muriendo, o de convivir con un muerto y sentirlo tanto</p>
<p>que ese muerto sea m&aacute;s importante &ndash;como muerto&ndash; que toda</p>
<p>la realidad viviente del universo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La muerte anima el universo. &laquo; &Aacute;tomos libres para la nueva</p>
<p>vida&raquo;. S&iacute;, es un &laquo; m&aacute;s all&aacute;&raquo;, cierto m&aacute;s all&aacute;. Pero no se trata de</p>
<p>&laquo;m&aacute;s all&aacute;s&raquo;, sino del instante del no estar, la ca&iacute;da a pico en el</p>
<p>doble cese (&laquo;yo es otro&raquo;, Rimbaud). O sea que <em>se oye morir </em>al</p>
<p>otro dentro de uno, &iquest;de <em>uno</em>?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si se mira una moneda griega o del siglo XIV, si se toca una</p>
<p>lanza rom&aacute;nica; si se acompa&ntilde;a a una doncella gris por una</p>
<p>calle siniestra, si se acaricia a una prostituta (mujer que muere</p>
<p>mucho, pues hay mucho <em>era </em>en su existir), se ve un <em>color </em>de la</p>
<p>muerte. M&aacute;s que si se asiste a un entierro. M&aacute;s que si se toca</p>
<p>un ata&uacute;d solemne como un trono. M&aacute;s que si se llora pensando</p>
<p>en que la propia casa (con su decoraci&oacute;n, sus &laquo;seres queridos&raquo;,</p>
<p>sus objetos) es una &laquo;composici&oacute;n instant&aacute;nea&raquo; al ritmo</p>
<p>de un nivel metrol&oacute;gico dado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Morir biol&oacute;gica, espiritual, psicol&oacute;gica, sentimentalmente. Morir</p>
<p>en el yo y en el t&uacute;, y en otro t&uacute; (el primero amado, indiferente</p>
<p>el segundo; cabe un tercer t&uacute; odiado, que muere asesinado, emparedado),</p>
<p>son meras formas de la muerte. (<em>Forma </em>otra palabra).</p>
<p>O son pensamientos sobre la muerte. (<em>Pensamiento</em>, otra palabra).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero cuando los monstruos de la Antig&uuml;edad &ndash;cuyos nombres</p>
<p>s&eacute; y me callo&ndash; enterraban un vivo atado a un muerto (o a una</p>
<p>muerta, o a una muerta amada), sin duda ense&ntilde;aban &ndash;antes de</p>
<p>que el torturado perdiera la raz&oacute;n&ndash; a comprender y vivir otro</p>
<p>modo de muerte. &iquest;Vasos comunicantes?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Poe tampoco pens&oacute; demasiado en la muerte folkl&oacute;rica de los</p>
<p>tormentos &ndash;si la narr&oacute; fue por necesidad, &iquest;necesidad, para</p>
<p>qu&eacute;?&ndash; (No lo dijo). Poe medit&oacute; la muerte en l&iacute;nea recta. Como</p>
<p>el que mira, estando vivo, a una persona viva que para &eacute;l <em>ya no</em></p>
<p><em>es</em>. Pero que, en otro tiempo, <em>era</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Poe nos habl&oacute; tan larga y tristemente de la muerte, d&aacute;ndole a la</p>
<p>vez tantos rodeos, y mostr&aacute;ndola en tan dolientes e inauditos aspectos</p>
<p>(metamorfosis, resurrecciones totales o parciales) que su</p>
<p>nombre es el que s&oacute;lo invocar&iacute;amos &ndash;como el de un santo, de ese</p>
<p>extra&ntilde;o santoral donde Blake, Nerval, Hoelderlin y otros se alinean</p>
<p>(no son im&aacute;genes de Epinal, &iexcl;por Dios vivo!), nunca&ndash; su</p>
<p>saber para intentar... (<em>Intentar</em>, otra palabra, posiblemente la</p>
<p>&uacute;nica de este mundo que entiende de veras). Para intentar convertir</p>
<p>en una cruz de oro lo que es una cruz verde, en una cruz</p>
<p>de hierro lo que es una cruz anaranjada. Materia de metamorfosis,</p>
<p>invocaciones, preguntas, esto es lo que nos corresponde.</p>
<p>Pero, &iquest;responder? Ni Poe consigui&oacute; hacerlo nunca como &eacute;l hubiera</p>
<p>querido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">(Del libro <em>El pensamiento de Edgar Poe</em>, 1969)</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Apilamos la le&ntilde;a indiferente,</p>
<p>la le&ntilde;a m&aacute;s bien verde</p>
<p>para que lenta ardiera bajo el cuerpo</p>
<p>helado de la virgen hechicera.</p>
<p>Con cadenas atamos sus caderas</p>
<p>al poste ennegrecido.</p>
<p>Las hierbas en el campo sollozaban</p>
<p>como las disonancias del crep&uacute;sculo.</p>
<p>Pasaba gente negra entre los rojos</p>
<p>resplandores del sol de las antorchas.</p>
<p>Y prendimos la llama a los ramajes</p>
<p>sin viento.</p>
<p>No s&eacute; si ella llor&oacute;, ni si lamentos</p>
<p>un&iacute;an su temblor al de la hoguera.</p>
<p>Era en el siglo XII y es ahora.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">(Del libro <em>Denuncio la tortura</em>, 1970)</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;Mi cuerpo se pasea por mi habitaci&oacute;n llena de libros y espadas y con dos cruces g&oacute;ticas;</p>
<p>sobre mi mesa est&aacute;n <em>Art of the European Iron Age </em>y <em>The Age of Plantagenets</em><em>&nbsp; &nbsp;</em></p>
<p><em>and Valois</em>, aparte de un resumen de la <em>Ars Magna </em>de Lulio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La fotograf&iacute;a de Bronwyn (las fotograf&iacute;as) est&aacute;n en sus carpetas,</p>
<p>como tantas otras cosas que guardo (versos, ideas, citas, fotos).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si ahora fuera a morir, en esta tarde (son las 6) de finales de</p>
<p>mayo de 1971, y lo supiera de antemano</p>
<p>no me conmover&iacute;a mucho, ni siquiera a causa del poema &laquo;La Qu&ecirc;te de Bronwyn&raquo;</p>
<p>que est&aacute; en la imprenta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En rigor, no creo en la &laquo;otra vida&raquo;, ni en la reencarnaci&oacute;n,</p>
<p>ni tengo la dicha (menos a&uacute;n) de creer</p>
<p>que se puede renacer hacia atr&aacute;s, por ejemplo, en el siglo XI.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>S&eacute; que me espera la nada, y como la nada es inexperimentable, me espera algo no s&eacute;</p>
<p>d&oacute;nde ni c&oacute;mo, posiblemente ser en cualquier existente como soy ahora en Juan Eduardo Cirlot.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mi cuerpo me estorbar&iacute;a y desear&iacute;a la muerte &ndash;&iexcl;ah, c&oacute;mo la desear&iacute;a!&ndash;&nbsp; &nbsp;si pudiera</p>
<p>creer en que el alma es algo en s&iacute; que se puede alejar</p>
<p>e ir hacia los bosques estelares donde el tri&aacute;ngulo invertido de</p>
<p>los ojos y la boca de Rosemary Forsyth</p>
<p>me lanzar&iacute;a de nuevo a la tierra de los hombres, porque en esta</p>
<p>vida no he sabido o no he podido</p>
<p>trascender la condici&oacute;n humana, y el amor ha sido mi elemento,</p>
<p>aunque fuese un amor hecho de nada, para la nada y donde</p>
<p>nunca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Estoy oyendo Khamma de Debussy, que, sin ser uno de mis m&uacute;sicos</p>
<p>favoritos (&eacute;stos son Scriabin, Sch&ouml;nberg y otros)</p>
<p>no deja de ayudarme cuando estoy triste, que es casi siempre.</p>
<p>Mi tristeza proviene de que me acuerdo demasiado de Roma y</p>
<p>de mis campa&ntilde;as con L&uacute;culo, Pompeyo o Sila,</p>
<p>y de que recuerdo tambi&eacute;n el brillo dorado de mis mallas doradas</p>
<p>de los tiempos rom&aacute;nicos,</p>
<p>y proviene de que nunca pude encontrar a Bronwyn cuando,</p>
<p>entonces, en el siglo XI</p>
<p>regres&eacute; de la capital de Brabante y fui a Frisia en su busca.</p>
<p>Pero, pens&aacute;ndolo bien, mi tristeza es anterior a todo esto, pues</p>
<p>cuando era en Egipto vendedor de caballos,</p>
<p>ya era un hombre conocido por &laquo;el triste&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y es que el &aacute;ngel, en m&iacute;, siempre est&aacute; a punto de rasgar el velo</p>
<p>del cuerpo,</p>
<p>y el &aacute;ngel que no se rebel&oacute; y luch&oacute; contra Lucifer, pero m&aacute;s</p>
<p>tarde</p>
<p>cedi&oacute; a las hijas de los hombres y devino hombre,</p>
<p>el &aacute;ngel es el peor de los dragones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Del libro <em>Momento</em>, 1971)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Diamante de la noche de mi centro</p>
<p>devu&eacute;lveme la luz que te entregu&eacute;</p>
<p>haciendo de tu ser la sola fe</p>
<p>para perderme y renacerme dentro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Diamante del destello del encuentro</p>
<p>viendo tu resplandor por fin sabr&eacute;</p>
<p>si tengo lo que pienso, lo que s&eacute;</p>
<p>mientras en tu belleza me concentro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quisiera desgarrar mi pecho ciego,</p>
<p>darte mi coraz&oacute;n, darte mis trozos</p>
<p>al fin descuartizado; s&eacute; mi hoz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Destr&uacute;yeme diamante y mira luego</p>
<p>de qu&eacute; color mor&iacute;an mis sollozos.</p>
<p>Pero no calles m&aacute;s, dame tu voz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Del libro <em>44 sonetos de amor</em>, 1971)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Fragmento del libro <em>Del no mundo. Poes&iacute;a (1961-1973)</em>, de Juan Eduardo Cirlot, que ser&aacute; pr&oacute;ximamente editado por Siruela)</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> <em>El mundo como voluntad y representaci&oacute;n</em>, Porr&uacute;a, M&eacute;xico 1992,<strong> </strong>p&aacute;g<strong>. </strong>24.<strong></strong></p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> <em>Maricel </em>n.&ordm; 8, Sitges, 1946.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a> &laquo;La vivencia l&iacute;rica&raquo;, <em>Entregas de poes&iacute;a </em>n.&ordm; 19, Barcelona 1946.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a> Carta a Jean Aristeguieta, 22-2-71.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a> Gironella, <em>Cien espa&ntilde;oles y Dios</em>, Nauta, Barcelona 1970, p&aacute;g. 150.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Fri, 04 Apr 2014 06:46:06 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El guionista fiel de Buñuel]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-guionista-fiel-de-bunuel/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Abril/JEAN-CLAUDE_CARRI_RE.jpg" alt="" width="402" height="241" /></p>
<p>Luis Bu&ntilde;uel es inagotable. Por m&aacute;s que pase el tiempo, y ya van casi tres d&eacute;cadas de su muerte, el cineasta calandino sigue suscitando libros y m&aacute;s libros. Los que estudian su obra resultan por lo general reiterativos, mientras que los que m&aacute;s inter&eacute;s despiertan son aquellos que insisten en revelar las &ldquo;confesiones&rdquo; del cineasta con quienes mantuvo una estrecha relaci&oacute;n profesional o de amistad. Entre ellos, a la espera de lo que lamentablemente nunca har&aacute;n sus hijos Juan Luis y Rafael, sobresale Jean-Claude Carri&egrave;re, el guionista fiel, el escritor con el que Bu&ntilde;uel regres&oacute; a sus or&iacute;genes cinematogr&aacute;ficos, con el que escribi&oacute; los guiones de su &uacute;ltima etapa, la francesa, y a quien confi&oacute; sus memorias en <em>Mi &uacute;ltimo suspiro</em>. No es la primera vez que Carri&egrave;re escribe de Bu&ntilde;uel, aunque s&iacute; la primera en la que centra su discurso en la relaci&oacute;n del cineasta con su pa&iacute;s natal. Anteriormente lo hab&iacute;a hecho en obras m&aacute;s generales sobre su trayectoria o incluso en libros de entrevistas publicados por festivales de cine, pero ahora habla de Bu&ntilde;uel en y sobre Espa&ntilde;a en <em>Para matar el recuerdo</em>, un libro de memorias que aparte de servir para revelar las &ldquo;confesiones&rdquo; que le hizo el realizador durante las dos d&eacute;cadas de convivencia profesional que mantuvieron, permite a Carri&egrave;re reflexionar en voz alta sobre un pa&iacute;s ignoto cuando puso su pie en &eacute;l por primera vez a principios de los a&ntilde;os 60, y que acab&oacute; conociendo a trav&eacute;s del realizador.</p>
<p>Hay por ello en <em>Para matar el recuerdo</em> un profundo sabor a Bu&ntilde;uel, pero tambi&eacute;n una mirada cr&iacute;tica desde fuera sobre la reciente trayectoria social y cultural de Espa&ntilde;a, con apuntes hist&oacute;ricos que abarcan desde c&oacute;mo la religi&oacute;n ha marcado tanto el devenir de los espa&ntilde;oles, hasta los v&iacute;nculos con Am&eacute;rica Latina a trav&eacute;s de figuras como Fray Bartolom&eacute; de las Casas. Estamos ante un viaje a los recuerdos de quien ha convertido Espa&ntilde;a en su segunda patria, aunque el autor deteste este t&eacute;rmino al igual que lo hac&iacute;a Bu&ntilde;uel. Sin el cineasta de Calanda, la trayectoria profesional de Carri&egrave;re no hubiera sido la misma, si bien su filmograf&iacute;a como guionista tampoco ha quedado marcada por el influjo bu&ntilde;ueliano, sino m&aacute;s bien lo contrario. A pesar de ello, si se le conoce por algo es por haber sido el guionista fiel de Bu&ntilde;uel en su &uacute;ltima etapa francesa, el que rescat&oacute; al cineasta para esta cinematograf&iacute;a, pese a que su cine est&aacute; lleno de las contradicciones y la picaresca de la cultura espa&ntilde;ola.</p>
<p>El t&iacute;tulo del libro responde a un comentario que el propio Bu&ntilde;uel hac&iacute;a a Carri&egrave;re refiri&eacute;ndose a aquellos lugares de los que se guardan gratos recuerdos y a los que hay que volver &ldquo;para matar el recuerdo&rdquo;. Carri&egrave;re lo hace con la Espa&ntilde;a de Bu&ntilde;uel, que no es otra que la de su juventud, la de la Residencia de Estudiantes, la de Toledo, la de la Edad Media, la del subdesarrollo cultural y social que alent&oacute; el franquismo, la de personajes como Carlos Saura, Jos&eacute; Bergam&iacute;n, Fernando Rey o el &ldquo;enigma sin fin&rdquo; que fueron Bu&ntilde;uel, Lorca y Dal&iacute;, y no parece que a trav&eacute;s de sus p&aacute;ginas haya matado el recuerdo sino que lo ha avivado. El guionista de Bu&ntilde;uel reconoce que debe muchas cosas a Espa&ntilde;a, y no solo su barba, sino momentos entra&ntilde;ables ligados al cineasta turolense y el inter&eacute;s hacia figuras como Goya.</p>
<p>Peca a veces Carri&egrave;re de dejarse llevar por la nostalgia, de evocar sin m&aacute;s sus estancias en lugares como Toledo y El Paular, y se echa en falta que esas memorias en torno a Bu&ntilde;uel se circunscriban exclusivamente al paso de ambos por Espa&ntilde;a mientras escrib&iacute;an juntos sus guiones, menospreciando una vez m&aacute;s, como ya ocurriera en <em>Mi &uacute;ltimo suspiro</em>, la etapa mexicana del realizador. El guionista franc&eacute;s se ha dejado llevar por los recuerdos sin m&aacute;s en esta obra repleta de an&eacute;cdotas sobre Bu&ntilde;uel, pero sobre todo reflexiones sobre Espa&ntilde;a, que sin duda ser&aacute; lo que menos interese a los lectores, que preferir&aacute;n indagar m&aacute;s en las &ldquo;confesiones&rdquo; y el &ldquo;anecdotario surrealista&rdquo; del director de <em>Ese oscuro objeto del deseo</em>. Carri&egrave;re conoci&oacute; Espa&ntilde;a a trav&eacute;s de Bu&ntilde;uel, y as&iacute; lo relata en este libro, pero en cambio, con el paso del tiempo fue el guionista quien acab&oacute; ense&ntilde;ando al realizador esa otra Espa&ntilde;a que estaba m&aacute;s all&aacute; de la meseta central, como sucedi&oacute; con Sevilla, donde se rod&oacute; la pel&iacute;cula antes citada.</p>
<p><em>Para matar el recuerdo</em> son las memorias, qui&eacute;n sabe si otro &ldquo;&uacute;ltimo suspiro&rdquo;, de quien fuera la mano derecha de Bu&ntilde;uel durante las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas de su trayectoria profesional. Son unas memorias libres, espont&aacute;neas, hasta cierto punto desordenadas, aunque a veces su autor quiera imponer un cierto orden cronol&oacute;gico sin conseguirlo, en las que se da pie al ejercicio &ldquo;tramposo&rdquo; del recuerdo, tamizado siempre no solo por los hechos ocurridos en nuestras vidas sino por la idealizaci&oacute;n y fantas&iacute;as que sobre los mismos ejerce la memoria. A este respecto, Carri&egrave;re advierte de que ese &ldquo;defecto&rdquo; lo posee tambi&eacute;n <em>Mi &uacute;ltimo suspiro</em>, como por otra parte se ha puesto de manifiesto a lo largo de estos m&aacute;s de cinco lustros de estudios sobre su obra, en los que los investigadores han podido dar fe de las contradicciones entre lo &ldquo;recordado&rdquo; por Bu&ntilde;uel y lo ocurrido realmente. Qui&eacute;n sabe si a veces esos &ldquo;falsos&rdquo; recuerdos no fueran sino bromas premeditadas por el propio cineasta, como aquella ya conocida, y que Carri&egrave;re vuelve a recoger en este libro, del soborno hecho a los miembros de la Academia de Hollywood para que le entregaran el Oscar, y que escandaliz&oacute; a su productor Serge Silberman.</p>
<p>El anecdotario, trat&aacute;ndose de Bu&ntilde;uel, vuelve a ser lo m&aacute;s suculento de este libro. Aunque muchas an&eacute;cdotas ya las hab&iacute;a contado el propio Bu&ntilde;uel en sus memorias o eran conocidas por otras fuentes, hay nuevos aportes sobre ese &ldquo;bromista empedernido&rdquo; que era el realizador, donde adem&aacute;s de sus recuerdos se suman los de otras personas pr&oacute;ximas a &eacute;l como el doctor Jos&eacute; Luis Barros o Conchita, su hermana, sobre la que Carri&egrave;re rememora aquella llegada en tren del cineasta a Zaragoza, en la que fue recibido por sus familiares con balidos como si fueran un reba&ntilde;o de corderos, y a los que respondi&oacute; de igual manera hasta que salieron de la estaci&oacute;n. Una imagen que, por otra parte, recuerda algunas escenas cinematogr&aacute;ficas de su obra y no precisamente de su etapa francesa, sino mexicana.</p>
<p><em>Para matar el recuerdo</em> es un libro de memorias ameno, entretenido para los seguidores de Bu&ntilde;uel e interesante para cualquiera que quiera mirar hacia la Espa&ntilde;a de la segunda mitad del siglo pasado a trav&eacute;s de la mirada de alguien de fuera, como es Carri&egrave;re, para descubrir que m&aacute;s all&aacute; del surrealismo cotidiano mexicano que tanto gust&oacute; al cineasta, la Espa&ntilde;a franquista tambi&eacute;n fue una permanente fuente de inspiraci&oacute;n de su obra, aunque siempre desde el exterior, para indagar en la condici&oacute;n humana desde lo local a lo universal. En definitiva, tras su exilio, ya no solo pol&iacute;tico sino intelectual desde finales de los a&ntilde;os veinte, Bu&ntilde;uel tambi&eacute;n mir&oacute; as&iacute; a Espa&ntilde;a, desde fuera aunque conociendo desde dentro el pa&iacute;s, y as&iacute; se lo ense&ntilde;&oacute; a Carri&egrave;re. El guionista franc&eacute;s descubri&oacute; Espa&ntilde;a a trav&eacute;s de la mirada del realizador de Calanda y en las p&aacute;ginas de este libro se adivina la nostalgia de quien sigue viendo un pa&iacute;s a trav&eacute;s de los ojos y los recuerdos de Bu&ntilde;uel. Qui&eacute;n sabe si mediante ese ejercicio traicionero de introspecci&oacute;n que es la memoria, el guionista fiel de Bu&ntilde;uel haya matado definitivamente el recuerdo. &ndash;FRANCISCO JAVIER MILL&Aacute;N</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jean-Claude Carri&egrave;re, <em>Para matar el recuerdo</em>, Barcelona, Lumen, 2011 .</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 03 Apr 2014 06:14:13 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ruy Cinatti, de entre la bruma]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/ruy-cinatti-de-entre-la-bruma/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/RUY_CINATTI.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;Brillante antrop&oacute;logo, inmenso viajero, experto en Oriente y, por supuesto, notable poeta: de estas maneras y muchas m&aacute;s podemos definir a Ruy Cinatti Vaz Monteiro Gomes, m&aacute;s conocido como Ruy Cinatti, escritor portugu&eacute;s nacido en Londres en 1915 &ndash;era nieto del c&oacute;nsul general de Portugal en Inglaterra por aquel entonces&ndash; y fallecido en Lisboa en 1986. Resulta cuando menos curioso el escas&iacute;simo conocimiento que en Espa&ntilde;a tenemos de Ruy Cinatti, figura que en las letras lusas goza de considerable prestigio: no en vano fue cofundador, en 1940, de la emblem&aacute;tica y ecl&eacute;ctica revista <em>Cadernos de Poesia</em>, as&iacute; como autor de m&aacute;s de quince libros de poemas &ndash;algunos de los cuales merecieron importantes premios&ndash; y de una docena de obras de car&aacute;cter antropol&oacute;gico y bot&aacute;nico sobre las colonias portuguesas en general y Timor en particular, isla donde residi&oacute; largas temporadas y que se convirti&oacute; en el centro de sus preocupaciones vitales y literarias; en 1992, y a t&iacute;tulo p&oacute;stumo, el gobierno portugu&eacute;s le concedi&oacute; la Gran Cruz de la Orden del Infante Don Henrique por su relevante contribuci&oacute;n a la cultura nacional.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hasta donde llega mi conocimiento, las primeras y principales manifestaciones impresas de la obra de Ruy Cinatti en nuestro idioma son los ocho poemas que &Aacute;ngel Crespo incluy&oacute; en la precursora <em>Antolog&iacute;a de la nueva poes&iacute;a portuguesa</em>, editada en 1961 en la colecci&oacute;n <em>Adon&aacute;is</em> de Rialp, y los once poemas que Pilar V&aacute;zquez Cuesta tradujo para su <em>Poes&iacute;a portuguesa actual</em>, publicada en 1976 por Editora Nacional, y en la que Cinatti comparte volumen con otros catorce autores de la talla de Fernando Pessoa, M&aacute;rio de S&aacute;-Carneiro, Miguel Torga o Eug&eacute;nio de Andrade. Pero, al contrario que la pr&aacute;ctica totalidad de sus compa&ntilde;eros de antolog&iacute;a, cuyas obras fueron progresivamente divulgadas en lengua castellana, Ruy Cinatti se top&oacute; con un may&uacute;sculo silencio editorial: as&iacute; lo indican tanto los registros del ISBN y de la Biblioteca Nacional de Espa&ntilde;a como las escasas referencias en Internet sobre su obra &ndash;apenas un reducido n&uacute;mero de p&aacute;ginas web recogen una brev&iacute;sima muestra de sus poemas&ndash;, lo que tambi&eacute;n nos permite dudar de la presencia de Ruy Cinatti en publicaciones hispanoamericanas en papel: un caprichoso velo, una especie de bruma injustificada y singular cubre la figura de nuestro poeta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No sin esfuerzo, consegu&iacute; hacerme con un ejemplar de la extensa <em>Antologia po&eacute;tica</em> de Ruy Cinatti que Joaquim Manuel Magalh&atilde;es seleccion&oacute; en 1986 para la editorial lisboeta <em>Presen&ccedil;a</em>. Y, tras su lectura, llegu&eacute; a la conclusi&oacute;n de que Cinatti es un poeta a todas luces inclasificable: cuando nos acostumbramos a las breves piezas de lo que podr&iacute;amos definir como &ldquo;romanticismo metaf&iacute;sico&rdquo; de sus primeros libros, nos sorprende con poemas de marcado car&aacute;cter cristiano; cuando creemos descubrir a una suerte de &Aacute;lvaro de Campos resucitado, nos topamos con una numerosa serie de poemarios relativos a sus experiencias en Timor y otras colonias (no en vano seis de sus libros tienen referencias alusivas a estos territorios en el propio t&iacute;tulo). Cayendo en una posible simplificaci&oacute;n, podemos afirmar que en la obra de Cinatti se presiente un camino que va desde lo sugerido o lo so&ntilde;ado hasta lo puramente vivido, hasta la cruda realidad que vivi&oacute; entre aquellos hombres colonizados que de casi nada dispon&iacute;an: mientras que en sus primeros libros &ndash;a mi juicio, los m&aacute;s interesantes&ndash; nos encontramos con un Cinatti, por as&iacute; decirlo, m&aacute;s <em>po&eacute;tico</em>, m&aacute;s decantado por la belleza</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>que por la verdad y m&aacute;s minimalista, en sus libros posteriores, pasados por el amargo filtro de sus vivencias en ultramar, hallamos unos poemas m&aacute;s narrativos, m&aacute;s etnogr&aacute;ficos y m&aacute;s reivindicativos, escuchamos una voz m&aacute;s preocupada por informarnos de c&oacute;mo era aquel extra&ntilde;o mundo colonial que habitaba &ndash;a veces injusto, casi siempre hermoso&ndash; que por el placer de la palabra misma: en los primeros libros prima el poeta, en los posteriores se impone el antrop&oacute;logo. Una actitud que se fue tornando hast&iacute;o, iron&iacute;a y desaz&oacute;n al final de su vida, decepcionado de la barbarie que el supuesto hombre civilizado hab&iacute;a perpetrado contra aquellos desorientados ind&iacute;genas: as&iacute;, ya de vuelta en Lisboa, sus dos &uacute;ltimos libros abandonan parcialmente la tem&aacute;tica colonial y retornan a los eternos conceptos de amor y religi&oacute;n. En todo caso, lo que s&iacute; es com&uacute;n a todos los per&iacute;odos de la obra de Cinatti es la gran presencia que la naturaleza tiene en sus poemas, el anhelo de un mundo en el que la acci&oacute;n del hombre resulte restringida, difuminada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A falta de una antolog&iacute;a de su obra en nuestro idioma que sit&uacute;e a Ruy Cinatti en el destacado lugar que merece, valga de momento este sucinto ramillete de poemas, que he tenido el placer de seleccionar y traducir, como humilde continuaci&oacute;n de la labor que Crespo y V&aacute;zquez Cuesta iniciaran, y que espero contribuyan, desde su modestia, a abrir un poco m&aacute;s la pesada puerta tras la que se oculta tan interesante escritor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>SEIS POEMAS</strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p>Lentamente, al golpear de los remos, van los barcos</p>
<p>r&iacute;o arriba, r&iacute;o abajo, en el quehacer cotidiano de los d&iacute;as de sol y lluvia.</p>
<p>Los hombres ya han arrastrado los barcos a la orilla,</p>
<p>donde pasan se&ntilde;ores, altaneros y herm&eacute;ticos,</p>
<p>por entre los plebeyos &ndash;aquellos que transportan sacos de trigo.</p>
<p>Los gestos se repiten, milenarios,</p>
<p>mientras, de sol a sol, los barcos pasan</p>
<p>sin prestar atenci&oacute;n a los labradores de los campos.</p>
<p>Lentamente, sosegado como el correr de las aguas,</p>
<p>se yergue suplicante el canto durmiente de los remeros&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Va pasando, va rompiendo, va huyendo&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(<em>N&oacute;s n&atilde;o somos deste mundo, 1941)</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tu felicidad fue como una sonrisa abierta en una ma&ntilde;ana soleada,&nbsp;</p>
<p>brillando sobre la tierra en una alegr&iacute;a inmensa.<br /> Y tus ojos demoraban el vuelo de las aves y se alegraban,<br /> sorprendidos y meditativos como el mirar de los siglos<br /> ante el l&iacute;mpido despertar del paisaje.<br /> Sin embargo, bajando r&aacute;pidamente por el brillo de tu alma,<br /> vino el sue&ntilde;o a posar, en tus rodillas,<br /> la sombra de tu duro destino,&nbsp;<br /> de tu desnudez pesada y triste.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p class="NoSpacing" style="text-align: left;">&nbsp; (<em>Anoitecendo, a vida recome&ccedil;a</em> ,1942)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">LOXODROMIA</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quien no me dio Amor, no me dio nada.</p>
<p>Estoy parado&hellip;</p>
<p>Miro a mi alrededor y veo inacabado</p>
<p>mi mundo mejor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tanto tiempo perdido&hellip;</p>
<p>Con qu&eacute; saudade lo recuerdo y bendigo:</p>
<p>campos de flores</p>
<p>y zarzas&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fuente de vida fui. Medito. Ordeno.</p>
<p>Pienso en el futuro que vendr&aacute;.</p>
<p>Y deslumbrado sigo el pensamiento</p>
<p>que se descubre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quien no me dio Amor, no me dio nada.</p>
<p>Desterrado.</p>
<p>Desterrado prosigo,</p>
<p>Y me sue&ntilde;o sin Patria y sin Amigos,</p>
<p>adrede.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp; (<em>O livro do n&oacute;mada meu amigo</em>, 1958)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Caminamos a solas por la ruda arena.</p>
<p>Bancos partidos, sol oblicuado,</p>
<p>papeles por el viento, polvo fino,</p>
<p>ruinas que se enredan como traicioneros</p>
<p>sue&ntilde;os despertados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&Eacute;l, entre todos, surgi&oacute;.</p>
<p>Mir&oacute; a su alrededor: vac&iacute;o.</p>
<p>Muros ignotos: vac&iacute;o.</p>
<p>Un r&iacute;o oculto inunda la ciudad.</p>
<p>Peligro eminente.</p>
<p>Pobres pidiendo limosna en una esquina.</p>
<p>Alguien atrasado, como siempre</p>
<p>adverso y diletante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&Eacute;l, entre tantos, surgi&oacute;.</p>
<p>Temprano.</p>
<p>Se apoy&oacute; en el muro habitual,</p>
<p>abri&oacute; el peri&oacute;dico</p>
<p>y ley&oacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(<em>Borda d&acute;Alma</em>, 1970)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sobre Timor planea un fuego fino,</p>
<p>se propaga, crepita cuando ronda la tierra</p>
<p>y creciente, envolvente, cerca el monte</p>
<p>y se afirma corona.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mis ojos sienten la belleza roja</p>
<p>ululante de perros en la noche,</p>
<p>la paciencia del bosque destruido,</p>
<p>catana en la ra&iacute;z, despu&eacute;s ceniza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mi incomprensi&oacute;n procura en vano</p>
<p>resucitar las vanas creencias de otros tiempos,</p>
<p>las florestas sagradas donde el fr&iacute;o habita</p>
<p>en el temor que agarra y petrifica las manos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mi imaginaci&oacute;n procura en vano</p>
<p>detener con astros y otras manos el destino</p>
<p>insidioso como la muerte de un hombre</p>
<p>anclado en el &aacute;rbol que sobre la tierra se persigna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y veo un monte de paja</p>
<p>ardiendo de la cima hasta el mar que ondea y se derrama por las playas,</p>
<p>y contra el humo denso que me envuelve,</p>
<p>avanzo, resoluto, antorcha en vida,</p>
<p>mientras proclamo la verdad del c&aacute;ntico,</p>
<p>la danza terrenal que me fascina.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">(<em>Uma sequ&ecirc;ncia timorense</em>, 1970)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">MOEURS CONTEMPORAINS O EL IMB&Eacute;CIL COTIDIANO</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;III</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No, no es una mujer lo que quieres.</p>
<p>Lo dijiste, salvo error.</p>
<p>Ni yo la boca de la noche</p>
<p>para poder perderme, sentarme y dar vueltas sin fin por el barrio</p>
<p>como ayer, como ma&ntilde;ana,</p>
<p>como ojal&aacute; sea as&iacute; por muchos a&ntilde;os.</p>
<p>Todo son enga&ntilde;os.</p>
<p>&iquest;Por qu&eacute; no te enfrentas a la verdad de una vez por todas?</p>
<p>El hombre y la mujer se volvieron definitivamente</p>
<p>insoportables el uno para el otro.</p>
<p>Y es cierto que aceptamos este aturdimiento sin una protesta, este balanceo</p>
<p>del d&iacute;a a d&iacute;a, este sucio traje del h&aacute;bito, este volteo asesino,</p>
<p>mintiendo, enga&ntilde;ando, conspirando</p>
<p>hasta que la tierra ya no pueda con nosotros. T&uacute; me odias, yo te desprecio,</p>
<p>siempre arrastr&aacute;ndote cuando me tocas,</p>
<p>siempre lagarta pidiendo el capullo del que te desprendiste</p>
<p>en la rutina de tus d&iacute;as.</p>
<p>&iquest;C&oacute;mo es posible que todav&iacute;a quieras hacer el amor en una cama que huele a</p>
<p>[cad&aacute;veres?</p>
<p>&iquest;C&oacute;mo vas a querer, c&oacute;mo vamos a querer</p>
<p>contemplar fraudes mezquinos sinceramente inmunes a la culpa que hemos olvidado</p>
<p>con tanta frecuencia? &iquest;Por qu&eacute; no te enfrentas</p>
<p>a la verdad?</p>
<p>Todo perdido. Entonces,</p>
<p>&iquest;por qu&eacute; esperas? Hicimos del dinero y de lo funcional</p>
<p>nuestros dioses de guerra. Ahora aguanta la ley que los aguanta</p>
<p>hasta que seas barrido,</p>
<p>no de la tierra, pues ya lo fuiste, sino del aire y de las f&eacute;tidas buhardillas que&nbsp;&nbsp;</p>
<p>[habitamos.</p>
<p>S&aacute;cate el dedo de la boca, el dedo separado de la mano,</p>
<p>separado del brazo,</p>
<p>separado del tronco,</p>
<p>separado de la&hellip;</p>
<p>caricatura no reflejada en ning&uacute;n espejo.</p>
<p>Nadie te ayuda,</p>
<p>porque todos estamos viciados por lo mismo.</p>
<p>Por la misma droga que infantilmente fabricamos,</p>
<p>como quien construye una casa con cubos pintados</p>
<p>y de repente la ve caer, y a &eacute;l con ella.</p>
<p>No, el tuyo no es un problema de mujer,</p>
<p>ni el m&iacute;o de fluidez transl&uacute;cida.</p>
<p>Traicionamos a la mujer y al poeta, al animal, al esp&iacute;ritu</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>en las manos de quien, cruel, se exhibe igual que nosotros.</p>
<p>Yo no te conozco</p>
<p>sino como fantasma.</p>
<p>Todav&iacute;a te acepto una bebida,</p>
<p>pero no me hables de Dios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;(<em>Mem&oacute;ria descritiva</em>, 1971)</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 02 Apr 2014 06:30:26 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hic sunt dracones]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/hic-sunt-dracones/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/Abril/olgabernadpeq.jpg" alt="" width="509" height="382" /></p>
<p>Has venido a buscarme</p>
<p>cuando ya unos hombres me recuerdan a otros,</p>
<p>tus miradas a otras, tus palabras</p>
<p>a otras que hace tiempo me dijeron.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y cuando ya he buscado detr&aacute;s de las canciones,</p>
<p>de los nombres que acarici&oacute; mi lengua,</p>
<p>de los cuerpos que ardieron ante m&iacute;.</p>
<p>Tantos incendios</p>
<p>fueron luces fugaces apenas presentidas</p>
<p>a lo lejos por dios o por el diablo</p>
<p>o por quien sea</p>
<p>que gobierne ese p&aacute;ramo desde el que me sonr&iacute;es.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Debo decirte cuando me preguntas</p>
<p>en qu&eacute; pienso o qu&eacute; me preocupa</p>
<p>que vivir es tambi&eacute;n negarse a hacerlo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>C&oacute;mo voy a contarte las cosas que me pasan,</p>
<p>la sangre que me hierve mientras guardo</p>
<p>las formas y la voz.&nbsp; Y tambi&eacute;n guardo</p>
<p>algunas cicatrices y locas estampidas</p>
<p>de bisontes azules contra mi coraz&oacute;n,</p>
<p>los bisontes azules que golpean</p>
<p>y corren hacia m&iacute; o desde m&iacute; o acaso</p>
<p>galopan sobre m&iacute;. A veces duermen</p>
<p>d&oacute;ciles por mis venas; tengo entonces</p>
<p>la sangre acariciada por un fr&aacute;gil ej&eacute;rcito&nbsp;</p>
<p>de ni&ntilde;os navegantes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero c&oacute;mo decirte que me duelen</p>
<p>y me gustan, sentirlos es sentir</p>
<p>y as&iacute; es mi extra&ntilde;a vida. Si despierta</p>
<p>de noche la manada, yo quisiera</p>
<p>ser ellos, no ser yo; correr con ellos</p>
<p>-brutales y magn&iacute;ficos-, son ellos</p>
<p>mis canciones de amor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Has venido a buscarme cuando s&eacute;</p>
<p>que estoy perdida. Vete</p>
<p>tras tu triste pedazo de realidad, conquista</p>
<p>con tu sangre tus propios desenga&ntilde;os.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 02 Apr 2014 06:07:45 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un fogonazo existencial]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/un-fogonazo-existencial/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/KARMELO_IRIBARREN.jpg" alt="" /></p>
<p>Despu&eacute;s de la segunda edici&oacute;n, ampliada y revisada, de su poes&iacute;a completa (1985-2012) <em>Seguro que esta historia te suena</em>, aparece <em>Las luces interiores</em>, nuevamente en la editorial Renacimiento (2013), un&nbsp; volumen peque&ntilde;o, homog&eacute;neo y breve, algunos de cuyos textos ya estaban entre los in&eacute;ditos de su poes&iacute;a reunida. Coincide, adem&aacute;s, la publicaci&oacute;n (no s&eacute; si es s&oacute;lo una casualidad o si es un pacto t&aacute;cito entre ambos) con la vuelta de otro de los ep&iacute;gonos del g&eacute;nero del denominado <em>realismo sucio</em>, Roger Wolfe, que nos trae <em>Gran esperanza, un tiempo</em>, tambi&eacute;n en Renacimiento.</p>
<p>Afortunadamente, y contra el pron&oacute;stico que &eacute;l mismo hiciera, Iribarren no ha dejado de escribir. Tampoco es responsable, en ning&uacute;n caso, del mito que lo envuelve. En <em>Las luces interiores</em>, al igual que en <em>Atravesando la noche</em>, Iribarren se desmarca cada vez m&aacute;s del <em>realismo figurativo </em>de sus primeras obras, para acercarse m&aacute;s al concepto del <em>haiku</em>: esto supone vaciarse, reflexionar hasta un punto de transcendencia, y condicionar la experiencia de ese instante descrito a una cota de elevaci&oacute;n vital m&aacute;xima, lo cual requiere una r&aacute;pida transcripci&oacute;n escritural de la imagen. Recurso del que ya hicieron uso autores tan frecuentados por Iribarren, como Kerouac (<em>Libro de Jaikus</em>).</p>
<p>La expresi&oacute;n po&eacute;tica de Iribarren es, por tanto, un fogonazo existencial. Recoge al inicio del libro una cita de Manuel Machado: <em>Lo importante / es el instante / que se va</em>. La inmediatez del mensaje hace del sujeto autobiogr&aacute;fico una vivencia comunicativa. El que escribe (el hombre textual) lo hace como testigo, como observador pasivo: es alguien que selecciona estampas o secuencias de la vida conforme a los peque&ntilde;os est&iacute;mulos diarios. Y las atribuciones que Iribarren hace a esa personalidad literaria son, en esencia, afectivas: divagaciones o ensue&ntilde;os, como Pessoa cuando afirmaba: <em>He llegado a ese punto en el que el tedio es una persona, la ficci&oacute;n encarnada de mi convivencia conmigo mismo.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Todo puede suceder en un poema: lo cotidiano, s&iacute;, pero tambi&eacute;n lo deslumbrante, e incluso ambas cosas a la vez&rdquo;, dice Iribarren en el libro <em>Otra ciudad, otra vida</em>. Y es toda una po&eacute;tica. El tono directo entrega el poema: hace extraordinario lo cotidiano. Escribe sobre el fracaso de vivir, en la frontera que separa la poes&iacute;a de la an&eacute;cdota. No pretende pasar por un l&uacute;cido analista de la sociedad contempor&aacute;nea: no hace observaciones apocal&iacute;pticas al estilo de Roger Wolfe, que antes mencion&aacute;bamos. No es t&oacute;pico, s&iacute; contundente. Lo que le sucede es siempre tangible y conforma una delimitaci&oacute;n vivencial. Hay, en todo ello, un estado de felicidad puntual, una serena aceptaci&oacute;n de la fragilidad de lo vivido.</p>
<p>Si bien se les achaca a sus &uacute;ltimos libros dados a la imprenta, una mayor tendencia melanc&oacute;lica, pues da la sensaci&oacute;n de que muchos de los poemas son apuntes, anotaciones, textos sin acabar: obviamente, no es as&iacute;, acogen un sentido de conjunto. La disciplina de Iribarren en el momento de escribir es la ir retirando piezas, la de ir construyendo el poema desde la desaparici&oacute;n del mismo: escribir como quien no lo hace, yendo hacia lo innato y lo esencial: sigue el curso de la vida misma, quita m&aacute;s que pone. Todo en sus poemas parece hecho de nada; su talento no necesita exhibirse. En ese levedad, en ese minimalismo, enga&ntilde;osamente simple y directo, Iribarren tiende la mano de la emoci&oacute;n. Es descarnado, pr&aacute;ctico: el poema es casi una advertencia, o si se prefiere,&nbsp; un error, como en Las puertas (&ldquo;Con las entreabiertas / hay que tener mucho cuidado, / suelen ponerse irresistibles&rdquo;). El papel no se escribe, o se escribe poco, pero mancha. Iribarren tiene la maestr&iacute;a de hacer de la an&eacute;cdota banal, de la anotaci&oacute;n de paso, su legado po&eacute;tico particular: un antimundo demoledor, cuyo centro de destrucci&oacute;n es, muchas veces, &eacute;l mismo. Escribe como dir&iacute;a Dar&iacute;o de Machado<em>: </em><em>Ha escrito poco y meditado mucho. Su vida es la de un fil&oacute;sofo estoico. Sabe decir sus ense&ntilde;anzas en frases hondas.</em> Esc&eacute;ptico, desenga&ntilde;ado, incombustible, su escritura va de manera progresiva ramific&aacute;ndose y haci&eacute;ndose m&aacute;s esquem&aacute;tica, m&aacute;s pulcra, llena de s&iacute; misma, tierna&nbsp; e indefectiblemente contempor&aacute;nea. Cada fragmento como una embestida, casi como un golpe que no se nota hasta mucho despu&eacute;s. Una obra congruente, un &uacute;nico poema, que se une a <em>Seguro que esta historia te suena</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Karmelo Iribarren, <em>Las luces interiores</em>, Sevilla, Renacimiento, 2013.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 01 Apr 2014 06:55:33 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El 42]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-42/</link>
      <description><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/anamu_oz_peq.jpg" alt="" /></p>
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<p>Se llama Ana.</p>
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<p>Es un poco m&aacute;s alta que yo.</p>
<p>Tacones de siete cent&iacute;metros: gula, lujuria, envidia y todos los dem&aacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es rubia. Te&ntilde;ida (su ra&iacute;z asoma negra y sucia como un gusano).</p>
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<p>Aguarda junto a m&iacute; en la parada del 42. A La Almozara. Maldito autob&uacute;s.</p>
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<p>Habla por tel&eacute;fono como quien lo hace frente a un folio en blanco o una pared de gotel&eacute;. Cruza las piernas. Parece balancearse. El cierzo la balancea. Sus zapatos rojos brillan y bailan. Juega su pelo. Con el cierzo. Tambi&eacute;n brilla y baila. El pelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nombra a Sa&uacute;l, a Carmen, a Silvia, a aquel Carlos Antonio que votaba a los socialistas y conduc&iacute;a un Mercedes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vive en Teruel. Y se conoce mi vida como la ruta del 42. Maldito autob&uacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Permanezco en silencio. C&oacute;mo decirle que no es la due&ntilde;a de los recuerdos que olvido. C&oacute;mo dec&iacute;rselo. C&oacute;mo decirle que ella es &ldquo;yo&rdquo;, aunque un poco m&aacute;s alta. Y rubia. S&iacute;. Te&ntilde;ida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llega el 42 y me quedo abajo. Que suba, que suba, por Dios, que suba y que se pierda. No puede reconocerme. No me reconocer&aacute;. No me reconoce. Calzo deportivas y ahora soy morena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La pr&oacute;xima vez que me toque ir a La Almozara lo har&eacute; andando: es muy desagradable encontrarme conmigo misma en Zaragoza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nunca creas que una vez te abandonaste en otra ciudad.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 01 Apr 2014 06:35:14 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gabriel García Márquez, o contar para vivirla]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/gabriel-garcia-marquez-o-contar-para-vivirla/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/gabrielgaraciamarquez_peq.jpg" alt="" width="352" height="272" /></p>
<p>Transcurridas cuatro d&eacute;cadas desde su aparici&oacute;n, <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em> conserva intacta la magia de ese mundo centrado en Macondo, con el prolongado y laber&iacute;ntico proceso que lo lleva desde la inocencia de sus or&iacute;genes a una prosperidad precaria y luego a un final apocal&iacute;ptico, a la vez que asiste al ascenso y a la ca&iacute;da de la estirpe de los Buend&iacute;a, marcados por la obsesi&oacute;n y el temor del incesto. Su &eacute;xito extraordinario guarda relaci&oacute;n sin duda con la visi&oacute;n maravillosa y maravillada de la realidad y de la historia de Am&eacute;rica Latina que propon&iacute;a y a&uacute;n propone, y que Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez ha resaltado en declaraciones como las que recordaban que a fines del siglo xix un explorador norteamericano vio en los territorios amaz&oacute;nicos &ldquo;un arroyo de agua hirviendo y un lugar donde la voz humana provocaba aguaceros torrenciales&rdquo;, y que en la costa argentina de la Patagonia los vientos se llevaron un circo entero para que las redes de los pescadores capturasen al d&iacute;a siguiente &ldquo;cad&aacute;veres de leones y jirafas&rdquo;. Esa atm&oacute;sfera propicia a lo ins&oacute;lito se acentuar&iacute;a en el &aacute;mbito de su Aracataca natal, en esa geograf&iacute;a del Caribe donde Crist&oacute;bal Col&oacute;n pudo encontrar plantas fabulosas y seres mitol&oacute;gicos, donde arraig&oacute; la magia tra&iacute;da desde &Aacute;frica por los esclavos negros y discurrieron las andanzas de piratas &ldquo;capaces de montar un teatro de &oacute;pera en Nueva Orleans y llenar de diamantes las dentaduras de las mujeres&rdquo;<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>.</p>
<p>Esa imagen de la Am&eacute;rica Latina, alimentada durante d&eacute;cadas por una cultura europea que se dec&iacute;a en decadencia y se mostraba &aacute;vida de maravillas, para 1967 ya hab&iacute;a arraigado hasta constituir un factor determinante a la hora de trazar los perfiles de una identidad cultural esquiva a los numerosos esfuerzos que los intelectuales hispanoamericanos hab&iacute;an dedicado a su b&uacute;squeda. <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em> surg&iacute;a de tales planteamientos y los llevaba hasta sus &uacute;ltimas consecuencias: en sus p&aacute;ginas Latinoam&eacute;rica parec&iacute;a revelarse para siempre como territorio de lo m&aacute;gico y legendario, de lo maravilloso y lo fant&aacute;stico, como un mundo irreductible a los modelos racionalistas y a la represi&oacute;n de los instintos y de la imaginaci&oacute;n que se consider&oacute; caracter&iacute;stica de la civilizaci&oacute;n occidental. Garc&iacute;a M&aacute;rquez hab&iacute;a encontrado el procedimiento preciso para narrar esa realidad: nadie hab&iacute;a conseguido ni conseguir&iacute;a una conjunci&oacute;n m&aacute;s lograda de ingredientes m&iacute;ticos y folkl&oacute;ricos para transformar lo cotidiano en inveros&iacute;mil y para acercar la fantas&iacute;a a la experiencia ordinaria, ni una voz m&aacute;s adecuada a tal prop&oacute;sito que &eacute;sa que &eacute;l asoci&oacute; a la de su abuela cuando le contaba las historias de fantasmas que hab&iacute;an inquietado su ni&ntilde;ez, la voz de un narrador imperturbable que entreveraba sin estridencias lo familiar y lo incre&iacute;ble<a title="" href="#_ftn2">[2]</a>.</p>
<p>Si su &eacute;xito extraordinario hizo <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em> el hito en el que parec&iacute;a culminar el largo proceso de la literatura hispanoamericana del siglo xx, cabe imaginar tambi&eacute;n que las ficciones precedentes de Garc&iacute;a M&aacute;rquez hab&iacute;an constituido una insistente b&uacute;squeda de esa meta. Hacia ella se encaminar&iacute;an los pasos iniciales del fracasado estudiante de Derecho que trataba de sobrevivir como periodista a la vez que escrib&iacute;a y publicaba sus primeros cuentos en la prensa de Bogot&aacute;, de Barranquilla o de Cartagena de Indias<a title="" href="#_ftn3">[3]</a>, aunque en apariencia poco perdurar&iacute;a despu&eacute;s de aquellas inmersiones en territorios de insomnio y de pesadilla, de aquellas alucinadas fantas&iacute;as obsesionadas con la muerte, con la vida m&aacute;s all&aacute; de la muerte y con la presencia de la muerte en la vida. Cuando en 1955 public&oacute; <em>La hojarasca</em>, Garc&iacute;a M&aacute;rquez ya mostraba un cambio de rumbo, orientado hacia la configuraci&oacute;n de un mundo &ldquo;real&rdquo;, aunque basado en la elaboraci&oacute;n libre de las vivencias y los recuerdos del autor. Alternando los mon&oacute;logos de un viejo coronel, de su hija Isabel y de su nieto, en un presente fechado con precisi&oacute;n el 12 de septiembre de 1928, aquella primera novela presentaba ese &aacute;mbito llamado Macondo, entonces un pueblo al que, como otros refugiados, el abuelo hab&iacute;a llegado a principios del siglo huyendo de los azares de la guerra, y que por alg&uacute;n tiempo hab&iacute;a de ser el escenario de una ef&iacute;mera prosperidad, ligada a las actividades de una compa&ntilde;&iacute;a bananera, para sumirse despu&eacute;s en una decadencia incesante. Ligada a ese proceso hab&iacute;a discurrido la vida del enigm&aacute;tico m&eacute;dico que ahora se hab&iacute;a ahorcado y a quien el coronel, en cumplimiento de la palabra dada, decid&iacute;a enterrar contra la voluntad de los vecinos, que lo hab&iacute;an sentenciado a permanecer insepulto diez a&ntilde;os atr&aacute;s por negarse a curar a unos heridos al t&eacute;rmino de una sangrienta jornada electoral. Una cita de <em>Ant&iacute;gona</em> de S&oacute;focles serv&iacute;a de ep&iacute;grafe inicial, lo que animaba a encontrar una dimensi&oacute;n simb&oacute;lica en esa f&aacute;bula sobre la violenta historia colombiana ―tan semejante a la tragedia de la joven tebana que decide enterrar el cad&aacute;ver de su hermano Polinice contra lo dispuesto por Creonte― que parec&iacute;a insistir en la fatalidad que reg&iacute;a los acontecimientos y las conductas, como si todo obedeciera &ldquo;al natural y eslabonado cumplimiento de una profec&iacute;a&rdquo;<a title="" href="#_ftn4">[4]</a> o de una voluntad superior, mientras al hilo del relato aparec&iacute;an referencias a guerras civiles pasadas y personajes ligados a esas guerras como el duque de Marlborough o el coronel Aureliano Buend&iacute;a, destinados a reaparecer con insistencia en relatos posteriores.&nbsp;</p>
<p>En busca de la versi&oacute;n definitiva, Garc&iacute;a M&aacute;rquez hab&iacute;a eliminado de <em>La hojarasca</em> distintos fragmentos, uno de los cuales fue &ldquo;Mon&oacute;logo de Isabel viendo llover en Macondo&rdquo;, donde la hija del coronel rememoraba d&iacute;as interminables de lluvia, de tristeza y de desamparo, cuando se encontraba embarazada de su hijo. El futuro permitir&iacute;a comprobar que esos personajes u otros similares, entregados a ilusiones in&uacute;tiles o protagonistas de experiencias fracasadas en una atm&oacute;sfera de alg&uacute;n modo impregnada de violencia, ejerc&iacute;an una fascinaci&oacute;n ineludible para el escritor colombiano. Esa fascinaci&oacute;n pareci&oacute; imponerse a la b&uacute;squeda de soluciones t&eacute;cnicas novedosas ―tras las voces directas y alternas de <em>La hojarasca</em> estaban sus lecturas de James Joyce y de William Faulkner― cuando, ya en Par&iacute;s, Garc&iacute;a M&aacute;rquez redact&oacute; <em>El coronel no tiene quien le escriba</em><a title="" href="#_ftn5">[5]</a>, una breve novela que narraba la historia un coronel que desde quince a&ntilde;os antes y a los setenta y cinco de su edad esperaba junto a su mujer enferma la pensi&oacute;n que el gobierno le prometiera como veterano de la guerra civil, mientras ambos se planteaban la posibilidad de vender el gallo de pelea que constitu&iacute;a su &uacute;nica posesi&oacute;n de valor y un recuerdo de su hijo muerto a balazos por distribuir informaci&oacute;n clandestina, en una atm&oacute;sfera enrarecida por el toque de queda, los recuerdos de la represi&oacute;n a&uacute;n reciente y los rumores sobre la resistencia armada que se extend&iacute;a en el interior del pa&iacute;s. Inquietudes semejantes determinar&iacute;an despu&eacute;s <em>La mala hora</em><a title="" href="#_ftn6">[6]</a>, novela donde se recreaba el clima de violencia creciente que agitaba la vida de un pueblo innominado ―el mismo en que se ambientaba <em>El coronel no tiene quien le escriba</em>, a juzgar por los nombres de algunos personajes― desde el crimen pasional provocado al principio por la aparici&oacute;n de pasquines que divulgaban los secretos m&aacute;s &iacute;ntimos de sus habitantes, hasta culminar en un clima pol&iacute;tico enrarecido que obligaba a evocar estallidos de odio a&uacute;n recientes y a prever otros para el futuro inmediato. Resultaba evidente que el relato se hac&iacute;a eco de la represi&oacute;n que el partido conservador hab&iacute;a desatado en Colombia durante d&eacute;cadas, en un clima de violencia pol&iacute;tica extrema que al final dejar&iacute;a en segundo t&eacute;rmino el asunto de los pasquines, aunque fueran una manifestaci&oacute;n m&aacute;s de ese clima irrespirable. Garc&iacute;a M&aacute;rquez hab&iacute;a de insistir en ese modo de acercarse al presente real de un pa&iacute;s que no dejaba de vivir episodios turbulentos, y donde morir de muerte natural pod&iacute;a parecer una anomal&iacute;a.</p>
<p>Los cuentos reunidos en 1962 en <em>Los funerales de la Mam&aacute; Grande</em> participaban de esa misma atm&oacute;sfera. Algunos, como &ldquo;La prodigiosa tarde de Baltazar&rdquo;, &ldquo;La viuda de Montiel&rdquo; y &ldquo;Rosas artificiales&rdquo;, parec&iacute;an aprovechar materiales desechados de <em>La mala hora</em>, y recurr&iacute;an a su escenario y a sus personajes; otros desarrollaban episodios apenas aludidos all&iacute;, como &ldquo;Un d&iacute;a despu&eacute;s del s&aacute;bado&rdquo;, ocupado en la lluvia de p&aacute;jaros muertos de la que el padre Antonio Isabel del Sant&iacute;simo Sacramento del Altar Casta&ntilde;eda y Moreno inform&oacute; a su obispo, o &ldquo;Los funerales de la Mam&aacute; Grande&rdquo;, donde el narrador relataba a los incr&eacute;dulos del mundo entero la ver&iacute;dica historia de Mar&iacute;a del Rosario Casta&ntilde;eda y Montero, &ldquo;soberana absoluta del reino de Macondo, que vivi&oacute; en funci&oacute;n de dominio durante 92 a&ntilde;os y muri&oacute; en olor de santidad un martes del septiembre pasado, y a cuyos funerales vino el Sumo Pont&iacute;fice&rdquo;<a title="" href="#_ftn7">[7]</a>. El mundo de Macondo crec&iacute;a y se desarrollaba en ellos en un sentido que se podr&iacute;a identificar sobre todo con el despliegue de una imaginaci&oacute;n sin l&iacute;mites, y &eacute;se fue el camino que llev&oacute; hasta <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em>, la mejor concreci&oacute;n literaria de la realidad maravillosa de la Am&eacute;rica Latina. El &eacute;xito logrado con esa novela anim&oacute; a Garc&iacute;a M&aacute;rquez a insistir en la f&oacute;rmula, pero los relatos que en 1972 conformaron <em>La incre&iacute;ble y triste historia de la c&aacute;ndida Er&eacute;ndira y de su abuela desalmada</em> revelar&iacute;an pronto los riesgos de abundar en aquella fantas&iacute;a delirante, incluso cuando se trataba de ampliaciones de episodios apuntados en <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em>, como en el caso del cuento &ldquo;El mar del tiempo perdido&rdquo; y el de la novela breve que daba t&iacute;tulo al volumen: esa fantas&iacute;a parec&iacute;a perder su eficacia en cuando se alejaba del tono narrativo que antes hab&iacute;a conseguido arraigar en la realidad una atm&oacute;sfera m&aacute;gica dif&iacute;cil de repetir. Por otra parte, en &ldquo;El ahogado m&aacute;s hermoso del mundo&rdquo; y &ldquo;El &uacute;ltimo viaje del buque fantasma&rdquo; empezaba a manifestarse un nuevo lenguaje caracterizado por frases que se prolongaban y ramificaban indefinidamente, anticipando los mon&oacute;logos entreverados de distintas voces que hab&iacute;an de constituir el lenguaje caracter&iacute;stico de <em>El oto&ntilde;o del patriarca</em>, novela sobre la desmesura del poder y de la soledad que Garc&iacute;a M&aacute;rquez public&oacute; en 1975. En ella resultaba evidente la fascinaci&oacute;n del autor ante el producto m&aacute;s caracter&iacute;stico de una realidad ins&oacute;lita: &ldquo;El dictador es el &uacute;nico personaje mitol&oacute;gico que ha producido la Am&eacute;rica Latina, y su ciclo hist&oacute;rico est&aacute; lejos de haber concluido&rdquo;<a title="" href="#_ftn8">[8]</a>, hab&iacute;a de explicar, y esa convicci&oacute;n anima a ver en esa obra otra manifestaci&oacute;n de ese realismo m&aacute;gico que pretendi&oacute; ser una indagaci&oacute;n literaria en la identidad latinoamericana e incluso la concreci&oacute;n art&iacute;stica en que esa identidad quedara de manifiesto.</p>
<p>Pero durante los a&ntilde;os setenta se ir&iacute;an diluyendo las convicciones que hab&iacute;an estimulado la fascinaci&oacute;n ante esa realidad diferente, esa fascinaci&oacute;n exigida por la necesidad de regresar a la magia y al mito de los or&iacute;genes, por la voluntad de encontrar una dimensi&oacute;n atemporal ajena a las desventajas de la civilizaci&oacute;n y de la historia. Como adivinando el futuro, <em>Cien a&ntilde;os de soledad </em>ya hab&iacute;a conjugado la propuesta del realismo m&aacute;gico con su cuestionamiento: al respecto merece especial atenci&oacute;n el momento en que Aureliano Babilonia descubre que los manuscritos del gitano Melqu&iacute;ades refieren toda la historia de los Buend&iacute;a hasta en los detalles m&aacute;s triviales, y comprende que Macondo, esa &ldquo;ciudad de los espejos (o los espejismos)&rdquo;, ser&aacute; &ldquo;arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres&rdquo; en el mismo instante en que &eacute;l acabe de descifrar los pergaminos<a title="" href="#_ftn9">[9]</a>. En consecuencia, <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em> no es otra cosa que la lectura de los manuscritos de Melqu&iacute;ades, lo que no s&oacute;lo habla de la fatalidad que rige la historia de una estirpe condenada a cumplir un destino preescrito; tambi&eacute;n insin&uacute;a que esa ins&oacute;lita realidad latinoamericana mostrada en el relato no tiene otra existencia que la que le proporciona la literatura.</p>
<p>En el volumen <em>Doce cuentos peregrinos</em>, que en 1992 hab&iacute;a de reunir relatos breves escritos a partir de 1976, pueden encontrarse pruebas de que lo real y a la vez maravilloso de Am&eacute;rica no era un venero inagotable y de eficacia ilimitada. Los de fecha m&aacute;s antigua, &ldquo;El rastro de tu sangre en la nieve&rdquo; y &ldquo;El verano feliz de la se&ntilde;ora Forbes&rdquo;, demostraban que la imaginaci&oacute;n de Garc&iacute;a M&aacute;rquez derivaba con naturalidad hacia la literatura fant&aacute;stica en cuanto prescind&iacute;a de los escenarios latinoamericanos propios del realismo m&aacute;gico. Por otra parte, la publicaci&oacute;n de <em>Cr&oacute;nica de una muerte anunciada</em>, en 1981, permit&iacute;a comprobar que el autor de <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em> y de <em>El oto&ntilde;o del patriarca</em>, dedicado ahora a recomponer con su relato &ldquo;el espejo roto de la memoria&rdquo;<a title="" href="#_ftn10">[10]</a>, ya no estaba interesado en proponer im&aacute;genes de Latinoam&eacute;rica ni en indagar en una identidad que por entonces parec&iacute;a volverse de nuevo esquiva para los escritores, asediados por problemas m&aacute;s graves o cansados de un empe&ntilde;o cuyos logros no podr&iacute;an nunca sobrepasar el &aacute;mbito de la escritura. Esa impresi&oacute;n se confirmar&iacute;a en 1985 al aparecer <em>El amor en los tiempos del c&oacute;lera</em>, donde unos amores contrariados eran el tema fundamental. Adem&aacute;s, en relaci&oacute;n con esas &uacute;ltimas novelas resultaba obligado reparar en lo que con frecuencia el propio Garc&iacute;a M&aacute;rquez se&ntilde;al&oacute;: en la precisa estructura policial de <em>Cr&oacute;nica de una muerte anunciada</em><a title="" href="#_ftn11">[11]</a>, y en el parentesco de <em>El amor en los tiempos del c&oacute;lera</em> con el follet&iacute;n o la novela rosa, con lo que ambas ficciones parec&iacute;an sumarse al aprovechamiento de opciones narrativas antes desde&ntilde;adas por la literatura m&aacute;s ambiciosa, tendencia que se juzg&oacute; caracter&iacute;stica de esos a&ntilde;os en que los escritores hispanoamericanos trataban de encontrar salidas renovadoras que en alguna medida constitu&iacute;an un alejamiento y una cr&iacute;tica del realismo m&aacute;gico. En 1989, en su condici&oacute;n de novela hist&oacute;rica, <em>El general en su laberinto</em> hab&iacute;a de constituir otra manifestaci&oacute;n de una narrativa &ldquo;de g&eacute;nero&rdquo;, que adem&aacute;s, al recuperar los &uacute;ltimos y decepcionados d&iacute;as de Sim&oacute;n Bol&iacute;var, constitu&iacute;a una reflexi&oacute;n desencantada sobre el pasado hist&oacute;rico y plena de significaci&oacute;n en ese tiempo contempor&aacute;neo que parec&iacute;a asistir al fin de las utop&iacute;as. La creaciones de Garc&iacute;a M&aacute;rquez contribu&iacute;an as&iacute; da manera decisiva a conformar un proceso que llevaba a los narradores a enfrentarse con la dura realidad de Am&eacute;rica Latina, a distanciarse del mito para acercarse a la historia, no sin dejar en evidencia que a veces la fantas&iacute;a pod&iacute;a haber sido utilizada tambi&eacute;n para ocultar las carencias y justificar las derrotas.</p>
<p>No hab&iacute;a de alterar ese proceso <em>Del amor y otros demonios</em>, novela publicada en 1994 y en la que Garc&iacute;a M&aacute;rquez asoci&oacute; los recuerdos de Sierva Mar&iacute;a de Todos los &Aacute;ngeles, desenterrada en el cementerio del convento de Santa Clara de Cartagena de Indias en 1949 ―el 26 de octubre de ese a&ntilde;o &eacute;l mismo hab&iacute;a podido ver los veintid&oacute;s metros con once cent&iacute;metros de su espl&eacute;ndida cabellera, seg&uacute;n aseguraba en el pr&oacute;logo― y los de una marquesita de doce a&ntilde;os que en uno de los relatos de su abuela &ldquo;hab&iacute;a muerto del mal de rabia por el mordisco de un perro, y era venerada en los pueblos del Caribe por sus muchos milagros&rdquo;<a title="" href="#_ftn12">[12]</a>. El resultado fue la recuperaci&oacute;n de un pasado colonial en el que Sierva Mar&iacute;a, hija del marqu&eacute;s de Casalduero, era a la vez o sobre todo Mar&iacute;a Mandinga, como resultado de su convivencia continuada con esclavos africanos. Enriquecido esta vez con ingredientes que resaltaban sus aspectos transgresores o demon&iacute;acos, el relato era sobre todo una nueva historia de amor. No ser&iacute;a la &uacute;ltima: en 2004, Garc&iacute;a M&aacute;rquez habr&iacute;a de ofrecer en <em>Memoria de mis putas tristes</em> otra m&aacute;s, aderezada de un vago erotismo senil. Adem&aacute;s, mientras sus ficciones describ&iacute;an el proceso se&ntilde;alado, hab&iacute;a publicado tambi&eacute;n <em>La aventura de Miguel Litt&iacute;n clandestino en Chile </em>(1986), donde reconstru&iacute;a los meses de 1985 que ese escritor y cineasta chileno hab&iacute;a vivido bajo la dictadura que sufr&iacute;a su pa&iacute;s, y <em>Noticia de un secuestro</em> (1996), sobre el dram&aacute;tico presente colombiano, atormentado por el narcotr&aacute;fico, la guerrilla, la violencia militar y paramilitar y, desde luego, la corrupci&oacute;n o la complicidad de una democracia incapaz de actuar contra la miseria y la injusticia. Eran reportajes que volv&iacute;an a plantear la relaci&oacute;n de la novela con ese g&eacute;nero tan ligado a sus actividades como periodista, relaci&oacute;n que siempre le hab&iacute;a interesado<a title="" href="#_ftn13">[13]</a>, y que reforzaban la impresi&oacute;n de que se produc&iacute;a la mencionada deriva desde el mito hacia la dif&iacute;cil historia pasada o reciente.</p>
<p>Entre las &uacute;ltimas obras de Garc&iacute;a M&aacute;rquez merece especial atenci&oacute;n <em>Vivir para contarla</em>, esas memorias a las que precedi&oacute; la advertencia de que &ldquo;la vida no es la que uno vivi&oacute;, sino la que uno recuerda y c&oacute;mo la recuerda para contarla&rdquo;<a title="" href="#_ftn14">[14]</a>, y que conclu&iacute;an con el d&iacute;a de julio de 1955 en el que tom&oacute; el avi&oacute;n para Ginebra, el d&iacute;a en que escribi&oacute; su primera carta formal a quien habr&iacute;a de ser su esposa, Mercedes Barcha, y en el que empez&oacute; a esperar la respuesta que pronto hab&iacute;a de recibir en la ciudad suiza, determinando su vida para siempre. Para su biograf&iacute;a literaria resulta a&uacute;n m&aacute;s significativo que esas memorias comenzaran con el viaje inici&aacute;tico en el que acompa&ntilde;&oacute; a su madre hasta Aracataca para vender la vieja casa familiar en la que hab&iacute;a pasado los primeros ocho a&ntilde;os de su vida, en compa&ntilde;&iacute;a de sus abuelos maternos, Tranquilina Iguar&aacute;n y el coronel Nicol&aacute;s M&aacute;rquez. Ese viaje tal vez tuvo lugar en febrero de 1950, tras dejar Cartagena de Indias y los estudios de Derecho para trasladarse a Barranquilla e iniciar su trabajo de periodista en <em>El Heraldo</em>, y marca un antes y un despu&eacute;s en su trayectoria creativa. El antes puede asociarse con las referencias a los cuentos publicados hasta entonces, con el recuerdo de la circunstancia que inspir&oacute; algunos de ellos, como &ldquo;La noche de los alcaravanes&rdquo;, y con la negativa valoraci&oacute;n que a la distancia le merecieron esos &ldquo;acertijos kafkianos&rdquo; redactados con ret&oacute;rica primaria por alguien que &ldquo;no sab&iacute;a en qu&eacute; pa&iacute;s viv&iacute;a&rdquo;<a title="" href="#_ftn15">[15]</a>. El despu&eacute;s, con que el viaje a Aracataca lo habr&iacute;a salvado de ese abismo, entreg&aacute;ndolo para siempre a la nostalgia de un pasado que inicialmente construir&iacute;a sobre todo en torno a Macondo, nombre extra&ntilde;o de una finca bananera conocida desde la ni&ntilde;ez y que ahora adquir&iacute;a resonancias po&eacute;ticas o m&aacute;gicas.</p>
<p>Esa experiencia resultar&iacute;a as&iacute; decisiva para que iniciara el rescate de un mundo cuyas primeras im&aacute;genes se plasmaron tal vez en <em>La hojarasca</em>, donde resultaba evidente la voluntad de encontrar procedimientos narrativos eficaces y novedosos para contar una historia que le llegaba desde su infancia. Si tard&oacute; en percibir la relaci&oacute;n de su novela con el mito de Ant&iacute;gona ―seg&uacute;n su testimonio fue Gustavo Ibarra, en Cartagena, quien le hizo consciente de ella, lo que determin&oacute; la inclusi&oacute;n del ep&iacute;grafe &ldquo;reverencial&rdquo; mencionado―, fue porque m&aacute;s que las referencias literarias le preocupaba el tiempo perdido que empezaba a concretarse en ese ya m&iacute;tico Macondo, en cuya recreaci&oacute;n aquellas referencias hab&iacute;an de integrarse con naturalidad. Con la utilizaci&oacute;n de la memoria heredada o de la propia cabe relacionar despu&eacute;s los cad&aacute;veres del cementerio que flotan en las aguas de &ldquo;Mon&oacute;logo de Isabel viendo llover en Macondo&rdquo;, recuerdo de cuando los sistemas artificiales de regad&iacute;o de la United Fruit Company provocaban el desmadre de las aguas al llegar las lluvias; o la conjunci&oacute;n de una mujer de luto y una ni&ntilde;a con un ramo de flores mustias bajo el sol infernal en &ldquo;La siesta del martes&rdquo;, que evocaba a la mujer y a la hija del ladr&oacute;n muerto por Mar&iacute;a Consuegra en Aracataca; o la interminable espera de <em>El coronel no tiene quien le escriba</em>, que era la espera que hab&iacute;a desesperado al abuelo M&aacute;rquez desde que el gobierno colombiano promulgara una ley de pensiones de guerra que nunca se cumpli&oacute;; o los pasquines de <em>La mala hora</em>, tan semejantes a los que alteraron la vida de Sucre cuando Garc&iacute;a M&aacute;rquez estudiaba en el Liceo Nacional de Zipaquir&aacute;. Desde luego, el lector de <em>Vivir para contarla</em> puede comprobar una vez m&aacute;s el decisivo papel que los recuerdos jugaron en la elaboraci&oacute;n de <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em>: puede saber que Jos&eacute; Arcadio Buend&iacute;a dio muerte a Prudencio Aguilar como el coronel M&aacute;rquez se la hab&iacute;a dado a Medardo Pacheco, que las fantas&iacute;as y los presagios de la abuela se materializaban en las noches aterradas del futuro escritor, y que fue &eacute;l mismo quien un d&iacute;a remoto conoci&oacute; el hielo cuando acompa&ntilde;aba a su abuelo, de compras en el comisariato de la compa&ntilde;&iacute;a bananera. Puede constatar que &eacute;sa era la consecuencia final de aquella visita a Aracataca que fue un viaje hacia el pasado y una despedida, pues la destrucci&oacute;n de la ciudad de los espejos y de los espejismos no era otra que la prevista por la nostalgia de Isabel en <em>La hojarasca</em>, al ver su casa &ldquo;sacudida por el soplo invisible de la destrucci&oacute;n&rdquo; y creer inminente la llegada de &ldquo;ese viento final que barrer&aacute; a Macondo, sus dormitorios llenos de lagartos y su gente taciturna, devastada por los recuerdos&rdquo;<a title="" href="#_ftn16">[16]</a>.</p>
<p>Desde luego, en <em>Vivir para contarla</em> no faltan referencias a las novelas posteriores a <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em> en relaci&oacute;n con ese incesante ejercicio de la memoria: Garc&iacute;a M&aacute;rquez record&oacute; que a su madre &ldquo;nadie le hab&iacute;a conocido novio alguno cuando se cas&oacute; contra la voluntad de sus padres con el telegrafista del pueblo&rdquo;<a title="" href="#_ftn17">[17]</a>, germen de <em>El amor en los tiempos del c&oacute;lera</em>, y que a principios de 1953, en Sucre, era asesinado Cayetano Gentile, &ldquo;m&eacute;dico inminente, animador de bailes y enamorado de oficio&rdquo;, a quien apu&ntilde;alaron contra la puerta de su casa, que su propia madre hab&iacute;a cerrado crey&eacute;ndolo dentro y a salvo<a title="" href="#_ftn18">[18]</a>, lo que con el tiempo dar&iacute;a lugar a <em>Cr&oacute;nica de una muerte anunciada</em>; y volvi&oacute; a dejar constancia de su deuda con Clemente Manuel Zabala, jefe de redacci&oacute;n de <em>El Universal</em> que en Cartagena de Indias le dio ocasi&oacute;n de ver la cabellera de la ni&ntilde;a sepultada en el convento de Santa Clara, imagen de la que hab&iacute;a de nacer <em>Del amor y otros demonios</em>. Al insistir en las relaciones de esas ficciones con los recuerdos del autor, <em>Vivir para contarla</em>, que en su condici&oacute;n de memorias inevitablemente ya era un esfuerzo para recuperar un tiempo perdido y personal, contribu&iacute;a decididamente a resaltar la significaci&oacute;n individual e &iacute;ntima de estos relatos, con los que Garc&iacute;a M&aacute;rquez se acercaba a la preferencias mostradas por buena parte de la narrativa hispanoamericana de las d&eacute;cadas m&aacute;s recientes. Pero, precisamente porque revela la capacidad de <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em> para tolerar y aun proponer nuevas significaciones, m&aacute;s relevante a&uacute;n resulta que <em>Vivir para contarla</em> insista en relacionar el prop&oacute;sito de esa novela con el deseo del autor, reiteradamente declarado, de dejar &ldquo;constancia po&eacute;tica&rdquo; de su infancia, trascurrida &ldquo;en una casa grande, muy triste, con una hermana que com&iacute;a tierra y una abuela que adivinaba el porvenir, y numerosos parientes de nombres iguales que nunca hicieron mucha distinci&oacute;n entre la felicidad y la demencia&rdquo;<a title="" href="#_ftn19">[19]</a>. Lo que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os sesenta fue la mejor concreci&oacute;n literaria de la realidad maravillosa de Am&eacute;rica puede verse as&iacute;, cada vez m&aacute;s, como un esfuerzo para rescatar desde la desolaci&oacute;n y la nostalgia el &aacute;mbito m&aacute;gico de un pasado perdido que fue el de Garc&iacute;a M&aacute;rquez y puede ser hoy el de sus lectores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez, <em>El olor de la guayaba</em>. Conversaciones con Plinio Apuleyo Mendoza, Barcelona, Bruguera, 1982, pp. 49 y 74.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> &ldquo;Me contaba las cosas m&aacute;s atroces sin conmoverse, como si fuera una cosa que acababa de ver. Descubr&iacute; que esa manera imperturbable y esa riqueza de im&aacute;genes era lo que m&aacute;s contribu&iacute;a a la verosimilitud de sus historias&rdquo; (<em>El olor de la guayaba</em>, cit., p. 41).</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a> En su mayor&iacute;a, los que dio a conocer entre 1947 y 1952 fueron reunidos en el volumen <em>El negro que hizo esperar a los &aacute;ngeles</em> (Montevideo, Ediciones Alfil, 1972), t&iacute;tulo que abreviaba el de uno de ellos, &ldquo;Nabo, el negro que hizo esperar a los &aacute;ngeles&rdquo;, publicado en <em>El Universal</em> de Barranquilla en 1951. A ellos se a&ntilde;adieron &ldquo;La noche de los alcaravanes&rdquo; (1953) y &ldquo;Mon&oacute;logo de Isabel viendo llover en Macondo&rdquo; (1955) para conformar <em>Ojos de perro azul</em> (Barcelona, Plaza &amp; Jan&eacute;s, 1974), t&iacute;tulo de un relato publicado en <em>Cr&oacute;nica</em> de Barranquilla en 1950.</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a> <em>La hojarasca</em>, Bogot&aacute;, Ediciones S. L. B., 1955, p. 104.</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a> Apareci&oacute; en Bogot&aacute;, en la revista <em>Mito</em>, a&ntilde;o IV, n&uacute;mero 19, mayo-junio de 1958. En 1961 se publicar&iacute;a por primera vez como libro en Medell&iacute;n (Aguirre Editor, 1961) y en Buenos Aires (Americalee).</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a> Garc&iacute;a M&aacute;rquez desautoriz&oacute; por &ldquo;espa&ntilde;olizada&rdquo; la edici&oacute;n inicial de <em>La mala hora</em> (Premio Literario Esso 1961), Madrid, Gr&aacute;ficas &ldquo;Luis P&eacute;rez&rdquo;, 1962. La edici&oacute;n autorizada apareci&oacute; por primera vez en M&eacute;xico, Ediciones Era, 1966.</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a> V&eacute;ase <em>Los funerales de la Mam&aacute; Grande</em>, Madrid, Ediciones Alfaguara, 1979, p. 165.</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref8">[8]</a> <em>El olor de la guayaba</em>, p. 125.</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref9">[9]</a> <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em>, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1967, p. 351.</p>
</div>
<div>
<p>&nbsp;</p>
<p>[10] <em>Cr&oacute;nica de una muerte anunciada</em>, Bogot&aacute;, Editorial La Oveja Megra, 1981, p. 13.</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref11">[11]</a> V&eacute;ase <em>El olor de la guayaba</em>, cit., p. 89.</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref12">[12]</a> <em>Del amor y otros demonios</em>, Barcelona, Mondadori, 1994, p. 13.</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref13">[13]</a> Al menos desde que en 1955 public&oacute; en <em>El Espectador</em> de Barranquilla, por episodios y con gran &eacute;xito, un reportaje sobre la aventura de un marinero que hab&iacute;a sobrevivido en una balsa a la deriva en aguas del mar Caribe, reportaje que a&ntilde;os despu&eacute;s se editar&iacute;a como libro con un t&iacute;tulo menos acorde con su contenido que con lo que se esperaba del autor de <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em>: <em>Relato de un n&aacute;ufrago que estuvo diez d&iacute;as a la deriva sin comer ni beber, que fue proclamado h&eacute;roe de la patria, besado por las reinas de la belleza y hecho rico por la publicidad, y luego aborrecido por el gobierno y olvidado para siempre</em> (Barcelona, Tusquets Editor, 1970).</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref14">[14]</a> Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez, <em>Vivir para contarla</em>, Barcelona, Mondadori, 2002, p&aacute;g. 7.</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref15">[15]</a> Ib&iacute;dem, p. 437.</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref16">[16]</a> <em>La hojarasca</em>, cit., pp. 133-134.</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref17">[17]</a> <em>Vivir para contarla</em>, cit., p. 14.</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref18">[18]</a> Ib&iacute;dem, pp. 459-460.</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref19">[19]</a> <em>El olor de la guayaba</em>, cit., p. 103.</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 31 Mar 2014 07:11:40 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Guardagujas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/guardagujas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/EL_AS_MORO.jpg" alt="" width="297" height="318" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Algo ocurre en las ciudades</p>
<p>de lo que nadie me informa.</p>
<p>El tren de las diez y treinta</p>
<p>demora su llegada desde hace meses.</p>
<p>El pen&uacute;ltimo viajero que pas&oacute; por aqu&iacute;</p>
<p>huyendo en calma</p>
<p>-lo supe en sus ojos, en sus ropas fatigadas -,</p>
<p>tra&iacute;a un temblor inconcreto entre las manos</p>
<p>y un amargo&nbsp;rumor en la boca</p>
<p>acerca de nuevas guerras en las regiones del sur&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>he regado la parra virgen que sobrevive a poniente,</p>
<p>he abierto para&nbsp;que entre&nbsp;el aire limpio</p>
<p>las ventanas que dan al norte,</p>
<p>he estirado con descuido&nbsp;las mantas&nbsp;del camastro</p>
<p>que acoge y repara mi cansancio</p>
<p>en cualquier momento del d&iacute;a</p>
<p>o de la noche</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>desperezando sus alas y sus hambres,</p>
<p>los milanos trazan espirales</p>
<p>en este confuso azul que no conoce mar alguno</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>en pie sobre las traviesas los observo</p>
<p>mientras estrangulo el tedio con las agujas del cruce,</p>
<p>moviendo a un lado y a otro</p>
<p>el horizonte paralelo y de hierro&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>en esta llanura solitaria,</p>
<p>donde el camino es siempre el mismo</p>
<p>y conduce a id&eacute;nticos vac&iacute;os,</p>
<p>el tel&eacute;grafo teclea una escueta noticia,</p>
<p>una orden concisa y seca:</p>
<p>trenes</p>
<p>rigurosamente</p>
<p>vigilados</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>igual que me qued&eacute; solo,</p>
<p>se me van agotando los v&iacute;veres</p>
<p>vigilando trenes que no est&aacute;n</p>
<p>mientras espero a nadie</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>el &uacute;ltimo pasajero de este d&iacute;a</p>
<p>tampoco tardar&aacute; en marcharse</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>cumplo con el rito macabro y doliente</p>
<p>de besar el retrato de su ausencia&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 28 Mar 2014 07:17:07 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aforismos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/aforismos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/RAM_N_EDER.jpg" alt="" width="302" height="359" /></p>
<p>Leer en el escaparate de una librer&iacute;a los t&iacute;tulos de los libros puede ser una manera muy interesante de leer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando se ha conocido a una mujer en el sentido b&iacute;blico, siempre queda en la relaci&oacute;n algo del<em> Cantar de los cantares</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los libros tambi&eacute;n son j&oacute;nicos, d&oacute;ricos o corintios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La lascivia unida a la belleza nos deja estupefactos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esas cartas que nos alegran hasta tal punto que tenemos que abrir la ventana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aplaudir por miedo es pat&eacute;tico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fabuloso don el de saber entablar relaci&oacute;n con desconocidas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Toda amistad se basa en la tensi&oacute;n que puede hacer que se rompa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Algunos dan la mano como si te quisieran tomar el pulso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El sentido moral se adquiere en la infancia al repartir la merienda con los hermanos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La honestidad intelectual suele desembocar en el humor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los escritores no sirven para nada, excepto para dar sentido a las cosas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay que mirar detenidamente el rostro fotografiado de un escritor, como quien hace cr&iacute;tica literaria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando se sube a una tarima para hablar en p&uacute;blico estar&iacute;a bien tener algo que decir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando la impertinencia del periodista que pregunta se junta con la vanidad del que responde, surge una entrevista period&iacute;stica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando se viaja en autom&oacute;vil se echa en falta no saber m&aacute;s de bot&aacute;nica y geolog&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo Sans&oacute;n acaba encontrando su Dalila.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A partir de cierta edad, cuando nos roban una tarde, nos enfadamos como si nos hubieran robado la cartera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A todo escritor, si se descuida, se le escapa un haiku.</p>
<p>El deseo es un pirata.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los pescados en las pescader&iacute;as parecen fil&oacute;sofos pesimistas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay que ser muy claro, pero nunca demasiado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Uno nunca se arrepiente de haber sido feliz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la vida hay que llevar la cabeza bien alta, pero no tanto que nos salga tort&iacute;colis.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el mes de Agosto en Espa&ntilde;a sorprende la ausencia de camellos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La valent&iacute;a consiste en enfrentarse a fuerzas superiores ligeramente aterrorizado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Manipular nuestro propio pasado hasta que quede presentable es una tarea intelectual que se llama escribir la autobiograf&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Haber sido de ni&ntilde;o el rey de la casa te convierte para siempre en un rey en el exilio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay que ser un poco canalla para que te quede bien el sombrero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando vemos el cuerpo humano diseccionado en un atlas de anatom&iacute;a resulta asombroso el deseo f&iacute;sico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con el racismo s&oacute;lo pueden acabar los extraterrestres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un desayuno magn&iacute;fico debe tener caf&eacute;, pan tostado con mantequilla, mermelada, zumo de naranja , y dos o tres peri&oacute;dicos que hablen de uno mismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El car&aacute;cter se forma los domingos por la tarde.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Haber tenido una infancia feliz es un serio obst&aacute;culo para el resto de la vida. S&oacute;lo se puede ir a peor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No dejes que la tristeza te gane la partida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Algunas personas resultan tan veros&iacute;miles que parecen personajes de ficci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La bondad es una especie de inteligencia superior.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Algunos versos son tan malos que resultan inolvidables.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Conoc&iacute;a muy bien esa mezcla de dulzura y sadismo&nbsp; con la que algunas chicas imitan a los &aacute;ngeles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sin darse cuenta se hab&iacute;a convertido en un se&ntilde;or con abrigo.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 27 Mar 2014 07:14:49 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Taxista]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/taxista/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/LAUREN_GARC_A.jpg" alt="" width="279" height="371" /></p>
<p>&nbsp;<strong></strong></p>
<p>La ciudad es un mapa</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>que grita cuando te llaman.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El precio de este viaje es que t&uacute;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>me mantengas la conversaci&oacute;n,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>que hagas un movimiento de m&iacute; esp&iacute;ritu,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>que me expliques el mundo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>con infinita paciencia de carretera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>As&iacute; anochece antes tras tus cristales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quiz&aacute;s me pares t&uacute; alg&uacute;n d&iacute;a</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>si me ves sin rumbo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tu adi&oacute;s ha sido tajante</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>como una curva inesperada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 26 Mar 2014 07:36:56 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jueces]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jueces/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/JULIO_MART_NEZ_MESANZA.gif" alt="" width="302" height="276" /></p>
<p>Ir&eacute; al combate s&oacute;lo si t&uacute; vienes;</p>
<p>s&oacute;lo si me acompa&ntilde;as al combate.</p>
<p>Por el mayo paciente y demorado,</p>
<p>ir&eacute; al combate s&oacute;lo si t&uacute; vienes.</p>
<p>Pues no hay Jerusal&eacute;n si t&uacute; no vienes;</p>
<p>sin ti, sin la mitad de luz del alma,</p>
<p>sin la mitad a&uacute;n viva de mi alma,</p>
<p>sin la mitad que salvas de mi alma.</p>
<p>Has sido reca&iacute;da reiterada</p>
<p>y tambi&eacute;n mi insistencia en la pureza;</p>
<p>si esa fidelidad se tiene en cuenta,</p>
<p>si es pureza insistir en la ca&iacute;da.</p>
<p>Eva la reiterada, mi derrota.</p>
<p>Porque en Jerusal&eacute;n nada m&aacute;s puro,</p>
<p>nada que t&uacute; no seas, nada m&iacute;o,</p>
<p>porque en Jerusal&eacute;n nada me vale</p>
<p>de todos los errores que no fuiste.</p>
<p>Eva la reiterada, mi alegr&iacute;a,</p>
<p>nada pod&iacute;a protegerme, nada.</p>
<p>Avasallaste la mitad del alma</p>
<p>y la mitad del alma ardi&oacute; en la culpa</p>
<p>mientras la otra mitad se iluminaba</p>
<p>reflejando las llamas de ese incendio.</p>
<p>Esa luz era pura y era tuya,</p>
<p>ven&iacute;a de esas llamas y era pura;</p>
<p>aunque viniera de ellas era pura,</p>
<p>porque al menos all&iacute; falt&oacute; mi orgullo.</p>
<p>Eva de la derrota y la alegr&iacute;a,</p>
<p>t&uacute; ser&aacute;s quien me lleve a la victoria,</p>
<p>si en estas condiciones hay combate,</p>
<p>si hay para la victoria condiciones.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 25 Mar 2014 09:43:57 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ante el asedio del amor]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/ante-el-asedio-del-amor/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/JAVIER_S_NCHEZ_MEN_NDEZ.jpg" alt="" width="353" height="225" /></p>
<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </em>Cuando en 1991 aparec&iacute;a <em>El viol&iacute;n mojado </em>significaba para su autor, el gaditano Javier S&aacute;nchez Men&eacute;ndez, su tercer poemario publicado, despu&eacute;s de los titulados <em>Motivos </em>y <em>Derrota y muerte a los h&eacute;roes</em>. Ahora en 2013 sale a la luz una nueva edici&oacute;n del mismo cuando S&aacute;nchez Men&eacute;ndez es ya un poeta sobradamente conocido -como referente nos sirve su antolog&iacute;a reciente <em>Faltan palabras en el diccionario, </em>de 2011<em>- </em>, un editor de prestigio al frente de una empresa, La Isla de Siltol&aacute;, que da a conocer continuamente libros de indudable valor, y un activista cultural que vuelca su opini&oacute;n y su pensamiento en ensayos novedosos y en una p&aacute;gina que en internet registra m&aacute;s seguidores cada vez.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aparte del inter&eacute;s que la obra ofrece para todos los lectores que en su d&iacute;a no pudieron conocerla (recordemos que una de sus cr&iacute;ticas aparec&iacute;&oacute; en <em>ABC Literario </em>en julio de 1991), la mayor novedad de esta reedici&oacute;n de <em>El viol&iacute;n mojado</em> es con seguridad el esclarecedor pr&oacute;logo que le ha a&ntilde;adido Roc&iacute;o Fern&aacute;ndez Berrocal, por cierto, la misma que introduce magistralmente el poemario in&eacute;dito de Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez <em>Idilios</em>, publicado tambi&eacute;n por la Isla de Siltola en 2013. A &eacute;l deber&aacute; echar mano el lector antes o despu&eacute;s de su lectora de este libro del que alg&uacute;n cr&iacute;tico (Paco Huelva, concretamente) ha afirmado en fechas muy cercanas que recoge &ldquo;las bases, el cimiento, el sue&ntilde;o dorado de un escritor que hace dos d&eacute;cadas manejaba por igual las esperanzas y los desasosiegos&rdquo;. Si a esto sumamos los detalles que descubre la prologuista al anotar que &ldquo;En las rese&ntilde;as que le dedicaron a la obra cuando se public&oacute; se consider&oacute; uno de los libros de poes&iacute;a m&aacute;s innovadores de la &uacute;ltima generaci&oacute;n po&eacute;tica&rdquo;, y que su &ldquo;modernidad y frescura&rdquo; de entonces &ldquo;siguen a&uacute;n vigentes&rdquo;, ya tenemos las fundamentales razones para examinarlo con atenci&oacute;n.</p>
<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </em>Nuestra lectura<em> </em>nos lleva a advertir que ya desde el primer poema se hace presente la voluntad del autor de jugar con el lenguaje y de sacarle el m&aacute;ximo rendimiento a partir de su sencillez expresiva. Orillando, en su primera parte titulada <em>La huella</em>, el sentimiento del amor, lo recrea de m&uacute;ltiples formas siempre originales para abandonarlo por momentos y moldear l&iacute;ricamente otros leves asuntos de la cotidiana existencia. Poco a poco, el lector se va sintiendo cautivado por una palabra llana que se yergue, sin embargo, alentada por una innegable sinceridad y un sorprendente detallismo modelado con impulso in&eacute;dito, con voz nueva, con tono diferente. La realidad emerge cambiante en cada poema pero a su vez aparece repetida, renovada, remanecida mediante el sintagma <em>tu casa </em>frecuentemente recurrente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La iron&iacute;a, el humor, la ant&iacute;tesis no son desconocidos en estos versos de S&aacute;nchez Men&eacute;ndez, pero es en la segunda parte de su libro, <em>Impresi&oacute;n &amp; Expresi&oacute;n, </em>donde se observan como recursos constantes. Ahora, los juegos de lenguaje se reconcentran en contextos donde los significados se constituyen a partir de los campos sem&aacute;nticos &ldquo;impresi&oacute;n&rdquo; y &ldquo;expresi&oacute;n&rdquo;, vinculados adem&aacute;s, sin cambio, al referente pict&oacute;rico de Van Gogh: &ldquo;La impresi&oacute;n es algo que soporto de veras, / lo mismo que a Van Gogh / le divierten inm&oacute;viles los girasoles&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En la tercera parte del poemario, <em>Imaginar y recordar, </em>vuelve la insistencia sobre el pensamiento del amor, de modo que un poema se titula <em>Amor como principio </em>y en un momento se puede escribir: &ldquo;lo mismo da pero es amor / a ser posible el tema&rdquo;. Contin&uacute;a el poeta, en esta &uacute;ltima secci&oacute;n, jugando consciente e inteligentemente con el lenguaje y aprovechando los significados que pueden vincularse al recuerdo y a la imaginaci&oacute;n, entreverando con ellos un poso de incredulidad o desesperanza, en la convicci&oacute;n de que el amor pasa y cuando se acaba solo queda recordarlo, imaginarlo o desearlo nuevamente. Por ello llega a decirse en los &uacute;ltimos versos del libro que mejor que esperarlo es tenerlo, vivirlo: &ldquo;que tengo toda la vida por delante, / a m&iacute; me gustar&iacute;a / tener la vida alrededor&rdquo;. Es en este poema de cierre donde hallamos adem&aacute;s una expresi&oacute;n, &ldquo;libre de la tormenta&rdquo;, que servir&iacute;a al autor -seguramente recordando de nuevo- para titular otro libro suyo de 2013 con ese mismo sintagma.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esa vida por la que el poeta quiere verse rodeado es la que estimula su escritura, pero debe tenerse en cuenta que en el proceso creador tiene un peso nada desde&ntilde;able la imaginaci&oacute;n, por eso uno de los comentaristas del libro ha podido afirmar en su blog que este &ldquo;te transporta a una irrealidad a la vez as&eacute;ptica y profundamente personal&rdquo;, a&ntilde;adiendo que &ldquo;Te ves reflejado en esos versos cercanos, despiadados, c&iacute;nicos, tr&aacute;gicos, enamorados, desenamorados...&rdquo;. Con esta reedici&oacute;n de la que es -seg&uacute;n precisa Fern&aacute;ndez Berrocal- &ldquo;obra significativa en la trayectoria po&eacute;tica de Javier S&aacute;nchez Men&eacute;ndez&rdquo;, todos tenemos una posibilidad inmejorable de conocer mejor la poes&iacute;a de este autor y de comparar un estado po&eacute;tico anterior con las posibilidades l&iacute;ricas a que en la actualidad ha evolucionado su creaci&oacute;n y que podemos detectar en sus t&iacute;tulos m&aacute;s actuales ahora en las librer&iacute;as, como el aludido <em>Libre de la tormenta y</em> <em>Los indolentes</em>.<strong>- </strong>Antonio Moreno Ayora. <em>&nbsp;</em>&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Javier S&aacute;nchez Men&eacute;ndez, <em>El viol&iacute;n mojado</em>, Madrid, Libros del Aire, 2013.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 25 Mar 2014 09:35:29 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Paul Auster: "Mi misión como escritor es hacer sentir lo que es un ser humano"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/paul-auster-mi-mision-como-escritor-es-hacer-sentir-lo-que-es-un-ser-humano/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/PAUL_AUSTER.jpg" alt="" /></p>
<p>&iquest;Contarse a s&iacute; mismo? S&iacute;, pero, &iquest;c&oacute;mo? La forma importa tanto como el fin y Paul Auster lo sabe muy bien. <em>Diario de invierno</em> es ante todo una obra literaria de forma in&eacute;dita. Es de esos escritores que aborrecen que la obra se quede limitada a la vida. Paul Auster usa la segunda persona del singular, ese &laquo;t&uacute;&raquo; que hace que el lector se sienta tan pr&oacute;ximo y nos permite convertirnos en aquel chiquillo solitario que so&ntilde;aba con el cine y con escribir mientras ve&iacute;a en televisi&oacute;n los partidos de beisbol, sinti&oacute; pasi&oacute;n por la lengua francesa y la traducci&oacute;n merced a uno de sus t&iacute;os que traduc&iacute;a a los poetas latinos, se embarc&oacute; en un carguero, eligi&oacute; Francia para que fuera su tierra de acogida, vivi&oacute; en buhardillas parisinas y, despu&eacute;s, en casitas de Provenza, que volvi&oacute; a Nueva York sin un c&eacute;ntimo, fracas&oacute; muchas veces en el intento de escribir la primera novela, se divorci&oacute; y pens&oacute; que su vida hab&iacute;a terminado, conoci&oacute; a la mujer de su vida (la novelista Siri Hustvedt), volvi&oacute; a ponerse a escribir dos semanas despu&eacute;s de la muerte de su padre, triunfo en Francia y en Europa antes de que lo aplaudiesen en su pa&iacute;s, hizo sus pinitos en el cine (<em>Smoke, Brooklyn Boogie</em>&hellip;), public&oacute; novelas espl&eacute;ndidas (<em>Ciudad de cristal</em>, <em>El pa&iacute;s de las &uacute;ltimas cosas</em>&hellip;) y relatos personales conmovedores (<em>La invenci&oacute;n de la soledad, El cuaderno rojo,</em> <em>A salto de mata</em>). A los 65 a&ntilde;os, Paul Auster parece tener m&aacute;s fuerza que nunca. Ya no se le ven esas huellas de febrilidad y angustia cuya marca llevaba en la cara y en lo que dec&iacute;a y en lo que escrib&iacute;a en la &uacute;ltima d&eacute;cada (esa que vio c&oacute;mo los atentados del 11 de septiembre ensombrecieron Nueva York, su ciudad).&nbsp; Cierto es que las &uacute;ltimas p&aacute;ginas del presente libro &mdash;las m&aacute;s hermosas&mdash; narran un caminar que recuerda al de Quinn, el protagonista de <em>Ciudad de cristal</em>, por el puente de Brooklyn, en ausencia de lo que fue el repulsivo s&iacute;mbolo de la ciudad-papel que el escritor ha inventado y vuelto a inventar libro tras libro. Esta entrevista se celebr&oacute; en un estudio de radio de <em>France Inter</em>. Paul Auster sonr&iacute;e. Bromea. Como si haber escrito este libro (primera entrega de un d&iacute;ptico, cuya continuaci&oacute;n esperamos con impaciencia, dedicado a su aventura an&iacute;mica e intelectual) le brindase una segunda juventud.</p>
<p><em>&mdash; Diario de invierno<a title="" href="#_ftn1"><strong>[1]</strong></a> </em>es un libro sorprendente. &iquest;Autobiogr&aacute;fico?</p>
<p>- &nbsp;No, en realidad no. No es ni una autobiograf&iacute;a ni unas <em>Memorias</em>. Tampoco es un relato. Es una obra literaria. La componen una serie de fragmentos autobiogr&aacute;ficos que adoptan la estructura de una obra musical. El libro va saltando de un a&ntilde;o a otro. Tan pronto tengo 4 &oacute; 5 a&ntilde;os como, en el p&aacute;rrafo siguiente, tengo 60&hellip;</p>
<p>&mdash; &iquest;C&oacute;mo naci&oacute; este texto?</p>
<p>&mdash; Me cuesta acordarme. Llevaba dentro esa idea desde hac&iacute;a mucho, Quer&iacute;a escribir algo acerca de mi cuerpo. Escrib&iacute; este libro en un plazo muy breve, de unos pocos meses nada m&aacute;s.</p>
<p>&mdash; Y eso no es lo habitual en usted, &iquest;verdad?</p>
<p>&mdash; No, suelo ser mucho m&aacute;s lento normalmente Pero en este caso ten&iacute;a ya el libro en la cabeza. Es algo muy curioso.</p>
<p>&mdash; No es la primera vez que recuerda partes de su vida: est&aacute;n <em>La invenci&oacute;n de la soledad</em><a title="" href="#_ftn2">[2]</a>, de 1979, su primer libro, y luego <em>El cuaderno rojo<a title="" href="#_ftn3"><strong>[3]</strong></a></em> y <em>A salto de mata<a title="" href="#_ftn4"><strong>[4]</strong></a></em>&hellip;<em> </em></p>
<p>&mdash; Efectivamente, esos tres libros son obras declaradamente autobiogr&aacute;ficas, incluso aunque la forma de abordar el asunto no sea muy tradicional. <em>Diario de invierno </em>es la cuarta entrega de esa progresi&oacute;n en los temas personales.&nbsp; En los &uacute;ltimos doce a&ntilde;os he escrito muchas novelas en un lapso de tiempo muy breve. Creo que quer&iacute;a respirar un poco. Ver las cosas de otra manera. Recuperar energ&iacute;a e ideas nuevas</p>
<p>&mdash; Ha escogido la segunda persona del singular. &iquest;Por qu&eacute; se llama de t&uacute; a s&iacute; mismo?</p>
<p>&mdash; Empec&eacute; a escribir instintivamente en segunda persona. No me lo anduve pensando, empec&eacute; as&iacute;. Cuando llevaba alrededor de treinta p&aacute;ginas, me par&eacute; y me hice esa preguntan que me ha hecho usted: &iquest;por qu&eacute; est&aacute;s haciendo as&iacute; este libro? Tradicionalmente, los libros como &eacute;ste se escriben en primera persona. Pero eso del &laquo;yo&raquo; me parec&iacute;a demasiado excluyente. Se trata por supuesto de la historia de mi vida, pero yo ten&iacute;a otra idea acerca de lo que ten&iacute;a que ser este libro. Habr&iacute;a podido usar la tercera persona del singular, &laquo;&eacute;l&raquo;.&nbsp; Que es, por cierto, la persona que uso en la segunda parte de <em>La invenci&oacute;n de la soledad</em>; escrib&iacute;a acerca de m&iacute;, pero me llamaba &laquo;A&raquo; en vez de &laquo;yo&raquo;. A de Auster. As&iacute; que, &iquest;por qu&eacute; me llamo de t&uacute; en este <em>Diario de invierno</em>? Seguramente porque quer&iacute;a que este libro nuevo nos lo reparti&eacute;ramos el lector y yo, por decirlo de alguna forma. Debo decir que no siento inter&eacute;s por mi persona: no es un tema que me fascine, ni mucho menos. Pero conozco bien mi historia, al menos las cosas que consigo recordar. Lo que quer&iacute;a era escribir un libro sobre qu&eacute; es el ser humano, sobre la sensaci&oacute;n de estar vivo. Y por eso cuento accidentes, heridas, c&oacute;mo descubr&iacute; mi vida sexual. La esperanza que tengo es que las cosas que cuento puedan traerle al lector reflexiones personales y contribuir a que afloren sus recuerdos propios. El &laquo;t&uacute;&raquo; hace que el lector se sienta muy implicado y le permite volver a reflexionar sobre su vida.</p>
<p>&mdash; El tema importante de este libro es tambi&eacute;n el cuerpo: la forma en que los estados afectivos elementales son el veh&iacute;culo, en realidad, de las ideas y los amores. &iquest;Por qu&eacute; ocupa el cuerpo un lugar tan importante?</p>
<p>&mdash; Noto que nuestra vida procede en primer lugar de los cuerpos. Pensamos, por supuesto. Pero los pensamientos no vienen de ninguna parte. Afloran de un &laquo;yo f&iacute;sico&raquo;, de nuestros cuerpos. Nunca he le&iacute;do libros como &eacute;ste: no s&eacute; si el resultado es un buen libro o un mal libro, pero es una manera diferente de enfocar las cosas. As&iacute; veo la vida: entramos en su d&iacute;a en un cuerpo, todo empieza con nuestro cuerpo y todo concluir&aacute; cuando ese cuerpo muera. Somos nuestros cuerpos.</p>
<p>&mdash; &iquest;Nuestra historia se reduce a la de nuestro cuerpo?</p>
<p>&mdash; La del final de la vida, s&iacute;. Muchas veces llegamos al final de la vida sin la capacidad de pensar o la de hablar. Somos sencillamente carne y hueso. Piense en el caso de la enfermedad: cuando estamos sanos, no pensamos en el cuerpo; pero, en cuanto caemos enfermos, toda la vida gira en torno a los problemas del cuerpo.</p>
<p>&mdash; Tambi&eacute;n est&aacute;n los placeres f&iacute;sicos.</p>
<p>&mdash; Tambi&eacute;n. Mire, todo empieza con el cuerpo. He pasado mucho tiempo creyendo que la sexualidad era el mayor placer que exist&iacute;a para el cuerpo.&nbsp;</p>
<p>&mdash; Intenta usted calar en el misterio de la atracci&oacute;n amorosa. &iquest;Qui&eacute;n decide: el cuerpo o la mente?</p>
<p>&mdash; &iexcl;Pues los dos! La atracci&oacute;n por otra persona resulta muy dif&iacute;cil de explicar, nadie la entiende de verdad. Pero ves a alguien, a una mujer que te parece guapa, y enseguida surge una atracci&oacute;n. O a lo mejor es la forma en que esa persona camina, se encoge de hombros, frunce el ce&ntilde;o&hellip; todos esos gestos menudos que pueden resultar tan atractivos y tan encantadores. &iquest;Belleza? No, a lo mejor la belleza no cuenta. Todos los d&iacute;as vemos a muchas mujeres bell&iacute;simas y no sentimos atracci&oacute;n sexual por esas bellezas. Creo que todo empieza por la mirada. Es decir, por el cuerpo. Lo que hay al principio es algo f&iacute;sico. Pero la mirada es tambi&eacute;n el alma, que sale del cuerpo a trav&eacute;s de los ojos. Si hay que zanjar a favor de una cosa o de otra, limit&eacute;monos a recordar que los ojos son partes&hellip; del cuerpo</p>
<p>&mdash; Escribe usted que uno de los momentos m&aacute;s extraordinarios y m&aacute;s dichosos de su vida fue aquel d&iacute;a en que, en Par&iacute;s, cuando era un estudiante pobre y sin un c&eacute;ntimo, se vio en los brazos de una prostituta que le recitaba a Baudelaire. &iquest;Y eso por qu&eacute;?</p>
<p>&mdash; Aquella mujer fant&aacute;stica, joven, desnuda encima de la cama, tan guapa y que, de pronto, empieza a recitar un poema de Baudelaire con mucho sentimiento, con mucha exquisitez. &iexcl;Es desde luego uno de los mejores momentos de mi vida! Pero no me invento nada. &iquest;Por qu&eacute; inventar algo as&iacute;? Ser&iacute;a rid&iacute;culo. A lo que est&aacute; obligado un escritor cuando empieza a escribir un libro como &eacute;ste es a ser tan honrado como pueda, sacar a la superficie de la forma m&aacute;s clara posible los recuerdos; y, cuando no se acuerda, que lo diga claramente. Es algo que digo en varias ocasiones en ese libro: no consigo acordarme. &nbsp;</p>
<p>&mdash; El cuerpo brinda placeres, pero tambi&eacute;n cosas desagradables. Por ejemplo ese ataque de p&aacute;nico que pudo con usted en 2002. &iquest;De que fue s&iacute;ntoma ese ataque de p&aacute;nico?</p>
<p>&mdash; Fue una revelaci&oacute;n. No sab&iacute;a que el cuerpo pod&iacute;a hacerle algo as&iacute; a uno. Me qued&eacute; de lo m&aacute;s sorprendido. Ocurri&oacute; en un momento muy dif&iacute;cil. Se acababa de morir mi madre. De repente. Aunque no padec&iacute;a ninguna enfermedad. Mi mujer, Siri, no estaba conmigo. Se hab&iacute;a ido a ver a sus padres a Minnesota, a miles de kil&oacute;metros, para organizar el octog&eacute;simo cumplea&ntilde;os de su padre. Estaba s&oacute;lo en Nueva York. Me llam&oacute; por tel&eacute;fono la se&ntilde;ora que iba a limpiar a casa de mi madre un d&iacute;a a la semana: entr&oacute; con su llave y se encontr&oacute; a mi madre tendida en la cama. Llegu&eacute; en el acto y me la encontr&eacute; muerta, encima de la cama.&nbsp; Fue un momento dur&iacute;simo. La mir&eacute; y lo primero que pens&eacute; fue que mi propia vida hab&iacute;a empezado en ese cuerpo que yac&iacute;a ah&iacute;, sin vida, y que no exist&iacute;an lazos m&aacute;s fuertes que los que hay entre el hijo y la madre. Luego me ocup&eacute; de todas esas cosas que hay que hacer cuando se muere alguien. Tareas pr&aacute;cticas. Vino una prima a ayudarme a hacerlo todo. Pas&eacute; la noche en su casa, en Nueva Jersey. Como no pod&iacute;a dormir, me puse a beber whisky. Un vaso, dos. Y luego, pues, bueno, segu&iacute; hasta las tres o las cuatro de la ma&ntilde;ana. Me beb&iacute; toda la botella. A la ma&ntilde;ana siguiente hab&iacute;a que hacer m&aacute;s gestiones administrativas: ir al dep&oacute;sito, decidir d&oacute;nde la iban a enterrar, etc. Mi madre no hab&iacute;a dejado testamento. Luego me volv&iacute; a mi casa, en Brooklyn. Y volv&iacute; a pasar en vela la noche siguiente y abr&iacute; una botella de whisky. Acab&eacute; por meterme en la cama, agotado y borracho. Pero, a eso de las cinco de la ma&ntilde;ana, cuando llevaba dos horas durmiendo, me despert&oacute; el tel&eacute;fono. Ya estaban cantado los p&aacute;jaros; estaba agotado y me dije: &laquo;Tienes que dormir diez o doce horas, si no no vas a poder con tu alma&raquo;, pero, como un tonto, descolgu&eacute; el tel&eacute;fono. Era otra prima, con quien hab&iacute;a tenido anteriormente relaciones muy conflictivas, sobre todo cuando publiqu&eacute; aquel libro sobre mi padre, <em>La invenci&oacute;n de la soledad</em>. Me qued&eacute; escuch&aacute;ndola y empez&oacute; a decir cosas dur&iacute;simas de mi madre, muy perversas Yo estaba muy, muy irritado. Concluy&oacute; la conversaci&oacute;n y me di cuenta de que me hab&iacute;a puesto en un estado tal que no pod&iacute;a volver a acostarme y seguir durmiendo. Me hice un caf&eacute; muy cargado. Luego, otro. Y otro m&aacute;s. Al tomarme el cuarto, con el est&oacute;mago vac&iacute;o, el cuerpo empez&oacute; a reaccionarme de una forma muy rara. Me o&iacute; ruidos extra&ntilde;os en la cabeza.&nbsp; El coraz&oacute;n empez&oacute; a acelerarse y, de repente, no pod&iacute;a respirar. Entonces me asust&eacute; mucho. Quise ponerme de pie, pero me ca&iacute; al suelo. Y not&eacute; que me dejaba de correr la sangre por las venas. Era como si los brazos y las piernas se me volvieran de hormig&oacute;n. Pens&eacute; que llegaba la muerte, que me sub&iacute;a cuerpo arriba. Y me invadi&oacute; el espanto. El espanto absoluto. Eso es, un ataque de p&aacute;nico. Y &eacute;ste fue tremendo.</p>
<p>&mdash; Cuando muri&oacute; su padre, escribi&oacute; casi enseguida <em>La invenci&oacute;n de la soledad</em>. &iquest;Por qu&eacute; ha dejado pasar diez a&ntilde;os entre la muerte de su madre y este libro, <em>Diario de invierno</em>, que le est&aacute; dedicado en buena parte?</p>
<p>&mdash; S&iacute;, dos semanas despu&eacute;s de que muriera mi padre empec&eacute; lo que iba a convertirse en <em>La invenci&oacute;n de la soledad</em>. Mientras que dos semanas despu&eacute;s de la muerte de mi madre y de aquel ataque de p&aacute;nico no sab&iacute;a que llegar&iacute;a el d&iacute;a en que escribiera sobre esto, sobre mi madre. He de decir que las relaciones con mi padre fueron siempre muy complejas y turbulentas. Con mi madre, era todo muy sencillo. Estaba a gusto conmigo y yo estaba a gusto con ella. No ten&iacute;amos problemas. No era una carga para m&iacute;. As&iacute; que, efectivamente, han tenido que pasar nueve a&ntilde;os antes de que notase por dentro el deseo de escribir acerca de ella. Pero la muerte de mi madre es una parte del libro, no es el tema del libro.</p>
<p>&mdash; Dice que no llora cuando pierde a una persona pr&oacute;xima, siendo as&iacute; que reconoce que se le humedecen los ojos cuando lee determinados libros o cuando ve determinadas pel&iacute;culas. &iquest;C&oacute;mo lo explica?</p>
<p>&mdash; Me cuesta mucho entenderlo. Con frecuencia he padecido la sensaci&oacute;n de duelo. Como todo el mundo. Pero cada vez que me comunican la muerte de alguien, me pongo tieso como un palo. Creo que es algo as&iacute; como una forma de defenderme. Hay algo en m&iacute; que se queda vac&iacute;o. Preferir&iacute;a llorar.&nbsp;</p>
<p>&mdash; &iquest;Se escribe porque no se llora?</p>
<p>&mdash; No... Porque si no se llora entran ataques de p&aacute;nico.</p>
<p>&mdash; &iquest;Por qu&eacute; escribe?</p>
<p>&mdash; &iquest;Conoce a ese escritor norteamericano especializado en deportes? Red Smith. Ha dicho: &laquo;Escribir es sencillo: hay que abrirse las venas y dejar correr la sangre&raquo;. Los artistas son personas a quienes no les basta el mundo. Personas heridas. Si no &iquest;por qu&eacute; &iacute;bamos a encerrarnos en una habitaci&oacute;n para escribir? Intentamos sacarles partido a nuestras heridas para devolverle algo a ese mundo que tan maltrechos nos ha dejado.</p>
<p>&mdash; &iquest;El tiempo cicatriza esas heridas?</p>
<p>&mdash; A veces, s&iacute;; y a veces, no.</p>
<p>&mdash; &iquest;Y la escritura cicatriza esas heridas?</p>
<p>&mdash; Pens&eacute; que s&iacute; mucho tiempo. Ahora s&eacute; que no es &eacute;se el caso. Escrib&iacute; mi primer libro, <em>La invenci&oacute;n de la soledad</em>, pensando que a lo mejor me pod&iacute;a curar. Mientras lo estaba escribiendo, notaba perfectamente que estaba ocurriendo algo doloroso. Pero cuando acab&eacute; el libro, todo estaba igual, no hab&iacute;a cambiado nada.</p>
<p>&mdash; &iquest;Sabr&iacute;a explicar que razones lo impulsaron a escribir?</p>
<p>&mdash; No. S&eacute; que empec&eacute; a leer libros muy en serio siendo muy peque&ntilde;o, y que empec&eacute; a escribir de muy peque&ntilde;o tambi&eacute;n. Ten&iacute;a 9 a&ntilde;os. Escrib&iacute;a poemas e historias espantosamente malas. tan est&uacute;pidas que dan apuro incluso hoy. Pero hab&iacute;a algo que valoraba en el hecho de escribir. Era la sensaci&oacute;n de la pluma en el papel. La sensaci&oacute;n de la escritura. Me hac&iacute;a sentirme m&aacute;s vinculado al mundo. Y en ese v&iacute;nculo con el mundo me sent&iacute;a mejor.&nbsp; A los 12 a&ntilde;os, escrib&iacute; lo que llam&eacute; &laquo;mi primera novela&raquo; Era probablemente un manojo de alrededor de treinta p&aacute;ginas.&nbsp; Se la ense&ntilde;&eacute; a mi profesor y le gust&oacute;; me propuso que le leyera a la clase un trocito cada d&iacute;a. Fue mi primera experiencia de escritor, de lectura. Pero &iexcl;si a los otros alumnos les gustaba eso que yo hab&iacute;a escrito era sobre todo porque, mientras les le&iacute;a yo mi obra, ellos pod&iacute;an estar sin hacer nada!</p>
<p>&mdash; &iquest;Qu&eacute; fue de esa &laquo;primera novela&raquo;?</p>
<p>&mdash; &iexcl;Se perdi&oacute;! Afortunadamente. Pero me acuerdo de que la escrib&iacute; con tinta verde. &nbsp;</p>
<p>&mdash; &iquest;C&oacute;mo escribe usted?</p>
<p>&mdash; De diferentes formas. Hay novelas que me han exigido diez a&ntilde;os de reflexi&oacute;n antes de poder escribir una frase. Otras salieron en pocos meses. Todos los proyectos son diferentes. No tengo un sistema. Cada vez que termino un libro me quedo vac&iacute;o y me parece que se acab&oacute;, que no volver&eacute; a escribir nunca m&aacute;s. Y luego, poco a poco, ocurre algo y quiero volver a escribir.&nbsp;</p>
<p>&mdash; &iquest;Qu&eacute; es ese &laquo;algo&raquo; que ocurre?</p>
<p>&mdash; La m&uacute;sica del libro. La oigo en la cabeza. Es una tonalidad. Y, en mi caso, es la tonalidad la que crea los personajes. Luego, los personajes crean las situaciones. El origen de un libro est&aacute; en esa m&uacute;sica de la lengua. En la actualidad, incluso con alrededor de veinte libro a la espalda, sigo con la misma sensaci&oacute;n de ser un principiante, un aficionado, cuando empiezo un libro nuevo. Como si en todos estos a&ntilde;os no hubiera aprendido nada. Seguramente porque el libro nuevo es muy diferente de los anteriores y que, como nunca hab&iacute;a escrito ese libro antes, tengo que instruirme seg&uacute;n lo voy componiendo. La escritura, en mi caso, est&aacute; muy relacionada con la m&uacute;sica. Y con el hecho de andar. Con el ritmo del cuerpo, por lo tanto. Por lo dem&aacute;s, la m&uacute;sica es eso: el ritmo del cuerpo. Cuando ando doy con ritmos que me ayudan a hacer frases y p&aacute;rrafos. Primero siento esa melod&iacute;a, o esa cadencia, ll&aacute;melo como quiera, en el cuerpo. Luego se convierte en palabras en cuanto tengo una pluma en la mano. Suelo citar con frecuencia esta frase espl&eacute;ndida de Ossip Mandelsta: &laquo;Me pregunto cu&aacute;ntos pares de sandalias gast&oacute; Dante escribiendo <em>La divina comedia</em>&raquo;. Mandelstam sinti&oacute; ese ritmo del caminar en la escritura y la poes&iacute;a de Dante. Por lo dem&aacute;s, al hablar de versificaci&oacute;n se habla en pies, &iquest;o no?</p>
<p>&mdash; &iquest;Y usted cu&aacute;ntos pares de zapatos ha gastado desde que empez&oacute; a escribir?</p>
<p>&mdash; &iexcl;Miles!&nbsp;</p>
<p>&mdash; &iquest;Tiene una musa?</p>
<p>&mdash; &iquest;Una musa? A lo mejor&hellip; Si tengo una musa, ser&aacute; Siri, mi mujer. Siri es el centro de mi vida. Me salv&oacute; la vida.</p>
<p>&mdash; &iquest;Le salv&oacute; la vida? &iquest;No es un poco exagerado?</p>
<p>&mdash; S&iacute;, me salv&oacute; la vida. Cuando la conoc&iacute;. Seguro. Siri me cambi&oacute; la forma de ver el mundo. Yo estaba solo, divorciado, triste, sin ninguna esperanza importante. Sin aquel encuentro, por casualidad, en Nueva York, sin ella, estos &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os habr&iacute;an sido completamente diferentes. Yo era un necio con las mujeres, no sab&iacute;a lo que hac&iacute;a, no dejaba de tomar decisiones est&uacute;pidas. Ahora Siri es mi primera lectora.</p>
<p>&mdash; &iquest;Cree en la inspiraci&oacute;n?</p>
<p>&mdash; No, creo en el inconsciente. Eso es lo que me sirve de gu&iacute;a. Pero para hallar algo dentro de uno, en el inconsciente, hay que tener determinado estado de &aacute;nimo: muy abierto y sin prejuicios. Entonces dejamos que las cosas broten. Cuando escribimos, hay que dejar que las cosas ocurran y no censurarse nunca: no hay que censurarse, no tenemos derecho a censurarnos. Adem&aacute;s hay que saber parar. Quiero decir que, cuando estoy escribiendo un libro y he terminado la jornada de escritura, hago todo lo posible para no volver a pensar en &eacute;l el resto del d&iacute;a. Si trabajas mucho, empiezas a quedarte seco.&nbsp; As&iacute; que me voy a casa &mdash;nunca trabajo en casa, sino en un estudio, a pocos minutos andando&mdash;, salgo, cierro la puerta y intento olvidarme de todo lo que he escrito. Vuelvo a la vida de verdad.&nbsp; &iquest;Qu&eacute; vamos a preparar Siri y yo para cenar? &iquest;Vamos a ver una pel&iacute;cula, o vamos a salir, o vamos a ir a ver a unos amigos, o a ir un rato de compras, o cualquier otra cosa? Muchas veces me voy del estudio, del sitio en que me paso el d&iacute;a escribiendo, con un problema que no he conseguido resolver. Me vuelvo a casa, vivo, me voy a dormir, me despierto por la ma&ntilde;ana, voy a pie el estudio, y cuando llego, ya s&eacute; c&oacute;mo resolver el problema de la v&iacute;spera. Ha ocurrido durante el sue&ntilde;o. Vale m&aacute;s dejar que vengan las cosas y no forzarlas. En eso es en lo que creo para escribir. Cuando estoy escribiendo un libro, no puedo decirle en qu&eacute; estado f&iacute;sico me encuentro: es como si el cuerpo entero fuera una llaga sin cicatrizar... Est&aacute; uno tan abierto a todo cuanto sucede por la calle, en el cielo, en todo cuanto tienes alrededor que metes todo eso en el libro que est&aacute; en marcha. Un libro es tambi&eacute;n algo as&iacute; como una improvisaci&oacute;n. Muy curioso, &iquest;verdad?</p>
<p>&mdash; &iquest;Qu&eacute; ha cambiado con el tiempo y la experiencia?</p>
<p>&mdash; S&oacute;lo ha cambiado una cosa. Cuando est&aacute;s escribiendo un libro te quedas bloqueado de vez en cuando. No sabes cu&aacute;l va a ser la siguiente frase. No encaja bien. No sabes qu&eacute; idea va a llegar. No sabes d&oacute;nde vas&hellip; A veces, estoy perdido. Entonces, lo dejo. Un d&iacute;a. Una semana. Un mes si es necesario. Para hacerme a la idea de en qu&eacute; va a consistir la siguiente etapa. &iexcl;Y funciona! Sirve para que desaparezca todo el bloqueo. Eso es algo nuevo. Antes, cuando era un escritor joven y llegaba a un momento de &eacute;sos, me dec&iacute;a: &laquo;&iexcl;Estoy acabado! No va a salir bien&hellip; Nunca conseguir&eacute; acabar este libro&hellip;&raquo;. Y me quedaba bloqueado. Ahora, ya entrado en a&ntilde;os, me digo: si este libro debe escribirse, si debe escribirse de verdad, entonces encontrar&eacute; la forma de resolver el problema. Y, a la espera de que eso suceda, me paro... &nbsp;</p>
<p>&mdash; &iquest;As&iacute; que usted no tiene manuscritos abandonados?</p>
<p>&mdash; Pues&hellip; s&iacute;. S&iacute; tengo proyectos abandonados. En dos o tres ocasiones he empezado novelas y no estaba muy satisfecho que digamos de lo que llevaba escrito. Alrededor de cien p&aacute;ginas a veces. Pero sab&iacute;a que desde el principio hab&iacute;a ido mal encarrilado y que no hab&iacute;a esperanza alguna de sacar aquello adelante.</p>
<p>&mdash; &iquest;Hubo algunas novelas m&aacute;s dif&iacute;ciles de escribir y que dejaron huellas o cicatrices m&aacute;s penosas que otras?</p>
<p>&mdash; &Eacute;sa es una buena pregunta. Cuando era joven, es decir entre los 19 y los 22 a&ntilde;os, intent&eacute; escribir dos o tres novelas y no ten&iacute;a capacidad, por entonces, de escribir esas cosas tan ambiciosas que quer&iacute;a hacer. Creo que tengo alrededor de mil p&aacute;ginas de prosa de novelas sin acabar. Y esas novelas inconclusas son el origen de otras novelas que escrib&iacute; quince a&ntilde;os despu&eacute;s: <em>El palacio de la luna<a title="" href="#_ftn5"><strong>[5]</strong></a></em>, <em>El pa&iacute;s de las &uacute;ltimas cosas<a title="" href="#_ftn6"><strong>[6]</strong></a></em> y <em>Ciudad de cristal<a title="" href="#_ftn7"><strong>[7]</strong></a></em>. Esos tres libros los conceb&iacute; de joven y no era capaz de escribirlos. Pero creo que ese tiempo de frustraci&oacute;n no fue tiempo perdido. Era un aprendizaje que llev&eacute; a cabo en silencio y nadie vio c&oacute;mo lo hac&iacute;a.</p>
<p>&mdash; &iquest;Qu&eacute; lugar ocupa el cine en su vida?</p>
<p>&mdash; Siempre sent&iacute; adoraci&oacute;n por el cine. Cuando ten&iacute;a 20 a&ntilde;os y vine a Francia a estudiar cre&iacute;a que quer&iacute;a ser director de cine. Ya escrib&iacute;a poemas, estaba intentando escribir novelas y, de pronto, me entraron ganas de hacer cine, Quer&iacute;a matricularme en el Idhec, pero rellenar los impresos era tan complicado que desist&iacute; enseguida&hellip; Por entonces era muy t&iacute;mido. Me costaba much&iacute;simo hablar delante de otros. Si hab&iacute;a m&aacute;s de dos personas en un recinto me quedaba mudo. As&iacute; que me dije que el cine no era lo m&iacute;o. &iquest;C&oacute;mo habr&iacute;a podido dirigir en un plat&oacute;? Pero el inter&eacute;s que sent&iacute;a por el cine no fue a menos. Cuando empec&eacute; a publicar novelas fue cuando empezaron a acerc&aacute;rseme los cineastas para pedirme que colaborase en este o aquel gui&oacute;n. Conoc&iacute; a Wayne Wang en 1991 e hicimos <em>Smoke</em> en 1994. Entonces descubr&iacute; que hacer una pel&iacute;cula era un placer inmenso. Pero tambi&eacute;n un trabajo inmenso. Y en equipo. A un escritor, que es esencialmente solitario, le resulta muy dif&iacute;cil. Tambi&eacute;n es una alegr&iacute;a tremenda.</p>
<p>&mdash; &iquest;Qu&eacute; soporte le permite expresar mejor lo que lleva dentro?</p>
<p>&mdash; La escritura, por supuesto. Soy un escritor a quien le gustan todas las formas de contar una historia, y el cine es una de esas forma. Las mejores pel&iacute;culas son tan buenas y tan importantes como los grandes libros.</p>
<p>&mdash; &iquest;A qu&eacute; llama las mejores pel&iacute;culas?</p>
<p><em>&mdash; </em>A <em>Cuentos de Tokyo</em> de Ozu o a <em>La gran ilusi&oacute;n</em> de Renoir, pel&iacute;culas que rebosan humanismo, que tienen cierto parecido con los grandes novelistas de finales del siglo XIX o de principios del siglo XX.&nbsp; Podemos comparar a Satyajit Ray, en la trilog&iacute;a de <em>Apu</em>, con Tolstoi. <em>El mundo de Apu</em> es posiblemente mi pel&iacute;cula preferida.&nbsp; Hay que verla tres, cuatro o cinco veces antes de entender del todo qu&eacute; ha hecho el cineasta. Pero si se la ve como hay que verla puede aportar toda la complejidad y toda la satisfacci&oacute;n de una gran novela. La mayor&iacute;a de las pel&iacute;culas son de entretenimiento, pero tambi&eacute;n lo son la mayor&iacute;a de los libros&hellip; En los niveles m&aacute;s altos, hay que reconocer que el cine y la literatura son casi lo mismo...</p>
<p><em>&mdash; Smoke</em>&nbsp;fue ya una obra con connotaciones autobiogr&aacute;ficas, &iquest;verdad?</p>
<p>&mdash; Aparec&iacute;a un escritor que se llamaba Paul Benjamin, el pseud&oacute;nimo con que publiqu&eacute; mi primer libro, una novela policiaca que escrib&iacute; para ganar dinero a finales de la d&eacute;cada de 1970. Pero Benjamin es tambi&eacute;n uno de mis nombres. Me llamo Paul Benjamin Auster. La pel&iacute;cula fue un encargo: el <em>New York Times</em> me pidi&oacute; un cuento para las Navidades y Wayne Wang propuso hacer una pel&iacute;cula con &eacute;l.</p>
<p>&mdash; &iquest;Cu&aacute;l es para usted el papel del escritor?</p>
<p>&mdash; En cualquier caso, no es andar teorizando. Nunca. Un novelista no es un fil&oacute;sofo. Aunque eso no le impide la reflexi&oacute;n, claro. He le&iacute;do mucha filosof&iacute;a, pero no quiero escribir libros de filosof&iacute;a. S&oacute;lo quiero intentar mostrar, hacer notar en qu&eacute; consiste el hecho de estar vivo. &Eacute;sa es mi misi&oacute;n de escritor. Y nada m&aacute;s. La vida es maravillosa y espantosa a la vez y la tarea que me corresponde es capturar esos momentos.</p>
<p>&mdash; &iquest;La biograf&iacute;a de un escritor nos proporciona aclaraciones sobre su obra?</p>
<p>&mdash; No hay reglas en ese asunto. Todo depende del escritor. Y todo depende de la forma en que se enfoque esa biograf&iacute;a.</p>
<p><em>&mdash; </em>&iquest;Y en su caso, ya que se encarga usted, en libros tan diferentes como<em> La invenci&oacute;n de la soledad, A salto de mat</em>a o <em>Diario de invierno,</em> de contar episodios de su vida?</p>
<p>&mdash; En mi caso, creo, efectivamente, que algunos episodios de mi biograf&iacute;a pueden aclarar algunos puntos de mis libros. Incluso aunque mis novelas no tomen nunca nada prestado de la realidad: son ficci&oacute;n, pura ficci&oacute;n. Algunos novelistas son cronistas de su vida. y su ficci&oacute;n no es sino una ficci&oacute;n muy leve. En esos casos, no cabe duda de que es importante estar al tanto de la historia de su vida y comparar, entender, investigando o merced a la biograf&iacute;a de una tercera persona. Yo tomo algunas cosas de mi vida, como es l&oacute;gico, igual que todos los escritores, pero no de forma esencial.</p>
<p>&mdash; &iquest;Es aficionado a las biograf&iacute;a de escritores?</p>
<p>&mdash; S&iacute;, me encanta leer esa clase de libros. Y observo que la primera parte del libro es siempre m&aacute;s interesante que la segunda. La infancia. La juventud. Antes de que el escritor o el poeta se conviertan en s&iacute; mismos. Eso es lo que m&aacute;s me interesa. Luego, cuando ese hombre o esa mujer ya son escritores, s&oacute;lo se habla de publicaciones, de cr&iacute;ticas, de viajes, de medallas: no tiene gran importancia. Pero enterarse de las cosas menudas de la juventud, eso&hellip; La biograf&iacute;a de Samuel Beckett que escribi&oacute; James Knowlson, por ejemplo, me ayud&oacute; a valorar a Beckett, su forma de ser, su familia.</p>
<p>&mdash; &iquest;Qui&eacute;nes son para usted los maestros de la autobiograf&iacute;a?</p>
<p>&mdash; El escritor en quien estaba pensando mientras escrib&iacute;a <em>Diario de invierno,</em> el que me acompa&ntilde;a, de toda la vida, cuando escribo acerca de mi vida es Montaigne. Montaigne invent&oacute; otra forma de pensar. Es la primera vez en que alguien, tom&aacute;ndose a s&iacute; mismo como asunto, brinda una forma atractiva y profunda de entender al hombre. &iexcl;Y qu&eacute; estilo! &iexcl;Que energ&iacute;a en la prosa! Leo a Montaigne una y otra vez. Pero, &iexcl;ojo!, que no es autobiogr&aacute;fico. No se le olvide que son <em>Ensayos</em>, una forma que invent&oacute; &eacute;l, por lo dem&aacute;s. Tambi&eacute;n me parece muy interesante Rousseau. En un registro diferente. Descubr&iacute; las <em>Confesiones</em> de Rousseau a los 22 a&ntilde;os. Lo que m&aacute;s me impresion&oacute; es que sabemos que est&aacute; mintiendo. Pero confiesa cosas tan feas que nos escandaliza: c&oacute;mo abandon&oacute; a sus hijos, por ejemplo&hellip; La parte en que Rousseau, en un bosque, le tira una piedra a un &aacute;rbol diciendo, como un ni&ntilde;o, &laquo;si le doy es que mi vida entera va a ser maravillosa&raquo;, esa parte es excepcional. &iquest;Sabe la historia? Rousseau tira la piedra y no le da al &aacute;rbol. Se acerca, vuelve a tirar una piedra y falla otra vez. Da un paso m&aacute;s, tira otra vez la piedra y tampoco atina. Hasta que est&aacute; pegado al &aacute;rbol, lo tiene al alcance de la mano; y entonces tira la piedra y, claro, le da al &aacute;rbol; y Rousseau exclama: &laquo;&iexcl;Ahora tendr&eacute; una vida perfecta!&raquo; En mi novela <em>La m&uacute;sica del azar</em><a title="" href="#_ftn8">[8]</a>, uno de los personajes, Nash, lee&nbsp;<em>Las confesiones</em>. &nbsp;</p>
<p>&mdash; Y en <em>El libro de las ilusiones<a title="" href="#_ftn9"><strong>[9]</strong></a></em>, a otro personaje, David Zimmer, lo obsesiona Chateaubriand... Tras Montaigne y Rousseau, es otra forma de contar la propia vida.</p>
<p>&mdash; &iexcl;Ah, las <em>Memorias de ultratumba</em>! Chateaubriand es una maravilla. De entrada, escribe bien. Para m&iacute; fue un descubrimiento. Tard&iacute;o. Le&iacute; por primera vez a Chateaubriand a los 45 a&ntilde;os y fue una revelaci&oacute;n. Y, adem&aacute;s, cuenta algo as&iacute; como una historia doble: mezcla el presente y el pasado de forma muy interesante. Pero, de todos ellos, el que m&aacute;s me llega hasta dentro sigue siendo Montaigne. &nbsp;</p>
<p>&mdash; &iquest;Qu&eacute; relaci&oacute;n mantiene con la verdad?</p>
<p>&mdash; Absoluta. Rousseau, al contar su vida, miente. Yo no. Sino todo lo contrario. Hay que ce&ntilde;irse cuanto sea posible a los recuerdos. Y decir claramente de qu&eacute; nos hemos olvidado. Las cosas que ya no recordamos.&nbsp;</p>
<p>&mdash; Es cuanto alguien escribe acerca de uno mismo y de los suyos aparece el tema de la traici&oacute;n. Hablaba usted antes de esa prima con la que ri&ntilde;&oacute;, despu&eacute;s de que se publicase <em>La invenci&oacute;n de la soledad,</em> porque hablaba de su padre, de los secretos familiares&hellip; &iquest;Hasta d&oacute;nde le parece l&iacute;cito llegar?</p>
<p>&mdash; &Eacute;sa es una pregunta muy dif&iacute;cil. En <em>Diario de invierno</em> hay nombres que no menciono. No doy el nombre de la mayor&iacute;a de las personas que aparecen en este libro. Ni siquiera menciono a esa prima, que hoy en d&iacute;a ya ha muerto. Record&eacute;, en <em>La invenci&oacute;n de la soledad</em> ese asesinato de 1919, cuando mi abuela mato a mi abuelo de un disparo de rev&oacute;lver. Era un secreto familiar. Nadie hablaba de &eacute;l. Pero exist&iacute;a un archivo p&uacute;blico de ese suceso. &iexcl;Sali&oacute; en todos los peri&oacute;dicos de la &eacute;poca! Mi familia no quer&iacute;a hablar de eso, desde luego, pero era algo que exist&iacute;a, sucedi&oacute; igual que lo cont&eacute;, no me invent&eacute; nada. &iquest;Es una traici&oacute;n? Escrib&iacute; en 1979, cuando ya hab&iacute;an pasado sesenta a&ntilde;os del hecho. Cre&iacute;a que, despu&eacute;s de tantos a&ntilde;os, ya ten&iacute;a derecho a hablar de ello. Que era un per&iacute;odo suficiente para &nbsp;&nbsp;&nbsp; que no fuera ya un insulto para nadie.</p>
<p>&mdash; &iquest;Siente nostalgia?</p>
<p>&mdash; &iquest;De qu&eacute;? &iquest;De la infancia? No, no mucho. Lo pasado ya est&aacute; perdido. Pero cuantos m&aacute;s a&ntilde;os cumplo m&aacute;s me acuerdo de mi juventud. Me fascinas las primeras veces. La primera vez que supe montar solo en bicicleta, la primera vez que supe atarme solo los cordones de los zapatos... Son las marcas de la independencia, de la fundaci&oacute;n de uno mismo, de la construcci&oacute;n de uno mismo. Acabo de concluir mi siguiente libro, que se va a llamar <em>Report from the Interior</em>: es algo as&iacute; como un compa&ntilde;ero de este libro de ahora, la historia no de mi cuerpo sino de la formaci&oacute;n de mis ideas, de la aventura an&iacute;mica e intelectual que corr&iacute; siendo m&aacute;s joven.&nbsp; Cuento en &eacute;l que, en toda mi vida, a los seis a&ntilde;os fue cuando m&aacute;s sent&iacute; m&aacute;s dichoso, porque a esa edad descubr&iacute; que pod&iacute;a vestirme solo, atarme los zapatos solo y que, por lo tanto, era independiente. Antes de aquello lo &uacute;nico que hac&iacute;a era existir. Despu&eacute;s, sab&iacute;a que exist&iacute;a. &iexcl;Y la diferencia es tremenda!&nbsp;</p>
<p>&mdash; &iquest;Qu&eacute; relaci&oacute;n tiene con su propia muerte?</p>
<p>&mdash; &iexcl;Pues que espero que ocurra lo m&aacute;s lejos posible del d&iacute;a de hoy! Es todo lo que s&eacute;&hellip;</p>
<p>&mdash; Y eso es lo que le deseo. &iquest;Qu&eacute; le dice esa frase de Joseph Joubert que cita en <em>Diario de invierno</em>: &laquo;Hay que morir amable (si se puede)&raquo;?</p>
<p>&mdash; &iexcl;Es una frase extraordinaria! Todo reside en ese &laquo;si se puede&raquo;, claro.&nbsp; Joubert es para m&iacute; una referencia permanente, lo vuelvo a leer continuamente. Es un escritor completamente desconocido, incluso en Francia, me parece. Traduje algo de &eacute;l cuando era joven. Un escritor que nunca escribi&oacute; un libro. Incre&iacute;ble, &iquest;no? Pero dice unas cosas tan l&uacute;cidas&hellip; Me gusta mucho tambi&eacute;n esto otro, que le traduzco de memoria: &laquo;Las personas que nunca se rinden se quieren m&aacute;s de lo que quieren a la verdad&raquo;. &iquest;A que es profundo?</p>
<p>&mdash; &iquest;Usted cu&aacute;ntas veces se ha rendido?</p>
<p>&mdash; Muchas. Hay que cambiar de opini&oacute;n. Es peligroso ser de pensamiento r&iacute;gido. Pero tambi&eacute;n es peligroso ser demasiado flexible. Admiro a quienes tienen el valor de cambiar de opini&oacute;n de vez en cuando acerca de las cosas y de las persona. Es una aut&eacute;ntica fuerza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">(Traducci&oacute;n de Mar&iacute;a Teresa Gallego Urrutia)</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p>Esta entrevista fue publicada originalmente en el n&uacute;mero de marzo de 2013 de la revista francesa <em>Lire</em>. Es un extracto de la versi&oacute;n integral que su autor, Fran&ccedil;ois Busnel realiz&oacute; para su programa de radio &ldquo;Le Grand Entretien&rdquo;, de France Inter. <em>Turia</em> agradece a Fran&ccedil;ois Busnel su autorizaci&oacute;n a reproducirla en espa&ntilde;ol.</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp; La traducci&oacute;n de esta obra al castellano es de Benito G&oacute;mez Ib&aacute;&ntilde;ez. Anagrama, Barcelona, 2012.</p>
</div>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Traducci&oacute;n al castellano de, Mar&iacute;a Eugenia Ciocchini Su&aacute;rez. Anagrama, Barcelona, 2011.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Traducci&oacute;n al castellano de Justo Navarro. Anagrama, Barcelona, 2007.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Traducci&oacute;n al castellano de Benito G&oacute;mez Ib&aacute;&ntilde;ez. Anagrama, Barcelona, 1998.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Traducci&oacute;n al castellano de Maribel de Juan. Anagrama, Barcelona, 1996.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Traducci&oacute;n al castellano de Mar&iacute;a Eugenia&nbsp; Ciocchini Su&aacute;rez. Anagrama, Barcelona, 1999.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Traducci&oacute;n al castellano de Maribel de Juan. Anagrama, Barcelona, 1997.</p>
</div>
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<p><a title="" href="#_ftnref8">[8]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Traducci&oacute;n al castellano de Maribel de Juan. Anagrama, Barcelona, 1997.</p>
</div>
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<p><a title="" href="#_ftnref9">[9]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Traducci&oacute;n al castellano de Benito G&oacute;mez Ib&aacute;&ntilde;ez. Anagrama, Barcelona, 2003.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 24 Mar 2014 11:31:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fernando Savater: “A mí el pesimismo siempre me ha resultado vigorizante”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/fernando-savater-a-mi-el-pesimismo-siempre-me-ha-resultado-vigorizante/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/FERNANDO_SAVATER.jpg" alt="" /></p>
<p>En una de sus obras m&aacute;s deliciosas, <em>La infancia recuperada</em>, Fernando Savater (San Sebasti&aacute;n, 1947) confiesa que sigue &ldquo;invariablemente fiel al mundo narrativo&rdquo; de su ni&ntilde;ez, a esas historias que &ldquo;fundaron los objetos primarios&rdquo; de su subjetividad. No cabe la menor duda de ello cuando se visita su casa en Madrid, un aut&eacute;ntico museo, como &eacute;l mismo dice con sonrisa, en el que adquieren protagonismo personajes legendarios del c&oacute;mic, de la ciencia-ficci&oacute;n, de los relatos de fantasmas y de aventuras que siempre le han acompa&ntilde;ado, que no han dejado de ser sus h&eacute;roes. Una enorme y terror&iacute;fica careta da la bienvenida al visitante que, poco a poco, va reconociendo las figuras de Shrek, Tint&iacute;n, Mil&uacute;, la Sirenita, toda la familia Simpson, el inolvidable Spock y otros protagonistas de la saga original de Star Trek, a las &oacute;rdenes del capit&aacute;n Kirk. Est&aacute;n colocadas en el suelo, en las estanter&iacute;as, delante de libros de cuyas p&aacute;ginas tal vez algunos de ellos han conseguido escapar. Todos saben del af&aacute;n coleccionista del pensador, de su deseo de no desprenderse de sus referencias, de sus se&ntilde;as de identidad.</p>
<p><br /> &ldquo;Esta casa es como un museo y la que tenemos en San Sebasti&aacute;n m&aacute;s todav&iacute;a. Ahora que estoy jubilado he llegado a plantearme abrir sus puertas y vivir de cobrar entradas&rdquo;, se&ntilde;ala riendo Savater, mientras toma asiento en la esquina de un sof&aacute; decorado con cojines de llamativos estampados. En un ambiente tan barroco, parece hundirse, empeque&ntilde;ecerse, como un diminuto actor en medio de la grandilocuencia del escenario, y por un momento quien esto escribe tiene la impresi&oacute;n de charlar con el ni&ntilde;o, ese ni&ntilde;o que dice seguir llevando a cuestas y no con el hombre pol&eacute;mico, controvertido, dispuesto siempre al combate dial&eacute;ctico, a decir sus verdades pese a quien le pese. Pero se trata de un espejismo, un espejismo fugaz que dura el tiempo que tardan todas las figuras inanimadas que llenan la estancia en hacerse familiares, en perderse en el t&uacute;nel del tiempo. Los derroteros de la conversaci&oacute;n conducen irremediablemente al presente, al presente de quien reconoce estar un poco cansado de su imagen p&uacute;blica, de esa irremediable necesidad de discutir, de discutirlo todo, siempre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Empezamos hablando de <em>El traspi&eacute;</em> (Anagrama), una breve y estimulante comedia filos&oacute;fica que naci&oacute; para ser representada en TVE hace ya 20 a&ntilde;os y que ahora se ha decidido a reescribir por completo. La que es su &uacute;ltima entrega hasta el momento gira en torno a Schopenhauer y, curiosamente, hablando de Schopenhauer, a trav&eacute;s de las afinidades y distancias con el pensador, se toca irremediablemente a un Savater retirado ya de la ense&ntilde;anza, que ha dejado atr&aacute;s los apuntes, el bullicio de los j&oacute;venes en las aulas. Ahora, seg&uacute;n dice, es tiempo de leer, de disfrutar de las carreras de caballos que tanto le han gustado siempre, de charlar con la gente, de tomarse la escritura con m&aacute;s calma. &ldquo;No me aburro, la verdad, pero ya me voy a ir quitando de tanta agitaci&oacute;n&rdquo;, asegura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Schopenhauer fue uno de los primeros fil&oacute;sofos que ley&oacute; Fernando Savater y uno de los &uacute;ltimos que dejar&aacute; de releer, seg&uacute;n confiesa en <em>El traspi&eacute;</em>. &iquest;C&oacute;mo fue esa primera lectura, en qu&eacute; circunstancias, a qu&eacute; edad...?</p>
<p>- Pues resulta que mi madre hab&iacute;a estudiado filosof&iacute;a antes de la guerra con don Eduardo Ovejero, un profesor importante de la &eacute;poca, que, adem&aacute;s, era traductor de Schopenhauer. Cuando yo ten&iacute;a poco m&aacute;s de 15 a&ntilde;os ella encontr&oacute; la edici&oacute;n antigua de Aguilar, con los tres vol&uacute;menes de <em>El mundo como voluntad y representaci&oacute;n</em>, traducidos por Ovejero. Los compr&oacute; y me los regal&oacute;. Yo entonces ya era un monstruito que le&iacute;a muchas cosas (risas) y Schopenhauer ten&iacute;a frente a otros autores la ventaja de ser muy claro y muy f&aacute;cilmente entendible. Puede que precisamente por eso no tenga &eacute;xito en los ambientes docentes. Los profesores de filosof&iacute;a vivimos de los autores dif&iacute;ciles, de esos que la gente no entiende y necesitan ser descifrados, pero como a Schopenhauer se le lee y se le entiende mejor que al profesor que quiere explicarlo, se le suele tener cierta tirria o se le deja un poco de lado. Yo no le&iacute; al completo esos tres vol&uacute;menes que me regal&oacute; mi madre, pero s&iacute; las partes que me parecieron m&aacute;s sustantivas, m&aacute;s interesantes. Con el tiempo llegu&eacute; a Nietzsche porque precisamente era un autor que hablaba de Schopenhauer, al que dedic&oacute; un apartado de sus <em>Consideraciones intempestivas</em>.</p>
<p><br /> - &iquest;Qu&eacute; descubri&oacute; el joven Savater en esa lectura temprana, qu&eacute; fue lo que le aport&oacute;?</p>
<p>- Principalmente esa idea de la voluntad como fondo de un mundo que no est&aacute; gobernado por el bien. La visi&oacute;n de Schopenhauer es la m&aacute;s contraria a las visiones religiosas que existen, porque toda visi&oacute;n religiosa, de un tipo o de otro, parte del hecho de de que nosotros, los seres humanos, somos los malos, los pecadores, y en cambio la naturaleza, el cosmos o la idea suprema, ll&aacute;mese Dios o lo que sea, representa lo bueno. Si algo le irritaba del cristianismo era esa parte consoladora de que el mundo era una especie de creaci&oacute;n de un Dios bueno, pero en cambio s&iacute; estaba de acuerdo con la tesis de que hab&iacute;a que renunciar al mundo, &eacute;sa le parec&iacute;a adecuada porque a &eacute;l el mundo no le gustaba, a diferencia de Nietzsche. Todo eso a m&iacute; me interes&oacute; mucho en su d&iacute;a. Encontr&eacute; un aut&eacute;ntico est&iacute;mulo intelectual en la idea de la existencia de un Dios malo, tan opuesta a los principios cristianos.</p>
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<p><strong>&ldquo;El que le pone condiciones a la vida es que no la ama realmente&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Y qu&eacute; hay del pesimismo, del famoso pesimismo de Schopenhauer?</p>
<p>- Bueno, a m&iacute; el pesimismo siempre me ha parecido algo t&oacute;nico, vigorizante. Lo que de verdad me deprime es toda esa gente que siempre busca razones para querer amar la vida. Me parece una actitud similar a la de quienes cuando van a comer un plato determinado tienen que encontrarlo a la temperatura deseada y est&aacute;n pendientes todo el rato de la motita que se le ha ca&iacute;do encima o de cualquier otro peque&ntilde;o detalle. Eso le pasa a la gente que no tiene apetito. Los que tenemos apetito no nos fijamos en las estupideces de esos cocineros empingorotados. Lo que nos gusta es comer y precisamente por eso no estamos siempre fij&aacute;ndonos en el tipo de salsa que se ha puesto o en otros aspectos similares. En la vida sucede lo mismo. A m&iacute;, como soy muy vitalista, me deprimen las personas que est&aacute;n buscando siempre justificaciones para que el mundo est&eacute; bien. Hay que amar al mundo tal como es, con sus dolores, con sus frustraciones. El que le pone condiciones a la vida es que no la ama realmente.</p>
<p><br /> - &iquest;Sigue estando vigente Schopenhauer? Como se pone de manifiesto en <em>El traspi&eacute;</em>, &eacute;l mismo dec&iacute;a que en la posteridad aguantar&iacute;a 27.000 a&ntilde;os.</p>
<p>- Lo dec&iacute;a y la verdad es que actualmente es uno de los autores que m&aacute;s se sigue leyendo, partiendo por supuesto del hecho de que los fil&oacute;sofos son siempre unas lecturas minoritarias, para nada masivas. &Eacute;l es de los que siempre est&aacute;n presentes, no su obra entera, pero s&iacute; selecciones de la misma. Yo hablo en mi libro de la que hizo en su d&iacute;a el novelista Vicente Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez en la editorial Prometeo, que dirig&iacute;a en Valencia, bajo el t&iacute;tulo &ldquo;El amor, las mujeres y la muerte&rdquo;. Era un primer compendio de textos del libro <em>Parerga y paralip&oacute;mena</em>, que se hizo muy popular y que todav&iacute;a se sigue reeditando. Adem&aacute;s, hay que tener en cuenta que Schopenhauer ha sido mucho m&aacute;s le&iacute;do por los artistas que por los propios fil&oacute;sofos. Los que empiezan la carrera de filosof&iacute;a comprueban que se le menciona poco, que se alude a &eacute;l como una especie de pensador original, extravagante, pero en cambio la mayor parte de los creadores, sobre todo de la &uacute;ltima mitad del siglo XIX y principios del XX, lo consideraban el fil&oacute;sofo por excelencia. Esa era la opini&oacute;n de Proust, de Borges, de P&iacute;o Baroja... En sus textos encontraban esa visi&oacute;n del mundo como una apariencia que podemos reinterpretar desde nuestra voluntad, como una especie de combate permanente entre el deseo y las realizaciones. Todo eso, que luego a trav&eacute;s de Freud se ha convertido casi en un t&oacute;pico, est&aacute; en el fondo en Schopenhauer. Y adem&aacute;s de de sus ideas esenciales, Schopenhauer tiene an&aacute;lisis muy profundos sobre asuntos como la risa o la homosexualidad -&eacute;l fue de los primeros fil&oacute;sofos que habl&oacute; de la homosexualidad-. Hay muchos temas que son como corolarios de su obra y que est&aacute;n descritos con esa fuerza expresiva que ten&iacute;a y que le hace tan interesante.</p>
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<p><strong>&ldquo;En todas las &eacute;pocas se ha tenido la sensaci&oacute;n de que tan malo como entonces nunca ha sido el mundo&rdquo;</strong></p>
<p>- A trav&eacute;s de su libro, las ideas, las observaciones de Schopenhauer resultan muy cercanas al presente. Escrib&iacute;a del reinado de la estupidez, refiri&eacute;ndose a su &eacute;poca, y expresaba sus dudas sobre el buen discernimiento de las generaciones futuras. &ldquo;Los hombres de ma&ntilde;ana ser&aacute;n igualmente abyectos, traicioneros, lo doy por seguro&rdquo;, dec&iacute;a. Denominaba a los pol&iacute;ticos &ldquo;males gen&eacute;ricos de la naturaleza humana&rdquo; y criticaba su arrogancia, su rapacidad y corrupci&oacute;n.</p>
<p>- Es que si nos asomamos a la Historia nos damos cuenta de que siempre se ha cre&iacute;do eso y se han formulado cr&iacute;ticas semejantes. En todas las &eacute;pocas se ha tenido la sensaci&oacute;n de que tan malo como entonces nunca ha sido el mundo. No existe una etapa en la que se haya pensado que todo el mundo era inteligente, bueno y honrado. Jam&aacute;s se ha dado eso. Las quejas se han repetido una y otra vez. Borges tiene un cuento, que viene al caso, donde habla de un antepasado suyo y dice: &ldquo;le tocaron, como a todos los hombres, malos tiempos en que vivir&rdquo;. Ante la frecuente &nbsp;impresi&oacute;n de haber tenido en nuestra vida la mala suerte de conocer a mucho sinverg&uuml;enza, a mucho idiota, s&oacute;lo tenemos que mirar al pasado, al siglo XVI, por ejemplo, para comprobar que ese tipo de gente existi&oacute; en la misma medida, que entonces tampoco toda la gente era estupenda. Y en cuanto a los pol&iacute;ticos y la corrupci&oacute;n, que tanto nos escandaliza ahora, tenemos que saber que desde siempre, desde los griegos, ha habido corrupci&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; sucede, que los que est&aacute;n representados en las estatuas eran todos buenos y a nosotros nos han tocado los malos? Pues no, los gobernantes de las estatuas no eran tan diferentes, aunque, por supuesto, no basta con tener esto claro. Hay que conocer las variantes, las circunstancias concretas de cada &eacute;poca, porque el siglo XIX no es el XX ni el XXI. No lo es ni en lo que respecta a la poblaci&oacute;n, ni a la econom&iacute;a, ni a la tecnolog&iacute;a... Schopenhauer resulta cercano, claro. Los fil&oacute;sofos no piensan exclusivamente en el presente, piensan en los seres humanos. Cada pensador es hijo de su tiempo, est&aacute; al tanto de las circunstancias hist&oacute;ricas, de los avances cient&iacute;ficos del momento que les toca vivir, pero en &uacute;ltima instancia sobre lo que reflexiona es sobre el ser humano dentro de esas circunstancias. Y los seres humanos son muy parecidos en todas las &eacute;pocas. Pueden llevar una toga como los romanos o un iPad como sucede en la actualidad, pero en el fondo se parecen mucho, y eso es lo que busca, lo que le toca al fil&oacute;sofo.</p>
<p><br /> - Otra de las ideas de Schopenhauer es la de que la vida es hermosa para ser contemplada, pero no para ser vivida. En eso no coincide para nada con su visi&oacute;n vitalista.</p>
<p>- No, en absoluto. Yo en eso soy m&aacute;s de Nietzsche que de Schopenhauer. La belleza para &eacute;l es la contemplaci&oacute;n de algo que vivido no tiene ninguna gracia. Por ejemplo, pensemos en un paisaje que suele gustarnos mucho, el del mar embravecido, que es precioso, y demos un paso m&aacute;s all&aacute; hasta plantearnos que nos encontramos en una barca en medio de toda esa belleza. Eso ya no nos iba a gustar en absoluto. Ah&iacute; es donde se sit&uacute;a Schopenhauer, en ese disfrute del mundo que se da cuando se nos apacigua la voluntad de vivir y vemos las cosas que en &eacute;l acontecen como si no fueran con nosotros. Por eso disfrutamos tanto con las tragedias que nos muestra el teatro o el cine, porque no estamos ah&iacute; metidos. A nadie le gusta que le suceda una tragedia, pero verla representada es algo distinto. Puede resultar hasta divertido.</p>
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<p>- Adem&aacute;s de Schopenhauer, &iquest;qu&eacute; otros fil&oacute;sofos le impactaron en sus comienzos?</p>
<p>- Bueno, recuerdo especialmente <em>La sabidur&iacute;a de Occidente</em>, de Bertrand Russell, que ha sido uno de los autores a los que he sido devoto a lo largo de toda mi vida. Este t&iacute;tulo en concreto lo le&iacute; cuando ten&iacute;a 15 o 16 a&ntilde;os. Era una historia de la filosof&iacute;a ilustrada, de las que hoy son tan comunes y que entonces resultaban bastante raras. Se convirti&oacute; en una especie de gu&iacute;a que me acompa&ntilde;&oacute; durante mucho tiempo. Pero al principio lo que a m&iacute; realmente me gustaba eran las ficciones, la literatura. Yo he escrito mucho de la infancia y puedo decir que conservo bastante fuera al ni&ntilde;o que fui, no lo tengo para nada encerrado, sino que est&aacute; muy presente. Despu&eacute;s de <em>&Eacute;tica para Amador</em>, el libro con el que he tenido m&aacute;s &eacute;xito ha sido <em>La infancia recuperada</em>, que est&aacute; dedicado a mis lecturas de entonces. Ah&iacute; est&aacute; todo, poco m&aacute;s puedo decir.</p>
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<p>Llegados a este punto hagamos un inciso y abramos las p&aacute;ginas del libro como quien se asoma a una ventana y ve ante sus ojos distintas escenas de un ayer que no acaba de irse, que sigue siendo presente: el ni&ntilde;o Savater devorando historias de aventuras, del oeste, de fantasmas, de futuros so&ntilde;ados, sobre todo una particular temporada de la ni&ntilde;ez en que por motivos de salud hubo de guardar cama y que recuerda como un prodigioso lapsus de felicidad. &ldquo;La historia m&aacute;s hermosa que jam&aacute;s me han contado es <em>La isla del tesoro</em>. Raro es el a&ntilde;o que no la releo al menos una vez; y nunca pasan m&aacute;s de seis meses sin haber pensado o so&ntilde;ado con ella&rdquo;, confiesa Savater, del mismo modo que asegura conservar a Guillermo Brown sentado en la alfombra del alma, jugando con su escopeta de corchos o chupando pensativo una enorme barra de regaliz&rdquo;. <em>Moby Dick</em>, <em>Veinte mil leguas de viaje submarino</em>, <em>El mundo perdido</em>, de Conan Doyle, <em>La guerra de los mundos</em>, de Herbert George Wells, las ex&oacute;ticas andanzas de Sandok&aacute;n y tantos otros t&iacute;tulos y personajes asoman en unas p&aacute;ginas cargadas de pasi&oacute;n y de ense&ntilde;anzas. Por ejemplo, la reflexi&oacute;n sobre la audacia a partir de &ldquo;La isla del tesoro&rdquo; o sobre la epopeya del esfuerzo y la perseverancia, contenida en &ldquo;Viaje al centro de la tierra&rdquo;. Todo en la memoria del adulto consciente del nutriente de esas fuentes a las que se acerc&oacute; a beber y cuyo sabor permanece intacto.</p>
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<p>- &iquest;Los ni&ntilde;os de hoy, con tanto ordenador, se est&aacute;n perdiendo todo esto?</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; puedo decir...? Algunos de los autores que a m&iacute; tanto me gustaron se siguen leyendo, por ejemplo Jack London, pero Salgari ya no se lee, ni Julio Verne en igual medida. Puede que obras como <em>La isla del tesoro</em> o <em>Los tres mosqueteros </em>&nbsp;hayan resistido el paso del tiempo, pero no los libros de vaqueros, que tanto nos encantaban por esa &eacute;poca. Ya no los lee nadie y ning&uacute;n ni&ntilde;o de hoy sabe qui&eacute;n es Guillermo Brown. El equivalente podr&iacute;a ser Harry Potter. En fin, cada &eacute;poca va imponiendo sus gustos. Tampoco vale de nada lamentarse.</p>
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<p>- Al principio de la charla apareci&oacute; su madre en escena. &iquest;Fue decisiva en su formaci&oacute;n lectora?</p>
<p>- Por supuesto. Mi madre me influy&oacute; desde el momento en que era ella quien me compraba mis primeros libros y me animaba a ir descubriendo cosas. Era una gran lectora y me fue orientando. Tambi&eacute;n le gustaba mucho discutir, era una polemista temible, y estoy seguro de que mi gusto por la discusi&oacute;n arranca de ah&iacute;. Yo discut&iacute;a mucho, de todo, con ella. Era una mujer religiosa y me gustaba llevarle la contraria desde mi incipiente rebeld&iacute;a. Lo hac&iacute;a porque mis ideas eran contrarias a la suyas, desde luego, pero tambi&eacute;n porque me encantaba tenerla como contrincante y si est&aacute;bamos de acuerdo no hab&iacute;a discusi&oacute;n posible. Schopenhauer dec&iacute;a que el car&aacute;cter es eterno y que no hay manera de modificarlo, pero el m&iacute;o se ha modelado en buena medida gracias a esas charlas tan encendidas con mi madre, de eso estoy convencido (risas).</p>
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<p>- &iquest;Qu&eacute; influencia ha ejercido en su manera de ver el mundo su tierra de origen, el Pa&iacute;s Vasco, San Sebasti&aacute;n?</p>
<p>- Much&iacute;sima. Yo he sido siempre muy donostiarra y San Sebasti&aacute;n ha sido el lugar del coraz&oacute;n, la geograf&iacute;a a la que he estado m&aacute;s vinculado. Permanece en mi imaginaci&oacute;n y no puedo estar mucho tiempo sin volver all&iacute;. Incluso en las &eacute;pocas en las que lo he tenido m&aacute;s complicado, siempre he querido regresar. Es uno de esos sitios en los que uno se acaba reconociendo.</p>
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<p><strong>&ldquo;Una ense&ntilde;anza laica es b&aacute;sica en toda democracia&rdquo;</strong></p>
<p>- La &eacute;tica ha sido el motor que ha movido gran parte de la obra de Fernando Savater como pensador. &iquest;Cree que ahora mismo, en las sociedades actuales, la &eacute;tica es una asignatura pendiente?</p>
<p>-Bueno, en lo que respecta a mi obra, prefiero hablar de la filosof&iacute;a de la acci&oacute;n. A m&iacute; lo que me ha interesado siempre son los motivos y los valores de la acci&oacute;n, la idea de que la libertad necesita motivos y hay que reflexionar a fondo sobre esos motivos. En cuanto a la segunda parte de la pregunta, lo que yo creo es que tanto la &eacute;tica como la filosof&iacute;a deber&iacute;an ser asignaturas propias de un bachillerato laico. Considero que una ense&ntilde;anza laica es b&aacute;sica en toda democracia; despu&eacute;s de todo tanto la filosof&iacute;a como la &eacute;tica nacieron con la propia democracia, a la vez, en el mismo sitio, en la misma &eacute;poca. Est&aacute;n fuertemente vinculadas. Lo que la democracia representa en el terreno pol&iacute;tico, la filosof&iacute;a lo representa en el terreno intelectual. En ambos casos se impone la idea de que el portavoz del sentido es el individuo libre y no una colectividad legendaria y tradicionalista. En Espa&ntilde;a venimos de 40 a&ntilde;os de religi&oacute;n obligatoria en los colegios. Hubo un momento en el que la &eacute;tica fue una alternativa, pero siempre se ha mantenido la religi&oacute;n. Nadie, ning&uacute;n gobierno se ha atrevido a romper el concordato con la Iglesia que obliga a tener la religi&oacute;n en las escuelas y los capellanes en mitad de los regimientos. La asignatura de Educaci&oacute;n para la Ciudadan&iacute;a nunca lleg&oacute; a cuajar del todo, los socialistas la incluyeron en los planes de estudio, pero de manera muy t&iacute;mida, y ahora los populares la han suprimido directamente. Eso va en contra de lo que deber&iacute;a ser el conocimiento y la formaci&oacute;n de ciudadanos en una democracia moderna.</p>
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<p>Otro inciso. Mirada al pasado reciente. 1991. Felipe Gonz&aacute;lez, al frente de los socialistas, hab&iacute;a iniciado su tercera legislatura y gobernaba un pa&iacute;s que ya formaba parte de la entonces denominada Comunidad Econ&oacute;mica Europea, un pa&iacute;s inmerso en la euforia de la prosperidad econ&oacute;mica que tuvo su colof&oacute;n un a&ntilde;o despu&eacute;s, con la celebraci&oacute;n de los Juegos Ol&iacute;mpicos de Barcelona y la Expo de Sevilla. ETA era entonces la &nbsp;principal preocupaci&oacute;n, el gran temor de un pueblo que se adaptaba a la imagen del &eacute;xito colectivo a ra&iacute;z de un proceso de Transici&oacute;n mod&eacute;lico, que tardar&iacute;a tiempo en ser cuestionado. En esas circunstancias, cuando se asum&iacute;a con normalidad y complacencia una bonanza que se cre&iacute;a perpetua, Fernando Savater publicaba <em>&Eacute;tica para Amador</em> un libro que se convirti&oacute; en su particular best-seller, que ha acompa&ntilde;ado ya a varias generaciones y que sigue gozando de plena vigencia. Fue toda una sorpresa para el autor. C&oacute;mo iba a imaginar algo as&iacute; de una entrega nacida de un encargo. Un encargo motivado por la ausencia de manuales de texto que diesen a los profesores las pautas para ense&ntilde;ar esa nueva asignatura de &eacute;tica, tan esencial como compleja, que hab&iacute;a entrado en las aulas para formar a los ciudadanos modernos, del ma&ntilde;ana.</p>
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<p>&ldquo;A m&iacute; no se me hubiera ocurrido escribir una obra as&iacute;, pero ten&iacute;a muchos amigos y amigas que daban clases en institutos y que hab&iacute;an de recurrir a comentarios sobre noticias aparecidas en los peri&oacute;dicos para impartir la asignatura de &eacute;tica. Ellos me ped&iacute;an una y otra vez que hablara de circunstancias, de temas concretos, pero yo aprovech&eacute; la ocasi&oacute;n para explicar la disciplina como yo entend&iacute;a que se pod&iacute;a contar a un joven&rdquo;, comenta Savater, quien una y otra vez insiste en que &eacute;l m&aacute;s que fil&oacute;sofo ha sido profesor de filosof&iacute;a. &ldquo;Esos amigos docentes&rdquo;, prosigue, &ldquo;entend&iacute;an que la &eacute;tica ten&iacute;a que ser transversal, que no s&oacute;lo deb&iacute;a concentrarse en una materia, sino que deb&iacute;a planear, de manera difuminada, sobre todas las asignaturas, para lo que era necesario que el conjunto de los profesores se implicara aportando el ejemplo de sus propias conductas. Yo le daba vueltas a todo eso y me parec&iacute;a un gran reto ense&ntilde;ar &eacute;tica a ni&ntilde;os que no hab&iacute;an le&iacute;do a Spinoza, ni a Kant. Se trataba de transmitir que la &eacute;tica es una cosa de cada cual, que estamos destinados a inventar nuestro destino sin segundas oportunidades, que podemos equivocarnos y cometer atrocidades, pero tambi&eacute;n, en base a los errores cometidos, ir transformando nuestras vidas e ir inventando sus contenidos. Yo no me creo que porque se impartan clases de &eacute;tica en las escuelas la gente se vaya a volver buena, pero s&iacute; creo que es muy importante para el desarrollo intelectual, de la sensibilidad valorativa, de la reflexi&oacute;n acerca de porqu&eacute; actuamos como actuamos. Con todo esas ideas en la cabeza, me puse manos a la obra y al final publiqu&eacute; el libro en una editorial peque&ntilde;ita de Barcelona, Ariel, sin pensar en absoluto que eso iba a tener tanto &eacute;xito&rdquo;.</p>
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<p>- &iquest;Influy&oacute; el hecho de ser padre, de tener un hijo, en el enfoque, en esa cercan&iacute;a a trav&eacute;s del di&aacute;logo que es, sin duda, uno de los grandes aciertos de la obra?</p>
<p>- Bueno, eso ayud&oacute;. Mi hijo entonces ten&iacute;a 15 a&ntilde;os, que era un poco la edad de los adolescentes a los que ten&iacute;a que dirigirme, y se llamaba Amador, que quedaba bien para un t&iacute;tulo. Si su nombre hubiera sido Eufrasio, lo habr&iacute;a desechado (risas). Yo ten&iacute;a miedo de ponerme demasiado doctoral, esa era mi preocupaci&oacute;n cuando empec&eacute; a escribir. Lo que me interesaba era hablar directamente con el joven, pero no desde el punto de vista del profesor. Esa fue la gracia del libro, lo que hizo que tanta gente llegase a conectar con &eacute;l.</p>
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<p>- &iquest;Ha cambiado mucho el Fernando Savater que escribi&oacute; <em>&Eacute;tica para Amador</em>?</p>
<p>- Inevitablemente, espero que s&iacute;. Hay constantes que permanecen inalterables: aficiones, gustos... pero me molestar&iacute;a seguir siendo exactamente igual, permanecer est&aacute;tico a trav&eacute;s del tiempo como si fuera una pir&aacute;mide o algo por el estilo. Yo soy una persona que lee varios libros todas las semanas; que ve pel&iacute;culas; que disfruta en el trato con otros seres humanos. Todo eso, todas las cosas que he ido viviendo, me han cambiado, a lo mejor para bien, y espero que siga sucediendo as&iacute;, sin perder de vista el paso del tiempo, claro. El envejecimiento es un proceso que no suele ser muy bueno, pero que nos transforma.</p>
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<p><strong>&ldquo;La ventaja de la vejez es que nos quita lo m&aacute;s nocivo de la vida, la idea de futuro, y entonces se puede vivir de verdad el presente&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; ha ganado Fernando Savater con la edad y qu&eacute; ha perdido?</p>
<p>- La p&eacute;rdida es lo m&aacute;s f&aacute;cil de percibir. &iexcl;Hay tantas cosas que pierde uno con la edad! La humillaci&oacute;n de la vejez consiste en que nos quita muchas de las cosas sin las cuales no pod&iacute;amos vivir, pero precisamente tambi&eacute;n por eso es un ofrecimiento, un regalo, la demostraci&oacute;n de que podemos vivir sin mucho de lo que consider&aacute;bamos esencial. Sobre todo nos quita algo que es de lo m&aacute;s da&ntilde;ino para la vida, la idea de futuro. Cuando eres viejo ya no tienes futuro y es entonces cuando puedes vivir el presente de verdad. Esa es una ventaja. Y si tienes cierto &aacute;nimo deportivo la vejez convierte la vida en un deporte de riesgo. Todo, absolutamente todo, ya puede ser fatal y eso proporciona una emoci&oacute;n especial al vivir. Yo, que siempre he disfrutado de las peque&ntilde;as cosas y por supuesto de las grandes, ahora soy consciente de que debo resignarme a cultivar las peque&ntilde;as porque he perdido muchas de las grandes, algunas de las cuales, confieso, no dejo de echar de menos.</p>
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<p>- Cuando escribi&oacute; <em>&Eacute;tica para Amador</em> ten&iacute;a un hijo y pensaba en las ense&ntilde;anzas que quer&iacute;a transmitirle, pero al mismo tiempo, me imagino que emerg&iacute;a la imagen del Savater joven, que pensaba en sus anhelos de entonces, en todo aquello que le hubiera gustado recibir a sus 15 a&ntilde;os.</p>
<p>- Bueno, esa fue una de las mayores dificultades, porque cuando escrib&iacute; el libro ya ten&iacute;a una cierta edad, m&aacute;s de 40 a&ntilde;os, e irremediablemente no me situaba ante un joven de 15 a&ntilde;os real sino ante el que yo fui, que era algo muy distinto. Un chico de esa edad de mi &eacute;poca no ten&iacute;a nada que ver con uno de principios de los 90 ni mucho menos con uno de hoy. Es algo muy complejo porque el proceso de maduraci&oacute;n ha ido en aumento en muchos aspectos y en otros, en cambio, no se termina de madurar de la misma manera. La relaci&oacute;n con las tecnolog&iacute;as, con las marcas comerciales, etc&eacute;tera, era algo impensable en mi etapa de adolescente. Yo ten&iacute;a que pasar por encima de eso, vencer esa distancia, intentar hablar al joven en lo que los 15 a&ntilde;os tienen de permanente. Ah&iacute; s&iacute; me ayud&oacute; tener un hijo de esa edad. Fue decisivo para llegar al joven que yo fui, al que viv&iacute;a en el momento presente en que escrib&iacute;a y quiz&aacute;s al del futuro. Por eso precisamente renunci&eacute; a utilizar una jerga juvenil, lo cual fue una tentaci&oacute;n, y me decid&iacute; por un lenguaje neutro, incluso m&aacute;s culto de lo esperado. Si hubiera optado por el otro camino, si hubiera recurrido a las expresiones habituales en ese momento, probablemente el resultado habr&iacute;a empeorado, el libro se habr&iacute;a convertido con el tiempo en algo mucho m&aacute;s anticuado.</p>
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<p>- Amador ya ha crecido, ha tomado, como su padre, el camino de las letras, de la reflexi&oacute;n. Escribe en medios de comunicaci&oacute;n... &iquest;Tiene algo que ver con la persona que Savater so&ntilde;&oacute; que podr&iacute;a llegar a ser, ha sido usted de esos padres que tienden a proyectar el futuro de sus hijos?</p>
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<p>- Yo me alegro de que los intereses de mi hijo sean la lectura, el pensamiento, los problemas sociales. La verdad es que si se hubiera dedicado a <em>broker</em> en la Bolsa me habr&iacute;a gustado mucho menos, pero fuera de eso... Yo creo que la idea de padre o madre deber&iacute;a tener una fecha de caducidad, como los yogures. A m&iacute; me gustaba el ni&ntilde;o. Guardo la foto del ni&ntilde;o de 8, 9, 10, 11, 12 a&ntilde;os... Pero ahora ese ni&ntilde;o ya se ha convertido en un se&ntilde;or de 38 a&ntilde;os, un se&ntilde;or con barba que me parece muy bien y al que le deseo lo mejor del mundo, pero a veces cuando estoy con &eacute;l tengo la sensaci&oacute;n de que es mayor que yo (risas). Ya no me siento como antes. Uno es padre del ni&ntilde;o; el otro ya es hijo de s&iacute; mismo.</p>
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<p>- Pero, &iquest;Cu&aacute;l es la relaci&oacute;n con ese se&ntilde;or que fue su ni&ntilde;o?. &iquest;Ha mantenido con &eacute;l las vibrantes discusiones que entabl&oacute; con su madre?</p>
<p>- Por prudencia mutua mi hijo y yo procuramos mantener los temas m&aacute;s controvertidos fuera del &aacute;mbito familiar. Los dos tenemos mucho car&aacute;cter, aunque debo decir que el m&iacute;o es peor que el suyo, y si a esas ciertas cosas que siempre hay entre padre e hijo, encima le introducimos temas para el enfrentamiento, pues nos amargamos la vida y le amargamos la vida a la familia. No merece la pena, cada uno tiene sus propias ideas y nos respetamos mutuamente, aunque es inevitable que de vez en cuando haya roces sobre temas en los que pensamos de manera distinta.</p>
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<p>- &iquest;El 15-M, por ejemplo?</p>
<p>- Bueno, pese a que algunos lo creyeron as&iacute;, yo nunca llegu&eacute; a rechazar lo que supuso el movimiento 15-M, aunque s&iacute; critiqu&eacute; que se atacara a las parlamentarios en Barcelona y sostuve que eso no se pod&iacute;a quedar ah&iacute;, que ten&iacute;a que pasar a la participaci&oacute;n, a la acci&oacute;n pol&iacute;tica. Eso es algo de sentido com&uacute;n, que sigo pensando y en lo que el tiempo me est&aacute; dando la raz&oacute;n.</p>
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<p>- Recientemente, como una secuela de <em>&Eacute;tica para Amador</em>, public&oacute; <em>&Eacute;tica de urgencia</em>, donde precisamente habla del 15-M, de las nuevas tecnolog&iacute;as, de las fisuras del capitalismo y la democracia, e irremediablemente de las grandes cuestiones: la libertad, la solidaridad, la muerte... &iquest;Qu&eacute; supuso enfrentarse a la misma situaci&oacute;n?</p>
<p>- <em>&Eacute;tica de la urgencia </em>&nbsp;es simplemente una conversaci&oacute;n con j&oacute;venes que se han educado y que han le&iacute;do mi <em>&Eacute;tica para Amador</em> de hace 20 a&ntilde;os. Su pretensi&oacute;n fue ver sobre qu&eacute; problemas ellos est&aacute;n proyectando ahora esas reflexiones &eacute;ticas. No es un libro escrito sino hablado por m&iacute; con los j&oacute;venes. La imposici&oacute;n del tiempo, su car&aacute;cter urgente, de actualidad, tiene m&aacute;s que ver con los temas concretos sobre los que esos amigos que daban clases en institutos me pidieron que hablase en su d&iacute;a: el divorcio, la p&iacute;ldora, la bomba at&oacute;mica. Entonces yo dije que no, que no me ve&iacute;a con autoridad para decir lo que se ten&iacute;a que pensar sobre tales asuntos, que yo hablar&iacute;a del fundamento de la &eacute;tica a partir del cual se podr&iacute;a reflexionar sobre todo eso y sobre cualquier otra cosa. No alud&iacute; a ninguno de los problemas circunstanciales del momento y gracias a eso la obra ha durado 20 a&ntilde;os y ah&iacute; sigue. En cambio, ahora s&iacute;, en <em>&Eacute;tica de urgencia</em> s&iacute; se habla de las cosas que hoy est&aacute;n preocupando, con el convencimiento de que probablemente dentro de cinco a&ntilde;os esos problemas, al menos algunos de ellos, ya no ser&aacute;n los mismos, ser&aacute;n sustituidos por otros.</p>
<p>- Fernando Savater ha escrito muchos libros de pensamiento, pero tambi&eacute;n de ficci&oacute;n. La ficci&oacute;n ha sido su debilidad, su pasi&oacute;n, y sin embargo, pese a ganar premios como el Planeta, no ha tenido la misma repercusi&oacute;n en ese territorio.</p>
<p>- Lo cierto es que yo, ante todo, siempre he sido un escritor. Un escritor que se ha dedicado al pensamiento, a la ense&ntilde;anza de la filosof&iacute;a, porque ten&iacute;a que ganarse la vida, pero que siempre quiso construir ficciones, inventar historias y que nunca ha dejado de escribir novela y teatro. El problema es que esa parte se ha quedado m&aacute;s oculta, por decirlo de alg&uacute;n modo, y la gente me ha encasillado en facetas como la del autor de <em>&Eacute;tica para Amador</em>. Ah&iacute; consegu&iacute; alcanzar ese punto tan dif&iacute;cil de llegar a conectar con much&iacute;simas personas, pero tras el &eacute;xito si algo tuve claro es que eso no pod&iacute;a convertirse en una especie de bloqueo para el resto de mi vida. Ha sido algo estupendo, pero debo reconocer que me fastidia un poco el hecho de que cosas mejores que he escrito en el campo de la ficci&oacute;n no hayan sido reconocidas en igual medida, que hayan pasado m&aacute;s desapercibidas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;De los libros de ficci&oacute;n que ha escrito cu&aacute;l prefiere?</p>
<p>- Hay uno de teatro, <em>El &uacute;ltimo desembarco</em>, que es el que m&aacute;s se parece a lo que yo he querido hacer siempre, y en el terreno de la novela &nbsp;est&aacute; <em>Los invitados de la princesa</em>, que considero lo mejor que he escrito nunca. Lo que tiene de bueno la ficci&oacute;n es que no necesitas estar exponiendo continuamente tu opini&oacute;n, lo que t&uacute; crees de las cosas. Cuando me pongo a escribir de &eacute;tica tengo que contar lo que pienso, pero la ficci&oacute;n me permite inventar situaciones y personajes con los que no tengo nada que ver, que pueden tener creencias completamente contrarias a las m&iacute;as. La trama es una narraci&oacute;n, no una argumentaci&oacute;n, y para m&iacute; pasar del mundo de las argumentaciones al de la narraci&oacute;n es muy satisfactorio. Con <em>Los invitados de la princesa</em> hice durar el proceso de la escritura un par de a&ntilde;os porque me gustaba refugiarme un poco en la historia que estaba contando, en su mundo, en sus atm&oacute;sferas. Eso es algo inusual en m&iacute;. Tengo la mala tendencia de escribir muy deprisa, empiezo las cosas con mucho entusiasmo pero a los pocos meses estoy deseando acabar y cambiar de tema. La ficci&oacute;n me ha impulsado a dejar atr&aacute;s la prisa, pero tambi&eacute;n sucede que aquellos g&eacute;neros en los que te encuentras m&aacute;s seguro son los que te proporcionan m&aacute;s placer. Por eso cuando escribo un art&iacute;culo corto, que s&eacute; que me va a salir bien, estoy muy satisfecho, mientras que una novela es un reto mucho mayor, hay que esforzarse m&aacute;s y eso produce mayor inquietud, inseguridad.</p>
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<p>- Schopenhauer, Bertrand Russell... &iquest;Y ahora?, &iquest;sigue habiendo descubrimientos o se ha quedado anclado, por decirlo as&iacute;, a un autor de cabecera?</p>
<p>- Bueno, ahora ya estoy en la fase de las relecturas. Si tuviera que quedarme con alg&uacute;n fil&oacute;sofo, cosa que afortunadamente no sucede porque la gracia de la filosof&iacute;a es que es se trata de una tradici&oacute;n, de una corriente en la que todo el mundo se aporta cosas, elegir&iacute;a a Spinoza. Ha sido el fil&oacute;sofo que m&aacute;s me ha interesado despu&eacute;s de esos primeros escarceos y quiz&aacute;s hoy, en cierta medida, mi visi&oacute;n del mundo se parece m&aacute;s a la de Spinoza que a la de ning&uacute;n otro. Me lo s&eacute; mucho, bastante, pero sigo ley&eacute;ndolo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Y en cuanto a los fil&oacute;sofos actuales, de su tiempo: Sloterdijk, Morin...?</p>
<p>- A Sloterdijk lo leo mucho. Hemos coincidido muchas veces y yo hice el pr&oacute;logo de la primera obra suya que se public&oacute; al espa&ntilde;ol. Curiosamente, nacimos el mismo a&ntilde;o: yo, el 21 de julio y &eacute;l, el 22. Nos llevamos apenas un d&iacute;a y yo siempre que estamos juntos hago bromas. Le digo cosas como: &ldquo;Haz caso a tus mayores. T&uacute; todav&iacute;a eres joven, cuando llegues a mi edad, ya sabr&aacute;s...&rdquo; (risas). Me interesa mucho, s&iacute;, y he le&iacute;do tambi&eacute;n a Edgar Morin, a Gianni Vattimo, que tambi&eacute;n es mi amigo. Por supuesto que estoy al tanto de mis contempor&aacute;neos, pero sucede que llega un momento, cuando se alcanza mi edad, en que uno tiende a releer a los cl&aacute;sicos. El problema de quienes hemos le&iacute;do mucho desde j&oacute;venes es que nos hemos acercado a los grandes autores demasiado pronto, no solamente a los fil&oacute;sofos sino a los grandes narradores. Si has le&iacute;do <em>Crimen y</em> <em>castigo</em> &nbsp;con 15 a&ntilde;os no te has podido enterar de todo lo que encierra. Te ha impresionado, pero no tiene nada que ver con la lectura que puedes hacer a&ntilde;os despu&eacute;s. Y no digamos con otras obras mucho m&aacute;s relacionadas con la madurez como <em>Madame Bovary</em>. Yo ahora tengo el af&aacute;n de volver a releer cosas a las que me acerqu&eacute; en su momento un poco de pasada, tanto en el &aacute;mbito de la literatura como en el de la filosof&iacute;a. Voy a volver a Plat&oacute;n ahora que ya no tengo que dar clases y que no tengo que leerlo pensando en los apuntes. Voy a leerlo por gusto, de manera relajada. Eso me parece magn&iacute;fico. Y, por supuesto, en lo que respecta a la ficci&oacute;n, sigo muy apegado a la literatura popular, a las novelas policiacas, de terror, de ciencia-ficci&oacute;n. Me gusta seguir a los autores que van a apareciendo en estos g&eacute;neros. El descubrimiento de Fred Vargas en Francia, por poner un ejemplo, me ha dado grandes alegr&iacute;as &uacute;ltimamente.</p>
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<p><strong>&ldquo;Haberme convertido un poco en hombre anuncio de m&iacute; mismo no deja de resultar un tanto pesado&rdquo;</strong></p>
<p>- Fernando Savater es un hombre de muchos matices y perfiles: profesor de filosof&iacute;a, escritor, hombre de teatro y personaje p&uacute;blico, muchas veces controvertido, pol&eacute;mico. &iquest;Hasta qu&eacute; punto ese personaje ha podido llegar a eclipsar, a perjudicar a los dem&aacute;s?</p>
<p>- S&iacute;, efectivamente. Ha llegado un momento en el que todo parece condicionado por esa imagen. A los amigos les parece bien c&oacute;mo act&uacute;as y lo que dices y a los enemigos les parece mal, pero ya ni unos ni otros te hacen caso respecto a lo que verdaderamente est&aacute;s haciendo. Unos te dan la raz&oacute;n, un poco como a los locos, porque eres amigo o porque comparten tus opiniones, mientras los otros te niegan el pan y la sal sin llegar a escucharte siquiera. Haberme convertido un poco en hombre anuncio de m&iacute; mismo no deja de resultar un tanto pesado. Lo ti&ntilde;e; mejor lo desti&ntilde;e, todo. Tal vez he entrado demasiado en la pol&eacute;mica, no he sabido resguardarme tan bien como esos autores que caen bien a todo el mundo, que son elogiados tanto por la izquierda como por la derecha. No s&eacute;. Tal vez, simplemente, han tenido m&aacute;s suerte.</p>
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<p>- &iquest;Siente que determinadas pol&eacute;micas le han desgastado, que han requerido demasiadas energ&iacute;as?</p>
<p>- &nbsp;En momentos concretos, s&iacute;. Hay ocasiones en las que uno llega a obsesionarse demasiado y yo, que soy una persona muy col&eacute;rica, muchas veces me he enfadado conmigo mismo por haber llegado a implicarme tanto con determinados asuntos. Pero, &iquest;c&oacute;mo he podido prestar tanta atenci&oacute;n a esto con la cantidad de cosas mucho m&aacute;s interesantes que hay en el mundo?, me he reprochado muchas veces a m&iacute; mismo. &iquest;C&oacute;mo me he centrado tanto en personas con tan poca sustancia con la cantidad de gente que hay que merece mucho m&aacute;s la pena?. No s&eacute;... Tal vez aquellas antiguas discusiones con mi madre tienen la culpa de este cariz pol&eacute;mico que me ha acompa&ntilde;ado siempre (m&aacute;s risas).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;El nacionalismo es una de las fuerzas reaccionarias m&aacute;s potentes que existen&rdquo;</strong></p>
<p>- Uno de los asuntos que m&aacute;s parece irritarle es el de los nacionalismos. Y, como usted mismo ha dicho, cuesta salir indemne cuando se ejerce la cr&iacute;tica al respecto.</p>
<p>- As&iacute; es. La verdad es que no deja de sorprenderme el &eacute;xito que ha tenido el nacionalismo. Cuando se es marxista o liberal, algo de bibliograf&iacute;a tiene que haber detr&aacute;s, pero para ser nacionalista basta con sentirte de un lugar concreto. Debe ser que las ideolog&iacute;as m&aacute;s simples, para tontos, son las que m&aacute;s posibilidades tienen de extenderse. En mi opini&oacute;n el nacionalismo es una de las fuerzas reaccionarias m&aacute;s potentes que existen. Como todo el mundo sabe, ha sido fatal durante el siglo XX, desgraciadamente ha provocado cosas atroces, y lo sigue siendo en nuestra &eacute;poca. Es malo el nacionalismo de los grandes pa&iacute;ses porque dificulta las uniones internacionales, como estamos viendo en la Uni&oacute;n Europea, y por supuesto tambi&eacute;n es negativo hacia dentro porque es un elemento disgregador en nombre de supuestas identidades inmutables de los estados modernos, que est&aacute;n basados precisamente en el ensamblaje de lo diferente y no en la perpetuaci&oacute;n de lo &uacute;nico. En mi caso, lo que sucede es que hay demasiadas asociaciones de ideas err&oacute;neas, ciertos estereotipos que funcionan y a los que mi actitud no responde. Cuesta entender que ser espa&ntilde;olista no es ser conservador; que el nacionalismo y el separatismo son las cosas m&aacute;s reaccionarias del mundo aunque se tiende a relacionarlas con la izquierda. El problema son los ep&iacute;tetos. Yo he procurado ser siempre progresista, pero, claro, el progreso tienes que buscarlo d&oacute;nde est&aacute;, no donde otros han querido ponerlo. Pensemos en la Rep&uacute;blica, en la Constituci&oacute;n republicana del a&ntilde;o 31. Lo primero que nos dice es que en Espa&ntilde;a hay solamente una lengua oficial, que es el castellano, y que las dem&aacute;s lenguas ser&aacute;n respetadas pero no consideradas oficiales. Eso no lo dijo Franco, lo dijo la Rep&uacute;blica, y as&iacute; muchas otras cosas. Manuel Aza&ntilde;a, Indalecio Prieto, y tantos otros, ten&iacute;an ideas diferentes, pero coincid&iacute;an en que eran espa&ntilde;oles y no otra cosa. Pero ahora mismo han surgido personajes reaccionarios de diversas tribus que parecen ser los progresistas. Eso a los republicanos de aquella &eacute;poca, pienso, por ejemplo, en Mar&iacute;a Zambrano, les habr&iacute;a parecido una cosa bastante risible.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Se siente un incomprendido?</p>
<p>- No. Eso es un poco &ntilde;o&ntilde;o. Prefiero pensar que si no se me comprende ser&aacute; que no he sabido explicarme bien. No. No creo que la gente me tenga que prestar tanta atenci&oacute;n. No soy un enigma de otro mundo (risas).</p>
<p><br /> - Es contradictorio abrazar el nacionalismo en la &eacute;poca de la globalizaci&oacute;n, pero &iquest;no resulta la globalizaci&oacute;n igualmente da&ntilde;ina?</p>
<p>- La globalizaci&oacute;n es un hecho, el impulso del ser humano le conduce &nbsp;precisamente a ir rompiendo fronteras y separaciones. La primera globalizaci&oacute;n fue la de la Iglesia Cat&oacute;lica y hoy todos estamos conectados, todos llevamos en el bolsillo un admin&iacute;culo que nos permite entablar comunicaci&oacute;n con los lugares m&aacute;s remotos. Podemos enterarnos de las noticias de lo que ha ocurrido en la otra parte del mundo al minuto. Todo eso, por supuesto, tiene aspectos positivos y aspectos negativos: los capitales se deslocalizan, las empresas buscan a los trabajadores que menos cobran y que menos derechos tienen porque eso abarata sus costes. Pas&oacute; lo mismo con la electricidad, que tuvo muchas cosas buenas, pero tambi&eacute;n dio lugar a la silla el&eacute;ctrica. Todos querr&iacute;amos una electricidad sin silla el&eacute;ctrica y una globalizaci&oacute;n sin sus aspectos malos. Pero las cosas no funcionan as&iacute;.</p>
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<p>- &iquest;Qu&eacute; reflexiones le despierta la actual crisis econ&oacute;mica?</p>
<p>- Para m&iacute; es una manifestaci&oacute;n de los errores que ha habido en el sistema, de los controles que deb&iacute;an funcionar y no lo hicieron. Una cosa es el capitalismo de producci&oacute;n de bienes y otra cosa es el capitalismo de la especulaci&oacute;n, que se ha disparado, que se ha conducido sin control. Y precisamente todo esto demuestra que los Estados son necesarios, que son ellos los que deben establecer las necesarias garant&iacute;as de juego limpio. Yo siempre he cre&iacute;do que la socialdemocracia es el sentido com&uacute;n aplicado al mundo, lo que pasa es que tambi&eacute;n se ha demostrado que mucho socialdem&oacute;crata no ha sabido c&oacute;mo actuar de acuerdo con sus principios.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;Las democracias siempre han estado en peligro, desde Atenas&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Hoy est&aacute;n en peligro las democracias? &iquest;C&oacute;mo se ha llegado a la p&eacute;rdida de confianza en los pol&iacute;ticos que existe actualmente?</p>
<p>- Siempre, las democracias siempre han estado en peligro, desde Atenas. Es un r&eacute;gimen peligroso. Juvenal ya hablaba de los males de su tiempo, que sirven tambi&eacute;n para el nuestro. La pregunta sigue siendo: &iquest;qui&eacute;n controla a los que ejercen el control? Parece que los seres humanos siempre necesitamos a otros que vigilen al vigilante. La p&eacute;rdida de confianza que vivimos hoy en Espa&ntilde;a se debe precisamente a que muchos controles han fallado. Y no ha sido porque no existieran sino porque quienes ten&iacute;an que aplicarlos fallaron, miraron para otro lado, gui&ntilde;aron el ojo... En el Evangelio ya hay una par&aacute;bola en la que el capataz de una finca acuerda con los deudores bajarles la deuda para asegurarse tener amigos fuera en el caso de ser despedido. La corrupci&oacute;n ya existe en el Evangelio y ahora estamos viviendo eso a gran escala. Pero no nos enga&ntilde;emos. Los casos de corrupci&oacute;n llevaban un tiempo produci&eacute;ndose, en estos momentos est&aacute;n surgiendo los responsables. Mucha de la gente que ahora se indigna es la misma que estaba contenta antes. Si llega a seguir la burbuja la mayor&iacute;a seguir&iacute;a igual de satisfecha con el sistema. Lo que les ha hecho despertar es que sus intereses se han visto perjudicados. En ese momento es cuando nos volvemos buenos y hablamos de la transparencia. Hay que ejercer un poco la autocr&iacute;tica. Incluso los m&aacute;s ignorantes en estos temas, entre los que me cuento, ya sospech&aacute;bamos algo de todo esto cuando las cosas iban bien. &iquest;C&oacute;mo era posible, por ejemplo, que hubiese tanta gente con segundas residencias, o que se pidiese hipotecas para todo, incluso para bodas y comuniones? No hab&iacute;a que ser un genio para sospechar algo. Yo no quiero decir que todo el mundo viviera por encima de sus posibilidades. No es eso, pero s&iacute; es cierto que se cre&oacute; una cierta insensibilidad y que nos parec&iacute;a bien lo que suced&iacute;a: el hecho de que los j&oacute;venes dejaran de estudiar a los 16 a&ntilde;os para ir a servir copas a los turistas por las noches o a trabajar en la construcci&oacute;n. A ra&iacute;z de <em>&Eacute;tica para Amador</em> yo me pasaba los d&iacute;as visitando institutos para convencer a los estudiantes de que deb&iacute;an intervenir en pol&iacute;tica y todo el mundo se me re&iacute;a en las barbas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Pese a todo, &iquest;tiene Fernando Savater una visi&oacute;n optimista del presente?</p>
<p>- Creo que estamos, como en otros momentos de la Historia, ante un espejo que refleja las dos caras, la buena y la mala. Hay una milonga argentina que dice que muchas veces la esperanza son ganas de descansar y yo a&ntilde;adir&iacute;a que la desesperanza tambi&eacute;n. Hay gente que dice: &ldquo;no te preocupes, que todo se arreglar&aacute; solo, con el tiempo&rdquo;, e inmediatamente se va a echar la siesta. Hay otros que dicen: &ldquo;no hay nada que hacer y por lo tanto me voy a tomar una raci&oacute;n de gambas&rdquo;. Ni unos ni otros hacen nada. Los que despotrican o los que celebran se quedan sin actuar. Mi visi&oacute;n es muy sencilla: hemos nacido rodeados de males y vamos a morir rodeados de males. A lo m&aacute;s que podemos aspirar es a que los males del final no sean los mismos que los del principio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Luchar contra los terroristas me ha mantenido vivo, alerta&rdquo;</strong></p>
<p>- Uno de los conflictos en los que m&aacute;s energ&iacute;a y m&aacute;s tinta ha gastado ha sido el del terrorismo etarra, del que, como tantos otros, ha tenido que protegerse... Ahora se indigna cuando se habla de proceso de paz.</p>
<p>- Es que yo no s&eacute; qu&eacute; es eso del proceso de paz. Ha habido un grupo terrorista que, afortunadamente, gracias a las fuerzas de seguridad y a algunos que nos hemos molestado un poco, ha sido puesto en cuarentena. La paz es consecuencia de las leyes, de la Constituci&oacute;n, de las instituciones. Lo del proceso de paz es un invento de los etarras, que quieren sacar algo de todo ello. En cuanto a lo que yo he padecido, otros han sufrido mucho m&aacute;s. Lo m&iacute;o fueron incomodidades, pero la vida de otros se ti&ntilde;&oacute; de tragedia. Ahora, a cierta distancia, puedo afirmar que ETA me ha dado disgustos, pero tambi&eacute;n reconozco que me ha dado mucha vida. Gracias a la fuerza, al sentido de esa lucha, he mantenido la juventud m&aacute;s tiempo de lo debido. Luchar contra los terroristas me ha mantenido vivo, alerta.</p>
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<p>- Antes habl&aacute;bamos del 15-M, de la necesidad de la acci&oacute;n. &iquest;No le parece que la consecuencia m&aacute;s positiva de aquella explosi&oacute;n de descontento ha sido la movilizaci&oacute;n y la constituci&oacute;n de plataformas ciudadanas?</p>
<p>- S&iacute;, pero las plataformas ciudadanas no son algo nuevo, las m&aacute;s importantes nacieron en el Pa&iacute;s Vasco como reacci&oacute;n contra el terrorismo. Gesto por la Paz fue de las primeras. Ah&iacute; estuvimos en un momento en el que lo peor no era que un polic&iacute;a te pegara con una porra un d&iacute;a porque se pon&iacute;a nervioso. Hab&iacute;a bastantes m&aacute;s peligros... No consiguieron amedrentarnos, seguimos adelante y eso fue evolucionando. Muchos de los implicados en Basta Ya pasaron a formar partidos pol&iacute;ticos. Uni&oacute;n, Progreso y Democracia naci&oacute; precisamente de gente que estuvo en plataformas ciudadanas. Yo contin&uacute;o en sus filas porque a la hora de valorar lo que ofrecen unos y otros es el partido que menos me disgusta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- El bipartidismo es uno de los problemas que impiden la regeneraci&oacute;n democr&aacute;tica en Espa&ntilde;a, pero la reforma de la ley electoral parece lejana...</p>
<p>- As&iacute; es, pero la gente en vez de estar quej&aacute;ndose de unos y de otros lo que deber&iacute;a es buscar otra cosa, que es lo que hicimos nosotros. La ley electoral no solamente no ayuda, sino que es un impedimento. Hay que convencer a los que sacan ventaja de la actual ley electoral para que la cambien y eso resulta muy dif&iacute;cil. Ni los grandes partidos, ni los nacionalistas, van a querer cambiar una ley que les beneficia. M&aacute;s all&aacute; de las siglas de los partidos tiene que ser la ciudadan&iacute;a la que siga exigiendo, cada vez con mayor contundencia, una transformaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;En una democracia, pol&iacute;ticos somos todos&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;l es el consejo que puede dar ahora mismo a tanto ciudadano insatisfecho?</p>
<p>- Intervenir, intervenir en pol&iacute;tica. En una democracia, pol&iacute;ticos somos todos. La visi&oacute;n reaccionaria por excelencia es la que imagina que los pol&iacute;ticos, buenos o malos, son como los actores que est&aacute;n encima de un escenario. Y no se trata de quedarse en el patio de butacas aplaudiendo o abucheando a los que lo hacen mal o gritando para que se vayan fuera. No existe esa diferencia. Nosotros tambi&eacute;n estamos en el escenario. No podemos limitarnos a silbar o aplaudir, tenemos que intervenir, buscar los cauces para hacerlo. Lo que pasa es que vivimos en una sociedad de masas y es dif&iacute;cil que todo el mundo se ponga de acuerdo. Una de las cosas interesantes del 15-M es que ha impulsado las asambleas. La gente se ha reunido en las plazas a debatir y se ha dado cuenta de lo complicado que resulta ponerse de acuerdo. Todos coincidimos en que determinadas pol&iacute;ticas o pol&iacute;ticos no nos gustan, pero es m&aacute;s dif&iacute;cil decidir qu&eacute; hacer para cambiar eso. Siempre que se ha elogiado el coraje y el valor que hemos tenido en el Pa&iacute;s Vasco, yo he dicho que la virtud pol&iacute;tica por excelencia y la m&aacute;s dif&iacute;cil es la paciencia. Todos podemos ser h&eacute;roes un d&iacute;a, salir a la calle, dar una patada a una farola..., pero lo dif&iacute;cil es asistir todos los d&iacute;as a reuniones pesadas, tomar decisiones, buscar acuerdos con otros que no te entienden... Esa es la pol&iacute;tica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo lleva alguien como usted la adaptaci&oacute;n a la era digital?</p>
<p>- Pues la estoy llevando, como todo el mundo. <em>&Eacute;tica para Amador</em> fue precisamente el primer libro que escrib&iacute; con un ordenador y ese ordenador ya estar&aacute; en el museo arqueol&oacute;gico. No estoy a la &uacute;ltima en nuevas tecnolog&iacute;as, para nada. Siempre las he considerado medios, no fines, y doy gracias a los poderes celestiales porque nos facilitan las cosas, pero mi vida no gira en torno a ello. No tengo tiempo para dedicar a las redes sociales, por ejemplo, y de nuevo vuelvo a ver los dos lados del espejo. Todo lo que tiene tant&iacute;sima fuerza es peligroso, se puede utilizar bien o mal. Sucedi&oacute; con los autom&oacute;viles y hubo que crear una legislaci&oacute;n severa. Ahora tiene que establecerse una serie de prevenciones, de vigilancia, en lo que concierne a Internet. Pero hay mucha hipocres&iacute;a al respecto. La gente vive en sus casas con las puertas cerradas, como es l&oacute;gico, pero se escandaliza al saber que puede ser vigilada, que sus datos pueden ser controlados. Queremos sentirnos a salvo de los malos, pero no que nos vigilen... Ahora se critica a los medios de comunicaci&oacute;n. Se dice que las empresas period&iacute;sticas est&aacute;n en manos de poderes financieros, pero yo me pregunto: &iquest;qu&eacute; es google o facebook? Los grandes servidores son los grandes piratas de Internet. No todo es tan simple. Hay muchos matices, tenemos que ser ser un poco menos ingenuos con todas estas cosas, pensarlas un poco m&aacute;s despacio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- La felicidad es un tema que ha preocupado a los fil&oacute;sofos desde siempre. &iquest;Es posible alcanzar sociedades m&aacute;s felices, no tan volcadas en lo material?</p>
<p>- La felicidad es algo personal. &iquest;Con qu&eacute; instrumento la medimos? Hay gente que mantiene la alegr&iacute;a y gente que no. Ante el lucro no tenemos m&aacute;s que renunciar a ello. Nada ni nadie nos lo impide. La felicidad no tiene nada que ver con la sociedad y no hay que olvidar que la del presente es mucho m&aacute;s positiva y mejor que la de hace a&ntilde;os: hay una cierta estructura de derechos sociales, de protecci&oacute;n; existe libertad de expresi&oacute;n; podemos salir a la calle y protestar. Por supuesto que hay muchos motivos de infelicidad, de disgusto. Pero seguro que si resolvemos los actuales motivos habr&aacute; otros que ahora ni siquiera imaginamos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Tales de Mileto, mientras miraba a las estrellas, se cay&oacute; al fondo del pozo y fue visto por una sirvienta que se burl&oacute; de &eacute;l. &ldquo;Que un simple mam&iacute;fero pretenda comprender el universo resulta bastante c&oacute;mico, admit&aacute;moslo&rdquo;, leemos en el pr&oacute;logo de <em>El traspi&eacute;</em>. &iquest;Cree que los fil&oacute;sofos de hoy siguen mirando a las estrellas o no les ha quedado m&aacute;s remedio que quedarse a ras de suelo?</p>
<p>- As&iacute; comenz&oacute; la filosof&iacute;a, con la ca&iacute;da de Tales de Mileto, y hoy en d&iacute;a los fil&oacute;sofos seguimos cayendo al mismo pozo. Puede decirse que es una enfermedad profesional.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 24 Mar 2014 11:19:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A contraluz]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/a-contraluz/</link>
      <description><![CDATA[<p style="text-align: left;" align="right"><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/VINCEN_ALTAI_.jpg" alt="" width="303" height="228" /><em></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>Un enorme abismo interior relampaguea.</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right">Joan Brossa</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p>Nunca m&aacute;s tendr&aacute;s el silencio en ti.</p>
<p>Tan dentro hurgaste, escuchando el sonido</p>
<p>del origen, que por siempre m&aacute;s hondo</p>
<p>perdurar&aacute; el fuego germinador.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El dolor sufrido por conocer,</p>
<p>crepita en la ceniza de tu mente.</p>
<p>Frotas una y otra vez el papel blanco</p>
<p>y prendes fuego, incendias la memoria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay chispas por doquier, avanza el fuego,</p>
<p>salta lindes, nada podr&aacute; calmarlo,</p>
<p>tantos son los ojos al rojo vivo,</p>
<p>el universo hirviendo incandescente,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>tantos lectores en llamas, clamando</p>
<p>el dolor, poeta, que t&uacute; has infectado.</p>
<p>Suma el dolor de otros a tu dolor</p>
<p>y oir&aacute;s el sordo grito del cosmos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">(Versi&oacute;n de Jos&eacute; Carlos Cata&ntilde;o)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 24 Mar 2014 08:39:06 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Juan Eduardo Zúñiga protagoniza la revista "Turia"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/juan-eduardo-zuniga-protagoniza-la-revista-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/zu_igared.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">El sumario del nuevo n&uacute;mero de la revista TURIA, que se distribuye desde hoy en Espa&ntilde;a y otros pa&iacute;ses, resulta espectacular y muy atractivo para los buenos lectores. En primer lugar, destaca el excelente monogr&aacute;fico que se dedica a Juan Eduardo Z&uacute;&ntilde;iga, con 15 autores analizando a lo largo de 130 p&aacute;ginas la vida y obra de uno de los grandes de las letras espa&ntilde;olas. Tambi&eacute;n sobresale entre los contenidos la publicaci&oacute;n de tres fragmentos in&eacute;ditos de &ldquo;Madame Bovary&rdquo;, la c&eacute;lebre novela de Gustave Flaubert. Por otra parte, la n&oacute;mina de escritores que colaboran con textos originales en esta nueva entrega de TURIA es de lujo y avala el cosmopolitismo y la vocaci&oacute;n de mestizaje cultural de la revista: Patrick Modiano, Luis Mateo D&iacute;ez, Antonio Mu&ntilde;oz Molina, Rafael Chirbes, Manuel Longares, Antonio Soler, Clara Us&oacute;n, Fernando Aramburu, Sergio Chejfec, Anne Carson y Eduardo Halfon, entre otros. Y como guinda final, dos entrevistas a fondo y sin desperdicio a dos nombres destacados de nuestra cultura: el fil&oacute;sofo Emilio Lled&oacute; y el ya citado Rafael Chirbes.</p>
<p>Juan Eduardo Z&uacute;&ntilde;iga (Madrid, 1929) es, pese su condici&oacute;n de autor casi secreto o minoritario, uno de los m&aacute;s destacados nombres propios de las letras espa&ntilde;olas de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Pocos como &eacute;l han sido capaces de elaborar, a partir de la reconstrucci&oacute;n de la memoria, una obra tan coherente como ya inolvidable en cualquier balance de nuestro acervo literario. Buena prueba de esa excelencia creativa la constituir&iacute;a su trilog&iacute;a narrativa sobre la guerra civil espa&ntilde;ola: <em>Largo noviembre de Madrid</em>, <em>Capital de la gloria</em> y <em>La tierra ser&aacute; un para&iacute;so</em>. Un trabajo ambicioso y paciente que constituye, seg&uacute;n la cr&iacute;tica, un aut&eacute;ntico tesoro cultural. Una fabulosa reconstrucci&oacute;n de la vida latente que se produc&iacute;a en esa ciudad sitiada que fue Madrid. Toda una &ldquo;&eacute;pica de la cotidianidad&rdquo;, como anota Rafael Chirbes desde la m&aacute;s sincera admiraci&oacute;n. No en vano Z&uacute;&ntilde;iga, a pesar de no contar con el p&uacute;blico mayoritario que merecer&iacute;a, s&iacute; que goza del aprecio de numerosos escritores de distintas generaciones. Ahora, la revista TURIA le dedica un cuidado monogr&aacute;fico que invita a los lectores de hoy a redescubrirlo y a sumergirse en una obra que ya es considerada por muchos como la de un cl&aacute;sico contempor&aacute;neo.&nbsp;</p>
<p>Adem&aacute;s de una extraordinaria n&oacute;mina de creadores, en el monogr&aacute;fico sobre J.E. Z&uacute;&ntilde;iga de la revista TURIA sobresale la presencia de art&iacute;culos elaborados por estudiosos de su obra como Santos Sanz Villanueva, Javier Go&ntilde;i, Israel Prados, Luis Beltr&aacute;n Almer&iacute;a o la hispanista Irene&nbsp; Andres-Suarez.&nbsp;&nbsp; De&nbsp; la&nbsp; faceta&nbsp; de&nbsp; Z&uacute;&ntilde;iga&nbsp; como&nbsp; traductor&nbsp; nos&nbsp; habla&nbsp; Carlos&nbsp;&nbsp; Fortea, mientras que su actual editor Joan Tarrida no duda en confesarnos: &ldquo;me rindo ante la coherencia de Juan Eduardo Z&uacute;&ntilde;iga&rdquo;. Felicidad Orqu&iacute;n, su compa&ntilde;era de siempre, tambi&eacute;n aporta su testimonio y el propio Z&uacute;&ntilde;iga anticipa un fragmento de sus <em>Memorias &iacute;ntimas</em>. Se cierra el monogr&aacute;fico con una &uacute;til y pormenorizada biocronolog&iacute;a a cargo de Fernando del Val.</p>
<p>Adem&aacute;s de esa atenci&oacute;n especial a Juan Eduardo Z&uacute;&ntilde;iga y los autores y textos ya citados, las p&aacute;ginas de TURIA contienen la secci&oacute;n habitual dedicada a estudios literarios. En esta ocasi&oacute;n son objeto de an&aacute;lisis la escritora canadiense Alice Munro, reciente Premio Nobel de Literatura y el extraordinario autor uruguayo Mario Levrero, todav&iacute;a poco conocido en Espa&ntilde;a pero cuya obra goza ya de un gran prestigio en Latinoam&eacute;rica. No falta tampoco el apartado de ensayo, con un muy recomendable art&iacute;culo in&eacute;dito de George Santayana (&ldquo;El Soviet est&eacute;tico&rdquo;) o las secciones &ldquo;La isla&rdquo;, las destinadas a temas aragoneses (con art&iacute;culos sobre Benjam&iacute;n Jarn&eacute;s, la evacuaci&oacute;n de Teruel durante la guerra civil espa&ntilde;ola y sobre el pintor Gonzalo Tena) y, cerrando el sumario, la siempre bien nutrida, cuidada y plural secci&oacute;n de cr&iacute;tica de libros.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>La portada y las ilustraciones interiores de esta entrega de TURIA corresponden al fot&oacute;grafo Rafael Navarro.</p>
<p>La revista cultural TURIA es una publicaci&oacute;n cuatrimestral, editada por el IET de la Diputaci&oacute;n de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>NOVEDADES SOBRE &ldquo;MADAME BOVARY&rdquo; </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El gran escritor franc&eacute;s Gustave Flaubert, cl&aacute;sico indiscutible de la literatura universal, es uno de los principales protagonistas del nuevo n&uacute;mero de TURIA. Y es que la revista publica de tres fragmentos in&eacute;ditos en espa&ntilde;ol de &ldquo;Madame Bovary&rdquo;, la obra m&aacute;s c&eacute;lebre de Flaubert. El responsable de este rescate cultural es el traductor Mauro Armi&ntilde;o, que no s&oacute;lo se ocupa de su versi&oacute;n en castellano sino que elabora una interesante nota introductoria sobre las caracter&iacute;sticas y contenidos de estos tres fragmentos suprimidos y ahora recuperados en la nueva edici&oacute;n francesa de la famosa novela de Flaubert.</p>
<p>Para Mauro Armi&ntilde;o, Premio Nacional de Traducci&oacute;n 2010 y que publicar&aacute; este a&ntilde;o en la editorial Siruela una nueva versi&oacute;n de &ldquo;Madame Bovary&rdquo;, &ldquo;sobre la pista de varios de estos fragmentos suprimidos me ha puesto la reciente edici&oacute;n de las Obras Completas de Flaubert, publicada en La Pl&eacute;iade en noviembre de 2013 bajo la direcci&oacute;n de una gran especialista flaubertiana como es Claudine Gothot-Mersch&rdquo;.</p>
<p>Ahora la revista TURIA da a conocer, por primera vez en espa&ntilde;ol, tres fragmentos de &ldquo;Madame Bovary&ldquo; suprimidos por Gustave Flaubert (1821-1880). Adem&aacute;s, y seg&uacute;n asegura Mauro Armi&ntilde;o, la recuperaci&oacute;n de estos textos suprimidos es un episodio tanto noticiable como del mayor inter&eacute;s literario. De ah&iacute; que ahora se publiquen traducidos tres de esos largos fragmentos eliminados, anotando el lugar en que cada uno de ellos estuvo insertado en los manuscritos de la novela. Armi&ntilde;o tambi&eacute;n ofrece al lector los t&iacute;tulos que la citada nueva edici&oacute;n de La Pl&eacute;iade les ha dado: &ldquo;Conversaci&oacute;n durante el baile&rdquo;; &ldquo;Una discusi&oacute;n sobre libros&rdquo; y &ldquo;El juguete de los ni&ntilde;os Homais&rdquo;.</p>
<p>As&iacute;, el primero de esos fragmentos, arrancado del cap&iacute;tulo dedicado al primer sarao social al que Emma Bovary acude, redunda en la descripci&oacute;n que Flaubert hab&iacute;a hecho del estrato social &ndash;nobles, militares, alta burgues&iacute;a- que centraba su sentido de la vida en el valor monetario de las cosas.</p>
<p>El segundo, &ldquo;Una discusi&oacute;n sobre libros&rdquo; se ocupa de la pasi&oacute;n de Emma Bovary por la lectura. Flaubert, gran lector de Cervantes, repite en su protagonista el origen de la locura del hidalgo cervantino: el cerebro de Emma, que pasaba las noches entre novelas y poes&iacute;as rom&aacute;nticas, hab&iacute;a quedado da&ntilde;ado por esa pasi&oacute;n. Seg&uacute;n destaca Mauro Armi&ntilde;o, &ldquo;en el fragmento, el presuntuoso representante del &laquo;progreso&raquo;, Homais, hombre de ciencia y boticario, arremete contra los males que provoca la lectura, no s&oacute;lo morales, sino f&iacute;sicos y fisiol&oacute;gicos; le secunda la madre de Charles Bovary, que en un p&aacute;rrafo condensa la idea tradicional de la mujer, tacha a Emma de intelectual y exige a su hijo que la vigile, d&aacute;ndole por &uacute;nico horizonte vital el de gobernar su casa, cumplir con sus deberes y sufrir, misiones seg&uacute;n ella de la condici&oacute;n femenina.&rdquo;</p>
<p>El tercer fragmento suprimido, &ldquo;El juguete de los ni&ntilde;os Homais&rdquo;, distrae el cap&iacute;tulo XIV (2&ordf; parte) de su n&uacute;lceo central: la depresi&oacute;n que sufre Emma tras el desastre de su primera aventura amorosa. Durante ese periodo, Emma interact&uacute;a con sus vecinos y fruto de esa coyuntura es el p&aacute;rrafo suprimido, puramente anecd&oacute;tico y que quiz&aacute; es el que m&aacute;s razones ofrec&iacute;a para ser eliminado.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p><strong>ALICE MUNRO Y MARIO LEVRERO</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Abre el sumario de TURIA un art&iacute;culo sobre Alice Munro, Premio Nobel de Literatura 2013, a cargo de Santiago Rodr&iacute;guez Guerrero-Strachan. En &eacute;l se indaga sobre la naturaleza y caracter&iacute;sticas de la obra literaria de la escritora canadiense. Una obra de calidad que la consagra como &ldquo;una escritora universal que ha sabido aprender de los mejores escritores de cualquier parte del mundo y ha sabido escribir un buen n&uacute;mero de historias que dicen algo importante a personas en diferentes latitudes, algo que no habr&iacute;a logrado de haberse dedicado al triste arte de escribir seg&uacute;n los c&aacute;nones del costumbrismo nacionalista&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">En &ldquo;Los zapatos de Mario Levrero&rdquo;, Pablo Silva Olaz&aacute;bal realiza un sugerente itinerario por la literatura de uno de los m&aacute;s valiosos escritores latinoamericanos de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Adem&aacute;s, &ldquo;el caso de Mario Levrero es singular &ndash;y comparable, aunque en menor escala, al de Bola&ntilde;o- porque luego de su muerte, en agosto de 2004, su obra no par&oacute; de difundirse, ganado lectores y reconocimiento universal&rdquo;. Sobre los motivos de este positivo redescubrimiento de la obra de Levrero se nos dir&aacute; que radica en la &ldquo;rebeld&iacute;a de ir contra el sentido com&uacute;n, de ser fiel a su propio proyecto literario, o mejor dicho a su propia verdad personal&rdquo;. Claves que explicar&iacute;an el poder&iacute;o de su literatura, su sorprendente originalidad y que ser&iacute;an la raz&oacute;n de ser de que sus libros no dejen de ganar lectores.</p>
<p class="Textoindependiente21">Cierra el apartado de &ldquo;Letras&rdquo; de TURIA, un excelente art&iacute;culo de Beatriz Comella titulado &ldquo;Poemas/Im&aacute;genes: huellas de poes&iacute;a en el cine documental espa&ntilde;ol&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">En la secci&oacute;n dedicada a la narrativa, TURIA publica textos in&eacute;ditos de Patrick Modiano, Clara Us&oacute;n, Fernando Aramburu, Sergio Chejfec, Eduardo Halfon y Antonio Castellote.</p>
<p class="Textoindependiente21">La poes&iacute;a est&aacute; representada por una antolog&iacute;a de Anne Carson, traducida y analizada por Jeannette L. Clariond. Y por poemas de un amplio repertorio de autores de diversas procedencias est&eacute;ticas y generacionales como: Pureza Canelo, Eloy S&aacute;nchez Rosillo, Rafael Courtoisie, Carlos Skliar, Antonio Lucas, Concha Garc&iacute;a, Basilio S&aacute;nchez, Manuel Vilas, &Aacute;ngel Petisme, Alfredo Salda&ntilde;a, Jes&uacute;s Jim&eacute;nez Dom&iacute;nguez, Antonio Moreno, Enrique Cabez&oacute;n, Almudena Guzm&aacute;n, Fernando Abascal, Enrique Villagrasa, Erika Mart&iacute;nez, Ana Mu&ntilde;oz y Bel&eacute;n N&uacute;&ntilde;ez.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p><strong>LA ESCRITURA DE Z&Uacute;&Ntilde;IGA, ENTRE LA LUZ Y LAS TINIEBLAS </strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Fernando Valls, en el art&iacute;culo que abre el monogr&aacute;fico de TURIA, destaca que Z&uacute;&ntilde;iga es &ldquo;un profundo conocedor de la narrativa espa&ntilde;ola, rusa y portuguesa&rdquo;. Y, lo que es m&aacute;s importante, &ldquo;nuestro autor no s&oacute;lo educ&oacute; la sensibilidad en su literatura, sino que aprendi&oacute; de ella una concepci&oacute;n &eacute;tica de la existencia y la capacidad de iluminarnos diversos aspectos de la vida cotidiana acostumbrados a permanecer en la sombra&rdquo;. Por todo ello, afirma Valls, &ldquo;cuesta trabajo entender por qu&eacute; no se le ha prestado m&aacute;s atenci&oacute;n a su obra&rdquo;. Ahora TURIA, con su exhaustiva y rigurosa aproximaci&oacute;n al universo literario de&nbsp; Z&uacute;&ntilde;iga, contribuye a paliar este inexplicable descuido.</p>
<p>A la hora de valorar la narrativa de Z&uacute;&ntilde;iga, Santos Sanz Villanueva que el autor de <em>Largo noviembre de Madrid</em>, siempre &ldquo;ha escrito a su aire. De ah&iacute; los calificativos que se le aplican, extra&ntilde;o, misterioso, raro, exc&eacute;ntrico, solitario. De ello se deriva, adem&aacute;s, una seria dificultad para inscribir su obra en nuestra historia literaria&rdquo;. En cualquier caso, concluye Sanz Villanueva, &ldquo;la narrativa de Z&uacute;&ntilde;iga supone una aventura literaria personal cuyo anhelo es descubrir las soterradas voces del coraz&oacute;n y hacerlas arte&rdquo;.</p>
<p>Cree J.E. Z&uacute;&ntilde;iga en &ldquo;la literatura de ficci&oacute;n cargada de responsabilidad&rdquo;, porque &ldquo;la Historia sirve para enriquecer el tejido de la invenci&oacute;n literaria&rdquo;. De ah&iacute; que en su obra, y en particular en su trilog&iacute;a sobre la guerra civil espa&ntilde;ola, busque y consiga &ldquo;recoger la quiebra moral y &eacute;tica de la sociedad y de la ciudadan&iacute;a&rdquo;. Y es que, para Z&uacute;&ntilde;iga, la guerra civil espa&ntilde;ola ha sido el acontecimiento m&aacute;s importante del siglo XX y de ah&iacute; su presencia en la mayor&iacute;a de sus libros de ficci&oacute;n. Sobre todo ello&nbsp; nos habla Israel Prados en su art&iacute;culo de TURIA: &ldquo;La guerra civil de Juan Eduardo Z&uacute;&ntilde;iga: vida latente de ciudad sitiada&rdquo;. Seg&uacute;n Prados, Z&uacute;&ntilde;iga se aleja de la mayor&iacute;a de la producci&oacute;n guerracivilista porque en su narrativa &ldquo;la experiencia de la guerra se ha integrado con admirable naturalidad en un discurso madurado por influencias tem&aacute;ticas y estil&iacute;sticas diversas, desde P&iacute;o Baroja o Mariano J. de Larra hasta (especialmente) los grandes de la cultura eslava&rdquo;.</p>
<p>Del ciclo eslavo en la literatura de Z&uacute;&ntilde;iga se ocupa en TURIA Luis Beltr&aacute;n Almer&iacute;a. All&iacute; se nos dir&aacute; que &ldquo;Z&uacute;&ntilde;iga es moderno y un gran lector, pero toda su obra est&aacute; impregnada del influjo de Iv&aacute;n Turgu&eacute;niev&rdquo;. Quiz&aacute; Z&uacute;&ntilde;iga &ldquo;vio en el autor ruso el mismo drama que pudo apreciar &eacute;l en la Espa&ntilde;a del siglo XX: el drama de la destrucci&oacute;n de la tierra natal&rdquo;.</p>
<p>Un t&iacute;tulo fundamental en la producci&oacute;n de Z&uacute;&ntilde;iga es el volumen de cuentos &ldquo;Misterios de las noches y los d&iacute;as&rdquo;. Sobre &eacute;l escribe Irene Andres-Su&aacute;rez en TURIA que &ldquo;adem&aacute;s de crear todo un universo simb&oacute;lico que suministra al lector las claves para aprehender y desentra&ntilde;ar su &nbsp;universo &nbsp;literario, &nbsp;Z&uacute;&ntilde;iga se sirve del g&eacute;nero fant&aacute;stico para desestructurar nuestra visi&oacute;n ordinaria &nbsp;de &nbsp;la &nbsp;realidad &nbsp;y &nbsp;hacernos &nbsp;reflexionar &nbsp;sobre &nbsp;los &nbsp;l&iacute;mites &nbsp;de &nbsp;los &nbsp;par&aacute;metros cognoscitivos que solemos utilizar para aprehender la realidad y reconocernos a nosotros mismos&rdquo;.</p>
<p>Varios grandes autores espa&ntilde;oles muestran en TURIA su sincera admiraci&oacute;n hacia la obra de Z&uacute;&ntilde;iga. As&iacute;, a Luis Mateo D&iacute;ez le gusta recordar una obra de Z&uacute;&ntilde;iga, &ldquo;In&uacute;tiles totales&rdquo;, fechada&nbsp; en&nbsp; 1951&nbsp; y&nbsp; se&ntilde;alada&nbsp; como&nbsp; un&nbsp; lejano&nbsp; precedente&nbsp; de&nbsp; un&nbsp; autor&nbsp; que considera &ldquo;un aut&eacute;ntico maestro&rdquo; y para el que &ldquo;nos gustar&iacute;a un destino de conocimiento y reconocimiento mucho mayor&rdquo;.</p>
<p>Antonio Mu&ntilde;oz Molina, que ha paseado al lado de Juan Eduardo Z&uacute;&ntilde;iga por las calles y por la historia de Madrid, opina que &ldquo;su escritura sobre la guerra y la posguerra me parece ejemplar: imaginativa y llena de consistencia hist&oacute;rica; cercana a la causa de los vencidos pero limpia de odio. Me ha influido su retrato de esa normalidad cotidiana, extra&ntilde;a, que hay en las guerras&rdquo;.</p>
<p>Manuel Longares asegura en TURIA que &ldquo;no por exaltaci&oacute;n amistosa, sino por convicci&oacute;n art&iacute;stica, creo que cuatro o cinco de los mejores cuentos escritos en espa&ntilde;ol en el siglo XX son de Juan Eduardo Z&uacute;&ntilde;iga&rdquo;. Y Rafael Chirbes, en un art&iacute;culo que titula &ldquo;&Eacute;pica de la cotidianidad&rdquo;, anota su asombro y admiraci&oacute;n a prop&oacute;sito de la trilog&iacute;a de la guerra civil escrita por Z&uacute;&ntilde;iga: &ldquo;Ni una sola nota suena en falso, nada roza lo cursi, nada es calderilla sentimental: los textos entregan la ferocidad de lo que ha sido destilado en el alambique perverso de la guerra, ese estado de excepci&oacute;n que convierte la vida en algo a&uacute;n m&aacute;s fr&aacute;gil, el instante en que el ser humano camina por el delgado borde de s&iacute; mismo. He vuelto a leer los tres libros para escribir este art&iacute;culo: se mantienen inc&oacute;lumes, vestidos con esa hermosura inigualable que otorga la verdad&rdquo;.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p class="Textoindependiente31"><strong>ENTREVISTAS A EMILIO LLED&Oacute;&nbsp; Y RAFAEL CHIRBES</strong></p>
<p class="Textoindependiente31"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>La revista TURIA ofrece en su n&uacute;mero de marzo dos extraordinarias entrevistas a fondo y en exclusiva con el fil&oacute;sofo y acad&eacute;mico Emilio Lled&oacute; y con el escritor Rafael Chirbes. Ambos&nbsp; son dos protagonistas indiscutibles de nuestra cultura contempor&aacute;nea, dos autores cuya nutrida obra ensay&iacute;stica y creativa sigue interesando y haciendo reflexionar a diversas generaciones de lectores. De ah&iacute; que sus declaraciones constituyan todo un revelador autorretrato y, sobre todo, ofrezcan una interpretaci&oacute;n l&uacute;cida y oportuna acerca del mundo que nos rodea. Una perspectiva que merece la pena ser muy tenida en cuenta en estos tiempos faltos de certezas y abundantes en inquietudes.</p>
<p class="Textoindependiente21">La entrevista a Emilio Lled&oacute;, elaborada por Emma Rodr&iacute;guez en un tono de sincera complicidad, permite al lector descubrir con detalle su trayectoria intelectual y conocer sus valiosas opiniones sobre un amplio repertorio de temas de actualidad. Y es que, seg&uacute;n Lled&oacute;, &ldquo;hoy, pese a todo el progreso alcanzado, vivimos en la desesperanza&rdquo;. Y tambi&eacute;n cree que &ldquo;vamos r&aacute;pidamente hacia una oligarqu&iacute;a democr&aacute;tica&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Mientras, la jugosa conversaci&oacute;n con Rafael Chirbes que mantiene Julio Jos&eacute; Ordov&aacute;s est&aacute; salpimentada de afirmaciones como &ldquo;escribes como eres&rdquo; o &ldquo;los pobres no tienen historia en las historias contadas por los ricos&ldquo;. Preguntado por sus gustos literarios, Chirbes reconoce:&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">&ldquo;soy poco borgiano y de Cort&aacute;zar prefiero sus cuentos. <em>Rayuela</em>, con eso que tiene de Par&iacute;s para progres, no me ha convencido nunca&rdquo;.</p>
<p>TURIA es, con 30 a&ntilde;os de trayectoria y periodicidad cuatrimestral, una de las publicaciones culturales espa&ntilde;olas m&aacute;s veteranas y reconocidas, por cuya labor obtuvo el Premio Nacional&nbsp; al Fomento de la Lectura. Desde el pasado a&ntilde;o, adem&aacute;s de su edici&oacute;n en papel cuenta con una versi&oacute;n digital (<a href="../../../../revista_turia/" target="_blank">http://www.ieturolenses.org/revista_turia/</a>) y una p&aacute;gina en Facebook (<a href="https://www.facebook.com/pages/Revista-Turia/373833962736088" target="_blank">https://www.facebook.com/pages/Revista-Turia/373833962736088</a> ).</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 21 Mar 2014 08:00:10 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Emilio Lledó:  "La raíz del mal está en la ignorancia, el egoísmo y la codicia"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/emilio-lledo-la-raiz-del-mal-esta-en-la-ignorancia-el-egoismo-y-la-codicia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/EMILIO_LLED_.jpg" alt="" /></p>
<p>Tiene 86 a&ntilde;os y una mirada te&ntilde;ida de azul que parece sobrevolar por encima de todo aquello en lo que se detiene. Si algo me emociona de Emilio Lled&oacute; es su capacidad para seguir haci&eacute;ndose preguntas y para seguir manifestando sorpresa ante las cosas del mundo. Las palabras, las expresiones, son para &eacute;l una inc&oacute;gnita permanente. Le gusta profundizar en los sentidos de las palabras, extraer esos sentidos del fondo de la tierra y sacarlos a la luz como frutos nuevos, porque de tanto usarlas las palabras se adormecen, pierden su brillo original, no vibran. Y hay que tocar sus cuerdas, sus sonidos, para hacerlas renacer. Emilio Lled&oacute; lo hace constantemente. Le gusta jugar con el lenguaje, inventar t&eacute;rminos que le conduzcan a los senderos cristalinos de la comprensi&oacute;n, esos que no est&aacute;n pisoteados, que parecen esperar a que nuestras huellas se fijen en ellos por primera vez, cuando se abre la ma&ntilde;ana y a&uacute;n no hay sombras ni peligros al acecho. &iquest;Qu&eacute; quiere decir esto? Es el interrogante que abre una y otra vez el fil&oacute;sofo. A partir de ah&iacute; empieza a caminar, par&aacute;ndose a contemplar los latidos de todo lo que es nombrado, la fisonom&iacute;a de los &aacute;rboles, las hojas que caen y que le resultan tan evocadoras, la gente que camina a su paso, las letras que llenan los espacios, los huecos de la existencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No deja de asombrarse Emilio Lled&oacute; ante la contemplaci&oacute;n de las manos: las manos que tocan, que perciben, que se mueven, que nos conectan con el exterior y con los otros, al &nbsp;tiempo que rozan suavemente las diversas texturas de las emociones. Este di&aacute;logo que aqu&iacute; se despliega tuvo lugar en dos tiempos diferentes, en la primavera y el invierno de 2013, y en ambas ocasiones el autor de obras como <em>El silencio de la escritura</em>, <em>La memoria del logos</em> o <em>La filosof&iacute;a hoy</em>, comparti&oacute; el estimulante, enriquecedor, juego de inventar sus propias palabras. En ambas ocasiones se maravill&oacute; ante sus propias manos y las desplaz&oacute; por la mesa tocando los lomos de los libros, la madera, con la conciencia de quien recibe un don que no ha de ser olvidado. En ambas ocasiones dej&eacute; su casa reconfortada por el encuentro con alguien que me hace creer en la buena vida, la vida vivida con entusiasmo, con intensidad, con pasi&oacute;n. Hay pasi&oacute;n en los ojos, en la manera de hablar, en los pasos &aacute;giles, de este hombre l&uacute;cido cuyo secreto es la curiosidad, las ganas de seguir aprendiendo, el orgullo ante el trayecto recorrido y la actitud cr&iacute;tica: ese nunca darse por vencido, ese seguir defendiendo con ah&iacute;nco las convicciones, esa rebeld&iacute;a necesaria para decir no que nunca debe dormirse, aunque nos repitan una y otra vez que el &ldquo;no&rdquo; pertenece al territorio de los ni&ntilde;os.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Los libros y la libertad</em> (RBA), un abarcador compendio de art&iacute;culos que funciona como un espejo m&uacute;ltiple donde se reflejan muchas de sus ideas y preocupaciones, es el &uacute;ltimo libro publicado de Lled&oacute;, pero es posible que muy pronto sus lectores podamos disfrutar de un nuevo ensayo en el que lleva trabajando largo tiempo sobre la amistad y el amor. De ello y de mucho m&aacute;s hablamos con calma durante dos ma&ntilde;anas: las horas transcurriendo raudas, la luz filtr&aacute;ndose por la ventana de un sal&oacute;n lleno de libros, esos libros amigos, compa&ntilde;eros, que en ocasiones, seg&uacute;n dice, le hacen llegar la queja de no haber sido abiertos en mucho tiempo. Esa luz iba cambiando de posici&oacute;n y de forma, prodigiosa en su fugacidad, al hilo de las palabras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Son muchas las ideas, las reflexiones contenidas en <em>Los libros y la libertad</em> que me han resultado luminosas, pero hay una parte especialmente reveladora, la parte en la que hablas de las primeras lecturas, de aquel profesor, don Francisco, que te ense&ntilde;&oacute; a &ldquo;viajar a las realidades paralelas de las ficciones&rdquo;. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; el ni&ntilde;o Lled&oacute;? &iquest;Qu&eacute; im&aacute;genes de la infancia, de la memoria, guardas en tu particular cofre de los tesoros?</p>
<p>- &iexcl;Qu&eacute; bonito es eso de particular cofre de los tesoros! Por supuesto que lo que uno ha vivido es el peque&ntilde;o tesoro de la memoria. Lo he escrito ya muchas veces, podr&iacute;a decir que hasta la saciedad, pero sigo sin cansarme de decirlo. Somos memoria. Si empez&aacute;ramos las ma&ntilde;anas en blanco ser&iacute;a terrible, ser&iacute;a la muerte del individuo, la muerte de la sociedad. A m&iacute; siempre me ha atra&iacute;do mucho la Historia, la memoria hist&oacute;rica. Me interesa saber c&oacute;mo fue mi pa&iacute;s, qu&eacute; ha pasado en mi pa&iacute;s, incluso me interesa saber a qu&eacute; pa&iacute;s pertenezco y a qu&eacute; pa&iacute;s aspiro. Pero me has preguntado sobre mi infancia y debo decir que, aunque mi infancia transcurri&oacute; durante la Guerra Civil, yo fui un ni&ntilde;o feliz. Un ni&ntilde;o feliz a pesar de los bombardeos, a pesar de que por la noche dorm&iacute;amos en la cueva de la casa, en el s&oacute;tano, junto con otras familias que tambi&eacute;n colocaban all&iacute; sus colchones. Yo tendr&iacute;a entonces 9, 10, 11, a&ntilde;os, y, pesar de la angustia y del hambre -hambre relativa entonces, porque la verdadera la pas&eacute; ya en Madrid, despu&eacute;s de la guerra- fui un ni&ntilde;o feliz porque tuve un maestro, un maestro que me abri&oacute; un horizonte amplio, nuevo .</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Da la impresi&oacute;n de que ese maestro est&aacute; en el germen de lo que Emilio Lled&oacute; ha llegado a ser.</p>
<p>- S&iacute;. Don Francisco fue fundamental para un muchacho que quer&iacute;a escapar de aquel horror. Ni yo ni los ni&ntilde;os de mi edad ten&iacute;amos conciencia del alcance de lo que estaba sucediendo, no logr&aacute;bamos entender del todo el porqu&eacute; de la Guerra Civil. Lo &uacute;nico que yo percib&iacute;a era la sensaci&oacute;n permanente de que la vida era peligrosa. Siempre hab&iacute;a angustia, peligro a mi alrededor. Recuerdo que mi padre, que era militar y estaba destinado al Regimiento de Artiller&iacute;a Ligera de Vic&aacute;lvaro, donde viv&iacute;amos, me trajo una vez a Madrid y ese d&iacute;a yo vi muertos en la Gran V&iacute;a. Sonaron las sirenas y me refugi&eacute; en un portal, pero al salir me di cuenta del espanto, de toda aquella gente que no tuvo tiempo de protegerse... Sin embargo, repito, ese maestro consigui&oacute; hacerme feliz. A&uacute;n tengo su imagen clar&iacute;sima: era un muchacho alto, no creo que tuviese m&aacute;s de 30 a&ntilde;os, uno de esos maestros de la Rep&uacute;blica, de las Misiones Pedag&oacute;gicas. Nos hac&iacute;a leer varias veces por semana unas p&aacute;ginas de distintos libros. Hubo muchas lecturas, pero yo recuerdo el <em>Quijote</em> porque ah&iacute; naci&oacute; mi amor por una novela que he le&iacute;do m&aacute;s de 12 veces. Ese maestro nos hablaba a ni&ntilde;os de 10 a&ntilde;os de sugerencias de lectura y esa frase no la he olvidado nunca. Era una frase que abr&iacute;a nuestras mentes. &iquest;Qu&eacute; nos pod&iacute;a inspirar <em>Don Quijote</em>, a nuestra edad, en el caos aquel de la guerra? Pues all&iacute;, con nuestros lapiceros, nos pon&iacute;amos a escribir sobre las sugerencias que nos despertaba don Miguel de Cervantes.</p>
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<p><strong>&ldquo;El ser humano es lo que la educaci&oacute;n hace de &eacute;l&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Ese disfrute del aprendizaje, de la lectura, prosigui&oacute; en tu formaci&oacute;n?</p>
<p>- No. Eso tan excepcional, esa sensaci&oacute;n de felicidad, jam&aacute;s se repiti&oacute; en la universidad, ni siquiera en el bachillerato. All&iacute; lo que hac&iacute;a era aprender asignaturas, textos. Hab&iacute;a profesores buenos, claro, y ser&iacute;a injusto si no dijese que en la universidad que yo padec&iacute; sobrenadaban algunas figuras, sobre todo los fil&oacute;logos cl&aacute;sicos, que han sido la gran revoluci&oacute;n de la cultura espa&ntilde;ola de la posguerra. Ah&iacute; est&aacute; la inmensa aportaci&oacute;n de la Biblioteca Cl&aacute;sicos de Gredos, donde hay autores que no hab&iacute;an sido traducidos nunca. Yo me temo que dentro de 50 a&ntilde;os, si siguen los planes de estudio as&iacute;, no habr&aacute; nadie que sepa traducir griego o lat&iacute;n. Me apena esto y me apena pensar en la tradici&oacute;n triste, inquisitorial, que hemos padecido durante cuatro siglos, la repulsa a la libertad de conciencia. Al respecto hay una frase muy significativa en <em>Don Quijote</em>, la frase que el ex vecino Ricote, que fue expulsado porque era morisco, le dice a Sancho, con quien se encuentra cuando &eacute;ste regresa de la &Iacute;nsula Barataria. Le dice algo as&iacute; como que se hab&iacute;a ido a Alemania porque all&iacute; la gente viv&iacute;a como quer&iacute;a y porque en todas partes reinaba la libertad de conciencia. Siempre me sorprendi&oacute; esa frase y m&aacute;s de una vez me he planteado de d&oacute;nde sac&oacute; Cervantes esa idea t&iacute;picamente luterana. Esa libertad de conciencia nos ha faltado en este pa&iacute;s y don Francisco, mi maestro, en el fondo era un hombre que nos liberaba la conciencia, que nos hac&iacute;a personas y nos daba libertad. Esa es la grandeza de la ense&ntilde;anza. El ser humano es lo que la educaci&oacute;n hace de &eacute;l. Si a ti de peque&ntilde;o te meten &uacute;nicamente frases hechas en la cabeza; si te introducen lo que yo llamo grumos pringosos, ya no vas a poder pensar, ya no vas a poder ser libre, ni tener un esp&iacute;ritu creador, ni siquiera racional, dejando claro que en la ense&ntilde;anza no s&oacute;lo hay que cultivar la racionalidad. Otra de las cosas importantes que nos aport&oacute; ese maestro fue la educaci&oacute;n de la sensibilidad. Nos animaba a pensar las palabras, a no asumirlas sin entenderlas. Sab&iacute;a que s&oacute;lo as&iacute; pod&iacute;amos salvarnos de la manipulaci&oacute;n, de la agresividad a que conduce la falta de comprensi&oacute;n.</p>
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<p>- &nbsp;&iquest;A don Francisco le seguiste la pista?</p>
<p>- Desgraciadamente no supe nada de &eacute;l, ni siquiera recuerdo su apellido. Para nosotros era simplemente don Francisco. Lo &uacute;nico que s&eacute; es que viv&iacute;a en Madrid y que iba a Vic&aacute;lvaro en los autobuses de la empresa Fausto Dones. Vic&aacute;lvaro era entonces un pueblo, estaba al otro lado del cementerio del Este y hab&iacute;a que tomar esos autobuses de l&iacute;nea, los mismos que yo empec&eacute; a coger a&ntilde;os despu&eacute;s para venirme a estudiar a Madrid, a un colegio que depend&iacute;a del Instituto Cervantes y que estaba en la parada entre Manuel Becerra y Ventas.Tal vez por eso mis padres se vinieron a vivir a principios de los 40 a la calle Boc&aacute;ngel, que est&aacute; por ah&iacute;. Me encantaba esa palabra, me llamaba la atenci&oacute;n, me suger&iacute;a im&aacute;genes: la boca del &aacute;ngel, &iexcl;qu&eacute; bonito! Yo entonces no sab&iacute;a que hac&iacute;a referencia al poeta Gabriel Boc&aacute;ngel. M&aacute;s tarde, en un libro m&iacute;o, <em>El surco del tiempo</em> puse el final de uno de &nbsp;sus sonetos.</p>
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<p>- Tu padre fue republicano, soldado de la Rep&uacute;blica. &iquest;Qu&eacute; te ense&ntilde;&oacute;? &iquest;Qu&eacute; recuerdas de los a&ntilde;os que viviste a su lado?</p>
<p>- S&iacute;. Fue capit&aacute;n de la Rep&uacute;blica y una persona culta, pese a tener una educaci&oacute;n b&aacute;sica. Le gustaba mucho la pintura, de ah&iacute; mi afici&oacute;n a dibujar. Despu&eacute;s de la guerra se puso a trabajar de contable en una empresa y muri&oacute; muy joven. De ese tiempo recuerdo la miseria y el hambre. Para m&iacute; la palabra hambre no es una met&aacute;fora. Desde los a&ntilde;os 40 hasta casi el a&ntilde;o que muere mi padre, en el 50, en mi familia lo pasamos muy mal. Fue una &eacute;poca muy dura. No hab&iacute;a qu&eacute; comer en el Madrid de esos a&ntilde;os. La gente modesta, humilde, como &eacute;ramos nosotros, lo ten&iacute;a muy dif&iacute;cil, y por eso yo me march&eacute; en cuanto pude. Hice el Servicio Militar, acab&eacute; la carrera y me fui a Alemania sin saber alem&aacute;n. Apenas pod&iacute;a traducirlo un poquito, pero quer&iacute;a huir de este pa&iacute;s por encima de todo. Mi padre ya hab&iacute;a muerto y mi madre se fue a Andaluc&iacute;a con su familia, una familia que sin ser de terratenientes ten&iacute;a cierto nivel. Le debemos todo a un t&iacute;o campesino, labrador, que la acogi&oacute; en el pueblo sevillano de Espartinas. A mis dos hermanos peque&ntilde;os los metieron en un internado y yo primero me qued&eacute; en Madrid, dando clases particulares hasta que consegu&iacute; una beca del Colegio Mayor Guadalupe. En cuanto acab&eacute; la carrera sal&iacute; pitando, tan pitando que estuve diez a&ntilde;os fuera.</p>
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<p><strong>&ldquo;Alemania fue para m&iacute; un sue&ntilde;o de libertad&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo fue el cambio, el impacto de llegar a un pa&iacute;s, a una cultura totalmente diferente?</p>
<p>- &nbsp;Yo me fui con una carrera acabada, como un emigrante privilegiado, no con una beca, como dicen algunas biograf&iacute;as por ah&iacute;, sino gracias a lo que hab&iacute;a ahorrado dando clases particulares. Quer&iacute;a seguir estudiando all&iacute; y repito que pr&aacute;cticamente no sab&iacute;a alem&aacute;n. Al principio me entend&iacute;a en franc&eacute;s con mis profesores, entre los que estaban Karl L&ouml;with, Otto Regenbogen, Hans-Georg Gadamer. Ellos me consiguieron una beca &nbsp;y m&aacute;s tarde, cuando se estableci&oacute; la Fundaci&oacute;n Humboldt, yo fui uno de sus primeros becarios. Volv&iacute; en el 55 a Espa&ntilde;a a casarme con Montse, mi novia de toda la vida, que desde peque&ntilde;ita hablaba alem&aacute;n por el empe&ntilde;o de mi suegro, que era m&eacute;dico, en que sus hijas aprendiesen otros idiomas, y regresamos a Alemania en plan de estudiantes. Fueron seis a&ntilde;os maravillosos los que pasamos all&iacute;, una explosi&oacute;n de vida, de libertad, de so&ntilde;ar, de descubrir en Heidelberg la universidad que yo intu&iacute;a desde que don Francisco me abri&oacute; la puerta de las sugerencias. &iexcl;Qu&eacute; diferencia! Aqu&iacute; yo me mor&iacute;a de aburrimiento, de tristeza. Con todo el respeto para alg&uacute;n profesor bueno que hab&iacute;a, el sistema era horrible: asignaturas, ex&aacute;menes, apuntes, los dichosos apuntes. El otro d&iacute;a vi en un peri&oacute;dico un anuncio de una universidad privada que promet&iacute;a que sus estudiantes encontrar&iacute;an trabajo en la empresa privada. Me acord&eacute; de un texto de Walter Benjamin en el que dice que obsesionar a los muchachos durante la carrera con colocarse es la muerte de la vida intelectual. &iexcl;Por favor! Dejen a los j&oacute;venes que trabajen con ilusi&oacute;n en lo que les guste; que sue&ntilde;en esos cinco o seis a&ntilde;os. No les corroan el &aacute;nimo a muchachos de 18 a&ntilde;os con el cebo est&uacute;pido de una colocaci&oacute;n en una empresa. Cuando yo me fui a Alemania para m&iacute; fue un sue&ntilde;o de libertad encontrarme con una universidad donde no hab&iacute;a asignaturas, donde no hab&iacute;a ex&aacute;menes &ldquo;cuadriculantes&rdquo;, ni libros de texto que te tuvieras que aprender. Los profesores impart&iacute;an cursos interesant&iacute;simos, recomendaban lecturas, y los alumnos trabaj&aacute;bamos a partir de ah&iacute;, prepar&aacute;bamos los ex&aacute;menes de una forma personalizada.</p>
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<p>- &iquest;La Alemania de Merkel no te ha decepcionado?</p>
<p>- Yo soy muy cr&iacute;tico con ciertos aspectos de la Alemania actual, con su manera de hacer pol&iacute;tica y de actuar sobre el resto de Europa. Ah&iacute; no &nbsp;puedo defenderlos, pero s&iacute; es verdad, como me dicen mis hijos, que mitifico un poco la Alemania de la cultura, la Alemania de la universidad, de la ense&ntilde;anza p&uacute;blica. All&iacute; no hay colegios privados que puedan competir con los institutos de ense&ntilde;anza media, institutos donde se cultiva la sensibilidad. Volv&iacute; a percibir todo eso desde muy cerca ya de mayor, en el 88, cuando viv&iacute; en Berl&iacute;n invitado por el Instituto de Estudios Avanzados. Qu&eacute; distinto todo a la &ldquo;cuadritulez&rdquo;, una de las enfermedades de la cultura, de la educaci&oacute;n espa&ntilde;ola.</p>
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<p><strong>&ldquo;Leer es libertad, nos permite abrirnos a un universo nuevo&rdquo;</strong></p>
<p>- &nbsp;Nada indica que se vaya a cambiar el rumbo, todo lo contrario. El sistema educativo espa&ntilde;ol va cada vez m&aacute;s encaminado en esa direcci&oacute;n.</p>
<p>- S&iacute;. No hay forma de salir de la monstruosa educaci&oacute;n deformadora de los ex&aacute;menes permanentes. Siempre, desde que fui profesor, he combatido el asignaturismo, el &ldquo;examine&iacute;smo&rdquo;. Los ex&aacute;menes tienen que convertirse en algo marginal, en un control. Est&aacute; claro que el estudiante de medicina tiene que ser examinado para saber si realmente est&aacute; preparado. Lo suyo es algo muy serio, est&aacute;n en juego las vidas de las personas. Podemos pensar que en Filosof&iacute;a y Letras no es tan necesario, que no se te va a morir nadie, aunque a lo mejor s&iacute;, se te mueren de la cabeza (risas). Pero volviendo a lo central, esta idea del control permanente es una cosa inquisitorial, absolutamente inquisitorial, y por supuesto castrante, aniquilante, porque el conocimiento, el &ldquo;bienser&rdquo;, se educa desde la libertad y la libertad se educa desde el di&aacute;logo, desde la apertura del di&aacute;logo con los otros y sobre todo con los libros. La lectura es el ejemplo m&aacute;s cl&aacute;sico de la libertad de inteligencia, de pensamiento. Leer es libertad, nos permite salir de nosotros mismos, de nuestro entorno peque&ntilde;ito, y abrirnos a un universo nuevo.</p>
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<p>- La guerra, la dictadura, impuls&oacute; a &nbsp;Emilio Lled&oacute; a huir a Alemania, ahora, tantos a&ntilde;os despu&eacute;s, muchos j&oacute;venes se ven obligados a marchar al mismo lugar, pero no por una guerra sino porque aqu&iacute; no hay trabajo ni futuro alguno.</p>
<p>- Que los j&oacute;venes se marchen hoy me parece algo lamentable, insostenible, un fracaso de la organizaci&oacute;n de la sociedad. No se ha sabido crear industrias, &aacute;mbitos de trabajo. Por un lado nos dicen que no hay dinero para eso, y por el otro se jactan, cuando les conviene, de que somos una potencia industrial. &iquest;Qu&eacute; ha pasado aqu&iacute;? Lo &uacute;nico que se ha promovido ha sido el &ldquo;boom&rdquo; inmobiliario. A m&iacute; me duele much&iacute;simo que los j&oacute;venes se vayan. En mis tiempos ten&iacute;amos esperanza. A pesar de la miseria de la dictadura ten&iacute;amos la esperanza de que este pa&iacute;s dar&iacute;a un salto alguna vez hacia algo mejor, pero actualmente se ha instalado la desesperanza. Yo volv&iacute; en el a&ntilde;o 62 de catedr&aacute;tico de instituto a Valladolid. Mi mujer y yo hab&iacute;amos hecho oposiciones y logramos juntar las dos plazas en la misma ciudad. Ella era catedr&aacute;tica de alem&aacute;n y yo de filosof&iacute;a. Trabaj&eacute; duro, hice seis oposiciones, de las cuales gan&eacute; cuatro y perd&iacute; dos. No ped&iacute; nada a nadie. Si hay algo que no entiendo es esa obsesi&oacute;n de la gente ahora por subir, por obtener tal o cual nombramiento. Yo estar&iacute;a muy triste si tuviera que pelear por un puesto, si tuviera que hacer movimientos extra&ntilde;os para conseguirlo.</p>
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<p>- &iquest;Te has arrepentido alguna vez de haber vuelto?</p>
<p>- No. Nunca me he arrepentido, en absoluto. Yo quer&iacute;a trabajar en mi pa&iacute;s, contribuir a su mejora. Tal vez era una idea rom&aacute;ntica, pero decidimos volver por eso. Lo que pasa hoy es diferente. Los &nbsp;j&oacute;venes que se van han vivido ya en el mundo de la esperanza, en el mundo de la democracia, y es descorazonador que se tengan que ir por obligaci&oacute;n, sin haberlo elegido. Digo todo esto con tristeza y me da pena que ahora se est&eacute; dando marcha atr&aacute;s, porque, pese a todo, el pa&iacute;s hab&iacute;a progresado mucho desde la Transici&oacute;n. Mis padres eran de un pueblecito cerca de Sevilla, de Salteras. Era all&iacute; donde me mandaban todos los veranos para salvarme del hambre de Madrid, a casa de mi madrina Fernanda, que no tuvo hijos. Ese pueblo, donde en aquella &eacute;poca s&oacute;lo estudiaban cinco o seis chicos, tiene hoy dos colegios p&uacute;blicos, un instituto de ense&ntilde;anza media y una biblioteca p&uacute;blica municipal. [He aqu&iacute; un inciso. Esa biblioteca lleva el nombre de Emilio Lled&oacute;. Con la discreci&oacute;n que le caracteriza me dice que no hace falta dar el dato, pero en este caso no le hago caso y a&ntilde;ado, adem&aacute;s, que hace poco asisti&oacute; a un homenaje en el que los colegiales del pueblo le regalaron un libro elaborado con sus impresiones sobre la visita de ese se&ntilde;or fil&oacute;sofo con el que comparten or&iacute;genes. Un libro que Lled&oacute; guarda con cari&ntilde;o, como una joya.]</p>
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<p><strong>&ldquo;No hay peor corrupci&oacute;n que la de la mente&rdquo;</strong></p>
<p>- El problema ahora es que la educaci&oacute;n p&uacute;blica est&aacute; siendo desmantelada.</p>
<p>- S&iacute;, estamos viviendo una vuelta atr&aacute;s, una regresi&oacute;n que es inconcebible. Me llama la atenci&oacute;n que los pol&iacute;ticos digan que tienen buena conciencia, responsabilidad. No basta con decir eso. Si tienen responsabilidad que la demuestren cortando este retroceso terrible e inaceptable de la educaci&oacute;n y de la sanidad p&uacute;blicas. Es un retraso monstruoso. Me &nbsp;cuesta mucho creer lo que se dice por ah&iacute; de que algunos ponen mucho inter&eacute;s en privatizar la sanidad porque familiares o amigos tienen intereses en lo privado. Si eso fuera verdad ese se&ntilde;or o se&ntilde;ora tendr&iacute;a que dimitir autom&aacute;ticamente, dimitir pol&iacute;tica y tambi&eacute;n humanamente. Eso est&aacute; por debajo de la dignidad. Aunque suene ut&oacute;pico, hay que ir hacia una aut&eacute;ntica regeneraci&oacute;n y esa regeneraci&oacute;n tiene que empezar en el coco. La verdadera revoluci&oacute;n est&aacute; en la cabeza. No hay peor corrupci&oacute;n que la de la mente; la econ&oacute;mica va detr&aacute;s. Hay un texto muy bonito de Arist&oacute;teles que dice que hay tres niveles en la vida humana: el nivel de la mente, el nivel del cuerpo, y el &uacute;ltimo, el m&aacute;s bajo, el de la econom&iacute;a, el del dinero. Qu&eacute; duda cabe que el dinero es &uacute;til, importante, pero par&eacute;monos ah&iacute;, no olvidemos que es lo de menos.</p>
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<p>- Pero sucede que se ha roto el orden, que el dinero se ha colocado arriba y ha pasado a ocupar el nivel superior.</p>
<p>- Exacto. Lo que dice Arist&oacute;teles es que cuando se coloca arriba, a la larga se hunde todo. S&oacute;lo las oligarqu&iacute;as sacan sus tajadas. A m&iacute; me escandaliza que un se&ntilde;or ministro de agricultura lo primero que haga cuando toma el poder es modificar la Ley de Costas. Una de las joyas que tiene nuestro pa&iacute;s es el mar, la costa, las playas. Se habla del turismo, de la riqueza del turismo, pero se trata de una riqueza natural, por la que no hemos tenido que trabajar. El sol, el mar y las playas no son m&eacute;rito nuestro. Nos lo han regalado y somos tan imb&eacute;ciles que lo machacamos, lo corrompemos, lo hundimos. Este es un tema central sobre el que la sociedad tiene que tomar conciencia. No se puede admitir la mangancia de los pol&iacute;ticos. Muchas veces no entiendo que se pueda votar a determinadas personas, a no ser que los que lo hagan asuman la corrupci&oacute;n, se enganchen a la chaqueta de esos corruptos a ver si obtienen alg&uacute;n beneficio.</p>
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<p>- Hay un texto que se incluye en <em>Los libros y la libertad</em> que resulta especialmente revelador. Pertenece a <em>La Rep&uacute;blica</em> de Plat&oacute;n y en &eacute;l se dice que los gobernantes tienen que dar y no recibir. &ldquo;Ser&aacute;n ellos, los pol&iacute;ticos, a quienes no est&eacute; permitido tocar el oro ni la plata, ni entrar bajo el techo que cubran estos metales, ni llevarlos sobre s&iacute;, ni beber en recipientes fabricados con ellos. Si as&iacute; proceden, se salvar&aacute;n ellos y salvar&aacute;n a la ciudad. Pero si adquieren tierras, casas, dinero, se convertir&aacute;n de guardianes en administradores trapisondistas y de amigos de sus ciudadanos en odiosos d&eacute;spotas&rdquo;, advierte el pensador. &iquest;Ahora m&aacute;s que nunca tenemos que volver a los cl&aacute;sicos griegos, recuperar la filosof&iacute;a, esa materia que no sale nada bien parada en los nuevos planes de estudios?</p>
<p>- Sin duda. Cu&aacute;nta sabidur&iacute;a hay en los cl&aacute;sicos. Plat&oacute;n dice que esos pol&iacute;ticos se pasar&aacute;n la vida odiando y siendo odiados, que se hundir&aacute;n ellos y lo peor, hundir&aacute;n a la ciudad a la que gobiernan. Yo pienso muchas veces, cuando escribo, qu&eacute; quedar&aacute; dentro de 20 o 30 a&ntilde;os de esas palabras. Probablemente nada, tampoco importa. Pero qu&eacute; maravilla estar tantos siglos en cartel como Plat&oacute;n, Arist&oacute;teles o don Miguel de Cervantes. Leerlos mucho tiempo despu&eacute;s y deslumbrarte con ellos, con esto que dec&iacute;a Plat&oacute;n, con lo que escribi&oacute; Arist&oacute;teles sobre la mano, para &eacute;l como el alma, el instrumento de todos los instrumentos. &ldquo;Pensamos y amamos porque tenemos manos&rdquo;, dec&iacute;a.</p>
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<p><strong>&ldquo;El libro es el recipiente donde reposa el tiempo&rdquo;</strong></p>
<p>- Las manos conducen la lectura, pasan las hojas, pero ese gesto se pierde en el territorio de lo digital. No hab&iacute;a encontrado una manera tan l&uacute;cida de exponer la diferencia entre los dos modos de lectura que la que expone Emilio Lled&oacute; en uno de los cap&iacute;tulos de <em>Los libros y la libertad</em>. Cuando se abren las p&aacute;ginas de un libro se toma conciencia del tiempo y del espacio -&ldquo;el libro es el recipiente donde reposa el tiempo&rdquo;- mientras que en la lectura digital no se tiene referencias de las calles por donde andamos.</p>
<p>- S&iacute;. Qu&eacute; duda cabe que el mundo digital es todo un avance y que tiene virtudes estupendas. Qu&eacute; duda cabe que en lo que respecta a la acumulaci&oacute;n de datos, a las enciclopedias, a los diccionarios, puede resultar muy &uacute;til, pero la educaci&oacute;n es otra cosa. La educaci&oacute;n es sugerencia, amor a los libros, a estos objetos presentes que mis manos tocan. En &ldquo;El surco del tiempo&rdquo; yo dialogaba con Plat&oacute;n acerca de su idea de que lo real es la oralidad. As&iacute; es, pero hubo un momento en que alguien escribi&oacute; y esa oralidad se asent&oacute; en el surco del tiempo. La oralidad es el presente, mientras hablamos compartimos un tiempo com&uacute;n, que nos acoge. Y por eso resulta maravilloso que yo pueda coger todos estos libros y dialogar con sus autores, no s&oacute;lo con los cl&aacute;sicos, tambi&eacute;n con los modernos. Cuando yo pongo mis ojos en esos libros estoy d&aacute;ndoles vida a sus autores y recuperando un tiempo desaparecido. Eso es un prodigio. Los libros que he ido atesorando y que ahora me rodean son para m&iacute; como compa&ntilde;eros, tienen vida. Ah&iacute; est&aacute; Kant, por ejemplo, que algunas veces se queja del tiempo que hace que no lo leo. Est&aacute; claro que todos estos vol&uacute;menes podr&iacute;an caber en un dispositivo electr&oacute;nico, sin ocupar espacio alguno, como me dijo un amigo el otro d&iacute;a. Pues s&iacute;, pero eso ya es otra sensaci&oacute;n, otro mundo, y, adem&aacute;s, no podr&iacute;a concebir todas estas paredes vac&iacute;as. &nbsp;</p>
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<p>- &iquest;Si tuvieras que elegir una &eacute;poca donde fuiste especialmente feliz, ser&iacute;a la de Alemania?</p>
<p>- S&iacute; y sobre todo los seis a&ntilde;os de Heidelberg que viv&iacute; con Montse, mi compa&ntilde;era de vida. Trabaj&oacute; desde el principio a mi lado. Fuimos dos colegas. Recuerdo que cuando volv&iacute; casado con ella mis amigos alemanes se quedaron sorprendidos porque no respond&iacute;a a los t&oacute;picos que ellos manejaban por entonces de las espa&ntilde;olas: bajitas y con peineta. Se encontraron a una mujer guap&iacute;sima, que con tacones era m&aacute;s alta que yo y que hablaba alem&aacute;n de corrido. Vivimos como estudiantes, en un piso de alquilados. Sin duda fue una &eacute;poca inolvidable, feliz, como tambi&eacute;n la de los a&ntilde;os de catedr&aacute;tico de instituto en Valladolid y la que pas&eacute; en Tenerife, en la universidad de La Laguna, a la que llegu&eacute; cargado de entusiasmo. Despu&eacute;s saqu&eacute; la c&aacute;tedra de Historia de la Filosof&iacute;a y nos fuimos a Barcelona.</p>
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<p>- &iquest;Se puede ser feliz a t&iacute;tulo individual viviendo en un presente tan detestable?</p>
<p>- Todos necesitamos un rinc&oacute;n de felicidad, de amistad, de cari&ntilde;o. Eso es tan esencial como comer para los seres humanos, pero hay momentos en los que no podemos regodearnos en la propia felicidad como se&ntilde;oritos satisfechos, momentos en los que se impone luchar por algo que ponga freno a la infelicidad que nos rodea. El otro d&iacute;a le&iacute;a una noticia que no tiene que ver con la infelicidad sino con la falsa felicidad. Le&iacute;a que hay un hotel en Kuwait que cuesta &nbsp;unos 1.500 euros por d&iacute;a. Pero, &iquest;qui&eacute;n puede tener necesidad de eso, qu&eacute; falsificaci&oacute;n de la mente se produce ah&iacute;? Incluso el muy rico, al que no le importe gastar ese dinero... &iquest;Qu&eacute; sociedad hemos creado donde eso sea posible?</p>
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<p>- El tema de la felicidad siempre te ha interesado. Tienes un ensayo donde le das la vuelta, &ldquo;Elogio de la infelicidad&rdquo;. La editorial Errata Naturae acaba de publicar un libro sobre Epicuro donde se incluye un ensayo de Emilio Lled&oacute;, autor asimismo de una obra esencial para acercarse al cl&aacute;sico, <em>El epicure&iacute;smo</em>.</p>
<p>- A m&iacute; me ha preocupado, me ha interesado mucho, el tema de la felicidad; primero personalmente, porque uno arranca siempre de s&iacute; mismo y yo, como te dec&iacute;a antes, no tuve una infancia feliz desde el punto de vista social, econ&oacute;mico, a consecuencia de la guerra, pero tuve la suerte de encontrarme con ese maestro que me hizo ver que con la lectura, con el pensar, con lo que un ni&ntilde;o pod&iacute;a imaginar, era posible compensar las tristezas, las escaseces y pobrezas de aquellos tiempos. Independientemente de eso el tema de la felicidad me ha parecido siempre esencial porque los seres humanos tenemos derecho a un poquito de felicidad, a ir m&aacute;s all&aacute; de la peque&ntilde;ez de nuestras peque&ntilde;as vidas. Para ser felices hay que partir del bienestar, hay que estar bien y para estar bien hay que tener una vivienda, no pasar hambre, tener solucionada la vida del cuerpo, que es lo que realmente somos. Pero despu&eacute;s hay que aspirar al &ldquo;bienser&rdquo;, una palabra que no se utiliza y que nos vamos a inventar ahora, aqu&iacute;.</p>
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<p>- Epicuro hablaba de las necesidades b&aacute;sicas y exaltaba los placeres, pero hasta un punto.</p>
<p>- Efectivamente. En mi opini&oacute;n, la gran revoluci&oacute;n de Epicuro, cuyo pensamiento no podemos conocer en toda su amplitud porque gran parte del mismo no se conserva porque es muy posible que fuera ideol&oacute;gicamente machacado, fue el descubrimiento de la felicidad del cuerpo. Su consideraci&oacute;n del goce, del placer del cuerpo, como un bien, fue un descubrimiento extraordinario que tendr&iacute;a que haber sido ordinario, normal. Pero al mismo tiempo era cr&iacute;tico con los excesos, s&iacute;. En un mundo de miseria, en un mundo duro, como era el mundo griego, es comprensible que tener se asociara a la felicidad: tener &aacute;nforas era asegurar la sed del futuro y tener vestidos era asegurar el fr&iacute;o. Pero ya entonces Epicuro hablaba de cosas que se cre&iacute;a que eran necesarias sin serlo, de las que se pod&iacute;a prescindir.</p>
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<p>- El problema de los l&iacute;mites, &iquest;no? Tener hasta unos l&iacute;mites. Cuando se tienen cubiertas las necesidades b&aacute;sicas habr&iacute;a que ir hacia el &ldquo;bien ser&rdquo; del que habl&aacute;bamos. &iquest;Es esa la revoluci&oacute;n pendiente, la que tendr&iacute;an que acometer los hombres y mujeres de este siglo XXI?</p>
<p>- Exacto. Y me gusta que recojamos esto del &ldquo;bien ser&rdquo;, que ni siquiera est&aacute; establecido como t&eacute;rmino t&eacute;cnico, mientras que bienestar s&iacute;. Las sociedades del denominado Primer Mundo ofrecen much&iacute;simo m&aacute;s de lo que se necesita. Y esto fue intuido por Epicuro. Necesitamos lo esencial, pero nada m&aacute;s. Necesitamos respirar, vivir, comer, tener una cama, un techo, y tambi&eacute;n necesitamos sentir, vivir, gozar el cuerpo, contemplar. El otro d&iacute;a, cuando estaba con mis nietas en el parque de Berl&iacute;n, aqu&iacute; en Madrid, hubo un leve soplo de aire, m&aacute;s fuerte de lo normal, y casi nos inundaron las hojas, la ca&iacute;da de las hojas. Hab&iacute;a una belleza extraordinaria ah&iacute;, al percibir que todo eso iba a &nbsp;explotar dentro de seis o siete meses con la llegada de la primavera. Entonces yo me acord&eacute; del di&aacute;logo entre Glauco y Diomedes en <em>La</em> <em>Il&iacute;ada</em>, el pasaje en el que se habla de la ca&iacute;da de las hojas y de su reverberaci&oacute;n, igual que sucede con las ca&iacute;das en desgracia y el volver a levantarse de los hombres, m&aacute;s all&aacute; de sus linajes. Yo me acordaba de este pasaje de <em>La Il&iacute;ada</em> viendo caer las hojas, mientras mis nietas las recog&iacute;an felices. Era consciente, y lo digo ahora que ya tengo una cierta edad, una inciert&iacute;sima edad, de c&oacute;mo estamos sometidos a ese tiempo de la naturaleza. Eso es maravilloso en el fondo y hay que asumirlo, pero hay que asumirlo con bienestar, con decencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Claro, pero cuando no se tiene para comer no hay espacio para pararse a ver caer las hojas de los &aacute;rboles...</p>
<p>- As&iacute; es. &iquest;C&oacute;mo le vas t&uacute; a decir a un ni&ntilde;o que est&aacute; en &Aacute;frica con hambre, o en cualquier otro sitio explotado, trabajando: &ldquo;Mira, qu&eacute; bonito, tienes que aprender m&uacute;sica. Esto que suena es de Bach, de Juan Sebastian Bach. No, eso es rid&iacute;culo y &nbsp;absurdo. Pero ese es un horizonte, es un horizonte que no s&eacute; cu&aacute;nto tiempo tardaremos en alcanzar; las generaciones de hojas de &aacute;rboles que tendr&aacute;n que caer y que volver&aacute;n a nacer en primavera que han de sucederse todav&iacute;a. Pero ah&iacute; est&aacute; el futuro. Estamos hechos para soportar el dolor, el sufrimiento, todo eso que tambi&eacute;n una cierta religi&oacute;n, una cierta educaci&oacute;n cristiana, nos ha inculcado, pero tambi&eacute;n para la alegr&iacute;a, la felicidad, el equilibrio y ese bienestar enfocado siempre hacia un &ldquo;bien ser&rdquo;, hacia esa idea, que puede sonar muy fant&aacute;stica, de solidaridad, de cultura, de educaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Pero, &iquest;c&oacute;mo lo hacemos? &iquest;c&oacute;mo construimos hoy los nuevos pilares, c&oacute;mo hacer frente a un poder que cada vez m&aacute;s se aleja de la igualdad, de la defensa de lo p&uacute;blico?</p>
<p>- Pues se trata de crear instituciones donde esa libertad, ese &ldquo;bienser&rdquo;, se pueda practicar. Hay que luchar por recuperar lo que hemos perdido y por llevarlo m&aacute;s all&aacute;, por conquistarlo enteramente, porque si no llegaremos a la aniquilaci&oacute;n del pa&iacute;s. Est&aacute; claro que quienes nos gobiernan lo que quieren es meternos grumos en la cabeza. Pero esto de &ldquo;no haga usted un pueblo sabio&rdquo; ya viene de la tradici&oacute;n del despotismo. Hay que dejar a la gente que sea sumisa porque si usted la revoluciona y la libera mucho mentalmente pedir&aacute; cada vez m&aacute;s y eso es inc&oacute;modo para una oligarqu&iacute;a que quiera mantenerse en el poder.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Esa idea vale para retratar a la Espa&ntilde;a actual?</p>
<p>- &nbsp;S&iacute;. Ahora mismo, aqu&iacute; en nuestro pa&iacute;s, m&aacute;s que una democracia vamos r&aacute;pidamente hacia una oligarqu&iacute;a democr&aacute;tica. Lo que se hab&iacute;a conseguido con todas las dificultades en estos &uacute;ltimos decenios est&aacute; paralizado, incluso se est&aacute; rebobinando y eso es pol&iacute;tica, social, individual y colectivamente, una cat&aacute;strofe. &iquest;Con qu&eacute; intenci&oacute;n se hace? No cabe otra que la intenci&oacute;n olig&aacute;rquica, de desigualdad. Volviendo a la educaci&oacute;n, por ejemplo, hay un texto en la pol&iacute;tica de Arist&oacute;teles que dice que la ense&ntilde;anza debe ser cosa del Estado, que el dinero no puede ser privado, pero habr&iacute;a que luchar por un Estado que fuera clarividente, que fuera ilustrado. Un Estado opuesto al fanatismo, al sectarismo, a la clausura, a la vaciedad mental. Estuve hace poco en Canarias, en unas jornadas sobre los valores de la democracia, y all&iacute; reflexion&eacute; sobre lo que significa poner en valor, una expresi&oacute;n tan de moda &uacute;ltimamente. Pero, &iquest;eso qu&eacute; es? A lo mejor lo que algunas personas quieren que se ponga en valor puede ser fruto del ego&iacute;smo, de la codicia de unos pocos, y no tiene porque interesarnos como sociedad. Hay valores que no pueden ser los de las personas decentes. Y no se trata de hablar de santidades. A m&iacute; eso de la santidad no me va. La palabra santidad en s&iacute; misma, es una palabra que me inquieta. La decencia es algo mucho m&aacute;s modesto que eso. Se trata de no enga&ntilde;ar por sistema, de no corromper por sistema. Lo terrible es que muchos de estos &ldquo;enga&ntilde;adores&rdquo;, de estos &ldquo;corrompedores&rdquo;, no tienen conciencia de que enga&ntilde;an y piensan que lo que tienen que hacer es poner en pr&aacute;ctica esas determinadas cosas que les han metido en las cabezotas. &Uacute;ltimamente he pensado mucho que una de las consecuencias m&aacute;s graves de la ignorancia, de la codicia, es que provoca odio y agresividad. El bruto, el monol&iacute;tico mental, no tiene m&aacute;s soluci&oacute;n en un momento de apuro que la agresividad. Las dictaduras globales o las peque&ntilde;as dictaduras personales, sociales, familiares; esas situaciones opresivas que no te dejan vivir, que te inquietan, te coartan y comprimen, son fruto de la ignorancia, llevan a la agresividad y en un momento determinado, como ocurri&oacute; en el 36, pueden alimentar un golpe de Estado. Hay momentos en los que se crean, en los que se justifican agresividades, partiendo de una ideolog&iacute;a, de una ideolog&iacute;a atascada, y eso hay que evitarlo por todos los medios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Los principios &eacute;ticos recorren la obra de Emilio Lled&oacute;. Ah&iacute; est&aacute;n t&iacute;tulos como <em>Memoria de &eacute;tica</em> o <em>El origen del di&aacute;logo y de la &eacute;tica</em>. Los ideales del hombre decente, el que sigue so&ntilde;ando, creyendo en un mundo m&aacute;s igualitario, son resaltados una y otra vez. Pero a ese hombre decente hoy se le est&aacute; pisoteando. &iquest;Por qu&eacute; ha ca&iacute;do el mundo en manos de tantos hombres y mujeres indecentes?</p>
<p>- Esa es la gran pregunta y la verdad es que no s&eacute; c&oacute;mo responderla. Si yo, a pesar de todo, me puedo sentir un hombre feliz, es porque, aunque pueda haber cometido errores a lo largo de mi vida, c&oacute;mo no, siento que soy aquel que con 22 a&ntilde;os cogi&oacute; su maletita de cart&oacute;n y se march&oacute; a Alemania. Me parece que sigo siendo el mismo y ese hilo de coherencia me da felicidad. Puedo haberme equivocado algunas veces, pero no me averg&uuml;enzo, estoy orgulloso de mi trayecto y ahora que ni siquiera estoy en la Tercera Edad, que mi sitio es ya el de la esperanza de vida, eso no me impide seguir trabajando, seguir teniendo ilusiones. Todav&iacute;a tengo la ilusi&oacute;n de ver de qu&eacute; manera podemos echar a los corruptos del poder, porque all&aacute; ellos si tienen sus mentes corrompidas, pero lo malo es que tienen poder y condicionan nuestras vidas, nos determinan, nos cambian, nos &ldquo;infelicean&rdquo;, valga esta expresi&oacute;n que s&eacute; que los acad&eacute;micos no me permitir&iacute;an (risas).</p>
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<p>- Pero &iquest;c&oacute;mo se les echa? Produce mucha frustraci&oacute;n comprobar la impunidad de tantas acciones inmorales.</p>
<p>- No vot&aacute;ndoles jam&aacute;s, jam&aacute;s. Algunos dir&aacute;n que nunca se puede saber el grado de corrupci&oacute;n a que puede llegar un pol&iacute;tico, pero es que incluso sabi&eacute;ndolo en ocasiones se ha seguido apoyando a ese tipo de personajes. La ignorancia hace que mucha gente se crea titulares de peri&oacute;dico totalmente falsos. Ah&iacute; est&aacute; la importancia de la educaci&oacute;n. Una y otra vez me paro a reflexionar sobre el alcance de los ladrillos que se meten en las cabezas. El problema es por qu&eacute; hay personas que quieren creer determinadas cosas; por qu&eacute; somos como somos; por qu&eacute; pensamos como pensamos; por qu&eacute; somos tan diferentes cuando la estructura de la mente es la misma en todos. Esto es algo que me ha preocupado siempre y me sigue preocupando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Siempre llegamos a la ignorancia, a la falta de educaci&oacute;n, como ra&iacute;z de todos los males.</p>
<p>- S&iacute;, la ignorancia, el ego&iacute;smo y la codicia. Pero si no se necesita tanto para vivir, pero si no hacen falta tres yates y cinco casas. &iquest;Tan dif&iacute;cil resulta entender esto?</p>
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<p>- Leo en uno de los textos inclu&iacute;dos en <em>Los libros y la libertad</em>: &ldquo;Si se analizan los momentos m&aacute;s reaccionarios de la historia de Espa&ntilde;a descubrimos el rechazo, por no decir el odio, hacia la cultura y, por supuesto, hacia la formaci&oacute;n y educaci&oacute;n de los ciudadanos. Se llegaba a tales extremos de oscurantismo que existen testimonios escritos que bendicen la inopia en que hay que mantener al pueblo, que si se hace inteligente no se deja mandar y es capaz de imponer sus malhadados deseos&rdquo;. &iquest; Ahora mismo estamos claramente en un momento reaccionario de la historia de Espa&ntilde;a?.</p>
<p>- S&iacute;. Lo que sucede ahora es que la oligarqu&iacute;a quiere mantener sus ventajas. Hay un texto muy interesante de Machado en su <em>Juan de Mairena</em>, un libro que habr&iacute;a que utilizar como educaci&oacute;n para la ciudadan&iacute;a, que dice algo as&iacute; como que no ser&iacute;an los obreros, como algunos podr&iacute;an creer, los que se reir&iacute;an al escuchar el nombre de Plat&oacute;n; que la que se reir&iacute;a ser&iacute;a esa oligarqu&iacute;a indigna, estropeada por el bajo nivel de nuestras universidades y por el pragmatismo eclesi&aacute;stico, enemigo de las grandes actividades del esp&iacute;ritu. Eso lo dijo Machado. Ese pragmatismo, esa &ldquo;practiconer&iacute;a&rdquo;, ese &ldquo;amigantismo&rdquo; [palabras del particular diccionario Lled&oacute;], ha corrompido a toda una parte del pa&iacute;s, pero, pese a todo, yo tengo esperanza. El otro d&iacute;a tuve una experiencia preciosa, paseaba por las calles de Sevilla y un se&ntilde;or que yo no conoc&iacute;a para nada se acerc&oacute; a m&iacute;, me dio la mano y me dijo: &ldquo;Don Emilio, que viva usted 200 a&ntilde;os&rdquo;. Llegar a los 200 ser&iacute;a algo muy aburrido, pero unos cuantos a&ntilde;os m&aacute;s si me gustar&iacute;a vivir para ver c&oacute;mo logramos cambiar todo esto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &ldquo;Todav&iacute;a cabe esperar&rdquo;, es uno de los mensajes de Lled&oacute;. &iquest;Consideras que estamos en puertas hacia otra cosa, se puede vislumbrar ya algo nuevo, mejor?</p>
<p>- &nbsp;S&iacute;. Yo creo que s&iacute;. Yo conf&iacute;o en la juventud. Los casos de corrupci&oacute;n, la corriente de las actuales pol&iacute;ticas a nivel europeo, est&aacute;n despertando las conciencias. Un despertar que pone de manifiesto que por ese camino no se va a ninguna parte, que ning&uacute;n pa&iacute;s organizado por sinverg&uuml;enzas puede tener futuro. Por eso hay que impedirlo, hay que luchar por todos los medios para que la degeneraci&oacute;n mental no se transmita a la sociedad, para que ning&uacute;n degenerado, y lo digo con todas las palabras y las letras, pueda tener poder. &ldquo;Corruptos a la calle&rdquo;, esa es la &uacute;nica soluci&oacute;n ante lo que est&aacute; pasando. Es muy importante que la sociedad reaccione y por eso a m&iacute; me parece interesant&iacute;simo el surgimiento de movimientos sociales, de plataformas c&iacute;vicas. Pienso, por ejemplo, en c&oacute;mo determinados sectores de la sociedad se han escandalizado ante los escraches, hasta el punto de criminalizarlos. Pero, &iquest;no estamos sometidos a muchos m&aacute;s escraches pol&iacute;ticos por la degeneraci&oacute;n de una pol&iacute;tica anti-p&uacute;blico, defensora de un liberalismo que no tiene ning&uacute;n sentido, que se basa en la defensa de los privilegios de quienes ostentan el poder? Naturalmente que esa gente no quiere que eso sea controlado por nadie. Aqu&iacute; no puedo evitar volver a repetirme: lo p&uacute;blico es la esencia de la democracia y la cultura es la esencia de lo p&uacute;blico y de la democracia. Por eso hay que empezar a construir desde la escuela, una escuela que tiene que ser igualitaria y p&uacute;blica. El dinero no puede determinar los niveles de la educaci&oacute;n.</p>
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<p>- Pero hace ya tiempo que la cultura est&aacute; siendo vapuleada. Vivimos en los tiempos de los mercados, donde s&oacute;lo vale lo que puede ser cuantificado, el espect&aacute;culo, la televisi&oacute;n basura...</p>
<p>- S&iacute;, yo s&eacute; mucho de todo eso. Hace unos a&ntilde;os presid&iacute; un comit&eacute; [2004-2005: Consejo de Sabios, llegada de Jos&eacute; Luis Rodr&iacute;guez Zapatero al poder] que pretend&iacute;a iniciar una reforma de los medios de comunicaci&oacute;n p&uacute;blicos, de la RTVE. Pas&eacute; diez meses de mi vida estudiando la televisi&oacute;n, leyendo libros en todos los idiomas sobre el tema, pero hubo quienes me criticaron porque no entend&iacute;an que, dado mi papel, no tuviese una televisi&oacute;n en casa. &iquest;No basta con haber visto un solo programa basura para saber lo que es?, me preguntaba yo. Entregu&eacute; diez meses de mi vida gratis, como el resto de mis compa&ntilde;eros, porque sent&iacute; que era mi deber y no me arrepiento de haber entregado ese tiempo, pero no han faltado quienes me han dicho que fuimos tontos por no cobrar. En esta sociedad los que no se lucran son considerados tontos, pero en realidad la gran desgracia es la obsesi&oacute;n por el dinero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Cada vez estoy m&aacute;s convencido de que la cultura es la salvaci&oacute;n&rdquo;</strong></p>
<p>- &iquest;Crees que llegar&aacute; un d&iacute;a en que el dinero vuelva a ocupar el lugar que le corresponde?</p>
<p>- Yo cada vez estoy m&aacute;s convencido de que la cultura es la salvaci&oacute;n, la cultura a trav&eacute;s de la educaci&oacute;n, desde ni&ntilde;os. Somos agua, aire. Sin estos elementos no puede haber tecnolog&iacute;a, sin estos elementos adi&oacute;s m&aacute;quinas digitales. Somos naturaleza, pero al mismo tiempo los seres humanos inventamos otros principios fundamentales parecidos al agua, al aire, al fuego, a la tierra. Esos principios son: la justicia, el bien, la verdad, la belleza. Esos son nuestros tesoros, esa es la cultura. Ah&iacute; est&aacute; el camino. Lo dem&aacute;s es miseria, codicia, corrupci&oacute;n, degeneraci&oacute;n, la vuelta a la caverna en el sentido m&aacute;s siniestro de la palabra. Los pol&iacute;ticos que no entiendan eso tendr&iacute;an, si son decentes, que dejarlo, pero si son indecentes es la sociedad la que tiene que echarlos. Hay que fomentar la conciencia cr&iacute;tica. Todos somos fil&oacute;sofos. El principio, la l&iacute;nea primera de la metaf&iacute;sica de Arist&oacute;teles dice que todos los seres humanos tienden por naturaleza a entender, a saber; luego algunos leemos a Kant, pero todos queremos saber en qu&eacute; consiste vivir y es la educaci&oacute;n la que tiene que saciar esa necesidad de cultura que llevamos dentro. Yo no me canso de maravillarme ante las preguntas de mis nietas, preguntas que me recuerdan a las que me hac&iacute;an mis hijos de peque&ntilde;os. Es prodigiosa esa frescura innata de los ni&ntilde;os y es una l&aacute;stima que caigan en &nbsp;colegios donde les meten una ristra de frases hechas que los empobrece mentalmente. La educaci&oacute;n es fundamental&iacute;sima.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Hoy, pese a todo el progreso alcanzado, vivimos en la desesperanza&rdquo;</strong></p>
<p>- Pese a todos los avances en el terreno de la ciencia, de la tecnolog&iacute;a, tenemos la sensaci&oacute;n de vivir en una &eacute;poca oscura. Es cierto que no podemos perder la perspectiva, que ha habido etapas de total desolaci&oacute;n: guerras, cat&aacute;strofes, pestes, hambrunas; pero, sin embargo, si hay algo que caracteriza el presente es la falta de ilusi&oacute;n en el futuro, la decepci&oacute;n, la frustraci&oacute;n. En otros momentos, pese a la gravedad de los acontecimientos, se cre&iacute;a en el avance, en ir a mejor, pero ahora.... &iquest;C&oacute;mo lo ves?</p>
<p>- Yo pienso que la falta de perspectiva la tienen quienes minimizan los males del presente recurriendo al pasado y sus terrores. Hoy vivimos mucho mejor, tenemos unos adelantos m&eacute;dicos, t&eacute;cnicos, estupendos. Pero precisamente por todo eso resulta m&aacute;s incomprensible que no estemos mucho m&aacute;s avanzados en lo que ata&ntilde;e al fluir de las ideas, de la mente. Tenemos muchas ventajas que no ten&iacute;amos en el XIX, ni a principios del XX. Nuestra situaci&oacute;n es totalmente diferente, no vale establecer comparaciones. Yo recuerdo qu&eacute; infelices, inquietos, intranquilos, pod&iacute;amos estar los docentes y los estudiantes, en la &eacute;poca en que yo fui profesor de universidad, despu&eacute;s de la Guerra Civil, pero est&aacute;bamos llenos de ilusi&oacute;n, de esperanza. Sab&iacute;amos que eso no pod&iacute;a seguir as&iacute;, que era una dictadura y que la dictadura no abr&iacute;a camino para nada, salvo para favorecer a una oligarqu&iacute;a econ&oacute;mica o religiosa. Pero ahora, con todo el progreso alcanzado, tendr&iacute;amos que tener al menos la misma &nbsp;esperanza que yo ten&iacute;a hace 50 a&ntilde;os. Y no la tenemos. Ahora, en un mundo tan positivamente esperanzado en adelantos t&eacute;cnicos, estamos en la desesperanza, porque no sabemos hacia d&oacute;nde nos lleva todo esto. Hace unos d&iacute;as escuchaba a un se&ntilde;or en una tertulia de la radio diciendo que lo &uacute;nico en lo que cre&iacute;a era en la ley de los mercados. &iquest;Qu&eacute; ley de mercados? Que estas grandes empresas que han estado enga&ntilde;ando, confundiendo, robando, a la gente, sean las que tengan que merecernos confianza es una barbaridad. El neoliberalismo supone el dominio de los que han tenido mejores posibilidades de educaci&oacute;n para imponerse a los otros. No hay igualdad y por eso es detestable. La esencia de un verdadero liberalismo tendr&iacute;a que ser la lucha por la igualdad, que era un t&eacute;rmino t&eacute;cnico muy bonito, la igualdad de oportunidades, y ha quedado como una frase ah&iacute; flotando, perdida en el aire. Sin embargo, en un momento dado fue inventada. Se ve que la sent&iacute;amos como una necesidad. No. No cabe hacer comparaciones con el pasado. Esper&aacute;bamos otras cosas para la &eacute;poca que vivimos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Se han frustrado las expectativas, s&iacute;. &iquest;Resulta demasiado ut&oacute;pico pensar que deber&iacute;amos estar dando el salto hacia el &ldquo;bienser&rdquo;, llevando los logros de las sociedades avanzadas al Tercer Mundo?</p>
<p>- No, para nada. Sin duda deber&iacute;a ser as&iacute;. Pero a los gobernantes del mundo no les interesa lo que hemos logrado, prefieren instaurar la divisi&oacute;n entre dos lados: las oligarqu&iacute;as y las masas; el poder de la democracia olig&aacute;rquica y el resto. Y lo grave es que con las educaciones que se aplican lo que se est&aacute; paralizando es la libertad de pensar, la libertad de crear, de vivir. Si la gente est&aacute; angustiada porque no tiene dinero, porque no tiene trabajo, s&oacute;lo piensa que tiene que liberarse de eso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Y la angustia, las dificultades del presente, provocan un miedo que lleva a la par&aacute;lisis, a la no acci&oacute;n.</p>
<p>- S&iacute;. Ese miedo paraliza, se crean sectores que tienen miedo de los otros y eso conduce a la agresividad de la que hablaba antes y que a m&iacute; me parece muy peligrosa. Es una agresividad que se diluye, no hace falta dar golpes de Estado. En el siglo pasado hubo dos guerras feroces que empezaron en Europa. Aunque luego se universalizaron, nacieron aqu&iacute;, en pa&iacute;ses que parec&iacute;an tan ilustrados. Ahora ser&iacute;a muy triste que estuvi&eacute;semos viviendo una tercera guerra soterrada, sin necesidad de ca&ntilde;ones. Yo espero, conf&iacute;o, que la cat&aacute;strofe se acabe parando. Me duele que los pa&iacute;ses del Norte sientan ese desprecio por el Sur. Me duele esa Europa en la que los del Norte piensan que ellos son los trabajadores, pero es que incluso alg&uacute;n pol&iacute;tico catal&aacute;n ha llamado haraganes a los andaluces. A muchos de los primeros emigrantes, de las masas de obreros espa&ntilde;oles que llegaban a Alemania en la posguerra, yo les di clases de alem&aacute;n. Muchos eran del Sur, de Andaluc&iacute;a, de Extremadura, y tengo que decir que pocas veces he visto tanto talento, tanta capacidad y ganas de aprender. Esos muchachos andaluces, tan perezosos, seg&uacute;n los estereotipos, cog&iacute;an un hatillo y se marchaban a ciudades como Frankfurt, cuya sola pronunciaci&oacute;n ya resulta terrible. A los pa&iacute;ses del Norte no les perdono el sostenimiento de esos topicazos, de esas mentiras. Pero es que ah&iacute; sigue hablando la ignorancia, igual que en la imagen de la espa&ntilde;olita con peineta a la que me refer&iacute;a antes. Esos chicos a los que yo di clases de alem&aacute;n tuvieron un gran m&eacute;rito porque hab&iacute;an nacido con un no de plomo en la cabeza: no al pan, no a la cultura, y cogieron el hatillo y se fueron a Alemania y a otros pa&iacute;ses europeos. Que me hablen de la pereza andaluza, antes y ahora, es algo que me revuelve.</p>
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<p>- &iquest;Hasta qu&eacute; punto Europa est&aacute; dando la espalda a las fuentes de su memoria, al germen de su cultura, al humillar como lo est&aacute; haciendo a los pueblos del mediterr&aacute;neo, a Grecia, a Italia, a Espa&ntilde;a?</p>
<p>- No tiene sentido la lucha entre el Norte y el Sur. Yo leo bastante prensa extranjera, no todos los d&iacute;as, pero s&iacute; con frecuencia. Y lo que leo sobre mi pa&iacute;s me averg&uuml;enza y me da rabia porque es injusto. Nuestro pa&iacute;s, como dec&iacute;a Machado, es mucho m&aacute;s luminoso y clarividente de lo que se nos quiere presentar, pero, claro, tenemos una clase pol&iacute;tica de desclasados, nunca mejor dicho. Una clase pol&iacute;tica que s&oacute;lo se considera a s&iacute; misma, que no fluye, que no se solidariza, que no se siente com&uacute;n con el resto de la sociedad. Y, por otro lado, &eacute;sta es una &eacute;poca muy especial. Nunca ha habido tantas posibilidades de comunicaci&oacute;n, nunca ha habido tantas posibilidades de tener y de crear bienes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- Pero el problema es que esas posibilidades se est&aacute;n utilizando para todo lo contrario, para la destrucci&oacute;n, por decirlo de alg&uacute;n modo.</p>
<p>- Claro que s&iacute;. Por ejemplo lo que est&aacute; sucediendo con la sanidad en este pa&iacute;s es un crimen social. Haber alcanzado lo que hemos tenido a nivel sanitario era positiv&iacute;simo, pero no nos han dejado seguir disfrut&aacute;ndolo. Nos est&aacute;n inoculando el virus de la tristeza. Y lo mismo sucede en la educaci&oacute;n. No la mejoran, la destruyen. Y ahora la nueva ley de Seguridad Ciudadana. Por todo eso hay que pedir responsabilidades. Tenemos que tener memoria. Todo eso no tendr&iacute;a que estar ocurriendo en el nivel de desarrollo que hab&iacute;amos alcanzado. No era previsible, no lo esper&aacute;bamos, no corresponde al curso temporal. El otro d&iacute;a ve&iacute;a una definici&oacute;n del diccionario de la Academia que se me ha quedado en la memoria, una definici&oacute;n de la palabra curso que me encant&oacute;: &ldquo;movimiento del agua o de alg&uacute;n l&iacute;quido que en masa continua se desplaza por un cauce&rdquo;. F&iacute;jate qu&eacute; precisi&oacute;n, qu&eacute; bonito, qu&eacute; po&eacute;tico. Pues lo que est&aacute; pasando aqu&iacute; es una masa discontinua. Cuando iba fluyendo la vida, la esperanza, los bienes indudables que hab&iacute;amos alcanzado, han llegado los se&ntilde;ores controladores de esos bienes y los han querido convertir en mercanc&iacute;a, paralizarlos en su provecho olvid&aacute;ndose del resto, y esto quiere decir olvidarse de la educaci&oacute;n, olvidarse de la ciudadan&iacute;a, olvidarse de todos los logros sociales conseguidos.</p>
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<p><strong>&ldquo;Cuando no se tiene sentido cr&iacute;tico, es muy f&aacute;cil caer en la agresividad&rdquo;</strong></p>
<p>- Cada vez estamos m&aacute;s informados, pero, &iquest;realmente es as&iacute;? &iquest;hasta qu&eacute; punto tanta informaci&oacute;n nos confunde?</p>
<p>- Es evidente que vivimos en una sociedad muy interesante porque abunda la informaci&oacute;n. Actualmente hay m&aacute;s medios que nunca para comunicar, pero tambi&eacute;n para manipular, y ah&iacute; est&aacute; el peligro. Las palabras, las informaciones pueden convertirse en tacos de madera que se quedan en el cerebro, que no nos permiten fluir, que nos coagulan las neuronas. La manipulaci&oacute;n puede hacer mucho da&ntilde;o. Pienso, por ejemplo, en lo mucho que se habla &uacute;ltimamente del sacrificio y de la responsabilidad colectivas para asumir los recortes de lo p&uacute;blico. Recuerdo que alguien dijo que la patria es el refugio de los canallas, porque muchas veces los individuos no se paran a pensar en lo que significa. Se limitan a seguir al que les empuja a defenderla sin saber qu&eacute; es realmente. Y cuando no se tiene sentido cr&iacute;tico, cuando no ha habido sugerencias de lectura, cuando no se ha ahondado en el sentido de las palabras, es muy f&aacute;cil lanzarse, caer en la agresividad.</p>
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<p>- &iquest;En qu&eacute; est&aacute; trabajando ahora Emilio Lled&oacute;?</p>
<p>- En un ensayo que podr&iacute;a titularse <em>Filia. Una historia del amor y la amistad</em>. Llevo trabajando tanto tiempo en &eacute;l que ya me da verg&uuml;enza nombrarlo. Lo tengo pr&aacute;cticamente hecho, pero necesito disciplinarme, aislarme para terminarlo. Yo creo que con un poco de tranquilidad, si soy avaro de mi tiempo, podr&iacute;a estar listo para mediados de a&ntilde;o.</p>
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<p>- La amistad es fundamental para alcanzar la felicidad. Eso tambi&eacute;n lo tuvo claro Epicuro.</p>
<p>- La historia de la amistad es una historia largu&iacute;sima. Los hombres se amaron antes de que supieran qu&eacute; era la justicia. El amor fue casi el primer empuje democr&aacute;tico, porque la amistad surgi&oacute; en un &aacute;mbito familiar: los amigos eran los parientes, los que ten&iacute;an la misma sangre. Eso se rompi&oacute; con la democracia griega. Entonces la amistad, el amor, las relaciones afectivas se inventaron, se construyeron. Empec&eacute; a hacer una historia de todo eso y tengo una monta&ntilde;a de trabajo, pero me di cuenta de que hoy no cabe hacer un libro erudito de 1.000 p&aacute;ginas y me puse a buscar mis ideas propias, originales. Soy consciente de que se trata de un tema trillado, machacado, algunas veces genialmente estudiado por una tradici&oacute;n filos&oacute;fica y literaria y otras cargado de vulgaridades y de tonter&iacute;as. Yo no quisiera participar de las tonter&iacute;as y por eso me lo he tomado con tanta exigencia.</p>
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<p><strong>&ldquo;Somos lenguaje y afecto, lenguaje y amor&rdquo;</strong></p>
<p>- Sin duda es un asunto importante. No podemos vivir sin afecto, pero, sin embargo, se suelen poner otras muchas cosas por delante.</p>
<p>- Sin duda que es importante. Y lo es porque somos lenguaje y amor. Somos lenguaje y cari&ntilde;o, lenguaje y afecto. Lo que pasa es que el lenguaje tiene c&oacute;digos, gram&aacute;ticas, sintaxis, fon&eacute;ticas, fonolog&iacute;as, &nbsp;mientras que el amor vive su vida, sin necesidad de reglas. Hay un c&oacute;digo b&aacute;sico de la amistad, eso s&iacute;, basado en la decencia, en no enga&ntilde;ar. Eso ha quedado dicho desde la &eacute;tica nicom&aacute;quea de Arist&oacute;teles, pero no hay una normativa tan clara, tan maravillosa, tan precisa y al mismo tiempo tan &ldquo;fluyente&rdquo; como la del lenguaje. Dejando eso al margen, lo cierto es que somos seres humanos que a trav&eacute;s de la cultura hemos descubierto qu&eacute; es el amor, qu&eacute; es la amistad, y hemos descubierto la importancia de las palabras, del lenguaje, de la literatura, de la escritura. Lenguaje y afecto son dos fen&oacute;menos radical y esencialmente &nbsp;humanos. Est&aacute;n en la ra&iacute;z misma de la naturaleza, tambi&eacute;n en los animales, los mam&iacute;feros. La madre de unos cachorritos los ama. No sabe que los ama, pero sigue su instinto, un instinto que est&aacute; ah&iacute;, que es como un amor que nos ha ense&ntilde;ado la naturaleza antes de que lleg&aacute;ramos a reflexionar sobre su sentido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Son estos buenos tiempos para el cultivo de la amistad, no hay demasiados intereses de por medio?</p>
<p>- S&iacute;. Todo va bien cuando nos referirnos a intereses en el sentido de afinidades, de compartir los gustos, las aficiones, los pensamientos comunes con el otro. Ese es el sentido positivo del t&eacute;rmino. Desde ah&iacute; se puede llegar a un nivel de sublimaci&oacute;n de la amistad. Hay un texto en la <em>Magna Moralia</em> de Arist&oacute;teles que dice que igual que cuando yo quiero ver mi rostro me tengo que mirar en un espejo, cuando quiero ver qui&eacute;n soy, qu&eacute; soy, c&oacute;mo me siento, para qu&eacute; soy, tengo que mirarme en el rostro de un amigo, porque el amigo es el &aacute;lter ego. El famoso &aacute;lter ego viene de ah&iacute;. Yo estoy trabajando ahora en lo que quiere decir ese t&eacute;rmino tan bonito, tan literario, al tiempo que estoy profundizando en por qu&eacute; la amistad es lo m&aacute;s necesario de la vida, de d&oacute;nde parte esa necesidad de amistad. Pero volviendo a lo que me preguntas, a ese inter&eacute;s que &nbsp;tiene que ver con el aprovechamiento de la amistad para conseguir favores, te digo que yo a quienes as&iacute; se comportan no los llamo amigos, los llamo amigantes, que tiene que ver con mangantes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;Has tenido grandes amigos? Se dice que grandes amigos, de esos que se mantienen a lo largo de toda la vida, hay muy pocos.</p>
<p>- S&iacute;. Yo puedo decir que tengo dos o tres grandes amigos, que afortunadamente s&eacute; lo que es la amistad y tambi&eacute;n s&eacute; lo que es el amor. Esta necesidad que tenemos de amor es un indicio de que estamos vivos, de que la amistad es una necesidad, igual que el entenderse con las palabras y el leer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>- &iquest;A qu&eacute; autores vuelves siempre, qu&eacute; lecturas no puedes olvidar? Siempre nombras a Kant.</p>
<p>- S&iacute;. A Kant lo he estudiado mucho y me sigue interesando. Vuelvo siempre a la &eacute;tica nicom&aacute;quea de Arist&oacute;teles, a sus libros de Historia Natural. Y tambi&eacute;n he le&iacute;do much&iacute;sima literatura. Uno de los mayores gozos que recuerdo fue leer &ldquo;La monta&ntilde;a m&aacute;gica&rdquo; en alem&aacute;n. Yo la hab&iacute;a descubierto de joven en la versi&oacute;n espa&ntilde;ola de Mario Verdaguer y confieso que me gust&oacute; mucho, pero cuando volv&iacute; a ella en su lengua original, fue algo inolvidable. Tambi&eacute;n te puedo citar a Rilke, a Goethe... Leo much&iacute;sima poes&iacute;a. El otro d&iacute;a estaba repasando, por ejemplo, el &ldquo;Romancero gitano&rdquo; de Lorca. Resulta que coincid&iacute; con unas amigas hace poco, habl&aacute;bamos del oto&ntilde;o y yo les recit&eacute; de memoria unos versos: &ldquo;El oto&ntilde;o vendr&aacute; con amapolas,/ uva de niebla y montes agrupados&rdquo;. Una de ellas me dijo, con raz&oacute;n, que las amapolas no eran flor de oto&ntilde;o y entonces fui a comprobarlo y, efectivamente, &nbsp;en vez de amapolas el poeta hab&iacute;a escrito &ldquo;caracolas&rdquo;. &ldquo;El oto&ntilde;o vendr&aacute; con caracolas&rdquo;. Yo ya hab&iacute;a hecho una explosi&oacute;n absurda contra la naturaleza. Una mala jugada de la memoria (risas). Podr&iacute;a seguir recitando otros versos del &ldquo;Romancero&rdquo;. No me cuesta memorizar. Y tambi&eacute;n leo mucha poes&iacute;a griega, por ejemplo a Safo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>[La poes&iacute;a va poniendo fin a la conversaci&oacute;n. Lled&oacute; levanta una peque&ntilde;a monta&ntilde;a de papeles y aparece una edici&oacute;n biling&uuml;e de Kavafis. Se&ntilde;ala que el otro d&iacute;a le regalaron un libro de Juan Ram&oacute;n que le devolvi&oacute; a sus versos y confiesa acudir mucho a Machado. Las manos vuelven a captar su atenci&oacute;n. &ldquo;El tacto, esta maravilla del cuerpo&rdquo;, se&ntilde;ala mientras se las pone delante de los ojos. Y sigue recreando los pensamientos de Arist&oacute;teles. &ldquo;Un hombre piensa porque tiene manos y ama porque tiene manos. La mano es como el alma, todas las cosas. La capacidad de movilidad de la mano la &nbsp;convierte en una especie de frontera m&oacute;vil que nos pone en contacto con el mundo, con los otros. Pero ahora, con esto de las nuevas tecnolog&iacute;as, yo no veo m&aacute;s que dedos, deditos desplaz&aacute;ndose sobre las pantallas de los m&oacute;viles y tabletas. Yo creo que si seguimos as&iacute; dentro de varios siglos tendremos un mu&ntilde;&oacute;n afilado con un dedo&rdquo;. Se r&iacute;e Lled&oacute; al decir esto &uacute;ltimo. Re&iacute;mos ya en la despedida. Al salir, en la calle, me fijo en los &aacute;rboles y toco sus troncos lentamente, sus asperezas, su robustez. Me prometo detenerme ante la ca&iacute;da de las hojas, ante los ecos, los sentidos, los latidos de las palabras. Es el efecto Lled&oacute;.]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 20 Mar 2014 13:41:33 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rafael Chirbes: "Sin Historia no hay novela"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/rafael-chirbes-sin-historia-no-hay-novela/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/RAFAEL_CHIRBES.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp; Hace un calor criminal en Valencia, tanto como en las primeras p&aacute;ginas de <em>Crematorio</em>, cuando Rub&eacute;n Bertomeu recorre Misent bendiciendo los chorros de aire acondicionado que caen sobre los vivos y sobre los muertos. Hemos quedado en el hostal Venecia, junto al Ayuntamiento. Rafael Chirbes lleva pantalones negros, una camisa blanca de manga corta y sandalias. Primero se quit&oacute; el bigote, luego las copas y despu&eacute;s el tabaco. Sus amigos le dicen que est&aacute; m&aacute;s joven, pero &eacute;l se siente igual de viejo. Buscamos una cafeter&iacute;a&nbsp; con refrigeraci&oacute;n. Muchas est&aacute;n cerradas. Es domingo y es verano, y los domingos de verano los valencianos huyen de su ciudad, dej&aacute;ndola para los turistas. Cansados de dar vueltas, nos sentamos en una terraza cualquiera.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; &iquest;Sueles alojarte en el mismo hostal cuando pasas por Valencia?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Antes me alojaba en uno que hab&iacute;a enfrente, el hostal Londres, hasta que lo cerraron. Est&aacute; al lado de la estaci&oacute;n y yo me muevo en tren.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; &iquest;No conduces?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Cada vez menos. Me mareo y me obsesiono pensando que voy a quedarme paralizado mientras conduzco, as&iacute; que dejo el coche a cincuenta kil&oacute;metros y me subo al tren.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; &iquest;Recuerdas algunas habitaciones de hotel particularmente infectas?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; En Indonesia, en Marruecos, en M&eacute;xico, yo qu&eacute; s&eacute;. En Madrid me hospedaba en uno que hab&iacute;a al lado de la Puerta de Toledo porque yo antes viv&iacute;a por all&iacute; y as&iacute; me tomaba las copas en mi barrio, con los amigos, como si estuviera en casa. Mi ideal de vida ser&iacute;a vivir en un hotel donde no me faltaran los libros y donde no dieran mal de comer.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; En uno de tus art&iacute;culos, recogido en <em>Mediterr&aacute;neos</em>, contabas que te sentiste por primera vez valenciano cuando, lejos de aqu&iacute;, le&iacute;ste una descripci&oacute;n de los productos del Mercado Central de Valencia que hac&iacute;a Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez en una de sus novelas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; S&iacute;, en <em>Arroz y tartana. </em>Con siete u ocho a&ntilde;os me mandaron a &Aacute;vila y, claro, aquello era otro mundo. Yo era de un pueblo de huerta y era muy liberal, en mi vida cotidiana el sexo y todas esas cosas eran muy comunes. En el cine, por ejemplo, los ni&ntilde;os ve&iacute;amos todas las pel&iacute;culas, no hab&iacute;a pel&iacute;culas para mayores y para menores. Y de repente me vi en una ciudad como &Aacute;vila, llena de curas y monjas, donde la &uacute;nica diversi&oacute;n eran las procesiones, una cosa sombr&iacute;a, siniestra, tanto que en el colegio cre&iacute;as que el &uacute;nico que ten&iacute;as sexo eras t&uacute;. Sal&iacute; un d&iacute;a de Reyes por la tarde y llegu&eacute; por la ma&ntilde;ana a Madrid y entre Madrid y &Aacute;vila todo estaba seco, pedregoso y nevado. Aqu&iacute; ahora da pena, porque a cuarenta kil&oacute;metros de Valencia empiezan las naves industriales y los basureros, pero entonces los maizales llegaban al pie de la estaci&oacute;n. Yo recuerdo que en mi pueblo, en fiestas, hac&iacute;an variet&eacute;s, y a las vedettes se les ca&iacute;an los sujetadores. Eso en Castilla, donde vest&iacute;an de negro y llevaban camisas moradas de penitentes, era impensable.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; En algunas de tus novelas se refleja ese contraste tremendo entre la Espa&ntilde;a del interior y la Espa&ntilde;a mediterr&aacute;nea.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Hab&iacute;a una Espa&ntilde;a mediterr&aacute;nea y una Espa&ntilde;a mesetaria. Una eran verduras frescas y la otra legumbres secas y pescados ceciales. Todo era duro, seco, rugoso y amojamado, como el dedo de Santa Teresa, que parece un puro descascarillado. En Tavernes, mi pueblo, a misa iban las beatas. Pero mi abuela, cuando fui a &Aacute;vila, me dec&iacute;a, como vuelvas vestido de cura te mato. Tampoco mi madre era beata. Dec&iacute;a que ten&iacute;a muchas cosas que hacer los domingos como para ir a misa. Eso s&iacute;, cuando pasaba por Valencia no se olvidaba de ponerle una vela a la Virgen de los Desamparados para que a su ni&ntilde;o no le pasara nada, lo que no ten&iacute;a nada que ver con la religi&oacute;n. De alguna manera, tambi&eacute;n se identificaban un poco beata y puta. Tanta beater&iacute;a, siempre alrededor del cura, daba mal que pensar. Yo me acuerdo de o&iacute;r al cura del pueblo decir que en Tavernes iba a misa el catorce por ciento de la poblaci&oacute;n, mientras que en Castilla iba el ochenta por ciento. Aqu&iacute; el clero ha ocupado espacios en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, y en eso se nota el gobierno de la derecha. Lo de ahora es m&aacute;s bober&iacute;o social y pijer&iacute;o.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; &iquest;Te sientes identificado con el car&aacute;cter valenciano?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash;Soy ap&aacute;trida. Yo me he criado en Castilla y los castellanos me parecen ceciales y los valencianos descarados, y ni me gustan unos ni me gustan los otros, y como yo tampoco me gusto, pues no tengo un modelo claro que establecer. Eso se nota tambi&eacute;n en la escritura. Eso de la escritura mediterr&aacute;nea es un t&oacute;pico autoalimentado, yo creo que de los ochenta, de la Transici&oacute;n, cuando se establecen las autonom&iacute;as y esto es la Valencia feliz, prepepera. Incluso Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez, que tiene el ciclo de novelas valencianas y que es autor de algunas novelas extraordinarias y de otras pest&iacute;feras, su modelo literario no es mediterr&aacute;neo, es m&aacute;s bien camale&oacute;nico, se adapta mucho a lo que escribe. Cuando escribe <em>El intruso</em>, que trata del Pa&iacute;s Vasco, no escribe mediterr&aacute;neamente, digamos. Eso del olor a azahar es falso. Esta ciudad en verano huele a alba&ntilde;al que tumba, como todas las ciudades a orillas del mar en las que circula poco el agua. Y cuando escribe <em>La bodega</em> o <em>La horda de Madrid</em>&hellip; El lenguaje de <em>La horda</em> est&aacute; m&aacute;s cerca de Zola que de cualquier concepto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Escribir en castellano me ha librado de la maleta sentimental&rdquo;</strong></p>
<p>&ndash; &iquest;Te has sentido cercano a algunos escritores valencianos?</p>
<p>&ndash; De Azor&iacute;n me siento cercano en algunas cosas y en otras muy distante. Me pas&oacute; lo mismo con Mir&oacute;. Hay cosas suyas que me gustan mucho, esa densidad de la prosa, pero otras me casta&ntilde;etean, me suenan a casta&ntilde;uelas. Pero eso es una tonter&iacute;a. Hace poco volv&iacute; a leerme <em>El Critic&oacute;n</em>, despu&eacute;s de haberlo le&iacute;do hace treinta o treinta y cinco a&ntilde;os, y descubr&iacute; con gozo, con satisfacci&oacute;n, que el punto de vista est&aacute; muy cerca de <em>En la orilla</em>, c&oacute;mo trabaja el lenguaje cotidiano desvi&aacute;ndolo a un punto para convertirlo en algo que no es una caricatura ni es una reproducci&oacute;n. M&aacute;s que con cualquier escritor valenciano, me siento identificado con Dos Passos o con Graci&aacute;n. &iquest;Y eso es que tengo yo algo de neoyorquino o de aragon&eacute;s? No, te gustan porque se identifican con tu visi&oacute;n del mundo y tu visi&oacute;n de la literatura y te la sopla lo que ha escrito el de la esquina. Adem&aacute;s, hay una cosa que creo que es buena. Yo soy valencianoparlante de nacimiento y soy, en cambio, analfabeto en valenciano, y entonces cuando he contado esto lo he contado en castellano y eso es muy bueno, porque te crea una distancia con respecto al objeto y te evita el tonter&iacute;o de la cuna, la <em>mare</em> y la <em>mare que m' ha parit</em> y el <em>meu poble</em>. Me fastidia, porque me hubiera gustado aprender a escribir en valenciano, pero, como dijo el Caudillo cuando mataron a Carrero, no hay mal que por bien no venga. Escribir en castellano me ha librado de la maleta sentimental, a favor o en contra, porque tambi&eacute;n se puede decir <em>em cague en la mare que m'ha parit</em>, y eso a m&iacute; me parece que ha sido bueno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&ldquo;Hay palabras que no existen pero que, misteriosamente, son precisas&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp; Suenan campanas, como en las p&aacute;ginas de Azor&iacute;n, aunque con menos gravedad y melancol&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; &iquest;De d&oacute;nde son?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; De San Esteban. Ah&iacute; creo que se casaron las hijas del Cid. Ser&aacute; alg&uacute;n bautizo o alguna boda. En esa iglesia bautizan mucho porque creo que fue en ella donde bautizaron a san Vicente Ferrer, que es como si hubieran bautizado a Agustina de Arag&oacute;n, para entendernos. Aunque san Vicente era m&aacute;s malo que Agustina. Pero ten&iacute;a unas prosas cojonudas, con un lenguaje muy vivo, muy popular: &iexcl;ay, ateos, las ni&ntilde;as, ya de peque&ntilde;itas and&aacute;is visti&eacute;ndolas como putas y luego os extra&ntilde;a que de mayores hagan lo que hacen! En Valencia casi todas las parroquias antiguas, las diez o doce que hay, son antiguas mezquitas. Primero fueron mezquitas, luego iglesias g&oacute;ticas y despu&eacute;s les metieron un caparaz&oacute;n barroco. Esto del arte son modas. &iexcl;Ay, qu&eacute; pureza la del rom&aacute;nico o la del g&oacute;tico! Yo me he vuelto muy relativista en esto. Todo me parece bien porque todo es mentira.</p>
<p>&nbsp;&ndash; &iquest;Con qu&eacute; escritores del 98 te llevas mejor?</p>
<p>&nbsp;&ndash; Azor&iacute;n me gusta cuando se retiene. Machado es maravilloso. Barojiano no soy mucho, soy m&aacute;s galdosiano. Unamuno me gustaba de joven, pero de mayor&hellip; Me he vuelto a leer <em>La agon&iacute;a del cristianismo</em> y es descabellada.</p>
<p>&nbsp;&ndash; &iquest;Y Valle Incl&aacute;n?</p>
<p>- Valle me gusta mucho. <em>Tirano Banderas</em>, <em>Luces de Bohemia</em>&hellip; Todo. Esa plasticidad que tiene para inventarse el lenguaje, para ser descabellado en el lenguaje y al mismo tiempo de una precisi&oacute;n rara porque hay palabras que no existen pero que, misteriosamente,&nbsp; son precisas. Y luego Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez, que tiene unas cuantas novelas muy buenas, pero le ha pasado lo que a Sender, enterrado en su propia ganga. Sender tiene unas cuantas novelas maravillosas, pero como hizo tanta morralla es muy f&aacute;cil descalificarlo. Y como adem&aacute;s no es un escritor c&oacute;modo, pues se descalifica. Y con Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez ha pasado igual. La universidad espa&ntilde;ola tiene un tufillo entre orteguiano y clerical que, por mucho que vayan de progres los profesores, sigue estando ah&iacute;, y les molestan personajes como Sender y Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez, que no es elitista y que adem&aacute;s tiene rasgos populistas, y en la universidad esos rasgos desagradan mucho.</p>
<p>&nbsp;&ndash; &iquest;Y Clar&iacute;n y Gald&oacute;s?</p>
<p>&nbsp;- Yo creo que es mejor escritor, en el sentido de m&aacute;s esteticista, Clar&iacute;n. Pero Gald&oacute;s es much&iacute;simo mejor novelista que Clar&iacute;n. Gald&oacute;s tiene una finura sicol&oacute;gico-social, donde va todo en el mismo lote, mientras que Clar&iacute;n es m&aacute;s brillante pero m&aacute;s vol&aacute;til. Lees <em>La Regenta</em> y dices, qu&eacute; escritura, pero sin embargo luego lo miras y la descripci&oacute;n de Ana Ozores tiene toquecitos como sical&iacute;pticos, de casino, y eso en Gald&oacute;s no est&aacute;. Gald&oacute;s, bajo una apariencia m&aacute;s<em> norme</em>, que dir&iacute;an los franceses, tiene por ejemplo un erotismo que es una bestialidad. Yo creo que es el m&aacute;s grande a distancia.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Una de las diversiones nacionales, sin embargo, es escupir sobre la tumba de Gald&oacute;s.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Son las &eacute;lites, el tonter&iacute;o este, y adem&aacute;s no lo han le&iacute;do. Es el orteguismo clericaloide. Gald&oacute;s no les ofrece &eacute;lite, se descojona de ella. Y como a los que van de modernos no les gusta su opci&oacute;n social ni su opci&oacute;n religiosa, que es pol&iacute;tica, entonces es muy f&aacute;cil omitirlo descalific&aacute;ndolo. Descalific&aacute;ndolo adem&aacute;s con todo aquello contra lo que &eacute;l luch&oacute;. Tachan a Gald&oacute;s de castizo cuando Gald&oacute;s es la lucha contra el casticismo por todos los medios. Es la arbitrariedad absoluta. Yo s&eacute; que ser&iacute;a bastante m&aacute;s idiota si no hubiera le&iacute;do los <em>Episodios Nacionales</em>. Me los volv&iacute; a leer hace tres a&ntilde;os para un pr&oacute;logo que me encargaron y dices, dios m&iacute;o, c&oacute;mo puede ser esto verdad, c&oacute;mo puede escribir alguien tan bien, contar las cosas tan bien contadas, que est&eacute; todo, que est&eacute; hoy y que est&eacute; entonces. Esa es la literatura buena, la que te est&aacute; contando su tiempo y a la vez lo que est&aacute; pasando hoy. Eso s&iacute; que es memoria hist&oacute;rica, y de primera l&iacute;nea.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Me da la sensaci&oacute;n de que <em>Mediterr&aacute;neos</em> es tanto un libro de viajes como un libro de memorias.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; A m&iacute; me gusta mucho la historia y la geograf&iacute;a y me ha gustado mucho recorrer ciudades y <em>Mediterr&aacute;neos</em> es un poco la biograf&iacute;a de mi relaci&oacute;n con el medio y con lo que ha sido parte de mi formaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Hace unos a&ntilde;os que vives en Beniarbeig, en la provincia de Alicante, donde has escrito <em>Los viejos amigos</em>, <em>Crematorio</em> y <em>En la orilla. </em>&iquest;Qu&eacute; te llev&oacute; all&iacute;?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Mi hermana vive en Denia, que est&aacute; a once kil&oacute;metros, y para m&iacute; el Mediterr&aacute;neo es Denia, donde yo iba de peque&ntilde;o. All&iacute; mi abuelo ten&iacute;a una casita, donde viv&iacute;a mi familia paterna. Mi abuelo era cestero y proced&iacute;a de Valencia. Para levantar el Mercado Central echaron abajo varias manzanas y tiraron la cester&iacute;a que &eacute;l ten&iacute;a. Entonces se fue a vivir a Algemes&iacute;. De Algemes&iacute; son la mayor&iacute;a de los Chirgues, con g. Como la casa en la que viv&iacute;a en Algemes&iacute;, que ser&iacute;a de alg&uacute;n familiar, se inundaba, se fue a Denia a un sitio que se llama El Saladar porque est&aacute; en unas antiguas salinas que se inundan todos los a&ntilde;os&hellip; Denia es mi infancia. Le dije a mi sobrino que me buscara una casa fuera del pueblo y encontr&oacute; una que me pareci&oacute; bien y me mud&eacute; y ahora ya no me puedo ir.</p>
<p>&nbsp; &ndash; &iquest;Por?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Para irme primero tendr&iacute;a que vender la casa. Si me la compras t&uacute; me lo pienso. No, all&iacute; estoy bien, no veo a nadie y no s&eacute; si me habituar&iacute;a a tener problemas con el del piso de arriba. Ya en Extremadura viv&iacute;a en una casa que por un lado daba pr&aacute;cticamente a la plaza del pueblo y por otro lado al campo, y me acostumbr&eacute; a estar aislado. Y como cada vez me gusta menos la humanidad&hellip; Estoy all&iacute; con mis dos perros y con mis dos gatos, que est&aacute;n fuera de casa y no se meten con nadie y que son muy agradecidos. Los animales, al rev&eacute;s que los hombres, no te atacan por la espalda.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; &iquest;Paseas?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; No, porque hay cuesta y porque cerca vive un ingl&eacute;s con un perro grande que no me hace mucha gracia. Estoy metido en casa, leyendo, y cada siete u ocho d&iacute;as me voy a hacer la compra.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&ldquo;No hay manera de ver nada sin la Historia&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash;<em>El viajero sedentario</em> arranca en China.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash;Todo el libro es una especie de desviar, entonces va de lo m&aacute;s lejos a lo m&aacute;s cerca, de la juventud a la vejez, de la vitalidad a la pasividad. Yo no he sido nunca un viajero en sentido estricto. Me ha gustado mucho conocer los sitios, su historia, c&oacute;mo vive la gente, qu&eacute; hacen, pero no he sido un aventurero.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash;Tu mirada sobre las ciudades no es solo literaria, es tambi&eacute;n, y quiz&aacute; principalmente, hist&oacute;rica.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash;Es que yo creo que todas las miradas son hist&oacute;ricas. No hay manera de ver nada sin la Historia. Hasta el campo tiene historia. Y si no entiendes la evoluci&oacute;n de las cosas, no entiendes nada. Este edificio, sin ir m&aacute;s lejos. T&uacute; no puedes hablar de &eacute;l si no sabes que la parte de abajo era el antiguo alc&aacute;zar &aacute;rabe, que por esta calle pasa el cardo romano, y que luego el edificio fue un almac&eacute;n de trigo y en la parte de arriba hay dibujos de los guardas que, como se aburr&iacute;an, se&ntilde;alaban la altura a la que llegaban los sacos y escrib&iacute;an, por ejemplo, &ldquo;aqu&iacute; lleg&oacute; trigo el siete de marzo de 1644 procedente de Campanar&rdquo;. Igual que con los escritores de viajes, ocurre con los novelistas. Lo escrib&iacute; en <em>Por cuenta propia</em>: &ldquo;O intentas ser testigo o en cualquier caso eres s&iacute;ntoma de tu tiempo&rdquo;.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash;Estudiaste Historia. &iquest;Por qu&eacute; Historia?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash;Lo dice Quini en <em>La ca&iacute;da de Madrid</em>. A m&iacute; siempre me gust&oacute; m&aacute;s la literatura y el cine, pero me daba terror eso tan resbaladizo, tan en el aire, y ten&iacute;a la impresi&oacute;n de que la Historia pon&iacute;a un peso y los pies en el suelo y pens&eacute;, adem&aacute;s, que la literatura en abstracto no era nada. Tengo muy mala cabeza para el pensamiento abstracto. He le&iacute;do libros y libros de ling&uuml;&iacute;stica y de fon&eacute;tica, por ejemplo, y se me olvidan seg&uacute;n los termino de leer. Los conceptos no se me quedan. Y la Historia me parec&iacute;a que pon&iacute;a lastre en las cosas, las situaba a ras del suelo, y eso fue lo que me anim&oacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; &iquest;Has ejercido de profesor?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash;Estuve una temporada en un instituto que era una cosa muy rara, di tambi&eacute;n clases de estudiante y luego en Marruecos, donde di Historia de la Espa&ntilde;a Musulmana sin saber ni patata de &aacute;rabe. Para la ense&ntilde;anza no sirvo, tengo muy mala memoria y lo paso fatal, no tengo conceptos claros y siempre tengo la sensaci&oacute;n de que s&eacute; menos que los ni&ntilde;os.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; T&uacute; has sido fiel a la editorial Anagrama.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; &iquest;Y por qu&eacute; no iba a serle fiel? Nada est&aacute; al margen de la Historia y todo se ha convertido en especulativo. Yo, para empezar, como vengo de un pueblo y de una familia muy poco literaria, tampoco te creas que le doy mucha importancia a esto de la literatura. Me parece una cosa muy incons&uacute;til, o como la quieras llamar. Y no entiendo lo de la especulaci&oacute;n editorial. Tampoco soy una puta para estar en la esquina. Tengo un pacto con un editor y mientras lo cumpla sigo con &eacute;l. Adem&aacute;s, yo no tengo ningunas ganas de competir. Con Herralde jam&aacute;s he tenido un problema. A los veinte d&iacute;as de recibir el original, &eacute;l me llama y me lo comenta y eso es una maravilla. Nunca me ha pedido que quitara una palabra o que cambiara un t&iacute;tulo. <em>Crematorio</em> en principio no le convenc&iacute;a. &iquest;Con ese t&iacute;tulo crees que vas a vender mucho?, me dijo. Pero es que yo no quer&iacute;a ponerle otro t&iacute;tulo, todo me sonaba ret&oacute;rico. Pues no es para regalarlo en los hospitales, me dijo. No, no es para llev&aacute;rselo a las parturientas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash;<em>Mimoun</em> lleg&oacute; a manos de Herralde gracias a Carmen Mart&iacute;n Gaite, quien tambi&eacute;n llev&oacute; a Anagrama a Pombo y a S&aacute;nchez-Ostiz&hellip;</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash;Y a Bel&eacute;n Gopegui. A m&iacute; me gusta mucho S&aacute;nchez-Ostiz.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; &iquest;Y Carmen Mart&iacute;n Gaite?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash;<em>El cuarto de atr&aacute;s</em> es su mejor novela. Se ley&oacute; como novela fant&aacute;stica cuando posee una l&uacute;cida visi&oacute;n pol&iacute;tica, sutilmente premonitoria de la deriva postfranquista de la gente de su generaci&oacute;n. De la Gaite me gustan sobre todo sus ensayos, muy especialmente esa joya que es <em>El cuento de nunca acabar</em>, una lecci&oacute;n extraordinaria de lo que pueda ser el arte o la pasi&oacute;n de escribir, y, en la misma l&iacute;nea, sus magn&iacute;ficos <em>Cuadernos de todo,</em> que tuve el privilegio de prologar.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash;&iquest;Qu&eacute; escritores de viajes has tenido como referencia?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash;No me gusta nada Theroux, que cuenta simplemente lo que ha visto sin pasarlo por ning&uacute;n filtro, eso que ahora est&aacute; tan de moda en el periodismo. Me gustan mucho los cl&aacute;sicos. Montaigne y los escritores franceses que viajan y van reflexionando y los viajes de Goethe a Italia. Pla tambi&eacute;n me gusta mucho, pero a veces me carga esa pose suya de catal&aacute;n paleto. De Pla me quedo con <em>El cuaderno gris</em> y con <em>El que hem menjat</em>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash;En la revista <em>Sobremesa</em>, de la que fuiste fundador, adem&aacute;s de reportajes hiciste cr&iacute;tica &nbsp;gastron&oacute;mica. &iquest;Qu&eacute; escritores culinarios te han hecho disfrutar m&aacute;s?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash;Grimod de la Reyni&egrave;re, Brillat-Savarin, Dumas o Jean-Fran&ccedil;ois Revel con su gozoso <em>Un festin en mots</em>. Y en&oacute;logos como &Eacute;mile Peynaud y Ribereau-Gayon.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp; <strong>&nbsp;&ldquo;Un mec&aacute;nico no ve el mundo igual que un escritor&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;Chirbes no prueba la comida precongelada ni la paella para turistas. Encontrar un buen restaurante un domingo de verano en Valencia no es f&aacute;cil. A Chirbes se le iluminan los ojos cuando ve en el men&uacute; gambas con gabardina. &iquest;Pero son crujientes, como las de Madrid? El camarero asiente sin mucha convicci&oacute;n. La ensaladilla rusa lleva salsa rosa, una de las dos cosas que menos le gustan a Chirbes. Hay una mosca a la que, por el contrario, parece entusiasmarle la salsa rosa de nuestra ensaladilla.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; &iquest;Cu&aacute;l es tu comida favorita?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; La china. Hay muchas cocinas chinas. La pekinesa imperial yo creo que es la mejor del mundo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; &iquest;Se te da bien cocinar?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Algunos que han comido arroz a banda en mi casa aseguran que no han comido ninguno tan bueno en ninguna parte. Tengo una sart&eacute;n que hace un <em>socarrat</em> perfecto.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Aldecoa dec&iacute;a que &eacute;l no conceb&iacute;a que sus personajes no ejercieran una profesi&oacute;n, que esa profesi&oacute;n los defin&iacute;a. A muchos de tus personajes tambi&eacute;n los definen &nbsp;sus profesiones.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Hay una narrativa, en gran medida anglosajona, en la que los personajes no se sabe muy bien lo que son. En general son escritores o gente que quiere escribir, y bueno, esas novelas est&aacute;n muy bien pero son reductivas, el mundo no se compone &uacute;nicamente de gente que quiere escribir. Las profesiones marcan mucho. Un mec&aacute;nico no ve el mundo igual que un carpintero o un alba&ntilde;il o un escritor. No es lo mismo estar con el mono todo el d&iacute;a debajo de un coche lleno de grasa que estar sirviendo ca&ntilde;as en un bar. Aldecoa lo dice en <em>Gran Sol</em>,&nbsp; les hace ese regalo a las profesiones de darles un lenguaje, una sintaxis, de lo que ellos usan pero no saben que es lenguaje. Esa es una de las cosas m&aacute;s grandes y m&aacute;s generosas de Aldecoa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ndash; Hablemos de Mars&eacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;&ndash; Mars&eacute; es mi padre y mi madre. Sin <em>&Uacute;ltimas tardes con Teresa</em> y <em>Si te dicen que ca&iacute; </em>la novela espa&ntilde;ola ser&iacute;a otra cosa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; &iquest;Novelistas j&oacute;venes espa&ntilde;oles?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Andr&eacute;s Barba y Marta Sanz.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Le&iacute; que te hab&iacute;an gustado los libros de D&ouml;blin que ha publicado Edhasa, todo el ciclo de <em>Noviembre 1918</em>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Son cojonudos. Empiezas a leerlos echando de menos <em>Berlin Alexanderplatz</em>, porque estos son como m&aacute;s divagantes, pero va subiendo y subiendo&hellip;</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; &iquest;Has visto la adaptaci&oacute;n que hizo Fassbinder para la televisi&oacute;n de <em>Berlin Alexanderplatz</em>?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Buen&iacute;sima. El actor,&nbsp; G&uuml;nter Lamprecht, es acojonante. Pasa de ser una bestia que te da miedo a un tipo acabado que te da pena. Cuando hicieron la serie de <em>Crematorio</em> los productores me dijeron que viera <em>The wire</em> y <em>Los Soprano</em>. <em>The wire</em> me gust&oacute; mucho, todo me gusta de ella. <em>Los Soprano</em> est&aacute; muy bien, pero no deja de ser una comedia de costumbres. Tambi&eacute;n me compr&eacute; <em>Retorno a Brideshead</em>, de la que ten&iacute;a alg&uacute;n buen recuerdo, pero no he podido pasar del tercer cap&iacute;tulo, es de un cursi insoportable. Yo soy poco o nada televisivo. Pongo la tele cuando estoy cocinando o fregando los cacharros. En mi infancia no hab&iacute;a tele. &Eacute;ramos cin&eacute;filos. Y luego, de adolescente, estuve interno en un colegio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp; <strong>&ldquo;Escribes como eres&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; &iquest;Cu&aacute;les fueron tus primeras lecturas?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Las enciclopedias Pulga. Me gustaban porque, a diferencia de los tebeos, ten&iacute;an mucho texto. All&iacute; hab&iacute;a cosas de Julio Verne, de Tolstoi. Aprend&iacute; a leer muy temprano, me ense&ntilde;&oacute; mi padre, que muri&oacute; cuando yo ten&iacute;a cuatro a&ntilde;os. Lo mismo me le&iacute;a novelitas del Oeste o las de Cor&iacute;n Tellado de mi madre que le&iacute;a a Salgari o Enid Blyton. Mi t&iacute;o abuelo de Valencia, que&nbsp; trabajaba de electricista y que deb&iacute;a de ser anarquista, ten&iacute;a muchos folletines, <em>N&ocirc;tre-Dame de Par&iacute;s</em>, de V&iacute;ctor Hugo, <em>Los misterios de Par&iacute;s</em> de Eugenio Sue, P&eacute;rez Escrich... Y yo lo le&iacute;a todo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; &iquest;Eres un afrancesado?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Completamente. Estuve en un orfelinato en Le&oacute;n donde recit&aacute;bamos sin saberlo a Verlaine. Y luego, cuando hac&iacute;a primero o segundo de bachillerato, ven&iacute;an unos familiares que estaban en Par&iacute;s y eran medio franceses y chapurre&aacute;bamos en franc&eacute;s. Desde peque&ntilde;o he sentido mucha atracci&oacute;n por Par&iacute;s. La poes&iacute;a de Baudelaire&hellip;El cine de Renoir, de Ophuls, de Godard&hellip; La canci&oacute;n francesa&hellip;La m&uacute;sica de Debussy, de Ravel, de Satie&hellip; La pintura de los impresionistas y de Cezanne&hellip; A Balzac, Flaubert, Stendhal y Maupassant los llevo conmigo, est&aacute;n en mis novelas, est&aacute;n en m&iacute;, son yo. Tambi&eacute;n me han gustado mucho <em>Hombres</em>, de Mauvignier, y <em>Lim&oacute;nov</em>, de Carr&egrave;re. Sartre y Camus me parecen tan admirables en algunos de sus libros como aburridos en otros. Reconozco el magisterio de Braudel. Y cuando era estudiante de Historia&nbsp; le&iacute; a los hispanistas franceses: Bartolom&eacute; Benassar, Jean Sarrailh, Jean Canavaggio, Claude Couffon, Marcel Bataillon&hellip; Y tendr&iacute;a que hablar de la escuela de Annales, de Lucien Febvre, de Pierre Vilar, de Duby, esenciales &nbsp;en la formaci&oacute;n de mi car&aacute;cter.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; De las novelas que te han traducido, &iquest;cu&aacute;l es la que m&aacute;s ilusi&oacute;n te ha hecho?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; <em>La buena letra</em>, en griego, que se titula <em>Caligraf&iacute;a</em>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; &iquest;Tu primera novela en traducirse?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; <em>Mimoun</em>, que se tradujo al ingl&eacute;s.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; &iquest;La actitud vital se refleja en lo que escribes?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Sin duda. Yo estoy convencido de que escribes como eres. &nbsp;Pero las intenciones no bastan para escribir una novela. T&uacute; hablas muy bien, pero si la novela es mala ya puedes hablar de piedad, de cultura o de intervenci&oacute;n, que la novela es un pesti&ntilde;o y no funciona.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;<strong>&nbsp; &ldquo;Mis novelas han ido a la contra de la atm&oacute;sfera de ideas&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; &iquest;Dejas pasar un tiempo entre novela y novela?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Claro. Yo hoy solo podr&iacute;a escribir la novela que escrib&iacute; hace un a&ntilde;o. Necesito cambiar un pasito a un lado o a otro en el punto de vista para poder escribir otra novela. Hay gente que no, como Gald&oacute;s, que escrib&iacute;a una novela cada dos meses si se terciaba, pero no es mi caso. Yo necesito volver a tener ganas de contar porque hay algo que no has contado. Hay una frase que me gusta mucho del ep&iacute;logo de la Yourcenar a las <em>Memorias de Adriano</em>: &ldquo;Si tuviera que escribir de m&iacute; misma escribir&iacute;a como de Adriano&rdquo;. Me gusta no ser yo sino estar en los otros personajes. Me parece imp&uacute;dico ser yo. Cuando me preguntan qui&eacute;n eres t&uacute; en esa novela, pues soy todos. Mi pasi&oacute;n es estar en los diferentes lugares. Me gusta lo de Bajt&iacute;n, eso de que el novelista es esa especie de exponerse entre todos los personajes y que eso es su punto de vista y lo que le distingue del l&iacute;rico.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; &iquest;Y tus personajes m&aacute;s repulsivos?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Son los que m&aacute;s se parecen a m&iacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Con ellos sueles ser compasivo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Porque yo creo que en la vida real puedes no perdonar nunca a alguien, pero la novela es otro espacio y para que un personaje sea cre&iacute;ble tiene que tener puntos perdonables. Cuando el personaje es de una pieza, no te lo crees. Adem&aacute;s, me gusta poner a la gente en el lugar de su enemigo. As&iacute; creo que es como uno aprende, cuando te colocas en el punto de vista contrario al tuyo. Rodearte de gente que piensa como t&uacute; te ense&ntilde;a muy poco. Y si te fijas, en mis novelas los personajes m&aacute;s negativos acaban siendo mejor que los personajes que te&oacute;ricamente son de mi generaci&oacute;n. Si lees <em>Los disparos del cazador</em>, son mucho m&aacute;s hijos de puta el hijo y la hija y la mujer que el cazador. Ese es uno de los temas de todas mis novelas, la desconfianza de la cultura y de la educaci&oacute;n. La buena letra es el disfraz de las mentiras... Torquemada, el personaje de Gald&oacute;s, es un ejemplo. Torquemada, qu&eacute; malo es, dicen, pero todo el mundo vive a su costa y todos los buenos se nutren de su avaricia. Lo mismo ocurre con Vautrin, el personaje de Balzac. A m&iacute; me gusta m&aacute;s el que caza que el se come la caza y dice estar limpio de sangre y de pelo y pluma.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; &iquest;Crees que algunas tus novelas (<em>La buena letra / Los disparos del cazador</em>, <em>La larga marcha / La ca&iacute;da de Madrid</em> y <em>Crematorio / En la orilla</em>) funcionan como d&iacute;pticos?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; No lo s&eacute;. Cuando me pongo a escribir no lo pienso. Algunos me preguntan si ten&iacute;a el proyecto de escribir los <em>Episodios Nacionales</em> de nuestro tiempo y la verdad es que yo escribo por reacci&oacute;n con respecto a lo que he estado viviendo. Cuando esto era &ldquo;gato blanco, gato negro, lo importante es que cace ratones&rdquo;, y Espa&ntilde;a el pa&iacute;s donde uno se pod&iacute;a hacer rico m&aacute;s r&aacute;pidamente, y el pasado no existe porque vamos hacia un futuro europeo, entonces yo escrib&iacute; <em>La buena letra</em> que era todo lo contrario. Y antes hab&iacute;a escrito <em>Mimoun</em>, que en vez de mirar a Europa miraba a Marruecos, y despu&eacute;s escrib&iacute; <em>En la lucha final</em> que era una&nbsp; novela de impostores, una novela sobre Rold&aacute;n diez a&ntilde;os antes de Rold&aacute;n, y, claro, esa serie de reacciones pues se va encadenando. Mis novelas han ido a la contra de la atm&oacute;sfera de ideas, que dec&iacute;a Balzac.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Tu mirada nunca ha sido burguesa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; La clase de la que vienes cuenta en la formaci&oacute;n de tu mirada. Como los personajes de <em>La buena letra</em> y de <em>La larga marcha</em>, yo ser&eacute; un desclasado porque estudi&eacute; y ascend&iacute; socialmente, pero en la facultad yo ve&iacute;a que mis compa&ntilde;eros eran de otra clase distinta a la m&iacute;a. Hijos de obreros hab&iacute;a muy pocos. Y eso te crea una mirada que no te la quitas en toda la vida. Las cosas de las que se desconf&iacute;a cuando eres de arriba o de abajo no tienen nada que ver. Por mucha pasta que ganes, por mucho champ&aacute;n que bebas, hay algo en la clase que es gen&eacute;tico, que se transmite con la grasa del tornillo de mec&aacute;nico.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; &iquest;Y tu militancia?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Yo milit&eacute; muy poco y a la fuerza pr&aacute;cticamente. Siempre he querido ir por libre y, adem&aacute;s, soy bastante permisivo, digamos, y no tengo mucha idea abstracta. Las discusiones de c&eacute;lula me parec&iacute;an absurdas, qu&eacute; m&aacute;s da si ser&aacute; dictadura del proletariado o ser&aacute; revoluci&oacute;n proletaria. Ten&iacute;a unos amigos que militaban en un partido y me dijeron que me hiciera del partido y me hice pero a rega&ntilde;adientes y dur&eacute; poco. Por lo mismo que no soy de ninguna escuela literaria. A lo mejor hasta por un problema de clase. Desconfiaba de aquellos muchachos obreros que se dec&iacute;an hermanos de aquellos otros muchachos burgueses.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; En <em>Los viejos amigos</em> hay un cambio de registro.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; S&iacute; es verdad que <em>La larga marcha</em> y <em>La ca&iacute;da de Madrid</em> son m&aacute;s bien &eacute;picas y a partir de <em>Los viejos amigos</em> empiezan las novelas testamentarias.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; &iquest;C&oacute;mo surge un personaje como Rub&eacute;n Bertomeu? &iquest;No se estaba larvando ya en algunas de tus anteriores novelas?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Rub&eacute;n Bertomeu es el personaje que demuestra que hemos sido peores que ellos. Vuelve a ser Torquemada: qu&eacute; malo es Rub&eacute;n pero todos hemos vivido a su costa, todos hemos comido de &eacute;l, hemos hecho arte de &eacute;l, hemos escrito novelas de &eacute;l, y sin embargo &eacute;l nos averg&uuml;enza a todos. En Espa&ntilde;a, desde el a&ntilde;o 79, los que han hecho la textura f&iacute;sica, &eacute;tica y est&eacute;tica del pa&iacute;s han sido los de mi generaci&oacute;n de la izquierda. La manera de pensar, de hablar, la ha tejido mi generaci&oacute;n. El gusto lo han moldeado peri&oacute;dicos como <em>El Pa&iacute;s</em>, no ha sido el <em>ABC. </em>El estilo arquitect&oacute;nico lo han creado Calatrava cuando era del PSOE, V&aacute;zquez Consuegra y Moneo. Y este es el pa&iacute;s que ha quedado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; T&uacute; eres de los pocos de tu generaci&oacute;n que han hecho autocr&iacute;tica.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Escribir era la &uacute;nica forma que ten&iacute;as para respirar un poco. Porque como no estuvieras en esa onda eras &nbsp;un tipo reconcomido y amargado y de derechas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Tu escritura es pura m&uacute;sica &nbsp;verbal</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; En muchas cosas me ha influido Proust, que es uno de esos autores que, cuando lo lees, te cambian la vida y la manera de ver el mundo. Tambi&eacute;n en el manejo del tiempo. En todas mis novelas pasado y presente siempre est&aacute;n en el presente. Sin Historia no hay novela. Cada vez que est&aacute;s contando el presente, hay un ir y venir del pasado. Y eso es Proust. Tambi&eacute;n me ha influido en el gusto por la m&uacute;sica de las palabras:&nbsp; de adolescente me gustaba mucho la poes&iacute;a cl&aacute;sica espa&ntilde;ola y, cuando estudi&eacute; lat&iacute;n, me gustaba Virgilio, los hip&eacute;rbatos, los hex&aacute;metros, los espondeos, los d&aacute;ctilos. Es un vicio y lucho contra &eacute;l denodadamente. Las frases me suenan bien o mal pero tienen que ser precisas. Hay algo en la textura de la frase que cuando suena mal es que no es preciso, el pensamiento no est&aacute; claro. Entre m&uacute;sica y claridad conceptual hay una relaci&oacute;n muy directa y es verdad que en mis novelas estoy en una guerra continua contra eso. En las &uacute;ltimas esa lucha se ve m&aacute;s. <em>Mimoun </em>est&aacute; directamente escrita como un poema. Cada frase es un verso y cada cap&iacute;tulo es una estrofa. Te peleas contra lo literario y de das cuenta de que la literatura siempre te gana la partida. <em>Crematorio</em> y <em>En la orilla</em> las termin&eacute; con una sensaci&oacute;n muy fea: donde yo no quer&iacute;a que hubiera hueco, hab&iacute;a hueco, y donde yo no quer&iacute;a que hubiera sonajero, me parec&iacute;a que sonaba a sonajero. Me sent&iacute;a muy inc&oacute;modo con ellas, pensando que era ret&oacute;rica lo que yo quer&iacute;a que hubiera sido llaneza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp; <strong>&ldquo;Franz Biberkopf es un indignado, pero es carne de nazismo&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash;Hay unos versos de Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n que, no s&eacute; por qu&eacute;, me hacen pensar en tu obra: &ldquo;In&uacute;til escribir con min&uacute;scula nuestra Historia / no lo puedes decir ni adivinar, tan s&oacute;lo conoces / un mont&oacute;n de im&aacute;genes rotas sobre el que cae el sol / la angustia en un pu&ntilde;ado de ceniza y el suicidio / de las gaviotas contra los mares met&aacute;licos&rdquo;. &iquest;Es in&uacute;til escribir con min&uacute;scula nuestra Historia?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash;No lo s&eacute;. Como vengo de una zona y de una clase donde la literatura digamos que no es muy importante, hay veces que me parece que todo esto es blablabl&aacute; y que se lo tragar&aacute; el tiempo y que todo es cuesti&oacute;n de mercados. Y otras veces te pones a leer y piensas que menos mal que existe la literatura porque, si no, no sabr&iacute;amos de la misa la media. En ese ir y venir estamos. El tiempo es un buen filtro. Es perder el tiempo si no pasas el filtro del tiempo y si lo vas pasando pues est&aacute; bien. A veces me arrepiento de escribir, para qu&eacute;, me digo, qu&eacute; vida m&aacute;s tirada y m&aacute;s absurda para nada. Y otras veces me digo: menos mal que he escrito porque de lo contrario no ser&iacute;a nada ante m&iacute; mismo, qu&eacute; justificaci&oacute;n tendr&iacute;a. Algunos amigos de la militancia marginal me han agradecido que haya escrito lo que he escrito. Y es cierto que en los a&ntilde;os aquellos era una zona y un punto de vista que no funcionaban, porque la Transici&oacute;n era un discurso &uacute;nico y avasallador y luego ha venido la antitransici&oacute;n con un furor que tambi&eacute;n me resulta sospechoso y al que no me apunto alegremente. Yo no s&eacute; si es que me estoy haciendo reaccionario, pero no tengo claro qu&eacute; puede venir despu&eacute;s de esto con los mimbres que hay en el aire. No me parece que haya una ola que tenga una textura moral, social o pol&iacute;tica. M&aacute;s bien lo contrario. Hay un populismo muy oscuro de ra&iacute;ces parafascistas muchas veces. Habl&aacute;bamos de D&ouml;blin. Franz Biberkopf es un indignado, pero es carne de nazismo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; &iquest;Eres un pesimista patol&oacute;gico?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; No. Yo me r&iacute;o mucho y en mis novelas hay mucho humor m&aacute;s bien negro. Que esto acaba mal lo sabe todo el mundo, y que cuanto m&aacute;s hijo de puta eres m&aacute;s arriba llegas, tambi&eacute;n. Eso no es ser pesimista u optimista.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Me da la impresi&oacute;n de que algunas de tus novelas tienen estructuras sinf&oacute;nicas, en las que cada cap&iacute;tulo funciona como un movimiento musical. Por otro lado, <em>Crematorio</em> empieza con Bach, luego suena Stravinsky y luego Schubert.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Con <em>Crematorio </em>ten&iacute;a en la cabeza una idea de r&eacute;quiem o de cantata f&uacute;nebre y yo creo que de alguna manera est&aacute; en el fraseo y en c&oacute;mo funcionan los cap&iacute;tulos. La idea de m&uacute;sica est&aacute; en casi todos mis libros, pero yo no s&eacute; si eso es bueno, es malo o es un vicio.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; El tiempo que hace es tan determinante como el tiempo que pasa en algunas de tus novelas, como en <em>Mimoun</em>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; <em>Mimoun</em> tienen mucho de novela expresionista en la que el paisaje y el clima son decisivos. Tambi&eacute;n porque es una novela de extra&ntilde;amiento, de extranjer&iacute;a, y cuando est&aacute;s fuera de tu medio notas m&aacute;s el clima y la geograf&iacute;a. <em>Mimoun</em> es una novela g&oacute;tica, de paranoia, a la manera de <em>Otra vuelta de tuerca </em>de Henry James, donde no sabes qu&eacute; es real y qu&eacute; es fruto de tu propia obsesi&oacute;n. Y en esa novela juegan un factor fundamental paisaje y clima como parte de ese elemento obsesivo y de esa especie de conspiraci&oacute;n en la que toman parte dios, el cielo, las nubes y esos &aacute;rboles que no sabes si se comunican entre s&iacute; por debajo, como no sabes si la gente que hay habla de ti y te sigue a escondidas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; &iquest;Por qu&eacute; &nbsp;la hiciste biling&uuml;e?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Era jugar m&aacute;s con el extra&ntilde;amiento, ponerle un punto m&aacute;s de desaz&oacute;n al libro, y de todas mis novelas es en la que m&aacute;s se nota lo literario.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; &iquest;En <em>Crematorio</em> est&aacute; <em>La Celestina</em>?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; <em>La Celestina</em> y Lucrecio. La escritura materialista radical ya aparece en <em>Los viejos amigos</em> y cada vez est&aacute; m&aacute;s presente. Incluso est&aacute; presente en la propia estructura del libro, que es una novela dialogada. El narrador ha ido desapareciendo de mis novelas por pura desaz&oacute;n m&iacute;a. Me molesta esa especie de autoritarismo y ese barrer para casa que suele tener el narrador. Es verdad que los di&aacute;logos tambi&eacute;n los llevas t&uacute; por donde te da la gana, pero parece que es menos deshonesto que establecer un narrador imperativo y yo al menos me siento menos tramposo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp; <strong>&ldquo;Los pobres no tienen historia en las historias contadas por los ricos&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; &iquest;Siempre has sido un &nbsp;buen lector de novelas?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash;Siempre. Eso s&iacute;, en cuanto me leo cuatro novelas seguidas me empiezo a saturar y necesito leer Historia. Demasiada novela me saca de quicio y necesito echar pie a tierra con algo de Historia, de sociolog&iacute;a o de viajes.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; &iquest;Y poes&iacute;a?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Ahora estaba ley&eacute;ndome a Villon, que me gusta mucho. Su sombra est&aacute; en alguna de mis novelas, como <em>En la orilla</em>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Entre los nombres que citas al final de <em>Crematorio</em> est&aacute; el de Vargas Llosa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; <em>La guerra del fin del mundo</em> es una novela extraordinaria, como <em>La fiesta del chivo</em>. Y <em>Conversaci&oacute;n en la catedral</em> es una novela fundamental. Incluso novelas malas como <em>Lituma en los Andes</em> est&aacute;n bien. Es verdad que, si nos ponemos benetianos, todas las novelas de Vargas Llosa son un follet&iacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; &iquest;Te marcaron los novelistas del <em>boom</em>?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Yo soy de Carpentier. <em>El siglo de las luces </em>me la compr&eacute; un fin de semana en la Cuesta de Moyano, donde el fin de semana anterior me hab&iacute;a comprado <em>Tiempo de silencio</em>, dos novelas para m&iacute; decisivas. Me gustaron mucho esos escritores a los que se les considera los antecedentes del <em>boom</em>, como R&oacute;mulo Gallegos, que recogen el lenguaje de los cronistas de Indias. De Garc&iacute;a M&aacute;rquez me quedo con <em>El coronel no tiene quien le escriba </em>y con<em> Cr&oacute;nica de una muerte anunciada. Cien a&ntilde;os de soledad </em>me sobrepas&oacute; y <em>El oto&ntilde;o del patriarca</em> me pareci&oacute; una ret&oacute;rica repetici&oacute;n de la jugada.<em> </em>El primer<em> </em>Carlos Fuentes me encant&oacute;. Y Rulfo. Y Rodolfo Walsh. Y la rabia de Roberto Arlt. Soy poco borgiano y de Cort&aacute;zar prefiero sus cuentos. <em>Rayuela</em>, con eso que tiene de Par&iacute;s para progres, no me ha convencido nunca.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Camus dijo, en una sus frases famosas, que los pobres no tienen historia, solo el cielo abierto y la miseria. &iquest;T&uacute; crees que los pobres no tienen historia?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash;Los pobres no tienen historia en las historias contadas por los ricos. Lee <em>La jungla</em>, de Upton Sinclair, y ya ver&aacute;s c&oacute;mo tienen historia y menuda historia. Todo depende de qui&eacute;n se la quiera contar. Yo he intentado contar la historia de los de abajo, el limpiabotas de Salamanca o el que vende cigarros... Los pobres tienen la historia de la lucha de clases lo mismo que los ricos. Y tiene la misma densidad de alma una marquesa de Henry James que un currante de <em>Paralelo 42</em>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; &iquest;La lucha de clases es el motor de la historia?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Por supuesto. Si ha habido algunas etapas de tonter&iacute;a, en las cuales esto se encubre, como en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, donde nos quer&iacute;an hacer creer que todos &eacute;ramos iguales, de repente se descubre lo de Vallejo de que &ldquo;repercute jefe, suena subordinado&rdquo;. Ahora volvemos a una etapa en la que la lucha de clases es evidente. Luego, si regresa el bienestar y los socialdem&oacute;cratas vuelven otra vez a darnos benevolencia, pues se nos olvidar&aacute; como se nos olvid&oacute; entonces, y cuando despu&eacute;s vengan los tiempos duros estaremos desarmados, como estamos ahora.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; &iquest;Vuelves siempre a Marx?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Marx es muy divertido, no <em>El Capital</em>, sino <em>La guerra civil en Francia</em> y <em>El 18 Brumario de Luis Bonaparte. </em>Sus trabajos hist&oacute;ricos son divertidos y aleccionadores.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; &iquest;No te ha tentado escribir novela hist&oacute;rica?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Del XIX no vas a escribir mejor de lo que escribieron Gald&oacute;s o Clar&iacute;n ni del XV mejor que Fernando de Rojas. Espa&ntilde;a tiene una tradici&oacute;n novelesca extraordinaria.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Salvo <em>Mimoun</em>, todas tus novelas transcurren en Espa&ntilde;a.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Yo no dir&iacute;a eso. Una parte de <em>En la lucha final </em>sucede en Manila y en <em>La ca&iacute;da de Madrid</em> hay una violaci&oacute;n en Par&iacute;s. Tambi&eacute;n Par&iacute;s y Burdeos y Rouen est&aacute;n en <em>Los disparos del cazador</em>, y en <em>Crematorio</em> est&aacute; el retablo de Isenheim y Roma. Voy y vengo y por el camino me entretengo. Tengo una novela que no publiqu&eacute; porque no acababa de convencerme que pasa en Par&iacute;s, una novela sobre el sida que se titula <em>Paris-Austerlitz</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp; <strong>&ldquo;A la pintura le pido carne o tierra&rdquo;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; La pintura est&aacute; muy presente en toda tu obra.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Me gusta mucho y envidio a los pintores porque yo soy incapaz incluso de escribir con los dedos rectos. Pero no acaba de satisfacerme la pintura que ha renunciado a un soporte real, por m&iacute;nimo que sea. La m&uacute;sica es abstracta y no sabemos por qu&eacute; caminos nos toca, pero yo a la pintura le pido un poco de carne o de tierra.</p>
<p>&nbsp; &ndash; &iquest;Goya?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; De joven me gustaba el Goya cr&iacute;tico y luego con la edad Goya me gusta por su elegancia, esos perlas, esos verdes de seda,&nbsp; todos esos colores que apenas est&aacute;n en el cuadro pero que te das cuenta de que son el centro del cuadro.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; &iquest;Has elegido t&uacute; los cuadros que ilustran tus libros?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; La mayor&iacute;a s&iacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Tus novelas est&aacute;n llenas de distintos olores.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Eso es muy proustiano, la corporeidad, la densidad de las palabras.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; &iquest;C&oacute;mo empiezas a escribir una novela?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; Por tanteos. La maquinaria de una novela es muy delicada. La novela se traga todos los elementos o no se traga ninguno. Una novela, cuando es buena, responde ante ti mismo y ante s&iacute; misma.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash; &iquest;Y los t&iacute;tulos de tus novelas?</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ndash;<em>Mimoun</em> es una palabra &aacute;rabe que significa el creyente, el que tiene fe. En algunos t&iacute;tulos de mis novelas he querido jugar, ir&oacute;nicamente, con lo que ha formado parte de nuestra educaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp; En Valencia hay m&aacute;s mendigos que en el Madrid de Gald&oacute;s. Chirbes se para a mirar el escaparate de una pasteler&iacute;a de Paco Torreblanca. Tiene el az&uacute;car alto, pero no puede resistirse a una horchata en un puesto callejero. Con la horchatera habla en valenciano. Tampoco se resistir&aacute; a un peque&ntilde;o whisky en otra terraza. De vuelta a la plaza del Ayuntamiento, levanta los ojos y la mano para mostrarme c&oacute;mo se perfilan los edificios contra el azul intenso del cielo. &ldquo;Qu&eacute; me dices de esas fachadas de color tarta que la luz del atardecer ba&ntilde;a de caramelo&hellip;&rdquo;.</p>
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      <pubDate>Thu, 20 Mar 2014 12:14:23 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los zapatos de Mario Levrero]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/los-zapatos-de-mario-levrero/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/MARIO_LEVRERO_2.jpg" alt="" width="304" height="224" /></p>
<p>Dicen que cuando un escritor importante muere, su obra ingresa en un limbo que dura unos diez a&ntilde;os. Al cabo de ese tiempo algunos elegidos regresan y sus libros son relanzados: se actualiza su lectura y la cr&iacute;tica los estudia y comenta. Con otros no sucede lo mismo: quedan para siempre en el limbo de los nombres importantes cuya obra es citada pero no le&iacute;da. No vuelven a la vida.</p>
<p>El caso de Mario Levrero es singular &ndash;y comparable, aunque en menor escala, al de Bola&ntilde;o&ndash; porque luego de su muerte, en agosto del 2004, su obra no par&oacute; de difundirse, ganando lectores y reconocimiento internacional. En 2005 se public&oacute; p&oacute;stumamente la que para muchos es su obra cumbre, y seguramente su libro m&aacute;s ambicioso, La Novela Luminosa, que cuenta con un pr&oacute;logo de 400 p&aacute;ginas en el que relata casi al detalle su vida cotidiana, en lo que podr&iacute;a ser un inmenso ejercicio de exhibicionismo si no estuviera atravesado por la incesante b&uacute;squeda de lo trascendente en los delicados y a veces rutinarios hilos que traman nuestras vidas.</p>
<p>Se ha reeditado internacionalmente casi toda su obra y han aparecido algunos in&eacute;ditos, como <em>La Banda del Ciempi&eacute;s</em> y el reciente <em>Burdeos, 1972</em>, texto que relata su experiencia en ese a&ntilde;o en Francia, adonde lleg&oacute; impulsado por el amor a una mujer. El libro da cuenta de los recuerdos que asaltaron al escritor treinta a&ntilde;os despu&eacute;s, a fines del 2003, y que &eacute;l decidi&oacute; transcribir sin intentar llenar los vac&iacute;os y deformaciones que impone el olvido ni confirmar los datos con que lo sorprendi&oacute; su memoria. El relato est&aacute; a la altura de sus mejores narraciones, entre ellas el c&eacute;lebre cuento <em>Diario de un canalla</em>. Por decisi&oacute;n de sus hijos, ambos textos aparecieron en un mismo libro a mediados del 2013, a&ntilde;o que podr&iacute;a sindicarse como el de la <em>implosi&oacute;n levreriana</em>, al menos en el &aacute;mbito del R&iacute;o de la Plata.</p>
<p>En la siempre influyente Buenos Aires se publicaron tres libros que lo tienen como asunto central<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>, adem&aacute;s de que realizaron encuentros universitarios y tambi&eacute;n en circuitos alternativos como bares y ciclos de lecturas donde j&oacute;venes escritores le brindaron su homenaje y expresaron una admiraci&oacute;n creciente por su obra. En la orilla uruguaya se public&oacute; un libro<a title="" href="#_ftn2">[2]</a> del cr&iacute;tico espa&ntilde;ol Jes&uacute;s Montoya que adem&aacute;s de analizar la obra present&oacute; un primer esbozo biogr&aacute;fico del autor.</p>
<p>Pero &iquest;qui&eacute;n fue este hombre lleno de fobias y de car&aacute;cter bastante antisocial, que jam&aacute;s promocion&oacute; sus libros y que porfi&oacute; en tener una relaci&oacute;n distante, y en ocasiones hosca, con editores y cr&iacute;ticos y, en general, con todo el mundillo literario? &iquest;c&oacute;mo lleg&oacute; a originar esta creciente e imparable catarata de libros, encuentros y publicaciones sobre su obra, como no se hab&iacute;a visto desde los tiempos de la consagraci&oacute;n internacional de Juan Carlos Onetti?</p>
<p>&ldquo;Mario Levrero es el secreto peor guardado de la literatura nacional&rdquo; afirma el escritor uruguayo Gabriel Sosa, y tal vez no le falte raz&oacute;n.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Par&iacute;s y el centro </strong></p>
<p>Jorge Mario Varlotta Levrero, conocido como Jorge Varlotta en su vida civil y familiar, naci&oacute; el 23 de enero de 1940 en Montevideo. Pas&oacute; su infancia en el barrio Pe&ntilde;arol, de clase trabajadora y ligado al ferrocarril, que est&aacute; en el norte de Montevideo, muy cerca de Villa Col&oacute;n, localidad &shy;donde Onetti vivi&oacute; sus a&ntilde;os de infancia y adolescencia. Fue hijo &uacute;nico de Mario Varlotta, un empleado de las tiendas London-Par&iacute;s (una especie de Corte Ingl&eacute;s que oper&oacute; entre 1908 y 1966) y de Nilda Levrero, ama de casa y madre sobreprotectora. A los tres a&ntilde;os le diagnosticaron una afecci&oacute;n cardiaca (&ldquo;soplo al coraz&oacute;n&rdquo;) que lo mantuvo en reposo absoluto, rodeado del cari&ntilde;o de padres y abuelos hasta los siete a&ntilde;os. Esta situaci&oacute;n de aislamiento tendr&iacute;a sus efectos: seg&uacute;n sus palabras fue all&iacute; donde naci&oacute; &ldquo;el amor al ocio, a la observaci&oacute;n de las cosas y a la lectura&rdquo;. Tambi&eacute;n ah&iacute; debe haber nacido su obsesi&oacute;n por Par&iacute;s y su aversi&oacute;n por el <em>centro</em>: seg&uacute;n sus comentarios, de ni&ntilde;o se angustiaba cuando el padre desaparec&iacute;a durante horas, absorbido por la frase &ldquo;se fue al centro, a Par&iacute;s&rdquo; (al London-Par&iacute;s).</p>
<p>Este recuerdo, alimentado por la imaginaci&oacute;n y la memoria, lo llevar&iacute;a a culminar su trilog&iacute;a <em>involuntaria</em> con la que tal vez sea una de sus mejores novelas, <em>Par&iacute;s</em> (las otras son <em>La ciudad</em> y <em>El lugar</em>, las tres atravesadas por la deriva y por la b&uacute;squeda existencial). A&ntilde;os m&aacute;s tarde declarar&iacute;a que &ldquo;la ciudad es una figura arquet&iacute;pica, relacionada al instinto territorial. Uno busca una ciudad o un espacio territorial cuando quiere construirse a s&iacute; mismo&rdquo;.</p>
<p>La capital de Francia tambi&eacute;n aparece en otros textos, sobre todo en el fenomenal follet&iacute;n par&oacute;dico <em>Nick Carter</em>, cuyo abusivo t&iacute;tulo es <em>Nick Carter se divierte mientras el lector es asesinado y yo agonizo</em>. En esta nouvelle, editada en 1972, Levrero utiliza a un personaje del pulp detectivesco &ndash;que hab&iacute;a sido narrado por una largu&iacute;sima lista de escritores&ndash; para contar una violenta y divertida historia que se r&iacute;e a carcajadas de todos los clis&eacute;s del g&eacute;nero policial m&aacute;s barato. Fue un ejercicio privado de su humor m&aacute;s salvaje, destinado a compartir con amigos como Marcial Souto y Jaime Poniachik, quienes opinaron que era algo que merec&iacute;a publicarse. Lograron convencer a Levrero quien, tras una oposici&oacute;n inicial, acept&oacute; que se editara bajo otro nombre, puesto que consideraba que el desopilante salvajismo de la nouvelle pod&iacute;a perjudicar su carrera como escritor.<a title="" href="#_ftn3">[3]</a></p>
<p>Finalmente, el libro fue publicado bajo el seud&oacute;nimo de Jorge Varlotta, su nombre civil, lo que lo que no dej&oacute; de sorprender al propio Levrero.</p>
<p>Texto contaminado de su gusto por los comics, el pulp, el policial, la ciencia ficci&oacute;n y las pel&iacute;culas B, la nouvelle sigue sorprendiendo por la intensidad de sus im&aacute;genes, su potencial humor&iacute;stico y su extraordinaria fluidez narrativa (que lleva entre otras cosas, a cambios de punto de vista de la narraci&oacute;n, cortes abruptos, saltos inesperados en el tiempo y quiebre del planteo narrativo), y sobre todo por su ataque &ndash;y utilizaci&oacute;n- de todos los clis&eacute;s del subg&eacute;nero.</p>
<p>Consumado guionista de tiras c&oacute;micas como <em>Los Profesionales</em> y <em>Santo Var&oacute;n</em>, el autor declar&oacute; posteriormente que el atractivo de las historietas, estaba en &ldquo;la libertad de poder jugar con los clis&eacute;s en lugar de evitarlos&rdquo;.&nbsp; Mucha de esa libertad se respira en el <em>Nick Carter</em>, libro que anticip&oacute; una estrategia de cruce (y de crisis) de g&eacute;neros que a&ntilde;os m&aacute;s tarde campear&iacute;a en la posmodernidad. La nouvelle finalmente fue reconocida por su autor, quien la incluy&oacute; dentro de su obra public&aacute;ndola en 1992 bajo la firma de Mario Levrero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Los l&iacute;mites del yo </strong></p>
<p>Con respecto a c&oacute;mo se ganaba la vida, los testimonios coinciden en se&ntilde;alar que m&aacute;s all&aacute; de los m&uacute;ltiples oficios que se detallan en las solapas de todos sus libros (librero, guionista, creador de crucigramas y enigmas l&oacute;gicos, fot&oacute;grafo, orientador de talleres literarios) el sustento principal provino generalmente de la ayuda material de terceros: amigos, parientes, pareja. &ldquo;Nunca me sent&iacute; dise&ntilde;ado para vivir en este mundo&rdquo; declar&oacute; en una ocasi&oacute;n. Tal vez esta dificultad est&eacute; &iacute;ntimamente entrelazada con uno de los hilos conductores de toda su obra, un tema recurrente &ldquo;del que yo mismo no me daba cuenta: el tema de la identidad y los l&iacute;mites del yo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Su biograf&iacute;a se inscribe en cierta tradici&oacute;n de <em>vida tranquila</em> de los uruguayos, porque a excepci&oacute;n de breves estad&iacute;as en Piri&aacute;polis (balneario situado a 100 km de Montevideo), en Rosario (Argentina) y Burdeos, y de no m&aacute;s de tres a&ntilde;os en Buenos Aires y Colonia (Uruguay), su existencia transcurri&oacute; enteramente en Montevideo.</p>
<p>Seg&uacute;n lo cont&oacute; muchas veces, Mario Levrero naci&oacute; en junio de 1966, en Piri&aacute;polis, al escribir, bajo la inspiraci&oacute;n de las lecturas de <em>Am&eacute;rica</em> y <em>El Castillo</em>, la novela <em>La ciudad</em>. &ldquo;Kafka me dio la llave&rdquo; declar&oacute; &ldquo;me dio el permiso (&hellip;) hasta leer a Kafka no sab&iacute;a que se pod&iacute;a decir la verdad&rdquo;. Adem&aacute;s, y esto no es menor, el escritor praguense le mostr&oacute; que se pod&iacute;a escribir gran literatura con un lenguaje poco literario (hasta entonces, las lecturas de Levrero eran b&aacute;sicamente de textos en el espa&ntilde;ol neutro de las traducciones; su prosa, ajustada y l&iacute;mpida, seguir&iacute;a este patr&oacute;n utilitario).</p>
<p>Al terminar la novela sinti&oacute; que no le pertenec&iacute;a. &rdquo;Hab&iacute;a nacido de una parte de m&iacute; que yo desconoc&iacute;a y no me animaba a firmarla con mi nombre. No era exactamente m&iacute;a pero tampoco era totalmente ajena, as&iacute; que opt&eacute; por mi segundo nombre y mi segundo apellido&rdquo;.</p>
<p>Nac&iacute;a as&iacute; Mario Levrero, seud&oacute;nimo que lo acompa&ntilde;ar&iacute;a toda su vida y que al final terminar&iacute;a devorando a Jorge Varlotta: hoy muy pocos lo recuerdan con ese nombre.</p>
<p>En varias oportunidades afirm&oacute; que hubo otras razones para este cambio, pero antes de enunciarlas se cur&oacute; en salud: &rdquo;cuando uno da varias razones para una conducta, se piensa que hay gato encerrado porque existe la creencia generalizada de que las cosas tienen una sola raz&oacute;n; y no es cierto: siempre hay varias&rdquo;. Una de ellas fue que el seud&oacute;nimo le permit&iacute;a homenajear al mismo tiempo a su padre en el nombre y a su madre en el apellido, adem&aacute;s de adjudicarle un nombre a algo &ldquo;que de alguna manera forma parte de mi ser (pero no de mi yo)&rdquo;. Este se&ntilde;alamiento, dicho como al pasar, de que hay hechos y acciones que forman parte <em>de nuestro ser</em> <em>pero no del yo</em> es una observaci&oacute;n t&iacute;pica de Levrero, de las que desgranaba a raudales en sus entrevistas (pero no en su narrativa, porque all&iacute; intentaba excluir todo ingenio intelectual) y que remite una vez m&aacute;s al t&oacute;pico recurrente de la identidad y de su construcci&oacute;n.</p>
<p>La observaci&oacute;n y la auto-observaci&oacute;n, desarrolladas desde ni&ntilde;o, implicaban para &eacute;l la idea de que, bien contemplado, cualquier detalle puede contener y significar un mundo.</p>
<p>La antigua sentencia de que lo m&aacute;ximo se oculta en lo m&iacute;nimo recorre expl&iacute;cita o impl&iacute;citamente toda la obra de Levrero: cr&iacute;ticos como Montoya Ju&aacute;rez han intentado abordar este despliegue fractal en, por ejemplo, la novela <em>Par&iacute;s</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Qu&eacute; comen los queseros</strong></p>
<p>No es f&aacute;cil, aparte de las evidentes de Kafka, Lewis Carroll y Felisberto Hern&aacute;ndez, se&ntilde;alar influencias en la obra de Levrero, quien por otra parte resisti&oacute; siempre la idea, seg&uacute;n &eacute;l tan pobre y extendida en la cr&iacute;tica, de que en una obra se busquen <em>solo</em> <em>influencias literarias</em>. Una y otra vez reclam&oacute; que &eacute;l se nutr&iacute;a de otros alimentos creativos, provenientes de campos tan dis&iacute;miles como el cine, los dibujos animados (los antiguos de Tex Avery o <em>Tom y Jerry</em> de Hanna&amp;Barbera), de historietas como <em>Mandrake</em> o <em>La Peque&ntilde;a Lul&uacute;</em> (gusto este &uacute;ltimo en el que coincid&iacute;a con Onetti) o de m&uacute;sica como la de los <em>Beatles</em> o los valses de Strauss. Pretender hallar solo rastros literarios en la obra de un escritor equival&iacute;a, seg&uacute;n sus palabras, a pretender que un fabricante de quesos se alimentara solo de queso.</p>
<p>En general la cr&iacute;tica concuerda en que existen tres fases en la narrativa de Levrero, idea que tambi&eacute;n &eacute;l suscrib&iacute;a. Hay un Levrero inicial, &ldquo;arquet&iacute;pico&rdquo; y universal, de climas asfixiantes y kafkianos y que incluye la trilog&iacute;a involuntaria y el libro de cuentos <em>La M&aacute;quina de Pensar en Gladys</em>; luego una segunda zona, la del &ldquo;subconsciente&rdquo;, m&aacute;s personal, de mayor experimentaci&oacute;n, m&aacute;s humor&iacute;stica y gozosa que, sin ser exhaustivos, va desde los microtextos de <em>Caza de Conejos</em> (que contienen su prosa m&aacute;s elaborada), el <em>Nick Carter</em>, <em>Todo el tiempo</em>, las nouvelles <em>Fauna</em> y <em>Desplazamientos</em>, hasta el libro de cuentos <em>El portero y el otro</em>. All&iacute; aparece una inflexi&oacute;n que da entrada a una tercera etapa: el cuento <em>Diario de un canalla</em>. Esta ser&iacute;a la zona m&aacute;s &ldquo;consciente&rdquo; y autobiogr&aacute;fica, donde el narrador protagonista es el mismo Levrero (o alguien muy parecido a &eacute;l) y en el que el relato arranca a partir de algo que ve a su alrededor. Esta &uacute;ltima incluye el policial <em>Dejen todo en mis manos</em>,<em> El discurso vac&iacute;o</em>,<em> El alma de Gardel</em>,<em> Los carros de fuego, La Novela Luminosa </em>y <em>Burdeos, 1972</em>.<em> </em></p>
<p>Esta clasificaci&oacute;n es tan arbitraria como todas y puede ser objetada o matizada, pero sirve al menos para se&ntilde;alar tres zonas que representan &ndash;de acuerdo a la visi&oacute;n de su autor&ndash; el tr&aacute;nsito desde lo m&aacute;s profundo &ndash;los arquetipos&ndash; a lo m&aacute;s perif&eacute;rico &ndash;la vida cotidiana&ndash;, pasando por lo subconsciente, y sin perder la ambici&oacute;n literaria en ninguno de los tres pasos. En ellos sigue enfoc&aacute;ndose en su t&oacute;pico m&aacute;s recurrente, el elusivo tema de la identidad (de su construcci&oacute;n y destrucci&oacute;n, de sus zonas claras y oscuras, etc), al que habr&iacute;a que agregar la b&uacute;squeda espiritual de una iluminaci&oacute;n que aparece en contad&iacute;simas ocasiones y que se oculta durante largos per&iacute;odos.</p>
<p>En un famoso ensayo, Chandler afirm&oacute; que en literatura al principio se quiere decir mucho sin saber c&oacute;mo y que esa necesidad disminuye a medida que se avanza en el arte literario. Al final, concluye, cuando ya sabemos todo sobre el escribir, no nos queda nada por decir. Es posible que algo de esto haya ocurrido a Levrero. En su &uacute;ltima etapa, que incluye variados detalles de c&oacute;mo los otros invaden su mundo privado y no lo dejan trabajar, las quejas por la dificultad para crear se vuelven cada vez m&aacute;s frecuentes.</p>
<p>&ldquo;Cada vez corrijo menos&rdquo; declar&oacute; &ldquo;y cada vez me lleva m&aacute;s tiempo la etapa de la creaci&oacute;n&rdquo;. Tal vez en esta &uacute;ltima etapa su afici&oacute;n por los ordenadores y su trabajo como orientador de talleres literarios hable, adem&aacute;s de su ser solidario y sus intereses pr&aacute;cticos, de un centrarse en los <em>alrededores</em> del acto creador, en una espera, a veces impaciente, de la llegada de una inspiraci&oacute;n cada vez m&aacute;s elusiva. En el caso espec&iacute;fico de los talleres, la creaci&oacute;n con otros y el trabajo como editor de textos ajenos, tal vez hable de una creaci&oacute;n <em>a trav&eacute;s</em> de otros.</p>
<p>Pero estas y otras disquisiciones pueden resultar apresuradas (al fin y al cabo, pese a estar en dique seco, Levrero pari&oacute; nada menos que <em>La Novela Luminosa</em>); hay que tener en cuenta que para &eacute;l la literatura era sobre todo una actividad destinada registrar o representar movimientos espirituales del inconsciente profundo, movimientos que solo pod&iacute;an &ldquo;objetivarse o traducirse en im&aacute;genes&rdquo;. Es decir, no se pod&iacute;an comunicar directamente. Por esta raz&oacute;n los objetos y las personas de una novela pod&iacute;an ser intercambiables. &ldquo;Lo &uacute;nico que importa&rdquo; declar&oacute; &ldquo;es el movimiento y las relaciones, lo que implica un desarrollo. Todo pudo haber sido escrito de otra manera. Lo que importa es poder comunicar una serie de operaciones &iacute;ntimas que no tienen representaci&oacute;n en s&iacute; mismas&rdquo;.</p>
<p>Un escritor muy admirado por &eacute;l, Jorge Luis Borges, escribi&oacute; algo muy similar: &ldquo;Toda literatura (me atrevo a contestar) es simb&oacute;lica; hay unas pocas experiencias fundamentales y es indiferente que un escritor, para transmitirlas, recurra a lo fant&aacute;stico o a lo real, a Macbeth o a Raskolnikov, a la invasi&oacute;n de B&eacute;lgica en agosto de 1914 o a una invasi&oacute;n a Marte&rdquo;.</p>
<p>Y es que para Levrero la verdadera obra de arte no es ni m&aacute;s ni menos que aquello que <em>agrega</em> <em>vida</em> al lector. &ldquo;Una obra es un objeto org&aacute;nico,&rdquo; dijo &ldquo;un mecanismo que concentra energ&iacute;a y la puede ir soltando a medida que el lector la va percibiendo&rdquo;.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>El lado divertido de la tragedia</strong></p>
<p>La mayor parte de los cr&iacute;ticos suele presentar un vac&iacute;o al abordar su obra: muy pocos han analizado lo extraordinariamente divertido que resulta leerlo. Sus historias est&aacute;n llenas de acci&oacute;n, todo es muy v&iacute;vido y a veces muy r&aacute;pido. El dibujo de personajes y tramas en muchas escenas posee la textura de una pel&iacute;cula de dibujos animados, casi siempre empapada de un humor muy estilizado (nunca hay chistes de golpe y porrazo o gags).</p>
<p>Y es que su visi&oacute;n &ndash;su versi&oacute;n&ndash; de la realidad siempre despide un humor <em>involuntario</em>. Este adjetivo es clave, porque all&iacute; radica uno de los grandes potenciales de la obra levreriana: siempre es gracioso, y lo que es m&aacute;s importante, lo es <em>m&aacute;s all&aacute; de su intenci&oacute;n</em>. El narrador cuenta l&iacute;mpidamente &ndash;y en serio&ndash; acciones que describen su inadaptaci&oacute;n absoluta al mundo. Llenas de ineficiencia, generan choques hilarantes con la realidad (este mecanismo de &ldquo;inadaptado-en-la-realidad&rdquo; es frecuente en los grandes humoristas, desde El Gordo y el Flaco hasta Woody Allen pasando por Mr.Bean).</p>
<p>Esta forma de plantarse en serio, y muchas veces indignado, contra una realidad que a menudo le es impuesta por los que lo rodean bajo el sello de la <em>normalidad</em> genera reacciones que, narradas con una prosa l&iacute;mpida de estructura perfecta, impactan el lector con la fuerza de una carcajada. O mejor dicho, de su propia carcajada mental porque, como ocurre con el mejor humor, uno se r&iacute;e mentalmente<a title="" href="#_ftn4">[4]</a>.</p>
<p>Tambi&eacute;n, y esto s&iacute; es asombroso, se adivina la risa mental del autor (que se r&iacute;e &iquest;de s&iacute; mismo? &iquest;de la torpeza de Varlotta?), fascinado ante su hallazgo.</p>
<p>&ldquo;He advertido que cuando escribe Levrero&rdquo; afirm&oacute; &ldquo;se divierte burl&aacute;ndose de m&iacute;. En los relatos que aparece un idiota, por ejemplo, me doy cuenta de que el idiota es mi yo cotidiano, que al parecer divierte much&iacute;simo al escritor que vive en mi inconsciente, porque lo considera poco menos que un d&eacute;bil mental, y creo que con raz&oacute;n&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Como suele ocurrir con el humor inteligente, detr&aacute;s de cada sonrisa se despliegan dimensiones metaf&oacute;ricas que dan lugar a reflexiones o cr&iacute;ticas profundas. Los ejemplos son innumerables, por eso veremos solo uno.</p>
<p>En su &uacute;ltima obra conocida, <em>Burdeos, 1972</em>, Mario cuenta la siguiente escena: estando en Francia sin un franco y con la m&iacute;nima ropa imprescindible, decide, o mejor dicho su compa&ntilde;era decide, que es necesario comprarle algo decente para que no parezca &ldquo;un vagabundo&rdquo; franc&eacute;s. Se dirigen los dos a una tienda, donde el empleado les muestra una serie de pantalones que el uruguayo abomina de inmediato. &ldquo;&iexcl;Son con pollerita!&rdquo; (con faldita) dice a su compa&ntilde;era Marie France, refiri&eacute;ndose a la moda de pantalones Oxford, vigente en los &rsquo;70. Tanto la mujer como el vendedor le insisten en que son <em>normales</em>, y le piden que se pruebe uno. Finalmente accede y ante el espejo, estalla de indignaci&oacute;n y reclama pantalones rectos, pero el vendedor le dice que todos los que tiene son as&iacute;. Y agrega, con cierta petulancia francesa, que si se pone pantalones rectos &ldquo;los dem&aacute;s lo ver&aacute;n rid&iacute;culo&rdquo;. Levrero se planta en su negativa y la escena concluye sin aclarar qu&eacute; clase de pantalones compr&oacute; (&eacute;l mismo no recuerda &ldquo;si encontraron pantalones rectos, o si me arreglaron los Oxford a mi gusto&rdquo;).</p>
<p>Es posible trazar un paralelo entre esta miniescena y la recepci&oacute;n que su obra tuvo en el p&uacute;blico y la cr&iacute;tica uruguaya de los a&ntilde;os &rsquo;70. Tanto el vendedor (digamos el mundo editorial y el mundillo literario) como su mujer (digamos el lector promedio) le dicen que solo hay pantalones de esa clase, y que son los mejores, porque son los que se llevan. Son <em>lo esperado</em>. Levrero se planta en su negativa y, solitario, defiende su visi&oacute;n.</p>
<p>Esta rebeld&iacute;a de ir contra el sentido com&uacute;n, de ser fiel a su propio proyecto literario, o mejor dicho a su propia verdad personal, es lo que explica el poder&iacute;o de su literatura, su sorprendente originalidad y es la raz&oacute;n de que sus libros no dejen de ganar lectores.</p>
<p>En la famosa autoentrevista imaginaria que incluy&oacute; en el libro de cuentos <em>El Portero y el otro</em>, el escritor compara el concepto de <em>realidad</em> que usan los cr&iacute;ticos para catalogar un texto de realista o no, con los zapatos que est&aacute;n sin usar en la vidriera de las zapater&iacute;as. Uno lo imagina observ&aacute;ndose los propios zapatos, <em>gastados y desfigurados</em> por el uso, por sus propios pies, y luego reclamando que su literatura no es una deformaci&oacute;n de la realidad: &ldquo;&iquest;Llamar&iacute;as deformados a los zapatos que us&aacute;s? &iquest;Son m&aacute;s reales los de la vidriera?&rdquo;</p>
<p>La realidad, como los zapatos, pasa y se moldea a trav&eacute;s de nuestra experiencia. Adquiere as&iacute; su dejo singular, el sabor particular de cada uno, muy diferente al mundo neutro de consenso que aparece en discursos y textos cr&iacute;ticos. Solo es posible transmitir esa visi&oacute;n si se es fiel a la experiencia, al mundo personal y en ello estriba el potencial enriquecedor del arte; solo as&iacute;, dir&iacute;a Levrero, pueden los libros <em>agregar vida</em>, es decir, ampliar la experiencia del mundo al lector.</p>
<p>En julio del 2002 Mario escribi&oacute; a una alumna de su taller virtual un correo electr&oacute;nico que en su parte medular dice: &ldquo;Es mucho m&aacute;s honesto enga&ntilde;ar al lector con la complicidad del lector; darles enso&ntilde;aciones que puedan incorporar a su experiencia de vida, ensancharles el universo en lugar de reduc&iacute;rselo y cuadricul&aacute;rselo. Que por otra parte no es enga&ntilde;ar; es dar la verdad de uno mismo, de una experiencia interior para la que no hay signos establecidos. Debemos hablar de lo que no se puede hablar, crear la mentira que diga la verdad.&rdquo;</p>
<p>Por eso la suya es una narrativa jugada a los estados del alma, a los gozosos y dolorosos estados del alma, estados que compartimos y que experimentamos cada vez que abrimos, para ver qu&eacute; nos pasa ah&iacute; adentro, un libro de Mario Levrero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> Mario Levrero. Un silencio Menos. Compilaci&oacute;n de entrevistas a cargo de Elvio Gandolfo. Ed. Mansalva. Buenos Aires, 2013. Todas las declaraciones de Levrero en el art&iacute;culo provienen de este libro.</p>
<p>La M&aacute;quina de Pensar en Mario. Ensayos sobre la obra de Mario Levrero. Selecci&oacute;n de Ezequiel De Rosso.&nbsp; Eterna Cadencia Editora. Buenos Aires, 2013</p>
<p>Conversaciones con Mario Levrero. Pablo Silva Olaz&aacute;bal. Ed. Conejos. Buenos Aires, 2013.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> Mario Levrero para armar. Jorge Varlotta y el libertinaje imaginativo. Jes&uacute;s Montoya Ju&aacute;rez. Ed. Trilce. Montevideo, 2013.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a>&nbsp; El hecho de que Levrero abominara del mundillo editorial no implica que no se tomara muy en serio su actividad como escritor, quiz&aacute;s la &uacute;nica en la que se comprometi&oacute; a tiempo completo en toda su vida. M&aacute;s all&aacute; de su ser ermita&ntilde;o y su despreocupaci&oacute;n por la edici&oacute;n de sus textos, llev&oacute; hasta el fin un inventario escrupuloso de cada uno de sus libros y art&iacute;culos, en un signo claro de que le importaba consignar cada actividad literaria realizada.</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a> Bueno, a veces no tan mentalmente.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Thu, 20 Mar 2014 12:08:05 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El mundo literario de Juan Eduardo Zúñiga]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-mundo-literario-de-juan-eduardo-zuniga/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/JUAN_EDUARDO_Z_IGA_2.jpg" alt="" width="301" height="207" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>1980 puede ser la fecha clave como punto de partida para hacer un balance del conjunto de la producci&oacute;n literaria de Juan Eduardo Z&uacute;&ntilde;iga, pues entonces es cuando gracias a los buenos oficios del editor y traductor Jos&eacute; Ram&oacute;n Monreal, se publica en la editorial Bruguera <em>Largo noviembre de Madrid</em>, recopilaci&oacute;n de cuentos que le proporciona un reconocimiento inmediato y un prestigio literario discreto, pero de calidad, que no ha parado de crecer hasta el presente. Sin embargo, hubo una etapa anterior que arranca en 1945, fecha en la que apareci&oacute; su primer ensayo: <em>La historia de Bulgaria</em>. Un a&ntilde;o antes, junto a Teodoro Neicov, tradujo la novela del escritor b&uacute;lgaro Iordan Iokov, <em>El segador</em> (Epesa, 1944). Su inter&eacute;s por la cultura, por la literatura eslava, se mantendr&aacute; vivo a lo largo de toda su existencia. &nbsp;Y en ese mismo a&ntilde;o de 1945 rese&ntilde;a elogiosamente <em>Nada</em>, de Carmen Laforet (<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>).</p>
<p>Como traductor, Z&uacute;&ntilde;iga se ha ocupado de la obra de diversos autores de los antiguos pa&iacute;ses del Este, y de escritores portugueses, entre los que destacan Urbano Tavares Rodrigues (<em>Realismo, arte de vanguardia y nueva cultura</em>, Ciencia Nueva, 1967) o Mario Dionisio (<em>Introducci&oacute;n a la pintura</em>, Alianza, 1972). Gracias a esta labor obtuvo en 1987 el Premio Nacional de Traducci&oacute;n por su versi&oacute;n de las obras de Antero de Quental, <em>Poes&iacute;as y prosas selectas </em>(Alfaguara, 1986), realizada en colaboraci&oacute;n con Jos&eacute; Antonio Llardent, aunque nuestro autor solo se ocup&oacute; de la obra en prosa (<a title="" href="#_ftn2">[2]</a>).</p>
<p>Juan Eduardo Z&uacute;&ntilde;iga naci&oacute; en Madrid en 1919 y recuerda su ni&ntilde;ez como &ldquo;trist&iacute;sima&rdquo;. Su padre, secretario de la Real Academia de Farmacia y farmac&eacute;utico tuvo como mancebo al joven Ram&oacute;n J. Sender, era un hombre religioso, mon&aacute;rquico; conservador, en suma. La familia viv&iacute;a en un chal&eacute; situado en el barrio de la Prosperidad, en el extrarradio, donde el ni&ntilde;o pasaba mucho tiempo solo, jugando con sus juguetes o leyendo tebeos y libros de Salgari o Julio Verne. Su madre &ndash;nos ha contado- era una mujer so&ntilde;adora, cualidad que &eacute;l dice haber heredado. Durante la guerra el padre trabaj&oacute; en la Cruz Roja. El &uacute;ltimo a&ntilde;o de la contienda el joven Z&uacute;&ntilde;iga fue movilizado, formando parte de la denominada <em>quinta del 40</em>. En 1956 se cas&oacute; con la editora Felicidad Orqu&iacute;n, junto a la que ha pasado toda su existencia.</p>
<p>Por lo que sabemos, su primer texto literario publicado fue un cuento, aparecido en la revista <em>&Iacute;nsula</em>, en enero de 1949, &ldquo;Marbec y el ramo de lilas&rdquo; (<a title="" href="#_ftn3">[3]</a>), aunque el libro primero data de 1951, la novela corta <em>In&uacute;tiles totales </em>(Talleres Gr&aacute;ficos de Fernando Mart&iacute;nez, 1951), narraci&oacute;n barojiana donde ya puede reconocerse su caracter&iacute;stico estilo alusivo. Escrita como aportaci&oacute;n personal a una tertulia de amigos que entre 1945 y 1953 sol&iacute;an reunirse los s&aacute;bados a partir de las diez de la noche en el caf&eacute; Lisboa, situado en la Puerta del Sol, de ella formaban parte Arturo del Hoyo y su esposa Isabel Gil de Ramales, Vicente Soto, Francisco Garc&iacute;a Pav&oacute;n, Jos&eacute; Corrales Egea, Jos&eacute; Ares Montes y Antonio Buero Vallejo, entre otros. Durante las d&eacute;cadas de los 40 y 50 public&oacute; numerosos cuentos en revistas como <em>&Iacute;nsula</em>, <em>&Iacute;ndice de Artes y Letras</em>, <em>Acento</em> o <em>Triunfo</em>, varios de ellos nunca recogidos en libro. Y el mismo autor me ha proporcionado un texto memorial&iacute;stico y un par de relatos que vieron la luz en la revista <em>S&aacute;bado</em> <em>gr&aacute;fico </em>(&ldquo;Dos recuerdos de ni&ntilde;o. Desde el balc&oacute;n&rdquo;, &ldquo;Sue&ntilde;os de una nochebuena&rdquo; y &ldquo;Pur&eacute; de almortas&rdquo;), donde firmaba solo con su apellido, aunque sin poder precisar la fecha de aparici&oacute;n.</p>
<p>A lo largo de estos a&ntilde;os, Z&uacute;&ntilde;iga forma parte de un grupo de escritores cercanos al Partido Comunista, algunos de ellos luego militantes, que en Madrid cultivaron el llamado realismo social, como son Armando L&oacute;pez Salinas (<em>La mina</em>, 1959), el aglutinador del grupo; Antonio Ferres (<em>La</em> <em>piqueta</em>, 1959), Jes&uacute;s L&oacute;pez Pacheco (<em>Central el&eacute;ctrica</em>, 1958) y Fernando &Aacute;valos (<em>En plazo</em>, 1961) (<a title="" href="#_ftn4">[4]</a>), quienes colaboraron adem&aacute;s en la revista <em>Acento cultural </em>(1958-1961), comandada por Carlos V&eacute;lez y Rafael Conte. Esta corriente se extendi&oacute;, sobre todo, entre 1954 y 1962. Nuestros autores se dieron a conocer con el Premio S&eacute;samo, casi todos ellos fueron ganadores o finalistas (caso de Z&uacute;&ntilde;iga), aunque sus primeros libros aparecieron en la editorial Destino, apadrinados por el cr&iacute;tico y traductor Rafael V&aacute;zquez Zamora, quien adem&aacute;s formaba parte del jurado del citado premio. Como recuerda Z&uacute;&ntilde;iga, ellos trajeron a la narrativa espa&ntilde;ola del momento &ldquo;una corriente contestataria, obrerista, muy cr&iacute;tica con los mecanismos sociales&rdquo; (<a title="" href="#_ftn5">[5]</a>). Lo sorprendente es que apenas mantuvieron relaciones con los escritores madrile&ntilde;os de la llamada <em>generaci&oacute;n del mediosiglo</em>, ni tampoco con su facci&oacute;n barcelonesa (se burlaban de los socialrealistas castellanos porque sol&iacute;an tomar caf&eacute; con leche, mientras que ellos beb&iacute;an ginebra), quienes pululaban alrededor de Seix Barral, actuando de enlace entre ambos grupos Juan Garc&iacute;a Hortelano, quien s&iacute; se entendi&oacute; bien con los escritores de Barcelona. Sus referentes literarios no fueron Cela, ni siquiera el m&aacute;s joven Luis Mart&iacute;n-Santos, sino Baroja, o narradores como Faulkner, Dos Passos o Hemingway, adem&aacute;s de los italianos que editaba entonces Carlos Barral. Z&uacute;&ntilde;iga compart&iacute;a con ellos inquietudes &eacute;ticas y pol&iacute;ticas, pero ten&iacute;a otras pretensiones est&eacute;ticas, el cultivo de un realismo simb&oacute;lico, que fueron ahond&aacute;ndose con el paso de los a&ntilde;os.&nbsp;</p>
<p>En 1962 se public&oacute; <em>El coral y las aguas</em> (Seix Barral), novela ambientada en la Grecia cl&aacute;sica, cuyo argumento planteaba el problema de la frustraci&oacute;n de la juventud. La tibia acogida de esta obra, con ciertos elementos aleg&oacute;ricos, simb&oacute;licos e imaginativos, posiblemente se debi&oacute; al predominio en la &eacute;poca de la literatura del realismo social que era, por otra parte, la que se esperaba de la militancia pol&iacute;tica de nuestro autor. Entre 1962 y 1967 Z&uacute;&ntilde;iga realiz&oacute; otro tipo de trabajos literarios, quiz&aacute; de subsistencia, como labores de cr&iacute;tica e investigaci&oacute;n sobre literaturas extranjeras, as&iacute; como varias traducciones. Y en 1967 vio la luz una recopilaci&oacute;n de los <em>Art&iacute;culos sociales </em>(Taurus, 1967), de Larra, cuya tem&aacute;tica resulta tan significativa y concuerda, ahora s&iacute;, con la ideolog&iacute;a de nuestro autor, quien lo considera &ldquo;uno de los primeros escritores comprometidos&rdquo; (<a title="" href="#_ftn6">[6]</a>). Por &uacute;ltimo, durante la d&eacute;cada de los 70 aparecieron relatos suyos en revistas como <em>El Urogallo</em> o <em>&Iacute;nsula</em>, y adem&aacute;s prolog&oacute; una antolog&iacute;a del cuento universal, titulada <em>Relatos de siempre</em> (Santillana, Biblioteca Pepsi, 1979), donde se recogen narraciones de Cervantes, Balzac, Maupassant, Turgu&eacute;niev, Hawthorne, E&ccedil;a de Queiroz, Kuprin, Gorki, Sherwood Anderson y Baroja. A pesar de que su narrativa breve solo hab&iacute;a aparecido en revistas, fue recogida en la antolog&iacute;a m&aacute;s prestigiosa de estas d&eacute;cadas, la de Francisco Garc&iacute;a Pav&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>A&ntilde;os despu&eacute;s, cuando su obra ya hab&iacute;a obtenido un cierto reconocimiento aparecer&iacute;an su libro dedicado a la capital de Bulgaria, <em>Sof&iacute;a</em> (Destino, 1990); un volumen sobre <em>Los imposibles afectos de Iv&aacute;n Turgu&eacute;niev</em> (Editora Nacional, 1977; reeditado con el t&iacute;tulo de <em>Las inciertas pasiones de Iv&aacute;n Turgu&eacute;niev</em>, Alfaguara, 1996); y <em>El anillo de</em> <em>Pushkin</em> (Bruguera, 1983; reeditado en Alfaguara, 1992), un ensayo heterog&eacute;neo, clarificadoramente subtitulado <em>Lectura rom&aacute;ntica de escritores y paisajes rusos</em>, que no s&oacute;lo nos familiariza con toda una serie de autores eslavos, sino que vale tambi&eacute;n como una reflexi&oacute;n en torno al arte de la escritura, pues sus p&aacute;ginas nos acercan a los presupuestos que sustentan la narrativa de Z&uacute;&ntilde;iga, muy probablemente uno de los mayores conocedores espa&ntilde;oles de las literaturas procedentes de la Europa oriental. Antes, en 1953, por encargo de Arturo del Hoyo, hab&iacute;a prologado los <em>Cuentos completos</em> de Ch&eacute;jov, publicados por la editorial Aguilar en la colecci&oacute;n <em>Joya</em>.</p>
<p>El caso es que tras a&ntilde;os de ausencia, Z&uacute;&ntilde;iga volvi&oacute; a la narrativa en 1980 con un libro de cuentos titulado <em>Largo noviembre de Madrid</em>, que ser&iacute;a recibido con alborozo por la cr&iacute;tica, e incluso reeditado en dos ocasiones, convirti&eacute;ndose en uno de los mejores acerca del conflicto b&eacute;lico. El volumen est&aacute; compuesto por diecis&eacute;is relatos en los que, a partir del turbio trasfondo de la guerra, de una situaci&oacute;n l&iacute;mite particular, el autor muestra -vali&eacute;ndose de un cierto simbolismo de base realista- los problemas propios de la vida cotidiana bajo tan tr&aacute;gicas circunstancias, pero tambi&eacute;n los secretos del alma humana: el ego&iacute;smo, el miedo, el hambre, la desolaci&oacute;n, el recuerdo, o las mismas pasiones. As&iacute;, el primer cuento, &ldquo;Noviembre, la madre, 1936&rdquo;, transcurre reci&eacute;n iniciada la guerra, cuando comienzan los ataques a la capital, durante los llamados &ldquo;meses de plomo&rdquo;. Mientras que en el &uacute;ltimo relato del libro se narra el desenlace de la contienda, tres a&ntilde;os despu&eacute;s.</p>
<p>En la historia inicial, de valor simb&oacute;lico, tres hermanos se disputan una herencia tras la muerte de sus padres, de modo que tanto en el refugio como en la modesta pensi&oacute;n que ocupan discuten por la casa que ha debido tocarles como legado, mientras revolotean entre sus recuerdos las figuras fantasmales de los progenitores. Este resulta ser doble: material y espiritual. Al primero aspiran los tres; mientras que el segundo solo parece apreciarlo el hermano menor, y ello debido a la confidencia que le hace la madre durante su agon&iacute;a. Si bien el padre, un corredor de fincas que tuvo otra familia paralela, les ha transmitido su apego por lo material (&ldquo;la pasi&oacute;n que hab&iacute;a fomentado en ellos, valoraci&oacute;n exclusiva del dinero, de la propiedad privada&rdquo;, p. 107); la madre, de origen humilde, no parece haber logrado que los hijos se identifiquen con la gente sencilla, con los despose&iacute;dos. Pero el narrador a&uacute;n va m&aacute;s lejos al contraponer la tradici&oacute;n popular de la Rep&uacute;blica con el legado que dej&oacute; la Regencia de Mar&iacute;a Cristina (1885-1902), periodo de bienestar econ&oacute;mico en el que se asentar&iacute;an los gustos, junto con el af&aacute;n de lujo, de la burgues&iacute;a espa&ntilde;ola.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El cuento est&aacute; relatado muchos a&ntilde;os despu&eacute;s de la acci&oacute;n en boca de un narrador omnisciente, que parece haber tenido conocimiento de los hechos y que toma partido, exaltando la colectiva defensa heroica de la ciudad de Madrid durante la guerra y la dignidad individual de la madre. Ambos personajes parecen simbolizar lo mismo y as&iacute; se afirma en la narraci&oacute;n, donde la ciudad podr&iacute;a estar representando a una madre no menos acogedora que la del cuento. De hecho, en el t&iacute;tulo de este relato que sirve de marco al conjunto se nos resalta tanto la fecha como el personaje de la madre, en lugar de hacer menci&oacute;n a la ciudad de Madrid, que aparece sin embargo en el t&iacute;tulo general del volumen. El caso es que si en la denominaci&oacute;n del conjunto, <em>noviembre</em> representa un mes simb&oacute;lico (lo explica convincentemente Israel Prados en su ed. de la trilog&iacute;a en C&aacute;tedra) en este primer cuento se refiere al mes de noviembre de 1936, cuando los golpistas se aproximan a la capital. De igual modo, Madrid alcanza en este relato-pr&oacute;logo un importante protagonismo, tal como se trasluce durante el recorrido que el hijo menor realiza por las calles de la ciudad en busca de la casa recibida en herencia (pp. 108 y 109).</p>
<p>Tampoco quiero dejar de recordar, por &uacute;ltimo, que esta pieza contiene ribetes de <em>El rey Lear</em> (lo ha recordado Luis Beltr&aacute;n Almer&iacute;a), pero tambi&eacute;n de <em>Las tres hermanas</em>, de Ch&eacute;jov, aunque en el cuento de Z&uacute;&ntilde;iga, debido a las peculiaridades propias del g&eacute;nero, ni la madre posee la complejidad psicol&oacute;gica ni la hondura tr&aacute;gica de Lear, ni el hermano peque&ntilde;o, el amor y el altruismo de Cordelia. Y respecto a la pieza de Ch&eacute;jov, los tres hermanos aqu&iacute; representados, como en el <em>Ran</em> de Kurosawa, albergan sus propias aspiraciones que, finalmente, tampoco se cumplir&aacute;n. No en vano, su particular Mosc&uacute;, la casa, acaba siendo destruida por los bombardeos.</p>
<p>Aun cuando el autor tardara nueve a&ntilde;os en publicar un nuevo libro de cuentos, la espera vali&oacute; la pena: <em>La tierra ser&aacute; un para&iacute;so</em> (1989) supuso un conjunto no menos importante en su trayectoria. Aqu&iacute; la lengua alcanza la tensi&oacute;n precisa en los siete cuentos que lo componen, a fin de mostrar las vidas de unos personajes y, sobre todo, su anhelo en pos de un para&iacute;so imposible, que Z&uacute;&ntilde;iga nos presenta lleno de recovecos y matices. El autor traza en estos cuentos una &eacute;pica de la militancia clandestina durante los primeros a&ntilde;os del franquismo. En especial, se ocupa de las vidas de unos hombres que, en medio de un ambiente adverso, pretenden seguir conservando ciertas esperanzas a trav&eacute;s de las ilusiones que van forjando. El sexo, el compa&ntilde;erismo, la soledad, el secreto desempe&ntilde;an un papel importante en estos relatos sobre vencidos, plenos de calidad, inter&eacute;s y hondura humana.</p>
<p>En &ldquo;Las ilusiones: el Cerro de las balas&rdquo; se cuenta c&oacute;mo, en los primeros a&ntilde;os de la postguerra, un grupo de amigos, antiguos republicanos, se movilizan para intentar encontrar a un m&eacute;dico b&uacute;lgaro desaparecido, quien hab&iacute;a sido miembro del batall&oacute;n Dimitrov de las Brigadas Internacionales. En ese tiempo en el que cualquier idea de libertad y progreso era perseguida, dentro del cual -a decir del narrador- se hallan hu&eacute;rfanos &ldquo;en una sociedad que nos hab&iacute;a rechazado y negado todo afecto&rdquo; (p. 20), ellos encuentran el sentido de su existencia en esa b&uacute;squeda, que los mantiene ocupados y los vuelve a poner en contacto con sus antiguos camaradas; pero tambi&eacute;n en la fascinaci&oacute;n que siente el narrador por una hermosa gitana, s&iacute;mbolo quiz&aacute; del pa&iacute;s sometido, de anhelos insatisfechos; y en la posibilidad de huir del pa&iacute;s y reorganizar la vida en Francia.</p>
<p>Un grupo de so&ntilde;adores te&oacute;sofos en busca de un maestro que los gu&iacute;e son los protagonistas de &ldquo;Camino del Tibet&rdquo;. Para ellos todo se ha perdido, de modo que s&oacute;lo les queda la esperanza, la capacidad de so&ntilde;ar, la utop&iacute;a y el recuerdo de creencias y costumbres remotas frente a una realidad que termina alz&aacute;ndose inaccesible. Asimismo, en &ldquo;Sue&ntilde;os despu&eacute;s de la derrota&rdquo;, Carlitos, teniente durante la guerra en cuyo transcurso es abandonado por su mujer, y que trabaja ahora como limpiabotas, conecta de nuevo con sus antiguos compa&ntilde;eros para seguir luchando y llegar a alcanzar una vida mejor, &ldquo;que la tierra sea un para&iacute;so&rdquo;. Un tema recurrente en todos estos relatos es que s&oacute;lo &ldquo;la ilusi&oacute;n hace sentirse grandes a los que nada son&rdquo; (p. 120), como leemos en &ldquo;La dignidad, los papeles, el olvido&rdquo;, en donde nos encontramos con unos personajes &ldquo;ensombrecidos por todo lo pasado y [que] se negaban a ser aliados del oprobio&rdquo; (p. 112). &ldquo;El &uacute;ltimo d&iacute;a del mundo&rdquo; muestra de qu&eacute; manera tres muchachos esp&iacute;an a unos seres vencidos en la guerra pendientes de que derriben el chal&eacute; que habitan; mientras se dedican -para olvidar el triste pasado- a &ldquo;hacer nada m&aacute;s que aquello que les agradaba&rdquo;: fiestas, banquetes, org&iacute;as y dem&aacute;s juegos de amor.&nbsp;</p>
<p>En fin, la aparici&oacute;n de estos dos primeros libros de cuentos marcar&iacute;a un hito en el desarrollo m&aacute;s reciente del g&eacute;nero, convirtiendo a su autor en uno de los narradores m&aacute;s respetados. Ambos suponen, tem&aacute;tica y t&eacute;cnicamente, un claro ejemplo del alcance y la ambici&oacute;n a la que debi&oacute; de haber aspirado la narrativa espa&ntilde;ola del realismo cr&iacute;tico. No en balde, leyendo estos relatos podemos observar, por contraste, las enormes carencias de aquella. As&iacute;, son un ejemplo valioso de la posible continuidad de una tradici&oacute;n que Z&uacute;&ntilde;iga cultiva enriquecida, ya sea debido a las t&eacute;cnicas de que se sirve, a la utilizaci&oacute;n del tiempo narrativo, ya por sutileza, complejidad y belleza del lenguaje empleado.</p>
<p>A diferencia de estas dos recopilaciones de relatos pertenecientes a la tradici&oacute;n del realismo cr&iacute;tico, sin que la significaci&oacute;n tem&aacute;tica vaya en menoscabo de la voluntad de estilo ni de la tensi&oacute;n del lenguaje, en los cuarenta cuentos breves que componen <em>Misterios de las noches y los d&iacute;as</em> (Alfaguara, Madrid, 1992) impera lo simb&oacute;lico, lo aleg&oacute;rico y fant&aacute;stico. No en vano sus antecedentes y modelos podr&iacute;amos hallarlos en las leyendas del romanticismo, pero tambi&eacute;n en esos motivos que los surrealistas, despu&eacute;s de los trabajos de Freud y los miembros de la escuela psicoanal&iacute;tica, rescataron de aquel. As&iacute; pues, asume de esta fecunda tradici&oacute;n temas como la soledad, el amor y la muerte. Y quiz&aacute; no est&eacute; de m&aacute;s recordar que Z&uacute;&ntilde;iga, al igual que cada vez m&aacute;s autores durante estas &uacute;ltimas d&eacute;cadas, escribe libros de cuentos, en vez de relatos sueltos que despu&eacute;s agaville en un libro.</p>
<p>No son estos cuentos, sin embargo, un mero ejercicio de especulaci&oacute;n imaginativa. El autor se vale de la ret&oacute;rica, los motivos, la imaginer&iacute;a y la ambientaci&oacute;n del romanticismo fant&aacute;stico (jardines, palacios, gitanos, m&uacute;sica, embrujos, pesadillas, visiones, &aacute;ngeles, cruces, estatuas, etc.) para desvelar distintos aspectos de la existencia humana, yendo siempre m&aacute;s all&aacute; de lo evidente. As&iacute;, las presencias inexplicables, la aparici&oacute;n de difuntos o la humanizaci&oacute;n de lo inanimado sirven para mostrar el poder, la fuerza y la persistencia de sentimientos tales como el odio, el orgullo, la venganza, la angustia, el amor, los celos o el deseo, incluso m&aacute;s all&aacute; de la muerte. Pero tambi&eacute;n para realizar una defensa de la libertad y la justicia, del amor y el goce del placer, pues -como escribe en <em>El anillo de Pushkin</em>- &ldquo;s&oacute;lo los que pueden crear con su imaginaci&oacute;n una vida m&aacute;s noble, sienten nostalgia de ella&rdquo; (p. 146).</p>
<p>En todos estos relatos, que poseen la cadencia de las historias que se contaban al calor de la lumbre, el destino se cumple inexorablemente y las culpas se acaban pagando, pues en ellos han desaparecido las fronteras entre la vida y la muerte, lo vivido y lo so&ntilde;ado. Los aires de leyenda, el tono a veces poem&aacute;tico, contribuyen a que tengamos dicha sensaci&oacute;n. Si bien el libro posee unidad y en el complemento de las diferentes piezas alcanza su valor, podr&iacute;amos destacar los siguientes cuentos -y obs&eacute;rvese la brevedad y sencillez de los t&iacute;tulos-: &ldquo;El bisabuelo&rdquo;, &ldquo;El coche&rdquo;, &ldquo;El an&oacute;nimo&rdquo;, &ldquo;La novia&rdquo;, &ldquo;La sombra&rdquo;, &ldquo;La bruja&rdquo;, &ldquo;La rosa&rdquo;, &ldquo;La madre&rdquo;, &ldquo;El &aacute;ngel&rdquo;, &ldquo;La prisionera&rdquo; y &ldquo;La noche&rdquo;.</p>
<p>En el primero de ellos, un joven conde quiere emular las haza&ntilde;as de sus ilustres antepasados. As&iacute;, una lluviosa tarde de oto&ntilde;o, en la que paseando desemboca en los arrabales de la ciudad, se topa con un teatrillo ambulante de feria en donde reconoce a su bisabuelo -h&eacute;roe de guerra y due&ntilde;o de cuantiosas riquezas- en un viejo comediante de figura grotesca, que &ldquo;parec&iacute;a burlarse de su alcurnia encaramado en la entrada de una inmunda barraca de feria&rdquo; (p. 18). En &ldquo;La rosa&rdquo;, un estudiante observa, en varias ocasiones, c&oacute;mo una mujer bell&iacute;sima pasa cerca de &eacute;l en coche. Hasta que un d&iacute;a ella le sonr&iacute;e y el joven la persigue un largo trecho. Cuando el carruaje se detiene, &ldquo;&uacute;nicamente vio sobre el asiento de hule una rosa encarnada, h&uacute;meda y fresca. La cogi&oacute; con su mano sarmentosa y aspir&oacute; el tenue aroma de la ilusi&oacute;n nunca conseguida&rdquo; (p. 122). Relatado en el tono propio de las leyendas po&eacute;ticas, &ldquo;La noche&rdquo; muestra de qu&eacute; modo un pescador pobre es rechazado por varias mujeres durante el baile que se celebra por San Juan, &ldquo;la noche sagrada en la que todo lo portentoso se manifiesta&rdquo; (p. 176). Pero cuando ya se dispone a retirarse a su choza, una de las diosas del agua lo atrae al r&iacute;o, prometi&eacute;ndole amor y placer. Al concluir el sortilegio, el pescador se descubre a s&iacute; mismo abrazado, gozoso, a una mujer de carne y hueso.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong>A pocos autores cl&aacute;sicos sentimos hoy tan vivos, tan contempor&aacute;neos, como a Larra, quiz&aacute; por ello haya despertado tanta curiosidad entre los escritores. Buena prueba de dicho inter&eacute;s son los libros de Francisco Umbral (<em>Larra, anatom&iacute;a de un dandy</em>, 1965), Francisco Nieva (<em>Sombra y quimera de Larra,</em> 1976) y Antonio Buero Vallejo (<em>La detonaci&oacute;n</em>, 1977), as&iacute; como el gui&oacute;n de Nino Quevedo (<em>Lunes de carnaval. Las &uacute;ltimas horas de Larra</em>, publicado por Personas, en su colecci&oacute;n <em>Nueva literatura</em>). A este conjunto se suma el libro de nuestro autor: <em>Flores de plomo</em> (Alfaguara, 1999). Ante un volumen como este, quiz&aacute; la primera duda que asalte al lector curioso tenga que ver con el g&eacute;nero al que pertenece: &iquest;son once cuentos o se trata, m&aacute;s bien, de una novela? Parece claro que la unidad del volumen se genera en torno a la figura de Larra, presente de un modo u otro en cada uno de los textos. Dichas piezas pueden leerse de forma independiente y, de hecho, adquieren pleno sentido como tales, aunque al presentarse unidas, en un orden determinado, se complementen y enriquezcan entre s&iacute;. En cualquier caso, lo he le&iacute;do como si se tratara de un libro o ciclo de cuentos. El volumen est&aacute; basado en datos y seres hist&oacute;ricos, lo que no obsta para que el autor fabule situaciones y conversaciones. La acci&oacute;n de casi todos los textos (excepto los protagonizados por Zorrilla y Felipe Trigo) transcurre durante el d&iacute;a en que Larra se suicida, el 13 de febrero de 1837, un lunes de carnaval. Para quienes conozcan la vida de Larra, tan significativos resultan los hechos que cuenta Z&uacute;&ntilde;iga, como aquellos de los que prescinde. As&iacute;, por ejemplo, se sabe que ese d&iacute;a Larra visit&oacute; a Pepita Wetoret, su ex mujer, quien estaba enferma y, sin embargo, en ning&uacute;n momento se alude a ello.</p>
<p>Lo que Z&uacute;&ntilde;iga pretende con estas narraciones psicol&oacute;gicas es contar no s&oacute;lo el &uacute;ltimo d&iacute;a de la vida del escritor rom&aacute;ntico, sino tambi&eacute;n c&oacute;mo los hechos humanos no se producen aislados y siempre nos afectan, de ah&iacute; que se centre en las reacciones suscitadas por el suicidio y en el influjo que tuvo la tragedia en alguno de sus contempor&aacute;neos, ll&aacute;mese Zorrilla o se trate del zapatero del periodista. Si aqu&iacute; aparecen, adem&aacute;s, Mesonero Romanos o Roca de Togores, lo hacen en contraste con Larra, m&aacute;s que por su conducta y distinta actitud vital, debido al valor de su obra. El caso es que estas narraciones podr&iacute;an relacionarse con los aguafuertes de Goya, ya sea por un cierto tono expresionista de la prosa, ya porque el realismo de Z&uacute;&ntilde;iga suela mostrarse a menudo embebido de apariciones y premoniciones. Respecto a la t&eacute;cnica compositiva es destacable de qu&eacute; forma el narrador omnisciente va retrasando lo que el cronista quiere decirle a Larra como una manera de generar tensi&oacute;n, adem&aacute;s de mostrar la inquietud que padecen los personajes. En el primer cuento, &ldquo;Doblan las campanas de Santiago&rdquo;, se halla en s&iacute;ntesis todo el libro: la atm&oacute;sfera peculiar de ese Madrid seminevado (la ciudad es coprotagonista de estos cuentos), invadido por las m&aacute;scaras del carnaval; las conflictivas reacciones del escritor respecto a sus contempor&aacute;neos y la envidia de sus rivales; la dolorosa relaci&oacute;n con Dolores Armijo (&ldquo;la &uacute;nica a la que &eacute;l ha amado ciegamente&rdquo;) y las cuitas de un Larra que se siente acosado y piensa en la muerte: &ldquo;Yo tambi&eacute;n con mis ideas he querido iluminar, alumbrar mi &eacute;poca, este pa&iacute;s de sombras, pero no he podido&rdquo;.</p>
<p>Lo que se relata en el segundo, &ldquo;Inclinaciones equ&iacute;vocas&rdquo;, es anterior desde el punto de vista cronol&oacute;gico. La acci&oacute;n transcurre a caballo entre los deseos de Mesonero por la ex amante de Larra y el aviso de su muerte, anunciada por la criada del cronista. &ldquo;La tarde: lunes de carnaval&rdquo; constituye el texto clave del volumen y el m&aacute;s conseguido, pues se trata de una pieza maestra. En &eacute;l se cuenta el recorrido tumultuoso realizado por Dolores y su cu&ntilde;ada Mar&iacute;a Manuela hasta la casa del escritor, adonde se dirigen para recoger las cartas que ella le escribi&oacute;. Pero m&aacute;s all&aacute; de las cuitas de ambas mujeres y de la detonaci&oacute;n final, lo significativo de ese calvario en que se convierte su marcha por las calles de Madrid, a lo largo del cual se topan con m&aacute;scaras, borrachos y chulos que las requiebran e insultan, es la Espa&ntilde;a que les sale al paso, contra la que Larra dirigi&oacute; sus m&aacute;s aceradas cr&iacute;ticas: la Espa&ntilde;a de charanga y pandereta que luego denostar&iacute;a Antonio Machado.</p>
<p>Las mujeres que aparecen en estas historias siempre adoptan una postura m&aacute;s sensata y compresiva que los hombres ante el comportamiento resuelto de Larra. Sin duda, la excepci&oacute;n es su zapatero, republicano y mas&oacute;n, quien culpa de su muerte a los conservadores, aunque ellas tambi&eacute;n aparecen con frecuencia retratadas como objeto de deseo. Con el relato del suicidio de Larra, en 1916, se completa el c&iacute;rculo (Felipe Trigo asisti&oacute; en 1909 al banquete de homenaje en Fornos que organizaron los miembros de <em>Prometeo</em>), record&aacute;ndonos de qu&eacute; modo unas circunstancias similares pueden desembocar en la misma tragedia, y c&oacute;mo el fracaso pol&iacute;tico y amoroso, la insatisfacci&oacute;n personal y social de ambos escritores termina conduci&eacute;ndolos a la muerte.</p>
<p>As&iacute; pues, frustraci&oacute;n, envidia, celos, amores secretos y desamores, pasiones contradictorias en suma, son los temas que se hallan destilados en un libro que aborda la enorme figura de Larra y de las gentes que lo rodearon (al final resulta interesante ver de qu&eacute; manera, a trav&eacute;s de todos estos personajes, se logra un retrato f&iacute;sico y espiritual del periodista); junto con la miseria moral de la Espa&ntilde;a del romanticismo y de unos sentimientos que en cierta medida siguen estando vigentes. Por supuesto, la singularidad del libro estriba en su planteamiento, en su estructura y en la maestr&iacute;a con que el autor es capaz de sugerir emociones y mostrar, con un estilo preciso, sin solemnidad alguna, un mundo complejo, un clima de desaz&oacute;n e inquietud en medio del cual lo aparente rara vez deja traslucir lo esencial.</p>
<p>Z&uacute;&ntilde;iga ha repetido varias veces que la guerra civil espa&ntilde;ola ha sido el acontecimiento m&aacute;s importante del siglo XX y de ah&iacute; su presencia en la mayor&iacute;a de libros de ficci&oacute;n del autor. En este sentido, <em>Capital de la gloria</em> (Alfaguara, 2003), viene a completar una trilog&iacute;a formada por sus libros de cuentos sobre Madrid y la contienda. Y sin embargo, no hay que olvidar que tanto en su primer relato, <em>In&uacute;tiles totales</em>, nunca reeditado, como en su novela <em>El coral y las aguas</em>, se ocupaba tambi&eacute;n del asunto. Si bien la acci&oacute;n de la primera y tercera entrega de la trilog&iacute;a tiene lugar en el mismo espacio y &eacute;poca, el segundo volumen de cuentos transcurre en el periodo inicial de la posguerra. En ellas el conflicto b&eacute;lico es s&oacute;lo un tel&oacute;n de fondo ante el cual se desarrolla un sinf&iacute;n de historias. Nuestro autor se instala, as&iacute;, en una tradici&oacute;n literaria de relatos sobre la contienda, entre los que prefiere a Max Aub, Ram&oacute;n J. Sender, Arturo Barea, &Aacute;ngel Mar&iacute;a de Lera y Juan Iturralde, quien en una rese&ntilde;a (<em>El Mundo</em>, 13 de mayo de 1990) lleg&oacute; a calificar las piezas de su primer libro de cuentos de &ldquo;narraciones anti&eacute;picas&rdquo;. En cambio, me parece que Z&uacute;&ntilde;iga no aprecia tanto el libro de Chaves Nogales, <em>A sangre y fuego</em>. En estos nuevos relatos, adopta una perspectiva levemente distinta. De este modo, frente a la inquietud individual que predominaba en las entregas anteriores, ciertos personajes se sienten part&iacute;cipes de un conflicto que afecta a toda una colectividad, conscientes de formar parte de un destino com&uacute;n.</p>
<p>Una vez m&aacute;s, el paisaje es de desolaci&oacute;n, aparece un Madrid casi en ruinas, en el que los personajes intentan sobrevivir como pueden sin extraviarse por completo, incluso a sabiendas de que todo est&eacute; perdido. Es ese momento en que la ciudad se ha rendido a los facciosos -serg&uacute;n se les denominaba entonces- o est&aacute; a punto de hacerlo, la vida se ha degradado tanto como la ciudad, por lo que los habitantes al ver llegar la derrota se sienten solidarios. Los tres libros de cuentos, en suma, responden a una misma intenci&oacute;n: el rescate -el autor habla de &ldquo;explorar y recuperar&rdquo;- de una serie de episodios que protagonizaron gentes an&oacute;nimas, a quienes la guerra les cambi&oacute; la vida. As&iacute;, Z&uacute;&ntilde;iga quiere dejar constancia tanto de lo vivido como de lo imaginado a trav&eacute;s de las ilusiones y esperanzas de gentes sencillas. El t&iacute;tulo proviene de Rafael Alberti, de <em>Capital de la gloria</em> (1938), un libro sobre la defensa de Madrid, y en concreto del poema &ldquo;Madrid por Catalu&ntilde;a&rdquo;, aunque tambi&eacute;n posea cierto componente ir&oacute;nico. No en vano, Madrid fue capital de la gloria, pero tambi&eacute;n del dolor. Hoy nos conmueven de igual forma las vivencias de quienes sufrieron el asedio y padecieron calamidades, que la heroicidad exhibida por parte de milicianos y brigadistas.</p>
<p>Si bien &ldquo;los relatos son como el ritmo de mi respiraci&oacute;n&rdquo;, seg&uacute;n ha afirmado Z&uacute;&ntilde;iga en una conversaci&oacute;n con Antonio Fontana (<em>ABC Cultural</em>, 16/II/2013, p. 8), <em>Capital de la gloria </em>est&aacute; compuesto por diez piezas que funcionan como los fragmentos de un mosaico mayor, susceptible de completarse con las restantes narraciones de la trilog&iacute;a. Esta vez, su estilo no es menos cuidado pero s&iacute; m&aacute;s sencillo y escueto: quiz&aacute; lo po&eacute;tico haya reducido su presencia, junto con la tensi&oacute;n de la lengua, mostr&aacute;ndose m&aacute;s sobria y descarnada. Hay, tambi&eacute;n, toda una serie de motivos que se reiteran y proporcionan sentido al conjunto. Tal vez destaque entre ellos el af&aacute;n de muchos de estos seres por seguir cultivando los mismos sentimientos que en tiempos de paz, tales como el amor y el placer. O bien el contraste que se establece entre un pasado feliz, formado por los a&ntilde;os de euforia y libertad de la Rep&uacute;blica, y el presente tr&aacute;gico, en el que a menudo la vida pende de un hilo. O el empe&ntilde;o por mantener un oficio y una vocaci&oacute;n que tuvieron que abandonar a la fuerza. En suma, sus protagonistas intentan resistirse a ese rebajamiento de la existencia a que los condena la guerra; como ese pintor convertido en cartelista, o Amalia, la mujer que no puede cumplir sus sue&ntilde;os art&iacute;sticos.</p>
<p>Z&uacute;&ntilde;iga le saca un gran partido al espacio y se vale con maestr&iacute;a de los interiores (viviendas, refugios, cuarteles...) y exteriores. Sit&uacute;a a los personajes en sus casas y barrios, lo que es una manera de definirlos socialmente pero tambi&eacute;n de mostrarlos en su ambiente natural. A veces tienen una misi&oacute;n que los empuja a sortear con cautela una ciudad llena de peligros. Y cuando son sorprendidos por los habituales bombardeos que padece Madrid, y se resguardan en ese espacio neutral que es siempre un refugio, suele acontecer alg&uacute;n encuentro inesperado. Los personajes cuentan, as&iacute;, con una existencia oficial y familiar, y otra secreta y privada, a menudo externa. Por razones obvias, la mayor&iacute;a de los protagonistas son mujeres. Ellas fueron las que vivieron y padecieron en mayor medida la vida de retaguardia. Un buen ejemplo de ello es la pieza inicial, &ldquo;Los deseos, la noche&rdquo;, que se cuenta entre las mejores del conjunto. En sus p&aacute;ginas aparece perfectamente sintetizado el escenario com&uacute;n de todos estos relatos: un Madrid asediado, medio en ruinas, lleno de luces, alarmas y sacos terreros, que las gentes recorren con miedo y sigilo. Asimismo, encontramos condensados bastantes de los motivos del libro: el contraste entre el pasado y el presente y, sobre todo, la ilusi&oacute;n, aqu&iacute; representada por la vivencia de un primer y &uacute;ltimo amor en plena guerra.</p>
<p>Este relato gira en torno de las cuitas de dos personajes: la joven Adela y su t&iacute;o, un viejo pintor. Hacia la mitad del cuento se encuentran y juntos permanecen hasta el desenlace, en el que se olvidan de sus inquietudes personales para identificarse con los padecimientos colectivos. As&iacute; pues, Adela, tras sufrir el rechazo de un novio muy ocupado en el hospital de sangre en donde trabaja, tambi&eacute;n es finalmente ignorada por un desconocido con el que hab&iacute;a pactado un encuentro sexual en el refugio que compart&iacute;an. En el vagar desasosegado de esta chica por Madrid, llega a casa de su t&iacute;o, un pintor enamorado a su vez de una joven vecina, aunque no se atreva a confes&aacute;rselo. Juntos salen a la calle y se tropiezan con el tr&aacute;gico espect&aacute;culo del incendio del Museo del Prado, que consigue hacerles olvidar sus inquietudes personales y comprometerse con la colectividad. Otra de las ideas principales que se barajan en el libro es que la guerra trastoc&oacute; muchas &ldquo;fr&aacute;giles vidas&rdquo;, en expresi&oacute;n del propio Z&uacute;&ntilde;iga. Nos sirve de ejemplo el cuento titulado &ldquo;El viaje a Par&iacute;s&rdquo;, donde el autor nos muestra la transformaci&oacute;n que sufre la madre de una familia numerosa de tradici&oacute;n socialista. El trayecto que se anuncia en el t&iacute;tulo es mental, metaf&oacute;rico. As&iacute;, un ama de casa viuda se enamora de un militar, abandona sus obligaciones y sue&ntilde;a con volver a la capital francesa. Todo ello se traduce en un escepticismo pol&iacute;tico que le permite anteponer su felicidad personal a las obligaciones familiares. Pero ante la preocupaci&oacute;n de sus hijos, quienes no logran entender por qu&eacute; ha cambiado, qu&eacute; le ocurre, renuncia al amor y vuelve finalmente al hogar, envejecida.</p>
<p>Varios de estos cuentos se dedican a los miembros de las Brigadas Internacionales, a recordar que muchos de ellos vinieron a Espa&ntilde;a para defender la Rep&uacute;blica, la libertad, lo que les cost&oacute; la vida. En concreto, se los exalta en el titulado &ldquo;Los mensajes perdidos&rdquo;, donde se relata una historia sustentada en el cumplimiento de una misi&oacute;n. Como en otros relatos del libro, tambi&eacute;n este se estructura a ra&iacute;z de una b&uacute;squeda. En un tiempo muy poco propicio a realizar misiones altruistas o a sostener &ldquo;la ilusi&oacute;n de los amor&iacute;os&rdquo;, en una &eacute;poca en la que lo &uacute;nico que importa es &ldquo;sobrevivir y coger al vuelo las migas de felicidad posible&rdquo; que te salgan al paso, Jos&eacute; Luis, hermano del narrador, acepta en el frente el encargo que le ha hecho un soldado belga moribundo: debe entregarle un reloj a Hans Beimler, brigadista alem&aacute;n. Z&uacute;&ntilde;iga se sirve aqu&iacute; de un personaje real, un comunista que fue diputado en el parlamento de Weimar, y preso luego en Dachau, quien logr&oacute; escapar tras cruzar Par&iacute;s y llegar a Espa&ntilde;a, en donde fue comisario del batall&oacute;n Th&auml;lmann. El papel que esta b&uacute;squeda desempe&ntilde;a en el cuento es la de recordar y luchar contra el olvido, para mostrarnos la trayectoria vital de un brigadista que perdi&oacute; la vida en el frente tras un grave error de intendencia.</p>
<p>Por el contrario, &ldquo;Las huidas&rdquo; es un cuento de interiores. Esta vez el autor lleva la acci&oacute;n a La Guindalera, un barrio de chal&eacute;s situado por entonces a las afueras de Madrid, donde la guerra no tuvo una presencia tan evidente y sus habitantes, menos comprometidos con la lucha, hab&iacute;an ca&iacute;do en una especie de indolencia, aunque sus &aacute;nimos no estuvieran menos convulsionados. La narraci&oacute;n se sustenta en dos oposiciones: la que se genera entre las hermanas Clara y Amalia, y la que enfrenta a esta &uacute;ltima con su vecino Santiago, enamorado de ella sin ser correspondido. Clara desea quedarse en Madrid y resguardar el patrimonio familiar; mientras que Amalia se siente al margen de la contienda, sue&ntilde;a con Par&iacute;s y aspira a trasladarse a Valencia y convertirse en pintora. Santiago la chantajea ofreci&eacute;ndole un salvoconducto a cambio de amor, ella lo rechaza, pero despu&eacute;s, cuando ya es inevitable porque no tiene manera de llegar a su destino, se arrepiente. A menudo aparece en estas narraciones un personaje que sirve de contrapunto a las actitudes individualistas. Se alude as&iacute; a la muerte de Julien Bell, un joven periodista ingl&eacute;s. Y los personajes se preguntan una vez m&aacute;s para qu&eacute; vendr&iacute;a a Espa&ntilde;a, un pa&iacute;s en guerra, si en el suyo lo ten&iacute;a todo. Julien Bell fue un joven comunista, educado en Cambridge, miembro de la alta burgues&iacute;a brit&aacute;nica y sobrino de Virginia Woolf que perdi&oacute; la vida en Brunete, donde conduc&iacute;a una ambulancia defendiendo una causa que le parec&iacute;a justa.</p>
<p>Otro motivo que aparece en los cuentos de Z&uacute;&ntilde;iga es c&oacute;mo algunos utilizaron la contienda para enriquecerse, para robar a los partidarios del otro bando. Se refiere concretamente a aquellos primeros momentos, antes de que se formara la Junta de Defensa de Madrid en noviembre de 1936, en que facinerosos con carnet de la FAI se dedicaban a los ajustes de cuentas, lo que desprestigi&oacute; al bando republicano. En esa f&aacute;bula que es &ldquo;Patrulla del amanecer&rdquo; un hombre descubre que su padre, un sindicalista, no s&oacute;lo hab&iacute;a sido un ladr&oacute;n sino acaso tambi&eacute;n un asesino. Este individuo, miembro de una patrulla nocturna, llamada Los Linces del Amanecer, bajo el pretexto de desenmascarar a los fascistas, robaba alhajas e incluso, a veces, &lsquo;paseaba&rsquo; a sus due&ntilde;os. Seg&uacute;n se apunta en una reflexi&oacute;n del narrador, para complacer a Rosario, su amante, este hombre cre&iacute;a que pod&iacute;a cambiar joyas por felicidad, ignorando que el oro estaba maldito. Quiz&aacute; estos dos cuentos sean los que est&eacute;n m&aacute;s cerca de los planteamientos del citado libro de Chaves Nogales.</p>
<p>La verdad es otro de los temas que late en casi todas estas narraciones. Robert Capa hab&iacute;a escrito, al respecto, que &ldquo;la verdad es la mejor imagen, la mejor propaganda&rdquo;. Y en esta ocasi&oacute;n, el autor defiende la necesidad de conocerla, aunque sea amarga. En el cuento titulado &ldquo;El amigo Julio&rdquo; se relata el caso de un fontanero que muri&oacute; en el frente pensando que su esposa hab&iacute;a huido con otro, cuando en realidad la mat&oacute; un proyectil. Pero ni se atrevi&oacute; a saber ni dej&oacute; que le explicaran lo ocurrido. En esta narraci&oacute;n aparecen dos reflexiones que merece la pena recordar porque valen no s&oacute;lo para todo el volumen, sino tambi&eacute;n para el conjunto de la obra de Z&uacute;&ntilde;iga. La primera se refiere a la imperiosa necesidad de convertir los recuerdos en palabras, en escritura. Y la segunda se sintetiza en un par de frases que enlazo a continuaci&oacute;n: &ldquo;el destino desprecia a quienes no reconocen el derecho a ser algo, los que pasan an&oacute;nimos, ignorados, y de cuya existencia de anhelos y contrariedades no queda ni rastro (...); las cr&oacute;nicas, la historia, no ensalzan y guardan sino a los encumbrados por la cambiante fortuna o por el dinero, la bajeza o la fuerza bruta&rdquo;.</p>
<p>Si el libro se inicia con un cuento en el que una joven recorre Madrid embriagada de deseo, concluye con otro titulado &ldquo;Las ense&ntilde;anzas&rdquo;, en el que una madre lleva a su hijo a un colegio libertario, donde ense&ntilde;an a los alumnos a odiar la guerra. Ni la lecci&oacute;n del maestro resulta demasiado dif&iacute;cil de aprender dado que durante el recorrido el ni&ntilde;o sufre en directo el bombardeo de la aviaci&oacute;n alemana &ndash;&ldquo;Esto es la guerra hijo, para que no lo olvides&rdquo;, le comenta la madre; ni tampoco la posici&oacute;n del autor respecto a los acontecimientos hist&oacute;ricos resulta nunca turbia, basada como est&aacute; en una actitud profundamente &eacute;tica. Valga este ejemplo extra&iacute;do de &ldquo;Rosa de Madrid&rdquo;, en que una mujer comenta: &ldquo;los amos, los que siempre hab&iacute;an sido los due&ntilde;os del dinero, ahora eran due&ntilde;os de las armas, de las tropas a sueldo, y en pocas semanas llegar&iacute;an a Madrid&rdquo;. Pero esto no quiere decir que el autor se muestre complaciente con las conductas deshonrosas de los republicanos. Z&uacute;&ntilde;iga enjuicia y a menudo pone en evidencia el comportamiento de sus personajes en unos cuentos que poseen mucho de f&aacute;bula y, siempre, un alto componente did&aacute;ctico y moral. Lo que viene a decirnos, en suma, es que ni siquiera en aquellos tr&aacute;gicos momentos se eclipsaron las peores ambiciones, ni tampoco las pasiones m&aacute;s elevadas. No cabe duda de que Z&uacute;&ntilde;iga aprendi&oacute; aquella lecci&oacute;n de Robert Capa seg&uacute;n la cual la verdad de la guerra &ndash;otra vez la verdad&ndash; no se hallaba s&oacute;lo en las batallas, sino en los rostros de los soldados reflejando la fatiga, o en el miedo y el sufrimiento de los civiles. No en vano, Z&uacute;&ntilde;iga humaniza la guerra por encima de todo.</p>
<p>En el a&ntilde;o 2007 Israel Prados edit&oacute; juntos en C&aacute;tedra tres libros de cuentos: <em>Largo noviembre de Madrid</em>, <em>La tierra ser&aacute; un para&iacute;so</em> y <em>Capital de la gloria</em>; pero cuando en el 2011 vuelvan a publicarse en un solo volumen, ahora en Galaxia Gutenberg / C&iacute;rculo de Lectores, por decisi&oacute;n del autor llevar&aacute;n el t&iacute;tulo general de <em>La trilog&iacute;a de la guerra civil</em>, alterando adem&aacute;s el orden: <em>Capital de la gloria</em> pasa a ocupar el segundo lugar y <em>La tierra ser&aacute; un para&iacute;so </em>el tercero, respetando en esta ocasi&oacute;n el desarrollo cronol&oacute;gico de los hechos narrados.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p><em>Brillan monedas oxidadas</em> (C&iacute;rculo de Lectores, 2010), hasta ahora su &uacute;ltimo libro de relatos, est&aacute; compuesto por quince piezas. Podr&iacute;a definirse con la frase con la que concluye &ldquo;El molino de Santa B&aacute;rbara&rdquo;: &ldquo;historias de orgullosa pasi&oacute;n, de rebeld&iacute;as y locos amores desgraciados&rdquo; (p. 92). Y, en efecto, de eso trata precisamente. Todas transcurren en el siglo XVII, excepto &ldquo;Has de cruzar la ciudad&rdquo; que acontece en el presente. El t&iacute;tulo del libro, oximor&oacute;nico como tambi&eacute;n lo era otro de sus libros: <em>Flores de plomo</em>, alude, seg&uacute;n el autor, a la oposici&oacute;n entre el brillo y el &oacute;xido, al fluir del tiempo que suele erosionar la memoria, aunque su fulgor perdure. El volumen se presenta dividido en tres apartados con sus correspondientes t&iacute;tulos, extra&iacute;dos del cuerpo de los cuentos: &ldquo;La fuerza del vendaval agitaba las cortinas como un gran p&aacute;jaro&hellip;&rdquo;, &ldquo;Se olvidan tantas historias de orgullosa pasi&oacute;n y de rebeld&iacute;as&hellip;&rdquo; y &ldquo;Sus vidas eran demasiado iguales&rdquo;, respectivamente. Las diferentes partes le permiten al autor trabajar con atm&oacute;sferas distintas.</p>
<p>El volumen arranca con un cuento, &ldquo;El fest&iacute;n y la lluvia&rdquo;, en el que un grupo de personajes parece atrapado en un albergue por el aguacero, amenazado adem&aacute;s por el r&iacute;o que, en cualquier momento, puede desbordarse. Reunidos sus integrantes alrededor de la chimenea, se dedican a o&iacute;r el relato de la boda de la hija de uno de ellos, el fest&iacute;n del t&iacute;tulo. Una de las j&oacute;venes presentes los escandaliza con sus comentarios y, mucho m&aacute;s resuelta que sus compa&ntilde;eros, acaba abandon&aacute;ndolos ante el temor de la mayor&iacute;a. En el desenlace, despu&eacute;s de enterarnos de que la novia tambi&eacute;n se esfum&oacute; tras la fastuosa boda que hab&iacute;a relatado su padre, sin que volvieran a verla nunca, tememos, m&aacute;s que por la suerte de la joven que ha abandonado el albergue, por la inmovilidad y cerraz&oacute;n del grupo, al intuir que van a ser ellos quienes terminen engullidos por la corriente del r&iacute;o, que ha empezado a desbordarse. Este cuento, por tanto, podr&iacute;a leerse como una curiosa variante de <em>El &aacute;ngel exterminador</em>, de Bu&ntilde;uel, en donde una fuerza metaf&iacute;sica, y no s&oacute;lo la lluvia seg&uacute;n ocurre aqu&iacute;, parece haberlos atrapado y puesto en peligro. Motivo que Rafael P&eacute;rez Estrada tambi&eacute;n utiliza en uno de sus microrrelatos, &ldquo;[Los actores de la angustia]&rdquo;, recogido en <em>La sombra del obelisco</em>. &ldquo;Agon&iacute;a bajo el manto de oro&rdquo; nos muestra la avaricia personificada en una anciana agonizante, desvanecida entre insaciables deseos de riqueza. Lo curioso es que el relato, que transcurre en la habitaci&oacute;n de una pensi&oacute;n cargada de asfixiantes olores, conserva todo el aspecto de lo on&iacute;rico, pero la acci&oacute;n transcurre en la realidad, si bien en el desenlace pueden apreciarse rasgos bu&ntilde;uelescos, como sucede en las frases de algunos personajes. De modo parecido a los cuentos anteriores, en el primero y en &ldquo;Jazz Session&rdquo;, tambi&eacute;n aqu&iacute; se produce un contraste entre el mundo abierto y el cerrado, lo de dentro y lo de fuera (pp. 24, 25 y 31). En &ldquo;La gran mancha verde&rdquo;, como en <em>El camino</em>, de Delibes, un pobre obrero se plantea el dilema de si su hijo debe trabajar o estudiar. En &uacute;ltimo t&eacute;rmino, con la complicidad del profesor, que se culpa por no haberle ense&ntilde;ado lo que deb&iacute;a, limit&aacute;ndose a la historia espa&ntilde;ola y olvid&aacute;ndose de China (&ldquo;La gran mancha verde&rdquo; del t&iacute;tulo), el padre decide que su hijo se ponga a trabajar pese a ser un buen estudiante, para que pueda ayudar con su salario en la econom&iacute;a dom&eacute;stica.</p>
<p>&nbsp;&ldquo;Has de cruzar la ciudad&rdquo; es uno de los relatos m&aacute;s afortunados del volumen. Resulta una buena muestra de c&oacute;mo un cuento realista con un inicio extraordinario, que trata de una joven y atractiva repartidora nocturna de pizzas llamada Carmela, termina transform&aacute;ndose en un relato simb&oacute;lico, legendario, m&iacute;tico en &ldquo;el viaje de la noche&rdquo;, remedando la leyenda de Lady Godiva. El detallado repaso de las calles que va recorriendo, junto con la descripci&oacute;n de los tipos y situaciones con las que se encuentra, o la truncada entrega, en el inexistente 108 de la calle del Tesoro y los dos simb&oacute;licos anuncios que recibe, adem&aacute;s de la copla que oye cantar en Pozas y el comentario de un joven estudiante, la llevar&aacute;n a atravesar desnuda la ciudad, como una princesa que condujera una modesta moto, hasta penetrar en &ldquo;el tranquilo reino de los dioses del sue&ntilde;o&rdquo;, en un nuevo viaje al fin de la noche.</p>
<p>La segunda parte se inicia con el relato &ldquo;La mujer del chal&aacute;n&rdquo;. Aqu&iacute;, el narrador de la historia cuenta de qu&eacute; extra&ntilde;o modo la visita al taller de una hermosa mujer de origen morisco, cuyo nombre nunca llegamos a saber, acaba trayendo la desgracia a todo aquel que se relacione o intime con ella, como as&iacute; le sucede a Pascual Solano, su patr&oacute;n. El castigo se anuncia con la aparici&oacute;n de puntos de luz y fuegos en el campanario de la iglesia de San Gin&eacute;s, donde &ndash;por cierto- bautizaron a Quevedo y se cas&oacute; Lope de Vega. La irresistible mujer personifica la tentaci&oacute;n, y de hecho se nos presenta como la reencarnaci&oacute;n del maligo; no en vano su propio marido, el sacrist&aacute;n Remigio y Pascual acaban siendo v&iacute;ctimas del trato que mantienen con ella. A diferencia del relato anterior, en donde tambi&eacute;n ve&iacute;amos a su protagonista montar a caballo, aqu&iacute; la mujer misteriosa utiliza sus encantos para embaucar y perder a los hombres que la desean. Asimismo, a la manera de un sue&ntilde;o se tratara, la protagonista aparece en el desenlace desnuda ante el talabartero, montada a caballo a horcajadas, como la Carmela de &ldquo;Has de cruzar la ciudad&rdquo;, aun siendo ambas hero&iacute;nas antag&oacute;nicas.</p>
<p>En &ldquo;Conjuro de marzo&rdquo; es contratado un matarife para asesinar a un noble, &ldquo;un hombre de posibles&rdquo;, pero una vez llevada a cabo su misi&oacute;n, se esfuma quien deb&iacute;a pagarle. En realidad, la protagonista del cuento es la morisca Pascuala, su amante, quien intenta persuadir al valiente Cortado para que no arriesgue su vida en vano, pues no cree que vayan a cumplir las promesas que le han hecho. Tal como suced&iacute;a en &ldquo;Has de cruzar la ciudad&rdquo; y &ldquo;El campanero de San Sebasti&aacute;n&rdquo;, tambi&eacute;n aqu&iacute; los dichos de viejas, el conjuro al que se refiere el t&iacute;tulo, anticipan la desgracia. La escena del asesinato entre sombras y bultos se produce en mitad de una escenograf&iacute;a t&eacute;trica, frente al atrio de una iglesia; no en balde se halla presidida por la luna llena y adornada por vientos que traen las voces de los muertos, los gritos de los torturados por la inquisici&oacute;n y los murci&eacute;lagos que revolotean en torno, anunciando &ldquo;el conjuro de marzo&rdquo;. La atm&oacute;sfera de todo el relato recuerda a las antiguas leyendas de B&eacute;cquer. En &eacute;l encontramos de nuevo a una mujer bondadosa, dispuesta al sacrificio. Esta segunda parte se cierra con el cuento titulado &ldquo;Interminable noche de miedos&rdquo;, cuya acci&oacute;n se sit&uacute;a en el siglo XVI, cuando una familia de conversos teme ser descubierta al llegar a su casa una mujer morisca, huyendo y pidiendo asilo. Nunca alcanzan a verla, solo oyen su misterioso canto tras la puerta de la casa, pero cuando abren, no encuentran a nadie, hasta que un d&iacute;a descubren el cuerpo de la mujer muerta. La familia, adem&aacute;s, guarda otro secreto: el papel que desempe&ntilde;&oacute; la abuela en la muerte en un pozo de la viuda que viv&iacute;a con ella, a quien asesin&oacute;.</p>
<p>En la tercera parte, en dos de los cuentos m&aacute;s logrados, se le rinde homenaje a Franz Kafka y M&aacute;rio de S&aacute;-Carneiro, personajes desarraigados. En el primer relato, titulado &ldquo;No llegar&aacute; el sobrino de Praga&rdquo;, el anciano Alfredo Loewy, director general de los Ferrocarriles del Oeste de Espa&ntilde;a, teme la visita de su sobrino Kafka, pues vive con una mujer joven, &ldquo;mi &uacute;ltimo amor&rdquo;, y ha abjurado de las costumbres y la ley de sus antepasados jud&iacute;os. Tras hablarlo con su amigo Ignacio Bauer, una carta viene a remediar sus pesares, ya que le comunican que Kafka est&aacute; desahuciado y que no podr&aacute; llegar a Madrid, de donde se deduce que tampoco lograr&aacute; cambiar de vida y convertirse en escritor. Se cierra el volumen con &ldquo;Par&iacute;s: &uacute;ltima decisi&oacute;n&rdquo;, en donde Z&uacute;&ntilde;iga, tal como hiciera en otras historias suyas recogidas en <em>Flores de plomo</em>, nos cuenta por qu&eacute; se suicid&oacute; en Par&iacute;s el poeta Mario de S&aacute;-Carneiro. Al parecer, las razones fueron m&aacute;s econ&oacute;micas que sentimentales. As&iacute;, el nuevo matrimonio de su padre y su traslado a Mozambique supone el fin de la ayuda econ&oacute;mica que este le prestaba, lo que lo hace consciente de la falta de cari&ntilde;o que todav&iacute;a arrastra, pero tambi&eacute;n de su incapacidad para ganarse la vida y, por tanto, poder mantener a H&eacute;l&egrave;ne, la <em>cocote</em> que se aprovecha de &eacute;l y de la que se halla fascinado. As&iacute; las cosas, recuerda el suicidio de un amigo de juventud, tambi&eacute;n hu&eacute;rfano e inadaptado como &eacute;l, a quien acabar&aacute; imitando. Buena parte del relato se ocupa de narrar la seducci&oacute;n que lleva a cabo la no menos indolente <em>cocote</em>, acompa&ntilde;ada por una amiga mayor que la protege y le hace de Celestina, pues s&oacute;lo busca en &eacute;l ayuda econ&oacute;mica, acceso a comodidades y lujos. Al final, Mario y H&eacute;l&egrave;ne resultan tan iguales en su indolencia que ambos necesitar&iacute;an de un protector que les solucionase la vida. Como Mario no dispone de medios para mantener a la joven, esta lo abandona, por lo que &eacute;l, sin apenas expectativas vitales, se suicida en 1916.</p>
<p>Con el paso del tiempo el estilo de Z&uacute;&ntilde;iga ha ido depur&aacute;ndose y en este &uacute;ltimo libro se ha hecho m&aacute;s conciso si cabe, evitando toda ret&oacute;rica innecesaria, en aras de la transparencia y de un casi silencioso ritmo del lenguaje. Los ambientes que reproduce suelen ser cerrados, opresivos, y los personajes, que se debaten entre la lujuria, la avaricia, la ostentaci&oacute;n del poder o el miedo, a menudo no encuentran una salida digna. Profundo conocedor de la narrativa espa&ntilde;ola, rusa y portuguesa, de Baroja, Turgu&eacute;niev, Ch&eacute;jov (la atm&oacute;sfera) y Block, nuestro autor no s&oacute;lo educ&oacute; la sensibilidad en su literatura, sino que aprendi&oacute; en ella una concepci&oacute;n &eacute;tica de la existencia y la capacidad de iluminarnos, en fin, diversos aspectos de la vida cotidiana acostumbrados a permanecer en la sombra. A menudo sus cuentos parten de una situaci&oacute;n realista para ir adoptando motivos propios de la est&eacute;tica simbolista o de la tradici&oacute;n del relato fant&aacute;stico, y sus finales suelen ser abiertos y aleg&oacute;ricos, para que el lector pueda participar siempre en la construcci&oacute;n de la historia.</p>
<p>Cuesta trabajo entender, sin embargo, por qu&eacute; no se le ha prestado m&aacute;s atenci&oacute;n a la obra narrativa de nuestro autor. Con todo, en los &uacute;ltimos tiempos, ha recibido la Medalla de oro del C&iacute;rculo de Bellas Artes (2003), la obtenci&oacute;n del Premio de la Cr&iacute;tica, el NH y el Salamb&oacute;, todos en el 2004, y el Premio Terenci Moix en el 2011 por <em>Desde los bosques nevados</em>. A estos reconocimientos habr&iacute;a que sumar el monogr&aacute;fico de la revista <em>Quimera</em> (227, marzo del 2003), al cuidado de Luis Beltr&aacute;n Almer&iacute;a, autor adem&aacute;s del libro <em>El simbolismo de Juan Eduardo Z&uacute;&ntilde;iga</em> (Vitel.la, 2008); y la edici&oacute;n de su trilog&iacute;a sobre Madrid durante la guerra civil y los primeros a&ntilde;os de postguerra, editada en C&aacute;tedra por Israel Prados, en el 2007, los cuales han venido a paliar en parte este inexplicable descuido. Pero quiz&aacute; la mejor noticia sea que Z&uacute;&ntilde;iga est&aacute; escribiendo sus memorias, de las que encontrar&aacute;n un anticipo en este mismo n&uacute;mero, cuya aparici&oacute;n esperamos con suma curiosidad e inter&eacute;s.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a>. <em>Vid</em>. <em>La Estafeta Literaria</em>, n&uacute;m. 30, 10 de julio de 1945.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a>. Sobre las ideas de Z&uacute;&ntilde;iga sobre la traducci&oacute;n, <em>vid</em>. &ldquo;Una sugerencia quim&eacute;rica. Las traducciones literarias&rdquo;, <em>Informaciones</em>, 2 de diciembre de 1976.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a>. Aparece recogido en el libro <em>Brillan monedas oxidadas</em>, Galaxia Gutenberg / C&iacute;rculo de Lectores, Barcelona, 2010, con el t&iacute;tulo &ldquo;El ramo de lilas&rdquo;, pp. 39-44.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a>. En esta novela se nos proporciona la n&oacute;mina, levemente desfigurada, de los narradores entonces vinculados al realismo social: Ferres, Z&uacute;&ntilde;iga, Garc&iacute;a Hortelano, L&oacute;pez Salinas, L&oacute;pez Pacheco, Felicidad Orqu&iacute;n, Nino Quevedo, Alfonso Groso y &iquest;Alfonso Bernabeu?.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a>. <em>Vid</em>. la conversaci&oacute;n entre Antonio Ferres y Juan Eduardo Z&uacute;&ntilde;iga, moderada por Ignacio Echeverr&iacute;a, <em>El Pa&iacute;s. Babelia</em>, 2 de noviembre del 2002, pp. 2 y 3.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a>. <em>Cf</em>. la entrevista de Paula Achiaga, <em>El Cultural</em>, 26 de junio de 1999, p. 30.&nbsp;</p>
</div>
</div>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 20 Mar 2014 11:50:19 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuando volví a casa]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/cuando-volvi-a-casa/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/ANTONIO_ANS_N.jpg" alt="" width="262" height="262" /></p>
<p>Cuando volv&iacute; a casa para el entierro de mam&aacute;</p>
<p>Julia hab&iacute;a pensado en todo. S&oacute;lo quedaba</p>
<p>echarme a llorar, pero no lo hice. Fui directamente</p>
<p>a su dormitorio. Las cosas segu&iacute;an</p>
<p>cada una en su sitio. Nuestros retratos</p>
<p>de primera comuni&oacute;n en la mesilla de noche, el gato</p>
<p>con los anillos de mam&aacute; insertados en la cola,</p>
<p>un libro del que sobresal&iacute;a el marca p&aacute;ginas</p>
<p>hacia el final, su despertador de agujas al que olvidaba</p>
<p>darle cuerda, aunque siempre se despert&oacute; puntual</p>
<p>cuando hac&iacute;a falta estar a una hora para algo</p>
<p>importante. &iquest;Puedo lavarme las manos? Conoces</p>
<p>el camino, respondi&oacute;. Voy a preparar un t&eacute;.</p>
<p>&iquest;Quieres? Si es rojo, s&iacute;. De camino al ba&ntilde;o</p>
<p>cruc&eacute; por delante de mi habitaci&oacute;n, de la que hab&iacute;a</p>
<p>sido mi habitaci&oacute;n, pero pas&eacute; de largo. Al mirarme</p>
<p>en el espejo comprob&eacute; que la espinilla de la ceja</p>
<p>me hab&iacute;a dejado un feo cerco rojo. Con agua fr&iacute;a</p>
<p>las ideas parecen volver a su sitio. Solo que hoy</p>
<p>no ten&iacute;a ideas que ordenar. La toalla todav&iacute;a</p>
<p>conservaba el perfume de mam&aacute;. El de jab&oacute;n</p>
<p>de Marsella. Mi dormitorio se hab&iacute;a convertido</p>
<p>en cuarto de estudio. Con un ordenador</p>
<p>y unas estanter&iacute;as de tek y un sof&aacute;-cama verde</p>
<p>botella. No estaba mal. Sencillo. Pr&aacute;ctico. Julia</p>
<p>ten&iacute;a buen gusto. Voy a subir</p>
<p>al Complejo dentro de un rato, me dijo. De acuerdo.</p>
<p>Puedes dormir en la cama de mam&aacute;.</p>
<p>Si no te importa, a&ntilde;adi&oacute; tras unos segundos</p>
<p>de silencio. No me importa nada. &iquest;Quieres</p>
<p>que te prepare algo de comer antes de irnos?</p>
<p>Gracias, pero no tengo hambre, ment&iacute;. Cuando quieras.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 20 Mar 2014 10:25:16 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El odio]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-odio/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/FERM_N_L_PEZ_COSTERO.jpg" alt="" width="302" height="227" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-family: verdana,geneva;"><tt>Dif&iacute;cil es saber si amanece</tt></span><br /><span style="font-family: verdana,geneva;"> <tt>entre los pliegues del odio,</tt></span><br /><span style="font-family: verdana,geneva;"> <tt>donde no penetra la luz</tt></span><br /><span style="font-family: verdana,geneva;"> <tt>de la esperanza</tt></span><br /><span style="font-family: verdana,geneva;"> <tt>ni florece la rosa de la reconciliaci&oacute;n.</tt></span><br /> <br /><span style="font-family: verdana,geneva;"> <tt>El odio es el fuelle</tt></span><br /><span style="font-family: verdana,geneva;"> <tt>de un acorde&oacute;n af&oacute;nico,</tt></span><br /><span style="font-family: verdana,geneva;"> <tt>lacerado por el reproche.</tt></span><br /> <br /><span style="font-family: verdana,geneva;"> <tt>Revestido de palabras,</tt></span><br /><span style="font-family: verdana,geneva;"> <tt>el odio es un pu&ntilde;ado de sal</tt></span><br /><span style="font-family: verdana,geneva;"> <tt>arrojado sobre los ojos</tt></span><br /><span style="font-family: verdana,geneva;"> <tt>(esa herida abierta que es la mirada).</tt></span><br /> <br /><span style="font-family: verdana,geneva;"> <tt>Es dif&iacute;cil saber si amanece</tt></span><br /><span style="font-family: verdana,geneva;"> <tt>en la comisura de nuestros labios,</tt></span><br /><span style="font-family: verdana,geneva;"> <tt>donde antes anidaba</tt></span><br /><span style="font-family: verdana,geneva;"> <tt>el p&aacute;jaro pol&iacute;cromo de la sonrisa.</tt></span></p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 18 Mar 2014 07:26:06 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El japón soñado]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-japon-sonado/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/juliobaquerocruz.jpg" alt="" width="255" height="255" /></p>
<p>El pasado a&ntilde;o 2013, que ha coincidido con el a&ntilde;o dual Espa&ntilde;a-Jap&oacute;n que conmemoraba el cuarto centenario de las relaciones diplom&aacute;ticas hispano-japonesas, ha sido el escenario de un florecimiento en nuestra agenda cultural de actividades relacionadas con el Pa&iacute;s del Sol Naciente, como exposiciones, representaciones teatrales, ciclos de cine, conferencias y, tambi&eacute;n, presentaciones de libros. La casualidad ha querido que un largo proyecto literario del novelista Julio Baquero Cruz haya aparecido justamente en ese a&ntilde;o en la editorial Menoscuarto, con el t&iacute;tulo <em>Murasaki</em>. Este nombre nos remite instant&aacute;neamente a Murasaki Shikibu, la autora del <em>Genji Monogatari</em>, escrito&nbsp; hace unos mil a&ntilde;os y considerada la primera novela de la historia de la literatura universal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aunque el t&iacute;tulo pudiera sugerirlo, <em>Murasaki</em> no una novela hist&oacute;rica que reconstruya la vida de esta notable dama de la corte imperial de Heian (la antigua Kioto), sino una obra de pura creaci&oacute;n literaria que asume en el siglo XXI la vigencia de los c&oacute;digos est&eacute;ticos de la literatura cl&aacute;sica japonesa. En este sentido, el autor busca anacronismos e hibrida g&eacute;neros para invitarnos a viajar a un Jap&oacute;n so&ntilde;ado, que puede vestirse con los kimonos de seda del <em>Genji Monogatari</em>, pero sin ninguna limitaci&oacute;n historicista. Julio Baquero Cruz, palentino cosmopolita afincado en Bruselas, ha llegado al coraz&oacute;n del alma japonesa sin desplazarse f&iacute;sicamente hasta el archipi&eacute;lago nip&oacute;n. Al autor no le interesa ofrecernos la visi&oacute;n de un viajero, al modo de las japoner&iacute;as de Pierre Loti. No le hace falta y hasta puede ser contraproducente para &eacute;l por el riesgo a una intoxicaci&oacute;n del futurista Jap&oacute;n ultratecnol&oacute;gico y <em>kawaii</em>. Aunque el Jap&oacute;n que le interesa al autor sigue existiendo en el Jap&oacute;n actual, no se ve a primera vista. Al Jap&oacute;n de Baquero Cruz no se llega por el puerto de Yokohama, como se viajaba en el siglo XIX, ni por el aeropuerto de Narita, donde desembarcan los turistas hoy, sino a trav&eacute;s de los cl&aacute;sicos de la literatura nipona.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El lector de <em>Murasaki</em> disfrutar&aacute; m&aacute;s de la novela si ya conoce el <em>Genji Monogatari</em>, una novela jalonada de breves poemas que lanzan los protagonistas en el momento culminante de cada cap&iacute;tulo, como tambi&eacute;n hace Julio Baquero Cruz a lo largo de su texto. A este respecto, es necesario recordar que las completas traducciones de obras tan importantes como el <em>Genji Monogatari</em> o el <em>Heike Monogatari</em>, etc., han muy sido muy tard&iacute;as, ya en esta centuria, lo mismo que los manuales de literatura japonesa, como el de Carlos Rubio. En <em>Murasaki</em> se aprecia el influjo de las m&aacute;s importantes antolog&iacute;as po&eacute;ticas niponas, como el <em>Man'yoshu</em> y el <em>Kokinshu</em>, que es palpable en los rincones m&aacute;s l&iacute;ricos de la novela, mientras que cierto tono nost&aacute;lgico ante el final de una gloriosa era tiene relaci&oacute;n con el tono de las reflexiones desde modestas chozas de los desencantados literatos medievales Kenko Yoshida y Kamo no Chomei. Cuando la novela sale de los refinados ambientes palaciegos, que es el mundo de Murasaki Shikibu, y se adentra por caminos y barrios populares, resuenan los ecos de la literatura de las clases urbanas del siglo XVIII, en especial la obra de Ihara Saikaku.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En cierto modo, la influencia de la literatura nipona no es una novedad en las letras hispanas, pues a trav&eacute;s del <em>haiku</em> ha habido desde comienzos del siglo XX una aproximaci&oacute;n formal y est&eacute;tica muy enriquecedora. El verdadero inter&eacute;s de <em>Murasaki</em> es que Julio Baquero Cruz recoge la esencia de la tradici&oacute;n cl&aacute;sica nipona para injertarla en la narrativa, en una compleja novela que evoca una hermosa recreaci&oacute;n de un Jap&oacute;n fuera del tiempo. Un Jap&oacute;n que es como un kimono que reviste un estado de &aacute;nimo que redefine lo bello. El principio est&eacute;tico que rige la novela es el <em>mono no aware</em>, un profundo sentimiento de empat&iacute;a con la belleza ef&iacute;mera de las cosas, por modestas que sean. Ciertamente esta es la clave de esta propuesta literaria: la adopci&oacute;n en prosa de los c&oacute;digos est&eacute;ticos de la literatura cl&aacute;sica nipona, los cuales se apoyan en una tradici&oacute;n vigorosa e inagotable. Para este objetivo no era necesario ambientar la obra en Jap&oacute;n, pero lo cierto es que es el envoltorio m&aacute;s delicioso y un homenaje a una civilizaci&oacute;n que es capaz de ense&ntilde;arnos otra manera de sentir la vida. Por esto, el hecho de que la novela sea una recreaci&oacute;n de algunos t&oacute;picos del admirado Jap&oacute;n, es tambi&eacute;n un atractivo para el lector. En efecto, no son muy habituales los exotismos literarios tan lejanos en la prosa hispana y casi hay que remontarse al guatemalteco Enrique G&oacute;mez Carillo para encontrarnos un autor representativo. Sin embargo, la obra de Julio Baquero Cruz, adem&aacute;s de la seductora apariencia japonista, tambi&eacute;n tiene una refrescante propuesta narrativa basada en la hibridaci&oacute;n con los valores est&eacute;ticos nipones. El autor busca lo japon&eacute;s por fuera y por dentro. En las letras francesas esta plenitud fue lograda, con notable acierto y &eacute;xito, por Maxence Fermine en su relato <em>Nieve</em>, publicado en 1999 y traducido un par de a&ntilde;os despu&eacute;s. En la narrativa espa&ntilde;ola, <em>Murasaki</em> de Julio Baquero Cruz explora un terreno que no hab&iacute;a sido transitado, &ldquo;esperando la primavera como quien no espera nada&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Julio Baquero Cruz, <em>Murasaki</em>, Menoscuarto ediciones, Palencia, 2013.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 18 Mar 2014 07:17:44 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De animales]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/de-animales/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/ISABEL_GONZ_LEZ_GONZ_LEZ.jpg" alt="" width="298" height="223" /></p>
<p>&nbsp;<strong>La hormiga persuasiva</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aquella hormiga hab&iacute;a nacido elefante. &ldquo;Os voy a hacer una demostraci&oacute;n&rdquo;, dijo. Trenz&oacute; una trompa con sus antenas, ocult&oacute; un par de extremidades bajo el abdomen y comenz&oacute; a caminar sobre cuatro patas. Ni de lejos parec&iacute;a un elefante, pero ella insist&iacute;a en que el hormiguero no era su sitio. Quer&iacute;a unirse a la gran manada y sus padres le dieron permiso. &ldquo;Pronto se&nbsp; percatar&aacute; de su error&rdquo;, convinieron. Sin embargo, pas&oacute; el tiempo y como la peque&ntilde;a no regresaba, se fueron a buscarla. &ldquo;&iexcl;Aqu&iacute; no hay nadie!&rdquo;, lloraron al encontrar la llanura vac&iacute;a. Ya se marchaban desconsolados cuando una trompa despunt&oacute; en la tierra. El suelo crepit&oacute;, se desgaj&oacute; en enormes terrones y del fondo de la corteza, emergieron cien paquidermos. Al frente de todos, venerada como una emperatriz, la tenaz hormiga. Ella les hab&iacute;a persuadido de las bondades de vivir bajo tierra y excavando galer&iacute;as, admit&aacute;moslo, la hormiga era el mejor de los elefantes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Cucarachas</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una ni&ntilde;a atraves&oacute; la acera de enfrente. Contaba cucarachas mirando al suelo. Extra&ntilde;o juego para una noche de verano, pens&eacute; y la dej&eacute; ir. Me sorprendi&oacute; encontr&aacute;rmela al d&iacute;a siguiente, en otra calle y a la misma hora. La ni&ntilde;a volvi&oacute; a pasar de largo hipnotizada por sus insectos. Tan absorta andaba tras su procesi&oacute;n de caparazones negros que a punto estuve de atropellarla. No volv&iacute; a verla en mucho tiempo. Recorr&iacute; mil veces las mismas avenidas, inspeccion&eacute; los callejones oscuros, la busqu&eacute; acurrucada entre los embalajes de cart&oacute;n y ayer, por fin, respir&eacute; al descubrirla en la otra punta de la ciudad. Anochec&iacute;a y ya era invierno. Tirit&eacute; al reconocer su liviano vestido de mangas afaroladas. La melena le ocultaba el rostro y los huesos afilaban sus articulaciones. Esta vez no pude resistirme. Me apost&eacute; a esperarla en una esquina y cuando pas&oacute; a mi altura, la sujet&eacute; por los hombros. &ldquo;Su&eacute;lteme por favor. Voy a perderlas&rdquo;, susurr&oacute; siguiendo con la vista el &uacute;ltimo bicho que sorb&iacute;a la alcantarilla. &ldquo;Tranquila. No voy a hacerte da&ntilde;o&rdquo;, le dije. Su cuerpo todav&iacute;a era m&aacute;s leve en mis manos. &ldquo;S&oacute;lo quiero saber por qu&eacute; persigues cucarachas&rdquo;. Ella me clav&oacute; sus ojos grises. Ten&iacute;a las mejillas blancas y los labios transparentes. &ldquo;Como en el cuento de Hansel y Gretel&rdquo;, contest&oacute;. &ldquo;S&oacute;lo que en vez de piedras blancas, puse cucarachas y ahora no encuentro el camino a casa&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Diferente perspectiva</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Sobre todo, que siempre sepan qui&eacute;n manda. &Eacute;ste es un oficio de valientes&rdquo;, dice el domador veterano y con adem&aacute;n solemne, entrega el l&aacute;tigo a su hijo. Fuera de la caravana, bajo una luna de pista central, la escena se repite en la jaula de los leones. En el idioma de los leones. &ldquo;Sobre todo, que siempre crean que mandan &mdash;dice el viejo felino&mdash;. Retrocede ante su fusta, atraviesa los aros y abre mucho la boca cuando introduzcan en ella su rid&iacute;cula cabeza. El p&uacute;blico aplaudir&aacute; y al fin y al cabo, hijo m&iacute;o, no est&aacute; mal este oficio de payaso&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>C&iacute;vica condena</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las hormigas atraparon al oso que las devoraba y como eran muy civilizadas y rechazaban la pena de muerte, lo condenaron a cadena perpetua. L&aacute;stima que sus c&aacute;rceles fueran tan peque&ntilde;as. Cortaron al oso en pedazos y encerraron cada trocito en una celdita.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>DEL AMOR Y DEL DESEO</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Esposa</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &Eacute;l que una vez, apretando el pu&ntilde;o, jur&oacute; poseer la fuerza de comprimir el carb&oacute;n para fabricarle diamantes. &Eacute;l, este d&iacute;a de sesenta a&ntilde;os m&aacute;s tarde, se yergue apenas dentro del autob&uacute;s en marcha. Una mano asida a la barra vertical, la otra apoyada en el respaldo y cuando el veh&iacute;culo frena en L&oacute;pez de Hoyos con Cartagena, soltar ambas como lanzarse desde un trapecio. Es decir, confiar en que ella lo recoger&aacute; de nuevo y alcanzar&aacute;n la salida. Ella que jam&aacute;s le pidi&oacute; un diamante por no humillar su pu&ntilde;o.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Avisos de desastre</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Conocernos de otra forma. Tal vez t&uacute; demasiado viejo y yo demasiado joven. Yo fascinada por los pliegues de tus ojos y t&uacute; alentado por los pliegues de mi sexo. O mejor, yo vieja y t&uacute; de veinte. Alumno y profesora de plata a la luz de la luna. Qui&eacute;n sabe. Los dos ya muy ancianos o los dos tan cr&iacute;os que nos record&aacute;ramos hasta la muerte. Pero la pelota de tu hijo rod&oacute; hasta el banco donde yo acunaba al m&iacute;o. Tu esposa te lanz&oacute; un beso desde la colina. Mi marido regresaba con el pan. Al agacharte bajo mi falda, tu mano roz&oacute; mi tobillo y abrazaste la pelota como si fuera un ancla. Yo estrech&eacute; a mi beb&eacute; de plomo. Dos vidas tan conclusas que har&iacute;a falta un cataclismo.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Chicas especiales</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los otorrinos se inclinan por mujeres de laringe angosta. Los endocrinos prefieren muchachas de joviales gl&aacute;ndulas secretoras y los pod&oacute;logos adoran las damas de pronunciada b&oacute;veda plantar. Si los hepat&oacute;logos se pirran por un enf&aacute;tico conducto biliar y los hemat&oacute;logos se rinden ante chicas de singular hemoglobina, yo que sue&ntilde;o con hembritas corrientes, d&iacute;ganme: &ldquo;&iquest;en qu&eacute; especialidad debo matricularme?&rdquo;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>DE LA VIDA Y DEL DESTINO</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Guerra </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los soldados recog&iacute;an a los supervivientes de su compa&ntilde;&iacute;a cuando identificaron al capit&aacute;n&nbsp; y se arrodillaron ante &eacute;l.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &mdash;No funcion&oacute; &mdash;mascull&oacute; el superior.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &mdash;&iexcl;Pero si no est&aacute; cargado, se&ntilde;or! &mdash;examinaron su rifle.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &mdash;A eso me refiero &mdash;contest&oacute; el capit&aacute;n&mdash;. A la buena voluntad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Atentado</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Que me amenazara con una navaja y que me hiciera andar hasta la parte m&aacute;s frondosa de Central Park; que pateara mi malet&iacute;n y que me atara las mu&ntilde;ecas a un tronco; que me arrancara las bragas y que comenzara a restregar su polla contra mi culo; que escuch&aacute;ramos el impacto y que el fuego avanzara veloz hasta mi oficina. Que oy&eacute;ramos los gritos y que &eacute;l me estuviera salvando de todo aquello.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Fe </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La furiosa pregunta despeg&oacute; de la boca del hombre arrodillado, ascendi&oacute; a trav&eacute;s del ramaje, sorte&oacute; los picotazos de los mirlos y sobrevivi&oacute; a violentas corrientes de aire. M&aacute;s arriba se enfrent&oacute; a una plaga de langostas, alcanz&oacute; la exosfera, la termosfera, la estratosfera donde todo estaba oscuro y hac&iacute;a fr&iacute;o. Incluso las estrellas que brillaban desde la Tierra se iban extinguiendo a su paso. Supo entonces que all&iacute; no hab&iacute;a nadie. Abandon&oacute; su duda en mitad del universo, recompuso el gesto, se sec&oacute; los ojos y con la misma boca que antes hab&iacute;a gritado, bes&oacute; la tierra que abrazaba el cuerpo de su hijo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Retratos</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como algo tiene que comer, el pintor trabaja para la polic&iacute;a. Su misi&oacute;n consiste en dibujar delincuentes seg&uacute;n las descripciones que le proporcionan. Lo cierto es que le gustar&iacute;a ser m&aacute;s indolente, esforzarse menos total para lo que le pagan. Pero no puede. Delinea hebra por hebra los cabellos encrespados por el alcohol y el des&aacute;nimo. Traza las cicatrices de rostros donde nunca germin&oacute; una caricia y hasta los rictus m&aacute;s crueles inspiran ternura perfilados por su mano. La luz de su pincel tiempla los iris asesinos, las bocas malhechoras se disponen a hablar. La palabra compasi&oacute;n. La palabra fragilidad. El pintor es despedido. La polic&iacute;a quer&iacute;a retratos robot.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>DE PADRES, MADRES E HIJOS</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El viaje</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Llevaba rato sin o&iacute;r a los ni&ntilde;os y me acerqu&eacute; a espiarlos. &iexcl;Incre&iacute;ble! Hab&iacute;an construido una nave espacial con dos sillas y una s&aacute;bana y se hab&iacute;an metido dentro. Todos los cascos eran distintos. Marina llevaba un cubo pintarrajeado; Juan, una caja de cart&oacute;n y Sergio, una canasta de baloncesto puesta del rev&eacute;s. Para comunicarse usaban vasos de pl&aacute;stico. Pero hablaban y re&iacute;an bajito porque tem&iacute;an que yo los descubriera y les obligara a abandonar su viaje. Entonces no me atrev&iacute; y ahora no s&eacute; si obr&eacute; bien. Se han hecho demasiado grandes y cada vez les cuesta m&aacute;s encontrar postura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Hijos y casa</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Acabo de hacer la cama y arrugan la colcha. Esperan a que limpie el ba&ntilde;o para encender los grifos. Dejan huellas sobre el suelo encerado. Si abrillanto las ventanas, dibujan con vaho sobre los cristales. Mientras riego los geranios, desordenan las estanter&iacute;as. Una vez chamuscaron al canario. Ara&ntilde;an las puertas con tenedores, ensucian la ropa planchada, amputan la porcelana, escalan las cortinas y esconden insectos y tripas de perro bajo las alfombras. Por fin los hijos crecen, me llevan a la residencia y acuerdan vender de una vez la dichosa casa encantada.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Tub&eacute;rculos</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; T&iacute;a Adela no era la t&iacute;pica solterona. Era alegre, cultivaba su propio huerto y en la taberna, hablaba con los hombres de t&uacute; a t&uacute;. Cuando ten&iacute;amos un hijo, lo envolv&iacute;amos en una toquilla e &iacute;bamos a su casa a present&aacute;rselo. Ella sonre&iacute;a, posaba su mano sobre la cabeza del beb&eacute; y dec&iacute;a: &ldquo;hermosa cebolla&rdquo;. Ahog&aacute;bamos la risa porque su severo glaucoma le imped&iacute;a distinguir un bulbo de un ni&ntilde;o. As&iacute; lo comprobamos cuando muri&oacute; y nos hicimos cargo de sus cultivos. A la sombra de una higuera, brotaban manitas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&lsquo;Les Luthiers&rsquo;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mi padre muri&oacute; sin haber visto a &lsquo;Les Luthiers&rsquo; y a m&iacute; me remuerde la conciencia. &Eacute;l los adoraba y yo nunca encontr&eacute; el momento de acompa&ntilde;arlo. Hoy act&uacute;an en mi ciudad, he comprado dos entradas y he quedado con &eacute;l en el teatro. Nos re&iacute;mos a gusto. Sin embargo, a&uacute;n no estoy satisfecho. Quer&iacute;a que mi padre presenciara la mejor de sus actuaciones, un &eacute;xito, un llenazo total. La prensa asegur&oacute; que hab&iacute;a un asiento vac&iacute;o.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Enga&ntilde;o</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Mejor que no salga&rdquo;, le dijo el doctor a mi madre. Yo sonre&iacute; pues no quer&iacute;a ir al cole y hab&iacute;a puesto el term&oacute;metro en el radiador para enga&ntilde;arlos. Al principio estuvo bien. Todo eso de los mimos, de los tebeos y de las visitas. Pero un d&iacute;a, de repente, llegaron todos y me abrazaron. Desde entonces me aburro mucho en esta habitaci&oacute;n. Mi madre no deja de llorar al otro lado de la puerta y por mucho que arrastre los muebles para que me hagan caso, nadie ha vuelto a entrar en mi cuarto. Salvo los hombres que vinieron a arreglar el radiador.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p style="text-align: left;" align="center"><strong>S&Uacute;BITOS</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Alicia</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y Alicia crec&iacute;a y crec&iacute;a, pero tambi&eacute;n crec&iacute;a la madriguera, as&iacute; que nadie se daba cuenta de lo que estaba sucediendo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Lo normal</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Porque lo normal es perder un guante, fue encontrar tres en mi bolso y volv&eacute;rseme el mundo una inc&oacute;gnita, un planeta sin leyes, un abismo sin baranda hasta que hall&eacute; a la mujer de tres manos y se los regal&eacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Amor-odio</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con una mano le peina los cabellos. Con la otra, recoge las hebras que caen y confecciona la soga.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La separaci&oacute;n</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &Eacute;l le dec&iacute;a adi&oacute;s con la mano y ella se alejaba cada vez m&aacute;s deprisa. Llorando. Aquel hab&iacute;a sido su pueblo, aquel su hombre y sobre todo, consideraba esa p&eacute;rdida como un v&iacute;nculo irreemplazable, aquella hab&iacute;a sido su mano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Inconciliable</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los problemas surgen cuando por ejemplo, se desea ser clavo y madera, bailar&iacute;n y asesino, monja y prostituta y uno se queda hecho pinza, torero, madre ad&uacute;ltera los lunes mientras los ni&ntilde;os est&aacute;n en el cole.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>DE CUERDOS O DE LOCOS</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Tecnolog&iacute;a 1</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No teme al tigre de afiladas garras, heredero del dientes de sable, trescientos kilos de peso, predador de b&uacute;falos y de jabal&iacute;es. De quien no acaba de fiarse es de su rifle: un Mauser deportivo, culata de nogal, calibre ochocientos y mira telesc&oacute;pica. El silencio es absoluto. El animal no huele el peligro, se pone a tiro y la mano certera del cazador aprieta el aire donde una vez estuvo el gatillo. Donde estuvo el ca&ntilde;&oacute;n y la empu&ntilde;adura. Ese compendio de tecnolog&iacute;a que, maldita sea, olvid&oacute; contra aquel &aacute;rbol cuando se detuvo a orinar. El tigre devora al hombre, pero al menos, no lo decepciona.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Tecnolog&iacute;a 2</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se inventaron unos rifles muy, muy peque&ntilde;os cuya diminuta munici&oacute;n pod&iacute;a atravesar el coraz&oacute;n de un insecto. La precisa tecnolog&iacute;a que requer&iacute;a semejante prodigio se pudo desarrollar gracias a numerosos viajes espaciales en los que de paso, se descubri&oacute; Saturno y se avist&oacute; alguna que otra galaxia. &ldquo;El riflecito. Lo maneja hasta un ni&ntilde;o y adi&oacute;s bichos&rdquo;, dec&iacute;a la publicidad. Imposible calcular el sinf&iacute;n de &nbsp;constelaciones que tuvimos que descubrir para alcanzar el sincretismo del actual matamoscas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Costumbres</strong><strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando me gusta un pantal&oacute;n me compro dos por si se me rompe. Tengo cuatro felpudos con cuatro copias de la misma llave y de peque&ntilde;o, certificaba la carta a los Reyes Magos. No me gustan las sorpresas. Soy un hombre de h&aacute;bitos. La semana pasada se me rompi&oacute; la tele y fue una tragedia. Vinieron unos hombres y se la llevaron. Yo la bes&eacute; antes de despedirme. &ldquo;Abra un libro en su lugar&rdquo;, me aconsejaron. Yo les hice caso. Abr&iacute; el Quijote y lo coloqu&eacute; en el hueco del armario. Ya me voy acostumbrando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Raz&oacute;n y deseo</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por la ma&ntilde;ana, sopl&oacute; un diente de le&oacute;n; por la tarde, lanz&oacute; un euro a la Fontana de Trevi y por la noche, dispuso sus zapatos en el alf&eacute;izar. Antes de acostarse, temeroso de que su boca revelara el secreto, temeroso de que sus manos se lanzaran a recuperar la moneda, temeroso de interceptar con su mirada a los emisarios de la noche se arranc&oacute; la lengua y las manos. Si fuera un cuento perfecto, tambi&eacute;n se hubiera arrancado los ojos. Por suerte, nada lo es.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 18 Mar 2014 07:11:55 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nelly Sachs. Antología poética]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/nelly-sachs-antologia-poetica/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/NELLY_SACHS.jpg" alt="" width="302" height="170" /></p>
<p>Los hitos m&aacute;s importantes en la vida de Nelly Sachs son su nacimiento en Berl&iacute;n el 10 de diciembre de 1891 en el seno de una familia jud&iacute;a, un experiencia amorosa entre 1908 y 1910 que influir&aacute; poderosamente en su obra, la ayuda de Selma Lagerl&ouml;f que le permite escapar a la persecuci&oacute;n nazi en 1939, el exilio sueco que permite la creaci&oacute;n de lo mejor de su obra, comienzo de la correspondencia y amistad con Paul Celan en 1957, el reconocimiento constante de la misma desde 1958 por importantes premios suecos y alemanes y la admisi&oacute;n en diversas Academias, la recepci&oacute;n del Premio de la Paz en Frankfurt en octubre de 1965 y la del Premio Nobel el 10 de diciembre en 1966. Muri&oacute; el 12 de Mayo de 1970.</p>
<p>La poes&iacute;a completa de Nelly Sachs, que se publicar&aacute; en mi traducci&oacute;n en la editorial Trotta, es una obra muy compleja, no s&oacute;lo por su tema, sino por su resoluci&oacute;n. Se trata del tema del holocausto, el exterminio de los jud&iacute;os europeos por parte del r&eacute;gimen alem&aacute;n nazi. Sobre este tema ya se conoce la frase del fil&oacute;sofo Theodor Adorno que escribir poes&iacute;a despu&eacute;s de Auschwitz es algo b&aacute;rbaro. Precisamente han sido dos poetas jud&iacute;os, Paul Celan y Nelly Sachs, amigos en la segunda mitad de su vida, los que han dado respuesta con sus obras a la afirmaci&oacute;n del fil&oacute;sofo. Y la respuesta no ha podido ser m&aacute;s grandiosa desde el punto de vista est&eacute;tico y moral.</p>
<p>En el caso de Nelly Sachs, 1891-1970, esa respuesta surge de la propia experiencia de huida obligada de los nazis, que le lleva al exilio en Suecia para el resto de su vida, as&iacute; como de la memoria de la historia de exilio y retorno del pueblo de Israel, de la superaci&oacute;n de la cat&aacute;strofe, de la metamorfosis de la destrucci&oacute;n. El t&iacute;tulo general de su obra es literalmente: &ldquo;Viaje adonde el polvo no existe&rdquo;, que yo he traducido por &ldquo;Viaje a la transparencia&rdquo;. La b&uacute;squeda de esa transparencia, de esa resurrecci&oacute;n, de ese nuevo estado tras el que la cris&aacute;lida del dolor logra una nueva vida, cuyo orden entre las estrellas del creador nadie sabe, es una b&uacute;squeda por amor, una b&uacute;squeda de amor. Y ese amor que emana constante de cada verso de su poes&iacute;a lo expresa Nelly Sachs como San Juan de la Cruz por los caminos que no se conocen. Nuevas combinaciones de todos los elementos de la expresi&oacute;n sentimental humana se unen a los m&aacute;s inesperados elementos c&oacute;smicos, a los m&aacute;s sensibles de la naturaleza, con los m&aacute;s significativos de la historia del pueblo jud&iacute;o, en una sorprendente taracea de palabras que nunca hab&iacute;amos o&iacute;do as&iacute;, en esas relaciones, mostrando que es el viaje del poema, la b&uacute;squeda de la nueva expresi&oacute;n,&nbsp; lo que lleva a la transparencia, su&nbsp; expresividad es la cris&aacute;lida del polvo para la nueva existencia. Esa nueva expresi&oacute;n necesita del constante recuerdo de todas las existencias anteriores, de sus debilidades, de sus limitaciones, de su pasi&oacute;n y su dolor y de sus olvidos; es la memoria en la nueva expresi&oacute;n lo que abre no s&oacute;lo el ensue&ntilde;o de la nueva existencia, sino la conciencia del sentido de las otras y sus amarguras como viaje a la transparencia, es decir a la trascendencia inc&oacute;gnita y sin embargo evidente de nuestra polvorienta significaci&oacute;n. El poema que inicia esta peque&ntilde;a antolog&iacute;a de su obra lo resume muy bien&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>QUI&Eacute;N SABE, donde est&aacute;n las estrellas&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>en el orden de gloria del creador</p>
<p>y donde comienza la paz</p>
<p>y si en la tragedia de la tierra</p>
<p>la agalla del pez arrancada con sangre</p>
<p>est&aacute; determinada</p>
<p>para completar la constelaci&oacute;n</p>
<p>Martirio con su rojo rub&iacute;,</p>
<p>a escribir la primera letra</p>
<p>del lenguaje sin palabras &ndash;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sin duda posee amor la mirada</p>
<p>que a trav&eacute;s de los huesos va como un rayo</p>
<p>y acompa&ntilde;a a los muertos</p>
<p>m&aacute;s all&aacute; del aliento &ndash;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>pero d&oacute;nde los rescatados</p>
<p>deponen su riqueza</p>
<p>es desconocido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las frambuesas se delatan en el m&aacute;s negro de los bosques</p>
<p>por su olor,</p>
<p>pero el peso del alma dejado por los muertos</p>
<p>no se delata a ninguna busca &ndash;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y puede sin embargo temblar</p>
<p>alado entre hormig&oacute;n y &aacute;tomos</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>o siempre all&iacute;,</p>
<p>donde un lugar para latidos</p>
<p>hab&iacute;a sido olvidado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>QU&Eacute; BUSCAS hu&eacute;rfano</p>
<p>sintiendo a&uacute;n en la tierra</p>
<p>la era glacial de tus muertos &ndash;</p>
<p>las azules lunas</p>
<p>aclaran ya la noche extrajera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>M&aacute;s r&aacute;pida que el viento</p>
<p>mezcla&nbsp; la muerte las cartas negras</p>
<p>tal vez un arco iris</p>
<p>desprendido de las escamas del pez</p>
<p>cerr&oacute; ahora los ojos de tu padre,</p>
<p>sal marina y l&aacute;grimas</p>
<p>en la venda de muertos transitoriedad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Tal vez</p>
<p>el beso omitido de la madre</p>
<p>descansa en el bramido de polvo</p>
<p>de la garganta del lobo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El verdugo</p>
<p>en las tinieblas cargadas de culpa</p>
<p>ha escondido su dedo profundamente</p>
<p>en el pelo del reci&eacute;n nacido</p>
<p>que ya hace brotar a&ntilde;os luz</p>
<p>en cielos no so&ntilde;ados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De la tierra la lengua de ruise&ntilde;or</p>
<p>canta</p>
<p>en tus manos &ndash; hu&eacute;rfano &ndash;</p>
<p>que buscan</p>
<p>en el adi&oacute;s que se volvi&oacute; negro</p>
<p>de la arena</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>lo amado buscan</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>que hace&nbsp; tiempo</p>
<p>desapareci&oacute;</p>
<p>de dientes de estrellas</p>
<p>aserrados cortantes &ndash;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>TIERRA, VIEJO PLANETA, t&uacute; mamas de mi pie</p>
<p>que quiere volar,</p>
<p>oh rey Lear con la soledad en los brazos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hacia dentro lloras t&uacute; con ojos de mar</p>
<p>los escombros del sufrimiento</p>
<p>en el mundo del alma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En tus rizos de plata millones de a&ntilde;os</p>
<p>la corona de humo de la tierra, delirio estrellado</p>
<p>en el olor del incendio.</p>
<p>Y tus ni&ntilde;os,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>que ya arrojan tus sombras de muerte,</p>
<p>pues tu&nbsp; giras y giras</p>
<p>sobre tu lugar de estrellas,</p>
<p>mendigo de la v&iacute;a l&aacute;ctea</p>
<p>con el viento como perro de ciego.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>UNA R&Aacute;FAGA DE VIENTO</p>
<p>con los alientos de los muertos.</p>
<p>El pescador de ca&ntilde;a saca el pez de plata</p>
<p>a trav&eacute;s de la sociedad verdadera de los &aacute;ngeles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Oraci&oacute;n de las agallas sangrientas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero en el oficio divino</p>
<p>duermen las mujeres ancianas</p>
<p>a pesar del perfume de lavanda</p>
<p>y de las letras que salen ardiendo</p>
<p>y les consumen los ojos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>EN LA LEJAN&Iacute;A AZUL,</p>
<p>donde camina el rojo manzanal</p>
<p>con pies de ra&iacute;ces que suben al cielo,</p>
<p>se destila el anhelo</p>
<p>para todos los que viven en el valle.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El sol que yace al borde del camino</p>
<p>con varitas m&aacute;gicas,</p>
<p>ofrece parada a los viajeros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los que se detienen</p>
<p>en la pesadilla de cristal,</p>
<p>mientras el grillo ara&ntilde;a finamente</p>
<p>lo invisible</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y la piedra bailando</p>
<p>cambia su polvo en m&uacute;sica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y NOSOTROS, que pasamos</p>
<p>por todas las hojas de la rosa de los vientos</p>
<p>una grave herencia hacia las lejan&iacute;as.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo aqu&iacute;,</p>
<p>donde la tierra ya se vuelve sin rostro,</p>
<p>el polo,</p>
<p>de la muerte blanca succi&oacute;n de abeja</p>
<p>en el silencio blancas hojas hace caer,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>el alce,</p>
<p>asom&aacute;ndose a trav&eacute;s de cortinas azules,</p>
<p>p&aacute;lido huevo de sol empollado</p>
<p>lleva entre sus paletas &ndash;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>aqu&iacute;, donde el tiempo de mar</p>
<p>se disfraza con m&aacute;scaras de hielo</p>
<p>bajo la llaga helada</p>
<p>de la &uacute;ltima de la estrella</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>aqu&iacute; en este lugar</p>
<p>depuse yo los corales,</p>
<p>los sangrantes,</p>
<p>de tu mensaje.</p>
<p>&iquest;SON TUMBAS respiros para el anhelo?</p>
<p>&iquest;Suave columpiar en los aros de estrellas?</p>
<p>Agon&iacute;a en la sombra de la noche,</p>
<p>antes que toquen las trompetas</p>
<p>a la ascensi&oacute;n de todos,</p>
<p>a la vida los podridos granos de semilla?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Suave, suave,</p>
<p>mientras los gusanos</p>
<p>devoran los astros de los globos oculares.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>TRANSMORIR como el p&aacute;jaro el aire</p>
<p>hasta en el alma del bosque</p>
<p>que se estrecha en la violeta,</p>
<p>hasta en la agalla sangrienta del pez</p>
<p>m&uacute;sica de pena y fin del mar &ndash;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hasta en el volverse tierra</p>
<p>detr&aacute;s de la mueca de delirio</p>
<p>donde la fuente con la salida subterr&aacute;nea</p>
<p>tal vez corri&oacute; detr&aacute;s del lecho de dolor</p>
<p>de las l&aacute;grimas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>EN EL CREP&Uacute;SCULO MATUTINO,</p>
<p>cuando la moneda de la noche acu&ntilde;ada de sue&ntilde;o</p>
<p>se voltea</p>
<p>y costillas, piel, ojos</p>
<p>son llevados a su nacimiento &ndash;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>el gallo con la cresta blanca canta,</p>
<p>llega el terrible momento</p>
<p>de la pobreza sin Dios,</p>
<p>se alcanza una encrucijada&nbsp; &ndash;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Delirio se llama el tambor del rey &ndash;</p>
<p>Sangre sosegada corre &ndash;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;NO S&Oacute;LO PA&Iacute;S es Israel!</p>
<p>De la sed en el anhelo,</p>
<p>de la ra&iacute;z de medianoche calentada al rojo</p>
<p>a trav&eacute;s de las puertas del cereal del campo</p>
<p>hasta los esp&iacute;ritu-azules bebedores de aliento</p>
<p>detr&aacute;s de la gracia de azucarado brazal* de ciego.</p>
<p>Alas de la profec&iacute;a</p>
<p>en el hombro de arena del desierto.</p>
<p>Tus pulsos cabalgando en la tormenta nocturna,</p>
<p>los pies de bronce</p>
<p>de tu monta&ntilde;a que resopla eternidad</p>
<p>galopando</p>
<p>hasta en la espuma blanca como leche</p>
<p>de las oraciones de los ni&ntilde;os.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los circulares meridianos de tus huellas</p>
<p>en la sal del pecado,</p>
<p>tus verdes ra&iacute;ces de bendici&oacute;n adormecidas</p>
<p>en el martirizado cielo del desierto,</p>
<p>la abierta herida de Dios</p>
<p>en el plumaje del aire &ndash;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;TARD&Iacute;O PRIMOG&Eacute;NITO!</p>
<p>Con la pala llegado al hogar</p>
<p>a lo no excavado,</p>
<p>no carpinteado,</p>
<p>s&oacute;lo en la l&iacute;nea,</p>
<p>que corre de nuevo</p>
<p>a trav&eacute;s de la sinagoga del anhelo</p>
<p>de muerte a nacimiento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tu arena de nuevo,</p>
<p>m&aacute;scara de oro de tu desierto,</p>
<p>ante un cielo combado hacia abajo</p>
<p>por las luchas de los &aacute;ngeles,</p>
<p>ante los frutos ardientes</p>
<p>de tu noche que habla a Dios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tard&iacute;o primog&eacute;nito,</p>
<p>rosa de sal,</p>
<p>con el sue&ntilde;o de los nacimientos</p>
<p>como un oscuro p&aacute;mpano</p>
<p>colgando de tu sien...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>TODAV&Iacute;A MEDIANOCHE en esta estrella</p>
<p>y los ej&eacute;rcitos del sue&ntilde;o.</p>
<p>S&oacute;lo algunos de los grandes desesperados</p>
<p>han amado tanto</p>
<p>que salt&oacute; el granito de la noche</p>
<p>ante la cornamenta que corta en blanco de su rayo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>As&iacute; El&iacute;as; como un bosque con ra&iacute;ces arrancadas</p>
<p>se levant&oacute; bajo el enebro,</p>
<p>puli&oacute;, sangr&iacute;a de un pueblo,</p>
<p>sangrientas piezas de anhelo detr&aacute;s,</p>
<p>siempre pegado a su gravedad el dedo de &aacute;ngel</p>
<p>como un rayo de luna que sorbe cansancio,</p>
<p>abismos llevando hacia casa &ndash;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;Y Cristo! En la cruz del fervor</p>
<p>s&oacute;lo inclinada cabeza &ndash;</p>
<p>colgando la mand&iacute;bula,</p>
<p>con la roca:</p>
<p><em>Basta.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>AQU&Iacute; OS HAGO PRISIONERAS</p>
<p>palabras</p>
<p>como vosotras deletre&aacute;ndome hasta la sangre</p>
<p>me hac&eacute;is prisionera</p>
<p>vosotras sois los latidos de mi coraz&oacute;n</p>
<p>cont&aacute;is mi tiempo</p>
<p>ese vac&iacute;o designado con un nombre</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>D&eacute;jame ver al p&aacute;jaro</p>
<p>que canta</p>
<p>si no creo que el amor iguala a la muerte &ndash;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>DELANTE DE MI VENTANA</p>
<p>el p&aacute;jaro que chirr&iacute;a</p>
<p>ante la ventana&nbsp; seca</p>
<p>el p&aacute;jaro que chirr&iacute;a</p>
<p>T&uacute; lo ves</p>
<p>lo oyes</p>
<p>pero distinto</p>
<p>yo lo veo</p>
<p>lo oigo</p>
<p>pero distinto</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>en el mismo sistema solar</p>
<p>pero distinto</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>EL PANTANO DE LA ENFERMEDAD</p>
<p>tira hacia abajo</p>
<p>Fuegos fatuos dicen no al d&iacute;a</p>
<p>La noche bosteza de misericordia</p>
<p>Morir juega bien ramificado &ndash;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cada rinc&oacute;n con el mal caduco recibe</p>
<p>con brazos oscuros</p>
<p>Negro es el color preferido del suplicante:</p>
<p>Ven y reg&aacute;lame sue&ntilde;os &ndash;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 14 Mar 2014 07:07:23 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Reglas de la madriguera europea]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/reglas-de-la-madriguera-europea/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/ZYGMUNT_BAUMAN.jpg" alt="" width="301" height="167" /></p>
<p>En un angustioso relato llamado &ldquo;La construcci&oacute;n&rdquo;, Franz Kafka nos narra la historia de un innominado animal &mdash;&iquest;un topo?, &iquest;un ser humano?&mdash;, obsesionado por construir bajo tierra una guarida inexpugnable frente al mundo exterior. Lo tr&aacute;gico del asunto reside en que cuanto m&aacute;s segura se siente esta criatura en su confortable madriguera, m&aacute;s se cierra toda posibilidad de salida. &iquest;No es esta una buena met&aacute;fora del espacio pol&iacute;tico de Occidente y de sus gobernantes, obsesionados por seguir construyendo &ldquo;casas&rdquo; (patrias o Estados&ndash;naci&oacute;n) que la historia ha convertido en trampas mortales? Al final, cuando se trata de la seguridad, el interior de la madriguera no es mucho mejor que el exterior, y no se puede trazar una l&iacute;nea clara separ&aacute;ndolos por mucho que se intente.</p>
<p>No es ninguna casualidad que esta sugerente met&aacute;fora kafkiana aparezca comentada&nbsp; en <em>Europa, una aventura inacabada</em>, obra que originalmente vio la luz en el a&ntilde;o 2004 y que es, hasta el momento, una de las &uacute;ltimas obras &mdash;junto con <em>&Eacute;tica posmoderna</em> (Siglo XXI)&mdash; de Zygmunt Bauman traducidas al castellano. Un ensayo, cuando menos, oportuno, aunque a decir verdad tambi&eacute;n sirva al soci&oacute;logo polaco para reformular o ampliar algunas de sus viejas tesis acerca de &ldquo;la modernidad l&iacute;quida&rdquo;, el uso pol&iacute;tico del miedo (&ldquo;El miedo se ha convertido en el <em>perpetuum mobile</em> del mercado de consumo y, por tanto, de la econom&iacute;a mundial&rdquo;), la hospitalidad o los contraproducentes peligros de la obsesi&oacute;n por la minimizaci&oacute;n de riesgos. Una idea esta &uacute;ltima que se repite insistentemente en casi todos los libros de Bauman. Y un proceso que Europa ha llevado hasta sus &uacute;ltimas al abrigo del proceso de modernizaci&oacute;n y en detrimento de su propia herencia cultural de cu&ntilde;o ilustrado. De ah&iacute; la recurrente contraposici&oacute;n entre las visiones contrapuestas de Hobbes y Kant (eso s&iacute;, muy pasado por la &ldquo;turmix&rdquo; habermasiana) que atraviesa la obra. El desaf&iacute;o de Europa hoy, escribe Bauman, pasa por cambiar ese mundo cerrado hobbesiano en el que &ldquo;el hombre es un lobo para el hombre&rdquo; en otro inspirado en Kant en el que la Humanidad pueda asociarse pac&iacute;ficamente a trav&eacute;s de asociaciones m&aacute;s justas.</p>
<p>Evidentemente, a la hora de hacer pol&iacute;tica Bauman es decididamente m&aacute;s partidario del modelo europeo kantiano de la paz perpetua que del hobbesianismo norteamericano. Como buen jardinero, para &eacute;l el mundo no es una jungla donde reina la violencia y se necesita urgentemente introducir orden, sino una especie de invernadero universal donde la pol&iacute;tica constituye el arte de crear un clima com&uacute;n en la medida de lo posible. El pacifismo te&oacute;rico de Bauman rechaza, pues, de plano todas esas posiciones que, como las de Robert Kagan, defensor del unilateralismo <em>realista</em> estadounidense, consideran que el viejo continente sigue so&ntilde;ando en un para&iacute;so poshist&oacute;rico id&iacute;lico de paz y relativa prosperidad. Una argumentaci&oacute;n que defiende la necesidad de ejercer el poder en un mundo an&aacute;rquico en guerra en donde las leyes y normas internacionales no son fiables y la seguridad, defensa y promoci&oacute;n del orden liberal todav&iacute;a dependen de la posesi&oacute;n y el uso de la fuerza militar. Frente a esto, replica Bauman, los beneficios que obtendr&aacute;n los jugadores de ese combate continuo ser&aacute;n end&eacute;micamente inseguros, &ldquo;sin apuntar en la suma el precio que en vidas humanas que se est&aacute; pagando en nombre de su defensa&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;Al hilo de esta preocupaci&oacute;n por la extensi&oacute;n de la l&oacute;gica del estado de excepci&oacute;n como panacea de la seguridad, tampoco es raro que Bauman, avanzado el libro, deje progresivamente en un segundo plano el problema concreto del futuro ideol&oacute;gico de la construcci&oacute;n europea para reflexionar sobre algo que sin duda le preocupa mucho m&aacute;s: la paulatina pero al parecer irrefrenable erosi&oacute;n del Estado del bienestar en el mundo de la globalizaci&oacute;n. Dadas estas premisas, siguiendo su an&aacute;lisis, en nuestras sociedades el lenguaje del derecho pasa a ser relegado a un segundo plano en beneficio de la paranoia de la seguridad. Por ello puede comprenderse la preocupaci&oacute;n de un &ldquo;jud&iacute;o errante&rdquo; como &eacute;l respecto a la actual crisis de valores de la actual construcci&oacute;n europea. Como se afirma en <em>Europa, una aventura inacabada</em>, la locomotora europea no puede impulsarse meramente por pol&iacute;ticas econ&oacute;micas o burocr&aacute;ticas forjadas desde el valor absoluto de la seguridad y el miedo, sino por una estrategia cultural de grandes miras siempre consciente de sus ra&iacute;ces, de su rica herencia y de sus expectativas universalistas y mediadoras. Bajo este prisma puede afirmarse que Europa ejemplifica el dinamismo movilizador de la nueva sociedad &ldquo;l&iacute;quida&rdquo;: durante dos mil a&ntilde;os no ha dejado de progresar, de realizar su autocr&iacute;tica, transcendi&eacute;ndose por medio de la exploraci&oacute;n y la experimentaci&oacute;n.</p>
<p>Bauman coincide aqu&iacute; con otros diagn&oacute;sticos recientes, como el de Peter Sloterdijk en <em>Si Europa despierta</em>, en interesarse m&aacute;s en comprender la idea europea como un laboratorio experimental de diversidad, transferencias y traducci&oacute;n que como una identidad fija. En lugar de reconstruir sus ra&iacute;ces perdidas en el tiempo, ambos se preguntan por los criterios ut&oacute;picos que han movido a Europa a actuar como unidad en la historia. Y si algo ha definido al esp&iacute;ritu europeo, seg&uacute;n Bauman, ha sido su inveterada creencia en formas pol&iacute;ticas alternativas a la autoafirmaci&oacute;n de la supervivencia nacionalista, al miedo o al estado de excepci&oacute;n. En los momentos de mayor desconcierto Europa no ha dudado nunca en reflexionar sobre su identidad. Todav&iacute;a Husserl, como funcionario de la Humanidad, apelaba a la idea de Europa como cabeza rectora y a la reconstrucci&oacute;n de un proyecto universal de racionalidad. Hoy para Bauman la irrefrenable emergencia del multiculturalismo, la paulatina erosi&oacute;n interna de los valores fundamentales europeos y la preponderancia militar y cultural de Estados Unidos obligan al viejo continente a realizar un in&eacute;dito inmisericorde ajuste de cuentas con su pasado. Una dif&iacute;cil encrucijada en la que el futuro s&oacute;lo puede atisbarse a trav&eacute;s de una revisi&oacute;n sosegada de sus pilares ideol&oacute;gicos.</p>
<p>Aunque el diagn&oacute;stico de Bauman deja entrever un cierto optimismo por el futuro, tambi&eacute;n se&ntilde;ala que, lamentablemente, en el paso de la modernidad a la posmodernidad, Europa ha cedido con gusto su papel de protagonista en el gui&oacute;n universal y, en esa medida, perdido su vieja misi&oacute;n de universalidad cayendo en la abulia o, casi peor, en una complaciente autoculpabilizaci&oacute;n masoquista. Si en algo se ha especializado Europa a lo largo de su historia ha sido en ofrecer soluciones globales para los problemas sociales locales. Tampoco hay que olvidar que los intentos de definir Europa, de convertirla en problema, surgen en el momento en el que este sistema de Estados se observa a s&iacute; mismo no ya como un marco cerrado geogr&aacute;fico, sino como una unidad m&oacute;vil de traducci&oacute;n de la diversidad. &ldquo;Fue en Europa, donde los seres humanos se distanciaron por primera vez de su propio modo de ser-en-el-mundo y por tanto lograron autonom&iacute;a de su propia forma de humanidad&rdquo;. Europa, como se dice tambi&eacute;n en otro momento del ensayo, invent&oacute; las naciones; ahora es el momento de inventar la Humanidad. Una aspiraci&oacute;n, podr&aacute; convenirse, muy alejada del escenario actual, donde, desgraciadamente, por decirlo en palabras del propio Bauman, &ldquo;la l&oacute;gica del atrincheramiento local&rdquo; prima sobre toda &ldquo;l&oacute;gica de la responsabilidad-aspiraci&oacute;n global&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bauman, Zygmunt, <em>Europa, una aventura inacabada</em>, traducci&oacute;n de Luis &Aacute;lvarez-Mayo, Madrid, Losada, 2006.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 13 Mar 2014 07:08:12 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las antologías póstumas de la obra poética de José Luis Giménez-Frontín: Los días que hemos visto y Atreverse a saber]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/las-antologias-postumas-de-la-obra-poetica-de-jose-luis-gimenez-frontin-los-dias-que-hemos-visto-y-atreverse-a-saber/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/JOS_LUIS_GIM_NEZ-FRONT_N.jpg" alt="" width="300" height="205" /></p>
<p>En el a&ntilde;o 2006 Jos&eacute; Luis Gim&eacute;nez-Front&iacute;n (Barcelona, 1943-2008) publica tres poemarios: <em><a href="http://www.joseluisgimenez-frontin.com/poesia/poe_requiem.htm">R&eacute;quiem de las esferas</a></em> (Ferrol: Sociedad de Cultura Valle-Incl&aacute;n, col. Esqu&iacute;o),<em> </em>Tres eleg&iacute;as (Varese: La Torre degli Arabeschi) y la antolog&iacute;a <em><a href="http://www.joseluisgimenez-frontin.com/poesia/poe_reunida.htm">La ruta de Occitania. Poes&iacute;a reunida (1972-2006)</a> </em>(Montblanc: Igitur). Con este &uacute;ltimo hab&iacute;a cerrado un ciclo. El segundo ciclo de su dedicaci&oacute;n a la composici&oacute;n po&eacute;tica, iniciado en 1993 con <em><a href="http://www.joseluisgimenez-frontin.com/poesia/poe_que.htm">Que no muera ese instante</a></em><em> </em>(Barcelona: Lumen), continu&oacute; en 1999 con <em><a href="http://www.joseluisgimenez-frontin.com/poesia/poe_ens.htm">El ensayo del organista</a></em> (Barcelona: Lumen) y dio en 2003 <em><a href="http://www.joseluisgimenez-frontin.com/poesia/poe_zon.htm">Zona Cero</a></em> (Vic: Emboscall).</p>
<p>El primer ciclo se hab&iacute;a clausurado con la primera antolog&iacute;a, en 1989: <em>Astrolabio </em>(<em>Antolog&iacute;a 1972-1988</em>) (Pamplona: Pamiela), con poemas de <em><a href="http://www.joseluisgimenez-frontin.com/poesia/poe_sag.htm">La sagrada familia y otros poemas</a></em> (Barcelona: Lumen, 1972), <em>Amor omnia y otros poemas</em> (Barcelona: Linosa, 1976),&nbsp; <em><a href="http://www.joseluisgimenez-frontin.com/poesia/poe_lay.htm">Las voces de Laye</a></em> (Madrid: Hiperi&oacute;n, 1980) y <em><a href="http://www.joseluisgimenez-frontin.com/poesia/poe_adi.htm">El largo adi&oacute;s</a></em> (Barcelona: Taifa, 1985).</p>
<p class="Prrafodelista"><em>Grosso modo</em>, en la primera fase (1972-1985) el 'yo' se afirma, y en la segunda etapa (1993-2006) el 'yo' desaparece para que el poema quede ah&iacute;, cantando solo, como una m&uacute;sica, con cierta tendencia a una desintegraci&oacute;n en la literatura misma.</p>
<p class="Prrafodelista">Sobre su obra po&eacute;tica se han escrito sobre todo rese&ntilde;as, con una percepci&oacute;n profunda y certera, en algunas de ellas, de la est&eacute;tica propuesta por el poeta. Los estudios m&aacute;s completos se hallan precisamente en los pr&oacute;logos de las antolog&iacute;as (1989 y 2006), firmados ambos por Pilar G&oacute;mez Bedate. Asimismo, cabe destacar las aportaciones de Jos&eacute; Luis Garc&iacute;a Mart&iacute;n<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>, Santiago Mart&iacute;nez<a title="" href="#_ftn2">[2]</a>, Enrique Villagrasa<a title="" href="#_ftn3">[3]</a> y, sobre todo, las de Juan Antonio Masoliver R&oacute;denas<a title="" href="#_ftn4">[4]</a> y Enrique Molina Campos<a title="" href="#_ftn5">[5]</a>.</p>
<p class="Prrafodelista">La orientaci&oacute;n de su quehacer po&eacute;tico en los &uacute;ltimos a&ntilde;os se encaminaba hacia el g&eacute;nero eleg&iacute;aco. En 2009 y 2010 aparecen sendas antolog&iacute;as con enfoques y matices peculiares.</p>
<p><strong><em>&nbsp;</em></strong></p>
<p><strong><em>Los d&iacute;as que hemos visto</em></strong></p>
<p>Cuidada edici&oacute;n la que desde la Fundaci&oacute;n Jorge Guill&eacute;n de Valladolid sale el 21 de diciembre de 2009, conmemorando el primer aniversario del fallecimiento del poeta.</p>
<p>Con pr&oacute;logo de Jos&eacute; Corredor˗Matheos, un escrito preliminar de Victoria Cirlot (&laquo;Este libro&raquo;) y una tercera pieza firmada por JLG-F, recuperada de la edici&oacute;n del Allegretto Malinconico de Varese -&laquo;La edad de la eleg&iacute;a (a modo de m&iacute;nima po&eacute;tica)&raquo;-, se presenta esta introducci&oacute;n al cuerpo de poemas.</p>
<p>Despu&eacute;s, tres secciones; a saber: &laquo;I. Primeras eleg&iacute;as&raquo; (consta de ocho poemas); &laquo;II. Segundas eleg&iacute;as&raquo; (doce poemas bajo el gen&eacute;rico &laquo;Eleg&iacute;as para Alberto Caeiro&raquo;) y &laquo;III. R&eacute;quiem de las esferas&raquo; (veintisiete poemas, la edici&oacute;n completa de lo publicado en la colecci&oacute;n Esqu&iacute;o).</p>
<p>De &laquo;Primeras eleg&iacute;as&raquo;, ninguna pertenece a antes de 1993, fecha en que aparece <em>Que no muera ese instante</em>. As&iacute;, de este libro se seleccionan: &laquo;No le retuvo m&aacute;s. (En la muerte de Bohumil Hrabal)&raquo;, &laquo;La frente anch&iacute;sima del que est&aacute; y ya no est&aacute;&raquo; y &laquo;La nave de los muertos&raquo;. De <em>El ensayo del organista</em> se extraen: &laquo;En el desierto claman&raquo;, &laquo;Oculta y a la vista como una fiel amiga te esperaba&raquo; y &laquo;Jehud&aacute; Halev&iacute; da la bienvenida a C&eacute;sar Vallejo&raquo;. Por &uacute;ltimo, de <em>Zona cero</em>: &laquo;M&aacute;s all&aacute; del temido port&oacute;n de los Urales&raquo; y el antonom&aacute;stico &laquo;Zona cero&raquo;.</p>
<p>En esta selecci&oacute;n la voz tiende al verso que dialoga con los muertos, cuando su propuesta ya avanza hacia esa desaparici&oacute;n del &lsquo;yo&rsquo; en el poema, hacia una victoria de la vida sobre la muerte misma.</p>
<p>En &laquo;Segundas eleg&iacute;as&raquo; se re&uacute;nen las publicadas en 2006 por Blasco Mu&ntilde;oz cuando eran in&eacute;ditas (&laquo;Loa y enso&ntilde;aci&oacute;n en Sicilia para Javier Lentini&raquo;, &laquo;El le&oacute;n, Peter Russell, ha muerto en su cama&raquo; y &laquo;En la muerte prematura de O&raquo;), aunque en el mismo a&ntilde;o la primera apareciera tambi&eacute;n en <em>Poes&iacute;a reunida</em>.</p>
<p>A este cuerpo se le suman nueve textos in&eacute;ditos: &laquo;Eleg&iacute;a para Alberto Caeiro&raquo;,&nbsp; &laquo;Eleg&iacute;a de las casualidades&raquo;, &laquo;Eleg&iacute;a de Sir John, el motero&raquo;, &laquo;Eleg&iacute;a con mariposas negras y ni&ntilde;o bien&raquo;, &laquo;En el huerto de los olivos&raquo;, &laquo;La alegr&iacute;a, las princesas, las diosas&raquo;, &laquo;El enemigo&raquo;, &laquo;Una vida de h&eacute;roe&raquo; y &laquo;Se&ntilde;as de identidad&raquo;.</p>
<p>Corredor˗Matheos destaca un cambio de actitud en la poes&iacute;a de JLG-F a partir de <em>R&eacute;quiem de las esferas</em>, libro en que pretende manifestar &laquo;una visi&oacute;n cient&iacute;fica del mundo [...] pr&oacute;ximo a ciertos presocr&aacute;ticos&raquo;.</p>
<p>&nbsp;Victoria Cirlot enfoca la din&aacute;mica de la lectura partiendo del poema &laquo;En el desierto claman&raquo;, del que escribe: &laquo;En este poema, que entronca con la m&iacute;stica del desierto, se abre la v&iacute;a de salida al llanto y al lamento.&raquo;</p>
<p>En cuanto a los in&eacute;ditos, &laquo;Eleg&iacute;a para Alberto Caeiro&raquo; presenta un bucolismo muy a conciencia, un canto en tiradas de heptas&iacute;labos libres separadas formalmente por l&iacute;neas punteadas. El punto de vista desde donde canta la voz po&eacute;tica dota al texto de una vivacidad algo caleidosc&oacute;pica: el dios, el poeta, el pastor, el perro. Una ge&oacute;rgica en miniatura con gui&ntilde;os a la soledad gongorina en alg&uacute;n momento: &laquo;Con no visible fuerza&raquo;. Por momentos el ap&oacute;strofe evocando al Caeiro pessoano ofrece un pretexto a la interrogaci&oacute;n ret&oacute;rica: &laquo;&iquest;S&oacute;lo somos el sue&ntilde;o/ de los dioses so&ntilde;ados?&raquo;, donde se halla la verdadera esencia del mensaje del poeta.</p>
<p>Y siempre, ya sin renuncia posible, el instante, el &uacute;nico tiempo viable, el de la salvaci&oacute;n, donde confluyen los pret&eacute;ritos, as&iacute; como los futuros recordados. Y al final, la forma definitiva, la pugna entre la palabra y el silencio, porque, he ah&iacute; la paradoja de El Poema, s&oacute;lo con la palabra se puede dar noticia del silencio: &laquo;El poema no explica. / Cabalgando por voces, / fijar&aacute; la belleza / del momento inasible&raquo;.</p>
<p>En &laquo;Eleg&iacute;a de las casualidades&raquo;, el vocativo vuelve a ser ese antagonista necesario que Gim&eacute;nez-Front&iacute;n encontr&oacute; como recurso ret&oacute;rico y emocional en esta &uacute;ltima parte de su producci&oacute;n. Sin descartar la posibilidad de que en ciertos momentos se oculte alguien con nombre y apellidos tras el casi ya gen&eacute;rico Sir John, habida cuenta de su frecuente uso como recurso, nos atrever&iacute;amos a apuntar la posibilidad de un desdoblamiento, de una segunda persona ret&oacute;rica, como si el propio poeta fuese el interlocutor de s&iacute; mismo.</p>
<p>&laquo;Eleg&iacute;a de Sir John, el motero&raquo; nos transporta a un viaje realmente en moto por el norte de &Aacute;frica. Las referencias a los evangelistas, al profeta El&iacute;as, al L&aacute;zaro resucitado o a la Magdalena con plomo en las arterias, se cruzan entre reflexiones sobre el propio g&eacute;nero eleg&iacute;aco: &laquo;Dicen: nadie escribe eleg&iacute;as. / No es tiempo de eleg&iacute;as, / &iquest;qui&eacute;n las escucha ya?&raquo;</p>
<p>As&iacute;, siguiendo la pauta m&eacute;trica acostumbrada (heptas&iacute;labos, alejandrinos en menor medida y alg&uacute;n endecas&iacute;labo), la eleg&iacute;a cabalga hacia el tiempo que ha de llegar buscando reencontrarse con un origen at&aacute;vico.</p>
<p>Con la m&eacute;trica de costumbre y alguna asonancia gemela en alg&uacute;n momento y sin que sirva de pauta, con t&iacute;tulo algo na&iacute;f presenta &laquo;Eleg&iacute;a con mariposas negras y ni&ntilde;o bien&raquo; en el que da noticia de una escena de su infancia de confort, la educaci&oacute;n cat&oacute;lica y su inseparable conciencia del pecado, cierta descripci&oacute;n de la hipocres&iacute;a y la no conciencia del tiempo fugitivo. Cuando el ni&ntilde;o despierta al mundo concluye el poema no sin un oscuro final:</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>Sin pasi&oacute;n y sin odio,</p>
<p>cuando le llegue el d&iacute;a,</p>
<p>en su remedo de sal&oacute;n materno</p>
<p>bondadosa, cort&eacute;s, in&uacute;tilmente,</p>
<p>con voz algo adamada,</p>
<p>habr&aacute; de preguntarles qu&eacute; desean</p>
<p>a los heraldos negros</p>
<p>que vienen y que van y que tendr&aacute;n sus ojos</p>
<p>en la ruina del rencor final.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Podr&iacute;a decirse, as&iacute; lo afirma Corredor˗Matheos en el pr&oacute;logo, que &laquo;En el huerto de los olivos&raquo; fue el &uacute;ltimo poema que Gim&eacute;nez-Front&iacute;n escribi&oacute;, en agosto de 2008. El poema es una despedida en toda regla. Los signos del evangelio adquieren fuerza de nuevo en este texto. Lejos del dramatismo, su apuesta final es la siguiente: m&aacute;s all&aacute; del instante, se halla el poema. M&aacute;s all&aacute; del tiempo, la literatura sola.</p>
<p>&laquo;La alegr&iacute;a, las princesas, las diosas&raquo; es un texto aleg&oacute;rico. Tras la descripci&oacute;n de cada una de las tres hijas (dos gemelas y una menor, adoptada, asi&aacute;tica, &laquo;que comparten su vida con nosotros&raquo;) en un ambiente familiar, habla de &laquo;mi compa&ntilde;era&raquo; como componente tradicional de esa familia entre la par&aacute;bola y la alegor&iacute;a: &laquo;No tengo yo respuesta, pero las s&eacute; / gloriosas, presidiendo / el altar m&aacute;s hermoso del instante&raquo;.<em> </em></p>
<p>&laquo;El enemigo&raquo;, &laquo;Una vida de h&eacute;roe&raquo; y &laquo;Se&ntilde;as de identidad&raquo; cierran el cuerpo de eleg&iacute;as in&eacute;ditas. Son poemas breves: 14, 15 y 8 versos, respectivamente. Los tres textos, tratados en conjunto, muestran una escasamente di&aacute;fana despedida: la vuelta al &uacute;tero cero, al origen que ya no ha de progresar jam&aacute;s en &laquo;El enemigo&raquo;, la deliberaci&oacute;n mantenida sobre el vac&iacute;o y la nada con respecto al tan tra&iacute;do y llevado ego a lo largo de toda su carrera en &laquo;Una vida de h&eacute;roe&raquo;, y una resoluci&oacute;n repulsiva hacia el vac&iacute;o, insistencia &uacute;ltima, en &laquo;Se&ntilde;as de identidad&raquo;: la vida tiende a la armon&iacute;a, aunque el fr&iacute;o del vac&iacute;o puede llegar a congelar todas sus virtudes.</p>
<p>Se aprecia en &laquo;El enemigo&raquo; el verso &laquo;Sin saberlo fui sabio&raquo;, que nos lleva a la correspondencia con el poema &laquo;V&raquo; de &laquo;II. Atreverse a saber&raquo; del libro <em>R&eacute;quiem de las esferas</em>: &laquo;Sab&iacute;a sin saberlo, la mirada&raquo; en una voluntad de tejer a conciencia, a base de paradojas, lo inefable, remedando la t&eacute;cnica del m&iacute;stico.</p>
<p>La tercera y &uacute;ltima parte de este libro es la reproducci&oacute;n exacta de <em>R&eacute;quiem de las esferas</em>. No encontramos una raz&oacute;n poderosa para que aqu&iacute; figure, salvo que tenga que ver con alg&uacute;n criterio editorial que se nos escapa. Con respecto a la edici&oacute;n de Esqu&iacute;o, observamos unas m&iacute;nimas variaciones: una sangr&iacute;a y un lema tipogr&aacute;ficamente descolocado. Sin embargo, se conserva en ambas el err&oacute;neo &laquo;estruendo<em>so</em> silencio<em>so</em> que nada percib&iacute;a&raquo;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>Atreverse a saber</em></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fruto del empe&ntilde;o de los editores Jes&uacute;s Aguado y Jos&eacute; &Aacute;ngel Cilleruelo es esta antolog&iacute;a que sale desde M&aacute;laga con patrocinio de la Diputaci&oacute;n en 2010, con el n&uacute;mero 113 de la colecci&oacute;n Puerta del Mar.</p>
<p>Un subt&iacute;tulo la distingue como &laquo;Antolog&iacute;a po&eacute;tica y homenaje a Jos&eacute; Luis Gim&eacute;nez-Front&iacute;n&raquo;. Tras una &laquo;Nota de los editores&raquo;, se inicia el libro con &laquo;I Homenaje po&eacute;tico&raquo; (se incluyen veinte poemas, de otros tantos poetas, escritos <em>in memoriam</em>). &laquo;II Cr&iacute;tica y memoria&raquo; cuenta con veintid&oacute;s escritos de otros tantos amigos que hablan de la persona y de la obra del poeta, a modo de semblanza en ocasiones, a modo de colaboraci&oacute;n filol&oacute;gica que consigue aumentar el <em>corpus</em> cr&iacute;tico en torno a la poes&iacute;a que escribiera Gim&eacute;nez-Front&iacute;n.</p>
<p>&nbsp;&laquo;III Antolog&iacute;a po&eacute;tica de Jos&eacute; Luis Gim&eacute;nez-Front&iacute;n&raquo; aporta cuarenta y un poemas. Concluye este apartado la secci&oacute;n segunda, &iacute;ntegra, de <em>R&eacute;quiem de las esferas</em>, &laquo;Atreverse a saber&raquo;, compuesta por nueve poemas. Se trata, como es evidente, de la secci&oacute;n que da t&iacute;tulo a la antolog&iacute;a. Por &uacute;ltimo, &laquo;IV Vida de un poeta&raquo; incluye una biograf&iacute;a y una bibliograf&iacute;a.</p>
<p>Posiblemente la parte m&aacute;s suculenta que merezca ser comentada en un estudio de estas caracter&iacute;sticas sea la segunda y, quiz&aacute;s a vista de p&aacute;jaro la tercera, por tener presente qu&eacute; selecci&oacute;n llevaron a cabo los editores.</p>
<p>Entre el homenaje y la aportaci&oacute;n cr&iacute;tica realmente certera en casi todas las ocasiones, se da noticia de la semblanza del poeta y de sus virtudes humanas.</p>
<p>&nbsp; De Manuel Mantero se aporta el texto &laquo;Jos&eacute; Luis Gim&eacute;nez-Front&iacute;n, poeta de la doble verdad&raquo;, que hab&iacute;a servido para la presentaci&oacute;n de <em>La ruta de Occitania</em>, el 24 de mayo de 2006 en el C&iacute;rculo de Bellas Artes de Madrid. Mantero afirma que JLG-F &laquo;gusta de esconderse de lo demasiado expl&iacute;cito&raquo;. Es poeta de &laquo;la inseguridad, la duda y la ambivalencia&raquo;. El universo tem&aacute;tico de Gim&eacute;nez-Front&iacute;n queda definido con precisi&oacute;n: &laquo;el tiempo, la materia, el misterio, el amor, la ciudad, la poes&iacute;a&raquo;.</p>
<p>Importante sobre muchos otros aspectos es el tema de la insatisfacci&oacute;n social, la del &laquo;sediento de igualdad y justicia&raquo;. En el c&oacute;digo moral del poeta este asunto reside como un magma incorrupto que elevar&aacute; el canto en muchas ocasiones perfilando los contenidos.</p>
<p>Por &uacute;ltimo, el tema casi obligado de todo poeta que en alg&uacute;n momento se ha visto tentado a tratar: la Poes&iacute;a misma. As&iacute;, como ya se ha dicho m&aacute;s arriba: la vida propia del poema, la armon&iacute;a que, a base de contrarios como un trovador, define como &laquo;carne del verbo&raquo;.</p>
<p>Corredor˗Matheos aporta el escrito &laquo;Jos&eacute; Luis Gim&eacute;nez-Front&iacute;n, el poeta y amigo&raquo;. El motor de buena parte de su obra queda definido as&iacute;:</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>&ldquo;El hombre no abandona &ndash;es decir, no pierde- su rebeld&iacute;a, su sentido de la justicia y su inquietud, pero se va sosegando &ndash;es decir, aceptando lo que considera que ha de aceptar-, pero ni renuncia ni frena las reacciones ante tal o cual hecho que le indigna&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;Montserrat Conill, en un texto sin t&iacute;tulo fechado en enero de 2010, manifiesta que &laquo;templaba su notable independencia de criterio gui&aacute;ndose siempre por la sensibilidad y la tolerancia de un humanismo profundo y radical&raquo;.</p>
<p>Joaqu&iacute;n Marco lo define como &laquo;hombre de proyectos y eficaces gestiones&raquo;. Destaca su tes&oacute;n y paciencia y como poeta que es, Marco comprende el enfoque psicol&oacute;gico e intelectual que condujo al poeta:</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>Jos&eacute; Luis se valor&oacute; a s&iacute; mismo como poeta. La poes&iacute;a, por gratuita, no deja de ser una enfermedad incurable y &eacute;l la cultiv&oacute; no s&oacute;lo en sus versos. Los poetas son seres extra&ntilde;os que intentan convertir la poes&iacute;a en vida y la vida en poes&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ana Mar&iacute;a Moix, amistad desde la adolescencia, comenta que tras la publicaci&oacute;n de sus memorias, <em>Los a&ntilde;os contados</em>, &laquo;hab&iacute;a puesto en orden, por un lado, su vida espiritual, por otra (<em>sic</em>), su andadura biogr&aacute;fica&raquo;. Habla del vuelo &laquo;quasi m&iacute;stico&raquo; y lo califica de &laquo;asceta castellano&raquo;, de &laquo;griego antiguo, mediterr&aacute;neo&raquo;.</p>
<p>El recientemente desaparecido Horacio V&aacute;zquez-Rial titula su intervenci&oacute;n &laquo;JLGF: Poeta, amigo, hombre cort&eacute;s&raquo;. Habla de su cortes&iacute;a y afirma que &laquo;ten&iacute;a una elegancia brit&aacute;nica que yo creo anterior a su estancia en Inglaterra: un don natural&raquo;.</p>
<p>Nora Catelli habla en &laquo;La figura de Jos&eacute; Luis Gim&eacute;nez-Front&iacute;n&raquo; de las diferentes figuras que fue el autor: &laquo;la del fil&oacute;logo, la del cr&iacute;tico y ensayista, la del novelista, la del poeta, la del memorialista y diarista, la del observador atento de las tensiones comunitarias, la del mediador cultural&raquo;.</p>
<p>Francesc de Carreras se remonta en &laquo;Tiempos de facultad, tiempos de juventud&raquo; al primer contacto de Gim&eacute;nez-Front&iacute;n con &laquo;la estupidez generalizada de esta elite social&raquo;, refiri&eacute;ndose a &laquo;los j&oacute;venes pijos, hijos de gente bien de Barcelona&raquo;.</p>
<p>Rodolfo H&auml;sler redacta un entra&ntilde;able &laquo;Recuerdo con Jos&eacute; Luis en Madrid&raquo;. Destaca la visita de Gim&eacute;nez-Front&iacute;n a su casa en oto&ntilde;o de 1985. Durante los tres d&iacute;as que estuvo refiri&oacute; an&eacute;cdotas de su reciente viaje a M&eacute;xico, un viaje que ser&iacute;a de importancia capital en la gestaci&oacute;n de su novela <em>Se&ntilde;orear la tierra</em>, de 1991. Concluye as&iacute; el escrito: &laquo;fue uno de los m&aacute;s grandes valedores que ha tenido la poes&iacute;a, tanto en castellano como en catal&aacute;n, en Barcelona&raquo;.</p>
<p>Albert Tugues en &laquo;La segunda mirada&raquo; habla de la fundaci&oacute;n de <em>Hora de poes&iacute;a</em>. &laquo;Palabras para un hombre digno de memoria&raquo; es el art&iacute;culo de Mario Lucarda, que se inicia con un epitafio y acierta al resaltar uno de los versos que m&aacute;s fuerza va a tener en el arraigo &eacute;tico del poeta: &laquo;Quien ignora su historia est&aacute; condenado a repetirla&raquo;.</p>
<p>Con t&iacute;tulo kerouakiano presenta su aportaci&oacute;n Llu&iuml;sa Juli&agrave;: &laquo;Jos&eacute; Luis Gim&eacute;nez-Front&iacute;n, en el camino&raquo;. Destaca esa forma inglesa de tratar la cultura que le permiti&oacute; una rigurosidad de an&aacute;lisis. Y Jos&eacute; Joaqu&iacute;n Beeme, el microeditor que desde Varese dio la botella que contiene las <em>Tres eleg&iacute;as</em>, certeramente afirma que Gim&eacute;nez-Front&iacute;n &laquo;se ha transustanciado, definitivamente, en poema&raquo;.</p>
<p>Valent&iacute; G&oacute;mez i Oliver entiende a Gim&eacute;nez-Front&iacute;n como un maestro de la sin&eacute;cdoque aplicada en su libro de memorias. Por &uacute;ltimo, destacaremos el art&iacute;culo de Fernando Valls &laquo;Las vidas de Gim&eacute;nez-Front&iacute;n&raquo;, donde nos emplaza a apreciar su paciencia y generosidad, al escuchar a los dem&aacute;s o al re&iacute;rse &laquo;de algunas peque&ntilde;as vanidades de la vida literaria y del fanatismo y la intolerancia de tantos pol&iacute;ticos catalanistas, asunto que lo sublevaba especialmente&raquo;.</p>
<p>Para concluir, daremos cuenta de la estructura de los 41 poemas seleccionados en la parte &laquo;III Antolog&iacute;a po&eacute;tica de Jos&eacute; Luis Gim&eacute;nez-Front&iacute;n&raquo;. El cuerpo es, c&oacute;mo no, representativo y podr&iacute;a decirse que se trata de una buena selecci&oacute;n aunque hayan quedado fuera algunos de los emblem&aacute;ticos. El criterio de los editores clarifica o justifica. Es importante la perspectiva que enfoca hacia &laquo;ese sin-tiempo del que nacen y al que van los poemas, el amor o la misma existencia [...] aquello que se sustenta en el vac&iacute;o, es la orfandad esencial de lo que es [...] en esa nada repleta de posibilidades de la que surge todo&raquo;, seg&uacute;n reza la &laquo;Nota de los editores&raquo;.</p>
<p class="Sinespaciado">As&iacute;, tendremos dos poemas pertenecientes a <em><a href="http://www.joseluisgimenez-frontin.com/poesia/poe_sag.htm">La sagrada familia y otros poemas</a></em>, tres a <em><a href="http://www.joseluisgimenez-frontin.com/poesia/poe_amo.htm">Amor omnia y otros poemas</a></em>, cinco a <em><a href="http://www.joseluisgimenez-frontin.com/poesia/poe_lay.htm">Las voces de Laye</a></em><em>, siete a</em><em> </em><em><a href="http://www.joseluisgimenez-frontin.com/poesia/poe_adi.htm">El largo adi&oacute;s</a></em>, siete a <em><a href="http://www.joseluisgimenez-frontin.com/poesia/poe_que.htm">Que no muera ese instante</a></em><em>,</em><em> </em><em>nueve a</em><em> </em><em><a href="http://www.joseluisgimenez-frontin.com/poesia/poe_ens.htm">El ensayo del organista</a></em><em>,</em><em> </em><em>siete a</em> <em><a href="http://www.joseluisgimenez-frontin.com/poesia/poe_zon.htm">Zona Cero</a></em><em> </em><em>y el compendio antonom&aacute;stico &laquo;Atreverse a saber&raquo;</em><em> </em><em>de </em><em><a href="http://www.joseluisgimenez-frontin.com/poesia/poe_requiem.htm">R&eacute;quiem de las esferas</a></em>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p class="Sinespaciado">En definitiva, diremos que esta antolog&iacute;a da un completo informe sobre su semblanza y su poes&iacute;a. Si a&ntilde;adimos las eleg&iacute;as de <em>Los d&iacute;as que hemos visto</em>, obtendremos un completo Front&iacute;n, con las &uacute;ltimas meditaciones materiales y espirituales al respecto del g&eacute;nero de la sensata desolaci&oacute;n, la &uacute;ltima de sus preocupaciones.</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p class="Sinespaciado"><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Jos&eacute; Luis Garc&iacute;a Mart&iacute;n. &laquo;Imposible respuesta&raquo;. <em>ABCD Cultural</em>, (9 de septiembre de 2006), 20.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Santiago Mart&iacute;nez. &laquo;Con los pies en la tierra&raquo;. <em>La Vanguardia</em>, Suplemento <em>Culturas</em>, (18 de febrero de 2004), 14 y &laquo;Con la palabra justa&raquo;. <em>La Vanguardia</em>, Suplemento <em>Culturas</em>, (13 de septiembre de 2006), 15.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Enrique Villagrasa, &laquo;La identidad del poeta: J.L. Gim&eacute;nez-Front&iacute;n&raquo;. <em>Hora de poes&iacute;a</em>, n&uacute;m. 69-70, (mayo˗agosto de 1990), 174˗176 y &laquo;La ruta de Occitania&raquo;. <em>Cuadernos del Matem&aacute;tico</em>, n&uacute;m. 41-42, (febrero de 2009), 203.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Juan Antonio Masoliver R&oacute;denas. &laquo;La mirada y su enigma&raquo;. <em>Insula</em>, n&uacute;m. 569, (diciembre de 2006), 22˗23 y &laquo;La armon&iacute;a y el caos&raquo;. <em>La Vanguardia</em>, Suplemento <em>Culturas</em> (23 de junio de 2010), 9.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Enrique Molina Campos. &laquo;El instante de Jos&eacute; Luis Gim&eacute;nez-Front&iacute;n&raquo;. <a href="http://dialnet.unirioja.es/servlet/revista?tipo_busqueda=CODIGO&amp;clave_revista=714">&Iacute;nsula, </a><a href="http://dialnet.unirioja.es/servlet/listaarticulos?tipo_busqueda=EJEMPLAR&amp;revista_busqueda=714&amp;clave_busqueda=27113">n&uacute;m</a>. 569, (mayo de 1994), 25-28.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Wed, 12 Mar 2014 07:04:53 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La natación y el aire]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-natacion-y-el-aire/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/andres-neuman.jpg.jpg" alt="" width="300" height="183" /></p>
<p>En eras primitivas,</p>
<p>cuando el verbo aguardaba sumergido,</p>
<p>los peces respiraban a trav&eacute;s de una ves&iacute;cula</p>
<p>que era a la vez tim&oacute;n, br&uacute;jula y bronquio,</p>
<p>fuente del equilibrio natatorio</p>
<p>y del aire disperso por el agua.</p>
<p>Hoy perviven, mermadas en las profundidades,</p>
<p>unas pocas especies que la emplean.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En nosotros tambi&eacute;n resiste un testimonio:</p>
<p>&iquest;qui&eacute;n no ha sentido, en sue&ntilde;os, que volaba</p>
<p>como si diera brazas en el mar?</p>
<p>Al dormir, respiramos con el &oacute;rgano</p>
<p>extra&ntilde;o que los peces han perdido,</p>
<p>el mismo que alza a flote las im&aacute;genes</p>
<p>y el ritmo del pulm&oacute;n decide el vuelo</p>
<p>-su altura, su sentido, sus virajes-</p>
<p>y sudamos en busca de un l&iacute;quido remoto</p>
<p>y levamos el cuerpo como quien muta en p&aacute;jaro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mientras esto suceda, mientras haya</p>
<p>sue&ntilde;os y voluntad de reflotarlos,</p>
<p>memoria y reflexiones abisales,</p>
<p>fusiones de elementos y de ciclos,</p>
<p>vivir&aacute; la poes&iacute;a. En el futuro</p>
<p>volar ser&aacute; nadar con m&aacute;s conciencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 11 Mar 2014 07:10:54 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo pequeño, lo sublime, lo humano]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/lo-pequeno-lo-sublime-lo-humano/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/JOS_NGEL_RUBIO_ABELLA_-_ME_SIENTO_OLIVO.jpg" alt="" width="210" height="302" /></p>
<p>Recientemente asist&iacute; al encuentro de un reconocido novelista con sus lectores en el que el autor confesaba su convicci&oacute;n de que las personas que disfrutan con la lectura tambi&eacute;n lo hacen escribiendo, independientemente de que lleguen a publicar o no sus creaciones. Me esforc&eacute; en rebatir tal hip&oacute;tesis, desde mi punto de vista infundada, pero al llegar a casa me estaba esperando una confirmaci&oacute;n m&aacute;s de sus argumentos: <em>Me siento olivo</em> (antolog&iacute;a po&eacute;tica y tres cuentos) recopila buena parte de le la obra de un lector insaciable, enamorado de las letras. Jos&eacute; &Aacute;ngel Rubio Abella, dada su personalidad afable y sencilla, no me perdonar&iacute;a que lo calificase de erudito, pero ese y no otro es el adjetivo que debe acompa&ntilde;arle despu&eacute;s de cuarenta a&ntilde;os entregado con pasi&oacute;n y convicci&oacute;n a la ense&ntilde;anza de la ling&uuml;&iacute;stica y de la historia de la literatura.</p>
<p>Para aquellos que conocemos a Jos&eacute; &Aacute;ngel Rubio, la sorpresa de esta antolog&iacute;a po&eacute;tica no cuenta con la condici&oacute;n de inesperada. Sab&iacute;amos ya de su condici&oacute;n de fabulador, de su visi&oacute;n po&eacute;tica de lo cotidiano y nadie se extra&ntilde;ar&iacute;a al encontrar en los cajones de su escritorio, entre sus apuntes de trabajo, o incluso en los <em>post-it</em> pegados en la puerta de la nevera, unos versos sueltos, bocetos de relatos, o frases ingeniosas. Eran pistas que nos hac&iacute;an sospechar la existencia de rec&oacute;ndito un tesoro que, al fin, gracias al empe&ntilde;o de sus familiares y amigos, ha sido desenterrado.</p>
<p><em>Me siento olivo</em> recoge poemas escritos entre los a&ntilde;os 70 y la &uacute;ltima d&eacute;cada del pasado siglo&nbsp; y, en consecuencia, se trata de un volumen diverso tanto en el contenido como en la forma. En sus p&aacute;ginas se alternan los versos m&aacute;s &iacute;ntimos, con la mirada po&eacute;tica a escenarios comunes y situaciones banales, consiguiendo despertar en ambos casos la previsible empat&iacute;a del lector, dada la vocaci&oacute;n personalista de una poes&iacute;a dispuesta a conjugar la trascendencia con la admiraci&oacute;n por aspectos triviales de la vida.</p>
<p>El conocimiento del oficio provee al autor de numerosas herramientas que emplea con habilidad en cada una de sus composiciones, reclamando el poder evocador de las palabras para devolvernos sentimientos olvidados o apaciguados (&ldquo;S&eacute; de un rinc&oacute;n, ladrillo y parque,/ donde los besos y la enredadera/ so&ntilde;aron nuestro tiempo&rdquo;), o jugando a combinarlas, como se mezclan los colores en la paleta del pintor, en una b&uacute;squeda de musicalidad para divertimento del o&iacute;do <em>(&ldquo;En las manos rotas,/ en las rotas manos,/ rosas rojas, gotas,/musicales notas,/ gotas rojas rosas&rdquo;</em>). El instrumento vers&aacute;til, con el que clama a la monta&ntilde;a, describe al hombre, acaricia al hijo, interroga a Dios o despide y a&ntilde;ora a un viejo Dyane desvencijado, cuenta tambi&eacute;n con su propia rima en el poema titulado &ldquo;Palabra&rdquo;: &ldquo;<em>Este alimento y esta audacia/evita el marchitarse/ y humedece la memoria/para darle una semilla./ Una secreta alquimia/ construye mil sabores/ para olvidar la tierra&hellip;</em>&rdquo;</p>
<p>Dentro de este mosaico po&eacute;tico el esp&iacute;ritu creativo de Jos&eacute; &Aacute;ngel Rubio no quiere sustraerse a la b&uacute;squeda de nuevas formas de expresi&oacute;n y podemos encontrar propuestas vanguardistas en el goteo cadencioso de las palabras en el poema&nbsp; titulado &ldquo;<em>Lluvia</em>&rdquo;, o en sus sentencias breves y contundentes (<em>&ldquo;Has de dejarme marcado para que todos sepan que soy tuyo&rdquo;</em>), como un anticipo del Movimiento &ldquo;Acci&oacute;n Po&eacute;tica&rdquo; que en forma de graffiti dota de vida a las indolentes tapias de las urbes.</p>
<p>El contenido plural de esta obra justifica su t&iacute;tulo que, adem&aacute;s de un homenaje del autor a su Bajo Arag&oacute;n natal, es una met&aacute;fora de su personalidad art&iacute;stica que comparte con el olivo la robustez y la textura heterog&eacute;nea del tronco, las profusas ramificaciones de la copa y el sustancioso jugo de sus frutos.</p>
<p>Pero probablemente sea en los tres cuentos breves que completan la obra donde vamos a reconocer con m&aacute;s facilidad al autor. La ternura con que habla de la soledad en &ldquo;<em>Do&ntilde;a Julia se ha puesto azul</em>&rdquo;, su minuciosidad descriptiva, interrumpida por peque&ntilde;as pinceladas que sugieren todo lo que el texto obvia intencionadamente, son una muestra del narrador inteligente que cuenta con la complicidad del lector. En &ldquo;<em>Los garbanzos</em>&rdquo;, un desdramatizado recuerdo infantil, se filtra el humor honesto, alejado de la hiriente socarroner&iacute;a, siempre presente como condimento indispensable de su amena conversaci&oacute;n. Esta visi&oacute;n jocosa de la vida tambi&eacute;n se pone de manifiesto en &ldquo;<em>En un tren birmano</em>&rdquo;, que parte de una deliciosa an&eacute;cdota para hacernos sonre&iacute;r con&nbsp; la perplejidad del turista ante las ex&oacute;ticas costumbres y creencias que encuentra en su camino.</p>
<p>Este relato, que cierra el volumen, bien pudiera ser el inicio de una pr&oacute;xima obra en la que Jos&eacute; &Aacute;ngel Rubio, viajero infatigable, comparta con los lectores algunas de sus vivencias como perspicaz observador de la diversidad humana, desde sus peque&ntilde;as miserias a las m&aacute;s sublimes ambiciones, al igual que hace de un modo personal e &iacute;ntimo en &ldquo;<em>Me siento olivo</em>&rdquo;.</p>
<p>ELIFIO FELIZ DE VARGAS</p>
<p>Jos&eacute; &Aacute;ngel Rubio Abella, <em>Me siento Olivo</em>. Zaragoza, 2013</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 10 Mar 2014 11:19:42 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Siete inviernos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/siete-inviernos/</link>
      <description><![CDATA[<p align="center"><strong><br /></strong></p>
<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/elizabhet.jpg.jpg" alt="" width="302" height="201" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">Recuerdos de</p>
<p style="text-align: left;" align="center">una infancia dublinesa</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;"><br /><br /></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>EL CUARTO DEL BEB&Eacute;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mi habitaci&oacute;n infantil de la Plaza Herbert, el cuarto de estar que ten&iacute;a debajo y el comedor de la planta inferior ba&ntilde;aban en la acuosa luminosidad que desprend&iacute;an los reflejos del canal. Llenaba la casa, durante la mayor parte del d&iacute;a, el zumbido cantar&iacute;n del aserradero del otro lado del cauce, acompa&ntilde;ado del olor a madera reci&eacute;n cortada. Por encima de la valla baja y alquitranada que recorr&iacute;a el ribazo en la orilla opuesta sobresal&iacute;an pilas de le&ntilde;os que aguardaban la sierra. Las gabarras que avanzaban lentamente arriba o abajo del canal, y que desaparec&iacute;an en las esclusas para emerger despu&eacute;s de ellas, abastec&iacute;an el dep&oacute;sito de madera. No pasaban demasiados coches por delante de nuestra puerta, pero de uno y otro extremo de la Plaza Herbert llegaban, intermitentes, el sonido de la campanilla y el rumor sordo de los tranv&iacute;as al cruzar los puentes.</p>
<p>La Plaza Herbert miraba al este: para el mediod&iacute;a el sol de invierno hab&iacute;a barrido ya las habitaciones de la fachada, abandon&aacute;ndolas a los reflejos verdigrises y a la luz de la lumbre, que ganaba en resplandor a medida que ca&iacute;a la tarde.</p>
<p>Mi habitaci&oacute;n ocupaba toda la anchura de la casa. &Eacute;sta, al encontrarse en la parte de arriba, ten&iacute;a ventanas bajas, y se hab&iacute;an colocado unos barrotes que las atravesaban para evitar que me cayese. De las paredes, de un azul gris&aacute;ceo, colgaban algunos cuadros, y de dos de ellos me acuerdo claramente &mdash;eran portillos a una segunda y m&aacute;s amenazadora realidad&mdash;. El primero, creo yo, tuvo que haber sido escogido por su tema heroico en los tiempos en que mi madre a&uacute;n esperaba tener un Robert: era Casabianca enfrentado al fuego.<a title="" href="#_ftn1">*</a> El muchacho se manten&iacute;a de pie, extasiado, en el puente en llamas. En el otro, un beb&eacute; en su cuna de madera flotaba sonriente en una inmensa riada mientras tend&iacute;a las manos a un gato que montaba guardia sentado muy tieso sobre la colcha a los pies de la cuna. De la solitaria extensi&oacute;n de agua sobresal&iacute;an a su alrededor &uacute;nicamente las puntas de los gabletes, las chimeneas y los &aacute;rboles. La serenidad del gato y del ni&ntilde;o pretend&iacute;a descartar de la escena, supongo, toda idea de desastre. Pero a m&iacute; me provocaba una ansiedad constante &mdash;&iquest;qu&eacute; ser&iacute;a de la cuna en un mundo en que todos hab&iacute;an perecido ahogados?&mdash;. De hecho, esos dos cuadros me imbuyeron un larvado temor a los desastres &mdash;incendios y avenidas&mdash;. Ten&iacute;a miedo a quedar aislada en un edificio alto, y, a mis ojos, la certeza de que las aguas muy pronto correr&iacute;an crecidas ech&oacute; a perder el hermoso sonido de la lluvia. Atenta siempre al instante fat&iacute;dico, sol&iacute;a trepar a una ventana para cerciorarme de que <em>a&uacute;n</em> no estaba sucediendo nada. (M&aacute;s tarde, cuando viv&iacute;a junto al mar en Inglaterra, padec&iacute; igual pavor a un golpe de mar.) Por lo dem&aacute;s no era yo una ni&ntilde;a nerviosa &mdash;y de haber adivinado mi madre que aquellos cuadros excitaban mi imaginaci&oacute;n no hay duda de que los habr&iacute;a retirado.</p>
<p>Aparte de Casabianca, que estaba all&iacute; para espolear mi audacia &mdash;pues mi padre y mi madre, como todos los angloirlandeses, entend&iacute;an la valent&iacute;a al margen del contexto, como un fin en s&iacute; misma&mdash;, mi habitaci&oacute;n hab&iacute;a sido planeada para inspirar sosiego. Y quietud destilaban ciertamente &laquo;Los &aacute;ngeles anunciadores&raquo; desde su marco dorado y negro &mdash;una nube de serafines que surcaba un paisaje nevado, iluminando los alzados semblantes de los pastores&mdash;. Recorr&iacute;a la habitaci&oacute;n, bajo los cuadros, un rodapi&eacute; con escenas de canciones infantiles. Yo espiaba las figuras a trav&eacute;s de los barrotes de mi cuna, y mi madre me dec&iacute;a sus nombres. Mi madre se mostraba desenvuelta al tararear la musiquilla de las rimas para ni&ntilde;os, pero reservada al relatar cuentos de hadas. No quer&iacute;a, explicaba, que creyese en las hadas por temor a que las tomara por &aacute;ngeles. De ese modo, cuando o&iacute;a hablar de hadas por otras fuentes, yo pensaba que eran fr&iacute;volas y ostentosas y (vaya usted a saber por qu&eacute;) de origen alem&aacute;n. De las hadas irlandesas no supe nada de nada. Los temores de mi madre a que yo quedara confusa eran bastante infundados, ya que tras haber visto im&aacute;genes, tanto de hadas como de &aacute;ngeles, yo distingu&iacute;a a las unas de los otros por la forma de las alas &mdash;las alas de las hadas eran siempre como las de las mariposas, mientras que las de los &aacute;ngeles ten&iacute;an la hechura y el plumaje de las de las aves&mdash;. La sonriente, embriagadora y emplumada presencia de los &aacute;ngeles me era constantemente sugerida &mdash;si me hubiera dado por girarme lo suficientemente r&aacute;pido quiz&aacute; hubiera sorprendido tras de m&iacute; a mi propio &Aacute;ngel de la Guarda&mdash;. Mi madre deseaba que sintiera cari&ntilde;o por los &aacute;ngeles, y en efecto me atra&iacute;an.</p>
<p>No obstante, me alegraba no molestarles, cosa que pensaba que ocurrir&iacute;a si lograba verles. Me contentaba con lo que ya me resultaba posible ver &mdash;el aire a mi alrededor no estaba surcado por seres sobrenaturales, s&oacute;lo por p&aacute;jaros&mdash;. Los gorriones de Dubl&iacute;n permanec&iacute;an juntos unos instantes, con brioso y estremecido porte, en los barrotes de mi ventana. Eran p&aacute;jaros de invierno, con el plumaje tan redondamente alborotado que necesariamente deb&iacute;an contar con plumas extra para protegerse del fr&iacute;o. (En la casa de verano, en el condado de Cork, aprend&iacute; los nombres de las aves canoras, pero se pasaba por alto a los gorriones.) Otra diferencia invernal de la Plaza Herbert era que las gaviotas recorr&iacute;an el canal en vuelo raso y pasaban como un rel&aacute;mpago por delante de los cristales de mi ventana. O&iacute; decir que las arrastraban tierra adentro las tormentas que les enfurec&iacute;an y encrespaban el mar. &laquo;Pobres gaviotas&raquo; &mdash;aunque no parec&iacute;an pasarlo mal: posadas en parejas y tr&iacute;os sobre las pilas de le&ntilde;a abr&iacute;an y cerraban gallardamente las alas.</p>
<p>Si hubiera podido ver los muelles de Dubl&iacute;n como por fuerza deb&iacute; verlas a ellas tendr&iacute;a m&aacute;s recuerdos de gaviotas. Sin embargo, entre las verjas del Trinity College y el punto en el que surge del puente la calle Sackville hay una opacidad o laguna en mi memoria. Apenas diviso, a trav&eacute;s de un velo de niebla, la columnata del Banco de Irlanda, que un d&iacute;a fuera nuestro Parlamento. Nunca me desagrad&oacute; la vista de la calle Sackville, pues me hab&iacute;an dicho que era la calle m&aacute;s ancha del mundo. Igual que el parque Phoenix, verdigr&iacute;s en la distancia, m&aacute;s all&aacute; del Zoo, era el mayor parque de la Tierra. Estos superlativos me gustaban casi demasiado: mi primer orgullo de casta se vincula a ellos. Y la muy end&eacute;mica vanidad que me inspira mi propio pa&iacute;s se fund&oacute;, durante algunos a&ntilde;os, en un error: mi mal o&iacute;do para las vocales y la mal articulada y precipitada forma angloirlandesa de hablar hicieron que las palabras &laquo;Irlanda&raquo; e &laquo;isla&raquo; me parecieran sin&oacute;nimas.<a title="" href="#_ftn2">*</a> De ese modo, todos los dem&aacute;s pa&iacute;ses completamente rodeados de agua hab&iacute;an tomado (al parecer) su nombre gen&eacute;rico del nuestro. Resultaba bonito vivir en un pa&iacute;s que era un prototipo. Inglaterra, por ejemplo, era &laquo;<em>una</em> Irlanda&raquo; (o una sub-Irlanda) &mdash;una imitaci&oacute;n&mdash;. Despu&eacute;s me enter&eacute; de que Inglaterra no era siquiera &laquo;una Irlanda&raquo;, ya que no hab&iacute;a conseguido desprenderse de los flancos de Escocia y Gales. Vagamente, como ni&ntilde;a unionista, imagin&eacute; que nuestra cortes&iacute;a con Inglaterra ten&iacute;a que ser una forma de conmiseraci&oacute;n.</p>
<p>En este mismo sentido, tom&eacute; a Dubl&iacute;n por modelo de ciudades, del que hab&iacute;a, dispersas por el mundo, distintas imitaciones.</p>
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<p align="center">[NOTA BIOGR&Aacute;FICA]</p>
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<p>Elizabeth Dorothea Cole Bowen, nacida en Dubl&iacute;n, Irlanda, el 7 de junio de 1899 y fallecida el 22 de febrero de 1973, hija &uacute;nica de padres protestantes &mdash;descendientes de la seudoaristocracia creada por Oliver Cromwell tras la guerra civil inglesa&mdash;, es una escritora de impecable estilo que destaca por sus penetrantes y delicadas descripciones, llenas de ternura e iron&iacute;a.</p>
<p>Se educ&oacute; entre la alta burgues&iacute;a angloirlandesa, principal destinataria de sus escritos. Su infancia, descrita como un &laquo;friso de m&aacute;rmol blanco&raquo; por su tersa pulcritud, se ve zarandeada no obstante por el ingreso de su padre en un hospital psiqui&aacute;trico de Dubl&iacute;n a consecuencia de una depresi&oacute;n nerviosa, de la que no se recuperar&iacute;a hasta 1912, y por el fallecimiento de su madre ese mismo a&ntilde;o, v&iacute;ctima de un c&aacute;ncer, episodios ambos que agravar&iacute;an el acentuado tartamudeo de Elizabeth y marcar&iacute;an su vida futura.</p>
<p>Tras casarse con Alan Cameron se instala en Old Headington, cerca de Oxford, en cuyos c&iacute;rculos literarios trabar&aacute; amistad con Virginia Woolf y Rosamund Lehmann. Durante la Segunda Guerra Mundial trabaj&oacute; en el Ministerio de Informaci&oacute;n ingl&eacute;s, vicisitud que trasluce en <em>The Heat of the Day </em>(1949). Al morir su marido, tras casi treinta y cinco a&ntilde;os de matrimonio &mdash;cuya solidez no se vio afectada por las infidelidades de ella, que tuvo, seg&uacute;n declaraci&oacute;n de su bi&oacute;grafa Renee C. Hoogland &mdash;en <em>A Reputation in Writing</em> (1994)&mdash;, una serie de aventuras &laquo;principalmente con hombres, pero ocasionalmente tambi&eacute;n con mujeres&raquo;&mdash;, publicar&aacute; <em>A World of Love</em> y se dedicar&aacute; a recorrer mundo, en particular los Estados Unidos.</p>
<p>En 1971 se le diagnostica un c&aacute;ncer, del que morir&aacute; dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, dejando inacabada una autobiograf&iacute;a &mdash;<em>Pictures and Conversations</em>, que se publica en 1974.</p>
<p>Su carrera literaria, de contenidos marcados tanto por el amor y la sexualidad como por el impacto de las dos guerras mundiales, hab&iacute;a arrancado en 1923 con la publicaci&oacute;n de un primer libro de relatos cortos (<em>Encounters</em>, donde se recogen sus colaboraciones en la gaceta del <em>Saturday Westminster</em>), pero se afirm&oacute; como novelista cuatro a&ntilde;os m&aacute;s tarde con <em>The Hotel</em>, cuya fuente de inspiraci&oacute;n fueron sus impresiones como institutriz de sus primos, a&uacute;n ni&ntilde;os, durante una estancia en un parador italiano. A estas obras les seguir&iacute;an muchas otras (<em>To the North</em> (1932), <em>The Cat Jumps</em> (1934), <em>The House in Paris</em> (1935), y <em>The Death of the Heart</em> (1938), cuya refinada trama de inocencia traicionada vertebra la que se considera una de sus mejores novelas. Cabe citar tambi&eacute;n <em>Ivy Gripped the Steps</em> (1946), <em>The Heat of the Day</em> (1949, una novela de espionaje), y las tard&iacute;as <em>The Little Girls</em> (1964) y <em>Eva Trout</em> (1969).</p>
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<p>(Fragmento del libro <em>Siete inviernos. Recuerdos de una infancia dublinesa</em>, de Elizabeth Bowen. Traducido por Tom&aacute;s Fern&aacute;ndez A&uacute;z y Beatriz Eguibar, ser&aacute; publicado por la editorial Pre-Textos)</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref1">*</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El 1 de Agosto de 1798 se libr&oacute; en la bah&iacute;a de Abukir uno de los episodios m&aacute;s famosos de las Guerras napole&oacute;nicas: la &laquo;Batalla del Nilo&raquo;, en la que el almirante Nelson obtuvo una decisiva victoria sobre las tropas francesas comandadas por el almirante Brueys d&rsquo;Aigalliers. A las diez de la noche, en lo m&aacute;s furioso de la refriega, explota el Orient, buque insignia franc&eacute;s al mando del comodoro Casabianca, tras haber llegado a la santab&aacute;rbara las llamas provocadas por los ca&ntilde;onazos. La deflagraci&oacute;n siega la vida de un chiquillo de diez a&ntilde;os, at&oacute;nito ante el espect&aacute;culo: el hijo de Casabianca. Poco despu&eacute;s, la poetisa inglesa Felicia Hemans (1793-1835) conmemorar&iacute;a esa c&aacute;ndida heroicidad en una balada &mdash;&laquo;Casabianca&raquo;&mdash; cuyo primer verso es justamente la frase con la que Elizabeth Bowen recuerda la fascinaci&oacute;n del chico. <em>(N. de los t.)</em></p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">*</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &laquo;Ireland&raquo; y &laquo;island&raquo; se pronuncian casi igual. <em>(N. de los t.)</em></p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 10 Mar 2014 10:58:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El aleteo de la piedra]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-aleteo-de-la-piedra/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/MENCHU_GUTI_RREZ.JPG" alt="" width="300" height="168" /></p>
<p>Sala en negro. D&iacute;a de examen. En alg&uacute;n lugar invisible se sortean las preguntas. La secuencia se repite cada vez que el tribunal plantea la pregunta clave. Esto es lo que sucede bajo el foco que de pronto se enciende:<br /> El jard&iacute;n est&aacute; dispuesto sobre una bandeja que el gigante de la noche sostiene con ambas manos. Sus musculosos brazos son como&nbsp; dos monta&ntilde;as negras, como dos hitos que lo sostienen y lo enmarcan al mismo tiempo. <br /> En mitad de su frente, el &uacute;nico ojo del gigante es un nido de luz que se deshace, una espiral de estrellas. Y la espiral mira al jard&iacute;n envolvi&eacute;ndolo en un hechizo.<br /> Bajo el encantamiento, las piedras que forman el jard&iacute;n son presencias hu&eacute;rfanas, aisladas unas de otras.</p>
<p>Entonces, la espiral del ojo se pone a escribir, el viento de la visi&oacute;n empuja las letras y las piedras se convierten en libros. Sobre la bandeja, los elementos del jard&iacute;n forman una espiral invertida.</p>
<p>El gigante deposita la bandeja sobre la superficie de la mesa. Alrededor de la tabla de madera se reparten los altos taburetes a cuyas cimas los examinandos hemos trepado. El gigante se aleja y nos quedamos a solas con el silencio del jard&iacute;n. <br /> Nos miramos los unos a los otros, y despu&eacute;s a las piedras. <br /> Nuestras piernas cuelgan de los taburetes muy lejos del suelo, aunque el jard&iacute;n de la bandeja es demasiado peque&ntilde;o para que nuestros pies caminen por &eacute;l. Nos encontramos en una escala intermedia, entre el gigante y las piedras del jard&iacute;n.<br /> Sacamos las lentes de sus fundas, y hacemos una peque&ntilde;a inclinaci&oacute;n de cabeza como se&ntilde;al de respeto antes de comenzar nuestro trabajo. <br /> Nos damos cuenta de que las piedras desprenden una luz tenue. El ojo del gigante ha depositado en su interior una semilla. Las piedras desprenden luz y palpitan levemente.</p>
<p>Cada piedra es un libro, y hay un libro para cada uno de nosotros.<br /> Leo en mi piedra el texto que el ojo de luz me ha asignado.</p>
<p>La lectura es lenta, muy lenta, cada letra es un acontecimiento. El sentido nace a trav&eacute;s de la caligraf&iacute;a, y las letras, las palabras no est&aacute;n escritas en la piedra, ni se inscriben en la piedra, vienen, como la luz, de su interior. La piedra contiene una escritura, de igual modo que la piedra susurra.<br /> Puedo escuchar el dictado de la piedra, al borde del acantilado del taburete. Hay una leve resistencia en el sonido que debe cargar con el peso de las palabras, con un significado lejano. El sentido de las palabras debe cruzar el firmamento de la piedra que nosotros escrutamos con ayuda de nuestras lentes.<br /> Llegan oleadas de texto que enseguida se extinguen.</p>
<p>El sonido del libro equivale al viaje de la palabra. Estiro el brazo y palpo la piedra con el dedo coraz&oacute;n de la mano derecha. Para leer mejor, cierro los ojos.<br /> La palabra es en la piedra una veta de temperatura y la ceguera se convierte en aliada del tacto. La piedra contiene otra piedra en su interior, un coraz&oacute;n de piedra pulida por una cadena ininterrumpida de latidos: sentido en el interior del sentido.<br /> Leer este libro es realizar un largo, largu&iacute;simo viaje.</p>
<p>Las p&aacute;ginas de la piedra se pasan con ligereza, despertando fragancias a su paso. Todas las que ha absorbido la piedra para llegar a serlo y que quedaron atrapadas en su campo de gravedad.</p>
<p>Se pasan con ligereza, sin embargo el miedo se refleja en los rostros de mis compa&ntilde;eros de mesa.</p>
<p>Parecen decir: no hay tiempo, va a sonar la campana.</p>
<p>Para saberlo todo, s&oacute;lo me queda masticar la piedra.</p>
<p>La imagino ya en la boca, con la luz, con las palabras, con el sentido del libro y el polvo de estrellas, cuando el gigante vuelve a la gran sala abovedada.<br /> Antes incluso de que pueda separar los labios, la lectura queda interrumpida de golpe.<br /> Conozco la expresi&oacute;n del ojo del gigante: viene para llevarse la bandeja, dice que el tiempo ha terminado.</p>
<p>Nunca hay tiempo, nunca el tiempo es suficiente para leer el libro. S&oacute;lo un atisbo de significado. La primera p&aacute;gina del sentido.</p>
<p>El gigante toma en sus manos negras los extremos de la bandeja y vuelve a levantarla de la mesa.&nbsp; Se lleva el jard&iacute;n que no ha podido echar ra&iacute;ces sobre el tablero.<br /> Nos miramos las manos, miramos el espectro dejado por las piedras. Ejercitamos la memoria en palabras que parecieron significarlo todo y que ahora est&aacute;n muertas, como nuestros muertos en nuestros cementerios.<br /> El gigante se aleja, dejando tras de s&iacute; un cementerio de palabras en nuestros o&iacute;dos.<br /> Descendemos de los altos taburetes ayudados por cuerdas. Nos descolgamos por el acantilado y nos parece que nunca tocaremos fondo.<br /> Caminar por la sala abovedada es soportar el peso de los ecos que nos devuelve; salir de la biblioteca, encontrar el escalofr&iacute;o de la ciudad.<br /> Fuera de la biblioteca de los libros de piedra, est&aacute;n los otros libros, las bocinas de las casas, las sirenas en pie de dolor, las hogueras de las m&aacute;quinas en las que arde el examen.</p>
<p>&iquest;De d&oacute;nde han brotado todas estas palabras? &iquest;Ha sido un sue&ntilde;o? &iquest;Una visi&oacute;n? &iquest;Un acto de magia? &iquest;Un acto de magia en el interior de un sue&ntilde;o? &iquest;Una visi&oacute;n en el interior de una visi&oacute;n? &iquest;Un sue&ntilde;o en el interior de un sue&ntilde;o?&nbsp; <br /> &ldquo;Para el profeta toda la vida es un sue&ntilde;o dentro de un sue&ntilde;o&rdquo;, dec&iacute;a el maravilloso m&iacute;stico &aacute;rabe Ibn Arab&iacute;.</p>
<p>Las palabras est&aacute;n muertas, s&iacute;, y los sentidos apagados se muestran impotentes para reproducir lo que acabamos de vivir. No podemos volver a la temperatura, al color, al temblor.</p>
<p>Nuestro libro de piedra ha dejado de palpitar, ha perdido su luz y ya no somos capaces de extraer de ella sonidos, ni de leer en su caligraf&iacute;a: la piedra en el interior de la piedra.</p>
<p>Nos encontramos ante un osario de palabras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Imaginemos una nueva secuencia:</p>
<p>Un cuentagotas cargado de tinta pende sobre un vaso de agua. Unos dedos presionan en el extremo de goma y una gota cae en el agua. <br /> La gota de tinta se desl&iacute;e en el agua. La vemos primero como una explosi&oacute;n de agua negra, luego deshilacharse en un lento e informe remolino, hasta que desaparece totalmente diluida en el agua, ti&ntilde;&eacute;ndola levemente. <br /> Ahora se produce un gran silencio. Se dir&iacute;a que la gota se ha perdido para siempre en el oc&eacute;ano del vaso.</p>
<p>Entonces, como un milagro, asistimos a una completa inversi&oacute;n de lo que acabamos de ver, regresamos a la infancia del suceso: el agua gris forma un remolino que camina marcha atr&aacute;s, se forman hilos negros de agua, volvemos a ver la rotura de la gota&nbsp; y su formaci&oacute;n. Hasta que la gota de tinta vuelve a pender sobre el vaso del agua.</p>
<p>De ese negativo de una epifan&iacute;a s&oacute;lo puede dar cuenta el lenguaje po&eacute;tico. S&oacute;lo este lenguaje es capaz de expresar la disoluci&oacute;n en la unidad y conoce los misterios del silencio reci&eacute;n creado, s&oacute;lo &eacute;l puede desandar un camino avanzando, y avanzar sin moverse del sitio.</p>
<p>&laquo;De verdad a m&iacute; se me dijo una palabra escondida, y como a hurtadillas recibi&oacute; mi oreja las venas de su susurro&raquo; (Job 4, 12-16).</p>
<p>El lenguaje po&eacute;tico por el que transita la noche oscura del alma, el lenguaje de la palabra escondida, y que tambi&eacute;n est&aacute; presente en el nacimiento de un &aacute;ngel de celuloide; en una miniatura de tinta que se agiganta; en la paleta de color de un cuadro que vibra en las coordenadas de un tiempo diferente; en la representaci&oacute;n del deseo, el dolor o el v&eacute;rtigo; en la cuchilla con la que una artista caligraf&iacute;a su propia piel; en el mapa de un reino ininterrumpido de fuego o de hielo.</p>
<p>Porque el lenguaje abrasado, el de la palabra que arde de los m&iacute;sticos,&nbsp; alimenta tambi&eacute;n el de una pantalla en la que un hombre entra en combusti&oacute;n ante nosotros y desaparece tras el tel&oacute;n de las llamas.&nbsp;</p>
<p>El artista comprometido con el silencio, con la m&uacute;sica callada, deber&aacute; desandar el camino de la piedra, con el lenguaje en el que mejor discurra su experiencia de silencio, en el que mejor exprese su experiencia de los bordes del sentido. Pondr&aacute; ojos, boca u o&iacute;dos, donde nos los hab&iacute;a.</p>
<p>&laquo;Las condiciones del p&aacute;jaro solitario son cinco: la primera, que se va a lo m&aacute;s alto; la segunda que no sufre compa&ntilde;&iacute;a, aunque sea de su naturaleza; la tercera, que pone el pico al aire; la cuarta, que no tiene determinado color; la quinta, que canta suavemente. Las cuales ha de tener el alma contemplativa: que se ha de subir sobre las cosas transitorias, no haciendo m&aacute;s caso de ellas que si no fuesen; y ha de ser tan amiga de la soledad y silencio, que no sufra compa&ntilde;&iacute;a de otra criatura; ha de pner el pico al aire del Esp&iacute;ritu Santo, correspondiendo a sus inspiraciones, para que, haci&eacute;ndolo as&iacute;, se haga m&aacute;s digna de su compa&ntilde;&iacute;a; no ha de tener determinado color, no teniendo determinaci&oacute;n en ninguna cosa, sino en lo que es voluntad de Dios; ha de cantar suavemente en la contemplaci&oacute;n y amor de su Esposo&raquo;. As&iacute; escrib&iacute;a san Juan de la Cruz en sus <em>Propiedades del p&aacute;jaro solitario</em>. Otro gran m&iacute;stico, el suf&iacute; Suhrawardi, describ&iacute;a un p&aacute;jaro similar: &laquo;todos los colores est&aacute;n en &eacute;l, pero &eacute;l es incoloro&raquo;. Aprender el lenguaje de los p&aacute;jaros, tarea del m&iacute;stico. El gran ucello de Leonardo da Vinci, vive del aire y, para estar m&aacute;s a salvo, &laquo;vuela sobre las nubes y encuentra un aire tan sutil que no puede sostener a los p&aacute;jaros que lo persiguen&raquo;.</p>
<p>Y nos cuenta Attar en su <em>Conferencia de los p&aacute;jaros</em> la historia de un largo y penoso viaje, el que deben realizar las aves para llegar hasta el&nbsp; Simurg, al rey de los p&aacute;jaros. Un viaje tan largo y dif&iacute;cil como el que otros m&iacute;sticos realizan hacia el coraz&oacute;n de una piedra. Los p&aacute;jaros peregrinos deben cruzar siete valles para encontrar al Simurg: el valle del Amor, el valle del Entendimiento, el valle de la Separaci&oacute;n, el valle de la Unidad, el valle de la Unidad, el valle del Asombro y finalmente, el valle de la Privaci&oacute;n y el valle de la Muerte. Los siete valles de Attar, las siete moradas de Teresa de Jes&uacute;s, los siete palacios de siete moradas del misticismo jud&iacute;o, las siete cabezas de la bestia del Apocalipsis, los siete grados de amor de san Juan de la Cruz que podr&iacute;an ser siete valles de piedra. S&iacute;mbolos de una experiencia de unidad.<br /> Y ese s&iacute;mbolo, experiencia mil veces plegada sobre s&iacute; misma,&nbsp; se despliega en la lectura de un poema, en la lectura de un cuadro o en la lectura de una talla de piedra.</p>
<p>El mismo san Juan de la Cruz, que escribi&oacute; las propiedades del p&aacute;jaro solitario, dibuj&oacute; al Cristo en la Cruz, hablando del vuelo con un lenguaje diferente. No se esforz&oacute; san Juan por reproducir con realismo la imagen de un cuerpo clavado a una cruz, y, de todas las encarnaciones mat&eacute;ricas del mundo invisible con las que el arte ha dotado al Cristo crucificado -el sufrimiento, el dolor, la soledad o el abandono-, eligi&oacute; el vuelo.</p>
<p>Al contemplar este dibujo, vuelven a nosotros las propiedades del p&aacute;jaro solitario, escuchamos casi un aleteo, porque tambi&eacute;n aqu&iacute;, hay un p&aacute;jaro que remonta el vuelo desde el madero.</p>
<p>P&aacute;jaro que otro artista tall&oacute; en piedra, capaz de volar con sus plegadas alas de m&aacute;rmol, y que habla del vuelo m&iacute;stico a trav&eacute;s de la reverberaci&oacute;n po&eacute;tica. <br /> Porque en el mundo de la m&iacute;stica los libros de piedra que el gigante de la noche tra&iacute;a en su bandeja, y nos ofrec&iacute;a a examen, eran libros alados tambi&eacute;n. Porque en ese espacio umbral, espacio indiferenciado en el que cohabitan todas las met&aacute;foras, una piedra y un p&aacute;jaro son la misma cosa.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 10 Mar 2014 07:59:09 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La revista "Turia" rinde homenaje a Juan Eduardo Zúñiga]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-revista-turia-rinde-homenaje-a-juan-eduardo-zuniga/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/JUAN_EDUARDO_Z_IGA.jpg" alt="" width="294" height="165" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>La revista cultural TURIA, que distribuir&aacute; el pr&oacute;ximo d&iacute;a 24 de marzo su nuevo n&uacute;mero, rinde un atractivo y completo homenaje al escritor Juan Eduardo Z&uacute;&ntilde;iga. Quien ha sido calificado como &ldquo;uno de los grandes, un pionero, un raro, un innovador a destiempo&rdquo; protagoniza en TURIA m&aacute;s de 130 p&aacute;ginas de interesantes art&iacute;culos, testimonios y estudios originales sobre un autor inolvidable. Quince escritores analizan, a trav&eacute;s de textos in&eacute;ditos, al personaje y su obra: desde Luis Mateo D&iacute;ez a Antonio Mu&ntilde;oz Molina. Este espectacular monogr&aacute;fico sobre Z&uacute;&ntilde;iga ha sido coordinado por Fernando Valls y tambi&eacute;n incluye colaboraciones de Rafael Chirbes, Manuel Longares y Antonio Soler, entre otros.</p>
<p>Juan Eduardo Z&uacute;&ntilde;iga (Madrid, 1929) es, pese su condici&oacute;n de autor casi secreto o minoritario, uno de los m&aacute;s destacados nombres propios de las letras espa&ntilde;olas de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Pocos como &eacute;l han sido capaces de elaborar, a partir de la reconstrucci&oacute;n de la memoria, una obra tan coherente como ya inolvidable en cualquier balance de nuestro acervo literario. Buena prueba de esa excelencia creativa la constituir&iacute;a su trilog&iacute;a narrativa sobre la guerra civil espa&ntilde;ola: <em>Largo noviembre de Madrid</em>, <em>Capital de la gloria</em> y <em>La tierra ser&aacute; un para&iacute;so</em>. Un trabajo ambicioso y paciente que constituye, seg&uacute;n la cr&iacute;tica, un aut&eacute;ntico tesoro cultural. Una fabulosa reconstrucci&oacute;n de la vida latente que se produc&iacute;a en esa ciudad sitiada que fue Madrid. Toda una &ldquo;&eacute;pica de la cotidianidad&rdquo;, como anota Rafael Chirbes desde la m&aacute;s sincera admiraci&oacute;n. No en vano Z&uacute;&ntilde;iga, a pesar de no contar con el p&uacute;blico mayoritario que merecer&iacute;a,&nbsp; s&iacute; que goza del aprecio de numerosos escritores de distintas generaciones. Ahora, la revista TURIA le dedica un cuidado monogr&aacute;fico que invita a los lectores de hoy a redescubrirlo y a sumergirse en una obra que ya es considerada por muchos como la de un cl&aacute;sico contempor&aacute;neo. &nbsp;</p>
<p>Adem&aacute;s de una extraordinaria n&oacute;mina de creadores, en el monogr&aacute;fico sobre J.E. Z&uacute;&ntilde;iga de la revista TURIA sobresale la presencia de art&iacute;culos elaborados por estudiosos de su obra como Santos Sanz Villanueva, Javier Go&ntilde;i, Israel Prados, Luis Beltr&aacute;n Almer&iacute;a o la hispanista Irene Andres-Suarez. De la faceta de Z&uacute;&ntilde;iga como traductor nos habla Carlos Fortea, mientras que su actual editor Joan Tarrida no duda en confesarnos: &ldquo;me rindo ante la coherencia de Juan Eduardo Z&uacute;&ntilde;iga&rdquo;. Felicidad Orqu&iacute;n, su compa&ntilde;era de siempre, tambi&eacute;n aporta su testimonio y el propio Z&uacute;&ntilde;iga anticipa un fragmento de sus <em>Memorias &iacute;ntimas</em>. Se cierra el monogr&aacute;fico con una &uacute;til y pormenorizada biocronolog&iacute;a a cargo de Fernando del Val.</p>
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<p><strong>LA ESCRITURA DE Z&Uacute;&Ntilde;IGA, ENTRE LA LUZ Y LAS TINIEBLAS</strong></p>
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<p>Fernando Valls, en el art&iacute;culo que abre el monogr&aacute;fico de TURIA, destaca que Z&uacute;&ntilde;iga es &ldquo;un profundo conocedor de la narrativa espa&ntilde;ola, rusa y portuguesa&rdquo;. Y, lo que es m&aacute;s importante, &ldquo;nuestro autor no s&oacute;lo educ&oacute; la sensibilidad en su literatura, sino que aprendi&oacute; de ella una concepci&oacute;n &eacute;tica de la existencia y la capacidad de iluminarnos diversos aspectos de la vida cotidiana acostumbrados a permanecer en la sombra&rdquo;. Por todo ello, afirma Valls, &ldquo;cuesta trabajo entender por qu&eacute; no se le ha prestado m&aacute;s atenci&oacute;n a su obra&rdquo;. Ahora TURIA, con su exhaustiva y rigurosa aproximaci&oacute;n al universo literario de&nbsp; Z&uacute;&ntilde;iga, contribuye a paliar este inexplicable descuido.</p>
<p>A la hora de valorar la narrativa de Z&uacute;&ntilde;iga, Santos Sanz Villanueva que el autor de <em>Largo noviembre de Madrid</em>, siempre &ldquo;ha escrito a su aire. De ah&iacute; los calificativos que se le aplican, extra&ntilde;o, misterioso, raro, exc&eacute;ntrico, solitario. De ello se deriva, adem&aacute;s, una seria dificultad para inscribir su obra en nuestra historia literaria&rdquo;. En cualquier caso, concluye Sanz Villanueva, &ldquo;la narrativa de Z&uacute;&ntilde;iga supone una aventura literaria personal cuyo anhelo es descubrir las soterradas voces del coraz&oacute;n y hacerlas arte&rdquo;.</p>
<p>Cree J.E. Z&uacute;&ntilde;iga en &ldquo;la literatura de ficci&oacute;n cargada de responsabilidad&rdquo;, porque &ldquo;la Historia sirve para enriquecer el tejido de la invenci&oacute;n literaria&rdquo;. De ah&iacute; que en su obra, y en particular en su trilog&iacute;a sobre la guerra civil espa&ntilde;ola, busque y consiga &ldquo;recoger la quiebra moral y &eacute;tica de la sociedad y de la ciudadan&iacute;a&rdquo;. Y es que, para Z&uacute;&ntilde;iga, la guerra civil espa&ntilde;ola ha sido el acontecimiento m&aacute;s importante del siglo XX y de ah&iacute; su presencia en la mayor&iacute;a de sus libros de ficci&oacute;n. Sobre todo ello&nbsp; nos habla Israel Prados en su art&iacute;culo de TURIA: &ldquo;La guerra civil de Juan Eduardo Z&uacute;&ntilde;iga: vida latente de ciudad sitiada&rdquo;. Seg&uacute;n Prados, Z&uacute;&ntilde;iga se aleja de la mayor&iacute;a de la producci&oacute;n guerracivilista porque en su narrativa &ldquo;la experiencia de la guerra se ha integrado con admirable naturalidad en un discurso madurado por influencias tem&aacute;ticas y estil&iacute;sticas diversas, desde P&iacute;o Baroja o Mariano J. de Larra hasta (especialmente) los grandes de la cultura eslava&rdquo;.</p>
<p>Del ciclo eslavo en la literatura de Z&uacute;&ntilde;iga se ocupa en TURIA Luis Beltr&aacute;n Almer&iacute;a. All&iacute; se nos dir&aacute; que &ldquo;Z&uacute;&ntilde;iga es moderno y un gran lector, pero toda su obra est&aacute; impregnada del influjo de Iv&aacute;n Turgu&eacute;niev&rdquo;. Quiz&aacute; Z&uacute;&ntilde;iga &ldquo;vio en el autor ruso el mismo drama que pudo apreciar &eacute;l en la Espa&ntilde;a del siglo XX: el drama de la destrucci&oacute;n de la tierra natal&rdquo;.</p>
<p>Un t&iacute;tulo fundamental en la producci&oacute;n de Z&uacute;&ntilde;iga es el volumen de cuentos &ldquo;Misterios de las noches y los d&iacute;as&rdquo;. Sobre &eacute;l escribe Irene Andres-Su&aacute;rez en TURIA que &ldquo;adem&aacute;s de crear todo un universo simb&oacute;lico que suministra al lector las claves para aprehender y desentra&ntilde;ar su universo literario, Z&uacute;&ntilde;iga se sirve del g&eacute;nero fant&aacute;stico para desestructurar nuestra visi&oacute;n ordinaria de la realidad y hacernos reflexionar sobre los l&iacute;mites de los par&aacute;metros cognoscitivos que solemos utilizar para aprehender la realidad y reconocernos a nosotros mismos&rdquo;.</p>
<p>Varios grandes autores espa&ntilde;oles muestran en TURIA su sincera admiraci&oacute;n hacia la obra de Z&uacute;&ntilde;iga. As&iacute;, a Luis Mateo D&iacute;ez le gusta recordar una obra de Z&uacute;&ntilde;iga, &ldquo;In&uacute;tiles totales&rdquo;, fechada &nbsp;en &nbsp;1951 &nbsp;y &nbsp;se&ntilde;alada &nbsp;como &nbsp;un &nbsp;lejano &nbsp;precedente &nbsp;de &nbsp;un &nbsp;autor &nbsp;que considera &ldquo;un aut&eacute;ntico maestro&rdquo; y para el que &ldquo;nos gustar&iacute;a un destino de conocimiento y reconocimiento mucho mayor&rdquo;.</p>
<p>Antonio Mu&ntilde;oz Molina, que ha paseado al lado de Juan Eduardo Z&uacute;&ntilde;iga por las calles y por la historia de Madrid, opina que &ldquo;su escritura sobre la guerra y la posguerra me parece ejemplar: imaginativa y llena de consistencia hist&oacute;rica; cercana a la causa de los vencidos pero limpia de odio. Me ha influido su retrato de esa normalidad cotidiana, extra&ntilde;a, que hay en las guerras&rdquo;.</p>
<p>Manuel Longares asegura en TURIA que &ldquo;no por exaltaci&oacute;n amistosa, sino por convicci&oacute;n art&iacute;stica, creo que cuatro o cinco de los mejores cuentos escritos en espa&ntilde;ol en el siglo XX son de Juan Eduardo Z&uacute;&ntilde;iga&rdquo;. Y Rafael Chirbes, en un art&iacute;culo que titula &ldquo;&Eacute;pica de la cotidianidad&rdquo;, anota su asombro y admiraci&oacute;n a prop&oacute;sito de la trilog&iacute;a de la guerra civil escrita por Z&uacute;&ntilde;iga: &ldquo;Ni una sola nota suena en falso, nada roza lo cursi, nada es calderilla sentimental: los textos entregan la ferocidad de lo que ha sido destilado en el alambique perverso de la guerra, ese estado de excepci&oacute;n que convierte la vida en algo a&uacute;n m&aacute;s fr&aacute;gil, el instante en que el ser humano camina por el delgado borde de s&iacute; mismo. He vuelto a leer los tres libros para escribir este art&iacute;culo: se mantienen inc&oacute;lumes, vestidos con esa hermosura inigualable que otorga la verdad&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA, que acaba de cumplir 30 a&ntilde;os de trayectoria,&nbsp; ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales en espa&ntilde;ol de referencia. Cuenta con difusi&oacute;n nacional e internacional y por sus p&aacute;ginas han pasado m&aacute;s de mil autores de diversas procedencias est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas, lo que da idea de la riqueza y pluralidad de sus contenidos. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>
<p class="Textoindependiente21">Adem&aacute;s de su tradicional edici&oacute;n cuatrimestral en papel,&nbsp; TURIA cuenta ahora con una edici&oacute;n digital (<a href="../../../../revista_turia/">http://www.ieturolenses.org/revista_turia/</a>) y una p&aacute;gina en Facebook (<a href="https://www.facebook.com/pages/Revista-Turia/373833962736088">https://www.facebook.com/pages/Revista-Turia/373833962736088</a>), ambas muy bien acogidas por los lectores.</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>
<p><strong>UN FRAGMENTO IN&Eacute;DITO DE LAS &ldquo;MEMORIAS &Iacute;NTIMAS&rdquo; DE J.E. Z&Uacute;&Ntilde;IGA</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La revista TURIA publica en su nuevo n&uacute;mero un anticipo de las <em>Memorias &iacute;ntimas</em> de Juan Eduardo Z&uacute;&ntilde;iga. Ofrecemos a continuaci&oacute;n un fragmento de ese interesante material in&eacute;dito:</p>
<p>&nbsp;&ldquo;Viv&iacute;a con mi familia &ndash;madre, padre, una hermana mayor- en un barrio alejado del centro. Los &uacute;nicos visitantes, los mas adictos eran los gatos de los chal&eacute;s vecinos que saltaban la tapia a la busca de alimento seguro. Nuestro chal&eacute; ten&iacute;a dos pisos. La planta baja era la vivienda, los horarios, las comidas, las reuniones familiares; el piso superior apenas se habitaba y en &eacute;l se acord&oacute; que una habitaci&oacute;n fuese como un dominio infantil donde se reunieran mis pertenencias y los restos de mi primera infancia.</p>
<p>Era una&nbsp; habitaci&oacute;n fr&iacute;a en nada acogedora donde nadie de mi familia sol&iacute;a subir; el techo, m&aacute;s bajo que lo habitual, originaba que la ventana estuviera a dos palmos del suelo, desde la que se ve&iacute;a la parte delentera de nuestro jard&iacute;n. Desde all&iacute; contemplaba los dos chal&eacute;s de la acera de enfrente, acaso vac&iacute;os, y la calle que apenas nadie recorr&iacute;a, lo propio de &nbsp;las &nbsp;calles &nbsp;de &nbsp;un &nbsp;barrio &nbsp;de &nbsp;las &nbsp;afueras entonces; el &uacute;nico leve ruido que o&iacute;a era el de la carcoma en alguna madera vieja, pero hab&iacute;a que esforzarse en escuchar y entonces estremec&iacute;a el ronroneo hondo en la materia profundo. Sin duda fue el primer espacio confidente, beneficioso por las horas que all&iacute; pasaba. Le&iacute;a cuanto me era posible y dibujaba escenas de las historias que m&aacute;s me gustaban.</p>
<p>&nbsp;Pero hab&iacute;a calma, esa condici&oacute;n importante para entrar en las galer&iacute;as profundas de la conciencia. Escribi&oacute; Rilke en un poema: &ldquo;La noche es mi libro&rdquo; pero alguien, un ni&ntilde;o, podr&iacute;a decir &ldquo;La calma es mi libro&rdquo; porque sent&iacute; la necesidad de estar en sosiego, porque la&nbsp; cristalizaci&oacute;n del silencio, de la quietud, de las ausencias, de la atm&oacute;sfera del libre pensamiento hac&iacute;a que todo ayudase no solo a divagar sino a inquirir tal como se pasan las hojas de un libro: se releen p&aacute;rrafos y se busca otro cap&iacute;tulo con el deseo de entender y hacer nuestro un pasaje. El pensamiento puede ir y venir pero la paz lo protege, lo mantiene.</p>
<p>Entre mis cuidados, el objeto predilecto era la librer&iacute;a: unas tablitas finas como estantes, donde se ordenaban los libros de cuentos; aunque no acortasen la distancia con el mundo circundante, a ellos recurr&iacute;a como entrada a un recinto grato. Los rele&iacute;a muchas veces y las caras y apariencia de los graciosos personajes de las ilustraciones de Pinocho y Chapete se hac&iacute;an familiares y formaban parte de mi tendencia a dibujar. As&iacute; fue naciendo la necesidad de los libros, tocarlos, conservarlos, alinearlos en uno u otro orden y como consuelo en momentos en que hab&iacute;a habido rega&ntilde;os.</p>
<p>Una ma&ntilde;ana al entrar en mi habitaci&oacute;n me vino al pensamiento la figura de un hombre vestido como cualquiera de la clase media, que estaba sentado en una roca y a &eacute;sta la rodeaba agua, el mar.</p>
<p>Fue muy intensa esta imagen y me estremeci&oacute; porque no comprend&iacute; qui&eacute;n era aquel ni qu&eacute; relaci&oacute;n ten&iacute;a con nadie de nuestro ambiente, y la misma nitidez y claridad que por una fracci&oacute;n de segundo tuve ante m&iacute; fue m&aacute;s impresionante. Deb&iacute; de quedar muy asustado y por eso baje y se lo cont&eacute; a mi hermana y acaso a&ntilde;ad&iacute; que &ldquo;lo hab&iacute;a visto&rdquo;. Era l&oacute;gico que esta informaci&oacute;n se trasladase r&aacute;pidamente a mis padres. No me puede extra&ntilde;ar que suscitase inquietud como rareza mental y motiv&oacute; recomendaciones de reducir lecturas, no fuera a pasarme lo que al hidalgo Alonso Quijano, seg&uacute;n oportunamente alguien me record&oacute;. Pero ahora s&eacute; que se trat&oacute; de una exteriorizaci&oacute;n de mi prematura conciencia del aislamiento y la soledad que creaba aquella peque&ntilde;a habitaci&oacute;n: el tipo sentado tranquilamente en la roca era yo, si bien entonces me fuese imposible deducirlo.</p>
<p>En aquellos tiempos con quien yo m&aacute;s hablaba y m&aacute;s atend&iacute;a era con mi madre a la que no recuerdo alarmada por mi visi&oacute;n Oigo que canta mientras se ocupa de algo en el jard&iacute;n que rodea la casa. La veo en la semi penumbra de la tarde, tiene las manos manchadas de tierra h&uacute;meda, lleva una especie de delantal de lona, maneja un almocafre, la palabra que ella emple&oacute; para designar un peque&ntilde;o azad&oacute;n que us&oacute; cuando plant&oacute; unas semillas en los macizos abandonados: eran violetas y en el invierno nos sorprendi&oacute; esa flor fr&aacute;gil, de color pur&iacute;simo, aterciopelado, y secretamente femenina que resist&iacute;a el fr&iacute;o y cuya belleza ser&iacute;a para mi madre compensaci&oacute;n de alguna ilusi&oacute;n irrealizable.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 10 Mar 2014 07:14:41 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sobre la tumba del poema]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/sobre-la-tumba-del-poema/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/LEOPOLDO_MAR_A_PANERO.JPG" alt="" width="272" height="202" /></p>
<p>Cuarenta y cinco a&ntilde;os despu&eacute;s de la aparici&oacute;n de su primer libro, Leopoldo Mar&iacute;a Panero (Madrid, 1948 &ndash; Las Palmas de Gran Canaria, 2014) es &mdash;a pesar de no haber recibido ning&uacute;n reconocimiento oficial en forma de premio literario por ninguna instituci&oacute;n p&uacute;blica, en un pa&iacute;s como el nuestro, tan dado a organizar saraos y a conceder prebendas de ese tipo&mdash; un poeta esencial, una voz que desde el margen y la heterodoxia ha conseguido convocar a un nutrido grupo de lectores que ha encontrado en su escritura un llamamiento a la insubordinaci&oacute;n y la rebeli&oacute;n permanentes. Un poeta que &mdash;sin haber contado con el apoyo del <em>establishment</em> de la cr&iacute;tica literaria y sin haber sido objeto de la atenci&oacute;n de la academia&mdash; ha logrado que las tiradas de sus libros superen con creces la media de las ediciones po&eacute;ticas que ven la luz por estas latitudes. En poes&iacute;a, a veces ocurre que el p&uacute;blico lector responde con su atenci&oacute;n cuando se dan condiciones de singularidad, y en este caso as&iacute; ha sucedido. Por lo dem&aacute;s, habr&iacute;a que recordar que una editorial ocupada desde hace d&eacute;cadas en la construcci&oacute;n de la historia de la literatura espa&ntilde;ola y sus procesos de canonizaci&oacute;n, C&aacute;tedra (con su colecci&oacute;n Letras Hisp&aacute;nicas), ya prest&oacute; inter&eacute;s por este poeta al encargar a Jenaro Talens la edici&oacute;n de la antolog&iacute;a <em>Agujero llamado Nevermore (Selecci&oacute;n po&eacute;tica 1968-1992)</em>; corr&iacute;a 1992 y con ese volumen la colecci&oacute;n citada abr&iacute;a sus puertas a la <em>generaci&oacute;n nov&iacute;sima</em> (de hecho, Panero fue el primer poeta nacido tras la guerra civil en reunir en dicha colecci&oacute;n una muestra significativa de su obra publicada hasta ese momento).</p>
<p>Y ahora, en Visor &mdash;una editorial que desde 1979, a&ntilde;o en que se publica <em>Narciso en el acorde &uacute;ltimo de las flautas</em>, uno de sus mejores libros, ha prestado una atenci&oacute;n regular a nuestro poeta&mdash; ve la luz <em>Poes&iacute;a completa (2000-2010)</em> (2012), volumen que es continuaci&oacute;n de <em>Poes&iacute;a completa. 1970-2000</em> (2001), ambos editados al cuidado del mejor conocedor de esta escritura, T&uacute;a Blesa, un <em>scriptor</em> que ha demostrado su autoridad en la materia en diversos ensayos, entre ellos el fundamental <em>Leopoldo Mar&iacute;a Panero, el &uacute;ltimo poeta</em> (1995). A estas alturas, es una obviedad &mdash;al menos, para cualquier lector m&iacute;nimamente relacionado con esta poes&iacute;a&mdash; se&ntilde;alar el hecho de que nos encontramos con un alquimista de la palabra, un poeta que ha convertido el lenguaje en un motivo recurrente, casi obsesivo, a lo largo de su ya amplia y consolidada trayectoria literaria y ensay&iacute;stica, una trayectoria iniciada en 1968 con la <em>plaquette</em> <em>Por el camino de Swann</em> y que hoy contin&uacute;a abierta (con m&aacute;s de sesenta libros en su haber, la inmensa mayor&iacute;a de poes&iacute;a, a los que hay que a&ntilde;adir algunos otros de narrativa, ensayo y unas traducciones).</p>
<p>Aquel acontecimiento editorial de 1992, primero, y despu&eacute;s los an&aacute;lisis de algunos lectores han contribuido sin duda ninguna a la <em>canonizaci&oacute;n</em> de un poeta al que las solapas y contracubiertas de sus libros &mdash;y luego una cr&iacute;tica a menudo <em>acr&iacute;tica</em>, reacia al rigor, amiga de la interpretaci&oacute;n m&aacute;s simplona y partidaria del encasillamiento y el ep&iacute;teto m&aacute;s espectacular&mdash; han etiquetado con frecuencia como <em>marginal</em>, <em>maldito</em> y <em>heterodoxo</em>, cuando la realidad parece indicar otra cosa y los editores &mdash;conscientes de que se trata de un escritor con un considerable tir&oacute;n comercial&mdash; no cejan en el intento de conseguir un nuevo in&eacute;dito suyo (y nuestro poeta, desde hace ya algunos a&ntilde;os, todo hay que decirlo, no resulta muy dif&iacute;cil de convencer).</p>
<p>El volumen que aqu&iacute; se rese&ntilde;a, <em>Poes&iacute;a completa (2000-2010)</em> (2012), recoge, como se&ntilde;ala el responsable de la edici&oacute;n, adem&aacute;s de la escritura po&eacute;tica referida al per&iacute;odo indicado en el t&iacute;tulo, un poema de 1979, &ldquo;Isidoro Isou, o la gram&aacute;tica del subnormal&rdquo;, y un libro de 1999, <em>Abismo</em>, dos textos que por diversas circunstancias no entraron en la recopilaci&oacute;n de 2001. Tal como se indica en la nota a la edici&oacute;n, el editor se ha volcado en una labor de recuperaci&oacute;n y <em>limpieza</em> de una escritura que, en sus soportes originales &mdash;manuscritos y mecanoescritos del poeta&mdash;, presentaba enormes dificultades (errores en la mecanograf&iacute;a y en la transcripci&oacute;n de citas ajenas, tomadas de memoria del espa&ntilde;ol y de otras lenguas, tachaduras, evidentes faltas de ortograf&iacute;a, etc.); en esas circunstancias, y al calor de la consigna acad&eacute;mica &ldquo;limpia, fija y da esplendor&rdquo;, parec&iacute;a obligado ese trabajo de higienizaci&oacute;n que permitiera la lectura de los textos de la manera m&aacute;s clara posible, y ello sin excederse en el &aacute;mbito de las estrictas competencias editoriales y sin traicionar la voluntad del poeta.</p>
<p>Aunque con diferente intensidad y con desigual acierto cr&iacute;tico a lo largo de su obra, Panero, en ocasiones verborr&aacute;gico, no ha dejado de construir un lenguaje en las fronteras de la literatura, traspasando con frecuencia sus contornos, como si la instituci&oacute;n literaria dibujara un paisaje demasiado angosto, sus l&iacute;mites le resultaran insoportables y tuviera la necesidad de experimentar constantes intentos de fuga, y ah&iacute; quiz&aacute;s radique alguna de las razones por la que esta poes&iacute;a no ha sido institucionalmente reconocida ni distinguida con ning&uacute;n premio de alcance nacional en una sociedad como la espa&ntilde;ola, en la que sin embargo los premios literarios son &mdash;como record&aacute;bamos m&aacute;s arriba&mdash; moneda com&uacute;n, trat&aacute;ndose, sin embargo, de una poes&iacute;a que es una y otra vez contestada con la respuesta de la lectura, el mejor, sin duda, de los premios posibles.</p>
<p>As&iacute;, a lo largo de libros como <em>Teor&iacute;a del miedo</em> (2001), <em>Buena nueva del desastre</em> (2002), <em>Danza de la muerte</em> (2004), <em>El hombre elefante</em> (2005) o, entre otros, <em>Escribir como escupir</em> (2008) Panero ha ido desarrollando a lo largo de todos estos a&ntilde;os un lenguaje po&eacute;tico entendido a la manera de un virus capaz de hacer saltar por los aires su propio sistema inmunol&oacute;gico, dentro pero tambi&eacute;n al margen de ese mismo lenguaje, en un territorio donde la raz&oacute;n, la verdad y la belleza presentan rostros an&oacute;malos, asim&eacute;tricos, extra&ntilde;os, diferentes de los habituales, un lenguaje que supone un duro y pesado aldabonazo en las conciencias. Por a&ntilde;adidura, las deliberadas faltas de ortograf&iacute;a, la frecuente utilizaci&oacute;n de un l&eacute;xico considerado habitualmente por la cr&iacute;tica como <em>apo&eacute;tico</em> (cuando no vulgar o, directamente, soez) y la constante recreaci&oacute;n de &aacute;mbitos tem&aacute;ticos ignorados por actitudes art&iacute;sticas conservadoras hacen de este poeta un ejemplo paradigm&aacute;tico de eso que en otros lugares he denominado <em>est&eacute;tica de la otredad</em>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Ajeno a todo tipo de consignas basadas en la inspiraci&oacute;n o la revelaci&oacute;n, Panero no ha dejado de apuntalar un lenguaje po&eacute;tico sobre la lectura, la confluencia de diferentes voces y registros, la intertextualidad, el esfuerzo y el trabajo permanentes, un lenguaje concebido a la manera de un barreno &mdash;la met&aacute;fora es de Joaqu&iacute;n Marco&mdash; dedicado a perforar el centro de la realidad y acercarse as&iacute; lo m&aacute;s posible a ese n&uacute;cleo oscuro e inquietante que revela la palabra po&eacute;tica, una palabra orientada hacia <em>la</em> <em>pens&eacute;e du dehors</em> foucaultiana, un pensamiento en el que el sujeto que habla ya ha sido desplazado por su propio discurso y en el que la literatura se entiende como el espejo que nos devuelve una realidad insoportable. He ah&iacute;, quiz&aacute;s, uno de los objetivos prioritarios de este poeta, incumplido, me temo, puesto que el panorama po&eacute;tico espa&ntilde;ol contempor&aacute;neo responde m&aacute;s a las leyes de la mercadotecnia que a las de la est&eacute;tica, contin&uacute;a prestando m&aacute;s atenci&oacute;n a los nombres que a las propuestas de escritura, m&aacute;s a los fuegos de artificio y las an&eacute;cdotas protagonizadas por los personajes &mdash;las m&aacute;scaras&mdash; en el siniestro circo medi&aacute;tico de las relaciones sociales que a los propios textos literarios, m&aacute;s a las listas de &eacute;xitos y los c&aacute;nones que intentan construir unos suplementos literarios cada d&iacute;a m&aacute;s plegados al servicio de determinados intereses comerciales que a las v&iacute;as a menudo subterr&aacute;neas por las que transcurre con frecuencia la poes&iacute;a, al menos cierta poes&iacute;a, como es el caso de esta que aqu&iacute; nos ocupa.</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p>Leopoldo Mar&iacute;a Panero, <em>Poes&iacute;a completa (2000-2010)</em>, edici&oacute;n de T&uacute;a Blesa, Madrid, Visor, 2012.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h1 align="left">&nbsp;</h1>
<h1 align="left">&nbsp;</h1>
<p align="right">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 07 Mar 2014 07:20:30 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tres poemas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/tres-poemas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/ANA_MERINO.jpg" alt="" width="238" height="357" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>I</strong></p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Aqu&iacute; comienzan los d&iacute;as nuevos,</p>
<p>tienen u&ntilde;as blancas y son impacientes;</p>
<p>puedes nombrarlos despacio</p>
<p>y reconocer en ellos su locura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Comienzan cuando decides ahogarte en una mesa de cristal</p>
<p>llenando tu garganta de amapolas;</p>
<p>y a nadie le sorprende el temblor de tus labios</p>
<p>en la lenta hermosura de cada suicidio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>II</strong></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>Han sido tantas</p>
<p>las horas que pas&eacute; sin detenerme</p>
<p>apretando el paso,</p>
<p>firme en mi decisi&oacute;n de no sentirte,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>que ahora</p>
<p>no conozco el camino de regreso</p>
<p>a mi peque&ntilde;a casa,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>a la sombra azulada de todos los momentos</p>
<p>que guard&eacute; entre los dientes de la risa</p>
<p>cuando no eras la voz de este silencio</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>III</strong></p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Siempre aparecen rincones imposibles</p>
<p>para que nunca me quede all&iacute;</p>
<p>y tenga que marcharme con congoja,</p>
<p>sin apenas haberme despedido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tu casa era infinita por los huecos</p>
<p>que llenamos de desorden y de risas;</p>
<p>pero estabas atado a tiempos inciertos</p>
<p>y me tuve que ir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ahora cuando recorro tu calle,</p>
<p>y Madrid se vuelve lluvioso,</p>
<p>me paro en el portal y pienso</p>
<p>que tu casa es demasiado peque&ntilde;a</p>
<p>para los grandes viajes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 06 Mar 2014 08:27:46 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La luna yace...]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-luna-yace/</link>
      <description><![CDATA[<p style="text-align: left;"><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/EDUARDO_MOGA.jpg" alt="" width="308" height="226" />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;<em>Sant Quirze del Vall&egrave;s</em>, San Juan, 2006</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p>La luna yace en el horizonte, como un absceso de luz. Ha engordado: es un agujero de oropimente en el cr&aacute;ter sin bordes de la noche [los meteor&oacute;logos dicen que se trata de un efecto &oacute;ptico, pero no saben explicarlo: la ciencia es un vadem&eacute;cum de met&aacute;foras. Hac&iacute;a dieciocho a&ntilde;os que no coincid&iacute;an la luna llena y el solsticio de verano, puntualizan, como si eso aclarara algo]. Las calles no existen; nosotros las creamos: se dilatan a nuestro paso, goteantes de negrura, y luego se extinguen, engullidas de nuevo por la inconcreci&oacute;n. Luces estridentes abren, en un laberinto de nadas, simas instant&aacute;neas, que boquean con avidez y se suman a la nada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Suenan estallidos acolchados en los jardines y los vertederos. Una bolsa de pl&aacute;stico, laxa como una medusa, emborrona el aire [como en <em>American Beauty</em>, cuando el protagonista, Wes Bentley, le ense&ntilde;a a la chica su filmaci&oacute;n de una bolsa revoloteando en una calle desierta, y le pregunta: &laquo;&iquest;Has visto jam&aacute;s algo m&aacute;s hermoso?&raquo;. Y tiene raz&oacute;n: sus im&aacute;genes son de una belleza inexplicable]. Una lata ya eventrada vuelve a pulverizarse, bajo los efectos de m&aacute;s p&oacute;lvora [una p&oacute;lvora domesticada, por m&aacute;s que ma&ntilde;ana los peri&oacute;dicos se llenen de noticias sobre quemaduras de ni&ntilde;os y amputaci&oacute;n de dedos (y as&iacute; ha sido: siete heridos graves, se&ntilde;ala la prensa del veinticinco)]. Hay desperdicios chinos en los suelos manchados, y cielos doblemente ennegrecidos: las lentejuelas de la pirotecnia oscurecen lo oscuro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Deflagra un manojo de luces. Se dispersan los esputos ardientes en la gruta del cielo. El estruendo se deshilacha en ruidos oleosos. Se oyen r&aacute;fagas hambrientas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bebo. Hablo. R&iacute;o. Comparte la cena una pareja de amigos de nuestros anfitriones, con sus dos hijos. Su simplicidad me fascina y, a la vez, me repele; lo elemental me resulta asfixiante. Al marido, cuando nos quedamos solos en el jard&iacute;n, mientras los dem&aacute;s se afanan en traer bandejas, le digo que uno se aleja sin remedio de sus aficiones juveniles, y que as&iacute; me ha sucedido con la verbena y los petardos, y con el f&uacute;tbol, cuyo atractivo ha palidecido, hasta casi desaparecer, con los a&ntilde;os. [Lo mismo me ha pasado con la poes&iacute;a, a&ntilde;ado ahora: cada vez se me hace m&aacute;s dif&iacute;cil encontrar una lectura placentera o escribir un poema satisfactorio; quiz&aacute; por eso recurro a la prosa, aunque sea en verso]. Me responde que, en su caso, no ha sido as&iacute;: todav&iacute;a le gusta lo mismo que le gustaba de ni&ntilde;o. &iquest;Ah, s&iacute;?, pregunto yo. &iquest;El qu&eacute;? Las motos, responde. Y a&ntilde;ade: &laquo;Llegu&eacute; a tener cinco a la vez, aunque luego las fui vendiendo. Ahora me vuelve a apetecer tener una&raquo;. Qu&eacute; espanto, pienso, pero a &eacute;l le brillan los ojos de entusiasmo [parecen dos hongos luminosos en un cr&aacute;neo despoblado]. Al despedirnos, pondera con leg&iacute;timo orgullo las virtudes de su flamante <em>Sc&eacute;nic</em>. S&iacute;, es un coche magn&iacute;fico, convengo yo, sin saber nada del <em>Sc&eacute;nic </em>ni de coches.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pretendemos ver luego una de las hogueras del pueblo, delante de la biblioteca municipal. Por suerte no la har&aacute;n <em>en </em>la biblioteca, bromeo. Arder&iacute;a de perlas, responde mi anfitri&oacute;n: sospecho que su chascarrillo no es una broma. Recorremos las calles iguales de la urbanizaci&oacute;n, un laberinto de c&oacute;nyuges y gotel&eacute;. [La homogeneidad de las formas ha de conducir necesariamente a la del pensamiento]. Pero la hoguera no est&aacute;: en el descampado s&oacute;lo hay un avispero de ni&ntilde;os y un tableteo rubio. [Recuerdo las hogueras de mi infancia: monta&ntilde;as de madera y escay, sobre el asfalto torturado, del que emerg&iacute;a una lengua ind&oacute;cil, que repart&iacute;a lametazos anaranjados. En el calor sobrenadaban p&aacute;jaros turbulentos. Hab&iacute;a olores a gato y a moho, lentitudes de n&iacute;spero y de metacrilato, transparencias. El salitre se pegaba a los minutos].</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los ni&ntilde;os se duermen. S., la hija de los anfitriones, descansa en un sof&aacute; con la despreocupaci&oacute;n de la ni&ntilde;ez y la plenitud auroral de la adolescencia. El pecho ya convexo empuja un corpi&ntilde;o insuficiente. Tiene los labios entreabiertos y los p&oacute;mulos de cera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Penetramos en la noche. Una gasolinera chorrea resplandores fucsias. A&uacute;n hay alg&uacute;n estallido, asordinado por la distancia. Creo que un <em>Sc&eacute;nic </em>est&aacute; repostando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me tomo el somn&iacute;fero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>[Poema VI de <em>Bajo la piel, los d&iacute;as</em>, in&eacute;dito]</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 06 Mar 2014 07:23:22 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En el nombre de Keats]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/en-el-nombre-de-keats/</link>
      <description><![CDATA[<p style="text-align: left;" align="right"><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/EDUARDO_BOIX.jpg" alt="" width="269" height="230" /><em></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>A Joaqu&iacute;n Juan Penalva</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>A Sandro Maci&aacute;</em></p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p>Poco antes de morir mi padre me agarr&oacute; de la pechera y me dijo enfadado:</p>
<p class="Prrafodelista">-A ti no te gust&oacute; nunca el f&uacute;tbol.</p>
<p>Tal vez ten&iacute;a raz&oacute;n. Es m&aacute;s, ten&iacute;a toda la raz&oacute;n, nunca me gust&oacute; el futbol, ni para verlo ni para practicarlo. Me parec&iacute;a una p&eacute;rdida de tiempo pasar noventa minutos viendo a veintid&oacute;s t&iacute;os detr&aacute;s de un bal&oacute;n. Hab&iacute;a cosas m&aacute;s importantes que hacer o a m&iacute; me lo parec&iacute;an: escuchar el viento, ver llover tras las ventanas de casa, escribir nombres de mujer en el vaho que se forma en los cristales... Estaba claro que nos gustaban cosas diferentes, que hab&iacute;amos venido a este mundo con conceptos distintos de lo que es la diversi&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mi padre intent&oacute; por activa y por pasiva que me gustase el f&uacute;tbol. Uno de los primeros recuerdos que me viene de la infancia es mi padre gritando un gol en el estadio Mart&iacute;nez Valero, mientras el Real Madrid goleaba al Elche. No hered&eacute; esa pasi&oacute;n por el deporte del bal&oacute;n, lo que s&iacute; me qued&oacute; fue el gusto por el cine de Fellini. Como todo hombre, am&eacute; aquellos pechos enormes de la estanquera de <em>Amarcord</em>, am&eacute; a las mujeres que rodeaban a los protagonistas de <em>8 y medio</em> y siempre quise ser parte de ese imaginario del neorrealismo italiano.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Realmente el f&uacute;tbol me dio m&aacute;s de un disgusto. Como no exist&iacute;a otro juego m&aacute;s en el colegio, cuando se hac&iacute;a el reparto de los jugadores siempre acababa siendo el &uacute;ltimo, aunque era lo mejor que te pod&iacute;a pasar, porque, si te tocaba ser el portero, todo acababa en desastre. Yo, al ver venir el bal&oacute;n, acaba cubri&eacute;ndome como un bichobola, con armaz&oacute;n incluido, con lo que siempre era el hazmerre&iacute;r. Pero me tragaba todos los programas deportivos, <em>Estudio estadio</em>, <em>El d&iacute;a despu&eacute;s</em>, para tener al menos un tema con el que hablar a la salida del colegio de regreso a casa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Solo por intentar complacerle, cansado de ser el torpe del colegio, le ped&iacute; que me llevara a probar en alg&uacute;n equipo. Los dos equipos juveniles rivales de la &eacute;poca eran el Intango y el Kelme; todo chaval al que le gustase el f&uacute;tbol so&ntilde;aba con jugar en alguno de ellos. No recuerdo muy bien en cu&aacute;l de ellos prob&eacute;, lo que s&iacute; s&eacute; es que se constat&oacute; lo malo que era. Aquel hombre bajito y con bigote, que supuestamente hac&iacute;a las veces de entrenador, me gritaba:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -&iexcl;Mete cuerpo! &iexcl;Mete m&aacute;s cuerpo!</p>
<p>Nunca llegu&eacute; a comprender si lo hac&iacute;a para meterse con mi voluminosa figura o aquella expresi&oacute;n la hab&iacute;a escuchado en alg&uacute;n partido, ya que no ten&iacute;a mucha pinta de leer manuales sobre el deporte rey. Acab&eacute; reventado de mi primer y &uacute;nico acercamiento al balompi&eacute;. Era gordito y me gustaba la literatura, estaba sentenciado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mi padre, lejos de desilusionarse, me dej&oacute; hacer. A m&iacute; lo que realmente me gustaba era leer e inventar historias. No todos pod&iacute;amos ser Gary Lineker, Maradona o Pardeza. Se resign&oacute; el hombre a tener un hijo que quer&iacute;a ser periodista, escritor o ambas cosas. Lo bueno que ten&iacute;a es que me encantaba fabular y el f&uacute;tbol daba todo lo necesario para crear grandes historias. Se podr&iacute;a definir a este deporte como los circos de la Roma cl&aacute;sica de la &eacute;poca contempor&aacute;nea. De ni&ntilde;o disfrut&aacute;bamos con los cromos, las alineaciones de los equipos. La quinta del buitre, El Dream Team de Cruyff o la naranja mec&aacute;nica de Van Basten fueron hitos dif&iacute;ciles de superar. En el campo, con mis primos, todos quer&iacute;amos ser Arconada o Santillana. Extra&ntilde;amente me aburr&iacute;a y aburre el deporte en s&iacute;, pero me fascinaba y me fascina todo lo que mueve a su alrededor. Tal vez exista una po&eacute;tica en ese juego, movimientos coordinados y medidos, la b&uacute;squeda del triunfo, la glorificaci&oacute;n de unos hombres que acaban siendo leyendas o mitos, los nuevos dioses.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los domingos por la tarde, mientras yo intentaba memorizar las tablas de multiplicar, a lo lejos, un viejo transistor torpedeaba mi concentraci&oacute;n con el <em>Carrusel deportivo</em>. Aquellas voces con un ritmo trepidante relataban las jugabas como si les fuera la vida en ello. A veces, cuando el maestro de matem&aacute;ticas nos preguntaba la lecci&oacute;n, yo segu&iacute;a escuchando a aquellos comentaristas relatar el falso fuera de juego que le hab&iacute;an pitado a Butrague&ntilde;o.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Durante un tiempo pens&eacute; que era una <em>rara avis</em>, un t&iacute;o extra&ntilde;o al que no le gustaba el f&uacute;tbol. No era de este planeta, ni de este mundo, y acabar&iacute;a confinado en un lugar solo, sin m&aacute;s compa&ntilde;&iacute;a que mis libros. Con el paso de los a&ntilde;os, descubr&iacute; que no, que hab&iacute;a m&aacute;s gente como yo, e incluso peores, que eran capaces de rechazar todo lo que estuviera relacionado con el mencionado deporte. Pero, a veces, hasta lo que menos te gusta te acaba explotando en la cara. Mi amigo Joaqu&iacute;n Juan Penalva es uno de estos casos. Su poca pasi&oacute;n por el f&uacute;tbol le ha hecho un gran amante de los libros; con esto no quiero decir que f&uacute;tbol y literatura sean incompatibles, son numerosos los casos de poetas-futboleros, pero su vida siempre fue por otros derroteros. Quiso la providencia darle un hijo futbolero, m&aacute;s que futbolero forofo, as&iacute; que el pobre de Joaqu&iacute;n, haga fr&iacute;o, viento, sol o truene, cada dos domingos acerca a Joaqu&iacute;n Jr. a ver al Novelda. Muchas jornadas fantasea con llevarse un libro de Keats y, en plena jugada al borde del &aacute;rea, cuando la emoci&oacute;n se puede cortar con cuchillo, en el nombre de Keats, comenzar a recitar <em>La ca&iacute;da de Hiperi&oacute;n (Sue&ntilde;o):</em></p>
<p><em>Tienen los locos sue&ntilde;os donde traman</em></p>
<p><em>el&iacute;seos de una secta. Y el salvaje</em></p>
<p><em>vislumbra desde el sue&ntilde;o m&aacute;s profundo</em></p>
<p><em>lo celestial. Es l&aacute;stima que no hayan</em></p>
<p><em>transcrito en una hoja o en vitela</em></p>
<p><em>las sombras de esa lengua melodiosa</em></p>
<p><em>y sin laurel transcurran, sue&ntilde;en, mueran.</em></p>
<p><em>Pues s&oacute;lo la Poes&iacute;a dice el sue&ntilde;o,</em></p>
<p><em>con hermosas palabras salvar puede</em></p>
<p><em>a la Imaginaci&oacute;n del negro encanto</em></p>
<p><em>y el mudo sortilegio. &iquest;Qui&eacute;n que vive</em></p>
<p><em>dir&aacute;: "no eres poeta si no escribes/tus sue&ntilde;os"? </em></p>
<p><em>Pues todo aquel que tenga alma</em></p>
<p><em>tendr&aacute; tambi&eacute;n visiones y hablar&aacute;</em></p>
<p><em>de ellas si en su lengua es bien criado. </em></p>
<p>Entonces imaginar&aacute; la cara de su hijo horrorizado, intentando esconderse de aquel hombre que es su padre, que a voz en grito contin&uacute;a dando cuenta de aquel poema de Keats. A la vuelta, camino a casa, no mediar&aacute; palabra alguna entre ellos, y su relaci&oacute;n no volver&aacute; a ser la misma. Joaqu&iacute;n volver&aacute; al campo cuando su hijo le haya abrazado, tras el gol que <em>in extremis</em> habr&aacute; metido el Novelda. A la vuelta a casa su hijo le hablar&aacute; de jugadas, se quejar&aacute; de fueras de juego, le hablar&aacute; de acciones que realmente ni le podr&aacute;n importar demasiado, ya que no habr&aacute; estado atento en ning&uacute;n caso. El ni&ntilde;o, que so&ntilde;ar&aacute; con que alg&uacute;n d&iacute;a &eacute;l pueda jugar en un equipo importante, gracias a la inocencia, no se percatar&aacute; de lo poco o nada que le importa a su padre el f&uacute;tbol, que tan solo intenta conseguir minutos que estar con &eacute;l.</p>
<p class="Prrafodelista">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mi padre intent&oacute; lo contrario, convertirme en forofo de algo que nunca pude sentir. Tan solo me gustaba el f&uacute;tbol en los videojuegos, en los que tambi&eacute;n era malo, al igual que en el futbol&iacute;n, ya que mis manos de poeta pusil&aacute;nime nunca tuvieron demasiada fuerza en las mu&ntilde;ecas. Pero me sab&iacute;a las alineaciones, me encantaban las estad&iacute;sticas y segu&iacute;a a los jugadores por su trayectoria. Me parec&iacute;a incre&iacute;ble lo que deb&iacute;a sentir un deportista de &eacute;lite y so&ntilde;aba con estar en la &eacute;lite de los escritores. Tiempo despu&eacute;s comprend&iacute; que aquel pensamiento era excesivamente naif y el golpe de realidad fue tremendo. &Eacute;lite y literatura nunca podr&iacute;an ser palabras sin&oacute;nimas; es m&aacute;s, decirle a tu familia que quer&iacute;as ser poeta en vez de futbolista convert&iacute;a el hecho en tragedia familiar asegurada.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Uno de mis juegos favoritos era crear alineaciones de la selecci&oacute;n nacional con nombres de poetas. Gil de Biedma a la porter&iacute;a, en la defensa: Lorca, Salinas, Alberti y Miguel Hern&aacute;ndez. En el centro del campo, repartiendo el juego, Machado, Goytisolo, Panero (hijo) y Espronceda. En la delantera, B&eacute;cquer y Garcilaso. Me los imaginaba en pantal&oacute;n corto, corriendo por la banda como si les fuera la vida en ello, recitando poemas cada vez que marcaban gol o se revolcaban por el suelo a causa de una falta malintencionada. E incluso los comentaristas ser&iacute;an cr&iacute;ticos literarios que elogiar&iacute;an los sonetos, las rimas, las cuartetas o los versos libres que tan magistralmente habr&aacute;n realizado los once del campo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mi padre a veces me sentaba a su lado. Me explicaba qu&eacute; era un fuera de juego, un saque de esquina, por qu&eacute; se colocaba la barrera en algunas faltas y en otras no. Mi mente estaba en otra parte, poco caso le hac&iacute;a a sus explicaciones. Yo constru&iacute;a en mi mente las vidas de mis admirados poetas, de mis queridos literatos y pensaba si a ellos les podr&iacute;a aburrir tanto el f&uacute;tbol como a m&iacute;. Recuerdo aquel d&iacute;a en que mi padre, entusiasmado, me trajo las insignias conmemorativas de la victoria del FC Barcelona en aquella Copa de Europa de Wembley, y de c&oacute;mo todos los chavales de mi generaci&oacute;n se pasaron horas y horas ensayando aquella forma de chutar de Ronald Koeman. Todav&iacute;a siguen esas insignias en un caj&oacute;n, como tantas otras cosas olvidadas. Aquel regalo me hizo menos ilusi&oacute;n que aquel d&iacute;a en que mis padres me llevaron a ver una exposici&oacute;n de Miguel Hern&aacute;ndez. Al ver aquella vieja m&aacute;quina de escribir y aquellos manuscritos, supe perfectamente cu&aacute;l era mi vocaci&oacute;n y c&oacute;mo quer&iacute;a alcanzarla. Con el tiempo, mi padre acab&oacute; claudicando y d&aacute;ndose cuenta de que aquel deporte aburrido no era lo m&iacute;o, que me podr&iacute;an interesar otras cosas y que, en el fondo, era mejor, cada uno su espacio.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al menos nos qued&oacute; la satisfacci&oacute;n a los dos de que pudi&eacute;ramos ver juntos ganar a Espa&ntilde;a un Mundial. De ni&ntilde;o, cuando la selecci&oacute;n nunca pasaba de cuartos, aquello era algo imposible, un sue&ntilde;o digno del mayor de los poetas. Hasta yo, hastiado de aquel deporte, grit&eacute; el gol que dio la victoria, e incluso acab&eacute; siendo el m&aacute;s patriota de entre los patriotas.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 05 Mar 2014 12:08:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Epigramas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/epigramas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/goytisolo.jpg" alt="" width="292" height="161" /></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Tabaco y alcohol</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me dicen que ahora debo quitarme del tabaco.</p>
<p>A mi edad es absurdo pero insisten: m&aacute;s f&aacute;cil</p>
<p>que dejar la bebida como hiciste hace a&ntilde;os.</p>
<p>No dej&eacute; la bebida; ella me dej&oacute; a m&iacute;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>No lo repetir&aacute;s</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Volver&iacute;a otra vez a romperte los labios</p>
<p>si estando yo delante bromeas o escarneces</p>
<p>a Juan: porque no s&oacute;lo por hermano le apoyo</p>
<p>sino por escritor; por su pluma insumisa.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>El diablo blanco</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Asomado a la Plaza bendiciendo a sus fieles</p>
<p>semeja hacer vud&uacute; en ceremonia haitiana</p>
<p>pero es mucho peor: en pa&iacute;ses de hambre</p>
<p>besa los aeropuertos y cena con los d&eacute;spotas.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Resaca inolvidable</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nunca vista a esa chica ni conoces su nombre</p>
<p>pero est&aacute; aqu&iacute; desnuda durmiendo en una cama</p>
<p>de hotel. &iquest;Pero en qu&eacute; hotel y en qu&eacute; ciudad te encuentras?</p>
<p>Te vistes y escapabas maldiciendo el alcohol.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Democracia infectada</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya muerto el dictador hubo elecciones libres</p>
<p>y el General dej&oacute; tras de s&iacute; corrupci&oacute;n</p>
<p>cohecho y ambiciones. La Democracia trajo</p>
<p>m&aacute;s libertas: es cierto. Pero lleg&oacute; infectada.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>No pierdas tal prestigio</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No has escrito en tu vida ni has le&iacute;do siquiera</p>
<p>ni narraci&oacute;n ni poema ni Historia ni teatro.</p>
<p>Dicen que ahora practicas Cr&iacute;tica Literaria</p>
<p>en tertulias: te aceptan. &iexcl;Pero no escribas nada!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Del libro en preparaci&oacute;n <em>Cuadernos de El Escorial</em>)</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 04 Mar 2014 07:19:26 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Indagación en la pureza]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/indagacion-en-la-pureza/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/MIGUEL_NGEL_CURIEL.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Miguel &Aacute;ngel Curiel ha sido siempre un poeta de lo elemental, en el sentido de que lo es de los elementos: de lo tel&uacute;rico con <em>Piedras</em>, de la luz con <em>Luminarias</em> y <em>Diario de la luz</em>,<em> </em>del aire con <em>Mal de altura</em> y <em>H&aacute;lito</em>. El libro que nos ocupa ahora forma parte del ciclo del agua junto con <em>Por efecto de las aguas</em> y <em>Los sumergidos</em>. Tampoco est&aacute; ausente de su obra el fuego, que asoma por las p&aacute;ginas encendidas de <em>El verano</em>. Nos hallamos, pues, en esta ya extendida y deslumbrante trayectoria po&eacute;tica, en medio de un mundo incluso anterior al mito, de fascinaci&oacute;n ante los distintos aspectos bajo los que se nos presenta la naturaleza; y as&iacute; tambi&eacute;n la palabra de Miguel &Aacute;ngel Curiel es prerracional y, por supuesto, prem&iacute;tica: no trata de explicar qu&eacute; nos ocurre en esta existencia sorprendente o por qu&eacute; sino solo de constatar qu&eacute; sentido se desarrolla aqu&iacute; en toda su pureza.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El proceso es complejo, no obstante la asombrosa sencillez de medios que siempre ha usado el poeta. Todo empieza con esa actitud de apertura total que nos dispone a &ldquo;ver el mundo&rdquo; por primera vez y que podemos llamar, para entendernos, inspiraci&oacute;n: &ldquo;Me alimento de visiones breves&rdquo; (p. 33), a la que acuden las palabras todav&iacute;a no hechas por los humanos sino por una naturaleza directamente encarnada en verbo: &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n pone esos nombres al agua sino el aire?&rdquo; (p. 27).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De esta manera, la realidad y las palabra son permeables una a otra, est&aacute;n todav&iacute;a adheridas, confundibles, en la forma bruta de la visi&oacute;n, como muestra el poema en prosa &ldquo;En una ciudad perdida&rdquo; (pp. 17-20), donde leemos expresiones como &ldquo;Necesit&aacute;bamos traducir toda la luz posible&rdquo;, con un &ldquo;nosotros&rdquo; con el que el poeta se funde con el personaje de su texto, rompiendo as&iacute; tambi&eacute;n las barreras entre el espacio literario y el espacio de la realidad. Y esto nos recuerda que con la escritura de Miguel &Aacute;ngel Curiel, como con todo poeta definitivo, hay que replantearse las cuestiones de adscripci&oacute;n gen&eacute;rica, o simplemente olvidarlas. Su l&iacute;rica coincide con lo narrativo en algunos puntos, como en el poema que acabo de citar, tambi&eacute;n con la escritura autobiogr&aacute;fica casi can&oacute;nica, como en &ldquo;Historias del agua&rdquo; (pp. 27-29), pero por todas partes podemos encontrar la presencia de la larga tradici&oacute;n de la literatura sapiencial o gn&oacute;stica: el aforismo, la reflexi&oacute;n, el enigma incluso. <em>Luminarias</em> ha llevado a su extremo esta desestabilizaci&oacute;n de los g&eacute;neros literarios.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La d&eacute;bil frontera entre la palabra y lo expresado tiene el efecto, no de crear alegor&iacute;as, simbolismos o correspondencias como en la pr&aacute;ctica de la modernidad a partir de Baudelaire, sino de poner ante los ojos del lector lo que de sentido en s&iacute; mismo tiene el mundo, antes de que lo digamos, extraerle todo su ser. Por ejemplo, cuando en &ldquo;Lance&rdquo; se nos describe la tensi&oacute;n del sedal por el peso del pez atrapado y leemos &ldquo;La muerte / tira as&iacute; de nosotros. / No quiere que se rompa / el sedal de la vida&rdquo; (p. 13) errar&iacute;amos si lo interpret&aacute;ramos como una sencilla alegor&iacute;a sobre la muerte a la manera medieval o de la predicaci&oacute;n sagrada. El instante mismo contiene en s&iacute; el exacto sentido de tensi&oacute;n extrema de que nos hace part&iacute;cipe el poeta, plenitud significativa que no depende de las palabras con que lo trasmite. Aparte de que se rompe aqu&iacute; (y &ldquo;romper&rdquo; es la palabra que aparece en el poema) toda la l&oacute;gica de la tradici&oacute;n interpretativa, que nos har&iacute;a esperar que lo que quiere la muerte es precisamente quebrar el hilo de la vida, como en el viejo motivo de las Parcas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En un sentido heideggeriano, pues, el poeta no nombra el mundo sino que hace aflorar su sentido, abre ah&iacute; el ser de las cosas en su plenitud. La c&eacute;lebre afirmaci&oacute;n del fil&oacute;sofo de Friburgo de que el poeta es &ldquo;el pastor del ser&rdquo; se convierte, no obstante, en Curiel, en duda: &ldquo;&iquest;Era yo el m&aacute;s indicado para ser all&iacute; arriba el campanero, el pastor o el zahor&iacute;? &iquest;Era yo el due&ntilde;o del eco?&rdquo; (p. 41). Y el poeta duda porque no se f&iacute;a del lenguaje tanto como lo hac&iacute;a el fil&oacute;sofo alem&aacute;n, siempre le queda la sospecha de que el lenguaje, igual que puede dar a la luz la plenitud oculta de la experiencia, tambi&eacute;n puede nombrar el vac&iacute;o y destapar nuestra vivencia como la insistencia de la nada (y aqu&iacute; aparece en escena Mallarm&eacute;): &ldquo;El nombre de las playas siempre es un nombre para llenar el vac&iacute;o del lugar. <em>El mar no necesita de nombres</em>&rdquo; (p. 55, cursiva del autor).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Otra de las &ldquo;esencialidades&rdquo; con que nos encontramos en el libro es la del tiempo. El tiempo como enigma o, mejor, como adivinanza: &ldquo;<em>&iquest;Qu&eacute; es que no es?</em>&rdquo;, con el impactante acierto de vincular la ambig&uuml;edad de su paso (&iquest;destructor o regenerador?) con la vuelta a un recuerdo infantil y su persistencia en la forma material de la tierra: &ldquo;De ni&ntilde;o sub&iacute;a arena a casa. / Esa arena, esa ni&ntilde;ez / son ya lo mismo&rdquo; (p. 21). Precisamente el poema de donde tomo estos versos, &ldquo;Lumbre en la arena&rdquo;, es el que a mi parecer se relaciona m&aacute;s con el t&iacute;tulo del libro que el que le da nombre (p. 35): &ldquo;En verano bajaban de las monta&ntilde;as / hombres cargados de nieve / y la vend&iacute;an&rdquo;. Un poema profundamente temporal que contrasta con la intemporalidad que nos quiere transmitir el t&iacute;tulo con ese infinitivo colgado de la permanencia: <em>Hacer hielo</em>. As&iacute; completamos el ciclo del sentido que no puede existir m&aacute;s que en preguntas: lo elemental, el hielo, &iquest;hay que fabricarlo, como el poema fabrica el mundo con sus palabras?, &iquest;o simplemente hay que transportarlo desde la monta&ntilde;a para ofrecerlo al resto de los hombres? Si el poema &ldquo;hace hielo&rdquo;, esto es fija, en la forma s&oacute;lida de letras sobre un papel, la naturaleza fluida y errabunda del agua, que no se deja atrapar, &iquest;est&aacute; traicionando al agua y el resultado es un trozo muerto y fr&iacute;o de materia, aunque puro en su apariencia?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las respuestas, si las hay, est&aacute;n incardinadas en la lectura del poemario, que devuelve al agua su fluidez despu&eacute;s de haber quedado por un momento suspendida en el hielo de la p&aacute;gina, un agua que nos sacude, como en esta imagen provocadora en la mejor tradici&oacute;n surrealista: &ldquo;Hay un hilo de gusano. Un infinito hilo que sale de la boca del gobernador civil. Tiran de &eacute;l hasta destejer al hombre&rdquo; (p. 23); o que nos arrastra en su intensidad como el poema &ldquo;Poder&rdquo;: &ldquo;El que huye tras las huellas en la nieve / lleva el sol en sus ojos / como un dep&oacute;sito de ceniza&rdquo; (p. 32).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con este logrado libro, digno merecedor del Premio Nacional de Poes&iacute;a &ldquo;Jos&eacute; Hierro&rdquo;, Miguel &Aacute;ngel Curiel demuestra una vez m&aacute;s que es el poeta esencial de nuestro tiempo que est&aacute; todav&iacute;a por descubrir del todo. Nadie como &eacute;l se ha sumergido en aguas tan profundas y nos ha tra&iacute;do un poco de luz en forma de hielo, el futuro (&iquest;o el pasado?) del agua, para regar-alumbrar estos pasos inciertos en la tierra, y nadie se ha acercado tanto a la pureza del decir, esquivando el expediente f&aacute;cil del silencio o sus suced&aacute;neos, porque sabe que &ldquo;Todo lo que se le dice / a los muertos / siempre es poes&iacute;a&rdquo; (p. 61)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Miguel &Aacute;ngel Curiel, <em>Hacer hielo</em>, San Sebasti&aacute;n de los Reyes, Universidad popular 2012. 68 pp. XXIII Premio Nacional de Poes&iacute;a &ldquo;Jos&eacute; Hierro&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 03 Mar 2014 07:21:40 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La obra literaria de Simone de Beauvoir]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-obra-literaria-de-simone-de-beauvoir/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/ANA_MAR_A_MOIX.jpg" alt="" width="323" height="215" /></p>
<p>Dejando de lado los libros dedicados al ensayo pol&iacute;tico, al ensayo feminista y los vol&uacute;menes&nbsp; que recogen su peculiar experiencia como viajera atenta e infatigable, la obra literaria de Simone de Beauvoir (1908-1986) comprende dos g&eacute;neros (las <em>Memorias</em> y la novela) que, a nuestro personal entender y en el caso de esta autora, no podemos revisar por separado ya que, al tiempo que se complementan, constituyen un mismo universo si no ling&uuml;&iacute;stico s&iacute; ideol&oacute;gico, anecd&oacute;tico y humano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Escribir siempre ha sido la gran preocupaci&oacute;n de mi vida&rdquo;, repiti&oacute; Simone de Beauvoir en varias ocasiones. Al acabar sus estudios, mientras preparaba oposiciones y decid&iacute;a empezar a escribir, anot&oacute; en su diario: &ldquo;Mi vida ser&iacute;a una historia maravillosa que se volver&iacute;a verdadera a medida que yo la fuera escribiendo. Conocerse a uno mismo s&oacute;lo es posible narr&aacute;ndose uno mismo&rdquo;. Y, de hecho, no hizo sino narrarse a s&iacute; misma y narrar su vida y su pensamiento: de un modo directo, dirigi&eacute;ndose al lector abierta y sinceramente, en sus <em>Memorias</em>; y disfraz&aacute;ndolos con los recursos propios de la ficci&oacute;n, en sus novelas. Sin embargo, a pesar de este intento de disfrazar la realidad vivida y los personajes que la cruzaban, no existe en casi toda la obra narrativa de Simone de Beauvoir un tema, un argumento, una preocupaci&oacute;n, una idea, un personaje importante, etc. De los que no hallemos copia exacta en sus <em>Memorias</em>. De ah&iacute; que, al hablar de la obra literaria de Simone de Beauvoir, se inevitable hablar de su vida. En realidad, su escritura y su vida son inseparables. Y no consideramos oportuno reproch&aacute;rselo, como hicieron algunos cr&iacute;ticos de su &eacute;poca, argumentando que tal fusi&oacute;n se deb&iacute;a a la falta de imaginaci&oacute;n creativa, sino que nos inclinamos a considerar dicho paralelismo entre vida y obra como el producto l&oacute;gico de la concepci&oacute;n que de la literatura ten&iacute;a Simone de Beauvoir. &ldquo;Hay que hablar del fracaso &ndash;escribi&oacute;-, del esc&aacute;ndalo, de la muerte, no para despertar a los lectores sino, al contrario, para intentar salvarlos de la desesperaci&oacute;n&hellip; Una desgracia que encuentra las palabras para ser dicha ya no es una exclusi&oacute;n radical. El lenguaje nos reintegra a la comunidad humana&rdquo;. Esta funci&oacute;n del lenguaje, y por lo tanto de la palabra, implica una concepci&oacute;n de la literatura muy determinada y muy discutida, que los te&oacute;ricos de los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os han echado por los suelos, pero que fue esencial en las literaturas europeas durante los a&ntilde;os que siguieron a la segunda guerra mundial. Una concepci&oacute;n de la literatura como medio de reintegrarse a la comunidad humana comportaba una valoraci&oacute;n de los hechos humanos y de la realidad a los que el pensamiento y la palabra del escritor no pod&iacute;an, en absoluto, resultar ajenos y que conduc&iacute;a, directamente, a la militancia de la realidad, al compromiso &eacute;tico, moral e intelectual.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En su hist&oacute;rico libro <em>El segundo sexo</em>, Simone de Beauvoir escribi&oacute;: &ldquo;La mujer no nace, se hace&rdquo;, frase por la que se convirti&oacute; en el motor de toda la literatura feminista posterior. Del mismo modo, y parangoneando a nuestra autora, &ldquo;el escritor no nace, se hace&rdquo;. Y, en sus libros de <em>Memorias</em>, explica Simone de Beauvoir c&oacute;mo se hace una escritora, c&oacute;mo se va haciendo una escritora y c&oacute;mo se van gestando los libros que esta escritora escribe. Aparte de esta cuesti&oacute;n esencial, estas <em>Memorias</em> constituyen un documento excepcional sobre una &eacute;poca, sobre unas gentes, sobre una generaci&oacute;n legendaria y sobre las relaciones que estas gentes, y sobre todo la autora, establec&iacute;an con el mundo. Se trata de un documento extraordinario destinado, creemos, a ser le&iacute;do, durante mucho m&aacute;s tiempo del que sospechamos, por los practicantes de la sociolog&iacute;a de la literatura, y, a la vez, es una obra literaria de gran magnitud escrita con una din&aacute;mica esencialmente narrativa que admite una lectura novel&iacute;stica. O quiz&aacute; ser&iacute;a m&aacute;s exacto decir que la exige por el hecho de narrar historias, situaciones y an&eacute;cdotas a partir de ideas, y por conseguir otorgar a los personajes reales, que atraviesan el relato, la fuerza propia que caracteriza a los personajes de las grandes obras de ficci&oacute;n. El talento narrativo de Simone de Beauvoir consigue, en sus Memorias, literaturizar la realidad por medio del lenguaje. En cambio, en sus novelas realiza la operaci&oacute;n contraria, y quiz&aacute; sea &eacute;sta la causa de que elementos argumentales, personajes e ideas no consigan despojarse por completo de la realidad anecd&oacute;tica de la que el lenguaje las ha tomado prestadas. De ah&iacute;, nuestra personal preferencia por su obra memorial&iacute;stica.</p>
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<p>El ciclo de <em>Memorias</em> de Simone de Beauvoir comprende <em>Memorias de una joven formal</em> (1958), <em>La plenitud de la vida</em> (1960), <em>La fuerza de las cosas</em> (1963), <em>Final de cuentas</em> (1972) y cabr&iacute;a a&ntilde;adir La ceremonia de los adioses, publicado despu&eacute;s de la muerte de Jean Paul Sartre, en 1981.</p>
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<p>El primer volumen, <em>Memorias de una joven formal</em>, abarca desde el nacimiento de la autora, en Par&iacute;s, en el a&ntilde;o 1908, hasta 1929, fecha en que ha terminado sus estudios de Filosof&iacute;a, ha conocido a Sartre y se dispone a marchar a provincias para dar clases en un instituto. En esta primera entrega de lo que ser&iacute;an sus <em>Memorias</em>, Simone de Beauvoir retrata de manera espl&eacute;ndida su infancia y adolescencia, y analiza con profundidad casi escalofriante el mundo familiar, burgu&eacute;s, y las experiencias afectivas e intelectuales vividas hasta los veinte a&ntilde;os. Los padres, Georges y Fran&ccedil;oise de Beauvoir, de situaci&oacute;n econ&oacute;mica acomodada &ndash;que perder&aacute;n- pertenec&iacute;an, ambos, a familias de formaci&oacute;n y vocaci&oacute;n burguesa tradicional, y, por consiguiente, sus dos hijas estaban destinadas a ser burguesas, francesas y cat&oacute;licas. Hasta los diez, o doce a&ntilde;os, Simone de Beauvoir estaba m&aacute;s o menos de acuerdo con este destino y gozaba de una infancia et&eacute;reamente feliz. La madre, fervorosa creyente, la educ&oacute; religiosamente mientras el padre, muy aficionado a la literatura y al teatro, incentivaba la formaci&oacute;n intelectual de la hija. Aunque, eso s&iacute;, dentro de un orden. Es decir, estimulaba su afici&oacute;n a los libros y al teatro, pero s&oacute;lo le permit&iacute;a leer los t&iacute;tulos que consideraba adecuados a la edad infantil., hecho que enfurec&iacute;a a la adolescente Simone. Primera de la clase, en el colegio Desir, era la admiraci&oacute;n de los padres y de toda la familia. Simone de Beauvoir se sent&iacute;a, pues, satisfecha con la imagen que los adultos le daban de s&iacute; misma y de la imagen que ella ten&iacute;a de sus mayores, a pesar de la insatisfacci&oacute;n que arrastraba desde sus primeros a&ntilde;os: senegaba a ser tratada como una ni&ntilde;a y consideraba que semejante trato limitaba su libertad. Y, ya sea para demostrar que era una persona adulta, ya sea debido a la curiosidad natural de los ni&ntilde;os hacia su entorno, empieza a observar y a estudiar el mundo que la rodea. Escribe: &ldquo;Le&iacute;a libros pueriles; pero incluso esto me permit&iacute;a entrever lo que interesaba por encima de todo: las posibles variaciones de la condici&oacute;n humana y de las que la gente mantiene entre s&iacute;&rdquo;. La observaci&oacute;n de los adultos la induce a pensar que ni el mundo ni el ser humano son tan perfectos y maravillosos como le han inculcado y se siente estafada. Son los a&ntilde;os de la primera guerra europea y los posteriores a la contienda. El fanatismo de los franceses y el nacionalismo furibundo de su padre la aterran. La falta de libertad impuesta por la madre, controlando cuanto lee y piensa, crea en ella un sentimiento de rebeld&iacute;a que ya no la abandonar&aacute; nunca. Las injusticias que observa a su alrededor (pobreza, miseria, guerra, mentira, sumisi&oacute;n de personalidades d&eacute;biles a las reglas autoritarias y absurdas impuestas por la sociedad, etc.) la conducen a dejar de creer en Dios, hecho que deber&aacute; ocultar a la madre cre&aacute;ndole un sentimiento de culpa que rarifica las relaciones familiares y que arrastrar&aacute; durante a&ntilde;os. Empieza a rebelarse contra las costumbres y los valores burgueses que predominan en su entorno y, al final de una adolescencia tormentosa y torturante, acaba saliendo por las noches, a escondidas de los padres, para beber y emborracharse por los bares de Montparnasse en un intento t&iacute;picamente adolescente de conocer el mundo que le ocultan. Tal sentimiento de rechazo hacia el universo reglamentado seg&uacute;n las normas establecidas se acentu&oacute; vivamente a ra&iacute;z de la historia de Zaza, una compa&ntilde;era del colegio Desir, por quien Simone de Beauvoir siente una adoraci&oacute;n que pervivir&aacute; a lo largo de toda su vida. La familia de Zaza, m&aacute;s burguesa, m&aacute;s rica, m&aacute;s religiosa que la suya, es la fuente de la rebeld&iacute;a adolescente y juvenil de Simone de Beauvoir. Juntas, Zaza y ella, planean un futuro de estudios, de viajes, de amigos comunes, de lecturas&hellip; La madre de Zaza, que conoce el ate&iacute;smo de Simone de Beauvoir y de su padre, hace cuanto puede para impedir la amistad de las j&oacute;venes, para intentar que Zaza deje de estudiar y, sobre todo, para convencer a Zaza de que lo que debe hacer ella en la vida es conseguir un buen marido. M&aacute;s tarde, cuando Simone de Beauvoir ya se ha graduado y conoce a Sartre, a Herbau y a otros amigos de la Sorbonne, Zaza se enamora de uno de ellos: Pradelle. La madrede Zaza impide las relaciones por considerar que el amigo de Sartre no es un buen partido para su hija y Zaza muere de unas fiebres m&eacute;dicamente inexplicables. Simone de Beauvoir vive la tragedia como un crimen cometido por la falsedad y el fanatismo de la burgues&iacute;a. &ldquo;La cultura burguesa &ndash;escribe- es promesa de un universo arm&oacute;nico en el que se puede gozar sin escr&uacute;pulos de los bienes de este mundo, garantiza valores seguros que se integran a nuestra existencia y proporcionan esplendor a una Idea. En nombre de esta idea, de estos valores, la burgues&iacute;a mata&rdquo;.</p>
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<p>Simone de Beauvoir intent&oacute; escribir la historia de Zaza en repetidas ocasiones, pero, seg&uacute;n sus propias palabras, nunca sali&oacute; airosa de la empresa. En <em>La plenitud de la vida</em>, segundo volumen de sus <em>Memorias</em>, cuenta que viviendo ya en Rouen, en cuyo instituto da clases, escribe una primera novela, que rompe, donde narra la historia de Zaza. Despu&eacute;s escribe los relatos Cuando predomina lo espiritual, que ella y Sartre dan por publicables, pero que el editor rechaza. Este libro no apareci&oacute; hasta el a&ntilde;o 1979 y contiene cinco novelas cortas en las que, le&iacute;das despu&eacute;s de las Memorias, encontramos las experiencias m&aacute;s definitorias vividas hasta entonces, hasta los veinte a&ntilde;os, por la autora. &ldquo;Quer&iacute;a mostrar, a lo largo de historias privadas, lo que las superaba: la profusi&oacute;n de cr&iacute;menes min&uacute;sculos y enormes que encubren los enga&ntilde;os espirituales&rdquo;. En el primer relato describ&iacute;a c&oacute;mo una amiga suya, Lisa, se marchitaba bajo el peso del misticismo y de las intrigas del Instituto Saint-Marie mientras una sensualidad reprimida la atormentaba sordamente. El segundo relato versa sobre la personalidad de una muchacha que conoci&oacute; en Marsella: Ren&eacute;e encarna la relaci&oacute;n que, en los juegos infantiles de la propia autora, exist&iacute;a entre el masoquismo y la piedad. Y a este tema le a&ntilde;ade la historia de una t&iacute;a suya, muy religiosa, que por las noches se hac&iacute;a azotar por su marido. Tambi&eacute;n en este relato satiriza los equipos sociales a los que perteneci&oacute; en sus tiempos de estudiante utilizando un tono ir&oacute;nico, falsamente objetivo, con el que imitaba a John Dos Passos. La figura femenina del tercer relato es una profesora del Instituto donde Simone de Beauvoir ejerc&iacute;a la docencia, que falsifica su personalidad para mejorar su imagen ante dos alumnas que la admiran y a las que conduce al desastre. El cuarto es la inevitable historia de Zaza /que casi cuarenta a&ntilde;os m&aacute;s tarde a&uacute;n resucitar&iacute;a en <em>Las bellas im&aacute;genes</em>, que ser&iacute;a su &uacute;ltima novela), y la quinta narraci&oacute;n es una s&aacute;tira de su propia juventud, la infancia en el colegio Desir y las vivencias experimentadas a ra&iacute;z de su crisis religiosa.</p>
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<p><em>La plenitud de la vida</em>, segundo volumen de las <em>Memorias</em>, est&aacute; dividido en dos partes. La primera abarca desde 1929 a 1939, decenio durante el que la autora da clases de filosof&iacute;a en los institutos de Tours, de Marsella y el de Rouen, mientras Sartre cumple con la misma profesi&oacute;n en Le Havre. Son los primeros tiempos de una relaci&oacute;n que durar&aacute; m&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os. A pesar de dedicarse a la ense&ntilde;anza en diferentes ciudades, se ven cada semana. Viajan continuamente de Tours a Le Havre, o de Le Havre a Marsella, y pasan los d&iacute;as libres en Par&iacute;s donde se encuentran con el grupo de amigos de Sartre, grupo al que Simone de Beauvoir se integra de inmediato y del que forman parte, entre otros, Raymond Aron, entonces socialista; Nizan, ya militante del Partido Comunista franc&eacute;s; Colette Audry, troskista; Pierre Paignez; Bost; Camille, ex amante de Sartre, actriz, pintora y dramaturga; Charles Dullin, el famoso director de teatro, etc. Tambi&eacute;n es la &eacute;poca de apasionantes lecturas que marcan, de un modo u otro, la narrativa de Simone de Beauvoir. Aparte de las lecturas filos&oacute;ficas que conducen a Sartre hacia la fenomenolog&iacute;a, leen autores ingleses y norteamericanos: John Dos Passos, Faulkner, Hemingway, Whitman, Blake, Yeats, Sean O&rsquo;Casey, Virginia Woolf, Henry James, Dreiser, Sherwood Anderson, Sinclair Lewis, Dashiel Hammet&hellip; Tanto Simone de Beauvoir como Sartre hallan en la gran corriente de la novela realista norteamericana una nueva manera de narrar mediante la utilizaci&oacute;n del di&aacute;logo y la voluntad, por parte del autor, de saber menos cosas y de pensar menos que los personajes desde cuyo punto de vista se narra la historia. Todo cuanto llega de Norteam&eacute;rica (obras de los autores citados, cine, jazz, novela negra, canci&oacute;n&hellip;) les deslumbra aunque empiezan a sospechas que Estados Unidos no es el para&iacute;so que Europa cree. Hay que tener en cuenta que, durante estos a&ntilde;os, Simone de Beauvoir y Sartre viven a&uacute;n de espaldas a la pol&iacute;tica. Conscientes de sus or&iacute;genes burgueses, se consideran intelectuales enfrentados a su propia clase social, una especie de intelectuales rebeldes, anarquizantes, que buscan el absoluto de la Bella, del Arte y de la Vida, con may&uacute;sculas. Colocan la literatura y la filosof&iacute;a en lo alto de un pedestal, como un medio para lograr crear un hombre nuevo, pero completamente al margen de los asuntos pol&iacute;ticos. Hay que se&ntilde;alar, para hacerse una idea de c&oacute;mo pensaban en aquel entonces, que en el a&ntilde;o 36, cuando el Frente Popular gan&oacute; las elecciones, se congratularon sinceramente, pero ninguno de los dos hab&iacute;a acudido a las urnas para votar. En realidad, empezaron a interesarse por la pol&iacute;tica al estallar la guerra civil espa&ntilde;ola. Hab&iacute;an viajado por Espa&ntilde;a, pa&iacute;s que les maravill&oacute;, y se indignaron porque el gobierno franc&eacute;s, socialista, no enviaba armamento a los republicanos espa&ntilde;oles mientras Alemania e Italia mandaban abundantes refuerzos en ayuda de los ej&eacute;rcitos franquistas. Corre el a&ntilde;o 1936 y la amenaza de la expansi&oacute;n del nazismo aterra a gran parte de los amigos de Simone de Beavoir y a la izquierda francesa. Sin embargo, la escritora no cree que la guerra sea posible ni tampoco que el nazismo suponga un peligro real. Es Sartre quien se alarma y empieza a pensar que han vivido de espaldas a la realidad y que es absolutamente necesario adoptar alguna posici&oacute;n pragm&aacute;tica. Pero ya es tarde. Ser&aacute; la guerra (que Sartre pasa en el frente y en un campo de concentraci&oacute;n, y Simone de Beauvoir en Par&iacute;s, como explica en la segunda parte de <em>La plenitud de la vida</em>) la que les obligar&aacute; a cambiar, radicalmente, el concepto que ten&iacute;an de la literatura, del arte y del intelectual.</p>
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<p>Pero, antes de adentrarnos en esta cuesti&oacute;n, volvamos a la primera parte de <em>La plenitud de la vida</em>. Viviendo en Rouen, Simone de Beauvoir conoce a una muchacha, Olga, que se convertir&aacute; en una de las protagonistas de su primera novela publicada, <em>La invitada</em>. Al iniciar sus relaciones, Simone de Beauvoir y Sartre establecen lo que ellos llaman un &ldquo;pacto&rdquo; que se proponen cumplir durante dos a&ntilde;os y que, transcurridos esos dos a&ntilde;os, renuevan con vistas a los pr&oacute;ximos treinta. No se casar&aacute;n ni tendr&aacute;n hijos, ya que ninguno de los dos necesita complementarse con la imagen de una reencarnaci&oacute;n que les represente sobre la tierra. Vivir&aacute;n separados, con intenci&oacute;n de no malograr su relaci&oacute;n someti&eacute;ndola a la mediocridad que caracteriza la uni&oacute;n de las parejas burguesas; cada cual ser&aacute; libre de mantener relaciones con otras personas pero de manera que tales relaciones no destruyan, en ning&uacute;n sentido, su uni&oacute;n. Terceras, e incluso cuartas personas, las hubo a lo largo de la vida de la pareja y, seg&uacute;n los casos, aceptaban el pacto durante un tiempo m&aacute;s o menos largo: el que tardaban en comprobar que este &ldquo;pacto&rdquo; entre Simone de Beauvoir y Sartre era, en verdad, indestructible. La primera &ldquo;tercera persona&rdquo; de la historia fue Olga, a quien Simone de Beauvoir conoci&oacute; en Rouen. A Olga, m&aacute;s tarde, sucedi&oacute; Lise, de caracter&iacute;sticas tan similares como la situaci&oacute;n que creaban: chica joven, incomprendida por la familia, inteligente, sin saber qu&eacute; hacer en la vida pero dotada de una gran sensibilidad y con acentuado af&aacute;n de conocimientos y poseedora de una clara vocaci&oacute;n rebelde enfrentada a los valores burgueses, intima con Simone de Beauvoir que la protege, se la lleva a Par&iacute;s, inicia una relaci&oacute;n fuertemente afectiva con ella, que despu&eacute;s se hace extensiva a Sartre. El &ldquo;pacto&rdquo; de libertades ha de mantenerse, pero la situaci&oacute;n se torna cada vez m&aacute;s neurotizante. Es el argumento de <em>La invitada</em>, donde Simone de Beauvoir exagera, dentro del mundo y las reglas de la ficci&oacute;n, los sentimientos y controversias de este primer tri&aacute;ngulo sentimental narrado en sus <em>Memorias</em>. Ni Olga era, en realidad (al menos en la realidad memorizada en <em>La plenitud de la vida</em>), tan compleja ni malintencionada como la Xavi&egrave;re de La invitada, ni Simone de Beauvoir, Fran&ccedil;oise en la novela, llev&oacute; sus celos hasta el extremo de traicionar a Xavi&egrave;re y, finalmente, matarla.</p>
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<p>Aparece, en esta novela, un tema muy caracter&iacute;stico de la obra de Simone de Beauvoir y del existencialismo: se trata de la problem&aacute;tica generada por el Otro como poseedor de la imagen de uno mismo y, por tanto, como testigo eterno de los actos que cometemos y de la interpretaci&oacute;n que este Otro les da pudiendo alterar, con su mirada, nuestra conciencia y nuestra identidad. Para destruir esta imagen, creada en el conciencia del Otro, s&oacute;lo hay una soluci&oacute;n: la muerte del Otro, el crimen. En la novela, Pierre, el protagonista masculino, a quien la autora convierte en director de teatro, es una mezcla evidente de Sartre (la escritora pone en boca de Pierre frases de Sartre que se hicieron famosas) y de Dullin, el director de escena amigo de ambos. Por lo que a t&eacute;cnica narrativa se refiere, Simone de&nbsp; Beauvoir pone en pr&aacute;ctica los recursos antes citados al hablar de los autores norteamericanos: el escritor no sabe, respecto a lo que sucede en la novela, m&aacute;s que lo que sabe el protagonista desde cuyo punto de vista se desarrolla la narraci&oacute;n, y el di&aacute;logo tiene una importancia esencial.</p>
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<p><em>La fuerza de las cosas</em>, el tercer volumen de las <em>Memorias</em>, empieza al t&eacute;rmino de la segunda guerra mundial y finaliza con el desenlace de la cuesti&oacute;n argelina que enfrent&oacute; a la izquierda francesa con el gobierno. Antes de terminar la guerra, Sartre lucha en la resistencia como miembro del grupo &ldquo;Socialismo y&nbsp; libertad&rdquo;. Despu&eacute;s de la contienda, a pesar del desprecio que el Partido Comunista Franc&eacute;s manifestaba contra los intelectuales de origen burgu&eacute;s, Sartre decide que, a fin de seguir una l&iacute;nea de acci&oacute;n pol&iacute;tica contraria a la del poder dominante, no hay m&aacute;s remedio que apoyar las propuestas comunistas. Dentro de esta l&iacute;nea de acci&oacute;n pol&iacute;tica e intelectual que tanto Sartre como Simone de Beauvoir ya no abandonar&iacute;an nunca, a lo largo de toda su vida, entra la creaci&oacute;n de una revista que tuvo una importancia capital para los intelectuales de izquierda de toda Europa durante m&aacute;s de veinte a&ntilde;os: <em>Temps modernes</em>, cuyo primer consejo de redacci&oacute;n estuvo formado por Raymond Aron, Leiris, Merleau-Ponty, Albert Olliviers, Paulhan, Sartre y Simone de Beauvoir. Camus, que frecuentaba el grupo y que colabor&oacute; en la revista, no form&oacute; parte del consejo de redacci&oacute;n porque sus funciones como director del diario <em>Combat </em>se lo imped&iacute;an.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Finalizada la guerra, Simone de Beauvoir public&oacute; <em>La sangre de los dem&aacute;s</em>, novela sobre la resistencia que la cr&iacute;tica tach&oacute; de excesivamente moralista. Despu&eacute;s sigui&oacute; <em>Todos los hombres son mortales</em>, historia de Fosca, un hombre inmortal que nace en el siglo XIII, vive diversas etapas de la historia, conoce el esplendor y las intrigas de las cortes italianas del Renacimiento, las luchas religiosas que sacuden Europa posteriormente, es consejero de Carlos I, explora las costas del nuevo continente, reaparece bajo la figura de un noble franc&eacute;s, es conspirador republicano y, cuando la autora lo presenta al lector, es un ciudadano cualquiera del siglo XX. Fosca, en el siglo XIII, elige la inmortalidad para conseguir al gloria del reino de Carmona. Pero este privilegio, la inmortalidad, s&oacute;lo le aporta la terrible capacidad de ver la destrucci&oacute;n de su pa&iacute;s y el fracaso de todas las empresas que ve aparecer sobre la tierra con la intenci&oacute;n de salvar y mejorar la humanidad, desde que nace hasta el siglo XX, y que siempre acaban en guerras, violencia y crueldad. La tesis de la novela se resume en la siguiente reflexi&oacute;n: &ldquo;Fosca, el protagonista verifica que el universo no existe, s&oacute;lo existen las individualidades. Es imposible hacer algo en favor de los hombres, los hombres s&oacute;lo dependen de s&iacute; mismos y de sus actos&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En 1954, Simone de Beauvoir obtuvo el prestigioso premio Goncourt con una de sus novelas m&aacute;s conocidas: <em>Los mandarines</em>. Se trata de un relato en clave que gira en torno a la ideolog&iacute;a y a los problemas pol&iacute;ticos de la intelectualidad francesa de la posguerra. Problemas que ocupan buena parte de <em>La fuerza de las cosas</em> y que, en esta obra de ficci&oacute;n, est&aacute;n representados y encarnados por las figuras de los dos protagonistas masculinos, Henry Perron y Dubreuil que no son sino Camus y Sartre, y la historia, alterada, de su amistad truncada. Henry Perron (Camus) es un escritor que dirige&nbsp; un peri&oacute;dico (<em>Combat</em>, en la realidad, <em>L&rsquo;Espoir</em>, en la novela), que ha luchado en la resistencia, contra el poder establecido, desde su diario independiente de izquierdas, y, ya cansado y sin vocaci&oacute;n para la pol&iacute;tica activa, rechaza cualquier alianza con el Partido Comunista con el fin de lograr salvar la situaci&oacute;n econ&oacute;mica de su peri&oacute;dico y, tambi&eacute;n, colaborar en una l&iacute;nea de acci&oacute;n m&aacute;s efectiva. Vive continuamente tentado por volver al ejercicio de la literatura, actividad que considera muy por encima de la pol&iacute;tica. Dubreuil&nbsp; (Sartre) mantiene la posici&oacute;n contraria: la lucha pol&iacute;tica no puede ser una actividad ajena a la literatura y, dada la situaci&oacute;n, es preciso colaborar con el Partido Comunista como fuerza m&aacute;s representativa y activa de la oposici&oacute;n al mundo capitalista y burgu&eacute;s. A pesar de no estar de acuerdo con los hechos que est&aacute;n sucediendo en la URSS y que hacen referencia a la existencia de campos de trabajo donde reformar el pensamiento disidente. Un hecho que Sartre y sus compa&ntilde;eros de <em>Temps modernes</em> tienen conocimiento durante los a&ntilde;os 50 y que dudan entre hacer p&uacute;blico o silenciar. Esta pol&eacute;mica (que fue tan larga como dura) es trasladada por Simone de Beauvior a a <em>Los mandarines</em>. Naturalmente, Henry Perron (Camus) es partidario de publicr los informes que denuncian la existencia de campos de concentraci&oacute;n en la URSS, mientras Dubreuil (Sartre), que condena esta realidad, no acepta, al principio, publicarlos para no favorecer, al atacar a la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica y al Partido Comunista, a las fuerzas de la derecha y a los intereses ideol&oacute;gicos de los Estados Unidos. En <em>Los mandarines</em>, que se convirti&oacute; pronto en un best-seller, aparec&iacute;an otros elementos argumentales que escandalizaron a la cr&iacute;tica: los personajes &ndash;escritores, pintores, intelectuales, gentes de tetro, etc.- se mueven por los ambientes nocturnos habituales de la vida cotidiana de Sartre, de Simone de Beauvoir y de sus amigos, beben, se emborrachan, tienen amantes que no ocultan a su pareja&hellip; representan una nueva moralidad que nunca, antes, hab&iacute;a hecho acto de presencia en las p&aacute;ginas de la novela francesa. La propia Simone de Beauvoir (Anne, en la novela, casada con Dubreuil) narra su relaci&oacute;n amorosa con el escritor norteamericano Nelson Algren (Lewis en la ficci&oacute;n).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La obra literaria de Simone de Beauvoir se complementa con <em>Una muerte muy dulce</em> (1962), sobrecogedor relato de la agon&iacute;a y muerte de su madre; <em>Las bellas im&aacute;genes</em> (1966), un nuevo ataque contra las costumbres burguesas, y <em>La mujer rota</em> (1967). Quedan, aparte, los libros de viajes (sobre todo, los dedicados a Norteam&eacute;rica, Rusia y China) y los de ensayo filos&oacute;fico y pol&iacute;tico (<em>El pensamiento pol&iacute;tico de la derecha</em>), feminista (<em>El segundo sexo</em>) y el espl&eacute;ndido estudio dedicado a la tercera edad, <em>La vejez</em>, de los que s&oacute;lo citamos los t&iacute;tulos por considerarlos objeto de an&aacute;lisis para otra ocasi&oacute;n que, a buen seguro, no ha de faltar. El tiempo nos ir&aacute; acercando (a unos) y devolviendo (a otros) la obra total de esta autora para quien las voces cr&iacute;ticas de los &uacute;ltimos decenios no fueron del todo justas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 03 Mar 2014 07:13:14 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El sargento en la nieve]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-sargento-en-la-nieve/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/MARIO_RIGONI_STERN.jpg" alt="" width="267" height="209" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Recuerdos de la retirada de Rusia</strong></p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">Primera parte</p>
<p style="text-align: left;" align="center">El reducto</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tengo a&uacute;n impregnado en la nariz el olor que dejaba la grasa en la ametralladora candente. Retumban a&uacute;n en mis o&iacute;dos y en mi cabeza los crujidos de la nieve bajo las pisadas, los estornudos y las toses de los centinelas rusos, el rumor de la hierba seca que bat&iacute;a el viento en la orilla del Don. Retengo a&uacute;n en mi retina el cuadrado de Casiopea que contemplaba todas las noches en el cielo y los palos que sosten&iacute;an el b&uacute;nker y que ve&iacute;a encima de m&iacute; en las horas diurnas. Y rememoro siempre el terror de aquella ma&ntilde;ana de enero, la primera vez que la katiuska nos lanz&oacute; sus setenta y dos proyectiles.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Antes de que los rusos empezaran con sus ataques, en el reducto pasamos unos d&iacute;as tranquilos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Nuestro reducto se hallaba en una aldea de pescadores a orillas del Don, en tierra de cosacos. Las posiciones y las trincheras estaban excavadas en el escarpe que llegaba hasta el r&iacute;o helado. A derecha e izquierda, el escarpe acababa en sendas playas cubiertas de hierbas secas y de ca&ntilde;izares que despuntaban espinosos entre la nieve. En el lado derecho estaba emplazado el reducto de Morbegno; en el izquierdo, el del teniente Cenci. Entre nosotros y Cenci, en una casa derruida, se encontraba el escuadr&oacute;n del sargento Garrone, con una ametralladora pesada. Enfrente de nosotros, a menos de cincuenta metros, al otro lado del r&iacute;o, se hallaba el reducto ruso.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En las casas de la aldea, que a buen seguro hab&iacute;a sido pintoresca, lo &uacute;nico que segu&iacute;a en pie eran las chimeneas de ladrillo. En el &aacute;bside de la iglesia, tambi&eacute;n devastada, se hab&iacute;a instalado el mando de la compa&ntilde;&iacute;a; serv&iacute;a asimismo de atalaya y ten&iacute;a una ametralladora pesada. Ten&iacute;amos que hacer terraplenes en los huertos de esas casas arrasadas, y al remover la tierra y la nieve encontr&aacute;bamos patatas, coles, zanahorias, calabazas. A veces estaban comestibles y hac&iacute;amos sopa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En la aldea solamente hab&iacute;an quedado gatos. Ni el menor rastro de gansos, perros, gallinas, vacas: gatos y nada m&aacute;s que gatos. Unos gatos enormes y hoscos que deambulaban entre los escombros de las casas en busca de ratones. Los ratones no formaban parte de la aldea, sino de Rusia, de la tierra, de la estepa: estaban por doquier. Hab&iacute;a ratones en el refugio del teniente Sarpi, excavado en una pared calc&aacute;rea. Cuando nos acost&aacute;bamos se met&iacute;an debajo de las mantas, buscando nuestro calor. &iexcl;Ratones!</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En Navidad quer&iacute;a atrapar un gato, com&eacute;rmelo y hacerme una gorra con su piel. Prepar&eacute; un cepo, pero eran listos y no se dejaban pillar. Si lo hubiera pensado antes, lo habr&iacute;a podido matar de un tiro. Se ve que estaba empe&ntilde;ado en atraparlo con un cepo, y por eso nunca com&iacute; polenta con gato ni me hice la gorra con su piel. Cuando acab&aacute;bamos la guardia mol&iacute;amos centeno: as&iacute; entr&aacute;bamos en calor antes de acostarnos. El molino se compon&iacute;a de dos troncos cortos de roble, sujetos, en sus puntos de uni&oacute;n, por dos largos roblones. Se colaba el grano por un agujero situado en el centro, y por otro agujero, en l&iacute;nea con los roblones, sal&iacute;a la harina. Giraba con una manivela. La polenta caliente estaba lista por la noche, antes de que salieran las patrullas. &iexcl;Qu&eacute; polenta! Era dura, al estilo bergamasco, y humeaba en un caldero aut&eacute;ntico que hab&iacute;a hecho Moreschi. Seguro que era m&aacute;s sabrosa que la que se hac&iacute;a en nuestras casas. A veces ven&iacute;a a comerla el teniente, que era marquesano. Dec&iacute;a: &ldquo;&iexcl;Esta polenta es excelente!&rdquo;, y devoraba dos trozos gruesos como ladrillos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y como nosotros ten&iacute;amos dos costales de centeno y dos molinos, en la vigilia de Navidad mandamos un molino y un costal al teniente Sarpi, con nuestros mejores deseos para los soldados de nuestro pelot&oacute;n encargados de las ametralladoras pesadas que estaban en el reducto del teniente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En nuestro b&uacute;nker est&aacute;bamos bien. Cuando llamaban al tel&eacute;fono y preguntaban: &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n habla?&rdquo;, Chizzarri, el ordenanza del teniente, respond&iacute;a: &ldquo;&iexcl;Campanelli!&rdquo;. &Eacute;sa era la contrase&ntilde;a de nuestro reducto y el nombre de un soldado de Brescia que hab&iacute;a muerto en septiembre. Al otro lado de la l&iacute;nea contestaban: &ldquo;Aqu&iacute; Valstagna: habla Beppo&rdquo;. Valstagna es un pueblo sobre el r&iacute;o Brenta que dista del m&iacute;o diez minutos de vuelo de &aacute;guila, mientras que aqu&iacute; se refer&iacute;a el mando de la compa&ntilde;&iacute;a. Beppo era nuestro capit&aacute;n, oriundo de Valstagna. Era como si estuvi&eacute;semos en nuestras monta&ntilde;as y oy&eacute;semos a los le&ntilde;adores llam&aacute;ndose entre s&iacute;. Sobre todo de noche, cuando los de Morbegno, que estaban en el reducto situado a nuestra derecha, iban hasta la orilla del r&iacute;o a poner alambradas y llevaban mulas por las trincheras y gritaban y blasfemaban y plantaban palos con mazos. Incluso llamaban a los rusos a voces: &ldquo;&iexcl;Paisanos! &iexcl;Vamos! &iexcl;Disparadnos!&rdquo;. Los rusos, boquiabiertos, se limitaban a o&iacute;rlos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero nosotros tambi&eacute;n acabamos familiariz&aacute;ndonos con las cosas. Una noche de luna sal&iacute; con Tourn, el piamont&eacute;s, a buscar algo entre las casas derruidas m&aacute;s alejadas. Nos metimos en los hoyos que hay delante de cada isba, donde los rusos guardan las provisiones para el invierno y la cerveza en verano. En uno interrumpimos los requiebros amorosos de tres gatos, que salieron con tanto &iacute;mpetu y ech&aacute;ndonos miradas tan fueguinas que nos dieron un susto de muerte. Encontr&eacute; una cesta de cerezas secas y Tourn dos costales de centeno y dos sillas; luego, en otro hoyo, un espejo grande y bonito. Quer&iacute;amos llevarnos todo a nuestro refugio, pero hab&iacute;a luna, y el centinela ruso que estaba al otro lado del r&iacute;o nos empez&oacute; a disparar porque no quer&iacute;a que nos apropi&aacute;ramos de sus cosas. Puede que le asistiera raz&oacute;n, pero &eacute;l no las habr&iacute;a podido usar, y las balas nos rozaban silbando, como si nos dijeran: &ldquo;Dejadlo todo donde est&aacute;&rdquo;. Hicimos tiempo detr&aacute;s de un camino hasta que una nube ocultara la luna, luego, saltando entre los escombros, llegamos al refugio, donde nuestros compa&ntilde;eros nos estaban esperando.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Era maravilloso sentarse en una silla para escribir a la novia, rasurarse delante del espejo grande o beber, de noche, el jarabe de cerezas secas hervidas en agua de nieve.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo que lamentaba era no poder atrapar un gato.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hab&iacute;a que ahorrar aceite para los quinqu&eacute;s. Adem&aacute;s, no pod&iacute;a faltar un poco de luz en los refugios para las situaciones de emergencia, aunque las armas y las municiones las ten&iacute;amos siempre al alcance de la mano.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una noche que nevaba cruc&eacute; con nuestro teniente las alambradas y llegamos a la playa abandonada que nos separaba de los de Morbegno. No hab&iacute;a nadie. S&oacute;lo vimos montones de chatarra, los restos de alg&uacute;n veh&iacute;culo, entre los que rebuscamos por si se pod&iacute;a aprovechar algo. Encontramos un bid&oacute;n de aceite, y pensamos que pod&iacute;a valer para los quinqu&eacute;s y para engrasar las armas. As&iacute; pues, una oscura noche de tormenta volv&iacute; con Tourn y Bodei. Hicimos ruido cuando colocamos el bid&oacute;n en una posici&oacute;n que nos permitiera vaciar su contenido en los recipientes que hab&iacute;amos llevado. El centinela dispar&oacute;, pero la noche era tan negra como el borde del caldero de la polenta. Dispar&oacute; al azar, por calentarnos las manos. Bodei blasfemaba en voz baja para que no lo oyeran. Est&aacute;bamos m&aacute;s cerca de los rusos que de los nuestros. Tras varios viajes, conseguimos llevar al refugio unos cien litros de aceite. Le dimos un poco al teniente Cenci y otro poco al teniente Sarpi. Pero luego nos pidi&oacute; el capit&aacute;n, y tambi&eacute;n el escuadr&oacute;n de exploradores, y el mayor que estaba al mando del batall&oacute;n. Al cabo, hartos de que todo el mundo nos pidiera aceite, dijimos que ya no nos quedaba m&aacute;s. As&iacute;, cuando nos dieron la orden de replegarnos, les dejamos algo tambi&eacute;n a los rusos. En nuestro refugio hab&iacute;a tres l&aacute;mparas hechas con latas de carne vac&iacute;as. Para las mechas us&aacute;bamos trozos peque&ntilde;os de cordones de zapatos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para nosotros la noche era como el d&iacute;a. Recorr&iacute;a los terraplenes e iba de un centinela a otro. Me gustaba caminar sin hacer ruido y pillarlos desprevenidos. Cuando, atolondrados, me ped&iacute;an la contrase&ntilde;a, yo les respond&iacute;a: &ldquo;Ciavhad de Brexa&rdquo;<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>. Luego, en voz baja, les hablaba en bresciano, les contaba alg&uacute;n chiste y dec&iacute;a obscenidades. Como soy veneciano, les daba risa o&iacute;rme hablar en su dialecto. En cambio, cuando iba a ver a Lombardi guardaba silencio. &iexcl;Lombardi! No puedo recordar su cara sin estremecerme. Alto, taciturno, melanc&oacute;lico. Era incapaz de sostener mucho rato su mirada y cuando sonre&iacute;a, lo que hac&iacute;a muy rara vez, me part&iacute;a el coraz&oacute;n. Daba la impresi&oacute;n de vivir en otro mundo y de saber algo que no pod&iacute;a contar a nadie. Una noche que estaba con &eacute;l apareci&oacute; una patrulla rusa y las balas de una ametralladora empezaron a rozar el borde de la trinchera. Yo agach&eacute; en seguida la cabeza y mir&eacute; por la aspillera. Lombardi, en cambio, se mantuvo erguido, con el pecho fuera, sin moverse un &aacute;pice. Tem&iacute; por su vida y me sonroj&eacute;, avergonzado. Despu&eacute;s, una noche, cuando los rusos nos atacaron, el sargento Minelli vino a decirme que Lombardi hab&iacute;a muerto con una bala en la frente mientras disparaba una ametralladora de pie, fuera de la trinchera. Entonces record&eacute; lo taciturno que hab&iacute;a sido siempre y lo mucho que su presencia me intimidaba. Era como si ya llevara la muerte dentro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp; Cuando ten&iacute;amos que llevar alambradas hasta la trinchera parec&iacute;a que est&aacute;bamos de guasa. Hab&iacute;a un soldado peque&ntilde;o, inagotable, la barba hirsuta y rala, excelente tirador, del escuadr&oacute;n de Pintossi. Lo llamaban &ldquo;el Duce&rdquo;. Ten&iacute;a una forma de insultar muy suya y un aspecto rid&iacute;culo porque vest&iacute;a un sobretodo blanco que le llegaba hasta debajo de los tobillos, de modo que al andar siempre se le enganchaba con las botas y soltaba una sarta de burradas en voz tan alta que llegaban o o&iacute;rlo los rusos. Tambi&eacute;n se enganchaba con las alambres de espino que llevaba con su compa&ntilde;ero, y entonces lanzaba insultos sin cuento, contra el servicio militar, las alambradas, el puesto militar, los emboscados, Mussolini, su novia, los rusos. O&iacute;rlo resultaba m&aacute;s divertido que estar en el teatro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lleg&oacute; el d&iacute;a de Navidad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sab&iacute;a que era el d&iacute;a de Navidad porque la noche anterior el teniente hab&iacute;a venido al refugio a decirnos: &ldquo;&iexcl;Ma&ntilde;ana es Navidad!&rdquo;. Tambi&eacute;n porque hab&iacute;a recibido de Italia un mont&oacute;n de postales con &aacute;rboles y ni&ntilde;os. Una chica me hab&iacute;a mandado una postal con el bel&eacute;n en relieve, y la clav&eacute; en los palos de sost&eacute;n del b&uacute;nker. Sab&iacute;amos que era Navidad. Aquella ma&ntilde;ana ya hab&iacute;a visto a todos los centinelas. Hab&iacute;a recorrido por la noche todos los puestos de vigilancia del reducto y en cada cambio de guardia hab&iacute;a dicho &ldquo;&iexcl;Feliz Navidad!&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tambi&eacute;n a los terraplenes, a la nieve, a la arena, al hielo del r&iacute;o, al humo que sal&iacute;a de los refugios, a los rusos, a Mussolini, a Stalin, a todo le deseaba feliz Navidad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Era de ma&ntilde;ana. Estaba en la posici&oacute;n m&aacute;s avanzada del r&iacute;o helado y contemplaba el sol que sal&iacute;a tras el bosque de robles, donde estaban emplazados los rusos. Miraba todo el curso del r&iacute;o helado, desde el recodo por el que asomaba en la monta&ntilde;a hasta el otro por el que desaparec&iacute;a en la parte baja. Miraba la nieve y las pisadas de una liebre en la nieve: iba de nuestro reducto al de los rusos: &ldquo;&iexcl;Me gustar&iacute;a capturar esa liebre!&rdquo;, me dec&iacute;a. Miraba cuanto me rodeaba y dec&iacute;a: &ldquo;&iexcl;Feliz Navidad!&rdquo;. Hac&iacute;a demasiado fr&iacute;o para seguir ah&iacute;, as&iacute; que volv&iacute; por el terrapl&eacute;n y cuando entr&eacute; en el refugio de mi escuadr&oacute;n dije: &ldquo;&iexcl;Feliz Navidad! &iexcl;Feliz Navidad!&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Meschini estaba moliendo caf&eacute; en su casco con el mango de la bayoneta.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Bodei herv&iacute;a piojos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Giuanin estaba acurrucado en su yacija, cerca de la estufa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Moreschi remendaba sus medias.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los que hab&iacute;an hecho los &uacute;ltimos turnos de vigilancia dorm&iacute;an. Dentro hab&iacute;a un olor intenso: olor a caf&eacute;, a camisetas y calzoncillos sucios que herv&iacute;an con los piojos, y a muchas cosas m&aacute;s. A mediod&iacute;a, Moreschi mand&oacute; a buscar los v&iacute;veres. Pero como ese rancho no era propio de un d&iacute;a de Navidad, decidimos hacer polenta. Meschini reaviv&oacute; el fuego, Bodei fue a fregar la cacerola en la que hab&iacute;a hervido los piojos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tourn y yo est&aacute;bamos empe&ntilde;ados en tamizar la harina, y un buen d&iacute;a, no s&eacute; c&oacute;mo ni d&oacute;nde, Tourn encontr&oacute; un cedazo. Sin embargo, entre salvado y grano molido, en el cedazo se quedaba m&aacute;s de la mitad, as&iacute; que decidimos por mayor&iacute;a no tamizar m&aacute;s. Nos sali&oacute; una polenta dura y sabrosa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Era la tarde de Navidad. El sol ya empezaba a ocultarse y nosotros est&aacute;bamos en el refugio al calor de la estufa fumando y charlando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Fragmento del libro <em>El sargento en la nieve. Recuerdos de la retirada de Rusia</em>, de Mario Rigoni Stern, que traducido por C&eacute;sar Palma ser&aacute; pr&oacute;ximamente publicado por la Editorial Pre-Textos).</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> Pu&ntilde;eteros brescianos <em>(n. del tr.)</em></p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 03 Mar 2014 07:08:07 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[A veces]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/a-veces/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/NURIA_BARRIOS.jpg" alt="" width="291" height="192" /></p>
<p>A veces</p>
<p>sue&ntilde;o que tengo</p>
<p>lo que ya no tengo:</p>
<p>la gaya fuerza del amor nuevo</p>
<p>dos rodillas de acero</p>
<p>el abrazo de los que desaparecieron</p>
<p>un c&iacute;rculo de fuego en el centro del pecho</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luego despierto</p>
<p>y camino hacia la cocina en</p>
<p>firme&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; equilibrio</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; precario</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>equilibrio. </strong>(Del lat. <em>aequilibrium</em>) m.</p>
<p>Estado de un cuerpo cuando fuerzas encontradas</p>
<p>que obran en &eacute;l</p>
<p>se compensan destruy&eacute;ndose mutuamente</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Parece la sinopsis de una historia (lat.) de amor:</p>
<p>una novela, una pel&iacute;cula, una canci&oacute;n</p>
<p>La ficci&oacute;n exige equilibrio: colocar bien los troncos para que arda el fuego&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la realidad, el equilibrio es diferente</p>
<p>Hay destrucci&oacute;n mutua pero no compensaci&oacute;n.</p>
<p>El equilibrio, cuando se consigue, es raro</p>
<p>T&uacute; me entiendes&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para llegar hasta aqu&iacute;,</p>
<p>en firme equilibrio precario,</p>
<p>yo tambi&eacute;n he tenido que sortear obst&aacute;culos</p>
<p>Algunos no pude esquivarlos</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las tres largas cicatrices de la rodilla izquierda</p>
<p>se tensan y destensan</p>
<p>como los hilos de los t&iacute;teres</p>
<p>A su lado, expectantes,</p>
<p>las tres p&aacute;lidas incisiones de la rodilla derecha</p>
<p>siguen su paso</p>
<p>siempre a punto para el dibujo en el aire de la ca&iacute;da</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &iexcl;ay!</p>
<p>como una alegre pirueta</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mis andares siempre esconden la posibilidad de un zapateado</p>
<p>con quej&iacute;o y saludo desde el suelo del escenario</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El pasillo</p>
<p>como todos los pasillos que salen de un dormitorio</p>
<p>es largo</p>
<p>Hay tiempo para vislumbrar</p>
<p>por las puertas entreabiertas</p>
<p>las cartas las fotos los regalos</p>
<p>la novia de papel con su velo blanco</p>
<p>el mu&ntilde;eco de madera que la sujeta con sus largos brazos articulados</p>
<p>el ramillete de cera</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay tiempo para percibir</p>
<p>por el rabillo de la nariz y del tacto</p>
<p>las grietas los rotos las ausencias las preguntas sin respuesta las respuestas sin pregunta el olor estancado los ceniceros sucios el ordenador de mesa apagado el ordenador port&aacute;til cerrado los papeles las facturas las notas los relatos inacabados las ideas apuntadas</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Apunte:</p>
<p>Hay papeles suficientes para empapelar la casa y nivelar el gotel&eacute; hasta eliminarlo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Apunte:</p>
<p>Los papeles son como los insectos: en peque&ntilde;o n&uacute;mero interesan, muchos asquean</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Apunte:</p>
<p>Cuantos m&aacute;s (papeles) menos (esperanzas)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Apunte:</p>
<p>Papeles de mal ag&uuml;ero</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Avanzo por el pasillo</p>
<p>moviendo las escamas de mi vida</p>
<p>Soy Piscis</p>
<p>Un pez mira a oriente</p>
<p>Otro, a poniente</p>
<p>No siempre es f&aacute;cil alcanzar un acuerdo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mis rodillas tambi&eacute;n son Piscis</p>
<p>Una mira hacia delante</p>
<p>Otra, hacia el suelo</p>
<p>Una avanza marcial</p>
<p>Borracha, la otra se tambalea</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un caf&eacute; basta para recordar la estrategia</p>
<p>Lo invisible es siempre m&aacute;s peligroso que lo visible</p>
<p>Lo invisible gusta de la gente parada, sentada, tumbada</p>
<p>Hay que moverse</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hago planes:</p>
<p>Durante el d&iacute;a</p>
<p>papeles comida comprar nadar papeles cena</p>
<p>Durante la noche</p>
<p>hacer el amor si tengo ganas o tengo suerte</p>
<p>Dormir. Para eso siempre tengo ganas no siempre tengo suerte</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Apuro el primer caf&eacute; mientras escucho</p>
<p>la corriente sorda del miedo</p>
<p>Y pido con el segundo caf&eacute; el olvido del superviviente</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 28 Feb 2014 07:20:55 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El último viernes]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-ultimo-viernes/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/JUAN_CARLOS_ONETTI_2.jpg" alt="" width="205" height="205" /></p>
<p>En cuanto lo hicieron pasar, Carner comprendi&oacute; que aquel viernes iba a ser distinto. Crey&oacute; recordar t&iacute;midas premoniciones, trat&oacute; de protegerse despidi&eacute;ndose de la larga sala de espera que acababa de dejar, de la noche o el d&iacute;a eternos que impon&iacute;an los tubos fluorescentes, de la humanidad pobre y silenciosa que se rozaba los hombros en los bancos sin respaldo, conservando r&iacute;gidos los cuerpos durante horas, temiendo que su abandono significara la renuncia a su esperanza.</p>
<p>Se despidi&oacute; de tantas semejantes, confundibles tardes de viernes que hab&iacute;a elegido para visitar a Miller o ya, desinteresadamente, para visitar la Jefatura, atravesar el saludo de polic&iacute;as de uniforme; y perder la noci&oacute;n del tiempo entre los hombres y mujeres que llenaban la sala de espera, sin rostros, sustituibles, tal vez diferenciados en secreto por an&eacute;cdotas de la desgracia.</p>
<p>Hab&iacute;a elegido los viernes porque era su d&iacute;a franco en el diario y porque Hilda lo usaba para ir a la iglesia. Hab&iacute;a olvidado la probabilidad de un gran empleo en provincias, y gastaba en paz los viernes oyendo fanfarronear a Miller, fum&aacute;ndole los cigarrillos, midi&eacute;ndole la miseria, haci&eacute;ndolo feliz con su atenci&oacute;n y acept&aacute;ndole los billetes doblados que le pon&iacute;a en la mano al despedirlo.</p>
<p>Comprendi&oacute; que aquel viernes iba a ser distinto, y acaso el &uacute;ltimo, porque Miller modific&oacute; de manera absoluta la farsa de la recepci&oacute;n y tambi&eacute;n el papel que le hab&iacute;a asignado. No lo esperaba sonriente en el medio de la habitaci&oacute;n, peque&ntilde;o, cordial, gordo, juvenil,&nbsp; alargando los brazos para tomarle una mano y palmearla mientras recitaba con lentitud su discurso de bienvenida y sorpresa, en el que las erres inevitables arrastraban su h&uacute;meda blandura. El Miller de aquella tarde estaba sentado detr&aacute;s del escritorio, fingiendo leer y corregir, en mangas de camisa y sin corbata, sudando apenas en el primer calor de la primavera. &ldquo;Me va a decir que es in&uacute;til que siga viniendo, aunque hace tantos viernes que no hablamos del empleo ni pensamos en &eacute;l. No va a cumplir con la cuota semanal, no me va a dar un solo peso, justamente hoy, la primera vez que hice planes contando con los billetes colorados&rdquo;. Carner arm&oacute; una sonrisa tranquila, indiferente, y estuvo esperando a que el otro lo mirara; dos pisos m&aacute;s abajo, en el patio embaldozado, sonaron botas, culatas, &oacute;rdenes, removiendo el aire tibio de la tarde que empezaba a declinar, asustando a los insectos que anidaban en las hojas muertas de la <em>victoria regia.</em></p>
<p>- Si&eacute;ntate &mdash;dijo Miller sin alzar los ojos.</p>
<p>Con calculadora violencia, Carner tir&oacute; el sombrero sobre el escritorio y ocup&oacute; la silla de brazos. Alz&oacute; la tapa de la pesada caja de madera siempre llena de cigarrillos ingleses, tom&oacute; uno y la dej&oacute; abierta. Tirone&oacute; la cadenita del encendedor del escritorio y sopl&oacute; el humo hacia delante, hacia la cabeza inclinada y redonda, de pelo rubio y escaso. Miller cerr&oacute; la carpeta e introdujo de nuevo la lapicera en el tintero; mir&oacute; la caja de cigarrillos abierta y eligi&oacute; uno.</p>
<p>- Gracias &mdash;dijo con iron&iacute;a y sin sonre&iacute;r. Lo encendi&oacute; con un f&oacute;sforo, recost&oacute; la cabeza en el respaldo de cuero del sill&oacute;n y chup&oacute; el cigarrillo, una vez, con los ojos cerrados, sin tragar el humo. Luego abri&oacute; los ojos y estuvo examinando la sonrisa de Carner, ya un poco ajada, desprovista de sentido visible.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; te pasa?&mdash;pregunt&oacute;.</p>
<p>- Nada &mdash;dijo Carner&mdash;Vos sab&eacute;s que hace a&ntilde;os que no me pasa nada, nada que importe de veras. Pero soy feliz, por si vas a preguntarlo. Me cago en todas las cosas---- y en todas las cosas que se te puedan ocurrir. Prontuario de Carner, Jos&eacute;, de treinta y un a&ntilde;os de edad, casado o viudo, periodista.</p>
<p>Entonces Miller sonri&oacute;, pero era la sonrisa dulzona, retrospectiva y deliberadamente nost&aacute;lgica de las tardes de viernes. &ldquo;As&iacute; debe sonre&iacute;r cuando un pobre infeliz, sentado en esa silla empieza a mentirle para salvarse. As&iacute;, con paciencia y seguro, agradeciendo al Dios de las tribus en que debe seguir creyendo&mdash;y sino &eacute;l, los ---------- del padre y del abuelo que le quedaron como rastros de barba&mdash;estar en ese lado del escritorio y no en este, y creyendo tambi&eacute;n que lo merece.</p>
<p>- Apasionado y no del todo exacto&mdash;dijo Miller y se inclin&oacute; para acercarle un cenicero&mdash;Treinta y dos a&ntilde;os. Y la profesi&oacute;n declarada parece no ser la &uacute;nica. No se trata de full-time. Muchas veces hablamos de Hilda, de una mujer llamada Hilda.</p>
<p>- S&iacute;. Muchas veces. Vive conmigo, vivo con ella, vivimos juntos. &iquest;Qu&eacute; pasa con ella?</p>
<p>- Poco, nada extraordinario. Hasta llegar&iacute;a a decirte que no pasa nada si no fuera tu mujer.</p>
<p>- Mi mujer&mdash;Carner rehizo su sonrisa, clara, insultante, pero no estaba dirigida a Miller&mdash;Nunca tuve, conoc&iacute; o toqu&eacute; a una mujer que fuera mi mujer. Hay una pieza de pensi&oacute;n que pagamos a medias, dormimos juntos, suceden con frecuencia momentos que me autorizan a decir sin mentira que vivimos juntos. En uno de ellos pensaba cuando lo dije reci&eacute;n. Puedo cont&aacute;rtelo. O tal vez me ordenes que te lo cuente, comisario.</p>
<p>Miller ech&oacute; la cabeza hacia atr&aacute;s y contempl&oacute; al otro desde el respaldo, hizo con los labios una mueca dulce y misteriosa.</p>
<p>- Me impresiona haberlo sabido hoy&mdash;dijo&mdash;las&nbsp; coincidencias me llenan de sospecha. No trat&eacute; de averiguarlo, vino s&oacute;lo. &iquest;Hilda Montes? Libertad 954. El informe dice, sin originalidad, que ejerce la prostituci&oacute;n. Y al parecer el 954 no contiene m&aacute;s que prostitutas y cafishios. Tu casa.</p>
<p>- Vivo ah&iacute;. En el F del segundo piso. Hasta te invit&eacute;, creo, a que fueras una noche. No me importa lo que haga Hilda para ganar dinero. Es decir, no me importa en ning&uacute;n plano moral. En el plano que cuenta, me interesa, la escucho y a veces le hago preguntas. Tampoco es por razones morales que pago la mitad del alquiler y como de mi dinero. Algunas noches, es cierto, y tambi&eacute;n por coincidencia en noches de viernes, salimos de paseo y ella paga todos los gastos. Si la quisiera, vivir&iacute;a sin escr&uacute;pulos del dinero que gana. S&oacute;lo un imb&eacute;cil, y no lo sos de esa manera, podr&iacute;a creer que exploto a una puta habi&eacute;ndome mirado una vez el traje, la camisa, los zapatos . Todo esto es rid&iacute;culo y aburrido. A vos, pienso, debe bastarte con mirarme la cara.</p>
<p>Miller tosi&oacute; el humo y se puso a re&iacute;r, nervioso, entornando los ojos, mostrando los blancos dientes de muchacho. Se puso de pie, rode&oacute; la mesa y apoy&oacute; una mano en la espalda de Carner.</p>
<p>- Es la maldita coincidencia&mdash;dijo &ndash;Bendita, si prefer&iacute;s. Ya veremos.</p>
<p>- S&iacute;. Y la coincidencia de que sea &eacute;ste el primer viernes que vengo a visitarte pensando en los veinte pesos habituales, con un destino concreto para ellos.&mdash;La presi&oacute;n de la mano fue sustituida por una palmada; Miller camin&oacute; lentamente y acomod&oacute; una nalga en la esquina del escritorio. Encendi&oacute; otro cigarrillo y estuvo mirando con una novedosa curiosidad la cara flaca y oscura de Carner.&mdash;Esta&nbsp; coincidencia y la de que Luc&iacute;a se est&eacute; muriendo. Con diez pesos iba a comprar un libro de posturas para mirarlo esta noche con Hilda. Los otros diez los iba a guardar, no por mucho tiempo, seg&uacute;n me avisaron, para comprarle flores a Luc&iacute;a. Esta es la coincidencia de hoy; no es plata el contraste del destino de los dos billetes de diez pesos que esperaba. Reci&eacute;n ahora pienso en eso y me resulta natural, gris, desprovisto de trascendencia.</p>
<p>Son&oacute; un timbre en el escritorio y Miller dijo una palabra sucia.</p>
<p>- Esper&aacute; &mdash;Fue a ponerse el saco y la corbata, sali&oacute; por la puerta del fondo, de madera pesada y brillosa, rodeada por el panel trabajado y profundo.</p>
<p>Entonces Carner se apoy&oacute; en la mesa y pens&oacute; sin amor en el viernes, en el reiterado, escondite id&eacute;ntico y cambiante viernes que acababa de terminar para siempre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>NOTA:</p>
<p>El manuscrito est&aacute; acompa&ntilde;ado de unos apuntes de Onetti:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>1)&iquest;Fue el mismo d&iacute;a del entierro de S.- calor, humedad, y B. es all&iacute;, en la casa mortuoria, un desconocido- que B. Concurri&oacute; al departamento de Polic&iacute;a, donde lo hab&iacute;an citado para su empleo?</p>
<p>Si aceptamos esto tendremos:</p>
<p>a)...</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>2) Pastor y su mujer, (no ella; el capitalista, gentleman calvo en franela gris, suave) como primera tentaci&oacute;n divina.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>3) En el interrogatorio a la mujer fea, cuando ella est&aacute; cansada, el placer de depositar en ella cualquier cosa, que ella acepta, el placer de construirla. Como en el amor. Su fealdad, ancha.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3 align="center">UN CUENTO IN&Eacute;DITO DE ONETTI</h3>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mar&iacute;a Isabel Onetti (&ldquo;Litty&rdquo;), hija del escritor Juan Carlos Onetti, entreg&oacute; el pasado 21 de marzo un manuscrito in&eacute;dito de su padre a la Biblioteca Nacional de Uruguay, donde se ha constituido un archivo personal donado hace dos a&ntilde;os por su viuda, Dorotea Muhr. En una ceremonia en la que participaron la ministra de Educaci&oacute;n y Cultura, Mar&iacute;a Sim&oacute;n; el director de Cultura, Hugo Achugar, y el director de la Biblioteca Nacional, Tom&aacute;s de Mattos, "Litty" Onetti subray&oacute; la importancia del cuento &ldquo;El &uacute;ltimo viernes&rdquo;, redactado alrededor de 1950, que se est&aacute; deteriorando pues: "Est&aacute; escrito a l&aacute;piz y se est&aacute; diluyendo, se est&aacute; deshaciendo mientras hablamos; por eso, qu&eacute; bueno que tenga su refugio en esta casa". Por su parte, el Director de la Biblioteca afirm&oacute; que "no estamos ante un borrador de una obra importante del escritor, es el primer esbozo de una narraci&oacute;n, que no fue publicada porque Onetti consider&oacute; que no ten&iacute;a los valores requeridos para ser editada&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 28 Feb 2014 07:17:58 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La revista "Turia" da a conocer un Flaubert inédito en español]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-revista-turia-da-a-conocer-un-flaubert-inedito-en-espanol/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/LA_LECTORA_-_FRAGONARD.jpg" alt="" width="224" height="280" /></p>
<p>El responsable de este rescate cultural es el traductor Mauro Armi&ntilde;o, que no s&oacute;lo se ocupa de su versi&oacute;n en castellano sino que elabora una interesante nota introductoria sobre las caracter&iacute;sticas y contenidos de estos tres fragmentos suprimidos y ahora recuperados en la nueva edici&oacute;n francesa de la famosa novela de Flaubert.</p>
<p>Para Mauro Armi&ntilde;o, Premio Nacional de Traducci&oacute;n 2010 y que publicar&aacute; este a&ntilde;o en la editorial Siruela una nueva versi&oacute;n de &ldquo;Madame Bovary&rdquo;, &ldquo;sobre la pista de varios de estos fragmentos suprimidos me ha puesto la reciente edici&oacute;n de las Obras Completas de Flaubert, publicada en La Pl&eacute;iade en noviembre de 2013 bajo la direcci&oacute;n de una gran especialista flaubertiana como es Claudine Gothot-Mersch&rdquo;.</p>
<p>Ahora la revista TURIA da a conocer, por primera vez en espa&ntilde;ol, tres fragmentos de &ldquo;Madame Bovary&ldquo; suprimidos por Gustave Flaubert (1821-1880). Adem&aacute;s, y seg&uacute;n asegura Mauro Armi&ntilde;o, la recuperaci&oacute;n de estos textos suprimidos es un episodio tanto noticiable como del mayor inter&eacute;s literario. De ah&iacute; que ahora se publiquen traducidos tres de esos largos fragmentos eliminados, anotando el lugar en que cada uno de ellos estuvo insertado en los manuscritos de la novela. Armi&ntilde;o tambi&eacute;n ofrece al lector los t&iacute;tulos que la citada nueva edici&oacute;n de La Pl&eacute;iade les ha dado: &ldquo;Conversaci&oacute;n durante el baile&rdquo;; &ldquo;Una discusi&oacute;n sobre libros&rdquo; y &ldquo;El juguete de los ni&ntilde;os Homais&rdquo;</p>
<p>As&iacute;, el primero de esos fragmentos, arrancado del cap&iacute;tulo dedicado al primer sarao social al que Emma Bovary acude, redunda en la descripci&oacute;n que Flaubert hab&iacute;a hecho del estrato social &ndash;nobles, militares, alta burgues&iacute;a- que centraba su sentido de la vida en el valor monetario de las cosas.</p>
<p>El segundo, &ldquo;Una discusi&oacute;n sobre libros&rdquo; se ocupa de la pasi&oacute;n de Emma Bovary por la lectura. Flaubert, gran lector de Cervantes, repite en su protagonista el origen de la locura del hidalgo cervantino: el cerebro de Emma, que pasaba las noches entre novelas y poes&iacute;as rom&aacute;nticas, hab&iacute;a quedado da&ntilde;ado por esa pasi&oacute;n. Seg&uacute;n destaca Mauro Armi&ntilde;o, &ldquo;en el fragmento, el presuntuoso representante del &laquo;progreso&raquo;, Homais, hombre de ciencia y boticario, arremete contra los males que provoca la lectura, no s&oacute;lo morales, sino f&iacute;sicos y fisiol&oacute;gicos; le secunda la madre de Charles Bovary, que en un p&aacute;rrafo condensa la idea tradicional de la mujer, tacha a Emma de intelectual y exige a su hijo que la vigile, d&aacute;ndole por &uacute;nico horizonte vital el de gobernar su casa, cumplir con sus deberes y sufrir, misiones seg&uacute;n ella de la condici&oacute;n femenina.&rdquo;</p>
<p>El tercer fragmento suprimido, &ldquo;El juguete de los ni&ntilde;os Homais&rdquo;, distrae el cap&iacute;tulo XIV (2&ordf; parte) de su n&uacute;lceo central: la depresi&oacute;n que sufre Emma tras el desastre de su primera aventura amorosa. Durante ese periodo, Emma interact&uacute;a con sus vecinos y fruto de esa coyuntura es el p&aacute;rrafo suprimido, puramente anecd&oacute;tico y que quiz&aacute; es el que m&aacute;s razones ofrec&iacute;a para ser eliminado.</p>
<p>Harold Bloom, el mas importante cr&iacute;tico literario de nuestros d&iacute;as, ha asegurado tambi&eacute;n que &ldquo;Madame Bovary&rdquo; es una obra maestra, la m&aacute;s pura de las novelas en forma, econom&iacute;a y justa representaci&oacute;n de la naturaleza&rdquo;. &nbsp;Para Bloom, &ldquo;Emma Bovary es Gustave Flaubert y es casi todos nosotros tambi&eacute;n. &ldquo;Madame Bovary&rdquo; es una especie de biograf&iacute;a universal, no tanto de un Quijote femenino como de un Quijote sensual, hombre o mujer, cuya b&uacute;squeda no es de ninguna manera metaf&iacute;sica y cuyo deseo no pertenece al alto romanticismo sino al bajo romanticismo. Emma es una verdadera alternativa de Hamlet o de don Quijote: es un genio de la sensualidad&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>TURIA es, con 30 a&ntilde;os de trayectoria y periodicidad cuatrimestral, una de las publicaciones culturales espa&ntilde;olas m&aacute;s veteranas y reconocidas, por cuya labor obtuvo el Premio Nacional&nbsp; al Fomento de la Lectura. Desde el pasado a&ntilde;o, adem&aacute;s de su edici&oacute;n en papel cuenta con una versi&oacute;n digital (<a href="../../../../revista_turia/" target="_blank">http://www.ieturolenses.org/revista_turia/</a>) y una p&aacute;gina en Facebook (<a href="https://www.facebook.com/pages/Revista-Turia/373833962736088" target="_blank">https://www.facebook.com/pages/Revista-Turia/373833962736088</a> ).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UN FRAGMENTO SUPRIMIDO DE &ldquo;MADAME BOVARY&rdquo;</strong></p>
<p>Uno de los tres fragmentos in&eacute;ditos de &ldquo;Madame Bovary&rdquo; que TURIA publicar&aacute; en el nuevo n&uacute;mero de la revista es el siguiente:</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p align="center">[Una discusi&oacute;n sobre libros]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero eso acarrea consecuencias, pobre hijo m&iacute;o, y quien no tiene religi&oacute;n siempre acaba mal. <em>(II&ordf; parte, cap. vii, p&aacute;g. 163, l&iacute;neas 18-19).</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&mdash;Perd&oacute;neme &ndash;interrumpi&oacute; el se&ntilde;or Homais&ndash;, se puede permanecer en el buen camino sin seguir para nada el de la Iglesia. Mejor admitir todo. Seamos tolerantes y fil&oacute;sofos, examinemos las cosas; &ndash; y no es para atacar la religi&oacute;n. Yo la respeto, s&eacute; que se necesita una; pero, en fin, el dogma no implica en absoluto moral, como tampoco la virtud depende de la creencia. Y as&iacute; los espa&ntilde;oles, los italianos, esos andaluces de que hablan los autores, esas mujeres voluptuosas que asisten a corridas de toros y llevan pu&ntilde;ales en la liga, pues bien, esas mujeres tienen religi&oacute;n, y ello no impide que&hellip;</p>
<p>&mdash;Usted, se&ntilde;or Homais &ndash;replicaba Bovary madre, &iexcl;usted es un hombre de ciencia!... Usted tiene sus ideas&hellip; yo tengo las m&iacute;as. Sin embargo, deber&aacute; admitir que una mujer no puede razonar como un hombre. &iexcl;Ellas no saben lat&iacute;n! Les resulta imposible sopesar los pros y los contras; y yo sostengo que, a fuerza de atormentarse siempre porque quieren aprender m&aacute;s, terminan cayendo enfermas. Imag&iacute;nese c&oacute;mo pasan las noches.</p>
<p>&mdash;&iexcl;Oh, detestable, detestable! &ndash;exclam&oacute; el farmac&eacute;utico, s&uacute;bitamente ablandado por el cumplido&ndash;, no hay exceso peor que esa man&iacute;a de hacer del d&iacute;a noche y de la noche el d&iacute;a. Por eso yo, incluso en los momentos claves de mis estudios, nunca me acost&eacute; pasadas las diez; pero desde las cuatro en verano, y de las cinco en invierno, ya estaba en la tarea; adem&aacute;s, con seis horas bastan; &iexcl;es lo razonable!</p>
<p><em>septem horas pigro, nulli concedimus octo</em><a title="" href="#_ftn1">[1]</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>aunque, a decir verdad, nos hayamos relajado en ese punto un poco de la rigidez g&oacute;tica de nuestros buenos antepasados. No obstante, pienso como usted, se&ntilde;ora, que la blandura de la cama, cuando se le une el h&aacute;bito de la lectura, puede volverse extremadamente funesta. La inercia muscular que es demasiado completa, no contrarresta la acci&oacute;n cef&aacute;lica, que es demasiado violenta; sin tener en cuenta que la noche act&uacute;a poderosamente por s&iacute; misma sobre el sistema nervioso, pues entonces la imaginaci&oacute;n es m&aacute;s sobreexcitable, y la sensibilidad m&aacute;s impresionable. El nervio &oacute;ptico, continuamente obligado a llevar al cerebro las sensaciones, lo agita. Lo conmociona. Trabaja como un berbiqu&iacute; que le hubieran adaptado para perforarlo. &mdash; Y, de ah&iacute;, palpitaciones, desganas, p&eacute;rdida del apetito, las digestiones se hacen mal, la inervaci&oacute;n se altera, es la vigilia la que se convierte en sue&ntilde;o, el sue&ntilde;o en vigilia, el dormir, si se presenta, resulta perpetuamente agitado por epistomaquias, dicho en otros t&eacute;rminos pesadillas, y pronto ocurren los diferentes fen&oacute;menos de magnetismo y de sonambulismo, con los m&aacute;s tristes resultados, con las m&aacute;s deplorables consecuencias &ndash;y no ataco aqu&iacute;, f&iacute;jese bien, el fondo del asunto, no voy al coraz&oacute;n del tema, que ser&iacute;a examinar las relaciones de la moral y de lo f&iacute;sico y c&oacute;mo la literatura y las Bellas Artes tienen relaci&oacute;n con la Fisiolog&iacute;a&ndash;, no, rozamos y vemos de pasada lo que se encuentra en la mayor&iacute;a de los autores modernos, a fin de descubrir si es posible&hellip;</p>
<p>&mdash;Pues ya que eso le divierte &ndash;objetaba Charles aturdido.</p>
<p>&mdash;&iexcl;Perm&iacute;tame! &ndash;dec&iacute;a el boticario acalorado.</p>
<p>&mdash;Esc&uacute;chale &ndash;replicaba la madre Bovary.</p>
<p>&mdash;Cavernas &ndash;continuaba el se&ntilde;or Homais&ndash;, espectros, ruinas, cementerios, monederos falsos, claros de luna, &iquest;qu&eacute; s&eacute; yo?, toda suerte de cuadros l&uacute;gubres que predisponen singularmente a la melancol&iacute;a. A&ntilde;ada luego que esos productos febriles de imaginaciones delirantes est&aacute;n mancillados por neologismos, expresiones b&aacute;rbaras, palabras barrocas, hasta el punto de que se ve uno obligado a devanarse los sesos para comprenderlas. Porque les confieso que yo, a menudo&hellip; &iexcl;no comprendo a sus autores de moda! &ndash;y no me refiero a los peque&ntilde;os, no, sino a los m&aacute;s c&eacute;lebres, a los que tienen reputaci&oacute;n, &iexcl;a los que est&aacute;n en la cumbre!&ndash;, y lo repito una vez m&aacute;s, quiz&aacute; sea por falta de inteligencia, lo declaro con toda humildad, en fin, no los comprendo; y no me sorprender&iacute;a en absoluto que esas invenciones en que el buen gusto, como la lengua y las costumbres, son tan audazmente ultrajadas, terminen por revolucionar incluso el propio organismo. Todo esto, por supuesto, no tiene ninguna relaci&oacute;n con Madame Bovary, que desde luego es una de las damas que m&aacute;s considero, salvo quiz&aacute; un poco de efervescencia, un poco de exaltaci&oacute;n.</p>
<p>&mdash;&iexcl;No, no! &ndash;exclamaba la anciana agitando sus agudas enc&iacute;as&ndash;, lo que usted dice, se&ntilde;or Homais, tiene mucha cordura; porque esos libros de que habla muestran la existencia rodeada de belleza, pero luego, cuando se llega a la realidad, se topa con el desencanto. Y es eso, estoy segura, ella rabia sabiendo que no tiene raz&oacute;n, y que la conozco bien. &iexcl;Ah, s&iacute;!, bien que la conozco. Porque no se trata de hacerse la cursilona, &iexcl;la intelectual!, adem&aacute;s &iexcl;hay que sufrir en la vida! &iexcl;Hay que cumplir con sus deberes! &iexcl;Hay que gobernar la casa! Pero es lamentable, de verdad, y tu deber&iacute;as vigilarla, &iquest;no es cierto, se&ntilde;or, usted que es su amigo?</p>
<p>Tomaron, pues, la decisi&oacute;n de impedir que Emma leyera novelas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> La cita resume torpemente un precepto de la escuela m&eacute;dica de Salerno (principio del siglo XI): <em>Sex horas dormire sat est iuvenique senique. Septem vix pigro, nulli concedimus octo</em> (&laquo;Tanto para un joven como para un hombre mayor, es suficiente con dormir seis horas. Para un perezoso podemos aceptar siete, pero a nadie le concedemos ocho&raquo;).</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Fri, 28 Feb 2014 07:01:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sperat Lucem]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/sperat-lucem/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/JAVIER_BARREIRO.jpg" alt="" /></p>
<p>Se ha colgado del techo en un segundo</p>
<p>y extra&ntilde;a es todos los d&iacute;as esta vida:</p>
<p>Im&aacute;genes y dolor y tantas letras.</p>
<p>No va m&aacute;s, se dijo, y se colg&oacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pasa la tarde y esta muerte rebosa</p>
<p>y se oscurece y es m&aacute;s densa.</p>
<p>Qu&eacute; lejos las playas de las tortugas</p>
<p>y los cantos de los indios en la sierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&Aacute;rbol y flor bajo una capa parda,</p>
<p>miradas que cerraban los labios,</p>
<p>las piedras puntiagudas del camino</p>
<p>y ese sol azul que borraba el cielo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ahora todo es una habitaci&oacute;n,</p>
<p>aislada, sin puerta a la calle,</p>
<p>el soplo aturdido del silencio,</p>
<p>unos ojos sin vida ya muy cerca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y, como cada cuerpo es un tesoro,</p>
<p>s&oacute;lo el aire lo posee y lo alimenta:</p>
<p>no le deis tierra ni caja ni fuego</p>
<p>y dejad que se pudra donde quiso.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 26 Feb 2014 07:56:40 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Javier Lostalé: la poesía como llama y ceniza]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/javier-lostale-la-poesia-como-llama-y-ceniza/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/JAVIER_LOSTAL_II.jpg" alt="" width="272" height="181" /></p>
<p>La obra de Javier Lostal&eacute; descubre un mundo que ha ido creciendo desde su primer libro, <em>Jimmy, Jimmy</em>, hasta el &uacute;ltimo, <em>La tormenta transparente</em>, en una progresi&oacute;n que cree en la palabra po&eacute;tica y su poder redentor, como si la poes&iacute;a nos aliviase del tr&aacute;nsito de la vida, donde el poema se convierte en fulgor, tan aut&eacute;ntico y tan fugaz como un acto amoroso.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Para Lostal&eacute;, hombre de radio durante muchos a&ntilde;os, el lenguaje es un entramado necesario para vivir, un puente para cultivar el sentido del ser, sus apariencias y sus complejidades, sus luces y sus sombras. De ese entramado, nace la po&eacute;tica que ha ido cultivando, centrado en el instante amoroso, en lo que queda entre el hueco de dos amantes, donde el amante y el amado viven la plenitud de sus experiencias vitales. Como todo tempus fugit, el poeta canta lo que se pierde, en la l&iacute;nea machadiana, pero dando al verso un &eacute;nfasis que rompe todo silencio, como si en el poema se cumpliese la vida entera. Para Lostal&eacute;, el verso se convierte en un desvelamiento, un fulgor que atraviesa la luz y que invita al goce, nada se superpone a ese placer de decir, como si en la expresi&oacute;n el sentimiento inefable pudiese concretarse y volar en vuelo alto.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con estos mimbres, adentrarse en la poes&iacute;a de Lostal&eacute; es un ejercicio apasionante, como si fu&eacute;semos los traductores de una fe en el verso y en la vida que no tiene parang&oacute;n. El poema es resultado de un esfuerzo de m&aacute;xima concentraci&oacute;n, donde las palabras bailan para convertir a los versos en plena luz, en llama y ceniza a la vez.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si en sus primeros libros Lostal&eacute; era m&aacute;s narrativo, como si las historias fuesen necesarias para adornar el verso, darlo forma, en su &uacute;ltimo libro, un af&aacute;n m&aacute;s abstracto, fruto de su experiencia vital, va surgiendo, todo se centra en la luz del amor, en la conjunci&oacute;n de la Naturaleza, en esa ef&iacute;mera tormenta transparente, donde el poeta se convierte en demiurgo que traslada la luz del poema a nuestros sentidos, o&iacute;rlo recitar es un apasionante camino hacia la luz de la poes&iacute;a, donde el eco de su voz rompe toda distracci&oacute;n, nos absorbe hasta convertir un acto po&eacute;tico en un acto de amor.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por ello, se hace necesario indagar en las verdades de su poes&iacute;a, abrir las ventanas de este c&uacute;mulo de verdades que hay en una obra s&oacute;lida, de hermosas resonancias y que cada vez nos ha ido sorprendiendo m&aacute;s. No hace falta&nbsp; decir que la modestia del poeta convierte el poema en un vestido donde aflora la verdad de este cantor, uno de los m&aacute;s verdaderos, porque lo que escribe nace de un profundo amor por la poes&iacute;a, con que contamos en la actualidad, en nuestro panorama po&eacute;tico. Su obra merece el acercamiento que pretendo hacer, para que muchos conozcan los &iacute;ntimos sentidos de su lenguaje po&eacute;tico, un lenguaje que, al ser escuchado o le&iacute;do, nos obliga a una extrema concentraci&oacute;n, fruto de la honda luz que hay en sus versos, casi transparentes.</p>
<p><strong>JIMMY, JIMMY, UN LIBRO INAUGURAL</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp; Jimmy, Jimmy surge como un vendaval en la poes&iacute;a de los a&ntilde;os setenta, como una b&uacute;squeda infinita del sentido del ser, de su consumaci&oacute;n vital. Su autor, Javier Lostal&eacute; realiza un ejercicio virtuoso, cuya ra&iacute;z anida en la luz que desvela el pasado, en su hondura vital. Para Lostal&eacute;, la poes&iacute;a es di&aacute;logo profundo con el ser que le acompa&ntilde;a, en una clara sinton&iacute;a con los dem&aacute;s, en un af&aacute;n de iluminaci&oacute;n que el poema, en su af&aacute;n de comunicaci&oacute;n, va desbrozando poco a poco.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Por ello, Jimmy, Jimmy, escrito en 1976, a&ntilde;o de apertura y de democracia, es un libro hondo, donde Lostal&eacute; se confiesa, enamorado de los senderos de la vida, de sus luces y sombras.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; En el poema &ldquo;Ni&ntilde;o&rdquo;, abre los cauces al pasado, a la infancia que se revive en ese af&aacute;n de decir, en una mirada crepuscular, desde el hombre adulto, con el desenga&ntilde;o en la mirada, pero con un af&aacute;n vital que va sobreviviendo a la luz cenital que desvela el pasado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; El poema nos habla de trenes, aquellos de la infancia, imaginaci&oacute;n que supon&iacute;a viajar con la mente a otros lugares para aliviar la soledad, pero tambi&eacute;n nos habla de la noche, como un paisaje de permanencia, como si el alma navegase en busca de su Dios, recordando los sabios versos de San Juan de la Cruz. Pero tambi&eacute;n del verano, estaci&oacute;n de la vida, lugar de amaneceres con el amado, de juegos y luces de alborada.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Dice el poeta: &ldquo;Los trenes pasaban hondos / con su misteriosa carga. / Y los ojos se asomaban al largo silbido. / Y no pod&iacute;an sentir el dolor, / pues eran aire pausado en la luz, / vida a&uacute;n por nacer, soledad tibia / que busca vagamente un cuerpo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sentimos el peso de la vida, en los trenes que viajan, con &ldquo;misteriosa carga&rdquo;, tambi&eacute;n los ojos del ni&ntilde;o, ahondado en soledades, cobijando sus espacios de vac&iacute;o en ese tren en marcha, donde la vida &ldquo;a&uacute;n por nacer&rdquo;, abr&iacute;a un cuerpo que buscaba ya su esplendor. No hay cuerpo sin otro, parece decirnos el poeta, solo el contacto de otro ser nos explica, nos da argumento y nos salva de la insignificancia de vivir.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Pero Lostal&eacute; ahonda en el sentido del tiempo, su bagaje existencial: &ldquo;Las noches eran s&oacute;lo el tr&aacute;nsito, / la hora que prepara el vino de la ma&ntilde;ana; / y si una flor oscura en tus labios / se&ntilde;alaba la resaca, el rinc&oacute;n, la bicicleta, / cuando la mano&hellip;y un sol de plomo, / pronto lo olvidabas&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Viaje al pasado, donde la noche abr&iacute;a su sendero para dar a luz al d&iacute;a, germinador, fecundo como la rosa, donde la belleza ten&iacute;a tonalidades de cuerpo amado, de ni&ntilde;ez abrigada por deseos inconfesables.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La sensualidad del verano, terreno lleno de pasi&oacute;n donde el cuerpo abriga su sed, donde, recordando la tradici&oacute;n gallego portuguesa, en la l&iacute;rica medieval, los ciervos van a beber a la fuente, lugar de encuentro para el amor. Aqu&iacute;, el poeta encuentra en las abejas ese n&eacute;ctar que le habla de la vida que germina, como el amor naciente:</p>
<p>&ldquo;En verano las noches eran abejas / abriendo heridas y pos&aacute;ndose luego, apenas, / sobre la sangre en celo&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Abejas que se abr&iacute;an como noches para buscar el n&eacute;ctar, como el ni&ntilde;o que presagia ya el cuerpo del otro, para fantasear con el amor y la entrega, llena de luz y sensualidad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; La diferencia del otro, del raro, anida en poemas como &ldquo;Entre todos&rdquo;, porque ya el poeta manifiesta su diferencia, su extrema sensibilidad, en un mundo que niega el afecto, lo esconde a manos llenas, por considerarlo imp&uacute;dico. Aqu&iacute;, Lostal&eacute;, nos habla del amor hacia el otro, al olvidado, al que ha vivido en el alcohol, porque la vida es sombra, si no la alienta la luz de alguien que te ame:</p>
<p>&ldquo;Le hab&iacute;an matado entre todos. / Cercaron su d&eacute;bil naturaleza / con extintas miradas / que ahora, h&aacute;lito s&oacute;lo, / entregaban su terrible verdad. / Con gestos le llamaban desde su fatigada belleza / porque sab&iacute;an que la pureza era un dif&iacute;cil equilibrio de los ojos,&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Versos que resuena como m&uacute;sica, porque en ellos late el que es diferente, ser que se va completando con las sombras, ser mirado con extra&ntilde;eza, por su extrema sensibilidad. La pureza es un don negado al raro, hombre que anida en las sombras y que parece un loco ante los dem&aacute;s.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; El hombre que, como nos dice en otro verso, &ldquo;comenz&oacute; a amar lo oscuro&rdquo;, es un ser tocado por el sino del afecto, de ese mundo que solo algunos entienden, mundo que parece irrisorio, pero que esconde al hombre verdadero, el que ama la vida hasta el tu&eacute;tano.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Jimmy, Jimmy es un acto de amor, un libro que navega en los sentimientos de un poeta que ya siente la vida como herida, con su luz y sus sombras, de la luz dir&aacute; en el poema &ldquo;Una luz&rdquo;, lo que sigue:</p>
<p>&ldquo;Una luz en pliegues / iba cerc&aacute;ndote / con un &aacute;mbito / que ya no era soledad / sino espacio hueco / en el que el pensamiento se nublaba / sin poder reducir a la verdad / algo de tu vida&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; La luz como anunciaci&oacute;n, pero no de soledad, sino de un espacio de vac&iacute;o, donde el hombre herido por la poes&iacute;a y por la vida va germinando en un haz de rayos que lo consumen, con el necesario puente que necesita para transmitir su amor a los dem&aacute;s, la luz como pregunta herida por su misma carencia de respuesta.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Pero tambi&eacute;n es para el poeta el camino que abre un cuerpo al otro, en una sinfon&iacute;a del tacto, quiz&aacute; imaginado, pero tan real si el hombre sabe completarlo con la imaginaci&oacute;n portentosa del que ya es condenado por su forma de ser:</p>
<p>&ldquo;Como tantas veces / fuiste hasta un cuerpo / buscando m&aacute;s el olvido / que el conocimiento del amor&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El olvido es la renuncia, porque el conocimiento viene tamizado siempre de negaciones, de inquietudes, en el olvido muere el ser, su plena conciencia de existir y vuelve el poeta al &uacute;tero materno, donde la vida es pl&aacute;cida, un sinsentido que no rompe la conciencia de existir.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Indudablemente el poema es una p&eacute;rdida, ya que dice &ldquo;Callado, vive poderoso en tu derrota&rdquo;, el ser que vive en el silencio y en &eacute;l triunfa, pleno por gozar de lo que cree aunque nadie comparta su plenitud vital, llena de silencios y de sombras. La victoria es derrota y en esta ant&iacute;tesis se entiende que el poeta triunfa en su misma negaci&oacute;n del mundo, creando un mundo interior que se superpone y que abre cauces infinitos donde ser feliz: &ldquo;Victoria sea tu tristeza / jam&aacute;s cantada&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lostal&eacute; escribe un libro que ya va abriendo la senda a una obra llena de luz, donde los infinitos deseos de comunicaci&oacute;n se enredan en la soledad y el vac&iacute;o, pero que dan la consistencia a una obra que nace con el af&aacute;n de hacerse ver, para que el otro entienda su profundo sentir hacia la vida.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Jimmy, Jimmy es un libro que merece leer para conocer ya al poeta que dice lo que siente, envuelto en las opacas sombras de la noche de la creaci&oacute;n, esperando el amanecer para ser devuelto al comienzo de la vida, a la ni&ntilde;ez feliz, donde los trenes pasaban como horizontes llenos de viajes imaginarios, dobles vidas que el poeta sabe que son su sino para siempre. Muchos poemas del libro inciden en esa idea, en la negaci&oacute;n del ser, como en &ldquo;El muro&rdquo;, donde la invisibilidad del poeta hacia los dem&aacute;s ya explica un tema esencial en la obra del poeta madrile&ntilde;o, su doble condici&oacute;n de ser que existe, pero que se pierde en las sombras de una doble vida, la imaginada y la que le ha tocado vivir. Un libro inaugural de la gran poes&iacute;a que late en las venas de Javier Lostal&eacute;.</p>
<p><strong>DE <em>FIGURAS EN EL PASEO MAR&Iacute;TIMO</em> A <em>TORMENTA TRANSPARENTE</em></strong></p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp; </strong>Si Jimmy, Jimmy fue libro inaugural, conservando la llama de ese amor hacia la vida que supone la poes&iacute;a de Javier Lostal&eacute;, <em>Figuras en el paseo mar&iacute;timo</em>, libro publicado en 1981, significa la luz absorta en su fulgor, la leve duraci&oacute;n de un cuerpo que se sabe destinado hacia la muerte, al destino final.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; En ese desenlace que todo destino lleva impl&iacute;cito, alguno de los poemas de este libro tienen una fecha, como &ldquo;Septiembre, 1972&rdquo;, donde el poeta ahonda en el verano del recuerdo, a trav&eacute;s de un cuerpo del que solo queda ceniza:</p>
<p>&ldquo;Pleamar es hoy la vida / que en la playa ninguna descansa, / pues el espacio de tu cuerpo dejaste / en constante tensi&oacute;n pobladora / a cuya llamada hay que responder / sin el consuelo de poseer la voz&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Si la vida ya no es reposo, sin espacio de zozobra, los ojos del poeta miran el cuerpo ido, su sombra en las cosas, en una b&uacute;squeda incesante de la felicidad perdida. Lostal&eacute; penetra en el libro temas que los vates de todos los tiempos han tratado a lo largo de los siglos: el mar, el amor, la sensualidad, pero dota a los poemas de una certidumbre, una luz especial que nos hace sentir la llegada de la amada desde su imaginario mental.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por ello, en el poema &ldquo;Ciudad&rdquo;, la mirada es importante, porque renace del tiempo, cobra certeza lo que ya es ruina, la vida a lo que ya es muerte.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; La mirada como c&eacute;nit donde le poeta recobra su fe ante el cuerpo amado, aquel que supo del v&eacute;rtigo de los besos ante el mar: &ldquo;El mar cubri&oacute; la ciudad con tu nombre / y la mirada fue &eacute;xtasis / de los a&ntilde;os vividos desde tu espera&rdquo;. La ciudad en el presente, el mar en el pasado, como esas im&aacute;genes de Alberti en su <em>Marinero en tierra</em> o la imaginer&iacute;a de Jos&eacute; Hierro en su magistral <em>Libro&nbsp; de las alucinaciones</em>, un mar rom&aacute;ntico porque vuelve, su presencia en los ojos del amado es &ldquo;&eacute;xtasis&rdquo;, llama indudable de la pasi&oacute;n para el poeta.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Hace falta mirar, pero tambi&eacute;n sentir, por ello, la presencia del coraz&oacute;n, el latir que connota los afectos, desde la piel hasta el paisaje, sin duda, otro tejido que se compone de recuerdos:</p>
<p>&ldquo;Pero pasaste sin rozar / el luminoso tejido / de mi coraz&oacute;n pronunci&aacute;ndote, / y el paisaje se hizo forma triste / para que despacio se apagara&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; La trasmutaci&oacute;n del paisaje en afecto &ldquo;forma triste&rdquo;, porque las ciudades y sus entornos tienen vida propia, se acercan al ser para entablar un di&aacute;logo con su tristeza.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; De ah&iacute; este coraz&oacute;n que habla, porque todo es di&aacute;logo, desde el p&aacute;lpito, todo es comunicaci&oacute;n, desde la ausencia. La gradaci&oacute;n que se abre ante este coraz&oacute;n que habla, con el paisaje de fondo y que, como una luz que va perdiendo si fulgor, se va diluyendo, en el tenue panorama del poema.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta comunicaci&oacute;n nos recuerda a la de los poetas que aman la tierra como mundo afectivo, en la estela de Antonio Machado y su Soria o Gerardo Diego ante el r&iacute;o Duero.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para Lostal&eacute; el poema es un mapa que abre se&ntilde;ales, por ello, la simbiosis del pasado (el mar) y el presente (la ciudad), solo puede terminar con el dolor:</p>
<p>&ldquo;El mar cubri&oacute; la ciudad con tu nombre / y entre sus l&iacute;mites / mi cuerpo reverber&oacute; dolor&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; El cuerpo es el resultado de dos paisajes (el del pasado y el del presente) y s&iacute;ntesis de ese lamento final que es la p&eacute;rdida del amado en el poema.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Vuelve al pasado, evocando en la textura de &ldquo;Hoy, de nuevo&rdquo;, un poema que revela el tapiz afectivo de Lostal&eacute;, su tejido profundo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; El mar es, de nuevo, el leit-motiv, el espacio del recuerdo, cuyas olas acunan la memoria para provocar la luz del poema. El paisaje (el mar, la niebla, las costas), son mapas afectivos donde el poeta madrile&ntilde;o punt&uacute;a sus sentimientos, adornando su sed de amor.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Desde la extensi&oacute;n del mar como espacio abierto hasta la intimidad del pecho, aqu&iacute; revelado como &ldquo;niebla &iacute;ntima&rdquo;, ya que se ti&ntilde;e de gris ante el recuerdo:</p>
<p>&ldquo;Hoy, de nuevo, busco tu figura perdida, / renuevo el poso que agoniza intentando tu voz / dejo que el arco puro del mar / deposite su niebla &iacute;ntima en mi pecho&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Si es poso que agoniza es que vive ya en las cenizas del amor, con la voz como escenario al que asomarse, ahora truncado por el tiempo y la no presencia del amado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Para Lostal&eacute;, las im&aacute;genes de la tristeza son se&ntilde;ales, cartas abiertas sin remitente que ahondan en el paso del tiempo. Hay aceptaci&oacute;n del enga&ntilde;o, en la l&iacute;nea de Francisco Brines y su visi&oacute;n de la vida como una trampa a la que ceder para seguir creyendo en un tiempo ido, donde la infancia se asoma para ver su reverso, el de la vejez y la muerte.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Lostal&eacute;, siguiendo su destello, sabe que no se puede vivir, para no morir, en la ficci&oacute;n, he ah&iacute; la aceptaci&oacute;n del enga&ntilde;o como &ldquo;modus vivendi&rdquo;, pero el poeta insiste en &ldquo;pausa en mi costumbre&rdquo;, porque necesitamos la cordura de lo real y solo la locura ha de ser transitoria, con cauces bien delimitados, para no perder el horizonte de la vida:</p>
<p>&ldquo;Se abre entonces la locura de una pausa en mi costumbre / y acepto el enga&ntilde;o, que me hace vivir, / el mentido reflejo que en verdad convierte el coraz&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; La vida es oasis donde podemos ver el espejismo del amor, del afecto ido en las cosas, en los paisajes interiores.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tambi&eacute;n sobrevuela en el poema la posibilidad del asombro, de vivir de nuevo el amor, porque todo y nada es real a aquellos que han amado, ya que como nos ense&ntilde;&oacute; Lope de Vega en un c&eacute;lebre poema amar es un vaiv&eacute;n de contradicciones, risas y llantos al mismo tiempo:</p>
<p>&ldquo;Pero todo eso ya no es por ti, figura perdida, / sino por lo que incierto siempre espera / al que una vez se&ntilde;al&oacute; el amor&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con su libro La rosa inclinada (1995), llega la rosa como motivo po&eacute;tico, cuya hermosura casa con su brevedad, en una conjunci&oacute;n que da a luz el poema.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; El esp&iacute;ritu descriptivo del poeta, su minuciosidad para saber mirar queda patente en el libro, hecho con la arquitectura del alma, como en poemas tan sorprendentes como &ldquo;Las gafas&rdquo;:</p>
<p>&ldquo;Con el aire triste y dorado de tu mano / empujaste las gafas / por la pendiente de tus pensamientos, / y sin asilo quedaron / los dos valles de silencio de tu mirada&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; La visi&oacute;n del hombre meditabundo, que vive la soledad de su mundo interior, queda reflejada en el &ldquo;aire triste y dorado de tu mano&rdquo;, como si el tacto fuese ya una se&ntilde;al de la elegancia ante la vida, mano que escribe y sue&ntilde;a, la del poeta. Por ello, el asilo es reflejo de la mirada ida, ya en su plenitud de silencios.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; La descriptiva forma en que el poeta nos dice c&oacute;mo las gafas quedaron hu&eacute;rfanas de unos ojos, se complementa con las flores que ve el poeta, ahora ya embebido de la luz de la flor, que emana suavidad y amor:</p>
<p>&ldquo;El pliegue de unas violetas / enmarc&oacute; entonces tus ojos / y te fuiste alejando / hasta alcanzar la luz quieta / del cansancio enamorado&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; La luz quieta es s&iacute;mbolo de esa llama que es el amor en espera, a la expectativa de un ser que llene la alcoba y la haga moverse, como un cuerpo al danzar, ante las llamas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin duda, el poeta quiere encontrar el reflejo del otro, pero busca sus gafas, las que saben mirar, algo m&aacute;s que una cosa, una parte de su ser:</p>
<p>&ldquo;Desprendidas de la sombra en ramas de tu frente / tus gafas fueron a la deriva / entre el vaho de un cielo de rostros. / Y en su &uacute;ltimo resplandor me bes&oacute; tu memoria&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; La memoria besa porque vuelve tierna y afectiva ante el hombre que recuerda, las gafas, ya entregadas a los otros, despojadas del ser, amputadas de uno mismo, latiendo en &ldquo;un cielo de rostros&rdquo;, ya casi sin vida.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Bello poema, de una estructura muy cuidada y con un alto poder descriptivo en este libro magistral de Javier Lostal&eacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Otro poema del libro que quiero comentar es &ldquo;Azul&rdquo;, donde, recogiendo el color del ensue&ntilde;o para Rub&eacute;n Dar&iacute;o en su c&eacute;lebre libro de cuentos, el poeta nos habla del color del cielo y del mar, para te&ntilde;ir de cromatismo todo lo que le rodea:</p>
<p>&ldquo;En la madrugada / todos los trenes tienen los ojos azules / y la memoria de un cuerpo es azul relente&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; La idea del tren como s&iacute;mbolo de la vida que se escapa, en esos ojos, la mirada tan importante en la poes&iacute;a de Lostal&eacute;, tambi&eacute;n la memoria de un cuerpo tiene color azul tambi&eacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Y la sensualidad que destila el poema, desde los desnudos de los cuerpos hasta el pecho en versos de gran belleza. Cito, para no extenderme demasiado, la parte final donde los amantes viven su plenitud azul, entregados al desconcierto de los besos, porque todo se inunda, plenamente, del color del mar y del cielo:</p>
<p>&ldquo;En la madrugada hay charcos de luz / que convierten la mirada de los amantes / en un escalofr&iacute;o azul. / Las l&aacute;mparas que se apagan en la madrugada / mantienen una lengua azul / llena de mareas y lunas de armarios. / Cuando en la mesa de m&aacute;rmol se destempla / es que llama el amanecer&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; La luz de la noche, te&ntilde;ida de azul, espera la llegada del amado ante la amada, como ocurr&iacute;a en la poes&iacute;a m&iacute;stica de San Juan de la Cruz, donde la noche abre los senderos al d&iacute;a, en una plenitud amorosa que se cimenta en la b&uacute;squeda y el encuentro, en su deslumbramiento final.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; La luz del m&aacute;rmol, en su blancura, cambia el color de todo, porque la noche acaba y el amor ya se ha consumado, ante una blancura hermosa que brinda el amanecer.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Llega <em>Hondo es el resplandor</em> en 1998, con poemas de gran calado existencial, uno de los m&aacute;s bellos se titula &ldquo;Hijo&rdquo;, es la confesi&oacute;n de un hombre que se siente solo ante la inmensidad de la vida, que busca la sombra de un hijo no nacido, para creer en la existencia, como sent&iacute;a Umbral ante la vida casi extinta de su hijo, abocado a la muerte, en su hermoso libro de prosa po&eacute;tica <em>Mortal y rosa</em>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Cito solo unos versos que dicen todo, porque Lostal&eacute; desnuda su dolor, la imposibilidad del amor para dejarnos la sombra de un hijo que nunca existir&aacute;:</p>
<p>&ldquo;Desde la hora desierta de un vientre / copulas con mi sue&ntilde;o / hasta el vaho final del espejo en que te desvaneces. / Tapiado umbral de mi sangre / con la liana de tus labios acaricias el rel&aacute;mpago de mi nombre / mientras un abismo azul me coloca a tu lado&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Sin duda alguna, la consumaci&oacute;n amorosa no se lleva a cabo, la soledad lo asola todo, impidiendo la fecundidad, dentro de la sangre late el hijo que perpet&uacute;e su ser, pero, en realidad, todo lo que trasluce el poema, es el abismo azul, es decir, un vac&iacute;o, de nuevo, el color azul, el que espera el sue&ntilde;o, en la eterna soledad del poeta.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Pero tambi&eacute;n, como reverso, en una simbiosis necesario, late el poema &ldquo;Atardecer&rdquo;, dedicado al padre, porque Lostal&eacute; sabe que la familia da a la vida un sentido, hace que nuestro ser no sea insignificante, solo ante los hilos del coraz&oacute;n puede latir.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Cito unos versos que me deslumbran con su belleza:</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &ldquo;No hay tumba para el atardecer. / Su horizonte de nav&iacute;o lento / junta la vida y la muerte / en la blanca tiniebla de lo que va a despertar&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Final del poema, pero versos llenos de luz, ya que en el atardecer se consuma todo, la vida y la muerte, el amor y el desamor, el padre y el hijo, en un encuentro m&aacute;s all&aacute; de lo carnal, plenamente espiritual, lo que da al poema una ins&oacute;lita belleza.</p>
<p>&nbsp; &nbsp;&nbsp;Tambi&eacute;n la sensualidad, plena de erotismo, vive en poema como &ldquo;Cuerpo&rdquo;, cuando dice el poeta madrile&ntilde;o:</p>
<p>&ldquo;Doy un salto entonces hacia mi entrada en ti, / y como el que salta tiemblo s&oacute;lo tu frontera / al quedarme siempre antes o despu&eacute;s&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; El acto amoroso, su entrega, quedan en el poema, porque en la exactitud del cuerpo se cumple la vida, en el acto amoroso nos eternizamos, vivimos para siempre. La frontera es siempre la distancia que queda entre dos cuerpos, el lugar donde el amado y el amante gozan el amor, un terreno que hay que escalar para llegar a la cima.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Con <em>La estaci&oacute;n azul</em>, publicado en el a&ntilde;o 2004, el poeta nos acerca poemas en prosa, textos de gran calado existencial, cito solo el principio de La frontera, recordando el poema anterior que he comentado, ya que la frontera es el hueco que queda entre los seres, donde vive la felicidad y el desamparo o la tristeza:</p>
<p>&ldquo;Todos vivimos en la frontera, a un paso de la felicidad y a otro del abandono y el desamparo. Somos unos refugiados sin territorio que estamos pendientes de que alguien nos nombre para sentirnos habitantes de alg&uacute;n lugar&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al igual que el poema es la constataci&oacute;n de la existencia, la que nos habla de lo que sentimos, la capacidad de decir, en la l&iacute;nea de ese acto de enunciar que ha cumplido Jaime Siles en su libro <em>Actos de habla</em>, los dem&aacute;s son los que nos dotan de existencia, somos seres ensimismados, como ya lo expres&oacute; C&eacute;sar Sim&oacute;n en su libro <em>Extrav&iacute;o</em>, el ser que se mira en las aguas de la nada para preguntarse por su ser, en la b&uacute;squeda de una constataci&oacute;n de su existencia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lostal&eacute; sabe que somos mendigos en realidad, por mucho que nos vistamos de reyes, la vanidad, el dinero, son bienes fugaces, ef&iacute;meros, que no nos salvan de la muerte, poderosa fuerza que nos arrastrar&aacute; a todos, como nos record&oacute; Pavese en su famoso poema &ldquo;Vendr&aacute; la muerte y tendr&aacute; tus ojos&rdquo;:</p>
<p>&ldquo;Libramos una batalla con nosotros mismos en la que somos reyes y mendigos. Mientras nos ponemos la corona del triunfo y el dinero, nuestro coraz&oacute;n despojado muestra sus harapos&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Libro hondo, que nos ense&ntilde;a, sin atisbo de adoctrinamiento, c&oacute;mo respira Lostal&eacute; en otra forma de decir, pero tan profunda como la que nos dej&oacute; en sus poemas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; De <em>Tormenta transparente</em>, libro publicado en el a&ntilde;o 2010, quiero citar un poema que resume muy bien la forma en que Lostal&eacute; ha ido tejiendo, como Pen&eacute;lope ante el telar, en la espera de Ulises, su obra, demostrando una calidad que no desmerece de la de otros poetas contempor&aacute;neos, sino que vuela alto para llenarnos de llama y de ceniza a sus ya fervientes admiradores, me refiero a &ldquo;El hueco&rdquo;, una de las ideas que ha germinado en sus libros, somos seres que debemos llenar el hueco para completar nuestra existencia, al lado del otro, el que nos completa como seres:</p>
<p>&ldquo;En el hueco que separa dos cuerpos desnudos / hay un cielo p&aacute;lido de ma&ntilde;ana cansada, / una circulaci&oacute;n h&uacute;meda de silencios / pues labios en cenit a&uacute;n fulgen desligados&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo que queda, la pausa de nuestro dolor, cuando buscamos al otro, es el hueco, el que hace que nos acerquemos, con pudor, al amado, para divisar nuestra propia existencia. Vuelve la mirada, tema esencial en su poes&iacute;a, fuerza que explica lo que es el ser humano, ya germinando una luz cenital, que el otro ha de desvelar:</p>
<p>&ldquo;En el hueco que separa dos miradas / crepitan las ramas mojadas del deseo, / y amanece una marisma de vuelos encendidos / que pronto se desvanece en humo azul / donde tiembla, virgen, la respuesta&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las miradas y su hueco, donde vive el deseo, ante el decoro de nuestra existencia, nuestra inacci&oacute;n, ya que dudamos del &eacute;xito de nuestro intento, la inseguridad permanece en el ser, late dentro de nosotros, por ello, tantas historias se deshacen como humo, por el miedo a no ser correspondidos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero tambi&eacute;n el silencio, porque tanto esfuerzo por decir, tanto af&aacute;n de cantar la vida, como ocurre en la poes&iacute;a de Lostal&eacute;, no evita el silencio del poema, las l&iacute;neas no dichas que completa el lector, en otro poema secreto, el que hace cada uno, como bien nos dijo el maestro Brines, un poema que vivir&aacute; para siempre en nosotros, doli&eacute;ndonos hasta en el tu&eacute;tano:</p>
<p>&ldquo;En el hueco que separa dos silencios / algo se clausura con debilidad de rosa, / mientras la tristeza fluye como un astro de luz fija / que besa la memoria con los &uacute;ltimos sonidos. / No existe distancia entre dos silencios / sino solo el espacio transparente de una l&aacute;grima, / la sepultada aurora del vac&iacute;o&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lostal&eacute; nos conduce, con mano sabia, al ser que va muriendo, como una rosa bella que se extingue, ante un silencio, donde la memoria lo es todo, pasado que hemos de evocar para no perder el h&aacute;lito vital. Termina el poema con un tono triste, ya que la aurora que es luz que hace nacer el d&iacute;a viene adjetivada por un t&eacute;rmino del campo sem&aacute;ntico de la tumba: sepultada, una aurora sepultada es un vuelo fracasado, como el amor, en esta Tormenta transparente que deja ver los silencios y los ecos de la mejor poes&iacute;a de Javier Lostal&eacute;.</p>
<p><strong>UN POETA QUE CANTA LA VIDA Y SU SILENCIO</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Concluyo, diciendo, que la poes&iacute;a de Lostal&eacute; es llama y ceniza, lugar de apasionamiento, pero tambi&eacute;n de desencanto, un hueco que queda entre los seres que se aman o entre las l&iacute;neas del poema, ante ese lector que hace suyas las palabras del poeta madrile&ntilde;o.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Temas como el cuerpo, la mirada, el desnudo, el azul, las fronteras, la rosa, han ido dotando a su poes&iacute;a de una gran calidad, con una voz &uacute;nica, que ha ido madurando, hasta dejar algunos de los mejores poemas de amor de nuestra poes&iacute;a actual, a lo que se une su gran generosidad y demostrado amor por la palabra en tantos a&ntilde;os de radio, donde la poes&iacute;a ha ido creciendo, hasta hacerse un tesoro de incalculable validez.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Concluyo, con un in&eacute;dito, el poema &ldquo;Nunca&rdquo;, poema corto, pero de gran mensaje, para todos los que quieran hacer suya la voz de Lostal&eacute;:</p>
<p>&ldquo;Nunca pas&oacute; por aqu&iacute;, / pero yo lo vi hasta el punto de nacer. / Nada dijo, / y con sus palabras / respir&eacute; la m&aacute;s honda rosa de su jard&iacute;n. / Ahora regreso hacia donde no est&aacute; / para que tome mi vida / con su sombra de eternidad&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como el poema que busca al ser ido, quiz&aacute; &eacute;l mismo en otro tiempo, la poes&iacute;a de Lostal&eacute; lucha con los espejismos de la vida, porque all&iacute; donde respiramos, ante la incertidumbre del ser, est&aacute; nuestra verdad, somos sombras llenas de luz que un d&iacute;a, aunque fuese por breve tiempo, iluminamos a otro ser, solo as&iacute; podemos saber que hemos vivido, con la poes&iacute;a de Lostal&eacute; se vive, sus luces y sombras se quedan en nosotros porque es verdadera, late sincera desde el coraz&oacute;n de un hombre que ha sufrido y amado, como tantos de nosotros, una gran poes&iacute;a del amor y el desamor, que hay que celebrar.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 26 Feb 2014 07:21:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Exiliados]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/exiliados/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/JUAN_CARLOS_GALEANO.jpg" alt="" width="204" height="212" /><em></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em>a Rodolfo Guzm&aacute;n</em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p>Sol&iacute;an reunirse</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Detr&aacute;s de las puertas oxidadas</p>
<p>de la ciudad, en la intimidad de las casas</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y jardines</p>
<p>cuyas flores se abr&iacute;an a la Luna</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre daguerrotipos y un tarot antiguo,</p>
<p>los relatos</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y la b&uacute;squeda de los mapas</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>que hab&iacute;a dejado el poeta antes de morir&hellip;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 25 Feb 2014 10:54:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hacia un nuevo modelo de vida]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/hacia-un-nuevo-modelo-de-vida/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/JOANA_BONET.jpg" alt="" width="234" height="234" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Han sido muchos los intelectuales que han intentado reflexionar con mayor o menor acierto durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os sobre el panorama actual de la Europa civilizada al filo de una crisis galopante que ni los m&aacute;s pesimistas sospechaban. Desde Petros Markaris hasta Antonio Mu&ntilde;oz Molina pasando por Alex Rovira o Leopoldo Abad&iacute;a han intentado poner el dedo en la llaga de una situaci&oacute;n casi inesperada y dif&iacute;cil de analizar.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una de las &uacute;ltimas aportaciones, y quiz&aacute;s la m&aacute;s original, ha sido la de la escritora y periodista leridana Joana Bonet. Con el libro <em>Generaci&oacute;n Par&eacute;ntesis</em>,&nbsp; que subtitula como una&nbsp; <em>Radiograf&iacute;a de un tiempo cambiante</em>,&nbsp; ha logrado dar una vuelta de tuerca a las valoraciones de una d&eacute;cada &ndash; la primera del siglo XXI &ndash; en la que los nacidos entre los a&ntilde;os 60 y 70 del siglo pasado viven la madurez con la sensaci&oacute;n agridulce del que comprueba que la felicidad so&ntilde;ada y anhelada se le escurre de los dedos y se manifiesta como algo ef&iacute;mero y vol&aacute;til.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cual un caleidoscopio en tres dimensiones, Joana indaga la realidad desde tres perspectivas distintas y complementarias. As&iacute; lo afirma en un impl&iacute;cito ep&iacute;logo: &ldquo;Aunque los a&ntilde;os corran y ya no entendamos la vida como un bodeg&oacute;n, estamos condenados a calcular la distancia que poner entre el mundo de fuera, el mundo de dentro y el mundo que sentimos&rdquo; (p. 99). Son estos tres mundos los que le sirven a la autora de ca&ntilde;amazo desde el que se estructura este inteligente ensayo. La acertada alternancia de puntos de vista, el buceo en la realidad interior y los ecos de un mundo cada vez m&aacute;s convulso y complejo, convierten a este libro en una creaci&oacute;n a medio camino entre la confesi&oacute;n personal, el an&aacute;lisis sociol&oacute;gico y la valoraci&oacute;n filos&oacute;fica.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El punto de partida de toda reflexi&oacute;n suele ser la observaci&oacute;n de la realidad, ese mundo contemplado desde fuera que nos sorprende d&iacute;a tras d&iacute;a con nuevas oscilaciones. Y en el caso de esta &ldquo;Generaci&oacute;n bisagra&rdquo; &ndash; &ldquo;Hemos vivido mejor que nuestros padres y que nuestros hijos&rdquo; (p. 47) &ndash; la llegada de la crisis con su cortejo de miserias y actuaciones corruptas ha desencadenado la inquietud y el inconformismo. La autora deja bien clara desde el principio c&oacute;mo ve la situaci&oacute;n del ciudadano de a pie en estos primeros a&ntilde;os del siglo XXI: &ldquo;Una absurda e injusta adversidad se ceba sobre ese ciudadano universal, el individuo desamparado que no logra entender absolutamente nada&rdquo; (p. 6) A partir de este diagn&oacute;stico inicial, Joana elige diversos marbetes que, cual un cruce de caminos, confluyen o divergen de una misma situaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para transmitir al lector esta especie de cr&oacute;nica apasionada de la incertidumbre, la periodista catalana utiliza entradas similares a las de un diario y las acompa&ntilde;a de una breve cita de un intelectual, de un pol&iacute;tico o de un blog amigo. De este modo la reflexi&oacute;n avanza en c&iacute;rculos conc&eacute;ntricos y oscila entre la a&ntilde;oranza del pasado feliz, las preocupaciones actuales y la inquietud por el futuro. Se lamenta as&iacute; de la progresiva p&eacute;rdida de privacidad y de lo que denomina &ldquo;pantallizaci&oacute;n de la cotidianidad&rdquo;. Valora el amor como un sentimiento que nos exilia de la realidad y comprueba c&oacute;mo ha cambiado el comportamiento de las mujeres respecto a la sexualidad. &ldquo;Nunca en la historia se ha perseguido con tanta furia la felicidad&rdquo; (p. 35), afirma Bonet intentando sacar a la luz la cara amable de una crisis que habr&aacute; que superar con nuevos retos como ese refugio sosegado en la lectura &ndash; &ldquo;Leer es olvidar el tiempo, alcanzar un microclima&rdquo; (p. 41) &ndash; o esa familiaridad con una presunta&nbsp; normalidad. Eso s&iacute;, nada ser&aacute; igual en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os: el estado del bienestar est&aacute; temblando, desayunamos cada d&iacute;a con la econom&iacute;a en las portadas y sufrimos la espada de Damocles de una cifra de parados escalofriante. A pesar de la corrupci&oacute;n, a pesar del fracaso de los pol&iacute;ticos, a pesar del lastre de la corrupci&oacute;n, Joana comparte una visi&oacute;n amable de la crisis e invoca el gen solidario al mismo tiempo que se lamenta de la falta de esp&iacute;ritu cr&iacute;tico y de curiosidad intelectual.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; A partir de esta situaci&oacute;n de incertidumbre, la autora bucea en su interior e inicia una nueva andadura &ndash; &ldquo;El mundo desde dentro&rdquo; &ndash; que tiene sus ra&iacute;ces en los propios avatares cotidianos: la provisionalidad del trabajo, el cambio apresurado de domicilio y la b&uacute;squeda de la propia identidad. As&iacute; desfilan ante los ojos del lector los peque&ntilde;os &aacute;mbitos que la acompa&ntilde;an: la casa como nido, rinc&oacute;n o reducto vital &ndash; &ldquo;Somos las casas donde vivimos porque sus recuerdos no s&oacute;lo proceden de sus paredes, sino de un lugar en el que pudimos so&ntilde;ar&rdquo; (p. 75) &ndash; la cama, el sof&aacute;, el ascensor y todos esos peque&ntilde;os objetos proustianos que han quedado plasmados por la literatura y conforman lo m&aacute;s &iacute;ntimo de nuestra memoria vital: &ldquo;La literatura nos devuelve a esos lugares de la memoria en un estallido sinest&eacute;sico capaz de palpar un tiempo vivido&rdquo; (p. 86). Pero la soledad y el sosiego del hogar tienen como contrapunto los vaivenes de las nuevas sociedades n&oacute;madas, el turismo televisivo, la invasi&oacute;n imparable de las redes sociales, el mundo virtual, el hechizo del deporte rey y esos tres grandes bloques sobre los que gira como un gozne la puerta del futuro: tecnol&oacute;gico, econ&oacute;mico y b&eacute;lico.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero no basta ver el mundo desde dentro. Es esencial sentirlo, palparlo, saborearlo. Esto propone Joana en una tercera parte&nbsp; - &ldquo;El mundo que sentimos&rdquo; &ndash; que tiene como denominador com&uacute;n esa nueva filosof&iacute;a hedonista que nos ofrece la nueva imagen de la publicidad. Se trata de potenciar una nueva &ldquo;org&iacute;a de los sentidos&rdquo;: las motivaciones simb&oacute;licas de los perfumes que agudizan el olfato, la importancia de la m&uacute;sica para el o&iacute;do, el tacto que se recrea en lo cotidiano y el gusto que se sacraliza en las cartas de los restaurantes m&aacute;s selectos. Porque, seg&uacute;n la autora, el ciudadano de a pie se encuentra inmerso en &ldquo;el zoo de la moda&rdquo; que presenta matices tan diversos como el cuidado excesivo de la imagen, la fiesta de los sentidos cual &ldquo;carpe diem&rdquo; renovado, la importancia del deporte para mantenerse m&aacute;s joven, la pr&aacute;ctica del neorruralismo del fin de semana, la importancia de la artesan&iacute;a y el movimiento slow, como una forma de desacelerar el tiempo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Joana recapitula e incide de nuevo al final del ensayo en esa potenciaci&oacute;n de la vida interior como medicina para superar esta &eacute;poca convulsa e incierta. Y, a modo de vaticinio, sugiere una salida de esta Generaci&oacute;n par&eacute;ntesis y propone el cambio metaf&oacute;rico de la Generaci&oacute;n tap&oacute;n de los j&oacute;venes de hoy a la Generaci&oacute;n globo. Una actitud ilusionante y una visi&oacute;n m&aacute;s halag&uuml;e&ntilde;a de la crisis. Eso s&iacute;, la obra se lee como una novela y deja abierta una rendija al humor, la complicidad y la empat&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Joana Bonet, <em>Generaci&oacute;n Par&eacute;ntesis. Radiograf&iacute;a de un tiempo cambiante</em>, Barcelona, Planeta, 2013.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 25 Feb 2014 09:14:26 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Al alba, a coger agua]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/al-alba-a-coger-agua/</link>
      <description><![CDATA[<p style="text-align: left;" align="right"><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/VICENTE_GALLEGO.jpg" alt="" width="348" height="174" /><em></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>A Javier Lostal&eacute;</em></p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p>A este aljibe escondido</p>
<p>en este pueblo anclado entre los cerros</p>
<p>al que llaman El Oro,</p>
<p>venimos a por agua cuando el d&iacute;a</p>
<p>no puede todav&iacute;a acompa&ntilde;arnos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A coger agua vamos dos amigos.</p>
<p>Y ayer nos esperaba,</p>
<p>bebiendo entre sus manos agualuz,</p>
<p>un hombre con los a&ntilde;os</p>
<p>de un olivo reviejo, con el lomo</p>
<p>tan doblado que hubieran</p>
<p>podido bendecirse en ese altar</p>
<p>el pan de cinco vidas y sus vinos.</p>
<p>Nos dio los buenos d&iacute;as</p>
<p>como ya no se usa, pues los daba</p>
<p>porque en s&iacute; los sent&iacute;a y eran suyos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un alma como aquella,</p>
<p>toda puesta en los ojos,</p>
<p>tan magra y tan sencilla como el codo</p>
<p>que le vimos al viejo y parec&iacute;a</p>
<p>higo agostado o c&aacute;scara de nuez,</p>
<p>&iquest;d&oacute;nde puede encontrarse?</p>
<p>Nos hall&oacute; en lo apartado, dijo poco,</p>
<p>y para qu&eacute;, si est&aacute;bamos queri&eacute;ndonos</p>
<p>junto al agua que canta de la fuente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No he visto m&aacute;s ilustre inteligencia:</p>
<p>asida a su garrote,</p>
<p>se inclin&oacute; la bondad a coger agua</p>
<p>y nos llen&oacute; con nada, con mirarnos,</p>
<p>como s&oacute;lo ella sabe de alegr&iacute;a.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 24 Feb 2014 23:00:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Alfonso Zapater. El eterno aprendiz]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/alfonso-zapater-el-eterno-aprendiz/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/ALFONSO_ZAPATER.jpg" alt="" width="195" height="265" /></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Juan Jos&eacute; Ver&oacute;n -a la saz&oacute;n presidente de la Asociaci&oacute;n de Periodistas de Arag&oacute;n-, con motivo de la entrega a Alfonso Zapater del premio de honor a toda una trayectoria period&iacute;stica en el a&ntilde;o 2006, un a&ntilde;o antes de su muerte, dijo de &eacute;l que era &ldquo;un maestro del periodismo aragon&eacute;s&rdquo;; sin embargo, Zapater siempre se consider&oacute; &ldquo;un eterno aprendiz&rdquo;: &ldquo;Contin&uacute;o teniendo sue&ntilde;os e ilusiones permanentemente. Por eso sigo diciendo que nazco cada d&iacute;a que amanece. Si no se so&ntilde;ase, no merecer&iacute;a la pena vivir&rdquo;, declarar&iacute;a en una entrevista concedida con motivo del mencionado premio, pues &eacute;l siempre se vio como &ldquo;el hombre que era de ni&ntilde;o&rdquo;,&nbsp; por lo que en todo momento le acompa&ntilde;aron los recuerdos de su infancia y una perenne mirada infantil con la que escudri&ntilde;aba la vida y el&nbsp; mundo con esa insaciable curiosidad de ni&ntilde;o adulto en la que todo, cada d&iacute;a, est&aacute; a&uacute;n por descubrir.</p>
<p>Alfonso Zapater fue uno de esos periodistas de casta, de los de antes, de los que se pateaban las calles, alternaban en los bares y conoc&iacute;an la intrahistoria de su ciudad - Zaragoza- al dedillo.&nbsp; Escribi&oacute; hasta el mismo d&iacute;a de su muerte, incluso jubilado iba todas las tardes al <em>Heraldo </em>a redactar su columna y supo adaptarse como un chiquillo a la revoluci&oacute;n inform&aacute;tica y a su velocidad de v&eacute;rtigo: &ldquo;t&uacute; dime c&oacute;mo entro a escribir y ya est&aacute;&rdquo;, le ped&iacute;a a su joven compa&ntilde;ero de trabajo, lo dem&aacute;s ya lo pon&iacute;a el escritor de raza que llevaba dentro, por eso muri&oacute; con las botas puestas o la pluma en ristre, escribiendo hasta el final y manifestando en cada l&iacute;nea de sus art&iacute;culos, con cada una de sus palabras, el amor que siempre sinti&oacute; hacia su tierra: &ldquo;Que la personalidad de los pueblos permanezca intacta sin temor a perderla un d&iacute;a, por culpa del descenso de habitantes&hellip;&rdquo;, con este p&aacute;rrafo a prop&oacute;sito de la Asociaci&oacute;n Cultural El Hocino de Blesa, terminaba su &uacute;ltima cr&oacute;nica de <em>El Solanar</em> dos d&iacute;as antes de morir, palabras que demuestran, por un lado, su enorme capacidad de trabajo, y por otro, resumen la constante tem&aacute;tica m&aacute;s importante de su legado creativo: su profundo amor por Arag&oacute;n.</p>
<p>Sin duda, aunque a &eacute;l no le gustara reconocerlo, fue un gran maestro del periodismo, un buen novelista, un poeta de m&eacute;rito, pero ante todo fue un enamorado de su tierra, un aragon&eacute;s de los pies a la cabeza, digno heredero del pensamiento de Costa, al que tanto admir&oacute; y sobre el que tanto escribi&oacute;.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>La patria de un escritor: su infancia y adolescencia</strong></p>
<p>Alfonso Zapater naci&oacute; en Albalate del Arzobispo, en julio de 1932, pero a los ocho meses lo llevaron a Urrea de Ga&eacute;n, donde su padre ten&iacute;a el molino a orillas del r&iacute;o Mart&iacute;n. As&iacute;, su infancia la pas&oacute; entre Urrea y Albalate, localidades a las que consider&oacute; sus pueblos por igual.</p>
<p>La Guerra Civil, como no pod&iacute;a ser de otra manera, marc&oacute; su ni&ntilde;ez y adolescencia. Gran parte de sus desagradables recuerdos de esos terribles momentos los rememor&oacute; en su obra <em>Tuerto Catach&aacute;n </em>(Zaragoza, Mira, 1998), una autobiograf&iacute;a novelada en la que homenajea a su abuelo materno.</p>
<p>Su padre se exili&oacute; por un breve espacio de tiempo en Francia, pero pronto regres&oacute; y, aunque sufri&oacute; algunos meses de prisi&oacute;n, fue puesto en libertad sin cargos y volvi&oacute; a ejercer su oficio de molinero en Aguaviva, muy cerca de Mas de las Matas, donde Alfonso Zapater va a la escuela y escribe con nueve a&ntilde;os sus primeros versos. All&iacute; tiene como profesor a Jos&eacute; Miguel Balb&iacute;n, un hombre fundamental en su formaci&oacute;n por el que siempre mostr&oacute; un profundo respeto y un tremendo cari&ntilde;o. Desde temprana edad se manifest&oacute; como un lector voraz, as&iacute; a los 12 a&ntilde;os ya se hizo con la colecci&oacute;n Cl&aacute;sicos, de Barcelona, en la que ley&oacute; precozmente a Virgilio, Homero, Balzac o Rosusseau, entre otros muchos autores de la literatura universal.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Importancia de la jota</strong></p>
<p>De ni&ntilde;o se cri&oacute; en un ambiente en el que la jota desempe&ntilde;&oacute; un papel relevante en la vida familiar: su padre fue un bailador excepcional que lleg&oacute; a ganar hasta en siete ocasiones el m&aacute;ximo galard&oacute;n en Arag&oacute;n, siempre con la misma pareja, Pascuala Sancho. Cre&oacute; una escuela de folclore y dio clases durante muchos a&ntilde;os, tanto en Albalate como en Urrea. Tambi&eacute;n fue el creador de la popular <em>Jota de Albalate</em>, de la coreograf&iacute;a del &ldquo;Rodat&rdquo; y del bolero de Castelser&aacute;s, ense&ntilde;&oacute; a bailar a Conchita Piquer antes del rodaje de <em>La Dolores</em>, fue amigo &iacute;ntimo del gran cantador Jos&eacute; Oto y, como no, del &ldquo;Pastor de Andorra&rdquo;, quien a su muerte le cant&oacute; un padrenuestro en su funeral. Por eso no es de extra&ntilde;ar que en el mundo creativo de Alfonso Zapater la jota ocupe un lugar fundamental y le dedicara infinidad de art&iacute;culos y una obra monumental, <em>Historia de la jota aragonesa </em>(Zaragoza, Aguaviva, 1988), en tres vol&uacute;menes, con pr&oacute;logo de su paisano, Pedro La&iacute;n Entralgo, en los que recoge los cantadores y bailadores m&aacute;s destacados de cada uno de los pueblos de la geograf&iacute;a aragonesa.</p>
<p>En este sentido, tambi&eacute;n escribi&oacute; una simp&aacute;tica biograf&iacute;a, plagada de an&eacute;cdotas,&nbsp; del gran jotero, amigo de su padre y suyo, <em>Jos&eacute; Iranzo, el Pastor de Andorra</em> (Zaragoza, Diputaci&oacute;n General de Arag&oacute;n, 1993), que rezuma reconocimiento y sincera amistad.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Yo quiero ser torero o la reencarnaci&oacute;n de Manolete</strong></p>
<p>Coincidiendo con la muerte de Manolete en 1947, Alfonso Zapater cay&oacute; enfermo de pulmon&iacute;a (fue el primero en el pueblo en recibir inyecciones de penicilina), en su larga convalecencia comenzaron a consolidarse sus inquietudes futuras, como reconoce en una entrevista en el a&ntilde;o 2006 a su compa&ntilde;ero del <em>Heraldo</em>, Juan Dominguez Lasierra: &ldquo;Padec&iacute; de ni&ntilde;o una pulmon&iacute;a y tuve que guardar cama mucho tiempo. All&iacute;, en aquella cama, se fragu&oacute; todo: los toros, la literatura, el teatro, el periodismo.&rdquo; El m&eacute;dico le regal&oacute; un libro sobre toros y ley&oacute; durante su convalecencia todo lo que se escribi&oacute; sobre el diestro, por lo que lleg&oacute;, seg&uacute;n relata, a convencerse de que el matador se hab&iacute;a reencarnado en &eacute;l. Su decisi&oacute;n estaba tomada: iba a ser torero. As&iacute; comenz&oacute; a prepararse recibiendo clases de toreo de sal&oacute;n y visitando diferentes tentaderos por toda la geograf&iacute;a nacional.</p>
<p>A los 17 a&ntilde;os se visti&oacute; el traje de luces y debut&oacute; como novillero en la plaza de toros de Ordu&ntilde;a (Vizcaya), luego en Graus, junto a Braulio Laus&iacute;n &ndash;el hijo del famoso torero aragon&eacute;s en cuya biograf&iacute;a colaborar&iacute;a activamente Alfonso Zapater casi cincuenta a&ntilde;os m&aacute;s tarde, <em>Braulio Laus&iacute;n, &ldquo;gitanillo de Ricla&rdquo;. Un le&oacute;n en los ruedos </em>(Zaragoza, Diputaci&oacute;n Provincial, 1998)- y Jos&eacute; Luis Alaiza, le siguieron Albalate, H&iacute;jar, Alca&ntilde;iz, Barcelona, Valladolid, Castell&oacute;n, C&aacute;ceres, Plasencia, Trujillo, etc., en suma, m&aacute;s de treinta novilladas compartiendo cartel con figuras reconocidas y relacion&aacute;ndose con nombres del toreo nacional de primera fila, llegando a ser amigo &iacute;ntimo de Paco Camino o de Luis Miguel Domingu&iacute;n y de su familia, en especial de su hermana Carmen, a la que acompa&ntilde;aba al cine con frecuencia.</p>
<p>Fruto de esta experiencia torera y de su afici&oacute;n por los toros fue la que quiz&aacute; a&uacute;n hoy en d&iacute;a siga siendo la obra m&aacute;s completa sobre este mundo en Arag&oacute;n, nos referimos a los tres vol&uacute;menes de <em>Tauromaquia aragonesa</em> (Zaragoza, Urusaragon, 1998), con m&aacute;s de 600 protagonistas presentes en sus p&aacute;ginas.</p>
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<p><strong>El torero poeta</strong></p>
<p>Su actividad taurina lo llev&oacute; a Madrid, donde hizo el servicio militar como voluntario en el Ministerio del Ej&eacute;rcito. Compagin&oacute; esta situaci&oacute;n con el mundo del toro y con su afici&oacute;n por la escritura, por lo que recibi&oacute; el apodo del &ldquo;torero poeta&rdquo;, pero pronto abandon&oacute; sus veleidades toreras (&ldquo;Yo nunca tuve miedo a los toros. Los toros son lo &uacute;nico noble de la fiesta. Me retir&oacute; el ambiente, la trastienda&rdquo;, dijo al respecto) para dedicarse por completo a escribir.</p>
<p>Su vocaci&oacute;n literaria pudo m&aacute;s que la taurina y acab&oacute; imponi&eacute;ndose. En principio continu&oacute; escribiendo poemas y en 1954 vio la luz su primer libro, titulado <em>Tristezas </em>(Madrid, Ediciones Ensayos), publicado por Pablo Antonio Panadero en Ediciones Ensayos, editor con el que mantuvo una gran amistad y con el que incluso lleg&oacute;, seg&uacute;n relata en sus <em>Memorias </em>(breves escritos que se publicaban los domingos en el <em>Heraldo</em>, en los que repasaba de manera an&aacute;rquica, sin demasiado orden, circunstancias de su vida, recuerdos familiares, amigos, an&eacute;cdotas, etc., siempre acompa&ntilde;ados de una foto ilustrativa), a formar una sociedad dedicada a la venta de relojes a plazos. A este primer poemario le siguieron en esa misma editorial, <em>Dulce sue&ntilde;o eterno</em> (1954), <em>&nbsp;Julio</em> (1954) &ndash;dedicado al mes de su nacimiento- y <em>Ramillete</em> (1955). Nunca dejar&iacute;a ya de escribir poes&iacute;a, sin duda algo m&aacute;s que una afici&oacute;n juvenil, pues en 1973 conseguir&iacute;a el acc&eacute;sit de la Flor de Nieve de Oro de la X Fiesta de la Poes&iacute;a de Huesca y poco despu&eacute;s obtendr&iacute;a el premio de sonetos del certamen &ldquo;Amantes de Teruel&rdquo;. De igual forma, en 1975 ganar&iacute;a el Premio San Jorge de Poes&iacute;a por su obra <em>Hombre de Tierra</em>, publicada al a&ntilde;o siguiente por la Instituci&oacute;n Fernando el Cat&oacute;lico.</p>
<p>Poco despu&eacute;s, en 1976, escribir&iacute;a, en su af&aacute;n de acercar la poes&iacute;a al pueblo, <em>Arag&oacute;n para todos</em>, espect&aacute;culo po&eacute;tico escenificado del que se dieron m&aacute;s de doscientas representaciones, y la venta del texto editado super&oacute; los 10.000 ejemplares, del que tambi&eacute;n se grab&oacute; al a&ntilde;o siguiente un disco (Movieplay) con las canciones.</p>
<p>Su actividad po&eacute;tica perdurar&aacute; a lo largo del tiempo y podemos afirmar que nunca la abandon&oacute; completamente. As&iacute;, en 1992 publicar&aacute; <em>Afirmaci&oacute;n del ser</em> (Zaragoza, Instituci&oacute;n Fernando el Cat&oacute;lico), un poemario influido por el pensamiento de Joaqu&iacute;n Costa, que incide en una de las constantes de la escritura de Alfonso Zapater, su inquietud social, y&nbsp; en el que desnuda la palabra y los sentimientos.</p>
<p>Volviendo a los a&ntilde;os cincuenta, su actividad po&eacute;tica la compaginaba con espor&aacute;dicas colaboraciones en el diario <em>Pueblo</em>, dirigido por Emilio Romero, y la escritura de reportajes para el semanario <em>D&iacute;game</em>, y con m&aacute;s continuidad con la elaboraci&oacute;n de guiones para Radio SEU, luego Radio Juventud, donde lleg&oacute; a tener un programa semanal, &ldquo;Palestra universitaria&rdquo;, en el que cont&oacute; como colaborador con un jovenc&iacute;simo Mart&iacute;n Villa, a la saz&oacute;n estudiante de ingenier&iacute;a industrial.</p>
<p>Ya en los medios, trab&oacute; amistad con grandes periodistas del momento como Tico Medina, Antonio D. Olano, Miguel Ors o su paisana Pilar Narvi&oacute;n. A partir de ese momento, combinar&aacute; su periodismo de calle, sus entrevistas y reportajes, con la escritura de poes&iacute;a, teatro y, casi con seguridad, novela. Al mismo tiempo,&nbsp; viv&iacute;a su particular bohemia literaria y asist&iacute;a con frecuencia a las sesiones del Ateneo; a las del domingo por la ma&ntilde;ana en el teatro Lara, escenario de &ldquo;Alforjas de la Poes&iacute;a&rdquo;;&nbsp; a las tertulias del s&aacute;bado por la tarde en el Caf&eacute; Varela (all&iacute; conoci&oacute; a Cela, quien luego le prologar&iacute;a varias de sus obras), donde se recitaban poemas por sus propios autores; a las del Caf&eacute; Lisboa; a las de Perico Chicote; a los recitales de las Cuevas del S&eacute;samo, etc.</p>
<p>En todas estas tertulias alternaba el mundo literario con el de la tauromaquia. En una de ellas conoci&oacute; al escritor Kenneth Graham, natural de Redondo (California), quien le pidi&oacute; que le prologara su novela, <em>Don Quijote en Yankilandia</em>, una obra muy popular en su momento con grandes dosis de humor en la que su autor resucita a Don Quijote (casualmente coincide su publicaci&oacute;n con el comienzo del largo e inconcluso rodaje de la pel&iacute;cula de Orson Welles sobre la obra cervantina, con la que guarda ciertas similitudes) y lo revive en los Estados Unidos de los a&ntilde;os cincuenta, para presentarlo como un viajero sui g&eacute;neris, que visita asombrado las instituciones americanas &ndash;el Congreso, la Casa Blanca, la Universidad e, incluso, los estudios de Hollywood, donde participa en la grabaci&oacute;n de una pel&iacute;cula con Marilyn Monroe-.</p>
<p>En esta &eacute;poca sufri&oacute; prisi&oacute;n durante un mes en Carabanchel por injurias al Jefe del Estado. Se ocup&oacute; de su defensa el por aquel entonces marido de Lola Gaos, gran amiga suya y actriz que colabor&oacute; con &eacute;l formando parte, como luego veremos, de su compa&ntilde;&iacute;a &ldquo;El Corral de la Pacheca&rdquo;, quien consigui&oacute;&nbsp; sacarlo de la c&aacute;rcel mediante fianza de 5.000 pesetas. En el juicio correspondiente fue absuelto con todos los pronunciamientos favorables. Parte de su experiencia carcelaria se recoge en la autobiograf&iacute;a novelada a la que ya hemos hecho referencia, <em>Tuerto Catach&aacute;n</em>, que luego comentaremos con m&aacute;s detenimiento.</p>
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<p><strong>Autor teatral</strong></p>
<p>Su afici&oacute;n por el teatro se manifest&oacute; a temprana edad. As&iacute; comentaba haber escrito en su ni&ntilde;ez en Urrea un auto sacramental, un drama en verso y una nueva versi&oacute;n de <em>Los amantes de Teruel.</em> Ya en Madrid, a finales de los a&ntilde;os cincuenta, acud&iacute;a a todas las representaciones que le era posible y gustaba de relacionarse con todo tipo de actores y actrices.&nbsp; Fue amigo de Mar&iacute;a Ladr&oacute;n de Guevara y de su hija Amparo Rivelles, de Luis Prendes, Isbel Garc&eacute;s, Carlos Lemos, Paco Rabal, Paco Mart&iacute;nez Soria, Mar&iacute;a Asquerino y un largu&iacute;simo etc&eacute;tera, incluyendo artistas de revistas musicales como Lola Flores, Lina Morgan o Celia G&aacute;mez, con la que le uni&oacute; -seg&uacute;n relata en diferentes ocasiones- una gran amistad, pues en una ocasi&oacute;n quiso ser &ldquo;boy&rdquo; de uno de sus espect&aacute;culos y cuando se present&oacute; y le dijo su apellido, ella le explic&oacute; emocionada que en Argentina hab&iacute;a tenido un novio apellidado tambi&eacute;n Zapater, de origen espa&ntilde;ol, que le pag&oacute; su primer viaje a Espa&ntilde;a, al que le estaba muy agradecida. Al final result&oacute; que el tal Zapater era un t&iacute;o del padre de Alfonso.</p>
<p>De esta forma, resurgi&oacute; en &eacute;l su infantil afici&oacute;n por el teatro y el 16 de febrero de 1958, estrenaba su primera obra en el teatro Mar&iacute;a Cristina, <em>Noche de pesadilla</em>. La puso en escena el Grupo Recreativo Tal&iacute;a, bajo la direcci&oacute;n de Carlos Lang. En los programas de mano, el propio autor advert&iacute;a: &ldquo;Es una comedia de intriga polic&iacute;aca, aunque no me atrever&iacute;a a encuadrarla dentro del g&eacute;nero. Me he propuesto solamente, a trav&eacute;s de la brevedad de sus tres actos, mantener el inter&eacute;s tanto en el di&aacute;logo como en la acci&oacute;n, de manera que al final podamos todos sentirnos satisfechos&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Su siguiente obra, <em>La chavola</em>, fue dirigida por Jos&eacute; Franco y estrenada en sesi&oacute;n matinal en el Lara el 1 de julio de 1958&nbsp;&nbsp; por &ldquo;El Corral de la Pacheca&rdquo;, su propio grupo esc&eacute;nico, integrado en esta representaci&oacute;n por Jos&eacute; Luis Hern&aacute;ndez, Carmen Mart&iacute;n, Paquita Fajardo, Conchita &Aacute;lvarez, Anastasio de Campoy, Emilio Padilla, Braulio Crespo, y por la que fue su mujer, Pilar Delgado. Obra de fuerte cr&iacute;tica social, cuyo tema, el chabolismo y la marginaci&oacute;n, fue consentido por la censura por tratarse de una pieza de las denominadas de c&aacute;mara y ensayo,&nbsp; en las que, dada su escasa repercusi&oacute;n, no sol&iacute;an meter las tijeras. Buero Vallejo lo felicit&oacute; personalmente mostr&aacute;ndole su extra&ntilde;eza por haber burlado el filtro censor; sin embargo, la cr&iacute;tica del momento, incluido Alfredo Marquer&iacute;e, del <em>ABC</em>,&nbsp; contrariamente a lo que a&ntilde;os despu&eacute;s recordar&aacute; Alfonso en sus <em>Memorias</em>, no fue muy favorable. As&iacute;, por ejemplo, el citado cr&iacute;tico dec&iacute;a: &ldquo;<em>La chabola</em> encierra en su tesis una buena intenci&oacute;n laudable, moralizadora y ejemplificadora, pero adolece de los defectos propios de un autor novel, de t&eacute;cnica ingenua y primaria, tanto en lo que se refiere a la expresi&oacute;n dialogada artificiosa y poco natural, como a las entradas y salidas de los personajes, como a la falta de dosificaci&oacute;n de los efectos bruscos y sin ritmo. Todo en <em>La chabola</em>, desde su asunto hasta la traza de los personajes &ndash;siempre de una pieza, sin matices, es decir, sin verdad ni humanidad- pasando por la escasa duraci&oacute;n de los actos revela el aire de improvisaci&oacute;n y de esquema de quien da sus primeros pasos titubeantes por el dif&iacute;cil camino del drama. Ahora que, por algo se empieza, aunque este &ldquo;algo&rdquo; encierre mejor prop&oacute;sito que realizaci&oacute;n y logro.&rdquo; Tan solo salvaba de la representaci&oacute;n a Pilar Delgado, de la que dijo es &ldquo;actriz joven pero de soltura, voz y dominio envidiables y admirables.&rdquo;</p>
<p>Poco despu&eacute;s, el 23 de julio, en el teatro de Bellas Artes del C&iacute;rculo Catal&aacute;n, &ldquo;El Corral de la Pacheca&rdquo; estrenaba <em>Llegaron a una ciudad, </em>de Priestley, autor asimismo de la obra, reconocida mundialmente, <em>Llega un inspector</em>. Alfonso Zapater logr&oacute; acceder a este escenario gracias a Alberto Ins&uacute;a, y encarg&oacute; a su amigo de Alca&ntilde;iz, Sergio Ferrer de la Mar&iacute;a, que a la saz&oacute;n estudiaba en la Academia de Cine y que poco despu&eacute;s ser&iacute;a uno de los ayudantes de Luis Bu&ntilde;uel en <em>Viridiana</em>, la direcci&oacute;n de la misma. La comedia fue traducida y adaptada por Mario Antol&iacute;n Paz, marido de la gran actriz Mar&iacute;a Fernanda d&rsquo;Oc&oacute;n. En el reparto intervinieron actores que m&aacute;s tarde alcanzar&iacute;an renombre como Mari Luz Bautista, Sergio Mendiz&aacute;bal, Lola Gaos, Hebe Donay y Fernando Guill&eacute;n.</p>
<p>Su siguiente obra, <em>El farol,</em>&nbsp; fue estrenada tambi&eacute;n en el Teatro de Bellas Artes. Se trataba de una comedia amable y humana con su correspondiente carga de tristeza y nostalgia, que se desarrollaba en Nochebuena, y sus protagonistas eran vagabundos sin hogar ni familia para celebrar esa se&ntilde;alada fecha.. La acci&oacute;n transcurr&iacute;a en un espacio &uacute;nico, donde las sombras se mezclaban con las luces. Sus int&eacute;rpretes fueron los mismos que&nbsp; hab&iacute;an actuado en <em>La chabola</em>. El periodista Jos&eacute; Antonio Alejos-Pita le hizo una entrevista para la revista <em>Juventud</em>, en la que le dedicaba grandes elogios: &ldquo;Como puede verse, las aspiraciones de Alfonso Zapater son dignas de la mayor consideraci&oacute;n. Pero opino que son dignas todav&iacute;a de otra cosa mejor. Son merecedoras del apoyo y de la estimaci&oacute;n de la juventud espa&ntilde;ola, que tiene en estos muchachos un nuevo ejemplo de impulso y de valent&iacute;a. Son muchas las dificultades que han de pasar para llegar a la meta que se ha propuesto&hellip; Merece hacerse notar la juventud que representa. La juventud que sabe lanzarse por cualquier camino sin asustarse por nada. &iexcl;Y fijaos que meten miedo los cr&iacute;ticos!&rdquo;. <em>El farol</em>&nbsp; se represent&oacute; durante algunos a&ntilde;os en el Ateneo de Zaragoza, que contaba con el escenario del Mercantil, cuando Alfonso estuvo al frente del Aula de Teatro de la Comisar&iacute;a de Extensi&oacute;n Cultural de la Diputaci&oacute;n a principios de los a&ntilde;os sesenta como vamos a ver.</p>
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<p><strong>De regreso a Zaragoza</strong></p>
<p>Por cuestiones personales y familiares regres&oacute; a Zaragoza en los a&ntilde;os sesenta. Colabor&oacute; en Radio Juventud, con Pedro Ara y Alberto Albericio en programas como &ldquo;Caf&eacute;, copa y puro&rdquo;, en tertulias radiof&oacute;nicas y escribi&oacute; multitud de guiones. Al mismo tiempo colaboraba en el diario <em>Amanecer</em>, para el que hac&iacute;a reportajes, aunque oficialmente estaba de corrector de pruebas y se convirti&oacute; tambi&eacute;n en corresponsal de Europa Press. Poco despu&eacute;s, dej&oacute; <em>Amanecer</em> y entr&oacute; en la redacci&oacute;n aragonesa del vespertino <em>Pueblo.</em></p>
<p>Como hemos se&ntilde;alado, durante los primeros a&ntilde;os de la d&eacute;cada de los sesenta Alfonso dirigi&oacute; el Aula de la Comisar&iacute;a de Extensi&oacute;n Cultural. Tras reponer su obra <em>El farol</em>, el 28 de junio de 1962, cuando se conmemoraba el 550 aniversario del acontecimiento hist&oacute;rico del Compromiso de Caspe, estren&oacute; una nueva obra, <em>Cr&oacute;nica del compromiso</em>, dedicada a esta efem&eacute;ride. Con la colaboraci&oacute;n de la Tertulia Teatral de Zaragoza y bajo la direcci&oacute;n de Manuel Mu&ntilde;oz Cabeza, esta primera versi&oacute;n en un acto fue una especie de conferencia escenificada. Algunos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, en 1975, la pieza se recuper&oacute; a instancias del Centro de Iniciativas y Turismo de Caspe &nbsp;para representarse anualmente en la fecha&nbsp; conmemorativa del Compromiso, con puesta en escena a cargo del Teatro &ldquo;La Taguara&rdquo;, bajo la direcci&oacute;n de Pilar Delgado. Alfonso revis&oacute; la obra d&aacute;ndole un corte m&aacute;s cl&aacute;sico y alargando su duraci&oacute;n. De igual forma, la editorial Litho Arte, publicar&iacute;a por esas fechas su versi&oacute;n escrita.</p>
<p>Fue a principios de los setenta, cuando su mujer, Piliar Delgado, de familia dedicada al teatro, que por estos a&ntilde;os dirig&iacute;a un interesante programa radiof&oacute;nico, &ldquo;Por los caminos de la poes&iacute;a&rdquo;, en Radio Nacional, fund&oacute; el teatro-escuela La Taguara (vinculada poco despu&eacute;s a Publicaciones La Tagurara, que se dio a conocer con sus Premios de Poes&iacute;a de 1973, &uacute;nica vez que se convocaron), que era el nombre de un bar en la calle Fita, en el que se hac&iacute;an exposiciones.&nbsp; Hacia 1974 se constituy&oacute; ya como compa&ntilde;&iacute;a de teatro independiente. Su actividad teatral se centr&oacute; fundamentalmente en obras de tem&aacute;tica aragonesa, reivindicativas o de denuncia. Con La Taguara Alfonso estrenar&iacute;a tres obras, las ya mencionadas, <em>Cr&oacute;nica del compromiso</em> y <em>Arag&oacute;n para todos</em>, que consagrar&iacute;a de forma definitiva a la compa&ntilde;&iacute;a (se lleg&oacute; a estrenar en el teatro Alfil en Madrid en 1980), con la que recorrer&iacute;an toda la geograf&iacute;a aragonesa, y su otro gran &eacute;xito fue, <em>Resurrecci&oacute;n y vida de Joaqu&iacute;n Costa</em>, de la que incluso grabaron una serie para la Televisi&oacute;n Aragonesa y que luego comentaremos m&aacute;s por extenso.</p>
<p>&nbsp;Otras piezas teatrales de Alfonso Zapater son <em>Yo traigo la luz, Se fue al amanecer, Tio T&iacute;teres </em>y <em>Una mirada sobre Daroca. Escenificaci&oacute;n del misterio</em>, esta &uacute;ltima escrita en colaboraci&oacute;n con Juan Manuel Torrijo en 1965.</p>
<p>Volviendo a su actividad period&iacute;stica, en 1966 entr&oacute; a formar parte de la redacci&oacute;n de <em>Heraldo de Arag&oacute;n, </em>que ya no abandonar&iacute;a hasta su muerte, donde comenz&oacute; a escribir una p&aacute;gina diaria, &ldquo;Zaragoza al d&iacute;a&rdquo;, en la que mezclaba el reportaje, la cr&oacute;nica, la entrevista y el comentario o la opini&oacute;n. En suma, algo nuevo, distinto en el periodismo de la &eacute;poca. Su serie &ldquo;Arag&oacute;n, pueblo a pueblo&rdquo; se convirti&oacute; en un impresionante fresco del panorama regional, en el que todos los municipios estaban presentes -1350 n&uacute;cleos de poblaci&oacute;n- y que fue publicada en 18 vol&uacute;menes, con pr&oacute;logo de su amigo Camilo Jos&eacute; Cela. En la memoria colectiva del pueblo aragon&eacute;s tambi&eacute;n&nbsp; sobrevive su beligerante reportaje sobre la inundaci&oacute;n de Fay&oacute;n, magistral trabajo de periodismo de investigaci&oacute;n. Son igualmente destacables sus trabajos sobre el incendio del hotel Corona de Arag&oacute;n, en 1979, en el que murieron decenas de personas.</p>
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<p><strong>Costista hasta la m&eacute;dula</strong></p>
<p>En 1975, Alfonso Zapater, gracias a las facilidades que le concedieron los familiares de Joaqu&iacute;n Costa, pudo estudiar y analizar los documentos que se conservaban en las estanter&iacute;as de su despacho de Graus, m&aacute;s de doscientos ochenta y tres legajos y carpetas. Asombra la capacidad de trabajo del intelectual grausino, pero tambi&eacute;n la de Alfonso Zapater, quien en dos semanas de estudio intenso escribe los m&aacute;s de doscientos folios de su primer libro sobre Costa, titulado <em>Desde este Sina&iacute; (Costa, en su despacho de Graus),</em> en el que se resume el contenido &ndash;el pensamiento- de todo este material acumulado en el despacho del regeneracionista aragon&eacute;s. Se trata de un ensayo fundamental en su producci&oacute;n, pues con &eacute;l se inicia una constante en la misma que no habr&iacute;a de abandonarle ya nunca: su costismo militante, que no es sino una concreci&oacute;n intelectual del amor y el inter&eacute;s que el albalatino siempre tuvo por Arag&oacute;n. Zapater trae al presente a Costa, lo hace vivir de nuevo y mediante un di&aacute;logo con &eacute;l recupera lo fundamental de su pensamiento y de su personalidad: el trueno de su voz, su misantrop&iacute;a, la irritaci&oacute;n que le causa su enfermedad, la desesperaci&oacute;n por la secular sordera de Arag&oacute;n y de Espa&ntilde;a ante sus reflexiones, la justa ira por las razones desatendidas, deso&iacute;das y marginadas, etc. El despacho de Graus es un hervidero de ideas, opiniones y consejos. No existe una especializaci&oacute;n concreta o una preferencia sobre determinados temas. Al pol&iacute;grafo aragon&eacute;s le preocupaba todo lo que afectara a Espa&ntilde;a&nbsp; y por ende a Arag&oacute;n-, nacional e internacionalmente. Hay sed de justicia y hambre de libertad. Le interesa, en especial, &ldquo;hacer libre al pueblo espa&ntilde;ol, que no lo es a pesar de sus leyes aparentemente democr&aacute;ticas&rdquo;; elevar la cultura, es decir, modificar la manera como se distribuye el presupuesto a favor de la educaci&oacute;n, y establecer o crear una disciplina social que a todos obligue y a todos alcance&rdquo;.&nbsp; De alguna forma, <em>Desde este</em> <em>Sina&iacute;</em>&nbsp; encierra una obra de teatro centrada en el pensamiento de Costa, pero demasiado discursiva y densa.</p>
<p>Esta pieza teatral que anticipaba su ensayo anterior la va a escribir en 1978, <em>Resurrecci&oacute;n y vida de Joaqu&iacute;n Costa. Ideario dram&aacute;tico en dos partes </em>(Zaragoza, Guara Editorial, 1979)<em>.</em> A este respecto, Zapater se&ntilde;alaba en la introducci&oacute;n que su intenci&oacute;n hab&iacute;a sido la de llevar a Joaqu&iacute;n Costa&nbsp; al teatro, aun siendo sabedor de que &ldquo;es empresa arriesgada y mucho m&aacute;s si se pretende realizar teatralmente, de acuerdo con las exigencias del g&eacute;nero. Hay tres vicios o defectos en los que, a primera vista, se puede caer f&aacute;cilmente: el abuso del mon&oacute;logo, el di&aacute;logo excesivamente discursivo y la sucesi&oacute;n de estampas sin la necesaria coherencia en la acci&oacute;n. De estos tres vicios o defectos, casi obligados en este caso &mdash;m&aacute;xime conociendo la personalidad de Costa&mdash;, he intentado huir para dar al hecho teatral toda su fuerza apoy&aacute;ndome en personajes reales, de carne y hueso, como reales son tambi&eacute;n &mdash;fueron&mdash; los di&aacute;logos que se escuchan en escena&rdquo;. As&iacute; pues, Zapater busca a Costa en su voluntario retiro de Graus -en su tierra, en su patria- para repasar, desde el escepticismo que le confieren los a&ntilde;os y el lastre de su enfermedad, en conversaci&oacute;n con sus &iacute;ntimos (Manuel Besc&oacute;s, &ldquo;Sivio Kossti&rdquo;, Carmen Vi&ntilde;as Costa, Ram&oacute;n Auset, etc.)&nbsp; su vida, sus ilusiones &ndash;desilusiones-, sus proyectos, etc. El preestreno de la obra se celebr&oacute; en Graus, el jueves 8 de febrero de 1979, con motivo del LXVIII aniversario de la muerte de Joaqu&iacute;n Costa, y el estreno oficial en el Teatro Principal de Zaragoza, el d&iacute;a 15 del mismo mes, a cargo del Grupo de Teatro Independiente La Taguara, bajo la direcci&oacute;n de Pilar Delgado.</p>
<p>La pasi&oacute;n de Alfonso Zapater por Joaqu&iacute;n Costa le lleva a fabular sobre los aspectos m&aacute;s personales, &iacute;ntimos, del personaje. As&iacute;, partiendo de un imaginario manuscrito -unas memorias ap&oacute;crifas como reza el t&iacute;tulo, que en el fondo no son sino los documentos que Zapater consult&oacute; para escribir <em>Desde este Sina&iacute;</em>- que ni los m&aacute;s tenaces investigadores han descubierto, y de un enigm&aacute;tico personaje que se considera la reencarnaci&oacute;n de Joaqu&iacute;n Costa en el presente, Alfonso Zapater repasa la vida y la obra del regeneracionista aragon&eacute;s en la novela titulada, <em>El regreso de Mois&eacute;s. Memorias ap&oacute;crifas de Joaqu&iacute;n Costa, </em>(Zaragoza, Mira Editores, 1996), pero centr&aacute;ndose de manera muy especial en aquellos aspectos que inciden en su vida sentimental, contribuyendo a potenciar la semblanza humana del montisonense-grausino, la cual para la mayor parte de sus estudiosos pasa desapercibida, y todo ello desde la convicci&oacute;n de que en esta vida, antes que genio no hay otra cosa tan dif&iacute;cil como llegar a ser hombre, de hecho, en su semblanza de Joaqu&iacute;n Costa si algo resalta por encima incluso de su pensamiento es su fisicidad, su necesidad de amor, de sexo, de que le quisieran como persona.</p>
<p>Como colof&oacute;n, Alfonso Zapater escribir&aacute; tambi&eacute;n una biograf&iacute;a del montisonense en el a&ntilde;o 2005, <em>Joaqu&iacute;n Costa </em>(Zaragoza, Dels&aacute;n Libros, 2005), en la que aporta datos y recuerda an&eacute;cdotas poco conocidas tanto del personaje p&uacute;blico, como del privado, el que tuvo una hija secreta y se resisti&oacute; durante mucho tiempo a reconocerla como suya. La presencia de Costa y de su pensamiento no se agota &uacute;nica y exclusivamente en la escritura de las obras rese&ntilde;adas, sino que se manifiesta tambi&eacute;n, de una u otra forma como constante influencia, en toda la producci&oacute;n escrita del periodista.</p>
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<p><strong>Novelista</strong></p>
<p>Durante su estancia en Madrid, Alfonso Zapater combina sus inquietudes po&eacute;ticas y teatrales con las narrativas y escribe su primera novela, in&eacute;dita por el momento, titulada <em>Camelia,</em> en la que seg&uacute;n resume en sus <em>Memorias </em>se mostraba &ldquo;ingenioso y humorista a la par&rdquo;, en ella relataba una singular historia de amor, desde una &ldquo;perspectiva diferente a la tradicional&rdquo;. En este mismo cap&iacute;tulo de sus <em>Memorias</em> confiesa que es en &ldquo;la novela donde m&aacute;s a gusto me siento, porque me da la oportunidad de fundir la realidad con la ficci&oacute;n, sin olvidar que todo tipo de narraci&oacute;n va acompa&ntilde;ada tambi&eacute;n de poes&iacute;a y teatro. Es una visi&oacute;n m&aacute;s rica de la realidad y de la historia, por sus muchas posibilidades&rdquo;, y as&iacute; es, quiz&aacute; junto con la period&iacute;stica, sea la novela el g&eacute;nero m&aacute;s destacado de Alfonso Zapater, como lo demuestran los m&uacute;ltiples premios que alcanz&oacute;.</p>
<p>Con su segunda novela, primera publicada, <em>El hombre y el toro</em> (Zaragoza, Litho Arte, 1976), consigui&oacute; el premio Padre Llanas, de Binefar, en 1975. Se trata de una novela simb&oacute;lica y l&iacute;rica, que remite con claridad meridiana a su etapa de novillero y que parece inscribirse dentro de esas obras de corte taurino que Jos&eacute; Mar&iacute;a de Lera escribiera en los a&ntilde;os sesenta dedicadas al mundo de los toros, nos referimos a <em>Los clarines del miedo</em> (1958), <em>Bochorno</em> (1960), <em>Trampa para morir</em> (1964) o <em>Los fan&aacute;ticos</em> (1969), o a la de Camilo Jos&eacute; Cela, <em>El gallego y su cuadrilla y otros apuntes carpetovet&oacute;nicos </em>&nbsp;(1949), pero en este caso se trata solo de un hombre y un toro, sin p&uacute;blico ni orquestas, ni cuadrillas ni espadas, ni turistas ni picadores ni banderilleros que saben mucho, tan solo un hombre, un toro y una naturaleza inh&oacute;spita, que en una noche inclemente de cellisca se disputan una isla insignificante, un trozo de tierra que por capricho no se lo ha tragado el r&iacute;o. Se trata de una esplendida novela que, por encima de cualquier otra consideraci&oacute;n, es una lecci&oacute;n de fortaleza ante el infortunio y la desesperanza,&nbsp; una demostraci&oacute;n del valor que puede llegar a tener un hombre en una situaci&oacute;n l&iacute;mite, pero tambi&eacute;n, al final, es una historia de amistad y admiraci&oacute;n, de supervivencia animal. El autor no toma parte por ninguno de los dos, simplemente deja actuar a sus instintos animales. <em>El hombre y el toro</em> tiene&nbsp; connotaciones de heroica epopeya. El fr&iacute;o y el mal tiempo en que la acci&oacute;n tiene lugar no son un recurso del escritor para a&ntilde;adir suspense o dramatismo al relato, que tambi&eacute;n, sino que fueron una realidad, el suceso no es ficci&oacute;n, verdaderamente un hombre y un toro, en unas condiciones extremas, como se explica en una nota, protagonizaron esa noche y los peri&oacute;dicos lo contaron en su secci&oacute;n de casos ins&oacute;litos.</p>
<p>Imbuido del pensamiento costista, Zapater escribi&oacute;<em> Siembra </em>(Zaragoza, Instituci&oacute;n Fernando el Cat&oacute;lico, 1978)<em> </em>y <em>El pueblo que se vendi&oacute; </em>(Barcelona, Bruguera, 1978), dos magn&iacute;ficas novelas de realismo social rural, que conforman un d&iacute;ptico perfecto de la realidad de los pueblos de Arag&oacute;n.</p>
<p>Con la primera, Alfonso Zapater gan&oacute; el Premio &ldquo;San Jorge&rdquo; de Novela 1978. En ella narra la rivalidad entre dos familias &ndash;de alguna manera se trata de una met&aacute;fora de la guerra civil-, las &uacute;ltimas que quedan en un pueblo: una, los Acines, compuesta por la viuda, Blasa Cenarbe Adiego, madre de tres hijos solteros &ldquo;como tres castillos&rdquo; &ndash;Cosme, Ferm&iacute;n y Doroteo-; otra, los&nbsp; Artales, compuesta por el viejo Lorenzo Artal Sendino, su mujer Ramona Bielsa Mart&iacute;n, tres hijas, tambi&eacute;n solteras, Rosario, Ramona y Dolores, y Lorenzo, su hijo menor &ndash;el impotente-y la mujer de este, Cristina Berd&uacute;n Laru&eacute;s. Dos familias enfrentadas en su soledad, dos bandos &ndash;los rojos y los azules, los pobres y los ricos- odi&aacute;ndose a muerte en una guerra sorda que a veces estalla en insultos y algaradas que llevan a la justicia a sentenciar el&nbsp; destierro de la familia de los Acines por sus amenazas continuas a los Artales, por su tradicional malquerencia. La enemistad proviene de tiempos de la guerra, cuando el ahora viejo Lorenzo parece ser que delat&oacute; a Cosme Ac&iacute;n Palomar, quien fue asesinado. A partir de ese momento el rencor anida en la familia de los Acines, con tres hijos, &ldquo;como tres castillos, cualquiera nos tose&rdquo;, sin atender a palabras, sin que el amor de reminiscencias shakesperianas&nbsp; que surge entre los primog&eacute;nitos de cada casa, Cosme y Rosario, logre el perd&oacute;n, ni siquiera con la esperanza de futuro para el pueblo y de reconciliaci&oacute;n para las familias que podr&iacute;a suponer esa nueva vida que crece en el vientre de Rosario; sin embargo, ya nada es posible, todo est&aacute; perdido: la sangre de Ca&iacute;n sigue triunfando hasta adue&ntilde;arse de ese peque&ntilde;o microcosmos del solar patrio que es el pueblo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Con <em>El pueblo que se vendi&oacute; </em>Alfonso Zapater gan&oacute; el premio Ciudad de Barbastro de 1978 y se anticip&oacute; a toda esa literatura de la memoria, de mundos que se acaban, tan propia de los narradores leoneses (Juan Pedro Aparicio, Jos&eacute; Mar&iacute;a Merino o Luis Mateo D&iacute;ez) y a libros de enorme popularidad como <em>La lluvia amarilla</em>, de Julio Llamazares, ambientado en el Pirineo aragon&eacute;s. <em>El pueblo que se vendi&oacute;</em> tiene ecos de la narrativa de Rulfo, en especial de <em>Pedro P&aacute;ramo</em>, solo que en este caso son los vivos los que reclaman, los que dan voz a los muertos. La historia trascurre en Urbecia, un peque&ntilde;o pueblo aragon&eacute;s, que se va quedando sin habitantes, hasta que los &uacute;ltimos deciden vender sus propiedades y lo abandonan definitivamente, todos, incluidos los muertos que son trasladados a la localidad vecina para volver a ser enterrados. El lugar se acota y el casco urbano, para evitar el retorno de los antiguos habitantes, se convierte en un cercado protegido por un implacable patr&oacute;n y por Dami&aacute;n, un terco lugare&ntilde;o aferrado a lo suyo que, aunque vendi&oacute; sus propiedades, consigui&oacute; su usufructo y trabajar para los nuevos propietarios como guarda. La vieja t&iacute;a Micaela ronda cada d&iacute;a las alambradas, para reclamar los huesos de su difunto, los cuales no fueron exhumados en su momento con los del resto de la poblaci&oacute;n y que ahora ella necesita recuperar para descansar en paz junto a ellos. El capataz no puede soportar su presencia, le deniega una y otra vez su petici&oacute;n y amenaza con matarla si la ve merodear por el vallado. Dami&aacute;n comprende su reclamaci&oacute;n y poco a poco va robando los restos&nbsp; para devolv&eacute;rselos a plazos a su leg&iacute;tima due&ntilde;a, como si de una macabra deuda se tratara. Esta tarea reparadora le lleva a darse cuenta que el ciclo de la vida en Urbecia se ha roto de manera definitiva, ya nadie podr&aacute; pasar noticia de su muerte, de esta forma descubre a su alrededor toda una serie de males: la soledad, el paso inexorable del tiempo, la muerte y sus consecuencias m&aacute;s inmediatas: el p&aacute;nico a morir solo y el miedo a convivir con los fantasmas del pasado. As&iacute; se desencadena toda una serie de sentimientos de culpa en su interior, en especial su falta de valor para declarar su amor a Orosia y haber luchado junto a ella contra la despoblaci&oacute;n teniendo hijos; su d&oacute;cil conformismo para aceptar la muerte de una manera de vivir y de su pueblo y, sobre todo, el de no mantenerse fiel a sus principios y a la memoria de los suyos y acabar abandonando la aldea como los dem&aacute;s. Para evitar esta situaci&oacute;n, para no perder definitivamente la dignidad y como desagravio a los errores cometidos en el pasado se rinde al amor pasivo de la viuda Hortensia con la finalidad de tener hijos y de que la vida vuelva al pueblo, pero ya es demasiado tarde, con fatalidad de tragedia cl&aacute;sica, en un final tremendista, asistimos al asesinato del patr&oacute;n. Al final los muertos imponen su muda ley a los vivos, ya no hay futuro y todo ser&aacute; olvido en Urbecia.</p>
<p>La novela impresiona, no solo por su calidad literaria, sino por la tristeza de saber que no hay soluci&oacute;n posible. Su prosa es cruda, sin artificios, con un l&eacute;xico vivo, preciso, aut&oacute;ctono, con el que logra crear un clima po&eacute;tico, en ocasiones casi l&iacute;rico, que hace que el lector acompa&ntilde;e a Dami&aacute;n en sus meditaciones y remordimientos, en su soledad, convirti&eacute;ndolo en protagonista.</p>
<p>En 1980, Zapater consegu&iacute;a con la novela <em>Viajando con Alirio</em> (Barcelona, Planeta, 1980) el Premio Ciudad de Jaca. En ella, Enrique, conductor que se gana la vida transportando mercanc&iacute;as por Espa&ntilde;a con su furgoneta, es contratado para trasladar a su pueblo natal el cad&aacute;ver de Alirio P&eacute;rez Lafita, un transporte ilegal que le llevar&aacute; por los lugares&nbsp; en los que transcurri&oacute; la vida del difunto en una suerte de casualidad-causal que lo va atrapando en la personalidad de Alirio. La novela se desdobla y en cada uno de los lugares que recorren, en primera persona, en un tono &eacute;pico e intimista, el personaje principal relata en forma de memorias sus vivencias. Su vida fue singular, voluntariosa, aventurera, en ella Alirio manifiesta una clara voluntad de ser un hombre m&aacute;s natural que social &ndash;el modelo bien podr&iacute;a ser el del buen salvaje de Rousseau- que se adapta a los ambientes sucesivos sin que estos interrumpan el curso de su trayectoria que tiene a gala no volver sobre sus pasos, porque cuando lo hace es solo su cad&aacute;ver quien recopila sus andanzas y vivifica su huella, sobre los seres que conoci&oacute;, sobre los paisajes que holl&oacute;, etc. Alirio de alguna manera es una especie de Pedro Saputo particular, un hombre con una filosof&iacute;a personal que al cumplir la mayor&iacute;a de edad decide enfrentarse a su &ldquo;verdad desnuda&rdquo;: el hecho de ser hombre en absoluta libertad, sin ataduras de ning&uacute;n tipo, sin perseguir ning&uacute;n fin en la vida, su &uacute;nico objetivo es el de vivir cada d&iacute;a como si fuera el primero de su existencia, anhelando lo inalcanzable (&iexcl;Cu&aacute;nto del propio Zapater en este personaje!).</p>
<p>La novela pues, presenta la vida de Alirio como una sucesi&oacute;n de peripecias, de estructura itinerante &ndash;mod&eacute;lo cl&aacute;sico picaresco, pero sin picaresca, en modo alguno Alirio es un p&iacute;caro-. Alirio, como Pedro Saputo, es hijo de sus&nbsp; obras, de su talento natural y de su voluntad de aprender y saber: Alirio abandona su casa y se lanza a recorrer mundo sin destino y sin metas: primero conoce el amor en una venta con una mujer madura&nbsp; y trabaja durante algunos meses en la restauraci&oacute;n de una iglesia como pe&oacute;n de alba&ntilde;il. Aqu&iacute; nace su amor por el arte, lo que le lleva a aprender la profesi&oacute;n de alfarero,&nbsp; hasta que&nbsp; es hecho preso por desertor del ej&eacute;rcito. Tras pasar dos a&ntilde;os cumpliendo con la Patria, donde aprende a tocar maravillosamente bien la guitarra, entra a trabajar de camarero y su car&aacute;cter emprendedor le lleva a asociarse con el due&ntilde;o y a montar un complejo hotelero en el que instruir a los profesionales del gremio. Pronto se enamora de Martina, la hija de su jefe-socio y esto un tiempo despu&eacute;s provoca que tenga que abandonar el negocio, pues su padre no ve con buenos ojos la relaci&oacute;n. Alirio se retira al desierto para reencontrarse consigo mismo (cap&iacute;tulo muy filos&oacute;fico que habla del transcurrir del tiempo, del ser, de la libertad, de la esclavitud actual. Se reintegra a la sociedad, rescatado del desierto como si de un salvaje se tratara, pero poco a poco recupera sus habilidades e instruye a todo un pueblo en ellas. Sigue su peregrinar y llega a unas cuencas mineras donde ayuda a los mineros en su esfuerzo por mejorar sus condiciones sanitarias y consigue un hospital. Vuelve a la ciudad y se alcoholiza. Sale de esa situaci&oacute;n y ya sin esperanza de conseguir su ansiada libertad, se prepara para morir y escribe-ordena sus pensamientos. Contrae matrimonio con una mujer a la que no ama, pero que le da cobijo hasta su muerte. Al final, su cad&aacute;ver, como el de los h&eacute;roes m&iacute;ticos, desaparece.</p>
<p>En 1981, Alfonso Zapater qued&oacute; finalista del Premio Nadal de Novela con su obra, <em>El accidente</em> (Barcelona, Ediciones Destino, 1983), tras la gijonesa Carmen G&oacute;mez Ojea, una licenciada en Filosof&iacute;a y Letras, ama de casa con cinco hijos, que se defin&iacute;a como una &ldquo;cocinera que escribe o una escritora que fr&iacute;e huevos&rdquo;, ganadora con la novela fant&aacute;stica y de aventuras titulada <em>Cantiga de ag&uuml;ero.</em> Resulta parad&oacute;jico que la novela de Zapater rezume un profundo feminismo al que la misma ganadora parece renunciar, pues se declara escritora por afici&oacute;n, escribe por las noches, despu&eacute;s de cumplir como ama de casa.</p>
<p>Alfonso Zapater escribi&oacute;&nbsp; <em>El accidente</em> en diecis&eacute;is d&iacute;as, durante su veraneo en Sitges, si bien hab&iacute;a madurado la idea durante m&aacute;s de un a&ntilde;o. Basada en un hecho real que cubri&oacute; como periodista de <em>El Heraldo</em>, narra la despedida de soltero de cuatro amigos en la monta&ntilde;a &ndash;Candanch&uacute;- que concluye a su regreso con un fatal accidente, en el que mueren al permanecer 14 horas sin recibir socorro. Atrapados en los restos del coche, el novio trata de sacar a sus acompa&ntilde;antes la verdad sobre su futura esposa. As&iacute;, <em>El accidente </em>es la cr&oacute;nica de los &uacute;ltimos instantes de vida de cuatro hombres, conducida <em>in crescendo </em>&ndash;como una tragedia griega, en la que el coro lo forman las gentes del pueblo que acuden a la orilla del r&iacute;o Arag&oacute;n para ver como sacan los cad&aacute;veres- con breves y elusivos di&aacute;logos, y sus correspondientes mon&oacute;logos interiores, para dejarnos en la duda de si tal accidente no es sino colectiva y voluntaria anulaci&oacute;n (el parecido con <em>El Jarama </em>es solo instrumental). Novela realista, no exenta de toques l&iacute;ricos presentes en el ritmo de la prosa y numerosos elementos simb&oacute;licos (la monta&ntilde;a, el r&iacute;o, la noche, la tortuosa prisi&oacute;n de hierros retorcidos en que se ha convertido el chasis del coche, una especie de simb&oacute;lica tela de ara&ntilde;a en la que se encuentran atrapados, etc.), narrada desde los diferentes puntos de vista de los cuatro personajes: Antonio, Ramiro, Pedro y Carlos. Sobre ellos gravita la sombra de la aut&eacute;ntica protagonista, ausente, pero siempre presente en el recuerdo de cada uno de ellos: Mercedes. Novela feminista en la que se reivindica la libertad sexual absoluta de la mujer.</p>
<p>En 1983, Alfonso Zapater vuelve a presentarse al premio Nadal con su novela <em>Los sublevados</em> (Zaragoza, Heraldo de Arag&oacute;n, 1983. Nueva edici&oacute;n en la Editorial Certeza, 2005). En ella novela con rigor hist&oacute;rico la epopeya de la sublevaci&oacute;n republicana de Jaca a cargo de los capitanes Ferm&iacute;n Gal&aacute;n y &Aacute;ngel Garc&iacute;a.</p>
<p>En sus p&aacute;ginas se recrea de forma casi cinematogr&aacute;fica la aventura vivida por estos capitanes, que se sublevaron el 12 de diciembre de 1930 en Jaca y proclamaron en esa ciudad la Rep&uacute;blica. Tras hacerse con la capital jacetana formaron un convoy de camiones con cientos de soldados con el objetivo de tomar Huesca, pero fueron rechazados y ambos militares fueron fusilados tras un juicio sumar&iacute;simo.</p>
<p>Las cincuenta y siete horas y diez minutos que dur&oacute; la aventura republicana, desde el 12 de diciembre de 1930, al toque de diana, hasta el d&iacute;a 14 a las tres y diez, son revividas por toda una serie de personas que participaron en los diferentes acontecimientos, testigos de la fallida asonada que, reunidos muchos a&ntilde;os despu&eacute;s, tratan de reconstruir los hechos y de revelar-descubrir la verdad de lo ocurrido, complicada tarea que deja algunas importantes preguntas sin contestar: &iquest;fueron utilizados en realidad los sublevados por los pol&iacute;ticos de Madrid para medir las fuerzas de la monarqu&iacute;a?, &iquest;fueron sacrificados de forma consciente?, &iquest;cu&aacute;l fue la verdadera actuaci&oacute;n de Casares Quiroga?, etc. Paradojas de la vida, cuatro meses despu&eacute;s de su fracaso y fusilamiento, se produjo la ca&iacute;da de la monarqu&iacute;a y la llegada de la II Rep&uacute;blica sin el menor derramamiento de sangre, si bien las muertes de los capitanes no fueron en vano, pues se convirtieron en s&iacute;mbolo de la lucha por unos ideales.</p>
<p>La novela rezuma emotividad, admiraci&oacute;n por la figura de Ferm&iacute;n Gal&aacute;n, al que se considera un m&aacute;rtir de la causa republicana, conocimiento de los paisajes de la acci&oacute;n y una documentaci&oacute;n muy trabajada de los hechos narrados.</p>
<p>En 1992, Alfonso Zapater public&oacute; su novela <em>La ciudad infinita </em>(Zaragoza, Mira).Se trata de una novela urbana, caleidosc&oacute;pica, comprometida, de cr&iacute;tica social, implacable con la burgues&iacute;a, en la que se denuncia la existencia en las ciudades de un &aacute;mbito marginal, de una capa social oculta y relegada, si bien la obra est&aacute; recorrida de un humor constante desdramatizador. Escrita con un lenguaje sencillo. Como aconsejaba Celaya, Zapater escribe &ldquo;como quien respira&rdquo;. El protagonista es colectivo, de tem&aacute;tica urbana. Con los caracter&iacute;sticos personajes representativos de su clase o grupo social, no hay argumento propiamente dicho, pues se disuelve en las peripecias de su acontecer diario: Felipe el Patapalo, Nicasio, Agust&iacute;n M&eacute;ndez el Poeta, Jorge Besc&oacute;s el Galaxias, Dolores Velasco Heredia, la Pitonisa, etc., toda una caterva de pobres, menesterosos, putas, videntes, tullidos, en definitiva, una troupe de personajes alucinados, con su particular idiosincrasia&nbsp; cultural, filos&oacute;fica, de vida, etc., empe&ntilde;ados en crear un sindicato, el SILIPOPE &ndash;Sindicato Libre de Pobres de Pedir-, que defienda sus derechos como mendicantes y los reconozca como clase; sin embargo, a lo largo de la novela no consiguen nada, tan s&oacute;lo ser el centro de atenci&oacute;n, de sospechas de la desaparici&oacute;n de dos ni&ntilde;os, que luego uno de ellos, Agapito, encuentra, as&iacute; como tambi&eacute;n ser los m&aacute;ximos sospechosos de toda una serie de incendios de entidades bancarias que se est&aacute;n produciendo en la ciudad. Esta serie de incendios, parece ser que causados por el Sardineta, un pobre justiciero que atenta contra un capitalismo injusto, que no solo los mantiene en una situaci&oacute;n inaceptable, sino que tambi&eacute;n los considera sospechosos de todo tipo de males. Junto con el realismo (son muy importantes las descripciones, en especial de lugares, calles, bares, locales de alterne, r&iacute;os, puentes, etc. de Zaragoza, que se convierte de esta forma en la gran protagonista), presenta otro nivel de lectura simb&oacute;lico, as&iacute; los ataques incendiarios o incluso el final, la muerte y entierro del Poeta., tienen una lectura m&aacute;s trascendente.</p>
<p>En 1995 y tambi&eacute;n en la editorial Mira, publica su novela <em>Yo falsifiqu&eacute; el Guernica</em>, una reflexi&oacute;n sobre el arte, sobre su originalidad, sobre el amor,&nbsp; la guerra civil espa&ntilde;ola y la pol&iacute;tica de nuestro pa&iacute;s (incluido el terrorismo vasco) en los a&ntilde;os ochenta, todo ello construido sobre una intriga m&iacute;nima en la que se deja entrever que el &ldquo;Guernica&nbsp; que regres&oacute; a Espa&ntilde;a y se contempla en el Cas&oacute;n del Buen Retiro podr&iacute;a ser falso, debido a la mano de un experto falsificador&rdquo;.</p>
<p>En <em>Tuerto Catach&aacute;n</em>, autobiograf&iacute;a novelada del propio Zapater que ya hemos mencionado con anterioridad, va alternando la mirada de un ni&ntilde;o que vivi&oacute; la guerra civil y la inmediata posguerra, con sus padecimientos, odios, venganzas, prisiones y fusilamientos, a las que como es l&oacute;gico no escap&oacute; su familia, con la mirada de un adulto, un periodista -el mismo Zapater-, quien es recluido en la c&aacute;rcel de Yeser&iacute;as (en realidad, como hemos dicho fue en Carabanchel), acusado de injurias al Jefe del Estado, situaci&oacute;n que se prolonga durante poco m&aacute;s de un mes, y que supuso una terrible experiencia que le llev&oacute; a&nbsp; conocer las cloacas del r&eacute;gimen franquista y a descubrir que la celebrada victoria de los vencedores y los sucesivos a&ntilde;os de paz que le siguieron eran un espejismo, pues exist&iacute;a en Espa&ntilde;a una guerra no declarada de odios, venganzas y muertes que inflig&iacute;an los vencedores sobre los vencidos y que &eacute;l mismo sufri&oacute; en sus propias carnes durante su encarcelamiento.</p>
<p>En l&iacute;neas generales, podemos concluir que su estilo narrativo es, sin duda, de corte period&iacute;stico: claro, sencillo, preciso y conciso (no es un fin en s&iacute; mismo, sino un medio para contar una historia), pero con fuerza, con im&aacute;genes y s&iacute;mbolos tel&uacute;ricos, con ritmos muy marcados basados en su mayor parte en repeticiones de nombres y sintagmas, con profundidad de pensamiento en sus reflexiones. Incluso, la mayor&iacute;a de sus novelas tienen su origen en una noticia y fueron escritas en poco, muy poco tiempo, con esa inmediatez creativa tan propia del Zapater periodista, ansioso de comprobar la recepci&oacute;n del p&uacute;blico. En todas sus novelas la muerte est&aacute; presente, pero, parad&oacute;jicamente, casi siempre se erige en fundamento de vida, como no pod&iacute;a ser de otra forma en alguien que tuvo verdadera pasi&oacute;n por la vida. Otra constante en ellas es Arag&oacute;n (agua, tierra, viento y sol). El paisaje no es un decorado, es un personaje, en muchas, incluso,&nbsp; el principal.</p>
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<p><strong>Bi&oacute;grafo</strong></p>
<p>Una de las facetas m&aacute;s desconocidas de Alfonso Zapater es quiz&aacute; la de bi&oacute;grafo (en este trabajo ya hemos mencionado las dedicadas al matador Braulio Laus&iacute;n, al jotero Jos&eacute; Iranzo y la de Joaqu&iacute;n Costa), si bien hay que significar que se trata de un estudioso un tanto sui g&eacute;neris, poco paciente para reunir toda la informaci&oacute;n relativa al biografiado y poder as&iacute; abarcarlo en su totalidad; es decir, m&aacute;s que un investigador al uso que trata de acotar una personalidad desde todos los puntos de vista posibles, &eacute;l aborda la misma desde aquellos aspectos que le son m&aacute;s pr&oacute;ximos y accesibles, por eso sus biograf&iacute;as no se pueden considerar totales y ni mucho menos definitivas &ndash;no s&eacute; si se ha escrito alguna-, pero, sin embargo, todas son simp&aacute;ticas, m&aacute;s anecd&oacute;ticas que profundas, m&aacute;s humanas que rigurosas, pues est&aacute;n hechas desde la amistad con el personaje o con aquellos que lo conocieron y lo trataron en su vida diaria o, incluso, en la intimidad, ya que las biograf&iacute;as de Zapater son m&aacute;s bien un conjunto de entrevistas, de conversaciones ordenadas que dan una idea parcial de la vida de una persona m&aacute;s que de una personalidad relevante.</p>
<p>Un claro ejemplo de todo lo anterior lo encontramos en la biograf&iacute;a que le dedic&oacute; al Rey, <em>Juan Carlos, hombre</em> (Zaragoza, IberCaja, 1990), un trabajo que ilustra la vida&nbsp; de nuestro monarca durante su estancia en Zaragoza como cadete de la Academia General Militar. Sus p&aacute;ginas nos descubren a don Juan Carlos como una persona &ldquo;sencilla, abierta y afable&rdquo; en su trato con los compa&ntilde;eros de promoci&oacute;n y con el personal de la Academia. El peluquero del centro de ense&ntilde;anza del Ej&eacute;rcito de Tierra rememora sus frecuentes visitas a la barber&iacute;a: &ldquo;&rsquo;Af&eacute;itame&rsquo;, me dec&iacute;a, y yo le contestaba. Pero &iquest;c&oacute;mo le voy a afeitar, Alteza, si no tiene barba?&rdquo; En este sentido, Camilo Jos&eacute; Cela, que escribi&oacute; el pr&oacute;logo del libro sobre un ejemplar de un <em>ABC</em>, al no tener a mano un papel en blanco, resalta que &ldquo;Don Juan Carlos fue un hombre: cabal, templado y como Dios manda, con el pulso lati&eacute;ndole en su sitio y la mirada abierta al mundo&hellip;&rdquo;, incluso en la presentaci&oacute;n del mismo, que oficio como maestro de ceremonias, dijo que &ldquo;antes y despu&eacute;s de Rey fue un hombre que jam&aacute;s volvi&oacute; la espalda al tiempo que le toc&oacute; vivir y al papel que le correspondi&oacute; representar.&rdquo; As&iacute; pues, la obra es un conjunto de entrevistas a personas que tuvieron la oportunidad de convivir con &eacute;l: la limpiadora de su habitaci&oacute;n, el conductor del tranv&iacute;a que enlazaba el centro de Zaragoza con la Academia, etc. Se trata inevitablemente de una biograf&iacute;a impresionista y subjetiva, si se quiere, pero no por ello menos apasionante e interesante, necesaria y reveladora de la honda personalidad de Don Juan Carlos.</p>
<p>Otra biograf&iacute;a importante es la que dedica al pintor de su pueblo, <em>Juan Jos&eacute; G&aacute;rate. Recuerdos y vivencias</em>, a quien el abuelo de Zapater, el &ldquo;Tuerto Catach&aacute;n&rdquo;, conoci&oacute; bien, Zapater tan s&oacute;lo en sus &uacute;ltimos d&iacute;as, pero con eso y la colaboraci&oacute;n de sus familiares y paisanos que lo trataron en la cotidianeidad en Albalate, reconstruye su vida de forma amena y repasa su producci&oacute;n art&iacute;stica.</p>
<p>Un compendio de micro biograf&iacute;as es su trabajo en cuatro vol&uacute;menes, <em>L&iacute;deres de Arag&oacute;n siglo XX</em> (Zaragoza, 2000), una especie de <em>who is who</em> de nuestra Comunidad.</p>
<p>En este apartado de su producci&oacute;n tambi&eacute;n cabe mencionar el gui&oacute;n escrito para televisi&oacute;n a finales de los a&ntilde;os ochenta dedicado al famoso pianista aragon&eacute;s, <em>Luis Galve: Tres cuartos de siglo al piano</em>, interpretado entre otros por Mariano Anos y&nbsp; Pilar Delgado. As&iacute; como el trabajo sobre el escritor aragon&eacute;s, Ildefonso Manuel Gil, <em>El poeta que vio nacer un pueblo</em>.</p>
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<p><strong>Arag&oacute;n en el coraz&oacute;n</strong></p>
<p>Junto a su producci&oacute;n po&eacute;tica, teatral, novel&iacute;stica y biogr&aacute;fica, su obra comprende tambi&eacute;n una serie de libros de cr&oacute;nicas y reportajes period&iacute;sticos que se inician con <em>Venezuela, paso a paso </em>(Zaragoza, Tipo-L&iacute;nea, 1971), fruto de un largo viaje por aquellas tierras hermanas, y que se centra fundamentalmente en Arag&oacute;n: sus gentes, su paisaje, su riqueza cultural y patrimonial, etc. Andar, ver y contar es la m&aacute;xima de Zapater, en el decidido empe&ntilde;o de recuperar las se&ntilde;as de identidad de nuestra Comunidad. En uni&oacute;n de su esposa Pilar y de la Taguara recorren hasta el &uacute;ltimo rinc&oacute;n de su tierra. Alfonso no pierde el tiempo y aprovecha para empaparse de todo, de su paisaje y de su historia, sus gentes y problemas.&nbsp; As&iacute; en 1975 escribe <em>Arag&oacute;n, ruta de la sed </em>(Zaragoza, Instituci&oacute;n &ldquo;Fernando el Cat&oacute;lico&rdquo;), con pr&oacute;logo de Ram&oacute;n J. Sender; <em>Esta tierra nuestra</em> (Zaragoza, Librer&iacute;a General, 1981-1986, VI tomos) y <em>Arag&oacute;n pueblo a pueblo </em>(Zaragoza, Aguaviva, 1986, X vol&uacute;menes), introducida por Camilo Jos&eacute; Cela, obra enciclop&eacute;dica, en doce vol&uacute;menes, que acoge todos los n&uacute;cleos de poblaci&oacute;n aragonesa en pl&aacute;sticas semblanzas, casi como sonetos de una obra po&eacute;tica monumental, y que compendia la experiencia del autor a lo largo de muchos a&ntilde;os de visitar todos y cada uno de los pueblos de nuestra geograf&iacute;a.</p>
<p>En este cap&iacute;tulo deber&iacute;amos mencionar tambi&eacute;n los m&uacute;ltiples guiones que escribi&oacute; para la elaboraci&oacute;n de videos sobre recorridos por tierras aragonesas (<em>De la monta&ntilde;a a la ribera, Del Jiloca al Ebro,</em> etc.), con producci&oacute;n de Pilar Burillo y direcci&oacute;n de Rajko Rutar.</p>
<p>Con Arag&oacute;n como motivo central del libro encontramos tambi&eacute;n su obra de expl&iacute;cito t&iacute;tulo, <em>Arag&oacute;n 1900</em> (Madrid, Silex, 2002), en el que Zapater presenta una semblanza de los hechos m&aacute;s relevantes acaecidos en nuestra comunidad &ndash;en especial en Zaragoza- a finales del siglo XIX y primer tercio del s. XX: situaci&oacute;n pol&iacute;tica, resumen de las ideas de Costa, la situaci&oacute;n agr&iacute;cola, el urbanismo, los regad&iacute;os, la exposici&oacute;n Hispano-Francesa de 1908, los peri&oacute;dicos y revistas, el ferrocarril del Canfranc, una sucinta presentaci&oacute;n de aragoneses ilustres, el mundo del espect&aacute;culo, del deporte, la sublevaci&oacute;n de Jaca, etc.</p>
<p>Digno de menci&oacute;n es tambi&eacute;n en este apartado su estudio titulado <em>Don Quijote en Arag&oacute;n </em>en el que a analiza pormenorizadamente la obra, desde las menciones iniciales de Arag&oacute;n en la primera parte, hasta llegar a la segunda, y m&aacute;s concretamente en la tercera salida del famoso hidalgo, cuando nuestro territorio cobra capital importancia, especialmente los treinta y un cap&iacute;tulos&nbsp; (del XXIX al LX) que dedica fundamentalmente a la provincia de Zaragoza.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 20 Feb 2014 07:29:29 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Fantasmas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/fantasmas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/CRISTINA_PERI_ROSSI.jpg" alt="" width="274" height="171" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>Me pas&eacute; cuatro a&ntilde;os intentando descubrir</p>
<p>a qui&eacute;n me recordabas</p>
<p>a qui&eacute;n evocaba</p>
<p>cuando te amabs</p>
<p>cuando te dec&iacute;a te quiero</p>
<p>o iba contigo al cine.&nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>
<p>Nada muy profundo</p>
<p>simplemente una sospecha</p>
<p>el s&iacute;ndrome de Rebeca</p>
<p>alguien que est&aacute; detr&aacute;s de otra persona</p>
<p>de una manera tan leve</p>
<p>tan sutil que nunca llega a la conciencia.&nbsp;</p>
<p>La otra noche</p>
<p>despu&eacute;s de una lectura de poemas</p>
<p>firmaba ejemplares</p>
<p>de mi &uacute;ltimo libro</p>
<p>una mujer se acerc&oacute;</p>
<p>la reconoc&iacute;&nbsp; &nbsp; &nbsp;</p>
<p>hab&iacute;a estado una sola noche con ella</p>
<p>ni siquiera una noche completa</p>
<p>ni siquiera una noche muy buena</p>
<p>yo hab&iacute;a hu&iacute;do vergonzosamente</p>
<p>de su locura</p>
<p>la reconoc&iacute;&nbsp; &nbsp; &nbsp;</p>
<p>esa mirada un poco desequilibrada</p>
<p>(el descontrol entre los ojos y la boca</p>
<p>que expresan cosas diferentes</p>
<p>hasta opuestas)</p>
<p>la sonrisa s&aacute;dica y a veces masoquista</p>
<p>el temblor de las manos&nbsp; &nbsp; &nbsp;</p>
<p>entre la omnipotencia y el desamparo</p>
<p>una belleza herida</p>
<p>una belleza dolorida</p>
<p>nos saludamos</p>
<p>(ah esa nueva sumisi&oacute;n que yo no conoc&iacute;a</p>
<p>y se deb&iacute;a exclusivamente al hecho</p>
<p>de que yo hab&iacute;a escrito el libro)&nbsp;</p>
<p>le firm&eacute; el ejemplar</p>
<p>pero ahora yo hab&iacute;a hecho un gran descubrimiento</p>
<p>ahora sab&iacute;a a qui&eacute;n me recordabas vagamente</p>
<p>te parec&iacute;as a ella</p>
<p>de una manera personal e intransferible</p>
<p>de una manera que estaba en mi cabeza&nbsp;</p>
<p>s&oacute;lo</p>
<p>que cuatro cinco a&ntilde;os atr&aacute;s</p>
<p>la noche en que me acost&eacute; con ella</p>
<p>lo hice porque me recordaba a otra</p>
<p>a otra mujer a la que hab&iacute;a amado</p>
<p>diez a&ntilde;os antes</p>
<p>y no nos fue muy bien&nbsp;</p>
<p>pero aquella otra mujer</p>
<p>-a la que am&eacute; hace diez a&ntilde;os-</p>
<p>me recordaba a otra anterior</p>
<p><span>a la que hab&iacute;a amado intensamente</span></p>
<p>y ahora estaba enferma de c&aacute;ncer&nbsp;</p>
<p>una cadena de replicantes&nbsp;</p>
<p>los eslabones de una biograf&iacute;a de amor&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;</p>
<p>llena de espectros</p>
<p>que conducen de una mujer a otra</p>
<p>como los afluentes de un r&iacute;o</p>
<p>que va a dar al mar</p>
<p>que por supuesto, es el morir.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Salvo que aquella mujer que am&eacute;</p>
<p>intensamente en mi juventud</p>
<p>fuera alguna otra</p>
<p>que no puedo recordar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 20 Feb 2014 07:20:56 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La droga del café Gijón]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-droga-del-cafe-gijon/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/CIPRIANO_TORRES.jpg" alt="" width="239" height="239" /></p>
<p>El Gran Caf&eacute; de Gij&oacute;n es como una taberna de pueblo pero en fino, con grandes ventanales por donde asoman la jeta, en los veranos, los famosos y los que tienen ganas de serlo. Esta taberna ilustre navega entre militares, chulos ro&ntilde;osos, ciegos de vara en mano, travest&iacute;s, modistos, cuentistas, ladrones de corbata, marchantes incultos, borrachos de prestigio y mil profesiones inclasificables. Al Caf&eacute; Gij&oacute;n van los catetillos para ver de cerca las lumbreras del pa&iacute;s, los actores, m&aacute;s pochos en verdad que por la tele, para olismear de reojo las rancias tertulias. Al Caf&eacute; Gij&oacute;n van las ancianas para gastar su pensi&oacute;n en lentas meriendas, vestirse de colorines &ndash;en un sitio donde las apedrean- y untarse potingues rosados en sus mofletes de gelatina. Los chaperos hacen como que mean en los servicios, se acicalan la pringue del pelo, toman leche y engatusan a los maduros en la barra. Alfonso, el cerillero, renquea su re&uacute;ma entre la cocina, los lavabos y el puestecillo con la radio colgada a la oreja. Una aguja inquietante, en la primera fila de mesas, controla desde la negrura de sus gafas la f&aacute;cil alegr&iacute;a del imb&eacute;cil. Cristino Mayo es m&aacute;s serio que un c&oacute;lico de madrugada. Cristino Mayo odia a los mariquitillas que mueven el cul&iacute;n por el Gij&oacute;n, no los puede ver y monta cirios propios de su edad gru&ntilde;ona, con la consiguiente escandalera de los afectados, que se r&iacute;en ante el oscuro escultor. Me cuenta Jos&eacute; Lucas c&oacute;mo uno de estos ni&ntilde;atos se acerc&oacute; a Cristino para pedirle fuego &ndash;Cristino, como siempre, estaba fumando sus puritos negros-. Pero el se&ntilde;or artista, sin inmutarse, contest&oacute;: no tengo fuego. El mariquita, alucinado, se dio media vuelta sin dar cr&eacute;dito.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El Caf&eacute; Gij&oacute;n es una taberna de pueblo donde todos se conocen, se critican, se alaban, odian, bendicen y maldicen, arreglan el pa&iacute;s ante una taza pestosa repleta de colillas. Hay clanes, familias, separatas, juntatas, tribus, fronteras, polic&iacute;as y ladrones. El relumbr&oacute;n y prestigio del Gran Caf&eacute; encubre la mediocridad de mucho pintor, poeta, escribidor, teatrero, que ventosea su aburrimiento al terciopelo rojo de las cultas sillas. Los pones a las puertas de sus casas, les tapas los ojos y a la media hora est&aacute;n roncando tras las ventanas del chiringuito de Recoletos. El Caf&eacute; Gij&oacute;n es una droga. Da <em>mono</em> si no pasas por all&iacute; y estrangula la creatividad. Hay que ir a diario, o casi. A Pepe, el due&ntilde;o, le viene como dios. Es un sebo hortera y suculento para un pa&iacute;s mit&oacute;mano, como dice Manuel &Aacute;lvarez Ortega, el poeta solitario, en vida y en obra, de este antro de madera y m&aacute;rmol. S&oacute;lo el Banco sabe los cuartos que el se&ntilde;or Pepe amarra al cabo del d&iacute;a, porque el chorreo de gente no para desde que levantan la escotilla hasta que dan el cerrojazo con un corte de mangas los camareros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Famosa por machacona despu&eacute;s de mil a&ntilde;os de citarla, reportajearla, retratarla y as&iacute; hasta y pico de veces es la tertulia literaria de este caf&eacute;. Espigas como don Camilo antes de ser tonel acad&eacute;mico, avispas gerardas de repentino talante y garcilasos anietados eran, entre otros sesos de brillo desigual, algunos de los comuni&oacute;n diaria en esta capilla de santones entra&ntilde;ables. Ya no no podemos o&iacute;r la flauta ni&ntilde;a y culta, chilloncilla, hiriente y espigarda de Enrique Azcoaga. Nos ha puesto los cuernos con otra tertulia, a la cual todos estamos invitados. Enrique, venenoso y cachondo, brillante prosa, olvidada, en las paredes de este Caf&eacute;. Enrique Azcoaga haciendo chistes con su muerte en un d&iacute;a de paseo. Camin&aacute;bamos Jos&eacute; Lucas, &eacute;l y yo por Recoletos cuando empez&oacute; a llover. Y Enrique dijo: meteros las manos en el bolsillo, que llueve menos. Son teor&iacute;as de la edad, ya pr&oacute;ximo el ata&uacute;d. Era junio de 1984. Un a&ntilde;o despu&eacute;s, sin cumplirse, aquella gracia se cumpli&oacute;. S&iacute; se puede ver y o&iacute;r a Ram&oacute;n de Garciasol, grave y docto, catedr&aacute;tico en esta esquina de la Tierra donde venden caf&eacute; charlado, sosiego a los o&iacute;dos. Algunas tardes baja, desde la calle Augusto Figueroa, Francisco Garc&iacute;a Pav&oacute;n. Y se sienta, y escucha y mira este cuento de la vida, retrepado mansamente en la esquina del asiento. Vivaracho, pendiente, con la antena puesta, listo, enganchado por amor al tren antiguo con vocaci&oacute;n de meteorito futurista, el pintor Jos&eacute; Lucas, varias veces mentado en esta droga que se llama Gran Caf&eacute; de Gij&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A esta droga acuden, tambi&eacute;n, una mollera calva, fresca y l&uacute;cida cola del naranjero Manuel Vicent; una barba brava y combativa como la de &Aacute;lvaro de Luna; una rubia nueva como Blanca Andreu; yo que s&eacute;, mucha gente: Ram&oacute;n Akal, el editor, Patricia Lanzaco, Ana Mar&iacute;a Navales par quedar con la gente. Francisco Umbral iba por all&iacute; hasta que alguien le quit&oacute; el resuello por no se qu&eacute; art&iacute;culo. Antonio Quir&oacute;s, de pronto, tambi&eacute;n dej&oacute; de ir. El Caf&eacute; Gij&oacute;n, de pronto, se aturdi&oacute; sin sus cenas en esa primera fila. Fue Antonio Quir&oacute;s quien me abri&oacute; la puerta de esta casa present&aacute;ndome a la gente que hab&iacute;a que conocer. En Londres mor&iacute;a este pintor monta&ntilde;&eacute;s que contaba historias fant&aacute;sticas, que nada ten&iacute;an que ver con los apa&ntilde;os del arte. Antonio, el bigote de esparto y nicotina m&aacute;s cre&iacute;ble de las noches de Madrid.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las tripas del Caf&eacute; son una catacumba de madera y alfombra roja, donde cuelgan sus vanidades los poetas y pintores que por aqu&iacute; pasaron. Una&nbsp; galer&iacute;a de famosos que, enmarcados, contemplan al personal llenado las barrigas con merluzas, vacas, calamares o potajes. Es el secreto lujoso de esta droga cara, vedada para los chulos, navajeros y borrachos sin t&iacute;tulo, para los artistillas con carpeta ilusionada bajo el sobaco. El Gran Caf&eacute; de Gij&oacute;n es un gallinero hist&oacute;rico que estuvo a punto de llevarse entre las llamas, de haberse prendido la gasolina que alfombr&oacute; sus suelos, las v&iacute;sceras de las viejas con oros en la pechuga ajada, los ri&ntilde;ones del contertulio ilustre, el cerebro carbonizado del escritor de moda, el pellejo del actor famoso y hasta el mism&iacute;simo pir&oacute;mano que quer&iacute;a salvarse y salvar las almas de los descarriados en un acto de iluminaci&oacute;n &iacute;gnea, pero el sonoro estacazo en el cr&aacute;neo del iluminado, que propin&oacute; el camarero de turno, puso fin al harakiri colectivo y todo el pa&iacute;s aplaudi&oacute; la heroicidad. Despu&eacute;s de unas horas el traj&iacute;n de viejas, artistas, mariquitas selectos en busca de carne vallecana, solteronas con bolsos Loewe y poetas delicados era tan semejante a otros d&iacute;as que nadie se percat&oacute; del tr&aacute;fico de tila que entraba a la cocina para reanimar al h&eacute;roe de la tarde. Todo hab&iacute;a terminado. El Caf&eacute; Gij&oacute;n era otra vez el gallinero cutre y refulgente de las tardes de modorra y somnolencia que siempre fue, el sitio de encuentro obligado, el primer pulso de la noche, la primera copa y el chismorreo viperino y verdulero.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 19 Feb 2014 13:40:39 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ortiga de Bucarest]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/ortiga-de-bucarest/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/MIGUEL_S_NCHEZ_OSTIZ.jpg" alt="" width="324" height="211" /></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>NO todo pod&iacute;a ni ten&iacute;a porqu&eacute; ser una fiesta en Bucarest. Dos o tres d&iacute;as despu&eacute;s de la presentaci&oacute;n de mi novela en la sede del Instituto Cervantes, me llam&oacute; el director del Centro Cultural Espa&ntilde;ol, Pedrito Ortigosa, alias Petrisor o m&aacute;s com&uacute;nmente, Urzica, esto es ortiga, como le llamaban casi todos los rumanos que hab&iacute;an tenido la desgracia de tratar con &eacute;l, incluidos los que eran untados en plan limosneo, &ldquo;con un dinerillo&rdquo;, esto es, con dinero negro procedente del jugoso <em>racket</em> empresarial que se conoce con el nombre de &ldquo;Patrocinio&rdquo; y hasta &ldquo;Mecenazgo&rdquo;, y que da pie a pintorescas intervenciones congresiles del g&eacute;nero: &ldquo;Cultura y Empresa, dos mundos y un solo objetivo: el Bienestar de la Humanidad&rdquo;. Urzica, pues. Fue muy desagradable.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A Urzica los rumanos tambi&eacute;n le llamaban, no sin retranca, Petrisor. No era un diminutivo afectuoso, sino que se refer&iacute;a a su envergadura de trasgo.</p>
<p>Urzica hab&iacute;a aparecido en Ruman&iacute;a de la turbia mano del PC en tiempos de Ceaucescu, dato este que el interesado ocultaba con cuidado, como el que su connivencia con la Securitate de Ceaucescu hab&iacute;a sido clara. Pero el fondo real, seg&uacute;n se dec&iacute;a, porque estas cosas son &ldquo;seg&uacute;n se dec&iacute;a&rdquo;, como en tiempos del maestro, es que en realidad era un infiltrado, uno de los incontables informadores de la polic&iacute;a espa&ntilde;ola de los a&ntilde;os sesenta y setenta, algo que en Espa&ntilde;a es un tema tab&uacute; que no ha tocado nadie, porque est&aacute; todo enjuagado. Amnist&iacute;a del 77. Para todos.</p>
<p>En el mundo del arte, las letras, la universidad, los sindicatos, la pol&iacute;tica hay antiguos confidentes de la polic&iacute;a secreta franquista a quienes nunca, nadie, ha inquietado. Y no pasa nada. Ni pasar&aacute;. &iquest;Qu&eacute; va a pasar, qu&eacute; van a encontrar a estas alturas? &iquest;La instancia en la que el bellaco de turno se ofrec&iacute;a a ser chivato de la polic&iacute;a a cambio de que le pagaran una carrera universitaria y poder as&iacute; escapar del puebl&oacute;n o del convento al que estaba condenado? &iquest;Cu&aacute;ntas instancias de esas se habr&iacute;an escrito en aquella Espa&ntilde;a cochambrosa? &iquest;Estar&aacute;n destruidas? La destrucci&oacute;n de documentos comprometedores ha sido un clamor.</p>
<p>&iquest;O es que acaso van a encontrar copia de los informes redactados de denuncia (...)</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Richard me hab&iacute;a prevenido contra el mundo cultural espa&ntilde;ol, del embajador para abajo, y hasta contra los polic&iacute;as y los agentes secretos preceptivos, unos golfantes que pululaban por los alrededores de la embajada y que con copas en la mano se jactaban de redactarles&nbsp; constituciones por encargo &ldquo;a los negros&rdquo;.</p>
<p>Pero en especial me hab&iacute;a prevenido contra Ortigosa, el director del Centro Cultural Espa&ntilde;ol. En su opini&oacute;n era un intrigante peligroso. Aunque es dif&iacute;cil definir a una criatura as&iacute;. Urzica m&aacute;s que un novelista necesitar&iacute;a un polic&iacute;a que tuviera acceso, que todav&iacute;a nadie tiene, a los archivos donde duerme la verdadera historia de Espa&ntilde;a o, en su defecto, un veterinario, tal vez un zo&oacute;logo especializado en los &ldquo;galgos raros&rdquo; de los que hablaba Jonathan Swift para explicar las rater&iacute;as dom&eacute;sticas.</p>
<p>Ortigosa se me present&oacute; como un listillo de caricatura. No hab&iacute;a&nbsp; chanchullo que se le escapara y lo ten&iacute;a que contar, en p&uacute;blico o en privado, para demostrar lo listo que era.</p>
<p>Bien, bien. El caso es que Ortigosa, el director de aquella zah&uacute;rda que atend&iacute;a por el nombre de Centro Cultural Espa&ntilde;ol, me cit&oacute; a comer en un restaurante italiano de la parte del mercado Amzei, en Il Calcio, no Il Cazo, pero pod&iacute;a serlo por varias razones y la primera de ellas ser&iacute;a su cabeza.</p>
<p>El director del CCE era un funcionario de los antiguos sindicatos verticales, pasado luego por las agregadur&iacute;as laborales, sanitarias, educacionales, de las embajadas, desde las que, entre otras muchas cosas, hab&iacute;a hecho de intermediario entre proxenetas espa&ntilde;olas y rumanos y clubes de alterne de la costa levantina. Eso rumoreaban los rumanos a su espalda, esto es que la informaci&oacute;n no es contrastada, sino &ldquo;seg&uacute;n se dec&iacute;a en Bucarest&rdquo;. Pinta de avispa y sonrisa de rata, s&iacute; ten&iacute;a, pero eso igual no era culpa suya. Se llevaba muy bien con los de las agencias de cazadores y con los de las inmobiliarias, con todo negocio a donde fueran a parar espa&ntilde;oles o italianos. Era, es mejor dicho, el intermediario eterno, siempre dispuesto a sacarse &ldquo;un dinerillo&rdquo;, que era una de sus expresiones favoritas, ese porcentaje famoso por gesti&oacute;n de negocios ajenos.</p>
<p>A pesar de la pringosa compa&ntilde;&iacute;a, fue una comida memorable. Como estaba inapetente, Urzica se apret&oacute; unos <em>fettuccine</em> con caviar, &ldquo;como a m&iacute; me gustan, ya saben ellos, yo vengo aqu&iacute; muy a menudo no s&eacute; si sabes&rdquo;: un aut&eacute;ntico platazo.</p>
<p>Yo, para no ser menos, ped&iacute; una raci&oacute;n de <em>mozzarella</em> de b&uacute;fala con <em>prosciutto</em> y un <em>carpaccio</em> con Gorgonzola, nueces y r&uacute;cula que estaba estupendamente. Las raciones eran de esas con las que no se puede engordar a nadie. El estilo ante todo.</p>
<p>&ldquo;&iquest;No bebes?&rdquo;, me pregunt&oacute;. Estaba muy interesado en que lo hiciera.</p>
<p>&ldquo;No. Prefiero la San Pellerino&rdquo;.</p>
<p>Me ech&oacute; una mirada condescendiente y se pidi&oacute; una botella de tinto siciliano de la que solo se bebi&oacute; un vaso, pero se llev&oacute; el resto para casa.</p>
<p>El d&iacute;a de la presentaci&oacute;n de mi libro se me hab&iacute;a acercado y estir&aacute;ndose de las solapas de la zamarrilla macarril de cuero que no se quitaba ni a sol ni a sombra y sacando la cabeza de avispa hacia delante, los ojos medio tapados con unas gafas no del todo ahumadas, de dise&ntilde;o tipo antifaz de golfo apandador, me hab&iacute;a preguntado de manera brusca a ver por qu&eacute; no le hab&iacute;a ido a visitar. Seg&uacute;n &eacute;l, era mi obligaci&oacute;n para con Espa&ntilde;a, su lengua y su cultura, hacerle una visita &ldquo;en el Centro&rdquo;. El jebo me ten&iacute;a que dar el visto bueno de espa&ntilde;ol en Bucarest y para eso hab&iacute;a que hacerle el <em>rendez-vous, </em>hab&iacute;a que andar de chichisbeo.</p>
<p>&ldquo;Aqu&iacute; no se mueve nada sin que yo lo sepa&rdquo;, dijo. Estaba muy satisfecho de aquel difuso control de los espa&ntilde;oles que pasaban por los alrededores, algo que le permit&iacute;a hacer llegar insidias a la embajada, como la adscripci&oacute;n pol&iacute;tica <em>non sancta</em> de algunos de los que hab&iacute;an pasado por all&iacute;. Ten&iacute;a costumbre. Era un tipo de mala entra&ntilde;a, de mucho matarla a la chita callando, cosa que saben que es verdad quienes lo padecen.</p>
<p>Cada vez que le mentaba a Juan Goytisolo se sobresaltaba. No lo quer&iacute;a ver ni en pintura. No quer&iacute;a nada que pudiera resultar ni remotamente conflictivo.</p>
<p>Para Ortigosa la literatura espa&ntilde;ola estaba representada por una banda de cucos amantes del esteticismo y los arrobos lelos, la patra&ntilde;a de la resistencia silenciosa y de la memoria recuperable. Urzica sacaba la cara los fascistas que era un gusto, a Eliade el primero, no por nada, sino porque le conven&iacute;a. Conforme le o&iacute;a hablar iba sintiendo un asco invencible.</p>
<p>Me cont&oacute; su vida. Los rumanos me contaron otra cosa, que tal vez no fuese la aut&eacute;ntica, pero era la que hab&iacute;an visto.</p>
<p>Se las daba de ser un conocedor absoluto de la literatura rumana. Le cit&eacute; las <em>Memorias de un antisemita,</em> de Gregor Von Rezzori. No lo conoc&iacute;a. &ldquo;Ser&aacute; italiano&rdquo;. &ldquo;No, es rumano, de la Bucovina&rdquo; &ldquo;Ah&rdquo;. Y luego me habl&oacute; de un libro de Sebastian del que hab&iacute;a edici&oacute;n francesa.</p>
<p>&ldquo;&iquest;C&oacute;mo se titula?&rdquo;, le pregunt&eacute;.</p>
<p>Me contest&oacute; algo que no entend&iacute; bien.</p>
<p>&ldquo;&iquest;C&oacute;mo dices? &iquest;Me lo puedes anotar?&rdquo;, y le tend&iacute; mi <em>taccuino</em> legendario. Y Urzica escribi&oacute;, con dos de esos: &ldquo;Depuis 2.000 ann&eacute;es&rdquo;.</p>
<p>Alguien que escribe y publica esto no sabe franc&eacute;s y no ha visto jam&aacute;s la cubierta del libro del que habla, pero eso, en su calidad de genuino espa&ntilde;ol, no le impide dar lecciones.</p>
<p>A prop&oacute;sito de su &ldquo;legendario don de lenguas&rdquo;, empez&oacute; a insultar al escritor Jes&uacute;s Pardo porque no se hab&iacute;a dejado hacer. No ser&iacute;a aquella la &uacute;nica ocasi&oacute;n en que denigraba a un escritor espa&ntilde;ol de los que hab&iacute;an pasado por Bucarest.</p>
<p>&ldquo;Joder el t&iacute;o que quer&iacute;a que le pagara un bocadillo, no te jode&rdquo;, dijo con la boca torcida.</p>
<p>Daba escalofr&iacute;os estar cerca de un tipo as&iacute;. Se notaba que pod&iacute;a hacerte da&ntilde;o. Cuando le dije que ten&iacute;a buena amistad con Pardo se call&oacute;. Entrecerr&oacute; los ojos con odio. Suele pasar entre la gente que busca secuaces.</p>
<p>&ldquo;Yo he aprendido el griego por Asimil&rdquo;, dijo.</p>
<p>&ldquo;&iquest;Profundo?&rdquo;, le pregunt&eacute;, y es que no pude contenerme. Son bromas de estas las que no te perdonan.</p>
<p>Pero Ortigosa, hombre a fin de cuentas de mundo, me ri&oacute; la gracia. Le iba la marcha guarra. Iba a tener ocasi&oacute;n de comprobarlo.</p>
<p>Me explic&oacute; que si est&aacute;bamos comiendo all&iacute; era porque &eacute;l detestaba la comida rumana, que le daba asco. No ser&iacute;a esa la &uacute;nica vez que se lo oyera. En realidad, salvo la lengua rumana, todo le daba asco y eso porque la lengua era un negocio de campeonato.</p>
<p>Para Ortigosa, Bucarest era un tablero de Monopoly en el que se pod&iacute;a sacar tajada a casi todo, explotando a los rumanos, tore&aacute;ndolos, prometi&eacute;ndoles d&aacute;divas, negocios a los que se llevaba la mejor parte, conejeando por los resquicios y las grietas de la administraci&oacute;n, tratando con funcionarios rumanos corruptos... Su especialidad era el <em>racket,</em> esto es la extorsi&oacute;n pura y dura a la que los poderes p&uacute;blicos, famosos, famosos (...), someten a las empresas que pueden pagar las conmemoraciones culturales. Estas son un negocio, un negocio de primera en beneficio de cuatro cucos y un cat&aacute;logo, unas comilonas, unos viajes y unos puros, que no falten los puros, aunque te los tengas que fumar fuera, en la puta calle que es el lugar que deber&iacute;a ser el suyo si la ley que impera no fuera la de los mediocres, los nulos, los farsantes.</p>
<p>Los que pagan&nbsp; se llaman Patrocinadores, pero nadie tiene los huevos de oponerse a semejante <em>racket,</em> porque no moja, redi&oacute;s, no moja, y hay que mojar, sobre todo hay que mojar. Y adem&aacute;s, para qu&eacute; vamos a enga&ntilde;arnos, es una minucia comparada con el monto de los beneficios y hasta puede dar empaque, publicidad, te abre las puertas de los salones de las embajadas, te permite codearte con la jijelife o con esa parte de la clase dirigente a la que solo robando puedes acceder, te permite, a ti empresario rastacuero que te has hecho a ti mismo, saber de qu&eacute; va al cosa y hasta arrimar dineros para partidos pol&iacute;ticos. Ya te dir&aacute;n ellos c&oacute;mo se hace para que no os pillen.</p>
<p>Robando, palenqueteando, distrayendo, pasando por ah&iacute;, por donde hay que pasar, conejeando, espadeando &ndash;&iexcl;qu&eacute; hermoso que Espada sea sin&oacute;nimo de delincuencia com&uacute;n, pero as&iacute; es maco!&ndash; ya digo, abriendo horizontes a los penalistas de nuevo cu&ntilde;o que creyendo que todo estaba estudiado, se han dado cuenta de que no, que ser&aacute; err&oacute;neo, pero es mucho m&aacute;s rotundo que un simple que no. Con ese delito no te ponen ni un cero en conducta, que aunque no sea del autor, rima, conjuga, queda.</p>
<p>Se conocen entre ellos. Las empresas conocen a los visitantes, viajantes estatales, los de los restaurantes de los alrededores del Bernabeu tambi&eacute;n. Van mucho por el Front&oacute;n, pero a pelotazo limpio y no precisamente a azul o a colorao.</p>
<p>Y en todo ese barullo de proyectos, informes, papeleos, reuniones, era f&aacute;cil quedarse con una pasa, por gesti&oacute;n de negocios ajenos m&aacute;s que nada. Hab&iacute;a dinero en el aire, bastaba con poner la mano en el momento oportuno. Como el mendigo que sabe cuando cae dinero del cielo y saca la mano, ni antes ni despu&eacute;s, en el momento justo.</p>
<p>H&aacute;bil, astuto con el franquismo y franquista hasta las cachas, astuto y h&aacute;bil con los felipistas y con el aznarato, Pedrito Ortigosa hab&iacute;a encontrado en Ruman&iacute;a el para&iacute;so de su prejubilaci&oacute;n. Una finca particular intocada, un lugar en el que invertir lo robado, perd&oacute;n, digo lo honradamente ganado en los aleda&ntilde;os del funcionariato, en los atajos del BOE, en las inversiones que el sistema alienta, participando de la econom&iacute;a de mercado y del bienestar patrio. Eso s&iacute;, pagando lo menos posible, si es posible nada, y en negro, mejor que mejor. La riqueza y el bienestar de la mayor&iacute;a pasa por esos cauces.</p>
<p>De manera muy temprana se hab&iacute;a dado cuenta de que al amparo de las embajadas, de las c&aacute;maras de comercio, de lo servicios exteriores de los ministerios, de sus enjuagues y porquer&iacute;as, pod&iacute;a hacerse rico, y se hab&iacute;a aplicado a ello. Se estaba haciendo de oro traduciendo papeles de negocios, participando en los encuentros empresariales donde cobraba a dobl&oacute;n, sab&iacute;a todos los corredores, los intersticios, los atajos y alcorces de la administraci&oacute;n espa&ntilde;ola, el mercado de los chollos reservados a los funcionarios, y tambi&eacute;n el de la rumana, donde la corrupci&oacute;n era virguer&iacute;a pura, encaje de bolillos. Pero sobre todo con sus inversiones inmobiliarias.</p>
<p>Urzica no hablaba de arte, no hablaba de Literatura, hablaba de comprar y vender casas, apartamentos, de meter dinero en promociones inmobiliarias, en la espa&ntilde;ola Propufinsa en ese momento, que era la que pitaba en Bucarest. Hab&iacute;a que verle hurgarse los dientes con un palillo y chuperretear el resultado de la pesquisa y comentar el estado de la cuesti&oacute;n, las alzas y bajas del mercado de los chollos. La Cultura Espa&ntilde;ola, as&iacute;, con may&uacute;scula, lo tapaba todo, porque era un negocio, como la lengua, y no precisamente de buey a la Sainte Menehulde.</p>
<p>Nadie le hab&iacute;a investigado y nadie le iba a investigar. Lo hac&iacute;an otros jubilados por qu&eacute; no &eacute;l, que lo era, por tener la edad reglamentaria. &Eacute;l se sent&iacute;a protegido por su pasado de chivato de la polic&iacute;a. De ah&iacute; el servilismo grotesco que gastaba con el embajador y sus adl&aacute;teres, de las mejores familias, como Moreno de Murgu&iacute;a, amigo de la familia And&iacute;a, que tambi&eacute;n zascandileaba lo suyo por cuenta de la cultura, haciendo gala de historiador especializado, pero aficionado, como tantos otros, en Historia del Pa&iacute;s Vasco.</p>
<p>Hac&iacute;a buenas, qu&eacute; digo buenas, excelentes migas con un traductor profesional del rumano, visitante asiduo de los chiringuitos de los tribunales, que alargaba las traducciones que se le encargaban porque cobraba m&aacute;s en castellano. Su especialidad eran los aldeanos medio analfabetos que ten&iacute;an problemas con la Administraci&oacute;n espa&ntilde;ola, en sus muy diferentes campos. Si los julais ca&iacute;an en sus garras de traductor estaban perdidos, perdidos, los desplumaba, les orientaba dulcemente a un laberinto de papeles y gestiones in&uacute;tiles y luego se jactaba de ello. Era un intermediario eficaz con toda suerte de contratadores levantinos de plantaciones basura. Cobraban por lo fino.</p>
<p>Te enteras de muchas cosas en Bucarest. Basta con escuchar, con dejarles hablar, en la noche, a mediod&iacute;a, en la calle, a puerta cerrada, en el antro de turno, en el cafet&iacute;n posmoderno de Smardan,&nbsp; en el bar del hotel Ramada o en el del Howard Johnson, en la pasteler&iacute;a de la calle Lipscani, a la vera del pope que beb&iacute;a una botella detr&aacute;s de otra de cerveza Ursus, mientras escrib&iacute;a con fruici&oacute;n, festejando lo que escrib&iacute;a, con peque&ntilde;os aplausos a &eacute;l dirigidos. Basta con dejar que tu interlocutor se explaye, que se exhiba, que largue, que busque tu complicidad. Basta ponerles cara de admiraci&oacute;n y asombro. Me enter&eacute; de cosas hasta en la barber&iacute;a, pero no lo vamos a traer aqu&iacute; porque aunque lo merece, no estamos, nos, la c&aacute;tedra, seguros de que la literatura de creaci&oacute;n, verd&aacute;, esta, eh, la de la novela que es invenci&oacute;n pura, verd&aacute;, sirva para dar testimonio de la indignidad humana.</p>
<p>El tipo hablaba y hablaba, en contra del separatismo, del indigenismo americano, de los progres que apoyaban a Evo Morales, de su chompa, como si los bolivianos le hubiesen hecho algo, de la Alianza de Civilizaciones, de los rumanos inmigrantes en Espa&ntilde;a, de los ecuatorianos, de los moros, a los que &ldquo;hab&iacute;a que echarlos a todos antes de que sea demasiado tarde&rdquo;: un dem&oacute;crata de tomo y lomo, defensor a ultranza de la Constituci&oacute;n y sus ventajas &ldquo;convivenciales&rdquo;. En su opini&oacute;n &ldquo;los indios solo sirven para siervos&rdquo;. Eso dijo. No me invento nada. Para qu&eacute;. Es uno entre muchos.</p>
<p>No pod&iacute;a ocultar una mirada de antipat&iacute;a, al ver que yo me encog&iacute;a de hombros y no contemporizaba en nada. No pod&iacute;a callar. Estaba embalado y yo no dec&iacute;a nada, comer, observarle, hacerle elementales preguntas como ese &ldquo;&iquest;por qu&eacute;?&rdquo; que saca de quicio al m&aacute;s pintado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me puso pingando a la directora del Cervantes, su competidora directa en el arrebuche cultural.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me consuela tener la certeza de que desde el primer momento la antipat&iacute;a fue tan instintiva como mutua. Urzica era de esa gente hacia la que no podemos sentir simpat&iacute;a alguna, aunque nos lo propongamos y con la que el empleo de la elemental cortes&iacute;a produc&iacute;a n&aacute;useas.</p>
<p>Ten&iacute;a aire de rata malhumorada, quiero decir de las ratas de dibujos animados, porque las ratas rabiosas son otra cosa. Hociquito quitagustos, y mucha manicura, mucha.</p>
<p>Urzica debi&oacute; de notar que le miraba las manos porque &eacute;l mismo se las miraba mucho, admirado de s&iacute; mismo, y es que exhib&iacute;a unas u&ntilde;as como de zorroncillo, de mozoputa en su caso, largas, alunadas, pulidas hasta el brillo:</p>
<p>&ldquo;&iquest;Qu&eacute; te parece mi manicura a la turca?&rdquo;</p>
<p>Eso dijo, s&iacute;. No supe que contestarle. Nadie habr&iacute;a sabido. &iquest;Qu&eacute; hac&iacute;a yo en Bucarest escuch&aacute;ndole a un pavo hablar de su manicura &ldquo;a la turca&rdquo;? Todav&iacute;a no s&eacute; lo que es eso, pero lo que s&iacute; s&eacute; es que Urzica se me apareci&oacute; como un genuino y acabado representante de la Espa&ntilde;a democr&aacute;tica: &aacute;vido, gorr&oacute;n, descuidero, un progresista sin tacha, sin otra tacha que su ficha en los servicios secretos, desde el SECED de Carrero Blanco a los del presente, a la tropa de bandarras que chulean bajo el nombre de Observadores Internacionales, en el que hay desde bragueteros hasta asesinos, ambos profesionales, pasando por estafadores y hasta por puetas. Con raz&oacute;n que Petrisor estaba al tanto de los cr&iacute;menes de Montejurra, como que estoy seguro de que, por mor del servicio, habr&iacute;a conocido a sus autores directos. Si no los hubiese conocido, no me habr&iacute;a hablado de la agencia de Viajes Transalpino, de Madrid, donde se realizaron las reuniones para la Operaci&oacute;n Reconquista, y la agencia Oltremare italiana, relacionada con la embajada espa&ntilde;ola o de Aseprosa, para la que hab&iacute;a trabajado. Era de los que est&aacute;n convencido de que el paso del tiempo lo absuelve todo y que nada tiene importancia, salvo la cuenta corriente.</p>
<p>El chorro de demencias que puede llegar a escuchar en Bucarest es como el aliviadero de un pantano en &eacute;poca de riadas, algo imparable, aterrador.</p>
<p>Ay, Petrisor, Petrisor, qu&eacute; mugre de alma tienes. No te la limpias ni con salfum&aacute;n. Qu&eacute; digo salfum&aacute;n, con el saco mierda que eres ni la cal viva puede contigo. Claro que ni intenci&oacute;n tienes, mientras el espa&ntilde;ol y sus culturas sean un negocio y la especulaci&oacute;n inmobiliaria a &eacute;l aparejada en un ambiente de corrupci&oacute;n generalizada, t&uacute; a lo tuyo, y luego a Costa Rica, donde dec&iacute;as que no se ve la pobreza. Mu&aacute;, mu&aacute;, pitx&oacute;n t&uacute; tambi&eacute;n. Y deja en paz la literatura que no te ha hecho nada. Claro que te resultaba negativa la picaresca, ahora me lo explico, y lo que tu llamabas la Espa&ntilde;a Negra, porque era lo tuyo, porque es la m&aacute;s expl&iacute;cita denuncia de los que tu especie y del sucio pa&iacute;s que representas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Es para m&iacute; un enigma como un jebo de esa clase dirige un Centro Cultural Espa&ntilde;ol, aunque no es mucho decir, porque el merdell&oacute;n torreoncete con el que me tropec&eacute; en Santiago de Chile, era igual, si no peor, aunque fuera de la <em>carri&eacute;re, </em>por no hablar de la jeba de Buenos Aires que me neg&oacute; una conferencia pag&aacute;ndome yo el hotel y el viaje hasta all&aacute;<em>.</em> La conclusi&oacute;n que he sacado es que no hay que arrimarse, no hay que dejarse comprar, ni con el se&ntilde;uelo de ver mundo. Para eso mejor la Legi&oacute;n. La de antes, ver&aacute;s mundo muchacho.</p>
<p>Urzica, adem&aacute;s de repulsivo, era un misterio. Qu&eacute; complejos, de inferioridad claro, qu&eacute; necesidad de ser desagradable, de imponer una autoridad necia entre las empleadas de aquel Centro Cultural Espa&ntilde;ol que sospechosamente se dedicaba a transmitir a todos los que se acercaban a &eacute;l las ideas pol&iacute;ticas del gobierno del Partido Popular y solo estas. Espa&ntilde;a era eso, la propaganda negra, la venta de Navarra. &iquest;Qu&eacute; hac&iacute;a aquel bobo hablando en Bucarest de la venta de Navarra? Lo ignoro. Pero era algo que se llevaba, sin m&aacute;s, y del perverso nacionalismo separatista vasco, asunto que les importaba un carajo a propios y a extra&ntilde;os, si no, no se hubiese convertido en santo y se&ntilde;a de la espa&ntilde;olidad. Un hispanista que no defendiera la Sagrada Unidad de Espa&ntilde;a iba dado, sencillamente dado, no cog&iacute;a toro. No hab&iacute;a otra Espa&ntilde;a que la perge&ntilde;ada por la derecha espa&ntilde;ola y a su servicio. Am&eacute;n y am&eacute;n y a tus brazos otra vez, y aqu&iacute; seguimos, hechos unos campeones, y declamando en la noche bucarestina &iquest; &iquest;Siempre se ha de sentir lo que se dice? &iquest;Nunca se ha de decir lo que se siente? Y el no he de callar y el &iquest;No ha de haber un esp&iacute;ritu valiente? &iexcl;Bah! Todo depende del dinero que se tenga, de lo que ingreses y de qui&eacute;n te aplaude y de en d&oacute;nde.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me parto el culo de la risa, me lo parto, de veras que me lo parto, caballero, <em>Auf Pferde!</em> de aquellos, <em>Auf Pferde! Auf Pferde!</em> y toda la faramalla, <em>Wohlauf, Kameradem, auf&rsquo;s Pferd, auf&rsquo;s Pferd!,&iexcl;A caballo! &iexcl;A caballo!</em>, s&iacute;, y toda la faramalla de los asesinos del tiempo ido que proyecta su sombra en este, sin olvidar la mandanga del Bosque de la Malandanza y el Caballero de los Espejos o el otro o el de m&aacute;s all&aacute;, caballer&iacute;as fules, para encubrir gatillazos, la madre que los pari&oacute; a estos, <em>Auf Pferde!,</em> y no hay otra, solo que te vas de jinete solitario, de escuadr&oacute;n diezmado, desmontado, Jinete Solitario, qu&eacute; bien queda, qu&eacute; po&eacute;tico, como aquel minga de gabacho, un aut&eacute;ntico minga, y catolic&oacute;n por si fuera poco, de esos que se apuntan a las sectas de los ricos p&rsquo;a rezar mejor, p&rsquo;a ver con suerte a la virgen sentada en la rama de un &aacute;rbol, <em>Chevalier seul,</em> y bien del periplo celeste y bien de todo, lobo solitario, jinete solitario, navegante solitario, an&oacute;nimo peregrino enterrado en una cuneta, despojado de identidad, solitario a secas, Solitario, s&iacute;, como buen poeta, pero siempre en el borbor, en el barullo, en la querulancia, <em>Auf Pferde!,</em> qui&aacute;, ni montados en el asno del tendero lima pesas, del fraile hambr&oacute;n, del reba&ntilde;a limosnas. Y frente a los caballeros, los p&iacute;caros, hambrones hidalgos hijos de nadie, hijos de puta, desarraigados, expulsados, forajidos por fuerza, pr&oacute;digos sin retorno, dignos, indignos... En esa letan&iacute;a andaba mecido mientras que Urzica hablaba y hablaba.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un extra&ntilde;o &ldquo;Me gusta mucho tu poes&iacute;a completa. Es valiente y misteriosa&rdquo;, me hizo regresar a lo que est&aacute;bamos celebrando.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La comida ya hab&iacute;a durado demasiado y aquel elogio &uacute;ltimo y desmedido de mis poemas que dijo conocer, me desarm&oacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;&iquest;<em>Allanamiento de morada, </em>tambi&eacute;n?&rdquo;, acert&eacute; a preguntarle.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;S&iacute;, y si quieres puedes dar una lectura en el Centro. Claro que no podemos pagarte porque andamos cortos de fondos&rdquo;.</p>
<p>Estaba claro que no hab&iacute;a le&iacute;do ese &uacute;ltimo libro de versos desgarrados que pocos conocen porque hab&iacute;an sido publicado en el comienzo de la cuesta abajo a la que hab&iacute;a sido ajeno.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; no?&rdquo;, pens&eacute;, suelo ir a donde me invitan. Al circo, al circo, si hay que hacer de rey mago, lo hago, lo que sea con tal de que no crean que juego a maldito, y con la percha que tengo, de Hugo Boss no me llamar&iacute;an, pero si lo hicieran de La Boutique del Abuelo para publicitar sus productos, me prestar&iacute;a: bastones, atriles, meaderos, camas m&aacute;gicas y t&uacute;, dentro, de escritor demediado, con gorro de dormir o sin &eacute;l, eso es lo de menos, Gepet&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Urzica no hab&iacute;a le&iacute;do mi libro y aquella invitaci&oacute;n ten&iacute;a trampa. Porque el colmo era que el fen&oacute;meno se hab&iacute;a embarcado en escribir una letra para el himno de Espa&ntilde;a. Quer&iacute;a que la leyera y que le ayudara en la empresa, que si ganaba, de lo que estaba seguro porque ten&iacute;a mano, me dar&iacute;a un porcentaje. No era la primera vez que alguien me dec&iacute;a que &ldquo;ten&iacute;a mano&rdquo; en un jurado. Tambi&eacute;n me lo dijo en 1990 uno con el Premio Azor&iacute;n para que retirara una novela m&iacute;a de un premio provinciano y as&iacute; poder darle este a un amigo suyo que se presentaba a este, como as&iacute; fue, claro. Lo que no sali&oacute; fue lo del Azor&iacute;n. Con el tiempo el que gan&oacute; el premio ni siquiera lo citaba en su rid&iacute;culum.</p>
<p>Estaba orgullos&iacute;simo de participar en aquel patri&oacute;tico concurso.</p>
<p>&nbsp;Hab&iacute;a invitado a dar unas lecturas a unos caraduras, neoespa&ntilde;oles, que es lo que se llevaba, y en su compa&ntilde;&iacute;a comprada sent&iacute;a que aquel arrebato patri&oacute;tico le absolv&iacute;a de su pasado as&iacute; como comunista, de aquel insensato (ahora) canto a las tierras y pueblos y lenguas y lenguas de Espa&ntilde;a, citando a Tovar, c&oacute;mo no, como si fueran federales de Cartagena. Se sent&iacute;a orgullos&iacute;simo. Se sent&iacute;an fundacionales. Y Viva Espa&ntilde;a, alzad los brazos hijos del pueblo espa&ntilde;ol, nostalgia de brazos alzados, olvido de todo, olvido de las esquelas, olvido de las peticiones de apertura de fosas, de anulaci&oacute;n de procesos canallescos, de un m&iacute;nimo de reparaci&oacute;n hist&oacute;rica, olvido, a mansalva, la nueva Espa&ntilde;a, el cara al sol que m&aacute;s calienta regresaba y estaba all&iacute;, porque nunca, jam&aacute;s, se hab&iacute;a marchado del todo. Hasta de la &oacute;rbita del nacionalismo vasco regresaban los falanges.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Le dije que la poes&iacute;a ya no era lo m&iacute;o, despu&eacute;s de haber aceptado ir a leer unos versos a su covachuela. Quer&iacute;a salir de all&iacute; cuanto antes. No pag&oacute; la comida, pagamos a medias y se qued&oacute; con la cuenta para lo de los gastos &ldquo;ya sabes&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;A prop&oacute;sito, el d&iacute;a 19 de marzo organizamos una peque&ntilde;a fiesta en el Centro, p&aacute;sate, habr&aacute; falla&rdquo;, me dijo. Y la hubo. Menuda falla.</p>
<p>&ldquo;&iquest;T&uacute; para donde vas?&rdquo;, me pregunt&oacute; cuando salimos a la calle. Apenas pude se&ntilde;alarle con un gesto de la mano la direcci&oacute;n del mercado.</p>
<p>&ldquo;Pues yo por aqu&iacute;&rdquo;, dijo y me dej&oacute; plantado en la acera. Se fue con su botella de tinto en el regazo. Me di cuenta que para entonces hab&iacute;a que acostumbrarse a sus maneras de ortiga.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Fragmento de la novela, en elaboraci&oacute;n, <em>P&iacute;caros en Bucarest</em>)</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 19 Feb 2014 07:19:24 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hoy la desnudez]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/hoy-la-desnudez/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/JEANNETTE_L._CLARIOND.jpg" alt="" width="264" height="199" /></p>
<p>Finalmente vi mi desnudez.</p>
<p>Acept&eacute; que la piel piensa,</p>
<p>que hay una mancha de &oacute;xido en el espejo,</p>
<p>que la quebradura nace en el centro,</p>
<p>que detr&aacute;s me oculto,</p>
<p>que de exponerme al sol</p>
<p>me llago,</p>
<p>me ampollo y escarapelo,</p>
<p>que todo silencio es desnudez,</p>
<p>que el espejo es habla,</p>
<p>que lo lamo,</p>
<p>que lo acaricio,</p>
<p>que las m&aacute;s de las veces distorsiono,</p>
<p>que su p&aacute;tina es la voz</p>
<p>que dice</p>
<p>Soy.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hoy acept&eacute; que el espejo es&nbsp;</p>
<p>alguien m&aacute;s</p>
<p>que</p>
<p>habla</p>
<p>oye</p>
<p>calla</p>
<p>triza</p>
<p>infiere</p>
<p>confiesa</p>
<p>anula</p>
<p>desdobla.</p>
<p>Hoy</p>
<p>el espejo frente a m&iacute; ha escrito la palabra</p>
<p>DESNUDA</p>
<p>sin martirio</p>
<p>sin sangre</p>
<p>sin dolor</p>
<p>sin nada</p>
<p>estoy</p>
<p>con las palabras que callan</p>
<p>cuando miro</p>
<p>el mundo</p>
<p>en los labios de los otros</p>
<p>en las bocas de los muertos</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>NADA</p>
<p>es&nbsp;&nbsp;</p>
<p>la escrituraci&oacute;n de la vida</p>
<p>y no es la vida lo que importa</p>
<p>lo que dice la voz de la otra voz</p>
<p>la sustancia que impregna de nada el espejo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>que huye como potro en la colina</p>
<p>que se pierde si la llamas</p>
<p>que la sustancia de la voz</p>
<p>es</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>DESNUDEZ</p>
<p>la casta superficie</p>
<p>ama y busca ser amada</p>
<p>hierba sin olor</p>
<p>flor intacta</p>
<p>carne sin piel</p>
<p>luz de otra sombra</p>
<p>azoro de los ricos</p>
<p>la miseria</p>
<p>la nuda desnudez</p>
<p>SOY</p>
<p>espejo distante en el deshielo</p>
<p>una mano sin guante contra el viento</p>
<p>un coraz&oacute;n vac&iacute;o de amor</p>
<p>la herida</p>
<p>cuando escucha el primer llanto</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>LA MISMA HERIDA</p>
<p>fe</p>
<p>abierta</p>
<p>a otros ojos</p>
<p>que se cierran</p>
<p>donde sea que se encuentren</p>
<p>en la casa sin calle</p>
<p>en la ciudad sin puertas</p>
<p>en donde los cerros son el l&iacute;mite de una misma angustia</p>
<p>en donde la angustia y los bordes son</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>DIALOGO</p>
<p>LA M&Uacute;SICA DE ESTA HABITACI&Oacute;N</p>
<p>los lunes frente al piano</p>
<p>la banca solitaria</p>
<p>la visita de la muerte</p>
<p>la vez que su mano</p>
<p>en mi hombro dijo</p>
<p>estoy</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>CIEGA</p>
<p>no significa nada</p>
<p>no dice que no hables</p>
<p>la cuchara el cuchillo el tenedor te escuchan</p>
<p>la ventana abierta hacia afuera</p>
<p>la cortina cerrada hacia dentro</p>
<p>la sangre enterrada en tu cuarto</p>
<p>bajo la alfombra</p>
<p>en el secreto m&aacute;s seguro</p>
<p>en la segura ternura de la voz</p>
<p>que calla cuando miras a trav&eacute;s</p>
<p>de cada astilla cada gota cada luz apagada</p>
<p>cada bot&oacute;n de un seco abrigo</p>
<p>su mancha</p>
<p>en lo blanco</p>
<p>la mesa puesta</p>
<p>la botella&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>la sal</p>
<p>buscando un sitio en el reposo de las horas</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hoy la desnudez</p>
<p>finalmente ha visto mi desnudez</p>
<p>en su l&iacute;mite</p>
<p>donde el brillo de la navaja</p>
<p>colma de sentido</p>
<p>lo que has callado</p>
<p>el dolor que escondes</p>
<p>la mano que se alza contra el grito</p>
<p>el violento cuchillo en la garganta</p>
<p>t&uacute; sin voz</p>
<p>t&uacute; sin nombre</p>
<p>con toda tu necesidad por delante</p>
<p>como si fuera</p>
<p>leche&nbsp;</p>
<p>derramada</p>
<p>y nadie sabe c&oacute;mo ni en qu&eacute; momento comer.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 17 Feb 2014 07:56:57 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dos sonetos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/dos-sonetos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/MANUEL_NEILA.jpg" alt="" width="216" height="162" /></p>
<p>LA LUZ CADA MA&Ntilde;ANA</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vuelvo a sentir la luz cada ma&ntilde;ana,</p>
<p>y no puedo querer m&aacute;s que la vida.</p>
<p>Planto cara a esa luz enardecida,</p>
<p>y la vida se me hace m&aacute;s cercana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llega herida la luz a mi ventana,</p>
<p>y no s&eacute; desear m&aacute;s que esa herida.</p>
<p>Pongo el pecho a la muerte estremecida,</p>
<p>y la muerte se torna m&aacute;s humana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Soy materia sensible desde hoy mismo,</p>
<p>pecho y cara nacidos para el goce</p>
<p>desde las sombras de su propio abismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Soy un cuerpo viviente que conoce,</p>
<p>por el cual sabe el mundo de s&iacute; mismo,</p>
<p>se contempla existir&hellip;, se reconoce.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>EL AIRE EN LOS OJOS</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>&nbsp; A la memoria de F&eacute;lix Neil</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;">Est&aacute;s ah&iacute;, como agua bien tendida,</p>
<p>bajo el cielo de abril, convaleciente.</p>
<p>&ldquo;El aire &ndash;piensas&ndash;, fr&iacute;o, transparente,</p>
<p>mitiga el da&ntilde;o, atempera la herida&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Est&aacute;s postrado, al borde de la vida,</p>
<p>esperando un milagro, in&uacute;tilmente.</p>
<p>&ldquo;El aire &ndash;dices&ndash;, puro, evanescente,</p>
<p>podr&aacute; mostrarme, al cabo, la salida&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&hellip; Y un d&iacute;a se quebr&oacute;, como si nada,</p>
<p>el hilillo de aire, hermano m&iacute;o,</p>
<p>que te ataba a la vida, a este enga&ntilde;o.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hoy evoco tu ausencia ensimismada,</p>
<p>y el recuerdo se vuelve m&aacute;s sombr&iacute;o.</p>
<p>&iexcl;No s&eacute; c&oacute;mo decir cu&aacute;nto te extra&ntilde;o!</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 17 Feb 2014 07:54:31 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Historias de la intrahistoria]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/historias-de-la-intrahistoria/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/ENRIQUE_ANDR_S_RUIZ.jpg" alt="" width="335" height="134" /></p>
<p class="Body1">Tierra de nadie fue en el medievo y tierra de nadie fue por siglos. Soria qued&oacute; oculta a los viajeros del XIX que recorrieron Espa&ntilde;a en busca de un pueblo pintoresco y un paisaje con car&aacute;cter. El m&aacute;s meticuloso, el ingl&eacute;s Richard Ford, le dedic&oacute; a la provincia unas l&iacute;neas desabridas en su <em>Manual para viajeros por Espa&ntilde;a y lectores en casa</em>. &laquo;Ahora el viajero ha vuelto a entrar en las regiones desnudas de Castilla la Vieja y lo mejor que puede hacer es salir de nuevo de ellas lo m&aacute;s r&aacute;pidamente posible&raquo;. Y m&aacute;s adelante: &laquo;Es lugar aburrido y habitado por agricultores. Los alrededores son accidentados e inh&oacute;spitos [...] hura&ntilde;os y sin &aacute;rboles [...] Lo cierto es que sobre esta provincia, que es muy poco visitada, se cierne como una pesadilla beocia de apat&iacute;a e inactividad&raquo;. Es una frase como un latigazo, y sorprende que no aparezca en las tres primeras ediciones originales del libro (al menos hasta donde he podido consultar: la segunda, de 1847 y la tercera, de 1855). Ford, al revisar su obra, dio en atender de nuevo tan desoladas tierras para volcar sobre ellas su feroz juicio. Qu&eacute; m&iacute;ster se atrever&iacute;a desde entonces a poner pie entre el Moncayo y el ca&ntilde;&oacute;n del r&iacute;o Lobos, entre el Urbi&oacute;n y Medinaceli.</p>
<p class="Body1">&nbsp;</p>
<p class="Body1">Tambi&eacute;n hab&iacute;a de quedar Soria a trasmano de los escritores del 98. Salvo la narraci&oacute;n de un viaje a las tierras altas de P&iacute;o Baroja y alguna que otra pincelada de Unamuno o Azor&iacute;n, s&oacute;lo Eugenio Noel parece detenerse en ella. Machado es caso aparte: no fue viajero sino soriano. O ciudadano de Soria, que viene a ser lo mismo. Repunt&oacute; algo Soria en la literatura de la segunda mitad del siglo pasado, cuando Espa&ntilde;a dej&oacute; de ser un escenario quijotesco para modernizarse gracias al Plan de Estabilizaci&oacute;n de 1959. Quienes quedaron perplejos por el cambio, reticentes a &eacute;l o animados a explicarlo, volvieron a ella con un punto de nostalgia: Ridruejo, Ferrer Vidal o ese grand&iacute;simo escritor y viajero que fue Ram&oacute;n Carnicer. De lado cabe dejar el reportaje menor que le hizo Josep Maria Espin&agrave;s y destacar, en cambio, la obra de Avelino Hern&aacute;ndez, escritor delicado y soriano asimismo, de Valdege&ntilde;a.</p>
<p class="Body1">&nbsp;</p>
<p class="Body1">Soria, como ente literario, parec&iacute;a abocada a la fatalidad del ruralismo, la vuelta y la revuelta al p&aacute;ramo, al hombre fundido con la tierra, a las leguas y leguas desiertas que se recorren a las veces sin divisar apenas m&aacute;s que la llanura inacabable donde verdea el trigo y amarillea el rastrojo, donde unos &aacute;lamos de vida intensa y profunda anuncian al hombre: y quien dice el hombre dice un pueblo, tostado por el sol y curtido por el hielo. Unamuno vino a decirlo. Soria, una provincia sin apenas historia. Pero bajo su manto yace su intrahistoria, &laquo;la vida silenciosa de los millones de hombres sin historia que a todas horas del d&iacute;a y en todos los pa&iacute;ses del globo se levantan a una orden del sol y van a sus campos a proseguir la oscura labor cotidiana y eterna&raquo;. Unamuno tambi&eacute;n, qui&eacute;n si no.</p>
<p class="Body1">&nbsp;</p>
<p class="Body1">Hace falta ser fino en la observaci&oacute;n y delicado en el trazo para novelar la intrahistoria de un rinc&oacute;n provinciano. Y algo m&aacute;s que talento para lograr una novela intensa y subyugante. Enrique Andr&eacute;s Ruiz se aleja del costumbrismo como g&eacute;nero. Las costumbres que aparezcan en las p&aacute;ginas de <em>Los montes antiguos, los collados eternos</em> no son sino mecanismos que rigen las leyes internas de la novela, a su vez las leyes internas del devenir intrahist&oacute;rico de sus personajes. Torrente Ballester apunt&oacute; la gran lecci&oacute;n de Cervantes: &laquo;legar un modo de trasladar al arte literario el material emp&iacute;rico, que no consiste tanto en reproducirlo como en transfigurarlo&raquo;. Y la transfiguraci&oacute;n de esa &laquo;pesadilla beocia de apat&iacute;a e inactividad&raquo; en material novelesco, en una urdimbre poderosa de hombres, paisajes y pasiones, la consigue Enrique Andr&eacute;s Ruiz convirtiendo su texto narrativo en una sinfon&iacute;a. La obertura: una descripci&oacute;n taxon&oacute;mica de un pedazo de tierra y sus alrededores m&aacute;s pr&oacute;ximos. Una cadencia lenta y exquisita; piedras, plantas, montes, aperos. Subyuga el l&eacute;xico, rico mas desnudo de arca&iacute;smos. Nos es pr&oacute;ximo. Subyuga tambi&eacute;n el tempo. Cuando ya nos preguntamos d&oacute;nde est&aacute; el hombre, aparece de improviso. Un hombre, unos hombres, y sus vidas, pasiones, ilusiones y desenga&ntilde;os. Como el borbotar fresco y sabroso de una fuente. Y en los papeles de Ram&oacute;n Mateo, que viene a ser el protagonista de esta novela, veremos sus andanzas en el frente de Guadalajara, en Jaca o en el Madrid de la posguerra; y mucho de esa Soria y sus gentes, de esos montes antiguos y esos collados eternos.</p>
<p class="Body1">&nbsp;</p>
<p class="Body1">Por fortuna, esta novela no se adhiere al credo de la novela regionalista. No hay menosprecio de corte ni alabanza de aldea, que lleva impl&iacute;cita la denuncia a la desnaturalizaci&oacute;n que produce lo extra&ntilde;o, lo extranjero. No hay aqu&iacute; &laquo;hechos diferenciales&raquo; que blandir como estandarte. Hay paisaje, pero no paisajismo; y hay hombres y no paisanaje. El paisaje aqu&iacute; no es m&aacute;s que el veh&iacute;culo que lleva al narrador a internarse por las historias del sujeto intrahist&oacute;rico en un trenzado bien tramado de pasado, presente y futuro. Trascendencia, al fin.</p>
<p class="Body1">&nbsp;</p>
<p class="Body1">Hablaba S&aacute;nchez Mazas de la ausencia de vida microsc&oacute;pica en las aguas tumultuosas y de su abundancia en las aguas quietas de una charca. Algo de esto hay en <em>Los montes antiguos, los collados eternos. </em>Con la observaci&oacute;n detenida de la vida en unos pueblos aparentemente quietos y calmos, Enrique Andr&eacute;s Ruiz puede describir con genio ese bullicio microsc&oacute;pico y soterrado. Lo hace con cap&iacute;tulos cortos en los que asoma mucho &laquo;el decir sabroso y novelero&raquo; de aquel cronista franc&eacute;s que aparece en uno de los <em>Viajes imaginarios y reales</em> de Cunqueiro. Es decir: asoma el mismo Cunqueiro. Pero lo hace con voz propia, la voz de un gran poeta. Porque Enrique Andr&eacute;s Ruiz lo es (toda su obra anterior es po&eacute;tica) y no hay nada que enriquezca m&aacute;s una gran novela como es &eacute;sta que un pellizco de lirismo.&nbsp;&nbsp;</p>
<p class="Body1">&nbsp;</p>
<p class="Body1">&nbsp;</p>
<p class="Body1">Enrique Andr&eacute;s Ruiz. <em>Los montes antiguos, los collados eternos</em>. Madrid, Encuentro, 2011.</p>
<p class="Body1" align="right">&nbsp;</p>
<p class="Body1">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 17 Feb 2014 07:46:52 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rueda del exiliado]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/rueda-del-exiliado/</link>
      <description><![CDATA[<p style="text-align: left;" align="right"><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/NIVARIA_TEJERA.jpg" alt="" width="199" height="240" /><em>It is ever a stranger who walks reside me</em></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>Qu&eacute; cu&aacute;ndo qu&eacute; d&oacute;nde qu&eacute; c&oacute;mo qu&eacute; qui&eacute;n</p>
<p>Nos aguarda al final de nuestro tiempo</p>
<p>Para calmar y colmar tan sostenido desvelo?</p>
<p>Desde el bosque de piedra de este laberinto</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Preguntamos</p>
<p>Mientras la sangre de los ojos roc&iacute;a el cuerpo</p>
<p>Cada instante</p>
<p>Para que el polvo no se levante</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De tanta vigilia se nos ha ido vaciando el rostro</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; de cielo</p>
<p>Y el pecho de espacio</p>
<p>Las palabras han perdido la raz&oacute;n</p>
<p>Y los sentidos nos han abandonado</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Estamos sembrados en la tierra de exilio como</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Espantajos</p>
<p>De los que se huye como <em>de la intriga de una </em></p>
<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; historia</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los d&iacute;as y las noches caen como sombras en el</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; pozo de las venas</p>
<p>Pulsaciones de tiempo p&aacute;tina de c&uacute;pula somos</p>
<p>Sin otro son que los pasos y entre ellos</p>
<p>El cuerpo m&uacute;sica mutilada fluyendo</p>
<p>Bajo sus tendones el torrente de la locura</p>
<p>Frota bals&aacute;mica la herida que tiende retadora</p>
<p>Su arcoiris de mapa cuarteado</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dese el mar muerto de nuestra vida nos tocamos</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; por los abismos</p>
<p>Acorralados por un coro de voces c&oacute;mplices</p>
<p>De los desvelos que en la tiniebla animan</p>
<p>La sobrevida</p>
<p>Al fondo de los espejos rotos</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 14 Feb 2014 07:10:49 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La historia de San Kildán]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-historia-de-san-kildan/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/AVELINO_HERN_NDEZ.jpg" alt="" width="220" height="177" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">El archipi&eacute;lago de San Kild&aacute;n en realidad no son islas; son enormes picachos agudos y rocas quebradas que emergen del mar. Y en torno, como aletas dorsales de tiburones gigantes, cortantes arrecifes y puntiagudas estacas.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Est&aacute;n partidas a tajo; cortadas a pico. No tienen &aacute;rboles. Ni siquiera arbustos. Ni yerba. Ni musgo. Son piedra desnuda.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">S&oacute;lo Hirta es una isla. Y ocupa el centro del archipi&eacute;lago. En una exigua bah&iacute;a se encuentran un min&uacute;sculo puerto y el poblado.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Lo formaban un pu&ntilde;ado api&ntilde;ado de primitivas pallozas con cuerpo irregular de grandes piedras y techo c&oacute;nico cubierto con tierra, trenzado con yerbas y paja.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">A veces tormentas horribles arrasaban Hirta. Durante una semana las olas sumerg&iacute;an la isla saltando por encima de los farallones de la costa Entonces las gentes se guarec&iacute;an en cuevas excavadas al efecto en las rocas blandas del picacho m&aacute;s alto. Esto ocurr&iacute;a en el oto&ntilde;o.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Durante el invierno de octubre a marzo nevaba y helaba hasta el extremo de que la peque&ntilde;a comunidad encontraba dificultades para enterrar en el suelo helado los perros, las ovejas y las personas que mor&iacute;an entonces.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">En San Kild&aacute;n, unos centenares de hombres, quiz&aacute;s otros tantos perros, unos millares de ovejas y miles y miles de p&aacute;jaros fueron desde siempre todos y los &uacute;nicos seres vivos importantes.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Los sankildanos carec&iacute;an de religi&oacute;n. De lo contrario los p&aacute;jaros hubieran sido dioses. Cientos, miles, millones de dioses.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Porque con el deshielo, al final del invierno, avanzado abril, empezaban a llegar a las rocas de las islas bandadas de aves. Bandadas de gaviotas, bandadas de l&aacute;ridos, bandadas de fulmares, bandadas de arg&eacute;nteas. Millones de p&aacute;jaros.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Los primeros en llegar iban ocupando los huecos de las rocas, las grietas de los riscos, las rendijas de los acantilados. Sus graznidos roncos ahogaban el fragor de las olas y la nube de sus cuerpos en bandadas oscurec&iacute;a el sol. Iban de paso. Pero durante la primavera y el verano anidaban todos.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Merced a ellos sobrevivi&oacute; la raza humana siglo tras siglo en aquel inh&oacute;spito archipi&eacute;lago. Sin apenas tierra que cultivar, sin poder hacerse a la mar ni pescar, con s&oacute;lo algunas ovejas salvajes que, acosadas por el hombre, se refugiaban en las crestas inaccesibles de los acantilados. Durante m&aacute;s de mil a&ntilde;os no se consumi&oacute; otro alimento en San Kild&aacute;n que huevos y carne de gaviotas y l&aacute;ridos.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Eran celtas. Hablaban ga&eacute;lico y no lo sab&iacute;an escribir.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Acaso hubiera habido seres humanos antes, pero los actuales sankildanos descend&iacute;an de las tribus celtas que se establecieron all&iacute; hacia el siglo IX. Y apenas si cambi&oacute; hasta nuestros d&iacute;as la composici&oacute;n.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Desde tiempos remotos aquellas islas perdidas en el oc&eacute;ano ten&iacute;an due&ntilde;o. Eran del clan MacLeod, se&ntilde;ores de un imperio insular en el norte de Escocia.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Y durante siglos, una vez al a&ntilde;o, por el verano, estuvo llegando puntual al archipi&eacute;lago, primero el arcediano, luego el recaudador, a percibir el tributo de lanas y plumas que el Se&ntilde;or de turno, en su libre voluntad, hab&iacute;a tenido a bien establecerles.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Nunca hab&iacute;an visto un &aacute;rbol. Ni cerdos, ni gallinas, ni abejas, ni ratas. Desconoc&iacute;an la escritura, el dinero, los amos y la religi&oacute;n. No se recordaban en San Kild&aacute;n ni guerras, ni robos, ni cr&iacute;menes desde hac&iacute;a siglos.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">El tipo medio de la gente en San Kild&aacute;n era bajo, nervudo y consistente. Ellos, indefectiblemente, con gruesa gorra de pa&ntilde;o sobre el cabello revuelto y ralo negro que se prolongaba en anchas patillas rom&aacute;nticas, bigote grueso y recias barbas. Siempre chaleco grueso de pa&ntilde;o pardo, camisa gruesa de pa&ntilde;o blanco y pantal&oacute;n grueso de pa&ntilde;o negro. Con botas o descalzos. Las manos grandes, deformadas.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Ellas, pa&ntilde;uelo negro a la cabeza y el pelo liso lacio dejado caer a ambos lados desde la raya en el centro de la frente. Sobre los hombros un chal de lana. Y rebeca de lana, sobre halda, saya y delantal de pa&ntilde;o. Negros. Gruesos zapatos o botas negros. Y las manos menudas, blancas, de amasar el pan de centeno, de hilar o de tejer.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">El rostro sereno de ellas y de ellos transmit&iacute;a la paz resignada de estar mirando durante siglos a un mar imposible y un cielo adverso. Y casi sonre&iacute;an.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">La medida de la justicia para estas gentes era, simplemente, la igualdad. Despu&eacute;s de un d&iacute;a entero cazando gaviotas se contaban los p&aacute;jaros cobrados y se distribu&iacute;an en tantas partes iguales como habitantes. No importaba que fueran mujeres o ni&ntilde;os, ancianos o enfermos. O que, por cualquier causa, alguno no hubiera podido salir a cazar.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Jorge IV de Escocia decret&oacute; que las Islas H&eacute;bridas pasaran a sus dominios. Pero excluy&oacute; el archipi&eacute;lago de San Kild&aacute;n. Porque, al estar tan remoto, no pod&iacute;a garantizar el bienintencionado monarca que aquellas gentes se beneficiaran de su protecci&oacute;n.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Daba igual. Los sankildanos no se enteraron.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">En cambio, cuando en tiempos m&aacute;s recientes el Parlamento de Inglaterra cre&oacute; una Comisi&oacute;n que redactara una Ley para Territorios Pobres, fueron los se&ntilde;ores parlamentarios comisionados quienes no se enteraron de que exist&iacute;a San Kild&aacute;n.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Para que aquello no volviera a repetirse, el Gobierno de Su Majestad mand&oacute; hacer el censo en Hirta.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Afortunadamente, a pesar de estar censados, nunca pagaron impuestos. Por la sencilla raz&oacute;n de que el Departamento de Tasas no consider&oacute; rentable mandar recaudadores hasta all&iacute;.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Para entonces la Iglesia de Escocia hab&iacute;a construido en el poblado un templo y una casa rectoral para los reverendos.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Los sankildanos fueron acostumbrados a asistir a la iglesia una vez al d&iacute;a. Menos los s&aacute;bados y los domingos, que iban dos.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Los sermones del cura John MacKay duraban hasta tres horas, interrumpidos por algunos intervalos de c&aacute;nticos. Hablaba siempre del infierno, del fuego y de la condena horrible de los pecadores. Afortunadamente, el ministro evangelista que le sucedi&oacute; &mdash;reverendo MacLachlan&mdash; y su esposa prestaron mayor atenci&oacute;n a la ense&ntilde;anza de los ni&ntilde;os y adultos, a la higiene, a la alimentaci&oacute;n y a introducir nuevas formas de actividad econ&oacute;mica (criar gallinas, ordenar las ovejas, cultivar algunas hortalizas...) para que los sankildanos pudieran vivir mejor.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Pero el estilo de vida de los abor&iacute;genes, hasta entonces regido s&oacute;lo por el viento y las mareas, empez&oacute; a estar dirigido por las obligaciones diarias de asistir a las funciones del culto.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Ya para aquel tiempo el Parlamento ingl&eacute;s dict&oacute; la primera ley del mundo sobre protecci&oacute;n de animales. Y a petici&oacute;n de un grupo de parlamentarios se le a&ntilde;adi&oacute; un subt&iacute;tulo en que se consignaba que aquellas prescripciones no se aplicar&iacute;an en el archipi&eacute;lago de San Kild&aacute;n en lo concerniente a gaviotas y l&aacute;ridos, dada la importancia de estas aves en la dieta de sus habitantes.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Los sankildanos, afectados por tan humanitaria clausula de la brit&aacute;nica legislaci&oacute;n, nunca se enteraron. Siguieron cazando sus p&aacute;jaros como siempre, ignorantes por completo de que ahora lo hac&iacute;an con todos los pronunciamientos favorables de la ley del Gobierno de Su Graciosa Majestad.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">El 17 de junio de 1876 el nav&iacute;o austr&iacute;aco "Petri Dubsovacki" encall&oacute; en Hirta.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Tres tripulantes y el capit&aacute;n fueron acogidos en la casa del reverendo. Seis m&aacute;s, por turno, en las de los dem&aacute;s. Se hab&iacute;an quedado sin ropa en el naufragio y los sankildanos les dejaron sus chaquetas de asistir al culto los domingos.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Un d&iacute;a descubri&oacute; el capit&aacute;n que en el techo de algunas pallozas hab&iacute;a entramados de ca&ntilde;as. Le dijeron que sol&iacute;an recogerlas en la arena de junto a la bah&iacute;a. Dedujo de ello que las corrientes del Atl&aacute;ntico deb&iacute;an arrastrarlas hasta all&iacute; desde la tierra firme. Y pens&oacute;, en buena l&oacute;gica, que las mismas corrientes podr&iacute;an encargarse de hacer llegar objetos a tierra firme.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">El 29 de enero de 1877, los austr&iacute;acos, aprovechando que soplaba el viento del noroeste, echaron a la mar un mensaje informando de su existencia en Hirta. Iba dentro de un tronco de madera vaciado sobre el que, a modo de vela, flotaba al aire la vejiga hinchada de una oveja muerta.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Un pescador encontr&oacute; el artilugio, embarrancado en la arena de la costa de Rosshire, mes y medio despu&eacute;s. Y a poco llegaba a San Kild&aacute;n el vapor "Jackal" a recoger a los n&aacute;ufragos.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Este hecho impresion&oacute; vivamente a los sankildanos. Desde entonces, y durante cincuenta a&ntilde;os, un sistema as&iacute; fue el &uacute;nico m&eacute;todo de correo de los habitantes en Hirta.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Muchos de aquellos mensajes, llevados por las corrientes, se perd&iacute;an. Pero, afortunadamente, entre las gentes ricas de las costas de Escocia se extendi&oacute; la fiebre de coleccionar mensajes de San Kild&aacute;n.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">A los ni&ntilde;os de San Kild&aacute;n, en cuanto pod&iacute;an aprenderlo, se les ense&ntilde;aba a trepar por las rocas escarpadas de los acantilados para buscar nidos de p&aacute;jaros.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">John Ross, que una vez visit&oacute; Hirta, cuenta que la primera imagen de seres vivos que descubri&oacute; cuando su barco se aproximaba a la isla fue la de un sankildano y su hijo, de apenas ocho o diez a&ntilde;os, encaramados en la cumbre de un farall&oacute;n de rocas cortado a pico sobre el mar.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">El padre llevaba colgados a la cintura decenas de p&aacute;jaros ya muertos. Y el chaval, sujeto con una cuerda, trepaba por grietas que hubieran sido estrechas para pasar un gato. Un momento desapareci&oacute; detr&aacute;s de la cornisa. Y cuando volvi&oacute; a aparecer tra&iacute;a una docena de cr&iacute;as vivas, que aleteaban y se revolv&iacute;an picote&aacute;ndole en la cabeza, la cara, los hombros, las manos. Un paso en falso y hubiera ido a estrellarse contra la superficie encrespada del mar desde ochenta pies de altura.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Tras siglos y generaciones de hacer lo mismo, los sankildanos ten&iacute;an ya los pies adaptados para encaramarse por los acantilados. Los tobillos de los hombres eran de un grosor doble del normal. Y los dedos, prensibles, pod&iacute;an engarzarse en los salientes m&aacute;s ligeros de las rocas.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Durante todo el a&ntilde;o la comunidad entera estaba pendiente de la cosecha de aves.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">M&aacute;s a&uacute;n que en Hirta, los p&aacute;jaros anidaban en los islotes y estacas deshabitados y distantes. Esto hac&iacute;a imprescindible alg&uacute;n tipo de embarcaci&oacute;n para llegar hasta ellos a recoger la cosecha y transportarla. Hubo siempre en San Kild&aacute;n, por ello, una peque&ntilde;a barca, un bote de remos. Al comenzar el invierno, sacada a tierra, se marcaban sobre las tablas tantas secciones cuantas eran las familias. Y cada una se responsabilizaba de que su parte estuviera en perfecto estado para cuando llegara el tiempo de la cosecha.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">El patr&oacute;n de alg&uacute;n bajel que hallara, tiempo atr&aacute;s, abrigo en Hirta proporcion&oacute; a los sankildanos unas gruesas cuerdas y unas varas largas con que ayudarse en las faenas de la recolecci&oacute;n. Se guardaban celosamente depositadas en las pallozas; y cada cabeza de familia velaba porque estuvieran constantemente cubiertas con sebo de ave que las preservara de la humedad.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Con el comienzo del deshielo los hombres recorr&iacute;an trepando los acantilados. Quitaban el agua retenida en los huecos de las rocas donde semanas despu&eacute;s vendr&iacute;an a anidar las aves migratorias. Pon&iacute;an yerba seca y plumas para facilitar la confecci&oacute;n de los nidos y evitar el deterioro de los huevos. Cortaban las veredas por donde pudieran encaramarse los perros o las ovejas, para que no estorbaran la puesta y la cr&iacute;a de los p&aacute;jaros. Y confirmaban que segu&iacute;an en buen estado los salientes de las rocas donde engarzar&iacute;an los lazos de las cuerdas para poder trepar.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">A finales de febrero sol&iacute;an aparecer ya los primeros bandos de gaviotas. Su carne suministraba alimentaci&oacute;n fresca a la comunidad tras la dieta pobre de un invierno prolongado.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">En abril anidaban en las rocas las arg&eacute;nteas. Pero apenas si se extra&iacute;an de sus nidos algunos cientos de huevos para la consumici&oacute;n de cada d&iacute;a. Era mejor esperar que aparecieran las cr&iacute;as. Porque su carne pod&iacute;a conservarse.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Finalmente, en junio y julio llegaban nuevas familias de p&aacute;jaros de especies diferentes.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Y as&iacute;, los ritmos diversos de llegada, de puesta y de cr&iacute;a permit&iacute;an a los isle&ntilde;os disfrutar de carne tierna, de huevos y de carne adulta al mismo tiempo.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Simult&aacute;neamente se preparaba en las pallozas, hervida con sal y yerbas arom&aacute;ticas, la carne en conserva para las estaciones crudas, cuando todo lo dem&aacute;s que comer escaseara o faltara.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Hasta 1.500 piezas en una jornada pod&iacute;an llegar a recoger los sankildanos durante los buenos tiempos: y a&uacute;n pod&iacute;an seleccionar entre los p&aacute;jaros que cazaban las especies que ten&iacute;an la mejor carne. Durante los buenos tiempos.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Las expediciones se repet&iacute;an durante varias semanas. Los ni&ntilde;os y los ancianos, mientras tanto, desplumaban los p&aacute;jaros. Todo en San Kild&aacute;n se llenaba de plumas: el aire, la orilla del mar, el poblado, las calles, las casas, las herramientas, los vestidos, el pelo, las barbas, las manos. Plumas todo. Plumas grandes, plumas peque&ntilde;as, plum&oacute;n, plumas blancas, plumas grises, negras, plumas flotando en el mar, plumas arrastradas por los aires, pegadas a las rocas, en la barca, en el morro de los perros, por todas partes plumas, plumas, plumas, plumas.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">En los buenos tiempos las plumas no serv&iacute;an para nada. Pero en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, antes de la evacuaci&oacute;n los sankildanos que no pod&iacute;an pagarle en lana a Sir MacLeod la renta anual le entregaban sacos con las plumas m&aacute;s finas para hacer colchones, cojines o almohadas.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Dicen que, cocida, la carne de aquellos p&aacute;jaros, que era blanca, ten&iacute;a sabor a buey. Los huevos, en cambio, siempre se comieron crudos en San Kild&aacute;n. Menos en los &uacute;ltimos tiempos. En los &uacute;ltimos tiempos, cuando ya eran m&aacute;s frecuentes las visitas de barcos, sol&iacute;an guardarse algunos cocidos. Los visitantes se los llevaban de recuerdo y para decorarlos. A cambio les daban harina, az&uacute;car o sal.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Nada tiene, pues, de extra&ntilde;o, que finalmente John MacCallum, propietario del vapor "Dunnara Castle", anunciara por nueve libras y a todo confort un viaje de diez d&iacute;as "a las rom&aacute;nticas islas del Oeste y al solitario, remoto y misterioso archipi&eacute;lago de San Kild&aacute;n".</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">En las advertencias para el protocolo de llegada se dec&iacute;a: "pasar&aacute;n ustedes entre dos filas de ind&iacute;genas a lo largo de un sendero. A un lado estar&aacute;n los hombres. Al otro las mujeres. Deben dar la mano a derecha y a izquierda a todo el que se encuentren. No se preocupen del ej&eacute;rcito de perros que les ladrar&aacute;n al pasar; su ladrido es m&aacute;s molesto que su mordedura".</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Con el tiempo, las visitas de viajeros, investigadores y curiosos se hicieron regulares entre julio y agosto. As&iacute; que los sankildanos descubrieron pronto que pod&iacute;an ganarse unos peniques trasbordando en el bote de remos la gente a la costa desde los barcos, que no pod&iacute;an arribar a la bah&iacute;a. El beneficio era, como todo hasta entonces, para la comunidad.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Ya en tierra, les ofrec&iacute;an huevos cocidos para decorar, conservas de gaviota, bufandas de pa&ntilde;o, calcetines de lana o las pocas cosas que pose&iacute;an y que a los visitantes les pudieran interesar.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Pero aquella gente era muy rara. &iexcl;Pues no ven&iacute;an pidiendo que se les reservaran c&aacute;scaras de huevos de las 548 especies de p&aacute;jaros que los peri&oacute;dicos dec&iacute;an que anidaban en San Kild&aacute;n!</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">El flujo estable de los visitantes lleg&oacute; a cambiar el sentido de su econom&iacute;a. Descubrieron el dinero; el que ingresaban, aunque escaso, les permit&iacute;a adquirir alimentos, harina, sal, le&ntilde;a, tabaco, caramelos.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Progresivamente se fue abandonando la dedicaci&oacute;n exclusiva a la cosecha de los p&aacute;jaros. Y a&ntilde;o tras a&ntilde;o disminu&iacute;an alarmantemente las capturas.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Pero a su vez las nuevas fuentes de ingresos no pod&iacute;an ser ni regulares ni seguras. Porque estaban sujetas al estado del tiempo, del viento y del mar. Tres elementos contra los cuales se hab&iacute;a organizado con &eacute;xito la vida en Hirta desde siglos; y ante los cuales ahora empezaban a sentirse desarmados los sankildanos.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">El principal problema que hubo siempre en San Kild&aacute;n fue el n&uacute;mero de habitantes. Cuando superaban los cien, iban bien las cosas. Pero iban mal si descend&iacute;an de ese n&uacute;mero. O si hab&iacute;a m&aacute;s hembras que varones.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">En varias ocasiones las epidemias pusieron a la comunidad entera al borde de la extinci&oacute;n.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">En 1664 una epidemia de lepra diezm&oacute; la comunidad. Quedaron 180 personas en Hirta. En 1758 una epidemia de viruela redujo la poblaci&oacute;n a ochenta y ocho habitantes. De los cuales s&oacute;lo 30 eran varones.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">No hab&iacute;a cementerio en San Kild&aacute;n; ni se pon&iacute;an cruces sobre las tumbas. S&oacute;lo se rodeaba de grandes piedras la tierra removida para evitar que escarbaran las gaviotas y los perros rebuscaran los restos.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">En 1844 una nueva peste arrebat&oacute; 17 cabezas de familia y dej&oacute; 26 hu&eacute;rfanos. No hab&iacute;a azadas con que cavar las tumbas. As&iacute; que con los husos de hilar se excavaron dos fosas para enterrar los cuerpos muertos.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">En 1852 treinta y seis sankildanos emigraron a Australia. Quedaron setenta.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Nunca se hab&iacute;a visto una cosa as&iacute;. La escena de la despedida de los que quedaron fue pat&eacute;tica.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">En 1877 hab&iacute;a 2 varones en edad de casar y 12 mujeres. Y el verdadero problema no estaba en que las mozas se fueran a quedar para vestir santos, sino en que s&oacute;lo hab&iacute;a dos mozos para cazar p&aacute;jaros y dar de comer a la comunidad.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">1911 fue un a&ntilde;o de fuertes galernas en el mar de San Kild&aacute;n y apenas llegaron barcos en varios meses a las islas. Los sankildanos, por primera vez, pasaron hambre. Cuando se supo en tierra firme, el peri&oacute;dico "Daily Mirror" organiz&oacute; una expedici&oacute;n con provisiones para ayudarles. Volvieron impresionados. Tanto que el propio peri&oacute;dico lanz&oacute; una campa&ntilde;a de sensibilizaci&oacute;n de la opini&oacute;n p&uacute;blica: &iexcl;hab&iacute;a que evitar que aquello se repitiera!</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Para entonces los habitantes de San Kild&aacute;n hab&iacute;an quedado reducidos a 73; 17 de ellos abandonaron Hirta en los a&ntilde;os siguientes a la primera guerra mundial.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">La vida en Hirta no fue nunca f&aacute;cil. Pero durante un millar de a&ntilde;os hab&iacute;a sido posible.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Ahora los isle&ntilde;os, seriamente mermados en su n&uacute;mero, encontraban angustiosamente dif&iacute;cil el mero subsistir.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Durante la cosecha ya no se hac&iacute;a ninguna selecci&oacute;n, ning&uacute;n rechazo: cualquier p&aacute;jaro vivo que se pusiera al alcance de la mano era bueno.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Aquel a&ntilde;o les fue imposible a los sankildanos, diezmados, envejecidos y enfermos, cazar m&aacute;s de 300 de aquellas aves que, sin embargo, segu&iacute;an llegando por millares cada primavera a llenar las rocas con su algarab&iacute;a y sus nidos.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">En San Kild&aacute;n se empez&oacute; a depender, para vivir, de las ayudas que les quisieran enviar de tierra firme.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Aquellas gentes se hallaban perplejas ante la ineficacia de sus esfuerzos para siquiera poder sobrevivir:</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">&mdash;&iexcl;Las islas son igual, el mar es el mismo y los p&aacute;jaros siguen viniendo! &iquest;Por qu&eacute; no podemos seguir viviendo aqu&iacute; como nuestros antepasados?</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Pero en su fuero interno, con resignada amargura, ya hab&iacute;an decidido abandonar al mar, al viento y a los p&aacute;jaros las islas que durante siglos fueron su tierra.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Por primera vez en m&aacute;s de mil a&ntilde;os se habl&oacute; en San Kild&aacute;n de evacuaci&oacute;n.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">&iquest;Y el gobierno? &iquest;qu&eacute; pensaba, si pensaba algo, el gobierno ingl&eacute;s?</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">El Departamento escoc&eacute;s de la Salud envi&oacute; a Hirta a una enfermera, la se&ntilde;orita Guillermina Barclay. Les ayud&oacute; mucho y los sankildanos la quer&iacute;an.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Ella fue quien decidi&oacute; que ya no se juntar&iacute;an m&aacute;s cada domingo en la iglesia, h&uacute;meda y fr&iacute;a. En adelante se reunir&iacute;an en su propia casa, m&aacute;s confortable, junto a la chimenea, a tomar t&eacute; caliente con pastas.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Aquella tarde de abril de 1930 se hablaba poco en la reuni&oacute;n. En la cabeza de todos pesaba el mismo pensamiento. Pero era como si se hubieran puesto de acuerdo para no hablar de ello.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Por fin alguien se atrevi&oacute; a preguntar:</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">&mdash;&iquest;Y usted qu&eacute; piensa de la evacuaci&oacute;n. Miss Barclay?</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">&mdash;.... San Kild&aacute;n ha llegado al l&iacute;mite de sus posibilidades.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">El silencio se hizo tan angustioso que la enfermera se sinti&oacute; obligada a seguir hablando.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">&mdash;Puedo aseguraros que me resultar&aacute; f&aacute;cil conseguir los recursos para la evacuaci&oacute;n. Y una casa en tierra firme para cada familia. Y un puesto de trabajo.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Nadie reaccion&oacute;. Ni levantaron la vista del fuego.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">&mdash;Yo puedo garantiz&aacute;roslo. Pero sois vosotros los que habr&eacute;is de decidir.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Cuando se despidieron para volver a sus casas no se atrev&iacute;an a mirarse y se dispersaron en silencio. En el cobijo de cada palloza se prolong&oacute; el nudo en la garganta de aquel silencio. S&oacute;lo los ni&ntilde;os pudieron dormir aquella noche.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Tambi&eacute;n en la Secretar&iacute;a de Estado para los Asuntos de Escocia se hablaba de San Kild&aacute;n. Se hab&iacute;an recibido informes sobre el hambre del invierno pasado. Y se sab&iacute;a que andaba revuelta la opini&oacute;n p&uacute;blica inglesa a causa de aquello.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Al domingo siguiente, en Hirta, volvieron a juntarse todos en casa de miss Barclay. Y mientras se o&iacute;a en el silencio hervir el agua para hacer el t&eacute;, aquel anciano estrech&oacute; entre sus manos las de la enfermera que le alargaba la taza y s&oacute;lo acert&oacute; a decir entrecortado:</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">&mdash;Es el final, miss Barclay, Ninguno sabemos c&oacute;mo seguir. Nadie sabe qu&eacute; hacer.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Aquella noche, en el papel cuadriculado de un cuaderno de escuela, se le escribi&oacute; una carta al Gobierno de su Majestad:</p>
<p class="Cuerpodeltexto251"><em>"Nosotros, los abajo firmantes, nativos del archipi&eacute;lago de San Kild&aacute;n, respetuosamente elevamos nuestra s&uacute;plica de que nos ayuden a abandonar nuestras islas este a&ntilde;o y a encontrar casa y trabajo en tierra firme.</em></p>
<p class="Cuerpodeltexto251"><em>Durante a&ntilde;os, los brazos para trabajar han ido disminuyendo y hoy la poblaci&oacute;n de Hirta ha quedado reducida a 36.</em></p>
<p class="Cuerpodeltexto251"><em>Podemos llevar con nosotros algunos muebles, pero ni siquiera tenemos recursos con que costear la evacuaci&oacute;n.</em></p>
<p class="Cuerpodeltexto251"><em>Agradecer&iacute;amos que no nos separaran, sino que pudi&eacute;ramos vivir en la misma comunidad. Y que los trabajos que se nos buscara estuvieran relacionados con lo que desde tiempos inmemoriales nuestro pueblo ha venido haciendo y nosotros sabemos hacer.</em></p>
<p class="Cuerpodeltexto251"><em>Pero si esto no es posible, estaremos contentos con la soluci&oacute;n que ese Gobierno de su Majestad tenga a bien asignarnos, que por lo menos nos ayude a sobrevivir".</em></p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Firmaban la carta todos los adultos. Finley Gillies y Mary MacQueen, que no sab&iacute;an escribir, hicieron una cruz.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">A&uacute;n estuvo la carta guardada dos meses en espera de alg&uacute;n barco que pudiera llevarla.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">En Westminster aquella petici&oacute;n no tra&iacute;a m&aacute;s que engorros molestos.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">&iquest;Una evacuaci&oacute;n? &iexcl;Demasiado gasto!, dec&iacute;an los funcionarios. &iquest;C&oacute;mo se justificar&aacute; ante los contribuyentes?</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Aquello sentar&iacute;a un precedente y llegar&iacute;an peticiones parecidas desde todos los puntos del imperio.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">&iquest;Se ten&iacute;a seguridad de lo que dec&iacute;an sobre que el descenso de la producci&oacute;n se debiera a la p&eacute;rdida de brazos para trabajar? La indolencia y la pereza son frecuentes en este tipo de sociedades.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Habr&iacute;a que confirmar que la solicitud de evacuaci&oacute;n era un&aacute;nime y que no se hab&iacute;a ejercido coacci&oacute;n contra los posibles partidarios de permanecer.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">S&iacute;, a algunos podr&iacute;a encontr&aacute;rseles ocupaci&oacute;n, pero en general ser&iacute;an una carga para cualquier municipio donde se asentaran.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">&iquest;Y quieren vivir juntos, que se les busque trabajo y en lo mismo que saben hacer? &iquest;No ser&iacute;a mejor convencerles &mdash;&iexcl;y ayudarles, por supuesto!&mdash; de que se quedaran all&iacute;?</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Con esta &uacute;ltima decisi&oacute;n fueron enviados dos oficiales a San Kild&aacute;n.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Acompa&ntilde;ados de los hombres, recorrieron la isla. Visitaron familia por familia.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Cuando volvieron a la palloza de la enfermera Barclay le comentaron: &iexcl;Es incre&iacute;ble! Se ten&iacute;a que haber evacuado ya a estas gentes hace mucho tiempo!</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">As&iacute; que, de com&uacute;n acuerdo, redactaron un informe en el que trataron de encontrar una raz&oacute;n que pareciera definitiva a su Gobierno.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">En Westminster, tras esto, hicieron algunos c&aacute;lculos. En los cinco &uacute;ltimos a&ntilde;os San Kild&aacute;n hab&iacute;a costado al Gobierno 2.388 libras. La parte mayor correspond&iacute;a al Departamento de Salud con 1.642 libras. El Departamento de Educaci&oacute;n reconoc&iacute;a que s&oacute;lo hab&iacute;a gastado en Hirta 453 libras. Agricultura 82 libras. Y Correos 211.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Pero estaba claro que, en conjunto, el mantenimiento de la poblaci&oacute;n en Hirta resultar&iacute;a en adelante m&aacute;s gravoso al contribuyente que la evacuaci&oacute;n.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Y empezaron los preparativos.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Un nuevo funcionario, subsecretario de Estado, lleg&oacute; el 11 de junio a Hirta para vencer las &uacute;ltimas reticencias si las hubiera. El Se&ntilde;or Tom Jobston explic&oacute; claramente las condiciones:</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">&mdash;Como hab&iacute;a algunos sankildanos que no podr&iacute;an valerse por s&iacute; solos, no deber&iacute;an ser peso para ninguna instituci&oacute;n. Se har&iacute;an cargo de ellos quienes s&iacute; pod&iacute;an trabajar.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">&mdash;A &eacute;stos el Gobierno les garantizaba el trabajo. Pero si necesitaran cualquier otro tipo de asistencia ser&iacute;a costeada con la venta de objetos de su mobiliario. Hacer una excepci&oacute;n con ellos sentar&iacute;a un precedente peligroso entre su vecindario en tierra firme.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">&mdash;Se tratar&iacute;a de lograr que vivieran todos juntos. Y que su trabajo tuviera relaci&oacute;n con lo que ven&iacute;an haciendo en la isla. Pero no hab&iacute;a plena garant&iacute;a de conseguirlo. Y el Estado no se compromet&iacute;a a ello.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">&mdash;No se conceder&iacute;a ning&uacute;n tipo de exenci&oacute;n de tributos en funci&oacute;n del estado de necesidad, pues eso llevar&iacute;a a favorecer la pasividad para el trabajo y a crear en ellos la conciencia de ser una clase subsidiaria permanente y distinta.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">El se&ntilde;or Tom Jobston fij&oacute; para el &uacute;ltimo fin de semana del mes de agosto la fecha de la Evacuaci&oacute;n.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Cuando se empez&oacute; a correr la noticia, en Inglaterra se alzaron primero voces indignadas.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">&mdash;&iexcl;No a la evacuaci&oacute;n!</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">&mdash;&iexcl;El Gobierno, que antes no les ayud&oacute;, ahora arranca de sus tierras a los sankildanos!</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">&mdash;&iexcl;All&iacute; al menos, a su manera, son felices!</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">&mdash;&iexcl;Con lo hermoso que es aquello! Ahora sin gente, perder&aacute; inter&eacute;s.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">&mdash;Tenemos ya aqu&iacute; demasiada poblaci&oacute;n para que encima nos traigan bocas nuevas. &iexcl;No a la evacuaci&oacute;n!</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">"The Scotsman" publicaba un art&iacute;culo de John Matthieson, ecologista y ge&oacute;grafo. Dec&iacute;a:</p>
<p class="Cuerpodeltexto251"><em>"Que viva gente en Hirta no es, evidentemente, imprescindible para el Reino Unido. Y tampoco aporta riqueza el archipi&eacute;lago. Pero San Kild&aacute;n es un lugar sagrado en la historia emocional de nuestro pueblo, con la tristeza batiendo sus costas y la soledad golpeando la orilla de sus gentes".</em></p>
<p class="Cuerpodeltexto251">"The Oban Times" consideraba <em>"intolerable que se haya dejado llegar a tal estado de abandono a una tierra que ha sido capaz de mantener a toda una comunidad en los buenos y en los malos tiempos".</em></p>
<p class="Cuerpodeltexto251">&mdash;Nos dicen que han solicitado ellos mismos el traslado en el ejercicio libre de sus derechos. &iquest;Pero gente que vive tan alejada tiene elementos de juicio para elegir libremente?</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Los sankildanos estuvieron por completo ajenos a esta marejada en contra de su traslado.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Algunos meses despu&eacute;s, Mary MacBride recordaba que el pensamiento de que en tierra firme les esperaban con los brazos abiertos les hab&iacute;a ayudado poderosamente a sobrellevar la amargura de los &uacute;ltimos d&iacute;as.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Sir MacLeod, el propietario de las Islas, hizo tambi&eacute;n sus cuentas.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Calcul&oacute; que aquel rinc&oacute;n de sus dominios le ven&iacute;a produciendo una media de 37 libras al a&ntilde;o.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Los isle&ntilde;os le deb&iacute;an 537 libras con 17 chelines y 4 peniques. Y no hab&iacute;a ninguna esperanza de que pudieran llegar a pag&aacute;rselos.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">As&iacute; que Sir MacLeod lleg&oacute; tambi&eacute;n a la conclusi&oacute;n de que la Evacuaci&oacute;n era buena. Acaso el Estado podr&iacute;a reembolsarle parte o la totalidad de la deuda. O autorizarle a gravarla sobre la venta de los objetos de los sankildanos o sobre el rendimiento de su trabajo una vez instalados.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">De lo &uacute;nico que se ocup&oacute; Sir MacLeod fue de escribir al Presidente de la Secretar&iacute;a de Estado:</p>
<p class="Cuerpodeltexto251"><em>"Antes de que la evacuaci&oacute;n se lleve a efecto, el Departamento que usted dirige necesita asegurarse de que cada vecino renuncia formalmente a todo tipo de propiedad o pertenencia sobre cualquier cosa en la isla.</em></p>
<p class="Cuerpodeltexto251"><em>Sin esta renuncia expresa podr&iacute;a ser que alguno de los evacuados se sienta tentado posteriormente a regresar. Lo cual ser&iacute;a contrario a la finalidad que usted mismo persigue. Este punto es, pues, de la m&aacute;xima importancia para su Departamento".</em></p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Semanas antes de la evacuaci&oacute;n, la enfermera indicaba en su informe c&oacute;mo, puesto que iban a romper con su pasado, quer&iacute;an hacerlo del todo. No quer&iacute;an, pues, trabajar como renteros para nadie. Ni que les llevaran a otra isla.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Se prefiri&oacute; inicialmente asignarles casa y trabajo en explotaciones del propio Estado. Los 8 varones en condiciones de poder trabajar se ocupar&iacute;an en la Comisi&oacute;n para la Conservaci&oacute;n y la Repoblaci&oacute;n de los bosques.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Trabajar&iacute;an en los montes de Arttonnich. Y tendr&iacute;an la vivienda en Argyll. El Departamento de Salud se compromet&iacute;a a proporcionarles bicicletas. Una condici&oacute;n se les impondr&iacute;a: que si fallaban en el trabajo, la Comisi&oacute;n podr&iacute;a prescindir de sus servicios.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">M&aacute;s dudas albergaba la Secretar&iacute;a de Estado a la hora de fijarles la remuneraci&oacute;n por el trabajo. &iquest;Qu&eacute; criterio seguir? &iquest;De acuerdo con lo legalmente establecido? &iquest;En funci&oacute;n de sus necesidades? &iquest;O ser&iacute;a preferible dejarlo fluctuar seg&uacute;n los rendimientos?</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">La Comisi&oacute;n nombrada especialmente para resolver este asunto dictamin&oacute; el 21 de julio que <em>"si es posible, no se mencione ante ellos una cifra precisa como sueldo. P&aacute;gueseles una suma razonable en el comienzo. De acuerdo con la situaci&oacute;n normal de trabajadores en prueba.</em></p>
<p class="Cuerpodeltexto251"><em>Como es de prever que durante los primeros d&iacute;as traer&aacute;n alguna reserva de dinero, puede esperarse dos semanas en hacerles llegar la primera paga.</em></p>
<p class="Cuerpodeltexto251"><em>Debe evitarse hacer el juego a la idea que pudieran albergar sobre que podr&iacute;an vivir al abrigo del Estado".</em></p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Se hab&iacute;an previsto tambi&eacute;n soluciones a los casos concretos m&aacute;s graves.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Finlay MacQueen no quer&iacute;a seguir viviendo con nadie de su familia. Ni recogerse en un Asilo para Pobres. As&iacute; que los d&iacute;as de vida que le quedaran pod&iacute;a acabarlos en la casa de Neil Ferguson o en la de Annie Gillies.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Finlay Gillies, en cambio, m&aacute;s viejo, s&iacute; que pasar&iacute;a a un Asilo a pesar de su resistencia. Su deplorable estado &mdash;era el sankildano m&aacute;s viejo&mdash; no permit&iacute;a otra alternativa.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">&iquest;Y las viudas? Hab&iacute;a cinco en Hirta cuando la evacuaci&oacute;n.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251"><em>"La se&ntilde;ora MacDonald ir&iacute;a con sus hijos. La se&ntilde;ora MacQueen podr&iacute;a tener su propia casita, cerca de los MacKinnos. Y ganarse, hilando, lo poco que iba a necesitar. La viuda MacGillies ser&iacute;a m&aacute;s feliz viviendo con su hermana. Y las otras dos podr&iacute;an repartirse con alg&uacute;n familiar".</em></p>
<p class="Cuerpodeltexto251">A los sankildanos se les iba informando y consultando sobre estas decisiones. Pero les resultaba imposible entender el significado de los ofrecimientos que se les trasmit&iacute;an.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">A medida que se acercaban los d&iacute;as finales se agolpaban en su esp&iacute;ritu los sentimientos: la tristeza, la duda, la suspicacia, el miedo.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">A finales de julio el Departamento de Agricultura envi&oacute; dos pastores especializados, con perros, a recoger las ovejas que se hab&iacute;an de vender para cubrir los costos del traslado. Nadie supo decirles el n&uacute;mero de las que pose&iacute;an.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Se les hab&iacute;a dicho que recibir&iacute;an una libra por cabeza. Pero a &uacute;ltima hora el Departamento tuvo sus dudas sobre si no ser&iacute;a demasiado. <em>"Las ovejas estas son tan salvajes que tienen las patas cansadas. Deber&iacute;an considerarse satisfechos los due&ntilde;os si se les da 50 chelines por cada una"</em>, informaban los pastores.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Por su parte, las autoridades veterinarias exigieron que fueran vacunadas antes de embarcarlas. El costo de la vacuna, por supuesto, se deducir&iacute;a de esos 50 chelines. Eran en total 667 libras. Y del valor total a&uacute;n hubo de deducirse la paga de los pastores y la alimentaci&oacute;n de los perros.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Concluida su misi&oacute;n, los pastores informaron a la superioridad que <em>"en nuestra opini&oacute;n estas gentes ser&aacute;n una carga in&uacute;til dondequiera que vayan".</em> Se basaban para afirmarlo en que los sankildanos, cuando supieron que ten&iacute;an que pagarles, no les ayudaron demasiado a recoger las ovejas.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Otro problema para el Gobierno: a &uacute;ltima hora al alcalde de Argyll se le ocurre dar cuenta de que los vecinos se resist&iacute;an a recibirlos.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Esta vez la Secretar&iacute;a de Estado se indign&oacute;. Y mand&oacute; una carta &mdash;dur&iacute;sima, dijeron&mdash; a Argyll que en resumen dec&iacute;a: pase que carezc&aacute;is de generosidad; pero resulta intolerable que no teng&aacute;is confianza en el Estado. Bien, la Secretar&iacute;a abonar&aacute; al Municipio la parte correspondiente por los servicios a prestar a los nuevos habitantes.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">(Por cierto que nunca pagaron. As&iacute; que el municipio no prest&oacute; servicio alguno a los sankildanos. O en la versi&oacute;n oficial: el Municipio no prest&oacute; servicio alguno a los sankildanos; as&iacute; que la Secretar&iacute;a no pag&oacute;.)</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">La enfermera Guillermina informaba que ser&iacute;a necesario conseguir camas, colchones, mesas y sillas. El Departamento intent&oacute; conseguirlas de diferentes Fundaciones piadosas e Institutos de caridad. Fue imposible. Todos exig&iacute;an rellenar papeles demostrativos de extrema necesidad. Y los sankildanos ten&iacute;an ovejas.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">En los &uacute;ltimos a&ntilde;os muchas personas se hab&iacute;an preocupado por las gentes de San Kild&aacute;n. Acaso algunas estuvieran dispuestas ahora a colaborar en colocarlos.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Esto pensaba el Gobierno. Y decidi&oacute; hacer p&uacute;blica la oferta. S&oacute;lo dos personas respondieron. Una enfermera que hab&iacute;a pasado alg&uacute;n tiempo en San Kild&aacute;n recogi&oacute; a un ni&ntilde;o hu&eacute;rfano.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Y la Condesa de Warwick ofreci&oacute; un puesto de trabajo como pastor en su finca del condado de Essex para el joven m&aacute;s fuerte de San Kild&aacute;n. Hab&iacute;a o&iacute;do esta se&ntilde;ora que las ovejas en San Kild&aacute;n ten&iacute;an cuatro cuernos y quer&iacute;a criar en su finca aquella raza. Cuando supo que s&oacute;lo ten&iacute;an dos, retir&oacute; su oferta.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Escasos d&iacute;as antes de iniciarse la evacuaci&oacute;n, el Departamento del Tesoro dio una orden tajante: que la operaci&oacute;n se hiciera al m&aacute;s bajo costo.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Cuatro d&iacute;as antes de la evacuaci&oacute;n, la Secretar&iacute;a de Estado para Asuntos de Escocia convoc&oacute; a todos los sankildanos a una reuni&oacute;n &uacute;ltima y solemne. Ten&iacute;an que firmar la aceptaci&oacute;n de todas las condiciones que el Gobierno se&ntilde;alaba.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Christine MacQueen, de ochenta a&ntilde;os, fue la &uacute;ltima en hacerlo. Cuando estamp&oacute; bajo su nombre la cruz con que firmaba se volvi&oacute; lentamente hacia los suyos. Recorri&oacute; despacio aquellos rostros que atenazaban a la vez la inquietud, el miedo y la tristeza. Todos la miraban. Y s&oacute;lo acert&oacute; a balbucir: "Que Dios...", antes de echarse a llorar</p>
<p class="Cuerpodeltexto" style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p class="Cuerpodeltexto" style="text-align: left;" align="center"><strong>EL FINA</strong><strong>L</strong></p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Eran las 7 de la tarde del viernes 30 de agosto de 1930, cuando los 36 sankildanos sobrevivientes desembarcaban en Lochline.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">S&oacute;lo llevaban consigo lo que pudieron transportar con las manos. El resto &mdash;enseres y ovejas&mdash; llegar&iacute;an a Oban un d&iacute;a despu&eacute;s en otro barco.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">El puerto estaba a rebosar de gente que hab&iacute;a salido a verlos. Periodistas y fot&oacute;grafos ocupaban las primeras filas.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Los sankildanos miraban desde cubierta y no entend&iacute;an nada.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Mientras el vapor ganaba el muelle, la griter&iacute;a convert&iacute;a en zozobra su inquietud.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Cuando baj&oacute; el port&oacute;n de desembarco, aturdidos, no se atrev&iacute;an a salir. Fue preciso que Miss Barclay, con un ni&ntilde;o en los brazos, descendiera a tierra para que la siguieran.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">En el muelle, apretados entre s&iacute; mientras el gent&iacute;o en silencio los observaba, no acertaban a echar a andar. Los ancianos se azaraban. Las mujeres se tapaban la cara. Los ni&ntilde;os se agarraban a los pantalones y las faldas asustados. Por fin avanzaron hasta los coches que los aguardaban, entre dos filas de gente que cuchicheaban, les se&ntilde;alaban, les tocaban la ropa y la cabeza y les hac&iacute;an preguntas para ver c&oacute;mo hablaban.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Los llevaron a presencia del Jefe de la Comisi&oacute;n de Bosques. Se les concedi&oacute; unos d&iacute;as para descansar y conocer la ciudad. La mayor&iacute;a de ellos, sin embargo, aprovecharon para ir a Oban al d&iacute;a siguiente a ver c&oacute;mo vend&iacute;an sus ovejas.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">All&iacute;, mudos entre la gente, intentando no darse a notar, contemplaron c&oacute;mo los funcionarios malvend&iacute;an aquellos animales.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Y por la tarde, cuando volv&iacute;an a casa, el desasosiego les imped&iacute;a preguntar cu&aacute;ndo percibir&iacute;an su parte de aquel dinero.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpodeltexto13" align="center">* * *</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpodeltexto251"><strong>Los primeros meses</strong> fueron muy duros para los sankildanos.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Se les hac&iacute;a extra&ntilde;o en casa el agua corriente. Los ni&ntilde;os se asustaban de los caballos y de las bicicletas. Los viejos se quejaban del reuma por tener que subir las escaleras.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Y se les hac&iacute;a el vac&iacute;o en la vecindad.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Un pastor que tuvo que ausentarse de casa tres d&iacute;as coloc&oacute; ostensiblemente en la puerta cadenas y cerrojos. Y un viejo colg&oacute; un cartel de la fachada de su casa<em>: "No quiero vecinos mendigos y z&aacute;nganos".</em></p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Viv&iacute;an dispersos. Los hombres pasaban los d&iacute;as enteros en el campo. Y cada vez los llevaban a tajos m&aacute;s distantes.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Las mujeres y los ancianos apenas sal&iacute;an de casa. Alg&uacute;n domingo, a los oficios religiosos.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Los ni&ntilde;os, en las escuelas, se adaptaban mejor. Pero ninguno pas&oacute; de la ense&ntilde;anza elemental. Y durante mucho tiempo fue imposible convencerlos de que si se her&iacute;an ten&iacute;an que ir a ver al m&eacute;dico.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">La enfermera Barclay visitaba regularmente cada familia. Y hasta consigui&oacute; juntarlos a todos el d&iacute;a de navidad. Se quejaban de que no se les hab&iacute;a concedido lo que se les prometi&oacute;. Que ten&iacute;an los trabajos lejos. Que estaban dispersos. Que exist&iacute;an diferencias entre la gente. Que hab&iacute;a que comprarlo todo. Que hab&iacute;a que pagar el carb&oacute;n, las rentas, los colegios y los impuestos.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Cuando Miss Barclay hizo llegar estas cosas al Jefe de la Comisi&oacute;n de Bosques le dijeron que aquellas gentes parec&iacute;an algo desagradecidas. S&oacute;lo sab&iacute;an pedir. Quiz&aacute; fuera que ella misma se lo hab&iacute;a pintado todo demasiado bonito para convencerles de que abandonaran Hirta. Y que en cuanto a pagar, no ten&iacute;an demasiado derecho a quejarse, pues al cabo de tres meses no hab&iacute;an pagado nada; lo adeudaban todo.</p>
<p class="Cuerpodeltexto211" align="center">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpodeltexto251"><strong>En la primavera de 1931</strong> la mayor parte de ellos hab&iacute;an solicitado volver a San Kild&aacute;n.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Los due&ntilde;os de la naviera que organizaba los viajes a Hirta cada verano les animaba a que regresasen. Hasta les ofrec&iacute;a aumentar el precio por transportar turistas del barco a tierra firme en el bote de remos.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Se lleg&oacute; a plantear la posibilidad de una reocupaci&oacute;n parcial de la isla durante el verano. Pero se opuso tajantemente sir Reginald MacLeod.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">S&oacute;lo Finlay MacGuillies y Neil Ferguson obtuvieron permiso para faltar dos meses al trabajo y traer de las cosas que dejaron lo que les encargaran todos.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">La excitaci&oacute;n les dominaba cuando desembarcaron en la bah&iacute;a. Subieron corriendo hasta las pallozas. Pero la tripulaci&oacute;n de los cargueros de paso lo hab&iacute;an saqueado todo: las puertas, los utensilios, la ropa, los telares... Lo que no se hab&iacute;an llevado estaba destrozado por los suelos y empezaba a pudrirse de humedad a la intemperie.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Aquel verano aumentaron los visitantes. Y MacLeod consigui&oacute; de la Secretar&iacute;a para Escocia que Neil Ferguson permaneciera en Hirta como vigilante jurado.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Un comerciante de Glasgow le proporcion&oacute; un matasellos sin valor postal. Fue un &eacute;xito. Miles de postales franqueadas en Hirta se distribuyeron en Glasgow entre los coleccionistas.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Neil Ferguson a&uacute;n caz&oacute; algunos p&aacute;jaros y los puso en sal para llevarlos con &eacute;l a la vuelta y distribuirlos entre los sankildanos.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpodeltexto251"><strong>En 1934</strong> MacLeod decidi&oacute; vender la isla que posey&oacute; seis siglos su familia en propiedad. Porque no le rentaba.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">La compr&oacute; Earl of Dumfries, un acaudalado gentleman que hac&iacute;a tiempo acariciaba el proyecto de dedicarse a la ornitolog&iacute;a. Pondr&iacute;a en San Kild&aacute;n un observatorio privado. Y construir&iacute;a una casa para su familia y un pu&ntilde;ado de amigos.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Earl contrat&oacute; a Neil Ferguson como guarda. Le arregl&oacute; una palloza y le encarg&oacute; que adecentara algunas m&aacute;s.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpodeltexto251"><strong>En 1936</strong> volvieron a Hirta algunos sankildanos. Los trajo el nuevo propietario para que tejieran all&iacute; unos lienzos de pa&ntilde;o con lana de ovejas de Saoay, que Earl pensaba regalar a Jorge IV.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251" align="left">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpodeltexto251" align="left"><strong>En 1939</strong> estall&oacute; la segunda guerra mundial.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Por primera vez en siglos de historia cuatro sankildanos fueron llamados a filas en el Ej&eacute;rcito y tres en la Armada.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Ninguno muri&oacute;. Dos fueron heridos. Y uno permaneci&oacute; prisionero de los alemanes hasta 1946.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251" align="center">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpodeltexto251"><strong>En </strong><strong>1940</strong> muri&oacute;, en Ponty-field, Finlay Gillies. "el abuelo de San Kild&aacute;n", le llamaba la prensa.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Aquel mismo a&ntilde;o falleci&oacute; igualmente la mujer de Neil Ferguson senior.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Y John MacDonald muri&oacute; tambi&eacute;n, en la Enfermer&iacute;a Real de Inverness.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">&nbsp;</p>
<p class="Cuerpodeltexto251"><strong>En 1957</strong> hab&iacute;an muerto 13 de los 36 sankildanos evacuados.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251" align="center">Desde este a&ntilde;o ninguno de los 23 restantes volvi&oacute; m&aacute;s a San Kild&aacute;n. Y progresivamente ya todos se han ido muriendo. </p>
<p class="Cuerpodeltexto251">He dicho mal, viven dos.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251"><strong>Y en 1971</strong>, uno de ellos, Lachland MacDonald, todav&iacute;a volvi&oacute; a Hirta.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">No quedaban m&aacute;s que escombros de las casas de su infancia. Y llor&oacute; delante de las piedras que fueron su palloza. Cuando volvi&oacute; a tierra firme prefiri&oacute; quedarse solo con sus recuerdos.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Y s&oacute;lo pide que le dejen vivir en paz.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Porque todav&iacute;a vive en alg&uacute;n lugar desconocido de Inglaterra.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">En los peque&ntilde;os hoteles de las calles en torno a Victoria Station se albergan muchos de los viajeros que visitan Londres. En uno de ellos trabaja Malcom MacDonald. Vive en una casa con jard&iacute;n en el municipio de Word-worth. Acepta la desaparici&oacute;n de su pueblo y de su raza.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">&mdash;S&oacute;lo quiero, un d&iacute;a, poder volver a San Kild&aacute;n a morirme all&iacute; y a que me entierren.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">(Ignora Malcolm McDonald que eso, hoy, es ya absolutamente imposible).</p>
<p class="Cuerpodeltexto251" align="left">Hoy San Kild&aacute;n es una ultramoderna base militar de seguimiento de misiles.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">En 1955 el Gobierno ingl&eacute;s acord&oacute; invertir 20 millones de libras en la construcci&oacute;n de una base militar.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Entonces designaron San Kild&aacute;n.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Para estas fechas &mdash;1956&mdash; hab&iacute;a muerto Earl Dumfries, elevado a quinto Marqu&eacute;s de Brunte. Y hab&iacute;a testado que sus islas se convirtieran en Reserva Natural. No lo permiti&oacute; el Gobierno, que hab&iacute;a decidido en el sentido expuesto. Y en consecuencia, en mayo de 1957 estableci&oacute; en Hirta un radar.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">En julio llegaba a la bah&iacute;a el primer cargamento de material militar. Y 300 hombres.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">En noviembre quedaba inaugurada la carretera, portento de ingenier&iacute;a, que desde el mar llegaba, a 1.200 pies de altura, hasta el pico de Mullach Mor, donde las cuevas de cuando las tormentas.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Y cuando al final del oto&ntilde;o se fueron los &uacute;ltimos p&aacute;jaros, las ruinas del viejo poblado de Hirta se hab&iacute;an convertido en una moderna ciudad de casas s&oacute;lidas y avanzadas comodidades.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">En 1969 el Ministerio de Defensa realiz&oacute; fuertes inversiones para mejorar las instalaciones de San Kild&aacute;n. Cuarteles, calles, casas, estaci&oacute;n de energ&iacute;a con gasoil, c&aacute;maras frigor&iacute;ficas con capacidad de reserva para comidas precocinadas durante seis meses.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">El presupuesto para la base de San Kild&aacute;n se cifr&oacute; en un mill&oacute;n de libras para preparar la guerra donde durante siglos se ignor&oacute; hasta la palabra con que se designa tama&ntilde;a barbaridad.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">El mando militar ha favorecido los estudios sobre el ciclo vital de las ovejas salvajes de Saoay. Y sobre la evoluci&oacute;n del n&uacute;mero y las costumbres de los p&aacute;jaros a los cincuenta a&ntilde;os de que los sankildanos dejaran de matarlos.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Y sigue la vida en Hirta.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">Porque lo que hasta aqu&iacute; se ha contado no ha sido el final de la historia de San Kild&aacute;n, sino el de los hombres que desde m&aacute;s de mil a&ntilde;os lo habitaron.</p>
<p class="Cuerpodeltexto251">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 13 Feb 2014 07:39:09 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cobre]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/cobre/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/ALMUDENA_VIDORRETA.jpg" alt="" width="282" height="282" /></p>
<p>Una hebra recubierta de vida,</p>
<p>soldada por arduos deseos de permanecer aqu&iacute;</p>
<p>y seguir abrazando a los que te lloran,</p>
<p>a los que dicen adi&oacute;s a la bruja,</p>
<p>la m&aacute;s bruja de todas,</p>
<p>y que arde dentro de las venas principales de sus manos</p>
<p>como si fuera flexible y azul</p>
<p>y les llevara a acariciarte.</p>
<p>Hilo de cobre para anud&aacute;rmelo al cuello</p>
<p>llegado el d&iacute;a preciso</p>
<p>y acabar con este parip&eacute; de indiferencia,</p>
<p>el teatrillo de despedida</p>
<p>y las pla&ntilde;ideras que s&oacute;lo se acuerdan de uno</p>
<p>cuando uno ya no est&aacute;.</p>
<p>Metros de cable con hilo de cobre</p>
<p>robado en la noche de tu muerte</p>
<p>mientras yo te arropaba y recog&iacute;a tus cosas,</p>
<p>tapaba con las s&aacute;banas el pie que empezaba a estar fr&iacute;o</p>
<p>porque ya se sabe,</p>
<p>no te gusta que te vean con las u&ntilde;as sin arreglar.</p>
<p>Nadie te cort&oacute; al fin el pelo, como t&uacute; quer&iacute;as,</p>
<p>y se burlaban como con vida robada</p>
<p>algunos de tus rizos color de cobre</p>
<p>apoyados sobre los hombros,</p>
<p>veng&aacute;ndose del intento de acabar con ellos.</p>
<p>Cobre, como un consuelo de tontos,</p>
<p>el premio del que no alcanza la meta</p>
<p>sino detr&aacute;s de los otros,</p>
<p>como t&uacute; y yo,</p>
<p>como todos cuando dejan de estar.</p>
<p>&ldquo;El incremento del precio del cobre</p>
<p>dispara los hurtos&rdquo;, le&iacute; aquella noche,</p>
<p>y me conform&eacute;.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 11 Feb 2014 07:18:07 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La noche]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-noche/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/RAFAEL_JOS_D_AZ.jpg" alt="" width="344" height="152" /><em>Para Daniel Duque</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No creo que se est&eacute;</p>
<p>tan mal bajo la tierra:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>habr&aacute; un suave silencio concentrado</p>
<p>parecido al de hoy,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>al de esta noche</p>
<p>de piedras sumergidas;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>no tendremos ninguna obligaci&oacute;n</p>
<p>de levantarnos pronto</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>a trabajar y, en cambio,</p>
<p>cuando llueva, la tierra,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>mezclada con el agua,</p>
<p>ser&aacute; un dulce caf&eacute;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>para los restos de la boca</p>
<p>que ya no sufrir&aacute; los dolores del c&aacute;ncer;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>seremos una parte</p>
<p>de materia que ir&aacute;, en alg&uacute;n milenio,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>a reencontrarse con el astro</p>
<p>que revisti&oacute; de vida nuestra carne,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y ese astro, a su vez,</p>
<p>m&aacute;s adelante,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>pasar&aacute; a formar parte de alg&uacute;n otro</p>
<p>astro mayor que lo reabsorba;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>viajaremos</p>
<p>as&iacute; por todo el universo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>como podr&iacute;a hacerlo ya esta noche</p>
<p>en alg&uacute;n sue&ntilde;o grato, si lograra</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>dormir despu&eacute;s de estas palabras</p>
<p>que s&oacute;lo han perturbado</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>brevemente el nocturno</p>
<p>silencio.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 10 Feb 2014 12:32:05 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Voces]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/voces/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/SOLEDAD_PU_RTOLAS.jpg" alt="" width="323" height="155" /></p>
<p>He estado muy ocupada, me dijo Violeta en El Mercurio despu&eacute;s de una larga temporada sin vernos. Me ha surgido un asunto nuevo. Un d&iacute;a llamaron por tel&eacute;fono a preguntar si sab&iacute;a si el &aacute;tico de la casa estaba en alquiler. Un se&ntilde;or llamado Piloto, me dijo la voz, le hab&iacute;a comentado a &eacute;l, el propietario de la voz, que cre&iacute;a que s&iacute;. El mencionado Piloto le hab&iacute;a dicho, tambi&eacute;n, que llamara a este n&uacute;mero de tel&eacute;fono y preguntara por Dayana o por Violeta. Cualquiera de las dos podr&iacute;a ayudarle. Eran familia de Piloto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Le&nbsp; expliqu&eacute;&nbsp; al&nbsp; propietario&nbsp; de&nbsp; la&nbsp; voz&nbsp; -era, sin lugar a dudas, una voz de hombre-&nbsp; que&nbsp; yo&nbsp; era Violeta, la hija del Piloto, que en realidad se llamaba Eugenio,&nbsp; aunque muchos le llamaban el Piloto. No Piloto, puntualic&eacute;, sino el&nbsp; Piloto.&nbsp; As&iacute;&nbsp; es,&nbsp; dijo&nbsp; la voz, d&aacute;ndome la raz&oacute;n en ese tono en que se la suele&nbsp; dar&nbsp; a&nbsp; los&nbsp; locos,&nbsp; simplemente&nbsp; para seguir adelante. Le dije que le preguntar&iacute;a&nbsp; lo&nbsp; del&nbsp; &aacute;tico&nbsp; a&nbsp; Dayana,&nbsp; que,&nbsp; por&nbsp; cierto,&nbsp; era&nbsp; mi&nbsp; madre -no consider&eacute;&nbsp; necesario&nbsp; a&ntilde;adir&nbsp; que, en consecuencia, era, tambi&eacute;n, la mujer de Eugenio- , porque Dayana est&aacute; muy al tanto de la vida de la vecindad y probablemente&nbsp; sabr&iacute;a si los propietarios del &aacute;tico lo quer&iacute;an alquilar. Pero como en ese momento Dayana no se encontraba en casa, le dije que llamara m&aacute;s tarde.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo, &nbsp;desde &nbsp;luego, &nbsp;sigui&oacute; &nbsp;Violeta, &nbsp;conoc&iacute;a a los propietarios del &aacute;tico, que viven en el cuarto &nbsp;derecha, &nbsp;y &nbsp;sab&iacute;a &nbsp;que &nbsp;el &nbsp;&aacute;tico &nbsp;estaba&nbsp; desocupado, &nbsp;pero, &nbsp;naturalmente, &nbsp;no conoc&iacute;a &nbsp;sus &nbsp;intenciones. &nbsp;No &nbsp;me&nbsp; trato &nbsp;mucho con ellos. Son una familia numerosa y bastante &nbsp;alborotadora. &nbsp;Como &nbsp;mi madre habla con todo el mundo, deb&iacute;a de saberlo o, al &nbsp;menos, &nbsp;podr&iacute;a &nbsp;actuar &nbsp;de intermediaria entre ellos y el hombre que me llamaba por tel&eacute;fono. &nbsp;Eso &nbsp;fue &nbsp;lo &nbsp;que pens&eacute; &nbsp;en cuanto colgu&eacute; el tel&eacute;fono. E, inmediatamente, me olvid&eacute;. &nbsp;Quiero &nbsp;decir, que no se lo coment&eacute; a mi madre, ni siquiera a mi padre, que era quien hab&iacute;a puesto en marcha el asunto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La cosa fue, dijo Violeta, que, por una cosa o por otra, ese hombre me llamaba por tel&eacute;fono casi todos los d&iacute;as. Con mi madre es muy dif&iacute;cil hablar, porque anda siempre de aqu&iacute; para all&aacute; y no se lleva nada bien con el tel&eacute;fono m&oacute;vil. No contesta los mensajes ni los responde jam&aacute;s. Al fin, un d&iacute;a le pregunt&eacute; si sab&iacute;a si el &aacute;tico estaba en alquiler y ella me dijo que se enterar&iacute;a, pero lo cierto fue que tard&oacute; en enterarse. El hombre me segu&iacute;a llamando, como si ese &aacute;tico fuera el lugar m&aacute;s deseable del mundo. Pasados unos d&iacute;as, pude darle buenas noticias. S&iacute;, el &aacute;tico estaba en alquiler y ya hab&iacute;a conseguido, a trav&eacute;s de mi madre, el n&uacute;mero de tel&eacute;fono de los del cuarto derecha.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El caso es que los propietarios del &aacute;tico le pidieron a mi madre el favor de que echara ella una ojeada al &aacute;tico, que llevaba desocupado todo un a&ntilde;o, a ver qu&eacute; le parec&iacute;a, porque no sab&iacute;an lo que pod&iacute;an pedir de alquiler. Ten&iacute;an la impresi&oacute;n de que el &uacute;ltimo inquilino pagaba un alquiler muy bajo. Mi madre, como puedes imaginar, no encontr&oacute; el momento de subir a ver el &aacute;tico, y finalmente me lo encarg&oacute; a m&iacute;. Y esto es lo que ha pasado: el &aacute;tico me encant&oacute;. Se lo coment&eacute; a los propietarios y les suger&iacute; alguna que otra mejora para poder pedir un precio m&aacute;s alto. M&aacute;s adecuado, quiero decir, porque el espacio es estupendo, pero hay que saber presentarlo. Todo lo que les dije les pareci&oacute; muy bien y al final qued&eacute; yo encargada de hacer todos los peque&ntilde;os arreglos -f&aacute;ciles y superficiales todos ellos, cosas que pod&iacute;an hacerse con las manos- e incluso de manejar el asunto del precio del alquiler con el nuevo inquilino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Siempre me ha gustado la decoraci&oacute;n, dijo Violeta, as&iacute; que todo el asunto me ha entretenido mucho. El &aacute;tico ha quedado genial. Ya s&oacute;lo falta fijar el precio con el nuevo inquilino. Parece ansioso por verlo, la verdad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mi padre, como de costumbre, se ha desentendido completamente de todo, dijo Violeta, mirando hacia la mesa adonde el Piloto jugaba al p&oacute;quer con sus amigos. No ha intervenido ni ha comentado nada. Lo &uacute;nico que ha dicho es que hac&iacute;a tiempo que no ve&iacute;a a Julio, que as&iacute; se llama ese hombre. Le parec&iacute;a que estaba de viaje. Es un hombre que viaja mucho, dijo. Nada m&aacute;s.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tengo mucha curiosidad por verle, confes&oacute; Violeta. Estoy deseando saber qu&eacute; le parece el &aacute;tico, ya que ha mostrado tanto inter&eacute;s. Tiene una voz maravillosa. Es una de esas voces que se ven, que casi se palpan, una voz que se pone delante de tus ojos y hasta cierto punto puede decirse que se exhibe, que disfruta de s&iacute; misma. Es una voz fundamentalmente independiente, una voz que va a lo suyo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo pensaba que Violeta no sab&iacute;a escuchar, que lo miraba todo sin absorber una sola palabra, pero ahora hab&iacute;a sido conquistada por una voz. Sent&iacute; celos de aquella voz que se hab&iacute;a abierto paso en la vida de Violeta. Y comprend&iacute; que nunca me hab&iacute;a gustado mi voz, expresaba nerviosismo e inseguridad, como si quisiera alzarse por encima del peso que deb&iacute;a sostener, nunca liberada de su miedo a caer, a hundirse, a enmudecer. &iexcl;Ojal&aacute; mi voz fuera mejor de lo que imaginaba!, dese&eacute;, &iexcl;ojal&aacute; mi voz sonara en los o&iacute;dos de los otros mejor de lo que sonaba para m&iacute;!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como Violeta, yo tambi&eacute;n era experto en voces, yo tambi&eacute;n sacaba conclusiones cuando escuchaba las voces de los otros, y las analizaba y desmenuzaba, una vez que hab&iacute;an penetrado dentro de m&iacute; y se resist&iacute;an a desaparecer. La voz de Violeta pasaba por las cosas como recogi&eacute;ndolas, barri&eacute;ndolas, sin mirarlas demasiado, quiz&aacute; tritur&aacute;ndolas, porque s&oacute;lo ten&iacute;a una meta, s&oacute;lo quer&iacute;a hablar al aire, exponer el mont&oacute;n informe de palabras como una escultura que se fuera moldeando a la vista de todos. La voz de Violeta persegu&iacute;a un objetivo, no se distra&iacute;a en lo accesorio.</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>As&iacute; como la de Violeta era, claramente, una voz con meta, una voz demoledora, pulverizadora, y por tanto algo mon&oacute;tona, sin apenas variaciones, la de Teresa no ten&iacute;a metas claras y cambiaba terriblemente. Pod&iacute;a ser una voz alegre, impregnada de aquella vida anterior que se intu&iacute;a al fondo de sus ojos, y pod&iacute;a ser una voz muy triste, quejumbrosa, cuando me relataba el insomnio constante de sus noches, el dolor que la manten&iacute;a despierta y para el que no hab&iacute;a encontrado remedio, porque se resist&iacute;a a recurrir a los analg&eacute;sicos y los calmantes. Era, a veces, cuando sus ojos me penetraban, una voz susurrante, suplicante -mientras yo me estremec&iacute;a de deseo, porque sab&iacute;a que me estaba pidiendo algo-, y otras, cuando yo la escuchaba hablar con otras personas, cuando la ve&iacute;a de lejos y s&oacute;lo me llegaba el sonido y el tono de las palabras, una voz distante y orgullosa, cerrada en s&iacute; misma.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Teresa no ten&iacute;a una sola voz, Teresa era muchas voces al mismo tiempo, y eso era lo que me desconcertaba, porque imaginaba que si yo respond&iacute;a a una de ellas, Teresa, de pronto, recurrir&iacute;a a otra, y yo no sabr&iacute;a qu&eacute; hacer.</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p align="right">(Cap&iacute;tulo de una novela en curso)</p>
<p align="right">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 07 Feb 2014 09:30:42 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Nuevo bestiario]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/nuevo-bestiario/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Torre/GUADALUPE_NETTEL.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong>El escritor Carlos Fuentes lleg&oacute; a afirmar, en alguna ocasi&oacute;n, que los narradores j&oacute;venes mexicanos eran m&aacute;s libres porque ya no ten&iacute;an la obligaci&oacute;n de darle voz a los sin voz, y al hilo de esas declaraciones, aquellos se preguntaban si se puede ser libre en una sociedad teatralizada, ciega por el consumo, superpoblada y descre&iacute;da. Bien es verdad que, consecuentes estos, han asumido su cuota de cinismo con que se ven obligados a vivir, y sostienen como la literatura mexicana se ha vuelto b&aacute;sicamente procaz con cuanto est&aacute; ocurriendo durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas en el pa&iacute;s. Tan es as&iacute; que la generaci&oacute;n de Guadalupe Nettel (Ciudad de M&eacute;xico, 1973), creci&oacute; en mitad de un ambiente caracterizado por la dominaci&oacute;n medi&aacute;tica y la violencia simb&oacute;lica, aspectos que rompen las barreras sociales, econ&oacute;micas y familiares, y hoy hastiados cuestionan su lugar en este mundo por verse obligados a existir al margen de las expectativas de la era global. Retratan la debilidad humana en sus planteamientos literarios, y el deseo de convertirse en otro, sin dejar de ser ellos mismos. Los autores, con quienes se asocia el nombre de Nettel, nacen en un estrecho margen de tiempo no superior a diez a&ntilde;os, su narrativa ofrece planteamientos similares y una visi&oacute;n desde los m&aacute;rgenes; cr&iacute;ticos disparan a quemarropa sobre la sociedad corrompida, rompen con las barreras establecidas por alienantes. El mayor, Juli&aacute;n Herbert (Acapulco, M&eacute;xico, 1971), una voz narrativa intensa, dibuja las relaciones familiares y toda destrucci&oacute;n posible en torno a ellas. <em>Canci&oacute;n de tumba</em> (2011), es la historia de su madre, una mujer que trabaj&oacute; como prostituta desde la infancia de Juli&aacute;n hasta su adolescencia, aunque cuando enferma de leucemia &eacute;l la cuidar&aacute; y establece as&iacute; una relaci&oacute;n amor-odio; C&eacute;sar Silva (Ciudad Ju&aacute;rez, M&eacute;xico, 1974), cuenta en <em>Una isla sin mar</em> (2009), como la c&oacute;moda existencia de Mart&iacute;n en Ciudad Ju&aacute;rez se ve s&uacute;bitamente sacudida: su novia lo ha dejado, su exitosa carrera atraviesa un mal momento y, adem&aacute;s, sufre unos sue&ntilde;os recurrentes y extra&ntilde;os; en ellos, Mart&iacute;n visita su antigua casa paterna, donde un viejo de barba blanca le urge a huir de Ju&aacute;rez;&nbsp; Daniel Espartaco (Chihuahua, M&eacute;xico, 1977), publicaba, <em>Autos usados</em>&nbsp; (2012), la historia de una generaci&oacute;n que vivi&oacute; la adolescencia en el norte de M&eacute;xico durante los noventa, los a&ntilde;os felices de la econom&iacute;a, el comienzo del ascenso de la cultura del narcotr&aacute;fico; una alegor&iacute;a sobre el mal, no el metaf&iacute;sico, sino el que tiene causa y efecto, y aguarda su momento bajo la superficie de las cosas; y la m&aacute;s joven, Valeria Luiselli (Ciudad de M&eacute;xico, 1983),<em> Los ingr&aacute;vidos</em><em> (Sexto Piso, 2011), </em>una novela sobre existencias fantasmales; y una evocaci&oacute;n, a la vez melanc&oacute;lica y llena de humor, sobre la imposibilidad del encuentro amoroso, y el car&aacute;cter irrevocable de la perdida.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La narrativa de Guadalupe Nettel se ha caracterizado hasta el momento por su curiosa visi&oacute;n de nuestro mundo, actitud que la mexicana divide entre lo esencialmente cotidiano y lo extra&ntilde;o. Ocurr&iacute;a en su primera novela, <em>El hu&eacute;sped </em>(2006), donde se describe un largo adi&oacute;s a la percepci&oacute;n de la vista y un, no menos curioso, encuentro con el universo de los ciegos, aunque, por otro lado, ofrece la cara subterr&aacute;nea de la ciudad de M&eacute;xico, y los personajes, incluida la gran urbe, se desdoblan en una confusi&oacute;n de reflejos, para moverse entre lo superficial y lo profundo, sin que los lectores nunca sepamos el territorio que realmente pisamos. Son personas que no encuentran un lugar posible y se organizan en grupos paralelos que imponen sus propios valores; y algo semejante ocurre en <em>El cuerpo en que nac&iacute;</em>&nbsp; (2011), su &uacute;ltima novela, en la que Nettel traza una cr&oacute;nica sobre arrebatados momentos de nuestra historia m&aacute;s reciente, recurriendo a la figura de una psicoanalista, neutra e invisible, como si de un escudo protector ante semejante desnudo interior se tratara. Aqu&iacute; no cuentan el pudor ni el sentimentalismo, sino <strong>un descarnado rosario de</strong><strong> </strong><strong>recuerdos que se encadenan</strong>, dibujando una infancia y una adolescencia peculiares y, a trav&eacute;s de ellas, el retrato de toda una generaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los cinco relatos de <em>El matrimonio de los peces rojos </em>(2013), que ha obtenido el Premio Internacional Narrativa Breve Ribera de Duero, cuenta los extra&ntilde;os y singulares v&iacute;nculos que una abogada, un profesor de biolog&iacute;a, una estudiante de doctorado, una violinista y un autor de teatro establecen con los animales de compa&ntilde;&iacute;a, y que de alguna manera influyen en las relaciones de pareja, o en los no menos complicados lazos de familia. Peces, cucarachas, gatos, hongos y serpientes coprotagonizan unas historias en las que algunos humanos ven desorientada su existencia por el extra&ntilde;o influjo de estos hu&eacute;spedes. En el primer relato, m&aacute;s extenso, y que da t&iacute;tulo al conjunto, una abogada que tiene una pareja de peces rojos observa como su propia vida cambia a ra&iacute;z de su embarazo y alumbramiento de su hija, influye en su posterior separaci&oacute;n y, finalmente, en la p&eacute;rdida de su trabajo; aunque, lo m&aacute;s curioso del cuento es la mimetizaci&oacute;n que la protagonista establece con la vida de sus peces, sobre todo con la hembra para intentar solucionar sus problemas de pareja. Nettel escribe historias paralelas que se mueven entre la agresividad animal y la soledad humana, o la coexistencia con insectos, concretamente cucarachas, como ocurre en la firme y extra&ntilde;a decisi&oacute;n de un bi&oacute;logo, cuantifica las relaciones oscilantes con los gatos de una joven doctoranda, o no deja de sorprendernos con el hongo que una mujer madura se empe&ntilde;a en mimar para sustituir un olvidado afecto de otro tiempo; en realidad, un previsible adulterio; y no menos curiosa, en el &uacute;ltimo relato, la relaci&oacute;n que establece el protagonista con una serpiente para descubrir su identidad familiar y la deuda que debe pagar a trav&eacute;s de su hijo, un narrador testigo que observa como el padre se reencuentra con las emociones de una lejana juventud.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El paralelismo humano y animal que esgrime la mexicana ofrece las suficientes dudas al lector para continuar con la lectura y el resultado remite tanto a un devenir psicoanal&iacute;tico como a ciertos aires cortazarianos de algunos significativos relatos del argentino. La tensi&oacute;n producida por la irrupci&oacute;n de lo an&oacute;malo en la vida cotidiana y las consiguientes reacciones de los personajes, sustentan a todos y cada uno de los cuentos de <em>El matrimonio de los peces rojos</em>. Nettel se mueve con soltura en el g&eacute;nero, dosifica dramatismo, derrocha humor e iron&iacute;a, y nos muestra con bastante perspicacia la conducta humana, y ahonda sobre todo en las obsesiones de sus personajes, sin necesidad de ir mucho m&aacute;s all&aacute;, porque quiz&aacute; la narradora mexicana no se haya planteado justificar el por qu&eacute; de algunas de las actuaciones de los protagonistas de sus historias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Guadalupe Nettel, <em>El matrimonio de los peces rojos,</em> III Premio Internacional Narrativa Breve Ribera del Duero, Madrid, P&aacute;ginas de Espuma, 2013.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 07 Feb 2014 09:15:24 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Resiliencia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/resiliencia/</link>
      <description><![CDATA[<p class="Default"><strong><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Digital/JOSE_ANTONIO_FERNANDEZ_SANCHEZ.jpg" alt="" /></strong></p>
<div style="clear: both;">
<p class="Default"><strong>S</strong>alir</p>
<p class="Default">del c&iacute;rculo</p>
<p class="Default">rompiendo la continuidad</p>
<p class="Default">aunque parezca que la l&iacute;nea</p>
<p class="Default">rebase el centro de su forma</p>
<p class="Default">como la gota</p>
<p class="Default">que cae interrumpidamente</p>
<p class="Default">igual que caen las palabras</p>
<p class="Default">cuando son manejadas como espacio</p>
<p class="Default">y llenan huecos evidentes</p>
<p class="Default">que como cataratas van vaci&aacute;ndose</p>
<p class="Default">de arriba abajo</p>
<p class="Default">de lado a lado</p>
<p class="Default">de abajo a abajo</p>
<p class="Default">hasta llegar a lo hondo</p>
<p class="Default">del centro de la nada.</p>
<p class="Default">Y mientras tanto</p>
<p class="Default">escapar de lo dicho</p>
<p class="Default">pues s&oacute;lo es entendible aquello</p>
<p class="Default">que deja marca.</p>
<p class="Default">Esa</p>
<p class="Default">es la continuidad</p>
<p class="Default">la marca</p>
<p class="Default">que hace que toda gota</p>
<p class="Default">tenga forma distinta</p>
<p class="Default">pues cada una es enlace</p>
<p class="Default">de la anterior</p>
<p class="Default">y la siguiente</p>
<p class="Default">con la continuidad</p>
<p class="Default">en medio</p>
<p class="Default">pero sin alterar las partes</p>
<p class="Default">como un ladrillo</p>
<p class="Default">que aguanta el peso incluso</p>
<p class="Default">desconociendo el lastre de la malla</p>
<p class="Default">que embrida el uno con el otro</p>
<p class="Default">y as&iacute; haciendo sucesi&oacute;n</p>
<p class="Default">donde todo es la suma de uno y uno.</p>
<p class="Default">&nbsp;</p>
<p class="Default">Eso es un muro.</p>
<p class="Default">&nbsp;</p>
<p class="Default">Aunque tambi&eacute;n continuidad</p>
<p class="Default">o marca que hace que la red</p>
<p class="Default">vaya encerrando / se</p>
<p class="Default">tanto que finalmente</p>
<p class="Default">quede algo que podr&iacute;amos llamar</p>
<p class="Default">nada</p>
<p>nuevamente.</p>
</div>]]></description>
      <pubDate>Fri, 07 Feb 2014 08:52:54 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Natsume Soseki, escuchar el rumor del mundo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/natsume-soseki-escuchar-el-rumor-del-mundo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/ISABEL_N_EZ.jpg" alt="" width="302" height="227" /></p>
<p>Natsume Soseki, seud&oacute;nimo de Natsume Kinnosuke<strong> </strong>&nbsp;(Tokio, 1867&ndash;1916), est&aacute; considerado por todos los expertos uno de los autores m&aacute;s notables de la era Meiji, la &eacute;poca en que, con un esfuerzo transformador impresionante, Jap&oacute;n se abri&oacute; a Occidente, tras dos siglos y medio de aislamiento. De 1867 a 1912, el impulso del emperador Meiji convirti&oacute; un r&eacute;gimen feudal en un pa&iacute;s moderno, futura potencia mundial, l&iacute;der en tecnolog&iacute;a. Intentaban &ldquo;aprender de Occidente para alcanzar a Occidente&rdquo;, pero combinando &ldquo;&eacute;tica oriental con t&eacute;cnica occidental&rdquo;. Se revolucion&oacute; la cultura: se promovi&oacute; la educaci&oacute;n, se elevaron los &iacute;ndices de alfabetizaci&oacute;n, circularon peri&oacute;dicos con tiradas espectaculares y el aprendizaje de las lenguas extranjeras y las primeras traducciones&nbsp; permitieron el acceso a la literatura occidental.</p>
<p>La idea era preservar la identidad y la tradici&oacute;n japonesas, imbric&aacute;ndolas en la gigantesca ola del conocimiento del mundo occidental. Al fin, la literatura japonesa reflejaba conflictos vitales y sociales, pero desde su tradici&oacute;n. Esa dial&eacute;ctica y ese forcejeo entre la tradici&oacute;n y la apertura al universo occidental aparece en los libros de Soseki, sobre todo en <em>Sanshiro</em> y de forma m&aacute;s integrada y sint&eacute;tica en <em>Kusamakura</em> o ya m&aacute;s sutilmente en <em>Kokoro</em> y <em>Kojin</em>, como veremos. Soseki renov&oacute; el lenguaje, cambi&oacute; de estilo en cada libro, y los grandes escritores japoneses le han considerado con gratitud padre de la literatura moderna.</p>
<p>Profesor de literatura inglesa en la Universidad de Tokio, Natsume Soseki era un estudioso de la cultura y la poes&iacute;a chinas, fruto de la otra gran transformaci&oacute;n cultural japonesa (siglos VI y VII), cuando se adopt&oacute; la religi&oacute;n y la escritura chinas. Ya casado, Soseki<strong> </strong>recibi&oacute; una beca estatal para pasar dos a&ntilde;os en Inglaterra, pero el dinero no le llegaba para pagar la formaci&oacute;n a la que aspiraba y, a pesar de las amistades que hizo, el escritor recordar&iacute;a aquellos a&ntilde;os como los peores de su vida, pues se sinti&oacute; desde&ntilde;ado e incomprendido, &ldquo;como un pobre perro perdido entre una manada de lobos&rdquo;. De vuelta a Jap&oacute;n, public&oacute; poemas (dicen que era mejor poeta en chino que en japon&eacute;s) y novelas, como la costumbrista, desestructurada e ir&oacute;nica&nbsp; <em>Wagahai wa neko de aru</em> (<em>Soy un gato</em>), la tragic&oacute;mica <em>Botchan</em>, la po&eacute;tica <em>Kusamakura</em>, y las dem&aacute;s novelas, abandon&oacute; su puesto en la Universidad para colaborar en un peri&oacute;dico y dedicarse a la escritura, hasta que una &uacute;lcera de est&oacute;mago le llev&oacute; a la muerte a los 49 a&ntilde;os.</p>
<p>Si en sus primeras obras (<em>Soy un gato</em> y <em>Botchan</em>) Soseki es claramente par&oacute;dico y burlesco y cultiva la autoiron&iacute;a, poco a poco, el humor se har&aacute; m&aacute;s sutil en su escritura, la preocupaci&oacute;n por la hondura psicol&oacute;gica ganar&aacute; terreno y al final, incluso la vaguedad estructural &ndash;donde la poes&iacute;a acude constantemente en medio de la prosa y la filosof&iacute;a se enra&iacute;za en la trama, como ocurre en <em>Kusamakura </em>(<em>Almohada de hierbas</em>)&mdash;, va desapareciendo para mostrar mayor intensidad psicol&oacute;gica (<em>Kojin</em>, <em>El viajero</em>) y mayor importancia de la estructura (<em>Meian, Claroscuro</em>).</p>
<p>En <em>Botchan</em>, Soseki ficcionaliza su amarga experiencia como maestro rural. La novela empieza con elementos autobiogr&aacute;ficos de su infancia: los sufrimientos de un ni&ntilde;o solitario, hu&eacute;rfano de madre en la adolescencia, confiado a otra familia, y al volver, despreciado por su padre; as&iacute; como la relaci&oacute;n con una ni&ntilde;era que le adora e intenta protegerlo, pero a la que el narrador desde&ntilde;a. El protagonista acepta el puesto de maestro en un pueblo y al llegar topa con la hostilidad de los alumnos, que le someten a bromas despiadadas, se ve enfrentado a un extra&ntilde;o y absurdo sistema en el que incluso los dos placeres que le sirven de consolaci&oacute;n &ndash;ir a comer sus platillos preferidos o ir a los ba&ntilde;os&mdash; le est&aacute;n extra&ntilde;amente vedados porque &ldquo;la reputaci&oacute;n de un maestro no lo permite&rdquo;. En ese centro, adem&aacute;s de la brutalidad salvaje de los estudiantes, todo es injusto y arbitrario y los &uacute;nicos profesores dignos son represaliados o resultan dudosamente cuerdos. En ese contexto, el protagonista, taciturno y solitario entre la hipocres&iacute;a agresiva de sus colegas, comprende por fin el valor del afecto de su vieja ni&ntilde;era. Al final renuncia al puesto y vuelve a la atm&oacute;sfera urbana de Tokio, donde se siente m&aacute;s protegido del hocicamiento primitivo. <em>Botchan</em> tiene un tono autoburl&oacute;n y est&aacute; llena de sarcasmo, pero no oculta su melancol&iacute;a, y retrata bien la diferencia entre la modernidad urbana y an&oacute;nima de Tokio y el primitivo mundo rural.</p>
<p>Soseki defini&oacute; Kusamakura (Almohada de hierbas), como novela-haiku. Un pintor viaja al balneario de Nakoi huyendo del bullicio de las emociones, e intenta contemplar la naturaleza y a los hombres como a un cuadro, en pos del &aacute;nimo perfecto para pintar. En el balneario, las apariciones de Nami, una hermosa mujer divorciada y considerada exc&eacute;ntrica, le interpelan con su teatralidad misteriosa. Cualquier elemento del paisaje, como los gestos y palabras de los seres solitarios con quienes se cruza &ndash;el maestro budista, la vieja campesina, el barbero tosco, el le&ntilde;ador, el joven soldado&mdash;, suscita su contemplaci&oacute;n reflexiva. El pintor no pinta, pero escribe haikus, a los que Nami responde con otros.</p>
<p>Sus reflexiones sobre la poes&iacute;a china o anglosajona, sobre la posici&oacute;n del artista en el mundo o la pura belleza &ndash;de unas algas inm&oacute;viles al fondo del lago, de la comida japonesa, el <em>obi</em> rojo de un kimono, los &aacute;rboles y el viento, las flores que caen, la luminosidad del aire o los colores y sus significados&mdash; componen una mirada sugerente y sutil, a la vez tradicional y experimental, y resulta un retablo delicioso de la atm&oacute;sfera japonesa. <em>Kusamakura</em> es una novela ins&oacute;lita, entre el ensayo filos&oacute;fico y una po&eacute;tica oriental que entronca con los poetas ingleses. Hechiza al lector con su sencillez, lo atrapa en la telara&ntilde;a de su lentitud luminosa, no exenta de iron&iacute;a ni de sorpresas que recuerdan la teatralidad de los marionetistas chinos. Un misterioso dinamismo lleva al final, con sus pinceladas de belleza japonesa.</p>
<p><em>Sanshiro</em> es tal vez la menos redonda, pero al mismo tiempo es enormemente interesante en su ritmo m&aacute;s cotidiano, llena de esos momentos po&eacute;ticos que caracterizan la mirada de Soseki. Recoge la perplejidad del chico de campo &ndash;Fukuoka- que descubre la vida urbana, Tokio, la Universidad, el conocimiento y el amor, todo al mismo tiempo y sin atreverse a dar un paso adelante, en una actitud expectante y so&ntilde;adora, generoso pero capaz de darse cuenta de la incapacidad de reciprocidad de su amigo, el impulsivo y loco Yohiro, enzarzados en la batalla ideol&oacute;gica de la modernizaci&oacute;n, con el nervio identitario que revisita la tradici&oacute;n japonesa (y el legado de la cultura china, de sus poetas, de su escritura) y la asombrosa belleza de sus ritos, el atuendo tradicional, los placeres hedonistas de los ba&ntilde;os, el t&eacute;, la contemplaci&oacute;n del arte y de las nubes, la belleza del mundo, la belleza misteriosa de esas mujeres inteligentes e inasibles que superan a los hombres y que empiezan a negarse a las bodas prefijadas para elegir sus parejas. Esa batalla ideol&oacute;gica por una apertura a Occidente cr&iacute;tica y casi deconstructiva, derridiana, separando lo &uacute;til de lo rechazable, se produce en la Universidad. Y en medio de esos j&oacute;venes entusiastas y de sus errores, flota el reconocimiento por sus maestros, y ah&iacute; est&aacute; de nuevo Soseki, admirando la sabidur&iacute;a humilde del profesor Hirota, quien no se agita ya ante acusaciones injustas ni reveses de fortuna, sino que contempla con l&uacute;cida benevolencia los errores del bienintencionado y err&aacute;tico Yohiro. Hirota invita a Sanshiro a a los ba&ntilde;os y &eacute;ste le escucha hablar entre las nubecillas de vapor, que se convierten en signos traducibles, en puntuaciones de sus frases. O el investigador y estudioso&nbsp; Nonomiya, abstra&iacute;do en su mundo de libros indescifrables y arbitrario en la conducta familiar. Y Mineko, sobre todo Mineko, esa joven que juega con Sanshiro y se acerca a &eacute;l, burl&aacute;ndose afectuosa de su pasividad y propiciando sus encuentros, agradecida a su mirada, aunque acabe alej&aacute;ndose definitivamente porque, como dice Yohiro en un momento l&uacute;cido, ella <em>va por delante</em>.</p>
<p>Hay algo profundamente sincero en <em>Sanshiro</em> que hace relumbrar la novela, nunca impostada y con la carga de fuerza de su verdad literaria, y el humanismo generoso con el que Soseki contempla a sus maestros, o su mirada fascinada no s&oacute;lo ante la belleza sino tambi&eacute;n ante las contradicciones y dificultades de los humanos. Tal vez <em>Sanshiro</em> sea la m&aacute;s alegre de sus novelas, donde la muerte tiene menos peso y donde la melancol&iacute;a es m&aacute;s ligera. La mirada de Sashiro lo abarca todo, es la mirada del escritor, cuando piensa que el retrato de Mineko deber&iacute;a titularse de otro modo, cristalizando el momento en que contemplaron juntos las nubes y ella le defini&oacute; como &ldquo;stray sheep&rdquo;, oveja descarriada.</p>
<p>Se ha dicho de Soseki que es el m&aacute;s cl&aacute;sico de los autores modernos japoneses y tal vez sea cierto. Nunca reniega de la tradici&oacute;n, pero en &eacute;l todo est&aacute; entrelazado con las iluminaciones de los poetas anglosajones o con las formas de la narrativa occidental. Y esa combinaci&oacute;n fluye en &eacute;l con toda naturalidad, tal vez por primera vez en la literatura oriental. En estas novelas, lo no-dicho, la plenitud del vac&iacute;o del Tao tiene tanta fuerza como lo que s&iacute; se dice y hace. Y al mismo tiempo, la muerte est&aacute; siempre presente en el forcejeo vital.</p>
<p><em>Kojin </em>(El viajero), forma parte de la misma trilog&iacute;a de madurez que<em> Kokoro</em>, en la que todo se centra en sus personajes de un modo cada vez m&aacute;s individual y menos social, si bien la cuesti&oacute;n del dinero est&aacute; siempre presente. Aqu&iacute; se cumplir&iacute;a esa exigencia de Bel&eacute;n Gopegui de que siempre sepamos con qu&eacute; se pagan las cosas, de qu&eacute; viven los personajes y lo que les cuesta. En <em>Kojin</em>, Jiro, el narrador se ver&aacute; atrapado cada vez m&aacute;s y a pesar de sus esfuerzos por la figura conflictiva de su hermano mayor, Ichiro, al que describe as&iacute;: &ldquo;Mi hermano era un sabio y por tanto, un hombre de ideas. Pose&iacute;a adem&aacute;s una sensibilidad pura de poeta&rdquo;. Ese personaje nervioso y solitario, a quien el intelecto no parece servir sino para acrecentar su infortunio, va creciendo en oscuridad y se va adue&ntilde;ando poco a poco de la atm&oacute;sfera de la novela. Incapaz de comunicarse con su mujer, la bella y discreta Nao, a quien la madre y la hermana achacan la culpa, o con su hija peque&ntilde;a, que no se acerca a su padre porque le tiene miedo, Ichiro se va encerrando cada vez m&aacute;s en su mundo y sus estudios, hasta empezar a perder la raz&oacute;n. Jiro se ve obligado a marcharse de la casa familiar, ya que las sospechas del hermano sobre la fidelidad de su mujer parecen apuntar hacia &eacute;l, que sin duda es sensible al sufrimiento estoico y silencioso de su cu&ntilde;ada; pero eso no arreglar&aacute; las cosas. En esas p&aacute;ginas se escenifica la dificultad de decir y ese peso creciente de los silencios caracter&iacute;stico de las novelas de Soseki, que acaba corroy&eacute;ndolo todo. Es inevitable recordar los silencios de las pel&iacute;culas de Yasujiro Ozu, donde la distancia impuesta por la disciplinada cortes&iacute;a japonesa impide a los personajes preguntarse directamente (excepto por cuestiones pr&aacute;cticas como el matrimonio; parece que cualquiera pregunta a otro por qu&eacute; no se casa y sin embargo, nadie le pregunta c&oacute;mo se siente o qu&eacute; desear&iacute;a) y eso les obliga a esperar el momento en que el otro se pronuncie, lo que encalla toda acci&oacute;n, a veces hasta el dramatismo, porque las palabras llegan tarde o no llegan.</p>
<p><em>El viajero</em> es una novela maravillosa, de una sutileza extraordinaria. La presencia de la naturaleza sigue siendo una constante (&ldquo;me mand&oacute; una postal en plena estaci&oacute;n de las flores&rdquo;), y el paisaje siempre asoma ofreciendo su belleza como consolaci&oacute;n y distracci&oacute;n, si bien de un modo m&aacute;s medido y justificado por la acci&oacute;n que en <em>Kusamakura</em>, por ejemplo.</p>
<p>&ldquo;Entre tanto, el verano hab&iacute;a llegado a su fin. La luz de las estrellas se volv&iacute;a intensa al caer la tarde. Las hojas de <em>aogiri</em> se balanceaban al viento ma&ntilde;ana y noche y produc&iacute;an un estremecimiento s&oacute;lo con verlas. Cuando llega el oto&ntilde;o, yo tengo a veces la sensaci&oacute;n de renacer.&rdquo;</p>
<p>Las columnas de humo de los cigarrillos punt&uacute;an las palabras y sentimientos de quienes hablan o llenan po&eacute;ticamente esos silencios: &ldquo;... como siempre, yo encend&iacute;a un cigarrillo y exhalaba un humo so&ntilde;ador&rdquo;, o bien &ldquo;Al decir esto contemplaba apaciblemente las volutas de humo saliendo de mi boca&rdquo;. Como los rituales de los ba&ntilde;os y el t&eacute;.</p>
<p>Lo mismo ocurre con la poes&iacute;a. En el atormentado di&aacute;logo de Ichiro con su amigo H., Ichiro supone que H. no sufre nunca de insomnio. &Eacute;l le responde que no duerme, pero cuando Ichiro le pregunta si eso no le angustia, H. cita un verso de Du Fu: &ldquo;El halo de una l&aacute;mpara ilumina el insomnio&rdquo;. O bien, en el bosque, al hablar de la soledad terrible que sobrecoge a Ichiro, cita el proverbio alem&aacute;n &ldquo;No hay puente que lleve de un hombre a otro&rdquo;. El propio Soseki parece explicarnos c&oacute;mo la poes&iacute;a se imbrica en la vida y ayuda a redibujarla: &ldquo;Parec&iacute;a alegre. Proyectaba la poes&iacute;a de su pasado sobre su vida futura.&rdquo;</p>
<p>Cuando la situaci&oacute;n de Ichiro parece extrema, la familia, angustiada por su estado mental, propone a su amigo H. que le acompa&ntilde;e a un viaje. &Eacute;ste acepta y env&iacute;a una carta donde explica el viaje y las conversaciones. En cierto momento, Ichiro declara: &ldquo;Morir, volverme loco, entrar en religi&oacute;n son las tres v&iacute;as posibles que me ofrece el futuro&rdquo;, y acto seguido descarta la v&iacute;a religiosa &ndash;pues no cree&mdash;, y la muerte &ndash;su sentido de la culpa no se lo permite&mdash; y a&ntilde;ade que en realidad ya ha perdido la raz&oacute;n. Esa carta de H., magn&iacute;fica, tiene un tono apremiante que nos urge a continuar y despierta el deseo de saber y llegar al final como en las mejores novelas cl&aacute;sicas, retratando el encuentro de esos dos amigos tan distintos, el pl&aacute;cido y pragm&aacute;tico H. y el atormentado y metaf&iacute;sico Ichiro. Vemos el alivio de Ichiro al poder confiar en &eacute;l &ndash;ahora que ya no conf&iacute;a en nadie&mdash; y c&oacute;mo H. intenta con todas sus fuerzas arrancarle de su dolor. Y no hay m&aacute;s, el final es otra de las interrogaciones de Soseki.</p>
<p>En cuanto a<em> Kokoro </em>(El coraz&oacute;n de las cosas), trata de la maduraci&oacute;n emocional, y del joven protagonista que intenta aprender de la sabidur&iacute;a de un hombre solitario y sabio a quien llama Sensei (maestro), en una novela donde ning&uacute;n personaje tiene nombre. De nuevo la dificultad de comunicar, los silencios de las relaciones, por esa lentitud pasiva de las cosas que impide intervenir a tiempo y evitar lo peor, la traici&oacute;n familiar (como en la biograf&iacute;a de Soseki) son temas clave. Un estudiante llega huyendo del medio rural familiar a Tokio y busca orientaci&oacute;n vital en un hombre mayor. Mientras sufre la traici&oacute;n de su t&iacute;o, la muerte del padre, el enamoramiento y la rivalidad nunca explicada con su amigo K. &ndash;al que intenta ayudar sin prever que K. se enamorar&aacute; de la misma joven que &eacute;l, y acabar&aacute; precipit&aacute;ndole a su fin&mdash;, el narrador no sabe el secreto de Sensei, que s&oacute;lo conocer&aacute; a trav&eacute;s de una larga carta de &eacute;ste, con la que concluye la historia, dej&aacute;ndonos de nuevo interrogarnos sobre el posible final.</p>
<p>Es otra magn&iacute;fica novela, delicada y llena de luces y sombras, donde sus personajes parecen demasiado j&oacute;venes para comprender el mundo o son presas de pasiones que ni siquiera pueden revelar a los otros, y ni siquiera la amistad y el afecto&nbsp; o la luz que irradia el amor reci&eacute;n descubierto permiten tender esos puentes y quebrar la tremenda soledad. La mujer de Sensei, por ejemplo, s&oacute;lo sospecha e intenta aliviar el tormento interno de su pareja, pero nunca llega a escucharlo de &eacute;l y por tanto s&oacute;lo puede elucubrar. Y hacia el final de su carta, Sensei le pide al protagonista que nunca revele su secreto culpable a la que ha sido su mujer, para preservarla de su oscuridad. Se trata de la culpa, una culpa infinita no s&oacute;lo por no haber podido evitar el suicidio de un amigo, sino por haberlo propiciado. Una culpa que ha desmoronado la vida de ese hombre para siempre, sin que nunca haya conocido el alivio de la palabra, salvo en esa carta, que el protagonista lee cuando Sensei est&aacute; ya muerto. No hay esperanza y la culpa pesa tanto como en su admirado Dostoievski, pero los motivos son mucho m&aacute;s sutiles.</p>
<p>&nbsp;Soseki escribi&oacute; dos libros de memorias, uno de los cuales, in&eacute;dito en castellano, se titula <em>Omoidasu koto nado</em>, <em>Choses dont je me souviens</em>, en la versi&oacute;n francesa de Elisabeth Suetsugu que yo he le&iacute;do. En 1910, el autor hab&iacute;a sido hospitalizado por una grave enfermedad con peligro de muerte. Cuando empieza a recobrarse, aunque sumido en la debilidad de esa convalecencia, contemplando la naturaleza desde la ventana del hospital, Soseki se entera de que su amable m&eacute;dico acaba de morir: &ldquo;Mientras se preocupaba por mis tratamientos, &eacute;l mismo se encaminaba hacia la muerte.&rdquo; Y al abrir el peri&oacute;dico, le asalta la noticia de la muerte de James, el fil&oacute;sofo norteamericano (hermano de Henry James) cuyo libro bergsoniano &ldquo;hab&iacute;a proyectado durante mi enfermedad un rayo de luz deslumbrante sobre mi esp&iacute;ritu a&uacute;n difuso&rdquo;. Y compone un <em>kanshi</em> (un poema en chino cl&aacute;sico) que dice:</p>
<p>Los hombres mueren,</p>
<p>Los hombres viven,</p>
<p>Pasan las ocas salvajes.</p>
<p>El libro surge de la ambivalencia entre la alegr&iacute;a de haber sobrevivido y la sombra de la muerte de otros, y est&aacute; impregnado del ideal <em>furyu</em>, el mismo que le inspirara diez a&ntilde;os atr&aacute;s la novela <em>Kusamakura</em>; el <em>furyu</em> es un ideal de armon&iacute;a con la naturaleza, deseo de evasi&oacute;n, aspiraci&oacute;n a superar lo real y cotidiano, desapego. Pero <em>furyu</em> es tambi&eacute;n gusto por la poes&iacute;a, la pintura, el t&eacute; y todo lo que no sea prosaico. Para Soseki, esos poemas, haikus o kanshis, parecen ofrecer el contrapeso espiritual a la naturaleza atormentada de sus novelas. Es el alivio de la contemplaci&oacute;n de la naturaleza o los templos zen de algunos personajes de sus novelas. Este libro delicioso nos recuerda al esp&iacute;ritu de <em>On Being Ill</em> (Estar enfermo) de Virginia Wolf (donde ella explica que la naturaleza proyectar&iacute;a todos los d&iacute;as su espect&aacute;culo aunque le di&eacute;ramos la espalda y observa la enfermedad como una ocasi&oacute;n de contemplar ese espect&aacute;culo) o aquel poema de Salvat Papasseit titulado &ldquo;Tot l&rsquo;enyor de dem&agrave;&rdquo; (Toda la a&ntilde;oranza de ma&ntilde;ana) porque los tres contemplan el mundo como si se despidieran, prometi&eacute;ndose volver, y todo parece iluminado por esa mirada a&ntilde;orante del escritor enfermo.</p>
<p>Pese a su impaciencia por volver a casa, cuando al fin autorizan su regreso en dos semanas, Soseki desea que esas dos semanas se prolonguen en el tiempo, y recuerda lo que le ocurri&oacute; de joven, en Londres, en &ldquo;los peores a&ntilde;os de su vida&rdquo; y en el pa&iacute;s que hab&iacute;a aborrecido (como Heine, dice &eacute;l). Cuando se acerca el momento de partir, &ldquo;como paseaba la mirada sobre ese mar inmenso que es la ciudad de Londres, que fluye con todos los movimientos de seres desconocidos, al fondo del aire gris&aacute;ceo que los envuelve, tuve la sensaci&oacute;n de que hab&iacute;a all&iacute; una especie de gas que se ajustaba a mi propia respiraci&oacute;n. Con los ojos levantados hacia el cielo, me qued&eacute; un largo momento inm&oacute;vil en medio de la calle&hellip;&rdquo; Y describe la espera de esas dos semanas de hospital: &ldquo;inm&oacute;vil, alargando mi cuerpo enfermo, solo en mi lecho. Me quedaba sin hacer un gesto, tumbado sobre un colch&oacute;n de paja..., y esperaba. Esperaba el ruido que har&iacute;a en el silencio del jard&iacute;n una carpa al quebrar el agua. Acechaba los aguzanieves que brincaban moviendo la cola sobre las tejas mojadas por el roc&iacute;o de la ma&ntilde;ana. Esperaba las flores que pon&iacute;an a mi cabecera. Preve&iacute;a el rumor del agua que ca&iacute;a justo bajo la marquesina. Sent&iacute;a deseos de demorarme entre todas aquellas cosas que me rodeaban y me concern&iacute;an, y esper&eacute; a que se acabaran las dos semanas anunciadas.&rdquo; Surge esa inmovilidad absoluta del enfermo en la que se despiertan y aguzan los sentidos, y cuando al fin le transportan en una camilla que encajan en el coche de caballos, bajo la lluvia, el escritor enfermo redescubre el mundo f&iacute;sico: &ldquo;Tumbado, escuchaba el ruido que hac&iacute;an las gotas de lluvia al rebotar sobre la capota, con una mirada emocionada y agradecida a las inmensas rocas, los pinos, los charcos de agua. El color de los bosquecillos de bamb&uacute;es, los caquis, los arces, las hojas de batatas, los setos de hibiscus, el olor de las espigas maduras, cada visi&oacute;n me hac&iacute;a feliz, pues recordaba, como si hubiera resucitado, que era lo normal en aquella estaci&oacute;n ver todas aquellas cosas.&rdquo;</p>
<p>Todo el diario est&aacute; sembrado de sus poemas &ndash;<em>haikus</em> y <em>kanshis</em>&mdash; que seg&uacute;n &eacute;l no tienen un valor po&eacute;tico, salvo lo que significan para &eacute;l, pero es inevitable maravillarse ante su sencilla y despojada belleza, puntuaci&oacute;n po&eacute;tica de sus pensamientos diarios, una imagen que concentra, como una gota de agua antes de caer de una rama en la que vemos reflejado todo el paisaje, el estado de &aacute;nimo de retorno a la vida que dio origen al libro.</p>
<p>En cuanto a la melanc&oacute;lica e inacabada <em>Meian, Claroscuro</em>, Soseki muri&oacute; tras escribir en una hoja las cifras 189, el cap&iacute;tulo que segu&iacute;a. Se trata de su libro m&aacute;s largo y muchos lo consideran su obra maestra. Es una novela que desaf&iacute;a las reglas, con una trama escasa, desproporcionadamente breve para la longitud de sus p&aacute;ginas, algo que contrasta con la tradici&oacute;n novel&iacute;stica japonesa, que valoraba una supuesta naturalidad y prefer&iacute;a una estructura vaga e irregular. La palabra <em>Meian</em> se compone de dos caracteres chinos que significan claridad y oscuridad, como oposici&oacute;n y en lo que cada uno participa del otro. Dec&iacute;a el protagonista de <em>Kusamakura</em>: &ldquo;A los 25 a&ntilde;os tuve la revelaci&oacute;n de que la luz y las tinieblas (<em>mei</em> <em>an</em>) eran dos caras de una misma realidad y de que all&iacute; donde nace la luz, las sombras caen para nosotros.&rdquo;</p>
<p><em>Claroscuro</em> habla de la dificultad de comunicaci&oacute;n en la pareja de protagonistas, Tsuda y Nobuko, una desconfianza que los separa cuando est&aacute;n juntos y una rotura interna que se hace tr&aacute;gicamente evidente cuando Tsuda ingresa en el hospital, y esa herida o f&iacute;stula que no se cierra metaforiza el dolor del desencuentro amoroso. De nuevo lo no dicho supera a lo que s&iacute; se dice, en lenguajes distintos y mutuamente ininteligibles o demasiado beligerantes para propiciar la comprensi&oacute;n. Tardamos en descubrir que Tsuda amaba a otra mujer y s&oacute;lo entonces comprendemos que la indiferencia de Nobuko se debe en realidad a la &ldquo;infidelidad interior&rdquo; de Tsuda.</p>
<p>El escritor Kojin Karatani se&ntilde;alaba la importancia de los di&aacute;logos de <em>Claroscuro</em>, no s&oacute;lo porque expresen los caracteres y pensamientos de los personajes, sino porque al entrecruzarse, revelan una naturaleza inesperada de cada personaje. C&eacute;lebres escritores japoneses, como Kenzaburo O&eacute;, han especulado y compuesto distintos finales para <em>Claroscuro</em>, que seg&uacute;n los indicios, podr&iacute;a suponer un suicidio en la cascada, un golpe de efecto teatral o simulaci&oacute;n de una ca&iacute;da (como en una escena de <em>Kusamakura</em>), o una simple visi&oacute;n maupassantiana de esa cascada luminosa que preceder&iacute;a el retorno de Tsuda a la oscuridad gris&aacute;cea de su vida conyugal.</p>
<p>Soseki tuvo una infancia muy dura, y en su vida, demasiado breve, sufri&oacute; dificultades materiales, de salud y de relaci&oacute;n, adem&aacute;s de la p&eacute;rdida de su hija, como cuenta Philip Forest en su magn&iacute;fico <em>Sarinagara</em>. Sin embargo, la obra de Soseki no es deprimente: su oscuridad resulta luminosa, pues como la de Thomas Bernhard, irradia el triunfo de la escritura. Aguzar sentidos y antenas para escuchar el rumor del mundo, mirar la naturaleza y observar a los humanos, a&uacute;n en sus silencios m&aacute;s atormentados, abrir los ojos a la belleza y a las alegr&iacute;as de la amistad y la conversaci&oacute;n y ser capaz de narrarlo.</p>
<p>Hay que felicitarse de que los editores espa&ntilde;oles rescaten al <em>tenaz</em> Soseki<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>, pues frente a la banalidad estereotipada de esos &ldquo;best-sellers de calidad&rdquo; que ahora llenan las grandes librer&iacute;as, en la obra de Soseki late la verdadera vida, la hondura filos&oacute;fica, po&eacute;tica y humana que cualquier lector sensible busca en la literatura, la que nos permite refugiarnos hospitalariamente de la zafiedad y la precariedad del mundo, y recobrar no s&oacute;lo la perdida naturaleza, sino tambi&eacute;n el h&aacute;lito del humanismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Soseki significa <em>terco</em> en chino.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Thu, 06 Feb 2014 07:09:04 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La loca bestialidad]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-loca-bestialidad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/GIORGIO_TODDE.jpg" alt="" width="195" height="263" /></p>
<p>Ugolino Stramini lleva uno de sus trajes de pata de gallo grises y ce&ntilde;idos. Con la pata de gallo no transig&iacute;a desde los tiempos del instituto: hasta al examen de rev&aacute;lida se present&oacute; con ella. La consideraba un revestimiento que, estaba convencido, confer&iacute;a a su cuerpo de peque&ntilde;o lebrel cincuent&oacute;n un aspecto decoroso y &aacute;gil al mismo tiempo. Una agilidad, cre&iacute;a &eacute;l, no muscular, no visible, sino sustancial.</p>
<p>&mdash;&iexcl;Agua, agua! &iexcl;Agua del cielo!</p>
<p>&mdash;&iexcl;Empapados!</p>
<p>&mdash;&iexcl;Sumergidos!</p>
<p>Exclamaban tres hombres con batas blancas.</p>
<p>La pata de gallo asustada de Ugolino se derrumb&oacute;.</p>
<p>Perdi&oacute; el contacto con la habitaci&oacute;n, sinti&oacute; que la luz opaca del d&iacute;a no consegu&iacute;a calentarle y le pareci&oacute; de repente como si no tuviera porvenir ante &eacute;l ni pasado detr&aacute;s.</p>
<p>Los tres lo miraban sin compasi&oacute;n y &eacute;l flotaba en el resplandor que sigue al temporal: &ldquo;Me siento como en un frente ocluido... &iexcl;un frente ocluido! Y esos tres, &iquest;a qu&eacute; est&aacute;n esperando?&rdquo;</p>
<p>Mir&oacute; por la ventana y vio con claridad el alto c&uacute;mulo castellano con sus torretas en lo alto: all&iacute; estaba, all&iacute; estaba&nbsp; y &eacute;l ni siquiera lo hab&iacute;a mirado.</p>
<p>&mdash;Aire inestable y h&uacute;medo, profesor, &iexcl;bien lo sabe usted! &iquest;No lo ve?</p>
<p>&mdash;&iexcl;Peque&ntilde;as torres, parecidas a las almenas de un castillo!</p>
<p>&mdash;&iexcl;Car&aacute;cter tormentoso, hablando en plata, profesor!</p>
<p>Ugolino balbuce&oacute; alucinado:</p>
<p>&mdash;&iexcl;Altas temperaturas a nivel del suelo! &iexcl;Lluvia, en una palabra!</p>
<p>Aquellas nubes almenadas no se alejaban, ni tampoco esos hombres en bata. Se puso colorado, con las manos amenazadoras por delante, la pata de gallo brill&oacute; y Ugolino grit&oacute; con su voz de roedor aunque con orgullo:</p>
<p>&mdash;De acuerdo, se ha equivocado, &mdash;emple&oacute; la tercera persona,&mdash; &iexcl;el profesor Stramini se ha equivocado en pleno! Pronosticaba el clima desde hace veintis&eacute;is a&ntilde;os, previsiones globales y previsiones espec&iacute;ficas, condecorado por la WMO, citado en el <em>Atlas Internacional de las Nubes, </em>y citado m&aacute;s de una vez, pronosticador e int&eacute;rprete! &iexcl;Heliofan&oacute;grafos, anem&oacute;metros el&eacute;ctricos y de placa oscilante, estaciones termom&eacute;tricas! In&uacute;til, todo in&uacute;til, &iquest;es que el pasado ya no existe? &iquest;Que el obispo, el alcalde, el concejo municipal se han mojado? &iquest;Y qu&eacute;? &iexcl;Ya se secar&aacute;n! &mdash;Ga&ntilde;idos m&aacute;s intensos:&mdash; &iquest;Y qu&eacute;? &iquest;Es que quer&eacute;is la esquela del profesor? &iexcl;Os equivoc&aacute;is, no lo conseguir&eacute;is!</p>
<p>&mdash;Llov&iacute;a, profesor: veinte mil personas...</p>
<p>&mdash;Lluvias insistentes...</p>
<p>&mdash;Interminables y violentas: una desbandada...</p>
<p>Toda la sangre se le agolp&oacute; en la pata de gallo y en la cabeza, y Ugolino, transfigurado, grit&oacute;:</p>
<p>&mdash;&iexcl;Fuera! &iexcl;Marchaos! &iexcl;Para vosotros, mi despacho ha de ser un santuario! &iexcl;Nunca he dicho que fuera infalible! &iquest;Veinte mil personas? &iquest;Una desbandada? &iexcl;Peor para ellos! Haber salido con un paraguas, como hago yo aunque luzca el sol: con un paraguas, &iquest;entendido? &iexcl;Llevabais a&ntilde;os esperando un error m&iacute;o, mientras yo ve&iacute;a cada d&iacute;a vuestras burradas! Vamos... &iexcl;Fuera de aqu&iacute;!</p>
<p>Se qued&oacute; solo, sentado ante su escritorio, orientado hacia el ventanal y el cielo, sujet&aacute;ndose su min&uacute;scula cabeza entre las manos. Despu&eacute;s mir&oacute; aquellas nubes, que ten&iacute;an ahora inocentes bordes dorados y un aspecto apacible, de color p&uacute;rpura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ugolino Stramini era un meteor&oacute;logo solitario. Durante veintis&eacute;is a&ntilde;os, tras su licenciatura en f&iacute;sica, hab&iacute;a proporcionado cada d&iacute;a los datos sobre el clima de las veinticuatro horas anteriores y pronosticado el de las veinticuatro siguientes, al principio desde la peque&ntilde;a estaci&oacute;n del Monte Tallone y despu&eacute;s en estaciones cada vez m&aacute;s importantes. Siempre concentrado y siempre emocionado por el tiempo que hac&iacute;a y por el que iba a hacer.</p>
<p>El curso de los a&ntilde;os hab&iacute;a hecho que Ugolino transformara su ciencia inexacta, por m&aacute;s que no dejase de ser una ciencia, en algo distinto.</p>
<p>Las nubes y el viento. Fueron precisamente el viento y las nubes los que le iniciaron a la nueva experiencia.</p>
<p>Del viento se hab&iacute;a derivado la primera observaci&oacute;n, de ese que desde el norte fustigaba una ma&ntilde;ana Monte Tallone as&iacute; como su nariz veleta. Estaba en la terraza y la tramontana le hab&iacute;a obligado a replegarse sobre s&iacute; mismo para no disipar su calor. Con la espalda y con los hombros, advirti&oacute;, se hab&iacute;an replegado tambi&eacute;n el coraz&oacute;n y el humor. M&aacute;s tarde, hab&iacute;an bastado los radiadores para que se desplegaran y abrieran de nuevo coraz&oacute;n, espalda, hombros, humor.</p>
<p>Algunos d&iacute;as m&aacute;s tarde, observando una tonalidad ros&aacute;cea bajo las nubes medias iluminadas por el sol naciente, anot&oacute; que hacia oriente estaba sereno y el aire era pobre de humedad. Se tom&oacute; el pulso y not&oacute; cierta disminuci&oacute;n. Las nubes se resquebrajaron y adoptaron la forma de un surtidor, estr&iacute;as blancas que atravesaban el cielo limpio. Calcul&oacute; la velocidad del viento en cotas altas: ciento cuarenta nudos, doscientos cuarenta kil&oacute;metros por hora. Pulso acelerado, espalda encorvada.</p>
<p>&ldquo;Bah, ya se sabe que el clima nos influye, &iexcl;menudo descubrimiento, Ugolino, menudo descubrimiento&rdquo;</p>
<p>Pese a todo, empez&oacute; a registrar, junto a isobaras y milibares, la velocidad de su pulso. Despu&eacute;s, con el tiempo, enriqueci&oacute; las notas con la tensi&oacute;n de la sangre, a&ntilde;adi&oacute; las variaciones del apetito y del humor seg&uacute;n una escala ideada por &eacute;l mismo, anot&oacute; sus reflejos y sus ganas de trabajar.</p>
<p>Pasaron los a&ntilde;os. Los par&aacute;metros se multiplicaban, cada vez m&aacute;s dif&iacute;ciles de medir. Dio un metro a sus pesares, a sus peque&ntilde;os &mdash;as&iacute; los consideraba &eacute;l&mdash; miedos y a los sentimientos. Y como hombre de ciencia dispuesto a sufrir por aquello en lo que cre&iacute;a, consignaba otros datos de su propio cuerpo sac&aacute;ndose diez cent&iacute;metros c&uacute;bicos de sangre con cada nueva perturbaci&oacute;n.</p>
<p>Conoc&iacute;a los l&iacute;mites de su propio trabajo. Sab&iacute;a que ninguna medida humana es completamente exacta. Hasta su pascal, su unidad de medida, era aproximada. Qu&eacute; pensar de las mediciones que realizaba &eacute;l, un pobre pronosticadorcillo.</p>
<p>Sigui&oacute; adelante y del individuo pas&oacute; a los grupos. De los grupos a la comunidad y, al borde de los cincuenta a&ntilde;os, acab&oacute; considerando un paralelismo desmesurado entre la meteorolog&iacute;a y la entera especie humana.</p>
<p>Naci&oacute; as&iacute; la climatolog&iacute;a social.</p>
<p>Ugolino manten&iacute;a oculta esa ciencia suya, y segu&iacute;a visti&eacute;ndose con sus trajes de pata de gallo algo ra&iacute;dos.</p>
<p>&mdash;&iexcl;Me he equivocado, Costante! &iexcl;Como un pronosticador de televisi&oacute;n cualquiera! M&aacute;s de veinte mil personas se han empapado... una parte enfermar&aacute;... alguno, de los m&aacute;s d&eacute;biles, tal vez muera...</p>
<p>Desde hac&iacute;a casi once a&ntilde;os, todas las tardes a las ocho, en la misma mesita redonda de m&aacute;rmol, se reun&iacute;an en el Gran Caf&eacute; On&iacute;rico en el paseo de los Tilos y ped&iacute;an algo tras una meditaci&oacute;n silenciosa de diez minutos por lo menos.</p>
<p>Costante Verderame, tres a&ntilde;os m&aacute;s joven que &eacute;l, era amigo de Ugolino desde los tiempos de la universidad, y su amistad ac&iacute;dula hab&iacute;a sobrevivido a los distintos caminos que tomaron ambos muchachos. Costante se hab&iacute;a entregado &mdash;as&iacute; lo dec&iacute;a &eacute;l&mdash; a la literatura, y a sus cuarenta y siete a&ntilde;os era asistente universitario en la c&aacute;tedra de Literatura Medieval, donde sobre &eacute;l se cern&iacute;a dolorosamente la personalidad exuberante del profesor Domenico Sperlengo, quien sol&iacute;a presentarse siempre diciendo &ldquo;&iexcl;Mucho gusto, Domenico Sperlengo, Catedr&aacute;tico!&rdquo;, con la C grande, y si estaba Costante, lo presentaba tambi&eacute;n: &ldquo;Aqu&iacute;, mi ayudante&rdquo;. Costante, con aquel &ldquo;mi&rdquo;, se sent&iacute;a triturado.</p>
<p>Esmirriados ambos, Costante con cuerpo y cara de saltamontes miope, vestidos de la misma manera &mdash;los dos amigos guardaban en su guardarropa trajes de toda clase de grises&mdash; eran tan homog&eacute;neos que parec&iacute;an hermanos, y de hecho los camareros j&oacute;venes del On&iacute;rico cre&iacute;an que lo eran.</p>
<p>Eran de esos hombres que, solos aunque en pareja m&aacute;s a&uacute;n, vistos los domingos por las aceras desiertas emanaban una tristeza urbana que no evocaban, sin embargo, en los d&iacute;as laborables, ocultos entre la multitud.</p>
<p>Costante empezaba a menudo la conversaci&oacute;n diciendo que era una cosa muy complicada pero que por alg&uacute;n sitio hab&iacute;a que empezar, pero esa vez fue directo al grano:</p>
<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; exagerado! &iexcl;T&uacute;, precisamente t&uacute;, dejarte arrastrar de esa manera! &iexcl;Este t&eacute; huele a lavanda! Y adem&aacute;s, &iquest;no eres t&uacute; quien me ha explicado el n&uacute;mero de ese fulano...?</p>
<p>&mdash;De Richardson... &iquest;y qu&eacute; cambia eso?</p>
<p>&mdash;&iquest;Es que de pronto te has olvidado de que se da una gran variabilidad en las cosas meteorol&oacute;gicas? Y acu&eacute;rdate de que incluso el Sumo...</p>
<p>Ugolino estaba nervioso y la voz se le volvi&oacute; a&uacute;n m&aacute;s aguda:</p>
<p>&mdash;Ya s&eacute;, ya s&eacute; que incluso el Sumo se equivoc&oacute;... pero contigo puedo ser sincero: &iquest;sabes qu&eacute; hubiera sido suficiente? Bueno, pues hubiera sido suficiente con que yo mirara el cielo. All&iacute; estaban las nubes castellanas aposta para advertirme... hubiera sido suficiente con un poco de humildad y con que levantara esta nariz in&uacute;til que siempre dej&oacute; que se deslice hacia abajo. Desde abajo llegan los malos olores.</p>
<p>Constante se encendi&oacute; uno de los cinco cigarrillos acordados con el m&eacute;dico, mir&oacute; fijamente a su amigo con uno de sus ojos laterales y se mostr&oacute; alegre a su manera:</p>
<p>&mdash;Bah... la humildad es un disfraz del orgullo. Ugolino, estamos en la &eacute;poca de las enfermedades, todo nos lo recuerda, protej&aacute;monos. No debemos alegrarnos demasiado y no debemos apesadumbrarnos demasiado. Tendr&iacute;amos que haber aprendido algo de equilibrio, &iquest;no? &iquest;Pues entonces? &iexcl;Mejor, mucho mejor un error que una enfermedad!</p>
<p>Costante resultaba poco soportable y Ugolino prosigui&oacute; por su cuenta:</p>
<p>&mdash;All&iacute; est&aacute;n todos, esperando un error. Despu&eacute;s, cuando llega, entonces te ponen verde y se regocijan... S&iacute;, regocijados estaban esos tres asnos...</p>
<p>Costante mir&oacute; a lo lejos, donde solo ve&iacute;a sombras:</p>
<p>&mdash;Era yo un estudiante lleno de for&uacute;nculos cuando...</p>
<p>Ugolino se impacient&oacute;:</p>
<p>&mdash;Eras un estudiante lleno de for&uacute;nculos cuando descubriste que hab&iacute;as sido concebido para estudiar la poes&iacute;a... ya lo s&eacute;, ya lo s&eacute;... pero &iquest;qu&eacute; tendr&aacute; eso que ver con las nubes castellanas? Yo hablo de una cosa y t&uacute; de otra... &iexcl;m&aacute;s nos val&iacute;a sentarnos en mesas distintas!</p>
<p>Costante se convert&iacute;a en un taladro, todas las veces era lo mismo:</p>
<p>&mdash;Canto vig&eacute;simo s&eacute;ptimo del Purgatorio: hac&iacute;a pron&oacute;sticos del tiempo &eacute;l tambi&eacute;n, y sab&iacute;a de d&oacute;nde nac&iacute;an el rayo y la nube... A prop&oacute;sito, &iquest;ma&ntilde;ana har&aacute; buen tiempo?</p>
<p>&mdash;Har&aacute; buen tiempo.</p>
<p>&mdash;De modo que la falibilidad natural de un hombre no debe ser el metro del hombre mismo que...</p>
<p>Ugolino sab&iacute;a c&oacute;mo interrumpirlo. Si alguien empezaba a recitar versos, Costante ten&iacute;a que completarlos a la fuerza, una fuerza que no depend&iacute;a de &eacute;l, como el movimiento reflejo de quien recibe un golpecito de martillo en la rodilla, por un automatismo. Mejor si los versos ten&iacute;an rima. Por ello Ugolino hizo lo que hac&iacute;a por lo general cuando ya no lo soportaba:</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2>Mejor acudir con la cabeza rubia,</h2>
<p><em>que una vez que fr&iacute;a yac&iacute;a sobre la almohada,</em></p>
<p><em>te pein&oacute; con hermosas ondas el cabello...</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Costante no opuso resistencia, dej&oacute; de golpe su razonamiento en el aire y complet&oacute; con los ojos cerrados:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>tu madre... despacio, para no hacerte da&ntilde;o.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ugolino mir&oacute; el reloj: eran las veinte horas. S&iacute;, el t&eacute; estaba &aacute;cido.</p>
<p>A aquellas horas el viento en la ciudad se alegraba &mdash;por lo dem&aacute;s Ugolino lo hab&iacute;a dejado claro en un peque&ntilde;o volumen de cincuenta p&aacute;ginas titulado <em>Vientos y brisas costeras</em>&mdash; y volver a casa andando fue agradable para los dos, cada uno siguiendo su propio camino.</p>
<p>Se despidieron como dos hermanas solteras despu&eacute;s de un desacuerdo.</p>
<p>En casa, el pronosticador se comi&oacute; el estofado preparado por la mujer que ven&iacute;a tres veces a la semana, anot&oacute; reflexiones sobre sus propios comportamientos durante la lluvia, escuch&oacute; un poco de m&uacute;sica inquietante recomendada por su amigo y, no sereno en absoluto, se acost&oacute;. Antes, sin embargo, dobl&oacute; a la perfecci&oacute;n su traje de pata de gallo y sac&oacute; otro m&aacute;s ligero del armario. Para la ma&ntilde;ana siguiente hab&iacute;a previsto una coincidencia de elementos que, en pocas palabras, deb&iacute;an producir un bonito d&iacute;a templado. Con aquella pata de gallo fino sorprender&iacute;a a todo el observatorio.</p>
<p>Durmi&oacute; mal y la noche fue una sucesi&oacute;n de despertares, remordimientos y sue&ntilde;os nubosos.</p>
<p>Ment&iacute;a:</p>
<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; bien me siento esta ma&ntilde;ana! Estoy plet&oacute;rico de salud desde que les cant&eacute; las cuarenta ayer! &iexcl;Me siento fuerte, con la sangre circul&aacute;ndome por todas partes! &iexcl;Abramos las ventanas, doctora Gilda, aire y luz! &iexcl;Ugolino Stramini no tiene nada que esconder! &iexcl;Asnos, que no son m&aacute;s que unos asnos, sin tener ni siquiera las dotes de un buen asno!</p>
<p>Gilda Costabruna, de cuarenta y un a&ntilde;os, la meteor&oacute;loga preferida del profesor Stramini, la heredera de sus conocimientos. A ella tambi&eacute;n le gustaba la pata de gallo gris.</p>
<p>Gilda y sus hermanos hab&iacute;an interrumpido una tradici&oacute;n familiar de fealdad y pod&iacute;a imaginarse uno, bajo el austero traje sastre, sus gracias de mujer. Cuando naci&oacute; estuvo en un tris de ser fea pero, qui&eacute;n sabe c&oacute;mo, se hab&iacute;a constituido en ella un equilibrio de detalles que, sumados, la hac&iacute;an atractiva. La piel c&aacute;ndida, alguna cana que no ocultaba, no usaba maquillaje y tend&iacute;a a mimetizarse. Ugolino, doce a&ntilde;os atr&aacute;s, hab&iacute;a comprendido que ella descend&iacute;a de las once mil v&iacute;rgenes prudentes. Sus relaciones no hab&iacute;an adquirido nunca una forma definida. Cada una de sus frases ten&iacute;a por los menos dos explicaciones, aunque generalmente fueran m&aacute;s. A todos se les escapaba el significado de esos arabescos de sobreentendidos que, en cambio, para Ugolino, eran motivo de atenci&oacute;n, esfuerzo y fatiga aunque, por encima de todo, la prueba de la energ&iacute;a de una relaci&oacute;n que no se conclu&iacute;a nunca y se escabull&iacute;a siempre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&mdash;Profesor, la soledad, cuando se debe a una condici&oacute;n superior, es odiada por todos. Por ello estaban tan contentos esos asnos y rebuznaban con tanta fuerza. Pero tambi&eacute;n la soledad tiene sus excepciones, tiene que hacer excepciones.</p>
<p>&Eacute;l se sobresalt&oacute;: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; diantres quiere decir esa historia de las excepciones a la soledad, por qu&eacute; tendr&iacute;a que hacer excepciones? &iquest;Tengo que dejar de estar solo? &iquest;Eso es lo quiere decirme? &iquest;Y con qui&eacute;n deber&iacute;a pasar el tiempo?&rdquo; e hizo un intento, desesperadamente amable:</p>
<p>&mdash;Desde hoy, ll&aacute;meme Ugolino.</p>
<p>&mdash;Menudo tono... recuerde que la confianza no puede ser impuesta... no puedo llamarle Ugolino solo porque usted me lo ordene. Y adem&aacute;s...</p>
<p>El pronosticador la mir&oacute; fijamente&nbsp; y se sujet&oacute; al escritorio concentrando todas sus fuerzas. Ella agudiz&oacute; su mirada para confirmar su propia templanza.</p>
<p>&mdash;...y adem&aacute;s, &iquest;c&oacute;mo podr&iacute;a llamarle Ugolino habl&aacute;ndole de usted? Eso tendr&iacute;a tres consecuencias: habladur&iacute;as y maledicencia...</p>
<p>&mdash;&iquest;Y la tercera?</p>
<p>&mdash;El rid&iacute;culo.</p>
<p>&Eacute;l se meti&oacute; las manos en los bolsillos y mir&oacute; hacia el suelo:</p>
<p>&mdash;En efecto, podr&iacute;a tener usted raz&oacute;n. Hay una l&oacute;gica, sin embargo, en mi propuesta, un motivo... Y adem&aacute;s, disculpe, Gilda, &iquest;no ser&iacute;a peor si brutalmente...?</p>
<p>&mdash;&iquest;Brutalmente? &ndash;ella se puso r&iacute;gida sujet&aacute;ndose el cuello con una mano y apretando fuerte las rodillas.</p>
<p>&mdash;En realidad, brutalmente es como decir de repente... eso es &iquest;no ser&iacute;a peor si pas&aacute;ramos de golpe al tuteo?</p>
<p>Callaron y se pusieron a mirar el horizonte, rosa a&uacute;n a causa de la aurora. Eran los primeros en llegar al observatorio y los primeros en recoger, con una curiosidad inalterada desde hac&iacute;a a&ntilde;os, los datos recogidos en el curso de la noche. Permanec&iacute;an solos durante una hora. Despu&eacute;s, a las ocho, llegaban los dem&aacute;s, esos a quienes Gilda llamaba los buitres del pron&oacute;stico, a quienes, lo hab&iacute;a jurado, jam&aacute;s les proporcionar&iacute;a alimento.</p>
<p>Aquella ma&ntilde;ana, Ugolino estaba ansioso por llegar al heliofan&oacute;grafo. Lo orient&oacute; a la perfecci&oacute;n, le dio cuerda para que el instrumento siguiera todo el arco del sol durante el d&iacute;a. Pero antes verific&oacute; las quemaduras en el papel del d&iacute;a precedente, que no hab&iacute;a sido muy bueno... la lluvia inclusive... el obispo empapado... despu&eacute;s, a las catorce horas, se despejaba y un precioso sol en el celo limpiado por el viento con unas cuantas nubes esbeltas.</p>
<p>&ldquo;&iexcl;Hoy har&aacute; bueno, har&aacute; sin duda bueno! &iexcl;Ugolino, este es el pron&oacute;stico de tu vida! &iexcl;El pron&oacute;stico de los pron&oacute;sticos! Si los c&aacute;lculos son exactos y la tropopausa no te traiciona... y si tus observaciones de doce a&ntilde;os sobre el car&aacute;cter de Gilda no son erradas &mdash;y no lo son&mdash; &iexcl;t&uacute; ser&aacute;s hoy un adivino feliz! Ella siente predilecci&oacute;n por el noroeste y hoy es noroeste... a las catorce horas, como mucho a las quince... veintiocho grados... los milibares adecuados.&rdquo;</p>
<p>Pensaba pellizc&aacute;ndose la barbilla. La pata de gallo ligera vibraba y resplandec&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>M&aacute;s tarde, a las catorce horas, una vez verificadas las quemaduras del heliofan&oacute;grafo, tras haber regado las plantas de la terraza, llam&oacute; a Gilda por el interfono:</p>
<p>&mdash;Doctora Costabruna, &iquest;podr&iacute;a venir a mi despacho?</p>
<p>Ella lleg&oacute; r&aacute;pidamente y, como de costumbres, dej&oacute; la puerta entreabierta de un palmo y permaneci&oacute; a un metro y medio del escritorio. &Eacute;l lo not&oacute; todo esta vez tambi&eacute;n, pero habl&oacute; intentando dar un &uacute;nico significado a sus palabras:</p>
<p>&mdash;Escuche, Gilda, voy a preguntarle una cosa de forma directa... me he preparado bien para hacerlo... no, no se preocupe, no la pondr&eacute; en una situaci&oacute;n violenta... ser&iacute;a lo &uacute;ltimo que quisiera...</p>
<p>&mdash;D&iacute;game usted, profesor. &mdash;Se hab&iacute;a sentado, un&iacute;a las rodillas con fuerza y se tutelaba contra las situaciones violentas.</p>
<p>&mdash;Aqu&iacute; no, aqu&iacute; no. Es una conversaci&oacute;n breve, no tema, pero no es para mantenerla aqu&iacute; ni tampoco abajo en la cabinilla termom&eacute;trica, y ni siquiera en la terraza del observatorio ni tampoco esta ma&ntilde;ana. Me gustar&iacute;a invitarla... &mdash;y aqu&iacute; la solicitud, que ten&iacute;a clara en el cerebro, se le complic&oacute; enmara&ntilde;&aacute;ndosele en la boca y refunfu&ntilde;&oacute;:&mdash; ...en definitiva, que me gustar&iacute;a invitarle, siempre que, quede claro, no tuviera usted ning&uacute;n compromiso previamente establecido y le apeteciera, durante un tiempo breve... si le gustaran las albondiguillas de pescado... y si no malentendiera el sentido y la finalidad, sobre todo la finalidad, eso es, la finalidad de esta propuesta, no una aut&eacute;ntica invitaci&oacute;n, dese cuenta, sino...</p>
<p>Gilda hizo gala de un sentido pr&aacute;ctico deslumbrante y apretando m&aacute;s a&uacute;n las rodillas, dijo:</p>
<p>&mdash;&iquest;Una invitaci&oacute;n a cenar? &iquest;Albondiguillas de pescado?</p>
<p>&mdash;S&iacute;, de merluza, &mdash;precis&oacute; Ugolino, estrangulado por el ovillo de palabras a&uacute;n detenidas en la garganta.</p>
<p>&mdash;A m&iacute; no me gustan los primeros platos, est&aacute;n hechos para las personas fam&eacute;licas y yo no las tolero.</p>
<p>&mdash;Tengo la impresi&oacute;n de que las albondiguillas son un segundo, doctora.</p>
<p>&mdash;Bien. Es el plato que yo prefiero... est&aacute; en el centro de las comidas, es nutritivo y me satisface. Despu&eacute;s, al final, no me gustar&iacute;a entretenerme con pastelitos, almendritas ni caf&eacute;. &iquest;Me entiende, no?</p>
<p>&mdash;Solo albondiguillas, entonces. Tal vez podamos repetir &mdash;a&ntilde;adi&oacute;, mirando al suelo. Con los ojos clavados en los hermosos tobillos blancos de Gilda, pens&oacute; que aquella mujer era realmente admirable: &ldquo;Este razonamiento sobre los primeros y los segundos... un plato &uacute;nico, pero que le satisface... un plato &uacute;nico. &iquest;Qu&eacute; significar&aacute;?&rdquo;</p>
<p>&mdash;De acuerdo, acepto, profesor Stramini. Tengo que hacer algunas llamadas telef&oacute;nicas.</p>
<p>Se levant&oacute;, le dio la espalda y, casi en el umbral, pronunci&oacute; una frase que &eacute;l no comprendi&oacute;, m&aacute;s oblicua de lo habitual:</p>
<p>&mdash;Resultar&aacute; sorprendente calcular las reacciones, estoy segura.</p>
<p>Ugolino, ante su escritorio del instituto, saboreaba ya, a su manera, la tersa b&oacute;veda celeste y las nubes noctilucientes que hab&iacute;a pronosticado. Para los dem&aacute;s solo era una bonita tarde y se preparaba a convertirse en una noche perfecta.</p>
<p>Gilda se hab&iacute;a marchado a casa anticipadamente para prepararse. Ugolino sent&iacute;a un escalofr&iacute;o que le iba y le ven&iacute;a del coraz&oacute;n a las extremidades y de las extremidades hacia el coraz&oacute;n.&nbsp; Gilda se estaba preparando para &eacute;l.</p>
<p>Sali&oacute; a la terraza, se coloc&oacute; cara al viento, contempl&oacute; el mar tremolante a causa de la luz, cerr&oacute; los ojos y esper&oacute; para percibir el olor de los jazmines, de puntillas para notarlo mejor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A pesar de las apariencias, Ugolino Stramini ten&iacute;a un coraz&oacute;n tropical en cuyo interior las perturbaciones eran exageradas. A simple vista, es cierto, hac&iacute;a pensar en carreteras asfaltadas, comunidades de vecinos o, como mucho, en jardines p&uacute;blicos. Sin embargo, en contraste con la c&aacute;scara que le hab&iacute;a sido asignada y con la ropa que escog&iacute;a, &eacute;l se sent&iacute;a del cielo y, cuando viajaba en avi&oacute;n, hubiera querido saltar afuera, correr por el aire y dejarse caer como una hoja en las aguas de un atol&oacute;n y quedarse all&iacute; con papel y l&aacute;piz para prever el tiempo ex&oacute;tico durante toda su vida hasta el cicl&oacute;n blanco definitivo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquella ma&ntilde;ana en la que hab&iacute;a invitado a Gilda, en&eacute;rgico a causa de una alta presi&oacute;n imprevista &mdash;aunque no para &eacute;l&mdash;, hab&iacute;a sudado emocion&aacute;ndose al hablar con ella de forma tan expl&iacute;cita; sin embargo, el viento seco del norte le hab&iacute;a enjugado enseguida la piel y no har&iacute;a, pens&oacute;, &ldquo;el papel del hombre arrollado por el sistema neurovegetativo.&rdquo; Hasta eso hab&iacute;a previsto. Incluso la pata de gallo hab&iacute;a resultado una elecci&oacute;n feliz y adem&aacute;s era una pata de gallo que lo iluminaba un poquito.</p>
<p>&ldquo;Lo que a ella no le va es la prepotencia de los varones... aunque no es desde luego mi caso.&rdquo; E hizo un memorando de sus propias virtudes: ni prepotente, ni posesivo, ni celoso, ni mezquino, ni arribista, ni incapaz de escuchar, ni en busca de otras mujeres. &iexcl;Solo la quer&iacute;a a ella, con ese porte de cisne sobre el agua, con esas rodillas, sus manos blancas de novicia, sus labios sin pintar!</p>
<p>Dejo de oler los jazmines, volvi&oacute; a poner los talones en el suelo y mirando el mar verde se entristeci&oacute; de repente. Esas eran cosas que nunca le hab&iacute;a dicho... &iexcl;Y llevaba enamorado de ella nada menos que doce a&ntilde;os!</p>
<p>Despu&eacute;s, ansioso:</p>
<p>&mdash;&iquest;Y si en cambio descubriera que todas esas elucubraciones nuestras, a fuerza de reenv&iacute;os y reenv&iacute;os, nos han salvado del hast&iacute;o y del odio que un amor de doce a&ntilde;os siembra? En definitiva, &iquest;cu&aacute;nto hubiera durado un amor como el nuestro? &iexcl;Anda que no he o&iacute;do cosas sobre el amor!</p>
<p>Esa era, extra&ntilde;amente, una cuesti&oacute;n que nunca se hab&iacute;a planteado. Extra&ntilde;o realmente, porque la duraci&oacute;n del amor, cuando uno se dispone a declararlo, es algo que hombres y mujeres por lo general procuran prever, y mucho m&aacute;s en su caso, puesto que el pron&oacute;stico, para &eacute;l, lo era todo. Y sin embargo, nunca se lo hab&iacute;a planteado, absorto como estaba en hacer preguntas y proporcionar respuestas a Gilda que tuvieran el mayor n&uacute;mero de significados posibles.</p>
<p>Llevaba horas interrog&aacute;ndose sobre estas cosas, imagin&aacute;ndosela atareada, los cosm&eacute;ticos femeninos, por su casa en camis&oacute;n &mdash;un d&iacute;a le hab&iacute;a entrevisto el jaret&oacute;n&mdash; cuando son&oacute; el tel&eacute;fono:</p>
<p>&mdash;&iquest;El profesor Stramini, Ugo Stramini? Le paso con el comisario Ferfuzio.</p>
<p>&ldquo;Dios m&iacute;o&rdquo; pens&oacute; sudando por segunda vez en el d&iacute;a: &ldquo;El obispo empapado, &iexcl;he aqu&iacute; las consecuencias, aqu&iacute; est&aacute;n! &iexcl;Pero no permitir&eacute; que me estropeen este d&iacute;a!</p>
<p>La voz del polic&iacute;a parec&iacute;a estar grabada en una cinta:</p>
<p>&mdash;Profesor, tengo que comunicarle una noticia y s&eacute; que no existe una manera justa para hacerlo, porque la noticia es injusta.</p>
<p>A Ugolino aquella le pareci&oacute; la manera de hablar de Costante y no de un polic&iacute;a:</p>
<p>&mdash;Gilda Costabruna ha sido hallada cad&aacute;ver. Nos ha avisado una vecina recelosa. Es necesario que hablemos. Parece ser que ha sido usted la &uacute;ltima persona en ver con vida a la se&ntilde;orita Costabruna.</p>
<p>Ugolino lo entendi&oacute; enseguida y no pidi&oacute; que se lo repitiera, Contest&oacute; con un s&iacute; y a&ntilde;adi&oacute; sin saber por qu&eacute;:</p>
<p>&mdash;Disc&uacute;lpeme, disc&uacute;lpeme, tengo que preguntarle si est&aacute; fr&iacute;a. &iquest;Gilda est&aacute; ya fr&iacute;a?</p>
<p>Ferfuzio, en voz baja como un fiel en la iglesia, contest&oacute;:</p>
<p>&mdash;Lleva fr&iacute;a algunas horas.</p>
<p>Una vez colgado el auricular, se pregunt&oacute; por qu&eacute; no lloraba.</p>
<p>No sab&iacute;a, a causa de su escasa pr&aacute;ctica con la muerte, que el conocimiento y la percepci&oacute;n no son una misma cosa y que ambos procesos tienen tiempos diferentes. Hab&iacute;a entendido, eso s&iacute;, que Gilda hab&iacute;a muerto, pero no hab&iacute;a realizado a&uacute;n esa serie de conexiones que permiten comprender un acontecimiento hasta sus &uacute;ltimas consecuencias. Pens&oacute; en sus propios padres, vivos en el valle Piperina, entre las adelfas. Elabor&oacute; de inmediato en su cabeza una lista de sus consuelos: as&iacute; el cuerpo y la mente se preparaban para el dolor.</p>
<p>Vertiginoso y sin peso recorri&oacute; el pasadizo que llevaba al despacho de Gilda.</p>
<p>Aleardo Tiragallo, uno de las tres batas blancas que la ma&ntilde;ana anterior lo hab&iacute;an sometido a asedio a causa del obispo empapado, vio a Ugolino entrar en el despacho de la doctora Costabruna. Cerr&oacute; la puerta a sus espaldas y, respirando como un hombre tras una carrera, se sent&oacute; ante el escritorio ordenado de ella.</p>
<p>En el bloque amarillo de las notas observ&oacute;: Doctor Tartamella, 17 horas.</p>
<p>Cuando el comisario Ferfuzio entr&oacute;, Ugolino hab&iacute;a recuperado la compostura.</p>
<p>Fue un ni&ntilde;o asim&eacute;trico el comisario Manlio Ferfuzio. Seg&uacute;n iba creciendo, las asimetr&iacute;as se hab&iacute;an ido acentuando y con la madurez se hab&iacute;an vuelto casi insoportables. Pero el investigador se hab&iacute;a acostumbrado al estupor que suscitaban sus formas y as&iacute;, tras sufrir hasta las l&aacute;grimas en su adolescencia y padecer cada vez menos despu&eacute;s, hab&iacute;a llegado a aceptar toda clase de manifestaciones ante su rostro descompuesto, reserv&aacute;ndose el llegar hasta su interlocutor siguiendo la v&iacute;a de las palabras, que escog&iacute;a con puntillo.</p>
<p>Tampoco Ugolino pudo evitar un estremecimiento de asombro ante aquellos rasgos en desorden que se movieron para decirle:</p>
<p>&mdash;Profesor Stramini, he sabido que la doctora Costabruna era persona muy querida por usted, a la que ten&iacute;a en muy alto concepto y que sentir&aacute; su a&ntilde;oranza. En cuanto a su actual flema, que sin duda no consigue explicarse, no se preocupe: es una reacci&oacute;n que la naturaleza nos concede ante el dolor, no dejando que lo sintamos todo de un golpe, es normal, en definitiva.</p>
<p>Extra&ntilde;as aquellas expresiones en boca de un polic&iacute;a y m&aacute;s extra&ntilde;as a&uacute;n en una boca tan desarreglada. Al meteor&oacute;logo le parecieron realmente extra&ntilde;as y agudiz&oacute; su mirada:</p>
<p>&mdash;Querida es la palabra, exactamente esa, me era querida... y si le da usted a esa palabra otro significado, entonces se equivocar&aacute;. Me era querida. No cavile en exceso sobre esa expresi&oacute;n.</p>
<p>El rostro cubista de Ferfuzio descompuso a&uacute;n m&aacute;s sus propios sentimientos. En un punto pod&iacute;a leerse la compasi&oacute;n, en otro la duda y en otro, la turbaci&oacute;n:</p>
<p>&mdash;Vamos, profesor, vamos, no sea tan espinoso... yo tengo que saber... saber es mi profesi&oacute;n y mi vocaci&oacute;n tambi&eacute;n. Usted pronostica cosas no acaecidas, yo tengo que saber lo que ha ocurrido, siguiendo una l&oacute;gica que es la com&uacute;n de la gente honrada.</p>
<p>Ugolino sinti&oacute; un aleteo de alas en el pecho y una punzada en los ojos. Le pareci&oacute; un presentimiento, pero un presentimiento tard&iacute;o y que presentimiento, por lo tanto, no se pod&iacute;a llamar.</p>
<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; es lo que debe usted entender, comisario?</p>
<p>La cara de Ferfuzio se convirti&oacute; en un amasijo de escombros:</p>
<p>&mdash;Gilda Costabruna ha muerto en su ba&ntilde;era.</p>
<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo?</p>
<p>&mdash;Un ataque, tal vez. Pero una vecina oy&oacute; un grito, mejor dicho, una exclamaci&oacute;n: un largo &iexcl;Noooo! La ventana del ba&ntilde;o estaba abierta.</p>
<p>El pronosticador segu&iacute;a manteniendo el control sobre s&iacute; mismo y no se lo explicaba. &iquest;Por qu&eacute; no se retorc&iacute;a? &iquest;Por qu&eacute; no aullaba ante la idea de aquel ba&ntilde;o que ella se estaba dando para &eacute;l? Tal vez s&iacute;... era la anestesia concedida en el caso de un dolor excesivamente grande, y la propuesta del comisario no le pareci&oacute; absurda: el polic&iacute;a le invit&oacute; a cenar.</p>
<p>Junto a las palabras, el de la comida era uno de los pocos caminos que Ferfuzio ten&iacute;a a su disposici&oacute;n para llegar al coraz&oacute;n de alguien.</p>
<p>Una hora m&aacute;s tarde estaban quit&aacute;ndole la piel a una lubina, uno frente al otro, en una mesa del restaurante La Espina, donde el comisario era conocido y no suscitaba curiosidad entre los camareros.</p>
<p>&mdash;&iquest;Sabe, profesor, c&oacute;mo se distingue una langosta hembra de una langosta macho?</p>
<p>Ugolino estaba distra&iacute;do y contest&oacute; tal y como hac&iacute;a a ciertas preguntas de Costante:</p>
<p>&mdash;Depende. Si est&aacute; entera lo creo posible, pero a pedazos, sobre una fuente, cocida y ali&ntilde;ada, lo considero arduo. Solo un fanfarr&oacute;n podr&iacute;a alardear de conseguirlo. La &uacute;nica forma ser&iacute;a la de someter la langosta a examen antes de que acabe entre las manos de cocinero. Yo ya tengo dificultades para distinguir el sexo en el caso de algunos seres humanos, imag&iacute;nese con langostas, erizos y caballitos de mar... por m&iacute;, podr&iacute;an ser todos hermafroditas.</p>
<p>&mdash;Pues hay una manera: basta con conocerlas un poco.</p>
<p>Stramini no quiso replicar. Era evidente que aquella historia de la langosta ten&iacute;a alguna finalidad y que Ferfuzio era un polic&iacute;a barroco.</p>
<p>&mdash;Ver&aacute;, profesor, trabaj&eacute; como guardi&aacute;n de faro cinco a&ntilde;os, durante la universidad. En el faro estaba solo, ten&iacute;a tiempo para estudiar y pescar. Con las nasas cog&iacute;a langostas. Animales adormecidos, se dir&iacute;a, de inteligencia inferior a langostinos y bogavantes que parecen mucho m&aacute;s vivaces. Pero no es m&aacute;s que apariencia, cr&eacute;ame: langostinos y bogavantes son superficiales y vanidosos.</p>
<p>Ugolino, callado, segu&iacute;a sin explicarse por qu&eacute; no sufr&iacute;a por Gilda y separando la carne de las espinas, mientras Ferfuzio prosegu&iacute;a:</p>
<p>&mdash;En definitiva, que, a fuerza de insistir, acab&eacute; por descubrir que las hembras de la langosta, de apariencia so&ntilde;olienta, so&ntilde;olientas no eran. Eran las m&aacute;s r&aacute;pidas en conseguir alimento, eran ingeniosas para proteger a su prole y en el amor llegaban a ser sublimes. Atentas a los detalles, delicadas, sensuales y, lo que m&aacute;s me llam&oacute; la atenci&oacute;n, discretas, excepcionalmente discretas, sin sombra siquiera de esa impudicia que tienen los animales, &iquest;me sigue?</p>
<p>El profesor Stramini not&oacute; en el bolsillo de la camisa la hojita que hab&iacute;a cogido de la mesa de Gilda y se la tendi&oacute; al comisario. Este la ley&oacute;:</p>
<p>&mdash;&iquest;Es la escritura de la doctora?</p>
<p>&mdash;Yo dir&iacute;a que s&iacute;.</p>
<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n es ese Tartamella?</p>
<p>&mdash;No lo s&eacute;.</p>
<p>&mdash;Est&aacute; escrito diecisiete horas. Son las ocho. Una cita a la que no ha acudido...</p>
<p>Ugolino manten&iacute;a la cabeza inclinada y la sent&iacute;a arder:</p>
<p>&mdash;Antes de salir de mi despacho habl&oacute; de unas llamadas que ten&iacute;a que hacer... citas que anular, es lo m&aacute;s probable... &iacute;bamos a vernos... se lo hab&iacute;a pedido despu&eacute;s de doce a&ntilde;os de indecisiones y ahora usted me dice, con un humorismo solo Dios sabe cu&aacute;n fuera de lugar, que la doctora era como una langosta... &iquest;es eso lo quer&iacute;a decir, verdad?</p>
<p>Aquel fue el primer momento en el que sinti&oacute; la ausencia de Gilda y la garra peluda del dolor lo golpe&oacute;, atenaz&aacute;ndole el est&oacute;mago con tal violencia que tuvo que levantarse de repente y correr hacia los servicios. La muerte no es amiga de alimentos.</p>
<p>Ferfuzio, en una parte de la cara, estaba consternado. Pero sab&iacute;a que las cosas funcionaban as&iacute;, gradualmente. Llam&oacute; al camarero, pag&oacute; y aguard&oacute; el regreso de Ugolino</p>
<p>Sin embargo, de los servicios no sal&iacute;a nadie. El comisario se acerc&oacute; a la puerta y oy&oacute; sollozos infantiles y algunas arcadas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Este texto corresponde al primer cap&iacute;tulo del libro <em>La loca bestialidad</em>, de Giorgio Todde que, traducido por Carlos Gumpert, fue publicado por la editorial Siruela)</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 05 Feb 2014 07:24:45 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carso]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/carso/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/C_SAR_ANTONIO_MOLINA.jpg" alt="" width="268" height="200" /><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para Claudio Magris</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>escombros de todas las ciudades desenterradas</p>
<p>escombros de todas las civilizaciones derrumbadas</p>
<p>huesos de las caderas abatidas en todas las edades</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>bora fr&iacute;o</p>
<p>c&aacute;lido y des&eacute;rtico siroco</p>
<p>levantando polvo del polvo</p>
<p>de aquello otrora</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>tan bello</p>
<p>tan fresco</p>
<p>tan adecuado</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>para perdurar</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>polvo del polvo</p>
<p>mojado</p>
<p>por l&aacute;grimas</p>
<p>secretas</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; l&aacute;grimas</p>
<p>de sal</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>clav&iacute;culas</p>
<p>cr&aacute;neos</p>
<p>costillas</p>
<p>r&oacute;tulas</p>
<p>columnas</p>
<p>capiteles de todos los &oacute;rdenes</p>
<p>altos hornos como castillos asaltados</p>
<p>almacenes de nudos marinos</p>
<p>desanudados</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>ca</em>ro</p>
<p><em>da</em>ta</p>
<p><em>ver</em>mibus</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;levant&eacute; las piedras</p>
<p>y no estabas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;cort&eacute; en dos los troncos</p>
<p>y no estabas!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>dios est&aacute; all&iacute; donde s&oacute;lo se le permite</p>
<p>entrar a los gusanos</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>polvo del polvo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>arrojado aqu&iacute; hasta la resurrecci&oacute;n</p>
<p>del verme</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>polvo del polvo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>niebla donde yo mismo me pierdo</p>
<p>ascuas bajo enga&ntilde;osas cenizas</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>avivan el deseo de no desear m&aacute;s</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>bora fr&iacute;o</p>
<p>c&aacute;lido y des&eacute;rtico siroco</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>cuando t&aacute;natos deja al descubierto</p>
<p>la cruel desnudez de eros</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>la lava cayendo al molde del basalto</p>
<p>la lava cayendo en los sarc&oacute;fagos &uacute;tiles tantas veces</p>
<p>la lava cayendo al molde del vac&iacute;o</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>frisos y relieves borrados</p>
<p>&aacute;rboles son&aacute;mbulos</p>
<p>y los campos de la melancol&iacute;a en flor</p>
<p>a la vista de los cuatro puntos cardinales</p>
<p>cuando el bora fr&iacute;o</p>
<p>cuando el c&aacute;lido y des&eacute;rtico siroco</p>
<p>tocan a queda el bronce de silencio de la roca</p>
<p>del hormig&oacute;n del cemento de las jambas temblorosas de acero</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>en el t&iacute;mpano todos los sonidos se hacen un lecho</p>
<p>donde ya no hay casa</p>
<p>ni aposento ni cofre bajo llave</p>
<p>y todos fuera golpean por abrigo</p>
<p>en medio de este descampado de guijarros</p>
<p>de pensamientos consumidos por la duda</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>en el atrio de&nbsp; la iglesia de Monrupio</p>
<p>jugamos una noche a los dados con nuestros huesos</p>
<p>mientras todo volv&iacute;a a ser ruina</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>hab&iacute;a pasado un d&iacute;a</p>
<p>pero a&uacute;n faltaba toda la eternidad.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 04 Feb 2014 07:08:40 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Plaza del frío]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/plaza-del-frio/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/ALEJANDRO_L_PEZ_ANDRADA.jpg" alt="" width="363" height="205" /></p>
<p>Antes llov&iacute;a. Hace mucho tiempo,</p>
<p>dorm&iacute;a el agua en los muros:</p>
<p>aquel silencio</p>
<p>de musgo sucio</p>
<p>puedo sentirlo a&uacute;n</p>
<p>en los canastos llenos de grosellas.</p>
<p>Ahora no llueve</p>
<p>y, cerca de la luz,</p>
<p>hay una paz muy fr&iacute;a que humedece</p>
<p>el interior del mundo:</p>
<p>aquel tejado, los ventanales grises,</p>
<p>la ladera</p>
<p>que huye despacio herida ante mis ojos</p>
<p>igual que una orop&eacute;ndola asustada.</p>
<p>Cruzan sombreros y hongos el aire h&uacute;medo,</p>
<p>pero no llueve. Todo huele a ausencia.</p>
<p>Dobladas por la bruma,</p>
<p>en la alta torre,</p>
<p>vigilan moribundas las cigue&ntilde;as.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 03 Feb 2014 07:15:46 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Retrato de los Meidosems]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/retrato-de-los-meidosems/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/HENRI_MICHAUX.jpg" alt="" width="267" height="238" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;Mi primer contacto con los <em>Meidosems</em> tuvo lugar hace bastantes a&ntilde;os, concretamente a mediados de diciembre de 1995, en el sur de la India. Me encontr&eacute; con ellos en una librer&iacute;a de Pondicherry. Result&oacute; curioso pagar en rupias por el libro, y me era grato pensar que, al atravesar aquella vez el territorio indio con una obra de Michaux bajo el brazo, a&ntilde;ad&iacute;a otra de las ya numerosas coincidencias biogr&aacute;ficas por las que me sent&iacute;a unida a aquel b&aacute;rbaro de Occidente.</p>
<p>Los meidosems en seguida me fascinaron y, en el camino de vuelta a Benar&eacute;s, emprend&iacute; una primera traducci&oacute;n de algunos fragmentos. Cuando decid&iacute;, recientemente, traducir la obra toda entera, volv&iacute; a plantearme las preguntas a las que me pareci&oacute; no haber dado respuesta satisfactoria en aqu&eacute;l momento. &iquest;Qu&eacute; eran, realmente, aquellos extra&ntilde;os seres? Torpes a veces, imposibles, aborrecibles incluso, aunque casi siempre entra&ntilde;ables, tambi&eacute;n eran seres extremadamente dolientes. Filamentosos, perdidos, agitados, enloquecidos, vaciados, extremos, recordaban las figuras de Giacometti o el hombre-hilo de Ponge y si bien nunca me hab&iacute;an parecido el producto de una imaginaci&oacute;n descontrolada, no acertaba, sin embargo a situarlos adecuadamente en el territorio de lo imaginario. &iquest;Eran realmente imaginarios los seres imaginarios de Henri Michaux?&nbsp;</p>
<p>&nbsp; A Michaux siempre le hab&iacute;a gustado inventarse personajes y pueblos. Eran, seg&uacute;n &eacute;l mismo explicar&iacute;a m&aacute;s tarde, especies de almohadillas interpuestas entre &eacute;l y una realidad que le parec&iacute;a insufrible en cualquier lugar del mundo. Inventar personajes era una manera de elaborar distancias. No hubo territorio al que viajara que no viese aparecer alg&uacute;n personaje. A Plume (1930), lo invent&oacute; en Turqu&iacute;a, a los habitantes de la Gran Caraba&ntilde;a (1936), en Portugal y otros lugares de Europa, a los habitantes del <em>Pa&iacute;s de la Magia</em> (1940), en Brasil. El caso de <em>Ici Poddema</em> (1945), escrito durante la segunda guerra mundial, fue un poco distinto, pues el <em>ailleurs</em>, el otro lugar, era la Europa ocupada. Michaux transformaba la realidad para poderla soportar, la exterior y tambi&eacute;n la otra, aquel &ldquo;lejano interior&rdquo; al que despu&eacute;s viajar&iacute;a y del que dar&iacute;a cuenta en sus trabajos con la droga. En todos estos casos, Michaux se hab&iacute;a comportado como un etn&oacute;logo. Sus retratos eran &ldquo;etnograf&iacute;as imaginarias&rdquo;, como los denomin&oacute; Jean-Pierre Martin en su biograf&iacute;a. Pero yo me resist&iacute;a a considerar a los meidosems en un plano de igualdad con los dem&aacute;s seres imaginarios. Hab&iacute;a algo que les hac&iacute;a ser diferentes. Contrariamente a los que poblaban los libros anteriores, &eacute;stos no parec&iacute;an tanto ser el resultado de an&aacute;foras o cualquier otro procedimiento transformativo de la realidad como la expresi&oacute;n de la realidad contemplada con otros ojos. Aquellos breves fragmentos me propon&iacute;an la visi&oacute;n de un mundo que, siendo extra&ntilde;o, no dejaba de ser el nuestro. &iquest;Era &eacute;sta, ya, la descripci&oacute;n de alg&uacute;n &ldquo;lejano interior&rdquo;? No me cab&iacute;a duda de que <em>Retrato de los meidosems</em> era un texto bisagra, una pieza a medio camino entre los viajes exteriores y los interiores. Pero, &iquest;a qu&eacute; territorio se estaba refiriendo, y a qu&eacute; <em>pasaje</em>? &iquest;D&oacute;nde, pues, en qu&eacute; viaje hab&iacute;an nacido los meidosems?&nbsp;</p>
<p>Pronto me di cuenta de que la pregunta era acertada, pero no los t&eacute;rminos en los que la hab&iacute;a formulado. No se trataba de d&oacute;nde, sino de en qu&eacute; circunstancias. Hab&iacute;a habido viaje, s&iacute;, por supuesto, pero era el primer gran viaje para el cual Michaux no hab&iacute;a tenido que moverse. Hab&iacute;a traspasado fronteras, pero los territorios, oscuros, dolientes, eran interiores.&nbsp;</p>
<p>La primera edici&oacute;n de los <em>Meidosems</em>, en efecto, data del a&ntilde;o 1948. A principios de aquel a&ntilde;o, la esposa de Michaux, Marie-Louise, ardi&oacute; en llamas al encender un fuego en el apartamento de la rue S&eacute;guier, en Paris. Muri&oacute; despu&eacute;s de pasar un mes de dolores infernales. Michaux la acompa&ntilde;aba, de d&iacute;a, en el hospital. Por la noche caminaba de vuelta a casa, la cabeza llena de im&aacute;genes, y se pon&iacute;a a pintar. L&iacute;neas, manchas, trayectorias de las que surg&iacute;an cabezas, cuerpos dolientes, filamentosos, fluidos, enmara&ntilde;ados, confusos, retorcidos&hellip;&nbsp; meidosems.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Con estos datos, mi lectura, como se comprender&aacute;, fue muy distinta. Coincid&iacute; con Raymond Bellour en que aquel texto, a&uacute;n siendo el &uacute;ltimo de sus &ldquo;retratos&rdquo; tribales era,&nbsp; &ldquo;un viaje sin viajero, un espacio transfigurado por el dolor&rdquo;. El universo de referencia, evidentemente, era nuestro mundo, y en especial, un fragmento del mismo, el del hospital, ese &ldquo;pol&iacute;gono alambrado del Presente sin salida&rdquo; donde los seres aparecen despojados de apariencia, reducidos a fluidos, a conexiones nerviosas, a filamentos. Los <em>Meidosems</em> somos nosotros, contemplados debajo de la piel, reducidos a estados, a nudos, a elasticidad, con impulsos que son trayectorias y estados que son n&uacute;cleos. Meidosems es un retrato, s&iacute;, el nuestro.- CHANTAL MAILLARD.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <strong></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>(Fragmentos)</strong></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;<strong></strong></p>
<p>La extrema elasticidad de los meidosems: he aqu&iacute; la fuente de su gozo. De sus desdichas, tambi&eacute;n.</p>
<p>Unas balas ca&iacute;das de un carro, un alambre que se balancea, una esponja que embebe, ya casi empapada, la otra vac&iacute;a y seca, un vaho sobre un espejo, una huella fosforescente, miren con atenci&oacute;n, miren. Puede que sea un meidosem. Puede que todos sean meidosems&hellip; sobrecogidos, aguijoneados, henchidos, endurecidos por sentimientos varios&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">*</p>
<p>&nbsp;<strong>&nbsp;</strong></p>
<p>En el hielo, las cuerdas de sus nervios est&aacute;n en el hielo.</p>
<p>Su excursi&oacute;n, all&iacute;, es breve, atormentada por punzadas, por filamentos de acero en el camino de vuelta hacia el fr&iacute;o de la Nada.</p>
<p>La cabeza revienta, los huesos se pudren. En cuanto a las carnes, &iquest;qui&eacute;n piensa a&uacute;n en las carnes? &iquest;Qui&eacute;n se las espera?</p>
<p>No obstante, vive.</p>
<p>El reloj avanza, la hora se detiene. El n&uacute;cleo del drama, ah&iacute; est&aacute;.</p>
<p>Sin necesidad de ir a buscarlo, ah&iacute; est&aacute;.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>El m&aacute;rmol suda, la tarde se oscurece.</p>
<p>No obstante, vive&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">*</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;Oh, no juega para re&iacute;r. Juega para aguantar, para aguantarse.</p>
<p>Luna que se recuelga, que se descuelga.</p>
<p>Se juega una canica contra un buey y pierde un camello.</p>
<p>&iquest;Error? Oh, no, en el c&iacute;rculo fatal nunca hay errores.</p>
<p>No hay risas. Sin lugar para la risa. Movilizada toda entera para sufrir, para aguantar.</p>
<p>La tina de l&aacute;grimas est&aacute; llena hasta los topes.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">*</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;Se han puesto guantes para el encuentro.</p>
<p>Dentro del guante, hay una mano, un hueso, una espada, un hermano, una hermana, una luz, depende de los meidosems, de los d&iacute;as, del azar.</p>
<p>Dentro de la boca hay una lengua, un apetito, palabras, una ternura, el agua en el pozo, el pozo en la Tierra. Depende de los meidosems, de los d&iacute;as, del azar.&nbsp;</p>
<p>En la catedral de la boca de los meidosems tambi&eacute;n izan pabellones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">*</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Flujos de afectos, de infecci&oacute;n, flujos de sufrimiento residual, caramelo amargo de anta&ntilde;o, estalagmitas formadas lentamente, con esos flujos camina, con ellos aprehende, miembros esponjosos nacidos del cr&aacute;neo, atravesados por miles de peque&ntilde;os flujos transversales que llegan hasta el suelo, extravasados, como de sangre que reventase las arteriolas, pero no es sangre, es la sangre de los recuerdos, del alma traspasada, la fr&aacute;gil c&aacute;mara central, luchando en la estopa, es el agua enrojecida de la vena memoria fluyendo sin prop&oacute;sito, pero no sin causa en sus tripas peque&ntilde;as que hacen aguas por doquier; &iacute;nfima y m&uacute;ltiple descomposici&oacute;n.</p>
<p>Un meidosem estalla. Mil venillas de su fe estallan en &eacute;l. Vuelve a caer, se derrama y se extravasa en nuevas penumbras, en nuevos estanques.</p>
<p>Qu&eacute; dif&iacute;cil es caminar as&iacute;&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">*</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;<strong>&nbsp;</strong>&nbsp; &iquest;A qu&eacute; paisaje meidosem podr&iacute;a faltarle las escaleras? Por todas partes, hasta el horizonte, escaleras, escaleras&hellip; y por todas partes, cabezas de meidosems encaramados a ellas.</p>
<p>Satisfechas, molestas, ardientes, inquietas, &aacute;vidas, valientes, serias, descontentas.</p>
<p>Los meidosems de abajo que circulan entre las escaleras trabajan, mantienen una familia, pagan, pagan a acreedores de toda clase que llegan sin cesar. De ellos se dice que no padecen la llamada de la escalera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Fragmentos del libro <em>Retrato de los meidosems</em>, de Henri Michaux. Traducido y seleccionado por Chantal Maillard, ser&aacute; pr&oacute;ximamente publicado por la editorial Pre-Textos)</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 31 Jan 2014 07:34:10 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carta a Antonio Martínez Sarrión (en 1980)]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/carta-a-antonio-martinez-sarrion-en-1980/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/F_LIX_GRANDE.jpg" alt="" width="278" height="202" /></p>
<p>Querido Antonio: ahora,</p>
<p>de madrugada, necesito decirte que he mirado</p>
<p>con pena fraternal tu rostro, all&iacute;, aqu&iacute;, sonando</p>
<p>qu&eacute; silenciosamente en <em>Los Cuadernos de M&uacute;sica</em></p>
<p>y he visto c&oacute;mo llorabas por los ojos:</p>
<p>dulcemente y contagiosamente&hellip;</p>
<p>&iexcl;Ah! &iquest;Resulta entonces que &eacute;ramos &iexcl;entonces!</p>
<p>absolutamente felices</p>
<p>rob&aacute;ndome t&uacute; a m&iacute; prestado para siempre un Lester Young</p>
<p>y yo prest&aacute;ndote esa joya,</p>
<p>sabiendo que ya era tuya sin apelaci&oacute;n para toda la vida,</p>
<p>y Paca iluminando el cuartito de casa</p>
<p>con su sonrisa a la vez laboriosa y fulminante,</p>
<p>y Josemari Guelbenzu afelp&aacute;ndonos con su austera pasi&oacute;n</p>
<p>como si nos alojase con cortes&iacute;a palaciega</p>
<p>en uno de sus invisibles paraguas brit&aacute;nicos?</p>
<p>&iquest;Resulta, Antonio, jud&iacute;o llor&oacute;n, que &eacute;ramos felices</p>
<p>y no tuvimos el arrojo de aceptarlo con humildad</p>
<p>como corresponde entre damas y caballeros?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yace la vida envuelta en alto olvido, leche!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Y ahora, Antonio, hermano l&aacute;grima de m&uacute;sica?</p>
<p>&iquest;Y si al creernos desdichados o adultos (&iexcl;Santodi&oacute;s!)</p>
<p>estuvi&eacute;ramos equivoc&aacute;ndonos como grandes autofarsantes</p>
<p>y ma&ntilde;ana, as&iacute; que pasen quince a&ntilde;os,</p>
<p>resulta que caemos en la cuenta</p>
<p>de que somos felices esta noche enigm&aacute;tica</p>
<p>mientras lloras por los dos ojos</p>
<p>hasta empapar <em>Los Cuadernos de M&uacute;sica</em></p>
<p>y yo me acongojo, como Vallejo se encebolla?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;No ser&aacute; que casi siempre somos felices</p>
<p>y,&nbsp; par darnos cuenta, tan s&oacute;lo nos hace falta</p>
<p>un poco de distancia, o sea, juntar las ovejas,</p>
<p>orde&ntilde;ar la memoria, y bebernos la leche reci&eacute;n calentita,</p>
<p>y limpiarnos la espuma en los morros</p>
<p>como dizque con el dorso de la mano se retira una l&aacute;grima?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;Y yo qu&eacute; s&eacute;!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo que s&iacute; entiendo, ahora, a las cuatro,</p>
<p>en esta madrugada gentil que camina con los piececitos desnudos,</p>
<p>y a la cabecera de mi radiocasette,</p>
<p>es que he escuchado mi <em>The Koln Concert</em> de Keith Jarrett,</p>
<p>y luego, varias veces, <em>Don&rsquo;t cry Rochelle</em></p>
<p>labiado por Gato Barbieri, y que te brindo esta hora,</p>
<p>por aquellos tiempos, y por cuanto, fugitivo,</p>
<p>permanece y dura, y por la soledad, la lluvia,</p>
<p>los caminos por donde nos perdimos y por donde,</p>
<p>f&iacute;jate vos, nos encontramos esta madrugada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A la que beso ambas mejillas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 31 Jan 2014 07:29:11 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La soledad]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-soledad/</link>
      <description><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/FERNANDO_ORTIZ.jpg" alt="" width="262" height="156" /></p>
<p style="text-align: left;" align="right">A Francisco Lira</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p>La soledad, la l&aacute;mpara, la mesa,</p>
<p>aqu&iacute; el recado de escribir dispuesto.</p>
<p>&iquest;Es eso compa&ntilde;&iacute;a?</p>
<p>Quiz&aacute; la soluci&oacute;n sea el amor.</p>
<p>&iquest;Y como se ama?</p>
<p>&iquest;Lo supe alguna vez y lo olvid&eacute;?</p>
<p>Quiz&aacute; nunca lo supe y ahora me doy cuenta.</p>
<p>Escrib&iacute; libros de poes&iacute;a.</p>
<p>Quise decir palabras bellas y a la vez verdaderas.</p>
<p>Pues el tiempo se acorta,</p>
<p>&iquest;irreal fue mi vida, humo dormido, niebla?</p>
<p>Amargo es despertar, malgastado el pasado</p>
<p>si quedan menos horas</p>
<p>y en &eacute;stas s&oacute;lo ves vac&iacute;o.</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; te dicen los a&ntilde;os?:</p>
<p>Ara&ntilde;a con tu pluma tu presente</p>
<p>y pon verdad</p>
<p>para que as&iacute; ilumine tu pasado el futuro.</p>
<p>&iquest;D&oacute;nde la compa&ntilde;&iacute;a?</p>
<p>La soledad, la l&aacute;mpara, la mesa</p>
<p>he aqu&iacute; el recado de escribir dispuesto.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 31 Jan 2014 07:24:27 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Algunos amigos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/algunos-amigos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/ISMAEL_GRASA.jpg" alt="" width="329" height="201" /></p>
<p><strong>1. Subasta</strong></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>Manuel y yo ayud&aacute;bamos a llevar cuadros en una subasta de arte. Hab&iacute;an venido a Huesca unos marchantes con un cami&oacute;n lleno de cuadros, un cami&oacute;n con matr&iacute;cula de Pamplona. Durante unos d&iacute;as hab&iacute;an tenido los lienzos expuestos en un sal&oacute;n del hotel Pedro I; un cartel anunciaba la subasta ah&iacute; mismo para el viernes. El hombre que parec&iacute;a llevar la voz de mando nos detuvo a Manuel y a m&iacute; en una acera del hotel, nos llam&oacute; &ldquo;chavales&rdquo;. Nos propuso entonces que hici&eacute;semos para &eacute;l de mozos de subasta. Cuando lleg&oacute; el viernes nos hizo vestir unos jers&eacute;is blancos de cuello alto y nos dio las instrucciones de c&oacute;mo deb&iacute;amos sostener delante del p&uacute;blico las obras de arte. El efecto de los ayudantes uniformados, cierta ceremoniosidad, trataban de dar lugar a una sugesti&oacute;n entre el p&uacute;blico, de envolver de prestigio aquellos cuadros. El acompa&ntilde;ante joven del hombre que llevaba la voz de mando se descalzaba detr&aacute;s de una tela grande para inyectarse hero&iacute;na en el tobillo. La mujer del hombre de la voz de mando nos repet&iacute;a durante la subasta los n&uacute;meros de los lotes que deb&iacute;amos sacar, las marinas de acuarela, los paisajes de labranza, las muchachas de caras sucias. De vez en cuando nos hac&iacute;a mostrar un cuadro de precio muy alto por el que nadie pujaba, pero que, de alg&uacute;n modo, despu&eacute;s de la venta seguida de l&aacute;minas de baratillo y lotes de oferta, volv&iacute;a a levantar entre los asistentes una ilusi&oacute;n de lujo, cierta convenci&oacute;n de gran subasta, de participar, aunque s&oacute;lo fuese con el estar ah&iacute;, de un mundo al que no se pertenec&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Manuel iba a clases de yudo. Huesca era, seg&uacute;n la estad&iacute;stica, la ciudad con menos delincuencia de Espa&ntilde;a. Manuel pensaba que en otras ciudades, quiz&aacute; en Pamplona, podr&iacute;an servirle un d&iacute;a, por sorpresa, sus conocimientos de artes marciales. El hombre de la voz de mando, cuando todav&iacute;a no beb&iacute;amos cerveza, nos hizo servir dos ca&ntilde;as en la barra y nos pag&oacute; lo acordado. A la ma&ntilde;ana siguiente ayudamos a volver a cargar los cuadros en el cami&oacute;n. El ayudante joven del hombre de la voz de mando no ten&iacute;a sitio en la cabina, acomodaba su cuerpo duro de drogadicto en la penumbra de la carga, entre las molduras doradas de los marcos. Manuel se qued&oacute; junto al cami&oacute;n hasta el &uacute;ltimo momento, aunque nadie le ofreci&oacute; subir e irse.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>2. Boda</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>En el banquete de boda de mi prima Merche cantaban los tunos. Abad&iacute;as dec&iacute;a que en el hospital donde trabajaba su padre se guardaba una colecci&oacute;n de envases y objetos extra&iacute;dos de los anos. Mi prima Merche hizo su banquete de boda en un restaurante de la carretera de Ayerbe. Era el mismo restaurante en el que, unos meses antes, se detuvieron los padres de Blasco para avisar de que les hab&iacute;a sobrevolado un ovni. El tuno de la pandereta raspaba el parche con el dedo, pon&iacute;a la mano en forma de pistola. De pronto, el tuno daba de tac&oacute;n un golpe seco al instrumento, como un disparo, mientras apuntaba a un comensal. Ya se encend&iacute;an los puros. En el fondo de una mesa, con sue&ntilde;o, la hermana peque&ntilde;a de mi prima Merche ensayaba su compromiso con el anillo de las vitolas. Fuera, junto al aparcamiento, se reconoc&iacute;an en el fondo sucio de un arc&oacute;n las latas atadas otras tardes a los coches de los novios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Abad&iacute;as dec&iacute;a que en el hospital donde trabajaba su padre hab&iacute;a un encargado de cerrar la boca de los muertos con una sutura, y de adecentarlos. A veces el propio Abad&iacute;as, siguiendo la broma, mandaba callar con el gesto r&aacute;pido del que se da dos punzadas sobre los labios. Los tunos se balanceaban a un tiempo; a sus pies, el de la pandereta animaba el cuadro con ejercicios de evocaci&oacute;n rusa. En el papel de una servilleta de este restaurante dibujaron los padres de Blasco, por primera vez, las luces del ovni que los sobrevol&oacute;. Ya tarde, ebrio del todo, el padre de mi prima Mercha fue por las mesas llamando &ldquo;muertos de hambre&rdquo; a los invitados. Los tunos, quiz&aacute; como parte del pago, se quedaban a cenar en otro de los salones; sus capas y sus cintas, amontonadas sobre una silla, formaban un cuerpo m&aacute;s, negro y mudo, entre las rondas de chistes de la comparsa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los novios abandonaron por fin el sal&oacute;n. El novio, tambi&eacute;n claramente bebido, se llevaba consigo el cuchillo del cubierto. Lo utiliz&oacute; para cortar la cuerda de latas y envases, atada todav&iacute;a al parachoques. Luego, delante de los que est&aacute;bamos ah&iacute;, miraba a un lado y a otro; por un momento parec&iacute;a no saber qu&eacute; hacer con el cuchillo, antes de tirarlo sobre la grava, como un culpable.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>3. Interior</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>El padre de Manuel no estaba nunca en casa; su trabajo, dec&iacute;an, lo manten&iacute;a fuera del pa&iacute;s. En el cuarto de estar de la casa de Manuel sonaba el tel&eacute;fono. Era el padre de Manuel. En el dibujo del plato chino de ese cuarto de estar una cortesana se asomaba al agua de una pecera. Manuel, despu&eacute;s de hablar con su padre, se iba corriendo hacia su habitaci&oacute;n para que no le vi&eacute;semos llorar. La madre de Manuel le quitaba importancia; dec&iacute;a: &ldquo;Yo tambi&eacute;n soy de l&aacute;grima f&aacute;cil&rdquo;. Dec&iacute;a &ldquo;&iquest;Ves?&rdquo;, porque alguna escena de la televisi&oacute;n, despu&eacute;s de haber atendido durante un instante a la pantalla, ya le estaba humedeciendo los ojos. A un lado del pasillo, como una tumba puesta de pie, se sosten&iacute;a la caja de reloj de pared, regalo del banco &ndash;mis t&iacute;os, los de la casa del pueblo, se hab&iacute;an hecho con otro igual-. En aquel reloj cabr&iacute;a el padre de Manuel. Era como si para la madre de Manuel, ah&iacute;, en el cuarto de estar, todas las pel&iacute;culas fuesen de llorar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Manuel acompa&ntilde;aba a su madre al cine. Yo no fui a ver <em>Kramer contra Kramer</em>. La madre de Manuel iba a clases de pintura. En la cocina ten&iacute;a empezado el retrato de su hijo. Tambi&eacute;n era aficionada a la cartomancia. Sobre el malet&iacute;n cerrado de los &oacute;leos barajaba las setenta y ocho cartulinas del tarot. Durante meses ten&iacute;a en el caballete el retrato esbozado de Manuel, apenas avanzaba. Entre bromas, dedicaba m&aacute;s tiempo a leer el futuro de los dem&aacute;s, tambi&eacute;n de la figura esbozada, que a tratar de continuarla. En una esquina del lienzo, como modelo, estaba sujeta una fotograf&iacute;a de Manuel ya un poco vieja, ya algo del pasado que no iba casi con &eacute;l.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la casa de Manuel sonaban varios cerrojos antes de que &eacute;l o su madre abriesen por fin la puerta. La lente de la mirilla hac&iacute;a ver el rellano como a trav&eacute;s de la bola de pecera del plato chino, o una esfera de adivinaci&oacute;n. La madre de Manuel miraba por ella antes de abrir, deb&iacute;amos posar frente a la puerta durante un instante, igual que frente a una c&aacute;mara, una vez y otra, hasta venir a formar una secuencia de la pel&iacute;cula pat&eacute;tica de la casa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>4. Puf</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>En un &uacute;ltimo minuto la selecci&oacute;n espa&ntilde;ola de baloncesto perd&iacute;a, o ganaba, contra la de otro pa&iacute;s. Mi padre, nervioso frente al televisor, acababa entonces sentado en el borde del asiento. Mi hermano se levantaba el pijama para palmearse la tripa, repet&iacute;a el estribillo de &ldquo;&iexcl;Es-pa-&ntilde;a!&rdquo; entre desinteresado y divertido. Dentro del puf de esa sala de estar se guardaban las madejas de hacer punto de mi madre. Las dos agujas largas, clavadas en el ovillo de perl&eacute;, hac&iacute;an pensar en otra antena de televisi&oacute;n, la antena simult&aacute;nea de una emisi&oacute;n ciega. Mi madre, a ratos, sacaba las madejas de la oscuridad del puf y comenzaba el ese o ese de los choques de las agujas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la visita a la casa de los t&iacute;os de Madrid hab&iacute;amos ido a ver el Valle de los Ca&iacute;dos y El Escorial. Sobre mi mesilla de noche, ya en Huesca, despu&eacute;s de apagada la l&aacute;mpara, la luz de la figurilla fosforescente del Valle de los Ca&iacute;dos segu&iacute;a trayendo el recuerdo de las fotograf&iacute;as que nos hab&iacute;amos hecho bajo esa escalinata de los padecimientos, del se&ntilde;alar hacia los nidos que hab&iacute;an dejado las aves en los pliegues de las estatuas gigantes de los evangelistas; de cuando la hija de mi t&iacute;o el de Madrid, despu&eacute;s de haber sido mao&iacute;sta durante un a&ntilde;o, record&oacute; desenga&ntilde;ada que tambi&eacute;n los chinos se dieron prisa por hacer llegar flores a aquella tumba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La hija mao&iacute;sta de mi t&iacute;o el de Madrid llevaba prendas de hilo tejidas por su madre. A nuestro hogar, autosuficiente en jers&eacute;is y chaquetas de punto, tambi&eacute;n lo recorr&iacute;a, seg&uacute;n se mirase, un aire oriental de anticapitalismo. El &aacute;rbitro de la pantalla pitaba pasos contra Espa&ntilde;a. Mi hermano se levantaba del sof&aacute;, desde la puerta abierta del cuarto de ba&ntilde;o dejaba o&iacute;r el chorro de la orina contra el fondo de la taza. Lao Tse, en los libros de la hija de mi t&iacute;o el de Madrid, se dol&iacute;a de los avances t&eacute;cnicos de la agricultura: &iquest;es que no eran ya felices con las herramientas de que dispon&iacute;an, las mismas que las de sus antepasados? Bajo mi cama, entre un desorden de juegos, hac&iacute;a tiempo que el robot sin pilas no proyectaba transparencias de otros mundos en la pantallita del pecho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>5. Cl&aacute;sicos</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Eloy, el profesor de dibujo, acompa&ntilde;aba sus clases con m&uacute;sica cl&aacute;sica. Dec&iacute;a: &ldquo;Recordad, esto es de Vivaldi&rdquo;, o &ldquo;Esto es de un espa&ntilde;ol que se llamaba Cabez&oacute;n&rdquo;. Otras veces dejaba o&iacute;r un fragmento conocido y preguntaba: &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n sabe de qu&eacute; compositor es esto?&rdquo; La m&uacute;sica cl&aacute;sica era el camino bueno. A veces costaba esfuerzo mantener la atenci&oacute;n, pero hab&iacute;a que pensar que todo lo valioso exig&iacute;a algo de disciplina y de voluntad. Cabez&oacute;n era un maestro del contrapunto. Eloy, en un momento de enfado, tir&oacute; el borrador de la pizarra a la cabeza de Abad&iacute;as. Avis&oacute; luego a una se&ntilde;ora de la limpieza para que acompa&ntilde;ase al alumno hasta el botiqu&iacute;n. Eloy nos ped&iacute;a que le tute&aacute;semos. Volv&iacute;an a sonar unos violines. &ldquo;A ver, &iquest;de qui&eacute;n es esto?&rdquo; Era como un concurso de televisi&oacute;n para chicos aventajados pero en el que nadie respond&iacute;a, a&uacute;n cuando se supiese la respuesta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Manuel, cuando Eloy mandaba hacer dibujo libre, segu&iacute;an haci&eacute;ndolo geom&eacute;trico, con regla y comp&aacute;s. Las l&aacute;minas de dibujo libre de Manuel se acababan pareciendo todas a la carta de ajuste del televisor. Eloy, queriendo ser gracioso, le preguntaba a Manuel si era musulm&aacute;n, por sus reparos en dibujar personas o animales. El sentido del humor de Eloy sol&iacute;a ser as&iacute;, culto e instructivo, como su m&uacute;sica de fondo de los grandes maestros. Manuel, en realidad, no dibujaba personas porque las hac&iacute;a igual que de ni&ntilde;o peque&ntilde;o, unos monigotes por los que sent&iacute;a verg&uuml;enza. Eloy, delante de todos, pidi&oacute; disculpas a Abad&iacute;as por lo del borrador. Despu&eacute;s del timbre del final de clase, solo, recorr&iacute;a el pasillo de las aulas con su tocadiscos port&aacute;til de malet&iacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En verano, a mediados de agosto, Manuel, Abad&iacute;as y yo sub&iacute;amos a las ruinas del castillo de Montearag&oacute;n. Ibamos a ver estrellas fugaces. All&aacute; la oscuridad era completa. Tumbados de cara al cielo, sent&iacute;amos el mareo de mirar al firmamento. El silencio, a ratos, parec&iacute;a tambi&eacute;n algo profundo, entre el cansancio y el mirar en el reloj luminoso la hora de volver. Aunque todav&iacute;a no &eacute;ramos capaces de ver una estrella fugaz sin decirlo en voz alta al momento, sin se&ntilde;alarla y sin llevar la cuenta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>6. Premios</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Manuel se qued&oacute; entre los seis primeros del campeonato de ajedrez del colegio. En su casa ten&iacute;a un tablero de ajedrez de im&aacute;n. Jugaba contra su padre &ndash;no mucho, s&oacute;lo las veces en que ven&iacute;a a verle-. Nosotros no llegamos a conocer nunca al padre de Manuel. Hab&iacute;a junto a la cama de Manuel un libro sobre el ajedrez, sacado de la biblioteca p&uacute;blica, y el tablero de metal. El padre estaba fuera y Manuel se adiestraba en su habitaci&oacute;n para la siguiente partida. Quiz&aacute; pensara que era un buen jugador, no admit&iacute;a que hubiese perdido limpiamente su partida en el campeonato del colegio; que, sin ir m&aacute;s lejos, en el pasillo de las aulas, hubiese por lo menos cinco compa&ntilde;eros capaces de manejar las fichas mejor que &eacute;l contra sus padres. En la fiesta del colegio regalaban bol&iacute;grafos de propaganda y siluetas del mapa de Arag&oacute;n, tambi&eacute;n de im&aacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Abad&iacute;as ganaba un concurso de redacci&oacute;n, una Caja de ahorros le premiaba con un diccionario de la Real Academia Espa&ntilde;ola. La hermana de Abad&iacute;as le hizo una mamada a su otro hermano mayor a cambio del dinero para un concierto. El diccionario que de verdad val&iacute;a era el de la Real Academia; Abad&iacute;as, si lo deseaba, ya pod&iacute;a ser escritor. El encuadernado de piel de los dos vol&uacute;menes de la obra se recalentaba bajo la l&aacute;mpara del flexo. Abad&iacute;as ya no volv&iacute;a a ganar ning&uacute;n concurso. Durante las fiestas de San Lorenzo, apretados entre siete u ocho amigos m&aacute;s, acertamos luego en la diana de la feria con premio de fotograf&iacute;a instant&aacute;nea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mi hermano y yo nos avis&aacute;bamos a voces, si uno de los dos no estaba frente al televisor, cuando en la pantalla llegaba el momento de acci&oacute;n de la pel&iacute;cula, la secuencia b&eacute;lica o de cat&aacute;strofe, o cuando en el programa de conducci&oacute;n sobre carretera, &ldquo;La segunda oportunidad&rdquo;, hac&iacute;an caer un coche barranco abajo antes de los consejos y las advertencias. De ese acudir corriendo hacia la televisi&oacute;n, del frenarnos con las manos en la curva del pasillo, fuimos dejando mi hermano y yo una huella negra sobre el empapelado.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 30 Jan 2014 13:17:49 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pienso por ti, siento por ti]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/pienso-por-ti-siento-por-ti/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/JOS_MAR_A_LATORRE.jpg" alt="" /></p>
<p>Ya en el colegio, Armando Lombarte se dio cuenta de que era capaz de leer en la mente de los dem&aacute;s, y desde entonces esa suerte de don no hizo sino ir en aumento. Al principio no le hab&iacute;a resultado tan f&aacute;cil como lo fue despu&eacute;s: conseguirlo le exig&iacute;a una gran concentraci&oacute;n, lo cual sol&iacute;a dejarlo exhausto y dolorido, como si hubiera hecho un esfuerzo impropio para sus a&ntilde;os, pero con el transcurso del tiempo lo fue logrando con menos dificultad. Le&iacute;a los pensamientos de sus profesores y de sus compa&ntilde;eros, conoc&iacute;a las preguntas que le iban a formular cuando se dirig&iacute;an a &eacute;l, y en su casa no hac&iacute;a falta que su padre, su madre y su hermana (seis a&ntilde;os mayor que &eacute;l y a quien adoraba) abrieran la boca para saber qu&eacute; iban a decirle. Ese descubrimiento le excit&oacute; porque le hac&iacute;a sentirse diferente, mas lleg&oacute; un momento (prolongado hasta su adolescencia) en que se hasti&oacute; de su poder porque le distra&iacute;a del placer de otros hallazgos y otras dedicaciones, y se esforz&oacute; por olvidarlo. Sin embargo, cuando estaba a punto de cumplir catorce a&ntilde;os la conciencia de su don volvi&oacute; a absorberlo, pues le era &uacute;til en su trato con las chicas; sab&iacute;a lo que pensaba cada una de cuantas se relacionaban con &eacute;l y, lo que era a&uacute;n m&aacute;s importante, conoc&iacute;a cu&aacute;ndo ment&iacute;an y cu&aacute;ndo dec&iacute;an la verdad, as&iacute; como la opini&oacute;n que les merec&iacute;a (coincid&iacute;an en pensar que era &laquo;un chico extra&ntilde;o&raquo;); leyendo como le&iacute;a sus pensamientos, se percataba con regocijo de cu&aacute;ndo se hallaba ante una chica vanidosa, f&uacute;til (en la mayor parte de las ocasiones), o ante otra que pretend&iacute;a adoptar una actitud personal frente a la vida y ten&iacute;a ideas propias, no adocenadas. Las deslumbraba siempre que le preguntaban por algo, fuera lo que fuese, ignorantes de que le&iacute;a en ellas las respuestas con la misma nitidez con que ve&iacute;a sus cabellos, sus orejas, sus ojos, su nariz y su boca. No se trataba de que entrara en alg&uacute;n lugar y supiera en el acto lo que estaban pensando las personas congregadas en &eacute;l, sino de que en cuanto se situaba junto a una de ellas y la miraba, los pensamientos de &eacute;sta aflu&iacute;an a su mente como propios. Aunque m&aacute;s de una vez estuvo tentado de dar a conocer a los otros su don, efectuar demostraciones p&uacute;blicas de su poder, supo guardarse el secreto porque eso le hac&iacute;a sentirse mejor, m&aacute;s poderoso, y se negaba a convertirse en un fen&oacute;meno de feria o en una atracci&oacute;n de sal&oacute;n que llevara al extremo la antigua doctrina del profesor Mesmer.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Es l&oacute;gico que su existencia no fuese como las de quienes lo rodeaban: viv&iacute;a inmerso en una especie de juego continuo, m&aacute;s excitante a medida que iban transcurriendo los a&ntilde;os, pero que tambi&eacute;n le parec&iacute;a insuficiente cuando se percataba de sus l&iacute;mites: la mente humana no le bastaba, por ser demasiado previsible. Deseaba ir m&aacute;s lejos, aprovechar su don para conocer secretos que le estaban vedados, y, de esa manera, cultivando un estado de perpetua abstracci&oacute;n, se convirti&oacute; en un &laquo;chico extra&ntilde;o&raquo; (como lo hab&iacute;an definido las chicas), en un &laquo;joven viejo&raquo; (as&iacute; lo llamaban ahora). Quer&iacute;a penetrar en el fondo de todas las cosas cuando las miraba, posar sus ojos sobre un libro y conocer su contenido de principio a fin, mirar las estrellas y ser testigo ocular de su fuego, observar la cara visible de la luna y divisar tambi&eacute;n la oculta, estar ante una catedral o un palacio renacentista y enterarse al momento de c&oacute;mo fue construido y de los secretos que encerraba, admirar un cuadro o una escultura y saberlo todo sobre ellos, m&aacute;s all&aacute; de lo que pudieran ver en esas obras los cr&iacute;ticos de arte (un deseo que fue en aumento durante un viaje a Florencia, Siena y Arezzo, y m&aacute;s al ver en esta &uacute;ltima ciudad los frescos de Piero Della Francesca, el llamado ciclo de la Vera Cruz), mientras apretaba los pu&ntilde;os y los dientes hasta hacerse da&ntilde;o con el fin de comprobar si era capaz de transgredir las fronteras del tiempo y penetrar en el pensamiento de sus constructores y sus pintores, como si los edificios, los cuadros y las esculturas que surg&iacute;an ante &eacute;l en las galer&iacute;as y en la penumbra de los templos tuvieran una mente igual que los seres humanos. Al no lograrlo, trat&oacute; de consolarse dici&eacute;ndose que habr&iacute;a sido un don excesivo, mas eso introdujo en &eacute;l mayores inquietudes con respecto a sus coet&aacute;neos y se dedic&oacute; con mayor intensidad a leer sus pensamientos y, yendo todav&iacute;a m&aacute;s lejos, a experimentar si pod&iacute;a analizar sus sensaciones como si fueran propias, pero continu&oacute; sin hablarle a nadie sobre su poder.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; A una atractiva joven con la que sali&oacute; durante dos semanas le dijo que no se preocupara tanto por no haber encontrado a&uacute;n su identidad sexual, atra&iacute;da como se sent&iacute;a m&aacute;s por las mujeres, a lo que ella reaccion&oacute; con un perplejo &laquo;&iquest;c&oacute;mo lo sabes?&raquo;, para luego sonrojarse y alejarse de &eacute;l para siempre. A un amigo de infancia le recomend&oacute; que dejara de sustraer dinero de la caja de su padre, en cuya empresa trabajaba, si quer&iacute;a olvidarse de sus sentimientos de culpabilidad a la hora de gastar el fruto de sus robos. No volvi&oacute; a verlo nunca m&aacute;s.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Hasta entonces, un at&aacute;vico pudor le hab&iacute;a impedido ejercer su poder con sus padres y su hermana, y por ello evitaba mirarlos de frente, gan&aacute;ndose los ep&iacute;tetos de huidizo, antip&aacute;tico e insociable. No habr&iacute;a soportado conocer sus pensamientos, penetrar as&iacute; en los complejos laberintos de una intimidad que s&oacute;lo a ellos pertenec&iacute;a, ni saber qu&eacute; opini&oacute;n les merec&iacute;a aparte de aquellos calificativos. Por esa raz&oacute;n procuraba pasar en casa el menor tiempo posible, mantenerse lejos de un espacio, unos colores y unos olores que le remit&iacute;an a los d&iacute;as de su ni&ntilde;ez, cuando a&uacute;n estaba en condiciones de controlar el juego.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Todo eso cambi&oacute; cuando su hermana, Carlota, cay&oacute; enferma. No fue una enfermedad repentina, sino que se fue manifestando progresivamente hasta que se vio obligada a guardar cama. Su sonrosada piel se torn&oacute; del color de la ceniza y el fulgor de sus ojos se hac&iacute;a opaco conforme avanzaban los d&iacute;as y el oto&ntilde;o iba al encuentro del invierno. Los m&eacute;dicos diagnosticaron leucemia y Armando&nbsp; sinti&oacute; que algo se desgarraba en su interior, hasta el extremo de que empez&oacute; a perder peso y sus ojos y su piel se fueron asemejando a los de Carlota. Sus padres, preocupados pese a que aseguraba no sentirse enfermo, le pidieron que fuera al m&eacute;dico, pero tanto la primera consulta como las otras que hicieron &laquo;con el fin de asegurarse&raquo; revelaron que no padec&iacute;a ninguna enfermedad salvo una fatiga mental.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Armando no sol&iacute;a pensar en la muerte salvo como en un hecho est&eacute;tico que sal&iacute;a a su paso ocasionalmente en los libros que le&iacute;a, en ciertos cuadros que admiraba y en los escasos filmes que ve&iacute;a, pues no le agradaba sentarse en las oscuras salas de proyecci&oacute;n. Sin embargo, desde que la enfermedad de Carlota impuso su sombra en la casa, la muerte ocup&oacute; un lugar destacado en su vida. A diferencia de sus padres y de su hermana, tampoco hab&iacute;a sido una persona religiosa ni aun en su ni&ntilde;ez, cuando era m&aacute;s influenciable y estaba m&aacute;s abierto a est&iacute;mulos externos. Se consideraba ateo antes que agn&oacute;stico, y el hecho de que la idea de la muerte empezara a abrirse paso con frecuencia entre sus pensamientos hizo nacer en &eacute;l una curiosidad morbosa por el final de la existencia humana. Estaba convencido de que no hab&iacute;a nada m&aacute;s all&aacute; de la muerte, como no lo hab&iacute;a antes del nacimiento, pero le obsesionaba saber qu&eacute; se sent&iacute;a en el tr&aacute;nsito de la luz a la oscuridad o, mejor todav&iacute;a, hacia el vac&iacute;o, porque la oscuridad ya habr&iacute;a sido <em>algo</em>. &iquest;Se dar&iacute;a cuenta el que iba a morir de c&oacute;mo perd&iacute;a sus conexiones sensoriales con el mundo? &iquest;Percibir&iacute;a de alguna manera el vac&iacute;o que lo esperaba cuando sus ojos se cerraran para siempre, antes de perder hasta el m&iacute;nimo hilo de actividad mental? Si era as&iacute;, &iquest;sufrir&iacute;a? &iquest;Qu&eacute; sentir&iacute;a una persona religiosa si la muerte le revelaba, antes de engullirlo del todo en la nada, que no exist&iacute;an para&iacute;so ni infierno, luego de haber practicado la doctrina de la Iglesia a lo largo de toda su vida? No quer&iacute;a comprobarlo por s&iacute; mismo, lo cual le hizo eludir la tentaci&oacute;n del suicidio, entre otras cosas porque la experiencia ya no le servir&iacute;a para nada y lo que le interesaba era recordar sus sentimientos en ese trance.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Cierta noche de insomnio, dando vueltas en la cama se le ocurri&oacute; una idea que en un primer momento le pareci&oacute; monstruosa y despu&eacute;s apasionante. Si era capaz de leer las mentes de los dem&aacute;s, &iquest;no podr&iacute;a conseguir tambi&eacute;n, de la misma forma, instalarse en ellas aunque fuera temporalmente y vivir las experiencias de los otros?, &iquest;no podr&iacute;a ocupar cuando quisiera la mente de su hermana? Se estaba cumpliendo el plazo de vida que los m&eacute;dicos le hab&iacute;an concedido a Carlota y, a juzgar por el aspecto de &eacute;sta, su final no deb&iacute;a de estar lejano. Pero lo que en modo alguno deseaba era salir vencedor en la prueba y experimentar &eacute;l mismo los sufrimientos de la enferma, la cual se consum&iacute;a a ojos vista instalando en la mente de Armando un insoportable dolor: s&oacute;lo lo har&iacute;a, pens&oacute;, si con eso ayudaba a aliviarlos; otra cosa ser&iacute;a intentarlo en el momento de la muerte.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Decidi&oacute; empezar haciendo la prueba con otras personas, aun sabiendo que dispon&iacute;a de muy poco tiempo. El primer d&iacute;a frecuent&oacute; lugares abarrotados, venciendo el rechazo que le inspiraba cada vez m&aacute;s estar rodeado de gente, para detectar a su alrededor unas mentes m&aacute;s propensas que otras a dejarse leer. Observaba a todos con insistencia, recibiendo a cambio miradas airadas, y en un bar musical eligi&oacute; a una joven rubia que se encontraba sentada a una mesa en compa&ntilde;&iacute;a de una pareja cuatro o cinco a&ntilde;os mayor que ella. Como siempre, le result&oacute; f&aacute;cil penetrar en sus pensamientos: acababa de recibir la proposici&oacute;n de hacer un tr&iacute;o en la cama, y aunque estaba decidida a aceptar le gustaba mostrarse indecisa, a pesar de que su mirada desprend&iacute;a un brillo lujurioso que cualquiera habr&iacute;a sabido entender si se hubiera molestado en mirarla. Apret&oacute; los dientes y concentr&oacute; su mirada en la joven, tratando de ir m&aacute;s all&aacute; que en otras ocasiones con el prop&oacute;sito de averiguar si era capaz de instalarse en su mente y controlar el curso de sus pensamientos. La tentativa fracas&oacute;; le&iacute;a lo que pensaba, pero cuando se propon&iacute;a ir m&aacute;s all&aacute; la mente lo expulsaba como si se tratara de un invasor y hubiera puesto en marcha un mecanismo de autodefensa para expulsarlo. Le sucedi&oacute; lo mismo al probar suerte con la pareja que se hallaba con la joven. El esfuerzo lo dej&oacute; agotado y tuvo que marcharse del local, molesto tambi&eacute;n porque la lectura de otras mentes, al azar, le revel&oacute; que ten&iacute;an unos pensamientos similares al del tr&iacute;o. Se pregunt&oacute; con inquietud si no se estar&iacute;a convirtiendo en un moralista, algo que detestaba, pero se tranquiliz&oacute; dici&eacute;ndose que su molestia proven&iacute;a de haber confirmado la existencia de un pensamiento casi &uacute;nico en ese lugar, no de su naturaleza ni del tema: le gustaba m&aacute;s la diferencia que la uniformidad incluso en los lugares donde la conducta y el pensamiento uniformes son una costumbre. Opt&oacute; por intentarlo en otros sitios.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; En los d&iacute;as que siguieron frecuent&oacute; otros ambientes, desde teatros y bares hasta paseos y librer&iacute;as, y se sirvi&oacute; de personas de m&aacute;s edad que le pudieran garantizar mayor diversidad de pensamientos (si bien al leer en ellas tropez&oacute; con la repetici&oacute;n de los temas de los coches y el dinero), pero el resultado fue el mismo: entraba en las mentes sin lograr permanecer dentro, s&oacute;lo como un visitante. Los sucesivos intentos acabaron por agotarle y volvi&oacute; a adelgazar, lo cual introdujo de nuevo otro motivo de preocupaci&oacute;n en su casa, y tuvo que asegurar a sus padres que se sent&iacute;a bien y con fuerzas. Mas eso no era cierto: se notaba debilitado, como si cada tentativa de instalarse en la mente de otra persona le fuera arrancando la vitalidad igual que un vampiro bebe la sangre de su v&iacute;ctima hasta dejarla exang&uuml;e. Entretanto, Carlota languidec&iacute;a; sus ojos azules se hab&iacute;an hundido en las cuencas, rodeadas a su vez de un halo viol&aacute;ceo, sus p&oacute;mulos estaban cada vez m&aacute;s acentuados, y la peque&ntilde;a cama donde yac&iacute;a resultaba demasiado grande para su esquel&eacute;tico cuerpo. El final se aproximaba y Armando pasaba los d&iacute;as intentando llevar a cabo con &eacute;xito su prop&oacute;sito y pregunt&aacute;ndose si la persona que mor&iacute;a ser&iacute;a consciente en el &uacute;ltimo momento de que al otro lado no le esperaba m&aacute;s que un vac&iacute;o y un silencio eternos. Para entonces su don hab&iacute;a dejado de parecerle atractivo, porque lo consideraba insuficiente ante la magnitud de las preguntas que se formulaba a s&iacute; mismo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Carlota muri&oacute; a las ocho y veintisiete de la ma&ntilde;ana cubierta de niebla de un fr&iacute;o viernes de diciembre. Un espeso silencio se apoder&oacute; de la casa, quebrado por los sollozos de los padres. Armando no lloraba, pero pas&oacute; el d&iacute;a al lado del cad&aacute;ver, sin dejar de contemplar un rostro que apenas pod&iacute;a reconocer, corro&iacute;do por la enfermedad, intentando entrar en una mente que, seg&uacute;n el dictamen m&eacute;dico, ya hab&iacute;a dejado de pensar para siempre. S&oacute;lo de tanto en tanto un suspiro nacido en su pecho iba a morir en su garganta, ahog&aacute;ndolo de pesadumbre. No quiso estar presente cuando el cuerpo fue introducido en el f&eacute;retro, ni en el funeral que se celebr&oacute; a las nueve de la ma&ntilde;ana siguiente, neblinosa tambi&eacute;n, en una iglesia pr&oacute;xima a la casa rodeada de verjas negras acabadas en puntas herrumbrosas. Sus padres eran creyentes, &eacute;l no. Por eso no se uni&oacute; a los inconexos rezos cuando el ata&uacute;d fue introducido en el nicho, y no sinti&oacute; sino vac&iacute;o mientras pensaba qu&eacute; habr&iacute;a notado y visto Carlota en el momento de morir.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Como estaba demasiado cansado para concentrarse y no quer&iacute;a intentar nada delante de sus padres y sus amigos, quienes por lo dem&aacute;s ignoraban su poder y quer&iacute;a que siguieran as&iacute;, pospuso para el d&iacute;a siguiente su prop&oacute;sito de tratar de comunicarse con la mente de su hermana. Libre de presencias ya, el nicho se ofreci&oacute; entonces a sus ojos rodeado de flores multicolores que empezaban a dar se&ntilde;ales de marchitarse, fugaces como todo lo vivo, y pudo dedicarse con cierta calma a la tarea de observar el agujero cerrado con tanta intensidad como si quisiera taladrarlo con la presi&oacute;n de sus ojos. Al principio no sinti&oacute; m&aacute;s que unas leves n&aacute;useas provocadas por el olor de las flores en descomposici&oacute;n, pero al cabo de un rato empez&oacute; a divisar el f&eacute;retro entre la negrura del nicho, una figura que le lleg&oacute; acompa&ntilde;ada de un creciente dolor de cabeza. &iquest;Ser&aacute; a&uacute;n tiempo para saber?, se pregunt&oacute;. Aunque ten&iacute;a miedo y la cabeza le dol&iacute;a cada vez m&aacute;s, no ces&oacute; en sus esfuerzos. A su alrededor, la tibia luz solar tamizada por la niebla pareci&oacute; esfumarse, para envolverlo de tinieblas. Coincidiendo con el ruido que produjo su cuerpo al desmoronarse sobre la tierra, dej&oacute; de ver lo que estaba viendo y se not&oacute; apresado en aquel cerebro muerto, sin que las &oacute;rdenes que daba a sus miembros para moverse fueran obedecidas. Pensaba, pero no pod&iacute;a mover los brazos y las piernas, y tampoco logr&oacute; nada cuando intent&oacute; evadirse de la prisi&oacute;n del cuerpo muerto, que, comprendi&oacute;, ser&iacute;a el suyo mientras el cerebro lo soportara. Sin abrir los ojos, porque no ten&iacute;a ojos para abrir, se supo rodeado de oscuridad y se dio cuenta de que no podr&iacute;a salir nunca de all&iacute;, en una fusi&oacute;n total de muerta y de vivo, en tanto fuera del nicho cerrado algunas personas se aproximaban al joven ca&iacute;do para averiguar qu&eacute; le hab&iacute;a pasado.&bull;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 29 Jan 2014 07:22:32 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Antología poética]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/antologia-poetica/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/JOAN_VINYOLI.jpg" alt="" width="192" height="181" /></p>
<p><strong></strong><strong>&nbsp;</strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Vendr&aacute; la muerte</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vendr&aacute; la muerte y robar&aacute; mis ojos:</p>
<p>as&iacute; ver&eacute; un distinto firmamento.</p>
<p>La finitud es un bajel varado,</p>
<p>la hortaliza que como es sin lombrices,</p>
<p>el silencio me impregna en resplandores.</p>
<p>Morir es puramente un cambio m&aacute;s.</p>
<p align="center">&nbsp;<br /><strong></strong></p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<h2>Viento de oto&ntilde;o</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;Viento de oto&ntilde;o, viento de la noche,</p>
<p>viento de soledad,</p>
<p>fuerza oscura que mueve el apetito</p>
<p>del infinito y vuelve al infinito,</p>
<p>convoca en remolinos tu conjura</p>
<p>contra mi coraz&oacute;n, tu fuerza fiel,</p>
<p>que arranque ya la piel</p>
<p>de la fruta inmadura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Extra&ntilde;a consistencia</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Paseo sin pensar en nada que no sea</p>
<p>desaprender de hacerme alg&uacute;n prop&oacute;sito,</p>
<p>urdiendo telara&ntilde;as que me atrapen</p>
<p>de tanto en tanto insectos de palabra</p>
<p>que no alcanzo jam&aacute;s a interpretar.</p>
<p>Deja que se te vayan. Regresa vagamente</p>
<p>al lugar de tu origen.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En la esquina,</p>
<p>unas mujeres hablan del polvo de carcoma</p>
<p>que hay en la biblioteca,</p>
<p>mientras en el verdor de su jard&iacute;n,</p>
<p>sobre el puente oriental,</p>
<p>un hombre ensimismado</p>
<p>acaricia las ca&ntilde;as de bamb&uacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>As&iacute; es como se eleva, desde lo oscuro, el viento,</p>
<p>igual que el girasol en la basura.</p>
<p>Bajo de un tren largu&iacute;simo parado</p>
<p>en mitad de los campos de la noche:</p>
<p>se ha vuelto el mundo gelatina fr&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Regreso de la noche</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esp&eacute;rame, regreso de la noche</p>
<p>para traerte im&aacute;genes.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El de ayer fue un gran d&iacute;a</p>
<p>atestado de cosas:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; las gallinas,</p>
<p>dormitan en los palos, las vacas se recuestan</p>
<p>en la paja y la yegua</p>
<p>llena relincha.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay p&aacute;jaros de muerte: buitres, &aacute;guilas, otras</p>
<p>grandes aves de presa que comienzan, tal vez,</p>
<p>a abrir sus ojos fijos, mientras que las lechuzas,</p>
<p>los b&uacute;hos, los mochuelos ya han cumplido</p>
<p>con su tarea.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Va naciendo el d&iacute;a</p>
<p>enneblinado y triste.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La oscuridad fue espesa,</p>
<p>dura, fr&iacute;a, aunque en algunas casas</p>
<p>hay encendido fuego, pese a ser de butano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dame aclaraciones</p>
<p>de esta noche:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; cantaba</p>
<p>un invisible ni&ntilde;o agazapado</p>
<p>en el fondo negr&iacute;simo del bosque,</p>
<p>se escuchaba la m&uacute;sica a lo lejos,</p>
<p>y el murmullo mon&oacute;tono del mar.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En la plaza,</p>
<p>bajo los soportales, nos sentamos,</p>
<p>cada verano durante una hora.</p>
<p>Estas son las im&aacute;genes que traigo</p>
<p>del fondo de la noche.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>Ahora es todo y nada</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo que yo soy es un concupiscente,</p>
<p>pero no pierdo, mal que lo parezca,</p>
<p>del todo la medida:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; el crepitar de agosto</p>
<p>a la orilla del mar, las luces meridianas,</p>
<p>las lluvias de septiembre, los cobres oto&ntilde;ales,</p>
<p>los terrones rojizos que desangran su entra&ntilde;a,</p>
<p>la urdimbre de los &aacute;rboles donde la ara&ntilde;a espera</p>
<p>al insecto de los ojos rojizos hasta que lo atrapa y lo devora,</p>
<p>las ramas negras que hacen crec-crec con el peso de la nieve invernal,</p>
<p>me estrechan duras, me hacen caer, contemplativamente. Es un decir&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pregunto si no hay</p>
<p>un gran consuelo en la palabra &ldquo;lluvias&ldquo;,</p>
<p>y en conseguir que llueva durante todo un d&iacute;a</p>
<p>de abril,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;donde a cobijo</p>
<p>de las alas de plomo pre&ntilde;adas de tormenta</p>
<p>asciende en espiral el femenino</p>
<p>canto de un ruise&ntilde;or, desde el boscaje espeso</p>
<p>que desbarata y llena de memorias</p>
<p>los rincones con dalias.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp; &iquest;Qu&eacute; jard&iacute;n?</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; huerto solitario? &iquest;Qu&eacute; acequia? &iquest;Qu&eacute; pajar?</p>
<p>El &aacute;rbol que est&aacute; seco se embebe de estas aguas</p>
<p>filtradas del origen,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; el follaje</p>
<p>caduco resucita en los brotes de abril,</p>
<p>sube un verdor compacto</p>
<p>del subsuelo ancestral de piedra tosca.</p>
<p>Gritos que yo me invento y nadie escucha. Fluyen</p>
<p>los muertos, hiperb&oacute;licos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ahora es todo y nada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Estos poemas, traducidos por Carlos Marzal y Enric S&ograve;ria, forman parte del libro de Joan Vinyoli que fue publicado por la editorial Pre-Textos)</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 28 Jan 2014 07:10:46 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Escribir en el agua: poesía y ficciones de José Emilio Pacheco]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/escribir-en-el-agua-poesia-y-ficciones-de-jose-emilio-pacheco/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/JOSE_EMILIO_PACHECO.jpg" alt="" width="250" height="167" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En 1958, en uno de los Cuadernos del Unicornio que editaba por entonces, Juan Jos&eacute; Arreola public&oacute; los relatos &ldquo;La sangre de Medusa&rdquo; y &ldquo;La noche del inmortal&rdquo;. No eran las primeras creaciones que Jos&eacute; Emilio Pacheco daba a conocer<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>, a pesar de su extrema juventud ―hab&iacute;a nacido el 30 de junio de 1939, en Ciudad de M&eacute;xico―, pero en ellas puede verse el punto de partida de una de las trayectorias literarias m&aacute;s ricas entre las que la segunda mitad del siglo xx habr&iacute;a de ofrecer. Bajo el influjo &ldquo;descarado&rdquo; de Jorge Luis Borges, Pacheco sab&iacute;a que al destino le agradan las simetr&iacute;as, las variantes y las repeticiones, y mostraba ya la convicci&oacute;n ―declarada m&aacute;s tarde e impl&iacute;cita o expl&iacute;cita en toda su obra― de que &ldquo;lo le&iacute;do es tan nuestro como lo vivido&rdquo;<a title="" href="#_ftn2">[2]</a>. Consecuente con tales planteamientos, el primero de aquellos relatos busc&oacute; en el m&iacute;tico destino de Perseo la clave de la vida mexicana y actual de Ferm&iacute;n Morales, seguro de que eran de alg&uacute;n modo el mismo hombre y de que sus historias formaban una sola historia. Con la ayuda de Her&aacute;clito ―&ldquo;el camino que sube y el camino que baja son uno y el mismo&rdquo;― el lector puede entrever en &ldquo;La noche del inmortal&rdquo; que Er&oacute;strato y Alejandro, el paria de &Eacute;feso y el h&eacute;roe macedonio, lograron alcanzar la misma inmortalidad de la fama aunque por caminos opuestos, y tambi&eacute;n que una discordia reiterada desmembr&oacute; el imperio construido por Alejandro y muchos siglos despu&eacute;s el imperio austroh&uacute;ngaro, como el fuego con que Er&oacute;strato destruy&oacute; el templo de Artemisa en &Eacute;feso no era esencialmente distinto del bora, el viento destructor de los Alpes Din&aacute;ricos que arras&oacute; Europa con la primera guerra mundial.</p>
<p>Antes y sobre todo despu&eacute;s de la publicaci&oacute;n de esos cuentos, Pacheco plante&oacute; en otros intuiciones no menos inquietantes. Buena parte de ellos conformar&iacute;an <em>El viento distante y otros relatos</em>, volumen publicado en 1963 y ampliado en 1969. Varios mostraban una factura realista de gama variada, desde la humor&iacute;stica conjunci&oacute;n de picaresca y superstici&oacute;n popular de &ldquo;Virgen de los veranos&rdquo; a la c&aacute;ustica visi&oacute;n de los valores y las convenciones sociales de &ldquo;La reina&rdquo; o &ldquo;No entender&iacute;as&rdquo;. Otros parec&iacute;an inclinarse hacia lo fant&aacute;stico, como &ldquo;La luna decapitada&rdquo;, donde una violenta historia posrevolucionaria conclu&iacute;a en el territorio l&uacute;gubre del infierno azteca. Los l&iacute;mites entre lo realista y lo fant&aacute;stico se difuminaban cuando eran ni&ntilde;os quienes proyectaban su miedo sobre las an&eacute;cdotas narradas (&ldquo;La cautiva&rdquo;), o cuando la adolescencia incipiente quebraba la fantas&iacute;a infantil con experiencias de amor, del fracaso y el rid&iacute;culo (&ldquo;Tarde de agosto&rdquo;, &ldquo;El castillo en la aguja&rdquo;), o cuando circos o ferias (&ldquo;El viento distante&rdquo;) permit&iacute;an la irrupci&oacute;n de dimensiones extra&ntilde;as e inquietantes. Por la significaci&oacute;n que la obra de Pacheco en su conjunto puede darles, algunos de esos cuentos ofrecen especial inter&eacute;s: &ldquo;Jeric&oacute;&rdquo;, donde la relaci&oacute;n que se establece entre la absurda destrucci&oacute;n de un hormiguero y un apocalipsis at&oacute;mico permite extraer conclusiones nada optimistas sobre la condici&oacute;n humana; &ldquo;Parque de diversiones&rdquo;, donde los animales modifican o invierten los papeles que habitualmente desarrollan en relaci&oacute;n con los humanos, arrojando sobre &eacute;stos una extra&ntilde;a luz, en un parque que encierra en su interior otro parque que encierra otro parque y as&iacute; hasta el infinito, y en el que quienes observan son a su vez observados en un juego de espejos sin fin; &ldquo;Civilizaci&oacute;n y barbarie&rdquo;, donde Mr. Waugh parece caer en la trampa mortal preparada por los vietcong de los que cuenta la carta de su hijo y bajo las patas de los caballos que montan los apaches que ve en el televisor, como si la escritura y la ficci&oacute;n invadieran la realidad.</p>
<p>&ldquo;La sangre de Medusa&rdquo; y &ldquo;La noche del inmortal&rdquo; pueden entenderse como ensayos previos de una obra ambiciosa: <em>Morir&aacute;s lejos</em>, la novela que Pacheco public&oacute; por primera vez en 1967. Como en aquellos relatos, diferentes planos discurren paralelos hasta confluir en el momento oportuno. Uno de esos planos lo conforma esta vez el relato de la destrucci&oacute;n de Jerusal&eacute;n por las legiones de Tito Flavio Vespasiano, seg&uacute;n el testimonio de Flavio Josefo, y luego la reconstrucci&oacute;n de los horrores del gueto de Varsovia y de los campos de exterminio hasta llegar a la muerte de Adolf Hitler y a la suerte reservada para los c&oacute;mplices del holocausto, son olvidar referencias a las razones oscuras de tanta barbarie. Simult&aacute;neamente otras secuencias discuten la condici&oacute;n e incluso la existencia del observador eme, oculto en una casa del Distrito Federal, y las del observado que ocupa un banco en el parque pr&oacute;ximo. La relaci&oacute;n empieza a tomar cuerpo con la hip&oacute;tesis de que el observador sea alguien perseguido por su relaci&oacute;n con los cr&iacute;menes del nazismo ―m&eacute;dico u oficial de la Gestapo, espera agazapado a que un Cuarto Reich vuelva a incendiar Europa e imponga el j&uacute;bilo y el gozo de la destrucci&oacute;n y la muerte―, y el observado alguien que lo persigue. Desde las primeras p&aacute;ginas, cuando las distintas hip&oacute;tesis sobre el observado y el observador inclu&iacute;an tambi&eacute;n su inexistencia (y la del parque, la casa y la ciudad), ya se intu&iacute;a la relaci&oacute;n de lo narrado con la literatura: &ldquo;Alguien se divierte imaginando. Alguien pasa las horas de espera imaginando&rdquo;<a title="" href="#_ftn3">[3]</a>. Esas conjeturas parecen quedar a cargo de eme, como otras al de Alguien, el hombre sentado en el parque, cuyo papel se ampl&iacute;a en la medida en que puede ser un dramaturgo fracasado que imagina <em>Sal&oacute;nica</em> ―as&iacute; se denomina tambi&eacute;n el espacio que aglutina ese segundo plano de la novela―, obra en la que se ensaya ―teatro dentro del teatro― el encuentro de Pedro Far&iacute;as de Villalobos, sefard&iacute; expulsado de Espa&ntilde;a, con el inquisidor tambi&eacute;n jud&iacute;o que lo hab&iacute;a torturado y que ahora (como el actor que lo representa) es por fin identificado; o puede ser un escritor aficionado al que obsesiona precisamente el tema abordado en las secuencias dedicadas a las dos acciones &ldquo;concomitantes&rdquo; de la destrucci&oacute;n de Jerusal&eacute;n y del gueto de Varsovia: una obsesi&oacute;n y un temor justificados por los cr&iacute;menes a&uacute;n recientes y por el olvido con que se pretender&iacute;a borrarlos. Eso permite incluir una discusi&oacute;n literaria que rechaza ese tema, porque distraer&iacute;a la atenci&oacute;n de las guerras y matanzas presentes (como la del Vietnam), o lo justifica, por ser un modo de aludir a ellas y de condenarlas. En esa discusi&oacute;n tienen voz los supervivientes (Alguien parece alguna vez ser uno de ellos y buscar la venganza) que desde&ntilde;an al escritor que pretende describir sus sufrimientos, y los lectores, hastiados a veces ante la reiteraci&oacute;n de lo ya sabido, irritados ante valoraciones que no comparten, inc&oacute;modos ante las continuas digresiones de una escritura incapaz de ir directamente al asunto. Tales cr&iacute;ticas afectan tanto a Alguien, en la medida en que parece responsable del relato, como a un &ldquo;narrador omnividente&rdquo; que se adivina como &uacute;ltimo responsable de un texto que ofrece varios desenlaces posibles y que en la conjunci&oacute;n de perspectivas variables e imprecisas ―eme puede ser tambi&eacute;n quien imagina las historias narradas, concreci&oacute;n de sus remordimientos, de sus miedos y de sus esperanzas<a title="" href="#_ftn4">[4]</a>― parece buscar la impresi&oacute;n de narrarse por s&iacute; mismo.&nbsp;</p>
<p>Acorde con una &eacute;poca propicia a las experiencias narrativas renovadoras, <em>Morir&aacute;s lejos </em>conjugaba el compromiso pol&iacute;tico y social con la reflexi&oacute;n que analizaba y cuestionaba los procedimientos de su escritura a medida que los utilizaba, exigiendo la colaboraci&oacute;n activa de sus lectores. Entre los relatos reunidos en <em>El principio del placer</em> (1972), alguno volver&iacute;a a adoptar esa condici&oacute;n &ldquo;metaliteraria&rdquo;: &ldquo;La fiesta brava&rdquo; inclu&iacute;a un cuento de ese t&iacute;tulo ―ficci&oacute;n dentro de la ficci&oacute;n que rememora la guerra de Vietnam a costa de un veterano que en el Museo de Antropolog&iacute;a queda fascinado por la imagen de la diosa Coatlicue y luego, atrapado en el subsuelo del Distrito Federal, es sacrificado al dios-jaguar, renacido en M&eacute;xico-Tenochtitlan― y episodios de la vida de Andr&eacute;s Quintana, fracasado escritor que ha redactado ese cuento para cumplir un encargo y que puede reconocer a su personaje cuando tambi&eacute;n &eacute;l est&aacute; a punto de desaparecer, v&iacute;ctima de otra violencia soterrada o la misma. La confluencia de &ldquo;realidad&rdquo; y &ldquo;ficci&oacute;n&rdquo; se enriquece aqu&iacute; con las razones invocadas por Ricardo Arbel&aacute;ez ―antiguo compa&ntilde;ero de Quintana en andanzas pol&iacute;ticas y literarias, cuando al concluir los a&ntilde;os cincuenta los animaban la huelga de los ferrocarriles mexicanos y el triunfo de la revoluci&oacute;n cubana― para no publicar el cuento encargado: ofrec&iacute;a una trama &ldquo;baratamente antiyanqui y tercermundista&rdquo;<a title="" href="#_ftn5">[5]</a>, apelaba a un sustrato prehisp&aacute;nico literariamente agotado y recurr&iacute;a a un procedimiento narrativo (la segunda persona) al que Carlos Fuentes habr&iacute;a extra&iacute;do toda su capacidad renovadora. En el relato conflu&iacute;an as&iacute; el creador y el cr&iacute;tico literario que tambi&eacute;n es Pacheco, consciente del proceso literario hispanoamericano de su tiempo. El sustrato prehisp&aacute;nico hab&iacute;a nutrido su cuento &ldquo;La luna decapitada&rdquo;, y el final de &ldquo;La fiesta brava&rdquo; parec&iacute;a probar que a&uacute;n pod&iacute;a ser utilizado con provecho. Era una opci&oacute;n m&aacute;s para el desarrollo de esa inquietante literatura fant&aacute;stica a la que se adscrib&iacute;an otros relatos de <em>El principio del placer</em>: &ldquo;Langerhaus&rdquo;, con sus recuerdos de infancia quiz&aacute; no s&oacute;lo imaginados; &ldquo;Tenga para que se entretenga&rdquo;, con el espectro que un 9 de agosto de 1943 se llev&oacute; al hijo de Olga Mart&iacute;nez de Andrade; o &ldquo;Cuando sal&iacute; de La Habana, v&aacute;lgame Dios&rdquo;, con los pasajeros que llegan a Veracruz en un barco desaparecido durante setenta a&ntilde;os tras dejar la costa cubana. Pero su cuestionamiento en &ldquo;La fiesta brava&rdquo; probablemente algo quer&iacute;a decir sobre la trayectoria narrativa de Pacheco, que en ese momento y a partir de &eacute;l se mostrar&iacute;a sobre todo interesado en otra opci&oacute;n: la relacionada con el paso de la ni&ntilde;ez a la adolescencia, que ya hab&iacute;a abordado en cuentos como &ldquo;Tarde de agosto&rdquo; o &ldquo;El castillo en la aguja&rdquo;.</p>
<p>Esa experiencia, ra&iacute;z de una casu&iacute;stica variada ―<em>El principio del placer </em>incluye &ldquo;La zarpa&rdquo;, cuya narradora confiesa que s&oacute;lo en la vejez compartida ha podido superar el odio que la belleza de su mejor amiga le suscitara desde siempre―, encontraba una concreci&oacute;n excelente en el cuento largo o novela corta que dio t&iacute;tulo al volumen. Nada pod&iacute;a resultar m&aacute;s decididamente &ldquo;autobiogr&aacute;fico&rdquo; que lo narrado en &ldquo;El principio del placer&rdquo;, el diario en que un adolescente da cuenta de su p&eacute;rdida de la inocencia y su descubrimiento del mundo. Nada m&aacute;s trivial: avatares de la vida en el colegio y en el medio familiar, con las lecturas, el cine y la incipiente televisi&oacute;n que dan sabor a la &eacute;poca recuperada, para aderezar el relato de una relaci&oacute;n amorosa que es tambi&eacute;n una experiencia de zozobras, de mentiras y de fracaso, una experiencia cruel que trasciende las relaciones sentimentales para extenderse a todos los &aacute;mbitos de la vida. No dejan de sentirse otros problemas ―de los campesinos rebeldes, de las diferencias de clase, de la corrupci&oacute;n que permite adquirir fortunas r&aacute;pidas en un pa&iacute;s de pobres―, pero lo que predomina es esa experiencia individual en que traiciones y mentiras hacen percibir la vida como una farsa, que el narrador escribe para poder comprobar si alg&uacute;n d&iacute;a le llega a parecer c&oacute;mico lo que ahora es tr&aacute;gico, y que el lector percibe como una historia tragic&oacute;mica, logro indudable de la capacidad de Pacheco para adoptar una distancia ir&oacute;nica que convierte los sentimientos en una reflexi&oacute;n sobre los mismos y sobre el sentido de la existencia. <em>Las batallas del desierto</em> (1981), su &uacute;ltima y tambi&eacute;n breve novela, perfeccionar&iacute;a ese ejercicio de la memoria al recuperar ahora su narrador las lejanas peleas libradas como &aacute;rabes o jud&iacute;os en el polvoriento patio del colegio, las relaciones con los compa&ntilde;eros condicionadas a menudo por prejuicios o complejos sociales, econ&oacute;micos y raciales, en el contexto de una recuperaci&oacute;n minuciosa del tiempo transcurrido desde la infancia y desde la presidencia de Miguel Alem&aacute;n, aquellos a&ntilde;os finales de la d&eacute;cada de los cuarenta angustiados por la amenaza del hongo at&oacute;mico, tiempos sin embargo de esperanzas para M&eacute;xico que nunca se cumplir&iacute;an, con enumeraci&oacute;n nost&aacute;lgica de juguetes, de libros ilustrados o c&oacute;mics, de programas de radio, de pel&iacute;culas, hasta del bolero que ilustr&oacute; la historia remota de un amor primero e imposible que quiz&aacute; nunca ocurri&oacute; en realidad. En todo caso, la pureza de ese amor sirve de contraste para recrear el medio personal y social represivo e hip&oacute;crita en que tuvo lugar aquella iniciaci&oacute;n, para ofrecer una visi&oacute;n descarnada del pasado que el narrador adulto y sarc&aacute;stico (incluso consigo mismo) acent&uacute;a al rememorar sin nostalgia las miserias de su familia y de todos en un M&eacute;xico para siempre perdido<a title="" href="#_ftn6">[6]</a>.&nbsp;</p>
<p>Poeta siempre, Pacheco parece matizar en sus versos el proceso aqu&iacute; esbozado para su narrativa. En <em>Los elementos de la noche</em> (1963), su primer poemario, parec&iacute;a buscar la captaci&oacute;n de lo fugaz, en variedad de formas que iban desde el soneto hasta el poema en prosa, conjugando su conocimiento de la tradici&oacute;n literaria con la voluntad de sumarse a experiencias de ruptura. &ldquo;De alg&uacute;n tiempo a esta parte las cosas tienen para ti el sabor acre de lo que muere y de lo que comienza&rdquo;<a title="" href="#_ftn7">[7]</a>, se lee en ese libro empe&ntilde;ado en captar tal sabor en el contraste de los d&iacute;as y de las noches, de la luz y de las sombras, de las estaciones que se suceden; sabor que proyecta su acritud sobre los instantes de plenitud asociados a la presencia de la amada, contaminados de fugacidad, de ausencia y de soledades. Una atm&oacute;sfera de derrota impregna cuanto se toca, amenazado de olvido y de otras consecuencias de una p&eacute;rdida incesante: el polvo, el vac&iacute;o, la nada. Expresada con un lenguaje de factura cl&aacute;sica que afronta la dificultad y el fracaso al dar cuenta de sus dimensiones c&oacute;smicas, esa desconsolada angustia metaf&iacute;sica ―&ldquo;&iquest;s&oacute;lo perder ganamos existiendo?&rdquo; (&ldquo;I, 11&rdquo;)― se mantiene vigente en <em>El reposo del fuego</em> (1966), en cuya tercera parte la podredumbre parece hallar concreci&oacute;n precisa en las aguas ahora muertas del subsuelo de M&eacute;xico, las que lavaron la sangre conquistada, anegaron en su lodo la hermosa ciudad de Moctezuma y cubrir&aacute;n alg&uacute;n d&iacute;a los edificios de la ciudad presente, que deja o&iacute;r en la noche los latidos de un desastre en el que resuenan ecos de la sensaci&oacute;n de derrumbe total que Alguien padec&iacute;a en <em>Morir&aacute;s lejos </em>al temer que el holocausto fuera apenas un episodio de una ruina generalizada y sin t&eacute;rmino.</p>
<p>El recuerdo del pasado suscit&oacute; en <em>El reposo del fuego </em>la protesta contra los amos de aquella tierra, en esa ocasi&oacute;n personificados en los virreyes, lo que anticipaba la aparici&oacute;n de inquietudes sociales que se acentuar&iacute;an en <em>No me preguntes c&oacute;mo pasa el tiempo</em> (1969). Le&iacute;do como una nueva propuesta, &ldquo;Transparencia de los enigmas (octubre, 1966)&rdquo; dejaba patente ahora el alejamiento de &ldquo;la solemnidad de los profetas&rdquo; y ―aunque de momento no se tuviese otro amparo que la lealtad a la confusi&oacute;n propia― la urgencia de &ldquo;alinearse&rdquo; porque la batalla pr&oacute;xima no tolerar&iacute;a a los neutrales. Acordes con ese planteamiento, que parec&iacute;a poner en entredicho su obra precedente, algunos poemas parec&iacute;an mostrar la irrupci&oacute;n de la actualidad hist&oacute;rica en la poes&iacute;a de Pacheco: all&iacute; estaba el <em>marine</em> muerto en una selva presumiblemente vietnamita ―&ldquo;Un defensor de la prosperidad (enero 1967)&rdquo;―, y la impresi&oacute;n causada por la noticia de la muerte del Che Guevara en Bolivia, &ldquo;el martirio / y el altivo final en una abyecta / noche de Sudam&eacute;rica&rdquo; ―&ldquo;En lo que dura el cruce del Atl&aacute;ntico (octubre 1967)―, y la matanza de la Plaza de las Tres Culturas, aludida por medio de una recreaci&oacute;n del fin de los aztecas en &ldquo;Lectura de los &lsquo;Cantares mexicanos&rsquo;: manuscrito de Tlatelolco (octubre 1968)&rdquo;. Esas referencias puntuales ―y la conciencia constante de qui&eacute;nes son los amos de la tierra, sin olvidar a los que lo fueron, como en &ldquo;Cr&oacute;nica de Indias&rdquo;, o a los que los padecieron, como en &ldquo;Digamos que Amsterdam 1943&rdquo;―, no significan tanto como el lenguaje nuevo e ir&oacute;nico que reflexiona sobre s&iacute; mismo a la vez que rememora pasados po&eacute;ticos caducados, habla de poetas a los que su &eacute;poca dej&oacute; hablando solos y de otros empe&ntilde;ados en hacer que de un idioma ya seco &ldquo;brote el agua / en el desierto&rdquo; (&ldquo;Job 18, 2&rdquo;). Por supuesto, Pacheco segu&iacute;a fiel a s&iacute; mismo en su atenci&oacute;n al deterioro que destruye el amor y la vida, pero ese deterioro se observa y alguna vez se cuestiona ―con ayuda del arte, como en &ldquo;&lsquo;Venus Anadiomena&rsquo; por Ingres&rdquo;― ante una &ldquo;realidad&rdquo; que quiz&aacute; no es sino acopio de citas literarias, en un lenguaje de factura cada vez m&aacute;s cotidiana que en s&iacute; mismo significa una de las posibilidades de ese cuestionamiento de la poes&iacute;a que ahora se convierte en uno de los temas obsesivos. El avance hacia ese prosa&iacute;smo aparente tuvo notables manifestaciones en la secci&oacute;n &ldquo;Los animales saben&rdquo;, donde algunos sirvieron como objeto de reflexi&oacute;n que lo era tambi&eacute;n sobre la condici&oacute;n humana e incluso sobre el alcance de la literatura, pues tanto en sus poemas como en sus relatos Pacheco ha sabido recuperar y enriquecer las posibilidades expresivas de la f&aacute;bula. La novedad se manifest&oacute; tambi&eacute;n en la invenci&oacute;n de los ap&oacute;crifos Juli&aacute;n Hern&aacute;ndez (1893-1955) y Fernando Tejada (1932-1959), aptos para expresar con iron&iacute;a sus opiniones sobre la significaci&oacute;n de la poes&iacute;a, incluida la propia<a title="" href="#_ftn8">[8]</a>.</p>
<p>Lo iniciado en <em>No me preguntes c&oacute;mo pasa el tiempo</em> se contin&uacute;a en <em>Ir&aacute;s y no volver&aacute;s</em> (1973): &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; obstinarse / en la fugacidad y el sufrimiento?&rdquo;, objetaba Prometeo en el poema titulado con su nombre, antes de que el buitre reanudara &ldquo;su tarea entra&ntilde;able&rdquo;. Sin ignorar los conflictos b&eacute;licos con que recomenzaba &ldquo;<em>la pesadilla de la historia</em>&rdquo; (&ldquo;<em>The dream is over</em>&rdquo;), un pensativo sentir cada vez m&aacute;s sereno y melanc&oacute;lico trataba de encarar la amenaza del fin con una inquietud ecologista que ven&iacute;a de lejos: al menos desde que en <em>El reposo del fuego</em>, al rememorar la perdida ciudad de Moctezuma, el <em>ubi sunt</em> se centr&oacute; en los jardines y las embarcaciones anegadas de flores, en los bosques y las praderas, en los lagos y las corrientes de agua que alegraban el valle de M&eacute;xico, en abierto contraste con un Distrito Federal cuya monstruosidad creciente tambi&eacute;n se pod&iacute;a advertir en <em>Morir&aacute;s lejos</em> y en otros relatos. La incertidumbre derivada de la amenaza at&oacute;mica fue dejando paso a nuevas formas de muerte que ingresaron tambi&eacute;n en la literatura: la contaminaci&oacute;n, las basuras, los venenos, la desertizaci&oacute;n. Por otra parte, la tensi&oacute;n de un lenguaje depurado y preciso, en apariencia apto sobre todo para el laconismo del epigrama y otras formas po&eacute;ticas breves, se plegaba con eficacia a diferentes registros: entre otros, en <em>Islas a la deriva</em> (1976) el del cronista que recuperaba fragmentos del pasado perdido, como en &ldquo;Antig&uuml;edades mexicanas&rdquo;; el del viajero que en el oto&ntilde;o y la nieve encuentra s&iacute;mbolos antiguos o nuevos del apocalipsis, como en &ldquo;Escenas de invierno en Canad&aacute;&rdquo;; el del fabulista que en la variedad zool&oacute;gica encuentra est&iacute;mulos para las alegor&iacute;as que le permiten expresar sus preocupaciones por el destino reservado a los hombres y el universo.</p>
<p>Los numerosos &uacute;ltimos poemarios ―<em>Desde entonces</em> (1980), <em>Los trabajos del mar</em> (1983), <em>Miro la tierra </em>(1986), <em>Ciudad de la memoria</em> (1989), <em>El silencio de la luna </em>(1994), <em>La arena errante</em> (1999) y <em>Siglo pasado (desenlace)</em> (2000)― fueron nuevos frutos de la madurez adquirida, no sin matices que merecen subrayarse, por razones diversas. Marcado por la experiencia del terremoto que asol&oacute; M&eacute;xico en septiembre de 1985, <em>Miro la tierra </em>concret&oacute; la experiencia de la materia triunfante que m&aacute;s que nunca dejaba patente la insignificancia del hombre. Aquella furia ciega tambi&eacute;n revel&oacute; insuficientes las palabras que hab&iacute;an hablado de polvo, ceniza, desastre y muerte, y acentu&oacute; la condici&oacute;n de sobreviviente que ya hab&iacute;a hecho suya el poeta. En las ruinas de Ciudad de M&eacute;xico parec&iacute;a haber quedado enterrada su infancia, aunque eso no habr&iacute;a de impedir que la memoria ocupara en adelante un lugar importante en sus poemas. Pr&oacute;ximo el fin del siglo xx, la sensaci&oacute;n de desastre y de ruina se har&iacute;a luego a&uacute;n m&aacute;s agobiante, al hacer el balance de un tiempo brutal caracterizado por la miseria y la destrucci&oacute;n del planeta, cubierto de contaminaci&oacute;n y basuras, y sobre todo por los millones de v&iacute;ctimas de una violencia irracional cuyos horrores la peor pesadilla no habr&iacute;a podido imaginar. Esos horrores apenas se vieron atenuados por la presencia tambi&eacute;n creciente que (hasta la cat&aacute;strofe definitiva) adquir&iacute;a una eternidad provisional: la del mar y los r&iacute;os en movimiento perpetuo, la de las estaciones que puntualmente regresan con hojas y flores, la vegetal y animal de la especie, que se extiende a la condici&oacute;n humana en la medida en que la muerte propia deja paso a las vidas de otros, garantizando la continuidad del mundo, escenario de una despedida incesante.</p>
<p>La actitud de Pacheco ha sido, desde luego, la de alguien afectado por el desencanto en un pa&iacute;s y una &eacute;poca que alguna vez permiti&oacute; albergar esperanzas nunca cumplidas. &ldquo;Ya somos todo aquello / contra lo que luchamos a los veinte a&ntilde;os&rdquo;, resumir&aacute; &ldquo;Antiguos compa&ntilde;eros se re&uacute;nen&rdquo; (<em>Desde entonces</em>), dictamen sobre toda una generaci&oacute;n que ampl&iacute;an otros poemas y tambi&eacute;n &ldquo;La fiesta brava&rdquo; y otras ficciones. Esa traici&oacute;n no impide luchar para que no queden impunes &ldquo;la tortura o el genocidio o el matar de hambre&rdquo;, ni anhelar &ldquo;lo posible imposible: un mundo sin v&iacute;ctimas&rdquo; (&ldquo;Fin de siglo&rdquo;, <em>Desde entonces</em>), ni dejar ―aunque &ldquo;escrito en agua&rdquo;― el testimonio de una generaci&oacute;n, la de &ldquo;los nacidos entre tumbas / al resplandor del incendio del mundo&rdquo; (&ldquo;Jard&iacute;n de ni&ntilde;os&rdquo;, 5, <em>Desde entonces</em>), cuyos sobrevivientes justifican su &ldquo;sobrevida&rdquo; al redactar sin propon&eacute;rselo las p&aacute;ginas que otros poetas ―&ldquo;muertos en la guerrilla, la tortura, el accidente, el suicidio...&rdquo; (&ldquo;Intercambio&rdquo;, <em>Desde entonces</em>)― no llegaron a escribir. Fiel a esa misi&oacute;n, Pacheco volver&iacute;a con frecuencia a la s&aacute;tira del poder y a la defensa de la libertad frente a la obediencia debida, frente al servilismo, frente a la complicidad entre vencedores y vencidos, entre inquisidores y reos, entre verdugos y v&iacute;ctimas, entre el domador y los monstruos de ese &ldquo;Circo de noche&rdquo; (<em>El silencio de la luna</em>) que tal vez es el mundo, no sin sospechar que tambi&eacute;n esas deficiencias del g&eacute;nero humano se ajustan a leyes inexorables que otras especies comparten y que unen indisolublemente la vida y la muerte.</p>
<p>La necesidad de encontrar el lenguaje adecuado para expresar esa decepci&oacute;n est&aacute; estrechamente ligada a la desacralizaci&oacute;n del poeta y de la poes&iacute;a que Pacheco mostr&oacute; al centrar su atenci&oacute;n sobre todo en &ldquo;el testimonio / del momento inasible, las palabras / que dicta en su fluir el tiempo en vuelo&rdquo; (&ldquo;A quien pueda interesar&rdquo;, <em>No me preguntes c&oacute;mo pasa el tiempo</em>). Capaz tambi&eacute;n de encontrar revelaciones para su poes&iacute;a en la pintura y en otras manifestaciones art&iacute;sticas, tras sus prosas y sus versos ha estado siempre el lector insaciable y profundo que asimismo revelan sus &ldquo;aproximaciones&rdquo; ―traducciones o recreaciones de otros poetas que suelen enriquecer sus poemarios― y sus ap&oacute;crifos, convencido de que la literatura es inevitablemente un territorio compartido. Tambi&eacute;n est&aacute; el cr&iacute;tico reconocido por sus numerosos ensayos sobre escritores y obras, sabedor del alcance y las limitaciones de la literatura, conocedor de la cr&iacute;tica literaria en sus soberbias y ef&iacute;meras manifestaciones universitarias, comentadas en poemas como &ldquo;La desconstrucci&oacute;n de Sor Juana In&eacute;s de la Cruz&rdquo;, de <em>El silencio de la luna</em>, o &ldquo;Contra Harold Bloom&rdquo;, en <em>Siglo pasado (desenlace)</em>. Por otra parte, en su escritura y sus reescrituras est&aacute; el escritor consciente de que &ldquo;dice nada m&aacute;s / lo que cada hombre y cada mujer que lo lea / sabe escuchar entre el rumor de sus p&aacute;ginas&rdquo; (&ldquo;El centenario de Gustave Flaubert&rdquo;, <em>Los trabajos del mar</em>): las revisiones que muestra cada nueva edici&oacute;n obedecen a la pretensi&oacute;n de eliminar elementos innecesarios y aclarar pasajes oscuros, pero tambi&eacute;n a la voluntad de mantener vivos sus poemas y ficciones. Aunque &ldquo;ara en el mar. Escribe sobre el agua&rdquo; (&ldquo;Instant&aacute;neas: 6. Oficio de poeta&rdquo;, <em>Ir&aacute;s y no volver&aacute;s</em>), aunque &ldquo;dej&oacute; de ser la voz de la tribu&rdquo; (&ldquo;Carta a George B. Moore en defensa del anonimato&rdquo;, <em>Los trabajos del mar</em>) ―si es a&uacute;n &ldquo;el que canta el cuento de la tribu&rdquo; (&ldquo;&lsquo;Yo&rsquo; con may&uacute;scula&rdquo;, <em>Miro la tierra</em>) lo es como muchos otros, antes y despu&eacute;s―, el poeta encuentra justificaci&oacute;n personal y colectiva en esa b&uacute;squeda de intimidad y colaboraci&oacute;n con el lector y con la literatura que ahora pretende para su obra. Quiz&aacute; nadie ha expresado mejor la atm&oacute;sfera desencantada de una &eacute;poca que ha obligado al escritor a refugiarse en un destino que se descubre sobre todo verbal. Pacheco ha labrado el suyo con una expresi&oacute;n original y minuciosamente elaborada, un tono reflexivo y a veces ir&oacute;nico, un refinado tratamiento de la tradici&oacute;n literaria y una sorprendente capacidad para extender la poes&iacute;a a los temas m&aacute;s insospechados. Tal vez la &ldquo;Despedida&rdquo; que cierra<em> Siglo pasado (desenlace) </em>en la &uacute;ltima edici&oacute;n de <em>Tarde o temprano</em> resuma no tanto una sensaci&oacute;n final como las constantes de una trayectoria a&uacute;n inacabada:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Fracas&eacute;. Fue mi culpa. Lo reconozco.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero en manera alguna pido perd&oacute;n e indulgencia:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; eso me pasa por intentar lo imposible.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> En la revista <em>Estaciones</em> (a&ntilde;o 2, n&uacute;m. 2, verano de 1957) hab&iacute;a aparecido &ldquo;Tr&iacute;ptico del gato&rdquo;, primero de los relatos dispersos que acabar&iacute;an reunidos, a veces muy modificados, en <em>La sangre de Medusa y otros cuentos marginales</em> (M&eacute;xico, Ediciones Era, 1990).</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> Jos&eacute; Emilio Pacheco, &ldquo;Nota: la historia interminable&rdquo;, en <em>La sangre de Medusa y otros cuentos marginales</em>, 1990, pp. 9-13 (10).</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a> Jos&eacute; Emilio Pacheco, <em>Morir&aacute;s lejos</em>, M&eacute;xico, Editorial Joaqu&iacute;n Mortiz, 1967, p. 39.</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a> Al menos en la segunda versi&oacute;n de la novela, donde los lectores pueden saber a qu&eacute; se refer&iacute;an los pasajes de sus escasos libros a los que volv&iacute;a con insistencia: &ldquo;La destrucci&oacute;n de Jerusal&eacute;n, el Santo Oficio, los campos de exterminio, las represiones nazis en la Europa ocupada&rdquo; (<em>Morir&aacute;s lejos</em>, Barcelona, Montesinos Editor, 1980, p. 132).</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a> &ldquo;La fiesta brava&rdquo;, en <em>El principio del placer</em>, M&eacute;xico, Editorial Joaqu&iacute;n Mortiz, 1972, pp. 77-113 (109).</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a> Los relatos reunidos en <em>La sangre de Medusa y otros cuentos marginales</em>, desde &ldquo;Tr&iacute;ptico del gato&rdquo; (1956) a &ldquo;La cat&aacute;strofe&rdquo; (1984), a&ntilde;aden riqueza y matices a la narrativa de Pacheco. En aquel cuento inicial ya estaba su inter&eacute;s por los animales y por la tortuosa psicolog&iacute;a de ni&ntilde;os y adolescentes. No faltan los de apariencia realista, relacionados sobre todo con la violencia pol&iacute;tica de &eacute;pocas y lugares diversos ―a veces (&ldquo;El torturador&rdquo;, &ldquo;Dicen&rdquo;, &ldquo;Para que eternamente est&eacute;s conmigo&rdquo;, &ldquo;La m&aacute;scaras&rdquo;) acercan la ficci&oacute;n a la cr&oacute;nica de actualidad―, pero prevalece el inter&eacute;s por temas fant&aacute;sticos similares a los seleccionados para <em>El principio del placer. </em>En los m&aacute;s breves puede verse una contribuci&oacute;n de Pacheco al desarrollo del &ldquo;microrrelato&rdquo;, y tambi&eacute;n resultados de su b&uacute;squeda de una expresi&oacute;n lac&oacute;nica y eficaz.</p>
</div>
<div>
<p>&nbsp;</p>
<p>[7] &ldquo;De alg&uacute;n tiempo a esta parte&rdquo;, 5, <em>Los elementos de la noche</em>. Salvo que se especifique otra cosa, en adelante las citas proceden de Jos&eacute; Emilio Pacheco, <em>Tarde o temprano [1958-2000]</em>, edici&oacute;n de Ana Clavel, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2000. Ir&aacute;n acompa&ntilde;adas de los t&iacute;tulos del poema y del poemario a los que pertenecen.</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref8">[8]</a> Las referencias a ese tercer poemario pertenecen a <em>No me preguntes c&oacute;mo pasa el tiempo (poemas, 1964-1968)</em>, M&eacute;xico, Editorial Joaqu&iacute;n Mortiz, 1969). Las revisiones posteriores aten&uacute;an a veces la presencia de las circunstancias hist&oacute;ricas en que surgieron los poemas. Para los versos citados, v&eacute;ase pp. 14-18, 21 y 41.</p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Tue, 28 Jan 2014 07:03:30 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Caen las horas como gotas de aceite]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/caen-las-horas-como-gotas-de-aceite/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/mesa500.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Caen las horas como gotas de aceite,</p>
<p>pesadas, lentas, doradas, tibias.</p>
<p>El aire est&aacute; inflamado de plegarias,</p>
<p>de c&aacute;nticos oscuros y enigm&aacute;ticos.</p>
<p>Yo s&eacute; que algo sucede.</p>
<p>Debe de ser que es jueves y algo pasa los jueves.</p>
<p>Debe de ser que es lunes y algo pasa los lunes.</p>
<p>Debe de ser que es s&aacute;bado y algo pasa los s&aacute;bados.</p>
<p>&iquest;Por qu&eacute; no quedan huellas de mis pies</p>
<p>en este asfalto ardiente?</p>
<p>Debe de ser que no peso bastante.</p>
<p>Debe de ser que est&aacute; lejos la arena.</p>
<p>Debe de ser que el tiempo pasa lento</p>
<p>y a&uacute;n no te he encontrado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se suceden las horas como un hondo rosario,</p>
<p>como un rosario en sombras.</p>
<p>Yo deber&iacute;a pensar ahora en otras luces,</p>
<p>nadar con otros peces.</p>
<p>Aqu&iacute; estoy resguardada.</p>
<p>La lluvia no me moja.</p>
<p>Mis p&aacute;rpados se cierran sin asombro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El tiempo pasa lento;</p>
<p>no duele, no me toca.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 27 Jan 2014 07:03:08 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Primeras impresiones desde el cielo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/primeras-impresiones-desde-el-cielo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/JAVIER_SEBASTI_N.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El otro d&iacute;a se enter&oacute; Lalande de Maria Bem de que mi oficio es el de nadador, escribi&oacute; Mino en su primera carta con destino a Mont&eacute;limar. &iquest;Te acuerdas, Luc&iacute;a? Lalande de Maria Bem, la casera. Pues esa. Me vio llegar por la noche, despu&eacute;s de miles de metros de piscina, que puestos en l&iacute;nea recta van a llegar un d&iacute;a hasta tus pies. Le dije que estabas fuera una temporada y ella, para consolarme, me ofreci&oacute; moscatel, o unos bombones, que espantan la tristeza, o aunque solo fuera un vaso de agua. Para qu&eacute; quiero m&aacute;s agua, le dije, si estoy todo el d&iacute;a a remojo y ya me canso.</p>
<p>Al principio no lo entendi&oacute;, tuve que explicarle que me dedicaba a nadar.</p>
<p>&iquest;Y le pagan por eso?</p>
<p>Desde luego.</p>
<p>Pero si mi difunto nadaba gratis en una playa del Algarve y a nadie se le ocurri&oacute; ofrecerle dinero por algo que hac&iacute;a para placer suyo. No ser&aacute; algo indecente, &iquest;verdad?</p>
<p>Ni mucho menos, se&ntilde;ora Lalande, sino puro deporte de alta competici&oacute;n.</p>
<p>&iquest;Y qui&eacute;n le paga?</p>
<p>Le dije:</p>
<p>Tengo una asignaci&oacute;n del Ministerio, algo que me da la publicidad y luego el presidente de un club de piscinas pone el resto. No se preocupe, porque ya sabe que yo nunca fallo con el alquiler.</p>
<p>La se&ntilde;ora Lalande de Mar&iacute;a Bem se meti&oacute; rezongando en su casa. Ten&iacute;a las piernas hinchadas porque barruntaba bajas presiones. Se ajust&oacute; las horquillas del pelo. Nadador profesional, iba diciendo, extra&ntilde;a forma de vida es esa.</p>
<p>Por lo dem&aacute;s, muchas noches, de tan cansado que estoy, me quedo a dormir en la Residencia. Donde los becarios. Me da pereza moverme. Y sobre todo es que la casa de Lalande de Maria Bem est&aacute; muy solitaria sin ti y all&iacute; me veo como un alma en pena. Pero otras veces alterno y vengo, como hoy mismo, y as&iacute; pierdo de vista al entrenador, y ya no oigo su voz, ni tengo que oler su aliento cuando me habla, que es un indeseable que solo piensa en que todo salga seg&uacute;n las fichas y los diagramas. Nadie le aguanta. Y yo tampoco, yo menos. No te imaginas el asco que me da.</p>
<p>Ayer otra vez le dije que no entend&iacute;a por qu&eacute; hab&iacute;as tenido que irte y &eacute;l se me puso a gritar: &iquest;Vas a seguir discutiendo cada d&iacute;a mis &oacute;rdenes? D&iacute;melo, porque quiero saberlo. Le dije: Las dem&aacute;s no, pero la de alejar a Luc&iacute;a para que, seg&uacute;n usted, no me distraiga tiene que ver con mi vida privada. Y &eacute;l: y una renuncia temporal como esa tiene que ver con el campeonato de Europa y tu prosperidad. Nada menos.</p>
<p>Preguntar&iacute;a a algunos amigos, pero no quiero ir mendigando noticias tuyas. Qu&eacute; iban a pensar de un campe&oacute;n de todo. No por ti, Luc&iacute;a, sino por m&iacute;, por ser tan sumiso y haberle dejado al entrenador entrometerse. Entonces no tengo m&aacute;s remedio que esperar.</p>
<p>Y en cuanto puedo me desentiendo de &eacute;l. Salto al agua y me concentro, y recuerdo tu cara y, mientras nado, me pongo a pensar en c&oacute;mo eran tus manos. Solo me pasa cuando nado, porque en el agua es como si te tuviera delante, entonces imagino tus pechos. &iquest;Por qu&eacute; crees, si no, que sigo nadando?</p>
<p>Pues porque en el agua pienso en tus pechos todo el tiempo.</p>
<p>Tus pechos de agua.</p>
<p>Abelardo Oliver se quit&oacute; entonces las gafas de media lente que usaba para leer. Se restreg&oacute; los ojos. Y se dio cuenta de que ten&iacute;a las piernas en tensi&oacute;n, como si no quisiera apoyar los pies en el suelo. Sab&iacute;a que hac&iacute;a muy mal leyendo aquella carta, que era un abuso, y que Mino, si se enteraba, habr&iacute;a de enfadarse con raz&oacute;n: Por qu&eacute; no ech&oacute; mi carta al correo, se quejar&iacute;a, ese era el pacto, ya no hab&iacute;a confianza, qu&eacute; intimidad le quedaba, qu&eacute; derecho, esto ha de pagarse caro. Y ahora se ve&iacute;a el prop&oacute;sito de aquel dame, Mino, la carta y yo le pongo el domicilio de Mont&eacute;limar.</p>
<p>Abelardo Oliver suspir&oacute; como si apenas le quedaran fuerzas por la llegada de los a&ntilde;os de repente sobrevenidos. Estaba sentado en su sill&oacute;n junto a una ventana desde donde ve&iacute;a llover sobre las pistas de atletismo. Cada vez era menos la luz de la tarde. Pleg&oacute; las cuartillas de la carta de Mino como si quisera no haberlas le&iacute;do, las meti&oacute; en el sobre y se empe&ntilde;&oacute; en pegar de nuevo la solapa adhesiva para cerrarlo.</p>
<p>No pod&iacute;a, se levantaba todo el rato. La moj&oacute; con saliva y de nada sirvi&oacute;. Pero en el fondo daba igual, pues aquella firma cruzada que hab&iacute;a hecho Mino por encima de la solapa, a modo de precinto, nunca servir&iacute;a para que su destinataria comprobara que el sobre no lo hab&iacute;a abierto nadie. Estaba claro, eso s&iacute;, que Mino no se fiaba de &eacute;l. Y aquel era un detalle que hab&iacute;a que tener en cuenta.</p>
<p>Abelardo Oliver recost&oacute; la cabeza en el sill&oacute;n.</p>
<p>Lamentaba lo que ese Mino ingrato le promet&iacute;a a Luc&iacute;a en la carta, que era que, si no volv&iacute;a pronto, acabar&iacute;a renunciando a la nataci&oacute;n. &iquest;Y entonces yo qu&eacute; hago? &iquest;Y todos mis esfuerzos? &iquest;Y los de los dem&aacute;s? &iquest;C&oacute;mo quedar&iacute;a sin Mino la Selecci&oacute;n Espa&ntilde;ola?</p>
<p>El tel&eacute;fono de donde viviera, ya que el m&oacute;vil nunca lo cog&iacute;a.</p>
<p>Una direcci&oacute;n de correo electr&oacute;nico, tambi&eacute;n eso le ped&iacute;a a Luc&iacute;a en un p&aacute;rrafo desesperado.</p>
<p>Una forma, en fin, de contactar con ella al margen de ese fastidio de entrenador.</p>
<p>Ah, Mino tramposo, dijo Abelardo Oliver. Pensabas que no iba a enterarme, &iquest;eh? Me subestimas. Tendr&eacute; que recordarte que solo valen cartas.</p>
<p>Maldice tu vida y llora todo lo que quieras, pero que sea despu&eacute;s de los europeos. Y si cuando te enteres de que Luc&iacute;a se ha ido para siempre dejas de ser nadador y te ahogas en la piscina porque ya no flotas ser&aacute; asunto tuyo, m&iacute;o no. Coger&eacute; mi dinero, dejar&eacute; mis habitaciones de la Residencia, volver&eacute; a mi casa y de nuevo criar&eacute; palomas mensajeras. Pero ser&eacute; un hombre que tuvo suerte en la vida.</p>
<p>Abelardo Oliver dej&oacute; la carta encima de la mesa y se la qued&oacute; mirando como si fuera un sapo chafado por la rueda de un coche. Se levant&oacute; y fue a la cocina. Arrastraba los pies, porque imitaba a Mino cuando caminaba hacia los vestuarios de la piscina, ese cansancio suyo como de flor marchita. &iquest;C&oacute;mo ser&iacute;an los pechos de Luc&iacute;a?</p>
<p>En fin, hora de cenar.</p>
<p>A Abelardo Oliver no le apetec&iacute;a bajar al comedor de la Residencia, hablar con los otros entrenadores y luego partida de domin&oacute; o pel&iacute;cula o peri&oacute;dico. Bati&oacute; unos huevos, calent&oacute; aceite en una sart&eacute;n y se prepar&oacute; una tortilla en la kitchenette auxiliar. Levant&oacute; el vaso al aire y celebr&oacute; con una sonrisa la decepcionante opini&oacute;n que Mino ten&iacute;a de &eacute;l, a ver qu&eacute; malas intrigas son esas, ni qu&eacute; tienes que decir a escondidas, si dentro de seis semanas, y unos pocos d&iacute;as m&aacute;s, te llevo conmigo a los Campeonatos de Europa de Helsinki, y a Luc&iacute;a, por mucho que la prefieras, y es normal que as&iacute; sea, no lo niego, aunque pronto fueras a casarte con ella, la conociste hace menos que a m&iacute;, qu&eacute; tonter&iacute;as vas contando, que si soy un indeseable. Que si nadie me aguanta. Que si te doy asco.</p>
<p>Mientras part&iacute;a en trocitos la tortilla con el tenedor para que se enfriara antes, son&oacute; un trueno y al momento se fue la luz. Tambi&eacute;n las pistas de atletismo se hab&iacute;an quedado a oscuras y la mayor parte de las instalaciones deportivas. Esper&oacute; un par de minutos contemplando c&oacute;mo el principio de la noche se met&iacute;a en el cuarto de estar, antes de levantarse para ir a la caja de los interruptores.</p>
<p>La abri&oacute; y encendi&oacute; una cerilla que cogi&oacute; de la kitchenette. No era asunto de fusibles, sino una aver&iacute;a general del suministro el&eacute;ctrico. Volvi&oacute; al cuarto de estar.</p>
<p>Cogi&oacute; la carta de Mino y se sent&oacute; en el sill&oacute;n junto a la ventana. Ahora llov&iacute;a m&aacute;s que antes y por el arrabal ven&iacute;an unas nubes oscuras que se confund&iacute;an con la noche, cargadas de truenos veraniegos y agua en abundancia, tal vez granizo en estas fechas propicias.</p>
<p>Se puso de nuevo las gafas, tuvo que forzar la vista. Sigamos: Mino le hab&iacute;a escrito a Luc&iacute;a que la echaba en falta, que as&iacute; no pod&iacute;a vivir y el resto de frases que se repiten los enamorados en las cartas desde el principio de los tiempos, se martirizan as&iacute; mientras no est&aacute;n juntos y luego el encuentro es mejor y m&aacute;s dulce.</p>
<p>Total, Luc&iacute;a, que esto de estar sin ti es como si llevara mucho tiempo dormido y no me pudiera despertar, ni estoy cuando me busco en el espejo, sino que lo que veo es tu cara ocup&aacute;ndolo todo, porque el espejo es como el agua de la piscina, solo soporto mi pena si imagino que a ti te pasa lo mismo, antes de dormir te miras al espejo y entonces estoy yo, ese es el &uacute;nico consuelo m&iacute;o, el agua que nos une.</p>
<p>Abelardo Oliver le&iacute;a, pero no llegaba a entender el significado de aquellas palabras porque, desde hac&iacute;a ya unas l&iacute;neas, el pensamiento le hab&iacute;a llevado lejos. Qu&eacute; importa si la verdad no impera, se dec&iacute;a, o qu&eacute; decencia se pierde viviendo enga&ntilde;ado. Por eso no, no podr&aacute;n conmigo las malas noticias, y seguir&eacute; invent&aacute;ndome por tu propio beneficio, y desde luego tambi&eacute;n por el m&iacute;o, sobre todo por el m&iacute;o, que ella se ha ido a Mont&eacute;limar para dejarte entrenar en paz, mentir&eacute; cuanto haga falta, porque nada va a privarme de la &uacute;ltima ocasi&oacute;n que tengo de hacer algo que valga la pena. Y ganaremos en Helsinki. Luego haz t&uacute; lo que te d&eacute; la gana.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 24 Jan 2014 07:07:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Oración por mi hija]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/oracion-por-mi-hija/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/jesusaguadoquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;"><strong>I</strong></p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Cuando el D&iacute;a luchaba con la Noche</p>
<p>en abrazo salvaje de estrellas contra estrellas,&nbsp;</p>
<p>la sangre de la luz espes&aacute;ndose en sombras por todo el Universo,&nbsp;</p>
<p>llegaste con auroras y crep&uacute;sculos,</p>
<p>llegaste con el orden y con la sucesi&oacute;n, con la armon&iacute;a</p>
<p>que duerme en el comp&aacute;s y bru&ntilde;e el coraz&oacute;n del astrolabio,</p>
<p>con el canto del gallo y el acechar del lobo&nbsp;</p>
<p>y entre ambos colocaste el Tiempo como escudo</p>
<p>para que no se hiriesen.&nbsp;</p>
<p>Al D&iacute;a y a la Noche les pido que recuerden.</p>
<p>Al D&iacute;a y a la Noche les ruego que te cuiden.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>II</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando el Mar y la Tierra decidieron</p>
<p>separarse,</p>
<p>para que hubiera paz en su discordia</p>
<p>apareciste t&uacute;:&nbsp;</p>
<p>encajaste tus manos de lava en una grieta&nbsp;</p>
<p>(oc&eacute;anos a un lado continentes al otro)&nbsp;</p>
<p>(cacat&uacute;as aqu&iacute; tiburones all&aacute;)&nbsp;</p>
<p>y sin esfuerzo hiciste su distancia.&nbsp;</p>
<p>A la Tierra y al Mar les pido que recuerden.</p>
<p>A la Tierra y el Mar les ruego que te cuiden.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>III</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando el Calor y el Fr&iacute;o descubrieron</p>
<p>que estaban obligados a amarse en la distancia,</p>
<p>ese amor imposible estallando en cat&aacute;strofes&nbsp;</p>
<p>(glaciaciones e incendios, nevadas y sequ&iacute;as),&nbsp;</p>
<p>acudieron a ti y les regalaste&nbsp;</p>
<p>la quemaz&oacute;n del hielo y el frescor del oasis:&nbsp;</p>
<p>unos pocos lugares donde abrazarse a solas.&nbsp;</p>
<p>Al Fr&iacute;o y al Calor les pido que recuerden.</p>
<p>Al Fr&iacute;o y al Calor les ruego que te cuiden.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>IV</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando Dentro y Afuera heredaron los huecos que dejaba</p>
<p>la Materia</p>
<p>al expandirse&nbsp;</p>
<p>(el recodo, la grieta, el pasadizo)&nbsp;</p>
<p>y entre dudas pon&iacute;an un bosque en una casa</p>
<p>o un pulm&oacute;n respirando sin cuerpo en un camino,&nbsp;</p>
<p>entreg&aacute;ndole al Miedo la llave de este mundo,&nbsp;</p>
<p>t&uacute; fabricaste vanos, ventanas, sentimientos, se&ntilde;alizaste las fronteras</p>
<p>que impiden que se mezclen exterior e interior,</p>
<p>moldeaste las leyes de lo c&oacute;ncavo y la ley del paisaje,&nbsp;</p>
<p>persuadiste a las cuevas y a los guantes a dejarse habitar por dedos y por osos</p>
<p>y persuadiste al aire libre a dejarse cruzar por los vencejos.&nbsp;</p>
<p>Al Dentro y al Afuera les pido que recuerden.</p>
<p>Al Dentro y al Afuera les ruego que te cuiden.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>V</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando dej&oacute; el Silencio de hablarle a la Palabra,&nbsp;</p>
<p>para que no murieran de sed</p>
<p>en el espejo de la ausencia mutua&nbsp;</p>
<p>derramaste en sus manos</p>
<p>el agua de la Poes&iacute;a.&nbsp;</p>
<p>Al Silencio, a la Palabra les pido que recuerden.</p>
<p>Al Silencio, a la Palabra les ruego que te cuiden.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>VI&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hija,&nbsp;</p>
<p>por el Mar o la Tierra, de D&iacute;a o de Noche, con Calor o con Fr&iacute;o, Dentro o Afuera,</p>
<p>desde el Silencio o la Palabra,&nbsp;</p>
<p>pisa con cuidado&nbsp;</p>
<p>porque te pisas a ti misma.&nbsp;</p>
<p>Hija,&nbsp;</p>
<p>no lo olvides.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 23 Jan 2014 09:12:16 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El amigo indiscreto]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-amigo-indiscreto/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/OSCAR_SIP_N.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="right">&ldquo;No hay nada m&aacute;s peligroso que un amigo indiscreto.</p>
<p align="right">A veces es preferible un enemigo prudente&rdquo;</p>
<p align="right">Jean de la Fontaine</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong>Al reconocer la tinta de su pluma modelo Balzac, la graf&iacute;a de su letra, la dedicatoria y su firma, sinti&oacute; un odio en espiral que degener&oacute; en tristeza y bochorno: su ego tiritaba de rabia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como cada domingo antes del vermouth, se hab&iacute;a acercado a curiosear entre los puestos de la plaza. La compra de una cajita de n&aacute;car y de un pisapapeles con forma de tortuga le hab&iacute;a puesto de un excelente humor. En medio de aquella anarqu&iacute;a de saldos, figuras de porcelana, postales con matasello del extranjero, gram&oacute;fonos con carcoma, soldados de plomo, bodegones carentes de perspectiva y enciclopedias desfasadas no esperaba encontrar su novela. Y menos a&uacute;n, dedicada: <em>A Pablo Nebout, con toda mi admiraci&oacute;n</em>. Record&oacute; el lugar y el momento exacto, el humo de tabaco desdibujando los rostros, la risa hueca de un prestamista, las manos de la camarera al trasvasar el caf&eacute; desde la bandeja a la mesa de m&aacute;rmol. Por eso la traici&oacute;n le doli&oacute; m&aacute;s.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Quiso impedir que otros pudieran descubrir la humillaci&oacute;n y compr&oacute; el libro. El librero le reconoci&oacute;, mir&aacute;ndole dos veces y levantando las cejas. Llevaba guantes recortados a la altura de las falanges y expulsaba vaho como un tigre de Bengala en las calles de Oslo. Al tenderle el libro, le dijo con sorna:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; --As&iacute; agotamos la tirada, &iquest;no?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se alej&oacute; furioso, culpando de la escena a Pablo Nebout. Le costaba respirar. El libro le quemaba en el bolsillo. Caminando entre la gente se sent&iacute;a al borde de un ataque de rid&iacute;culo. Busc&oacute; refugio en la catedral. Pero ni el hombre crucificado, ni la luz de las vidrieras le devolvieron la calma. Sentado en el banco de una de las capillas recorri&oacute;, desde la rabia incontrolable hasta la l&aacute;stima, todo el abecedario de sentimientos. Conoci&oacute; a Pablo Nebout en una de esas clases de soberbia que son las tertulias literarias. Lo recordaba manej&aacute;ndose con la invisibilidad de un hijo ileg&iacute;timo, la mirada y la respiraci&oacute;n tranquila, las manos de campesino apoyadas sobre una carpeta y el cuello embutido en una bufanda marr&oacute;n. Guardaba silencio y escuchaba. En un ambiente de vanidad y vac&iacute;o intelectual, todo el mundo escrib&iacute;a cuentos que se asemejaban a besos precipitados. &Eacute;l, por su parte, compaginaba los estudios de comercio con la escritura; sus dos intentos de novela hab&iacute;an resultado galardonados con m&uacute;ltiples cartas de rechazo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pablo Nebout dej&oacute; de asistir a las tertulias, en un destierro voluntario del que nadie pareci&oacute; percatarse. Durante meses, se borr&oacute; de la vida. Lo siguiente que supo de &eacute;l fue la publicaci&oacute;n de un libro de cuentos titulado <em>El amor es un impasse entre dos soledades</em>. Al leerlo, sinti&oacute; envidia y admiraci&oacute;n a partes iguales. Era uno de esos libros construidos, a golpe de desgarro, en noches de insomnio y dolor de cabeza. Aquellos doce cuentos aguantar&iacute;an el paso del tiempo y se convertir&iacute;an, para mucha gente, en dogma de fe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con los a&ntilde;os el coraz&oacute;n y los sue&ntilde;os se van estrechando. Sobre su fracaso literario edific&oacute; una pr&oacute;spera carrera de importador de caf&eacute;, renunciando a la escritura y caminando de la mano del demonio del comercio. Pero la repentina publicaci&oacute;n de su novela, <em>Las variaciones Goldberg</em>, hab&iacute;a despertado su idilio con la diosa Literatura, esa furcia que despreciaba la condici&oacute;n social y la belleza y visitaba a domicilio, sin avisar, levant&aacute;ndose la falda y dej&aacute;ndose hacer sobre la cubierta de la cama. El d&iacute;a que lo encontr&oacute; en el caf&eacute; y le dedic&oacute; su novela, se sinti&oacute; feliz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sus piernas le llevaron a un barrio obrero. Soplaba viento de levante. Las chimeneas de las f&aacute;bricas anulaban toda esperanza de arco iris. En un solar pr&oacute;ximo campaban las ratas y los galgos asilvestrados. Dio dos vueltas alrededor de la casa de Pablo Nebout, en un asedio no declarado, sin atreverse a subir. Era uno de esos edificios en ruinas, con s&aacute;banas blancas alborotadas y los aleros del tejado plagados de nidos de vencejo, que no se desplomaban<em> por no molestar</em>. Le pareci&oacute; intuir una sombra humana tras el vuelo de la cortina. Pero no tuvo el valor suficiente para cruzar el umbral.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pas&oacute; la tarde sentado en un caf&eacute;, con la mano derecha aplastando el ejemplar de su novela &ndash;una novela que ahora le parec&iacute;a mediocre e indigna-, mirando desfilar ombligos femeninos e ideas trashumantes, hasta que atrap&oacute; una. Se le antoj&oacute; elegante e ingeniosa: a&ntilde;adir&iacute;a una nueva dedicatoria y le enviar&iacute;a el libro por correo. Sac&oacute; de su abrigo la pluma modelo Balzac y escribi&oacute;: <em>A Pablo Nebout, con renovado afecto</em>. De la misma manera que el ad&uacute;ltero divide los sentimientos entre el placer y la culpa, se sinti&oacute; aliviado y nervioso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A la semana siguiente, como cada domingo antes del vermouth, regres&oacute; al puesto del librero. Bajo una edici&oacute;n en piel de <em>Las Confesiones</em>, de Jean-Jacque Rosseau, lo encontr&oacute;. No tuvo que mirar en el interior para saber que era el mismo libro. La herida, cerrada en falso, se abri&oacute; con la violencia del bistur&iacute; sobre la bolsa de pus: se dirigi&oacute; a la casa de Pablo Nebout con la firme decisi&oacute;n de batirse en duelo al amanecer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Le abri&oacute; la puerta una mujer imantada por la pena, la frente ancha y los ojos diminutos que uno espera encontrar bajo la visera de un telegrafista. Al no ser capaz de ocultar la pobreza, se sonroj&oacute;. El olor a medicina le trajo una imagen: el cuerpo desnudo de Pablo Nebout sobre un colch&oacute;n de paja, la piel de las costillas consumida, la cara, con inclinaci&oacute;n a la melancol&iacute;a, ladeada. Lo imagin&oacute; enfermo, buscando la suerte que duerme en las azoteas, tomando ba&ntilde;os de sol y subiendo los ciento veinte pelda&ntilde;os de su casa, una y otra vez, como si la disciplina pudiera interferir en la salud.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No pudo evitar fijarse en los zapatos sin hebilla y en los pu&ntilde;os ra&iacute;dos de la chaqueta, en la entrada sin muebles y en las baldosas limpias y desgastadas. Cuando sus ojos alcanzaron, sobre el papel de la pared, la marca de un cuadro que ya no estaba, lo comprendi&oacute;: Pablo Nebout hab&iacute;a muerto y ella, acuciada por las deudas, vend&iacute;a todas sus pertenencias.</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 22 Jan 2014 09:02:10 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tres escrituras en un solo Amos Oz]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/tres-escrituras-en-un-solo-amos-oz/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/AMOS_OZ.jpg" alt="" /></p>
<p>Hay, seguramente, tres escrituras, tal vez tres personajes o incluso otras tantas pasiones en el pensar y la vida de un solo Amos Oz, ese admirable escritor y maestro israel&iacute;, m&aacute;s cerca ahora a&uacute;n de muchos de nosotros, tras su reciente y merecid&iacute;simo&nbsp; Premio &ldquo;Pr&iacute;ncipe de Asturias&rdquo;. Quisiera apresurarme a subrayar que esa triple visi&oacute;n que se propone nace m&aacute;s de una lectura atenta, escrudi&ntilde;adora y emocionada de&nbsp; varias de sus obras m&aacute;s importantes que de una hip&oacute;tesis acad&eacute;mica, que exigir&iacute;a ulteriores indagaciones y contrastes rigurosos. De ah&iacute; la cautela que matiza un convencimiento, con todo, personalmente clarificador.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se&ntilde;alar, cuanto antes, su puesto de honor en la literatura israel&iacute; es un comienzo obligado en la glosa de este autor, por m&aacute;s que vayan siendo cada vez menos quienes puedan desconocerlo. A&ntilde;adir, sin embargo, que su obra se une a la lista relevante de escritores jud&iacute;os e israel&iacute;es que ir&aacute;n cimentando la gran literatura universal de los &uacute;ltimos cien a&ntilde;os podr&aacute; para algunos parecer afirmaci&oacute;n arriesgada, aunque no probablemente a quienes puedan degustar, al mismo tiempo, un aprecio objetivo por la sorprendente vitalidad, en tan corto periodo hist&oacute;rico, de la literatura hebrea moderna, que es, desde su compleja singularidad, parte del mejor patrimonio de la occidental.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;Amos Oz da vida, con Abraham B. Yehosh&uacute;a y el m&aacute;s tard&iacute;o David Grossman, a la mejor narrativa de la llamada &ldquo;Generaci&oacute;n del Estado&rdquo;, que va a tomar la alternativa a la conocida como &ldquo;Generaci&oacute;n del 48 o del Palmaj&rdquo; y es caracterizada por el propio Yehosh&uacute;a, en un trabajo de 1998, por algunas notas de gran trascendencia social y personal en sus escrituras: la clara interiorizaci&oacute;n de la transici&oacute;n de Eretz Israel al propio Estado de Israel; una actitud realista, libre y cr&iacute;tica, alejada del viejo romanticismo de sus predecesores; uso laico de los elementos religiosos de la tradici&oacute;n cultural jud&iacute;a, sin desconocimientos u hostilidades beligerantes; conciencia de su continuidad en el proceso de creaci&oacute;n de la literatura hebrea, con su clara identidad israel&iacute;; apertura&nbsp; a la literatura universal del propio siglo, incluida la jud&iacute;a no israel&iacute;, especialmente americana y un relato directo e intenso de la propia realidad vivida y cre&iacute;da por ellos mismos. Conviene precisar, adem&aacute;s, que estos tres autores, a&uacute;n vivos y en plena vitalidad literaria y pol&iacute;tica, tienen una acusada personalidad individual que traspasa, enriqueci&eacute;ndolas, las fronteras de esas caracter&iacute;sticas comunes, con las que la propia visi&oacute;n acad&eacute;mica los ha enmarcado hist&oacute;ricamente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Podemos, pues, intentar un breve esbozo de la obra narrativa de Amos Oz, que vale en&nbsp; este caso decir que es al mismo tiempo la de su propia biograf&iacute;a. Poseemos para tal fin un regalo excepcional: su propia novela, <em>Una historia de amor y oscuridad</em>, que concluye en&nbsp; Arad, su ciudad en los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os, cuando finaliza el a&ntilde;o 2001. Ya hab&iacute;a cumplido m&aacute;s de sesenta el autor que se relata y retrata en su infancia y adolescencia, desde un 1939 y una Jerusal&eacute;n, esa &ldquo;ciudad extra&ntilde;a&rdquo;, en sus propias palabras, que le vieran nacer. Es, pues, qu&eacute; duda cabe, una autobiograf&iacute;a, pero s&oacute;lo en la medida que este g&eacute;nero se supedita a aquel primero. Y aqu&iacute; retomamos nuestra primera sugerencia, la de las tres escrituras con sus personajes: la historia que se trasmuta en epopeya para pasar del Mandato brit&aacute;nico a la creaci&oacute;n del Estado de Israel: la sociedad en creciente complejidad pol&iacute;tica y cultural de su propio conflicto; la saga familiar, que se polariza en la subtrilog&iacute;a que forman el padre, la madre y el propio Am&oacute;s, en estos a&ntilde;os, a&uacute;n sujeto de su inicial apellido Klausner.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En esta novela de madurez, llamada a convocar impl&iacute;cita y literalmente a muchas de los relatos precedentes de su autor, dir&aacute; el propio Oz que es el &ldquo;resultado de un largo proceso de paz conmigo mismo&rdquo;, pero tambi&eacute;n ser&aacute; el relato de la evocaci&oacute;n de un pueblo que transita de una Europa, abruptamente abandonada y a&ntilde;orada, a la construcci&oacute;n de un sue&ntilde;o mil veces so&ntilde;ado y ahora tan urgente como imprescindible.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&ldquo;El Mundoentero (sic) estaba lejos, era atractivo y enigm&aacute;tico, pero muy peligroso y hostil para nosotros: no quieren a los jud&iacute;os porque son perspicaces, astutos y sobresalientes pero tambi&eacute;n escandalosos y jactanciosos&hellip; All&iacute;, en el mundo, todas las paredes est&aacute;n cubiertas de frases difamatorias, &ldquo;Jud&iacute;o, vete a Palestina&rdquo;, y nos fuimos a Palestina, y ahora el mundo nos grita:&rdquo;Jud&iacute;o, sal de Palestina&rdquo;&hellip;No s&oacute;lo el Mundoentero, tambi&eacute;n Eretz Israel estaba lejos: en alg&uacute;n lugar, m&aacute;s all&aacute; de las monta&ntilde;as, estaba surgiendo una nueva raza de jud&iacute;os heroicos, una raza bronceada y robusta, silenciosa y eficiente, completamente distinta a los habitantes de Karem Abraham&hellip; Chicos y chicas pioneros, bronceados, curtidos y silenciosos, que hab&iacute;an logrado convertir la oscuridad de la noche en un aliado, y que tambi&eacute;n en las relaciones entre el hombre y la mujer hab&iacute;an superado ya todas las inhibiciones&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No dejar&aacute; de ser tambi&eacute;n la biograf&iacute;a de aquella Jerusal&eacute;n, tambi&eacute;n minuciosamente descrita en muchos de sus otros relatos:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Jerusal&eacute;n es una vieja ninf&oacute;mana que exprime hasta el agotamiento antes de desembarazarse con un gran bostezo de un amante tras otro, una mantis religiosa que devora a su pareja mientras la est&aacute; penetrando&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La historia se alargar&aacute;, hacia atr&aacute;s, hasta el mundo evocado del shetelz, narrado poderosa, estremecedoramente por Joseph Roth y estudiado magistralmente por Magris o el pol&iacute;glota, erudito y cosmopolita de Ucrania, Rusia o Praga, que acunaba la saga que llegar&iacute;a a Amos Oz y que se nutr&iacute;a de apasionados eur&oacute;filos (&ldquo;esos jud&iacute;os convertidos por la Alemania nazi en casi los &uacute;nicos europeos), beber&aacute; un amargo presente ante la mirada a&uacute;n infantil e irresistiblemente curiosa del inquieto ni&ntilde;o, con guerra, sangre y muerte entre el 1947 y 1948 para hacerse utop&iacute;a pionera en el idealizado kibbutz de Hulda que recibir&aacute; al adolescente convertido en Amos Oz.. En su interior, mientras la Historia discurre y la sociedad se fragmenta, el amor silenciado del tri&aacute;ngulo familiar caminar&aacute; lentamente hacia la tragedia y la ruptura. El narrador ni&ntilde;o, la memoria adolescente, encontrar&aacute; un cierto sosiego en la paz de la escritura desnudada tras tantos a&ntilde;os de silencios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es, pues, esta Historia de amor y oscuridad, la obra central de ese solo Amos Oz que aparece en las tres escrituras y sus protagonistas, pero se&ntilde;al&aacute;bamos tambi&eacute;n que encerraba, en sus alusiones, a las hijas de la creaci&oacute;n literaria que hab&iacute;an llegado antes y de alg&uacute;n modo a la vez que la condensaci&oacute;n de la epopeya entera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero si esta obra mayor y singular nos abr&iacute;a el espacio de sus escrituras, es hora, tal vez, de analizar brevemente cada una de ellas, sus principales protagonistas y las mayores pasiones de Amos Oz. Veremos en la primera escritura el creador narrativo, innovador y recurrente en sus diferentes relatos, sean breves y trepidantes o m&aacute;s extensos y ambiciosos. Se&ntilde;alaremos luego el infatigable articulista comprometido con la paz, el di&aacute;logo, el entendimiento del &ldquo;otro&rdquo; y el ensayista contra todo fanatismo. Miraremos tambi&eacute;n al profesor de literatura, sagaz y l&uacute;cido, queriendo huir de una erudici&oacute;n acad&eacute;mica sin vida. Y advertiremos ya, para evitar la sorpresa confundida, que las tres escrituras se entremezclar&aacute;n con naturalidad y sin cobard&iacute;a, pues, a la postre, un solo Amos vive y vibra en los tres registros. &iquest;Sab&iacute;as, amigo lector, que, al decir del propio Oz, no existe en hebreo una palabra precisa para lo que nosotros conocemos como &ldquo;ficci&oacute;n&rdquo;? Este idioma usa habitualmente &ldquo;narrativa&rdquo; y en ella nuestro Amos es, eso s&iacute; esta fuera de toda pol&eacute;mica, un maestro ejemplar. No esperes, en todo caso, exhaustividad sobre la relaci&oacute;n de sus obras y escritos: el conjunto supera ya la veintena de novelas y obras mayores y lleva escritos m&aacute;s de 450 art&iacute;culos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Escritura 1. Am&oacute;s Oz&nbsp; narra.</p>
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<p>Aunque aquel ni&ntilde;o inquieto de la Jerusal&eacute;n de Kerem Abraham, amador de libros y palabras y fantaseador desde su propio primer recuerdo, comenzara a escribir a los seis a&ntilde;os, su primeras obras publicadas, exceptuando el c&eacute;lebre art&iacute;culo que mereci&oacute; respuesta p&uacute;blica y escrita del propio Ben Guri&oacute;n, ya ser&iacute;an previamente le&iacute;das por su adorada esposa Nilli, pues, tras la primeriza <em>Holocausto II</em>, goz&oacute; de merecido reconocimiento, en 1965, <em>Donde a&uacute;llan los chacales y otros cuentos</em>, que recrea fantas&iacute;as desde su mundo en el kibbutz, tras descubrir el sentido que iba a otorgar a su narrativa con la lectura de <em>Winesburg, Ohio</em>:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Sherwwod Anderson me abri&oacute; los ojos para escribir lo que ten&iacute;a alrededor. Gracias a &eacute;l comprend&iacute; de pronto que el mundo escrito no depende de Mil&aacute;n o Londres, sino que gira siempre alrededor de la mano que escribe en el lugar en el que escribe: donde tu est&aacute;s, est&aacute; el centro del universo&rdquo; (de <em>Una historia de amor y oscuridad</em>).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ahora bien, esos mundos cercanos, poblados por personajes cotidianos o fantas&iacute;as comprensibles, est&aacute;n hablando de los verdaderos problemas de cada hombre o mujer, especialmente en el entorno familiar, donde se viven dolores, tragedias, silencios o deseos de huida, que son la vida y la muerte, el amor y desamor de la humanidad toda.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;<em>Mi peque&ntilde;o Mijael</em> aparece en 1968 y tiene como escenario la Jerusal&eacute;n de los a&ntilde;os 50. Narrada en primera persona de una mujer, Jana, presenta un comienzo, que bien puede pasar a ese dif&iacute;cil e improbable canon de principios de novelas a los que el propio Am&oacute;s dedicar&iacute;a un sugerente ensayo muchos a&ntilde;os m&aacute;s tarde (<em>La historia comienza</em>, 1996) y que, como el mejor resumen de toda su trama, reza as&iacute;:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Escribo porque las personas a las que amaba han muerto. Escribo porque cuando era ni&ntilde;a ten&iacute;a una gran capacidad de amar y ahora esa capacidad est&aacute; muriendo. No quiero morir&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si los cuentos protagonizaron el aullar de los chacales, aqu&iacute; se ense&ntilde;orea del relato el mundo de la mujer en un dueto familiar, en el que Mijael adquiere alg&uacute;n sentido desde la insondable vida interior de Jana (al final de la novela la frase, ya escrita antes, &ldquo;en el mundo hay una alquimia que es la melod&iacute;a interna de mi vida&rdquo; resultar&aacute; excesiva: &ldquo;ahora quiero suprimir esa expresi&oacute;n porque es altisonante: alquimia, Melod&iacute;a interna&rdquo;.). No niego los res&uacute;menes al uso de esta novela mayor (caus&oacute; gran impacto y fue la primer conmoci&oacute;n en Israel, de gran lectura all&iacute; y en Estados Unidos), a&uacute;n con desiguales imperfecciones, que centran la atenci&oacute;n en la historia de un matrimonio y de su ruptura. Sin embargo, lo verdaderamente relevante en ese vago sustrato de una moderna <em>Bovary </em>es precisamente la mezcla de una progresiva cotidianidad, que con el tiempo va marcando el hast&iacute;o de Jana, con ese proceso de la doblez de los dos gemelos &aacute;rabes que anidan desde la ni&ntilde;ez en su alma, esos sentimientos inapelables y confusos, esa uni&oacute;n de frustraci&oacute;n y sufrimiento. O, m&aacute;s a&uacute;n:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Recuerdo que el sufrimiento y la brutalidad me parecieron dos s&iacute;mbolos matem&aacute;ticos de una ecuaci&oacute;n simple, y que no me esforc&eacute; en resolverla&rdquo;. Eran la manifestaci&oacute;n de imaginarias aventuras,&nbsp; sue&ntilde;os y pesadillas de fantas&iacute;as sexuales en busca de una imposible conciliaci&oacute;n de pasi&oacute;n y amor. El climax, brutal y conmovedor del cap&iacute;tulo 23 se cierra con la trepidante escritura de una realidad confusa, on&iacute;rica y metaf&oacute;rica que ocupa el final de un espacio, cerrado y tr&aacute;gico (&iquest;el de su madre?), sobre el que &ldquo;caer&aacute; una fr&iacute;a calma&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>No es que falte el cari&ntilde;o o la ternura entre Jana y su &ldquo;querido Mijael&rdquo;, sino que acecha constantemente la trasgresi&oacute;n, incluso en la propia omnipresente Jerusal&eacute;n que se metamorfosea al comp&aacute;s de la propia mujer convulsa. A&ntilde;os m&aacute;s tarde no nos extra&ntilde;ar&iacute;a el &ldquo;sacrilegio&rdquo; de Oz al otorgarle el t&iacute;tulo de &ldquo;ninf&oacute;mana&rdquo;. Los escandalizados ortodoxos, que incrementan cada d&iacute;a la inagotable tristeza de la Ciudad Santa lo hab&iacute;an intuido en esta novela, tambi&eacute;n suya, a su pesar.</p>
<p>De nuevo la trilog&iacute;a de su escritura, sus pasiones y sus personajes: el relismo cotidiano, minucioso y preciso en el hilo discursivo se cimbrea para sostener la corriente subversiva, irracional, sensual&nbsp; que explota inevitable e inexorable, mientras sobrevuela, llenado cualquier vac&iacute;o social y familiar, la guerra y los destinos del pueblo todo, que encarnar&aacute; el hijo de Jana y Mijael, Jair (el peque&ntilde;os Am&oacute;s?), el ni&ntilde;o del futuro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;El libro de 1971, <em>Hacia la muerte</em>, aunque traducido al espa&ntilde;ol en Argentina, es poco conocido y comentado entre la cr&iacute;tica espa&ntilde;ola, goz&oacute;, sin embargo, de muy buena acogida, pues hubo gran consenso sobre su &ldquo;potencia narrativa&rdquo;. Tal vez las dos peque&ntilde;as novelas que re&uacute;ne este libro, la visi&oacute;n de un protagonista jud&iacute;o en tiempo de las Cruzadas y su corolorario en la modernidad que hace a su protagonista, igualmente un jud&iacute;o, esta vez ruso reflexionar sobre los progroms y sus consecuencias hist&oacute;ricos, con un estilo, que manifest&oacute; ya su fecunda capacidad narrativa en los libros que le precedieran, contribuyeran a su buena valoraci&oacute;n y perdurable recuerdo. En estas dos novelas se acent&uacute;an su fantas&iacute;a y pasi&oacute;n para dar vida propia a dos t&oacute;picos saludados ya frecuentemente por la Historia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con hermoso t&iacute;tulo vio la luz la novela, en 1973, <em>Tocar el agua, tocar el viento</em>, que narra simb&oacute;licamente la constante hu&iacute;da del pueblo de un mundo hostil en la vida del relojero Pomeranz, un verdadero mago en las artes inmateriales de la m&uacute;sica y las matem&aacute;ticas. Si la fuerza de la gravedad guiar&aacute; su salida de la Polonia ocupada, el poder de su m&uacute;sica le conducir&aacute; a la profundidad de la tierra, en la paz de Israel, para convertir su aridez en h&uacute;meda matriz de la inmortalidad de &eacute;l mismo y su mujer. La creciente fantas&iacute;a en la escritura de Oz crea un puente de nueva forma a su recurrencia del camino de la vieja Europa al nuevo Israel.</p>
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<p>En 1978 llega Soumji, que en castellano recibi&oacute; el nombre de La bicicleta de Sumji. Si pudiera constituir, sin falsearla, una de los muchos relatos que poblar&iacute;an las progresivas haza&ntilde;as de la peripecia vital del ni&ntilde;o Amos Klausner en la gran novela que habr&iacute;a de constituir Una Historia de amor y oscuridad, tantas veces renombrada aqu&iacute;, es preciso se&ntilde;alar que constituye, seguramente, en su breve escritura acelerada, minuciosa, realista y fantasiosa a un tiempo, la recreaci&oacute;n en el a&uacute;n joven hebreo de ese tiempo, para su definitiva permanencia, por su lengua y su modo narratorio, de la mejor tradici&oacute;n que dejaran las aventuras de Huckleberry Finn o relatos similares en nuestras otras literaturas occidentales. Pero perm&iacute;taseme a&ntilde;adir, sin pretensi&oacute;n jer&aacute;rquica en su comparaci&oacute;n, que la novelita de Amos, por su estructura formal y did&aacute;ctica, con sus siete simb&oacute;licos capitulitos, encabezados por el ancestral anuncio y precedidos de Pr&oacute;logo y Ep&iacute;logo, como quiere su interior coherencia, y adobada toda su escritura por sutiles iron&iacute;as, evocaciones viajeras, tan fant&aacute;sticas como posibles en la mente del ni&ntilde;o, entrelazadas por la trama que asciende hasta el m&aacute;s conmovedor amor, se trasmuta en&nbsp; un innovador relato que trasciende la ni&ntilde;ez para rozar la filosof&iacute;a y la pasi&oacute;n m&aacute;s sublimes. Sin abandonar, claro est&aacute;, esa minuciosidad cotidiana de la vida en la que nuestro escritor sigue creando magisterio.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Sin embargo, a pesar de todo, sent&iacute; pena en ese momento, porque en el mundo todas las cosas continuaban cambiando y nada permanec&iacute;a igual, y pena tambi&eacute;n de que aquella noche nunca fuera a regresar, pese a no tener motivos para amar aquella noche&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&ldquo;Era verano por completo, profundamente, en Jerusal&eacute;n, mientras nos amamos uno al otro, Esti y yo&hellip;&iquest;Por qu&eacute; ceso el amor? Es no es m&aacute;s que una pregunta&hellip;Bien, pero es que hay tant&iacute;simas preguntas y entre ellas algunas tan dif&iacute;ciles de responder&hellip;si hay alguien que pueda proporcionarnos las respuestas, dej&eacute;mosle que se ponga en pie y nos las diga.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;<em>Un descanso verdadero</em>, una de las mejores obras de Amos Oz sin duda de los ochenta (1982), iba a convertirse muy pronto en paradigma de lo que el prestigioso profesor Shaked llamar&iacute;a &ldquo;novela hist&oacute;rica actual&rdquo;, caracterizada por el regreso al &ldquo;peque&ntilde;o mundo&rdquo; que rodea al escritor (padres, kibbutz, Jerusal&eacute;n, Arad&hellip;.&rdquo; Agudizando el car&aacute;cter &ldquo;local&rdquo;, que describe y al mismo tiempo contrapone la nueva realidad social y personal israel&iacute; a la que trataron de cimentar los padres del sionismo, abriendo esa brecha entre realidad y anacronismo que a&uacute;n contin&uacute;a&hellip; En esta importante novela, donde el propio Amos revisa, no ya su alejada infancia y adolescencia, sino su propia experiencia juvenil en el kibbutz y la de la sociedad que va creciendo en una dif&iacute;cil complejidad, con la tragedia del conflicto, como sustrato permanente, la vida del pionero Yonat&aacute;n, que quiere alejarse para siempre de esa granja que ha constituido &uacute;nicamente su vida y al tiempo de su est&eacute;ril matrimonio, para comenzar una nueva vida, se entrecruza con la de Azar&iacute;as, u jud&iacute;os solitario de la di&aacute;spora, a quien su idealismo arrastra hasta el hogar del primero. De nuevo lo cotidiano alcanza, en su realismo veraz e irrenunciable, la carga simb&oacute;lica de una antropolog&iacute;a social que afecta a Israel y al propio mundo de una d&eacute;cada f&aacute;cil de recordar por tantos motivos. La tierra del kibbutz aparece como la patria de la libertad para el hombre cansado de vagar por mundos vacuos o productores de desencanto; para que siempre ha estado a ella la hu&iacute;da es el camino de la libertad. No es, con serlo de nuevo, una mera autobiograf&iacute;a (Os abandonar&aacute; Hulda hacia 1985); otros muchos, al fin, lo estaban tambi&eacute;n haciendo. Es un viejo problema del hombre que sigue, hoy, corriendo de la identidad a la libertad.</p>
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<p>&nbsp;Oz&nbsp; dejaba tambi&eacute;n saldadas sus cuentas con su larga estad&iacute;a en la plenitud de la vida kibbutziana en <em>La paz perfecta</em> (tambi&eacute;n de 1982) en la que describe minuciosamente las motivaciones que le llevaron a vivir tantos a&ntilde;os en esa sociedad &ldquo;perfecta&rdquo;. Pocos a&ntilde;os despu&eacute;s publicar&iacute;a La caja negra (1987), que mereci&oacute; el premio Fiminia en 1988 a la mejor novela extranjera y que, siguiendo la estela m&aacute;s arriba mencionada, desvela, a trav&eacute;s del g&eacute;nero epistolar, con abundantes cartas cruzadas entre varios y diferentes personajes, el entramado de sus relaciones (pasiones amorosas, envidias, rencores, odios y venganzas&hellip;), mostrando con ellas al mismo tiempo la complejidad pol&iacute;tica, religiosa, cultural y &eacute;tnica que caracteriza a un Israel en esa dimensi&oacute;n que conduce al fanatismo. En sus propias palabras &ldquo;es una indagaci&oacute;n sobre la condici&oacute;n humana, formulada en el escenario israel&iacute;.</p>
<p>Llegaron los a&ntilde;os noventa y el Amos doblemente &ldquo;traidor&rdquo;, por pacifista y cr&iacute;tico, emprendi&oacute; otro proceso narrativo que culminar&iacute;a en importantes novelas de diversas facturas, sin perder su pasi&oacute;n por la debilidad humana. Abord&oacute; directamente el conflicto israel&iacute;-palestino en su obra de 1991, <em>La tercera condici&oacute;n</em>, cuyo protagonista Fima, es un polemista infatigable que atisba una luz distinta tras la monoton&iacute;a del quehacer cotidiano. Pero ser&aacute; en <em>No digas noche</em>, de 1994, cuando encontremos al Oz&nbsp; de la novela de amor. Claro es que hab&iacute;a estado presente antes y va a recorrer toda su obra, de forma explicita en <em>Mi querido Mijael</em> y, de forma extra&ntilde;a, se cuela por muchos recovecos de <em>Una historia de amor y oscuridad</em>, pero aqu&iacute; Teo y Nora quieren retenerlo en su encuentro y ocupa el lugar primordial. Es verdad tambi&eacute;n que subsiste, se enfatiza, incluso, la dificultad de la entrega buberiana, pero en esta larga narraci&oacute;n, exhaustivamente descriptiva de cada acto humano, el trivial o el m&aacute;s sublime, pensada y escrita desde las dos laderas diferentes haya muchas huellas de la vida, que se vive, de deseos, proyectos, sue&ntilde;os, tambi&eacute;n de silencios, cansancios y hast&iacute;os, pero tambi&eacute;n, finalmente, de amor.</p>
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<p>&nbsp;No pudo prolongarse m&aacute;s all&aacute; de 1995 que el mundo de la novela recreara en Amos Oz las muchas palabras y testimonios de tantos ensayos y art&iacute;culos, donde otros le&iacute;an no pocas veces la palabra traici&oacute;n. Volvi&oacute; para ello, reincidir&iacute;a igualmente m&aacute;s tarde, a la ni&ntilde;ez y a los a&ntilde;os finales del Mandato brit&aacute;nico, hogar tan plagado de realidades y met&aacute;foras para narrar tan &ldquo;sospechoso&rdquo; tema. <em>Una pantera en el s&oacute;tano</em> es, pues, la recreaci&oacute;n de una profunda y conmovedora relaci&oacute;n entre Profi, el propio Amos siendo ni&ntilde;o y un sargento brit&aacute;nico que ama la Biblia y, por ello, la lengua hebrea. Pero algo tan humano y conmovedor s&oacute;lo pod&iacute;a parecer &ldquo;traici&oacute;n&rdquo; en aquel dualizado mundo de la Palestina de1947 o, para ser fieles al sentido del relato, aquella relaci&oacute;n va progresando en la escritura hasta alcanzar el valor universal de una reflexi&oacute;n moral, humana y vital, por tanto, de lo que es la traici&oacute;n real, verdadera. El Am&oacute;s chejoviano proclama en <em>La Pantera</em>&hellip;: &ldquo;As&iacute; es nuestra historia: viene de la oscuridad, da un par de vueltas, pasa y regresa a la oscuridad&rdquo;. Pero tambi&eacute;n: &ldquo;Todo tiene una especie de sombra. Tal vez la sombra tambi&eacute;n tenga sombra&rdquo;. Y concluye: &ldquo;&iquest;Y la propia historia? &iquest;No habr&eacute; vuelto a traicionar a todos por haberla contado? O todo lo contrario: &iquest;los habr&iacute;a traicionado si no la hubiera contado?</p>
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<p>Faltaba, sin embargo, una de las mejores sorpresas que iba a dar a la literatura actual el ya consagrado maestro de Israel. En efecto, cuando el siglo XX deca&iacute;a, en 1999, Amos Oz conmociona a la literatura hebrea israel&iacute; y pronto al resto de sus muchos lectores por el ancho mundo con El mismo mar, traspasando todas las fronteras, ling&uuml;&iacute;sticas y literarias (&iquest;tambi&eacute;n conceptuales o ideol&oacute;gicas?) que hasta entonces &eacute;l mismo se hab&iacute;a libremente marcado. La poes&iacute;a y la prosa brotan creadoramente, se suceden y entrelazan sin orden y coherencia aparentes. Los personajes no ocupan su espacio previsto y tejen su sinfon&iacute;a de palabras comprensibles o confusas. Separados por la muerte o cualquier l&iacute;mite o barrera se encuentran en la escritura o en las met&aacute;foras que juegan en su singular camino a trav&eacute;s de realidades, sue&ntilde;os, deseos u obsesiones. La ambig&uuml;edad destroza cualquier par&aacute;metro realista y el relato s&oacute;lo discurre por el jard&iacute;n del narrador. Oz se ha convertido en un maravillo trasgresor hasta de s&iacute; mismo para darnos, en palabras de Rafael Carbona, &ldquo;un excelente ejemplo de integraci&oacute;n de l&iacute;rica y relato, sensibilidad y testimonio, adem&aacute;s de una reflexi&oacute;n sobre el arte&rdquo; Y seguramente, a&ntilde;adimos, un nuevo modo de acercarnos unos a otros para romper cualquier frontera aparentemente imposible.</p>
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<p>&nbsp;Llegamos as&iacute; a <em>De repente en lo profundo del bosque</em>, una bell&iacute;sima par&aacute;bola, una <em>&nbsp;Aggadah</em>, que nos regala en 2005, cargada de simbolismo y met&aacute;fora, para contarnos la extra&ntilde;a maldici&oacute;n que ha ca&iacute;do sobre un peque&ntilde;o pueblo embrujado: la desaparici&oacute;n de todos su animales&hellip; Por las noches reina el silencio. Durante el d&iacute;a la confusi&oacute;n y el enfado. Solo la inocencia de dos ni&ntilde;os Maya y Mati buscar&aacute;n la verdad, aunque deban desobedecer la ley establecida&hellip; La fantas&iacute;a del ni&ntilde;o Amos, que buscaba los confines del universo se desborda en el maduro Amos hasta atreverse con el mensaje final de una nueva utop&iacute;a mosaico-mesi&aacute;nica. Tambi&eacute;n aqu&iacute; se nos da la met&aacute;fora de la&nbsp; esperanza de reconciliaci&oacute;n entre Israel y sus vecinos.</p>
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<p>Mientras, en la literatura esperamos la pronta lectura de su &uacute;ltima obra <em>Versos de</em> <em>vida y muerte</em>,&nbsp; y, en el peri&oacute;dico, la pen&uacute;ltima reflexi&oacute;n que nos acerque un poco m&aacute;s a la paz.</p>
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<p>2. Amos Oz: un intelectual comprometido</p>
<p>Aunque es, probablemente, su escritura m&aacute;s conocida, conviene apresurarse a concretar que su personaje central en tal misi&oacute;n es la Paz, cuyo movimiento civil de &ldquo;Paz Ahora&rdquo; cofund&oacute; y al que sigue fiel, pese a que ella se encuentre a&uacute;n lejos. Pero, al mismo tiempo, su pasi&oacute;n es la b&uacute;squeda, en el di&aacute;logo con el otro, de una verdad razonable, que haga posible la convivencia. Son varios los ensayos y libros que a para este af&aacute;n, desde distintas perspectivas y sobre aspectos diversos del conflicto, han salido de su pluma&nbsp; y los art&iacute;culos, que sigue prodigando, se acercan al medio millar.</p>
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<p>Se hace dif&iacute;cil enumerar siquiera los primeros y es tarea imposible, para esta entrega, pensar en ordenar los segundos. Quede constancia de que ya en 1979 aparec&iacute;an varios ensayos con el t&iacute;tulo de <em>Bajo esta Luz brillante</em>, al que&nbsp; sigui&oacute; el libro <em>En la tierra de Israel </em>(1982) y otro grupo de ensayos con el nombre de <em>El declive de el L&iacute;bano</em> en 1987. Al ensayo de El Silencio del Cielo en 1993, sigui&oacute; la colecci&oacute;n de Israel, Palestina y la Paz, en el a&ntilde;o 1994.</p>
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<p>Pero seguramente el breve libro que, junto a sus colaboraciones period&iacute;sticas, m&aacute;s influencia est&aacute; ejerciendo en la actualidad sea su conocido <em>Contra el fanatismo</em>, fruto de tres conferencias pronunciadas entre 2001 y 2002 en T&uuml;bingen. Se abre esta obrita con la siguiente pregunta &ldquo;&iquest;C&oacute;mo curar a un fan&aacute;tico?&rdquo; a la que sigue una respuesta metaf&oacute;rica sobre la causa de tal enfermedad, que reside en un &ldquo;gen de la naturaleza humana&rdquo;, m&aacute;s originario que cualquier odio religioso o pol&iacute;tico. Para el ilustrado Amos ese &ldquo;mal radical&rdquo; solo puede explicarse secularizado, laico y las medicinas ser&aacute;n paliativas, pero eficaces: la apelaci&oacute;n al &ldquo;otro&rdquo; (Buber, Levinas&hellip;) coin el buen humor, la capacidad imaginativa con el goce de narrar o leer, pero tambi&eacute;n el amor a las metamorfosis, que ganan, as&iacute;, relevancia moral. El fanatismo es uno de esos amores que matan, que desean nuestra salvaci&oacute;n con fervor abnegado, incluso haci&eacute;ndonos m&aacute;rtires. El conflicto de Oriente Medio, que tanto ha ocupado la mente y la vida de Oz no nace, a su juicio, de una batalla maniquea entre mentalidades o religiones, sino m&aacute;s bien de una tragedia; una colisi&oacute;n entre derechos o pretensiones, igualmente leg&iacute;timas a un mismo territorio. Y por ello preconiza un acuerdo, que deber&aacute; aceptar p&eacute;rdidas por cada parte y ser&aacute;, entonces, preciso el duelo, sin&nbsp; recaer en la venganza (Enrique Oca&ntilde;a). Sabe Amos que con tal heterodoxia se acerca ala v&eacute;rtigo de la traici&oacute;n, pero conf&iacute;a en su raz&oacute;n ilustrada, en su escritura y en su pasi&oacute;n de voluntad, tambi&eacute;n aqu&iacute;, escribiendo desde el compromiso.</p>
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<p>3. Amos Oz: el profesor y acad&eacute;mico.</p>
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<p>&nbsp;No podr&iacute;amos concluir sin referirnos a otra de sus escrituras y, c&oacute;mo no, de sus personajes, aunque de &eacute;l nuestro autor predique su menor enjundia. Es, tal vez, su papel menos conocido por el gran p&uacute;blico, pero conviene recordar que comenz&oacute; estudiando literatura en la Universidad, a la que sigui&oacute; su ejercicio docente en el Instituto de Ense&ntilde;anza Media de su propio kibbutz Hulda para profesar ya habitualmente de tal en la Universidad Ben Guri&oacute;n de Israel, con estancias espor&aacute;dicas en universidades de Estados Unidos de Am&eacute;rica.</p>
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<p>No es momento de valorar pormenorizadamente su admirable labor acad&eacute;mica, con numerosos ensayos y art&iacute;culos. Vale hacerlo testimonialmente con una breve glosa de su m&aacute;s c&eacute;lebre ensayo, por fortuna tambi&eacute;n en espa&ntilde;ol, La historia comienza. Ensayos sobre literatura, dedicado precisamente a la reflexi&oacute;n y an&aacute;lisis de la primera frase que inicia los relatos o novelas. No es, ciertamente, el primero en hacerlo y son muchos los que le precedieron, entre los m&aacute;s notables su compa&ntilde;ero ya en el mismo Premio Pr&iacute;ncipe de Asturias, Edward Said, como honestamente resalta el propio Oz. Siguiendo la estela de la &ldquo;est&eacute;tica de la recepci&oacute;n&rdquo; que goza de gran relieve en los estudios literarios desde los a&ntilde;os setenta del pasado siglo, y espec&iacute;ficamente los que Wolfgan Ider impusiera sobre el &ldquo;lector impl&iacute;cito y el &ldquo;acto de leer&rdquo;, Amos Oz destaca la cooperaci&oacute;n &ldquo;co-creadora&rdquo; que tiene la lectura sobre la obra literaria escrita y, espec&iacute;ficamente, ese &ldquo;contrato inicial&rdquo; ente escritor y lector que, a modo de &ldquo;cromosoma&rdquo;, propiciar&aacute; el maravilloso proceso de la construcci&oacute;n de las hip&oacute;tesis interpretativas por partes de los lectores. Todas sus &ldquo;reescrituras interpretativas&rdquo; de esos conocidos comienzos literarios son admirables, las de Kafka, Ch&eacute;jov o Agn&oacute;n, pero hay dos que, con la imprescindible Introducci&oacute;n, me atrevo a indicar al lector: la muy sugerente y sutil sobre el comienzo de <em>El oto&ntilde;o del patriarca</em>, de Gabriele Garc&iacute;a M&aacute;rquez y el impresionante y conmovedor acerca de precisamente <em>La Storia</em>, de Elsa Morante, esa novela sobrecogedora (Dar&iacute;o Villanueva), cuyo &ldquo;contrato interno, teol&oacute;gico, oculto entre la novela a modo de drama lit&uacute;rgico y el lector&rdquo; Oz nos desvela.</p>
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<p>Hemos concluido por hoy. Quedan &ldquo;tantas, sant&iacute;simas preguntas por contestar&rdquo;, como dir&iacute;a el bueno de Sumji, o sea de Amos Oz, o tantas lecturas que recrear y volver a tejer&hellip; Permanece pendiente una inmersi&oacute;n sobre la potente sugerencia de A. Balaban acerca de la mayor influencia de las ideas de Jung sobre Oz, por comparaci&oacute;n con la de Freud sobre Agnon o Yehosh&uacute;a y que ata&ntilde;er&iacute;an a la estructura de la <em>psich&eacute;</em>, a los propios procesos ps&iacute;quicos de sus ficciones y a la riqueza simb&oacute;lica de su escritura. Debemos buscar tambi&eacute;n el propio &ldquo;contrato secreto&rdquo; de los relatos de Oz y y nosotros como lectores. En todo caso, leer o volver a hacerlo, sorbo a sorbo, frase a frase, esa Historia de amor y oscuridad porque ninguna glosa o erudici&oacute;n podr&aacute; sustituir la profunda emoci&oacute;n que su lectura nos otorga. Oz, con sus tres escrituras, nos regala una de sus mejores pasiones: el &ldquo;placer&rdquo; de la (su) lectura.</p>
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      <pubDate>Tue, 21 Jan 2014 07:35:24 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hokusai contempla el monte Fuji por última vez]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/hokusai-contempla-el-monte-fuji-por-ultima-vez/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/JES_S_JIM_NEZ.jpg" alt="" /></p>
<p>S&oacute;lo el ciego que hunde su cuchara en el fondo</p>
<p>de la noche lo sabe: Quien nombra el silencio</p>
<p>deja sobre el plato la prueba del cad&aacute;ver.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>As&iacute; lo digo: Cuanto se ha ido no puede nombrarse.</p>
<p>S&oacute;lo lo que muere en mis ojos sobrevive en las manos:</p>
<p>El racimo del sol sobre el resplandor de la uva,</p>
<p>la brisa verde que dobla la caligraf&iacute;a del junco</p>
<p>y el mar que nombra todos sus naufragios</p>
<p>como nombra la concubina los rotos del abanico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo se mezcla y todo se confunde porque nada es mentira:</p>
<p>La muchacha que bebe leche para volverse porcelana</p>
<p>o el borr&oacute;n de ocas que desordena las pesta&ntilde;as del d&iacute;a,</p>
<p>la tarde que baja del &aacute;rbol y se tiende junto al gato,</p>
<p>el cielo que rueda por la monta&ntilde;a para poner</p>
<p>su pulsera blanca en la mu&ntilde;eca del viajero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como la noche cierra al d&iacute;a as&iacute; cierro los ojos</p>
<p>y guardo mis pinceles menos blancos que mi cabello.</p>
<p>Y ahora que el silencio me nombre y sobre m&iacute; ponga su lienzo.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 20 Jan 2014 07:23:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Introducción a Ramón Gaya, ante el tejemaneje español]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/introduccion-a-ramon-gaya-ante-el-tejemaneje-espanol/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/ENRIQUE_ANDR_S_RUIZ.jpg" alt="" width="346" height="229" /></p>
<p>A cien a&ntilde;os de la redond&iacute;sima fecha de su nacimiento, a cinco de su muerte, ya deber&iacute;amos estar, creo yo, en condiciones de conocer sin casi margen de error la raz&oacute;n por la que la obra de Ram&oacute;n Gaya no se encuentra entre las que muestran los museos que, en nuestro peque&ntilde;o pero pr&oacute;digo mundo, han sido levantados para albergar el&hellip; &ldquo;arte de nuestro tiempo&rdquo;. El propio Gaya se pondr&iacute;a, pues, muy contento de que as&iacute; fuera, pero esto es otro cantar. Lo cierto es que en los museos del contemporane&iacute;smo, en concreto en el Museo Reina Sof&iacute;a como caso presidencial, la obra de Ram&oacute;n Gaya no existe. No digo que no est&eacute; (porque Juan Manuel Bonet hizo lo posible porque estuviera); sino que no existe, es decir, que all&iacute; y en la oficialidad progresista de nuestra cultura, ha sido decretada la inexistencia de este pintor y este escritor que no tiene par en el siglo XX espa&ntilde;ol. (Digamos de paso que esta arbitrariedad selectiva no es de ahora, pero que es ahora cuando ha dejado de ser tal arbitrariedad para convertirse en espejo del plan al que obedece. Tomada por mera arbitrariedad, ya encocoraba a Ricardo Baroja, al verla reflejada en las decisiones de Juan de la Encina sobre lo que deb&iacute;a ser expuesto y lo que no en el entonces nuevo Museo Espa&ntilde;ol de Arte Moderno).</p>
<p>Pero lo de ahora, lo de Gaya, es m&aacute;s sangrante, y &mdash;esto es lo que importa&mdash; mucho m&aacute;s significativo. De ah&iacute; que la raz&oacute;n por la que su obra es hoy excluida del, dig&aacute;moslo as&iacute;, &ldquo;panorama de la &eacute;poca&rdquo;, no deber&iacute;a escap&aacute;rsele a nadie. En todo caso, aqu&iacute; estamos para decirla. Ram&oacute;n Gaya fue el autor de una pintura de calidad excepcional entre las europeas del siglo &mdash;una pintura que significa la palinodia del siglo sobre s&iacute; mismo&mdash;, y el de un pu&ntilde;ado de ensayos cimeros de entre los escritos en ese mismo tiempo en lengua castellana. M&aacute;s concretamente: Ram&oacute;n Gaya es el pintor del siglo XX en el que el aficionado a la pintura &mdash;no el experto profesoral&mdash; puede reconocer todav&iacute;a, casi en exclusiva, el cuerpo y la carne de su vieja y siempre nueva afici&oacute;n. Y este es, adem&aacute;s, el tema de su pintura. As&iacute; las cosas, es bastante l&oacute;gico que esos museos donde s&oacute;lo se conserva lo que ha sido fabricado para ellos, es decir, para la historia, no tengan inter&eacute;s en su obra. En cuanto a la calidad de Gaya, &iquest;se trata de una opini&oacute;n? No. Es una verdad. Una verdad que no puede escapar a ese aficionado que sabe de lo que habla no por un saber aprendido, sino por un sabor: por haberlo saboreado. Puede, eso s&iacute;, que a mucha gente no le guste Gaya, que no le sepa a nada. Bueno. Pero a otros, lo que les ocurre es que, como se dice muy gr&aacute;ficamente, no&hellip; &ldquo;les encaja&rdquo;. Y esto es otra cosa. All&aacute; cada cual, naturalmente. Pero los museos que han sido construidos para mostrar o archivar el arte de nuestro tiempo, no deber&iacute;an hacer de ese "encaje&rdquo; un rasero de su selecci&oacute;n. Porque esto no es mostrar lo que hay y lo que hubo, sino hacer pedagog&iacute;a &mdash;y no a humo de pajas, esta es la funci&oacute;n pol&iacute;tica que para los museos del mundo progresivo prescrib&iacute;a, en cierta entrevista, quien acabar&iacute;a siendo luego el director progresivo del Museo Reina Sof&iacute;a.</p>
<p>Lo cierto es que la excepci&oacute;n cualitativa y significante de Ram&oacute;n Gaya no descansa en una inclinaci&oacute;n del gusto particular, sino en el sentido de su obra. De tal manera que no s&oacute;lo procede de la maravilla de su pintura o de sus escritos, sino de lo que, en concreto, vienen estos a decir. Y lo que dicen las pinturas y los escritos de Gaya, es lo que justamente se hace intragable &mdash;no les encaja&mdash; a quienes por lo visto administran la legalidad cultural o creen, al menos, que esa cosa de la cultura debe ser sacada de su limbo aut&oacute;nomo liberal, porque, dado su papel pol&iacute;tico, precisa de una legalidad y una administraci&oacute;n r&iacute;gidas y muy bien vigiladas. Siendo as&iacute;, &iquest;qu&eacute; dicen exactamente la pintura, los escritos y los poemas de Ram&oacute;n Gaya? Ve&aacute;moslo, porque all&iacute; daremos con la raz&oacute;n de su exclusi&oacute;n.</p>
<p>Vivimos tiempos oscuros, tiempos que son adem&aacute;s &mdash;como ya vaticin&oacute; el gran Burckhardt a las puertas mismas del siglo de los demonios&mdash; de una in&eacute;dita, inmensa credulidad. La oscuridad de los tiempos parece de primeras una extravagante constataci&oacute;n proferida por alguien raro, alguien que quiz&aacute; padezca de pesimismo, porque el pesimismo es tomado hoy por una enfermedad. A juzgar por el ruido y la luminotecnia, nuestros tiempos son de una claridad radiante, una claridad espectacular y nunca vista; de una justicia in&eacute;dita; de una libertad desconocida hasta hoy. Los tiempos, seg&uacute;n esa consideraci&oacute;n un&aacute;nime, han llegado a un colmo de bondad que s&oacute;lo queda rebajado si se lo compara con el colmo que resta por alcanzar en el futuro, pero que, en comparaci&oacute;n con cualquiera de los oscur&iacute;simos pasados, destella y fulge con los rayos de un rompimiento de gloria. Se trata con esto, pues, como se deduc&iacute;a del inolvidable principio de la <em>Historia</em><em> de dos ciudades</em> dickensiana, de la idea pol&iacute;tica del tiempo, es decir de lo que se llam&oacute; &ldquo;la raz&oacute;n hist&oacute;rica&rdquo;.</p>
<p>La raz&oacute;n hist&oacute;rica&nbsp; no ve ning&uacute;n hecho, obra o autor del pasado sino como eslab&oacute;n que conduce, imperfectamente, a la situaci&oacute;n presente, en camino a la perfecci&oacute;n del porvenir. La raz&oacute;n de que Ram&oacute;n Gaya, pese al pasmo que su pintura y su palabra procuran al aficionado, ocupe un mero lugar discreto &mdash;o ninguno&mdash; en la legalidad cultural espa&ntilde;ola, es, pues, una raz&oacute;n argumentada en virtud de la raz&oacute;n hist&oacute;rica &mdash;que en definitiva es ya la raz&oacute;n progresista, porque el progresismo es al historicismo lo que el brazo armado de una banda a su inspiraci&oacute;n te&oacute;rica y contemplativa. El dominio de la raz&oacute;n hist&oacute;rica sobre todas las facetas de la cultura europea, arrancando de la teol&oacute;gica, se hizo apabullante durante el siglo XIX. Seg&uacute;n ella, el paso del tiempo promueve continuamente sucesivas clausuras e inauguraciones de etapas, a trav&eacute;s de las cuales avanza el ente abstracto que viene a ser la humanidad socializada. Esta ser&iacute;a, m&aacute;s o menos, la descripci&oacute;n de su mec&aacute;nica. Y su efecto principal es la autorizaci&oacute;n de unas cosas y la proscripci&oacute;n o condena de otras, seg&uacute;n sincronicen o no con el proceso del tiempo.</p>
<p>Pues bien, la m&aacute;quina hist&oacute;rica y progresiva ha decidido que Ram&oacute;n Gaya (no es el &uacute;nico caso, claro) no es homologable. Ram&oacute;n Gaya naci&oacute; en 1910 &mdash;el 10 del 10 del 10, como nos gusta recordar siempre. El mismo a&ntilde;o, por tanto, en que naci&oacute; Miguel Hern&aacute;ndez o Luis Rosales, uno despu&eacute;s que Jos&eacute; Antonio Mu&ntilde;oz Rojas, dos antes que Dionisio Ridruejo. &iquest;Qu&eacute; importancia tienen las fechas? Para el parpadeo de Dios en que nuestra eternidad consiste, ninguna. Pero para la significaci&oacute;n de las cosas y para la guerra sorda que se libra en la arena de la cultura &mdash;que m&aacute;s vale no ignorar, como la ignoran en su inopia los se&ntilde;ores conservadores para quienes la cultura sigue siendo un agua que no mueva molino&mdash;, para eso s&iacute; importa, y mucho, porque es con estos bueyes con los que ara sus campos la raz&oacute;n hist&oacute;rica que todo lo domina. Y la del nacimiento de Gaya es una fecha de cierto inter&eacute;s, pero para la manera progresiva de ver las cosas, no es la fecha de mayor inter&eacute;s entre las de su vida. Para la construcci&oacute;n pol&iacute;tica que persigue la argumentaci&oacute;n hist&oacute;rico-progresiva, tienen m&aacute;s inter&eacute;s otras fechas. En 1928, por ejemplo, Gaya es un pintor murciano que conoce en Madrid a Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez y a la plana mayor de la generaci&oacute;n del 27. En 1933, Gaya se incorpora, por decirlo as&iacute;, al aparato cultural de la Rep&uacute;blica a trav&eacute;s de su participaci&oacute;n en las Misiones Pedag&oacute;gicas y en el Museo Ambulante de Reproducciones Art&iacute;sticas, como lo seguir&iacute;a haciendo luego en los montajes de La Barraca o, ya en tiempos m&aacute;s recios, en <em>Hora de Espa&ntilde;a</em> y el Pabell&oacute;n de Par&iacute;s. En 1939 zarp&oacute; camino de M&eacute;xico, donde, pese a todo (la depresi&oacute;n, la tragedia, la ausencia&hellip;) ganar&iacute;a su pintura su verdadero ser. En 1956, tras algunos viajes a Europa, se instal&oacute; en Roma. En 1960 vuelve a Espa&ntilde;a y por entonces comienzan a aparecer sus ensayos mayores, <em>El sentimiento de la pintura</em> y el <em>Vel&aacute;zquez, p&aacute;jaro solitario</em>. Y luego ya, vienen las exposiciones, las medallas, los premios, la editorial Pre-Textos publica sus escritos completos, se inaugura su museo de Murcia&hellip; Pero esto ya no resulta tan interesante para la raz&oacute;n hist&oacute;rica que ha exprimido en el Gaya republicano y exiliado todo lo que le interesaba de ese lim&oacute;n. Y lo que siga haciendo Gaya, no podr&aacute; beneficiarse ya de los r&eacute;ditos del programa de rescate de la cultura espa&ntilde;ola republicana que ha sido llamado por la academia universitaria encargada de estas cosas, &ldquo;proceso de normalizaci&oacute;n democr&aacute;tica&rdquo;. En fin, cumplido el susodicho proceso, unas cosas encajan y otras no, seg&uacute;n obedezcan a la caracteriolog&iacute;a hist&oacute;rica depositada de manera inatacable en estos tres apeaderos: la gloriosa Rep&uacute;blica, la infernal Dictadura y la parus&iacute;a de nuestra Democracia feliz.</p>
<p>Pero &iquest;qu&eacute; tendr&aacute; que ver la democracia con la pintura de Ram&oacute;n Gaya? &iquest;Y la normalidad? Nuestra cultura &mdash;nuestro pa&iacute;s&mdash;, de normal no tiene, en realidad, nada, y despu&eacute;s de haber sido normalizado, menos que nada. Despu&eacute;s de haber sido normalizada, la cultura espa&ntilde;ola es m&aacute;s anormal que antes &mdash;no me atrevo a decir paranormal, pero podr&iacute;a ser, no entiendo mucho de esto. Vivimos, pues, en una cultura no normal sino normalizada por la vara de la raz&oacute;n hist&oacute;rica que alabean y blanden por doquier los se&ntilde;ores especialistas y catedr&aacute;ticos de las universidades.</p>
<p>La raz&oacute;n hist&oacute;rica fue lo que enloqueci&oacute; a Nietzsche; claro, que para enloquecer por esa causa, hace falta tener la sensibilidad de Nietzsche para percibir con antelaci&oacute;n las consecuencias de las cosas. Me viene Nietzsche, el gran conservador, al recuerdo a cuento de Gaya, porque Gaya tuvo en mucho a Nietzsche; pero tambi&eacute;n por otra cuesti&oacute;n. El rasgo que sobre todos los otros diferencia la cultura espa&ntilde;ola de la que salieron los exiliados, de la cultura espa&ntilde;ola que incorpor&oacute; a los exiliados como antecedente legitimador de su propio presente, se encuentra en el hecho de que la cultura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea es, a diferencia y para horror de quienes conocieron la Espa&ntilde;a de 1930, cosa que se teje en las universidades. Cosa pol&iacute;tica. Es decir, que es cosa de expertos, de profesionales, de pol&iacute;ticos, no de aficionados &mdash;y este asunto del afecto, del sentimiento puesto por cima del saber t&eacute;cnico profesional como modo de acercamiento a la pintura o al poema, es el asunto, claro est&aacute;, que constituye el decir de la obra toda de Gaya. Esto es, al cabo, lo que su obra dice. Como es esto o muy parecido lo que dice la de Bergam&iacute;n, autor de <em>La decadencia del analfabetismo</em> y amante, tanto como Gaya, de una Espa&ntilde;a de cultura muy poco universitarizada.</p>
<p>Porque lo cierto es que la universitarizaci&oacute;n y burocratizaci&oacute;n cultural espa&ntilde;ola, comenz&oacute; en realidad por entonces, con la promoci&oacute;n de la generaci&oacute;n del 27 y las procupaciones administradoras de Juan Ram&oacute;n. Pero veamos un ejemplo muy reciente: parece que con su gran equipo de investigadores, un conocido y reconocido estudioso de la cultura espa&ntilde;ola del siglo XX va a acometer ahora otra <em>Historia de la Literatura Espa&ntilde;ola. Ese ha sido el gran anuncio. Bien. Tenemos derecho a sospechar. Si para hablar de Ridruejo, de S&aacute;nchez Mazas o de Fox&aacute; &mdash;o del propio Bergam&iacute;n, o, qu&eacute; s&eacute; yo, de Herrera Petere&hellip;&mdash;, hace falta, en virtud de aquella &ldquo;normalizaci&oacute;n&rdquo; de la raz&oacute;n hist&oacute;rica, mirarlos primero por encima del hombro, enjuiciarlos por el ser (no por el hacer), y torsionarlos al fin, como vienen haciendo estos equipos encargados de dibujar los panoramas de &eacute;poca, mejor huir su contacto. El celebrado profesor ha dicho, para abrir boca, lo siguiente &mdash;perd&oacute;n, son an&eacute;cdotas, pero an&eacute;cdotas que hablan solas&mdash;: &ldquo;La literatura fascista espa&ntilde;ola, quitando a Ernesto Gim&eacute;nez Caballero, es poco importante. Agust&iacute;n de Fox&aacute; y S&aacute;nchez Mazas son escritores de principios de siglo rezagados y los dem&aacute;s, galer&iacute;a de personajes curiosos.&rdquo; &iquest;Hemos tenido suficiente con esto? &iquest;Rezagados? &mdash;nos preguntamos. &iquest;Rezagados, de qu&eacute;? Pero los administradores del sistema hist&oacute;rico del adelanto y el rezago, no cejan. El profesor, ciego ya por la viga, concluye: &ldquo;Hemos logrado ser menos sectarios.&rdquo; Y en abundamiento y apoyo de su proyecto, aparecen al lado las palabras de un poeta hist&oacute;rico que, por si fuera poco, habla muy circunspectamente, es decir, disimulando la acci&oacute;n pol&iacute;tica que encubre la seriedad universitaria, del &ldquo;oficio de cada cual (como) primer &aacute;mbito de socializaci&oacute;n&rdquo;. &iexcl;Acab&aacute;ramos!. Eso era todo: la socializaci&oacute;n. Le agradecemos su ayuda. Se trata, pues, de la diferencia entre afici&oacute;n y profesi&oacute;n, entre sentimiento &mdash;que dir&iacute;a Gaya&mdash; y conocimiento socializado, expertivo, es decir, pol&iacute;tico. Es sencillo: un profesor, comido por la raz&oacute;n hist&oacute;rica, dibuja esquemas, procesos, casillas; trata luego de meter en esas casillas los nombres; muchos le encajan; le encaja hasta Garc&iacute;a M&aacute;rquez&hellip; Le encaja, en definitiva, todo aquello que la propia raz&oacute;n hist&oacute;rica ya ha declarado existente. Pero, claro, lo que no existe, lo que esa misma raz&oacute;n que distingue entre rezagados, adelantados y estantes, ha declarado no existente, todo eso no le puede encajar. Y entonces ya entendemos lo de Gim&eacute;nez Caballero. &iquest;Pero no era Gim&eacute;nez Caballero el m&aacute;s ilegible, el disparate absoluto &mdash;lo dec&iacute;a Jos&eacute; Antonio&mdash;, el dislate al que un aficionado lector nunca se acercar&iacute;a? &iexcl;Ah, amigo&iexcl; Todo eso es cierto, pero G&eacute;c&eacute; era vanguardista, en un tiempo vanguardista, y entonces nuestro profesor historificado no tiene m&aacute;s remedio que salvarlo, porque&hellip; &iexcl;le encaja! &iquest;Y los otros? &iquest;Ha pensado, usted, se&ntilde;or profesor, en S&aacute;nchez Mazas, quiz&aacute; el escritor de mejor gusto, con mejor gracia y sabor, tras Azor&iacute;n, que puede leer el aficionado del siglo? &iquest;Lo ha le&iacute;do usted como lector, en sus vacaciones? Pero, claro, luego, tras la pregunta, reparamos en la realidad. &iquest;Qu&eacute; cuenta puede traer todo esto del sabor y el gusto a quienes han dedicado toda la vida profesional a autores que, por lo visto, no les gustaban?</em></p>
<p>Cuando volvi&oacute; a Espa&ntilde;a, a Ram&oacute;n Gaya no lo conoc&iacute;a nadie. Quiero decir, nadie entre el p&uacute;blico del que se pod&iacute;a esperar que conociera a un pintor. En 1974, cuando Gaya abre su estudio ya estable en Valencia, la pintura espa&ntilde;ola&hellip; &iquest;qu&eacute; decir de la pintura espa&ntilde;ola de 1974? En ese a&ntilde;o, la galer&iacute;a Multitud de Madrid organiza una exposici&oacute;n titulada &ldquo;Or&iacute;genes de la vanguardia espa&ntilde;ola&rdquo; en la que est&aacute; presente la obra de Ram&oacute;n Gaya junto a otras de Alberti, Bores, Moreno Villa, Ismael Gonz&aacute;lez de la Serna, Maruja Mallo, Souto, Olivares, en fin, de todo. Pero lo m&aacute;s relevante que se puede decir de la pintura espa&ntilde;ola por esas fechas, es que no exist&iacute;a. Los pintores informalistas de los a&ntilde;os 50 y 60 ya eran cl&aacute;sicos de asentada clasicidad. Pero lo que pitaba por entonces &mdash;en el mundo del arte, se entiende, que ya era un mundo en v&iacute;as de institucionalizaci&oacute;n&mdash; eran los convivios organizados por Sim&oacute;n March&aacute;n bajo el t&iacute;tulo &ldquo;Nuevos comportamientos art&iacute;sticos&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; era esto? Esto, muy a grandes rasgos, era el arte conceptual, la mayor lata del arte del siglo, a medias filosofante y a medias politicante con dosis, en ambos casos, de gran saturaci&oacute;n. En aquel 1974, adem&aacute;s, todos los pintores j&oacute;venes que poco despu&eacute;s volvieron, mal que bien, a pintar telas con pintura, celebraron exposiciones iniciales: P&eacute;rez Villalta, Manolo Quejido, Campano, P&eacute;rez M&iacute;nguez, etc. Y, en fin, todo este revoltijo de lo pol&iacute;tico y lo hippie, era lo que daba de s&iacute; el arte espa&ntilde;ol cuando vuelve Gaya a vivir en Espa&ntilde;a de manera m&aacute;s fija. Esto, y unas cuantas exposiciones hist&oacute;ricas, muy pedag&oacute;gicas, de repaso de la modernidad y la vanguardia que organizaron instituciones privadas a la espera de que la vocaci&oacute;n pedag&oacute;gica del Estado &mdash;que en la infernal dictadura apenas si fue ejercida&mdash; desplegara en tiempos democr&aacute;ticos su verdadera efectividad instructiva.</p>
<p>En todo caso, el &ldquo;proceso de normalizaci&oacute;n democr&aacute;tica&rdquo;, seg&uacute;n dicen los esquemas hist&oacute;rico-acad&eacute;micos, estaba en marcha. &iquest;Pero qu&eacute; pas&oacute;, tras la &ldquo;normalizaci&oacute;n&rdquo;, con la pintura de Gaya? Pues pas&oacute; que, poco a poco, y seg&uacute;n ese proceso concluye &mdash;hacia los &uacute;ltimos a&ntilde;os 80&mdash;, Gaya qued&oacute; rescatado, s&iacute;, como un pintor exiliado de pinturas de 1927 o 1931 &mdash;las que encajan&mdash;, pero al tiempo olvidado y negado como el pintor &mdash;el gran Gaya&mdash; de pinturas de 1950, 60 o 70: las que no encajan. Es decir, que la raz&oacute;n progresiva que hab&iacute;a rescatado para el museo &mdash;para un museo anticuario, claro&mdash; una pintura de 1927 de Gaya, ya no era, hacia la mitad de los a&ntilde;os noventa, capaz de prestar atenci&oacute;n al Gaya de unas pinturas que se hab&iacute;an quedado, como dec&iacute;a el profesor X, &ldquo;rezagadas&rdquo;.</p>
<p>En 1957, Jos&eacute; Bergam&iacute;n, desde Par&iacute;s, le dec&iacute;a a Mar&iacute;a Zambrano, en Roma, que Gaya &ldquo;es uno de los pocos, muy pocos, espa&ntilde;oles salvados del destierro y la dispersi&oacute;n. Est&aacute; hecho, maduro, sereno&hellip;&rdquo; Pero naturalmente esto no puede interesar a la raz&oacute;n hist&oacute;rico-acad&eacute;mica que administra la legalidad pol&iacute;tico-cultural espa&ntilde;ola. Porque precisamente lo que interesa al dibujo en claroscuro de los adelantados y rezagados, es lo contrario: que nadie se salve de su casilla hist&oacute;rica, en este caso que Gaya no se salve de la Rep&uacute;blica y el destierro. Quien dice &ldquo;destierro&rdquo; dice &ldquo;edad de plata&rdquo;, pero la cosa es no salvar a nadie de su naturaleza de eslab&oacute;n procesual.</p>
<p>Hannah Arendt ya advirti&oacute;, de camino a sus estudios sobre los totalitarismos, que si la historia es tomada como un proceso, las existencias o realidades individuales no pueden tener en ella ninguna entidad, por no decir ning&uacute;n inter&eacute;s. Y esto es lo &nbsp;ocurrido con Gaya: que mientras su nombre obedeci&oacute; al proceso elaborado por la interpretaci&oacute;n hist&oacute;rica, se salv&oacute;; pero desde que no obedeci&oacute;, fue condenado. &iquest;C&oacute;mo salvar a alguien que, en 1980, pinta rosas en una copa de agua, y que &mdash;esto es m&aacute;s grave&mdash; desde 1960 viene pintando Bautismos de Jes&uacute;s? Este hombre ha perdido definitivamente el ritmo de los tiempos. No encaja. Y no ser&aacute; el &uacute;nico &iquest;C&oacute;mo se las apa&ntilde;ar&aacute; esa misma raz&oacute;n para encajar, si no es haciendo muchos visajes, un paisaje de Luis Fern&aacute;ndez, de Gonzalo Chillida; un poema de Bergam&iacute;n escrito a los setenta a&ntilde;os, uno de Mu&ntilde;oz Rojas escrito a los noventa; una carta de Joan Sales, una novela de Salvador Garc&iacute;a de Pruneda? No hay modo. Es mejor ignorarlos. O darlos por rezagados.</p>
<p>Al fondo, sin embargo, hay algo de m&aacute;s gravedad. Al fondo y en contraste, est&aacute; lo que la pintura y los escritos de Gaya, dicen. Quien cree que la historia es algo que <em>se hace</em>, que se fabrica con la voluntad o la pol&iacute;tica &mdash;como la realidad misma&mdash; no podr&aacute; acercarse con simpat&iacute;a ni comprensi&oacute;n a una pintura y a un sentir de lo real que justamente se ah&iacute;nca en la realidad viva y milagrosa de las cosas, de las criaturas, cuya creaci&oacute;n fue previa a nuestra chapucera intervenci&oacute;n. Esa viva realidad de verdad, de origen, es lo que nos invita a ver Gaya en sus pinturas. Y al fin, ya m&aacute;s serenos, nos preguntamos: &iquest;pero qu&eacute; importa todo esto al aficionado, a quien siente no inter&eacute;s, sino afecto por lo real? Porque todo esto no pertenece al tiempo, ni a la vida, sino a la deliberada construcci&oacute;n pol&iacute;tica de una historia que viene a ser como un tejido interpuesto ante lo real &mdash;el tejido de unas cestas por el que se escapa el agua. Y ni siquiera un tejido, sino un tejemaneje, el tan caracter&iacute;stico tejemaneje espa&ntilde;ol.</p>
<p>En este cartapacio de la revista <em>Turia</em>, hemos querido contar &mdash;por lo menos este coordinador de la secci&oacute;n gayista&mdash; con personas socializadas y oficializadas lo menos posible. Cada cual ha contado lo que sabe, lo que vio, o lo que sinti&oacute;, en su acercamiento a la obra de Ram&oacute;n Gaya. Van tambi&eacute;n aqu&iacute; unas cartas que Isabel Verdejo ha tenido la gentileza de cedernos cuando simult&aacute;neamente estaba en marcha su publicaci&oacute;n en las <em>Obras Completas</em>. Va tambi&eacute;n la propia carta en la que Isabel nos dice del centro que ocupa Ram&oacute;n Gaya en su vida y del motivo &mdash;&eacute;ste, precisamente&mdash; que le vuelve imposible escribir sobre &eacute;l, porque para eso hay que situarse siquiera a una m&iacute;nima distancia descentrada.</p>
<p>&nbsp;</p>
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      <pubDate>Mon, 20 Jan 2014 07:15:41 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Y todos los libros llenos de palabras]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/y-todos-los-libros-llenos-de-palabras/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/JUAN_CARLOS_MESTRE.jpg" alt="" width="336" height="224" /></p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y todos los libros llenos de palabras</p>
<p>y todos los calendarios llenos de d&iacute;as</p>
<p>y todos los ojos llenos de l&aacute;grimas</p>
<p>y llena de nubes la cabeza de todos los mares</p>
<p>y llenos de coronas y puntapi&eacute;s todos los relojes de arena</p>
<p>y de jirafas molidas todos los pechos condecorados</p>
<p>y todas las manos llenas de verano y caracoles marinos</p>
<p>y todos los dormitorios llenos de manojos de explicaciones</p>
<p>y de pantalones disecados las sillas de todos los prost&iacute;bulos</p>
<p>y todos los huecos llenos de p&uacute;blico</p>
<p>y todas las camas llenas de electrocutados&nbsp;</p>
<p>y todos los animales llenos de esp&iacute;ritu y p&aacute;nico</p>
<p>y de feroces gritos los &aacute;rboles de todos los aserraderos</p>
<p>y todos los tribunales llenos de testimonios</p>
<p>y todos los sue&ntilde;os llenos de sacacorchos</p>
<p>y llenas de chicas todas las estrellas</p>
<p>y todos los libros llenos de palabras</p>
<p>y todos los calendarios llenos de d&iacute;as</p>
<p>y todos los ojos llenos de l&aacute;grimas</p>
<p>y todas las peceras y todos los pupitres y todas las cenas &iacute;ntimas</p>
<p>y todos los razonamientos llenos de indudables edificios</p>
<p>y toda la primavera llena de moscas y crisantemos</p>
<p>y llenas todas las iglesias y todos los calcetines y todas las peluquer&iacute;as</p>
<p>y todas las mujeres llenas de gloria</p>
<p>y llenos tambi&eacute;n de gloria todos los hombres</p>
<p>y todas las perreras llenas de &aacute;ngeles</p>
<p>y todas las llaves llenas de puertas</p>
<p>y todos los bazares llenos de ratones</p>
<p>y llenos de barrenderos todos los cuadros</p>
<p>y llenas de esti&eacute;rcol todas las escobas de la patria</p>
<p>y todas las cabezas llenas de radiograf&iacute;as e intr&iacute;ngulis</p>
<p>y llenas de luz todas las subestaciones el&eacute;ctricas</p>
<p>y llenos de amor todos los manicomios</p>
<p>y todos los cementerios llenos de salvavidas</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="right">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 17 Jan 2014 07:25:02 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Exaltaciones]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/exaltaciones/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/JUAN_GELMAN.jpg" alt="" width="293" height="202" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esta man&iacute;a de tocar tus puertas y la ilusi&oacute;n de que se abren. Palabra encerrada en tu cosa, &iquest;de qu&eacute; viv&iacute;s? &iquest;Est&aacute;s conforme con tu perro que nombra al perro? &iquest;Nunca te desvel&aacute;s pensando en otra m&uacute;sica? &iquest;Con qu&eacute; so&ntilde;&aacute;s entonces? Estoy al pie de lo que nunca vas a contestar.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 16 Jan 2014 07:20:45 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Insomnio]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/insomnio/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/CHANTAL_MAILLARD.jpg" alt="" width="332" height="204" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre la carne</p>
<p>l&iacute;quida&nbsp;</p>
<p>a tientas</p>
<p>Hurgar &ndash;jugos&ndash;</p>
<p>a oscuras no la</p>
<p>claridad</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ver / Hilos antiguos</p>
<p>reteniendo</p>
<p>atr&aacute;s</p>
<p>el cenagal</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(La m&aacute;s antigua)</p>
<p>(Esa) conciencia</p>
<p>&ndash;&iquest;conciencia?&ndash;</p>
<p>atenci&oacute;n tal vez</p>
<p>la m&aacute;s antigua</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ndash;los muelles de un</p>
<p>camastro</p>
<p>tras la pared vecina:</p>
<p>reintegro a lo percibido</p>
<p>la inmediatez del aire</p>
<p>constatar</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>la calma entre</p>
<p>los huesos</p>
<p>agradecer</p>
<p>la tregua</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 15 Jan 2014 08:41:03 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Desempleo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/desempleo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/CARLOS_PARDO.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>S&oacute;lo de ti podr&iacute;a enamorarme</p>
<p>porque no has hecho casi nada,</p>
<p>t&uacute; que tampoco fuiste monitora</p>
<p>de nataci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Practicas un ahorro est&eacute;tico</p>
<p>que no consume apenas.</p>
<p>Basta el cielo de azulejo,</p>
<p>la flor escuetamente blanca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El vivir es un lujo para quien</p>
<p>no tiene familia</p>
<p>ni es un trepa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un poema es un frankenstein</p>
<p>cosido a una caducidad sublime</p>
<p>y &eacute;stos de aqu&iacute; no somos t&uacute; ni yo.</p>
<p>Nosotros no existimos,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>pero salimos juntos de un hotel</p>
<p>m&aacute;s felices que nunca: amarilla la r&uacute;brica</p>
<p>del rombo de tu falda, tostadas con tomate,</p>
<p>aceite con hinojo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 14 Jan 2014 07:26:44 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gajes del oficio]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/gajes-del-oficio/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/L_ZARO_COVADLO.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>Vive en paz contigo y con el mundo.</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>Rehuye al enemigo. Esqu&iacute;valo.</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>Si te ataca a muerte, destr&uacute;yelo.</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right">Minamoto Yorimoto (shogun y monje zen)</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p>En la cornisa de la planta decimotercera, a casi cuarenta metros de altura, un hombre de mediana edad intenta conservar el equilibrio para no caer antes de tiempo; para no caer antes de que se re&uacute;nan numerosos testigos de su tragedia final. Para no caer al vac&iacute;o, as&iacute; es como se dice, y as&iacute; supone Estrada que se pondr&aacute; en el diario. El vac&iacute;o; cay&oacute; al vac&iacute;o ante la mirada at&oacute;nita de la multitud, dir&aacute; el diario. Pero eso lo pensar&aacute; Estrada poco despu&eacute;s. A&uacute;n no ha advertido la presencia del hombre en la cornisa y de momento s&oacute;lo piensa que est&aacute; en las &uacute;ltimas y que se ir&aacute; a dormir sin cenar, porque Estrada se preocupa por la cena cuando a&uacute;n no son ni las siete de la tarde, y no es que tenga hambre. Todav&iacute;a no, pero le aterra irse a la cama con la tripa vac&iacute;a, aunque ahora mismo la tiene llena de cerveza, que se bebi&oacute; dos jarras y en ellas gast&oacute; las &uacute;ltimas monedas. Por eso est&aacute; tan panz&oacute;n, se dice; por la cerveza y por ese h&aacute;bito de irse a dormir con la tripa llena. Lahite se arroj&oacute; al vac&iacute;o, pensar&aacute; Estrada que dir&aacute; el titular, y debajo las fotos. Tres fotos: una con Lahite todav&iacute;a de pie sobre la cornisa, las palmas pegadas a la parede; otra con Lahite despatarrado, en el aire, entre la planta novena y la octava. Esa foto har&aacute; historia: el gran Lahite, el famoso Lahite, cabeza abajo camino de la muerte. Y la tercera foto: Lahite reventado en la acera, quiz&aacute; con los brazos en cruz. Y un charco de sangre; la gente en derredor; mucha sangre, mucha sangre. Algunos pisar&aacute;n el charco pringoso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cien mil. Al menos tendr&aacute;n que pagarle cien mil por la exclusiva. Y un contrato. Es lo m&aacute;s importante: un contrato por cinco a&ntilde;os, como poco. Un contrato blindado. Tendr&aacute; que averiguar qu&eacute; es aquello de los contratos blindados, los de los altos directivos. Todo eso pasar&aacute; por su cabeza dentro de un rato, ya que todav&iacute;a no ha visto a&nbsp; Lahite instalado en la cornisa. Hasta el momento nadie ha visto a Lahite instalado en la cornisa, as&iacute; que Lahite aguanta sin testigos.&nbsp; De ning&uacute;n modo quisiera suicidarse al margen del espect&aacute;culo, para eso m&aacute;s vale seguir viviendo, piensa Lahite. &iquest;O no? &iquest;Y si se arroja sin m&aacute;s? Como quiera que sea el suicidio dar&aacute; mucho que hablar, prev&eacute;, y aunque por el momento su presencia pase inadvertida, cuando rebote contra el pavimento la humanidad se enterar&aacute;. Tomar&aacute;n fotos de su cuerpo roto y dar&aacute;n la noticia en todas las cadenas de televisi&oacute;n. Ma&ntilde;ana saldr&aacute; en todos los diarios. Grandes titulares: Lahite se suicid&oacute;. Comentar&aacute;n que era previsible y que se hubiera podido evitar de hab&eacute;rsele dado el lugar que le correspond&iacute;a por su importancia y sus grandes m&eacute;ritos art&iacute;sticos, pol&iacute;ticos y sociales que sin duda le hac&iacute;an merecedor de la gratitud p&uacute;blica. De pronto Lahite se tambalea y est&aacute; a punto de caer. Se pega a&uacute;n m&aacute;s a la pared y evita mirar hacia abajo. No vale la pena suicidarse sin testigos, vuelve a decirse, aunque lo contemplen miles de ojos una vez muerto &eacute;l no sabr&aacute; del pesar de sus incontables admiradores. Un cuerpo muerto no se ve ni oye ni nada de nada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la planta decimotercera del inmueble de enfrente -un edificio de oficinas comerciales-, la empleada de una financiera, que ha dejado su puesto antes de tiempo, se rasura el vello de las axilas ante el espejo del lavabo de mujeres. Se encuentra desganada, sin &aacute;nimo para atender al p&uacute;blico y deseosa de que llegue la hora de irse a casa, tomar un somn&iacute;fero y meterse en cama con su marido para que &eacute;ste se desfogue a gusto antes de que la droga comience a hacer efecto. Cuando empieza a ocuparse de la axila derecha gira la cabeza y a trav&eacute;s de un ventanuco alcanza a ver a Lahite haciendo equilibrio en la cornisa. Da un chillido y enseguida se asoma al vano y le suplica a grandes voces que renuncie a su prop&oacute;sito. Lahite se sobresalta y vuelve a estar a punto de caer. Cuando recupera el equilibrio le grita a la mujer que su decisi&oacute;n es irrevocable. As&iacute; es como lo dice: &ldquo;Mi decisi&oacute;n es irrevocable, se&ntilde;ora&rdquo;. Se lo dice sonriente: Lahite siempre sonr&iacute;e cuando tiene p&uacute;blico; no deja de hacerlo ni siquiera mientras hace equilibrio sobre una angosta cornisa. Tambi&eacute;n le informa de que cuando acabe con su vida todos sabr&aacute;n qui&eacute;nes tienen la culpa. El volumen de su voz se impone al estr&eacute;pito de los bocinazos y el rodar de veh&iacute;culos y es o&iacute;do all&aacute; abajo por unos pocos transe&uacute;ntes, entonces se escuchan exclamaciones y alguien dice &ldquo;Pero si es Lahite&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Hay que saber perdonar, se&ntilde;or Lahite&rdquo;, grita la mujera. Ahora sabe que no tomar&aacute; el somn&iacute;fero y que tendr&aacute; tema de conversaci&oacute;n con su marido a la hora de la cena porque ha decidido que esa noche, excepcionalmente, cenar&aacute;n los dos. &ldquo;Hay que saber perdonar&rdquo;, repite, y a falta de otros argumentos pregona que mientras hay vida hay esperanzas. &ldquo;Usted qu&eacute; sabe&rdquo;, responde Lahite -sin dejar de sonre&iacute;r-, y son muchos ya los que oyen el di&aacute;logo y contemplan al presunto suicida que hace equilibrio en la cornisa, entonces Estrada, que aguardaba el cambio de luces del sem&aacute;foro para cruzar la calle, alza la vista y sigue la direcci&oacute;n de las miradas. Pero si es Lahite, se dice. Movido por los reflejos de a&ntilde;os de profesi&oacute;n se lleva a la cara la c&aacute;mara que le cuelga del cuello, enfoca al hombre de la cornisa, ajusta la distancia, abre el diafragma sin dejar de tener en cuenta que el cielo est&aacute; encapotado y oprime el obturador al tiempo que da salida a los ensue&ntilde;os: el gran Lahite en la cornisa minutos antes de arrojarse al vac&iacute;o. Esa foto cambiar&aacute; su vida, imagina Estrada, porque Lahite es noticia desde muchos a&ntilde;os atr&aacute;s. M&aacute;s de veinte, recuerda. Estrada todav&iacute;a era un ni&ntilde;o cuando empez&oacute; a o&iacute;r ese nombre. Lahite en las pantallas de televisi&oacute;n y en las pancartas m&aacute;s visibles de la ciudad; Lahite en las portadas de las revistas semanales; Lahite en las primeras planas de los diarios de mayor circulaci&oacute;n. El estilo Lahite; las mujeres de Lahite; Lahite actor; Lahite director de cine; Lahite pol&iacute;tico; Lahite hombre-esc&aacute;ndalo. Lahite, Lahite, Lahite.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un rel&aacute;mpago convulsiona la escena y disipa fugazmente las primeras sombras del nuboso atardecer. Mejor ser&aacute; que no empiece a llover todav&iacute;a, reza Estrada. Al menos que no llueva antes de que Lahite decida saltar. Calcula el lugar en el que capturar&aacute; la imagen principal: ser&aacute; a la altura del piso octavo. Lo ideal ser&iacute;a cazarlo en el tercero o el segundo -mucho mejor enfoque-,&nbsp; pero deduce que al llegar a ese nivel el cuerpo habr&aacute; cobrado excesiva velocidad y entonces podr&iacute;a perder la foto. Dios no lo quiera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otro rel&aacute;mpago y caen unas pocas gotas. S&iacute;, es casi seguro que llover&aacute;, de modo que ser&aacute; mejor que tome m&aacute;s fotos mientras haya buena visibilidad, piensa, y se dispone a disparar de nuevo, pero en ese instante recuerda que el carrete que carga en la Nikon est&aacute; casi en el extremo final, maldita sea. Mira el contador de vistas y comprueba que apenas le queda pel&iacute;cula para otras tres fotos. Vuelve a rezar: por favor, Virgencita, que Lahite se tire ya. Ahora se recrimina por haber tomado tantas instant&aacute;neas in&uacute;tiles durante la primera parte de la tarde. Pero, &iquest;c&oacute;mo hubiera podido saber que en unas horas se presentar&iacute;a la oportunidad de su vida? Antes del mediod&iacute;a le avisaron en la redacci&oacute;n del diario que prescindir&iacute;an de sus servicios. S&iacute;, que estaba despedido. Se lo anunciaron en el peor momento, cuando se le hab&iacute;an acabado las reservas monetarias. No se le ocurri&oacute; nada mejor que ir a un restaurante: Estrada sabe que aunque la panza se llene el coraz&oacute;n no siempre se contenta, pero conoce que mientras dure la digesti&oacute;n uno se preocupa algo menos. Despu&eacute;s de comer deambul&oacute; por esas calles y a fin de matar el tiempo carg&oacute; su &uacute;ltimo carrete para tomar fotos de fachadas, muchas fotos; esa misma tarde llevar&iacute;a la c&aacute;mara a una casa de empe&ntilde;os.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Le dijeron que para aceptarle la c&aacute;mara deb&iacute;a traer el recibo de compra. &Eacute;l no lo ten&iacute;a (vaya a saberse ad&oacute;nde hab&iacute;a ido a parar el recibo). No hab&iacute;a caso: sin recibo no le daban dinero. En vista de los resultados Estrada decidi&oacute; gastar sus &uacute;ltimas monedas en cerveza: panza llena coraz&oacute;n contento. Pero ahora tiene a Lahite en el visor y se alegra de conservar la Nikon al tiempo que lamenta no haber gastado el &uacute;ltimo dinero en un rollo de pel&iacute;cula. Para colmo, la que carga en la c&aacute;mara es de 100 asa, buena para la intensa luz del mediod&iacute;a, pero a las siete de la tarde ya es otra cosa, sobre todo con el cielo encapotado; sobre todo si para captar el cuerpo en ca&iacute;da deber&aacute; ajustar la velocidad al m&aacute;ximo. Necesitar&iacute;a algo m&aacute;s de luz. Pero, en fin, abrir&aacute; el difragma a tope y que sea lo que Dios quiera, y quiera Dios que Lahite se arroje pronto al vac&iacute;o, al menos antes de que oscurezca del todo o de que aparezcan otros fot&oacute;grafos, porque si Lahite demora en decidirse el lugar se llenar&aacute; de representantes de los medios y &eacute;l habr&aacute; perdido la exclusiva. Mientras no ocurra semejante desgracia Estrada continuar&aacute; alerta, sin bajar la c&aacute;mara ni dejar de apuntar a Lahite; sin dejar de rezar para que todo salga bien y no se presente la competencia, y sin dejar de anticipar con la imaginaci&oacute;n el venturoso porvenir que podr&aacute; traerle la instant&aacute;nea de Lahite en plena ca&iacute;da. Se ve a s&iacute; mismo al volante de un convertible. Pero antes de comprarlo ir&aacute; a que le hagan una liposucci&oacute;n. Delgado y con un coche nuevo tal vez pueda recuperar a su esposa. La ir&aacute; a buscar y le pedir&aacute; una nueva oportunidad; Rosa se mostrar&aacute; maravillada con el nuevo cuerpo de Estrada: cuerpo exento de michelines. Y le encantar&aacute; el nuevo coche claro. Despu&eacute;s una nueva luna de miel. Tal vez se planteen tener &nbsp;uno o dos hijos, entonces Rosa no volver&aacute; a abandonarlo. A Lahite tambi&eacute;n lo dej&oacute; us &uacute;ltima mujer, fue lo que se dijo en la prensa. Otros hablaron de un desaire del Ministerio de Cultura, pero asimismo se mencion&oacute; que le hab&iacute;an rescindido el contrato en la televisi&oacute;n, lo comentan los que se encuentran pr&oacute;ximos a Estrada entre la multitud que aguarda la decisi&oacute;n de Lahite.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El hombre de la cornisa tarda en decidirse. Se ha atrevido a mirar hacia abajo y cree haber descubierto en las caras de la gente el deseo de que se arroje, si ser&aacute;n jodidos. Lo que pasa es que el personal es s&aacute;dico y a fin de cuentas va a resultar que me quieren muerto. P&uacute;blico ingrato. Y pensar que le dediqu&eacute; los mejores a&ntilde;os de mi vida. Un grupo ha comenzado a gritar su nombre y a hacer rimas: &ldquo;Lahite, locuelo, que vas a dar al suelo&rdquo;. Enseguida son muchos los que corean el estribillo. Se escuchan carcajadas y chuflas. Alguien se asoma a la ventana contigua y empieza a sermonear al aspirante a suicida. Tiene expresi&oacute;n grave y viste clerygman y alzacuellos blanco. &iquest;Se dejar&aacute; influir Lahite por la palabra de un sacerdote?, se pregunta Estrada. Quiera Dios que no, reza. Quiera Dios que se tire de una vez por todas, y si lo hace que sea antes de que venga la competencia, antes de que oscurezca y antes de que rompa a llover. &iquest;Qu&eacute; le estar&aacute; diciendo el cura? &iquest;Le hablar&aacute; del pecado del suicidio y el destino infernal que espera en la otra vida a quienes lo cometen? &iquest;O ser&aacute; un curita moderno con &iacute;nfulas de psic&oacute;logo, y le har&aacute; ver que casi todos los que miran a Lahite desde la calle est&aacute;n esperando a que se mate? &ldquo;No les des el gusto, hijo. No te arrojes, aunque no sea m&aacute;s que para no darles esa satisfacci&oacute;n&rdquo;. Acuden a la memoria de Estrada escenas de la etapa de su infancia en la que hizo de monaguillo y del tiempo que estuvo interno en un colegio religioso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Qu&eacute; s&eacute; yo qu&eacute; me dice este cura &ndash;farfulla Lahite en la cornisa-; habla tan bajito que no alcanzo a o&iacute;rlo, sobre todo con el griter&iacute;o que llega desde la calle.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quiere convencerlo para que no se tire, se lamenta Estrada. El cura maldito quiere convencerlo y me est&aacute; jodiendo la vida. Claro, los curas no tienen problemas para llenar la panza; ellos viven a costa del Estado y los feligreses. Un cura nunca se queda sin trabajo; si conocer&eacute; yo a los curas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Estrada advierte que ha llegado otro fot&oacute;grafo. Lo conoce: es Valiellas, trabaja en un diario de gran tirada. As&iacute; pues, se acab&oacute;, se dice: ya no hay exclusiva. Sin embargo, tal vez todav&iacute;a haya una oportunidad. S&iacute;, puede que la haya, porque Lahite sigue en la cornisa y cuando decida dar el gran salto podr&iacute;a suceder que Valiellas se distraiga. Si tuviera esa suerte &eacute;l podr&iacute;a ser quien se lleve la exclusiva. Dios as&iacute; lo quiera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lahite vuelve a mirar hacia abajo y alcanza a ver los dos fot&oacute;grafos. Ya deben haberme sacado fotos, se dice. Ma&ntilde;ana saldr&eacute; en todos los diarios. Ahora puedo tirarme. Pero esperemos un poco m&aacute;s: a&uacute;n no ha llegado la televisi&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Suena el ulular de un coche de patrulla y, enseguida, la sirena de una ambulancia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Llegan m&aacute;s polic&iacute;as y empujan a la gente para despejar un espacio destinado a que los bomberos puedan desplegar la lona que, con suerte, suele atajar a los suicidas antes de que toquen el suelo. Pero los bomberos todav&iacute;a no han aparecido. Retumbe un trueno y comienza a llover con fuerza en el instante que a bordo de un minib&uacute;s se presenta un equipo de c&aacute;maras de televisi&oacute;n. Virgencita, no dejes que me jodan la exclusiva, lloriquea Estrada en su fuero interno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ahora o nunca, se dice Lahite cuando lo enfocan media docena de rutilantes reflectores. La lluvia y un potente rel&aacute;mpago seguido de un trueno explosivo ahuyenta a muchos espectadores. Este es el mejor momento, trata de convencerse Lahite: nada m&aacute;s adecuado que morir en medio de una tormenta, pero ser&aacute; mejor hacerlo antes de que el p&uacute;blico se aleje.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Este es el mejor momento, Virgencia, exhorta Estrada, dale valor a Lahite. Los focos iluminan con perfecci&oacute;n a su objeto y Estrada considera que la lluvia otorga a la escena una textura muy adecuada para conseguir la foto m&aacute;s dram&aacute;tica de su carrera; la ansiada exclusiva si se diera el caso (afortunado), Virgencita, de que Valiellas se distrajera en el momento preciso y la instant&aacute;nea fuera suya; s&oacute;lo suya. Pero no suceder&aacute; si Lahite cambia de parecer o si el cielo se desploma, como de hecho est&aacute; ocurriendo, porque de repente la lluvia se hace granizada y desde las alturas han comenzado a precipitarse formidables trozos de hielo que golpean la chapa de los autom&oacute;viles, las cabezas de los espectadores y los reflectores, haciendo que revienten envueltos en humo mientras Lahite, empapado y acribillado por el intenso granizo, emprende el regreso y camina con precauci&oacute;n por la cornisa para alcanzar la ventana y la mano comedida y protectora del buen cura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Estrada guarda la c&aacute;mara con el temor de que el granizo la haya estropeado. Lo comprobar&aacute; m&aacute;s tarde, cuando se encuentre bajo techo. Despu&eacute;s intentar&aacute; dormir. No ser&aacute; f&aacute;cil con la tripa vac&iacute;a.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 14 Jan 2014 07:19:01 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El compartimento de la vida ]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-compartimento-de-la-vida/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/JULI_N_RODR_GUEZ.jpg" alt="" /></p>
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<p style="text-align: left;" align="center">(Entradas de un diario)</p>
<p style="text-align: left;" align="center">ESTRATEGIA&nbsp;</p>
<p>Es para De Certeau el c&aacute;lculo o manipulaci&oacute;n en las relaciones de poder, que siempre se producen si el sujeto, o el negocio, o la ciudad consiguen ser aislados. &iquest;Hay alg&uacute;n lugar que podamos simular como propio inmune a la estrategia de los otros? Tan ajenos como extra&ntilde;os, todos nos son competidores, clientes o enemigos, y el campo que rodea la ciudad nos parece s&oacute;lo un vertedero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>(Tren C&aacute;ceres-Madrid, enero de 2004)</em>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">EN EL SUR&nbsp;</p>
<p>Penetra en el gent&iacute;o con su olor, entre plomo, chirridos y bocinas, insultos y gaviotas. Camina hacia la negra escollera junto al mar, y su olor penetra en el asfalto derretido, en la salmuera. El agave brota entre las pe&ntilde;as, las palmeras parecen ambarinas. Es el tiempo de las moscas, y pronto el de la almendra. La tarde va cayendo desde el este y el mar meridional se vuelve rojo rojo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>(Sines, verano de 2004)</em>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;NOCTURAMA&nbsp;</p>
<p>La fotograf&iacute;a es de ese lugar, Piazza del Plebiscito, Ancona, en el 94, mes de agosto, el d&iacute;a 22. Nadie va a reconocerte, pero eres t&uacute; (el matadero: solar abandonado y con yerbajos, el cad&aacute;ver tan desnudo), la misma que sonre&iacute;a meses antes y que dec&iacute;a entre martinis la gente nunca es del todo mala (tambi&eacute;n hay fotograf&iacute;as de esas noches). &iquest;Ad&oacute;nde van los amantes cuando mueren?, preguntabas. En la foto est&aacute;n los Lugares Geom&eacute;tricos de la Vida de los que no supe apartarte. Nadie me tomar&aacute; ya por un h&eacute;roe: yo no he muerto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>(Roma, noviembre de 2005)</em>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">ESPEJOS&nbsp;</p>
<p>Ves el reflejo de tu madre cuando te miras, la pesadilla de un c&aacute;ncer que madura a los treinta y el miedo a la c&aacute;scara abierta de una nuez, que parece el vaciado de un cerebro. El tiempo ya est&aacute; yendo hacia atr&aacute;s.</p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em>(C&aacute;ceres, febrero de 2004)</em>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">ROPA</p>
<p style="text-align: left;" align="center">(<em>despu&eacute;s de stephen morrisey</em>)&nbsp;</p>
<p>Me he vestido con la ropa de los muertos: la cazadora de un t&iacute;o de mi madre, ra&iacute;da ya cuando &eacute;l muri&oacute;. La gabardina de mi abuelo, esa de bolsillos remachados, y una camisa suya que nadie quiso. Las bufandas de mis primos; sus camisas deste&ntilde;idas por lej&iacute;a. El pantal&oacute;n negro, de alguna boda, que fue de Juan, y una corbata tambi&eacute;n de Juan. Fueron una segunda piel para todos ellos, y yo las hered&eacute; como se hereda todo lo que solemos llamar inevitable. Pero no sirvieron luego como buenos trapos: desgastadas, tan parte ya de mi nueva vida. Ahora no s&eacute; usar mi propia ropa: el pantal&oacute;n azul, el abrigo gris: regalos de A&ntilde;o Nuevo.</p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em>(C&aacute;ceres, febrero de 2005)</em></p>
<p>CONSIGNAS</p>
<p>&iquest;Se enfrenta con apat&iacute;a a su trabajo? &iquest;Tiene el est&oacute;mago d&eacute;bil? &iquest;El futuro no es lo que so&ntilde;aba? No mire s&oacute;lo en una direcci&oacute;n, Despierte a su gente, De nada valdr&aacute; conspirar. Es robado por todas las cosas que roban su tiempo (x a&ntilde;os pagando hipotecas, x a&ntilde;os tomando medidas). Pida menos distracciones. O pida todas las distracciones. Sea consciente: esto es una declaraci&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>El mundo entero late bajo nosotros.</p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em>(Barcelona, enero de 2005)</em></p>
<p style="text-align: left;" align="center">VIBRATO&nbsp;</p>
<p>La voz de plomo y ese aspecto punk reci&eacute;n levantada. La noche de un d&iacute;a duro de &iquest;1990? Ten&iacute;as diecinueve, y la vida, me dijiste, a&uacute;n te ahogaba. En C&aacute;diz paseabas ajena a los marineros que silbaban o hac&iacute;an fotograf&iacute;as a otras chicas. Y so&ntilde;abas por la calle con nuestro poeta favorito por entonces: Delmore Schwartz. Tus armas: la iron&iacute;a y la distancia; luego el sida, que bast&oacute; para apartarte de nosotros, como una bomba en el paseo principal: excavando tierra muerta, extrayendo un d&eacute;jala, v&aacute;monos, se ha vuelto loca. Y t&uacute;, sin m&aacute;s palabras: s&oacute;lo &ldquo;Soy hermafrodita desde ahora&rdquo;. Era un juego surrealista y sonaba pretencioso, pero tu voz era un cuchillo y fue afil&aacute;ndose con el tiempo. Como en la versi&oacute;n que me grabaste de las canciones de Diamanda Galas.</p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em>(C&aacute;diz, junio de 2004)</em></p>
<p style="text-align: left;" align="center">EL VERDADERO PAUL&nbsp;</p>
<p>Hablar de Paul Celan resulta ya tan t&oacute;pico. Valente dej&oacute; escrito: &ldquo;La voz de Paul Celan ha bajado a la noche&rdquo;. Punto en boca... Pero hoy quiero convocar la voz de Paul Antschel, su verdadero yo, ese desconocido para todos, hermano nuestro verdadero, de carne y huesos y de piel, aquel que su dios cre&oacute; a su semejanza y no como a un golem hecho s&oacute;lo de palabras misteriosas. &iquest;Qu&eacute; sab&iacute;a &eacute;l de Hebras de sol por encima del yermo gris oscuro?, &iquest;del Pensamiento tan alto como un &aacute;rbol?, &iquest;del Sonido de la luz o de Ser para la muerte? &iquest;Qui&eacute;n fue, Antschel o Celan, el que escribi&oacute; Todav&iacute;a quedan canciones que cantar m&aacute;s all&aacute; de los hombres?</p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em>(C&aacute;ceres, septiembre de 2005)</em>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">PATATAS&nbsp;</p>
<p>Miraba a esa gente que busca alimento en la calle y luego pensaba &iquest;qu&eacute; pasa en los campos de trigo?, pero encontr&eacute; estas patatas en forma de coraz&oacute;n. (Nada es dejado al azar.) Hay un camino delante: en los mercados abiertos, entre los puestos de ropa de marcas falsificadas. (Nadie es dejado al azar.) En los suburbios no quedan chabolas ni perros salvajes. &iquest;Y el precio de un huevo, de un anillo de oro?&nbsp;</p>
<p>La belleza se encuentra donde nadie la ve.(</p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em>(Madrid, septiembre de 2005)</em>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">SEMPRONIO REVISADO&nbsp;</p>
<p>Lee m&aacute;s adelante, vuelve la hoja. Leer&aacute;s que fiarse de lo temporal o dejarse ir en la tristeza es la misma locura. Y si en el contemplar est&aacute; la pena del amor, en el olvidar est&aacute; el descanso. Finge consuelo y alegr&iacute;a, que muchas veces al fingir conseguimos que todo est&eacute; de nuestro lado. Pero no para cambiar la verdad, sino para moderar nuestro sentido y dar juicio a nuestro juicio.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 13 Jan 2014 07:48:27 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Estorninos en sonetos. La primera poesía de Boris Vian]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/estorninos-en-sonetos-la-primera-poesia-de-boris-vian/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/BORIS_VIAN.jpg" alt="" /></p>
<p>Entre las m&uacute;ltiples distracciones que se dan en la casa familiar de Boris Vian a finales de los a&ntilde;os treinta, principios de los cuarenta, figuran los &ldquo;bouts rim&eacute;s&rdquo;, poemas compuestos a partir de un tema preestablecido y con un conjunto de rimas conocidas de antemano. Estos fragmentos rimados, cuya invenci&oacute;n se atribuye al poeta Dulot en 1648, se convierten durante los siglos XVII y XVIII en un verdadero entretenimiento aristocr&aacute;tico. Coincidiendo con esta &eacute;poca de su vida, sin duda influenciado por un arte de versificar firmemente entroncado en la tradici&oacute;n po&eacute;tica francesa, Vian comienza a escribir sus <em>Cien sonetos</em>, publicados &iacute;ntegramente en 1984, cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s de su composici&oacute;n. Las frecuentes alusiones que se encuentran en ellos, con poemas dedicados a la trinidad simbolista (Rimbaud, Baudelaire, Verlaine) o a otros nombres de la literatura del siglo XX, como es el caso de Paul Claudel o Paul Fort, que prolongan la tradici&oacute;n simbolista hasta el medio siglo, hacen pensar en un conocimiento literario del joven Vian no solo procedente de su formaci&oacute;n escolar, sino de una afici&oacute;n incipiente por la lectura.</p>
<p>No hay que olvidar, sin embargo, que Boris Vian pasa su infancia y adolescencia en pleno auge del movimiento surrealista. M&aacute;s adelante contar&aacute; entre sus amigos con escritores y artistas adscritos en alguna etapa de su vida a este grupo. Tres d&eacute;cadas de tradici&oacute;n surrealista son m&aacute;s que suficientes para que su idea del arte y de la literatura deje huella en la obra de autores que nunca pertenecieron a sus filas. Vian hace suyo el gusto por el humor, el juego ling&uuml;&iacute;stico, la ilusi&oacute;n, lo fant&aacute;stico, el sue&ntilde;o o el erotismo, caracter&iacute;sticas compartidas con sus predecesores. Cuando se trata de elegir una forma po&eacute;tica en la que encauzar su deseo de escribir, elige el soneto y la balada. &ldquo;El surrealismo no es una forma po&eacute;tica&rdquo;, se hab&iacute;a dicho en la &ldquo;Declaraci&oacute;n del 27 de enero de 1925&rdquo;. Andr&eacute; Breton y Paul &Eacute;luard hablaban de la balada, del soneto y de la epopeya como g&eacute;neros caducos, expresi&oacute;n sin pies ni cabeza en el gran siglo de los &ldquo;ismos&rdquo;. Aragon, en un principio, tambi&eacute;n declaraba al surrealismo fuera del &aacute;mbito literario. M&aacute;s tarde, ser&iacute;a de los pocos poetas franceses del siglo XX que practican la escritura del soneto, junto con Paul Val&eacute;ry, Pierre-Jean Jouve o Jean Cassou, entre otros. As&iacute;, cuando Boris Vian comienza su primer proyecto po&eacute;tico, se sit&uacute;a a contracorriente de las tendencias que dominan en la Francia de la II Guerra Mundial. La adopci&oacute;n de la forma fija es, en cambio, una de las pocas sujeciones a las que querr&aacute; someterse. Y lo har&aacute;, como Louise Labb&eacute;, la gran dama de los sonetistas lioneses, como un modesto pasatiempo que prolonga los juegos de su casa de Ville d&rsquo;Avray, una manera de huir de la ociosidad.</p>
<p>Tradicionalmente, el soneto es una forma para el canto y la recitaci&oacute;n en buena compa&ntilde;&iacute;a, m&aacute;s pensada para el juego de la improvisaci&oacute;n que para su paso por la imprenta. Sus &eacute;pocas de mayor florecimiento coinciden con el esp&iacute;ritu de unos tiempos donde el arte de versificar se basta a s&iacute; mismo, cuando el placer por el lenguaje predomina sobre otras literaturas destinadas a vehicular el pensamiento. A pesar de su exigencia formal, el soneto se presta a todo tipo de desarrollos tem&aacute;ticos, desde los temas m&aacute;s elevados a la mayor de las burlas. Vian asocia literatura y divertimento a trav&eacute;s de los fragmentos rimados. Los divertimentos familiares son su campo de pruebas y el lenguaje po&eacute;tico, principio y fin, lugar para el placer ret&oacute;rico.</p>
<p>La edici&oacute;n de los <em>Cien sonetos</em> que puede encontrarse en las <em>Obras completas</em> de Fayard (1999) est&aacute; en realidad inacabada, sobre todo si tenemos en cuenta las sucesivas correcciones y reformulaciones que el escritor introdujo a lo largo del tiempo. Como sucede con alguna de sus obras &ndash;es el caso del <em>Tratado de civismo</em>- no hubo tiempo de ver esta tarea finalizada conforme a sus propios criterios. Deja un proyecto a partir del que reorganizar toda la colecci&oacute;n con el t&iacute;tulo de <em>Cien Infames sonetos</em>. Su inter&eacute;s por respetar las reglas m&eacute;tricas estipuladas por la tradici&oacute;n coexiste con una amplia propuesta en lo referente al plano tem&aacute;tico. Este primer libro supone un progresivo aprendizaje del arte de versificar, cuya finalidad es ante todo divertirse, una constante en los a&ntilde;os de la infancia y la adolescencia del escritor. A pesar de declarar expresamente la idea de no tomarse demasiado en serio este ejercicio de estilo sobre forma fija, el tiempo mostrar&aacute; lo contrario. La reflexi&oacute;n sobre la poes&iacute;a y el oficio del poeta ocupa muchos de los poemas de <em>Cien sonetos</em>, y reaparece en las siguientes colecciones hasta hacerse insistente en los poemas de <em>No quisiera morir</em>. En <em>Cien sonetos</em> encontramos la mayor parte de los temas que preocupan o interesan al Boris Vian poeta a lo largo de su vida.</p>
<p>A trav&eacute;s de las diez series en que se divide la obra pueden leerse sonetos de car&aacute;cter humor&iacute;stico al lado de otros donde todo se supedita al juego del lenguaje y de las formas. Poemas como &ldquo;&Agrave; mon lapin&rdquo; (&ldquo;A mi amor&rdquo;), &ldquo;Apport au prince&rdquo; (&ldquo;Aportaci&oacute;n al pr&iacute;ncipe&rdquo;), &ldquo;Terres absconces&rdquo; (&ldquo;Tierras abstrusas&rdquo;), &ldquo;Autod&eacute;fense du calembour&rdquo; (&ldquo;Autodefensa del calambur&rdquo;), &ldquo;Art po&eacute;tique&rdquo; (&ldquo;Arte po&eacute;tica&rdquo;) o la serie titulada &ldquo;D&eacute;clinaison&rdquo;, son verdaderos pronunciamientos donde aparecen algunas de las caracter&iacute;sticas m&aacute;s importantes del conjunto de su poes&iacute;a: su car&aacute;cter desenfadado, burlesco en ocasiones, l&uacute;dico casi siempre; su horror por el estilo pomposo y afectado; su devoci&oacute;n por los juegos ling&uuml;&iacute;sticos, en especial por el calambur; la reivindicaci&oacute;n de una total libertad creativa, sin adscripciones est&eacute;ticas declaradas; el reflejo, en la escritura po&eacute;tica, de la personalidad del autor.</p>
<p>El calambur es una de sus figuras ret&oacute;ricas preferidas. Poemas enteros, e incluso ciclos que sobrepasan la decena de sonetos, se sostienen y justifican por este juego de sonoridades y sentidos. Los sonetos titulados &ldquo;Poissons&rdquo; y &ldquo;Fleurs&rdquo; contienen, encubiertos bajo formas calamburescas, trece tipos de peces y siete especies de flores respectivamente. Series completas como la titulada &ldquo;Sansonnets&rdquo; (&ldquo;Estorninos&rdquo;), &ldquo;D&eacute;tente&rdquo; (&ldquo;Esparcimiento&rdquo;) y &ldquo;Les proverbiales&rdquo; (&ldquo;Las proverbiales&rdquo;) apuntan a este mismo juego de las formas. Vian es, por convencimiento, un precursor del Oulipo, el Taller de Literatura Potencial fundado por Raymond Queneau y Fran&ccedil;ois Le Lyonnais. En &ldquo;Sansonnets&rdquo; se explotan todas las posibilidades fon&eacute;ticas, sem&aacute;nticas y etimol&oacute;gicas que estos p&aacute;jaros ofrecen en lengua francesa, comenzando por el t&iacute;tulo mismo de la colecci&oacute;n: &ldquo;cent sonnets&rdquo; (cien sonetos), pero tambi&eacute;n &ldquo;sans sonnets&rdquo; (sin sonetos), sansonnet, diminutivo de Sans&oacute;n, el personaje b&iacute;blico, &ldquo;roupie de sansonnet&rdquo; (moco de pavo) o incluso uno de su propia cosecha (&ldquo;Tu perds le sens Ohnet&rdquo; &ndash; Est&aacute;s perdiendo el tino Ohnet, en referencia a Georges Ohnet, dramaturgo y novelista franc&eacute;s de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX.</p>
<p>En la serie titulada &ldquo;D&eacute;tente&rdquo;, juega con la palabra &ldquo;p&eacute;d&eacute;raste&rdquo;, elegida m&aacute;s por sus posibilidades fon&eacute;ticas que por su sentido. Todos los versos finales de este ciclo contienen, de un modo u otro, un juego donde var&iacute;an las vocales y suelen conservarse las consonantes P, D, R, S y T: &laquo;&nbsp;Sa copine occup&eacute;e d&rsquo;&Eacute;raste&nbsp;&raquo;; &laquo;&nbsp;Avalant centip&egrave;de et rostre&nbsp;&raquo;; &laquo;&nbsp;Sur la place, saignant, le triste pendard reste&nbsp;&raquo;; &laquo;&nbsp;Le Su&eacute;dois dans l&rsquo;&eacute;cu troubla la paix des races&nbsp;&raquo;, y as&iacute; hasta un total de doce sonetos. En el ciclo titulado &ldquo;Las Proverbiales&rdquo; se juega esta vez con un conocido proverbio: &ldquo;Tant va la cruche &agrave; l&rsquo;eau qu&rsquo;&agrave; la fin elle se casse&rdquo; (&ldquo;Tanto va el c&aacute;ntaro a la fuente que al final se rompe&rdquo;). A&ntilde;os m&aacute;s tarde, este proverbio ser&aacute; objeto de an&aacute;lisis pataf&iacute;sico en la carta que Boris Vian env&iacute;a, con fecha 22 de diciembre de 1955, al Proveditor Editor del Colegio de &lsquo;Pataf&iacute;sica a prop&oacute;sito de &ldquo;algunas ecuaciones morales&rdquo;. Este c&eacute;lebre proverbio hab&iacute;a sido tambi&eacute;n usado por los surrealistas.</p>
<p>Seg&uacute;n la tradici&oacute;n tem&aacute;tica del soneto, varios ciclos constituyen verdaderos cuadros de &eacute;poca por medio de los cuales pueden seguirse tanto las vicisitudes personales del autor como la situaci&oacute;n hist&oacute;rica y art&iacute;stica de la Francia de la Ocupaci&oacute;n. La serie &ldquo;En cartes&rdquo; hace referencia, a partir de la dial&eacute;ctica entre lo verdadero y lo falso, a las cartillas de racionamiento utilizadas por los franceses hasta 1948, que afectaban a todos los productos de primera necesidad, y a la proliferaci&oacute;n del mercado negro en el tr&aacute;fico de todo tipo de g&eacute;neros. En la serie &ldquo;Zazous&rdquo; se retrata, a trav&eacute;s de nueve poemas, a esta juventud que hace frente, a su manera, al ej&eacute;rcito alem&aacute;n de ocupaci&oacute;n y a la Francia tradicional y colaboracionista, representada por el mariscal P&eacute;tain y su famoso lema &ldquo;Famille-Travail-Patrie&rdquo;. Se describe su manera de vestir, su afici&oacute;n por el swing, cuyo m&aacute;ximo representante ser&aacute;, sin duda, Johnny Hess; la organizaci&oacute;n de fiestas, a veces clandestinas, como una de sus formas favoritas de divertirse; su gusto por el cine, la literatura y todo aquello que provenga de la cultura anglosajona; sus lugares de reuni&oacute;n, El Coliseo o la terraza del Pam Pam de los Campos El&iacute;seos; o el episodio protagonizado por Jacques Doriot, pol&iacute;tico del Partido Popular Franc&eacute;s, llamado por Vian &ldquo;Doriot-Manitou&rdquo;. Sus partidarios desentierran el hacha de guerra contra esta juventud poco apreciada por el poder de la &eacute;poca, afeitando el cr&aacute;neo de todos los zazous que salen a su paso. La palabra &ldquo;zazou&rdquo; ha sido utilizada durante mucho tiempo con un sentido peyorativo.</p>
<p>En la serie titulada &ldquo;Le Ballot&rdquo; (&ldquo;El memo&rdquo;) se trata, a trav&eacute;s de seis sonetos, una especie de autobiograf&iacute;a de ficci&oacute;n que narra la vida de un personaje que comparte alguno de los aspectos de la biograf&iacute;a de Vian. El ciclo se abre con el poema titulado &ldquo;Banal&rdquo;, t&iacute;tulo indicativo, y se cierra con el poema &ldquo;Deuxi&egrave;me bout&rdquo;, donde se anticipa al desenlace de una futura carrera laboral que no le satisface. Las ilusiones con las que sin duda afrontaba la vida tras finalizar sus estudios se convierten en un &ldquo;sue&ntilde;o mentiroso&rdquo;, &ldquo;un espejismo encantador&rdquo;, para concluir en el segundo terceto: &ldquo;Treinta a&ntilde;os m&aacute;s tarde, esperando a&uacute;n su momento,/ como broche final de una vida regular,/ Fue ascendido a jefe de despacho por un fallecimiento.&rdquo; En otro de los poemas perteneciente a <em>Cien sonetos</em>, &ldquo;SEPI&rdquo;, aparentemente &ldquo;Soci&eacute;t&eacute; d&rsquo;&eacute;dition et de propagande industrielle&rdquo;, se evoca a un bur&oacute;crata aburrido, so&ntilde;ador y perezoso, que deja pasar el tiempo ante los papeles que se apilan en su escritorio: &ldquo;Segundo tras segundo/ El tiempo resbala, viscoso, en el tubo de los d&iacute;as/ Se pega a las paredes, deteni&eacute;ndose en los recodos/ Luego pasa y me quedo con mi alma vac&iacute;a...&rdquo;. Ya en tiempos de la AFNOR, la Asociaci&oacute;n Francesa de Normalizaci&oacute;n, donde entra a trabajar en agosto de 1942, Boris Vian se da cuenta de que no satisfar&aacute; sus intereses art&iacute;sticos ni sus expectativas personales si sigue su carrera de ingeniero.</p>
<p>En plena bonanza econ&oacute;mica de la familia, su padre Paul hab&iacute;a asignado a una institutriz privada la tarea de ense&ntilde;ar a leer a todos los hijos. Boris lee con cierta soltura a los cinco a&ntilde;os, seg&uacute;n dicen sus allegados, y de ah&iacute; en adelante se convertir&aacute; en un lector voraz. A los doce a&ntilde;os ingresa en el Instituto de S&egrave;vres, luego en el Instituto de Hoche, en Versalles, y finalmente acaba sus estudios secundarios en el Condorcet de Par&iacute;s. A los quince a&ntilde;os obtiene su bachillerato de lat&iacute;n-griego, el mismo a&ntilde;o que sufre unas fiebres tifoideas que agravan anteriores problemas cardiacos. A los diecisiete termina su segundo bachillerato de filosof&iacute;a y matem&aacute;ticas. Ante &eacute;l se ofrece la primera de las disyuntivas importantes: dedicarse a las letras o seguir el camino de la ciencia. Vian hab&iacute;a sido educado en un ambiente propicio para el arte y la literatura, pero su familia se inclina por una futura carrera de ingeniero. En su diario &iacute;ntimo confiesa: &ldquo;Quer&iacute;a estudiar en la Central, me atra&iacute;a la idea de ser ingeniero&rdquo;. Prepara sin grandes sacrificios el examen de ingreso en la &Eacute;cole Centrale. Mientras tanto, dedica parte de su tiempo a preparar fiestas en la casa paterna. Sus padres, llevados por el instinto de protecci&oacute;n, hab&iacute;an habilitado una sala de baile en el extremo del jard&iacute;n. En <em>Vercoquin y el plancton</em> se describen con todo detalle estos guateques con m&uacute;sica de baile y chicas, &ldquo;&iexcl;las devoradoras! &iexcl;las malvadas!&rdquo;, dice Vian, a caballo entre el deseo y la castidad. Es &ldquo;la edad nueva de los bailes enlazados/ A los cuerpos ligeros, cargados de olores fluidos/ Posados en la sonrojada tibieza, besos atrevidos/ Suaves cabellos dulcemente acariciados&rdquo;, escribe en su poema &ldquo;Jeune&rdquo;. El a&ntilde;o 1939, ya en plena guerra mundial, Boris tiene que desplazarse a Angoul&ecirc;me, donde hab&iacute;a sido trasladada provisionalmente la &Eacute;cole Centrale. A finales de este curso 1939/1940, poco antes de marcharse de vacaciones a Cap Breton, donde conocer&aacute; a Michelle L&eacute;glise, coincide con la retirada del ej&eacute;rcito franc&eacute;s de sus posiciones fronterizas. En aquel tiempo, Vian admite su &ldquo;completa indiferencia ante los graves problemas del momento&rdquo;. Hasta pr&aacute;cticamente los treinta a&ntilde;os, vive abstra&iacute;do en sus ocupaciones, sin estar demasiado pendiente de la situaci&oacute;n hist&oacute;rica.</p>
<p>&ldquo;Puesto que eso te complace, tendr&eacute; mi piel de asno&rdquo;, es decir, el t&iacute;tulo de ingeniero, le hab&iacute;a dicho a su madre. En junio de 1942, en el puesto 54 de una promoci&oacute;n de 72 estudiantes, obtiene su &ldquo;piel de asno&rdquo; en la especialidad de metalurgia. En el poema &ldquo;Colles&rdquo; reconoce haber salido de la Centrale con el &ldquo;cr&aacute;neo vac&iacute;o&rdquo; y &ldquo;los pies pesados&rdquo;, y concluye: &ldquo;Cuidadosamente atado reposaba en su mano/ Haz de fuego devorador donde van los esp&iacute;ritus libres/ El rollo de piel de asno para enga&ntilde;ar a los ni&ntilde;os&rdquo;. Ante &eacute;l se abre un tiempo nuevo, lejos de los para&iacute;sos de su infancia en Ville d&rsquo;Avray. En los primeros d&iacute;as de 1942, busca trabajo de empresa en empresa y lo encuentra, como hemos dicho, en la AFNOR. Su primer sueldo asciende a 4000 francos [&ldquo;Ganaba un poco menos que un fresador-ajustador&rdquo;]. No construir&aacute; pantanos ni le ser&aacute;n encomendadas grandes obras de ingenier&iacute;a. Es destinado al servicio de normalizaci&oacute;n del vidrio. Cuatro a&ntilde;os m&aacute;s tarde, presenta su dimisi&oacute;n por razones econ&oacute;micas y personales, y entra en el Office du Papier de la mano de Claude L&eacute;on, amigo y compa&ntilde;ero en la orquesta aficionada de Claude Abadie. El Office du Papier es un lugar ideal para dedicar tiempo a su faceta de escritor. All&iacute; termina de escribir <em>La espuma de los d&iacute;as</em> y redacta por completo <em>El oto&ntilde;o en Pek&iacute;n</em>. Cuando empiece a percibir derechos de autor por su primera novela negra <em>Escupir&eacute; sobre vuestras tumbas</em>, abandona definitivamente su carrera de ingeniero para dedicarse a la m&uacute;sica y la literatura.</p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center">BORIS VIAN</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>FUERA DE MARCO</strong><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>A mi amor</strong>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como soy muy viejo, s&eacute; muchas historias,</p>
<p>Y he hecho para ti no menos de un ciento</p>
<p>Oh, no es en verdad poderoso ni atento</p>
<p>No me han hecho falta esfuerzos meritorios</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero es un poco loco, un poco blasfematorio</p>
<p>Un poco alegre a veces, un poco triste<a title="" href="#_ftn1">*</a> de paso&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Guarda un poco de forma, y se va deformando</p>
<p>Si es preciso &ndash; pero era un motivo perentorio</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No me reproches que me burle de todo</p>
<p>No me burlo. Me complazco sobre todo</p>
<p>En manosear en los rincones a mi pobre musa...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ella desentona a menudo. Se&ntilde;ora, no estoy al tanto</p>
<p>Y le hago da&ntilde;o en sus tiernos encantos...</p>
<p>Pero da un poco igual si eso te gusta.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Aportaci&oacute;n al pr&iacute;ncipe</strong>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quiero encumbrar al pr&iacute;ncipe de los pohetas</p>
<p>Nosotros<a title="" href="#_ftn2">*</a> le debemos un homenaje florido</p>
<p>Con un tufo a incienso en cien cerebros decidido</p>
<p>Amplio como el vuelo del gran quebrantahuesos</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alabemos a Paul Fort. Que reine en la cresta</p>
<p>De Olimpo cuyos picos habita el cabrito</p>
<p>Que su nombre de los mortales sea querido</p>
<p>Y en la H&eacute;lade &aacute;urea que laurel en la testa</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Prolongue, como en nosotros, su reinado</p>
<p>Igual que los bud&uacute;es, en el humo azulado</p>
<p>Reinaban en el tiempo de los sacrificios</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>He aqu&iacute;. He celebrado sus obras perfectas</p>
<p>Y qu&eacute; importa si entonces &ndash;Sat&aacute;n me castigue-</p>
<p>No conozco ni uno de los bellos versos que escribe...</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p><strong>Tierras abstrusas</strong>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hace algunos d&iacute;as, tuve un sue&ntilde;o espantoso</p>
<p>Era un Verdadero poeta, y en un papel amarillo</p>
<p>Escrib&iacute;a en Versos de Verdad un fragmento largo como una vara</p>
<p>Con tinta rosa... y he aqu&iacute; cinco de ellos</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Perfil en el subsuelo de fuentes p&aacute;lidas... Puerto de los valientes</p>
<p>Contemnando rup&iacute;cola en la ojiva del fauno agrio,</p>
<p>Hacia la nada del gesto, as&iacute; de las varas fuerza lanzada...</p>
<p>Calmemos las ma&ntilde;anas tenebrosas...</p>
<p>&iexcl;En m&iacute; sordo el liripipi&oacute;n de los ont&oacute;gonos!...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y mi despertador son&oacute;. Hab&iacute;a visto la gorgona</p>
<p>Enfrente, y sudaba como lenguado al grat&eacute;n</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ahora he comprendido c&oacute;mo hacen los poetas</p>
<p>Se duermen tan pronto la noche est&aacute; completa</p>
<p>Y no ponen jam&aacute;s su despertador&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p><strong>Autodefensa del calambur</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por qu&eacute; pues dedicarme a las mil gemon&iacute;as</p>
<p>Nada fertiliza m&aacute;s que el guano a granel...</p>
<p>Fresas, &iquest;crecer&iacute;ais sin el apestoso tonel</p>
<p>Que esparce a vuestros pies la sustancia bendita?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;Vil calambur! se dice. Pero suave armon&iacute;a</p>
<p>Para el o&iacute;do de quien no ama a Giono</p>
<p>Yo florec&iacute;a ya cuando el p&aacute;lido gorri&oacute;n</p>
<p>Arrullador llev&oacute; la aceituna a Armenia...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero ustedes los celosos. Y ustedes, esp&iacute;ritus fuertes,</p>
<p>Leen a Claudel sin esfuerzo aparente</p>
<p>Villanos forjadores de edificantes obras</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Abejorros cargados de versos blancos, &iexcl;os larg&aacute;is!</p>
<p>Porque del esp&iacute;ritu volador no soy m&aacute;s que las sobras,</p>
<p>Pero caigo de arriba mientras os arrastr&aacute;is&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>ESTORNINOS</strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong></strong>&nbsp;</p>
<p><strong>Ca&iacute;da del demonio</strong>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Le segu&iacute;a desde hace una hora,</p>
<p>Prepar&aacute;ndole una emboscada</p>
<p>&iexcl;Ah! Me iba a re&iacute;r a carcajadas</p>
<p>Pero &eacute;l... Mucho mejor si llora...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En una existencia mejor</p>
<p>Lo mandar&iacute;a, todo palpitante...</p>
<p>&Eacute;l entra... Al punto, jadeante,</p>
<p>Lo empu&ntilde;o tan pronto aflora...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;P&aacute;jaro maldito! &iexcl;Estornino vil!</p>
<p>&iexcl;Esta noche se acerca tu fin!</p>
<p>- Su cara estaba ya p&aacute;lida,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y yo re&iacute;a con aire burl&oacute;n...</p>
<p>Abr&iacute; la ventana de un empuj&oacute;n</p>
<p>Y lo proyect&eacute; al vac&iacute;o...&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p><strong>PASTELITOS ANODINOS&nbsp;</strong>&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p><strong>Indecente</strong><a title="" href="#_ftn3"><strong>*</strong></a><strong> soneto</strong>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>So&ntilde;adora, imagina</p>
<p>Por las contraventanas</p>
<p>El sol de la ma&ntilde;ana</p>
<p>Cerca de ella se arrima</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tal como en un ensue&ntilde;o</p>
<p>La veo a cada instante</p>
<p>Espejismo irritante</p>
<p>Quimera, se&ntilde;uelo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La clara salud</p>
<p>De la rosa luz</p>
<p>Colora su mejilla</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en su cuerpo desnudo</p>
<p>El sol se ovilla</p>
<p>Amante desconocido</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>A Arthur</strong>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ahora bien, en Aperitivo<a title="" href="#_ftn4">[1]</a>, hay mordisco y rito...</p>
<p>Mordisco al mediod&iacute;a, rito sacramental</p>
<p>El zumo opalescente - no es agua mineral -</p>
<p>Y en tu est&oacute;mago se aloja este zumo r&aacute;pido...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iexcl;Descended, alcoholes! Cread la dicha s&uacute;bita</p>
<p>En el cerebro del bebedor que no conoce tal</p>
<p>Y se ofrece por cien bajo el alma de un inmortal</p>
<p>- "&iexcl;Es mi ronda, amigo!". Todo el mundo disfruta</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>As&iacute;, esta palabra nueva corresponde en suma</p>
<p>A la idea que nos hacemos del se&ntilde;or que consume.</p>
<p>Morder, rito. Y aun as&iacute;, me dejo lo principal:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me queda tejo, para plantarlo en el cementerio</p>
<p>Sobre tu tumba. Y l&aacute;stima que vea demasiado normal</p>
<p>Que, harto del <em>pernod</em>, tu cuerpo vaya a la cerveza<a title="" href="#_ftn5">[2]</a>&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p><strong>ESPARCIMIENTO</strong></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p><strong>1900</strong>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De pie ante la gran puerta, melanc&oacute;lico,</p>
<p>El botones de traje rojo y dorado</p>
<p>Contempla sin ver el brillante decorado</p>
<p>Del cabaret de lujo con letrero ex&oacute;tico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Maquinal, sonr&iacute;e al cliente simp&aacute;tico</p>
<p>Observa a la diva con abrigo de castor</p>
<p>Y ni siquiera r&iacute;e si el famoso tenor</p>
<p>Se resbala al subir en un coche asm&aacute;tico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Piensa. Y su oficio le parece ins&iacute;pido.</p>
<p>Todos esos juerguistas de cerebro vac&iacute;o,</p>
<p>Desde que los conoce, le parecen odiosos...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero se queda ah&iacute;, como un &aacute;rbol plantado,</p>
<p>O a veces, sujeta, triste y apagado,</p>
<p>La puerta barnizada del cup&eacute; de los ociosos...&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>EVANGELIO SEG&Uacute;N CINCO SONETOS</strong><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Oscar</strong>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">A O. Wilde</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dios le&iacute;a, sereno, el Libro de los Pecados</p>
<p>Y el hombre, ante &eacute;l, permanec&iacute;a inm&oacute;vil</p>
<p>Y dijo Dios: &ldquo;Golpeaste al pobre y al d&eacute;bil</p>
<p>Prestaste tu cuerpo vil a juegos desenfrenados</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Enga&ntilde;aste a tu pr&oacute;jimo en vergonzosos mercados</p>
<p>No amabas m&aacute;s que el mal y ah&iacute; fuiste h&aacute;bil...&rdquo;</p>
<p>Y el hombre apartaba su ojo sombr&iacute;o y m&oacute;vil</p>
<p>Y dijo Dios &ldquo;El infierno para tu coraz&oacute;n desecado.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El hombre alz&oacute; la cabeza, y su cara estaba triste</p>
<p>Y la sombra, alrededor de &eacute;l, se espesaba sin l&iacute;mite</p>
<p>&ldquo;Nunca he dejado de vivir en ella&rdquo; y Dios palideci&oacute;...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;&iquest;Quieres el para&iacute;so?&rdquo; fue la r&eacute;plica breve</p>
<p>Entonces, frunciendo el ce&ntilde;o, triste, el hombre sonri&oacute;...</p>
<p>&ldquo;No me lo imaginaba ni siquiera en mis sue&ntilde;os...&rdquo;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Peque&ntilde;o comentario. Oscar era un muchacho bastante divertido, pero no hab&iacute;a comprendido el sentido de la vida, o m&aacute;s bien, se hab&iacute;a equivocado de sentido. Y la sociedad lo castig&oacute;: Am&eacute;n. Pero a Guillermo II, no le pas&oacute; nada.&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p><strong>DECLINACI&Oacute;N</strong></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">&nbsp;<strong>A mi musa</strong>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por qu&eacute; me soplas siempre burradas</p>
<p>Yo no te he tratado como a una vil ramera</p>
<p>Me haces un bello verso, lo escribo, y sin espera</p>
<p>De improviso, &iexcl;tac! Es una payasada</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El mal calambur, la insulsa tonter&iacute;a</p>
<p>De m&aacute;s o menos gusto &ndash; menos dir&iacute;a yo antes</p>
<p>Recuerda a Di&oacute;genes con un traje elegante</p>
<p>A Pascal cancionista diciendo groser&iacute;as</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A Beethoven en un campo tocando el mirlit&oacute;n,</p>
<p>A Paul Claudel en el aquelarre montado en un bast&oacute;n</p>
<p>A un mal ensalmador curando a Hip&oacute;crates</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cantando un aire swing, Marcel Cachin desnudo</p>
<p>P&iacute;o Doce vestido de gran diablo cornudo...</p>
<p>Un gorro de payaso en la cabeza de S&oacute;crates...</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>_____________</p>
<p><em>Cent sonnets</em>, de Christian Bourgois et Coh&eacute;rie Boris Vian<br /> Librairie Arth&egrave;me Fayard 1999 pour l&rsquo;&eacute;dition en &oelig;uvres compl&egrave;tes</p>
<p>&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">*</a> Triste, en tres letras.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref2">*</a> nosotros, los poetas.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref3">*</a> Tan poco...</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref4">[1]</a> N del T. Happe, rite, if: mordisco, rito y tejo, componen las tres s&iacute;labas con las que Boris Vian juega en este soneto, as&iacute; como la conocida tendencia de Rimbaud a la bebida.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref5">[2]</a> N del T. Bi&egrave;re significa al mismo tiempo cerveza y ata&uacute;d.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Fri, 10 Jan 2014 12:53:55 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una novia en San Francisco]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-novia-en-san-francisco/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/DANIEL_GASC_N.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mierda, pens&oacute; Sergio cuando not&oacute; la vibraci&oacute;n del m&oacute;vil en el bolsillo de la camisa, al principio de la clase.</p>
<p>El mensaje de Patricia ten&iacute;a un tono amenazador: &ldquo;&iquest;Puedes quedar esta tarde? Tengo que hablar contigo. Un beso&rdquo;. Sergio llevaba tres d&iacute;as aplazando la cita, as&iacute; que le contest&oacute; y le dijo que pod&iacute;a, pero poco rato, y apag&oacute; est&uacute;pidamente el m&oacute;vil, como si eso fuese a evitar que llegara la respuesta. Pero la contestaci&oacute;n de Patricia le pareci&oacute; todav&iacute;a m&aacute;s inquietante: &ldquo;Tranquilo, no pienso entretenerte mucho rato&rdquo;. A continuaci&oacute;n propon&iacute;a un lugar y una hora; mientras respond&iacute;a un lac&oacute;nico &ldquo;Ok&rdquo; y tomaba el tercer caf&eacute; de m&aacute;quina de la tarde, Sergio pensaba que nunca deber&iacute;a haberla invitado a esa &uacute;ltima copa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En los &uacute;ltimos tres a&ntilde;os, Patricia y Sergio se hab&iacute;an acostado una veintena de veces. Se conocieron durante el primer a&ntilde;o de carrera de Sergio, cuando Patricia ya llevaba tres o cuatro a&ntilde;os en la Facultad, a ra&iacute;z de una revista universitaria que publicaba los cuentos de Sergio y los ensayos de Patricia sobre literatura espa&ntilde;ola del siglo XX. Iv&aacute;n, el novio de Patricia, un tipo muy simp&aacute;tico, tambi&eacute;n colaboraba con alg&uacute;n art&iacute;culo. Iv&aacute;n no acudi&oacute; a una de las presentaciones, y Sergio y Patricia se enrollaron en la parada de taxis, cerca de la estaci&oacute;n de autobuses. Se vieron con regularidad durante varias semanas. Despu&eacute;s Sergio empez&oacute; a salir con una chica de clase, y Patricia sigui&oacute; con Iv&aacute;n, que te&oacute;ricamente no sab&iacute;a nada, pero que empez&oacute; a tratar a Sergio con m&aacute;s frialdad.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El a&ntilde;o siguiente Patricia consigui&oacute; una beca para hacer el doctorado en Berkeley. Ella y Sergio se escrib&iacute;an emails con cierta frecuencia y se ve&iacute;an cuando Patricia volv&iacute;a de vacaciones: Sergio pas&oacute; un a&ntilde;o en Inglaterra, pero tras su regreso continu&oacute; viviendo en un barrio residencial de Zaragoza. A Sergio le divert&iacute;an las historias del departamento y San Francisco, y le gustaba hablar con ella de literatura y temas acad&eacute;micos. Quedaban en un bar irland&eacute;s, beb&iacute;an unas cuantas copas y a las once Sergio cog&iacute;a un autob&uacute;s que lo llevaba de vuelta a su barrio; Patricia se burlaba y lo llamaba Cenicienta.</p>
<p>Patricia le proporcionaba referencias bibliogr&aacute;ficas para sus trabajos y le&iacute;a sus cuentos. Normalmente quedaban solos, pero, como pensaba que los amigos de Sergio eran un poco primitivos, siempre le ofrec&iacute;a que saliera con los suyos: un grupo que hab&iacute;a estudiado en el colegio Brit&aacute;nico, que ten&iacute;a aspiraciones culturales y a veces esnifaba coca&iacute;na.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Patricia era guapa, alta y se parec&iacute;a las mujeres que m&aacute;s le gustaban. Le atra&iacute;a su punto de vista cient&iacute;fico y desapasionado sobre la literatura, y siempre estaba dispuesta a quedar. Pero hab&iacute;a algo que lo distanciaba de ella, que hac&iacute;a que no quisiera ser su amante y que, de una manera que no acaba de entender, porque era muy bonito tener una novia en San Francisco, prefiriese la amistad. Lo contrario significaba entrar en un c&iacute;rculo del que era muy dif&iacute;cil salir: Patricia hab&iacute;a encontrado trabajo para dos de sus mejores amigas en California, y el curso anterior, hab&iacute;a convencido a Sergio e Iv&aacute;n de que pidiesen dos becas de doctorado en UCLA, e incluso inici&oacute; las gestiones para que los dos compartieran piso en Am&eacute;rica. Qued&oacute; con ellos en Navidad &ndash;en esa &eacute;poca estaba rompiendo con Iv&aacute;n- y les ayud&oacute; a resolver el papeleo. Pero la situaci&oacute;n hac&iacute;a que Sergio se sintiera inc&oacute;modo: al final no present&oacute; todos los materiales y continu&oacute; sus estudios de Filolog&iacute;a en Zaragoza.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A veces se equivocaba y romp&iacute;a sus propias reglas. Una noche de semana santa se hab&iacute;a despedido de Patricia con un beso en los labios. Ese tipo de cosas le hac&iacute;an pensar que ten&iacute;an una cuenta pendiente. Y unas semanas atr&aacute;s, a finales de agosto, quedaron en el bar de siempre, y Sergio perdi&oacute; el autob&uacute;s. Mientras el coche se alejaba, pregunt&oacute; a Patricia si le apetec&iacute;a tomar una &uacute;ltima copa, y la bes&oacute; en la misma esquina donde se hab&iacute;an besado por primera vez.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mientras caminaba hacia el bar donde siempre se encontraba con ella, y en el que hab&iacute;a quedado con muchas chicas en una &eacute;poca m&aacute;s promiscua, Sergio pensaba que hab&iacute;a sido un desliz est&uacute;pido, pero que a continuaci&oacute;n hab&iacute;a cometido un error m&aacute;s grave. La llev&oacute; al piso vac&iacute;o que su familia ten&iacute;a en el centro. Empezaron a follar sin cond&oacute;n, y ella le dijo:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Espera un momento.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Patricia abri&oacute; su bolso y sac&oacute; un preservativo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Perdona. Cre&iacute;a que tomabas la p&iacute;ldora.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Ya no. Ha pasado mucho tiempo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aunque follaron varias veces esa noche, y aunque Patricia, a diferencia de otras ocasiones, se hab&iacute;a quedado con &eacute;l hasta el d&iacute;a siguiente, Sergio crey&oacute; que hab&iacute;a un reproche en sus palabras.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Quiz&aacute; fuera ese reproche la raz&oacute;n por la que no la hab&iacute;a llamado. Pero tambi&eacute;n es cierto que ella se hab&iacute;a ido a Am&eacute;rica para arreglar unos papeles, y&nbsp; que &eacute;l le hab&iacute;a enviado un sms de cortes&iacute;a. Y, sin embargo, ahora todo hab&iacute;a salido peor de lo que hab&iacute;a esperado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La hab&iacute;a dejado embarazada.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Era el momento m&aacute;s inoportuno, porque estaba saliendo con otra chica; porque no ten&iacute;a dinero para pagarle un aborto ni ganas o &aacute;nimo para acompa&ntilde;arla a una cl&iacute;nica. Se hab&iacute;a acostado pensando que no significaba nada, y ahora estaba en un l&iacute;o tremendo por culpa de una imprudencia de adolescente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Seguramente, Patricia considerar&iacute;a un aborto la mejor opci&oacute;n: ellos ni siquiera eran novios, y viv&iacute;an en dos continentes distintos. Era probable que se empe&ntilde;ara en pagar la intervenci&oacute;n. Pero, desde el punto de vista de Sergio, eso ser&iacute;a rehuir su responsabilidad. Tampoco sab&iacute;a lo que pensar&iacute;a ella: aunque cualquier educador sexual explica que pueden escapar unas gotas de semen antes de la eyaculaci&oacute;n, no dejaba de ser una negligencia t&eacute;cnica, algo que se le pod&iacute;a echar en cara, como parec&iacute;a indicar el tono de los mensajes de Patricia. Y, aunque todo saliera bien, su relaci&oacute;n habr&iacute;a dejado de carecer de consecuencias.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Patricia sonri&oacute; cuando Sergio entr&oacute; en el bar. Estaba sentada en una banqueta, hab&iacute;a una copa de vino junto a ella. Se dieron dos besos y Sergio pidi&oacute; una cerveza.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -&iquest;Qu&eacute; tal?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Harta &ndash;dijo Patricia-. Estoy harta de Valle-Incl&aacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sergio sinti&oacute; un poco de alivio: Patricia preparaba una tesis sobre las novelas que Valle-Incl&aacute;n hab&iacute;a escrito acerca de las guerras carlistas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Y adem&aacute;s, tengo que quedarme aqu&iacute; este oto&ntilde;o. Seguro que en Berkeley hace mejor tiempo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sergio se qued&oacute; con la boca abierta. Hasta entonces, no se hab&iacute;a dado cuenta de que las dificultades que planteaba una relaci&oacute;n, o incluso compartir unas responsabilidades, serv&iacute;an para ponerle las cosas f&aacute;ciles. Pero ahora ella iba a pasar el oto&ntilde;o en Zaragoza. Y &eacute;l, por supuesto, le hab&iacute;a dicho que no ten&iacute;a novia la noche del incidente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Me han dado seis meses de fiesta para investigar &ndash;dijo Patricia-. As&iacute; que estar&eacute; yendo de aqu&iacute; para all&aacute;, a Madrid y a Galicia &ndash;hizo una pausa. Le daban un semestre sab&aacute;tico sin tener una plaza fija: Sergio pens&oacute; que no hab&iacute;a dios que se creyera eso-. Pero en realidad creo que es lo mejor.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sergio trag&oacute; saliva.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Dice Arcadi Espada que Valle-Incl&aacute;n es el segundo mejor escritor nacido en Villanueva de Arosa, despu&eacute;s de Julio Camba.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Patricia sonri&oacute; y Sergio le dijo que antes de llegar se le hab&iacute;a quedado atascada la cremallera del abrigo, y que hab&iacute;a entrado en el ba&ntilde;o de una cafeter&iacute;a para quit&aacute;rselo.&nbsp; No era cierto, pero le hab&iacute;a pasado hac&iacute;a un par de d&iacute;as y le apetec&iacute;a contarlo. Ella solt&oacute; una carcajada. Se quedaron callados.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Necesitaba hablar con alguien. Por eso te he mandado los mensajes.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sergio la mir&oacute; a los ojos un momento y comenz&oacute; a liar un cigarrillo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Es sobre un chico que conoc&iacute; en Madrid este verano, en el congreso sobre Valle-Incl&aacute;n. Y no s&eacute; qu&eacute; hacer. Estoy hist&eacute;rica, y pensaba que t&uacute; podr&iacute;as entenderlo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Cu&eacute;ntamelo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -He dicho que es un chico, pero debe tener 35 a&ntilde;os o as&iacute;. Da clases en Santiago. Escribi&oacute; una tesis sobre las vanguardias. No es especialmente guapo pero tiene su punto. Y se lo sabe todo. El caso es que lo conoc&iacute; en junio. Empez&oacute; a escribirme emails, a contarme que estaba muy mal con su mujer. Y en agosto, cuando fui a Galicia, nos vimos y nos liamos. Su mujer estaba fuera. Yo no estoy acostumbrada a estas cosas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Y se enamor&oacute; de ti, claro &ndash;dijo Sergio, que no entend&iacute;a qu&eacute; ten&iacute;a que ver esa historia con su problema.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -No, para nada &ndash;se ri&oacute;-. Creo que no. No dio se&ntilde;ales de vida en un mes. Pero hace un par de semanas le mand&eacute; un email porque hab&iacute;a le&iacute;do un art&iacute;culo suyo. Me contest&oacute; al d&iacute;a siguiente. Me dec&iacute;a que est&aacute; muy deprimido, que tiene insomnio, que quiere verme. Y llama a mi casa a cualquier hora. Le dije que pasar&iacute;a aqu&iacute; el oto&ntilde;o y quiere que me vaya a Galicia. Dice que ya no vive con su mujer.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -&iquest;Y t&uacute; qu&eacute; quieres hacer?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -No lo s&eacute;. Me parece todo una locura. Yo me vuelvo a ir dentro de poco.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -No parece una persona muy equilibrada, &iquest;no?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -No. &iquest;Quieres leer sus mensajes?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -No. Me los imagino.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Bueno &ndash;Patricia respir&oacute; hondo-. &iquest;Qu&eacute; te parece?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Es una historia bonita. Pero no s&eacute; qu&eacute; decirte. De todas formas, por lo que cuentas te aconsejar&iacute;a prudencia, como en las negociaciones con los terroristas. Eso de que de repente te empiece a mandar mensajes, despu&eacute;s de no haberte dicho nada en un mes&hellip;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -S&iacute;, es muy raro &ndash;dijo Patricia-. Pero estoy mucho mejor despu&eacute;s de contarlo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Tambi&eacute;n es bonito que te pase, &iquest;no?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pidieron dos copas m&aacute;s. Patricia cont&oacute; m&aacute;s cosas del profesor de literatura, de su conversaci&oacute;n en el congreso, a la salida de una ponencia sobre <em>Tirano Banderas</em>, y de su primer encuentro sexual. Dec&iacute;a que la historia le parec&iacute;a tan disparatada que no se atrev&iacute;a a compartirla con sus amigas, y Sergio pens&oacute; que, desde que se conoc&iacute;an, Patricia no le hab&iacute;a hecho confidencias personales. Seguro que hab&iacute;a tenido amantes en Berkeley despu&eacute;s de romper con Iv&aacute;n, y quiz&aacute; se ve&iacute;a con alguien en Zaragoza. Despu&eacute;s volvieron a hablar de la literatura y la Universidad, del multiculturalismo y la pol&iacute;tica internacional. Hicieron chistes malos y se rieron bastante. Con algo de melancol&iacute;a, Sergio descubri&oacute; que no sent&iacute;a ni rastro de nerviosismo.</p>
<p>Aunque ella no se lo pidi&oacute;, acompa&ntilde;&oacute; a Patricia hasta su portal. Lleg&oacute; a la parada del autob&uacute;s con un cuarto de hora de tiempo y se entretuvo observando en la calle los primeros signos del oto&ntilde;o.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 07 Jan 2014 07:35:16 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La esperanza cóncava que se forma]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-esperaza-concava-que-se-forma/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/AGUST_N_FERN_NDEZ_MALLO.jpg" alt="" /></p>
<p>la esperanza c&oacute;ncava que se forma</p>
<p>al mear sobre nieve,</p>
<p>mapas, genomas</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; de territorio,</p>
<p>vemos en el alma cristal,</p>
<p>materia pulida,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>pero es rugosa y en sus crestas</p>
<p>radica incandescente</p>
<p>el espectro radiante de lo que se avecina,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; los valles tampoco eres t&uacute;,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; un &aacute;tomo emite un electr&oacute;n</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; y reordena el mundo</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; [<em>repetimos</em>]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>un &aacute;tomo emite un electr&oacute;n</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; y reordena el mundo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>a&uacute;n no se entiende c&oacute;mo el tiempo</p>
<p>sepulta ciudades para igualarlas,</p>
<p>para que tengan como &uacute;nico ser vivo</p>
<p>el vector de fuerza gravitatorio F=GMm/r<sup>2</sup><strong></strong></p>
<p>que tira de los f&oacute;siles</p>
<p>hacia el centro de la tierra,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>vinimos a esta casa bajo cero a ver si el fr&iacute;o soldaba relojes y pieles, jugabas con nieve, caminamos sobre la piscina helada, espejo hiperplano all&iacute; al fondo, te lanzabas, pero ese f&oacute;sil de agua acumulaba manzanas, preservativos de m&aacute;rmol, caparazones de insectos esperando su reconversi&oacute;n animal, ciertas tardes oyendo <em>I&acute;ll be your mirror</em> en el p&aacute;ramo de un LP, ya la luz ven&iacute;a entonces barajada entre sombras y oblicua, y bajo aquella masa helada, auditorio inverso, p&uacute;blico interpretando a los actores, echamos <em>wynn&acute;s</em> al motor en la gasolinera de otro p&aacute;ramo que nos gust&oacute; tanto como todos los p&aacute;ramos, te dije lo raro que es que todas las estaciones de servicio est&eacute;n en los lugares donde m&aacute;s sopla el viento, donde hace m&aacute;s fr&iacute;o, donde los meteor&oacute;logos fracasan, cruce de vectores oscuros y f&oacute;siles llegados en camiones que advierten &ldquo;inflamable&rdquo;, y all&iacute; te dej&eacute;, construyendo tu <em>libro del fr&iacute;o</em>,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>por la temible Red Secundaria </em></p>
<p><em>de Carreteras del Estado, </em></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em>al destierro de&nbsp; puro aburrimiento,</em></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em>nieve, CDs, un cigarro,</em></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em>el yo po&eacute;tico pincha una rueda </em></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>y no lleva repuesto,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>la infancia es un &aacute;tomo que emite</p>
<p>la part&iacute;cula <strong>&atilde;</strong> hasta que morimos&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(fragmento de un <em>poema-r&iacute;o</em> en preparaci&oacute;n; sin t&iacute;tulo)&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 07 Jan 2014 07:28:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Clima húmedo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/clima-humedo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/FERNANDO_A_NSA.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Regres&eacute; del Sur hace unos a&ntilde;os</p>
<p>Olvid&eacute; la humedad en un armario</p>
<p>Lo cerr&eacute; a cal y canto,</p>
<p>igeramente desmemoriado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Del aire seco hago ahora</p>
<p>riguroso calendario</p>
<p>que observo con atenci&oacute;n</p>
<p>aunque el cierzo lo desmienta</p>
<p>de tanto en tanto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Trastorno de la emoci&oacute;n</p>
<p>que me procura su soplo inesperado</p>
<p>confluencia de vientos sin gobierno</p>
<p>que descienden por el valle del Ebro</p>
<p>para morir en una esquina de Montevideo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pampero y cierzo</p>
<p>&iquest;Ha sido mi destino estar sacudido</p>
<p>(tan luego)</p>
<p>por estos vientos?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Id&eacute;ntica fase inicial,</p>
<p>la r&aacute;faga intensa</p>
<p>descenso brusco de temperatura</p>
<p>el modo que tienen ambos de enervarnos</p>
<p>impaciencia del gesto con que los soportamos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="left">Mas luego aquel lejano Pampero llena de vapor el aire</p>
<p align="left">asciende la presi&oacute;n atmosf&eacute;rica</p>
<p align="left">se diferencia en h&uacute;medo o seco</p>
<p align="left">y se pierde en nubes de polvo</p>
<p align="left">o en la esperada lluvia,</p>
<p align="left">en el mejor de los casos.</p>
<p align="left">&nbsp;</p>
<p align="left">&Eacute;ste</p>
<p align="left">&mdash;el viento <em>cercio </em>de la <em>Hispania Citerior </em>descrita por Cat&oacute;n el Censor&mdash;</p>
<p align="left">reseca el aire.</p>
<p align="left">Lo dicen activo y animoso,</p>
<p align="left">aunque irrita su persistencia</p>
<p align="left">el duro quemar de las plantas su temprano brote.</p>
<p align="left">Lo dicen perecedero, aunque el poeta David Mayor nos asegura</p>
<p align="left">el cierzo &ldquo;nunca huye:</p>
<p align="left">a los d&iacute;as silba de nuevo por los ribazos,</p>
<p align="left">depredador con la tez del desierto encima;</p>
<p align="left">a limpiar las costumbres vuelve;</p>
<p align="left">el itinerario de los viajeros cambia&rdquo;.</p>
<p align="left">&nbsp;</p>
<p align="left">Con los a&ntilde;os lo prefiero</p>
<p align="left">me aguza el ingenio el fr&iacute;o que provoca.</p>
<p align="left">Lo siento en Zaragoza, lo respiro en Oliete</p>
<p align="left">(&iquest;Se llama esto integrarse o es pura resignaci&oacute;n?)</p>
<p align="left">&nbsp;</p>
<p align="left">Del clima h&uacute;medo a&ntilde;oro la empalagosa omnipresencia</p>
<p align="left">de su agobio y cristales empa&ntilde;ados</p>
<p align="left">el sudor con que acompa&ntilde;&oacute; mi juventud de ventanas abiertas al R&iacute;o&ndash;mar</p>
<p align="left">el cuerpo desnudo sobre la s&aacute;bana tibia del verano</p>
<p align="left">el fr&iacute;o penetrante de un invierno de bombillas&nbsp; callejeras</p>
<p align="left">oscilando&nbsp; en una esquina mal iluminada</p>
<p align="left">donde se pierden amigos y recuerdos</p>
<p align="left">y adonde acudo ahora buscando desentra&ntilde;ar su esencia</p>
<p align="left">antes de que la niebla del olvido lo disuelva todo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">(De <em>Clima h&uacute;medo, </em>de pr&oacute;xima publicaci&oacute;n)</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 26 Dec 2013 07:50:49 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Atrévete y sucederá]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/atrevete-y-sucedera/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/ANA_ROSSETTI.jpg" alt="" /></p>
<p>Imagina la oscuridad.</p>
<p>El horror dispara sus minutos a la velocidad de la metralla.</p>
<p>Las sirenas crecen como aullidos de chacales,</p>
<p>los gemidos retumban entre los escombros, clavan sus esquirlas.</p>
<p>Imagina tus l&aacute;grimas como bayonetas,</p>
<p>desahuciadas de todo consuelo, de toda piedad.</p>
<p>Refugios rebosando de miedo, temblando de miedo</p>
<p>mientras los cad&aacute;veres elevan sus monta&ntilde;as,</p>
<p>mientras los bombarderos gotean constelaciones en las aceras.</p>
<p>Imagina el aire entr&aacute;ndote, invadi&eacute;ndote de muerte.</p>
<p>Se pulverizan &aacute;rboles y bibliotecas;</p>
<p>se desgarran cuerpos y muros,</p>
<p>se mutilan recuerdos y palabras;</p>
<p>se siembran minas, terrores y esqueletos de p&aacute;jaros.</p>
<p>Imagina la orfandad de las cosas. El llanto de las cosas.</p>
<p>Imagina c&oacute;mo los h&eacute;roes se envuelven en capas escarlatas.</p>
<p>C&oacute;mo los verdugos despliegan alfombras escarlatas.</p>
<p>C&oacute;mo las v&iacute;ctimas se ahogan en manantiales escarlatas.</p>
<p>Y c&oacute;mo el espanto, la venganza y el odio</p>
<p>ganan batallas en tu coraz&oacute;n sobrecogido.</p>
<p>Est&aacute;s en medio del recinto inexpugnable del p&aacute;nico.</p>
<p>Y eres t&uacute; quien orquesta los cr&iacute;menes.&nbsp;</p>
<p>Porque has sido t&uacute;.</p>
<p>T&uacute;, que eres capaz de imaginar,</p>
<p>de sentir todo lo que imaginas,</p>
<p>de fabricar todo lo que sientes,</p>
<p>de construir realidades con los sue&ntilde;os</p>
<p>qui&eacute;n ha dado vida al horror.</p>
<p>Por eso, atr&eacute;vete a cambiar la estructura</p>
<p>del&nbsp; mundo</p>
<p>y donde dices temor di esperanza</p>
<p>porque las l&aacute;grimas tambi&eacute;n son de alegr&iacute;a.</p>
<p>Porque la sangre tambi&eacute;n es nacimiento.</p>
<p>Porque la belleza tambi&eacute;n es sobrecogedora</p>
<p>y el amor un potente estallido.</p>
<p>Por eso, atr&eacute;vete.</p>
<p>Apacigua tu mente,</p>
<p>ilumina tus ojos,</p>
<p>imagina justicia.</p>
<p>Imagina consuelo.</p>
<p>Imagina bondad.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 26 Dec 2013 07:46:25 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Crimen ejemplar. Homenaje a Max Aub]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/crimen-ejemplar-homenaje-a-max-aub/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/FERM_N_L_PEZ_COSTERO.jpg" alt="" /></p>
<p>Mat&eacute; a la anciana porque se me hizo insoportable su presencia. Si lo s&eacute;, no le hubiera dicho que hab&iacute;a abandonado mis estudios universitarios y que ven&iacute;a a la capital a buscarme la vida. Todo me pas&oacute; por tratar de ser atento, por condescender a su insoportable locuacidad. Tambi&eacute;n fue mala suerte que me hubiera correspondido sentarme a su lado, y que no quedase ni una plaza libre en el autocar. As&iacute;, ella no hubiera ido d&aacute;ndome la matraca con eso de que deb&iacute;a retomar mis estudios y aplicarme, que luego, cuando concluyese la carrera, lo tendr&iacute;a mucho m&aacute;s f&aacute;cil para alcanzar una buena posici&oacute;n. Yo no s&eacute; en qu&eacute; mundo viv&iacute;a aquella vieja, ni qu&eacute; pu&ntilde;etera posici&oacute;n podr&iacute;a alcanzar yo con mis estudios de Filolog&iacute;a Cl&aacute;sica. El caso es que una y otra vez me pon&iacute;a de ejemplo a sus propios hijos, que disfrutaban, seg&uacute;n ella, de una envidiable posici&oacute;n. Y mientras me restregaba el &eacute;xito de sus v&aacute;stagos, de vez en cuando se pasaba la lengua por las enc&iacute;as superiores, haciendo que su bigote, mal depilado y lleno de pliegues, ondulase como el lomo de un reptil. Lo que yo no acababa de entender, mientras me reconcom&iacute;a por dentro, era c&oacute;mo esos hijos, si de verdad les iba tan bien, no pon&iacute;an a disposici&oacute;n de su madre un coche particular, con ch&oacute;fer y todo, en vez de hacerle recorrer el pa&iacute;s en un veh&iacute;culo proletario.</p>
<p>Como de costumbre, el autocar efectu&oacute; una parada t&eacute;cnica en un &aacute;rea de servicio. Ya hab&iacute;an bajado todos los viajeros y s&oacute;lo qued&aacute;bamos la vieja y yo: ella en el asiento del pasillo, revolviendo en su enorme bolso, y yo, mientras, acorralado en la butaca correspondiente a la ventanilla. Su demora se deb&iacute;a, seg&uacute;n dijo, a que necesitaba echar mano de unas tijeras, aunque no me aclar&oacute; para qu&eacute; demonios precisaba en aquel momento semejante utensilio.</p>
<p>Diez minutos despu&eacute;s, el conductor, que ya se dispon&iacute;a a ocupar su asiento, la encontr&oacute; espatarrada en medio del pasillo, con las dichosas tijeras hundidas en el gaznate. Seg&uacute;n manifestaron algunos testigos, todav&iacute;a agonizaba, pero poco se pudo hacer por ella. Si no fuese porque me retorc&iacute; el tobillo, al saltar aquella zanja, dudo que los de la Benem&eacute;rita ?tan oportunos? me hubiesen echado el guante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h1>Zombi</h1>
<p>Yo nunca quise ser enterrado. Me estremec&iacute;a la idea de una muerte aparente y un posterior despertar bajo tierra. Imaginar la descomposici&oacute;n de mi cuerpo, al que siempre he cuidado y alimentado con esmero, tampoco me resultaba agradable. Y pensar, asimismo, que, en un futuro m&aacute;s o menos distante, arque&oacute;logos, antrop&oacute;logos, o cualquier otra especie de profanadores de tumbas, pudieran entretenerse removiendo mis huesos y especulando sobre su condici&oacute;n, me incomodaba una barbaridad.</p>
<p>Yo prefer&iacute;a que mi cuerpo fuera entregado sin contemplaciones al fuego&nbsp; purificador y definitivo. As&iacute; lo he manifestado siempre. Y tambi&eacute;n, que mis cenizas fuesen aventadas a la orilla del bravo mar que me vio nacer. Pero mi repentino fallecimiento no me permiti&oacute; dejar este asunto debidamente estipulado mediante el documento pertinente. Y la bruja de mi mujer, que conoc&iacute;a mis angustias mejor que nadie, llegado el momento nada hizo por que se cumpliera mi voluntad; al contrario, me encerr&oacute; en esta h&uacute;meda y p&uacute;trida sepultura, adquirida a prop&oacute;sito para fastidiarme. A la muy zorra no le fue suficiente con verme muerto, y a&uacute;n hoy contin&uacute;a atorment&aacute;ndome. La p&eacute;rfida, siempre que viene a traerme sus hip&oacute;critas flores ?suele hacerlo una vez al mes?, aprovecha para insultarme y para menoscabar al m&aacute;ximo mi orgullo. Por ejemplo, no hay visita en la que no me refiera de forma minuciosa los excesos sexuales que perpetra con sus j&oacute;venes y vigorosos amantes, a los que recluta en los sitios m&aacute;s indecentes y sufraga con mis suculentos ahorros. Pero ella a&uacute;n no se imagina el craso error que ha cometido no respetando mi anhelo. Aunque lo sabr&aacute; pronto: cualquier noche de &eacute;stas, cuando pase a visitarla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2>Una aventura micol&oacute;gica</h2>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El d&iacute;a anterior hab&iacute;a llovido, as&iacute; que, a media tarde, me puse la ropa y el calzado apropiados, tom&eacute; el bast&oacute;n, la canastilla de mimbre y la navaja, y me fui al bosque pr&oacute;ximo a mi domicilio a buscar setas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;Despu&eacute;s de un comienzo infructuoso, detr&aacute;s de unos arbustos descubr&iacute; una colonia inmensa, con magn&iacute;ficos ejemplares individuales (Lactarius deliciosus), pareados (Boletus aereus) y adosados (Boletus edulis). Su peculiar disposici&oacute;n, no s&eacute; por qu&eacute;, me record&oacute; a las macro urbanizaciones de hoy en d&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;Inmediatamente, me arrodill&eacute;, navaja en ristre, dispuesto a apoderarme de los mejores espec&iacute;menes; pero, antes de que pudiera echar mano a ninguno de aquellos hongos tan estupendos, del interior de los mismos comenzaron a salir seres diminutos: docenas y docenas de duendecillos y duendecillas. Por sus gestos y gritos amenazadores, r&aacute;pidamente deduje que lo que pretend&iacute;a aquella encolerizada marabunta era recriminar e impedir mi prop&oacute;sito recolector. Entonces sal&iacute; corriendo despavorido y no par&eacute; hasta caerme por el terrapl&eacute;n del que, horas m&aacute;s tarde, fui rescatado ?con p&eacute;rdida del conocimiento y traumatismos de diversa consideraci&oacute;n? por una pareja de excursionistas que me traslad&oacute; hasta el hospital. Mis salvadoras, pues se trataba de dos chicas, fueron muy amables: durante el tiempo que estuve en observaci&oacute;n, permanecieron siempre a mi lado, pendientes de mi evoluci&oacute;n. As&iacute; y todo, algo en ellas me resultaba inquietante. Aunque no pod&iacute;a distinguirlas bien, porque soy miope y en el percance me hab&iacute;a roto las gafas, cuando les mostr&eacute; mi agradecimiento, las dos parec&iacute;an bastante turbadas; me dio la impresi&oacute;n, incluso, de que sus mejillas adquir&iacute;an, de repente, ese rubor tan atractivo que lucen las amanitas m&aacute;s delet&eacute;reas.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 23 Dec 2013 09:17:31 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Muerte de una ballena]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/muerte-de-una-ballena/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas14/CLARICE_LISPECTOR.jpg" alt="" /></p>
<p>En pocos minutos se difundi&oacute; la noticia: una ballena en Leme<a title="" href="#_ftn1">[1]</a> y otra en Leblon<a title="" href="#_ftn2">[2]</a>. Hab&iacute;an aparecido en la playa, de donde hab&iacute;an intentado salir sin conseguirlo. Eran descomunales a pesar de ser s&oacute;lo cr&iacute;as. Todos fueron a verlas. Yo no. Corr&iacute;a el rumor de que llevaban ocho horas agonizando y de que hab&iacute;an intentado incluso dispararles, pero continuaban agonizando&nbsp; sin morir.</p>
<p>Sent&iacute; horror ante lo que contaban y que tal vez no eran estrictamente hechos reales, pero la leyenda ya estaba formada alrededor de lo extraordinario que -&iexcl;por fin, por fin!- suced&iacute;a, porque por pura sed de una vida mejor siempre estamos esperando lo extraordinario, que tal vez nos salve de una vida contenida. Si fuese un hombre quien estuviese agonizando en la playa durante ocho horas lo santificar&iacute;amos, de tanto como necesitamos creer en lo imposible.</p>
<p>No, no fui a verla, detesto la muerte. Dios, &iquest;qu&eacute; nos prometes a cambio de morir? Porque el cielo y el infierno ya los conocemos, cada uno de nosotros en secreto, casi en sue&ntilde;os, ya ha vivido un poco de su propio apocalipsis. Y de su propia muerte.</p>
<p>Aparte de las veces en que casi he muerto para siempre, cu&aacute;ntas veces en un silencio humano &mdash;que es el m&aacute;s grave de todos los del reino animal&mdash;, cu&aacute;ntas veces en un silencio humano mi alma agonizante esperaba una muerte que no llegaba. Y por escarnio, porque era lo contrario del martirio en el que mi alma sangraba, era entonces cuando el cuerpo m&aacute;s florec&iacute;a. Como si mi cuerpo necesitase dar al mundo una prueba al contrario de mi muerte interna, para que &eacute;sta fuese a&uacute;n m&aacute;s secreta. He muerto de muchas muertes y las mantendr&eacute; en secreto hasta que llegue la muerte del cuerpo, y alguien, al darse cuenta, diga: &eacute;sta, &eacute;sta ha vivido.</p>
<p>Porque de aqu&eacute;l que m&aacute;s siente el martirio es de quien se podr&aacute; decir: &eacute;ste, s&iacute;, &eacute;ste ha vivido.</p>
<p>Lo m&aacute;s extra&ntilde;o es que cada vez que era s&oacute;lo el cuerpo el que estaba a punto de morir el alma no lo sab&iacute;a. La &uacute;ltima vez que mi cuerpo casi muri&oacute;, como ignoraba lo que suced&iacute;a, sent&iacute;a una especie de rara alegr&iacute;a, como si me hubiese liberado por fin mientras el cuerpo dol&iacute;a como el Infierno. Una de las veces s&oacute;lo me lo dijeron cuando ya hab&iacute;a pasado: hab&iacute;a estado tres d&iacute;as entre la vida y la muerte y los m&eacute;dicos s&oacute;lo pod&iacute;an garantizar que har&iacute;an todo lo posible. Y yo tan inocente de lo que estaba pasando que me parec&iacute;a extra&ntilde;o que no me permitiesen recibir visitas. Pero yo quiero visitas, dec&iacute;a, me distraen del dolor terrible. Y a todos los que no obedecieron a la placa &ldquo;Silencio&rdquo;, a todos los recib&iacute;, gimiendo de dolor, como en una fiesta. Me hab&iacute;a vuelto habladora y mi voz era clara, mi alma florec&iacute;a como un &aacute;spero cactus. Hasta que el m&eacute;dico, realmente muy enfadado y en un tono cortante, me dijo: una visita m&aacute;s y le dar&eacute; el alta tal como est&aacute;. &ldquo;Tal como estaba&rdquo; lo desconoc&iacute;a, nunca durante esos d&iacute;as not&eacute; que estaba a las puertas de la muerte. Me parece que vagamente sent&iacute;a que, mientras sufriese f&iacute;sicamente de una manera tan insoportable, ten&iacute;a la prueba de que estaba viviendo al m&aacute;ximo.</p>
<p>Recuerdo ahora cuando al mirar una vez un crep&uacute;sculo interminable y escarlata tambi&eacute;n yo agonic&eacute; con &eacute;l lentamente y mor&iacute;, y la noche vino hacia m&iacute; cubri&eacute;ndome de misterio, de insomnio clarividente y, finalmente, por cansancio, sucumb&iacute; a un sue&ntilde;o que completaba mi muerte. Y cuando despert&eacute;, me sorprend&iacute; dulcemente. En mis primeros &iacute;nfimos instantes despierta pens&eacute;: &iquest;entonces cuando se est&aacute; muerto se conserva la conciencia? Hasta que el cuerpo, acostumbrado a moverse autom&aacute;ticamente, me hizo hacer un gesto muy m&iacute;o: el de pasarme la mano por el pelo. Entonces comprend&iacute; con asombro que mi cuerpo y mi alma hab&iacute;an sobrevivido. Todo esto &ndash;la seguridad de estar muerta y el descubrimiento de que estaba viva&mdash; todo esto no dur&oacute;, creo, m&aacute;s de dos &iacute;nfimos segundos o tal vez a&uacute;n menos. Pero que de hoy en adelante todos sepan a trav&eacute;s de m&iacute; que no estoy mintiendo: en menos de dos segundos se puede vivir una vida y una muerte y de nuevo otra vida. Esos dos &iacute;nfimos segundos como forma de contar toscamente el tiempo deben de ser la diferencia entre el ser humano y el animal, as&iacute; como Dios tal vez cuente el tiempo en fracciones de siglo de los siglos. Qui&eacute;n sabe si Dios cuenta nuestra vida en t&eacute;rminos de dos segundos: uno para nacer y otro para morir. Y el intervalo, Dios m&iacute;o, tal vez sea la mayor creaci&oacute;n del Hombre: la vida, una vida. Me acuerdo de un amigo que hace pocos d&iacute;as cit&oacute; lo que uno de los ap&oacute;stoles dijo de nosotros: vosotros sois dioses.</p>
<p>S&iacute;, juro que somos dioses. Porque yo tambi&eacute;n he muerto ya de alegr&iacute;a muchas veces en mi vida. Y cuando pasaba esa especie de gloriosa y suave muerte me sorprend&iacute;a de que el mundo continuase a mi alrededor, de que hubiese una disciplina para cada cosa, y de que yo misma, empezando por m&iacute;, tuviese mi nombre y hubiese ya entrado en la rutina: pensaba que el tiempo se hab&iacute;a parado y que los hombres s&uacute;bitamente se hab&iacute;an inmovilizado en medio del gesto que estaban haciendo, mientras que yo hab&iacute;a vivido una muerte por alegr&iacute;a.</p>
<p>No fui a ver la ballena que estaba muriendo realmente al lado de mi casa. Muerte, te odio.</p>
<p>Mientras tanto las noticias mezcladas con la leyenda corr&iacute;an por el barrio de Leme. Unos dec&iacute;an que la ballena de Leblon a&uacute;n no hab&iacute;a muerto pero que su carne cortada en vida se vend&iacute;a a kilos porque la carne de ballena era muy buena para comer y era barata, eso es lo que corr&iacute;a por el barrio de Leme. Y yo pens&eacute;: maldito sea aqu&eacute;l que coma por curiosidad, s&oacute;lo perdonar&eacute; a los que tienen hambre, aquella hambre antigua de los pobres.</p>
<p>Otros, en el umbral del horror, contaban que tambi&eacute;n la ballena de Leme, aunque todav&iacute;a viva y jadeante, hab&iacute;a sido cortada a kilos para ser vendida. &iquest;C&oacute;mo creer que no se espera ni a la muerte para que un ser se coma a otro ser? No quiero creer que alguien tenga tan poco respeto a la vida y a la muerte, nuestra creaci&oacute;n humana, y que coma vorazmente, s&oacute;lo por ser una exquisitez, aquello que a&uacute;n agoniza, s&oacute;lo porque es m&aacute;s barato, s&oacute;lo porque el hambre humana es grande, s&oacute;lo porque en realidad somos tan feroces como un animal feroz, s&oacute;lo porque queremos comer de aquella monta&ntilde;a de inocencia que es una ballena, as&iacute; como comemos la inocencia cantante de un p&aacute;jaro. Iba a decir ahora con horror: antes que vivir as&iacute; prefiero la muerte.</p>
<p>Y no es exactamente verdad. Soy una feroz entre los feroces seres humanos, nosotros, los simios de nosotros mismos, nosotros los simios que so&ntilde;aron con volverse hombres, y &eacute;sta es tambi&eacute;n nuestra grandeza. Nunca alcanzaremos en nosotros al ser humano: la busca y el esfuerzo ser&aacute;n permanentes. Y quien logra el casi imposible aprendizaje de Ser Humano, es justo que sea santificado.</p>
<p>Porque desistir de nuestra animalidad es un sacrificio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Fragmento del libro Aprendiendo a vivir, de Clarice Lispector, que traducido por Elena Losada, fue editado por Siruela)</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> Barrio de R&iacute;o de Janeiro donde viv&iacute;a Clarice Lispector.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> Otro barrio de R&iacute;o de Janeiro.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 23 Dec 2013 09:04:24 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Once poemas de Marcel Proust]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/once-poemas-de-marcel-proust/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/MARCEL_PROUST.jpg" alt="" width="219" height="302" /></p>
<p>La poes&iacute;a persigui&oacute; a Marcel Proust a lo largo de toda su vida; pero, si empez&oacute; escribiendo y publicando en alguna revista durante sus a&ntilde;os de estudiante, no tard&oacute; en derivar hacia la narrativa, que en sus inicios qued&oacute; marcada por esos afanes l&iacute;ricos. Y en su primer libro, recopilaci&oacute;n de relatos, no duda en incluir, no s&oacute;lo ocho poemas dedicados a pintores y m&uacute;sicos, sino textos que m&aacute;s que relatos son poemas en prosa en la estela de Baudelaire. Ese primer libro editado en 1896, <em>Los placeres y los d&iacute;as<a title="" href="#_ftn1"><strong>[1]</strong></a>,</em> viene envuelto por el aura de fin de siglo que acaba de contemplar la disoluci&oacute;n del simbolismo y se adentra por una de sus derivaciones: un modernismo difuso del que va a librarse la rigurosa experimentaci&oacute;n de St&eacute;phane Mallarm&eacute;. El autor de <em>Un coup de d&eacute;s</em> ejercer&aacute; sobre Proust una influencia que va m&aacute;s all&aacute; y m&aacute;s ac&aacute; de la poes&iacute;a: alguno de sus poemas act&uacute;a sobre su vida personal &ndash;en 1914, por ejemplo, promete a Alfred Agostinelli regalarle un aeroplano en el que har&aacute; grabar el soneto &laquo;Le<em> </em>Cigne&raquo;&ndash;, y sobre su obra mayor, <em>A la busca del tiempo perdido,</em> donde el Narrador trufa sus cartas con fragmentos de ese poema citado, de &laquo;Le vierge, le vivace et le bel aujourd&rsquo;hui<a title="" href="#_ftn2">[2]</a>&raquo; y de &laquo;M&rsquo;introduire dans ton histoire&raquo;.</p>
<p>Sin embargo, el esp&iacute;ritu mallarmeano no dejar&aacute; rastro alguno en los versos de Proust: despu&eacute;s de pensar durante su adolescencia que la poes&iacute;a era su vocaci&oacute;n literaria, no tarda en convertirla en herramienta social en aquel mundo parisiense de salones aristocr&aacute;ticos en los que la literatura desempe&ntilde;aba un papel decorativo: lecturas en casa de la pintora floral por excelencia del per&iacute;odo, Madeleine Lemaire, donde el recitado sol&iacute;a correr a cargo de su amigo y m&uacute;sico Reynaldo Hahn, pues el propio Proust reconoc&iacute;a su falta de talento raps&oacute;dico; poemas para amigos con el fin de celebrar alg&uacute;n acto &ndash;escojo en la selecci&oacute;n, por ejemplo, el que destina a celebrar a Jeanne Pouquet por su interpretaci&oacute;n del papel de Cleopatra en una revista&ndash;, devoluci&oacute;n de odas, apuntes burlescos, ir&oacute;nicos o sat&iacute;ricos&hellip; la poes&iacute;a, en fin, como ejercicio de integraci&oacute;n en una &laquo;buena sociedad&raquo; donde citar versos propios o ajenos supon&iacute;a un juego de esgrima para el ingenio con el que entreten&iacute;a sus ocios el mundo aristocr&aacute;tico en el que Proust eligi&oacute; vivir. En sus casi treinta vol&uacute;menes de correspondencia puede apreciarse la cita constante que hace de poemas, y su poderosa memoria para todo tipo de versos, buenos o malos, perfectos o ripiosos, sacados de libros de los siglos XVII-XIX o de revistas de teatro, con algunos de cuyos autores (Meilhac y Hal&eacute;vy) mantuvo estrechas relaciones de amistad personal.</p>
<p>Por otro lado, Proust reflexion&oacute; sobre la poes&iacute;a, no s&oacute;lo con apuntes (&laquo;La creaci&oacute;n po&eacute;tica&raquo;) o con el breve ensayo &laquo;Contra la oscuridad&raquo; de los j&oacute;venes poetas, sino en un largo art&iacute;culo sobre el autor de <em>Las flores del mal,</em> &laquo;A prop&oacute;sito de Baudelaire&raquo;<a title="" href="#_ftn3">[3]</a>, comparable por la agudeza de su visi&oacute;n al que quiz&aacute; sea su mayor aportaci&oacute;n filol&oacute;gica, el destinado al autor de <em>Madame Bovary,</em> &laquo;A prop&oacute;sito del &ldquo;estilo&rdquo; de Flaubert&raquo;; es ah&iacute; donde puede encontrarse el olfato para la poes&iacute;a de Proust, y no en los encendidos elogios que dedica a poetas menores, pero amigos, como la condesa de Noailles o Robert de Montesquiou, y que se corresponden con su sentido de la familiaridad y las relaciones sociales.</p>
<p>Pasados el liceo, la adolescencia y el servicio militar<a title="" href="#_ftn4">[4]</a>, Proust se decide por la novela subrayando la diferencia entre ambos oficios: la esencia misma del poeta estriba en lo que tiene &laquo;de singular, de inexplicable&raquo;, mientras que el prosista &laquo;saca su inspiraci&oacute;n de la realidad&raquo;: &laquo;Por eso vemos que los poetas desprecian escribir, por notables que sean, sus ideas sobre tal o cual cosa, sobre tal o cual libro, no tomar nota de las escenas extraordinarias a las que han asistido y de las palabra hist&oacute;ricas que han o&iacute;do pronunciar a los pr&iacute;ncipes que han conocido, cosas sin embargo interesantes en s&iacute; mismas&raquo;.</p>
<p>Es en los poemas iniciales donde Proust busca en la poes&iacute;a un cauce para la expresi&oacute;n de sentimientos o la descripci&oacute;n de una situaci&oacute;n an&iacute;mica personal., y entre ellos he escogido los que pertenecen, en mi opini&oacute;n, a esa corriente l&iacute;rica finisecular en la que se integran y son comprensibles. En la obra posterior sus poemas son puro juego social y fruto de circunstancias: burlas, iron&iacute;as, elogios, ponderaciones, imitaciones, pastiches de poetas amigos, expresi&oacute;n de afectos&hellip;</p>
<p>Si Proust no public&oacute; en libro m&aacute;s que los poemas en verso y en prosa que figuran en <em>Los placeres y los d&iacute;as,</em> si algunas revistas de escasa difusi&oacute;n tambi&eacute;n recogieron algunos poemas, y si, a ra&iacute;z de su muerte, siguieron apareciendo otros gracias a la aportaci&oacute;n de los destinatarios que pose&iacute;an manuscritos, no fue hasta 1982 cuando se recogieron en su totalidad en el volumen <em>Po&egrave;mes; </em>Claude Francis y Fernande Gontier<a title="" href="#_ftn5">[5]</a> hicieron acopio de todos los textos encontrados en los archivo de Suzy Mante-Proust, sobrina del escritor, extra&iacute;dos de revistas o de la correspondencia del autor. Textos en ocasiones con t&eacute;rminos de lectura confusa, dada la dif&iacute;cil escritura proustiana, y que ofrecen en ciertos casos algunas variantes respecto a la publicaci&oacute;n en libro o en revista; en la casi totalidad de los poemas, la puntuaci&oacute;n apenas si existe en la pluma de Proust; no he respetado este aspecto, pero he intervenido lo menos posible en la puntuaci&oacute;n, s&oacute;lo cuando el sentido pod&iacute;a resultar da&ntilde;ado por esa carencia de los originales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Marcel Proust</strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>CONTEMPLO A MENUDO EL CIELO DE MI MEMORIA</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo lo borra el tiempo como las olas borran</p>
<p>Los trabajos infantiles sobre la allanada arena</p>
<p>Habremos de olvidar estas palabras tan precisas, tan vagas,</p>
<p>Tras las que el infinito sentimos cada uno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo lo borra todo el tiempo mas no apaga los ojos</p>
<p>Sean de &oacute;palo, de estrella o de agua clara;</p>
<p>Bellos como en el cielo o en un lapidario</p>
<p>Para nosotros arder&aacute;n con fuego alegre o triste.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Unos, joyas robadas de su vivo joyero,</p>
<p>A mi coraz&oacute;n lanzar&aacute;n sus duros reflejos de piedra</p>
<p>Igual que un d&iacute;a en que engastados, sellados en el p&aacute;rpado,</p>
<p>Brillaban con un fulgor precioso y frustrante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otros, dulces fuegos robados tambi&eacute;n por Prometeo,</p>
<p>Chispa de amor que brillaba en sus ojos</p>
<p>Y que para nuestro amado tormento hemos llevado,</p>
<p>claridades demasiado puras o joyas demasiado preciosas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Constelad por siempre el cielo de mi memoria</p>
<p>Inextinguibles ojos de aquellas que am&eacute;.</p>
<p>So&ntilde;ad como los muertos, fulgid como aureolas,</p>
<p>Como una noche de mayo brillar&aacute; mi coraz&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Borra como una bruma el olvido los rostros,</p>
<p>Los gestos adorados en otro tiempo a lo divino,</p>
<p>Por quien locos estuvimos, por quienes fuimos sensatos,</p>
<p>Fascinaci&oacute;n del error y s&iacute;mbolos de fe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo lo borra el tiempo, la intimidad de las noches,</p>
<p>Mis dos manos en su cuello como la nieve virgen</p>
<p>Sus miradas que acarician como un arpegio mis nervios</p>
<p>Mientras sobre nosotros sus incensarios la primavera agita.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Otros, los ojos sin embargo de una mujer alegre,</p>
<p>As&iacute; como las penas eran vastos y negros.</p>
<p>Espanto de las noches, de las tardes misterio,</p>
<p>Entre esas m&aacute;gicas cejas estaba su alma toda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y su coraz&oacute;n era vano como una mirada alegre.</p>
<p>Otros, como el mar tan cambiante y tan dulce,</p>
<p>Nos extraviaban hacia el alma en sus ojos hundida</p>
<p>Como en esas tardes marinas a que lo ignoto nos empuja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sobre tus claras aguas naveg&aacute;bamos, mar de los ojos.</p>
<p>Hench&iacute;a el deseo nuestras tan remendadas velas.</p>
<p>Y las tempestades pasadas olvidando, part&iacute;amos</p>
<p>Sobre las miradas para descubrir las almas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tantas miradas diversas, las almas tan parejas,</p>
<p>Qu&eacute; decepci&oacute;n para nosotros, viejos prisioneros de los ojos.</p>
<p>Habr&iacute;amos debido quedarnos a dormir bajo la p&eacute;rgola.</p>
<p>Pero os habr&iacute;ais marchado igual de haberlo sabido todo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para tener en el coraz&oacute;n estos prometedores ojos</p>
<p>Como un mar de atardecida que sue&ntilde;a con el sol</p>
<p>In&uacute;tiles gestas hab&eacute;is realizado</p>
<p>Para alcanzar el pa&iacute;s so&ntilde;ado que, bermejo,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De &eacute;xtasis gem&iacute;a m&aacute;s all&aacute; de las verdaderas aguas</p>
<p>Bajo el arca sacrosanta de una nube que cre&iacute;amos prof&eacute;tica,</p>
<p>Pero es dulce tener para un sue&ntilde;o estas heridas,</p>
<p>Y vuestro recuerdo como una fiesta fulge.</p>
<p style="text-align: left;" align="center">&nbsp;</p>
<p>En mi cabeza tuve un achacoso p&aacute;jaro extra&ntilde;o</p>
<p>Que mejor cantaba que las fuentes, que los bosques</p>
<p>&mdash;Cuyas solemnes voces sin embargo am&aacute;bamos &mdash;,</p>
<p>P&aacute;jaro melanc&oacute;lico y a veces risue&ntilde;o.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Deb&iacute;a tenerlo por su fragilidad bien cerrado</p>
<p>Contra el fr&iacute;o y el aire sucio y lluvioso de las ciudades.</p>
<p>Entre flores junto al fuego rutilante se quedaba</p>
<p>Cuando el invierno desplegaba sus desolados escenarios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero, &iexcl;ay!, abr&iacute; demasiado la ventana y la puerta,</p>
<p>Buscando la acci&oacute;n, el placer, palabras oscuras:</p>
<p>Alguien hab&iacute;a entrado, mortal a sus ojos puros.</p>
<p>&iquest;Qui&eacute;n, pues, hab&iacute;a entrado? El amado animal muri&oacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Qui&eacute;n era el p&aacute;jaro? &iquest;Qu&eacute; celeste llama</p>
<p>Se apag&oacute;, me abandon&oacute; por el sol?</p>
<p>Algunas veces, despertando sobresaltado del sue&ntilde;o</p>
<p>Que es nuestra vida, me digo: &laquo;Era mi alma&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El p&aacute;jaro sagrado es nuestro poeta, nuestra alma</p>
<p>El alma es poes&iacute;a. &iexcl;El p&aacute;jaro, ay, enmudeci&oacute;!</p>
<p>Son&aacute;mbulos lamentos acariciados o heridos</p>
<p>&iquest;Hacia qu&eacute; meta corremos olvidando nuestra alma?</p>
<p style="text-align: left;" align="center">&nbsp;</p>
<p><em>Sobre una se&ntilde;orita que encarn&oacute; esa noche a la reina Cleopatra, para mayor turbaci&oacute;n y futura condenaci&oacute;n de un joven que estaba presente<a title="" href="#_ftn6"><strong>[6]</strong></a>.</em></p>
<p><em>Y sobre la doble esencia metaf&iacute;sica de la citada se&ntilde;orita</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tan bella como usted fue quiz&aacute; Cleopatra,</p>
<p>Pero le faltaba el alma: s&oacute;lo era el cuadro,</p>
<p>Inconsciente guardi&aacute;n de una gracia inmortal</p>
<p>Que sin haberla comprendido materializa la Belleza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>As&iacute; es a&uacute;n el cielo en su gris armon&iacute;a,</p>
<p>Tan triste y cansado que nos har&iacute;a llorar:</p>
<p>Expresa la duda y la melancol&iacute;a</p>
<p>&iexcl;y no las siente!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A la reina egipcia ha destronado usted</p>
<p>Que es a la vez el artista y la obra de arte.</p>
<p>Tan profunda es su mente como su mirada,</p>
<p>Y sin embargo ninguna belleza la de la reina igualaba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ol&iacute;a su pelo bien como las flores del campo;</p>
<p>Me habr&iacute;a gustado ver brillar sobre su carne tan amada</p>
<p>El largo desarrollo de las perfumadas trenzas.</p>
<p>Como un c&aacute;ntico era lenta y dulce su palabra,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En un fondo de n&aacute;car h&uacute;medo brillaban sus pupilas,</p>
<p>Y el cuerpo deten&iacute;a ella en poses l&aacute;nguidas&hellip;</p>
<p>Ha destronado usted a la reina del Cidno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es usted una flor y es usted un alma.</p>
<p>No habitaba su frente ce&ntilde;ida de loto pensamiento alguno,</p>
<p>Y esto no era ya tan gracioso para una mujer.</p>
<p style="text-align: left;" align="center">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">Como en el claro patio del exquisito monasterio&hellip;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El encanto tienes de un patio de bonito monasterio.</p>
<p>Entre los blancos arcos azul marino es el cielo .</p>
<p>Qu&eacute; delicia pasar all&iacute; los c&aacute;lidos d&iacute;as somnolientos</p>
<p>Bajo un gr&aacute;cil pilar, beber al fresco y callarse.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ma&ntilde;ana, lo s&eacute; bien, una vez solitario,</p>
<p>Ir&eacute; desvariando hacia palacios turbadores;</p>
<p>Mas hoy tu encanto es mi amigo; las lentas</p>
<p>Miradas de tus ojos malva son todo para m&iacute; en este mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tu frente no encierra en su escasa blancura</p>
<p>La infinita sombra de donde brotar&aacute; la luz,</p>
<p>Sin embargo te amo extra&ntilde;amente, oh querida cabeza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando a tu clara risa mi coraz&oacute;n ya no palpite</p>
<p>Quiz&aacute; me ruborice todav&iacute;a pensando en la dulzura</p>
<p>Que hubiera sentido qued&aacute;ndome agazapado en tu coraz&oacute;n</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como en el claro patio del exquisito monasterio&hellip;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">&nbsp;</p>
<p>Si harto de haber sufrido, y m&aacute;s harto de haber amado,</p>
<p>Despu&eacute;s de haberme con sus lejan&iacute;as encantado,</p>
<p>En torno a m&iacute; cierra la vida su mon&oacute;tono c&iacute;rculo,</p>
<p>Y mi sue&ntilde;o al sentir su horizonte cerrado</p>
<p>Melanc&oacute;licamente se repliega y se asombra,</p>
<p>Escuchando al conmovedor oto&ntilde;o qui&eacute;n sabe</p>
<p>Si ahoga un sollozo o si retiene un canto</p>
<p>Tan austero como la hora y como ella equ&iacute;voco.</p>
<p>Mi coraz&oacute;n sin saberlo salvaba un recodo.</p>
<p style="text-align: left;" align="center">&nbsp;</p>
<p>Dejad llorar mi coraz&oacute;n en vuestras manos cerradas</p>
<p>El cielo descolorido lentamente se marchita</p>
<p>La flor de tus ojos claros como un sosiego</p>
<p>Sobre mi coraz&oacute;n reclina sus encantadas corolas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sean tus rodillas para m&iacute; lecho de paz;</p>
<p>Que me vistan tus miradas, tendr&eacute; calor de noche</p>
<p>Y tu aliento, m&aacute;gico vigilante, alejar&aacute;</p>
<p>Todo lo que ensucia y burla y ofende.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Negros son el puerto, los campos; tras el d&iacute;a burl&oacute;n</p>
<p>Llega la consoladora noche h&uacute;meda de l&aacute;grimas,</p>
<p>Y derritiendo de dulzura la bruma disipada,</p>
<p>El ardor de tu deseo en mi coraz&oacute;n se enciende.</p>
<p style="text-align: left;" align="center">&nbsp;</p>
<p>Sobre este cuchillo normando decide tu retiro,</p>
<p>Guerrero demente, o tu, pobre amante envejecido</p>
<p>Ven, entre los calmos pinos, a la cima</p>
<p>Desde donde ver&aacute;s el mar oscuro y el p&aacute;lido cielo.</p>
<p>El viento marino se mezcla aqu&iacute; al olor de las frondas</p>
<p>Y la leche. Entre dos finas ramas ver&aacute;s</p>
<p>Cabecear una barca y en noches tan hermosas</p>
<p>So&ntilde;ar&aacute;s mucho tiempo con carreras de velas</p>
<p>Hacia la invisible lejan&iacute;a remoto de aguas lamentables</p>
<p>Y de frustrados retornos a puertos melanc&oacute;licos;</p>
<p>Del retorno de los barcos en la tardes magn&iacute;ficas,</p>
<p>Lujo y miseria y este sollozo: tu canto</p>
<p>Entre las pompas del poniente</p>
<p>O en el arco triunfal de estos cielos gloriosos.</p>
<p>&iquest;No eres el vencido que al carro de gloria sigue</p>
<p>Y que ha de morir y llora?</p>
<p>Pero el mar no calla su lamento en armon&iacute;a</p>
<p>Con el tuyo;</p>
<p>Y de esa armon&iacute;a nacer&aacute; la calma.</p>
<p>En medio de los frescos ramos, y como si fueran palmas,</p>
<p>Re&uacute;ne en el melanc&oacute;lico puerto tus esperanzas.</p>
<p style="text-align: left;" align="center">&nbsp;</p>
<p>Si la mujer est&uacute;pida o detestable es bella</p>
<p>Acu&eacute;rdate de una para que tu enojo reviva.</p>
<p>Su coraz&oacute;n de ceniza estaba en un cuerpo de flores.</p>
<p>En una l&aacute;nguida belleza azul y lastimera</p>
<p>Sus ojos de los cr&iacute;menes de su coraz&oacute;n se arrepent&iacute;an.</p>
<p>Su cuerpo, rica armon&iacute;a que ella no entend&iacute;a,</p>
<p>Cantaba como un verso de lento y &aacute;gil rimo</p>
<p>Haciendo pensar en un arte sutil y poderoso</p>
<p>Pero &iquest;si hubiera preferido otra est&eacute;tica? &iquest;Cu&aacute;l?</p>
<p>&iexcl;Arded, antorchas! La mujer, olivo o basalto,</p>
<p>No miente por la duraci&oacute;n en que la llama vibra.</p>
<p>Antorchas de gloria entre las hogueras de amor,</p>
<p>No sois el orgullo que finge el amante</p>
<p>Para igualar su placer a su &uacute;nica idea.</p>
<p>Que los sabios os dejen vuestra gloria:</p>
<p>Tal una noche sin nube, una mujer sin velo</p>
<p>&mdash;&iexcl;Pues la Lorelei, aunque obesa, es estrella!&mdash;</p>
<p>Hombre, la fe te eleva o el amor te prosterna:</p>
<p>Que tu pupila brille cual astro o cual un agua se apague</p>
<p>Y as&iacute; no niegue el deseo de una fuente eterna.</p>
<p style="text-align: left;" align="center">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">Para la revista <em>Lilas</em></p>
<p style="text-align: left;" align="center">A reserva de ulterior destrucci&oacute;n</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">A mi querido amigo Jacques Bizet</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>Quince a&ntilde;os. 7 de la tarde. Octubre</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El cielo es de un violeta oscuro marcado por manchas relucientes. Todas las cosas son negras. Aqu&iacute; las l&aacute;mparas, horror de las cosas usuales.</p>
<p>Me oprimen. La noche que cae como una tapadera negra cierra la esperanza, abierta de par en par al d&iacute;a, de escapar. Aqu&iacute; el horror de las cosas usuales, y el insomnio de las primeras horas de la noche, mientras sobre m&iacute; suenan valses y oigo el irritante ruido de las vajillas removidas en una estancia vecina&hellip;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>Diecisiete a&ntilde;os. 11 de la tarde. Octubre.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La l&aacute;mpara ilumina d&eacute;bilmente los &aacute;ngulos sombr&iacute;os de mi cuarto y pone un gran disco de viva luz donde entran mi mano, de repente ambarina, mi libro, mi escritorio. En las paredes azulean delgados hilillos de luna que han entrado por la imperceptible separaci&oacute;n de las rojas colgaduras. Todo el mundo se ha acostado en el gran piso silencioso&hellip; &mdash; Entreabro la ventana para ver de nuevo por &uacute;ltima vez la dulce cara leonada, muy redonda, de la luna amiga. Oigo algo as&iacute; como el aliento fresqu&iacute;simo, fr&iacute;o, de todas las cosas que duermen &ndash;el &aacute;rbol de donde rezuma la luz azul&ndash;, de la bella luz azul que a lo lejos, en un entresijo de calles, transfigura, como un paisaje polar el&eacute;ctricamente iluminado, los adoquines azules y p&aacute;lidos. Por encima se extienden los infinitos campos azules donde florecen fr&aacute;giles estrellas&hellip; &mdash; He cerrado la ventana. Me he acostado. Mi l&aacute;mpara, en una mesilla al lado de mi cama, en medio de vasos, de frascos, de bebidas frescas, de librillos preciosamente encuadernados, de cartas de amistad o de amor, ilumina vagamente en el fondo mi biblioteca. &iexcl;La hora divina! A las cosas usuales, como a la naturaleza, las he hecho sagradas por no poder vencerlas. Las he revestido con mi alma y con im&aacute;genes &iacute;ntimas o espl&eacute;ndidas. Vivo en un santuario, en medio de un espect&aacute;culo. Soy el centro de las cosas y cada una me procura sensaciones y sentimientos magn&iacute;ficos o melanc&oacute;licos, que disfruto. Ante los ojos tengo visiones espl&eacute;ndidas. Se est&aacute; bien en esta cama&hellip; Me duermo.</p>
<p style="text-align: left;" align="center">&nbsp;</p>
<p>P&aacute;lidos, como en las porcelanas preciosas se ve</p>
<p>El sue&ntilde;o de un mar opalino junto a Yuldo,</p>
<p>Abril sonreir&iacute;a en un fino canal de agua</p>
<p>Dulc&iacute;sima con el tono claro de las japoner&iacute;as,</p>
<p>Un p&aacute;lido manzano deshojar&iacute;a</p>
<p>(En este pa&iacute;s est&aacute; el adorable absurdo permitido)</p>
<p>El delicado tesoro de sus amados p&eacute;talos.</p>
<p>Centellear&iacute;a encima un vuelo de falenas blancas</p>
<p>De un matiz exquisito y tierno de sat&eacute;n;</p>
<p>En el cielo languidecer&iacute;an las rosas matutinas.</p>
<p style="text-align: left;" align="center">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">Lunes a la una</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La insensibilidad de la naturaleza toda</p>
<p>Parece as&iacute; colmar de nuestros corazones el vac&iacute;o.</p>
<p>Decepcionante juego de la ciega materia</p>
<p>En el &oacute;palo y el cielo y los ojos donde, victorioso</p>
<p>Y alternativamente herido, so&ntilde;ar parec&iacute;a el amor.</p>
<p>La forma de los cristales, el pigmento de las pupilas,</p>
<p>Y el espesor del aire nos enga&ntilde;an sucesivamente,</p>
<p>Tratando de enga&ntilde;ar nuestros dolores eternos</p>
<p>Con la naturaleza, y la mujer, y los ojos;</p>
<p>Y la delicadeza del azul p&aacute;lido</p>
<p>Es una mentira en el &oacute;palo</p>
<p>Y en el cielo y en tus ojos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; V&eacute;ase mi edici&oacute;n: <em>Los placeres y los d&iacute;as,</em> Editorial Valdemar, 2006. Los poemas a pintores y m&uacute;sicos figuran en las p&aacute;ginas 137-143.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Marcel Proust, <em>A la busca del tiempo perdido, </em>trad. M. Armi&ntilde;o, Editorial Valdemar, 2000-2005, t. III, p&aacute;g. 386-387.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Contre Sainte-Beuve,</em> pr&eacute;c&eacute;d&eacute; de <em>Pastiches et m&eacute;langes</em> et suivi de <em>Essais et articles,</em> Gallimard, Pl&eacute;iade, 1971. Los textos citados figuran en las p&aacute;ginas 412, 390 y 618 respectivamente.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El poema &laquo;Como en el claro patio del exquisito monasterio&hellip;&raquo;, recogido en la selecci&oacute;n, est&aacute; escrito en 1890, durante su voluntariado en Orle&aacute;ns.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Cahiers Marcel Proust, </em>10, &Eacute;ditions Gallimard, Par&iacute;s, 1982.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El poema est&aacute; dedicado a Jeanne Pouquet (1874-1961), que recitaba en una revista el papel de Cleopatra. A los diecis&eacute;is a&ntilde;os, soport&oacute; de mala gana el &laquo;acoso&raquo; de Proust. Seg&uacute;n Jeanne, en el amor del Narrador por Gilberte en <em>A la busca del tiempo perdido</em> &laquo;encuentro casi palabra por palabra las evocaciones de su amor por m&iacute;&raquo;. Se cas&oacute; con Gaston Arman de Caillavet (1869-1915), amigo de Proust desde 1890, que hizo carrera como autor dram&aacute;tico, hoy olvidado; su muerte en el frente durante la Primera Guerra Mundial afligi&oacute; mucho al narrador, que tambi&eacute;n se enamorar&aacute; plat&oacute;nicamente de la hija de ambos hacia 1910, Simone Arman de Caillavet, donde aparece convertida en &laquo;Estatua de mi juventud&raquo; y sirve al Narrador de acicate para escribir antes de que sea demasiado tarde y no pueda terminar su libro <em>(A la busca del tiempo perdido,</em> III, 893-894). Simone termin&oacute; cas&aacute;ndose en segundas nupcias con Andr&eacute; Maurois.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Fri, 20 Dec 2013 08:09:27 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hernandiana]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/hernandiana/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/MIGUEL_HERN_NDEZ.jpg" alt="" width="177" height="230" /></p>
<p>Miguel Hern&aacute;ndez es un escritor tan ins&oacute;lito que ni siquiera lo parece, y a menudo nos cuesta hacernos cargo de sus peculiaridades, m&aacute;s all&aacute; del pintoresquismo del poeta pastor o de su ignominiosa muerte en la c&aacute;rcel. Ciertamente, se trata de alguien de origen popular, cuando las barreras de clase a&uacute;n eran muy operativas. Pero lo que singulariz&oacute; su trayectoria fue que la encarrilase asimilando las tradiciones m&aacute;s cultas (G&oacute;ngora, Quevedo, Calder&oacute;n) o las vanguardias m&aacute;s complejas (G&oacute;mez de la Serna, el ultra&iacute;smo, el surrealismo de Aleixandre, la <em>poes&iacute;a impura </em>de Neruda). Y no para quedarse en ellas, sino para rehumanizarlas, desandando el camino hasta hacerlas asequibles a todos.</p>
<p>Uno de los mu&ntilde;idores de la llamada <em>Generaci&oacute;n de 1927</em>, D&aacute;maso Alonso, pretendi&oacute; neutralizar tan peculiares coordenadas unci&eacute;ndolo al equ&iacute;voco de &ldquo;genial ep&iacute;gono&rdquo; de dicho grupo. Otros, m&aacute;s atentos a la cronolog&iacute;a, han preferido adscribirlo a la promoci&oacute;n de 1936, aquella cuya obra queda a caballo entre el antes y el despu&eacute;s que marca la guerra civil (cuando, en su caso, no puede decirse que hubiera un despu&eacute;s). Aunque tanto da. Claro que mantiene v&iacute;nculos con unos y con otros. Su relaci&oacute;n con los escritores que le preceden es clara. De ellos toma elementos creacionistas (en particular, de Gerardo Diego), gongorinos (mucho menos de lo que suele decirse), neopopularistas, surrealistas, etc. Pero su impronta no supera los d&eacute;bitos respecto a Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, Ram&oacute;n G&oacute;mez de la Serna o Gabriel Mir&oacute;. &nbsp;Y el n&uacute;cleo de su etapa de maduraci&oacute;n es t&iacute;pico de la d&eacute;cada de los treinta: el rumbo que debe tomarse tras la fase resolutiva de las vanguardias, que en su caso se sald&oacute; con la integraci&oacute;n en discursos est&eacute;ticos de orden neorrom&aacute;ntico, expresionista, neobjetivista, neocasticista o m&aacute;s comprometidos desde el punto de vista pol&iacute;tico.</p>
<p>Lo que lo hace irrepetible hay que buscarlo en otros factores. Tampoco el injerto de lo culto y lo popular resulta raro en latitudes ajenas (en las nuestras es tan habitual que ha podido ser considerado una constante). S&oacute;lo que no siempre resulta convincente. Cuando se hace de arriba abajo corre el peligro de caer en la demagogia y el reduccionismo paternalista. Y cuando se acomete de abajo arriba tampoco escasea el quiero y no puedo. El poeta culto cree hablar el lenguaje del pueblo poni&eacute;ndose soez, y el popular se supone culto echando mano del rebuscamiento y el diccionario. El resultado es una bald&iacute;a tierra de nadie, el rec&iacute;proco gangrenamiento por fricci&oacute;n.</p>
<p>Hern&aacute;ndez ha sido v&iacute;ctima frecuente de este tipo de malentendidos. El clich&eacute; del poeta cabrero ha solido derivar hacia el encefalograma plano, incluso cuando se esgrim&iacute;an las mejores intenciones. El caso m&aacute;s extremo fue aquella visi&oacute;n que proporcionaba a sus lectores un corresponsal ingl&eacute;s de la guerra civil espa&ntilde;ola, al referirse como algo ex&oacute;tico a una especie de pastor semianalfabeto que hab&iacute;a roto a componer versos en la trincheras poco menos que de un modo instintivo, urgido por el combate y el silbido de las balas.</p>
<p>Conviene cuestionar ese t&oacute;pico, al que no fue ajeno el propio Hern&aacute;ndez para captar la benevolencia de los intelectuales y otras gentes bien situadas que pod&iacute;an ayudarle, cuando qued&oacute; claro que la atm&oacute;sfera republicana propiciaba un ambiente m&aacute;s abierto, m&aacute;s interclasista.</p>
<p>No ayud&oacute; a ello la cuarentena en la que fue sumida su obra, de la que s&oacute;lo terminaron esgrimi&eacute;ndose algunas piezas muy centradas en determinados tonos y registros. Cuando muri&oacute;, con treinta y un a&ntilde;os, apenas hab&iacute;a publicado unas quinientas p&aacute;ginas. El franquismo redujo dr&aacute;sticamente ese acervo a las ciento sesenta que ten&iacute;a <em>El rayo que no cesa </em>de Austral, a las que se a&ntilde;adi&oacute; alguna antolog&iacute;a. Hubo que esperar a los a&ntilde;os 1950 para acercarse al medio millar de p&aacute;ginas de la edici&oacute;n de Aguilar. Y otra d&eacute;cada m&aacute;s para que la argentina de Losada rozara el millar.</p>
<p>En el cincuentenario de su muerte, en 1992, las <em>Obras completas </em>de Espasa acrecentaron ese caudal en m&aacute;s de dos mil quinientas p&aacute;ginas. Y ah&iacute; ya surge otro escritor. Cuando se reconstruye su trayectoria paso a paso, la conversi&oacute;n ideol&oacute;gica cobra otro sentido. No procede ni de una "revelaci&oacute;n", ni de tal o cual patrocinio, ni de la guerra civil, ni cualquier otro camino de Damasco. Se muestra como un proceso mucho m&aacute;s amplio y complejo, desarrollado a mitad de camino entre sus vivencias y su oficio de poeta, seg&uacute;n las necesidades que le iba demandando la escritura.</p>
<p>Vista con perspectiva, hay una clara evoluci&oacute;n desde una literatura de segunda mano a otra obtenida de forma directa de su entorno cotidiano, para luego categorizarla desde lo asc&eacute;tico y neocat&oacute;lico, hasta concluir en algo mucho m&aacute;s objetual y mat&eacute;rico, que le permitir&aacute; la exaltaci&oacute;n del amor y del trabajo, de la gente que se entrega a la tierra y a la fecundaci&oacute;n. De ah&iacute; su rara coherencia, su credibilidad. No se estanc&oacute; en el mero realismo socialista, aunque en alguna ocasi&oacute;n incurriera en &eacute;l.</p>
<p>Considerado el conjunto de su obra --no s&oacute;lo las quinientas p&aacute;ginas publicadas en vida del poeta, sino tambi&eacute;n las otras dos mil quinientas que dej&oacute; in&eacute;ditas--,&nbsp; lo que se observa en ese ingente tanteo de manuscritos es un quemar etapas y auscultar el idioma sin tregua, buscando una voz propia. Debutando en la poes&iacute;a con uno de los libros m&aacute;s herm&eacute;ticos que se ha publicado en Espa&ntilde;a, <em>Perito en lunas </em>(1933),<em> </em>tan complejo que ni siquiera los especialistas se ponen de acuerdo sobre el significado de muchas de sus composiciones. E irrumpiendo en el teatro con un auto sacramental neocat&oacute;lico de ins&oacute;lito corte calderoniano, sustituyendo las viejas alegor&iacute;as del pecado por las voces de los sindicalistas.</p>
<p>Esos cientos de manuscritos permiten rellenar los huecos, por muy diversos que se muestren. Est&aacute;n, por un lado, los cuadernillos de adolescencia, con una cuidada caligraf&iacute;a de plumier, donde se advierten de inmediato los respectivos modelos usados como falsilla. Siguen los apresurados apuntes a l&aacute;piz, hechos seguramente sobre las rodillas o el zurr&oacute;n de pastor, mientras cuida las cabras. Vienen luego los poemas cuidadosamente pasados a m&aacute;quina, con una mecanograf&iacute;a lustrosa y oronda, a&ntilde;adiendo horas en la oficina del notario para que el trabajaba como pasante. Y despu&eacute;s no hay reglas que valgan, desde los escritos de la guerra que llegan a mantener la urgencia de una cr&oacute;nica hasta los fr&aacute;giles soportes de la etapa carcelaria, con una letra ya convulsa.</p>
<p>Sin embargo, y a pesar de su diversidad, cuando esos papeles se ordenan en la secuencia adecuada, se observa d&oacute;nde el poeta se ha empleado a fondo, convocando todo su aprendizaje. Como sucede con el deslumbrante &ldquo;Hijo de la luz y de la sombra&rdquo;, del que se han conservado hasta seis extensos borradores. Quien desee saber el modo en que surgen sus versos, todo el laborioso proceso que le supusieron, deber&iacute;a rastrear ese &iacute;mprobo trabajo donde se a&uacute;nan un dominio del idioma que tuvo mucho de innato y una t&eacute;cnica adquirida en un incesante acopio, y adiestrada sin pausa.</p>
<p>El tiempo jug&oacute; en contra suya, no le permiti&oacute; acometer en vida un proceso de depuraci&oacute;n que, sin duda, habr&iacute;a llevado a cabo. Las circunstancias lo lastraron de un modo acuciante, dejando mucha ganga en su obra. Y eso ha podido transmitir una idea falsa de &eacute;l. O, como poco, parcial. A veces esa mezcolanza de voces &ndash;casi cacof&oacute;nicas-- se indujo con la intenci&oacute;n de rescatarlo, como hizo en la posguerra el grupo de falangistas ilustrados o cat&oacute;licos m&aacute;s aperturistas, integrado por Jos&eacute; Mar&iacute;a de Coss&iacute;o, Rafael S&aacute;nchez Mazas, Dionisio Ridruejo, Luis Rosales, Antonio Tovar o Luis Felipe Vivanco. Algunos de ellos hab&iacute;an compartido con Miguel revistas de preguerra como <em>Cruz y Raya </em>o <em>El Gallo Crisis.</em> Y as&iacute; consiguieron editar en Austral <em>El rayo que no cesa </em>(1936), pero apuntalado por las versiones anteriores de <em>El silbo vulnerado. </em>O<em> </em>avalado por los sonetos de Hern&aacute;ndez a la Virgen y otros productos muy condicionados por su &eacute;poca, cuando las fuerzas conservadoras que tramaron la guerra civil se hallaban en una actitud defensiva contra la Rep&uacute;blica.</p>
<p>Tambi&eacute;n es cierto que cuando lleg&oacute; el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y Miguel Hern&aacute;ndez public&oacute; hojas volanderas o versos de combate &ndash;cuya selecci&oacute;n dar&iacute;a como resultado <em>Viento del pueblo </em>(1937)-- no le faltaron los reproches de los intelectuales republicanos. Y en revistas como <em>Hora de Espa&ntilde;a </em>se le ech&oacute; en cara que rebajase la calidad de su escritura.</p>
<p>Visto el quiebro final que experiment&oacute; su obra, cabe pensar que &eacute;l mismo habr&iacute;a sabido sortear ese lastre, si hubiese contado con el tiempo y la perspectiva adecuados. Una inflexi&oacute;n que ya se observa en la etapa posterior a <em>El hombre acecha </em>(1939). Es decir, la que suele recopilarse bajo las denominaciones de <em>Cancionero y romancero de ausencias </em>y <em>&Uacute;ltimos poemas.</em></p>
<p><em></em>A falta de esa mano suya, el lector avisado puede llevar a cabo la selecci&oacute;n por s&iacute; mismo. Y lo que resulta es un poeta mucho m&aacute;s matizado que esa especie de trovero instintivo y ret&oacute;rico, arrastrado por su caudalosa estirpe levantina. Se le ofrecer&aacute; la otra cara, ese env&eacute;s que no ha logrado traspasar el muro de equ&iacute;vocos cernido en torno suyo. Un escritor obsesivo, concienzudo y perfeccionista, que trabaja los versos una y otra vez, hasta llegar a la palabra justa, esa expresi&oacute;n feliz que se nos queda enredada en la memoria.</p>
<p>Ni que decir tiene que sus arranques distaban de encaminarse en una direcci&oacute;n tan clara. El Miguel Hern&aacute;ndez anterior a su primer viaje a Madrid, a finales de 1931, depend&iacute;a de modelos regionalistas como Gabriel y Gal&aacute;n o Vicente Medina, cuyas peculiaridades campestres y dialectales salpimentaban de costumbrismo unos recuelos que iban de Espronceda, B&eacute;cquer, Zorrilla u otros rom&aacute;nticos a modernistas como Rub&eacute;n Dar&iacute;o. Aqu&iacute; o all&aacute;, asomaba alguna voluntariosa adaptaci&oacute;n de los Machado. Y lo m&aacute;s moderno a lo que se llegaba era Gabriel Mir&oacute; y, en lo pastoril los poemas de este registro de la <em>Segunda Antoloj&iacute;a Po&eacute;tica </em>de Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez.</p>
<p>El medio a&ntilde;o que pas&oacute; en la capital fue el primer gran giro que experiment&oacute; su obra. No s&oacute;lo se trataba del salto de la clerical Orihuela al ambiente republicano que all&iacute; se respiraba, sino de los posromanticismos y modernismos a las vanguardias, que ya hab&iacute;an hecho balance de la su etapa &ldquo;deshumanizada&rdquo;, la de las dos primeras d&eacute;cadas del siglo, para promover en aquel inicio de los a&ntilde;os treinta un rearme en todos los &oacute;rdenes.</p>
<p>Una cita a la que &eacute;l llega en 1933 con considerable retraso, a trav&eacute;s de su primer libro de poemas, <em>Perito en lunas</em>. Quiz&aacute; conviniera matizar que se incorpora tarde para la &eacute;poca, pero no de cara a su consumo interno. Deber&iacute;a haber bastado este escueto conjunto de cuarenta y dos octavas reales para postular este otro Hern&aacute;ndez, el clasicista, contenido y de palabra embridada, m&aacute;s cercano a Jorge Guill&eacute;n, Paul Val&eacute;ry o el <em>nocentisme </em>dorsiano que al barroquismo posterior. Algo que no debe extra&ntilde;ar, porque sabemos que traduce del franc&eacute;s algunos autores que cubren el arco post-simbolista que arranca con Mallarm&eacute;. Y los manuscritos dan fe de c&oacute;mo brega con esa opaca materia verbal, as&iacute; como su esforzada mec&aacute;nica de trabajo, auxili&aacute;ndose con un diccionario de la rima, el de la Real Academia Espa&ntilde;ola y otro de mitolog&iacute;a. Sin embargo, como ese Miguel no encajaba con la posterior imagen can&oacute;nica, la contradicci&oacute;n se zanj&oacute; escribiendo que se ment&iacute;a a s&iacute; mismo al seguir ese camino. Nada m&aacute;s lejos de la verdad. Basta con comparar sus composiciones antes y despu&eacute;s de este filtro depurador.</p>
<p>Como propugna su amigo y mentor Ram&oacute;n Sij&eacute; en el pr&oacute;logo de<em> Perito en lunas</em><em> &ndash;</em>parafraseando la <em>poes&iacute;a pura </em>del abate Br&eacute;mond, pero tambi&eacute;n a Baudelaire, Jos&eacute; Bergam&iacute;n y Ortega y Gasset&mdash;, en sus p&aacute;ginas se promueve una poes&iacute;a que rehuye a ciencia y conciencia el nombre cotidiano de las cosas. Estas ya no valen bajo su vestidura habitual, gastada por el uso. Los objetos deben ser abordados por el dorso y explorados a trav&eacute;s de otras facetas poco o nada frecuentadas.</p>
<p>Verdad es que a Miguel se le fue la mano en el hermetismo y la pirotecnia metaf&oacute;rica. Sus octavas reales se asientan sobre unas estructuras tan cerradas, est&aacute;n tan armadas y trabadas con su andamiaje de vi&ntilde;etas que a menudo resultan impenetrables. Pero le mostraron a su autor una lecci&oacute;n que nunca olvidar&aacute;: la verdadera poes&iacute;a es capaz de transmutar el mundo porque puede averiguarlo de otro modo. Y si su instrumental est&aacute; lo suficientemente afinado no son los objetos o los temas lo que cuenta, sino el modo de acometerlos y manifestarlos.</p>
<p>A partir de ah&iacute;, su peque&ntilde;o huerto oriolano ser&aacute; todo un cosmos, y su experiencia de pastor la puerta a una Naturaleza metamorfoseada. Ya no necesita situaciones preestablecidamente po&eacute;ticas para componer sus versos (leyendas moriscas, pasionales melodramas campesinos a lo Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez, crep&uacute;sculos,&nbsp; nen&uacute;fares&hellip;). Habr&aacute; un crecimiento hacia adentro a partir de lo m&aacute;s cotidiano, capaz de redimir la dura realidad a la que debe enfrentarse a diario.</p>
<p>No obstante, desde el punto de vista pr&aacute;ctico, ese libro inicial fue un absoluto fracaso. Apenas le supuso reconocimiento alguno. Y seguramente fue uno de los factores que explican la <em>disponibilidad </em>a merced de la cual queda alguien que s&oacute;lo cuenta con veintitr&eacute;s a&ntilde;os y ning&uacute;n apoyo dentro de casa. Todo lo contrario: su padre ser&aacute; uno de sus m&aacute;s firmes detractores. Y ah&iacute; es donde entra la figura tutelar de Ram&oacute;n Sij&eacute;, m&aacute;s maduro intelectualmente, a pesar de contar con tres a&ntilde;os menos que Miguel.</p>
<p>El poeta ya estaba en esa &oacute;rbita. No debe olvidarse que <em>Perito en lunas </em>&nbsp;lo hab&iacute;a financiado Luis Almarcha, can&oacute;nigo de la catedral de Orihuela. Ni que apareci&oacute; en las ediciones del peri&oacute;dico <em>La Verdad, </em>de Murcia. De modo que no debe extra&ntilde;ar que en esta tesitura sea apadrinado por algunas facciones del nuevo catolicismo espa&ntilde;ol, como la que abanderaba Jos&eacute; Bergam&iacute;n. &Eacute;ste y Sij&eacute; explican los modelos de la <em>poes&iacute;a pura,</em> San Juan de la Cruz o Calder&oacute;n, de donde surgen entre 1933 y 1935 el ciclo de los <em>Silbos </em>y el auto sacramental <em>Qui&eacute;n te ha visto y qui&eacute;n te ve y sombra de lo que eras.</em></p>
<p><em></em>S&oacute;lo que Miguel era demasiado poeta para que le satisficiesen las directrices meramente ideol&oacute;gicas. Siempre pesaron m&aacute;s los modelos literarios. Decisivo fue al respecto Ram&oacute;n G&oacute;mez de la Serna, cuyo ejemplo<em> </em>incidi&oacute; tan de lleno en su matriz creadora que muy a menudo los borradores de sus poemas empiezan siendo una colecci&oacute;n de greguer&iacute;as, apuntes sueltos, esbozos de met&aacute;foras que poco a poco van articul&aacute;ndose, y encajan hasta cobrar la peculiar textura hernandiana.</p>
<p>Esta influencia se advierte de lleno en su obra de teatro <em>El torero m&aacute;s valiente. </em>Por un lado, por gravitar sobre ella la novela <em>El torero Caracho </em>(1926) de G&oacute;mez de la Serna. Pero tambi&eacute;n porque &eacute;ste aparece como uno de los personajes, y de tanto en tanto dictamina, comenta, propone y tercia a la hora de trasladar a la literatura lo que va sucediendo ante ellos: &ldquo;He aqu&iacute; la realidad &ndash;viene a decir--; y v&eacute;ase el modo de enunciarla por escrito&rdquo;.</p>
<p>Estamos inmersos, de lleno, en la etapa m&aacute;s compleja, muy dif&iacute;cil de desglosar: la que media entre 1933 y 1936, entre su primer y segundo libro de poemas, el trayecto entre <em>Perito en lunas </em>y <em>El rayo que no cesa. </em>Hay que hilar muy fino para acotarla, por la simultaneidad de est&iacute;mulos a los que se atiende, en frentes tan diversificados como los versos, la prosa o el teatro. Seguramente cabe separar el primer <em>Silbo vulnerado </em>y el auto sacramental (compuestos entre 1933 y 1934, bajo la tutela de Ram&oacute;n Sij&eacute;), de <em>El torero m&aacute;s valiente </em>y el segundo <em>Silbo vulnerado </em>(1934-1935), ligados a la Escuela de Vallecas y la relaci&oacute;n con Bergam&iacute;n, Coss&iacute;o, Aleixandre, Neruda y Ra&uacute;l Gonz&aacute;lez Tu&ntilde;&oacute;n. Con estos &uacute;ltimos se entrar&iacute;a ya en la etapa de la <em>poes&iacute;a impura</em> y el compromiso pol&iacute;tico de izquierdas que a lo largo de 1936 le conduce a la etapa b&eacute;lica. Y la transici&oacute;n bien podr&iacute;a marcarla la pieza dram&aacute;tica <em>El labrador de m&aacute;s aire.</em></p>
<p><em></em>Para complicar a&uacute;n m&aacute;s las cosas, las influencias no le llegan s&oacute;lo desde las letras, sino tambi&eacute;n del mundo pl&aacute;stico, a trav&eacute;s del grupo integrado por artistas como los pintores Benjam&iacute;n Palencia y Maruja Mallo o el escultor Alberto S&aacute;nchez, absolutamente decisivos para los logros de <em>El rayo que no cesa. </em>Y sobre las cuales se asienta la otra gran mutaci&oacute;n del poeta, que se matizar&aacute; y llegar&aacute; a buen puerto gracias al magisterio a&ntilde;adido de Vicente Aleixandre y Pablo Neruda. De modo que su transformaci&oacute;n ideol&oacute;gica no deriva de la coyuntura de la guerra civil, sino de este eslabonado, cuyas pautas van apareciendo con relativo orden y concierto.</p>
<p><em>El rayo que no cesa</em> clausura en 1936 el tono espiritualista de los <em>Silbos</em> y el clasicismo que Hern&aacute;ndez ven&iacute;a manteniendo desde tres a&ntilde;os atr&aacute;s, para ser sustituido por la t&eacute;cnica parasurrealista, el verso libre, im&aacute;genes visionarias, enumeraciones ca&oacute;ticas y toda una nueva iconograf&iacute;a que resulta de su contacto con est&iacute;mulos m&aacute;s modernos y un compromiso social que le llevar&aacute; hasta el comunismo. De manera que &ndash;conviene insistir-- cuando estalla la guerra civil ya se han producido en &eacute;l todos los cambios que le permitir&aacute;n estar a la altura de aquellas graves circunstancias. Y ese proceso, puesto en limpio, contrastado con la realidad de las trincheras, es el que da como resultado todo el ciclo de <em>Viento del pueblo.</em></p>
<p><em></em>Ahora lo p&uacute;blico y lo privado se interpenetran hasta hacerse inseparables en los mejores momentos, como sucede con poemas como &ldquo;Las abarcas desiertas&rdquo;, &ldquo;El ni&ntilde;o yuntero&rdquo; o la &ldquo;Canci&oacute;n del esposo soldado&rdquo;. Las dos primeras remiten a la propia biograf&iacute;a de infancia y adolescencia, mientras que en la segunda ya se dibuja uno de los m&aacute;s persistentes elementos de continuidad a partir de este momento: la experiencia de la paternidad. Porque el 19 diciembre de 1937, mientras participa en la batalla de Teruel, nace su hijo Manuel Ram&oacute;n, y pide permiso para ir a verlo de inmediato, llevando consigo los primeros ejemplares de <em>Viento del pueblo</em>.</p>
<p>La muerte del ni&ntilde;o a los diez meses de vida da lugar a composiciones como "Era un hoyo no muy hondo" y "Te has negado a cerrar los ojos, muerto m&iacute;o", as&iacute; como otras que ir&aacute;n engrosando su libro p&oacute;stumo <em>Cancionero y romancero de ausencias</em>.&nbsp; Fue un duro golpe para el joven matrimonio, Y ese tono eleg&iacute;aco ya est&aacute; presente en su segundo poemario b&eacute;lico, <em>El hombre acecha, </em>en cuyo pr&oacute;logo su autor se dirige a Neruda con estas palabras: "Pablo: un rosal sombr&iacute;o viene y se cierne sobre m&iacute;, sobre una cuna familiar que se desfonda poco a poco, hasta entreverse dentro de ella, adem&aacute;s de un ni&ntilde;o de sufrimientos, el fondo de la tierra".</p>
<p>Este libro, el &uacute;ltimo que logra dar a la imprenta, queda abandonado en la Tipografia Moderna de Valencia, con los pliegos tirados, aunque sin encuadernar perdi&eacute;ndose en su pr&aacute;ctica totalidad con la derrota republicana. Su t&iacute;tulo ya habla de un tono m&aacute;s desalentado. Frente al optimismo de <em>Viento del pueblo, El hombre acecha </em>arroja un estremecedor saldo de odios, c&aacute;rceles y heridos. Y aunque no faltan composiciones de gran aliento y exaltaci&oacute;n b&eacute;lica, el tono m&aacute;s aut&eacute;ntico se confunde ya con el del <em>Cancionero y romancero de ausencias,</em> y no es raro que retroceda hasta metros breves, como sucede con la &ldquo;Canci&oacute;n primera&rdquo;, &ldquo;Canci&oacute;n &uacute;ltima&rdquo; o &ldquo;Las cartas&rdquo;.</p>
<p>El 4 de enero de 1939 hab&iacute;a nacido su segundo hijo, Manuel Miguel, que le compensa de la anterior p&eacute;rdida. A &eacute;l ir&aacute;n dedicadas otras composiciones m&aacute;s esperanzadas del <em>Cancionero, </em>que supone el &uacute;ltimo gran esfuerzo de integraci&oacute;n de sus versos en un conjunto org&aacute;nico. Se trata de un conjunto de poemas que empez&oacute; a escribir en una peque&ntilde;a libreta, compuesto entre octubre de 1938 y las "Nanas de la cebolla", enviadas a su mujer desde la c&aacute;rcel de Torrijos en septiembre de 1939.</p>
<p>Gran parte de este ciclo est&aacute; escrito, por tanto, en la c&aacute;rcel, en las diversas prisiones que le corresponden, tras haber pasado a Portugal, ser detenido all&iacute; por la polic&iacute;a y devuelto a Espa&ntilde;a el 7 de mayo de 1939. Como suele sucederles a quienes viven encerrados, los objetos m&aacute;s humildes, las an&eacute;cdotas m&aacute;s triviales y cotidianas, se convierten en salvavidas, trascienden y se elevan a aut&eacute;nticas categor&iacute;as. La dicci&oacute;n se adelgaza y troquela hasta alcanzar una enga&ntilde;osa sencillez, donde se quintaesencia todo lo que realmente importa.&nbsp; En un intenso proceso de interiorizaci&oacute;n, ya s&oacute;lo va quedando sitio para lo imprescindible. Ahora se habla a tiro derecho, sin la ganga barroca ni esas palabras con &ldquo;funda&rdquo; que le reproch&oacute; Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez. Ello otorga a estos poemas una verdad y un grado de necesidad que le hace topar con las palabras m&aacute;s desnudas y principales. Como dir&aacute; sentencioso, "Despu&eacute;s del amor, la tierra. / Despu&eacute;s de la tierra, todo". Hasta reducir su caudalosa dicci&oacute;n a esas tres palabras o heridas primordiales: vida, amor y muerte.</p>
<p>A finales de 1941 la salud de Miguel Hern&aacute;ndez se hab&iacute;a deteriorado gravemente, en el Reformatorio de Adultos de Alicante.&nbsp; La &uacute;nica posibilidad de curaci&oacute;n pasaba por su traslado al sanatorio antituberculoso de Porta Coeli, en Valencia. Pero s&oacute;lo acceden a llevarlo all&iacute; si reniega de sus ideas revolucionarias. Ese fue el inicuo chantaje al que fue sometido por el capell&aacute;n de la c&aacute;rcel para que se convirtiera. Y el s&aacute;bado 28 de marzo de 1942 mor&iacute;a sin haber cumplido los treinta y dos a&ntilde;os de edad.</p>
<p>Si se echan cuentas, sorprende lo fulgurante y precipitado de su trayectoria, una vez que supera el estadio inicial de desorientaci&oacute;n, quemando etapas con una rapidez pasmosa. En 1933 publica en provincias y sin pena ni gloria su primer libro de poemas, <em>Perito en lunas</em>. Al a&ntilde;o siguiente remata un auto sacramental que ve la luz en Madrid en una de las revistas m&aacute;s prestigiosas, <em>Cruz y Raya. </em>En 1936 su segundo poemario, <em>El rayo que no cesa, </em>lo consagra como el gran poeta del momento, hasta el punto de convertirse en la voz de referencia de nuestra guerra civil, con <em>Viento del pueblo</em>.</p>
<p>Es decir, que en tres a&ntilde;os pasa de ser un completo desconocido al grupo de cabeza de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola de su &eacute;poca. Y eso a pesar de llegar con no poco retraso a uno de los momentos m&aacute;s brillantes de nuestra poes&iacute;a. Algo especialmente arduo en su caso, dado su autodidactismo y humilde procedencia, frente a esos escritores de origen acomodado y que, en m&aacute;s de un caso, manten&iacute;an un trato profesional y profesoral con la literatura.</p>
<p>Ello le oblig&oacute; a recorrer un largo camino para hacerse con una voz culta en una de las etapas m&aacute;s complejas, la que hubo de subsumir los hallazgos de las vanguardias en una dicci&oacute;n m&aacute;s llana. Lo hizo, adem&aacute;s, en muy dram&aacute;ticas circunstancias: entre 1933 y 1936, debati&eacute;ndose en la mayor penuria; de 1936 a 1939, con urgentes responsabilidades en la guerra civil; y de 1939 a 1942, en una docena de c&aacute;rceles, muy debilitado y enfermo.</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; queda de eso m&aacute;s all&aacute; de esas coyunturas, a los cien a&ntilde;os de su nacimiento? Todo lo que se est&eacute; en condiciones de otorgarle mediante una transposici&oacute;n de su mundo y vivencias a los actuales. Por ejemplo, no parece que &ldquo;El ni&ntilde;o yuntero&rdquo;, haya perdido vigencia, a la vista de la explotaci&oacute;n infantil, los ni&ntilde;os soldados o tantos atropellos como se siguen cometiendo contra la infancia. Tampoco &ldquo;El hambre&rdquo; o &ldquo;Las c&aacute;rceles&rdquo; carecen de sentido, en la actualidad. Pero en muchos otros casos ni siquiera resulta necesario ese ejercicio de traslaci&oacute;n. Versos como los de la &ldquo;Eleg&iacute;a&rdquo; a Ram&oacute;n Sij&eacute;, las &ldquo;Nanas de la cebolla&rdquo; o &ldquo;Hijo de la luz y de la sombra&rdquo; seguir&aacute;n habl&aacute;ndonos por derecho propio, porque en ellos el idioma alcanza un grado de intensidad, vibra con tal capacidad de reverberaci&oacute;n que convierten a Miguel Hern&aacute;ndez en un poeta imprescindible.<strong>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;</strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 19 Dec 2013 12:30:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Abril]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/abril/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/MARISA_MADIERI.jpg" alt="" /></p>
<p>No estaba acostumbrada a desplazarse en autob&uacute;s, pero aquella ma&ntilde;ana hab&iacute;a subido al 490. El coche estaba en el taller mec&aacute;nico y el trayecto entre la calle Confalonieri y la plaza Irnerio era bastante largo. Adem&aacute;s, no ten&iacute;a especial prisa. &iquest;Por qu&eacute; ir en taxi?</p>
<p>Aunque no fuese una hora punta, en el autob&uacute;s p&uacute;blico los asientos estaban todos ocupados. Elena, cogida de la barra de apoyo, percib&iacute;a el fr&iacute;o repulsivo del metal. Un poco por encima de la mu&ntilde;eca, entre el pulgar y el &iacute;ndice, not&oacute; por vez primera una mancha oscura que destacaba como una nota discordante sobre la blancura lisa de la piel. Se puso a observar distra&iacute;damente a sus compa&ntilde;eros de viaje. Los que estaban de pie en general miraban por la ventanilla, poniendo atenci&oacute;n en mantener el equilibrio; los otros, m&aacute;s afortunados, le&iacute;an o fijaban ausentes la vista en un punto indeterminado entre el respaldo del asiento de enfrente y el suelo. Una se&ntilde;ora anciana revolv&iacute;a en su bolso.</p>
<p>A pocos pasos de ella estaba sentada una mujer joven. Eran muchos los asi&aacute;ticos y los africanos en Roma. Se los ve&iacute;a por todas partes, sobre todo cerca de la estaci&oacute;n Termini. Iban y ven&iacute;an, casi siempre en grupo, con el paso &aacute;gil y almohadillado de un dios moreno, que conoce las grandes extensiones, los desiertos, la sabana y la selva.</p>
<p>La mujer pod&iacute;a ser filipina. Su piel ten&iacute;a reflejos de &aacute;mbar, los p&oacute;mulos eran altos y bien dibujados, como los de su compa&ntilde;ero, de pie junto a ella. Estaba embarazada. Elena se fij&oacute; en la extraordinaria belleza de los cabellos, negros casi azulados, lustrosos y lisos, recogidos por detr&aacute;s de la nuca con una cinta de un rojo chill&oacute;n. M&aacute;s all&aacute; de las ventanillas, el cielo aparec&iacute;a cargado de inquietos nubarrones primaverales, ribeteados de un violeta amenazador, pero dispuestos a quebrarse y a revelar la luz deslumbrante del sol de abril. El follaje de los eucaliptos en los jardines se doblaba, despeinando sus largas melenas con cada leve soplo de viento, pr&eacute;sago de lluvia. Elena sent&iacute;a su perfume acre, un perfume de dulzuras ilusas y melancol&iacute;as impalpables. Le ocurr&iacute;a lo mismo todas las primaveras, como si el a&ntilde;o, en el c&iacute;rculo inexorable y compuesto de los meses, sufriese en ese punto un desfase, una laguna, una incongruencia, en los que una vida, incluso fuerte y feliz como la suya, pod&iacute;a perderse y vacilar.</p>
<p>El chico asi&aacute;tico se inclin&oacute; y le susurr&oacute; algo al o&iacute;do a su compa&ntilde;era, que levant&oacute; la cabeza rozando con los labios la mejilla huesuda y musit&oacute; una respuesta. Formaban en aquel momento un arco cerrado y solidario alrededor de ese hijo que llenaba el vientre de la madre: su futuro, su victoria sobre la inmensa soledad que acompa&ntilde;a a quien vive lejos de su tierra.</p>
<p>Elena no ten&iacute;a hijos. Volvi&oacute; el pensamiento a su marido para llenar el vac&iacute;o repentino que sinti&oacute; abrirse en el fondo del coraz&oacute;n. Y en aquel rostro amado, tan seco y severo pero siempre dispuesto a iluminarse en una sonrisa abierta, percibi&oacute; la opacidad de los a&ntilde;os que les esperaban. A veces ella lo observaba, extra&ntilde;ada y enternecida, mientras le&iacute;a a su lado por la noche, la espalda erguida tambi&eacute;n cuando estaba sentado, con las gafas para la presbicia apoyadas sobre la punta de la nariz y la cabeza reclinada sobre el pecho. En esa postura, entre la barbilla y el cuello se le formaba un grueso pliegue de piel marchita. Lo quer&iacute;a tambi&eacute;n por este envejecer juntos. Siempre se hab&iacute;an bastado. Pero ahora, de repente, le parec&iacute;a que todo aquel amor y juventud y palabras y complicidad y tambi&eacute;n l&aacute;grimas y dolor hubiesen transcurrido en vano.</p>
<p>El joven filipino le arregl&oacute; a la chica un mech&oacute;n de cabellos que se hab&iacute;an deslizado de la cinta roja y se los pas&oacute; varias veces con cuidado por detr&aacute;s de la oreja.</p>
<p>Cuando Elena lleg&oacute; a su destino y baj&oacute; del autob&uacute;s hab&iacute;a comenzado a llover. No llevaba paraguas, pero no lo lament&oacute;. Sinti&oacute; con placer como las gotas tibias le lam&iacute;an las manos y le surcaban lentamente las mejillas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="right">Traducci&oacute;n: Valeria Bergalli</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p align="right">&nbsp;</p>
<p>(Este texto forma parte del libro <em>La concha marina y otros cuentos</em>, que public&oacute; Editorial Min&uacute;scula)</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 17 Dec 2013 08:48:19 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La casa de los árboles]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-casa-de-los-arboles/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/BASILIO_S_NCHEZ.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Yo te hablo con naturalidad,</p>
<p>como se le habla a un &aacute;rbol o a un arroyo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En este inevitable</p>
<p>declinar de las horas, junto la enredadera</p>
<p>perseverante de los muros que he cuidado,</p>
<p>que me han visto crecer,</p>
<p>me protejo con el mantillo de las palabras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No escribo como el hombre</p>
<p>que lee en las entra&ntilde;as de los p&aacute;jaros,</p>
<p>sino como el que a solas reconoce el dolor en el dolor,</p>
<p>la muerte, en la inocente negaci&oacute;n de la vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Digo cielo ceniza,</p>
<p>pero es el cielo rojo de los atardeceres de los puertos</p>
<p>y de los arrabales, el amarillo azul de los establos</p>
<p>en el momento antes de las anunciaciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Varado como estoy en este viejo</p>
<p>coraz&oacute;n sin medida, conozco los caminos,</p>
<p>los bosques encalados de la noche,</p>
<p>la l&aacute;mpara de alcohol</p>
<p>en las habitaciones que ha rondado la muerte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No sabes lo que duele una hoguera encendida</p>
<p>en el amanecer de los suburbios,</p>
<p>la nieve apelmazada de los cuartos</p>
<p>en el blanco de la ma&ntilde;ana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vivo en una casa atravesada por los &aacute;rboles</p>
<p>en el bosquecillo de las ideas,</p>
<p>atravesada por el grito de las mujeres</p>
<p>que cuidan del ganado</p>
<p>en el horizonte de las ciudades,</p>
<p>por la algarab&iacute;a de los ni&ntilde;os</p>
<p>que golpean con sus manos los cartones del cielo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Soy el hombre que usa,</p>
<p>para los pensamientos compartidos,</p>
<p>las palabras de la privacidad;</p>
<p>alguien atemperado por la noche</p>
<p>que ha elegido la sombra de una nube</p>
<p>o la sombra de un &aacute;rbol para reconciliarse con los suyos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una palabra es siempre</p>
<p>tributaria de otra y, ambas, hijas</p>
<p>de la necesidad, de la carencia, del anhelo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hasta que cada uno asuma su rel&aacute;mpago</p>
<p>y se haga visible en una noche</p>
<p>que se ha vuelto infinita, mi lentitud es s&oacute;lo</p>
<p>una antigua esperanza matizada</p>
<p>por la melancol&iacute;a de la costumbre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 13 Dec 2013 07:23:04 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En el molino]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/en-el-molino/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/_LVARO_VALVERDE.jpg" alt="" width="221" height="148" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>A Zacar&iacute;as, in memoriam</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La escena es conocida:</p>
<p>canta en la rama un p&aacute;jaro sin nombre,</p>
<p>la garganta susurra su rodar incesante,</p>
<p>los cerezos dan luz a la tarde gris&aacute;cea</p>
<p>y los ni&ntilde;os, al fondo, juegan en el pasado.</p>
<p>Uno se sienta aqu&iacute;, en el sitio de siempre,</p>
<p>y lee o escribe a&uacute;n el mismo libro.</p>
<p>S&oacute;lo nos faltas t&uacute;. Dabas sentido</p>
<p>a lo que, contra el tiempo, levantaste</p>
<p>con clara voluntad de permanencia.</p>
<p>Eso que, est&eacute;s o no,</p>
<p>ser&aacute; la cifra,</p>
<p>el genio y la raz&oacute;n</p>
<p>de este lugar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 13 Dec 2013 07:17:38 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La cuarta dimensión]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-cuarta-dimension/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/ESTEBAN_PADR_S_DE_PALACIOS.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El gallardo buque &ldquo;Trit&oacute;n&rdquo;, que m&aacute;s que de un astillero parec&iacute;a salido de un instituto de belleza, segu&iacute;a su crucero a los Campeonatos Mundiales de Atletismo, velando, materno, por la salud f&iacute;sica y moral de los campeones nacionales.</p>
<p>Unas aguas pl&aacute;cidas y obsequiosas aceptaban la caricia de la quilla, sin vaivenes intempestivos. La luna llena a&ntilde;ad&iacute;a, aquella noche, al decorado de postal su rom&aacute;ntica melancol&iacute;a de Pierrot.</p>
<p>En el interior, el grupo de deportistas, vigilados por sus tutores musculares, se dedicaba a diversiones c&aacute;ndidas y limpias, llenas de risas esforzadamente juveniles y sanas. Era como un seminario de ejercicios corporales.</p>
<p>Ajeno a tanta potencia y tanto masaje, Eugenio Acu&ntilde;a, inspector de segunda, ocupaba un camarote de tercera. Como representante de la Ley, se consideraba que all&iacute; no representaba nada. En su austero recinto, se entreten&iacute;a examinando unos papeles. Era como hojear sucesivos aburrimientos. Impacientes golpes en la puerta le sacaron de su falta de concentraci&oacute;n.</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Adelante.</p>
<p>Y apareci&oacute; Gloria Arg&uuml;elles. Era mucha, excesiva aparici&oacute;n. Un traje de noche de sat&eacute;n negro, sujeto a los hombros por inconsutiles tirillas, moldeaba y desmoldeaba con agilidad de caricias urgentes un cuerpo de orograf&iacute;a accesible, acogedora y el&aacute;stica. De fisonom&iacute;a atrevida y movimientos oferentes, se manifestaba como una mujer que se sent&iacute;a c&oacute;moda y segura de su cuerpo.</p>
<p>El inspector conoc&iacute;a, gracias a observaciones diarias, casi invisibles, a todos los componentes de aquella agrupaci&oacute;n de esculturas vivientes, esculpidas por el sacrificio y la voluntad de vencer. Las gimnastas femeninas mostraban su poder&iacute;o en cuerpos de mu&ntilde;eca un poco cabezona. Por lo que Arg&uuml;elles o&iacute;a, dir&iacute;ase que hasta los cerebros iban llen&aacute;ndose de fibras musculares. En medio de aquella apoteosis de carne vigorosa y acr&iacute;licio ce&ntilde;ido, el inspector resultaba un intruso. Un funcionario gris, el cuerpo siempre oculto tras opacidades textiles, hombre sin podio posible en la vida, cuya visi&oacute;n pod&iacute;a resultar nocivamente depresiva. Los delitos eran totalmente ajenos a tanta luz.</p>
<p>Gloria era popular. La estrella refrescante. Una muchacha rica, bulliciosa, de inagotable jovialidad externa e imperceptible fatiga interna. Con su inteligencia piadosamente enmascarada, ejerc&iacute;a de musa, talism&aacute;n, mascota humana o personificaci&oacute;n premonitoria de lauros y medallas. Ella no era gimnasta, s&oacute;lo hac&iacute;a el ejercicio justo para ser atractiva. Se trataba de una inquieta viajadora en busca de algo.</p>
<p>- Se&ntilde;or inspector &ndash;dijo con severidad-, vengo a presentar una denuncia.</p>
<p>Acu&ntilde;a todav&iacute;a era capaz de sobresaltarse ante una denuncia y, sobre todo, ante una mujer as&iacute;.</p>
<p>- &iquest;De qu&eacute; se trata?</p>
<p>- Me han robado un beso.</p>
<p>Ante tal desprop&oacute;sito s&oacute;lo cab&iacute;a, como contramedida, la gravedad.</p>
<p>- Si&eacute;ntese, por favor...</p>
<p>Lo hizo con gracia. Cesaron las ondulaciones satinadas, pero el resultado fue peor. Al cruzar las piernas, y por la falda hendida, irrumpi&oacute; en la estancia una pierna arrolladora. No necesitaba medias. Su luciente y bronceado epitelio de seda las supl&iacute;a con ventaja. La rodilla redonda y brillante destellaba como un punto de luz que pod&iacute;a resultar hipn&oacute;tico.</p>
<p>Arg&uuml;elles puso sobre la mesa un bloc de notas, puls&oacute; el bol&iacute;grafo. Y despu&eacute;s de recuperar el aplomo:</p>
<p>- &iquest;Conoce al autor del delito?</p>
<p>Gloria qued&oacute; pensativa, algo enfurru&ntilde;ada. Proyect&oacute; el labio inferior con efectos obnubilantes...</p>
<p>- No, no lo conozco.</p>
<p>- Pero, &iquest;podr&aacute; reconocerlo, si lo ve?</p>
<p>Se enfurru&ntilde;&oacute; m&aacute;s.</p>
<p>- Mire, inspector... Creo que le he molestado in&uacute;tilmente. Me he precipitado. El mal humor... No creo que usted pueda prestarme ninguna ayuda.</p>
<p>- Pruebe...</p>
<p>- &iquest;Recuerda que al principiar el baile se ha producido un apag&oacute;n?</p>
<p>- S&iacute;. Exactamente de tres minutos y seis segundos.</p>
<p>- Ha sido entonces. Comprendo que sin ning&uacute;n dato que aportar, mi reclamaci&oacute;n es in&uacute;til. Ser&aacute; mejor que me vaya.</p>
<p>Un turbador perfume mezclado con alguna feromona lleg&oacute; a la pituitaria de Acu&ntilde;a.</p>
<p>- &iexcl;Espere!. No se vaya. El caso es perfectamente investigable.</p>
<p>- Me sorprende.</p>
<p>- Cr&eacute;ame si le digo que soy brillantemente rutinario. Usted no gozaba de la vista pero, caramba, quedan a&uacute;n cuatro sentidos m&aacute;s. Puede examinarlos.</p>
<p>Gloria parec&iacute;a esc&eacute;ptica. Desliz&oacute; sus manos sobre los muslos como dispuesta a levantarse. El inspector profundiz&oacute;. Su pensamiento fue m&aacute;s all&aacute;. Se dijo: &ldquo;A tenor de la ropa exterior... &iexcl;c&oacute;mo ser&aacute; la ropa interior!</p>
<p>- &iquest;Quiere o no quiere descubrir al ladr&oacute;n?</p>
<p>- Claro que quiero, pero...</p>
<p>- Entonces no tenga prisa. Conteste con calma a mi interrogatorio, y medite mis preguntas.</p>
<p>Gloria le asest&oacute; una sorprendida mirada verde, y se acomod&oacute; de nuevo en el silloncito. Arg&uuml;elles no discern&iacute;a si el barco se mov&iacute;a m&aacute;s que antes o era su cabeza.</p>
<p>- Veamos el o&iacute;do. &iquest;Le dirigi&oacute; alguna palabra? &iquest;Susurr&oacute; alg&uacute;n... piropo?</p>
<p>- No. No dijo nada. Me bes&oacute;, suspir&oacute; y basta. Ya puede ver que...</p>
<p>- &iexcl;Calma! Nada de prisas. Sigamos con el tacto. &iquest;Hubo contacto f&iacute;sico?</p>
<p>Gloria mir&oacute; al techo y medit&oacute;.</p>
<p>- &iexcl;S&iacute;! Hubo contacto. Contacto de pectorales.</p>
<p>- &iquest;Blando o duro?</p>
<p>- &iquest;Blando...?</p>
<p>- Tenemos que examinar todas las posibilidades. Podr&iacute;a tratarse de una mujer.</p>
<p>- &iexcl;Oh! &ndash;exclam&oacute; Gloria, casi m&aacute;s halagada que sorprendida- No, no. Era un contacto plano y duro, pero no muscular.</p>
<p>- Entonces no era un pecho, era una pechera. Un esmoquin. Un esmoquin de persona <em>demod&eacute;</em>.</p>
<p>- &iexcl;Admirable!. Creo que tiene raz&oacute;n. S&iacute;, era una pechera.</p>
<p>- Sigamos. &iquest;Nada m&aacute;s sobre el tacto? &iquest;No la tom&oacute; por los hombros? &iquest;No la asi&oacute; por la cintura?</p>
<p>- No me toc&oacute;.</p>
<p>Arg&uuml;elles esboz&oacute; un gesto de asombro. Movi&oacute; la cabeza.</p>
<p>- Qu&eacute; tipos &ndash;susurr&oacute;, apenado.</p>
<p>- Tiene raz&oacute;n. Abusar de la oscuridad es una puerilidad rid&iacute;cula.</p>
<p>- Ya llegaremos a este punto, ya. Pero hemos de ce&ntilde;irnos al m&eacute;todo. Adelante. Gusto. &iquest;Percibi&oacute; alg&uacute;n sabor peculiar?.</p>
<p>- Fue un beso breve, superficial, pero... &ndash;volvi&oacute; a mirar el techo de donde parec&iacute;an provenir sus recuerdos. El rayo verde alcanz&oacute; de nuevo gozosamente al inspector.</p>
<p>- Tabaco. Capt&eacute; olor o sabor a tabaco... Tabaco, indudable.</p>
<p>- Bien, vamos muy bien. Me ha dado un detalle importante de sabor y olor. Deteng&aacute;monos ahora en el olfato. Aparte del tabaco, &iquest;algo m&aacute;s que afectara s&oacute;lo, digo s&oacute;lo, al olfato?</p>
<p>Esta vez no fue necesario consultar el plaf&oacute;n. La lucidez lleg&oacute; sola. Tras nueva descarga de sus mitol&oacute;gicos iris:</p>
<p>- &iexcl;<em>After shave</em>!. Seguro. Ol&iacute;a a loci&oacute;n facial.</p>
<p>- &iquest;Marca reconocible?</p>
<p>- Por favor, se&ntilde;or Arg&uuml;elles, no soy una catadora olfativa de lociones.</p>
<p>- Claro, claro &ndash;reconoci&oacute; el inspector, indulgente-. Pero, &iquest;la reconocer&iacute;a si volviera a olerla?</p>
<p>- S&iacute;, estoy segura.</p>
<p>- Excelente. Creo que tenemos una estupenda cosecha. Sigamos con la rutina.</p>
<p>Gloria cambi&oacute; de posici&oacute;n, con nuevas e inquietantes ondas vestimentarias rompiendo sobre sus dulces promontorios corporales. Movi&oacute; la pierna. El zapato, de atrevida inconsistencia dorada, ce&ntilde;&iacute;a pie y tobillo con astutas tirillas destellantes. Los tacones de aguja arqueaban el sabroso empeine. Aquel conjunto p&eacute;dico supon&iacute;a un despliegue de m&oacute;rbida sensualidad que induc&iacute;a al fetichismo.</p>
<p>Al llegar a este punto, Arg&uuml;elles tocaba fondo. Se sent&iacute;a cada vez m&aacute;s bajo, m&aacute;s calvo, m&aacute;s feo y m&aacute;s impresentable. Autocompasivo, movi&oacute; la cabeza. Y se refugi&oacute; en la profesionalidad.</p>
<p>- Veamos lo que tenemos hasta ahora. Primero: se trata de un sujeto masculino. Segundo: es fumador. Esto s&oacute;lo ya restringe el c&iacute;rculo. Aqu&iacute; los deportistas no fuman, para estar sanos, y los viejos no fuman porque ya est&aacute;n enfermos. Hemos de pensar, pues, en un hombre de mediana edad, ni deportista ni v&iacute;ctima a&uacute;n de prescripciones m&eacute;dicas.</p>
<p>Gloria, admirada, asent&iacute;a con la cabeza. A cada vaiv&eacute;n, la melenita morena y sedosa acariciaba de una manera perversa sus mejillas libres de maquillaje.</p>
<p>Despu&eacute;s de tragar saliva y aclarar la voz, Arg&uuml;elles prosigui&oacute;, doctoral:</p>
<p>- Tercero: tenemos una loci&oacute;n cuyo olor puede reconocerse.</p>
<p>- S&iacute;, pero no pretender&aacute; que vaya por los salones oliendo las mejillas de los hombres de mediana edad.</p>
<p>- No hay muchos, la verdad. Pero no pretendo tal cosa. Restrinjamos m&aacute;s a&uacute;n.</p>
<p>Cuarto: lleva un esmoquin con pechera. &iquest;Cu&aacute;ntos tripulantes ha visto usted con pechera almidonada?</p>
<p>- Nueva visita al plaf&oacute;n.</p>
<p>- Ninguno</p>
<p>- &iexcl;Vaya! &ndash;exclam&oacute; Arg&uuml;elles, contrariado- No importa, tendremos que vigilar los esm&oacute;quines. De todos modos, este cuarto punto es decisivo. Nos habla de un hombre de mediana edad, conservador, anticuado o no demasiado rico.</p>
<p>- Puesto que lleva un esmoquin <em>demod&eacute;</em>, probablemente prestado.</p>
<p>- &iexcl;Muy bien, Gloria! &iquest;Puedo llamarla as&iacute;?</p>
<p>- Lo estaba esperando.</p>
<p>- Gracias. S&oacute;lo habr&aacute; uno as&iacute; en todo el buque. Casi lo tenemos.</p>
<p>- No lo crea. Siento desanimarlo, pero ya no hay prevista fiesta de gala alguna de aqu&iacute; al fin del viaje. De modo que adi&oacute;s pechera.</p>
<p>Fue un golpe muy duro, pero Arg&uuml;elles no se desmoron&oacute;.</p>
<p>- &iexcl;Quinto! &ndash;exclam&oacute; algo irritado- El viajero t&iacute;mido. Usted es observadora. &iquest;Se ha fijado en alg&uacute;n pasajero que la mire a hurtadillas, finja no verla y la adore en silencio?</p>
<p>- No siga, inspector...</p>
<p>- Eugenio, si no le importa. Lo primero que detecta una mujer es la presencia del admirador t&iacute;mido. Es el personaje m&aacute;s apasionante. Suele ser el m&aacute;s inteligente y el m&aacute;s digno de ser atendido con afecto.</p>
<p>- &iquest;Lo ha detectado usted?</p>
<p>Gloria vacil&oacute; un momento.</p>
<p>- No estoy segura... No, no lo estoy. Ha conseguido usted un milagro deductivo, pero no hemos llegado a una conclusi&oacute;n.</p>
<p>Arg&uuml;elles reflexion&oacute;. El caso se le escapaba de las manos. Gloria iba a escaparse de su vista. Las palmas de ella recorr&iacute;an de nuevo los muslos. Mala se&ntilde;al. Desesperado, mir&oacute; al plaf&oacute;n milagroso. Un corto silencio.</p>
<p>- &iexcl;Espere!. No hemos terminado todav&iacute;a. &iquest;Usted qu&eacute; clase de satisfacci&oacute;n pretende?.</p>
<p>- Hombre, recuperar lo robado. Y que me den excusas.</p>
<p>- De acuerdo. Pero si usted no puede recuperar lo perdido de boca del ladr&oacute;n, puede, al menos, obtener algo equivalente. Robe un beso a cualquiera que le parezca bien, y compense lo perdido. Vamos, digo yo.</p>
<p>- Me sorprende su consejo, la verdad. Esto ser&iacute;a un delito por mi parte.</p>
<p>- S&oacute;lo moment&aacute;neo. Si usted roba un beso sin valerse de apagones, ya ver&aacute; como se lo devuelven de inmediato. Es m&aacute;s, eso puede iniciar un juego de robos y devoluciones mutuas sin duda apasionante.</p>
<p>- No me convence. Apropiaci&oacute;n deshonesta. Lo que propone para contentarme s&oacute;lo ser&iacute;a un pretexto para iniciar una aventura que no me apetece. No he visto en todo el pasaje a nadie que merezca esa distinci&oacute;n.</p>
<p>- &iquest;Entre tantos apolos?</p>
<p>- Precisamente. Los apolos no miran ni aman a una mujer, se miran y se aman a s&iacute; mismos. Las mujeres s&oacute;lo son un espejo. Lo &uacute;nico que interesa es tener al ladr&oacute;n ante m&iacute; y cambiar unas palabras.</p>
<p>Arg&uuml;elles estaba derrotado. Su ingenio hab&iacute;a naufragado. Las manos de ella recorrieron de nuevo los muslos. Se levant&oacute;. La escultura und&iacute;vaga se mostr&oacute; de nuevo en todo su esplendor.</p>
<p>El inspector se levant&oacute; tambi&eacute;n.</p>
<p>- Siento no poderla ayudar m&aacute;s. Hemos llegado muy lejos, pero...</p>
<p>- Vamos, vamos... Yo creo que no debe desanimarse. En realidad ha conducido muy bien la investigaci&oacute;n hasta su desenlace definitivo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>- No me diga.</p>
<p>- Deje que resuma yo. Hombre de mediana edad, fumador, de recursos moderados, chapado a la antigua, con loci&oacute;n f&aacute;cilmente reconocible y, sobre todo, t&iacute;mido. Injustificadamente t&iacute;mido.</p>
<p>- Bien resumido, pero...</p>
<p>- No me interrumpa. Tan t&iacute;mido que ha tenido que servirse de una inteligente investigaci&oacute;n para al fin delatarse a s&iacute; mismo sin, no obstante, declararse abiertamente. Qu&eacute; delicioso medio parab&oacute;lico. Usted es un hombre casi de mediana edad. Fumador. Aqu&iacute; veo colillas en el cenicero. Que usa determinada loci&oacute;n, que aqu&iacute; se huele como si hubiese fumigado la estancia.</p>
<p>- Pero, Gloria...</p>
<p>- Prosigo. Con esmoquin prestado, por alguien mayor, para este viaje que debe de ser el primero. Y t&iacute;mido enamorado. &iexcl;Y tan t&iacute;mido!. Conste que es gracias a usted que ahora recuerdo haberlo entrevisto entre cortinas, no tanto vigilando al pasaje como espi&aacute;ndome a m&iacute;. Le dir&eacute;, como remate, que no he contemplado en mi vida una impasibilidad m&aacute;s expresiva.</p>
<p>Despu&eacute;s de esta tirada, ambos miraron al plaf&oacute;n.</p>
<p>- &iquest;Y puedo saber qu&eacute; la ha tra&iacute;do aqu&iacute;?</p>
<p>-&nbsp; Una corazonada. Una vaga curiosidad. Conocer al pasajero enigm&aacute;tico... Ha sido usted el que gracias a sus sutiles conjeturas me ha conducido a usted. Me ha hecho evocar olores, sabores, durezas de almid&oacute;n y timideces de escolar. Usted hablaba de s&iacute; mismo, la que deduc&iacute;a era yo.</p>
<p>- As&iacute; las cosas, creo que se impone el t&uacute;.</p>
<p>- No tan deprisa, la investigaci&oacute;n no ha terminado. El t&uacute; vendr&aacute; despu&eacute;s. Ahora pregunto yo. &iquest;C&oacute;mo es posible que no haya visto su formidable pechera?</p>
<p>- Pertenece a mi t&iacute;o paterno &ndash;Gloria, satisfecha en su acierto, desnud&oacute; una sonrisa radiante como un beso-. No la vio porque no pod&iacute;a verla. Me indicaron que acudiera al baile vestido de etiqueta. Avergonzado, cumpl&iacute; la orden. Avergonzado, claro, porque estaba usted. Mientras dudaba en mostrarme, ocurrieron dos cosas: usted pasaba cerca de la cortina que ocultaba mi vacilaci&oacute;n, y al propio tiempo se apag&oacute; la luz. Fue un impulso irreprimible, del cual le dir&eacute; que tengo tanta culpa yo por ser como soy como usted por ser como es. Fue un acto compulsivo. La bes&eacute;. Luego, como un ni&ntilde;o asustado, corr&iacute; a mi camarote, me cambi&eacute; de ropa y mand&eacute; le baile al diablo. Nunca pens&eacute; que se le ocurriera venir con su ins&oacute;lita denuncia.</p>
<p>- Creo que ahora se impone el t&uacute;. Vine s&oacute;lo por curiosidad. Intentaba provocarte con una denuncia desconcertante. Casi enseguida he adivinado la verdad, pero resultaba tan fascinante o&iacute;rte razonar, y tan conmovedor contemplar c&oacute;mo implorabas que no me fuera...</p>
<p>- &iquest;Y que hacemos ahora?</p>
<p>- No s&eacute;. Hace poco, me ofrec&iacute;as una soluci&oacute;n. Ahora que conozco al verdadero ladr&oacute;n, puedo aceptarla. Me parece justo que pidas excusas y repongas lo&nbsp; robado. Incluso podemos ensayar, sin deshonestas sustituciones, este juego que has mencionado de polic&iacute;as y ladrones.</p>
<p>Arg&uuml;elles se levant&oacute;. Se sent&iacute;a joven, alto, ondulado y seductor. Naveg&oacute;, en pleno ilapso, hacia la isla del tesoro flotando sobre la ola del erotismo que nos est&aacute; invadiendo.</p>
<p>- Este buque se mueve cada vez m&aacute;s &ndash;logr&oacute; articular..</p>
<p>- El pobre s&oacute;lo intenta colaborar.</p>
<p>Meses m&aacute;s tarde, dec&iacute;a Arg&uuml;elles al comisario S&aacute;nchez Tello:</p>
<p>- La vida es, a veces, como un cuento. Imagine, si no, lo que puede ocurrirle a un inspector de segunda en un camarote de tercera, con una mujer de primra. &iquest;C&oacute;mo llamar&iacute;a a eso?</p>
<p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La cuarta dimensi&oacute;n &ndash;sentenci&oacute; el comisario.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>UN GRAN ARTISTA DE LA PALABRA.- En diciembre del pasado a&ntilde;o, nos dej&oacute; el gran narrador que se llamaba Esteban Padr&oacute;s de Palacios. <em>Turia</em> hab&iacute;a acogido en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n textos padrosianos, y ahora ofrece el &uacute;ltimo que compuso quien quedar&aacute; como uno de los m&aacute;s originales autores de cuentos en lengua castellana. Nacido en 1925, Barcelona, Esteban Padr&oacute;s de Palacios desde su primer libro &ndash;<em>Aljaba</em>, 1958- se distingui&oacute; como escritor tan original como originales eran sus cuentos. Prosa espl&eacute;ndida en brillantez creativa que plasmaba una gran capacidad de imaginaci&oacute;n creadora en relatos tan atractivos como de congruente final siempre sorpresivo. Estas cualidades se fueron manteniendo y magnificando en otros libros del autor: <em>La lumbre y las tinieblas</em>, 1966; <em>Velatorio para vivos</em>, 1977; <em>Los que regresan</em>, 1991; <em>El gran usurpador</em>, 1998; <em>El pozo de los deseos</em>, 1999; y <em>Las extra&ntilde;as veladas</em>, 2002.</p>
<p>Siete t&iacute;tulos que comprenden una obra llevada a cabo con extrema exigencia literaria en la qu el ingenio se pone al servicio de los diversos aspectos de la humana condici&oacute;n, y cuyo lema general podr&iacute;a ser el &ldquo;tanto en lo tr&aacute;gico como en lo c&oacute;mico&rdquo; de Shakespeare, as&iacute; como aquello de Chesterton, seg&uacute;n el cual &ldquo;lo divertido no es lo contrario de lo serio, sino de lo aburrido y nada m&aacute;s&rdquo;. En el m&aacute;s chesteroniano sentido pues, la obra de Esteban Padr&oacute;s de Palacios se manifiesta en lo muy ameno de lo serio, y tambi&eacute;n en p&aacute;ginas &ndash;como las de &ldquo;La cuarta dimensi&oacute;n&rdquo;- en las que se complace y complace al lector con un &ldquo;divertimento&rdquo; m&aacute;s que avalado por el ingenio complaciente.</p>
<p>&ldquo;La cuarta dimensi&oacute;n&rdquo; es relato in&eacute;dito, p&oacute;stumo, que Esteban Padr&oacute;s de Palacios se propon&iacute;a ofrecer a Ana Mar&iacute;a Navales, que siempre acogi&oacute; tan bien el quehacer padrosiano. As&iacute; lo acaba de demostrar, una vez m&aacute;s, la codirectora de <em>Turia</em>. Con este cuento se dir&iacute;a que Esteban Padr&oacute;s de Palacios quiso como quien dice despedirse literariamente con una sonria en modo alguno incompatible con esa meditaci&oacute;n acerca de la condici&oacute;n humana que es el conjunto del extraordinario trabajo de artista de la palabra que llev&oacute; a cabo.- ENRIQUE BADOSA</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 13 Dec 2013 07:10:42 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De todo lo que perdí]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/de-todo-lo-que-perdi/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/JOS_GIM_NEZ_CORBAT_N.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De todo lo que perd&iacute;, lo peor son los prospectos. Los prospectos de cine. De pel&iacute;culas. Y las figuritas de barro del bel&eacute;n. Los tebeos del Cosaco Verde. El corcho de mi habitaci&oacute;n, con las postales de actores y de actrices. Hace poco aparecieron, en el fondo de una vieja caja de zapatos, en la casa vac&iacute;a de mis padres. Un sobre, y en el sobre, un mont&oacute;n de postales de actores y de actrices que cre&iacute;a perdidas. La de Marilyn. La dedicada de Marisol. Tantas otras. Pero ni rastro de los prospectos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo peor, la p&eacute;rdida de los prospectos. Y la del sexo de Marita, h&uacute;medo de acequia, fangoso y fresco como una babosa de ca&ntilde;averal. Un recuerdo difuso, un rastro tenue de niebla en la memoria.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Era una chiquilla silvestre, de pelo enmara&ntilde;ado, moreno, negro como sus rodillas al final de la tarde de ribazo, arrancando regaliz de palo con la azadilla que le quitaba a su padre, Marita, delgada como cualquiera de las ca&ntilde;as que nos ocultaban de las miradas, en la acequia donde nos ba&ntilde;&aacute;bamos revolviendo el agua, embarr&aacute;ndola, buscando, ella, las babosas que tanto me repugnaban &ndash;toma, Paulino, coge &eacute;sa, me dec&iacute;a, y me la tiraba a la espalda, Marita-, el dulce vello de sus pantorrillas envolviendo las m&iacute;as en nuestras peleas por el suelo pedregoso, siempre me pod&iacute;a, Marita, y rozaba con sus labios los m&iacute;os para traerme de nuevo a la vida, ella era el pr&iacute;ncipe y yo la princesa dormida, aniquilada por sus brazos nerviosos, tersos, de chico, Marita, virgen de las acequias, sexo h&uacute;medo, de tierra, de fino lodo, pegajoso y fresco como una babosa de ca&ntilde;averal.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mi padre conduce despacio, sin prisa. Yo respiro la grisura de Elata y atisbo la puerta de los cines.</p>
<p>El invierno nos ater&iacute;a. Mi madre ya hab&iacute;a encendido la estufa de carb&oacute;n y, por las ma&ntilde;anas, en la cocina econ&oacute;mica, calentaba piedras lisas que me hund&iacute;a en los bolsillos antes de emprender el camino de la escuela.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -M&eacute;tete las manos en los bolsillos, aprieta las piedras calientes, no las sueltes. Si no, se te van a congelar los dedos &ndash;me dec&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Marita me esperaba en la puerta de La Torre. Sus padres eran los medieros. &Eacute;l, calvo prematuro, iba todos los d&iacute;as en bicicleta a Elata, donde hac&iacute;a recados para la ferreter&iacute;a de los propietarios de La Torre. Por las tardes, trabajaba los campos. Si se hac&iacute;a necesario, no iba a la ciudad. Si hab&iacute;a mucho trabajo en las fincas, no sub&iacute;a a Elata, no remontaba la carretera, hasta la terminal de la l&iacute;nea de tranv&iacute;a, frente a Veterinaria, no pedaleaba esquivando el revoltijo de v&iacute;as que entraban y sal&iacute;an de las cocheras, siempre en ligera cuesta arriba, con la boina bien calada, sin mover un m&uacute;sculo de la cara, los ojos claros, inmensos. La madre de Marita prodigaba en derredor una simpleza sorprendente, absoluta. Si un helic&oacute;ptero de los americanos bordeaba los campos con el port&oacute;n abierto, un soldado rubio asomado a la luz como un mu&ntilde;eco de hierro, las piernas en jarras, salud&aacute;ndonos con una sonrisa con forma de dibujo mal trazado debajo de la nariz peque&ntilde;a y pecosa, un poco respingona, la madre de Marita corr&iacute;a hacia el maizal y no sal&iacute;a hasta que los &uacute;ltimos ronquidos del aparato eran ya un eco borroso en nuestros o&iacute;dos. Nos re&iacute;amos de ella. Marita, la que m&aacute;s. Mi madre es tonta hasta para tener miedo, dec&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Marita, cada ma&ntilde;ana, me esperaba en la puerta de La Torre y, si yo me retrasaba un poco, se acercaba al inicio del ribazo que borde&aacute;bamos un buen rato hasta alcanzar el Camino de En Medio. Ella era mi gu&iacute;a. El ribazo, en invierno, despertaba cubierto de rosada, a veces de rosada helada, y nos moj&aacute;bamos los zapatos. Lleg&aacute;bamos a la escuela con los zapatos empapados. Ella se iba a la clase de las chicas y yo, a la de los chicos. Una pared de madera, con una gran puerta que casi nunca se abr&iacute;a, separaba las aulas. Al fondo de la clase de las chicas hab&iacute;a un enorme armario, tambi&eacute;n de madera, que s&oacute;lo se abr&iacute;a los domingos. En su interior, un altar. En &eacute;l se ofrec&iacute;a la misa semanal a aquel barrio de las afueras de Elata.</p>
<p>Don Anselmo, a los que ven&iacute;amos por la senda del ribazo, nos dejaba un rato pegados a la estufa, hasta que se nos empezaban a secar los zapatos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Que los pies os entren en calor &ndash;dec&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Y la picha &ndash;a&ntilde;ad&iacute;a Mall&eacute;n, mi compa&ntilde;ero de pupitre, como silbando entre dientes, para que don Anselmo no le oyera.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mi padre conduce despacio. La camioneta bufa, jadea cuando reduce la marcha, y cuando arranca otra vez, en los cruces, frente a los primeros sem&aacute;foros de Elata.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Qu&eacute; ciudad m&aacute;s triste y m&aacute;s gris, Elata. Salen romanos en las procesiones de Semana Santa, y tocan unas trompetas met&aacute;licas, agudas y l&uacute;gubres a un tiempo, serias y enfermas de esa impostaci&oacute;n que caracteriza a las ciudades provincianas. Calles estrechas con viejos balcones, jaulas de p&aacute;jaros, ropa interior y calcetines sec&aacute;ndose al sol, mujeres gordas, vestidas en blanco y negro, sin matices, el cabello espeso, los mo&ntilde;os clavados encima de la nuca como una flor reseca y mustia. Se oyen sus voces desde la calle, los balcones abiertos o cerrados, cruzando sus gritos desde el otro lado de las casas, de las ventanas que dan a los patios de luces por los que hablan con las vecinas, graznando, o cantando las canciones de la radio, siempre las mismas, repetidas monsergas en voces de tonadilleras gangosas, el aire de Elata, el alma de Espa&ntilde;a, la hez de una larga victoria sobre la sangre de miles y miles de muertos planeando en medio del silencio de los vivos y de los muertos, la copla como un insulto a su memoria. Los patios de las casas huelen a ajo, a sardina rancia, a vinagre, a mujeres mal lavadas, a mugre de viejos desdentados fumando picadillo, a carbonera.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Ya s&oacute;lo huelen bien las putas &ndash;dice mi padre-. Las &uacute;nicas que catan el agua.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Yo atisbo los cines cuando, por las tardes, recorremos las carnicer&iacute;as cargando sacos de huesos para la f&aacute;brica. Mi padre deja la camioneta en punto muerto delante de alguna sala y yo pido prospectos en las taquillas, o a los porteros. No veo las pel&iacute;culas, pero me s&eacute; los t&iacute;tulos, las actrices y actores principales, el nombre americano del director. Conozco la cara y el cuerpo de las actrices, bien dibujados con colores que no son los de Elata, unos colores lejanos, emanaciones de cierta l&aacute;mpara maravillosa, volutas de tabaco rubio americano que algunos privilegiados de Elata, vecinos de yankees de la base militar, fuman con ostentaci&oacute;n en los caf&eacute;s del Paseo de Independencia, o en una cafeter&iacute;a moderna de General Mola. O en el Savoy, donde tambi&eacute;n lucen su plumaje los cadetes de la Academia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pido los prospectos, tartamudeando.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Venga, Paulino, no te esfuerces, ya s&eacute; lo que quieres &ndash;me dice el portero del cine Coso-. Y a ver si aprendes a hablar, que se te descojonar&aacute;n las chicas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Yo cojo los prospectos, le doy las gracias, y, en pensamiento, me cago en su puta madre, como me ha ense&ntilde;ado a hacer Mall&eacute;n. Me niego a darle la raz&oacute;n en lo de la tartamudez. Mall&eacute;n tambi&eacute;n me lo suelta a menudo:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Mira, Paulino, cuando te tengas que declarar a una chavala, habr&aacute;s de ir directo y al grano. T&uacute;, con eso de que eres tartaja, las aburrir&aacute;s antes de que termines. Es lo que tienen las gachises, no les gustan los rodeos cuando se han puesto calientes. Las habr&aacute;s encendido t&uacute;, y se ir&aacute;n a apagar la lumbre con otro que tenga mejor labia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Es hijo de pastores, Mall&eacute;n, y su madre cocina en fuego de chimenea.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Acabado el consejo, suelta una de sus risotadas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iexcl;Cu&aacute;ntas cosas me ense&ntilde;a Mall&eacute;n en aquella mohosa Elata! Elata de infanticos, de romanos con monturas de gafas de concha, de chillona y solemne trompeter&iacute;a, de cadetes emplumados, de sotanas remangadas saltando charcos sobre el pavimento desigual de las calles ag&oacute;nicas, de paseantes endomingados, sin expresi&oacute;n, a la salida de misa, con el lacito alica&iacute;do en el dedo coraz&oacute;n, a cuyo extremo se balancea el envoltorio de los pasteles de nata y mantequilla, las tardes inabarcables de los porches del Paseo, la primera escalera mec&aacute;nica del Sepu, los pepinillos gordos que mi madre me compra en el Mercado de San Vicente de Pa&uacute;l, las meriendas en La Nicanora con las l&aacute;nguidas y mal entonadas canciones de mi abuelo Col&aacute;s, el porr&oacute;n de vino con gaseosa, ensaladas de lechuga, tomate, cebolla y huevo duro, at&uacute;n algunas veces &ndash;lo llamamos siempre escabeche-, las sardinas rancias que mi padre envuelve en papel de peri&oacute;dico y destripa en el quicio de la puerta, cerr&aacute;ndola de golpe, la aburrida ofrenda de flores, la demolici&oacute;n progresiva, imparable, de las ruinas de Elata.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con Marita no tartamudeaba. Jug&aacute;bamos a m&eacute;dicos. Altern&aacute;bamos los papeles. Nos acarici&aacute;bamos los muslos, para tonificarlos, nos pon&iacute;amos inyecciones, escarb&aacute;bamos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Yo sacaba mis postales de actores y de actrices, las que recib&iacute;a cada a&ntilde;o por mi santo y por mi cumplea&ntilde;os: Marisol, infinitas postales de Marisol a todo color: rubia, el pelo con un ligero cardado, blusa salm&oacute;n y una rosa roja en la mano izquierda, labios muy encarnados, ojos azules; Marisol vestida de sevillana, otra enorme rosa roja en el pelo a&uacute;n m&aacute;s cardado, su sombra proyect&aacute;ndose junto a un cartel de toros que anuncia al Viti en la Plaza de Toros de Madrid. Marisol, un lazo amarillo en el cardado: aqu&iacute; los ojos parecen de un azul verdoso de pantano; Marisol con el pelo m&aacute;s cardado que nunca, los ojos de nuevo muy azules, jersey rojo de cuello alto. Me volv&iacute;an loco sus palas, su labio inferior, qu&eacute; no habr&iacute;a dado por besar ese labio, rozar sus palas con la puntita de mi lengua. O aquellas otras m&aacute;s viejas, Marisol en blanco y negro, a&uacute;n ni&ntilde;a, con un gorrito de lana, la hermanita que me habr&iacute;a gustado tener: &ldquo;Int&eacute;rprete del Film en Eastmancolor HA LLEGADO UN &Aacute;NGEL de Suevia Films. Temporada 1961&rdquo;. Recib&iacute; la postal dos a&ntilde;os despu&eacute;s, por mi santo. O Marisol sonriente, mirando a la c&aacute;mara, sus finos cabellos largos, rubios, chaquetita de cremallera abierta, camisa a cuadros escoceses, sonriendo con sus palas blanqu&iacute;simas, sus pesta&ntilde;as de limpio dibujo: &ldquo;MARISOL estrella de UN RAYO DE LUZ, producci&oacute;n Benito Perojo &ndash; J. M. Goyanes que presenta Suevia Films&rdquo;. Me la dieron en el cine Goya de Elata, y me la dedic&oacute; la propia Marisol, con bol&iacute;grafo rojo. La dedicatoria, hoy, se ha desvanecido, ya&nbsp; no puede leerse. Pero tambi&eacute;n me gustaban las postales de actrices que recib&iacute;a mi padre: Claudia Cardinale en ba&ntilde;ador rojo, con un espantoso gorro blanco, tumbada en el c&eacute;sped. Raquel Welch acodada en la barra de un bar, junto a un taburete de esquai azul, una copa de champ&aacute;n en la mano derecha, un vestido verde, estampado, de amplio escote, que se abre mostrando el muslo izquierdo, la rodilla, todo muy carnoso, muy rosado. La misma Raquel con jersey a rayas moradas y beiges, pantal&oacute;n corto blanco, apoyando su mano en una silla de terraza, te&ntilde;ida de rubio pajizo. O, la mejor de todas, en blanco y negro, mi actriz favorita: &ldquo;MARILYN MONROE (Norma Jean Daugherty). N. en Los &Aacute;ngeles el 1928. Int&eacute;rprete del Film en Color MARIDOS EN LA CIUDAD (no estrenada), de 20Th Century Fox&rdquo;. De perfil, al pie de una escalera de madera, los brazos extendidos, pantal&oacute;n corto blanco, cintur&oacute;n de tela a lunares, top tambi&eacute;n blanco que se detiene debajo de los pechos, dejando ver el vientre... Marita cog&iacute;a las de actores. Yo, las de actrices. Eleg&iacute;amos cada uno, una, al azar, y el otro deb&iacute;a adoptar la&nbsp; pose de la postal. Raquel Welch sobre el c&eacute;sped: Marita corr&iacute;a a su cuarto, regresaba enseguida al granero de La Torre, donde nos hab&iacute;amos refugiado, se pon&iacute;a su ba&ntilde;ador azul desva&iacute;do, con faldita, y se tumbaba como Raquel, aunque sobre un lecho de paja. Eleg&iacute;a ella, tambi&eacute;n al azar: &ldquo;RIKY NELSON. (N. en Nueva Jersey). Int&eacute;rprete del Film en Technicolor RIO BRAVO de Warner Bros&rdquo;. Me la hab&iacute;a enviado mi t&iacute;a Charo, que era ciega, y alguien hab&iacute;a escrito a su dictado: &ldquo;Yo te deseo, Paulino, / un cumplea&ntilde;os feliz&nbsp; / soplando un poco las u&ntilde;as &ndash;cumpl&iacute;a los a&ntilde;os en diciembre- / y moquita en la nariz. / Pero no te preocupes / que esto pronto pasar&aacute;, / con chocolate caliente / y una copa de co&ntilde;ac / que espero que en este d&iacute;a / te obsequiar&aacute;n tus pap&aacute;s. / Y si quieres ir al cine / no lo hagas repetir: / te lo pagar&aacute; tu t&iacute;a, / y si no quieres sufrir / te calentar&eacute; las u&ntilde;as / y te secar&eacute; la nariz&rdquo;. Riky llevaba pantalones grises, ce&ntilde;idos. Camisa a cuadros rosados. Chaleco marr&oacute;n claro, a juego con el color de las cartucheras. Pa&ntilde;uelo verde al cuello. Sombrero de vaquero. Ojos azules (los m&iacute;os eran ya de un vulgar y anodino marr&oacute;n, m&aacute;s oscuro que el del chaleco de Riky). El pistolero hab&iacute;a desenfundado y sosten&iacute;a sendos rev&oacute;lveres en las manos, de frente a la c&aacute;mara. Corr&iacute; a la f&aacute;brica, a buscar mis cartucheras y mis pistolas de juguete. Marita, a la suya, en el mismo edificio del granero; volvi&oacute; con un viejo chaleco de su abuelo. Pos&eacute; como Riky. Mi turno: Raquel acodada en el bar, la copa de champ&aacute;n en la mano. Marita se sube la falda hasta mostrar una de sus piernas, flaca, blanca como la leche. Brinda con un vaso de gaseosa. Hace un moh&iacute;n con los labios. Su turno: Kirk Douglas en ESPARTACO. Me quito los pantalones, la camiseta, me quedo en calzoncillos y trato de lanzar una mirada furiosa, la espada de madera que yo mismo he fabricado en la mano derecha. Me tenso como un tigre dispuesto a saltar sobre mi presa, otro gladiador esclavo, tan sediento de sangre como yo, adiestrado para luchar o morir obedeciendo las &oacute;rdenes del c&eacute;sar. Marita, al lado del emperador romano invisible, se levanta de pronto, detiene el gesto del amo supremo, y se ofrece como premio al ganador. De rodillas, suplica. El c&eacute;sar concede. Juntos, tumbados en la paja, nos abrazamos con suavidad, imitamos gestos y d&eacute;biles caricias que hemos adivinado en el cine, en los prospectos, en las postales. Tengo su cara junto a la m&iacute;a, noto su aliento en mi mejilla. Acaricio la pelusa de sus muslos, rozan sus labios mi cuello, mi pecho, y dejamos que pase el tiempo. Nos llena un calor ignoto, nuevo. Fuera, cae la tarde, que rompe s&oacute;lo la voz chillona, est&uacute;pida, de su madre.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iexcl;Cu&aacute;ntas cosas me ense&ntilde;a Mall&eacute;n en aquella mohosa Elata! Nos gusta encargarnos de los recados. El piso donde vive don Anselmo, con su mujer, est&aacute; encima de la escuela. All&iacute; ejerce, en los ratos libres que le dejan las clases, de practicante, de callista, y perfora orejas de reci&eacute;n nacidas. Alguna vez nos ocupamos de ir, por el Camino de En Medio, m&aacute;s all&aacute; de la l&iacute;nea del ferrocarril, a esperar a su mujer y ayudarle a traer los bolsos de la compra.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De todo lo que perd&iacute;, lo peor son los prospectos. Cuando nos fuimos de la f&aacute;brica, mi madre hizo una enorme hoguera. Ardieron con ellos los relatos de mil pel&iacute;culas nunca vistas. Se hab&iacute;an ido del barrio, unos a&ntilde;os antes, Marita, Mall&eacute;n, mis amigos del alba de los sue&ntilde;os. Ya no me import&oacute; que aquellos relatos se transformaran en humo. Marita hac&iacute;a tiempo que no estaba all&iacute; para escucharlos. No s&eacute; c&oacute;mo se salvaron las postales de cumplea&ntilde;os y de santos, los actores y las actrices de tan inciertos despertares, en esta vieja caja de zapatos que ha dormido hasta ahora en la casa vac&iacute;a de mis padres.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con Marita no tartamudeaba. Le contaba pel&iacute;culas imaginarias, relatos inventados a partir de la imagen fija de los prospectos. Ella me o&iacute;a sin interrumpirme, insufl&aacute;ndome su aliento caliente de muchacha sin pechos, tr&eacute;mula en la paja, sol&iacute;cita como la buena maestra que sabe escuchar. Fue ella quien me dijo:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Haz recados, muchos recados. Tienes que aprender a hacerlos sin tartamudear. Has de atreverte a pedir cualquier cosa, a explicar.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y as&iacute; me transformo, siempre que puedo, en la sombra de mi padre. Entro el primero en las carnicer&iacute;as, doy las buenas tardes, recojo los vales de entrega, anoto el peso, los precios. Retengo los secretos de cada una. En cada sitio tengo algo por lo que preguntar. Soy la voz de mi padre. Cuento cosas de la escuela, de don Anselmo, de Mall&eacute;n. Nunca de Marita. Preparo las frases en el silencio de la camioneta, mientras mi padre conduce o se detiene en los sem&aacute;foros reci&eacute;n estrenados de la sucia Elata. Luego, tomo aliento, respiro hondo, y lo voy descargando todo poco a poco, muy despacio, sin olvidar ni una s&iacute;laba, colocando una palabra tras otra siguiendo un orden que a m&iacute; me parece perfecto. Me invento cualquier cosa. Me convierto en un charlat&aacute;n, en un farsante. Puedo vender cualquier cosa. Convencer a cualquiera del mayor disparate. Me hago narrador.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El portero del cine Coso me dice un d&iacute;a, sorprendido por mi elocuencia:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Chaval, que te apunta la sombra del bigote. Se te van a rifar las chavalas. Ya me contar&aacute;s, pill&iacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una tarde, en la acequia, ba&ntilde;&aacute;ndonos, chapoteando en el agua embarrada, Marita y yo nos dimos un cabezazo y nuestros labios se rozaron sin querer. Nos dio tanta risa que ella se desnud&oacute; y vi su sexo h&uacute;medo, fangoso y fresco como babosa de ca&ntilde;averal. Hoy es un recuerdo vago, un rastro tenue de niebla en la memoria. Se ri&oacute; con la misma alegr&iacute;a que yo conoc&iacute;a de Mall&eacute;n, un placer asilvestrado. El pelo revuelto y mojado se le pegaba a los ojos, oscuros de agua como la sombra que brillaba entre sus muslos. Le dije que, despu&eacute;s del ba&ntilde;o, pod&iacute;amos ir a buscar regaliz al ribazo que llevaba al Camino de En Medio.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; -Que bien hablas ya, Paulino.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iexcl;Cu&aacute;ntas cosas me ense&ntilde;a Mall&eacute;n en aquel bendito barrio de la mohosa Elata! Por aquellos d&iacute;as, durante uno de los recados de don Anselmo, me empuja hasta los ba&ntilde;os de la escuela. Aprendo a mover mis manos como &eacute;l quiere, despacio. Noto crecer, poco a poco, mi propio calor junto al suyo. El rel&aacute;mpago es t&oacute;nico, alegre, limpio. Mall&eacute;n suelta una de sus risotadas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aquella noche, despu&eacute;s de estar en la acequia con Marita, despu&eacute;s de ir a buscar regaliz en el ribazo, tard&eacute; en dormirme m&aacute;s que de costumbre. Era verano y se o&iacute;a al autillo. So&ntilde;aba despierto, viajando hacia el futuro: aliento de mujeres en el pecho, el tiempo detenido. O, mejor, sin tiempo. Y un calor ignoto, siempre, cada vez renovado.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 10 Dec 2013 07:53:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Paulina Vinderman]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/paulina-vinderman/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/PAULINA_VINDERMAN.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>En mi collage</strong>, hay una luna asombrad&iacute;sima</p>
<p>de mi presencia en la tierra todav&iacute;a,</p>
<p>y un cascote rojo pegado a la palabra puente,</p>
<p>escrita con pincel sobre algo parecido a un muro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Huelen el encierro?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Siempre se hace tarde en ese lugar</p>
<p>y nadie responde el para qu&eacute;.</p>
<p>La oscuridad es una raz&oacute;n, una l&oacute;gica inmutable:</p>
<p>est&aacute; hecha de los corazones de las barajas</p>
<p>que usaba en mis castillos.</p>
<p>Bajo el negro de humo est&aacute; el lobo a mi puerta</p>
<p>(esa puerta recortada de una foto).</p>
<p>Lo acariciar&eacute; en el umbral, lo mirar&eacute; hasta el fondo</p>
<p>de sus ojos de oro inconquistable.</p>
<p>El miedo y la muerte no tienen su figura,</p>
<p>est&aacute;n pintados de blanconada en el rinc&oacute;n derecho</p>
<p>como s&iacute;mbolo de una boda en la nieve,</p>
<p>de la m&uacute;sica que no se oye salvo en la inexistencia</p>
<p>de todos los reflejos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Pueden tocar el dolor?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es una noche sin palabras,</p>
<p>es tu amor distra&iacute;do detr&aacute;s del alambrado visible</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 04 Dec 2013 08:00:32 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Álvaro Cunqueiro, una luz que declina]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/alvaro-cunqueiro-una-luz-que-declina/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/_LVARO_CUNQUEIRO.jpg" alt="" /></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>pero gastar&aacute;s el d&iacute;a, la noche y la muerte</p>
<p><em>sin encontrar jam&aacute;s en el suelo el anillo de oro.</em></p>
<p><em>Quiz&aacute; para esto no hac&iacute;a falta</em></p>
<p><em>que Dios te despertase e hiciese la luz.</em></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &Aacute;lvaro Cunqueiro</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>La obra de &Aacute;lvaro Cunqueiro se destaca sobre el XX espa&ntilde;ol como una &iacute;nsula imaginativa, como un vitral miniado y fabuloso, donde concurren monstruos de varia filiaci&oacute;n y la aventura humana, su extra&ntilde;a propensi&oacute;n a la magia, tratada con benevolencia y humor, con melancol&iacute;a y ternura. Quiero decir que el gran fracaso de Cunqueiro (pues de fracaso se trata), su acierto inesperado y duradero, ha sido &eacute;ste de poner en danza los viejos dioses de la humanidad, los sue&ntilde;os que abultaron la Historia de Occidente, cuando en Espa&ntilde;a se hac&iacute;a una literatura de ra&iacute;z socializante, vindicativa, de eficacia inmediata, muy alejada del hemisferio alado y fantasioso del mindonense.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Por qu&eacute; decimos que Cunqueiro fracas&oacute;? Por varias razones. Una primera ser&iacute;a la divergencia entre el car&aacute;cter de su obra y el momento pol&iacute;tico del siglo, que ped&iacute;a otro tipo de compromisos, adem&aacute;s del literario. En segundo lugar, est&aacute; su concepto de lo maravilloso, la singularidad de sus fantas&iacute;as e invenciones, que excluyen lo fant&aacute;stico moderno: el terror, el p&aacute;nico, la amenaza inconcreta y fluctuante. Y por &uacute;ltimo (existen m&aacute;s razones, pero no &eacute;sta la ocasi&oacute;n para enunciarlas), hay que decir el universo evocado por Cunqueiro, la trabaz&oacute;n del hombre con astros y cosechas, declinaba precisamente en esos a&ntilde;os, asunto crucial cuya importancia ya se&ntilde;al&oacute; Eric Hombsbawm en su <em>Historia del siglo XX</em>. A todo lo cual se a&ntilde;ade que la v&eacute;rtebra caudal de su obra Cunqueiro es el optimismo, la alegre salutaci&oacute;n del mundo y sus prodigios. Y eso, en la &eacute;poca de Sartre y de Hiroshima, del Terror nuclear y la lucha entre bloques, era mucho pedir a sus cong&eacute;neres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Efectivamente, en la obra de Cunqueiro hay una huida de lo pol&iacute;tico, una falta de compromiso inmediato, que viene a corroborarse en su acendrado anticomunismo. Y digo corroborarse, pues Cunqueiro se define pol&iacute;ticamente por negaci&oacute;n, dejando para los dem&aacute;s la filigrana ideol&oacute;gica y el rigod&oacute;n de los esca&ntilde;os. Sin embargo, el anticomunismo de Cunqueiro no procede de un concienzudo an&aacute;lisis, sino de un rechazo visceral a los presupuestos marxistas, pues el hombre de Marx es s&oacute;lo un engranaje, un sumando, un trist&iacute;simo eslab&oacute;n en la cadena industrial de explotaci&oacute;n y royalties, mientras que el hombre de Cunqueiro, el hombre en Cunqueiro, es el centro indiscutido de la Creaci&oacute;n, el heredero de unas voces milenarias y un adanismo cordial, que la izquierda cient&iacute;fica no tiene en cuenta para explicar la realidad, ni falta que le hace. Quiero se&ntilde;alar con esto que el marxismo s&oacute;lo atiende a la situaci&oacute;n econ&oacute;mica del individuo, a su anclaje en el proceso productivo, en tanto que Cunqueiro ve en el ser humano al beneficiario de la inmensa regal&iacute;a de un mundo, y cuyos valores son unos valores sentimentales, culturales, de orden religioso, vinculados a la tierra y la memoria, y a todo lo que nos llama desde una oscuridad fruct&iacute;fera y arcana. O sea, el hombre como&nbsp; tributario, como heraldo de unos siglos anteriores, que cantan su canci&oacute;n de sangre en nuestro pecho. Esa profundidad an&iacute;mica es la que el marxismo ignora en sus razonamientos, y ese espesor de lo sagrado, la carga temblorosa de la Historia, es la que Cunqueiro identifica con el acontecer humano, con su raz&oacute;n misma de existir anudado a un paisaje, a una lengua, a unos mitos comunes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es as&iacute; como se explica f&aacute;cilmente el paso de Cunqueiro desde el regionalismo al falangismo (siempre teniendo en cuenta lo forzado de la situaci&oacute;n), pues su militancia en el Partido Galleguista no se correspond&iacute;a con un republicanismo de izquierdas, sino con un autonomismo de ra&iacute;z tradicional, con un nacionalismo moderado, flolcklorista, conservador, en el que la pol&iacute;tica era un modo de recuperar la esencia de lo gallego, el alma vernacular del viejo Finisterre. Y esto, lo mismo pod&iacute;a hacerse desde el espa&ntilde;olismo brusco y cereal de la Falange, que desde un galleguismo l&iacute;rico, brumoso, matizado, que entronca con la Historia mayor de Espa&ntilde;a. S&oacute;lo es una cuesti&oacute;n de escalas. Lo que no pod&iacute;a hacer Cunqueiro, y en efecto no lo hizo, era simpatizar con unas ideolog&iacute;as que ignoraban todo ese componente espiritual, la trabaz&oacute;n her&aacute;ldica de hombres y lugares, en la que se sustenta el ideario tradicionalista. Para Cunqueiro, ser libre era ser gallego (&ldquo;agora que chegamos&nbsp; un pouco a ser galegos, xa comenzamos un pouco a ser libres&rdquo;, hab&iacute;a escrito en los primeros 30), de modo que la libertad consiste en ahondar en la tradici&oacute;n, en persistir en lo id&eacute;ntico, pero nunca en especulaciones econ&oacute;micas de ratios y salarios base. Es decir, que Cunqueiro era un premoderno, pero un premoderno que conoc&iacute;a ya los males de la modernidad y usaba, a la contra, sus ventajas. &iquest;Cu&aacute;les? El saber antropol&oacute;gico, la Historia acumulada, la arqueolog&iacute;a de mitos y costumbres, que Cunqueiro maneja de una manera ir&oacute;nica, festiva, sentimental, para dar a su literatura el picor y la sorpresa de lo vivo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Seg&uacute;n Ana Mar&iacute;a Spitzmesser, la obra de Cunqueiro es un intento de decir lo indecible, de fabular el franquismo y sus excesos mediante personajes demediados, estupefactos, indecisos, que se mueven entre la voluntad de hacer (Orestes) y la imposibilidad de casar la realidad con esa otra realidad m&aacute;s viva y espumeante de los sue&ntilde;os (<em>El a&ntilde;o del cometa</em>). Para nosotros, sin embargo, el proyecto de &Aacute;lvaro Cunqueiro, su obstinada insistencia en la derrota, no fue la cr&iacute;tica larvada y puntual al compacto silencio del franquismo. Su hallazgo, su discurso, su secreta esperanza, es nada menos que la refutaci&oacute;n de un mundo: ese mundo que nace de las guillotinas y llega a su &aacute;pice de eficacia, a un culmen de brutalidad y des&aacute;nimo, con la bomba de plutonio, las urbes infinitas y la fabricaci&oacute;n en masa (recuerden su art&iacute;culo sobre <em>El pollo racional</em>, ag&oacute;nico y clarividente). De modo que si Cunqueiro escribe contra Franco (cosa que nunca ocurri&oacute;), no lo hace por lo que tiene de caudillo local y tirano a caballo, sino por lo que hay en &eacute;l de dictadura moderna, de burocracia herc&uacute;lea y santificaci&oacute;n del oprobio. &iquest;Fue Cunqueiro un escritor descomprometido? La respuesta es no. S&oacute;lo que su compromiso no era un compromiso al pormenor, de taracea administrativa y decretos-ley. En cualquier caso, no era un compromiso desde la modernidad, sino contra ella, desde un pasado iluminante, m&aacute;s humano y m&aacute;s alto. Lo que Cunqueiro cuestionaba es precisamente esa reducci&oacute;n del hombre a una resma de pliegos notariales y extractos bancarios, a un cientifismo airado de horribles consecuencias. Me refiero a la conversi&oacute;n del hombre en su propio Dios, olvidando su v&iacute;nculo sagrado con el cosmos, la compa&ntilde;&iacute;a salv&iacute;fica de un orden trascendente.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>As&iacute; pues, si tuvi&eacute;ranos que definir la obra de Cunqueiro, dir&iacute;amos que don &Aacute;lvaro trat&oacute; de reintegrar al siglo la vieja&nbsp; intimidad del hombre con el mito. Lo que ocurre es que Cunqueiro, como ciudadano del XX, s&oacute;lo pod&iacute;a hacer esto desde fuera, con las armas de la modernidad (la raz&oacute;n, el an&aacute;lisis, la erudici&oacute;n antropol&oacute;gica), y no desde la fe maciza de otras &eacute;pocas. Y esta es la falla, el abismo insalvable de la literatura cunqueriana. Un continuo acercarse a la piedra milenaria, pero con los trastos y aperos del espele&oacute;logo.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">II</p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>&nbsp;</em><em>La m&uacute;sica no se refuta&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em></em>Eugenio d&rsquo;Ors</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p>Hay un cambio crucial que explica bien la mezcla de extra&ntilde;eza y maravilla, de p&aacute;rvula imaginaci&oacute;n en sepia, que produce la obra de Cunqueiro. Este cambio es la desaparici&oacute;n de la cultura agraria, el fin del tiempo circular y sus dioses nocturnos, feraces, providentes, que aguardan su tributo junto al fuego. Seg&uacute;n Hobsbawm, la vasta migraci&oacute;n del siglo pasado es de igual magnitud a la llegada del Neol&iacute;tico. Lo cual significa, por un lado, que el hombre ha perdido el orbe mitol&oacute;gico que lo sustentaba; y de otra parte, que los nuevos mitos son ya mitos cient&iacute;ficos, acorazados en hierro, sin el entra&ntilde;amiento y la carnalidad de los viejas deidades cereales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esta es la raz&oacute;n de que Cunqueiro provoque cierto estupor en sus nuevos lectores, pues el hombre del XX vive ya naturalmente en el prejuicio tecnol&oacute;gico, en la epifan&iacute;a de lo artificial, mientras que la en obra cunqueriana lo que asoma es la ra&iacute;z agr&iacute;cola de Occidente, la pulcra artesan&iacute;a, el atavismo mineral que une a la mujer y el barro, al oro y el crisol del alquimista. Durante milenios, la humanidad hab&iacute;a vivido atenta al latir de las cosechas, a la fermentaci&oacute;n del vino, y en el breve espacio de una generaci&oacute;n, el Dios de los pastores se hab&iacute;a quedado sin ovejas. Por supuesto, este proceso da comienzo mucho antes, con la divinidad industriosa de la Protesta. Pero es en el XX, despu&eacute;s de la II Guerra Mundial, cuando la ciencia suplant&oacute; definitivamente a una Naturaleza tan pr&oacute;diga como arbitraria. Y esto de un modo irreversible, matem&aacute;tico, exahustivo, sin necesidad de rogativas ni ofrendas a la Virgen. &iquest;Entonces, por qu&eacute; Cunqueiro insiste en sus fabulaciones, en una obra marginal que evoca reinas peregrinas y santos labradores que amistan con los mirlos? Por una raz&oacute;n capital: en el mundo de Cunqueiro, el hombre es la medida de todas las cosas, y el mar o el meteoro son dioses iracundos o mensajes divinos, pero tratan al viajero como lo que es, el centro de la Creaci&oacute;n, la &uacute;ltima raz&oacute;n del Cosmos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ya sea con la mitolog&iacute;a grecolatina, con la iconograf&iacute;a cristiana o las leyendas orientales, lo que Cunqueiro pretende resta&ntilde;ar es la hermandad del hombre y el misterio. Pero misterio no equivale aqu&iacute; a lo monstruoso, a los peligros y asechanzas de la novela moderna. El misterio en Cunqueiro es la profunda ligaz&oacute;n del hombre con el todo, un retreparse a los ancestros y dioses de la aldea, que dan cobijo al animal humano contra la oscuridad del mundo. S&oacute;lo cuando esta protecci&oacute;n desaparezca, cuando el tiempo ya no sea el tiempo circular, <em>El mito del eterno retorno </em>de Mircea Eliade, la maravilla se transformar&aacute; en terror, y el prodigio en amenaza. Quiere decirse que con la ca&iacute;da de los viejos mitos, lo que cae es ese vasto entramado religioso que daba justificaci&oacute;n al hombre. De modo que sin el misterio trascendente, sin el resguardo de la divinidad, el hombre se halla vuelto hacia s&iacute; mismo, girado contra s&iacute;, recelando de un misterio que no es ya aviso del Alt&iacute;simo, compa&ntilde;a ultramundana, sino peligro acrecido con la ciencia, con una naturaleza infausta, con giros y mutaciones que tornan monstruoso lo apacible. La gran diferencia entre los bestiarios medievales que am&oacute; Cunquerio y la bestias modernas a lo <em>Tibur&oacute;n</em> es &eacute;sta: la conversi&oacute;n del milagro en anomal&iacute;a punzante. Y no s&oacute;lo porque las bestias no est&aacute;n ya al servicio del hombre, sino porque la humanidad ha descubierto su bestialidad, su rencor, la desesperaci&oacute;n de saberse &uacute;nico y admirable, orillado e in&uacute;til.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No es casualidad que Cunqueiro abominara del pesimismo de Sartre. El existencialismo fue la religi&oacute;n de los hombres sin fe, y Cunqueiro a&ntilde;oraba la antigua fe que enlaza al hombre con lo inexplicado, o sea con la esperanza. Asunto aparte es que Cunqueiro no entendiera (porque no pod&iacute;a o no quiso), que el existencialismo de posguerra era un humanismo a la desesperada, una b&uacute;squeda de la dignidad junto a la tumba de los dioses (el viejo Nietzsche hizo de p&aacute;rroco en aquel sepelio).&nbsp; &ldquo;Yo he visto el t&uacute;mulo de un dios en Creta./ Creedme, su tama&ntilde;o era el de un hombre&rdquo;, escribe el poeta Julio Mart&iacute;nez Mesanza. Pero Cunqueiro sab&iacute;a ya todo esto, y tambi&eacute;n que sin un cierto grado de irracionalidad, sin un adensamiento en lo oscuro, el hombre se transforma en una bestia pusil&aacute;nime, aterida, y por tanto peligrosa. Digamos que Cunqueiro parte de la idea de Dios, de la Creaci&oacute;n como una ofrenda voluntaria y m&aacute;s alta, y entonces lo que compete a nuestra raza es celebrar perpetuamente ese regalo. Sin embargo, la humanidad del XX hab&iacute;a amortizado sus viejas divinidades, sus idolillos en barbecho, de modo que la gratitud ya no era necesaria, y lo que iba quedando era defenderse, pertetrarse, dar un perfil estoico ante la nada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No olvidemos que Eliade firma <em>El mito del eterno retorno</em> en el a&ntilde;o 47, despu&eacute;s de unas vanguardias que, con Freud, hab&iacute;an buceado en el lago abisal de lo inconciente. De hecho, Cunqueiro empez&oacute; en un surrealismo lorquiano, que luego abandona por una enso&ntilde;aci&oacute;n m&aacute;s p&iacute;a y culturalista, pues Freud rebaja a Dios a la categor&iacute;a de padre col&eacute;rico y ausente, y Cunqueiro buscaba medrar en lo divino, peraltar una tiniebla her&aacute;ldica de obispos y tatarabuelos. Dec&iacute;a que Eliade publica su ensayo a mitad de siglo, y esto significa que el XX comienza pregunt&aacute;ndose por sus pasiones, por un hemisferio equ&iacute;voco y en sombras. Pero tambi&eacute;n que a esas alturas, el tiempo circular, la connivencia del hombre y lo sagrado, ya no eran motivo de fe, sino objeto de estudio. De esta cruda manera es como lo inefable se traslada del p&uacute;lpito a las bibliotecas, y el misterio, la palabra ascendente, huye del atrio a los poemas. O dicho de otro modo, el hombre hab&iacute;a perdido su profundidad, la memoria de la especie, la inmensa crucer&iacute;a que nos lleva, entre m&aacute;rtires y aparecidos, hasta el regazo de Eva.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sin embargo, todo esto no eran m&aacute;s que categor&iacute;as irracionales (&ldquo;la m&uacute;sica no se refuta&rdquo; hab&iacute;a escrito d&acute;Ors refiri&eacute;ndose al nacionalismo de Sabino Arana), y el hombre de la modernidad&nbsp; lo hab&iacute;a apostado todo a la ciencia, a la heredad vicaria y parcelada de la l&oacute;gica. A Cunqueiro le gust&oacute; el ornitorrico por lo que ten&iacute;a de excepci&oacute;n, de misterio, de lujo palpitante y joya viva. Sin embargo, al exahustivizar los conocimientos humanos, lo que hemos quitado es esa capa de enso&ntilde;aci&oacute;n y bruma, el espesor del mito, para quedarnos ante una lucidez brillante, cegadora, ociosa. Sin ese viejo manto, la b&oacute;veda celeste es s&oacute;lo una medida de nuestras soledades. Y nadie querr&aacute; ser un Atlas para nada. He aqu&iacute;, pues, la queja de Cunqueiro, su af&aacute;n inacabado, el fracaso inicial que le llev&oacute; al triunfo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">III</p>
<p style="text-align: left;"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;"><em>La gran lejan&iacute;a que es el mundo</em></p>
<p style="text-align: left;"><em>&nbsp;</em>Ortega y Gasset</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>En definitiva, Cunqueiro pretende restaurar la mansa monarqu&iacute;a de lo maravilloso, cuando el terror moderno llega a su perfecci&oacute;n en Auswitz e Hiroshima. Cunqueiro entremete el tiempo mineral, el lar y la cosecha, cuando la Humanidad ya es una Humanidad urbana, tecnol&oacute;gica, masiva, que ignora por completo el campo. Por &uacute;ltimo, Cunqueiro acude a los ancestros, a su abrigo benigno y lastimero, cuando los dioses dormitan entre ruinas. Pero esto no es el n&uacute;mero de sus errores, sino la n&oacute;mina de sus razones, el &iacute;ndice de los motivos que le llevan a erigir su obra. En cierto modo, la escritura de Cunqueiro es el holograma inverso de una &eacute;poca. Donde hubo sombras, hay luz, donde creci&oacute; el temor, surge el prodigo. Y todo, como digo, en el tiempo m&aacute;s humano de la Naturaleza, pues el hombre actual es ya un esclavo del cron&oacute;metro, y no recuerda en nada a aquel viajero arc&aacute;dico, aquel fauno dichoso, que pastore&oacute; la edad de las espigas y vientre de las uvas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>As&iacute; pues, este nuevo reto&ntilde;ar de la fabulaci&oacute;n y el mito (me refiero a Tolkien, a Lewis, a la saga espacial inventada por Lucas), tienen un precedente ins&oacute;lito, un orondo antepasado, en el escritor de Mondo&ntilde;edo. Quiero decir que el regreso de la &eacute;pica, la vida hecha camino y aventura, estaban ya en Cunqueiro como un avizoramiento natural de lo que el siglo esperaba. Quiz&aacute; Cunqueiro lleg&oacute; demasiado pronto, o quiz&aacute; err&oacute; en el &aacute;mbito de sus indagaciones y nostalgias. Lo cierto es que desde las vanguardias hasta Eliade, desde Poe hasta Freud y lo real maravilloso, el hombre ha buscado un sumidero por el que huir de la Era de las Ciencias. El problema es la imposibilidad de esta huida, pues s&oacute;lo escapamos cient&iacute;ficamente, anal&iacute;ticamente, a trav&eacute;s de la l&oacute;gica y el escrutinio, bien glosando los mitos hebreos, como Graves, bien dando carne te&oacute;rica a lo que fue vivencia indiscutida, entra&ntilde;amiento y fiebre, mudo temblor ante lo eterno, como en L&eacute;vi-Strauss o Malinowski. Esto es lo que luego han hecho la historia de las mentalidades y la escuela de los Annales (Le Goff, Braudel, Delemeau, Lucien Febvre, etc&eacute;tera), pero siempre contemplando el misterio desde fuera, como arque&oacute;logos de un saurio hecho de humo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por otra parte, lo real maravilloso tal vez deba su &eacute;xito a una ausencia de lo trascendente, a su extra&ntilde;o irracionalismo sin dioses ni hechiceros (en Tolkien o Harry Potter encontramos la magia, pero no la alegr&iacute;a, la huella de la divinidad, el v&iacute;nculo con lo sagrado). Sin embargo, en Cunqueiro, no s&oacute;lo nos topamos al Dios de los cat&oacute;licos; tambi&eacute;n, y principalmente, nos hallamos ante el Dios ni&ntilde;o de Bel&eacute;n, ante el Hijo del Hombre y el Dios entre peroles de Santa Teresa. Es decir, ante una divinidad alegre, caritativa, humana, que habla en nombre del perd&oacute;n (&ldquo;la gran perdonanza&rdquo; de Cunqueiro) y cambia su vida por la nuestra. Ya hemos visto que para Ortega el mundo era un distanciarse, una extra&ntilde;eza radical que a la vuelta nos singulariza. En Cunqueiro, por contra, el universo no es m&aacute;s que una extensi&oacute;n del hombre, un cuerpo vibr&aacute;til y animado, inmensa cercan&iacute;a, que linda con el coraz&oacute;n del hombre. As&iacute; pues, &ldquo;el silencio significante de las cosas&rdquo; que dec&iacute;a Bataille, es ese idoma secreto de los seres sin idoma, que dicen al viajero su palabra de piedra, su rezo milenario. &iquest;C&oacute;mo, entonces, iba a llegar Cunqueiro a la trascendencia arenosa de Miguel &Aacute;ngel Asturias, o a la violencia art&uacute;rica, sombr&iacute;a, de mister Tolkien? La obra de Cunqueiro es una epifan&iacute;a, pero una epifan&iacute;a que nadie supo entender, que nadie quiso escuchar, atentos como est&aacute;bamos al traj&iacute;n nuclear y el lento rumiar de la conciencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Vista en la distancia, la obra de Cunqueiro se aparece como un magno fracaso, igual que en su adorado Chateaubriand, pues ambos escriben ya desde otro mundo, asidos a la fe y al bulto amigo de los muertos. Cunqueiro acierta al reclamar la magia, y se equivoca al pensar que un d&iacute;a volver&aacute; la Edad de Oro (una edad, por otra parte, que jam&aacute;s ha existido). Lo cierto es la Humanidad hab&iacute;a cambiado irreversiblemente, y el paso demorado de Rabelais, la calma tabernaria de Boswell y de Johnson, el mito de las islas Sevarambas, ya no eran posibles. Ese optimismo ingenuo de Cunqueiro, los siglos al trasluz que dan cuerpo a sus libros, no pod&iacute;an cuadrar con una &eacute;poca hecha a la prisa, al horror, a las masas urbanas y la producci&oacute;n en serie. Si hemos de decir la verdad, Cunqueiro nos gusta por cuanto tiene de perdedor, de so&ntilde;ador, de tierno palad&iacute;n con gafas de montura y manos abaciales. A lo cual a&ntilde;adimos un principio d&rsquo;orsiano: &ldquo;aquel que ordena que, bajo la pluma del verdadero escritor, toda palabra sea neologismo&rdquo;. As&iacute; se cumpli&oacute; y as&iacute; se hizo en la escritura de esta luz declinante, de este faro nocturno, vig&iacute;a esperanzado y fabuloso, que fue &Aacute;lvaro Cunqueiro.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 04 Dec 2013 07:49:08 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carminus]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/carminus/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/AMALIA_BAUTISTA_1.jpg" alt="" /></p>
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<p>No es una pesadilla y no es un dulce sue&ntilde;o.</p>
<p>Empieza a amanecer, camino sola</p>
<p>por calles de un lugar que no conozco</p>
<p>en el que no me siento extra&ntilde;a ni extranjera.</p>
<p>Aun as&iacute; me sorprende cada cosa,</p>
<p>la luz que va llegando a las paredes,</p>
<p>el eco de mis pasos, el olor de los patios</p>
<p>con naranjos y fuentes y azulejos,</p>
<p>el temblor que me agita en una esquina</p>
<p>(quiz&aacute; el fr&iacute;o, quiz&aacute; la negra vida).</p>
<p>Abiertos los zaguanes a mis ojos,</p>
<p>su frescor, su penumbra, parece que me hablan</p>
<p>en un idioma antiguo que mi sangre recoge.</p>
<p>Tantas puertas abiertas como bocas,</p>
<p>pero tu voz no sale de ninguna.</p>
<p>Y ninguna me llama por mi nombre.</p>
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      <pubDate>Tue, 26 Nov 2013 13:57:56 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Material sensible]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/material-sensible/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/MIGUEL_MENA_1.jpg" alt="" /></p>
<p>Rub&eacute;n tiene quince a&ntilde;os, un perro, una hermana mayor y una madre viuda. Rub&eacute;n tambi&eacute;n tiene algunos amigos, casi todos del colegio y a la vez del barrio. Con ellos mata las tardes en el parque o donde les dejan, a veces tambi&eacute;n en el Centro Cultural, en la ludoteca, hasta que alguno se pone burro o rompe algo y los echan:</p>
<p>&nbsp;-Fuera de aqu&iacute;, que vosotros ya sois muy mayores.</p>
<p>Rub&eacute;n no es de los ruidosos ni de los que arman broncas. Rub&eacute;n es uno m&aacute;s del grupo. Se r&iacute;e cuando hay que re&iacute;r, pero rara vez es &eacute;l quien provoca las risas. Juega cuando hay que jugar, pero rara vez propone &eacute;l los juegos. Si toca f&uacute;tbol, se pone de defensa. Si hay que arrimarse a un grupo de chicas, &eacute;l se queda en la segunda fila. Rub&eacute;n es majo, est&aacute; integrado, sus amigos le aprecian, pero no es al primero que llaman para correrse una juerga, y si falta en algo, bueno, pues tampoco pasa nada.</p>
<p>La madre de Rub&eacute;n no tiene grandes quejas de &eacute;l. A veces echa en falta a su marido para presionarle un poco m&aacute;s con los estudios, pero ya tiene asumido que el chico no ir&aacute; a la universidad. No es mal estudiante, pero siempre arrastra un par de suspensos. Simplemente, no da m&aacute;s de s&iacute;. No le gusta. No es de los que memorizan. Tampoco le van las teor&iacute;as. Al chico le gustan las cosas pr&aacute;cticas. Nada de geograf&iacute;a, nada de historia, nada de tesis ni teoremas. A Rub&eacute;n le gusta destripar aparatos, unir cables, encajar piezas. Es h&aacute;bil con las manos. Cuando acabe la ense&ntilde;anza obligatoria se orientar&aacute; hacia alg&uacute;n aprendizaje que tenga que ver con la mec&aacute;nica o la electr&oacute;nica. Su madre lo tiene asumido y le parece bien. La hermana de Rub&eacute;n ha terminado de convencer a su madre:</p>
<p>-Con eso nunca le faltar&aacute; trabajo. El paro est&aacute; lleno de licenciados, pero a los mec&aacute;nicos y los electricistas se los disputan las empresas.</p>
<p>La familia de Rub&eacute;n ser&iacute;a una familia normal si el c&aacute;ncer no se hubiera llevado a su padre demasiado pronto. La madre de Rub&eacute;n echa de menos a su marido, pero no tiene queja de sus hijos. Su hija Raquel es seria, m&aacute;s responsable de lo que suele ser habitual en una chica de su edad, s&oacute;lo veintitr&eacute;s a&ntilde;os. Raquel madur&oacute; de golpe con la muerte de su padre y siempre ha ayudado a su madre con el peque&ntilde;o. Rub&eacute;n siempre ser&aacute; el peque&ntilde;o, el tardano, el ni&ntilde;o. Para su madre sigue siendo un poco inocente, pero casi lo prefiere as&iacute;, sin malicia, m&aacute;s infantil de lo que marca su edad.</p>
<p>El segundo domingo de mayo, Rub&eacute;n le pide permiso a su madre para acudir con sus amigos a la romer&iacute;a de San Gregorio. Es una fiesta con gran tradici&oacute;n en el barrio y la &uacute;nica oportunidad en todo el a&ntilde;o de visitar la ermita del santo y su entorno. Hace muchos a&ntilde;os que el edificio qued&oacute; enclavado en terrenos militares, dentro del campo de maniobras m&aacute;s grande de Europa, m&aacute;s de treinta y tres mil hect&aacute;reas, 333 kil&oacute;metros cuadrados de lomas y barrancos. Un enorme barbecho atravesado por caminos que s&oacute;lo recorren jeeps, camiones, tanques, veh&iacute;culos oruga, infanter&iacute;a y artiller&iacute;a de todos los pa&iacute;ses de la OTAN. Casi un peque&ntilde;o pa&iacute;s de oficiales y soldados, sobrevolado por helic&oacute;pteros de combate que levantan enormes nubes de polvo. La Rep&uacute;blica de San Marino es cinco veces menor. El Gran Ducado de Liechtenstein ocupa la mitad de espacio. El Principado de Andorra es s&oacute;lo un poco m&aacute;s grande. Pero en el campo de San Gregorio apenas hay nada. No hay r&iacute;os ni pozos. Escasean los &aacute;rboles y abundan&nbsp; los matojos. La fauna se reduce a alg&uacute;n conejo, mucha lagartija y todo tipo de insectos. En ocasiones se apodera del lugar alguna plaga de langosta.</p>
<p>Cuando los militares asumieron el control de esa gigantesca finca, la ermita de San Gregorio se qued&oacute; varada all&iacute;, en el rinc&oacute;n m&aacute;s arbolado del campo de maniobras, visible desde la carretera y visitable s&oacute;lo una vez al a&ntilde;o, para permitir que los vecinos del Rabal, del Picarral y del Cascajo mantengan una tradici&oacute;n de muchos siglos.</p>
<p>Ya son muy pocos los que acuden por devoci&oacute;n. Para la gran mayor&iacute;a es una excusa para pasar un d&iacute;a de campo en un espacio en el que&nbsp; no hay otra forma de entrar. Cuando el tiempo acompa&ntilde;a, cientos de personas se acercan hasta la ermita, colocan sus manteles a la sombra de los &aacute;rboles y comen por all&iacute;, entre actuaciones folcl&oacute;ricas y juegos para entretener a los chavales.</p>
<p>Rub&eacute;n y sus amigos llevan peque&ntilde;as mochilas con bocadillos, cantimploras, alguna pelota tras la que correr y alguna linterna que no necesitar&aacute;n, pero que no debe faltar en el equipaje de un buen explorador. Rub&eacute;n y sus amigos, algunos m&aacute;s que otros, se sienten exploradores en un terreno misterioso, el que est&aacute; tras las alambradas y las garitas de vigilancia, el que vigilan hombres armados, el que cuenta con suficientes &aacute;rboles para esconderse, pinos de repoblaci&oacute;n que han conseguido arraigar en un monte hostil y se mantienen firmes desde hace cincuenta a&ntilde;os.</p>
<p>Hay un momento durante la fiesta en el que se forma una procesi&oacute;n que parte de la ermita con destino a la Cruz de los T&eacute;rminos, el punto donde, desde hace siglos, el sacerdote saca su hisopo y bendice las tierras hacia los cuatro puntos cardinales para que San Gregorio Magno proteja las cosechas de todo el contorno. No todo el mundo participa en ese recorrido a trav&eacute;s del monte. Muchos se quedan en torno a la ermita, participando en juegos o ultimando la comida. Los amigos de Rub&eacute;n prefieren seguir con la pelota, pero &eacute;l siente la curiosidad de ver qu&eacute; hay un poco m&aacute;s all&aacute;, de internarse un poco m&aacute;s en el territorio prohibido aprovechando que esta ma&ntilde;ana hay bula militar.</p>
<p>Rub&eacute;n coge su mochila y se une a la procesi&oacute;n. Sus amigos se lo reprochan a gritos:</p>
<p>-&iexcl;&iquest;D&oacute;nde vas?! &iquest;Te has vuelto monaguillo o qu&eacute;?</p>
<p>Rub&eacute;n se r&iacute;e, dice a gritos que vuelve enseguida y una mujer de la comitiva se vuelve, le mira con extraordinaria severidad y le recrimina:</p>
<p>-&iexcl;A ver si tenemos un poco m&aacute;s de respeto, que aqu&iacute; no se viene a gritar!</p>
<p>Rub&eacute;n se encoge de hombros y ralentiza su paso para descolgarse del grupo donde va la se&ntilde;ora malencarada. La procesi&oacute;n avanza por un terreno sinuoso, entre pinos y carrascas. Los de delante cantan los gozos al santo, los de atr&aacute;s van en silencio o cuchichean.</p>
<p>En un momento del paseo, Rub&eacute;n se aparta del grupo, se desv&iacute;a del camino y se interna entre los pinos chaparros. Zigzaguea entre los &aacute;rboles. Otea el horizonte. Curiosea por los senderos.</p>
<p>De pronto, un objeto met&aacute;lico llama su atenci&oacute;n. Est&aacute; en suelo, entre unos hierbajos. No brilla. Es un objeto oscuro, un cilindro que se ensancha en su parte superior. Parece la mano de un mortero, el palo con que se machaca el perejil y el ajo, pero es otra cosa, es una granada de mano. Rub&eacute;n no lo sabe. En su imaginaci&oacute;n, las granadas de mano son como pi&ntilde;as met&aacute;licas y tienen una anilla que hay que arrancar antes de lanzarlas contra el enemigo. Eso es lo que Rub&eacute;n ha visto en las pel&iacute;culas. Lo que recoge ahora parece otra cosa. No sabe bien qu&eacute; es. Una pieza extra&ntilde;a, algo que se habr&aacute; desprendido de un avi&oacute;n o un tanque, un peque&ntilde;o tesoro con el que adornar ese d&iacute;a de campo.</p>
<p>Rub&eacute;n guarda la granada en su mochila y vuelve junto a sus amigos. Quiere ense&ntilde;arles su hallazgo, pero hay demasiada gente alrededor y lo deja para m&aacute;s tarde. Aparca su mochila junto a las otras, se integra en los juegos y se olvida.</p>
<p>Pasan las horas, decrece la intensidad de los juegos y empiezan a surgir las primeras voces que anuncian la deserci&oacute;n:</p>
<p>-T&iacute;os, yo me largo.</p>
<p>Rub&eacute;n se apunta de los primeros a marchar de all&iacute;. Acaba de recordar lo que guarda en la mochila y piensa que ya es momento de destriparlo. Al final ha optado por no comentar nada con sus amigos: los conoce y sabe que querr&aacute;n verlo all&iacute; mismo, que se empe&ntilde;ar&aacute;n en sacarlo de la mochila y comprometerle delante de la gente de alrededor.</p>
<p>Hacen auto-stop para volver al barrio, pero nadie les coge y no se libran de la caminata. Cuando llegan, est&aacute;n todos cansados y cada uno se va a su casa. Rub&eacute;n abre el portal, coge el ascensor, entra en casa y s&oacute;lo su peque&ntilde;o perro sale a recibirle. No hay nadie m&aacute;s en casa. Rub&eacute;n mira el reloj, calcula que su madre estar&aacute; en casa de una amiga y que todav&iacute;a tardar&aacute; un rato en volver para preparar la cena. Tiene tiempo de sobra para ver qu&eacute; es eso qu&eacute; ha encontrado en el campo.</p>
<p>Rub&eacute;n saca un refresco de la nevera, busca un destornillador en la caja que guardan en la despensa, enciende la tele y se sienta en el sof&aacute;, con el perro al lado. Rub&eacute;n da un trago de la lata, saca la granada de la mochila y hace palanca con el destornillador en una juntura.</p>
<p>Ah&iacute; se acaba todo.</p>
<p>Se escucha una explosi&oacute;n, tiembla toda la casa, se oye el estr&eacute;pito de los</p>
<p>cristales rotos, despu&eacute;s unos segundos de humo y un breve silencio antes de que los vecinos de alrededor se asomen gritando a las ventanas.</p>
<p><strong></strong>Rub&eacute;n y su perro han muerto. A veces las cosas son as&iacute; de r&aacute;pidas. Adi&oacute;s a las clases, adi&oacute;s a los amigos, adi&oacute;s a las excursiones, adi&oacute;s a las aventuras. No habr&aacute; m&aacute;s lunes para Rub&eacute;n.</p>
<p>Ya se escuchan las sirenas de los servicios de socorro; en unos minutos la calle se llena de gente que cruza apuestas sobre el origen de la explosi&oacute;n. Gana el butano por goleada. Ni uno solo imagina cu&aacute;l es la realidad.</p>
<p>La realidad que encuentran los primeros que acceden al piso es que no huele a gas y que en el&nbsp; interior hay un ni&ntilde;o y un perro muertos. Nada que hacer, eso es evidente. S&oacute;lo dejar que la polic&iacute;a investigue y aguardar la llegada del juez.</p>
<p>Antes de que llegue la autoridad judicial, llegar&aacute;n la madre y la hermana de Rub&eacute;n, por caminos separados pero casi a la vez, consternadas, incr&eacute;dulas, ansiosas por certificar que las llamadas de urgencia que han recibido son un error, que no es su casa, que es otra, o quiz&aacute; todo ha sido un error, una broma pesada, una alarma injustificada. Pero la verdad es mucho peor de lo que pod&iacute;an imaginar, y las dos se desmoronan, y los servicios m&eacute;dicos, que no han podido hacer nada con Rub&eacute;n, tienen la oportunidad de sentirse &uacute;tiles atendiendo la crisis nerviosa de dos mujeres que no entienden nada.</p>
<p>La prensa ya est&aacute; all&iacute;. Se toman im&aacute;genes, se busca a los vecinos para que den su visi&oacute;n de los hechos. Poco a poco se van sabiendo detalles. La aparici&oacute;n de un amigo de Rub&eacute;n, uno de la pandilla que ha estado en San Gregorio, aporta una pista trascendental. Enseguida se corre la voz de que el chico ha estado en terrenos militares.</p>
<p>El rumor llega a su hermana, y su hermana se lo recuerda a su madre, y la madre de Rub&eacute;n empieza a tener la certeza de que ya no llorar&aacute; m&aacute;s por su marido muerto. A partir de ahora s&oacute;lo le quedar&aacute;n l&aacute;grimas por su hijo. Un dolor se suma a otro dolor, pero &eacute;ste nuevo pesa tanto que tapa todos los dem&aacute;s.</p>
<p>El barrio est&aacute; alborotado. El tedio de la tarde del domingo se ha convertido en un terremoto de asombro y de comentarios. Cuando llegue la noche, ya todo el mundo sabr&aacute;, de alguna manera m&aacute;s o menos adornada, que el chico ha muerto por algo que recogi&oacute; en San Gregorio. Lo dicen ya los boletines de radio y es la conjetura sobre la que redactan los periodistas encargados del caso en los diferentes peri&oacute;dicos.</p>
<p>El lunes, la muerte de Rub&eacute;n ocupa un lugar destacado junto a los resultados de la liga. Las autoridades civiles, militares y eclesi&aacute;sticas lamentan lo sucedido. Ninguno parece sentirse responsable. Ha sido la fatalidad, la mala cabeza del muchacho, la poca vigilancia que ejercen los padres de hoy en d&iacute;a.</p>
<p>La madre de Rub&eacute;n no tiene &aacute;nimo para leer ni escuchar las noticias. Su hermana s&iacute;. La hermana de Rub&eacute;n se enciende, est&aacute; rabiosa, no puede soportar que todos parezcan se&ntilde;alar a la v&iacute;ctima como el &uacute;nico culpable. Una vez pasados el entierro y un sentido funeral en el barrio, la hermana de Rub&eacute;n recorre uno por uno los medios informativos de la ciudad para hacerse o&iacute;r. En todos la atienden con cordialidad, recibe muchos p&eacute;sames, la escuchan con atenci&oacute;n y la despiden con buenas palabras, pero casi todos han dado ya por cerrado el caso. Hay muchos sucesos cada d&iacute;a, y seg&uacute;n se aleja la fecha de la muerte de Rub&eacute;n ya queda poco que decir sobre ella. S&oacute;lo en Radio Central se encuentra con un redactor especialmente amable que parece dispuesto a prolongar el caso:</p>
<p>-Y dices que tu hermano no era un chico revoltoso&hellip;</p>
<p>-No hizo una trastada en su vida. Era un ni&ntilde;o introvertido. Lo mat&oacute; la curiosidad. No tolero que le llamen irresponsable. Si hubiera sido un gamberro, se habr&iacute;a liado a pedradas con la granada cuando la vio y la explosi&oacute;n habr&iacute;a sido en San Gregorio&hellip;</p>
<p>-Pero se meti&oacute; por donde no deb&iacute;a&hellip;</p>
<p>-No es verdad. Las prohibiciones est&aacute;n por fuera de la valla. Una vez que te franquean el paso para la romer&iacute;a, alguien deb&iacute;a tener la responsabilidad de que no hubiera nada peligroso en el entorno de la ermita&hellip;</p>
<p>El redactor comprende los argumentos de la hermana de Rub&eacute;n. Piensa que defiende a su hermano con convicci&oacute;n y que no le sobran motivos para pedir explicaciones. El redactor graba sus palabras y extrae algunos de sus testimonios para el programa de la tarde. Le promete que va a mover el caso, le pide un tel&eacute;fono de contacto y quedan emplazados para ver c&oacute;mo evolucionan las cosas en los pr&oacute;ximos d&iacute;as. Cuando el redactor le comenta a su jefe que le gustar&iacute;a mantener abierto el caso de la muerte del chaval, el jefe demuestra poco entusiasmo:</p>
<p>-Me parece que con eso ya no hay nada que hacer.</p>
<p>-La familia va a llevar la muerte del chico a los tribunales.</p>
<p>-Sufrir&aacute;n m&aacute;s y perder&aacute;n el tiempo. El chico se llev&oacute; algo que no ten&iacute;a que haber cogido.</p>
<p>-El chico se llev&oacute; algo que no ten&iacute;a que estar all&iacute;. La familia no se conforma con una nota de p&eacute;same.</p>
<p>-Haz lo que quieras, pero en tus ratos libres. A m&iacute; me cubres el d&iacute;a a d&iacute;a y, si quieres hacer de justiciero, te buscas un hueco para los fines de semana.</p>
<p>&ldquo;Las empresas no tienen sensibilidad&rdquo;, piensa el redactor tras conversar con su jefe. Pero no se desanima. Llama a la hermana de Rub&eacute;n, queda con ella en una c&eacute;ntrica cafeter&iacute;a, le comenta que cuenta con el respaldo de su emisora y que en los pr&oacute;ximos d&iacute;as espera agitar un poco el asunto. La hermana se lo agradece y sonr&iacute;e, aunque en sus&nbsp; ojos hay una inmensa tristeza.</p>
<p>En los d&iacute;as sucesivos, el redactor tendr&aacute; que llamar veinte veces antes de que el ministerio de Defensa autorice a alguien para responder a sus preguntas. El portavoz designado para atenderles, s&oacute;lo por tel&eacute;fono, lo hace con desgana:</p>
<p>-Le advierto que ya hubo una nota oficial y que no vamos a a&ntilde;adir nada nuevo.</p>
<p>-La familia est&aacute; dispuesta a llevarles a juicio. &iquest;No tienen nada que decir a eso?</p>
<p>-Lamentamos profundamente la muerte del chaval, pero se produjo en un domicilio particular y con material sustra&iacute;do de una instalaci&oacute;n militar.</p>
<p>-Pero alguien tendr&iacute;a la responsabilidad de limpiar de restos peligrosos una zona a la que se permiti&oacute; el acceso de civiles&hellip;</p>
<p>-La magnitud del campo de maniobras hace pr&aacute;cticamente imposible que se pueda supervisar cada metro cuadrado. Los civiles que acceden el d&iacute;a de la romer&iacute;a est&aacute;n advertidos de que entran en terrenos militares y que no deben salirse de los espacios acotados para la fiesta.</p>
<p>-&iquest;Se han planteado alg&uacute;n tipo de indemnizaci&oacute;n para la familia?</p>
<p>-A la familia se le transmitieron nuestras condolencias de forma inmediata. Es todo lo que podemos hacer en un caso que se escapa a nuestra responsabilidad.</p>
<p>&ldquo;Los militares no tienen sensibilidad&rdquo;, piensa el redactor cuando desde el ministerio dan por finalizada la conversaci&oacute;n. Llama a la hermana de Rub&eacute;n, queda con ella en una c&eacute;ntrica cafeter&iacute;a y le informa de sus gestiones. Aunque no ha habido ning&uacute;n avance, la hermana de Rub&eacute;n le agradece el inter&eacute;s y los dos conversan animadamente. Al principio hablan de Rub&eacute;n, del estado an&iacute;mico de la madre de Rub&eacute;n, de la incomprensi&oacute;n y de los golpes que da la vida, pero luego la conversaci&oacute;n se dispersa por otros caminos y hablan de s&iacute; mismos, de sus trabajos, de sus inquietudes. Cuando se despiden, el redactor le promete que va a seguir con el caso, que volver&aacute; a llamarla, que lo har&aacute; m&aacute;s temprano que tarde.</p>
<p>En los d&iacute;as siguientes el redactor concierta una cita con la Hermandad de San Gregorio. A ella acuden el presidente y varios miembros de la junta de gobierno. Todos hombres de edad, hombres de orden, hombres serios que acogen con recelo al redactor y apenas le dejan hablar, pues se lanzan en tropel a defender sus argumentos:</p>
<p>-Lo que pasa es que los chicos de hoy no respetan a nadie&hellip;</p>
<p>-&iquest;A qu&eacute; fue ese chaval? A honrar al santo no, desde luego&hellip;</p>
<p>-A&uacute;n pudo haber una desgracia mayor. &iexcl;Imag&iacute;nese que se pone a destripar la bomba en plena romer&iacute;a!</p>
<p>-Lo que no hay derecho es que los medios de comunicaci&oacute;n hagan sensacionalismo con esto&hellip;</p>
<p>-No hay derecho a que critiquen al ej&eacute;rcito. Con nosotros todo son facilidades&hellip;</p>
<p>-&iquest;Y d&oacute;nde estaba la familia del chico? &iquest;Se puede dejar solos a chicos as&iacute;?</p>
<p>-Seguro que somos los que m&aacute;s hemos rezado por ese pobre chaval, pero lo que no puede ser, no puede ser&hellip;</p>
<p>&ldquo;Los cofrades no tienen sensibilidad&rdquo;, piensa el redactor cuando se marcha de all&iacute;, completamente aturdido, sin haber podido meter baza, sin que hayan disimulado la hostilidad que hacia &eacute;l. Llama a la hermana de Rub&eacute;n, le propone quedar un poco m&aacute;s tarde y hacerlo en un restaurante. La chica se lo agradece, pero no quiere dejar sola a su madre en la cena. Por la noche las tristezas se notan m&aacute;s. El redactor lo comprende y vuelven a quedar en un bar. All&iacute; hablan de demandas, de abogados, de juicios, de indemnizaciones. El redactor ya sabe que el dinero no devuelve una vida, pero se trata de no olvidar, de hacer justicia, de que al menos alguien pague por una muerte que&nbsp; nunca debi&oacute; ocurrir. El redactor anima a la chica. Le dice que &eacute;l a&uacute;n cree en el valor social de los medios de comunicaci&oacute;n. Hablan de recursos, de recogidas de firmas, de movilizaciones vecinales, de un colegio que no puede permanecer callado, de pancartas enarboladas por los amigos de Rub&eacute;n, ni&ntilde;os inocentes que podr&iacute;an haber muerto como &eacute;l. El redactor expresa empuje y convencimiento. El redactor contagia sus ganas de sacar aquello adelante. El redactor est&aacute; tan metido en su papel que no se percata de que la mirada de Raquel se escapa un segundo hacia la puerta del bar, la puerta por donde en ese momento entra un joven, un joven que se acerca a ellos, un joven al que la hermana de Rub&eacute;n recibe con un beso, un joven que le tiende la mano al redactor mientras la chica lo presenta:</p>
<p>-Este es Juan, mi novio.</p>
<p>El redactor se levanta y estrecha su mano. No esperaba la visita, pero hace lo que puede por disimular su sorpresa. Juan se sienta. Pregunta c&oacute;mo va todo. Raquel le traslada las esperanzas que acaba de recibir del redactor. El periodista se quita importancia:</p>
<p>-Lo importante es mantener el caso vivo. Despu&eacute;s, ya se ver&aacute;.</p>
<p>Hablan los tres, pero poco porque el redactor recuerda que a&uacute;n tiene que pasar por la radio para dejar un asunto resuelto. Se despide cordialmente de la pareja. Dice que seguir&aacute;n en contacto. Hace adem&aacute;n de pagar, pero el novio de Raquel se lo impide. El redactor no insiste.</p>
<p>Cuando llega a la radio, enciende el ordenador, abre la carpeta con el t&iacute;tulo &ldquo;Ni&ntilde;o Muerto&rdquo; y repasa lo que ha guardado de Rub&eacute;n: el ni&ntilde;o m&aacute;s bien introvertido, el ni&ntilde;o que alg&uacute;n d&iacute;a estudiar&iacute;a electr&oacute;nica o mec&aacute;nica, el ni&ntilde;o que fue con sus amigos de romer&iacute;a. Repasa tambi&eacute;n los pasos que pensaba seguir en d&iacute;as pr&oacute;ximos: la asociaci&oacute;n de vecinos, el ayuntamiento, el Defensor del Pueblo. Luego repasa las previsiones para el d&iacute;a siguiente, confirma lo apretada que est&aacute; la agenda, suspira, cierra esa carpeta, vuelve a colocar la flecha sobre &ldquo;Ni&ntilde;o Muerto&rdquo;, pincha en &ldquo;eliminar&rdquo; y le confirma a la m&aacute;quina que s&iacute;, que desea enviar &ldquo;Ni&ntilde;o Muerto&rdquo; a la papelera de reciclaje, mientras piensa, con un punto de amargura, que las chicas no tienen sensibilidad&rdquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 26 Nov 2013 13:49:58 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Horizonte de invierno]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/horizonte-de-invierno/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/ABEL_MURCIA_1.jpg" alt="" /></p>
<p class="ecxmsonormal">&nbsp;</p>
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<p class="ecxmsonormal">&nbsp;</p>
<p class="ecxmsonormal">Se arremolina la luz entre nubes</p>
<p class="ecxmsonormal">grises de un febrero que se repite</p>
<p class="ecxmsonormal">tarde tras tarde. &Aacute;rboles y sombras</p>
<p class="ecxmsonormal">monocrom&aacute;ticos buscan un cielo</p>
<p class="ecxmsonormal">&nbsp;</p>
<p class="ecxmsonormal">que los justifique y a m&iacute; con ellos.</p>
<p class="ecxmsonormal">Hoy el invierno son restos de nieve</p>
<p class="ecxmsonormal">que lo recuerdan, y este traqueteo</p>
<p class="ecxmsonormal">incoloro de muchos de mis viernes</p>
<p class="ecxmsonormal">&nbsp;</p>
<p class="ecxmsonormal">entre un aqu&iacute; y all&iacute; que son el mismo</p>
<p class="ecxmsonormal">espacio. Las horas nos traen la noche;</p>
<p class="ecxmsonormal">a las 17.30 &ndash; el d&iacute;a</p>
<p class="ecxmsonormal">ya es m&aacute;s largo &ndash; el universo es oscuro,</p>
<p class="ecxmsonormal">negro, y yo, t&uacute;, todos, simples rehenes</p>
<p class="ecxmsonormal">de una luz que ha robado el horizonte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 25 Nov 2013 08:25:52 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los gatos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/los-gatos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/KARMELO_IRIBARREN_2.jpg" alt="" /></p>
<p style="padding-left: 690px;">Lentos</p>
<p style="padding-left: 690px;">por las aceras,</p>
<p style="padding-left: 690px;">inm&oacute;viles</p>
<p style="padding-left: 690px;">en las repisas,</p>
<p style="padding-left: 690px;">aovillados</p>
<p style="padding-left: 690px;">en los sof&aacute;s,</p>
<p style="padding-left: 690px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 690px;">nos miran,</p>
<p style="padding-left: 690px;">nos observan,</p>
<p style="padding-left: 690px;">nos escrutan.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 690px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 690px;">Llevan</p>
<p style="padding-left: 690px;">miles de a&ntilde;os</p>
<p style="padding-left: 690px;">haci&eacute;ndolo.</p>
<p style="padding-left: 690px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 690px;">Y siguen</p>
<p style="padding-left: 690px;">marcando</p>
<p style="padding-left: 690px;">las distancias.</p>
<p style="padding-left: 690px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 690px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 25 Nov 2013 08:20:10 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El cuento de siempre acabar]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-cuento-de-siempre-acabar/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/MEDARDO_FRAILE_1.jpg" alt="" /></p>
<p>&ldquo;Abraham sigui&oacute; estando con Yav&eacute;. Se le acerc&oacute; y le dijo:</p>
<p><em>&iquest;Pero vas a exterminar juntamente al justo con el malvado?&rdquo;</em></p>
<p>(<em>G&eacute;nesis</em>, 18, 23)</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>&ldquo;A&uacute;n hay sol en las bardas&rdquo;</p>
<p>(Cervantes,<em> Quijote</em>, II Parte, Cap. III)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ldquo;A story is the highest mark,</p>
<p>for the world is a story and every part of it,</p>
<p>and there is nothing that can touch the world</p>
<p>or any part of it</p>
<p>that is not a story.&rdquo;</p>
<p>(G. K. Chesterton, <span style="text-decoration: underline;">Cuadernos</span>)</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">1</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<h2>La vida y otros encuentros</h2>
<p style="text-align: left;" align="center">I</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Es improbable que mi padre y yo nos pase&aacute;ramos en el barrio de Delicias por casualidad. Seguramente, aquel dia primaveral del a&ntilde;o 75, dos a&ntilde;os antes de su muerte, yo le hab&iacute;a llevado en un taxi, para o&iacute;rle contar recuerdos de mi arribada a este mundo y de mi infancia. Mi memoria m&aacute;s temprana arrancaba en la calle de Guillermo de Osma n&uacute;mero 4, donde yo supon&iacute;a que hab&iacute;a nacido pero, no lejos de ella, al pasar por el Paseo de Delicias n&uacute;mero 139, mi padre me se&ntilde;al&oacute; una casa de vecinos modesta, incolora y vieja y dijo: &ldquo;En esta casa naciste t&uacute;&rdquo;. La mir&eacute; un momento y no sent&iacute; curiosidad alguna e imagin&eacute; que no se diferenciar&iacute;a mucho de las casas madrile&ntilde;as de corredores que describe Gald&oacute;s. De todos modos, yo hab&iacute;a salido por aquel portal en brazos de mi madre y hoy no acabo de entender tanta indiferencia ante aquel cobijo desconchado que me vio nacer, aunque esa casa, como es de esperar, no formara parte en absoluto de mis recuerdos. La mudanza a Guillermo de Osma debi&oacute; ocurrir muy pronto y en esa calle pas&eacute; los tres o cuatro primeros a&ntilde;os de mi vida.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Desde el Hotel Regina, desde el emporio madrile&ntilde;o de la calle de Alcal&aacute;, donde mi padre trabajaba, hasta aquella casa de Guillermo de Osma, las viviendas se iban haciendo m&aacute;s bajas; los &aacute;rboles, desenfilados y ralos, m&aacute;s frecuentes; los bares m&aacute;s sucios. Carros y, a veces, cabras y ovejas, acompa&ntilde;aban la perezosa marcha de los tranv&iacute;as y, junto a las aceras, no era extra&ntilde;o encontrarse un gato muerto, tieso, el pelo brillante, la sonrisa roja y un ojo en desvar&iacute;o. Los solares emanaban un vaho f&eacute;tido al sol y se o&iacute;a, de vez en cuando, enganchar vagones, o el resuello domado de un tren avanzando en v&iacute;a muerta, o pitidos an&eacute;micos que parec&iacute;an pregonar el hambre de los campos. Hab&iacute;a puestos de sortijas y puestos de avellanas, de carteras y cintas, de llaves y altramuces y, en balcones y ventanucos oscuros, colgaban jaulas de canarios, colorines y grillos; el grillo preso pla&ntilde;&iacute;a su carcelera sobre la lechuga y le contestaba el grillo libre del solar, acechado, entre las ortigas, por la boina ociosa de un viejo. Hab&iacute;a plantas tambi&eacute;n, en latas de arenques y en tiestos; geranios, hortensias, claveles, albahaca, verbena. El sol sal&iacute;a para todos, caldeaba las panzas de los churumbeles desnudos y dejaba, al marcharse, una capa de polvo&nbsp; que&nbsp; parec&iacute;a&nbsp; descansar&nbsp; por&nbsp; las&nbsp; noches del&nbsp; azacaneo&nbsp; transe&uacute;nte.&nbsp; El que&nbsp; usaba sombrero era un tratante en burros; el&nbsp; que llevaba bast&oacute;n estaba enfermo o era mayoral, pastor o re&ntilde;idor; el que luc&iacute;a corbata, alfiler de corbata y, a veces, camisa a rayas, era carterista.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Veo fotograf&iacute;as de mi padre y, en una de ellas, cuando lleg&oacute; del pueblo a Madrid, aparece como un mozo alto, espigado y fuerte, con algo de gitano desafiante, y as&iacute; fue siempre, un triunfador del pan de cada d&iacute;a, un hombre atrayente para las mujeres con el que los hombres se identificaban, un gran gozador de los goces de la vida, aunque fuera sumando kilos y se&ntilde;or&iacute;o en su figura recia que, en los &uacute;ltimos retratos, le asemejan a un siciliano mafioso, con sus rasgos oscuros, su cachaba elegante y su sombrero viejo. Desde el pueblo toledano de donde lleg&oacute;, cercano a Madrid, La Torre de Esteban Hambr&aacute;n, fue tirando de todos sus hermanos: a unos, o a sus hijos, les buscar&iacute;a trabajo, a otros les sacaba de apuros, a otro le puso una taberna. En el pueblo, hab&iacute;an tenido una fonda y su padre, el abuelo Valent&iacute;n, luch&oacute; con los liberales en una de las tres guerras carlistas y escribi&oacute; sus memorias de la contienda, que anduvieron en manos del hijo mayor, Amando, y se han perdido. En Madrid, el hermano o el t&iacute;o Medardo fue una panacea para todos ellos en el largo proceso de encarrilar sus vidas en la Capital.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo &uacute;nico que he sabido, por los parientes, de la casa donde vine al mundo, es que nac&iacute; con una vena bastante acusada en el centro de la frente que se esfumaba en el entrecejo y mi padre, en mis primeros meses de limbo y lactancia, la tomaba a broma o como signo de fealdad y, cuando la familia o los amigos les visitaban para conocerme, trataba de paliar hasta cierto punto la desagradable sorpresa que iban a llevarse ense&ntilde;&aacute;ndoles antes la foto de un simio que se hab&iacute;a escapado de la Casa de Fieras del Retiro, foto que apareci&oacute; en <em>El Heraldo de Madrid</em>. La vena desapareci&oacute; pronto y ser&iacute;a, sin duda, beneficiosa y hasta prof&eacute;tica. <em>El Heraldo de Madrid</em>, pertenec&iacute;a a uno de los primeros &ldquo;trusts&rdquo; period&iacute;sticos que hubo en nuestro pa&iacute;s, La Sociedad Editorial de Espa&ntilde;a, dirigida por el gran periodista Miguel Moya y era, por supuesto, de izquierdas o, como entonces lo tildaban, democr&aacute;tico, republicano o liberal. Era el peri&oacute;dico del pueblo jornalero o asalariado que sab&iacute;a leer, o se paraba a escuchar al que sab&iacute;a hacerlo,&nbsp; y fue el primero y &uacute;nico diario que vi, durante a&ntilde;os, en las sucesivas casas que habitamos y, en la tercera, frente a la Plaza de la Moncloa, donde mi madre muri&oacute;,&nbsp; yo me apliqu&eacute; un d&iacute;a en solitario, por mi cuenta y riesgo, a copiar el r&oacute;tulo de ese peri&oacute;dico. &iquest;Premonici&oacute;n? Ten&iacute;a cuatro a&ntilde;os y mi padre llev&oacute; en la cartera la tira de papel que yo hab&iacute;a escrito en may&uacute;sculas durante mucho tiempo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">II</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La que fue una casa marcadora para m&iacute; es la de Guillermo de Osma, donde, como ocurre donde no hay nada que robar, las puertas de las viviendas permanec&iacute;an abiertas casi siempre y los vecinos no vacilaban en pedirse, con la promesa de devolverlos, una patata, una ramita de perejil o una o dos pesetas, si se hab&iacute;a evaporado antes de tiempo la paga mensual. La asamblea de vecinas &ndash;y alg&uacute;n vecino- se reun&iacute;a en primavera y verano a ambos lados del portal, con la fresca, auxiliada por dos o tres botijos. Supe all&iacute;, con inocencia y tranquilidad plenas, que mi madre no se encontraba bien y eso increment&oacute; mi experiencia vital con las visitas del m&eacute;dico, de gente obsequiosa que preguntaba por la salud o iba a ofrecer ayuda, de los amigos de mi padre y, sobre todo, de mis primas hermanas, Isabel &ndash;que hab&iacute;a sido mi madrina-, Manolita&nbsp; y Tomasa, la primera, menuda y casada ya, y las otras algo m&aacute;s vistosas, casaderas e inquietas. Las tres eran hijas de una de las hermanas de mi padre, Mar&iacute;a, casada con un buen hombre del pueblo, Alejandro, que actu&oacute; en su vida casi exclusivamente de gara&ntilde;&oacute;n. Mis primas, ruidosas, entraban y sal&iacute;an, ayudaban a mi madre, adoraban a su atractivo y pr&oacute;vido t&iacute;o Medardo y, entre estrujones y besos en serial me llevaban con ellas a hacer recados o a cualquiera de las infinitas verbenas nocturnas del Madrid de entonces y, en una, me perdieron y volvieron a encontrarme, pero no en el templo, sino encaramado a los hombros de un verbenero alto y bondadoso que, a grandes voces, pregon&oacute; mi p&eacute;rdida.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Creo que la portera, su sobrina y no pocas vecinas cuidaban m&aacute;s o menos de m&iacute; o eran conscientes de mi presencia o ausencia. Parece que era un ni&ntilde;o observador y tranquilo que, sin demasiada frecuencia, ensartaba alguna pregunta o respuesta&nbsp; original o que ellos no esperaban.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una tarde larga que empezaba a declinar en sombras, una mujercita joven, casi adolescente, que ten&iacute;a a su cargo ese dia las llaves del s&oacute;tano donde habitaba la portera, me mene&oacute; cari&ntilde;osa en su regazo y, luego, me tent&oacute; a aceptar una bolita de cera. Baj&eacute; de su mano las escaleras al s&oacute;tano, me meti&oacute;, sin encender la luz, en un cuarto estrecho con un ventanuco alto a ras de la acera, me baj&oacute; los pantaloncillos, se quit&oacute; las bragas y las colg&oacute; en una percha, se ech&oacute; boca arriba en una cama turca, me coloc&oacute; encima de su cuerpo y maniobr&oacute; conmigo todo el tiempo que quiso reteni&eacute;ndome con besos y halagos. Como su humedad de entrepierna deber&iacute;a sentirse hu&eacute;rfana de la otra varonil, me inst&oacute; apresurada, apremiante, a que orinara en ella, cosa que no recuerdo haber hecho. Luego me pein&oacute;, me compuso la ropa y, en la cocina, rompi&oacute; un pedazo de vela, lo calent&oacute;, hizo con &eacute;l una bola amarillenta con vetas oscuras y me dej&oacute; que subiera solo al piso de mis padres. Deb&iacute;a de ser ya muy tarde, porque la escalera estaba totalmente encendida y hab&iacute;a muy pocos vecinos en el portal.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hubo revuelo otro d&iacute;a en el barrio, muy temprano, porque apareci&oacute; un hombre ahorcado con su correa en lo alto del olmo que hab&iacute;a en la esquina con Delicias; ten&iacute;a un palmo de lengua fuera y se le hab&iacute;an ca&iacute;do los pantalones de pana. Tardaron horas en los tr&aacute;mites antes de descolgarle y lo que m&aacute;s parec&iacute;a intrigar a la gente era c&oacute;mo aquel pobre diablo hab&iacute;a conseguido trepar hasta una rama tan alta, si es que ser&iacute;a farolero y alg&uacute;n irresponsable se&nbsp; hab&iacute;a llevado la escalera al pasar. Cont&oacute; alg&uacute;n vecino despu&eacute;s que era de Santa Olalla y que, el d&iacute;a antes, hab&iacute;a matado a palos a su mujer o algo as&iacute;. Parec&iacute;a&nbsp; esmirriado y hambriento.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La sorpresa feliz de esos a&ntilde;os fue un viaje que hicimos a &Uacute;beda, donde me esperaba la atenci&oacute;n y el cari&ntilde;o de dos mundos contrarios. Por un lado, mi abuela Carmen, la madre de mi madre, que viv&iacute;a entonces con una de sus hijas y su marido y los nietos, en un caser&oacute;n del Callej&oacute;n de Ventaja. En el portal&oacute;n de madera&nbsp; resquebrajada, claveteado y antiguo, me hicieron una foto de presentaci&oacute;n o fiesta, con calcetines, sandalias y pololos blancos, en la que predominan mis ojos azules bien abiertos y una frente con relieves que hubieran dejado pleno de esperanza a cualquier fren&oacute;logo. Serio siempre, tranquilo y, cuando hab&iacute;a que expresar contento con caballos de cart&oacute;n de fotogr&aacute;fo ambulante, la sonrisa se entreve&iacute;a m&aacute;s en los ojos que en los labios. Mi abuela y mis t&iacute;os eran andaluces pobres, los m&aacute;s sabios de Espa&ntilde;a, los m&aacute;s inteligentes y comedidos, los que sab&iacute;an hacer a un ni&ntilde;o feliz con un solo beso, con una historia de animales de corral o de glorias taurinas, con un montoncillo de avellanas, o una caricia, o una frase oportuna y original que se har&iacute;a inolvidable.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mi abuela Carmen, airosa, espigada, ten&iacute;a buena estatura y deb&iacute;a de haber sido muy atractiva, con los ojillos pillados ligeramente alegres, la piel suave, pese a haber parido cinco hijos y a los sufrimientos y el paso de los a&ntilde;os, y ten&iacute;a una sonrisa perenne que denotaba el gusto por mirar. De las tres o cuatro faldas que llevaba, extra&iacute;a de la m&aacute;s rec&oacute;ndita una moneda cobriza, la eterna perra gorda, de diez c&eacute;ntimos, y la pon&iacute;a secretamente en mi mano, sonriendo, siempre que nos march&aacute;bamos de su casa. Hac&iacute;a a&ntilde;os que era viuda y al abuelo Jos&eacute; no le conoc&iacute; nunca, ni siquiera en retrato pero, a lo largo de los a&ntilde;os, he escuchado alguna historia sobre &eacute;l con gusto. Era de la familia de los &ldquo;Percheras&rdquo;, gente que se dedicaba, como &eacute;l, a colocar en las ramas de los olivos lazos &ndash;perchas&ndash; de crines de cola de caballo para cazar zorzales, un p&aacute;jaro de carne muy apreciada entonces parecido al tordo, con querencia a un tipo de aceituna llamada, por &eacute;l, zorzale&ntilde;a. Vend&iacute;a zorzales y, a veces, le llamaban de los cortijos para aliviar las plagas de conejos. Atendi&oacute; a su familia lo mejor que pudo y, cuando se olvidaba, atend&iacute;a tambi&eacute;n a su afici&oacute;n al vino y, s&oacute;lo una vez, por una pendencia et&iacute;lica, la autoridad que deambulaba por all&iacute;, un alguacil, le hizo pasar la noche en la prisi&oacute;n del Ayuntamiento, una celda conocida con los nombres de la casilla o la perrera. Avergonzadas al saberlo, la abuela y sus hijas tramaron, a toda prisa, un escarmiento que le hiciera abandonar el vino por una temporada, si no para siempre. Se pusieron de acuerdo con una vecina de la calle y llevaron entre todas a la casa de &eacute;sta los cuatro muebles y los cuatro trastos que ten&iacute;an en la suya, la dejaron semidesierta y cerraron la puerta con llave. Cuando, al d&iacute;a siguiente, pasado el mediod&iacute;a, lleg&oacute; a su casa el abuelo&nbsp; despu&eacute;s de haber pasado la noche en chirona,&nbsp; abri&oacute; la puerta y la encontr&oacute; medio vac&iacute;a y sin nadie. Se recost&oacute; en un tabique y se ech&oacute; a llorar.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tuvieron cinco hijos, Ana, Agustina, Manuela &ndash;mi madre&ndash;, Pepa y Juan. Juan era una variante muy cercana a su padre; fue recovero: vend&iacute;a con buen arte huevos, gallinas, pavos y, para aliviarse de la recova &ndash;palabra que cada d&iacute;a frecuenta menos los diccionarios&ndash;, se alumbraba con vino pele&oacute;n, que en eso no era exigente. Era un hombre bueno, que recibi&oacute;, en una reyerta tonta de taberna, doce pu&ntilde;aladas en el cuello, le llevaron muri&eacute;ndose a un hospital y all&iacute; le salvaron. Luego, no s&eacute; por qu&eacute; &ndash;pero no ser&iacute;a por nada malo&ndash;, estuvo dos a&ntilde;os en la c&aacute;rcel, se coloc&oacute; all&iacute; de cocinero y, cuando sali&oacute;, todo el mundo se hac&iacute;a lenguas de lo guapo que estaba, de lo bien que le hab&iacute;a sentado la estancia, que sal&iacute;a de la c&aacute;rcel hecho un marqu&eacute;s. Estuvo una vez en Madrid, en casa, tampoco s&eacute; a qu&eacute;, y llen&oacute; todo el suelo de colillas. Mi padre recordaba que yo, que ten&iacute;a tres a&ntilde;os, y que, evidentemente, era ya madrile&ntilde;o, cog&iacute; uno de los ceniceros que hab&iacute;a y se lo puse delante. Muri&oacute; poco despu&eacute;s de cumplir los cuarenta, sin enfermedad conocida, de repente, dejando por el mundo hijos e hijas y una mujer que la familia nunca conoci&oacute;. A su modo, disfrut&oacute; mucho de la vida; he conocido a poca gente que sonriera m&aacute;s y mejor. La sonrisa del Duque de Edimburgo me recuerda, a veces, a la de mi t&iacute;o el recovero.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ana, la m&aacute;s guapa de las cuatro hermanas, se hab&iacute;a casado con un mercero, que iba en burro de casa en casa ofreciendo su mercanc&iacute;a y era un hombrecillo rubio, incoloro, inodoro e ins&iacute;pido. No s&eacute; si de soltera o ya casada, un guardia civil se enamor&oacute; de ella y, otro que la rondaba, le mat&oacute; a tiros. Muri&oacute; joven, como su hermano Juan, y yo la conoc&iacute; ya enferma, casi siempre en cama. Fue tambi&eacute;n a Madrid, a nuestra casa, a que la vieran los m&eacute;dicos, y recuerdo el estupor y la admiraci&oacute;n que me produjo que escupiera en el suelo del piso tranquilamente cada vez que sent&iacute;a necesidad de hacerlo. No trato de disculparla, &iquest;por qu&eacute;?, pero en aquella &eacute;poca escupir era un rito nacional, a veces furtivo, a veces solemne. El pa&iacute;s estaba lleno de escupideras &ndash;que usaban los ricos&ndash;, y de letreritos prohibiendo escupir que no le&iacute;an los pobres. En el despacho de cualquier ministro pod&iacute;a faltar la mesa, pero la escupidera, nunca. Mi t&iacute;a Ana viv&iacute;a &ndash;honradamente, creo&ndash;, en un barrio de mala nota, que yo visitar&iacute;a de muchacho algunas veces: El Eg&iacute;o, es decir, El Egido, y trataba con prostitutas igual que otras se&ntilde;oras tratan con monjas. Pisar el barrio aquel &ndash;donde, a veces, a las horas de calor, se o&iacute;an ejercicios de guitarra en un patio; donde, a veces, a la sombra de una puerta se ve&iacute;a casi desnudo el pecho de una muchacha&ndash;, era sentir, borrosamente, las glorias del infierno. Muchachas decentes, que algunos desear&iacute;an m&aacute;s que a su esposa, pero que hab&iacute;an sido &ldquo;desgraciadas por el novio&rdquo;, o por el se&ntilde;orito de la casa donde serv&iacute;an en cualquier pueblo vecino, y la sociedad rural las relegaba al prost&iacute;bulo por&nbsp; descuidar su &ldquo;honra&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La m&aacute;s esmirriadilla de las hermanas era Agustina, una criatura algo pasmada siempre y en estado de gracia que cos&iacute;a muy bien y mantuvo con tanto hero&iacute;smo a sus cuatro hijos como su marido, Jos&eacute; Mar&iacute;a, un gran carpintero al que no le faltaba trabajo en las mejores casas, por persona decente y por hacer bien las cosas, aunque le pagaran poco y mal, como a tantos trabajadores en &Uacute;beda y en el resto de Espa&ntilde;a. Mi t&iacute;a Agustina, cuando no se acordaba de algo &ndash;y su cabeza no estaba en condiciones de recordar mucho&ndash;, lo expresaba lo mismo que Cervantes: &ldquo;Nada, que no quiero acordarme...&rdquo; Y hablaba de &ldquo;estar a pique de...&rdquo;, del lebrillo y la compa&ntilde;a. Me encantaba oirla.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al otro mundo opuesto o contrario a &eacute;ste, pas&eacute; por la misma puerta del amor &ndash;la &uacute;nica siempre abierta- por la que hab&iacute;a pasado al mundo de los pobres.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Desde los quince a&ntilde;os, mi madre hab&iacute;a sido doncella &ndash;es decir, criada con cabeza, criada distinguida- de una aut&eacute;ntica se&ntilde;ora de &Uacute;beda: Do&ntilde;a Dolores V&aacute;zquez Briz, conocida por la familia y sus amistades como &ldquo;t&iacute;a Lola&rdquo;. De ser &ldquo;t&iacute;a universal&rdquo; se gloriaba ella. Su casa, alrededor de dos patios, que hac&iacute;a esquina con la calle Minas y la calle de la Victoria y se extend&iacute;a considerablemente en ambas calles, estaba dise&ntilde;ada, a medias, para vivienda y casa de labranza. Desde los quince a&ntilde;os, esa fue la casa de mi madre, su escuela y su universidad hasta el d&iacute;a de su boda. All&iacute; lo aprendi&oacute; todo &ndash;o casi todo&ndash; y, desde all&iacute;, disfrut&oacute; con su se&ntilde;ora de largos viajes veraniegos a Madrid, San Sebasti&aacute;n, Biarritz o Par&iacute;s. En el Hotel Regina, do&ntilde;a Lola se hospedaba siempre en la habitaci&oacute;n 33 y, en ese hotel madrile&ntilde;o, conoci&oacute; mi madre al apuesto conserje, con uniforme casi de mariscal, que fue mi padre.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Do&ntilde;a Lola proven&iacute;a de una familia manchega, de San Clemente, y desde ni&ntilde;a debieron ense&ntilde;arle que, donde no hay buenos se&ntilde;ores, no hay buenos criados y que la se&ntilde;ora de una gran casa tiene que saberlo todo, desde cocinar hasta lo que exigen las distintas estaciones del a&ntilde;o, las categor&iacute;as de las visitas y su manera de servirlas, organizar fiestas, despachar cuentas semanales con el administrador, las matanzas, el orden de las ropas, los zafarranchos y la limpieza en general de las habitaciones de invierno y de verano y que cada cosa se mantuviese inalterable en su sitio. La se&ntilde;ora se comportaba con seriedad y cierta gracia, se hac&iacute;a las joyas a su gusto en Madrid, se vest&iacute;a en Balenciaga, ten&iacute;a dos cortijos y un molino de aceite, dos coches, doncella, peinadora, tres criadas, cocinera, ch&oacute;fer, administrador, mozo de cuadras, aperador y aguador y, con todo eso, andaba con mandil &ndash;no se dec&iacute;a delantal, sino mandil&ndash;, por la cocina, haciendo y ense&ntilde;ando. Se hab&iacute;a casado con un se&ntilde;orito rico, ya algo mayor, Antonio D&iacute;az, que, a &uacute;ltima hora, decidi&oacute; compensarle con un cortijo por el capital de ella que hab&iacute;a perdido &eacute;l jugando. Tuvieron una hija, que muri&oacute; a los tres a&ntilde;os y su muerte caus&oacute; trastornos psicol&oacute;gicos a la madre, que fueron desapareciendo con el tiempo. El marido, reafirm&oacute; su fama de calavera march&aacute;ndose de &Uacute;beda sin previo aviso durante varios d&iacute;as tras los pasos de &ldquo;La Fornarina&rdquo; (no la de Rafael), la c&eacute;lebre y bell&iacute;sima canzonetista Consuelo Bello, hija de de un guardia civil y de una lavandera. Volvi&oacute; de la costosa aventura, quiz&aacute; sin consumarla, y se justific&oacute; diciendo que hab&iacute;a estado ocupado en las faenas del cortijo. Muri&oacute; relativamente pronto y ella se qued&oacute;, todav&iacute;a joven, con dos buenas fincas, La Minilla, heredada de sus padres, y Nava, que perteneci&oacute; al marido.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En la foto de Lola V&aacute;zquez que miro ahora, tiene ojos j&oacute;venes, de muchacha, y porte de se&ntilde;ora. En ese retrato de estudio, pod&iacute;a estar entre los veinticinco y los treinta y cinco a&ntilde;os, con suaves carnosidades que empezaban a ser rubensianas, pelo espeso y negro con guedejas sensuales que se rebelaban en la nuca y enmarcaban el rostro, labios amables prestos al humor, a la palabra, al beso necesario, y tambi&eacute;n al silencio, y ojos penetrantes, comprensivos, humanos, muy humanos. Pod&iacute;a haber sido una dama joven nacida en el Caribe, envuelta hasta el cuello en blusa de encaje y muselinas y acostumbrada al trato piadoso con mulatos y negros y, para hacer v&aacute;lida la comparaci&oacute;n, les faltaba muy poco entonces para ser eso a los andaluces pobres. Sin embargo, mi madre, aun trabajando, debi&oacute; de ser bastante feliz en aquella casa; parece evidente que encontr&oacute; all&iacute; consideraci&oacute;n y cari&ntilde;o y que su car&aacute;cter manchego-andaluz, de Ja&eacute;n, alegre y serio, cuadraba con los gustos de su ama. Un matrimonio ingl&eacute;s, en un balneario de C&oacute;rdoba, vi&eacute;ndola graciosa, inteligente y dispuesta, quiso llev&aacute;rsela a Inglaterra e, incluso, darle estudios. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; porvenir tienes aqu&iacute;, en esta jaula?&rdquo;, le pregunt&oacute; la inglesa, y mi madre contest&oacute;: &ldquo;Esta es una jaula de oro, se&ntilde;ora.&rdquo; Lola V&aacute;zquez y ella tuvieron una trifulca seria s&oacute;lo una vez y, cuando mi madre hab&iacute;a hecho la maleta para marcharse de la casa y fue a despedirse de la se&ntilde;ora, se miraron las dos, se les saltaron las l&aacute;grimas y se abrazaron.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aquella casa, como la de mi abuela o, m&aacute;s tarde, la de mis t&iacute;os Agustina y Jos&eacute; Mar&iacute;a, en la calle del Trillo, fue m&iacute;a por largas temporadas, desde que nac&iacute; hasta pasadas m&aacute;s de dos d&eacute;cadas y, en ambas casas, me sent&iacute; honrado y feliz. Mientras vivi&oacute; mi abuela en el Callej&oacute;n de Ventaja y luego, con mis t&iacute;os, en la calle del Trillo, un criado me llevaba a &uacute;ltima hora de la tarde a dormir all&iacute; y me recog&iacute;a a la ma&ntilde;ana siguiente para pasar el resto del d&iacute;a en la otra casa. Lola V&aacute;zquez no era mujer f&aacute;cil ni efusiva, pero el hondo afecto encerrado en ella se transparentaba en una atenci&oacute;n sensible, sentido de la responsabilidad y un amor evidente, aristocr&aacute;tico, a la parla del pueblo, que ella adobaba luego en an&eacute;cdotas contadas con sobriedad y gracia, sin que faltara algo de malicia y de ternura en ellas. Manolilla &ndash;como llamaba a mi madre&ndash; se hab&iacute;a casado y hab&iacute;a tenido un hijo y, ese hijo, se convertir&iacute;a en su &uacute;nico nieto hasta el d&iacute;a de su muerte. Ella, que lo ten&iacute;a todo, rebosaba en deseos de una criatura y yo tambi&eacute;n&nbsp; iba a necesitarla a ella a los cinco a&ntilde;os.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En aquel pueblo, en aquellas casas, la hucha de mi vocabulario se iba enriqueciendo, palabra a palabra: cortijo, garrota, artesa, bardas, altramuz, cruj&iacute;a, jara&iacute;z, chinero, alacena, dompedro, granero, murci&eacute;lago, aguador, espliego o alhucema, poyo, fuente de taza, arreos, galer&iacute;a, romero, esparto, t&aacute;bano, vencejo, t&oacute;rtola, color&iacute;n (jilguero), reja, cochera, cuadra, muralla, arrez&uacute; (paloluz), feria, era, trillo, alberca, tejeringo, olivo y tantas otras que comenzaron a salir de mis labios como agua de bautismo fecunda y fresca.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En esa ocasi&oacute;n temprana de mi vida, volvimos a Madrid con la hermana peque&ntilde;a de mi madre, Pepa, a la que Lola V&aacute;zquez hab&iacute;a colocado en su casa al marcharse mi madre. Viaj&oacute; con nosotros para echarle una mano a su hermana, que no se encontraba bien y estaba en su segundo embarazo. Mi t&iacute;a Pepa era poco m&aacute;s que una adolescente, chatilla, con un cuerpo mediano bien hecho y algo inclinada a la rebeld&iacute;a y a estar de morros. Con mi padre rebosante de salud y mi madre enferma, fue meter en nuestra casa de Madrid carne propicia a la b&uacute;squeda del beso furtivo y a la golosina del tacto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">III</p>
<p style="text-align: left;" align="center">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hubo en casa, al volver, dos acontecimientos simult&aacute;neos, el nacimiento de mi hermano Jes&uacute;s y el incendio del Teatro Novedades, cercano a nuestro barrio, la tarde misma en que mi prima Isabel hab&iacute;a decidido que, ella y yo, &iacute;bamos a ver <em>La tabernera del puerto</em>. Una interferencia fortu&iacute;ta, o un cambio de planes a &uacute;ltima hora, de los infinitos cambios de planes que ocurr&iacute;an a diario, hizo que no fu&eacute;ramos al teatro, aunque nuestra ausencia, creyendo que est&aacute;bamos all&iacute;, mantuvo en vilo y angustia a toda la familia durante muchas horas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La tragedia, con m&aacute;s de sesenta muertos, tuvo su lado grotesco: al descubrir el fuego, la orquesta del teatro toc&oacute; un brioso pasodoble; los muertos se iban cubriendo con mantas y, con un imperdible, prend&iacute;an un papel en cada manta que s&oacute;lo pon&iacute;a &ldquo;Novedades&rdquo;; con tantas v&iacute;ctimas como hubo, se salvaron, en un caj&oacute;n, los papeles de los empresarios y un mont&oacute;n de zarzuelas que estaban all&iacute; aguardando su lectura o su estreno, y no menos grotescas fueron las visitas obligadas de las &ldquo;chisteras&rdquo; pol&iacute;ticas o los h&eacute;roes de los entorchados, el ministro de Gracia y Justicia, el gobernador militar, Mart&iacute;nez Anido, y Primo de Rivera (el Rey andaba de viaje), seguidos por comparsas y personajillos que esperaban crecer sobre los cad&aacute;veres como los hongos. Me salv&eacute; aquel dia de la chamusquina y tambi&eacute;n se salv&oacute; de ella &ndash;como he sabido veinte a&ntilde;os m&aacute;s tarde- el gran poeta de la posguerra, Blas de Otero pero, como es de suponer, las mujeres tertulianas del portal de mi casa, gozaron interminablemente, en sus sillas de anea, imaginando con lamentaciones y horripilantes detalles y consecuencias, lo que hubiera pasado si me hubiera ocurrido lo que no me ocurri&oacute;. La luz de luna y la noche, les acercaba a&uacute;n m&aacute;s a la tragedia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mi hermanillo naci&oacute;, pese a la recomendaci&oacute;n de los m&eacute;dicos a mi madre de evitar embarazos, con todos los rasgos de un &aacute;ngel; no hab&iacute;a en &eacute;l venas que llamaran la atenci&oacute;n, sino belleza y perfecci&oacute;n admirables. Aunque reci&eacute;n llegado, parec&iacute;a ver el mundo con indiferencia, como si ya lo conociera o no le interesara. As&iacute; y todo, las primas se entusiasmaron con &eacute;l y le hicieron participar en la org&iacute;a vital del mundo que nos rodeaba, trat&aacute;ndole como a un objeto de sus emociones, como a un mu&ntilde;eco que la cig&uuml;e&ntilde;a hubiera tra&iacute;do de Par&iacute;s para calibrar la hondura de sus instintos maternales. A los cinco meses, el pobrecito muri&oacute;, casi sin molestar y sin haber llorado, y se le borr&oacute; esa sonrisa sabia, o lo que fuera, que dibujaban sus labios. Sesenta y siete a&ntilde;os m&aacute;s tarde, yo le record&eacute; as&iacute; en un texto breve que lleva por t&iacute;tulo su nombre:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Mi madre tuvo un ni&ntilde;o llamado Jes&uacute;s, como la Virgen Mar&iacute;a. No era v&iacute;rgen, ni mi abuela Carmen la concibi&oacute; inmaculada, ni los &aacute;ngeles la llevaron al cielo en cuerpo y alma; unos amigos de mi padre cargaron con su cuerpo en el ata&uacute;d y la enterraron, aunque yo no lo vi. Pod&iacute;a haber sido virgen de retrato, pero su estampa de gitanilla andaluza, sin caracolillos en el pelo, sin malicia en la cara, no se pudo cruzar con Murillo, ni siendo chiquilla ni despu&eacute;s, de madona, con guedejas morenas de mujer hecha, poco antes de morir.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El ni&ntilde;o Jes&uacute;s fue cinco meses mi hermano y nos abandon&oacute; para ser &aacute;ngel. Dej&oacute; en el mundo fama de facciones perfectas; la cara de mi padre &ndash;seg&uacute;n dec&iacute;an-, pero sin el torrente de vida que hab&iacute;a en mi padre; un parecido en mazap&aacute;n o cera. O tambi&eacute;n un nazarenito, y quiz&aacute; la elecci&oacute;n del nombre tuviera que ver con alguna promesa de mi madre a Jes&uacute;s de Medinaceli. Su sonrisa era aristocr&aacute;tica y suave y el mundo en que naci&oacute; le debi&oacute; parecer demasiado ruidoso y sin norma para habitarlo. Jes&uacute;s era frutilla de para&iacute;so y all&aacute; se fue.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin embargo, no creo que viniera a dejar fama de guapo. Es demasiado est&uacute;pido. Mi madre se sent&iacute;a enferma en su embarazo y se llamaba Manuela. Seg&uacute;n los libros, Manuel, Emmanuel, quiere decir &lsquo;Dios con nosotros&rsquo; y es el nombre prof&eacute;tico que dio Isa&iacute;as al Verbo encarnado y, seg&uacute;n los libros, Jes&uacute;s, el Verbo encarnado, significa &lsquo;Dios ayuda o Salvador&rsquo;. Mi madre querr&iacute;a hacer m&aacute;s real su nombre y meter en casa la ayuda de Dios, al Salvador, a Dios con nosotros. Jes&uacute;s no tendr&iacute;a un pesebre por cuna, pero habitar&iacute;a una casa humilde, aunque llena de luz.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entre el nacimiento de Jes&uacute;s y la muerte de mi madre debieron pasar dos a&ntilde;os, pero &eacute;l nos dej&oacute; enseguida y me pregunto si el ata&uacute;d peque&ntilde;o hizo m&aacute;s llevadero a mi madre el ata&uacute;d grande y si aquel angelito le abri&oacute; un camino donde no los vemos y la estaba esperando en alguna puerta para seguir creciendo a su lado, al lado de su madre, todos estos a&ntilde;os en que yo lo he hecho solo. La aparici&oacute;n del ni&ntilde;o Jes&uacute;s en casa tuvo algo &uacute;nico que no era s&oacute;lo el nacimiento de un ni&ntilde;o. Recuerdo la flor cansada de su piel, el negro en orden de su pelo. &iquest;C&oacute;mo puedo recordar algo de &eacute;l todav&iacute;a?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me doy cuenta de que yo he sido siempre el hermano de Jes&uacute;s, un ser borroso que sabe que Jes&uacute;s ha existido.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Fragmento del libro de Medardo Fraile <em>El cuento de siempre acabar. Autobiograf&iacute;a y memorias</em> que fue editado por Pre-Textos)</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 25 Nov 2013 08:10:27 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tres microgramas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/tres-microgramas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/ROBERT_WALSER.jpg" alt="" /></p>
<p>Cuando Robert Walser escribe estos art&iacute;culos,&nbsp; &ldquo;Fur die Katz&rdquo; (&ldquo;Por nada&rdquo; o &ldquo;Para el gato&rdquo;) 1928/29; &ldquo;Meine Bem&uuml;hungen&rdquo; (&ldquo;Mis esfuerzos&rdquo;) 1928/29&nbsp; y &ldquo;Der gebrauchte Mensch&rdquo; (&ldquo;El hombre gastado&rdquo;) 1930/31, est&aacute; entre los cincuenta y los cincuenta y cuatro a&ntilde;os, edad en la que un escritor sabe de sobra si ha conseguido algo en su oficio o si, por el contrario, ha fracasado. Walser entonces se encuentra&nbsp; en una deriva en la que &ldquo;la soledad si iba haciendo en torno suyo&rdquo; y no ten&iacute;a d&oacute;nde agarrarse, s&oacute;lo los articulillos que aparec&iacute;an en &ldquo;el follet&iacute;n&rdquo; (secci&oacute;n de algunos peri&oacute;dicos en la que se publicaban peque&ntilde;as notas de inter&eacute;s general, rese&ntilde;as de libros, novelas y todo lo que escapaba a las secciones &ldquo;serias&rdquo; de pol&iacute;tica y econom&iacute;a) de algunos diarios que todav&iacute;a se aventuraban a publicarle. Cuando este &uacute;nico asidero le falt&oacute;, todo se vino abajo con la crisis de 1928/29 que, precisamente, parece haberse originado por la negativa del <em>Berliner Tagblatt </em>a publicar los textos que Walser hab&iacute;a enviado. Desde 1925 este peri&oacute;dico ven&iacute;a public&aacute;ndole hasta tres colaboraciones mensuales, constituyendo su principal fuente de recursos, la m&aacute;s segura y lucrativa. El redactor jefe le recomienda que moment&aacute;neamente deje de colaborar durante seis meses. Desde noviembre de 1928, en efecto, y durante seis meses, ning&uacute;n texto de Walser aparece en el peri&oacute;dico. Es muy probable que esa noticia desatara la grave crisis cuyo final ser&iacute;a el ingreso en el asilo de Waldau. &ldquo;Me esforc&eacute; en seguir escribiendo a pesar de esta advertencia&rdquo;, le cuenta a Carl Seelig, &ldquo;pero fueron s&oacute;lo tonter&iacute;as las que me arrancaba con mucho trabajo (&hellip;) Para terminar, mi hermana Lisa me llev&oacute; al asilo de Waldau. Todav&iacute;a en la puerta, le pregunt&eacute;: &ldquo;&iquest;Hacemos lo conveniente? &ldquo; Su silencio fue expl&iacute;cito &iquest;qu&eacute; otra cosa pod&iacute;a hacer sino entrar?&rdquo;</p>
<p>Walser por entonces viv&iacute;a en Berna (1921/1929) sin trabajo ni domicilio fijos (en los ocho a&ntilde;os berneses se cambiar&iacute;a catorce veces de domicilio) viviendo modest&iacute;simamente de sus colaboraciones que aparecen en diarios y revistas y no siempre con la periodicidad deseada (en 1925 publicar&aacute; <em>Die Rose </em>(<em>La rosa</em>)<em>, </em>el &uacute;ltimo de sus libros).</p>
<p>Los art&iacute;culos que aqu&iacute; traducimos permanecieron in&eacute;ditos en vida de Walser y s&oacute;lo vieron la luz en 1986 con ocasi&oacute;n de la edici&oacute;n de su obra completa <em>S&auml;mtliche Werke in Einzelansgaben, </em>editada en veinte vol&uacute;menes por Jochen Greven, Suhrkamp Verlag, Zurich. En castellano se traducen por vez primera.</p>
<p>Los tres art&iacute;culos, aparte de tener un cierto aire de &eacute;poca y de mostrar las inquietudes que Walter ten&iacute;a en aquellos a&ntilde;os de crisis, son importantes para entender su abandono de la novela, ante la falta de &eacute;xito, y la incursi&oacute;n, casi exclusivamente, en el art&iacute;culo como &uacute;nica v&iacute;a de subsistencia. Intenta en esta &eacute;poca un modo de escritura totalmente personal. Pasa conscientemente &ldquo;de la redacci&oacute;n de novelas a los art&iacute;culos&rdquo; porque, como dice en &ldquo;Mis esfuerzos&rdquo;, &ldquo;las vastas construcciones &eacute;picas comenzaban por as&iacute; decirlo a irritarme&rdquo;. Alude tambi&eacute;n a la &ldquo;crisis de la pluma&rdquo;, cuando habla de que su mano de escritor &ldquo;se niega a realizar cualquier servicio&rdquo;; tal como lo sugiere en el mismo pasaje, esboza en primer lugar sus prosas a l&aacute;piz, en una escritura microsc&oacute;pica (estos &ldquo;microgramos&rdquo;, as&iacute; denominados por Jochen Greven, tardar&iacute;an veinte a&ntilde;os en ser descifrados y transcritos en su totalidad)&nbsp; selecciona seguidamente estos borradores y los pasa a limpio, a tinta, para enviarlos a las redacciones de los peri&oacute;dicos.</p>
<p>En Berna lleva una existencia marginal, se convierte en un desconocido que vive en mansardas, pasea por la ciudad vieja y visita sus tabernas. Como apunta en &ldquo;El hombre gastado&rdquo;: &ldquo;La soledad se iba haciendo en torno suyo&rdquo;. Esta soledad, a pesar de la euforia y&nbsp; ganas que pone en la redacci&oacute;n de sus art&iacute;culos, alterna con fases depresivas e improductivas y en uno de estos episodios es cuando acepta ingresar en el asilo de Waldau.</p>
<p>&ldquo;F&uuml;r die Katz&rdquo;, literalmente &ldquo;Para el gato&rdquo;, corresponde, m&aacute;s o menos, a la expresi&oacute;n castellana &ldquo;por nada&rdquo; o &ldquo;de balde&rdquo; (tiene relaci&oacute;n con la expresi&oacute;n dom&eacute;stica &ldquo;para el gato&rdquo;, refiri&eacute;ndose a las sobras de las comidas que se guardan para el gato de la casa). Este art&iacute;culo, m&aacute;s que ning&uacute;n otro, viene a decirnos que la &ldquo;singular felicidad&rdquo; que nace de la micrograf&iacute;a walseriana, est&aacute; ligada a verdaderos sufrimientos del autor. El contenido de estos escritos constituye un rico tesoro de eslabones perdidos que relacionan entre s&iacute; los textos de Walser, pero que tambi&eacute;n nos proporcionan nuevas luces biogr&aacute;ficas sobre el autor. Cada art&iacute;culo es para Walser una tentativa de profundizaci&oacute;n en lo cotidiano. Un simple objeto, un paisaje, un gorri&oacute;n, se convierten en el emblema de la cr&oacute;nica; como sucede en otro de sus textos titulado precisamente &ldquo;Yo era un gorri&oacute;n&rdquo;, un p&aacute;jaro de ciudad, de vida ef&iacute;mera, que sabe de sobra que no tendr&aacute; la m&aacute;s m&iacute;nima oportunidad de alcanzar la inmortalidad literaria. El gato en este art&iacute;culo, uno de los m&aacute;s bellos y profundos de Walser, simboliza la instituci&oacute;n del &ldquo;follet&iacute;n&rdquo; y toda la &ldquo;maquinaria de la civilizaci&oacute;n&rdquo; a la que, d&iacute;a tras d&iacute;a, el cronista se ofrece como alimento, como aut&eacute;ntico pasto. Todo el potencial po&eacute;tico que dormita en el art&iacute;culo de follet&iacute;n, y que desde Baudelaire ser&aacute; la base de la columna moderna, Walser se preocupar&aacute; de desvelarlo y de ofrecerlo, inocente, al lector.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>POR NADA (PARA EL GATO)</strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong></strong>Anoto el articulillo que me parece quiere nacer aqu&iacute;, en el silencio de la medianoche, y lo escribo por Nada, es decir para el gato, es decir, por la costumbre de hacerlo.</p>
<p>Por Nada es una especie de f&aacute;brica o de establecimiento industrial para el que los escritores bregan diariamente, cada hora incluso y al que, fieles y asiduos, entregan su mercanc&iacute;a. Producir es mejor que charlar in&uacute;tilmente sobre la producci&oacute;n, o perderse en discursos est&eacute;riles sobre lo que es &uacute;til. De Pascuas a Ramos, incluso los poetas escriben por Nada, pensando que es m&aacute;s inteligente hacer algo que no hacer nada en absoluto. Quien trabaja para el gato, esta quintaesencia de la comercializaci&oacute;n, lo hace por el misterio de sus ojos. A ese gato se le conoce sin conocerlo; dormita, ronronea de alegr&iacute;a en su sue&ntilde;o, quienquiera que intente comprenderlo se encuentra ante un enigma impenetrable. Aunque por Nada represente para la cultura un peligro notorio, no parece que uno est&eacute; en condiciones de prescindir de &eacute;l, pues no es otra cosa que la &eacute;poca en la que vivimos y para la que trabajamos, la &eacute;poca que nos provee de trabajo, pues bancos, colegios, restaurantes y casas editoriales, y la mayor parte del comercio, y la importancia fenomenal de las redes de producci&oacute;n de mercanc&iacute;as, y m&aacute;s a&uacute;n, suponiendo, lo que considero superfluo, que quisiera enumerar todo aquello que pudiera entrar en esta lista, todo eso, es por Nada, siempre por Nada, y a&uacute;n por Nada. Por Nada, no es s&oacute;lo bajo mi punto de vista lo que contribuye a la buena marcha del sistema, que tiene alg&uacute;n valor en la maquinaria de la civilizaci&oacute;n, sino como he dicho, por Nada, es el mismo sistema, y si hay algo que pueda en rigor distinguirse de &eacute;l, y pretender no ser hecho por Nada, es precisamente lo que presenta un valor de eternidad: las obras maestras del arte, por ejemplo, o las acciones que sobrepasan los simples gorjeos, efectos sonoros, rumores y estridencias del d&iacute;a. S&oacute;lo aquello que no es mascado y devorado por el rechazo o la admiraci&oacute;n, dicho de otra forma por Nada, que por cierto representa algo eminente, s&oacute;lo eso, se dice, est&aacute; llamado a perdurar y llegar&aacute; alg&uacute;n d&iacute;a, como un buque de carga o un paquebote, al puerto de una lejana posteridad. Mi colega Tartempion, bajo mi punto de vista, garabatea de todas todas por Nada, aunque escribe y versifica de la manera m&aacute;s sofisticada. En lo tocante a la nader&iacute;a natural de su trabajo, sin ninguna duda notable, Trucmuche, que puede decir que tiene una bella y encantadora esposa, que cena y se festeja como un pr&iacute;ncipe, que pasea estupendamente todos los d&iacute;as y vive en un apartamento rom&aacute;ntico, Trucmuche, pues, comete un flagrante error obstin&aacute;ndose en creer que el gato lo ignora. Pues si, por su parte, &eacute;ste considera a Trucmuche como a uno de los suyos, Trucmuche insiste en pensar que por Nada no lo juzga digno, lo que de ninguna manera corresponde a la realidad.</p>
<p>Al mundo actual, yo lo llamo por Nada; para la posteridad, no me permito denominaci&oacute;n familiar.</p>
<p>Por Nada es a menudo desconocido, uno se hace el desde&ntilde;oso, y cuando se le echa algo de alimento, se a&ntilde;ade con desprecio, en una disposici&oacute;n de esp&iacute;ritu totalmente aberrante, &iexcl;es por Nada! Como si, todos los hombres, desde que el mundo es mundo, no hubieran trabajado para &eacute;l.</p>
<p>As&iacute; pues, el destinatario primero de todo lo que sucede, es &eacute;l; se repite, y solamente lo que continua viviendo y actuando a su pesar es inmortal.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>MIS ESFUERZOS</strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong></strong>Con el tiempo me he convertido en un tema de preocupaci&oacute;n para mis editores. Hay uno que me ha invitado a escribir <em>nouvelles </em>&nbsp;para &eacute;l; &iexcl;a m&iacute;, que hasta el momento quiz&aacute; no haya sido capaz de que ni una sola haya salido bien!&nbsp; A los veinte a&ntilde;os, escrib&iacute;a versos, y a los cuarenta y ocho, de repente he comenzado de nuevo a escribir poemas. Por principio, en la presente tentativa de autorretrato, voy a evitar cualquier deriva personal. Por ejemplo, no dir&eacute; ni una sola palabra de las personalidades importantes que he encontrado en mi vida. En cambio, me gustar&iacute;a hablar lo m&aacute;s fielmente posible de hacia d&oacute;nde van mis esfuerzos. Creo disfrutar hoy de cierta reputaci&oacute;n como escritor de historias cortas. Quiz&aacute;s el valor literario del relato breve sea bastante ef&iacute;mero. &iquest;Puedo por otra parte rogar al lector que tenga la bondad de creer que lo que sale de mi boca es el fruto de mi excelente humor? Tengo la impresi&oacute;n, en este momento delicioso de mi vida, de ser la alegr&iacute;a en persona. Hasta aqu&iacute;, he escrito por otra parte en una tranquilidad perfecta, a pesar de que mi naturaleza me haya podido llevar a la intranquilidad. Subrayemos de paso que, m&aacute;s o menos, desde hace cinco a&ntilde;os, tengo una amiguita que a fe m&iacute;a, no requiero siempre con un amor de primer&iacute;sima categor&iacute;a. De cuando en cuando, lo confieso abiertamente, leo en franc&eacute;s, sin tener la pretensi&oacute;n de comprender cada palabra de esta lengua. Respecto a los libros y a los seres humanos, considero que entenderlos de cabo a rabo, antes que provechoso, carece de inter&eacute;s. Quiz&aacute; me haya dejado influenciar, aqu&iacute; o all&aacute;, por las lecturas. Hace unos veinte a&ntilde;os, redact&eacute; con cierta ma&ntilde;a tres novelas, que quiz&aacute; no lo son en absoluto, sino que ser&iacute;an m&aacute;s bien libros, en los que aparecen un mont&oacute;n de cosas, y cuyo contenido parece que ha gustado a un c&iacute;rculo m&aacute;s o menos grande de mis afines. Hace mucho tiempo, uno de mis j&oacute;venes contempor&aacute;neos, se puso casi a provocarme al ver que no me emocionaba porque se le hubiera ocurrido decirme que admiraba tal o cual de mis viejos libros. Es un hecho, sin embargo, que la obra en cuesti&oacute;n es por as&iacute; decirlo inencontrable en librer&iacute;a, por lo que su autor no deber&iacute;a sentirse orgulloso. Sucede quiz&aacute; lo mismo con alguno de mis honorables colegas. Cuando iba al colegio, uno de mis maestros o pedagogos celebr&oacute; mi redacci&oacute;n como siendo aparentemente el tipo de escritura de art&iacute;culo por excelencia, lo que me permiti&oacute; redactar numerosos borradores, etc., y me llev&oacute; a cuidar mi oficio de escritor, por lo que, naturalmente, me enorgullezco. En aquella &eacute;poca, si pas&eacute; de la redacci&oacute;n de novelas a los art&iacute;culos, es porque las vastas construcciones &eacute;picas comenzaban por as&iacute; decirlo a irritarme. Mi mano desarroll&oacute; como una especie de rechazo a servir. Para recuperar sus buenas costumbres, no le ped&iacute;a m&aacute;s que ligeras pruebas de eficacia, pues, son precisamente este tipo de detalles los que me han permitido reconquistarla. Conteniendo mi ambici&oacute;n, he tenido por norma el contentarme con cualquier peque&ntilde;o &eacute;xito, por modesto que fuera. El escritor en m&iacute; se conformaba a las &oacute;rdenes de aquel que deseaba seguir llevando una vida muy tranquila, y que cobraba de las redacciones de peri&oacute;dicos m&aacute;s diversos. Por lo que creo, en otro tiempo tuve un nombre; sin embargo, me acostumbr&eacute; tambi&eacute;n a un nombre menos notable pues anhelaba adaptarme a la denominaci&oacute;n de &ldquo;cronista de peri&oacute;dicos&rdquo;. Jam&aacute;s me ha llegado a paralizar la idea sentimental de que se me pudiera considerar como art&iacute;sticamente perdido. Como una suave mano sobre mi hombro, la pregunta se planteaba a veces: &ldquo;&iquest;Ya no es arte lo que haces?&rdquo; Sin embargo, pod&iacute;a decirme que lo que continua mereciendo la pena no tiene que dejarse importunar por exigencias cuyo peso ideol&oacute;gico lo ensombrece. Confes&eacute;moslo rotundamente, me faltaba voluntad para prohibirme perder el tiempo hasta ciertos l&iacute;mites. Me basta con poder pensar que es veros&iacute;mil que el tiempo ha cuidado de m&iacute; maravillosamente. A&uacute;n estoy vivo, lo reconozco, y quiz&aacute; me sea permitido dar gracias por ello estando dispuesto a vivir en armon&iacute;a conmigo mismo. Cuando, ocasionalmente, me apetec&iacute;a garabatear a la buena de Dios, eso pod&iacute;a parecer un poco descabellado a los ojos de la gente archiseria; pero en realidad, experimentaba en el terreno de la palabra, con la esperanza de que la lengua guardara alguna vitalidad a&uacute;n desconocida que ser&iacute;a una alegr&iacute;a descubrir. Mientras que mi &uacute;nico deseo era liberarme, y permit&iacute;a que este deseo existiera, ha podido suceder que aqu&iacute; o all&aacute;, se me desapruebe. La cr&iacute;tica acompa&ntilde;ar&aacute; siempre a los esfuerzos.</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>EL HOMBRE GASTADO</strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong></strong>Lentamente, el hombre gastado hac&iacute;a su camino, d&aacute;ndose cuenta perfectamente de que en otro tiempo se hab&iacute;a echado a perder. Con frecuencia, se hab&iacute;a podido ver su imagen, no exenta de seducci&oacute;n, entre el grupo de amigos. Hace muchos a&ntilde;os, &eacute;l y estas personas eran presumidos, ten&iacute;an lo que quer&iacute;an, es decir lo que deseaban, confianza y serenidad. Si apenas se hab&iacute;an sentido llamados a realizar grandes cosas o a esforzarse al m&aacute;ximo. Viv&iacute;a, como muchos de sus vecinos, en una feliz despreocupaci&oacute;n, pasando la mitad de las noches de comilona con toda una compa&ntilde;&iacute;a de felices guasones y bocazas. Se sent&iacute;a absolutamente incapaz, por el momento, de d&aacute;rselas de listo. Ya desde hac&iacute;a alg&uacute;n tiempo, ofrec&iacute;a a los dem&aacute;s una cara pasmada, asombrada, por as&iacute; decirlo, pues la soledad se iba haciendo en torno suyo. Cre&iacute;a tener que acordarse de que en otro tiempo, por ejemplo, una multitud de amigos y conocidos hab&iacute;an formado casi continuamente una especie de muralla protectora a su alrededor. Esta buena gente, en cierto sentido, se le parec&iacute;a mucho. Era, c&oacute;mo decirlo, un tipo desajustado, o a punto de llegar a serlo, poco a poco. A lo largo del a&ntilde;o, pensaba y hac&iacute;a siempre lo mismo, tan poco, peque&ntilde;as nadas confortables, f&aacute;ciles, agradables, propicias a la vanidad. La vanidad, s&iacute;, era eso, sobre todo, lo que durante a&ntilde;os hab&iacute;a contado para &eacute;l. Ahora, sus manos ten&iacute;an una expresi&oacute;n de molicie. La renuncia hab&iacute;a impreso su sello a todo su comportamiento. Sobre todo, no ten&iacute;a en absoluto ganas de bromear. Hab&iacute;a dejado de re&iacute;r desde hac&iacute;a mucho tiempo. Algo en &eacute;l tem&iacute;a el haber recurrido a la risa, como se teme una inconveniencia. Antes, hab&iacute;a sido claramente un gatillo o un detonador de cohetes de risa. Estos buenos viejos tiempos parec&iacute;an huidos para siempre. &iquest;Era viejo? No. A&uacute;n no. Se encontraba m&aacute;s bien en el cenit de la vida, o sea, en su quincuag&eacute;simo-tercer o quincuag&eacute;simo-cuarto a&ntilde;o. &iexcl;Ah! &iexcl;Si &uacute;nicamente su cr&aacute;neo hab&iacute;a sido el cr&aacute;neo de un c&iacute;nico triunfador! &iexcl;He ah&iacute; lo que le hubiera convenido en su m&aacute;s alto grado, he ah&iacute; con lo que disfrutar&iacute;a! Pero triunfar, &iexcl;ay! No era necesario so&ntilde;ar con ello. C&oacute;mo le hubiera gustado imaginarse que era un tigre, una fiera soberbia, vigorosa, invencible. De eso no se encontraba ni rastro en su persona. Temblaba en su fuero interno como un criminal reincidente, es decir como aquel a quien se le pod&iacute;a reprochar tal o cual crimen. Todo el car&aacute;cter que hab&iacute;a tenido parec&iacute;a desvanecido, probablemente para siempre. Y su lado petulante, chispeante, lleno de ideas, &iquest;d&oacute;nde estaba ahora?</p>
<p>So&ntilde;ando que en una determinada &eacute;poca, hab&iacute;a cre&iacute;do controlar la vida, entr&oacute; indeciso y a la defensiva, en un museo, y se qued&oacute; pasmado ante el retrato de un almirante del Renacimiento, &iexcl;completamente ennegrecido por el humo! &iexcl;Inaudita, la expresi&oacute;n impasible que ofrec&iacute;a! Le llam&oacute; la atenci&oacute;n otro cuadro que representaba a un hombre de alrededor de ochenta a&ntilde;os y que ten&iacute;a, sin embargo, la destilada firmeza de un joven de muy buena familia.</p>
<p>Al salir del museo, sab&iacute;a, con certeza y para su mayor desagrado, que su aspecto era lamentable, y que todo su comportamiento delataba desorden.</p>
<p>Jam&aacute;s hubiera cre&iacute;do que fuera posible una cosa parecida. Como pasaba ante las ventanas de una casa completamente construida de cristal, qued&oacute; clavado en el suelo, estupefacto ante un extra&ntilde;o espect&aacute;culo.</p>
<p>Vio una mujer joven y bella, elegantemente vestida, que bajo las miradas de los viandantes, sentada en un canap&eacute;, acercaba de vez en cuando a sus labios el borde de una taza. Sobre la mesa se encontraba un libro abierto. Su fisonom&iacute;a parec&iacute;a decirle:</p>
<p>&ldquo;T&uacute; como los dem&aacute;s, esperabas mucho del porvenir. &iexcl;Pero no es lo que hab&iacute;as imaginado!&rdquo;</p>
<p>Sigui&oacute; su camino, y por doquier chocaba consigo mismo, y era para no entender nada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">Versi&oacute;n y nota de Jos&eacute; Luna Borge.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 20 Nov 2013 07:32:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Quitamiedos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/quitamiedos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/ISAAC_ROSA.jpg" alt="" /></p>
<p>Conduce tranquilo hasta ese punto de la autopista, situado entre el kil&oacute;metro doce y el trece, donde se incorporan dos nuevos carriles mediante pasos elevados que forman un entrelazado de hormig&oacute;n. Hasta entonces circula relajado, autom&aacute;tico, escuchando la radio, tamborileando con los dedos en el volante, pero al alcanzar el nudo de carreteras abandona esa relajaci&oacute;n y gana cierta tensi&oacute;n, atiende a la carretera hacia delante, revisa los m&aacute;rgenes, echa un vistazo al retrovisor para comprobar si podr&iacute;a cambiar de carril en caso de ser necesario, y acelera ligeramente, atraviesa esos trescientos metros lo m&aacute;s r&aacute;pidamente posible, adelanta si alg&uacute;n veh&iacute;culo entorpece su marcha. Mientras pasa bajo los viaductos mira hacia la derecha, al lateral, a los desmontes y el paisaje seco, aunque desde la autopista no puede ver nada, el peralte de la curva y la elevaci&oacute;n de la calzada impiden ver lo inmediato, y el guardarra&iacute;l tapa por completo lo que a&uacute;n pudiera verse, como una preocupaci&oacute;n est&eacute;tica de los constructores de la v&iacute;a para ahorrar a los conductores la desagradable vista, y crear en los ciudadanos la ilusi&oacute;n de que eso no existe, ya no.</p>
<p>Normalmente la cuneta est&aacute; despejada, como mucho dos o tres personas en la cercana parada del autob&uacute;s interurbano, alguien que llega desde el otro lado, levanta mucho la pierna para salvar el quitamiedos y camina hacia la parada. Otras veces ha visto un veh&iacute;culo detenido en el margen, con luces de emergencia y un conductor haciendo se&ntilde;ales a los coches sin que nadie atienda su petici&oacute;n, pues Emilio supone que el resto de conductores act&uacute;a como &eacute;l, aceleran, cambian de carril, todos saben, todos han le&iacute;do las informaciones period&iacute;sticas, todos han escuchado las historias que circulan de boca en boca y que se convierten ya en leyenda, por eso todos evitan demorarse en ese punto, menos a&uacute;n detenerse, y aceleran a&uacute;n temiendo el incidente fatal, el atropello, el zombi que cruza la autopista cojeando y no puedes esquivarlo, cae sobre el parabrisas o queda bajo las ruedas, no ser&iacute;a la primera vez.</p>
<p>No es tan dif&iacute;cil que algo as&iacute; suceda, su propia decisi&oacute;n de acelerar en ese tramo para cruzarlo cuanto antes le pone en mayor riesgo de un atropello as&iacute;, por eso cuando ve a alguien caminar por el arc&eacute;n o a punto de saltar el quitamiedos Emilio cambia de carril, ocupa el central, y una vez superado mira por el retrovisor para ver si alg&uacute;n desgraciado no ha tenido tanta suerte y se ha llevado por delante al moribundo. Qu&eacute; hacer en ese caso, c&oacute;mo actuar si un d&iacute;a cae un hombre sobre tu cap&oacute;, lo ha pensado muchas veces, y le asusta elegir la huida, ese tipo de cosas pasan en caliente, el temor que lleva al conductor a no detenerse y continuar la marcha, m&aacute;s tarde ir&aacute; a una comisar&iacute;a a confesar, o ni siquiera eso, revisar&aacute; la chapa al llegar a casa para comprobar si hay alguna marca, y confiar&aacute; en que no haya investigaci&oacute;n policial, a nadie importar&aacute; ese cad&aacute;ver, nadie lo reclamar&aacute;, nadie perder&aacute; tiempo en una muerte que se habr&iacute;a producido pronto de cualquier manera. Ese tipo de cosas pasan en caliente, en efecto, pero &eacute;l lo decide ya en fr&iacute;o, no detenerse, como si el atropello, el cuerpo sobre el asfalto que otros coches no logran esquivar y pisan, el asustado conductor detenido en el ensanche de la v&iacute;a que forma la parada de autob&uacute;s, fuesen a atraer a otros moribundos que ascender&iacute;an el terrapl&eacute;n y saltar&iacute;an el quitamiedos buscando venganza por el compa&ntilde;ero muerto.</p>
<p>No s&oacute;lo hay que tener cuidado con quienes caminan por la autopista y que cruzan sin mirar, tambi&eacute;n hay que atender a los coches que, detenidos en el arc&eacute;n sin se&ntilde;alizaci&oacute;n de emergencia, se incorporan de improviso, sin marcar la maniobra con el intermitente, y pueden ser embestidos por el tranquilo conductor que circula por su carril respetando las normas de velocidad, por eso busca el extremo interior de la calzada si ve un veh&iacute;culo detenido, ha le&iacute;do c&oacute;mo funcionan esos transportes, los llaman <em>cunda</em>, un peculiar taxi, normalmente un coche robado en el que se meten todos los que caben, es habitual que incluso el conductor sea uno de ellos, por eso no hay que esperar que mire por el retrovisor al incorporarse o al abrir la puerta, vienen de otras zonas de la ciudad, paran en el arc&eacute;n, bajan los cinco o seis que viajan dentro, saltan el guardarra&iacute;l y se dejan caer por la pendiente hasta las construcciones que desde la autopista no vemos, y una vez satisfechos vuelven, escalan el terrapl&eacute;n resbalando, clavando las u&ntilde;as en los terrones hasta alcanzar el punto donde dejaron aparcado el coche.</p>
<p>Otros, por lo que dicen, viajan en autob&uacute;s, no porque sean partidarios del transporte p&uacute;blico, sino porque perdieron su coche, tal vez quedaron inconscientes durante un rato por efecto de la sustancia consumida y cuando despertaron, tumbados entre escombros y pl&aacute;sticos, se arrastraron por el terrapl&eacute;n para comprobar que sus acompa&ntilde;antes ya se hab&iacute;an marchado, no les qued&oacute; m&aacute;s remedio que cruzar la barrera y caminar por el arc&eacute;n hasta la parada de autob&uacute;s que ensancha ligeramente la calzada bajo el viaducto, y all&iacute; esperar a que un transporte se detenga, si bien hay conductores que pasan de largo esa parada, lo que provoca que el desairado viajero salga al paso del autob&uacute;s para obligarlo a detenerse, causando volantazos y frenazos entre quienes circulan, y en alg&uacute;n caso un lamentable atropello.</p>
<p align="center">******</p>
<p>Por todo ello Emilio no puede creer que un pinchazo sea casual, no all&iacute;, precisamente en ese punto, no puede ser fortuito que una rueda que no ha reventado en a&ntilde;os lo haga exactamente en el sitio menos apropiado para ello, en esos trescientos metros malditos, justo cuando se aproximaba al nudo de carreteras y empezaba a incorporar tensi&oacute;n a su conducci&oacute;n, miradas al retrovisor y a los m&aacute;rgenes, el pie llevando a fondo el acelerador, y en ese momento, justo entonces, escucha el estallido, una detonaci&oacute;n seca que puede ser causada por otra circunstancia, que espera sea causada por otra circunstancia, al pisar un trozo de chapa dejado en el asfalto, una piedra que otro veh&iacute;culo hace saltar y que impacta contra la carrocer&iacute;a, pero es un pinchazo, resulta evidente en la manera en que el coche se vuelve inestable, avanza cojeando, el ruido de la llanta golpeando en cada vuelta del eje indica que ha sido un revent&oacute;n grande, disminuye la marcha para no perder el control y aunque inicialmente aspira a atravesar esos trescientos metros aunque sea arrastrando la rueda desnuda, el coche se vuelve m&aacute;s indomable y, ante el riesgo de un accidente mayor, acaba deteni&eacute;ndose en el arc&eacute;n, a unos cien metros de la parada de autob&uacute;s.</p>
<p>No puede ser casual, piensa, y por tanto teme algo intencionado, una trampa en la que hoy le toc&oacute; caer a &eacute;l, unos clavos dejados en el asfalto para provocar el pinchazo, una emboscada de quienes en pocos segundos caer&aacute;n sobre su coche y le sacar&aacute;n violentamente del interior para, en el mejor de los casos, dejarlo tirado y algo magullado en la cuneta para escapar con su veh&iacute;culo. Entre las muchas historias, ciertas o ap&oacute;crifas, que circulan sobre ese lugar, no recuerda haber o&iacute;do nunca nada acerca de este tipo de emboscadas. Sabe de atropellos, piedras lanzadas desde el viaducto sobre el parabrisa de los coches, aver&iacute;as fingidas para que un incauto atienda la petici&oacute;n de auxilio y se detenga, autoestopistas de aspecto confiable; pero no conoce ning&uacute;n caso de clavos para provocar un pinchazo, lo que no le tranquiliza, siempre hay una primera vez para todo.</p>
<p>Qu&eacute; hacer. Permanece a&uacute;n dentro del veh&iacute;culo, agarrado al volante, ya detenido en el arc&eacute;n. Mira por el retrovisor, a quienes se aproximan por la autopista y le adelantan, se ve &eacute;l mismo con los ojos de quienes conducen esos otros coches y que le mirar&aacute;n como &eacute;l ha mirado otras veces a veh&iacute;culos detenidos en el arc&eacute;n, que siempre le resultaron sospechosos, nunca pens&oacute; en un pinchazo o una aver&iacute;a m&aacute;s que como una trampa, por eso ni siquiera intenta bajar del coche y hacer gestos para que alg&uacute;n conductor se detenga y le ayude, sabe que nadie se detendr&aacute;, todos est&aacute;n al tanto de lo que sucede en ese punto kilom&eacute;trico y no se arriesgar&aacute;n por mucho que su aspecto inspire confianza, un hombre aseado, afeitado, con americana de buen corte y corbata.</p>
<p>No baja del coche, para qu&eacute;, al menos dentro se siente todav&iacute;a seguro, no merece la pena hacer gestos a los coches, nadie parar&aacute;, y tampoco contempla siquiera intentar arreglar la aver&iacute;a, cambiar la rueda, nunca lo ha hecho, es torpe, no sabe ni d&oacute;nde est&aacute; la rueda de repuesto ni cree contar con las herramientas necesarias, y esa maniobra le retendr&iacute;a all&iacute; durante horas. Coge el tel&eacute;fono y lo mira sin saber todav&iacute;a a qui&eacute;n llamar. El primer impulso es el n&uacute;mero de emergencia, claro, la polic&iacute;a, pero no tiene sentido, no es ninguna emergencia, nadie le amenaza, no todav&iacute;a. Tampoco puede llamar a un compa&ntilde;ero de trabajo, a esa hora est&aacute;n ya todos en casa, &eacute;l fue hoy el &uacute;ltimo en salir de la oficina, suele ser puntual y hoy precisamente se retras&oacute;, las fatalidades se suman, sus horas extra de trabajo y el pinchazo, se suman y le dejan ah&iacute;, en la cuneta de la autopista cuando empieza a ponerse el sol y en menos de una hora llegar&aacute; la oscuridad.</p>
<p>Busca en la guantera la carpeta con los papeles del seguro, recuerda que hay una tarjeta de la compa&ntilde;&iacute;a con un n&uacute;mero para estos casos, le mandar&aacute;n una gr&uacute;a, un operario que le rescate y le cambie la rueda, aunque sabe que la ayuda puede demorarse un buen rato. Marca el n&uacute;mero de la tarjeta, suena tono de llamada durante un minuto pero nadie atiende el tel&eacute;fono. Cuelga y vuelve a marcar, y de nuevo da tono hasta que una voz grabada le indica que todos los operadores est&aacute;n ocupados, y le invita a volver a marcar pasados unos minutos. A&uacute;n lo intenta cuatro veces m&aacute;s, hasta que furioso arroja el tel&eacute;fono en el asiento.</p>
<p>Levanta la vista y, a trav&eacute;s del parabrisa delantero, lo ve. Un hombre, joven, vestido con ch&aacute;ndal, desgre&ntilde;ado. En el momento en que lo ve est&aacute; saltando el quitamiedos, unos cuarenta metros por delante de su coche. Pasa una pierna con dificultad, y al pasar la segunda pierna se engancha la zapatilla con la valla y da un traspi&eacute;s, se incorpora con torpeza. Echa un vistazo alrededor y por fin empieza a caminar hacia la parada del autob&uacute;s, pero tras unos pasos se detiene, como si recordase algo, y se gira hacia el coche de Emilio. Lo mira con atenci&oacute;n, acaso espera reconocerlo, y as&iacute; permanece unos segundos, dudando si continuar hacia la parada o desandar el camino y acercarse al coche. Cuando parece que se decide y da los primeros pasos hacia Emilio, algo llama su atenci&oacute;n a lo lejos. Emilio ve por el retrovisor el autob&uacute;s verde que se aproxima. El joven echa a correr hacia la parada, moviendo los brazos para llamar la atenci&oacute;n del conductor, que esta vez s&iacute; se detiene, frena junto a la parada y abre las puertas para que el joven suba, y con el autob&uacute;s se aleja una amenaza pero tambi&eacute;n una salida, pues Emilio piensa, demasiado tarde, que pod&iacute;a haber dejado el coche y correr hasta la parada para subirse &eacute;l tambi&eacute;n, al menos le hubiese acercado a la ciudad, ya tendr&iacute;a tiempo de avisar a la gr&uacute;a para que recogiese su coche.</p>
<p>Vuelve a marcar el n&uacute;mero de la compa&ntilde;&iacute;a aseguradora, con id&eacute;ntico resultado. Por fin se baja del coche, con cuidado al abrir la puerta pues los veh&iacute;culos atraviesan ese punto a gran velocidad. Da la vuelta revisando las ruedas hasta que localiza el pinchazo en la trasera derecha. El revent&oacute;n ha sido grande, la llanta casi toca la calzada, falta un trozo de neum&aacute;tico y huele todav&iacute;a a goma quemada. Se agacha junto a la rueda con gesto aprendido pero in&uacute;til, no sabe qu&eacute; hacer con una rueda as&iacute;, se incorpora y abre el maletero pero ah&iacute; no encuentra nada, se arrodilla y apoya las manos en el asfalto para mirar bajo el veh&iacute;culo, donde descubre la rueda de repuesto, enganchada con unos tornillos que no sabe con qu&eacute; podr&iacute;a soltar.</p>
<p>Se pone en pie, se sacude los pantalones y, ahora s&iacute;, se aproxima despacio al guardarra&iacute;l, mira al otro lado de la barrera, aquello que nunca ve desde la carretera pero que siempre ha imaginado, ayudado por algunas fotograf&iacute;as de peri&oacute;dico y por toda la imaginer&iacute;a habitual de la miseria. Est&aacute; en primer lugar el terrapl&eacute;n, que es m&aacute;s escarpado de lo que pensaba, aunque est&aacute; recorrido por un desag&uuml;e, una canalizaci&oacute;n de hormig&oacute;n que puede funcionar como escalera empinada. Abajo hay cuatro caravanas aparcadas, viejas, una de ellas sin ruedas, alzada con ladrillos. Tienen las puertas abiertas, y frente a ellas se acumulan restos de todo tipo, pal&eacute;s, cartones, pl&aacute;sticos, un veh&iacute;culo desguazado, bloques de cemento arrancados. Tras las caravanas hay un terreno descampado, de unos cincuenta metros de ancho, y despu&eacute;s comienza el poblado, formado por medio centenar de construcciones, algunas de aspecto inestable, de chapa o madera, otras que podr&iacute;an considerarse casas, de ladrillo y uralita, de aspecto tosco, a medio acabar. Entre las casas hay algunos coches aparcados, y se ve un grupo de ni&ntilde;os que juega y varias mujeres. A la puerta de una de las caravanas m&aacute;s pr&oacute;xima al terrapl&eacute;n hay cuatro hombres sentados en el suelo, haciendo c&iacute;rculo, uno de ellos casi tumbado. Un quinto hombre est&aacute; de pie, sobre la escalera de entrada a la caravana. Es &eacute;ste el que levanta una mano y se&ntilde;ala hacia la autopista, hacia Emilio, y comenta algo que hace que los otros cuatro miren hacia all&aacute; y, tras verle, se pongan en pie. Los cinco quedan unos segundos quietos, mirando hacia Emilio y hablando entre ellos. Uno de ellos grita algo que Emilio no entiende, y ya no ve m&aacute;s, pues retrocede para ocultarse, demasiado tarde, lo sabe.</p>
<p>El primer impulso es echar a correr, pero lo descarta por in&uacute;til. Mira hacia la carretera esperando un autob&uacute;s salvador, pero s&oacute;lo hay coches que aceleran al ver su veh&iacute;culo aparcado, evitando la posible trampa como &eacute;l ha hecho tantas veces. Se mete dentro y activa el cierre centralizado. Coge el tel&eacute;fono y vuelve a marcar, pero la misma grabaci&oacute;n de voz le pide disculpas y le anima a intentarlo de nuevo pasados unos minutos. Piensa que ahora s&iacute; deber&iacute;a llamar a la polic&iacute;a, no pierde nada, en el peor de los casos no le har&aacute;n caso, pero cabe la posibilidad de que le atiendan, si &eacute;l informa del punto exacto de la autopista en que se encuentra tal vez los uniformados comprendan sin m&aacute;s aclaraciones y manden un coche en auxilio, pero ya no tiene tiempo de marcar, pues en ese momento ve, unos metros por delante, a cuatro j&oacute;venes, los cuatro que estaban sentados en el suelo junto a la caravana, y que ahora saltan el quitamiedos y se acercan a su coche.</p>
<p>En los pocos segundos que tardan en alcanzarle, tiene tiempo de observarlos. Uno de ellos parece el m&aacute;s perjudicado, y camina arrastrando los pies y con la cabeza un poco ladeada, la mirada perdida. Los otros tres parecen en mejor estado, aunque hay algo nervioso en sus gestos. Visten ropa informal que no dice nada de ellos, vaqueros y camisetas, como cuatro amigos en cualquier calle de su barrio. S&oacute;lo el rostro demacrado, la barba descuidada y el pelo sucio informan de su condici&oacute;n. Instintivamente vuelve a comprobar si las puertas est&aacute;n cerradas, y ahora ya los cuatro rodean el veh&iacute;culo, dos por cada lado. El que tiene peor aspecto se apoya en el cap&oacute;, se deja caer sin cuidado, tal vez hunde ligeramente la chapa.</p>
<p>Qu&eacute; haces, pregunta uno de ellos, junto a su ventana. No debe de tener m&aacute;s de veinte a&ntilde;os, piensa Emilio, aunque su piel lastimada, los ojos humedecidos y la boca desdentada parecen de un anciano. Como no contesta a la pregunta, el muchacho la repite, acompa&ntilde;ando ahora sus palabras de un toque de nudillos en el cristal de la ventana: qu&eacute; haces. Emilio responde sin levantar mucho la voz: he pinchado. Qu&eacute;, pregunta el otro, con un gesto de no escuchar, abriendo m&aacute;s la boca para mostrar las enc&iacute;as. Que he pinchado, repite Emilio, casi gritando ahora. Joder, c&oacute;mo tienes la rueda, exclama uno, en la parte trasera, y hace que los otros dos acudan a ver el neum&aacute;tico reventado, mientras el cuarto sigue apoyado en el cap&oacute;, con la cabeza echada hacia atr&aacute;s, como a punto de dormirse. Emilio mira por el retrovisor a los tres, hasta que s&oacute;lo ve a uno pues los otros dos se han agachado junto a la rueda.</p>
<p>Llevas repuesto, pregunta el mismo de antes, que ha vuelto junto a la ventana. Emilio asiente en silencio. Te la cambiamos y nos llevas, propone el joven. Todav&iacute;a con el tel&eacute;fono en la mano, sin mirar a los ojos al muchacho, Emilio duda unos segundos mientras valora las opciones. Intenta entender la propuesta. Te la cambiamos y nos llevas. Pesa la desconfianza, no espera nada bueno de esos cuatro, y la posibilidad de una reparaci&oacute;n, un viaje juntos y una despedida amistosa al llegar a la ciudad le parece improbable. Ve m&aacute;s veros&iacute;mil que, una vez les facilite el acceso a la rueda de repuesto, la cambien en efecto, pero despu&eacute;s se marchen con el veh&iacute;culo dej&aacute;ndole a &eacute;l all&iacute; en el mejor de los casos. Cabe una &uacute;ltima opci&oacute;n, m&aacute;s aterradora, en la que no le abandonan en la carretera sino que se lo llevan con &eacute;l, apretado en el asiento trasero entre dos de ellos, a su derecha el que ya no est&aacute; sentado sino tumbado en el cap&oacute;, y que probablemente apoyar&iacute;a la cabeza en su hombro mientras viajaban hacia un destino incierto. Descarta la otra posibilidad aparente, quedarse encerrado en el coche y rechazar el ofrecimiento, pues cree que ser&iacute;a peor, que ellos conseguir&aacute;n lo que buscan por las buenas o por las malas, mejor no resistirse, y siempre cabe la posibilidad de que mientras cambian la rueda aparezca la guardia civil, o el autob&uacute;s y &eacute;l pueda echar a correr para subirse a tiempo dej&aacute;ndolos all&iacute; con el coche, o incluso, aunque ahora le parezca improbable, la oferta sea realmente amistosa y se conformen con un paseo de doce kil&oacute;metros a cambio de llenarse las manos de grasa en la reparaci&oacute;n.</p>
<p>No tardamos nada, insiste el muchacho, la cambiamos en un ratito y nos llevas, venga. Vale, concede Emilio, que en seguida se arrepiente cuando escucha la nueva petici&oacute;n del joven: tienes que abrir el maletero para que saquemos la rueda. Est&aacute; enganchada por debajo, responde Emilio, que mantiene la esperanza de no tener que salir del coche, y ganar as&iacute; tiempo. Ya, pero hay que soltarla desde dentro del maletero, tienes que abrirnos, insiste el otro. Vuelve a mirar el tel&eacute;fono en su mano, ahora ser&iacute;a el peor momento para intentar una llamada, podr&iacute;a poner nerviosos a sus atacantes, pero no hay motivo para llamarlos atacantes, no han hecho nada amenazante, a no ser que consideremos su sola presencia, su existencia, como una amenaza en s&iacute; misma. Por fin, resignado, abre la puerta y baja del coche con las llaves en la mano.</p>
<p>Da unos pasos hacia la parte trasera, seguido por el que parece ser portavoz del grupo. Los otros dos est&aacute;n todav&iacute;a agachados junto a la rueda, y r&iacute;en mientras dicen algo en voz baja. Emilio mira de nuevo hacia la carretera, donde no hay autob&uacute;s ni coche patrulla. Observa los coches que pasan, los rostros de los conductores, y se ve de nuevo a s&iacute; mismo desde fuera, como lo ver&iacute;a si fuese &eacute;l quien atraviesa en ese momento el tramo de autopista acelerando, un coche de gama alta, cuatro tipos manipulando el maletero, uno de ellos con americana y los otros con aspecto m&aacute;s desastrado, una escena extra&ntilde;a, quiz&aacute;s provoque que alguien llame a la autoridad, si dedicasen unos segundos, si redujesen la velocidad y se fijasen bien ver&iacute;an algo sospechoso.</p>
<p>Qu&eacute; coche m&aacute;s guapo tienes, dice otro de los j&oacute;venes, que ya se ha levantado y le habla de cerca, mientras pasa una mano en caricia por la carrocer&iacute;a y repite: qu&eacute; guapo. Emilio abre el maletero y da unos pasos hacia atr&aacute;s. Ve c&oacute;mo los tres se vuelcan sobre el interior y manipulan el suelo hasta que uno de ellos se gira y muestra en su mano una herramienta cuyo nombre Emilio ignora, una especie de barra larga y curva de acero brillante que, en otras circunstancias, observar&iacute;a como un arma contundente, se cubrir&iacute;a la cabeza o echar&iacute;a a correr, pero ahora quiere ver como lo que es, s&oacute;lo una herramienta para arreglar un pinchazo. Otro de los j&oacute;venes maniobra en el interior del maletero, hasta que la rueda de repuesto cae al asfalto junto a hierros y tornillos. El tercero se agacha y la arrastra hacia el exterior con dificultad, por lo pesado de la pieza y la debilidad del muchacho, muy delgado. El del maletero muestra otra pieza, lo que Emilio sin mucha dificultad identifica con un gato hidr&aacute;ulico.</p>
<p>Durante varios minutos los tres muchachos trabajan agachados en el lateral del coche. Mientras, Emilio camina por el arc&eacute;n, tres pasos hacia un lado y tres hacia el otro. Observa al cuarto hombre, que sigue acostado sobre el cap&oacute;, m&aacute;s dormido que desmayado. Siguen pasando coches a gran velocidad, y entre ellos pasa un autob&uacute;s, que no se detiene al no haber nadie en la parada, y tampoco Emilio intenta alcanzarlo. Reconoce que est&aacute; algo m&aacute;s tranquilo, los tres muchachos no han vuelto a dirigirle la palabra, hablan entre ellos y maldicen cuando un tornillo se resiste, de vez en cuando sueltan una risotada y uno empuja a otro, que cae de culo en el asfalto, bromas de amigotes. Mientras, se ha hecho casi de noche, los autom&oacute;viles alumbran con sus faros al pasar, los reflectores del quitamiedos brillan, y en pocos minutos no habr&aacute; luz suficiente para terminar la reparaci&oacute;n.</p>
<p>De golpe, uno de los tres se incorpora bruscamente y se acerca a Emilio, que en ese momento se giraba, y se sobresalta, reacciona ech&aacute;ndose a un lado y tensando el cuerpo, como si fuese a comenzar una pelea, no puede disimular su expresi&oacute;n asustada y el otro la percibe y entiende. Qu&eacute; te pasa, tienes miedo, le pregunta. No, no, responde Emilio intentando controlar los nervios, claro que no. Tienes miedo de nosotros, confirma el muchacho, que levanta la voz para que los otros dos le escuchen. Los compa&ntilde;eros detienen un instante su trabajo para mirar a Emilio, que quiere serenarse. De verdad que no, claro que no tengo miedo, sonr&iacute;e. Est&aacute;s cagado, insiste el muchacho, que se vuelve hacia sus amigos, uno de los cuales asiente y repite: est&aacute; cagado el t&iacute;o. Normal, dice el tercero, y los tres se r&iacute;en. Los dos agachados contin&uacute;an apretando tornillos, y el que se acerc&oacute; a Emilio lo observa unos segundos y por fin habla. Tienes un cigarro, pregunta. No fumo, se disculpa Emilio. Vaya, no fumas, dice el otro, y quedan los dos en silencio, mir&aacute;ndose, mientras los coches pasan a gran velocidad. A su espalda Emilio tiene el quitamiedos, lo roza con los dedos, sabe que detr&aacute;s est&aacute; el terrapl&eacute;n, no es una buena escapatoria, caer&iacute;a torpe rodando, y abajo, en las caravanas, en el poblado, sospecha mayores peligros. El otro sigue mir&aacute;ndolo, en silencio, con una expresi&oacute;n indefinida, la boca torcida, los ojos un poco arrugados, deslumbrado por los faros de los coches que pasan.</p>
<p>De pronto frunce la frente, entrecierra los ojos como mirando a lo lejos, despu&eacute;s los abre m&aacute;s, y grita a sus colegas, sin mirarlos, vienen los picolos, vienen los picolos, los otros dos se incorporan y miran hacia donde tambi&eacute;n mira ya Emilio, la luz azul sobre el techo de uno de los coches que se acerca, m&aacute;s lento que el resto. Los tres se desplazan a la parte delantera, donde est&aacute; el durmiente, al que levantan tirando de su camisa. El coche policial activa el intermitente para se&ntilde;alizar la maniobra, pisa el arc&eacute;n mientras va frenando, y deslumbra con sus faros a Emilio, que gira la cabeza y comprueba que los otros ya no est&aacute;n. Se asoma al otro lado del guardarra&iacute;l y, en lo oscuro, distingue las cuatro figuras que descienden a trompicones. Abajo se ven algunas bombillas d&eacute;biles entre las viviendas, y m&aacute;s all&aacute; se extiende ya la noche.</p>
<p>El coche avanza muy despacio hasta que se para a cinco metros de Emilio, ilumin&aacute;ndolo con los faros. Vuelve a mirar abajo, pero ya no puede ver a los huidos. El sonido de las puertas al abrirse y cerrarse le hace atender a los dos guardias que se han bajado y caminan hacia &eacute;l.</p>
<p>Qu&eacute; hace ah&iacute; parado, no sabe que no se puede parar en el arc&eacute;n, dice el que conduc&iacute;a. Perdonen, es que tuve un pinchazo. Y por qu&eacute; no ha se&ntilde;alizado el veh&iacute;culo, pregunta el otro, en tono duro. No me di cuenta, se disculpa Emilio. Tiene que poner los tri&aacute;ngulos de se&ntilde;alizaci&oacute;n y las luces de emergencia, informa el primero. Y tampoco se ha puesto el chaleco reflectante para bajar del veh&iacute;culo, a&ntilde;ade el segundo. Mu&eacute;strenos los papeles del veh&iacute;culo y su permiso de conducir, exige uno de los dos, Emilio no sabe cu&aacute;l, pues ha vuelto la mirada al otro lado del quitamiedos, a las luces que ya s&oacute;lo son puntos de brillo d&eacute;bil en la oscuridad del poblado.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 20 Nov 2013 07:26:17 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Andrés Trapiello: "La literatura y el arte son un viaje constante"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/andres-trapiello-la-literatura-y-el-arte-son-un-viaje-constante/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/ANDR_S_TRAPIELLO.jpg" alt="" /></p>
<p>Cuenta Andr&eacute;s Trapiello que sus primeras lecturas, placenteras y solitarias, las realiz&oacute; en el peque&ntilde;o desv&aacute;n de la casa familiar en Le&oacute;n, un desv&aacute;n &ldquo;al que se acced&iacute;a por una escalera de madera empinada y peligrosa&rdquo; y al que ten&iacute;a prohibido subir. &ldquo;Las cientos de horas pasadas all&iacute; fueron lo m&aacute;s parecido al para&iacute;so&rdquo;, confiesa en &ldquo;Mi novela&rdquo;, un texto disponible en su web, necesario para todo el que quiera acerc&aacute;rsele y al que recurr&iacute; en el momento de trabajar en esta entrevista para recrear un tiempo pasado. Un tiempo de or&iacute;genes, de formaci&oacute;n, que &eacute;l ha elevado ya a literatura, aderez&aacute;ndolo con ese tono de ternura y comprensi&oacute;n que adquieren los recuerdos cuando quien los relata se encuentra ya a una prudente distancia, lejos de los vaivenes emocionales que en su d&iacute;a pudieron provocar sus acciones. En ese recuento breve y sencillo de su biograf&iacute;a se rastrean perfectamente las huellas del escritor, esa combinaci&oacute;n de elementos que han forjado su car&aacute;cter y su manera de ver el mundo. Ah&iacute; est&aacute; el campo, la naturaleza, porque su padre fue ante todo hombre de campo. Ah&iacute; est&aacute;n los antecedentes intelectuales de su parentesco por parte materna. Ah&iacute; est&aacute;n los primeros encontronazos vitales -entre ellos la expulsi&oacute;n de su casa cuando su progenitor encontr&oacute; ejemplares de &ldquo;Mundo Obrero&rdquo; debajo de su cama- que le fueron dirigiendo hacia su destino de hombre de letras.</p>
<p class="normal">Si tuviera que retratar a Andr&eacute;s Trapiello podr&iacute;a partir de esa idea: un hombre de letras, un ser dotado para la palabra en todas sus vertientes. Y le ir&iacute;a a&ntilde;adiendo matices, impresiones que me he ido haciendo de &eacute;l a lo largo de los a&ntilde;os. Por ejemplo, que se mueve como pez en el agua en el juego dial&eacute;ctico y que le gusta llevar el contraste de las cosas hasta los extremos, expres&aacute;ndose como un torrente, un torrente de ideas, de circunloquios, de certezas e interrogantes que va manejando como un maestro de los malabares. Por ejemplo, que se siente igual de a gusto en su vida al aire libre, esa vida de horizontes extreme&ntilde;os de la que tanto ha escrito en sus diarios, en contacto con los &aacute;rboles y con las flores del campo, como en el paisaje interior de su casa de Madrid, ante su mesa de trabajo, ante sus libros queridos, muchos de los cuales ha ido atesorando en tantas madrugadas de desvelo y Rastro. En ese espacio, muy cerca de los retratos de sus autores de cabecera, Trapiello ha construido una especie de fortaleza, una isla particular hecha a su medida, confortable, aislada, donde los ruidos de la calle no llegan y donde las horas parecen pasar raudas sin que &eacute;l llegue a percibir -como el d&iacute;a de este encuentro- si fuera llueve o luce un sol radiante.</p>
<p class="normal">Apasionado a la hora de defender aquello en lo que cree y de criticar las causas con las que no comulga; buscador de verdades po&eacute;ticas y de calmas en su vida cotidiana, aunque sus observaciones de la realidad, de la vida de las gentes que le rodean, puedan provocar desasosiegos e incomodidades; reacio a frecuentar los salones literarios y a adscribirse a grupos; capaz de imponer respeto en quienes no le conocen, pero afable y cercano en la frecuencia del trato, en la distancia corta. Todo eso es Andr&eacute;s Trapiello, aunque &eacute;l prefiere zanjar su retrato -sus anhelos- en una sola l&iacute;nea de reminiscencias machadianas: &ldquo;Me gusta pasear, escribir y si ello fuera posible, una vida discreta&rdquo;.</p>
<p class="normal">Esta conversaci&oacute;n se inicia en torno a <em>Ayer no m&aacute;s</em> (Destino), por fin la novela sobre la Guerra Civil que siempre quiso escribir el ni&ntilde;o que no pod&iacute;a dejar de escuchar a su alrededor los ecos y los temores interiorizados de la gente cercana que vivi&oacute; la contienda, pero avanza a trav&eacute;s de los hitos fundamentales de una obra caudalosa, un r&iacute;o del que se desgajan m&uacute;ltiples afluentes y que ya conforma una lista considerable de t&iacute;tulos en todas las ramas que conforman su &aacute;rbol creativo. &ldquo;Una persona que colabor&oacute; en un tomo sobre mis &ldquo;Diarios&rdquo; dec&iacute;a que en ellos, m&aacute;s o menos colocados, ve&iacute;a todos mis otros libros: los ensayos, las novelas, los poemas. Esta idea me parece muy interesante y estoy de acuerdo con ella. Todo lo que he escrito participa de un cierto car&aacute;cter general, todo se mezcla&rdquo;, se&ntilde;ala el autor. En un&nbsp; lado de la mesa en torno a la que nos sentamos descansa el &uacute;ltimo volumen escrito de sus diarios -corresponde a 2013-. Han de pasar algunos a&ntilde;os para que veamos publicada esa entrega de la novela en marcha que es el &ldquo;Sal&oacute;n de pasos perdidos&rdquo;. La letra menuda, apretada, tan ordenada, dice mucho del trabajo met&oacute;dico de quien se convierte en anotador, observador, esclarecedor de las peque&ntilde;as cosas, sensaciones, misterios, del d&iacute;a a d&iacute;a, de esas mariposas huidizas a las que en ocasiones es posible apresar.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>Una novela coral sobre la Guerra Civil</strong></p>
<p class="normal">- Su &uacute;ltima novela, &ldquo;Ayer no m&aacute;s&rdquo; es una obra coral en la que asoman muchos personajes, muchas voces que acaban componiendo un mosaico m&uacute;ltiple, cargado de contrastes, pero tambi&eacute;n es un libro que condensa hallazgos, elementos de los anteriores, y que al mismo tiempo dice muchas cosas de la propia biograf&iacute;a de Andr&eacute;s Trapiello</p>
<p class="normal">- No es exactamente una novela autobiogr&aacute;fica, aunque en todos mis libros hay cosas de m&iacute; y aqu&iacute; concretamente hay muchos elementos que hacen referencia a Le&oacute;n, a mi infancia, a la gente que he conocido. El suceso que hace surtir la novela, que la despierta; el primero de todos, es un hecho com&uacute;n, porque cu&aacute;nta gente vio morir en la guerra a alg&uacute;n miembro de su familia asesinado a sangre fr&iacute;a. Tal vez haya menos casos de ni&ntilde;os que hayan sido testigos, como sucede en el libro, pero lo que tiene valor para m&iacute; es que yo me llegu&eacute; a enterar de un hecho as&iacute;, real, muy cercano, y eso no es propiamente autobiogr&aacute;fico, auque s&iacute; es parte de mi biograf&iacute;a. Todos los episodios que se cuentan en esta novela me han sido relatados o los he escuchado de personas que estuvieron all&iacute; cuando sucedieron. Todos, excepto el &uacute;ltimo, en el que se habla de un asesinato de padre e hijo que no est&aacute; referido a Le&oacute;n. Pero todos los dem&aacute;s acaecieron, incluida la historia del fil&oacute;sofo que fue salvado por su abuela cuando ten&iacute;a apenas unos meses, mientras su padre y sus cinco hermanos eran asesinados.</p>
<p class="normal">- &iquest;Ha dotado a su protagonista, Pepe Pesta&ntilde;a, de caracter&iacute;sticas propias, o el parecido es simple coincidencia?</p>
<p class="normal">-&nbsp; S&iacute;. Pepe Pesta&ntilde;a se parece un poco a m&iacute; o yo me parezco a &eacute;l, pero &eacute;l es infinitamente mucho mejor, en el sentido de que es un hombre m&aacute;s sosegado e incluso m&aacute;s esc&eacute;ptico, a pesar de que ha sido historiador. El padre de Pepe Pesta&ntilde;a tiene poco que ver con mi padre, aunque es cierto que hay elementos comunes. Yo me enfrent&eacute; con mi padre por razones ideol&oacute;gicas durante un tiempo, pero afortunadamente llegamos a resolverlo. El conflicto es mucho m&aacute;s extremo en la novela. Mi padre era falangista, igual que el de Pesta&ntilde;a, pero ah&iacute; se acaban todos los parecidos. El personaje de ficci&oacute;n pertenece a la burgues&iacute;a leonesa, es un empresario, un militante pol&iacute;tico conocido, mientras que el m&iacute;o, para nada. En cuanto termin&oacute; la guerra dej&oacute; la pol&iacute;tica y se quit&oacute; la camisa azul.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Siempre quise aprender a escribir para contar lo que hab&iacute;a sido un hecho determinante en mi familia, la Guerra Civil&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;Por qu&eacute; una novela sobre la Guerra Civil justamente ahora?</p>
<p class="normal">- Pues porque ha sido cuando me he sentido capaz de afrontarla. En realidad yo siempre quise escribirla, desde muy joven. Recuerdo que cuando Miriam, mi mujer, me pregunt&oacute;, al empezar a salir juntos, por qu&eacute; quer&iacute;a ser escritor, le dije que porque deseaba escribir una novela sobre la Guerra Civil. Y era cierto, aunque ahora pueda parecer muy literario, muy colocado. Siempre quise aprender a escribir para poder contar lo que era un hecho determinante en mi familia. Toda la existencia de mis parientes cercanos -mi madre, mi padre, mis t&iacute;os, mis abuelos- giraba en cierto modo alrededor de este hecho. Yo creo que estuvieron conmocionados toda la vida pensando que se hab&iacute;an librado de la muerte. La hab&iacute;an visto por todos los lados. Mi padre empez&oacute; la guerra muy joven, con 19 a&ntilde;os [el padre del protagonista, con 17]. Asisti&oacute; a la toma del Frente de Oviedo; entr&oacute; en Gij&oacute;n; particip&oacute; en la Batalla de Teruel; acto seguido libr&oacute; la del Ebro y acab&oacute; en Levante tomando Castell&oacute;n. Estuvo en primera fila los tres a&ntilde;os que dur&oacute; el conflicto y nunca dej&oacute; de sentirse impresionado por ese hecho, porque vio morir a muchas personas. Hay en la novela un dato que antes no record&eacute; y que s&iacute; he tomado de mi padre, las partidas de cartas -&rdquo;las siete y media&rdquo;- con los amigos muertos.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Espa&ntilde;a fue un pa&iacute;s cervantino hasta 1959&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- En este libro est&aacute;n los ambientes de la infancia, los paisajes de la tierra natal, incluso hay impresiones que podr&iacute;an haber sido las que usted sinti&oacute; entonces. El protagonista asocia momentos de felicidad de la ni&ntilde;ez con esos escenarios. &iquest;C&oacute;mo recuerda esa geograf&iacute;a y cu&aacute;ndo se ve por primera vez queriendo escribir y a lo mejor so&ntilde;ando ya con construir esa novela sobre la Guerra Civil?</p>
<p class="normal">- Curiosamente, como todo el mundo sabe, Espa&ntilde;a fue un pa&iacute;s cervantino pr&aacute;cticamente hasta 1959, a&ntilde;o en el que se llev&oacute; a cabo el plan de estabilizaci&oacute;n del franquismo, con el que se introdujo una econom&iacute;a que acab&oacute; destruyendo todo lo que se hab&iacute;a conservado pr&aacute;cticamente igual desde hac&iacute;a cuatro siglos. Vemos fotograf&iacute;as de los pueblos de los a&ntilde;os 50 y parece que estamos mucho m&aacute;s atr&aacute;s en el tiempo. Yo tuve la suerte de conocer eso. A la edad de seis a&ntilde;os la memoria de un ni&ntilde;o ya es muy viva y recuerdo perfectamente lo que era Le&oacute;n entonces. Recuerdo luces, olores, el ganado por las calles, los establos dentro de la ciudad y tambi&eacute;n los huertos, muy cercanos. Le&oacute;n era un pueblo sitiado por el Argo, un pueblo bastante agropecuario y al mismo tiempo una urbe. Un territorio enteramente de retaguardia, muy determinado por la guerra, al menos en lo que a mi familia concierne. La guerra all&iacute; dur&oacute; solamente dos d&iacute;as, dos d&iacute;as de algaradas entre los sindicalistas y unos pocos militantes de izquierdas con los militares sublevados, los falangistas y los guardias civiles, quienes atajaron esa resistencia en muy poco tiempo. Pero a partir de entonces la ciudad se convirti&oacute; en uno de los focos de represi&oacute;n m&aacute;s grandes que hubo en Espa&ntilde;a. Ah&iacute; estaba ese famoso penal de lujo que es el Hostal de San Marcos, por el que iban a pasar miles de personas, unos en tr&aacute;nsito y otros directamente hacia la fosa com&uacute;n, hacia las cunetas o los cementerios. Esa memoria siempre se ha conservado porque hablamos de una ciudad muy peque&ntilde;a, una&nbsp; ciudad de algo m&aacute;s de 20.000 habitantes, donde se lleg&oacute; a tener una poblaci&oacute;n penal de unos 3.000. Eso es algo tremendo. En Madrid, si tu casa estaba lejos de la c&aacute;rcel de San Ant&oacute;n pod&iacute;as no enterarte de lo que estaba pasando all&iacute;, pero en Le&oacute;n no hab&iacute;a manera de cerrar los ojos y eso pervive en mi familia de una manera muy intensa. En mi casa solo se hablaba de la guerra y no puedo olvidar c&oacute;mo ciertos h&aacute;bitos siguieron manteni&eacute;ndose mucho despu&eacute;s de acabada, por ejemplo el no poder hablar -y eso que &eacute;ramos una familia numerosa- durante la emisi&oacute;n del &ldquo;parte&rdquo;, el nombre b&eacute;lico que segu&iacute;an conservando los boletines informativos de la radio. Era como si estuvi&eacute;ramos todav&iacute;a en el frente.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>A&ntilde;os de familia y formaci&oacute;n</strong></p>
<p class="normal">- Hay una figura de la que suele hablar y de la que ha escrito en sus textos m&aacute;s biogr&aacute;ficos, su t&iacute;o C&eacute;sar. &iquest;Fue clave en su formaci&oacute;n?</p>
<p class="normal">-&nbsp; Sin duda influy&oacute;. Era el hermano mayor de mi madre y se vino a vivir a nuestra casa justamente en el a&ntilde;o 1959. Adem&aacute;s de cura y de haber sido tambi&eacute;n alf&eacute;rez provisional en la guerra, C&eacute;sar Trapiello era un dibujante, un dibujante discreto, muy solanesco para algunas cosas, y que por aquel entonces, despu&eacute;s de la guerra, hab&iacute;a hecho un c&oacute;mic muy a lo Tint&iacute;n, muy bonito. &Eacute;l se trajo consigo dos cosas que a m&iacute; me fascinaron siempre, su biblioteca y sus dibujos de la guerra. En casa hab&iacute;a tres libros y de repente tener a disposici&oacute;n una biblioteca, no digo que copiosa, pero s&iacute; relativamente importante, fue algo grandioso. Esa biblioteca le pertenec&iacute;a en parte, porque tambi&eacute;n inclu&iacute;a ejemplares de un t&iacute;o suyo, t&iacute;o abuelo m&iacute;o, que se llamaba Jos&eacute; Trapiello y que asimismo hab&iacute;a escrito poes&iacute;as en las revistas modernistas de los a&ntilde;os 20, muy a lo Rub&eacute;n Dar&iacute;o, a lo Amado Nervo. Entre los vol&uacute;menes que la compon&iacute;an hab&iacute;a algunas obras sobre la Guerra Civil, de autores que luego me ser&iacute;an familiares; pero igualmente importantes fueron los dibujos que tambi&eacute;n se trajo: muchos apuntes que hab&iacute;a tomado del natural en la batalla, que nos dejaba ver y que a m&iacute; me fascinaban. Se trataba de esbozos de bombardeos, de trincheras, de paisajes, de casas derruidas... En aquel momento mi t&iacute;o C&eacute;sar, adem&aacute;s de cura y de capell&aacute;n del Hospicio y de la Maternidad de Le&oacute;n, era periodista y escrib&iacute;a todos los d&iacute;as de temas varios en el <em>Diario de Le&oacute;n</em>, el diario clerical de la provincia, que durante la Rep&uacute;blica hab&iacute;a sido abiertamente golpista, y donde se hac&iacute;an todos los a&ntilde;os concursos de redacci&oacute;n para los ni&ntilde;os. Recuerdo que me present&eacute; a uno, lo que me lleva a considerarme como un caso de precocidad vocacional. Ya me veo como escritor desde los 8 o 9 a&ntilde;os y no olvido que el primer libro que compr&eacute; con mi dinero&nbsp; fue una edici&oacute;n del &ldquo;Quijote&rdquo; para escolares de Edelvives, con ilustraciones de Dor&eacute;. En esa vocaci&oacute;n temprana, s&iacute;, pudo influir mi t&iacute;o C&eacute;sar y tambi&eacute;n mi abuelo Andr&eacute;s, que era maestro de escuela, igual que mi bisabuelo. Ambos hab&iacute;an hecho sus pinitos, hab&iacute;an escrito actos sacramentales y creo que tambi&eacute;n alg&uacute;n tipo de madrigal que he llegado a leer.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>El reto de escribir una novela no guerracivilista</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;Cu&aacute;les fueron los principales obst&aacute;culos a la hora de afrontar el reto de escribir una novela sobre la Guerra Civil, tal vez, precisamente, la vivencia tan cercana del impacto en su familia imped&iacute;a la perspectiva, la distancia necesaria?</p>
<p class="normal">-&nbsp; Bueno, fundamentalmente ve&iacute;a una enorme dificultad. Por una parte, aunque hay novelas sobre la Guerra Civil enormemente meritorias, muy bien construidas, yo no encontraba ninguna que me la representase en toda su complejidad, quiz&aacute;s porque ve&iacute;a que las propias caracter&iacute;sticas de un enfrentamiento de ese tipo hac&iacute;a inviable un proyecto literario inclusivo, en el que se pudieran mirar las dos partes. La Guerra Civil, como definici&oacute;n, dividi&oacute; el pa&iacute;s en dos y todas las novelas, casi sin excepci&oacute;n, han sido o la novela de un lado o la novela del otro lado. Son obras que perpet&uacute;an un poco la propia realidad guerracivilista. Y esto, a mi modo de ver, era un h&aacute;ndicap enorme para los lectores. Lo que yo quer&iacute;a era hacer una novela que reflejase a todo el mundo.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>Sobre <em>Las armas y las letras</em></strong></p>
<p class="normal">- &iquest;Hubiese sido posible&nbsp; <em>Ayer no m&aacute;s </em>sin el antecedente de <em>Las armas y las letras</em>?</p>
<p class="normal">- No. <em>Las armas y las letras</em> me marc&oacute; el camino. Fue exactamente lo que he buscado llevar a cabo a trav&eacute;s de la ficci&oacute;n, un libro en el que todo el mundo pod&iacute;a reconocerse y reconocer al que no era su igual, al que no era su semejante en ideas pol&iacute;ticas; en el que pod&iacute;amos percibir las razones, si las hab&iacute;a, del otro, y condenar desde un mismo punto de vista la violencia similar que hubo en los dos lados. &ldquo;Las armas y las letras&rdquo; es un estudio exhaustivo de much&iacute;simos escritores, cosa que no se hab&iacute;a hecho nunca, porque se supon&iacute;a que hab&iacute;a unos pocos escritores importantes y el resto no contaba. Para m&iacute; esa divisi&oacute;n no funcionaba porque los autores que me presentaban como los grandes no me lo parec&iacute;an. Por ejemplo, no me parec&iacute;a relevante ni como escritor ni como pol&iacute;tico Rafael Alberti, ni me lo parec&iacute;an en la derecha Garc&iacute;a Serrano o La&iacute;n Entralgo. Lo que plantea el ensayo es justamente la similitud de las ret&oacute;ricas y de la barbarie de los dos bandos, sobre todo en la retaguardia.</p>
<p class="normal">- &iquest;Su intenci&oacute;n fue escribir un libro no partidista?</p>
<p class="normal">- En efecto. Y esto es lo que a mi modo de ver m&aacute;s han acabado valorando los lectores, encontrarse con un estudio que parte del reconocimiento de cosas tan elementales como que en la guerra hubo dos bandos: un bando, representado por la Rep&uacute;blica, que defend&iacute;a los principios de la Ilustraci&oacute;n -Igualdad, Fraternidad y Libertad- y otro bando, el de los sublevados, que se levant&oacute; justamente contra la Rep&uacute;blica porque quer&iacute;a acabar con la Ilustraci&oacute;n. Hoy esto ya est&aacute; claro, pero lo que no todo el mundo acaba de ver es que la defensa de esos principios de la Ilustraci&oacute;n por parte de la Rep&uacute;blica dur&oacute; muy poco, ya que &eacute;sta se vio desbordada muy pronto por gentes que no solamente no los iban a defender, sino que atacaron esos principios instalando un r&eacute;gimen revolucionario, mientras que, parad&oacute;jicamente, en la otra parte, en la de los que se sublevaron, hab&iacute;a gentes que segu&iacute;an siendo ilustrados. El d&iacute;a 19 de julio Ortega y Gasset o Unamuno, por poner dos ejemplos egregios, no dejaron de ser liberales por el hecho de demostrar sus simpat&iacute;as a la sublevaci&oacute;n. Siguieron siendo ilustrados, liberales, aunque luego no tuvieran absolutamente ninguna posibilidad de modificar la inercia criminal del r&eacute;gimen. Este era el otro paso fundamental que hab&iacute;a que dar y que se da en <em>Las armas y las letras</em>, donde, adem&aacute;s, se aborda la violencia en uno y otro caso, nunca desde la equidistancia, pero s&iacute; desde la ecuanimidad. Porque un escritor, un intelectual, ha de exigirse el ser ecu&aacute;nime. Ha de encontrar un tono de discurso que nos ayude a comprender, a no prender otra vez el guerracivilismo, a reflexionar sobre la violencia y al mismo tiempo ver que todo es m&aacute;s complejo, m&aacute;s dif&iacute;cil, de lo que nos han dicho, que no todo es un blanco o un negro absolutos.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">- Hablamos de una obra fundamental en el discurrir de la historia de la literatura espa&ntilde;ola, ya que contribuy&oacute; a modificar la valoraci&oacute;n de escritores tanto de izquierdas como de derechas, desmitificando a unos, sacando a la luz a otros que estaban olvidados, ocultos, ninguneados. &iquest;Hasta qu&eacute; punto ha sido un libro que ha marcado un antes y un despu&eacute;s?</p>
<p class="normal">- Ha marcado un antes y un despu&eacute;s, no en mi vida, porque este es un libro mercenario que no hubiera escrito si Rafael Borr&aacute;s no me lo hubiera encargado. No hay cosa mejor que ser pobre como escritor porque eso te impulsa a hacer cosas que de lo contrario no har&iacute;as. De haber sido rico este libro no lo hubiera escrito, porque yo sab&iacute;a que aquello era un terreno minado. &ldquo;Las armas y las letras&rdquo; me ha ayudado much&iacute;simo a extremar la investigaci&oacute;n, el trabajo de campo, pero las ideas generales que expongo ya las ten&iacute;a claras. En lo que s&iacute; estoy de acuerdo, y lo creo modestamente, es en que ha significado un antes y un despu&eacute;s, y no solo en la historia de la literatura, sino tambi&eacute;n en la del pensamiento pol&iacute;tico respecto de la Guerra Civil. Lo que se argumenta ampliamente en &eacute;l yo ya lo hab&iacute;a formulado, como 10 a&ntilde;os antes, en un art&iacute;culo que publiqu&eacute; en <em>El Pa&iacute;s</em> y que part&iacute;a de un texto de Agust&iacute;n de Fox&aacute;. Ah&iacute; ven&iacute;a a decir que los escritores que hab&iacute;an ganado la Guerra Civil hab&iacute;an perdido los manuales de literatura, que hab&iacute;an sido entregados, como una especie de regalo de consolaci&oacute;n, a los que la hab&iacute;an perdido. Para m&iacute; eso resultaba absurdo, porque me encontraba con autores estupendos de derechas frente a otros de izquierdas que ten&iacute;amos que comernos porque s&iacute; y que val&iacute;an mucho menos.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>El mito de las dos Espa&ntilde;as</strong></p>
<p class="normal">- El mito de las dos Espa&ntilde;as lo ha articulado todo durante much&iacute;simo tiempo y en cierto modo sigue haci&eacute;ndolo: la pol&iacute;tica, el pensamiento, la literatura, la vida social...</p>
<p class="normal">- As&iacute; es. Y yo lo que he hecho justamente en este libro es cuestionarlo. A m&iacute; ese discurso sobre la Guerra Civil no me cuadraba porque el mito de las dos Espa&ntilde;as no articulaba perfectamente todo lo que hab&iacute;a sucedido. Al inicio del conflicto esas dos Espa&ntilde;as estaban representadas por dos grandes minor&iacute;as, que eran la del Partido Comunista y alrededores, y la de Falange Espa&ntilde;ola, dos fuerzas peque&ntilde;as, de unos veinte mil militantes a cada lado y que al terminar la confrontaci&oacute;n acabaron con mill&oacute;n y pico de afiliados. Yo me preguntaba de d&oacute;nde hab&iacute;a salido ese mill&oacute;n y pico si antes del enfrentamiento armado, con libertad, toda esa gente no era comunista ni falangista y despu&eacute;s, sin ella, ya estaba en un bando o en el&nbsp; otro. Se hab&iacute;an tenido que adscribir a la fuerza. Y, por otra parte, no se pod&iacute;a dejar de lado a la tercera Espa&ntilde;a, esa tercera Espa&ntilde;a, de izquierdas, de centro o de derechas, pero que no participaba de la belicosidad de ninguna de las otras dos. En el libro, de una manera bastante gr&aacute;fica a trav&eacute;s de los escritores, est&aacute;n representados los dos lados, que tuvieron una determinaci&oacute;n clara de revoluci&oacute;n desde el primer momento, que creyeron que pod&iacute;an hacer una revoluci&oacute;n en Espa&ntilde;a y que la pod&iacute;an ganar, del mismo modo que la Alemania nacionalsocialista y fascista hab&iacute;a hecho una revoluci&oacute;n y la hab&iacute;a ganado, del mismo modo que pas&oacute; en la&nbsp; Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica. No estaban hablando de utop&iacute;as sino de cosas reales y se lanzaron a ello con determinaci&oacute;n de exterminio, porque ten&iacute;an una visi&oacute;n, un discurso de la historia, finalista, que es de lo que trata tambi&eacute;n mi novela. La Historia, se cre&iacute;a desde un lado y desde el otro, deb&iacute;a conducir a un para&iacute;so donde todo ser&iacute;a posible, ya fuera el para&iacute;so comunista, ya fuera el para&iacute;so falangista. Si para ello ten&iacute;an que llevarse por delante a unos cuantos millones de seres humanos no pasaba nada porque el final iba a justificar la eliminaci&oacute;n de todos aquellos que imped&iacute;an realizar ese proyecto, llevar a cabo esa idea de la historia tan hegeliana y totalitaria.</p>
<p class="normal">- &iquest;Cree que el ensayo apareci&oacute; en un momento en el que la sociedad estaba preparada para acometer esa lectura? Recuerdo que hubo mucha crispaci&oacute;n cuando se public&oacute;.</p>
<p class="normal">- Cuando se public&oacute; los principales responsables de la guerra se estaban muriendo, las heridas ya no dol&iacute;an lo mismo y est&aacute;bamos dando paso a la generaci&oacute;n de los nietos. En ese panorama lo que planteaba &ldquo;Las armas y las letras&rdquo; era un alejamiento para empezar a analizar las cosas con una cierta objetividad, con una mayor perspectiva. Y se da la circunstancia de que,&nbsp; tanto la primera edici&oacute;n como la segunda, mucho m&aacute;s reciente, est&aacute;n marcadas por el descubrimiento de personas que fueron testigos oculares de los acontecimientos, pero que no participaban ni en la dial&eacute;ctica de los vencedores ni en la de los perdedores. Me refiero a gentes como Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, Chaves Nogales, Clara Campoamor o Morla Lynch, gentes que, sin ser fascistas ni comunistas, ten&iacute;an una visi&oacute;n clara, como representantes de esa tercera Espa&ntilde;a, de lo que estaba ocurriendo, lo que les permit&iacute;a ser libres para denunciar los cr&iacute;menes de uno y otro bando. Unos cr&iacute;menes que hab&iacute;an sido negados sistem&aacute;ticamente por todos. La izquierda se los atribu&iacute;a a unos desalmados, alegando que el gobierno de la Rep&uacute;blica no ten&iacute;a responsabilidades en todo ello -cosa a todas luces falsa-, mientras que los fascistas, como hab&iacute;an ganado, no ten&iacute;an la necesidad de hablar de sus propios cr&iacute;menes y optaron por ocultarlos.</p>
<p class="normal">-&nbsp; La derecha borr&oacute; sus huellas, no dej&oacute; testimonio. En este punto actuaron de manera completamente distinta.</p>
<p class="normal">-&nbsp; S&iacute;. La derecha hizo todo lo contrario que la izquierda, cuyos cr&iacute;menes est&aacute;n documentad&iacute;simos. La barbarie de sus propios funcionarios fue registrada a conciencia. En Madrid se sacaban fotos de todos los asesinados de las checas, con lo cual cuando los fascistas, los franquistas, llegaron a la capital se hincharon de ver im&aacute;genes de asesinatos y a perseguir a todos los que los hab&iacute;an llevado a cabo. Facilitaron el camino de la represi&oacute;n precisamente por la idea que ten&iacute;an de que ni siquiera eso que hac&iacute;an estaba mal. &iquest;Por qu&eacute; si no hay hay tanto testimonio de iglesias ardiendo, de momias desenterradas? Los revolucionarios pensaban que eso estaba bien y en cambio circulaba la &eacute;tica de que hab&iacute;a que acabar con todos los testimonios de la religi&oacute;n, de los curas, de los burgueses, de los militares. De la misma manera que en la revoluci&oacute;n Cultural China se jactaban de documentar toda la barbarie. Hab&iacute;a una especie de apolog&iacute;a del terror y esa es otra de las cosas que yo creo que por primera vez se pone en evidencia tan claramente en <em>Las armas y las letras</em>.</p>
<p class="normal">- Al acometer esta obra, Andr&eacute;s Trapiello tuvo que ejercer de historiador, una disciplina que desarrolla de manera profesional el protagonista de <em>Ayer no m&aacute;s</em>, Pepe Pesta&ntilde;a. &iquest;Se sinti&oacute; un intruso en cierto modo?</p>
<p class="normal">- Durante la guerra Antonio Machado ya hab&iacute;a dicho que la ret&oacute;rica de la guerra, de una parte y de otra parte, era similar. Pero nadie quiso o&iacute;rle y esa postura se mantuvo durante 50 a&ntilde;os. Del 39 al 94, que fue cuando se public&oacute; &ldquo;Las armas y las letras&rdquo;, la universidad espa&ntilde;ola se estuvo mirando el ombligo. Este libro se tendr&iacute;a que haber escrito en la universidad espa&ntilde;ola. Ese trabajo ten&iacute;an que haberlo hecho los estudiosos, los especialistas, no yo, que soy un aficionado. Pero los que se dedican a esto de una manera concienzuda, estaban en otra cosa. Con honrosas excepciones, como es el caso de Jos&eacute;-Carlos Mainer, estaban en labores, de propaganda, tanto de derechas como de izquierdas, aunque en el caso de la literatura la inmensa mayor&iacute;a apoyaba desde los departamentos a los escritores de izquierdas, sin cuestionarse nada en absoluto.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>Atrev&aacute;monos a saber</strong></p>
<p class="normal">- &iquest;Le ha hecho ganar muchos enemigos <em>Las armas y las letras</em> al descolocar el discurso imperante durante tanto tiempo? La ca&iacute;da de mitos, el reconocimiento de escritores largo tiempo denostados...</p>
<p class="normal">- Yo parto de la idea de que a m&iacute; la literatura s&oacute;lo me ha dado amigos. Si alguien como yo, con 60 a&ntilde;os, puede seguir escribiendo, publicando tantos libros y art&iacute;culos en distintos medios, es porque tiene much&iacute;simos amigos. Lo que pasa es que las personas que se revuelven rabiosas contra el tipo de pregunta que yo me planteo tanto en &ldquo;Las armas y las letras&rdquo; como en la novela -&iquest;cu&aacute;l es el origen de la violencia, cu&aacute;l es la justificaci&oacute;n de la violencia?-&nbsp; es porque creen que el discurso de la historia de la literatura estaba cerrado ya, con los buenos y los malos; los grandes escritores y los que no valen nada. Molesta que llegue alguien y diga: &ldquo;no, esto no es as&iacute;; vamos a cuestionarlo; empecemos leyendo los libros; atrev&aacute;monos a saber, porque ese es el principio de la ciencia y porque lo que me han contado puede estar bien, o no, pero yo me lo voy a cuestionar&rdquo;. Los representantes de ese modo ya cerrado de la Historia y de la literatura se enfurecieron. &iquest;C&oacute;mo que Alberti no es un gran escritor, c&oacute;mo que no tuvo un comportamiento ejemplar? &ldquo;Pues no, no lo tuvo&rdquo;, les contesto yo y les ense&ntilde;o una revista, &ldquo;El mono azul&rdquo;, de la que &eacute;l era director y donde publicaba una secci&oacute;n semanal, &ldquo;A paseo&rdquo;, que llamaba a los madrile&ntilde;os a &ldquo;pasear&rdquo; a la gente. Eso est&aacute; ah&iacute;, yo no me lo invento. Requiere, de alg&uacute;n modo, una justificaci&oacute;n, igual que pasa con Bergam&iacute;n, quien en uno de sus libros pide a los comunistas que se carguen en las trincheras a los trotskistas. Se produjo una matanza de dos mil y pico trotskistas en unas semanas en Barcelona, porque hab&iacute;a instigadores que alentaban a sus militantes de base a perpetuar la violencia, no tan solo en el frente sino en la retaguardia, donde ya no hay nobleza de ning&uacute;n tipo y toda batalla se convierte en un mezquino y extremo cruce de pasiones. La gente que defiende todo esto, cuando en el libro se hace esa pregunta y se responde, se siente inc&oacute;moda.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;La inmensa mayor&iacute;a de mis lectores pertenecen a la tercera Espa&ntilde;a&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Sin embargo, el libro ha contado con much&iacute;simos lectores.</p>
<p class="normal">-&nbsp; S&iacute;, pero la inmensa mayor&iacute;a de esos lectores pertenecen a la tercera Espa&ntilde;a y est&aacute;n enormemente agradecidos de que por fin lo que ellos hab&iacute;an vislumbrado de una manera oscura se haya expuesto tan claramente. Por eso es por lo que se han volcado con el libro, porque encuentran que expresa una sospecha que ten&iacute;an y se sienten representados. Se trata de gente capaz de leer con el mismo provecho y el mismo gusto textos de Pla o de Cunqueiro junto con otros de S&eacute;nder, de Max Aub o del propio Alberti. Y les llegan a gustar de la misma manera, pero sin dejar de distinguir sus comportamientos &eacute;ticos, la naturaleza de sus acciones, sean de un bando o de otro. Volviendo a lo anterior, no es que haya perdido como amigos a los que han protestado, porque a esas personas que intentaron por todos los medios durante 40 a&ntilde;os que esas preguntas nuevas, que esas respuestas, no se produjeran, nunca los tuve como tales. Ellos hab&iacute;an dado por cerrada la Historia, mientras que el concepto que yo tengo de la misma es un concepto benjaminiano, abierto. Abrir esa puerta es lo que nos ha conducido a encontrar a esos escritores, tanto o m&aacute;s significativos que los que ya estaban representados, que se hab&iacute;an quedado orillados, marginados; caso de Chaves Nogales, paradigm&aacute;tico en estos a&ntilde;os, o de don Jos&eacute; Castillejo. En ellos, y en tantos otros, es donde he hallado una explicaci&oacute;n sobre asuntos problem&aacute;ticos que no acababa de entender. Me han dado la clave que estaba buscando durante tantos a&ntilde;os para encajar las piezas. De ah&iacute; la alegr&iacute;a de encontrar los escritos de Chaves, un periodista excepcional, muy inteligente, muy brillante, que fue testigo de cosas de las que tambi&eacute;n fueron testigos en Madrid otras 600.000 personas. Pero nadie lo quiso contar porque era complicado, porque supon&iacute;a verse inmediatamente se&ntilde;alado y condenado al ostracismo. Yo he entendido perfectamente porque este hombre ha estado durante 40 a&ntilde;os siendo un perfecto desconocido cuando he le&iacute;do &ldquo;La defensa de Madrid&rdquo;, su &uacute;ltimo libro, in&eacute;dito durante tanto tiempo. Al ver lo que dec&iacute;a de los fascistas y lo que dec&iacute;a de los comunistas me he dado cuenta de que, una vez m&aacute;s, tanto unos como otros se pusieron de acuerdo: &ldquo;a &eacute;ste ni agua, porque es malo lo que dice de ti y es peor casi lo que dice de m&iacute;. De Chaves no se va a saber nada nunca m&aacute;s&rdquo;, se propusieron. Y eso que hablamos de uno de los tres o cuatro grandes periodistas de la &eacute;poca.</p>
<p class="normal">- Pero, &iquest;ten&iacute;a idea de las ampollas que pod&iacute;a levantar un libro as&iacute;, fue&nbsp; consciente de estar dando un vuelco al discurso establecido? &iquest;Se lo pens&oacute; dos veces antes de poner el punto final?</p>
<p class="normal">- S&iacute;. En parte s&iacute;, porque uno mismo tiene much&iacute;simos prejuicios, uno mismo piensa: &ldquo;pero bueno: &iquest;c&oacute;mo me voy a acercar yo de una manera cr&iacute;tica a personas sobre las que siempre se ha considerado que tienen much&iacute;simo talento; c&oacute;mo me voy a enfrentar a un icono de la izquierda, de la lucha, como Rafael Alberti; c&oacute;mo voy a decir que es una persona que luch&oacute; por todo menos por la democracia y que luch&oacute; por todo menos por la libertad, si se trata de alguien que ha estado viviendo de ese cuento durante 60 a&ntilde;os y hay cientos de miles de personas detr&aacute;s que le secundan? &iquest;C&oacute;mo voy a decir que Pasionaria es un nombre que representa lo peor de lo peor, cuando ha tenido un entierro en Madrid de un mill&oacute;n de personas que la han aclamado? &iquest;C&oacute;mo voy a recordar a ese mill&oacute;n de personas que en los congresos del Partido Comunista de Espa&ntilde;a en Mosc&uacute; era enormemente aduladora de alguien como Stalin?&rdquo; La primera edici&oacute;n de &ldquo;Las armas y las letras&rdquo; dio lugar a reacciones enormemente duras, violentas. Hubo pol&eacute;mica, insultos de much&iacute;simas personas, y encima no se vendi&oacute; nada. La gente en el a&ntilde;o 1994 no estaba dispuesta todav&iacute;a a aceptar, a asumir ciertas cosas, a ver los matices. Lo extra&ntilde;o ha sido la respuesta a la edici&oacute;n &uacute;ltima de Destino. Ah&iacute; todo ha sido positivo. Todo ese trabajo que se hab&iacute;a realizado de forma larvada durante 20 a&ntilde;os ha encontrado finalmente los miles de lectores que no tuvo entonces.</p>
<p class="normal">- &iquest;Era simplemente cuesti&oacute;n de tiempo?</p>
<p class="normal">-&nbsp; Entonces hab&iacute;a una enorme crispaci&oacute;n, sobre todo en la izquierda. La derecha estaba m&aacute;s contenta, porque como ya hab&iacute;a perdido los manuales de literatura, no se fijaba m&aacute;s que en lo bueno, aunque tambi&eacute;n se dijesen cosas terribles de ella. Acostumbrada a lo peor, agradecieron el hecho de que se mirara con cierta simpat&iacute;a algunas de sus obras literarias, pero la izquierda, que no hab&iacute;a sido cuestionada ni pol&iacute;tica ni literariamente, reaccion&oacute; de un modo furibundo. No me refiero a la izquierda globalmente, sino a los que se hab&iacute;an apoderado de su discurso y cre&iacute;an ser sus administradores. Esos s&iacute; respondieron con una violencia terrible. Fue como si de pronto se les acabara una ficci&oacute;n que hab&iacute;an montado y que no daba m&aacute;s de s&iacute;. Ya no da m&aacute;s de s&iacute;, por ejemplo, la ficci&oacute;n de Alberti en la guerra como un luchador. Podemos justificarla. Lo acepto. Podemos decir que aquel fue un momento terrible donde cab&iacute;an ciertos comportamientos. Pero es que ahora sabemos cosas que antes no pod&iacute;amos entender. Ahora sabemos que Morla Lynch en sus diarios, que estaban in&eacute;ditos hasta hace cuatro a&ntilde;os, dice que se encontr&oacute; al poeta gaditano al final de la guerra, cuando &eacute;l, el propio Morla Lynch, hab&iacute;a perdido 30 o 40 kilos porque no ten&iacute;a que comer -como el resto de la poblaci&oacute;n en Madrid-, en un piso espl&eacute;ndido, con todas las comodidades, gordo como un lucio, porque era el &uacute;nico que pod&iacute;a comer y que ten&iacute;a la llave de la despensa. Ese dato podr&iacute;a ser un chisme, pero no lo es cuando al mismo tiempo se dice que Madrid se est&aacute; muriendo de hambre. Eso hace cuatro a&ntilde;os no se sab&iacute;a. No sab&iacute;amos tampoco todo el l&iacute;o que tuvo con Miguel Hern&aacute;ndez. No habr&iacute;amos conocido sin la labor de otro escritor, Benjam&iacute;n Prado, c&oacute;mo&nbsp; Miguel Hern&aacute;ndez, que fue la bandera que Alberti aire&oacute; por toda Sudam&eacute;rica, estuvo peleado toda la guerra con &eacute;l, sin hablarse, con un pu&ntilde;etazo de por medio. Por tanto, cuando ya conocemos todas estas cosas que hacen referencia a la eticidad de la persona, nos preguntamos por la verdad de la obra, por aquello que dec&iacute;a Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez de que no hay est&eacute;tica sin &eacute;tica. Esa es la labor que se hace en el libro y los lectores inteligentes van atando cabos, sacando sus propias conclusiones.</p>
<p class="normal">- &iquest;No le parece peligroso que algunos lectores, tanto del ensayo como de la novela, puedan caer en el discurso del todos son iguales, tanto respecto al pasado como al presente?</p>
<p class="normal">- Bueno, esa frase est&aacute; mal formulada. Es verdad, todos los asesinos son iguales, pero no todos son asesinos. Eso es lo que hay que decir. No todos eran iguales en la Guerra Civil, ni much&iacute;simo menos, pero todos los asesinos y todos los totalitarios si lo eran, y me da igual que sean de izquierdas que de derechas. Me da igual un nazi que un estalinista. Son asesinos, son gente que est&aacute; contra la libertad. Ahora bien, no es igual un se&ntilde;or que defiende los principios de la Ilustraci&oacute;n que otro que se muestra en contra, por supuesto. No es lo mismo. Pero en Democracia caben las diferencias. El problema est&aacute; en el que no es dem&oacute;crata. Cuando la gente dice: &ldquo;todos son iguales&rdquo;; hay que responderles que, por fortuna, no es as&iacute;.</p>
<p class="normal">- Tanto en &ldquo;Las armas y las letras&rdquo; como en la novela el lector no puede evitar formularse la siguiente pregunta: &iquest;Qui&eacute;n cuenta la historia, qui&eacute;n marca el &aacute;ngulo, la perspectiva&rsquo;? Esto nos lleva al reciente acontecimiento del Diccionario Biogr&aacute;fico de la Real Academia de la Historia, donde se han querido cambiar perfiles, incluso no definir a Franco como dictador.</p>
<p class="normal">- Bueno, es una pregunta que me parece importante, pero que se debe hacer en dos &aacute;mbitos: en el &aacute;mbito de la Historia y en el &aacute;mbito de la novela. La novela a veces es la &uacute;nica capaz de contar las cosas que la Historia no puede contar porque est&aacute; muy cerca de ella, porque es incapaz de separarse; seguramente muchos de los miembros de la Academia de la Historia son simpatizantes franquistas... El novelista puede resultar m&aacute;s veros&iacute;mil que la propia Historia a trav&eacute;s de una ficci&oacute;n. &iquest;Qui&eacute;nes cuentan la Historia? Normalmente los vencedores, con las paradojas consiguientes, en el caso de Espa&ntilde;a,&nbsp; insisto, siempre se pens&oacute;, por ejemplo, que la literatura y la inteligencia estaban de parte de la Rep&uacute;blica. Esto fue un lugar com&uacute;n en el que creyeron incluso personas tan estimables como Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez. Juan Ram&oacute;n lleg&oacute; a decir que la inmensa mayor&iacute;a de las personas que ten&iacute;an algo que decir y que compart&iacute;an la excelencia intelectual&nbsp; estaban de ese lado. Esto fue algo que cundi&oacute;, que hizo enorme fortuna, incluso entre los propios de derechas, siempre con una especie de complejo de inferioridad en lo cultural, pero era absolutamente falso. &ldquo;Las armas y las letras&rdquo; se cuestiona esto y ofrece dos listas de escritores de un lado y de otro que resultan enga&ntilde;osas. Cuando las vas mirando, compruebas que el argumento falla. Por tanto, en el caso de la Guerra Civil la Historia la han contado los vencedores, pero la balanza cultural, literaria, se inclin&oacute; hacia la izquierda, que gan&oacute; la propaganda en la guerra desde el primer d&iacute;a porque la asist&iacute;a una raz&oacute;n, la de la defensa de los principios de la Ilustraci&oacute;n, causa que, por supuesto, la mayor&iacute;a de la gente ilustrada apoy&oacute;.</p>
<p class="normal">- En <em>Ayer no m&aacute;s</em> se juega al punto de vista m&uacute;ltiple. La Historia es diferente seg&uacute;n la percepci&oacute;n, la experiencia, el coraz&oacute;n de quien la cuenta. Y&nbsp; hay muchos corazones palpitando en esta novela estremecedora, aunque quien lleva la voz cantante, por decirlo de alguna manera, es el protagonista, el narrador. Un hombre claramente de izquierdas, pero que es capaz de hacer autocr&iacute;tica.</p>
<p class="normal">- Yo siempre digo que lo mejor de esta novela soy yo, porque no estoy. Aqu&iacute; todo el mundo toma la palabra, eso es parte de la narraci&oacute;n. El problema de los relatos sobre la Guerra Civil es que la voz del narrador, del protagonista, ti&ntilde;e excesivamente el discurso que viene a continuaci&oacute;n. En esta novela coral todos tienen la oportunidad de decir lo que piensan y de decirlo de la manera m&aacute;s inteligente posible. No se trata de que los que a m&iacute; me parece que son listos se pongan a hablar como Dem&oacute;stenes y los que me parecen tontos lo hagan como idiotas. El representante de una Espa&ntilde;a va a expresarse de la manera que sabe, con los argumentos que sabe; y el de la otra Espa&ntilde;a lo mismo. El lector es al final el que va a determinar qui&eacute;n est&aacute; m&aacute;s cerca no s&oacute;lo de la verdad, sino tambi&eacute;n de la raz&oacute;n; qui&eacute;n es m&aacute;s proclive a intentar olvidar; qui&eacute;n piensa que hay que mantener vivo un recuerdo para no perdonar el agravio y quien argumenta: &ldquo;no, un exceso de Historia perjudica la vida, por tanto hay que olvidar si queremos seguir viviendo&rdquo;. Todo es un dilema que la novela plantea, pero que yo no s&eacute; resolver. Est&aacute; claro que no es posible la justicia sin memoria, que para hacer justicia hay que acordarse, pero tambi&eacute;n es verdad que no es posible la vida, no es posible la paz, sin olvido. &iquest;C&oacute;mo hacemos esto, qu&eacute; es lo que vamos a recordar y qu&eacute; es lo que vamos a olvidar? Esa es&nbsp; la cuesti&oacute;n primordial, el principal problema que se plante&oacute; en la Transici&oacute;n. O se recordaban las pifias de todos en la guerra o se optaba por correr un tupido velo. Entonces hubo dos pactos: uno t&aacute;cito y otro escrito en la Constituci&oacute;n. El primero, sin firma, asumido por todas las fuerzas pol&iacute;ticas,&nbsp; consist&iacute;a en no hablar del ayer, en dejar atr&aacute;s los cr&iacute;menes del pasado y del franquismo, sin venganzas, sin revisi&oacute;n de causas, apostando por el futuro como prioridad, mientras que el pacto escrito consisti&oacute; en asumir la instauraci&oacute;n de una monarqu&iacute;a como r&eacute;gimen pol&iacute;tico, una monarqu&iacute;a impuesta por Franco que hab&iacute;a que refrendar en la Constituci&oacute;n, favoreciendo que los miembros de la Familia Real estuviesen blindados con todo tipo de excepciones legales. Entonces se pact&oacute; no hablar de su dinero, ni de sus l&iacute;os, de nada. Esto se escribi&oacute;, est&aacute; pactado y es un asunto muy de actualidad. Ahora se habla m&aacute;s de las cosas del Rey, pero lo que sale a la luz a&uacute;n resulta rid&iacute;culo. Resulta rid&iacute;culo que se nombre a la princesa Corinna como la &ldquo;amiga &iacute;ntima&rdquo; del Rey, por ejemplo.</p>
<p class="normal">- En la novela resulta interesante c&oacute;mo se trabaja con el pasado desde el hoy m&aacute;s reconocible. Aparecen personajes del presente con sus nombres y apellidos, caso de Fernando Savater, Baltasar Garz&oacute;n, incluso alguien llega a definir al propio Andr&eacute;s Trapiello como un pedante.</p>
<p class="normal">- Bueno, este juego forma parte de la realidad. Yo creo que todas las novelas realistas introducen parte de la vida. Yo creo que Garz&oacute;n en la novela tiene un sentido porque se est&aacute; hablando, y mucho, de Memoria Hist&oacute;rica. Los debates de Savater, que se reproducen, o de Santos Juli&aacute;, tienen tambi&eacute;n un sentido porque son personas tan significativas como Garz&oacute;n en algunos de los aspectos que se tratan. Incluso yo mismo, como personaje, estoy formando parte de la trama de la realidad y de alg&uacute;n modo me convierto en la mejor manera de decirle al lector que &eacute;l tambi&eacute;n forma parte de la misma. Hay una an&eacute;cdota muy graciosa. El personaje de Mariv&iacute;, la odiosa compa&ntilde;era de departamento del protagonista, no est&aacute; construido a partir de nadie en especial. Es como un monigote, como una pantomima, pero me he encontrado ya con unas cincuenta personas que me aseguran que conocen a alguien como ella. Uno ficciona y al final la ficci&oacute;n le lleva a la realidad. Claro que hay mucha gente como Mariv&iacute;, seguro. Y por tanto tambi&eacute;n hay otra mucha gente que es como yo, como nosotros.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Hay que evitar que las circunstancias nos lleven a todos a un callej&oacute;n sin salida&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- Constantemente se dice que hay un empacho, un exceso de novelas, de libros, sobre la</p>
<p class="normal">Guerra Civil, que ya est&aacute; bien, pero, &iquest;c&oacute;mo se puede pasar p&aacute;gina cuando los hechos del presente te llevan una y otra vez al pasado?</p>
<p class="normal">- Bueno, yo siento disentir. Lo que est&aacute; pasando ahora mismo no es tan distinto a lo que est&aacute; pasando en otros pa&iacute;ses de nuestro entorno. Que hay un retroceso ideol&oacute;gico es evidente, pero tambi&eacute;n sucede en otros pa&iacute;ses que no tuvieron una Guerra Civil y podr&aacute; pasar ma&ntilde;ana en Francia o en Alemania, porque no sabemos hasta d&oacute;nde nos llevar&aacute; esto. En el momento en el que la gente vea que no tiene para comer, en el momento que vea que tiene a toda la familia en el paro, inmediatamente todo eso se va a ir radicalizando, porque no puede ser que tengamos a los hijos en el paro mientras que los banqueros contin&uacute;an especulando y ganando no s&eacute; cu&aacute;nto dinero... Y est&aacute; el retroceso en campos como la Educaci&oacute;n o la Sanidad, que va todo junto, en el mismo saco, ya que se justifica sobre la base de que no hay dinero. Vivimos, s&iacute;, un retroceso en todos los derechos civiles que hab&iacute;amos conseguido a lo largo de los &uacute;ltimos a&ntilde;os. El Estado de Bienestar se est&aacute; desmantelando y la derecha neoliberal dice que es porque no se puede sostener econ&oacute;micamente sin que podamos explicarnos muy bien por qu&eacute; no podemos mantener la Sanidad, pero s&iacute; el sistema financiero espa&ntilde;ol. No s&eacute; lo que pasar&aacute; porque no soy adivino, pero yo no creo, pese a todo, que la democracia est&eacute; en peligro. Seg&uacute;n los indicios que veo a&uacute;n no hemos llegado a unos niveles de crispaci&oacute;n social extremos. Y se trata de evitar -ojal&aacute; se consiga- que las circunstancias nos lleven a todos a un callej&oacute;n sin salida.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;Estoy de la Guerra Civil hasta el copete&rdquo;</strong></p>
<p class="normal">- El protagonista de su novela dice que no va a hablar m&aacute;s de la Guerra Civil. &iquest;Har&aacute; lo mismo Andr&eacute;s Trapiello?</p>
<p class="normal">- S&iacute;, en ese sentido, somos iguales. Ambos estamos de la Guerra Civil hasta el copete. Yo estoy encantado de haber hecho &ldquo;Las armas y las letras&rdquo; y estoy encantado de haber hecho esta novela precisamente porque doy por zanjado el tema. Ya no voy a escribir m&aacute;s de la Guerra Civil. Tendr&iacute;a que ocurrir un hecho extraordinario, tendr&iacute;a que dar&nbsp; con algo que me sobrepasara, algo as&iacute; como unos documentos que demostraran que el mundo se iba a acabar pasado ma&ntilde;ana. En realidad soy coherente con lo que planteo en la novela: &iquest;vamos a soportar vivir mucho m&aacute;s tiempo recordando o ya ha llegado el momento del olvido? La inmensa mayor&iacute;a de las v&iacute;ctimas de la Guerra Civil, por lo que hemos visto, ya est&aacute;n pasando la p&aacute;gina. Para quienes han podido exhumar los restos de sus familiares, para quienes los han enterrado, ya se acab&oacute;. No ha sucedido, como vaticinaba la derecha, que todo iba a saltar por los aires, que se iba a reproducir el conflicto del pasado con la Ley de Memoria Hist&oacute;rica. La gente lo &uacute;nico que quer&iacute;a era sepultar a los suyos.</p>
<p class="normal">- Pues cerremos este cap&iacute;tulo y pasemos a otra cosa. &iquest;Cu&aacute;ntos Trapiellos hay en Andr&eacute;s Trapiello? &iquest;Qu&eacute; tiene que ver el novelista con el poeta, el ensayista, el diarista, el dise&ntilde;ador de libros...?</p>
<p class="normal">- Bueno, yo creo que todo forma parte de lo mismo. Puede que sea vers&aacute;til y es verdad que comparto muchos registros, pero no me veo muy diferente en ninguno de ellos. En mi caso todo participa de una idea com&uacute;n de la literatura y de la vida; todo forma parte de una misma cadena. Es verdad que soy tip&oacute;grafo, pero lo fui por accidente, porque cuando publiqu&eacute; mi primer libro de poemas prefer&iacute; componerlo yo que mand&aacute;rselo a una editorial. Con el ensayo ocurri&oacute; lo mismo. Hab&iacute;a muchas cosas que necesitaba aclararme. Y cuando empec&eacute; a escribir mis diarios fue porque no me sent&iacute;a capaz de hacer una novela y conceb&iacute;a esos diarios como la puerta de atr&aacute;s a trav&eacute;s de la cual acceder a ella. Todo lo que he hecho, lo que hago, participa del mismo impulso, que se resume b&aacute;sicamente en llevar una vida ordenada y en seguir mi instinto. La poes&iacute;a, el ensayo, la novela, los diarios o la tipograf&iacute;a, todo est&aacute; te&ntilde;ido por el mismo color; todo est&aacute; tocado por mi peque&ntilde;a verdad, mi gran verdad, que no es m&aacute;s que contar aquello que soy y que se manifiesta en cada una de las cosas que realizo. He tenido la enorme suerte -al principio con mucho esfuerzo- de poder hacer casi siempre lo que he querido. No he necesitado rendir cuentas a un patr&oacute;n, ni aceptar hacer cosas que no me gustaban. Siempre que he acometido trabajos por encargo, unos como tip&oacute;grafo y otros como escritor, los he agradecido y los he aceptado porque me convenc&iacute;an. &ldquo;Las armas y las letras&rdquo; fue una obra de encargo y tambi&eacute;n mi biograf&iacute;a sobre Cervantes. Se puede decir que he sido independiente, aunque es verdad que esa independencia tal vez no siempre me haya favorecido a la hora de sentirme arropado por una instituci&oacute;n, una universidad o un medio determinado. Pero a este respecto yo siempre recuerdo el aforismo aquel tan bonito de Carlos Pujol que dec&iacute;a: &ldquo;Hacer carrera, hacer la carrera&rdquo;. Afortunadamente, en la medida que he podido mi carrera ha tenido poco que ver con la carrera.</p>
<p class="normal">- Antes reconoc&iacute;a que, en cierto modo, todo est&aacute; en sus &ldquo;Diarios&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; es el &ldquo;Sal&oacute;n de Pasos Perdidos&rdquo; ahora, con perspectiva, con dieciocho vol&uacute;menes publicados ya -el &uacute;ltimo reci&eacute;n salido del horno-?</p>
<p class="normal">- No es que todo est&eacute; ah&iacute;. Pero yo creo que el &ldquo;Sal&oacute;n de Pasos Perdidos&rdquo; lo que hace es conformar la columna vertebral de toda mi creaci&oacute;n. Dieciocho tomos son muchos tomos y en ellos puede caber todo, porque es mi vida desde los &uacute;ltimos 25 a&ntilde;os. &ldquo;El gato encerrado&rdquo;, el primer t&iacute;tulo de la serie, fue una manera de entrar, como dec&iacute;a antes, por la puerta de atr&aacute;s de la novela. Yo quer&iacute;a escribir una novela y no sab&iacute;a muy bien c&oacute;mo se hac&iacute;a, aunque s&iacute; ten&iacute;a claro qu&eacute; tipo de novelas me gustaban y en qu&eacute; camino me quer&iacute;a situar.</p>
<p class="normal">- &iquest;Cu&aacute;les eran esas novelas?</p>
<p class="normal">- Siempre me han gustado las mismas. Aparte del &ldquo;Quijote&rdquo;, me he inclinado mucho por Gald&oacute;s, si hablamos de autores espa&ntilde;oles. Me ha gustado &ldquo;Fortunata y Jacinta&rdquo; o &ldquo;Misericordia&rdquo; o &ldquo;Miau&rdquo;. Y he le&iacute;do a Stendhal, much&iacute;simo, no s&oacute;lo las novelas, sino sus otros escritos, sus diarios, toda esa parte m&aacute;s discursiva. En una &eacute;poca me dej&eacute; acompa&ntilde;ar todo el tiempo por Balzac, Dickens, Tolstoi y tambi&eacute;n por Proust, aunque menos. Estos escritores que acabo de nombrar son los que sigo leyendo todav&iacute;a, pero tambi&eacute;n hay otros muchos que me han marcado. Ah&iacute; est&aacute;n, afortunadamente, todas las lecturas de cuando eres joven: Stevenson, Daniel Defoe... Y no puedo dejar de citar a nombres fundamentales del siglo XX. Me gusta mucho Baroja. He le&iacute;do bastante a Andr&eacute; Gide, aunque no lo leer&iacute;a ahora probablemente... Tambi&eacute;n debo nombrar a Lampedusa, a Villalonga... Me encanta Cunqueiro, me entusiasma, y tambi&eacute;n Azor&iacute;n, a ambos los sigo leyendo. Y est&aacute; Pla, que no tiene novelas, pero cuya obra es absolutamente novelesca;&nbsp; Ram&oacute;n G&oacute;mez de la Serna, que tiene novelas, aunque no sean exactamente lo que vas buscando en &eacute;l; Gabriel Mir&oacute;; P&eacute;rez de Ayala... Y entre los extranjeros, por supuesto, Faulkner. En fin, si&nbsp; siguiera, la lista se har&iacute;a interminable.</p>
<p class="normal">- Abundan los autores y novelas en las que asoma el pensamiento, la reflexi&oacute;n, el discurso de fondo, algo que le ha atra&iacute;do como lector y que luego ha practicado en su propia narrativa.</p>
<p class="normal">-S&iacute;. Me gustan las novelas en las que pasa de todo. En las que suceden muchas cosas, pero en las que tambi&eacute;n se piensa. Podr&iacute;a formularlo de esta manera. &ldquo;Me encanta pas&aacute;rmelo bien leyendo un libro, pero no voy a los libros para pas&aacute;rmelo bien&rdquo;. No es esa la finalidad. La novela es entretenimiento, pero yo no acudo a la novela solo para entretenerme y eso no puede ocurrir con ninguno de los autores que he citado. La novela, adem&aacute;s, es una mezcla muy extra&ntilde;a, es como una especie de f&oacute;rmula magistral de los boticarios, donde puede haber un poco de todo: de ensayo, de descripci&oacute;n, de poes&iacute;a, de viajes, de meditaci&oacute;n, de acci&oacute;n trepidante. Cervantes, Tolstoi, Stendhal, Balzac, Dickens, Baroja... En todos se da esto. Todos tienen un poco ese tipo de novela y todos participan del realismo, una corriente a la que yo me adscribo. Creo en la realidad, tengo fe en ella, reconozco que me est&aacute; dando muchas cosas y que, adem&aacute;s, resulta extremadamente compleja, con dos lados contrapuestos, el de lo visible y el de lo invisible. Lo que hacemos todos, como lectores o como escritores, es intentar penetrar en la parte invisible de la realidad, en la parte misteriosa, que es donde est&aacute; esa belleza que no sabemos explicarnos muy bien. Encontrar esa parte invisible de lo visible es el impulso que me mueve a escribir. Eso es lo que yo trato de ver, de buscar, y eso es tambi&eacute;n lo que me gusta encontrar en los libros de los dem&aacute;s.</p>
<p class="normal">- Antes dec&iacute;a sentirse afortunado por haber hecho siempre lo que ha querido, lo que le ha gustado. El &ldquo;Sal&oacute;n de Pasos Perdidos&rdquo; es la mejor demostraci&oacute;n de ello, &iquest;no?. Pocos se pueden permitir ir contando su vida de ese modo, ya en dieciocho tomos y los que han de venir...</p>
<p class="normal">- Voy a intentar explicarlo de una manera que no parezca ni afectada ni mendaz. Los diarios son el principal fracaso literario de mi obra. Puede parecer una pose o un coqueteo m&iacute;o, pero yo creo que no es as&iacute;. Llevan public&aacute;ndose desde hace 25 a&ntilde;os y, a d&iacute;a de hoy, tras dieciocho tomos y alrededor de 10.000 p&aacute;ginas, el n&uacute;mero de lectores que tienen es exactamente el mismo que cuando empezamos. Son unos 1.500 ejemplares, unos 2.000, los que se venden de cada tomo. Es verdad que algunos de ellos se han reeditado y otros han salido en bolsillo, pero eso suma unos pocos lectores m&aacute;s al c&oacute;mputo general. Por otra parte, en cuanto al inter&eacute;s en los medios, a la atenci&oacute;n en los foros acad&eacute;micos, universitarios, fundamental tambi&eacute;n para medir el alcance del proyecto, debo decir que la &uacute;ltima entrega ha tenido media rese&ntilde;a en un peri&oacute;dico. Se habla de los diarios, eso s&iacute;, pero tal vez se hayan convertido ya en una obra cl&aacute;sica que nadie tiene la obligaci&oacute;n de leer. A lo mejor el clasicismo consiste en eso... Y si seguimos sumando, tampoco me olvido de los muchos problemas que me han tra&iacute;do con la gente. Muchas personas, incluso sin haberlos le&iacute;do, se han visto reflejadas o satirizadas en ellos y en ese sentido me han aislado mucho. Seg&uacute;n dice mi editor hay un grupo, no s&eacute; si grande o peque&ntilde;o, de gente se&ntilde;aladamente significada del mundo literario, que conforma una especie de pe&ntilde;a de damnificados; unos con raz&oacute;n seguramente y otros sin ella. No es mi intenci&oacute;n damnificar a nadie. La caracter&iacute;stica del diario, que no es hablar de personas concretas sino de &ldquo;equis&rdquo;, conlleva un riesgo enorme, porque t&uacute; puedes decir que &ldquo;x&rdquo; es una persona inteligente y nadie se da por aludido, pero si dices que &ldquo;x&rdquo; es idiota ya hay veinte postulantes que se creen inmediatamente agraviados. Y eso&nbsp; es lo que hace que con todo sea un libro especial para m&iacute;. Un libro especial porque tambi&eacute;n me ofrece cosas enormemente satisfactorias. Gracias a que los diarios son as&iacute;, gracias a que tienen una vida tan precaria, puedo seguir escribiendo, puedo seguir saliendo a la calle. Ser&iacute;a monstruoso que tuvieran una tirada de 25.000 ejemplares, que fueran un fen&oacute;meno literario, porque entonces podr&iacute;an alterar completamente el medio en el que yo me muevo. Ya no podr&iacute;a escribir como escribo, ya no podr&iacute;a salir a la calle con tanto agraviado. Estos diarios son lo que son porque la vida de quien los lleva, que soy yo, es la misma desde hace 25 a&ntilde;os. Probablemente si fueran m&aacute;s celebrados y tuvieran esa atenci&oacute;n de la que antes me quejaba, se habr&iacute;an modificado y pervertido. Digamos que se trata de un equilibrio inestable, de una especie de ecosistema sostenible.</p>
<p class="normal">- Pero, entonces, &iquest;d&oacute;nde est&aacute; la compensaci&oacute;n, merece la pena ir ganando tantos descontentos?</p>
<p class="normal">- La gente importante en general no se da por aludida porque no deja de ser una novela en marcha. Yo insisto todo el tiempo en que se trata de una verdadera novela en marcha, pero, como dec&iacute;a, si tuviera una repercusi&oacute;n social inmensa seguramente algunos no reaccionar&iacute;an con indiferencia, ni much&iacute;simo menos, ya que se sentir&iacute;an un poco inc&oacute;modos. Dicho esto, claro que me compensa. A m&iacute; me encanta hacer el diario, pese a que es un esfuerzo enorme y podr&iacute;a decir que trabajo para poder financiarlo, porque es realmente ruinoso. Me siento afortunado porque cuento con lectores fieles, aunque sean una minor&iacute;a, y seguir&eacute; con ello mientras tenga fuerza, mientras tenga ilusi&oacute;n, mientras crea que puedo seguir dando una doble vida a la vida que llevo. Este en realidad es el cometido de los diarios, de las novelas, de los poemas, de todo lo que hago. Doblar la vida, esa vida que&nbsp; se nos da de una manera y podemos devolver multiplicada. Ese es exactamente el milagro de la literatura. No hay otro. Por eso decimos, por eso digo yo, que &ldquo;Don Quijote de La Mancha&rdquo; tiene m&aacute;s entidad como ser, como ente de ficci&oacute;n, como ente de lo invisible, que la inmensa mayor&iacute;a de mis parientes, que son reales, que tienen nombre, apellidos y domicilio. Yo me entiendo mejor con el Quijote que con gran parte de mis allegados. Por tanto lo que nos ha dado Cervantes es un personaje tan de carne y hueso como cualquiera de nosotros.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal">[Cuando tiene lugar esta entrevista Andr&eacute;s Trapiello estaba corrigiendo las pruebas del tomo 18 de su &ldquo;Sal&oacute;n de Pasos Perdidos&rdquo;, que lleva por t&iacute;tulo &ldquo;Miseria y compa&ntilde;&iacute;a&rdquo; y que publica la editorial Pre-Textos, que ha apostado desde un principio por la aventura y la ha hecho posible. &ldquo;Ahora, mientras voy corrigiendo me reencuentro con cosas, con cosas de la vida de Miriam, mi mujer; de la vida de mis hijos... y claro es una vida vuelta a vivir, es como nuestra novela particular, con muchos acontecimientos tomados de la realidad y otross tantos recreados...&rdquo; , se&ntilde;ala el escritor, quien vuelve a 2004, el a&ntilde;o que fluye por esta entrega, el a&ntilde;o en que se rompi&oacute; la tibia y el peron&eacute;; de ah&iacute; que en la cubierta aparezca la imagen de una de las radiograf&iacute;as de entonces. &ldquo;Estoy encantado&rdquo;, dice, &ldquo; esta radiograf&iacute;a de mi tobillo es lo m&aacute;s &iacute;ntimo que yo puedo dar de m&iacute; mismo y con ello, adem&aacute;s, respondo a todos los que me han acusado de que no ofrezco nada de mi intimidad en los diarios&rdquo;. En la mesa -volvemos al principio de la entrevista- descansa el volumen correspondiente a 2013. A&uacute;n hemos de aguardar unos cuantos a&ntilde;os para leerlo. &ldquo;Voy tomando notas diariamente. Es la parte buena del diario, lo que mejor s&eacute; hacer. Es como escribir poes&iacute;a&rdquo;, sigue contando con entusiasmo mientras pasa las p&aacute;ginas y acaricia el lomo de un cuaderno de tapas duras cuyo destino, seguramente, ser&aacute; acabar en una biblioteca, en un museo.]</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>
<p class="normal"><strong>&ldquo;La poes&iacute;a para m&iacute; lo es todo. Es lo m&aacute;s importante, a lo que le doy m&aacute;s valor&rdquo; </strong></p>
<p class="normal">- Ha mencionado la poes&iacute;a como aquello que le hace m&aacute;s feliz junto con los diarios. Acaba de aparecer un nuevo libro de poemas, &ldquo;Segunda oscuridad&rdquo; (Pre-Textos). &iquest;Por qu&eacute; es la poes&iacute;a tan especial? &iquest;Cu&aacute;ndo recurre a ella?</p>
<p class="normal">- La poes&iacute;a para m&iacute; lo es todo. Es lo m&aacute;s importante, a lo que le doy m&aacute;s valor. Y de hecho, creo que los libros sin poes&iacute;a no tienen ning&uacute;n recorrido. A la poes&iacute;a le doy todo y en el momento que quiera. Est&eacute; haciendo lo que est&eacute; haciendo si surge esa ocasi&oacute;n, que es siempre muy misteriosa y que no sabes de d&oacute;nde viene, abandono aquello con lo que estoy y me pongo a escribir poes&iacute;a. Se trata de un proceso extra&ntilde;o porque te acerca a esa realidad invisible de la que hablaba antes y te ayuda a tener mayor conciencia de tu alrededor, manteni&eacute;ndote en una especie de alerta permanente sobre las cosas, en la que tratas de descubrir siempre esa parte oscura. Eso no quiere decir que sea tenebrosa sino simplemente oscura, porque est&aacute; en la otra cara de lo que t&uacute; ves. De hecho, todo lo que la poes&iacute;a saca al exterior acaba siendo luminoso por un lado o por otro. As&iacute; como la prosa tiene algo de trabajo casi de picapedrero, que exige ser enormemente paciente d&aacute;ndole forma para que acabe iluminando algo, como una lamparita, la poes&iacute;a es una especie de don que sientes que no es tuyo, algo recibido. Por eso es tan tonto jactarse de ser un poeta mejor o peor. Yo tengo siempre la sensaci&oacute;n de que aquello en lo que me encuentro m&aacute;s felizmente expresado no es m&iacute;o, sino que me ha sido concedido, mientras que en lo que encuentro peor escrito, fallido, me reconozco inmediatamente. Soy un poeta de corte l&iacute;rico. He hecho poes&iacute;a agropecuaria, del campo y tambi&eacute;n de la ciudad, pero, sobre todo, de la naturaleza, de la naturaleza en el campo y de la naturaleza vista desde la ciudad. Me han gustado siempre los mismos poetas, a los que sigo leyendo desde hace 30 a&ntilde;os: Leopardi, Juan Ram&oacute;n, Machado, Emily Dickinson. Unamuno me entusiasma y tambi&eacute;n los poetas en prosa. Cuando leo a Tolstoi, por ejemplo, siento que es como una sinfon&iacute;a de un lirismo sublime.</p>
<p class="normal">- En el &ldquo;Sal&oacute;n&rdquo; hay muchas r&aacute;fagas de poes&iacute;a.</p>
<p class="normal">- S&iacute;, por supuesto. He le&iacute;do recientemente dos conferencias en la Fundaci&oacute;n Juan March donde indicaba que lo que a m&iacute; m&aacute;s me gusta de Juan Ram&oacute;n es su ense&ntilde;anza de que hay que escribir poes&iacute;a para llegar a ese momento en el que ya no es necesario escribirla porque ya est&aacute;s viviendo con una conciencia plena como poeta, es decir que ya no quieres tanto el poema como vivir de un modo en el que todo sea realmente belleza, belleza y verdad al mismo tiempo. Esto tiene que ver con la &eacute;tica de tu vida, con c&oacute;mo te comportas con las personas que tienes al lado; con tus amigos; con tus enemigos; con esta sociedad literaria o con la que te toque. Es una especie de llamamiento a que ese comportamiento sea en lo m&aacute;s posible noble, cabal, entero, y a que la poes&iacute;a te ayude a conocer esa otra parte y a te&ntilde;ir todo lo que escribes y lo que vives de un ansia de belleza: desde el libro que haces a la manteca que tomas en el desayuno, pasando por la manera de estar, de actuar con las cosas que te rodean, de conducirte con tu entorno... Se trata de que toda tu vida est&eacute; informada de esa especie de deseo de mejoramiento, de hacer las cosas un poco mejor. Aqu&iacute; est&aacute; un poco el sentimiento po&eacute;tico que procuro traspasar a todo, a la prosa, a los diarios, a la vida. No s&eacute; si lo conseguir&eacute;, seguramente no, pero desde luego que tiendo a ello, de una manera consciente y lo declaro con la modestia con la que hay que declarar estas cosas, sin necesidad de que me sit&uacute;e en un pedestal. A mi edad no hace falta situarse ya en ning&uacute;n lado porque, buenamente, la vida te ha puesto en el lugar que te corresponde. A estas alturas, &iquest;a qui&eacute;n voy a enga&ntilde;ar?. Soy lo que soy. He escrito lo que he escrito. Tengo los hijos y la mujer que tengo... Eso es un poco todo, todo por lo que me gustar&iacute;a ser juzgado, no solamente por un libro, sino por c&oacute;mo hago las cosas, por c&oacute;mo trabajo, por c&oacute;mo soy.</p>
<p class="normal">- Hay cantidad de escritores que tienen siempre a la poes&iacute;a como una asignatura pendiente, que al no haber podido alcanzarla sienten como una especie de vac&iacute;o.</p>
<p class="normal">- Es comprensible. Los habr&aacute;, por supuesto, que esto que dices les parezca extra&ntilde;o, como de marcianos, pero yo creo que todo escritor consciente se da cuenta de que lo m&aacute;s</p>
<p class="normal">valioso del conocimiento literario viene por la poes&iacute;a. Eso no quiere decir que tenga que ser en verso, porque la poes&iacute;a se manifiesta en verso y en prosa. Azor&iacute;n, que yo sepa, tiene dos o tres poemas, pero la inmensa mayor&iacute;a de su prosa es poes&iacute;a pura. Yo lo veo como a un poeta. Y a Proust hay que leerlo como poeta, no hay otro modo. Entiendo, s&iacute;, que haya una enorme nostalgia. Y lo digo por mi experiencia y por la de otros amigos poetas que cuando vivimos una temporada larga de sequ&iacute;a lo afrontamos con un poco de alarma, de preocupaci&oacute;n. &ldquo;Bueno, y si se nos ha retirado ese favor&rdquo;, nos decimos, y sentimos una cierta inquietud, una cierta tristeza. La nostalgia de la poes&iacute;a no solamente la sienten los que no son poetas sino que tambi&eacute;n la percibimos quienes lo somos muy frecuentemente. La alegr&iacute;a que te proporciona haber encontrado lo que consideras un peque&ntilde;o logro es algo superior. Y no hablo de los grandes resultados sino de esos peque&ntilde;os hallazgos personales que son por los que hay que medir a la gente, no por los defectos. Cuando llegan son enormemente gratificantes. Es como ese momento en que inesperadamente un d&iacute;a te viene un recuerdo de tu infancia, o de otra etapa de tu vida, un recuerdo que cre&iacute;as sepultado, que cre&iacute;as perdido, y que reaparece con toda su viveza. Entonces notas que tu esp&iacute;ritu se esponja de gratitud porque eso casi es incomunicable. Esa es la poes&iacute;a. Consiste en expresar lo inefable y cuando se tiene conciencia de que es posible llegar a materializarlo, se experimenta uno de los grandes goces de la vida. Es como si te pusieras muy cerca de la divinidad porque sientes que has creado algo que no exist&iacute;a. Toda creaci&oacute;n es eso. Donde no hab&iacute;a tal personaje, tal melod&iacute;a o tal pintura, de pronto la hay y la hay para toda la eternidad. Y eso es lo que abisma un poco. Pensar que estamos rodeados de tantas obras que no exist&iacute;an, de tantas obras que la humanidad ha ido dejando como granitos de arena. Ser conscientes de que al final, entre todos ellos, se ha hecho una enorme familia que nos acompa&ntilde;a, a la que consultamos, con la que nos consolamos, que nos va guiando. &iquest;Cu&aacute;ntas gentes leemos libros buscando no solamente consuelo sino consejo, aclaraci&oacute;n?. Y con una melod&iacute;a, una sinfon&iacute;a, una sonata, pasa lo mismo, y con un viaje tambi&eacute;n. Y los viajes, los grandes viajes, no son hacia afuera sino hacia adentro. A veces el ir muy lejos nos ayuda a ir muy dentro. Eso es lo que es la literatura y el arte, un viaje constante.</p>
<p class="normal">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 19 Nov 2013 13:11:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Miguel Barceló: "Descubrir la delicadeza y perfección de las pinturas primitivas fue una de las grandes impresiones de mi vida como artista"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/miguel-barcelo-descubrir-la-delicadeza-y-perfeccion-de-las-pinturas-primitivas-fue-una-de-las-grandes-impresiones-de-mi-vida/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/Miguel_Barcel_red.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>Miguel Barcel&oacute;: "Descubrir la delicadeza y perfecci&oacute;n de las pinturas primitivas fue una de las grandes impresiones de mi vida como artista"</strong></p>
<p>Al final de un brillante ensayo titulado de forma que podemos traducir como &ldquo;Algunos pensamientos sobre el hecho de ser bibliografiado&rdquo;, escrito por Edmund Wilson en 1943, y recogido en su libro <em>Classics and commercials</em> (1950), el siempre inteligente cr&iacute;tico norteamericano sugiere que la guerra, al provocar la desaparici&oacute;n de lo que podemos llamar mercado literario, la reprobaci&oacute;n del p&uacute;blico y el fomento de las dudas sobre el trabajo propio, acaba rompiendo el ritmo natural de la cultura, empujando a personas con talento a la ense&ntilde;anza u otras profesiones.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 19 Nov 2013 07:26:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El sueño electrónico]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-sueno-electronico/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/marzo/JACOBO_SIRUELA_2.jpg" alt="" /></p>
<p>En los &uacute;ltimos tiempos casi se da por hecho, como algo irreversible, el paso del libro de papel al nuevo soporte digital. Incluso la prensa se ha complacido en ir dando esta noticia, como si se hubiera producido realmente, o mejor dicho, como si estuvi&eacute;ramos asistiendo <em>de facto</em> a un lento pero inexorable cambio tecnol&oacute;gico semejante al que se produjo a principios del siglo XIX entre el barco de vela y el barco de motor.</p>
<p>Los primeros en profetizar la muerte del libro&nbsp; fueron, George Orwell y Marshall McLuhan. El primero dijo que el cine terminar&iacute;a con el libro de papel; el segundo que su futuro ejecutor ser&iacute;a la televisi&oacute;n. Pues bien, transcurridas varias d&eacute;cadas, estas enf&aacute;ticas profec&iacute;as (todas lo son), hechas por personas inteligentes y cultivadas, han resultado ser de momento muy exageradas, cuando no, totalmente err&oacute;neas. Si observamos el devenir de los medios de comunicaci&oacute;n, ni la radio acab&oacute; con el peri&oacute;dico, ni la televisi&oacute;n con la radio. Todos ellos&nbsp; siguieron coexistiendo, sin que existiera ninguna dicotom&iacute;a entre s&iacute;, ya que no son medios opuestos sino complementarios. Lo &uacute;nico que ocurri&oacute; es que las formas de oferta se multiplicaron.&nbsp; Porque lo humano no tiende a lo uniforme: aspira a lo diverso y siempre demanda pluralismo. La diversidad de la oferta es la realidad del mercado y a ella obedecen todas las necesidades y deseos del consumo. As&iacute; pues, con la llegada del ordenador e internet deber&iacute;a haber sucedido lo mismo, pero lo que no sab&iacute;amos es que esta nueva promesa del progreso, que hace infinitamente m&aacute;s r&aacute;pida y accesible la informaci&oacute;n para todos los usuarios del mundo, iba a extender bajo los brillos de su floreciente aspecto una&nbsp; sombra tan alargada.</p>
<p>Hace unos meses nos contact&oacute; desde Estados Unidos una rama de Apple, llamada <em>Apple approved aggregators</em>, para distribuir nuestros libros en formato electr&oacute;nico por todo el mundo. Al principio la propuesta nos pareci&oacute; interesante, incluso nos sentimos halagados por ella, pero, una vez informados del asunto y haberlo rumiado bien, finalmente, decidimos que Atalanta <em>no</em> har&aacute; libros electr&oacute;nicos.</p>
<p>Lo primero que quiero aclarar es que no estoy en contra del soporte electr&oacute;nico, de la misma forma que no soy contrario a un t&uacute;rmix o un minipimer o a cualquier otro artilugio utilitario. &iquest;Por qu&eacute; deber&iacute;a estarlo? El soporte electr&oacute;nico puede sernos muy &uacute;til para aligerar el peso en la maleta a todas aquellas personas a las que nos gusta llevar varios libros cuando viajamos; puede ser &uacute;til para leer nuestro peri&oacute;dico en el extranjero, o para disponer al instante de una obra que necesitas consultar. Los avances tecnol&oacute;gicos no constituyen por s&iacute; mismos una amenaza para los editores; al contrario, la tecnolog&iacute;a digital ha sido nuestro mejor aliado. Sin ordenador, sin internet, Atalanta no existir&iacute;a tal como es: no habr&iacute;a sido posible realizar todo el trabajo editorial desde un pueblo mediterr&aacute;neo perdido en el Alto Ampurd&aacute;n. Gracias a los medios electr&oacute;nicos, las peque&ntilde;as editoriales independientes han podido florecer en cualquier parte del mundo y promocionar sus libros a trav&eacute;s de blogs o <em>Facebook</em>. En nuestro caso, con la sede editorial asentada fuera de la ciudad, nos ha permitido comunicarnos con nuestros autores, traductores, correctores e impresores, o comprar libros y sacar informaci&oacute;n bibliogr&aacute;fica sin necesidad de viajar. El problema no es entonces tecnol&oacute;gico, es de car&aacute;cter puramente ideol&oacute;gico o pol&iacute;tico. Pero empezar&eacute; por ofrecer razones emp&iacute;ricas.</p>
<p>Cuando apareci&oacute; el libro electr&oacute;nico, las editoriales se vieron forzados a abrazar esta innovadora opci&oacute;n; lo hicieron, en primer lugar, a petici&oacute;n de sus autores, pero tambi&eacute;n, enredadas por la novedad, que parec&iacute;a augurar un ventajoso mercado para el libro. Sin embargo, al preguntar a mis amigos editores sobre sus resultados econ&oacute;micos, cu&aacute;l no fue mi sorpresa al enterarme de que eran m&aacute;s bien descorazonadores. Lo cual coincid&iacute;a con las ventas estad&iacute;sticas generales&nbsp; del libro electr&oacute;nico en casi toda Europa, que apenas hab&iacute;a llegado al 3% del total de la facturaci&oacute;n, salvo Inglaterra, que es un pa&iacute;s muy dependiente del mercado estadounidense.</p>
<p>Pero, adem&aacute;s de esta perspectiva poco estimulante, existe otro problema a&ntilde;adido: el libro electr&oacute;nico facilita notablemente el pirateo (parece mentira que no exista ninguna protecci&oacute;n legal eficaz contra las distribuidoras piratas). En consecuencia, el <em>ebook</em> no s&oacute;lo se presenta como una inversi&oacute;n de escaso beneficio y lento retorno, tambi&eacute;n entra&ntilde;a un serio riesgo de ser vilmente pirateado. Y aqu&iacute; tocamos uno de los puntos esenciales del problema: lo que acab&oacute; con el mercado musical, acabar&aacute; con la prensa y est&aacute; da&ntilde;ando seriamente a la industria del libro no se refiere en absoluto a una mutaci&oacute;n de los h&aacute;bitos sociales &ndash;la sustituci&oacute;n de un soporte cultural por otro m&aacute;s avanzado- sino que ata&ntilde;e, en gran medida, a otra transformaci&oacute;n muy distinta (y sombr&iacute;a) de las costumbres sociales, que nada tiene que ver con el progreso tecnol&oacute;gico. Me refiero al acto equ&iacute;vocamente democr&aacute;tico de poder acceder a la m&uacute;sica, a la informaci&oacute;n period&iacute;stica o a cualquier producto cultural -en suma, al trabajo ajeno- de forma gratuita. Sin ir m&aacute;s lejos, el fracaso del libro electr&oacute;nico en Espa&ntilde;a se debe, seg&uacute;n dicen los editores, a que la mayor&iacute;a de los <em>ebooks</em> que se leen en nuestro pa&iacute;s proviene de descargas piratas.&nbsp; Como el tema es largo, y no hay espacio aqu&iacute; para tratarlo adecuadamente, de modo que pasaremos a otra cuesti&oacute;n.</p>
<p>Por otro lado, en el cambio de mentalidad que se ha experimentado un&nbsp; cierto n&uacute;mero de personas subyace un componente puramente fetichista: el de erigir el libro electr&oacute;nico como un nuevo t&oacute;tem sociocultural, pretendidamente vanguardista, como si el <em>ebook</em> representara el futuro en oposici&oacute;n al libro de papel que consecuentemente tendr&iacute;a sus d&iacute;as contados. Es curioso observar como en muchos casos es la generaci&oacute;n de cuarenta y tantos para arriba los m&aacute;s afines a esta ilusoria sensaci&oacute;n de progreso; y digo ilusoria, porque el progreso sociocultural no deber&iacute;a sustentarse en el soporte en donde se depositan las ideas sino en el contenido y la calidad de las mismas. Sin embargo,&nbsp; para muchos lo importante es seguir la corriente: aparentar estar a la &uacute;ltima. Lo cual no deja de ser una actitud de lo m&aacute;s vana, sobre todo si la comparamos con la naturalidad con que las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes utilizan las tecnolog&iacute;as, sin dar demasiada importancia a esta cuesti&oacute;n. De hecho, al preguntarles sobre ello, no pocos me han contestado que prefieren el libro de papel porque les proporciona un gratificante sentido de propiedad, que la an&oacute;nima y abstracta biblioteca virtual carece por completo.</p>
<p>Ahora bien, lo verdaderamente sustancial, al margen de estos peque&ntilde;os aspectos sociol&oacute;gicos, son las implicaciones sociales y culturales que se est&aacute;n cociendo bajo la mesa, que requieren una posici&oacute;n pol&iacute;tica del problema. En efecto, es evidente que esta nueva moda consumista, impulsada por varias corporaciones, como Amazon, Googel y Appel, tiene como objetivo final el control absoluto de todas las formas de distribuci&oacute;n y fabricaci&oacute;n del libro en el mercado global en el que puedan dictar tranquilamente sus propias leyes. Es curioso que no se repare en esto y se defienda tan alegremente las ventajas de las nuevas tecnolog&iacute;as sin mayor reflexi&oacute;n sobre sus posibles consecuencias.</p>
<p>A mi juicio, no existe ninguna transici&oacute;n del libro de papel al libro electr&oacute;nico. No estamos viviendo una mutaci&oacute;n tecnol&oacute;gica similar a la que se produjo con el paso del coche de caballos al autom&oacute;vil. Los &uacute;nicos interesados en presentar un futuro uniforme y estructurado en base a grandes transformaciones tecnol&oacute;gicas son las multinacionales, que sue&ntilde;an con acaparar todo el mercado del libro a costa de arruinar a cientos de librer&iacute;as y dejar sin trabajo a muchos profesionales del sector, lo cual ser&iacute;a una verdadera cat&aacute;strofe cultural. Gracias a los apetitosos descuentos permitidos en Estados Unidos en el mundo del libro apenas quedan librer&iacute;as en Nueva York, porque la poca gente que acud&iacute;a a ellas lo hac&iacute;a para informarse y m&aacute;s tarde comprar el libro m&aacute;s barato en Amazon. Ante esta violenta oleada monopolista, creo que la sociedad civil deber&iacute;a de ofrecer una resistencia, y los Estados regular las leyes del mercado en favor de la diversidad y la riqueza cultural, defendiendo el precio fijo, o, como han hecho franc&eacute;s, prestando ayuda a las librer&iacute;as de calidad.</p>
<p>Recuerdo que cuando sali&oacute; el libro electr&oacute;nico, muchos autores vieron con muy buenos ojos esta revoluci&oacute;n mercantil de los medios electr&oacute;nicos: cualquiera podr&iacute;a editarse y vender sus propios libros de una forma f&aacute;cil. Esto implicaba, adem&aacute;s de saltarse a los intermediarios, acabar con la molesta figura del editor; en definitiva, ser por fin libres y aut&oacute;nomos. Pero la realidad nos ha dado una lecci&oacute;n muy diferente. Salvo casos muy contados, casi ning&uacute;n autor puede vivir de la venta de sus libros electr&oacute;nicos, porque el abaratamiento de los costes implica tambi&eacute;n tener que vender muchos m&aacute;s ejemplares y si adem&aacute;s las ventas son m&aacute;s bien parcas, finalmente, los n&uacute;meros no salen. De modo que el mundo digital no es ninguna panacea, ni representa ning&uacute;n progreso: est&aacute; lleno de sombras, y debemos ser conscientes de ellas. Solamente as&iacute; podremos hacer un uso adecuado de los medios tecnol&oacute;gicos y colocar las cosas en su sitio.</p>
<p>Pero, por nuestra parte, no haremos libros electr&oacute;nicos. Entre otras cosas, porque estamos totalmente convencidos de ir por el buen camino. El libro del siglo XXI&nbsp; ser&aacute;, cada vez m&aacute;s, el libro cuidado, tanto en su tratamiento externo y sensual como en el interno y conceptual, tal como intentamos hacer en Atalanta. Y no es ninguna vana bravuconer&iacute;a. Lo corroboran las &uacute;ltimas colecciones de Penguin que, como todos sabemos fue la editorial que invent&oacute; el libro de bolsillo en los a&ntilde;os cuarenta, y ahora saca unas ediciones de cuidad&iacute;simo dise&ntilde;o, con mejor papel y guardas a cuatro colores. Con toda seguridad, los libros de bolsillo, los diccionarios, las enciclopedias y una buena parte de las publicaciones de consumo desaparecer&aacute;n del mundo libresco para refugiarse en los diferentes soportes electr&oacute;nicos. Pero el libro de calidad seguir&aacute; perdurando. Es y seguir&aacute; siendo el medio id&oacute;neo, como siempre lo ha sido, para difundir la alta cultura. En cualquier caso, plantear, como se pretende una radical dicotom&iacute;a entre el libro de papel y el electr&oacute;nico es absurdo: no son formas opuestas ni excluyentes sino complementarias, y pueden perfectamente coexistir, como lo han hecho la radio y la televisi&oacute;n.</p>
<p>Lo importante es comprender que el cambio de soporte no implica ahora ning&uacute;n progreso. Todo es puro negocio. Por eso, la evoluci&oacute;n tecnol&oacute;gica puede ser reversible, no inexorable, como ha inoculado el mito del progreso en nuestras mentes. Es lo que ha sucedido con la fotograf&iacute;a. Cuando Kodak hizo famoso el eslogan &ldquo;usted s&oacute;lo tiene que apretar el bot&oacute;n, nosotros haremos el resto&rdquo;, la fotograf&iacute;a pas&oacute; a ser una de las formas m&aacute;s multitudinarias de congelar los recuerdos humanos. Sin embargo, tras la invenci&oacute;n&nbsp; y popularizaci&oacute;n de la fotograf&iacute;a digital, las empresas de la impresi&oacute;n digital vieron que pod&iacute;an quedarse con una parte sustancial del pastel. Una vez inventada la impresi&oacute;n por inyecci&oacute;n, lo de menos era la maquinaria: el negocio redondo resid&iacute;a en el consumo. Fabricar una tinta es un proceso largo y caro, pero despu&eacute;s el coste ya es m&iacute;nimo; lo que no impide que la tinta se venda car&iacute;sima. De manera que Canon, Epson y Hp As&iacute;, las tres multinacionales de la impresi&oacute;n, iniciaron una encarnizada batalla para quedarse con el mercado. Lanzaron millonarias campa&ntilde;as de publicidad, loando sus excelencias, a pesar de que nunca se ha alcanzado la calidad de la fotograf&iacute;a anal&oacute;gica. Al final, ocurri&oacute; lo mismo que&nbsp; en el mercado de la m&uacute;sica: cuando el soporte y la informaci&oacute;n se separaron, y la gente pudo acceder a ella sin necesidad de pagar. Las fotos tambi&eacute;n se quedaron en el soporte virtual del ordenador, <em>y no se imprim&iacute;an</em>, como hab&iacute;an pensado las empresas del sector. En fin, el negocio pinch&oacute;, no sin antes dividir al p&uacute;blico y arrasarlo todo a su paso. Sin embargo, los fot&oacute;grafos han vuelto a utilizar los m&eacute;todos cl&aacute;sicos, y la fotograf&iacute;a digital no ha acabado con la anal&oacute;gica.</p>
<p>Nadie sabe lo que ocurrir&aacute; en el mundo del libro en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os. Lo &uacute;nico que se puede afirmar es que el futuro siempre depende de nosotros, y que, suceda lo que suceda, finalmente ser&aacute; aquello que nos merezcamos. Por eso resulta tan apremiante y necesario que tomemos consciencia de la importancia que tiene el libro y la tecnolog&iacute;a en nuestra sociedad posmoderna y de los problemas que puede acarrear una mala comprensi&oacute;n de ella.&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 18 Nov 2013 12:34:20 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Recordando a Ana María Navales. Una teoría de la novela]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/recordando-a-ana-maria-navales-una-teoria-de-la-novela/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/ANA_MAR_A_NAVALES.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El 11 de marzo de 2009 mor&iacute;a Ana Mar&iacute;a Navales. Nos dejaba quien hab&iacute;a sido una personalidad enteramente dedicada a la literatura, en sus vertientes pedag&oacute;gica, creativa, cr&iacute;tica y ensay&iacute;stica. Nos qued&aacute;bamos sin su fecunda capacidad de trabajo, su acerada mirada intelectual, el rigor de sus propuestas est&eacute;ticas, por no hablar de la calidez de su trato humano o una particular adusta simpat&iacute;a; de continuar as&iacute; dar&iacute;amos en un no buscado paneg&iacute;rico del que nunca precis&oacute; y que, incluso, le hubiera irritado. A cuatro a&ntilde;os y medio ya de su desaparici&oacute;n, es hora de ir perfilando, con la debida distancia que va dando el tiempo, la considerable val&iacute;a de su legado literario, ahondando en un estado de la cuesti&oacute;n que debe encararse desde diversos puntos de vista, tanto gen&eacute;ricos, como estil&iacute;sticos o tem&aacute;ticos. Porque Ana Mar&iacute;a fue, es, una autora plural en la variedad de intereses, formas expresivas, asuntos -obsesivos incluso- tratados y personajes recreados. Se impone as&iacute; el concurso de algunos (imposible todos) de los m&aacute;s destacados conocedores de su obra y personalidad. Quien cultiv&oacute; con parecida destreza la poes&iacute;a, la novela, la narrativa breve o el ensayo; quien fuera una sobresaliente activista cultural y h&aacute;bil dinamizadora de la gesti&oacute;n intelectual, precisaba de un conjunto cr&iacute;tico que acogiera en pie de igualdad la singular idiosincrasia de estas diferentes facetas. El lado humano de la escritora, construido con evocaciones y testimonios de quienes mejor la conocieron, y una cuidada biocronolog&iacute;a, completan este n&uacute;mero monogr&aacute;fico de <em>Turia</em>; quiz&aacute; a quien fuera su codirectora durante muchos a&ntilde;os, queremos presumir, no le hubiera desagradado del todo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aunque el presente art&iacute;culo trate esencialmente sobre una cierta teor&iacute;a de la novela aplicada a la narrativa extensa de Ana Mar&iacute;a Navales, conviene realizar una breve referencia a su poes&iacute;a, porque en una mejor comprensi&oacute;n de la misma radica la clave de una prosa que, m&aacute;s all&aacute; del discurso argumental, se basa en un contenido lirismo, en una emotiva sentimentalidad no exenta de crudas realidades, en un poderoso sentido evocador del tiempo y de la vida. En la poes&iacute;a espa&ntilde;ola del siglo XX, dejando de lado testimonialismos sociales o experimentos vanguardistas, se dan dos vertientes eleg&iacute;acas que se complementan y hasta admiran mutuamente en quienes las representan: la expresi&oacute;n desnuda y deshumanizada de Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez y la temporalidad filos&oacute;fica de Antonio Machado. Entre ambas opciones bascula el desgarr&oacute;n intimista y existencial que marca la actual poes&iacute;a. La de Ana Mar&iacute;a Navales, lejos de cualquier f&aacute;cil clasificaci&oacute;n, recrea un panorama l&iacute;rico donde la propia expresi&oacute;n po&eacute;tica es el objetivo fundamental y la imaginaci&oacute;n, con la experiencia intimista, los ejes de un sentimiento hondamente intuitivo. Ya en una primera &ldquo;Po&eacute;tica&rdquo; (<em>Cuadernos para Investigaci&oacute;n de la Literatura Hisp&aacute;nica</em>, n&ordm; 7)&nbsp; ella misma se&ntilde;ala: &ldquo;La propia poes&iacute;a es, a veces, el tema del poema, en una &iacute;ntima relaci&oacute;n poes&iacute;a-vida y donde tanto como la palabra importa la vivencia. Veo la tarea po&eacute;tica como creadora de una nueva realidad en la que la relaci&oacute;n con los otros se establezca a trav&eacute;s de una v&iacute;a imaginativa.&rdquo; La imaginaci&oacute;n, m&aacute;s all&aacute; de la intensidad visual, se ha ido asociando en el presente a la posibilidad de evocar relaciones emotivas, que intensifican una complicidad entre el autor y el lector. La l&iacute;rica aqu&iacute; referida recorre esa &ldquo;v&iacute;a imaginativa&rdquo; entre el humilde sendero machadiano y el decadente jard&iacute;n juanramoniano; una cierta s&iacute;ntesis entre la palabra temporal y el sentimiento idealizado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El mundo de la infancia alberga una vital importancia, ya que supone el reflejo de una mirada proveniente del pasado y que gravita sobre el presente con la fuerza de una infinita expectativa; en el poemario <em>Lo que la vida oculta</em> leemos: &ldquo;En mi &aacute;lbum de ausencias / est&aacute;n a ciegas, sin orden, / y con ese tono sepia / que se aferra a los a&ntilde;os, / las aventuras robadas a mi alma&rdquo;. Y es que se trata de un sustancial imperativo &eacute;tico: la gratificaci&oacute;n de los sentidos se obtiene a trav&eacute;s de un riguroso compromiso moral que implica por igual a la estructura del poema, a su car&aacute;cter fon&eacute;tico, a su cadencia musical y a su fondo ideogr&aacute;fico. De hecho, esta es la esencia de la teor&iacute;a neorrom&aacute;ntica, en la que el sentimiento, afectado por el deshumanizado arte de nuestro tiempo, infringe sus principios ancestrales &ndash;egotismo y revoluci&oacute;n- para instalarse en la serenidad del recuerdo, en una rememoraci&oacute;n que f&aacute;cilmente se remonta a la infancia. &ldquo;Nunca he so&ntilde;ado castillos sin luna&rdquo;, escribe Ana Mar&iacute;a en <em>Los labios de la luna</em>, iniciando as&iacute; un poema muy recomendable, porque incluye algunos de los mejores referentes de su l&iacute;rica: la poes&iacute;a como oficio, la apelaci&oacute;n cultural al mito, la enso&ntilde;aci&oacute;n amorosa, el concepto inici&aacute;tico de la vida, el paso del tiempo, una tenue surrealidad y una cierta visi&oacute;n sensual de la existencia. Ya en <em>Mester de amor</em> se alude a las luces y sombras de la dedicaci&oacute;n po&eacute;tica: &ldquo;En qu&eacute; ascendente serenidad o en qu&eacute; locura an&oacute;nima est&aacute; anclada hoy mi palabra para iniciar este oficio al borde oscilante del alero de lo in&uacute;til custodiado por dragones sospechosos y trovadores enfermos&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La recreaci&oacute;n de un universo propio de marcado significado sentimental entra&ntilde;a una arraigada soledad, un calculado aislamiento que se aproxima a los matices del desenga&ntilde;o y a los l&iacute;mites de la frustraci&oacute;n; se trata de un trauma de la propia ausencia, de un miedo interior que se erige en una entidad especular y refleja: &ldquo;Poeta, est&aacute;s condenado a la mentira de tu espejo&rdquo; (<em>Los labios de la luna</em>). Desde el Romanticismo, el discurso po&eacute;tico supone una intensa narraci&oacute;n del ser individual del poeta, m&aacute;s all&aacute; de una mera tarea descriptiva de la realidad ambiental. En el caso que nos ocupa la postura del poeta es previa, ingenua y cercana a un primitivo asombro que le sume en un conceptualismo humanista, pr&oacute;ximo a la m&iacute;tica idea de un &ldquo;buen salvaje&rdquo; simb&oacute;lico e imaginario, como aparece en estos versos del anterior poemario citado: &ldquo;Los ojos, asomo de nube y pasmo, / tembloroso abanico, espejos d&oacute;ciles, / se abren al rubor de la ma&ntilde;ana.&rdquo; El sentimiento amoroso es otra de las claves de esta poes&iacute;a, Una imaginer&iacute;a entre fant&aacute;stica y alucinada recrea la estilizaci&oacute;n er&oacute;tica de una m&aacute;gica e inquietante experiencia. El temor ante un intuido sufrimiento, la desconcertante oscilaci&oacute;n entre alegr&iacute;a y tristeza o el sentido siempre misterioso del deseo marcan esta sentimentalidad de la ternura, te&ntilde;ida de una caracter&iacute;stica irracionalidad. Sin olvidar la idealizaci&oacute;n neorrom&aacute;ntica, que incluye un decadentismo de las sensaciones y las emociones, la intuida presencia de la muerte y un acusado esteticismo estilizado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al tratar la funci&oacute;n del mito en esta poes&iacute;a, hay que matizar el t&eacute;rmino en su sentido de honda fabulaci&oacute;n simb&oacute;lica. El mito representa una realidad pr&oacute;xima y evidente, utilizando un s&iacute;mbolo que fluye entre lo ling&uuml;&iacute;stico y lo representativo. Se trata de una asociaci&oacute;n anal&oacute;gica. Arist&oacute;teles, en su <em>Po&eacute;tica</em>, postulaba la teor&iacute;a de la m&iacute;mesis creativa por la que la cultura &ndash;y la poes&iacute;a, y la prosa, como veremos- es el reflejo intelectual de un mito u otro. Aqu&iacute; interviene una cierta idea de la divinidad, de una m&aacute;s alta instancia desconocida que ignora, a la manera de Cavafis, las m&aacute;s claras inquietudes humanas. De nuevo en <em>Los labios de la luna</em> se puede leer a este respecto: &ldquo;Saben los dioses de puentes quebrados en silencio, / cuando la fiesta es embriaguez&nbsp; pasada, / oscuridad que acecha, viento dormido, / alba solitaria&rdquo;. La desaparici&oacute;n de lo existente, la presencia de la muerte, van unidas a una consunci&oacute;n esteticista dotada, sin embargo, de la autenticidad de las referencias que utiliza el poeta: la vida misma como memoria y conciencia de la experiencia, valor esencial de nuestra percepci&oacute;n del mundo. Y todo ello en el marco de una matizada censura hacia el decadentismo nov&iacute;simo: &ldquo;Me pregunto si ya es la hora de restaurar la belleza fr&iacute;a&rdquo; (<em>Los esp&iacute;as de S&iacute;sifo</em>); y es que conforme al caracter&iacute;stico clasicismo machadiano de la &ldquo;palabra en el tiempo&rdquo; la impresi&oacute;n vivencial se impone a las delicuescencias expresivas o las piruetas ling&uuml;&iacute;sticas. Lo que no impide la b&uacute;squeda de un poema extratemporal, sin coordenadas ni l&iacute;mites, un texto que acaso justifique una vida: &ldquo;Busco un poema sin tiempo, / sin amores y sin muerte, / sin noches ni amaneceres, / sin infancia y sin gaviotas; / en el que no haya lugar / para los sue&ntilde;os, y el sol / se burle de las palabras. / Busco un poema desnudo, / sin murmullo ni testigos, / un poema, s&oacute;lo uno, / como un &aacute;ngel de la guarda que me salve de la vida.&rdquo; (<em>Escrito en el silencio</em>)</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La narrativa de Ana Mar&iacute;a Navales conserva muchos de estos rasgos de su l&iacute;rica, aunque en modo alguno pueda hablarse de prosa po&eacute;tica. Se trata m&aacute;s bien de una fecunda conjunci&oacute;n de testimonialismo cotidiano y reflexi&oacute;n intimista, que replantea la esencia del personaje literario, el fundamento de la an&eacute;cdota argumental y el objeto mismo de la fabulaci&oacute;n discursiva. La novel&iacute;stica de nuestra escritora se basa en la moderna ambivalencia entre ficci&oacute;n y realidad; algo que ya viera con claridad Hans Robert Jauss en su cl&aacute;sica obra <em>La literatura como provocaci&oacute;n</em>: &ldquo;La disposici&oacute;n espec&iacute;fica para una determinada obra con la que cuenta un autor en su p&uacute;blico, a falta de se&ntilde;ales expl&iacute;citas, puede obtenerse tambi&eacute;n a partir de tres factores que en general pueden presuponerse: en primer lugar, a partir de normas conocidas o de la po&eacute;tica inmanente del g&eacute;nero; en segundo lugar, de las relaciones impl&iacute;citas con respecto a obras conocidas del entorno hist&oacute;rico literario, y en tercer lugar, de la oposici&oacute;n de ficci&oacute;n y realidad, funci&oacute;n po&eacute;tica y pr&aacute;ctica del lenguaje, que, para el lector que reflexiona siempre existe, durante la lectura, como posibilidad de comparaci&oacute;n.&rdquo; En este &uacute;ltimo punto radica uno de los ejes b&aacute;sicos de la est&eacute;tica de Ana Mar&iacute;a Navales; su &ldquo;a-realismo&rdquo; se fundamenta en un tratamiento &ldquo;ling&uuml;&iacute;stico&rdquo; de la realidad, en una obsesiva fijaci&oacute;n por el lenguaje compuesto a partir de su propia teorizaci&oacute;n. Se trata frecuentemente del puro y simple protagonismo de la lengua; en <em>La tarde de las gaviotas</em> (1981) se personaliza una concreta referencia sint&aacute;ctica que &ldquo;coquetea&rdquo; juguetonamente con Julio, el escritor que le da vida: &ldquo;Una frase, <em>malanda y las plateadas hojas de la yagruma</em>, salta de una p&aacute;gina en blanco, de una s&aacute;bana sin roces, recuperando su ritmo, moviendo sus caderas, y otra vez te enamora y la dejas libre. El viento la trae a tus pies y le hablas, palabras como seres vivos, igual que a una mujer, insistente y bella, frente a tu cansancio.&rdquo; Este metalenguaje es sintom&aacute;tico de la palabra objetiva a la que se refiere Jauss y exponente de una secreta admiraci&oacute;n hacia la capacidad art&iacute;stica de la comunicaci&oacute;n emotiva que se produce entre autor y lector.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Estamos ante una narrativa de ascendencia netamente ideal, que no deja por ello de insistir en la m&aacute;s com&uacute;n cotidianidad. Esta dualidad implica que el proceso de creaci&oacute;n se ve compartido entre la presencia de lo consciente y una cierta <em>inconsciencia</em> deliberada y m&aacute;s o menos asumida por el novelista, fundamento, por otro lado, del principio m&aacute;s esencialmente neorrom&aacute;ntico. Un tratado cl&aacute;sico como el de Monroe C. Beardsley y John Hospers, <em>Est&eacute;tica. Historia y fundamentos</em>, as&iacute; lo expresa: &ldquo;La distinci&oacute;n (basada en Schelling) entre la imaginaci&oacute;n &ldquo;primaria&rdquo; y &ldquo;secundaria&rdquo;, es una distinci&oacute;n entre creatividad inconsciente, implicada a la vez en los procesos naturales y en toda percepci&oacute;n, y la expresi&oacute;n consciente y deliberada de eso en la creaci&oacute;n del artista.&rdquo; Esta mixtificaci&oacute;n conlleva ese tono trascendente, &ldquo;m&iacute;stico&rdquo;, esencialista de un relato que no s&oacute;lo &ndash;quiz&aacute; apenas- pretende contar una sucesi&oacute;n de an&eacute;cdotas sino que aspira a desmontar la realidad en un irracional y creativo intento de notable originalidad literaria. Otro incisivo punto a destacar radica en la maestr&iacute;a con que se caracteriza, en unos pocos trazos y unas breves palabras, toda una inquietante atm&oacute;sfera social, psicol&oacute;gica y, frecuentemente, fant&aacute;stica. Para el logro de esta eficacia Ana Mar&iacute;a Navales se basa en la utilizaci&oacute;n de un registro sem&aacute;ntico perfectamente reconocible por el lector, &nbsp;&nbsp;&nbsp; que&nbsp; identifica los significados dentro de un orden expresivo directo y sencillo. Pero la cosa no es tan simple, porque el uso de ese campo referencial se ve inmerso en ese proceso de poetizaci&oacute;n al que se ha hecho menci&oacute;n, de tal modo que los m&aacute;s comunes objetos de la realidad circunstancial se ven distinguidos por un toque simb&oacute;lico; vienen a representar mucho m&aacute;s de lo que textualmente significan, <em>connotan</em> desde el punto de vista l&iacute;rico (aunque de prosa hablemos) muy por encima de lo que pretenden denotar.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un planteamiento lineal, nuclear, m&iacute;nimo pero s&oacute;lido, traza la vertebraci&oacute;n ideogr&aacute;fica de un esquema narrativo mucho m&aacute;s amplio, que se desarrolla a lo largo de toda la novela, pero cuya secuencia fundamental aparece esbozada desde el principio con una h&aacute;bil t&eacute;cnica sint&eacute;tica, consistente en la utilizaci&oacute;n&nbsp; representativa y legendaria de comunes objetos de la realidad que, inmersos en un estilo de misterioso neorromanticismo, dan la clave de una escritura simb&oacute;lica a partir de un inconsciente (o consciente) colectivo que entiende <em>a priori</em> el manejo ficticio de estos elementos. De hecho, el aut&eacute;ntico objetivismo es aquel que se relaciona con una especulaci&oacute;n sem&aacute;ntica de los objetos de la realidad, sin que el descripcionismo radical &ndash;a lo Robbe-Grillet- entra&ntilde;e el fundamento aut&eacute;ntico de esta modalidad novel&iacute;stica; sobre todo si estamos, como es el caso, ante una narratividad de ascendencia po&eacute;tica. As&iacute; lo se&ntilde;ala Edwin Berry Burgum en <em>The novel and the worlds dilema</em>: &ldquo;La poes&iacute;a est&aacute; basada en la comprensi&oacute;n del significado. Esta comprensi&oacute;n se consigue cuando algunos elementos de la met&aacute;fora o de la ambig&uuml;edad son supuestos que tanto el poeta como su p&uacute;blico conocen. Al no existir estos supuestos, la poes&iacute;a se hace imposible y tiene que convertirse en explicaci&oacute;n. La poes&iacute;a no puede existir sin la base de una verdad p&uacute;blica en el mundo objetivo. La base para la creaci&oacute;n po&eacute;tica es la existencia de una sociedad con un sistema com&uacute;n de reacciones psicol&oacute;gicas, sistema que se ha establecido mediante cierta uniformidad en el ambiente, educaci&oacute;n, etc., durante la ni&ntilde;ez&hellip; Al faltar este sistema la poes&iacute;a se convierte en opini&oacute;n puramente personal.&rdquo; Una complicidad, en suma, que se hace inevitable para la consecuci&oacute;n del caracter&iacute;stico efecto mitificador y legendario propio de este tipo de literatura. En este sentido, el novelista es el enlace, <em>m&eacute;dium</em>, entre la ficci&oacute;n y la realidad. En <em>La amante del mandar&iacute;n</em> (2002), novela ambientada en la actualidad de un centro de ense&ntilde;anza secundaria, Ana Mar&iacute;a Navales pone en boca de un profesoral personaje estas palabras: &ldquo;Escribir novela no es tanto una profesi&oacute;n cuanto un yoga o <em>camino</em> &ndash;subrayaba-, una alternativa a la vida ordinaria.&rdquo;&nbsp; El car&aacute;cter inici&aacute;tico de la condici&oacute;n literaria se hace evidente.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La introspecci&oacute;n que afecta a buena parte de los protagonistas de esta narrativa no es radicalmente psicologista, ni se pierde en las divagaciones del &ldquo;alma&rdquo; que torturan a tantos personajes &ldquo;dostoievsquianos&rdquo;; nos hallamos, por el contrario, ante la diversificaci&oacute;n de problemas y peripecias de estos seres de ficci&oacute;n en un mar de referencias m&iacute;tico-hist&oacute;ricas o en la crisis intelectual como centro de su car&aacute;cter o en una alteraci&oacute;n psicosom&aacute;tica que condiciona toda su personalidad. En <em>El laberinto del Quetzal</em> (1985)&nbsp; un personaje describe as&iacute; lo que otro opina de &eacute;l: &ldquo;Mar&iacute;a, que tantas cosas me reprochaba &uacute;ltimamente, lleg&oacute; a decir que yo era un tipo excesivamente raro, con oficios que m&aacute;s parec&iacute;an labor de monja o fraile de clausura, y que no le extra&ntilde;ar&iacute;a nada que mi esp&iacute;ritu introvertido, esa calma artificial y las simuladoras sonrisas con que acog&iacute;a el relato de las mayores desgracias, no ocultasen alguna veta de locura, alg&uacute;n desequilibrio que me hab&iacute;a hecho refugiarme en esa erudici&oacute;n anormal y herm&eacute;tica de la que alardeaba algunas veces.&ldquo; Es un psicologismo neutralizado por los datos, gestos y aspectos extrapersonales que, bajo una condici&oacute;n legendaria, proyectan la figura del protagonista hacia una anulaci&oacute;n de las cuestiones biogr&aacute;ficas. Y es que estamos, particularmente en esta novela citada, ante un arte contrastado, de minuciosos matices estil&iacute;sticos que afectan a quienes pueblan una trama de densas complejidades culturalistas, aunque estas se expresen con la sencillez cl&aacute;sica de quien, como Ana Mar&iacute;a, tiene al autor de <em>El Aleph</em> como gu&iacute;a y maestro. Este ensamblaje de elementos diversos&nbsp; proporciona una evidente riqueza expresiva a la narraci&oacute;n, que se nutre, m&aacute;s que de argumento o de acci&oacute;n, de los referentes est&eacute;ticos de su tiempo, sin olvidar la significaci&oacute;n de lo tradicional ancestral. Es preciso advertir que aqu&iacute; no estamos ante la cultura convencional, sucesivamente engrosada y meramente abastecida por los sedimentos acumulativos de la mera costumbre, sino ante una concepci&oacute;n del hecho cultural ligada al propio <em>yo</em> coet&aacute;neo. Se trata de una verificaci&oacute;n del presente est&eacute;tico en funci&oacute;n de una revelaci&oacute;n del pasado, que se nos representa una y otra vez recreando las inmensas posibilidades de su continua interpretaci&oacute;n. Y esto no es posible si el arte no altera las convenciones de su contemporaneidad. Es lo que, de una manera cl&aacute;sica y clarificadora, manifestara hace ya a&ntilde;os Lionel Trilling en el prefacio de su c&eacute;lebre libro <em>El yo antag&oacute;nico</em>: &ldquo;Si hablo de la relaci&oacute;n del yo con la <em>cultura</em> m&aacute;s que con la sociedad es porque existe una &uacute;til ambig&uuml;edad en el significado de la palabra cultura. Es una palabra mediante la cual nos referimos no s&oacute;lo a los logros intelectuales y creadores de un pueblo, sino tambi&eacute;n a sus simples supuestos y valoraciones no formulados, a sus costumbres, sus modales y sus supersticiones. El yo moderno se caracteriza por poseer cierta capacidad de percepci&oacute;n indignada que, al operar sobre esta porci&oacute;n inconsciente de la cultura, la ha hecho accesible al pensamiento consciente.&rdquo; Un concepto, pues, que viene a representar en nuestra novelista el ambiente referencial del intramundo de los personajes y base de sus peripecias &iacute;ntimas. Lo que se comprende muy bien leyendo su novela p&oacute;stuma de reciente publicaci&oacute;n, <em>El final de una pasi&oacute;n</em>, en la que la relaci&oacute;n entre Virginia Woolf y su hermana, la pintora Vanessa Bell, queda reflejada de modo epistolar como la recreaci&oacute;n de un espacio de densa sentimentalidad cultural.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sin caer en el autobiografismo es evidente que esta literatura se encuentra enraizada en el debate sobre la funci&oacute;n autorial de la novela y sus consecuencias est&eacute;ticas sobre la misma. Esta teorizaci&oacute;n pirandelliana afecta a buena parte de la novel&iacute;stica de Ana Mar&iacute;a Navales, en la medida en que sus protagonistas <em>ejemplifican</em> de manera directa obsesiones y particularidades de quien los ha creado. Aclara bastante bien este tema la argumentaci&oacute;n de Jos&eacute; Ferrater Mora en <em>El mundo del escritor</em>: &ldquo;As&iacute;, la distinci&oacute;n entre mundo real, mundo personal y mundo art&iacute;stico o, en nuestro caso,&nbsp; mundo del escritor, no es una distinci&oacute;n ontol&oacute;gica. No se trata de averiguar en qu&eacute; se distinguen, y c&oacute;mo se relacionan, estos mundos al modo como cabe averiguar en qu&eacute; se distinguen, y c&oacute;mo se relacionan, los mundos f&iacute;sico y cultural. Usamos &ldquo;mundo&rdquo; en la expresi&oacute;n &ldquo;el mundo del escritor&rdquo; &uacute;nicamente para poner de relieve que tiene, o puede tener, ciertos rasgos que el examen de los otros &ldquo;mundos&rdquo; no alcanza a dilucidar. El mundo del escritor es, por lo pronto, solamente el modo como un escritor organiza ling&uuml;&iacute;sticamente el mundo &ldquo;real&rdquo; y el personal.&nbsp; <em>El regreso de Julieta Always</em> (1981), la historia de esa anciana que, entre las brumas de la locura senil, rememora su azarosa vida marcada por la pintura, la guerra civil espa&ntilde;ola, la bohemia parisina y su decadencia actual, es quiz&aacute; la novela m&aacute;s representativa de lo comentado. Varios &ldquo;mundos&rdquo; se barajan en el seno de una novela que evoluciona como un prisma de muy diversos ambientes, en una labor de asedio a la realidad de un personaje compuesto de diversas facetas y representaciones. Una escenograf&iacute;a simb&oacute;lica, una densa atm&oacute;sfera ternurista &ndash;y tambi&eacute;n abrupta y hosca cuando es preciso-, un sobrecogedor lirismo y el pat&eacute;tico intimismo con el que se configura la personalidad de Julieta conforman un relato cercano al exabrupto sentimental y al descripcionismo simb&oacute;lico: &ldquo;No m&aacute;s historias, Julieta, para qu&eacute; si no escuchas. Quiz&aacute; porque son otros los nombres y nadie te habl&oacute; de lo ocurrido. No reconoces a nadie de esa gente, ni casi el lugar en que se mueven. Historias perdidas a medio camino entre lo que se imagina y lo que se alcanza. Ah&iacute; est&aacute;s t&uacute; tambi&eacute;n, no hay luz que te ilumine, se apagan los focos y se ilumina la sala. Y tu amor, Always, &iquest;es tan grande como piensas y tan cierto? Ese amor que no te salva, acaso sea como los j&iacute;njoles, las dulces drupas de la infancia, j&iacute;njol o azufaifa, encarnado por fuera, amarillo por dentro, adormecido como el gusano de seda en la niebla, &aacute;mbar que negrea f&aacute;cilmente, Julieta, amarillo de plomo o espino, peso y punzada, no lo olvides.&rdquo; El retrato est&aacute; implicando en s&iacute; mismo un fondo narrativo expreso y la comparaci&oacute;n que aqu&iacute; se desarrolla es exponente de una elipsis de hondas proporciones l&iacute;ricas. Esta novela de una fracasada mujer encarada a sus encrucijadas est&eacute;ticas es una obra program&aacute;tica, compendio inicial &ndash;e inici&aacute;tico- de los temas m&aacute;s obsesivos de su autora: el recuerdo, la muerte como ente l&iacute;rico, el paso el tiempo, la decadencia vital o el problema de la identidad personal entre otros asuntos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La metaliteratura tiene un especial protagonismo en <em>El laberinto del Quetzal</em>, novela que aparece como una profunda reflexi&oacute;n sobre el acto de narrar y sobre la esencia misma del desarrollo de una historia. Lejos de la trama realista la novela l&iacute;rica dinamita la sucesi&oacute;n lineal de acciones para concentrar su inter&eacute;s en la introspecci&oacute;n de unos caracteres minuciosamente analizados. Asistimos aqu&iacute; a las peripecias del Quetzal, el m&iacute;tico p&aacute;jaro hominal, que desde su ir&oacute;nica reencarnaci&oacute;n presente &ndash;un extravagante agente inmobiliario- recorre las m&aacute;s diversas &eacute;pocas hist&oacute;ricas, en posesi&oacute;n de los arcanos culturales m&aacute;s sorprendentes: el ave que renace de sus cenizas, el eterno retorno, el p&aacute;jaro solar o el caballo de Troya entre otros. Resulta fundamental en este texto el an&aacute;lisis de los sentimientos del personaje, las relaciones po&eacute;ticas que establece con el mundo exterior y con los grandes interrogantes de su existencia: el miedo, el amor, la soledad, la muerte. El sentido sucesivo del tiempo se sacrifica en aras de una multiobjetiva interpretaci&oacute;n del relato; no se trata exactamente del conocido <em>flash-back</em> sino de la proliferaci&oacute;n de secuencias temporales de variada cronolog&iacute;a que componen un prisma de deliberada y medida incoherencia. La funci&oacute;n del mito supone la preponderancia de lo simb&oacute;lico sobre lo existente, reafirm&aacute;ndose as&iacute; una incontrovertible certeza: vivimos con referencia a una alegor&iacute;a, en un mundo que no es sino representaci&oacute;n de una realidad simb&oacute;lica. Es &eacute;sta una obra repleta de literatura en el m&aacute;s amplio y variado registro: desde el universo precolombino a la mitolog&iacute;a cl&aacute;sica, sin olvidar las m&aacute;s diversas iconograf&iacute;as e ideogramas. El sentido cabal&iacute;stico de la novela cierra su recorrido narrativo con estas palabras: &ldquo;Volv&iacute; la cabeza hacia el mar abierto y no quise identificarme con ning&uacute;n escenario donde se proyectasen mis fracasos. Ahora deb&iacute;a seguir con fe el viaje anunciado en el or&aacute;culo, hacia cualquier parte, para encontrar el final del laberinto. Quiz&aacute; no era m&aacute;s que eso la vida de un hombre, un continuo viaje en busca de su propio espejismo.&rdquo; Un curioso humor ir&oacute;nico, algo amargo en la certidumbre del sinsentido del vivir, contrapuntea las p&aacute;ginas de un libro que se interroga, con fecundo acierto, sobre el car&aacute;cter m&iacute;tico del fen&oacute;meno literario.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>El laberinto del Quetzal</em> se ha considerado como un figurado poema polif&oacute;nico y multivisual, Estamos ante una multiplicidad de im&aacute;genes, visiones parceladas, secuenciales y fragmentarias de un gran friso vital; precisamente ese limitado conocimiento proporciona el m&aacute;s efectivo recurso novel&iacute;stico: el enigma. El desentra&ntilde;amiento de esa otra realidad que palpita en la relativa ignorancia de unos personajes que la intuyen es la esencia del relato antidescriptivo, aquel que lucha contra un costumbrismo de cr&oacute;nica testimonial, anecd&oacute;tica, o se enfrenta a la vac&iacute;a experimentaci&oacute;n esnobista. El desglose iconogr&aacute;fico del entorno y su posterior &ldquo;montaje&rdquo; literario lleva a Ana Mar&iacute;a Navales a la consecuci&oacute;n de un relato <em>misterioso</em> que, fuera de condicionamientos gen&eacute;ricos, encuentra en la indagaci&oacute;n intimista de arraigada ternura existencial sus mejores valores y la expresi&oacute;n m&aacute;xima de una b&uacute;squeda creativa, febril, deseosa de encontrar las piezas que faltan en el amplio rompecabezas de la novela. Se da aqu&iacute; lo que V&iacute;ctor Sklovski manifiesta en <em>La cuerda del arco</em> como fundamento del sistema de reconocimiento est&eacute;tico del mundo: &ldquo;El artista no reproduce ni puede reproducir el fen&oacute;meno en su totalidad. Ya el simple c&oacute;mputo &ldquo;un, dos, tres, cuatro&rdquo; expresa una cierta discontinuidad. Esta discontinuidad es real y nos permite se&ntilde;alar la comunidad de una propiedad de los objetos que observamos, independientemente de su calidad. El arte siempre divide los objetos y muestra la parte en lugar del todo, un rasgo en lugar del todo, y por muy detallado que sea siempre seguir&aacute; siendo una especie de punteado que representa una l&iacute;nea. El arte siempre separa lo semejante y une lo distinto.&rdquo; Pero, m&aacute;s all&aacute; de estructuralismos varios, nuestra narradora introduce el rasgo personal de la lirificaci&oacute;n, del sentido po&eacute;tico aplicado a la fragmentaci&oacute;n de la realidad, incidiendo as&iacute; en la particular idiosincrasia del relato de ascendencia <em>enigm&aacute;tica</em> felizmente neutralizado por un intimismo confidencial, factor &eacute;ste que pretende suavizar las duras maneras del sistem&aacute;tico desglose realista como m&eacute;todo &ldquo;cient&iacute;fico&rdquo; de aprehensi&oacute;n est&eacute;tica del entorno.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El mundo novel&iacute;stico de Ana Mar&iacute;a Navales contiene otros muchos aspectos; se ha destacado aqu&iacute; tan s&oacute;lo la originalidad de unos interesantes procedimientos, el sutil hallazgo de un estilo de ascendencia po&eacute;tica lejos de la prosa convencional, el desarrollo cadenciosamente r&iacute;tmico de una trama de intrigante belleza, la profundizaci&oacute;n psicol&oacute;gico-m&iacute;tica en los caracteres de los personajes, el sentido legendario de su escritura, la recreaci&oacute;n de enso&ntilde;adas tramas argumentales o un distanciado uso del <em>yo</em> autobiogr&aacute;fico. En definitiva, una narrativa que responde a una coherente teorizaci&oacute;n novel&iacute;stica y a la asumida conciencia profesional de quien ha sabido desarrollar, con sobrado rigor est&eacute;tico, el viejo arte de contar una historia.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 18 Nov 2013 11:48:09 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ana María Navales protagoniza la revista "Turia"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/ana-maria-navales-protagoniza-la-revista-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/ANA_MAR_A_NAVALES.jpg" alt="" /></p>
<p class="Textoindependiente21">El escritor Javier Cercas ser&aacute; el encargado de presentar hoy en Teruel el n&uacute;mero conmemorativo del 30 aniversario de la revista cultural TURIA. Ser&aacute; un sumario especial, con textos in&eacute;ditos de algunos de los grandes autores que han venido colaborando con esta publicaci&oacute;n cuatrimestral. No en vano, la revista siempre se ha caracterizado por su capacidad integradora de la rica y diversa creatividad literaria contempor&aacute;nea.&nbsp;</p>
<p>El amplio y sugestivo monogr&aacute;fico que TURIA dedica a Ana Mar&iacute;a Navales (Zaragoza, 1939-2009) constituye, sin duda, el contenido principal de este n&uacute;mero. Un total de trece autores, entre los que figuran los principales estudiosos de su obra, nos descubren las claves de una de nuestras m&aacute;s singulares autoras contempor&aacute;neas. Considerada por muchos como la &ldquo;Virginia Woolf espa&ntilde;ola&rdquo;, Ana Mar&iacute;a Navales ha sido descrita como un ejemplo de mujer y de escritora libre, l&uacute;cida y pasional. Ahora, cuando est&aacute;n pr&oacute;ximos a cumplirse cinco a&ntilde;os de su muerte, la revista a la que estuvo tan vinculada le brinda un merecido homenaje y reivindica su lectura.&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">El sumario que brinda TURIA en esta entrega resulta espectacular. Entre los escritores que participan, cabe citar a<strong> </strong>premios Cervantes como Antonio Gamoneda, o ilustres premiados con el Pr&iacute;ncipe de Asturias como el italiano Claudio Magris; acad&eacute;micos como Luis Mateo D&iacute;ez, Jos&eacute; Mar&iacute;a Merino y Soledad Pu&eacute;rtolas, o editores de prestigio como Jorge Herralde (&ldquo;Homenaje a Bola&ntilde;o en Chile&rdquo;) o Jacobo Siruela (&ldquo;El sue&ntilde;o electr&oacute;nico&rdquo;).</p>
<p class="Textoindependiente21">Destacados nombres propios de la narrativa contempor&aacute;nea como Antonio Tabucchi, Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n o Javier Tomeo (de quien se anticipa un cap&iacute;tulo de su libro p&oacute;stumo &ldquo;El hombre bicolor&rdquo;), o poetas como Joan Margarit, Luis Alberto de Cuenca, Clara Jan&eacute;s, Vicente Molina Foix, Luis Antonio de Villena, Andr&eacute;s Trapiello, Luis Garc&iacute;a Montero, C&eacute;sar Antonio Molina, &Aacute;ngel Guinda, Francisco Ferrer Ler&iacute;n o el portugu&eacute;s Nuno J&uacute;dice, tambi&eacute;n se suman con trabajos in&eacute;ditos a esta celebraci&oacute;n de los 30 a&ntilde;os de TURIA.</p>
<p>El nuevo n&uacute;mero de TURIA publica asimismo dos extraordinarias entrevistas a fondo y en exclusiva con el escritor norteamericano Paul Auster y con el fil&oacute;sofo espa&ntilde;ol Fernando Savater. Ambos son dos nombres propios indiscutibles de nuestra cultura contempor&aacute;nea, dos autores cuya obra&nbsp; sigue fascinando a sucesivas generaciones de lectores. De ah&iacute; que sus declaraciones constituyan todo un revelador autorretrato y, sobre todo, brinden una mirada inteligente y oportuna acerca del mundo que nos rodea. Una perspectiva que merece la pena ser muy tenida en cuenta en estos tiempos convulsos.</p>
<p>Auster y Savater hablan en TURIA sincera y libremente de un amplio repertorio de temas. Y lo hacen con la convicci&oacute;n y sabidur&iacute;a de quienes atesoran un notable prestigio y un significativo bagaje vital. Por eso, ambos nos enriquecen con sus observaciones acerca de asuntos que van m&aacute;s all&aacute; del an&aacute;lisis de la propia obra, de su aventura an&iacute;mica o intelectual. As&iacute;, adem&aacute;s de conocer sus respectivos referentes, sus se&ntilde;as de identidad o sus lecturas, averiguaremos lo que piensan sobre el papel del escritor o la visi&oacute;n de la infancia. No faltan reflexiones sobre la vejez, la situaci&oacute;n de las democracias, el terrorismo o la defensa de una educaci&oacute;n laica.</p>
<p>Adem&aacute;s de esa atenci&oacute;n especial a Ana Mar&iacute;a Navales y los autores y textos ya citados, las p&aacute;ginas de TURIA contienen la secci&oacute;n habitual dedicada a estudios literarios, como el que Ram&oacute;n Ac&iacute;n publica sobre la obra de Javier Tomeo o el de Juan Villoro sobre Sergio Pitol. No falta tampoco el apartado de ensayo, con un muy recomendable art&iacute;culo de Valent&iacute; Puig titulado &ldquo;Atributos de Europa&rdquo; o las secciones &ldquo;La isla&rdquo;, las destinadas a temas aragoneses (con art&iacute;culos sobre el profesor Eloy Fern&aacute;ndez Clemente y sobre el pintor Gonzalo Tena) y, cerrando el sumario, la siempre bien nutrida, cuidada y plural secci&oacute;n de cr&iacute;tica de libros. &nbsp;&nbsp;</p>
<p>La portada y las ilustraciones interiores de esta entrega de TURIA corresponden al pintor Gonzalo Tena, que es el artista contempor&aacute;neo m&aacute;s relevante de cuantos han nacido en Teruel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>ANA MAR&Iacute;A NAVALES: M&Aacute;S ALL&Aacute; DE LA ESCRITURA CONVENCIONAL</strong></p>
<p class="Textoindependiente31">El atractivo dossier de 115 p&aacute;ginas que TURIA dedica a Ana Mar&iacute;a Navales constituye, sin duda, toda una invitaci&oacute;n a la lectura de una autora que fue, durante a&ntilde;os, codirectora de la revista que ahora le rinde homenaje. Para Jes&uacute;s Ferrer Sol&aacute;, fil&oacute;logo y profesor de la Universidad de Barcelona, que firma el art&iacute;culo introductorio del monogr&aacute;fico dedicado a la&nbsp; autora aragonesa, Ana Mar&iacute;a Navales &ldquo;cultiv&oacute; con parecida destreza la poes&iacute;a, la narrativa breve o el ensayo&rdquo;. Sin duda, &ldquo;quien fuera una sobresaliente activista cultural y h&aacute;bil dinamizadora de la gesti&oacute;n intelectual&rdquo; dispone desde ahora de un valioso conjunto de textos que analizan sus diferentes facetas. Y es que, junto al estudio de su producci&oacute;n creativa, no falta el an&aacute;lisis del lado humano de la escritora, construido con evocaciones y testimonios de quienes mejor la conocieron. Una cuidada biocronolog&iacute;a completa el nuevo y oportuno monogr&aacute;fico de TURIA.</p>
<p class="Textoindependiente31">Adem&aacute;s de Ferrer Sol&aacute;, escriben sobre la autora zaragozana: Jos&eacute;-Carlos Mainer (&ldquo;Ana Mar&iacute;a Navales: espejos de la novela&rdquo;), Manuel Rico (&ldquo;La traves&iacute;a po&eacute;tica de Ana Mar&iacute;a Navales&rdquo;), Isabel Carabantes (&ldquo;La forja de una escritora rebelde&rdquo;), Julio Jos&eacute; Ordov&aacute;s (&ldquo;Libre, l&uacute;cida y peligrosamente&rdquo;), Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas (&ldquo;Turia, una aventura compartida&rdquo;), Juan Dom&iacute;nguez Lasierra (&ldquo;Cartas para Ana Mar&iacute;a&rdquo;), Marta Agudo (&ldquo;Palabras de Ana Mar&iacute;a Navales&rdquo;), Rosendo Tello (&ldquo;Traves&iacute;a en el viento&rdquo;), Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget (&ldquo;De obsesiones y fantasmas&rdquo;), C&aacute;ndido P&eacute;rez G&aacute;llego (&ldquo;Virginia Woolf entre nosotros&rdquo;), Eugenio Garc&iacute;a Fern&aacute;ndez (&ldquo;Ana en el recuerdo&rdquo;) y Juan Antonio Tello (&ldquo;Biocronolog&iacute;a&rdquo;).</p>
<p>Ana Mar&iacute;a Navales, seg&uacute;n Ordov&aacute;s, fue &ldquo;un p&aacute;jaro ex&oacute;tico dentro de la literatura espa&ntilde;ola, y la b&uacute;squeda de otros p&aacute;jaros ex&oacute;ticos la llev&oacute; a otras literaturas. En Bloomsbury encontr&oacute; su nido&rdquo;. Y es que &ldquo;la gran aventura de la vida de Navales &ndash;concluye Ordov&aacute;s- fue la literatura. Ni las iron&iacute;as del destino ni la muerte podr&iacute;an apagar, de eso estaba segura, la vida que deposit&oacute; en sus libros. Ella aspiraba a quedar llena de vida en ellos, como Virginia Woolf, como Ana&iuml;s Nin, como Clarice Lispector, como todas las escritoras en las que se mir&oacute; y se reconoci&oacute;.</p>
<p>Quer&iacute;a que sus libros perduraran como testimonio de la libertad de su esp&iacute;ritu y no le importaba el precio que tuviera que pagar, o, mejor dicho, que le hicieran pagar, por ello&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente31">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente31"><strong>ENTREVISTAS A PAUL AUSTER Y FERNANDO SAVATER</strong></p>
<p class="Textoindependiente31">La revista TURIA, para festejar sus 30 a&ntilde;os de trayectoria, ofrece en su n&uacute;mero de noviembre dos extraordinarias entrevistas a fondo y en exclusiva con el escritor norteamericano Paul Auster y con el fil&oacute;sofo espa&ntilde;ol Fernando Savater.</p>
<p>Fran&ccedil;ois Busnel conversa en TURIA con Paul Auster (Nueva Jersey, 1947) y lo hace con una complicidad que vence cualquier reparo o resistencia del interlocutor. Y es que, a sus 65 a&ntilde;os, Paul Auster parece con m&aacute;s fuerza que nunca. Adem&aacute;s, el autor de libros como &ldquo;La invenci&oacute;n de la soledad&rdquo; o &ldquo;La m&uacute;sica del azar&rdquo;, es de esos escritores que aborrecen que la obra se quede limitada a la vida. El di&aacute;logo, que se public&oacute; originalmente en franc&eacute;s en la revista &ldquo;Lire&rdquo;, aparece ahora en la revista TURIA traducido por Mar&iacute;a Teresa Gallego.</p>
<p>La entrevista, que se inicia en torno a su reciente libro &ldquo;Diario de invierno&rdquo;, nos permite descubrir c&oacute;mo la escritura, en Paul Auster, est&aacute; muy relacionada con la m&uacute;sica y con el hecho de andar: &ldquo;La m&uacute;sica es eso, el ritmo del cuerpo. Cuando ando doy con ritmos que me ayudan a hacer frases y p&aacute;rrafos&rdquo;. Por eso, como autor de m&aacute;s de una veintena de libros, Auster reconoce llevar gastados un mont&oacute;n de pares de zapatos desde que empez&oacute; a escribir.</p>
<p>Preguntado por qu&eacute; escribe, Auster dir&aacute;: &ldquo;Los artistas son personas a quienes no les basta el mundo. Personas heridas. Si no &iquest;por qu&eacute; &iacute;bamos a encerrarnos en una habitaci&oacute;n para escribir? Intentamos sacarles partido a nuestras heridas para devolverle algo a ese mundo que tan maltrechos nos ha dejado&rdquo;.</p>
<p>Sobre el lugar que ocupa el cine en su vida, el guionista de &ldquo;Smoke &amp; Blue in the face&rdquo;, &ldquo;Lulu on the Bridge&rdquo; y &ldquo;La vida interior de Martin Frost&rdquo; reconoce el placer inmenso que supone hacer una pel&iacute;cula pero tambi&eacute;n el enorme trabajo que acarrea. Un trabajo, adem&aacute;s, en equipo para alguien que es esencialmente solitario. No obstante, afirma: &ldquo;soy un escritor a quien le gustan todas las formas de contar una historia, y el cine es una de esas formas. Las mejores pel&iacute;culas son tan buenas y tan importantes como los grandes libros&rdquo;.</p>
<p>Fernando Savater se manifiesta, en la extensa e intensa conversaci&oacute;n que ha mantenido con Emma Rodr&iacute;guez y que publica la revista TURIA, muy elocuente y perspicaz. Reconoce a la periodista que haberse &ldquo;convertido un poco en hombre anuncio de m&iacute; mismo no deja de resultar un tanto pesado&rdquo; Y es que Savater (San Sebasti&aacute;n, 1947) ha sido muchas veces un personaje p&uacute;blico controvertido y pol&eacute;mico. Aunque son muchos sus matices y perfiles, en Savater ha predominado siempre el profesor de filosof&iacute;a y el escritor. Ahora, ya jubilado de la ense&ntilde;anza, es tiempo de leer, de disfrutar de las carreras de caballos que tanto le han gustado siempre, de charlar con la gente y de tomarse la escritura con m&aacute;s calma. Entre risas,&nbsp; Savater&nbsp; considera&nbsp; que&nbsp; sus&nbsp; dos casas&nbsp; son&nbsp; como&nbsp; un museo y que &ldquo;ahora que estoy jubilado he llegado a plantearme abrir sus puertas y vivir de cobrar entradas&rdquo;.</p>
<p>Savater se muestra concluyente: &ldquo;a m&iacute; el pesimismo siempre me ha parecido algo t&oacute;nico, vigorizante. Como soy muy vitalista, me deprimen las personas que est&aacute;n buscando siempre</p>
<p>justificaciones para que el mundo est&eacute; bien. Hay que amar al mundo tal como es, con sus dolores, con sus frustraciones. El que le pone condiciones a la vida es que no la ama realmente&rdquo;.</p>
<p>Sobre las cr&iacute;ticas y dudas que genera nuestro momento actual, Savater opina que &ldquo;si nos asomamos a la Historia, en todas las &eacute;pocas se ha tenido la sensaci&oacute;n de que tan malo como entonces nunca ha sido el mundo&rdquo;.</p>
<p>Concluye la entrevista con un cap&iacute;tulo sobre la salud de nuestras democracias. Seg&uacute;n &eacute;l, no es un problema actual: &ldquo;las democracias siempre han estado en peligro, desde Atenas&rdquo;. En esa materia, Fernando Savater aconseja a los ciudadanos insatisfechos que intervengan en pol&iacute;tica: &ldquo;en una democracia pol&iacute;ticos somos todos y tenemos que intervenir, buscar los cauces para hacerlo&rdquo;.</p>
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<p class="Textoindependiente31"><strong>OTRA IDEA DE EUROPA ES POSIBLE</strong></p>
<p>En un momento en que los fusibles de la Uni&oacute;n Europea saltan si la econom&iacute;a falla, la revista TURIA publica un valioso an&aacute;lisis del escritor y periodista Valent&iacute; Puig sobre el pasado, presente y futuro de Europa. Sus tesis son reveladoras y merecen una lectura atenta: &ldquo;Los Estados Unidos de Europa son una vieja quimera que hoy est&aacute; aparcada como una locomotora ya obsoleta. Quedan posos institucionalizados de un idealismo&nbsp; europe&iacute;sta gradualmente transformado en cierta logomaquia. Incluso as&iacute;, salvo proponerse abusar de una crisis para provecho antipol&iacute;tico, la idea de Europa se sustenta en un hecho existencial e hist&oacute;rico cuyas ra&iacute;ces milenarias, m&aacute;s all&aacute; de las fronteras, son de una trascendencia m&aacute;s decisiva que las fluctuaciones de los mercados de deuda, los desfallecimientos del euro o la carencia de pensamiento geoestrat&eacute;gico&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente31">&ldquo;Con sus respectivas urgencias vitales - escribe Puig -, Europa y la Uni&oacute;n Europea son realidades que pueden ser coincidentes pero de naturaleza cualitativamente distintas. Europa es Historia y&nbsp; conciencia; la Uni&oacute;n Europea es un proceso &ldquo;on the making&rdquo;. Y concluye: &ldquo;Europa, y por efecto tangencial la Uni&oacute;n Europea, tiene sus ciclos y sus transcursos de identidad. A inicios de la segunda d&eacute;cada de un nuevo siglo, para comprometerse en el empe&ntilde;o de los Estados Unidos de Europa ni la circunstancia es practicable ni puede menospreciarse lo logrado paso a paso, ya sea con vacas flacas o gordas, con o sin las asimetr&iacute;as del euro, algo que es fruto de un realismo &eacute;tico que es el mejor ant&iacute;doto frente al infierno de las utop&iacute;as&rdquo;.&nbsp;</p>
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<p><strong>30 A&Ntilde;OS, M&Aacute;S DE 1.000 AUTORES PUBLICADOS</strong></p>
<p>TURIA es una publicaci&oacute;n peri&oacute;dica que siempre se ha caracterizado por su capacidad de integrar lo local y lo universal, por su prop&oacute;sito de servir de puente intelectual entre Arag&oacute;n y otros territorios, por reunir en sus entregas a nombres relevantes cultura internacional junto a nuevos valores de la literatura, la pintura, la historia, la filosof&iacute;a u otras disciplinas human&iacute;sticas, por elaborar cuidados monogr&aacute;ficos que han pasado a convertirse en publicaciones de referencia sobre sus protagonistas, o por incentivar investigaciones sobre aquellos autores menos conocidos.</p>
<p>Fundada y dirigida desde 1983 por el escritor y periodista turolense Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas, TURIA ha conseguido convertirse en la revista cultural aragonesa de difusi&oacute;n nacional de m&aacute;s dilatada trayectoria. Por sus p&aacute;ginas han pasado m&aacute;s de mil autores de diversas procedencias est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas, lo que da idea de la riqueza y pluralidad de sus contenidos.</p>
<p>La revista cultural TURIA es una publicaci&oacute;n cuatrimestral, editada por el IET de la Diputaci&oacute;n de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero cuenta tambi&eacute;n con el patrocinio de la empresa Aragonesa de Servicios P&uacute;blicos.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 18 Nov 2013 07:14:02 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Brindis]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/brindis/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/ANA_MAR_A_NAVALES.jpg" alt="" /></p>
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<p>Frente a una copa de vino rojo</p>
<p>que apaga un asomo de tristeza</p>
<p>celebro hoy el amor con el brillo</p>
<p>que golpea, como la luz del d&iacute;a,</p>
<p>en los cristales. Brindo por los dioses</p>
<p>y el l&iacute;quido no es ahora sangre</p>
<p>de paloma, sino calor de sol t&iacute;mido,</p>
<p>ojo de tigre amarillo</p>
<p>que abre las ventanas al mundo</p>
<p>de los sue&ntilde;os. Vino verde de alegr&iacute;a</p>
<p>joven, de horas felices sin preguntas,</p>
<p>vino del equilibrio sin exceso</p>
<p>para no darte de bruces</p>
<p>con la vida, vino granate que descubre</p>
<p>la verdad y da calor al alma</p>
<p>en el invierno de la melancol&iacute;a.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 15 Nov 2013 07:27:08 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Es natural que muchos escritores nos sintamos humillados por Vargas Llosa]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/es-natural-que-muchos-escritores-nos-sintamos-humillados-por-Vargas-Llosa/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/JAVIER_CERCAS.jpg" alt="" /></p>
<p>Entrevistado por Javier Cercas con motivo de la reciente concesi&oacute;n del premio Nobel a Mario Vargas Llosa, Javier Cercas afirma que &ldquo;cuando Vargas Llosa est&aacute; en su punto m&aacute;s bajo es mejor que casi todos los dem&aacute;s novelistas cuando estamos en nuestro punto m&aacute;s alto&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Abordamos al escritor Javier Cercas en un bar del barrio de Gracia, en Barcelona, adonde suele acudir cada tarde a leer y escribir.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Javier Cercas: Disculpe, se&ntilde;or Cercas, &iquest;podr&iacute;a hablar un momento con usted?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Javier Cercas: No. &iquest;No ve que estoy ocupado?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; J. C. Ser&aacute; solo un momento. Me gustar&iacute;a hacerle unas preguntas sobre Mario Vargas Llosa. S&eacute; que es usted un admirador de su obra y, como acaban de darle el Nobel&hellip;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; J. C. Usted dir&aacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; J. C. &iquest;Cu&aacute;l fue el primer libro de Vargas Llosa que ley&oacute;?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; J. C. <em>La ciudad y los perros.</em></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; J. C. &iquest;Qu&eacute; le pareci&oacute;?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; J. C. &iquest;La ha le&iacute;do usted?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; J. C. S&iacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; J. C. &iquest;Y qu&eacute; le parece?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; J. C. Una novela soberbia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; J. C. Ya. Pues mire, yo deb&iacute;a de tener 16 &oacute; 17 a&ntilde;os cuando la le&iacute;, y me qued&eacute; anonadado. Me pregunt&eacute; si hab&iacute;a muchas novelas en castellano mejores que esa. Ahora, cuando ya he le&iacute;do unas cuantas novelas en castellano y varias veces <em>La ciudad y los perros</em>, he averiguado la respuesta: no.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; J. C. &iquest;Qu&eacute; fue lo que le anonad&oacute;?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; J.C. Supongo que lo que anonada siempre en las grandes novelas: su capacidad de persuasi&oacute;n, su complejidad formal y moral, la furia tremenda con que estaba escrita. Pero, a diferencia de lo que me ocurri&oacute; con otros autores a esa edad, leer a Vargas Llosa no me impuls&oacute; a imitarlo, quiz&aacute; porque me sent&iacute;a incapacitado para hacerlo. Lo mismo me ocurri&oacute;, por ejemplo, con Borges. Lo que quiero decir es que tard&eacute; cierto tiempo en asimilar la obra de Vargas Llosa &ndash;suponiendo que la haya asimilado-, es decir, en apropi&aacute;rmela para hacer con ella algo personal y distinto que sin embargo sin ella no hubiese podido hacer.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <strong>&nbsp;</strong>J. C. Algunos cr&iacute;ticos detectan la influencia de Vargas Llosa en usted.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; J. C. Ya me gustar&iacute;a a m&iacute; que tuviesen raz&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; J.C. Uno de esos cr&iacute;ticos dice que su sinton&iacute;a con Vargas Llosa radica en el hecho de que ambos usan el m&eacute;todo de Flaubert, consistente en entrar a saco en la realidad real y transformarla en una realidad literaria. &iquest;Est&aacute; de acuerdo con eso? &iquest;Es para usted Flaubert, como para el escritor peruano, un autor de cabecera?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; J.C. Mire, joven, no haga caso de lo que dicen los cr&iacute;ticos; o s&oacute;lo haga caso de lo que dicen los buenos, y el que dijo eso no lo es. Flaubert fue un escritor fundamental para que yo concibiera la ambici&oacute;n insensata de llegar a ser escritor, pero a Flaubert llegu&eacute; precisamente a trav&eacute;s de Vargas Llosa: no s&oacute;lo de <em>La org&iacute;a perpetua</em> &ndash;su ensayo sobre <em>Madame Bovary</em>-, sino tambi&eacute;n del primer volumen de <em>Contra viento y marea</em>: ah&iacute;, igual que en la correspondencia de Flaubert &ndash;que a lo mejor, seg&uacute;n crey&oacute; Gide, es el gran libro de Flaubert-, aparece como en casi ninguna otra parte la idea del escritor como fan&aacute;tico entregado de forma excluyente a la tarea de escribir, igual que un kamikaze dispuesto a vender su madre a una caravana de tu&aacute;regs con tal de escribir un buen libro. Esa idea, encarnada en Flaubert y tambi&eacute;n en Vargas Llosa, es el nervio central del primer libro que escrib&iacute; (y, me parece, de mucho de lo que he escrito luego); esa idea decidi&oacute; mi vocaci&oacute;n en el momento en que se deciden las vocaciones. Como es obvio, por desgracia los libros de&nbsp; Vargas Llosa y los m&iacute;os son formalmente muy distintos &ndash;tem&aacute;ticamente no tanto, quiz&aacute;, y en cualquier caso es muy posible que sin los de Vargas Llosa los m&iacute;os no existieran, o al menos no existieran tal y como existen ahora-, de manera que, mucho antes que una influencia t&eacute;cnica, la de Vargas Llosa fue para m&iacute; una influencia &eacute;tica que equival&iacute;a a un modo radical de encarar la literatura, entendida &eacute;sta como una pasi&oacute;n sin condiciones y tambi&eacute;n como un arte capaz de cambiar la percepci&oacute;n del mundo del lector, que es la &uacute;nica forma en que el arte puede cambiar el mundo. En cuanto a lo que usted o su cr&iacute;tico llaman &ldquo;entrar a saco en la realidad real y transformarla en una realidad literaria&rdquo;, ese no es ni el m&eacute;todo de Flaubert ni el de Vargas Llosa ni el m&iacute;o: como el propio Vargas Llosa muestra en algunos de sus ensayos, &eacute;se es el m&eacute;todo de cualquier escritor que no se resigne a escribir una literatura meramente ornamental o&nbsp; inane.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; J.C. Estar&aacute; de acuerdo conmigo en que la calidad media de las novelas de Vargas Llosa es alt&iacute;sima; quiero decir que, siendo su obra tan extensa, no tiene muchos altibajos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; J. C. Claro que tiene altibajos, como la de todo el mundo. Pero lo relevante es que, cuando Vargas Llosa est&aacute; en su punto m&aacute;s bajo, es mejor que casi todos los dem&aacute;s novelistas cuando estamos en nuestro punto m&aacute;s alto.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; J.C. &iquest;A qu&eacute; atribuye eso?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; J. C. Es usted un necio, joven. &iquest;A qu&eacute; lo voy a atribuir? Mire, d&eacute;jese de tonter&iacute;as: le hayan dado o no el Nobel, Vargas Llosa es desde hace bastante tiempo uno de los mayores escritores vivos en cualquier lengua.&nbsp; Si se hubiera muerto o hubiera dejado de escribir con 33 a&ntilde;os, cuando s&oacute;lo hab&iacute;a publicado <em>La ciudad y los perros</em>, <em>La casa verde</em>, <em>Los cachorros</em> y <em>Conversaci&oacute;n en la catedral</em>, lo habr&iacute;amos considerado uno de los mejores novelistas en espa&ntilde;ol de cualquier &eacute;poca. Esto es una evidencia. Pero es que despu&eacute;s escribi&oacute; cosas como <em>La t&iacute;a Julia</em>, como <em>Historia de Mayta</em>, como <em>La guerra del fin del mundo</em>, como<strong> </strong><em>La fiesta del chivo</em>. Busque el nombre de un solo novelista actual que haya escrito siete novelas de esa ambici&oacute;n y de esa potencia y ya me contar&aacute;. Por otra parte &ndash;supongo que esto nadie lo duda tampoco-, Vargas Llosa es el mejor cr&iacute;tico literario de nuestra lengua y un ensayista brillant&iacute;simo y, dicho sea de paso, el &uacute;nico novelista de la historia que ha sido derrotado en unas elecciones presidenciales por uno de sus personajes: obviamente, Alberto Fujimori es un personaje de <em>La casa verde</em><strong> &ndash;</strong>Fush&iacute;a, el bucanero fugitivo<strong>-</strong>, y el incre&iacute;ble Vladimiro Montesinos, asesor para todo, compa&ntilde;ero de fechor&iacute;as y mamporrero principal de Fujimori, no es sino una copia del incre&iacute;ble Cayo Berm&uacute;dez, alias Cayo Mierda, de <em>Conversaci&oacute;n en la catedral</em>. Igual que, seg&uacute;n Wilde, los poetas laquistas inventaron la niebla del T&aacute;mesis, Vargas Llosa ha inventado el Per&uacute;... y algunas otras cosas. En fin: lo asombroso es que este hombre haya tenido tiempo para todo esto y para no s&eacute; cu&aacute;ntas cosas m&aacute;s, y que siga dando una guerra tremenda a sus 75 a&ntilde;os. Es natural que muchos escritores nos sintamos humillados por Vargas Llosa. Cosa esta &uacute;ltima que, junto con su incapacidad para callarse lo que piensa, explica que tenga tantos detractores en el gremio, que tantos escritores que est&aacute;n en deuda con &eacute;l hagan esfuerzos rid&iacute;culos por esconder esa deuda, y hasta, veros&iacute;milmente, que le hayan dado el Nobel hace unos meses y no hace veinte o treinta a&ntilde;os.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; J. C. &iquest;Puede un lector y admirador de Vargas Llosa como usted separar al novelista y al cr&iacute;tico literario del hombre p&uacute;blico, del que quiz&aacute; est&aacute; usted ideol&oacute;gicamente alejado?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; J.C. &iexcl;Vaya por Dios! &iquest;No podr&iacute;a hacer al menos una pregunta inteligente? No s&eacute; si habr&aacute; dado cuenta usted, pero Vargas Llosa es esa cosa que antes se llamaba un escritor comprometido. Eso significa, por una parte, que no concibe la literatura s&oacute;lo como juego o como entretenimiento &ndash;o, si lo prefiere, que concibe la literatura como un juego en el que uno se lo juega todo, un juego en el que no s&oacute;lo juega lo personal, sino tambi&eacute;n la historia y la pol&iacute;tica, que al fin y al cabo forman asimismo parte de lo personal-. Pero tambi&eacute;n significa que &ndash;por educaci&oacute;n, quiz&aacute; por proceder del tiempo y el pa&iacute;s del que procede- Vargas Llosa se siente en la obligaci&oacute;n de intervenir con asiduidad en la vida p&uacute;blica. Respecto a esta cuesti&oacute;n hay un equ&iacute;voco muy extendido: Vargas Llosa no es en absoluto un escritor pol&iacute;ticamente conservador, sino un liberal, que es cosa muy distinta (y, en muchos aspectos, es un liberal m&aacute;s de izquierdas que muchos izquierdistas). Esto, por supuesto, es un grave inconveniente para &eacute;l, porque lo pol&iacute;ticamente correcto y profesionalmente vistoso es que un escritor sea muy de izquierdas (aunque s&oacute;lo sea un c&iacute;nico o s&oacute;lo sea un izquierdista de boquilla, como sucede tan a menudo). Sea como sea, y al margen de que yo est&eacute; m&aacute;s o menos de acuerdo con sus ideas, lo evidente es su honestidad intelectual, s&oacute;lo comparable a la de un peligroso boy scout cruzado con el ya mencionado kamikaze; eso quiere decir que Vargas Llosa es uno de esos raros espec&iacute;menes de intelectual capaces de mirar de frente a la realidad y, si la realidad no coincide con sus ideas, cambiar inmediatamente de ideas, gusten &eacute;stas o no, le convengan o no, le sean o no rentables. No lo dude, joven: esa es la m&aacute;xima virtud&nbsp; a la que puede aspirar quien aspira a pensar por su cuenta.</p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong>&nbsp;&nbsp;J.C. &iquest;Cu&aacute;les son sus tres novelas favoritas de MVLL?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; J.C. Me pone en un aprieto, pero, si tengo que elegir, elijo<strong> </strong><em>La casa verde</em>, <em>Conversaci&oacute;n en la catedral</em><strong> </strong>y <em>La guerra del fin del mundo</em>. La primera es un feroz <em>western</em> piurano y amaz&oacute;nico; la segunda, la gran novela pol&iacute;tica de Vargas Llosa, y quiz&aacute; su libro m&aacute;s complejo, al menos formalmente; la tercera es una portentosa novela de aventuras, y un formidable alegato contra el fanatismo, contra nuestra tozuda incapacidad de ver la realidad sin las anteojeras reduccionistas de las ideolog&iacute;as, sean laicas o no. Todas, en el fondo, y aunque no siempre lo parezcan, son novelas de amor y de guerra, novelas a la antigua usanza y a la vez modern&iacute;simas, como si las hubiese escrito un novelista del siglo XIX que no ignorase ninguna de las astucias que ha ense&ntilde;ado el XX.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; J.C. &iquest;Qu&eacute; novela de Vargas Llosa recomendar&iacute;a a quien todav&iacute;a no lo ha le&iacute;do?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; J.C. Vuelve a ponerme en un aprieto, pero, si tengo que elegir, elijo <em>La guerra del fin del mundo</em>.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; J.C. &iquest;Qu&eacute; pens&oacute; tras leer el elogio que Vargas Llosa hizo de su novela <em>Soldados de Salamina</em> y que tanto contribuy&oacute; a su difusi&oacute;n?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; J.C. &iquest;Qu&eacute; iba a pensar? Que se hab&iacute;a equivocado de novela, porque ni en el m&aacute;s insensato de mis delirios de grandeza imagin&eacute; que Vargas Llosa podr&iacute;a escribir lo que escribi&oacute; sobre un libro m&iacute;o. Como soy muy cobarde, tambi&eacute;n pens&eacute; que ya nunca podr&iacute;a decir lo que de verdad pensaba de la obra de Vargas Llosa, para evitar que mis enemigos dudaran de mi sinceridad y lo atribuyeran a la mera gratitud. Y, por cierto, &iquest;no ser&aacute; usted periodista? &iquest;No ir&aacute; usted a publicar esto?</p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong>&nbsp;J.C. &iquest;C&oacute;mo se le ocurre?</p>
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<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 15 Nov 2013 07:21:46 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bestiario inédito]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/bestiario-inedito/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/JAVIER_TOMEO_1.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>Escarabajo H&eacute;rcules</strong></p>
<p>Soy una criatura magn&iacute;fica, nadie puede neg&aacute;rmelo. Tengo un cuerpo macizo, de color gris perla, espolvoreado con manchitas negras, y un cuerno impresionante, proyectado al frente como el espol&oacute;n de una galera. Poseo, adem&aacute;s, otro segundo cuerno, aunque no sea tan impresionante como el primero, y un par de alas membranosas, protegidas por un caparaz&oacute;n quitidinoso. De un extremo al otro de mi cuerpo, puedo llegar a medir hasta treinta cent&iacute;metros, y avanzo contone&aacute;ndome sobre mis seis robustas patas, como un barco de guerra sacudido por vientos de trav&eacute;s.</p>
<p>Lo malo, se&ntilde;ores, es que, a pesar de mi terrible aspecto, soy una criatura inofensiva y pac&iacute;fica, que odia la violencia y que cada ma&ntilde;ana, en el rinc&oacute;n m&aacute;s apacible del bosque, me emborracho con savia azucarada y sue&ntilde;os mundos mejores.</p>
<p>Dir&aacute;n ustedes que eso no es tan grave. Yo, sin embargo, vivo con el alma en vilo. Alg&uacute;n d&iacute;a alguien descubrir&aacute; que, con mis dos cuernos, ni siquiera soy capaz de partir el p&eacute;talo de una rosa. Cuando eso ocurra, no me quedar&aacute; m&aacute;s remedio que renunciar a mi m&aacute;scara y aceptar el desaf&iacute;o de los que hoy, al verme aparecer, huyen aterrorizados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El murci&eacute;lago</strong></p>
<p>- A ti te invent&oacute; Satan&aacute;s-, le increpo, mientras revolotea a mi alrededor. Y eres, sin duda, la m&aacute;s fea entre las criaturas nocturnas.</p>
<p>- Tienes raz&oacute;n, -me responde el murci&eacute;lago-. Lo soy. Pero quiero que sepas que m&aacute;s de una vez he volado junto a las golondrinas emigrantes. Es cierto que, al t&eacute;rmino de la emigraci&oacute;n -despu&eacute;s de muchos d&iacute;as de bolar junto a la belleza- nuestra fealdad se mantuvo intacta. Pero ser&iacute;a injusto que los hombres, antes de dictar sentencia, no tuviesen en cuenta mi buena voluntad, e incluso mi ingenuidad, al pensar que la belleza es algo contagioso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El gusano</strong></p>
<p>- &iquest;Y t&uacute;? &iquest;Qui&eacute;n eres t&uacute;?, pregunto a la min&uacute;scula criatura que descubro a mis pies.</p>
<p>- Yo soy el gusano, -me responde-. Un animalito est&uacute;pido y lento. Respiro a trav&eacute;s de la piel y mi tubo digestivo se prolonga de un extremo al otro de mi cuerpo. Pero mi madre, a poco de nacer, me dijo: &ldquo;No te preocupes, Federico. No eres inteligente, ni hermoso. No tienes alas. Ni siquiera tienes pies. Arrastr&aacute;ndote, sin embargo, podr&aacute;s llegar a cualquier parte&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La mantis flor</strong></p>
<p>- Vivo atormentada por la duda, me confiesa, acongojada, la hermosa mantis. F&iacute;jese usted en m&iacute;. La parte inferior de mi cuerpo se asemeja a un ramo de hojas muertas. Entre ellas, en la cima de un largo rabillo, se yergue un magn&iacute;fico p&eacute;talo p&uacute;rpura, azul violeta y rosado. Mis patas anteriores, que son las que se aferran a la presa, presentan una larga dilataci&oacute;n membranosa que imita una orqu&iacute;dea. Mas de una vez, contempl&aacute;ndome en el espejo del estanque, me pregunto: &iquest;Y si yo no fuese ese insecto cruel que pienso ser? &iquest;Y&nbsp; si yo fuese, en realidad una flor?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>El sapo</strong></p>
<p>- Pues yo ni siquiera tengo el privilegio de la duda, -me dice enseguida el sapo, interrumpiendo a la mantis flor-. Se muy bien quien soy. Un animal maldito, a quien algunos han cre&iacute;do ver en los aquelarres, vestido de terciopelo y alzado sobre sus dos patas traseras. Cuando me irrito, transpiro, a trav&eacute;s de las verrugas de mi cuerpo, un veneno mortal. &iquest;Qu&eacute; puede pues importar a la gente que mi voz sea dulce y que, en mis ojos, palpite el resplandor de lejanos incendios?.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La mosca cabezuda</strong></p>
<p>- Me r&iacute;o de las aprensiones de esa horrible criatura, -zumba una mosca, pos&aacute;ndose a mi vera-. No se preocupar&iacute;a tanto de la opini&oacute;n del pr&oacute;jimo, si, como hago yo, cultivase m&aacute;s su esp&iacute;ritu. Que mi conducta le sirva de ejemplo. Antes de que yo naciese, mi madre persigui&oacute; al abejorro en pleno vuelo y deposit&oacute; sobre su cuerpo el huevo del que procedo.&nbsp; Una vez convertido en larva me las ingeni&eacute; para penetrar en el cuerpo de aquel est&uacute;pido. Durante alg&uacute;n tiempo viv&iacute; cerca de su conducto digestivo, aliment&aacute;ndome con su sangre. Con el tiempo el abejorro fue debilit&aacute;ndose y acab&oacute; muriendo. Son&oacute; entonces la hora de mi liberaci&oacute;n. Hoy, convertido en insecto adulto, quiero proclamar que, pese a mis oscuros or&iacute;genes, me he convertido en un intelectual consciente que vive inmerso en el contexto hist&oacute;rico de su tiempo. Ah&iacute; est&aacute;, para demostrarlo, este gran cabez&oacute;n m&iacute;o, m&aacute;s ancho, incluso, que mi propio t&oacute;rax.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La pulga de agua</strong></p>
<p>- Al cuerno esa mosca presuntuosa. Mejor vivir en la ignorancia. &iquest;Para qu&eacute; sirven los libros? &iquest;Para aprender mejor en ellos nuestras limitaciones? &iquest;Para vislumbrar el destino cruel que nos aguarda?. Aqu&iacute; estoy, por ejemplo, yo. Mi cuerpo es transparente. Cualquiera puede ver, en pleno funcionamiento, todos mis &oacute;rganos internos: cerebro, m&uacute;sculos, intestino y coraz&oacute;n. No tengo secretos para nadie. Pero mi noble transparencia no sirve de nada. Si mis hermanos, que ahora son felices, pudiesen leer, sabr&iacute;an cual es el fin que les espera: cultivados artificialmente en un tanque de agua, servir&iacute;an de pasto a los opacos peces del acuario.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 15 Nov 2013 07:13:07 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La revista "Turia" analiza al pintor Gonzalo Tena]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-revista-turia-analiza-al-pintor-gonzalo-tena/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/GONZALO_TENA.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">TAMBI&Eacute;N PUBLICA UNA SEMBLANZA INS&Oacute;LITA DEL PROFESOR</p>
<p style="text-align: left;" align="center">ELOY FERN&Aacute;NDEZ CLEMENTE</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Cita sin fin. Hacia una trayectoria art&iacute;stica de Gonzalo Tena&rdquo;, Ernesto Utrillas nos ofrece la primera entrega de lo que pretende ser una exhaustiva aproximaci&oacute;n a su dilatada labor. Un &uacute;til y completo relato que permitir&aacute; al lector conocer con detalle toda la g&eacute;nesis y la evoluci&oacute;n de la rica y diversa obra de Tena como pintor: desde sus inicios en el dibujo al carboncillo hasta la d&eacute;cada de los ochenta del pasado siglo XX.</p>
<p>Tambi&eacute;n en esta nueva entrega, TURIA publica una semblanza ins&oacute;lita sobre la cicl&oacute;pea obra y la intensa vida de otro turolense ilustre: el profesor Eloy Fern&aacute;ndez Clemente. Se trata de un art&iacute;culo de Juan Villalba en el que, partiendo de diez an&eacute;cdotas de diferentes etapas de su biograf&iacute;a, se construye un perfil diferente del personaje, mostrando quiz&aacute; algunos aspectos menos conocidos de su forma de ser o de su trayectoria, ocultos bajo la inmensa sombra de aquellos otros m&aacute;s estudiados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>DEL CARBONCILLO AL PINTOR DE GALER&Iacute;A</p>
<p>Gonzalo Tena (Teruel, 1950) es, indiscutiblemente, el pintor contempor&aacute;neo m&aacute;s relevante de cuantos han nacido en nuestra provincia. Por ello, y tambi&eacute;n por su estrecha vinculaci&oacute;n a la revista en cuyo dise&ntilde;o particip&oacute;, TURIA le dedica en este n&uacute;mero la primera parte de un pormenorizado y sugestivo art&iacute;culo elaborado por Ernesto Utrillas que tendr&aacute; continuidad en una pr&oacute;xima entrega.</p>
<p>Aunque desde peque&ntilde;o tuvo afici&oacute;n por el dibujo y la pintura, esa inclinaci&oacute;n previa se confirmar&iacute;a en la adolescencia por el contacto con el pintor Agust&iacute;n Alegre y tambi&eacute;n, seg&uacute;n el propio Tena, por &ldquo;descubrir que los pintores pintaban mujeres desnudas, que las mujeres se desnudaban en el estudio&rdquo;. Su participaci&oacute;n en el entorno del Colegio Menor San Pablo de Teruel en los a&ntilde;os sesenta cimentar&iacute;a una amistad con Jos&eacute; Antonio Labordeta y con Federico Jim&eacute;nez Losantos que se mantuvo en el tiempo.</p>
<p>Sus estudios universitarios de Bellas Artes en Valencia fueron decepcionantes: era una ense&ntilde;anza art&iacute;stica muy retr&oacute;grada. All&iacute; solo cursar&iacute;a dos a&ntilde;os y se traslada a Barcelona en &nbsp;1970. &nbsp;Comienza &nbsp;entonces &nbsp;una etapa &nbsp;m&aacute;s &nbsp;abierta a &nbsp;la modernidad, m&aacute;s libre y muy influenciada por el pop art. Un a&ntilde;o despu&eacute;s comenzar&iacute;a un periodo en el que la obra de Gonzalo Tena sufre una transformaci&oacute;n radical y sorprendente: junto a sus amigos Jos&eacute; Manuel Broto, Javier Rubio y el ya citado Federico Jim&eacute;nez Losantos forman el Grupo de Trama, revista en la que recogen sus planteamientos te&oacute;ricos y pl&aacute;stico. Y este grupo se convertir&iacute;a en uno de los hitos art&iacute;sticos de los a&ntilde;os de la transici&oacute;n. De 1974 a 1978 realizan varias exposiciones colectivas y una intensa actividad te&oacute;rica que tiene su base en el marxismo-leninismo-mao&iacute;smo,&nbsp; el psicoan&aacute;lisis y la semi&oacute;tica.</p>
<p>La pintura-pintura, como acab&oacute; denomin&aacute;ndose la producci&oacute;n del grupo, reivindicaba &ldquo;la pintura frente a su disoluci&oacute;n&rdquo;. En el debate frente a los artistas conceptuales, predominantes en aquel momento, los miembros de Trama contaron con el apoyo de Antoni T&agrave;pies quien, al conocer a Gonzalo Tena e identificarlo como pintor por sus pantalones y zapatos llenos de goterones le pregunt&oacute;: &ldquo;&iquest;Pero es que a&uacute;n hay gente que pinta?&rdquo;.</p>
<p>El final de Trama corre parelelo al mayor reconocimiento individual de Broto y Tena. Sus respectivas exposiciones en la madrile&ntilde;a galer&iacute;a Buades se&ntilde;alan el inicio de la disoluci&oacute;n y el comienzo de una etapa ya en solitario. As&iacute;, en los a&ntilde;os ochenta, las muestras individuales se alternan con la participaci&oacute;n en algunas colectivas. Madrid, Teruel y Zaragoza ser&aacute;n las ciudades que acojan la pintura de Tena. Y Buades ser&aacute; de nuevo la galer&iacute;a que en la que Gonzalo Tena expuso por &uacute;ltima vez antes de iniciar una larga ausencia del mundillo art&iacute;stico que se inicia. Pero antes, en 1983, dise&ntilde;&oacute; una cabecera de espont&aacute;neo trazo pict&oacute;rico para el n&uacute;mero 0 de una revista, TURIA, que nac&iacute;a en Teruel con vocaci&oacute;n de &ldquo;constituirse en un ejercicio v&aacute;lido de pluralidad intelectual&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>DIEZ INSTANT&Aacute;NEAS SOBRE ELOY FERN&Aacute;NDEZ CLEMENTE</p>
<p>En su art&iacute;culo &ldquo;Eloy Fern&aacute;ndez Clemente: diez instant&aacute;neas&rdquo;, Juan Villalba utiliza sabiamente diez an&eacute;cdotas para componer un retrato certero pero alternativo. Se trata as&iacute; de mostrar otros perfiles de quien acumula una vida y una obra ciertamente repleta de contenido. Conoceremos aspectos de su forma de ser (cristiano en perpetuo conflicto, apasionado cin&eacute;filo rayano en la mitoman&iacute;a, coleccionista de amigos incre&iacute;bles, &aacute;vido jugador de gui&ntilde;ote, etc.) y de su trayectoria vital (locutor de radio todoterreno, actor improvisado, sindicalista, etc.), ocultos bajo la sombra de aquellos otros m&aacute;s estudiados.</p>
<p>Concluye Juan Villalba su aproximaci&oacute;n a Eloy Fern&aacute;ndez Clemente (Andorra, 1942) asegurando que su protagonista siempre &ldquo;ha tenido ese aspecto venerable de viejo profesor, de gentleman ingl&eacute;s&rdquo;. Como prueba se sirve de una an&eacute;cdota: &ldquo;embutido en una gabardina, parapetado detr&aacute;s de unas gafitas redondas, con una cartera en una mano y un paraguas en la otra, su aspecto no ofrec&iacute;a dudas acerca de qu&eacute; clase de tipo se trataba. Iba caminando por la calle. Hasta sus pies lleg&oacute; un bal&oacute;n seguido por un ni&ntilde;o que lo reclamaba. Eloy Fern&aacute;ndez Clemente, 17 a&ntilde;os, reci&eacute;n graduado en Magisterio, empuj&oacute; la pelota con el paraguas y se la devolvi&oacute;. El ni&ntilde;o recogi&oacute; el esf&eacute;rico y le dirigi&oacute; una frase inolvidable: &ldquo;muchas gracias, se&ntilde;or&rdquo;.</p>
<p>Este es, sin duda, nuestro hombre: un se&ntilde;or de la cultura (I Premio de las Letras Aragonesas, 1987; acad&eacute;mico correspondiente de la Real Academia de Ciencias Morales y Pol&iacute;ticas, 2000); un apasionado de la libertad, la difusi&oacute;n cultural (iniciador de las jornadas sobre el &ldquo;Estado actual de los estudios sobre Arag&oacute;n&rdquo;; presidente de la fundaci&oacute;n Gaspar Torrente para la investigaci&oacute;n y el desarrollo del aragonesismo, etc.), su tierra (Hijo adoptivo de la ciudad de Zaragoza, 1997; Cruz de San Jorge de la Diputaci&oacute;n Provincial de Teruel, 1998; Hijo predilecto de Andorra, 2010), sus gentes, su historia y sus paisajes, un apasionado del saber; un referente vivo de la cultura aragonesa, un maestro de maestros al que, seg&uacute;n evoca Luis Alegre, &ldquo;como a Zurita, se le seguir&aacute; celebrando dentro de 500 a&ntilde;os&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 15 Nov 2013 07:00:48 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Turia" entrevista a fondo a Paul Auster y a Fernando Savater]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-entrevista-a-fondo-a-paul-auster-y-a-fernando-savater/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/PAUL_AUSTER.jpg" alt="" />&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; <img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/FERNANDO_SAVATER.jpg" alt="" /></p>
<p>La revista TURIA, para festejar sus 30 a&ntilde;os de trayectoria, ofrece en su n&uacute;mero de noviembre dos extraordinarias entrevistas a fondo y en exclusiva con el escritor norteamericano Paul Auster y con el fil&oacute;sofo espa&ntilde;ol Fernando Savater. Ambos son dos nombres propios indiscutibles de nuestra cultura contempor&aacute;nea, dos autores cuya obra&nbsp; sigue fascinando a sucesivas generaciones de lectores. De ah&iacute; que sus declaraciones constituyan todo un revelador autorretrato y, sobre todo, brinden una mirada inteligente y oportuna acerca del mundo que nos rodea. Una perspectiva que merece la pena ser muy tenida en cuenta en estos tiempos convulsos.</p>
<p>Auster y Savater hablan en TURIA sincera y libremente de un amplio repertorio de temas. Y lo hacen con la convicci&oacute;n y sabidur&iacute;a de quienes atesoran un notable prestigio y un significativo bagaje vital. Por eso, ambos nos enriquecen con sus observaciones acerca de asuntos que van m&aacute;s all&aacute; del an&aacute;lisis de la propia obra, de su aventura an&iacute;mica o intelectual. As&iacute;, adem&aacute;s de conocer sus respectivos referentes, sus se&ntilde;as de identidad o sus lecturas, averiguaremos lo que piensan sobre el papel del escritor o la visi&oacute;n de la infancia. No faltan reflexiones sobre la vejez, la situaci&oacute;n de las democracias, el terrorismo o la defensa de una educaci&oacute;n laica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>PAUL AUSTER: &ldquo;ADMIRO A QUIENES TIENEN EL VALOR DE CAMBIAR DE OPINI&Oacute;N&rdquo;</p>
<p>Fran&ccedil;ois Busnel conversa en TURIA con Paul Auster (Nueva Jersey, 1947) y lo hace con una complicidad que vence cualquier reparo o resistencia del interlocutor. Y es que, a sus 65 a&ntilde;os, Paul Auster parece con m&aacute;s fuerza que nunca. Adem&aacute;s, el autor de libros como &ldquo;La invenci&oacute;n de la soledad&rdquo; o &ldquo;La m&uacute;sica del azar&rdquo;, es de esos escritores que aborrecen que la obra se quede limitada a la vida. El di&aacute;logo, que se public&oacute; originalmente en franc&eacute;s en la revista &ldquo;Lire&rdquo;, aparece ahora en la revista TURIA traducido por Mar&iacute;a Teresa Gallego.</p>
<p>La entrevista, que se inicia en torno a su reciente libro &ldquo;Diario de invierno&rdquo;, nos permite descubrir c&oacute;mo la escritura, en Paul Auster, est&aacute; muy relacionada con la m&uacute;sica y con el hecho de andar: &ldquo;La m&uacute;sica es eso, el ritmo del cuerpo. Cuando ando doy con ritmos que me ayudan a hacer frases y p&aacute;rrafos&rdquo;. Por eso, como autor de m&aacute;s de una veintena de libros, Auster reconoce llevar gastados un mont&oacute;n de pares de zapatos desde que empez&oacute; a escribir.</p>
<p>En &nbsp;&ldquo;Diario de invierno&rdquo;, &nbsp;un &nbsp;sorprendente libro autobiogr&aacute;fico, &nbsp;Auster &nbsp;nos &nbsp;brinda &nbsp;una obra literaria que nos permite indagar &ldquo;sobre qu&eacute; es el ser humano, sobre la sensaci&oacute;n de estar vivo. Y por eso cuento accidentes, heridas, c&oacute;mo descubr&iacute; mi vida sexual. La esperanza que tengo es que las cosas que cuento puedan traerle al lector reflexiones personales y contribuir a que afloren sus propios recuerdos&rdquo;.</p>
<p>Preguntado por qu&eacute; escribe, Auster dir&aacute;: &ldquo;Los artistas son personas a quienes no les basta el mundo. Personas heridas. Si no &iquest;por qu&eacute; &iacute;bamos a encerrarnos en una habitaci&oacute;n para escribir? Intentamos sacarles partido a nuestras heridas para devolverle algo a ese mundo que tan maltrechos nos ha dejado&rdquo;.</p>
<p>Sobre el lugar que ocupa el cine en su vida, el guionista de &ldquo;Smoke &amp; Blue in the face&rdquo;, &ldquo;Lulu on the Bridge&rdquo; y &ldquo;La vida interior de Martin Frost&rdquo; reconoce el placer inmenso que supone hacer una pel&iacute;cula pero tambi&eacute;n el enorme trabajo que acarrea. Un trabajo, adem&aacute;s, en equipo para alguien que es esencialmente solitario. No obstante, afirma: &ldquo;soy un escritor a quien le gustan todas las formas de contar una historia, y el cine es una de esas formas. Las mejores pel&iacute;culas son tan buenas y tan importantes como los grandes libros&rdquo;.</p>
<p>El papel del escritor es, para Paul Auster, &ldquo;intentar mostrar, hacer notar en qu&eacute; consiste el hecho de estar vivo. &Eacute;sa es mi misi&oacute;n de escritor. Y nada m&aacute;s. La vida es maravillosa y espantosa a la vez y la tarea que me corresponde es capturar esos momentos&rdquo;.</p>
<p>No siente nostalgia Auster de su infancia: &ldquo;Lo pasado ya est&aacute; perdido. Pero cuantos m&aacute;s a&ntilde;os cumplo m&aacute;s me acuerdo de mi juventud. Me fascinan las primeras veces. Son las marcas de la independencia, de la fundaci&oacute;n de uno mismo&rdquo;.</p>
<p>Convencido de que, como dijo Joseph Joubert, &ldquo;las personas que nunca se rinden se quieren m&aacute;s de lo que quieren a la verdad&rdquo;, Auster postula que &ldquo;hay que cambiar de opini&oacute;n. Es peligroso ser de pensamiento r&iacute;gido. Pero tambi&eacute;n es peligroso ser demasiado flexible. Admiro a quienes tienen el valor de cambiar de opini&oacute;n de vez en cuando acerca de las cosas y de las personas. Es un aut&eacute;ntica fuerza&rdquo;.</p>
<p>Paul Auster, que triunf&oacute; antes en Europa que en su propio pa&iacute;s y que ahora contempla c&oacute;mo sus lectores tambi&eacute;n crecen sin cesar en Am&eacute;rica Latina, fue premio Pr&iacute;ncipe de Asturias de las Letras en 2006.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>FERNANDO SAVATER: &ldquo;EL QUE PONE CONDICIONES A LA VIDA ES QUE NO LA AMA REALMENTE&rdquo;</p>
<p>Fernando Savater se manifiesta, en la extensa e intensa conversaci&oacute;n que ha mantenido con Emma Rodr&iacute;guez y que publica la revista TURIA, muy elocuente y perspicaz. Reconoce a la periodista que haberse &ldquo;convertido un poco en hombre anuncio de m&iacute; mismo no deja de resultar un tanto pesado&rdquo; Y es que Savater (San Sebasti&aacute;n, 1947) ha sido muchas veces un personaje p&uacute;blico controvertido y pol&eacute;mico. Aunque son muchos sus matices y perfiles, en Savater ha predominado siempre el profesor de filosof&iacute;a y el escritor. Ahora, ya jubilado de la ense&ntilde;anza, es tiempo de leer, de disfrutar de las carreras de caballos que tanto le han gustado siempre, de charlar con la gente y de tomarse la escritura con m&aacute;s calma. Entre risas, &nbsp;Savater &nbsp;considera &nbsp;que &nbsp;sus &nbsp;dos casas &nbsp;son &nbsp;como &nbsp;un museo y que &ldquo;ahora que estoy jubilado he llegado a plantearme abrir sus puertas y vivir de cobrar entradas&rdquo;.</p>
<p>Sobre los inicios de su relaci&oacute;n con la filosof&iacute;a, recuerda Savater que a los 15 a&ntilde;os su madre le regal&oacute; los tres vol&uacute;menes de &ldquo;El mundo como voluntad y como representaci&oacute;n&rdquo;, de Schopenhauer. Y es que &ldquo;entonces ya era un monstruito que le&iacute;a muchas cosas&rdquo;. Esa lectura temprana le aport&oacute; la idea de la voluntad como fondo de un mundo que no est&aacute; gobernado por el bien.</p>
<p>Preguntado por el famoso pesimismo de Schopenhauer, Savater se muestra concluyente: &ldquo;a m&iacute; el pesimismo siempre me ha parecido algo t&oacute;nico, vigorizante. Como soy muy vitalista, me deprimen las personas que est&aacute;n buscando siempre justificaciones para que el mundo est&eacute; bien. Hay que amar al mundo tal como es, con sus dolores, con sus frustraciones. El que le pone condiciones a la vida es que no la ama realmente&rdquo;.</p>
<p>Sobre las cr&iacute;ticas y dudas que genera nuestro momento actual, Savater opina que &ldquo;si nos asomamos a la Historia, en todas las &eacute;pocas se ha tenido la sensaci&oacute;n de que tan malo como entonces nunca ha sido el mundo&rdquo;.</p>
<p>Reconoce tambi&eacute;n Fernando Savater que ha escrito &ldquo;mucho de la infancia y puedo decir que conservo bastante del ni&ntilde;o que fui, no lo tengo para nada encerrado sino que est&aacute; muy presente&rdquo;.</p>
<p>Ante la cuesti&oacute;n de si la &eacute;tica es una asignatura pendiente en las sociedades actuales, Savater no lo duda: &ldquo;la &eacute;tica como la filosof&iacute;a deber&iacute;an ser asignaturas propias de un bachillerato laico. Considero que una ense&ntilde;anza laica es b&aacute;sica en toda democracia; despu&eacute;s de todo tanto la filosof&iacute;a como la &eacute;tica nacieron con la propia democracia. Est&aacute;n fuertemente vinculadas. Lo que la democracia representa en el terreno pol&iacute;tico, la filosof&iacute;a lo representa en el terreno intelectual. En ambos casos se impone la idea de que el portavoz del sentido es el individuo libre y no una colectividad legendaria y tradicionalista&rdquo;.</p>
<p>A prop&oacute;sito de la vejez, Fernando Savater considera que su ventaja es que &ldquo;nos quita lo m&aacute;s nocivo de la vida, la idea de futuro, y entonces se puede vivir de verdad el presente&rdquo;.</p>
<p>Uno de los asuntos que contin&uacute;a, hoy como ayer, irritando a Savater es el de los nacionalismos: &ldquo;es una de las fuerzas reaccionarias m&aacute;s potentes que existen. Como todo el mundo sabe, ha sido fatal durante el siglo XX, desgraciadamente ha provocado cosas atroces, y lo sigue siendo en nuestra &eacute;poca&rdquo;.</p>
<p>Concluye la entrevista con un cap&iacute;tulo sobre la salud de nuestras democracias. Seg&uacute;n &eacute;l, no es un problema actual: &ldquo;las democracias siempre han estado en peligro, desde Atenas&rdquo;. En esa materia, Fernando Savater aconseja a los ciudadanos insatisfechos que intervengan en pol&iacute;tica: &ldquo;en una democracia pol&iacute;ticos somos todos y tenemos que intervenir, buscar los cauces para hacerlo&rdquo;.</p>
<p>TURIA es, con 30 a&ntilde;os de trayectoria y periodicidad cuatrimestral, una de las publicaciones culturales espa&ntilde;olas m&aacute;s veteranas y reconocidas, por cuya labor obtuvo el Premio Nacional&nbsp; al Fomento de la Lectura. &nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 13 Nov 2013 07:21:29 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sensaciones]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/sensaciones/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/IGNACIO_ELGUERO.jpg" alt="" /></p>
<p>Nada palpita m&aacute;s</p>
<p>que t&uacute;, no hay m&aacute;s que t&uacute;,</p>
<p>que eres todas las luces,</p>
<p>pura plata; la luna</p>
<p>de los barcos y la plata del mar</p>
<p>como un vencido, abierta</p>
<p>en su extensi&oacute;n, tumbada.</p>
<p>Eres blancura, el sol</p>
<p>que lento nos anuncia que es el d&iacute;a,</p>
<p>cuando el cielo nos alza</p>
<p>o se derrumba, y t&uacute; eres claridad,</p>
<p>que es horizonte todo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por eso no te tengo,</p>
<p>porque eres lejan&iacute;a, eres presencia,</p>
<p>eres eternidad, reclamo;</p>
<p>y lo eterno no incluye posesiones</p>
<p>m&aacute;s all&aacute; de un espacio</p>
<p>limitado. Como el calor y el fuego</p>
<p>se articulan, como el agua y la nube,</p>
<p>el c&aacute;lculo y la cifra, el soplo y el sonido</p>
<p>t&uacute; eres el mismo centro de lo ajeno.</p>
<p>Porque t&uacute; lo eres todo:</p>
<p>pensamiento infinito, raz&oacute;n pura</p>
<p>como el giro armonioso de la esfera.&nbsp;</p>
<p>Por eso te percibo pero no te poseo,</p>
<p>pues es un resplandor lo que t&uacute; emites,</p>
<p>y un abrazo imposible que se fuga.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 13 Nov 2013 07:18:04 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La sed]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-sed/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/ANDR_S_BARBA.jpg" alt="" /></p>
<p>Ha sido tambi&eacute;n violenta, ajena, rapaz, tensa como la cuerda de un arco.</p>
<p>&iquest;Por qu&eacute; aquella urgencia tan desesperante?</p>
<p>En ocasiones era como si estuviesen todos all&iacute; para impedirla existir, todos con sus manos emotivas desde que era una ni&ntilde;a, todos con sus caricias ingenuas que se empe&ntilde;aban en tocarla como a veces se empe&ntilde;aba ella en tocar su propio dolor.</p>
<p>Se puede decir que su cuerpo no admit&iacute;a un contacto que no naciera de ella misma, que lo rechazaba como se rechaza lo blando e informe, lo incompleto. &iquest;Qu&eacute; violencia era aquella que ven&iacute;a y se instalaba de pronto entre ella y los otros? Quiz&aacute; cada vida requiera un poderoso pero ambiguo (e incluso vac&iacute;o) s&iacute;mbolo alrededor del cual girar. Quiz&aacute; el de Diana no fuera m&aacute;s que la misma violencia que ella no percib&iacute;a sino como un alumbramiento en el que la vida y el mundo de pronto se hac&iacute;an urgentes y dif&iacute;ciles.</p>
<p>Una vez, hace muchos a&ntilde;os, siendo adolescente, cogi&oacute; una gruesa astilla de madera y se la hundi&oacute; violentamente en el muslo. Nada pod&iacute;a haber hecho prever, ni siquiera a ella misma, ese movimiento extra&ntilde;o y solitario. No hab&iacute;a nacido tampoco del odio, ni de la aversi&oacute;n. Tal vez de improviso su muslo le pareci&oacute; demasiado irreal y por eso clav&oacute; una astilla en &eacute;l; para comprobar que exist&iacute;a. A solas, mientras los corros de los otros adolescentes y las otras adolescentes se deseaban, Diana contemplaba hipnotizada esa sangre, casi atemorizada de encontrarse consigo misma., como si de pronto esa fuera la &uacute;nica valent&iacute;a real que se le exigiera; la de enfrentarse con lo extra&ntilde;o, lo asombroso, lo inexplicable.</p>
<p>La percepci&oacute;n emocionante, difusa y dif&iacute;cil de resistir de que la calle se prolongaba en su pierna, se un&iacute;a al resto, era grande e inviolable como la calle y los muchachos. Trataba de amar sin imaginar esa apariencia desnuda de la sangre en su pierna, de la astilla clavada. En el coraz&oacute;n de la muchacha adolescente hab&iacute;a como un &uacute;ltimo refinamiento de la aristocracia; se negaba a utilizar aquella belleza, a hacerla &uacute;til, ni siquiera para s&iacute; misma.</p>
<p>Otras veces, en mitad de alg&uacute;n trabajo f&iacute;sico, se ve&iacute;a de pronto bien vestida. El olor salino y h&uacute;medo de sus axilas la reconfortaba y ten&iacute;a ganas de morder su propia carne como un anzuelo. Aprendi&oacute; de una manera misteriosa que la simpat&iacute;a por los objetos (por su propio cuerpo objetivado) se parec&iacute;a de alguna forma al miedo, y en el espejo se obligaba a esperar frente a su propio rostro como se espera frente a los s&iacute;mbolos, sin tratar de escudri&ntilde;ar su significado, pero aguardando a que en alg&uacute;n momento, del centro que lo compon&iacute;a, brotara m&aacute;gicamente una luz que lo dotara de sentido.</p>
<p>Al buscar en la distancia de esos recuerdos Diana se sent&iacute;a regresar. Quer&iacute;a buscar, y sin embargo regresaba. &iquest;A qu&eacute;? A todo. Al obst&aacute;culo de los huesos razonablemente puestos, a los recuerdos de la casa de su madre, al m&uacute;sculo de sus brazos, a la seguridad de que ella prefer&iacute;a dos cucharillas de az&uacute;car, al amigo de su madre cuya aparici&oacute;n siempre era precedida por una extra&ntilde;a y ardua limpieza de todos los muebles, como una decencia escondida en el coraz&oacute;n mismo de la decencia, al gesto que &eacute;l hac&iacute;a siempre cuando la ve&iacute;a; aquella caricia reconcentrada en la mejilla. Se propon&iacute;a extender la mano hacia todos aquellos recuerdos y apreciarlos en su valor pero a su esfuerzo s&oacute;lo respond&iacute;a un reflejo asustado de cosas que en el fondo resultaban &ndash;qui&eacute;n sabe por qu&eacute;- incurablemente tristes.</p>
<p>De la muerte de su madre recuerda tan solo la aspereza de sus manos y su propia falta de sue&ntilde;o. Y que fue la t&iacute;a la que llam&oacute; por tel&eacute;fono, la que dijo: &ldquo;Ni&ntilde;a, tu madre acaba de morir, ven inmediatamente&rdquo;. Y que &ldquo;Acabar de morir&rdquo; le pareci&oacute; de pronto un estado imposible, una tierra inexistente entre esos otros estados que conoc&iacute;a del vivir y del estar muerto, unos estados en los que nunca podr&iacute;a estar su madre ahora, como si hubiese pasado de la vida al &ldquo;acabar de morir&rdquo; y fuera a permanecer para siempre en el acabar de morir hasta el fin de los tiempos.</p>
<p>El acabar de morir de su madre se reanudaba siempre igual, un periodo musical de una tristeza carente de color que la hac&iacute;a caminar de un lado a otro de su antigua habitaci&oacute;n torpemente, que inundaba la prolijidad limpia con la que las t&iacute;as resolvieron que ella se quedar&iacute;a con todo.&nbsp; Por aquel entonces Diana viv&iacute;a en Madrid en casa de los se&ntilde;ores y el infarto de su madre hab&iacute;a sido tan fulminante e imprevisible que cuando lleg&oacute; tuvo la impresi&oacute;n de que la muerte ya se hab&iacute;a apoderado majestuosamente de la casa en su ausencia, en aquellas pocas horas.</p>
<p>Y tal vez se preguntaba qui&eacute;n ser&iacute;a ahora su amo.</p>
<p>Le sorprendi&oacute; tanto verla peinada, tan lista para la conciliaci&oacute;n, abandonada entre las cuatro paredes de aquel cuarto, que aunque era pleno Agosto pens&oacute;: &ldquo;Tendr&aacute; fr&iacute;o&rdquo; y le abroch&oacute; el &uacute;ltimo bot&oacute;n de la camisa, y cuando lo hizo sinti&oacute; la obligaci&oacute;n de no presionarle demasiado la garganta, para que no se ahogara. &ldquo;Pero si est&aacute; muerta&rdquo; pens&oacute;. No importaba; para que no se ahogara. En el fondo de su amor por su madre hab&iacute;a existido siempre un deseo de traicionarla que proven&iacute;a del amor mismo, y que se despertaba y se inquietaba tanto m&aacute;s cuanto m&aacute;s fuerte era ese amor. En qu&eacute; consist&iacute;a exactamente aquella traici&oacute;n era algo que dorm&iacute;a hasta en el gesto m&aacute;s trivial, como si de una manera sistem&aacute;tica y espont&aacute;nea su naturaleza hubiese ido adoptando una a una todas las opciones opuestas, desde la decisi&oacute;n de no estudiar, hasta la de haberse ido a Madrid y haber terminado sirviendo en una casa cuando pod&iacute;a haber resuelto su situaci&oacute;n de una manera mucho m&aacute;s desahogada sin trasladarse.</p>
<p>Pero tambi&eacute;n en los gestos, y hasta en el cuerpo.</p>
<p>Frente al suyo con vida el de su madre en el ata&uacute;d era de una sencillez, de una jovialidad casi s&oacute;rdidas. Los hombros delicados, el cuello firme y largo. Ni siquiera cuando viv&iacute;a y paseaban juntas por la calle se habr&iacute;a podido decir de ellas que estaban emparentadas, sino m&aacute;s bien que Diana era una sirvienta m&aacute;s joven que, a fuerza de haber vivido durante a&ntilde;os con aquella mujer, hab&iacute;a acabado adoptando algunos ademanes suyos de una manera casi imperceptible.</p>
<p>El entierro fue digno y Diana no llor&oacute; en &eacute;l.</p>
<p>Sent&iacute;a (pero tal vez incluso esta palabra sea imperfecta referida a Diana: <em>sent&iacute;a</em>) todos los cambios de la ciudad y del campo en el cuerpo sin vida de su madre, ve&iacute;a las ocupaciones antiguas, las pausas de los domingos y las tardes libres junto a ella como un principio sin alegr&iacute;a del que se hab&iacute;a alejado hac&iacute;a mucho tiempo en realidad.</p>
<p>(&ldquo;Ella, all&aacute; en lo alto, en aquel d&iacute;a&rdquo; &iquest;Por qu&eacute; conmov&iacute;a ese pensamiento?)</p>
<p>La hoja de su vida se hab&iacute;a adherido con tanta fuerza a su cuerpo, se hab&iacute;an hecho la una a la otra de tal manera materia de salvaci&oacute;n, que cuando lleg&oacute; la muerte Diana no fue capaz de percibir su realidad, encallaba como un enorme velero en los detalles m&aacute;s peque&ntilde;os mientras que pasaba sobre lo enorme con una naturalidad pasmosa, no sent&iacute;a ninguna vinculaci&oacute;n hacia la casa, que vendi&oacute; inmediatamente, ni ante el dolor de sus t&iacute;as, pero traslad&oacute; consigo a Madrid cinco cajas llenas de peque&ntilde;os objetos con la desconfianza de un animal. Cajas que estuvo ordenando y clasificando durante semanas como si estuvieran llenas de sustancias vivas, de u&ntilde;as, de dientes, de carne.</p>
<p>Nada se detiene. Nada se detendr&aacute; jam&aacute;s.</p>
<p>A veces la miro y siento que puedo introducir mi mano hasta su mismo coraz&oacute;n en aquellos d&iacute;as, sostenerlo entre mis dedos, tan f&aacute;cil parece llegar a ella. Otras veces se expande hacia fuera, siempre hacia fuera, o se concentra como la empu&ntilde;adura de una espada que se introduce en el coraz&oacute;n de un toro. Y no s&eacute; si su cabeza es una ci&eacute;naga llena de veneno o si lo es la m&iacute;a. Y no s&eacute; si lo que me atrae de esta muchacha (pero no es una muchacha) es mi propia desolaci&oacute;n, mi propia sed, o si es que su sed y su desolaci&oacute;n suenan como un trasunto muy lejano y m&aacute;s integro, menos desvirtuado, de las m&iacute;as.</p>
<p>(&iquest;Acaso eres t&uacute;, Diana, quien habla por mi boca?)</p>
<p>Ahora s&oacute;lo veo su cuerpo.</p>
<p>Su cuerpo en aquellos a&ntilde;os ordenando las cajas tra&iacute;das de la casa de su madre.</p>
<p>La escucho y la veo frente a esos objetos, pero no la comprendo, ni comprendo que pueda existir nada tan admirable como ella. Las l&iacute;neas no importan, es lo r&iacute;gido lo que asusta. La piel tan seca, tan &aacute;spera. Esa arruga tan marcada en el pliegue de la boca. Hace un segundo no estaba all&iacute;, y ahora est&aacute;, como si tambi&eacute;n ella hubiese tenido un infarto durante la noche. En medio de los hombres y de las mujeres, en mitad de la multitud, siento que me elige para que la describa.</p>
<p>Su cara es densa y marcada, no exenta de belleza, y sin embargo inapreciable. &iquest;He dicho ya que el cabello es negro? Su cabello es negro, tal vez demasiado negro, como unos ojos cargados de demasiadas pesta&ntilde;as a los que la densidad les impidiera mirar. Viene de un lado al otro de la casa como un mar que se retira y acerca con un movimiento decidido, casi masculino, y en cierta medida ruidoso en sus pisadas. Los hombros son grandes y cargados, y aunque se inclina levemente al caminar, parecen leves porque los mueve con extrema soltura. Producen la ilusi&oacute;n de que a pesar de su tama&ntilde;o est&aacute;n huecos en el interior, de que son en el fondo la parte m&aacute;s liviana de su cuerpo. Las caderas son estrechas y pesadas, y le otorgan un aire de ni&ntilde;a grave, de criatura entre dos edades, de mujer que retrocede. Cuando est&aacute; vestida apenas se perciben sus pechos, pero desnuda parece otra mujer porque es precisamente de ese punto de donde arrancan en espiral el resto de sus miembros.</p>
<p>Desnuda se desvanecen de alguna manera sus hombros, salta hacia atr&aacute;s, las piernas se alargan desde los grandes pies hasta las rodillas, y desde ah&iacute; se hacen robustas como las ancas de una yegua hasta el nacimiento en las ingles de un pubis negro y velludo que jam&aacute;s ha depilado. Parece una perra enorme que de pronto, movida por el ansia de obtener alguna cosa, se hubiese levantado sobre sus patas traseras.</p>
<p>Comenz&oacute; a masturbarse a la edad de quince a&ntilde;os.</p>
<p>Recordaba de esa primera noche una extraordinaria sensaci&oacute;n de saberse escindida cuando se puso los dedos sobre el sexo y comenz&oacute; a trazar breves c&iacute;rculos sencillos, un placer indeterminado y el&aacute;stico que la vinculaba por fin a aquella extensi&oacute;n extra&ntilde;a de su cuerpo cambiante. En la primera adolescencia, y mucho antes de convertirse en una compensaci&oacute;n, la masturbaci&oacute;n era para Diana una manera de atrincherarse en s&iacute; misma. Ten&iacute;a la impresi&oacute;n de que el placer establec&iacute;a una pauta en la que ya no pod&iacute;a referirse a nada que no fuera su propio placer y le parec&iacute;a que se instauraba una especie de ficci&oacute;n en la que ella misma, ajena todo, se hallaba como rodeada de lanzas cuyas puntas se&ntilde;alaban hacia todo lo exterior. Rara vez llegaba a culminar sus masturbaciones. Bastaba con dejar ingresar a esa criatura ambigua y densa del placer en ella, una criatura en todo ajena, y cuya presencia era, por tanto, gratuidad pura, o regalo puro.</p>
<p>Si en aquella costumbre de Diana hab&iacute;a algo totalmente excepcional era que en ning&uacute;n momento estuvo relacionada con el deseo de lo masculino. Todav&iacute;a sobreviv&iacute;a de su madre aquella especie de catecismo que le hab&iacute;a impuesto de husmear al macho, temerle y odiarle a partes iguales, y a fuerza de someterse a &eacute;l lo hab&iacute;a superado por completo y hab&iacute;a acabado viviendo en un mundo que obviaba a los hombres como criaturas sexuadas.</p>
<p>Pero tambi&eacute;n su propia feminidad le resultaba extra&ntilde;a, como si s&oacute;lo la costumbre de los otros de incluirla en el colectivo de lo femenino la hubiese hecho adoptar por comodidad esa ficci&oacute;n casi risible. Se trataba de un error inofensivo, una imposici&oacute;n a la que no se enfrentaba porque en el fondo facilitaba su vida asign&aacute;ndole papeles y circunstancias que, de otra manera, tal vez no habr&iacute;a sabido resolver. En realidad tan misteriosas e inexplicables resultaban las mujeres como los hombres, casi m&aacute;s a&uacute;n, sobre todo por aquella especie de malla el&aacute;stica e invisible&nbsp; en virtud de la cual, a trav&eacute;s de reportajes, art&iacute;culos y programas de la televisi&oacute;n, las unas y las otras se ayudaban y se entend&iacute;an con una suerte de conocimiento m&aacute;gico y ancestral. Cuando hablaban de aquella forma Diana entraba en una especie de trance admirativo y confuso en el que de alguna manera no pod&iacute;a evitar la arrogancia de que aquellas mismas personas la consideraran a ella parte de ese colectivo al que tan ardorosamente defend&iacute;an.</p>
<p>Las ve&iacute;a en el mercado, en la cola de la secci&oacute;n de cosm&eacute;ticos de los grandes almacenes donde aguardaban a que las maquillaran con los productos de promoci&oacute;n, ve&iacute;a aquellos rostros y aquellos gestos como si en la espera no fueran rostros s&oacute;lidos, sino blandas estructuras de carne que estuvieran a punto de descomponerse. Pero cuando sal&iacute;an el milagro de la reconstrucci&oacute;n se hab&iacute;a obrado y la reci&eacute;n maquillada recorr&iacute;a la fila de las que esperaban a la inversa, caminando lentamente, toda ojos, toda labios, toda p&oacute;mulos, tan indestructible como si la hubieran esculpido en vez de maquillarla.</p>
<p>Si el mundo y las mujeres la desconcertaban no se deb&iacute;a a que fueran absurdas, sino a que eran extra&ntilde;as, indescifrables.</p>
<p>Y sin embargo se sent&iacute;a muy cercana a las celebridades.</p>
<p>Las actrices, las pol&iacute;ticas, las grandes mujeres de negocios.</p>
<p>Se sent&iacute;a cercana a ellas como un animal que reconoce en otro una naturaleza similar y se acerca a &eacute;l amigablemente sin saber explicarse a s&iacute; mismo qu&eacute; es lo que produce la simpat&iacute;a. Era un afecto puro, nacido directamente del hecho solidario del reconocimiento. Diana sospechaba de ellas que estaban solas, y eso las convert&iacute;a en solas. Aquella soledad las hac&iacute;a grandes tras los ojos. Continuamente quer&iacute;an poseer el cielo entero y lo consegu&iacute;an de una manera casi nost&aacute;lgica y fraudulenta, de una manera enga&ntilde;ada y dolorosa, eran traidoras y a la vez emblemas, participaban del dolor, pero no lo tocaban, eran preponderantes, pero sin tomar parte en el verdadero problema.</p>
<p>Pero Diana no es muy inteligente.</p>
<p>&ldquo;No soy muy inteligente&rdquo; dice, como una liberaci&oacute;n.</p>
<p>Y esas palabras, que repite invariablemente en ese orden, como una letan&iacute;a, son a la vez una desvinculaci&oacute;n y un descanso de cuanto la rodea. Se conoce y se desconoce en ellas, es incapaz de verse a s&iacute; misma desde fuera, por eso pronunciarlas se acerca, m&aacute;s que a cualquier otra cosa, a un gesto de aut&eacute;ntico orden. Una vez dichas el mundo deja de ser algo que debe ser comprendido, y ella deja de tener que implicarse en &eacute;l. Entonces se siente tranquila.</p>
<p>Entonces ve con mucha claridad, y con cierta inutilidad, la llanura desierta de los afectos, de los deseos, de las posesiones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>(Fragmento de novela en preparaci&oacute;n)</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para ir a casa de los se&ntilde;ores hay que tomar dos autobuses.</p>
<p>Para ir a casa de los se&ntilde;ores hay que levantarse temprano, a las siete y media de la ma&ntilde;ana y tomar dos autobuses, el primero en la puerta misma de la casa, el segundo tras un peque&ntilde;o paseo.</p>
<p>Algunas personas dan miedo a Diana, algunos hombres, y cuando pasa junto a ellos aprieta instintivamente el bolso. Pero no es el bolso lo que teme que le roben. De pronto es como si algunas personas tuvieran el poder de arrebatarle algo &iacute;ntimo, un hijo peque&ntilde;o oculto y enmara&ntilde;ado en el entresijo pl&aacute;stico de las v&iacute;sceras. Y esta ciudad que ha hecho suya por apropiaci&oacute;n, esta ciudad que se ha obligado a conocer y amar, Madrid, se vuelve l&oacute;brega como una noche-aurora, sofocada en los perfumes matinales de las chicas adolescentes del autob&uacute;s, la requiere por primera vez y la confunde, pues qui&eacute;n sabe lo que espera de ella esta multitud bien peinada y bien oliente.</p>
<p>Aprieta las tijeras que lleva en el bolsillo de la chaqueta. Ahora es peligrosa. Peligrosa como una hembra de tigre amenazada por un sonido ambiguo y desconocido.</p>
<p>No se apresura, pero amenaza, no hace distinciones, no parece sufrir por fracasos comprensibles, no excluye a ninguno, pero encierra el miedo, un miedo como una hermana interminable.</p>
<p>Con nuestros rostros la miramos, con nuestras manos agarradas a las barandillas del autob&uacute;s para no caernos por los acelerones y los frenazos, abraz&aacute;ndonos casi unos a otros, como si bail&aacute;ramos, mientras ella sigue inm&oacute;vil, el gesto ido, la mano en el bolsillo de la chaqueta, con nuestros pies que puntualmente se acercan a ella por el vaiv&eacute;n del autob&uacute;s, y parecemos una superficie de algas bajo el mar que se bambolea frente al arrecife que es Diana. Por puro cari&ntilde;o alguien ha dejado que se sentara y ella ha aceptado el asiento con desconfianza, sin sonre&iacute;r, agradeci&eacute;ndolo tan solo con un movimiento leve de la cabeza. Sigue apretando las tijeras en el bolsillo de la chaqueta. Se queda as&iacute; todo el viaje, mientras el autob&uacute;s cruza la ciudad, hasta que la mano misma se agarrota y al levantarse se clava accidentalmente las tijeras en la yema de los dedos. El pinchazo le hace arrugar el rostro y al sacar la mano del bolsillo descubre que aunque la herida es peque&ntilde;a resulta dif&iacute;cil hacer que deje de sangrar.</p>
<p>La mira con extra&ntilde;eza.</p>
<p>Es como si hubiera comprendido que dentro de todo hay sangre.</p>
<p>Que dentro de ella misma hay una envoltura de un ni&ntilde;o dentro del cual todo ser&aacute; sangre.</p>
<p>Diana siempre llega demasiado pronto a la casa de los se&ntilde;ores y espera sentada en el sof&aacute; de cuero negro que adorna la entrada del portal. Desenvuelta de su envoltura de mujer se sienta en el sof&aacute; y se hace vegetal pasmado los veinte minutos que restan hasta las ocho y media. Hoy, sin embargo, est&aacute; intranquila y pasea de un lado a otro. Los veinte minutos se hacen extensos como seres ofendidos y Diana no sabe qu&eacute; hacer en ellos.</p>
<p>Ahora, cuando terminen, subir&aacute; a la casa, abrir&aacute; con su llave y preparar&aacute; el desayuno. Luego las tostadas, el caf&eacute;, la se&ntilde;ora reci&eacute;n duchada oliendo a colonia, el se&ntilde;or reci&eacute;n duchado, Marinita reci&eacute;n duchada oliendo a colonia, Juanito, recoger&aacute; la mesa y arreglar&aacute; los ba&ntilde;os, echar&aacute; un vistazo a la habitaci&oacute;n en la que ha dormido ella durante trece a&ntilde;os y que, en su ausencia, se ha asignado a la plancha, y cuando termine con todo, se sentar&aacute; a ver media hora la televisi&oacute;n antes de empezar con la comida.</p>
<p>&ldquo;Qu&eacute; har&iacute;amos nosotros sin ti&rdquo; dir&aacute; la se&ntilde;ora mientras desayuna y, aunque escuchada en mil ocasiones, hasta ayer esa frase ten&iacute;a algo de brutal satisfacci&oacute;n compensatoria que resum&iacute;a en un acontecer sin peso todo los a&ntilde;os que hab&iacute;a pasado en la casa, las cosas que hab&iacute;a visto en ella. Pero cuando se lo diga esta ma&ntilde;ana (no ser&aacute; un agradecimiento, ser&aacute; un simple comentario, lo ha hecho tantas veces) Diana se sentir&aacute; culpable y desear&aacute; cont&aacute;rselo todo.</p>
<p>Pero cont&aacute;rselo c&oacute;mo.</p>
<p>Si no hab&iacute;a sido una traici&oacute;n entonces por qu&eacute; lo sentir&aacute; como una traici&oacute;n.</p>
<p>Si se hab&iacute;a sentido alegre ayer por la tarde en su casa al descubrir que estaba embarazada entonces por qu&eacute; habr&aacute; de sentirse esta ma&ntilde;ana como si estuviese amaneciendo un d&iacute;a de verg&uuml;enza y de miedo.</p>
<p>Ya es ahora.</p>
<p>&iquest;Qui&eacute;n es ese hombre, esa mujer, esa muchacha que desayunan? &iquest;Les conoce? No, ni siquiera a sus cuerpos les conoce. Ya no les envuelve ning&uacute;n prestigio. La cocina es el lugar de un teatro. Ellos en sus cuerpos, en el interior de sus cuerpos, se han dejado de manifestar. No son cuerpos transportados, no van a levantarse ahora, el se&ntilde;or no va a irse a trabajar y va a pasar a su lado sin verla, como otras ma&ntilde;anas, la se&ntilde;ora no va a ense&ntilde;arle ning&uacute;n vestido viejo que ya no quiere con su displicencia rubia, no se lo va a regalar mientras Diana curiosea sus pendientes, Marinita, esa versi&oacute;n adulterada de la se&ntilde;ora, no va a preguntarle d&oacute;nde ha dejado sus pantalones vaqueros, no va a acercarse hasta ella con sus venitas azules marcadas en la sien, misteriosa y transparente como un reptil acu&aacute;tico.</p>
<p>Ahora son cuerpos atravesados por el espesor.</p>
<p>Cuerpos incomprensibles y semiblandos.</p>
<p>Les detesta como una enferma detesta a quien tiene salud.</p>
<p>Les detesta porque les ha traicionado.</p>
<p>Y toda la ma&ntilde;ana transcurre sin que suceda nada en apariencia. Sobre los mismos muebles hay que limpiar el mismo polvo. Toda la ma&ntilde;ana sucede como si hubiera que dividir y nombrar la totalidad de la casa de nuevo. Las habitaciones yacen abiertas, desamparadas, sin pertenecer a nadie. Y aquello que podr&iacute;a detener el coraz&oacute;n de las cosas sigue latiendo como una l&iacute;nea irresistible, ignorada y a la vez querida. Un d&iacute;a como &eacute;ste los hombres se acercaron hasta el acantilado de s&iacute; mismos e inventaron el miedo. Y tras el miedo nombraron al dios, no para que les salvara del miedo, sino porque era necesario otro miedo a&uacute;n mayor que envolviera el coraz&oacute;n de ese miedo en el que se acababan de descubrir.</p>
<p>Y cuando se la ve as&iacute; a Diana, blanca y silenciosa recorriendo las habitaciones, puede ocurrir que parezca que se difuminan sus l&iacute;mites, que ascienda un poco sobre el suelo, como sumida en una enso&ntilde;aci&oacute;n.</p>
<p>A&uacute;n no ha limpiado todas las habitaciones.</p>
<p>A&uacute;n no se ha acercado hasta la habitaci&oacute;n.</p>
<p>La ha evitado casi sin querer, sin oponerse en principio al pensamiento de que Juanito duerme a&uacute;n, sin impedirse pasar incluso junto a la puerta. Ha limpiado el pasillo y al hacerlo se ha atrevido incluso a golpearla con la aspiradora, como invocando el miedo de verle salir por fin.</p>
<p>Conoce tanto esa imagen de Juanito reci&eacute;n despertado que podr&iacute;a crearla en todos sus detalles sin reparar en ella. Cada soplo de esa imagen tendr&iacute;a ahora una carga nueva como si, al igual que sus padres y su hermana Marina, algo en &eacute;l se hubiera desgastado y agotado. Juanito ya no es Juanito. Juanito es Juan. No sabe explic&aacute;rselo de otra forma.</p>
<p>Y qu&eacute; viejo, pesado y muerto resulta ese nombre desprovisto del diminutivo.</p>
<p>La puerta se abre y los dos se miran.</p>
<p>&ldquo;Ya me he despertado&rdquo; dice Juan.</p>
<p>Y yo creo que en este adolescente de trece a&ntilde;os y esta mujer sirvienta que se miran, en estas dos criaturas inm&oacute;viles que en la desmesura de su impotencia saben que se han traicionado, que no ten&iacute;an otro remedio que traicionarse, se concentran todos los hombres y las mujeres que han existido.</p>
<p>Est&aacute;n lejos, y sin embargo est&aacute;n cerca de m&iacute;.</p>
<p>Me miran confundidos y desamparados.</p>
<p>Les llevan fuerzas que no pueden controlar. Puede que sea el amor, cosido sobre la piel</p>
<p>como una magulladura, como un miedo espantoso.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 13 Nov 2013 07:09:36 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Invertebraciones]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/invertebraciones/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/CARLOS_MARZAL.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>Estoy hecho de esquirlas.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Me concibo en fragmentos de fragmentos.</p>
<p>Las l&aacute;minas que soy, las limaduras</p>
<p>de cuanto no soy yo y est&aacute;n en m&iacute;,</p>
<p>mostr&aacute;ndome.</p>
<p>En mi segmentaci&oacute;n me entrego al mundo:</p>
<p>por incompletitud me doy completo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La escofina del tiempo me desbasta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo lo que ahora s&eacute;</p>
<p>se me deshace en hebras.</p>
<p>Todo lo que ahora tengo son mis briznas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los huesos pormenores,</p>
<p>las v&iacute;sceras minucias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Partes en a&ntilde;oranza de alg&uacute;n todo</p>
<p>cuya totalidad no a&ntilde;ora partes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mi rostro se craquela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sufro lepra de azogue en los espejos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Animal de animales,</p>
<p>mi pobre invertebrado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo menos medular que yo conozco.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 11 Nov 2013 08:46:21 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La revista Turia rendirá homenaje a Ana María Navales]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-revista-turia-rendira-homenaje-a-ana-maria-navales/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/ANA_MAR_A_NAVALES.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>FUE UNA MUJER Y UNA AUTORA LIBRE, L&Uacute;CIDA Y PASIONAL</strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong><br /></strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>13 autores descubren, a trav&eacute;s de textos in&eacute;ditos, </strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>las claves de la Virginia Wollf espa&ntilde;ola<br /></strong></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente31">El atractivo dossier de 115 p&aacute;ginas que TURIA dedica a Ana Mar&iacute;a Navales constituye, sin duda, el contenido estrella de un sumario muy especial repleto de textos in&eacute;ditos de grandes autores y con el que la revista conmemora sus 30 a&ntilde;os de trayectoria. Para Jes&uacute;s Ferrer Sol&aacute;, fil&oacute;logo y profesor de la Universidad de Barcelona, que firma el art&iacute;culo introductorio del monogr&aacute;fico dedicado a la&nbsp; autora aragonesa, Ana Mar&iacute;a Navales &ldquo;cultiv&oacute; con parecida destreza la poes&iacute;a, la narrativa breve o el ensayo&rdquo;. Sin duda, &ldquo;quien fuera una sobresaliente activista cultural y h&aacute;bil dinamizadora de la gesti&oacute;n intelectual&rdquo; dispone desde ahora de un valioso conjunto de textos que analizan sus diferentes facetas. Y es que, junto al estudio de su producci&oacute;n creativa, no falta el an&aacute;lisis del lado humano de la escritora, construido con evocaciones y testimonios de quienes mejor la conocieron. Una cuidada biocronolog&iacute;a completa el nuevo y oportuno monogr&aacute;fico de TURIA.</p>
<p>El escritor Javier Cercas ser&aacute; el encargado de presentar el n&uacute;mero especial 30 aniversario de TURIA. El acto se celebrar&aacute; en Teruel, ciudad en la que en 1983 se fund&oacute; la revista, el pr&oacute;ximo d&iacute;a 19 de noviembre.</p>
<p><strong>M&Aacute;S ALL&Aacute; DE LA ESCRITURA CONVENCIONAL</strong></p>
<p>Jes&uacute;s Ferrer Sol&aacute;, en su art&iacute;culo &ldquo;Recordando a Ana Mar&iacute;a Navales. Una teor&iacute;a de la novela&rdquo; no tiene dudas a la hora de subrayar que su narrativa conserva muchos de los rasgos de su l&iacute;rica. Su estilo posee una ascendencia po&eacute;tica que la sit&uacute;a lejos de la prosa convencional. De ah&iacute; que considere que &ldquo;la novel&iacute;stica de nuestra escritora se basa en la moderna ambivalencia entre ficci&oacute;n y realidad&rdquo;. Es decir, una &ldquo;fecunda conjunci&oacute;n entre testimonialismo cotidiano y reflexi&oacute;n intimista&rdquo; que convierte a sus novelas en la mejor demostraci&oacute;n de que Ana Mar&iacute;a Navales &ldquo;supo desarrollar, con sobrado rigor est&eacute;tico, el viejo arte de contar una historia&rdquo;.</p>
<p>Manuel Rico, escribe en TURIA sobre &ldquo;La trayectoria po&eacute;tica de Ana Mar&iacute;a Navales&rdquo; y de ella dir&aacute;&nbsp; que&nbsp; es un&nbsp; camino personal y al margen dentro de la l&iacute;rica espa&ntilde;ola: &ldquo;estamos ante una poes&iacute;a en la que el lenguaje tiene un sentido un&iacute;voco: buscar el misterio y la oscuridad que vive dentro de nosotros. S&oacute;lo en el poema est&aacute; la salvaci&oacute;n, parece decirnos en cada uno de sus textos&rdquo;.</p>
<p>Isabel Carabantes escribe sobre &ldquo;La forja de una escritora rebelde: sus relatos&rdquo;. Nos recuerda que el origen literario de Ana Mar&iacute;a Navales fue el periodismo y asegura que la narrativa breve fue su mejor medio de expresi&oacute;n: &ldquo;porque a trav&eacute;s de sus relatos se llega a las novelas, porque sus personajes son antesala de sus ensayos, porque en ellos se encierra el alma de la poeta. Es en estos textos donde mejor se puede apreciar el trabajo diario y la evoluci&oacute;n personal y creativa de una autora que a lo largo de cincuenta a&ntilde;os no dej&oacute; de contar con pasi&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>En su art&iacute;culo &ldquo;Libre, l&uacute;cida y peligrosamente&rdquo;, Julio Jos&eacute; Ordov&aacute;s se ocupa de la obra ensay&iacute;stica de Ana Mar&iacute;a Navales. Tras analizar las excelencias de la escritora en el cultivo de este g&eacute;nero, nos dir&aacute;: &ldquo;Navales fue un p&aacute;jaro ex&oacute;tico dentro de la literatura espa&ntilde;ola, y la b&uacute;squeda de otros p&aacute;jaros ex&oacute;ticos la llev&oacute; a otras literaturas. En Bloomsbury encontr&oacute; su nido&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;La gran aventura de la vida de Navales &ndash;concluye Ordov&aacute;s- fue la literatura. Ni las iron&iacute;as del destino ni la muerte podr&iacute;an apagar, de eso estaba segura, la vida que deposit&oacute; en sus libros. Ella aspiraba a quedar llena de vida en ellos, como Virginia Woolf, como Ana&iuml;s Nin, como Clarice Lispector, como todas las escritoras en las que se mir&oacute; y se reconoci&oacute;. Quer&iacute;a que sus libros perduraran como testimonio de la libertad de su esp&iacute;ritu y no le importaba el precio que tuviera que pagar, o, mejor dicho, que le hicieran pagar, por ello&rdquo;.</p>
<p><strong>LA IDENTIFICACI&Oacute;N CON VIRGINIA WOOLF</strong></p>
<p>Jos&eacute;-Carlos Mainer participa en el monogr&aacute;fico con un brillante art&iacute;culo titulado &ldquo;Ana Mar&iacute;a Navales: espejos de la novela&rdquo;. En &eacute;l se nos asegura que la escritora llev&oacute; a sus narraciones extensas su querella personal contra la vulgaridad y &ldquo;una concepci&oacute;n de la literatura como forma superior y m&aacute;s aut&eacute;ntica de la vida: un espejo muy especial&rdquo;.</p>
<p>Con buen criterio, Mainer tambi&eacute;n considera que &ldquo;Cuentos de Bloomsbury&rdquo; (1991) tiene mucho de novela fragmentada en cuentos y no poco de ensayo novelado de una biograf&iacute;a colectiva que, por muchas razones, ha sido su obra m&aacute;s perdurable y una de las m&aacute;s originales de las publicadas en Espa&ntilde;a en el decenio de los noventa&rdquo;.</p>
<p>Y es que la identificaci&oacute;n de Ana Mar&iacute;a Navales con Virginia Woolf fue absoluta. De ah&iacute; que en aquellas vidas del grupo de Bloomsbury, nuestra escritora encontr&oacute;, como subraya Mainer, &ldquo;la existencia que hubiera querido vivir: un cierto grado de bohemia corregido por el buen tono; la ambig&uuml;edad sistem&aacute;tica de los sentimientos, rescatada por la lealtad personal; la ociosidad divagante acompa&ntilde;ada de la seriedad en el trabajo; la ambici&oacute;n cultural universal que s&oacute;lo roza el esnobismo; la asombrosa facilidad de convertir unas vidas complejas en el refinado material de una imaginaci&oacute;n literaria&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente31">&nbsp;A continuaci&oacute;n, TURIA ofrece un valioso y plural repertorio de art&iacute;culos y testimonios que permiten descubrir con detalle el universo vital y literario de Ana Mar&iacute;a Navales. As&iacute;, Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas, &nbsp;fundador &nbsp;y &nbsp;director &nbsp;de &nbsp;TURIA, &nbsp;analiza &nbsp;el papel fundamental de la escritora zaragozana en la revista, una aventura cultural compartida durante varias d&eacute;cadas: &rdquo;fue durante a&ntilde;os, una presencia luminosa, necesaria y constante en la tarea de conseguir que <em>Turia</em> mantuviera un buen nivel de contenidos&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente31">El escritor y periodista Juan Dom&iacute;nguez Lasierra, marido de Ana Mar&iacute;a Navales, escribe en TURIA unas inolvidables y emotivas &ldquo;Cartas para Ana Mar&iacute;a&rdquo;: &ldquo;Quisiera verte como eras t&uacute; cuando te despojabas, en un descuido, de tu m&aacute;scara de firmeza, de fuerza, de dominio, como aquella ni&ntilde;a de tu fotograf&iacute;a en la playa de..., Dios m&iacute;o, que se esfuman los nombres, aferrada a tu cubito y tu pala, bien aferrados como lo hac&iacute;as con todo, porque sabes que el mundo nos roba todo lo que amamos, el cruel ladr&oacute;n, que nada nos deja, que le importa un bledo desnudarnos a la intemperie, aunque el fr&iacute;o nos penetre hasta el tu&eacute;tano y no queramos sino morirnos para que la desolaci&oacute;n, la angustia, el horror desaparezca&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente31">Por su parte, Marta Agudo escribe en el art&iacute;culo que publica en TURIA: &ldquo;pocas personas tan autorizadas como Ana Mar&iacute;a Navales para diagnosticar el pulso literario de su &eacute;poca. De hecho, resulta extraordinario su conocimiento de la literatura del momento en el resto de Europa y, en especial, de la inglesa en unos a&ntilde;os en los que no era f&aacute;cil recibir noticias del extranjero y la red era algo inconcebible&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>Rosendo Tello realiza un pormenorizado an&aacute;lisis lleno de complicidades de la poes&iacute;a completa de Navales, reunida en el libro &ldquo;Traves&iacute;a en el viento&rdquo;, y concluye: &ldquo;Yo soy Ant&iacute;gona&rdquo;, declar&oacute; en un poema Ana Mar&iacute;a Navales. Su grandeza se mide por su rebeld&iacute;a y por la desazonante verdad de su vida. Ella no ha muerto, despu&eacute;s de su muerte f&iacute;sica, pues sus poemas siguen resonando en el silencio de la noche para siempre&rdquo;.</p>
<p>Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget tambi&eacute;n participa, con su art&iacute;culo &ldquo;De obsesiones y fantasmas&rdquo;, en el homenaje a Navales. Desde la atalaya de sus muchos a&ntilde;os de amistad con la escritora, Conget glosa la pasi&oacute;n que siempre caracteriz&oacute; la labor de Ana Mar&iacute;a Navales en cuantas tareas literarias y culturales se embarcaba: &ldquo;en alg&uacute;n momento llegu&eacute; a cuestionarle si val&iacute;a la pena tal derroche de adrenalina, una pregunta absurda porque resultaba obvio que la pasi&oacute;n era inseparable de su naturaleza&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente31">Completan el repertorio de art&iacute;culos en homenaje a Ana Mar&iacute;a Navales: &ldquo;Virginia Woolf entre nosotros&rdquo;, de C&aacute;ndido P&eacute;rez G&aacute;llego y &ldquo;Ana en el recuerdo&rdquo;, de Eugenio Garc&iacute;a Fern&aacute;ndez. &nbsp;&nbsp;Por &uacute;ltimo, y como cierre del dossier, se difunde una pormenorizada biocronolog&iacute;a de Ana Mar&iacute;a Navales, elaborada por Juan Antonio Tello. En definitiva, TURIA ofrece a los lectores la posibilidad de redescubrir a una escritora valerosa, apasionada y anticonvencional: Ana Mar&iacute;a Navales.</p>
<p class="Textoindependiente21">La revista cultural TURIA es una publicaci&oacute;n cuatrimestral, editada por el IET de la Diputaci&oacute;n de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero cuenta tambi&eacute;n con el patrocinio de la empresa Aragonesa de Servicios P&uacute;blicos.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 08 Nov 2013 07:29:32 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las maletas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/las-maletas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/ELOY_TIZ_N.jpg" alt="" /></p>
<p>En los viajes, ella y yo hac&iacute;amos nuestras maletas por separado. Quiero decir que, aunque est&aacute;bamos casados, cada uno preparaba su equipaje por su cuenta, de manera independiente y sin consultarnos. Por un acuerdo t&aacute;cito, hab&iacute;amos establecido la norma de no inmiscuirnos en las man&iacute;as del otro a la hora de viajar. Era una norma razonable, creo, y durante un tiempo los dos la cumplimos.</p>
<p>Yo llenaba mi maleta de forma descuidada, poco cient&iacute;fica, aleatoria, guiado por el &uacute;nico af&aacute;n de terminar cuanto antes, pues nunca me ha gustado hacer maletas ni deshacer maletas y los preparativos de un viaje me resultan engorrosos. Para Carlota, en cambio, hacer la maleta supon&iacute;a un gran esfuerzo mental, exig&iacute;a un alto nivel de concentraci&oacute;n y vigilancia, por lo que dedicaba muchas horas, incluso d&iacute;as enteros, a preparar de manera concienzuda su equipaje sin olvidarse de nada: ropa perfectamente planchada, zapatos con su bola de papel dentro, medicinas clasificadas por tama&ntilde;os, maquillaje en su correspondiente departamento, cosm&eacute;ticos (que trasvasaba de sus envases originales a otros m&aacute;s peque&ntilde;os, que eran iguales a los que ten&iacute;a en casa pero miniaturizados, comprados para la ocasi&oacute;n) y hasta comida: alimentos especiales, dif&iacute;ciles de conseguir en seg&uacute;n qu&eacute; sitios.</p>
<p>De un cuarto a otro hab&iacute;a un ir y venir constante de prendas, de cajas, de perchas, un trasiego de termos, en el apartamento ten&iacute;a lugar un desplazamiento ritual, con cajones volcados y recetas de farmacia, que recordaba el escenario de un robo, un terremoto o un ensayo de actores en un plat&oacute; de televisi&oacute;n, justo antes del estreno.</p>
<p>Carlota se mov&iacute;a con cautela por el piso, apartando bultos del suelo con el costado del pie. Anotaba listas de cosas en servilletas de papel que luego romp&iacute;a y desmenuzaba en trozos diminutos. Dudaba. Rectificaba. No se quedaba tranquila. Perd&iacute;a el apetito. Enfermaba. Saltaba de la cama en plena noche y correg&iacute;a algo.</p>
<p>Sobra decir que su maleta era mucho m&aacute;s voluminosa que la m&iacute;a, el doble o m&aacute;s, pese a lo cual parec&iacute;a siempre a punto de reventar por sobrepeso, hinchada de tejidos, de tarros de cremas, de diccionarios, de botines, de desayunos, un rizador de pesta&ntilde;as, una plancha por si acaso, y su peso monstruoso &ndash;a&uacute;n lo recuerdan mis magullados dedos&ndash; hac&iacute;a gemir los somieres de las camas de los hoteles donde nos hosped&aacute;bamos, al apoyarla, con su contundencia de armario horizontal.</p>
<p>Cargar con semejante mole era imprudente. Daba miedo mirarla, y no parec&iacute;a imposible que una noche estallara, aneg&aacute;ndonos en una explosi&oacute;n de barras de labios, jarabes para la tos y gorras de visera.</p>
<p>Se dir&iacute;a que aquella maleta tan grande ten&iacute;a vida propia. Se expand&iacute;a y metamorfoseaba, tos&iacute;a y se adormec&iacute;a, cambiaba de postura y se alegraba o se deprim&iacute;a siguiendo el ritmo de las ma&ntilde;anas. Era tremenda, era un universo en s&iacute; mismo, con sus crisis, su microclima y sus accidentes orogr&aacute;ficos. Era el mejor autorretrato de su due&ntilde;a, la m&aacute;s fiel autobiograf&iacute;a, su diario &iacute;ntimo. Podr&iacute;amos estudiar la historia de un relaci&oacute;n sentimental siguiendo la historia de sus maletas, la evoluci&oacute;n de sus bultos, unir la l&iacute;nea de puntos que arranca de un presupuesto de mochilero y conduce hasta un conjunto de marca, o viceversa.</p>
<p>Arrastr&eacute; aquella maleta infernal que no era m&iacute;a por vest&iacute;bulos y pasillos, la empuj&eacute; a lo largo de escaleras de aeropuertos, me debat&iacute; en ascensores y trenes, luch&eacute; para encajarla y luego recuperarla de maleteros de taxis, frente a la cara de espanto de conductores y conserjes que de repente retroced&iacute;an al vernos, recordando alguna tarea urgente que exig&iacute;a su presencia inmediata en otra parte, all&aacute; lejos, y me abandonaban a mi suerte en la acera con aquel trasto imposible. De modo que factur&eacute;, consign&eacute;, recog&iacute;, pes&eacute;, entregu&eacute;, devolv&iacute;, blasfem&eacute;, firm&eacute;, tropec&eacute;, extravi&eacute;, restaur&eacute;, bautic&eacute;, orde&ntilde;&eacute; y dem&aacute;s verbos relacionados que en definitiva me educaron para convivir en una pareja de tres miembros: ella, yo y su maleta.</p>
<p>Se empezaba a hablar de tener hijos.</p>
<p>Carlota ten&iacute;a, claro est&aacute;, sus d&iacute;as raros, sus d&iacute;as moh&iacute;nos, como todo el mundo, sus &laquo;franjas horarias&raquo;, como ella las llamaba, y eran d&iacute;as dif&iacute;ciles en que no estaba para nadie, no contestaba el tel&eacute;fono, se aislaba en su burbuja, pasaba horas metida en la ba&ntilde;era cepill&aacute;ndose el largo cabello rubio o hac&iacute;a ejercicios de estiramiento tumbada en el suelo o se pon&iacute;a las gafas de leer y cocinaba tartas espectaculares o, si estaba nerviosa, se dedicaba a cambiar muebles de sitio: era su forma de manifestar su descontento o su pena, como si en lugar de llorar con los ojos llorase con las manos.</p>
<p>No, Carlota no era una mujer sencilla. A fuerza de observarla d&iacute;a tras d&iacute;a, yo iba aprendiendo a descifrar sus estados de &aacute;nimo, sus c&oacute;digos, su simbolismo, su fobia a los insectos o su man&iacute;a de dormir hecha un ovillo al borde de la cama y sin almohada. Sab&iacute;a, por ejemplo, que cuando una emoci&oacute;n &ndash;buena o mala&ndash; estaba a punto de desbordarla, ella se mord&iacute;a siempre el pelo. Era un h&aacute;bito suyo. Las grandes confesiones, las preguntas dif&iacute;ciles, los llantos, los comentarios hirientes que anunciaban peleas y portazos (pero tambi&eacute;n las pel&iacute;culas verdaderamente hermosas, la m&uacute;sica secreta en el piano o en un cuarteto de cuerda, la ebriedad del mar, el temblor de una g&oacute;ndola veneciana, ese pa&ntilde;uelo de luz que a veces flota suspendido en lo alto de las catedrales g&oacute;ticas), ven&iacute;an precedidos unos segundos antes por aquel peque&ntilde;o gesto suyo apenas perceptible. Era como el anuncio de un rel&aacute;mpago en la piel. Una m&iacute;nima radiaci&oacute;n, una descarga de electricidad est&aacute;tica que encend&iacute;a &ndash;clic&ndash; un piloto de luz blanca. Carlota se mord&iacute;a el pelo, un momento, y yo sab&iacute;a que a continuaci&oacute;n, bueno o malo, nos suceder&iacute;a algo a los dos.</p>
<p>Un verano viajamos a Estados Unidos. Visitamos Nueva York y Boston. Recorrimos en Chevrolet los caminos de Nueva Inglaterra. Comimos langosta en Newport y paseamos descalzos por las desoladas playas de Cape Cod, con los zapatos en una mano y los calcetines enrollados dentro, cegados por la arena en suspensi&oacute;n, custodiados por familias de gaviotas despeluchadas por el viento, parecidas a plumeros, m&aacute;s grandes que flamencos. All&iacute; todo era gigantesco: las distancias, la comida, los bosques, las limusinas, los peri&oacute;dicos, las aves marinas. Todo era exagerado como el tama&ntilde;o del cielo.</p>
<p>Las calles de Boston eran ordenadas y sensatas, delineadas sin dramatismo para ir del punto A al punto B de la manera m&aacute;s eficiente, y s&oacute;lo se permit&iacute;an de vez en cuando la sorpresa manejable de un carrito de helados aparcado en la acera o un peque&ntilde;o cementerio de veteranos de guerra, con las cruces blancas alineadas en posici&oacute;n de firmes, que irrump&iacute;a de repente en medio de un plaza, en un cruce, en cualquier parte.</p>
<p>Al atardecer, nos sent&aacute;bamos a beber vino en el tranquilo barrio residencial de Somerville, en las afueras de Boston, rodeados de casitas de madera con jard&iacute;n, envueltos en los efluvios viriles y un poco sucios procedentes del fertilizante qu&iacute;mico de las plantas trepadoras y las cocinas de los vecinos. De lejos llegaban los gritos casuales de los ni&ntilde;os en sus pen&uacute;ltimos juegos antes de irse a la cama, la plegar&iacute;a l&iacute;quida del riego por aspersi&oacute;n encharcando el c&eacute;sped, a lo mejor un timbre de bicicleta. Carlota y yo permanec&iacute;amos en la galer&iacute;a una hora o dos disfrutando de aquella felicidad suburbana de finales del verano, una felicidad pasajera y sin palabras con nubes aplastadas y mariposas son&aacute;mbulas, de aterciopeladas alas sombr&iacute;as, hasta que ca&iacute;a la noche y hab&iacute;a que encender velas.&nbsp;</p>
<p>Nosotros beb&iacute;amos vino. Degust&aacute;bamos los zumos de la tierra. Palade&aacute;bamos el sabor a nogal de las lluvias, la lentitud de las vendimias, la carne roja del sol. Prolong&aacute;bamos el instante el m&aacute;ximo tiempo posible, pues no quer&iacute;amos que concluyese. Nos balance&aacute;bamos en las mecedoras de mimbre de nuestras anfitrionas, con un perro cada uno en las rodillas, mientras ella sacaba fotos de sombras y yo pasaba a limpio las experiencias del d&iacute;a en mi cuaderno de viaje o a&ntilde;ad&iacute;a algo &ndash;un p&aacute;rrafo descriptivo o una l&iacute;nea de di&aacute;logo&ndash; a la novela corta que por aquel entonces estaba empe&ntilde;ado en escribir. Ten&iacute;a prisa por terminar aquella novela cuanto antes, <em>necesitaba</em> terminarla, me quemaba &ndash;casi literalmente&ndash; en las manos. Parte de esa novela la escrib&iacute; as&iacute;: en Somerville, Massachussets, con un perro ajeno en las rodillas, sintiendo en todo momento que es imposible escribir y que tambi&eacute;n es imposible dejar de escribir.</p>
<p>En el centro de la mesa sudaba una jarra de agua.</p>
<p>Era una casa con techos altos, mucha madera, dolor de vigas, cocina grande y rota. La casa, nos dijeron, antes hab&iacute;a sido un granero, el jard&iacute;n, nos dijeron, antes hab&iacute;a sido una ci&eacute;naga, la propietaria, nos dijeron, antes hab&iacute;a sido hombre y ahora era mujer, despu&eacute;s de someterse a una cirug&iacute;a de cambio de sexo. Todo era inestable, de alma reversible, y pose&iacute;a la vacilaci&oacute;n o el arrepentimiento de haber sido una cosa en el pasado y ser otra cosa distinta en el presente.</p>
<p>De noche, nos despertaban los ruidos. Bisbiseos, toses, pisadas, bostezos reprimidos, pasos en la escalera, arriba y abajo, arriba y abajo, zumbidos y golpes, toda la noche, con arrastrar de zapatos, mover de sillas, ulular de almas en pena, clop clop clop, &iquest;qu&eacute; era?, as&iacute; no hab&iacute;a qui&eacute;n durmiese. Carlota y yo nos asom&aacute;bamos al descansillo y no hab&iacute;a nadie, calma total, no era m&aacute;s que un poco de viento que giraba graciosamente sobre s&iacute; mismo, haciendo remolino, y antes de retornar a la cama con sue&ntilde;o comprend&iacute;amos que no era nada, tan s&oacute;lo el secreto rumor de la vida que pasaba.</p>
<p>Cuando nuestras vacaciones tocaron a su fin y volvimos a casa, con exceso de equipaje, me sorprendi&oacute; descubrir que Carlota hab&iacute;a introducido en mi maleta, a hurtadillas, regalos que yo no recordaba haber comprado, objetos que no eran m&iacute;os y ropa de mujer, rompiendo nuestro acuerdo de no inmiscuirnos en el equipaje del otro. Y lo m&aacute;s asombroso de todo: envuelto en un kimono, apareci&oacute; &ndash;juro que es cierto&ndash; un paquete con un kilo de sal.</p>
<p>&ndash;&iquest;Y esto? &ndash;le pregunt&eacute;.</p>
<p>&ndash;Es por la etiqueta &ndash;me dijo.</p>
<p>Atravesar el oc&eacute;ano con un kilo de sal estadounidense de contrabando en la maleta puede ser &ndash;o tal vez no&ndash; una met&aacute;fora visual apropiada de lo que significa vivir en pareja y cruzar sus &laquo;franjas horarias&raquo;.</p>
<p>Era verdad que en esa &eacute;poca a los dos nos fascinaban las etiquetas y que en Norteam&eacute;rica hab&iacute;amos recopilado tesoros, gracias a sus inmensos supermercados. Con todo, quiz&aacute; hubiese sido m&aacute;s sensato haber despegado la etiqueta (la ilustraci&oacute;n de una ni&ntilde;a que se proteg&iacute;a de la lluvia con un paraguas, sobre un fondo azul oscuro), en lugar de transportar un kilo de Moron Salt por las esquinas del mundo.</p>
<p>Entonces, pretendiendo ayudarla, comet&iacute; el error, tonto de m&iacute;, de querer averiguar las razones de su obsesi&oacute;n. Le pregunt&eacute; por qu&eacute; le hac&iacute;an sufrir tanto las maletas.</p>
<p>Se qued&oacute; un rato callada, pensativa. Luego se mordi&oacute; el pelo. Hubo una peque&ntilde;a descarga el&eacute;ctrica. Al fin dijo:</p>
<p>&ndash;Yo hago las maletas igual que t&uacute; escribes tus libros.</p>
<p>Me dej&oacute; mudo. Nunca antes lo hab&iacute;a enfocado de ese modo. Era la primera vez que lo o&iacute;a. Pero reconozco que Carlota ten&iacute;a raz&oacute;n. Yo escrib&iacute;a igual que ella hac&iacute;a las maletas; exactamente igual. Con los mismos nervios, la misma pasi&oacute;n y el mismo estremecimiento &iacute;ntimo. Yo tambi&eacute;n, como ella, pasaba d&iacute;as en vilo por culpa de un adjetivo. Anotaba listas de cosas en servilletas de papel que luego romp&iacute;a y desmenuzaba en trozos diminutos. Dudaba. Rectificaba. No me quedaba tranquilo. Perd&iacute;a el apetito. Enfermaba. Saltaba de la cama en plena noche y correg&iacute;a algo.</p>
<p>Carlota hab&iacute;a acertado. Hacer una maleta era igual de complicado que inventar una ficci&oacute;n, so&ntilde;ar un libro o construir un universo po&eacute;tico. Uno s&oacute;lo puede realizar algo bien obsesion&aacute;ndose con lo que hace. En ambos casos se trata de seleccionar y decidir &ndash;nada menos&ndash; qu&eacute; salvas y qu&eacute; condenas. Ante esto, cualquier elecci&oacute;n conlleva una responsabilidad y un peligro. Acertar o no acertar se convierte en una tarea trascendente, casi inalcanzable. Todo era una cuesti&oacute;n de lleno o de vac&iacute;o.</p>
<p>Ya no recuerdo qu&eacute; hicimos con aquel paquete de sal norteamericana. Imagino que la utilizamos para sazonar las comidas, pero no me acuerdo y no quiero inventar nada, sino atenerme a los hechos y a su interpretaci&oacute;n m&aacute;s palpable. Creo recordar, eso s&iacute;, que cierta noche llegu&eacute; incluso a so&ntilde;ar con aquel mont&oacute;n de sodio, que crec&iacute;a y crec&iacute;a sin parar hasta convertirse en una monta&ntilde;a de pesadilla, un verdadero Himalaya que yo intentaba escalar en trineo, arrastrado por una manada de perros, sin llegar nunca a la cima.</p>
<p>&ndash;Has roto nuestro pacto, Carlota &ndash;la acus&eacute; con tristeza.</p>
<p>&ndash;&iquest;Y qu&eacute;? Tampoco hay que ser tan estricto. Qu&eacute; melodram&aacute;tico eres.</p>
<p>Pero romper un pacto, aunque fuese s&oacute;lo verbal (o sobre todo si era s&oacute;lo verbal), me parec&iacute;a a m&iacute; entonces un s&iacute;ntoma enfermizo de traici&oacute;n, algo que implicaba un abuso de confianza y abr&iacute;a un precedente para futuras mentiras, para futuras traiciones; faltar a la propia palabra encontraba yo que era uno de los peores pecados, si no el peor.</p>
<p>&ndash;T&uacute; no puedes entenderlo &ndash;se enfadaba Carlota&ndash; porque eres escritor.</p>
<p>&ndash;Porque soy escritor puedo entenderlo.</p>
<p>Esta misma discusi&oacute;n la hab&iacute;amos mantenido ya en anteriores ocasiones; los dos repet&iacute;amos los mismos argumentos, con el agotamiento de actores en su d&eacute;cima toma. Llega un momento en que parece que los golpes no duelen, pero esos son los peores.</p>
<p>Ten&iacute;amos un problema. Nos miramos frente a frente en la soledad del comedor, con todo aquel viaje en el cuerpo. Llev&aacute;bamos casados seis a&ntilde;os. Lo sab&iacute;amos todo uno del otro, todos los trucos, tanto lo bueno como lo malo, incluso aquellos defectos e intimidades que habr&iacute;amos preferido no conocer. All&iacute; est&aacute;bamos. &Eacute;ramos transparentes el uno para el otro, como maletas volcadas. Aunque nos quer&iacute;amos, entre Carlota y yo se abr&iacute;a un espacio en blanco, un fulgor fr&iacute;o, escaso de amor. En medio de la blancura de sal de aquel t&eacute;mpano silencioso no hab&iacute;a nada. Era el desierto desnudo. S&oacute;lo hab&iacute;a una maleta.</p>
<p>Una maleta vac&iacute;a.</p>
<p>Nos separamos.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 07 Nov 2013 07:14:32 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Huye del poema]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/huye-del-poema/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/JUAN_COBOS_WILKINS.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Huye del poema encendido</p>
<p>como un &aacute;rbol de Navidad</p>
<p>en los comercios.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No</p>
<p>necesita su misterio</p>
<p>de intermitentes luces, ni algod&oacute;n,</p>
<p>falsos copos de nieve. No guirnaldas. No</p>
<p>hueros pero envueltos</p>
<p>regalos en brillantes papeles y lazadas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Su soledad no precisa coronarse de estrellas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Deja mejor tu abrazo</p>
<p>un instante en el tronco</p>
<p>del &aacute;rbol exiliado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Acerca el coraz&oacute;n,</p>
<p>ac&eacute;rcalo:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; profunda</p>
<p>escuchar&aacute;s subir desde la tierra,</p>
<p>hasta volverse luz, la vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tan pura como el infinitivo de los verbos,</p>
<p>su soledad, la tuya, no precisan coronarse de estrellas.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 06 Nov 2013 07:22:40 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En el puerto]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/en-el-puerto/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/LUIS_MU_OZ.jpg" alt="" /></p>
<p>Despu&eacute;s que se rapase la cabeza,</p>
<p>ella le buscaba las peque&ntilde;as heridas.</p>
<p>Los cubos de hormig&oacute;n</p>
<p>de los diques de entrada</p>
<p>y las olas de c&aacute;scaras de pipas</p>
<p>parpadeaban debajo de sus pies</p>
<p>como palabras sin decirse.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El verano a&uacute;n quedaba lejos</p>
<p>con sus d&iacute;as flamantes y vac&iacute;os</p>
<p>y sus soles turquesa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La breve fumarola</p>
<p>de un barco que volv&iacute;a de pescar,</p>
<p>a contraluz, con pulso malo,</p>
<p>pintaba un c&iacute;rculo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 05 Nov 2013 07:44:17 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las pasiones literarias de Mario Vargas Llosa: del homo legens al crítico rutilante]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/las-pasiones-literarias-de-mario-vargas-llosa-del-homo-legens-al-critico-rutilante/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/MARIO_VARGAS_LLOSA.jpg" alt="" /></p>
<p>&ldquo;La lectura convert&iacute;a el sue&ntilde;o en vida y la vida en sue&ntilde;o y pon&iacute;a al alcance del pedacito de hombre que era yo el universo de la literatura. Mi madre me cont&oacute; que las primeras cosas que escrib&iacute; fueron continuaciones de las historias que le&iacute;a pues me apenaba que se terminaran o quer&iacute;a enmendarles el final. Y acaso sea eso lo que me he pasado la vida haciendo sin saberlo: prolongando en el tiempo, mientras crec&iacute;a, maduraba y envejec&iacute;a, las historias que llenaron mi infancia de exaltaci&oacute;n y de aventuras&rdquo; (&ldquo;Elogio de la lectura y la ficci&oacute;n&rdquo;, Discurso del Nobel, 7 de Diciembre de 2010)</p>
<p>La noticia de la concesi&oacute;n del Nobel le lleg&oacute; a Mario Vargas Llosa mientras le&iacute;a a primera hora de la ma&ntilde;ana, seg&uacute;n confes&oacute; el propio autor, como hace durante cualquiera de sus setenta a&ntilde;os, alimentando una pasi&oacute;n que no ha menguado lo m&aacute;s m&iacute;nimo con el paso del tiempo, y que lo ha convertido en un lector no s&oacute;lo voraz, sino de una agudeza implacable, tal y como ha dado noticia en numerosas ocasiones. Ni siquiera en los meses dur&iacute;simos de su candidatura presidencial, el novelista metido a pol&iacute;tico dej&oacute; de leer con ese ansia que lo ha caracterizado siempre, dedic&aacute;ndole los primeros ratos del amanecer a algunas obras predilectas, como <em>La condici&oacute;n humana</em> de Malraux, <em>Moby Dick</em> de Melville o <em>Luz de agosto</em> de Faulkner, a las que vuelve una y otra vez, teniendo como referente &uacute;ltimo de su creaci&oacute;n el mundo perfecto y sin fisuras creado por don Luis de G&oacute;ngora. No deja de sorprender que quien trillara cada uno de los rincones del Per&uacute;, tropez&aacute;ndose con la miseria a cada rato, soportando la ponzo&ntilde;a pol&iacute;tica y el encanallamiento de los discursos de sus rivales, esquivando a cada momento las conspiraciones y las conjuras de los poderes f&aacute;cticos de la sociedad andina, al quedarse a solas, en medio de ese borboteo incansable de sensaciones y recuerdos de las primeras luces de la ma&ntilde;ana, el lector Vargas Llosa se encerrara con la perfecci&oacute;n inacabada de <em>Las soledades</em> y la tensi&oacute;n dial&eacute;ctica de la <em>F&aacute;bula de Polifemo y Galatea</em>. Es evidente que la lectura ha sido para el escritor peruano m&aacute;s que una afici&oacute;n, ha sido un b&aacute;lsamo para corregir y subsanar las imperfecciones del mundo real, repitiendo en cada momento aquello que le permiti&oacute; sobrevivir en la dura y lejana infancia.</p>
<p><strong>Lo que ley&oacute; Varguitas</strong></p>
<p>La pasi&oacute;n por los libros es uno de los enigmas que todo lector guarda en su memoria infantil como si fuera un cofre lleno de tesoros insondables. Ni siquiera sabemos por qu&eacute; surge esta pasi&oacute;n en ciertos individuos, frente a la indiferencia del resto, mientras que en las casas y en los colegios se comparte la lectura de los cl&aacute;sicos infantiles, para fascinaci&oacute;n de algunos y fastidio de muchos. Es evidente que en el caso de Vargas Llosa, la afici&oacute;n lectora, el gusto por los libros y las bibliotecas, el valor de la cultura en su sentido m&aacute;s amplio le viene por la familia materna, los Llosa, propensos a la poes&iacute;a, al teatro, al melodrama, a las telenovelas y a los novelones decimon&oacute;nicos. Sin embargo, en el caso del autor peruano, su afici&oacute;n pas&oacute; a ser muy pronto vocaci&oacute;n y m&aacute;s tarde pasi&oacute;n lectora, una devoci&oacute;n casi religiosa por el libro como objeto, creado o le&iacute;do, que parece ser una respuesta casi freudiana a las intransigencias paternas y a la insensibilidad demostrada por ese padre surgido <em>ex nihilo</em> en su infancia, extra&ntilde;amente resucitado desde el limbo del olvido familiar, para recordarle que la vida puede ser un camino lleno de piedras filosas, como las descritas por Rulfo en su relato &ldquo;No oyes ladrar a los perros&rdquo;.</p>
<p>Antes de que Ernesto J. Vargas apareciera redivivo para poner orden y disciplina en la vida del joven Marito, &eacute;ste hab&iacute;a le&iacute;do con verdadera fruici&oacute;n &ldquo;las historias de Genoveva de Brabante y de Guillermo Tell, del rey Arturo y de Cagliostro, de Robin Hood o del jorobado Lagard&egrave;re, de Sandok&aacute;n o del capit&aacute;n Nemo-, y, sobre todo, la serie de Guillermo, un ni&ntilde;o travieso de mi edad de quien cada libro narraba una aventura, que yo intentaba repetir luego en el jard&iacute;n de la casa&rdquo;<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>. La lectura aparece casi al mismo tiempo que su necesidad de garabatear unos versitos almibarados que la familia celebra con entusiasmo, porque el joven Mario parece seguir los pasos de la familia, con el antecedente notable del bisabuelo Belisario Llosa, quien hab&iacute;a sido poeta y hab&iacute;a publicado una novela, o el est&iacute;mulo del abuelo materno, quien le ense&ntilde;aba versos de Campoamor y de Rub&eacute;n Dar&iacute;o o de su propia madre, a la que recuerda con un ejemplar semiclandestino y cuasi furtivo de <em>Veinte poemas de amor y una canci&oacute;n desesperada</em> de Pablo Neruda encima de la mesita de noche. El joven aprendiz pasa las horas de su infancia fascinado ante las colecciones familiares de sellos, estampitas y otras reliquias ex&oacute;ticas y extravagantes, pero lo que le provoca verdadero entusiasmo es el Libro de las &Oacute;peras, una obra en la que relee una y otra vez los principales argumentos oper&iacute;sticos de Italia, familiariz&aacute;ndose con sus h&eacute;roes y villanos, sus romances tormentosos, las contrariedades provocadas por los pellizcos del amor y los contratiempos del destino.</p>
<p>Todo podr&iacute;a haber quedado en un coqueteo m&aacute;s o menos intenso con la literatua y el arte de no haber sido por las p&eacute;simas relaciones mantenidas con un padre duro como el pedregal, mis&aacute;ntropo, violento y autoritario, ajeno a cualquier forma de compasi&oacute;n y ternura que oblig&oacute; al joven Vargas Llosa a recluirse en un mundo de fantas&iacute;a que funcion&oacute; en todo momento como una v&aacute;lvula de escape para sortear las represiones de la vida familiar. En su casa de Lima, lejos de la familia amada que se hab&iacute;a quedado en Piura, el joven lector compra revistas y libros en una librer&iacute;a semiclandestina que se encontraba en el interior de un garaje en la avenida Salaverry. All&iacute; consigue ejemplares de Emilio Salgari, Karl May y de Julio Verne, especialmente <em>La vuelta al mundo en ochenta d&iacute;as</em>, que espolea su imaginaci&oacute;n lanz&aacute;ndole de un trallazo literario hacia pa&iacute;ses ex&oacute;ticos, alejados de la dura realidad familiar. Como recuerda el autor en <em>El pez en el agua</em> &ldquo;En esos primeros meses largos y siniestros de Lima, en 1947, las lecturas fueron la escapatoria de la soledad en que me hall&eacute; de pronto (&hellip;) En esos meses me habitu&eacute; a fantasear y so&ntilde;ar, a buscar en la imaginaci&oacute;n, que esas revistas y novelitas azuzaban, una vida alternativa a la que ten&iacute;a, sola y carcelaria. Si ya hab&iacute;a en m&iacute; las semillas de un fabulador, en esta etapa cuajaron, y, si no las hab&iacute;a, all&iacute; debieron brotar&rdquo; (p&aacute;g. 60).</p>
<p>El aprendizaje de la literatura pasa, inevitablemente, por el colegio La Salle, en cuyos pupitres se encontraba otro ilustre alumno peruano, Jos&eacute; Miguel Oviedo. Ambos aprender&aacute;n la poes&iacute;a del Siglo de Oro, recitando a los cl&aacute;sicos, como fray Luis de Le&oacute;n, todo ello para disgusto de un padre excesivamente severo y celoso de los hiatos de la masculinidad, que ve en la afecci&oacute;n po&eacute;tica de su hijo una forma de amaneramiento y de desviaci&oacute;n sexual, una forma de &ldquo;mariconer&iacute;a&rdquo; [<em>pater dixit</em>], y una forma insoportable de perder el tiempo. No es de extra&ntilde;ar que en la casa lime&ntilde;a no hubiese libros, ni lecturas, ni nada que pudiese contribuir a convertir al muchacho en un ser fantasioso. Sin embargo, todos estos cepos est&eacute;ticos e ideol&oacute;gicos funcionan en sentido inverso, espoleando la necesidad de acercarse a la poes&iacute;a como una forma de subvertir el orden familiar, de ah&iacute; que el joven Vargas Llosa lea con verdadero entusiasmo la poes&iacute;a de B&eacute;cquer, de Santos Chocano, de Amado Nervo, de Juan de Dios Peza o de Zorrilla, sintiendo la poes&iacute;a como una forma de conocimiento a mitad de camino entre lo sagrado y lo peligroso. Peligroso por la persecuci&oacute;n implacable del padre, sagrado por la consideraci&oacute;n que los Llosa daban al ejercicio po&eacute;tico, desde el bisabuelo hasta el &uacute;ltimo de sus t&iacute;os.</p>
<p>Es evidente, y as&iacute; lo ha dejado escrito en numerosas ocasiones, que su vocaci&oacute;n literaria fue un desaf&iacute;o, una forma de sortear la autoridad paterna, una forma de autoafirmaci&oacute;n frente a la virulencia del cabeza de la familia: &ldquo;Y es probable que sin el desprecio de mi progenitor por la literatura nunca hubiera perseverado yo de manera tan obstinada en lo que era entonces un juego, pero se ir&iacute;a convirtiendo en algo obsesivo y perentorio: una vocaci&oacute;n. Si en esos a&ntilde;os no hubiera sufrido tanto a su lado, y no hubiera sentido que aquello era lo que m&aacute;s pod&iacute;a decepcionarlo, probablemente no ser&iacute;a ahora un escritor&rdquo; (p&aacute;g. 113). En cualquier caso, su acercamiento a la lectura es siempre fruto de la necesidad interior, del instinto de la ficci&oacute;n, lejos de las formas anquilosadas con que se explican a los cl&aacute;sicos tanto en la escuela como en el colegio militar Leoncio Prado, a partir de su ingreso en 1950. La literatura en esta instituci&oacute;n no est&aacute; pensada para su lectura, sino como ejemplos de la lengua castellana, de su gram&aacute;tica y de su sintaxis. Los alumnos se ven obligados a soportar sesiones tediosas en las que tienen que memorizar poemas enteros o fragmentos de obras cl&aacute;sicas.</p>
<p>La experiencia vivida en el Leoncio Prado resulta, a todas luces, decisiva, no s&oacute;lo porque de ah&iacute; saca los materiales necesarios para construir esa primera gran novela, <em>La ciudad y los perros</em>, sino tambi&eacute;n por las relaciones que establece con el escritor C&eacute;sar Moro, profesor de franc&eacute;s y una de las voces m&aacute;s importantes del surrealismo peruano. Vargas Llosa se gana incluso cierto cr&eacute;dito entre los cadetes escribiendo cartas de amor y alguna que otra novelita er&oacute;tica que es recibida entre la muchachada con un estruendo de v&iacute;tores y obscenidades. Ese bienio de 1950 y 1951 es el periodo en el que se forma el gran lector que ha sido el arequipe&ntilde;o, un lector a tiempo completo que le roba horas al sue&ntilde;o, que lee con pasi&oacute;n y disimulo en las clases tediosas de matem&aacute;ticas o de instrucci&oacute;n militar, lee en los recreos, en los turnos de imaginaria, como un ant&iacute;doto frente a las limitaciones de la vida castrense:</p>
<p>&ldquo;Sumergirse en la ficci&oacute;n, escapar de la humedad blancuzca y mohosa del encierro del colegio y bregar en las profundidades del abismo submarino en el Nautilus con el capit&aacute;n Nemo, o ser Nostradamus, o el hijo de Nostradamus, o el &aacute;rabe Ahmed Ben Hassan, que rapta a la orgullosa Diana Mayo y se la lleva a vivir al desierto del S&aacute;hara, o compartir con D&rsquo;Artagnan, Porthos, Athos y Aramis las aventuras del collar de la reina, o las del hombre de la m&aacute;scara de hierro, o enfrentarse a los elementos con Han de Islandia, o a los rigores de la Alaska llena de lobos de Jack London, o, en los castillos escoceses, a los caballeros andantes de Walter Scott, o espiar a la gitanilla desde los recovecos y g&aacute;rgolas de Notre Dame con Quasimodo, o, con Gavroche, ser un pilluelo chistoso y temerario en las calles de Par&iacute;s en medio de la insurrecci&oacute;n, era m&aacute;s que un entretenimiento: era vivir la vida verdadera, la vida exaltante y magn&iacute;fica, tan superior a esa de la rutina, las bellacadas y el tedio del internado&rdquo; (p&aacute;gs. 128-129).</p>
<p>El colegio militar Leoncio Prado est&aacute; ligado a la &eacute;pica de Alejandro Dumas. Rob&aacute;ndole tiempo al tiempo, Vargas Llosa lee en las ediciones maltrechas de Tor o de Sopena, novelas como <em>El conde de Montecristo</em>, <em>Memorias de un m&eacute;dico</em>, <em>El collar de la reina</em>, <em>Angel Pitou</em> y toda la serie de los mosqueteros que terminaba con la trilog&iacute;a de <em>El vizconde de Bragelonne</em>. Una literatura llena de aventuras que parece no tener fin, porque cada historia tiene su secuela, cada obra tiene su continuaci&oacute;n, cada novela tiene su propia parentela argumental. El genio inagotable de Dumas enciende la imaginaci&oacute;n del cadete que sue&ntilde;a con una Francia culta e ilustrada, exquisita y galante, una Francia democr&aacute;tica y justa, lejos del provincianismo rampl&oacute;n que se viv&iacute;a en la Lima de mediados de siglo. En cierto sentido, todas &eacute;stas son lecturas de juventud, sin embargo, la relectura de <em>Los miserables</em> a&ntilde;os m&aacute;s tarde llev&oacute; al escritor a la certeza de que era posible concebir un proyecto de &ldquo;novela total&rdquo;, como hab&iacute;an hecho los grandes narradores en la Francia decimon&oacute;nica. Esa pasi&oacute;n por la literatura de Victor Hugo, alimentada durante a&ntilde;os, acab&oacute; culminando en una obra de gran calado interpretativo: <em>La tentaci&oacute;n de lo imposible</em> (2004).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>La pasi&oacute;n por la literatura corre pareja a su tentaci&oacute;n por el periodismo. Las relaciones entre Ernesto J. Vargas y su hijo entran en un momento m&aacute;s templado, gracias a que el joven cadete, durante el verano, colabora con la International News Service en donde trabajaba su padre, llevando boletines informativos desde ese edificio hasta el emplazamiento del diario <em>La Cr&oacute;nica</em>, situado en la calle de enfrente. El joven Varguitas vislumbra la posibilidad de ser periodista, como una forma de bordear el mundo literario y socavar de manera progresiva la autoridad paterna. Su colaboraci&oacute;n en <em>La Cr&oacute;nica</em> fue decisiva, no s&oacute;lo porque inici&oacute; su trayectoria como periodista, que ha mantenido con los diarios m&aacute;s importantes del mundo de manera ininterrumpida durante los &uacute;ltimos sesenta a&ntilde;os, sino tambi&eacute;n porque en torno al peri&oacute;dico descubre todo un mundo literario, asociado a la libertad, la noche y la bohemia. De la mano de su director literario, Carlos Ney Barrionuevo, Vargas Llosa lee por primera vez a C&eacute;sar Vallejo, y junto a &eacute;l buena parte de la poes&iacute;a moderna, en la que tiene un lugar destacado el poeta Mart&iacute;n Ad&aacute;n, visionario y extravagante, que decidi&oacute; vivir los &uacute;ltimos a&ntilde;os entre la cl&iacute;nica psiqui&aacute;trica y las tabernas lime&ntilde;as. Carlos Ney le abri&oacute; un mundo literario insospechado hasta entonces, con &ldquo;libros y autores que marcar&iacute;an con fuego&rdquo; al futuro escritor, descubriendo nombres y t&iacute;tulos que desconoc&iacute;a por completo y que ven&iacute;an a puntear el complejo mapa de la literatura moderna dentro y fuera del Per&uacute;. Junto a su amigo descubre al Malraux de <em>La condici&oacute;n humana</em> y <em>La esperanza</em>, se acerca a los poetas surrealistas, a Eguren, a la complejidad formal de Joyce y, sobre todo, debe a esas rondas nocturas su predilecci&oacute;n por la Generaci&oacute;n Perdida norteamericana, capitaneada siempre por William Faulkner y su fascinaci&oacute;n de juventud por Jean-Paul Sartre, de quien ley&oacute; en aquel verano los cuentos de <em>El muro</em>, publicados en Losada con pr&oacute;logo de Guillermo de Torre.</p>
<p>La vida bohemia y nocturna trajo nuevos problemas familiares, nuevas incomprensiones y nuevos estallidos de violencia por parte de un padre convertido en carcelero de su propia familia. Su viaje a Piura con sus t&iacute;os Lucho y Olga, en 1952, para seguir all&iacute; sus estudios le abrir&aacute; nuevas puertas y nuevos &aacute;mbitos para su condici&oacute;n de verdadero depredador de la literatura. La habitaci&oacute;n-biblioteca que ocupa est&aacute; llena de libros, los &ldquo;viejos vol&uacute;menes de Espasa-Calpe, ediciones de cl&aacute;sicos de la editorial Ateneo, y, sobre todo, la colecci&oacute;n completa de la Biblioteca Contempor&aacute;nea, de la editorial Losada, unos treinta o cuarenta ejemplares de novelas, ensayos, poes&iacute;a y teatro que estoy seguro de haber le&iacute;do de principio a fin, en ese a&ntilde;o de voraces lecturas&rdquo; (p&aacute;g. 207). Aunque de toda esa literatura la que m&aacute;s le impresion&oacute; fue la autobiograf&iacute;a de Jan Valtin, <em>La noche qued&oacute; atr&aacute;s</em>, que en cierto sentido pone en funcionamiento todos los mecanismos del compromiso social y pol&iacute;tico que debe asumir el aspirante a escritor, que ve en esta figura pol&iacute;tica una especie de santo laico. La literatura ya no es s&oacute;lo acci&oacute;n, aventura, emociones y grandes pasiones amorosas, sino tambi&eacute;n una forma de acercarse al hombre como sujeto conflictivo, cercado por todo tipo de problemas econ&oacute;micos, hist&oacute;ricos y sociales, de ah&iacute; la necesidad que plantea la sociedad moderna de generar cambios dr&aacute;sticos a trav&eacute;s de la revoluci&oacute;n y el socialismo.</p>
<p>En el colegio de San Miguel de Piura descubre la prosa preciosista de Azor&iacute;n, con obras como <em>Al margen de los cl&aacute;sicos</em> y <em>La ruta de Don Quijote</em>, autor al que dedicar&aacute; su discurso de ingreso en la Real Academia Espa&ntilde;ola en 1996. Pero Piura es m&aacute;s que Azor&iacute;n, es tambi&eacute;n la casa destartalada y pintada de verde que sirve para desbravar las pulsiones sexuales de los j&oacute;venes (y no tan j&oacute;venes) piuranos que tienen en el prost&iacute;bulo un lugar feliz para el vicio, el bullicio y el fornicio, como se dir&iacute;a en el argot cl&aacute;sico. Esa casa verde, novelada a&ntilde;os m&aacute;s tarde, lleva al joven periodista a descubrir otros prost&iacute;bulos m&iacute;ticos, como la Maison Tellier de Maupassant, y el barrio en el que se encuentra a relacionarlo con la Corte de los Milagros que aparece en las novelas de Alejandro Dumas, como una forma de completar y alimentar la realidad real con la realidad literaria. Los meses piuranos son tambi&eacute;n el momento en el que descubre su tentaci&oacute;n pol&iacute;tica, su compromiso con las injusticias sociales, el conocimiento y la reflexi&oacute;n sobre los sistemas pol&iacute;ticos que se han impuesto en las sociedades occidentales desde el siglo XIX. No obstante, el gran descubrimiento literario de este periodo es <em>Los hermanos Karamazov</em> de Dostoievsky, libro que lee mientras prepara los ex&aacute;menes para entrar en la universidad y que le provoca una agitaci&oacute;n vital e intelectual, pr&oacute;xima a las alucinaciones caracter&iacute;sticas de la socorrida contracultura.</p>
<p>Su ingreso en la Universidad Nacional de San Marcos supone una especie de cl&iacute;max intelectual y literario, no tanto por la aportaci&oacute;n de la instituci&oacute;n sanmarquina a la que considera plana, an&eacute;mica y llena de profesores lastrados por la apat&iacute;a y el servilismo oficial, como por el hecho de entrar en contacto con mundos culturales nuevos, nuevos personajes, nuevos escritores, sin olvidar en ning&uacute;n momento su fascinaci&oacute;n por la lengua y la cultura francesa con lecturas obsesivas de las obras de Gide, Camus o Saint-Exup&eacute;ry que le hacen sentirse due&ntilde;o de la lengua de Montaigne. Las relaciones de Vargas Llosa con la universidad son tormentosas y est&aacute;n llenas de tropezones y malquerencias. &ldquo;San Marcos, escribe el Nobel en sus memorias, no hab&iacute;a ca&iacute;do a&uacute;n en la decadencia que, en los sesenta y setenta, la ir&iacute;a convirtiendo en una caricatura de universidad, m&aacute;s tarde en ciudadela del mao&iacute;smo y hasta del terrorismo&rdquo; (p&aacute;g. 260). En la &eacute;poca que le toc&oacute; vivir, la vida cultural universitaria gira en torno a los <em>Siete ensayos de interpretaci&oacute;n de la realidad peruana</em> de Jos&eacute; Carlos Mari&aacute;tegui, que la mayor&iacute;a de los j&oacute;venes universitarios abrazan, en su querencia marxista, como si se tratara de un nuevo catecismo pol&iacute;tico. Al joven escritor le interesa esta visi&oacute;n de la realidad peruana, sin embargo, no cede su talento a lo inmediato, como prueba su seguimiento de la cultura francesa y europea a trav&eacute;s de las suscripciones a las revistas <em>Les Temps Modernes</em>, de Sartre y <em>Les Lettres Nouvelles</em>, de Maurice Nadeau.</p>
<p>De la mano de quien fue su gran maestro, el sabio y, en cierto sentido, &aacute;grafo, Ra&uacute;l Porras Barrenechea, el sartrecillo valiente, como se le comienza a llamar en los foros universitarios, descubre el mundo de los cronistas de Indias, con sus ristras de mitos y leyendas bombeando hacia el interior de los textos un mundo lleno de fantas&iacute;a y pulsiones literarias, que le llevan a uno de sus grandes descubrimientos de aquel 1953: <em>La rama dorada</em> de James Frazer. La literatura y la pol&iacute;tica, los dos grandes amores vargasllosianos, se estrechan con la militancia del universitario en una de las c&eacute;lulas de la reci&eacute;n fundada Cahuide, nombre con el que se trataba de mantener vivo al Partido Comunista, que permanec&iacute;a en la clandestinidad. En ese grupo de j&oacute;venes aspirantes a revolucionarios lee las <em>Lecciones elementales de filosof&iacute;a</em> de Georges Politzer, el <em>Manifiesto comunista</em> y <em>La lucha de clases en Francia</em> de Marx, El <em>Anti-D&uuml;ring</em> de Engels y el <em>Qu&eacute; hacer</em> de Lenin, textos que ofrec&iacute;an una visi&oacute;n gran&iacute;tica de la Historia y que m&aacute;s tarde, ya en Europa, fueron matizados con las lecturas de los heterodoxos o disidentes Luk&aacute;cs, Gramsci, Goldmann y Althusser.</p>
<p>Sin embargo, m&aacute;s all&aacute; de estos zarandeos pol&iacute;ticos, su vocaci&oacute;n literaria se atornilla a su condici&oacute;n de escritor embrionario con la amistad y el asesoramiento de Carlos Zavaleta, que hab&iacute;a traducido el <em>Chamber Music</em> de Joyce y era el gran conocedor de la literatura norteamericana. Fue Zavaleta quien le habl&oacute; del condado m&iacute;tico de Yoknapatawpha y le dio a conocer <em>Las palmeras salvajes</em> de Faulkner, en la traducci&oacute;n exquisita realizada por Borges:</p>
<p>&ldquo;Fue el primer escritor que estudi&eacute; con papel y l&aacute;piz a la mano, tomando notas para no extraviarme en sus laberintos geneal&oacute;gicos y mudas de tiempo y de puntos de vista, y, tambi&eacute;n, tratando de desentra&ntilde;ar los secretos de la barroca construcci&oacute;n que era cada una de sus historias, el serpentino lenguaje, la dislocaci&oacute;n de la cronolog&iacute;a, el misterio y la profundidad y las inquietantes ambig&uuml;edades y sutilezas psicol&oacute;gicas que esa forma daba a sus historias. Aunque en esos a&ntilde;os le&iacute; mucho a los novelistas norteamericanos &ndash;Erskin Caldwell, John Steinbeck, Dos Passos, Hemingway, Waldo Frank-, fue leyendo <em>Santuario</em>, <em>Mientras agonizo</em>, <em>&iexcl;Absal&oacute;n, Absal&oacute;n!</em>, <em>Intruso en el polvo</em>, <em>Estos 13</em>, <em>Gambito de caballo</em>, etc&eacute;tera, que descubr&iacute; lo d&uacute;ctil de la forma narrativa y las maravillas que pod&iacute;a conseguir en una ficci&oacute;n cuando se la usaba con la destreza del novelista norteamericano. Junto con Sartre, Faulkner fue el autor que m&aacute;s admir&eacute; en mis a&ntilde;os sanmarquinos&rdquo; (p&aacute;gs. 313-314).</p>
<p>Su descubrimiento de la literatura norteamericana tiene su propio correlato con un nuevo y sorprendente hallazgo, el de la literatura hispanoamericana, m&aacute;s all&aacute; de los productos regionalistas y costumbristas de los que siempre ha huido, como el p&aacute;jaro de la plaga, por utilizar una imagen de &Aacute;lvaro Mutis, con esa man&iacute;a de convertir lo tel&uacute;rico en el centro de la creaci&oacute;n, como ocurre en los t&iacute;tulos cl&aacute;sicos de la &eacute;poca como <em>Raza de bronce</em> de Alcides Arguedas, <em>Huasipungo</em> de Jorge Icaza, <em>La vor&aacute;gine</em> de Jos&eacute; Eustasio Rivera, <em>Do&ntilde;a B&aacute;rbara</em> de R&oacute;mulo Gallegos o <em>Don Segundo Sombra</em> de Ricardo G&uuml;iraldes. Quien hace de Virgilio en esta nueva traves&iacute;a por los laberintos de la creaci&oacute;n latinoamericana es, de nuevo, un compa&ntilde;ero de estudios, en esta ocasi&oacute;n de la Universidad Cat&oacute;lica, llamado Luis Loayza, un entusiasta de Camus, de Henry James, Paul Bowles y Truman Capote, que se burla de Sartre, que reverencia a Borges en una &eacute;poca en que el gran escritor argentino era todav&iacute;a bastante desconocido, y gracias a Loayza, Vargas Llosa tiene acceso a figuras como Alfonso Reyes, Adolfo Bioy Casares, Juan Jos&eacute; Arreola, Octavio Paz o Juan Rulfo, quien para esas fechas ya hab&iacute;a publicado todo lo que nos ha dejado, sin olvidar tampoco la labor &iacute;mproba realizada por la argentina Victoria Ocampo desde su revista <em>Sur</em>, autora por la que siente una devoci&oacute;n muy especial.</p>
<p>En medio del trasiego acad&eacute;mico sanmarquino, el periodista Varguitas, como se le conoce, asiste a los seminarios sobre literatura hispanoamericana que imparte el gran pol&iacute;grafo peruano Luis Alberto S&aacute;nchez, que hab&iacute;a vuelto del exilio en 1956. Con &eacute;l conoce a Rub&eacute;n Dar&iacute;o y sigue la impronta est&eacute;tica del vate nicarag&uuml;ense en los poetas espa&ntilde;oles Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez y Antonio Machado, as&iacute; como en Vallejo y el propio Neruda. Vargas Llosa decide entonces realizar su tesis doctoral sobre la po&eacute;tica de Dar&iacute;o y para ello consigue una de las mejores becas del momento, la Javier Prado, que le permitir&iacute;a una estancia larga en Madrid, y los saltos oportunos m&aacute;s all&aacute; de los Pirineos, para vivir esas ciudades engrandecidas en el imaginario latinoamericano, como Par&iacute;s y Londres, fundamentales para que el escritor d&eacute; un giro internacional a su literatura.<strong> <br /></strong></p>
<p><strong>De los l&aacute;pices afilados al lector total</strong></p>
<p>Es un hecho demostrable, como recuerda Jordi Gracia en una de las notas aparecidas a ra&iacute;z de la concesi&oacute;n del Nobel, que no siempre detr&aacute;s de un gran escritor se encuentra un gran lector: &ldquo;Ni suele ser as&iacute; ni hay ninguna obligaci&oacute;n para que suceda as&iacute;. Lo excepcional es m&aacute;s bien lo contrario. Cuando hay un buen lector perspicaz, imaginativo, l&uacute;cido y adem&aacute;s concurre el don de desentra&ntilde;ar el coraz&oacute;n que bombea en los libros de los otros, entonces el n&uacute;mero de candidatos se reduce ya dr&aacute;sticamente. Vargas Llosa vive en ese reducid&iacute;simo grupo que lo tiene todo: es un deslumbrante ensayista literario sin reservas, quiz&aacute; porque luch&oacute; desde muy temprano con la ansiedad por comprender los mecanismos de la novela, el modo en el que funcionan artefactos virtualmente invisibles y sin embargo terriblemente eficaces&rdquo;<a title="" href="#_ftn2">[2]</a>. En cierto sentido, su labor como cr&iacute;tico y ensayista ha sido, hasta cierto punto, un espl&eacute;ndido reverso a su universo creativo, dando variedad y juego a sus &ldquo;demonios personales&rdquo; que le han llevado a una doble direcci&oacute;n: el lector voraz que descubre de forma incesante autores, temas y escuelas y aquel que ha aprendido de los maestros del g&eacute;nero narrativo toda una constelaci&oacute;n de t&eacute;cnicas que ha utilizado para enriquecer y engrandecer su propia obra. En todo este proceso ha resultado fundamental su tenacidad, su rigor, su disciplina &ldquo;vargasllosiana&rdquo;, contribuyendo de forma decisiva sus estancias europeas para alcanzar un registro literario verdaderamente internacional y cosmopolita. Muchos de estos ensayos<a title="" href="#_ftn3">[3]</a>, como recuerda Joaqu&iacute;n Marco<a title="" href="#_ftn4">[4]</a>, han sufrido su particular peregrinaje intergen&eacute;rico, desde la conferencia, el curso magistral dictado en alguna universidad importante, el art&iacute;culo period&iacute;stico o el pr&oacute;logo a sus obras favoritas, hasta convertirse en un libro de referencia dentro de su bibliograf&iacute;a, como as&iacute; ha pasado con <em>La verdad de las mentiras</em> y con los estudios dedicados a Jos&eacute; Mar&iacute;a Arguedas, Victor Hugo o Juan Carlos Onetti.</p>
<p>Su viaje a Madrid en 1959 para realizar su tesis doctoral en la Universidad Complutense, resulta fundamental, porque aqu&iacute; se topa de bruces con el clima rancio del franquismo exaltado, frente al aluvi&oacute;n cultural vivido en Par&iacute;s, con el auge del existencialismo con dos figuras de relumbr&oacute;n, como Sartre y Camus, y toda una pl&eacute;yade de revistas literarias que estaban fomentando y divulgando la literatura y la cultura latinoamericanas. Esta es una de las razones, quiz&aacute;s la principal, por la que a finales de ese a&ntilde;o se muda a la capital francesa, lo que le posibilita entrar en contacto con los escritores del &ldquo;novueau roman&rdquo;, como Michel Butor o Alain Robbe-Grillet, que compaginaron creaci&oacute;n y ensayo. Son los a&ntilde;os fuertes de los te&oacute;ricos de la literatura como Derrida, Foucault, Habermas, Kristeva o Fukuyama, a los que nunca cita, aunque los conozca al dedillo, entre otras razones porque Vargas Llosa ha creado su propio sistema anal&iacute;tico.</p>
<p>Es evidente que sus lecturas est&aacute;n acordes con su propia inflexi&oacute;n o maduraci&oacute;n ideol&oacute;gica, tal y como puede rastrearse en los textos que a lo largo de los a&ntilde;os dedic&oacute; a Sartre y a Camus, recogidos m&aacute;s tarde en su obra <em>Contra viento y marea</em>. Frente al intelectual desde&ntilde;oso y remilgado en asuntos sociales y pol&iacute;ticos, Sartre propone al escritor comprometido con su tiempo, que toma partido ante las coyunturas econ&oacute;micas dif&iacute;ciles, que se convierte en vocero frente a los ataques dirigidos contra la libertad y la dignidad de los pueblos. Esta visi&oacute;n &eacute;tica del escritor encuentra su propio ant&iacute;doto en algunas posturas un tanto disparatadas y extremas del fil&oacute;sofo franc&eacute;s que chocan con la mentalidad abierta e inquieta del joven Vargas Llosa. Sartre llega a proponer que la escritura se produzca como producto cultural en las sociedades avanzadas, mientras que en los pa&iacute;ses pobres o en v&iacute;as de desarrollo el escritor deb&iacute;a cancelar su vocaci&oacute;n literaria para dedicarse a otros menesteres m&aacute;s &uacute;tiles para la sociedad<a title="" href="#_ftn5">[5]</a>. En cierto sentido, la tesis sartreana ven&iacute;a a cuestionar aspectos fundamentales del quehacer literario vargasllosiano, como es el compromiso del escritor con su mundo, con su obra, con su lenguaje, de ah&iacute; que el peruano se distanciara de este esquema maniqueo poniendo los puntos sobre las &iacute;es: &ldquo;la literatura cambia la vida, pero de una manera gradual, no inmediatamente, y nunca directamente, sino a trav&eacute;s de ciertas conciencias individuales que ayuda a formar&rdquo;<a title="" href="#_ftn6">[6]</a>.</p>
<p>Su distanciamiento de Sartre coincide con un acercamiento generoso a la literatura y a la dimensi&oacute;n humana de Albert Camus. Estamos a comienzos de la d&eacute;cada de los a&ntilde;os setenta y el comunismo ortodoxo ha presentado su cara menos amable con la invasi&oacute;n sovi&eacute;tica de la antigua Checoslovaquia y el famoso &ldquo;caso Padilla&rdquo; en Cuba, que dividi&oacute; de forma irreconciliable a la intelectualidad a ambos lados del oc&eacute;ano com&uacute;n<a title="" href="#_ftn7">[7]</a>. El descr&eacute;dito de las utop&iacute;as revolucionarias lleva a Vargas Llosa a canjear a los te&oacute;ricos del marxismo por otros autores que pueden ser considerados disidentes de la llamada idolatr&iacute;a de la Historia, reemplazando el compromiso socialista por el compromiso &eacute;tico con el hombre moderno. De Camus le interesa su sentido del hombre integrado en la sociedad y en el mundo natural, enriquecido con los valores que vienen del mundo cl&aacute;sico y que se concretan en la amistad, el valor, el honor o la solidaridad, sin olvidar la importancia que tiene en las relaciones humanas la moderaci&oacute;n, la raz&oacute;n, la tolerancia, la prudencia y, por encima de todo, la libertad individual para alcanzar la libertad de los pueblos, tal y como dej&oacute; reflejado en su libro <em>Entre Sartre y Camus</em> de 1981. Es m&aacute;s, esa visi&oacute;n del hombre total camusiana tiene efectos estimulantes para un Vargas Llosa obsesionado en la b&uacute;squeda de una novela total.</p>
<p>Si hay un autor que parece ser el alter ego del arequipe&ntilde;o ese es, sin duda alguna, Gustav Flaubert, cuya producci&oacute;n novelesca constituye el inicio de la modernidad narrativa. Desde que la ley&oacute; por primera vez, all&aacute; por 1959, <em>Madame Bovary</em> pas&oacute; a ser el paradigma de la estructura narrativa perfecta, cuya simetr&iacute;a era capaz de crear un mundo aut&oacute;nomo y autosuficiente, como una s&iacute;ntesis perfecta de la vida, donde los sentimientos y la subjetividad de los personajes se hac&iacute;an tangibles y objetivables. Vargas Llosa queda atrapado no s&oacute;lo en la lectura de esta obra mayor de las letras francesas, sino tambi&eacute;n en su proceso de creaci&oacute;n, minucioso y lleno de tensiones creativas, que dio como resultado la impersonalidad y, a veces, la invisibilidad del narrador flaubertiano, que por momentos parece un suplantador de Dios. Flaubert ofrece al lector un c&oacute;ctel extraordinario donde se mezclan la violencia, el sexo, lo sublime y lo vulgar, como formas poli&eacute;dricas de representar la complejidad de la realidad que tiene todo tipo de anclajes en el mundo objetivo. A Flaubert le dedicar&aacute; uno de sus ensayos m&aacute;s logrados y vigorosos,<em> La org&iacute;a perpetua: Flaubert y Madame Bovary</em> (1975).</p>
<p>Si hay un autor omnipresente a lo largo y ancho del continente americano en la d&eacute;cada del sesenta &eacute;se es, sin duda alguna, William Faulkner, visible y presente, de una u otra manera, en las creaciones de Onetti, de Carlos Fuentes, de Otero Silva, de Garc&iacute;a M&aacute;rquez o del propio Vargas Llosa, que parece haberlo le&iacute;do y desmontado con la paciencia de un relojero desde su &eacute;poca de estudiante universitario. La narrativa faulkneriana no s&oacute;lo forma parte del bagaje cultural del Nobel peruano, tambi&eacute;n lo es de su mundo narrativo, especialmente el que aparece en <em>La casa verde</em>, tal y como reconoci&oacute; algunos a&ntilde;os m&aacute;s tarde en la <em>Historia secreta de una novela</em> (1971). <em>El sonido y la furia</em>, <em>Mientras agonizo</em>, <em>Luz de agosto</em>, <em>Las palmeras salvajes</em> son algunos de los t&iacute;tulos a los que vuelve una y otra vez, porque en estas novelas del ciclo de Yoknapatawpha, descubre una escritura sublime, a mitad de camino entre lo religioso, lo m&iacute;tico y lo &eacute;pico, donde los matices, las evocaciones, las resonancias, las simbolog&iacute;as y las anfibolog&iacute;as se multiplican hasta lo indecible. Faulkner le da el modelo de un mundo m&iacute;tico, como el que aparecer&aacute; en <em>La casa verde</em>, en el que echa a andar un enjambre de personajes en perfecta tensi&oacute;n con el entorno que les ha tocado vivir. Vargas Llosa supera las formas decimon&oacute;nicas de la narraci&oacute;n, para construir un relato que fluye gracias al mon&oacute;logo interior m&uacute;ltiple, que supone, una nueva forma de perspectivismo, siguiendo, aunque sea de lejos, la estela cervantina. Faulkner legitima, en cierto sentido, la sustituci&oacute;n de un narrador omnisciente por un verdadero mosaico de narradores-pensantes que se mueven a saltos por entre una mara&ntilde;a de trampas espacio-temporales que convierten la narrativa vargasllosiana en una obra llena de indicios y matices, donde la complejidad argumental ha devorado literalmente cualquier forma de narraci&oacute;n lineal.</p>
<p>Uno de los grandes aciertos lectores y cr&iacute;ticos de Vargas Llosa consiste en haberse convertido en el rescatador m&aacute;s ilustre de la novela de Joanot Martorell, <em>Tirant lo Blanc</em>, publicada en 1490 y por la que el propio Cervantes, en boca de don Quijote, sent&iacute;a una admiraci&oacute;n completa y sin fisuras. De ella dice en su &ldquo;Carta de batalla por <em>Tirant lo Blanc</em>&rdquo; que es &ldquo;fant&aacute;stica, hist&oacute;rica, militar, social, er&oacute;tica, psicol&oacute;gica: todas esas cosas a la vez y ninguna de ellas exclusivamente, ni m&aacute;s ni menos que la realidad. M&uacute;ltiple, admite diferentes y antag&oacute;nicas lecturas y su naturaleza var&iacute;a seg&uacute;n el punto de vista que se elija para ordenar su caos&rdquo; (p&aacute;g. 49). La pone como ejemplo de lo que siglos m&aacute;s tarde ser&iacute;a el antecedente del &ldquo;realismo total&rdquo; y a su creador como un suplantador de Dios. Martorell cre&oacute; su obra maestra a partir de los materiales de su &eacute;poca, sin hacer discriminaciones, mezclando niveles que pod&iacute;an resultar inc&oacute;modos para la cultura oficial del momento. Su actitud es abiertamente deicida, de fagocitaci&oacute;n de la realidad, mostrando las costuras de su entorno, al tiempo que trasciende su &eacute;poca para erigirse en una novela total y totalizadora.</p>
<p>Un rasgo sobresaliente que la cr&iacute;tica vargasllosiana ha se&ntilde;alado de forma un&aacute;nime es la generosidad con que el arequipe&ntilde;o se ha acercado a otros autores, muchos de ellos contempor&aacute;neos y coet&aacute;neos, rivales incluso en el mercado del libro, en las listas de los m&aacute;s vendidos, en los m&aacute;s utilizados e investigados en el ranking venenoso de los circuitos universitarios. As&iacute; naci&oacute; <em>Garc&iacute;a M&aacute;rquez: historia de un deicidio</em> en 1971. Primero fue tesis doctoral, bajo la direcci&oacute;n del gran dialect&oacute;logo Alonso Zamora Vicente y m&aacute;s tarde libro de coleccionistas obsesivos porque la edici&oacute;n fue pulverizada de las librer&iacute;as tras los encontronazos personales entre los antiguos compinches literarios. Hasta hace unos a&ntilde;os, en el 2006, que fue publicado en sus <em>Obras Completas</em> por el C&iacute;rculo de Lectores / Galaxia Gutenberg, el ensayo m&aacute;s completo y rompedor sobre el Nobel cataquero s&oacute;lo pod&iacute;a ser consultado en bibliotecas, circulando alegremente entre varias generaciones de estudiantes como texto fotocopiado para regocijo de los multicopistas. Un intento totalizador parecido puede observarse en su obra <em>La utop&iacute;a arcaica. Jos&eacute; Mar&iacute;a Arguedas y las ficciones del indigenismo</em>, de 1996, texto tan aplaudido como criticado en el momento de su publicaci&oacute;n, porque si bien en &eacute;l hay un homenaje sentido a la figura de Arguedas como creador, como escritor-bisagra que conecta dos mundos, dos culturas, dos lenguas, al tiempo que el m&aacute;s brillante y mejor formado de los Vargas Llosa pulveriza con infinidad de argumentos cada uno de los entresijos del pensamiento arguediano, cuestionando desde cualquier m&eacute;dula literaria y filos&oacute;fica viable la posibilidad de mantener un mundo ind&iacute;gena y arc&aacute;dico, alejado del progreso, la ciencia, la tecnolog&iacute;a, los grandes pasos dados por la humanidad para la mejora de las sociedades. Mucho m&aacute;s liviano, pero igualmente sentido y afilado resulta su estudio sobre la narrativa onettiana, publicado en el 2008 para conmemorar el centenario del nacimiento del escritor uruguayo, bajo el t&iacute;tulo <em>El viaje a la ficci&oacute;n. El mundo de Juan Carlos Onetti</em>.</p>
<p>En un ensayo algo discutible en su formato, tildado de simpl&oacute;n en abierto contraste con la profundidad de las teor&iacute;as expuestas, <em>Cartas a un joven novelista</em> (1997), el escritor peruano re&uacute;ne toda una serie de conceptos que ha ido espigando a lo largo de su trayectoria literaria, como ejemplo para los futuros novelistas. Ah&iacute; encontramos explicados conceptos y marbetes como la &ldquo;par&aacute;bola de la solitaria&rdquo;, el <em>catoblepas</em>, las mudas y el salto cualitativo, la caja china, el dato escondido, los vasos comunicantes, adem&aacute;s de los demonios literarios y personales que son una constante en una parte de su obra ensay&iacute;stica, desarrollando su concepci&oacute;n del estilo, el espacio y el tiempo como elementos estructurales de cualquier obra. Son todos ellos conceptos que ha manejado desde sus primeros pinitos literarios con la intenci&oacute;n de &ldquo;escribir historias que deslumbraran a sus lectores como me hab&iacute;an deslumbrado a m&iacute; las de esos escritores que empezaba a instalar en mi pante&oacute;n privado: Faulkner, Hemingway, Malraux, Dos Passos, Camus, Sartre&rdquo;<a title="" href="#_ftn8">[8]</a>. Y para cada concepto Vargas Llosa ha recurrido a su bagaje lector, presentando ejemplos novelescos o cuent&iacute;sticos que resultan, la mayor parte de las veces, rutilantes, de gran acierto y con un trasfondo pedag&oacute;gico innegable que ponen de relieve la calidad docente de quien ha ejercido la ense&ntilde;anza universitaria por medio mundo en las mejores tribunas acad&eacute;micas.</p>
<p>La met&aacute;fora de la solitaria hab&iacute;a sido utilizada por el novelista norteamericano Thomas Wolfe, el maestro de Faulkner, autor de dos ambiciosas novelas que recomienda, como <em>Del tiempo y el r&iacute;o</em> y <em>El &aacute;ngel que nos mira</em>. Si la necesidad imperiosa de escribir y de crear mundos ficticios se apoya en la imagen del par&aacute;sito, Vargas Llosa recurre a la imagen mitol&oacute;gica del <em>catoblepas</em>, la criatura que se alimenta de s&iacute; misma,&nbsp; cuando hace referencia a la realidad intr&iacute;nseca que subyace a toda ficci&oacute;n, por muy fant&aacute;stica que &eacute;sta sea. Como ha afirmado en otro lugar: &ldquo;Yo creo que todas las novelas son autobiogr&aacute;ficas y que s&oacute;lo pueden ser autobiogr&aacute;ficas (&hellip;) la habilidad del escritor, del novelista, no est&aacute; en crear propiamente sino en disimular, en enmascarar, en disfrazar lo que hay de personal en lo que escribe&rdquo;<a title="" href="#_ftn9">[9]</a>. Esta extra&ntilde;a criatura procedente de los bestiarios medievales ya fue utilizada por Flaubert en <em>La tentaci&oacute;n de San Antonio</em>, y m&aacute;s tarde por Borges en su <em>Manual de Zoolog&iacute;a Fant&aacute;stica</em>. La b&uacute;squeda de escritores que alimentan la ficci&oacute;n de sus propias entra&ntilde;as lo lleva a considerar a Marcel Proust como el verdadero escritor-catoblepas, porque gracias a su literatura &ldquo;transform&oacute; los episodios bastante convencionales de su existencia en un esplendoroso tapiz, en deslumbrante representaci&oacute;n de la condici&oacute;n humana&rdquo; (p&aacute;g. 1304).</p>
<p>Al hablar del estilo reconoce que hay autores muy correctos desde el punto de vista gramatical, acordes con el canon estil&iacute;stico imperante en una &eacute;poca &ndash;&ldquo;como Cervantes, Stendhal, Dickens, Garc&iacute;a M&aacute;rquez&rdquo;, y otros m&aacute;s d&iacute;scolos desde el punto de vista gramatical y el estilo de la &eacute;poca: &ldquo;como Balzac, Joyce, P&iacute;o Baroja, C&eacute;line, Cort&aacute;zar y Lezama Lima&rdquo;. Se considera deudor de la poderosa capacidad inventiva de Joyce, genial en la utilizaci&oacute;n del mon&oacute;logo interior, al tiempo que se siente atra&iacute;do por el estilo abrupto y desconcertante de Louis-Ferdinad C&eacute;line, sobre todo en lo referido a su novela m&aacute;s emblem&aacute;tica, <em>Viaje al final de la noche</em>, aunque dejando bien claro el rezacho e, incluso, la repugnancia que le producen sus actitudes racistas y fascistoides que convirtieron a C&eacute;line en un icono del colaboracionismo nazi. De Carpentier critica su amaneramiento estil&iacute;stico y acad&eacute;mico, su barroquismo lleno de arca&iacute;smos y artificios, que dan, no obstante, un rendimiento extraordinario cuando se trata de una novela como <em>El reino de este mundo</em>, a la que considera como &ldquo;obra maestra absoluta&rdquo;. A Borges lo encumbra como uno de los prosistas m&aacute;s originales de la lengua espa&ntilde;ola, &ldquo;acaso el m&aacute;s grande que &eacute;sta haya producido en el siglo XX&rdquo; (p&aacute;g. 1318), raz&oacute;n por la que ha podido ejercer una influencia nefasta entre los j&oacute;venes narradores, que han tratado de imitarlo hasta la banalizaci&oacute;n del estilo, algo que tambi&eacute;n ha sucedido con el otro gran imitado del siglo XX, el Nobel colombiano Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez.</p>
<p>En sus consideraciones sobre el estilo de los nuevos narradores propone como &uacute;nica estrategia posible la lectura voraz para enriquecer el lenguaje, y seguir paso a paso las trayectorias novel&iacute;sticas de dos arietes de la narrativa mundial: Faulkner y flaubert. El primero de ellos fundamental por la utilizaci&oacute;n de un lenguaje &uacute;nico, con resonancias m&iacute;ticas y &eacute;picas, y atravesado por todo tipo de referencias religiosas; el segundo, Flaubert, porque es el escritor de la estructura y la simetr&iacute;a perfectas, el genio esculpido palabra a palabra, el art&iacute;fice de un lenguaje justo y exacto, depurado hasta l&iacute;mites indecibles para representar la idea exacta.</p>
<p>Cada uno de los ejemplos que utiliza para apuntalar sus teor&iacute;as literarias tienen en com&uacute;n la huella dejada en su formaci&oacute;n como escritor, mostrando una pulsi&oacute;n literaria ecl&eacute;ctica, que trasciende &eacute;pocas, estilos y fronteras, lo que le lleva a citar como textos paradigm&aacute;ticos <em>Las uvas de la ira</em> de John Steinbeck, <em>El empleo del tiempo</em> de Michel Butor, <em>Aura</em> de Carlos fuentes, <em>Juan sin tierra</em> de Juan Goytisolo, <em>Cinco horas con Mario</em> de Delibes, el <em>Gal&iacute;ndez</em> de V&aacute;zquez Montalb&aacute;n, <em>Moby Dick</em> de Herman Melville o ese monumento a la desolaci&oacute;n que es <em>Mientras agonizo</em> de William Faulkner. Considera <em>Los miserables</em> como &ldquo;una de las m&aacute;s ambiciosas creaciones narrativas de ese gran siglo novelesco, una historia que est&aacute; amasada con todas las grandes experiencias sociales, culturales y pol&iacute;ticas de su tiempo y las vividas por Victor Hugo a lo largo de los casi treinta a&ntilde;os que le tom&oacute; escribirla (retomando el manuscrito varias veces despu&eacute;s de largos intervalos)&rdquo; (p&aacute;g. 1330). Este ejemplo de obra mayor del siglo XIX, s&oacute;lo puede ser comparado la &ldquo;otra catedral del g&eacute;nero novelesco&rdquo;: <em>Madame Bovary</em>.</p>
<p>Al hablar del tratamiento temporal, se&ntilde;ala casos verdaderamente notables, como &ldquo;Regreso a la semilla&rdquo; de Carpentier, una novela con un arranque prenatal como es el <em>Tristan Shandy</em> de Lawrence Sterne, o <em>El tambor de hojalata</em> de G&uuml;nter Grass, cuyo protagonista decide no crecer, o el de <em>Rayuela</em>, novela l&uacute;dica y experimental que fractura cualquier concepto tradicional de la estructura narrativa o <em>La m&aacute;quina del tiempo</em> de H. G. Wells (el viajero del futuro que vuelve con la rosa en la mano, lo que fascin&oacute; a Borges) o el relato &ldquo;La trama celeste&rdquo; de Bioy Casares.</p>
<p>Como ejemplo de la maestr&iacute;a en los puntos de vista cita la novela de Henry James, <em>Otra vuelta de tuerca</em>. Rescata por su inter&eacute;s t&eacute;cnico la <em>La celos&iacute;a</em> de Alain Robbe-Grillet, al que prefiere como autor, m&aacute;s que como te&oacute;rico, tild&aacute;ndolo de pobre y aburrido. Lugar destacado le concede al <em>Orlando</em> de Virginia Woolf, a la que considera &ldquo;otra de las grandes escritoras de la novela moderna&rdquo;, al tiempo que destaca como obras mayores de la literatura <em>El castillo</em> y <em>El proceso</em> de Kafka, el <em>Pedro P&aacute;ramo </em>de Rulfo y a Julio Cort&aacute;zar como uno de los escritores m&aacute;s sobresalientes en el uso de la muda o el salto cualitativo en la nueva narrativa latinoamericana. <em>La vida breve</em> de Onetti le sirve para ejemplificar su teor&iacute;a sobre las estructuras ficcionales de inclusi&oacute;n, como &ldquo;la caja china&rdquo; y utiliza la <em>Rayuela</em> de Cort&aacute;zar y <em>Las palmeras salvajes</em> de Faulkner para exponer a ese joven novelista que lee su ensayo sobre las ventajas que tiene la utilizaci&oacute;n de los vasos comunicantes en la b&uacute;squeda de una estructura total y totalizadora de la novela. Sin embargo, es, en lo que &eacute;l llama &ldquo;el dato escondido&rdquo;, donde Vargas Llosa hace coincidir los ejemplos m&aacute;s representativos con sus propias devociones literarias, como ocurre con el cuento &ldquo;Los asesinos&rdquo; de Hemingway, con su novela <em>Fiesta</em> o con la monumental <em>Santuario</em> de Faulkner, en el que el enigma que contagia toda la narraci&oacute;n tiene que ver con la impotencia de un personaje encanallado y siniestro como Popeye, quien desflora a Temple Drake con una mazorca. Sin embargo, para el peruano es de nuevo el <em>Tirant lo Blanc</em> la novela paradigm&aacute;tica en la utilizaci&oacute;n del dato escondido, anticip&aacute;ndose en varios siglos a la novela moderna.</p>
<p>Es evidente que s&oacute;lo hay que echarle un vistazo a vuelapluma a la biblioteca vargasllosiana para certificar que su potencialidad creadora ha corrido pareja a su capacidad para la lectura, la cr&iacute;tica y el ensayo. Puestas juntas y en hilera sus obras de creaci&oacute;n y de cr&iacute;tica, el lector contempla con asombro los muchos cent&iacute;metros de talento que aquel ni&ntilde;o que aspiraba a ser un marino, para parecerse a los h&eacute;roes de las novelas de aventuras que le&iacute;a, ha conseguido cincelar como un escribidor incansable, con una paciencia y un rigor de picapedreros, acerc&aacute;ndose, desde su condici&oacute;n agn&oacute;stica, a una especie de santidad laica, aquella que se consigue con la excelencia en el trabajo y la disciplina de hierro con que ha sabido renunciar a casi todo a favor de una obra que le sobrevivir&aacute; m&aacute;s all&aacute; de las miserias del cuerpo. Le&iacute;da en su conjunto la impresionante obra vargasllosiana tenemos la certeza de que no s&oacute;lo ha sido un incansable buscador y ejecutor de la llamada &ldquo;novela total&rdquo;, tambi&eacute;n ha sido, y es, un &ldquo;escritor total&rdquo;, cuya sagacidad literaria lo sit&uacute;a muy arriba en el parnaso de las letras en espa&ntilde;ol desde mediados del pasado siglo. Quiz&aacute;s sea la necesidad de salvaguardarse de las traiciones de la memoria y de protegerse entre los repliegues de la mejor literatura lo que ha motivado que su discurso de aceptaci&oacute;n del Premio Nobel, posiblemente el m&aacute;s importante de su vida, lo haya titulado &ldquo;Elogio de la lectura y la ficci&oacute;n&rdquo;, como una forma de exorcizar las miserias con que todo hombre tiene que luchar a brazo partido m&aacute;s all&aacute; de la magia de los libros.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>El pez en el agua</em>, Madrid, Alfagura, 2&ordf; edici&oacute;n de 2010, p&aacute;g. 22. En adelante cito siempre por esta edici&oacute;n en el propio texto.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Diario <em>P&uacute;blico</em>, viernes 8 de octubre de 2010.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref3"><strong>[3]</strong></a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Carta de batalla por Tirant lo Blanc</em>, pr&oacute;logo a la novela de Joanot Martorell (1969); <em>Garc&iacute;a M&aacute;rquez: historia de un deicidio</em> (1971); <em>Historia secreta de una novela</em> (1971); <em>La org&iacute;a perpetua: Flaubert y "Madame Bovary"</em> (1975); <em>Entre Sartre y Camus, ensayos</em> (1981); <em>Contra viento y marea</em>. Volumen I (1962-1982) (1983); <em>La suntuosa abundancia</em>, ensayo sobre Fernando Botero (1984); <em>Contra viento y marea</em>. Volumen II (1972-1983) (1986); <em>Contra viento y marea</em>. Volumen III (1964-1988) (1990); <em>La verdad de las mentiras: ensayos sobre la novela moderna</em> (1990); <em>Carta de batalla por Tirant lo Blanc</em> (1991); <em>Un hombre triste y feroz</em>, ensayo sobre George Grosz (1992); <em>Desaf&iacute;os a la libertad</em> (1994); <em>La utop&iacute;a arcaica. Jos&eacute; Mar&iacute;a Arguedas y las ficciones del indigenismo</em> (1996); <em>Cartas a un joven novelista </em>(1997); <em>El lenguaje de la pasi&oacute;n</em> (2001); <em>La tentaci&oacute;n de lo imposible</em>, ensayo sobre Los Miserables de Victor Hugo (2004); <em>El viaje a la ficci&oacute;n</em>, ensayo sobre Juan Carlos Onetti (2008); <em>Sables y utop&iacute;as. Visiones de Am&eacute;rica Latina</em> (2009).&nbsp;</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; V&eacute;ase su pr&oacute;logo a los <em>Ensayos Literarios I</em>, con el t&iacute;tulo &ldquo;El reverso de la creaci&oacute;n&rdquo;, en <em>Obras Completas IV</em>, Barcelona, Galaxia Gutenberg / C&iacute;rculo de Lectores, 2006, p&aacute;gs. 9-29.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Los otros contra Sartre&rdquo; de 1964 en <em>Contra viento y marea (1962-1982)</em>, Barcelona, Seix Barral, 1983, p&aacute;gs. 38-42.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ib&iacute;dem., p&aacute;gs. 39-40.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; V&eacute;ase el excelente libro de Pablo S&aacute;nchez, <em>La emancipaci&oacute;n enga&ntilde;osa. Una cr&oacute;nica transatl&aacute;ntica del boom (1963-1972)</em>, Alicante, Cuadernos de <em>Am&eacute;rica sin nombre</em>, 2009.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref8">[8]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Recogido en <em>Ensayos Literarios I</em>, op. cit., p&aacute;g. 1293. En adelante cito por esta edici&oacute;n en el propio texto.</p>
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<div>
<p><a title="" href="#_ftnref9">[9]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;La novela&rdquo;, conferencia de 1966, recogida en el volumen <em>Los novelistas como cr&iacute;ticos II</em> (edit. Norma Klahn y Wilfrido H.Corral), M&eacute;xico, F.C.E., 1991, p&aacute;gs. 344-345.</p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Sun, 03 Nov 2013 23:00:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Javier Cercas presentará el 30 aniversario de la revista "Turia"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/javier-cercas-presentara-el-30-aniversario-de-la-revista-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/JAVIER_CERCAS.jpg" alt="" /></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em>Se edita un n&uacute;mero especial con textos in&eacute;ditos de grandes autores.</em></p>
<p class="Textoindependiente21"><em>La nueva entrega se dar&aacute; a conocer en Teruel, el pr&oacute;ximo 19 de noviembre.</em></p>
<p class="Textoindependiente21"><em><br /></em></p>
<p class="Textoindependiente21"><em><br /></em></p>
<p class="Textoindependiente21">El escritor Javier Cercas ser&aacute; el encargado de presentar en Teruel, el pr&oacute;ximo d&iacute;a 19 de noviembre, el n&uacute;mero conmemorativo del 30 aniversario de la revista cultural TURIA. Ser&aacute; un sumario especial, con textos in&eacute;ditos de algunos de los grandes autores que han colaborado con esta publicaci&oacute;n cuatrimestral. No en vano, la revista siempre se ha caracterizado por su capacidad integradora de la rica y diversa creatividad literaria contempor&aacute;nea.&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">Javier Cercas respaldar&aacute; con su presencia en Teruel esa filosof&iacute;a de trabajo que ha caracterizado a TURIA y que ha sido el secreto de su &eacute;xito: ser capaz de reunir en sus p&aacute;ginas lo universal y lo local, a los autores emergentes y a los cl&aacute;sicos de nuestros d&iacute;as.</p>
<p class="Textoindependiente21">Fundada en 1983, TURIA ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia y ha situado a Teruel en el mapa literario en espa&ntilde;ol, gracias a su difusi&oacute;n nacional e internacional por suscripci&oacute;n. En sus p&aacute;ginas han publicado m&aacute;s de mil autores de diversas procedencias est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas, lo que da idea de la riqueza y pluralidad de sus contenidos. Como reconocimiento a su labor, la revista obtuvo en 2002 el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>
<p class="Textoindependiente21">A partir del pasado mes de mayo, adem&aacute;s de su edici&oacute;n en papel la revista TURIA tiene ya una versi&oacute;n digital, a trav&eacute;s de una nueva web y de una p&aacute;gina en Facebook que est&aacute; obteniendo una muy favorable acogida.</p>
<p><strong>UN SUMARIO MUY ATRACTIVO&nbsp; PARA LOS LECTORES</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">Entre los escritores que participan con textos in&eacute;ditos en este n&uacute;mero 108 de TURIA figuran premios Cervantes como Antonio Gamoneda, o ilustres premiados con el Pr&iacute;ncipe de Asturias como el italiano Claudio Magris; acad&eacute;micos como Luis Mateo D&iacute;ez, Jos&eacute; Mar&iacute;a Merino y Soledad Pu&eacute;rtolas, o editores de prestigio como Jorge Herralde o Jacobo Siruela.</p>
<p class="Textoindependiente21">Destacados nombres propios de la narrativa contempor&aacute;nea como Antonio Tabucchi, Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n o Javier Tomeo (de quien se anticipa un cap&iacute;tulo de su libro p&oacute;stumo &ldquo;El hombre bicolor&rdquo;), o poetas como Joan Margarit, Luis Alberto de Cuenca, Clara Jan&eacute;s, Vicente Molina Foix, Luis Antonio de Villena, Andr&eacute;s Trapiello, Luis Garc&iacute;a Montero, &Aacute;ngel Guinda o el portugu&eacute;s Nuno J&uacute;dice, tambi&eacute;n se suman con trabajos in&eacute;ditos a esta celebraci&oacute;n.</p>
<p><strong>JAVIER CERCAS Y &ldquo;TURIA&rdquo;</strong></p>
<p>Javier Cercas es, sin duda, uno de los autores m&aacute;s interesantes del actual panorama de las letras espa&ntilde;olas. El escritor extreme&ntilde;o, aunque radicado desde hace tiempo en Catalu&ntilde;a, es autor de una s&oacute;lida y muy apreciada obra literaria. Colaborador de TURIA en distintas &eacute;pocas, su &uacute;ltima aportaci&oacute;n a la revista fue un art&iacute;culo publicado en el espectacular monogr&aacute;fico que se dedic&oacute; a Mario Vargas Llosa.</p>
<p>Suele afirmarse con buen criterio que hay dos Javier Cercas, el anterior a &ldquo;Soldados de Salamina&rdquo; y el que nace de esa novela de extraordinario &eacute;xito internacional. Una novela que, basada en un hecho real de la guerra civil, tambi&eacute;n fue llevada al cine por David Trueba y que obtuvo elogios del ya citado Vargas Llosa y de otros autores relevantes como Susan Sontag, George Steiner o J.M. Coetzee.&nbsp;</p>
<p>Premio Nacional de Narrativa 2010 por &ldquo;Anatom&iacute;a de un instante&rdquo;, una acertada muestra de ensayo narrativo a partir del 23-F, Javier Cercas es tambi&eacute;n autor de las novelas &ldquo;El m&oacute;vil&rdquo;, &ldquo;El inquilino&rdquo;, &ldquo;El vientre de la ballena&rdquo; o &ldquo;La velocidad de la luz&rdquo;. Por ahora, &ldquo;Las leyes de la frontera&rdquo;, editada en 2012, es su novela m&aacute;s reciente.</p>
<p>Traducido a numerosas lenguas, Javier Cercas se ha convertido ya en uno de los m&aacute;s destacados narradores europeos del siglo XXI. Seg&uacute;n la cr&iacute;tica, Cercas practica una escritura porosa entre la historia y la ficci&oacute;n, que hibrida lo verdadero con lo imaginario, que adopta las libertades del ensayo y las argucias de la novela, que acude con desenvoltura al periodismo y a la biograf&iacute;a con el equipaje t&eacute;cnico del art&iacute;fice literario. Y es que Javier Cercas ha sabido convertir su escritura en un pasadizo que conduce al cuarto de m&aacute;quinas de la realidad, seg&uacute;n la certera interpretaci&oacute;n del profesor Domingo R&oacute;denas de Moya.</p>
<p>Doctor en Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica, Javier Cercas dio clases en Estados Unidos y actualmente es profesor de Literatura espa&ntilde;ola en la Universidad de Girona.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA es una revista cultural editada por el IET de la Diputaci&oacute;n de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero cuenta tambi&eacute;n con el patrocinio de la empresa Aragonesa de Servicios P&uacute;blicos.&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 31 Oct 2013 07:05:55 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cruzando fronteras: el universo literario de Cormac McCarthy]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/cruzando-fronteras-el-universo-literario-de-cormac-mccarthy/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/CORMAC_MCARTHTY.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Yo no puedo ir contigo. Tienes que seguir adelante. No se sabe lo que puede deparar la carretera. Siempre hemos tenido suerte. T&uacute; la tendr&aacute;s otra vez.</p>
<p>Cormac McCarthy, <em>La carretera</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desde hace m&aacute;s de dos d&eacute;cadas la narrativa de Cormac McCarthy<a title="" href="#_ftn1">[1]</a> se ha convertido en uno de los principales puntos de referencia de la literatura norteamericana contempor&aacute;nea. En efecto, aunque ya durante los a&ntilde;os sesenta y setenta McCarthy dej&oacute; constancia de su poder&iacute;o narrativo con cuatro notables novelas ambientadas en el Sureste de los EE.UU., hay que esperar hasta la segunda mitad de los ochenta y principios de los noventa para que McCarthy alcance por fin un reconocimiento significativo por parte de la cr&iacute;tica especializada, especialmente tras la publicaci&oacute;n de <em>Meridiano de sangre </em>(<em>Blood Meridian</em>, 1985)<a title="" href="#_ftn2">[2]</a> y <em>Todos los hermosos caballos </em>(<em>All the Pretty Horses</em>, 1992). Desde entonces, McCarthy ha acumulado elogios de la cr&iacute;tica<a title="" href="#_ftn3">[3]</a> y prestigiosos premios, entre ellos, el <em>National Book Award </em>por <em>Todos los caballos hermosos </em>y el Pulitzer de ficci&oacute;n por <em>La carretera </em>(<em>The Road</em>, 2006)<a title="" href="#_ftn4">[4]</a>, logrando adem&aacute;s alcanzar un considerable n&uacute;mero de lectores. El &eacute;xito de su obra ha traspasado fronteras y sus diez novelas publicadas hasta la fecha no s&oacute;lo se han traducido ya a varios idiomas (por ejemplo, todas ellas pueden encontrarse ya en castellano), sino que tambi&eacute;n se han trasladado a la pantalla grande, con resultados dispares, como el clamoroso fracaso en el a&ntilde;o 2000 de la pel&iacute;cula de Billy Bob Thornton <em>Todos los caballos bellos</em>, que contrasta vivamente con los m&uacute;ltiples premios obtenidos por el film de los hermanos Coen <em>No es pa&iacute;s para viejos</em>, basado en la novela hom&oacute;nima de McCarthy (<em>No Country for Old Men</em>, 2005) y galardonado, entre otros, con el Oscar a la mejor pel&iacute;cula en 2008.<a title="" href="#_ftn5">[5]</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Durante estos &uacute;ltimos a&ntilde;os los calificativos empleados para definir la obra de McCarthy se han sucedido y los intentos por clasificar su universo literario han abundado. As&iacute;, por ejemplo, se le han aplicado con frecuencia etiquetas tales como "escritor regionalista", "autor herm&eacute;tico" (calificativo este &uacute;ltimo referido tanto a su prosa como a su vida personal), "faulkneriano", "realista m&oacute;rbido", "hiperrealista", "nost&aacute;lgico", "barroco", "heredero del renacimiento sure&ntilde;o" o "revisionista del `western' ". Sin embargo, quiz&aacute;s la principal caracter&iacute;stica del universo literario de McCarthy y, en cierto modo, tambi&eacute;n de su periplo personal sea su resistencia a las definiciones, a los l&iacute;mites, a las etiquetas, su ubicaci&oacute;n en un territorio liminal, complejo y transfronterizo, donde las barreras tradicionales tienen escaso sentido. En efecto, se trata de un autor que aspira a superar fronteras, recurriendo a una articulaci&oacute;n art&iacute;stica peculiar que hace dif&iacute;cil su clasificaci&oacute;n seg&uacute;n las f&oacute;rmulas o convenciones literarias habituales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Antes de adentrarnos en el universo literario de McCarthy, resulta &uacute;til realizar un breve recorrido por su trayectoria personal para comprobar c&oacute;mo ya en su biograf&iacute;a existen diversos datos que nos anticipan las dificultades que surgen a la hora de clasificar este escritor y su obra. Para empezar, debemos destacar que McCarthy no es originario de ninguna de las regiones de los EE.UU. que se han convertido en su principal fuente de inspiraci&oacute;n art&iacute;stica (el Sureste y el Oeste), sino que naci&oacute; en Providence (Rhode Island), en 1933. Por ello, calificativos tales como los de "escritor sure&ntilde;o" o "autor del Oeste" pueden resultar un tanto problem&aacute;ticos, al menos desde el punto de vista estricto del lugar de nacimiento de McCarthy. Ciertamente, la influencia del Sur en su obra est&aacute; estrechamente ligada a su infancia y adolescencia en Knoxville (Tennessee), lugar adonde se traslad&oacute; su familia cuando &eacute;l apenas contaba cuatro a&ntilde;os de edad. Aunque McCarthy, el mayor de los seis hijos de un abogado, acudi&oacute; a la Universidad de Tennessee de 1951 a 1952, pronto la abandon&oacute; para enrolarse en la Fuerza A&eacute;rea durante cuatro a&ntilde;os, siendo destinado, entre otros lugares, a Alaska. En 1957 regres&oacute; a la Universidad de Tennessee, pero no lleg&oacute; a graduarse en la misma. Ello no fue &oacute;bice, sin embargo, para que durante su etapa universitaria publicase sus primeras historias breves, "A Drowning Incident" y "Wake for Susan", en la revista de la citada universidad y obtuviese una beca para dedicarse a escribir durante 1959 y 1960. Posteriormente, McCarthy abandon&oacute; temporalmente el Sur, traslad&aacute;ndose a Chicago, donde compagin&oacute; su labor creativa con otros oficios, llevando una existencia bastante errante. De regreso al Sur, McCarthy pareci&oacute; asentarse en Tennessee junto a su primera mujer y a su hijo, pero en el mismo a&ntilde;o en que se public&oacute; su primera novela, <em>El guardi&aacute;n del vergel (The Orchard Keeper</em>, 1965), de inspiraci&oacute;n claramente sure&ntilde;a, decidi&oacute; dejar no s&oacute;lo el Sur, sino tambi&eacute;n los EE.UU., iniciando un periplo de dos a&ntilde;os por Europa que le llevar&iacute;a a conocer a su segunda mujer y a visitar lugares como Irlanda (cuna de sus antepasados), Inglaterra, Francia, Suiza, Italia y Espa&ntilde;a<a title="" href="#_ftn6">[6]</a>. Este nuevo rumbo cosmopolita en la biograf&iacute;a de McCarthy pronto toc&oacute; a su fin ya que en 1967 regres&oacute; al Sureste de los EE.UU., estableciendo su residencia primero en Tennessee y posteriormente en Louisiana, y volvi&oacute; a utilizar dicho territorio como fuente de inspiraci&oacute;n literaria en otras tres novelas. Este per&iacute;odo de estabilidad personal apenas dur&oacute; una d&eacute;cada ya que a mediados de los setenta McCarthy no s&oacute;lo se separ&oacute; de su segunda mujer, sino que tambi&eacute;n abandon&oacute; el Sureste, traslad&aacute;ndose al Oeste, lugar que se convirti&oacute; tambi&eacute;n en el espacio literario dominante en sus novelas a partir de la publicaci&oacute;n de <em>Meridiano de sangre</em>. Tras haber vivido durante a&ntilde;os en El Paso (Texas), en la actualidad McCarthy reside, al parecer, cerca de Santa Fe (Nuevo M&eacute;xico), junto a su tercera esposa y su segundo hijo. Y decimos "al parecer" porque McCarthy es un escritor que de forma habitual rehuye ofrecer demasiados datos sobre su vida e incluso sobre su obra. En efecto, durante mucho tiempo McCarthy se ha labrado una fama de escritor herm&eacute;tico, &uacute;nicamente interesado en darse a conocer a trav&eacute;s de su obra por lo que rechaza el contacto con los medios de comunicaci&oacute;n o la participaci&oacute;n en conferencias o en giras de promoci&oacute;n de sus libros. Esta huida del "ojo p&uacute;blico" de McCarthy ha hecho que la cr&iacute;tica a menudo le haya catalogado de "autor invisible", resaltando las semejanzas entre dicha actitud y la de otros autores norteamericanos contempor&aacute;neos como J.D. Salinger o Thomas Pynchon. Sin embargo, en los &uacute;ltimos tiempos McCarthy en su af&aacute;n por huir de las etiquetas y los encasillamientos ha concedido dos entrevistas a medios de gran difusi&oacute;n que parecen poner en tela de juicio su condici&oacute;n de autor herm&eacute;tico. La primera de ellas al <em>New York Times</em> en 1992, coincidiendo con la publicaci&oacute;n de su primer "best-seller", <em>Todos los hermosos caballos</em>, y la segunda y m&aacute;s controvertida a Oprah Winfrey en 2007. De hecho, el anuncio de su participaci&oacute;n en el programa de TV de esta popular presentadora fue recibido por muchos como el final de la invisibilidad de McCarthy y su sumisi&oacute;n definitiva a las leyes del mercado literario.<a title="" href="#_ftn7">[7]</a> En este sentido, puede decirse que de nuevo, McCarthy volvi&oacute; a romper las expectativas creadas en torno a su figura, ya que se limit&oacute; a conceder una entrevista mon&oacute;tona (tanto en la forma como en contenido, adoptando una actitud especialmente pasiva), que no aport&oacute; apenas nuevos datos sobre su vida o sobre su obra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Centr&aacute;ndonos ya exclusivamente en su carrera literaria, puede decirse que, a pesar del talento art&iacute;stico de McCarthy para trascender los l&iacute;mites espaciales y dotar a su obra de caracter&iacute;sticas universales, a menudo destaca la particular relaci&oacute;n de su literatura con un entorno geogr&aacute;fico y cultural muy concreto. De todas formas, y a diferencia de otros autores a los que se ha aplicado el calificativo de "regionalista", McCarthy no rinde pleites&iacute;a a un &uacute;nico territorio literario. De hecho, su trayectoria novel&iacute;stica se centra en dos puntos diferentes de la geograf&iacute;a norteamericana, el Sureste y el Oeste. As&iacute;, en funci&oacute;n al menos de sus inicios literarios Cormac McCarthy podr&iacute;a ser encuadrado dentro de la llamada literatura sure&ntilde;a moderna. En efecto, sus cuatro primeras novelas, la ya citada <em>El guardi&aacute;n del vergel</em>, <em>La oscuridad exterior (Outer Dark</em>, 1968<em>)</em>, <em>Hijo de Dios (Child of God</em>, 1974) y <em>Surte </em>(1979), no s&oacute;lo est&aacute;n ambientadas en el Sureste de los EE.UU., sino que contienen elementos habituales en dicha literatura, tales como el &eacute;nfasis en los aspectos grotescos, a menudo de corte violento, o la huella estil&iacute;stica de Faulkner. La primera de estas novelas adem&aacute;s describe sin sentimentalismos la desaparici&oacute;n del viejo Sur y de valores como el honor, la dignidad y la conciencia frente al empuje del nuevo orden, la modernizaci&oacute;n y la corrupci&oacute;n asociadas al nuevo Sur. Esta novela de caracter&iacute;sticas b&aacute;sicamente inici&aacute;ticas est&aacute; llena de resonancias faulknerianas, que no s&oacute;lo se limitan a la recreaci&oacute;n de los personajes y escenarios, sino que se extienden tambi&eacute;n al lenguaje, oscuro y complejo, con un protagonismo importante del dialecto rural y una puntuaci&oacute;n reducida a su m&iacute;nima expresi&oacute;n. La conexi&oacute;n faulkneriana se extiende tambi&eacute;n al editor de esta novela, Albert Erskine (el mismo de Faulkner), que se convertir&iacute;a en el editor de McCarthy durante los veinte a&ntilde;os siguientes. La segunda novela de McCarthy, <em>La oscuridad exterior</em>, fue escrita en parte durante su estancia en Ibiza, aunque es una obra claramente sure&ntilde;a, que guarda importantes semejanzas con su primera novela, aunque esta vez el proceso inici&aacute;tico del protagonista, un ser condicionado por su particular pecado original (el incesto), le conduce al encuentro con el mal en un entorno natural y social hostil, que incluye dantescas escenas de destrucci&oacute;n, violencia y muerte. <em>Hijo de Dios</em>, por su parte, tambi&eacute;n se encuadra dentro de lo que podr&iacute;amos llamar su etapa g&oacute;tica sure&ntilde;a y es una novela donde McCarthy vuelve a incidir en un personaje con problemas de conducta sexual cuyo destino aparece inevitablemente ligado a la violencia, en este caso, al asesinato en serie y a la necrofilia. Esta combinaci&oacute;n de sexo y violencia en un entorno rural sure&ntilde;o y el estilo de la novela han hecho que con cierta frecuencia se haya comparado a esta obra con la novela de Faulkner <em>Santuario</em>. De todas formas, la mejor novela de este per&iacute;odo sure&ntilde;o es, sin lugar a dudas, <em>Suttree</em>, donde McCarthy recrea con precisi&oacute;n algunos de los personajes y ambientes m&aacute;s extravagantes que conoci&oacute; en Knoxville y proyecta en la historia del protagonista de la novela algunos datos autobiogr&aacute;ficos, en particular, su conflictiva relaci&oacute;n con su padre. Es una novela de tono ambiguo, donde con frecuencia se combinan perfiles grotescos con rasgos expresionistas, y una importante complejidad estil&iacute;stica acentuada por las elipsis temporales que abundan en el texto. Su estructura narrativa, sin embargo, no presenta demasiadas dificultades puesto que McCarthy vuelve a recurrir a una estructura de corte inici&aacute;tico, con un protagonista lleno de contradicciones que debe descender a los infiernos (lugar representado por McAnally, suburbio de Knoxville donde moran pobres, borrachos, asesinos, violadores de sand&iacute;as, "sin techo"...) para superar su crisis de identidad, alcanzar el conocimiento interior y emprender un renacimiento espiritual.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En general, estas novelas sure&ntilde;as de McCarthy pasaron bastante desapercibidas entre los lectores en el momento de su publicaci&oacute;n. Posiblemente el lenguaje oscuro de las mismas, su inusual sintaxis y puntuaci&oacute;n, su excesivo &eacute;nfasis en aspectos tales como la violencia, el mal y el nihilismo, su predilecci&oacute;n por retratar personajes y ambientes s&oacute;rdidos con un realismo extremo rayano en ocasiones en lo macabro, adem&aacute;s del nulo inter&eacute;s de McCarthy en promocionar estas novelas, sean algunos de los factores principales que explican esta fr&iacute;a acogida de los lectores en su d&iacute;a. Dichas novelas tuvieron mayor eco entre los cr&iacute;ticos, aunque tampoco puede hablarse de un reconocimiento mayoritario por parte de la cr&iacute;tica especializada. De todos modos, en general las rese&ntilde;as aparecidas de estas novelas, sobre todo, de las dos primeras, fueron bastante positivas. Ello al menos le permiti&oacute; a McCarthy obtener becas y premios de cierta consideraci&oacute;n (en algunos casos procedentes de prestigiosas instituciones como la Academia Americana de Artes y Letras, la Fundaci&oacute;n William Faulkner, la Fundaci&oacute;n Rockefeller, la Fundaci&oacute;n Guggenheim o la Fundaci&oacute;n McArthur) y continuar su carrera literaria sin tener que recurrir a otros oficios como la ense&ntilde;anza en talleres de escritura.<a title="" href="#_ftn8">[8]</a> Habr&aacute; que esperar, sin embargo, a la publicaci&oacute;n de su "western" apocal&iacute;ptico <em>Meridiano de sangre </em>para poder hablar de la consolidaci&oacute;n de McCarthy como escritor. En efecto, aunque la novela no despert&oacute; un inter&eacute;s inmediato entre los cr&iacute;ticos, transcurridos unos pocos a&ntilde;os dicha obra le proporcion&oacute; a McCarthy un notable prestigio entre los mismos. De hecho, buena parte de la cr&iacute;tica todav&iacute;a hoy considera a esta obra como su mejor novela. Por ejemplo, para el ya citado Harold Bloom <em>Meridiano de sangre </em>es &ldquo;la aut&eacute;ntica novela apocal&iacute;ptica norteamericana&rdquo; y una &ldquo;insuperable culminaci&oacute;n del `western&acute;&rdquo;.<a title="" href="#_ftn9">[9]</a> Por otra parte, esta novela supone un hito fundamental en la trayectoria como escritor de McCarthy porque marca su ruptura con la etiqueta de "autor del Sureste" y se&ntilde;ala el desplazamiento hacia el Oeste de su universo literario, con un especial &eacute;nfasis en la dicotom&iacute;a entre el mito y la realidad de la frontera. Es una novela hist&oacute;rica de est&eacute;tica postmodernista y tenebrista, con ecos de <em>Moby-Dick </em>(principalmente, en el perfil demon&iacute;aco del juez Holden) y de <em>El coraz&oacute;n de las tinieblas </em>(presentes, sobre todo, en la descripci&oacute;n del viaje inici&aacute;tico hacia el horror del protagonista, al que &uacute;nicamente se le conoce como "el chico"), y donde McCarthy combina con brillantez di&aacute;logos punzantes y descripciones s&oacute;rdidas no exentas de l&iacute;rica, convirtiendo al paisaje del Oeste en un personaje m&aacute;s de su historia. En particular, las tierras des&eacute;rticas del noroeste de M&eacute;xico aparecen retratadas como un escenario hostil para la vida humana y se convierten en el s&iacute;mbolo perfecto de la destrucci&oacute;n, la muerte y la desolaci&oacute;n que crean a su paso los protagonistas de la novela. A lo largo de la misma McCarthy cuestiona las tesis tradicionales en torno a la conquista del Oeste en el siglo XIX, haciendo hincapi&eacute; en la extrema violencia y en las dimensiones profundamente etnoc&eacute;ntricas y colonialistas de la experiencia fronteriza. De hecho, en la novela son los nativo-americanos primero y los mexicanos despu&eacute;s, las principales v&iacute;ctimas de la espiral de violencia impulsada por los mercenarios norteamericanos que se adentran en M&eacute;xico amparados por doctrinas tales como el "destino manifiesto" o la creencia en la superioridad racial y cultural anglo-sajona. Dichas ideas no pueden ocultar, sin embargo, la importancia de otros factores como los intereses mercantilistas o el mero placer de matar en la vor&aacute;gine de destrucci&oacute;n y muerte retratada por McCarthy en esta novela.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El inter&eacute;s de McCarthy por explorar la dimensi&oacute;n m&iacute;tica del Oeste norteamericano, magistralmente anticipado en <em>Meridiano de sangre</em>, quedar&aacute; confirmado en la d&eacute;cada de los noventa en su llamada "trilog&iacute;a de la frontera", compuesta por las novelas <em>Todos los hermosos caballos </em>(1992), <em>En la frontera (The Crossing, </em>1994) y <em>Ciudades de la llanura (Cities of the Plain</em>, 1998). El primer volumen de esta trilog&iacute;a, <em>Todos los hermosos caballos</em>, presenta importantes diferencias estil&iacute;sticas, estructurales y de tono respecto a <em>Blood Meridian</em>. De hecho, su apariencia de "western" cl&aacute;sico y la menor complejidad de su trama argumental parecen haber contribuido decisivamente a su extraordinaria acogida por parte de los lectores, convirti&eacute;ndose en la primera obra de McCarthy en alcanzar el &eacute;xito popular.<a title="" href="#_ftn10">[10]</a> Sin embargo, en realidad <em>Todos los hermosos caballos </em>puede considerarse como una profundizaci&oacute;n en la l&iacute;nea marcada por <em>Meridiano de sangre</em>, con un inter&eacute;s especial por deconstruir el mito del Oeste, un mito que no s&oacute;lo define a los Estados Unidos, sino que tiene resonancias universales. Como ha se&ntilde;alado el propio Cormac Mc Carthy, "no hay un lugar en el mundo en el que no conozcan a los vaqueros, los indios y el mito del Oeste".<a title="" href="#_ftn11">[11]</a> En la novela McCarthy presenta una visi&oacute;n postmodernista del Oeste a mediados del siglo XX, un territorio en el que la nostalgia por el pasado m&iacute;tico contrasta vivamente con la cruda realidad del presente moderno e industrializado. De hecho, en esta novela el Oeste ya no es el espacio m&iacute;tico o tierra prometida que representa la aventura, la huida o la posibilidad de regeneraci&oacute;n espiritual. Al contrario, los protagonistas de la novela son seres desplazados y alienados en un espacio irreconocible, que ha perdido su legendario atractivo y que s&oacute;lo ofrece un presente impersonal y un futuro incierto. Como se&ntilde;ala el padre de John Grady Cole, protagonista principal de la novela, "la gente ya no se siente segura. [...] Somos como los comanches de hace doscientos a&ntilde;os. No sabemos qu&eacute; va a aparecer aqu&iacute; cuando despierte el d&iacute;a".<a title="" href="#_ftn12">[12]</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La novela de McCarthy presenta un Oeste crepuscular, desprovisto de sus cl&aacute;sicas se&ntilde;as de identidad, que obliga a aquellos nost&aacute;lgicos de la mitolog&iacute;a fronteriza a abandonar este territorio. En efecto, los adolescentes norteamericanos protagonistas de la novela, encabezados por John Grady Cole, huyen de Texas, de un Oeste mecanizado y urbano, reflejo de la Am&eacute;rica de postguerra, en busca de su particular para&iacute;so m&iacute;tico en M&eacute;xico. Se produce, por tanto, un desplazamiento de la frontera hacia el Sur, al identificarse el menor grado de desarrollo de M&eacute;xico con la posibilidad de revivir el romanticismo del Viejo Oeste y, en particular, el mito del "cowboy". Sin embargo, McCarthy cuestiona la visi&oacute;n nost&aacute;lgica del "cowboy" y de los valores m&iacute;ticos que definen su particular c&oacute;digo del honor (lealtad, camarader&iacute;a, sacrificio, coraje, identificaci&oacute;n con el medio natural...) en el contexto del Nuevo Oeste y revela la imposibilidad de recrear dicho pasado m&iacute;tico incluso en el territorio mexicano, concebido como la &uacute;ltima frontera. En efecto, en esta novela M&eacute;xico, a pesar de su menor grado de desarrollo, se encuentra ya inmerso en su propio camino hacia la modernidad y no puede compararse con el Viejo Oeste. Adem&aacute;s, sus peculiares tradiciones socio-culturales conforman un universo excesivamente complejo para aquellos vaqueros que, como John Grady Cole, creen haber encontrado all&iacute; su para&iacute;so perdido. En este sentido, puede decirse que en <em>Todos los hermosos caballos </em>la frontera cultural resulta m&aacute;s impermeable que la geogr&aacute;fica o la ling&uuml;&iacute;stica.<a title="" href="#_ftn13">[13]</a> Adem&aacute;s, en este primer volumen de la trilog&iacute;a de la frontera McCarthy anticipa tambi&eacute;n el poder destructivo del mito del Oeste. En concreto, John Grady Cole, reencarnaci&oacute;n del h&eacute;roe cl&aacute;sico de la frontera, pierde su inocencia en M&eacute;xico, pero este territorio no le proporciona una identidad conforme a la imagen m&iacute;tica del "cowboy. La frontera ya no es, por tanto, una fuente de identidad ni garantiza una regeneraci&oacute;n espiritual o renacimiento a trav&eacute;s de los cl&aacute;sicos ritos de iniciaci&oacute;n. De hecho, uno de los principales aspectos de esta identidad anhelada, la simbiosis con la Naturaleza, representada a lo largo de toda la novela por la especial conexi&oacute;n entre Cole y los caballos, resulta ser una mera quimera tanto en los EE.UU. como en M&eacute;xico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aunque el segundo volumen de la trilog&iacute;a, <em>En la frontera</em>, cuenta con protagonistas diferentes respecto al primero y se caracteriza por una mayor complejidad estil&iacute;stica y estructural (por ejemplo, contiene numerosas digresiones que funcionan a modo de "exempla" para el protagonista principal), las similitudes de esta novela con <em>Todos los hermosos caballos </em>resultan particularmente significativas. As&iacute;, de nuevo, asistimos a una revisi&oacute;n del "western" cl&aacute;sico a trav&eacute;s de un ritual inici&aacute;tico en la frontera, en el que el arquetipo del viaje desempe&ntilde;a un papel fundamental. El punto de partida vuelve a ser la separaci&oacute;n de la civilizaci&oacute;n, simbolizada por el entorno familiar del protagonista, Billy Parham, en Nuevo M&eacute;xico, en aras de una id&iacute;lica comuni&oacute;n con la Naturaleza, representada en esta ocasi&oacute;n por la especial relaci&oacute;n entre el citado Billy Parham y una loba procedente de M&eacute;xico. Al igual que suced&iacute;a en el primer volumen de la trilog&iacute;a, en esta novela la necesidad de cruzar la frontera con M&eacute;xico&nbsp; responde, por un lado, a una situaci&oacute;n de desarraigo social y familiar en los EE.UU. y, por otro, al deseo de forjarse una identidad de acuerdo con la imagen m&iacute;tica del "cowboy", en un territorio al que de forma bastante equ&iacute;voca se trata de equiparar con el Viejo Oeste. <em>En la frontera </em>tambi&eacute;n supone un paso m&aacute;s en la desmitificaci&oacute;n de M&eacute;xico como el &uacute;ltimo para&iacute;so del "cowboy", obligado a reconocer que su mundo ideal no existe ni en EE.UU. ni al otro lado de la frontera. Esta fallida idealizaci&oacute;n de M&eacute;xico como &uacute;ltima frontera o para&iacute;so perdido le sirve a McCarthy para cuestionar el propio punto de partida de dicha idealizaci&oacute;n, la visi&oacute;n m&iacute;tica del Oeste. De hecho, buena parte de la mitolog&iacute;a fronteriza podr&iacute;a encuadrarse dentro de lo que Barry Lopez ha denominado como "false geographies",<a title="" href="#_ftn14">[14]</a> rom&aacute;nticas ideas preconcebidas y simplistas en torno a complejos espacios geogr&aacute;ficos. Incluso <em>En la frontera </em>hace hincapi&eacute; en el car&aacute;cter artificial de las fronteras trazadas por el hombre y en su in&uacute;til obsesi&oacute;n por delimitar lugares a trav&eacute;s del mero hecho de darles un nombre. Como le se&ntilde;ala uno de los protagonistas mexicanos de la novela a Billy Parham, "el mundo no tiene nombre. [...] Los nombres de los cerros y las sierras y los desiertos s&oacute;lo existen en los mapas. Les&nbsp; nombramos para no extraviarnos&rdquo;.<a title="" href="#_ftn15">[15]</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em></em>Adem&aacute;s, <em>En la frontera </em>destaca por la crudeza con la que McCarthy muestra el poder destructivo del mito del "cowboy", representado por el fallido intento del protagonista de construirse una identidad conforme a la mitolog&iacute;a cl&aacute;sica fronteriza. Dicha identidad, simbolizada en la obra por dos t&eacute;rminos clave, "americano" y "vaquero", y articulada a trav&eacute;s de los cl&aacute;sicos ritos inici&aacute;ticos, resulta una mera utop&iacute;a, tal y como se pone de manifiesto a lo largo de las tres ocasiones en las que Billy Parham cruza la frontera mexicana. Al final, la frontera s&oacute;lo le proporciona a Billy un cierto grado de conocimiento en torno a la condici&oacute;n humana, en especial, acerca de su vulnerabilidad y de la importancia de la compasi&oacute;n. Adem&aacute;s, McCarthy resalta que el precio a pagar por dicho conocimiento es muy elevado. En efecto, Billy Parham no s&oacute;lo debe renunciar a su idealismo originario, y en particular a cualquier aspiraci&oacute;n de comuni&oacute;n id&iacute;lica con la Naturaleza, sino que tambi&eacute;n sufre la tr&aacute;gica p&eacute;rdida de su hermano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El &uacute;ltimo volumen de la trilog&iacute;a, <em>Ciudades de la llanura</em>, adem&aacute;s de compartir con los dos anteriores un mismo escenario, la frontera mexicano-estadounidense, y un &aacute;mbito temporal similar, representa la confluencia de las dos novelas anteriores, al compartir protagonismo los dos principales personajes de cada una de ellas: John Grady Cole y Billy Parham. Las similitudes entre esta novela y las dos anteriores se extienden tambi&eacute;n a otros niveles puesto que en <em>Ciudades de la llanura</em> McCarthy vuelve a poner de manifiesto las contradicciones inherentes al mito cl&aacute;sico de la frontera. En efecto, la novela refleja el conflicto existente entre la abrumadora extensi&oacute;n del llamado "progreso" (fin &uacute;ltimo de la conquista del Oeste) y la negativa a renunciar al modo de vida tradicional del "cowboy", asociado a unos valores m&iacute;ticos, entre los cuales la estrecha relaci&oacute;n con el medio natural adquiere una relevancia especial.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Al igual que suced&iacute;a en <em>Todos los hermosos caballos</em>, McCarthy retrata en <em>Ciudades de la llanura </em>el final de una era, de una concepci&oacute;n m&iacute;tica y legendaria de la vida en el Oeste, ante la creciente modernizaci&oacute;n e industrializaci&oacute;n de este territorio. De hecho, los protagonistas de la novela, empleados como vaqueros en un rancho de Nuevo M&eacute;xico, son plenamente conscientes de que su peculiar forma de vida supone un anacronismo en el Nuevo Oeste, urbano e impersonal. Incluso se hace referencia expl&iacute;cita a la pr&oacute;xima ocupaci&oacute;n de los terrenos del rancho por parte del ej&eacute;rcito. Se trata, por tanto, de una visi&oacute;n crepuscular e incluso eleg&iacute;aca del Oeste, donde McCarthy contrapone el creciente realismo de Billy Parham, consciente de la inexorabilidad del paso del tiempo, con el idealismo a&uacute;n presente en John Grady Cole, cuya mayor juventud se corresponde con un mayor deseo de asumir riesgos en aras de ser fiel al c&oacute;digo de honor del "cowboy" m&iacute;tico. As&iacute;, aunque ambos vaqueros han conocido el sabor de la derrota en M&eacute;xico, destaca el contraste entre la resignaci&oacute;n y mayor madurez de Billy y el esp&iacute;ritu de aventura que todav&iacute;a prevalece en la personalidad de John. En particular, llama poderosamente la atenci&oacute;n su diferente actitud hacia M&eacute;xico, su antiguo para&iacute;so perdido. En concreto, Billy, cuya experiencia en M&eacute;xico ha sido mucho m&aacute;s traum&aacute;tica que la de John, parece haber renunciado a revivir su ideal rom&aacute;ntico del "cowboy" al otro lado de la frontera y confiesa su incapacidad para entender la complejidad de aquel pa&iacute;s, un lugar en el que tambi&eacute;n el oficio de vaquero se encuentra en extinci&oacute;n. Por ello, Billy se limita a disfrutar de su vida en el rancho mientras le sea posible, intentando minimizar el dolor y la nostalgia por los viejos tiempos. John Grady Cole, por su parte, representa al "all-american cowboy", el prototipo del vaquero m&iacute;tico por excelencia, dispuesto a cruzar la frontera con M&eacute;xico y con ello importantes fronteras culturales y sociales para hacer realidad su sue&ntilde;o: fundar su propio hogar en Nuevo M&eacute;xico junto a Magdalena, una prostituta mexicana. En este sentido, puede decirse que John Grady Cole encarna en <em>Ciudades en la llanura </em>a un idealismo estrechamente vinculado al individualismo propio de la mitolog&iacute;a fronteriza.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El tr&aacute;gico final de John Grady Cole en esta &uacute;ltima novela puede interpretarse como una nueva muestra del poder de las fronteras culturales y sociales, mucho m&aacute;s impermeables que las meramente geogr&aacute;ficas o ling&uuml;&iacute;sticas. Adem&aacute;s, McCarthy utiliza el fracaso de Cole para incidir una vez m&aacute;s en el poder destructivo del mito del Oeste puesto que podemos considerar a Cole como una v&iacute;ctima de su lealtad extrema al c&oacute;digo de honor del "cowboy". Este c&oacute;digo pierde vigencia en el Nuevo Oeste por la progresiva transformaci&oacute;n socio-econ&oacute;mica de este territorio y por su excesiva dependencia de actitudes y elementos propios de la mitolog&iacute;a fronteriza, tales como el etnocentrismo, la legitimaci&oacute;n de la violencia, el culto a la masculinidad o la glorificaci&oacute;n del individualismo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La visi&oacute;n postmodernista del Oeste que McCarthy presenta en <em>Ciudades de la llanura </em>alcanza su m&aacute;xima expresi&oacute;n en las &uacute;ltimas p&aacute;ginas de la novela, a trav&eacute;s de la descripci&oacute;n de la nueva vida de Billy Parham, obligado a conformarse con la mera supervivencia en un Oeste sin agua, sin ganado y sin vaqueros. Particularmente significativa resulta la referencia al papel de extra en una pel&iacute;cula del Oeste que Billy se ve obligado a aceptar en el a&ntilde;o 2001. De este modo, McCarthy ilustra el final de una era y la desaparici&oacute;n de un modo de vida legendario, aunque no del mito del Oeste, cuya pervivencia y popularidad est&aacute;n garantizadas, entre otros medios, por Hollywood.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En general, en su trilog&iacute;a de la frontera McCarthy ofrece al lector un extraordinario retrato del conflicto entre mito y realidad en el Oeste norteamericano, con una especial atenci&oacute;n a la figura del "cowboy" y a su peculiar alienaci&oacute;n en el Nuevo Oeste. De hecho, en su trilog&iacute;a McCarthy presenta a este h&eacute;roe cl&aacute;sico de la mitolog&iacute;a fronteriza como un antih&eacute;roe, privado de una frontera que conquistar (a pesar de su visi&oacute;n rom&aacute;ntica e idealista de M&eacute;xico), y b&aacute;sicamente incapaz de alcanzar un renacimiento espiritual o regeneraci&oacute;n a trav&eacute;s de los ritos inici&aacute;ticos tradicionales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tras su trilog&iacute;a de la frontera, McCarthy consolid&oacute; su condici&oacute;n de autor del Oeste con una nueva novela ambientada en este territorio que, sin embargo, difiere bastante, sobre todo, estil&iacute;sticamente de las anteriores. En efecto, aunque <em>No es pa&iacute;s para viejos </em>vuelve a incidir en cuestiones tales como la violencia extrema en la frontera o la desmitificaci&oacute;n del Oeste como tierra prometida, esta novela aborda un tema muy contempor&aacute;neo (el tr&aacute;fico de drogas) y presenta una est&eacute;tica de "thriller" polic&iacute;aco, bastante alejada del tono barroco de sus anteriores "westerns", con una historia narrada a ritmo fren&eacute;tico y un lenguaje efectista y directo donde los di&aacute;logos y la acci&oacute;n tienen preferencia sobre las descripciones. De hecho, algunos de los lectores y cr&iacute;ticos seguidores de McCarthy se sintieron decepcionados por el cambio estil&iacute;stico operado en esta novela y la han considerado como una obra menor dentro de su producci&oacute;n literaria. Por lo dem&aacute;s, McCarthy vuelve a demostrar su talento art&iacute;stico para crear personajes despiadados, como el asesino a sueldo Anton Chigurh, para retratar antih&eacute;roes, como el "sheriff" Tom Bell o el cazador Llewelyn Moss, y para reflejar el lenguaje de la frontera, incluido el espa&ntilde;ol. En general, se trata de una novela que bajo su apariencia de "thriller" sencillo alberga una profunda reflexi&oacute;n sobre la condici&oacute;n humana en nuestros d&iacute;as, centrada en aspectos tales como el poder del mal, la extensi&oacute;n de la codicia, la naturaleza de la violencia, el significado del honor, el peso de la culpa o la influencia del destino, con un especial hincapi&eacute; en la omnipresencia de la fatalidad: "la mala suerte est&aacute; en todas partes. Espera un poco y ver&aacute;s c&oacute;mo tienes tu raci&oacute;n".<a title="" href="#_ftn16">[16]</a> Adem&aacute;s, el &eacute;xito de la adaptaci&oacute;n al cine de esta novela por parte de los hermanos Coen ha contribuido a aumentar el inter&eacute;s del p&uacute;blico y la cr&iacute;tica por esta obra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En 2006, despu&eacute;s de dos d&eacute;cadas de escribir sobre el Oeste y cuando parec&iacute;a haberse convertido en el prototipo por excelencia de autor del Nuevo Oeste, McCarthy volvi&oacute; a sorprender con una novela (<em>La carretera)</em> donde no s&oacute;lo se alejaba de su habitual escenario fronterizo, sino que incluso romp&iacute;a con su imagen de escritor regionalista. En efecto, <em>La carretera</em> es la primera novela de McCarthy en la que sus protagonistas no aparecen imbricados en una regi&oacute;n concreta de los EE.UU., bien sea el Oeste o el Sureste. En esta ocasi&oacute;n, McCarthy nos presenta un paisaje norteamericano desolado, como consecuencia de lo que parece haber sido un holocausto nuclear, donde los dos protagonistas, un padre y su hijo, avanzan penosamente hacia el Sur, hacia el mar, huyendo del hambre, el fr&iacute;o, la contaminaci&oacute;n y las bandas de can&iacute;bales. La referencia general al Sur como destino de los dos viajeros es la &uacute;nica orientaci&oacute;n geogr&aacute;fica que nos ofrece McCarthy en una novela en la que los nombres propios brillan por su ausencia. De hecho, adem&aacute;s de no incluir apenas top&oacute;nimos,<a title="" href="#_ftn17">[17]</a> <em>La carretera </em>carece de nombres propios para la gran mayor&iacute;a de sus personajes principales, incluidos sus protagonistas.<a title="" href="#_ftn18">[18]</a> De esta forma, McCarthy refuerza el significado universal de su historia, que no se limita a un espacio concreto, o a un tiempo determinado, o a unos personajes espec&iacute;ficos. Su historia adquiere una dimensi&oacute;n universal que incluye temas cl&aacute;sicos como el enfrentamiento entre el bien y el mal,<a title="" href="#_ftn19">[19]</a> la lucha por la supervivencia,<a title="" href="#_ftn20">[20]</a> o la b&uacute;squeda de Dios.<a title="" href="#_ftn21">[21]</a> En esta novela nuevamente McCarthy relega a los personajes femeninos a un papel secundario,<a title="" href="#_ftn22">[22]</a> situando el n&uacute;cleo emocional de la misma en la relaci&oacute;n entre padre e hijo y haciendo especial hincapi&eacute; en la determinaci&oacute;n del padre por salvar a su hijo: "sab&iacute;a que aun siendo un buen padre era muy posible que ella llevaba raz&oacute;n en lo que dijo. Que el chico era lo &uacute;nico que hab&iacute;a entre &eacute;l y la muerte" (p. 27). A pesar de que el paisaje post-apocal&iacute;ptico y el viaje nihilista que se nos describen en la novela invitan al pesimismo, al final de la misma McCarthy deja entrever que siempre hay lugar para la esperanza por lo que merece la pena seguir luchando, tal y como le pide el padre a su hijo: "No te rindas nunca" (p. 205). Es una novela no excesivamente compleja desde el punto de vista argumental, pero que destaca por la acertada combinaci&oacute;n de elementos tales como el tono &eacute;pico que marca la resistencia ante la adversidad de los protagonistas, las pinceladas po&eacute;ticas (particularmente presentes en la descripci&oacute;n del paisaje y de la relaci&oacute;n entre padre e hijo) y el estilo sobrio y conciso que preside la mayor parte de la obra y al que McCarthy imprime su habitual sello particular en forma de di&aacute;logos sin guiones y sin comillas, de frases fragmentadas o de la reiteraci&oacute;n de las oraciones coordinadas. Con <em>La carretera </em>McCarthy ha logrado por fin no s&oacute;lo el reconocimiento pr&aacute;cticamente un&aacute;nime de la cr&iacute;tica, sino tambi&eacute;n el benepl&aacute;cito generalizado de los lectores, quienes a pesar del car&aacute;cter sombr&iacute;o y angustioso de la historia, se sienten irremediablemente atrapados y conmovidos por la misma.<a title="" href="#_ftn23">[23]</a></p>
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<p>&nbsp;El universo literario de McCarthy se completa hasta la fecha con una obra de teatro centrada en una familia afro-americana de Kentucky, <em>The Stonemason</em> (1994), y un texto h&iacute;brido, una novela escrita en forma de drama, <em>The Sunset Limited</em> (2006), que es una alegor&iacute;a sobre el sentido de la vida y de la muerte ambientada en un tranv&iacute;a de Nueva York. Aunque estas obras carecen del calado tem&aacute;tico y estil&iacute;stico de sus novelas y tampoco han alcanzado su repercusi&oacute;n, s&iacute; dan fe nuevamente del inter&eacute;s de McCarthy por explorar nuevos caminos y superar fronteras. Despu&eacute;s de todo, el territorio de McCarthy es un espacio indefinido e inestable, a caballo entre el Oeste y el Sureste, entre el g&oacute;tico y el realismo, entre lo regional y lo global, entre la invisibilidad y la exposici&oacute;n p&uacute;blica, entre el nihilismo y la esperanza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La investigaci&oacute;n para el presente art&iacute;culo ha sido financiada por el proyecto de investigaci&oacute;n del MEC FFI 2008-03833/FILO y por el programa FEDER.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De hecho, el primer estudio &iacute;ntegramente dedicado a la obra de Cormac McCarthy, el libro de Vereen M. Bell, <em>The Achievement of Cormac McCarthy</em> (Baton Rouge: Louisiana University Press) no apareci&oacute; hasta 1988.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El prestigioso cr&iacute;tico literario Harold Bloom, por ejemplo, afirma que "ning&uacute;n otro novelista norteamericano vivo, ni siquiera Thomas Pynchon, nos ha dado un libro tan fuerte y memorable como <em>Meridiano de sangre</em>" (Harold Bloom, <em>C&oacute;mo leer y por qu&eacute;</em>. Trad. Marcelo Cohen. Bogot&aacute;: Editorial Norma, 2000, p. 306).</p>
</div>
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<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Trad. Luis Murillo Fort. Barcelona: Mondadori, 2007, p. 204. En adelante, todas las referencias a <em>La carretera</em> pertenecer&aacute;n a esta edici&oacute;n</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En la actualidad se est&aacute; rodando una adaptaci&oacute;n cinematogr&aacute;fica de <em>La carretera</em>, dirigida por John Hillcoat y con Viggo Mortensen en uno de los papeles protagonistas. El estreno de este film en los EE.UU. est&aacute; previsto, en principio, para finales del presente a&ntilde;o.</p>
</div>
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<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De hecho, durante cerca de un a&ntilde;o residi&oacute; en Ibiza, donde comparti&oacute; el esp&iacute;ritu bohemio de la &eacute;poca dominante en la isla con escritores como el hoy olvidado Leslie Garrett. Ver Don Williams, &ldquo;Leslie Garrett and Cormac McCarthy&rdquo;, <em>New Millenium Writings</em>, Vol. 4, 2, 1999-2000, pp. 116-118.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Oprah Winfrey incluy&oacute; <em>La carretera </em>como novela recomendada en su famoso "club de libros".</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref8">[8]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En este sentido, cabe se&ntilde;alar que el rechazo de McCarthy hacia los talleres de escritura es visceral: &ldquo;ense&ntilde;ar a escribir es una estafa&rdquo;. Ver Richard B. Woodward, &ldquo;Cormac McCarthy&rsquo;s Venomous Fiction&rdquo;, <em>The New York Times Book Review</em>, 19/04/1992, p. 36.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref9">[9]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Harold Bloom, op. cit., pp. 306-307.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref10">[10]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por ejemplo, se vendieron m&aacute;s de medio mill&oacute;n de ejemplares en los dos a&ntilde;os posteriores a su publicaci&oacute;n y la obra permaneci&oacute; durante 43 semanas en la lista de &ldquo;best-sellers&rdquo; del <em>Publishers Weekly</em>.</p>
</div>
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<p><a title="" href="#_ftnref11">[11]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ver Richard B. Woodward, op. cit., p. 36</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref12">[12]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp; Cormac McCarthy, <em>Todos los caballos bellos (Todos los hermosos caballos)</em>. Trad. Pilar Giralt. Barcelona: Debate, 2001, p. 32.</p>
</div>
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<p><a title="" href="#_ftnref13">[13]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La novela, al igual que las otras dos que componen la trilog&iacute;a, contiene numerosos t&eacute;rminos en espa&ntilde;ol que aportan autenticidad al universo fronterizo descrito por McCarthy.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref14">[14]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ver Michael Kowalewski, ed. <em>Reading the West: New Essays on the Literature of the American West</em>. New York: Cambridge University Press, 1996, p. 6.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref15">[15]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cormac McCarthy, <em>En la frontera</em>. Trad. Luis Murillo Fort. Barcelona. Plaza &amp; Jan&eacute;s, 1996, p. 377.</p>
</div>
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<p><a title="" href="#_ftnref16">[16]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cormac McCarthy, <em>No es pa&iacute;s para viejos</em>. Trad. Luis Murillo Fort. Barcelona: DeBolsillo, 2008: 208.</p>
</div>
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<p><a title="" href="#_ftnref17">[17]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Curiosamente, los escasos top&oacute;nimos que aparecen en la novela hacen referencia en su mayor&iacute;a a lugares situados fuera de los EE.UU., como C&aacute;diz, Tenerife, Bristol o Marte.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref18">[18]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp; S&oacute;lo aparece un personaje muy secundario que se hace llamar Ely, e incluso &eacute;ste parece no ser su verdadero nombre.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref19">[19]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De hecho, a la largo de la novela abundan las expresiones del tipo &ldquo;todav&iacute;a somos los buenos. Y lo seremos siempre&rdquo; (pp. 61-62), &ldquo;Son muchos, esos malos&rdquo; (p. 72), &ldquo;Porque nosotros somos de los buenos [&hellip;] Y llevamos el fuego&rdquo; (p. 98).</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref20">[20]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Destacan, por ejemplo, frases como &eacute;stas: &ldquo;No podemos compartir lo que tenemos porque nos morir&iacute;amos tambi&eacute;n&rdquo; (p. 43) o &ldquo;No somos supervivientes. Esto es una pel&iacute;cula de terror y nosotros somos muertos andantes&rdquo; (p. 46).</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref21">[21]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ver, por ejemplo, las siguientes referencias a Dios: &ldquo;En esta carretera no hay interlocutores de Dios. Se han ido y me han dejado aqu&iacute; solo y se han llevado consigo el mundo&rdquo; (p. 30) y &ldquo;&Eacute;l intent&oacute; hablar con Dios pero lo mejor era hablar con su padre y eso fue lo que hizo y no se le olvid&oacute;. La mujer dijo que eso estaba bien. Dijo que el aliento de Dios era tambi&eacute;n el de &eacute;l, aunque pasara de hombre a hombre por los siglos de los siglos&rdquo; (pp. 209-210).</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref22">[22]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En su entrevista con Oprah Winfrey, McCarthy justific&oacute; el escaso peso de los personajes femeninos en su obra, comentando simplemente que para &eacute;l las mujeres eran un misterio.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref23">[23]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por ejemplo, en Espa&ntilde;a ya se han vendido m&aacute;s de 50.000 ejemplares de esta novela, que en la actualidad se encuentra ya en su 11&ordf; edici&oacute;n.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Tue, 29 Oct 2013 10:54:45 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Conversación con Enrique Morente]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/conversacion-con-enrique-morente/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/LUIS_GARC_A_MONTERO.jpg" alt="" width="244" height="187" /></p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tu me oyes, Enrique,</p>
<p>en ese mundo vuestro del enigma</p>
<p>y de la soledad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aqu&iacute;,</p>
<p>mientras pasa el verano</p>
<p>con su rumor de estrellas,</p>
<p>y las olas meditan,</p>
<p>y la luna es m&aacute;s tibia</p>
<p>pensada sobre el mar de las preguntas,</p>
<p>y los sue&ntilde;os insisten en descifrar la noche,</p>
<p>hay una copa tuya</p>
<p>y una silla que espera</p>
<p>en las mesas calladas de la aurora.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>All&iacute;,</p>
<p>en ese mundo vuestro,</p>
<p>quiz&aacute;s haya un lugar donde poder sentarse</p>
<p>para escuchar contigo,</p>
<p>para vivir contigo las reuniones</p>
<p>secretas de la muerte.</p>
<p>Y tal vez haya copas y palabras</p>
<p>y vino derramado en los manteles,</p>
<p>y un recuerdo lejano de nosotros,</p>
<p>el eco de la vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>As&iacute;,</p>
<p>el tiempo con su niebla y con sus emociones</p>
<p>devuelve el coraz&oacute;n a su pasado.</p>
<p>Estamos todos juntos. Las ausencias</p>
<p>son otra forma de seguir presentes,</p>
<p>en una realidad que no es tan s&oacute;lo</p>
<p>la llama de un recuerdo,</p>
<p>sino la vida misma,</p>
<p>lo que va con nosotros, porque es nuestro,</p>
<p>cuando todo se pierde,</p>
<p>aquello que nos hace</p>
<p>como la luz al d&iacute;a</p>
<p>y la sombra a la noche.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ahora</p>
<p>los dos somos amigos del naufragio</p>
<p>y el mar puede reunirnos</p>
<p>para seguir hablando en dos orillas.</p>
<p>Es un destino propio de los seres mortales</p>
<p>negarse a que la muerte interrumpa una cita.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 28 Oct 2013 10:58:38 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Seto de cinerarias]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/seto-de-cinerarias/</link>
      <description><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/JAIME_SILES.jpg" alt="" />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un mar de verdes sombras</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sobre el azul silvestre</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y un oleaje tierno</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Son&aacute;mbulo y terrestre</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el preciso &aacute;ngulo</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En que estoy convergen</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mientras miro macizos</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De setos sucederse</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En la lenta penumbra</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Del d&iacute;a que anochece.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como las cinerarias</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aprendo a sucederme:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A ser como las cosas</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Que son lo mismo siempre</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y en un mismo paisaje</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Encontrarme, perderme.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 25 Oct 2013 06:45:43 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lançeros]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/lanceros/</link>
      <description><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;"><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/RAQUEL_LANSEROS.jpg" alt="" /></span></strong></p>
<p>Qu&eacute; habr&iacute;a sentido yo</p>
<p>hija de mil ca&ntilde;adas</p>
<p>heredera de alb&eacute;itares y herreros</p>
<p>del sudor abatido de los hombres a pie</p>
<p>que surcan en campa&ntilde;a cualquier tierra</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; en el nombre de un dios de quien nada pretenden.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Siempre es as&iacute;. La sangre fr&aacute;gil de los despose&iacute;dos</p>
<p>viene a saldar la deuda</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; de la eterna codicia de unos pocos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>S&iacute;, mis antepasados estuvieron en Flandes</p>
<p>aferrando los dedos a sus lan&ccedil;as de palo.</p>
<p>&iquest;Para qu&eacute;? &iquest;Para qui&eacute;n?</p>
<p>Cachorros extirpados de sus pueblos</p>
<p>por la pobreza seca</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; siempre tan aliada de las guerras ajenas.</p>
<p>Acechaban las aguas donde el cruel septentri&oacute;n</p>
<p>castigaba sus huesos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ellos pierden la vida. Otros ganan el oro.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Qu&eacute; habr&iacute;a sentido yo.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 25 Oct 2013 06:40:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Confesiones de un martín pescador]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/confesiones-de-un-martin-pescador/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/RAFAEL_SARABIA.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Me acuesto en la meseta de lo improbable.</p>
<p>Lamo en sue&ntilde;os las muescas precisas</p>
<p>que labraste en mi espalda</p>
<p>y amago un despertar incandescente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tu fe se acumula</p>
<p>en la matriz fecunda de nuestro don t&aacute;ctil.</p>
<p>Mi gracia tiene sustento en tu vientre apuntalado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hoy la hierba comprende su siega</p>
<p>y cien endrinas aspiran</p>
<p>al roce lento de tu menester.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2>II</h2>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La invitaci&oacute;n se hace propicia&hellip;</p>
<p>t&uacute; me encuentras entre el mejor de los preceptos</p>
<p>y el trance responsorial.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Nuestra piel es consciente</p>
<p>del insulto que supone ser dos y no uno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 25 Oct 2013 06:32:46 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cocaína]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/cocaina/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/MANUEL_VILAS.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luz de la ciudad, te bebemos de noche.</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>Hacemos el amor tan cerca de la cocina,</p>
<p>es tan peque&ntilde;o este piso,</p>
<p>que llega el olor de las tuber&iacute;as como un olor de santidad</p>
<p>pegajoso y sucio,</p>
<p>sint&eacute;tico y torcido,</p>
<p>demasiado calor,</p>
<p>por todo tu cuerpo con tatuajes y escamas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luz de la ciudad, eres blanca como el sol.</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>Conozco gente de cincuenta y cinco a&ntilde;os</p>
<p>que ocupa puestos importantes bajo las luces de la ciudad,</p>
<p>que hablan un espa&ntilde;ol inmaculado,</p>
<p>que tienen el poder y la dicha social,</p>
<p>pero que no hacen el amor como t&uacute; y yo lo hacemos,</p>
<p>-si es que es amor y no mentira-,</p>
<p>con esos gritos arrancados</p>
<p>-si es que son gritos y no ficciones-</p>
<p>a la piel, a la lengua, al &aacute;cido</p>
<p>de las enigm&aacute;ticas baldosas del suelo,</p>
<p>que apenas aman as&iacute;, a la manera nuestra,</p>
<p>-rabia y poco futuro, ira y poca compasi&oacute;n-</p>
<p>y yo no entiendo que la vida sea otra cosa</p>
<p>que las blancas cabelleras</p>
<p>de tu carne hip&oacute;crita y regiamente desnuda</p>
<p>como si sonasen los himnos nacionales de Francia y Alemania,</p>
<p>de Rusia y Espa&ntilde;a, de Suecia y Finlandia,</p>
<p>no en mitad de una Olimpiada,</p>
<p>sino en mitad de los extrarradios industriales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luz de la ciudad, te bebemos de noche.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A veces no nos dormimos en la madrugada y pensamos en Marte</p>
<p>y pensamos en las cenizas de los crematorios ascendiendo,</p>
<p>-cuerpos carbonizados, gente que naci&oacute; para decorar el cielo-,</p>
<p>buscando su tumba en el aire contaminado,</p>
<p>-el aire pleno de cenizas humanas que vienen de la tierra,</p>
<p>culos y lenguas, f&eacute;mures y sacros, h&iacute;gados y simiente-,</p>
<p>siete horas seguidas mirando el plaf&oacute;n dorado all&aacute; en el techo</p>
<p>de un dormitorio traspasado por ruidos</p>
<p>de coches viejos y lejanos,</p>
<p>de puertas de vecinos que se abren;</p>
<p>y miramos una ventana,</p>
<p>presintiendo a trav&eacute;s de las rendijas</p>
<p>la fuerza de las gr&uacute;as que crean la vida y la historia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luz de la ciudad, te bebo desnudo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando tenga setenta a&ntilde;os y ya no pueda,</p>
<p>&aacute;breme en canal,</p>
<p>y tira mi coraz&oacute;n a los perros.</p>
<p>Y t&uacute; come con ellos,</p>
<p>pelea con ellos para que te dejen morder,</p>
<p>mu&eacute;rdelo como t&uacute; sabes,</p>
<p>perra,</p>
<p>mi coraz&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Te quiero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Te quiero tanto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Te quiero,</p>
<p>como los dinosaurios quieren la luz de las estrellas para beberla de noche,</p>
<p>como los leones en &Aacute;frica devoran cebras con los ri&ntilde;ones plenos de basura,</p>
<p>como los blancos comen negros con el coraz&oacute;n pleno de ilusiones blancas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luz de la ciudad, eres mi novia, mi espejo y mi alegr&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me paso las noches gritando.</p>
<p>Contra la oscuridad, contra la luna,</p>
<p>gritando.</p>
<p>Desn&uacute;date, perra,</p>
<p>gritos en mitad de la madrugada,</p>
<p>en mitad de las escaleras de los pisos barat&iacute;simos:</p>
<p>exaltaci&oacute;n, demasiada exaltaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo est&aacute; blanco.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Desn&uacute;date, perro. &iquest;Tiemblas? &iquest;Te asusto?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luz de la ciudad, te bebemos de noche.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luz de la ciudad, que tambi&eacute;n ilumina</p>
<p>a los perros,</p>
<p>a los negros,</p>
<p>a los ni&ntilde;os,</p>
<p>a los santos,</p>
<p>a los resucitados,</p>
<p>a los ancianos,</p>
<p>a los pobres,</p>
<p>a los asesinos,</p>
<p>y a las mujeres,</p>
<p>a las iniluminables mujeres.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luz de la ciudad, te bebemos de noche.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luz de la ciudad sobre tu cabello de ceniza Sulamita.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tengo muchas ganas esta noche.</p>
<p>Te matar&eacute;. Te lo dar&eacute;. Te dar&eacute; eso.</p>
<p>Nos casaremos. Te lo dar&eacute;, lo juro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Te quiero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 23 Oct 2013 07:54:15 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Llama en los sentidos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/llama-en-los-sentidos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/CARLOS_ALCORTA.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quisiera retener dentro de m&iacute;,</p>
<p>en la sangre nupcial, acanalada</p>
<p>que me nutre y refuerza mi destino</p>
<p>la persistente luz que me da fuerzas,</p>
<p>esa luz perseguida sin descanso</p>
<p>durante los inacabables meses</p>
<p>del invierno septentrional, que s&oacute;lo</p>
<p>para ser nube huidiza se oscurece</p>
<p>como si se enlutara la conciencia,</p>
<p>la luz avecindada en la memoria</p>
<p>con la embriaguez que un cuerpo</p>
<p>acostado en la arena, desvalido</p>
<p>en su pureza, causa en quien lo mira.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>A lo lejos, la masa forestal</p>
<p>abraza las brillantes dunas. P&aacute;jaros</p>
<p>traviesos en el aire cabriolean</p>
<p>mientras olas de un mar</p>
<p>liso como la palma</p>
<p>de la mano dibujan en la mente</p>
<p>la frontera entre quien ahora soy</p>
<p>y aquel que todav&iacute;a no te amaba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Como un guante de terciopelo el sol</p>
<p>acaricia el fragmento de tu piel</p>
<p>expuesta. Est&aacute; el d&iacute;a en su m&aacute;s</p>
<p>colmada lumbre y yo me adentro,</p>
<p>olvidado de m&iacute;, deshilach&aacute;ndome</p>
<p>como un cirio, en su incandescente llama</p>
<p>mientras bebo esas gotas de sudor</p>
<p>que brotan en un descuidado pliegue</p>
<p>cuya forma obedece al env&eacute;s de tu sombra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 22 Oct 2013 06:41:43 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Llegar cuando las luces se apagan]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/llegar-cuando-las-luces-se-apagan/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/MAURICIO_WIESENTHAL.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Europa estaba en&nbsp; llamas.&nbsp; Nac&iacute; en 1943, lejos del frente, en las&nbsp; orillas de un r&iacute;o de cartas: &ldquo;Querido, querida... padre, madre, hijo m&iacute;o, hija de mi alma, amada... &iquest;Cu&aacute;ndo volveremos a vernos? &iquest;Nos permitir&aacute; la vida volver a encontrarnos?&rdquo;... En los pueblos de Europa, se o&iacute;an las sirenas de alarma, r&aacute;pidas y entrecortadas.&nbsp; Cada f&aacute;brica ten&iacute;a la suya. Se escuchaba el ruido de los aviones y se apagaban las luces. Luego, cartas, siempre el r&iacute;o de las cartas: &ldquo;querido, querida, padre, madre, amada, hijo m&iacute;o, hija de mi alma.&rdquo;... y alguna que nunca llegaba.</p>
<p>Soy biznieto de un m&uacute;sico, nieto de un editor e impresor, hijo de un catedr&aacute;tico, descendiente de generaciones de viejos europeos que &ndash;en una &eacute;poca de fanatismo y violencia- vieron reducidos a escombros el esfuerzo material y moral de sus vidas. Vine al mundo en un siglo terrible &ndash;el <em>novecento</em>- que industrializ&oacute; el asesinato en serie, creando incluso cadenas de montaje de la muerte. Nac&iacute;&nbsp; en medio de un bombardeo, cuando &ldquo;las luces se apagan&rdquo;.</p>
<p>S&eacute; que, una noche, mis padres -a la hora en que escuchaban las noticias de la&nbsp; BBC-&nbsp; se levantaron emocionados, mir&aacute;ndose a los ojos, apagaron la radio, pusieron un disco en el gram&oacute;fono, me cogieron en brazos y comenzaron a bailar un vals... Todav&iacute;a ese momento tiene en mi memoria una luz de v&iacute;speras y, cuando pienso en &eacute;l, me invade una emoci&oacute;n profunda. Hasta, que ya de mayor, comprend&iacute; que aquel recuerdo alegre de mi ni&ntilde;ez ten&iacute;a un significado muy concreto en el calendario de los adultos: era la fecha en que hab&iacute;a acabado la Segunda Guerra Mundial.</p>
<p>Evoqu&eacute; este momento en <em>El Esnobismo de las golondrinas</em>: &ldquo;Barcelona me dio la vida, porque soy un superviviente de las viejas familias de Europa. Por una casualidad pude nacer en este rinc&oacute;n del Mediterr&aacute;neo donde me dejaron vivir y mi infancia tiene esa luz de patio&rdquo;...</p>
<p><strong>Una familia de m&uacute;sicos</strong></p>
<p>Mi bisabuelo, Gustav Wiesenthal, naci&oacute; en Alsleben, a orillas del Saale, el 14 de febrero de 1835. Esta comarca hab&iacute;a sido feudo de los pr&iacute;ncipes de Anhalt.</p>
<p>El padre de Gustav era cirujano, pero tambi&eacute;n hab&iacute;a estudiado m&uacute;sica, por seguir una tradici&oacute;n que, en mi familia paterna, se remontaba a varias generaciones. Invent&oacute; un mecanismo para el pedal de los &oacute;rganos que estaba inspirado en una pr&oacute;tesis que colocaba a sus pacientes, cuando ten&iacute;an problemas en las articulaciones. Vivi&oacute; en la corte de Anhalt, como sus antepasados y, aunque no fue nunca banquero ni acaudalado, podr&iacute;a considerarse un <em>Hofjude</em>; es decir, uno de aquellos jud&iacute;os alemanes que hab&iacute;an hecho carrera al servicio de los pr&iacute;ncipes europeos, como consejeros o ministros.</p>
<p>Alsleben era, entonces, una peque&ntilde;a poblaci&oacute;n protestante de algunos miles de habitantes que viv&iacute;an, principalmente, de la construcci&oacute;n de barcos y del comercio de az&uacute;car y malta. Adem&aacute;s del comercio fluvial, algunos molinos de agua daban trabajo a la poblaci&oacute;n.</p>
<p>Hoy, este pueblo de Sajonia, es un lugar melanc&oacute;lico, empobrecido por los a&ntilde;os de comunismo que siguieron a la &uacute;ltima guerra mundial. Alguna vez me he detenido a beber vino en una taberna y entro a rezar en la iglesia o paseo por las orillas del r&iacute;o, donde los &aacute;rboles centenarios, las barcazas dormidas y los astilleros en ruina son lo &uacute;nico que queda de tiempos antiguos. Pero siento todav&iacute;a emoci&oacute;n al pisar sus callejas empedradas, al contemplar la fachada del Rathaus o cuando me cruzo con alg&uacute;n campesino que viene al mercado con su carro lleno de manzanas, tirado por un pesado caballo.</p>
<p>En el siglo XVII se construyeron en los alrededores de Alsleben, monumentales castillos como el Bernburg Schloss, residencia de los pr&iacute;ncipes de Anhalt y donde mis antepasados fueron maestros de capilla.</p>
<p>Las cortes de Anhalt no eran&nbsp; muy poderosas, pero tuvieron mucha historia, porque viv&iacute;an en una encrucijada estrat&eacute;gica del coraz&oacute;n de Europa. Una hija de un duque de Zerbst, llamada Sophie-Friederike-Augusta, fue emperatriz de Rusia con el nombre de Catalina la Grande; aunque no se caracteriz&oacute; nunca por su amor a la m&uacute;sica. Pero otros duques, como Leopold de Anhalt-C&ouml;then, se hab&iacute;an distinguido por su esp&iacute;ritu ilustrado, defendiendo el bienestar de sus s&uacute;bditos y la libertad de conciencia. Y el cargo de maestro de capilla era una labor honrosa para un m&uacute;sico, porque&nbsp; el propio Juan Sebastian Bach hab&iacute;a desempe&ntilde;ado este cargo en uno de estos castillos.</p>
<p>El trabajo de los m&uacute;sicos de la corte era bastante rutinario. Una legi&oacute;n de damas de honor, gentilhombres, chambelanes, monteros mayores, intendentes de capilla, m&uacute;sicos, preceptores, maestros de danza, lacayos y gobernantas rodeaban a los pr&iacute;ncipes. Y la m&uacute;sica no era una actividad muy lucrativa, pero estaba bien considerada porque los m&uacute;sicos de Sajonia se hab&iacute;an agrupado ya desde 1653 en un &ldquo;Colegio de Instrumentistas&rdquo;, lo que les diferenciaba de muchos pobres ministriles (<em>Kunstpfeifer</em>) que llevaban una vida casi vagabunda, tocando la cornamusa y la lira en las fiestas. Por eso mis antepasados pudieron fundar una familia estable, educar a sus hijos y convertirlos en honestos maestros de m&uacute;sica, ense&ntilde;&aacute;ndoles adem&aacute;s la t&eacute;cnica de la construcci&oacute;n de violines y &oacute;rganos.</p>
<p>Cuando me asomo a las ventanas del castillo de Bernburg y contemplo las aguas plateadas del Saale, me emociono todav&iacute;a pensando cu&aacute;ntos sue&ntilde;os dejaron en este castillo los m&uacute;sicos de mi familia.</p>
<p>De generaci&oacute;n en generaci&oacute;n, mis antepasados mantuvieron su tradici&oacute;n musical, hasta los a&ntilde;os del siglo XIX en que naci&oacute; mi bisabuelo Gustav. Naturalmente su padre decidi&oacute; que se dedicar&iacute;a a la m&uacute;sica, actividad en la que tambi&eacute;n se hab&iacute;an distinguido los Mendelssohn, emparentados con&nbsp; la familia.</p>
<p><strong>&iexcl;Salve!, por algo se empieza</strong></p>
<p>Aunque llegu&eacute; cuando se apagaban las luces, la suerte no me hizo nacer entre ruinas. Nac&iacute; en Barcelona, en una bella casa modernista de la Gran V&iacute;a 658.&nbsp; Mi padre la hab&iacute;a elegido porque estaba muy cerca de la Escuela de Comercio, instituci&oacute;n de la que era entonces Director. Verdadero coleccionista de t&iacute;tulos acad&eacute;micos, hab&iacute;a ganado su primera c&aacute;tedra en 1916, ejerciendo luego el profesorado en la Escuela de Comercio de Las Palmas, en el Instituto Columela de C&aacute;diz, en Berl&iacute;n (donde vivi&oacute; becado por la Instituci&oacute;n Libre de Ensa&ntilde;anza), en Barcelona, en la Facultad de Medicina de C&aacute;diz y en la Escuela Diplom&aacute;tica de Madrid.</p>
<p>Mi padre era madrile&ntilde;o, ya que fue en la capital de Espa&ntilde;a donde se instal&oacute; mi abuelo cuando vino de Hamburgo en 1886. Pero sent&iacute;a una devoci&oacute;n especial por Barcelona, donde encontraba un ambiente cultural de su agrado, muy abierto entonces a las influencias europeas y, tambi&eacute;n, independiente e industrioso como el de las viejas ciudades hanse&aacute;ticas del Norte de Alemania donde hab&iacute;an vivido nuestros antepasados. Por eso, en 1942, reci&eacute;n casado con mi madre, se traslad&oacute; a Barcelona.</p>
<p>La casa donde nac&iacute; tiene una alegre fachada con azulejos y barrocas labores de forja, que me recuerda el estilo de algunos palacetes sevillanos, quiz&aacute;s porque las dos ciudades compartieron los elementos decorativos mediterr&aacute;neos que estaban de moda en los a&ntilde;os de la Exposici&oacute;n Universal de 1929. Todav&iacute;a conserva en el zagu&aacute;n algunos muebles originales, adem&aacute;s de los vidrios emplomados de las ventanas y de una bella escalera en la que destaca un trovador que sostiene en la mano una bandera con la inscripci&oacute;n <em>Salve</em>.</p>
<p>Cuando visit&eacute; por primera vez la casa de Goethe en Weimar y vi escrita, en el umbral de la puerta, la palabra <em>Salve</em>, me sent&iacute; un elegido; vecino de los dioses del Olimpo. M&aacute;s o menos, como aquel advenedizo que presum&iacute;a de sus relaciones con el Rey.</p>
<p>- Tenemos el mismo peluquero -explic&oacute; a unos amigos.</p>
<p><strong>J&acute;aime Wiesenthal&hellip; Et mois aussi, Madame</strong></p>
<p>Me bautizaron en la Colegiata de Santa Anna, en el coraz&oacute;n de la Barcelona antigua. Y me dieron los nombres de Mauricio, por mi abuelo paterno, Daniel, por mi abuelo materno, y Jaime, porque alguno de los invitados pens&oacute; que&nbsp; har&iacute;a honor a este nombre medieval: <em>Jaume de Valldeprat (</em>esto significa Wiesenthal<em>), trobador reial, mestre de fin&acute;amor, cavaller de la Sainte Chandelle... </em>Si uno pudiese escribir su biograf&iacute;a en una l&aacute;pida, esta ser&iacute;a mi lauda.&nbsp;</p>
<p>He utilizado alguna vez este nombre, Jaime, porque me parece rom&aacute;ntico; sobre todo, desde que un d&iacute;a me hicieron una entrevista en Francia y la locutora, cometiendo&nbsp; un delicioso despiste, me llam&oacute; &ldquo;<em>J&acute;aime Wiesenthal</em>&rdquo;... (<em>Et moi, je vous aime aussi, Madame</em>, respond&iacute;&nbsp; para ser cort&eacute;s)</p>
<p>El primitivo Monasterio de Santa Ana fue edificado en la Edad Media por los caballeros de la Orden del Santo Sepulcro. Es una l&aacute;stima que, en los incendios de la guerra civil, perdiese muchos de sus retablos y altares, aunque conserva todav&iacute;a su bell&iacute;simo claustro, con dos pisos de arcadas.</p>
<p>Voy a menudo a esta rom&aacute;ntica iglesia donde nac&iacute; al milagro de la esperanza y del amor. No s&eacute; si los misterios de fe admiten una explicaci&oacute;n racional; pero, cuando me acerco a la vieja pila bautismal, experimento todav&iacute;a una sensaci&oacute;n de salud y de frescor. Me gusta pasear por el claustro, contemplando sus fustes elegantes que reciben una luz m&iacute;stica a trav&eacute;s de la fronda de naranjos y palmeras. A finales de primavera, las magnolias de hojas verdes y brillantes, abren sus grandes flores blancas. Es la &eacute;poca ideal para escuchar el canto de la fuente que deja caer sus l&aacute;grimas cansinas sobre el viejo pozo medieval de piedra. Alguna vez me contaron que mi rom&aacute;ntica y piadosa bisabuela Amalia von Halle era capaz de identificar el sonido del &oacute;rgano en cada iglesia de Hamburgo. Me gusta tanto el sonido de las fuentes que, con los a&ntilde;os, me fui acostumbrando a distinguir las que tienen la l&aacute;grima sentimental y rom&aacute;ntica, de los surtidores rientes y alegres; al igual que hay fuentes piadosas que murmuran rosarios lentos, o algunas que zumban como abejas en el calor de la siesta y otras que cantan en el silencio de la madrugada, como las esclavas de <em>Las mil y una noches</em>.</p>
<p><strong>El tango celos</strong></p>
<p>En la galer&iacute;a de mi&nbsp; casa, en el Ensanche de Barcelona, se o&iacute;a el tango Celos. No s&eacute; por qu&eacute; ese tango tiene una presencia recurrente y misteriosa en mi vida. Me acompa&ntilde;a desde mi infancia, como una de las canciones que recuerdo de la cuna. Mis amigos no saben tampoco c&oacute;mo explicar este fen&oacute;meno. Pero basta que yo entre en el sal&oacute;n de un barco o que me acerque al piano de un hotel para que comience a sonar el tango <em>Celos</em>. Me ha acompa&ntilde;ado mil veces en mis traves&iacute;as del Atl&aacute;ntico, en el Queen Elizabeth, en el Galileo Galilei, en el Costa Classica, en el Brilliance of the Seas... Me trae el recuerdo del Hotel Bristol de Salzburg, donde lo interpretaba Bobby, el pianista. Lo he o&iacute;do mientras escrib&iacute;a -melanc&oacute;lico y solitario- en el Caf&eacute; Tortoni de Buenos Aires. Y me ha seguido en el Park Oteli de Estambul, en el Quisisana de Capri, en los caf&eacute;s de Venecia, en las pensiones de mi &eacute;poca de estudiante o en los garitos del puerto de Argel. Sonaba en los a&ntilde;os cuarenta en los patios abiertos, en mi casa de la Gran V&iacute;a de Barcelona. Quiz&aacute; lo bailaban mis padres cuando se abrazaban en casa y se dejaban llevar por la alegr&iacute;a y la pasi&oacute;n de los primeros a&ntilde;os de casados. Se o&iacute;a en las radios de la posguerra, en los viejos gram&oacute;fonos de la Voz de su Amo, en los bailes de las verbenas y en las habitaciones de las criadas, que ol&iacute;an a manzanas de pueblo y a carm&iacute;n de labios.</p>
<p>M&aacute;s tarde en C&aacute;diz, donde pas&eacute; mi adolescencia, se viv&iacute;a mucho al ritmo de Am&eacute;rica. Delante de mi casa gaditana hab&iacute;a muerto en 1845 el primer presidente argentino,&nbsp; Bernardino Ribadavia. Unas calles m&aacute;s all&aacute; hab&iacute;a nacido, en 1732, Jos&eacute; Celestino Mutis, el gran bot&aacute;nico que descubri&oacute; la quina.&nbsp; No se pod&iacute;a vivir en C&aacute;diz sin sentirse en Am&eacute;rica.</p>
<p>El tango <em>Celos </em>sonaba tambi&eacute;n en los caf&eacute;s del puerto, donde los j&oacute;venes que emigraban a&nbsp; Argentina, en busca de fortuna, se desped&iacute;an de sus madres o de sus novias. Y el tango<em> Celos&nbsp; </em>se o&iacute;a en las ventanas abiertas, en las noches c&aacute;lidas, en el &uacute;ltimo adi&oacute;s de las orquestas de los barcos que se llevaban a tantos europeos &ndash;espa&ntilde;oles, jud&iacute;os alemanes, italianos- hacia la inc&oacute;gnita del futuro en el Nuevo Mundo.</p>
<p><strong>Mi&nbsp; madre, un bazar&nbsp; y una perla gris</strong></p>
<p>En el barrio barcelon&eacute;s donde nac&iacute; hab&iacute;a muchos almacenes de tela, algunos tan espectaculares como el magn&iacute;fico taller de la familia Calvet, dise&ntilde;ado por Gaud&iacute;, que luego se convirti&oacute; en restaurante. Esta inmensa nave, recubierta de azulejos, conserva sus oficinas, compartimentadas por mamparas modernistas de madera y cristal. Y todav&iacute;a sobreviven en los alrededores de mi casa algunos dep&oacute;sitos de venta al por mayor, donde se apilan piezas de tela de mil calidades y colores.</p>
<p>Quiz&aacute;s este entorno explica mi gusto por las telas, ya que siento un placer casi morboso al desplegarlas, al observar la ca&iacute;da natural de una corbata, al pasar mis dedos por las texturas de los diferentes tejidos y al contemplar sus colores. M&aacute;s tarde fui reprimiendo este gusto, porque nac&iacute; en una &eacute;poca triste en la que los muchachos no pod&iacute;amos mostrar afici&oacute;n por las telas y las frusler&iacute;as sin levantar sospechas de ambig&uuml;edad. Lamento que entonces me importase. Ahora ya he aprendido que es mejor contarse entre los perseguidos que formar parte de los perseguidores.</p>
<p>Mi madre ten&iacute;a la costumbre de llevarme de compras con ella. Recuerdo un establecimiento que se llamaba Santa Eulalia, donde nos atend&iacute;a un dependiente que manejaba las piezas de tela con una habilidad extraordinaria, despleg&aacute;ndolas y pleg&aacute;ndolas para resaltar las texturas, mostrando los colores a la luz del sol para observar mejor los reflejos y matices, acariciando el tejido para sentir su cuerpo, su volumen y su calidad. Era un poco amanerado en sus gestos y, a veces, lanzaba al aire las telas, como los toreros cuando manejan su capote. Pero mi madre, c&oacute;modamente sentada -porque entonces los dependientes ofrec&iacute;an asiento a sus clientes- se hac&iacute;a mostrar diferentes tejidos: estampados, sedas, tafetanes, rasos, terciopelos... hasta elegir el que le parec&iacute;a m&aacute;s adecuado. Y yo disfrutaba contemplando aquel espect&aacute;culo, mucho m&aacute;s que si me hubiesen llevado a un museo.</p>
<p>Yo era todav&iacute;a muy peque&ntilde;o; pero uno aprende a conocer un aspecto diferente de las mujeres cuando las acompa&ntilde;a a comprar. S&oacute;lo entonces se vuelven como son: brillantes, intuitivas, caprichosas, imprevisibles. Y si mi madre parec&iacute;a m&aacute;s bien distante y fr&iacute;a, debo decir que, en el primer sue&ntilde;o de mi infancia, la veo compr&aacute;ndose una perla gris en un bazar oriental.</p>
<p><strong>A orillas del Deva</strong></p>
<p>El bell&iacute;simo r&iacute;o Deva fluye entre Asturias y Cantabria, las dos regiones del Norte de Espa&ntilde;a donde viv&iacute;an mis dos ramas familiares maternas. A veces he recorrido este r&iacute;o, siempre con &aacute;nimo rom&aacute;ntico, pensando que los r&iacute;os unen los pueblos, las tierras e, incluso, las vidas humanas; de la misma forma que este Deva fue, para mis antepasados, una&nbsp; &ldquo;avenida nupcial&rdquo;.</p>
<p>Las familias de cristianos viejos de Asturias y de Santander tienen a gala conocer todos los nombres de su saga. Mis antepasados maternos proven&iacute;an de estas familias de humildes campesinos y peque&ntilde;os ganaderos. Por eso nuestra madre y nuestras t&iacute;as repet&iacute;an de memoria una retah&iacute;la de apellidos (Escand&oacute;n, Alles, Merodio, Bada, Lamadrid) que me parecieron siempre muy divertidos.</p>
<p>Un d&iacute;a dibuj&eacute; un caballero cruzado con un escudo de plata en el que aparec&iacute;a una hormiga en oro. Pero mi abuela me hizo cambiar el animal her&aacute;ldico por el &aacute;guila coronada en oro que trae el escudo de los Bada. Y luego me hizo dibujar el de los Merodio, con un le&oacute;n rampante que yo creo que me sali&oacute; &ldquo;reptante&rdquo;, porque me costaba mucho pintarlo. Pero lo peor era cuando me hac&iacute;a dibujar el escudo de los Conde con sus cabezas de dragones. Le gustaba que me aprendiese los nombres de mis antepasados y disfrutaba mucho cuando le hac&iacute;amos preguntas sobre estos temas:</p>
<p>- &iquest;Qui&eacute;n era aquel marqu&eacute;s que llevaba en el escudo el mote &ldquo;Mis obras, no mis abuelos, me habr&aacute;n de&nbsp; llevar al cielo&rdquo;?</p>
<p>- Este es el lema de los Coss&iacute;o. Pero a m&iacute; me gusta m&aacute;s el de los Rada &ldquo;Si m&aacute;s quisiera m&aacute;s subiera&rdquo;</p>
<p>- O sea, descendientes de don Pedro de Cossio y Mier</p>
<p>- Hijo, no se llamaba don Pedro, sino don Agapito Alejandro (no s&eacute; por qu&eacute; nuestros antepasados ten&iacute;an siempre nombres griegos, como si hubiesen nacido en Candia) Y era Maestre de Campo de los Reales Ej&eacute;rcitos.</p>
<p>Yo aparentaba estar muy interesado.</p>
<p>- &iquest;Y por &eacute;l le pusieron Agapito a tu hermano, abuela? No, hijo, no: tienes que aprenderte mejor la historia de nuestra familia. Mi hermano se llama as&iacute;, por otro antepasado m&aacute;s antiguo, que fue obispo y se muri&oacute; de un c&oacute;lico, diciendo Misa; porque le gustaban mucho los melones y, el pobre, comi&oacute; demasiados en la sacrist&iacute;a, roci&aacute;ndolos con vino de consagrar.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Estaban orgullosos de ser descendientes de la dinast&iacute;a Mier; al parecer, noble y respetable entre las de aquella regi&oacute;n de Pe&ntilde;amellera Baja. Y me hizo aprender el lema de la familia, escrito en letras de sable sobre plata: &ldquo;Adelante el de Mier por m&aacute;s valer&rdquo;. Aunque uno de mis t&iacute;os abuelos, que fue magistrado en M&eacute;xico, tuvo que soportar pesadas bromas cuando sus enemigos escribieron en la fachada de su palacio <em>&ldquo;La gloria que Mier tiene, es la gloria que Mier da.&rdquo;</em></p>
<p>Se ve que &eacute;sta afrenta motiv&oacute; tanto a la familia, que uno de sus descendientes se distingui&oacute; luchando en favor de la independencia de M&eacute;xico, derrotando en Puebla con un pu&ntilde;ado de hombres a un numeroso ej&eacute;rcito espa&ntilde;ol; o, al menos, as&iacute; me lo contaron cuando me ense&ntilde;aron el monumento que tiene en Ciudad de M&eacute;xico. Pero me complace pensar que algunos de mis antepasados espa&ntilde;oles se adelantaran a Lord Byron o Che Guevara en la lucha contra el colonialismo.</p>
<p>Mi abuela estaba tambi&eacute;n orgullosa de su origen hidalgo, porque estos naturales de la Li&eacute;bana, en la antigua Merindad de las Asturias de Santillana,&nbsp; tienen a gala haber mantenido sus linajes; aunque haya sido a costa de casarse frecuentemente entre ellos. Fueron siempre un feudo de realengo y no tuvieron m&aacute;s se&ntilde;or que el Rey, tradici&oacute;n que nuestra abuela relataba como quien posee un ducado.</p>
<p>- Marqu&eacute;s o duque puede hacer el rey a quien quiera &ndash;le o&iacute; decir m&aacute;s tarde a un pariente- pero hidalgo se es por nacimiento.</p>
<p>A m&iacute; estas cosas me sonaban muy raras, porque me parec&iacute;an racistas, como si la sangre sirviese para algo m&aacute;s que hacer morcillas. Pero mi abuela estaba orgullosa de ser descendiente de una antigua familia que hab&iacute;a dado algunos personajes en la historia de Espa&ntilde;a, como un arquitecto que colabor&oacute; en la construcci&oacute;n de las catedrales de M&aacute;laga y Granada, adem&aacute;s de un administrador de Fernando VII que fue pintado por Goya.</p>
<p>La conoc&iacute; con el pelo totalmente blanco, recogido en un mo&ntilde;o. Ten&iacute;a unas manos finas y blancas, que a m&iacute; me gustaba besarle, y era bastante alta para una mujer de la &eacute;poca, con un aspecto interesante y noble. Era muy guapa -incluso ya en edad bien avanzada-&nbsp; y yo disfrutaba observ&aacute;ndola cuando le&iacute;a o hac&iacute;a solitarios, admirando el elegante movimiento de sus dedos al pasar las hojas o al deslizarse sobre sobre los naipes satinados.</p>
<p>La veo rodeada de flores; porque volv&iacute;a a casa siempre con un ramo y llenaba las habitaciones de azucenas o rosas, claveles o lo que encontraba en el mercado. Pero tambi&eacute;n hac&iacute;a muy buenos pasteles y confituras. Se despertaba muy temprano y, cuando siendo muy ni&ntilde;o me despertaba con la primera luz, me iba a su dormitorio, entreabr&iacute;a la puerta con cuidado para no hacer ruido, me acercaba a su inmensa cama de caoba y saltaba sobre su blando colch&oacute;n de plumas, porque me sonre&iacute;a y me acariciaba, hasta que volv&iacute;a a quedarme dormido.</p>
<p>Cuando estaba en Cantabria, como ten&iacute;a algunas tierras y cabezas de ganado, hac&iacute;a tambi&eacute;n mantequilla y quesos. La mantequilla que nos enviaba a casa, ven&iacute;a en forma de rulos, envuelta en hojas, y ten&iacute;a un sabor cremoso y avellanado que nunca he encontrado en las marcas industriales.</p>
<p><strong>Mi <em>niania </em>Lisa</strong></p>
<p>Los rusos llaman <em>niania</em> a la nodriza. Y mi <em>tante</em> Lola &ndash;siempre fiel a sus recuerdos de Rusia- me acostumbr&oacute; a llamar <em>niania</em> a la muchacha que se ocupaba de m&iacute;. A Lisa, mi <em>niania</em>, le gustaba mucho ense&ntilde;arme las costumbres de Catalu&ntilde;a, porque quer&iacute;a convertirme en un buen catal&aacute;n.&nbsp; Y en Corpus me llevaba a la Catedral para que viese las ocas del claustro y&nbsp; <em>l&acute;ou com balla</em> (el huevo que baila).&nbsp; Me fascinaba ver c&oacute;mo un huevo, colocado en lo alto de un surtidor, saltaba sobre las aguas.</p>
<p>Un Domingo de Ramos, Lisa me regal&oacute; un palm&oacute;n para que cumpliese otro ritual de todos los ni&ntilde;os catalanes. Me compraron caramelos y peque&ntilde;os juguetes para que lo adornara. Muy ilusionada, Lisa me llev&oacute; a la catedral para que golpease el suelo con mi enorme palm&oacute;n y gritase con los otros ni&ntilde;os: <em>Obriu, obriu que volem entrar&iexcl;</em></p>
<p>Otro d&iacute;a de la Semana Santa me llev&oacute; a los Oficios de Tinieblas, que era la ceremonia m&aacute;s larga, f&uacute;nebre y aburrida que imaginarse pueda. En esos d&iacute;as pascuales, las familias m&aacute;s piadosas evitaban toda manifestaci&oacute;n de alegr&iacute;a. Cesaban las representaciones de teatro y de cine, al que igual que otros espect&aacute;culos. Ni &aacute;un se respetaba la espl&eacute;ndida fuerza expresiva de la imaginer&iacute;a del barroco espa&ntilde;ol, ya que los altares aparec&iacute;an cubiertos de crespones y velos morados. Desde el Jueves Santo no se o&iacute;a ya el clamoreo alegre de las campanas; silencio que me produc&iacute;a una sensaci&oacute;n de tristeza y de vac&iacute;o. Es justo decir que,&nbsp; en algunos templos, se cantaban responsorios y motetes muy bellos. Pero el vivo toque de las campanas se sustitu&iacute;a por el seco sonido de las matracas, que tambi&eacute;n llaman en Catalu&ntilde;a <em>brajoles</em> o <em>tenebres</em>. Y, durante los oficios, hac&iacute;an sonar estas carracas de madera que produc&iacute;an un horrible estridor y alboroto en la iglesia. Nunca he comprendido bien esta forma de expresar el dolor y&nbsp; prefiero las campanillas y los cascabeles dulc&iacute;simos de la Misa de Resurrecci&oacute;n en la Pascua Rusa. Pero el caso es que Felisa me dio una carraca para que yo participase en el esc&aacute;ndalo de las Tinieblas, como hac&iacute;an todos los ni&ntilde;os. A esto lo llamaban <em>matar jueus</em> (matar jud&iacute;os) utilizando una s&aacute;dica expresi&oacute;n que, desde la Edad Media, se hab&iacute;a mantenido en la tradici&oacute;n inquisitorial m&aacute;s antisemita. La ceremonia se prolong&oacute; m&aacute;s de la cuenta y llegamos a casa tarde.</p>
<p>Nuestro padre, que era muy inflexible en cuestiones de puntualidad, nos esperaba en la puerta, inquieto, con el sombrero y los guantes en la mano, dispuesto a salir a buscarnos.</p>
<p>-&iquest;Qu&eacute; ha ocurrido, Lisa? &ndash;pregunt&oacute;, muy serio, cuando nos vio llegar</p>
<p>- Perd&oacute;n se&ntilde;or -dijo ella, muy compungida-. Venimos de los Oficios.</p>
<p>Y entonces, intentando disculpar a la pobre mujer,&nbsp; intervine yo con la mayor ingenuidad&nbsp; y a destiempo.</p>
<p>- &iexcl;Pap&aacute;,&nbsp; la <em>niana</em> me ha llevado a <em>matar jueus!</em></p>
<p><strong>Un recuerdo de infancia</strong></p>
<p>Mi padre se cas&oacute; con m&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os &ndash;mi madre era alumna suya- y pertenec&iacute;a, por lo tanto, a una generaci&oacute;n anterior a la que, normalmente, me habr&iacute;a correspondido. Casi todos los padres de mis amigos hab&iacute;an nacido en las dos primeras d&eacute;cadas del siglo XX y vivieron su juventud en los a&ntilde;os del fascismo; mientras que mi padre alcanz&oacute; todav&iacute;a a ver el fin del siglo XIX y fue joven en la <em>belle &eacute;poque</em>. Pero, adem&aacute;s, formaba parte de una clase intelectual, dif&iacute;cil de integrar en lo que ahora llaman burgues&iacute;a. Antes que el dinero apreciaba el buen gusto, hasta el extremo que le he visto marcharse de muchos espect&aacute;culos que no consideraba est&eacute;ticos, lo mismo que rechazaba la habitaci&oacute;n del hotel m&aacute;s lujoso si la decoraci&oacute;n no era de su gusto. &ldquo;Soy incapaz de dormir en esta cama de dise&ntilde;o s&aacute;dico&rdquo;, me dijo un d&iacute;a en Munich, mientras ordenaba que le bajasen las maletas y nos march&aacute;bamos a un hotel m&aacute;s modesto.</p>
<p>Viajar con mi padre era una experiencia inolvidable, mucho mejor que la que puede ofrecer cualquier gu&iacute;a, ya que conoc&iacute;a todos los rincones interesantes de la vieja Europa, pero de una forma directa y viva. Era un hombre de extraordinaria cultura, entendido lo mismo en historia que en arte, en antig&uuml;edades y en literatura, en &oacute;pera y en ballet. Pero no era un erudito, sino un <em>connaisseur</em> que ten&iacute;a estas aficiones y disfrutaba con ellas, porque formaban parte de su vida cotidiana; ya que un destino afortunado le hab&iacute;a permitido viajar por diferentes pa&iacute;ses y llevar una vida plena, entre amigos de gran val&iacute;a, rodeado siempre sus cuadros, sus esculturas, las obras de arte que tanto apreciaba y sus libros. Quiso que mi hermano y yo hered&aacute;semos estos gustos humanistas y no escatimaba nada para comunicarnos ese <em>esprit</em>. Yo apenas ten&iacute;a cuatro o cinco a&ntilde;os y ya hab&iacute;a visitado con &eacute;l la tumba de Serge Di&aacute;ghilev en Venecia. He recordado ese momento en otros libros m&iacute;os (<em>Libro de R&eacute;quiems</em> y <em>El esnobismo de las golondrinas</em>)</p>
<p>&ldquo;En el muelle de las Fondamente Nuove me parece ver todav&iacute;a a mi padre cuando me llevaba hacia San Michele para dejar unas flores en la tumba de Di&aacute;ghilev. Recuerdo que las postales de amaneceres que compr&aacute;bamos entonces estaban coloreadas en tonos rosas, igual que los polvos que se aplicaba mi madre, muy discretamente, en sus mejillas p&aacute;lidas. En mis o&iacute;dos suena todav&iacute;a una m&uacute;sica lenta que, como el bogar de la g&oacute;ndola,&nbsp; me hace pensar en Satie. Y veo la laguna convertida en una acuarela de Turner&rdquo;.</p>
<p>Tambi&eacute;n mi padre y mis t&iacute;os hablaban a menudo de Di&aacute;ghilev, dej&aacute;ndome una imagen imborrable de este ruso desordenado y genial, glot&oacute;n, despilfarrador y fant&aacute;stico, aparatoso en su forma de vestir -siempre envuelto en su abrigo de pieles- y exc&eacute;ntrico, incluso cuando com&iacute;a bombones sin quitarse los guantes blancos.</p>
<p>No olvido ni olvidar&eacute; jam&aacute;s esta experiencia de infancia. Me impresion&oacute; aquella isla de los muertos, jard&iacute;n de cipreses en medio de la brumosa laguna, donde las almas rusas deben vagar con melancol&iacute;a, buscando los lejanos abedules del descanso eterno. No sospechaba yo entonces que, a&ntilde;os m&aacute;s tarde, se enterrar&iacute;a all&iacute; mismo otro personaje al que conoc&iacute;, por azar, en mis a&ntilde;os de peregrinaje: Igor Stravinsky.</p>
<p>Mi padre vest&iacute;a a la inglesa, con tejidos de colores; pero sus amigos, vestidos de gris y negro,&nbsp; eran hombres de gusto serio, dif&iacute;ciles, con una cultura enciclop&eacute;dica y, no obstante, modestos hasta el exceso. Sus discretas se&ntilde;oras llevaban pocos diamantes y m&aacute;s astrac&aacute;n que vis&oacute;n. Pero hablaban de Venecia y de Viena, mientras ellos contaban c&oacute;mo hab&iacute;an conocido a Rub&eacute;n Dar&iacute;o en Madrid, o c&oacute;mo hab&iacute;an encontrado a Gabriele d&acute;Annunzio y a Eleonora Duse en el Cafe Pedrocchi de Padova. El pintor Francisco Prieto, que presum&iacute;a de conocer a todos los gitanos que pelaban burros y que le serv&iacute;an de modelos, se habr&iacute;a avergonzado de estrechar la mano a los personajillos que hoy llaman <em>beautiful people</em>. As&iacute; fue mi educaci&oacute;n, m&aacute;s propia de la <em>belle &eacute;poque</em> que de los tiempos b&aacute;rbaros que me toc&oacute; vivir y que se abatieron, como una tormenta, sobre la cultura europea. Por eso mi mundo cultural pertenece al pasado. Y, cuando entr&eacute; en el baile,&nbsp; se apagaron las luces.</p>
<p><strong>Los cupones de racionamiento</strong></p>
<p>Ni en Espa&ntilde;a &ndash;reci&eacute;n salida de la guerra civil- ni en el resto de Europa se viv&iacute;a entre riquezas, ni siquiera las familias privilegiadas como la m&iacute;a que pod&iacute;amos permitirnos viajar porque, adem&aacute;s, ten&iacute;amos familia y amigos en otros lugares de Europa. Recuerdo los carteles de la <em>Amerikahilfe </em>(la ayuda americana) en Austria, en los que se ve&iacute;an hogazas de pan negro. Tampoco olvido las manifestaciones populares en los d&iacute;as helados de invierno porque faltaba el carb&oacute;n, los mercados en los que una coliflor costaba m&aacute;s que una camelia,&nbsp; los cupones de racionamiento en Alemania y en Suiza, o la seriedad con que mi padre me hac&iacute;a ver un peri&oacute;dico con la imagen terrible de los pasajeros jud&iacute;os del Exodus a los que no dejaban desembarcar. He hecho muchas veces mis primeras tareas colegiales a la luz de una vela, porque hab&iacute;a restricciones cada tarde. Me acuerdo tambi&eacute;n de que, cuando era peque&ntilde;o, en todos los trenes y en las estaciones de Suiza, hab&iacute;a carteles que advert&iacute;an de los cortes de energ&iacute;a.</p>
<p>&ldquo;No toques eso que se rompe&rdquo; es una frase que marc&oacute; mi infancia, porque mi madre y las personas que se ocupaban de educarme la repet&iacute;an a menudo. No hab&iacute;a repuesto para casi nada y todo hab&iacute;a que conservarlo con cuidado.</p>
<p>Te deshoj&eacute; como una rosa,<br /> para verte tu alma,<br /> y no la vi.<br /> Mas todo en torno<br /> -horizontes de tierra y de mares-,<br /> todo, hasta el infinito,<br /> se colm&oacute; de una esencia<br /> inmensa y viva.</p>
<p>As&iacute; habl&oacute; de la rosa Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, pero al final, para no romperla, para no deshojarla, para no perderla, dijo en un verso maravilloso: &ldquo;No lo toques ya m&aacute;s que as&iacute; es la rosa&rdquo;.</p>
<p>Aprend&iacute; que las cosas hay que conservarlas y que las luces se apagan y las palabras se pierden y no hay que romper las rosas&hellip; Siendo un ni&ntilde;o, cuando mis padres me llevaban desde Suiza a Alemania, he visto a mi vieja Europa asolada y reducida a escombros.</p>
<p>Ten&iacute;a yo cinco a&ntilde;os y, en una calle en ruinas de un pueblo alem&aacute;n,&nbsp; vi una mu&ntilde;eca rota que colgaba de una ventana, en una de las pocas paredes que se manten&iacute;an en pie. Aquella Magdalena despeinada era todo cuanto quedaba de la infancia de una ni&ntilde;a. Recuerdo bien que era una mu&ntilde;eca azul, porque en Alemania se vest&iacute;a a las ni&ntilde;as de azul y a los ni&ntilde;os de rojo. Yo he sido un ni&ntilde;o vestido de rojo. Pero todav&iacute;a para m&iacute; todas las ni&ntilde;as tristes, cuando juegan solas en los patios o se asoman a una ventana, son azules.</p>
<p>Aquel d&iacute;a me promet&iacute; a m&iacute; mismo que luchar&iacute;a por reconstruir aquellas vidas, levantando sobre sus ruinas el &uacute;nico mundo que estaba en mis manos recomponer con mis rudimentarias herramientas de artesano: el mundo de la memoria. Porque nuestra cultura europea, desde Vermeer, fue la cultura de los interiores: las habitaciones con una vidriera emplomada por la que se devanan los rayos de luz, la cuna de encajes donde duerme una ni&ntilde;a azul en el rinc&oacute;n silencioso donde vuela una mosca, o ese &aacute;ngulo de la cocina donde una abuela lee una carta. Fue en esa luz de interior donde la memoria del mundo antiguo se transform&oacute; en los <em>ideales</em> de la Edad Media y los ideales medievales se transformaron en los <em>deseos </em>del Renacimiento.</p>
<p>Ese es el Camino de Iniciaci&oacute;n &ndash;podr&iacute;amos llamarlo V&iacute;a de la Memoria- que recorr&iacute;, a pie o en bicicleta, cuando segu&iacute;a el cauce de los r&iacute;os y me deten&iacute;a en las ciudades del Danubio, del Duero o del R&oacute;dano para indagar qu&eacute; era Europa. Creo que nuestros estudiantes deber&iacute;an conocer, primero que nada, el mapa f&iacute;sico de nuestra cultura. Se aprenden cosas sutiles al ver que nuestros pueblos est&aacute;n unidos por peque&ntilde;os caminos, por tierras cultivadas, por granjas, por puentes, por iglesias con torres que dan las horas con un carill&oacute;n para que puedan o&iacute;rse en todo un valle; o sea que somos un continente civilizado por el trabajo, por la presencia humana, por las ense&ntilde;anzas del sabio Quir&oacute;n que nos adiestr&oacute; para vivir en la Naturaleza sin profanarla &ndash;us&aacute;ndola con los respetos de la&nbsp; Cultura-&nbsp; y nos hizo comprender con su ejemplo que la sabidur&iacute;a&nbsp; es un centauro que necesita&nbsp; fuerza&nbsp; de caballo y cabeza de hombre.</p>
<p>Pero las dos guerras, al devastar nuestras ciudades y desahuciarnos de nuestras habitaciones, nos expropiaron tambi&eacute;n nuestra <em>Weltanschauung</em>: nuestra visi&oacute;n particular del mundo.</p>
<p>Max Weber hab&iacute;a advertido ya desde Munich en uno de sus discursos pacifistas de 1918 que la ca&iacute;da de Europa en la brutalidad de la Primera Guerra significaba el fracaso de los saberes europeos y de que corr&iacute;amos el peligro de convertirnos, a partir de ese momento, en una provincia de los Estados Unidos y de su forma informal,&nbsp; y pr&aacute;ctica de educar a los j&oacute;venes.&nbsp; Weber adivinaba ya entonces que, en el futuro, iba a ser muy dif&iacute;cil mantener la <em>paideia</em> europea, porque las secuelas de la&nbsp; guerra nos llevar&iacute;an a perder la idea de que disponer de una &ldquo;clase intelectual&rdquo; es m&aacute;s importante que formar &ldquo;una clase econ&oacute;mica&rdquo;.</p>
<p>Desgraciadamente, vino luego una Segunda Guerra que acab&oacute; con lo que quedaba del saber europeo, arrastrando en un enorme tsunami a Hegel y a Nietzsche, a Kant y a Spinoza, a Voltaire y a Hume. Europa tuvo que reconstruirse con el plan Marshall, bajo la generosidad y la tutela americanas. Y nuestros propios tutores se encargaron de explicarnos que deb&iacute;amos renunciar a nuestras utop&iacute;as filos&oacute;ficas y a nuestra melancol&iacute;a de la memoria para aceptar las lecciones del mundo pr&aacute;ctico, fortaleciendo nuestra econom&iacute;a y nuestra democracia. A nadie le interesaba mantener las peculiaridades de nuestra cultura. Y, desde entonces, Europa comenz&oacute; a ser mirada con la simple curiosidad de un enorme museo. Era, adem&aacute;s, dif&iacute;cil recuperar a nuestros viejos maestros porque se les acusaba del fracaso europeo, tanto desde el mundo capitalista como desde el comunismo sovi&eacute;tico.</p>
<p>No me importa confesarlo. En mi juventud he sido tan c&aacute;ndido que pens&eacute; que pod&iacute;a reconstruirlo todo. Pensar&iacute;a exactamente lo mismo si hubiese nacido en Hiroshima. Pero, en vez de estas memorias, escribir&iacute;a simplemente un <em>waka</em>:<em> </em>&ldquo;Muchachas, no os ri&aacute;is del p&aacute;jaro que canta en la rama nevada creyendo que la primavera ha florecido en vuestros kimonos&rdquo;. Y depositar&iacute;a, mis versos, a los pies del&nbsp; <em>gingko</em> milenario que sobrevivi&oacute; a la bomba.&nbsp;</p>
<p>Pero no escribo en japon&eacute;s y se me hacen cortas las treinta y una s&iacute;labas para contarlo todo. Por eso, en medio de nuestras ciudades destruidas, me promet&iacute; que dedicar&iacute;a mi vida a recomponer la memoria de Europa: encender las luces, quitar los cascotes de los bombardeos, remendar y limpiar las alfombras, reconstruir los tejados y las torres de las iglesias para que volviesen a repicar las campanas, arreglar los muebles, rotular las calles con los nombres de nuestros artistas, nuestros cient&iacute;ficos y nuestros pensadores &ndash;Camino de Juan de la Cruz, Avenida de Mozart, Plazoleta del Himno de la Alegr&iacute;a, Ribera de los Artesanos, Torre de Garcilaso de la Vega, Callej&oacute;n de la L&oacute;gica-&nbsp; y levantar, al final &ndash;al doblar de una esquina- una capilla con la imagen de Nuestra Se&ntilde;ora que fue la madre de nuestra cultura medieval caballeresca y a la que yo llamar&iacute;a: Nuestra Madre de la Memoria.</p>
<p>Es f&aacute;cil imaginarse que mi labor estaba condenada, en buena parte, al fracaso. Pero no hay tarea m&aacute;s bella que la del artesano que canta en la jaula de sus labores sin darse cuenta de que se le va la vida. Uno trabaja con fe cuando piensa que la labor de cada d&iacute;a sirve para que las cosas no mueran, para vencer la muerte, para gritarle a mi vieja Europa desfallecida, las palabras m&aacute;gicas que&nbsp; Jes&uacute;s le dijo a la bella durmiente: <em>Talyath&aacute; qumi</em> &iexcl;muchacha, lev&aacute;ntate!</p>
<p>Prounciad en voz alta el conjuro de Jes&uacute;s, porque las palabras de las lenguas muertas tienden a esconderse en las ruinas de la polisemia pero recuperan su energ&iacute;a y su valor m&aacute;gico cuando el fil&oacute;logo encuentra su pronunciaci&oacute;n exacta: <em>Taliat&aacute; qumi</em>, <em>taliat&aacute;</em> pronunciado al modo dialectal de los galileos que hablaban con acento llano y&nbsp; no aspiraba las haches&hellip; Eso es, <em>Taliat&aacute; qumi</em>, no <em>taliath&aacute;</em>...</p>
<p><strong>La fantas&iacute;a, antes que la memoria</strong></p>
<p>A veces, jugaba con mis primas en el Tur&oacute; Parc, un rom&aacute;ntico y peque&ntilde;o jard&iacute;n que estaba cerca de su casa. Es un parque umbroso y h&uacute;medo, donde las flores espl&eacute;ndidas de la primavera aparecen como p&aacute;jaros ex&oacute;ticos entre senderos cubiertos de plum&oacute;n verdoso. Pero, como me criaba solo, me hab&iacute;a inventado muchas fantas&iacute;as de ni&ntilde;o solitario. Viv&iacute;a rodeado de personajes y animales de ficci&oacute;n. Y disfrutaba consider&aacute;ndome un duende que solo ten&iacute;a apariencia, pero no una vida real. Esto me daba grandes poderes, sobre todo cuando quer&iacute;a aislarme en mi mundo interior. Aunque ya solo conservo una m&iacute;nima parte de esa fuerza, mi capacidad de aislamiento y de autismo, ha sido siempre la mejor de mis cualidades, como nos ocurre a todos los idiotas.</p>
<p>Ten&iacute;a la costumbre de ponerle un nombre a todo lo que tocaban mis manos, aunque&nbsp; fuese un mueble, un trozo de tierra o a cualquier gato o perro que pudiese acariciar. Cuando me llevaban al parque me hab&iacute;a hecho mentalmente un mapa a escala ficticia de todos los accidentes de terreno, que yo calificaba como monta&ntilde;as, r&iacute;os y lagos; y estos &uacute;ltimos cambiaban seg&uacute;n los charcos que formaba el agua de lluvia. Unos nen&uacute;fares en un estanque de agua oscura eran, para mi fantas&iacute;a, un mundo encantado.</p>
<p>Mi padre me contaba que el Zool&oacute;gico de Hamburgo era mucho m&aacute;s grande que todos los parques que yo conoc&iacute;a, tan grande que all&iacute; habitaban las tribus &ldquo;negras&rdquo; de Africa y constru&iacute;an sus poblados entre los animales salvajes. Jugando en la Plaza de Catalu&ntilde;a hab&iacute;a descubierto una hormiga grande a la que puse enseguida el nombre de&nbsp; Reina de las Hormigas.</p>
<p>Siempre he tenido esta imaginaci&oacute;n inquieta y, desde que era muy peque&ntilde;o, he vivido rodeado de mis propias fabulaciones, convencido de que los violines son siempre m&aacute;gicos y suenan mejor cuando tienen leyendas ocultas que contar, o de que las cosas rotas &ndash;a condici&oacute;n de que sean obras de arte- pueden recomponerse solas si uno las conserva como obras inacabadas... Me gustan las cosas usadas y no me importa comprar en una subasta un &aacute;ngel de biscuit si es bello, aunque le falte un dedo; quiz&aacute;s porque creo que no solo hay personas pobres sino tambi&eacute;n objetos necesitados... Ciertos errores, no todos, me despiertan las ganas de amar; como si Dios me hubiese hecho coleccionista de faltas. Quiz&aacute;s esta es la raz&oacute;n de que, a lo largo de mi vida,&nbsp; haya amado siempre m&aacute;s a la gente imaginativa y fantasiosa, que a las personas inteligentes; porque la fantas&iacute;a me parece lo &uacute;nico original e inimitable que queda en el mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Este texto in&eacute;dito es un extracto, realizado por el propio autor, de su libro de memorias <em>Llegar cuando las luces se apagan.&nbsp; </em>El autor hizo una&nbsp; impresi&oacute;n&nbsp; privada para su familia&nbsp; y no ha querido darlo nunca a la edici&oacute;n, excepto este fragmento que ahora publicamos).&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 22 Oct 2013 06:34:54 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Humor militar]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/humor-militar/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/IGNACIO_VIDAL-FOLCH.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Estando Alberto, Bonifacio, Carlos, Dami&aacute;n, Ernesto, Fernando, Genaro y yo reunidos en los ra&iacute;dos y confortables sof&aacute;s del casino, hacia la mitad de la tarde Alberto cont&oacute; el siguiente chiste:</p>
<p>Avisan a un teniente de que la madre del soldado Mart&iacute;nez acaba de morir.</p>
<p>El teniente llama al sargento y le dice:</p>
<p>--Estoy muy agobiado. Menudo compromiso. No s&eacute; c&oacute;mo decirle al soldado Mart&iacute;nez que su madre ha muerto. Es algo tan doloroso, tan delicado&hellip; &iexcl;Qu&eacute; responsabilidad!</p>
<p>--U&rsquo;t&eacute; no se preocupe, mi teniente &ndash;dice el sargento--. D&eacute;helo de mi cuenta que tengo yo mushia ep-periensia en estas cosas.</p>
<p>El teniente: &ldquo;&iquest;De verdad? Gracias, sargento, me quita un peso de encima. &iquest;Pero est&aacute; seguro de que sabr&aacute;&hellip; en fin, dec&iacute;rselo con toda la delicadeza que requiere el caso?&rdquo;</p>
<p>--&iexcl;De&rsquo;cuide, mi teniente! &iquest;No le he disho que yo tengo musha ep-periensia?</p>
<p>En seguida el sargento sale al pasillo y grita:</p>
<p>--Compa&ntilde;&iacute;a a formar, &iexcl;Arrrr!... --Los soldados se ponen en firmes.-- &iexcl;A ver, que den un paso al frente todos los que tengan madre, &iexcl;Arrr!&hellip; &iexcl;T&uacute;, Mart&iacute;nez, quieto ah&iacute; ande est&aacute;s! &iquest;&Aacute;nde crees que vas, de&rsquo;grasiao?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&ordm;&nbsp; &ordm;&nbsp; &ordm;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aunque todos los tertulianos conoc&iacute;amos el chiste, Alberto lo contaba con los oportunos cambios de entonaci&oacute;n, las pausas y deslizamientos suaves o bruscos de una frase a la siguiente, y los ademanes y muecas del caso, as&iacute; que nos re&iacute;mos.</p>
<p>Ese chiste lleva d&eacute;cadas circulando por Espa&ntilde;a y siempre hace re&iacute;r, o sonre&iacute;r, a la audiencia, coment&oacute; Bonifacio.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;</p>
<p>Su &eacute;xito, agreg&oacute;, no responde tanto a la c&oacute;mica distancia entre el objetivo que persiguen los protagonistas del relato (comunicar una p&eacute;sima noticia a un tercero, con la mayor delicadeza posible) y el efecto que realmente alcanzan (le informan de la desgracia al estilo militar, o mejor dicho cuartelero, esto es, con pretensiones de eficacia t&eacute;cnica, pero de forma brutal y est&uacute;pida), cuanto en la complicidad que el relato establece entre el narrador y su oyente. Estos comparten una serie de convicciones e ideas previas A, B, C, D, E, F y G, que el chiste viene a confirmar:</p>
<p>A.&mdash;La p&eacute;rdida de la madre es una experiencia incomparablemente dolorosa, una de las mayores desgracias en la vida del ser humano.</p>
<p>B.&mdash;Los miembros de las castas sociales intermedias o inferiores (que en el chiste est&aacute;n encarnadas por el sargento) son por definici&oacute;n toscos, zafios, primitivos; mientras que las castas superiores suelen destilar individuos m&aacute;s educados, m&aacute;s refinados y con m&aacute;s escr&uacute;pulos de conciencia.</p>
<p>C.&mdash;En el &aacute;mbito militar impera la necedad.</p>
<p>D.-- El mundo es un lugar grotesco y despiadado donde&nbsp; nuestros sentimientos est&aacute;n sometidos al albur de individuos inferiores que ocupan, inmerecidamente, posiciones dominantes.</p>
<p>El narrador del chiste y los oyentes comparten tambi&eacute;n:</p>
<p>E.-- Conocimientos b&aacute;sicos sobre el orden f&iacute;sico del mundo: la organizaci&oacute;n del ej&eacute;rcito, la jerga que le es propia, etc.</p>
<p>F.-- El lugar del teniente (con cuya responsabilidad, delicadeza y deseos de pasar la carga a otro se identifican), y su superioridad espiritual sobre el sargento.</p>
<p>G.&mdash;La idoneidad de los nombres. El teniente y el sargento no necesitan nombre propio, pues el cargo que ocupan les define, les contiene, les presta su identidad nominativa. Y el recluta se ha de llamar &ldquo;Mart&iacute;nez&rdquo;, que es el apellido m&aacute;s com&uacute;n en Espa&ntilde;a y en este contexto significa &ldquo;uno cualquiera, uno que representa al pueblo llano, el hombre de la calle, v&iacute;ctima siempre de poderes superiores&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>(Si el recluta se llamase, por ejemplo, Ildefonso del Valle de Entramabasguas, el chiste derrapar&iacute;a y el oyente se encontrar&iacute;a&nbsp; distra&iacute;do por esa informaci&oacute;n derivativa.)</p>
<p>Al narrador del chiste y a su audiencia les resulta grato coincidir en tantas cosas, y todos r&iacute;en complacidos.</p>
<p>&ordm;&nbsp;&nbsp; &ordm;&nbsp;&nbsp; &ordm;</p>
<p>Carlos dijo: Es un chiste ciertamente muy divertido y a lo largo de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas lo he o&iacute;do contar muchas veces, pero luego, cuando se van apagando las risas, suelo quedarme con una sensaci&oacute;n de carencia, porque noto que la escena se reduce a los rasgos m&aacute;s esquem&aacute;ticos, y que los personajes circulan por las frases como meros veh&iacute;culos de ideas a priori, de esas empat&iacute;as entre el narrador y el oyente que Bonifacio acaba de exponer con tanta precisi&oacute;n y claridad. A mi modo de ver, se echa en falta toda clase de informaci&oacute;n. Hechos. Datos. Detalles. Por ejemplo, &iquest;c&oacute;mo es el teniente?...</p>
<p>Carlos se respondi&oacute; a s&iacute; mismo: al teniente podemos imaginarlo joven, delgado, un rostro de rasgos finos, manos finas, lleva gafas de montura dorada, es un militar profesional, un te&oacute;rico de la guerra muy aplicado y con un brillante porvenir. A su novia no le gusta que siga la carrera de las armas, que est&aacute; sujeta a traslados peri&oacute;dicos, mientras a ella le gustar&iacute;a no moverse nunca de la pequena ciudad de provincias donde naci&oacute;. Adem&aacute;s, encuentra que en su car&aacute;cter hay una cierta cualidad mec&aacute;nica, de la que culpa a la profesi&oacute;n que ejerce y al trato diario con tipos ordinarios en un ambiente sin mujeres.</p>
<p>El sargento, en cambio, lleva barba cerrada, tiene las piernas arqueadas, quiz&aacute; un inicio de tripa, camina como un vaquero. Es hu&eacute;rfano de un campesino pobre, y despu&eacute;s de cumplir el servicio militar obligatorio se reenganch&oacute; al Ej&eacute;rcito. Para &eacute;l, no pasar hambre ya es un logro, y lleva ya seis a&ntilde;os bajo la bandera, y ni un solo d&iacute;a se ha quedado sin comer tres veces. Pero es que adem&aacute;s los s&aacute;bados corteja a una criada en la ciudad, una muchacha con mejillas de manzana y manos &aacute;speras y rosadas, con la que se acuesta en la cama matrimonial de sus se&ntilde;ores, bajo el gran crucifijo de marfil, cuando &eacute;stos han salido de visitas, lo que a los dos les parece especialmente excitante, y luego cuando la deja se emborracha en un bar con mostrador de aluminio y pavimento cubierto de aserr&iacute;n y de los rotos boletos verdes de una loter&iacute;a ilegal. Para &eacute;l esta vida es sencilla, clara, ordenada y relativamente agradable, comparada con su infancia. Le est&aacute; agradecido. Est&aacute; seguro de que durante los pr&oacute;ximos cincuenta a&ntilde;os podr&aacute; soportarla sin mucho esfuerzo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ahora, ese teniente le dice:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; --&iquest;De verdad cree usted que sabr&iacute;a&hellip; anunciarle esa tr&aacute;gica noticia a Mart&iacute;nez?</p>
<p>--Efe&rsquo;tivamente. Positivo.</p>
<p>--Piense que es un tipo m&aacute;s bien primario, no dispone de grandes reservas emocionales para afrontar un trauma de estas caracter&iacute;sticas, su psique puede venirse abajo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; --De&rsquo;cuide, teniente, si es pan comido. &iquest;No le&rsquo;disho que no s&rsquo;ha de preocup&aacute;? Eso corre de mi cuenta. F&iacute;ese ut&eacute; de m&iacute;, yo conosco a mis hombres.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El sargento choca talones y sale del despacho. En el corredor la atm&oacute;sfera es fr&iacute;a, transida por corrientes de aire h&uacute;medo. Es la hora crepuscular. Al o&iacute;r su orden, &ldquo;&iexcl;Compa&ntilde;&iacute;aaaaa&hellip; a formarrrrr!&rdquo;, los soldados salen como cucarachas huyendo de los dormitorios, de las salas de televisi&oacute;n, de la cantina, los unos cal&aacute;ndose la gorra, los otros aboton&aacute;ndose la guerrera o ci&ntilde;&eacute;ndose el cintur&oacute;n, y r&aacute;pidamente forman filas bajo la luz mortecina de los grandes ventanales, que dan al patio interior y arrojan delante de ellos sus propias sombras. En esa oscuridad de eclipse interior suenan como&nbsp; latigazos las palabras del sargento:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; --&iexcl;Commmmmm-pa&ntilde;&iacute;&iacute;&iacute;&iacute;&acute;-a! &iexcl;Paso al frenteeeee los que tengan madreeeee!... &iexcl;Mart&iacute;nesss, quieto ah&iacute;&iacute;&iacute; gilipoyas&hellip;! (Etc.)</p>
<p>&nbsp; &ordm;&nbsp; &ordm;&nbsp; &ordm;</p>
<p>Dami&aacute;n, que es el m&aacute;s raro de la tertulia, el m&aacute;s imprevisible, dijo: el teniente se llama Ses&eacute;; Gaspar o Alfonso Ses&eacute;.</p>
<p>El sargento podr&iacute;a llamarse Francisco Ceballos. Paco Ceballos. Sargento Paco Ceballos.</p>
<p>Y el recluta, s&iacute;, claro, se llama Mart&iacute;nez.</p>
<p>&nbsp;&ordm;&nbsp; &ordm;&nbsp; &ordm;</p>
<p>Ernesto dijo: Si te empe&ntilde;as en nombrarlos, por m&iacute; vale, que se llamen as&iacute;. Para m&iacute;, eso no es lo&nbsp; interesante. Para m&iacute; lo interesante viene luego, a&ntilde;os m&aacute;s tarde. Algo les sucedi&oacute; en aquel cuartel, algo que se mantiene en secreto, pero es evidente que a consecuencia de ello la carrera del teniente y la del sargento se han descalabrado. Ahora est&aacute;n viviendo en un pelado islote frente a la costa africana y no lejos de la espa&ntilde;ola. Ellos dos componen la &uacute;nica guarnici&oacute;n. Pasan las veladas y las noches en una casucha de mamposter&iacute;a, con techo de uralita, y cada ma&ntilde;ana, despu&eacute;s de izar la bandera, hacen la ronda de las casamatas y de los b&uacute;nkeres costeros, seguidos de una jaur&iacute;a jadeante de perros flacos y pelones.</p>
<p>En el caf&eacute; del puerto espa&ntilde;ol al que viaja cada mes uno de los dos, por rigurosa alternancia, para reponer vituallas y entregar el parte de novedades en Capit&aacute;n&iacute;a, se comenta que a&ntilde;os atr&aacute;s, durante unas maniobras, a un soldado se le dispar&oacute; el arma, alguien result&oacute; herido, y la culpa recay&oacute; sobre el sargento, por no haber estado atento, y sobre el teniente, que aquel d&iacute;a estaba al mando del cuartel. Otros rumores apuntan a un desfalco en la caja, y uno de los dos era culpable y el otro inocente, pero el tribunal no hizo distingos y como carec&iacute;a de pruebas incriminatorias para expulsarles del Ej&eacute;rcito, les dio a elegir entre dos destinos igualmente aislados y miserables:</p>
<p>&nbsp;El islote, o un cuartel perdido en medio del desierto de los Monegros. Aunque los Monegros sean tentadores, con la sugesti&oacute;n de infinito de su interminable erial y de su cielo, los dos eligieron el islote por su peligrosidad, pues se teme que el d&iacute;a menos pensado lo invadan los &aacute;rabes, que lo codician porque all&iacute; se retir&oacute; hace mil a&ntilde;os un profeta de su religi&oacute;n para hacer penitencia. Tambi&eacute;n hubieran podido elegir un destino diferente cada uno, por ejemplo el desierto para el sargento y el islote para el teniente, o viceversa: el sargento se hubiera podido ir al islote, con un oficial desconocido, y el teniente, a mandar la guarnici&oacute;n del fuerte en los Monearos...</p>
<p>Pero decidieron permanecer juntos. El alma del teniente tiene una fibra masoquista, y no quiere separarse del sargento, cuya barba prematuramente canosa y cuyos rasgos faciales ennoblecidos por las huellas del sufrimiento son un permanente recordatorio de su grave error, falta o delito. Se siente responsable de lo que le pase al pobre diablo. Y el sargento tambi&eacute;n quiere permanecer cerca del teniente, tambi&eacute;n se siente culpable de su ca&iacute;da en desgracia. &Eacute;l es consciente de que, de todas maneras, aunque <em>aquello</em> no hubiera sucedido, los limitados recursos de su inteligencia y su educaci&oacute;n elemental no le hubiesen permitido ascender muy alto en el escalaf&oacute;n. Por el contrario, el teniente, siendo tan listo y estudioso, hubiera podido tener una carrera brillante, e incluso casarse. El sargento se propone no alejarse nunca del teniente, a ver si se le presenta una ocasi&oacute;n de hacerse perdonar&hellip;</p>
<p>&nbsp;&nbsp; Ambos han dicho adi&oacute;s a las fantas&iacute;as matrimoniales y los proyectos de llevar una vida &ldquo;normal&rdquo; que al principio de su estancia en el islote les acosaban durante sus muchas horas vac&iacute;as. Cada ma&ntilde;ana, despu&eacute;s de izar la bandera, ellos dos, el alto y el patizambo, seguidos de los perros, dan un paseo exploratorio por los acantilados, para observar el mar y la l&iacute;nea quebrada de las monta&ntilde;as azules, de donde cualquier d&iacute;a podr&iacute;an llegar los invasores. En los acantilados sopla un viento fuerte y racheado que hace restallar la ropa contra el cuerpo y les obliga a sujetar bien las gorras para que no salgan volando. El estr&eacute;pito de las gaviotas es ensordecedor. Un d&iacute;a al sargento se le ocurre que si mataran a unos cuantos miles de esas aves escandalosas las dem&aacute;s aprender&iacute;an a eludir la isla, y ellos podr&iacute;an descansar del ruido de sus gritos. Despu&eacute;s de una pausa, el teniente le responde que se olvide de ese plan: como gasten una sola bala sin justificaci&oacute;n, en intendencia les brean. El sargento sugiere que se podr&iacute;a justificar el holocausto av&iacute;cola como <em>avituallamiento de carne para intendencia</em>. El teniente responde que la carne de las gaviotas no hay quien se la coma; y adem&aacute;s la munici&oacute;n hay que economizarla por si se presenta el enemigo.</p>
<p>Hablan a menudo de qu&eacute; har&aacute;n si llegan los africanos en sus barcas para adue&ntilde;arse del pe&ntilde;&oacute;n, y es curioso: es el teniente el que est&aacute; resuelto a hacerles frente a tiro limpio, mientras que el sargento insiste que eso equivaldr&iacute;a a una acci&oacute;n de guerra de la que se seguir&iacute;a una cat&aacute;strofe para ambos pa&iacute;ses, y que lo mejor ser&iacute;a rendirse a un enemigo tan superior en fuerzas y dejar que los diplom&aacute;ticos y los pol&iacute;ticos enderecen el asunto. El teniente no atiende a estas razones. A &eacute;l el enemigo no le coger&aacute; vivo, as&iacute; el mundo entero se hunda en el infierno.</p>
<p>Una vez al mes uno de los dos toma la lancha y va al continente, para entregar el parte de novedades y hacer las compras. Ellos llaman a esa excursi&oacute;n &ldquo;bajar a la pen&iacute;nsula&rdquo;, como si estuvieran muy por encima de nosotros. En capitan&iacute;a, el sargento suele encontrarse con un&nbsp; antiguo compa&ntilde;ero, ahora ascendido a brigada, que se interesa por su vida en el islote. El sargento dice que no estar&iacute;a tan mal, si no fuera por esa pesadez de las gaviotas. Otras veces se queja de la soledad, o del car&aacute;cter crecientemente hura&ntilde;o y lac&oacute;nico del teniente. El otro le dice que no se queje, porque hay quien est&aacute; peor. &iquest;Qui&eacute;n? La guarnici&oacute;n de un fuerte tierra adentro, que tienen que cuidar una granja de cerdos. Al sargento se le abren los ojos: &iquest;Y esos cerdos, qu&eacute; comen? &iquest;Podr&iacute;an comer carne de gaviota?&hellip;</p>
<p>El antiguo colega le interrumpe:</p>
<p>--Oye, me apena tu situaci&oacute;n y hace tiempo que siento curiosidad por saber&hellip; en realidad, &iquest;por qu&eacute; os castigaron? &iquest;Qu&eacute; hicisteis, all&aacute; en el cuartel?</p>
<p>--&hellip; N&aacute;, envidias. &iexcl;El mal de Espa&ntilde;a, masho! Bueno, me tendo de ir. Hasta el mes que viene.</p>
<p>&nbsp;El sargento aprovecha para ir a putas y luego se toma tres copas, ni una m&aacute;s, en la cantina del muelle, antes de tomar la lancha de regreso a la isla.</p>
<p>Cuando es el teniente el que &ldquo;baja a tierra&rdquo;, visita una librer&iacute;a y hace acopio de novelas polic&iacute;acas. El a&ntilde;o pasado, en cambio, le gustaban mucho las del Oeste, y el anterior, las de ciencia ficci&oacute;n&hellip;</p>
<p>En la charcuter&iacute;a les atiende un empleado, con bata blanca y calva brillante, que parece un doctor, mientras junto a la puerta, sentado en alto detr&aacute;s de la caja registradora, el propietario, orondo, de relucientes y rubicundas mejillas, que no es otro que el ex soldado Mart&iacute;nez, contempla sus dominios: las alacenas colmadas de latas y botellas y los frigor&iacute;ficos de puerta de vidrio y los adiestrados dependientes en bata blanca que circulan entre ellos y escuchan a los clientes frot&aacute;ndose las manos.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&ordm;&nbsp; &ordm;&nbsp; &ordm;</p>
<p>Despu&eacute;s de una pausa para que los tertulianos rumi&aacute;semos el desasosegante relato de Ernesto, y para que pidi&eacute;ramos al camarero que encendiese de una vez las l&aacute;mparas y que nos sirviese otra ronda, Fernando tom&oacute; la palabra. Todo eso est&aacute; muy bien, dijo,&nbsp; pero quedan por el camino muchos cabos sueltos, aspectos secundarios, laterales, pero que merecer&iacute;an tambi&eacute;n ser tomados en consideraci&oacute;n, por ejemplo el espacio f&iacute;sico, y la disposici&oacute;n en &eacute;l de los objetos. &iquest;C&oacute;mo era, vamos a ver, el despacho aquel donde el teniente le dijo al sargento que no sabe c&oacute;mo comunicarle al soldado Mart&iacute;nez la noticia de la muerte de su madre?... En la pared detr&aacute;s del escritorio colgaba un plano geol&oacute;gico de la regi&oacute;n con chinchetas de colores, y dos grabados de unas elegantes goletas, porque el teniente hubiera preferido servir en la Marina, pero su difunto padre, coronel de infanter&iacute;a, le asendere&oacute; por otro rumbo. Hab&iacute;a un sill&oacute;n de mimbre, un silloncito d&eacute;co, con asiento y respaldo de mimbre y&nbsp; reposabrazos de madera de cerezo con elegantes molduras geom&eacute;tricas, que compr&oacute; para que sus visitas tuvieran d&oacute;nde sentarse; pero como nadie le visitaba en el cuartel, serv&iacute;a para dejar la gorra y el cintur&oacute;n con la pistola. En la pared ten&iacute;a un reloj grande, un silencioso y elemental reloj de cocina, y por lo dem&aacute;s las paredes estaban desnudas y en el cuarto reinaba un orden espartano.&nbsp;</p>
<p>Aquella ma&ntilde;ana, el teniente, sentado a su escritorio, colg&oacute; el tel&eacute;fono, se pas&oacute; la mano por la cara, restreg&aacute;ndose los ojos bajo las lentes doradas, y luego apoy&oacute; en esa mano la frente preocupada, pensando: &ldquo;Tengo que dec&iacute;rselo. Pero &iquest;c&oacute;mo se lo voy a decir?... &iquest;C&oacute;mo se dicen estas cosas? &iquest;C&oacute;mo le dices a un muchacho tan joven algo tan triste?&rdquo; En el cuarto reinaba un silencio espeso, como si se hubiera hecho el vac&iacute;o.&nbsp;</p>
<p>--&iquest;Daust&eacute; su permiso, mi teniente? --Entr&oacute; el sargento, a contarle nader&iacute;as sobre el servicio, y el teniente le explic&oacute; la&nbsp; embarazosa situaci&oacute;n en que se encontraba.</p>
<p>--No se preocupe que ya m&rsquo;encargo yo de dec&iacute;rselo al shav&aacute;. Tengo yo para estas cosas musha mano i&rsquo;quierda.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;&ordm;&nbsp; &ordm;&nbsp; &ordm;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Gerardo hab&iacute;a estado escuchando con evidentes muestras de desacuerdo, muecas y bufidos, y entonces tom&oacute; la palabra y en el tono m&aacute;s impaciente dijo:</p>
<p>Se abre la puerta y entra el sargento, seguido de Mart&iacute;nez. A una se&ntilde;al del teniente, el sargento retira del silloncito d&eacute;co la gorra, el correaje y la pistola, lo deja todo sobre el escritorio, y le dice a Mart&iacute;nez que se siente. El soldado lo hace. El teniente le observa. Es obvio, piensa el teniente, que el muy infeliz no sospecha la desgracia que se le viene encima. Muy pronto esas mejillas gordezuelas, esos ojos asombrados van a sufrir una transformaci&oacute;n at&oacute;mica. Al teniente le da pena. Desde luego el sentido de la vida es aprender algo para morirte menos ignorante y tonto de lo que eras cuando naciste, pero muchas veces el conocimiento es una pu&ntilde;alada en el alma, muchas veces es mejor no saber. Abre un caj&oacute;n y saca botella y vasos.&nbsp;</p>
<p>--Beba, soldado &ndash;dice el teniente, sirviendo una copa de orujo&mdash;T&oacute;meselo de un trago, como los hombres.</p>
<p>El sargento, de pie contra la pared y con las manos a la espalda, aguarda, para empezar a hablar, a que el recluta se haya bebido el primer vaso: &iquest;T&uacute; te imaginas, Mart&iacute;nez, que la central nuclear de Tarragona ha sufr&iacute;o una aver&iacute;a, se escapa la radia&rsquo;tivid&aacute;s a shorro por una grieta en el hormig&oacute;n y infesta toa Espa&ntilde;a, y que la gente se cae muerta a pu&ntilde;aos, de manera que t&uacute; andas por un sendero en el campo tratando descap&aacute; de la radiativid&aacute;s, y ves que ah&iacute; mismo, al pie de una ensina, hay un t&iacute;o agonisando y delante tuyo uno que iba andando por el camino se cae al suelo, muerto, y aluego otro, y otro, y otro, &iexcl;to&acute;os! Y aluego t&uacute; tambi&eacute;n enpiesas a sentir los s&iacute;ntomas&hellip; No. &iquest;pero t&uacute; mentiendes lo que te digo? N&aacute;useas. &iexcl;De repente enpiesas a argomitar! &iexcl;Argomitas cosas raras, c&aacute;scaras de huevo y esponjas y&hellip; &iexcl;S&iacute;rvale otra copa, mi teniente!... &iexcl;B&eacute;bete eso ahora mismo, maric&oacute;n!... &iexcl;As&iacute;!... &iquest;Y te imaginas que mientras tanto por el sur la morisma crusa el Estrecho de Gibralt&aacute;, en barcas, a millones, millones de moros maricones ansiosos de darnos por el culo y pasarnos a cushillo y as&iacute; lo hasen, y violan a nuestras madres y nuestras hermanas?... Imag&iacute;nate t&uacute; que te pillan entre varios buharrones y te cortan los brazos y las piernas y te dejan ciego. &iexcl;Imag&iacute;nalo! P&aacute; violarte a toa hora sin que t&uacute; puedas haser n&aacute;. Y me&aacute;rsete ensima cuando les venga en gana. &iquest;Te gustar&iacute;a seguir viviendo as&iacute;? No, para eso es mejor morir. Morir no es tan malo. Mi teniente, s&iacute;rvale otra copa. B&eacute;bete eso, shav&aacute;. Bebe, Mart&iacute;nez, co&ntilde;io&hellip; Ha pasado una cosa que es mala, mala, mala, &iexcl;pa qu&eacute; vamos a enga&ntilde;an-nos!, mala de cojones, pero no tan mala como lo que acabo de contarte. &iexcl;Que te bebas esa copa! Atiende, shav&aacute;, te lo tendo de decir&hellip;&nbsp; La madre, la madre de uno es la cosa m&aacute; sagr&aacute; y m&aacute;s bonita que hay&hellip;</p>
<p>El teniente, que ha escuchado este soliloquio emitiendo tosecitas sordas y rebullendo en su asiento, le interrumpe:</p>
<p>--Escuche, Mart&iacute;nez: su madre ha muerto. Tiene usted quince d&iacute;as de permiso para enterrarla. Le acompa&ntilde;amos en el sentimiento. De verdad.</p>
<p>Mart&iacute;nez se queda unos instantes en silencio, asimilando la noticia.</p>
<p>Luego, en un tono muy calmo y pausado, dice:</p>
<p>--Mi teniente, mi sargento, lo primero quiero agradecerles las molestias que se han tomado, pero la verdad es que todos estos circunloquios y rodeos eran innecesarios porque mi madre y yo nunca hemos estado muy unidos, nunca nos hemos llevado bien, sino todo lo contrario: ella jam&aacute;s me dedic&oacute; el menor gesto de cari&ntilde;o. Sepan ustedes que mi padre, que afortunadamente ya falleci&oacute;, apu&ntilde;alado a la salida de un fig&oacute;n de madrugada, era un alcoh&oacute;lico y un tirano que hizo de mi infancia un calvario. Me pegaba muy a menudo. Y cuando le ve&iacute;a sacarse el cintur&oacute;n, mi madre en vez de terciar en mi favor y suplicarle que se apiadase de m&iacute;, le animaba a pegarme m&aacute;s fuerte. As&iacute; que por ella no siento nada. Nada, nada. Ni siquiera la detesto, y su muerte me resultar&iacute;a por completo indiferente si no fuera porque tiene&hellip; porque <em>ten&iacute;a</em> un&nbsp; colmado; voy a heredarlo y vivir&eacute; como dios manda.</p>
<p>El Teniente:</p>
<p>--&iquest;Y para esto tanta historia? &iexcl;Si me lo hubiera dicho usted antes, Mart&iacute;nez! &iexcl;Cu&aacute;ntas desgracias me hubiese ahorrado! &iexcl;El consejo de guerra! &iexcl;Esos atardeceres melanc&oacute;licos del Pe&ntilde;&oacute;n, mirando la l&iacute;nea de la costa! &iquest;No es verdad, sargento?</p>
<p>El Sargento:</p>
<p>--Efetivamente. Co&ntilde;io, Mart&iacute;nez.</p>
<p>Mart&iacute;nez:</p>
<p>--&iquest;Mi teniente, el permiso no podr&iacute;a ser de tres semanas? Tendr&eacute; que llenar mucho papeleo&hellip;</p>
<p>El sargento se&ntilde;ala la pistola y dice:</p>
<p>--Mart&iacute;nez, &iquest;T&uacute; sabes qu&eacute; es la ruleta rusa?</p>
<p>El teniente:</p>
<p>--&iexcl;El horrible graznido de las gaviotas! &iexcl;El fr&iacute;o y la humedad de aquellos inviernos interminables!</p>
<p>&nbsp;&ordm;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ordf;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ordf;</p>
<p>Yo dije: en cuanto al despacho, hab&iacute;a una alacena en la que ten&iacute;a, junto a las Reales Ordenanzas militares, 30 novelas de Edgar Carr, un celador de hospital que a mediados del pasado siglo, en un semis&oacute;tano de Atlanta, Georgia, escribi&oacute; la m&aacute;s delirante y visionaria saga de fantas&iacute;a cient&iacute;fica, y luego se adhiri&oacute; con fanatismo a la religi&oacute;n cat&oacute;lica, suplicando el ingreso en una orden mon&aacute;stica, que le rechaz&oacute; por temor a los excesos fan&aacute;ticos de su fe, aunque le permit&iacute;an contribuir en calidad de hermano lego a las m&aacute;s humildes tareas de limpieza del monasterio, lo que hizo con mucha alegr&iacute;a hasta la misma v&iacute;spera de su muerte, que la alcanz&oacute; a edad no muy avanzada, en un estado de grave deterioro de sus facultades cognitivas y habiendo olvidado por completo que era el eminente autor de la &ldquo;Saga de Kral&rdquo;&hellip;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Volviendo al despacho: el escritorio procuraba mantenerlo vac&iacute;o, salvo por el sobre de cuero verde, con sus folios negros, en los que escrib&iacute;a con tinta negra, pues as&iacute; pod&iacute;a escribir la verdad sin que nadie la viese, y el tel&eacute;fono, que a veces sonaba, y yo descolgaba y me dec&iacute;an: &ldquo;Ha muerto la madre del soldado Mart&iacute;nez&rdquo;. La gorra y la pistola sol&iacute;a dejarlas en el precioso silloncito d&eacute;co que mi novia compr&oacute; en un anticuario y me regal&oacute; por mi treintavo aniversario. En una esquina ten&iacute;a un cactus muy grande, y un parag&uuml;ero, completamente innecesario, un parag&uuml;ero alto, redondo, de loza blanca, al que siempre se me iba la mirada.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y en aquel despacho no ten&iacute;a nada m&aacute;s, ni echaba nada en falta.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Yo dejaba la puerta entornada, y a veces, mir&aacute;ndola con la intensidad suficiente y en un determinado estado de &aacute;nimo desasido, me entreten&iacute;a en forzar las apariciones. Que entrase por aquella puerta una mujer-&aacute;ngel, un &aacute;ngel turbador, un gigantesco &aacute;ngel femenino de una palidez resplandeciente, y con alas grandes, que apenas pasan entre las jambas con un gran fragor de plumaje. Detr&aacute;s de ella, en lugar del corredor, se alejan dos hileras de altos &aacute;lamos oto&ntilde;ales junto a un camino lleno de hojas muertas. La &aacute;ngel, con un dedo sobre los labios, me reclama silencio, y yo no estoy seguro de si viene para llevarme con ella a lo alto de un risco y all&iacute; devorarme tranquilamente, entre los huesos y la carro&ntilde;a de festines precedentes, o si&hellip;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tambi&eacute;n imaginaba otras presencias cruzando aquella puerta. Algunas, hablaban.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &hellip;Aunque la verdad es que nunca entraba nadie en mi despacho, nadie salvo a veces el sargento Ceballos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 18 Oct 2013 07:07:45 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ésta es mi sangre]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/esta-es-mi-sangre/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/JOS_CARLOS_CATA_O.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esta sangre sin cuerpo que sube</p>
<p>Sin dolor ni rastro, enamorada</p>
<p>De las vueltas azules del aire,</p>
<p>Y me rodea, me define, me asombra,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esta sangre que llevo sin que la mire,</p>
<p>Esta marea, el tibio olor que me anega,</p>
<p>Me rebosa con heridas y futuras</p>
<p>Emboscadas y derrotas si amanece.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&Eacute;sta ha sido la senda y su tormento,</p>
<p>La calma vac&iacute;a de las vigas</p>
<p>Diezmadas, el sol en el suelo licuado,</p>
<p>Sedientos los ojos de aqu&iacute; al horizonte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De aqu&iacute; que es nada, s&oacute;lo la ense&ntilde;a</p>
<p>De hoy o de antes, esta hoguera en el aire</p>
<p>Que la memoria ha subido a deshacer,</p>
<p>He bebido sus sombras de carne.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 16 Oct 2013 06:08:08 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Música para castrati]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/musica-para-castrati/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/JOS_MAR_A_CUMBRE_O.jpg" alt="" />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp; <em>Antes se castraba a la gente para que su voz </em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>&nbsp; sonase mejor; ahora, para que no suene.</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;&nbsp; &Aacute;ngel Crespo</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Si escribiese que leo</p>
<p style="text-align: left;">en direcci&oacute;n contraria a como escribo,</p>
<p>o no ser&iacute;a cierto que leo</p>
<p>o no ser&iacute;a cierto que escribo</p>
<p>o ambas cosas ser&iacute;an ciertas</p>
<p>o ninguna.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En cualquier caso,</p>
<p>la verosimilitud del argumento</p>
<p>tiene mucho m&aacute;s que ver</p>
<p>con las contradicciones</p>
<p>que con las evidencias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De igual modo que el camino que asciende</p>
<p>debe m&aacute;s a las curvas</p>
<p>que a las rectas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los libros habr&iacute;a que empezarlos</p>
<p>por el final.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Entre el cero y el nueve</p>
<p>ocurren todas las variantes</p>
<p>del l&iacute;mite y del infinito.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Contar y perder la cuenta.</p>
<p>Mejor a&uacute;n,</p>
<p>contar hasta perder la cuenta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Porque la escala no ordena notas,</p>
<p>sino cifras y silencios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un n&uacute;mero dividido por s&iacute; mismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La melancol&iacute;a</p>
<p>es una inc&oacute;gnita sin despejar.</p>
<p>Y es precisamente la melancol&iacute;a</p>
<p>el material d&uacute;ctil y extra&ntilde;o</p>
<p>del que est&aacute; hecha la m&uacute;sica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ha habido soldados que,</p>
<p>mientras agonizaban,</p>
<p>han comenzado de pronto</p>
<p>a susurrar, delirando,</p>
<p>la letra de las nanas</p>
<p>que sus madres les cantaban.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De noche las puertas</p>
<p>se cierran por dentro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A los indecisos se les repet&iacute;a</p>
<p>(el poder se consigue</p>
<p>con figuras ret&oacute;ricas)</p>
<p>una f&aacute;bula de renuncia y pureza:</p>
<p><em>la poda sacrifica unas ramas</em></p>
<p><em>para que el resto del &aacute;rbol</em></p>
<p><em>conozca la altura.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La diferencia entre nosotros y ellos</p>
<p>estriba en que nosotros tenemos</p>
<p>un cuchillo.</p>
<p>Y ellos no.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El flautista contin&uacute;a tocando</p>
<p>a cambio de unas monedas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">Los actores, en efecto, mienten de memoria.</p>
<p>Pero el p&uacute;blico, que ha pagado</p>
<p>la entrada, sabe que son actores.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sin embargo, aunque la funci&oacute;n</p>
<p>no nos guste o ni siquiera</p>
<p>hayamos ido al teatro,</p>
<p>nunca ha de dejarse</p>
<p>de pagar al flautista.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;De nuevo otra f&aacute;bula.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los instrumentos de viento</p>
<p>deforman la boca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El mal menor no existe.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Puedo decir que leo</p>
<p>en direcci&oacute;n contraria a como escribo</p>
<p>o puedo de verdad leer al rev&eacute;s</p>
<p>lo que ya est&aacute; escrito</p>
<p>y tener as&iacute; el valor</p>
<p>de darle la vuelta al argumento</p>
<p>de este relato de vencedores</p>
<p>que (<em>al tiempo que el himno suena</em></p>
<p><em>reforzando la identidad del grupo</em>)</p>
<p>castran a sus prisioneros.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 16 Oct 2013 05:59:55 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Joseph Brodsky, el ensayo como autobiografía]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/joseph-brodsky-el-ensayo-como-autobiografia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/JOSEPH_BRODSKY.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>Man in not center of the Universe</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>And working in an office makes it worse</em>.</p>
<p style="text-align: left;" align="right">W.H Auden</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">En varios de sus ensayos (&iquest;los dedicados a Marina Tsviet&aacute;ieva?) dice Brodsky que en la elecci&oacute;n de las rimas, de las palabras, de la longitud de los versos, est&aacute; toda la biograf&iacute;a del poeta. M&aacute;s incluso que en el tema. Es una idea sugestiva, y seguramente cierta. Al terminar la lectura de su libro <em>Menos que uno</em>,<a title="" href="#_ftn1">[1]</a> una antolog&iacute;a de sus ensayos que re&uacute;ne desde un recuerdo de infancia a una notas de un viaje a Estambul, pasando por el texto de una conferencia sobre la novela rusa actual o algunos ensayos sobre sus poetas preferidos (Auden, Cavafis, Walcott, Montale, Ajm&aacute;tova, Tsviet&aacute;ieva), nos damos cuenta de que en realidad lo que hemos le&iacute;do ha sido la autobiograf&iacute;a de Joseph Brodsky. No s&eacute; si esta impresi&oacute;n tiene que ver con la selecci&oacute;n de los ensayos, o con el hecho de que el primero y el &uacute;ltimo sean recuerdos de infancia. Aunque me inclino a pensar que ninguna de las dos cosas ha sido determinante y proponer la siguiente hip&oacute;tesis: <em>cuando un poeta habla en prosa, siempre habla de su vida</em>.</p>
<p>En <em>Una poetisa y la prosa</em> (se trata una vez m&aacute;s de Marina Tsviet&aacute;ieva, claro est&aacute;) Brodsky analiza la prosa de los poetas. Es frecuente que un poeta (su caso mismo, si vamos al caso) se exprese en ocasiones en prosa. En cambio, que un prosista se exprese en poes&iacute;a no suele darse tanto y sus tentativas (Nabokov, por ejemplo) suelen ser m&aacute;s bien anecd&oacute;ticas dentro de su obra, aunque &eacute;l piense lo contrario. Para el poeta las cosas son diferentes, la prosa puede llegar a ser una necesidad. Por ejemplo, sigue diciendo Brodsky, hay determinados temas que exigen la prosa. Uno de esos temas son precisamente los recuerdos de infancia. Tambi&eacute;n, se nos ocurre, puede llegar a ser una necesidad econ&oacute;mica, pues la poes&iacute;a vende poco. No creo que ning&uacute;n poeta pueda vivir de sus versos. Me refiero a comer, por supuesto. Aunque, claro est&aacute;, no es de estas razones de las que habla Brodsky; sin embargo, yo no las descartar&iacute;a. Otro tema que exige la prosa es, creo yo, la pol&iacute;tica. Otro m&aacute;s, a&ntilde;ade Brodsky, la historia. Lo cual no quiere decir que no se trate de tapar la boca a los poetas, como muy bien sabemos, pero <em>El pabell&oacute;n del c&aacute;ncer, El cero y el infinito</em>, o las obras de Plat&oacute;nov que menciona Brodsky en <em>Cat&aacute;strofes en el aire</em>, no podr&iacute;an haber sido escritas en verso, como tampoco, por poner otro ejemplo, las magn&iacute;ficas novelas de Koeppen que han tenido que esperar pr&aacute;cticamente hasta nuestros d&iacute;as para ser reeditadas en Alemania y traducidas a otras lenguas, la nuestra incluida.</p>
<p>Una autobiograf&iacute;a indirecta, como podr&iacute;amos llamar sin forzar mucho las cosas a este libro de Joseph Brodsky, tiene algunas ventajas. La primera, y posiblemente la mayor, la veracidad, t&eacute;rmino que no conviene confundir con sinceridad, pues se puede ser sincero sin decir la verdad y viceversa. Pero dejemos este filos&oacute;fico tema para otra ocasi&oacute;n. Otra ventaja es que el poeta sabe que la memoria no es fiable, que est&aacute; hablando del presente aunque hable del pasado, y que el pasado, su pasado, seguir&aacute; vivo de un modo u otro mientras &eacute;l siga vivo. Hay muchas formas de recordar, una de ellas, por ejemplo, es imitar. Imitar el estilo, pero tambi&eacute;n la forma de vestir o la marca de whisky. Ser&iacute;a una pena que este libro de Brodsky se tomara s&oacute;lo por una antolog&iacute;a de ensayos sobre literatura, aun conteniendo insuperables ejemplos del g&eacute;nero. Las notas que siguen, como es funci&oacute;n de las notas en general, no son m&aacute;s que apuntes a la lectura de algunas p&aacute;ginas de Joseph Brodsky. Y, claro est&aacute;, como la mayor&iacute;a de las notas tambi&eacute;n, son, por supuesto, prescindibles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Sobre lo que no se puede decir en verso.</strong></p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>Our school text-books lie.</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>What they call History</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>Is nothing to vaunt of.</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right">W.H. Auden.</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">Todav&iacute;a hoy sigue habiendo pueblos cuya poblaci&oacute;n se divide en v&iacute;ctimas y verdugos. No es que en el padr&oacute;n se inscriban como tales, aunque podr&iacute;a llegar a darse el caso alg&uacute;n d&iacute;a. Dos clases &uacute;nicamente, por lo dem&aacute;s, y en esto reside la indiosincrasia de su sistema pol&iacute;tico, intercambiables. Intercambiables quiere decir algo m&aacute;s que sustituibles, pues no s&oacute;lo el verdugo de hoy puede ser la v&iacute;ctima de ma&ntilde;ana, y viceversa, sino que ya hoy se reconoce como una v&iacute;ctima en potencia. Una forma de democracia tambi&eacute;n, bien mirado. Un pueblo cuya poblaci&oacute;n se divide en v&iacute;ctimas y verdugos es un invento del siglo XX. La Rusia de Stalin es el ejemplo paradigm&aacute;tico. Quiz&aacute;s, junto con el vodka, su producto nacional m&aacute;s genuino, que siempre que tuvo ocasi&oacute;n trat&oacute; de exportar a otros pa&iacute;ses. En un pa&iacute;s as&iacute; las aulas se parecen a las dependencias de las comisar&iacute;as, y las celdas a las habitaciones de hospital, como cuenta Brodsky en <em>Menos que uno</em>, texto autobiogr&aacute;fico que se inicia con la frase: <em>Puestos a hablar de fracasos</em>&hellip;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">Ha llegado la hora de revisar algunos art&iacute;culos de fe. &ldquo;<em>La existencia condiciona la conciencia</em>&rdquo;. Marx, por supuesto. Bueno, pues, relativamente, o hasta cierto punto, o incluso quiz&aacute;s sea al rev&eacute;s. &ldquo;<em>Las claves del car&aacute;cter de un individuo hay que buscarlas en su infancia.</em>&rdquo; Freud, claro est&aacute;. &iquest;Un comentario a la frase de Marx? Qu&eacute; quieren que les diga. Como hip&oacute;tesis no est&aacute; mal. Pero preg&uacute;ntense ustedes mismos. Los rusos de la &eacute;poca de la que habla Brodsky no iban al psicoanalista. Los espa&ntilde;olas de la misma &eacute;poca tampoco, por cierto. Ahora s&iacute;. Incluso se hacen ellos mismos psicoanalistas. Hablo de los espa&ntilde;oles, de los rusos no s&eacute; mucho. Pero entonces, dice Brodsky, no s&oacute;lo no hab&iacute;a, sino que cuando los instintos tropezaban con la conciencia y &ldquo;<em>descubr&iacute;an el cerdo que llevamos dentro, recurrimos al alcohol y nos emborrachamos hasta perder el sentido. Creo que ese sistema es eficiente y requiere menos dinero</em>&rdquo;. Como si les dijera que estoy de acuerdo tal vez sospechar&iacute;an de m&iacute;, les completar&eacute; la frase: &ldquo;<em>Adem&aacute;s, pensar que eres un cerdo es m&aacute;s humilde y, en definitiva, m&aacute;s exacto que verte como un &aacute;ngel ca&iacute;do</em>&rdquo;. Habr&iacute;a que ser un cerdo para no estar de acuerdo, creo yo.</p>
<p style="text-align: left;" align="right">Joseph Brodsky naci&oacute; en San Petersburgo, Leningrado cuando el naciera (1940), poco antes Petrogrado, originariamente San Petersburgo, y de nuevo, hasta la fecha, San Petersburgo, pero siempre, al parecer, &ldquo;Peter&rdquo; para sus habitantes, significativo y conmovedor detalle. Si eres ruso, nacer y vivir (treinta y dos a&ntilde;os en su caso) en esa ciudad, es como un destino. Era, quiero decir, hoy posiblemente no importe tanto, ni el lugar de nacimiento, ni el lugar de residencia, y a lo mejor ya ni el destino. En cierta ocasi&oacute;n, cuenta Brodsky, le pidieron a Mandelstam que definiese el &ldquo;acme&iacute;smo&rdquo;, movimiento literario al cual pertenec&iacute;a, &ldquo;<em>Nostalgia de una cultura mundial</em>&rdquo; respondi&oacute; el poeta. Pues bien, yo creo que esto mismo es lo que sinti&oacute; Brodsky durante toda su vida. Sin olvidar, por supuesto, que &ldquo;<em>la cultura es &lsquo;elitista&rsquo; por definici&oacute;n y la aplicaci&oacute;n de los principios democr&aacute;ticos a la esfera del conocimiento propicia la equiparaci&oacute;n de la sabidur&iacute;a con la imbecilidad</em>&rdquo;. Esa cultura mundial est&aacute; compuesta de un pu&ntilde;ado, no demasiado numeroso, de ah&iacute; lo de elitista sin duda, de nombres propios, y por sus lenguas, las lenguas en las que escriben sus obras, y las lenguas a las que se traducen.</p>
<p align="center">4</p>
<p>Para un poeta ruso nacido en 1940 y forzado a exiliarse, siempre habr&aacute; una constelaci&oacute;n dominante: Ajm&aacute;tova, Mandelstam, Tsviet&aacute;ieva. Y aunque seguramente no es f&aacute;cil transmitir a los lectores no rusos la inconmensurable altura de la lengua de esta trinidad, Brodsky s&iacute; consigue en cambio transmitirnos la altura de sus almas. <em>Nota al pie de un poema</em> se titula uno de los ensayos m&aacute;s largos de esta antolog&iacute;a de textos. El poema en cuesti&oacute;n es &ldquo;<em>Novogodnee</em>&rdquo; (&ldquo;Felicitaci&oacute;n de A&ntilde;o Nuevo&rdquo;) de Marina Tsviet&aacute;ieva, un poema de casi 200 versos que acabar&iacute;a de escribir el 7 de febrero de 1927 en Par&iacute;s, por la muerte de Rilke. Brodsky, en esta nota &ndash; es significativo que llame nota a uno de sus textos m&aacute;s largos, sin duda quiere decir que las notas no se definen por su extensi&oacute;n, sino por su contenido &ndash; analizar&aacute; s&oacute;lo unos cuantos versos y estrofas del poema. Los suficientes sin embargo para transmitirnos la excepcionalidad del poema de Tsviet&aacute;ieva y la peculiaridad de su m&eacute;todo de an&aacute;lisis, que no es, en &uacute;ltima instancia, m&aacute;s que una forma de leer poes&iacute;a. Mejor dicho <em>la</em> forma de leer poes&iacute;a, que difiere de la forma de leer prosa tanto como difieren sus respectivas escrituras o procesos creativos. Tampoco resulta indiferente que este texto sea el texto central de la antolog&iacute;a.</p>
<p align="center">5</p>
<p>Despu&eacute;s de <em>Cat&aacute;strofes en el aire</em>, conferencia en la que da un breve repaso (pol&iacute;tico como exige el tema) a la narrativa rusa actual, tenemos otro ejemplo de an&aacute;lisis-lectura de otro poema, esta vez de un poeta ingl&eacute;s-americano con bastantes afinidades con el autor. Se trata de W. H. Auden, y su poema &ldquo;<em>1 de septiembre de 1939&rdquo;. De modo que la poes&iacute;a no es tan inepta para hablar de historia despu&eacute;s de todo. Como se sabe Auden, adem&aacute;s de un enorme poeta, fue un sutil cr&iacute;tico literario, cualidades ambas que comparte con Brodsky, junto con otra caracter&iacute;stica com&uacute;n que se da tanto en su prosa como en su poes&iacute;a: la iron&iacute;a, la divina iron&iacute;a que hace la lectura de estos textos tan regocijante en ocasiones, y eso que en la iron&iacute;a anida siempre un fondo de&nbsp; desesperaci&oacute;n. Y a la lectura de este poema sigue el texto Para agradar a una sombra</em>, la de W.H. Auden evidentemente, con el que Brodsky completa su emotivo homenaje a quien consider&oacute; &ldquo;<em>la mayor inteligencia del siglo XX</em>&rdquo;.</p>
<p align="center">6</p>
<p>Por cierto que en este &uacute;ltimo texto nos confiesa Brodsky su afici&oacute;n por las fotograf&iacute;as de los autores, particularmente por las de sus autores favoritos, claro est&aacute;. Una afici&oacute;n muy extendida entre lectores. La fotograf&iacute;a de un autor dice mucho efectivamente sobre el hombre que es, o que fue, o incluso sobre el que ser&aacute;. No tanto como su obra, evidentemente, pues la fotograf&iacute;a tambi&eacute;n dice algo del fot&oacute;grafo que la tom&oacute;. Y cuando alguien se interesa por las fotograf&iacute;as de los dem&aacute;s, no se interesa menos por las propias. En <em>Menos que uno</em> tenemos dos fotograf&iacute;as de Brodsky. Una en la cubierta del libro, tomada en 1979 en Estados Unidos, es decir a punto de cumplir cuarenta a&ntilde;os el autor, en que aparece sentado, la pierna izquierda sobre la derecha, en una actitud desenfadada como se suele decir, es decir afectando naturalidad. Est&aacute; probablemente en su habitaci&oacute;n (&iquest;la habitaci&oacute;n del campus?), libros, papeles, y ropa en un cierto desorden, y mira a la c&aacute;mara. Parece que acaba de decir algo, o que est&aacute; a punto de decir algo. La foto es de Dominique Nabokov. La otra, en la solapa del libro, es de Simone Sassen. Un primer&iacute;simo plano, a no ser que la foto haya sido recortada. Brodsky, con unas enormes gafas redondas, tambi&eacute;n mira a la c&aacute;mara. Un rostro inteligente y hermoso que trasluce experiencia. El tipo de fotograf&iacute;a sin duda con la que un autor querr&iacute;a pasar a la posteridad.</p>
<p align="center">7</p>
<p>La literatura siempre va a la zaga de la experiencia personal, y experiencia es otra forma de llamar a la vida. Cuando va por delante, como ha empezado a ocurrir, se pierde irremisiblemente. El arte no imita a la vida, ni viceversa. Est&eacute;ril y ociosa pol&eacute;mica rom&aacute;ntica. Es la vida la que imita a la vida, y el arte al arte. El arte y la vida son cosas distintas, precisamente en la medida en que son lo mismo.</p>
<p align="center">8</p>
<p>Que el principio democr&aacute;tico no sea aplicable al arte ni a la ciencia ha sido siempre una idea dif&iacute;cil de digerir. Y todav&iacute;a m&aacute;s dif&iacute;cil de tragar, por supuesto. Que no sea aplicable a la ciencia, pase. Pero al arte, &iquest;por qu&eacute; no va a ser cualquiera capaz de producir una obra de arte? Negar la categor&iacute;a de arte a un hierro retorcido, o a una novela de quinientas p&aacute;ginas sobre una civilizaci&oacute;n perdida, como si la nuestra no lo estuviera ya bastante, puede colgarnos el sambenito de elitistas que s&oacute;lo disfrutan con el <em>Ulises</em>, pues al parecer estamos negando el principio democr&aacute;tico por antonomasia de la igualdad del gusto, como si se tratase de la igualdad ante la ley. &iquest;Acaso no est&aacute;n todos los gustos en la naturaleza humana? S&iacute;, efectivamente, lo est&aacute;n, pero que est&eacute;n todos no significa que todos sean iguales, sino precisamente lo contrario.</p>
<p align="center">9</p>
<p>&ldquo;<em>El hombre es lo que lee</em>&rdquo;, nos recuerda Brodsky una vez m&aacute;s. Yo m&aacute;s bien creo que es lo que no lee, aunque ambas frases tal vez quieran decir lo mismo. Pero con un matiz. Quien es lo que lee, se ha encontrado a s&iacute; mismo por decirlo as&iacute;, o si prefieren se ha reconocido a s&iacute; mismo. En otros. A trav&eacute;s de otros. Mientras que el que es lo que no lee, no sabe todav&iacute;a qui&eacute;n es. Ni siquiera sabe que es. &iquest;O tal vez sea al rev&eacute;s?</p>
<p align="center">10</p>
<p>Joseph Brodsky naci&oacute; en Leningrado en 1940. Muri&oacute; en Nueva York en 1996. Y est&aacute; enterrado, por deseo expl&iacute;cito suyo, en el cementerio de San Michele de Venecia, &ldquo;<em>tras el intento fallido de nacer en ella&rdquo;</em>. Sobre Venecia, sus viajes y estancias en Venecia, nunca en verano, &ldquo;<em>tolero muy mal el calor, y las fuertes emisiones de hidrocarburos y sobacos a&uacute;n peor</em>&rdquo;, escribi&oacute; en un hermoso libro.</p>
<p align="center">11</p>
<p>&ldquo;<em>La pol&iacute;tica llena el vac&iacute;o dejado en la cabeza y el coraz&oacute;n de las personas por el arte</em>.&rdquo; (Joseph Brodsky) Esto ser&iacute;a en el caso de que esas cavidades fueran similares. Es decir, cavidades susceptibles de llenarse y vaciarse con cualquier cosa. No lo son. El coraz&oacute;n rechaza la pol&iacute;tica al parecer, son incompatibles. La confusi&oacute;n se debe a que no todas las pasiones anidan en el coraz&oacute;n, ni todas las ideas en el cerebro. Por lo dem&aacute;s, es perfectamente posible vivir con la cabeza o el coraz&oacute;n vac&iacute;os. Incluso con ambos. Al menos lo fue en el siglo XX. Y parece que lo va a seguir siendo en el XXI.</p>
<p align="center">12</p>
<p>En 1985 Joseph Brodsky escribi&oacute; sobre 1948. Sobre sus padres, ya muertos, claro, a los que en los &uacute;ltimos doce a&ntilde;os de su vida manutuvo unidos una llamada telef&oacute;nica semanal, el env&iacute;o de cuando en cuando de libros, no de los suyos evidentemente, y la esperanza de un permiso para viajar que nunca lleg&oacute;. Brodsky escribi&oacute; esto: &ldquo;<em>Se tomaban todo con naturalidad: el sistema, su impotencia, su pobreza, su d&iacute;scolo hijo. Simplemente procuraban sacar el mejor partido de todo: tener siempre comida en la mesa &ndash; y, fuera cual fuese &eacute;sta, convertirla en bocados exquisitos --, llegar a fin de mes y, aunque siempre viv&iacute;amos al d&iacute;a, ahorrar algunos rublos para el cine del ni&ntilde;o, visitas a museos, libros, golosinas. Los platos, utensilios, ropa, mudas que ten&iacute;amos estaban siempre limpios, bru&ntilde;idos, planchados, remendados, almidonados. El mantel estaba siempre impoluto y reci&eacute;n planchado; la pantalla de la l&aacute;mpara por encima de &eacute;l, limpia de polvo; el entarimado, barrido y reluciente</em>.&rdquo;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> Joseph Brodsky, <em>Menos que uno. Ensayos escogidos</em>. Traducci&oacute;n de Carlos Manzano. Madrid: Siruela, 2006.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Tue, 15 Oct 2013 08:02:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Relámpagos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/relampagos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/JEAN_ECHENOZ.jpg" alt="" /></p>
<p class="Pa8">Uno prefiere saber cu&aacute;ndo naci&oacute;, en la medida de lo posible, estar al tanto del instante num&eacute;rico en que todo arranca, en que la trama comienza con el aire, la luz, la perspectiva, las noches y los sinsabores, los placeres y los d&iacute;as. Ello permite disponer de un primer punto de referencia, de una se&ntilde;al escrita, de un n&uacute;mero &uacute;til para los cumplea&ntilde;os. Marca tambi&eacute;n el punto de partida de una peque&ntilde;a noci&oacute;n personal del tiempo cuya importancia es de todos sabida, tan es as&iacute; que la mayor&iacute;a de nosotros decide, acepta lle&shy;varlo permanentemente consigo, desglosado en cifras m&aacute;s o menos legibles y aun a veces fluorescentes, fijado con una pulsera en la mu&ntilde;eca, la izquierda con m&aacute;s frecuencia que la derecha.</p>
<p class="Pa8">Pero ese momento exacto Gregor no lo conocer&aacute; nunca. Naci&oacute; entre las once y la una de la ma&ntilde;ana. Las doce en punto, poco antes o poco despu&eacute;s, nadie sabr&aacute; dec&iacute;rselo. De modo que ignorar&aacute; durante toda su vida qu&eacute; d&iacute;a, v&iacute;spera o d&iacute;a siguiente, podr&aacute; celebrar su cumplea&ntilde;os. Esa cuesti&oacute;n del tiempo, con ser tan com&uacute;n, ser&aacute; pues para &eacute;l un primer asunto personal. Pero el que no se le pueda informar de la hora con&shy;creta en que vino al mundo obedece a que tal evento se produce en condiciones ca&oacute;ticas.</p>
<p class="Pa8">Al principio, minutos antes de que aflore del vientre de su madre y cuando todo el mundo se afa&shy;na en el caser&oacute;n &ndash;gritos de amos, encontronazos de criados, tropezones de criadas, peleas entre comadro&shy;nas y gemidos de la parturienta&ndash; se desata una vio&shy;lent&iacute;sima tormenta. Precipitaciones granulosas y muy densas que provocan un fragor regular, afelpado, susurrado, imperioso como si quisiera imponer el silencio, dislocado por cortantes movimientos de aire. Despu&eacute;s, y sobre todo, un viento perforante de gran magnitud intenta derribar esa casa. No lo logra pero, forzando las ventanas abiertas de par en par, cuyos vidrios saltan y cuyas maderas comienzan a batir, mandando a volar las cortinas al techo o aspir&aacute;ndolas hacia el exterior, se adue&ntilde;a de la casa para destruir su contenido y permitir que lo inunde la lluvia. Ese viento lo hace bailar todo, vuelca los muebles al le&shy;vantar las alfombras, rompe y disemina los objetos que descansan sobre las chimeneas, voltea en las pa&shy;redes los crucifijos, los apliques, los marcos, invir&shy;tiendo paisajes y retratos de cuerpo entero. Apaga tambi&eacute;n todas las l&aacute;mparas, trocando en columpios las ara&ntilde;as cuyas velas se extinguen al instante.</p>
<p class="Pa8">El nacimiento de Gregor transcurre pues en esa estruendosa oscuridad hasta que un rel&aacute;mpago gi&shy;gantesco, denso y ramificado, torva columna de aire inflamado en forma de &aacute;rbol, de ra&iacute;ces de ese &aacute;rbol o de garras de rapaz, ilumina su aparici&oacute;n hasta que el trueno ahoga su primer llanto mientras el rayo incendia el bosque colindante. Es tal el desbarajuste que se organiza que en medio del p&aacute;nico general nadie aprovecha el vivo fulgor t&eacute;tanis&eacute; del rel&aacute;mpago, su pleno e instant&aacute;neo resplandor, para consultar la hora exacta, aunque en cualquier caso, las p&eacute;ndolas, por mor de antiguas divergencias, hace tiempo que no coinciden.</p>
<p class="Pa8">Nacimiento al margen del tiempo, por lo tanto, y al margen de la luz, pues de ese modo se alumbra la gente por aquel entonces, a base de cera y de acei&shy;te, todav&iacute;a no se conoce la corriente el&eacute;ctrica. &Eacute;sta, tal como la utilizamos en la actualidad, tarda a&uacute;n en imponerse en los h&aacute;bitos, y ha de pasar no poco tiempo para que se le preste atenci&oacute;n. Como para solventar ese otro asunto personal, Gregor lo tomar&aacute; a su cargo, a &eacute;l corresponder&aacute; ponerlo en marcha.</p>
<p class="Pa8">&nbsp;</p>
<p class="Pa8" align="center">2</p>
<p class="Default">&nbsp;</p>
<p class="Pa8">Tales venidas al mundo pueden ponerle a uno un tanto nervioso, por lo que su car&aacute;cter se perfila muy pronto: receloso, despectivo, susceptible, cor&shy;tante, Gregor resulta ser precozmente antip&aacute;tico. Se hace notar por sus caprichos, c&oacute;leras, mutismos, arrebatos y actos intempestivos, destrozos, roturas de objetos, sabotajes y otros desperfectos. Sin duda para solventar ese asunto del tiempo que le trae obsesio&shy;nado, se dedica en cuanto puede a desmontar todas las p&eacute;ndolas y relojes de la casa, por supuesto para montarlos acto seguido, pero observando no sin rabia que, si bien la primera etapa de tales operaciones funciona siempre, el &eacute;xito de la segunda es mucho m&aacute;s infrecuente.</p>
<p class="Pa8">Con todo, se muestra tambi&eacute;n harto impresio&shy;nable, nervioso, fr&aacute;gil y especialmente sensible a los sonidos de manera poco normal, agobiado en dema&shy;s&iacute;a por toda suerte de ruidos, rumores o vibraciones, ecos: aunque &eacute;stos sean sumamente lejanos, imperceptibles para cualquier otra persona, a &eacute;l pueden causarle inquietantes arranques de furor. Sufre asi&shy;mismo serias crisis en el transcurso de las cuales, viendo y reviviendo aun bajo un cielo sereno el re&shy;l&aacute;mpago de su nacimiento, presenta accesos de des&shy;lumbramiento que le hacen parecer ciego, suscitando el p&aacute;nico de su familia y los perplejos movimientos de cabeza de los m&eacute;dicos al punto convocados. Sobre ese fondo desordenado, su crecimiento se produce a un ritmo anormalmente r&aacute;pido, se pone muy alto muy deprisa, y m&aacute;s alto que todo el mundo todav&iacute;a m&aacute;s deprisa.</p>
<p class="Pa8">Tan tormentoso desarrollo tiene lugar en un lugar del sudeste de Europa, lejos de todo salvo del Adri&aacute;tico, en un pueblo perdido, encajonado entre dos cadenas de monta&ntilde;as y sin posibilidad de recurrir a m&eacute;dicos del alma cercanos. Gregor recobra el so&shy;siego a ratos contemplando las aves durante horas. Pero si bien tales turbulencias de car&aacute;cter hacen temer al principio que muden en lamentable locura, sus allegados no pueden sino constatar que su inteligen&shy;cia se despliega a un ritmo m&aacute;s vivo si cabe que su morfolog&iacute;a.</p>
<p class="Pa8">Tras dominar en un santiam&eacute;n media docena de lenguas, despachar distra&iacute;damente su curr&iacute;culo sal&shy;t&aacute;ndose un curso de cada dos, y sobre todo solventar de una vez por todas el asunto de los relojes &ndash;que logra desmontar en un instante, con los ojos venda&shy;dos, hecho lo cual todos marcan eternamente la hora exacta con un margen de nanosegundos&ndash;, se labra un primer puesto en la primera escuela polit&eacute;cnica a mano, lejos de su pueblo, donde absorbe en un abrir y cerrar de ojos matem&aacute;ticas, f&iacute;sica, mec&aacute;nica y qu&iacute;&shy;mica, conocimientos que le permiten a partir de entonces concebir objetos originales de todo tipo, mostrando un singular talento para esa actividad. Su memoria es en efecto tan precisa como la fotograf&iacute;a recientemente descubierta y, sobre todo, Gregor po&shy;see el don de representarse interiormente las cosas cual si existiesen previamente a su existencia, de ver&shy;las con tal precisi&oacute;n tridimensional que, en el impul&shy;so de su invenci&oacute;n, no necesita boceto, esquema, maqueta ni experiencia previa. Al considerar de in&shy;mediato como aut&eacute;ntico aquello que imagina, el &uacute;nico riesgo que corre, y que quiz&aacute; correr&aacute; siempre es confundir la realidad con lo que proyecta.</p>
<p class="Pa8">Y como no tiene tiempo que perder, los disposi&shy;tivos que idea no caen en lo accesorio ni en lo trivial, ni en el detalle. A Gregor no se le ocurrir&aacute; nunca perfeccionar una cerradura, mejorar un abrelatas o apa&ntilde;ar un encendedor de gas. Cuando le vienen las ideas a la cabeza, surgen raudas de arriba, de muy arriba, de la inmensidad c&oacute;smica y el inter&eacute;s univer&shy;sal.</p>
<p class="Pa8">Y as&iacute;, una de las primeras es la de un tubo insta&shy;lado en el fondo del Atl&aacute;ntico que, entre otras pres&shy;taciones, deber&iacute;a permitir intercambiar r&aacute;pidamente correo entre Am&eacute;rica y Europa. Gregor perge&ntilde;a pri&shy;mero los planos detallados de un sistema de bombeo, encargado de enviar agua a presi&oacute;n por ese conducto con el fin de impulsar los recipientes esf&eacute;ricos que contienen la correspondencia. Pero el problema de la resistencia originada por el frotamiento del agua en el tubo, demasiado fuerte, lo llevan a abandonar en proyecto en beneficio de otro no menos ambicioso.</p>
<p class="Pa8">Se tratar&iacute;a de construir un gigantesco anillo en torno a nuestro planeta, por encima del ecuador y girando libremente a la misma velocidad que aqu&eacute;l. Comoquiera que la fuerza de reacci&oacute;n permitir&iacute;a inmovilizar ese anillo, podr&iacute;amos subir dentro y girar alrededor de la Tierra a mil seiscientos kil&oacute;metros por hora, admirando sus paisajes, o m&aacute;s exactamente ser&iacute;a ella la que girar&iacute;a debajo de nosotros; conforta&shy;blemente acomodados en asientos &ndash;cuyo dise&ntilde;o y ergonom&iacute;a Gregor ha previsto distra&iacute;damente, pero con precisi&oacute;n&ndash;, dar&iacute;amos la vuelta a la Tierra en el d&iacute;a.</p>
<p class="Pa8">Como puede verse, no son proyectos de poca monta, pues a Gregor s&oacute;lo le interesa medirse con amplias dimensiones. Muy pronto, entre &eacute;stas, le embarga la certeza de que podr&iacute;a hacer una cosilla por ejemplo con la fuerza mareomotriz, los movi&shy;mientos tect&oacute;nicos o la radiaci&oacute;n solar, elementos por el estilo &ndash;o, por qu&eacute; no, siquiera en plan de entreno, con las cataratas del Ni&aacute;gara, de las que ha visto gra&shy;bados en los libros y que se le antojan bastante a su medida. S&iacute;, el Ni&aacute;gara. El Ni&aacute;gara estar&iacute;a bien.</p>
<p class="Pa8">Entretanto, con sus t&iacute;tulos arrugados en los bol&shy;sillos, Gregor marcha a trabajar al oeste, a algunas de las grandes ciudades de la Europa occidental donde sus capacidades, seg&uacute;n le han asegurado, hallar&aacute;n un terreno m&aacute;s f&eacute;rtil para desarrollarse. Ejerce distintas actividades de ingeniero, de experto, sin que ninguna la satisfaga, y, para hacer algo entre las horas de ofi&shy;cina, construye su primera m&aacute;quina seria. Se trata de un motor de inducci&oacute;n y corriente alterna de car&aacute;c&shy;ter novedoso, que presenta con su habitual arrogan&shy;cia a sus colegas y ante el cual &eacute;stos tuercen el gesto durante largo rato. Al final, tras tragarse la envidia y obligados a admitir que ese aparato podr&iacute;a trastocar&shy;lo todo, los colegas se dominan, sobrellevan su fasti&shy;dio y le sugieren que no se detenga: tal vez le conven&shy;dr&iacute;a marcharse m&aacute;s al oeste, donde un terreno nuevo, m&aacute;s rico y abonado, permitir&iacute;a que sus ideas alcan&shy;zaran su pleno desarrollo. Cabe suponer que tales consejos no sin del todo desinteresados y que los colegas ven as&iacute; el modo de deshacerse de Gregor quien, am&eacute;n de antip&aacute;tico, empieza a resultar un tanto pesado.</p>
<p class="Pa8">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sucede tambi&eacute;n que, en efecto, incluso pasada la fase en que el crecimiento decae, Gregor contin&uacute;a creciendo.</p>
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<p class="Default" align="center">3</p>
<p class="Default" align="center">&nbsp;</p>
<p class="Pa8">Con veintiochos a&ntilde;os de edad, y ya dos metros de estatura, Gregor decide tomar un barco hacia los Estados Unidos de Am&eacute;rica. Desembarca en un mue&shy;lle de Nueva York provisto de su pasaporte y de su bomb&iacute;n, de una maletita con apenas ropa, de otra con apenas instrumentos, de veinte d&oacute;lares doblados en un bolsillo y en otro bolsillo una carta de reco&shy;mendaci&oacute;n para Thomas Edison.</p>
<p class="Pa8">Edison es un inventor rico y poderoso, director de la sociedad General Electric y tan famoso univer&shy;salmente que por ejemplo, en vida, ha accedido ya al estatuto de personaje central de una novela de Villiers de L&rsquo;Isle-Adam publicada por entregas a la saz&oacute;n en Par&iacute;s en la revista <em>La Vie moderne</em>. Autor de mil no&shy;venta y tres inventos &ndash;sin empacho en atribuirse un buen n&uacute;mero de ellos realizados por otros&ndash;reivindica fundamentalmente los del tel&eacute;fono, el cine y la gra&shy;baci&oacute;n de sonido, por no hablar de la electricidad, tema que ocupar&aacute; no poco nuestra atenci&oacute;n.</p>
<p class="Pa8">Despu&eacute;s de inventar, tras m&uacute;ltiples otras cosas, la bombilla de incandescencia, Thomas Edison ha ideado un sistema de distribuci&oacute;n para alimentar esas bombillas e inaugurar, dos a&ntilde;os despu&eacute;s, la primera central el&eacute;ctrica del mundo. Al llegar Gregor, &eacute;sta suministra ya corriente continua de 119 voltios a cincuenta y nueve clientes residentes en Manhattan, en la inmediata periferia del laboratorio de Edison, pero, para el inventor, eso s&oacute;lo supone un comienzo: acaba de desarrollar el sistema creando una red que comunica distintas f&aacute;bricas y manufacturas, as&iacute; como teatros repartidos en todo Nueva York. Todo ello est&aacute; pidiendo a ojos vista ampliarse, pero requiere apor&shy;taci&oacute;n de fondos e inversiones. Con todo, los finan&shy;cieros no parecen acabar de calibrar las ventajas de esa electricidad, salvo el m&aacute;s rico de todos ellos, un tal John Pierpont Morgan. Temible, temido por su poder y su endiablado mal genio, John Pierpont Morgan lo es tambi&eacute;n por su clarividencia: prefirien&shy;do callar y aguardar el momento propicio, ha com&shy;prendido enseguida que, tras la invenci&oacute;n del torni&shy;llo por Arqu&iacute;medes, esa energ&iacute;a es lo mejor de cuanto se ha descubierto en la historia de las ciencias.</p>
<p class="Pa8">Gregor, con ser muy guapo no obstante su gigan&shy;tismo, espigado, distinguido, de apariencia resuelta, largo rostro acotado por un elegante bigote, se mues&shy;tra bastante intimidado al llegar a casa de Edison aun cuando &eacute;ste no descolle por su f&iacute;sico, y tal vez preci&shy;samente por eso. Thomas Edison es un hombre feo, encorvado, desma&ntilde;ado y desagradable, que camina arrastrando los pies, de mirada huidiza, siempre em&shy;butido en batas de algod&oacute;n beige o tirando a marro&shy;nes, confeccionadas por su mujer y que se abotona hasta la barbilla. Am&eacute;n de eso, es sordo desde los trece a&ntilde;os a resultas de una escarlatina traicionera, cuyo obst&aacute;culo no le impidi&oacute; imaginar y construir, siete a&ntilde;os atr&aacute;s, el primer fon&oacute;grafo.</p>
<p class="Pa8">Encima, cuando Gregor se presenta en su casa, Edison est&aacute; de un humor de perros: en los &uacute;ltimos d&iacute;as se multiplican los incidentes en las instalaciones que trabajan con corriente continua, tanto en algunas empresas como en domicilios de particulares. Tras acudir todos sus ingenieros a reparar urgentemente la de los Vanderbilt, en la Quinta Avenida, una com&shy;pa&ntilde;&iacute;a de navegaci&oacute;n acaba de comunicarle en ese instante que las dinamos del paquebote <em>Oregon, </em>su&shy;ministradas por su sociedad, sufren tambi&eacute;n aver&iacute;as. Al tener que permanecer atracado, la compa&ntilde;&iacute;a pier&shy;de a diario cuantiosas sumas y amenaza con quere&shy;llarse contra Edison. &Eacute;ste, tan avaro como desagra&shy;dable, carece de personal disponible cuando Gregor le alarga t&iacute;midamente la carta, que expone sus cuali&shy;dades de electricista. Por si las moscas pero sin abrigar esperanza alguna, Edison echa un vistazo al papel, sin mirar siquiera al joven, y lo env&iacute;a a analizar la situaci&oacute;n a bordo del <em>Oregon</em>.</p>
<p class="Pa8">A Gregor le cuesta lo suyo dar con el puerto y con el muelle donde est&aacute; amarrado el paquebote, sobre el que vuelan gaviotas que captan su atenci&oacute;n, pues siempre le ha interesado todo cuanto vuela, en especial, vete a saber por qu&eacute;, palomas de toda suer&shy;te, t&oacute;rtolas y dem&aacute;s familia. Pero en fin, los gaviones tampoco carecen de inter&eacute;s. Tras mirarlos planear y zambullirse un rato, un hosco sobrecargo le indica el camino de la sala de m&aacute;quinas, donde se encierra a solas con sus instrumentos. Se pone enseguida manos a la obra y arregla las dinamos durante la noche. Cuando regresa a las oficinas de Edison a la ma&ntilde;ana siguiente, &eacute;ste, sin decir una palabra, lo contrata como ayudante a cambio de un sueldo de botones.</p>
<p class="Pa8">&nbsp;</p>
<p class="Pa8" align="center">4</p>
<p class="Default">&nbsp;</p>
<p class="Pa8">Ayudante, para Edison, significa, lejos de hombre de confianza, pe&oacute;n, criado para todo, y el papel de Gregor residir&aacute; sobre todo en obedecer a las imposi&shy;ciones m&aacute;s diversas. Quehaceres dom&eacute;sticos, incluso caseros, sin derecho alguno a expresar su opini&oacute;n, asumiendo no obstante una guardia permanente para solucionar los percances cada vez m&aacute;s frecuentes que se producen en las instalaciones realizadas por la General Electric. La persistencia de tales aver&iacute;as ter&shy;mina por insinuarse en la mente de Gregor y acre&shy;centar una duda sobre el principio mismo de los equipamientos de Edison, a saber la corriente conti&shy;nua.</p>
<p class="Pa8">Intentemos comprender esa corriente continua. Se trata de una corriente &ndash;es decir de un desplaza&shy;miento de la electricidad, dig&aacute;moslo as&iacute;&ndash;, en la que los electrones circulan en un solo sentido. Las dina&shy;mos generan una tensi&oacute;n bastante d&eacute;bil, lo cual re&shy;quiere una importante intensidad. De ah&iacute; la necesidad de utilizar gruesos cables, exponi&eacute;ndose con ello a p&eacute;rdidas importantes, pues la resistencia de dichos cables transforma parte de la corriente en calor. Y quien dice calor dice en breve tiempo chispa, ignici&oacute;n, desastre, agentes de seguros y bomberos, es una lata. Por otra parte, la corriente continua no puede trans&shy;portarse a m&aacute;s de tres kil&oacute;metros en esos cables, in&shy;capaces de soportar tensiones altas imprescindibles para las transmisiones lejanas. As&iacute; pues, es necesario vivir, como los vecinos de Edison, cerca de una cen&shy;tral para beneficiarse de la electricidad. Adem&aacute;s y por consiguiente, el sistema adolece de graves deficiencias: incendios regulares, aver&iacute;as cr&oacute;nicas y accidentes frecuentes: demandas, juicios, indemnizaciones. Diga lo que diga Thomas Edison, la cosa no funciona.</p>
<p class="Pa8">Gregor, durante sus estudios, ya hab&iacute;a detectado que la cosa no funcionaba al observar una m&aacute;quina de tipo similar que le hab&iacute;a mostrado su profesor de f&iacute;sica. Como produc&iacute;a demasiadas chispas, Gregor hab&iacute;a sugerido t&iacute;midamente sustituir la corriente continua por corriente alterna, es decir una corrien&shy;te que cambiara regular y peri&oacute;dicamente de sentido. El docente se encogi&oacute; de hombros argumentando que semejante idea entraba en el &aacute;mbito del movimiento perpetuo y por ende de lo imposible, de modo que Gregor no insisti&oacute;.</p>
<p class="Default">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ahora que trabaja en la General Electric, Gregor ha apuntado un par de veces la hip&oacute;tesis de la co&shy;rriente alterna, pero comoquiera que Edison ruge ante tal evocaci&oacute;n como ante la del Anticristo, Gregor sigue sin insistir. Entretanto, por m&aacute;s que haya sabi&shy;do ganarse la estima de su jefe resolviendo numerosos problemas t&eacute;cnicos, y trabajando siete d&iacute;as por sema&shy;na a raz&oacute;n de dieciocho horas diarias, ha surgido una duda en la mente suspicaz de Edison: el hecho de que un elemento tan competente, tan entregado, pueda sugerir una soluci&oacute;n distinta de la corriente continua, hace nacer y desarrollarse su recelo. Cuando ya Gre&shy;gor describe a Edison c&oacute;mopodr&iacute;a mejorar el rendi&shy;miento de su generador, Bien, le dice el jefe, pues adelante. Cincuenta mil d&oacute;lares si lo consigue. Gre&shy;gor se pone manos a la obra, y transcurren seis sema&shy;nas al cabo de las cuales el generador ha recuperado, en efecto, su plena forma. Gregor se apresura a co&shy;munic&aacute;rselo a su empresario.</p>
<p class="Pa8">Bueno, exclama Edison repantingado en su bu&shy;taca, bien, muy bien. De verdad &ndash;se inquieta Gregor&ndash;, est&aacute; usted contento. Encantado, declara Edison, muy satisfecho. Entonces, se aventura Gregor sin poder terminar la frase. Entonces qu&eacute;, lo interrumpe Edi&shy;son, cuyo rostro se endurece. Hombre, se envalento&shy;na Gregor, me pareci&oacute; comprender que cincuenta mil d&oacute;lares. Pero bueno, Gregor, le ataja Edison descru&shy;zando los pies apoyados encima del escritorio, &iquest;toda&shy;v&iacute;a no ha comprendido el humor americano o qu&eacute;?</p>
<p class="Default">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta vez Gregor se ha levantado, se ha encami&shy;nado hacia la percha, donde ha descolgado su som&shy;brero hongo, y hacia la puerta, que ha traspuesto sin pronunciar una palabra ni cerrarla tras de s&iacute;, acto seguido hacia las oficinas para cobrar su sueldo, y hacia la calle pregunt&aacute;ndose qu&eacute; har&aacute; despu&eacute;s de esa jugarreta.</p>
<p class="Pa8">Pues muy sencillo, intentar&aacute; desarrollar en soli&shy;tario su peque&ntilde;o descubrimiento de la corriente al&shy;terna. Durante los tres meses que ha trabajado en la empresa de Edison, ha destacado muy pronto por su rauda eficacia, por la originalidad de sus soluciones y, en breve tiempo, se reputaci&oacute;n de ingeniero se ha impuesto m&aacute;s all&aacute; del &aacute;mbito de la General Electric. As&iacute; pues, Gregor se persona en la sede de un grupo de financieros a quienes expone sus ideas. Estado del sistema, cr&iacute;tica del sistema, modo de mejorarlo, pla&shy;zo seguro y presupuesto exacto.</p>
<p class="Pa8">Y h&eacute;teme aqu&iacute;, mira por d&oacute;nde, que las cosas se han desarrollado de modo satisfactorio. Con su don de lenguas precozmente manifestado y su ya buen conocimiento del ingl&eacute;s, esos primeros a&ntilde;os ameri&shy;canos han permitido a Gregor adquirir un dominio casi perfecto del idioma, a los que se suman una elocuencia innata, un talento para escenificar su dis&shy;curso y una fuerza de convicci&oacute;n que no dejar&aacute; de serle de extrema utilidad. Los financieros se re&uacute;nen tras marcharse &eacute;l y convienen en que ah&iacute; hay algo sin lugar a dudas. Convoc&aacute;ndolo a los dos d&iacute;as, se decla&shy;ran lo bastante interesados como para proponerle fundar una sociedad a su nombre, la Gregor Electric Light Company, en el seno de la cual podr&aacute; desarro&shy;llar sus investigaciones. Huelga decir que, por el hecho de financiarla, ellos ser&aacute;n accionistas mayori&shy;tarios, ya saben ustedes c&oacute;mo funcionan esas cosas, pero es conveniente que Gregor inyecte fondos a su vez para justificar el nombre de la empresa y su nue&shy;vo estatus. Gregor reconoce que es muy l&oacute;gico y se deshace de golpe y porrazo de todo el dinero que ha ahorrado durante esos tres a&ntilde;os de trabajo en la Ge&shy;neral Electric: todo, o sea nada, aunque no deja de ser todo. Y como ese todo no es suficiente, ah&iacute; lo tenemos pidiendo un pr&eacute;stamo con la mayor audacia.</p>
<p class="Pa8">Lo que vino despu&eacute;s tambi&eacute;n sucedi&oacute; muy de&shy;prisa. Lo poco que le cost&oacute; inventar una l&aacute;mpara de arco inmediatamente patentada, fabricada y de in&shy;mediato generadora de beneficios, les cost&oacute; a sus socios dar un peque&ntilde;o giro sobre la inversi&oacute;n, giro que les permiti&oacute; ingresar sustanciosos m&aacute;rgenes de ganancias. Al poco, Gregor se ve expulsado de su propia empresa, que recuperan sus socios, encantados de poder celebrar esos nuevos ingresos con champ&aacute;n. Por lo que a &eacute;l respecta, lo dejan totalmente desplu&shy;mado. De nuevo lo vemos en la calle, reducido a faenas de picapedrero, pe&oacute;n y mozo de cuerda, cu&shy;bierto de deudas en la industria de la construcci&oacute;n, durante cuatro a&ntilde;os.</p>
<p class="Default">&nbsp;</p>
<p class="Default">&nbsp;</p>
<p class="Default">(Fragmento de la novela de Jean Echenoz, <em>Rel&aacute;mpagos</em>, que fue publicada por la editorial Anagrama. La traducci&oacute;n corresponde a Javier Albi&ntilde;ana)</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 14 Oct 2013 06:22:45 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Alice Munro: Canadá se vuelve cálido]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/alice-munro-canada-se-vuelve-calido/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas23/ALICE_MUNRO_500_px.jpg" alt="" /></p>
<p>La inmensidad del paisaje rural canadiense, la nieve y el hielo incesante, y la dureza de aquellas vidas de hijos y nietos de pioneros, se vuelven c&aacute;lidas cuando hablan en boca de Alice Munro. Es en este escenario de sencillez y dureza -bajo el&nbsp; eco de un pa&iacute;s que despega de una depresi&oacute;n y se acerca a un posible resurgir, tras la II Guerra Mundial- donde se mueve Munro en esta ocasi&oacute;n, nueva para nosotros, pero una cita ya lejana en el tiempo, pues (<em>Lives of Girls and Women) La vida de las Mujeres</em> llega en castellano casi cuarenta a&ntilde;os despu&eacute;s de que fuera escrita y publicada en ingl&eacute;s.</p>
<p class="titulo">No me pregunten por qu&eacute;. Ni idea. Mientras tanto, ustedes habr&aacute;n podido leer sus cuentos en <em>Secretos a voces</em> o <em>Demasiada Felicidad</em>, donde Munro cede la voz a mujeres que&nbsp; -como dice Mu&ntilde;oz Molina- &ldquo;tienen la tentaci&oacute;n urgente del porvenir y el legado de una memoria que las vincula a un ayer extinguido, opresor y mezquino, marcado por la pobreza y las tristes sombras familiares, pero tambi&eacute;n iluminado por las sensaciones de la infancia&rdquo;.</p>
<p class="titulo">No es exactamente el caso de la protagonista de esta novela, m&aacute;s bien, Del Jordan es una ni&ntilde;a que lucha por evitar caer en ese marasmo. Inmersa en el terreno movedizo que supone crecer y elegir, ella se alza serena y conmovedora bajo el perfil de una jovencita desenvuelta y curiosa. Su vida se reduce a los conocidos de su peque&ntilde;a poblaci&oacute;n, donde toma forma la aventura m&aacute;s universal: la de observar c&oacute;mo cambia una misma y el mundo a su alrededor.</p>
<p class="titulo">Con una aparente facilidad y ligereza, Alice Munro novela el camino que tiene que trazar Del, y que ella misma traz&oacute; a su manera, para enfrentarse a un mundo de convenciones y reglas definidas por hombres, en el que es dif&iacute;cil para una mujer encontrar su lugar. Por la novela -organizada como una colecci&oacute;n de siete relatos y un ep&iacute;logo- desfilan las dichas y desdichas de un peque&ntilde;o pueblo <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Canada">canadiense</a>&nbsp;en una &eacute;poca de penurias y cambios sociales que empiezan a olerse desde un territorio vecino, Estados Unidos, y que desembocar&aacute;n en la posibilidad incipiente de la mujer de decidir sobre su sexualidad, su maternidad, y en clave, sobre su vida.</p>
<p class="interlineado">Desde la granja donde vive Del con sus padres y su hermano, en la difusa frontera que separa la peque&ntilde;a poblaci&oacute;n de Jubilee del campo, empieza este relato, una suma exquisita de episodios vitales, donde el pasar del tiempo transforma el paisaje y los corazones de todos los personajes. Excentricidades, chantajes sociales, acontecimientos cotidianos, deseos frustrados, suicidios disfrazados de accidentes, marchas repentinas...Todo tiene cabida en Jubilee, donde Del lucha por no seguir el camino marcado por los otros.<strong></strong></p>
<p class="interlineado"><strong>La disonancia con voz de mujer</strong><strong></strong></p>
<p>Cuando lees a Munro piensas que -aunque parece no contar grandes cosas, sino narrar una sucesi&oacute;n de hechos que no resultan heroicos o relevantes, centrados en personajes anodinos o exc&eacute;ntricos y sin aventuras deslumbrantes- &nbsp;en sus historias austeras, sensibles y humildes descubrimos mayores dosis de humanidad, de pasi&oacute;n y de hondura que en grandes peripecias noveladas.&nbsp;<em>La vida de las mujeres</em>&nbsp;es as&iacute;: sencilla, cercana, sin heroicidades, pero de una hermosura sin l&iacute;mites por lo profundo de su propuesta.</p>
<p>As&iacute; suena la voz de la joven Del, cuya mirada aguda y perspicaz traduce con parsimonia e iron&iacute;a el mundo que la rodea, empezando por ella misma y su familia. Del observa sin l&iacute;mites y en sus ojos el min&uacute;sculo pueblo se convierte en un peque&ntilde;o mundo de resonancias universales. Y es que, tal como escribe Mu&ntilde;oz Molina, &ldquo;al gran planisferio de la literatura moderna Alice Munro ha a&ntilde;adido su rinc&oacute;n apartado de la provincia de Ontario, habitado por mujeres tan bravas y rectas como ella, por seres &aacute;speros, pintorescos y perdidos de un mundo que ya no existe. Su naturalidad es tan perfecta, sus personajes parecen tan comunes, que no siempre se advierte a primera vista la magnitud de su talento&rdquo;.</p>
<p class="titulo">Del -esa ni&ntilde;a que sabe observar el mundo y sacar buen provecho de lo que ve- compadece la poquedad del padre, un taciturno que cr&iacute;a zorros para vender sus pieles y que prefiere vivir rodeado de naturaleza que prestar atenci&oacute;n a lo que ocurre en su casa; se resigna a duras penas a la vulgaridad de un hermano sin ambiciones ni modales, e ironiza con admiraci&oacute;n sobre una madre inteligente y culta, insatisfecha por ese villorrio en el que apenas tiene oportunidad de escuchar la radio, pero tenaz y valiente, que se ha lanzado por caminos de tierra batida a vender enciclopedias.</p>
<p>Es pues en este entorno fr&iacute;o e indomable del universo rural, limitado en el espacio y en el tiempo, donde Munro muestra un repertorio de temas inacabables y donde su sencillez se vuelve grandiosa mientras la peque&ntilde;a Del se construye como mujer y escritora.</p>
<p>Con un tono &iacute;ntimo y austero pero recubierto de humor, Munro y Del nos arrastran a otras vidas. Ambas se al&iacute;an en una elegancia innata; una manera especial de contar las situaciones cotidianas; de lidiar con Dios y con el sexo, y bajo esa gracia casi divina capaz de modelar unos personajes tan cargados de humanidad que parece que se nos aproximan f&iacute;sicamente.</p>
<p>Desde el principio de la novela, si algo tiene claro Del es la capacidad &nbsp;de decidir sobre ella misma. Tenaz y resuelta, entender&aacute; la urgencia de elegir entre la existencia socialmente aceptada y una vida que est&aacute; en otra parte. En esta elecci&oacute;n se asoma, sin duda, aquella Alice Munro que desde ni&ntilde;a &ldquo;se hab&iacute;a sabido rara y distinta, y hab&iacute;a comprendido que para no sufrir el escarnio de los dem&aacute;s tendr&iacute;a que disimular, fingir que acataba las expectativas permitidas a una mujer&rdquo;, y como dice Mu&ntilde;oz Molina, &ldquo;preferir secretamente la vocaci&oacute;n de la literatura a la de la maternidad&rdquo;, lo cual ten&iacute;a algo de impulso de &ldquo;perdici&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>En esta perdici&oacute;n se encontr&oacute; Munro a s&iacute; misma y nos encontr&oacute; a nosotros, en sus tantos relatos y en su &uacute;nica <em>novela, estrictamente hablando. En ella -escrita a sus cuarenta a&ntilde;os hace ahora cuarenta a&ntilde;os- asomaban ya todo el talento, la iron&iacute;a y el modo tan peculiar de ver la realidad con que sigue sorprendi&eacute;ndonos todav&iacute;a.- LOURDES TOLEDO.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alice Munro, <em>La vida de las mujeres</em>, Barcelona, Lumen, 2011.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="gmail-figcaption__attribution gmail--gallery"><span>Fotograf&iacute;a de Alice Munro: Jenny Munro Copyright &copy; La Fundaci&oacute;n Nobel.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 11 Oct 2013 06:04:06 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[J'attendrai]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/jattendrai/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/PERE_GIMFERRER.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 210px;">El tiempo va quedando atr&aacute;s, y los embozados,</p>
<p style="padding-left: 210px;">en las oscuridades en las que el cielo grita,</p>
<p style="padding-left: 210px;">rompen el andamiaje de los ojos helados,</p>
<p style="padding-left: 210px;">el clavel de la noche y su luz de antracita.</p>
<p style="padding-left: 210px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 210px;">No sabr&iacute;amos ir de rumor disfrazados,</p>
<p style="padding-left: 210px;">en la comba del aire como una tabla hitita,</p>
<p style="padding-left: 210px;">de silencio vestidos y a los astros hurtados,</p>
<p style="padding-left: 210px;">por tanta estreller&iacute;a que al firmamento irrita.</p>
<p style="padding-left: 210px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 210px;">Por tanta estreller&iacute;a de luceros al pairo</p>
<p style="padding-left: 210px;">cuando la noche extingue sus l&aacute;mparas de gas,</p>
<p style="padding-left: 210px;">la luz de amanecida es una luz de Cairo</p>
<p style="padding-left: 210px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 210px;">y como coptos vamos con linternas detr&aacute;s;</p>
<p style="padding-left: 210px;">he bebido en tus nalgas el sol del campanario</p>
<p style="padding-left: 210px;">y mi piel en tu hond&oacute;n aterciopelar&aacute;s:</p>
<p style="padding-left: 210px;">pedir&iacute;a morir en tu luz de incensario,</p>
<p style="padding-left: 210px;">mas vivir&eacute; en el horno de tu abierto comp&aacute;s.</p>
<p style="padding-left: 210px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 210px;">&nbsp;</p>
<p style="padding-left: 210px;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 10 Oct 2013 06:33:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[René Char, la inteligencia con ángel]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/rene-char-la-inteligencia-con-angel/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/REN_CHAR.jpg" alt="" /></p>
<p>En la introducci&oacute;n al primer volumen de la edici&oacute;n alemana de las poes&iacute;as de Ren&eacute; Char &ndash;<em>Dichtungen</em>, 1959-, con traducci&oacute;n de Paul Celan, Johannes H&uuml;bner, Lothar Kl&uuml;nner y Jean-Pierre Wilhelm, Albert Camus consideraba al escritor como el mayor poeta vivo de Francia, a su obra <em>Fureur et myst&egrave;re</em> como una de las tres grandes de todo el siglo XX, junto a las <em>Illuminations</em> de Arthur Rimbaud y a <em>Alcools</em> de Guillaume Apollinaire. Para entonces, el poeta de L&rsquo;Isle-sur-Sorgue hab&iacute;a alcanzado, a los cincuenta y dos a&ntilde;os de edad, pleno reconocimiento a una obra emblem&aacute;tica de la modernidad literaria. Atr&aacute;s hab&iacute;an quedado sus a&ntilde;os de combates est&eacute;ticos y pol&iacute;ticos, su pertenencia al grupo surrealista y a la lucha armada en las fuerzas contra la ocupaci&oacute;n alemana, libros como <em>Le marteau sans ma&icirc;tre</em>, <em>Moulin premier</em>, <em>Dehors la nuit est gouvern&eacute;e</em> o <em>Placard pour un chemin des &eacute;coliers</em>, donde Char comienza a crear una obra po&eacute;tica encaminada al desvelamiento esencial de la realidad, al esclarecimiento de la verdad oculta en cada uno de los gestos de nuestra cotidianidad.</p>
<p>Camus conoci&oacute; la obra de Char a partir de la aparici&oacute;n de <em>Seuls demeurent</em> en 1945, ruptura de su silencio literario tras la acci&oacute;n pol&iacute;tica continuada en la Resistencia francesa, que el poeta llev&oacute; a cabo desde su comienzo en los maquis hasta el final de la guerra. Revistas como <em>Fontaine</em>, editada en Argel, <em>Cahiers d&rsquo;art</em> y <em>L&rsquo;&Eacute;ternelle revue</em> fueron el punto y seguido de una obra que no dejar&iacute;a de crecer y de reformularse a lo largo de seis d&eacute;cadas. El punto y aparte para su vida se produce con el fin de la contienda y la separaci&oacute;n de Georgette, su primera mujer, lo que le hace decir: &ldquo;Despu&eacute;s de 1946, mi vida solo me concierne a m&iacute; mismo, a algunos seres queridos y a mi trabajo&rdquo;. Ren&eacute; Char hablaba de dos edades para el poeta, una en la que la poes&iacute;a le maltrata y otra en la que se deja abrazar por ella. Si bien ninguna de las dos parecen estar bien definidas, la segunda podr&iacute;a ser datada en torno a <em>Feuillets d&rsquo;Hypnos</em>, momento en el que escribe al margen de toda publicidad, en la clandestinidad, mientras construye un edificio que ir&aacute; creciendo con cada una de sus colecciones de poemas. El libro est&aacute; dedicado a Albert Camus, un conjunto de fragmentos escritos, seg&uacute;n el propio autor, en &ldquo;la tensi&oacute;n, la c&oacute;lera, el miedo, la emulaci&oacute;n, el hast&iacute;o, la astucia, el recogimiento furtivo, la ilusi&oacute;n del porvenir, la amistad, el amor&rdquo;, p&aacute;ginas marcadas por el desarrollo de los acontecimientos y la certeza de que el sentido de la vida del hombre es algo que subyace a sus propios avatares y est&aacute; vinculado a sus propias alucinaciones. Char est&aacute; dispuesto a pagar el precio hist&oacute;rico que le corresponde por la defensa de un humanismo responsable, pero tambi&eacute;n por el margen de libertad que otorga la fantas&iacute;a.</p>
<p>A principios de los cincuenta colabora asiduamente en las revistas antes citadas, entre las cuales se encuentra tambi&eacute;n <em>Combat</em>, la publicaci&oacute;n dirigida por Camus. La amistad entre ambos se extiende hasta la muerte de este &uacute;ltimo en 1960. El periodo posterior a la Liberaci&oacute;n es pr&oacute;digo en muestras de adhesi&oacute;n y rechazo ideol&oacute;gicos en unos a&ntilde;os dif&iacute;ciles, en los que Char hab&iacute;a vaticinado la proliferaci&oacute;n de ventajistas, mediocres, oportunistas y fan&aacute;ticos, llevados por las circunstancias sociales y pol&iacute;ticas del pa&iacute;s. Hombre de fuerte personalidad y s&oacute;lidas convicciones, tomaba a este tipo de gente como sus verdaderos enemigos, del mismo modo que hiciera, en el plano literario, con sus premisas po&eacute;ticas, expuestas ya en <em>Moulin premier</em> (1935), cuando opone la necesidad de practicar el &ldquo;poema que ofende&rdquo; a la poes&iacute;a de tipo cortesano, &ldquo;tallo de masoner&iacute;a, residencia y parque de atracciones, de seguridad, de agresi&oacute;n y de reconocimiento al lector&rdquo;. Su poes&iacute;a, sin embargo, no podr&iacute;a ser calificada de literatura comprometida en t&eacute;rminos usuales. En un testimonio valioso que narra los a&ntilde;os de Ren&eacute; Char en C&eacute;reste<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>, Georges-Louis Roux, uno de los tres hermanos con los que traba amistad en este pueblecito de Haute-Provence, lugar de frecuentes estancias en compa&ntilde;&iacute;a de su mujer y luego escenario de sus combates, le describe como una persona no completamente realizada por la acci&oacute;n, al contrario de lo que &eacute;l mismo escribe con respecto a alguno de sus compa&ntilde;eros: &ldquo;Archiduc me conf&iacute;a que ha descubierto su verdad cuando se ha unido a la Resistencia. Hasta entonces era un acto de su vida descontento y suspicaz. Le inundaba poco a poco una tristeza est&eacute;ril. Hoy ama, gasta, est&aacute; enrabietado, va desnudo, provoca. Aprecio mucho a este alquimista&rdquo;. El verdadero control de su destino se produce a trav&eacute;s de las palabras, instrumentos para una verdadera comprensi&oacute;n de la realidad. El poeta camina por delante del hombre de acci&oacute;n. Su intensa actividad clandestina, no obstante, le hace entrar en contacto con la S. A. P., Secci&oacute;n de Aterrizaje y Paracaidismo del ej&eacute;rcito resistente. Con el seud&oacute;nimo de capit&aacute;n Alexandre, cumple funciones de jefe departamental. Sus obligaciones le dejan poco tiempo para escribir, pero Roux lo recuerda escribiendo apresurados pasajes de <em>Feuillets d&rsquo;Hypnos</em> bajo una reproducci&oacute;n del <em>Prisonnier</em> de Georges de la Tour. &ldquo;Escribo brevemente. No puedo ausentarme durante mucho tiempo [&hellip;] La adoraci&oacute;n de los pastores no es &uacute;til para el planeta&rdquo;. Tampoco para Francia, que vive en un estado de continua tensi&oacute;n. Char sue&ntilde;a con un pa&iacute;s m&aacute;s ben&eacute;volo, atento a las inquietudes intelectuales y a la emoci&oacute;n de lo original.</p>
<p>Su llegada a C&eacute;reste estuvo motivada por las pesquisas de la polic&iacute;a del gobierno de Vichy, que hab&iacute;a tenido en cuenta una carta subversiva, firmada por &eacute;l y por otros compa&ntilde;eros del grupo surrealista. Se le considera un individuo peligroso, de ideolog&iacute;a comunista. Pero &eacute;l mismo consideraba el comunismo como una ideolog&iacute;a incapaz de iluminar el vasto territorio de una realidad nombrable &uacute;nicamente desde la escritura po&eacute;tica. Algo similar le hab&iacute;a sucedido con su adscripci&oacute;n al movimiento surrealista. En 1927, tres a&ntilde;os despu&eacute;s de la publicaci&oacute;n del <em>Primer Manifiesto del surrealismo</em>, fue destinado a cumplir su servicio militar en N&icirc;mes, donde comienza su carrera literaria con diversas colaboraciones. Un a&ntilde;o despu&eacute;s aparece <em>Les cloches sur le coeur</em>, poemas compuestos entre 1922 y 1926, que ser&aacute;n destruidos posteriormente. En 1926 se publica <em>Arsenal</em>, su primera obra en cuanto tal. Paul &Eacute;luard recibe uno de los veintis&eacute;is ejemplares de que consta la tirada, y visita a Char algunos meses despu&eacute;s en su casa de L&rsquo;Isle-sur-Sorgue. A finales de a&ntilde;o conoce en Par&iacute;s a Breton, Crevel, Aragon y otros miembros del movimiento surrealista, al que se incorpora con una primera colaboraci&oacute;n en <em>La R&eacute;volution surr&eacute;aliste</em>. De ah&iacute; hasta casi el principio de la guerra, forma parte del grupo de manera oficial. <em>Ralentir travaux</em> es fruto de su colaboraci&oacute;n con Breton y &Eacute;luard. Participa en los incidentes del bar de Maldoror y en las manifestaciones contra las ligas de extrema derecha y a favor de los movimientos revolucionarios de Espa&ntilde;a, firma pasquines en apoyo a <em>La edad de oro</em>, etc. El relato on&iacute;rico titulado <em>Artine</em>, con una ilustraci&oacute;n de Salvador Dal&iacute;, es uno de los testimonios que quedan de la &eacute;poca. Tambi&eacute;n la dedicatoria de <em>Placard pour un chemin des &eacute;coliers</em>, el &uacute;ltimo de los textos que publica antes de su &ldquo;silencio literario&rdquo;: &ldquo;Ni&ntilde;os de Espa&ntilde;a, - ROJOS, oh cu&aacute;nto, para empa&ntilde;ar por siempre el brillo del acero que os despedaza; - a vosotros.&rdquo;.</p>
<p>Hacia 1934, comienza a alejarse del movimiento por discrepancias con algunas de las ideas que defienden. La investigaci&oacute;n sobre las relaciones entre realidad y lenguaje hab&iacute;a sido uno de los puntos comunes con el surrealismo, la importancia concedida al poder de enunciaci&oacute;n que permite acceder a la verdad po&eacute;tica. El rechazo del orden burgu&eacute;s y su voluntad de transformar el mundo se dejan ver en los poemas de <em>Le marteau sans ma&icirc;tre</em>. Comparte sus antecedentes literarios, la devoci&oacute;n por las ideas de Her&aacute;clito, Rimbaud o Lautr&eacute;amont. El car&aacute;cter irreflexivo de la imagen surrealista, sus procedimientos de escritura, el culto a lo irracional, se encuentran, en cambio, en las ant&iacute;podas de su concepci&oacute;n po&eacute;tica, donde lo primordial es el acceso al env&eacute;s de la realidad, a lo que &eacute;sta tiene de maravilloso e inexpresable.</p>
<p>La acci&oacute;n que supone la lucha armada y su compromiso antifascista discurre de modo paralelo a otro tipo de acci&oacute;n, esta vez po&eacute;tica, que busca profundizar en el conocimiento de las cosas por medio de la escritura. A la manera de H&ouml;lderlin, la poes&iacute;a es el lugar de una uni&oacute;n en la que se dan cita la alegr&iacute;a y el sufrimiento, el deseo, la esperanza y los temores, los defectos y las cualidades de la persona, sus grandezas y debilidades, una doble exigencia, po&eacute;tica y &eacute;tica, que gobierna su vida y su obra. La &eacute;tica se asocia continuamente a lo cotidiano del mismo modo que la poes&iacute;a, acci&oacute;n que incide en la realidad, meditaci&oacute;n, intimidad entre el hombre y la b&uacute;squeda de una belleza procedente del mundo natural. <em>Feuillets d&rsquo;Hypnos</em> y <em>Partage formel</em> marcan el comienzo de una etapa en la que Char hace convivir poes&iacute;a y moral en el cuerpo del poema. Es su modo de intervenir y de participar en los acontecimientos, de expresar los sentimientos de desesperanza de una &eacute;poca marcada por el odio y la intolerancia. El poema est&aacute; atrapado entre el presente y la promesa de un futuro mejor, &ldquo;el poeta es la g&eacute;nesis de un ser que proyecta y de un ser que retiene&rdquo;, dice en <em>Partage formel</em>. La libertad es su valor esencial, la raz&oacute;n de su dignidad y de su valent&iacute;a, el motivo de su revuelta, el fundamento de su moral. Esta aventura personal se proyecta hacia la consecuci&oacute;n de un futuro m&aacute;s vehemente. La capacidad de nombrar que posee el lenguaje po&eacute;tico cumple el papel de aproximaci&oacute;n a la verdad. Poes&iacute;a y verdad son t&eacute;rminos sin&oacute;nimos, finalidad &uacute;ltima de su poes&iacute;a, y encaminan a la aprehensi&oacute;n de lo esencial: &ldquo;Id a lo esencial: &iquest;No ten&eacute;is necesidad de &aacute;rboles j&oacute;venes para reforestar vuestro bosque?&rdquo; (<em>Rougeur des matinaux</em>, VI); &ldquo;Lo esencial est&aacute; amenazado sin cesar por lo insignificante&rdquo; (<em>&Agrave; une s&eacute;r&eacute;nit&eacute; crisp&eacute;e</em>). Lo circunstancial permanece en los m&aacute;rgenes de la poes&iacute;a, que es cristalizaci&oacute;n de lo esencial.</p>
<p>Al margen de los dos episodios antes nombrados, su vida parece no tener altibajos importantes, am&eacute;n de sus silencios literarios. El primero se produce entre 1939 y 1944, motivado por su compromiso con la Resistencia, silencio activo, como hemos visto, reflejado en los sublimes fragmentos de <em>Feuillets d&rsquo;Hypnos</em>. El segundo, de 1956 a 1957, donde el escritor sustituye la escritura por el grabado y el dibujo, sufre crisis de angustia y tiene dificultades para dormir. Todo lo que merece ser vivido responde a una voluntad cuya caracter&iacute;stica principal es el hecho de que lo po&eacute;tico suponga una turbaci&oacute;n para el mundo de lo cotidiano. La vida de Char est&aacute; dedicada por completo a la poes&iacute;a y a la defensa de los valores &eacute;ticos. Su obra responde a su biograf&iacute;a, pero no a una escritura al hilo de lo autobiogr&aacute;fico, sino a una manera propia de percibir la realidad como desocultaci&oacute;n, por emplear el t&eacute;rmino acu&ntilde;ado por su amigo Mart&iacute;n Heidegger. Tras la guerra, multiplica sus colaboraciones con otros artistas, en especial con sus amigos pintores. Del encuentro con Matisse surge &ldquo;Le Requin et la Mouette&rdquo;, perteneciente a <em>Le po&egrave;me pulv&eacute;ris&eacute;</em>, en el que el pintor hab&iacute;a aportado a la edici&oacute;n un grabado original. Tambi&eacute;n con Georges Braque, que ilustra sus poemas, mientras Char hace lo propio con su pintura. Da Silva, Brauner, Mir&oacute;, etc., son otros tantos artistas con los que colabora a lo largo de su vida. Su obra po&eacute;tica crece en volumen y en importancia, y cr&iacute;ticos de la talla de Maurice Blanchot o Georges Mounin, entre otros, le dedican art&iacute;culos y monogr&aacute;ficos en diferentes revistas. El contacto con artistas e intelectuales de la &eacute;poca es moneda com&uacute;n a lo largo de tres d&eacute;cadas, pr&aacute;cticamente hasta 1978, cuando sufre una grave complicaci&oacute;n cardiaca, tras la que deja Par&iacute;s para instalarse en Le Vaucluse. <em>Aromates chasseurs</em> hab&iacute;a aparecido en 1975, <em>Chants de la balandrane</em> en 1977. En 1980, la Biblioteca Nacional de Par&iacute;s expone los &ldquo;Manuscritos de Ren&eacute; Char iluminados por pintores del siglo XX&rdquo;. En 1983, sus obras completas son publicadas en la prestigiosa colecci&oacute;n de la Biblioth&egrave;que de la Pl&eacute;iade. <em>Les voisinages de Van Gogh</em>, su &uacute;ltimo libro de poemas, se publica en 1985. Muere tres a&ntilde;os despu&eacute;s, el 19 de febrero de 1988, en el hospital Val-de-Gr&acirc;ce de Par&iacute;s.</p>
<p>Ren&eacute; &Eacute;mile Char hab&iacute;a nacido el 14 de junio de 1907 en L&rsquo;Isle-sur-Sorgue, en una familia de fuerte tradici&oacute;n republicana pero sin antecedentes literarios. El escenario de su infancia es la residencia de N&eacute;vons, rodeada de un parque y de prados comunales. Esta tierra, presente en poemas como &ldquo;Les transparents&rdquo;, &ldquo;La Sorgue&rdquo;, &ldquo;Exploit du cylindre &agrave; vapeur&rdquo;, &ldquo;Jouvence&rdquo; y &ldquo;Deuil des N&eacute;vons&rdquo;, es una pieza clave de su creaci&oacute;n, una parte b&aacute;sica de su materia po&eacute;tica, el origen al que siempre acaba volviendo, a pesar de que el paso del tiempo lo haga desaparecer. &ldquo;La ambici&oacute;n infantil del poeta est&aacute; en convertirse en una parte viva del espacio. A contracorriente de su propio destino. Su primera operaci&oacute;n po&eacute;tica: sufrir su invasi&oacute;n, combinar sus emociones, sus placeres amorosos m&aacute;s all&aacute; de los excrementos disimulados del objeto, substraerse a las amnist&iacute;as del derecho divino, desmantelarse sin destruirse&rdquo;, dice en <em>Le marteau sans ma&icirc;tre</em>. El espacio de la infancia sigue intacto en la memoria del poeta, &ldquo;pulverizado&rdquo; en su obra. La &ldquo;pulverizaci&oacute;n&rdquo; es una finalidad del poema, una unidad fragmentada en pedazos, reflejo de un mundo proyectado en el espacio y en el tiempo, &ldquo;palabra en archipi&eacute;lago&rdquo;. As&iacute; titular&aacute; dos de sus libros de poemas, Le <em>po&egrave;me pulv&eacute;ris&eacute;</em> (1945-1947) y <em>La parole en archipel</em> (1952-1960), nociones que refieren al conjunto de su obra. El poema, en tanto que unidad aislada, remite a la totalidad. El fragmento lleva marcado el estigma de la unidad a la que pertenece. El argumento que precede a <em>Le po&egrave;me pulv&eacute;ris&eacute; </em>reclama la necesidad de vivir con el aguij&oacute;n de lo desconocido. El poema nace de la llamada del devenir y de la angustia de la retenci&oacute;n, es un testimonio silencioso de lo real, de una vida interior que poco tiene que ver con lo que com&uacute;nmente se llama &ldquo;realidad&rdquo;, o poes&iacute;a basada en la vivencia convencional de lo cotidiano. &ldquo;La poes&iacute;a est&aacute; podrida de depiladores de orugas, de esta&ntilde;adores de ecos, de lecheros cari&ntilde;osos, de melindrosos extenuados, de rostros que trafican con lo sagrado, de actores de f&eacute;tidas met&aacute;foras, etc. Ser&iacute;a sano incinerar sin tardanza a estos artistas&rdquo; (<em>Le marteau sans ma&icirc;tre</em>). La labor del poeta se realiza en el equilibrio que debe producirse entre el mundo f&iacute;sico y el mundo de los sue&ntilde;os, en la pr&aacute;ctica de una imaginaci&oacute;n que libera la realidad, en la espera de los breves momentos de revelaci&oacute;n y plenitud que proporciona en ocasiones la palabra. La reflexi&oacute;n sobre el acto po&eacute;tico es el tema central de su poes&iacute;a. El poema es &ldquo;imposici&oacute;n subjetiva&rdquo; y &ldquo;elecci&oacute;n objetiva&rdquo;, exploraci&oacute;n del ser, una versi&oacute;n mejorada del mundo, deseo de libertad y sentimiento de esperanza, di&aacute;logo con las formas de la creaci&oacute;n, descubrimiento de la belleza: &ldquo;En nuestras tinieblas, no hay un lugar para la belleza. Todo el lugar es para la belleza&rdquo;, dice en <em>Feuillets d&rsquo;Hypnos</em>; y en <em>Recherche de la base et du sommet</em>: &ldquo;Fuera de la poes&iacute;a [&hellip;] el mundo no vale nada, la verdadera vida, el coloso irrecusable, no se forma m&aacute;s que en los flancos de la poes&iacute;a&rdquo;.</p>
<p>La escritura de Ren&eacute; Char rehuye continuamente el comentario. La forma cierra filas alrededor del sentido e invita, m&aacute;s que a comprender, al placer est&eacute;tico de la lectura. Poes&iacute;a y pensamiento poseen un lenguaje diferente, buscan la noci&oacute;n de verdad por otros caminos. El pensamiento de Char se presenta en forma de aforismo, palabra concreta que incluye un significado profundo. Su poes&iacute;a ha sido calificada de &ldquo;poes&iacute;a de la poes&iacute;a&rdquo;, &ldquo;poes&iacute;a de la esencia del poema&rdquo;. En este sentido, se identifica con la experiencia de Rimbaud. La poes&iacute;a se basta a s&iacute; misma, no necesita de otros recursos que la hagan ser, un instrumento para el encuentro de la revelaci&oacute;n, instante sublime que crea su espacio en el acontecimiento, por medio de una enunciaci&oacute;n de la inmediatez, del &ldquo;comienzo puro&rdquo;. El tiempo de la Historia oficial no es el tiempo de la poes&iacute;a, sino la copia al dictado de la voz de los gobernantes. A diferencia de algunos de sus contempor&aacute;neos, el hecho cotidiano no refiere a la actualidad, sino a un di&aacute;logo atemporal, a un aqu&iacute; y un ahora inscrito en el tiempo de la experiencia personal. La literatura no refiere a la literatura, sino a la vida, lo que no quiere decir que Char no reconozca &ldquo;aliados substanciales&rdquo; en nombres como Esquilo, Lao-Tseu, los presocr&aacute;ticos, Teresa de &Aacute;vila, Shakespeare, Saint-Just, Rimbaud, H&ouml;lderlin, Nietzsche o Melville. Solo que estos escritores y pensadores se encuentran diluidos en su poes&iacute;a, con &ldquo;voces aliadas&rdquo; que de alg&uacute;n modo han anticipado su obra. La cr&iacute;tica ha reconocido de manera un&aacute;nime la huella de Her&aacute;clito en el pensamiento de Char, un conjunto de encuentros que inciden sobre todo en lo referente a la alianza de contrarios que se da en su escritura y a su inclinaci&oacute;n por el car&aacute;cter absoluto de la realidad, la vivencia de un presente perpetuo. Este car&aacute;cter de continuidad establece fuertes v&iacute;nculos con el mito, en especial con las figuras de S&iacute;sifo y de Prometeo. Ambos personajes sirven para representar el infinito recomienzo de la palabra y el af&aacute;n de saber en el que se justifica el proceso de escritura. La mitolog&iacute;a arroja luces en las sombras del tiempo hist&oacute;rico. Char hab&iacute;a dicho en <em>Feuillets d&rsquo;Hypnos</em>: &ldquo;No vayan a creer que hago un proceso f&aacute;cil de mi &eacute;poca. No la miro sin responsabilidad ni remordimiento hundirse en su destino que no es precisamente el de la generosidad, el del mal llevado a l&iacute;mites no categ&oacute;ricos. La experiencia po&eacute;tica descalifica las creencias y las ideolog&iacute;as solo por el hecho de situarse en otra temporalidad&rdquo;. Su principal preocupaci&oacute;n es la &ldquo;inteligencia con &aacute;ngel&rdquo;. Y el &ldquo;&Aacute;ngel&rdquo; es &ldquo;lo que, en el interior del hombre, se mantiene separado del compromiso religioso, la palabra del m&aacute;s alto silencio, la significaci&oacute;n que no se eval&uacute;a [...] la vela que se inclina al norte del coraz&oacute;n&rdquo;, el c&oacute;mo, el qu&eacute; y el porqu&eacute; de su poes&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> Georges-Louis Roux, &ldquo;Ren&eacute; Char, h&ocirc;te de C&eacute;reste&nbsp;&raquo;, en Ren&eacute; Char, <em>&OElig;uvres compl&egrave;tes</em>, Paris, Gallimard, Biblioth&egrave;que de la Pl&eacute;iade, 1147-1163.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Tue, 08 Oct 2013 10:09:45 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Café de St Antoine]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/cafe-de-st-antoine/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/ANTONIO_RIVERO_TARAVILLO.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>&ndash;Caf&eacute; au lait.</em></p>
<p><em>&ndash;&iquest;Ol&eacute;? &iexcl;Ol&eacute; mi mare!</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Uno de aquellos chistes recurrentes</p>
<p>de nuestra infancia carpetovet&oacute;nica,</p>
<p>como ese otro sobre el pan</p>
<p>del <em>Je ne comprends pas</em>... Etc&eacute;tera).</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>Ahora que ya nada tiene gracia</p>
<p>y esta broma pesada dura demasiado,</p>
<p>me toca tu recuerdo, sin alzar la voz,</p>
<p>triste, educado, melanc&oacute;lico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>De la Bastilla a la Plaza de los Vosgos,</p>
<p>Par&iacute;s, el Par&iacute;s de vuestra luna de miel</p>
<p>y la cita a la que llegu&eacute; muy tarde</p>
<p>y en lugar extra&ntilde;o, haci&eacute;ndome de rogar;</p>
<p>el Par&iacute;s que para ti era <em>la</em> ciudad, y el Louvre</p>
<p>la pieza m&aacute;s querida en tu museo</p>
<p>de emociones est&eacute;ticas;</p>
<p>el Par&iacute;s del que yo despotricaba</p>
<p>cuando por epatar escrib&iacute; que lo quer&iacute;a</p>
<p>bajo las duras botas de la Wehrmacht;</p>
<p>Par&iacute;s aquel d&iacute;a, Viernes Santo,</p>
<p>ni jueves ni aguacero,</p>
<p>era un lugar soleado y m&aacute;gico,</p>
<p>un reencuentro contigo y tu juventud,</p>
<p>unas paces con la ciudad que aborrec&iacute; con pose altiva,</p>
<p>un paseo grato, hermoso, inolvidable.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la Rue de St Antoine, en el caf&eacute; hom&oacute;nimo,</p>
<p>en una terraza al fin sin pretensiones,</p>
<p>lejos del de Flore o Les Deux Magots,</p>
<p>en un momento de calma de los pies,</p>
<p>el tel&eacute;fono me llev&oacute; en alas &ndash;sombr&iacute;as&ndash; a Sevilla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Qu&eacute; temor a las palabras,</p>
<p>que sin&oacute;nimo o eufemismo tan in&uacute;til:</p>
<p>&ndash;Pap&aacute; ha fallecido esta ma&ntilde;ana.</p>
<p>Y de aquel pu&ntilde;etazo en la mand&iacute;bula,</p>
<p>lo que m&aacute;s me choc&oacute; fue el<em> &ldquo;fallecido&rdquo;...</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el Caf&eacute; de St Antoine,</p>
<p>de la Bastilla a la Plaza de los Vosgos,</p>
<p>un caf&eacute; dulz&oacute;n a medio tomar, amargo,</p>
<p>fr&iacute;o, abandonado en una mesa.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 04 Oct 2013 07:06:38 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Marcin Świetlicki: seis poemas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/marcin-swietlicki-seis-poemas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/MARCIN_SWIETLICKI.jpg" alt="" /></p>
<p>Marcin Świetlicki nace el 24 de diciembre de 1961 en un peque&ntilde;o pueblo de los alrededores de Lublin (Polonia). Licenciado en Filolog&iacute;a Polaca por la Universidad de Cracovia, durante sus a&ntilde;os de estudiante entra en contacto con un grupo de poetas (Kacek Podsiadlo, Marzena Broda, Krzysztof Koehler) que terminar&aacute; configur&aacute;ndose como la punta de lanza de la poes&iacute;a de la Polonia poscomunista. Sus primeros poemas aparecen en 1978 en la revista <em>Radar</em> y en 1992 publica su primer libro de poemas, <em>Los pa&iacute;ses fr&iacute;os</em>, que enseguida le asegur&oacute; un lugar en la primera l&iacute;nea de los poetas polacos. Durante la d&eacute;cada de los ochenta colabora en la revista de oposici&oacute;n pol&iacute;tica <em>NaGłos</em> (<em>En voz alta</em>) y a principios de noventa toma parte activa en la creaci&oacute;n y el desarrollo de la revista <em>bruLion</em> (<em>Borrador</em>), una publicaci&oacute;n que result&oacute; ser uno de los fen&oacute;menos m&aacute;s importantes en la literatura contempor&aacute;nea polaca y el lugar de donde surgi&oacute; la nueva oleada de poetas polacos, la llamada &ldquo;Generaci&oacute;n de <em>bruLion</em>&rdquo;. Y aunque el poeta mismo se considera un <em>outsider</em> y define su situaci&oacute;n en del mundo literario como &ldquo;nunca dentro del todo ni dentro hasta el fondo&rdquo;, y aunque rechace los premios y mantenga su esp&iacute;ritu contestatario con su conocido grupo de rock, que lidera desde 1992 (el cual muestra, entre otras influencias, las muy visibles huellas de Tom Waits, y que el autor utiliza como v&iacute;a paralela a sus poemas para diversificar su actividad po&eacute;tica), es ya considerado por la cr&iacute;tica como el poeta m&aacute;s importante de esta generaci&oacute;n y por los lectores m&aacute;s avisados &ndash;entre ellos los m&aacute;s j&oacute;venes- como un referente no s&oacute;lo po&eacute;tico sino &eacute;tico y social.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A partir de una lejana y matizada filiaci&oacute;n bukowskiana y de una m&aacute;s evidente influencia de Frank O&rsquo;Hara y de Larkin, su objetivo se concreta en exprimir la densidad de la palabra po&eacute;tica a pesar de &ndash;o precisamente por- su declarada y evidente huida de la ret&oacute;rica tradicional. Muy dotado para jugar con las polisemias y explotar al m&aacute;ximo las posibilidades del lenguaje, Świetlicki&nbsp; aborda sus poemas desde una perspectiva intimista, a menudo con un toque anti-sistema (&ldquo;desprecio y describo este desprecio&rdquo;, ha dicho en alguna ocasi&oacute;n), siempre en un ambiente urbano, a menudo empapado del humo del tabaco y/o de los vapores del alcohol.&nbsp; La dicci&oacute;n coloquial ocupa el espacio del lenguaje po&eacute;tico: fragmentarismo e iron&iacute;a son los recursos fundamentales. El yo po&eacute;tico, que se sustenta a menudo en la ficcionalizaci&oacute;n de un autobiografismo declarado, ha renunciado &ndash;en un momento hist&oacute;rico donde la poes&iacute;a testimonial y pol&iacute;tica parecen carecer de sentido- a la palabra grandilocuente y a los grandes ideales inasibles. El individuo con sus pasiones privadas, con su mundo cotidiano, con sus miserias y grandezas, con su dolor y su alegr&iacute;a diarios son el objeto y el objetivo de sus poemas. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os se observa un proceso de &ldquo;comercializaci&oacute;n&rdquo; del poeta: durante alg&uacute;n tiempo ha presentado el m&aacute;s conocido de los programas culturales de la televisi&oacute;n y ha grabado su &uacute;ltimo disco (<em>Las putas melanc&oacute;licas</em> &ndash;sic-) con el c&eacute;lebre actor Bogusław Linda. El destino inevitable del rebelde que se convierte en cl&aacute;sico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>OBRA</p>
<p><strong>Poes&iacute;a:</strong></p>
<p><em>Zimne kraje</em> (1992), <em>Schizma</em> (1994), <em>Berlin</em> (1995), <em>Zimne kraje 2</em> (1995), <em>37 wierszy o w&oacute;dce i papierosach</em> (1996), <em>Trzecia połowa</em> (1996), <em>20 największych przeboj&oacute;w i 10 kultowych fotografii</em> (1997), <em>Zimne kraje 3</em> (1997), <em>Pieśni profana</em> (1998), <em>Stare chłopy prowadzą rowery na techno</em> (1998), <em>Czynny do odwołania</em> (2001), <em>Wiersze wyprane</em> (2002), <em>Nieczynny</em> (2003), <em>49 wierszy o w&oacute;dce i papierosach</em> (2004), <em>Trzecia połowa</em> (2005).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Discos:</strong></p>
<p><em>Ogr&oacute;d koncentracyjny</em> (1995), <em>Cacy Cacy fleischmaschine</em> (1996), <em>Cacy cacy ove mix</em> (1996), <em>Perły</em> (1999), <em>Perły przed wieprze</em> (1999), <em>Wieprze</em> (2000), <em>Złe misie</em> (2001), <em>Tradycyjne polskie pieśni wielkopostne</em> (2002), <em>Drugi Szczyt... - czyli Koncert&oacute;wka 2</em> (2003), <em>Małe psy</em> (2003), <em>Tribute to Kryzys-Nigdy więcej wojny</em> (2003), <em>Czołgaj się</em> (2004), <em>Las Putas Melanc&oacute;licas</em> (2005).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3>AS&Iacute; DIJO EL ALCOHOL</h3>
<p>&nbsp;</p>
<p>De noche me desperdigu&eacute; en todas direcciones</p>
<p>para despertarme en muchas camas distintas,</p>
<p>para no recordar que he muerto. Cargo</p>
<p>conmigo desde hace tiempo un par extra</p>
<p>de calcetines y camiseta de repuesto, cepillo</p>
<p>de dientes, todo ello para no recordar</p>
<p>que he muerto, y para tener casa en cualquier lado.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ella de repente me abraz&oacute; en el sue&ntilde;o,</p>
<p>ha pronunciado dos veces un nombre ajeno,</p>
<p>tan tiernamente, que casi decid&iacute;</p>
<p>aceptar ese nombre, apropiarme esa ternura.</p>
<p>Pero he muerto y he salido de all&iacute;, y sigo andando</p>
<p>por el vac&iacute;o ventoso.</p>
<p>Pero he muerto, y si encuentro</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>sitio para echar un sue&ntilde;o, abrazo fuertemente la almohada,&nbsp;</p>
<p>grito almohada adentro mi nombre muerto,</p>
<p>grito almohada adentro mi nombre muerto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3>AFEITARSE</h3>
<p>&nbsp;</p>
<p>Varios d&iacute;as de pecado, hoy torpes</p>
<p>intentos para redimir, para rescatar</p>
<p>alma y cuerpo directamente del abismo. Me siento</p>
<p>frente al espejo, me pongo espuma en la cara.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las manos tiemblan. Me he sujetado la mano con la mano temblante</p>
<p>y he dicho &ldquo;no tiembles&rdquo;. Despu&eacute;s he ejecutado todo</p>
<p>al rev&eacute;s. Ha entrado la sombra por la ventana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con la maquinilla me arranco la vejez y la muerte de la cara,</p>
<p>por un momento, doce horas como mucho. Vamos</p>
<p>a ver. Vamos a ver.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>JON&Aacute;S</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un invierno joven. Sin nieve.</p>
<p>La tarde ha convertido esta calle en el interior&nbsp; de una ballena.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Podr&iacute;a no enterarme, pero en la fruter&iacute;a</p>
<p>vend&iacute;an fragmentos de matorrales submarinos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y en ese momento, los neones han empezado a emitir</p>
<p>niebla y humedad.</p>
<p>Charcos repletos de aceite y de sangre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En la acera he encontrado una concha.</p>
<p>Y he sentido que era devorado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3>OLIFANT</h3>
<p>&nbsp;</p>
<p>He visto luz, por eso he venido. Llam&eacute; y abriste.</p>
<p>No he venido a hablar, no he venido a re&ntilde;ir,</p>
<p>no he venido a seguir con la eterna guerra.</p>
<p>Yo he venido a hacer el amor.</p>
<p>Ya tengo un cuchillo en la espalda y no hay sitio para otros ah&iacute;.</p>
<p>A la mierda con el dilema &iquest;caf&eacute;, t&eacute;?</p>
<p>He venido a hacer el amor.</p>
<p>He visto luz, por eso he venido. Llam&eacute; y abriste.</p>
<p>No he venido para conversar, no he venido para convencer.</p>
<p>No he venido a recoger firmas. No he venido a beber vodka.</p>
<p>Yo he venido a hacer el amor.</p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p align="center"><strong>&nbsp;</strong></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>PLAZUELA PIERWSZYCH SLUPSZCZAN</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hace tanto que no estoy,</p>
<p>que el argumento</p>
<p>del culebr&oacute;n venezolano</p>
<p>ha avanzado bastante: un mont&oacute;n de ni&ntilde;os ha nacido, muchos protagonistas</p>
<p>se han extinguido, las mujeres han afeado. El ojo de Dios</p>
<p>est&aacute; m&aacute;s cansado, en los cuarenta principales</p>
<p>muchos cambios, el tesoro desenterrado, de nada servir&aacute; mi mapa</p>
<p>estrujado nerviosamente en la mano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La venganza consiste en tomarse un caf&eacute;</p>
<p>y mirar por la ventana. Con la misma mirada</p>
<p>de hace tantos a&ntilde;os. Y despu&eacute;s,</p>
<p>sobre un banco por el sol</p>
<p>dejarse deslumbrar, tener al lado,</p>
<p>hablar con, querer tocar, no tocar, tan lindo,</p>
<p>tan culto, en este mon&oacute;xido de sol, en esta</p>
<p>vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3>MODO DE VIVIR</h3>
<p>&nbsp;</p>
<p>caf&eacute; y cigarrillos.</p>
<p>sin esperar.</p>
<p>sin esperar que...</p>
<p>ni que...</p>
<p>ning&uacute;n, pero ning&uacute;n muslo nuevo, ninguna</p>
<p>nueva l&iacute;nea dactilar, ninguna nueva</p>
<p>cana,</p>
<p>ninguna arruga nueva.</p>
<p>t&eacute; o caf&eacute;.</p>
<p>vantage o ducados.</p>
<p>esa alternativa.</p>
<p>al trabajo por la ma&ntilde;ana o por la tarde</p>
<p>en el 15 &oacute; en el 1.</p>
<p>peregrinaciones personales.</p>
<p>si cae la nieve, hay que levantarse por la ma&ntilde;ana y</p>
<p>quitar la nieve</p>
<p>los milagros est&aacute;n s&oacute;lo dentro.</p>
<p>los milagros est&aacute;n s&oacute;lo dentro.</p>
<p>escuchar o hablar.</p>
<p>sin esperar.</p>
<p>raras veces, vodka.</p>
<p>sin ning&uacute;n trato con la parte</p>
<p>sana de la sociedad, digamos la clase obrera</p>
<p>o la peque&ntilde;a y la gran empresa,</p>
<p>por ello completamente fuera de la realidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>los milagros est&aacute;n dentro.</p>
<p>caf&eacute; y cigarrillos.</p>
<p>pasear al perro.</p>
<p>poner agua en el cubo.</p>
<p>un sue&ntilde;o p&eacute;treo.</p>
<p class="NormalnyWeb">sin esperar.</p>
<p>echar a los invitados.</p>
<p>ninguna casa amiga.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>los milagros est&aacute;n dentro.</p>
<p>los milagros est&aacute;n s&oacute;lo dentro.</p>
<p>los sentidos se dirigen hacia adentro.</p>
<p>los sentidos lento empiezan</p>
<p>a darse una vuelta.</p>
<p>sue&ntilde;os de apuestas.</p>
<p>monogamia dr&aacute;stica.</p>
<p>sin esperar.</p>
<p>ning&uacute;n libro fundamental.</p>
<p>en el cine, s&oacute;lo pel&iacute;culas vistas ya</p>
<p>varias veces.</p>
<p>caf&eacute; y cigarrillos.</p>
<p>ninguna arruga nueva.</p>
<p>poner, sacar.</p>
<p>sendas de lobo, mentiras.</p>
<p>la fiebre ocultada.</p>
<p>sue&ntilde;o p&eacute;treo y escalofr&iacute;os dentro del sue&ntilde;o p&eacute;treo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 02 Oct 2013 09:51:52 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo que somos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/lo-que-somos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/ANTONIO_LUCAS.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo que tus ojos ven dentro de ti,</p>
<p>los n&uacute;meros y leyes de la sangre,</p>
<p>el miedo lentamente entre tus bienes</p>
<p>y aquello que la edad ha generado,</p>
<p>no es la vida exactamente,</p>
<p>ni el az&uacute;car enga&ntilde;oso del azar</p>
<p>ni el destino como trampa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo que tus ojos ven dentro de ti</p>
<p>pudiera ser</p>
<p>la &uacute;nica verdad de este derrumbe,</p>
<p>la mordida moneda de los a&ntilde;os,</p>
<p>el ajedrez violento del insomnio,</p>
<p><span>&nbsp;el faenar del nombre que te dieron donde nunca est&aacute;s del todo,</span></p>
<p>cazador iluminado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo que tus ojos ven dentro de ti</p>
<p>es algo que sube de la infancia con sus festivas bestias arrojadas,</p>
<p>es un agua desfilando por las cuatro esquinas de tu miedo</p>
<p>con su fulgor descalzo.</p>
<p>Porque amas lo que se enciende.</p>
<p>Porque empezaste a morir lentamente hace m&aacute;s de 30 a&ntilde;os.</p>
<p>Porque s&oacute;lo sumas ya intemperies.</p>
<p>Porque a&uacute;n aprendes del fracaso y en cada desenga&ntilde;o ves un p&aacute;jaro.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Lo que tus ojos ven dentro de ti,</p>
<p>ese batir de bosque o de hombre huyendo,</p>
<p>es aquello que a&uacute;n no has dicho.</p>
<p>Todo lo que adoras en secreto.</p>
<p>Todo lo que odias como se odia de un pa&iacute;s a los h&eacute;roes indultados. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo que tus ojos ven dentro de ti&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>tan s&oacute;lo es una deuda entre dos anatom&iacute;as,</p>
<p>un p&aacute;lido animal hecho en silencio</p>
<p>que s&oacute;lo del amor fue triste senda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La t&eacute;cnica del mundo ha sido esa:</p>
<p>hacer de cuanto existe un mal acuerdo humano.</p>
<p>Aquello que tus ojos s&oacute;lo ven dentro de ti.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y es tan extra&ntilde;o.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 01 Oct 2013 06:05:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Plegarias atendidas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/plegarias-atendidas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/TRUMAN_CAPOTE.jpg" alt="" /></p>
<p>Truman Capote (Nueva Orleans, 1924) se llam&oacute; Truman Strekfus Persons hasta que su madre se divorci&oacute; y volvi&oacute; a casarse con Joe Garc&iacute;a Capote, un cubano de padres espa&ntilde;oles. De su padrastro, Truman no s&oacute;lo hered&oacute; el apellido, sino tambi&eacute;n su afici&oacute;n por la Costa Brava, donde escribi&oacute; gran parte de <em>A sangre fr&iacute;a, </em>y por santa Teresa. De la santa, citaba con frecuencia un aforismo: &ldquo;M&aacute;s l&aacute;grimas se vierten por las plegarias atendidas que por las no atendidas&rdquo;. Capote bautiz&oacute; su obra p&oacute;stuma, y nunca finalizada, con el t&iacute;tulo de <em>Plegarias atendidas.</em> Este libro, que &eacute;l describ&iacute;a como el equivalente contempor&aacute;neo de <em>En busca del tiempo perdido, </em>de Proust, mostrar&iacute;a un pu&ntilde;ado de personajes cuyas vidas se hab&iacute;an hundido, parad&oacute;jicamente, tras conseguir sus sue&ntilde;os. &Eacute;se era el destino de Capote y el escritor, genial y atormentado, lo sab&iacute;a. La sentencia de santa Teresa marcar&iacute;a m&aacute;s de tres lustros de su vida: el tiempo que emple&oacute; la muerte en detener su coraz&oacute;n.</p>
<p>En 1966, cuando anunci&oacute; su nuevo proyecto literario, sus plegarias para conseguir el prestigio, la fama y el dinero hab&iacute;an sido atendidas. Su novela <em>A sangre fr&iacute;a,</em> reci&eacute;n publicada, le hab&iacute;a convertido, a los 42 a&ntilde;os, en uno de los autores norteamericanos m&aacute;s celebrados. El relato del asesinato de la familia Clutter en un rinc&oacute;n perdido de Kansas catapultar&iacute;a a Capote a un lugar &uacute;nico en la escena literaria. Sus novelas encabezaban las listas de los m&aacute;s vendidos y se adaptaban con id&eacute;ntica fortuna al cine.</p>
<p>Su prestigio rivalizaba con su &eacute;xito social. Los m&aacute;s ricos entre los ricos del mundo le cortejaban para que asistiera a sus fiestas: los Kennedy, el shah de Persia, Frank Sinatra, Arist&oacute;teles Onassis, los Agnelli, Peggy Guggenheim&hellip; Los intelectuales, los poderosos y los famosos le adoraban por igual. Su editor le calificaba de &ldquo;encantador, ingenioso y travieso&rdquo;, el actor Humphrey Bogart aseguraba querer &ldquo;tenerlo siempre al lado&rdquo; y hasta la Reina Madre de Inglaterra le defin&iacute;a como &ldquo;maravilloso, inteligent&iacute;simo, sapient&iacute;simo y divertid&iacute;simo&rdquo;. &ldquo;Un genio&rdquo;, conclu&iacute;a Cecil Beaton. El nombre de Capote era un poderoso im&aacute;n al que nada se resist&iacute;a. Ni siquiera el dinero. Antes de haber escrito una sola l&iacute;nea de <em>Plegarias atendidas,</em> cobr&oacute; un mill&oacute;n de d&oacute;lares de adelanto de su editorial y vendi&oacute; los derechos cinematogr&aacute;ficos por 350.000 d&oacute;lares.</p>
<p>Capote hab&iacute;a conseguido todo lo que hab&iacute;a so&ntilde;ado, pero las l&aacute;grimas que iba a comenzar a derramar superar&iacute;an muy pronto el placer de lo logrado.</p>
<p>Si hubo un libro por el que Capote rog&oacute;, &eacute;se fue <em>A sangre fr&iacute;a.</em> Su publicaci&oacute;n marcar&iacute;a el c&eacute;nit de su &eacute;xito, s&iacute;, pero tambi&eacute;n la altura de su tremenda ca&iacute;da. La fusi&oacute;n del relato period&iacute;stico con las t&eacute;cnicas narrativas de la novela conmocion&oacute; a lectores y escritores. Su impacto a&uacute;n perdura: s&oacute;lo en Estados Unidos el n&uacute;mero de ejemplares vendidos asciende a cinco millones. Capote dedic&oacute; seis a&ntilde;os a escribirla. Lo que sucedi&oacute; durante ese tiempo es tan fascinante como la propia novela y constituye el argumento de la pel&iacute;cula <em>Truman Capote,</em> que ha puesto al escritor en boca de todos y ha devuelto sus libros a las listas de los m&aacute;s vendidos. Dos d&eacute;cadas despu&eacute;s de su muerte, Capote ha regresado por todo lo alto.</p>
<p>Estamos ante una resurrecci&oacute;n como a &eacute;l le hubiera gustado: con el <em>glamour</em> de Hollywood y con el s&oacute;lido trasfondo de su genio literario. La pel&iacute;cula recibi&oacute; un Oscar a la mejor interpretaci&oacute;n por la asombrosa metamorfosis de su protagonista en el escritor. El premio lo recogi&oacute; el actor Philip Seymour Hoffman, pero recay&oacute; en realidad en el propio Capote, el m&aacute;s brillante de su amplia galer&iacute;a imaginaria de personajes. &Eacute;l mismo se presentaba como tal: &ldquo;No ha habido nadie como yo, y no va a haber nadie como yo cuando me vaya&rdquo;. La pel&iacute;cula, adem&aacute;s de rendirle homenaje, ha insuflado nueva vida a su obra y propiciado la aparici&oacute;n de dos novedades: la correspondencia completa, <em>Un placer fugaz</em> (Lumen), y una novela in&eacute;dita, <em>Crucero de verano </em>(Anagrama). Asimismo se ha reeditado su biograf&iacute;a, <em>Truman Capote</em> (Ediciones B),<em> </em>escrita por el respetado Gerald Clarke y en la que se ha inspirado la pel&iacute;cula</p>
<p>Ha sido Clarke quien ha ordenado la correspondencia de Capote. Las cartas de cualquier artista, por su naturaleza &iacute;ntima, poseen un atractivo que va m&aacute;s all&aacute; de su valor literario. En el caso de Capote, que adem&aacute;s de escritor era un incisivo y malicioso cronista social y un amante locuaz, tienen adem&aacute;s mucho morbo. Por las p&aacute;ginas de <em>Un placer fugaz</em> desfilan, como en un carrusel enloquecido, una lista de nombres absolutamente asombrosa: los Chaplin, Tennessee Williams, Montgomery Clift, Cecil Beaton, Marilyn Monroe, Arthur Miller, Carson McCullers, Jane y Paul Bowles, Christopher Isherwood, Gore Vidal, Andr&eacute; Gide, Andy Warhol, Isaiah Berlin, Orson Welles, Yukio Mishima, Isak Dinesen... Por las s&aacute;banas de Capote, seg&uacute;n narra en sus cartas, pasa otra asombrosa lista de hombres. El m&aacute;s sorprendente, un reputado mujeriego: Albert Camus.</p>
<p>Respecto a la novela in&eacute;dita <em>Crucero de verano, </em>el propio Capote la desech&oacute; cuando se mud&oacute; de Brooklyn a Manhattan. Fue el portero del inmueble de Brooklyn Heights, donde viv&iacute;a, quien salv&oacute; de la basura cuatro cuadernos escolares y setenta y dos notas complementarias, que conforman la novela actual. Ese hombre, cuyo nombre no ha sido revelado, deber&iacute;a haber sido homenajeado por su instinto literario. La existencia de semejantes conserjes quiz&aacute; expliqu&eacute; por qu&eacute; escritores como Paul Auster viven en Brooklyn Heights.</p>
<p>Gran parte del m&eacute;rito de que Capote se encuentre de nuevo en las mesas de novedades pertenece, pues, a la fanfarria de Hollywood. Constataci&oacute;n que al escritor no le hubiera importado lo m&aacute;s m&iacute;nimo. &Eacute;l pertenec&iacute;a a ese grupo de artistas que adoran los focos y disfrutan con su personaje: un h&iacute;brido de hombre y ni&ntilde;o que apenas superaba el metro y medio de altura, de voz atiplada, grandes y espectaculares ojos azules y un amaneramiento extraordinario. Capote fue un precursor de la promoci&oacute;n en la que el producto es el propio artista, pero &eacute;l pose&iacute;a adem&aacute;s una inmensa y bien cimentada ambici&oacute;n literaria.</p>
<p>En el pr&oacute;logo a <em>M&uacute;sica para camaleones, </em>Capote escribi&oacute;: &ldquo;Cuando Dios le entrega a uno un don, tambi&eacute;n le da un l&aacute;tigo; y el l&aacute;tigo es &uacute;nicamente para autoflagelarse&rdquo;. Hasta la publicaci&oacute;n de <em>A sangre fr&iacute;a, </em>en 1966, el escritor disfrut&oacute; de su don. Es la &eacute;poca de relatos maravillosos como <em>Un recuerdo de Navidad, </em>de su primera y excepcional novela, <em>Otras voces, otros &aacute;mbitos,</em> y de la deliciosa novela corta <em>Desayuno en Tiffany&rsquo;s. </em>Con <em>A sangre fr&iacute;a</em> apareci&oacute; el l&aacute;tigo. A lo largo de seis intensos a&ntilde;os, Capote desesper&oacute; a menudo del fin de un proyecto que &eacute;l sab&iacute;a magistral, pero consigui&oacute; mantener un equilibrio entre el don y el l&aacute;tigo<em>. </em>La novela tuvo un &eacute;xito espectacular, pero Capote no sali&oacute; indemne.</p>
<p>Algo se hab&iacute;a roto dentro de &eacute;l. Desde la publicaci&oacute;n de <em>A sangre fr&iacute;a </em>y hasta su muerte, en 1984, domin&oacute; la escena el l&aacute;tigo. Capote se lanz&oacute; a una implacable carrera autodestructiva: drogas, alcohol, cl&iacute;nicas de desintoxicaci&oacute;n, amantes da&ntilde;inos como sanguijuelas&hellip; Y la desesperaci&oacute;n de haberse perdido. Nunca termin&oacute; la prometida <em>Plegarias atendidas</em> y s&oacute;lo se vislumbran destellos de su genio en las piezas que public&oacute; durante esa larga agon&iacute;a.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>La &eacute;poca del don</strong></p>
<p>Los primeros a&ntilde;os de Truman, los de aprendizaje e iniciaci&oacute;n en la vida y en la escritura, transcurrieron en el profundo sur de Estados Unidos. Sus padres se divorciaron cuando ten&iacute;a tres a&ntilde;os y le dejaron al cuidado de unas viejas t&iacute;as solteronas en Monroeville, un pueblecito de Alabama. All&iacute; transcurri&oacute; su infancia, all&iacute; se form&oacute; su propia geograf&iacute;a espiritual -el temor a ser abandonado, la soledad, la ingenuidad, el deseo de ser amado, la decepci&oacute;n que sigue a las grandes expectativas&hellip;- y all&iacute; encontr&oacute; refugio en la escritura y descubri&oacute; su don.</p>
<p>Harper Lee, autora de <em>Matar a un ruise&ntilde;or </em>y colaboradora en la preparaci&oacute;n de <em>A sangre fr&iacute;a, </em>era su vecina y amiga: &ldquo;Ten&iacute;a el pelo blanco como la nieve y pegado a la cabeza como si fuera caspa. Era un a&ntilde;o mayor que yo, pero yo era m&aacute;s alta. Lo consider&aacute;bamos como un Merl&iacute;n de bolsillo cuya cabeza bull&iacute;a de exc&eacute;ntricos planes, extra&ntilde;os anhelos y pintorescas fantas&iacute;as&rdquo;.</p>
<p>Capote contaba, a su vez, que la madre de Harper Lee no estaba bien de la cabeza y hab&iacute;a intentado ahogar a su hija en la ba&ntilde;era. &ldquo;Cuando hablan del estrafalario Sur no bromean&rdquo;.</p>
<p>A este &ldquo;Merl&iacute;n de bolsillo&rdquo; s&oacute;lo le interesaban cuatro cosas: leer libros, ir al cine, dibujar y bailar claqu&eacute;. A los cuatro a&ntilde;os conoci&oacute; a Louis Armstrong, que tocaba a bordo de un vapor de ruedas que hac&iacute;a excursiones entre Nueva Orle&aacute;ns y St. Louis. &ldquo;Satch fue bueno conmigo, me dijo que ten&iacute;a talento, que deber&iacute;a actuar en espect&aacute;culos de vodevil. Me dio un bast&oacute;n de bamb&uacute; y un sombrero de paja con una cinta verde, y todas las noches anunciaba desde la tarima de la orquesta: &ldquo;Damas y caballeros, ahora voy a presentarles a uno de los ni&ntilde;os m&aacute;s guapos de los Estados Unidos, que bailar&aacute; claqu&eacute;&rdquo;. Despu&eacute;s pasaba entre los pasajeros, que me llenaban el sombrero de monedas&rdquo;.</p>
<p>A los ocho a&ntilde;os, empez&oacute; a escribir. El estrafalario Sur acentu&oacute; su sensibilidad, su m&aacute;gico toque y el don para impregnar sus narraciones de la ingenuidad y el horror, la belleza y la crueldad que s&oacute;lo poseen las mejores historias. Le descubri&oacute; el poderoso coraz&oacute;n de la literatura y le arm&oacute; con un conmovedor lenguaje propio.</p>
<p>De ese f&eacute;rtil suelo creci&oacute; su primera novela, <em>Otras voces, otros &aacute;mbitos</em>, que public&oacute; cuando ten&iacute;a 24 a&ntilde;os. Esta historia de un chico que crece solo, perdido y falto de cari&ntilde;o en una tosca ciudad de Alabama posee una fuerza e intensidad extraordinarias y supuso una precoz consagraci&oacute;n literaria. La fotograf&iacute;a que apareci&oacute; en la contra del libro llam&oacute; la atenci&oacute;n casi tanto como el texto: un joven Truman, que aparentaba 13 a&ntilde;os, yace en un colch&oacute;n mientras mira provocativamente al objetivo. Capote intuy&oacute; entonces la importancia de una publicidad sabiamente administrada. &ldquo;Ser un buen escritor y permanecer arriba es un dificil&iacute;simo acto de equilibrio. No basta con el talento. Hay que tener una tremenda capacidad de presencia&rdquo;. &Eacute;l cultiv&oacute; su imagen de ni&ntilde;o y jug&oacute; en sus apariciones p&uacute;blicas con el l&iacute;mite entre el ingenio y el esc&aacute;ndalo.</p>
<p>Diez a&ntilde;os despu&eacute;s publicaba una novela corta, <em>Desayuno en Tiffany&rsquo;s. </em>Su protagonista<em>, </em>Holly Golightly, proced&iacute;a del profundo sur y Capote siempre declar&oacute; que era su personaje favorito.</p>
<p>Entre medias, escribi&oacute; colecciones de relatos breves, como <em>Un &aacute;rbol de noche </em>y el conmovedor <em>Un recuerdo de Navidad, </em>y la hermosa novela <em>El arpa de hierba</em>, continuaci&oacute;n espiritual de <em>Otras voces, otros &aacute;mbitos.</em></p>
<p>Capote se hab&iacute;a mudado a Nueva York, donde ya era una celebridad, y trabajaba sin descanso. Flaubert, con su esp&iacute;ritu perfeccionista, era su modelo y Nueva York su fuente de energ&iacute;a. &ldquo;Vivir en Nueva York es como vivir dentro de una bombilla&rdquo;. Colaboraba de forma asidua con las revistas <em>The New Yorker, Harper&rsquo;s Bazaar </em>y <em>Mademoiselle.</em> Se aventur&oacute; en el teatro y en el cine, donde particip&oacute; como guionista en magn&iacute;ficos trabajos: <em>La burla del diablo, </em>de John Huston, <em>Suspense, </em>una adaptaci&oacute;n de <em>Otra vuelta de tuerca, </em>de Henry James, y <em>Estaci&oacute;n Termini</em>.</p>
<p>Era la &eacute;poca del don y todo lo que tocaba resplandec&iacute;a. Conoci&oacute; al que ser&iacute;a su amante durante m&aacute;s de 30 a&ntilde;os, el escritor Jack Dunphy, y acept&oacute; realizar un curioso reportaje, que le permitir&iacute;a a&ntilde;os despu&eacute;s embarcarse en el proyecto de <em>A sangre fr&iacute;a. </em>Era el a&ntilde;o 1955 y una troupe de negros americanos iba a emprender viaje a Rusia para representar la &oacute;pera <em>Porgy and Bess, </em>de Gershwin. Financiado por <em>The New Yorker,</em> Capote acompa&ntilde;ar&iacute;a a la primera compa&ntilde;&iacute;a estadounidense que actuar&iacute;a en la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica desde la revoluci&oacute;n bolchevique. El resultado fue <em>The Muses are Heard</em> (<em>Hablan las musas),</em> su primera <em>non fiction novel,</em> o novela &ldquo;de no ficci&oacute;n&rdquo;, <em>&nbsp;</em>y el &uacute;nico libro que, aseguraba, hab&iacute;a disfrutado escribiendo. <em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;</em></p>
<p>Capote acababa de descubrir las posibilidades del periodismo como forma art&iacute;stica. Su siguiente objetivo ser&iacute;a la realizaci&oacute;n de una novela &ldquo;a gran escala, que tuviera la credibilidad de los hechos, la inmediatez del cine, la hondura y libertad de la prosa y la precisi&oacute;n de la poes&iacute;a&rdquo;. El camino para <em>A sangre fr&iacute;a</em> estaba abierto.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>La &eacute;poca del don y el l&aacute;tigo</strong></p>
<p>&ldquo;Era como si hubiera una caja de bombones en la habitaci&oacute;n de al lado y no pudiese resistirme a ellos. Los bombones significaban que yo quer&iacute;a escribir hechos y no ficciones. Hab&iacute;a tantas cosas que sab&iacute;a que pod&iacute;a indagar, tantas que sab&iacute;a que pod&iacute;a averiguar. De pronto los peri&oacute;dicos me parec&iacute;an objetos vivos y comprend&iacute; que mi faceta de novelista corr&iacute;a un terrible peligro&rdquo;. En ese estado de &aacute;nimo abri&oacute; Truman <em>The New York Times</em> del 16 de noviembre de 1959. All&iacute; hab&iacute;a una columna con el titular: &ldquo;Rico agricultor y tres miembros de su familia asesinados&rdquo;. Fue el inicio de <em>A sangre fr&iacute;a</em>.</p>
<p>Con el apoyo de su amiga Harper Lee, Capote se embarc&oacute; en el relato de aquel oscuro asesinato en una apartada zona de Kansas. Durante seis a&ntilde;os recorri&oacute; los escenarios del crimen, habl&oacute; con los vecinos, los polic&iacute;as, los amigos, el juez y con los asesinos, Dick Hickock y Perry Smith, tan pronto fueron detenidos. Lleg&oacute; a entablar con ellos una relaci&oacute;n tan estrecha que, a petici&oacute;n de los mismos, asisti&oacute; a su ahorcamiento.</p>
<p>Durante los tres a&ntilde;os que permanecieron en el corredor de la muerte, Capote escribi&oacute; dos cartas semanales, una para cada uno. Lo hac&iacute;a como parte de su trabajo, indagar en la psicolog&iacute;a de los asesinos, pero tambi&eacute;n porque sent&iacute;a por ellos un gran apego. Sobre todo por Perry, en el que ve&iacute;a su propio reflejo oscuro. Reacio a narrar su vida, Capote no dud&oacute; en confiarle su pasado. &ldquo;Fui hijo &uacute;nico y muy bajito para mi edad: siempre fui el m&aacute;s bajo de la clase. Cuando ten&iacute;a tres a&ntilde;os, mi madre y mi padre se divorciaron. Mi padre (que se ha vuelto a casar en cinco ocasiones) era un viajante de comercio y pas&eacute; gran parte de la infancia recorriendo el Sur a su lado. No era malo conmigo, pero nuca me gust&oacute;, ni entonces ni ahora. Mi madre, que s&oacute;lo ten&iacute;a 16 a&ntilde;os cuando me dio a luz, era muy guapa. Se cas&oacute; con un hombre moderadamente rico, un cubano, y despu&eacute;s de cumplir yo diez a&ntilde;os fui a vivir con ellos (casi siempre en Nueva York). Por desgracia, mi madre, que sufri&oacute; varios abortos y de ello resultaron problemas mentales, se volvi&oacute; alcoh&oacute;lica y convirti&oacute; mi vida en una pesadilla. Acab&oacute; suicid&aacute;ndose (somn&iacute;feros). Siempre fui una persona precoz, tanto intelectualmente como art&iacute;sticamente, pero inmaduro a nivel emocional&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;<em>A sangre fr&iacute;a</em>, de cuya narraci&oacute;n est&aacute; ausente el escritor, apareci&oacute; primero en cuatro entregas, en octubre y noviembre de 1965, en <em>The New York Times </em>y se public&oacute; a finales de enero de 1966 con gran resonancia. Esta cr&oacute;nica monumental de un crimen abri&oacute; un camino insospechado que emprendieron otros muchos escritores con notable &eacute;xito, desde Norman Mailer hasta Bob Woodward y Carl Bernstein. Capote no hab&iacute;a inventado un g&eacute;nero, pero hab&iacute;a demostrado la inmensa potencialidad de una forma narrativa que bautiz&oacute; como <em>non fiction novel. </em>Los que le siguieron hablar&iacute;an de &ldquo;novela real&rdquo;, &ldquo;novela period&iacute;stica&rdquo; o, como Mailer, de &ldquo;la Historia hecha novela, la novela hecha Historia&rdquo;. Da igual. La realidad es que tras las huellas de Capote se inici&oacute; una marcha colonizadora de escritores que empezaron a buscar en las noticias material narrativo.</p>
<p>Durante el a&ntilde;o de publicaci&oacute;n de <em>A sangre fr&iacute;a,</em> los medios de comunicaci&oacute;n se convirtieron en una gigantesca orquesta que s&oacute;lo interpretaba Truman Capote. Estaba en todas partes al mismo tiempo: en la prensa, en la televisi&oacute;n, en los salones, en las cubiertas de los yates... A finales de 1966, celebr&oacute; su famoso &ldquo;Baile en blanco y negro&rdquo; en el hotel Plaza de Manhattan. Al festejo, cuya cobertura fue similar a la de una cumbre entre el Este y el Oeste, acudieron Andy Warhol, los Sinatra, Norman Mailer, Tennessee Williams, los Rockefeller, los Vanderbilt, los Rothschild, junto a invitados de EEUU, Europa, Asia y Am&eacute;rica del Sur. Las mujeres deb&iacute;an asistir de blanco, los hombres, de negro y todos hab&iacute;an de cubrir sus rostros con m&aacute;scaras, que hoy se encuentran en el Museo de la Ciudad de Nueva York. La elaboraci&oacute;n de la lista de invitados levant&oacute; tal expectaci&oacute;n que Capote bromeaba diciendo que se estaba ganando tantos enemigos que al final tendr&iacute;a que bautizar la fiesta &ldquo;A mala sangre&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;<em>A sangre fr&iacute;a </em>proporcion&oacute; a Capote una fama sin igual. Su versi&oacute;n cinematogr&aacute;fica, que dirigi&oacute; Richard Brooks, fue tambi&eacute;n un &eacute;xito. Y, sin embargo, la novela trajo tambi&eacute;n sinsabores. Para empezar, nunca perdon&oacute; que Norman Mailer, y no &eacute;l, ganase el Premio Pulitzer y el Premio Nacional de Novela por una &iexcl;novela de no ficci&oacute;n!: <em>Los ej&eacute;rcitos de la noche</em>. No tard&oacute; en desahogarse: &ldquo;Hubo escritores que comprendieron el valor de mi experimento y enseguida se dedicaron a emplearlo personalmente; y nadie con mayor rapidez que Norman Mailer, quien gan&oacute; un mont&oacute;n de dinero y de premios escribiendo novelas de no ficci&oacute;n (<em>Los ej&eacute;rcitos de la noche, La canci&oacute;n del verdugo)</em>, aunque siempre ha tenido cuidado de no describirlas como &ldquo;novelas de no ficci&oacute;n&rdquo;. No importa; es un buen escritor y un tipo estupendo y me resulta grato el haberle prestado alg&uacute;n peque&ntilde;o servicio&rdquo;.</p>
<p>Pero <em>A sangre fr&iacute;a </em>result&oacute;, sobre todo, traumatizante. Capote padeci&oacute; una tensi&oacute;n inmensa durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os de vida de Dick y Perry. Deseaba que fuesen ejecutados para poner punto final a la novela y, al mismo tiempo, los lazos afectivos entablados pesaban excesivamente sobre su &aacute;nimo. Fue el destinatario de sus &uacute;ltimas palabras, asisti&oacute; a su ahorcamiento, pag&oacute; sus l&aacute;pidas. Demasiado tiempo, demasiado cerca. Se quem&oacute;. <em>A sangre fr&iacute;a </em>fue un best-seller, pero algo se rompi&oacute; dentro de &eacute;l.&nbsp;</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>La &eacute;poca del latigo</strong></p>
<p>&ldquo;Nadie sabr&aacute; nunca lo que <em>A sangre fr&iacute;a </em>se llev&oacute; de m&iacute;. Me chup&oacute; hasta la m&eacute;dula de los huesos. Por poco acaba conmigo. Creo que, en cierto modo, acab&oacute; conmigo. Antes de empezar, yo era una persona bastante equilibrada. Luego, no s&eacute; qu&eacute; me sucedi&oacute;. Sencillamente es que no puedo olvidarlo, especialmente los ahorcamientos al final. &iexcl;Espantoso!&rdquo;.</p>
<p>La sombra de <em>A sangre fr&iacute;a</em> se proyectar&iacute;a sobre el resto de su vida. Un tiempo que Capote marcar&iacute;a con su propia divisa: &ldquo;Soy alcoh&oacute;lico. Soy drogadicto. Soy homosexual. Soy un genio&rdquo;.</p>
<p>Para su siguiente novela, Capote abandon&oacute; los ambientes marginales y dirigi&oacute; su mirada al c&iacute;rculo de ricos y famosos donde se mov&iacute;a como pez en el agua. El libro, por el que firm&oacute; un sustancioso contrato, se llamar&iacute;a <em>Plegarias atendidas </em>y Capote auguraba que supondr&iacute;a una nueva vuelta de tuerca a su concepto de novela de no ficci&oacute;n y una revoluci&oacute;n literaria. En el pr&oacute;logo de <em>M&uacute;sica para camaleones</em> escrib&iacute;a lo siguiente: &ldquo;Durante cuatro a&ntilde;os, aproximadamente desde 1968 hasta 1972, pas&eacute; casi todo mi tiempo leyendo y seleccionando, reescribiendo y catalogando mis propias cartas y las de otras personas, mis diarios y cuadernos de notas (que contienen descripciones detalladas de cientos de situaciones y conversaciones) desde el a&ntilde;o 1943 hasta 1965. Mi intenci&oacute;n era utilizar gran parte de este material en un libro que llevaba planeando desde hac&iacute;a mucho tiempo: una variaci&oacute;n de la novela de no ficci&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>Su editor s&oacute;lo lleg&oacute; a recibir cuatro cap&iacute;tulos. Capote los entreg&oacute; asimismo a la revista <em>Esquire, </em>pensando que su aparici&oacute;n aumentar&iacute;a la expectaci&oacute;n, pero el resultado fue catastr&oacute;fico. Todos sus amigos de la jet-set se enfurecieron al verse retratados y encontrar divulgadas historias que consideraban privadas, y le condenaron al ostracismo.</p>
<p>El escritor declar&oacute; que tal furor le dejaba indiferente. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; esperaban? Soy un escritor y me sirvo de todo. No se puede negar a un escritor el derecho a emplear la documentaci&oacute;n que ha recogido como resultado de su propio esfuerzo y observaci&oacute;n. Se puede condenar, pero no negar&rdquo;. Pero la realidad es que no volvi&oacute; a entregar ni una sola l&iacute;nea m&aacute;s a su editor, aunque anunci&oacute; en varias ocasiones que acababa de finalizar el libro. Un cap&iacute;tulo pas&oacute; a formar parte de <em>M&uacute;sica para camaleones</em> y los tres restantes fueron recogidos bajo el t&iacute;tulo gen&eacute;rico de <em>Plegarias atendidas.</em>&nbsp;</p>
<p>Capote mencionaba una crisis creativa y personal como raz&oacute;n de su abandono. Respecto a la crisis creativa, reivindicaba la necesidad de simplificar su estilo para adquirir &ldquo;la sencillez y la claridad de un arroyo&rdquo;. Y anunciaba que deseaba aplicar de forma simult&aacute;nea todas las t&eacute;cnicas aprendidas en guiones de cine, obras de teatro, poes&iacute;a, cuentos, novelas cortas y novelas a partir de entonces.</p>
<p>La crisis personal carec&iacute;a de discurso, pero pose&iacute;a una fuerza impetuosa que pronto arrasar&iacute;a su creatividad y su propia vida.</p>
<p>&ldquo;Lo &uacute;nico que puede destruir a un escritor realmente fuerte y con talento es &eacute;l mismo&rdquo;, hab&iacute;a declarado Capote. &Eacute;l se arremang&oacute; y puso manos a la obra. A principios de los setenta, rompi&oacute; su relaci&oacute;n con Jack Dunphy e inici&oacute; una batalla salvaje contra s&iacute; mismo a base de alcohol, drogas, amantes s&oacute;rdidos, depresiones, cl&iacute;nicas de desintoxicaci&oacute;n, coqueteos con el suicidio...</p>
<p>Durante esos a&ntilde;os, public&oacute; varios libros, pero el contenido de la mayor&iacute;a hab&iacute;a sido escrito en los a&ntilde;os cuarenta y cincuenta. S&oacute;lo <em>M&uacute;sica para camaleones</em>, que iba a ser editado en 1980, conten&iacute;a material nuevo: una novela de no ficci&oacute;n corta (<em>Ata&uacute;des tallados a mano)</em> y una serie de relatos.</p>
<p>Hizo dos breves apariciones en la pantalla. En ellas ya era evidente su deteriorio: <em>Un cad&aacute;ver a los postres</em> y <em>Annie Hall. </em></p>
<p>El pr&oacute;logo a <em>M&uacute;sica para camaleones</em> finalizaba con un p&aacute;rrafo de negros presagios: &ldquo;Aqu&iacute; estoy en mi oscura demencia, absolutamente solo con mi baraja de naipes y, desde luego, con el l&aacute;tigo que Dios me dio&rdquo;.</p>
<p>Truman Capote muri&oacute; el 23 de agosto de 1984 en Los Angeles por una sobredosis. Le faltaba un mes para cumplir sesenta a&ntilde;os.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 30 Sep 2013 08:28:30 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Océano]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/oceano/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/JOAN_MARGARIT.jpg" alt="" /></p>
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<p>La encontr&eacute; en el paseo de la playa.</p>
<p><em>Vengo aqu&iacute; a ver el mar</em>, me dijo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>He vuelto all&iacute;. En los graznidos</p>
<p>de las gaviotas oigo la feroz</p>
<p>voz sensual de una mujer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Vengo aqu&iacute; a ver el mar.&nbsp;</em></p>
<p>Delante de las olas lo repito.</p>
<p>Hacia dentro. Para nadie.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 27 Sep 2013 11:03:55 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El pozo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-pozo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/CARLOS_CAST_N.jpg" alt="" /></p>
<p>Ahora creo que fue as&iacute;. Hab&iacute;amos estado en San Juan de la Pe&ntilde;a, una especie de monasterio con tumbas de reyes que en lugar de techo tiene una monta&ntilde;a de roca que parece que en cualquier momento va a dejarse caer aplast&aacute;ndolo todo, pero pasan los siglos y sigue all&iacute;. &Iacute;bamos los del taller de soldadura casi al completo, s&oacute;lo los rajados de siempre se hab&iacute;an quedado en Madrid, como Fernandito, Subnormal Casillas, el Babas y unas cuantas chicas que sus padres no quer&iacute;an que se quedaran pre&ntilde;adas o algo as&iacute;. Esos antros de garant&iacute;a social es lo que tienen, las malas compa&ntilde;&iacute;as est&aacute;n aseguradas y los amigos, con suerte, van apareciendo a la vez que los problemas. Conmigo, por ejemplo, no paran de meterse en todo el tiempo, me van cambiando el mote para ver cu&aacute;l me duele m&aacute;s y dej&aacute;rmelo fijo. Es como si jugaran a ver qui&eacute;n es el primero que me arranca la crisis, aunque para eso hace falta humillarme bastante. En esos ataques empiezo a respirar cada vez m&aacute;s fuerte y los chavales se asustan porque dicen que se me pone una cara de loco y que los ojos se me vuelven sanguinolentos como un muslo de pollo medio crudo, entonces todos huyen de m&iacute; como de un resucitado y yo acabo en un rinc&oacute;n golpe&aacute;ndome la cabeza contra las paredes. Son como un pozo lleno de bultos negros, mis crisis.&nbsp; Luego casi nunca me acuerdo de nada, es decir, recuerdo un poco el miedo pero no los motivos, se me queda como una sombra de todos esos nervios, el eco de una voz que no comprendo. No s&eacute; por qu&eacute; lo hago. Es como lo de las heridas, me gusta hacerme cortes en el brazo y luego ir vigilando c&oacute;mo se van curando solas, a veces les pongo un poco de saliva y las acaricio despacio o me arranco trocitos de costra con las u&ntilde;as. Siempre llevo rajas m&aacute;s viejas y m&aacute;s nuevas, en ellas observo c&oacute;mo trabaja el tiempo, otros lo hacen con las plantas de un jard&iacute;n, cortan rosas y ramas que sobran y miran el paso de los meses en los brotes reci&eacute;n nacidos y en las hojas que se secan. Yo no tengo jard&iacute;n, tengo estos brazos heridos que me recuerdan el tiempo y que estoy vivo y lleno de gl&oacute;bulos y cosas que hacer. El tiempo a secas no se puede mirar, tiene que ser con heridas o flores o una roca llena de musgo a punto de desplomarse sobre un monasterio. No s&eacute;: algo.</p>
<p>Esta vez no pod&iacute;a quedarme en casa porque el viaje era, entre otros sitios, al castillo de Loarre. Yo soy mucho de castillos. Ten&iacute;a que estar all&iacute;, antes que cualquiera de ellos yo ten&iacute;a que estar all&iacute;, las cosas siempre tienen un precio y llega un momento en que las collejas ya casi no hacen da&ntilde;o, t&uacute; acabas tomando cari&ntilde;o a quien te roba la gorra o te escupe en la cara y &eacute;l a su manera tambi&eacute;n te quiere a ti, o quiz&aacute; &eacute;sa no sea la palabra, quiz&aacute; no sea querer.&nbsp; Adem&aacute;s a esta excursi&oacute;n tambi&eacute;n se hab&iacute;a apuntado Vanesa Calvo, la chica de la que hablamos, &iquest;no es eso?,&nbsp; aunque yo siempre la llamaba Ojitos. Ojitos esto, Ojitos lo otro, y&nbsp; ella hac&iacute;a caso, parece que no le disgustaba ese nombre. Hablaba poco Ojitos, era tirando a cortada, muy para adentro, pero qu&eacute; melancol&iacute;a ten&iacute;a la jodida, siempre tan callada, qu&eacute; manera de mirar y, sobre todo, qu&eacute; dif&iacute;cil era no mirarla sin parar. Siempre se estaba recogiendo el pelo y cuando ya lo ten&iacute;a a su gusto volv&iacute;a a soltarlo de golpe y empezaba otra vez a hacerse esa especie de coleta que no terminaba nunca, se peinaba con los dedos hacia atr&aacute;s y andaba todo el tiempo enredando con sus peque&ntilde;as cosas, el walkman, las gafas de sol y todos los chismes que llevaba en un bolsito peque&ntilde;o con cremallera: cacao para los labios, anillos de pl&aacute;stico y un m&oacute;vil anticuado que no le sonaba nunca. Era tan dif&iacute;cil para m&iacute; no mirarla que ya todo el mundo hac&iacute;a bromas con eso, que si novios, que si tal, todo para ver si nos pon&iacute;amos colorados o a m&iacute; me ven&iacute;a la crisis. Si no hubiera sido por tanta burla habr&iacute;a intentado sentarme a su lado en al autocar, pero as&iacute; nada, en la otra punta, cada uno con sus pensamientos, yo mir&aacute;ndome las heridas y ella con los auriculares puestos, como en otro mundo, mirando por la ventanilla c&oacute;mo nos acerc&aacute;bamos a Loarre. Me hubiera gustado decirle lo que pienso en ella por las noches, cuando el novio de mi madre me obliga a apagar la luz y me quedo tan a solas que casi da miedo. Y tambi&eacute;n decirle lo m&aacute;ximo en esto del amor, lo que no cre&iacute; que nunca jam&aacute;s llegar&iacute;a a pensar: decirle que por ella espero el lunes; por ella, que casi nunca me dirige la palabra.</p>
<p>Yo soy mucho de castillos, digo, me encanta un buen ariete reventando una puerta, imaginar todo eso, mazas que hacen a&ntilde;icos los huesos de los caballeros, cadenas clavadas a la piedra y el aceite hirviendo cayendo desde las almenas, batallas en los que todos sudan y sangran y los hierros hacen chispas al chocar y los heridos maldicen a gritos y se retuercen en la tierra como lombrices rotas. Lo he visto en pel&iacute;culas miles de veces, y en libros ilustrados y en tebeos, pero quer&iacute;a estar en el sitio exacto, tocar los muros, mirar desde las torres, ver el mismo paisaje que un guerrero al morir, un guerrero cualquiera y de verdad, imaginar el vientre del buitre tan sombr&iacute;o tal como &eacute;l deb&iacute;a de verlo desde el suelo con las entra&ntilde;as en la mano, el polvo que mord&iacute;a mientras humeaban las ruinas.</p>
<p>En el autocar la mayor&iacute;a de los chicos se hab&iacute;an colocado en las &uacute;ltimas filas e iban bebiendo latas de cerveza que hab&iacute;an comprado en una de las paradas. Llevaban las mochilas llenas de botellas. Dicen que vayamos donde vayamos tiene que notarse bien que somos de San Crist&oacute;bal de los &Aacute;ngeles. No s&eacute; c&oacute;mo se consigue eso, pero supongo que tiene que ver con los berridos y las mochilas llenas de botellas. Lo hac&iacute;an medio a escondidas aunque en realidad Bubu, el monitor, siempre hac&iacute;a la vista gorda en ese tema porque a fin de cuentas todos hab&iacute;amos cumplido los dieciocho y, qu&eacute; co&ntilde;o, &eacute;l beb&iacute;a m&aacute;s que nadie, todos los lunes se hac&iacute;a el chulo cont&aacute;ndonos su s&aacute;bado noche, lo que se met&iacute;a en el cuerpo, las t&iacute;as que se levantaba y las horas que resist&iacute;a sin dormir por bares que &eacute;l se sabe, garitos que no cierran nunca y donde puedes encontrar las m&uacute;sicas y las mujeres m&aacute;s salvajes.</p>
<p>Y yo dir&iacute;a que m&aacute;s o menos fue as&iacute;. Al entrar al castillo me olvid&eacute; del mundo y ech&eacute; a correr escaleras arriba, quer&iacute;a subir a todas las torres a la vez, asomarme a los precipicios, gritar desde lo alto. Lament&eacute; que el Babas no se hubiera animado a venir, es el que m&aacute;s sabe de c&aacute;balas y c&aacute;lices, &eacute;l me ha ense&ntilde;ado casi todo lo que s&eacute; sobre esa vida escondida debajo de la vida; se las hubiera arreglado para encontrar entre los muros pasadizos y rastros de un enigma de siglos, quiz&aacute; la puerta de entrada a una biblioteca secreta con libros forrados de terciopelo negro, Las Clav&iacute;culas de Salom&oacute;n, por ejemplo, y recetas malditas para vencer a Dios. Con el Babas siempre habl&aacute;bamos de estas cosas, de castillos o misterios, de si un espectro puede estar ensangrentado o no o de donde proceden los aullidos que se escuchan a veces en los pasillos. En cambio con estos otros es in&uacute;til, no vale la pena, es gente a la que tienes que explic&aacute;rselo todo, todas las clases de misterios que hay, voces en sitios que no hay nadie, seres que por ejemplo vienen de otro mundo, &aacute;nimas y as&iacute;, para ellos son todo cuentos chinos, se parten de la risa, pero a m&iacute; es que &eacute;stas son las cosas que me gustan, un crucifijo invertido, bosques de nieblas y tumbas, pucheros con p&oacute;cimas. No s&eacute; c&oacute;mo decirlo: yo amo el m&aacute;s all&aacute;.</p>
<p>Y creo que fue as&iacute;. Nos hab&iacute;amos sentado unos cuantos en corro en la oscuridad de las mazmorras y alguien sac&oacute; una botella de piperm&iacute;n. Estuvimos hablando de todo y de nada hasta que empezaron con el tema de siempre: que si ya le hab&iacute;a entrado a la Ojitos, que si anda pidiendo guerra, cosas que no me gusta hablar con ellos porque es como si lo ensuciaran todo, absolutamente todo, su cara, su nombre... Nos prepararon una especie de encerrona a la Ojitos y a m&iacute; y cuando nos quisimos dar cuenta est&aacute;bamos solos en el castillo. Se fueron todos y le dijeron al tipo de la entrada que ya pod&iacute;a cerrar las puertas porque no quedaba nadie dentro. Bubu nos ech&oacute; en falta en el autob&uacute;s pero le dijeron que hac&iacute;a un rato ella y yo nos hab&iacute;amos bajado caminando al camping que es donde &iacute;bamos a dormir. Eso dicen, aunque yo creo que Bubu estaba tambi&eacute;n en esa especie de broma de hacernos pasar una noche juntos para ver c&oacute;mo me las arreglaba yo con mis fantasmas, y si me decid&iacute;a a atacar y, sobre todo, para fabricar la an&eacute;cdota que luego contar&iacute;an en San Crist&oacute;bal, de bar en bar, ri&eacute;ndose de nosotros, la historia de los dos t&iacute;midos encerrados durante toda la noche en un castillo, borrachos, que se abrazar&iacute;an por el fr&iacute;o y por el miedo y por tanto piperm&iacute;n y por la luna all&aacute; arriba que dibujaba el perfil de un lobo en cada matorral.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Nos parec&iacute;amos en mucho, Ojitos y yo, los suspensos del instituto, lo solos que est&aacute;bamos en aquel taller ocupacional, el mal rollo en nuestras casas, la marca de tabaco, y creo que en m&aacute;s cosas, cosas que ahora mismo no s&eacute; decir. Un desaliento, puede ser, un cansancio. Pero casi nunca hab&iacute;amos hablado en serio porque yo me pon&iacute;a como nervioso y ella empezaba a mirar hacia abajo y al final lo m&aacute;s c&oacute;modo era decirnos hasta luego y seguir cada uno con lo nuestro, ella con sus m&uacute;sicas secretas y yo con mis revistas de misterios y cruzadas, mi cajita con tranquilizantes, mis charlas con el Babas y poco m&aacute;s. Ahora quiz&aacute;s podr&iacute;a hablarle, con tanto alcoholo en el cuerpo y la noche entera por delante llena de sombras y gritos de p&aacute;jaros y el viento girando en las torres. Aunque yo soy mucho de castillos, pero no como para quedarme atrapado en uno de ellos tantas horas&nbsp; en la oscuridad y teniendo que cuidar de una muchacha tan fr&aacute;gil que adem&aacute;s ahora empezaba a echarme las culpas de todo lo que hab&iacute;a pasado. Una cosa es que yo fuera un puto pardillo, dec&iacute;a, y otra que a ella quisieran meterla en el mismo saco, s&oacute;lo por las tonter&iacute;as que yo iba diciendo por ah&iacute;, que si me gusta, que si Ojitos, que si mierda. Me odiaba a m&iacute; en vez de odiarlos a ellos y lleg&oacute; a decir que hubiera preferido quedarse encerrada con cualquiera del grupo antes que conmigo.</p>
<p>Y no me acuerdo de mucho m&aacute;s. S&eacute; que me estuve golpeando la cabeza contra una piedra de la muralla, s&eacute; que vomit&eacute; bilis y mentas, recuerdo bien esa mezcla de sabores; que me estuve repasando heridas viejas del brazo con un corta&uacute;&ntilde;as, eso y unas cuantas im&aacute;genes sueltas, como de una pel&iacute;cula antigua que pasara a toda leche por la pantalla, Ojitos y su cara de terror, lo suave que es, lo suave que era quiero decir, escaleras que se perd&iacute;an en la tiniebla, laberintos negros, la sombra de un arquero en la torre del homenaje y tambi&eacute;n c&oacute;mo me faltaba el aire, un dolor en el cr&aacute;neo y mi amor all&iacute;, insult&aacute;ndome.&nbsp;</p>
<p>No s&eacute; c&oacute;mo hay gente que puede pensar eso, lo de que la mat&eacute; y toda esa historia. Gente que no lo dir&iacute;as, que te has tomado con ellos mil cervezas, sabes, y ahora esto, ahora te se&ntilde;alan con el dedo, m&iacute;ralo, all&iacute; est&aacute; el monstruo, me se&ntilde;alan y me insultan hasta cuando estoy dormido, me despierto hecho una sopa, vivo como con fiebre. La veo all&iacute; muerta fondo del pozo, tal como dec&iacute;an los peri&oacute;dicos, acurrucada, en posici&oacute;n fetal como si realmente no hubiera vivido, como si todo para ella hubiera sido un mal sue&ntilde;o, todos los fracasos, los suspensos, la melancol&iacute;a, la soledad de su m&uacute;sica invisible, un mal sue&ntilde;o nada m&aacute;s.</p>
<p>Yo veo que a otros presos les mandan revistas y cosas para merendar. Yo si recibo algo es cualquier an&oacute;nimo en el que un desconocido me explica despacio c&oacute;mo se despachar&iacute;a conmigo si me tuviera a tiro, c&oacute;mo me rajar&iacute;a, qu&eacute; har&iacute;a con mi piel, qu&eacute; har&iacute;a con mi coraz&oacute;n. Dicen que si confieso y firmo todos los papeles la pena ser&aacute; mucho m&aacute;s corta. Pero ahora no s&eacute;, estoy un poco confuso. De todas maneras, suponiendo que haya sido yo, &iquest;cu&aacute;nto le cae a uno por querer as&iacute;, tan torpemente, es decir, cu&aacute;ntos a&ntilde;os te meten por amar hasta la muerte?</p>
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<p>(Este relato form&oacute; parte del libro <em>S&oacute;lo de lo perdido</em>, editado por Destino)</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 27 Sep 2013 10:58:46 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El destino del artista]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-destino-del-artista/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/ANT_N_CASTRO.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="center">Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) es un escritor extra&ntilde;o, por no decir ins&oacute;lito. Su obra, aquilatada por el humor y un sentido de la realidad que no excluye jam&aacute;s los espejismos, arranca de una tradici&oacute;n imposible en la que se mezclan Salvador Dal&iacute;, Ram&oacute;n G&oacute;mez de la Serna, Bu&ntilde;uel, Gombrowicz, Pessoa y Rafael Dieste. Sin necesidad de remontarnos a sus primeros libros de textura y aventura vanguardista, debemos evocar algunos t&iacute;tulos de un puro malabarista, de un orfebre de la imaginaci&oacute;n cuyo coraz&oacute;n rebosa una erudici&oacute;n imperceptible y la enfermedad incurable de la lectura. As&iacute;, sojuzg&oacute; a escritores tan personales como &Aacute;lvaro Mutis o Bioy Casares con su <em>Historia port&aacute;til de la literatura abreviada</em>, y logr&oacute; una maestr&iacute;a di&aacute;fana y preciosista en sus dos &uacute;ltimos libros de relatos: <em>Suicidios ejemplares</em> e <em>Hijos sin hijos</em>. Ambos ven&iacute;an a ser dos modelos de novelas disgregadas, libres, cuya unidad de acci&oacute;n ven&iacute;a dada por una idea moral del destino y de la libertad, y por la acumulaci&oacute;n de caracteres comunes de los personajes.</p>
<p>Su &uacute;ltima entrega es propiamente una novela: <em>Lejos de Veracruz</em> (Barcelona, Anagrama, 1995) donde el autor -fiel a su modo de recrear los viajes y sus propias experiencias- narra la concesi&oacute;n de un premio literario que otorga una revista femenina en Teruel a uno de los protagonistas, Antonio Tenorio (suplantado para la ocasi&oacute;n por su hermano Enrique, el manco Enrique, que siempre aborreci&oacute; la literatura y la arrogancia del arte). Ese pretexto permite al autor catal&aacute;n no s&oacute;lo revivir una de sus estancias en la ciudad mud&eacute;jar o recordar al padre Polanco, sino enfrentarse con sagacidad y burla a la feria de las vanidades del universo de las letras. Este episodio es una excursi&oacute;n afectuosa y sentimental en una novela impresionante en su vastedad, en su ambici&oacute;n, en su intensidad l&iacute;rica. Algo as&iacute; como un gui&ntilde;o distanciador. Podr&iacute;amos decir que <em>Lejos de Veracruz</em> es un compendio de la producci&oacute;n anterior de Vila-Matas y a la vez un pantano cuyas olas se expanden con una fuerza voraginosa y embrujada. El escritor no renuncia del todo a su pasado, a su trayectoria si se quiere experimental, afectada de literatura y de prodigios, de juegos y citas clandestinas, pero en esta obra hay otra sedimentaci&oacute;n, una madurez narrativa incuestionable, el impulso de una escritura muy s&oacute;lida y elaborada. Los sentimientos bullen con energ&iacute;a, con rabiosa sinceridad. Aqu&iacute; reaparece la meditaci&oacute;n sobre el destino del artista, reaparecen los lugares legendarios que se alzan y se esfuman en medio de boleros desesperados y de olores a mezcal y tequila, como Veracruz, Jalisco o el Par&iacute;s de Baudelaire, pero tambi&eacute;n la pasi&oacute;n, la tragedia, la paradoja, la referencia a otros libros (<em>Pedro P&aacute;ramo</em> y <em>Bajo el volc&aacute;n</em>, las novelas de Sergio Pitol, entre otros) y una atm&oacute;sfera de fatalidad.</p>
<p>El libro se centra en la historia de los hermanos Tenorio: Antonio, escritor e impostor de traves&iacute;as que acabar&aacute; arroj&aacute;ndose al vac&iacute;o mientras redacta un libro titulado simb&oacute;licamente El descenso; M&aacute;ximo, el artista genial y hura&ntilde;o que renuncia a todo por la sensualidad devoradora de una mujer. Poco a poco, el tercer hermano -que hab&iacute;a repudiado los aspectos m&aacute;s grotescos de la creaci&oacute;n- se ver&aacute; en la necesidad &iacute;ntima de contar los avatares de su saga y en convertirse en escritor. Pero antes, como sus hermanos, habr&aacute; orillado el desenfreno, el fracaso, el amor rom&aacute;ntico, el amor ardiente y tal vez infame, primero con ese rel&aacute;mpago de brillo fugaz que es Carmen (Vila-Matas, al relatar esa celebraci&oacute;n de la ternura, incorpora una novela min&uacute;scula, un oasis de voluptuosidad a su relato) y luego con ese torbellino oscuro y malicioso que es Rosita Boom Boom Moreno. Al final, la moraleja es evidente: los tres Tenorios -que nos har&aacute;n recordar a estirpes de escritores como los Goytisolo o los Panero- han perdido en la traves&iacute;a del arte y de la vida.</p>
<p>Vila-Matas cuenta la existencia de los Tenorio sin apenas ca&iacute;das: emplea el hilo del tiempo a su antojo y arma su ficci&oacute;n siempre con un castellano brillante que explora en muchos instantes los sonidos de la poes&iacute;a, el virtuosismo, la reiteraci&oacute;n m&aacute;s expresiva, el desplazamiento sutil de los ep&iacute;tetos. La acci&oacute;n se registra en el dietario de los tres tucanes donde se recuerdan la severidad del padre, la autodestrucci&oacute;n a la que se entregan los tres integrantes de la saga, el desenfreno, las rarezas, el abrupto descenso al infierno. El escritor catal&aacute;n, con Lejos de Veracruz, ha construido su mejor libro, una narraci&oacute;n turbadora recorrida desde las primeras p&aacute;ginas por los c&eacute;firos ardientes y acariciadores de la nostalgia ac&eacute;rrima: &ldquo;La nostalgia de un lugar enriquce siempre que se conserve como nostalgia, pero su recuperaci&oacute;n significa la muerte&rdquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 26 Sep 2013 09:59:28 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Para el tiempo que vendrá]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/para-el-tiempo-que-vendra/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas17/mayo/martinlopezvega400.jpg" alt="" /></p>
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<p>Para el tiempo que vendr&aacute;</p>
<p>burilamos nuestra huella,&nbsp;</p>
<p>para que sobre ella pise</p>
<p>y la borre,&nbsp;</p>
<p>para el tiempo que vendr&aacute;</p>
<p>y nos conocer&aacute; por un libro de estampas</p>
<p>en las que buscar&aacute; a los audaces,</p>
<p>a los libertos, a los abnegados,</p>
<p>y en las hileras de iguales acomodados</p>
<p>reparar&aacute; apenas en un estilo, en un peinado,</p>
<p>un motivo de risa repetida</p>
<p>a costa de quienes sus afanes empe&ntilde;aron</p>
<p>en vanos prestigios fugaces;&nbsp;</p>
<p>para el tiempo que vendr&aacute;</p>
<p>a descubrir ruinas nuevas que revelar&aacute;n</p>
<p>nuestros equ&iacute;vocos sobre el pasado,</p>
<p>y habr&aacute; hecho de nuestra lengua</p>
<p>una jerigonza deliciosa en la que hablar</p>
<p>de cosas prodigiosas que nunca hubi&eacute;ramos so&ntilde;ado,&nbsp;</p>
<p>para el tiempo que vendr&aacute; y querr&aacute; saber</p>
<p>c&oacute;mo nos amamos, el motivo de nuestro sufrimiento</p>
<p>y en qu&eacute; nos distinguimos del triste reba&ntilde;o,&nbsp;</p>
<p>para el tiempo que vendr&aacute; a culparnos</p>
<p>mientras nos imita, para ese tiempo tambi&eacute;n nuestro.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 26 Sep 2013 06:15:50 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carmen Martín Gaite o la búsqueda del lector]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/carmen-martin-gaite-o-la-busqueda-del-lector/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/CARMEN_MART_N_GAITE.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>So&ntilde;ar, saber, contar....</strong></p>
<p>El 10 de noviembre de 1979 Carmen Mart&iacute;n Gaite apunt&oacute; un sue&ntilde;o en aquel <em>Cuaderno de todo</em> al que sus editores han dado el n&uacute;mero 22, uno de los &uacute;ltimos de aquella serie que la autora hab&iacute;a convertido en almac&eacute;n de sus experiencias, comentarios y hasta borradores, pero tambi&eacute;n en una proyecci&oacute;n de s&iacute; misma: de su talante a la vez fetichista e iconoclasta, organizador y desorganizado, convencido de su propia val&iacute;a pero, a la par, muy fr&aacute;gil. Nos cuenta que se so&ntilde;&oacute; muerta y, al igual que sus padres que acababan de fallecer con pocas fechas de distancia, enterrada en el cementerio de Salamanca. Y sin embargo estaba misteriosamente inquieta por hallar unas unos papeles que sirvieran &ldquo;para que alguien pudiera contar las cosas como hab&iacute;an sucedido&rdquo;. El lector reconocer&aacute; en otro de los ingredientes del sue&ntilde;o que all&iacute; narra algo que, un a&ntilde;o antes, hab&iacute;a estructurado su novela <em>El cuarto de atr&aacute;s</em>. Si all&iacute; el responsable de la existencia del relato era un extra&ntilde;o <em>daimon</em>, una presencia masculina nocturna entre provocativa y afectuosa, galante e ir&oacute;nica, que la conoc&iacute;a muy bien, aqu&iacute; el visitante es un muchacho desconocido, &ldquo;que me sonre&iacute;a muy guapo, con sus ojos claros&rdquo;. Y que a la postre le ayuda, le custodia los papeles perdidos y le tranquiliza: &ldquo;Hay tiempo. Alg&uacute;n d&iacute;a me lo tienes que contar bien&rdquo; (<em>Cuadernos de todo</em>, ed. Maria Vittoria Calvi, pr&oacute;l. Rafael Chirbes, Barcelona, C&iacute;rculo de Lectores, 2002, pp. 467 y ss.).</p>
<p>Podr&iacute;amos hablar, aqu&iacute; y ahora, de la funci&oacute;n que los sue&ntilde;os, como mensajeros de lo olvidado y clarificadores del presente, tienen en la narrativa de Carmen Mart&iacute;n Gaite. Y, por supuesto, tambi&eacute;n habr&iacute;amos de hacerlo de c&oacute;mo sinti&oacute; siempre que escrib&iacute;a en funci&oacute;n de una oscura pero evidente designaci&oacute;n del destino. Mart&iacute;n Gaite se percibi&oacute; misteriosamente llamada para hacer lo que hizo. Incluso en un relato infantil, como &ldquo;El pastel del diablo&rdquo; (1985), a Sorpresa, la ni&ntilde;a protagonista, la vieja curandera le pronostica al nacer que &ldquo;trae en el alma el viento de la inquietud y en el coraz&oacute;n el fuego de la pregunta. Har&aacute; preguntas que no le sabr&aacute; contestar nadie y desear&aacute; todo aquello que no puede tener&rdquo; (&ldquo;El pastel del diablo&rdquo;, <em>Dos relatos fant&aacute;sticos</em>, Tusquets, Barcelona, 1986, p. 87). Lo cual, como iremos sabiendo, le lleva a inventar cuentos, pero tambi&eacute;n a desear crecer, lo que significa el af&aacute;n de conocer m&aacute;s y mejor: el &ldquo;pastel del diablo&rdquo; titular del que oye hablar en la Casa Grande o la piedra de &aacute;mbar, obsequio del demonio, que debe enterrarse en el &ldquo;lugar de origen&rdquo;, son los nuevos frutos del paradis&iacute;aco &aacute;rbol prohibido o, si se prefiere, las met&aacute;foras de la pasi&oacute;n por el conocimiento y la madurez. Quienes escriben ser&aacute;n siempre seres inc&oacute;modos&hellip; Mucho tiempo antes, en las p&aacute;ginas finales de <em>El libro de la fiebre</em>, recientemente rescatado de entre sus papeles in&eacute;ditos, la jovenc&iacute;sima autora, salida del tifus y todav&iacute;a enfrascada en la turbadora escritura de su testimonio, quiere acercarse a las gentes &ldquo;que tienen su vida canalizada en un sentido o en otro&rdquo;. Y piensa que le miran &ldquo;con una curiosidad cari&ntilde;osa, qui&eacute;n sabe si compadeci&eacute;ndome un poco&rdquo;. Y afirma: &ldquo;S&eacute; que piensan: &ldquo;Esta muchacha es como un fantasma. Estamos hartos de verla y de no saber a qu&eacute; viene con nosotros. No se define, tiende a conseguir algo y no sabe qu&eacute;. Pod&iacute;a meterse en su casa de una vez y apagarse&rdquo;. S&eacute; que piensan esto y les miro, inc&oacute;moda, entre sonrisas. Cuando me voy, aprieto a m&iacute; el recuerdo de mi libro empezado y me pesa con un peso de compa&ntilde;&iacute;a&rdquo; (<em>El libro de la fiebre</em>, ed. Maria Vittoria Calvi, C&aacute;tedra, Madrid, 2007, pp. 176-177).</p>
<p>Pero, en orden al contenido de su sue&ntilde;o, prefiero fijarme en otras expresiones que son muy inequ&iacute;vocamente suyas y que constituyen el protocolo central de su escritura: &ldquo;tener tiempo&rdquo; y &ldquo;cont&aacute;rselo bien&rdquo; a alguien. Carmen Mart&iacute;n Gaite, como toda persona fuertemente afectiva, sent&iacute;a agudamente c&oacute;mo corre el tiempo y convierte todo en pasado, pero tambi&eacute;n sab&iacute;a que lo perdido volver&iacute;a d&oacute;cilmente, a voluntad de quien cuenta, a trav&eacute;s del ejercicio de la memoria. Y &ldquo;contar bien&rdquo; las cosas, circunstanciada y pausadamente, fue otra obligaci&oacute;n que se impuso. Las cosas existen en la medida en que se cuentan, adquieren sentido al articularse como relato: &ldquo;Empec&eacute; a dejar de leer libros para escribirlos; ya no me entraba a verter sus aguas para otra zona&rdquo;, escribi&oacute; el 14 de febrero de 1978, en el <em>Cuaderno de todo</em> que lleva el n&uacute;mero 18 (ed. cit., p. 427). Y tambi&eacute;n supo que, muertos sus padres y la memoria que se llevaron con ellos, &ldquo;ya avanzo yo en cabeza de la edad, al raso, sin la confianza que me daba saberme respaldada por ese muro de contenci&oacute;n y me adentro en el tiempo como capitana mayor heredera de todas las tramas m&aacute;s mezcladas y distantes, sintiendo que se a&ntilde;adido al petate de la m&iacute;a el de la memoria ajena [&hellip;]. Por eso se encuentra uno, de repente, hablando solo, como en borrador&rdquo; (ed. cit., p. 474).</p>
<p>Hablar en borrador&hellip; &iquest;Cu&aacute;l es la diferencia entre lo improvisado y lo organizado, que hab&iacute;a sido el gran reto formal de su obra de 1974, <em>Retah&iacute;las</em>? Y &iquest;qu&eacute; es lo que, a fin de cuentas, organizamos?: &iquest;los recuerdos mismos o las palabras que los van creando? &iquest;Hay realidad sin palabras que la cuenten? Todo esto se lo hab&iacute;an planteado Germ&aacute;n y Eulalia, t&iacute;a y sobrino, en aquella dilatada confrontaci&oacute;n de mon&oacute;logos que reconstruyen y dan sentido a un pasado com&uacute;n, pero que, a la vez, edifican tambi&eacute;n un futuro posible para ambos: una comunicaci&oacute;n &ndash;atrevidamente tocada de incesto- que les hace leg&iacute;timos due&ntilde;os de la casa, a la que les ha llevado la noticia aciaga de una muerte. Esa fue la primera experiencia narrativa en que Carmen Mart&iacute;n Gaite hizo suya la misi&oacute;n de explicarse lo que alguien y los suyos, los cercanos y los remotos, hab&iacute;an llegado a ser, sin saberlo del todo. Y supo entonces tambi&eacute;n que las mujeres ten&iacute;an algo de particularmente apto para realizar esa funci&oacute;n de rescate, reordenaci&oacute;n y reconstrucci&oacute;n de los pasados: porque ellas han vivido la soledad radical de su condici&oacute;n de Ant&iacute;gonas familiares, a trav&eacute;s de la obligaci&oacute;n (y la costumbre) de regentar la vida dom&eacute;stica. &ldquo;Todo lo que somos las mujeres est&aacute; relacionado con la familia. Por eso escribimos preferentemente de familia&rdquo;, escribe fascinada por la lectura de <em>Lessico familiare</em>, la gran novela de Natalia Ginzburg (pp. 471-473). Y no puede menos de recordar que su madre la llamaba, en su gallego familiar, &ldquo;carta vella&rdquo;, &ldquo;carta vieja&rdquo; (&ldquo;s&iacute;, no me extra&ntilde;a que escriba porque es una carta vella, c&oacute;mo no va a escribir con esa memoria&rdquo;).</p>
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<p><strong>La b&uacute;squeda de interlocutor, la b&uacute;squeda del lector</strong></p>
<p>La escritora hab&iacute;a acu&ntilde;ado esa estrategia en una f&oacute;rmula verbal con la que titul&oacute; un art&iacute;culo de 1966 y que desde entonces hemos repetido todos: habl&oacute; all&iacute; de &ldquo;la b&uacute;squeda de interlocutor&rdquo;, que se refiere tanto a la urgencia que sus personajes tienen de comunicarse, como a aquella otra que la creadora persigue al escribir. Y si una parte de sus textos patentiz&oacute; al m&aacute;ximo esta necesidad perentoria de comunicaci&oacute;n interpersonal, tal hicieron las dedicatorias de sus libros. Porque una dedicatoria se&ntilde;ala siempre a un lector especial, privilegiado, al que cabe suponer m&aacute;s consciente que otros de los motivos e implicaciones de la obra. Pero esa elecci&oacute;n no nos excluye a los dem&aacute;s como lectores. Entre todos los escritores de su tiempo, Mart&iacute;n Gaite fue quien con mayor insistencia supo que todo acto de escritura es una comunicaci&oacute;n privada (aunque m&uacute;ltiple), una b&uacute;squeda particular de sinton&iacute;a, que se repite indefinidamente con cada lector. Y seguramente por eso, advertiremos que Carmen Mart&iacute;n Gaite usa en sus dedicatorias la preposici&oacute;n &ldquo;para&rdquo; con preferencia a la m&aacute;s impersonal y cl&aacute;sica &ldquo;a&rdquo;: este &ldquo;para&rdquo; explicita lo que de regalo tiene lo que nos ofrece y que el uso de &ldquo;a&rdquo; parecer&iacute;a limitar exclusivamente a una intenci&oacute;n, sin otra trascendencia. El &ldquo;para&rdquo; es, sin duda, un adem&aacute;n que implica much&iacute;simo m&aacute;s al destinatario: nadie puede permanecer indiferente a ese modo de presentar la ofrenda.</p>
<p>Recordemos algunos de esos preliminares, de esos <em>seuils</em> o umbrales de sus libros (por usar de la terminolog&iacute;a que instaur&oacute; G&eacute;rard Genette). La primera novela, <em>Entre visillos</em>, se dedic&oacute; a &ldquo;mi hermana Anita, que rod&oacute; las escaleras con su primer vestido de noche, y se re&iacute;a, sentada en el rellano&rdquo;. Y lo cierto es que no habr&iacute;a podido expresarse de modo m&aacute;s eficaz la complicidad fraterna en torno a una novela que vino a desarticular las liturgias y los prejuicios que lastraban la vida de las chicas de provincias. <em>Retah&iacute;las</em> est&aacute; dedicada a &ldquo;Marta y sus amigos (M&aacute;ximo, Elisabeth, Juan Carlos, Alicia, Pablo), siempre turn&aacute;ndose, al quite de mis horas muertas&rdquo;: se trata, en este caso, de su hija, Marta S&aacute;nchez Mart&iacute;n, que hab&iacute;a vivido con ella trances amargos y con la que mantuvo una relaci&oacute;n no siempre f&aacute;cil, pero que vino a suponer en su obra la presencia y el est&iacute;mulo de una sensibilidad m&aacute;s joven, una <em>interlocuci&oacute;n</em> que fue trascendental (y tendremos oportunidad de volver a subrayarlo) en la evoluci&oacute;n tem&aacute;tica de la escritora. Si <em>Fragmentos de interior</em> est&aacute; dedicada a un &iacute;ntimo amigo, Ignacio Mart&iacute;nez Vara, por un motivo que se apunta coquetamente pero no se declara, <em>El cuarto de atr&aacute;s</em>, una novela ambiciosa, que le hizo buscar (o reencontrar) nuevos supuestos de su escritura, tiene la dedicatoria m&aacute;s atrevida&hellip; e inveros&iacute;mil, por dirigirse a un ilustre cl&aacute;sico que nunca pudo congratularse de ello: &ldquo;Para Lewis Carroll, que todav&iacute;a nos consuela de tanta cordura y nos acoge en su mundo al rev&eacute;s&rdquo;. Y tambi&eacute;n <em>La reina de las nieves</em> tuvo una dedicatoria humor&iacute;stica del mismo jaez: &ldquo;Para Hans Christian Andersen, sin cuya colaboraci&oacute;n este libro nunca se hubiera escrito&rdquo;.</p>
<p>Pero advi&eacute;rtase que la dedicatoria de <em>El cuarto de atr&aacute;s</em> tiene dos partes; la primera se refiere a su nueva etapa personal, pero la segunda nos alude a todos, y creo que precisamente en funci&oacute;n de aquello que la novela trata: la posibilidad colectiva de revisar el pasado inmediato espa&ntilde;ol -el franquismo y su eclipse- de un modo que fuera, a la par, liberador y consciente, cr&iacute;tico y emocional. Y tambi&eacute;n la dedicatoria de <em>La reina de las nieves</em> tiene una segunda parte que se refiere a su hija Marta, muerta no hac&iacute;a mucho y que fue, como dir&eacute;, destinataria del m&aacute;s dram&aacute;tico de estos umbrales. No ser&aacute; la &uacute;nica que evoca con dolor a un difunto cercano. <em>El cuento de nunca acabar</em> se dedic&oacute; &ldquo;a Gustavo Fabra Barreiro, in memoriam&rdquo;, uno de aquellos amigos m&aacute;s j&oacute;venes que ella y que le estimularon tanto, cuya muerte tan temprana le sobrecogi&oacute;: vinculaba de ese modo una obra que le parec&iacute;a importante &ndash;la clarificaci&oacute;n de los componentes de su taller literario- a un integrante de una nueva generaci&oacute;n de cr&iacute;ticos de la cultura. En cambio, <em>Nubosidad variable</em> contiene, como ya anticip&eacute;, una dedicatoria inolvidable que nos hace leer de otro modo el libro: la muchacha que hab&iacute;a estado presente en las revelaciones de <em>El cuarto de atr&aacute;s</em>, Marta, &ldquo;la Torci&rdquo;, es ahora la m&eacute;dium que ha llevado a su madre a recuperar un periodo de su juventud y a narrar c&oacute;mo naci&oacute; una escritora. Y por eso, la novela es &ldquo;para el alma que ella dej&oacute; de guardia permanente, como una lucecita encendida en mi casa, en mi cuerpo y en el nombre por el que me llamaba&rdquo;.</p>
<p>(Recuerdo inevitablemente la lancinante dedicatoria que el padre de la muchacha, Rafael S&aacute;nchez Ferlosio, escribi&oacute; al frente de <em>La homil&iacute;a del rat&oacute;n</em> y tambi&eacute;n, un antecedente de ambas que no resulta menos impresionante: el env&iacute;o de <em>Pe&ntilde;as arriba</em> (1895), de Jos&eacute; Mar&iacute;a de Pereda, &ldquo;a la santa memoria de mi hijo Juan Manuel&rdquo;, lo que se expres&oacute; en un largo texto y en un impresionante detalle que el autor cont&oacute; all&iacute;. Al conocer el suicidio de su hijo mayor, Pereda traz&oacute; una cruz roja en el manuscrito del relato, precisamente en el lugar de su cap&iacute;tulo XXI en cuya redacci&oacute;n la noticia le hab&iacute;a sorprendido. Quiz&aacute;, escrib&iacute;a el piadoso Pereda, s&oacute;lo Dios sabe por qu&eacute; sigui&oacute; entregado a su trabajo y &ldquo;por qu&eacute;, en fin, y para qu&eacute; declaro yo estas cosas desde aqu&iacute; a esta corta, pero noble falange de cari&ntilde;osos lectores que me ha acompa&ntilde;ado fiel en mi pobre labor de tantos a&ntilde;os&rdquo;. Ret&oacute;ricas decimon&oacute;nicas aparte, la atrevida&nbsp; voluntad de compartir el peor trance de una vida con sus lectores y el designio de seguir escribiendo, pese a todo, son id&eacute;nticas en el hidalgo monta&ntilde;&eacute;s del XIX y en la mujer y el hombre de finales del siglo XX).</p>
<p><em>Lo raro es vivir</em> e <em>Irse de casa</em> fueron las admirables novelas de una sobreviviente y tienen dos dedicatorias parecidas, ambas a sendas amigas en momentos de crisis: en la primera, la perturbaci&oacute;n es tambi&eacute;n vivida por la destinataria, Lucila Valente, a la que se ve &ldquo;siempre sacando la cabeza entre ruinas y equivocaciones con su sonrisa de luz&rdquo;; en la segunda, la crisis es la suya propia, como deja ver que se dedique a su secretaria, &Aacute;ngeles Solsona, &ldquo;mi fiel escudero en la lucha con los fantasmas&rdquo;. Pero <em>Ritmo lento</em> &ndash;quiz&aacute; el relato m&aacute;s rico en componentes dolorosos de su propia experiencia- fue la &uacute;nica de sus obras que no tiene dedicatoria, aunque s&iacute; un exergo machadiano y una nota al lector, muy expresivos ambos. Pero sabemos por la misma escritora que tuvo un lector muy especial, presente en la nota a la tercera edici&oacute;n y en un par de textos de lo que conocemos de <em>Cuadernos de todo</em>: el novelista Luis Mart&iacute;n-Santos, que acababa de publicar su <em>Tiempo de silencio</em>. Uno y otro escritores tuvieron la intuici&oacute;n de que sus dos relatos abordaban registros tem&aacute;ticos parecidos, aunque su suerte editorial fuera tan dispar; la inopinada muerte del novelista donostiarra produjo en su colega un profundo efecto, similar, en cierto modo, al que a&ntilde;os despu&eacute;s, le causar&iacute;a el tr&aacute;nsito de Ignacio Aldecoa.&nbsp; El destino cortaba en agraz la carrera de alguien que, como ella, sab&iacute;a lo que era &ldquo;meterse a novelista&rdquo;. Una anotaci&oacute;n de <em>Cuadernos de todo</em> de primeros de 1964 subraya que, poco antes de morir, Mart&iacute;n Santos hab&iacute;a estado en Salamanca, donde vivi&oacute; de ni&ntilde;o, para recoger materiales de cara a un nuevo relato. No se hab&iacute;an conocido entonces -se asombra Mart&iacute;n Gaite-, pero no puede dejar de pensar que uno y otro hab&iacute;an abordado en tiempos diferentes una experiencia inevitablemente com&uacute;n: la que ella recogi&oacute; en <em>Entre visillos</em> y la que Mart&iacute;n Santos llevar&iacute;a a un par de inolvidables cap&iacute;tulos sobre la juventud de Agust&iacute;n, en su novela inconclusa <em>Tiempo de destrucci&oacute;n</em> (ed. cit., pp. 116-117).</p>
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<p><strong>Meterse a novelista</strong></p>
<p>&iexcl;&rdquo;Meterse a novelista&rdquo;! La frase revela, otra vez, el gusto por las locuciones comunes que siempre tuvo Mart&iacute;n Gaite, que la us&oacute; al trazar una semblanza de otro compa&ntilde;ero de generaci&oacute;n, Jes&uacute;s Fern&aacute;ndez Santos (&ldquo;Meterse a novelista&rdquo;, <em>Agua pasada</em>, Barcelona, Anagrama, 1993, pp. 179-183). Y cumple reconocer que se ajusta como un guante a la idea que la escritora ten&iacute;a de su empe&ntilde;o: lo que denotaba de esfuerzo de voluntad y de compromiso, pero tambi&eacute;n de brega con los elementos materiales propios del oficio. La &ldquo;capacidad narrativa latente&rdquo; &ndash;escrib&iacute;a Mart&iacute;n Gaite en &ldquo;La b&uacute;squeda de interlocutor&rdquo;, un art&iacute;culo dedicado significativamente a Juan Benet- empieza cuando nos contamos las cosas a nosotros mismos. Y cuando decidimos ponerlas por escrito, &ldquo;se escribe y se ha escrito siempre desde la experimentada incomunicaci&oacute;n y al encuentro de un oyente ut&oacute;pico&rdquo;. No nos importa que lo que decimos ya lo hayan podido escribir otros, ni la estricta obediencia a un proyecto art&iacute;stico aut&oacute;nomo, v&aacute;lido por s&iacute; mismo (se lo recordaba, precisamente, al escritor m&aacute;s obsesionado por el &ldquo;estilo elevado&rdquo; y m&aacute;s fiel a su propio mundo interior), sino que importa saber que se &ldquo;elige deliberadamente coger la pluma en lugar de elegir dejar de cogerla, pero es que es el &uacute;nico momento que importa, si bien se mira&rdquo; (<em>La b&uacute;squeda de interlocutor</em>, Barcelona, Anagrama, 2002, p. 32).</p>
<p>Y Mart&iacute;n Gaite tom&oacute; la pluma, ya para siempre, porque urg&iacute;a decir algo a la sociedad que, at&oacute;nita y convaleciente, ve&iacute;a transcurrir los &uacute;ltimos a&ntilde;os cuarenta y primeros cincuenta del siglo pasado. Y acab&oacute; de hacerlo al borde mismo de un nuevo siglo, concluida una larga postguerra, los a&ntilde;os bocalicones del <em>desarrollismo</em> y el decenio incierto de la Transici&oacute;n por antonomasia&hellip; Pero, &iquest;hablar y contar acerca de qu&eacute;? Acerca de &ldquo;la realidad&rdquo;, hubieran respondido, sin vacilar, Carmen Mart&iacute;n Gaite y sus amigos novelistas, convencidos de que tal <em>realidad</em> era el resultado de una operaci&oacute;n de desnudamiento de todos los prejuicios, falseamientos, hipocres&iacute;as m&aacute;s o menos piadosas, que la recubren usualmente. Todos compartieron la misma idea b&aacute;sica y por ende, la mayor&iacute;a fijaron su atenci&oacute;n sobre los rasgos m&aacute;s desfigurados por la hip&oacute;crita vida social de la Dictadura franquista: la desintegraci&oacute;n de la sociedad campesina, la falta de horizontes vitales de la juventud, la alienaci&oacute;n y el embrutecimiento generales, el soterrado recuerdo de la guerra civil, el abismo abierto entre las clases sociales, la violencia heredada de la contienda&hellip;</p>
<p>Cada cual pareci&oacute; haber elegido su campo de trabajo predilecto, de modo que, cuando leemos aquellos relatos de 1950-1965, tenemos la sensaci&oacute;n inequ&iacute;voca de un proyecto, a la vez com&uacute;n y cuidadosamente parcelado. Y Carmen Mart&iacute;n Gaite tuvo tambi&eacute;n muy clara su parte: resueltamente, decidi&oacute; que hablar&iacute;a de ellos mismos, del <em>sujeto enunciador</em> de tanto descontento. Lo que, por ende, comportaba hablar de su propia clase social &ndash;la clase media- y, al cabo, tambi&eacute;n de s&iacute; misma, en cuanto una y otra cosa eran <em>sus</em> <em>realidades </em>primarias: un grupo social que hubo de cambiar mucho y unos miembros de &eacute;ste, los <em>chicos raros</em> y las <em>chicas raras</em>, que nunca quisieron aceptarlo tal como era y que pugnaron por modificar, cuando menos, el horizonte de quienes ten&iacute;an m&aacute;s cerca. Resulta revelador que los dos primeros cuentos que conocemos de Mart&iacute;n Gaite, ambos de 1953, vengan a ser como una met&aacute;fora de su prop&oacute;sito de escribir sobre estas cosas. En &ldquo;La chica de abajo&rdquo; describi&oacute; un desgarro afectivo que determinan los prejuicios y el paso del tiempo, m&aacute;s que la voluntad de las protagonistas: Paca, la ni&ntilde;a pobre, y Cecilia, la ni&ntilde;a de clase media, no podr&aacute;n ser nunca m&aacute;s amigas; con el tiempo, Paca ser&aacute; simplemente la destinataria de un recuerdo anotado al pie de una postal de Cecilia (&ldquo;recuerdos a Paca, la de abajo&rdquo;) y su turbaci&oacute;n ante los requiebros del cartero le har&aacute; saber (o nos har&aacute; saber) cu&aacute;l ha de ser su destino. En &ldquo;Un d&iacute;a de libertad&rdquo;, un modesto empleado copia unos oficios que su jefe le dicta en franc&eacute;s. La monoton&iacute;a del trabajo y el calor del cuarto le llevan a evocar un d&iacute;a veraniego de su infancia, cuando jugaba a los indios y era el jefe &ldquo;Pies de Plata&rdquo;. Y resulta que eso, y no lo que le dicen, es lo que ha escrito. De repente, todo le resulta extra&ntilde;o: &ldquo;Se apoder&oacute; de m&iacute; esa sensaci&oacute;n, esa certeza, a pesar de que vagamente se esforzaba por recordar que durante diez a&ntilde;os hab&iacute;a tenido su rostro delante del m&iacute;o&rdquo;.</p>
<p>Escribir es la forma m&aacute;s hermosa de la liberaci&oacute;n, nos ense&ntilde;a &ldquo;Un d&iacute;a de libertad&rdquo;. Pero tambi&eacute;n es ajustar las cuentas con algo que puede ser tan habitual como injusto: ser burlados en nuestras ilusiones por la fuerza de las rutinas, como viene a decirnos &ldquo;La chica de abajo&rdquo;. La escritora sabe que una y otra cosa son serios asuntos de conciencia, que requieren lucidez, orden y muchas notas previas. Pero tambi&eacute;n a veces ha so&ntilde;ado &ndash;y esta recurrencia es significativa- que los textos se iban generando aut&oacute;nomamente, como si fueran ajenos al esfuerzo de escribir (pero no, por supuesto, al prop&oacute;sito ni al sentimiento) de quien los manufactura. En <em>El cuarto de atr&aacute;s</em>, que se acaba de mencionar, los folios de la novela de ese nombre est&aacute;n ya escritos y hasta numerados cuando acaba la &uacute;ltima y misteriosa visita del hombre que ha provocado el hilo de los recuerdos. En el final de <em>Nubosidad variable</em>, Sof&iacute;a Veloso y Mariana Le&oacute;n pasan sus ma&ntilde;anas, una al lado de la otra, entregadas febrilmente a la escritura en la terraza de un bar. Y un d&iacute;a de tormenta, un camarero recoge de entre los papeles que han volado del velador donde trabajan las dos amigas una cuartilla en la que pone <em>Nubosidad variable</em>: el t&iacute;tulo de la novela que precisamente est&aacute; concluyendo el lector. Algo que tambi&eacute;n, aunque de otro modo, cierra <em>Irse de casa</em>, cuando sorprendemos <em>in statu nascendi</em> la novela <em>La calle del Olvido</em> que ha de volver a contarlo todo.</p>
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<p><strong>Retratos de familia: un proyecto narrativo continuado</strong></p>
<p>No es una casualidad que la escritura de Mart&iacute;n Gaite comience siempre anidando en cuadernos de notas que hoy nos permiten recorrer su larga gestaci&oacute;n. En rigor, pocas trayectorias literarias ofrecen tan poderoso aspecto de obedecer a un <em>texto unitario </em>que se explicita y despliega en novelas diferentes, pero cada una motivada en la anterior y&nbsp; rectificada, o apostillada, por la siguiente. Var&iacute;an los personajes y los temas, incluso los tratamientos narrativos (como le sucedi&oacute; en los a&ntilde;os setenta, cuando descubri&oacute; &ndash;con una mezcla de incomodidad, escepticismo y curiosidad- lo que pontificaba la <em>nouvelle critique</em>), pero persiste siempre un compromiso claro con las preguntas capitales que se hab&iacute;a hecho a principios de los a&ntilde;os cincuenta y que hemos recordado m&aacute;s arriba. Por eso se hace posible &ndash;y resulta muy sugestiva- una consecuente <em>lectura continuada</em> de las novelas de la escritora, asentada en la fecunda tautolog&iacute;a que comportan: su tema fundamental era&hellip; la vida de su propio p&uacute;blico. Mart&iacute;n Gaite escrib&iacute;a para aquellos acerca de quienes escrib&iacute;a, y creo que as&iacute; lo reconocieron cuando empez&oacute; a ser una autora imprescindible y, en cierto modo, un or&aacute;culo de sus lectores. Mart&iacute;n Gaite narraba acerca de una clase media que hab&iacute;a transitado desde la mesocracia provinciana hasta las familias desintegradas de hoy, siempre con la atenci&oacute;n puesta en las razones de sus miembros m&aacute;s conflictivos, m&aacute;s menesterosos de libertad, pero tambi&eacute;n vuelta a la necesidad de mantener la cohesi&oacute;n sentimental del n&uacute;cleo amenazado.</p>
<p><em>Entre visillos</em> (1958) fue el primer esbozo del proyecto narrativo del que hablamos, donde se hizo hincapi&eacute; en los elementos que le resultaban m&aacute;s lancinantes y cercanos: la vida de provincias, marcada por la vigilancia de los dem&aacute;s y por el comadreo; la perspectiva del matrimonio como &uacute;nica salida posible para la juventud femenina (a esa condici&oacute;n se refiere el t&iacute;tulo, afortunado como pocos de los que plasm&oacute; esta gran rotuladora que fue Mart&iacute;n Gaite); el mundo en que vegetan los especimenes j&oacute;venes masculinos, emplazado entre la frivolidad, el machismo y la falta de horizontes vitales. Natalia, la m&aacute;s joven del grupo descrito, asume la funci&oacute;n de revulsivo en un triple y significativo frente: apoyando a su hermana Julia en la nada f&aacute;cil relaci&oacute;n que mantiene con su novio; previendo el naufragio de su amiga Gertru, que va a casarse con un oficial de Aviaci&oacute;n que re&uacute;ne los peores atributos del tradicional conquistador hispano; intentando convencer a su padre viudo de la necesidad de otra relaci&oacute;n familiar m&aacute;s abierta. Puede que en esta primera novela, tan fresca y directa en su f&eacute;rtil aproximaci&oacute;n a la realidad que describe, haya un exceso de didactismo y una b&uacute;squeda de contrastes algo maniquea. Al respecto, la reveladora presencia del forastero Pablo Klein, que sin buscarlo se erige en conciencia cr&iacute;tica de todos, resulta algo forzada y es muy posible que la autora percibiera con claridad este defecto al abordar su segundo reto narrativo, <em>Ritmo lento</em> (1962), que se escribi&oacute; con el decidido prop&oacute;sito de no moralizar tan directamente y de explorar tambi&eacute;n las contradicciones y el sufrimiento que los <em>raros</em> pod&iacute;an crear en torno suyo.</p>
<p>Al leer la nueva novela, se nos hace patente que el hipercr&iacute;tico pero desinteresado Pablo Klein se ha transformado ahora en el neur&oacute;tico David Fuente, el muchacho que todo lo quiere razonar, al que nada ni nadie le parecen lo suficientemente cr&iacute;ticos y sinceros, el que es capaz de perder horas en conversaciones de adolescente, presuntamente trascendentales&hellip; David, como Pablo Klein, es el fruto de un padre inteligente y absorbente, aunque d&eacute;bil, que fue v&iacute;ctima de las depuraciones de postguerra, y de una madre fr&aacute;gil y resignada. Y David acaba destruyendo f&iacute;sicamente a su padre, como previamente ha destruido moralmente a su novia, Luc&iacute;a, y sobre todo a s&iacute; mismo, incapaz de estudios regulares (que desprecia), de la relaciones afectivas (que siempre somete a escrutinio intelectual), y de compromisos morales o laborales (que siempre aplaza). Pocas novelas espa&ntilde;olas de su tiempo han sido tan cr&iacute;ticas como &eacute;sta con una patolog&iacute;a social que proced&iacute;a, en efecto, de la guerra civil, pero que tambi&eacute;n denunciaba la pat&eacute;tica inadaptaci&oacute;n de quienes prefirieron la esterilidad a la transigencia. <em>Ritmo lento</em> explora un fracaso y, en el fondo, habla de un error vital que su autora debi&oacute; haber experimentado muy intensamente en los d&iacute;as de su concepci&oacute;n.</p>
<p>&iquest;Por d&oacute;nde salir del <em>impasse</em> al que la llev&oacute; esta novela? No creo que el menguado &eacute;xito de <em>Ritmo lento</em> fuera el &uacute;nico motivo del silencio de Mart&iacute;n Gaite hasta la aparici&oacute;n de <em>Retah&iacute;las</em> (1974). M&aacute;s bien, ese largo lapso parece haber sido el tiempo de reposo necesario para proporcionar una salida viable a las ejecutorias heredadas de las dos novelas anteriores: por un lado, estaban, claro, los peligros de la domesticidad aceptada - los metaf&oacute;ricos visillos que nos separan del mundo-, pero, de otro, tambi&eacute;n estaba la <em>rareza</em> convertida en pulsi&oacute;n autodestructiva; de una parte, estaba la vida familiar entendida como trampa emocional en la que se agostan las ansias de independencia de cada cual y, de otro, la evidente dificultad de subsistir sin afectos cercanos, cuando se navega al margen del grupo. Ese es el equipaje que llevaron a la casona de Louredo una t&iacute;a y un sobrino, Eulalia y Germ&aacute;n, en la fascinante trama de mon&oacute;logos alternos que constituy&oacute; <em>Retah&iacute;las</em>. En el personaje masculino, la autora inici&oacute; una tipolog&iacute;a juvenil que va a darle amplio juego -el muchacho limpio y generoso, a despecho de cuantas trampas ha vivido- y en Eulalia defini&oacute; un esp&eacute;cimen femenino, tambi&eacute;n destinado a perdurar: la mujer inteligente e independiente pero que, entrada en la madurez, ha visto quemarse su estabilidad afectiva y que no oculta su profunda insatisfacci&oacute;n. Ellos, que a la postre son los m&aacute;s atrevidos y l&uacute;cidos, nos permiten juzgar al resto de la galer&iacute;a: a la abuela Matilde, &uacute;ltimo testigo de una armon&iacute;a que ya es imposible; a Juana, aparente vestal de ese pasado pero en quien el resentimiento puede m&aacute;s que otra cosa; a Germ&aacute;n padre, encarnaci&oacute;n de la debilidad; a su primera mujer y madre de Germ&aacute;n hijo, Luc&iacute;a, cuyo sacrificio cobra ahora todo su valor.</p>
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<p><strong>El valor de las casas</strong></p>
<p>Muy poco despu&eacute;s, <em>Fragmentos de interior</em> (1976) reflexion&oacute; de nuevo sobre la continuidad de una casa, erigida en s&iacute;mbolo de la vida familiar. Si el significado de Louredo como para&iacute;so fue rescatado por los visionarios Eulalia y Germ&aacute;n, la casa madrile&ntilde;a de Diego y Agustina est&aacute; al borde mismo del naufragio; ni &eacute;l, inteligente aunque acomodaticio, ni ella, apasionada pero desequilibrada, pueden contener una decadencia que es tambi&eacute;n la de sus hijos: una chica emprendedora pero distante y un chico tan valioso como err&aacute;tico, homosexual y drogadicto. Pero la ruina es tambi&eacute;n la consecuencia de un tiempo de disipaci&oacute;n y de inconsciencia que se corresponde muy bien a los primeros a&ntilde;os de la Transici&oacute;n. Y es curioso que solamente las criadas, tan sensatas y s&oacute;lidas como Pura y Basi, sostienen lo que queda de un hogar. Y solamente Luisa, la nueva criada (que ha tra&iacute;do hasta Madrid el mismo problema de abandono de Agustina), se dispondr&aacute; en la escena final a tomar las riendas de aquellas vidas.</p>
<p>Dos a&ntilde;os despu&eacute;s, en <em>El cuarto de atr&aacute;s</em> (1978), la necesidad de recapitular el pasado pr&oacute;ximo toman un evidente primer plano, aunque subsista tambi&eacute;n aquel otro problema cuyos diferentes avatares hemos ido viendo: la casa familiar amenazada de <em>Entre visillos</em> hab&iacute;a sido despu&eacute;s el chalet ruinoso de <em>Ritmo lento</em>, el para&iacute;so perdido (y en parte recobrado) de Louredo, en <em>Retah&iacute;las</em>; luego se transform&oacute; en el domicilio en disoluci&oacute;n de <em>Fragmentos de interior</em> y ahora ha venido a ser la casa semivac&iacute;a donde una mujer separada, con una hija que va y viene sin demasiada continuidad, repasa su vida. Y es all&iacute; donde una estancia concreta &ndash;el ep&oacute;nimo cuarto de atr&aacute;s- cobr&oacute; la importancia&nbsp; central que esa habitaci&oacute;n vivida y desordenada, entra&ntilde;able&nbsp; e ininteligible, va a adquirir en los textos posteriores, siempre a modo de &ldquo;un desv&aacute;n del cerebro, una especie de recinto secreto lleno de trastos borrosos, separado de las antesalas m&aacute;s limpias y ordenadas de la mente por una cortina que s&oacute;lo se descorre de cuando en cuando&rdquo;.</p>
<p>La poderosa imagen que asocia la funci&oacute;n de esa estancia familiar a una topograf&iacute;a de la propia mente proclamaba la importancia del hallazgo. Una habitaci&oacute;n de esa &iacute;ndole es tambi&eacute;n la &uacute;nica referencia vital que le queda a Sof&iacute;a Veloso, una de las dos protagonistas de <em>Nubosidad variable</em> (1992), la novela que sobrevino tras otro largo lapso de silencio, como <em>Retah&iacute;las</em> con respecto a <em>Ritmo lento</em>. Sof&iacute;a ha llegado al l&iacute;mite: ya no es una mujer joven, su marido se ha convertido en un ser vulgar que adem&aacute;s la enga&ntilde;a, sus tres hijos ya casi no cuentan con ella. Y la casa que fue de todos es v&iacute;ctima de las reformas postmodernas que impone Eduardo y que incluso amenazan la subsistencia del &ldquo;trastero de Encarna&rdquo;, la &uacute;ltima estancia que conserva el sabor de lo fue vida com&uacute;n. Siente que ha vivido su destino de hija de familia, de mujer y de madre, pero &ldquo;reconozco que no me gusta la realidad, que nunca me ha gustado. He cumplido con ella como Dios me ha dado a entender cuando no hab&iacute;a manera de esquivar sus leyes, pero el texto de estas leyes &ndash;que adem&aacute;s son tantas- no me entra&rdquo; (<em>Nubosidad variable</em>, Anagrama, Barcelona, 1992, p. 111). Su salvaci&oacute;n vendr&aacute; del reencuentro con una amiga de infancia, Mariana Le&oacute;n, psiquiatra afamada, cuya vida ha sido el env&eacute;s de la suya: independencia, &eacute;xito, pero tambi&eacute;n toda clase de fracasos sentimentales y el amargo sabor final de una soledad sin remedio. Gracias al est&iacute;mulo de las cartas de Mariana, Sof&iacute;a recupera el valor compensatorio de escribirlo todo: como tantos otros personajes, apunta febrilmente su relato en sus cuadernos, y cuando no, compone <em>collages</em> (como hac&iacute;a su inventora, Carmen Mart&iacute;n Gaite). El hermoso final de la novela &ndash;las dos amigas escribiendo juntas, m&aacute;s all&aacute; de todos sus problemas- lo hemos comentado m&aacute;s arriba; ese triunfo de la escritura sobre la mala fortuna y aquel otro cap&iacute;tulo pen&uacute;ltimo (&ldquo;Persistencia de la memoria&rdquo;), en el que la abuela muerta regresa a la casa de Sof&iacute;a para consolarla, son los dos momentos culminantes del que fue el &uacute;ltimo gran relato de la autora.</p>
<p>Pero no iba a ser el &uacute;ltimo. <em>La reina de las nieves</em> (1994) fue el cuento fant&aacute;stico de otra salvaci&oacute;n del abismo: Leonardo Villalba, el hombre derrotado y perdido que tambi&eacute;n escribe desordenados cuadernos, encuentra a su redentora en Casilda Iriarte, la escritora ya entrada en a&ntilde;os que compr&oacute; un d&iacute;a su casa familiar, la Quinta Blanca. La creaci&oacute;n literaria como forma de redenci&oacute;n, la rehabilitaci&oacute;n de una casa, la lucha contra una encarnaci&oacute;n del mal (que tiene m&aacute;s que ver con la fatalidad y la debilidad que con la inclinaci&oacute;n perversa), son temas que reaparecieron de nuevo y que fueron el <em>tempo</em> <em>ostinato</em> de este ciclo creador final. Y que tampoco son ajenos a una novela m&aacute;s deslavazada y como en embri&oacute;n, <em>Lo raro es vivir</em> (1995), que nos importa por esbozar otra imagen de mujer que busca su independencia (&Aacute;gueda Soler Luengo, en sus treinta y cinco, atada a demasiadas querencias sentimentales, escritora ocasional de letras de <em>entrerrock</em>).&nbsp; Con estas p&aacute;ginas, Mart&iacute;n Gaite intent&oacute; una reconciliaci&oacute;n con aquel mundo de los <em>modernos</em> del que hab&iacute;a pintado la cara m&aacute;s hostil en <em>Fragmentos de interior</em>; aquellos eran fr&iacute;volos y sobre todo, ego&iacute;stas, pero los de ahora son &ldquo;esas personas con las que se ha coincidido en la tira de sitios sin saber c&oacute;mo se llaman ni a qu&eacute; se dedican, en alg&uacute;n autob&uacute;s de la Universitaria, en el entierro de Tierno Galv&aacute;n, en los conciertos de encender mechero, haciendo cola en los Alphaville, en la manifestaci&oacute;n anti-OTAN, en Chicote&rdquo; (<em>Lo raro es vivir</em>, Anagrama, 1995, p. 69).</p>
<p>No era f&aacute;cil, sin embargo, que una escritora tan cr&iacute;tica con lo pr&oacute;ximo se contentara con esa dimensi&oacute;n un poco estereotipada del nuevo mundo moral de los noventa. Y la novela <em>Irse de casa</em> (1998) pon&iacute;a los puntos sobre algunas &iacute;es del momento. Todos sus personajes &ldquo;se han ido de casa&rdquo;, algo que parece tener la funci&oacute;n de una consigna en los tiempos que corren: lo ha hecho Agust&iacute;n, al romper su matrimonio, y lo hace su mujer, Manuela Roca, que tambi&eacute;n se ha ido de la casa familiar donde busc&oacute; refugio al separarse; se fue de su domicilio &ndash;y contra la opini&oacute;n de su padre- Valeria, que, a su vez, ha sido abandonada por Pedro, su novio, y se fueron Rita, la hija de Abel Bores, y Marcelo, el muchacho drogadicto, que en su deriva vital se ha integrado en una compa&ntilde;&iacute;a de zarzuela. Y tambi&eacute;n ha dejado su casa la protagonista indiscutible: Amparo Miranda, la mujer que ha triunfado en Nueva York pero que ha preferido distanciarse de una relaci&oacute;n amorosa insatisfactoria y de unos hijos que no le traen sino problemas. S&oacute;lo permanece en la suya, fiel a s&iacute; misma y a su pasado, Olimpia Moret, la arist&oacute;crata exc&eacute;ntrica a la que todos tildan de loca, pero que aporta compa&ntilde;&iacute;a al descentrado Agust&iacute;n y comprensi&oacute;n a quien se le acerca. A la postre, puede que todos los n&oacute;madas regresen a la estabilidad, aunque no retornen a la casa que dejaron. Y Amparo Miranda, testigo curioso de todas las vidas que se agitan en la que fue la ciudad de su infancia, no solamente regresar&aacute;, sino que lo har&aacute; con un inapreciable tesoro: una de esas novelas que &ndash;como suced&iacute;a en <em>El cuarto de atr&aacute;s</em> y <em>Nubosidad variable</em>- se han construido por s&iacute; mismas al hilo de los acontecimientos de la narraci&oacute;n que las contiene. &Eacute;sta se llamar&aacute; <em>La calle del Olvido</em>, como aquella que habit&oacute; de joven y fue tambi&eacute;n el escenario de la ni&ntilde;ez de Agust&iacute;n y T&aacute;rsila; la escribir&aacute; Ricardo, el listo camarero del bar, en uni&oacute;n con Jeremy, su propio hijo, y ella ser&aacute; quien la produzca cuando se convierta en una pel&iacute;cula.</p>
<p>Y al final, <em>Los parentescos</em> (2001), una novela p&oacute;stuma e incompleta sobre la que no es nada f&aacute;cil pronunciarse&hellip; Algunas de sus elecciones tem&aacute;ticas, que parecen firmes, resultan, empero, muy significativas: iba a ser una novela de corte fant&aacute;stico, focalizada por un ni&ntilde;o que habr&iacute;a de ir creciendo, y en la que la comunicaci&oacute;n y compartici&oacute;n de las experiencias hab&iacute;a de ser algo fundamental (Baltasar, el ni&ntilde;o protagonista, se obstina en una simb&oacute;lica mudez, cargada de preguntas sin respuesta, pero &ldquo;fue montarme en la fon&eacute;tica&nbsp; y salieron a flote, atadas a su cola. En cuanto les hice la respiraci&oacute;n boca a boca revivieron&rdquo;, <em>Los parentescos</em>, Anagrama, Barcelona, 2001, p. 108). Pero quiz&aacute; lo fundamental es el visible deseo de la autora de afrontar y explicarse otra dimensi&oacute;n de aquel fin de siglo: las familias que se han formado por accesi&oacute;n de los restos de familias precedentes. Mart&iacute;n Gaite ten&iacute;a muy claro que el arranque de la novela ser&iacute;a una frase tan incongruente como cierta y com&uacute;n: &ldquo;Cuando mis padres se casaron, yo ten&iacute;a ocho a&ntilde;os para nueve&rdquo;. Y que su clima humano hab&iacute;a de ser una de esas &ldquo;familias zurriburri&rdquo;, como dice con su l&eacute;xico expresivo la criada Fuencisla, quien, una vez m&aacute;s, reina en la &uacute;nica parte de la vivienda familiar que se parece a un hogar (y que pretende tapiar el padrastro de Baltasar): &ldquo;Ninguna habitaci&oacute;n de la casa era m&aacute;s casa que aquella cocina enorme&rdquo;. Pero es suponer que tambi&eacute;n las rupturas violentas (Fuencisla mata al novio que la ha abandonado por otra) y las frustraciones que engendran los afectos no correspondidos (&ldquo;el rencor es como una inyecci&oacute;n que duele, pero hace efecto, y a m&iacute; me inmuniz&oacute; de esa esperanza infantil de lo perenne, o sea, que si alguien te quiere te va a querer siempre igual, aunque se hunda el mundo&rdquo;, ib&iacute;dem, p. 209) iban a tener un lugar importante en esta nueva f&aacute;bula.</p>
<p>Pero sus lectores nunca lo sabremos, como tampoco qu&eacute; nueva respuesta a las escoceduras su tiempo maquinaba Carmen Mart&iacute;n Gaite para su pr&oacute;xima novela: en el fondo, los fieles seguidores de su ficciones hemos venido a ser sus hu&eacute;rfanos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 26 Sep 2013 06:09:27 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Summa de Álvaro Mutis El Gaviero]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/summa-de-alvaro-mutis-el-gaviero/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/_LVARO_MUTIS.jpg" alt="" /></p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>&Aacute;lvaro Mutis viaja siempre acompa&ntilde;ado de sus viejos amigos. Son &eacute;stos, Montaigne, Cervantes, Chateaubriand, Antonio Machado. Como su otro gran amigo e interlocutor en tantas cosas, Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez, con el que comparti&oacute; sus comienzos literarios en la prensa colombiana, se muestra enemigo de todo trascendentalismo. Este hombre independiente, de firmes y originales convicciones, anduvo durante muchos a&ntilde;os de un lado par otro ejerciendo diversos oficios que nada ten&iacute;an que ver con la literatura, mientras iba dejando algunas de las p&aacute;ginas m&aacute;s intensas de la poes&iacute;a de nuestro tiempo, algunos de los m&aacute;s bellos relatos, perfectos en su maravillosa concisi&oacute;n. Pensaba que alg&uacute;n d&iacute;a podr&iacute;a retirarse a descansar, y precisamente cuando parec&iacute;a que ese momento hab&iacute;a llegado, su obra comenz&oacute; a crecer. Los relatos breves se convirtieron en novelas, que pronto ser&iacute;an traducidas a las principales lenguas. Y llegaron los reconocimientos, el Premio M&eacute;dicis en Francia, el Villaurrutia en M&eacute;xico, mientras que entre nosotros, como en tantas ocasiones, segu&iacute;a siendo un ilustre semi-desconocido.</p>
<p>Mutis no se inmuta ante la fama. Como su ya m&iacute;tico personaje, Maqroll el Gaviero, que cuando est&aacute; a punto de conseguir algo lo abandona para emprender nuevos caminos, sabe que todas las empresas conducen al fracaso. Como sus admirados Drieu la Rochelle y Andr&eacute; Malraux sabe que todos estamos inmersos en la trampa de la desesperanza. Como su Alar el Ilirio, con el que todos sab&iacute;an que no pod&iacute;an contar para sus fines pues para &eacute;l nada tiene sentido, ya que nada podemos y &ldquo;Nadie puede poder&rdquo;.</p>
<p>Este estratega de lo absoluto contempla, como Maqroll, desde lo alto de las gavias de su imaginci&oacute;n, un ilimitado horizonte. Al fin y al cabo su &uacute;nica aspiraci&oacute;n ha sido siempre conseguir ese momento fugaz y &uacute;nico que es el instante po&eacute;tico.</p>
<p>- Hasta hace pocos a&ntilde;os, encontrar sus libros en Espa&ntilde;a era algo bastante complicado, casi como si se tratase de un autor maldito.</p>
<p>- Hubo un momento en que era dif&iacute;cil conseguirlos. Barral edit&oacute; la <em>Summa de Maqroll El Gaviero </em>y luego en a&ntilde;os no sali&oacute; nada hasta la aparici&oacute;n de <em>La mansi&oacute;n de Arauca&iacute;ma</em>, que pronto se agot&oacute; y que no ha vuelto a reeditarse hasta hace muy poco.</p>
<p>- Quiz&aacute; esto haya sido positivo, en el sentido de haber creado cierta atm&oacute;sfera en torno a su obra, que hac&iacute;a que aguard&aacute;semos con especial inter&eacute;s la aparici&oacute;n de cada uno de sus nuevos libros.</p>
<p>- Es verdad, pero el destino de los libros es siempre muy extra&ntilde;o, y no indica nada tampoco sobre su calidad, tambi&eacute;n viene el olvido despu&eacute;s.</p>
<p>- En Espa&ntilde;a se publican varios miles de t&iacute;tulos, s&oacute;lo de poes&iacute;a, cada a&ntilde;o. &iquest;No le parece un tanto excesivo?</p>
<p>- Esta misma ma&ntilde;ana me preguntaban en una entrevista por lo que opinaba sobre la crisis de la poes&iacute;a. El n&uacute;mero de publicaciones de libros no quiere decir nada. Tal vez la obra de poes&iacute;a m&aacute;s importante que se ha creado en los &uacute;ltimos siglos, que es la obra de Baudelaire, pas&oacute; pr&aacute;cticamente inadvertida, y cuando se publicaron <em>Las flores del mal </em>lo que consigui&oacute; fue un enjuiciamiento. De manera que esto no nos debe aterrar.</p>
<p>- Recientemente me comentaba su admiraci&oacute;n por Montaigne.</p>
<p>- Montaigne para m&iacute; no es un caso de admiraci&oacute;n, es un caso de compa&ntilde;&iacute;a. Yo fue formado en franc&eacute;s antes que en espa&ntilde;ol y Montaigne fue una de las lecturas del bachillerato que logr&eacute; no odiar. Esto en la formaci&oacute;n del bachillerato franc&eacute;s es algo muy excepcional. Y me sigue acompa&ntilde;ando con una fidelidad enorme, en paralelo con Miguel de Cervantes. Los dos tienen algo que a medida que va pasando el tiempo y se va envejeciendo se aprecia m&aacute;s, que es un enorme escepticismo sobre lo que llamamos el &eacute;xito, sobre las personas que ocupan los primeros lugares en un momento dado, en una situaci&oacute;n determinada, y sobre la relatividad de los &eacute;xitos humanos. Montaigne lo dice en una frase excelente &ldquo;la relatividad de todo juicio que se intente hacer sobre el hombre&rdquo;. Es esa especie de flotar en medio de la duda, que se alcanza tambi&eacute;n en el aspecto narrativo, el que pocas p&aacute;ginas despu&eacute;s de afirmar algo diga lo contrario. Y las dos cosas son ciertas. Esa es una lecci&oacute;n maravillosa de Montaigne. Otra cosa que me encanta de &eacute;l es su visi&oacute;n del mundo cl&aacute;sico, esa tradici&oacute;n griega y romana que se suele ver siempre como algo distante, intocable, y &eacute;l le da una familiaridad, una especie de andar por casa, que es absolutamente entra&ntilde;able.</p>
<p>- Pro aunque el desenga&ntilde;o est&eacute; presente, al final siempre queda un rescoldo de vida, algo muy humano.</p>
<p>- Es que cuando se llega a ese desenga&ntilde;o se aprende a vivir, ah&iacute; es cuando cada minuto tiene un sentido, se carga de sentido. Un personaje que aparece mucho en mis novelas, Maqroll el gaviero, repite mucho esto, que el pasado pas&oacute;, es irremediable, tratar de rectificarlo es in&uacute;til, y del futuro no sabemos absolutamente nada, entonces cargar el presente de sentido y de jugo, de savia vital, es la &uacute;nica oportunidad de que quede algo en las manos un momento, porque luego se esfuma. Por eso el pasado evocado por Montaigne tiene una suerte de presente maravilloso y el futuro no le interesa. Y eso que le toc&oacute; vivir una &eacute;poca desgraciada, con el estallido de las guerras de religi&oacute;n y los problemas de fe que costaron tantas vidas.</p>
<p>- Montaigne supo jugar muy bien y escabullirse de esos problemas.</p>
<p>- Yo creo que en el fondo fue un gran cristiano, sin una gota de hipocres&iacute;a.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; otros grandes pensadores le interesan?</p>
<p>- A m&iacute; me inquieta mucho Pascal. La presencia de Dios, la presencia de algo que nos trasciende, vista por Pascal, es realmente luminosa porque tambi&eacute;n en &eacute;l hay un enorme escepticismo. En cierto modo es como la continuaci&oacute;n de Montaigne. Tambi&eacute;n leo con placer inmenso a Montherlant, a Julien Green en su diario, que es una maravilla, ya Fran&ccedil;ois Mauriac, no tanto en sus novelas, que disfruto, como en algunos de sus admirables art&iacute;culos.</p>
<p>- &iquest;Y entre los pensadores espa&ntilde;oles? &iquest;Acaso Unamuno?</p>
<p>- No. Unamuno tiene la particularidad de irritarme profundamente por esa actitud frente al lector, de decirle &ldquo;t&uacute;, lector que no entendiste nada&rdquo;. De hecho, uno de sus libros comienza con esa frase. A Don P&iacute;o Baroja, sin embargo, yo lo encuentro encantador. La serie de Aviraneta es una delicia, todas las &ldquo;Novelas de un hombre de acci&oacute;n&rdquo; son una de las cosas m&aacute;s sabias que se han escrito en Espa&ntilde;a junto con las <em>Novelas ejemplares</em> de Cervantes.</p>
<p>- El personaje del caudillo, dentro de la novela latinoamericana, se nos ha hecho ya casi algo cotidiano, desde <em>El se&ntilde;or presidente</em> a <em>El oto&ntilde;o del patriarca</em>, pero usted no trata este tipo de personajes, si acaso se aproxima a ellos, los muestra en el momento de la muerte, del abandono, como en el caso de Bol&iacute;var.</p>
<p>- Bol&iacute;var no fue un caudillo nunca. Su inmenso error es no haber gobernado ni manejado nada. Es uno de los seres m&aacute;s conmovedores, m&aacute;s contradictorios, y el gran equivocado. Bol&iacute;var era un personaje de Byron o de Chateaubriand, un rom&aacute;ntico que quer&iacute;a ajustar el mundo, por una lectura un tanto apresurada de Rousseau, ajustar el mundo y el hombre a un esquema previo. As&iacute; se desemboca en una monstruosidad de nuestro tiempo que son las ideolog&iacute;as. &Eacute;l se impone con una ligereza enorme, trata de imponerse en Am&eacute;rica sin entender que en el gran juego pol&iacute;tico la utop&iacute;a no sirve, que estos famosos libertadores americanos no nos libertaron de nada porque lo que hicieron fue salir de Espa&ntilde;a que no era opresora, ni mucho menos.</p>
<p>- &iquest;Ni en aquel momento?</p>
<p>- No. No fue opresora nunca. Nosotros, y esto es una cosa que no se ha dicho antes por mala conciencia, no &eacute;ramos territorios de la Corona, &eacute;ramos parte del territorio espa&ntilde;ol, nunca fuimos colonias, esa es una palabra inventada all&aacute; no aqu&iacute;. Si O'Higgins y San Mart&iacute;n y un hombre como Bol&iacute;var, que hered&oacute; la propiedad en tierras m&aacute;s vastas que hab&iacute;a en Am&eacute;rica Latina, si esos criollos vienen a las Cortes de C&aacute;diz y se imponen, el triunfo hubiera sido mucho m&aacute;s real y hubi&eacute;ramos seguido vinculados a una apuesta por la cual yo s&iacute; me juego la cabeza. Una apuesta que comienza en S&eacute;neca y en tres emperadores romanos y sigue en un hombre con una concepci&oacute;n europea, que ojal&aacute; hoy d&iacute;a se entendiera en todos los sentidos, como Carlos V. En una real comunidad y no poensar en el Estado-Naci&oacute;n que es lo que nos ahoga. Ellos hubieran sido los vencedores y hubieran impuesto lo que hubieran querido en lugar de hacer esta serie de peque&ntilde;as rep&uacute;blicas que no han dado m&aacute;s que guerras civiles.</p>
<p>- Pero ese era el sue&ntilde;o de Bol&iacute;var.</p>
<p>- &Eacute;l fue el destructor de su propio sue&ntilde;o. Ah&iacute; est&aacute; el h&eacute;roe rom&aacute;ntico. Ah&iacute; est&aacute; lo que en Bol&iacute;var es desgarrador. Como dec&iacute;an nuestras t&iacute;as, &ldquo;parte el alma&rdquo;. &Eacute;l tiene el sue&ntilde;o y &eacute;l se encarga de destruirlo poniendo a sus tres peores enemigos en cada uno de los pa&iacute;ses: a P&aacute;ez que es el espad&oacute;n t&iacute;pico en Venezuela; a&nbsp; Santander, el abogado lleno de artilugios, de astucias, de tartufer&iacute;as, en Colombia y a la bestia absoluta, que pregura todo lo que va a entrar despu&eacute;s, a Fl&oacute;rez, en el Ecuador. Si coloca a sus tres peores enemigos en los puestos m&aacute;s importantes, qu&eacute; puedes esperar. Yo creo que a Bol&iacute;var lo mat&oacute; la tristeza, la angustia, el desconsuelo total.</p>
<p>- &iquest;Usted cree todav&iacute;a en el sue&ntilde;o americano?</p>
<p>- No. Ya no es posible. No s&eacute; hacia donde vamos. No s&eacute; qu&eacute; va a pasar. Estamos en el peor momento. Estamos haciendo la digesti&oacute;n de ese inmenso error que fue la independencia. La independencia hecha as&iacute;. Hay una especie de orfandad que vamos arrastrando.</p>
<p>- Pero todo eso que dice puede ser muy problem&aacute;tico para usted.</p>
<p>- Me han dado muchos palos por pensar as&iacute;. Tenemos ciento cincuenta a&ntilde;os, stamos naciendo y ya queremos exigir a estos pa&iacute;ses una actitud absolutamente madura, una identidad decidida. La importancia de estas cosas se ve a distancia, lo que quiero significar es que estamos apenas apareciendo.</p>
<p>- &iquest;Ser&iacute;a entonces posible que el siglo XVIII haya sido mejor que el XIX en muchos pa&iacute;ses americanos?</p>
<p>- Y el XVII. Le voy a dar un ejemplo. La &uacute;nica gran tradici&oacute;n literaria de pensamiento riguroso realmente presente todav&iacute;a es la tradici&oacute;n de la Nueva Espa&ntilde;a, de M&eacute;xico, en donde hay una Sor Juana In&eacute;s de la Cruz y tantos otros. Es una gente de primera, mientras que en Espa&ntilde;a empezaba la decadencia y la ca&iacute;da en un barroquismo esc&eacute;nico, para llegar al siglo XVIII espa&ntilde;ol que es una nulidad absoluta. Hay que esperar a la llegad de Gald&oacute;s y Clar&iacute;n para que esto cambie.</p>
<p>- Y Larra.</p>
<p>- Soy un admirador absoluto de Larra. La certeza de su mirada nos indica hasta d&oacute;nde se hab&iacute;a bajado, a qu&eacute; niveles desastrosos de mediocridad se hab&iacute;a llegado. Los espa&ntilde;oles tienen esa posibilidad, y ojal&aacute; la tengamos un d&iacute;a los herederos de Espa&ntilde;a, porque somos los herederos de Espa&ntilde;a, y todo el a&ntilde;o 1992 ha sido un desastre continuo. No he conocido&nbsp; un di&aacute;logo de sordos m&aacute;s lamentable. Es esa posibilidad que tiene Espa&ntilde;a cada cien a&ntilde;os, cada cierto lapso de tiempo, de encontrar al&nbsp; hombre que dice: &iexcl;Oiga, nos hemos equivocado! &iexcl;El asunto es as&iacute;!. Eso es admirable, comenzando por S&eacute;neca y terminando por mi &ldquo;detestado&rdquo; D. Miguel de Unamuno.</p>
<p>- &iquest;Entre esos hombres estar&iacute;a Quevedo?</p>
<p>- Por supuesto. Esta gente de repente tiene la posibilidad de decir: &iquest;Quieren ustedes saber en qu&eacute; pa&iacute;s estamos viviendo? Miren, es &eacute;ste&rdquo;. Ya s&eacute; que presentan una imagen espeluznante. Un pa&iacute;s que produce la picaresca es un pa&iacute;s que tiene un poder de recuperaci&oacute;n maravilloso. Ahora, tambi&eacute;n debemos tenerlo nosotros. Un escritor, totalmente distante de mi por motivos personales, que ha logrado lo que considero una de las obras cl&aacute;sicas sobre la corrosi&oacute;n y el deterioro moral de la pol&iacute;tica de conventillo parroquial que se hace en Am&eacute;rica Latina, es Vargas Llosa. <em>Conversaciones en la catedral</em> es una maravilla en ese sentido. Garc&iacute;a M&aacute;rque en sus <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em> mostr&oacute; el sustrato m&iacute;tico sobre el que estamos parados y en <em>El oto&ntilde;o del patriarca</em> hace el relato prolongado de un general que en el fondo es un espad&oacute;n de las guerras carlistas.</p>
<p>- &iquest;Y no ve como un precursor de algunas de esas obras al <em>Tirano Banderas</em> de Valle Incl&aacute;n?</p>
<p>- S&iacute;, evidentemente. Sus esperpentos son una maravilla. En <em>Luces de bohemia</em> estamos nosotros. Pero el gran libro sobre esa situaci&oacute;n de Am&eacute;rica Latina es <em>Yo el supremo</em>, de Roa Bastos. &Eacute;se es un libro total, absoluto.</p>
<p>- Y adem&aacute;s con mucha modestia por parte de Roa Bastos.</p>
<p>- S&oacute;lo con esa modestia se puede llegar a mostrar la bestialidad irrespirable, dolorosa, infame, de la presencia del mal encarnada en un hombre que finalmente es un pobre diablo. Ese es un libro sobre el cual vamos a tener que volver los latinoamericanos muchas veces.</p>
<p>- Supongo que estar&aacute; harto de que le pregunten por Maqroll. &iquest;Llega a asfixiar el personaje un poco al escritor?</p>
<p>- A asfixiar no. Se vuelve exigente. Este personaje que comienza siendo un pretexto en mi obra po&eacute;tica, para decir algunas cosas amargas, desesperanzadas, esc&eacute;pticas, en una edad en que se supon&iacute;a que no no deb&iacute;a tener esa visi&oacute;n de las cosas, pasa de ser ese &ldquo;alter ego&rdquo; a convertirse en un personaje de ficci&oacute;n. Ya en la narrativa, comienza a tener cada vez m&aacute;s una autonom&iacute;a, un car&aacute;cter, un perfil, una densidad, que se vuelve, no asfixiante, pero que est&aacute; presente siempre. Hace poco, componiendo una frase, me dije: &ldquo;este no es el gaviero. Soy yo. El gaviero nunca dir&iacute;a esto&rdquo;. Lo que me tiene m&aacute;s fastidiado es que no me permite escribir lo que yo m&aacute;s quiero escribir, que es poes&iacute;a, que es lo que m&aacute;s me llena, con todas las reservas y par&eacute;ntesis que pueda pon&eacute;rsele a esto, y es lo que creo que hago con la posibilidad de tener menos rubor al publicar. Pero desde hace seis a&ntilde;os no logro librarme de la presencia de Maqroll.</p>
<p>- Sin embargo, debe reconocer que es m&aacute;s conocido por Maqroll que por su poes&iacute;a.</p>
<p>- Es cierto. Debo aprender a convivir con &eacute;l. Es como uno de los parientes inevitables que hay en todas nuestras&nbsp; casas y que si desaparecieran quiz&aacute;s fu&eacute;ramos m&aacute;s felices. No s&eacute;...</p>
<p>- Supongo que no. Pero, &iquest;cu&aacute;ntos Maqroll hay? &iquest;S&oacute;lo uno?</p>
<p>- Uno s&oacute;lo, que se ha ido enriqueciendo, ha ido tomando forma, peso, estatura... Pero uno s&oacute;lo.</p>
<p>- &iquest;Y Alar el Ilirio, ese personaje impresionante de su relato &ldquo;La muerte del estratega&rdquo;?</p>
<p>- Qu&eacute; raro que me cite a ese personaje. En Espa&ntilde;a a nadie le interes&oacute; para nada, aunque este es el pa&iacute;s donde menos acogida o menos eco ha tenido mi modesta obra, en general. Alar el Ilirio s&iacute; es una prefiguraci&oacute;n de Maqroll, desde luego. Lo que pasa es que yo estoy siempre del lado de los vencidos y de los pesimistas.</p>
<p>- Pero Alar al morir vence.</p>
<p>- Al morir vencemos todos. Nos volvemos intocables, ah&iacute; ya se acab&oacute; la fiesta. El que muere es como el actor que sale de escena y se queda entre bambalinas, tranquilo, sec&aacute;ndose con una toalla, pensando ya pas&oacute;, ya pas&oacute;. Despu&eacute;s de morir no te puede pasar nada grave.</p>
<p>- En su obra suele aparecer un personaje que funciona como vigilante, el que cuida de algo. Maqroll act&uacute;a a veces as&iacute;.</p>
<p>- Ahora Maqroll est&aacute; trabajando como vigilante de unos astilleros derruidos, en Pollensa. Yo creo que todos somos un poco eso, cuidadores. En un viejo texto que se llama &ldquo;Hast&iacute;o de los peces&rdquo; hay alguien que tambi&eacute;n es vigilante, que cuida de los barcos.</p>
<p>- Maqroll, donde se encuentra m&aacute;s a gusto es en lo alto de sus gavias, all&aacute; arriba.</p>
<p>- Es el gaviero, el que est&aacute; vigilando el horizonte, no importa que el barco se mueva, &eacute;l tiene su punto fijo de observaci&oacute;n. Es una responsabilidad feroz porque la noci&oacute;n del mundo, de lo que est&aacute; pasando, que tiene la tripulaci&oacute;n, se la est&aacute; dando el gaviero, pero tambi&eacute;n el gaviero depende totalmente de la tripulaci&oacute;n. Puede ser un buen s&iacute;mbolo para pensar en lo que hace el escritor, el poeta.</p>
<p>- Tambi&eacute;n tiene implicaciones religiosas. El que cuida la manada.</p>
<p>- Claro, el pastor.</p>
<p>- En su obra y en su vida est&aacute; siempre presente el viaje, el placer de sentirse extranjero, como el Barnabooth de Valery Larbaud.</p>
<p>- S&iacute;. Mi destino es desplazarme todo el tiempo y esto ha llegado a ser tan marcado que durante veintitr&eacute;s a&ntilde;os mis trabajos -porque&nbsp; yo siempre he vivido de trabajos que no tienen nada que ver con la literatura- me llevaron a viajar continuamente por Am&eacute;rica Latina. Y cuando me retir&eacute;, hace cinco a&ntilde;os, pensaba que se acabar&iacute;an los viajes y podr&iacute;a descansar en casa. Y nunca he viajado tanto como ahora. Viajar por Espa&ntilde;a o Francia no es viajar, es regresar a mundos que para m&iacute; son esenciales. Para m&iacute; recorrer el Ampurd&aacute;n, o estar en Castilla, o bajar a la tierra de mis abuelos, a C&aacute;diz, no es viajar, es regresar. Tambi&eacute;n est&aacute; el desplazarse gratuitamente, el &ldquo;a ver qu&eacute; pasa&rdquo;, que eso es muy de Maqroll, eso me lo ha dado el destino. Valery Larbaud en la voz de su Barnabooth dec&iacute;a: &ldquo;se tienen ciudades como se tienen amores&rdquo;. As&iacute; lo veo yo. Hay ciudades a las que llego y me quiero ir al otro d&iacute;a, pero hay ciudades a las que se llega y dice uno: &ldquo;&iquest;c&oacute;mo he podido vivir sin estar aqu&iacute;?&rdquo;. Me pas&oacute; con C&oacute;rdoba, por eso escrib&iacute; un breve poema sobre una calle de C&oacute;rdoba, con Sevilla y con Segovia, que tienen once iglesias rom&aacute;nicas. Asumo y adopto totalmente aquella frase que dice: &ldquo;toda obra de arte comparada con una iglesia rom&aacute;nica de estilo puro es ligeramente vulgar&rdquo;.</p>
<p>- Adem&aacute;s, en Segovia, cerca de la iglesia de la Vera Cruz, se gest&oacute; el <em>C&aacute;ntico espiritual</em> de San Juan de la Cruz.</p>
<p>- Para m&iacute; es el m&aacute;s grande poeta de Occidente, junto con Dante.</p>
<p>- Aunque el equipaje de Maqrollo sea ligero y s&oacute;lo puede llevar contados libros. &iquest;Lleva o llevar&aacute; en alg&uacute;n momento alg&uacute;n texto en castellano?</p>
<p>- No. Los textos en castellano me encargo de llevarlos yo. Entre sus textos no hay ninguno en castellano para no darle la menor connotaci&oacute;n como personaje hisp&aacute;nico. Porque no es del mundo espa&ntilde;ol, ni sudamericano.</p>
<p>- Evidentemente tiene un af&aacute;n de universalidad. El hecho de que, con 17 a&ntilde;os, pensara en buscarle un nombre que no tuviera ninguna referencia, ya dice mucho. Ese personaje ha estado con usted mucho tiempo.</p>
<p>- Eso est&aacute; bien visto. S&iacute;. Carece de papeles porque el pasaporte chipriota con el que anda es tan falso que no lo puede ni mostrar.</p>
<p>- &iquest;Encuentra diferencias notables entre la literatura espa&ntilde;ola actual y las diversas literaturas de Latinoam&eacute;rica?</p>
<p>- S&iacute; encuentro diferencias, pero lo que me interesa m&aacute;s y lo que quisiera subrayar es que las literaturas lationoamericanas tendr&aacute;n siempre -con la diversidad que crea el paisaje y las condiciones especiales, sociales y de todo tipo que hay all&iacute;- origen espa&ntilde;ol y hay una conexi&oacute;n, un encadenamiento a la tradici&oacute;n literaria espa&ntilde;ola.</p>
<p>- &iquest;Qu&eacute; poetas espa&ntilde;oles de este siglo admira m&aacute;s?</p>
<p>- A mi juicio, el m&aacute;s grande poeta de este siglo es D. Antonio Machado. Alguien a quien me permito, con humildad, considerar como un amigo personal. Yo no viajo sin un libro de D. Antonio. Que alguien en Espa&ntilde;a, hoy en d&iacute;a, no vea exactamente esa mezcla de lucidez maravillosa, de transparencia prodigiosa del idioma, de eficacia, que significa Machado, me parece grave.</p>
<p>- &iquest;Desconf&iacute;a de la palabra intelectual?</p>
<p>- No. No desconf&iacute;o. La detesto. &Eacute;se es un invento, como muchos de los inventos del siglo XVIII, absolutamente macabro. El otro invento aterrador es el de la democracia. Son estas palabras como libertad, como democracia, como tantas otras, de las cuales se ha hecho un uso tan siniestro, tan tartufo, y se seguir&aacute; haciendo. Siempre lo he querido aclarar. Yho no soy un intelectual. No soy un hombre de ideas. Jam&aacute;s he expuesto mis ideas a trav&eacute;s de un instrumento p&uacute;blico o partido pol&iacute;tico, jam&aacute;s me he vinculado con nada que tenga que ver con esa especie de situaci&oacute;n marginal y pontificia de alguien que piensa as&iacute;. Lo &uacute;ltimo, lo que jam&aacute;s podr&iacute;a decir de Michel de Montaigne es que era un intelectual. Nunca. Era un hombre.</p>
<p>- Pero Machado, sin embargo, escribe un verso que dice &ldquo;si mi pluma valiera tu pistola&rdquo;, dedicado al general Lister durante la guerra civil espa&ntilde;ola.</p>
<p>- Tampoco era un intelectual. Tan poco lo era que invent&oacute; a Juan de Mairena para ver si &eacute;ste pod&iacute;a serlo y no lo es. En el momento en que Machado escribe ese verso yo estoy con Machado. Lo terrible es el intelectual que se yergue y dice &ldquo;la soluci&oacute;n a ese problema es &eacute;sta&rdquo;.</p>
<p>- &iquest;La experiencia de Lecumberri signific&oacute; para usted ver el rostro de la muerte?</p>
<p>- En aquella prisi&oacute;n la vi de cerca. La familiaridad con la muerte me vino desde muy joven. No es dif&iacute;cil en un pa&iacute;s como Colombia tener esa experiencia. Adem&aacute;s, la lectura de4 los m&iacute;sticos espa&ntilde;oles y de la literatura espa&ntilde;ola, que es finalmente la aventura entra&ntilde;able en la que yo me identifico, siempre tiene presente a la muerte. Ah&iacute; est&aacute; Quevedo. Lecumberri m&aacute;s que la muerte misma, me dio la noci&oacute;n del peligro. El peligro tiene un elemento que es siniestro. Es el miedo, el miedo esencial, que es una reacci&oacute;n casi miserable. Los hombres acabaremos sabiendo todo. Yo creo que no sabemos nada. Es el orgullo de este mundo siniestro de supermercado y de gula en el que vivimos. De lo &uacute;nico que no se sabe nada hasta ahora y nadie nos ha dicho nada es sobre la muerte.</p>
<p>- En la Edad Media era el gran igualador.</p>
<p>- La Edad Media fue una &eacute;poca sabia. Ah&iacute; tendr&iacute;amos que habernos detenido todos. Esa idea, que viene del racionalismo del siglo XVIII de la oscura Edad Media, es una imbecilidad gigantesca. Una edad en la que se tuvo la idea de una comunidad europea aut&eacute;ntica, en la que Federico II, el emperador romano-germ&aacute;nico, hablaba &aacute;rabe sin acento. Por ah&iacute; tendr&iacute;amos oque comenzar, olvidando nuestra vieja sordera con el Islam. Yo soy cristiano, pero cuando digo yo soy cristiano no supone que estoy en contra de... Se supone que estoy dispuesto a escuchar y la lecci&oacute;n que dio el Islam en Espa&ntilde;a de que se dijera la misa en moz&aacute;rabe en Toledo, habr&iacute;a que tenerla en cuenta y no confundir todas las cosas.</p>
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      <pubDate>Mon, 23 Sep 2013 11:28:57 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Unas palabras para Joseph Roth]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/unas-palabras-para-joseph-roth/</link>
      <description><![CDATA[<p><img style="float: right; margin: 30px 200px 0 0;" title="Poeta Juan Luis Panero" src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/poeta-Juan-Luis-Panero.jpg" alt="Poeta Juan Luis Panero" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Le agradezco Herr Roth este viaje,</p>
<p>sin usted no habr&iacute;a sido posible</p>
<p>o tal vez algo in&uacute;til, postales de colores.</p>
<p>Juntos, vimos la primera luz sobre el Danubio,</p>
<p>el amanecer en los muros de Melk.</p>
<p>Despu&eacute;s en Viena, qu&eacute; necesaria su presencia,</p>
<p>su gu&iacute;a cuidadosa: museos y palacios,</p>
<p>luz de los lienzos y encapotados muros,</p>
<p>tabernas y caf&eacute;s, la tarta suntuosa</p>
<p>y el alcohol que redime.</p>
<p>Tantas sombras de sombras, a&ntilde;os y desenga&ntilde;os</p>
<p>repetidos como una terca melod&iacute;a</p>
<p>de apresuradas polkas, valses delirantes.</p>
<p>&ldquo;Sobre las copas que alegres apur&aacute;bamos</p>
<p>la invisible muerte cruzaba ya sus manos&rdquo;</p>
<p>Si, querido Herr Roth, un hermoso recuerdo,</p>
<p>una peque&ntilde;a resurrecci&oacute;n amable</p>
<p>que ambos, inesperadamente, compartimos.</p>
<p>Luego, usted volvi&oacute; a suicidarse,</p>
<p>borracho como de costumbre</p>
<p>-ya conoce el truco, el lugar y la fecha-.</p>
<p>Pero eso poco importa, s&oacute;lo quiero decirle,</p>
<p>otra vez, muchas gracias por todo;</p>
<p>por haber iluminado el oto&ntilde;o de Viena,</p>
<p>por el cuadro de Vermeer que tanto disfrutamos,</p>
<p>por los vasos rozados y el helado cristal,</p>
<p>por la extra&ntilde;a canci&oacute;n que esos d&iacute;as repiten:</p>
<p>&iquest;Qui&eacute;n es el que habla ahora,</p>
<p>qu&eacute; tiempo compartimos,</p>
<p>d&oacute;nde empiezan las sombras,</p>
<p>d&oacute;nde la luz del d&iacute;a,</p>
<p>o es todo un sue&ntilde;o eterno,</p>
<p>un reflejo en la nada,</p>
<p>donde muertos y vivos</p>
<p>s&oacute;lo somos un rostro,</p>
<p>unos ojos abiertos</p>
<p>contemplando el abismo?</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 19 Sep 2013 08:56:19 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Historia del restaurante chino ciudad feliz]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/historia-del-restaurante-chino-ciudad-feliz/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/ELVIRA_NAVARRO.jpg" alt="" /></p>
<p align="center">Cap&iacute;tulo 1</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Despu&eacute;s de cenar Chi Ho habl&oacute; largamente con la vieja en la cocina mientras Chi Uei les espiaba desde el jard&iacute;n. Chi Ho le entreg&oacute; un sobre a la t&iacute;a y Chi Uei sinti&oacute; un escalofr&iacute;o similar al de la pesadilla que le acomet&iacute;a con frecuencia; mezcla de tifones, hojas con cuentas y u&ntilde;as largas y rugosas clav&aacute;ndose con sa&ntilde;a en la piel de alguien que parec&iacute;a ser su madre. De aquel sue&ntilde;o se despertaba siempre mirando hacia la puerta: una sombra agazapada en la penumbra del corredor, cuyas paredes estaban empapeladas y ol&iacute;an a refrito, estaba a punto de entrar. Su t&iacute;a Li cont&oacute; los billetes&nbsp; y los meti&oacute; en un bote,&nbsp; y Chi Ho sali&oacute; de la cocina. De los matorrales ascend&iacute;a un coro de grillos, mon&oacute;tono y preciso,&nbsp; ahogando el ronroneo del tr&aacute;fico y el trasiego de voces vecinales disparadas desde las ventanas abiertas. El bochorno de la atm&oacute;sfera estival rezumaba el olor entre dulce y &aacute;cido de los n&iacute;speros, y a Chi Uei le gustaba pararse debajo del &aacute;rbol aspirando la extra&ntilde;eza de la noche, si bien ahora no estaba atento de su muda vibraci&oacute;n. Se hab&iacute;a quedado suspendido del dinero que la t&iacute;a acababa de contar; de la vieja y de Chi Ho reunidos en la cocina como si asistieran a un concili&aacute;bulo.</p>
<p>Aquella ma&ntilde;ana la t&iacute;a, que siempre le hab&iacute;a cortado el pelo en casa con una maquinilla, lo hab&iacute;a llevado por primera en su vida a la peluquer&iacute;a. El camino se le hizo eterno y excitante, a pesar de que la zona norte de X., al pie de la monta&ntilde;a, estaba casi vac&iacute;a. El cielo luc&iacute;a gris, y al cabo de la cuesta interminable, a lo lejos, se levantaba imponente la monta&ntilde;a, de un intenso verde oscuro, que Chi Uei miraba todos los d&iacute;as cuando cruzaba la calle para ir a la escuela. La sensaci&oacute;n de estar caminando hacia ella fue por un momento tan fascinante que sinti&oacute; que se ahogaba. Tirando de la mano de la t&iacute;a, mientras se&ntilde;alaba a lo lejos, dijo:</p>
<p>- &iquest;Vamos a ir a all&iacute;?</p>
<p>- No &ndash;respondi&oacute; la t&iacute;a-. Ya te he dicho que vamos a la peluquer&iacute;a.</p>
<p>Pero Chi Uei le parec&iacute;a imposible no alcanzar aquella maravilla que se alzaba sobre ellos; casi pod&iacute;a tocarla ya con las manos, y aventur&oacute; que si la peluquer&iacute;a no estaba all&iacute;, en la monta&ntilde;a.</p>
<p>La peluquer&iacute;a era un peque&ntilde;o establecimiento atendido por un se&ntilde;or de mediana edad, vestido con una bata blanca salpicada de pelos, que le sent&oacute; en una silla de escay azul frente a una pared de espejo y le hizo esperar quince minutos. La tijera le provoc&oacute; escalofr&iacute;os en la nuca, y cuando termin&oacute; quiso reclamar los mechones negros esparcidos sobre la losa, que el peluquero barr&iacute;a con una escoba. Todo el camino de vuelta se lo pas&oacute; mirando hacia atr&aacute;s, interrumpiendo continuamente el paso &aacute;gil de la vieja, que le espetaba: &ldquo;&iexcl;Vamos!&rdquo;, y con una sensaci&oacute;n insoportable de p&eacute;rdida e impotencia, pues ya&nbsp; nunca podr&iacute;a subir a la monta&ntilde;a. No conceb&iacute;a irse para siempre de all&iacute; sin haber satisfecho aquel deseo, que en ese momento le pareci&oacute; la realizaci&oacute;n definitiva de su corta vida. Cabizbajo, se dedic&oacute; a levantar la tierra de los arriates del patio, cuyo declive evitaba las inundaciones del monz&oacute;n.&nbsp; Los arriates, debido a las frecuentes lluvias, estaba siempre h&uacute;medos, y a veces Chi Uei se entreten&iacute;a haciendo bolitas de tierra que luego dejaba secar al sol. Pero esta vez no hac&iacute;a bolitas; tan s&oacute;lo escarbaba con un palo mientras pensaba en la monta&ntilde;a que jam&aacute;s volver&iacute;a a ver, y que de repente era m&aacute;s importante que la vieja y el orden diminuto y est&aacute;tico de los d&iacute;as que lo hab&iacute;an hecho feliz sin saberlo, porque todav&iacute;a no ten&iacute;a noci&oacute;n de lo que era la felicidad. La monta&ntilde;a se erig&iacute;a como s&iacute;mbolo de lo que deseaba y jam&aacute;s har&iacute;a.&nbsp; Cuando la vieja se percat&oacute; de sus pantalones perdidos de tierra a punto estuvo de pegarle una paliza, pero se contuvo. La amenaza que se cerni&oacute; sobre &eacute;l durante aquellos breves instantes hizo que se olvidara de la monta&ntilde;a. Comi&oacute; en calzoncillos, silencioso y contrito, y despu&eacute;s la t&iacute;a lo meti&oacute; en la ba&ntilde;era. Repeinado y con ropa limpia,&nbsp; esper&oacute; sentado en una silla del patio, muy quieto, atento a las sombras del otro lado de la puerta, que luc&iacute;a grietas portentosas, a trav&eacute;s de las cuales, y hasta hac&iacute;a medio a&ntilde;o, Chi Uei se hab&iacute;a dedicado a espiar a su vecino, el viejo se&ntilde;or Chu Li. El se&ntilde;or Chu Li ten&iacute;a una casa m&aacute;s grande que la de la vieja, a la que se acced&iacute;a por un patio separado de la calle por un muro bajo con rejas. En mitad del patio el t&iacute;o Chu Li, que era como lo llamaba Chi Uei, ten&iacute;a una inmensa jaula con gallinas. Hac&iacute;a ya medio a&ntilde;o que el t&iacute;o hab&iacute;a muerto, y su casa hab&iacute;a sido demolida. Un edificio tan gris como los que se constru&iacute;an en esa calle y en las adyacentes y m&aacute;s lejos a&uacute;n; por toda la ciudad edificios grises, iba a ser levantado en el solar, todav&iacute;a lleno de escombros.</p>
<p>- &iquest;Puedo jugar ya? &ndash;pregunt&oacute; Chi Uei.</p>
<p>- No. Tu padre tiene que estar a punto de llegar&nbsp; &ndash;respondi&oacute; la vieja.</p>
<p>Pero su padre no llegaba, y para que no se pusiera nervioso y empezara a dar la lata,&nbsp; la t&iacute;a le dej&oacute; ver los dibujos animados. En unos&nbsp; cuantos minutos Chi Uei se hab&iacute;a olvidado tambi&eacute;n de la espera, sumergi&eacute;ndose con una sensaci&oacute;n de absoluta paz en los movimientos de los mu&ntilde;ecos en la pantalla.</p>
<p>&nbsp;&nbsp; A las cuatro de la tarde sonaron tres golpes. La vieja se hab&iacute;a quedado dormida en el sof&aacute;, frente al televisor, y Chi Uei se desliz&oacute; silenciosamente del sill&oacute;n y sali&oacute; al patio. Los cristales le devolvieron una imagen borrosa de la vieja en el sof&aacute;, y&nbsp; convencido de que no iba a despertarse ni con cien golpes m&aacute;s, se sent&oacute; tranquilamente en el suelo, muy cerca de la puerta. A trav&eacute;s de una rendija observ&oacute; los pantalones de pa&ntilde;o azul marino y la camisa blanca, algo deslucida, del hombre que, se supon&iacute;a, era su padre. No ten&iacute;a sensaci&oacute;n alguna de estar ante un padre. Se qued&oacute; muy quieto; volvieron a caer m&aacute;s golpes, cinco esta vez, sordos e impacientes, y luego aquel extra&ntilde;o mir&oacute; por la cerradura. Chi Uei pudo seguir el movimiento de su ojo, que enfocaba la casa y le pasaba por alto. No fue capaz de permanecer en el suelo; de un salto se puso en pie y ech&oacute; a correr, mientras el hombre de la calle pronunciaba su nombre con una energ&iacute;a que le result&oacute; odiosa.&nbsp; Pas&oacute; como un rayo junto a la vieja, despert&aacute;ndola, y se encerr&oacute; en su habitaci&oacute;n. Todav&iacute;a pod&iacute;a escuchar, lejanos, los gritos del hombre de la calle, que disparaba alternativamente su nombre y el de la vieja, con autoridad, y tambi&eacute;n con cierta alegr&iacute;a. &ldquo;&iexcl;Ya va!&rdquo;, dec&iacute;a la vieja. No escuch&oacute; nada de la conversaci&oacute;n que Chi Ho y la t&iacute;a mantuvieron en el sal&oacute;n, ocupado como estaba en esconderse en alg&uacute;n sitio. Lo que s&iacute; oy&oacute; fue: &ldquo;Chi Uei ha salido corriendo&rdquo;, y luego el sonido de la puerta al abrirse. Se hizo el dormido sobre la cama.</p>
<p>- &iquest;No quieres saludar a tu padre, ni&ntilde;o tonto? &ndash; le dijo la vieja. Chi Uei se puso en pie, y sin responder, con la vista clavada en el suelo, se acerc&oacute;. Mir&oacute; el cuello delgado y el rostro macilento, parecido al de las fotograf&iacute;as, y por ello mismo profundamente extra&ntilde;o, turbador. Chi Ho se acuclill&oacute;; estaba muy delgado y le ol&iacute;a mal el aliento.</p>
<p>- Se ha enfadado porque no ha venido su madre &ndash;se disculp&oacute; la vieja. Estaba apoyada en la c&oacute;moda.&nbsp; Chi Ho lo observ&oacute; durante largos minutos; le ten&iacute;a agarrado del brazo, con fuerza, como si temiera una estampida. Trat&oacute; de soltarse y su padre le dijo:</p>
<p>- &iquest;Te has acordado de m&iacute;?</p>
<p>Su voz era parecida a la del tel&eacute;fono.</p>
<p>- Claro que se ha acordado &ndash;solt&oacute; la vieja.- &iquest;O no has estado todo el tiempo preguntando por tu padre y tu madre?</p>
<p>Chi Uei se encogi&oacute; de hombros.</p>
<p>Despu&eacute;s de que Chi Ho se lavara, cenaron. La t&iacute;a hab&iacute;a preparado una barbaridad de comida, y estuvo todo el tiempo levant&aacute;ndose para traer los platos, que se fueron sucediendo sin tregua en la mesa: la bandeja con carne y verduras fr&iacute;as, los salteados, los mariscos, los bocadillos dulces y la sopa con los tazones de arroz. Ella y Chi Ho com&iacute;an directamente de las bandejas y los platillos, mientras que Chi Uei lo hac&iacute;a en su taz&oacute;n, esperando cada vez que lo terminaba que la vieja le pusiera m&aacute;s. Su padre le invitaba todo el tiempo a pescar de un caldero que herv&iacute;a sobre una hornilla port&aacute;til los mariscos m&aacute;s grandes, pero Chi Uei, a pesar de que le resultara atractivo ponerse a cazar bichos en la olla, se negaba a participar de aquel falso y raro bullicio familiar, en el que de repente la t&iacute;a parec&iacute;a estar al lado de ese ser extra&ntilde;o, tan delgado y con el pelo, al igual que &eacute;l, formado un champi&ntilde;&oacute;n grasiento alrededor del rostro demacrado. Su padre hab&iacute;a empezado a hablar del restaurante, con cierta lentitud, qued&aacute;ndose a veces bloqueado cuando la t&iacute;a le preguntaba algo. A&uacute;n as&iacute;, conforme avanzaba, transmit&iacute;a una sensaci&oacute;n de enorme exhaustividad, como si no quisiera dejarse atr&aacute;s un solo detalle, o como si huyera de las preguntas de la t&iacute;a describiendo m&aacute;s y m&aacute;s. Las tarjas de lavado, los fogones, la campana de extracci&oacute;n de humos, la plancha, el horno, las freidoras, la c&aacute;mara de congelaci&oacute;n, las vitrinas, los refrigeradores, las repisas, la cafetera, la vajilla, los cubiertos, la licuadora, la manteler&iacute;a, las sillas, las mesas, las l&aacute;mparas, las sartenes y las ollas, la decoraci&oacute;n, las paredes cubiertas de falsa madera para atenuar el ruido, el luminoso de la entrada, la comida. Todo fue descrito con una minuciosidad que daba v&eacute;rtigo. Tambi&eacute;n habl&oacute; de c&oacute;mo se repart&iacute;an el trabajo, de las horas a las que abr&iacute;an, de que ten&iacute;an muchos clientes habituales porque la comida era barata, de que hab&iacute;a turistas. Chi Uei lo miraba como si&nbsp; hablara en una lengua extranjera. Absorb&iacute;a el rostro de su padre, seco, anguloso, con las aletas de la nariz vibrantes, y gracias a que nuevos bocados llegaban raudos a su taz&oacute;n su mudo acecho no traspasaba el umbral de la estupidez. De vez en cuando su padre se refer&iacute;a a &eacute;l para hacerle comentarios intrascendentes como: &ldquo;Est&aacute; bueno el pepino, &iquest;eh?&rdquo;. Para Chi Ho no parec&iacute;a haber transcurrido demasiado tiempo, tal y como demostraba aquella sencillez con la que le hablaba, en la que no hab&iacute;a gran cosa que decir no porque &eacute;l llevara cuatro a&ntilde;os en casa de la vieja y se comunicaran s&oacute;lo de tanto en tanto por tel&eacute;fono, sino porque aun habiendo vivido juntos, las preguntas habr&iacute;an sido exactamente las mismas. Lo &uacute;nico que llamaba la atenci&oacute;n de su padre era su estatura, y le dijo, cuando la t&iacute;a se levant&oacute; a por la sopa: &ldquo;Ponte de pie para que vea otra vez lo que has crecido&rdquo;. Chi Uei obedeci&oacute;. Alrededor de su boca, sonriente, hab&iacute;a restos de aceite. &ldquo;Ya puedes sentarte&rdquo;, y Chi Uei se sent&oacute;, mientras la vieja repart&iacute;a los tazones con el l&iacute;quido caliente.&nbsp; Chi Ho se hab&iacute;a puesto rojo, chorreaba sudor y le faltaba el aliento. &ldquo;Es el asma&rdquo;, dijo. Tras sorber sonoramente la sopa, se qued&oacute; dormido durante unos cuantos minutos en la silla, respirando de la misma forma entrecortada, hist&eacute;rica, y la t&iacute;a coment&oacute; que ten&iacute;a que estar muy cansado para dormirse en mitad de aquel ahogo. Chi Ho se despert&oacute; de golpe, y fue entonces cuando se levant&oacute; y sac&oacute; de una mochila el sobre que Chi Uei, desde el patio, vio entregar a la t&iacute;a, y que conten&iacute;a un voluminoso fajo de billetes. Luego, alegando no haber dormido nada en veintid&oacute;s horas, se acost&oacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Fragmento de la novela en curso <em>Historia del restaurante chino Ciudad Feliz </em>&ndash;t&iacute;tulo provisional-).</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 06 Sep 2013 07:09:12 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Guy Goffette o el elogio de la vida]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/guy-goffette-o-el-elogio-de-la-vida/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/GUY_GOFFETE.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La generaci&oacute;n po&eacute;tica de la Expo en B&eacute;lgica, cuya obra se rebela al p&uacute;blico con el tratado de Maestrich es de una extrema riqueza, con individualidades muy diversas, poetas con las inclinaciones de las generaciones precedentes o fuertes solitarios. La mundializaci&oacute;n, la apertura prosaica, otros asimilan movimientos textuales&nbsp; franceses en las revistas <em>Nioque</em> o <em>Java</em> o siguen el movimiento comenzado por dos generaciones anteriores: el fin de los caminos estrictos, de la regulaci&oacute;n de las est&eacute;ticas, el fin de las separaciones entre prosa y poes&iacute;a, el mantenimiento del lado revuelta y &aacute;cido de la escritura en una producci&oacute;n intensa de editoriales y revistas marginales, por ejemplo, Le Fram o Source.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Guy Goffette (Jamoigne, B&eacute;lgica, 1947) es sin duda el poeta de esta generaci&oacute;n m&aacute;s famoso internacionalmente y el m&aacute;s premiado en B&eacute;lgica y Francia. De su prol&iacute;fera obra que contiene no s&oacute;lo poemarios sino novelas,&nbsp; libros de ensayos, libros de artista y una gran labor como cr&iacute;tico literario y compilador de ediciones antol&oacute;gicas de otros autores, podemos comentar los dos libros fundamentales que lo han catapultado a la fama, editados incluso juntos en Gallimard: <em>Elogio de una cocina de provincia</em> y el que pronto aparecer&aacute; en edici&oacute;n biling&uuml;e en la colecci&oacute;n de poes&iacute;a internacional de la editorial E.D.A. Libros: <em>La vida prometida</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con el libro <em>Elogio de una cocina de provincia</em> Goffette alcanz&oacute; el reconocimiento de excelente poeta al serle asignado a su manuscrito antes de ser editado, en 1988 con el Premio Trienal de Poes&iacute;a del Consejo de la Comunidad Francesa de B&eacute;lgica. Un jurado muy diverso salud&oacute; una de estas obras importantes que marcan no s&oacute;lo la madurez de un autor, sino que revelan tambi&eacute;n, al mismo tiempo que ellas impulsan la orientaci&oacute;n po&eacute;tica de toda una generaci&oacute;n. La cocina de provincia, en un pa&iacute;s apartado es el barco de sue&ntilde;os de Goffette. Estos sue&ntilde;os como los versos mismos se ampl&iacute;an en su estructura respecto a otros anteriores, en cada una de las partes y en todo el conjunto del libro. La variedad de los textos en las ciento setenta p&aacute;ginas es enorme: alternan textos amplios, zarpazos de escritura, bloques de prosa, poemas sutilmente rimados, textos narrativos, momentos de contemplaci&oacute;n. Adem&aacute;s Goffette no duda en cruzar sus poemas con los de los grandes poetas que &eacute;l admira, practicando lo que &eacute;l llama la &laquo;dilectura&raquo;, una especie de homenaje siempre din&aacute;mico a la obra de Saba, de Frenaud, de Dickinson y de otros muchos. El libro es tambi&eacute;n por eso la prolongaci&oacute;n de numerosas lecturas y hace de la aprehensi&oacute;n de la realidad misma un ejercicio de desciframiento en el que se cruzan las observaciones y los sue&ntilde;os, los sucesos y los mitos. La amplitud de este trabajo po&eacute;tico no excluye la coherencia de la visi&oacute;n del mundo que se prepara en esa cocina de la aventura del lenguaje. Ella es de hecho una biblioteca de todos los caminos le&iacute;dos y los abiertos por el autor. Y de ellos el camino real lleva a <em>La vida prometida</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El libro coronado con el Premio Henri Mondor de la Academia Francesa, es en declaraci&oacute;n de Goffette un libro que hace balance, un libro de la madurez, cuando la ilusi&oacute;n deja lugar a la conciencia de haber fracasado en esto o lo otro. &iquest;Qu&eacute; queda de esta &ldquo;vida&rdquo; que la infancia hab&iacute;a o&iacute;do cantar como una promesa? Ella se ha desvanecido mucho. El tiempo la ha cepillado. Pero la poes&iacute;a y su evoluci&oacute;n reciente en el sentido de una vuelta hacia la oralidad acuden todav&iacute;a a cantar esa promesa.&nbsp; Goffette sabe bien que el coraz&oacute;n crea el aburrimiento y que el silencio de una tumba dura mucho tiempo; conoce hoy la verdadera miseria de los hombres: el lenguaje desprovisto de los m&aacute;s altos valores, el hundimiento del z&oacute;calo en el que se pod&iacute;a construir un mundo, el triste miedo de cantar&hellip; Todo eso que dispersa el sentido, dispersa a los poetas. Pero la estaci&oacute;n es incierta. El claro viene a veces a dispersar las nubes: &laquo;el amor permanece / muy por encima / como un bello rel&aacute;mpago que dura&raquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Guy Goffette escribe hoy m&aacute;s aplicadamente: le es necesario extirpar su poema &laquo;a los estragos del amor y de la usura.&raquo; Lucidamente: su obra erige decorados precisos. Generosamente: su libro tiende la mano al lector y lo lleva por los meandros de una alegr&iacute;a fr&aacute;gil, conquistada por la atenci&oacute;n que &eacute;l concentra en lo min&uacute;sculo cotidiano. Despu&eacute;s de todo en un mundo arrastrado por las ciencias y la informaci&oacute;n a proporciones irrisorias, es mejor recorrer su casa, sus libros, sus sentimientos. Dando prueba de modestia, Goffette reanuda con la presciencia de una armon&iacute;a posible en el asombro de vivir, el&nbsp; estupor de amar y el placer de leer. Este rigor le lleva a recoger la poes&iacute;a cuando ella pasa y abrevarla en el lenguaje com&uacute;n. Ella es ya de por s&iacute; extraordinaria. Se acompa&ntilde;a de un esfuerzo arquitect&oacute;nico que pone un punto de atenci&oacute;n a nuestra admiraci&oacute;n. La orquestaci&oacute;n de la obra lleva a cabo en efecto un paciente trabajo de reconciliaci&oacute;n con la vida. Cada poema es un instante de dicha &ndash; de dicha triste, a menudo, pero esto no es incompatible &ndash; y estas oleadas se responden dentro del libro y de libro en libro, como para trazar entre cielo y tierra el esbozo de una vida posible, de una vida simplemente respirable.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tres a&ntilde;os despu&eacute;s del estupendo <em>Elogio de una cocina de provincia</em>, Guy Goffette mantiene la palabra y se pod&iacute;an marcar con un l&aacute;piz muchos poemas que elevan la fruici&oacute;n de lo cotidiano&nbsp; en el que el poeta encuentra tinta y luz. Ese tono, siempre sobre la cuerda de un lenguaje ordinario, permanece atento a lo que sube del paisaje.&nbsp; V&eacute;ase por ejemplo el poema &laquo;Marte en el establo&raquo; y la palabra de los animales: &laquo;Como un r&iacute;o demasiado tiempo / detenido, empujaremos delante de nosotros / las colinas testarudas y con la ebriedad en las sienes, / habiendo bebido, gritado a los cuatro vientos, // miraremos a los hombres directamente en los ojos.&raquo; Todo se vuelve harina en este molino: - el entierro de los p&aacute;jaros por un ni&ntilde;o emocionado: &laquo;saber / que hay tantas palabras, tantas palabras / y quedarse sin voz cuando todos los otros r&iacute;en&raquo; - o hasta la balada en bicicleta que lamenta al poeta &laquo; de haberse quedado horas sentado en vano / contemplando su hoja&raquo; en vez de la realidad. Goffette no es un poeta de papel. Los libros de su biblioteca le acompa&ntilde;an siempre, sin duda, como ciertos pintores, ciertos mayores por los que siente afecto. Pero esas dilecturas, como &eacute;l las llama, no glosan apenas m&aacute;s de lo que parafrasean. Ellas testimonian de esta verdad muy simple: en la vida de un lector, los libros queridos son los sucesos, los acontecimientos privilegiados. Los poemas abren el alma, dan espacio y aliento, permiten crear. Esa es la lecci&oacute;n de Goffette. Su vecindad con la cultura no difiere en nada de la fraternidad que su ascesis de vig&iacute;a descubre en los simples hechos de la vida cotidiana. En ellos reluce a&uacute;n <em>La vida prometida</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2 align="center">LA VIDA PROMETIDA</h2>
<h4>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</h4>
<h4 align="center">GUY GOFFETTE</h4>
<h2><strong><em>&nbsp;</em></strong></h2>
<h2>UN POCO DE ORO EN EL FANGO</h2>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Yo me dec&iacute;a tambi&eacute;n: vivir es otra cosa</p>
<p>que este olvido del tiempo que pasa y los estragos</p>
<p>del amor y del desgaste &ndash; lo que hacemos</p>
<p>de la ma&ntilde;ana a la noche: hender el mar,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>hender el cielo, la tierra, a veces p&aacute;jaro,</p>
<p>pez, topo, en fin: jugando a agitar el aire,</p>
<p>el agua, los frutos, el polvo; actuando como,</p>
<p>ardiendo por, yendo hacia, &iquest;recogiendo</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>qu&eacute;? el gusano en la manzana, el viento en los trigos</p>
<p>pues todo recae siempre, pues todo</p>
<p>recomienza y nada es nunca igual</p>
<p>a lo que fue, ni peor ni mejor,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>que no cesa de repetir: vivir es otra cosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong></p>
<p>Se dice: el sol despu&eacute;s de la lluvia, el mar</p>
<p>despu&eacute;s de la monta&ntilde;a, el amor despu&eacute;s</p>
<p>y partir, partir. Ma&ntilde;ana cuando todo ser&aacute;,</p>
<p>cuando todo habr&aacute;, cuando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Promesas de muertos si vivir es m&aacute;s</p>
<p>que aguardar, que esperar. Cenizas arrojadas</p>
<p>sobre el fuego que rezonga un poco y despu&eacute;s se calla</p>
<p>sin consuelo: la noche</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>cae, se alza el alba, un verano ha pasado.</p>
<p>Ya, dice el humo del caser&iacute;o</p>
<p>mientras los animales sin c&oacute;lera siguen</p>
<p>acumulando el oro del tiempo, el oro</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>de nuestros ojos &aacute;vidos, tan pronto cerrados<strong>.</strong></p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <br /></strong></p>
<p>NUBES</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p>Decir, desdecir, amores, malentendidos,&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>y d&iacute;a y noche, el uno en la otra,</p>
<p>el blanco valiendo el negro y todas</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-- hilo blanco perdido en el bosque,</p>
<p>r&iacute;o lleno de gestos y de llamadas,</p>
<p>charca de patos astrosos &ndash; todas</p>
<p>terminan en el puro oc&eacute;ano</p>
<p>y ninguna reivindica: yo, yo,</p>
<p>yo, como aqu&iacute;, ninguna</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>que busque construir para s&iacute; sola</p>
<p>una barca perenne, un nombre</p>
<p>contra el tiempo y grabado</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>en la piedra, ninguna</p>
<p>porque de ellas es el cielo, al que desenredan</p>
<p>y remueven, las nubes.</p>
<p><strong><em>&nbsp;</em></strong></p>
<p><strong><em><br /></em></strong></p>
<p><strong>LA PRENSA DEL TIEMPO</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Mientras en la escuela reci&eacute;n pintada</strong></p>
<p><strong>el maestro permanece atento a los m&aacute;rgenes limpios,</strong></p>
<p><strong>a la correcci&oacute;n de las letras (trazan, dice,</strong></p>
<p><strong>el porvenir sin un paso en falso), un r&iacute;o distra&iacute;do</strong></p>
<p><strong>se ha salido de su lecho, un tirano se ha levantado</strong></p>
<p><strong>hirsuto, o es la sombra de una nube</strong></p>
<p><strong>que cambia de repente la escritura del mundo</strong></p>
<p><strong>y el ni&ntilde;o que so&ntilde;aba en la complicidad</strong></p>
<p><strong>polvorienta de los libros ya no encuentra </strong></p>
<p><strong>el camino trazado donde se lee la vida como</strong></p>
<p><strong>las rayas de la mano. Entonces se hunde </strong></p>
<p><strong>en la prensa del tiempo como estas palabras </strong></p>
<p><strong>que lo han llevado ya se borran.</strong></p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &gt;&gt;&gt;&gt;&lt;&gt;&gt;&gt;&gt;</strong></p>
<p><strong>EX-LIBRIS</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Esto se calla tan fuerte que uno se detiene:</strong></p>
<p><strong>algunas briznas de tabaco, la flor ennegrecida</strong></p>
<p><strong>de una amapola y entre los cercos del caf&eacute;,</strong></p>
<p><strong>l&aacute;grimas. Detr&aacute;s del vidrio de las palabras</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>est&aacute; sentado un hombre que no puede m&aacute;s,</strong></p>
<p><strong>que ha quemado sus ojos, su nombre, perdido </strong></p>
<p><strong>todos sus bienes. Poco le importa</strong></p>
<p><strong>que un r&iacute;o contin&uacute;e entre los&nbsp; m&aacute;rgenes</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>del libro, si est&aacute; m&aacute;s solo que una pajuela </strong></p>
<p><strong>arrojada a la orilla a merced del viento,</strong></p>
<p><strong>cuando vivir es una y otra vez</strong></p>
<p><strong>morir a todo lo que reh&uacute;sa</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>el exilio, la desnudez, la noche.</strong></p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp; &gt;&gt;&gt;&gt;&gt;&lt;&gt;&gt;&gt;&gt;&gt;&gt;&gt;&gt;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>EN FEBRERO</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&Eacute;l tambi&eacute;n cre&iacute;a en su fuerza de tigre</strong></p>
<p><strong>y que la juventud es inmortal.</strong></p>
<p><strong>Sab&iacute;a de memoria el camino y el gusto</strong></p>
<p><strong>de la leche en el taz&oacute;n mellado,</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>pero que la sangre fuera amarga y fr&iacute;o el metal</strong></p>
<p><strong>en la&nbsp; tibieza del alba: no. Un repeluco </strong></p>
<p><strong>ha recorrido su pelo espeluznado, liberando</strong></p>
<p><strong>una brizna de hierba tan verde que he seguido</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>con los ojos su presto despegue, el tiempo</strong></p>
<p><strong>de un soplo, justo lo que necesita la muerte</strong></p>
<p><strong>para atravesar una vida de gato y lanzar</strong></p>
<p><strong>en un taz&oacute;n de leche agria,</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>un bonito d&iacute;a de sol, para siempre mellado.</strong></p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &lt;&lt;&lt;&lt;&gt;&gt;&gt;&gt;</strong></p>
<p><strong>EL BA&Ntilde;O APACIBLE&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<h5>Que le importan la hilera de corredores</h5>
<p><strong>sin salida y el cielo decr&eacute;pito y el encerado</strong></p>
<p><strong>sobre el que hace muecas un sol de diciembre:</strong></p>
<p><strong>ella es una ciega en medio de ancianos</strong></p>
<p><strong>que toma su ba&ntilde;o a la hora de la visita,</strong></p>
<p><strong>en el flujo de las palabras que vertimos</strong></p>
<p><strong>para hacer pasar el acre olor de enc&aacute;ustico</strong></p>
<p><strong>y de amores ajados. Ella, que en otra </strong></p>
<p><strong>historia prendi&oacute; fuego a las gavillas del verbo,</strong></p>
<p><strong>saborea sonriendo la tibieza de las palabras</strong></p>
<p><strong>que nos desvisten &ndash; y ya nos estremecemos </strong></p>
<p><strong>como si fuera preciso para alcanzarnos</strong></p>
<p><strong>sumergirse desnudos en la nieve.</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &gt;&gt;&gt;&gt;&lt;&gt;&gt;&gt;&gt;</strong></p>
<p><strong>BORGES</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Un d&iacute;a, la noche se asentar&aacute; sobre todas las cosas</strong></p>
<p><strong>y el bien y el mal podr&aacute;n mirarse </strong></p>
<p><strong>directo a los ojos porque los espejos habr&aacute;n dejado </strong></p>
<p><strong>de oponer el hombre a su vano reflejo. El tigre,</strong></p>
<p><strong>aun a la sombra de los barrotes, sabr&aacute; que la gloria </strong></p>
<p><strong>de los libros es nula; que al m&iacute;tico h&eacute;roe </strong></p>
<p><strong>de los cuentos populares le fue arrebatado </strong></p>
<p><strong>el oro inalterable y que ahora lastra su presa</strong></p>
<p><strong>friolera pero digna en el viento del combate.</strong></p>
<p><strong>Aquel que se cre&iacute;a ciego, t&iacute;mido, sin</strong></p>
<p><strong>valor, descendi&oacute; a los infiernos, espos&oacute;</strong></p>
<p><strong>a Beatriz y tendiendo su garganta a la vieja navaja</strong></p>
<p><strong>del tiempo, desafi&oacute; al otro, ese doble desconocido</strong></p>
<p><strong>tras la puerta, que hace sangrar las rosas.</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &gt;&gt;&gt;&gt;&gt;&lt;&lt;&lt;&lt;&lt;</strong></p>
<p><strong>A CAVAFY</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>Cu&aacute;nta impaciencia, &iquest;y para qu&eacute; si el ma&ntilde;ana</strong></p>
<p><strong>no es sino una barca sin vela ni remos,</strong></p>
<p><strong>un puente sobre el vac&iacute;o? Piensa en el anciano</strong></p>
<p><strong>de Alejandr&iacute;a, en sus tesoros ocultos</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>en un caj&oacute;n entre las llaves, un resto</strong></p>
<p><strong>de tabaco, el perfil gastado de un reyezuelo ca&iacute;do.</strong></p>
<p><strong>Bastaba un claxon&nbsp; en la calle,</strong></p>
<p><strong>un paso m&aacute;s vivo en la escalera</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>para despertar la habitaci&oacute;n, el cuerpo voluptuoso</strong></p>
<p><strong>del &aacute;ngel, la azotadora y fr&aacute;gil </strong></p>
<p><strong>belleza del amor y su voz en la oscuridad</strong></p>
<p><strong>como sal </strong></p>
<p><strong>arrojada al pasar sobre una llaga.</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &gt;&gt;&gt;&gt;&gt;&lt;&lt;&lt;&lt;&lt;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong><em>NADA M&Aacute;S QUE UN SOPLO</em></strong><strong><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </em></strong><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; *<em>(Salmo 38, vers&iacute;culo 6)</em></strong></p>
<h6>&nbsp;</h6>
<p><strong><em>S&iacute;, todo hombre de pie nos es m&aacute;s que un soplo,*</em></strong></p>
<p><strong>polvo en la garganta sus gritos, sus llantos,</strong></p>
<p><strong>sus cantos de amor y desamparo, arena</strong></p>
<p><strong>del deseo que se hunde: morir,</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>no morir, qu&eacute; importa despu&eacute;s de todo,</strong></p>
<p><strong>si el mar no es otra cosa que un suspiro</strong></p>
<p><strong>en el sue&ntilde;o del cielo que se abandona,</strong></p>
<p><strong>nuestros ojos la vela presa de v&eacute;rtigo</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>que cae r&aacute;pido sobre la barca de carne</strong></p>
<p><strong>&nbsp;&ndash; oh,&nbsp; fr&aacute;gil esquife en la niebla, sin otro fanal,</strong></p>
<p><strong>que la peque&ntilde;a voz que se balancea</strong></p>
<p><strong>detr&aacute;s de la nuca, repitiendo</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>el incansable &iquest;qui&eacute;n eres t&uacute;, qui&eacute;n eres t&uacute;, qui&eacute;n?</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </strong></p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 06 Sep 2013 07:01:51 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Primavera Estonia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/primavera-estonia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/CARLOS_VITALE.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>El cielo es de un azul inusitado</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; en esta primavera estonia</em>.</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">J&uuml;ri Talvet</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">1</p>
<p style="text-align: left;" align="center">&nbsp;</p>
<p>Demasiada superficie.</p>
<p>Paz de la llanura.</p>
<p>Rencor de los volcanes sepultados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">2</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Charcas, pantanos?</p>
<p>Agua que conoce su labor.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">3</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Apilas la le&ntilde;a.</p>
<p>A su calor conf&iacute;as</p>
<p>familia y hogar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="center">4</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tri&aacute;ngulo de aves.</p>
<p>Dos se desprenden, ligeras.</p>
<p>Coloquios privados,</p>
<p>vuelos privados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>5</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La floresta, eso s&iacute;, y los r&iacute;os,</p>
<p>que no falten los r&iacute;os,</p>
<p>las casitas de cuento,</p>
<p>la cig&uuml;e&ntilde;a en su nido,</p>
<p>y yo, sentado y en marcha.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 06 Sep 2013 06:57:44 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Aves de Albarracín]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/aves-de-albarracin/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/ALEJANDRO_RATIA.jpg" alt="" /></p>
<h2 style="text-align: center;">&nbsp;</h2>
<h2 style="text-align: center;">&nbsp;</h2>
<h2 style="text-align: center;">&nbsp;</h2>
<h2 style="text-align: center;">&nbsp;</h2>
<h2 style="text-align: center;">&nbsp;</h2>
<h2 style="text-align: left;">&nbsp;</h2>
<h2 style="text-align: left;">&nbsp;</h2>
<h2 style="text-align: left;">&nbsp;</h2>
<h2 style="text-align: left;">&nbsp;</h2>
<h2 style="text-align: left;">&nbsp;</h2>
<h3>Nota</h3>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las aves no s&oacute;lo son protagonistas de la Poes&iacute;a sino que son su imagen.</p>
<p>Albarrac&iacute;n es f&eacute;rtil es aves de carne, hueso y plumas, pero tambi&eacute;n en otras quim&eacute;ricas, que habitan su catedral y el palacio de sus obispos, anidando en tapices o estucos.</p>
<p>No son menos inmortales las primeras que las segundas. Y todas enigm&aacute;ticas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3>F&eacute;nix&nbsp;</h3>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todas las p&aacute;ginas rasgadas resucitan y regresan desde la basura, desde los ojos de los peces, para construir la rosa de papel.</p>
<p>La rosa, triangulada por el agua, se pone a disposici&oacute;n del fuego, que ha seducido al sol con un trozo de vidrio.</p>
<p>El fuego sirve de nido al ave F&eacute;nix, cuya sangre hierve como la savia del s&aacute;ndalo y se reduce a las cenizas con que Kundry preparar&aacute; su pomada. El incienso escribe la contrase&ntilde;a sobre el altar.</p>
<p>Las breves filacterias florecen en p&aacute;jaros que el viento lleva en busca de otros montes, mientras escribo en mi cuaderno, antes de que la frase vuele y las emplumadas letras se extrav&iacute;en.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3>La urraca</h3>
<p>&nbsp;</p>
<p>Urracas ladronas, fichas de domin&oacute; parlantes. Sorprendemos en sus nidos nuestras riquezas. Nuestras palabras nos las quitan de la boca. La sortija brillaba entre la hierba, pero no anduvimos tan despiertos como para rescatarla. Y vol&oacute;.</p>
<p>Una chapa. Un zafiro. Un imperdible. Una cuchara de plata. Para la urraca son igualmente apetecibles. A veces yo tampoco distingo entre una estrella y un fumador asomado a su terraza.</p>
<p>Las urracas se nos adelantaron. El caracol se sali&oacute; de su concha para fotografiarlas.</p>
<p>A tu alrededor, el tercer c&iacute;rculo conc&eacute;ntrico lo ha trazado un ni&ntilde;o mientras jugaba ante el espejo. Miras, primero, dentro, y descubres el anonimato de tus &oacute;rganos. Paseas a continuaci&oacute;n por tu casa y pruebas los muebles como si fueras a comprarlos. Te cuelas, por &uacute;ltimo, entre los turistas, como si fueras uno de ellos y visitas las calles que tan bien conoces.</p>
<p>Pero la urraca se ha quedado las primicias.</p>
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<h3>El loro&nbsp;</h3>
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<p>Reiterado, vigilante pero c&oacute;mplice, los loros envuelven el sue&ntilde;o de Isolda. Sus colores, fingidos por la seda, son todo lo que del tr&oacute;pico sabr&aacute; la dama.</p>
<p>El loro venci&oacute; a la alondra, pero lo derrotar&aacute; el ruise&ntilde;or. Tiende a emboscarse en las orlas de los tapices, verde entre el verde, y sus ojos los confundimos al principio con cerezas, hasta que se descubre su figura como el error en los pasatiempos del peri&oacute;dico.</p>
<p>Venden loros en la pasamaner&iacute;a, junto a flecos y alamares. Mientras no pagues su precio no empiezan a hablar, y la primera palabra viene cosida con hilvanes a sus picos. Piedras preciosas parlanchinas. Cierto fraile embaucador, convenci&oacute; a sus fieles de que la pluma de un loro perteneci&oacute; al arc&aacute;ngel San Gabriel. En busca de uno de ellos se arriesg&oacute; el poeta en el Purgatorio de los animales. Pero all&iacute; no estaba.</p>
<p>Superviviente de su due&ntilde;o, el loro se asoma tras las puertas, como un sacrist&aacute;n entrometido, para averiguar si todos hemos muerto.</p>
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<h3>Tordos</h3>
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<p>Un espino, cargado de bayas negras, prendido a la muralla. Acerc&aacute;ndome, asusto a los tordos que, inmunes a sus pinchos, se abrigaban dentro. Sus alas suenan como las de moscardones, evadi&eacute;ndose de la maleza y afrontando el fr&iacute;o del amanecer donde desaparecen, devorados por sus propias voces.</p>
<p>Soy h&aacute;bil para espantar a los p&aacute;jaros. Me hab&iacute;a acercado a la base del castillo antes incluso de desayunar. Las campanas se paseaban entre los pinos, por las rampas que decoran la escarpadura sobre el Guadalaviar.</p>
<p>De noche nos hubiera desvelado el silencio del r&iacute;o. Ahora lo han callado las campanas. Los tordos vuelven a zumbar camino del cementerio. Los mismos u otros p&aacute;jaros, a los que mi curiosidad persigue como una maldici&oacute;n.</p>
<p>Los tordos aman las espinas y comen de la mano de la nieve. En el fr&iacute;o del invierno su calor abre huecos en el aire, pinta aureolas de santos franciscanos. Entre las hogazas del metal de las campanas, tejen los caminos de la supervivencia y los h&aacute;bitos pardos de su beatitud.</p>
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<h3>El avestruz</h3>
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<p>Te he so&ntilde;ado con cabeza de perro, buscando la inmortalidad entre tus zancas. Eras doble, y tu pareja, sim&eacute;trica, me hizo dudar de su significado como una letra escrita del rev&eacute;s.</p>
<p>Pero por la ma&ntilde;ana ya est&aacute;s en tu sitio, y con el pico recoges las cortinas para que la luz penetre. Gracias a ti se puede ver a Yerobaal que, de rodillas, escurre su zalea en medio de la sala. Con tu ayuda descubriremos a Gede&oacute;n besando la lana seca entre el roc&iacute;o.</p>
<p>Se dice que comes hierro. Pero he comprobado que reh&uacute;sas cuantas herraduras te ofrezco. S&iacute; es cierto, en cambio, que Artemisa desenterr&oacute; tus huevos para inventarse pechos. Las pl&eacute;yades te distrajeron mientras la diosa comet&iacute;a el hurto.</p>
<p>Est&uacute;pido animal, no parece inveros&iacute;mil que te puedas tragar despertadores, confundi&eacute;ndolos con frutas, pero te reir&aacute;s de los jinetes cuando te persigan, y descubran que has desaparecido tras el polvo. En tu carrera construir&aacute;n tus plumas el vallado perfecto, donde asomarse los ni&ntilde;os, desde su jard&iacute;n, al infinito erial.</p>
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<h3>Grajos</h3>
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<p>Hoy no se permite que toquen las campanas. Hasta que salgan los tambores y trepen por la hoz del Guadalaviar, hasta que la luna asome por una puerta abierta en las murallas, s&oacute;lo sonar&aacute;n las carracas en las manos de los monaguillos e, imit&aacute;ndolas, los grajos sacudidos por la primavera.</p>
<p>Tras el cristal, en la alcoba de los ad&uacute;lteros, Lanzarote observa al p&aacute;jaro negro. La bondad del rey tiembla convertida en una sombra que ha aprendido a utilizar sus alas. Sombra que s&oacute;lo encuentra pareja en ella misma. La reina ha desaparecido al desnudarse, lo mismo que una llama a la que apaga un soplo. Lo mismo que el pecado que se imagina absuelto gracias al deseo.</p>
<p>La rama del fresno se agita y hace graznar al grajo que, espantado, vuela.</p>
<p>El ave acude a pasear su silueta por las baldosas de la catedral. Su imagen va duplic&aacute;ndose y desapareciendo al ritmo del metr&oacute;nomo. Entre los bancos rueda su corona, de la que sustrajeron una a una todas las gemas. El sagrario se halla abierto y saqueado. Frente a &eacute;l monta su guardia el grajo, como soldado romano, y mide con parsimonia las distancias.</p>
<p>Andan las dem&aacute;s aves sobre las cuerdas de tender la ropa, vanamente entretenidas con la lencer&iacute;a, mientras el grajo determina el tiempo con la cordura del reloj. Vieja sombra atrapada entre el m&aacute;rmol y los dientes de las ruedas.</p>
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<h3>El pel&iacute;cano</h3>
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<p>H&iacute;brido de Prometeo y su buitre, el pel&iacute;cano se desangra sobre los sirvientes que vienen y van, indiferentes a su suerte, trayendo y llevando viandas al obispo. Ese mismo traj&iacute;n fue el suyo cuando auxiliaba a los alarifes de la lejana Arabia, para quienes trabaj&oacute; como aguador.</p>
<p>Indeciso entre el aire y el agua, hace de s&iacute; mismo una fuente y lava sus plumas blancas en su sangre, como los reci&eacute;n llegados de la gran tribulaci&oacute;n. Al igual que arde el F&eacute;nix sobre su pira, al pel&iacute;cano lo consume el apetito de sus hijos.</p>
<p>Replegado sobre s&iacute;, adopta forma de monta&ntilde;a. En virtud de esta apariencia, se les dio su nombre a las cordilleras donde su sacrificio se multiplica cada tarde.</p>
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<h3>El gorri&oacute;n</h3>
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<p>Al gorri&oacute;n le crecen las patas, elevan su sonrisa hasta nuestros ojos, y siguen creciendo cuando no miramos. Los &aacute;rboles parecen hierba desde la altura de su ingenio. Un sudor de an&iacute;s le hace flotar sobre las tejas.</p>
<p>El gorri&oacute;n contiene a todos los p&aacute;jaros. Es m&aacute;s, a todo ser que vuele, incluso al &aacute;ngel, que no ser&iacute;a sin su ejemplo sino un hombre emplumado. Es el ni&ntilde;o prodigio de las aves, la &uacute;nica a quien las manos no le dan envidia, porque sue&ntilde;a con ellas cada noche, desde las ramas de los &aacute;rboles. Todos los dem&aacute;s p&aacute;jaros se imaginan peces, s&oacute;lo los gorriones despiertan, al dormirse, siendo humanos.</p>
<p>Pap&aacute; gorri&oacute;n lleva el delantal del herrero y no teme al martillo de la fragua. Le gusta el ruido del agua en el molino. Tampoco sufre en el invierno, ni se queja del calor, aunque durante el verano respire m&aacute;s tranquilo bajo una buena sombra.</p>
<p>Lo primero que aprende un ni&ntilde;o sobre ornitolog&iacute;a es que a los gorriones no les gusta caminar, sino ir a saltos. El primer truco de magia que ve un ni&ntilde;o es el de las alas que el gorri&oacute;n se saca de la nada y con las que desaparece.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 06 Sep 2013 06:48:13 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El amor mata]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-amor-mata/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/JOS_INFANTE.jpg" alt="" /></p>
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<p>El amor mata. Lo cant&oacute; Freddie Mercury.</p>
<p>Y cay&oacute; fulminado. El amor est&aacute; aqu&iacute; y se va.</p>
<p>Tambi&eacute;n le puso m&uacute;sica al silencio, a la soledad,</p>
<p>al sue&ntilde;o imposible de las drogas. La coca&iacute;na</p>
<p>fue su mejor refugio para intentar superar</p>
<p>la inutilidad de un cantante para cambiar el mundo.</p>
<p>De un cantante y de cualquier artista</p>
<p>que sepa lo que es el miedo y la tristeza,</p>
<p>la impotencia de luchar contra el tiempo,</p>
<p>que no espera nunca a nadie, porque</p>
<p>siempre se va y nos deja perdidos</p>
<p>en un oscuro bosque que no tiene salida</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El amor mata. A Freddie Farrokh Bulsara</p>
<p>Mercury le acert&oacute; en medio del coraz&oacute;n,</p>
<p>como si fuera un dardo envenenado,</p>
<p>que no tenia ant&iacute;doto posible. El amor</p>
<p>mat&oacute; a toda una generaci&oacute;n que un d&iacute;a</p>
<p>se sinti&oacute; libre, pero el dios asesino</p>
<p>decret&oacute; que deb&iacute;a someterse&nbsp; a las normas</p>
<p>o morir con dolor y con rechazo.</p>
<p>El mismo dios terrible a quien Freddie</p>
<p>en algunos momentos angustiosos,</p>
<p>con el cuerpo vencido por la fiebre,</p>
<p>pidi&oacute; que le escuchara. Pero nunca fue o&iacute;do.</p>
<p>Oh, my God, my&nbsp; God, ay&uacute;dame.</p>
<p>Por favor ay&uacute;dame, Dios m&iacute;o.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero el espect&aacute;culo deb&iacute;a continuar sin &eacute;l.</p>
<p>Continuar&aacute; sin nosotros. Si fallara alg&uacute;n d&iacute;a</p>
<p>se caer&iacute;a el mundo, el amor, la sonrisa</p>
<p>de un ni&ntilde;o, el vuelo de la alondra</p>
<p>alrededor de todas las miserias.</p>
<p>El espect&aacute;culo debe continuar</p>
<p>porque afuera sigue amaneciendo</p>
<p>y nuestros errores y los del mundo</p>
<p>condicionan nuestras vidas sin remedio</p>
<p>posible. Somos unos juguetes en manos</p>
<p>de la nada que se empe&ntilde;a pertinaz</p>
<p>en perseguirnos y en atraparnos siempre</p>
<p>en medio de un sue&ntilde;o mortecino.</p>
<p>Podemos intentarlo otra vez, y otra</p>
<p>y otra. No hay nada que la detenga.</p>
<p>Estamos solos, expuestos al miedo</p>
<p>y a lo desconocido. Aunque intentemos</p>
<p>no venirnos abajo, ser&aacute; imposible</p>
<p>escapar al destino. Oh Dios m&iacute;o</p>
<p>ay&uacute;dame, my God, my God.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Poema perteneciente al libro in&eacute;dito&nbsp;<em>S&oacute;lo queda una sombra</em>)</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 06 Sep 2013 06:43:19 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De cómo el mulato Porciúncula se liberó de su difunto]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/de-como-el-mulato-porciuncula-se-libero-de-su-difunto/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/JORGE_AMADO.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="right">El Gringo hab&iacute;a ido a parar all&iacute; hac&iacute;a muchos a&ntilde;os, era callado y rubio, nunca vi a nadie a quien le gustara tanto la cachaza. Contar que la beb&iacute;a como si fuese agua no es mucho decir, pues todos lo hac&iacute;amos. &iexcl;Alabado sea Dios! Pero &eacute;l se pod&iacute;a pasar dos d&iacute;as y dos noches pimplando botellas y no se alteraba. No le daba por ser charlat&aacute;n, ni buscaba pelea, ni cantaba canciones de otros tiempos, no te ven&iacute;a con recuerdos de disgustos pasados. Callado era, callado se estaba, s&oacute;lo sus ojos azules se entornaban, cada vez m&aacute;s peque&ntilde;os, una brasa roja dentro de cada mirada, quemando el azul.</p>
<p>Contaban muchas historias de &eacute;l, algunas tan bien atadas que daba gusto escucharlas. Todas de o&iacute;das, por supuesto, porque de boca del Gringo nada de cierto se sab&iacute;a, boca cerrada, que no se abr&iacute;a ni en los d&iacute;as de grandes fiestas, cuando las piernas se volv&iacute;an de plomo por tanta cachaza acumulada en los pies. Ni siquiera Mercedes, cuya inclinaci&oacute;n por el Gringo no era un secreto para ninguno de nosotros, con lo curiosa que era, jam&aacute;s consigui&oacute; arrancarle siquiera alguna informaci&oacute;n sobre la tal mujer a la que el Gringo hab&iacute;a matado en su tierra y sobre el hombre al que persigui&oacute; a lo largo de a&ntilde;os, por incontables sitios, hasta ensartarle un cuchillo en la barriga. Cuando ella le preguntaba, los d&iacute;as en los que la cachaza era m&aacute;s abundante que el respeto, el Gringo se quedaba mirando no se sabe ad&oacute;nde, con sus ojos menudos, ojos azules, de repente incandescentes, apretados, y articulaba un sonido como un gru&ntilde;ido, de significado dudoso. Esa historia de la mujer con diecisiete cuchilladas en las partes bajas, nunca supe c&oacute;mo pudo llegar hasta nosotros, tan cargada de detalles, y sobre todo el asunto del mozo, su paisano, perseguido de puerto en puerto, hasta que el Gringo le clav&oacute; el cuchillo, el mismo con el que hab&iacute;a matado a la mujer de diecisiete cuchilladas, todas en las partes bajas. No s&eacute; realmente si cargaba esos muertos sobre su conciencia, pues nunca quiso aligerar la carga, ni siquiera cuando, de tan borracho, cerraba los ojos y sus brasas rojas ca&iacute;an al suelo, a nuestros pies. Y mire usted que un muerto es una carga pesada, ya he visto a muchos valentones soltar su fardo hasta en manos de un desconocido cuando la cachaza apremia. Mucho m&aacute;s si son dos los difuntos, mujer y hombre, con cuchilladas en la barriga&hellip; El Gringo nunca se liber&oacute; de los suyos, por eso ten&iacute;a la espalda curvada, de su peso, sin duda. No ped&iacute;a ayuda, pero por ah&iacute; se contaba lo sucedido con todo lujo de detalles y la historia hasta llegaba a ser muy divertida, con sus momentos para re&iacute;r y sus momentos para llorar, como debe ser una buena historia.</p>
<p>Pero no es una aventura del Gringo lo que quiero contar ahora, eso queda para otra ocasi&oacute;n, porque llevar&iacute;a su tiempo, no es con una cachaza al tunt&uacute;n ― sin pretender ofender a los presentes ― como se puede hablar del Gringo y desenrollar el ovillo de su vida, deshacer la madeja de su misterio. Queda para otra vez, si Oxal&aacute; lo permite. No, no han de faltar ni la ocasi&oacute;n ni el aguardiente, &iquest;para qu&eacute; si no trabajan noche y d&iacute;a los alambiques?</p>
<p>El Gringo s&oacute;lo aparece aqu&iacute;, como quien dice, de pasada, pues vino aquella noche de lluvia, a recordarnos que est&aacute;bamos en v&iacute;speras de Navidad. Cosas de all&iacute;, de su tierra, donde la Navidad es una fiesta de echar cohetes, pero no aqu&iacute;, nada en comparaci&oacute;n con las de San Juan, por no mencionar las de San Antonio y continuar con las de San Pedro, o con las de las aguas de Oxal&aacute;, la del Bonfim, las dedicadas a Xang&ocirc;, mi padre, y por no hablar de la fiesta de la Concepci&oacute;n da Praia (&iexcl;eso s&iacute; que es una fiesta!). Porque aqu&iacute; fiestas no faltan, ni necesitamos ir a ped&iacute;rselas prestadas a ning&uacute;n forastero.</p>
<p>Bueno, el Gringo se acord&oacute; de la Navidad en el mismo momento en el que Porci&uacute;ncula, el mulato aquel de la historia de nunca acabar, cambi&oacute; de sitio y se sent&oacute; en el barril de queroseno, tapando el vaso con la palma de la mano para defender su cachaza de la voracidad de las moscas. &iquest;Que las moscas no beben cachaza? Los notables me disculpen, dir&aacute;n esa bobada porque no conocen a las moscas de la venta de Alonso. Son unas viciosas, locas por un trago, se met&iacute;an dentro del vaso, cataban su gotita y sal&iacute;an volando, zumbando como abejorros. No hab&iacute;a forma de convencer a Alonso, espa&ntilde;ol cabezota, de acabar con esas desgraciadas. Dec&iacute;a, y no le faltaba raz&oacute;n, que hab&iacute;a comprado la venta con las moscas, y no iba ahora a deshacerse de ellas por prejuicios, s&oacute;lo por que les gustase probar un buen aguardiente de Paraty. No era motivo suficiente, tambi&eacute;n les gustaba a todos sus parroquianos y no iba a echarles por eso.</p>
<p>No s&eacute; si el mulato Porci&uacute;ncula se cambi&oacute; de lugar para estar m&aacute;s cerca de la luz de la l&aacute;mpara de queroseno o si ya ten&iacute;a intenci&oacute;n de contar la historia de Teresa Batista y de su apuesta. Aquella noche, como ya he dicho, se fue la luz en aquella zona del muelle y Alonso encendi&oacute; la l&aacute;mpara rezongando. Ganas ten&iacute;a de echarnos fuera, pero no pod&iacute;a. Estaba lloviendo, una de esas lloviznas cabronas que mojan m&aacute;s que agua bendita, penetran en la carne y en los huesos. Alonso era un espa&ntilde;ol educado, hab&iacute;a aprendido buenos modales en un hotel donde hab&iacute;a sido botones. Por eso encendi&oacute; la l&aacute;mpara&nbsp; y se qued&oacute; haciendo sus cuentas con una punta de l&aacute;piz. La gente hablaba de esto y de aquello, espantaba a las moscas, cambiaba de asunto, matando el tiempo como pod&iacute;a. Hasta que Porci&uacute;ncula cambi&oacute; de sitio y el Gringo gru&ntilde;&oacute; aquella tonter&iacute;a sobre la Navidad, algo sobre la nieve y los &aacute;rboles iluminados. Porci&uacute;ncula no iba a dejar escapar una ocasi&oacute;n como esa. Ahuyent&oacute; las moscas, trag&oacute; la cachaza y anunci&oacute; con voz suave:</p>
<p>― Fue una noche de Navidad cuando Teresa Batista gan&oacute; la apuesta y comenz&oacute; una nueva vida.</p>
<p>― &iquest;Qu&eacute; apuesta? ― Si la intenci&oacute;n de Mercedes era animar a Porci&uacute;ncula con la pregunta, no hubiera necesitado abrir la boca. Porci&uacute;ncula no precisaba que le espoleasen, ni se hac&iacute;a de rogar. Alonso dej&oacute; la punta de l&aacute;piz, llen&oacute; los vasos nuevamente, las moscas zumbaban, convencidas de que eran abejorros ― &iexcl;unas borrachas! Porci&uacute;ncula dio un buen trago, aclar&oacute; la garganta y comenz&oacute; su historia. Ese Porci&uacute;ncula era el mulato mejor contador de historias que he conocido, lo que es mucho decir. Tan letrado, tan fino que, de no conocerse sus debilidades, se podr&iacute;a llegar a pensar que hab&iacute;a calentado un banco de escuela, cuando el viejo Ventura no le dio m&aacute;s escuela que la calle y el muelle. Era todo un pico de oro contando historias y, si esta no conmueve, la culpa no es de lo sucedido ni del mulato Porci&uacute;ncula.</p>
<p>Porci&uacute;ncula&nbsp; esper&oacute; un poco hasta que Mercedes se acomod&oacute; en el suelo, apoyada en las piernas del Gringo, para o&iacute;r mejor. Entonces explic&oacute; que Teresa Batista s&oacute;lo apareci&oacute; en el muelle despu&eacute;s del entierro de su hermana, unas semanas despu&eacute;s, el tiempo que tard&oacute; la noticia en llegar a donde ellas viv&iacute;an, un tanto lejos. Vino para saber la verdad de lo ocurrido y se qued&oacute;. Se parec&iacute;a a su hermana, pero el parecido tan s&oacute;lo era de cara, exterior, no por dentro, pues aquel aire de Mar&iacute;a del Velo no lo tuvo ninguna otra, ni lo tendr&aacute; nunca. Fue por eso por lo que Teresa se llam&oacute; toda la vida Teresa Batista, el nombre con el que naci&oacute;, sin que nadie tuviese la necesidad de cambi&aacute;rselo. Adem&aacute;s, &iquest;qui&eacute;n se acord&oacute; alguna vez de Mar&iacute;a del Velo como Mar&iacute;a Batista?</p>
<p>Mercedes, preguntona, quiso saber quien era finalmente esa tal Mar&iacute;a y el por qu&eacute; del apodo del Velo.</p>
<p>Era Mar&iacute;a Batista, la hermana de Teresa, explic&oacute; Porci&uacute;ncula con paciencia. Y cont&oacute; que nada m&aacute;s llegar Mar&iacute;a todo el mundo la llam&oacute; Mar&iacute;a del Velo. Por aquella man&iacute;a suya de no perderse una boda, la mirada arrebatada por los trajes de novia. De esa Mar&iacute;a del Velo se habl&oacute; mucho en las inmediaciones del muelle. Era una belleza y Porci&uacute;ncula, con presunci&oacute;n, dec&iacute;a que, cuando rondaba el puerto de noche, semejaba una aparici&oacute;n llegada del mar. Se hizo tan del muelle como si hubiese nacido all&iacute;, aunque, en vez de eso, vino del interior, vestida con pingajos y todav&iacute;a con el recuerdo de los golpes. Porque el viejo Batista, su padre, no toleraba bromas y, cuando supo lo sucedido, que el hijo del coronel Barbosa hab&iacute;a tomado las prendas de la chiquita, todav&iacute;a verdes, como guayaba amarga, hecho una fiera, agarr&oacute; el bast&oacute;n y le atiz&oacute; hasta cansarse. Despu&eacute;s la puso de patitas en la calle, no quer&iacute;a una mujer de la vida en su casa. El lugar de una mujer de la vida es una esquina de la calle, el sitio de una perdida est&aacute; en una calle de perdici&oacute;n. As&iacute; le gritaba el viejo, bajando el bast&oacute;n, lleno de rabia, de rabia y de dolor, al ver a la hija de quince a&ntilde;os, bonita como una sirena, deshonrada, sin otra salida que la prostituci&oacute;n.</p>
<p>As&iacute; fue como Mar&iacute;a Batista se convirti&oacute; en Mar&iacute;a del Velo y acab&oacute; por venirse a la ciudad, pues en su tierra, en el fin del mundo, no hab&iacute;a futuro para su carrera de meretriz. Cuando lleg&oacute;, fue dando tumbos de un lado para otro, hasta que acab&oacute; recalando en la cuesta de San Miguel, tan ni&ntilde;a a&uacute;n que Tiberia, due&ntilde;a del burdel donde solt&oacute; su atillo, le pregunt&oacute; si se cre&iacute;a que aquello era una escuela primaria.</p>
<p>Muchos de los detalles de lo sucedido antes y despu&eacute;s, Porci&uacute;ncula los supo por boca de Tiberia, persona del mayor respeto y la mejor due&ntilde;a de casa de citas que tuvo Bah&iacute;a. No es porque sea ella mi comadre por lo que elogio su conducta, ella no lo necesita, &iquest;qui&eacute;n no conoce a Tiberia y no respeta su talento? Buena gente, mujer de palabra, de gran coraz&oacute;n, que ayuda a medio mundo. En el burdel de Tiberia todos forman una sola familia, no anda cada uno por su lado y Dios por el de todos, nada de eso. Todo es armon&iacute;a, forman una sola familia. Porci&uacute;ncula era muy leal a Tiberia, persona de la casa, siempre estaba encaprichado con alguna de las chicas, siempre dispuesto a arreglar una tuber&iacute;a, a cambiar las bombillas fundidas, a arreglar las goteras del tejado, a echar de una patada en el culo a cualquier atrevido mala bestia que le faltase al respeto a alguien. Pues fue Tiberia quien se lo cont&oacute; punto por punto, y as&iacute; pudo as&iacute; desarrollar su historia de principio a fin sin tropezar con ning&uacute;n obst&aacute;culo. Se interes&oacute; tanto, porque, nada m&aacute;s encontrarse con los ojos de Mar&iacute;a, estuvo perdido por ella, con una de esas pasiones sin remedio.</p>
<p>Mar&iacute;a, nada m&aacute;s llegar, era la benjamina de la casa, no hab&iacute;a cumplido ni diecis&eacute;is a&ntilde;os, estaba muy mimada por Tib&eacute;ria y por las mayores, que la trataban como a una hija, la colmaban de caprichos. Le regalaron hasta una mu&ntilde;eca para sustituir a una de trapo con la que ella jugaba a novios y casados. Mar&iacute;a del Velo hac&iacute;a la vida en el muelle, le gustaba escudri&ntilde;ar el mar, cosas de gentes del interior. Apenas apuntaba la noche, hubiese luna o lloviese, lluvia fina o aguacero, ella deambulaba a orillas del mar, esperando a la clientela. Tiberia la reprend&iacute;a ri&eacute;ndose: &iquest;por qu&eacute; Mar&iacute;a no se quedaba en el burdel, a sus anchas, vestida con su bata de flores, esperando a los ricachones, locos por una chica joven como ella? Pod&iacute;a incluso conseguir un protector rico, un viejo que se encaprichase con ella, y as&iacute; tendr&iacute;a buena vida, regalada, sin necesidad de dormir con unos y con otros, a raz&oacute;n de dos o tres por noche. En el mismo burdel, sin ir m&aacute;s lejos, ten&iacute;a el ejemplo de Luc&iacute;a, a quien visitaba una vez por semana el magistrado Maia, que le regalaba de todo. Consigui&oacute; hasta un empleo de portero para el vago de Bercelino, el novio de Luc&iacute;a. Tiberia se sorprend&iacute;a tambi&eacute;n de que Mar&iacute;a no hiciese caso a Porci&uacute;ncula, estando como estaba el mulato consumido de pasi&oacute;n por la chica, y que durmiese con unos y con otros, menos con &eacute;l. Con &eacute;l iba de la mano por Monte Serrat, mirando el mar, o bien iba a su lado, con remilgos de novia, cuando sal&iacute;an a comerse un buen plato de pescado en un velero, en las noches de luna. Le contaba al mulato las bodas a las que hab&iacute;a ido, la belleza del vestido de novia, la largura del velo. Pero a la hora de acostarse para lo que es bueno, a esa hora le daba las buenas noches, dejando plantado a Porci&uacute;ncula, chafado.</p>
<p>As&iacute; lo cont&oacute; Porci&uacute;ncula aquella noche de lluvia cuando el Gringo record&oacute; la Navidad. Por eso me gustan las historias que cuenta: ni siquiera para salir airoso el mulato cambia lo sucedido. Bien pod&iacute;a haber dicho que se la hab&iacute;a beneficiado, incluso muchas veces. Eso era lo que todo el mundo pensaba, de tanto como les hab&iacute;an visto juntos en las inmediaciones del muelle. Pod&iacute;a haber presumido, pero, en lugar de eso, cont&oacute; exactamente c&oacute;mo hab&iacute;a sucedido y para muchos de nosotros no fue una sorpresa. Mar&iacute;a se acostaba con uno y con otro, disfrutaba, no era que no le gustase. Pero, despu&eacute;s de acabar, se hab&iacute;a acabado, no quer&iacute;a ni conversar. Que le gustase con ese gusto sin fin, de enfermiza pasi&oacute;n de sufrir por no verle, etc., as&iacute;, &iexcl;ah!, a ella no le gust&oacute; nadie. A no ser que le hubiera gustado el mulato Porci&uacute;ncula, pero, entonces, &iquest;por qu&eacute; nunca se acost&oacute; con &eacute;l? Se sentaba con &eacute;l en la arena, metiendo los pies en el agua, jugando con las olas, escudri&ntilde;ando el final del mar que nadie consigue divisar. &iquest;Qui&eacute;n vio ya el fin del mar? &iquest;Alg&uacute;n notable? Disculpen, pero no lo creo.</p>
<p>Quien estaba realmente encaprichado era el mulato Porci&uacute;ncula, que no pasaba una noche sin buscar a Mar&iacute;a a orillas del mar, vigilando sus contoneos, queriendo naufragar en ella. As&iacute; mismo lo cont&oacute;, sin ocultar nada, y entonces a&uacute;n le dol&iacute;a su pasi&oacute;n, su voz conmov&iacute;a. Por el hecho de estar encaprichado como un perro sin due&ntilde;o, husmeaba en todo lo que fuera novedad sobre Mar&iacute;a del Velo, y Tiberia le iba susurrando cosas al o&iacute;do. Y de ese modo &eacute;l fue desovillando la madeja, poniendo los andamios de la historia de Mar&iacute;a hasta el asunto del entierro.</p>
<p>Cuando el hijo del coronel Barbosa, joven estudiante bien parecido, desvirg&oacute; a Mar&iacute;a, en vacaciones, ella no ten&iacute;a a&uacute;n quince a&ntilde;os, pero hab&iacute;a desarrollado su cuerpo y sus pechos de mujer. Era una mujer tan s&oacute;lo exteriormente, porque por dentro era todav&iacute;a una ni&ntilde;a, que jugaba todo el d&iacute;a con una mu&ntilde;eca de trapo, de las de a doscientos reales en la feria. Consegu&iacute;a un retal de tela y cos&iacute;a para la mu&ntilde;eca un vestido de novia, con su velo y todo. Los d&iacute;as de boda en la iglesia, en aquel lugar del fin del mundo, all&iacute; estaba Mar&iacute;a vigilando, con los ojos fijos en el vestido de la novia. S&oacute;lo pensaba en lo bueno que ser&iacute;a ponerse un vestido as&iacute;, todo blanco, con un velo largo y flores en la cabeza. Hac&iacute;a vestidos para la mu&ntilde;eca, charlaba con ella y todos los d&iacute;as le organizaba una boda, s&oacute;lo para verla con el velo y el tocado. La cas&oacute; con todos los animales del terrero, especialmente con la vieja y ciega gallina que era muy buena para hacer de novio porque no sal&iacute;a corriendo, se quedaba agachada, obediente en su ceguera. Adem&aacute;s, cuando el hijo del coronel Barbosa le dijo a Mar&iacute;a: &ldquo;T&uacute; eres ya mayor para casarte, muchacha. &iquest;Te quieres casar conmigo?&rdquo;, ella le contest&oacute; que s&iacute;, si le regalaba un velo bonito. Pobrecita, no se dio cuenta de que el muchacho estaba hablando en lengua culta, y casar, en su idioma elevado, era acabar con su virginidad a la orilla del r&iacute;o. Por eso Mar&iacute;a acept&oacute; confiada y se qued&oacute; esperando hasta el d&iacute;a de hoy el vestido de novia, el velo, el tocado. En cambio, se gan&oacute; una zurra del viejo Batista y, cuando se supo del asunto, el nombre de Mar&iacute;a del Velo. Pero no perdi&oacute; la costumbre. Expulsada de casa, no hab&iacute;a boda a la que no acudiese a mirar, ahora escondida en la iglesia, porque una meretriz no tiene derecho a mezclarse en la ceremonia. Cuando el joven Barbosa, el mismo que le hab&iacute;a hecho el favor, se cas&oacute; con la hija del coronel Boaventura, &iexcl;ceremonia muy comentada!, all&iacute; estaba ella para ver a la novia, tan hermosa, una hidalga, con un vestido como nunca se hab&iacute;a visto, algo asombroso. Fue as&iacute; como Mar&iacute;a lleg&oacute; a este muelle y atrac&oacute; en el burdel de Tiberia.</p>
<p>Para ella no era diversi&oacute;n ir al cine, ni al cabar&eacute;, bailar, la taberna con cachaza, un paseo en barco. Lo era s&oacute;lo asistir a las bodas para contemplar el vestido de la novia. Cortaba fotos de las revistas, de novias con velo, anuncios de tiendas con trajes para casarse. Todo lo pegaba en las paredes de su cuarto, novias y novios, sacerdotes, cortejos. Con retales, sobras de tela, vest&iacute;a de novia a su nueva mu&ntilde;eca, regalo de Tiberia y de las dem&aacute;s. Una ni&ntilde;a, todav&iacute;a tan ni&ntilde;a que le dec&iacute;a a Tiberia como una loquita: &ldquo;llegar&aacute; el d&iacute;a en que yo me ponga un vestido de estos.&rdquo; Se re&iacute;an de ella, contaban chistes, hac&iacute;an bromas, pero ella no cambiaba.</p>
<p>&nbsp;Por aquel tiempo, el mulato Porci&uacute;ncula se hart&oacute; de esperar. Estaba cansado de pasar por tonto, de pasear de la manita, escuchando la charla a orillas del mar. Todo hombre tiene su orgullo, y se dio cuenta de que no ten&iacute;a sentido,&nbsp; era mucho sufrir, y no estaba por la labor de morir de pasi&oacute;n, que es la peor de las muertes. Se fue con Carolina, una mulatona entrada en carnes, que andaba ech&aacute;ndole los tejos. De Mar&iacute;a del Velo se olvid&oacute; con unas cachazas y con las risotadas de Carolina. Nunca m&aacute;s quiso hablar del asunto.</p>
<p>En aquel pasaje, Porci&uacute;ncula pidi&oacute; m&aacute;s cachaza, y fue servido. Alonso daba la vida por una historia bien contada y la historia llegaba a su fin. El fin fue aquella gripe que a&ntilde;os atr&aacute;s acab&oacute; con medio mundo. Mar&iacute;a del Velo cay&oacute; con fiebre, era muy delgada, no dur&oacute; ni cuatro d&iacute;as. Porci&uacute;ncula solo lo supo cuando ya estaba muerta. Andaba medio desaparecido, debido a que le persegu&iacute;an por causa de un tal Gomes, barraquero en Agua dos Meninos, furioso por una partida de cartas. Adem&aacute;s, entrar en una timba con Porci&uacute;ncula era tirar el dinero. Gomes jug&oacute; porque quiso, hizo mal en quejarse despu&eacute;s.</p>
<p>Estaba Porci&uacute;ncula esperando que amainase el temporal, cuando le lleg&oacute; el aviso de Tiberia, meti&eacute;ndole prisa, Mar&iacute;a le llamaba con urgencia. Cuando lleg&oacute;, acababa de morir. Tiberia le explic&oacute; el ruego hecho en la agon&iacute;a de la muerte. Quer&iacute;a ser enterrada con vestido de novia, con velo y tocado. El novio, dijo, era el mulato Porci&uacute;ncula, ten&iacute;an que casarse.</p>
<p>Era una petici&oacute;n de lo m&aacute;s absurda, pero era una petici&oacute;n de muerta, no ten&iacute;a m&aacute;s remedio que satisfacerla. Porci&uacute;ncula pregunt&oacute; c&oacute;mo iba a conseguir un traje de novia, una compra cara, y con la tienda, de noche, cerrada. Le parec&iacute;a dif&iacute;cil, pero no lo fue. &iquest;Pues no sucedi&oacute; que todas las mujeres, del burdel y de la calle, cay&eacute;ndose ya de viejas, cansadas de la vida, pues no se volvieron costureras, y cosieron un traje con velo y tocado? En seguida se junt&oacute; el dinero para comprar flores, consiguieron la tela, encajes no se sabe d&oacute;nde, encontraron zapatos, medias de seda, guantes blancos, &iexcl;hasta guantes blancos! Una cos&iacute;a una parte, otra pegaba una cinta.</p>
<p>Porci&uacute;ncula dijo que no hab&iacute;a visto nunca un traje de novia semejante, de tan bonito y tan lujoso que era, y &eacute;l sab&iacute;a lo que dec&iacute;a, pues en los tiempos de su pasi&oacute;n por Mar&iacute;a anduvo mirando muchas bodas, ya estaba aburrido de ver tanto traje de novia.</p>
<p>Despu&eacute;s vistieron a Mar&iacute;a, la cola del vestido se sal&iacute;a de la cama, ca&iacute;a por el suelo. Tiberia trajo un ramo y lo puso en las manos de Mar&iacute;a. No hubo nunca una novia tan hermosa, tan serena y dulce, tan feliz a la hora de casarse.</p>
<p>Entonces, junto a la cama, se sent&oacute; Porci&uacute;ncula, era el novio, y cogi&oacute; de la mano a Mar&iacute;a. Clarice, una que hab&iacute;a estado casada y a la que el marido dej&oacute; con tres hijos para criar, se quit&oacute; llorando la alianza del dedo, recuerdo de los buenos tiempos, y se la entreg&oacute; al mulato. Porci&uacute;ncula, muy despacio, la coloc&oacute; en el dedo de la muerta y mir&oacute; su rostro, Mar&iacute;a del Velo sonre&iacute;a. Antes no se sab&iacute;a, pero en aquel momento estaba sonriendo, as&iacute; lo cont&oacute; Porci&uacute;ncula, asegurando adem&aacute;s que no estaba borracho aquel d&iacute;a, ni siquiera hab&iacute;a probado la cachaza. Apart&oacute; los ojos de tan hermoso rostro, observ&oacute; a Tiberia. Y jura que vio, que vio de verdad, a Tiberia convertida en un cura, ataviada con todas esas vestimentas de celebrar bodas, con c&iacute;ngulo y todo, un cura gordo, con aire de santo. Alonso llen&oacute; los vasos nuevamente, nosotros los vaciamos.</p>
<p>Y aqu&iacute; par&oacute; el mulato Porci&uacute;ncula, no hubo forma de arrancarle ni una sola palabra m&aacute;s de la historia. Ya hab&iacute;a descargado su difunto encima de nosotros, se hab&iacute;a liberado del fardo. Mercedes a&uacute;n quiso saber si el ata&uacute;d era blanco, de doncella, o negro, de pecadora. Porci&uacute;ncula solamente se encogi&oacute; de hombros y ahuyent&oacute; las moscas. Sobre Teresa Batista, la apuesta que gan&oacute; y la nueva vida que hab&iacute;a empezado, no dijo nada. Tampoco nadie pregunt&oacute;. Por eso no puedo contarlo, no soy de hablar de lo que no s&eacute; bien sabido. Lo que puedo hacer es contar la historia del Gringo, pues esa la conozco como la conoce toda la gente del muelle. Aunque no sea una historia para contar en una ronda de cachaza con perd&oacute;n del respetable. Es una historia para una larga sesi&oacute;n de cachaza, una noche de lluvia, o mejor, para un viaje en velero una noche de luna. A&uacute;n as&iacute;, si quisieran, puedo contarla, no veo inconveniente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Traducci&oacute;n de Antonio Maura)</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 06 Sep 2013 06:38:16 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Delfines]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/delfines/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/JULIA_UCEDA.jpg" alt="" /></p>
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<p>Los vi, pero all&iacute; no estaban.</p>
<p>Me contaba mentiras,</p>
<p>me contaba paisajes, sue&ntilde;os,</p>
<p>silencios o conversaciones</p>
<p>que tal vez no sucedieron o</p>
<p>tal vez ir&iacute;an a ocurrir, no s&eacute;,</p>
<p>en otro espacio, a otros, en distinto idioma.</p>
<p>Me lo contaba y el silencio,</p>
<p>el vac&iacute;o, se poblaba</p>
<p>de realidad, de memorias</p>
<p>desocurridas, buscando sitio</p>
<p>para ser verdaderas, o eso</p>
<p>que confundimos con verdad. Pasaban trenes,</p>
<p>se suced&iacute;an emociones de despedidas</p>
<p>olvidadas, de reencuentros nunca</p>
<p>sentidos, y los delfines danzaban en el humo,</p>
<p>en el vapor de las espumas azules, pasando</p>
<p>del no ser al ser en la emisi&oacute;n serena</p>
<p>de contar una historia que pudo ser verdad.</p>
<p>Y que lo es, sin serlo, en este para&iacute;so</p>
<p>de las palabras alocadas, libres,</p>
<p>echadas por encima</p>
<p>del lecho blanco y sean</p>
<p>como si hubieran sido. Fueron ellas</p>
<p>las que ordenaron este juego</p>
<p>de los delfines solidarios, del humo, de su mar.</p>
<p>No se trata de una historia real, de un episodio</p>
<p>vivido, pero s&iacute; de la historia</p>
<p>que yo necesitaba:</p>
<p>la compa&ntilde;&iacute;a de una tarde de s&aacute;bado</p>
<p>en que todas las bocas se cerraron.</p>
<p>Solo un recuerdo de delfines</p>
<p>me hablaba</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 06 Sep 2013 06:34:32 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mi casa de muñecas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/mi-casa-de-munecas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/PATRICIA_ESTEBAN_ERL_S.jpg" alt="" /></p>
<p>En 1558, el duque Albrecht de Baviera mand&oacute; construir para sus hijas una de las primeras casas de mu&ntilde;ecas de las que se tiene noticia, r&eacute;plica a escala de la mansi&oacute;n en la que viv&iacute;a tan aristocr&aacute;tica familia. R&aacute;pidamente, se convirti&oacute; en el juguete predilecto de innumerables damiselas n&oacute;rdicas, quiz&aacute;s porque el clima g&eacute;lido del norte de Europa es el m&aacute;s propicio a los secretos inconfesables que se guardan de puertas para adentro, en el interior de la propia alcoba o la salita azul. Puede que por esa raz&oacute;n la casa sea el espacio que prefiero para ubicar mis relatos, el escenario perfecto, un decorado ineludible en el transcurrir de las historias de amor, desamor, locura y muerte.</p>
<p>De ni&ntilde;a so&ntilde;aba con tener una casa de mu&ntilde;ecas, que era un juguete que s&oacute;lo sal&iacute;a en las pel&iacute;culas protagonizadas por chiquillas ricas y p&aacute;lidas, de salud endeble y sumamente desdichadas. No conoc&iacute;a a nadie que tuviera una en la vida real y dudaba de que algo tan bonito, tan siniestro, tan delicado como los tirabuzones de aquellas ni&ntilde;as enfermizas, pudiera existir fuera de la ficci&oacute;n.</p>
<p>Yo era la quinta hija de una familia numerosa de las de antes, y hab&iacute;a tantos ni&ntilde;os por habitaci&oacute;n que la casa de mu&ntilde;ecas no hubiera cabido en nuestro peque&ntilde;o piso, a menos que varios de mis hermanos hubieran sido puestos de patitas en la calle, cosa que quiz&aacute;s no me hubiera importado demasiado pero que nunca lleg&oacute; a suceder. Por m&aacute;s que ped&iacute; en cada cumplea&ntilde;os, en cada navidad, incluso en mi primera comuni&oacute;n, una de aquellas casas victorianas, con su hier&aacute;tica familia de loza sentada en mecedoras de madera, presidiendo un sal&oacute;n iluminado por resplandecientes ara&ntilde;as de cristal, nunca me la compraron. As&iacute; que ya de adulta,&nbsp; como venganza he decidido escribir una, la m&iacute;a, mi Casa de Mu&ntilde;ecas. Os invito a visitarla conmigo, llevada por ese instinto exhibicionista que suele adue&ntilde;arse del due&ntilde;o reciente de una vivienda y que padecen, estoicamente, como es de rigor,&nbsp; sus sufridas visitas.</p>
<p>Mi Casa de Mu&ntilde;ecas tiene un dormitorio principal. En el ropero de esa alcoba caben relatos protagonizados por parejas&nbsp; que nos revelan c&oacute;mo cada historia de amor es una partida de ajedrez con sus expectativas de triunfo, el miedo a la derrota, las estrategias personales y los deseos de adelantarse siempre a las jugadas del adversario. Con frecuencia elijo las fichas blancas, muestro sobre todo c&oacute;mo se vive esa partida desde la orilla de la reina, de la mujer.&nbsp; Muchas de esas historias tienen algo, o mucho, de esqueleto guardado en el armario. El amante y su variedad m&aacute;s dom&eacute;stica, el marido, se convierte en el Otro, un ser con el que nos arriesgamos a compartir la vida, sin saber gran cosa de &eacute;l, en realidad.&nbsp; No en vano, una serie espec&iacute;fica de esos cuentos de dormitorio se encuentran enmarcados bajo un t&iacute;tulo, me parece, lo suficientemente elocuente: <em>Terror nupcial.</em></p>
<p><strong>El hombre equivocado (Terror nupcial, 1)</strong></p>
<p>Te casaste con el hombre equivocado, pero nadie pareci&oacute; darse cuenta, ni siquiera t&uacute; te percataste de que algo raro estaba ocurriendo, hasta que &eacute;l gir&oacute; la cabeza, al mismo tiempo que los doscientos invitados de vuestra boda, para verte entrar en la iglesia, cogida del brazo de tu padre.</p>
<p>Ese hombre no era tu novio, y &eacute;l lo sab&iacute;a, estaba escrito en el filo de la sonrisa cicatriz que asom&oacute; a sus labios mientras t&uacute; te acercabas por el pasillo central, cada vez m&aacute;s espantada. Viste a la madre de tu novio llorando a su lado, como un enorme pastel fucsia, pero &eacute;l no era su hijo y t&uacute; empezaste a temblar. Sentiste que el corpi&ntilde;o de tu vestido de novia se agarraba a tus costillas, asfixi&aacute;ndote. Uno de los violines de la marcha nupcial se puso a chillar, desafinado. Quisiste salir corriendo de all&iacute;, pero tus zapatos de charol blanco roto te empujaron en la direcci&oacute;n contraria. S&oacute;lo dos pasos te separaban del altar, levantaste los ojos hacia la c&uacute;pula y te encontraste con el rostro horrorizado de un &aacute;ngel precipit&aacute;ndose al vac&iacute;o desde lo alto, enredado en los pliegues color plata de su t&uacute;nica.</p>
<p>Un paso m&aacute;s y tu padre solt&oacute; su brazo del tuyo, arroj&aacute;ndote contra aquel falso prometido. Todos guardaron silencio, t&uacute; hubieras querido desmayarte para poder huir, pero en cambio te quedaste quieta, mientras el cura te amordazaba con sus palabras. El hombre equivocado te mir&oacute; con ojos vac&iacute;os y viste c&oacute;mo una ara&ntilde;a atravesaba corriendo su pupila derecha cuando &eacute;l tom&oacute; tu mano y ensart&oacute; en el anular la alianza p&aacute;lida que hab&iacute;as elegido con tu novio. Entonces, casi como en un sue&ntilde;o, escuchaste susurrar a otra que no eras t&uacute;, <em>s&iacute; quiero</em>.</p>
<p>Pero no se queden ah&iacute;. Vengan conmigo, pasen, pasen, y vean el hermoso cuarto de ba&ntilde;o principal, con ese majestuoso espejo de cuerpo entero donde se muestran las historias relacionadas con la mujer que habita en un reflejo. La apariencia f&iacute;sica, el vestido como aliado femenino, la belleza obligatoria que debe adquirirse cada ma&ntilde;ana para negociar con el mundo, las crisis de identidad, la no aceptaci&oacute;n del propio rostro o el paso del tiempo, es decir, todos aquellos <em>microcuerpos</em> que he ido escribiendo, quiz&aacute;s para tomar conciencia de lo que supone ser una mujer del siglo XXI, se hallan recogidos en esa estancia que huele a albornoz&nbsp; y sales de ba&ntilde;o. Por ejemplo, este, titulado <em>Venganza del esclavo: </em></p>
<p>T&uacute; no eres la del espejo, eres aquella que la del espejo no quiere ser o este otro,</p>
<p><strong>Vestido blanco</strong></p>
<p>Lo vi besando a esa rubia pl&aacute;tano en un caf&eacute; del centro. Una a una, todas las flores de mi vestido comenzaron a ponerse mustias. La &uacute;ltima de ellas, un pensamiento morado, se desliz&oacute; falda abajo, como los dedos suplicantes de un n&aacute;ufrago, y cay&oacute; al suelo justo cuando entraba en mi portal.</p>
<p>Despu&eacute;s empec&eacute; a subir las escaleras con la lentitud triste de una novicia tullida, arrastrando el peso de aquel vestido, tan horriblemente blanco.</p>
<p>Como toda casa que se precie, la m&iacute;a tambi&eacute;n, por desgracias, una cocina. Un habit&aacute;culo mucho menos grato, vinculado desde siempre a la mujer y a toda una serie de tareas dom&eacute;sticas que la distraen de s&iacute; misma y la convierten en sierva de los Otros, su familia. Yo, como venganza, nunca he aprendido a cocinar y maltrato sistem&aacute;ticamente mi lavadora con microrrelatos como estos:</p>
<p><strong>Centrifugado</strong></p>
<p>La cabeza del hombre que am&oacute; da vueltas en el interior de la lavadora, acompa&ntilde;ada de una colada de desquiciadas bragas viejas. Ella sonr&iacute;e cuando se encuentra con sus ojos de ahogado iracundo anegados de jab&oacute;n, al otro lado del bombo. Ya ver&aacute;s como pronto se te pasa el enfado, amor,le dice mientras a&ntilde;ade un cazo de suavizante aroma frescor de primavera y programa media hora m&aacute;s de centrifugado.</p>
<p><strong>Fantasma</strong></p>
<p>El hombre que am&eacute; se ha convertido en un fantasma. Me gusta ponerle mucho suavizante, plancharlo al vapor y usarlo como s&aacute;bana bajera las noches que tengo una cita prometedora.</p>
<p>Pero c&oacute;mo olvidar en esta visita guiada por mi Casa de Mu&ntilde;ecas el encantador cuarto de las ni&ntilde;as- As&oacute;mense conmigo, disfruten de esta habitaci&oacute;n con papel pintado en las paredes donde permanecemos casi en r&eacute;gimen de supervivientes hasta que nos curamos de la enfermedad conocida con el nombre de Infancia. Aqu&iacute; encontrar&aacute;n todas las ni&ntilde;as que fuimos o pudimos haber sido. Como esta peque&ntilde;a, adorable, ni&ntilde;a monja, novia en miniatura.</p>
<p><strong>La ni&ntilde;a monja</strong></p>
<p>La ni&ntilde;a monja apenas sale en las fotograf&iacute;as del d&iacute;a de su comuni&oacute;n, que por otra parte han envejecido mal, como si alguien las hubiera rescatado en el &uacute;ltimo momento de una inundaci&oacute;n en el trastero o del fondo de la lata de galletas a la que fueron desterradas sin que nadie las mirara una sola vez. La ni&ntilde;a monja es la &uacute;nica con h&aacute;bito. Le va grande, porque se lo dej&oacute; una prima rica que estudiaba en las salesas y la cruz de madera que pende de su cuello tiene algo de marca ignominiosa, la se&ntilde;ala como un aspa o una estrella de desahuciada. Las dem&aacute;s ni&ntilde;as, princesas barrocas, hadas silvestres, peque&ntilde;as damas en su primera puesta de largo, son a&uacute;n peores. Alguien, armado de una paciencia cruel, ha ido recort&aacute;ndoles los ojos poco a poco, las ha dejado ciegas a lo largo de los a&ntilde;os y parece que todas se giran en la misma direcci&oacute;n, disimulando ante el fot&oacute;grafo, para mirar a la ni&ntilde;a monja con el odio borroso de los fantasmas.</p>
<p>Por &uacute;ltimo, como no pod&iacute;a ser de otra forma, en el desv&aacute;n de mi Casa existe un lugar muy especial que me encantar&iacute;a que vieran conmigo. En el rinc&oacute;n m&aacute;s alto y oscuro de este mansi&oacute;n de juguete se ubica el Cuarto del Monstruo, un lugar maldito con el que se amenaza constantemente a los ni&ntilde;os traviesos, cuando se portan mal. Caben en &eacute;l todos los miedos, las fobias irracionales, los pasillos oscuros que atormentan nuestra mente. Seres diab&oacute;licos, animales monstruosos o terriblemente bellos, fantasmas&hellip; Todos se cobijan all&iacute; y esperan sus visitas porque, no lo olvidemos, los miedos no existen fuera de quien los imagina.</p>
<p>Os dejo en compa&ntilde;&iacute;a de una de esas criaturas, para terminar.</p>
<p><strong>Mascota</strong></p>
<p>Tras la muerte de mi viejo perro me dio por ir a la pajarer&iacute;a y comprar un dinosaurio. Verde. Horroroso. Enorme. Cuando la chica de la tienda lo sac&oacute; de la jaula ya le ten&iacute;a un poco de miedo, pero aun as&iacute; pagu&eacute; por ser su esclavo. Todav&iacute;a crecer&aacute; bastante, me dijo la dependienta, mir&aacute;ndome con algo de l&aacute;stima al devolverme el cambio. Pens&eacute; que con el tiempo me acostumbrar&iacute;a a su cara de ginec&oacute;loga s&aacute;dica y al cr&aacute;ter de escamas y excrementos que sembraba entre mis s&aacute;banas cada noche. Pero con todo, lo peor &nbsp;de nuestra convivencia no era tener que dormir en el sof&aacute; o salir a la calle en busca de animales perdidos que calmaran su milenaria falta de escr&uacute;pulos. Lo peor era levantarse por la ma&ntilde;ana, asomarse de puntillas al dormitorio y comprobar que, por desgracia, &eacute;l segu&iacute;a estando all&iacute;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Fragmento del libro C<em>asa de mu&ntilde;ecas</em>, de Patricia Esteban Erl&eacute;s, publicado por la editorial P&aacute;ginas de Espuma)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 06 Sep 2013 06:29:18 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mundo digital, ¿cultura de la superficialidad?]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/mundo-digital-cultura-de-la-superficialidad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/septiembre/Cano_500.jpg" alt="" /></p>
<p>&iquest;Vivimos a ra&iacute;z de la implantaci&oacute;n universal de Internet un proceso de decadencia cultural? En un sugerente y sintom&aacute;tico libro de conversaciones entre Peter Sloterdijk y Alain Finkielkraut (<em>Los latidos del mundo</em>, Amorrortu, 2003), ambos ilustran las monstruosas metamorfosis de nuestro tiempo recurriendo a las met&aacute;foras de &ldquo;lo ligero&rdquo; y &ldquo;lo pesado&rdquo;. En el pasado, el llamado progresismo, caricaturizando y simplificando mucho el diagn&oacute;stico, representaba una tendencia orientada a aligerar la vida y la superaci&oacute;n de las cargas indignas sobre el hombre, mientras que los conservadores buscaban reaccionar ante esta levitaci&oacute;n general subrayando el peso tr&aacute;gico del mundo. Hoy, en cambio, las tornas parecen haber cambiado. Tras las transformaciones del siglo XX, no s&oacute;lo los conservadores defienden ya un concepto de realidad duro, correoso, quiz&aacute; m&aacute;s sombr&iacute;o y resistente a la voluntad prometeica. Por otro lado, como ponen de manifiesto los &ldquo;neocons&rdquo; norteamericanos, no s&oacute;lo los progresistas esgrimen ya la bandera de la movilizaci&oacute;n t&eacute;cnica incesante, del aligeramiento propiciado por el progreso incesante y la levedad informativa. No olvidemos tampoco c&oacute;mo este ideal antigravitatorio descansaba tambi&eacute;n en la popularizaci&oacute;n y democratizaci&oacute;n de la informaci&oacute;n. Al&iacute; donde el viejo mundo se observaba a si mismo desde la verticalidad, el nuevo se siente comprometido fundamentalmente con la horizontalidad.</p>
<p>En relaci&oacute;n con esta utop&iacute;a de la levedad, podr&iacute;a afirmarse que la figura de Steve Jobs nos ha hecho reflexionar sobre cu&aacute;nto se ha transformado, por ejemplo, la din&aacute;mica capitalista. Se nos cuenta que el co-fundador de Apple odiaba los botones hasta el extremo de suprimirlos de su propia indumentaria. El gran gur&uacute; de la digitalizaci&oacute;n, obsesionado por la sencillez, los consideraba simplemente un obst&aacute;culo innecesario en su vida cotidiana. Todos sabemos tambi&eacute;n en qu&eacute; medida esta ideolog&iacute;a del acceso c&oacute;modo e inmediato a la informaci&oacute;n ha modificado de forma irreversible la tecnolog&iacute;a de nuestros ordenadores y nuestra relaci&oacute;n con ellos.</p>
<p>Volviendo a las utop&iacute;as de la levedad, hay que recordar que la marca <em>Apple</em> no puede entenderse sin el modelo ut&oacute;pico contracultural de los sesenta. En su juventud Jobs se interes&oacute; por la filosof&iacute;a y lleg&oacute; a viajar a la India en busca de iluminaci&oacute;n espiritual. A su vuelta, introduciendo el discurso <em>new age</em> en la tecnolog&iacute;a, termin&oacute; eliminando las mediaciones, las etiquetas, las jerarqu&iacute;as y la ret&oacute;rica. Este &ldquo;capitalismo sin fricciones&rdquo;, antigravitatorio, extremadamente ligero y <em>l&iacute;quido</em>, del que Jobs fue el gran abanderado, nada tiene que ver con la pesada maquinaria del antiguo capitalismo y sus viejos valores asc&eacute;ticos y disciplinarios. En realidad, nada m&aacute;s opuesto al elegante y as&eacute;ptico minimalismo del mundo creado por &eacute;l que los viejos paisajes industriales, el sudor, la disciplina y el esfuerzo. Un ejemplo elocuente del lema jobsiano del &ldquo;Hazlo simple&rdquo;: el ascensor de la <em>Apple Store</em> en Tokio carece de todo tipo de botones. No hay bot&oacute;n de llamada, ni botones para indicar la planta a la que deseas ir. Simplemente subes y bajas parando en cada una de las plantas de la tienda. Una hip&oacute;tesis: si el capitalismo, dig&aacute;moslo medio en broma, se ha ido convirtiendo cada vez menos en m&aacute;quina y m&aacute;s en un esp&iacute;ritu l&iacute;quido y profundamente inaprehensible, tal vez sea, entre otras razones, por los tecn&oacute;filos <em>hippies</em> que odiaban perder el tiempo desabrochando sus botones.</p>
<p>&iquest;Pero somos realmente conscientes de lo que han cambiado nuestras vidas tras la aparici&oacute;n de Internet y las redes sociales? &iquest;Es leg&iacute;timo hablar ya de una mutaci&oacute;n antropol&oacute;gica, incluso del paso a un nuevo &ldquo;hombre digital&rdquo;, como nos recuerdan con un no disimulado optimismo los ap&oacute;stoles de esta nueva fe? &iquest;Representa la buena nueva de &ldquo;la red&rdquo; la apoteosis de una cultura de la superficialidad radicalmente opuesta a toda jerarqu&iacute;a cultural? Que estas herramientas han alterado nuestra existencia parece un hecho incontrovertible; que las nuevas tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n supongan un paso adelante en la historia del progreso humano sin costes y peligros, es otro asunto bien distinto, como nos recuerda el ciberactivista y agitador cultural Jaron Lanier en su sugerente <em>Contra el reba&ntilde;o digital</em> (Debate, 2011), una cr&oacute;nica imprescindible y bien ponderada para todo aquel que quiere sumergirse en el apasionante debate sobre las ventajas e inconvenientes de Internet y las redes sociales sobre nuestras vidas.</p>
<p>Si, como ya advirtiera McLuhan, los medios son capaces de transformar los contenidos y los mensajes, &iquest;qu&eacute; tipo de transformaciones estar&iacute;amos sufriendo bajo la influencia de estos nuevos medios? Cabr&iacute;a decir, sin &aacute;nimo de exageraci&oacute;n, que si en el pasado busc&aacute;bamos adaptar la respectiva innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica a nuestra vida, hoy estar&iacute;amos en una situaci&oacute;n algo diferente, como si nuestra preocupaci&oacute;n pasara m&aacute;s bien por el hecho de que nuestra existencia se encuentre a la altura de nuestra herramienta. Es decir, &iquest;c&oacute;mo hemos de comportarnos para estar a la altura de nuestro <em>Facebook</em>, nuestro blog o de nuestro <em>Twitter</em>? La ansiedad por filmar, grabar y colgar nuestros momentos de forma inmediata es elocuente a este respecto. Hoy es como si la vida que no se <em>twitteara</em> ya no fuera vida real.</p>
<p>El elemento provocador del libro de Lanier radica en su diagn&oacute;stico cr&iacute;tico. Seg&uacute;n Lanier, un gur&uacute; inform&aacute;tico muy reputado en el mundo anglosaj&oacute;n, la concentraci&oacute;n de usuarios digitales en redes sociales, blogs o intercambio de archivos no garantiza un desarrollo &oacute;ptimo de la comunicaci&oacute;n; es m&aacute;s, a diferencia de los abanderados de las nuevas tecnolog&iacute;as, no considera que la supuesta eficacia de una &ldquo;mente enjambre&rdquo; trabajando en red de forma contin&uacute;a y com&uacute;n constituya un avance, sino m&aacute;s bien una sumisi&oacute;n de lo humano al poder de la m&aacute;quina tecnol&oacute;gica. Por otro lado, no deber&iacute;an omitirse otros peligros, como el aumento de adicciones a las redes sociales. La obsesi&oacute;n por estar &ldquo;conectado&rdquo; es fuente de ansiedades y des&oacute;rdenes emocionales, como est&aacute;n poniendo de manifiesto &uacute;ltimamente los profesionales del &aacute;mbito terap&eacute;utico.</p>
<p>En cierto modo, este debate sobre las nuevas tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n puede en muchos puntos relacionarse con la c&eacute;lebre distinci&oacute;n que Umberto Eco realizara en la d&eacute;cada de los sesenta al hilo de la lucha entre los llamados &ldquo;apocal&iacute;pticos&rdquo; e &ldquo;integrados&rdquo;. En relaci&oacute;n con la cultura de masas,&nbsp; sosten&iacute;a Eco que mientras los apocal&iacute;pticos valoraban en los nuevos medios, por su horizontalidad, homogeneizaci&oacute;n y nivelaci&oacute;n, la esencia de la &ldquo;anticultura&rdquo;, los &ldquo;integrados&rdquo; daban la bienvenida a estas nuevas tecnolog&iacute;as por impulsar el esp&iacute;ritu democratizador y abolir toda <em>distancia</em> cultural. Sin duda, estas categor&iacute;as sirven todav&iacute;a para definir nuestro escenario, marcado por la proliferaci&oacute;n viral de la informaci&oacute;n a tiempo r&eacute;cord y por la resistencia de ciertos sectores a perder sus tradicionales marcas de identidad.</p>
<p>A la vista de todos los argumentos que parecen esgrimirse contra la supuesta superficialidad de Internet, no parece err&oacute;neo volver a acudir a la perspectiva de Eco. Para ciertos sectores de nuestra &ldquo;aristocracia&rdquo; cultural, amenazada por Internet, la idea de compartir la cultura de modo tal que pueda llegar y ser apreciada por todos es un contrasentido. De ah&iacute; que esta horizontalidad enemiga de todo vestigio vertical sea para ellos una "cultura de grado cero", por as&iacute; decirlo. Por el contrario, quienes aceptan con complacencia este fen&oacute;meno, consideran que gracias a &eacute;l es posible por vez primera acercar a las grandes masas manifestaciones culturales que hasta ahora solo estaban reservadas a las elites. Los arist&oacute;cratas ser&iacute;an, pues, los pesimistas, o los apocal&iacute;pticos, mientras que los optimistas ser&iacute;an los llamados integrados.</p>
<p style="text-align: left;">II</p>
<p>&iquest;Supone Internet, por su tendencia fren&eacute;tica a la inmediatez, la horizontalidad y la superficialidad una &ldquo;anticultura&rdquo;? Antes de intentar aproximarnos a esta cuesti&oacute;n, puede ser &uacute;til recordar brevemente qu&eacute; entendemos por &ldquo;cultura&rdquo;. La ra&iacute;z latina de la palabra es &ldquo;<em>colere</em>&rdquo;, expresi&oacute;n que abarca desde el cultivo de la tierra para hacerla f&eacute;rtil a la protecci&oacute;n o salvaguardia de un territorio delimitado. En sus <em>Tusculanae Disputationes</em>, Cicer&oacute;n, por ejemplo, se hace eco de este significado cuando compara el proceder cultural y filos&oacute;fico con la siembra y cultivo de los campos. Este significado de cultura como educaci&oacute;n, formaci&oacute;n, desarrollo o perfeccionamiento de las facultades intelectuales y morales del hombre ya recoge el matiz de la humanizaci&oacute;n en oposici&oacute;n al mundo natural o animal.</p>
<p>Muy ligado a esta &ldquo;labranza&rdquo; se encuentra el concepto griego de <em>paide&iacute;a</em>. En su libro hom&oacute;nimo, Werner Jaeger desglos&oacute; minuciosamente las caracter&iacute;sticas de este arte educativo en la Antig&uuml;edad. La Antig&uuml;edad griega valoraba la educaci&oacute;n, ligada a las buenas artes (la poes&iacute;a, la elocuencia, la filosof&iacute;a), como una actitud indistinguible del ocio y opuesta a las labores del esclavo, sumido en la necesidad, la inmediatez &ndash;no contemplativa- y el trabajo manual. Toda esta concepci&oacute;n ser&aacute; ensalzada posteriormente por el Humanismo renacentista, pero tambi&eacute;n, como veremos, servir&aacute; de modelo sobre el que se forjar&aacute; el ideal de <em>Bildung</em> alem&aacute;n (Goethe, Winckelmann, Schiller): la cultura respetuosa con la totalidad arm&oacute;nica.</p>
<p>Pese a la ambig&uuml;edad se&ntilde;alada, existe, <em>grosso modo</em>, cierto acuerdo inicial en identificar la cultura, en t&eacute;rminos generales, con todo aquello que es producido por los seres humanos en contraposici&oacute;n a lo meramente natural. En un sentido parecido, se ha subrayado esta acepci&oacute;n de cultura, en sentido &ldquo;subjetual&rdquo;, como sin&oacute;nimo de <em>aprendizaje</em> (y, por tanto, como concepto opuesto a <em>herencia</em>). Frente al animal, el hombre ocupa una posici&oacute;n peculiar, casi extravagante, dentro de la naturaleza: carece del ambiente espec&iacute;fico de su especie (von Uexk&uuml;ll), o, dicho de otro modo, dada su constituci&oacute;n biol&oacute;gica imperfecta y prematura, no clausurada, las relaciones del ser humano con su ambiente se caracterizan por su ineludible &ldquo;apertura al mundo&rdquo;. Todo esto indica que el ser humano no s&oacute;lo se interrelaciona con un ambiente natural no fijado de una vez por todas, sino tambi&eacute;n con un orden cultural y social espec&iacute;fico mediatizado y sedimentado culturalmente.</p>
<p>En este contexto, el clasicismo alem&aacute;n tambi&eacute;n har&aacute; uso frecuente de la idea de <em>Bildung</em> como desarrollo arm&oacute;nico de todas las capacidades humanas (an&iacute;micas, sensoriales o intelectuales) en el marco de una educaci&oacute;n est&eacute;tica no re&ntilde;ida con una nueva participaci&oacute;n social. &Eacute;sta, a decir verdad, no se identificaba ni con la aristocracia autocomplaciente de la &eacute;poca ni con la incipiente burgues&iacute;a empresarial de mentalidad roma y utilitarista. No cabe duda de que la carta magna de este nuevo movimiento de renovaci&oacute;n cultural es la obra de Schiller<em> Cartas sobre la educaci&oacute;n est&eacute;tica del hombre</em>. Pero no puede orillarse la aportaci&oacute;n de Moses Mendelssohn (1753-1804), quien en su op&uacute;sculo &ldquo;Acerca de la pregunta &iquest;a qu&eacute; se llama ilustrar?&rdquo; ya identificaba sin tapujos Ilustraci&oacute;n y <em>Bildung</em>.</p>
<p>En realidad, en alg&uacute;n sentido, toda esta pol&eacute;mica en relaci&oacute;n con el debate informaci&oacute;n <em>versus</em> conocimiento podr&iacute;a retrotraerse y sintetizarse en la cr&iacute;tica realizada por Nietzsche a la acumulaci&oacute;n hist&oacute;rica de datos propiciada por la metodolog&iacute;a historicista. La cr&iacute;tica a la metodolog&iacute;a historicista que desarrolla el fil&oacute;sofo alem&aacute;n en la segunda &ldquo;Consideraci&oacute;n intempestiva&rdquo; podr&iacute;a interpretarse como una cr&iacute;tica a la progresiva autonom&iacute;a de la informaci&oacute;n respecto a los marcos matriciales tradicionales de sentido que empieza a desarrollarse a finales del XIX y experimenta su punto cenital en nuestra posmodernidad. All&iacute; donde Nietzsche hablaba sobre la utilidad y el perjuicio de la historia (memor&iacute;stica, meramente informativa) para una vida sana, en t&eacute;rminos formativos, hoy podemos hablar de la utilidad y el perjuicio de Internet para nuestras vidas.</p>
<p>Puede decirse que, de modo parecido a <em>Funes el memorioso</em>, ese personaje <em>incapacitado para olvidar</em> del cuento de Borges, tanto el hombre historicista como el cibernauta posmoderno &rdquo;viajan&rdquo; por el mundo de la informaci&oacute;n como turistas ociosos e insensibles, como si estuvieran ante un museo de hechos de car&aacute;cter anestesiante. Ambos parecen atiborrarse ca&oacute;ticamente de una informaci&oacute;n continuamente banalizada que, al mismo tiempo que anestesia interiormente su sentido hist&oacute;rico, extingue su subjetividad, sus aptitudes para la distinci&oacute;n cr&iacute;tica y su creatividad. De ah&iacute; la obstaculizaci&oacute;n de la informaci&oacute;n sin criterios, en definitiva, para una funci&oacute;n <em>educativa</em>, pues la infinita acumulaci&oacute;n de hechos impide cualquier actitud seria para el aprendizaje.</p>
<p>En algunos aspectos, esta l&iacute;nea cr&iacute;tica tambi&eacute;n hunde sus ra&iacute;ces en la pol&eacute;mica de <em>La rebeli&oacute;n de las masas</em> de Ortega, uno de los autores que m&aacute;s ha contribuido a clarificar el nuevo debate contempor&aacute;neo entre cultura de elites y &ldquo;barbarie&rdquo;. La critica orteguiana al &ldquo;primitivismo&rdquo; de las masas pone de manifiesto c&oacute;mo un cierto <em>Naturmensch</em> ajeno a las pautas de la civilizaci&oacute;n emerge en el siglo XX &ldquo;como si fuera naturaleza&rdquo;, esto es, sin conciencia del arduo trabajo cultural: &ldquo;el hombre masa cree que la civilizaci&oacute;n en que ha nacido y que usa es tan espont&aacute;nea y primigenia como la Naturaleza, e <em>ipso facto</em> se convierte en primitivo. La civilizaci&oacute;n se le antoja selva&rdquo;. Ha sido Ortega precisamente uno de los fil&oacute;sofos que, oponi&eacute;ndose a esta inmediatez primitivista, m&aacute;s han insistido en este valor &ldquo;sobrenatural&rdquo; y &ldquo;lujoso&rdquo; de la cultura, de forma interesante adem&aacute;s al hilo de sus consideraciones sobre la t&eacute;cnica. Dado que el hombre carece de un espacio dado o natural, es &ldquo;un intruso de la llamada naturaleza&rdquo;, un &ldquo;animal fant&aacute;stico&rdquo; que al extra&ntilde;arse de la naturaleza no puede por menos de crear mundo. En alguna ocasi&oacute;n &mdash;&ldquo;Pidiendo un Goethe desde dentro&rdquo;&mdash;, Ortega utiliza la met&aacute;fora del &ldquo;n&aacute;ufrago&rdquo; para expresar lo m&aacute;s significativo de la situaci&oacute;n cultural: &ldquo;esa agitaci&oacute;n de los brazos con que reacciona ante su propia perdici&oacute;n, es la cultura &mdash;un movimiento natatorio&rdquo;.</p>
<p style="text-align: left;">III</p>
<p>Tras esta breve digresi&oacute;n, &iquest;son las nuevas tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n en este sentido herramientas culturalmente <em>regresivas </em>por cuanto obstaculizan esta dimensi&oacute;n formativa y embrutecen al ser humano? &iquest;Produce esta nueva inmediatez una relaci&oacute;n tecnol&oacute;gica con el mundo que atrofia la relaci&oacute;n necesaria con la temporalidad y las mediaciones e impide desarrollar el proceso de madurez? En tiempos relativamente recientes, ha sido Mario Vargas Llosa &ndash;en el art&iacute;culo period&iacute;stico &ldquo;M&aacute;s informaci&oacute;n, menos conocimiento&rdquo; (<em>El Pa&iacute;s</em>, 30 de julio de 2011)- quien ha vuelto a sacar a colaci&oacute;n este debate en relaci&oacute;n con el declive de la figura tradicional del lector en la era digital. No solo estamos perdiendo el buen metabolismo cultural en manos del obsesivo &ldquo;picoteo&rdquo; de informaci&oacute;n por la red que nos caracteriza. En pocas palabras, parece que &ldquo;cuanto m&aacute;s inteligente sea nuestro ordenador, m&aacute;s tontos seremos&rdquo;. &nbsp;Vargas Llosa utiliza el ejemplo de Nicholas Carr, un voraz lector de buenos libros que, seducido por el &ldquo;mariposeo cognitivo&rdquo; de Internet, se convirti&oacute; en un experto en las nuevas tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n. Un d&iacute;a, sin embargo, Carr, preocupado por el modo en que estas tecnolog&iacute;as estaban transformando su vida hasta el punto de hacerle insensible al &ldquo;tiempo&rdquo; propio de la lectura, toma la decisi&oacute;n de romper con ellas.</p>
<p>De esta experiencia nace su libro <em>&iquest;Qu&eacute; est&aacute; haciendo Internet con nuestras mentes?</em> (Taurus, 2011). En el art&iacute;culo, Vargas Llosa parte de este ejemplo para reflexionar sobre c&oacute;mo Internet, Twitter, Facebook, etc., no son solo herramientas; son medios que configuran y crean mundo. &ldquo;Los defensores recalcitrantes del <em>software</em> &ndash;escribe- alegan que se trata de una herramienta y que est&aacute; al servicio de quien la usa y, desde luego, hay abundantes experimentos que parecen corroborarlo [&hellip;] &iquest;qui&eacute;n podr&iacute;a negar que es un avance casi milagroso que, ahora, en pocos segundos, haciendo un peque&ntilde;o clic con el rat&oacute;n, un internauta recabe una informaci&oacute;n que hace pocos a&ntilde;os le exig&iacute;a semanas o meses de consultas en bibliotecas y a especialistas? Pero tambi&eacute;n hay pruebas concluyentes de que, cuando la memoria de una persona deja de ejercitarse porque para ello cuenta con el archivo infinito que pone a su alcance un ordenador, se entumece y debilita como los m&uacute;sculos que dejan de usarse&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;Acostumbrados a picotear informaci&oacute;n en sus computadoras&rdquo;, los nuevos cibernautas no tendr&iacute;an ya necesidad, seg&uacute;n Vargas Llosa, de hacer prolongados esfuerzos de concentraci&oacute;n: dejando de ser lectores para convertirse en algo parecido a &ldquo;turistas culturales&rdquo;, los nuevos hombres y mujeres de la era digital est&aacute;n siendo &ldquo;condicionados para contentarse con ese mariposeo cognitivo a que los acostumbra la Red, con sus infinitas conexiones y saltos hacia a&ntilde;adidos y complementos, de modo que han quedado en cierta forma vacunados contra el tipo de atenci&oacute;n, reflexi&oacute;n, paciencia y prolongado abandono a aquello que se lee, y que es la &uacute;nica manera de leer, gozando, la gran literatura&rdquo;.</p>
<p>IV</p>
<p>En una l&iacute;nea incluso m&aacute;s beligerante, alineada claramente en el sector apocal&iacute;ptico, el fil&oacute;sofo Alain Finkielkraut, en su ensayo <em>Internet, el &eacute;xtasis inquietante</em> (Libros del Zorzal, 2011), es m&aacute;s rotundo: Internet denigra al hombre. &iquest;La raz&oacute;n? En su teclado, el cibernauta ha saldado todas sus deudas y s&oacute;lo conoce sus derechos. &ldquo;Amigable copart&iacute;cipe del sentido y ya no pasivo destinatario&rdquo;, el nuevo hombre de Internet &ldquo;es el hombre que vale por todos los hombres y por cualquier hombre; libre, es decir, soberano, tiene al mundo en la palma de su mano&rdquo;.</p>
<p>Pero Finkielkraut considera que el peligro de Internet no radica solo en su idiota superficialidad, sino en sus consecuencias pol&iacute;ticas. Con el uso &ldquo;ciudadano&rdquo; del Internet, afirma, &ldquo;los principios de la democracia triunfan sobre toda jerarqu&iacute;a y sobre toda autoridad: maravillosa perspectiva, que justifica, adem&aacute;s, la negativa a abandonar la gran red en manos del &lsquo;<em>Big Brother</em><em>&rsquo;</em><em> </em>o de los mercaderes del templo&rdquo;. &ldquo;Encerrado en su demanda y librado a la satisfacci&oacute;n inmediata de sus deseos o de sus impaciencias, preso de lo instant&aacute;neo&rdquo;<em>, </em>el hombre de Internet, para Finkielkraut corre el riesgo de&nbsp; condenarse a s&iacute; mismo &ldquo;por su fatal libertad&rdquo;. Nada le est&aacute; prohibido para &eacute;l, salvo el desconectarse. Y esta condena se agrava con el poder de hacer &ldquo;zapping&rdquo;, &ldquo;navegar&rdquo;, &ldquo;cliquear&rdquo; o &ldquo;bloggear&rdquo;.</p>
<p>En el diagn&oacute;stico apocal&iacute;ptico de Finkielkraut llama la atenci&oacute;n, sin embargo, su relaci&oacute;n con un pensador muy diferente en realidad de sus coordenadas ideol&oacute;gicas. Nos referimos a Gilles Deleuze, quien, siguiendo algunas ideas del escritor norteamericano William Burroughs, en un magistral an&aacute;lisis de los nuevos sistemas de dominaci&oacute;n en nuestras sociedades contempor&aacute;neas, intuyendo quiz&aacute; el nuevo papel preponderante las nuevas tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n, subrayaba hace ya unas d&eacute;cadas c&oacute;mo el nuevo poder ya no se definir&iacute;a por su capacidad de coerci&oacute;n o pesadez, sino m&aacute;s bien por su seductora levedad, su dimensi&oacute;n fluida. Partiendo del diagn&oacute;stico de Michel Foucault sobre las sociedades disciplinarias, Deleuze deduc&iacute;a la necesidad de complementar este an&aacute;lisis con nuevos sistemas reticulares y &ldquo;l&iacute;quidos&rdquo;, solo aparentemente m&aacute;s democr&aacute;ticos y horizontales. Esta transformaci&oacute;n se correspond&iacute;a tambi&eacute;n, seg&uacute;n afirmaba, con la transformaci&oacute;n del modo capitalista de producci&oacute;n, en el cual se hab&iacute;a reducido el papel productivo protagonista de la f&aacute;brica industrial en virtud de una nueva revalorizaci&oacute;n del trabajo comunicativo, cooperativo y afectivo. En la posmodernizaci&oacute;n de la econom&iacute;a global, la creaci&oacute;n de la riqueza tiende cada vez m&aacute;s a darse a trav&eacute;s de la producci&oacute;n en &ldquo;enjambre&rdquo;, en red, donde Internet es, ciertamente, fundamental. &ldquo;El hombre de la disciplina &ndash;comenta Deleuze- era un productor discontinuo de energ&iacute;a, pero el hombre de control es m&aacute;s bien ondulatorio, permanece en &oacute;rbita, suspendido sobre una onda continua. El <em>surf</em> desplaza en todo lugar a los antiguos <em>deportes</em>&rdquo;.</p>
<p>Es significativo c&oacute;mo el llamado &ldquo;neoreaccionario&rdquo; Finkielkraut parece estar de acuerdo con Deleuze en este punto: en virtud de esta transformaci&oacute;n econ&oacute;mico-cultural, estar&iacute;amos hoy asistiendo a una transici&oacute;n que nos conducir&iacute;a de la "sociedad disciplinaria" a la "sociedad de control". Esta &uacute;ltima se caracterizar&iacute;a por un nuevo paradigma de poder. Si en la sociedad disciplinaria, correspondiente con la primera fase de acumulaci&oacute;n capitalista, el poder se constru&iacute;a mediante un conjunto difuso de dispositivos o aparatos que produc&iacute;an y regulaban las costumbres, h&aacute;bitos y pr&aacute;cticas productivas con ayuda de instituciones disciplinarias como la prisi&oacute;n, la f&aacute;brica, el psiqui&aacute;trico, el hospital o la escuela, la sociedad de control, en contraste, es una sociedad en la cual los mecanismos de sujeci&oacute;n se vuelven inmanentes al campo social. De este modo, los modos sociales de integraci&oacute;n y de exclusi&oacute;n se interiorizar&iacute;an cada vez m&aacute;s por medio de mecanismos que <em>inmediatamente</em> organizar&iacute;an los cerebros y los cuerpos. En pocas palabras, lo que estar&iacute;a en juego en Internet no ser&iacute;a solo la democratizaci&oacute;n de la informaci&oacute;n, sino un nuevo <em>Big Brother</em>: la producci&oacute;n y reproducci&oacute;n de la vida a trav&eacute;s de la red.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>V</p>
<p>Muy ajenos a estas conclusiones apocal&iacute;pticas, han sido los pensadores Michael Hardt y Antonio Negri los que m&aacute;s han insistido en obras como <em>Imperio</em> en las virtualidades emancipatorias derivadas de las nuevas tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n. Internet, que comenz&oacute; inicialmente siendo, como todo el mundo sabe, un proyecto del DARPA (la Agencia de Proyectos Avanzados de Investigaci&oacute;n del Departamento de Defensa de los Estados Unidos), y que ha terminado expandi&eacute;ndose por todo el mundo, es para Hardt y Negri el ejemplo principal de una estructura de red democr&aacute;tica. En ella, un n&uacute;mero indeterminado y potencialmente ilimitado de nodos interconectados se comunican sin ning&uacute;n punto central de control; todos los nodos, independientemente de su localizaci&oacute;n territorial, se conectan con entre s&iacute; a trav&eacute;s de una mir&iacute;ada de pasos y relevos.</p>
<p>&nbsp;&ldquo;Como no hay un centro y casi cada parte puede operar como un todo aut&oacute;nomo &ndash;escriben Hardt y Negri-, la red puede continuar funcionando a&uacute;n cuando parte de ella haya sido destruida. Ese mismo elemento de dise&ntilde;o que asegura la sobrevida, la descentralizaci&oacute;n, es el que torna tan dif&iacute;cil del control de la red. Como ning&uacute;n punto de la red es necesario para la comunicaci&oacute;n entre otros, es dificultoso regular o prohibir su comunicaci&oacute;n. Este modelo es el que Deleuze y Guattari llaman un rizoma, una estructura en red, no-jer&aacute;rquica y no-centrada&rdquo;.</p>
<p>Hardt y Negri, en el papel de &ldquo;integrados&rdquo; y defensores del nuevo campo de &ldquo;lo com&uacute;n&rdquo; abierto por las nuevas tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n, afirman que nociones &ldquo;rizom&aacute;ticas&rdquo; derivadas de esta nueva intelectualidad de masas &ndash;lo que denominan "trabajo inmaterial" y "<em>general intellect</em>"- nos ayudan a captar la relaci&oacute;n entre producci&oacute;n social y biopoder. De este modo, el papel central que en la producci&oacute;n de plusval&iacute;a jugaba anteriormente la fuerza de trabajo del obrero-masa fabril se ve cada vez m&aacute;s ocupado por la fuerza de trabajo intelectual, inmaterial y comunicativa. La figura del trabajo inmaterial implicado en la comunicaci&oacute;n, la cooperaci&oacute;n y la reproducci&oacute;n de los afectos ocupa as&iacute;, seg&uacute;n Hardt y Negri, una posici&oacute;n cada vez m&aacute;s central en el esquema de la producci&oacute;n.</p>
<p>VI</p>
<p>A diferencia de Hardt y Negri, Finkielkraut, nost&aacute;lgico de un mundo que todav&iacute;a pose&iacute;a peso, distancia y l&iacute;mites claros, no puede sino detestar esta nueva fluidez, inmediatez y falta de pudor del universo en red. S&iacute;mbolo del nuevo expresionismo narcisista, Internet es para &eacute;l exclusivamente el grado cero del pudor. Donde los &ldquo;integrados&rdquo; subrayan el valor democr&aacute;tico y comunicacional de esta milagrosa levedad en continua interacci&oacute;n, &eacute;l advierte del &ldquo;empeque&ntilde;ecimiento&rdquo; y contracci&oacute;n de la experiencia del mundo. Si Internet, bajo este punto de vista, para Hardt y Negri representa la emergencia de un nuevo &ldquo;intelectual colectivo&rdquo; con capacidad de dinamitar la caduca noci&oacute;n de propiedad y los derechos del individualismo posesivo, para Finkielkraut simboliza, en efecto, una liberaci&oacute;n, pero la de una <em>libertad fatal</em>. All&iacute; donde el apocal&iacute;ptico vaticina el virus de una horizontalidad enemiga de lo humano, el integrado alaba el ocaso de la verticalidad. &iquest;No ha representado precisamente la reciente discusi&oacute;n sobre la &ldquo;ley-Sinde&rdquo; un nuevo ejemplo de esta lucha entre el peso y la levedad?</p>
<p>Consciente de los peligros de Internet, pero tambi&eacute;n de sus indudables beneficios, Lanier en <em>Contra el reba&ntilde;o digital</em> advierte, sin embargo, de la posibilidad de nuevos entramados de poder y de la devaluaci&oacute;n de la comunicaci&oacute;n, una &ldquo;degradaci&oacute;n&rdquo; que podr&iacute;a adquirir gran velocidad &ldquo;cuando los sistemas de informaci&oacute;n puedan funcionar &ndash;se&ntilde;ala- sin la intervenci&oacute;n humana constante en el mundo f&iacute;sico, a trav&eacute;s de robots y otros &lsquo;gadgets&rsquo; autom&aacute;ticos&rdquo;. Pero, siguiendo este esquema, el inter&eacute;s &uacute;ltimo de su ensayo reside en su intento, nada ingenuo, de mediar entre ambas posiciones: la del detractor furibundo y la del ardor cibernauta. Su autor no est&aacute; en contra del uso de la <em>web</em>, ni siquiera de un desarrollo m&aacute;s acentuado; m&aacute;s bien aboga por un cambio de paradigma que otorgue preeminencia a la subjetividad humana frente a la tecnolog&iacute;a. De ah&iacute; la necesidad de inventar aplicaciones, herramientas y sistemas que tengan verdadera relevancia para un usuario y no le suman en el shock de la banalidad acumulada, una acumulaci&oacute;n de p&aacute;ginas sin valor, de aplicaciones que tienden a uniformizar la experiencia humana y de tecnolog&iacute;as que limitan el potencial creativo. &Eacute;ste ser&iacute;a, a su modo de ver, el aut&eacute;ntico reto de nuestro tiempo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 04 Sep 2013 07:22:15 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Seamus Heaney: un poeta entre dos fronteras]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/seamus-heanay-un-poeta-entre-dos-fronteras/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/SEAMUS_HEANEY.jpg" alt="" /></p>
<p><em>De la emoci&oacute;n a las palabras</em> es una antolog&iacute;a de escritos en prosa del Premio Nobel Seamus Heaney. Dicha antolog&iacute;a, elaborada y traducida de modo impecable por Francesc Parcerisas, se basa en tres vol&uacute;menes de cr&iacute;tica del poeta publicados respectivamente en 1980, 1988 y 1995.</p>
<p>&ldquo;Mossbawn&rdquo; es el t&iacute;tulo del primer texto seleccionado. Tiene un car&aacute;cter m&aacute;s l&iacute;rico que ensay&iacute;stico y recrea aspectos autobiogr&aacute;ficos de la ni&ntilde;ez y la adolescencia. El paisaje primordial, la confusi&oacute;n con la tierra, la llamada del agua y de los &aacute;rboles tienen algo as&iacute; como un valor inici&aacute;tico, de investidura, de trato &ndash;no verbal todav&iacute;a- con la poes&iacute;a. No es ajeno al texto, muy bello por otra parte, a una cierta dimensi&oacute;n m&iacute;tica. Me refiero a esa experiencia infantil que de modo inconsciente enlaza con los valores sagrados de la cultura celta (S.H., sin embargo, como poeta adulto, no es, como s&iacute; lo fue en cierto modo Yeats, una especia de oficiante o profesional del tema ga&eacute;lico). Su relaci&oacute;n &ndash;insisto- con la mitolog&iacute;a irlandesa tiene un sentido m&aacute;s tel&uacute;rico que cultista. Se aprecia a trav&eacute;s del ni&ntilde;o que al escoger un &aacute;rbol como cobijo, como dios tutelar, est&aacute; ritualizando un contacto, estableciendo una conexi&oacute;n m&aacute;gica: &ldquo;A m&iacute; me encantaba la horcadura de un haya al comienzo del camino que llevaba a casa (&hellip;), pero sobre todo pasaba muchas horas en la garganta de un viejo sauce al extremo del patio. Su boca era como la abertura gruesa y s&oacute;lida de una collera de caballo&rdquo;. En la poes&iacute;a de S.H. hay una pulsi&oacute;n evidente relacionada con la humedad, el agua; incluso la inseguridad de las tierras pantanosas se convierte en referencia literaria: &ldquo;Aqu&eacute;l era el reino de los espectros de la ci&eacute;naga&rdquo;. Este instinto tel&uacute;rico, seguramente com&uacute;n a cualquier poeta de infancia campesina, se acent&uacute;a mediante una herencia de s&iacute;mbolos y de referentes m&aacute;s cercanos a la leyenda que a la historia en sentido estricto; por la isla vagar&aacute; entonces, en un cruce de mitolog&iacute;as, el esp&iacute;ritu de los druidas al lado de la sombra ben&eacute;fica de San Patricio. Es as&iacute; como las realidades elementales trascienden el orden natural para alcanzar una vigorosa funci&oacute;n po&eacute;tica: un bosque, tras la iniciaci&oacute;n o la ritualizaci&oacute;n inconsciente, ya no es s&oacute;lo un simple bosque. Su rumor, vast&iacute;simo, incorpora voces que enlazan el prosa&iacute;smo del presente con la magia de un pasado fundacional: &ldquo;Los tejos frondosos y salvajes cubr&iacute;an el lugar y me transportaban a Agincourt y Crecy, batallas en las que sab&iacute;a que los arqueros ingleses hab&iacute;an empleado arcos fabricados de varas de tejo&rdquo;, &ldquo;la tentaci&oacute;n de cortar una rama de aquel macizo silencioso de Church Island hubiese constituido una traici&oacute;n demasiado sacr&iacute;lega&rdquo;.</p>
<p>No fue, desde luego, la infancia de S.H. la de un peque&ntilde;o roedor de biblioteca. Ante &eacute;l se desplegaba otro libro abierto seguramente m&aacute;s fecundo que aquellos &ldquo;cuatro o cinco vol&uacute;menes mohosos&rdquo; que siempre fueron, por estar en un estante demasiado alto, &ldquo;libros cerrados&rdquo;. Su primer &ldquo;estremecimiento literario&rdquo; lo relaciona con la lectura escolar de la historia de Irlanda; en realidad, se trataba de la integraci&oacute;n de un acervo legendario que podr&iacute;a luego transferir al paisaje. <em>Secuestrado</em>, de Robert Louis Stevenson fue ese primer libro &ldquo;pose&iacute;do y atesorado&rdquo; que, cuando se trata de la infancia, cobra m&aacute;s un valor fetichista, objetual, que de significaci&oacute;n. Coplas obscenas, en las que se juega con el doble sentido de las palabras, tambi&eacute;n est&aacute;n en el aprendizaje literario de S.H. Y seguramente tuvieron m&aacute;s fortuna en su imaginaci&oacute;n que las largas tiradas versiculares de Lord Byron y Keats. Un verso de &eacute;ste, sin embargo, se salva de los estragos que produce el suplicio escolar de la recitaci&oacute;n mec&aacute;nica: &ldquo;los &aacute;rboles llenos de musgo se doblan bajo el peso de las manzanas&rdquo;. Es decir: la poes&iacute;a deja de ser lenguaje herm&eacute;tico &ndash;una compleja articulaci&oacute;n de sonidos nuevos-&nbsp; cuando entre ella y la realidad puede establecerse alg&uacute;n correlato objetivo. As&iacute;, los &aacute;rboles de la &ldquo;Oda al oto&ntilde;o&rdquo; de Keats funcionan po&eacute;ticamente s&oacute;lo porque el t&iacute;o de S.H. tiene una peque&ntilde;a huerta con manzanos musgosos. La an&eacute;cdota, en fin, nos da una clave importante para entender a alguien que despu&eacute;s conforma una identidad po&eacute;tica: &ldquo;La lengua literaria, la dicci&oacute;n civilizada del canon cl&aacute;sico de la poes&iacute;a inglesa, era una especie de alimentaci&oacute;n forzada&rdquo;. No falta tampoco, en relaci&oacute;n al tema, una iron&iacute;a muy contextualizada que suaviza la frecuente rigidez del tono ensay&iacute;stico. Ser&aacute; un rasgo muy peculiar de Heaney: &ldquo;hab&iacute;a muy poca diferencia entre la m&uacute;sica (de la poes&iacute;a) con su &ldquo;cadencia voluptuosa&rdquo; y la &ldquo;consagraci&oacute;n del matrimonio dentro de los grados prohibidos de consaguinidad&rdquo;. &ldquo;Se comprende, en fin, que entre los muros de la ortodoxia, saliendo del canon religioso para entrar en otro &ndash;el literario- no menos abstruso, un escolar perplejo &ndash;un futuro poeta- opte por trepar a los &aacute;rboles de su t&iacute;o Keats.</p>
<p>&ldquo;Belfalst&rdquo; es el segundo texto seleccionado. Alude tanto a un conflicto pol&iacute;tico &ndash;el terrorismo del IRA, etc&hellip;.- como a una disociaci&oacute;n que se abre en la conciencia de S.H. Existe, en efecto, una dial&eacute;ctica entre la autonom&iacute;a del arte (su derecho natural a la forma, la creatividad, la divagaci&oacute;n incluso) y los imperativos que dicta &ldquo;un mundo p&uacute;blico y brutal&rdquo;. Otra disociaci&oacute;n es la del escritor que vive en situaci&oacute;n de frontera, el que est&aacute; a caballo entre dos culturas. S.H. habla, en su af&aacute;n ecl&eacute;ctico de armonizar contrarios o de conciliar dicotom&iacute;as, de un elemento originario femenino (el relativo a Irlanda, &ldquo;racimos de im&aacute;genes y emociones&rdquo;) y otro masculino (el componente ingl&eacute;s, voluntad e inteligencia). Y en definitiva, su identidad de poeta empieza a definirse cuando se produce un cruce entre sus ra&iacute;ces irlandesas y sus lecturas inglesas. Sin dudar de la sinceridad de tal afirmaci&oacute;n, a este prodigio de s&iacute;ntesis (y de diplomacia) un castellano tradicional lo llamar&iacute;a quedar bien con Dios y el diablo. O a la inversa, si se prefiere. Esta misma pol&iacute;tica de buenas maneras (no caer en categorizaciones tajantes ni excluyentes) la observo en la lectura que Heaney hace de muy distintos poetas. Se dir&iacute;a que a un irland&eacute;s ecum&eacute;nico &ndash;o a un ingl&eacute;s bien educado- no le est&aacute; permitido transigir con la debilidad humana de las fobias&hellip;</p>
<p>&ldquo;De la emoci&oacute;n a las palabras&rdquo;, ensayo que da t&iacute;tulo a la antolog&iacute;a de Parcerisas, se abre con una cita de Wordsworth. Para Heaney parece ser no s&oacute;lo un artista emblem&aacute;tico, casi el poeta por antonomasia, sino tambi&eacute;n el referente obligado de su propia labor creadora: una autojustificaci&oacute;n. De &eacute;l procede esa concepci&oacute;n de la poes&iacute;a &ldquo;como adivinaci&oacute;n, como revelaci&oacute;n del yo a uno mismo&rdquo;. Esta revelaci&oacute;n, por otra parte, coincide con lo que solemos llamar el hallazgo de la propia voz, la que nos va a identificar lo mismo que lo har&iacute;a una &ldquo;r&uacute;brica&rdquo; o una &ldquo;huella dactilar&rdquo;. El poeta, en definitiva, juega con un arte parecido a la t&eacute;cnica del zahor&iacute;: &ldquo;El arte de adivinar, de dar con el agua subterr&aacute;nea no se puede aprender, es un don que s&oacute;lo poseen los que est&aacute;n en contacto con aquello que tienen una existencia oculta y real, un don que sirve para mediar entre un bien en potencia y la comunidad que desea verlo liberado, fluyendo&rdquo;. Con lo dicho queda claro que Heaney &ndash;diferenciador entre &ldquo;artificio&rdquo; y &ldquo;t&eacute;cnica&rdquo;, dos conceptos pocas veces bien delimitados- valora en la poes&iacute;a lo que &eacute;sta tiene de impulso, de obediencia, de funci&oacute;n oracular, de don que no se puede reducir a explicaciones l&oacute;gicas o mecanicistas. Y no es de extra&ntilde;ar as&iacute; su preferencia por Wordsworth frente a un Auden, por ejemplo, para quien un poema es un simple &ldquo;artefacto verbal&rdquo;. La pol&eacute;mica, pues, entre el prosa&iacute;smo y lo inefable, est&aacute; servida. Aunque convendr&iacute;a no olvidar, a la hora de las definiciones, el peligro que entra&ntilde;an las met&aacute;foras: entre un relojero, pongamos por caso, y un zahor&iacute; siempre habr&aacute; un espacio disponible para cualquier otro oficio. Par algo que, a la postre, s&oacute;lo tendr&aacute; el valor de otra met&aacute;fora.</p>
<p>&ldquo;La construcci&oacute;n de una m&uacute;sica&rdquo; vuelve a insistir en Wordsworth, ahora contrapuesto a Yeats. A prop&oacute;sito del primero, el entusiasmo &ndash;la simpat&iacute;a- de Heaney roza el campo sem&aacute;ntico de lo religioso. El poeta, como en una Visitaci&oacute;n de la Palabra, queda embebido, transfigurado. Se habla de &ldquo;m&uacute;sica obsesionante o donn&eacute;, de estado de alerta, de anhelo, de disponibilidad&rdquo;. De tal modo, el sujeto -&iquest;creador?- s&oacute;lo tiene que pronunciar el &ldquo;fiat&rdquo;, dar la clave para que se desate el manantial de la poes&iacute;a, para que se produzca el milagro de &ldquo;una m&uacute;sica hipnotizante que nada a favor de la corriente de su forma y no contra ella&rdquo;.</p>
<p>Yeats, por el contrario, representa a ese otro tipo de poetas que practican una suerte de violencia sobre la fuerza primordial de la palabra. Su m&eacute;todo es la disciplina, la cerebralidad, la negaci&oacute;n o el encauzamiento de impulsos motrices o de ritmos generadores. Producen &ldquo;una m&uacute;sica afirmativa que intenta controlar y no hipnotizar el o&iacute;do, y que nada con fuerza en direcci&oacute;n opuesta a la corriente de su forma&rdquo;.</p>
<p>Resumiendo: el oficio de Wordsworth consistir&iacute;a en soltar la rienda a un caballo desbocado; Yeats ser&iacute;a el domador de ese mismo caballo. Y al lado de una fuente, el uno se comportar&iacute;a como un bardo, el otro como un ingeniero. Entre ambos &ndash;la imagen expl&iacute;cita del r&iacute;o que crece libre y la del que invierte su impulso original vuelve a recordarnos la sacralizaci&oacute;n celta de los elementos naturales- la identificaci&oacute;n te&oacute;rica de S.H. no deja lugar a dudas. Otra cosa ser&aacute; la impresi&oacute;n particular que nos produzcan sus propios poemas&hellip;</p>
<p>El art&iacute;culo siguiente es un homenaje a Patrick Kavanagh, poeta irland&eacute;s pr&aacute;cticamente desconocido en Espa&ntilde;a. El valor que le atribuye Heaney es, sobre todo, su verdad de poeta rural, arraigado, que no cede a la tentaci&oacute;n mitologizante de Yeats ni al internacionalismo urbano de Joyce. Lo que en &eacute;l prevalece, por encima de la ret&oacute;rica de una m&iacute;stica nacional, es la conciencia de pertenecer a un lugar, de estar en contacto con ese elemento estable que es la tierra. La poes&iacute;a, despu&eacute;s de todo, no es un ente abstracto desligado de ra&iacute;ces f&iacute;sicas localizables. Y existi&oacute; adem&aacute;s, en alg&uacute;n momento, una simbiosis entre &ldquo;pa&iacute;s geogr&aacute;fico&rdquo; y &ldquo;pa&iacute;s mental&rdquo;, ya que antiguamente &ldquo;el paisaje era sacramental, estaba pre&ntilde;ado de signos que implicaban un sistema de la realidad situado m&aacute;s all&aacute; de las realidades visibles&rdquo;. Pero, en fin, esa visi&oacute;n m&aacute;gica, mitad pagana, mitad cristiana, ha dado paso a poetas como Kavanagh en cuya imaginaci&oacute;n es imposible rastrear huellas de una mitolog&iacute;a tribal. No obstante, los valores ancestrales y la primitiva poes&iacute;a irlandesa subsisten en la fascinaci&oacute;n del fuego o en el canto de los helechos, las cascadas, el rumor de los &aacute;rboles&hellip; No s&oacute;lo el realismo, tambi&eacute;n un viento de leyenda que ignora la devastaci&oacute;n de los siglos crea &ldquo;la sensaci&oacute;n de pertenencia a un lugar&rdquo;.</p>
<p>W.H. Auden, Robert Howell y Silvia Plath son poetas que S.H. estudiar&aacute; desde una perspectiva individual, al margen del t&oacute;pico. En menor medida, Osip Mandelstam y Elisabeth Bishop tambi&eacute;n son objeto de an&aacute;lisis y de devoci&oacute;n est&eacute;tica.</p>
<p>La dicotom&iacute;a que antes se estableci&oacute; con Wordsworth y Yeats se podr&iacute;a extender ahora a Auden y Silvia Plath. Si el primero es ejemplo de poeta cerebral, experimentador, voluntarioso, poderosamente l&uacute;cido (&ldquo;agarr&oacute; la poes&iacute;a inglesa por el pescuezo y le hundi&oacute; la cara con fuerza en la modernidad&rdquo;) la segunda, desequilibrada, fr&aacute;gil, emocional, instintiva, ser&iacute;a representaci&oacute;n perfecta de la escritura como rapto, iluminaci&oacute;n, impulso. Tenemos de nuevo confrontadas la luz fr&iacute;a de la inteligencia y la luz ardiente de la inspiraci&oacute;n. Seg&uacute;n Heaney &ldquo;el gran&nbsp; atractivo de <em>Ariel</em> y de su constelaci&oacute;n de poemas l&iacute;ricos es la sensaci&oacute;n irresistible de encontrarnos ante algo dado. En esa poes&iacute;a hay una sensaci&oacute;n inherente de llegada asombrada, de ser at&oacute;nito&rdquo;.</p>
<p>Dichos poemas son, en palabras de Howell, &ldquo;acontecimientos y no recuerdos de acontecimientos&rdquo;. Sugieren de nuevo la imagen del caballo desbocado: &ldquo;el ruido infatigable de los cascos&rdquo;.</p>
<p>Por &uacute;ltimo, el volumen recoge dos conferencias pronunciadas por Heaney en la Universidad de Oxford. Otra vez la realidad civil &ndash;pol&iacute;tica- parece desencadenar una dial&eacute;ctica entre la conciencia del poeta que trata de redefinir su funci&oacute;n en la sociedad actual. No cabe duda de que en tiempos de horror, despu&eacute;s de Auschwitz, cualquier proceso formal autocomplaciente debe resultar sospechoso. Sospechoso de inutilidad o, lo que es peor, de traici&oacute;n. Ante los fantasmas de la duda &ndash;ya Plat&oacute;n hab&iacute;a puesto en tela de juicio que la poes&iacute;a tuviese una influencia positiva dentro de la polis- Seamus Heaney acude a voces autorizadas como la de Wallace Stevens: &ldquo;la nobleza de la poes&iacute;a es una violencia interior que nos protege de la violencia exterior&rdquo;. Y &eacute;l mismo a&ntilde;ade despu&eacute;s: &ldquo;la poes&iacute;a no puede permtirse perder su fundamental inventiva de autodeleite, su goce por ser no s&oacute;lo una representaci&oacute;n de cosas del mundo, sino un proceso de lenguaje&rdquo;.</p>
<p>A pesar del buen tono anglosaj&oacute;n, este libro de S.H. podr&iacute;a ser una fuente inagotable de pol&eacute;mica. En cualquier caso, nadie podr&aacute; dudar de que es una invitaci&oacute;n eficaz y cort&eacute;s al ejercicio de la inteligencia.</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 02 Sep 2013 06:24:42 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Turbación]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turbacion/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/JAVIER_LOSTAL_.jpg" alt="" /></p>
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<p><em><br /></em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p><em>A Pablo Garc&iacute;a Baena</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La castidad de un c&aacute;ntaro</p>
<p>abandonado a la lluvia</p>
<p>tiene pulso de doncella</p>
<p>en ma&ntilde;ana opalescente.</p>
<p>La debilidad de su presencia</p>
<p>apenas un momento sujeta la mirada,</p>
<p>pues importa m&aacute;s que el ver</p>
<p>lo que desde un fondo el cuerpo rescata</p>
<p>con esa inconsistencia que acompa&ntilde;a el despertar,</p>
<p>turbaci&oacute;n sin gesto ni destino</p>
<p>que declina en su propio vapor.</p>
<p>Una brisa de &aacute;ngel</p>
<p>mueve &iacute;ntima luz</p>
<p>all&iacute; donde en belleza se turba</p>
<p>el abandonado a su deseo.</p>
<p>Entre las ruinas de un beso</p>
<p>un rostro se transparenta</p>
<p>y todav&iacute;a nos estremece</p>
<p>su m&oacute;vil emanaci&oacute;n quieta.</p>
<p>El solitario se turba</p>
<p>enfermo de advenimiento,</p>
<p>y en su palpitaci&oacute;n sin secreto</p>
<p>se reclina el inocente.</p>
<p>No existe turbaci&oacute;n para quien sabe,</p>
<p>pues vive en su altitud</p>
<p>exento de corrientes,</p>
<p>y el ignorante mudo nieva</p>
<p>sus im&aacute;genes sin tiempo ni espacio.</p>
<p>Las manos de los amantes se entrelazan</p>
<p>en total vislumbre</p>
<p>que en&nbsp; su turbaci&oacute;n los paraliza.</p>
<p>Un rostro turbado es siempre la vida</p>
<p>en su intersecci&oacute;n de llamas y sombras.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 30 Aug 2013 10:56:43 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ronda española]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/ronda-espanola/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/patrickmodianoquinientos.jpg" alt="" /></p>
<p>La primera vez que supe de Patrick Modiano, sin saber a&uacute;n de &eacute;l o de su literatura, fue cuando a la casa familiar, situada en una de las avenidas que hab&iacute;an sustituido a las murallas de la ciudad,&nbsp; vinieron a vivir unos primos m&iacute;os de Barcelona. Debi&oacute; de ser all&aacute; por 1965. Yo ten&iacute;a nueve a&ntilde;os y Modiano veinte. Mis primos vinieron con sus padres &ndash;ella era una de las hermanas peque&ntilde;as de mi madre&ndash; y se instalaron en el entresuelo de la casa. Aquella casa que ya no existe &ndash;fue derribada en 1971&ndash; la hab&iacute;an comprado mis abuelos y ten&iacute;a una curiosa caracter&iacute;stica: su planta noble era, en vez de la primera, la superior del edificio. Mis t&iacute;os reci&eacute;n llegados de Barcelona unieron ambos entresuelos &ndash;que se asomaban al jard&iacute;n posterior, rodeado por otros dos jardines correspondientes a las dos fincas vecinas&ndash;, de manera que su vivienda pas&oacute; a tener, si no la prestancia de la de mis abuelos, s&iacute; id&eacute;ntica superficie. En ese gran entresuelo vi el segundo pick-up de mi vida &ndash;el primero estaba en la habitaci&oacute;n de uno de mis hermanos mayores&ndash; y, gracias a su propietaria, mi prima Mercedes, &ndash;que entonces ten&iacute;a catorce a&ntilde;os y tocaba la guitarra&ndash; escuch&eacute; por primera vez la voz de Fran&ccedil;oise Hardy. La canci&oacute;n, c&oacute;mo no, era <em>Touts les gar&ccedil;ons et les filles de mon age</em>, y esa edad no era la m&iacute;a sino la de la generaci&oacute;n de la Hardy, que es la misma que la de Modiano.</p>
<p>Por la avenida &ndash;o tal vez deber&iacute;a escribir el bulevar de cintura&ndash; circulaban escasos autom&oacute;viles y la mayor&iacute;a eran de marcas extranjeras &ndash;Austin, Studebaker, alg&uacute;n Mercedes, viejos Renaults, Citroen tibur&oacute;n y los primeros deportivos aerodin&aacute;micos: el Dauphine y su hom&oacute;logo el Gordini&ndash;. Salvo estos &uacute;ltimos, que eran estilizados y de colores digamos que atrevidos &ndash;granate, azul el&eacute;ctrico, verde acu&aacute;tico y marfil&ndash; los dem&aacute;s eran negros, salvo los taxis que eran blancos y negros como las cebras de la sabana africana. La soledad de la avenida donde se alzaba nuestra casa &ndash;en cuyo otro lado destacaba un edificio racionalista que parec&iacute;a un buque encallado en el asfalto&ndash;, los coches negros como salidos de una pel&iacute;cula de la II Guerra o del Chicago del gang. y la voz de la Hardy, escuchada una y otra vez aquella tarde de primavera, fueron la primera atm&oacute;sfera modianesca que yo habit&eacute; sin saberlo. Es decir, creyendo que era una atm&oacute;sfera que solo a m&iacute; correspond&iacute;a.</p>
<p>He escrito &lsquo;sin saberlo&rsquo; y ese no saber era entonces una b&uacute;squeda de saber sin saber a&uacute;n tampoco que lo era. No sab&iacute;a, por ejemplo, que en esa &eacute;poca Fran&ccedil;oise Hardy y Patrick Modiano ya eran amigos y que esa voz ser&iacute;a una antesala al conocimiento de la literatura de Modiano. No sab&iacute;a que &eacute;ste firmar&iacute;a algunas de las letras de la Hardy y que pronto les har&iacute;an una fotograf&iacute;a por el boulevard de Saint Michel caminando los dos altos, bellos y delgados como s&oacute;lo se es &ndash;alto, bello y delgado&ndash; cuando la vida se estrena y nos estrena. No sab&iacute;a que en aquellos d&iacute;as, y en Par&iacute;s, Modiano ya deb&iacute;a de estar dando vueltas a la trama de su primera novela &ndash;<em>El lugar de la estrella</em>, publicada tres a&ntilde;os m&aacute;s tarde (y en Espa&ntilde;a veinti&uacute;n a&ntilde;os despu&eacute;s)&ndash;, novela que representar&iacute;a, en pleno 68, un potente revulsivo en la buena conciencia francesa dise&ntilde;ada por el general De Gaulle, tras el fin de la guerra mundial. No sab&iacute;a, en fin, que la manera de vivir literariamente Modiano la Ocupaci&oacute;n, el viaje, la amnesia, la memoria y la mirada sobre el mundo adulto o la ni&ntilde;ez, iba a tener su correspondencia &ndash;no global, pero s&iacute; fragmentaria&ndash; en mi manera de vivir la Guerra Civil, el viaje, la amnesia, la memoria y la mirada sobre el mundo adulto o la ni&ntilde;ez. No sab&iacute;a que eso iba a ocurrir sin haber leido, todav&iacute;a, a Modiano y que la clave de todo ello, probablemente, estaba en el paralelismo entre la Ocupaci&oacute;n y la Guerra Civil en cierta culpa dostoievskiana que un&iacute;a a ambas. Con las canciones de la Hardy, ah&iacute; al fondo. La primera vez. Luego hubo otras, pero aqu&iacute; me voy a referir a la segunda.</p>
<p>Ocurri&oacute; al poco de haber llegado mis primos de Barcelona en casa de unos amigos de mis padres. S&oacute;lo o&iacute; una frase: &lsquo;cruz&oacute; la frontera en misi&oacute;n especial, clandestinamente; ten&iacute;a que volver con alguien que hab&iacute;a muerto al otro lado y volvi&oacute;&rsquo;. Y supe que esa frase guardaba alguna relaci&oacute;n con el hecho de haber conocido la voz de Fran&ccedil;oise Hardy. Esa frase se qued&oacute; grabada en mi memoria como grabada en mi memoria hab&iacute;a quedado una imagen contada por mi madre en ese mismo a&ntilde;o. La de mis padres bailando la m&uacute;sica de <em>El tercer hombre</em> a la salida del cine donde hab&iacute;an visto esa pel&iacute;cula all&aacute; por el a&ntilde;o 1949 y era de noche y hab&iacute;a llovido y la luz de las farolas se reflejaba en los adoquines h&uacute;medos, como sus sombras enlazadas. Con la misma intensidad. Ambas im&aacute;genes &ndash;si las palabras son signos las frases son im&aacute;genes, como los recuerdos no vividos&ndash;&ndash; ser&iacute;an el n&uacute;cleo de donde muchos a&ntilde;os m&aacute;s tarde nacer&iacute;a mi novela <em>H&aacute;blame del tercer hombre</em>, tras cuya publicaci&oacute;n se hizo referencia a cierta huella modianesca en ese libro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero debo regresar a la casa familiar de mis abuelos maternos, al barrio perif&eacute;rico donde nac&iacute; &ndash;si es que en una ciudad espa&ntilde;ola de provincias, a mediados de los 50, no era en todos sus barrios una periferia del mundo&ndash;. He citado el edificio racionalista, que fue para m&iacute; el primer s&iacute;mbolo de la modernidad y cuando digo modernidad, digo Europa. Pas&eacute; muchas horas en el mirador del despacho de mi abuelo contemplando aquella nave de piedra bajo la que pasaban de vez en cuando los autom&oacute;viles como lentos escualos. Muy cerca estaban los dos institutos de la ciudad, grandes edificios de principios de siglo con jardines y arcadas y un aire de liceo centroeuropeo. Tambi&eacute;n hab&iacute;a una finca en la que quedaban las huellas de metralla de los bombardeos de la aviaci&oacute;n republicana durante la guerra y una explanada donde, con la llegada de la primavera, se instalaban los feriantes con sus monta&ntilde;as rusas y su noria y las casetas de lona donde se tiraba a unos patos de metal muy colorido. Al otro lado de esa explanada estaban el vel&oacute;dromo abandonado y el can&oacute;dromo, con los gitanos y sus galgos y extra&ntilde;os personajes que apostaban y llevaban anillos de oro y ten&iacute;an una mirada turbia y equ&iacute;voca sobre una eterna sonrisa tambi&eacute;n veteada de oro. Era un lugar prohibido, como la f&aacute;brica de zumos Zuic que se levantaba, con el orgullo de cualquier edificaci&oacute;n industrial, detr&aacute;s del can&oacute;dromo. Todo eso, m&aacute;s adelante o m&aacute;s atr&aacute;s, quedaba a la izquierda de nuestra casa &ndash;como el taller del restaurador de pintura antigua y la casa vecina, con un aire berlin&eacute;s, del m&eacute;dico familiar&ndash;, mientras a la derecha estaba el colegio de los hermanos franceses de La Salle, con sus baberos blancos que parec&iacute;an salidos de la magistratura parisi&eacute;n y la Berlitz School, que era como un atlas a pie de calle y uno de esos portales misteriosos de los cuentos de Machen, que dieran a un mundo ajeno y atractivo, por cosmopolita. Las lenguas como pasaporte.</p>
<p>Recuerdo que los jueves abandon&aacute;bamos el barrio con mi madre y nos intern&aacute;bamos en la ciudad antigua para visitar a mi bisabuela, que viv&iacute;a en la vieja casona familiar &ndash;la de mis abuelos s&oacute;lo era de los a&ntilde;os veinte, mera novedad&ndash; con uno de los hermanos de mi abuela, frente al edificio colonial del Banco de Espa&ntilde;a. La casa y el banco estaban en uno de los antiguos ghetos o <em>calls </em>de la ciudad, no tanto porque mi familia materna&nbsp; fuera de ascendencia jud&iacute;a, que no lo era hasta donde yo s&eacute;, sino porque descend&iacute;a de catalanes llegados a la isla a mediados del XIX,&nbsp; que no hab&iacute;an vivido el rancio y at&aacute;vico antisemitismo local y pose&iacute;an cierta visi&oacute;n del negocio &ndash;de hecho fundaron en la misma calle una tienda de telas y trajes ingleses, por supuesto de importaci&oacute;n&ndash; que debi&oacute; de empujarles a vivir all&iacute; y no en otra parte de la ciudad. Por ese barrio no circulaban los autom&oacute;viles y todav&iacute;a se respiraba y se respira en el trazado callejero su origen diferenciador. Su destino al margen y su hermetismo autista.</p>
<p>La casa era una de las buenas casas del barrio, con patio g&oacute;tico y jard&iacute;n trasero, con grandes salones, una biblioteca que dispon&iacute;a de una mesa llena de milefiori venecianos &ndash;como un paisaje acu&aacute;tico&ndash; y pinturas oscuras de motivos religiosos repartidas por toda la casa. En una sala de taca&ntilde;as dimensiones &ndash;&rsquo;as&iacute; est&aacute; m&aacute;s protegida del fr&iacute;o&rsquo;, o&iacute; decir&ndash; estaba mi bisabuela Rosa, peque&ntilde;a y arrugada como una momia inca, a la que tanto mi madre como el resto de la familia trat&aacute;bamos de usted. Do&ntilde;a Rosa Miret escuchaba a todo el mundo, pero hablaba ya poco; en cambio, a mi madre, cuando regres&aacute;bamos de casa de mi bisabuela le gustaba contarme cosas del pasado y yo pensaba que el pasado era otra de las casas familiares de mi madre. Mi madre hab&iacute;a querido ser bailarina, pero mi abuelo no le dej&oacute;. Bailaba muy bien el charlest&oacute;n y yo siempre le ped&iacute;a que lo bailara delante de m&iacute;. Entonces sus pies eran p&aacute;jaros que danzaban con una alegr&iacute;a impagable y en su rostro surg&iacute;a la bailarina que hubiera querido ser. Luego me contaba que su tatarabuelo hab&iacute;a venido a Mallorca porque unos antepasados suyos, que se hab&iacute;an refugiado en la isla cuando la invasi&oacute;n napole&oacute;nica de Catalu&ntilde;a, le dijeron que Mallorca era un lugar virgen para la industria. Pero eso ocurri&oacute;, me dec&iacute;a, en un lugar que est&aacute; m&aacute;s lejos que el olvido. <em>De plus loin de l&rsquo;oubli</em>, un verso de Stefan George &ndash;el poeta que tanto gustaba a J&uuml;nger&ndash; que Patrick Modiano utiliz&oacute; como t&iacute;tulo de una de sus novelas &uacute;ltimas. Mi madre, por supuesto, desconoc&iacute;a a Stefan George y <em>Du plus loin de l&rsquo;oubli</em> es la &uacute;nica novela de Modiano donde aparece citada Mallorca.</p>
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<p>M&aacute;s all&aacute; del olvido: ese territorio modianesco donde se trazan, borran e inventan atm&oacute;sferas, nieblas, vidrios empa&ntilde;ados, sombras chinescas, amnesias, pistas, derivas, memorias, rastros, biograf&iacute;as, ocultaciones, fragmentos de historia civil, ciudades en las que nunca se estuvo, episodios de los que s&oacute;lo pudo oirse una frase y despu&eacute;s la literatura har&iacute;a el resto. La literatura, la prosa del tiempo cuando se escribe a s&iacute; mismo. Pienso ahora en algunos escritores de mi generaci&oacute;n &ndash;Juan Manuel Bonet (el &uacute;nico de todos que no es novelista y quiz&aacute; por eso, poseedor del m&aacute;s grande cat&aacute;logo de pesquisas modianescas), Miguel S&aacute;nchez-Ostiz, Marcos Ord&oacute;&ntilde;ez y Justo Navarro&ndash; que hallaron m&aacute;s all&aacute; del olvido una luz propia, como la hallar&iacute;a yo, sabiendo todos que esa luz era tambi&eacute;n una luz familiar. Lo no contado porque ocurri&oacute; en otra parte &ndash;otra parte que ni siquiera sus sujetos conocieron y que no sabemos si ocurri&oacute; o no&ndash; y esa otra parte era un destino que a su vez era un origen que otorgaba la condici&oacute;n de exploradores en lugares que, a&ntilde;os m&aacute;s tarde, se llamar&iacute;an <em>La patria oscura,&nbsp; T&aacute;nger-Bar, El doble del doble, El puente del Rialto</em> o <em>La c&aacute;mara de &aacute;mbar</em>. Y al fondo, Patrick Modiano, no tanto como una deuda sino como la sombra de un hermano mayor, alguien que estuvo antes en el mismo o parecido sitio desde donde, por ejemplo, se escribieron los libros citados. S&oacute;lo eso; nada m&aacute;s que eso. Aunque hable del pasado; s&oacute;lo del pasado; nada m&aacute;s que del pasado, esa casa com&uacute;n. Y en esa casa, las novelas de Modiano, antes de que lleg&aacute;ramos, surgiendo del callej&oacute;n sin salida del <em>nouveau roman</em> y heredando su afici&oacute;n a la disecci&oacute;n fr&iacute;a, ciertas t&eacute;cnicas del cine de la <em>nouvelle vague</em> o la huella de Kafka y Dostoievski.</p>
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<p>Los libros de Modiano forman un gran <em>puzzle</em> en torno a una po&eacute;tica del desplazamiento, la pesquisa como forma de vida y el desentra&ntilde;amiento de la culpa como forma de comprender esa misma vida. Desde las histri&oacute;nicas andanzas del traidor Rapha&euml;l Schlemilovich &ndash;cuya traici&oacute;n se alza sobre el corpus te&oacute;rico, pol&iacute;tico y literario del moderno antisemitismo franc&eacute;s&ndash; a la fantasmag&oacute;rica ronda nocturna &ndash;celebrada una y otra vez en distintos libros&ndash; por el Par&iacute;s del proto y postcolaboracionismo, o la b&uacute;squeda del padre &ndash;esa amplia generaci&oacute;n de padres ausentes&ndash; entre los s&oacute;rdidos espectros del desastre personal... es donde van perfil&aacute;ndose las claves de su obsesivo mundo literario: personajes clandestinos (reales o ficticios), recuerdos de infancia &ndash;inventados o no&ndash;, misterios que se desarrollan, siempre en <em>flash back</em>, a ra&iacute;z de un encuentro fortuito... Y por encima de todo, la ceremonia de la memoria &ndash;de una morosidad que roza a veces lo cruel, de una vaguedad que roza a veces el delirio son&aacute;mbulo&ndash;, cuyos celebrantes &ndash;el sentimiento de ausencia, la apuesta por el extra&ntilde;amiento y un sutil humor negro&ndash; se erigen sobre la angustiosa sensaci&oacute;n de p&eacute;rdida y de abandono. Una po&eacute;tica de ecos y claroscuros que, novela tras novela, ha ido estiliz&aacute;ndose, soltando lastres barrocos, sin alejarse de sus constantes narrativas, sin perder un &aacute;pice de sus logros y hallazgos, sin abandonar el esfuerzo de comprensi&oacute;n de la propia vida a partir de la reconstrucci&oacute;n de los hechos del pasado, ya sin culpa ninguna. Aunque a menudo piense uno que, en Modiano, es el estilo, tan desmadejado como preciso y fr&iacute;o, el que borra la culpa.</p>
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<p>El pasado y la culpa: no le&iacute; <em>La place de l&rsquo;Etoile</em> en 1968, aunque hiciera alg&uacute;n tiempo que ya escuchaba a Fran&ccedil;oise Hardy &ndash;tres a&ntilde;os m&aacute;s tarde su disco <em>Soleil </em>ser&iacute;a la m&uacute;sica de los primeros <em>parties</em>, cuando se apagaba la luz, y tambi&eacute;n el primer r&eacute;quiem de mi adolescencia&ndash;, pero no faltaba mucho para que las andanzas del traidor Schlemilovich se hicieran espa&ntilde;olas en la escritura de Juan Goytisolo. <em>Reivindicaci&oacute;n del conde don Juli&aacute;n</em> &ndash;recuerdo el ejemplar de Joaquin Mortiz que me pas&oacute; un buen amigo de aquellos a&ntilde;os&ndash; fue su equivalente espa&ntilde;ol. Se public&oacute; dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde que la novela de Modiano y guarda con ella bastantes paralelismos. Por ejemplo el traidor don Juli&aacute;n. Por ejemplo la construcci&oacute;n del texto sobre la deconstrucci&oacute;n (perd&oacute;n por el palabro) del pensamiento conservador espa&ntilde;ol, con los heterodoxos recopilados por Men&eacute;ndez y Pelayo ah&iacute; al fondo. Por ejemplo, el extra&ntilde;amiento y la voluntad de borrar la culpa, borrando todo lo dem&aacute;s. Es s&oacute;lo un apunte, pero pienso que <em>Reivindicaci&oacute;n</em> prepar&oacute;, en cierto modo, el terreno a <em>Los bulevares perif&eacute;ricos</em> (1977 en Alfaguara) y despu&eacute;s &ndash;siempre en traducci&oacute;n de Carlos R. de Dampierre, siempre en la Alfaguara dirigida por Jaime Salinas&ndash;, <em>La ronda de noche</em> (1979), <em>Una juventud</em> (1980), <em>El libro de familia</em> y <em>Tan buenos chicos</em> (ambos en 1982), con los par&eacute;ntesis venezolanos (de desastrosa traducci&oacute;n en Monte &Aacute;vila) de <em>Villa Triste</em> (1976) y <em>La calle de las tiendas oscuras</em> (1980). Estos siete libros configuraron, ellos solos, la verdadera educaci&oacute;n sentimental modianesca &ndash;si as&iacute; puede llamarse&ndash; de mi generaci&oacute;n. Y la <em>Reivindicaci&oacute;n...</em> goytisoliana ocupar&iacute;a el lugar de la estrella, la tierra abonada. Luego &ndash;tras el par&eacute;ntesis de 1989: <em>Exculpaci&oacute;n</em> en Calpe y, por fin, <em>El lugar de la estrella,</em> en Alcor&ndash; vinieron <em>Domingos de agosto</em> (1989), <em>El rinc&oacute;n de los ni&ntilde;os</em> (1990) y <em>Viaje de novios</em> (1991) sobre el que me encargaron la cr&iacute;tica en El Pa&iacute;s, como a Miguel S&aacute;nchez-Ostiz la de <em>El rinc&oacute;n de los ni&ntilde;os</em>, un a&ntilde;o antes. Eran otros tiempos. Tiempos donde la publicaci&oacute;n de estas &uacute;ltimas novelas mencionadas tom&oacute; la forma de una trilog&iacute;a para <em>connaiseurs</em>, que irrumpiera en un rescate de Modiano tras siete a&ntilde;os de abandono editorial espa&ntilde;ol.</p>
<p><em>M&aacute;s all&aacute; del olvido</em> (1997) lo publicar&iacute;a Alfaguara s&oacute;lo para Hispanoam&eacute;rica &ndash;en Espa&ntilde;a Modiano segu&iacute;a ley&eacute;ndose poco, no eran raras las acusaciones de escribir siempre el mismo libro y acababa saldado (de hecho acabaron saldados casi todos los t&iacute;tulos mencionados m&aacute;s arriba)&ndash; y a partir de esa expedici&oacute;n americana &ndash;una especie de devoluci&oacute;n de <em>Villa Triste</em> y <em>La calle de las tiendas oscuras</em>&ndash;, Modiano dejar&iacute;a de publicarse en Alfaguara, ya para siempre. Dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde &ndash;en realidad ocho porque <em>M&aacute;s all&aacute; del olvido</em> no se vio en Espa&ntilde;a&ndash; Seix Barral public&oacute; la magn&iacute;fica <em>Dora Bruder</em>, o la novela donde los que no hab&iacute;an leido jam&aacute;s a Modiano &ndash;o lo conoc&iacute;an s&oacute;lo de o&iacute;das&ndash; cayeron seducidos, con el furor del converso, por su prosa son&aacute;mbula. Pero no ten&iacute;an d&oacute;nde echar la mirada atr&aacute;s. Debate publicar&iacute;a luego su libros de relatos <em>Las desconocidas</em> (2001) &ndash;todav&iacute;a oigo los cascos nocturnos de los caballos&ndash; y su novela<em> Joyita</em> (2003) &ndash;la peor de todas, me parece a m&iacute;&ndash; y la editorial&nbsp; Cru&iuml;lla su cuento <em>Catherine</em> (2001), traducido al catal&aacute;n &ndash;como en catal&aacute;n hab&iacute;a sido publicada <em>Diumenges d&rsquo;agost</em> por Columna un a&ntilde;o antes que saliera en Alfaguara&ndash;. Y sin que nadie se haya preocupado por publicar <em>Accident nocturne</em> (2003), Anagrama va a sacar en breve su estupendo <em>Un pedigree</em> (2005). Hasta aqu&iacute; Radio Modiano en Espa&ntilde;a; fin de la emisi&oacute;n bibliogr&aacute;fica. Volvamos, pues, a las melod&iacute;as de la Hardy, que ahora que lo pienso tienen a veces la cercan&iacute;a de tono de otro Hardy, el poeta&nbsp; Thomas, pasado por la hecatombe sentimental de los 60 y principios de los 70: otro fracaso, otras culpas.</p>
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<p>He citado los t&iacute;tulos, pero siempre hay algo biogr&aacute;fico detr&aacute;s de cada uno de ellos y no s&oacute;lo ocupa el fragmento de vida que se dedic&oacute; a su lectura. Es algo que viene de m&aacute;s atr&aacute;s, algo que est&aacute; m&aacute;s lejos que el olvido pero que se hace presente en las novelas de Modiano. Digo &lsquo;en&rsquo;, no &lsquo;a partir&rsquo;. Puede que el ciclo&nbsp; novel&iacute;stico de Patrick Modiano otorgue una hermen&eacute;utica &ndash;como lo hacen las aventuras de Tint&iacute;n o la Comedia balzaquiana&ndash;, pero las cosas ya estaban ah&iacute; antes. La b&uacute;squeda del padre, o de la culpa en la generaci&oacute;n del padre, las ciudades de noche durante la guerra, el horror de la retaguardia, la supervivencia de la postguerra, sus lacras morales, los recuerdos imaginarios en la reconstrucci&oacute;n familiar, el reencuentro en la madurez de aquellos amigos de colegio (y el recuerdo de c&oacute;mo eran, confrontado a c&oacute;mo son ahora), la irrupci&oacute;n en nuestra juventud de esos avasalladores tipos estramb&oacute;ticos que cambian tu vida y de los que hay acabar escapando, el fracaso, las vidas como bengalas...&nbsp; Todo eso estaba antes de leer a Modiano. Y la topograf&iacute;a de la ciudad &ndash;de cualquier ciudad, pero especialmente de Par&iacute;s&ndash; s&oacute;lo comparable a la fascinaci&oacute;n objetual camuflada en la frialdad de su descripciones. La frialdad de un top&oacute;grafo, la frialdad de un entom&oacute;logo, la frialdad de un detective privado &ndash;cu&aacute;nta novela negra (de Simenon a Chester Himes) hay en la literatura de Modiano, la frialdad de un anatomista: calles, n&uacute;meros, tiendas, bares, restaurantes, clubs, tel&eacute;fonos, tarjetas de visita, facturas comerciales, garages, nombres, listas, listas, listas... Juegos de una sociedad de postguerra con el silencio de tel&oacute;n de fondo: el silencio donde todas las historias son posibles.</p>
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<p>Recuerdo que en la avenida donde estaba la casa de mis abuelos, nuestra casa, hab&iacute;a un paseo central flanqueado por pl&aacute;tanos o plateros. No muy lejos estaba la Casa de La Misericordia, que era hospicio y asilo para pobres y ancianos al mismo tiempo. Recuerdo que en oto&ntilde;o e invierno &ndash;lo recuerdo porque las hojas color ocre barr&iacute;an el paseo y ellos ya llevaban abrigo&ndash;, esos hombres encerrados en aquel edificio hac&iacute;an incursiones por la avenida en busca de colillas, que iban meti&eacute;ndose una tras otra en los bolsillos del gab&aacute;n. Iban siempre solos, nunca varios juntos, formando una escena entre barojiana y solanesca, pero yo, desde el mirador de casa me dedicaba a inventarles historias por las que habr&iacute;an llegado a tan desastrosa situaci&oacute;n. Un d&iacute;a, uno de nuestros vecinos &ndash;que era un conocido play-boy de la ciudad y a&ntilde;os m&aacute;s tarde morir&iacute;a en un accidente a&eacute;reo sobre Nantes&ndash; me habl&oacute; de uno o dos de ellos: &lsquo;&eacute;se era boxeador y sirvi&oacute; en la Legi&oacute;n Extranjera, en Argel, &iquest;sabes?, y aquel fue portero en un club nocturno ad&oacute;nde iba Ava Gardner; contaba que la hab&iacute;a conquistado. Ahora son ruinas, pero en su momento fueron flores de esas que s&oacute;lo se abren por la noche y de d&iacute;a se esconden, flores venenosas&rsquo;. <em>Fleurs de ru&iuml;ne</em>. Eso ocurr&iacute;a al mismo tiempo que el rey Sa&uacute;d de Arabia orinaba sobre las cortinas de su suite en el Hotel de Mar &ndash;eso se contaba en los c&oacute;cteles vespertinos al menos&ndash; y regalaba relojes de oro a los camareros. Era el tiempo en que los <em>pieds noirs</em> huidos de Argelia se instalaban en Mallorca y abr&iacute;an peluquer&iacute;as y pasteler&iacute;as; el tiempo en que secuestraron al expremier congole&ntilde;o Thosmb&eacute; en el aeropuerto de Palma o que los militares brit&aacute;nicos retirados, las viejas profesoras de bot&aacute;nica en Cambridge y alg&uacute;n que otro escritor ingl&eacute;s de novelas polic&iacute;acas se reun&iacute;an en el Club Anglo-Americano para festejar el cumplea&ntilde;os de la Reina. Y ese tiempo fue el tiempo donde crec&iacute; y escuchando las historias de las fiestas de disfraces de Natasha Rambowa en las cuevas de Genova en la voz de mi t&iacute;o abuelo, o las aventuras amorosas de la bella gimnasta Nadine; el tiempo donde v&iacute;, sentada en el Bar M&oacute;naco, a Christine Keeler, la protagonista del Caso Profumo, y me la se&ntilde;alaron diciendo: esa mujer llev&oacute; a la ruina a un ministro de Su Majestad, y supe que mi ciudad era la ciudad donde todo pod&iacute;a ocurrir y reinventarse. Como me inventaba yo las historias de aquellos hombres derrotados que recog&iacute;an colillas del paseo central de la avenida. Y al fondo &ndash;no s&eacute; por qu&eacute;, pero estaban&ndash; estaban el miedo y cierto desasosiego. Estas cosas forman parte de mi vida y del libro que voy escribiendo sobre la memoria de mi ciudad, aunque a veces, cuando leo una nueva novela de Patrick Modiano escucho el eco de esa &eacute;poca en la que Palma era tambi&eacute;n todas las ciudades, con la puerta de la Berlitz School como la puerta de un pasadizo secreto para escapar de aquel miedo.</p>
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<p>El d&iacute;a antes de finalizar estos folios, el peri&oacute;dico Le Figaro public&oacute; un homenaje a Modiano con motivo de la aparici&oacute;n de su &uacute;ltimo libro, <em>Dans le caf&eacute; de la jeunesse perdu</em>, un t&iacute;tulo precioso que remite &ndash;esta ronda es espa&ntilde;ola&ndash; al <em>T&aacute;nger-Bar</em> de S&aacute;nchez-Ostiz, que no era m&aacute;s que el caf&eacute; de nuestra juventud perdida. Abr&iacute;a el suplemento un magn&iacute;fico retrato a color del autor trazado por el dibujante, y tambi&eacute;n escritor, Pierre Le-Tan. Record&eacute; nuestras conversaciones en Par&iacute;s mientras prepar&aacute;bamos su exposici&oacute;n para el Reina Sof&iacute;a, dirigido entonces por Juan Manuel Bonet, hombre tambi&eacute;n af&iacute;n a Le-Tan. Record&eacute; la noche en que llegu&eacute; a Par&iacute;s para conocer personalmente a Pierre y que en esa noche yo ten&iacute;a fiebre y estaba cansado y mi amigo el poeta Enrique Juncosa me llam&oacute; para cenar con otro amigo, el pintor Miquel Barcel&oacute;, y declin&eacute; la invitaci&oacute;n, cuando en esa cena tambi&eacute;n iban a estar Modiano y Catherine Deneuve. Y al d&iacute;a siguiente, en la casa de Miquel en El Marais, supe que Modiano se hab&iacute;a quedado hipnotizado ante el oso hormiguero disecado del gabinete particular de Barcel&oacute;, ese gabinete que Patrick Mauri&egrave;s &ndash;otro letaniano&ndash; incluy&oacute; en su libro sobre las c&aacute;maras maravillosas. La monumentalidad del bicho no era para menos.</p>
<p class="BodyText2">En las p?inas centrales del suplemento escrib?n algunos de los amigos de Modiano, entre ellos Catherine Deneuve, Pierre Le-Tan y Fran?ise Hardy. El azar siempre ha sido ? eso lo sabe muy bien Bonet, que fue quien me avisde la existencia de ese suplemento: ?i lo encuentras c?prame uno, que aquya lo han devuelto? uno de los ejes en la relaci? con la obra de Modiano ? tambi? con la de Le-Tan Por supuesto encontrdos ejemplares, que deb?n ser los ?icos que hab? en Palma. En esas p?inas centrales lea la cantante que hablaba del poder de sugesti? del estilo literario de Modiano, ?econocible entre todosy de cuando se conocieron a trav? de Emmanuel Berl y su mujer, de los que eran amigos comunes.&nbsp; Recordentonces aquella tarde en la casa familiar donde escuchpor vez primera la voz de Fran?ise Hardy, reconocible entre todas y de un gran poder de sugesti?, y recordtambi? esa frase que hablaba de cruzar la frontera clandestinamente y supe que de nuevo volv? a pasear por las avenidas de un tiempo que estm? lejos del olvido, cuyo mejor cronista sersiempre el novelista Patrick Modiano.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 30 Aug 2013 10:51:20 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Salvador Dalí, el poder de materializar la imaginación en realidad]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/salvador-dali-el-poder-de-materializar-la-imaginacion-en-realidad/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/SALVADOR_DAL_.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="center">Montse Aguer<a title="" href="#_ftn1">[1]</a></p>
<p style="text-align: left;" align="center">&nbsp;</p>
<p>El a&ntilde;o 2004, a&ntilde;o del centenario del nacimiento de Salvador Dal&iacute;, es un momento adecuado para hacer balance y situar a Dal&iacute; en el contexto art&iacute;stico y de las vanguardias del siglo XX, tan rico en influencias y matices. Cabe analizar su vida y su obra con objetividad, con la distancia que nos aporta tanto el paso del tiempo como un m&aacute;s profundo conocimiento del artista.</p>
<p>Hoy Dal&iacute;, en todas sus vertientes, como pintor, pensador, escritor, apasionado de la ciencia, catalizador de las corrientes de vanguardia, es considerado una figura clave de la historia del arte.</p>
<p>Hay que situarlo, asimismo, como personaje inconformista, complejo, con una actuaci&oacute;n personal capaz de captar y jugar con la importancia creciente de la sociedad de masas, a la que sirve y de la que se sirve, y, evidentemente, como artista capaz de intervenir en todos los campos de la creaci&oacute;n, desde los m&aacute;s convencionales, como la pintura, la escultura, el dibujo o el grabado, hasta los m&aacute;s innovadores, como las instalaciones y las <em>perfomances</em>.</p>
<p>La figura y la obra de Salvador Dal&iacute;, indisociables, atraen cada d&iacute;a m&aacute;s audiencia (como demuestra la enorme cantidad de visitantes que cada a&ntilde;o recibe el Teatro-Museo Dal&iacute; de Figueres o el hecho de que el &oacute;leo <em>La persistencia de la memoria</em> sea el que despierte m&aacute;s inter&eacute;s de los que exhibe el Museo de Arte de Nueva York). El misterio es una de las claves del artista, pero tambi&eacute;n la manipulaci&oacute;n que hace de la realidad y el sentido de sorpresa pict&oacute;rica contenido en su producci&oacute;n. Es autor de im&aacute;genes pl&aacute;sticas y literarias &uacute;nicas y su iconograf&iacute;a es un referente para el imaginario colectivo.</p>
<p>Artista humanista, cl&aacute;sico en un sentido renacentista, es creador de una pintura literaria, minuciosa, virtuosa y laboriosa, con elementos figurativos procedentes de su particular mundo, de sus obsesiones y mitos; de una obra repleta de objetos cargados de simbolismo situados en paisajes solitarios, trazados con un profundo conocimiento del arte de la perspectiva y un extraordinario dominio de la t&eacute;cnica pict&oacute;rica.</p>
<p>Una de las principales aportaciones de la pl&aacute;stica daliniana es la precisi&oacute;n a la hora de definir los elementos que pueden aparecer de forma evanescente en el imaginario colectivo o en el mundo de los sue&ntilde;os y de los automatismos intuitivos. Dal&iacute; establece con determinaci&oacute;n y coherencia lo m&aacute;s ef&iacute;mero de nuestro pensamiento y lo hace de manera delirante. De esta imperiosa voluntad de explicar con determinaci&oacute;n lo inconcreto, surge su famoso m&eacute;todo paranoico-cr&iacute;tico, conjunci&oacute;n de pensamiento e imagen.</p>
<p>Igual de atrayente resulta el Dal&iacute; surrealista, admirado por Breton y Eluard, entre otros, como el Dal&iacute; nost&aacute;lgico del Renacimiento y de la &eacute;poca de Rafael. A partir de un impresionismo sensual y pasional evoluciona hacia formas cubistas, puras y racionalistas que lo asocian con el Noucentisme de Eugenio d'Ors hasta convertirse primero en exponente destacado del surrealismo y descubrir despu&eacute;s el poder iconogr&aacute;fico del arte cl&aacute;sico como herramienta perfecta para llevar a cabo su m&eacute;todo paranoico-cr&iacute;tico.</p>
<p>Su obra refleja asimismo su inter&eacute;s por la ciencia y los efectos relacionados con la visi&oacute;n, especialmente su an&aacute;lisis de la doble imagen. Es el primer pintor del siglo XX que trabaja insistentemente en la recreaci&oacute;n de la doble imagen de manera concreta, es decir, en la obtenci&oacute;n de una imagen que, sin alterar ninguno de los elementos que la conforman, puede ser, por un simple est&iacute;mulo de nuestra voluntad, otro sujeto completamente distinto del primero representado por el artista. En &ldquo;Camuflaje total, para la guerra total&rdquo; escribe:</p>
<p>&ldquo;Ten&iacute;a un esp&iacute;ritu paranoico. La paranoia se define como una ilusi&oacute;n sistem&aacute;tica de interpretaci&oacute;n. Esta ilusi&oacute;n sistem&aacute;tica constituye, en un estado m&aacute;s o menos morboso, la base del fen&oacute;meno art&iacute;stico, en general, y de mi genio m&aacute;gico para transformar la realidad, en particular&rdquo;.</p>
<p>A trav&eacute;s de diferentes m&eacute;todos y sistemas: la doble imagen, la estereoscop&iacute;a, la holograf&iacute;a o la b&uacute;squeda de la cuarta dimensi&oacute;n, y de acuerdo con los avances de la ciencia, Dal&iacute; representa la realidad externa y, a la vez, la realidad interna, que pueden coincidir o no con la del espectador, pero que provocan en &eacute;ste una serie de asociaciones ps&iacute;quicas que permiten acabar sumergi&eacute;ndolo en el discurso del pintor.</p>
<p>Un discurso que le es imprescindible para transmitirnos c&oacute;mo se ve, pero sobre todo, c&oacute;mo quiere ser visto por nosotros. En este sentido, en Dal&iacute; pintura y literatura son casi equivalencias y le sirven para construir su imagen. Su extensa obra escrita -que abarca desde el a&ntilde;o 1919 hasta casi el final de sus d&iacute;as- as&iacute; nos lo demuestra. <em>Vida secreta de Salvador Dal&iacute;</em>, magn&iacute;fica autobiograf&iacute;a, es un claro exponente de la elaboraci&oacute;n consciente de su &ldquo;verdadera&rdquo; realidad, la que &eacute;l quiere que sea la cierta, que tenga validez de acta notarial.</p>
<p>En su comuni&oacute;n con la literatura, tanto como lector, escritor o ilustrador, siempre hay un hilo conductor: la imaginaci&oacute;n, la fuerza de la imaginaci&oacute;n. Dal&iacute; escribe: &ldquo;Creo en la magia que, en &uacute;ltima instancia, es meramente el poder de materializar la imaginaci&oacute;n en realidad. Nuestra &eacute;poca supermecanizada subestima las propiedades de la imaginaci&oacute;n irracional que no deja de ser la base de todos los descubrimientos&rdquo; (del art&iacute;culo &ldquo;Total Camouflage for Total War&rdquo; publicado en la revista <em>Esquire</em>, vol. 18, n&ordm; 2, agosto 1942). Imaginaci&oacute;n que transforma en realidad y que, independientemente de la forma de expresi&oacute;n que utilice, nos atrae o inquieta, pero no nos deja indiferentes.</p>
<p>La relaci&oacute;n de simbiosis entre Salvador Dal&iacute; y los libros evidencia una vez m&aacute;s el concepto human&iacute;stico que el creador ampurdan&eacute;s tiene del Arte. La vida y la obra de Salvador Dal&iacute; est&aacute;n concebidas para obtener &ldquo;todo&rdquo; el conocimiento y desarrollarlo en todas las disciplinas art&iacute;sticas. Hombre del Renacimiento, est&aacute; constantemente experimentando e investigando en el &aacute;mbito de la pintura, del dibujo, de la literatura, de la ilustraci&oacute;n; crea escenograf&iacute;as, espacios arquitect&oacute;nicos, decora interiores, dise&ntilde;a... Es un artista dual: cl&aacute;sico e innovador, innovador y cl&aacute;sico, que busca obsesivamente hasta hallar su expresi&oacute;n propia, a menudo a contracorriente, en un mundo convulso y en constante cambio.</p>
<p>A trav&eacute;s de su creaci&oacute;n, su obra, descubrimos a un Dal&iacute; que, tal como escribi&oacute; Andr&eacute; Breton en una dedicatoria, &ldquo;titubea entre el talento y el genio o, como se dec&iacute;a en otro tiempo, entre el vicio y la virtud&rdquo;. No cabe duda alguna de que el genio ha triunfado. Un genio con talento que ha bebido de las fuentes cl&aacute;sicas y que ha sabido dejar constancia en su obra de la belleza convulsiva de los surrealistas. Un genio provocador.</p>
<div><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Comisaria del A&ntilde;o Dal&iacute;.</p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Thu, 29 Aug 2013 11:36:54 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La obra de Salvador Espriu y el filtro del tiempo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-obra-de-salvador-espriu-y-el-filtro-del-tiempo/</link>
      <description><![CDATA[<p style="text-align: left;"><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/SALVADOR_ESPRIU.jpg" alt="" /></p>
<p>Tambi&eacute;n en lo que ambiguamente entendemos como &aacute;mbito literario ejerce su labor demoledora el paso del tiempo. Se ha dicho, a menudo, que &eacute;ste se convierte en el definitivo juez de prestigios y valores. Desaparecido el autor en 1975, la obra de Salvador Espriu ha permanecido a merced de la cr&iacute;tica de las nuevas promociones, al vaiv&eacute;n de las est&eacute;ticas. No es el tiempo, por consiguiente, el factor que deteriora o afianza una obra, sino la capacidad de &eacute;sta para coincidir con los gustos est&eacute;ticos de quienes le suceden. Una obra aferrada s&oacute;lo a su propia circunstancia, incapaz de suscitar el inter&eacute;s de otras promociones, acaba convirti&eacute;ndose en simple rareza bibliogr&aacute;fica. Pero, &iquest;cu&aacute;nto tiempo se requiere hasta percibir la definitiva ubicaci&oacute;n de una obra en ese fr&iacute;o, casi siempre, Parten&oacute;n que se califica como repertorio &ldquo;cl&aacute;sico&rdquo;? &iquest;Puede entenderse como suficiente el paso de una d&eacute;cada a la hora de formular una revisi&oacute;n que parece imprescindible? Y convendr&iacute;a cuestionar al respecto si la fecha de la muerte de un autor ha de significar el inicio de este purgatorio al que parece destinada cualquier producci&oacute;n est&eacute;tica o intelectual; si en algunos autores el proceso se ha iniciado ya con anterioridad, durante su misma existencia. Ya en la d&eacute;cada de los setenta la obra espriuana hab&iacute;a sido contestada por la neovanguardia catalana. La sombra de J.V. Foix resultaba quiz&aacute;s m&aacute;s alargada para las promociones que buscaban los modelos &uacute;tiles de lo que se entend&iacute;a como postmodernidad en la tradici&oacute;n po&eacute;tica catalana.</p>
<p>A la poes&iacute;a de Espriu le perjudicaban seriamente dos circunstancias: haberse convertido en el poeta m&aacute;s popular de su tiempo y haber sido la figura po&eacute;tica emblem&aacute;tica del compromiso o de la &ldquo;resistencia&rdquo; antifranquista. En marzo de 1966, por ejemplo, coincid&iacute;amos en la Jefatura Superior de Polic&iacute;a de Barcelona, tras haber sido sitiados por la polic&iacute;a durante tres d&iacute;as en el Convento de los PP. Capuchinos de Sarri&aacute;. Se trataba entonces de la fundaci&oacute;n de un Sindicato Democr&aacute;tico de Estudiantes en Barcelona, en cuyo acto intervinieron, entre otros intelectuales y artistas, Jordi Rubio i Balaguer, T&agrave;pies, Joan Oliver, Carlos Barral, Maria Aur&egrave;lia Capmany, Jos&eacute; Agust&iacute;n Goytisolo, Agust&iacute;n Garc&iacute;a Calvo y Manuel Sacrist&aacute;n, entre un etc&eacute;tera no excesivamente amplio. Debido a su salud, ya delicada entonces, la permanencia del poeta en los despachos policiales fue breve, aunque fue sancionado con una fuerte multa gubernativa, que hab&iacute;a de corresponder a su ya destacada consideraci&oacute;n. La primera transici&oacute;n postfranquista signific&oacute; no s&oacute;lo descartar las responsabilidades pol&iacute;ticas o culturales del pasado sino, tal vez sin adquirir plena consciencia de ello, entender tambi&eacute;n como un lastre nombre y est&eacute;ticas que hab&iacute;an de recordarnos silencios, renuncias y hasta culpabilidades.</p>
<p>Salvador Espriu hab&iacute;a sido revestido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os de su vida de muchos honores en el &aacute;mbito de una literatura que hab&iacute;a pasado de la lucha por la mera supervivencia a ocupar su l&oacute;gico destino natural. Sus poemas, a trav&eacute;s de cantautores como Raimon, se hab&iacute;an difundido hasta m&aacute;s all&aacute; de su &aacute;mbito propio. Con no poco sentido del humor el poeta refer&iacute;a que algunos admiradores, al conocerle, le preguntaban si era &eacute;l, en efecto, el letrista de aquellas canciones. Ampliamente traducido, su obra pas&oacute; tambi&eacute;n a las aulas convirti&eacute;ndose en parte de la ense&ntilde;anza obligatoria, en el &aacute;mbito de la antigua Segunda Ense&ntilde;anza, de la literatura catalana. Pero su proyecci&oacute;n hab&iacute;a de resultar problem&aacute;tica porque, a diferencia de otros escritores catalanes, su est&eacute;tica personal, heredada de las escuelas simbolistas, carec&iacute;a de disc&iacute;pulos naturales o de escuela. Con una obra de mucha menor dimensi&oacute;n, por ejemplo, la poes&iacute;a de Gabriel Ferrater (1922-1972) dej&oacute; muchos m&aacute;s disc&iacute;pulos y seguidores. Ingresaba tambi&eacute;n en los fr&iacute;os &aacute;mbitos universitarios e investigadores. Pero su poes&iacute;a resultaba dif&iacute;cil, requer&iacute;a de un cierto esfuerzo intelectual, resultaba ambigua para algunos celadores pol&iacute;ticos y hasta demoledora. La poes&iacute;a fue para Salvador Espriu tan s&oacute;lo una faceta de su labor creadora (aunque determinante y central), ya que, desde la d&eacute;cada de los a&ntilde;os treinta, conform&oacute; junto a Josep Pla y Josep M&ordf; de Sagarra, el esfuerzo de dos promociones que habr&iacute;an de conseguir, junto a E. d'Ors y Joaquim Ruyra, la prosa catalana de mayor ambici&oacute;n del siglo. Ni siquiera los admiradores de Espriu fueron en su tiempo suficientemente conscientes del valor de sus textos en prosa, integrados en el dise&ntilde;o de un mundo propio, a los que habr&iacute;a que volver. Tampoco el teatro le result&oacute; ajenao. Su obra de mayor &eacute;xito fue <em>Ronda de mort a Sinera</em>, que estren&oacute; y pulbic&oacute; en 1978, dirigida por Ricard Salvat e interpretada por una joven, entonces, actriz, Nuria Espert. Sin embargo, la obra fundamental, desde la perspectiva de un teatro innovador, fue <em>Primera Hist&ograve;ria d'Esther</em> (publicada en 1948, cuando la mera suposici&oacute;n de un teatro en lengua catalana pod&iacute;a parecer ut&oacute;pica, aunque fue representada en 1957). Reducir la obra de Salvador Espriu a su poes&iacute;a, como se ha hecho tan a menudo, significa prescindir de zonas relevantes de su producci&oacute;n.</p>
<p>La vocaci&oacute;n literariade Salvador Espriu se forja en la aulas de la Universitat Aut&ograve;noma de Barcelona, en la que ingres&oacute; en 1930 para cursar estudios de Derecho y de Historia Antigua. Un crucero por el Mediterr&aacute;neo, junto a un grupo de compa&ntilde;eros y profesores, que realiz&oacute; en 1933, visitando Grecia, Palestina y Egipto, habr&aacute; de constituir el dato m&aacute;s emblem&aacute;tico de una vida dedicada a la literatura, labor que comparti&oacute; con el trabajo en las oficinas de una mutua privada de seguros m&eacute;dicos. Era hijo de un notario y naci&oacute; en la poblaci&oacute;n gerundense de Santa Coloma de Farners, aunque su infancia transcurri&oacute; entre Barcelona (donde curs&oacute; el Bachillerato) y Arenys de Mar (la Sinera de su obra). Sus primeras obras, en prosa, fueron <em>Israel</em> (1929, en castellano), <em>El doctor Rip</em> (1931) y <em>Laia</em> (1932). En su pr&oacute;logo, fechado el 18 de setiembre de 1978, daba cuenta de los or&iacute;genes de aquella su primera novela corta: &ldquo;En 1930, cuando no hab&iacute;a cumplido diecisiete a&ntilde;os y estaba terminando el bachillerato escrib&iacute; <em>El doctor Rip</em>. En aquel tiempo era muy le&iacute;do un prol&iacute;fico humorista gallego, que se produc&iacute;a en castellano, Wenceslao Fern&aacute;ndez Fl&oacute;rez. Ca&iacute;do durante mucho tiempo en el olvido, como suele suceder en Sepharad, Konilosia, Alfaranja y por todo el pa&iacute;s, cuando los escritores, buenos y malos, se mueren, creo que ahora se intenta, como pasa, por ejemplo con Blasco Ib&aacute;&ntilde;ez, ponerlo otra vez en circulaci&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;Si no me equivoco, en una de sus obras, <em>Los que no fuimos a la guerra</em>, Fern&aacute;ndez Fl&oacute;rez afirma, de un modo u otro, que todos los temas novel&iacute;sticos ya ha sido tratados, excepto la experiencia &iacute;ntima y las reflexiones de un canceroso. Con el atrevimiento y la inconsciencia t&iacute;picas de mi poca edad, decid&iacute;, cuando iniciaba el aprendizaje inagotable de escritor, que intentar&iacute;a llenar ese vac&iacute;o. No sab&iacute;a ni un &aacute;pice del catal&aacute;n gramatical. No lo hab&iacute;a aprendido porque nadie, durante la dictadura de Primo de Rivera, nos lo hab&iacute;a ense&ntilde;ado. Pero el instinto me llev&oacute; a escribir, a tientas, en mi lengua, hablada siempre en mi casa, en mi familia, el yerro que subtitul&eacute;, con ufana modestia, novela&rdquo;<a title="" href="#_ftn1">[1]</a> La extensa cita nos ha de permitir adentrarnos en los or&iacute;genes de la labor de un escritor que calificar&aacute; el conjunto de su obra como <em>A&ntilde;os de aprendizaje</em>. Ser&aacute; su padre, seg&uacute;n relata, quien har&aacute; las oportunas gestiones para que Carles Soldevila escriba el pr&oacute;logo a la primera edici&oacute;n del libro y ejerza de maestro de ceremonias en el acto de presentaci&oacute;n del novel. Y ser&aacute; tambi&eacute;n su padre quien financie la edici&oacute;n de aquella novela corta que revisar&aacute; en 1972 y&nbsp;&nbsp; publicar&aacute; reformada seis a&ntilde;os m&aacute;s tarde. &Eacute;sta no ha de ser la &uacute;nica coincidencia econ la obra y hasta con la biograf&iacute;a del argentino Jorge Luis Borges. Durante casi treinta a&ntilde;os aquella obra inicial hab&iacute;a sido borrada de su producci&oacute;n, seg&uacute;n afirma en palabras casi textuales. Tambi&eacute;n, como Borges, Espriu someter&aacute; su producci&oacute;n a constantes revisiones. <em>Ariadna al laberint grotesc</em>, por ejemplo, finaliza no s&oacute;lo con las oportunas fechas de su composici&oacute;n, 1934-1935, sino con las de sus correciones: &ldquo;Revisada en Sinera, agosto 1949 &ndash; julio 1964. Y en Lavinia, octubre 1967 &ndash; julio 1974, diciembre 1980 &ndash; julio 1984&rdquo;. Los lectores de Espriu saben ya que Sinera esconde generalmente el nombre de Arenys de Mar y Lavinia el de Barcelona.</p>
<p>Al inicio de la guerra civil hab&iacute;a publicado, adem&aacute;s, una colecci&oacute;n de relatos, <em>Aspectes</em> (1934) y la ya mencionada <em>Ariadna al laberint grotesc</em> (1935) y <em>Miratge a Citerea</em>, tambi&eacute;n en el mismo a&ntilde;o. Ya en plena contienda aparecer&aacute; <em>Letizia i altres proses</em> y escribir&aacute;, en 1939, en la Barcelona ocupada, aunque antes de que finalizara la guerra, <em>Ant&iacute;gona</em>, que ver&iacute;a la luz en 1955 y se estrenar&iacute;a en los escenarios en fecha a&uacute;n m&aacute;s tard&iacute;a, en 1958. Sin lugar a dudas, la obra de Salvador Espriu hab&iacute;a de resultar determinada por la experiencia de la guerra civil. No volver&aacute; a publicar hasta 1946, <em>Cementiri de Sinera</em>, ya un libro de poemas, fechado entre marzo de 1944 y mayo de 1945, aunque alguna de sus composiciones, &ldquo;Dansa grotesca de la morte&rdquo;, aparezca fechada en octubre de 1934 (otra fecha hist&oacute;rica catalana emblem&aacute;tica). Los esquemas simb&oacute;licos que atraviesan la obra de Espriu, plenos de resonancias b&iacute;blicas, han de servirle al poeta para reflejar una dram&aacute;tica realidad: la desaparici&oacute;n de una Catalu&ntilde;a de preguerra y, en consencuencia, la inicial persecuci&oacute;n por parte de las nuevas fuerzas pol&iacute;ticas de cualquier signo de catalanidad, en especial de la lengua, tan determinante para cualquier escritor. Se trata, por consiguiente, de una doble muerte c&iacute;vica, a la que se a&ntilde;adir&aacute; la desaparici&oacute;n de sus padres. El mundo familiar de Espriu, forjado de recuerdos, simbolizar&aacute; el m&aacute;s amplio de una Catalu&ntilde;a liberal, reconocible, que tan s&oacute;lo, con incontables esfuerzos, podr&aacute; mantenerse viva en peque&ntilde;os cen&aacute;culos, en los que la mera expresi&oacute;n en catal&aacute;n ha de significar un signo de esperanza. Espriu calific&oacute; tambi&eacute;n el conjunto de su obra como &ldquo;una meditaci&oacute;n de la muerte&rdquo; proclamando tal vez la continuidad de la tradicional &ldquo;meditatio mortis&rdquo;, aunque ello no debe entenderse como una calificaci&oacute;n monotem&aacute;tica. Habr&iacute;a de contribuir a una nueva deformaci&oacute;n interpretativa la aparici&oacute;n, en 1960, de <em>La pell de brau </em>&nbsp;que, para la literatura catalana, supondr&aacute; el equivalente, pese a sus considerables diferencias, de Pido la paz y la palabra (1955), de Blas de Otero.</p>
<p>A mi entender, la consideraci&oacute;n de la obra de Espriu debe emprenderse desde sus primeras experiencias en prosa en las que convergen un haz de influencias diversas, desde los libros b&iacute;blicos y los textos egipcios antiguos hasta los esperpentos valleinclanescos y el aliento de la tragedia griega que puede advertirse tambi&eacute;n muy tempranamente. En el pr&oacute;logo de 1934 de <em>Miratge a Citerea </em>revela sus probables fuentes: &ldquo;&iquest;Precedentes? &iquest;Influencias? Apresur&eacute;monos a facilitar la labor del cr&iacute;tico. Carlota <em>la protagonista</em> ha le&iacute;do a Barbey, Wilde, D'Annunzio, Valle, algo (no mucho) de Cocteau&rdquo;. Tambi&eacute;n en las palabras introductorias a <em>Ariadna </em>descubriremos algunas de las claves que se hab&iacute;a propuesto el entonces joven Espriu a la luz de quien acaba de revisarlo en 1974: &ldquo;un hombre joven de veinti&uacute;n a&ntilde;os, no demasiado complaciente consigo mismo y muy duro con los dem&aacute;s, empez&oacute; a escribir este peque&ntilde;o libro. Un hombre viejo de sesenta y un a&ntilde;os, nada complaciente consigo mismo y que procura, de lejos, comprender a los dem&aacute;s, quiz&aacute;s lo ha terminado. Quiz&aacute;s (...). En este peque&ntilde;o libro se apagaron, poco a poco y de forma sistem&aacute;tica, todos los ecos del <em>noucentisme</em> y del <em>postnoucentisme </em>que en alg&uacute;n lugar se hubiesen podido se&ntilde;alar. Si en el l&eacute;xico y en la sintaxis alguno queda, es porque se utiliza con un retint&iacute;n grotesco (&hellip;) En el peque&ntilde;o libro del que antes se hablaba, adem&aacute;s de algunos di&aacute;logos y mon&oacute;logos, estramb&oacute;ticos y extravagantes pero no gratuitos, hay alg&uacute;n gitanismo y muy pocos neologismos y extensiones sem&aacute;nticas, y el vocabulario y el discurso se someten, no sin una refrenada rebeld&iacute;a, a las listas y a las leyes dictadas o codificadas por el Institut d'Estudis Catalans, algunas de cuyas imperativas reglas tendr&aacute;n que irse revisando y modificando paulatinamente. Nos encontramos hoy entre los dos fuegos de la m&aacute;s paral&iacute;tica rigidez purista y del m&aacute;s irresponsable e inadmisible patu&eacute;s. Quiz&aacute; habr&iacute;a que insistir en buscar, entre uno y otro extremo, el equilibrio de un t&eacute;rmino medio&rdquo;. En estas l&iacute;neas advertimos las esenciales f&oacute;rmulas creativas de su po&eacute;tica. Espriu proclama su intenci&oacute;n de evadirse de la est&eacute;tica de la generaci&oacute;n que le precedi&oacute;, la que se califica como &ldquo;noucentista&rdquo;. Para ello propone una aut&eacute;ntica reconversi&oacute;n del lenguaje que, aunque &ldquo;normalizado&rdquo;, incorporar&aacute; gitanismos y expresiones populares, acentuando de este modo su expresionismo y su decantaci&oacute;n humor&iacute;stica, que se traduce en farsa, pr&oacute;xima al tratamiento espec&iacute;fico de &ldquo;lo grotesco&rdquo; expresionista. Elegir&aacute; inicialmente la prosa, porque la literatura catalana anterior estuvo integrada por poetas, m&aacute;s reconocidos por la cr&iacute;tica.</p>
<p>El cultivo de la narraci&oacute;n ha de resultar casi una excepci&oacute;n hasta el extremo de que Carles Riba se preguntaba provocativamente por la inexistencia del g&eacute;nero novela en su promoci&oacute;n. Los relatos de <em>Ariadna</em> encierran lo fundamental del mundo m&aacute;s caracter&iacute;sticamente espriuano: una esperp&eacute;ntica y &aacute;cida visi&oacute;n de la realidad a trav&eacute;s de personajes que se dise&ntilde;an como marionetas, las que m&aacute;s tarde cobrar&aacute;n vida en su obra teatral. All&iacute; podemos descubrir al &ldquo;fil&oacute;sofo&rdquo; Crisanto Bautista Mestres, quien descubre, para remediar la pobreza, que ha de convenirle saciar la vanidad de sus coet&aacute;neos. Sus lemas &ldquo;Piense con pureza&rdquo; y &ldquo;Sois los mejores&rdquo; le convierten en &ldquo;acad&eacute;mico (&hellip;), consejero del Banco nacional, diputado a Cortes, presidente del Patronato de Indios Descalzos y profesor de Grafolog&iacute;a Caractereol&oacute;gica en la Universidad&rdquo;. Aqu&iacute; aparecer&aacute; ya Salom, el erudito local (&ldquo;erudito y est&uacute;pido&rdquo;) de Lavinia, quien recita sin &eacute;xito en &ldquo;Barrios bajos&rdquo;: &ldquo;Esta es la ciudad de la perfecta belleza, la admiraci&oacute;n de toda la tierra&rdquo;. Tambi&eacute;n, desde su producci&oacute;n primera, <em>Doctor Rip</em>, la muerte habr&aacute; de planear sobre el conjunto de seres que pueblan sus relatos. En &ldquo;T&oacute;pico&rdquo; es el cruel accidente de un trabajador de la industria y su temprana muerte lo que le permite ironizar sobre &ldquo;el t&oacute;pico del obrero honrado&rdquo;. Y en &ldquo;El pa&iacute;s moribundo&rdquo; identifica su &ldquo;pobre y viejo pa&iacute;s&rdquo;, alabado ditir&aacute;mbicamente, con un ahogado en el puerto. Los periodistas se limitar&aacute;n a mandar un telegrama a las agencias: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; dice? <em>Viejo pa&iacute;s ahogado ayer aguas puerto. No se ha identificado cad&aacute;ver</em>. &iquest;Caramba, el pa&iacute;s se muri&oacute;, &iexcl;viva! Tenemos incluso un pa&iacute;s que se nos muere. Veamos, queremos m&aacute;s detalles. Aquel d&iacute;a las redacciones trabajaron de un modo febril y compensaron con creces la cotidiana penuria econ&oacute;mica editorial: por lo menos se vendieron unos cincuenta peri&oacute;dicos en nuestra lengua, en esa lengua que con tan delicado amor han llamado despu&eacute;s, inteligiblemente, vern&aacute;cula&rdquo;. El uso simb&oacute;lico de las referencias a la Catalu&ntilde;a de su &eacute;poca son m&aacute;s que evidentes, incluida la preocupaci&oacute;n por la supervivencia que habremos de ver en Espriu y en los escritores catalanes en los dif&iacute;ciles a&ntilde;os de la dictadura franquista.</p>
<p>Ya en el primero de sus libros po&eacute;ticos, <em>Cementiri de Sinera</em>, redescubriremos algunos de los grandes temas que hab&iacute;amos advertido en sus prosas anteriores. Josep M&ordf; Castellet los redujo a &ldquo;la muerte, la patria, el recuerdo, el paso del tiempo, el cansancio, la soledad, Dios&rdquo; y, en paralelo, sus habituales s&iacute;mbolos: &ldquo;abril, los cipreses, las ara&ntilde;as, las barcas, los ojos de un ciego, la niebla, las nubes, la lluvia, el viento, los caballos, la arena, el m&aacute;rmol, el mar, el jard&iacute;n&rdquo;. La lista no es completa, aunque revela el proceso po&eacute;tico que se iniciar&aacute; con este t&iacute;tulo emblem&aacute;tico, en el que sumar&aacute; dos elementos fundamentales: los espacios elegidos (una Sinera que es, en ocasiones, el espacio local, el del para&iacute;so de la infancia, tambi&eacute;n el m&aacute;s amplio, el de Catalu&ntilde;a); as&iacute; como el cementerio, el espacio espec&iacute;fico de la muerte. El camino de la interiorizaci&oacute;n, que habr&aacute; de operarse paralelamente, es una oscura v&iacute;a, por la que han de desfilar los fantasmas, los miedos, las angustias personales. Uno de sus ejes simb&oacute;licos ser&aacute;, como en la obra de Borges, el laberinto, alegor&iacute;a de la vida humana y, a la vez, el eslab&oacute;n que enlaza la obra espriuana con la m&aacute;s antigua cultura helena. Expl&iacute;citamente aparecer&aacute; en el t&iacute;tulo de <em>Final del laberint</em> (1955), considerado por la cr&iacute;tica como el m&aacute;s oscuro poemario de Espriu, junto a <em>Llibre de Sinera</em>, publicado por vez primera en <em>Obra po&eacute;tica</em> (1963). En el primer poema de <em>Les can&ccedil;ons d'Ariadna</em> (1949), libro que Espriu situar&aacute; como p&oacute;rtico de su producci&oacute;n po&eacute;tica, utiliza ya el tema del laberinto: &ldquo;No hi ha laberint m&eacute;s clar&rdquo;. El cuarto poema del libro, titulado &ldquo;Barallade dos cecs captaires&rdquo;, sit&uacute;a en primer plano otro tema fundamental: el de la ceguera, en esta ocasi&oacute;n, inspirada en una escena goyesca, esperp&eacute;ntica, la de dos ciegos que se combaten con tremendos garrotes: &ldquo;S'escometen tots dos, / garrots enlaire: / fericitat atro&ccedil; / de brotonsaures&rdquo;. Ecos de la frecuentada mitolog&iacute;a egipcia figuran tambi&eacute;n en &ldquo;Barca osir&iacute;aca&rdquo;: &ldquo;Barquer de l'etern viatge, / deixa'm amb tu reposar&rdquo;. Pero tras estos dos grandes temas recurrentes planea la conciencia de la muerte, expresa en &ldquo;Malalt&rdquo;, desde la f&oacute;rmula de la canci&oacute;n popular: &ldquo;I la mort vindr&agrave; / -diuen les puntaires- / un dilluns proper, / a la matinada&rdquo; e incluso figurar&aacute; en el t&iacute;tulo de otro de los poemas de la serie, &ldquo;Dansa grotesca de la mort&rdquo;. Pero ser&aacute; Salom (alter ego ocasional de Espriu) quien en el poema titulado <em>Petites cobres d'entenebrats</em> asumir&aacute; el pesimismo del presente y la muerte como esperanza final: &ldquo;Em dic Salom, fill de Sinera. / Contemplo el buit, mirant enrera. / I, temps enll&agrave;, tan sols m'espera / desert, tristor d'hora darrera&rdquo;.</p>
<p>En Cementiri de Sinera (1946), el primero de los libros po&eacute;ticos publicados por Espriu -tras once a&ntilde;os de silencio- combina la desolaci&oacute;n interior con un paisaje que pasa a convertirse en una proyecci&oacute;n del cementerio, principal n&uacute;cleo significante: &ldquo;Quina petita p&agrave;tria / encercla el cementiri! / Aquesta mar, Sinera, / turons de pins i vinya, / pols de rials. No estimo / res m&eacute;s, excepte l'ombra / viatgera d'un n&uacute;vol / i el lent record dels dies / que s&oacute;n passats per sempre&rdquo; (II). Advertimos ya la densidad de la m&aacute;s honda poes&iacute;a de Espriu, quien ha interiorizado el drama hist&oacute;rico, situ&aacute;ndolo en un paisaje propio. Este cementerio, tierra de muertos, no ser&aacute; <em>El cementerio marino</em>, de Paul Val&eacute;ry, aunque comparta con &eacute;l el mar y el ambiente mediterr&aacute;neo, sino la identificaci&oacute;n con una conciencia de derrota que es, a la vez, c&iacute;vica y personal. El poema XXVI de la serie, revelador en el sentido de conjugar lo familiar con lo personal, puede relacionarse con el conocido, aunque m&aacute;s ret&oacute;rico, poema &ldquo;El remordimiento&rdquo;, de Jorge Luis Borges, publicado treinta a&ntilde;os m&aacute;s tarde, en su libro <em>La moneda de hierro</em> (1976). Situar los dos textos en paralelo nos permite advertir, una vez m&aacute;s, las coincidencias tem&aacute;ticas, ciertas afinidades que venimos reiterando: &ldquo;No lluito m&eacute;s. Et deixo / el seplucre vast&iacute;ssim / que fou terra dels pares, / somni, sentit. Em moro, / perqu&egrave; no s&eacute; com viure&rdquo; // He cometido el peor de los pecados / Que un hombre puede cometer. No he sido / Feliz. Que los glaciares del olvido / Me arrastren y me pierdan, despiadados. / Mis padres me engendraron para el juego / Arriesgado y hermoso de la vida /.../ Me legaron valor. No fui valiente. / No me abandona. Siempre est&aacute; a mi lado / La sombra de haber sido un desdichado&rdquo;. <em>Les Hores</em> (1952), dividido en tres partes, debe entenderse, asimismo, como una nueva reflexi&oacute;n, con variaciones, sobre la muerte. La primera est&aacute; dedicada al poeta de su promoci&oacute;n e &iacute;ntimo amigo B. Rosell&oacute;-Porcel, fallecido el 5 de oenero de 1938; la segunda a su madre, que muri&oacute; el 1 de julio de 1950; la tercera -un gui&ntilde;o m&aacute;s que significativo- a Salom (su alter ego). Espriu acompa&ntilde;a el nombre de una fecha significativa (18-VII-1936); es decir, el d&iacute;a del comienzo de la guerra civil espa&ntilde;ola.</p>
<p>Tambi&eacute;n el libro que publicar&aacute; en el mismo a&ntilde;o, <em>Mrs. Death</em>, mantiene la reflexi&oacute;n, que pasa de lo individual a lo colectivo, sobre la muerte. En el poema &ldquo;El Governador&rdquo;, por ejemplo, encierra en cuatro versos emblem&aacute;ticos el pesimismo colectivo: &ldquo;Habitem en sepulcres, / entenebrats, mirant-nos / dintre 'nostre, en un somni / que no retorna l'alba&rdquo;. Ser&aacute;, sin embargo, en <em>El caminant i el mur</em> (1954) donde la voz po&eacute;tica de Salvador Espriu alcance sus mejores resonancias. Como hemos venido apuntando, la poes&iacute;a espriuana, asentada en una est&eacute;tica simbolista, viene asegurando sus elementos sin apenas introducir nuevos temas. Su mundo revelado es aparentemente el del paisaje de Sinera, pero el conjunto de signos identificativos que lo fundamentan, alejado de cualquier rasgo urbano, ha de convertirse en las llaves que permiten adentrarnos en la desolaci&oacute;n interior. En la segunda parte del libro, titulada &ldquo;Can&ccedil;ons de la roda del temps&rdquo;, descubriremos algunas de las m&aacute;s felices composiciones del poeta, quien utilizar&aacute; la sencillez aparente de la canci&oacute;n para convertirla en eficaz veh&iacute;culo de la pura l&iacute;rica: &ldquo;Mur de la nit: a penes / la remor d'unes ales / enll&agrave; de l'aire, somni / ja presoner. Camino / seguit de prop per passos / en la neu&rdquo; (&ldquo;Can&ccedil;&oacute; de la mort callada&rdquo;). En la tercera parte, &ldquo;El Minotaure i Teseu&rdquo; la canci&oacute;n se convierte en un c&aacute;ntico y el poeta se identifica, una vez m&aacute;s, con el pueblo de Israel. Los elementos b&iacute;blicos, presentes ya desde su primera obra juvenil, se acent&uacute;an. El pueblo elegido y perseguido es, naturalmente, Catalu&ntilde;a. All&iacute; figurar&aacute;, entre otros, el magn&iacute;fico &ldquo;Assaig de c&agrave;ntic en el temple&rdquo; que habr&aacute; de convertirse en uno de los poemas m&aacute;s emblem&aacute;ticos de la &eacute;poca. La estructura paralel&iacute;stica, la abundancia de adjetivos precisos, definitivos, configuran una dolorosa y entra&ntilde;able relaci&oacute;n entre el poeta y su &ldquo;tierra / patria&rdquo;: &ldquo;Oh, que cansat estic de la meva / covarda, vella, tan salvatge terra, / &hellip; / Car s&oacute;c tamb&eacute; molt covard i salvatge / i estimo a m&eacute;s amb un / deseperat dolor / aquesta meva pobra, / bruta, trista, dissortada p&agrave;tria&rdquo;. Cabe entenderlo como el hilo que ha de conducirnos hasta <em>La pell de brau</em>.</p>
<p>Una simbolog&iacute;a muy elemental, en todo caso, ha de permitirle introducirnos en un paisaje (que es interior) de &iacute;ntimas resonancias: &ldquo;Oh, sobretot estima la sagrada / vida de l'arbre i la remor del vent / a les branques que s'alcen vers la llum!&rdquo; (&ldquo;Llibre dels morts&rdquo;). El &aacute;rbol, en efecto, aparecer&aacute; con frecuencia como un signo de vida, como la presencia, en el invierno, de una vida secreta. La presencia de s&iacute;mbolos como el viento o la luz, mencionados en los tres versos antes citados, proceden de la simbolog&iacute;a m&iacute;stica, de la que Espriu no se alejar&aacute; nunca y constituyen las referencias habituales a las que tender&aacute; progresivamente el poeta en sus &uacute;ltimas obras. Expl&iacute;cita ser&aacute; esta decantaci&oacute;n en <em>Final del laberint</em> mediante las citas expresas, al comienzo del libro, publicado en 1955, del Maesro Eckehart y Nicol&aacute;s de Cusa. Si, como apuntamos, una parte de Les Hores estaba dedicado a su madre, el presente figura dedicado a su padre con la indicaci&oacute;n precisa de la fecha de su muerte: 30-IV-1940. El laberinto de ha transformado ahora, en el poema II, en &ldquo;la casa del hacha del rel&aacute;mpago&rdquo;, sin puertas ni ventanas, en una visi&oacute;n o pesadilla atormentada. Al final de los pasillos escucha el poeta, que avanza a ciegas, un llanto desolador. Y tan s&oacute;lo, cuando comprueba que la sangre &ldquo;es escampada amb ira per la roja tenebra&rdquo; se justifica como un &ldquo;home sencer&rdquo; y de &eacute;l puede brotar una canci&oacute;n. La poes&iacute;a (&ldquo;clares paraules&rdquo;) nace, por consiguiente, desde una presi&oacute;n interna que se convierte en un dif&iacute;cil sistema comunicativo. Es frecuente la imagen de la noche, de la oscuridad, de tan rica tradici&oacute;n m&iacute;stica. El poeta es un mendigo, un ciego, un solitario, un labrador que labora su tierra -el lenguaje- a la b&uacute;squeda de las misteriosas palabras que han de convertirse en canci&oacute;n (XV). As&iacute; lo manifiesta el poema XVI, por ejemplo, de la serie: &ldquo;Treballo durament / en &agrave;rides paraules. / S'agosta la canc&ccedil;&oacute;. / quan provo d'entonar-la&rdquo;. Introduce su propia imagen retenida en el espejo, busca la unidad de los contrarios, se adentra en la consideraci&oacute;n de la nada.</p>
<p><em>La pell de brau</em> resulta, sin embargo, una reflexi&oacute;n moral y pol&iacute;tica sobre la Espa&ntilde;a de finales de los a&ntilde;os cincuenta, formada por pueblos que se desconocen y se expresan en diversas lenguas. Sepharad (Espa&ntilde;a) se nos ofrece como la piel extendida del toro, seg&uacute;n se indica en el primero de los poemas de la serie. Resulta tambi&eacute;n un canto de &aacute;rido&nbsp; dolor y un clamor de esperanza. Rechaza cualquier rastro de odio y, en consecuencia, viene a coincidir en un claro compromiso personal con el programa que planteaban las fuerzas democr&aacute;ticas clandestinas y el entonces perseguido partido comunista: las tesis de la llamada &ldquo;reconciliaci&oacute;n nacional&rdquo;, que habr&iacute;a de servir para superar el franquismo. Versos como &ldquo;Fes que siguin segurs el ponts del di&agrave;leg / i mira de comprendre i estimar / les raons i les parles diverses dels teus fills&rdquo; responden a esta intencionalidad. El nuevo libro de Espriu se mantiene, sin embargo, dentro de los l&iacute;mites del mundo ya dise&ntilde;ado anteriormente, de rasgos claramente b&iacute;blicos: el recuerdo del templo derruido, las lamentaciones frente al muro, la Golah, el &iacute;dolo que se identifica con el mal, el agua como bien reparador, etc. Se combinan las canciones con poemas de mayor amplitud. Se alternan la iron&iacute;a y el expresionismo con claves l&iacute;ricas o reflexivas. En el poema XXV, sirvi&eacute;ndose de las f&oacute;rmulas simb&oacute;licas que apreci&aacute;bamos en su obra anterior, reclama el fin del miedo: &ldquo;Amb la can&ccedil;&oacute; bastim en la foscor / alter portes de somni, a recer d'aquest torb. / Ve per la nit remor de moltes fonts: / anem tancat les portes a la por&rdquo;. El canto a la libertad se sxplicita en el poema XXXVIII: &ldquo;Escolta, Sepharad: els homes no poden ser / si no s&oacute;n lliures. / Que s&agrave;piga Sepharad que no podrem mai ser / si no som lliures. / I credi la veu de tot el poble: Am&eacute;n&rdquo;.</p>
<p><em>Llibre de Sinera</em> incluye composiciones fechadas entre 1959 y 1962. Espriu mantuvo siempre una concepci&oacute;n unitaria del libro po&eacute;tico concediendo particular significaci&oacute;n al n&uacute;mero y a la secuencia de los poemas. Mantiene el desgarro habitual, los ciegos protagonistas: &ldquo;Al vell orb preguntava l'esglai / si el meu poble tindra dem&agrave;. / I la boca sense llavis comen&ccedil;&agrave; / la riota que no para mai&rdquo; (VIII). Los sesenta poemas del libro constituyen una manifestaci&oacute;n evidente de la plenitud del poeta que acent&uacute;a ligeramente la oscuridad de algunas im&aacute;genes. <em>Per al llibre de salms d'aquests vells cecs </em>(1967) lo forman cuarenta poemas de estructura circular y de tres &uacute;nicos versos, inspirados en los haikais, que sintetizan f&oacute;rmulas expresivas, actitudes, simples descripciones o referencias a elementos de sus obras anteriores. Tampoco faltan rasgos de reflexi&oacute;n moral o intuiciones.</p>
<p>Algunos poemas de <em>Setmana Santa</em> (1971) figuraban ya en la primera edici&oacute;n de <em>Poesia</em>&nbsp; (1968), aunque fechados en 1962. En su edici&oacute;n definitiva resulta una reelaboraci&oacute;n del mito de la Pasi&oacute;n impregnado de elementos m&iacute;ticos jud&iacute;os. <em>Formes i paraules</em> (1975), ilustrado con fotograf&iacute;as del escultor Apel.les Fenosa, va m&aacute;s all&aacute; del siempre dif&iacute;cil paso de un arte a otro, sobre los temas del artista. Los poemas adquieren el car&aacute;cter de una aut&oacute;noma reflexi&oacute;n metaf&iacute;sica, inspirada en el mito del retorno a Ulises.</p>
<p>Una relectura de la obra de Salvador&nbsp; Espriu ha de servir para despejar cualquier cr&iacute;tica f&aacute;cil, sentada en los prejuicios o propiciada desde est&eacute;ticas antag&oacute;nicas. Resultar&iacute;a incongruente demandar a la poes&iacute;a espriuana lo que &eacute;sta nunca se propuso. Esta consideraci&oacute;n, sin embargo, no debe entenderse como la defensa de una obra que, seg&uacute;n hemos apreciado, se defiende sobradamente por s&iacute; misma. Salvador Espriu sigue siendo, a los diez a&ntilde;os de su desaparici&oacute;n f&iacute;sica, una de las voces m&aacute;s inquietantes, cr&iacute;ticas y originales de la l&iacute;rica peninsular de nuestro siglo. Su mundo cerrado, cr&iacute;ptico en ocasiones, emblem&aacute;tico, cruel, pesimista y, a la vez esperanzado, obsesivo, c&iacute;clico y recurrente, espiritual, discurre a trav&eacute;s de vetas po&eacute;ticas complementarias. Su riqueza de vocabulario, sus ritmos propios del cancionero popular, su versatilidad m&eacute;trica a la vista est&aacute;n. Pasado el primer purgatorio que ha de soportar cualquier obra literaria, todo parece propiciar el asentamiento definitivo de su obra, aunque resulte imprescindible una reposada revisi&oacute;n cr&iacute;tica.</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los textos en prosa se citan en sus traducciones castellanas de la edici&oacute;n de sus Obras Completas. Fundaci&oacute;n Banco Exterior / Edicions del Mall. Barcelona, 1985, en cuatro vol&uacute;menes. Los textos po&eacute;ticos he preferido mantenerlos en su&nbsp; lengua original.&nbsp;</p>
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<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 29 Aug 2013 11:26:55 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mercè Rodoreda: la condición de una mirada]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/merce-rododera-la-condicion-de-una-mirada/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/MERC_RODOREDA.jpg" alt="" /></p>
<p>En el Parnaso de los escritores catalanes del siglo XX Merc&egrave; Rodoreda (1908-1983) ocupa un lugar particular. Protagonista del siglo, aunque no fuera en la primera l&iacute;nea del frente, su an&eacute;cdota vital compleja y tortuosa le permiti&oacute; estar bien cerca de algunas de sus vicisitudes m&aacute;s graves. De formaci&oacute;n autodidacta, logr&oacute; construir no sin esfuerzo una carrera literaria notable, y ya antes del final de la guerra civil hab&iacute;a publicado cinco novelas (que luego rechaz&oacute;) y hab&iacute;a ganado el premio &ldquo;Joan Crexells&rdquo; a la mejor novela publicada en 1937. Narradora de excepci&oacute;n, supo encontrar la voz que le permiti&oacute; expresar un mundo particular, personal e insinuante, que traduce una mirada de car&aacute;cter reflexivo a partir de un instinto natural. Al morir hab&iacute;a encontrado un reconocimiento m&aacute;s all&aacute; de las fronteras, sentenciado por Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez en un art&iacute;culo que public&oacute; en el rotativo <em>El pa&iacute;s</em> con motivo de su muerte en 1983: &ldquo;Una mujer invisible que escribe en un catal&aacute;n espl&eacute;ndido unas novelas hermosas, duras, como no se encuentran muchas en las letras actuales&rdquo;. Se lamentaba el novelista colombiano de que fuera poco conocida fuera de Catalu&ntilde;a. Ello ya no es as&iacute;. En los veinticinco a&ntilde;os transcurridos desde su muerte su obra se ha afianzado como un s&oacute;lido valor en el conjunto de la literatura catalana de todos los tiempos. Traducciones y lectores en todo el mundo atestiguan de la difusi&oacute;n notable que su mundo ha conseguido. A ella se le puede aplicar sin temor el aforismo certero de Julio Ram&oacute;n Ribeyro: &ldquo;El artista de genio no cambia la realidad, lo que cambia es nuestra mirada. La realidad sigue siendo la misma, pero la vemos a trav&eacute;s de su obra, es decir, de un lente distinto. Este lente nos permite acceder a grados de complejidad, de sentido, de sutileza o de esplendor que estaban all&iacute;, en la realidad, pero que nosotros no hab&iacute;amos visto.&rdquo; (<em>Prosas ap&aacute;tridas)</em>. Merc&egrave; Rodoreda vivi&oacute; en un tiempo de grandes transformaciones sociales y est&eacute;ticas. Sufri&oacute; persecuci&oacute;n y exilio y ello le afect&oacute; en, por lo menos, cuatro &aacute;mbitos distintos: pol&iacute;tico, como partidaria de la Rep&uacute;blica espa&ntilde;ola; geogr&aacute;fico, viviendo lejos de su pa&iacute;s entre 1939 y 1973; ling&uuml;&iacute;stico, porque en Francia o Suiza, se mantuvo aislada en un c&iacute;rculo de expresi&oacute;n catalana, dentro del mundo m&aacute;s amplio del exilio espa&ntilde;ol; y personal, puesto que estuvo separada de su hijo desde el momento en que abandon&oacute; Espa&ntilde;a. Contra las dificultades consigui&oacute; construir una obra literaria de primera magnitud.</p>
<p><strong>Una vida en el exilio</strong></p>
<p>Seg&uacute;n una conocida definici&oacute;n de Gilles Deleuze y F&eacute;lix Guattari una literatura menor funciona bajo tres restricciones: un alto grado de &ldquo;desterritorializaci&oacute;n&rdquo; del lenguaje; la contaminaci&oacute;n de todos los aspectos de la actividad literaria por problemas econ&oacute;micos, comerciales, legales; y por la politizaci&oacute;n de todo, ya que la literatura se ve obligada a cumplir una misi&oacute;n de definici&oacute;n colectiva. La obra de Merc&egrave; Rodoreda consigue replantear la proposici&oacute;n de los fil&oacute;sofos franceses, puesto que, a pesar de pertenecer a una literatura menor, supera y redefine algunos de estos condicionantes. A pesar del alejamiento f&iacute;sico, consigue crear una lengua literaria de apariencia realista y de gran efecto simb&oacute;lico. Rehuyendo la censura o por decisi&oacute;n de no dejarse ahogar en un mar de datos y fechas, sus grandes novelas pueden ser le&iacute;das en clave hist&oacute;rica y pol&iacute;tica, despu&eacute;s de obligar al lector a un ejercicio de desmontaje.</p>
<p>Merc&egrave; Rodoreda es considerada por muchos lectores y cr&iacute;ticos como una de las escritoras europeas m&aacute;s originales del siglo XX. El reconocimiento no fue f&aacute;cil. Su prosa exquisita, de perfiles acerados, es &oacute;ptima para la construcci&oacute;n de un mundo enigm&aacute;tico de fuerza singular. Una aproximaci&oacute;n a los misterios de la realidad, en apariencia cotidiana, despejando las inc&oacute;gnitas de una vida misteriosa. El &eacute;xito la acompa&ntilde;&oacute; s&oacute;lo en los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os de su vida, que en general, estuvo marcada siempre por la soledad y la originalidad. Ser&iacute;a f&aacute;cil afirmar que su vida (el proceso de su liberaci&oacute;n) y su desarrollo como escritora siguieron caminos paralelos. Pero en su caso, obra y vida, sin confundirse nunca, responden a exigencias y problemas muy distintos.</p>
<p>Por imposici&oacute;n, Rodoreda se cas&oacute; con un t&iacute;o suyo al cumplir los veinte a&ntilde;os. Malcasada y con un hijo, la literatura, la lectura ingente, se present&oacute; como una soluci&oacute;n de conveniencia para plantearse una vida alternativa. Empez&oacute; a escribir en 1933, y public&oacute; varias novelas que luego rechaz&oacute;. En el exilio franc&eacute;s, huyendo de las tropas de Franco primero, de las de Hitler poco despu&eacute;s, tuvo pocas oportunidades de volver a dedicarse a su pasi&oacute;n de escritura. Huyendo de Par&iacute;s, su convoy fue bombardeado en tres ocasiones, vivi&oacute; en casas abandonadas o en los bosques, en vivencias semejantes a las que tambi&eacute;n novel&oacute; Irene Nemirovsky. Rodoreda las evoc&oacute; en cartas impresionantes escritas a su confidente del momento, la tambi&eacute;n escritora Anna Muri&agrave;. Vivi&oacute; en dif&iacute;ciles circunstancias en Burdeos y Limoges, gan&aacute;ndose la vida cosiendo. El exilio, algunas de las escenas vividas en la Francia ocupada por los nazis, encontraron camino en versi&oacute;n literaria en los cuentos que ganaron el premio &ldquo;V&iacute;ctor Catal&agrave;&rdquo; en 1957. Finalizada la guerra mundial regres&oacute; a la literatura de un modo curioso. A mitad de la d&eacute;cada de los cuarenta, viviendo en medio de una gran penuria material, padeci&oacute; durante cuatro a&ntilde;os una dolencia en el brazo derecho, que le imped&iacute;a escribir a mano. Ello la empuj&oacute; a escribir a m&aacute;quina y a dedicarse a dibujar. Encontr&oacute; en el arte (collages y dibujos a lo Paul Klee) y la escritura (sonetos de notable factura) refugio para una existencia dif&iacute;cil. Por entonces se hab&iacute;a consolidado su relaci&oacute;n sentimental con el poeta y cr&iacute;tico Joan Prat, m&aacute;s conocido por su pseud&oacute;nimo literario, &ldquo;Armand Obiols&rdquo;. Hab&iacute;a regresado brevemente a Barcelona en 1948, hab&iacute;a participado en los &ldquo;<em>Jocs Florals</em>&rdquo; (Juegos Florales) del exilio, pero poder publicar de nuevo en su ciudad, signific&oacute; la confirmaci&oacute;n de una vocaci&oacute;n, o mejor, la posibilidad de reemprender una dedicaci&oacute;n a la literatura que hab&iacute;a sido desde 1933 su pasi&oacute;n esencial. La escritura de esta &eacute;poca puede ser le&iacute;da como lucha contra un destino impuesto y una humillaci&oacute;n colectiva. Pero lo m&aacute;s caracter&iacute;stico es la creaci&oacute;n de una prosa innovadora, con sombras y silencios, con una aptitud especial para retratar las ondulaciones de un alma femenina.</p>
<p>La suerte cambi&oacute; definitivamente cuando en 1962 consigui&oacute; publicar su novela <em>La plaza del Diamante</em>. Merc&egrave; Rodoreda viv&iacute;a ahora en Ginebra, a donde se hab&iacute;a traslado Armand Obiols en 1954, puesto que trabajaba como traductor en Naciones Unidas. La novela se hab&iacute;a presentado al m&aacute;s prestigioso premio de novela en catal&aacute;n, el &ldquo;Sant Jordi&rdquo;, de 1960 con el t&iacute;tulo de <em>Colometa</em> y caus&oacute; un peque&ntilde;o esc&aacute;ndalo literario El jurado no la premi&oacute;. Uno de sus componentes, Joan Fuster, la recomend&oacute; al editor Joan Sales que acababa de fundar la editorial &ldquo;El Club dels novel.listes&rdquo;. La novela de Rodoreda se convirti&oacute; inmediatamente en un &eacute;xito de cr&iacute;tica y de p&uacute;blico. Dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, un grupo de cr&iacute;ticos convocados por la revista <em>Serra d&rsquo;Or</em> la declar&oacute; la mejor novela catalana del per&iacute;odo 1939-1963. Con motivo de la reciente Feria del libro de Frankfurt ha vuelto a ser declarada como una de las mejores novelas de todos los tiempos escritas en lengua catalana. En 1978 Francesc Betriu realiz&oacute; una miniserie televisiva, que era una versi&oacute;n m&aacute;s que digna de la novela. La situaci&oacute;n de Rodoreda en el sistema literario cambi&oacute; de modo radical. Pudo continuar escribiendo con m&aacute;s libertad, continu&oacute; trabajando en proyectos de cuentos y novelas, obras de teatro. Despu&eacute;s de un largo per&iacute;odo de exilio pod&iacute;a regresar a Barcelona a pasar largas temporadas. En 1971, despu&eacute;s de la muerte de su compa&ntilde;ero sentimental, desplaz&oacute; definitivamente su residencia hacia la tierra natal. Se construy&oacute; una casa en el pueblo gerundense de Romany&agrave; de la Selva, en un lugar que en opini&oacute;n de Josep M. Castellet (<em>Los escenarios de la memoria</em>) era como un mirador sobre el pa&iacute;s, alejado de &eacute;l, observ&aacute;ndolo desde una elevaci&oacute;n. Cuando muri&oacute; en 1983 era una escritora muy conocida, con &eacute;xito de p&uacute;blico, motivo de varios homenajes, &ldquo;Premi d&rsquo;Honor de les Lletres Catalanes&rdquo; en 1980. El reconocimiento se ha confirmado con una cantidad ingente de ediciones y traducciones de sus principales libros, y por el gran n&uacute;mero de estudios cr&iacute;ticos que se le han dedicado.</p>
<p><strong>Cuentos y novelas</strong></p>
<p>Rodoreda ley&oacute; con pasi&oacute;n los relatos de Katherine Mansfield. En una carta afirmaba: "<em>El 'meu amor en aquest g&egrave;nere' &eacute;s la meravellosa K. Mansfield</em>." (Mi amor en este g&eacute;nero es la maravillosa K. Mansfield.) Algunos de sus personajes encuentran inspiraci&oacute;n&nbsp; en el mundo de la escritora neozelandesa. La influencia de&nbsp; Mansfield se comprueba sobre todo en el impacto de algunos cuentos de <em>The Garden Party</em> en un eco muy directo en &ldquo;Zerafina&rdquo; o &ldquo;La ni&ntilde;era&rdquo; de <em>Mi Cristina y otros cuentos</em>. Como Mansfield, Rodoreda se convirti&oacute; en una h&aacute;bil cronista de situaciones de desastre que ocurren en la vida cotidiana, desarrollando un instinto afilado para presentar a seres humanos en situaci&oacute;n de soledad extrema, o ilustrando la desesperaci&oacute;n de la mujer en el mundo moderno, sin ning&uacute;n rastro de sentimentalismo.</p>
<p>Es el cuento en Rodoreda medio de expresi&oacute;n alternativo: taller de experimentaci&oacute;n a veces de voces y modos que luego explorar&aacute; por extenso en las novelas; o v&iacute;a de escape para un mundo de fantas&iacute;as y sue&ntilde;os que a menudo encuentran su correlato en s&iacute;mbolos de car&aacute;cter vegetal, que localiza en parques y jardines. Algunos cuentos la sit&uacute;an a las puertas del teatro, una dedicaci&oacute;n que mantuvo in&eacute;dita y se ha publicado p&oacute;stumamente. Pero el cuento para Rodoreda fue tambi&eacute;n el medio escogido en su operaci&oacute;n de reingreso en las letras catalanas. Desde la incertidumbre del exilio en Par&iacute;s Merc&egrave; Rodoreda planific&oacute; su regreso a la literatura como una maniobra de impacto: "<em>penso fer contes que faran tremolar D&eacute;u</em>" (pienso escribir cuentos que har&aacute;n temblar a Dios), escribi&oacute; a su amiga Anna Muri&agrave;. As&iacute; el cuento fue el instrumento elegido para volver a la literatura despu&eacute;s de veinte a&ntilde;os de silencio. El volumen <em>Veintid&oacute;s cuentos </em>&nbsp;(1958) fue seguido por otros dos vol&uacute;menes, <em>Mi Cristina y otros cuentos</em> (1967) y <em>Parec&iacute;a de seda y otras narraciones</em> (1978), los cuales son testimonio fiel de sus inquietudes de los a&ntilde;os siguientes, escritos paralelamente a sus grandes novelas, las que le han dado una fama definitiva, <em>La plaza del diamante</em> (1962) y <em>Espejo roto</em> (1974).</p>
<p>Algunos de sus cuentos tienen una pre-escritura en las cartas de los a&ntilde;os cuarenta, y ello nos indica hasta qu&eacute; punto muchos de ellos est&aacute;n inspirados en hechos autobiogr&aacute;ficos. As&iacute;, por ejemplo, en una carta escrita en Limoges el 29 de agosto de 1940 narra su hu&iacute;da de Par&iacute;s, reci&eacute;n ocupada por los alemanes, experiencia que reaparece ficcionalizada en el cuento &ldquo;Orle&aacute;ns, 3 kil&oacute;metros&rdquo;. Pero poco a poco internaliza experiencias, refina su arte y consigue sugestivos an&aacute;lisis de fragmentos de realidad desde perspectivas ins&oacute;litas, introduciendo siempre un h&aacute;lito de inquietud.</p>
<p>En los cuentos de Rodoreda se cumplen algunas de las exigencias que Cort&aacute;zar impon&iacute;a a este g&eacute;nero literario, en especial la intensidad y la tensi&oacute;n. Son peque&ntilde;os episodios dom&eacute;sticos que iluminan la condici&oacute;n humana (en especial la situaci&oacute;n de la mujer) o que devienen s&iacute;mbolos candentes de una situaci&oacute;n social o hist&oacute;rica. Algunos de sus mejores cuentos, como &ldquo;La salamandra&rdquo;, est&aacute;n localizados en un remoto ambiente rural, en pa&iacute;s y tiempo indefinidos. A lo que se a&ntilde;ade el componente fant&aacute;stico (una mujer convertida en salamandra) que aumenta el car&aacute;cter inquietante y simb&oacute;lico del relato. En una entrevista declar&oacute; que el relato &ldquo;representa un complejo de culpabilidad&rdquo;. Presionada para que aclarase a qu&eacute; se refer&iacute;a, rehus&oacute; explicarlo, puesto que era &ldquo;demasiado personal.&rdquo; Otros relatos, como &rdquo;Mi Cristina&rdquo;, resultan un cruce de tradici&oacute;n b&iacute;blica y de absurdo a la Kafka. La autora se sit&uacute;a as&iacute; en &ndash;y dialoga con&ndash; una larga tradici&oacute;n que va de Chejov a Carver y pasa inevitablemente por Mansfield o Cort&aacute;zar. A partir de situaciones cotidianas o de juegos de fantas&iacute;a Rodoreda nos acerca a una revaloraci&oacute;n de la existencia. El cuento en sus manos nombra espacios mudos y da voz al silencio.</p>
<p>Las novelas, en particular <em>La plaza del Diamante</em> y <em>Espejo roto</em>, constituyen las obras m&aacute;s logradas. Como ya indicara Joaquim Molas, en <em>La plaza del Diamante </em>Rodoreda utiliza t&eacute;cnicas del mon&oacute;logo interior, mezclando el estilo directo e indirecto. Narra la vicisitud de su protagonista-narradora, en un proceso de opresi&oacute;n y liberaci&oacute;n, ambientado en un barrio barcelon&eacute;s (Gracia) desde poco antes de la proclamaci&oacute;n de la Rep&uacute;blica hasta la postguerra. Los cambios de nombre de la protagonista, Natalia, Colometa (palomita), Se&ntilde;ora Natalia, dan cuenta de la evoluci&oacute;n del personaje, de su manipulaci&oacute;n por un primer marido dominante o la relaci&oacute;n con un segundo marido, impedido sexualmente a causa de una herida de guerra. Asimismo, el espacio urbano, interiores y exteriores, resulta en correlato del estado moral de la protagonista. Y m&uacute;ltiples elementos simb&oacute;licos (palomas, balanzas, etc.) ayudan a confirmar ante el lector la transformaci&oacute;n del personaje. A la sombra de este &eacute;xito quedan otros libros notables, <em>La calle de las Camelias</em> (1966) y <em>Jard&iacute;n junto al mar</em> (1967).</p>
<p>Su segunda novela de gran &eacute;xito, tambi&eacute;n la m&aacute;s ambiciosa, es <em>Espejo roto</em> (1974). Presenta la evoluci&oacute;n de una saga familiar, los Valldaura, siguiendo el ascenso y ca&iacute;da del grupo. El centro de la acci&oacute;n es una torre con jard&iacute;n en la que vive la familia. Lujo y &eacute;xito, decadencia y muerte, son los signos de los cambios y las coordenadas de una profunda reflexi&oacute;n sobre la fugacidad y el paso del tiempo. Se trata de una obra polif&oacute;nica, con multiplicidad de voces y perspectivas. El secreto roto en mil pedazos es el <em>leitmotiv</em> de la novela, al que dif&iacute;cilmente llega el lector. La tristeza y la inquietud, el recuerdo y el secreto, o elementos simb&oacute;licos como el fuego dominan la acci&oacute;n. En la novela es de gran riqueza el juego de intertextualidad con otras obras literarias, cinematogr&aacute;ficas, pict&oacute;ricas. En opini&oacute;n de Carme Arnau, se trata de una novela po&eacute;tica: &ldquo;la prosa roderiana se convierte en po&eacute;tica una poeticidad que hace referencia a la teor&iacute;a afectiva, es decir a la voluntad (&hellip;) de expresar sentimientos m&aacute;s que ideas.&rdquo;</p>
<p><em>Cuanta, cuanta guerra</em> (1980) es la &uacute;ltima novela que public&oacute; en vida. Narra la aventura del joven Adri&agrave; Guinart que pasa tres a&ntilde;os recorriendo un paisaje de gran belleza, huyendo de los desastres de la guerra. El atavismo, un mundo on&iacute;rico y nocturno, presiden la m&iacute;nima acci&oacute;n, en la que se yuxtaponen im&aacute;genes de una belleza misteriosa: &ldquo;Un rayo de luna como una espada me cay&oacute; encima, el r&iacute;o la repiti&oacute;&rdquo;. La guerra es met&aacute;fora de la existencia, presidida por el absurdo que implican la muerte, la destrucci&oacute;n. P&oacute;stumamente se publicaron otras dos novelas, que hab&iacute;a dejado incompletas, que prolongan esta vena narrativa, apocal&iacute;ptica y simb&oacute;lica: <em>Isabel y Mar&iacute;a</em> y <em>La muerte y la primavera</em>&nbsp; (1986).</p>
<p>En los &uacute;ltimos a&ntilde;os se han ido publicando vol&uacute;menes que recogen aspectos menos conocidos de la obra literaria de Merc&egrave; Rodoreda, como por ejemplo <em>El torrent de les flors</em> (1993) que incluye cuatro obras de teatro. Destaca la densidad de una obra como &ldquo;La senyora Florentina i el seu amor Homer&rdquo;. Desde el efecto paronom&aacute;sico del t&iacute;tulo se inicia una visi&oacute;n desencantada de las relaciones amorosas, y la ampliaci&oacute;n de un personaje fugaz, la Zerafina de uno de sus cuentos m&aacute;s c&eacute;lebres. El signo del teatro de Merc&egrave; Rodoreda es el de ampliar el sentido de un mundo muy personal desde la brutalidad de sus entra&ntilde;as. Se conocen colecciones parciales de su rico epistolario. Si se cumple el prop&oacute;sito de publicaci&oacute;n de sus Obras Completas, ser&aacute; sin duda la aportaci&oacute;n m&aacute;s novedosa de este a&ntilde;o en que se conmemora el centenario de su nacimiento.</p>
<p><strong>Perspectivas de lectura</strong></p>
<p>Ante una vida tan agitada, usada y despreciada por los hombres, la conclusi&oacute;n l&oacute;gica del periplo ser&iacute;a la del feminismo. No fue as&iacute;. Preguntada por dos entrevistadoras si el hecho que los protagonistas de sus novelas fueran siempre personajes femeninos respond&iacute;a a un planteamiento feminista, Rodoreda fue tajante: &ldquo;Yo creo que el feminismo es como un sarampi&oacute;n. En la &eacute;poca de las sufragistas ten&iacute;a un sentido, pero en la &eacute;poca actual, en que todo el mundo hace lo que quiere, me parece que no tiene sentido el feminismo.&rdquo; Aunque esta opini&oacute;n no ha sido tenida en cuenta por legiones de lectoras, en especial en el mundo anglosaj&oacute;n. All&iacute; se han publicado una gran cantidad de estudios. En cursos universitarios es una de las escritoras catalanas m&aacute;s le&iacute;das, tanto en el &aacute;mbito de la postguerra, o bien como escritora que supo representar como pocas las vicisitudes de la condici&oacute;n femenina. La bibliograf&iacute;a de Isidra Mencos, <em>Merc&egrave; Rodoreda: A Selected and Annotated Bibliography (1963-2001)</em>, ilustra con profusi&oacute;n de detalles los modos y lugares c&oacute;mo ha sido le&iacute;da esta escritora. Lectores de toda condici&oacute;n se han rendido al encanto de su mundo. Y entre ellos, destaca la opini&oacute;n de Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez cuando calific&oacute; su obra m&aacute;s conocida, <em>La plaza del diamante</em>, &ldquo;como la m&aacute;s bella novela que se ha publicado en Espa&ntilde;a despu&eacute;s de la Guerra Civil.&rdquo; A pesar de que Rodoreda nunca se mostr&oacute; interesada por el feminismo, &eacute;ste es subliminal, subterr&aacute;neo, y permea la mayor parte de su obra. Por eso resulta tan atractiva esta escritora para el feminismo acad&eacute;mico norteamericano. Y tambi&eacute;n para el resto de mortales, puesto que nos atrae por la habilidad y belleza de una construcci&oacute;n verbal con la que indaga en aspectos rec&oacute;nditos del ser. Como escribi&oacute; Kathleen Gleen: &ldquo;a trav&eacute;s de sus textos hay una conexi&oacute;n de violencia, sutil y evidente, verbal y f&iacute;sica, amenazante y obvia. Sus v&iacute;ctimas, ya sean j&oacute;venes o bien mayores, solteras o casadas, mujeres o hombres con caracter&iacute;sticas femeninas, son seres marginales, objetos m&aacute;s que sujetos, a quienes la vida decide por ellos, movi&eacute;ndose en los m&aacute;rgenes de la sociedad y no integrados en la misma.&rdquo; As&iacute; es, puesto que las protagonistas de sus cuentos y novelas son con frecuencia mujeres d&eacute;biles en apariencia, pero que han conseguido situarse en una situaci&oacute;n de fuerza. Desde la defensa frente al Uno invasor se dibuja la complejidad del Otro a partir de breves apuntes, recortes de vida. Vidas de mujeres que temen el fin del amor. O que tienen que sobrevivir situaciones de adversidad.&nbsp; Situaciones de inocencia, de j&oacute;venes enamorados, pero en las que se adivina ya el miedo, la sospecha, de una posible futura traici&oacute;n.</p>
<p>La obra de Merc&egrave; Rodoreda se ha le&iacute;do desde dos perspectivas: la feminista y la hist&oacute;rica, en clave estrictamente biogr&aacute;fica. Propuesta absurda, puesto que la obra de cualquier escritor es s&oacute;lo un p&aacute;lido reflejo de la aventura personal del autor que se esconde detr&aacute;s del nombre inscrito en la portada. Y ello, incluso sin tener en cuenta las posibilidades enormes de la autoficci&oacute;n. La obra de Rodoreda se desmoronar&iacute;a al intentar ser le&iacute;da en simple clave anecd&oacute;tica. Por ello parecen discutibles los planteamientos que quieren distinguir dos voces en su obra narrativa, bas&aacute;ndose en las dos personalidades (sic) de la autora. La escritora usar&iacute;a una u otra seg&uacute;n el relato, el per&iacute;odo, el objeto de su narraci&oacute;n. Una ser&iacute;a una voz realista, heredera de la mejor tradici&oacute;n decimon&oacute;nica, atenta a un retrato detallista, &iacute;ntimo, de la cotidianidad. La otra voz se caracterizar&iacute;a por una atenci&oacute;n a los aspectos siniestros, m&iacute;ticos, sobrenaturales de la realidad. Este tipo de distinciones podr&iacute;an ser &uacute;tiles para los antiguos manuales de segunda ense&ntilde;anza. En el mundo de los lectores adultos, la realidad es un poco m&aacute;s compleja. Del mismo modo que Rodoreda no se limita a &ldquo;reflejar&rdquo; una experiencia autobiogr&aacute;fica, expresi&oacute;n de una sociedad reprimida durante la dictadura, ni es una especie de protofeminista, ignorante de la profundidad de algunas de sus denuncias y caracterizaciones, por lo que respecta a la condici&oacute;n femenina, su obra no se puede dividir simplemente en la articulaci&oacute;n de estas dos voces de modo aut&oacute;nomo.</p>
<p>La presencia de elementos m&aacute;gicos o simb&oacute;licos fundidos en la realidad cotidiana facilita este enfoque. Los p&aacute;jaros, el agua, flores y jardines, por citar s&oacute;lo algunos de los elementos m&aacute;s frecuentes. Palomas, balanzas inscritas en una escalera, luces azules de la ciudad en tiempo de guerra. Algo caracter&iacute;stico del mundo de Rodoreda es su atenci&oacute;n a los detalles &iacute;nfimos, la habilidad para representar segmentos de la realidad desde una perspectiva &iacute;ntima y confundiendo elementos reales y elementos fant&aacute;sticos, en fusi&oacute;n de las supuestas dos voces. En su novela m&aacute;s conocida este fen&oacute;meno es particularmente central al planteamiento narrativo. Es caracter&iacute;stico el saber crear una voz narrativa radicalmente apartada del resto de los personajes. Novelas como <em>La plaza del Diamante</em> est&aacute;n escritas en una poderosa primera persona que arrastra al lector a su interior. As&iacute; la identificaci&oacute;n entre voz y narradora sustenta los fundamentos de una definici&oacute;n de la identidad. Estamos ante un realismo subjetivo, que es una variaci&oacute;n del realismo psicol&oacute;gico, en la que no es importante, como en la variante joyceana, el fluir de la conciencia, sino, m&aacute;s cercano a la vena proustiana, un aut&eacute;ntico reconstruir de la memoria. El lector est&aacute; prisionero de la voz de la narradora y es a trav&eacute;s de &eacute;sta que percibe la realidad. En una ambig&uuml;edad claramente deliberada, Rodoreda pone en juego una voz que no sabemos si es oral o escrita. El car&aacute;cter oral es el que le permite el desarrollo de un peculiar estilo literario. Como se&ntilde;al&oacute; Josep Miquel Sobrer, el lector escucha directamente las palabras de Natalia, y este es uno de los efectos estil&iacute;sticos m&aacute;s estudiados y efectivos de la novela.</p>
<p>Dec&iacute;a Julio Ram&oacute;n Ribeyro en otro aforismo genial: &ldquo;Quiz&aacute;s lo que pueda devolvernos el gusto por la lectura ser&iacute;a la destrucci&oacute;n de todo lo escrito y el hecho de partir inocente, alegremente de cero.&rdquo; Antes de encender la cerilla valdr&iacute;a la pena leer la obra de Merc&egrave; Rodoreda. Por si acaso es irrepetible, porque nos ofrece una apuesta literaria singular, en un encuentro de g&eacute;neros y de voces, que le sirven para expresar la aventura de aislamiento e inquietud que marcaron a buena parte de su siglo. Con una mirada original que nos hace temblar.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 27 Aug 2013 12:20:03 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Última noche con Mariona]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/ultima-noche-con-mariona/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/ENRIQUE_VILA-MATAS.jpg" alt="" /></p>
<p>Con Mariona la pelea m&aacute;s seria de todas fue la &uacute;ltima, la m&aacute;s absurda tambi&eacute;n. Hab&iacute;amos acabado de cenar en el apartamento de la calle Lagasca, en Madrid, y el ambiente entre los dos se hab&iacute;a ido cargando de terrible malestar. A&uacute;n as&iacute; acab&aacute;bamos de vivir un momento po&eacute;tico cuando nos asomamos a la calle y miramos hacia la luna, que estaba &ndash;o nos pareci&oacute;- muy alta ese d&iacute;a. La luna siempre es rom&aacute;ntica y en ocasiones ayuda a las parejas con problemas. Pero s&oacute;lo existi&oacute; ese momento, luego yo lo estrope&eacute; todo al comentar que la luna no se dejaba archivar porque nunca fracas&oacute; en nada. Ella, que para m&iacute; estaba aquel d&iacute;a especialmente guapa, con el pelo corto, m&aacute;s corto que nunca, pelo casta&ntilde;o y abundante, con muchos rizos al estilo africano, me mir&oacute; de repente con odio y me dijo que no soportaba mi man&iacute;a de comentarlo todo. Me defend&iacute; desatinadamente porque empec&eacute; a invocar la categor&iacute;a religiosa del comentario en la tradici&oacute;n jud&iacute;a. Y ella tuvo un ataque de risa, primero, y luego de ira absoluta contra m&iacute; y contra las categor&iacute;as religiosas.</p>
<p>Decidimos ir retirando los platos y llevarlos a la cocina, probablemente para dejarlos a buen resguardo y no tir&aacute;rnoslos por la cabeza. Pero a m&iacute; se me ocurri&oacute;, quiz&aacute;s en mala hora, preguntarle si estaba enterada de que nuestro universo no es otra cosa que un gigantesco programa ejecut&aacute;ndose en un ordenador sideral en el que hay programadas una serie de leyes b&aacute;sicas, incluyendo una gravedad cu&aacute;ntica que sostiene un vac&iacute;o capaz de fluctuar en m&uacute;ltiples universos&hellip;</p>
<p>&nbsp;Mariona me pidi&oacute; que repitiera palabra por palabra lo que le hab&iacute;a dicho, pero con m&aacute;s calma, es decir, dejando entre un sustantivo y otro un minuto de tiempo. Entend&iacute;a que se re&iacute;a de m&iacute; y le dije que no estaba dispuesto a repetir nada y que s&oacute;lo hab&iacute;a tratado de advertirle de lo que verdaderamente era el universo y de lo relativo de todo, incluido su enfado de aquella noche y tambi&eacute;n sus repetidos, constantes enfados de los &uacute;ltimos a&ntilde;os.</p>
<p>Mariona me mir&oacute; con gran disgusto y quiso saber si hab&iacute;a forma de enterarse de qui&eacute;n era el Programador de tan gigantesco desprop&oacute;sito. Parece, le dije, que s&oacute;lo te interese saber si existe o no Dios. No, no es eso, para nada es eso, protest&oacute; ella airadamente. Puede, le dije, que ese Programador, si existe, sea una bell&iacute;sima persona y realice sistem&aacute;ticamente un <em>back-up</em> del sistema, que de paso nos garantice la vida eterna, y puede que no seamos m&aacute;s que un virus inform&aacute;tico que &eacute;l intenta eliminar a toda costa.</p>
<p>Ah&iacute; estall&oacute; todo. &iexcl;Un virus inform&aacute;tico! Mariona mont&oacute; ya en descontrolada c&oacute;lera.</p>
<p>-&iquest;Para ti soy un virus inform&aacute;tico?</p>
<p>No la hab&iacute;a visto nunca tan exaltada.</p>
<p>-Bueno, si me escucharas mejor&hellip;</p>
<p>-Te he o&iacute;do perfectamente &ndash;dec&iacute;a Mariona sin atender a razones-. Pero el &uacute;nico virus aqu&iacute; eres t&uacute;, aunque seas incapaz de verlo.</p>
<p>-S&oacute;lo te digo que formamos parte de un teatro sideral y trato de decirte que esta ri&ntilde;a puede que no sea m&aacute;s que una escena que tiene lugar en un gigantesco programa ejecut&aacute;ndose en un ordenador, y por tanto no valga la pena esforzarse en pelear entre los dos con tanto entusiasmo&hellip; Con tanto entusiasmo, por tu parte&hellip; Porque a decir verdad, por la m&iacute;a&hellip;</p>
<p>-&iquest;Por la tuya qu&eacute;? No tienes entusiasmo en nada &iquest;Es eso lo que quieres decirme? Ya entiendo. El entusiasmo te falt&oacute; tambi&eacute;n para el cortometraje. Porque entonces tambi&eacute;n te viste en un teatro sideral, &iquest;no?&nbsp; Desde la peliculita que no has tenido m&aacute;s ideas y te has refugiado en tu archivo interminable, algo que haces porque sabes que nunca lo acabar&aacute;s y as&iacute; no tendr&aacute;s que hacer otro bodrio de film. Tienes, adem&aacute;s, complejo de inferioridad con tu padre. Tienes, no s&eacute;, tienes muchos complejos y muchos defectos, eres una birria.</p>
<p>-&iquest;Una birria?</p>
<p>Mariona crey&oacute; hacerme da&ntilde;o acus&aacute;ndome de refugiarme en mi tarea del Archivo General de la derrota (un trabajo que hago desde hace a&ntilde;os). Pero no logr&oacute; molestarme en absoluto porque yo cada d&iacute;a consideraba m&aacute;s original y hasta necesario mi trabajo sobre el tema del fracaso y porque, adem&aacute;s, so&ntilde;aba con el d&iacute;a en que lo filmar&iacute;a, so&ntilde;aba con ese d&iacute;a y sab&iacute;a que ser&iacute;a inolvidable&hellip; Ignoraba, adem&aacute;s, Mariona&nbsp; que para m&iacute; el Archivo General era en el fondo la esencia misma de aquello en lo que me hab&iacute;a ido convirtiendo, pues mi alma y mi m&aacute;s profunda espiritualidad giraban alrededor de aquella trama inacabable de fracasos que iba estudiando y clasificando.</p>
<p>-&iquest;Te importa si escribo sobre esto, sobre esta discusi&oacute;n que est&aacute; condenada a fracasar como todas las discusiones de pareja? &ndash;le pregunt&eacute;.</p>
<p>Mariona tard&oacute; en reaccionar:</p>
<p>-Pero &iquest;c&oacute;mo puedes ser tan fr&iacute;o o tan c&iacute;nico y decir algo as&iacute;? &iquest;Quieres detener la escena para escribirla?</p>
<p>-No es cinismo, creo que no sabes por d&oacute;nde voy.</p>
<p>-Y dime &iquest;t&uacute; no est&aacute;s enfadado? Oyes que eres un gazapo y un idiota y una birria al lado de tu padre y no te molestas, &iquest;me est&aacute;s simplemente diciendo que no te importa porque a fin de cuentas eres un gazapo sideral o c&oacute;smico, o lo que seas?</p>
<p>-S&iacute;, naturalmente que estoy enfadado. &iquest;C&oacute;mo no voy, adem&aacute;s, a estarlo con lo que acabas de decirme? Y me duele mucho que me veas tan inferior a mi padre y tan acomplejado ante el pobre cerdo, pero hay en todo esto una parte de m&iacute; que est&aacute; fascinada por lo que est&aacute; ocurriendo aqu&iacute; realmente y que nada tiene que ver con las palabras hirientes que utilizas, que utilizamos, que utilizas t&uacute; sobre todo. Es una parte de m&iacute; que est&aacute; interesada por lo que ocurre de verdad. Te lo repito y subrayo: lo que ocurre <em>de verdad</em>. &iquest;Me entiendes? Por eso creo que deber&iacute;amos parar, detenernos en seco, burlar al Programador, y dejar que luego, despu&eacute;s de haber indagado sobre lo que est&aacute; aqu&iacute; en verdad sucediendo, escriba sobre ello y acabe traslad&aacute;ndolo todo al Archivo General a modo de ejemplo de lo que puede ser una discusi&oacute;n frustrada.</p>
<p>-Es horrible. Eres un est&uacute;pido ego&iacute;sta y un pobre monstruo&nbsp; y no sabes ni verlo &ndash;me dijo, y vi que ella no hab&iacute;a comprendido nada o comprendido mal lo que hab&iacute;a tratado de decirle.</p>
<p>Y ese malentendido nos separ&oacute; aquella misma noche y desde entonces no hemos vuelto a vernos en ninguna parte ni a tener noticia alguna el uno del otro. Lo malo es que si alg&uacute;n d&iacute;a volvi&eacute;ramos a encontrarnos, mucho me temo que yo reincidir&iacute;a est&uacute;pidamente y volver&iacute;a a pedirle que burl&aacute;ramos al Programador. Hasta he imaginado la respuesta ir&oacute;nica que Mariona me dar&iacute;a:</p>
<p>-&iquest;Y eres tan iluso para creer que tus intenciones no las conoce el Programador?</p>
<p>-Lo soy, soy as&iacute; de iluso &ndash;le dir&iacute;a-. Adem&aacute;s, aqu&iacute; donde me ves, conozco al Programador.</p>
<p>-&iquest;C&oacute;mo que conoces al Programador? &ndash;dir&iacute;a ella, bien molesta-. No entiendo por qu&eacute; tienes que hacer tantas amistades.</p>
<p>S&eacute; que no hay posibilidad alguna de reconciliaci&oacute;n. Hace s&oacute;lo unos momentos, me lo ha dicho el Programador.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 26 Aug 2013 07:23:37 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Juan Marsé: el cine en la literatura]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/juan-marse-el-cine-en-la-literatura/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/JUAN_MARS_.jpg" alt="" /></p>
<p>Juan Mars&eacute; se ha criado en cines. Durante toda su vida ha visto muchas pel&iacute;culas. Han alimentado su fantas&iacute;a de ni&ntilde;o de barrio y siguen poblando su mundo literario de aventuras. Las &ldquo;aventis&rdquo; que los ni&ntilde;os de sus novelas cuentan &ndash; inventadas o no- beben directamente de las aventuras de ficci&oacute;n que los protagonistas de las pel&iacute;culas viv&iacute;an.</p>
<p>&nbsp;Pero la interacci&oacute;n cine-literatura en el caso del escritor barcelon&eacute;s no es s&oacute;lo una cuesti&oacute;n de influencias. Mars&eacute; ha trabajado frecuentemente para el cine, de formas diversas. Y Mars&eacute; ha escrito cine. Y literatura que parece cine. Sus novelas se han llevado al cine, con la colaboraci&oacute;n del escritor en la adaptaci&oacute;n de su novela para convertirla en un gui&oacute;n o sin ella. Se ha peleado con sus adaptadores. Y se ha quejado del trato que sus novelas han recibido en el cine.</p>
<p>&nbsp;No hay ning&uacute;n escritor espa&ntilde;ol contempor&aacute;neo en el que est&eacute;n tan pr&oacute;ximos cine y literatura porque, al fin y al cabo, como &eacute;l mismo dice, parafraseando a J.V. Foix, en los versos que preceden a <em>El fantasma del cine Roxy, </em>&ldquo;&eacute;s quan dormo que hi veig<em> </em>clar<em>&rdquo;</em><a title="" href="#_ftn1">[1]</a><em>. </em>La materia que nutre tanto el cine como la literatura est&aacute; hecha de sue&ntilde;os.</p>
<p><strong>&nbsp;Mars&eacute; y el cine</strong></p>
<p>Quim Casas dice del escritor barcelon&eacute;s: <strong>&ldquo;</strong>Pocs novel.listes actuals han begut amb tanta fru&iuml;ci&oacute; de les fonts del cinema (essencialment cl&agrave;ssic) com Juan Mars&eacute;, encara que en cap moment s&rsquo;ha de considerar la seva producci&oacute; liter&agrave;ria l&rsquo;exorcisme permament d&rsquo;un cin&egrave;fil apassionat&rdquo; (Casas, 2003)</p>
<p>&nbsp;Un breve repaso de las relaciones entre cine y literatura en la obra del escritor servir&aacute; para entender, no s&oacute;lo sus intereses y su forma de ver la literatura, sino tambi&eacute;n, y de manera muy sugestiva, cu&aacute;les son las posibles interacciones, los viajes en ambas direcciones, que permiten al autor contempor&aacute;neo las dos formas de creaci&oacute;n, pues el escritor es un ejemplo muy importante, quiz&aacute;s el m&aacute;s importante,&nbsp; de estas intersecciones, dentro de la literatura espa&ntilde;ola de hoy.</p>
<p>&nbsp;<strong>El escritor trabaja para el cine</strong></p>
<p>Mars&eacute; ha realizado, paralelamente a su trabajo como novelista y cr&iacute;tico de cine ocasional, una interesante y dilatada carrera como guionista de cine, solo o en colaboraci&oacute;n con otros escritores o guionistas. Se inici&oacute; en <em>Donde t&uacute; est&eacute;s</em> (Germ&aacute;n Llorente, 1964), un drma sobre la relaci&oacute;n amorosa entre un escritor y una rica heredera. Una relaci&oacute;n imposible que segu&iacute; de cerca la l&iacute;nea de la <em>incomunicabilit&agrave;</em> de Antonioni<a title="" href="#_ftn2">[2]</a> que tambi&eacute;n contaba con Juan Garc&iacute;a Hortelano en su equipo de guionistas. Maurice Ronet, su protagonista, volver&iacute;a a contratar a Mars&eacute; como guionista en <em>La vida es magn&iacute;fica</em> (1965), cinta dirigida en Espa&ntilde;a por el actor franc&eacute;s. Ambos filmes, dif&iacute;ciles de ver hoy en d&iacute;a.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;En 1973, Jaime Camino, Juan Mars&eacute; y Jaime Gil de Biedma colaboran en&nbsp; el libreto de <em>Mi profesora particular</em>, sobre la relaci&oacute;n que mantienen una mujer madura y un joven interpretado por Joan Manuel Serrat. Ya en solitario, en 1976 Mars&eacute; escribe el gui&oacute;n de <em>Libertad provisional</em>. Su argumento es otro amor imposible, en esta ocasi&oacute;n el que se atisba entre una madre soltera (Concha Velasco) y un delincuente habitual. La actriz&nbsp; protagonista declarar&iacute;a a&ntilde;os m&aacute;s tarde: &ldquo;Siempre me gust&oacute; esta pel&iacute;cula y cre&iacute; en ella&rdquo;. (Memba, 2001)</p>
<p>&nbsp;A Mars&eacute; le gusta escribir guiones pero, a menudo, en colaboraci&oacute;n con personas que &eacute;l considera amigos, como si el acto de escritura de un gui&oacute;n cinematogr&aacute;fico fuera, en realidad, otra manera de demostrar su amistad y el amor por el cine y compartirlo con otros que, como &eacute;l, tienen ese mismo sentimiento. Es conocida la estrecha relaci&oacute;n que mantuvo con Jaime Gil de Biedma, quien acud&iacute;a a menudo a comer con &eacute;l y con el matrimonio Barral a la casa que &eacute;stos ten&iacute;an (y que ahora es sede de la Fundaci&oacute;n Carlos Barral, presidida por su viuda) en El Vendrell, o a alguno de los restaurantes que frecuentaban en Calafell, donde Mars&eacute; tiene una casa, como el de &ldquo;la Rosa&rdquo;, a quien dedica alguna de sus novelas.&nbsp; Igualmente es amistad lo que le une a Joan Manuel Serrat, amistad a la que el cantautor corresponde poniendo m&uacute;sica, por ejemplo, a alguna de sus novelas, como en la canci&oacute;n <em>Los fantasmas del Roxy.</em> Tambi&eacute;n sabemos de su amistad de a&ntilde;os con Juan Garc&iacute;a Hortelano, con el que hab&iacute;a colaborado en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n en la escritura de guiones.</p>
<p>&nbsp;De esta &uacute;ltima colaboraci&oacute;n habla precisamente Rafael Conte, cuando dice:</p>
<p>&ldquo;Fue Juan Garc&iacute;a Hortelano, su amigo y nuestro compa&ntilde;ero &ndash; que tanta falta nos hace &ndash; el primero que me dijo que el presente de indicativo era un tiempo perfectamente ingrato en el contexto de la tradici&oacute;n espa&ntilde;ola de siempre. S&oacute;lo hizo una excepci&oacute;n, la del cine, con quien tambi&eacute;n comparti&oacute; amores, pasiones y hasta trabajos de todo tipo, pues juntos (Mars&eacute; y &eacute;l ) escribieron algunos guiones, que no llegaron a buen puerto. Al contrario no hay m&aacute;s que ver la abundancia con que los novelistas de hoy &ndash; o lo que sea - emplean este tiempo ingrato para ver si sus obras son llevadas al cine, como sea, aunque los resultados sean los productos cl&oacute;nicos de siempre, lo siento.</p>
<p>No es &eacute;ste el caso de Juan Mars&eacute;, el m&aacute;s poderoso y po&eacute;tico de todos nuestros narradores vivos, que siempre fue desde su adolescencia un cinemat&oacute;filo impenitente, que tambi&eacute;n ha escrito y publicado sobre cine al derecho y al rev&eacute;s, y hasta le ha dedicado numerosos libros a lo largo de su carrera&rdquo;. (Conte, 2005)</p>
<p>Es importante esa apreciaci&oacute;n que deja caer Conte al hilo del art&iacute;culo en el sentido de considerar el &ldquo;presente de indicativo,- dec&iacute;a Garc&iacute;a Hortelano - , verbo s&oacute;lo adecuado para el gui&oacute;n de cine&rdquo;, inscribiendo as&iacute; &eacute;ste en la tan discutida categor&iacute;a de &ldquo;g&eacute;nero&rdquo;, literario, claro est&aacute;. Porque de ello habla a menudo el propio Mars&eacute; y sobre ello se podr&iacute;an incluir algunos textos que, por su gran calidad - literaria -,&nbsp; han merecido su publicaci&oacute;n, independientemente de si hab&iacute;an sido o no llevados al celuloide.</p>
<p>&nbsp;Es el amor por el cine lo que nutre en buena medida muchos de los momentos de la literatura de Mars&eacute;, de formas diferentes.</p>
<p><strong>&nbsp;El cine en las novelas de Mars&eacute;</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong>&ldquo;S&iacute;. Y aquel mismo fin de semana me llamaste, y fuimos al cine como dos fugitivos. Recuerdo que me hablaste de ir un d&iacute;a a la playa, y que esa idea a m&iacute; no me gustaba nada, ignoro a&uacute;n por qu&eacute;; quiz&aacute; no interesaba a mis fines, quiz&aacute; me reservaba escenarios m&aacute;s &iacute;ntimos y musicales para conquistarte. Hablamos de pel&iacute;culas, te dije que el cine me gustaba mucho;&rdquo;<a title="" href="#_ftn3">[3]</a><strong><em></em></strong></p>
<p><strong><em>&nbsp;</em></strong>&iquest;De qu&eacute; tema m&aacute;s interesante pueden hablar a veces dos personas que del cine? Y &iquest;qu&eacute; escenario m&aacute;s &iacute;ntimo puede haber &ndash;en los a&ntilde;os sesenta- para iniciar una relaci&oacute;n amorosa?, parece pensar Paco cuando relata sus relaciones con Nuria, hermana de Montse.</p>
<p>&nbsp;Son los cines de barrio, &ldquo;Aquells cines de barri, on entrava gratis perqu&egrave; el seu pare treballava com a desratitzador per a l&rsquo;Ajuntament, van alimentar la seva<em> </em>mitomania&rdquo;(L&oacute;pez, 2003): los que alimentaron su fantas&iacute;a de ni&ntilde;o, los que ahora pueblan sus novelas, donde Aurora, de <em>Si te dicen que ca&iacute;</em> (1973), se gana la vida de mala manera, de &ldquo;pajillera&rdquo;, como la madre de uno de los de la pandilla, aunque es por ello abandonada por su marido expresidiario.</p>
<p>As&iacute; como los dos ni&ntilde;os protagonistas de <em>Rabos de lagartija</em> (2001), quienes se hacen algo m&aacute;s que confidencias, amparados en la oscuridad de las salas de cine.</p>
<p>&nbsp;Y Anita, la hermosa y borracha madre de Susana, de <em>El embrujo de Shangai </em>(1993), trabaja como taquillera en el cine Mundial, de la calle Salmer&oacute;n, en la zona alta del barrio de Gracia, pues su marido, el Kim, ha escapado a Francia tras la guerra porque es republicano. Anita trae postales y carteles de cine a su hija t&iacute;sica para que, aun inmovilizada en su soleada galer&iacute;a acristalada, pueda escapar a otros mundos de sue&ntilde;os. Y ser&aacute; Susana, al final de la novela, la que ocupar&aacute; el puesto de su madre en la taquilla, mientras haga ganchillo.</p>
<p>&nbsp;Al final de esa estramb&oacute;tica y divertid&iacute;sima novela que es <em>El amante biling&uuml;e, </em>Juan Mar&eacute;s, ya definitivamente reconvertido en Juan Faneca, decide dedicar el resto de sus d&iacute;as de tuerto impostado a contarle a la ciega Carmen las pel&iacute;culas que ven en la tele de la pensi&oacute;n, tal como nos dice Mars&eacute;: &ldquo;Trastornado, indocumentado, acharnegado y feliz, se quedar&iacute;a all&iacute; iluminando el coraz&oacute;n solitario de una ciega, descifrando para ella y para s&iacute; mismo un mundo de luces y sombras m&aacute;s amable que &eacute;ste. La muchacha retuvo su mano y no la solt&oacute; hasta que termin&oacute; la pel&iacute;cula, hasta que &eacute;l pronunci&oacute; la palabra fin.&rdquo;<a title="" href="#_ftn4">[4]</a></p>
<p>&nbsp;Cuando la pandilla liderada por el <em>Java</em> de <em>Si te dicen que ca&iacute;</em> se re&uacute;ne en el s&oacute;tano de Las &Aacute;nimas o en el garaje de la familia Javaloyes (parece que en realidad hab&iacute;a en esa &eacute;poca un grupo musical en Barcelona que se llamaba &ldquo;los Javaloyes&rdquo;) para merendar y explicarse &ldquo;aventis&rdquo;, los lectores desconocemos a menudo los l&iacute;mites entre ficci&oacute;n y realidad. O, lo que es lo mismo, no sabemos si los ni&ntilde;os se est&aacute;n explicando hechos sucedidos de verdad a alguno de los personajes que habitan la novela en ese mundo marginal del Carmelo o bien son aventuras inventadas a imitaci&oacute;n de lo que a los personajes de las pel&iacute;culas que ellos ven a escondidas, col&aacute;ndose en el cine de su barrio, les ocurre. De hecho, no tenemos ninguna necesidad como lectores de deslindar esos dos elementos.&nbsp; De nuevo, tratamos con esa materia informe que nutre los sue&ntilde;os. Y las novelas. Y el cine.</p>
<p>&nbsp;Muchos son los cr&iacute;ticos que coinciden en afirmar que el arte literario de Mars&eacute; bebe directamente de la consideraci&oacute;n de su inter&eacute;s y conocimientos cinematogr&aacute;ficos y de su pr&aacute;ctica en la escritura de guiones. Rafael Conte, por ejemplo, hablando de <em>Canciones de amor en el Lolita&rsquo;s Club (</em>2005), piensa que &ldquo;es de agradecer el respeto, el equilibrio y la moderaci&oacute;n y falta de sentimentalismo con que Mars&eacute; nos ha contado la historia, ayudado por la estructura secuencial del relato, que en el fondo es un gui&oacute;n, aunque comporta mucho m&aacute;s, como siempre en toda verdadera novela, pese a que todav&iacute;a queden cabos sueltos al final, que no acaba de serlo del todo<em>&rdquo;. </em>(Conte, 2005)</p>
<p>&nbsp;Es decir, Mars&eacute; construye sus novelas a partir de im&aacute;genes secuenciadas, como si</p>
<p>de un gui&oacute;n se tratara, pero les pone algo m&aacute;s, algo que hace que hablemos de &ldquo;novelas&rdquo; y no de guiones de pel&iacute;culas porque, al fin y al cabo, unas y otros son g&eacute;neros literarios, destinados a la lectura, parecidos, pero diferentes.</p>
<p>&nbsp;Dec&iacute;a Jos&eacute;-Carlos Mainer que:</p>
<p>&ldquo;Mars&eacute; es un escritor profundamente visual. No s&oacute;lo le gusta el cine (sobre el que escribe a menudo), sino que parece querer que su prosa compita con la impresi&oacute;n de simultaneidad, la fuerza del subrayado gestual, la capacidad de intuici&oacute;n relampagueante que tiene un plano f&iacute;lmico: los arranques de muchas de sus novelas, la descripci&oacute;n f&iacute;sica de sus personajes, la composici&oacute;n de las escenas, el uso de la elipsis y el montaje, la elaboraci&oacute;n de ambientes abigarrados en los que quiere resumir la intenci&oacute;n del relato y, desde luego, su peculiar sentido de la &eacute;pica del perdedor deben mucho a la lecci&oacute;n del cinema&rdquo; (Mainer: 2002)</p>
<p>&nbsp;Que a Mars&eacute; le apasiona el cine es indudable. Pero &iquest;qu&eacute; cine?</p>
<p>&nbsp;En una entrevista que se le hizo en el a&ntilde;o 2000 para la revista <em>Qu&eacute; leer, </em>hablaba de los modelos cinematogr&aacute;ficos femeninos para sus pel&iacute;culas:</p>
<p>&ldquo;Gloria Grahame<a title="" href="#_ftn5">[5]</a> es uno de esos arquetipos femeninos que ha dado el cine, m&aacute;s que la novela, y que te siguen a lo largo de la vida: la mujer fuerte, ind&oacute;mita aun cuando est&aacute; hundida&hellip;Otra imagen posible ser&iacute;a Maureen O&rsquo;Hara<a title="" href="#_ftn6">[6]</a>, por supuesto. Pens&eacute; en ella para la escena en que Rosa Bartra est&aacute; recogiendo la colada y le dice al inspector: &ldquo;De acuerdo, pero &iquest;sabe usted doblar s&aacute;banas?&rdquo;&rdquo; (Ord&oacute;&ntilde;ez, 2000)</p>
<p>&nbsp;Que a Mars&eacute; le gustan las mujeres con car&aacute;cter para sus novelas es algo incuestionable, como la inspiraci&oacute;n cinematogr&aacute;fica para ellas. Incluso se podr&iacute;a afirmar que a menudo la inspiraci&oacute;n es a modo de &ldquo;escenas&rdquo; completas, de im&aacute;genes que el escritor tiene de las pel&iacute;culas que ha visto, o que le gustan, y que sirven para ilustrar un momento literario. En ellas, ve al personaje, femenino o masculino (como el Shane /Vargas de <em>El fantasma</em> <em>del cine Roxy</em>).&nbsp; La imaginaci&oacute;n se alimenta de eso, de im&aacute;genes. Mars&eacute; piensa escenas y secuencias, seguramente.</p>
<p>&nbsp;<strong>Mars&eacute; cr&iacute;tico cinematogr&aacute;fico</strong></p>
<p>Mars&eacute; ha hablado en muchos momentos de sus gustos cinematogr&aacute;ficos, reflejados, como se ve, en sus novelas: el cine americano de los a&ntilde;os cincuenta pero tambi&eacute;n el cine europeo de autor, el cine cl&aacute;sico.&nbsp;</p>
<p>En 2004, la Editorial Carroggio recogi&oacute; sus &ldquo;momentos inolvidables&rdquo; del cine, en una edici&oacute;n hermosa en que el escritor escrib&iacute;a un comentario sobre un filme o un director &ndash; a menudo ya publicado en alg&uacute;n otro medio con anterioridad - , que iba acompa&ntilde;ado de un fotograma que reproduc&iacute;a la escena correspondiente: pel&iacute;culas desde los a&ntilde;os veinte hasta los noventa, con directores que iban desde Chaplin a Lars Von Trier, pasando por Truffaut, Stevens, Hitchcock - uno de sus preferidos &ndash; o Kubrick. El libro es una muestra, adem&aacute;s, de la agudeza y sensibilidad del escritor para la cr&iacute;tica cinematogr&aacute;fica, ocupaci&oacute;n a que ha dedicado parte de su tiempo.</p>
<p>&nbsp;<strong><em>El fantasma del cine Roxy</em></strong> <strong>(1987)</strong></p>
<p><strong>&nbsp;</strong>Es &eacute;ste un cuento-novelita que Mars&eacute; public&oacute; en una edici&oacute;n especial, de peque&ntilde;a tirada (s&oacute;lo 75 ejemplares), en Ediciones Almarabu, en la colecci&oacute;n &ldquo;Antojos&rdquo;, con ilustraciones de Bonifacio<a title="" href="#_ftn7">[7]</a>, en 1985.</p>
<p>&nbsp;Posteriormente, incluy&oacute; su cuento junto a <em>Historias de detectives</em> y <em>Teniente</em> <em>Bravo</em>, en un libro con el t&iacute;tulo del &uacute;ltimo de los tres&nbsp; cuentos, en 1993. En esta edici&oacute;n incluy&oacute; algunos pasajes, los referentes a la Srta. Carmela, as&iacute; como la cita inicial, tras la del libro de Truffaut sobre Hitchcock, de J. V. Foix, mencionada en la introducci&oacute;n a este trabajo, que la primera no inclu&iacute;a.</p>
<p><em>&nbsp;El fantasma del cine Roxy</em> es un experimento en que Mars&eacute; mezcla novela y gui&oacute;n. Comienza con una conversaci&oacute;n que mantienen el guionista y el director sobre la pel&iacute;cula que el &uacute;ltimo realiza sobre el gui&oacute;n del primero. La historia que el guionista de <em>El fantasma del cine Roxy</em> est&aacute; escribiendo explica c&oacute;mo llega Vargas en el a&ntilde;o 1941 anta la librer&iacute;a <em>Rosa d&rsquo;abril</em>, propiedad de Susana, supuestamente viuda de Jan Est&eacute;vez, y madre de Neus, y la defiende ante el ataque de unos j&oacute;venes flechas, mandados por Ferm&iacute;n, mafioso y chulo del barrio (en la parte alta del barcelon&eacute;s barrio de Gracia), que quiere hacerse con el local para instalar all&iacute; unos billares. La raz&oacute;n del ataque no es otra que el hecho de ser una librer&iacute;a catalanista donde se venden libros en catal&aacute;n. Susana, agradecida, aloja al vagabundo en su casa, le da trabajo y le ense&ntilde;a a leer y a escribir. Aqu&iacute; surge, como era de esperar, un inicio de relaci&oacute;n amorosa entre ambos cuando ella se echa en sus brazos al enterarse de que su marido est&aacute; vivo en Toulouse pero con otra mujer. La relaci&oacute;n tiene su final cuando, al cabo de unos a&ntilde;os, Jan vuelve con su esposa e hija. Vargas, ya mayor, se queda a vivir con ellos y es el objeto de las burlas de los chicos de la pandilla, hijos quiz&aacute;s de los que en su momento lo vieron como a un h&eacute;roe.</p>
<p>&nbsp;Todo este argumento no es m&aacute;s que una versi&oacute;n &ldquo;a la catalana de posguerra&rdquo; de la pel&iacute;cula de George Stevens (<em>Ra&iacute;ces profundas &ndash; Shane- </em>: 1952), en la que el pistolero Shane (Alan Ladd) llega al rancho de los Starret (Joe, Mary Ann y Joey) y les ayuda, como a los dem&aacute;s granjeros, a defenderse de los ganaderos capitaneados por Raiker, hasta enfrentarse con el pistolero que &eacute;ste contrata, Wilson (Jack Palance).</p>
<p>No s&oacute;lo la historia es calcada, sino que adem&aacute;s incluye Mars&eacute; peque&ntilde;os fragmentos del di&aacute;logo de la pel&iacute;cula que corresponden perfectamente con los momentos de la historia de los personajes de Barcelona. Esta adecuaci&oacute;n de di&aacute;logos de la pel&iacute;cula a las situaciones que viven los personajes de la historia que est&aacute; escribiendo el guionista del cuento es uno m&aacute;s de los niveles de interrelaci&oacute;n cine/literatura en que consiste &eacute;ste.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>No s&oacute;lo los di&aacute;logos y la historia en s&iacute; son una &ldquo;adaptaci&oacute;n&rdquo; de la pel&iacute;cula americana. Lo son tambi&eacute;n muchas otras situaciones y los propios personajes centrales.</p>
<p>Un tercer nivel de relaci&oacute;n cine &ndash; literatura&nbsp; lo constituyen las citas y referencias de pel&iacute;culas, todas ellas del cine cl&aacute;sico de los &uacute;ltimos a&ntilde;os treinta, cuarenta y cincuenta. Imposible citarlas todas<em>. Doctor Jeckyll y Mr Hyde</em>, de R. Mamoulian (1932), <em>La mujer pantera</em>, de Jacques Tourneur (1942), <em>Der blaue Engel</em>, de Josef von Sternberg (1930), <em>Una noche en la &oacute;pera</em>, de Sam Wood, con los hermanos Marx (1935), y un largo etc&eacute;tera de hasta treinta y pico menciones, algunas de ellas correspondientes a pel&iacute;culas dif&iacute;ciles de identificar.</p>
<p>Especial atenci&oacute;n merecen las referencias a pel&iacute;culas de Hitchcock. De todas las que se citan, podr&iacute;amos considerar las m&aacute;s relevantes, por el papel que juegan en la estructura de la historia, las que tienen que ver con <em>Extra&ntilde;os en un tren (Strangers on a train</em>, 1951) que, como sabemos, se trata de una historia en la que las parejas (cruzadas, en este caso, pues los dos personajes deben matar de manera cruzada a la v&iacute;ctima del otro, para evitar ser descubiertos) tienen mucha importancia, como, tal vez, la que constituyen el director y el guionista, hasta que el primero muere al caer (no se sabe si por casualidad) al vac&iacute;o; o Susana y Vargas y Susana y Jan.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>La se&ntilde;orita Carmela constituye precisamente un nivel m&aacute;s (y vamos ya por el cuarto) de identificaci&oacute;n cine-literatura. El personaje, que no aparec&iacute;a en la primera edici&oacute;n del cuento, trabaja en el banco situado donde anteriormente estaba el cine Roxy (uno de los muchos cines repartidos por toda la geograf&iacute;a mundial que tomaron su nombre del famoso Roxy de Nueva York; s&oacute;lo que este Roxy de Mars&eacute; era un cine de barrio). Cuando baja al s&oacute;tano a buscar algo a los archivos, se le aparecen diferentes personajes del cine (Clark Gable, Dr&aacute;cula/Bela Lugosi <a title="" href="#_ftn8">[8]</a>&hellip;) Al final de la historia, parece que tiene una relaci&oacute;n con Vargas.</p>
<p><em>El fantasma del cine Roxy</em> no deja de ser una rareza para cin&eacute;filos. Y en ella resulta dif&iacute;cil deslindar lo que es literatura y lo que es cine, ya que se trata de una historia que explica el proceso de escritura de un gui&oacute;n de una pel&iacute;cula a trav&eacute;s de las conversaciones sobre ello que mantienen el guionista y el director, alternadas con el propio gui&oacute;n secuenciado. Ahora bien, entre medio de todos estos niveles narrativos, aparece en ocasiones un narrador externo que nos explica lo que les ocurre tanto al director y guionista - desde fuera - como a algunos de los personajes del gui&oacute;n que el &uacute;ltimo est&aacute; escribiendo, estableciendo as&iacute; un nexo puramente literario entre ambos niveles.</p>
<p>En definitiva, pocos escritores funden de tal manera dos lenguajes diferentes para crear, de forma extraordinariamente creativa, nuevas realidades literarias en las que deslindar los l&iacute;mites es, como m&iacute;nimo, poco relevante.</p>
<p><strong>Las adaptaciones cinematogr&aacute;ficas de&nbsp; las novelas de Mars&eacute;</strong></p>
<p>&ldquo;Mars&eacute; nunca ha colaborado en las adaptaciones de sus novelas que ha realizado Aranda, cosa que choca a&uacute;n m&aacute;s si consideramos que el novelista s&iacute; figura entre los guionistas de <em>&Uacute;ltimas tardes con Teresa</em>, versi&oacute;n de su novela hom&oacute;nima dirigida por Gonzalo Herralde en 1984&rdquo; (Memba, 2001)</p>
<p>Pero, a pesar de la colaboraci&oacute;n en la escritura del gui&oacute;n, a Mars&eacute; no le gust&oacute; nada la adaptaci&oacute;n de Herralde, con el que se pele&oacute; por este asunto, diferencia de criterios que parece esconderse tras las palabras que enfrentan a director y guionista de <em>El fantasma del cine Roxy</em>.</p>
<p>Seguramente, para una persona con tales conocimientos sobre cine y, sobre todo, con unos gustos tan definidos, no resultar&iacute;a en modo alguno agradable comprobar el resultado de la adaptaci&oacute;n de Herralde. A pesar de que los ambientes est&aacute;n medianamente acertados, los personajes flaquean, sobre todo ese &Aacute;ngel Alc&aacute;zar que dibuja un Pijoaparte soso y sin entidad. Y es evidente que cuando lo que construye una novela es el personaje, como es el caso de <em>&Uacute;ltimas tardes &hellip;</em>, el resultado deja mucho que desear.</p>
<p>Anteriormente, Jordi Cadena hab&iacute;a realizado una discreta adaptaci&oacute;n de <em>La oscura historia de la prima Montse </em>(1978), un trabajo protagonizado por Ana Bel&eacute;n, cuando era una de las actrices fetiche del cine espa&ntilde;ol.</p>
<p>Otro caso distinto parece el de la relaci&oacute;n entre el director barcelon&eacute;s Vicente Aranda<a title="" href="#_ftn9">[9]</a> y las novelas de Mars&eacute;. Es sabida la experiencia del director como adaptador de obras literarias, sobre todo novelas. Por ello, no nos resulta extra&ntilde;o que Mars&eacute; decidiera confiar en el <em>savoir faire</em> de aqu&eacute;l y no interviniera en momento alguno en la escritura del gui&oacute;n. Lo que no es lo mismo que decir que le hayan gustado las adaptaciones de sus novelas.</p>
<p><em>La muchacha de las bragas de oro </em>(1980), <em>Si te dicen que ca&iacute;</em> (1989) y <em>El amante biling&uuml;e</em> (1993) son los tres t&iacute;tulos adaptados por Aranda.&nbsp; Quiz&aacute;s es el segundo el que m&aacute;s detractores ha tenido. As&iacute;, &Aacute;ngel Fern&aacute;ndez-Santos, uno de los cr&iacute;ticos de cine m&aacute;s solventes que ha dado nuestro pa&iacute;s,&nbsp; nos regalaba esta, en mi opini&oacute;n totalmente acertada, diatriba:</p>
<p>&ldquo;&hellip;<em>Si te dicen que ca&iacute;,</em> un filme lleno de im&aacute;genes y escenas vigorosas que tiene sin caer en el rid&iacute;culo situaciones dur&iacute;simas, con int&eacute;rpretes excelentes y excelentemente dirigidos, muy bien montado, primorosamente ambientado y fotografiado, es decir, con muchos y muy grandes m&eacute;ritos parciales dentro, se viene abajo a causa de los graves e incomprensibles errores en que su director, el catal&aacute;n Vicente Aranda, incurre en cuanto &uacute;nico responsable de la escritura del gui&oacute;n. (&hellip;) No se entiende por qu&eacute; el productor, Enrique Viciano, ha permitido a su director rodar un gui&oacute;n ante el que este &uacute;ltimo no ha sabido mantener la lejan&iacute;a necesaria para darse cuenta de sus desaciertos. Es evidente que este gui&oacute;n, desequilibrado y confuso, que para ser del todo inteligible requiere la lectura previa de la novela de Juan Mars&eacute; en que se basa, debiera haber pasado por las manos de otro escritor que hubiera puesto claridad y orden en la sucesi&oacute;n de unos sucesos que en la pantalla se atropellan unos a otro sin que el espectador tenga tiempo de percibir qu&eacute; ocurre realmente en ellos y, sobre todo &ndash; que es lo esencial en el buen cine -, detr&aacute;s de ellos. La densa y complicada historia que construye en su novela Mars&eacute; se vuelve en la pantalla no densa, sino espesa; no compleja, sino embarullada; no profunda, sino dificultosa. (&hellip;) Aranda ha olvidado esta vez &ndash; al contrario que en otras, por ejemplo, <em>Tiempo de silencio</em>, o <em>El Lute</em> &ndash; la vieja teor&iacute;a del McGuffin ideada por Hitchcock, que es el abecedario para este tipo de asignaturas. No consigue crear un verdadero punto de vista en la portentosa acci&oacute;n del filme. No traza en ella unas fronteras claras ni unos accesos n&iacute;tidos entre los diversos tiempos conjugados en el filme, ni lo que resulta incomprensible en un dominador de espacios dram&aacute;ticos como es Aranda -&nbsp; lo que suele dar libertad a los int&eacute;rpretes de sus pel&iacute;culas &ndash; entre los diferentes escenarios.</p>
<p>Espacios y tiempos se perturban rec&iacute;procamente y hacen finalmente imprecisos. Los int&eacute;rpretes y los t&eacute;cnicos, director incluido, se esfuerzan, imaginan, crean, estimulan, al espectador, echan cada uno verdad en la pantalla. Pero estas verdades acumuladas no llegan a configurar una cadena o una arquitectura dram&aacute;tica y narrativa, en la que cada parte sea complementaria de las otras: simplemente esas verdades parciales se suman, se amontonan, y lo hacen sin suficiente orden para alcanzar una verdad total, que las engarce, aglutine y organice en forma de poema y de relato. Pero &eacute;sta es precisamente la funci&oacute;n de todo verdadero gui&oacute;n.&rdquo; (Fern&aacute;ndez-Santos, 1989)</p>
<p>Se ha reproducido casi la totalidad del art&iacute;culo pues creo que merece la pena. Habla el cr&iacute;tico de algunos elementos positivos: ambientaci&oacute;n, fotograf&iacute;a, interpretaci&oacute;n&hellip;; es decir, todo aquello que dicen los que no saben de cine. Porque eso no se le escapa a nadie, ni al m&aacute;s ignorante. Eso es lo f&aacute;cil. Los fallos est&aacute;n en el gui&oacute;n. &iquest;C&oacute;mo se le ocurre a Aranda &ndash; parece querer decir Fdez.-Santos &ndash; no reclamar ayuda de un experto para escribir algo tan complejo como la adaptaci&oacute;n de <em>Si te dicen que ca&iacute;</em>? Porque la novela es complicada. Excelente, pero complicada. Los cambios temporales y espaciales son frecuentes, bruscos y desordenados. Corremos el peligro, con una lectura poco atenta, de perdernos informaciones valiosas. Y eso le ha pasado a Aranda: no nos explica c&oacute;mo hemos cambiado de escenario ni qui&eacute;n es ahora ese personaje (Aurora), que antes era la Fuegui&ntilde;a. Los actores &ndash; dice- se esfuerzan, y crean, quiz&aacute;s demasiado, en mi opini&oacute;n. La actriz fetiche de Aranda, Victoria Abril, que tantas buenas interpretaciones le ha dado, interpreta su papel de puta tirada y sifil&iacute;tica con una barriga de siete meses de embarazo, lo cual es un m&eacute;rito interpretativo y un gran esfuerzo f&iacute;sico, pero no es necesario. Si la novela es dura por su contenido en violencia y en sexo expl&iacute;cito &ndash; no olvidemos que estuvo prohibida su publicaci&oacute;n en Espa&ntilde;a durante unos a&ntilde;os,&nbsp; hasta 1976, aunque en 1973 ya hab&iacute;a conseguido un importante premio en M&eacute;xico - , la pel&iacute;cula a&uacute;n lo es m&aacute;s. Ya sabemos del inter&eacute;s de Aranda por las escenas de sexo expl&iacute;cito, a las que V. Abril se aviene gustosa, pero aqu&iacute; se ha pasado. Tanto, que se pierde el verdadero sentido de la novela, con todo el trasfondo de cr&iacute;tica social y anticlerical que en ella subyace.</p>
<p>Una casi invisible &ndash; por lo dif&iacute;cil de ver - adaptaci&oacute;n de <em>Ronda del Guinard&oacute;</em> que, con el t&iacute;tulo de <em>Domenica</em>, realiz&oacute; en el a&ntilde;o 2001 la directora italiana Wilma Labate, cierra la lista de adaptaciones de novelas de Mars&eacute;.</p>
<p>Habr&iacute;a que apuntar, por &uacute;ltimo, que Aranda ha vuelto hace poco a adaptar a Mars&eacute; al llevar a la pantalla <em>Canciones de amor en Lolita&rsquo;s Club</em> ( 2007), que conserva el t&iacute;tulo de la novela del escritor barcelon&eacute;s. Un trabajo, de nuevo, poco m&aacute;s que discreto.</p>
<p><strong>El extra&ntilde;o caso de <em>El embrujo de Shangai</em></strong></p>
<p>La novela de Juan Mars&eacute; se public&oacute; en 1993. La historia se desdobla enseguida en dos planos narrativos: uno, todo lo que se teje en las calles del barrio de Gracia en torno a Daniel, el adolescente de catorce a&ntilde;os, narrador de la historia, que, mientras espera a poder entrar de aprendiz en una joyer&iacute;a - trabajo que ocupar&iacute;a a Mars&eacute; m&aacute;s de siete a&ntilde;os de su vida y que le permiti&oacute;, seg&uacute;n dice, conocer las calles a la perfecci&oacute;n - , acompa&ntilde;a al capit&aacute;n Blay - oculto dentro del lavabo de su casa, camuflado tras el armario, durante los a&ntilde;os que siguen a la muerte de su hijo en el frente del Ebro, y que ahora decide hacerse a la calle para recoger firmas contra la f&aacute;brica Dol&ccedil;- en sus andanzas por la ciudad y, a la vez, hace compa&ntilde;&iacute;a a Susana Franch mientras le dibuja un retrato en que se vea claramente lo enferma que est&aacute; de tisis por culpa del humo de la f&aacute;brica; el segundo, todo lo que Nandu Forcat, que aparece en casa de Susana y su bella y borracha madre Anita, taquillera del cine Mundial, y se queda durante unos d&iacute;as, explica de las aventuras en Shangai del Kim, marido de Anita y famoso republicano, escapado a Toulouse tras el final de la guerra. Es este segundo narrador, Forcat, quien dibuja todo un mundo de exotismo a los dos ni&ntilde;os, que le escuchan atentamente.</p>
<p>Empecemos por el principio. El t&iacute;tulo de la novela es un homenaje a uno de los directores, y a una de las actrices, preferidos de Mars&eacute;: Josef von Sternberg y Gene Tierney. El primero, director vien&eacute;s de origen jud&iacute;o y emigrado en los Estados Unidos, es el autor de la pel&iacute;cula <em>The Shangai Gesture</em>, de 1941, traducida en nuestro pa&iacute;s por <em>El</em> <em>embrujo de Shangai</em>, ambientada en un casino as&iacute; llamado (&ldquo;Shangai&rdquo;) en el que brillaba la sensual y bell&iacute;sima Gene Tierney, acompa&ntilde;ada de otros actores de la &eacute;poca, como Walter Huston y Victor Mature.</p>
<p>Una historia as&iacute; se presta a la adaptaci&oacute;n cinematogr&aacute;fica. Y es lo que en un principio, a lo largo de dos a&ntilde;os, intent&oacute; hacer con mucho mimo V&iacute;ctor Erice, pero que finalmente cristaliz&oacute; en manos de Fernando Trueba.</p>
<p>Es sin duda ese ambiente ex&oacute;tico, con reminiscencias orientales, lo que de alguna manera quer&iacute;a reproducir Mars&eacute;, tanto en las historias que Forcat cuenta - m&aacute;s adelante se descubrir&aacute; que son pura farsa. De nuevo, esa materia que teje los sue&ntilde;os - como en las ropas que usa (kimono, sandalias japonesas de madera&hellip;) o regala a Susanita, dici&eacute;ndole que se las env&iacute;a su padre; e, incluso, en el personaje sensual, sugerente, de Anita.</p>
<p>En cuanto a la versi&oacute;n f&iacute;lmica, dejemos la palabra a Erice:</p>
<p>&ldquo;La presente versi&oacute;n de <em>La promesa de Shangai</em>, a la que denomino &ldquo;completa&rdquo;, escrita entre el mes de mayo de 1996 y diciembre de 1997 (despu&eacute;s de una tentativa de adaptaci&oacute;n de la novela de Mars&eacute;, llevada a cabo en colaboraci&oacute;n con Antonio Drove), constituye el gui&oacute;n cinematogr&aacute;fico a partir del cual, de febrero a mayo de 1998, se empez&oacute; a preparar la realizaci&oacute;n- (&hellip;)- de una pel&iacute;cula, producida por Lolafilms, en la que yo figuraba como director. Ten&iacute;a una duraci&oacute;n aproximada de tres horas.</p>
<p>A primeros de junio de 1998, a ocho semanas de la fecha establecida para iniciar el rodaje, de la noche a la ma&ntilde;ana, el productor, Andr&eacute;s Vicente G&oacute;mez, despidi&oacute; al equipo de profesionales implicados en las labores de preparaci&oacute;n, poniendo punto final a la misma. No supe, al menos en ese primer momento, con exactitud, la raz&oacute;n que le llev&oacute; a tomar esa decisi&oacute;n. El caso es que unas semanas despu&eacute;s me comunic&oacute; que la pel&iacute;cula de tres horas era inviable<em>.&rdquo; </em>(Erice, 2001:15)</p>
<p>Y sigue esta &ldquo;Advertencia al lector&rdquo; explicando c&oacute;mo se atrevi&oacute; a intentar una reducci&oacute;n considerable de la programada extensi&oacute;n de la pel&iacute;cula mediante la supresi&oacute;n del cap&iacute;tulo X, que corresponde a la &eacute;poca en que Susanita se va a vivir con el Denis, el chulo que ha desenmascarado a Forcat, para el que hace de camarera o, probablemente, de alguna cosa m&aacute;s. Parte que, hay que decirlo, no incluye tampoco Trueba en su versi&oacute;n. &iquest;No era suficientemente comercial? &iquest;Demasiado dura? En cualquier caso, ni estos arreglos sirvieron, contin&uacute;a&nbsp; Erice, para que el productor se echara atr&aacute;s en su negativa y el proyecto pasar&iacute;a al cabo de un a&ntilde;o a Trueba. Y Erice publicar&iacute;a su gui&oacute;n &iacute;ntegro en el a&ntilde;o 2001, tal y como aqu&iacute; constatamos. Gui&oacute;n que ha generado unas cuantas reflexiones m&aacute;s que pol&eacute;micas.</p>
<p>El propio Mars&eacute; opinaba que el gui&oacute;n de Erice era &ldquo;una verdadera maravilla, que debe publicarse, por su valor literario y como ense&ntilde;anza para estudiantes de cine&rdquo; (Ord&oacute;&ntilde;ez, 2001:33)</p>
<p>El gui&oacute;n de Erice es espl&eacute;ndido: cuidadoso y respetuoso con la novela, &aacute;gil, con cap&iacute;tulos perfectamente secuenciados y transiciones que reproducen con exactitud la idea de ese cine de los cuarenta al que la novela homenajea en buena medida. Un cine hecho de di&aacute;logos (estupendos los de Erice) y de situaciones (perfectamente condensadas y enlazadas entre s&iacute;). Los personajes, bien dibujados, contenidos y entra&ntilde;ables. No puedo por menos de lamentarme de no que no se haya podido llevar a cabo. Al menos podemos leer ese gui&oacute;n que, como apunta Mars&eacute;, nos puede ense&ntilde;ar cine.</p>
<p>Trueba estren&oacute; su pel&iacute;cula en 2002, ante el aplauso, discreto, de la cr&iacute;tica, incluso el del propio escritor: &ldquo;&eacute;sta es la mejor adaptaci&oacute;n que se ha hecho de una de<em> </em>mis novelas<em>&rdquo;</em><a title="" href="#_ftn10">[10]</a><em>,</em><strong><em> </em></strong>lo que tampoco es decir mucho, dada la baja calidad general, constatada aqu&iacute;, de la mayor&iacute;a de las adaptaciones que de sus historias se han llevado a la pantalla.</p>
<p>La pel&iacute;cula, con una ambientaci&oacute;n y fotograf&iacute;a bastante aceptables y estupendas interpretaciones de Fernando Fern&aacute;n G&oacute;mez (Blay), Eduard Fern&aacute;ndez (Forcat), Ariadna Gil (Anita), consigue hasta cierto punto recrear ese ambiente oriental que la novela persigue. Incluso logra, casi, reproducir la sensualidad de Gene Tierney de la pel&iacute;cula de Von Sternberg en las formas no menos l&uacute;bricas de Ariadna Gil, rubia en este caso cuando hace de Anita y morena y muy ex&oacute;tica cuando hace de Chen Jing Fang, el personaje de Shangai inventado por Forcat.</p>
<p><strong>Para acabar</strong></p>
<p>Mars&eacute; es un escritor que se ha criado en cines, y que ama el cine.<em> </em>El arte de Mars&eacute; se basa en buena medida en la creaci&oacute;n de un mundo personal, perfectamente identificable, habitado por unos tipos que son marginales a veces; &ldquo;ni&ntilde;os bien&rdquo;, otras; pero siempre vivos y pr&oacute;ximos.</p>
<p>Ese arte nace en buena medida de su contacto con el cine, de sus ojos de espectador atento, devoto del cine cl&aacute;sico norteamericano de los a&ntilde;os treinta, cuarenta y cincuenta. Pero tambi&eacute;n de su pr&aacute;ctica asidua de escritor de guiones para el cine, sobre todo en colaboraci&oacute;n con amigos tan amantes del celuloide como &eacute;l, para diferentes directores espa&ntilde;oles y extranjeros.</p>
<p>Y tambi&eacute;n de la cr&iacute;tica, sensible, apasionada, de pel&iacute;culas.</p>
<p>Funciones todas ellas que se fusionan con extraordinario acierto en ese experimento llamado <em>El fantasma del cine Roxy, </em>inclasificable juego s&oacute;lo apto para amantes tanto del cine como de la literatura.</p>
<p>Pero, lamentablemente, no han sido en cambio demasiado acertadas las adaptaciones que de sus novelas han realizado varios directores espa&ntilde;oles: Aranda, el m&aacute;s asiduo de ellos. Pel&iacute;culas sin el necesario talento, o emoci&oacute;n o sentido de la aventura que impregna las novelas del escritor. Pel&iacute;culas en que le necesidad de comercialidad ha lastrado, quiz&aacute;s desde la producci&oacute;n, unos trabajos que apuntaban maneras, como en el caso de la nunca realizada adaptaci&oacute;n de V&iacute;ctor Erice de <em>El embrujo de Shangai</em>, inmortalizada ahora en un hermoso gui&oacute;n, que queda para sus lectores, quienes imaginamos as&iacute; los sonidos y las luces que hubieran habitado su filme, de seguro una obra maestra.</p>
<p>Esperemos, sin embargo, que alguien, alg&uacute;n d&iacute;a, sea capaz de llevar a im&aacute;genes esos sue&ntilde;os que pueblan las novelas de Juan Mars&eacute;. Y que sus lectores cin&eacute;filos veamos en ellas las luces que llenan sus p&aacute;ginas.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mars&eacute;, Juan&nbsp; (2004, 1&ordf; ed: 1987): <em>Teniente Bravo</em>, Barcelona: De Bolsillo (Mondadori),&nbsp; 51.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se refiere sin duda a pel&iacute;culas como <em>La notte</em> (1961), <em>L&rsquo;eclisse</em> (1962) y otras de la misma &eacute;poca en que Antonioni, a trav&eacute;s de una narraci&oacute;n aparentemente abierta y una fotograf&iacute;a fr&iacute;a y &aacute;rida pretend&iacute;a mostrar la dificultad de las relaciones humanas, sobre todo de pareja, en un mundo fr&iacute;o y duro, donde el amor apasionado tiene apenas cabida.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mars&eacute;, Juan (1970): <em>La oscura historia de la prima Montse</em>, Barcelona: Seix Barral, 94.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mars&eacute;, Juan (1990): <em>El amante biling&uuml;e, </em>Barcelona: Planeta,&nbsp; 214.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Gloria Grahame es la protagonista, entre otras, de la espl&eacute;ndida <em>The Big Heat (Los sobornados</em>), de Fritz Lang (1953). En ella, la actriz encarna a Debbie, la novia del g&aacute;ngster Vince Stone (Lee Marvin), quien le arroja el caf&eacute; hirviendo en la cara, dej&aacute;ndosela marcada para siempre, por lo que ella ayuda al sargento&nbsp; Bannion&nbsp; (Glenn Ford) a detener a los mafiosos que han asesinado a su mujer, a pesar de jugarse la vida por ayudarle.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Maureen O&rsquo;Hara es la protagonista&nbsp; &ndash; el tono rojizo de su cabello era su caracter&iacute;stica m&aacute;s conocida, junto a su fuerte car&aacute;cter irland&eacute;s - de <em>The quiet man&nbsp; (El hombre tranquilo),</em> pel&iacute;cula de John Ford de 1948.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pintor nacido en San Sebasti&aacute;n en 1934 que ha pasado por oficios tan diversos como el toreo y la dedicaci&oacute;n al jazz.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref8">[8]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Bela Lugosi interpret&oacute; uno de los primeros dr&aacute;culas que se hicieron, el de Tod Browning (1931)</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref9">[9]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Barcelona, 1926, autor, entre otras, de <em>Fata Morgana</em> (1965-66), coescrita con Gonzalo Su&aacute;rez; <em>Cambio de sexo</em> (1976), la primera de sus muchas colaboraciones con Victoria Abril; y de m&uacute;ltiples adaptaciones de obras literarias, cuesti&oacute;n en la que es un verdadero experto, como en <em>Asesinato en el Comit&eacute; Central</em> (1981) basada en la novela de V&aacute;zquez Montalb&aacute;n, o <em>Tiempo de silencio</em> (1985) sobre la novela de Mart&iacute;n Santos y otras muchas.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref10">[10]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Art&iacute;culo de agencias aparecido en <em>El mundo</em> el 5 de abril de 2002.</p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 26 Aug 2013 07:15:33 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[19 de septiembre]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/19-de-septiembre/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/IGNACIO_ESCU_N_BORAO.jpg" alt="" /></p>
<p><em>Para Antonio y F&eacute;lix</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sin duda habr&aacute;s o&iacute;do la voz del lamento antes,</p>
<p>los gritos de los ni&ntilde;os en las calles,</p>
<p>los gritos de los ni&ntilde;os en los pasillos de la escuela,</p>
<p>los gritos de los ni&ntilde;os y los gritos de las madres.</p>
<p>Los ni&ntilde;os gritan siempre,</p>
<p>cuando son felices y cuando lloran.</p>
<p>Yo antes gritaba a todas horas,</p>
<p>y hoy en esta ciudad y en esta casa</p>
<p>no grita nadie,</p>
<p>porque las paredes son tan duras</p>
<p>como milenios de soledad comprimidos en un metro.</p>
<p>Porque cabalga la noche en sue&ntilde;o de boca y rat&oacute;n,</p>
<p>se asoma como aquella</p>
<p>en que la nieve ca&iacute;a como antes</p>
<p>solo lo hab&iacute;a hecho en pa&iacute;ses inexistentes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo s&eacute;, hoy no hay quien me aguante,</p>
<p>tendr&eacute;is que perdonar mi llanto/letan&iacute;a,</p>
<p>los sue&ntilde;os se diluyen en la ciudad triste</p>
<p>y el silencio ha tomado los chirridos de las calles.</p>
<p>Hoy estoy imposible.</p>
<p>Nunca cre&iacute;/pens&eacute; en un dolor tan lento y pesado</p>
<p>que cae en las horas <em>como la m&uacute;sica en la m&uacute;sica</em>,</p>
<p>en un vac&iacute;o que se expande y gime</p>
<p>como antes lo hac&iacute;an las sirenas y los viejos autobuses acelerados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No, no hag&aacute;is caso.</p>
<p>Solo es una noche/pesadilla,</p>
<p>una noche de vientre roto.</p>
<p>Ma&ntilde;ana el sol, si puede,</p>
<p>barrer&aacute; de nuevo el mundo.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 26 Aug 2013 07:02:05 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El esquizo de la calle Jaúregui]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-esquizo-de-la-calle-jauregui/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/BEN_CLARK.jpg" alt="" /></p>
<p>Hoy llueve en los lugares que no has visto<br /> jam&aacute;s, en los rincones orinados<br /> de las calles que nunca te har&aacute;n falta,<br /> que no echar&aacute;s de menos. Y a pesar<br /> de eso parece ser que la ciudad<br /> existe m&aacute;s all&aacute; de tu conciencia,<br /> que hay personas en ella y que las sombras,<br /> hu&eacute;rfanas de tu cuerpo, se proyectan<br /> cuando hoy muere y ma&ntilde;ana se convierte <br /> en algo muy posible, <br /> algo casi seguro de no ser<br /> por cierta incertidumbre que estos d&iacute;as<br /> recorre con mochilas los vagones. <br /> <br /> Pero aqu&iacute; no se ha visto nada de eso. <br /> <br /> Aqu&iacute;, como ya dije, s&oacute;lo sombras<br /> suplen sin muchos &eacute;xitos tu r&iacute;mel<br /> y otras luces cambiantes, <br /> cuya reputaci&oacute;n es discutible,<br /> se alternan entre el verde de tus ojos<br /> y el rojo de tus labios sin llegar<br /> a decidirse nunca.<br /> <br /> Sin llamarte a la cara puta y sin<br /> decirte abiertamente &lsquo;yo te amo, <br /> y llueve en los lugares que no has visto,<br /> sobre algunas terrazas donde no<br /> dir&aacute;s que lo dejemos, que este amor<br /> imaginario debe realizarse,<br /> que tan s&oacute;lo es verdad que est&aacute; lloviendo&rsquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 23 Aug 2013 06:41:16 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vértigo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/vertigo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/JORGE_LUIS_BORGES.jpg" alt="" /></p>
<p>En las <em>Cr&oacute;nicas </em>de Bustos Domecq, ese palad&iacute;n de la risa, la obscenidad y el <em>kitsch</em> que invent&oacute; en 1936 con su amigo Adolfo Bioy Casares, Borges imagina una pandilla de vanguardistas del siglo XX que apuestan todo a una idea &mdash;una sola, fulgurante y absurda&mdash; y no se detienen hasta extenuarla, y cuando la exten&uacute;an se jubilan, mueren o desaparecen de la memoria de los hombres. Como Picasso, Joyce y Le Corbusier, los &ldquo;tres grandes olvidados&rdquo; a los que est&aacute;n dedicadas las <em>Cr&oacute;nicas</em>.</p>
<p>Repasemos algunos nombres y haza&ntilde;as de ese museo de luminarias desquiciadas. Ah&iacute; est&aacute; el novelista Ram&oacute;n Bonavena, realista fan&aacute;tico cuya obra magna, <em>Nor-noroeste</em>, describe en seis tomos un &aacute;ngulo de la mesa de pinotea en la que escribe todos los d&iacute;as. Ah&iacute;, el caso de Nierenstein Souza, que inventa historias deliberadamente defectuosas &ldquo;porque sabe que el Tiempo las pulir&aacute;&rdquo;. Ah&iacute; est&aacute;n Loomis, autor de una obra que s&oacute;lo consta de t&iacute;tulos, y el fundamentalista de los sabores Juan Francisco Darracq, inventor del primer restor&aacute;n ciego. Y ah&iacute; viene el arquitecto Alessandro Piranesi, art&iacute;fice de un &ldquo;noble edificio que para algunos era una bola, para otros un ovoide y para el reaccionario una masa informe&rdquo;. Otros exc&eacute;ntricos de pacotilla: el poeta Urbas, que presenta una rosa fresca a un certamen de poes&iacute;a cuyo tema es &ldquo;La Rosa&rdquo;; el escultor Ant&aacute;rtido Garay, que no expone vol&uacute;menes ni objetos sino el espacio que hay entre ellos, el aire, y tambi&eacute;n una plaza, y los &aacute;rboles, los bancos, y &ldquo;hasta la ciudadan&iacute;a que por ella transita&rdquo;.</p>
<p>Tres de esos genios idiotas prefiguran a uno de los personajes m&aacute;s c&eacute;lebres de la obra &ldquo;seria&rdquo; de Borges. Uno es el poeta Vilaseco, autor de una <em>plaquette </em>en la que repite el mismo verso siete veces, bajo siete t&iacute;tulos distintos. Los otros son Hilario Lambkin, cr&iacute;tico cartogr&aacute;fico que, empe&ntilde;ado en confeccionar un mapa de la <em>Divina Comedia</em>, descubre que el m&aacute;s perfecto es el que la reproduce literalmente, palabra por palabra, y termina entregando a la imprenta el poema mismo de Dante; y el grand&iacute;simo C&eacute;sar Paladi&oacute;n, autor de una obra que incluye en &ldquo;once proteicos vol&uacute;menes" todos los libros ajenos que se siente capaz de escribir. A esa estirpe de originales obtusos pertenece sin duda Pierre Menard, el famoso autor del <em>Quijote</em>. Poco importa que los Paladi&oacute;n y los Lambkin retocen en el lodo menor de los divertimentos, amparados por el seud&oacute;nimo &mdash;Honorio Bustos Domecq&mdash; que garantizaba a Borges y a Bioy una gozosa clandestinidad, y que Menard, en cambio, sea una de las estrellas de <em>Ficciones</em>, quiz&aacute;s el libro m&aacute;s imponente de Borges, donde comparte cartel con Funes el memorioso, Herbert Quain, el detective Erik L&ouml;nnrot y otras solicitadas presas de la avidez acad&eacute;mica. Menard, cuya obra invisible &mdash;&ldquo;tal vez la m&aacute;s significativa de nuestro tiempo&rdquo;, dice Borges&mdash; &ldquo;consta de los cap&iacute;tulos noveno y trig&eacute;simo octavo de la primera parte del <em>don Quijote</em> y de un fragmento del cap&iacute;tulo veintid&oacute;s&rdquo;, es tan genial o tan idiota como Tafas o Paladi&oacute;n. S&oacute;lo que est&aacute; <em>desubicado</em>. &Eacute;sa es a la vez su fuerza y su condena: estar fuera de contexto. <em>Deber&iacute;a</em> figurar en la constelaci&oacute;n de los libros-pasatiempo, intercalado en esa galer&iacute;a de caricaturas desopilantes, pero tropezamos con &eacute;l en el contexto m&aacute;s exigente y elevado, entre grandes fil&oacute;sofos y paradojas l&oacute;gicas.</p>
<p>La posici&oacute;n equ&iacute;voca en que aparece Menard es una anomal&iacute;a tan aberrante como esa &ldquo;obra invisible&rdquo; que lo engrandece a los ojos del narrador del relato. Es la misma operaci&oacute;n, s&oacute;lo que ejecutada en dos campos diferentes: en un caso &mdash;el Menard que escribe el <em>Quijote</em> letra por letra&mdash; es tem&aacute;tica, interna al relato: describe una pr&aacute;ctica extempor&aacute;nea y define una figura de artista; en el otro &mdash;el relato &ldquo;Pierre Menard, autor del Quijote&rdquo; incrustado en la serie seria, es decir inapropiada, de <em>Ficciones</em>&mdash; es exterior al relato, es contextual, y su intervenci&oacute;n pone en crisis el estatuto de los pactos que regulan los modos de leer literatura. La operaci&oacute;n, en ambos casos, es de desarraigo, y es el golpe maestro de un arte de escribir que ya no parece necesitar de la escritura &mdash;ni de su temporalidad ni de su trabajo material&mdash; porque se ha vuelto <em>cosa mentale</em>. Escribir, para el Borges del &ldquo;Pierre Menard&rdquo;, consiste menos en urdir textos que en operar contextos.</p>
<p>Casi no hay man&iacute;a m&aacute;s borgeana que esa: definir series paralelas de elementos, normas de inclusi&oacute;n y exclusi&oacute;n, patrones de pertenencia, y despu&eacute;s, sin preavisos, proceder a las extirpaciones e injertos m&aacute;s inadecuados. Artista del trasplante, Pierre Menard es para Borges el <em>modelo irrisorio </em>de escritor. Sabe, como Borges, que para hacer literatura basta con hacer migrar lo que escribieron otros e implantarlo en tierras extra&ntilde;as. Nunca con tan poco se hizo tanto. Menard escribe a mediados de los a&ntilde;os &lsquo;30 el cap&iacute;tulo nueve del <em>Quijote</em> y consigue lo que ninguna voluntad, ning&uacute;n plan, ninguna imaginaci&oacute;n conseguir&iacute;an: movilizar alrededor de un objeto art&iacute;stico de trescientos a&ntilde;os todas las fuerzas de la contemporaneidad. Hacer viajar al <em>Quijote</em> es conectar sus enunciados con las m&aacute;quinas de leer del presente, hacerles decir &mdash;exponi&eacute;ndolos a las radiaciones de la actualidad&mdash; todo lo que a&uacute;n tienen para decir. As&iacute;, escrita por Menard en los a&ntilde;os &lsquo;30 del siglo XX, la expresi&oacute;n &ldquo;la historia, madre de la verdad&rdquo; (escrita por Cervantes a principios del XVII) suena como el eco de un axioma pragm&aacute;tico formulado por William James.</p>
<p>Quiz&aacute; no est&eacute; de m&aacute;s recordar dos cosas. Una, que el relato &ldquo;Pierre Menard, autor del Quijote&rdquo; fue la respuesta de Borges a los ataques de Ram&oacute;n Doll, un detractor nacionalista que, irritado por la impunidad con que Borges barajaba literaturas ajenas, lo acusaba de ser un par&aacute;sito. Dif&iacute;cil imaginar una respuesta m&aacute;s demoledora. Es como si Borges actuara en espejo: no s&oacute;lo no niega su condici&oacute;n de ladr&oacute;n, sino que la ratifica y hasta se la devuelve a su enemigo en forma literal, <em>puesta en acto</em>, transformando el vicio que le imputan en una estrategia art&iacute;stica. La otra es que Borges escribe el &ldquo;Pierre Menard&rdquo; un mes despu&eacute;s del accidente de la Nochebuena de 1938 que casi le cuesta la vida. Una septicemia lo ha tenido un mes delirando de fiebre en el hospital, y ahora, que empieza a recuperarse, tiene miedo de no poder volver a escribir. Decide, para probarse, intentar un g&eacute;nero que no haya practicado nunca. Si fracasa, el impacto de la decepci&oacute;n ser&aacute; menor. Necesita escribir algo impar, incomparable, y escribe lo que <em>cree</em> que es un cuento: &ldquo;Pierre Menard, autor del Quijote&rdquo;. La epopeya de ese oscuro simbolista que conquista la originalidad escribiendo el <em>Quijote</em> es la primera <em>ficci&oacute;n </em>&mdash;son palabras de Borges&mdash; que escribe en su vida.</p>
<p>Ahora bien: &iquest;qu&eacute; clase de ficci&oacute;n descubre Borges cuando escribe el &ldquo;Pierre Menard&rdquo;? &iquest;Qu&eacute; clase extra&ntilde;a de relato es esta historia sin intriga ni enigmas donde abundan las listas, las enumeraciones, los comentarios bibliogr&aacute;ficos, y cuyo protagonista tiene nombre y apellido pero no cuerpo, ni imagen, ni siquiera voz? Quiz&aacute; &ldquo;dislate&rdquo; sea una buena palabra. Es la que usa el narrador de &ldquo;Pierre Menard&rdquo; para imaginar c&oacute;mo reaccionar&aacute; un lector razonable al leer que dos cap&iacute;tulos y medio del <em>Quijote</em> escritos en 1934 equivalen a &ldquo;una obra&rdquo;. Una ficci&oacute;n-dislate, &iquest;por qu&eacute; no? Recuperar &ldquo;dislate&rdquo; &mdash;volver el insulto un capital, la minusval&iacute;a un arma&mdash; con la misma toma de judo con la que Borges hab&iacute;a hecho del parasitismo una potencia para enfrentar a Ram&oacute;n Doll. O tambi&eacute;n, por qu&eacute; no, una ficci&oacute;n&hellip; <em>invisible</em>. Con su fachada fr&iacute;a y eficaz, como de objeto arquitect&oacute;nico ultrainteligente, el &ldquo;Pierre Menard&rdquo; es a su modo la historia de una pasi&oacute;n: la pasi&oacute;n de la invisibilidad. Como el se&ntilde;or Teste de Val&eacute;ry, Menard es el hombre invisible, tanto que el narrador, fingiendo no querer competir con la elocuencia de algunos retratos rivales, se abstiene de &ldquo;bosquejar su imagen&rdquo;. Como dice Sylvia Molloy, Menard es un personaje que &ldquo;no encarna&rdquo;. Y tambi&eacute;n es invisible su obra, la obra-dislate que el narrador del cuento se empe&ntilde;a en justificar, &ldquo;la subterr&aacute;nea, la interminablemente heroica, la impar&rdquo;. Y tambi&eacute;n (y sobre todo) es invisible lo que <em>funda</em> su obra, lo que la concibe y la alumbra y de alg&uacute;n modo la posee, al punto de volverla in&uacute;til o superflua o inesperadamente c&oacute;mica: el <em>procedimiento</em>.</p>
<p>Embarcado en su &ldquo;admirable ambici&oacute;n&rdquo;, Menard se aligera de todo lastre visible: renuncia a transcribir mec&aacute;nicamente el original del <em>Quijote</em>, renuncia a los borradores, renuncia a ser Cervantes, renuncia incluso a sus propias convicciones. Hay una sola cosa que sobrevive a ese despojamiento radical, una cosa &uacute;nica, impar, incomparable (tres adjetivos que algunos siglos atr&aacute;s se habr&iacute;an dejado resumir en la categor&iacute;a de <em>idiota)</em>: la idea, fulminante como un acto, de escribir el <em>Quijote</em> en 1934. Transcribir, reproducir, copiar: qu&eacute; pesadas suenan esas obligaciones al lado de la idea de <em>escribir </em>el Quijote. Tanto como la c&eacute;lebre consigna de C&eacute;zanne &mdash;&ldquo;Rehacer una y cien veces el frente de la camisa&rdquo;&mdash; al lado del urinario de porcelana que Marcel Duchamp presenta en el Sal&oacute;n de los Independientes de 1917. La &ldquo;operaci&oacute;n&rdquo; que Borges y Menard ponen en pr&aacute;ctica en el &ldquo;Pierre Menard&rdquo; es hermana de ese latigazo mental que el arte moderno descubri&oacute; con los <em>ready-mades</em> de Duchamp y el arte contempor&aacute;neo, marcado por el giro conceptual, perpet&uacute;a en legiones de nombres y obras donde los vanguardistas disparatados de Bustos Domecq no desentonar&iacute;an.</p>
<p>&iquest;Rehacer? &iquest;Reescribir el <em>Quijote</em>? Demasiado lento, demasiado artesanal. Borges y Menard lanzan su idea loca de una vez y para siempre e imponen instant&aacute;neamente el v&eacute;rtigo (&iquest;cu&aacute;ndo sucedi&oacute;?), la iron&iacute;a (&iquest;es en serio o en broma?) y la ligereza (&iquest;d&oacute;nde est&aacute; la profundidad?) de un nuevo tipo de ficci&oacute;n: la ficci&oacute;n conceptual. Le&iacute;do desde una preceptiva cl&aacute;sica, el &ldquo;Pierre Menard&rdquo; es un relato atrofiado, que nunca empieza y naufraga en su propia inconsistencia. Le&iacute;do en el marco del conceptualismo, donde el golpe y la idea lo son todo, esa vacilaci&oacute;n y esa debilidad adquieren una consistencia extrema que desnuda dos premisas in&eacute;ditas: transparencia integral e invisibilidad del gesto art&iacute;stico &mdash;como si el pensamiento, &eacute;l solo y de un solo golpe, pudiera fabricar objetos. De all&iacute;, de esa velocidad casi m&aacute;gica, viene el v&eacute;rtigo que nos asalta cada vez que leemos &ldquo;Pierre Menard, autor del Quijote&rdquo;. Un v&eacute;rtigo anarrativo, porque no lo inspira una destreza en el arte del relato sino un procedimiento puntual, y tambi&eacute;n inagotable, porque ese procedimiento, di&aacute;fano y abierto, siempre parece conservar un resto opaco, una zona de sombra que nos insta a a sospechar, interrogarlo, ir m&aacute;s all&aacute;. Pierre Menard: un pobre tipo al que en 1934 no se le ocurre otra cosa que escribir el <em>Quijote</em>. &iquest;Es eso? &iquest;Eso es <em>todo</em>?</p>
<p>Lo mismo se pregunta Veronica Quaife, la chica de <em>La mosca</em> de Cronenberg, cuando asiste al primer test de teletransportaci&oacute;n de su novio, el <em>nerd </em>experimental Seth Brundle, y lo ve emerger, alto y al parecer intacto, de la cabina donde acaba de rematerializarlo la m&aacute;quina que logr&oacute; poner a punto. Visto en acto, todo procedimiento despierta esa emoci&oacute;n impura, te&ntilde;ida de sospecha, incredulidad y decepci&oacute;n. La despert&oacute; en su momento la m&aacute;quina del tiempo que invent&oacute; H.G. Wells; &iquest;por qu&eacute; no la despertar&iacute;a la que inventa Pierre Menard, m&aacute;s <em>low tech</em> y m&aacute;s eficaz, ya que, fundada en recursos modestos &mdash;&ldquo;la t&eacute;cnica del anacronismo deliberado y de las atribuciones err&oacute;neas&rdquo;, dice el narrador&mdash;, hace viajar a un cl&aacute;sico en el tiempo <em>y</em> el espacio a la velocidad de la luz? Desconfiamos del procedimiento (o lo reducimos a un chiste) porque sospechamos del rapto, del truco, de la magia. Y tal vez tengamos raz&oacute;n. Tal vez por eso un relato como &ldquo;Pierre Menard, autor del Quijote&rdquo;, tan consustancial con la prestidigitaci&oacute;n y el humor que se confunde con un gran <em>koan</em> zen, parece autoexcluirse de la literatura. Y a la vez, &iquest;no es all&iacute;, en el punto cr&iacute;tico del truco, donde la literatura puede desprenderse de su gravidez ancestral, volverse ligera, inmaterial, y adquirir cada vez mayor velocidad, hasta hacerse invisible? &Eacute;sa es quiz&aacute; la condici&oacute;n parad&oacute;jica de la ficci&oacute;n conceptual: produce sorpresa, sospecha y desaz&oacute;n en el plano de la &ldquo;obra&rdquo; (&iquest;c&oacute;mo una mera perplejidad intelectual podr&iacute;a ser un cuento?), y al mismo tiempo, en el plano de la Literatura, arrastra todas las nociones adquiridas y los marcos de referencia en una mutaci&oacute;n loca, tan inconcebible como la que la m&aacute;quina de Brundle introduce en la especie humana cuando fusiona la carne de su inventor con un insecto inoportuno.</p>
<p>Hay escritores viajeros que dejan a la literatura quieta y escritores inm&oacute;viles que la hacen viajar. Borges pertenec&iacute;a a la segunda categor&iacute;a (si no la invent&oacute;). Viaj&oacute; bastante: de joven, con sus padres y su hermana, por Europa; ya de grande, c&eacute;lebre, invitado por editores y universidades. Un libro de 1984, <em>Atlas</em>, compila una serie de instant&aacute;neas de aficionado que registran momentos cotidianos de esos periplos: una sobremesa con copas y botellas, una <em>brioche</em> parisina, una vista del cementerio de Ginebra. La foto m&aacute;s perturbadora del libro es la de la portada: Borges est&aacute; en un globo, a punto de emprender vuelo junto a dos hombres y Mar&iacute;a Kodama. Kodama mira a la c&aacute;mara; Borges, sonriente y ciego, mira a Mar&iacute;a Kodama. Las fotos del libro documentan los lugares que Borges no pudo ver.</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; clase de viajero es un ciego? &ldquo;Mi cuerpo f&iacute;sico puede estar en Lucerna, en Colorado o en El Cairo&rdquo;, escribe Borges en <em>Atlas</em>, &ldquo;pero al despertarme cada ma&ntilde;ana, al retomar el h&aacute;bito de ser Borges, emerjo invariablemente de un sue&ntilde;o que ocurre en Buenos Aires&rdquo;. Quiz&aacute;s el viajero ciego sea el que no viaja; el que decide <em>donar</em> el viajar a otro (para que el otro le cuente lo que &eacute;l no ve) o imprimirle al mundo todo el movimiento que ya no est&aacute; en condiciones de percibir. Viajero no retiniano, Borges hizo de la literatura &mdash;de toda la literatura&mdash; una superficie de hierba y de grava, una estepa, para que los libros &mdash;todos los libros&mdash; se volvieran n&oacute;madas.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 23 Aug 2013 06:33:35 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El poeta que oía en lo hondo de las aguas las voces de los muertos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-poeta-que-oia-en-lo-hondo-de-las-aguas-las-voces-de-los-muertos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/MIGUEL_LABORDETA.jpg" alt="" /></p>
<p class="Bibliografa">Todav&iacute;a hoy, cuarenta y un a&ntilde;os despu&eacute;s de su muerte, Miguel Labordeta Sub&iacute;as (Zaragoza, 16 de julio de 1921 - 1 de agosto de 1969) contin&uacute;a consider&aacute;ndose un poeta menor, escasamente conocido, m&aacute;s citado que le&iacute;do, poco y no siempre bien estudiado, un poeta secreto, de culto y &ldquo;de provincias&rdquo;, valorado sobre todo por un grupo reducido de lectores que encuentra en &eacute;l, antes que ninguna otra cosa, una plasmaci&oacute;n radical de autenticidad e independencia literarias. Ajeno a todo tipo de consignas y modelos, excluido voluntariamente de cualquier escuela, corriente o movimiento literario m&aacute;s o menos organizado, aislado en su particular &ldquo;zaragozana gusanera&rdquo; &mdash;en esa ciudad &ldquo;ausente de todo cuanto tenga el poder de la vida&rdquo;, como escribiera Julio Antonio G&oacute;mez en un poema memorable y desolador de <em>Acerca de las trampas</em>&mdash;, rodeado de sus fantasmas en ese edificio encantado que fue el palacio de los Gabarda (sede del Colegio Santo Tom&aacute;s de Aquino, cuya direcci&oacute;n asumi&oacute; nuestro poeta tras la muerte de su padre en 1953), acompa&ntilde;ado de unos pocos y entusiastas amigos a los que se les hab&iacute;a inoculado el virus de la poes&iacute;a, Miguel Labordeta fue elaborando una obra literaria de una singular intensidad, no demasiado extensa &mdash;a decir verdad, m&aacute;s bien reducida, a la luz de los borradores con los que fue conformando su taller literario&mdash;, escrita con frecuencia desde la rebeld&iacute;a, la renuncia y la contradicci&oacute;n permanentes, a contracorriente muchas veces de los gustos y las modas imperantes en cada momento, una obra que incluso se adelanta a propuestas futuras, marcada por un constante &ldquo;desacato a los modelos establecidos&rdquo; (P&eacute;rez Lasheras y Salda&ntilde;a, <em>apud</em> Labordeta, 1994: 12), una obra limitada solo por la servidumbre de la libertad y vertebrada sobre dos grandes ejes tem&aacute;ticos y expresivos: el compromiso, asimilado como ese cord&oacute;n umbilical que vincula la poes&iacute;a con la denuncia de todas las miserias de la tierra y la solidaridad con los desarraigados, y la vanguardia, en su sentido m&aacute;s amplio, nunca entendida como un periodo hist&oacute;rico concreto o un semillero de posibilidades art&iacute;sticas, sino como la expresi&oacute;n de una indagaci&oacute;n, el resultado de una inmersi&oacute;n en el yo m&aacute;s profundo, asimilada siempre como un horizonte ut&oacute;pico, generador de exploraci&oacute;n y fuerza imaginaria.</p>
<p class="Bibliografa">La poes&iacute;a de Miguel Labordeta sigue ley&eacute;ndose con inter&eacute;s y contin&uacute;a comunicando a quienes se acercan a ella, sean estos j&oacute;venes o no tan j&oacute;venes poetas o, sin m&aacute;s, lectores &mdash;como suele decirse&mdash; con dos dedos de frente, dotados de una acusada conciencia cr&iacute;tica y social y de un considerable conocimiento de la tradici&oacute;n literaria. No de otra manera podr&iacute;a explicarse que un poema de 1951 (&ldquo;Severa conminaci&oacute;n de un ciudadano del mundo&rdquo;, de <em>Epil&iacute;rica</em>) le&iacute;do por un parlamentario &mdash;que adem&aacute;s era hermano del poeta&mdash; en el Congreso de los Diputados en la sesi&oacute;n del 5 de febrero de 2003, m&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os despu&eacute;s de haber sido escrito, generara una expectaci&oacute;n inusitada en la alocuci&oacute;n del portavoz de un grupo minoritario ante la aplastante presencia de los grupos mayoritarios, especialmente aquellos que representaban y daban voz a la derecha m&aacute;s ultramontana y reaccionaria, que acostumbraban seguir los discursos ajenos &mdash;cuando no se ausentaban de sus esca&ntilde;os&mdash; con indiferencia manifiesta o con constantes abucheos, insultos y desprecios lanzados por quienes &uacute;nicamente valoran como v&aacute;lidas y verdaderas sus propias ideas. Este poder de la palabra, esta magia impl&iacute;cita en versos que, con seguridad, alud&iacute;an a una circunstancia concreta, a una referencia espec&iacute;fica, pero que han servido, sirven todav&iacute;a, para expresar la sinraz&oacute;n de una manera de entender la pol&iacute;tica al margen de los intereses generales de la ciudadan&iacute;a, radica en lo que es la esencia de la aut&eacute;ntica poes&iacute;a: ser expresi&oacute;n que atraviesa el tiempo.</p>
<p class="Bibliografa">Y esta actualidad reside en gran medida en la actitud del propio emisor del mensaje: un cierto <em>desasimiento</em> (palabra que utiliz&oacute; como t&iacute;tulo de uno de sus poemas de <em>Transe&uacute;nte central</em>) hacia lo que significa el poder y sus representantes, un sentimiento compartido con los m&aacute;s humildes, una advocaci&oacute;n continua hacia todo y hacia todos (que al mismo tiempo es imprecaci&oacute;n que alcanza al propio yo), una mirada conmiserativa y rebelde conceden a los versos de Miguel Labordeta esa dosis de simpat&iacute;a precisa y necesaria para seguir comunicando.</p>
<p class="Bibliografa">Ya desde sus primeros libros &mdash;<em>Sumido 25</em> (1948), <em>Violento Id&iacute;lico</em> (1949) y <em>Transe&uacute;nte central</em> (1950)&mdash;, nos encontramos con una escritura muy poco convencional, dif&iacute;cilmente etiquetable con alg&uacute;n adjetivo m&aacute;s o menos afortunado, una escritura desbocada, de largo y hondo aliento, desconocedora de la contenci&oacute;n &mdash;al menos en su primera etapa&mdash; y quiz&aacute;s por eso mismo en ocasiones extraordinariamente potente y generosa en el despliegue de unas extra&ntilde;as im&aacute;genes que habr&iacute;an de pasar inadvertidas para una academia y una <em>intelligentsia</em> literarias que &mdash;traicionando su propia funci&oacute;n&mdash; hab&iacute;an decidido claudicar ante la inercia y la comodidad haciendo noche en el letargo cr&iacute;tico<a title="" href="#_ftn1">[1]</a>. Esta primera etapa habr&iacute;a culminado &mdash;si la censura lo hubiese permitido&mdash; con la publicaci&oacute;n de <em>Epil&iacute;rica</em>, un libro que Labordeta hab&iacute;a escrito entre 1950 y 1952 y que ten&iacute;a previsto publicar ese mismo a&ntilde;o pero que no aparecer&iacute;a hasta 1961, un libro, por lo tanto, que ha de verse como parte del ciclo po&eacute;tico abierto en 1948 con <em>Sumido 25</em>. En 1969, poco antes de su muerte, publica en la colecci&oacute;n &ldquo;Fuendetodos&rdquo; (dirigida por su amigo Julio Antonio G&oacute;mez) su quinto y &uacute;ltimo libro de poes&iacute;a, <em>Los soliloquios</em>, una obra singular escrita a la luz de esa recuperaci&oacute;n de la vanguardia que supusieron el letrismo, la poes&iacute;a visual y la poes&iacute;a concreta, un poemario que apuntaba el surgimiento de un nuevo Labordeta que la muerte muy pronto habr&iacute;a de segar. En el origen de esta nueva vuelta de tuerca po&eacute;tica muy probablemente se encuentra la relaci&oacute;n que Labordeta estableci&oacute; con el poeta Julio Campal &mdash;a quien conoci&oacute; en Palma de Mallorca en 1965 a trav&eacute;s de Antonio Fern&aacute;ndez Molina&mdash;, una relaci&oacute;n que se prolongar&iacute;a despu&eacute;s en Zaragoza en diversas actividades de difusi&oacute;n de la poes&iacute;a de vanguardia.<a title="" href="#_ftn2">[2]</a></p>
<p class="Bibliografa">Con anterioridad, en 1960 fund&oacute; la revista <em>Despacho Literario</em> (de la que se editar&aacute;n cuatro n&uacute;meros hasta 1963) y public&oacute; a rega&ntilde;adientes en la colecci&oacute;n &ldquo;Orejud&iacute;n&rdquo; (aneja a la revista hom&oacute;nima dirigida por su hermano Jos&eacute; Antonio, quien tuvo que insistir bastante) su primera agrupaci&oacute;n de poemas ya editados, <em>Memor&aacute;ndum. Po&eacute;tica Autolog&iacute;a</em>, un volumen en el que Labordeta introdujo algunas modificaciones con respecto a las primeras versiones publicadas, consistentes, en su mayor parte, en facilitar la comprensi&oacute;n a&ntilde;adiendo signos de puntuaci&oacute;n que ordenaran l&oacute;gicamente la lectura desde un punto de vista gramatical. En 1967 ve la luz <em>Punto y aparte</em>, primera antolog&iacute;a verdaderamente representativa de su poes&iacute;a publicada hasta esa fecha y en la que el autor puso como pr&oacute;logo el poema-ep&iacute;stola que le dedicara Gabriel Celaya en <em>Las cartas boca arriba</em> (este volumen tendr&iacute;a luego una segunda edici&oacute;n preparada por Jos&eacute;-Carlos Mainer en 2000). En ambos casos, el poeta vuelve sobre sus textos, reorden&aacute;ndolos, distribuy&eacute;ndolos en estrofas, puntu&aacute;ndolos, trasvasando incluso poemas de unos libros a otros, eliminando algunas trabas y dificultades que impidiesen la interpretaci&oacute;n de algunos pasajes, preocupado quiz&aacute;s por conseguir una mayor coherencia significativa. En 1970, gracias a sus amigos de Palma de Mallorca &mdash;en especial, Antonio Fern&aacute;ndez Molina, que por entonces todav&iacute;a ejerc&iacute;a de secretario de redacci&oacute;n de <em>Papeles de son Armadans</em>&mdash; aparece en la colecci&oacute;n Tamarindo una <em>Peque&ntilde;a antolog&iacute;a</em> en edici&oacute;n firmada por Emilio Garc&iacute;a Jurizmendi, la primera tras su fallecimiento y la primera realizada por manos ajenas a las del poeta.</p>
<p class="Bibliografa">En 1972, gracias a los desvelos de uno de sus grandes valedores, el tambi&eacute;n poeta y editor Julio Antonio G&oacute;mez, aparecen las primeras <em>Obras completas</em>, que incluir&iacute;an, adem&aacute;s de sus libros de poes&iacute;a, esa especie de po&eacute;tica dramatizada que fue <em>Oficina de horizonte</em> (estrenada en 1955 con escenograf&iacute;a de Agust&iacute;n Ibarrola, protagonizada por esa inefable figura que fue P&iacute;o Fern&aacute;ndez Cueto, recitador, actor peregrino y bohemio a quien Labordeta dedicara un poema y para quien escribi&oacute; esta pieza teatral, que fue publicada por primera vez en 1960 en el segundo y &uacute;ltimo n&uacute;mero de <em>Papageno</em>, la revista dirigida por el autor de <em>Al oeste del lago Kiv&uacute; los gorilas se suicidaban en manadas numeros&iacute;simas</em>), una obra dram&aacute;tica que muy bien puede leerse como un extenso poema aleg&oacute;rico sobre el lugar, la funci&oacute;n y el destino del poeta en el mundo (como han analizado Enrique Serrano, 1988, Rosendo Tello, 1994, y Antonio P&eacute;rez Lasheras, en P&eacute;rez Lasheras y Salda&ntilde;a, eds., 1996). La edici&oacute;n de estas primeras &ldquo;completas&rdquo; saldr&iacute;a arropada con ilustraciones de Pablo Serrano, Jos&eacute; Or&uacute;s, Manuel Montalvo, Jos&eacute; Manuel Broto y Jos&eacute; Luis Lasala y con textos de Ricardo Senabre, Jos&eacute; Antonio Labordeta y Rosendo Tello, quien, ese mismo a&ntilde;o, se encargar&iacute;a de preparar la edici&oacute;n de <em>Autop&iacute;a</em>, un libro inconcluso que desarrolla l&iacute;neas tem&aacute;ticas y expresivas abiertas en <em>Los soliloquios</em>; en 1975 Pedro Verg&eacute;s agrup&oacute; en <em>La escasa merienda de los tigres</em> textos procedentes de diferentes publicaciones y no incluidos en libros. Clemente Alonso Crespo prepar&oacute; en 1981 una nueva edici&oacute;n de <em>Epil&iacute;rica (Los nueve en punto)</em> y, dos a&ntilde;os despu&eacute;s, dispuso la <em>Obra completa</em>, publicada en tres vol&uacute;menes en la colecci&oacute;n &ldquo;El Bardo&rdquo;; esta publicaci&oacute;n, elaborada a partir de los borradores que dej&oacute; el propio poeta (quien escrib&iacute;a sus apuntes en dietarios que hoy ya se pueden consultar en el archivo depositado en la Universidad de Zaragoza), ha provocado que parte de la escasa cr&iacute;tica que se ha acercado a esta poes&iacute;a contemple una realidad muy distante de la que siempre quiso construir el poeta; aparecen algunos t&iacute;tulos que Labordeta nunca public&oacute;, poemas que se repiten e ideas, im&aacute;genes, met&aacute;foras y versos enteros que se multiplican hasta la saciedad, algo muy contrario a lo que pretendi&oacute; con su constante labor de criba y de pulido. Sirva como ejemplo este p&aacute;rrafo que le dedica Francisco Ruiz Soriano (1997: 109-110) en una obra dedicada a analizar la primera poes&iacute;a de posguerra:</p>
<p class="Bibliografa">Uno de los poetas m&aacute;s importantes de esta tendencia en su l&iacute;nea m&aacute;s tr&aacute;gica es el poeta aragon&eacute;s Miguel Labordeta, que englobado dentro de la bohemia m&aacute;s heterodoxa, desde posiciones rom&aacute;ntico-vanguardistas evolucionar&aacute; hacia la poes&iacute;a experimental en su &uacute;ltima po&eacute;tica, con <em>Epil&iacute;rica</em> (1961), <em>Los soliloquios</em> (1969) y <em>Autop&iacute;a</em> (1972), obras donde investiga la combinatoria, la recursividad y la disposici&oacute;n visual de las palabras en la p&aacute;gina (que denomin&oacute; &ldquo;poema mapa&rdquo;). Sus primeros libros &mdash;<em>Crecimiento</em>, <em>Sumergido crecimiento</em>, <em>Abisal c&aacute;ncer</em>, <em>Las anunciaciones del habitante</em>&mdash; presentan ya la problematizaci&oacute;n del ser arrojado al mundo, la frustraci&oacute;n por la sociedad industrial alienante &mdash;en la m&aacute;s pura tradici&oacute;n lorquiana de <em>Poeta en Nueva York</em>&mdash;, ya la b&uacute;squeda del autorreconocimiento ante una identidad perdida. Temas que encontramos en su primer libro publicado, <em>Sumido 25 </em>(1948) y en los siguientes: <em>Violento id&iacute;lico</em> (1949), donde expone la contradicci&oacute;n entre el deseo nost&aacute;lgico de ideales perdidos y la situaci&oacute;n presente de podredumbre con tono hondamente pesimista, y <em>Transe&uacute;nte central</em> (1950), indagaci&oacute;n en el dolor de toda persona abocada a ser &ldquo;transe&uacute;nte&rdquo; en el devenir de la vida; en algunos poemas de este libro aparece cierta predisposici&oacute;n social y actitud prometeica. Su poes&iacute;a refleja un fondo autobiogr&aacute;fico de preocupaciones en torno al Tiempo, la Nada y la Muerte, llena de preguntas esenciales; Labordeta erige una afirmaci&oacute;n nihilista del yo y una concepci&oacute;n metaf&iacute;sica del ser, revestido siempre de cierto vitalismo y pante&iacute;smo que lo aproximan a las composiciones de angustia an&iacute;mica de Jos&eacute; Luis Hidalgo.&nbsp;</p>
<p class="Bibliografa">Las inexactitudes incluidas en este p&aacute;rrafo son tantas que es dif&iacute;cil reparar con cierta atenci&oacute;n en todas ellas. En primer lugar, el enredo terminol&oacute;gico: comienza hablando de &ldquo;esta tendencia&rdquo;, cuando el ep&iacute;grafe que incluye estas palabras se denomina &ldquo;Otras l&iacute;neas po&eacute;ticas y promoci&oacute;n del exilio&rdquo;, con lo que quiz&aacute;s estuviera relacionado con el ep&iacute;grafe precedente, &ldquo;Hacia la poes&iacute;a social&rdquo;; a continuaci&oacute;n se habla de &ldquo;l&iacute;nea m&aacute;s tr&aacute;gica&rdquo;, &ldquo;bohemia m&aacute;s heterodoxa&rdquo;, &ldquo;posiciones rom&aacute;ntico-vanguardistas&rdquo;, &ldquo;poes&iacute;a experimental&rdquo;, &ldquo;actitud prometeica&rdquo;, &ldquo;fondo autobiogr&aacute;fico&rdquo;, &ldquo;preguntas existenciales&rdquo;, &ldquo;afirmaci&oacute;n nihilista del yo&rdquo;, &ldquo;concepci&oacute;n metaf&iacute;sica del ser&rdquo;, &ldquo;vitalismo&rdquo;, &ldquo;pante&iacute;smo&rdquo; y &ldquo;angustia an&iacute;mica&rdquo;. No decimos que algunos de estos sintagmas no sean adecuados, sino que su acumulaci&oacute;n produce una confusi&oacute;n extraordinaria. Por otra parte, incluir t&iacute;tulos que el poeta manejaba como borradores y que fueron reasumidos en sus primeros libros vuelve a generar perplejidad. La denominaci&oacute;n de &ldquo;poema mapa&rdquo; fue acu&ntilde;ada por el poeta para una determinada composici&oacute;n incluida en <em>Los soliloquios</em> (&ldquo;Planisferio del alquimista Z&oacute;simo&rdquo;) y por lo tanto resulta aplicable a algunos de sus poemas m&aacute;s cercanos al letrismo. Finalmente, citar <em>Epil&iacute;rica</em> como parte de su &ldquo;&uacute;ltima po&eacute;tica&rdquo; y no precisamente como cierre de su primer ciclo (aunque se publicase nueve a&ntilde;os despu&eacute;s de su escritura) es desconocer lo que se propuso el poeta con sus versos, su aut&eacute;ntica intenci&oacute;n (que, por otra parte, expres&oacute; de manera clara y reiterada en otros testimonios). En este orden de cosas, creemos que habr&iacute;a que leer m&aacute;s detenidamente las declaraciones y reflexiones metaliterarias que Miguel Labordeta fue realizando a lo largo de su carrera po&eacute;tica (manifiestos, entrevistas, pr&oacute;logos, etc.). En ellas puede observarse que los l&iacute;mites de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola del momento le resultaban muy estrechos y que no dej&oacute; de perseguir una escritura po&eacute;tica entendida como un fen&oacute;meno global y complejo. Solo as&iacute; se explica la alusi&oacute;n que, en su conocido art&iacute;culo-manifiesto &ldquo;Poes&iacute;a revolucionaria&rdquo; (1950), dedica a lo que se est&aacute; haciendo m&aacute;s all&aacute; de nuestras fronteras (en alusi&oacute;n a la <em>Beat Generation</em> norteamericana, de la que tendr&iacute;a noticia a trav&eacute;s de Carlos Edmundo de Ory, amigo y correspondiente de Allen Ginsberg). Las etiquetas no pod&iacute;an servir a quien se pas&oacute; la vida huyendo de ellas.</p>
<p class="Bibliografa">1983 fue tambi&eacute;n el a&ntilde;o en que Antonio Fern&aacute;ndez Molina seleccion&oacute; y prolog&oacute; los poemas de <em>Metal&iacute;rica</em>. En 1988 <em>Sumido 25</em> conoci&oacute; una segunda edici&oacute;n en la Instituci&oacute;n &ldquo;Fernando el Cat&oacute;lico&rdquo;, en 1994 ocurri&oacute; lo propio con <em>Transe&uacute;nte central</em> (a cargo de Jes&uacute;s Ferrer Sol&aacute;) y vieron la luz dos nuevas ediciones, nuestra antolog&iacute;a <em>Donde perece un dios estremecido</em> y <em>Abisal c&aacute;ncer</em> (edici&oacute;n a cargo de Clemente Alonso Crespo), un dietario abarrotado de hallazgos expresivos, escenario de ese sue&ntilde;o que tuvo por nombre Berlingtonia, coet&aacute;neo de su primer libro po&eacute;tico e incluido con anterioridad en la <em>Obra completa</em> de 1983. En 2004 Antonio Ib&aacute;&ntilde;ez public&oacute; una documentada y bien narrada biograf&iacute;a con el t&iacute;tulo de <em>Miguel Labordeta. Poeta Violento Id&iacute;lico, 1921-1969</em>; recientemente, en 2008, se ha editado en b&uacute;lgaro, con traducci&oacute;n de Rada Panchovska, una selecci&oacute;n de su poes&iacute;a (aparte de este trabajo, algunos &mdash;pocos&mdash; poemas han sido traducidos al franc&eacute;s, alban&eacute;s, rumano y alem&aacute;n en diferentes vol&uacute;menes colectivos) y en 2010 Jos&eacute; Luis Calvo Carilla se ha encargado de la edici&oacute;n de <em>Transe&uacute;nte central y otros poemas</em>.</p>
<p class="Bibliografa">Internacionalista convencido y declarado, ciudadano del mundo, fundador de una disparatada e imaginaria Oficina Po&eacute;tica Internacional (OPI) que aglutin&oacute; a unos cuantos artistas que se vieron arrastrados por su magnetismo y su poder de seducci&oacute;n, Labordeta fue una rara avis en una ciudad oscura de un pa&iacute;s en gran medida triste y siniestro. Autor de una escritura crepuscular, itinerante, poli&eacute;drica y n&oacute;mada, las relaciones que estableci&oacute; con sus amigos &mdash;y en esto coinciden casi todos los que le trataron&mdash; se basaron siempre en la fraternidad y la generosidad y nunca quiso ejercer de maestro, como se lee en ese poema de <em>Autop&iacute;a</em> titulado &ldquo;Escucha joven poeta inadvertido&rdquo;, que se abre y se cierra con estos versos: &ldquo;escribe para todos / es decir para nadie / [&hellip;] / haz lo que te d&eacute; la gana / quema estas advertencias por favor / es mi consejo p&oacute;stumo&rdquo; (Labordeta, 1994: 233). As&iacute;, se ha querido ver con cierta frecuencia en Miguel Labordeta el s&iacute;mbolo o el paradigma de la independencia y la libertad creadoras, la subversi&oacute;n y la resistencia al encasillamiento f&aacute;cil; sin embargo, la cr&iacute;tica pr&aacute;cticamente es un&aacute;nime en el reconocimiento de esa labor de liderazgo &mdash;si no te&oacute;rico o est&eacute;tico, por lo menos moral&mdash; que Labordeta ejerci&oacute; entre quienes por entonces &mdash;mediados los cincuenta&mdash; comenzaban a velar sus primeras armas literarias en la ciudad (su hermano Jos&eacute; Antonio, Fernando Ferrer&oacute;, Guillermo G&uacute;del, Miguel Luesma, Luciano Gracia, Julio Antonio G&oacute;mez, Rosendo Tello, Benedicto Lorenzo de Blancas, Ignacio Ciordia, Raimundo Salas, Jos&eacute; Antonio Rey del Corral, Emilio Gast&oacute;n, autores que vivieron y bebieron durante algunos a&ntilde;os al calor de esa comunidad fundada sobre el exceso, el humor y la camarader&iacute;a que tuvo su centro en el Nik&eacute;). Poco despu&eacute;s, Labordeta quiso apoyar con un pr&oacute;logo <em>Generaci&oacute;n del 65</em>, una antolog&iacute;a preparada por Juan Mar&iacute;a Mar&iacute;n y Fernando Villacampa que vio la luz en 1967 y que inclu&iacute;a poemas de, entre otros, Mariano An&oacute;s, Adolfo Burriel, Aurora Egido, Jorge Juan Eiroa, Juan Mar&iacute;a Mar&iacute;n, Jos&eacute; Antonio Rey del Corral, Ignacio Prat, Jos&eacute; Antonio Maenza y Fernando Villacampa (la historia es conocida: el volumen apenas se difundi&oacute; puesto que fue muy pronto <em>secuestrado</em> por orden gubernativa y permanece a la espera de una pr&oacute;xima reedici&oacute;n, en la que est&aacute; embarcada Graciela de Torres Olson para la colecci&oacute;n Larumbe). De alguna forma, ese acercamiento a una nueva generaci&oacute;n (esa que ha sido denominada en ocasiones como &ldquo;generaci&oacute;n del lenguaje&rdquo;), con el espaldarazo que supone el apoyo expreso de Labordeta, representa una nueva manera de enfrentarse al hecho po&eacute;tico en el que las palabras, m&aacute;s que enmarcarse en una relaci&oacute;n sintagm&aacute;tica de un lenguaje discursivo, se relacionan paradigm&aacute;ticamente con otros elementos referenciales, otorgando as&iacute; relevancia a su car&aacute;cter simb&oacute;lico: las palabras dejan de ser meras referencias para evocar cosas, sentimientos, pensamientos, para llegar a ser esas mismas realidades.</p>
<p class="Bibliografa">En todo caso, es cierto que su escritura no transcurre por autopistas culturales claramente delimitadas (cuando no sancionadas por el canon m&aacute;s institucionalizado) sino que se desplaza por territorios de alta monta&ntilde;a donde el sendero a veces se pierde, carreteras comarcales no muy bien se&ntilde;alizadas y v&iacute;as de navegaci&oacute;n en las que con frecuencia se han perdido las balizas y la traves&iacute;a debe hacer frente a marejadas y tormentas. Una poes&iacute;a entendida de tal modo, sin itinerarios previamente marcados, dispuesta a inmolarse en cualquier momento, convierte la exploraci&oacute;n y la experimentaci&oacute;n en t&eacute;cnicas fundamentales de escritura, y esta es probablemente una lecci&oacute;n que Labordeta aprendi&oacute; de la vanguardia hist&oacute;rica y que mantuvo siempre como una exigencia est&eacute;tica irrenunciable.</p>
<p class="Bibliografa">Es un hecho que el surrealismo tuvo en &eacute;l, tras la guerra civil, a uno de sus m&aacute;s entregados cultivadores, como muy bien vio Jos&eacute; Manuel Blecua (<em>apud</em> Labordeta, 1983: 6), quien habla de una originalidad conseguida &ldquo;con una lengua po&eacute;tica no f&aacute;cil precisamente, puesto que m&aacute;s de una vez se perciben las patentes huellas surrealistas y el bucear en lo subconsciente&rdquo;; del mismo modo, es tambi&eacute;n evidente que Labordeta trat&oacute; de distanciarse de esa y de otras etiquetas, utilizadas una y otra vez como marbetes excesivamente simplistas y reductores. Y esos intentos debieron de dar sus frutos puesto que algunos cr&iacute;ticos no tardaron en apreciar la singularidad del surrealismo labordetiano; as&iacute;, Guillermo Carnero (1978) habla de un &ldquo;surrealismo existencialista&rdquo; para referirse a los tres primeros libros publicados por nuestro poeta, y V&iacute;ctor Garc&iacute;a de la Concha, en una expresi&oacute;n que riza el rizo, de &ldquo;surrealismo realista&rdquo;. En todo caso, Labordeta representa un caso &uacute;nico, irrepetible y heterodoxo en la historia del surrealismo literario espa&ntilde;ol, hasta el punto de articular una propuesta tan impregnada hasta la ra&iacute;z de elementos expresionistas que, con frecuencia, ser&iacute;a preferible hablar de un expresionismo po&eacute;tico con elementos surrealistas (&Aacute;ngel Crespo, en P&eacute;rez Lasheras y Salda&ntilde;a, eds., 1996; P&eacute;rez Lasheras y Salda&ntilde;a, <em>apud</em> Labordeta, 1994: 43). En todo caso, en los borradores del poeta puede comprobarse que este automatismo no solo est&aacute; sometido a una severa y concienzuda revisi&oacute;n, sino que se trata m&aacute;s bien de un instrumento, una t&eacute;cnica que utiliza para crear im&aacute;genes en las que se asocian elementos dispares, dis&iacute;miles, pero que mantienen una &iacute;ntima relaci&oacute;n con el subconsciente. M&aacute;s a&uacute;n, debido a las muchas veces lamentables circunstancias hist&oacute;ricas en las que se desenvolvi&oacute; la vida espa&ntilde;ola tras la guerra civil, el mundo de los sue&ntilde;os y del subconsciente deja paso a menudo a una escritura renovada con elementos que proceden del tr&aacute;gico momento hist&oacute;rico, maniatado por limitaciones de todo tipo y, por otra parte, un m&iacute;nimo an&aacute;lisis del taller po&eacute;tico labordetiano demostrar&iacute;a la constante reelaboraci&oacute;n de sus escritos, un hecho que desmentir&iacute;a de alguna manera el automatismo surrealista.</p>
<p class="Bibliografa">As&iacute;, su poes&iacute;a zigzaguea sin cesar, interrumpe su avance, desanda a veces el camino, vuelve sobre sus pasos y se desv&iacute;a de la ruta marcada, se despliega mostrando sin ning&uacute;n pudor sus cartas pero al mismo tiempo trazando continuas l&iacute;neas de fugas y derivas. Por todo ello &mdash;al calor de esa tendencia tan arraigada en la cr&iacute;tica literaria hisp&aacute;nica basada en el encasillamiento f&aacute;cil&mdash;, esta escritura se ha le&iacute;do a menudo como un exponente claro del surrealismo (o, en el mejor de los casos, de la vanguardia, en general) y, de esta manera, ha sido incluida en algunos vol&uacute;menes que recogen este tipo de poes&iacute;a (ya en 1952 Joan Fuster y Jos&eacute; Albi seleccionaron algunos poemas suyos para la <em>Antolog&iacute;a del surrealismo espa&ntilde;ol</em> que public&oacute; la revista <em>Verbo</em>, consider&aacute;ndolo como uno de los poetas m&aacute;s activos en este movimiento). Sin embargo, el propio Labordeta, preguntado sobre esta cuesti&oacute;n, respond&iacute;a: &ldquo;&iquest;Surrealista? Yo creo que nadie lo es enteramente, y que sin embargo, nadie de sensibilidad actual puede quedarse al margen de su influencia m&aacute;gica&rdquo; (Albi y Fuster, 1952: 184); casi treinta a&ntilde;os despu&eacute;s, Germ&aacute;n Gull&oacute;n reuni&oacute; algunos poemas suyos en su <em>Poes&iacute;a de la vanguardia espa&ntilde;ola</em>, icluy&eacute;ndolo dentro del &ldquo;surrealismo tard&iacute;o&rdquo;. En todo caso, flaco favor hacemos a esta escritura si su lectura se orienta &uacute;nicamente desde el marbete &mdash;por muy amplio que sea, al fin y al cabo reductor&mdash; vanguardista; lo cierto, no obstante, es que apenas aparece en antolog&iacute;as de poes&iacute;a espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea (y ello en un pa&iacute;s que experimenta una obsesiva, casi enfermiza, pasi&oacute;n por la elaboraci&oacute;n de estos artefactos como elementos de canonizaci&oacute;n literaria). En todo caso, dada&iacute;smo, surrealismo, expresionismo y letrismo no funcionan en Labordeta como horizontes u objetivos conceptuales sino como estrategias ret&oacute;ricas, simb&oacute;licas e imaginarias al servicio de su desgarrador universo l&iacute;rico.</p>
<p class="Bibliografa">A este respecto, podr&iacute;a afirmarse que los ismos, en la poes&iacute;a de Miguel Labordeta, antes que senderos art&iacute;sticos claramente delimitados, funcionan como materiales de trabajo al servicio de una exploraci&oacute;n personal, son procedimientos, m&eacute;todos, caminos, medios o instrumentos de b&uacute;squeda de una voz propia, aut&oacute;noma y al margen de todo tipo de etiquetas. Sobre esta cuesti&oacute;n de los ep&iacute;grafes, marbetes, f&oacute;rmulas, marcas o clasificaciones identificatorias que tratan de configurar el canon literario, es significativa la afirmaci&oacute;n del propio poeta, quien en una entrevista defin&iacute;a su <em>Epil&iacute;rica</em> como &ldquo;uno de los primeros libros de poes&iacute;a social&rdquo;, matizando a rengl&oacute;n seguido: &ldquo;bueno, de lo que luego se llamar&iacute;a social por los oportunistas, que antes garcilasistas, correr&aacute;n a gritos desali&ntilde;ados por el hombre, la justicia, el cocido y tal [&hellip;] estos figuran en las antolog&iacute;as como forjadores de la poes&iacute;a social, etc., en cambio de Labordeta dicen desde&ntilde;osamente &laquo;es un surrealista&raquo;&rdquo; (texto de 1966, editado por Rotellar, <em>apud</em> Romo, 1988: 67). De esta manera, Leopoldo de Luis despach&oacute; la poes&iacute;a labordetiana tild&aacute;ndola de &ldquo;disconforme y rebelde&rdquo;, la excluy&oacute; de su <em>Antolog&iacute;a de la poes&iacute;a social</em> (1969: 36) y <em>justific&oacute;</em> su ausencia con la menci&oacute;n del poema &ldquo;Un hombre de treinta a&ntilde;os pide la palabra&rdquo; como el m&aacute;s pr&oacute;ximo de los suyos a esta tendencia.<a title="" href="#_ftn3">[3]</a></p>
<p class="Bibliografa">Es un hecho indudable que esta poes&iacute;a, en vida de su autor, apenas despert&oacute; el inter&eacute;s de la cr&iacute;tica y, cuando lo hizo, fue casi siempre para destacar la aparici&oacute;n de un nuevo libro con un sustantivo, un adjetivo o un sintagma excesivamente estrechos y encasilladores: tremendista, surrealista, expresionismo de hondas ra&iacute;ces metaf&iacute;sicas, etc., etiquetas, en todo caso, err&oacute;neas por insuficientes, injustas por traicionar la complejidad de una escritura que respira imaginaci&oacute;n y libertad por todos sus poros, una escritura rebelde, subversiva (en el fondo y en la forma) y dispuesta en todo momento a retorcerse sobre s&iacute; misma y romper con el entramado l&eacute;xico y la linealidad discursiva, una escritura, adem&aacute;s, elaborada con palabras, sintagmas y expresiones que con frecuencia no pueden interpretarse a partir de las acepciones que recoge el diccionario puesto que ofrecen sentidos traslaticios, figurados, metaf&oacute;ricos, simb&oacute;licos, imaginarios, distintos, en cualquier caso, a los que colectiva y habitualmente aceptamos seg&uacute;n dicta la norma ling&uuml;&iacute;stica acad&eacute;mica.</p>
<p class="Bibliografa">Y una poes&iacute;a concebida a partir de estas premisas no puede sino calificarse de revolucionaria, &ldquo;poes&iacute;a revolucionaria&rdquo;, expresi&oacute;n con la que el propio Labordeta titul&oacute; una especie de po&eacute;tica publicada en 1950 en la revista <em>Espada&ntilde;a</em>, revolucionaria por su constante af&aacute;n de subvertir los conceptos m&aacute;s arraigados en el imaginario colectivo, alterar la sintaxis m&aacute;s usual, quebrar la l&oacute;gica interna de la gram&aacute;tica, pero tambi&eacute;n por su irrenunciable deseo de alcanzar nuevos y liberadores sentidos a partir de esa incansable labor de erosi&oacute;n y desintegraci&oacute;n del lenguaje. En todo caso, <em>vanguardista</em> y <em>revolucionaria</em> son adjetivos que conectan a la perfecci&oacute;n si de lo que se trata es de definir un tipo de poes&iacute;a &ldquo;de avanzada&rdquo;, preocupada por describir los verdaderos problemas del hombre, aunque no sea entendida en su momento ni permita ganar ning&uacute;n gran premio literario (como declara el propio poeta). Germ&aacute;n Gull&oacute;n comenta que &ldquo;Para identificar, en principio, a un poema como vanguardista, el rasgo m&aacute;s indicativo es la rotura de la arquitectura gramatical o de la l&oacute;gica interna del poema, o de ambas cosas a la vez, causadas por un desajuste r&iacute;tmico, su entrecortamiento, y la p&eacute;rdida del lirismo tonal&rdquo;, y poco m&aacute;s adelante, al hacer referencia a la aparici&oacute;n de las greguer&iacute;as de G&oacute;mez de la Serna, primera manifestaci&oacute;n vanguardista en la literatura espa&ntilde;ola, a&ntilde;ade: &ldquo;el discurso po&eacute;tico aparece ya disgregado, la referencialidad tradicional de las palabras puesta en entredicho y tomada a broma&rdquo; (Gull&oacute;n, 1981: 8). No de otra manera act&uacute;a nuestro Miguel Labordeta.</p>
<p class="Bibliografa">Tras su muerte comenzaron a publicarse algunos trabajos de cierta entidad sobre esta poes&iacute;a; a los iniciales de Ricardo Senabre &mdash;&ldquo;Pr&oacute;logo&rdquo;&mdash; y Rosendo Tello &mdash;&ldquo;Claves circulares (en torno a la obra de Miguel Labordeta)&rdquo;&mdash; (incluidos en las <em>Obras completas</em> de 1972 junto a un &ldquo;Retrato&rdquo; de su hermano Jos&eacute; Antonio) seguir&iacute;an otros, como los agrupados en el volumen colectivo <em>Miguel Labordeta. Un poeta en la posguerra</em> (1977, que re&uacute;ne, entre otros, textos de Mariano An&oacute;s, Federico Jim&eacute;nez Losantos, Jos&eacute; Antonio Labordeta, Jos&eacute;-Carlos Mainer, Carlos Edmundo de Ory y Pedro Verg&eacute;s), un volumen que lamentablemente no contribuy&oacute; a la recuperaci&oacute;n de la poes&iacute;a del autor sino, m&aacute;s bien, a propagar la confusi&oacute;n. Habr&aacute; que esperar a la d&eacute;cada de los ochenta para que surjan algunos trabajos elaborados ya desde planteamientos cient&iacute;ficos y hermen&eacute;uticos m&aacute;s s&oacute;lidos; as&iacute;, los estudios de Francisco J. D&iacute;az de Castro (&ldquo;La poes&iacute;a de Miguel Labordeta, 1&rdquo;, 1984), que se hab&iacute;a doctorado en 1974 en la Universidad de Valencia con un estudio sobre nuestro poeta, Jes&uacute;s Ferrer Sol&aacute; (<em>La poes&iacute;a metaf&iacute;sica de Miguel Labordeta</em>, 1983, publicaci&oacute;n derivada de su tesis de licenciatura), Clemente Alonso Crespo (<em>Materiales para una edici&oacute;n anotada de la poes&iacute;a de Miguel Labordeta</em>, resumen de su tesis doctoral le&iacute;da en la Universidad de Zaragoza en 1983) y el m&aacute;s documentado y extenso de Fernando Romo (<em>Miguel Labordeta: una lectura global</em>, 1988, resultado asimismo de su tesis doctoral) apuntalan los cimientos de una nueva cr&iacute;tica labordetiana basada en el an&aacute;lisis de mecanismos textuales y no tanto en prejuicios m&aacute;s o menos intuitivos. Los a&ntilde;os noventa suponen una consolidaci&oacute;n de la bibliograf&iacute;a cient&iacute;fica que esta poes&iacute;a ha generado; en 1994 la revista de cultura aragonesa <em>Rolde</em> dedic&oacute; al autor de <em>Sumido 25</em> un n&uacute;mero monogr&aacute;fico coordinado por Ant&oacute;n Castro y la Universidad de Zaragoza organiz&oacute; un congreso dedicado a este poeta cuyas actas (P&eacute;rez Lasheras y Salda&ntilde;a, eds., 1996) recogen una buena representaci&oacute;n de las lecturas cr&iacute;ticas que esta escritura ha suscitado; en 1996 D&iacute;az de Castro publica en <em>&Iacute;nsula</em> un breve pero revelador texto en el que vincula esta escritura con la vanguardia y el compromiso, dos conceptos en absoluto incompatibles, como en tantas ocasiones ha querido hacerse ver. Al margen de estas publicaciones, la poes&iacute;a labordetiana ha sido objeto de atenci&oacute;n en diferentes trabajos de alcance m&aacute;s general; as&iacute;, por ejemplo, en un ensayo sobre la pervivencia del surrealismo en la poes&iacute;a espa&ntilde;ola de posguerra Raquel Medina (1997) se ocupa de nuestro poeta junto a Carlos Edmundo de Ory, Juan Eduardo Cirlot y Camilo Jos&eacute; Cela.</p>
<p class="Bibliografa">La poes&iacute;a de Miguel Labordeta surge en un momento en el que todav&iacute;a se escuchan los ecos de la guerra civil. Son los a&ntilde;os de la represi&oacute;n pol&iacute;tica m&aacute;s dura, la miseria, el hambre y las cartillas de racionamiento, unos a&ntilde;os en los que los poetas, en general, entienden su labor de dos maneras sustancialmente diferentes: poetas intimistas, religiosos, vinculados a una l&iacute;rica de los sentimientos amorosos y las necesidades espirituales y, probablemente por eso mismo, desvinculados de la realidad hist&oacute;rica m&aacute;s desgarrada y apremiante, garcilasistas, por un lado, y poetas sociales, tremendistas, partidarios de una escritura atenta a la denuncia y el compromiso pol&iacute;tico pero despreocupada al mismo tiempo de alcanzar un nivel elevado de exigencia formal y expresiva, espada&ntilde;istas, por otro, configurando un escenario que derivar&iacute;a poco despu&eacute;s hacia otra f&oacute;rmula bipolar materializada en la consabida pol&eacute;mica entre comunicaci&oacute;n y conocimiento. Miguel Labordeta &mdash;frente al Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez purista y selectivo, partidario de una poes&iacute;a de las esencias y las formas m&aacute;s depuradas, apta solo para un restringido club de iniciados, y al Blas de Otero y al Gabriel Celaya preocupados por elaborar un discurso po&eacute;tico que respondiese a las necesidades de la inmensa mayor&iacute;a&mdash; pareci&oacute; encontrar muy pronto acomodo en una especie de t&eacute;rmino medio m&aacute;s o menos equidistante de ambos extremos, una suerte de limbo o tierra de nadie donde &eacute;l quiso encontrarse, a solas, de verdad, con los suficientes, una posici&oacute;n que reflej&oacute; con claridad en un art&iacute;culo de 1951, &ldquo;Ni poes&iacute;a pura ni poes&iacute;a popular&rdquo;. Labordeta aboga por una concepci&oacute;n de la poes&iacute;a como &ldquo;reconocimiento&rdquo;, en una singular mezcla de elementos neoplat&oacute;nicos, rom&aacute;nticos, psicoanal&iacute;ticos, existenciales y orientales, en la que se busca el autoconocimiento, lo que justificar&iacute;a esa constante indagaci&oacute;n sobre el propio ser. Por otra parte, y sin renunciar en ning&uacute;n momento a su independencia, Labordeta mantuvo relaciones m&aacute;s o menos estrechas con poetas en un momento dado tan diferentes entre s&iacute; como pudieron ser Gabriel Celaya &mdash;con quien entabl&oacute; una amistosa pol&eacute;mica que el poeta vasco reflej&oacute; en <em>Las Cartas boca arriba</em> (1951)&mdash; o Carlos Edmundo de Ory, uno de los fundadores del postismo, con quien mantuvo una intensa relaci&oacute;n epistolar salpicada en ocasiones de hondas reflexiones literarias. Ambos coinciden en aconsejar y aleccionar a Miguel Labordeta sobre los derroteros que deber&iacute;a cobrar su poes&iacute;a, en el caso del primero incluso con severas, aunque cari&ntilde;osas, admoniciones.</p>
<p class="Bibliografa">Ajeno, pues, a todas esas inconsistentes y muchas veces artificiales y est&eacute;riles pol&eacute;micas que, de una manera u otra, siempre han intentado instrumentalizar la poes&iacute;a al servicio de objetivos m&aacute;s o menos espurios, Miguel Labordeta parece empe&ntilde;ado desde el primer momento &mdash;una vez superados los escarceos iniciales&mdash; en desarrollar una voz personal que diese v&iacute;a libre a sus preocupaciones tem&aacute;ticas y a sus figuraciones expresivas, y esa voz se encuentra ya en <em>Sumido 25</em>, su primer libro, donde se pueden leer poemas perfectamente <em>medidos</em>, dotados de unas sorprendentes y poderosas im&aacute;genes, desde el inicial y archicitado &ldquo;Espejo&rdquo;, pasando por &ldquo;Eleg&iacute;a a mi propia muerte&rdquo;, &ldquo;Puesto que el joven azul de la monta&ntilde;a ha muerto&rdquo; (musicado por su hermano Jos&eacute; Antonio), &ldquo;Agon&iacute;a del existente Juli&aacute;n Mart&iacute;nez&rdquo; (uno de sus heter&oacute;nimos, otros fueron Ner&oacute;n Jim&eacute;nez, Valdemar Gris, Mr. Brown, Nabuco, etc., denominaciones que, junto a otras como &ldquo;Ciego insumiso&rdquo;, &ldquo;Buzo ardiente&rdquo;, &ldquo;ilustre profesor sin chaqueta&rdquo;, &ldquo;un existente jovial y atribulado&rdquo;, &ldquo;este se&ntilde;or calvo encantador&rdquo;, dan testimonio de una identidad compleja, con frecuencia escindida), &ldquo;Hombres sin tesis&rdquo;, hasta el poema con que se cierra, &ldquo;Mensaje de amor que Valdemar Gris ha mandado para finalizar este <em>Sumido 25</em>&rdquo;, unos textos escritos por un poeta de veinticinco a&ntilde;os con una identidad descompuesta y fragmentada y desde la perspectiva imaginaria de la muerte (que se convertir&aacute; en una de las constantes de esta escritura en sus libros posteriores) y en los que se hallan esbozadas pr&aacute;cticamente todas sus claves simb&oacute;licas. La poes&iacute;a labordetiana es de una asombrosa riqueza inaginaria y, en ese sentido, ofrece vetas todav&iacute;a no del todo exploradas, como recientemente ha demostrado Isabel Bueno Serrano (2009).</p>
<p class="Bibliografa">Y, con la muerte, ese otro t&oacute;pico de la tradici&oacute;n literaria que es el viaje se convierte en uno de los grandes motivos vertebradores de sus primeros libros &mdash;en alg&uacute;n caso, ya desde el mismo t&iacute;tulo, como se lee en la imagen del &ldquo;transe&uacute;nte&rdquo;&mdash;, de ah&iacute; que el deseo de evasi&oacute;n de una realidad que se percibe como dolorosa, castrante y brutal acabe convirti&eacute;ndose en un elemento recurrente. Poemas de su primera etapa como &ldquo;Desnudo entero&rdquo;, &ldquo;Puesto que el joven azul de la monta&ntilde;a ha muerto&rdquo;, &ldquo;Plegaria del joven dormido&rdquo; o, entre otros, &ldquo;Un hombre de treinta a&ntilde;os pide la palabra&rdquo;, reflejan muy bien una actitud basada en el inconformismo, la rebeld&iacute;a y &mdash;por decirlo con expresi&oacute;n m&aacute;s reciente&mdash; la apuesta por otro mundo posible. Ahora bien, si en <em>Sumido 25</em> se escuchaba la voz de un sujeto que contempla at&oacute;nito los desastres del mundo,&nbsp; a partir de <em>Violento Id&iacute;lico</em> nos encontramos con un cambio de registro, la mera observaci&oacute;n se prolonga en llamadas constantes, subversivas y revolucionarias a la transformaci&oacute;n social, un gesto que culminar&aacute; en <em>Transe&uacute;nte central</em>, su libro m&aacute;s expl&iacute;citamente pol&iacute;tico y social, en el que son elementos constantes la denuncia de cualquier forma de injusticia y la solidaridad con los desfavorecidos. A partir de <em>Violento id&iacute;lico</em> se aprecia tambi&eacute;n la influencia de Heidegger, manifestada sobre todo en el concepto de <em>dasein</em> (as&iacute; se titula uno de los poemas de este libro, en evidente homenaje al pensador alem&aacute;n), por medio del cual la muerte se concibe como un no-ser pero tambi&eacute;n como la posibilidad de mirar desde el otro lado.</p>
<p class="Bibliografa">Aunque publicado en 1961, <em>Epil&iacute;rica</em>, escrito entre 1950 y 1952, supone, como hemos recordado m&aacute;s arriba, el cierre de su ciclo po&eacute;tico inicial y, en ese sentido, participa de la cosmovisi&oacute;n po&eacute;tica que Labordeta fue gestando a partir de su primer libro; as&iacute;, inconformismo, rabia, desarraigo y denuncia de unas condiciones de vida injustas son rasgos que acercan esta obra a ese tipo de escritura pol&iacute;tica que ya hab&iacute;a aparecido en textos anteriores. La censura prohibi&oacute; dos poemas (&ldquo;Hermano hombre&rdquo; y &ldquo;Mientras muero en el frente&rdquo;, dos textos que, sin embargo, ya se hab&iacute;an publicado en diferentes revistas) y la primera edici&oacute;n sali&oacute; por lo tanto amputada, con siete y no con los nueve poemas con que veinte a&ntilde;os despu&eacute;s, en 1981, Clemente Alonso Crespo la editar&iacute;a. Y junto a ese registro existencial, civil, social, con el que el sujeto l&iacute;rico comparte inquietudes y aspiraciones con los dem&aacute;s, encontramos otros de hondo calado sentimental arropados por una metaf&iacute;sica y una mitolog&iacute;a muy personales.</p>
<p class="Bibliografa">Y en esas circunstancias se encuentra cuando, avanzada ya la d&eacute;cada de los sesenta, Julio Antonio G&oacute;mez pone en marcha con Eduardo Valdivia y Luciano Gracia (y con la inestimable colaboraci&oacute;n gr&aacute;fica del fot&oacute;grafo Joaqu&iacute;n Alc&oacute;n) la colecci&oacute;n de poes&iacute;a Fuendetodos, que acoge una peque&ntilde;a editorial denominada Javalambre. Julio Antonio G&oacute;mez insiste sin reblar hasta conseguir que Labordeta acepte publicar unos poemas que ver&aacute;n la luz con el t&iacute;tulo de <em>Los soliloquios</em>, unos poemas escasamente figurativos en los que las palabras reflejan el desequilibrio que se da entre la experiencia, las sensaciones y las ideas, unos textos, en definitiva, que marcan un punto y aparte &mdash;sobre todo en el plano formal&mdash; con respecto a sus entregas anteriores; introduce as&iacute; un nuevo giro de tuerca en su trayectoria po&eacute;tica que solo la muerte habr&iacute;a de truncar muy pronto. &ldquo;Desaparecer&rdquo; es la palabra troceada y descompuesta en cinco l&iacute;neas con que se cierra un poemario enmarcado entre palabras de Ovidio y Ren&eacute; Char, al comienzo, y Vicente Aleixandre y Fernando Pessoa, al final.</p>
<p class="Bibliografa">Se ha repetido con frecuencia y ha llegado a convertirse ya en un t&oacute;pico: la poes&iacute;a es una pregunta que planta cara a todas las respuestas. M&aacute;s que proponer explicaciones o respuestas a los interrogantes y desaf&iacute;os del mundo, la poes&iacute;a se presenta como una radical oportunidad para generar espacios de tensi&oacute;n, conflicto e incertidumbre. As&iacute;, la poes&iacute;a labordetiana no habr&iacute;a intentado responder a la pregunta que se lee en el primer y citad&iacute;simo verso de su primer libro, &ldquo;Dime Miguel: &iquest;Qui&eacute;n eres t&uacute;?&rdquo;, sino llevar a un primer plano ese escenario de crisis, convertir esa situaci&oacute;n conflictiva que afecta a la construcci&oacute;n de la propia identidad en la ra&iacute;z medular de su po&eacute;tica, verbalizar la imagen difuminada de la identidad desde un lugar <em>manchado</em> por la otredad, y todo ello en un territorio marcado por la presencia del espejo, ese elemento que al mismo tiempo delimita y expande difuminando las fronteras entre la realidad y la ficci&oacute;n, entre el aqu&iacute; y el all&aacute;, entre lo que es y lo que parece, entre lo propio y lo ajeno. En este sentido, es sabido que la disoluci&oacute;n del sujeto y su intento de reconstrucci&oacute;n en el texto se ha convertido en un lugar com&uacute;n de la l&iacute;rica contempor&aacute;nea. Baudelaire, primero, Nerval, Rimbaud y Mallarm&eacute;, despu&eacute;s, abren grietas que afectan a la l&iacute;nea de flotaci&oacute;n del estatuto identitario; as&iacute;, la p&eacute;rdida de la propia identidad y su posterior b&uacute;squeda en el poema se han convertido en motivos recurrentes de la l&iacute;rica labordetiana, en la que <em>nadie</em> y <em>nada</em> funcionan con frecuencia como s&iacute;mbolos de un vac&iacute;o ontol&oacute;gico y metaf&iacute;sico que encuentra su referente existencial en un escenario donde la identidad vive volcada hacia el abismo de su propia disoluci&oacute;n.</p>
<p class="Bibliografa">Porque, en efecto, &ldquo;vanas son las preguntas a la piedra / y mudo el destino insaciable por el viento&rdquo;, como dejara escrito en &ldquo;1936&rdquo;, aquel poema de <em>Los soliloquios</em> en el que el vate maduro que por entonces ya era Labordeta lamentara c&oacute;mo a toda una &ldquo;generaci&oacute;n perdida&rdquo; &mdash;la suya&mdash; le hab&iacute;an sido arrebatadas la juventud y la alegr&iacute;a &ldquo;por la historia siniestra / de un hurac&aacute;n terrible de locura&rdquo; (Labordeta, 1994: 186). Nuestro poeta se adentr&oacute; por el sumidero en el que emergen las preguntas esenciales en busca de respuestas que jam&aacute;s encontr&oacute; y, as&iacute;, la poes&iacute;a que nos leg&oacute;, rigurosa y cr&iacute;tica consigo misma como muy pocas otras obras po&eacute;ticas espa&ntilde;olas contempor&aacute;neas, no permite ning&uacute;n tipo de concesiones, se presenta al mismo tiempo como un admirable ejercicio de libertad e independencia creadoras y funciona como el testimonio de un sujeto que hizo del extra&ntilde;amiento ante la barbarie del mundo una constante actitud personal.</p>
<p class="Bibliografa">&nbsp;</p>
<p class="Bibliografa">Referencias bibliogr&aacute;ficas</p>
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<p class="Bibliografa">&nbsp;</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> Es bastante significativo que uno de los primeros estudiosos que pretendi&oacute; incluirlo en la historia de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola de posguerra, V&iacute;ctor Garc&iacute;a de la Concha, se encontrara con dificultades para encuadrarlo bajo alguna de las etiquetas m&aacute;s usuales y tuviera que acudir a una <em>contradictio in terminis</em> como &ldquo;surrealista realista&rdquo; (Garc&iacute;a de la Concha, 1987: 746) y que una de las historias literarias m&aacute;s le&iacute;das por los estudiantes de Filolog&iacute;a Hisp&aacute;nica (futuros profesores de lengua y literatura) incluya a nuestro poeta en un apartado titulado &ldquo;Francotiradores&rdquo; junto a dos grupos m&aacute;s o menos formados (el postismo, representado por Carlos Edmundo de Ory, y el grupo <em>C&aacute;ntico</em> de C&oacute;rdoba) que, como &eacute;l, tuvieron asimismo una presencia perif&eacute;rica en la vida literaria durante los a&ntilde;os posteriores a la guerra civil.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> &ldquo;Por los 50 otros poetas que experimentan con la iconicidad y la plasticidad son Miguel Labordeta y Juan Eduardo Cirlot. Al principio se dejan influenciar por el surrealismo pero llegan a crear un lenguaje personal. Cirlot es un poeta e intelectual desconocido en parte porque hay libros que todav&iacute;a se est&aacute;n publicando p&oacute;stumamente. Su libro <em>Variaciones fonovisuales</em> publicado p&oacute;stumamente en 1996 utiliza t&eacute;cnicas permutatorias que combina con el dibujo tipogr&aacute;fico. Cirlot era un gran conocedor de lo simb&oacute;lico, de filosof&iacute;as orientales, de la m&uacute;sica, numism&aacute;tica, medievalismo, cine, escultura, etc.&rdquo; (L&oacute;pez Fern&aacute;ndez, 2001). En este sentido, no debemos olvidar que Cirlot realiz&oacute; su servicio militar en Zaragoza, donde contact&oacute;, siendo muy joven, con Labordeta y los poetas e intelectuales que se reun&iacute;an en el caf&eacute; Nik&eacute;.</p>
<p>Julio Campal organiz&oacute; la exposici&oacute;n &ldquo;Poes&iacute;a concreta&rdquo; en la galer&iacute;a Grises de Bilbao, entre enero y febrero de 1965, y fue este el primer evento de poes&iacute;a experimental que tuvo lugar en Espa&ntilde;a. Unos meses m&aacute;s tarde, del 18 al 24 de noviembre, se inaugur&oacute; en la Sociedad Dante Alighieri de Zaragoza la muestra &ldquo;Poes&iacute;a visual, f&oacute;nica, espacial y concreta&rdquo;, que Labordeta, con su OPI, ayud&oacute; a organizar. Y al a&ntilde;o siguiente, en Madrid, se celebraron dos actos que contribuyeron al asentamiento definitivo de este movimiento: la &ldquo;Exposici&oacute;n Internacional de Poes&iacute;a de Vanguardia&rdquo;, en la galer&iacute;a Juana Mord&oacute;, y la &ldquo;Semana de poes&iacute;a concreta y espacial&rdquo;. Finalmente, en el verano de ese mismo a&ntilde;o 1966 se celebr&oacute; en la galer&iacute;a Barandiar&aacute;n de San Sebasti&aacute;n la &ldquo;Semana de poes&iacute;a de vanguardia&rdquo;.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a> Al margen de esta pol&eacute;mica en torno a la catalogaci&oacute;n de la poes&iacute;a labordetiana como &ldquo;surrealista&rdquo; o &ldquo;social&rdquo;, lo cierto es que encontramos varios textos suyos incluidos en antolog&iacute;as de poes&iacute;a surrealista (Corbal&aacute;n, 1974; Gull&oacute;n, 1981 &mdash;en el ep&iacute;grafe &ldquo;surrealismo tard&iacute;o&rdquo;&mdash;; Pariente, 1985) o de poes&iacute;a visual (Muriel, 2000).</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Fri, 23 Aug 2013 06:23:24 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Para una tumba con nombre: En el centenario de Juan Carlos Onetti (1909-2009)]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/para-una-tumba-con-nombre-en-el-centenario-de-juan-carlos-onetti-1909-2009/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/JUAN_CARLOS_ONETTI.jpg" alt="" /></p>
<p>La conmemoraci&oacute;n del centenario del nacimiento de Juan Carlos Onetti nos ha tomado por sorpresa. Nadie se lo esperaba tan pronto: &iexcl;si hace apenas quince a&ntilde;os todav&iacute;a lo cre&iacute;amos inmortal, cuando nos miraba, entre burl&oacute;n y resignado, desde ese altar &mdash;la cama&mdash; que lo hab&iacute;a consagrado en vida! Est&aacute;bamos sus fieles lectores y cr&iacute;ticos atentos a cada una de sus p&aacute;ginas, acostumbrados a que los a&ntilde;os pasaran como si le fueran indiferentes. Contra todo pron&oacute;stico, acompa&ntilde;ado de cigarrillos, vino o whisky, lac&oacute;nico y confinado voluntariamente al modesto espacio de un piso en Madrid, la longevidad de Onetti nos parec&iacute;a la mejor prueba de que lo importante en un autor es su &iacute;ntima y total dedicaci&oacute;n a la escritura, la que le permite sobrevivir a todas las adversidades. El resto es in&uacute;til vanidad.</p>
<p>Lo confesaba &eacute;l mismo: &ldquo;Le dir&eacute; que cuando me cortaron el cord&oacute;n umbilical se llevaron tambi&eacute;n el de la vanidad. Me refiero a la vanidad literaria. La gran mayor&iacute;a de nuestros escritores trata de alcanzar el triunfo. Y a esto se llega de manera incidental y nunca deliberada. Si alcanzamos el &eacute;xito nunca seremos artistas plenamente. El destino del artista es vivir una vida imperfecta: el triunfo, como un episodio; el fracaso como verdadero y supremo fin&rdquo; <a title="" href="#_ftn1">[1]</a>.</p>
<p>Esta preocupaci&oacute;n por la escritura, esa imperfecci&oacute;n como destino lejos de la vanidad y lidiando con el fracaso, lo acompa&ntilde;&oacute; toda su vida literaria: desde <em>El pozo </em>(1939) a su &uacute;ltima novela, <em>Cuando ya no importe </em>(1993)<em>, </em>en la que desde el t&iacute;tulo aludi&oacute; a la futilidad de toda ambici&oacute;n, mirada desencantada que proyect&oacute; al borde de la muerte. En esta novela, publicada pocos meses antes de su propia desaparici&oacute;n, Onetti apenas se disimula detr&aacute;s del protagonista, el derrotado y enigm&aacute;tico Carr, para decirnos en las l&iacute;neas finales y en la complicidad de una cansada primera persona: &ldquo;Escrib&iacute; la palabra muerte deseando que no sea m&aacute;s que eso, una palabra dibujada con dedos temblones&rdquo;, para precisar poco despu&eacute;s: &ldquo;Otra vez, la palabra muerte sin que sea necesario escribirla&rdquo;.</p>
<p>Ahora, tan pr&oacute;xima de la fecha de su muerte, tan cerca de esos &ldquo;dedos temblones&rdquo; con que escribi&oacute; la fat&iacute;dica palabra en <em>Cuando ya no importe</em>, conmemoramos el centenario de su nacimiento. Nos asomamos al v&eacute;rtigo de estos a&ntilde;os para profundizar en esa &ldquo;imperfecci&oacute;n&rdquo; como destino, asumida a modo de lema existencial. Recapitulemos.</p>
<p class="st"><strong>La imperfecci&oacute;n como destino</strong></p>
<p>&ldquo;Onetti: maestro de escritores que no es profeta en su tierra&rdquo;, titula el semanario <em>Reporter</em> de Montevideo una larga entrevista que le hace Carlos Mar&iacute;a Guti&eacute;rrez en octubre de 1961. En la portada Onetti fuma con la mirada perdida en el horizonte y el art&iacute;culo est&aacute; ilustrado por una foto del dibujante Hermenegildo Sabat que se convertir&iacute;a con el tiempo en emblem&aacute;tica. Onetti est&aacute; sentado en una silla de anea y vestido con traje negro y corbata. Lleva un sombrero Stetson ladeado a lo Humphrey Bogart, sobre el que ha forjado una leyenda. El chambergo est&aacute; atravesado por una bala calibre 45 que le dispararon en una revuelta en Bolivia que hab&iacute;a cubierto como corresponsal del diario <em>Acci&oacute;n</em> en 1956 y de la que milagrosamente sali&oacute; con vida. El todo enmarcado desde un &aacute;ngulo ins&oacute;lito: Sabat se ha subido a una mesa y Onetti lo mira desde abajo con un dejo de contenida iron&iacute;a.</p>
<p>La tierna hosquedad, la corteza rugosa que de vez en cuando dejaba escapar la savia que lo embargaba, apenas disimulan en Onetti la excepcionalidad y marginalidad de un escritor que no se hab&iacute;a plegado a &ldquo;la banda de los l&uacute;cidos&rdquo; de la generaci&oacute;n del 45 uruguaya que detentaba el poder cultural: Mario Benedetti, Carlos Mart&iacute;nez Moreno, el propio Rodr&iacute;guez Monegal y un emergente y ambicioso &Aacute;ngel Rama. Orgullosamente solitario e independiente, pero al mismo tiempo con la modestia de no intentar que sus ideas se impusieran a nadie, Onetti confirmaba&nbsp; ser &mdash;seg&uacute;n lo hab&iacute;a definido la solapa de <em>Para esta noche</em> en 1941&mdash; un escritor que &ldquo;cree en muy pocas cosas, rara vez habla de ellas y nunca las escribe&rdquo;.</p>
<p>La entrevista de Guti&eacute;rrez pone en evidencia una realidad del momento: Onetti es un escritor desconocido en su propio pa&iacute;s, donde empieza a ser reconocido gracias a la sorprendente madurez literaria de <em>El astillero</em> (1961) que saluda en ese mismo n&uacute;mero de la revista <em>Reporter </em>el cr&iacute;tico Emir Rodr&iacute;guez Monegal: &ldquo;el lector encontrar&aacute; en esta novela que el cinismo, la desesperanza, la frustraci&oacute;n de su protagonista, no le impiden ser tambi&eacute;n un alma tierna y desgarrada. Encontrar&aacute;, en fin, una obra maestra&rdquo;. Sin embargo, <em>El astillero </em>hab&iacute;a concursado al premio organizado por la editorial Fabril de Buenos Aires que gan&oacute; Jorge Masciangoli con <em>El profesor de ingl&eacute;s, </em>autor y obra hoy completamente olvidados. La novela de Onetti que formar&iacute;a parte, con el paso de loa a&ntilde;os, de la constelaci&oacute;n de las mejores latinoamericanas, pas&oacute; desapercibida.</p>
<p>Ese mismo a&ntilde;o de 1961, Paco Esp&iacute;nola, obtiene el Gran premio Nacional de literatura del Uruguay y se consagra como &ldquo;escritor nacional&rdquo;. Onetti no lo ser&aacute; nunca. Seg&uacute;n un feliz distingo, ser&aacute; siempre un escritor uruguayo y nunca un escritor nacional, lejos de toda connotaci&oacute;n nacionalista. Un escritor subterr&aacute;neo, una especie de Blaise Cendrars uruguayo, cuyo nombre se repite vagamente, pero del que sus libros apenas se leen.</p>
<p>En realidad, Onetti nunca tuvo muchos lectores. No los tuvo cuando viv&iacute;a en Montevideo o Buenos Aires. La primera edici&oacute;n de <em>El pozo</em> (1939) de apenas 500 ejemplares se pod&iacute;a adquirir hasta mediados de los cincuenta en las librer&iacute;as montevideanas; <em>La vida breve</em> publicada por Sudamericana en 1950 y <em>Los adioses </em>por Sur en 1954 se vend&iacute;a hasta mediados de los sesenta. Onetti no se preocup&oacute; nunca por esas cifras y recordaba lo que James Joyce respondi&oacute; cuando le preguntaban para qui&eacute;n escrib&iacute;a: &ldquo;Me siento en un extremo de la mesa y le escribo a la persona que est&aacute; en el otro extremo. En el otro extremo est&aacute; James Joyce. Bueno, yo hago igual &mdash;repet&iacute;a Onetti&mdash;: le escribo cartas a ese se&ntilde;or que est&aacute; en mi mesa, a mi mejor amigo, yo mismo&rdquo;.</p>
<p class="st"><strong>Prisionero de su propia leyenda</strong></p>
<p>Cuando Onetti es &ldquo;enganchado al furg&oacute;n de cola&rdquo; del exitoso tren de la nueva narrativa latinoamericana de los 60, su participaci&oacute;n no es menos equ&iacute;voca. Hasta cerca de 1980, era com&uacute;n que los <em>onettianos</em> convictos y confesos nos lament&aacute;ramos de la falta de reconocimiento de la obra de &ldquo;una de las figuras m&aacute;s personales y atractivas de la novela hispanoamericana contempor&aacute;nea&rdquo; &mdash;al decir del hispanista belga Christian de Paepe&mdash; situaci&oacute;n calificada de &ldquo;infortunio literario&rdquo;. Se lo pod&iacute;a comprobar repasando diccionarios, enciclopedias, <em>lexicones</em> y obras de referencia, donde autores menores ostentaban el ol&iacute;mpico t&iacute;tulo de escritores de la <em>Weltliteratur, </em>mientras Onetti era ignorado por la cr&iacute;tica imperante: Fernando Alegr&iacute;a, Juan Loveluck y Jorge Lafforgue. Tampoco figuraba en la divulgada antolog&iacute;a del cuento hispanoamericano que publica Seymour Menton en 1964<em>. </em></p>
<p>Cuando a mediados de los a&ntilde;os sesenta Onetti es asociado al <em>boom </em>de la literatura latinoamericana, su nombre figura como un coet&aacute;neo mayor de edad, un escritor algo anacr&oacute;nico entre el joven Mario Vargas Llosa y los flamantes <em>best sellers</em> Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez con <em>Cien a&ntilde;os de soledad</em> y Julio Cort&aacute;zar con <em>Rayuela</em>. Figura entre predecesores reconocidos tard&iacute;amente y en un sistema solar del que es alejado planeta. Comparte su &ldquo;excentricidad&rdquo; con Juan Rulfo &mdash;cuyas &uacute;nicas obras <em>El llano en llamas </em>(1953) y <em>Pedro P&aacute;ramo</em>(1955) hab&iacute;an sido publicadas con anterioridad&mdash;, el propio Jorge Luis Borges cuyo reconocimiento llega tard&iacute;amente, v&iacute;a Europa, y un quejoso Jos&eacute; Donoso que en <em>Historia personal del boom </em>(1972) reclama su lugar en el pelot&oacute;n de primera divisi&oacute;n del que se siente excluido. En resumen, Onetti es citado en el conjunto de escritores de moda, sin duda prestigioso, pero que pocos leen. Pocos lectores, pero incondicionales, iniciados a un culto subterr&aacute;neo de una literatura que prescind&iacute;a de los &iacute;ndices medi&aacute;ticos de los &ldquo;libros m&aacute;s vendidos&rdquo;, que optaba por la marginalidad y asum&iacute;a como propia la &ldquo;mirada sesgada&rdquo; del autor sobre el mundo. Un &ldquo;raro&rdquo;, en definitiva.</p>
<p>A esa fama de &ldquo;raro&rdquo; contribuy&oacute; el propio Onetti. Cuando Luis Harss, autor de <em>Los nuestros</em> &mdash;libro que forj&oacute; en 1966 el nuevo canon de la literatura latinoamericana&mdash; entrevista personalmente a Miguel &Aacute;ngel Asturias, Jorge Lu&iacute;s Borges, Juan Rulfo, Jo&atilde;o Guimar&atilde;es Rosa, Alejo Carpentier, Julio Cort&aacute;zar, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa y Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez, se topa en Montevideo con un elusivo y hosco Onetti.</p>
<p>Onetti dilata el encuentro y le da excusas dignas del mejor humor negro, como encontrar clavada en la puerta del peque&ntilde;o apartamento de la calle Gonzalo Ram&iacute;rez la advertencia: &ldquo;Si es Harss, no estoy&rdquo;. Cuando finalmente logra trasponer el umbral, Onetti es m&aacute;s lac&oacute;nico que nunca. Harss se ve obligado a contextualizar cada una de las breves respuestas y, evidentemente, en el conjunto de los ensayos de <em>Los nuestros, </em>el cap&iacute;tulo que le consagra &mdash;&ldquo;Juan Carlos Onetti o las sombras en la pared&rdquo;&mdash; es con el de Juan Rulfo, otro parco conversador, el m&aacute;s breve y, en todo caso, el menos entusiasta.</p>
<p>La atm&oacute;sfera general de Montevideo que precede el encuentro no puede ser m&aacute;s sombr&iacute;a: es invierno, llueve, hace fr&iacute;o y agobia la humedad bajo un cielo donde se agolpan &ldquo;pesados nubarrones, sombras mortuorias de los malos tiempos&rdquo;. El pa&iacute;s est&aacute; paralizado por huelgas y una sequ&iacute;a previa obliga al racionamiento de la energ&iacute;a el&eacute;ctrica. &ldquo;La vida prosigue, pero ap&aacute;tica, irreal&rdquo; &mdash;anota Harss&mdash; entre la &ldquo;aflicci&oacute;n general&rdquo; que descubre en las miradas fugaces de los transe&uacute;ntes trabajando en t&eacute;tricas oficinas de viejos edificios de ascensores atascados.</p>
<p>Onetti no desentona en ese contexto: lleva un pesado abrigo, tiene una mueca dolorosa en los labios, su andar es de oficinista envejecido y parece hu&eacute;rfano, desocupado y ausente, con las huellas de la renuncia y el desgano por alg&uacute;n fracaso interior marcadas en el rostro, como si llevara una cruz sobre los hombros purgando una culpa innominada e imperdonable. La entrevista no logra despegar. Al recordar viejos tiempos, Onetti se pone &aacute;spero, parsimonioso, hura&ntilde;o y, finalmente, taciturno. Harss abandona y construye su ensayo con glosas de las obras del autor de <em>La vida breve, </em>esos &ldquo;templos de desesperaci&oacute;n&rdquo;, como las califica.</p>
<p>Onetti ya es prisionero de la leyenda que se ha forjado, tal vez a su pesar, pero en buena parte por una deliberada prescindencia de los mecanismos de ascenso y participaci&oacute;n en los poderes culturales y, sobre todo, porque cree que lo fundamental es la escritura y no el escritor. Por eso no cultiva su faz de personaje p&uacute;blico y prefiere la de escritor secreto, lejos de modas y estilos que halaguen al lector. &ldquo;Yo no soy un creador ni un &lsquo;hombre letras&rsquo;. Nada de eso &mdash;se defiende&mdash; Soy como Eladio Linacero, el protagonista de <em>El pozo: </em>un hombre cualquiera que escribe en los rincones de la ciudad&rdquo;.</p>
<p>Pero tambi&eacute;n porque Onetti ha ido elaborando un personaje llamado Onetti a partir del retrato que de &eacute;l mismo elaborara en <em>La vida breve </em>en 1950<em>. </em>Brausen, el protagonista, comparte una oficina con un hombre que &ldquo;no sonre&iacute;a, usaba anteojos, dejaba adivinar que s&oacute;lo pod&iacute;a ser simp&aacute;tico a mujeres fantasiosas y amigos &iacute;ntimos&rdquo;, un hombre de cara aburrida que no hace preguntas, ni manifiesta ning&uacute;n s&iacute;ntoma de deseo de intimar, que no es otro que el propio autor. El autorretrato de un personaje hosco, amigo del silencio, de la meditaci&oacute;n y di&aacute;logo consigo mismo, accesible solo en raros momentos, hecho por un escritor taciturno se completa: &ldquo;Onetti me saludaba con monos&iacute;labos a los que infund&iacute;a una imprecisa vibraci&oacute;n de cari&ntilde;o, una burla impersonal. Me saludaba a las diez, ped&iacute;a un caf&eacute; a las once, atend&iacute;a visitas y el tel&eacute;fono, revisaba papeles, fumaba sin ansiedad, conversaba con una voz grave, invariable y perezosa&rdquo;. El espejo le devuelve a partir de entonces una imagen literaria que cultiva con esmero y que trata de no desmentir en la realidad. Onetti ser&aacute; siempre el personaje Onetti de <em>La vida breve&rdquo;.</em></p>
<p class="st"><strong>Escribir sin ser escritor</strong></p>
<p>Cuando Onetti, finalista del Premio R&oacute;mulo Gallegos 1965 con <em>Juntacad&aacute;veres</em>, es derrotado por Mario Vargas Llosa con <em>La casa verde, </em>&nbsp;Emir Rodr&iacute;guez Monegal &mdash;el cr&iacute;tico que lanz&oacute; a Onetti fuera de fronteras con <em>Narradores de esta Am&eacute;rica</em> y la exhaustiva edici&oacute;n de sus obras completas con Aguilar M&eacute;xico&mdash; considera que hay una perfecta coherencia y una secreta simetr&iacute;a en ese fracaso.&nbsp; &ldquo;Onetti ha llegado demasiado tarde. Su fracaso no es el fracaso de la calidad sino de la oportunidad. Llega tarde en 1965, como hab&iacute;a llegado demasiado pronto en 1941 cuando Ciro Alegr&iacute;a gan&oacute; el Premio Rinhart y Farrar con <em>El mundo es ancho y ajeno. </em>Descolocado, desplazado, Onetti no est&aacute; nunca en el tiempo literario. Est&aacute; en la literatura, aunque no coincidan sus fracasos con su indiscutida calidad literaria&rdquo;.</p>
<p>Lo reconocer&iacute;a &eacute;l mismo cuando recibi&oacute; el premio Cervantes en 1980: &ldquo;Nunca trabaj&eacute; con los codos para embromar a alguien, para trepar. Siempre viv&iacute; absolutamente ignorante de la pr&aacute;ctica de convenciones sociales. A veces tengo la impresi&oacute;n de que mi imagen anda separada de mi&rdquo;. En ese momento, Rodr&iacute;guez Monegal cree esperanzado que &ldquo;la fama ha terminado por dar caza, al fin, a Juan Carlos Onetti&rdquo;. Sin embargo, el flamante Premio Cervantes no cambia en absoluto sus costumbres, su modesta residencia en Madrid, sus amigos y su alergia a toda forma de vanidad literaria. Desde la cama que ha convertido en su centro vital asegura con tono burl&oacute;n y desinteresado: &ldquo;Mi vida es escribir de vez en cuando algunas p&aacute;ginas de una novela. Y leer muchos libros, sobre todo policiales. Aunque las policiales est&eacute;n cada d&iacute;a peor&rdquo;.</p>
<p>El distingo que ha presidido su vida sigue siendo esencial. &ldquo;Los que se acercan a la literatura pueden dividirse en dos grandes categor&iacute;as &mdash;precisa en esos a&ntilde;os&mdash; &ldquo;Los que quieren llegar a ser escritores y los que simplemente quieren llegar a escribir. S&oacute;lo respeto a estos &uacute;ltimos&rdquo;. Y a&ntilde;ad&iacute;a con tono el&iacute;ptico: &ldquo;la palabra <em>creaci&oacute;n</em> me parece desmesurada. Algunos se autodenominan &ldquo;creadores&rdquo;; otros, &ldquo;hombres de letras&rdquo;. Yo no soy nada de eso. Como Eladio Linacero, soy un hombre cualquiera que escribe en los rincones de la ciudad&rdquo;.</p>
<p>Como ese antih&eacute;roe solitario &mdash;protagonista de <em>El pozo</em>&mdash; que &ldquo;se vuelve por las noches hacia la sombra de la pared para pensar cosas disparatadas y fant&aacute;sticas&rdquo;, Onetti pod&iacute;a seguir repiti&eacute;ndose cincuenta a&ntilde;os m&aacute;s tarde: <em>&ldquo;</em>me gustar&iacute;a escribir la historia de un alma, de ella sola, sin los sucesos en que tuvo que mezclarse, queriendo o no. O los sue&ntilde;os. Desde alguna pesadilla, la m&aacute;s lejana que recuerde&rdquo;. La vida de Linacero y la del propio Onetti se identificaban y ten&iacute;an su secreta raz&oacute;n en ese refugio &mdash;la escritura&mdash; la misma en que se reconoci&oacute; Brausen, protagonista de <em>La vida breve </em>(1950)<em>, </em>cuando descubre la noche en que decide &ldquo;hacer algo&rdquo; que &ldquo;cualquier cosa repentina y simple iba a suceder y yo podr&iacute;a salvarme escribiendo&rdquo;.</p>
<p class="st"><strong>Refugio y salvaci&oacute;n en la escritura</strong></p>
<p>Escribir para salvarse, s&iacute;, pero no escribir de cualquier manera, porque la salvaci&oacute;n no puede ser ni sencilla ni directa. No basta sentarse y escribir sue&ntilde;os y pesadillas para quedar libre de su espectro. Como dice el viejo Lanza en <em>La novia robada </em>hablando de su creador, es decir del propio Onetti: &ldquo;Es f&aacute;cil la pereza del paraguas de un seud&oacute;nimo, de firmar sin firma : J.C.O. Yo lo hice muchas veces. Es f&aacute;cil escribir jugando&rdquo;. La imagen, casi surrealista, de la &ldquo;pereza del paraguas&rdquo; la hab&iacute;a aclarado a&ntilde;os antes en un reportaje period&iacute;stico cuando lo interrogaron sobre las influencias que reconoc&iacute;a haber tenido en su escritura: &ldquo;Centenares pienso. Tuve, desde la adolescencia, el terror de aparecer &mdash;luego de a&ntilde;os de trabajo&mdash; descubriendo el paraguas. Y de exhibirlo con sonrisa satisfecha&rdquo;.</p>
<p>Sin pretender haber descubierto el paraguas y sin exhibicionismos, con &ldquo;sonrisa satisfecha&rdquo;, bajo la apariencia de un anti intelectualismo llevado al extremo de ser abrupto, como trasuntara tantas veces en el curso de entrevistas period&iacute;sticas o comparecencias p&uacute;blicas, Onetti esgrimi&oacute;, sin embargo, el mejor cat&aacute;logo de t&eacute;cnicas de la narrativa contempor&aacute;nea que sus insaciables y numerosas lecturas nutr&iacute;an: la ambig&uuml;edad de Hermann Melville, los puntos de vista de Henry James, el mon&oacute;logo interior de James Joyce, los personajes colectivos de Sherwood Anderson, la redonda perfecci&oacute;n del relato de Stephen Crane, la realidad vista a trav&eacute;s de una mirilla de <em>L&rsquo;enfer</em> de Henri Barbusse, el estilo jadeante de <em>Le voyage au bout de la nuit</em> de C&eacute;line, la absoluta indiferencia y el hondo desencanto de<em> L&rsquo;Etranger </em>de Camus o la atm&oacute;sfera tr&aacute;gica del condado de Yoknapatawa en William Faulkner que Onetti transforma en el sombr&iacute;o patetismo del reino de Santa Mar&iacute;a.</p>
<p class="st"><strong>Lejos de toda verdad absoluta</strong></p>
<p>Una salvaci&oacute;n por la escritura construida, sin embargo, sobre la duda, lejos de toda verdad absoluta, apoy&aacute;ndose en las realidades m&uacute;ltiples de un mundo que no puede ser un&iacute;voco y que, por lo tanto, apuesta a las virtudes de la distorsi&oacute;n. Deformaci&oacute;n de la realidad que es sin&oacute;nimo de creaci&oacute;n y supone siempre la &ldquo;responsabilidad de una elecci&oacute;n&rdquo;. De otro modo &mdash;precisaba Onetti&mdash; se &ldquo;hace periodismo, reportajes, malas novelas fotogr&aacute;ficas&rdquo;.</p>
<p>Seleccionar y deformar han sido operaciones fundamentales en la configuraci&oacute;n de la escritura del creador de Santa Mar&iacute;a. La conciencia de que &ldquo;la literatura es lo irreal mismo&rdquo; o m&aacute;s exactamente que la ficci&oacute;n dista de ser una copia anal&oacute;gica de lo real, surge de la integralidad de su universo. Sin embargo, esta conciencia de la irrealidad de la literatura no es una conciencia de lo irreal del lenguaje, sino el resultado de una postura filos&oacute;fica previa traducida a un c&oacute;digo literario. La &ldquo;racionalidad arbitraria&rdquo; con que selecciona y deforma los hechos obedece al principio de lo que podr&iacute;a ser &ldquo;una &eacute;tica de la est&eacute;tica&rdquo;.</p>
<p>La selecci&oacute;n y deformaci&oacute;n debe conservar, en todo caso, &ldquo;el alma de los hechos&rdquo;, idea central que ya aparece en <em>El pozo</em>, cuando Linacero, despu&eacute;s de su frustrado intento de reconstruir<strong> </strong>una escena del pasado en que hab&iacute;a sido particularmente feliz con Cecilia, escribe: &ldquo;Hay varias maneras de mentir, pero la m&aacute;s repugnante de todas es decir la verdad, toda la verdad, ocultando el alma de los hechos. Porque los hechos son siempre vac&iacute;os, son recipientes que tomar&aacute;n la forma del sentimiento que los llena&rdquo; <a title="" href="#_ftn2">[2]</a>. Este proceso creativo no importa tanto como mecanismo de liberaci&oacute;n de la fantas&iacute;a, sino de la <em>conciencia</em><strong> </strong>a trav&eacute;s de los cuales se percibe la realidad: el punto de vista del narrador. Son los protagonistas &ldquo;testigos&rdquo; de la acci&oacute;n ajena, narradores de lo que observan desde &ldquo;afuera&rdquo; sin comprometerse, pero desde una primera persona que instaura la ambig&uuml;edad del punto de vista, los que seleccionan y deforman.</p>
<p>El manejo del punto de vista, a partir de la conciencia individual o colectiva siempre marginal, permite a Onetti borrar en muchos casos las hip&oacute;tesis de la narraci&oacute;n. Resuelto con eficacia en el final de <em>La cara de la desgracia</em>, el procedimiento es explicado en <em>Una tumba sin nombre</em>, cuando el personaje-testigo expresa: &ldquo;Esto era todo lo que ten&iacute;a despu&eacute;s de las vacaciones. Es decir, nada; una confusi&oacute;n sin esperanza, un relato sin final posible, de sentido dudoso, desmentido por los mismos elementos de que yo dispon&iacute;a para formarlo&rdquo;<a title="" href="#_ftn3">[3]</a>. El narrador prefiere ignorar lo que ha visto, porque le resulta &ldquo;repugnante&rdquo; la idea de averiguar y cerciorarse. Es decir, hay un rechazo de la certeza como posibilidad de conocimiento que dignifica la posici&oacute;n marginal, que justifica cualquier desinter&eacute;s en nombre de una especie de pudor por todo lo que sea participaci&oacute;n efectiva.</p>
<p class="st"><strong>Protagonistas testigos del quehacer ajeno</strong></p>
<p>Por otra parte, el manejo de la primera persona del singular, que en la novela tradicional supone un compromiso del protagonista con la acci&oacute;n que se desarrolla, le permite recordar que el &ldquo;yo&rdquo; es siempre <em>otro</em>, lejos del testimonio o la connotaci&oacute;n autobiogr&aacute;fica. En Onetti, el yo del narrador no habla de s&iacute; mismo, sino de los dem&aacute;s, distancia que te&oacute;ricamente permitir&iacute;a una cierta objetividad, pero que en realidad imprime al relato un sesgo que puede llegar a ser una deformaci&oacute;n. La primera persona no es titular de un rol protag&oacute;nico, sino la de un testigo secundario que observa, cuando no imagina, versiones contradictorias sobre lo que ocurre a su alrededor y, por lo tanto, subjetiviza indirectamente el relato.</p>
<p>El sesgo espec&iacute;fico que le imprime esa mirada indirecta, muchas veces oblicua, le da un tono de aparente indiferencia, pero no de imparcialidad. Hay que &ldquo;estar al margen de todo&rdquo; &mdash;se dicen&mdash; como para convencerse a s&iacute; mismos. D&iacute;az Grey se esfuerza por ser diferente cuando afirma: &ldquo;Exig&iacute;amos que la gente de Santa Mar&iacute;a nos imaginara apartados, distintos, forasteros, y hac&iacute;amos todo lo posible para imponer esa imagen&rdquo; <a title="" href="#_ftn4">[4]</a>.</p>
<p>En la mayor&iacute;a de las obras del ciclo de Santa Mar&iacute;a, la primera persona es la del Doctor D&iacute;az Grey o la de Jorge Malabia. Es el narrador qui&eacute;n <em>representa</em> al autor y, en cierto modo, al lector, ya que es ese el punto de vista en el cual lo invita a situarse para conocer <em>su</em><strong> </strong>historia. Es una situaci&oacute;n privilegiada, pero tambi&eacute;n forzada. El lector est&aacute; obligado a situarse en ese punto de vista. No se trata de una simple diversidad de formas gramaticales, donde las funciones pronominales permiten una comunicaci&oacute;n horizontal entre estas partes en el interior mismo del texto, estructuras que en el curso del relato podr&iacute;an evolucionar, permutarse, simplificarse o complicarse, ampliarse o reducirse, sino adem&aacute;s de instalarse en la conciencia de un narrador ajeno a la historia. En otros casos, esa primera persona est&aacute; matizada con puntos de vista de terceros, tambi&eacute;n ajenos a la historia contada, lo que permite revelar o contradecir claves que el testigo privilegiado ha escamoteado o desconoce. La creaci&oacute;n de esta arquitectura pronominal permite introducir en el texto luces y penumbras y esa ambig&uuml;edad relativa que regula las informaciones que se transmiten.</p>
<p>Esta visi&oacute;n subjetiva es la que otorga el sesgo espec&iacute;fico a cada una de sus obras, aunque el conjunto constituya un universo coherente e interdependiente, especialmente entre los cuentos y novelas del ciclo de Santa Mar&iacute;a. Porque del an&aacute;lisis de esta <em>summa<strong> </strong></em>literaria &mdash;compuesta por nueve novelas, tres de las cuales son novelas cortas, cuatro <em>nouvelles&nbsp; </em>y una veintena de cuentos recogidos en su mayor&iacute;a en libros&mdash; resulta claro que Onetti, como su reconocido maestro William Faulkner, ha comprendido que, no s&oacute;lo cada obra debe tener un dise&ntilde;o, sino que la totalidad debe obedecer a las leyes precisas de un &ldquo;cosmos de mi propiedad&rdquo;, como llamaba el autor de <em>Absal&oacute;n, Absal&oacute;n </em>al condado de su creaci&oacute;n Yoknapatawa y como podr&iacute;a haber repetido Brausen, el fundador<strong> </strong>de Santa Mar&iacute;a.</p>
<p class="st"><strong>Nada merece ser hecho</strong></p>
<p>&ldquo;No se puede hacer nada&rdquo;, dicen sus esc&eacute;pticos personajes o, lo que parece m&aacute;s grave, &ldquo;nada merece ser hecho&rdquo;. Lejos de la angustia, de la nausea y a&uacute;n de la <em>detresse</em>, en las que fuera pr&oacute;diga la narrativa europea de su &eacute;poca, en Onetti debe hablarse de fatalismo y resignaci&oacute;n. Nada del escepticismo de Cioran, menos a&uacute;n la lucidez de Pascal.</p>
<p>Se sospecha que cuando D&iacute;az Grey afirma en <em>El astillero </em>que<em> </em>la vida &ldquo;no es m&aacute;s que eso, lo que todos vemos y sabemos&rdquo; y que su &uacute;nico sentido es &ldquo;no tener sentido&rdquo; y no hay porqu&eacute; complicarse con las &ldquo;palabras y ansiedades&rdquo; que conlleva la ambici&oacute;n humana, como sugiere Aranzuru en <em>Tierra de nadie, </em>porque en la vida hay que esperar, &ldquo;no hacer nada&rdquo;, &ldquo;es mejor estarse quieto&rdquo;<a title="" href="#_ftn5"><em><strong>[5]</strong></em></a><em>.</em></p>
<p>En realidad no vale la pena esforzarse<strong> </strong>por luchar por otro futuro ya que &ldquo;un hombre evolucionado no debe hacer nada&rdquo;, porque &ldquo;todo es falso y lo aut&oacute;ctono lo m&aacute;s falso de todo&rdquo;. Este principio de que &ldquo;un hombre evolucionado no debe hacer nada&rdquo;, cuya suprema negaci&oacute;n se manifiesta en la pasividad y la voluntad de prescindir, es una suerte del desconcertante &ldquo;preferir&iacute;a no hacerlo&rdquo; que enuncia con tono respetuoso y &ldquo;mansa desfachatez&rdquo; Bartleby en la obra hom&oacute;nima de Hermann Melvilla con la que, sin querer, se emparenta Onetti. Tono modesto, pero determinado y determinante, &ldquo;desd&eacute;n tranquilo&rdquo; que nos sumerge en la inc&oacute;moda sospecha de compartir esa &ldquo;melancol&iacute;a fraternal&rdquo; que siente el bi&oacute;grafo por el taciturno copista Bertleby, ese &ldquo;hombre por naturaleza y por desdicha propenso a una p&aacute;lida desesperanza&rdquo;. Una melancol&iacute;a que se transforma en miedo, l&aacute;stima y finalmente en repulsi&oacute;n.</p>
<p>Hundirse en una inercia contemplativa parece el resultado inevitable de una certeza previa: el hombre no renuncia al aut&eacute;ntico escepticismo que nace de la ruina y del caos. Onetti est&aacute; convencido de que no hay certezas firmes y los fundamentos est&aacute;n agrietados, por lo cual la pasiva contemplaci&oacute;n es la &uacute;nica fuente de conocimiento. &ldquo;Toda la ciencia de vivir est&aacute; en la sencilla blandura de acomodarse en los huecos de los sucesos que no hemos provocado con nuestra voluntad, no forzar nada, ser, simplemente cada minuto&rdquo;. Declara. Algo que ya hab&iacute;a intuido el primer <em>outsider</em> de la novel&iacute;stica contempor&aacute;nea, el oscuro protagonista de las <em>Memorias del subsuelo</em> de Dostoievsky y comprob&oacute; para todo un siglo de literatura <em>El hombre sin atributos </em>de Musil, aunque los tonos en Onetti aparezcan diluidos, amortiguados por las propias caracter&iacute;sticas del medio rioplatense en que se insertan.</p>
<p>La cr&iacute;tica ha se&ntilde;alado esta auto-negaci&oacute;n de sus anti-h&eacute;roes desarraigados, opuestos a los de una &eacute;pica tradicional, incapaces de creer en las propias bases de la nacionalidad como una especial acritud t&iacute;picamente rioplatense<a title="" href="#_ftn6">[6]</a>. M&aacute;s que una forma de desarraigo, la falta de fe pregonada sin aspavientos supondr&iacute;a una comprensi&oacute;n mejor del tiempo vital, de la falta de di&aacute;logo, de la frustraci&oacute;n presente y de la necesidad de evasi&oacute;n hacia una so&ntilde;ada vida mejor, que caracteriza parcialmente a una zona de la psicolog&iacute;a colectiva del Uruguay.</p>
<p class="st"><strong>El esp&iacute;ritu de indiferencia</strong></p>
<p>Para comprender la dimensi&oacute;n de esta comprensi&oacute;n vital del desarraigo hay que remontarse a la breve advertencia a su segunda novela, <em>Tierra de nadie, </em>publicada en l94l, cuando Juan Carlos Onetti declara :</p>
<p class="cita">Pinto un grupo de gentes que aunque puedan parecer ex&oacute;ticas en Buenos Aires son, en realidad, representativas de una generaci&oacute;n; generaci&oacute;n que, a mi juicio, reproduce, veinte a&ntilde;os despu&eacute;s, la europea de la posguerra. Los viejos valores morales fueron abandonados por ella y todav&iacute;a no han aparecido otros que puedan sustituirlos. El caso es que en el pa&iacute;s m&aacute;s importante de Sudam&eacute;rica, de la joven Am&eacute;rica, crece el tipo de indiferente moral, del hombre sin fe ni inter&eacute;s por su destino.</p>
<p>Como para que no quedaran dudas que su advertencia no era s&oacute;lo el diagn&oacute;stico de una &eacute;poca, sino adem&aacute;s el fundamento de una postura est&eacute;tica y existencial asumida deliberadamente, Onetti completaba : &ldquo;Que no se reproche al novelista haber encarado la pintura de este tipo humano con igual esp&iacute;ritu de indeferencia&rdquo;.</p>
<p>En principio, los pa&iacute;ses del R&iacute;o de la Plata no ten&iacute;an porqu&eacute; padecer los efectos de ese desajuste existencial. Hab&iacute;an sido beneficiarios directos de la primera guerra mundial en el plano econ&oacute;mico y hab&iacute;an mantenido una cierta neutralidad pol&iacute;tica. Los &ldquo;indiferentes morales&rdquo; de que hablaba Onetti en l94l no ten&iacute;an porque prosperar en pa&iacute;ses plenos de posibilidades y abiertos al futuro. Sin embargo, era evidente que la problem&aacute;tica de una gran ciudad como Buenos Aires no variaba mucho de la de una urbe europea. Es m&aacute;s &mdash;tal como pudo verse reflejado en la literatura y el ensayo de la &eacute;poca&mdash; los desajustes eran a&uacute;n mayores en el R&iacute;o de la Plata que en Europa. Una alta proporci&oacute;n de la sociedad estaba compuesta por inmigrantes. En las orillas de aguas barrosas de un estuario que estaba lejos de las metr&oacute;polis de origen, estos hombres deb&iacute;an sentirse naturalmente nost&aacute;lgicos y desarraigados.</p>
<p>En efecto, alrededor de l940, con los veinte a&ntilde;os de retraso comprobados por Onetti, pero con igual intensidad, los habitantes de las grandes urbes de Am&eacute;rica Latina enfrentaban los desajustes que hab&iacute;a vivido Europa al final de la Gran Guerra 1914&ndash;1918. La llamada civilizaci&oacute;n occidental estaba en crisis. Los valores tradicionales de la sociedad humanista y liberal decimon&oacute;nica, no soportaban su confrontaci&oacute;n con la nueva sociedad industrial y de masas emergente. La idea del progreso cient&iacute;fico y social indefinido no pod&iacute;a sostenerse con validez frente a la realidad de grandes ciudades donde la comunicaci&oacute;n humana iba desapareciendo. El individualismo s&oacute;lo pod&iacute;a hablar de crisis y de la &ldquo;decadencia de occidente&rdquo; de la que se lamentaba Spengler en su obra.</p>
<p>El escritor omnisciente del siglo XIX que operaba como un demiurgo sobre seres y situaciones, hab&iacute;a cedido su lugar a un autor que se refugiaba detr&aacute;s de una verdad mucho m&aacute;s ambigua y variable, representativa de los diferentes puntos de vista que pod&iacute;an desmentirla. Personajes desorientados, anti-h&eacute;roes an&oacute;nimos rechazados por&nbsp; la sociedad industrial, seres indiferentes, desubicados y marginales, cuando no rencorosos y frustrados, hab&iacute;an irrumpido en la posguerra de 19l8. O<em>utsiders, </em>disconformes y desarraigados que se negaban a desarrollar las cualidades de sensatez pr&aacute;ctica requeridas para sobrevivir en el seno de la compleja civilizaci&oacute;n emergente, inauguraban el punto de vista m&uacute;ltiple, la mirada oblicua.</p>
<p>Frente a la dificultad de comunicaci&oacute;n con los dem&aacute;s y al sentir que la autenticidad estaba reprimida por la sociedad contempor&aacute;nea, estos nuevos personajes se refugiaban con sus angustias en el espacio de una peque&ntilde;a habitaci&oacute;n &mdash;como Eladio Linacero en <em>El pozo</em>&mdash; y efectuaban un solitario e intenso &laquo;descenso en s&iacute; mismos&raquo;, ya adelantado por el primer <em>outsider</em> de la literatura moderna, el protagonista de <em>Memorias del subsuelo </em>de Dostoievsky.</p>
<p>Los protagonistas de esas novelas expresan sus desilusiones, pero buscan todav&iacute;a un fundamento para la fe en el hombre, intentan dar literalmente una significaci&oacute;n a la vida en el interior de la crisis general de los valores que afectan a la sociedad. Existencialmente, la obra de Juan Carlos Onetti tiene que integrarse despu&eacute;s de la de los grandes novelistas que van pautando esa disoluci&oacute;n, naturalmente despu&eacute;s de Musil y Mann (asidos al mundo que se desmorona), de Joyce (jocundo ordenador est&eacute;tico del caos que descubre), de Kafka (refugiado en un atormentado, aunque no exento de sutil humorismo orden creado para s&iacute; mismo) y de autores como Sartre y Camus preocupados b&aacute;sicamente por justificar filos&oacute;ficamente ese estado de angustia.</p>
<p class="st"><strong>La metaf&iacute;sica del aburrimiento</strong></p>
<p>Vale la pena detenerse por un momento en la inercia vital que se deriva de pensar que &ldquo;nada merece ser hecho&rdquo;: el aburrimiento. En el aburrimiento existe tanto el vac&iacute;o de una voluntad agobiada por el tedio como una forma pasiva de rechazar el orden social y las leyes que lo gobiernan. No hay h&eacute;roes aburridos, apenas testigos del quehacer ajeno.</p>
<p>&iquest;Cu&aacute;ndo sobreviene el aburrimiento? Sobreviene con su implacable cortejo de rechazos, derrumbe de creencias y desprecios inesperados cuando se enfrenta el bochorno y la p&eacute;rdida de la fe en la edad adulta, olvidada la infancia y la desapacible adolescencia. El ingreso a la edad madura opera como desencadenante del hast&iacute;o y la resignaci&oacute;n. Linacero inventar&iacute;a su desgracia en la v&iacute;spera de cumplir cuarenta a&ntilde;os; Brausen reflexiona sobre su fracaso y lo acepta con &ldquo;la resignaci&oacute;n anticipada que deben traer los cuarenta a&ntilde;os&rdquo;; D&iacute;az Grey es imaginado en su frustraci&oacute;n como un m&eacute;dico de alrededor de cuarenta a&ntilde;os; Larsen es derrotado en <em>Juntacad&aacute;veres</em> cuando tiene cuarenta a&ntilde;os. A veces ese tope se puede adelantar como en el caso de Juli&aacute;n, el hermano suicida del protagonista de <em>La cara de la desgracia</em>, al que &ldquo;desde los treinta a&ntilde;os le sal&iacute;a del chaleco un olor a viejo&rdquo;. Al narrador de <em>Bienvenido, Bob </em>se le dice con evidente crueldad: &ldquo;No se si usted tiene treinta o cuarenta a&ntilde;os, no importa. Pero usted es un hombre hecho, es decir deshecho, como todos los hombres a su edad cuando no son extraordinarios&rdquo;<a title="" href="#_ftn7">[7]</a>. A esa edad, Bob se mueve &ldquo;sin disgusto ni tropiezos entre los cad&aacute;veres pavorosos de las antiguas ambiciones&rdquo;, las &ldquo;formas repulsivas&rdquo; de los sue&ntilde;os gastados<a title="" href="#_ftn8">[8]</a></p>
<p>Onetti traspone el umbral del hast&iacute;o desde la primera p&aacute;gina de <em>El pozo. </em>A lo largo de una calurosa y h&uacute;meda noche de verano, Eladio Linacero fuma y se pasea sin parar en la desordenada habitaci&oacute;n de un inquilinato. Est&aacute; aburrido de estar echado en la cama y oli&eacute;ndose alternativamente las axilas con una mueca de asco, hace el inventario de su vida: no tiene trabajo ni amigos, se acaba de divorciar, sus vecinos le resultan &ldquo;m&aacute;s repugnantes que nunca&rdquo;, hace m&aacute;s de veinte a&ntilde;os que ha perdido sus ideales y, seg&uacute;n las informaciones que ha escuchado en una radio, &ldquo;parece que habr&aacute; guerra&rdquo;. De la descripci&oacute;n del momento existencial que vive Linacero, esta palabra clave &mdash;aburrimiento&mdash; parece ser la consecuencia o la causa de todo, especialmente de la p&eacute;rdida de ideales que lo han conducido a la indiferencia en que se ha sumergido progresivamente en los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os de su vida.</p>
<p>El aburrimiento, causa de inactividad y par&aacute;lisis, es, al mismo tiempo, un sesgo preciso, un punto de vista desde el cual se contempla el mundo, un &ldquo;estado&rdquo; que no solo empapa la primera novela de Juan Carlos Onetti, sino buena parte de su obra. En el ciclo de Santa Mar&iacute;a es el propio paisaje creado el que influye sobre los estados de &aacute;nimo y los hace desembocar fatalmente en el hast&iacute;o. Un s&aacute;bado estival en <em>Una tumba sin nombre</em> est&aacute; &ldquo;henchido por la inevitable domesticada nostalgia que imponen el r&iacute;o y sus olores, el invisible semic&iacute;rculo de campo chato&rdquo;. La pasividad, enancada en el aburrimiento, llevar&aacute; a que la previsi&oacute;n del futuro de Santa Mar&iacute;a sea &ldquo;mirarse envejecer parsimonioso, ecu&aacute;nimes, sin sacar conclusiones&rdquo;, con &ldquo;sudorosas caras de aburrimiento y tolerancia&rdquo;<a title="" href="#_ftn9">[9]</a></p>
<p>El Doctor D&iacute;az Grey &mdash;en el que algunos cr&iacute;ticos y el propio Onetti han querido identificar como su <em>alter ego<a title="" href="#_ftn10"><strong>[10]</strong></a></em>&mdash; asume su papel protag&oacute;nico en <em>Jacob y el otro</em>, aunque parte tambi&eacute;n de una marginalidad derivada del estado indiferenciado del tedio: &ldquo;yo estaba aburri&eacute;ndome en la mesa de poker del Club y s&oacute;lo intervine cuando el portero me anunci&oacute; el llamado urgente del hospital&rdquo;.</p>
<p>Esta necesidad de un acontecimiento exterior que irrumpa en la mon&oacute;tona atm&oacute;sfera donde reina el aburrimiento puede ser un simple recuerdo, como el evocado en <em>La casa en la arena</em> con el que se neutraliza el &ldquo;aburrirse sonriendo&rdquo; en que est&aacute;n inmersos, como idiotizados, sus entumecidos personajes<a title="" href="#_ftn11">[11]</a>. Ese fondo &mdash;el estado del aburrimiento&mdash;puede conducir tambi&eacute;n a la anamorfosis de caras &ldquo;infladas por el aburrimiento&rdquo;. En un caso extremo &mdash;como Julia en <em>Juntacad&aacute;veres</em> y Moncha Insaurralde en <em>La novia robada&mdash;</em> el suicidio es el resultado de un acto deliberado, de un &ldquo;echarse a morir&rdquo; porque se est&aacute; &ldquo;aburrida de respirar&rdquo;.</p>
<p>Aburrimiento, tristeza y felicidad pueden ir, sin embargo, de la mano en una perspectiva filos&oacute;fica marcada por una piadosa resignaci&oacute;n. Jorge Malabia, en el cuidadoso an&aacute;lisis que hace de sus sentimientos en <em>Juntacad&aacute;veres</em>, maneja con sutileza ese pasaje de un estado &mdash;el aburrimiento&mdash; a otro &mdash;la tristeza &mdash; y el equilibrio posible que puede brindar en alg&uacute;n momento la felicidad: &ldquo;Yo, &eacute;ste al que designo diciendo &eacute;ste, al que veo moverse, pensar, aburrirse, caer en la tristeza y salir, abandonarse a cualquier peque&ntilde;a, variable forma de la fe y salir&rdquo;. En las sucesivas salidas de un estado al otro puede llegar a &ldquo;aquel punto exacto del sufrimiento que me hac&iacute;a feliz; un poco m&aacute;s ac&aacute; de las l&aacute;grimas, sinti&eacute;ndolas formarse y no salir&rdquo;. En ese &ldquo;punto exacto&rdquo;<strong> </strong>se rozan las emociones aparentemente m&aacute;s contradictorias, permitiendo que todo sea &ldquo;un poco nebuloso, trist&oacute;n, como si estuviera contento, bien arropado y con algo de ganas de llorar&rdquo;.</p>
<p>Paul Valery dec&iacute;a que el tedio, esa forma sofisticada del aburrimiento y el hast&iacute;o de vivir en que se traduce, sirve para ver la existencia sin aderezos, desnuda, para comprender &ldquo;las cosas tales como son&rdquo;. En ese aburrimiento casi visceral, por no decir metaf&iacute;sico, se adivina una esperanza: la de una lucidez del absurdo de la existencia que salva del crimen o del suicidio. Desde el hast&iacute;o se contempla el mundo como un paisaje ajeno, deliberadamente distanciado por el cansancio.</p>
<p>A partir de ese fondo existencial sobre el cual se edifican otras sensaciones o actitudes, el aburrimiento &mdash;tal como lo entiende Onetti&mdash; se inscribe en una trayectoria filos&oacute;fica que tiene su mejor expresi&oacute;n en una p&aacute;gina de Soren Kierkegaard en <em>O lo uno o lo otro </em>(<em>Entweder-Oder</em>), cuando expresa que:</p>
<p class="cita">Los dioses se aburr&iacute;an y crearon al hombre. Ad&aacute;n se aburr&iacute;a porque estaba solo, y as&iacute; se cre&oacute; a Eva... Ad&aacute;n se aburr&iacute;a solo, y luego Ad&aacute;n y Eva se aburrieron juntos; entonces Ad&aacute;n y Eva, y Ca&iacute;n y Abel se aburrieron en familia; entonces aument&oacute; la poblaci&oacute;n del mundo, y las gentes se aburrieron en masa. Para divertirse a s&iacute; mismos, idearon construir una torre lo bastante alta para alcanzar los cielos. La idea misma es tan aburrida como la altura de la torre, y constituye una prueba tremenda de c&oacute;mo el aburrimiento ha alcanzado a la mano superior<a title="" href="#_ftn12">[12]</a>.</p>
<p class="st"><strong>&iquest;Malestar perpetuo o </strong><strong>spleen</strong><strong> baudeleriano?</strong></p>
<p>&iquest;Es, entonces, el aburrimiento una forma suprema de conocimiento? Por ello, me pregunto si no hay algo del <em>spleen</em> de Baudelaire en la actitud displicente de Onetti que desemboca en ese &ldquo;<em>ennui</em>&rdquo; distanciado e indiferente. Linacero, Brausen D&iacute;az grey, Jorge Malabia, podr&iacute;an repetirse: &ldquo;Sufro de una ociosidad perpetua manejada por un malestar perpetuo&rdquo;, que solo puede calmar la escritura. En el poema <em>Spleen et id&eacute;al</em>&nbsp; con que se abren <em>Las flores del mal, </em>se<em> </em>anuncia la irrupci&oacute;n del poeta &mdash;el escritor&mdash; en un mundo aburrido, sumido en el gran bostezo que se tragar&iacute;a todo a su alrededor.</p>
<p>As&iacute;, &ldquo;lorsque, par un d&eacute;cret des puissance supr&ecirc;mes,/ Le Po&euml;te apparait en ce monde ennuy&eacute;&rdquo;, el tedio es desalojado de nuestros esp&iacute;ritus y trabaja nuestro cuerpo como secreci&oacute;n de una realidad ocupada por &ldquo;la sottise, l&rsquo;erreur, le p&eacute;ch&eacute;, la l&eacute;sine&rdquo;. Lo hace para alimentar &ldquo;nos aimables remords, /Comme les mendiants nourrissent leur vermine&rdquo;. Ese aburrimiento reenviado al lector: &ldquo;Tu le connais, l&eacute;cteur, ce monstre d&eacute;licat, &mdash;Hypocrite lecteur, &mdash;mon semblable,&mdash; mon fr&egrave;re&rdquo; <a title="" href="#_ftn13">[13]</a>, invita a contagiarse de una progresiva resignaci&oacute;n de la que solo se puede salir mediante la escritura. Por ello, el poeta de <em>Las flores del mal </em>irrumpe en el mundo aburrido que bosteza y nos salva con estilo y elegancia. Linacero cuando empieza a escribir afirma: &ldquo;estoy contento por que no me canso ni me aburro&rdquo;, aunque a&ntilde;ade &ldquo;no s&eacute; si esto es interesante, tampoco me importa&rdquo;<a title="" href="#_ftn14">[14]</a></p>
<p>&iquest;Es la escritura un ensalmo contra el aburrimiento? Esta idea ser&iacute;a feliz, si no fuera banal. La escritura no alivia, apenas distrae, brinda la ilusi&oacute;n de una posible coherencia en un mundo condenado a la desolaci&oacute;n. Se trata de escribir para no sucumbir a la tentaci&oacute;n del crimen o del suicidio<a title="" href="#_ftn15">[15]</a>. Es apenas un alivio para exorcizar el tedio, para salir de la simple y pasiva contemplaci&oacute;n de lo ajeno, aunque sea tambi&eacute;n un modo de descuartizar la comodidad de quienes creen que todo va bien.</p>
<p>Por ello, cree salvarse Linacero escribiendo sus pesadillas y &ldquo;el sue&ntilde;o de la caba&ntilde;a de troncos&rdquo; y Brausen cuando se sienta ante una mesa donde &ldquo;ten&iacute;a bajo mis manos el papel necesario, un secante y la pluma fuente&rdquo; para describir la ciudad a la que finalmente se evade, la emblem&aacute;tica Santa Mar&iacute;a escenario del resto de su obra. All&iacute; un monumento se levanta luego a su memoria (<em>La novia robada</em>), un bar lleva su nombre y se lo invoca para erradicar la sequ&iacute;a (<em>Cuando ya no importe</em>). La ciudad incendiada en las p&aacute;ginas finales de <em>Cuando entonces</em> se reconstruye en el astillero de la escritura.</p>
<p>Y Onetti, supremo art&iacute;fice, se salva para marcar un destino que cumpli&oacute; con ejemplar cabalidad a lo largo de su larga vida, consciente que solo el arte y la apariencia pueden constituir la compensaci&oacute;n est&eacute;tica de una realidad enga&ntilde;osa e insuficiente<a title="" href="#_ftn16">[16]</a>. No es contradictorio afirmar &mdash;por lo tanto&mdash; que gracias a esa falta de fe en cualquier dogma que no fuera su propia condici&oacute;n de creador, dispuso de la libertad que le permiti&oacute; traspasar los planos de un presunto realismo (que sab&iacute;a al fin de cuentas tan producto de la imaginaci&oacute;n como lo puramente fant&aacute;stico) hacia una estructura on&iacute;rica de las que <em>El pozo </em>y <em>La vida breve </em>son su paradigma.</p>
<p>Con ello Onetti demuestra que su aproximaci&oacute;n a la realidad es b&aacute;sicamente sensible y est&eacute;tica y no intelectual o racionalizada. Este aspecto suelen olvidarlo los novelistas que tienden a racionalizar ideol&oacute;gicamente el contorno en perjuicio directo de las experiencias sensibles que reclaman &laquo;una po&eacute;tica de la novela&raquo; (Susan Sontag). La obra de Onetti, en la medida en que no acepta la imposici&oacute;n de pactar con una definici&oacute;n precisa de la sociedad, evita el riesgo de no perecer sin remedio, apenas esa misma visi&oacute;n de la sociedad pudiera ser reemplazada por otra construida con prejuicios distintos. Ello permite entender la obra de Onetti en una direcci&oacute;n global, como una aspiraci&oacute;n totalizadora, pero aut&oacute;noma, alejada de toda consideraci&oacute;n cr&iacute;tica estrictamente sicoanal&iacute;tica, moralista, pol&iacute;tica o social. Tambi&eacute;n acerca su creaci&oacute;n a lo que nos ha interesado marcar particularmente: un esfuerzo extremado y sin residuos, en el que Onetti ha empe&ntilde;ado la totalidad de sus intereses y recursos a lo largo de m&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os de existencia practicante volcada al desenvolvimiento de una &laquo;saga&raquo; m&iacute;nima, pero intensa.</p>
<p class="st"><strong>Contar es comprender, comprender es crear</strong></p>
<p>C&iacute;rculos conc&eacute;ntricos, intercambiables en la medida en que el autor era due&ntilde;o de la mentira original, de la falacia o ficci&oacute;n en que toda escritura se apoya en definitiva; libertad asumida con una intensa vocaci&oacute;n de escritor; clave del particular sello de la originalidad est&eacute;tica de su literatura; exaltaci&oacute;n de los poderes de la imaginaci&oacute;n, credo est&eacute;tico que tiene un n&iacute;tido apoyo gnoseol&oacute;gico: contar es comprender, comprender es crear.</p>
<p>Este principio circular &mdash;se cuenta para comprender, porque comprender es crear&mdash; lo llev&oacute; Onetti hasta sus m&aacute;s desgarradas consecuencias. Porque en los sucesivos mecanismos con que proyect&oacute; a sus personajes fuera del contexto de una realidad hostil y agresiva, todo los condujo a callejones sin salida, a las bocas enrejadas de t&uacute;neles que hab&iacute;an recorrido a ciegas. Este &ldquo;hombre que se sabe enfermo en una civilizaci&oacute;n que ignora estar enferma&rdquo;&mdash;como definiera Colin Wilson al <em>Outsider<a title="" href="#_ftn17"><strong>[17]</strong></a></em>&mdash; es la desvalida materia prima con la que trabaj&oacute;, el legado directo que no ha dejado lo mejor de su narrativa. Lo hizo en la libertad que hab&iacute;an conquistado a trav&eacute;s del progresivo despojamiento de certidumbres de sus personajes, todos ellos ac&eacute;rrimos solitarios.</p>
<p>Porque la soledad no es en la obra de Onetti el resultado de una vocaci&oacute;n deliberada de independencia, sino el de una lucidez paralizante. Todo impulso es negado a partir de un desmenuzado an&aacute;lisis introspectivo. Hay una claudicaci&oacute;n decretada de antemano; una negaci&oacute;n de todo lo que pueda ser alborozado entusiasmo vitalista, llevada al extremo de hombres que reflexionan demasiado para gozar abiertamente de la vida. Protagonistas encerrados en sus habitaciones como Linacero y Brausen, observadores no comprometidos del quehacer ajeno como D&iacute;az Grey o Jorge Malabia, empresarios derrotados de antemano como Larsen, eternos dise&ntilde;adores de proyectos que no se ejecutan como Aranzuru, todos parecen haber llegado a la conclusi&oacute;n de que no vale la pena esforzarse por luchar por &ldquo;algo&rdquo;, en la medida en que la acci&oacute;n es un privilegio de &ldquo;otros&rdquo; a quienes &mdash;como los &ldquo;gringos&rdquo;&mdash; les gusta &ldquo;deslomarse&rdquo; trabajando, ya que &ldquo;un hombre evolucionado no debe hacer nada&rdquo;. La raz&oacute;n, &ldquo;yo no tengo fe; nosotros no tenemos fe. Alg&uacute;n d&iacute;a tendremos una m&iacute;stica, es seguro; pero entretanto somos felices&rdquo;, se asegura en <em>Juntacad&aacute;veres</em>.</p>
<p>En este contexto en que &ldquo;todo es falso y lo aut&oacute;ctono lo m&aacute;s falso&rdquo; el cierre oclusivo de toda esperanza parece inevitable y una posible filosof&iacute;a de la existencia puede parecer, en consecuencia, d&eacute;bil. Sin embargo, si se rastrea en los p&aacute;rrafos aislados de sus cuentos y novelas se descubre una visi&oacute;n que sorprende por su coherencia y su profundidad. Por lo pronto, se descubre sutilmente que como buen rioplatense, Onetti entiende como sin&oacute;nimo de virilidad cierta contenci&oacute;n, cierta obligada parquedad en la expresi&oacute;n de los sentimientos y sus secretas razones, una constante que aparece en autores tan diversos como Macedonio Fern&aacute;ndez, Jorge Luis Borges, Julio Cort&aacute;zar y en muchas letras de tango y que el cine consagra con su galer&iacute;a de h&eacute;roes de gesto adusto y serio. Es &ldquo;la vida en sordina&rdquo; de que hablaba Mallea en <em>Historia de una pasi&oacute;n argentina</em>, los &ldquo;rostros impasibles&rdquo; que no deben dejar traslucir emociones, saber protegerse por &ldquo;la indiferencia y el desd&eacute;n&rdquo; como sugiere Carr en <em>Cuando ya no importe</em>. El h&eacute;roe lac&oacute;nico marca con su aire sombr&iacute;o y taciturno el tiempo vital con que se arropa una visceral misantrop&iacute;a.</p>
<p class="st"><strong>En el bulevard de los sue&ntilde;os perdidos</strong></p>
<p>Estamos lejos aqu&iacute; de toda demon&iacute;aca angustia existencial; estamos cerca de una especie de beat&iacute;fica superaci&oacute;n comprensiva de todos los afanes humanos y terrestres, una postura resignada que podr&iacute;a ser religiosa si estuviera alimentada por la fe. La aceptaci&oacute;n de lo inevitable, nada angustiada por cierto, convierte la propia muerte en parte de una rutina.</p>
<p>La resignaci&oacute;n progresiva que, como esperada catarsis, culmina en un sentimiento melanc&oacute;lico solo atenuado por la piedad, por una cierta conmiseraci&oacute;n, tiene su expresi&oacute;n en &ldquo;el juramento sagrado&rdquo; que Carr nunca hizo pero que lo siente impuesto, de escribir <em>Cuando ya no importe</em>. Lo confiesa en la</p>
<p>&uacute;ltima anotaci&oacute;n de su diario, fechada el 30 de octubre, cuando anuncia que &ldquo;en alg&uacute;n d&iacute;a repugnante del mes de agosto, lluvia, fr&iacute;o y viento&rdquo; ir&aacute; a ocupar un nicho, cuya losa no protege totalmente de la lluvia. En el planificado retorno a su ciudad natal, obvio ap&oacute;cope de Montevideo, Carr buscar&aacute; el merecido reposo en &ldquo;un cementerio marino m&aacute;s hermoso que el poema&rdquo;, en directa alusi&oacute;n al poema <em>El cementerio marino</em> de Paul Valery<a title="" href="#_ftn18">[18]</a>. Ese ser&aacute; el hogar definitivo de qui&eacute;n no lo tuvo en vida, pero &ldquo;&uacute;ltima morada&rdquo; al fin, y, sobre todo, morada en la tierra natal. Esa tumba tendr&aacute; el nombre de su familia y le otorgar&aacute; la seguridad p&oacute;stuma que no pudo tener &ldquo;la tumba sin nombre&rdquo; de Rita, la protagonista de <em>Para una tumba sin nombre</em>.</p>
<p>Sin falso pudor Carr escribe la palabra muerte, aunque lo haga con &ldquo;dedos temblones&rdquo;. De golpe, el juego distante con una palabra tan radical como muerte al que Onetti hab&iacute;a apostado durante m&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os, la sutil invitaci&oacute;n al suicidio de muchos de sus personajes, las obsesivas y minuciosas descripciones forenses de sus cad&aacute;veres, ese ambiguo coqueteo con la fragilidad del instante que transforma una palpitaci&oacute;n vital en un silencioso hueco ominoso, la parodia de la salida definitiva del teatro de la vida que hab&iacute;a representado con tanta iron&iacute;a, se condensaban en un par de l&iacute;neas lapidarias.</p>
<p>Onetti baj&oacute; as&iacute; con discreci&oacute;n el tel&oacute;n de una representaci&oacute;n con el signo de &ldquo;una muerte anunciada&rdquo; que nunca pudo ser otra cosa que una comedia, aunque se quisiera tragedia. En forma deliberada pon&iacute;a fin a un largo mon&oacute;logo existencial y anunciaba la salida del mundo con la misma lucidez paralizante, el mismo rigor, dignidad y pudor con que acompa&ntilde;&oacute; la reflexi&oacute;n de su escritura desde aquel lejano d&iacute;a de 1939 en que Eladio Linacero decidi&oacute; escribir un sue&ntilde;o y el instante que lo preced&iacute;a, mientras se paseaba y fumaba sin parar en la desordenada habitaci&oacute;n de un inquilinato oli&eacute;ndose alternativamente las axilas con una mueca de asco. Como entonces, pero desprovisto ahora de sue&ntilde;os liberadores, Onetti dictaba, a trav&eacute;s de Carr, su &uacute;ltima voluntad. Lo hac&iacute;a con una inesperada paz y sosiego, convirtiendo &ldquo;los adioses&rdquo; plurales de su obra en un consciente salto al vac&iacute;o, atravesando &ldquo;el bulevar de los sue&ntilde;os perdidos&rdquo;, aceptando &ldquo;con hast&iacute;o y resignaci&oacute;n&rdquo; lo irremediable.</p>
<p>De <em>Una tumba sin nombre </em>de Rita a la tumba <em>con </em>nombre de Carr bajo cuya l&aacute;pida se &ldquo;filtra pertinaz la lluvia&rdquo;, protegido por &ldquo;la indiferencia y el desd&eacute;n&rdquo;, Onetti culmina el largo mon&oacute;logo existencial y la rigurosa reflexi&oacute;n sobre la escritura iniciada cincuenta y cuatro a&ntilde;os antes. Una lucidez que pudo ser paralizante durante su vida y que, gracias a la muerte, se transform&oacute; en una forma descarnada de la sabidur&iacute;a.</p>
<p>Con esta novela que puede leerse como un verdadero testamento literario &mdash;&rdquo;el maestro&rdquo;, como lo sol&iacute;amos llamar afectuosamente en Uruguay&mdash; cerr&oacute; el ciclo narrativo de su obra con un sabio mutis por el foro del teatro de la vida y record&oacute; desde el propio t&iacute;tulo a todos aquellos que lo ensalzaban como uno de los autores m&aacute;s representativos del <em>boom </em>latinoamericano que nada, en definitiva, importa. Nos hizo<em> </em>ver la condici&oacute;n delet&eacute;rea de lo que &ldquo;ya no importa&rdquo;, la in&uacute;til vanidad de toda fama a la que &eacute;l mismo tuvo leg&iacute;timo derecho y a la que nunca prest&oacute; atenci&oacute;n.</p>
<p>De escribir hasta el final, de eso se hab&iacute;a tratado siempre.</p>
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<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ram&oacute;n Chao, <em>Un posible Onetti, </em>Barcelona, Ronsel, 1994, p.31.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>El pozo,</em> Montevideo, Montevideo, Arca, 1965,&nbsp; p.36.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; U<em>na tumba sin nombre, </em>Montevideo, Marcha, 1959, p.82</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref4">[4]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Una tumba sin nombre</em>, o.c., p.25.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref5">[5]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Tierra de nadie, </em>Montevideo, Ediciones Banda Oriental, 1965, p.36</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref6">[6]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entre otros el venezolano Juvenal L&oacute;pez Ruiz, el argentino Juan Carlos Ghiano y el uruguayo Manuel Mart&iacute;nez Carril.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref7">[7]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Bienvenido, Bob&rdquo;, <em>Un sue&ntilde;o realizado y otros cuentos, </em>53<em> </em>Montevideo, N&uacute;mero, 1951, p.37</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref8">[8]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Bienvenido Bob&rdquo;, o.c. p.42</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref9">[9]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Una tumba sin nombre, </em>o.c., p.25.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref10">[10]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Onetti confiesa a Ram&oacute;n Chao: &ldquo;A D&iacute;az Grey lo siento como mi <em>alter ego, </em>pero no totalmente, claro. Hay cosas de D&iacute;az Grey que son onettianas. La indiferencia, el escepticismo, aunque al cabo es una persona que se preocupa por los dem&aacute;s&rdquo;. <em>Un posible Onetti, </em>.o.c., p.199.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref11">[11]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;La casa en la arena&rdquo;<em>, Un sue&ntilde;o realizado y otros cuentos</em>, o.c. p.53.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref12">[12]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Soren Kierkegaard, <em>O lo uno o lo otro, </em>Madrid, Ediciones Trtotta, 2008.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref13">[13]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Charles Baudelaire, <em>Les fleurs du mal, Oeuvres completes, </em>Paris, La Pl&eacute;iade, 1954, p.81&ndash;83.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref14">[14]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>El pozo, </em>o.c., p.22.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref15">[15]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para todos aquellos personajes a los que la escritura no pudo salvar &mdash;como lo hacen&nbsp; Linacero o Brausen&mdash; la muerte es la inevitable compa&ntilde;era que los lleva a la liberaci&oacute;n del suicidio, al fr&iacute;o asesinato (la adolescente de <em>La cara de la desgracia; </em>Magda en <em>Cuando entonces; </em>el crimen de <em>La muerte y la ni&ntilde;a) </em>o a un dejarse morir en la &ldquo;naturalidad&rdquo; de un viaje o en la &ldquo;realizaci&oacute;n&rdquo; de un sue&ntilde;o (<em>Un sue&ntilde;o realizado</em>). Se suicidan Risso en <em>El infierno tan temido, </em>el deportista tuberculoso de <em>Los adioses</em>, Julia en <em>Juntacad&aacute;veres, </em>la protagonista de<em> Tan triste como ella</em>; Juli&aacute;n en <em>La cara de la desgracia</em>. Elena Sala se muere como si estuviera &ldquo;de vuelta de una excursi&oacute;n con las revelaciones de lo cotidiano, no recogidas por nadie. Muerta y de regreso de la muerte, dura y fr&iacute;a como una verdad prematura, absteni&eacute;ndose de vociferar sus experiencias, su derrotas, el bot&iacute;n conquistado&rdquo; (<em>La vida breve, </em>p.273). Ossorio, al final de su fatigada hu&iacute;da en <em>Para esta noche, </em>sonr&iacute;e por primera vez cuando adquiere conciencia de su muerte inminente. Moncha Insurralde en <em>La novia robada </em>se deja morir. Por algo el certificado de defunci&oacute;n que extiende el Doctor D&iacute;az Grey establece que el &ldquo;estado o enfermedad causante directo de la muerte&rdquo; es &ldquo;Brausen, Santa Mar&iacute;a, todos ustedes, yo mismo&rdquo; (<em>La novia robada</em>).</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref16">[16]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lucien Goldmann desarrolla la idea de que &ldquo;s&oacute;lo el arte y la apariencia pueden constituir la compensaci&oacute;n est&eacute;tica de una realidad enga&ntilde;osa e insuficiente&rdquo; en <em>El teatro de Jean Genet, </em>Caracas, Monte &Aacute;vila, 1967.</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref17">[17]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Colin Wilson, <em>El disconforme, o.c. </em>p.23</p>
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<p><a title="" href="#_ftnref18">[18]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En alusi&oacute;n directa al poema de Paul Valery, <em>Le cimeti&egrave;re marin </em>(1920)<em>,</em> Onetti se refiere al cementerio El Buceo en la ciudad de Montevideo, edificado en un gran parque arbolado que desciende hacia el R&iacute;o de la Plata.</p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Thu, 22 Aug 2013 06:49:27 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El académico y el mendigo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-academico-y-el-mendigo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Julio_Baquero_Cruz.jpg" alt="" /></p>
<p align="center">1</p>
<p>&mdash;&iquest;Y entonces qu&eacute; les vas a contar? &mdash;le pregunt&oacute; su mujer mientras desayunaban en la terraza del &aacute;tico en el que llevaban viviendo cuarenta a&ntilde;os, desde la boda, en el que hab&iacute;an visto crecer a sus hijos, desde el que les hab&iacute;an visto marcharse uno a uno, en la misma terraza en la que desayunaban cada ma&ntilde;ana a la misma hora antes de que &eacute;l se fuera a la Academia.</p>
<p>&mdash;&iquest;Pues qu&eacute; quieres que les cuente, mujer? &mdash;dijo el acad&eacute;mico, que aquella ma&ntilde;ana ten&iacute;a una reuni&oacute;n muy importante&mdash;. Lo mejor es no arriesgar. Les dir&eacute; lo de siempre.</p>
<p>El acad&eacute;mico se limpi&oacute; la boca con la servilleta de lino, fue al cuarto de ba&ntilde;o y se lav&oacute; los dientes con mucho cuidado para no hacerse sangrar las enc&iacute;as ni mancharse la corbata. Su mujer se despidi&oacute; de &eacute;l en la puerta con un beso seco, roz&aacute;ndole apenas, a la hora habitual.</p>
<p>Todo va bien, todo va bien, pensaba el acad&eacute;mico en el ascensor, sonriente, y sali&oacute; a la calle, y cruz&oacute; el paso de cebra con decisi&oacute;n, casi sin mirar.</p>
<p>El acad&eacute;mico era un hombre met&oacute;dico. Siempre iba al trabajo y volv&iacute;a a casa por el mismo camino, a la misma hora. Lo ten&iacute;a todo calculado y cronometrado: los minutos del aseo, el tiempo para vestirse, el caf&eacute;, la calle tal, la calle cual, la plaza tal, los sem&aacute;foros, los jardines de la academia, las escaleras, la inconveniencia del breve saludo a los colegas, del saludo a&uacute;n m&aacute;s breve al portero, de la leve inclinaci&oacute;n de cabeza al cruzarse con la mujer de la limpieza.</p>
<p>&mdash;La Academia es un m&eacute;todo &mdash;le hab&iacute;a dicho en el lecho de muerte su Maestro, de quien hab&iacute;a heredado el sill&oacute;n M, ese sill&oacute;n de cuero, reclinable y de respaldo alt&iacute;simo que era para &eacute;l una especie de alter ego, una segunda piel, y que siempre le esperaba, limpio y reluciente, sin una mota de polvo, en la sala de reuniones.</p>
<p>El m&eacute;todo le hab&iacute;a ido tan bien durante tantos a&ntilde;os que le parec&iacute;a una tonter&iacute;a abandonarlo ahora. Pero con lo met&oacute;dico siempre acaba cruz&aacute;ndose lo fat&iacute;dico.</p>
<p>La reuni&oacute;n de aquella ma&ntilde;ana era muy importante. Se trataba nada menos que del futuro del diccionario, que es como decir el futuro de la Academia, el futuro de la lengua, su propio futuro, el futuro de todos.</p>
<p>Es una verg&uuml;enza, hab&iacute;a dicho el Presidente en la reuni&oacute;n anterior, que el diccionario de nuestra lengua sea tan peque&ntilde;o. Hab&iacute;a que compararlo con el de tal lengua, de veinte vol&uacute;menes, o con el de esa otra lengua, de cincuenta, o con aquel otro diccionario, de diez vol&uacute;menes en papel biblia que hab&iacute;a que pasar con pinzas, cada uno de los cuales ten&iacute;a mil p&aacute;ginas cubiertas casi por completo de una letra min&uacute;scula, a tres columnas, que s&oacute;lo pod&iacute;an leerse con lupa. Era una verg&uuml;enza, repiti&oacute;. &iquest;C&oacute;mo era posible que a pesar de su pujanza en el mundo entero, a pesar de estar conquistando diariamente nuevos territorios ling&uuml;&iacute;sticos, a pesar de que cada vez m&aacute;s j&oacute;venes en todos los rincones del planeta eleg&iacute;an estudiar nuestra lengua como tercera lengua e incluso como segunda lengua, a pesar de haber desbancado en n&uacute;mero de alumnos a casi todos los institutos de cultura de las m&aacute;s grandes potencias, a pesar de que el alcalde de una gran capital del continente nos hab&iacute;a ofrecido &mdash;&iexcl;a nosotros, no a ellos!&mdash; un edificio emblem&aacute;tico como sede, c&oacute;mo era posible, se preguntaba el Presidente, que a pesar de todo eso el diccionario oficial de nuestra lengua s&oacute;lo tuviera un volumen, de gruesas p&aacute;ginas, impresas en tipos grandes y s&oacute;lo a dos columnas? Era una gran verg&uuml;enza, hab&iacute;a concluido, y era urgente remediarla.</p>
<p>Cierto, a&ntilde;adi&oacute;, en el pasado se intent&oacute; algo parecido con el proyecto de los ochenta y un vol&uacute;menes, tres por cada letra del alfabeto, pero no hab&iacute;a llegado a fructificar. Los trabajos se iniciaron doscientos a&ntilde;os atr&aacute;s. En los cien primeros a&ntilde;os s&oacute;lo llegaron a terminarse los dos primeros vol&uacute;menes de la letra A, y cuando se publicaron ya eran in&uacute;tiles: la lengua hab&iacute;a cambiado, el diccionario s&oacute;lo ten&iacute;a un inter&eacute;s hist&oacute;rico, miles de fichas de las otras letras yac&iacute;an cubiertas de polvo en los s&oacute;tanos de la Academia, los miembros del proyecto hab&iacute;an muerto, y ni siquiera hab&iacute;an sido nombrados los sustitutos.</p>
<p>Esta vez iba a ser diferente, continu&oacute;, porque el nuevo proyecto era moderno, se basaba en las tecnolog&iacute;as m&aacute;s avanzadas y respond&iacute;a a una nueva mentalidad. Veinte vol&uacute;menes, ni m&aacute;s ni menos que los del espl&eacute;ndido diccionario de ese pa&iacute;s tan admirado por todos que tenemos a tiro de piedra, y veinte vol&uacute;menes que hab&iacute;an de ser rentables. El proyecto ser&iacute;a todo un &eacute;xito porque contaba con patrocinadores importantes: la fundaci&oacute;n tal, el banco cual, la constructora X, el grupo de informaci&oacute;n Y, la empresa de telecomunicaciones Z, etc., etc. Todos iban a arrimar el hombro, pero a cambio quer&iacute;an resultados. La edici&oacute;n de lujo, en papel verjurado. La edici&oacute;n de bolsillo, para todos los hogares. La edici&oacute;n on-line. El CD-ROM. El MP3. Etc. El diccionario ten&iacute;a que ser un aut&eacute;ntico bestseller. Las entradas ten&iacute;an que ser atractivas, divertidas incluso, alej&aacute;ndose del rigor y la austeridad de la lexicograf&iacute;a tradicional. Los ejemplos ten&iacute;an que ser m&aacute;s atrevidos. En algunos casos las definiciones pod&iacute;an sustituirse por im&aacute;genes. En pocas palabras, hab&iacute;a dicho el Presidente despu&eacute;s de un breve silencio: el diccionario ten&iacute;a que ser m&aacute;s sexy.</p>
<p>Al o&iacute;r esto muchos acad&eacute;micos se hab&iacute;an ruborizado y algunos hab&iacute;an consultado el diccionario para ver si esa palabra exist&iacute;a.</p>
<p>El diccionario, hab&iacute;a terminado diciendo el Presidente, recordando que parafraseaba a un insigne escritor a quien hab&iacute;a tenido el honor de conocer personalmente, ya no pod&iacute;a ser el cementerio, el lugar en el que reposan los restos mortales de las palabras: ten&iacute;a que convertirse en un ser vivo.</p>
<p>Gran ovaci&oacute;n, vivos aplausos, sonoros bravos. El propio acad&eacute;mico hab&iacute;a sacado del bolsillo de la americana un pa&ntilde;uelo en el que su mujer hab&iacute;a hecho bordar sus cinco iniciales para secarse dos o tres l&aacute;grimas debidas a la emoci&oacute;n que sent&iacute;a al ser testigo y protagonista de un acontecimiento hist&oacute;rico de tal magnitud, y un poco de saliva que le ca&iacute;a por la comisura de los labios. Entusiasmado, de inmediato se hab&iacute;a ofrecido voluntario para participar en la comisi&oacute;n que iba a redactar el anteproyecto de estudio preparatorio para elaborar un plan para un nuevo diccionario de la lengua. Y se le hab&iacute;a encomendado, adem&aacute;s y como era natural, dirigir el equipo encargado de la letra M, una de las letras m&aacute;s complicadas e importantes del diccionario, una letra sobre la que ten&iacute;a una experiencia de d&eacute;cadas.</p>
<p>&mdash;Poder decir que una palabra existe, poder decir que una palabra no existe &mdash;le hab&iacute;a dicho su Maestro y predecesor en el lecho de muerte&mdash;, ese es el mayor honor, el sue&ntilde;o dorado de nuestra profesi&oacute;n.</p>
<p>Ahora el sue&ntilde;o dorado se hac&iacute;a realidad. Y en el camino de vuelta a casa hab&iacute;a pensado en todas la palabras deliciosas que empiezan con la letra M: mar, madera, m&iacute;o, melocot&oacute;n, muchacha. Ahora podr&iacute;a definirlas, incluirlas o excluirlas, en virtud del poder secularmente reconocido a la Academia para establecer la norma ling&uuml;&iacute;stica en el mundo entero.</p>
<p>&mdash;La norma, ah, la norma, ese misterio&hellip; No es autocr&aacute;tica. No es democr&aacute;tica. Es&hellip; Es&hellip;</p>
<p>Eran otra vez las palabras de su Maestro, esta vez las &uacute;ltimas, las que dijo justo antes de expirar. No hab&iacute;a llegado a decirle lo que era la norma, el misterio de la norma, pero era el fundamento de su poder, al acad&eacute;mico le gustaba ese poder, y nunca se hab&iacute;a preguntado sobre el fundamento del fundamento, sobre el fundamento &uacute;ltimo, prefiri&eacute;ndose fiarse ciegamente de los arcanos que su Maestro se hab&iacute;a llevado a la tumba.</p>
<p>Mel&oacute;n, mesilla, mejilla, merluza, hab&iacute;a seguido pensando, pero luego hab&iacute;an surgido en su cerebro, sin saber c&oacute;mo ni por qu&eacute;, otras palabras menos agradables: merluzo, mel&oacute;n, mendrugo, mostrenco, memo, mam&oacute;n, mequetrefe, mamarracho y por &uacute;ltimo mameluco, que en mil&eacute;simas de segundo y como por arte de magia se convirti&oacute; en lameculo.</p>
<p>Ah, aahh, aaahhh, pens&oacute; el acad&eacute;mico llev&aacute;ndose las manos a la cabeza, me estoy volviendo loco. Y hab&iacute;a dejado de lado las palabras para concentrarse en el futuro, esa tabla de salvaci&oacute;n. Aunque estaba contento con lo que ten&iacute;a y hab&iacute;a llegado a pensar que nunca podr&iacute;a aspirar a nada m&aacute;s alto, el diccionario le abr&iacute;a muchas perspectivas nuevas, despu&eacute;s de m&aacute;s de veinte a&ntilde;os como acad&eacute;mico. Los cargos desfilaron ante sus ojos como si se tratara de caballos de un carrusel: Director del Instituto de Cultura en tal capital del continente, Director de Rimas, Subdirector de Letras, Secretario General de Palabras, Ministro de Libros, hasta Presidente de la Cultura. Acariciaba la palabra Cultura con los labios y la saboreaba con la punta de la lengua. Cultura, Cultura, Cultura&hellip; El futuro le sonre&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s que su mujer, que en ese instante le abr&iacute;a la puerta del &aacute;tico. El reposo del guerrero, pens&oacute; mientras le tra&iacute;a las zapatillas y le preguntaba si quer&iacute;a beber algo. El reposo del guerrero, volvi&oacute; a pensar, y se acord&oacute; de la definici&oacute;n del diccionario que &eacute;l mismo hab&iacute;a redactado nada m&aacute;s llegar a la Academia: &laquo;D&iacute;cese de la mujer dedicada a mimar y complacer al hombre cuando vuelve del trabajo&raquo;. Y no pudo reprimir una sonrisa satisfecha al darse cuenta de que la realidad se ajustaba perfectamente a la definici&oacute;n.</p>
<p align="center">&nbsp;2</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>Ahora, un d&iacute;a m&aacute;s tarde, caminando hacia la Academia, estaba algo nervioso. La reuni&oacute;n era muy importante. All&iacute; estar&iacute;an los directores de las fundaciones, de las empresas, de los grupos que iban a financiar tan magno proyecto, muchos de los cuales, adem&aacute;s, acababan de ser nombrados acad&eacute;micos, aprovechando algunos fallecimientos y dimisiones oportunas, por edad o enfermedad, as&iacute; como la vuelta al diccionario de ciertas letras que veinte a&ntilde;os atr&aacute;s hab&iacute;an sido suprimidas en su esfuerzo de racionalizaci&oacute;n y para reducir el prosupuesto de la centenaria y muy noble instituci&oacute;n. Ahora imperaba una nueva raz&oacute;n, rezaba el decreto de restauraci&oacute;n de las antiguas letras, y hab&iacute;a que devolverlas al puesto que merec&iacute;an entre todas las dem&aacute;s.</p>
<p>Era una reuni&oacute;n importante, y el acad&eacute;mico y su mujer hab&iacute;an pasado toda la noche sin pegar ojo, encima de la cama, pensando en su discurso. Su mujer era partidaria de un discurso nuevo, m&aacute;s atrevido, m&aacute;s gerencial, m&aacute;s adaptado al signo de los tiempos. Adem&aacute;s del discurso ten&iacute;a que renovar su vestuario y su peinado. No pod&iacute;a seguir yendo por ah&iacute; con esos trajes anticuados, con esos pelos tan aburridos. Si segu&iacute;a as&iacute; acabar&iacute;a siendo devorado por los nuevos acad&eacute;micos, esos tiburones de la lengua, hab&iacute;a dicho. Al principio &eacute;l se hab&iacute;a dejado seducir por estas ideas, pero enseguida hab&iacute;a recordado otro consejo de su Maestro en el lecho de muerte:</p>
<p>&mdash;En la Academia toda innovaci&oacute;n est&aacute; proscrita. La Academia es la Academia porque no cambia nunca, porque siempre es la misma. Innovar en la Academia se paga caro. Nunca te olvides de las tres emes: lo mismo, siempre lo mismo y nada m&aacute;s que lo mismo.</p>
<p>El acad&eacute;mico siempre hab&iacute;a seguido los consejos de su Maestro. Adem&aacute;s no ten&iacute;a ni idea de econom&iacute;a, ni sab&iacute;a c&oacute;mo rentabilizar la inversi&oacute;n, como obtener resultados. &iquest;Abaratar el coste del papel?, hab&iacute;a pensado por un instante; pero no, eso no es lo m&iacute;o, se dijo. Lo m&iacute;o es la lexicograf&iacute;a. S&oacute;lo ah&iacute; puedo aportar algo. Por eso aquella ma&ntilde;ana hab&iacute;a decidido llevar el discurso de siempre, que iba a leer como siempre.</p>
<p>Al doblar la esquina que doblaba cada ma&ntilde;ana y adentrarse en la calle estrecha por la que siempre se adentraba y que le llevaba a la plaza en la que estaba el edificio de la muy noble instituci&oacute;n al acad&eacute;mico le pareci&oacute; ver una aberraci&oacute;n con el rabillo del ojo. Hab&iacute;a algo nuevo: un mendigo vestido con harapos negros de puro sucios echado en una manta asquerosa. Ten&iacute;a los pies desnudos y agrietados, el pelo grasiento agrupado en seis o siete mechas verdosas, las manos gordas y rajadas, el rostro cubierto de costras, la nariz hinchada y roja. A cinco metros a la redonda pod&iacute;a notarse un olor inmundo. Hedor, pens&oacute; el acad&eacute;mico, un mendigo hediondo. Su rostro era irreconocible y casi no se le ve&iacute;an los ojos, por la suciedad, y al no poder reconocerlo ni verle los ojos el acad&eacute;mico sinti&oacute; miedo. Pero la aberraci&oacute;n que le hab&iacute;a hecho detenerse no ten&iacute;a que ver con el aspecto f&iacute;sico ni con el olor del mendigo, sino con el cartel de cart&oacute;n con el que ped&iacute;a limosna, que estaba detr&aacute;s de una latilla de sardinas en la que hab&iacute;a tres monedas doradas y relucientes. El cartel dec&iacute;a as&iacute;:</p>
<p>&nbsp;</p>
<div>
<p align="center">TENGO AMBRE. HABER SI PUEDEN DARME UNA AYUDA, POR FABOR.</p>
</div>
<p>&nbsp;</p>
<p>El acad&eacute;mico hab&iacute;a dado un respingo al verlo, como si alguien le hubiera propinado un pu&ntilde;etazo en el ojo.</p>
<p>Por un momento pens&oacute; en excluir la palabra mendigo del nuevo diccionario, como si esa decisi&oacute;n hubiera bastado para hacer desaparecer aquel ser infecto y con &eacute;l aquel cartel aberrante, pero luego pens&oacute; que aunque se trataba de una palabra de su competencia necesitaba el consenso de sus colegas, que dif&iacute;cilmente obtendr&iacute;a, y que en todo caso el nuevo diccionario tardar&iacute;a muchos a&ntilde;os en aparecer. Pero tuvo otra idea.</p>
<p>&mdash;Hombre de Dios &mdash;le dijo al mendigo, manteni&eacute;ndose a una distancia prudencial&mdash;. &iquest;No le parece que hay algo raro en el cartel?</p>
<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; podr&iacute;a ser? &mdash;dijo el mendigo, y como su boca no se mov&iacute;a la voz parec&iacute;a salir de la barriga.</p>
<p>&mdash;&iquest;No le parece a usted que hay faltas?</p>
<p>&mdash;Ya lo s&eacute;. &iquest;Y a usted qu&eacute; le importa?</p>
<p>&mdash;Digamos que tengo cierto inter&eacute;s en el asunto. Veamos. Si corrige esas faltas yo le doy este billete &mdash;dijo el acad&eacute;mico, ense&ntilde;ando un billete nuevo lleno de ceros&mdash;. &iquest;Qu&eacute; le parece?</p>
<p>El mendigo pas&oacute; un rato en silencio. Sus dedos se mov&iacute;an muy deprisa. Luego dijo:</p>
<p>&mdash;Tengo que pens&aacute;rmelo. Vuelva usted ma&ntilde;ana y le dar&eacute; la respuesta.</p>
<p>El acad&eacute;mico se qued&oacute; desconcertado y sigui&oacute; su camino.</p>
<p>La reuni&oacute;n, a la que estuvo a punto de llegar tarde por culpa del encuentro imprevisto con el mendigo, fue un desastre. Los nuevos acad&eacute;micos no comprend&iacute;an a los viejos. El discurso de nuestro acad&eacute;mico fue criticado con una dureza que nunca antes se hab&iacute;a visto entre los muros de tan noble instituci&oacute;n. No hab&iacute;a comprendido la l&oacute;gica del nuevo diccionario, dijeron. Un proyecto as&iacute; s&oacute;lo pod&iacute;a ser deficitario. &iquest;C&oacute;mo se propon&iacute;a asegurar el cash-flow, los inputs, el output, sin recurrir al outsourcing?, dijeron mientras los antiguos acad&eacute;micos se volv&iacute;an locos buscando palabras en el diccionario y mov&iacute;an la cabeza de un lado a otro al comprobar que no estaban en &eacute;l. Advenedizos, alguien dijo en voz baja. Inadmisible, dijo otro. Acabar&aacute;n nombrando a sus porteras, se oy&oacute; decir. Por encima de mi cad&aacute;ver, proclam&oacute; el acad&eacute;mico de m&aacute;s edad, provocando los comentarios escatol&oacute;gicos y las carcajadas sarc&aacute;sticas de los nuevos, uno de los cuales dijo que la Academia se hab&iacute;a convertido en el cementerio de los inmortales. El Presidente de la Academia, un hombre que no era ni nuevo ni viejo, un contemporizador y en cierto modo un oportunista, trataba de calmar los &aacute;nimos y no paraba de tomar notas.</p>
<p>El acad&eacute;mico volvi&oacute; a casa cabizbajo y pensativo. Segu&iacute;a viendo el mismo futuro de antes, los mismos cargos de antes: Director del Instituto de Cultura, Director de Rimas, Subdirector de Letras, Secretario General de Palabras, Ministro de Libros, Presidente de la Cultura. Ah, la Cultura. Pero ahora era un futuro que se le escapaba, ahora eran caballos que se alejaban de &eacute;l, trenes veloces que no hab&iacute;a llegado a coger y se perd&iacute;an en la distancia, barcos que ve&iacute;a alejarse desde el muelle y que se difuminaban al alcanzar la l&iacute;nea del horizonte.</p>
<p>Al pasar por la esquina el mendigo ya no estaba all&iacute;. En casa dijo que le dol&iacute;an las muelas y se meti&oacute; en la cama sin cenar. Cuando se acost&oacute; su mujer se hizo el dormido.</p>
<p align="center">&nbsp;3</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&mdash;Aqu&iacute; tiene usted el billete &mdash;le dijo al mendigo al d&iacute;a siguiente&mdash;, a condici&oacute;n de que corrija los errores del cartel, claro est&aacute;.</p>
<p>El acad&eacute;mico pensaba que era una victoria f&aacute;cil con la que se desquitaba de los sinsabores del d&iacute;a anterior.</p>
<p>&mdash;Mire, se lo agradezco de veras &mdash;dijo el mendigo&mdash;, pero he llegado a la conclusi&oacute;n de que no me interesa.</p>
<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo es posible? &mdash;dijo el acad&eacute;mico entre sorprendido e indignado.</p>
<p>&mdash;Ya ve usted: he estado haciendo n&uacute;meros. Mucha gente se fija en los errores y se paran por eso. Luego piensan que soy analfabeto, se apiadan de m&iacute; y me dan una moneda. En realidad no lo soy. F&iacute;jese, hace mucho tiempo tuve veleidades literarias, hice mis pinitos con la poes&iacute;a, hubo un periodo en el que hasta se habl&oacute; de m&iacute; para la Academia.</p>
<p>&mdash;&iquest;Para la Academia?</p>
<p>&mdash;S&iacute;. Para la Academia, ese edificio que est&aacute; tan cerca de aqu&iacute;, en la plaza&hellip;</p>
<p>El acad&eacute;mico se qued&oacute; mudo al o&iacute;rle pronunciar la palabra Academia.</p>
<p>&mdash;En fin &mdash;prosigui&oacute; el mendigo&mdash;, si el cartel estuviera bien escrito muchos no se fijar&iacute;an en &eacute;l. De manera que ese billete que me da usted ahora me har&iacute;a perder el doble en cuatro o cinco d&iacute;as. Me tendr&iacute;a que dar usted cien, no, mil, tampoco, cien mil billetes como ese. Y en tal caso no corregir&iacute;a el cartel. Me jubilar&iacute;a.</p>
<p>&mdash;&iquest;Se jubilar&iacute;a?</p>
<p>&mdash;Claro, claro. Ya voy teniendo una cierta edad, al menos para una prejubilaci&oacute;n, y todos los d&iacute;as meto unas monedillas en mi plan de pensiones.</p>
<p>&mdash;Bueno, hombre, bueno, a la paz de Dios &mdash;dijo el acad&eacute;mico.</p>
<p>Y sigui&oacute; su camino hacia la Academia pensando que &eacute;l a&uacute;n estaba en lo mejor de la vida, que ni siquiera ten&iacute;a que preocuparse por buscar un disc&iacute;pulo, que a&uacute;n estaba lejos del momento en el que, en el lecho de muerte, ser&iacute;a el Maestro que transmit&iacute;a a su sucesor los mismos consejos que &eacute;l recibi&oacute; de su Maestro.</p>
<p>Al llegar a la Academia se encontr&oacute; con una nota en la mesa de su peque&ntilde;o despacho. El Presidente quer&iacute;a verle.</p>
<p>&mdash;Querido amigo &mdash;le dijo el Presidente al recibirlo en su enorme despacho, entre helechos, cactus y palmeras gigantes, con fuertes y sonoras palmadas en la espalda&mdash;, los tiempos est&aacute;n cambiando. &iquest;Conoce la canci&oacute;n?</p>
<p>&mdash;Creo que no &mdash;dijo el acad&eacute;mico.</p>
<p>&mdash;&iquest;Lo ve? Ni siquiera conoce la canci&oacute;n, y es de hace treinta a&ntilde;os o m&aacute;s. Todo cambia y usted no se da cuenta. Yo lo aprecio mucho. Todos lo apreciamos. En la casa se le quiere. Por eso hemos descartado la idea inicial.</p>
<p>&mdash;&iquest;La idea inicial?</p>
<p>&mdash;S&iacute;. La idea inicial. La idea de suprimir la letra M. Los tiempos est&aacute;n cambiando, pero es una letra demasiado importante como para acabar con ella de un plumazo. Demasiadas palabras, algunas de ellas imprescindibles. No encontr&aacute;bamos razones, justificaciones.</p>
<p>&mdash;Ah &mdash;dijo el acad&eacute;mico, como aliviado.</p>
<p>&mdash;Por eso hemos decidido ofrecerle una oportunidad &uacute;nica, una magn&iacute;fica oferta que no podr&aacute; rechazar.</p>
<p>&mdash;&iquest;Y de qu&eacute; se trata? &mdash;dijo el acad&eacute;mico con una voz casi imperceptible mientras el futuro volv&iacute;a a la l&iacute;nea del horizonte y los caballos del carrusel se le acercaban al galope.</p>
<p>&mdash;Se trata de una prejubilaci&oacute;n muy muy ventajosa, y del outsourcing completo de la letra M. Usted podr&aacute; seguir asociado, como em&eacute;rito, a las actividades de la Academia. Ya sabe: conferencias, exposiciones, excursiones, etc. Le daremos una medalla de plata con un dise&ntilde;o &uacute;nico, especial para la ocasi&oacute;n, y una inscripci&oacute;n con su nombre.</p>
<p>&mdash;Pero yo&hellip;</p>
<p>&mdash;Los tiempos est&aacute;n cambiando, mi querido amigo. Terminar&aacute; por comprenderlo &mdash;dijo el Presidente mientras se levantaba, acompa&ntilde;aba al acad&eacute;mico al pasillo y ped&iacute;a a su secretaria que hiciera pasar al siguiente. En el pasillo hab&iacute;a una larga fila de acad&eacute;micos. Todos ten&iacute;an el pelo blanco.</p>
<p>El acad&eacute;mico pas&oacute; las cuatro &uacute;ltimas horas en el despacho mientras cambiaban los letreros e instalaban un aparato horrible encima de la mesa.</p>
<p>&mdash;&iquest;Quieres llevarte a casa las fichas, los libros? &mdash;le pregunt&oacute; el empleado.</p>
<p>&mdash;No importa. T&iacute;relo todo &mdash;dijo el acad&eacute;mico.</p>
<p>No soportaba que le trataran de t&uacute;.</p>
<p>El acad&eacute;mico baj&oacute; las escaleras de aquel imponente edificio octogonal. Al pasar por el centro se par&oacute; a leer las inscripciones que hab&iacute;a en las paredes, cientos de palabras grandilocuentes que siempre le hab&iacute;an parecido hermosas y que ahora le resultaban vac&iacute;as. Mir&oacute; a lo alto y vio la gran claraboya de la c&uacute;pula, un c&iacute;rculo perfecto por el que entraba el agua cuando llov&iacute;a y que ahora enmarcaba un trozo de cielo azul surcado por nubes muy veloces.</p>
<p>Sali&oacute; del cementerio de los inmortales con la cabeza baja y se despidi&oacute; de los leones de bronce de la entrada. Un pensamiento melanc&oacute;lico te&ntilde;&iacute;a su rostro de un color neutro, gris&aacute;ceo. Ya nunca tendr&iacute;a un disc&iacute;pulo predilecto a quien dejar el sill&oacute;n M. &iquest;Y c&oacute;mo iba a contarles lo sucedido a su mujer, a sus hijos?</p>
<p>Estoy acabado, pens&oacute;, es el final. Caminaba encorvado. Aquella ma&ntilde;ana hab&iacute;a entrado en el edificio un hombre maduro, y ahora sal&iacute;a de all&iacute; un viejo. Una r&aacute;faga de viento desorden&oacute; su pelo y una nube de polvo lo hizo parecer a&uacute;n m&aacute;s blanco. Se enganch&oacute; en un arbusto y la americana se le rasg&oacute;. Los zapatos se le mancharon. Cay&oacute; al suelo y las manos y los pantalones se le llenaron de barro. Algo le picaba en la cara y al rascarse se la embadurn&oacute;. Un gatito fam&eacute;lico maull&oacute; y el acad&eacute;mico lo acarici&oacute;. Nada m&aacute;s salir de los jardines de la Academia le entraron ganas de mear. La pr&oacute;stata, pens&oacute; mientras decoraba aquellos nobles muros con una palabra amarillenta:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">MIERDA</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero la palabra desapareci&oacute; enseguida.</p>
<p>El gatito le segu&iacute;a. Le dar&eacute; de comer y ser&aacute; m&iacute;o, pens&oacute; el acad&eacute;mico. Siempre le hab&iacute;an horripilado los animales, pero de repente, sin saber por qu&eacute;, sinti&oacute; una gran compasi&oacute;n por aquel ser indefenso y d&eacute;bil.</p>
<p>Al pasar por la esquina el mendigo no estaba. Hab&iacute;a un letrero que dec&iacute;a:</p>
<p>&nbsp;</p>
<div>
<p align="center">ME E HIDO HA COMER</p>
</div>
<p>&nbsp;</p>
<p>La lata de sardinas rebosaba de monedas doradas. La manta del suelo, los olores, la ro&ntilde;a, todo empez&oacute; a parecerle muy acogedor. Entonces se puso detr&aacute;s del letrero y se ech&oacute; en la manta. Alguien pas&oacute; y dej&oacute; una moneda. El acad&eacute;mico era la viva imagen del primer mendigo.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 15 Jul 2013 08:38:27 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Refractarios]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/refractarios/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/DAVID_MAYOR.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>Existe por los caminos una raza de gentes que, ellos tambi&eacute;n, han jurado ser libres</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right">Jules Vall&egrave;s</p>
<h1>&nbsp;</h1>
<p>To</p>
<p>dos sabr&eacute;is que ella</p>
<p>era la francesa Charlotte, la</p>
<p>drona de libros. &ldquo;All&iacute; toda</p>
<p>v&iacute;a encontr&eacute; bosques encantados, islas</p>
<p>en el &Iacute;ndico, arena entre</p>
<p>las sillas, un vaso de t&eacute; y otro de aguar</p>
<p>diente. Yo le vi. Un camino</p>
<p>que serpentea hacia el casti</p>
<p>llo, una gran nube viajera, un resplandor ca</p>
<p>si de locura, un hueco de si</p>
<p>lencio entre el ruido</p>
<p>de los &aacute;rabes. Yo</p>
<p>le vi. Claros ojos ahu</p>
<p>mados, sentado, con la voz</p>
<p>terca repitiendo: &iexcl;cobardes en</p>
<p>loqueced! Me habl&oacute;</p>
<p>de la inocencia antigua, de las</p>
<p>preguntas que hieren</p>
<p>como vino rojo, de</p>
<p>los d&iacute;as en el desierto con un fardo.</p>
<p>Me habl&oacute;, me gri</p>
<p>t&oacute;, me escupi&oacute;, me quiso vender por</p>
<p>una botella, por un vaso, por el trago</p>
<p>que le faltaba. Azul&iacute;simos ojos y el</p>
<p>viento y las telas blancas y el olor negro</p>
<p>de los d&iacute;as negros. All&iacute; estaba, junto</p>
<p>a los barcos que esperan, con un rifle</p>
<p>y un cuaderno sin</p>
<p>m&aacute;s. No quiso</p>
<p>mi voz ni mi cuerpo ni</p>
<p>firma ni direcci&oacute;n alguna.&rdquo;</p>
<p>Todos sabr&eacute;is que ella era Charlotte,</p>
<p>que lleg&oacute; al con</p>
<p>f&iacute;n para encontrar</p>
<p>le, que no dejo car</p>
<p>tas, s&oacute;lo el recuerdo, el hue</p>
<p>co de lo no dicho, la mirada</p>
<p>de los hombres que mienten.</p>
<p>Charlotte, que le&iacute;a novelas de Conrad</p>
<p>recordando a un ni&ntilde;o con volun</p>
<p>tad de dios, con nombre de p&aacute;jaro</p>
<p>y pocas ganas de morir, recordando</p>
<p>que los escritores pier</p>
<p>den la cara.&nbsp;</p>
<p>Todos sabr&eacute;is su nombre,&nbsp;</p>
<p>la francesa Charlotte.</p>
<h1><span style="font-size: small;"><br /></span></h1>]]></description>
      <pubDate>Mon, 15 Jul 2013 07:11:33 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mahmud Darwix: La huella de la mariposa]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/mahmud-darwix-la-huella-de-la-mariposa/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/MAHMUD_DARWIX.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A su muerte el pasado mes de agosto, se hizo realidad algo que las letras &aacute;rabes ya ven&iacute;an sospechando desde hac&iacute;a un par de d&eacute;cadas: que Mahmud Darwix (1941-2008) ha sido el poeta &aacute;rabe m&aacute;s determinante del siglo XX. El acuerdo fue casi un&aacute;nime, y rebas&oacute; con creces las valoraciones de circunstancias que rodean al &oacute;bito de una figura de relieve. S&oacute;lo se recuerda en las letras &aacute;rabes un asenso y un despliegue de duelo y encomio parecido: el que suscit&oacute; la muerte del premio Nobel de literatura Naguib Mahfuz. De hecho, entre los lloros m&aacute;s recurrentes se hallaba el de que Darwix hubiera muerto sin conquistar tal premio, para el que estuvo propuesto en varias ocasiones y al cual podr&iacute;a haber aspirado &mdash;pese a la dificultad intr&iacute;nseca que implicaba su consecuci&oacute;n para un autor que no ten&iacute;a un Estado detr&aacute;s, y s&iacute; delante y como enemigo a un fiero Estado&mdash; de haber vivido a&uacute;n unos a&ntilde;os. No en vano, en el momento de su muerte el reconocimiento internacional de su obra no hac&iacute;a sino crecer. Pero entre los &aacute;rabes, de Casablanca a Q&aacute;tar, de los grandes peri&oacute;dicos &aacute;rabes de Londres a las revistas literarias de El Cairo y Beirut, hubo acuerdo. El propio Darwix hab&iacute;a dicho en alguna entrevista &mdash;trance que &eacute;l convert&iacute;a en un ejercicio de cr&iacute;tica literaria&mdash; que la posteridad es un billete de loter&iacute;a que uno compra en vida y, nada m&aacute;s morir, sabe si le ha tocado... Si estaba en lo cierto, puede descansar tranquilo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ese estatuto de maestro incontestado lo adquiri&oacute; Darwix sometiendo su carrera po&eacute;tica a una evoluci&oacute;n permanente. Esto, que parece ocurrir con frecuencia entre toda suerte de poetas, no es tan frecuente como se creer&iacute;a, y menos a&uacute;n entre poetas exitosos, poetas que desde muy j&oacute;venes han gozado de refrendo y exaltaci&oacute;n. Tras haber dado pie a finales de la d&eacute;cada de 1960, en compa&ntilde;&iacute;a del tambi&eacute;n palestino Samih al-Q&aacute;sim, a lo que entonces se llam&oacute; &ldquo;poes&iacute;a palestina de resistencia&rdquo;, Darwix no se limit&oacute; a ello, no se qued&oacute; encerrado en tal cosa, sino que someti&oacute; su poes&iacute;a a un grado cada vez mayor de complejidad arquitect&oacute;nica y musical, siempre en di&aacute;logo con la gran tradici&oacute;n po&eacute;tica &aacute;rabe: la de la casida, el poema de m&eacute;trica y estructura codificadas, que &eacute;l supo modernizar y reinventar. A lo largo de todas sus etapas po&eacute;ticas, que <em>grosso modo</em> coinciden con los distintos destinos de su exilio (El Cairo, Beirut, Par&iacute;s, Amm&aacute;n/Ramala), Darwix supo escribir poemas considerados cl&aacute;sicos, que gozan del estatuto de ingenuidad ejemplar de la verdadera poes&iacute;a. Domin&oacute; el poema en prosa (por ejemplo, &ldquo;Cuatro direcciones personales&rdquo;), el poema largo (&ldquo;Fue lo que hab&iacute;a de ser&rdquo;), el poema-libro (<em>Mural, Estado de sitio</em>), el poema breve (&ldquo;A mi madre&rdquo;), la canci&oacute;n (&ldquo;Rita y el fusil&rdquo;). De todo ello se halla muestra en nuestro tomo <em>Poes&iacute;a escogida, 1966-2005</em> (Valencia, Pre-Textos, 2008), cuya selecci&oacute;n supervis&oacute; el propio poeta. A la vez, y a lo largo de los a&ntilde;os, Darwix desarroll&oacute; una importante obra en prosa, en la que destaca su libro final, <em>En presencia de la ausencia</em>, donde indaga en la construcci&oacute;n de la identidad personal, en su caso marcada por la Nakba, el Desastre palestino de 1948, fruto de la creaci&oacute;n del Estado de Israel y de la expulsi&oacute;n de 800.000 palestinos de sus tierras, entre ellos el ni&ntilde;o Darwix y su familia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Es el tema de la construcci&oacute;n nacional palestina uno de los que m&aacute;s quebraderos de cabeza dio a Darwix. Junto a Edward Said, Darwix se vio alzado desde el comienzo de su carrera a la condici&oacute;n de conciencia nacional palestina. Se esperaban sus poemas y sus palabras como or&aacute;culos sobre la condici&oacute;n palestina. &Eacute;l lo que pretend&iacute;a era que hablaran de la condici&oacute;n humana, simplemente. En ella deb&iacute;a estar incluida la tragedia palestina, y en &eacute;sta aqu&eacute;lla. El mismo Said lo relacion&oacute; con poetas como Yeats, Ginsberg o Walcott, poetas de un pueblo, de una cultura espec&iacute;fica, poetas del <em>epos</em>, desde el que se alzan al dominio universal.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los poemas que presentamos a continuaci&oacute;n pertenecen a su obra <em>La huella de la mariposa (&Aacute;zar al-faracha)</em>,<a title="" href="#_ftn1">[1]</a> el &uacute;ltimo de sus libros po&eacute;ticos. En &eacute;l Darwix vuelve a una de las variedades poem&aacute;ticas en las que m&aacute;s destac&oacute;: el poema en prosa, que aqu&iacute; cultiva de una forma m&aacute;s suelta y desembarazada, cercana a veces al apunte pros&iacute;stico o al aforismo, y bajo una estructura general de diario po&eacute;tico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>MAHMUD DARWIX</p>
<p><strong>El mosquito</strong></p>
<p>El mosquito, femenino en mi lengua, es m&aacute;s letal que la calumnia. Adem&aacute;s de chuparte la sangre, te fuerza a una batalla absurda. Siempre te visita en la oscuridad, como la fiebre a al-Mutanabbi. Zumba y zu&ntilde;e como un avi&oacute;n de guerra al que no oyes hasta que ha alcanzado su objetivo. Tu sangre es el objetivo. Enciendes la luz para ver d&oacute;nde est&aacute; y se esconde de tus malas intenciones en cualquier rinc&oacute;n de la habitaci&oacute;n, y luego va y se posa en la pared... a salvo, pac&iacute;fico, como si se hubiera rendido. Intentas matarlo con un zapato, pero te burla, se escapa y reaparece c&iacute;nicamente. Le insultas en voz alta pero ni se inmuta. Le invitas a negociar una tregua con voz amigable: &iexcl;Du&eacute;rmete y yo me duermo! Crees que le has convencido, apagas la luz y te duermes. Pero cuando te ha vuelto a chupar la sangre, zumba otra vez avisando de una nueva incursi&oacute;n. Y te empuja a una batalla colateral con el insomnio. Enciendes la luz por segunda vez y haces frente a los dos &mdash;a &eacute;l y al insomnio&mdash; leyendo. Entonces el mosquito aterriza en la p&aacute;gina que est&aacute;s leyendo, y te regocijas en secreto: &iexcl;Ha ca&iacute;do en la trampa! Cierras de golpe el libro: Lo he matado... lo he matado. Lo abres para jactarte de tu victoria y no hay ni rastro del mosquito ni de las palabras. &iexcl;El libro est&aacute; en blanco! El mosquito, femenino en mi lengua, no es una alegor&iacute;a, ni una met&aacute;fora, ni una metonimia. Es un insecto al que le gusta tu sangre. La huele a veinte millas. Y s&oacute;lo hay un medio para arrancarle una tregua: que cambies de grupo sangu&iacute;neo.</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>&iquest;POR QU&Eacute;? &iquest;A SANTO DE QU&Eacute;?</strong></p>
<p>Se da &aacute;nimos hablando consigo mismo mientras camina solo. Palabras que no significan nada, y que no quiere que signifiquen nada: &laquo;&iquest;Por qu&eacute;? &iquest;A santo de qu&eacute;?&raquo; No es su intenci&oacute;n quejarse o hacer preguntas, o frotar una expresi&oacute;n con otra para que prenda un ritmo que le ayude a caminar con la agilidad de un chaval. Pero es lo que sucede. Cada vez que repite: &iquest;Por qu&eacute;? &iquest;A santo de qu&eacute;?, siente que est&aacute; en compa&ntilde;&iacute;a de un amigo que ha venido a ayudarle a sobrellevar el camino. Los transe&uacute;ntes lo miran con indiferencia. Nadie piensa que est&eacute; loco. Le creen un poeta, un so&ntilde;ador errabundo pose&iacute;do por una repentina inspiraci&oacute;n del demonio. Pero &eacute;l ni se da cuenta de qu&eacute; le aflige. No sabe por qu&eacute; se acuerda de Gengis Jan. Quiz&aacute; porque ha visto un caballo sin montura nadando en el aire, sobre los edificios destruidos del fondo del valle. Contin&uacute;a caminando con un solo ritmo: &laquo;&iquest;Por qu&eacute;? &iquest;A santo de qu&eacute;?&raquo; Y antes de llegar al final del camino que sigue todas las tardes, ve a un viejo inclinado junto a un eucalipto, el bast&oacute;n apoyado en el tronco, que se desabrocha los botones de los zarag&uuml;elles con mano temblorosa y mea mascullando: &iquest;Por qu&eacute;? &iquest;A santo de qu&eacute;? Las chicas que suben del valle no se contentan con re&iacute;rse del viejo: le tiran bayas de pistachos verdes.&nbsp;&nbsp;</p>
<h1><strong><span style="font-size: small;">OJAL&Aacute; SE NOS ENVIDIE</span></strong></h1>
<p>A esa mujer que camina deprisa, con una manta de lana y un c&aacute;ntaro por corona... que arrastra de la mano derecha a un ni&ntilde;o y de la izquierda a la hermana de &eacute;ste. Que detr&aacute;s lleva un reba&ntilde;o de cabras asustadas. A esa mujer que huye de un angosto escenario de guerra a un campamento de refugiados desconocido... la conozco desde hace sesenta a&ntilde;os. Es mi madre, que me dej&oacute; olvidado en un cruce de caminos, con una cesta de pan reseco, una vela y una caja de cerillas estropeadas por el roc&iacute;o.</p>
<p><br /> A esa mujer que ahora veo en la foto de la pantalla a color del m&oacute;vil... la conozco muy bien desde hace cuarenta a&ntilde;os. Es mi hermana, que completa los pasos de su madre ―mi madre de camino al desierto: huye de un angosto escenario de guerra a un campamento de refugiados desconocido.</p>
<p><br /> A esa mujer que ver&eacute; ma&ntilde;ana en el mismo escenario, la conozco tambi&eacute;n. Es mi hija, a la que he abandonado en mitad de los poemas para que aprenda a andar y eche a volar hacia lo que hay detr&aacute;s del escenario. Ojal&aacute; cause la admiraci&oacute;n de los espectadores y la desilusi&oacute;n de los cazadores. Y mira por d&oacute;nde, un amigo astuto me dice: Es tiempo de que pasemos, si es que podemos, de un asunto por el que se nos compadece... &iexcl;a uno por el que se nos envidie!</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>CUESTI&Oacute;N DE PERSPECTIVA</strong></p>
<p>Lo que distingue al narciso del girasol es lo que diferencia dos puntos de vista: el primero mira su imagen en el agua y dice: No hay yo sino yo. El segundo mira al sol y dice: Qu&eacute; soy sino lo que adoro.<br /> <br /> Y por la noche, se reduce la diferencia y se agranda la glosa.</p>
<h1><strong><span style="font-size: small;">OJAL&Aacute; EL JOVEN FUERA &Aacute;RBOL</span></strong></h1>
<p>El &aacute;rbol es hermano del &aacute;rbol, o un buen vecino. El grande se inclina sobre el peque&ntilde;o, y le da la sombra que le falta. El alto se inclina sobre el bajo, y le env&iacute;a un p&aacute;jaro que le acompa&ntilde;e de noche. No hay &aacute;rbol que hurte el fruto de otro, o que se mofe de &eacute;l si es est&eacute;ril. Ning&uacute;n &aacute;rbol mata a otro ni imita al le&ntilde;ador. Cuando se hace barca, aprende a nadar. Si se hace puerta, d&iacute;a y noche es guardi&aacute;n de los secretos. Si se hace banco, no olvida que antes tuvo un cielo. Y cuando se hace mesa, ense&ntilde;a al poeta a no ser le&ntilde;ador. El &aacute;rbol es absoluci&oacute;n y vigilia. No duerme ni sue&ntilde;a. Vela por los secretos de los so&ntilde;adores, d&iacute;a y noche en pie. En pie protegiendo a los transe&uacute;ntes y al cielo. El &aacute;rbol es oraci&oacute;n vertical. Implora a lo alto. Y cuando se dobla un poco por la tormenta, lo hace con el empaque de una monja, la mirada en lo alto... en lo alto. Dijo en la antig&uuml;edad el poeta: &laquo;Ojal&aacute; el joven fuera piedra&raquo;. Ojal&aacute; hubiera dicho: &iexcl;Ojal&aacute; el joven fuera &aacute;rbol!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>EN C&Oacute;RDOBA</strong></p>
<p><br /> Las puertas de madera de C&oacute;rdoba no me invitan a pasar y darle recuerdos damascenos a una fuente o un jazm&iacute;n. Camino por los estrechos callejones un soleado y apacible d&iacute;a de primavera. Camino ligero, como si fuera hu&eacute;sped de m&iacute; mismo y de mis recuerdos, como si no fuera una pieza de museo sobre la que se vuelven los turistas. No le doy una palmada en la espalda a mi pasado con alegr&iacute;a incomparable, como un poema aplazado esperar&iacute;a de m&iacute;. Ni me asusta la nostalgia desde que sobre ella cerr&eacute; la maleta, sino que me da miedo el ma&ntilde;ana que galopa ante m&iacute; con pasos el&eacute;ctricos. Y cada vez que le importuno, me reprende: Oc&uacute;pate del presente. Pero hay demasiados poetas en C&oacute;rdoba. Extranjeros y espa&ntilde;oles. Hablan del pasado de los &aacute;rabes y del futuro de la poes&iacute;a. Y en un jard&iacute;n, con pocos &aacute;rboles y poco de todo, al ver una escultura de dos manos dedicada a Ibn Zayd&uacute;n y Wallada, le pregunto a Derek Walcott, uno de mis poetas favoritos, si sabe algo de la poes&iacute;a &aacute;rabe, y no se disculpa cuando responde: No, nada en absoluto. Y aun as&iacute;, pasamos juntos tres d&iacute;as sin parar de re&iacute;r y bromear sobre la poes&iacute;a y los poetas, a los que &eacute;l describi&oacute; como ladrones de met&aacute;foras... Me pregunt&oacute;: &iquest;Cu&aacute;ntas met&aacute;foras has robado? Y no supe contestar. Rivalizamos tonteando con las cordobesas, y me pregunt&oacute;: Si te gusta una mujer, &iquest;vas y le hablas? Le dije: Mi valor depende de su belleza... &iquest;Y t&uacute;? Dijo: A m&iacute;, si me gusta una mujer, es ella la que viene a m&iacute;. Le dije: Claro, t&uacute; eres &aacute;ngel y demonio... lo que yo no s&eacute; ser. Y su tercera mujer se re&iacute;a. En C&oacute;rdoba, me par&eacute; ante un portal&oacute;n de madera y me busqu&eacute; en el bolsillo las llaves de mi vieja casa, como hizo Nizar Qabbani. No se me escaparon las l&aacute;grimas, porque la nueva herida tapaba la cicatriz de la vieja. Pero Derek Walcott me cogi&oacute; por sorpresa con una pregunta hiriente: &iquest;De qui&eacute;n es Jerusal&eacute;n? &iquest;Vuestra o de ellos...?</p>
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<p><strong>EN MADRID</strong></p>
<p><br /> Sol, llovizna, primavera vacilante. Los &aacute;rboles son altos y viejos en el jard&iacute;n de la Residencia de Estudiantes. Las veredas, pavimentadas con piedrecillas, hacen que caminar se acerque m&aacute;s bien a un ejercicio burlesco de flamenco. Una luz temblorosa agujerea las sombras. Desde esta colina nos asomamos a Madrid, que se extiende abajo como un estanque verde. Mark Strand, el poeta americano-canadiense, y yo nos sentamos en unas sillas de madera a hacernos fotos con los estudiantes, y a firmar nuestros libros traducidos al espa&ntilde;ol, a cual de los dos m&aacute;s dispuesto a ocultar la alegr&iacute;a del poeta ante un lector desconocido, inesperado... ante el viaje de la poes&iacute;a que se escribi&oacute; en una habitaci&oacute;n cerrada hasta este jard&iacute;n. Se me acerc&oacute; una se&ntilde;ora elegante y me dijo: Soy sobrina de Lorca. Le di dos besos para aspirar lo que de los brazos de &eacute;l quedara en ella. Y le pregunt&eacute;: &iquest;Qu&eacute; recuerda de &eacute;l? Me respondi&oacute; que hab&iacute;a nacido despu&eacute;s de que lo mataran. Le dije: &iquest;Sabe cu&aacute;nto nos gusta? Y dijo: Todo el mundo dice lo mismo, es un orgullo para m&iacute;. Es un s&iacute;mbolo. El director de la Residencia me explic&oacute; que &eacute;ste es un lugar emblem&aacute;tico de Madrid. Quien no lee poes&iacute;a aqu&iacute; es un pelagatos. Aqu&iacute; vivieron Lorca, Alberti, Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, Dal&iacute;. Al final del encuentro, me pidieron que le hiciera una pregunta a Mark Strand. Le pregunt&eacute;: &iquest;Cu&aacute;l es el l&iacute;mite preciso entre el verso y la prosa? Titube&oacute;, como hacen los verdaderos poetas ante una definici&oacute;n dif&iacute;cil, y dijo, &eacute;l que escribe verso libre: El ritmo, el ritmo. La poes&iacute;a se distingue por el ritmo. Y cuando salimos al jard&iacute;n a pasear por las veredas de piedrecillas, no hablamos mucho para no romper el ritmo de la noche sobre los altos &aacute;rboles. No s&eacute; por qu&eacute; me vino a la cabeza la aguda frase de Nietzsche: &ldquo;La sabidur&iacute;a es el conocimiento privado del canto&rdquo;.</p>
<p align="center">&nbsp;<strong> <br /></strong></p>
<p><strong>BOULEVARD SAINT-GERMAIN&nbsp;</strong></p>
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<p>Me dice George Steiner: El poeta ha de ser hu&eacute;sped... Yo le digo: &iexcl;Y hospedero!<br /> <br /> Las hojas secas, ca&iacute;das de un &aacute;rbol que se desnuda, son palabras en busca de un poeta h&aacute;bil que las devuelva a las ramas.</p>
<p><br /> Cada vez que el ritmo se esconde en la imagen, la m&uacute;sica se hace compa&ntilde;era de la idea.</p>
<p><br /> Sentado con Peter Brook, los p&aacute;jaros de Arist&oacute;fanes y de Farid al-Din al-Attar sobrevuelan nuestras cabezas en un viaje compartido hacia los l&iacute;mites del significado.</p>
<p>&iquest;Exilio? El visitante lo a&ntilde;ora: es la excursi&oacute;n del p&aacute;jaro en un viaje en el que nadie pregunta: &iquest;C&oacute;mo te llamas? &iquest;Qu&eacute; quieres?</p>
<p>En el autob&uacute;s, miro la acera, y me veo sentado en la parada &iexcl;esperando el autob&uacute;s!</p>
<p>Fingir una dif&iacute;cil neutralidad, en el poema y la novela, es el &uacute;nico delito moral que se perdona.</p>
<p>Romper el ritmo, de vez en cuando, es una necesidad r&iacute;tmica.</p>
<p>Dejo el otro lado de mi vida donde quiere quedarse. Y sigo a lo que queda de mi vida en busca de su otro lado.<br /> Mis sensaciones brincan ante m&iacute;, llevan paraguas y caminan bajo la lluvia. Mis sensaciones son un hecho externo como la lluvia.</p>
<p>El viento de oto&ntilde;o barre la calle y me ense&ntilde;a el arte de reducir. De reducir lo que se escribe.</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> De pr&oacute;xima aparici&oacute;n en la editorial Pre-Textos.</p>
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</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 15 Jul 2013 07:01:15 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Claves de Gary Snyder]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/claves-de-gary-snyder/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/GARY_SNYDER.jpg" alt="" /></p>
<p>En un sentido amplio, Gary Snyder se ha convertido en una especie de profeta de lo esencial de la vida humana. Desde un punto de vista m&aacute;s concreto, es un profundo poeta y ensayista estadounidense, tambi&eacute;n importante traductor de poes&iacute;a japonesa, que naci&oacute; en San Francisco en 1930. Su obra, su forma de ser y de vivir nace como resultado del cruce entre tres grandes fuerzas vitales: indigenismo, budismo zen y contracultura. Analicemos detenidamente estos aspectos constituyentes de esta poli&eacute;drica personalidad.</p>
<p>Entendemos por indigenismo una suerte de exaltaci&oacute;n de lo natural que acarrea la formaci&oacute;n de un entramado ideol&oacute;gico y pol&iacute;tico cercano a la radicalidad revolucionaria. Su preocupaci&oacute;n por la ecolog&iacute;a y el ambiente f&iacute;sico de Norteam&eacute;rica es un claro precedente de movimientos posteriores: en este, como en otros aspectos, Gary Snyder se nos presenta como un adelantado a su tiempo. Esta preocupaci&oacute;n deriva en una defensa del biorregionalismo, y una propuesta de vida diferente, basada en el modelo tribal. Otro tipo de vida es posible, una vida m&aacute;s profunda y humana, de hermanamiento con la madre naturaleza.</p>
<p>En este sentido, su deuda con H. D. Thoreau y su ensayo sobre la desobediencia civil es evidente. Snyder proviene de la vida pionera. Su amigo Jack Kerouac nos habla de sus ra&iacute;ces: &ldquo;era un muchacho de Oregon oriental, criado en una caba&ntilde;a de madera, en la profundidad de los bosques, con su padre, su madre y su hermana, y desde peque&ntilde;o un monta&ntilde;&eacute;s, le&ntilde;ador y granjero, que le gustaban los animales y la cultura ind&iacute;gena (...) Se interes&oacute; por el viejo anarquismo de los Trabajadores Industriales del Mundo y aprendi&oacute; a tocar la guitarra y a cantar viejas canciones obreras que armonizaran con las canciones ind&iacute;genas y los cantos populares en general&rdquo;. Su trabajo como guardabosques acent&uacute;a esta tendencia, y, as&iacute;, surge ya la figura del eco-poeta comprometido pol&iacute;ticamente, no tanto con un proyecto concreto como con una idea de la revoluci&oacute;n total basada en el hermanamiento con la naturaleza y en la vuelta a una sabidur&iacute;a ancestral salvaguardada por el <em>modus vivendi</em> y la filosof&iacute;a de los indios americanos. Este sentimiento de uni&oacute;n con los Trabajadores Industriales es fruto de la herencia de otros autores, como Jack London. Es la &eacute;poca de los <em>&ldquo;wobblies&rdquo;</em> y del resurgimiento del viejo anarquismo pacifista clandestino.</p>
<p>As&iacute; pues, &eacute;ste es el primer constituyente, cronol&oacute;gicamente hablando, de la personalidad de nuestro poeta y, como todo lo que se forma en nuestra primera juventud, tuvo una influencia realmente significativa sobre &eacute;l. El indigenismo, la ecolog&iacute;a, el biorregionalismo, el tribalismo y el anarquismo pacifista le llevan a la adopci&oacute;n de un radicalismo ideol&oacute;gico que se basa en la idea matriz de que otra vida es posible, un mundo nuevo, m&aacute;s justo y, sobre todo, m&aacute;s aut&eacute;ntico. &Eacute;l mismo nos lo cuenta: &ldquo;Como poeta sostengo los valores m&aacute;s antiguos sobre la tierra. Se remontan al paleol&iacute;tico: la fertilidad de los campos, la magia de los animales, el poder de la visi&oacute;n que da la soledad, la iniciaci&oacute;n y el renacer, el amor y el &eacute;xtasis de la danza, el trabajo comunal de la tribu&rdquo;.</p>
<p>El concepto de lo salvaje es nuclear en la obra de Snyder. La idea es que el hombre debe recuperar su componente salvaje. Algo se ha perdido en nuestra evoluci&oacute;n como personas. El progreso, el tecnicismo, la modernidad han roto un v&iacute;nculo esencial. El hombre y la mujer son &ldquo;seres naturales&rdquo;, hijos e hijas de la naturaleza, y por eso deben desandar los pasos perdidos: hay que borrar y empezar de nuevo.</p>
<p>El segundo gran bloque formante de la personalidad de Gary Snyder es su papel como figura m&iacute;tica del <em>&ldquo;underground&rdquo;</em> de su pa&iacute;s. En este sentido, Snyder es un autor esencial de la contracultura. Tradicionalmente se le ha asociado con la Generaci&oacute;n Beat &ndash;m&aacute;s que nada debido a su amistad con Kerouac- y los poetas del grupo Black Mountain. No obstante, a pesar de su indudable influencia sobre estos autores, Snyder no es <em>beat</em>, no es tan f&aacute;cilmente encasillable. &ldquo;Se puede hablar de m&iacute; como amigo de la generaci&oacute;n <em>beat</em> en sus primeros tiempos, pero no formo parte de esa generaci&oacute;n&rdquo;, aclara el poeta en una entrevista a un peri&oacute;dico en 1992. La identificaci&oacute;n procede de ese libro-pasi&oacute;n, ese hermoso canto a la amistad que supone la novela <em>Los vagabundos del Dharma</em> del legendario Jack Kerouac, en la que Gary Snyder, rebautizado como Japhy Ryder, es retratado como un monje zen, le&ntilde;ador en los bosques profundos, m&iacute;stico descifrador del legado tel&uacute;rico del indio americano.</p>
<p>Kerouac conoci&oacute; a Gary en octubre de 1955, la noche de la famosa lectura po&eacute;tica en la Six Gallery de San Francisco. Muchos han contado sus impresiones acerca de esa noche. El poeta Kenneth Rexroth, algo mayor, oficiaba como maestro de ceremonias. El trasiego de alcohol era continuo en una noche de poes&iacute;a y excesos. Sobre todo, hab&iacute;a ese sentimiento de que algo importante estaba a punto de gestarse: las cosas no ser&iacute;an ya lo mismo. De hecho no lo fueron. Allen Ginsberg ley&oacute; su m&iacute;tico poema &ldquo;Aullido&rdquo; y todo explosion&oacute;. Estall&oacute; la catarsis. Mientras tanto, nuestro hombre miraba los acontecimientos con algo m&aacute;s de distancia, divertido, pero ajeno a la borrachera colectiva, y un Kerouac euf&oacute;rico qued&oacute; de inmediato fascinado por la personalidad del poeta que tanto habr&iacute;a de ense&ntilde;arles sobre Oriente, la meditaci&oacute;n y la vida en las monta&ntilde;as. El autor de <em>On the road</em> intuy&oacute; muy pronto el car&aacute;cter visionario de su amigo. As&iacute; habla Snyder-Ryder en la novela de Kerouac: &ldquo;Todo el mundo vive atrapado en un sistema de trabajo, producci&oacute;n, consumo, trabajo, producci&oacute;n, consumo... Tengo la visi&oacute;n de una gran revoluci&oacute;n mochilera, miles y miles, incluso millones de americanos yendo de aqu&iacute; para all&aacute;, vagabundeando con sus mochilas, escalando monta&ntilde;as por escalar, alegrando a los viejos, provocando la felicidad de los j&oacute;venes y las viejas y todos son lun&aacute;ticos zen que escriben poemas que brotan de sus cabezas sin raz&oacute;n&rdquo;.</p>
<p><em>Los vagabundos del Dharma</em> es el m&aacute;s generoso acto de creaci&oacute;n, un libro que trata sobre un amigo, pero no demuestra la pertenencia de Snyder al grupo <em>bea</em>t. Adem&aacute;s hay un hecho decisivo en este momento, pues nos introduce en la tercera fuerza de influencias: durante el periodo en que la <em>Beat Generation</em> recibi&oacute; la mayor publicidad, Snyder, en un movimiento t&iacute;pico de &eacute;l, se hallaba fuera del pa&iacute;s. No pudieron verlo ni entrevistarlo. Mientras Kerouac, Cassady, Ginsberg, Corso y dem&aacute;s se perd&iacute;an en los oropeles de la fama, mientras todos ellos mutaban de vagabundos enloquecidos a seres medi&aacute;ticos alcoholizados, Gary Snyder, inaprensible, viajaba a Jap&oacute;n, en donde estuvo much&iacute;simos a&ntilde;os en un monasterio budista de Kioto.</p>
<p>La influencia de Oriente, del zen y del budismo estuvo presente en nuestro poeta desde muy temprano. En septiembre de 1955, cuando Allen Ginsberg conoci&oacute; en Berkeley a Gary, dijo de &eacute;l en la biograf&iacute;a de Kerouac escrita por Ann Charters: &ldquo;Est&aacute; estudiando lenguas orientales y dentro de poco se va a Jap&oacute;n: quiere ser monje zen. Es lac&oacute;nico, de coraz&oacute;n c&aacute;lido; est&aacute; bien, tiene una peque&ntilde;a barba, es delgado, rubio, va en bicicleta por Berkeley con sus Levis, est&aacute; colgado de los indios... y escribe bien. Una persona interesante&rdquo;.</p>
<p>Todo aquel que se interese por la introducci&oacute;n del budismo en occidente y por la interacci&oacute;n entre Oriente y Occidente, tendr&aacute; una parada obligatoria en la obra y la peripecia vital de Snyder. En esta l&iacute;nea, es lectura obligatoria su ensayo <em>El budismo y la revoluci&oacute;n venidera</em>. Nuestro autor hace del budismo un eje gravitatorio existencial. Su conocimiento de idiomas orientales, sus continuos viajes y estancias en India, China y Jap&oacute;n, y la pr&aacute;ctica detenida y concienciada en monasterios, hacen de esta tercera fuerza algo m&aacute;s permanente que una mera actitud pasajera. De hecho Snyder hace una lectura respetuosa y profunda, pero tambi&eacute;n personal, de todo este acervo filos&oacute;fico. Frente a las caducas filosof&iacute;as occidentales, intelectualizadas hasta el artificio, el poeta encuentra en Oriente una forma de vida, una expresi&oacute;n vital tan sencilla y profunda como su alma. Su personal contribuci&oacute;n consiste en sentar las bases de un budismo socialmente comprometido: el budismo, de hecho, se convierte en la herramienta que Gary Snyder necesitaba para cambiar el mundo. De esta concepci&oacute;n nace el t&eacute;rmino Buddhist <em>Anarchism</em>, y &eacute;ste es un buen porcentaje de su legado: su capacidad para la simbiosis, una simbiosis que encaja de forma natural, pues &eacute;l descubre la relaci&oacute;n entre el pensamiento ecol&oacute;gico y las ideas budistas de la interpenetraci&oacute;n. En cualquier caso, Snyder tiene un papel evidente: presenta Oriente a muchos grandes poetas de su &eacute;poca, en un sentido abstracto y en un sentido literal. Muchos poetas del momento, desde Ginsberg a Corso, pasando por el poeta italoamericano Lorenzo Monsanto Ferlinghetti, encuentran en Snyder un cicerone de excepci&oacute;n.</p>
<p>Sea como fuere, la trayectoria vital de Gary Snyder es el camino de un buscador y, por eso, merece todo nuestro respeto. Su vida y su obra, m&aacute;s que nunca al un&iacute;sono, con t&iacute;tulos tan notables como <em>La isla de la tortuga</em> o su colecci&oacute;n de ensayos <em>La pr&aacute;ctica de lo salvaje</em>, nos llevan de la mano por un camino de iniciaci&oacute;n. Pocos ejemplos encontramos en la literatura actual que encarnen esa mezcla de ingenuidad y rigor intelectual. La calidez de su coraz&oacute;n abraza unos poemas que buscan un saber oculto en el silencio: en &eacute;l la poes&iacute;a es una forma de meditaci&oacute;n. En un mundo tan devaluado como el nuestro, pocas son las ocasiones de encontrar un poeta sabio. &Eacute;sta es una de ellas. Quiz&aacute;s, la mejor forma de terminar este ensayo sea seguir el consejo de nuestro poeta: &ldquo;En el siglo pr&oacute;ximo / o el que le siga, / dicen, / habr&aacute; valles, pastizales / donde podremos reunirnos en paz / si conseguimos llegar. // Para escalar estas cumbres venideras / una palabra para ti, para / ti y tus hijos:// Permanezcan juntos, / aprendan de las flores, / anden livianos&rdquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 15 Jul 2013 06:54:03 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El lujo de la tristeza]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-lujo-de-la-tristeza/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas18/noviembre/_NGEL_PETISME_2.jpg" alt="" /></p>
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<p>Eres un hombre que se te ve de lejos,</p>
<p>un luchador cosido con fuerza y con ternura.</p>
<p>Tienes una sonrisa como un sol de invierno</p>
<p>y una hemorragia de vainilla interior.</p>
<p>Envejeces cuando dejas de amar.</p>
<p>Tienes muchos sue&ntilde;os que tirar del ovillo</p>
<p>y un pu&ntilde;ado de amigos que te adoran y est&aacute;n</p>
<p>cuando las ratas abandonan el barco.</p>
<p>Perm&iacute;tete un rato el lujo de la tristeza,</p>
<p>luego compra una escoba, s&aacute;cala de tu alma,</p>
<p>la primavera estalla en lirios y minifaldas.</p>
<p>Encontrar&aacute;s la excusa para que el coraz&oacute;n</p>
<p>trepe de nuevo al &aacute;rbol y se ponga a bailar.</p>
<p>Ya sabes d&oacute;nde estoy. Donde escuchan las rosas,</p>
<p>mi m&oacute;vil siempre est&aacute; despierto para ti.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 15 Jul 2013 06:49:26 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Guillermo Carnero: el hedonismo de la inteligencia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/guillermo-carnero-el-hedonismo-de-la-inteligencia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/GUILLERMO_CARNERO.jpg" alt="" /></p>
<p>La obra po&eacute;tica de Guillermo Carnero (Valencia, 1947) es una de las m&aacute;s originales, rigurosas y significativas de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. El libro con que se dio a conocer, <em>Dibujo de la muerte </em>(1967), fue considerado enseguida una obra emblem&aacute;tica, lo mismo que <em>Arde el mar </em>(1966), de Pedro Gimferrer. Las caracter&iacute;sticas m&aacute;s visibles de ambos libros pronto sirvieron para definir a la generaci&oacute;n emergente. Jos&eacute; Mar&iacute;a Castellet incluy&oacute; a Carnero en su afamada antolog&iacute;a <em>Nueve nov&iacute;simos poetas espa&ntilde;oles</em> (1970), en la que se propuso agrupar a los poetas &ldquo;m&aacute;s representativos de la ruptura&rdquo; y de la superaci&oacute;n del realismo social. Jos&eacute; Olivio Jim&eacute;nez anunci&oacute; algo despu&eacute;s la segunda edici&oacute;n de <em>Dibujo de la muerte</em> (1971), que ahora inclu&iacute;a dos poemas de la <em>plaquette</em> titulada <em>Libro de horas</em>, en un art&iacute;culo memorable publicado en la revista <em>Papeles de Son Armadans </em>(mayo 1972), bajo el acertado r&oacute;tulo &ldquo;Est&eacute;tica del lujo y de la muerte&rdquo;, donde ratifica la preeminencia del joven poeta sobre sus compa&ntilde;eros de oficio. Y Carlos Bouso&ntilde;o lo consagr&oacute; definitivamente mediante el pr&oacute;logo a <em>Ensayo de una teor&iacute;a de la visi&oacute;n. Poes&iacute;a 1966-1977, </em>volumen en el que el poeta nov&iacute;simo reun&iacute;a la obra po&eacute;tica escrita hasta ese momento.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En el pr&oacute;logo de marras, Carlos Bouso&ntilde;o puso de relieve, adem&aacute;s del car&aacute;cter emblem&aacute;tico de la poes&iacute;a carneriana, el hecho de que todos los libros recogidos en el volumen eran en realidad <em>un solo libro.</em> El propio Carnero no pudo por menos de corroborar este juicio en la correspondiente &ldquo;Nota del autor&rdquo;, juicio que ven&iacute;a a coincidir con su idea de c&oacute;mo se desarrolla a lo largo del tiempo una obra coherente: &ldquo;no de modo lineal, sino en espiral, es decir, retomando siempre los mismos problemas seg&uacute;n una trayectoria circular que se salva de ser viciosa porque en cada ciclo hay una nueva complejidad que sintetiza el anterior recorrido y relee esa s&iacute;ntesis de modo m&aacute;s abarcador&rdquo;. En efecto, despu&eacute;s de cuarenta a&ntilde;os de ejercicio de la poes&iacute;a, con los remansos de silencio creador que este viejo oficio precisa, la obra po&eacute;tica de Guillermo Carnero constituye un<em> conjunto org&aacute;nico</em>, perfectamente articulado, que responde a una &ldquo;unidad de sentido&rdquo; precisa y a una &ldquo;l&oacute;gica de desarrollo&rdquo; concreta.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El autor de <em>Ensayo de una teor&iacute;a de la visi&oacute;n </em>anticip&oacute; estas cuestiones, al menos como declaraci&oacute;n de principios, en las dos citas que antepuso al libro en la edici&oacute;n de 1979. La primera, perteneciente al pensador Edmund Burke, dice: &ldquo;S&oacute;lo pido una gracia: que ninguna parte de este discurso sea juzgada en s&iacute; misma e independiente del resto&rdquo; (<em>A philosophical Enquiry into the Origin of our Ideas of the Sublime and the Beautiful</em>). Pues bien, Guillermo Carnero nos advierte as&iacute; de la &ldquo;unidad de sentido&rdquo; que reclama para su obra toda. La segunda, correspondiente al narrador Lawrence Durrell, reza: &ldquo;&iquest;Les gustar&iacute;a conocer mi m&eacute;todo? Es sencillo: al escribir un libro [&hellip;], escribo otro sobre este primero, y un tercero sobre el segundo, y as&iacute; sucesivamente. Acaso de este modo, por qu&eacute; no, pueda surgir una nueva l&oacute;gica. Como esos monos de los frescos indost&aacute;nicos [&hellip;] que para bailar necesitan apoyarse cada uno con el dedo &iacute;ndice en el trasero del anterior&rdquo; (<em>Nunquam</em>). A juzgar por los resultados obtenidos, la trayectoria po&eacute;tica de Carnero parece obedecer a una &ldquo;l&oacute;gica de desarrollo&rdquo; estricta, atenuada en la medida de lo posible por el empleo del humor y la iron&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si mi apreciaci&oacute;n es correcta, la obra po&eacute;tica de Guillermo Carnero presenta dos &eacute;pocas claramente diferenciadas, entre las que, a pesar de las diferencias inevitables, se observa una profunda semejanza en cuanto a su desenvolvimiento, como tendr&eacute; ocasi&oacute;n de mostrar en estas notas de lectura. Pero vayamos por partes.</p>
<p align="center">I</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La primera etapa de Guillermo Carnero se inici&oacute; con un libro verdaderamente excepcional, <em>Dibujo de la muerte</em> (1967), en el que el jovenc&iacute;simo poeta plantea el eje tem&aacute;tico en torno al cual gira su obra, desde entonces hasta hoy, esto es, la precariedad de la vida contemplada desde la perspectiva del arte. A continuaci&oacute;n, Carnero abordar&iacute;a la insuficiencia del arte para dar cuenta de la vida en tres colecciones sucesivas, pero desde puntos de vista diferentes; mientras que en <em>El Sue&ntilde;o de Escipi&oacute;n </em>(1971) parte de la experiencia personal, en <em>Variaciones y figuras sobre un tema de La Bruy&egrave;re</em> (1974) recurre a la reflexi&oacute;n sobre experiencia vivida y, finalmente, en <em>El azar objetivo</em> (1975) se decanta por el cuestionamiento de algunas formas de trasmitir esa experiencia, como son el discurso razonado y la f&aacute;bula neocl&aacute;sica. La primera recopilaci&oacute;n de su obra, <em>Ensayo de una teor&iacute;a de la visi&oacute;n. Poes&iacute;a 1966-1977,</em> constituye la clausura de esta &eacute;poca, tras la cual el poeta se sumi&oacute; en un silencio prolongado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Dibujo de la muerte</em> vio la luz en 1967, y pronto fue objeto de la m&aacute;xima estima. A pesar de la juventud de su autor, que apenas hab&iacute;a rozado la veintena, constituye una reflexi&oacute;n original sobre la precariedad de la vida frete a la belleza perdurable del arte. De hecho, todos los poemas que lo integran, desde &ldquo;&Aacute;vila&rdquo; hasta &ldquo;Bacanales en R&iacute;mini para olvidar a Isotta&rdquo;, pasando por &ldquo;Capricho en Aranjuez&rdquo; o &ldquo;Panorama desde la Tour Farn&egrave;se&rdquo;, est&aacute;n relacionados, de una manera o de otra, con el mundo del arte o de la cultura. A diferencia de los poetas realistas, pertenecientes a la primera generaci&oacute;n de posguerra, Carnero se resiste a considerar la obra de arte como salvaci&oacute;n de la vida, al tiempo que proclama la autonom&iacute;a de la obra art&iacute;stica. A diferencia de los poetas del conocimiento, pertenecientes a la segunda generaci&oacute;n de posguerra, rechaza la expresi&oacute;n directa del yo mediante f&oacute;rmulas confesionales, a la vez que recurre a procedimientos de expresi&oacute;n indirectos, como el correlato objetivo o los materiales procedentes del museo imaginario de la cultura. El poema &ldquo;Watteau en Nogent-sur-Marne&rdquo; concluye, por ejemplo, de manera harto significativa:</p>
<p style="text-align: left;">Porque el hombre desea conocer lo que ama,</p>
<p style="text-align: left;">descifrar la sangre que pulsa entre sus dedos, recorrer</p>
<p style="text-align: left;">&iacute;ntimamente los senderos intuidos desde la cancela.</p>
<p style="text-align: left;">Nada vuestro me es oculto, personajes de f&aacute;bula,</p>
<p style="text-align: left;">porque soy uno mismo con vosotros,</p>
<p style="text-align: left;">y sin embargo, estoy tan solo como cuando, al entrar en el sal&oacute;n,</p>
<p style="text-align: left;">oprima una mano desconocida bajo la seda, en la pr&oacute;xima danza.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &ldquo;Est&eacute;tica del lujo y de la muerte&rdquo;, para emplear las palabras de Octavio Paz reutilizadas por Jos&eacute; Olivio Jim&eacute;nez, la de Carnero es una est&eacute;tica nihilista, que no nace del amor a la vida, sino del temor a la muerte. Es la respuesta a una pregunta sobradamente conocida: &iquest;hay algo capaz de otorgarle al ser y a la existencia un sentido que los redima de su precariedad? La respuesta del poeta presupone la superaci&oacute;n del nihilismo mediante la existencia experimental del artista. Esto nos permite entender su inter&eacute;s por los personajes decadentes y exquisitos: &Oacute;scar Wilde, Watteau, Brummel, Giovanni Sforza, Ludovico Manin&hellip; y un largo etc&eacute;tera.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tras la buena acogida de <em>Dibujo de la muerte</em>, Guillermo Carnero public&oacute; sucesivamente tres colecciones de poemas, <em>El Sue&ntilde;o de Escipi&oacute;n, Variaciones y figuras sobre un tema de La Bruy&egrave;re</em> y<em> El azar objetivo</em>, que constituyen una unidad de sentido dentro de la trayectoria po&eacute;tica de su autor. Una vez establecida la ruptura con la est&eacute;tica realista, y constatada la precariedad de la vida desde el punto de vista del arte, el joven poeta indaga los principios de una est&eacute;tica objetivista, a pesar de la insuficiencia del arte para dar cuenta de la vida. Este cambio de orientaci&oacute;n, anunciado ya en poemas como &ldquo;Plaza de Espa&ntilde;a&rdquo;, de <em>Dibujo de la muerte, </em>ha permitido que los cr&iacute;ticos hablen, y con raz&oacute;n, de un giro metapo&eacute;tico en la obra del autor. Receptivo ante una preocupaci&oacute;n que estaba en el ambiente de los primeros a&ntilde;os setenta, Carnero comienza a mostrar una atenci&oacute;n preferente por el lenguaje. Abandona la concepci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica que podemos denominar <em>cratilismo po&eacute;tico</em> (como alusi&oacute;n a la teor&iacute;a del fil&oacute;sofo Cratilo expuesta en el di&aacute;logo hom&oacute;nimo de Plat&oacute;n), y que consiste en considerar la naturaleza del lenguaje, no como mera convenci&oacute;n (arbitrariedad, dir&iacute;a Saussure), sino como expresi&oacute;n natural de una realidad, aunque s&oacute;lo sea a efectos literarios. Y finalmente trasforma el lenguaje en el tema del discurso, de la manera enigm&aacute;tica y pomposa en que s&oacute;lo pueden hacerlo los estudiantes universitarios en trance de obtener la licenciatura.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>El Sue&ntilde;o de Escipi&oacute;n</em> es un libro sobre el proceso creador, es decir, sobre la transformaci&oacute;n literaria de la experiencia personal en discurso po&eacute;tico. Los quince poemas que lo integran se compusieron en Cambridge, durante el invierno de 1970 y la primavera de 1971, mientras el autor intentaba reponerse de un desenga&ntilde;o amoroso. En manos de otro poeta, los materiales que integran este libro hubieran terminado en una personal &ldquo;historia del coraz&oacute;n&rdquo;; pero Carnero, que ha renunciado a la pr&aacute;ctica del arte confesional, es decir, a la mezquindad de emplear su experiencia personal para convertirla en materia de arte (como sugiere en &ldquo;Er&oacute;tica del Marab&uacute;&rdquo;, una aut&eacute;ntica declaraci&oacute;n principios), prefiere abordar el tema de modo indirecto. El libro se articula seg&uacute;n el procedimiento de la <em>doble metonimia</em> al que el autor se refiere en el poema hom&oacute;nimo; procedimiento que, en respuesta a Joaqu&iacute;n Gonz&aacute;lez Muelas, explica en estor t&eacute;rminos: &ldquo;una, la sustituci&oacute;n de la vida real por la consideraci&oacute;n de la misma; otra, la de la experiencia de esa consideraci&oacute;n por la experiencia literaria, que se vuelve as&iacute; una metalectura de la vida real&hellip;&rdquo; El asunto amoroso, al que s&oacute;lo se alude de manera indirecta, se muestra cauta y veladamente en los tres poemas sint&eacute;ticos que vertebran el libro (&ldquo;Jard&iacute;n ingl&eacute;s&rdquo;, &ldquo;Chagrin d&rsquo;amour, principe d&rsquo;oeuvre d&rsquo;art&rdquo; y &ldquo;El Sue&ntilde;o de Escipi&oacute;n&rdquo;), dedicados a desvelar el proceso creador, y en las dos series de poemas anal&iacute;ticos que se intercalan entre ellos, en los que el autor reflexiona sobre alg&uacute;n aspecto de la experiencia personal o del discurso po&eacute;tico.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con <em>Variaciones y figuras sobre un tema de La Bruy&egrave;re</em>, el poeta plantea la insuficiencia del lenguaje para aprehender la realidad, e incluso la experiencia de esa realidad. El tema al que se alude en el t&iacute;tulo no es otro que la imposibilidad de decir nada nuevo, pues &ldquo;tout est dit, et l&rsquo;on vient trop tard&rdquo;, como reza el lema de La Bruy&egrave;re. De ah&iacute; que el poeta dirija su atenci&oacute;n, no tanto a la realidad material, como a la experiencia personal de esa realidad. Para ello recurre a un lenguaje fr&iacute;o, reflexivo, filos&oacute;fico, y a dos de los procedimientos que le son propios, formulados por Kant en su <em>Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n pura</em>: los procedimientos &ldquo;anal&iacute;tico&rdquo; y &ldquo;sint&eacute;tico&rdquo;. En &ldquo;Discurso del m&eacute;todo&rdquo;, el poema que abre el libro, el autor se distancia de la est&eacute;tica realista, as&iacute; como de su opuesto complementario, el surrealismo, como ha demostrado Juan Jos&eacute; Lanz en un ensayo excelente, para concluir de esta forma:</p>
<p style="text-align: left;">Cuando hayamos aprendido a evitar ambos vicios</p>
<p style="text-align: left;">recapacitaremos: c&oacute;mo la mente humana</p>
<p style="text-align: left;">gusta de contemplar alternativamente&nbsp; lo concreto y lo abstracto</p>
<p style="text-align: left;">como ant&iacute;doto a la hip&oacute;stasis de conceptos generales,</p>
<p style="text-align: left;">y as&iacute; concebiremos dos tipos de poema: uno &ldquo;sint&eacute;tico&rdquo;,</p>
<p style="text-align: left;">fundado en la generalidad y el lenguaje que le es propio,</p>
<p style="text-align: left;">y que este libro llama &ldquo;variaci&oacute;n&rdquo;;</p>
<p style="text-align: left;">otro &ldquo;anal&iacute;tico&rdquo;, que explicita el detalle y arroja luz</p>
<p style="text-align: left;">sobre la variaci&oacute;n; lo llamamos &ldquo;figura&rdquo;.</p>
<p style="text-align: left;">Esta doble articulaci&oacute;n de la expresi&oacute;n po&eacute;tica</p>
<p style="text-align: left;">es la llamada <em>Escala de Osiris </em>por el Neoplatonismo florentino.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se reitera as&iacute; el autor en los principios de la est&eacute;tica formal, como corroboran los dos poemas siguientes: &ldquo;Giovanni Battista Piranesi&rdquo; y &ldquo;Paestum&rdquo;, en los que se exalta la mirada arqueol&oacute;gica del artista y el hedonismo de la inteligencia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>El azar objetivo</em> insiste en la b&uacute;squeda infructuosa de la certeza a partir del lenguaje po&eacute;tico: una certeza a la que s&oacute;lo podemos acercarnos mediante la ficci&oacute;n del arte. En esta ocasi&oacute;n el motivo principal es la insuficiencia del lenguaje discursivo como medio de acceso a la realidad. En contrapunto ir&oacute;nico con el t&iacute;tulo, de inequ&iacute;voca ascendencia surrealista, Carnero recurre a dos procedimientos neocl&aacute;sicos: el empleo de un discurso razonado y la elaboraci&oacute;n del poema seg&uacute;n el molde de la f&aacute;bula. Ambos recursos ya hab&iacute;an aparecido en sus libros anteriores; la diferencia consiste en el empleo ir&oacute;nico de los mismos, con lo que se consigue relativizar la eficacia de ambos. Pero lo que verdaderamente fascina al poeta es la l&oacute;gica imaginativa de la construcci&oacute;n, es decir, aquella praxis est&eacute;tica que sigue el principio de hacer depender el saber del hacer, como queda de manifiesto en &ldquo;Eupalinos&rdquo;. El t&iacute;tulo de este poema remite al di&aacute;logo de Paul Val&eacute;ry cuyo t&iacute;tulo completo es <em>Eupalinos ou l&rsquo;Architecte</em> (1921), en el que su autor&nbsp; rechaza definitivamente la metaf&iacute;sica plat&oacute;nica de lo bello y el supuesto car&aacute;cter mim&eacute;tico del arte, pues el conocimiento que lleva consigo la producci&oacute;n est&eacute;tica no es ning&uacute;n conocimiento plat&oacute;nico, sino la regla de la producci&oacute;n descubierta en el construir o en el hacer. Carnero trata de afirmar as&iacute; la &ldquo;capacidad poi&eacute;tica&rdquo; personal a la luz de la est&eacute;tica <em>productiva</em> de poeta y ensayista franc&eacute;s.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En 1979 aparece <em>Ensayo de una teor&iacute;a de la visi&oacute;n. Poes&iacute;a 1966-1977, </em>la primera recopilaci&oacute;n de su obra completa. El t&iacute;tulo procede de <em>An Essay Towards a New Theory of Vision</em>, del fil&oacute;sofo idealista George Berkeley, y confirma la preferencia de Carnero por el siglo XVIII, como se encargar&aacute; de probar m&aacute;s adelante en <em>La cara oscura del Siglo de las Luces </em>(1990). El libro incluye, a modo de ep&iacute;tome, los poemas &ldquo;Discurso de la servidumbre voluntaria&rdquo;, &ldquo;Le Grand Jeu&rdquo; y &ldquo;Ostente&rdquo;. Este &uacute;ltimo, uno de los poemas m&aacute;s logrados y representativos de Carnero, es la clave de b&oacute;veda que culmina la primera etapa de su trayectoria po&eacute;tica. En los versos desencantados de este poema convergen, en apretada s&iacute;ntesis, las dos l&iacute;neas de pensamiento que sustentan el <em>pathos</em> tr&aacute;gico del autor de <em>Dibujo de la muerte</em>: el nihilismo reactivo y la est&eacute;tica productiva. &ldquo;La soluci&oacute;n de &ldquo;Ostente&rdquo; fue azarosa &ndash;dice Carnero en una entrevista con Juan Jos&eacute; Lanz&ndash;; realmente era lo que estaba buscando desde el principio: la angustia del poema es, por una parte, la angustia de la muerte; pero, por otro lado, es la angustia de escribir sobre algo y reconstruirlo por medio de las palabras&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El <em>pathos</em> tr&aacute;gico de la composici&oacute;n est&aacute; perfectamente justificado si tenemos en cuenta que, para Carnero, &ldquo;la angustia del poema&rdquo; es el resultado de una doble aflicci&oacute;n: &ldquo;la angustia de la muerte&rdquo;, ese <em>escalofr&iacute;o nuevo</em> en que, seg&uacute;n nos hizo saber Nietzsche, consiste el <em>pathos</em> del nihilismo moderno; y &ldquo;la angustia de escribir&rdquo;, ese <em>frisson nouveau</em> que, al decir de Victor Hugo, introdujo Baudelaire en el campo de la literatura. As&iacute; puede verse, por ejemplo, en los versos finales de &ldquo;Ostente&rdquo;:</p>
<p>Sin violencia ni gloria se acercan a morir</p>
<p>las l&iacute;neas sucesivas que forman el poema.</p>
<p>Brillante arquitectura que es f&aacute;cil levantar,</p>
<p>igual que las volutas, los pin&aacute;culos,</p>
<p>las columnas y las logias</p>
<p>en las que se sepulta una clase acabada,</p>
<p>ostentando sus nobles materiales</p>
<p>tras un viaje en el vac&iacute;o.</p>
<p>Producir un discurso</p>
<p>ya no es signo de vida, es la prueba mejor</p>
<p>de su terminaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;En el vac&iacute;o</p>
<p>no se engendra discurso,</p>
<p>pero s&iacute; en la conciencia del vac&iacute;o.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El poeta escribe para conjurar la angustia de la muerte, pero el poema no colma satisfactoriamente el agujero negro del existir. Porque, para Carnero, el discurso no es tanto un &ldquo;signo de vida&rdquo;, cuanto la &ldquo;prueba mejor de su terminaci&oacute;n&rdquo;. De esta manera, el poema, se convierte en un epitafio, que se engendra en el espacio referencial de la conciencia: no tanto en el vac&iacute;o, como en la conciencia del vac&iacute;o. El poeta que ha comido del &aacute;rbol del conocimiento ya no estar&aacute; dispuesto al <em>sacrificium intellectus</em>; perdida la inocencia de los or&iacute;genes, s&oacute;lo le queda el placer de la inteligencia.</p>
<p align="center">II</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Despu&eacute;s de un largo periodo de silencio, en el que la imaginaci&oacute;n del poeta parec&iacute;a haberse consumido en su propio esplendor, Guillermo Carnero public&oacute; <em>Divisibilidad indefinida</em> (1990), con el que vuelve sobre una de sus preocupaciones dominantes, esto es, la relaci&oacute;n entre la realidad y la expresi&oacute;n po&eacute;tica de esa realidad, aunque esta vez se concentre en el proceso de recuperaci&oacute;n de la realidad como experiencia personal en la escritura. M&aacute;s adelante, y de manera similar a como hab&iacute;a procedido en los a&ntilde;os setenta respecto a la insuficiencia del lenguaje literario, abordar&iacute;a con insistencia la ilusi&oacute;n de la identidad personal en tres colecciones sucesivas: <em>Verano ingl&eacute;s </em>(1999), <em>Espejo de gran niebla </em>(2002), y <em>Fuente de M&eacute;dicis </em>(2006).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hasta ahora, el poeta hab&iacute;a renunciado a la expresi&oacute;n de la realidad inmediata y del intimismo directo, conforme a su decisi&oacute;n de llevar a cabo una obra que fuera, ante todo y sobre todo, una fenomenolog&iacute;a de la experiencia po&eacute;tica como acto constitutivo. Ahora, y durante toda su segunda &eacute;poca, aceptar&aacute; con naturalidad la realidad inmediata y el intimismo directo en tanto que elementos constitutivos del discurso, aunque nunca de manera preferente o exclusiva. Al aceptar el intimismo directo como elemento constituyente de su po&eacute;tica, Carnero abre un nuevo cauce de investigaci&oacute;n y desarrollo: la identidad personal o, lo que es lo mismo, los sue&ntilde;os de esa ilusi&oacute;n conocida como identidad personal. En particular, se interesa por la transformaci&oacute;n del yo emp&iacute;rico conforme a la decisi&oacute;n deliberada de llevar a t&eacute;rmino su obra po&eacute;tica.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Divisibilidad indefinida</em>, el libro que abre la segunda etapa en la trayectoria po&eacute;tica de Guillermo Carnero, se inscribe en la misma tradici&oacute;n simbolista y barroca de su primera &eacute;poca, como ha se&ntilde;alado Andrew P. Debicki en su <em>Historia de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola del siglo </em><em>XX</em><em>. </em>&nbsp;Se trata, en este caso, de una reflexi&oacute;n original sobre la realidad recobrada como experiencia personal en la escritura. El poeta no renuncia a los escenarios culturales tan frecuentados hasta ahora; algunos, como los elegidos en &ldquo;Teatro Ducal de Parma&rdquo; y &ldquo;Museo Naval de Venecia&rdquo;, concuerdan a las mil maravillas con los evocados en &ldquo;Capricho en Aranjuez&rdquo; o &ldquo;Galer&iacute;a de retratos&rdquo;. Pero, a partir de este momento, su atenci&oacute;n se dirige tambi&eacute;n a los escenarios naturales; lo poemas primero y cuarto del volumen, &ldquo;Lecci&oacute;n del p&aacute;ramo&rdquo; y &ldquo;Segunda lecci&oacute;n del p&aacute;ramo&rdquo;, convierten la visi&oacute;n hist&oacute;rica de &ldquo;Castilla&rdquo; en visi&oacute;n directa del p&aacute;ramo castellano. Aunque lo m&aacute;s frecuente es que ambos escenarios, el cultural y el natural, se presenten mezclados, como sucede en &ldquo;Los motivos del jard&iacute;n&rdquo;, ambientado en los jardines del Monasterio de El Escorial, o en &ldquo;Fantas&iacute;a de un amanecer de invierno&rdquo;. Reparemos, aunque s&oacute;lo sea a modo de ejemplo, en el comienzo de &eacute;ste &uacute;ltimo:</p>
<p>El tiempo anida en el color</p>
<p>y la memoria intuye l&iacute;mites</p>
<p>en el discernimiento de la l&iacute;nea,</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>y los tonos del aire configuran</p>
<p>una definici&oacute;n de la distancia,</p>
<p>miden con su cadencia y su retorno</p>
<p>los de las estaciones del discurso.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A pesar de su pertinaz nihilismo est&eacute;tico-literario, derivado del estudio y rechazo de las costumbres, las creencias y las ideolog&iacute;as de la &eacute;poca que le ha tocado vivir, el poeta desea ver las cosas como son, o como aparecen en el escenario de la memoria; tanto las cosas referidas al &aacute;mbito de la cultura, como las referidas al &aacute;mbito de la naturaleza. En ciertos casos, y bajo ciertas condiciones, tambi&eacute;n la representaci&oacute;n literaria puede constituirse en una v&iacute;a de acceso a la realidad, y a su conocimiento representativo. Con todo, el poeta sabe que el objeto de arte implica necesariamente un distanciamiento de lo que se pretende representar en la escritura.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los tres libros m&aacute;s recientes de Guillermo Carnero, <em>Verano Ingl&eacute;s</em>, <em>Espejo de gran niebla </em>y <em>Fuente de M&eacute;dicis</em>, constituyen otra unidad independiente dentro de la obra de su autor. Los tres responden a una misma motivaci&oacute;n: la ilusi&oacute;n de identidad personal a partir de la experiencia amorosa. Pero cada uno opera desde una perspectiva distinta: la de la memoria, la del pensamiento y la de la escritura. Carnero sigue fiel a los principios ideol&oacute;gicos y est&eacute;ticos que hab&iacute;an regido su obra hasta ese momento, lo que no le impide adoptar un punto de vista diferente. Cuando dio a luz<em> Divisibilidad indefinida</em>, que incluye la <em>plaquette</em> <em>M&uacute;sica para fuegos de artificio</em>, despu&eacute;s de catorce a&ntilde;os de pertinaz silencio po&eacute;tico e insistente reflexi&oacute;n literaria, a&ntilde;os en los que se dedic&oacute; fundamentalmente a la investigaci&oacute;n y a la prosa ensay&iacute;stica, algo hab&iacute;a cambiado en su modo de entender y practicar la poes&iacute;a.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Su inter&eacute;s se dirige ahora hacia la experiencia est&eacute;tica <em>receptiva</em> (la <em>aisthesis </em>cl&aacute;sica), que pone otra vez en juego la percepci&oacute;n renovada por medio del arte, frente a la tradicional primac&iacute;a del conocimiento conceptual. Este cambio de perspectiva, inducido acaso por el cambio de orientaci&oacute;n est&eacute;tica de los j&oacute;venes, que dirigen sus preocupaciones hacia la experiencia est&eacute;tica <em>comunicativa</em>, le acerc&oacute; a los poetas de los a&ntilde;os cincuenta, que hab&iacute;an ejercido, entendido y practicado la poes&iacute;a como forma de conocimiento. Ignacio Javier L&oacute;pez ha se&ntilde;alado con acierto este cambio en su excelente introducci&oacute;n a <em>Dibujo de la muerte. Obra po&eacute;tica</em> (1998).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Verano ingl&eacute;s</em> consta de veintis&eacute;is poemas, escritos entre abril de 1997 y abril de 1998, al t&eacute;rmino de una relaci&oacute;n amorosa. Se trata de un libro sobre la evocaci&oacute;n del amor, que empieza en la exaltaci&oacute;n de los cuerpos, pasa por la plenitud de la relaci&oacute;n amorosa y concluye con el desenga&ntilde;o compartido. Todos y cada uno de los poemas surgen&nbsp; de la necesidad imperiosa de reconstruir el yo emp&iacute;rico, en circunstancias que le afectan emocionalmente, y se sirven de un lenguaje d&uacute;ctil y ornamental, forjado en las fraguas del barroco y del simbolismo. A diferencia de lo que suced&iacute;a en <em>El Sue&ntilde;o de Escipion, </em>los datos biogr&aacute;ficos se entrelazan con los correlatos objetivos procedentes del &aacute;mbito de la cultura, en una s&iacute;ntesis ciertamente iluminadora. El poeta combina la expresi&oacute;n directa de la intimidad, como ya ven&iacute;a haciendo desde el comienzo de esta segunda &aacute;poca, con el empleo de correlatos extra&iacute;dos del &aacute;mbito de la pintura er&oacute;tica. Aunque en algunos poemas predomina la expresi&oacute;n directa (&ldquo;Leicester Square&rdquo;, &ldquo;Escuchando a Tom Waits&rdquo;), en otros sobresale el empleo de correlatos objetivos (&ldquo;Beauregard&rdquo;, &ldquo;Las Or&eacute;ades, por Bouguereau&rdquo;), y con frecuencia se combinan ambas perspectivas (&ldquo;Lecci&oacute;n de m&uacute;sica&rdquo;, &ldquo;El poema no escrito&rdquo;). Quien ha pasado por la est&eacute;tica de la negatividad no puede regresar ni a la imitaci&oacute;n realista de la realidad, ni al intimismo directo, ni a la confianza ingenua en el lenguaje.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Con <em>Espejo de gran niebla, </em>Carnero ensaya una caudalosa meditaci&oacute;n a prop&oacute;sito de la materia desarrollada en el libro anterior, esto es, la plenitud, el fracaso y la renuncia de la experiencia amorosa, al tiempo que reflexiona a cerca de los nuevos escenarios en que esa materia se representa, o sea, la memoria, la conciencia y la escritura. Para ello se sirve del poema extenso, como ya hiciera en <em>Variaciones y figuras sobre un tema de La Bruy&egrave;re</em>, con los procedimientos que le son propios: el lenguaje reflexivo y el <em>collage</em>. En la primera parte del libro, &ldquo;Noche de la memoria&rdquo;, el poeta se lamenta de la realidad perdida y la desolaci&oacute;n de la memoria:</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Qu&eacute; poca realidad,&nbsp;</p>
<p>cu&aacute;ntas formas distintas de no ver&nbsp;</p>
<p>para llegar al fin al gran enga&ntilde;o:&nbsp;</p>
<p>un pu&ntilde;ado de l&iacute;neas que se cruzan&nbsp;</p>
<p>sin brillo y sin color en la memoria.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El &uacute;nico consuelo que le queda es la conciencia, y a ella se dirige en la tercera parte, &ldquo;Conciliaci&oacute;n del da&ntilde;o&rdquo;, en estos t&eacute;rminos:</p>
<p>S&aacute;lvame de la noche cuando escribo,&nbsp;</p>
<p>conciencia inerme y sola,&nbsp;</p>
<p>que no se atreve a levantar el vuelo&nbsp;</p>
<p>en su regi&oacute;n alzada de luz negra.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En la quinta y &uacute;ltima parte, &ldquo;Ficci&oacute;n de la palabra&rdquo;, insiste sobre el recurso de la escritura. Entre la realidad y su imagen escrita, el poeta descubre un gran territorio inexplorado; de modo que s&oacute;lo quien lo recorre significa. Pero el poeta no oculta su desconfianza ante la pretendida eficacia de la escritura po&eacute;tica:</p>
<p>&iquest;Por qu&eacute; si est&aacute; el teatro</p>
<p>vac&iacute;o, si la obra</p>
<p>ha terminado, y p&uacute;blico no existe,</p>
<p>a&uacute;n seguimos viniendo los actores</p>
<p>para lanzar palabras contra el muro?</p>
<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Fuente de M&eacute;dicis</em> escenifica al fin, con el mismo pretexto del amor perdido, el fracaso inevitable de vivir, a pesar de la ilusi&oacute;n del recuerdo, de la lucidez del pensamiento y del sue&ntilde;o de la escritura. Un fracaso que el poeta expresa sin contemplaciones, a sabiendas de que est&aacute; &ldquo;condenado a vivir en el recuerdo / y a esperar el alivio de la muerte&rdquo;. El libro est&aacute; formado por un poema extenso, escrito en heptas&iacute;labos y endecas&iacute;labos blancos, en forma dialogada, de filiaci&oacute;n barroca. El mito que lo articula presenta un tratamiento muy personal, estudiado por &Aacute;ngel L. Prieto de Paula en su <em>Musa del 68 a prop&oacute;sito del poema &ldquo;El embarco para Cyterea&rdquo;. Ya el t&iacute;tulo se refiere a una fuente del jard&iacute;n parisino de Luxemburgo, presidida por un grupo escult&oacute;rico que representa la f&aacute;bula de Acis, Polifemo y Galatea. Se trata de un di&aacute;logo entre el sujeto poem&aacute;tico, un ensimismado paseante solitario, y la ninfa Galatea, s&iacute;mbolo de la juventud y la belleza, sobre la relaci&oacute;n entre la realidad existencial y la imaginaci&oacute;n cultural. Si en &ldquo;&Aacute;vila&rdquo;, de Dibujo de la muerte</em>, si en &ldquo;Convento de Santo Tom&eacute;&rdquo; y &ldquo;Raz&oacute;n de amor&rdquo;, de<em> Divisibilidad indefinida</em>, el poeta recurr&iacute;a al t&oacute;pico del sujeto que observa y describe una estatua f&uacute;nebre, ahora recurre al t&oacute;pico del sujeto que observa y dialoga con el personaje escult&oacute;rico, confrontando as&iacute; la precariedad de los afanes humanos con la duraci&oacute;n de la obra de arte, m&aacute;s duradera que el hombre que la crea. Pero el resultado es un doble fracaso: creer en lo absoluto, en los ideales que no se cumplen, y vivir en lo contingente, esperando el alivio de la muerte.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A medida que la obra de Guillermo Carnero avanzaba en su cumplimiento, el nihilismo est&eacute;tico-literario del poeta, dominante en su primera &eacute;poca, la que va desde <em>Dibujo de la muerte </em>hasta <em>El azar objetivo</em>, iba cediendo protagonismo al hedonismo de la inteligencia, caracter&iacute;stico de la segunda &eacute;poca, la que va desde <em>Divisibilidad indefinida</em> hasta <em>Fuente de M&eacute;dicis</em>. La preocupaci&oacute;n del poeta por la precariedad de la vida contemplada desde el punto de vista del arte, da lugar a la recuperaci&oacute;n de la realidad como experiencia personal en la escritura, aunque en modo alguno resulten excluyentes. La actitud rupturista que hab&iacute;a marcado la poes&iacute;a de sus libros iniciales, ha ido debilit&aacute;ndose progresivamente al tiempo que pasaba a primer plano la exploraci&oacute;n de la intimidad, sobre todo durante los &uacute;ltimos compases de su trayectoria po&eacute;tica. El problema ya no radica tanto en la insuficiencia del arte para dar cuenta de la vida, cuanto en la exploraci&oacute;n de los sue&ntilde;os que permiten la ilusi&oacute;n de la identidad personal, aunque en muchas ocasiones ambas actitudes resulten complementarias. Pero esta es una empresa inconclusa en la que el poeta contin&uacute;a trabajando.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Despu&eacute;s de cuarenta a&ntilde;os de evoluci&oacute;n y crecimiento, la obra po&eacute;tica de Guillermo Carnero muestra, en efecto, una trayectoria circular, con una unidad de sentido precisa y una l&oacute;gica de desarrollo concreta, como hemos intentado mostrar en estas notas. Cada uno de los poemas y cada uno de los libros que jalonan su trayectoria, desde <em>Dibujo de la muerte</em> hasta <em>Fuente de M&eacute;dicis</em>, adquiere as&iacute; un significado suplementario en funci&oacute;n del lugar que ocupa en el conjunto, conforme a la orientaci&oacute;n est&eacute;tica observada por el poeta. Para Carnero, como para el Eupalinos evocado por Val&eacute;ry, la idea de una obra de arte no debe responder a un modelo previamente dado, sino a una l&oacute;gica de desarrollo precisa, que no se hace evidente m&aacute;s que en su propia producci&oacute;n. Tras el fracaso de vivir, que la ilusi&oacute;n del recuerdo y la lucidez del pensamiento no pueden evitar, al poeta s&oacute;lo le queda el consuelo de la literatura y del arte. Pues, como indica el poeta al final de <em>Fuente de M&eacute;dicis</em>:</p>
<p>Hablar sobre el vac&iacute;o significa</p>
<p>m&aacute;s que el vac&iacute;o de no hablar,</p>
<p>y yo quiero el castigo&nbsp;</p>
<p>de quien cambia su vida</p>
<p>por un sue&ntilde;o de libros y museos&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La obra po&eacute;tica as&iacute; creada, uno de los posibles desenlaces de una tarea infinita, resulta una generosa invitaci&oacute;n a la lucidez del pensamiento y al hedonismo de la inteligencia; es decir, una invitaci&oacute;n para que el lector interesado ejerza su &ldquo;capacidad poi&eacute;tica&rdquo; y acredite de este modo su libertad frente a cualquier obra impuesta o predeterminada. Es posible que la inteligencia no haya cantado nunca, como dijo Antonio Machado con dolor de coraz&oacute;n; pero conoce el modo de hacerse o&iacute;r cuando el canto no basta, como muestra Carnero, con conocimiento de causa.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 12 Jul 2013 10:40:55 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[-Aritmética-]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/-aritmetica-/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/FRANCISCO_FERRER_LER_N.jpg" alt="" /></p>
<p>La fuente es el lugar de los regenerados.</p>
<p>En el baptisterio (<em>delubra</em>) son siete las gradas conformadas</p>
<p>en el Misterio del esp&iacute;ritu Santo, tres</p>
<p>de bajada, tres</p>
<p>de subida, y el s&eacute;ptimo grado,</p>
<p>que es el cuarto escal&oacute;n,</p>
<p>equivale al Hijo del Hombre, extingue</p>
<p>el Horno de Fuego, sirve</p>
<p>de apoyo estable</p>
<p>y da fundamento al Agua.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Simb&oacute;licas son las repeticiones num&eacute;ricas,</p>
<p>los gestos del sacerdote oficiando la Misa y, en general,</p>
<p>todos los n&uacute;meros enteros.</p>
<p>La Iglesia Cristiana es la iglesia del s&iacute;mbolo, somete</p>
<p>sus espacios de arquitectura a la dictadura</p>
<p>de la medida. Luego,</p>
<p>vendr&aacute;n las armon&iacute;as musicales pero, ahora,</p>
<p>mandan, en los huecos internos,</p>
<p>las razones 13/10, 21/12, 35/24, 10/7, 40/34 que,</p>
<p>en ning&uacute;n caso,</p>
<p>pueden considerarse como arm&oacute;nicas. Por ejemplo,</p>
<p>analizando frecuencias, el n&uacute;mero esencial,</p>
<p>en los templos eucar&iacute;sticos, es,</p>
<p>sin ning&uacute;n g&eacute;nero de dudas,</p>
<p>ese 7 no arm&oacute;nico, ese concepto</p>
<p>copioso</p>
<p>por su fundamental carga: la Gracia</p>
<p>del Esp&iacute;ritu Santo. S&iacute;,</p>
<p>hablamos de las plantas de edificios religiosos espa&ntilde;oles &ndash;Santullano, Valdedi&oacute;s-,</p>
<p>de la m&iacute;stica aritm&eacute;tica estudiada</p>
<p>por te&oacute;logos orientales y, sobre todo,</p>
<p>de ese recopilador prodigioso,</p>
<p>actualizador eficaz,</p>
<p>maestrescuela alem&aacute;n, el disc&iacute;pulo de Acuino,</p>
<p>el abad R&aacute;bano Mauro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 12 Jul 2013 10:35:34 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La destrucción de Virginia]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-destruccion-de-virginia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/PILAR_AD_N.jpg" alt="" /></p>
<p>No tardar&iacute;an mucho tiempo en averiguarlo. Al percibir que una desusada impresi&oacute;n de apaciguamiento y normalidad se hab&iacute;a establecido entre ellos, comenzar&iacute;an a echarla de menos. Como se echa en falta el runr&uacute;n de una obsesi&oacute;n que, de repente, desaparece. Se dar&iacute;an cuenta, quiz&aacute; demasiado pronto, de que la anfitriona no regresaba al lugar central de la esplendorosa fiesta, y comenzar&iacute;an a decir su nombre con la voz cantarina que defin&iacute;a el estado de &aacute;nimo general, que, si bien no resultaba muy real, al menos s&iacute; era el que se supon&iacute;a que todos deb&iacute;an desplegar a lo largo de aquel homenaje, aquella impecable fiesta de bienvenida.</p>
<p>- Te est&aacute;n esperando. Me han preguntado por ti varias veces.</p>
<p>Se dar&iacute;an cuenta y comenzar&iacute;an a tomar posiciones. Avanzar&iacute;an hacia los lugares m&aacute;s privados de la casa sin dejar de murmurar el nombre de la propietaria, que hab&iacute;a decidido comportarse como no deb&iacute;a ahora que, por fin, Samuel hab&iacute;a regresado. &ldquo;Virginia. Virginia&hellip; &iquest;D&oacute;nde te escondes?&rdquo; Se acercar&iacute;an, acechantes, hasta el borde de las camas para arrodillarse sin pudor y espiar su peque&ntilde;a oscuridad de madriguera infantil. M&aacute;s tarde, una vez hallada, se encargar&iacute;an de la eficaz reconstrucci&oacute;n del momento inmediatamente anterior a la decisi&oacute;n de huir, pero ahora, antes, resultaba esencial encontrar a la anfitriona d&iacute;scola. Y para ello asomar&iacute;an los ojos por la breve rendija de la puerta abierta del cuarto de ba&ntilde;o con el af&aacute;n de inspeccionar cada uno de los rincones en los que se hubiera podido sentar, levantar&iacute;an las s&aacute;banas blancas, abrir&iacute;an los armarios y meter&iacute;an su nariz en el interior de cada una de las cajas de cart&oacute;n llenas de recortes de peri&oacute;dicos.</p>
<p>- Espera un momento. S&oacute;lo un segundo. Sabes que puedo hacerlo y lo har&eacute;. S&oacute;lo necesito un peque&ntilde;o instante.</p>
<p>Sonreir&iacute;an como si aquella fiesta fuera el lugar m&aacute;s divertido del mundo. El lugar en el que se deb&iacute;a estar. Y buscar&iacute;an con verdadero empe&ntilde;o, deseando encontrarla porque aquello, descubrir a Virginia Marr, significar&iacute;a abrir inmensamente los ojos y acercarse a ella con toda la compasi&oacute;n de la que es capaz un ser humano com&uacute;n, con los brazos extendidos y los labios preparados para un generoso beso que se antepondr&iacute;a a cualquier palabra, abrazar largamente e incluso acunar. &ldquo;&iquest;Est&aacute;s bien, cielo? &iquest;Te ha vuelto a suceder? &iquest;Otra vez?&rdquo;</p>
<p>- &iquest;Me quedo contigo? &iquest;Quieres que me siente aqu&iacute; hasta que se te pase?</p>
<p>Buscar&iacute;an. Pero esta vez no iban a salirse con la suya. Porque Samuel hab&iacute;a regresado a casa y si alguien sab&iacute;a d&oacute;nde se escond&iacute;a Virginia, esa persona era &eacute;l.</p>
<p>- &iquest;No te importa?</p>
<p>Samuel neg&oacute; con la cabeza y se sent&oacute; en una de las dos sillas que rodeaban el escritorio de Virginia, cerca de la ventana grande que daba al jard&iacute;n.</p>
<p>- Si me importara no te lo habr&iacute;a propuesto.</p>
<p>Pronto ser&iacute;an las diez y media de la noche, y ninguno de ellos hab&iacute;a tomado nada s&oacute;lido desde el inicio de la fiesta. La comida segu&iacute;a esperando en la cocina, y all&iacute; continuar&iacute;a hasta que Virginia decidiera bajar.</p>
<p>- No s&eacute; si me vas a creer, pero te aseguro que esto no me pasa con mucha frecuencia &uacute;ltimamente. Desde que t&uacute; te fuiste, creo recordar que s&oacute;lo han sido tres veces. D&eacute;jame pensar&hellip; S&iacute;. Tres veces. Creo.</p>
<p>- No te preocupes. No tienes que darme ninguna explicaci&oacute;n. Si quieres hacer algo, lo haces. Y si no quieres, no lo haces.</p>
<p>Era tan excepcional, Samuel. Con su teor&iacute;a de que si se quiere hacer algo, si de verdad hay algo que merece la pena y que realmente se desea hacer, no hay que pararse a pensar. Simplemente hay que hacerlo. Sin reparar en nada m&aacute;s, sin hacer caso a los mosquitos ni a los pensamientos cruzados acerca de un d&iacute;a de sol o de una maravillosa conversaci&oacute;n a la sombra de un &aacute;rbol frondoso ocupado el espacio por el olor de las higueras. Samuel dec&iacute;a que no hay que escuchar los sonidos circundantes ni el latido sobrio del coraz&oacute;n ni las expectativas de una casa m&aacute;s grande ni el canto lejano de una sonrisa querida como a nada se ha querido antes. Si se desea hacer algo hay que empezar a hacerlo y no pensar m&aacute;s. Porque el pensamiento s&oacute;lo dilata el no hacer nada y deja pasar las horas en una est&eacute;ril sucesi&oacute;n de instantes pensados que no significan gran cosa. S&oacute;lo pensamientos o recuerdos que la mayor&iacute;a de las veces son torturas y adem&aacute;s torturas lastimosas de un dolor ilocalizable, que no es f&iacute;sico y que no se puede acallar con medicamentos. Un dolor continuado. Un dolor soberano que persiste y persiste.</p>
<p>- No s&eacute; lo que quiero, Samuel. Ese es el gran problema. Que no lo s&eacute;.</p>
<p>&Eacute;l dej&oacute; caer pesadamente las manos sobre sus rodillas, y suspir&oacute;:</p>
<p>- Toda esa gente a la que has invitado&hellip; No s&eacute; para qu&eacute; han venido. No paran de hablar y de re&iacute;r. Es insoportable.</p>
<p>- Casi todos piensan que silencio y estupidez van de la mano.</p>
<p>Estar&iacute;an busc&aacute;ndola. En el interior del cesto de mimbre para la ropa sucia y tras los &aacute;rboles del jard&iacute;n. Riendo y diciendo su nombre mientras, en su dormitorio, Samuel comenzaba a silbar una melod&iacute;a lenta.</p>
<p>- Vas a salir de ah&iacute;, &iquest;verdad? &ndash;pregunt&oacute;.</p>
<p>Retirando las tablas de madera para cerciorarse de que no hab&iacute;a nada detr&aacute;s. Con las manos abiertas sobre las ventanas, dejando peque&ntilde;as nubes de vaho sobre los cristales, mientras repet&iacute;an: &ldquo;Vas a salir de ah&iacute;, &iquest;verdad? &iquest;Vas a salir de ah&iacute;?&rdquo;</p>
<p>Virginia no contest&oacute;. En realidad, s&iacute; sab&iacute;a qu&eacute; quer&iacute;a. Claro que lo sab&iacute;a. Lo que deseaba era poder regresar a su casa, a la que hab&iacute;a sido su aut&eacute;ntica casa, y no volver a alejarse jam&aacute;s de all&iacute;. A veces, algunas noches, cerraba los ojos y, mientras se iba quedando dormida, o&iacute;a aquellos sonidos, los pasos por el parquet del sal&oacute;n, el tel&eacute;fono, el grifo que comenzaba a soltar agua fr&iacute;a, luego templada, luego m&aacute;s caliente. Exactamente los mismos sonidos. La voz de su padre hablando al otro lado del tabique mientras ella intentaba permanecer dormida porque si se despertaba, sab&iacute;a que si abr&iacute;a los ojos, descubrir&iacute;a que, en realidad, aquellas paredes blancas eran ahora de papel pintado, y las s&aacute;banas limpias se hab&iacute;an convertido en largos trozos de tela arrugada. No haber salido nunca de su casa, y andar descalza hacia la cocina para tomar un vaso de leche mientras la radio daba las noticias de las once. Aquello era lo que deseaba y, por lo tanto, los sonidos de la memoria se repet&iacute;an mientras sus ojos giraban y giraban huyendo de una luz que cada vez era m&aacute;s amplia. Inmensa. Porque volv&iacute;a a sucederle. A pesar de que Samuel estaba all&iacute;, con ella, sentado en una de las sillas de su propia habitaci&oacute;n, cerca de la ventana que daba al jard&iacute;n, ahora volv&iacute;a a sucederle. Y, aunque no deseaba volar de nuevo, sab&iacute;a que era in&uacute;til no desearlo. Los hilos ya estaban tendidos y dispuestos.</p>
<p>As&iacute; que se refugi&oacute; a&uacute;n m&aacute;s y Samuel, finalmente, se levant&oacute; de la silla para dirigirse a la puerta.</p>
<p>- Les dir&eacute; a todos que no hay nada m&aacute;s que hacer aqu&iacute; y que pueden irse a su casa.</p>
<p>Su respiraci&oacute;n volver&iacute;a a ser acompasada y limpia. Quiz&aacute; un peque&ntilde;o temblor en los dedos que rozaban sus labios, en busca de esa perfecta tersura de una piel tan fina, delatara de alguna forma su aut&eacute;ntico estado de &aacute;nimo. Pero no el hecho de que estuviera impecablemente vestida o que fuera capaz de escuchar largu&iacute;simas conversaciones con la mayor atenci&oacute;n.</p>
<p>&iquest;Y si no bajaba? &iquest;Y si se sentaba a los pies de Samuel y le ped&iacute;a que siguiera silbando aquella melod&iacute;a hasta el amanecer?</p>
<p>Pero Samuel ya hab&iacute;a salido de la habitaci&oacute;n. Su espl&eacute;ndida fiesta de bienvenida hab&iacute;a terminado.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 12 Jul 2013 06:41:28 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tráiler]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/trailer/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/EDUARD_M_RQUEZ.jpg" alt="" /></p>
<p>El bistur&iacute; avanza como un rompehielos. Las im&aacute;genes del v&iacute;deo golpean el est&oacute;mago de Sela Huber. El cuerpo del hombre, l&iacute;vido e hinchado, yace sobre la mesa de autopsias. La c&aacute;mara, quieta, lo coge casi todo. Menos la cabeza y los pies. S&oacute;lo se oye el tintineo de los utensilios met&aacute;licos y la voz mon&oacute;tona del forense. La sombra de una intuici&oacute;n inquieta a Sela Huber. Pero ha de esperar que la c&aacute;mara abra el plano, lentamente, y encuadre el rostro de Edmond Lenz. T&uacute;mido y con los ojos abiertos. Lo que persiste de su mirada, recluida bajo una membrana de escarcha, deja a Sela Huber m&aacute;s sola que nunca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">2</p>
<p>Las llamadas empezaron poco despu&eacute;s de conocer a Edmond Lenz.</p>
<p>&mdash;Con Stefan Lauder no lo habr&iacute;as hecho nunca.</p>
<p>&mdash;Pero Stefan Lauder est&aacute; muerto&hellip;</p>
<p>&mdash;S&iacute;, pero no ha cambiado nada.</p>
<p>&mdash;No s&eacute; a qu&eacute; viene todo esto.</p>
<p>&mdash;Da igual. Las cosas son como son. Y yo estoy aqu&iacute; para record&aacute;rtelo.</p>
<p>El tono amenazador del desconocido atemoriz&oacute; a Sela Huber, pero no se atrevi&oacute; a hablarlo con Edmond Lenz. Tem&iacute;a perderle.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Durante las semanas siguientes, la presencia t&aacute;cita del desconocido se convirti&oacute; en un trazo de sombras y silencios. Notas por debajo de la puerta. Mensajes en el contestador. Conversaciones grabadas en cualquier lugar con las palabras de Edmond Lenz borradas (&laquo;Para que te vayas acostumbrando.&raquo;). Y el miedo. Inmenso, inabarcable. Como si alguien, hurgando con un cuchillo, quisiese alcanzar el centro del desconsuelo. Poco despu&eacute;s, Edmond Lenz desapareci&oacute;. Sin dejar ning&uacute;n rastro.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La &uacute;ltima llamada del desconocido, la noche antes de que Sela Huber encontrase el v&iacute;deo de la autopsia en el buz&oacute;n, confirm&oacute; la certeza incandescente de la culpa.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &mdash;No me has dejado ninguna otra salida. Stefan Lauder no habr&iacute;a tenido tanta paciencia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &mdash;&iquest;D&oacute;nde est&aacute; Edmond?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &mdash;En ninguna parte. Espero que puedas entenderlo. Ma&ntilde;ana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">3</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La muerte de Stefan Lauder abri&oacute; una grieta entre Sela Huber y el resto del mundo. Durante las primeras semanas, se obligaba a pensar en &eacute;l a cada instante. Tem&iacute;a que, si dejaba de hacerlo, aunque fuera un momento, Stefan Lauder se dar&iacute;a cuenta. De un modo u otro. Sin embargo, a medida que se alejaba de los &uacute;ltimos d&iacute;as de Stefan Lauder, doblegado por la enfermedad, con la piel aferrada a los huesos como una hiedra fam&eacute;lica y el hedor de la agon&iacute;a llenando el aire de la habitaci&oacute;n, el dolor inicial se fue transformando en algo parecido al alivio. La relaci&oacute;n con Stefan Lauder se hab&iacute;a convertido en una trampa. Hab&iacute;a necesitado quedarse sola para darse cuenta de la distancia que les separaba, de c&oacute;mo la vida a su lado, implacablemente posesivo, hab&iacute;a sido una lenta disidencia de la realidad. Hasta vivir aislados. Todo muy despacio, de manera casi imperceptible. Como el avance de la gangrena. Pero, a pesar de sentirse liberada, Sela Huber no sab&iacute;a c&oacute;mo salir adelante sin &eacute;l, c&oacute;mo redescubrir el sentido de sus propios actos sin los l&iacute;mites ni las imposiciones de Stefan Lauder. De hecho, el peso de un temor incontrolable, casi hipn&oacute;tico, le imped&iacute;a llevar una vida normal. Durante meses, Sela Huber vivi&oacute; al margen de todo, incapaz de reaccionar. Inmovilizada por el lastre de una memoria hostil, tuvo que esperar la aparici&oacute;n fortuita de Edmond Lenz para aventurarse a recorrer el camino que la separaba del exterior.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center">4</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los ojos de Stefan Lauder le miran desde el fondo de un cerco de plomo, apagados. Un l&iacute;quido marr&oacute;n se desliza por el tubo que le sale de la nariz.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &mdash;Quiero estar seguro de que, cuando yo falte, no cambiar&aacute; nada.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El desconocido no sabe d&oacute;nde mirar. Escucha. Stefan Lauder saca un sobre del caj&oacute;n de la mesilla de noche y se lo da.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &mdash;Es lo que acordamos por tel&eacute;fono. El resto, poco a poco. A medida que te lo ganes. Ya lo sabe quien tiene que saberlo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Agotado por el esfuerzo, Stefan Lauder apoya la cabeza en la almohada y cierra los ojos. El desconocido palpa el sobre antes de guardarlo. No encuentra el momento de marcharse. Con la punta del zapato intenta liberar la pelusa atrapada por la pata de la cama. Stefan Lauder respira hondo. La luz sesgada del atardecer acent&uacute;a sus rasgos angulosos, casi cortantes. El desconocido se levanta y, antes de llegar a la puerta, oye por &uacute;ltima vez la voz de Stefan Lauder.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &mdash;No quiero que Sela Huber pueda aprovecharse de mi ausencia.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 12 Jul 2013 06:37:51 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Elegía]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/elegia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/JOAQU_N_P_REZ_AZA_STRE.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>&iexcl;Pobre hijo de puta!</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right">(Dorothy Parker, frente a la tumba de FSF )</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ha muerto Scott tomando una pinta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Ya casi hab&iacute;a dejado de beber.</p>
<p>Dec&iacute;a que no tomaba ni cerveza</p>
<p>y que s&oacute;lo cre&iacute;a en el trabajo,</p>
<p>en los castigos por no realizarlo).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Gabardina, manos anchas,</p>
<p>los guiones al costado,</p>
<p>un temblor de nieve en las mu&ntilde;ecas.</p>
<p>El viento g&eacute;lido de Princeton</p>
<p>rumiando en Sunset Boulevard,</p>
<p>busc&aacute;ndole un espacio menos fr&iacute;o.</p>
<p>Ha muerto Scott. Hab&iacute;a cogido peso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La barra en la que nunca le esperabas,</p>
<p>la historia de un magnate asesinado.</p>
<p>Avenida Norte, 1443 Hayworth,</p>
<p>Hollywood, California, 1940,</p>
<p>cuando Sheila luci&oacute; la tez de Zelda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No pudo morir el d&iacute;a de San Patricio,</p>
<p>no acab&oacute; la novela</p>
<p>del viejo productor blanco y en pie,</p>
<p>apuestas y alg&uacute;n fraude,</p>
<p>todo imaginado en el invierno de Princeton.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Espero que la pinta fuera buena.</p>
<p>Es imposible, pero ha muerto Scott.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 12 Jul 2013 06:33:31 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pintar un corazón]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/pintar-un-corazon/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/PABLO_D_ORS.jpg" alt="" /></p>
<p>Los vecinos de Scheinfurt no olvidar&iacute;an f&aacute;cilmente la ma&ntilde;ana en que hallaron en el empedrado de la plaza principal de su pueblo el dibujo de un gran coraz&oacute;n, en cuyos extremos, entre el principio y el final de la flecha que lo atravesaba, pod&iacute;an leerse dos nombres: Martin y Henriette. No se trataba de un coraz&oacute;n cualquiera: uno de los tantos que Martin hab&iacute;a pintado a lo largo de la semana anterior por fachadas y paredes, sino de un coraz&oacute;n de dimensiones tan colosales que pr&aacute;cticamente ocupaba toda la plaza. Su tama&ntilde;o era tal que, se quisiera o no, a todo aquel que entraba en la plaza no le quedaba m&aacute;s remedio que meterse dentro de aquel coraz&oacute;n. Antes de borrarlo (algo que algunos sugirieron nada m&aacute;s verlo y que, finalmente, no resultar&iacute;a una tarea f&aacute;cil porque la pintura usada por el enamorado ya estaba seca), se decidi&oacute; dejar el coraz&oacute;n tal y como estaba y convocar a las autoridades de Meersburg, de donde Sleevogt era oriundo; de este modo tambi&eacute;n ellos podr&iacute;an verlo y determinar qu&eacute; era lo m&aacute;s aconsejable en vistas a reprender a su autor, si es que no pod&iacute;an tomarse medidas penales.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Encerrada en su propia casa, en donde el viejo Blei la hab&iacute;a recluido, la joven Henriette se mor&iacute;a de ganas por salir a la calle y ver aquel coraz&oacute;n tan grande, en cuya parte superior pod&iacute;a leerse su nombre. Todos los vecinos de Scheinfurt sabr&iacute;an en adelante qu&eacute; era capaz de suscitar una chica como ella; nadie en toda la comarca, en fin, ignorar&iacute;a ya su nombre, a cuya vera pod&iacute;a caminarse unos seis o siete pasos (tal era el tama&ntilde;o de las letras con que Mart&iacute;n lo hab&iacute;a escrito).</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La verdad es que la poblaci&oacute;n de Scheinfurt estaba molesta con este asunto del coraz&oacute;n. Les inquietaba no s&oacute;lo lo in&eacute;dito del hecho (ni los m&aacute;s viejos pod&iacute;an recordar algo similar), sino las imprevistas consecuencias que pod&iacute;a tener, juicio &eacute;ste en el que no erraban del todo. Durante varios d&iacute;as hab&iacute;an tenido que soportar c&oacute;mo un joven trastornado, que ni tan siquiera pertenec&iacute;a al lugar, escrib&iacute;a el nombre de Henriette en paredes y fachadas, tanto de las casas privadas como de los edificios p&uacute;blicos; ahora, al parecer, deb&iacute;an tolerar que el empedrado de la plaza se hubiese arruinado por culpa de aquella nueva e intolerable extravagancia.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Junto a este grupo de opositores, sin embargo, surgi&oacute; pronto otro no menos numeroso de defensores de Martin Sleevogt. Sin estar todav&iacute;a plenamente convencidos de la bondad de aquel acto, a este grupo le divert&iacute;a el revuelo que aquel gran coraz&oacute;n hab&iacute;a logrado suscitar y, en consecuencia, hablaba claramente a favor del &ldquo;enamorado Martin&rdquo;, que fue como empezaron a referirse a &eacute;l en sus conversaciones.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin que ambos bandos se hubieran puesto de acuerdo, como si una mano misteriosa y superior les guiase an&oacute;nimamente desde arriba, los pertenecientes a esta &uacute;ltima facci&oacute;n se reunieron aquella misma ma&ntilde;ana dentro del coraz&oacute;n pintado; era como si aquel coraz&oacute;n fuera su refugio, su signo de identidad. Los otros, los hostiles a la &uacute;ltima gesta de Martin, se situaron fuera, apoyados contra las fachadas, desde donde murmuraban y buscaban nuevos partidarios. En realidad, la noche en que Martin pint&oacute; aquel coraz&oacute;n, mucho antes de que realizara otras de sus m&uacute;ltiples extravagancias, ya pudo verse claramente que aquel muchacho ser&iacute;a en toda la comarca de Deggen, e incluso en toda Prschavia, bandera y causa de divisi&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La divisi&oacute;n a que aludo afect&oacute; particularmente a la instituci&oacute;n del matrimonio o, de modo m&aacute;s gen&eacute;rico, a las relaciones sentimentales. En efecto, el coraz&oacute;n pintado de Martin no se cancel&oacute; del coraz&oacute;n de los vecinos de Scheinfurt, y hasta de los de Meersburg, hasta mucho despu&eacute;s de que las autoridades se decidieran finalmente a borrarlo del empedrado. M&aacute;s a&uacute;n: quiz&aacute; fuera entonces, cuando ya s&oacute;lo restaba como un recuerdo, cuando la influencia de aquel dibujo fue mayor. Me estoy refiriendo al hondo impacto que caus&oacute; el modo en que Martin am&oacute; a Henriette entre los j&oacute;venes enamorados de aquellas dos poblaciones. En efecto, no fueron pocas las muchachas que exigieron de sus novios, e incluso las casadas de sus esposos, acciones similares a las del joven Sleevogt o, al menos, no tan convencionales como aqu&eacute;llas a las que, por lo general, conduce la efusi&oacute;n amorosa. S&iacute;, lo confesaran o no, todas las chicas y mujeres quer&iacute;an ser amadas como Martin Sleevogt amaba a la peque&ntilde;a de los Blei: arriesgando la fama y el honor, jug&aacute;ndose la c&aacute;rcel, haciendo descaradamente p&uacute;blica la intensidad de su pasi&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para estar a la altura de aquellas nuevas circunstancias, algunos de los muchachos de Scheinfurt -as&iacute; como algunos de los maridos, a los que ya quedaba algo lejos su juventud- procuraron imitar las m&aacute;s famosas locuras de amor de Martin, tales como escribir el nombre de la amada en todas partes o pintar corazones del mayor tama&ntilde;o posible. Semanas e incluso meses despu&eacute;s de estos acontecimientos todav&iacute;a pod&iacute;an leerse en las paredes de Scheinfurt nombres como los de Irma, Else, Helene o Gabriele, por s&oacute;lo citar aquellos que la municipalidad tard&oacute; m&aacute;s tiempo en cancelar. No obstante, por enamorado que estuviera de su pareja o por original que hubiera sido la extravagancia que realizara, ninguno de aquellos varones pudo igualar las locuras de amor de Sleevogt. Y ello ni en la intensidad y perseverancia con que el joven Martin las pon&iacute;a en pr&aacute;ctica y ni mucho menos en los fulgurantes efectos que obten&iacute;a. En este sentido, no cabe decir que el influjo de Sleevogt fuera bueno. Y es que ante el contraste que exist&iacute;a entre el m&eacute;todo nuevo y salvaje con que Martin y Henriette se amaron y el tibio y convencional con que lo hac&iacute;a el resto de los enamorados, fueron muchos los c&oacute;nyuges y prometidos que terminaron por separarse y romper su relaci&oacute;n. Se dijo que el enamorado Martin no pretend&iacute;a esto; se dijo que aquello era, seg&uacute;n &eacute;l mismo hab&iacute;a declarado, una consecuencia natural de la radicalidad de su amor.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al ser conducido a la sala capitular del ayuntamiento, donde se le iba a pedir cuentas de su coraz&oacute;n pintado, Martin Sleevogt, que en ning&uacute;n momento ofreci&oacute; resistencia a la autoridad, manifest&oacute; que le habr&iacute;a gustado pintar aquel coraz&oacute;n de un tama&ntilde;o todav&iacute;a mayor. Afirm&oacute; tambi&eacute;n -y varios de sus m&aacute;s ac&eacute;rrimos detractores estaban presentes en ese instante-, que la raz&oacute;n por la que lo hab&iacute;a pintado de esas dimensiones y no de otras, era porque &eacute;sas, y no otras, eran las que le permit&iacute;a la plaza de ese pueblo. En el fondo de su coraz&oacute;n, en fin, Martin sab&iacute;a que Henriette reconoc&iacute;a y valoraba la grandilocuencia y temeridad de su gesto. Como era de esperar, sus declaraciones encendieron al populacho, que no pudo interpretar todo aquello sino como una instigaci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al ser encerrado en la sala capitular, a la espera de que llegara el alcalde y determinara qu&eacute; hacer con aquel provocador, se oy&oacute; como Martin gritaba desde dentro, casi con angustia:</p>
<p>- &iexcl;Amo a Henriette Blei!</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y luego, algo m&aacute;s bajo, pero con voz todav&iacute;a desgarradora:</p>
<p>- &iexcl;La amo con todas mis fuerzas, con toda mi mente, con todo mi coraz&oacute;n!</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Despu&eacute;s no se oy&oacute; m&aacute;s. Parec&iacute;a que el joven enamorado hab&iacute;a calmado sus &iacute;mpetus.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; No fue as&iacute;. En la plaza, bajo la ventana de la sala capitular en que Martin hab&iacute;a sido encerrado, se formaron pronto numerosos grup&uacute;sculos para ver y o&iacute;r al enamorado, quien se hab&iacute;a asomado a esa ventana para proclamar desde all&iacute; y a voz en grito:</p>
<p>- &iexcl;Amo a Henriette Blei! &iexcl;Amo a Henriette Blei!</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El extravagante Sleevogt grit&oacute; aquello muchas veces, en intervalos de tiempo cada vez mayores, seguramente a causa del inevitable desgaste de la voz. Entre grito y grito y durante algunos instantes, Martin se retiraba al interior de su celda, dejando a los curiosos esperando con la cabeza en alto. Siempre parec&iacute;a que aquella nueva extravagancia hab&iacute;a terminado, pero no. El gent&iacute;o no quedaba defraudado. Martin sal&iacute;a a cada rato a su ventana, para una vez m&aacute;s pregonar desde ah&iacute;, con el chorro de su voz juvenil:</p>
<p>- &iexcl;Amo a Henriette Blei! &iexcl;Amo a Henriette Blei!</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Profer&iacute;a aquellas palabras como quien pide socorro a causa de un incendio, como el ni&ntilde;o desolado que reclama desde su cuna la presencia de su madre, como el moribundo que solicita un &uacute;ltimo deseo en el lecho de su dolor. Desde abajo, nadie le respond&iacute;a; todos se limitaban a mirar en silencio a Sleevogt, en las alturas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tambi&eacute;n Melchior Tucher, el reputad&iacute;simo alcalde de Scheinfurt oy&oacute; varios de aquellos &ldquo;&iexcl;Amo a Henriette Blei!&rdquo; desde la plaza del pueblo; y seguramente tuvo que o&iacute;r algunos m&aacute;s una vez dentro de la sala capitular, durante la larga entrevista privada que mantuvo con el enamorado Martin y de cuyo desarrollo y tenor no se logr&oacute; tener noticia. Contra lo esperado, el alcalde Tucher determin&oacute; dejar al muchacho en libertad a condici&oacute;n de que &eacute;l o su familia se responsabilizaran de los gastos de la limpieza para la supresi&oacute;n de aquel coraz&oacute;n, que tanto hab&iacute;a agitado a sus convecinos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El d&iacute;a en que se borr&oacute; aquel coraz&oacute;n en la plaza de Scheinfurt fue muy triste para muchos, sobre todo para los pertenecientes a una numerosa comisi&oacute;n que hab&iacute;a llegado a sugerir al consejo municipal que -ya que no los nombres de Martin y Henriette- al menos el coraz&oacute;n quedase en la plaza como recuerdo de aquel suceso. Todos ellos, afectos e incondicionales a Sleevogt, se entristecieron mucho al comprobar c&oacute;mo una cuadrilla de empleados municipales, equipada con escobas y mangueras, fue borrando sistem&aacute;ticamente el nombre de Martin y el de Henriette, primero el de &eacute;l y luego el de ella; despu&eacute;s el coraz&oacute;n y, por fin, la gran flecha que lo atravesaba y part&iacute;a en dos. Seg&uacute;n lo relataron ellos mismos, &ldquo;Martin&rdquo; pas&oacute; enseguida a ser &ldquo;artin&rdquo;, y luego &ldquo;tin&rdquo; y, al final, &ldquo;n&rdquo;, s&oacute;lo eso. Por su parte, &ldquo;Henriette&rdquo; fue pronto &ldquo;riette&rdquo;, y luego &ldquo;ette&rdquo;, y enseguida &ldquo;e&rdquo;, hasta que tambi&eacute;n esa &ldquo;e&rdquo; termin&oacute; por desaparecer. El coraz&oacute;n -dijeron- empez&oacute; a borrarse por la parte inferior, siguiendo el dibujo hasta el extremo superior, para m&aacute;s tarde bajar de nuevo. Lo &uacute;ltimo que se borr&oacute; -seg&uacute;n refirieron- fue la flecha: suprimidas las puntas, pronto qued&oacute; convertida en una simple raya; y esa raya, pronto tambi&eacute;n, en el triste recuerdo de una raya. Pocos imaginaban entonces, sin embargo, que la historia de Martin Sleevogt, el extravagante, no hab&iacute;a hecho m&aacute;s que comenzar.</p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em>&nbsp;</em></p>
<p><em>(&ldquo;</em>Pintar un coraz&oacute;n&rdquo; es el segundo cap&iacute;tulo de una novela in&eacute;dita de Pablo d&acute;ORS, titulada <em>Extravagancias de Martin Sleevogt</em>).</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 12 Jul 2013 06:26:42 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pilar Narvión, andanzas de una periodista perezosa]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/pilar-narvion-andanzas-de-una-periodista-perezosa/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/PILAR_NARVI_N.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En la carrera de cualquier periodista -formaci&oacute;n y talento a un lado- hay un componente situacional que marca su destino: la noticia debe encontrarle en el lugar adecuado y a la hora justa. Pilar Narvi&oacute;n (Alca&ntilde;iz, 1922) maneja el idioma con destreza y su capacidad de an&aacute;lisis es legendaria entre los compa&ntilde;eros de profesi&oacute;n. Esas dos cualidades le hubieran bastado para ser buena periodista, pero, adem&aacute;s, ha tenido el privilegio de presenciar los acontecimientos que marcaron la Historia de Espa&ntilde;a y Europa en la segunda mitad del siglo XX.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Fue la primera mujer que se incorpor&oacute; a la redacci&oacute;n del diario <em>Pueblo</em>,<em> </em>all&aacute; por 1950, y aunque empez&oacute; como cronista de sociedad &ndash;la &uacute;nica salida que brindaba este oficio a las mujeres en los a&ntilde;os de posguerra- muy pronto trascendi&oacute; aquellos art&iacute;culos donde hablaba del sombrero de las marquesas y los se&ntilde;oritos que practicaban el tiro al pich&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De la mano de Emilio Romero, el periodista m&aacute;s influyente del franquismo, personaje controvertido, discutidor y discutible, pero al que nadie le puede negar su talento para dirigir peri&oacute;dicos y una prosa tan rotunda como incisiva, Pilar tuvo su bautismo internacional. En 1956 la envi&oacute; de corresponsal a Italia, donde fue testigo de la Firma del Tratado de Roma -germen de la actual Uni&oacute;n Europea- y del final del pontificado de P&iacute;o XII, con el que muri&oacute; tambi&eacute;n un modelo de Iglesia anclado en el Renacimiento.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde la traslad&oacute; a la corresponsal&iacute;a de Par&iacute;s. Faltaba poco para que el general De Gaulle instaurara la V Rep&uacute;blica; Narvi&oacute;n &ndash;otra vez el destino- vivi&oacute; los avatares de todo el periodo <em>gaullista</em>: la descolonizaci&oacute;n, la guerra de Argelia que se proyect&oacute; en la propia capital francesa con coletazos terroristas, la revuelta estudiantil de Mayo de 1968 y las conversaciones de paz de Vietnam, que tuvieron como sede Par&iacute;s mientras los universitarios levantaban los adoquines del Barrio Latino.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Durante esa etapa, la periodista alca&ntilde;izana forj&oacute; su fama de analista perspicaz: no s&oacute;lo narraba lo sucedido sino que anticipaba lo que iba a venir, y lo hac&iacute;a con un estilo brillante, cuajado de an&eacute;cdotas, pero tambi&eacute;n de referencias literarias, porque la lectura ha sido, adem&aacute;s de una de las pasiones de su vida, la base de su buen castellano.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En Francia empez&oacute; a estudiar la problem&aacute;tica del mundo de la mujer. Sus art&iacute;culos en <em>&ldquo;</em>la Tercera&rdquo; de <em>Pueblo</em> fueron muy comentados en aquella Espa&ntilde;a que, por el anacronismo que supon&iacute;a la dictadura, era el furg&oacute;n de cola de la moderna Europa. Cuando las Naciones Unidas declararon 1975 A&ntilde;o Internacional de la Mujer,&nbsp; Pilar Narvi&oacute;n ya hab&iacute;a regresado a Madrid. Durante aquellos doce meses, que iban a ser cruciales para la reciente Historia de Espa&ntilde;a, dio m&aacute;s de cien conferencias sobre la situaci&oacute;n femenina; recorri&oacute; nuestra geograf&iacute;a de Tarifa a Finisterre y mantuvo enconados debates con las feministas de pancarta.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ya estaba en Espa&ntilde;a, digo bien, porque Emilio Romero &ndash;el destino se cruz&oacute; otra vez en su carrera- la nombr&oacute; subdirectora de <em>Pueblo </em>dos meses antes de que ETA asesinara a Carrero Blanco. A la periodista turolense le toc&oacute; vivir en primera l&iacute;nea, como cronista parlamentaria, la Transici&oacute;n espa&ntilde;ola desde el <em>hara-kiri</em> de las Cortes franquistas hasta el triunfo del PSOE en octubre de 1982, incluido el esperpento del 23-F.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se jubil&oacute; en 1983 y, salvo colaboraciones espor&aacute;dicas en los a&ntilde;os inmediatamente posteriores, no ha vuelto a publicar. Su familia y yo mismo, que adem&aacute;s de amigo me precio de ser ahijado period&iacute;stico suyo, intentamos convencerla muchas veces para que escribiera las memorias de esa vida apasionante, pero se enrocaba en una pereza gen&eacute;tica &ldquo;que me viene de la rama materna de los Roda&rdquo; para ir dando largas. As&iacute; las cosas, decid&iacute; agotar el &uacute;ltimo cartucho: le propuse hacer un libro-entrevista. Como para conversar nunca se ha mostrado vaga, porque &ldquo;tengo fama, y adem&aacute;s merecida, de ser muy charlatana&rdquo;, el resultado ha sido un volumen de 312 p&aacute;ginas, titulado <em>Pilar Narvi&oacute;n. Andanzas de una periodista perezosa,</em> que Ediciones Tirwal, de Teruel, va a publicar coincidiendo con su 86 cumplea&ntilde;os.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dos tercios del libro recogen las conversaciones que&nbsp; mantuvimos en su casa de Madrid a lo largo de la primavera de 2007. Adem&aacute;s de recuerdos personales y period&iacute;sticos, que entrevera con an&eacute;cdotas y an&aacute;lisis agudos &ndash;como en los mejores tiempos-&nbsp; centra sus reflexiones en la revoluci&oacute;n que ha sufrido el periodismo con las nuevas tecnolog&iacute;as y la evoluci&oacute;n de la mujer espa&ntilde;ola en el terreno socio-laboral a lo largo del siglo XX.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El resto de la obra es una selecci&oacute;n de sus art&iacute;culos, columnas, cr&oacute;nicas y alguna entrevista &ndash;el g&eacute;nero nunca le gust&oacute; y lo ha practicado poco, pero la que le hizo a P&iacute;o Baroja cuando era debutante resulta de antolog&iacute;a- publicados a lo largo de cuatro d&eacute;cadas. Tambi&eacute;n se incluye <em>Gonz&aacute;lez: retrato de un hombre</em>,<em> </em>el cuento con el que gan&oacute; en 1970 el concurso de relatos de La Felguera, y semblanzas que familiares, amigos, periodistas y pol&iacute;ticos de la Transici&oacute;n han escrito ex-profeso para este libro. De Santiago Carrillo a Manuel Fraga, de I&ntilde;aki Gabilondo a Julia Navarro, de su sobrino Javier Capit&aacute;n a su hermana Marisol, 22 colaboradores van trenzando aspectos humanos y profesionales de esta mujer que abri&oacute; muchas puertas en mundo del periodismo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De lo que cuenta y cuentan sobre ella queda constancia gr&aacute;fica. Se publican m&aacute;s de cincuenta fotograf&iacute;as en las que aparece junto a los Reyes, Adolfo Su&aacute;rez, Felipe Gonz&aacute;lez, Fraga, Carrillo y el qui&eacute;n es qui&eacute;n de aquellos a&ntilde;os en la vida espa&ntilde;ola e internacional. Pero tambi&eacute;n la vemos en la intimidad familiar: junto a su madre, hermanos y sobrinos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El pr&oacute;logo es un autorretrato &ndash;al menos conseguimos que escribiera esas cuatro p&aacute;ginas-&nbsp; que titula <em>Corredora de fondo</em>. En &eacute;l hace profesi&oacute;n de fe sobre el oficio que ha sido la raz&oacute;n de su vida: &ldquo;Considero que el periodista es el &uacute;ltimo humanista de nuestro tiempo. Todav&iacute;a nosotros estamos interesados por todo, en una &eacute;poca en la que s&oacute;lo triunfan los grandes especialistas de las particularidades muy limitadas. Pienso tambi&eacute;n que el periodismo es la &uacute;ltima aportaci&oacute;n seria a los g&eacute;neros literarios. Si las literaturas alborean con la l&iacute;rica y la &eacute;pica, viven despu&eacute;s sus siglos de oro del teatro, descubren luego sus grandes cap&iacute;tulos de la novela o del ensayo, es indudable que la &uacute;ltima gran novedad literaria, como g&eacute;nero, ha sido esta del periodismo.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El primer cap&iacute;tulo del libro repasa sus a&ntilde;os de infancia en Alca&ntilde;iz. Hija de Santiago Narvi&oacute;n, natural de la Almunia de do&ntilde;a Godina, que era inspector de la compa&ntilde;&iacute;a Singer de m&aacute;quinas de coser, y de Pilar Royo, perteneciente a una familia cien por ciento alca&ntilde;izana, Pilar Narvi&oacute;n naci&oacute; el 30 de marzo de 1922, &ldquo;en una casa de la calle Pruneda que estaba frente al Mercado&rdquo;. Poco despu&eacute;s, sus padres se trasladaron a Logro&ntilde;o y a los siete a&ntilde;os volvi&oacute; al Bajo Arag&oacute;n para llevar las arras en la boda de su ni&ntilde;era, con tan bendita suerte que su madre se qued&oacute; embarazada de su hermana menor y, como pensaba dar a luz en la casa familiar, decidieron que Pilar se quedara en Alca&ntilde;iz hasta entonces. Fue casi un a&ntilde;o que recuerda como el m&aacute;s maravilloso de su vida porque en aquel caser&oacute;n de la Calle Palomar, n&uacute;mero 12, en el que viv&iacute;an sus bisabuelos, sus abuelos y sus t&iacute;os los Romance, fue absolutamente libre. Hizo lo que le vino en gana y, lo m&aacute;s importante, descubri&oacute; su vocaci&oacute;n: &ldquo;Mi t&iacute;o Mariano Romance, que fue el creador de la mitad de los peri&oacute;dicos que se publicaron en el Bajo Arag&oacute;n a lo largo del siglo XX, editaba por entonces uno que se llamaba <em>Amanecer</em> y ten&iacute;a la redacci&oacute;n en la plaza de Caba&ntilde;eros. Era digno sucesor de Nipho, aquel pol&iacute;grafo alca&ntilde;izano del siglo XVIII que con&nbsp; sus papeles peri&oacute;dicos, como se dec&iacute;a entonces, fue el introductor en Espa&ntilde;a del periodismo diario. Recuerdo que con siete a&ntilde;os iba a ayudar a mi t&iacute;o. Yo era su &uacute;nico redactor&hellip; (Pilar acent&uacute;a el sarcasmo con una carcajada) Bueno, si es que pod&iacute;a llam&aacute;rseme redactora, porque mi trabajo consist&iacute;a en dictar el nombre de todos y cada uno de los suscriptores y &eacute;l escrib&iacute;a las fajas para mandarles el peri&oacute;dico. (&hellip;) Pero no s&oacute;lo hac&iacute;a trabajos de redacci&oacute;n, tambi&eacute;n debut&eacute; como reportera. Mi t&iacute;o me mandaba a la fonda de los Morera para que le informara sobre las personas que llegaban y se marchaban de Alca&ntilde;iz. En la parte baja de la fonda paraba el autob&uacute;s que comunicaba el centro urbano con la estaci&oacute;n de ferrocarril, que est&aacute; bastante lejos del pueblo. Yo no perd&iacute;a nota,&nbsp; volv&iacute;a r&aacute;pida a la redacci&oacute;n y le dec&iacute;a: &ldquo;Ha venido de Zaragoza don Emilio D&iacute;az, el alcalde&hellip;&rdquo;&nbsp; <em>Amanecer</em> ten&iacute;a una secci&oacute;n que se titulaba <em>Viajes </em>y, a la semana siguiente, cuando le&iacute;a que don Emilio hab&iacute;a llegado de Zaragoza, que lo que yo le hab&iacute;a contado a mi t&iacute;o se convert&iacute;a en una noticia escrita, me resultaba asombroso. As&iacute; descubr&iacute; la fascinaci&oacute;n por los peri&oacute;dicos.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando su madre dio a luz, Pilar regres&oacute; a Logro&ntilde;o con el resto de la familia. En la capital riojana la sorprendi&oacute; la proclamaci&oacute;n de la Rep&uacute;blica. &ldquo;La primera conciencia pol&iacute;tica que tengo es de aquel d&iacute;a. Y lo viv&iacute; casi como en <em>Historia de una escalera</em>: la gente sub&iacute;a y bajaba por la de mi casa, cont&aacute;ndoselo uno a otros. (&hellip;) En uno de los pisos de abajo viv&iacute;a un se&ntilde;or, distribuidor de pel&iacute;culas, que visti&oacute; a su hija de Rep&uacute;blica. Y la ni&ntilde;a sub&iacute;a y bajaba por las escaleras con la t&uacute;nica y una banda tricolor, como si fuera a un baile de disfraces&hellip; Para m&iacute; fue, claro, un acontecimiento tremendo. Mi padre, como era muy republicano, deb&iacute;a de estar muy contento y mi madre, precisamente por lo contrario, porque era muy mon&aacute;rquica, debi&oacute; de celebrarlo menos.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A don Santiago Narvi&oacute;n lo destinaron a Zaragoza y Pilar curs&oacute; el bachillerato en el Instituto Miguel Servet. De aquel tiempo destaca el magisterio de su profesora de Literatura, Pilar D&iacute;ez y Jim&eacute;nez Castellanos, que les interpretaba a los cl&aacute;sicos del Siglo de Oro, y la admiraci&oacute;n que despertaba entre las alumnas otra ni&ntilde;a que tambi&eacute;n se convirti&oacute; en destacada periodista. &ldquo;Hab&iacute;a dos estudiantes que iban y ven&iacute;an al instituto con se&ntilde;orita de compa&ntilde;&iacute;a. Una era hija de marqueses y otra de un notario que viv&iacute;a en lo m&aacute;s selecto de Zaragoza: el Paseo de la Independencia. La hija del notario llevaba trajes escoceses y grandes lazos de terciopelo negro. Era una leyenda entre las dem&aacute;s alumnas, porque sab&iacute;a mucho Lat&iacute;n, Historia y F&iacute;sica. Adem&aacute;s, estudiaba m&uacute;sica y la se&ntilde;orita de compa&ntilde;&iacute;a le llevaba las carpetas. Se llamaba Mar&iacute;a Dolores Pal&aacute;, sin embargo, al casarse con el intelectual Emiliano Aguado, empez&oacute; a firmar como Lola Aguado. Hizo casi toda su carrera en <em>Gaceta Ilustrada</em> y para m&iacute;, que hab&iacute;a empezado a leer sus cr&oacute;nicas desde Par&iacute;s y me parec&iacute;an fabulosas, fue toda una sorpresa conocerla cuando regres&eacute; a Espa&ntilde;a y enterarme de que era aquella Mar&iacute;a Dolores Pal&aacute; que despertaba tanta admiraci&oacute;n en el Miguel Servet.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Todav&iacute;a era una adolescente cuando Pilar Narvi&oacute;n decidi&oacute; mandar, en secreto, un art&iacute;culo al semanario <em>Domingo</em>, que se editaba en Madrid. No s&oacute;lo se lo publicaron, sino que recibi&oacute; 150 pesetas y fue el inicio de una serie de colaboraciones que la llevaron, con 17 a&ntilde;os, a estudiar Periodismo en la capital. El director de la Escuela Oficial de Periodismo, Juan Aparicio, lo era a su vez del diario <em>Pueblo</em> y, cuando ley&oacute; los trabajos de aquella muchacha que comparaba a Goya con los reporteros gr&aacute;ficos, porque en su obra contaba sucesos del tiempo que le toc&oacute; vivir, le abri&oacute; las puertas del peri&oacute;dico. Era la primera mujer y hab&iacute;a que tomar precauciones. Don Juan reuni&oacute; a la plantilla y le hizo esta advertencia: &ldquo;Ma&ntilde;ana se incorpora una chica a la redacci&oacute;n, as&iacute; que se han acabado los chistes verdes y las bromas.&rdquo; Como las malas costumbres no se cortan por lo sano, a&nbsp; m&aacute;s de uno sin querer se le escapaba alg&uacute;n taco y, cuando suced&iacute;a, compensaba a la <em>v&iacute;ctima</em> con una caja de bombones.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por aquellos d&iacute;as lleg&oacute; tambi&eacute;n al peri&oacute;dico Emilio Romero. Pilar lo conoci&oacute; durante la famosa conferencia de Dal&iacute; en la que solt&oacute; uno de sus chascarrillos m&aacute;s celebrados: <em>Picasso es un genio; yo tambi&eacute;n. Picasso es un gran espa&ntilde;ol; yo tambi&eacute;n. Picasso es comunista; yo tampoco.</em> Romero iba a ser su gran mentor y, a pesar del car&aacute;cter seco que ten&iacute;a, entre ellos hubo siempre una buena&nbsp; amistad.&nbsp; &ldquo;Fue un gran director de peri&oacute;dicos. Un caso similar a lo que pasa ahora con Pedro J. Ram&iacute;rez: alguien capaz de crear un peri&oacute;dico y, alrededor suyo, un estilo de hacer informaci&oacute;n, con la que se puede estar o no de acuerdo, pero que lleva el sello de la casa. Y, sobre todo, involucrar en ese proyecto a muchos profesionales. La prueba de que Emilio Romero lo consigui&oacute; es que todav&iacute;a hay en activo un mont&oacute;n de periodistas, muchos con renombre, que salieron de <em>Pueblo.</em> Sin olvidar a una escuadrilla de formidables escritores, entre ellos los grandes best-sellers del pa&iacute;s: Julia Navarro y Arturo P&eacute;rez&nbsp; Reverte. (&hellip;)<strong> </strong>Tambi&eacute;n fue el director de peri&oacute;dicos m&aacute;s feminista de Espa&ntilde;a. Incorpor&oacute; m&aacute;s mujeres a la redacci&oacute;n y, cuando demostraban que pod&iacute;an hacer lo mismo que los hombres, les daba responsabilidades. (&hellip;) Fuimos buenos amigos, pero con las mismas te digo que no era un hombre que derrochara simpat&iacute;a. Tampoco es que fuese antip&aacute;tico&hellip; Carec&iacute;a de esa personalidad expansiva, de esa cordialidad extrema que tienen otros. Tuvo leyenda de mujeriego&hellip; Bueno eso dec&iacute;an. Yo supongo que muchos vivieron historias de faldas tan importantes como las suyas pero las llevaron con m&aacute;s discreci&oacute;n.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En 1956 Emilio Romero, que hab&iacute;a sucedido a Juan Aparicio en la direcci&oacute;n de <em>Pueblo</em>, mand&oacute; un frente de corresponsales a las principales capitales de Europa. Como en Espa&ntilde;a no hab&iacute;a debate pol&iacute;tico y el que pudiera darse no aparec&iacute;a en la Prensa, la informaci&oacute;n internacional copaba las p&aacute;ginas m&aacute;s destacadas de los medios.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A Pilar&nbsp; la envi&oacute; a Italia. Pese a ser su primer contacto con el mundo exterior, no la marc&oacute; tanto como lo har&iacute;a Francia dos a&ntilde;os despu&eacute;s. Roma le pareci&oacute; una ciudad muy vaticana donde las huellas del fascismo no hab&iacute;an desparecido del todo. Para una mujer que ven&iacute;a de otro r&eacute;gimen totalitario y del nacional-catolicismo no supon&iacute;a un cambio radical. Descubri&oacute;, no obstante, lo que era un parlamento de verdad, el mundo de la mafia y un ambiente como el que describe Fellini en <em>La dolce vita</em> que, eso s&iacute;, la dej&oacute; patidifusa. En el a&ntilde;o y pico que estuvo como corresponsal, Pilar Narvi&oacute;n entabl&oacute; contacto con los pintores y arquitectos becados en la Academia de Espa&ntilde;a. Eran amigos de Alberti y se lo presentaron, pero la periodista y el vate no lograron congeniar: &ldquo;Era extremadamente vanidoso. Se consideraba el primer poeta de Espa&ntilde;a y te miraba por encima del hombro&hellip; Claro, yo era una chica joven e insignificante y, adem&aacute;s, una periodista de Franco&hellip; No me cay&oacute; nada simp&aacute;tico. Esa es la verdad.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los pol&iacute;ticos espa&ntilde;oles acud&iacute;an a recibir la bendici&oacute;n de P&iacute;o XII que se encontraba en la recta final de su pontificado. Pilar los acompa&ntilde;&oacute; por los interminables pasillos del Palacio Apost&oacute;lico y las estancias que hab&iacute;an decorado Rafael y Miguel &Aacute;ngel. Pero con impresionarle mucho los tesoros de la Iglesia, a&uacute;n le dej&oacute; m&aacute;s huella la mirada de P&iacute;o XII, que hizo desmayarse delante de ella a una militar australiana durante la audiencia general. &ldquo;Lo recuerdo revestido con damascos, oros y platas; flaco, flaco como una estaca, y con aquellos ojos oscuros y penetrantes. Los ten&iacute;a como Picasso, te lo digo porque yo tambi&eacute;n lo conoc&iacute;, y al natural a&uacute;n impactaban m&aacute;s que en las fotograf&iacute;as.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El 25 de marzo de 1957 amaneci&oacute; lluvioso en Roma, pero el Tratado que se firm&oacute; aquel d&iacute;a en el Palacio Capitolino habr&iacute;a de despejar los nubarrones que se cern&iacute;an sobre el futuro de Europa. Narvi&oacute;n presenci&oacute; y cont&oacute; a los lectores de <em>Pueblo</em> aquel episodio hist&oacute;rico.<em> </em>&ldquo;Casi todos dec&iacute;an que el padre de la criatura era Adenauer, que a m&iacute; siempre me pareci&oacute; que ten&iacute;a perfil de indio sioux, una cara como del Cuaternario sin evolucionar; sin embargo, Paul Henri Spaak, que firm&oacute; por parte de B&eacute;lgica, era un vanidoso y quer&iacute;a atribuirse &eacute;l todo el m&eacute;rito; Christian Pineau, representante de Francia, parec&iacute;a receloso. Supongo que un pa&iacute;s tan nacionalista como el suyo no terminaba de confiar en aquel invento; de Joseph Luns, el holand&eacute;s, me llam&oacute; la atenci&oacute;n lo alto que era, enorme, deb&iacute;a de medir casi dos metros; el italiano Antonio Segni daba la sensaci&oacute;n de ser muy ceremonioso, se le notaba en su salsa&hellip; y del representante de Luxemburgo, Joseph Bech, me qued&eacute; con la copla de que le hab&iacute;an perdido las maletas, o sea que estas cosas ya pasaban entonces, pero ni siquiera recuerdo la cara que ten&iacute;a.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aunque estaba radicada en Roma recorri&oacute; el pa&iacute;s entero y se empap&oacute; de su cultura que, con la de Grecia, puso los cimientos de la civilizaci&oacute;n occidental. En <em>Pilar Narvi&oacute;n. Andanzas de una periodista perezosa </em>destaca su viaje por Sicilia y la estancia con unas amigas en la abad&iacute;a de Monte Oliveto Maggiore, de monjes benedictinos, que las invitaron a presenciar el famoso Palio de Siena. &ldquo;Volvimos por la noche, muy tarde, a la abad&iacute;a y ocurri&oacute; algo que parece una escena medieval, casi&nbsp; como en los <em>Cuentos</em> de Boccaccio: los monjes, que ya deb&iacute;an de estar algo bebidos, empezaron a explicar qu&eacute; har&iacute;a cada uno de ellos si llegaba a Papa. Era gracios&iacute;simo. &iexcl;Menos mal que nosotras &eacute;ramos muy decentes, si no yo no s&eacute; en que hubiera ido a parar aquello. Porque los frailes iban a por todas!&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En enero de 1958 Emilio Romero traslad&oacute; a Pilar Narvi&oacute;n a la corresponsal&iacute;a de Par&iacute;s. A&uacute;n reg&iacute;a la IV Rep&uacute;blica, aunque vino pronto el general De Gaulle que fund&oacute; la V y cambi&oacute; por completo las estructuras del Estado. &ldquo;De Gaulle, m&aacute;s que conferencias de prensa, daba conferencias a la Prensa. Le gustaba crear expectaci&oacute;n. Cuando ya era presidente, sol&iacute;a citarnos a las tres de la tarde en el sal&oacute;n de baile del El&iacute;seo y nos sentaba en unas sillas la mar de inc&oacute;modas. Te pusieras como te pusieras, sal&iacute;as con los gl&uacute;teos hechos papilla. &Eacute;l jugaba con ventaja, porque su asiento parec&iacute;a m&aacute;s confortable. Bueno, m&aacute;s que asiento, aquello era un trono. Entraba en la sala como si fuera el Rey Sol, cuando sonaban las campanadas en el reloj, se apartaba el tapiz&hellip; y s&oacute;lo faltaba el chambel&aacute;n que diera tres golpes en el suelo con esa especie de b&aacute;culo que llevaban en tiempos de Luis XIV. Se sentaba en aquel sill&oacute;n enorme, la mesa era otro tanto, y reun&iacute;a, como si fueran sus cortesanos, a todos los ministros. Malraux tambi&eacute;n, por supuesto. A los gr&aacute;ficos les dejaba hacer unas fotos y luego, con gesto autoritario, los mandaba al fondo de la sala. Entonces, saludaba con aire mayest&aacute;tico y empezaban las preguntas. Pod&iacute;amos hacer todas las que nos diera la gana, que ya se encargaba &eacute;l de responder a su manera. Dec&iacute;a: &ldquo;Como veo que hay tres o cuatro temas que les interesan, voy a contestarlos.&rdquo; Y lo hac&iacute;a en bloque. Nunca respond&iacute;a a una pregunta concreta ni a un periodista directamente. Adem&aacute;s, se guardaba los momentos de impacto para cuando a &eacute;l le interesaba.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El contraste entre Espa&ntilde;a e Italia no hab&iacute;a resultado tan brusco para la joven periodista como ahora en Francia. &ldquo;Aquello ya fue el contacto con la Europa real. Puse los pies en el suelo y empec&eacute; no a sorprenderme, sino a observar de una forma m&aacute;s fr&iacute;a.&rdquo; Esa distancia respecto a los hechos que presenciaba la aplic&oacute; a la guerra de Argelia, las conversaciones de Paz del Vietnam y el Mayo del 68. &ldquo;Para m&iacute;, el Mayo franc&eacute;s fue el estallido de la palabra. Dieron voz a los estudiantes, que nunca hab&iacute;an tenido oportunidad de decir lo que pensaban, y la aprovecharon. Pero se les fue de las manos. Desde ese punto de vista era una maravilla: ibas al Ode&oacute;n, a la Sorbona, a la Mutualit&eacute;, y todo se hac&iacute;a en plan asambleario. Aquello era una verbocracia. Cualquiera que ped&iacute;a la palabra se levantaba y bla-bla-bla&hellip; All&iacute; daba su opini&oacute;n desde el catedr&aacute;tico a la portera del inmueble. Luego, las paredes se convirtieron en medios de expresi&oacute;n con aquellas frases y aforismos como <em>Haz el amor y no la guerra</em>, <em>Debajo de los adoquines est&aacute; la playa&hellip; </em>Me vienen a la memoria las que m&aacute;s se han repetido, aunque yo me dediqu&eacute; a hacer un inventario de citas y encontr&eacute; desde Plutarco al Che Guevara, pasando por Marx, Mao y Fidel. A los espa&ntilde;oles nos llamaba la atenci&oacute;n la que pintaron en el Ode&oacute;n con palabras de Unamuno: <em>Yo me propongo agitar e inquietar a las gentes. No vendo el pan, sino la levadura.</em> Todo aquello termin&oacute; siendo un globo que, en vez de con helio, se iba inflando de palabras. (&hellip;) Los trabajadores fueron a la huelga porque en aquellos a&ntilde;os quer&iacute;an conseguir de sus empresas, sobre todo de grandes empresas como la Renault, mayor poder para los sindicatos y otras cosas que llevaban pidiendo desde hac&iacute;a veinticinco a&ntilde;os, pero la patronal se negaba a esas concesiones. Entonces Pompidou negoci&oacute; los famosos acuerdos de Grenelle donde los que sacaron tajada fueron ellos. (&hellip;)Los estudiantes eran cultos, pero los representantes de los sindicatos muy listos y aprovecharon que el Sena pasa por Par&iacute;s para alcanzar aquello que nunca hab&iacute;an tenido. Se reunieron con el Gobierno y las lograron, porque ten&iacute;an los pies en el suelo. En cambio, los Cohn-Bendit y compa&ntilde;&iacute;a ten&iacute;an la cabeza en el aire.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pilar Narvi&oacute;n pronostic&oacute; que Fran&ccedil;ois Mitterrand llegar&iacute;a a Presidente de la Rep&uacute;blica Francesa. Lo entrevist&oacute; en 1966 y el retrato que hizo de &eacute;l da prueba de su pulso literario: &ldquo;F&iacute;sicamente, recuerda a los personajes renacentistas italianos: un <em>condottiere</em> a lo Paolo Ucello, de la escuela de Siena, o un Dux bajo el pincel de Antonello de Messina. Tampoco sorprender&iacute;a nada encontrar un rostro semejante al suyo en la florentina galer&iacute;a de los Uffizi bajo un capelo cardenalicio. Alta y despejada la frente, recta la nariz, duro el entrecejo, fina la boca, donde se anuncia la inteligencia de Mitterrand es en los ojos, color caramelo y caleidosc&oacute;picamente variantes. Inteligentes, ir&oacute;nicos, audaces, Mitterrand tiene ojos de espadach&iacute;n peligroso. Da la sensaci&oacute;n de que adivina por d&oacute;nde pueden venirle los golpes, y su esgrima para pararlos es legendaria.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En Par&iacute;s Pilar Narvi&oacute;n conoci&oacute; a Luis Bu&ntilde;uel que, a pesar de su sordera, la escuchaba perfectamente. &ldquo;Ser&iacute;a por la voz que tengo, o porque los dos &eacute;ramos de la tierra del tambor&rdquo;.&nbsp; Los present&oacute; el actor Paco Rabal. &ldquo;Era muy amigo m&iacute;o y ten&iacute;a una obsesi&oacute;n verdaderamente c&oacute;mica, que cuando se la cuento a la gente se troncha de risa.&nbsp; Quer&iacute;a saber si yo era o no era virgen. &iexcl;&iexcl;&iexcl;F&iacute;jate que historia tan divertida!!! Estaba a todas horas con lo mismo: &ldquo;Pilar, &iquest;por qu&eacute; no me lo dices? Anda, cu&eacute;ntamelo, que no se lo dir&eacute; a nadie.&rdquo; Y yo, erre que erre: &ldquo;No te molestes, que no te lo voy a decir.&rdquo; Chico, no s&eacute; a qu&eacute; ven&iacute;a esa obsesi&oacute;n.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los a&ntilde;os de Par&iacute;s le procuraron tambi&eacute;n la amistad de Santiago Carrillo, al que conoci&oacute; en el estudio del pintor Jos&eacute; Ortega, y la de otros exiliados espa&ntilde;oles. &ldquo;En <em>Pueblo </em>estaban al tanto. No creas que actuaba como clandestina. Tan es as&iacute; que, en una de mis cr&oacute;nicas, escrib&iacute; que alg&uacute;n d&iacute;a esos caf&eacute;s que tomaba con Carrillo los tomar&iacute;amos cara a cara en las Cortes Espa&ntilde;olas. Entonces, el Congreso de los Diputados a&uacute;n se llamaba as&iacute;. Y Emilio Romero me lo public&oacute;. A&uacute;n recuerdo la cara de asombro de Santiago Carrillo cuando vino, con el recorte del peri&oacute;dico en el bolsillo de la chaqueta, y me dijo: &lsquo;&iexcl;Oye, pero que lo han sacado. No me lo puedo creer!&rsquo;&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando lleg&oacute; el momento de paladear esos caf&eacute;s en el Congreso de los Diputados, ciertos colegas de Pilar, que la consideraban exponente de lo que Umbral llam&oacute; la<em> derechona</em>, se asombraron por el trato que le dispensaba el Secretario General del PCE. En <em>Andanzas de una periodista perezosa</em> se refiere a ese clich&eacute; de se&ntilde;ora conservadora que le endosaron algunos: &ldquo;Me divierte mucho, por venir de quien viene: esos muchachos de la <em>gauche divine </em>espa&ntilde;ola, que son hijos de familias superricas. Ni&ntilde;os mimados, que estudiaron en los mejores colegios, que viajaron a Inglaterra&hellip; y luego llegan y te miran por encima del hombro ideol&oacute;gico. Uno de ellos, terrateniente de la zona mediterr&aacute;nea, y del que no quiero decir su nombre porque lo aprecio mucho, me lleg&oacute; a decir: &ldquo;Yo, Pilar, es que te adoro. Porque eres de una derecha que no mata.&rdquo;&nbsp; Tiene narices la cosa. En Espa&ntilde;a la gente clasifica al vecino y lo clasifica a la&nbsp; ligera. Cuando quieran, podemos comparar mi biograf&iacute;a con la de esa gente, a la que t&uacute; tambi&eacute;n conoces, a ver qui&eacute;n es el conservador. Me vine con 17 a&ntilde;os a Madrid y, desde entonces, me he buscado la vida; nadie me ha ayudado en nada. Yo s&iacute; que he sido proletaria, proletaria de las letras &ndash;lo dice con mucha guasa-. Nunca he vivido de se&ntilde;orita, sino que he trabajado como una burra. Mi madre siempre les dec&iacute;a a mis sobrinos: &ldquo;Mirad, todo lo que tiene la t&iacute;a: su casa de Madrid, la de Estepona, los libros, los cuadros&hellip; todo se lo ha ganado <em>letrica a letrica</em> (Pilar mueve los dedos en el aire; mecanograf&iacute;a los recuerdos) con su m&aacute;quina de escribir.&rdquo; Y es verdad. No he ganado una peseta que no haya pasado por la m&aacute;quina de escribir. O sea que me hacen mucha gracia estos chavales. Esos hijos de grandes familias de Madrid y Barcelona, los Ravent&oacute;s <em>and company</em>&hellip;bueno, no los voy a citar. &iexcl;Para qu&eacute;! Han vivido como ni&ntilde;os bonitos, entre criados y criadas, han estudiado la carrera que les ha dado la gana, y para m&aacute;s inri, eran tan esnobs, que tambi&eacute;n ten&iacute;an que ser de izquierdas; porque resultaba m&aacute;s esnob la izquierda que la derecha. Tiene gracia que me llamen conservadora. Yo nunca tuve nada que conservar. Ellos, sin embargo, ten&iacute;an que conservar grandes patrimonios: fincas, caserones, bibliotecas y cuadros heredados de pap&aacute; y del abuelito. A m&iacute; nadie me ha dejado en herencia nada; todo lo he comprado con mi trabajo. Y resulta que la conservadora, la <em>derechona</em>&hellip; la tal y cual soy yo, mientras esos superse&ntilde;oritos, que nacieron en hispano-suizas, se erigen en los grandes progres que velan por el bien de la Humanidad. Ninguno de ellos se preocupa ni de los obreros, ni de los pobres, ni de nada. Los pobres nos hemos tenido que batir nosotros solos para salir adelante, mientras a ellos les daban todo hecho.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; 1975 fue un a&ntilde;o intenso en la vida profesional de Pilar Narvi&oacute;n. No por la muerte de Franco, que tambi&eacute;n, sino por su labor como vocal de la Comisi&oacute;n Interministerial del A&ntilde;o Internacional de la Mujer. Dict&oacute; un centenar de conferencias e intervino en simposios y mesas redondas. Desde Arist&oacute;teles, al que le afeaba su m&aacute;xima <em>La mujer es un hombre mal hecho</em>, a las feministas que alborotaban la calle, Pilar rebat&iacute;a los dogmas con argumentos. Sus debates con Lidia Falc&oacute;n y otras figuras del feminismo se convert&iacute;an, muchas veces, en un espect&aacute;culo que empezaba con exposici&oacute;n de ideas y una oratoria impecable para acabar como el rosario de la aurora. &ldquo;Yo les rebat&iacute;a sus posturas radicales. Por ejemplo, una de las cosas que siempre he defendido es que la gran revoluci&oacute;n de la mujer ha sido de tipo m&eacute;dico y no de airear pancartas. El control de la natalidad, por una parte, y los avances absolutamente espectaculares de la pediatr&iacute;a, han hecho m&aacute;s por la poblaci&oacute;n femenina que todas las manifestaciones juntas. Cuando no exist&iacute;an esos avances, muchos de los ni&ntilde;os que nac&iacute;an en Espa&ntilde;a mor&iacute;an antes de alcanzar los 5 a&ntilde;os. De forma que, para que la mujer cumpliese con la especie, como cualquier otro ser vivo, ten&iacute;a que dar a luz siete u ocho hijos; as&iacute;&nbsp; se aseguraba que dos o tres llegar&iacute;an a la edad de reproducci&oacute;n. Y esto que digo de las espa&ntilde;olas apl&iacute;calo a las inglesas, las checas, las alemanas y todas las mujeres que en el mundo han sido. Cuando la Medicina cort&oacute; aquellas carnicer&iacute;as que provocaban el sarampi&oacute;n, la viruela, la escarlatina&hellip; y la falta de higiene en la poblaci&oacute;n infantil, se produjo una revoluci&oacute;n en el seno de las familias. A partir de entonces no necesitaban tener una docena de hijos para que llegaran tres a mayores; ten&iacute;an esos tres y se acab&oacute;. Pero, al mismo tiempo que la pediatr&iacute;a avanzaba, apareci&oacute; la p&iacute;ldora (da una palmada sobre la mesa para reafirmar sus palabras) que fue la tabla de salvaci&oacute;n de las mujeres. La mujer se liber&oacute; de los abortos y del terror al acto sexual por miedo a quedarse embarazada. Cambiaron las costumbres de una forma total. Aquella pudibundez espantosa de los noviazgos espa&ntilde;oles, en los que el embarazo pend&iacute;a como espada de Damocles, desapareci&oacute; con la llegada de los anticonceptivos. Eso era lo que les dec&iacute;a a las feministas exaltadas: que la liberaci&oacute;n de las costumbres hab&iacute;a empezado desde el momento en el que la mujer pudo controlar la maternidad y, con ello, sus instintos para hacer la vida que le apeteciese. En una palabra, que aquel cambio no lo hab&iacute;an logrado sus pancartas ni sus libros de concienciaci&oacute;n, sino la p&iacute;ldora. Y les sentaba bastante mal, ya lo creo.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La carrera period&iacute;stica de Pilar Narvi&oacute;n tuvo una recta final acorde con su trayectoria. El destino, el azar, los hados o los dioses la premiaron otra vez permiti&eacute;ndole vivir, desde las tribunas de Prensa del Congreso y el Senado, la Transici&oacute;n espa&ntilde;ola que tanta admiraci&oacute;n despert&oacute; en el mundo. Entonces, m&aacute;s que nunca, puso en pr&aacute;ctica la vieja ense&ntilde;anza de Josefina Carabias: &ldquo;En una ocasi&oacute;n me explic&oacute; que, cuando se dispon&iacute;a a escribir un art&iacute;culo, lo primero que pensaba era no en lo que pod&iacute;a interesar a los pol&iacute;ticos o a otros periodistas, sino a sus lectores. Por eso ten&iacute;a tanta garra y conect&oacute; con ellos hasta el final. En cambio hay periodistas que escriben para consumo de los pol&iacute;ticos y se queman en dos d&iacute;as.&rdquo;<strong>&nbsp; </strong></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin embargo el primer cap&iacute;tulo de aquella historia prodigiosa, el nombramiento de Adolfo Su&aacute;rez, la pill&oacute;, como al resto de sus colegas, con el paso cambiado. &ldquo;Despu&eacute;s de la sorpresa inicial, me acord&eacute; de que hab&iacute;a vivido otro momento similar en Par&iacute;s, cuando el general De Gaulle nombr&oacute; primer ministro a Pompidou. Dej&oacute; a toda Francia boquiabierta, porque era alguien absolutamente desconocido. Habiendo como hab&iacute;a, en la vida pol&iacute;tica francesa y en la derecha gaullista, personajes de la talla de un Giscard d&acute;Estaing o un Michel Debr&eacute;, llamaba much&iacute;simo la atenci&oacute;n que eligiera a aquel se&ntilde;or, que hab&iacute;a sido profesor de Literatura y al que no conoc&iacute;a nadie. (&hellip;) S&iacute;, los espa&ntilde;oles nos quedamos igual de sorprendidos que los franceses y, sin embargo, tanto Pompidou como Su&aacute;rez, fueron dos grandes hombres de Estado. Hay que haber seguido de cerca la pol&iacute;tica mundial, como la he seguido yo, para darse cuenta de la enorme importancia que ha tenido Adolfo Su&aacute;rez. Tan equilibrado, tan realista, y tan buena persona. Porque, aunque la calidad humana no sea un requisito fundamental para ser buen pol&iacute;tico, cuando encima se da, como en el caso de Su&aacute;rez, engrandece su figura. Se han publicado tantos libros, y se ha dicho tanto sobre &eacute;l, que ya no puedo a&ntilde;adir nada. No hace falta que haga hincapi&eacute; en algo que admiten hasta los que fueron sus adversarios pol&iacute;ticos.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En su libro de memorias Pilar Narvi&oacute;n cree que al sucesor de Su&aacute;rez en la Presidencia del Gobierno no se le ha hecho justicia. &ldquo;Leopoldo Calvo Sotelo fue un hombre muy ponderado. Aquel a&ntilde;o y medio largo que estuvo en La Moncloa fue cr&iacute;tico para Espa&ntilde;a y ha pasado a la Historia de forma gris. Sin embargo, no tiene nada de gris: es un hombre excepcionalmente inteligente y un gran pol&iacute;tico. (&hellip;) Estaba muy acostumbrado al ejercicio del poder, porque hab&iacute;a presidido empresas, tanto p&uacute;blicas como privadas, y demostr&oacute; ser un &aacute;guila en todas ellas. O sea que no era un advenedizo, ni un inmaduro; cosa que s&iacute; se pod&iacute;a decir de otros. Fue presidente de RENFE y de SEOPAN, la patronal de las grandes constructoras, y luego lo hicieron ministro. Primero de Comercio, m&aacute;s tarde de Obras P&uacute;blicas y, finalmente, de Relaciones con la CEE. Hasta que lleg&oacute; su gran oportunidad en la crisis de septiembre 1980, cuando sustituy&oacute; como n&uacute;mero dos del Gobierno a Abril Martorell. Entonces, Su&aacute;rez le nombr&oacute; Vicepresidente Econ&oacute;mico. Yo recuerdo que la gente dec&iacute;a: &ldquo;Hemos salido de una cara de cemento para caer en una cara de palo.&rdquo; Y es que ninguno de los dos era simp&aacute;tico, ni ten&iacute;an una forma de ser arrolladora. Pero en las distancias cortas Calvo Sotelo ten&iacute;a un sentido del humor, al estilo de Fern&aacute;ndez Fl&oacute;rez, que espero siga conservando. En una ocasi&oacute;n, le pregunt&oacute; a un ujier del Congreso si &ldquo;don Landelino estaba expuesto&rdquo; y aquella ocurrencia se la aplaudieron mucho los pol&iacute;ticos y periodistas. Adem&aacute;s, es un hombre muy culto y toca bastante bien el piano. Estoy recordado una vi&ntilde;eta que public&oacute; Ram&oacute;n, el humorista de <em>Pueblo</em>, cuando fue investido presidente del Gobierno. Se ve&iacute;a a Leopoldo Calvo Sotelo, dispuesto a tocar alguna pieza y exclamaba: &ldquo;&iexcl;Ay se&ntilde;or, con lo que a m&iacute; me gusta el piano y voy a tener que templar gaitas!&rdquo; Creo que ese chiste es definitorio del papel que le toc&oacute;.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Fraga y Carrillo, por su parte, tuvieron que contener a los exaltados de sus respectivas formaciones; por eso Pilar los llam&oacute; en una cr&oacute;nica <em>Los dos perros guardianes</em>. &ldquo;Carrillo contuvo a los exaltados y, cuando se elabor&oacute; la Constituci&oacute;n, acept&oacute; cosas simb&oacute;licas, como la Monarqu&iacute;a y la bandera, que para muchos militantes del PCE eran inasumibles. Las acept&oacute; con madurez y con aquella filosof&iacute;a de Su&aacute;rez que dec&iacute;a que hab&iacute;a que hacer legal lo que en la calle era costumbre. Y luego, por el otro lado, Manuel Fraga hizo tambi&eacute;n muchos esfuerzos para contener a la derecha ultramontana que por nada del mundo quer&iacute;a que Espa&ntilde;a se convirtiera en una democracia. Esa ultraderecha lleg&oacute; incluso al terrorismo, aunque por suerte, aquel se pudo erradicar, mientras que ETA sigue ah&iacute;, como &uacute;nico vestigio de la Espa&ntilde;a de Franco.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A pesar de que vivi&oacute; los a&ntilde;os de gobierno de Felipe Gonz&aacute;lez desde la barrera, o sea como jubilada, Pilar Narvi&oacute;n afirma que fue un gran presidente. &ldquo;Y esa etapa socialista result&oacute; muy pr&oacute;spera para Espa&ntilde;a. No s&eacute; si cambi&oacute; tanto como para que no la conociera ni la madre que la pari&oacute;, seg&uacute;n hab&iacute;a prometido Guerra,&nbsp; pero pudimos hablarnos de t&uacute; a t&uacute; con muchos pa&iacute;ses del mundo y, naturalmente, con los m&aacute;s pr&oacute;ximos, con los de Europa. Felipe fue un pol&iacute;tico muy h&aacute;bil. Acu&eacute;rdate de c&oacute;mo le dio portazo al marxismo en el XXVIII Congreso de su partido, contra la opini&oacute;n de sus correligionarios. (&hellip;) Recuerdo que, unos d&iacute;as antes, tuve una larga charla con &eacute;l en el bar del Congreso de los Diputados y me explic&oacute; su idea de la lucha de clases. Dijo que, si el PSOE no aceptaba esa doctrina, no se presentaba a la reelecci&oacute;n como secretario general. A m&iacute;, aquello me son&oacute; a bravuconada y le contest&eacute; que no me cre&iacute;a sus palabras. Pero lo hizo. Renunci&oacute; a la secretar&iacute;a general, y sali&oacute; de all&iacute; con una fuerza moral que mira luego qu&eacute; pronto recuper&oacute; las riendas. (&hellip;) Felipe Gonz&aacute;lez me pareci&oacute; un pol&iacute;tico honesto. Y con&nbsp; Alfonso Guerra form&oacute; un t&aacute;ndem que funcion&oacute; muy bien durante a&ntilde;os, como hab&iacute;a ocurrido antes entre Adolfo Su&aacute;rez y Abril Martorell. (&hellip;) Guerra, a la hora de la verdad, no ten&iacute;a nada que ver con aquel se&ntilde;or que parec&iacute;a agarrar unas rabietas monumentales. No s&eacute; hasta qu&eacute; punto se cre&oacute; su propio personaje, pero lo cierto es que se comport&oacute; como un pol&iacute;tico serio y responsable que ayud&oacute; a que rodara bien la Constituci&oacute;n. Es curioso, porque ninguno de los dos hombres que tuvieron un papel clave en ese terreno, Guerra y Abril Martorell, eran constitucionalistas. Guerra es ingeniero industrial y Abril Martorell era ingeniero agr&oacute;nomo, pero el entendimiento entre ellos favoreci&oacute; el buen clima entre la clase pol&iacute;tica durante las Cortes Constituyentes. Fue, por tanto, una labor de ingenier&iacute;a.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El cap&iacute;tulo final de las memorias de Pilar Narvi&oacute;n lleva por t&iacute;tulo <em>Los d&iacute;as serenos</em> y en &eacute;l habla sin ambages de la vejez, la muerte y lo importante que es para ella su familia (se qued&oacute; soltera y desmiente que el guitarrista Narciso Yepes la pidiera en matrimonio como se ha contado muchas veces en corrillos period&iacute;sticos). &ldquo;Ahora que tengo mucho tiempo para reflexionar sobre lo que he hecho y he dejado de hacer en mi vida, llego a la conclusi&oacute;n de que, si no hubiera sido periodista, me habr&iacute;a dedicado a escribir novelas. Creo que he tenido las dos cualidades b&aacute;sicas para ese oficio: buena prosa y mucha imaginaci&oacute;n.(&hellip;) Cualquier libro que leas te abre infinidad de preguntas. Por ejemplo, sobre el papel que tiene el azar en la vida de las personas. (&hellip;) Tambi&eacute;n pienso en la fe. &iquest;Por qu&eacute; hay personas que tienen fe y otras no la tenemos? Con lo consoladora que es la fe (&hellip;) Pienso, por otra parte, en la belleza, ya que no es lo mismo nacer guapo que feo, digan lo que digan. Me pregunto, adem&aacute;s, si la simpat&iacute;a es algo innato; si es m&aacute;s importante la inteligencia o el saber vivir; qu&eacute; cualidades humanas son las que llevan a la felicidad o la desgracia&hellip; y termino con preguntas como: &iquest;Qu&eacute; es preferible, ser feliz o ser inteligente? De lo que estamos seguros todos los viejos es de la importancia de la salud. El miedo a la enfermedad y al dolor nos atenaza. No es miedo a la muerte, esa cosa tan natural e inevitable, es el miedo a depender de los dem&aacute;s, a perder nuestras facultades m&aacute;s necesarias, a convertirte en una triste liquidaci&oacute;n humana. Yo, afortunadamente, tengo una gran y solidaria familia, por lo que no sufro ese terrible miedo de tantos ancianos a la soledad. Es curioso que ahora que ya no tienes tiempo, que se te va el tiempo, tengas tanto tiempo para pensar en esa inmensa complejidad de la condici&oacute;n humana, en tantas hondas preguntas sin respuesta.&rdquo;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si algo tiene claro Pilar Narvi&oacute;n es que su despedida del Periodismo, hace ya un cuarto de siglo, cuando estaba en plenitud de su carrera, fue acertada. Hoy actuar&iacute;a del mismo modo. &ldquo;Algunas personas no se resignan a jubilarse y hacen absolutamente todo lo que est&aacute; en sus manos por seguir adelante. Otras, como yo, cierran la puerta y se jubilan de verdad. Cuando veo a amigos m&iacute;os que piden dar una conferencia, que se vuelven locos por publicar, no lo entiendo. Comprendo que son dos modos de afrontar el final, dos maneras de esperar el famoso poema de Machado: los que no se sientan y siguen en la brecha la batalla, y los que cerramos el cap&iacute;tulo de la vida activa totalmente, que es mi caso. Yo he vivido ese momento de final de cap&iacute;tulo como en una novela. Voy mucho a Medinaceli, donde mis hermanos los americanos se han retirado despu&eacute;s de su aventura en Estados Unidos. All&iacute;, como en todas partes,&nbsp; leo mucho. Antes sol&iacute;a pasear por la carretera de Soria con un libro y me sentaba a leerlo en la tapia de un huerto, donde hay una piedra llana que yo llamo <em>El sill&oacute;n del obispo</em>. Una tarde que me hab&iacute;a llevado de acompa&ntilde;ante a Machado, top&eacute; con la estrofa XXXV del poema titulado <em>Del</em> <em>Camino</em>: &ldquo;Al borde del sendero un d&iacute;a nos sentamos./Ya nuestra vida es tiempo, y nuestra sola cuita/ son las desesperantes posturas que tomamos/ para aguardar&hellip; M&aacute;s ella no faltar&aacute; a la cita.&rdquo; Recuerdo la profunda impresi&oacute;n que me caus&oacute; el poema. Llor&eacute; mansamente frente a aquellos &ldquo;c&aacute;rdenos alcores sobre la tierra parda&rdquo; sorianos y, de la mano de Machado, entr&eacute; en la serena ancianidad sin batallas. Sentada al borde del camino viendo como pas&aacute;is. Dos personas me acompa&ntilde;an en la devoci&oacute;n, que les he transmitido, por este poema de Machado: mi hermana Matilde y mi superamigo del alma Enrique de Aguinaga.&rdquo;</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 11 Jul 2013 06:27:33 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los recuerdos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/los-recuerdos/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/ELOY_S_NCHEZ_ROSILLO.jpg" alt="" /></p>
<p>Hay un ir y venir de los recuerdos</p>
<p>desde nuestra cabeza a nuestro coraz&oacute;n.</p>
<p>Parecen en su marcha viajeros incansables</p>
<p>que de d&iacute;a y de noche se movieran</p>
<p>entre las dos ciudades m&aacute;s famosas,</p>
<p>de mayor importancia y m&aacute;s pobladas</p>
<p>de un pa&iacute;s. Unos llegan muy deprisa,</p>
<p>circunspectos y serios, y a su llegada dejan</p>
<p>un oscuro recado: dolor que no ha prescrito</p>
<p>y que es capaz de herir muy cruelmente de nuevo</p>
<p>a su destinatario. Otros viajan</p>
<p>pl&aacute;cidos y ataviados con ropajes alegres,</p>
<p>como despreocupados y ociosos individuos,</p>
<p>y al abrir su equipaje nos sorprenden los ojos</p>
<p>con hermosas im&aacute;genes del ayer que ahora muestran</p>
<p>un color desva&iacute;do y melanc&oacute;lico,</p>
<p>mas que a pesar de todo dan amor y consuelo.</p>
<p>El flujo de viajeros en ambas direcciones</p>
<p>siempre es intenso y nunca se detiene.</p>
<p>S&oacute;lo la muerte un d&iacute;a puede hacer que el trayecto</p>
<p>aparezca vac&iacute;o y desolado,</p>
<p>barrido por un viento que sin misericordia</p>
<p>borra todo a su paso y desordena el mundo.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 04 Jul 2013 10:40:13 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Bird]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/bird/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/EDUARDO_JORD_.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">(Charlie Parker, Stanhope Hotel, 1955)&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>No quiero que se acerque nadie. Escucho</p>
<p>la m&uacute;sica que suena en alg&uacute;n sitio,</p>
<p>en la televisi&oacute;n quiz&aacute;, y me duele,</p>
<p>y ya no s&eacute; por qu&eacute; duele la m&uacute;sica</p>
<p>que me astilla la mente, y la desgarra,</p>
<p>ni por qu&eacute; yo la escucho, si me duele</p>
<p>tanto como un hur&oacute;n que se ocultase</p>
<p>en una galer&iacute;a hecha de nervios</p>
<p>que una vez fueron m&iacute;os, no s&eacute; cu&aacute;ndo,</p>
<p>en otro tiempo, en otra vida, lejos</p>
<p>de aqu&iacute;, cuando mi mente era la m&uacute;sica</p>
<p>que serv&iacute;a de amor y de amistad</p>
<p>a un hombre sin amor y sin amigos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Este cuerpo que veis, esta maltrecha</p>
<p>carne deshabitada de m&iacute; mismo,</p>
<p>aqu&iacute;, en la habitaci&oacute;n de hotel, a solas</p>
<p>con mi miedo y mi saxo que me escrutan,</p>
<p>&iquest;de qu&eacute; sirven, a qui&eacute;n har&aacute;n feliz?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuanto tocan mis manos se hace m&uacute;sica</p>
<p>y se astilla en mi mente, y me persigue.</p>
<p>No puedo amar a nadie, ni tocarlo,</p>
<p>porque amarlo es llevarlo hacia lo oscuro</p>
<p>y de all&iacute; no regresa, nunca, nadie.</p>
<p>Se deshacen los ni&ntilde;os, las mujeres.</p>
<p>Se deshacen los &aacute;rboles, los coches,&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>los clubs, los contrabajos, las sonrisas.</p>
<p>Mis manos en el aire se deshacen.</p>
<p>Son aire, un aire oscuro que me inunda</p>
<p>y que me hace volar como los p&aacute;jaros,</p>
<p>ciegos, remotos, lentos, pero &iquest;ad&oacute;nde?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Soy aire estremecido de verg&uuml;enza,</p>
<p>y un dolor que me quema como el fuego</p>
<p>y que no llegar&eacute; a saber qu&eacute; es.</p>
<p>Que esta m&uacute;sica f&uacute;nebre que toco</p>
<p>os alumbre el camino. Mi camino</p>
<p>ya tan s&oacute;lo discurre entre las sombras.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 04 Jul 2013 10:27:17 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cartas desde un viaje imaginario]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/cartas-desde-un-viaje-imaginario/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/LEA_GOLDBERG.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>Carta real sobre un viaje imaginario,</strong></p>
<p><strong>a modo de introducci&oacute;n.<br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p>T&uacute;,</p>
<p>quiz&aacute; no llueva, pero las ventanas recuerdan el chaparr&oacute;n. Y hace fr&iacute;o. Veo la espalda del cartero. Est&aacute; entrando en la casa de enfrente. Mi buz&oacute;n est&aacute; vac&iacute;o, como de costumbre: aquellas palabras salv&iacute;ficas que podr&iacute;an abrirme las fronteras de los pa&iacute;ses extranjeros no se han escrito todav&iacute;a. A&uacute;n estoy aqu&iacute;. A&uacute;n no me he ido. Pero me he separado de ti, aunque tambi&eacute;n t&uacute; est&aacute;s aqu&iacute;. Tal vez incluso en mi habitaci&oacute;n. &iquest;Es posible cerrar por un instante los ojos, o&iacute;r el zumbido de la estufa y pensar que &eacute;se es mi tren?, &iquest;que ya me he ido? &iquest;No es cierto que en un viaje literario tambi&eacute;n hay vivencias y aventuras?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Es posible que Rut, mi protagonista, viva como yo en un tiempo suspendido en el vac&iacute;o. Sabe que debe irse, y el camino est&aacute; bloqueado. Por ahora todo se va convirtiendo en pasado. Y ella est&aacute; aferrada a un viaje literario. Rut no es una joven sentimental. No escribe cartas de amor para quemarlas despu&eacute;s en la estufa. Sus cartas tienen una finalidad literaria. Las cartas realmente &iacute;ntimas no se pueden publicar. Por eso he elegido a una protagonista con un nombre distinto al m&iacute;o, y tampoco su amado se llama como t&uacute;. Rut se parece a m&iacute;, y a quien se dirige es a ti, pero, a pesar de todo, no somos t&uacute; y yo, ellos son personajes imaginarios, igual que el viaje.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El nombre del amado de Rut es Emmanuel. Ella lo llama &ldquo;El&rdquo; cari&ntilde;osamente y &ldquo;Emmanuelino&rdquo; para abreviar. O al rev&eacute;s.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;Su relaci&oacute;n no es estable, primero porque se parece a la nuestra, y segundo, porque escribir sobre una relaci&oacute;n estable es... aburrido.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El contenido de estas cartas se puede sintetizar con el t&iacute;tulo de un libro latino de la Edad Media, <em>Sobre todas las cosas del mundo y algo m&aacute;s</em>,<a title="" href="#_ftn1">[1]</a> &iquest;comprendes?, lo importante es ese &ldquo;algo m&aacute;s&rdquo;, porque &ldquo;todas las cosas del mundo&rdquo; entre t&uacute; y yo, &iquest;qu&eacute; son? Hay una palabra francesa que define en parte la naturaleza de estas cartas: Causerie. Se puede traducir como &ldquo;ch&aacute;chara&rdquo;, &ldquo;charla&rdquo;, pero no me estoy refiriendo a eso. Causerie tambi&eacute;n es aquella agradable melod&iacute;a ancestral que una abuela arist&oacute;crata tocaba en un viejo y quejumbroso piano.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las ciudades sobre las que Rut escribe son s&oacute;lo pompas de jab&oacute;n nacidas de la imaginaci&oacute;n cuando la temperatura del alma sube a 39,9. En cada alma hay una colecci&oacute;n de xilograf&iacute;as antiguas, guardadas en ella desde la infancia: im&aacute;genes de ciudades de ensue&ntilde;o, lejanas y queridas. Y, tanto si se han visto o no todas esas ciudades despu&eacute;s de recoger las xilograf&iacute;as en el macuto del alma, la imagen no cambia: no tiene nada que ver con la realidad. De hecho, para nosotros el mundo entero es una xilograf&iacute;a primitiva y no muy grande, un dibujo de una ciudad fant&aacute;stica, porque, si no fuera as&iacute;, &iquest;c&oacute;mo podr&iacute;amos llevar en nuestro interior &ldquo;el mundo entero&rdquo; con toda su variedad de detalles? Rut no ha visto nunca la mayor&iacute;a de las ciudades descritas en las cartas de su viaje: tan solo son un eco de asociaciones, una mezcla de versos, im&aacute;genes y estados de &aacute;nimo. Antes de cada una de sus cartas aparecer&aacute; ante los lectores sentada en la habitaci&oacute;n de su ciudad natal y escribiendo una carta desde Par&iacute;s o desde Bruselas. Escribo esto del mismo modo que Wachtangow represent&oacute; <em>Turandot</em>: el actor se maquilla en el escenario delante del p&uacute;blico. &iexcl;No hay que olvidar que es un actor y no el hijo de un emperador de la China!</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El viaje de Rut termina porque por fin se va realmente, y al parecer resulta bien. El pie que pisa tierra extranjera quiz&aacute; sepa m&aacute;s que la mente que tantea las distancias. &iquest;Qui&eacute;n podr&iacute;a afirmar eso?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Estas cartas son el fruto de la soledad de Rut. El fruto de mi soledad. Te las regalo con mucha melancol&iacute;a y cierto agradecimiento.</p>
<p>L.</p>
<p align="center">1</p>
<p>Las noches de comienzos del oto&ntilde;o ca&iacute;an en la ventana de Rut como frutas maduras y olorosas. Los saltamontes al otro lado de la ventana tocaban una dolorosa melod&iacute;a sobre el herido piano de las horas. Y en el aire, entre la tierra y la luna, a&uacute;n estaba suspendido el aliento del verano, h&uacute;medo y caliente. Rut se despert&oacute; una de esas noches y de pronto olvid&oacute; lo que hab&iacute;a so&ntilde;ado. Solamente le parec&iacute;a que hab&iacute;a sido un buen sue&ntilde;o. Se llev&oacute; la mano a la cara para tocarse la sonrisa y no sinti&oacute; que su mano enjugaba una l&aacute;grima. Y por la ma&ntilde;ana s&oacute;lo hab&iacute;a miedo a los ojos vac&iacute;os del d&iacute;a y anhelo, como vaho en los labios. Sobre eso escribi&oacute;:</p>
<p>&nbsp;</p>
<h1>Postal con letra muy peque&ntilde;a</h1>
<p>Tren de Marienburg a Berl&iacute;n</p>
<p>20.10.34</p>
<p>El, &iexcl;ni&ntilde;o que se qued&oacute; all&iacute;!,</p>
<p>no estoy llorando. Ya no lloro. Es que me resulta un poco estrecho el vag&oacute;n con la gran palabra &ldquo;para siempre&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Adem&aacute;s hay otros dos conmigo: 1. Un m&eacute;dico de Estonia. Jud&iacute;o. Af&oacute;nico. 2. Un viajante de &ldquo;alguna parte&rdquo; con un acento que pretende ser americano. El barro de los pueblos del Este barnizaban mis zapatos y sorprendentemente... ni una broma. Huele a queso holand&eacute;s, a perfume barato y a tabaco malo. Se habla de nacionalismo e internacionalismo. Las conclusiones son m&aacute;s o menos las siguientes: una pluma estilogr&aacute;fica internacional es preferible a una m&aacute;quina de escribir, porque con una estilogr&aacute;fica se puede escribir en todos los idiomas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &iquest;Lo ves?, tambi&eacute;n esto comienza como todos esos chistes malos: dos jud&iacute;os viajaban en un tren...</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y por la ventanilla, &aacute;rboles erguidos y veloces que vuelven r&aacute;pidamente hacia ti, ra&iacute;les que brillan como dos brazos desnudos tendidos para abrazar las caderas de la patria abandonada, que no se lamenta por m&iacute;. &iquest;Acaso todo eso se aleja?, &iquest;es cierto que se aleja?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En mis o&iacute;dos zumba la mosca hiriente y desesperante de la conversaci&oacute;n entre los dos desconocidos. Comienzo a dormirme. No lloro. Y, al imaginarme tu confusa mirada ensombreciendo esta postal, puede que incluso sonr&iacute;a.</p>
<p>Rut</p>
<p align="center">2</p>
<h1>Carta sobre los encuentros y el abaratamiento de la moral</h1>
<p>La tarde en la habitaci&oacute;n era familiar e incomprensible como un perro con la cabeza apoyada en el regazo de su amo. Rut hojeaba poemas ajenos y se sorprend&iacute;a de no haberlos escrito ella. Tristeza de ciudades lejanas hab&iacute;a en los poemas, y, en ellos, el rostro del hombre centelleaba y pasaba de largo, p&aacute;lido y alto, como las agujas de las torres que se ven por las ventanillas del tren. Se acord&oacute; de las ventanillas del tren. Escribi&oacute;:</p>
<p>Berl&iacute;n, 21.10.34</p>
<p>Hotel Bamberger Hof</p>
<p>Emmanuelino,</p>
<p>un viejo sentimiento: el tren se aproxima a Berl&iacute;n y vuelvo a ser esa estudiante de quince a&ntilde;os que va a toda prisa a su primera cita. Y, cuando el tren llega a la estaci&oacute;n Schlesischer y galopa hacia la plaza Alexander y s&eacute;, lo s&eacute; a ciencia cierta, que de camino hacia el zool&oacute;gico atravesar&aacute; la alfombra verde del Tiergarten, e interpreto las miradas de los tejados que se agolpan a mi alrededor, no puedo dejar de pensar que se trata de esa misma ciudad cuyas calles tanto amaban mis pies. Un extra&ntilde;o sentimentalismo se apodera de m&iacute;: no suelo llorar movida por los sentimientos, pero creo que estoy llorando de emoci&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por la ventanilla del tren veo una noche que a&uacute;n no ha estado aqu&iacute; y pienso: la ciudad se encontrar&aacute; conmigo en la estaci&oacute;n del Zoo. Una vez ya fue a recibirme.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero la ciudad no sali&oacute; a mi encuentro. Hab&iacute;a una luz mortecina de farolas centelleantes, algunos ferroviarios, ra&iacute;les desnudos que quer&iacute;an abandonar la ciudad. Nadie me esperaba. Nadie esperaba a nadie. S&oacute;lo dos o tres se apearon. Al otro lado de las v&iacute;as se detuvo el tren de cercan&iacute;as, estaba casi tan vac&iacute;o como el &uacute;ltimo tren de un lunes por la noche. Y el peque&ntilde;o buf&oacute;n que estaba montado sobre mi coraz&oacute;n y golpeaba con sus largas piernas las paredes de mi pecho exclam&oacute; burl&aacute;ndose: &ldquo;Hay que decir un responso por esta ciudad&rdquo;<a title="" href="#_ftn2">[2]</a>, aunque tambi&eacute;n hab&iacute;a melancol&iacute;a en esas palabras.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En mi hotel sab&iacute;an que iba a llegar. No me apetec&iacute;a ir directamente a esa casa extra&ntilde;a. Dej&eacute; las maletas en la consigna. Fui andando. La peque&ntilde;a y familiar distancia que separaba la estaci&oacute;n y la calle Bamberger le ven&iacute;a bien a mis pies.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero las calles me resultaban extra&ntilde;as. Los grandes escaparates en penumbra, vac&iacute;os, parec&iacute;an los ojos ciegos de una princesa de cuento. S&oacute;lo en uno de ellos, bajo un letrero donde pon&iacute;a &ldquo;Helados&rdquo;, daba vueltas una cruz gamada roja y negra.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al dirigirme hacia la calle Tauentzien me asombr&oacute; la oscuridad. O tal vez no fuera oscuridad. Es posible que fuera vac&iacute;o. A esas horas, aunque no era muy tarde, me persegu&iacute;a un poema de K&auml;stner:</p>
<p>Nachts sind die Strassen so leer</p>
<p>Nur ganz mitunter</p>
<p>Markiert ein Auto Verkehr&hellip;</p>
<p>Estaba muy enfadada. Me compadec&iacute; del ricino que no cuid&eacute;. Que mis antepasados no plantaron.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Antes te amaba, Berl&iacute;n. Amaba la coqueter&iacute;a y la ornamentaci&oacute;n de estas calles, las l&uacute;gubres miradas en Wedding, el brillo de los escaparates del KaDeWe, el olor a arenque en Alex, tu imagen abigarrada e incomprensible como el alma de un hombre cercano. Y ahora tengo ante m&iacute; una ciudad extra&ntilde;a y desconocida.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El, es posible que dentro de unos a&ntilde;os nos encontremos as&iacute;. Mi tren se ir&aacute; inflamando y alborozando a medida que se vaya acercando a ti. Y t&uacute; no estar&aacute;s en la estaci&oacute;n. Y, cuando me dirija a ti, encontrar&eacute; una mirada con todos los botones abrochados y una mano fr&iacute;a tendi&eacute;ndome tan solo un poco de rencor. &iquest;&Eacute;se ser&aacute;s t&uacute;?</p>
<p>En el KaDeWe a&uacute;n estaban iluminados los escaparates, que grandes y desesperados miraban hacia la calle. Y, por alguna raz&oacute;n, el edificio parec&iacute;a una prominente monta&ntilde;a en el ombligo de la ciudad. Por ese camino yo sol&iacute;a volver a casa. Del teatro, de visitar a unos amigos. Por la noche. Junto a los escaparates del centro comercial pululaban prostitutas relucientes, cubiertas de pieles, con botas que les llegaban hasta las rodillas. Rojas, amarillas, negras. Recuerdo lo at&oacute;nita que se qued&oacute; mi mente de diecinueve a&ntilde;os cuando me enter&eacute; de que el color de las botas era el distintivo de un determinado &ldquo;tipo&rdquo; de prostituta. Negras para los s&aacute;dicos, amarillas para los masoquistas, rojas para los &ldquo;normales&rdquo;. Esa clasificaci&oacute;n me persegu&iacute;a como una humillaci&oacute;n personal. Entonces hab&iacute;a muchas cosas que no pod&iacute;a perdonar a los hombres. Ahora ya no me asombrar&iacute;a. Sin embargo, aunque te sorprenda, a&uacute;n soy de ese tipo de personas que es capaz de desconcertarse y avergonzarse. Lo m&aacute;s &iacute;ntimo de mi ser a&uacute;n no se ha convertido en una f&aacute;brica de sonrisas esc&eacute;pticas ante cualquier desgracia. Por ejemplo esto: en el norte de la ciudad y en la plaza Nollendorf pasean j&oacute;venes acicalados y bien ataviados en espera de alg&uacute;n cliente. A&uacute;n podr&iacute;an escuchar un cuento de hadas sobre el cordero que se venga del lobo y creer que en el mundo hay corderos honestos y victoriosos. Podr&iacute;an sentarse en un pupitre del colegio y leer el primer tratado sobre el anarquismo. O esto: en las sucias tabernas, en el este de la ciudad, ni&ntilde;as peque&ntilde;as lloran mientras sus amantes las golpean porque han sido &ldquo;despedidas&rdquo; durante la noche; beben cerveza y lloran, lloran y beben cerveza. &iquest;Qu&eacute; es m&aacute;s terrible?</p>
<p>Aqu&iacute;, en la esquina de la calle Tauentzien con Passauer, deambulaba siempre una joven rubia con una estola negra y unas botas rojas. Ten&iacute;a unos diecisiete a&ntilde;os, tal vez incluso diecis&eacute;is. En las noches fr&iacute;as y lluviosas se deten&iacute;a aqu&iacute;. Su rostro casi sin maquillar era muy alegre. El m&iacute;o, al pasar delante de ella, estaba triste. Ella sonre&iacute;a y me miraba con una especie de afecto inexplicable. A veces parec&iacute;a que quer&iacute;a saludarme. Y yo no pod&iacute;a perdonarle que no me odiase. Me avergonzaba volver del teatro, haber pasado el d&iacute;a en la universidad, me avergonzaba que si alguien se atriese a acercarse a m&iacute; por esa calle oscura, yo pasar&iacute;a delante de &eacute;l con una expresi&oacute;n de desprecio mezclada con miedo, subir&iacute;a a mi habitaci&oacute;n aislada del mundo y me dormir&iacute;a. Porque, unos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, ella ir&iacute;a al m&eacute;dico y escuchar&iacute;a con rencor la confirmaci&oacute;n de todos sus temores; y al cabo de unos cuantos a&ntilde;os m&aacute;s, sin haberse restablecido, ajada y fea, se detendr&iacute;a en la explanada Bellevue y ser&iacute;a &ldquo;barata&rdquo;, y el lugar de las botas rojas lo ocupar&iacute;a una inmensa cartera de piel, y tal vez en alg&uacute;n banco estar&iacute;a aumentando su cuenta corriente, pero ya no tendr&iacute;a necesidad de volver a Ernest o a Otto, por quien seguramente una vez hab&iacute;a comenzado el &ldquo;negocio&rdquo;, porque Otto tendr&iacute;a dos hijos, una mujer chillona, experiencia como camarero y una carta de despido en el bolsillo, y tampoco tendr&iacute;a ganas ni energ&iacute;a para alquilar un piso peque&ntilde;o y vivir en paz, sin gente extra&ntilde;a, sin hombres, seg&uacute;n el plan id&iacute;lico ideado por aquellos a&ntilde;os, y no tendr&iacute;a a qui&eacute;n dejarle el dinero ahorrado en el banco, una cantidad que no ser&iacute;a nada despreciable (los vientos en la calle Tauentzien eran bastante favorables). &iquest;Y yo? Yo no tendr&iacute;a nunca una cuenta en el banco. Yo ir&iacute;a de suplicio en suplicio, de soledad en soledad, pero &ldquo;mi ropa ser&iacute;a siempre blanca y no faltar&iacute;a perfume en mi cabeza&rdquo;.<a title="" href="#_ftn3">[3]</a> Y sent&iacute; delante de ella esa verg&uuml;enza abrasadora de los diecinueve a&ntilde;os. No te burles, El, eso pas&oacute; hace... Ahora me averg&uuml;enza avergonzarme.</p>
<p>Quise verla otra vez. Y enfrente de la casa brillaron unas botas rojas, pero el impermeable de oto&ntilde;o estaba ajado y encima hab&iacute;a una cabeza avejentada y fea. La moral no hab&iacute;a cambiado con el r&eacute;gimen nacionalsocialista, la moral se hab&iacute;a abaratado.</p>
<p>La calle Bamberger estaba siempre vac&iacute;a a esas horas, pero los escasos viandantes eran sociables y bromistas. Recuerdo que una tarde, cuando volv&iacute;a a paso r&aacute;pido a casa y mis zapatillas de deporte golpeaban la acera como si fuese un tambor, un viejo alem&aacute;n me estuvo persiguiendo durante diez minutos s&oacute;lo para decirme: Ohe! Sie jeh&acute;n ja wie ein Drajo nner Frolln!</p>
<p>Y hoy caminan por aqu&iacute; a desgana sombras solitarias.</p>
<p>Una puerta. Mi hotel. La casa no ha cambiado. La due&ntilde;a del hotel es una jud&iacute;a de la Europa del Este. El hotel existe m&aacute;s o menos desde 1919 y, sorprendentemente, a&uacute;n sigue en pie. Ha pasado por todas las penalidades de cada &eacute;poca, y a&uacute;n existe. Cuando Berl&iacute;n era el centro de la emigraci&oacute;n rusa, vivi&oacute; aqu&iacute; Andrej Belyj. Envidiaba a los peces por la felicidad que les hab&iacute;a otorgado el Creador en las profundidades del mar, cada d&iacute;a hablaba con devoci&oacute;n de su padre, el profesor Bugajew, aseguraba que de todos los bailes s&oacute;lo la &ldquo;Quadrille&rdquo; ten&iacute;a futuro y desapareci&oacute; una ma&ntilde;ana sin nubes, cuando nadie lo esperaba. En la &eacute;poca de la inflaci&oacute;n nacieron y murieron aqu&iacute; millones, billones, trillones. En la &eacute;poca del desempleo lloraron aqu&iacute;, en sus habitaciones, los aprendices de barbero y las taquimecan&oacute;grafas porque los hab&iacute;an despedido de sus trabajos, y se fueron sin pagar el alquiler y se perdieron en la feria de esta ciudad de cuatro millones. Y ahora todos est&aacute;n asustados y p&aacute;lidos, todos murmuran aqu&iacute;: murmuran las mujeres mientras hacen una tortilla en la cocina, murmuran por el pasillo la due&ntilde;a y la sirvienta, murmuran en las habitaciones los inquilinos. Todo da la impresi&oacute;n de una vivienda que conspira, que prepara las armas para la revoluci&oacute;n, pero no es aqu&iacute; donde nacer&aacute;n las revoluciones.</p>
<p>La ventana de mi habitaci&oacute;n da a la calle. Es tarde. Y yo, despu&eacute;s de un d&iacute;a entero a la carrera por varios asuntos, estoy cansada y no quiero dormir. De cuando en cuando se detiene frente a mi ventana el tranv&iacute;a. S&eacute; que nadie se bajar&aacute; aqu&iacute;, que nadie se encaminar&aacute; hacia mi habitaci&oacute;n. Todos mis amigos se han marchado ya. Y, a pesar de todo, ma&ntilde;ana tengo una cita con dos amantes de anta&ntilde;o (&iexcl;si fueras capaz de ponerte un poco celoso!), con dos que no cambian nunca, que en esta desconocida Berl&iacute;n, entre cruces gamadas y camisas pardas, han conservado su querida y profunda independencia, el primero con una sonrisa fascinante y el segundo con un dolor que estremece los abismos del universo: el <em>Retrato de un hombre joven</em> de Botticelli y el <em>San Sebasti&aacute;n</em> de Ribera.</p>
<p>La calle se adormece frente a mi ventana.</p>
<p>Nachts sind die Strassen so leer&hellip;</p>
<p>Buenas noches, El. No me veas en tus sue&ntilde;os. No volver&eacute; a ti.</p>
<p>Rut.</p>
<p align="center">3</p>
<h2>Carta sobre algunos caf&eacute;s y sobre E. T. A. Hoffmann</h2>
<p>Un hombre y una mujer pasaron por delante de la casa. La mujer se ri&oacute; y Rut reconoci&oacute; su risa. Se estremeci&oacute;. Comprendi&oacute;: El. No vendr&aacute; esta noche. Y por la noche llovi&oacute; a c&aacute;ntaros. No hab&iacute;a nadie en casa. Como de un inmenso s&oacute;tano subi&oacute; hacia ella el fr&iacute;o de las horas. La cubri&oacute; con crueles icebergs de soledad. Toda la casa, desde los cimientos hasta el tejado, conoc&iacute;a su a&ntilde;oranza, y ella no quiso perdon&aacute;rselo.</p>
<p>Berl&iacute;n 23.10.34</p>
<p>Emmanuelino,</p>
<p>cuando cae la noche en esta ciudad, que se ha convertido en una extra&ntilde;a, pienso que est&aacute;s &ldquo;all&iacute;&rdquo;, que has vuelto a casa del trabajo, te sientas en el sof&aacute; junto a una mujer joven que te parece muy bella y le dices todo lo que no me dijiste a m&iacute;.</p>
<p>Por eso no quiero pensar en ti.</p>
<p>Pero en la estaci&oacute;n de mi habitaci&oacute;n hay un reloj que me dice: ahora son las nueve en punto. Ahora &eacute;l posa sus manos sobre los ojos de ella y le dice...</p>
<p>Por eso he ido sola a un caf&eacute;.</p>
<p>Y porque en el Romanische hay jud&iacute;os que buscan sensaciones en la prensa extranjera, y porque el Lunte ya no existe, y porque los disc&iacute;pulos de Jes&uacute;s, que se postraron ante la misteriosa imagen de Else Lasker-Sch&uuml;ler, abandonaron hace tiempo el templo del Caf&eacute; des Westens y encontraron su Monte de los Olivos en el D&ocirc;me y en la Coupole de Par&iacute;s y en las iglesias de Praga, y porque el explorador que se sentaba en el caf&eacute; Josty muri&oacute; antes de que yo naciera, y porque en la taberna Lutter &amp; Wegner hay arist&oacute;cratas nacionalsocialistas que pagan por una botella de vino de reserva una cantidad de dinero que mi cartera no ha visto jam&aacute;s, por eso y por otros muchos &ldquo;porque&rdquo; me siento en el Quick, un caf&eacute; autoservicio donde nuestros hermanos jud&iacute;os a&uacute;n suelen entrar.</p>
<p>Debo confesar, en honor a la verdad, que aqu&iacute; es agradable y placentero pensar en ti. Y, s&oacute;lo para no hacerlo, pienso en los caf&eacute;s antes mencionados, que est&aacute;n pasados de moda y han perdido su esplendor, y de los que me echaron todos los &ldquo;porque&rdquo; que he enumerado. La &eacute;poca floreciente del Josty y del Caf&eacute; des Westens pas&oacute; hace d&eacute;cadas. Pero el hecho de que el Lunte muriera, y no precisamente de una forma heroica, y de que el Romanische se haya convertido en un h&iacute;brido entre una sala de lectura y una f&aacute;brica de impotente amargura, me enfurece de verdad. Dicen que el Romanische era frecuentado por los leones del arte. Yo a los leones no los vi. Todos los interesados en la literatura hebrea ten&iacute;an &ldquo;una oportunidad &uacute;nica&rdquo; de ver all&iacute; flequillos oscuros y revueltos de j&oacute;venes escritores de cuarenta a&ntilde;os o m&aacute;s que hab&iacute;an publicado una vez, en alg&uacute;n peri&oacute;dico, una estrofa de un poema que no hab&iacute;a nacido o un cap&iacute;tulo de una novela que no hab&iacute;a sido escrita. Una vez me encontr&eacute; all&iacute; con la nuca de Bernhard Kellermann y, la noche de A&ntilde;o Nuevo, Alexander Granach rompi&oacute; all&iacute; varios vasos. Cuentan tambi&eacute;n que uno de nuestros poetas jud&iacute;os estuvo tentado all&iacute; (siguiendo la tradici&oacute;n de su tierra medio asi&aacute;tica) de hacer pedazos un billete de veinte marcos, pero ese billete era el &uacute;ltimo mohicano en su cartera y no ten&iacute;a grandes esperanzas puestas en los derechos de autor, por tanto el billete volvi&oacute; sano y salvo al bolsillo del poeta y el maravilloso espect&aacute;culo se interrumpi&oacute; a la mitad. Pero, como he dicho, el resto de los d&iacute;as del a&ntilde;o frecuentaban el local flequillos con estrofas de poemas y cap&iacute;tulos de novelas, y un viejo pintor adicto a la morfina, &ldquo;el monstruo del caf&eacute;&rdquo;, como le apodaban, se paseaba de arriba abajo entre las mesas y todos los &ldquo;leones del arte&rdquo; olvidaban la gloria y a los mecenas, tomaban caf&eacute;, jugaban al ajedrez, fumaban y chismorreaban.</p>
<p>El Lunte era el hermano peque&ntilde;o del Romanische. M&aacute;s joven y m&aacute;s rom&aacute;ntico. Pero no se trataba del romanticismo de la flor azul, sino el de &ldquo;la bandera del arte rojo&rdquo;. Koepfe werden rollen! All&iacute; la bohemia iba de los dieciocho a los treinta a&ntilde;os y quer&iacute;a parecerse en todo a la bohemia leg&iacute;tima (es decir, sin ley ni orden). Adem&aacute;s, era una bohemia roja, que recib&iacute;a con silbidos a las mujeres engalanadas que dejaban sus espl&eacute;ndidos autom&oacute;viles en la esquina y se acercaban all&iacute; a observar c&oacute;mo pasaba las tardes el arte proletario. Si por la noche, cuando volv&iacute;an a casa, los proletarios ve&iacute;an un espl&eacute;ndido autom&oacute;vil en sue&ntilde;os, nadie pod&iacute;a decir que no fuera cierto.</p>
<p>La figura central era la due&ntilde;a del caf&eacute;, una jud&iacute;a peque&ntilde;a y desgre&ntilde;ada de Silesia, con energ&iacute;a, ideas y un vasto pasado de intrigas y avatares, desde la brigada del trabajo en Eretz Israel hasta la calle Eisleben en la bendita capital de Ashkenaz. La llamaban se&ntilde;ora Lunte por el grueso cigarro que siempre ten&iacute;a encendido entre los dientes. Sent&iacute;a una especial simpat&iacute;a o antipat&iacute;a hacia sus clientes. A los que le resultaban simp&aacute;ticos a menudo les daba de cenar aunque no tuvieran un c&eacute;ntimo en el bolsillo, pero a aquellos que no gozaban de su benepl&aacute;cito jam&aacute;s les serv&iacute;a la comida con sus propias manos. En los &uacute;ltimos tiempos, el rey del local era el camarero Lukas. Era un pardo que se hab&iacute;a vuelto rojo (Lukas, &iquest;c&oacute;mo te van las cosas ahora? &iquest;No habr&aacute; vuelto a girar la rueda?) y que tuteaba a todo el mundo, a m&iacute; me llamaba Grog-maedchen, porque hab&iacute;a tomado grog dos veces, discut&iacute;a con una joven fascista que fumaba siempre en pipa (&iexcl;las mujeres alemanas no fuman!) y, entre discusi&oacute;n y discusi&oacute;n, sus largas piernas caminaban con paso firme de un extremo a otro del caf&eacute;. El local era peque&ntilde;o. En las paredes hab&iacute;a dibujos sat&iacute;ricos algo atrevidos y, cuando una vez los &ldquo;enemigos&rdquo; rompieron el cristal de la &uacute;nica ventana del Lunte, lo pegaron con cinta adhesiva y no lo arreglaron, as&iacute; resultaba m&aacute;s rom&aacute;ntico y proletario.</p>
<p>De hecho, se podr&iacute;a expresar la diferencia entre esos dos caf&eacute;s con palabras de Oscar Wilde, cuando dijo que la diferencia entre un pecador y un santo estriba en que el santo tiene pasado y el pecador futuro: los envejecidos clientes del Romanische no ten&iacute;an pasado art&iacute;stico y los j&oacute;venes que frecuentaban el Lunte no ten&iacute;an futuro.</p>
<p>&ldquo;Pero, honorable se&ntilde;ora&rdquo;, me dir&aacute;s, &ldquo;usted frecuentaba los dos lugares, y podemos deducir...&rdquo;.</p>
<p>Yo he frecuentado diversas estaciones, Emmanuelino, y me seguir&eacute; calentando un rato los pies en otras muchas, pero s&oacute;lo cuando sea asidua de un caf&eacute; &ldquo;bohemio&rdquo; tan infecto como &eacute;se podr&aacute;s burlarte a mi costa.</p>
<p>Y en esta estaci&oacute;n, en el Quick, hace calor. Me siento al lado de la ventana y observo la tarde en la calle. Esta calle, que siempre ha tenido mucho movimiento, ahora est&aacute; vac&iacute;a. En calles vac&iacute;as como &eacute;stas es agradable pasear en pareja. Caminar a tu lado y re&iacute;r. Ya he visto a una mujer pasar ri&eacute;ndose contigo por una calle muda y sombr&iacute;a. Es por culpa del Quick por lo que sigo pensando en ti. Si estuviera ahora en la bodega Lutter &amp; Wegner, seguramente estar&iacute;a pensando en Ernst Theodor Amadeus Hoffmann.</p>
<p>Hay lugares que conservan para siempre el olor de la persona que los ama y es imposible no percibirlo. Hace unos a&ntilde;os estuve en Wernigerode, esa variopinta ciudad que se encuentra en las monta&ntilde;as de Harz. All&iacute; hay un peque&ntilde;o caf&eacute; que era frecuentado por Wallenstein durante la guerra de los Treinta A&ntilde;os, seguramente para hacer publicidad del local cuando, cientos de a&ntilde;os despu&eacute;s, fueran all&iacute; los turistas. El olor de Wallenstein no me acompa&ntilde;&oacute; cuando estuve en ese caf&eacute;. No me importa qui&eacute;n se tom&oacute; una copa all&iacute; en la &eacute;poca de la guerra de los Treinta A&ntilde;os. Pero una ma&ntilde;ana de invierno con mucha niebla, cuando esta ciudad cuadriculada llamada Berl&iacute;n se atrevi&oacute; de pronto a so&ntilde;ar que era Londres o Petersburgo, me encamin&eacute; por una de sus tortuosas calles, que recuerdan en algo a las de las ciudades de Rin, hacia el Spree, hacia el museo. De repente me detuvo la inscripci&oacute;n de una de las casas: &ldquo;Aqu&iacute; vivi&oacute; desde el a&ntilde;o... hasta el a&ntilde;o... Gottfried Keller&rdquo;. Aparentemente no era nada raro, &iquest;por qu&eacute; no iba a vivir Gottfried Keller en una de las calles de Berl&iacute;n, en una casa amarilla y nada bonita? Pero me sorprendi&oacute;, y un extra&ntilde;o regocijo me acompa&ntilde;&oacute; durante todo el d&iacute;a. Tampoco puedo pasar con indiferencia junto al Lutter &amp; Wegner: no he estado all&iacute; ni una sola vez, pero s&eacute; que anta&ntilde;o era frecuentado por E.T.A. Hoffmann, un peque&ntilde;o funcionario de K&ouml;nigsberg, la ciudad prusiana, el Mosh&eacute; Hayyim Luzzatto de las riberas del Pregel.</p>
<p>Es posible que fuera all&iacute; en compa&ntilde;&iacute;a de estudiantes irresponsables y libertinos, igual que aparec&iacute;a en la &oacute;pera de Offenbach. Es posible que entre ellos estuviese Anselmus, el estudioso desgraciado e incapacitado para el amor, pero yo siempre veo a Hoffmann con el gato negro Murr, acompa&ntilde;ado del m&uacute;sico loco Kreisler, mientras delante de &eacute;l, encima de uno de los toneles, la peque&ntilde;a princesa Brambilla baila una danza del carnaval veneciano en el aguafuerte de Jacques Callots.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Me gusta Hoffmann. Sus monstruos (incluso cuando son la reencarnaci&oacute;n de Chamisso) me resultan comprensibles. De hecho todos somos Peter Schlemihl o su contrario: o no tenemos sombra o la sombra es demasiado grande. De cualquier modo, t&uacute; tienes al menos dos sombras, y una de ellas soy yo. Pero &iexcl;no interpretemos a Hoffmann!</p>
<p>Como dijo ese ni&ntilde;o de seis a&ntilde;os al que la escritora Barto cit&oacute; en el congreso de escritores de Mosc&uacute;: &ldquo;Hay que escribir as&iacute;: o absolutamente ver&iacute;dico o absolutamente raro&rdquo;. Al parecer, Hoffmann conoc&iacute;a esta sencilla f&oacute;rmula. &Eacute;l escrib&iacute;a &ldquo;absolutamente raro&rdquo;, pero sus lectores adultos no sab&iacute;an que era &ldquo;absolutamente ver&iacute;dico&rdquo; y no les gustaba. &Eacute;l lo sab&iacute;a. La guerra de la fantas&iacute;a creativa contra la verdad imitativa la describi&oacute; en <em>La princesa Brambilla</em>. Pero fue le&iacute;do y entendido... por los franceses.</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; har&iacute;a Hoffmann esta tarde en Berl&iacute;n? Seguro que no tendr&iacute;a suficiente dinero para ir al Lutter &amp; Wegner, una taberna que hicieron famosa Hoffmann y el jud&iacute;o Heine. Seguro que tampoco querr&iacute;a ir al Wilhelmshallen, a la sombra de los uniformes pardos. Tampoco los peri&oacute;dicos del Romanische le atraer&iacute;an. Seguro que vendr&iacute;a aqu&iacute;, al humilde Quick, tomar&iacute;a asiento junto a la ventana, observar&iacute;a la tarde en la calle y pensar&iacute;a en todo lo que no hay que pensar, igual que yo.</p>
<p>Rut</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;" align="right">Traducci&oacute;n del hebreo de Raquel Garc&iacute;a Lozano</p>
<p>(Fragmento del libro <em>Cartas desde un viaje imaginario</em>, de Lea Golberg, editado por Pre-Textos)</p>
<p>NOTICIA DE LEA GOLDBERG.- La obra de Lea Goldberg (1911-1970) est&aacute; a&uacute;n por descubrir en Alemania. Nacida en 1911 en K&ouml;nigsberg, criada en Kowno, Lea Goldberg emigr&oacute; tras sus estudios en Kowno, Berl&iacute;n y Bonn, en 1935, a la Palestina de entonces. Resalta como una de las m&aacute;s significativas poetas de habla hebrea. Se hizo famosa tambi&eacute;n como autora de libros infantiles, como traductora de obras de la literatura mundial al hebreo y como cr&iacute;tica literaria. En 1952 fund&oacute; el Departamento de Literatura Comparada en la Universidad Hebrea de Jerusal&eacute;n, donde ejerci&oacute; como docente hasta su muerte.</p>
<p>La obra de la que hemos seleccionado un fragmento, <em>Cartas desde un viaje imaginario</em>, es su primera novela traducida al castellano.&nbsp; En ella se nos narra las peripecias de una joven mujer, Rut, que en oto&ntilde;o de 1934 huye de un amor desdichado. Desde Berl&iacute;n, Colonia, Bruselas, Brujas, Ostende, Par&iacute;s y Marsella escribir&aacute; a Emmanuel, el hombre al que ama m&aacute;s que &eacute;l a ella. Sin embargo, s&oacute;lo viajar&aacute; a dichas ciudades con la fantas&iacute;a. Las cartas de esta novela epistolar se convierten as&iacute; en misivas de un viaje imaginario. Cada estaci&oacute;n estar&aacute; presente como lugar real y espiritual: observaciones del Berl&iacute;n nazi entremezcladas, por ejemplo, con pensamientos acerca de la literatura, el arte y otras muchas cosas. La personal historia de amor se entrelaza con agudas descripciones de la Europa de mediados de los a&ntilde;os treinta, del oto&ntilde;o previo a la gran cat&aacute;strofe europea. As&iacute; pues, el amor desdichado descrito en estas cartas no es m&aacute;s que la met&aacute;fora de la despedida. La certeza de la necesaria despedida de muchos jud&iacute;os a su cultura europea atraviesa esta novela po&eacute;tica, inteligente y melanc&oacute;lica, publicada por primera vez en 1937, poco despu&eacute;s de la emigraci&oacute;n de Lea Goldberg a la Palestina de aquella &eacute;poca.</p>
<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> ***No he podido encontrar esta obra. El t&iacute;tulo, por tanto, est&aacute; traducido directamente del hebreo.***</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref2">[2]</a> **Literalmente: &ldquo;Hay que decir por esta ciudad &ldquo;Bendito sea el defensor de la verdad&rdquo;&rdquo;. &ldquo;Bendito sea el defensor de la verdad&rdquo;, bendici&oacute;n que se dice ante una mala noticia, sobre todo por la muerte de alguien. He optado por una traducci&oacute;n que se comprenda en espa&ntilde;ol. &iquest;Se entiende bien?***</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref3">[3]</a> Cfr. Eclesiast&eacute;s 9,8. Se&ntilde;alo las citas b&iacute;blicas, porque est&aacute;n entre comillas. Si se opta por no citarlas, creo que se deber&iacute;an eliminar las comillas????????</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Thu, 04 Jul 2013 10:16:12 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El día se hace lento...]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-dia-se-hace-lento/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/JORDI_DOCE.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
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<p>El d&iacute;a se hace lento en las acacias, impregna de quietud este par&eacute;ntesis donde soy uno y nada con la sombra, abrazo que se ovilla en negaci&oacute;n. Me descubro sin palabras para ti. Inscrito en formas fijas que ondean con madura luz ante mis ojos, el presente me aparta de mi vida, convierte en extra&ntilde;eza lo que siento. Practico un ejercicio de distancias. O&iacute;r pasar los coches, ver el cielo entre nubes que acuerdan parpadeos, como si lo irreal de su insistencia hiciera dilatarse el tiempo. Todo sucede lejos pero en m&iacute;, llevado por los ritmos de una hipnosis. Soy su reflejo, el eco que perdura en la sangre y arrastra en aluvi&oacute;n sus tercas impurezas. Todo se vierte en m&iacute;, todo fluye y fermenta hasta la opacidad. Carezco de palabras dignas de tu paciencia. Revuelan en mi boca como aves aturdidas, inquietas por la inmediatez de un cielo demasiado cargado. El gris del horizonte no presagia tormenta, s&oacute;lo el turbio quejido de la inmovilidad. &iquest;Sabr&aacute;s sobreponerte a su llamada, o insistir&aacute;s en tu deriva como un barco fantasma? De espaldas a la tarde, miro la estanter&iacute;a, su abanico de objetos sordomudos, la fiel precariedad de la materia y su temblor sin asideros. Hay fotos enmarcadas y tallas de madera, y postales vulgares que alumbran, por contraste, la masa oscura de los libros, igual que maniqu&iacute;es en un escaparate. Su estar ah&iacute; me reta, me deja en la evidencia de ser tan s&oacute;lo aliento, impulsos arbitrarios como el cielo, un h&aacute;bito de sangre. Crisol de soledades, el presente me expulsa de s&iacute; tras engendrarme, y a tientas palpo el suelo de la interrogaci&oacute;n. No s&eacute; con qu&eacute; palabras alcanzarte. Soy el lugar donde la vida me reduce.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 28 Jun 2013 10:42:51 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Manuel Vázquez Montalbán, el poeta]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/manuel-vazquez-montalban-el-poeta/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/MANUEL_V_ZQUEZ_MONTALB_N.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>La literatura es s&oacute;lo lenguaje, pero el lenguaje est&aacute; cargado de tiempo, de tiempo significante, y a esa fatalidad de transmitir el tiempo significante no puede escapar ning&uacute;n escritor </em></p>
<p style="text-align: left;" align="right">Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Es casi un lugar com&uacute;n afirmar que de la larga trayectoria literaria de Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n la zona m&aacute;s opaca, menos analizada y, quiz&aacute;, menos valorada por la cr&iacute;tica, sea la poes&iacute;a. Hay causas objetivas que, en buena medida, lo explican: es autor de una ampl&iacute;sima, casi abrumadora, obra narrativa; el periodismo y el columnismo ha situado en el centro de atenci&oacute;n de un muy alto porcentaje de lectores sus reflexiones sociol&oacute;gicas y pol&iacute;ticas; su dedicaci&oacute;n al ensayo y al memorialismo colectivo han tenido una presencia de primer orden en nuestra realidad literaria. Y hay una causa subjetiva: su poes&iacute;a contest&oacute; el canon culturalista de la &eacute;poca manteniendo una mirada cr&iacute;tica sobre el mundo, apostando, m&aacute;s que por una poes&iacute;a de la cultura sustentada en la cultura, tan propia de sus coet&aacute;neos a finales de los sesenta y principios de los setenta, por una poes&iacute;a de la vida, de la existencia, sin eludir sus contradicciones.</p>
<p>En coherencia con ello, Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n es autor de una obra l&iacute;rica heterodoxa y muy poco divulgada -por tanto, s&oacute;lo muy parcialmente conocida-. &Eacute;sta fue construida lentamente, a lo largo de casi cuarenta a&ntilde;os, y se inici&oacute; a mediados de la d&eacute;cada de los sesenta, cuando el poeta se encontraba en la c&aacute;rcel por su militancia antifranquista. En ese tiempo, V&aacute;zquez Montalb&aacute;n construy&oacute; un mundo po&eacute;tico reconocible y s&oacute;lido compuesto por siete libros y por algunos textos in&eacute;ditos. En sus poemas est&aacute; la realidad sin ser una poes&iacute;a realista; hay b&uacute;squeda de nuevos significados del lenguaje sin ser poes&iacute;a experimental; est&aacute; profundamente te&ntilde;ida de cultura sin ser culturalista; se nutre de la experiencia, de la memoria y de lo cotidiano sin ser poes&iacute;a experiencial en el sentido m&aacute;s convencional y gastado del t&eacute;rmino.</p>
<p>V&aacute;zquez Montalb&aacute;n form&oacute; parte de <em>Nueve nov&iacute;simos </em>. Es, en consecuencia, hijo literario de un tiempo de grandes conmociones est&eacute;ticas. En el que la ruptura con la poes&iacute;a social y con el realismo entendido en un sentido amplio se traduce en una hegemon&iacute;a entre culturalista, experimental y barroca. Lo que se dio en llamar &laquo;generaci&oacute;n del lenguaje&raquo; ocup&oacute; el lugar que hasta finales de los sesenta vino a ocupar la est&eacute;tica de la generaci&oacute;n del 50. Sin embargo, conviene resaltar un aspecto que es vertebral en la poes&iacute;a de V&aacute;zquez Montalb&aacute;n y que lo singulariza con respecto a sus compa&ntilde;eros de antolog&iacute;a: no renuncia el componente cr&iacute;tico de la poes&iacute;a social ni a los v&iacute;nculos con lo cotidiano de la obra de los poetas del medio siglo.</p>
<p>En consecuencia, estamos ante una poes&iacute;a de la experiencia entendiendo &eacute;sta como totalidad y con un planteamiento formal innovador. La experiencia que Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n convierte en verso es poli&eacute;drica: en ella convive el sue&ntilde;o con lo imaginario, la experiencia est&eacute;tica con los distintos estados de conciencia frente a la Historia y frente a la intimidad, incluida la relaci&oacute;n amorosa. Y se alternan e interrelacionan la memoria &iacute;ntima y la memoria colectiva. Por tanto: incorpora a su visi&oacute;n cr&iacute;tica de la realidad, del mundo, algunas innovaciones procedentes de las vanguardias y no renuncia a la experimentaci&oacute;n, a lo irracional. A ese respecto no hay m&aacute;s que leer el texto de agradecimiento con que abre <em>Memoria y deseo </em>, su poes&iacute;a reunida, un texto que public&oacute; por vez primera como p&oacute;rtico a su primer libro, <em>Una educaci&oacute;n sentimental </em>. En &eacute;l est&aacute;n presentes Vicente Aleixandre y Jorge Guill&eacute;n, Bertolt Brecht, Eliot y Gil de Biedma, Miguel Hern&aacute;ndez; Jos&eacute; Agust&iacute;n Goytisolo y Gabriel Ferrater, Carlos Marx, Vinyoli y Paul Anka o el D&uacute;o Din&aacute;mico, entre otros. Todos estos nombres expresan la polifon&iacute;a de la deuda que asume el poeta barcelon&eacute;s.</p>
<p>En ese sentido, V&aacute;zquez Montalb&aacute;n fue, de <em>Nueve nov&iacute;simos, </em>el poeta con menos prejuicios con respecto a la tradici&oacute;n inmediata. Aunque fue cr&iacute;tico con la reiteraci&oacute;n de la poes&iacute;a social, no tuvo ning&uacute;n problema en asumir su fondo de insumisi&oacute;n. Aunque se empe&ntilde;&oacute; en la b&uacute;squeda de un nuevo lenguaje al calor de las vanguardias europeas, no desde&ntilde;&oacute; la herencia cultural que, a trav&eacute;s de la radio, ofreci&oacute; a su generaci&oacute;n la copla. Con esos ingredientes, fue edificando una obra compleja que si bien puede ser contemplada como un amplio <em>collage </em>, se caracteriz&oacute; por la coherencia, por su car&aacute;cter unitario y por ofrecernos un mundo absolutamente personal: una Barcelona cuyo origen forma parte de su mitolog&iacute;a personal -el barrio del Raval- que es, a la vez, una ciudad con vocaci&oacute;n universal.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>La apuesta de su primer libro </strong></p>
<p>V&aacute;zquez Montalb&aacute;n publica <em>Una educaci&oacute;n sentimental </em>en 1967. Es un primer libro maduro en el que afirma una identidad hecha con la memoria de los antepasados y con la propia memoria. Lo abre un poema que el paso del tiempo ha convertido en emblem&aacute;tico: &laquo;Nada qued&oacute; de abril&raquo;. Lo cual quiere decir que en el origen de la formaci&oacute;n de su identidad est&aacute; <em>abril </em>. Un abril con una doble capacidad simb&oacute;lica: el abril de la Rep&uacute;blica y de la luz (&laquo;Era distinto abril, entonces / hab&iacute;a alegr&iacute;a, y rastro de mejillones en la escollera&raquo;); el abril de la derrota y del silencio (&laquo;los geranios se agostaron en cenizas amarillas / luego / volvieron otras tardes de abril, no aqu&eacute;llas / muertas / muertas ya para siempre&raquo;). Ese abril adquiere distintos matices a trav&eacute;s de la sucesi&oacute;n de im&aacute;genes y de peque&ntilde;as historias que hacen del libro un recorrido por los escenarios y por las claves culturales de la posguerra y por las distintas fuentes de formaci&oacute;n cultural y sentimental de la generaci&oacute;n del poeta.</p>
<p>El m&aacute;s directo realismo convive con las f&oacute;rmulas vanguardistas, la cultura anglosajona y su trasfondo de modernidad con la experiencia carcelaria de un preso pol&iacute;tico, el amor idealizado al calor de la lucha pol&iacute;tica clandestina con el descubrimiento del sexo, Conchita Piquer y su &laquo;Tatuaje&raquo; con &laquo;los beatles&raquo; y con el <em>twist </em>. Del primer al &uacute;ltimo poema de <em>Una educaci&oacute;n sentimental </em>V&aacute;zquez Montalb&aacute;n nos muestra las distintas caras de ese abril que acaba por ser met&aacute;fora de su historia personal y de nuestra historia colectiva. Pero hay otro abril, con una poderosa carga cultural, metaliteraria: el abril de Eliot, &laquo;el mes m&aacute;s cruel&raquo;.</p>
<p><em><strong><br /></strong></em></p>
<p><em><strong>Movimientos sin &eacute;xito </strong></em><strong>: la sombra de T.S. Eliot </strong></p>
<p>Ser&aacute; Eliot, precisamente, la presencia m&aacute;s significativa en <em>Movimientos sin &eacute;xito </em>(1969), su segundo libro, escrito tambi&eacute;n durante su &laquo;estancia&raquo; en la c&aacute;rcel de L&eacute;rida. V&aacute;zquez Montalb&aacute;n afronta en &eacute;l la fragmentariedad del mundo, la complejidad de un presente azaroso, intenta atrapar una realidad en conflicto mostrando su dial&eacute;ctica interna, m&aacute;s &iacute;ntima, su coraz&oacute;n en movimiento.</p>
<p>Las &laquo; <em>im&aacute;genes rotas /sobre las que da el sol&raquo; </em>de Eliot son, en este libro, la plasmaci&oacute;n rota y dolorida de un mundo en crisis (son los tiempos de la guerra de Vietnam, de la lucha por los derechos civiles en Norteam&eacute;rica, de la guerra fr&iacute;a) de un modo parecido a como en <em>La tierra bald&iacute;a </em>-a pesar de la ideolog&iacute;a radicalmente conservadora de Eliot, en los ant&iacute;podas de la de V&aacute;zquez Montalb&aacute;n- se filtra el mundo en desorden del Occidente de entreguerras. La mirada se carga de complejidad y escepticismo, de inteligencia cr&iacute;tica, de desolaci&oacute;n: &laquo;flotan sobre la grasa / verde del puerto / restos de todos los naufragios&raquo;. Con este libro, el poeta barcelon&eacute;s confirm&oacute; una trayectoria claramente personal, decididamente mestiza. Pese a su fuerte componente metaliteraria, pese a su cierta propensi&oacute;n a lo experimental, hay una clara b&uacute;squeda de un imaginario distinto, hay una mirada no complaciente hacia la realidad de su tiempo, una exigencia de transformaci&oacute;n, una profunda aspiraci&oacute;n de libertad.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Los espacios de la memoria </strong></p>
<p>Al igual que ocurriera con <em>Una educaci&oacute;n sentimental, </em>V&aacute;zquez Montalb&aacute;n intenta indagar en los dos espacios de la memoria que habr&iacute;an de caracterizar el conjunto de su literatura (incluso la narrativa): la memoria de lo vivido y la memoria que le ha sido comunicada/transferida por las generaciones anteriores, especialmente por la generaci&oacute;n de sus padres, derrotados directos en la guerra civil.</p>
<p>En consecuencia, memoria propia y memoria heredada se alternan en las <em>Coplas a la muerte de mi t&iacute;a Daniela </em>(1973), libro-poema en el que el verso se adelgaza y agiliza y en el que los ecos de Jorge Manrique y de la poes&iacute;a castellana del barroco m&aacute;s temprano dan forma a una intensa y cruel (ir&oacute;nica y c&aacute;ustica tambi&eacute;n) reflexi&oacute;n sobre el poder y sobre el anonimato de quienes, en verdad, hacen la Historia: &laquo;ning&uacute;n caminante / de regreso /hubiera visto su nombre / luminoso / en las c&uacute;spides de la ciudad&raquo;.</p>
<p>Daniela representa a los perdedores, a los que han vivido el entusiasmo de las primeras revoluciones y el silencio de la dictadura. En el fondo, las <em>Coplas </em>son un homenaje a una generaci&oacute;n sacrificada. Tambi&eacute;n un recorrido por las claves pol&iacute;ticas, culturales, sentimentales, est&eacute;ticas que han marcado la vida de quienes han sido testigos directos (y, en ciertos casos, protagonistas) de la realidad cotidiana bajo la dictadura de Franco. Aunque el libro se divide en dos partes, que se corresponden, respectivamente, con la evocaci&oacute;n de los tiempos de preguerra y guerra civil de un lado y de posguerra y desarrollismo de otro, cabe ser le&iacute;do e interpretado como una suerte de palimpsesto, de <em>collage </em>en el que el poeta intenta sintetizar la biograf&iacute;a derrotada de una &laquo;t&iacute;a Daniela&raquo; que es la met&aacute;fora de un mundo esperanzado y humillado a la vez.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>El amor y el erotismo </strong></p>
<p>Ese amor a las ra&iacute;ces que se expresa en las <em>Coplas </em>se convierte en erotismo en <em>A la sombra de las muchachas sin flor </em>(1973), libro en el que vuelve a los imaginarios que apuntaban en &laquo;Ars amandi&raquo;, cap&iacute;tulo de <em>Una educaci&oacute;n sentimental </em>que creo conveniente analizar y valorar aparte, junto con el resto de su poes&iacute;a amorosa.</p>
<p>Si entonces el amor era descubrimiento, tanteo, celebraci&oacute;n de lo inaugural, aqu&iacute; es madurez, p&eacute;rdida de la inocencia, dolor y conciencia de muerte, espacio sagrado y maldito a la vez: no en vano, se subtitula &laquo;Poemas del amor y del terror&raquo;. Como no pod&iacute;a ser de otro modo, la poes&iacute;a amorosa de V&aacute;zquez Montalb&aacute;n aparece trufada de claves culturales, sociol&oacute;gicas, pol&iacute;ticas: no de otro modo cabe entender la sentimentalidad y el amor en un mundo contradictorio, en el que los amantes est&aacute;n sometidos a las mismas exigencias y servidumbres que el conjunto de la sociedad. Lo l&iacute;rico en el sentido m&aacute;s tradicional se combina con la conciencia de vivir una relaci&oacute;n de &laquo;amor en tiempos dif&iacute;ciles&raquo;, lo que se traduce en una poes&iacute;a en la que la ternura y la desolaci&oacute;n se combinan e interrelacionan. Aunque su poes&iacute;a amorosa se encuentra en <em>A la sombra de las muchachas sin flor </em>y en el apartado &laquo;Ars amandi&raquo; de su primer libro, es posible acceder a su totalidad, es decir, con la inserci&oacute;n de varios poemas in&eacute;ditos aparecidos en los a&ntilde;os setenta en la revista <em>La Ilustraci&oacute;n Po&eacute;tica Espa&ntilde;ola e Hispanoamericana </em>(procedentes de un libro perdido durante un viaje por Grecia, <em>Poema de amor de la dama de &aacute;mbar </em>) y de varios fragmentos de <em>Rosebud </em>, su libro in&eacute;dito tantas veces anunciado, en el volumen <em>Ars amandi </em>, publicado en 2001.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Su reflexi&oacute;n sobre la crisis del comunismo </strong></p>
<p>Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n reflexion&oacute;, y mucho, sobre la ca&iacute;da de los imaginarios emancipadores que construy&oacute; la izquierda europea. Lo hizo a prop&oacute;sito de las aberraciones del estalinismo y lo hizo, sobre todo, tras el Mayo del 68 y tras la primavera de Praga y, sobre todo, tras la invasi&oacute;n sovi&eacute;tica posterior. Quiz&aacute; lo que canaliz&oacute; a trav&eacute;s del ensayo y del periodismo tuvo su trasunto l&iacute;rico en <em>Praga </em>(1982), un libro intenso y breve lleno de significados. La Praga de V&aacute;zquez Montalb&aacute;n es la capital checa, sin duda. Pero es tambi&eacute;n Barcelona y, en el fondo, cualquier ciudad contempor&aacute;nea amenazada por la barbarie. Praga es el s&iacute;mbolo de las contradicciones del marxismo occidental de finales de los a&ntilde;os sesenta. Pero es tambi&eacute;n la met&aacute;fora de la ciudad vencida de la ni&ntilde;ez y de la adolescencia del poeta: &laquo;nac&iacute; en la cola del ej&eacute;rcito huido / me qued&eacute; a la luz del centinela / y os ped&iacute; prestados aire y agua / en barrios que os sobraban&raquo;.</p>
<p>Es tambi&eacute;n la Praga de Kafka, la ciudad que vive la opresi&oacute;n de un idioma propio, el checo, por otro for&aacute;neo, el alem&aacute;n, del mismo modo que, bajo el franquismo, Catalu&ntilde;a vivi&oacute; una experiencia parecida teniendo como v&iacute;ctima el catal&aacute;n. Pero es tambi&eacute;n la ciudad del mestizaje, del encuentro entre culturas, entre lenguas. En poemas breves, con una estructura de libro-poema (o de poema-libro), el poeta ara&ntilde;a en las incertidumbres del presente y muestra una visi&oacute;n desoladora, pesimista, de los sue&ntilde;os de liberaci&oacute;n.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>La huida y la se&ntilde;al de la muerte </strong></p>
<p>La huida, las huidas y los regresos, las islas, tan visibles en novelas como <em>Los p&aacute;jaros de Bangkok </em>o <em>Los mares del sur </em>, paradigmas de una felicidad imposible, de la b&uacute;squeda de la utop&iacute;a, ser&aacute;n parte esencial del hilo conductor de <em>Pero el viajero que huye </em>(1990), verso del tango <em>Volver </em>que da t&iacute;tulo a su sexto poemario.</p>
<p>Este libro es la met&aacute;fora de un largo viaje y una reflexi&oacute;n sobre el viaje, sobre el alejamiento de las ra&iacute;ces, de la ciudad originaria. Tambi&eacute;n es una meditaci&oacute;n sobre la muerte, sobre los l&iacute;mites entre realidad y ficci&oacute;n, sobre el lenguaje como constructor de mundos. En esa meditaci&oacute;n, realizada en muchas ocasiones desde la distancia de quien vuela de un continente a otro, V&aacute;zquez Montalb&aacute;n se acerca, con trece a&ntilde;os de antelaci&oacute;n, a lo que fue su muerte: se trata de un breve poema en el que se alude a un viajero de paso &laquo;condenado&raquo; a morir, s&oacute;lo, en el aeropuerto de Bangkok. El final de este volumen, que concluye con un poema cuyo primer verso es &laquo;Definitivamente, nada qued&oacute; de abril&raquo;, es la escenificaci&oacute;n l&iacute;rica del regreso a &laquo;la primera patria&raquo;, al territorio de la infancia, a la imagen de la madre muerta.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>La ciudad del retorno y del futuro </strong></p>
<p>Ese &laquo;viajero que huye&raquo;, cerrar&aacute;, por tanto, su itinerario en <em>Ciudad </em>(1996) en una suerte de retorno al origen (&laquo;Oh ciudad de la plenitud / que cimentabas esperanzas / en los dioses y en los signos&raquo;), de acercamiento al <em>Rosebud </em>de un sujeto l&iacute;rico que es, m&aacute;s que nunca, el propio poeta: &laquo;una canci&oacute;n de Glenn Miller, <em>Canta el petirrojo en diciembre... </em>que alguna vez escuch&eacute; de ni&ntilde;o en una ciudad donde habitan muertos que s&oacute;lo yo recuerdo&raquo;, escribi&oacute; el propio poeta en el ep&iacute;logo a su &uacute;ltimo libro de poemas publicado. Esa canci&oacute;n, cuyo estribillo utiliza como hilo conductor de <em>Ciudad, </em>es el apoyo cultural (y sentimental) de un recorrido de lenguaje que bascula sobre una dualidad permanente: la memoria y el deseo, dualidad que, por otro lado, est&aacute; presente desde los primeros poemas de <em>Una educaci&oacute;n sentimental</em>.</p>
<p>La memoria como territorio de las ra&iacute;ces de un sujeto po&eacute;tico que las vio crecer en la realidad gris y silenciada de la posguerra; el deseo como pulsi&oacute;n ut&oacute;pica, como espacio de la imaginaci&oacute;n liberadora y de la inteligencia cr&iacute;tica. Esa tensi&oacute;n, hecha con un lenguaje lleno de rupturas, iluminaciones y extra&ntilde;ezas, llena de puertas que conducen a sus novelas, salpicadas de referencias e intertextos, se mantiene e intensifica en sus textos po&eacute;ticos in&eacute;ditos. Su poes&iacute;a es compleja y viva. Una poes&iacute;a que, en principio, desconcierta, pero que en la relectura cobra una densidad emotiva y una riqueza sem&aacute;ntica poco frecuentes. Una poes&iacute;a que se carga de sentido y de referencias. De &laquo;tiempo significante&raquo;, que dir&iacute;a el propio V&aacute;zquez Montalb&aacute;n.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Su obra in&eacute;dita </strong></p>
<p>Desde 1996, V&aacute;zquez Montalb&aacute;n ven&iacute;a trabajando en un proyecto po&eacute;tico dirigido a ahondar en la b&uacute;squeda de las ra&iacute;ces y al que hemos hecho referencia en varias ocasiones a lo largo de este art&iacute;culo: <em>Rosebud. </em>Ese vocablo que utiliza Orson Welles para concluir <em>Ciudadano Kane</em>, es una obsesi&oacute;n que, a lo largo de la vida de V&aacute;zquez Montalb&aacute;n, impregn&oacute; sus reflexiones sobre poes&iacute;a y, sin duda, sus versos. Pero su obra po&eacute;tica in&eacute;dita tiene un complemento no desde&ntilde;able. En el a&ntilde;o 2000, como homenaje al pintor Benet Rossell, escribi&oacute; veinte poemas (en realidad se trataba de partes de un poema unitario) bajo el t&iacute;tulo <em>Teor&iacute;a de la famosa almendra de Proust</em>. S&oacute;lo fueron publicados en una edici&oacute;n para biobli&oacute;filos, por lo que su difusi&oacute;n fue extremadamente limitada.</p>
<p>En esa colecci&oacute;n no es dif&iacute;cil advertir la tensi&oacute;n introspectiva que preside el &uacute;ltimo apartado de <em>Pero el viajero que huye </em>y el conjunto de <em>Ciudad</em>. La almendra, que suplanta a la magdalena proustiana, es el n&uacute;cleo originario, fruto &laquo;cerrado y pobre&raquo; como la cebolla de las <em>Nanas </em>de Miguel Hern&aacute;ndez. En ella anidan vida y muerte (es &laquo;misterio&raquo;, es &laquo;alma&raquo;, &laquo;el ciclo / de toda vida conduce a toda muerte&raquo;), vive la infancia. Aunque el origen anecd&oacute;tico de estos poemas es la contemplaci&oacute;n de una obra pict&oacute;rica, tienen vida propia, autonom&iacute;a plena al margen de la pintura a cuya luz nacieron.</p>
<p>Son una muestra del vigor creativo de V&aacute;zquez Montalb&aacute;n en los &uacute;ltimos tiempos. Explican, por s&iacute; mismos, su persistencia en considerarse, por encima de todo, poeta.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 26 Jun 2013 10:26:11 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Entrevista a mí mismo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/entrevista-a-mi-mismo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/_NGEL_GUINDA.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><em>Para Yemira S&aacute;nchez</em></p>
<p><em><br /></em></p>
<p>&iquest;Qui&eacute;n ha sido &Aacute;ngel Guinda?</p>
<p>Un poeta perfectamente in&uacute;til</p>
<p>que defendi&oacute; la poes&iacute;a &uacute;til.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; sabe de &Aacute;ngel Guinda?</p>
<p>Perd&iacute;a la raz&oacute;n por las mujeres,</p>
<p>el vodka con naranja y el gint&oacute;nic.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;C&oacute;mo era &Aacute;ngel Guinda?</p>
<p>Vitalista y alegre. O pesimista,</p>
<p>triste. Fr&aacute;gil, activo, generoso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;De qu&eacute; era partidario &Aacute;ngel Guinda?</p>
<p>Del placer, de la paz, de la felicidad:</p>
<p>es decir, de poner patas arriba el mundo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Pasiones de &Aacute;ngel Guinda?</p>
<p>El rock, el rap, el f&uacute;tbol y los toros,</p>
<p>los cementerios, la velocidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Los vicios de &Aacute;ngel Guinda?</p>
<p>El sexo y el tabaco, el hach&iacute;s y el alcohol,</p>
<p>el caf&eacute; y estallarse el coraz&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; am&oacute; y odi&oacute; &Aacute;ngel Guinda?</p>
<p>Am&oacute; la luz y el imposible. Odi&oacute;</p>
<p>las dictaduras y a los pusil&aacute;nimes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&iquest;D&oacute;nde acaba &Aacute;ngel Guinda?</p>
<p>Cerca del horizonte, donde sigue la vida.</p>
<p>Donde empieza el Moncayo, all&aacute;, en Trasmoz.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 26 Jun 2013 10:20:19 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sesión de tomas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/sesion-de-tomas/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/ANA_MAR_A_SHUA.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Vi&oacute; aparecer las l&iacute;neas desdibujadas por los errores de color, las caras p&aacute;lidas, todo virado al azul triste, se maldijo a s&iacute; mismo por no haber renovado los qu&iacute;mi&shy;cos, las pasiones intensas, por no tirar a tiempo lo que parece vivo y est&aacute; muerto, fingir, ahorrar, durar, y como siempre que estaba en el laborato&shy;rio, sonaron el tel&eacute;&shy;fono y el timbre al mismo tiem&shy;po.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Atendi&oacute; el tel&eacute;fono, un momento por favor, y sali&oacute; a abrirle la puerta a Valentina sin preocuparse por la invasi&oacute;n de luz, las copias ya estaban perdidas. Por ahorrar en revelador y trabajar con productos vencidos. Si su asistente segu&iacute;a llegan&shy;do a cual&shy;quier hora, iba a tener que darle las llaves del estudio o echar&shy;la. Sopes&oacute; las dos posibilidades mientras atend&iacute;a el tel&eacute;fono, escuchando la voz filosa de Alba.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Te la tengo que dejar ah&iacute; -dijo Alba- En un rato. No hay clases, tengo citados pa&shy;cien&shy;tes, no puedo suspender.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Berenguer contest&oacute; con equivalente preci&shy;si&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No. Punto. Yo tambi&eacute;n tengo trabajo. H&aacute;bla&shy;le a tu mam&aacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Berenguer, no sos mi primera opci&oacute;n &iquest;A m&iacute; me gusta dejarla a Paulita en tu estudio? No me gusta. Te la dejo dentro de una hora.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Alba cort&oacute; y el problema qued&oacute; all&iacute;, se condens&oacute; en el aire y sin embargo el silencio, la ausencia de esa voz, provocaba tanto alivio: sobre todo, ya no estaba casado con ella y todos los dem&aacute;s pro&shy;blemas tambi&eacute;n tendr&iacute;an solu&shy;ci&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Tenemos una chica de cat&aacute;logo- le dijo a Valentina-&nbsp; la manda la se&ntilde;ora Mabel. Y en cualquier momento cae mi nena. Me la vas a tener que entre&shy;tener en la oficina.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Berenguer amaba a su hija con un amor torpe y temero&shy;so. Nunca hab&iacute;a pensado que se pod&iacute;a querer a alguien as&iacute;, d&aacute;ndole poder absoluto sobre su felicidad. A Paulita le gustaba estar en el estudio. Cuando le pregun&shy;taban qu&eacute; hac&iacute;a su pap&aacute;, usaba el verbo "fotear".</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hab&iacute;a poco trabajo en los &uacute;ltimos meses. Berenguer hac&iacute;a fotos para avisos publicitarios, empresas, revistas, supermercados, para actores, actrices y modelos y para personas que deseaban serlo. Desde hac&iacute;a un tiempo tambi&eacute;n hac&iacute;a retratos para agencias de acompa&shy;&ntilde;antes, que trabajaban con cat&aacute;logos de varios precios. A Berenguer le gustaba hacer retratos, y lo hac&iacute;a bien. A sus nuevas clientas las llama&shy;ba "chicas de cat&aacute;&shy;lo&shy;go", incluso para s&iacute; mismo. Las tomas no eran diferentes a las que hac&iacute;a con las modelos publicitarias. Las chicas posaban vestidas. El que quiera ver m&aacute;s, que pague, dec&iacute;a la se&ntilde;ora Mabel, due&ntilde;a de una de las agencias. Preparate porque te mando una flor de rubia, le hab&iacute;a anunciado el d&iacute;a anterior: nunca se resignaba a la indiferencia de Berenguer por sus pimpollos.</p>
<p>Valentina prepar&oacute; caf&eacute;. La rubia de cat&aacute;logo lleg&oacute; puntual, acompa&ntilde;ada por su marido. No era exactamente una chica. Usaba un traje bord&oacute;. Ten&iacute;a bolsas debajo de los ojos un poco saltones, una magn&iacute;&shy;fica cascada de rulos te&ntilde;idos de rubio, y una distancia extra&ntilde;a entre la nariz y la boca. Unos cuarenta a&ntilde;os: el ojo del fot&oacute;gra&shy;fo estaba acostum&shy;brado a calcu&shy;lar la edad de las mujeres y a distiguir las tetas de silicona de las verdade&shy;ras. Las tetas de silicona, firmes en su puesto de bata&shy;lla, miraban siempre al frente, sin titubeos, netas y r&iacute;gidas como una nariz. Las tetas verdade&shy;ras manten&iacute;an siempre una agradable inercia que les daba un aire independiente, un poco salvaje.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El se&ntilde;or y la se&ntilde;ora L&oacute;pez Belmonte le dieron la mano al fot&oacute;grafo con entusiasmo de principiantes. Cuando la se&ntilde;ora entr&oacute; con Valeria a la sala de maquillaje, su marido sonr&iacute;o confiado, pidi&oacute; algo fresco para tomar y se afloj&oacute; la corbata.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Qu&eacute; d&iacute;a -dijo- Vinimos directamente de la sucursal. La gente est&aacute; como loca.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Tr&aacute;mites? - pregunt&oacute; cortesmente Beren&shy;guer.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No, somos empleados bancarios. Los dos. Lamentablemente. Pero vamos a salir de esto.&nbsp; La se&ntilde;ora Mabel la alent&oacute; mucho &iquest;sabe? Y nos habl&oacute; muy bien de usted. Me interesa su opini&oacute;n.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Berenguer sab&iacute;a que cuando la se&ntilde;ora Mabel alentaba realmente a alguien, le pagaba las fotos. En este caso, las fotos se las pagaba directamente la mujer. O el marido.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Yo no opino -dijo- Yo hago las fotos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Pero usted tiene experiencia. La de mujeres que habr&aacute; visto.- el se&ntilde;or L&oacute;pez Belmonte emiti&oacute; una risita p&iacute;cara. Ten&iacute;a el pelo escaso, de color negro billante.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Afuera estaba el mundo, hab&iacute;a sol, sandwiches tosta&shy;dos, autos de colores. Berenguer no ten&iacute;a ganas de estar encerra&shy;do en su estudio antiguo, fresco pero un poco sombr&iacute;o, de techos altos, con el matrimonio L&oacute;pez Belmonte.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La se&ntilde;ora L&oacute;pez Belmonte, flor de rubia, emergi&oacute; de la sala de maqui&shy;llaje vestida con un pantal&oacute;n de cuero apretado, que provo&shy;caba una oleada de grasa sobre la cintura. La blusa roja dejaba ver el co&shy;mien&shy;zo de sus pechos blandos, levan&shy;tados y unidos por un corpi&ntilde;o tipo bandeja.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El se&ntilde;or L&oacute;pez Belmonte la recibi&oacute; con una mirada de admiraci&oacute;n y un silbido estimulante.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Y, qu&eacute; me dec&iacute;s? - le coment&oacute; al fot&oacute;grafo - &iquest;No es una m&aacute;quina? &iquest;En qu&eacute; cat&aacute;logo la pon&shy;dr&iacute;as?&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La se&ntilde;ora camin&oacute;, balanceando el culo chato, hacia la tarima de la sala de tomas. Tom&oacute; la silla y se sent&oacute; en pose, con las piernas cruzadas. La ropa menos ajustada podr&iacute;a haber di&shy;simulado, quiz&aacute;s, el efecto pantal&oacute;n de montar en los mus&shy;los, el grosor de los tobi&shy;llos. El fot&oacute;grafo y su asistente cruzaron una mirada r&aacute;pida.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;As&iacute;? - pregunt&oacute; la se&ntilde;ora L&oacute;pez, con un moh&iacute;n desa&shy;compasado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No, esper&aacute; - dijo Berenguer-&nbsp; A ver, parate. Quiero que mires para abajo y levantes la cabeza cuando yo te diga.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;- &iquest;As&iacute;? - pregunt&oacute; la se&ntilde;ora L&oacute;pez, sacudiendo su rubia cascada de rulos como un perro mojado.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Est&aacute;s bien, est&aacute;s re buena, Betty -dec&iacute;a el marido-&nbsp; Vas a ver, no vas a dar abasto.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Vos cre&eacute;s? - dec&iacute;a Betty, tirando insinuante del escote de la blusa. -&iexcl;Imaginate si se enteran los clien&shy;tes del banco! M&aacute;s de uno me anda detr&aacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - A ver. No mires la c&aacute;mara ahora, Betty. -dec&iacute;a Berenguer- Sentate en la silla al rev&eacute;s, con el ment&oacute;n sobre el respaldo, as&iacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero al abrir las piernas para pasarlas a cada lado del respaldo, las costuras del pantal&oacute;n simplemente se negaron a seguir resistiendo la presi&oacute;n a que las somet&iacute;a el destino y se desgarraron con un sonido sibilante.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - No importa. -dijo la se&ntilde;ora L&oacute;pez- Abajo tengo el conjunto de lencer&iacute;a para las tomas que siguen.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Son&oacute; el timbre de la puerta de calle. Paulita.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Enseguida volvemos, que la se&ntilde;ora, quiero decir, que Betty se cambie nom&aacute;s. &ndash;Berenguer sali&oacute; a abrir.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Salud&oacute; a su ex mujer que lo desped&iacute;a desde el auto. Paulita estaba parada en el umbral, todav&iacute;a con el delantal&nbsp; del Jard&iacute;n.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;A qui&eacute;n est&aacute;s foteando, pa? &iquest;Es alguien famoso de la tele? - pregunt&oacute;.</p>
<p>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; - Papi termina enseguida. Ven&iacute;, vamos a jugar a la oficina -dijo Valentina.</p>
<p>Se llev&oacute; a la chiquita y cerr&oacute; la puerta.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En la sala de tomas la se&ntilde;ora Betty se hab&iacute;a sacado la blusa y el pantal&oacute;n. El efecto era asombroso. La tanga cubr&iacute;a apenas el monte de Venus dejando ver la gruesa cica&shy;triz de una ces&aacute;rea. El se&ntilde;or L&oacute;pez Belmonte la estaba haciendo practicar poses, gestos y expresiones, azuz&aacute;ndola con voz ronca, seductora.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Vamos mi hembra, mi potra, mi rubia, as&iacute;, con esa carita de reventada que vos sab&eacute;s, dale que me volv&eacute;s loco, as&iacute;, as&iacute;.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Berenguer empez&oacute; a sacar fotos al azar, ya no pretend&iacute;a m&aacute;s que terminar el rollo y que se fueran. Pero los L&oacute;pez Belmon&shy;te pare&shy;c&iacute;an haberlo olvidado y se dedicaban con ale&shy;gr&iacute;a a su peque&shy;&ntilde;o espect&aacute;culo priva&shy;do.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Nosotros hicimos una terapia de vidas pret&eacute;ri&shy;tas. &iquest;O&iacute;ste hablar? -le confes&oacute; de pronto, en voz baja, el marido - &iquest;Betty, te parece que lo puedo contar?</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Claro, se lo cuento yo. -dijo Betty. Y entrecerrando los ojos lanz&oacute; al fot&oacute;grafo una mirada casi l&aacute;nguida &ndash; Nos dijeron qui&eacute;nes hab&iacute;amos sido antes.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Es posible que Betty haya sido la Reina de Saba. Hace casi dos mil ochocientos a&ntilde;os. No s&eacute; si se da cuenta. Eso explicar&iacute;a muchas cosas. -dijo &eacute;l.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tratando de concentrarse en su trabajo, el fot&oacute;grafo se empe&ntilde;aba en sacar el mejor partido posible de esa cara, de ese cuerpo sufrido de dos mil ochocientos a&ntilde;os. Se trataba de golpear a las puertas de la fantas&iacute;a: era insensato exhibir sin velos las maduras ofren&shy;das de la Reina de Saba. Hab&iacute;a un mont&oacute;n de ropa en el perchero y le pidi&oacute; a Betty que eligie&shy;ra una bata.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Vas a tener que seducir a la c&aacute;mara -le dijo- Mostrar y no mostrar, hacerla entrar de a poco.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iexcl;Divino, me encanta! -dijo ella. Eligi&oacute; una bata de toalla y se la puso dejando los hombros al descubierto- &iquest;Qu&eacute; tal?...&iquest;Me mojo el pelo?&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y le sonri&oacute; al objetivo con la alegre dentadura que deb&iacute;a usar para asegurar que s&iacute;, se&ntilde;or, sus garant&iacute;as son muestra del solvencia y el banco ha decidido otorgarle su cr&eacute;dito.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Berenguer se lanz&oacute; a lo suyo, clic, clic, un paso al costado, la cabeza levantada, clic clic, no te muevas, clic, muy bien, vamos muy bien, otra vez esa sonrisa, clic clic mientras el se&ntilde;or L&oacute;pez Belmonte miraba extasiado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un ruido violento, la ca&iacute;da de algo grande y pesa&shy;do, vino de la oficina. Un instante de silencio y despu&eacute;s el grito agudo y demasiado largo de Paulita. Berenguer corri&oacute; por el pasillo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En un rinc&oacute;n estaba parada Valentina, paralizada de susto. Paulita estaba sentada en el suelo con la cara ensan&shy;grentada, rodeada de libros tirados por todas partes. Se hab&iacute;a ca&iacute;do un estante de la biblioteca.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Se quiso trepar...- la voz de Valentina temblaba.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mientras Berenguer corr&iacute;a a abrazarla la chiquita, con la cara l&iacute;vida, se derrumb&oacute;. No respiraba.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La se&ntilde;ora L&oacute;pez Belmonte apareci&oacute; de golpe, inespera&shy;da.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Es un espasmo de sollozo. Ya recupe&shy;ra el aliento. - su voz era tranquila y segura.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se acerc&oacute; a Paulita, que en efecto estaba recuperando el aliento y empezaba a gritar otra vez. Con manos expertas le palp&oacute; la cabeza.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Se salv&oacute; por un pelo, el estante no le golpe&oacute; la cabeza, va a estar bien.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Berenguer, con Paulita en los brazos, la mir&oacute; con desesperaci&oacute;n.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Cri&eacute; un par de estos bichos, no se preocupe. A ver de d&oacute;nde sale la sangre.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El llanto feroz de Paulita no le permit&iacute;a pensar a Berenguer. La acunaba sin darse cuenta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Ya est&aacute;, ya est&aacute;, ya est&aacute;, ya est&aacute; -dec&iacute;a torpemente.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Betty actuaba con rapidez y eficacia. Alz&oacute; a Paulita, la llev&oacute; al ba&ntilde;o, le lav&oacute; la cara con agua fr&iacute;a y se la devolvi&oacute; a su padre.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Aqu&iacute; y aqu&iacute; -dijo- &iquest;Ve? Se le parti&oacute; el labio, no es nada. Y perdi&oacute; un dientito de leche. &iquest;C&oacute;mo se llama la nena? Vos -le dijo a Valentina- traeme hielo. &iquest;Tienen hela&shy;de&shy;ra? Paula. Mir&aacute; Paulita, aqu&iacute; est&aacute; tu dientito: vas a ser la primera nena de la salita de cuatro sin un diente. &iexcl;Les vas a ganar a los de preescolar!&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Paulita segu&iacute;a llorando pero levant&oacute; la vista interesa&shy;da. Hac&iacute;a apenas un momento Berenguer, con la c&aacute;mara en la mano, detentaba el poder, hac&iacute;a que la escena se moviera al ritmo de su voluntad. Ahora Betty era la que mandaba y &eacute;l se sent&iacute;a simplemente agradecido, se entregaba, confiaba. El pelo rubio de la mujer, hermoso, flexible, pura luz, era como una aureola que subrayaba la gracia segura de sus rasgos. El se&ntilde;or L&oacute;pez Belmon&shy;te apareci&oacute; en el marco de la puerta. Valentina lleg&oacute; con el hielo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - A ver, papi te va a poner el hielito en la boca y no te va a doler m&aacute;s. -dec&iacute;a Betty-&nbsp; Valentina, acomod&aacute; los libros en su lugar. Aqu&iacute; est&aacute; la otra lastimadura, &iquest;ves el corte?, necesito tira empl&aacute;stica y una tijerita.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El se&ntilde;or L&oacute;pez Belmonte se acerc&oacute; t&iacute;midamente.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - &iquest;Le puedo contar un cuento? - le pregunt&oacute; a su mujer, que le hizo una se&ntilde;a afirmativa.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los gritos de Paulita parec&iacute;an llenar todo el espacio de la habitaci&oacute;n, le quitaban el aire, Berenguer apenas pod&iacute;a respirar.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Hab&iacute;a una vez una se&ntilde;ora que se llamaba Do&ntilde;a Mar&iacute;a. Y esta se&ntilde;ora ten&iacute;a huerta llena de plantitas ricas&nbsp; para comer. &iquest;C&oacute;mo por ejemplo qu&eacute; puede ser? - dijo el se&ntilde;or L&oacute;pez.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Entonces Paulita hizo algo asombroso. Dej&oacute; de llorar por un momento y con la boca ensangrentada dijo:&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; - Lechuga.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Fue la palabra m&aacute;s hermosa que Berenguer hab&iacute;a escucha&shy;do en su vida. Mientras tanto, Betty cortaba tiritas muy finas de tira empl&aacute;stica y le cerraba con prolijidad la herida del brazo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;- Y entonces el chivo le empez&oacute; a comer las plantitas -dec&iacute;a el se&ntilde;or L&oacute;pez Belmonte- Y la pobre Do&ntilde;a Mar&iacute;a llora&shy;ba, lloraba, y se sonaba la nariz as&iacute;...</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El se&ntilde;or L&oacute;pez Belmonte apoy&oacute; la nariz sobre la manga de su saco y fingi&oacute; sonarse con fuerza, haciendo ruido con la boca. Paulita se ri&oacute; a carcajadas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Despu&eacute;s la se&ntilde;ora Betty se visti&oacute; y se fueron todos a tomar un helado. La sesi&oacute;n de tomas la terminaron otro d&iacute;a y Berenguer les regal&oacute; las copias dese&aacute;ndoles mucha suerte, muchos clientes, el mejor cat&aacute;logo.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 26 Jun 2013 10:05:09 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Turia difunde hoy su número sobre Albert Camus]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-difunde-hoy-su-numero-sobre-albert-camus/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/Turia_17_red.jpg" alt="" width="212" height="306" /></p>
<p>Albert Camus, uno de los grandes nombres propios de la literatura universal de todos los tiempos, es el gran protagonista del nuevo n&uacute;mero de la revista cultural TURIA. Quien escribi&oacute; que &ldquo;la libertad no es nada m&aacute;s que una oportunidad para ser mejor&rdquo;, protagoniza m&aacute;s de 100 p&aacute;ginas de interesantes art&iacute;culos y estudios originales sobre un autor inolvidable. Doce escritores analizan, a trav&eacute;s de textos in&eacute;ditos, a Camus y su obra: desde Claudio Magris a Carme Riera, y tambi&eacute;n se publican colaboraciones de Valent&iacute; Puig, Jos&eacute; Luis Pardo o Jos&eacute; Mar&iacute;a Ridao, entre otros.</p>
<p>TURIA, que distribuye hoy su n&uacute;mero de junio en Espa&ntilde;a y otros pa&iacute;ses, rinde as&iacute; un atractivo y completo homenaje a Albert Camus con motivo de conmemorarse, este 2013, el centenario de su nacimiento. TURIA invita a los lectores actuales a redescubrirlo y a comprobar que sus libros siguen mereciendo la pena.</p>
<p>Camus es un buen ejemplo de escritor comprometido con su tiempo. Por ello, su humanismo radical constituye un referente inequ&iacute;voco y necesario en este convulso y desorientado siglo XXI. Tanto sus obras ensay&iacute;sticas como creativas, sus obras de teatro, sus diarios o sus prosas period&iacute;sticas invitan a la complicidad. De ah&iacute; que, en el texto introductorio del monogr&aacute;fico, Elisenda Julibert subraye que en Camus se produce la admirable conjunci&oacute;n de un hombre, de una acci&oacute;n y de una obra.&nbsp; No en vano, para Camus, &ldquo;el gran problema de la vida consiste en saber c&oacute;mo pasar entre los hombres&rdquo;.</p>
<p>En definitiva, nos gusta Camus porque de acuerdo con las palabras que Claudio Magris le dedica en TURIA, su grandeza &ldquo;consiste en haber unido una inflexible &eacute;tica a una inagotable vocaci&oacute;n por la felicidad, por vivir a fondo la vida&rdquo;. Somos muchos los que, junto a Magris, creemos que Camus produjo una obra que constituye un magistral testimonio laico de libertad y resistencia.</p>
<p class="Textoindependiente21">Adem&aacute;s&nbsp; del protagonismo esencial de Albert Camus, este sumario de TURIA brinda un espectacular y nutrido cat&aacute;logo de lecturas. No en vano, adem&aacute;s de las colaboraciones de los autores ya citados, en las p&aacute;ginas de la revista se ofrecen narraciones in&eacute;ditas de Richard Ford, Flavia Company, Enrique Juncosa, Ernesto P&eacute;rez Z&uacute;&ntilde;iga e Irene Vallejo. O con poemas de la rumana Ana Blandiana, la canadiense Nicole Brossard, Chantal Maillard, Jos&eacute; Luis Rey, Juan Vicente Piqueras, Carlos Aganzo y Mart&iacute;n L&oacute;pez-Vega, entre otros.</p>
<p class="Textoindependiente21">No conviene olvidar tampoco que esta nueva entrega de TURIA contiene valiosos art&iacute;culos in&eacute;ditos sobre Roberto Bola&ntilde;o, Carlos Fuentes e Ignacio Agust&iacute;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Especialmente recomendables son las amplias entrevistas exclusivas que TURIA publica con dos grandes nombres propios de la cultura espa&ntilde;ola: el pintor Miquel Barcel&oacute; (&ldquo;Descubrir las pinturas primitivas fue una de mis grandes impresiones como artista&rdquo;) y con el escritor Andr&eacute;s Trapiello (&ldquo;La inmensa mayor&iacute;a de mis lectores pertenece a la Tercera Espa&ntilde;a&rdquo;). La entrevista a Barcelo, elaborada en un tono de sincera complicidad que el lector descubra cu&aacute;les son las influencias, las lecturas y los pintores de Barcel&oacute;. Mientras, la caudalosa conversaci&oacute;n con Trapiello est&aacute; salpimentada de afirmaciones como &ldquo;estoy de la guerra civil hasta el copete&rdquo; o &ldquo;hay que evitar las circunstancias que pueden llevarnos a todos a un callej&oacute;n sin salida&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Menci&oacute;n destacada merecen las fotograf&iacute;as que ilustran este nuevo n&uacute;mero de TURIA pues pertenecen al gran fotoperiodista espa&ntilde;ol Enrique Meneses, fallecido el pasado mes de enero. Son im&aacute;genes ya ic&oacute;nicas de c&eacute;lebres personajes del siglo XX como John F. Kennedy, Martin Luther King, Salvador Dal&iacute;, Pablo Picasso, Cassius Clay, Che Guevara o Fidel Castro.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA, que cumplir&aacute; en 2013 treinta a&ntilde;os de trayectoria,&nbsp; ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia. Cuenta con difusi&oacute;n nacional e internacional y por sus p&aacute;ginas han pasado m&aacute;s de mil autores de diversas procedencias est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas, lo que da idea de la riqueza y pluralidad de sus contenidos. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>CAMUS NO HA PERDIDO ACTUALIDAD</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">Una plural y valiosa monograf&iacute;a sobre Albert Camus constituye el homenaje que TURIA dedica a un escritor cuya obra y ejemplo vital nos permiten recuperar la dignidad, reconciliarnos con la vida y hacerlo, adem&aacute;s, desde de un compromiso &eacute;tico insobornable.</p>
<p class="Textoindependiente21">La escritora y acad&eacute;mica Carme Riera, en un sugerente y certero art&iacute;culo, nos recuerda&nbsp; que &ldquo;Camus no ha perdido actualidad, precisamente porque nuestro di&aacute;logo con sus textos sigue siendo fruct&iacute;fero, o lo que es lo mismo, porque es un reflejo de nuestra sensibilidad moderna&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Para Riera, &ldquo;en los textos de Camus se debaten los grandes temas que afectan a la condici&oacute;n humana, nuestro ser y existir, nuestra inmanencia y trascendencia, la relaci&oacute;n con los otros. Juzgar si la vida vale la pena ser vivida o no, es la principal pregunta de la filosof&iacute;a, escribir&aacute; en <em>El mito de S&iacute;sifo</em> y en <em>Cal&iacute;gula</em> nos recordar&aacute; que el hombre no es feliz y que todos, no s&oacute;lo el loco emperador romano, deseamos in&uacute;tilmente poseer la luna&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Claudio Magris, en su texto titulado &ldquo;Camus, el valor de decir que no&rdquo;, habla de justicia, honor y felicidad y reclama, a partir de la obra y del ejemplo vital de Camus, una &eacute;tica para el periodismo a contracorriente. De ah&iacute; que Magris nos recuerde c&oacute;mo &ldquo;Albert Camus sol&iacute;a afirmar que la conciencia vale m&aacute;s que la supervivencia&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Manuel Arranz se ocupa del Camus ensayista y nos habla de textos en los que el autor de &ldquo;El rev&eacute;s y el derecho&rdquo; afirmaba: &ldquo;los dos peligros que amenazan a todo artista son el resentimiento y la satisfacci&oacute;n&rdquo;. Seg&uacute;n Valent&iacute; Puig, Albert Camus es un &ldquo;buen ant&iacute;doto para la actual &eacute;poca de apostas&iacute;as de la conciencia, dimisiones de la voluntad y erosiones de la justicia. La lecci&oacute;n est&aacute; en sus novelas, en sus ensayos, en sus &ldquo;Carnets&rdquo; y a la vez en sus etapas intensivas de periodismo de opini&oacute;n comprometido con la verdad y la causa de la humanidad libre, tantas veces a punto de someterse bien al totalitarismo o bien a la indiferencia&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Sobre Camus como autor teatral escribe en TURIA Juli&aacute;n Muela Ezquerra y nos recuerda la pasi&oacute;n que sinti&oacute; por las artes del espect&aacute;culo, si bien a su teatro la popularidad le llegar&iacute;a m&aacute;s en nuestros d&iacute;as que en su momento. Tambi&eacute;n se nos dir&aacute; que obras como &ldquo;Cal&iacute;gula&rdquo; muestran la naturaleza del teatro de Camus: recuperar el sentido de la tragedia cl&aacute;sica e insertarlo como nueva &eacute;tica en el mundo moderno&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Manuel Neila aborda al Camus diarista y viajero. Citando a Sartre, Neila se muestra de acuerdo con quienes sit&uacute;an a ese intelectual discrepante que siempre fue Camus en la l&iacute;nea de pensadores como Montaigne, Pascal, Diderot, Chamfort, Nietzsche o Constant. Por otra parte, el autor de los ya c&eacute;lebres &ldquo;Carnets&rdquo; ser&iacute;a uno de los grandes cl&aacute;sicos modernos del g&eacute;nero testimonial, junto a los de Paul Val&eacute;ry y Cesare Pavese</p>
<p class="Textoindependiente21">Jos&eacute; Mar&iacute;a Ridao, en un art&iacute;culo que titula &ldquo;Camus ante s&iacute; mismo&rdquo; nos recuerda que la publicaci&oacute;n p&oacute;stuma, en 1994, de su novela &ldquo;El primer hombre&rdquo; se convirti&oacute; en un fen&oacute;meno editorial, casi sociol&oacute;gico y lo consagr&oacute; como uno de los grandes esp&iacute;ritus independientes del siglo XX.</p>
<p class="Textoindependiente21">Para Jos&eacute; Luis Pardo, &ldquo;Camus representaba en carne y hueso la incorrecci&oacute;n pol&iacute;tica en aquel mundo intelectual del Par&iacute;s liberado&rdquo;. Y tambi&eacute;n argumenta que &ldquo;Si bien los actuales mandatarios nos parecen de poca estatura en comparaci&oacute;n con los de anta&ntilde;o, el irresisitible ascenso del populismo en pol&iacute;tica y la constante queja de la &lsquo;falta de liderazgo&rsquo; podr&iacute;an ser un s&iacute;ntoma de la actualidad de la pol&iacute;ticamente incorrecta tarea del intelectual tal y como Camus la conceb&iacute;a: alguien que no tiene m&aacute;s fuerza que los dem&aacute;s hombres para combatir la injusticia, pero s&iacute; la obligaci&oacute;n de desmontar los nauseabundos intentos de justificarla que pretenden hacer de la inmundicia no ya el triste hecho que sin duda es, sino una necesidad hist&oacute;rica y hasta una obligaci&oacute;n moral&rdquo;.</p>
<p>A continuaci&oacute;n, las p&aacute;ginas de TURIA recogen otros documentados estudios sobre aspectos esenciales de la obra de Albert Camus: &ldquo;Camus, el hombre sin resentimiento, de Germ&aacute;n Cano; &ldquo;Un Camus muy personal con &lsquo;El extranjero&rsquo; al fondo&rdquo;, de Carme Riera; &ldquo;Carta a Meursault&rdquo;, de Jos&eacute; Gim&eacute;nez Corbat&oacute;n. . Por &uacute;ltimo, el monogr&aacute;fico sobre Camus se cierra con una cuidada y exhaustiva biocronolog&iacute;a elaborada por Juan Antonio Tello.</p>
<p><strong>ROBERTO BOLA&Ntilde;O, CARLOS FUENTES E IGNACIO AGUST&Iacute;</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">El sumario de TURIA se abre, en esta ocasi&oacute;n, con un original art&iacute;culo de Eduardo Becerra titulado &ldquo;Los poetas de Bola&ntilde;o. Acciones y escenarios de una ficci&oacute;n criminal&rdquo;.&nbsp; La obra del chileno Roberto Bola&ntilde;o (1953-2003) se considera una de las m&aacute;s influyentes de la literatura hispanoamericana&nbsp; de&nbsp; los&nbsp; &uacute;ltimos&nbsp; tiempos.&nbsp; Escritor de culto&nbsp; y,&nbsp; al&nbsp; mismo&nbsp; tiempo,&nbsp; objeto&nbsp; de una&nbsp; atenci&oacute;n multitudinaria en distintos pa&iacute;ses,&nbsp; este gran escritor que tambi&eacute;n colabor&oacute; en TURIA es objeto ahora de un sugestivo an&aacute;lisis elaborado por Becerra.</p>
<p class="Textoindependiente21">Cuando&nbsp; se&nbsp; cumplen&nbsp; diez&nbsp; a&ntilde;os&nbsp; de&nbsp; la&nbsp; muerte de Bola&ntilde;o, en las p&aacute;ginas de TURIA se indaga sobre el papel de la poes&iacute;a y los poetas en su ya legendaria e influyente obra. Y todo ello porque, como nos dice Eduardo Becerra, &ldquo;la poes&iacute;a y los poetas aparecen como el &aacute;mbito y los emisarios adecuados a la hora de mostrar lo que supuso para Bola&ntilde;o el ejercicio de la escritura:&nbsp; 'un compromiso o, mejor dicho (&hellip;) una apuesta, en donde el artista pone sobre la mesa su vida, sabiendo de antemano, adem&aacute;s, que va a salir derrotado'. Con este objetivo, su obra supuso una renovada puesta en escena de esa relaci&oacute;n llena de tensiones entre escritura y acci&oacute;n, o literatura y vida, o representaci&oacute;n y experiencia, que ocup&oacute; un lugar privilegiado en las po&eacute;ticas de la modernidad y sus dilemas&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Tambi&eacute;n Carlos Fuentes es objeto de an&aacute;lisis en las p&aacute;ginas de TURIA. La hispanista francesa Lise Demeyer, en su art&iacute;culo &ldquo;Carlos Fuentes trascendental&rdquo;, traza una certera semblanza literaria del escritor mexicano y lo sit&uacute;a entre los autores que han entrado en el canon mundial literario: &ldquo;todo en su obra es coherente y se encadena: parece que una novela prepara a la siguiente y remite a la anterior, mejorando su lectura&rdquo;. Y tambi&eacute;n nos dir&aacute;: &ldquo;en torno a cuatro ejes que siempre &eacute;l pone de realce, lenguaje, tiempo, deseo e imaginaci&oacute;n, ha creado una obra total cuyo hilo conductor es la identidad, colectiva o personal, en ese pa&iacute;s mestizo que es M&eacute;xico&rdquo;.</p>
<p>Un imprescindible rescate del olvido es el que practica Sergi Doria a prop&oacute;sito de la figura y la obra de Ignacio Agust&iacute;. Porque, como bien se dice en las p&aacute;ginas de TURIA, &ldquo;leer al completo a obra de Ignacio Agust&iacute; (1913-1974) en el centenario de su nacimiento nos lleva m&aacute;s all&aacute; de su&nbsp; t&iacute;tulo m&aacute;s popular, &ldquo;Mariona Rebull&rdquo;. El gran novelista de la burgues&iacute;a catalana bien merece ser le&iacute;do hoy por la solidez e inter&eacute;s de su narrativa realista y hacerlo m&aacute;s all&aacute; de los prejuicios ideol&oacute;gicos de cierto sector de la cr&iacute;tica. No en vano conviene recordar tambi&eacute;n que la serie televisiva &ldquo;La saga de los Rius&rdquo;, que TVE produjo a mediados de la d&eacute;cada de los 70 y basada en sus novelas, fue un aut&eacute;ntico fen&oacute;meno de multitudes y varias generaciones la grabaron en su memoria audiovisual.</p>
<p><strong>IN&Eacute;DITOS DE RICHARD FORD, ANA BLANDIANA Y NICOLE BROSSARD</strong></p>
<p>Por otra parte, las p&aacute;ginas de esta revista cuatrimestral contienen las secciones habituales dedicadas a la creaci&oacute;n literaria. As&iacute;, en esta entrega se publican textos in&eacute;ditos de Richard Ford, una de las voces m&aacute;s destacadas de la narrativa norteamericana, y tambi&eacute;n de Flavia Company, Enrique Juncosa, Ernesto P&eacute;rez Z&uacute;&ntilde;iga e Irene Vallejo.</p>
<p>La secci&oacute;n de &ldquo;Poes&iacute;a&rdquo; la inaugura una selecci&oacute;n de ocho poemas in&eacute;ditos en espa&ntilde;ol de la escritora rumana Ana Blandiana, toda una figura legendaria de las letras de su pa&iacute;s y muy reconocida en pa&iacute;ses europeos como Francia, que la condecor&oacute; con su m&aacute;s alta distinci&oacute;n, la Legi&oacute;n de Honor, por su contribuci&oacute;n a la cultura europea y su lucha contra la injusticia. La nota introductoria y la traducci&oacute;n han corrido a cargo de Viorica Patea y Antonio Colinas.</p>
<p>Otra novedad importante que ofrece TURIA al lector de poes&iacute;a es la antolog&iacute;a de la canadiense Nicole Brossard, realizada por Jos&eacute; Luis Reina Palaz&oacute;n. Brossard es una escritora indispensable para comprender los movimientos literarios de casi medio siglo en Quebec. Feminista comprometida, en Brossard la poes&iacute;a ocupa siempre el centro de su reflexi&oacute;n y de su compromiso. Para ella, la exploraci&oacute;n de la lengua constituye la base de una relaci&oacute;n apasionada con el mundo: &ldquo;La vida es eternamente pr&oacute;xima / y la poes&iacute;a est&aacute; en primera l&iacute;nea del deseo (&hellip;). Trabajar un poema me excita como la desnudez&rdquo;.</p>
<p>Tambi&eacute;n TURIA publica poemas originales de, entre otros, Chantal Maillard, Jos&eacute; Luis Rey, Juan Vicente Piqueras, Carlos Aganzo, Mart&iacute;n L&oacute;pez Vega, Valerie Mejer, Javier P&eacute;rez Walias, &Aacute;lex Chico, Miguel Veyrat, Juan Carlos Su&ntilde;&eacute;n, Eduardo Garc&iacute;a, Alfonso Garc&iacute;a Rodr&iacute;guez, Aitor Francos, Vicente Cervera Salinas, Adolfo Burriel, Julio Espinosa Guerra, Francisco J. Pic&oacute;n, Enric L&oacute;pez Tuset y Juan Carlos Elijas.</p>
<p>En el apartado que TURIA dedica al ensayo, sobresale el texto de Gonzalo Navajas titulado &ldquo;Memoria, Utop&iacute;a y el Zeigeist posmoderno&rdquo;. Navajas, que es actualmente catedr&aacute;tico de literatura moderna y cine en la Universidad de California en Irvine y ha sido profesor en numerosas universidades americanas y europeas, ofrece un brillante an&aacute;lisis a prop&oacute;sito de lo que se ha denominado la posmodernidad, la persistencia de la memoria y la utop&iacute;a y las nuevas estrategias culturales para este siglo XXI. Entre otras consideraciones, Gonzalo Navajas, concluye que &ldquo;la explosi&oacute;n de la comunicaci&oacute;n universal ilimitada ha incrementado las posibilidades de la interconectividad y di&aacute;logo entre lenguajes culturales diferentes&rdquo;.</p>
<p>Muy atractivas y de enorme actualidad son el cat&aacute;logo de reflexiones que Jorge Riechmann brinda al lector en su art&iacute;culo &ldquo;Poder mostrarnos vulnerables sin generar violencia&rdquo;. All&iacute; se escribe: &ldquo;Desde el poder, decir la verdad a destiempo. Desde los intelectuales que no se despegan demasiado del poder (y a quienes mi maestro Paco Fern&aacute;ndez Buey llamaba &ldquo;pingos almidonados&rdquo;), abrir los ojos a destiempo. Ay, cu&aacute;nto y cu&aacute;nto nos cuesta desaprender la servidumbre voluntaria...&rdquo;</p>
<p><strong>ENTREVISTAS A MIQUEL BARCEL&Oacute; Y ANDR&Eacute;S TRAPIELLO</strong></p>
<p>El pintor Miquel Barcel&oacute; y el escritor Andr&eacute;s Trapiello protagonizan, en este n&uacute;mero de TURIA, sendas entrevistas a fondo y en exclusiva que los lectores no deben perderse. Sus declaraciones constituyen todo un revelador autorretrato de dos nombres propios con s&oacute;lida trayectoria dentro de la cultura espa&ntilde;ola de nuestros d&iacute;as.</p>
<p>Barcel&oacute; forma parte del reducido n&uacute;mero de artistas espa&ntilde;oles con indiscutible &eacute;xito y presencia internacional. Barcel&oacute; es, en Espa&ntilde;a, lo que los anglosajones llaman &ldquo;a celebrity&rdquo;, aunque tambi&eacute;n tenga, quiz&aacute;s por eso, no pocos detractores. En cualquier caso, Barcel&oacute; prosigue su carrera ajeno a estas cuestiones, sin darse ning&uacute;n descanso: Madrid, Par&iacute;s, Nueva York, Lisboa, Jap&oacute;n ser&aacute;n o han sido algunos de los lugares donde ha mostrado &uacute;ltimamente su trabajo.</p>
<p>La entrevista de Miquel Barcel&oacute; con Enrique Juncosa permite descubrir cu&aacute;les son las influencias, las lecturas y los pintores de un artista prol&iacute;fico, que tiene a su favor una notable capacidad de reinvenci&oacute;n y de llegar al mismo tiempo a p&uacute;blicos muy amplios. &ldquo;Hay pocos pintores contempor&aacute;neos que me gusten&rdquo;, dice Barcel&oacute;. Respecto a su propia obra practica un revelador autoan&aacute;lisis cuando asegura: &ldquo;siempre he pensado que mi obra era pendular. Llenar y vaciar. Pero no s&eacute; muy bien c&oacute;mo ocurre. Es la necesidad de las dos cosas, la necesidad de llenar y de vaciar. Mis cuadros vac&iacute;os lo est&aacute;n, en todo caso, porque he borrado lo que hab&iacute;a antes en ellos&rdquo;.</p>
<p>La otra gran entrevista de TURIA est&aacute; dedicada al escritor Andr&eacute;s Trapiello. En la conversaci&oacute;n, que se inicia en torno a su &uacute;ltima novela &ldquo;Ayer no m&aacute;s&rdquo;, la guerra civil tiene mucho protagonismo. De una parte, porque Trapiello siempre quiso aprender a escribir para contar un conflicto que fue un hecho determinante en su familia. Ahora ha conseguido superar el reto de elaborar una novela no guerracivilista, una obra coral, que reflejase a todo el mundo.</p>
<p>Trapiello nos invita a ver &ldquo;que todo es m&aacute;s complejo,&nbsp; m&aacute;s dif&iacute;cil de lo que nos han dicho, que no todo es un blanco o un negro absolutos&rdquo;. De ah&iacute; que considere que, ante la acogida de ese libro revelador que fue &ldquo;Las armas y las letras&rdquo;, Trapiello afirme que &ldquo;la mayor&iacute;a de mis lectores pertenecen a la tercera Espa&ntilde;a&rdquo;. Sobre historia y literatura, Trapiello lo tiene claro: &ldquo;la novela es a veces la &uacute;nica capaz de contar las cosas que la historia no puede contar porque est&aacute; muy cerca de ella&rdquo;. En cualquier caso, y como dice el protagonista de su novela &ldquo;Ayer no m&aacute;s&rdquo;, Trapiello declara su hartazgo ya de escribir sobre el asunto: &ldquo;ambos estamos de la guerra civil hasta el copete&rdquo;.</p>
<p>A prop&oacute;sito de los hechos del presente, de lo que est&aacute; pasando, Trapiello asegura que &ldquo;hay que evitar que las circunstancias nos lleven a todos a un callej&oacute;n sin salida&rdquo;.&nbsp; Y es que, &ldquo;en el momento en el que la gente vea que no tiene para comer, en el momento que vea que tiene a toda la familia en el paro, inmediatamente todo eso se va a ir radicalizando, porque no puede ser que tengamos a los hijos en el paro mientras que los banqueros contin&uacute;an especulando y ganando no s&eacute; cu&aacute;nto dinero&hellip;&rdquo;. No obstante, reconoce que &ldquo;no s&eacute; lo que pasar&aacute; porque no soy adivino, pero yo no creo, a pesar de todo, que la democracia est&eacute; en peligro. Seg&uacute;n los indicios que veo a&uacute;n no hemos llegado a unos niveles de crispaci&oacute;n extremos&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>TURIA contiene tambi&eacute;n la secci&oacute;n habitual denominada &ldquo;La isla&rdquo;, con fragmentos del diario de Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas enriquecidos gr&aacute;ficamente por Isidro Ferrer. En cuanto a los temas aragoneses, sobresale el art&iacute;culo de homenaje al m&uacute;sico Ant&oacute;n Garc&iacute;a Abril con motivo de sus ochenta a&ntilde;os. TURIA le dedica un amplio art&iacute;culo en el que se traza su semblanza vital y se glosa su vast&iacute;sima obra creativa. Tambi&eacute;n, en esta nueva entrega TURIA redescubre las claves que nos permiten entender mejor la personalidad y la obra de uno de los escritores aragoneses m&aacute;s marginales e interesantes del siglo XX: Jos&eacute; Ram&oacute;n Arana. TURIA se ocupa asimismo de recordarnos al gran artista Salvador Victoria cuando se cumple este a&ntilde;o el d&eacute;cimo aniversario de la puesta en marcha de la espl&eacute;ndida Fundaci&oacute;n Museo Salvador Victoria de Rubielos de Mora. Finalmente, una extensa secci&oacute;n de cr&iacute;tica de libros denominada &ldquo;La Torre de Babel&rdquo; se ocupa de la actualidad editorial y cierra el sumario.</p>
<p>TURIA, que cumple este 2013 su 30 aniversario, ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales en espa&ntilde;ol de m&aacute;s dilatada trayectoria. Cuenta con difusi&oacute;n nacional e internacional y por sus p&aacute;ginas han pasado m&aacute;s de mil autores de diversas procedencias est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas, lo que da idea de la riqueza y pluralidad de sus contenidos. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 26 Jun 2013 09:16:26 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La maltratada]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-maltratada/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/LUIS_ALBERTO_DE_CUENCA.jpg" alt="" /></p>
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<p>Tengo sed. Me has quitado las praderas del norte,</p>
<p>regadas por arroyos de respeto y cari&ntilde;o.</p>
<p>Tengo fr&iacute;o. Te has ido con el sur de mi alcoba,</p>
<p>dej&aacute;ndome las huellas de tu hielo en mi cuerpo.</p>
<p>No s&eacute; qu&eacute; hacer. La vida me parece una tumba</p>
<p>donde me has enterrado viva, una oscuridad</p>
<p>irrespirable, un t&uacute;nel sin salida, una muerte</p>
<p>prolongada, el vac&iacute;o, la ausencia, el desamparo.</p>
<p>Me siento tan vencida por tu odio, tan d&eacute;bil,</p>
<p>tan aterrorizada y tan inexistente,</p>
<p>que no puedo llorar, ni llamar por tel&eacute;fono</p>
<p>a mis padres (que acaso me dir&iacute;an: &ldquo;Aguanta,</p>
<p>que por algo naciste mujer&rdquo;), ni hacerle se&ntilde;as</p>
<p>a la vecina desde la ventana. Me quedo&nbsp;</p>
<p>acurrucada en un rinc&oacute;n del dormitorio</p>
<p>esperando que vuelvas y sigas arrasando</p>
<p>con gestos de desprecio, con golpes y con gritos</p>
<p>aquel campo de amor que cultivamos juntos.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 26 Jun 2013 06:07:28 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Entre la utopía y el desencanto]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/entre-la-utopia-y-el-desencanto/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/FERNANDO_SAVATER.jpg" alt="" /></p>
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<p>En un mundo cultural en el que lo m&aacute;s frecuente es que cada individuo aspire a la singularidad y a la excelencia atrincher&aacute;ndose en un campo especializado d&oacute;nde pueda sentirse seguro, invulnerable, es particularmente grato poder celebrar una figura como la de Claudio Magris, abierta y poli&eacute;drica, constantemente arriesgada en el tablero de lo diverso, que no vacila en intentar nuevas empresas y en asumir desaf&iacute;os in&eacute;ditos que podr&iacute;an comprometer el seguro prestigio de sus logros ya oficiales. Por supuesto, este triestino nacido en 1939 es uno de los m&aacute;s respetados acad&eacute;micos de Italia, catedr&aacute;tico de lengua y literatura alemana en la universidad de su ciudad natal y en Tur&iacute;n, miembro de numerosas entidades culturales internacionales, autor de estudios concienzudos y sabios en su especialidad sobre Wilhelm Heinse, Hoffman, Joseph Roth, Dorst, Canetti, Rilke y el mito hausb&uacute;rgico en la literatura austr&iacute;aca moderna, entro otros muchos. Tambi&eacute;n ha traducido as Ibsen, a Kleist, a Buchner y a numerosos autores de primer rango. Ha sido senador de la Rep&uacute;blica Italiana por dos legislaturas y ha obtenido innumerables premios y distinciones, de los que podemos destacar por su relaci&oacute;n con Espa&ntilde;a el premio Juan Carlos I en 1989, la Medalla de Oro del C&iacute;rculo de Bellas Artes en el 2002 y el Premio Pr&iacute;ncipe de Asturias de Humanidades en el 2004. Con todo, tan justificados reconocimientos y tantas pruebas de competencia universitaria no bastan para agotar ni definir suficientemente el perfil de lo que yo llamar&iacute;a &ndash;representando indebidamente a much&iacute;simos lectores espa&ntilde;oles- &ldquo;nuestro Magris&rdquo;.</p>
<p>Para la mayor&iacute;a de nosotros, simples lectores (pero &iquest;alguien puede tener t&iacute;tulo m&aacute;s alto y m&aacute;s honroso que el de lector?), Claudio Magris es el autor inolvidable de <em>El Danubio</em>, uno de los libros que m&aacute;s han contribuido a descubrir Europa a los europeos. Tambi&eacute;n qui&eacute;n nos revel&oacute; el sentido del m&aacute;s aut&eacute;ntico y liberador humanismo fabricado con piedad e iron&iacute;a en <em>Microcosmos</em>, el narrador esencial de <em>Il altro mare</em> o el ensayista que ha sabido significativamente y sin desmayo circular entre la utop&iacute;a y el desencanto, ayud&aacute;ndonos a combatir con l&uacute;cidas lecciones los peligros de una y otro. Hablo de &ldquo;nuestro&rdquo; Magris, porque se trata de un autor del que cada lector se apodera con especial identificaci&oacute;n y a&uacute;n con posesivo celo personal. Para cada uno de los muchos amigos que se ha ganado a trav&eacute;s de las p&aacute;ginas que ha escrito, Claudio Magris tiene su rostro especial e inconfundible que corresponde a la deuda de agradecimiento que cada cual guarda con &eacute;l.&nbsp; Aprovecho la honrosa ocasi&oacute;n que ahora me brinda la Universidad Complutense al rendirle el tributo de esta distinci&oacute;n acad&eacute;mica para se&ntilde;alar con dos rasgos esenciales las caracter&iacute;sticas principales del Claudio Magris que considero m&aacute;s indispensablemente m&iacute;o.</p>
<p>En el hermoso ensayo que sirve de prefacio y justificaci&oacute;n a uno de sus libros m&aacute;s recientes, <em>L&rsquo;infinito viaggiare</em> (Mondadori), el viaje aparece como una actividad fundamental y definitoria para Magris, que forma tr&iacute;o con vivir y escribir: <em>Vivere, viaggiare, scribere</em>. El viaje aparece as&iacute; como el trazo de uni&oacute;n que lleva desde la vida a la escritura. Se viaja no s&oacute;lo a trav&eacute;s del espacio, sino tambi&eacute;n a trav&eacute;s del tiempo y contra el tiempo. Claudio Magris es un viajero excepcional porque no s&oacute;lo sabe trasladarse con atenci&oacute;n, humildad y perspicacia (las virtudes fundamentales para viajar) a lo largo de las rutas y los caminos, sino que tambi&eacute;n y juntamente se desplaza por las capas superpuestas del tiempo, tal como las conservan los libros y los monumentos o nos las transmiten las confidencias de quienes recuerdan su experiencia. Los embelesados lectores de <em>El Danubio</em> conocemos bien la intensidad inolvidable y reveladora como una iniciaci&oacute;n &oacute;rfica de esa forma de viajar practicada por el autor. El viajero seg&uacute;n Magris no es un simple curioso ni un mero testigo sino tambi&eacute;n un cr&iacute;tico que ha roto amarras con la serenidad de todos los puertos y sabe afrontar sin esc&aacute;ndalo pero tambi&eacute;n sin plena resignaci&oacute;n las lecciones del desencanto. &ldquo;El viajero- escribe Magris en este prefacio- es un anarquista conservador; un conservador que descubre el caos del mundo porque lo mide con un metro absoluto que revela la fragilidad, la provisionalidad, la ambig&uuml;edad y la miseria&rdquo;. Condici&oacute;n parad&oacute;jica la de ese anarquista conservador, ese revolucionario que &ndash;siguiendo fielmente la etimolog&iacute;a astron&oacute;mica de la palabra &ldquo;revoluci&oacute;n&rdquo;- da la vuelta completa horadando caminos y acumulando voces o paisajes hasta regresar finalmente con algo que contar a su punto de partida.</p>
<p>El regreso a casa es la parte m&aacute;s dif&iacute;cil, m&aacute;s preciosa e incluso m&aacute;s arriesgada del viaje, nos dice Magris. Porque es en la casa propia d&oacute;nde se juega la gran apuesta, la capacidad de gozar de la vida sabi&eacute;ndola irrepetible y fr&aacute;gil; es en casa d&oacute;nde hay que demostrar la dif&iacute;cil destreza de conseguir felicidad y sobre todo de ser capaz de darla, es ah&iacute; d&oacute;nde logramos crecer a trav&eacute;s del coraje o nos encogemos en los espasmos menguantes del miedo. &iquest;Qu&eacute; aporta el viaje a la casa propia, seg&uacute;n Magris? El descubrimiento de que es imposible que la consideremos realmente &ldquo;propia&rdquo;, es decir como algo separado y cortado del resto infinito del universo. Es s&oacute;lo un albergue provisional, que dura una noche o toda la vida y que debemos habitar con respeto y gratitud. Porque a trav&eacute;s del viaje hemos aprendido el sentido originario de esa hermosa palabra, &ldquo;cosmopolita&rdquo;, que tanto irrita a las nacionalistas de toda laya pero que no se refiere a la superficialidad y desapego del desarraigado desde&ntilde;oso sino a una forma m&aacute;s rica y m&aacute;s amplia de fraternidad. &ldquo;Poco a poco-nos explica Claudio Magris- el viajero descubre, est&aacute; obligado a descubrir la fraternidad y el com&uacute;n destino del mundo, est&aacute; obligado a sentir que el mundo entero es su casa y que s&oacute;lo este sentimiento hace verdadero su amor por la casa que ha dejado en su pa&iacute;s, el cual de otro modo no ser&iacute;a m&aacute;s que un horrible y regresivo fetichismo&rdquo;. Contra ese horrible y regresivo fetichismo glorificador excluyente de &ldquo;lo nuestro&rdquo;, &ldquo;lo de aqu&iacute;&rdquo; y desconocedor del com&uacute;n destino humano de habitar la tierra que podr&iacute;a rescatarlo para hacerlo entra&ntilde;able y l&uacute;cido, ha vivido, viajado y escrito Claudio Magris. Gracias al viaje nos convertimos en extranjeros para nosotros mismos, s&iacute;, extranjeros entre extranjeros pero por tanto descubridores de la aut&eacute;ntica calidad de quienes son y no pueden ser sino hermanos nuestros en las rutas del mundo. Porque, concluye Magris, &ldquo;la meta del viaje son los hombres; no se va a Espa&ntilde;a o a Alemania, sino entre espa&ntilde;oles o entre alemanes&rdquo;.</p>
<p>Junto a este cosmopolitismo fraterno que nos descubre no la lejan&iacute;a sino la proximidad de los otros y nos permite desmitificar la idolatr&iacute;a de lo propio para amarlo con sencillez de veras, hay otro rasgo en &ldquo;mi&rdquo; Magris que quiero ante ustedes destacar, muy precisamente en las circunstancias actuales de nuestro pa&iacute;s y en el &aacute;mbito de una instituci&oacute;n educativa. Me refiero a su defensa de la laicidad, tal como la expone en un breve ensayo, <em>Laicit&aacute; e religione</em>, publicado primero como art&iacute;culo en el <em>Corriere de la Sera</em> en el a&ntilde;o 98 y recientemente incluido en el volumen colectivo <em>Le ragioni dei laici</em> (ed. Laterza). Ah&iacute; expone: &ldquo;Laicidad no es un contenido filos&oacute;fico, sino m&aacute;s bien un h&aacute;bito mental, la capacidad de distinguir lo que es demostrable racionalmente de lo que es en cambio objeto de fe &ndash;prescindiendo de la adhesi&oacute;n mayor o menor a tal fe- y de distinguir la esfera de los &aacute;mbitos de las diversas competencias, por ejemplo la de la Iglesia y la del Estado, o sea &ndash;seg&uacute;n el dicho evang&eacute;lico- lo que hay que dar a Dios y lo que hay que dar a C&eacute;sar&rdquo;. Y despu&eacute;s ampl&iacute;a este concepto hasta convertirlo en la virtud m&aacute;s caracter&iacute;stica de la conciencia civil que se niega por igual tanto al fanatismo como a la apat&iacute;a: &ldquo;laicidad significa tolerancia, duda&nbsp; dirigida hacia las propias certezas, autoiron&iacute;a, demistificaci&oacute;n de todos los &iacute;dolos, tambi&eacute;n de los propios; es la capacidad de creer fuertemente en algunos valores, sabiendo que existen otros que tambi&eacute;n son respetables&rdquo;. A continuaci&oacute;n narra Magris una an&eacute;cdota deliciosa que no s&oacute;lo describe su pensamiento sino tambi&eacute;n su personalidad. Cuenta que en cierta ocasi&oacute;n uno de sus hijos, al verle especialmente sublevado por un ataque personal de inusual bajeza, le recomend&oacute;: &ldquo;&iexcl;S&eacute; m&aacute;s laico!&rdquo;. En efecto, dado que la adoraci&oacute;n m&aacute;s constante de cada cual es la que profesamos a nuestro propio ego, no cabe duda que la laicidad mejor entendida empieza por uno mismo&hellip;</p>
<p>Admirado y querido doctor Magris: no hace falta que le recuerde que alta estima el p&uacute;blico culto espa&ntilde;ol tiene por su obra y&nbsp; su persona. Ya ha recibido importante muestras de ello en forma de galardones y sobre todo por la devoci&oacute;n de los muchos lectores, que es la mejor recompensa para cualquier autor. Ahora entra usted a formar parte del claustro de nuestra mayor universidad, en cuyas aulas suenan a menudo su nombre y los t&iacute;tulos de sus obras o la menci&oacute;n de sus ideas. Es cierto que en todo recinto acad&eacute;mico y en toda corporaci&oacute;n, por docta que sea, hay algo de agobio opresor. Usted lo dijo muy bien en una p&aacute;gina de <em>Microcosmos</em>: &ldquo;Toda endogamia es asfixiante; incluso los <em>colleges</em>, los campus universitarios, los clubs exclusivos, las clases piloto, las reuniones pol&iacute;ticas y los simposios culturales son la negaci&oacute;n de la vida, que es un puerto de mar&rdquo;. Tiene usted mucha raz&oacute;n. Pero la universidad que hoy le abre sus puertas est&aacute; en Madrid y un poeta calific&oacute; a Madrid, en cierta ocasi&oacute;n &eacute;pica, como &ldquo;rompeolas de todas las Espa&ntilde;as&rdquo;. De modo que no se sienta usted encerrado, ni siquiera por la amabilidad de tantos colegas: aqu&iacute; tambi&eacute;n suenan las rompientes libres y brav&iacute;as, amigo Claudio Magris. Le damos la bienvenida a este otro mar.</p>
<p align="center">&nbsp;</p>
<p>Nota: Este texto corresponde a la intervenci&oacute;n que Fernando Savater realiz&oacute; en la Universidad Complutense de Madrid con motivo de la concesi&oacute;n a Claudio Magris de su doctorado <em>honoris causa</em>.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 25 Jun 2013 06:20:31 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los poetas de Bolaño. Actores y escenarios de una ficción criminal]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/los-poetas-de-bolano-actores-y-escenarios-de-una-ficcion-criminal/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/ROBERTO_BOLA_O.jpg" alt="" /></p>
<p>En &laquo;El viejo de la monta&ntilde;a&raquo;, uno de los relatos p&oacute;stumos de <em>El secreto del mal </em>(2007), Bola&ntilde;o vuelve a evocar la relaci&oacute;n entre Arturo Belano y Ulises Lima, los protagonistas de <em>Los detectives salvajes</em>: una amistad que &laquo;se cimenta, como suele ocurrir entre los j&oacute;venes poetas, en el rechazo a ciertas normas, en la afinidad con ciertas lecturas. He dicho que son j&oacute;venes. En realidad son muy j&oacute;venes y tambi&eacute;n son, a su manera, vigorosos y creen en el poder lenitivo de la literatura&raquo;</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 24 Jun 2013 12:04:09 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Albert Camus: pasar entre los hombres]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/albert-camus-pasar-entre-los-hombres/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/ALBERT_CAMUS.jpg" alt="" /></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em><br /></em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>El gran problema de la vida consiste</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right"><em>en saber c&oacute;mo pasar entre los hombres</em></p>
<p style="text-align: left;" align="right">Albert Camus, <em>Carnets</em>, II</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>La admirable conjunci&oacute;n de un hombre, de una acci&oacute;n y de una obra</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Uno de los episodios m&aacute;s c&eacute;lebres de la vida de Albert Camus (1913-1960), aparte de la concesi&oacute;n del Premio Nobel de Literatura en 1957, fue la discusi&oacute;n con Jean-Paul Sartre, por entonces director de la revista <em>Les temps modernes</em>, con quien hasta aquel momento hab&iacute;a mantenido una relaci&oacute;n de simpat&iacute;a, cordialidad y reconocimiento mutuos. Corr&iacute;a el a&ntilde;o 1952, Albert Camus hab&iacute;a publicado <em>El hombre rebelde</em> algunos meses antes, en noviembre de 1951, y en la revista apareci&oacute; una rese&ntilde;a del libro firmada por Francis Jeanson. El comentario no s&oacute;lo era cr&iacute;tico, sino malintencionado, al menos desde el punto de vista de Camus: se le acusaba de haber renegado de la izquierda, es decir de la defensa de la justicia y la igualdad, de haberse acomodado al capitalismo y aburguesado. Seg&uacute;n Jeanson, Camus negaba el papel de la historia y el peso de los condicionamientos materiales para eludir la necesidad de actuar frente a determinadas injusticias como la desigualdad social.</p>
<p>A pesar de que no era la primera vez que se publicaba un comentario desfavorable a su obra, Camus decidi&oacute; contestar la cr&iacute;tica, y lo hizo mandando una extensa carta a Sartre&nbsp; donde, dirigi&eacute;ndose a &eacute;l con un distante &laquo;Se&ntilde;or Director&raquo;, aclaraba por qu&eacute; carec&iacute;an de fundamento las acusaciones de Jeanson. Camus explicaba que en su obra le reconoc&iacute;a a Marx &laquo;el m&eacute;todo cr&iacute;tico m&aacute;s v&aacute;lido&raquo;,<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%83%C2%8DCULO%20DE%20ELISENDA%20JULIBERT%20SOBRE%20CAMUS%20PARA%20TURIA%20N%C3%82%C2%BA%20107%20%20-%20VERSI%C3%83%E2%80%9CN%20DEFINITIVA.doc#_ftn1">[1]</a> pero lamentaba que lo hubiera mezclado &laquo;con el mesianismo ut&oacute;pico m&aacute;s discutible&raquo;: el diagn&oacute;stico que Marx hac&iacute;a de las sociedades capitalistas era muy exacto, pero la soluci&oacute;n a los males que inflig&iacute;a era al menos dudosa. En <em>El hombre rebelde</em> hab&iacute;a querido reflexionar sobre las revoluciones del siglo xx y sus consecuencias, y no hab&iacute;a negado &laquo;la historia (negaci&oacute;n que estar&iacute;a desprovista de sentido)&raquo;, como pretend&iacute;a Jeanson, sino criticado &laquo;la actitud cuya finalidad es convertir la historia en un absoluto&raquo;,&nbsp; porque para &eacute;l esa actitud hab&iacute;a conducido al socialismo autoritario y al terror: los campos de concentraci&oacute;n y las purgas en la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, el estalinismo, &laquo;los sacrificios exigidos, ayer y hoy, por la revoluci&oacute;n marxista, no pueden justificarse sino en consideraci&oacute;n a un final feliz de la historia&raquo;. Las atrocidades a las que hab&iacute;a conducido el mesianismo ut&oacute;pico le parec&iacute;an tan patentes, tan clamorosas, que le resultaba extra&ntilde;o que se lo anatematizara por denunciarlas. Sin duda alguna, para Jeanson esa denuncia convert&iacute;a a su autor en un renegado de la izquierda y, por lo tanto, en la peor clase de abyecto, un miembro de la derecha. Pero Camus estaba convencido de que &laquo;no se decide la verdad de un pensamiento en funci&oacute;n de si es de derechas o de izquierdas, y a&uacute;n menos en funci&oacute;n de lo que la derecha o la izquierda deciden hacer de ella. Si, finalmente, la verdad estuviera en la derecha, yo estar&iacute;a ah&iacute;&raquo;. Para terminar, el escritor argelino confesaba estar fatigado de &laquo;ver como viejos militantes que jam&aacute;s se amedrentaron ante las luchas de su &eacute;poca reciben lecciones de eficacia de los censores que lo &uacute;nico que han colocado en el sentido de la Historia es el sill&oacute;n&raquo;. Camus reivindicaba as&iacute; que sus actividades hasta entonces, durante la ocupaci&oacute;n alemana de Francia al frente del peri&oacute;dico de la resistencia <em>Combat</em>, y despu&eacute;s, no dejaban duda de su compromiso con la lucha contra la barbarie. Pero adem&aacute;s cuestionaba la integridad de Sartre,<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%83%C2%8DCULO%20DE%20ELISENDA%20JULIBERT%20SOBRE%20CAMUS%20PARA%20TURIA%20N%C3%82%C2%BA%20107%20%20-%20VERSI%C3%83%E2%80%9CN%20DEFINITIVA.doc#_ftn2">[2]</a> y lo hac&iacute;a aludiendo a un episodio que s&oacute;lo ellos dos conoc&iacute;an: &laquo;la f&oacute;rmula utilizada por Camus le recuerda [a Sartre] el d&iacute;a de la Liberaci&oacute;n de Par&iacute;s cuando, encargado con otros miembros del Comit&eacute; Nacional del Teatro de la Com&eacute;die Fran&ccedil;aise de eventuales sabotajes alemanes, se hab&iacute;a quedado dormido en un sill&oacute;n. Camus se lo encontr&oacute; as&iacute; y lo despert&oacute; con unas palabras que en aquel momento s&oacute;lo fueron una broma: &ldquo;Has colocado el sill&oacute;n en el sentido de la historia&rdquo;&raquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%83%C2%8DCULO%20DE%20ELISENDA%20JULIBERT%20SOBRE%20CAMUS%20PARA%20TURIA%20N%C3%82%C2%BA%20107%20%20-%20VERSI%C3%83%E2%80%9CN%20DEFINITIVA.doc#_ftn3">[3]</a>&nbsp;</p>
<p>La respuesta de Sartre en <em>Les temps modernes</em> no se hizo esperar, y fue tan extensa y contundente como la de Camus. El <em>ma&icirc;tre &agrave; penser</em> empezaba despidi&eacute;ndose de Camus con afectada cortes&iacute;a, para que no quedara duda de qu&eacute; le hab&iacute;a parecido la iniciativa del escritor y del valor que ten&iacute;a la contestaci&oacute;n que se dispon&iacute;a a darle: &laquo;Mi querido Camus, nuestra amistad no era f&aacute;cil, pero la echar&eacute; de menos&raquo;. A continuaci&oacute;n, con la sagacidad que lo caracterizaba, interpretaba el gesto de Camus como un signo de arrogancia, puesto que no se hab&iacute;a dignado a interpelar al cr&iacute;tico directamente, sino que hab&iacute;a dirigido su carta al director, asumiendo que Jeanson era una pobre marioneta que se limitaba a reproducir las palabras de otros, en particular las del director de la revista donde publicaba: Jeanson era un pobre pe&oacute;n, Camus s&oacute;lo estaba dispuesto a codearse con directores. Por lo dem&aacute;s, la arrogancia que delataba aquel gesto, era extensible a la posici&oacute;n que adoptaba en <em>El hombre rebelde</em>: Camus se colocaba en una posici&oacute;n divina, fuera de la historia, para juzgar y condenar los pecados de los hombres <em>en</em> la historia. Pero &iquest;por qu&eacute; adoptaba aquella posici&oacute;n alguien que hasta entonces hab&iacute;a actuado como un hombre, implic&aacute;ndose en los avatares de su &eacute;poca? &laquo;Era usted&raquo;, prosegu&iacute;a el fil&oacute;sofo existencialista, &laquo;la admirable conjunci&oacute;n de un hombre, de una acci&oacute;n y de una obra. En 1944 su personalidad era el porvenir, en 1952 es el pasado. Ya s&oacute;lo vive a medias entre nosotros&raquo;. A Camus, seg&uacute;n Sartre, le asustaba el porvenir, estaba f&iacute;sicamente fatigado e intelectualmente agotado, de modo que se preparaba para retirarse a su torre de marfil, al lugar del artista consagrado cuya existencia se justifica por el simple hecho de crear obras bellas que reconforten a las atormentadas almas de los hombres. Camus se hab&iacute;a querido convencer de que el hambre es menos lamentable que el tedio o la desesperanza, y hab&iacute;a perdido de vista que el tedio s&oacute;lo alcanza a quienes tienen la barriga llena y la desesperanza se debe en muchos casos al hambre. Pero lo peor de todo es que Camus se arrogaba autoridad en la materia puesto que &eacute;l mismo hab&iacute;a conocido el hambre y la pobreza: &laquo;Puede que usted haya sido pobre, pero ya no lo es. Usted es un burgu&eacute;s, como Jeanson, como yo. Le queda lejos el parecido con San Vicente de Paul o con una hermanita de los pobres. Y la miseria no le ha encargado hacer nada&raquo;. Y para terminar, Sartre conclu&iacute;a con indulgencia que todos estos desatinos se deb&iacute;an a que Camus se hab&iacute;a metido en un jard&iacute;n ajeno, la filosof&iacute;a, para el que carec&iacute;a de capacidad, raz&oacute;n por la cual interpretaba de forma incorrecta asuntos serios como el marxismo o la capacidad de los hombres para cambiar el curso de la historia: &laquo;&iquest;Y si su libro s&oacute;lo fuera el testimonio de su incompetencia filos&oacute;fica? No me atrevo a recomendarle <em>El ser y la nada</em> pues su lectura le parecer&iacute;a in&uacute;tilmente ardua&raquo;.</p>
<p>Sartre y Camus representan dos posibles posiciones pol&iacute;ticas y, m&aacute;s all&aacute;, morales, confrontadas tradicionalmente: por una parte la de que el fin justifica los medios y por la otra la de que determinados medios pervierten cualquier fin, por bondadoso que sea. Y de hecho, la posici&oacute;n que adoptaba Camus en esta disputa y en su libro, <em>El hombre rebelde</em>, ser&iacute;a la que unos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, cuando recibi&oacute; el Premio Nobel de Literatura, provocar&iacute;a un nuevo malentendido. En aquella oportunidad, la prensa aprovech&oacute; su comparecencia para preguntarle si apoyaba la lucha de los argelinos por la independencia del pa&iacute;s, y Camus contest&oacute;: &laquo;En estos momentos se tiran bombas a los tranv&iacute;as de Argel. Mi madre puede estar en uno de esos tranv&iacute;as. Si eso es justicia, prefiero a mi madre&raquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%83%C2%8DCULO%20DE%20ELISENDA%20JULIBERT%20SOBRE%20CAMUS%20PARA%20TURIA%20N%C3%82%C2%BA%20107%20%20-%20VERSI%C3%83%E2%80%9CN%20DEFINITIVA.doc#_ftn4">[4]</a> Como suele ocurrir, estas declaraciones se reprodujeron en la prensa algo transfiguradas. En los titulares Camus afirmaba: &laquo;Entre la justicia y mi madre, elijo a mi madre&raquo;. En cualquier caso, Camus volv&iacute;a a se&ntilde;alar que ninguna causa &mdash;en este caso la independencia de Argelia, que &eacute;l mismo llevaba a&ntilde;os defendiendo y reivindicando en p&uacute;blico&mdash; por justa que sea, legitima la barbarie.</p>
<p>Pero hay otro aspecto de la pol&eacute;mica entre Sartre y Camus que cobra inter&eacute;s al cabo de los a&ntilde;os. Sartre terminaba su carta con una pregunta ret&oacute;rica: &laquo;&iquest;Y si su libro s&oacute;lo fuera el testimonio de su incompetencia filos&oacute;fica?&raquo;. Y, curiosamente, lo que en su momento pod&iacute;a pasar por un simple comentario malicioso, destinado tan s&oacute;lo a lastimar al adversario, parece hoy una sentencia: lo quisiera o no, Sartre, y en general la <em>inteligentzia</em> progresista de su &eacute;poca, consiguieron convencer a la posteridad de que Camus era un pensador menor, un aprendiz, &laquo;un fil&oacute;sofo para estudiantes de bachillerato&raquo;. Hoy, pr&aacute;cticamente todo el mundo est&aacute; dispuesto a reconocer que Camus es uno de los grandes escritores del siglo xx, pero no se lo considera ni mucho menos un fil&oacute;sofo, de modo que su pensamiento suele pasar inadvertido.</p>
<p>Sin embargo, en la misma carta donde Sartre expulsaba de forma airada a Camus del jard&iacute;n de los fil&oacute;sofos, afirmaba que el escritor argelino hab&iacute;a sido &laquo;la admirable conjunci&oacute;n de un hombre, una acci&oacute;n y una obra&raquo;, y al hacerlo ofrec&iacute;a una de las descripciones m&aacute;s atinadas, m&aacute;s exactas, m&aacute;s justas al fin, de eso en lo que consiste ser fil&oacute;sofo. De hecho, es muy posible que la voluntad de aunar la vida y las ideas explique que a menudo Camus resultara desconcertante. Pero en ese caso, la raz&oacute;n del poco predicamento de Camus entre los fil&oacute;sofos no ser&iacute;a la presunta &laquo;incompetencia filos&oacute;fica&raquo; sino, por el contrario, la complejidad y el car&aacute;cter exigente de su manera de entender y practicar la filosof&iacute;a.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>El linaje de Camus</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Camus ejerci&oacute; de periodista, de escritor, de dramaturgo, de editor, incluso de ciudadano, de padre, de marido y de amante. Pero &iquest;en qu&eacute; medida puede afirmarse que practic&oacute; la filosof&iacute;a? En el sentido que tiene la expresi&oacute;n al menos desde el Medioevo, Camus jam&aacute;s fue un fil&oacute;sofo puesto que no ense&ntilde;&oacute; filosof&iacute;a en la academia. Pero antes de que ese saber quedara &mdash;por desgracia, desde el punto de vista nietzscheano&mdash;, asociado a la teolog&iacute;a, y se convirtiera en una disciplina especulativa y eminentemente te&oacute;rica, la filosof&iacute;a era una forma de vida, una pr&aacute;ctica destinada a orientar la existencia: &laquo;Yo ni siquiera aspiro a ser un genio, pues bastante esfuerzo me cuesta ya ser un hombre&raquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%83%C2%8DCULO%20DE%20ELISENDA%20JULIBERT%20SOBRE%20CAMUS%20PARA%20TURIA%20N%C3%82%C2%BA%20107%20%20-%20VERSI%C3%83%E2%80%9CN%20DEFINITIVA.doc#_ftn5">[5]</a> Esta aspiraci&oacute;n, en apariencia tan simple, inscribe a Camus en una tradici&oacute;n filos&oacute;fica muy antigua, la tradici&oacute;n cl&aacute;sica inaugurada en Occidente por S&oacute;crates, que sin embargo no suele tener cabida en los programas acad&eacute;micos. De ella forman parte algunos de los autores a los que el propio Camus ley&oacute; con esmero, en especial Nietzsche, pero tambi&eacute;n Schopenhauer o Kierkegaard, y autores cl&aacute;sicos como Epicuro, Marco Aurelio o S&eacute;neca. Todos ellos tienen en com&uacute;n el hecho de que sus ideas tan s&oacute;lo pueden entenderse por remisi&oacute;n a sus vidas: &laquo;Las filosof&iacute;as valen lo que valen los fil&oacute;sofos. Cuanto m&aacute;s grande es el hombre, m&aacute;s verdadera la filosof&iacute;a&raquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%83%C2%8DCULO%20DE%20ELISENDA%20JULIBERT%20SOBRE%20CAMUS%20PARA%20TURIA%20N%C3%82%C2%BA%20107%20%20-%20VERSI%C3%83%E2%80%9CN%20DEFINITIVA.doc#_ftn6">[6]</a></p>
<p>De modo que para entender el pensamiento de Camus, como el del resto de fil&oacute;sofos de ese linaje del que forma parte, basta descubrir qu&eacute; significa para &eacute;l ser una persona capaz de hacer justicia al ambivalente don de la existencia en este mundo: &laquo;Juzgar si la vida vale o no la pena de ser vivida equivale a responder a la cuesti&oacute;n fundamental de la filosof&iacute;a. [&hellip;] Y si es cierto, como asegura Nietzsche, que un fil&oacute;sofo, para ser estimable, debe predicar con el ejemplo, se comprende la importancia de esta respuesta, pues preceder&aacute; al gesto definitivo&raquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%83%C2%8DCULO%20DE%20ELISENDA%20JULIBERT%20SOBRE%20CAMUS%20PARA%20TURIA%20N%C3%82%C2%BA%20107%20%20-%20VERSI%C3%83%E2%80%9CN%20DEFINITIVA.doc#_ftn7">[7]</a> La exigencia que plantea Camus a la filosof&iacute;a (y al individuo) es que su valor no se juzga tan s&oacute;lo por la coherencia interna de un pensamiento sino por la realidad a la que da lugar.&nbsp;</p>
<p>La dimensi&oacute;n pr&aacute;ctica de la filosof&iacute;a camusiana no s&oacute;lo implica que su obra filos&oacute;fica es en buena medida su vida, sino tambi&eacute;n que sus obras no son meros ejercicios literarios, ni siquiera intelectuales. Son el testimonio de esa voluntad de convertirse en una persona, las elaboraciones de la propia experiencia mediante las cuales se ensaya ese prop&oacute;sito. Desde este punto de vista, sus obras m&aacute;s enjundiosas filos&oacute;ficamente no son s&oacute;lo ensayos como <em>El hombre rebelde</em> o <em>El mito de S&iacute;sifo</em>, sino tambi&eacute;n sus <em>Carnets</em>, donde anot&oacute; pensamientos, temores, lecturas y consignas, de un modo parecido a lo que hizo m&aacute;s de quince siglos atr&aacute;s Marco Aurelio en sus <em>Pensamientos</em>.&nbsp; Aunque con una diferencia, y es que Camus tambi&eacute;n anotaba en sus cuadernos esbozos de sus obras, lo cual le permite al lector comprobar hasta qu&eacute; punto su obra literaria es, sobre todo, m&aacute;s que un ejercicio de la imaginaci&oacute;n, una constante y esforzada confrontaci&oacute;n consigo mismo. Los <em>Carnets </em>nos permiten advertir la dimensi&oacute;n filos&oacute;fica &mdash;o socr&aacute;tica: &laquo;Con&oacute;cete a ti mismo&raquo;&mdash; y nietzscheana de esa forma de escritura, porque al leerlos presenciamos como lleg&oacute; Camus a ser lo que fue, como consigui&oacute; &laquo;amar su destino&raquo; y, gracias a ello, adue&ntilde;arse de &eacute;l: &laquo;Si existe el alma&raquo;, escribi&oacute;, &laquo;es un error creer que nos es dada como algo perfectamente creado. Se va creando aqu&iacute;, a lo largo de toda la vida. Y vivir no es m&aacute;s que ese parto largo y torturante&raquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%83%C2%8DCULO%20DE%20ELISENDA%20JULIBERT%20SOBRE%20CAMUS%20PARA%20TURIA%20N%C3%82%C2%BA%20107%20%20-%20VERSI%C3%83%E2%80%9CN%20DEFINITIVA.doc#_ftn8">[8]</a>&nbsp; En este sentido, tambi&eacute;n su obra p&oacute;stuma, <em>El primer hombre</em>, no es s&oacute;lo una magn&iacute;fica pieza literaria, ni siquiera una biograf&iacute;a, sino su <em>Ecce homo,</em> el relato de ese &laquo;largo y torturante&raquo; parto que es la creaci&oacute;n de la propia alma.</p>
<p>A los cuarenta y ocho a&ntilde;os, justo antes de morir en un accidente de coche, Camus se dispon&iacute;a a elaborar su experiencia, a convertirse en un hombre. Y para ello hab&iacute;a que dejar atr&aacute;s la verg&uuml;enza y &laquo;el desprecio por haberla sentido&raquo; que le hab&iacute;an acompa&ntilde;ado hasta entonces: &laquo;Ten&iacute;a verg&uuml;enza de mi pobreza y de mi familia. (&iexcl;Son unos monstruos!) Y si hoy puedo hablar de ello con franqueza es porque ya no me averg&uuml;enza aquella verg&uuml;enza y ya no me desprecio por haberla sentido&raquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%83%C2%8DCULO%20DE%20ELISENDA%20JULIBERT%20SOBRE%20CAMUS%20PARA%20TURIA%20N%C3%82%C2%BA%20107%20%20-%20VERSI%C3%83%E2%80%9CN%20DEFINITIVA.doc#_ftn9">[9]</a> En <em>El primer hombre</em>, su &uacute;ltimo libro interrumpido por la muerte, Camus nos muestra a su familia, argelina de origen franc&eacute;s y pobre, a su madre sorda y analfabeta que, tras enviudar cuando &eacute;l ten&iacute;a un a&ntilde;o, trabaj&oacute; de sirvienta dejando la crianza de su hijo en manos de una abuela autoritaria e ignorante. Pero tambi&eacute;n nos muestra la exultaci&oacute;n del joven que descubre su vigor en el largo verano argelino, y que conoce a personas, como su maestro de escuela, Louis Germain (en la novela el se&ntilde;or Bernard), dispuestas a descubrirle otro mundo. Fue &eacute;l quien convenci&oacute; a la abuela de Camus de que ser&iacute;a una l&aacute;stima interrumpir los estudios del peque&ntilde;o e imponerle un duro trabajo. Camus consigui&oacute; estudiar, pero no se libr&oacute; de trabajar durante todos los meses de verano, ni de tener que mentir ocultando que estudiaba para conseguir que lo contrataran. No es extra&ntilde;o que Camus le dedicase el discurso de Suecia a Louis Germain, porque su antiguo maestro no s&oacute;lo le descubri&oacute; los libros y la escritura, sino tambi&eacute;n y sobre todo la posibilidad de decidir el rumbo de la propia vida.&nbsp;</p>
<p>Pero si alguien sospechaba, como muchos de sus contempor&aacute;neos, que para Camus la esforzada&nbsp; labor de forjarse a uno mismo, al final de su vida, ya s&oacute;lo consist&iacute;a en un ejercicio ensimismado de autoconocimiento o autorrealizaci&oacute;n, de autocomplacencia al fin, en <em>El &uacute;ltimo hombre </em>el lector descubre que el proyecto del escritor argelino sigue siendo mucho m&aacute;s ambicioso. Camus no confiesa nada, se observa en cuanto hombre y observa a otros hombres que lo rodearon. Ya hab&iacute;a descubierto unos a&ntilde;os antes, en <em>El verano</em>, que &laquo;existe la belleza y existen los humillados. Sean cuales sean las dificultades de la empresa, querr&iacute;a no ser jam&aacute;s infiel ni a la una ni a los otros&raquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%83%C2%8DCULO%20DE%20ELISENDA%20JULIBERT%20SOBRE%20CAMUS%20PARA%20TURIA%20N%C3%82%C2%BA%20107%20%20-%20VERSI%C3%83%E2%80%9CN%20DEFINITIVA.doc#_ftn10">[10]</a>&nbsp; Y ahora, al observar el mundo desde esta perspectiva, muestra que en realidad si la tarea de convertirse en uno mismo es tan ardua no es s&oacute;lo porque no nos debemos &uacute;nicamente a nosotros mismos, sino tambi&eacute;n porque &nbsp;la nuestra es una condici&oacute;n muy ambivalente: existe la belleza, y existen los humillados porque somos capaces de los actos m&aacute;s bondadosos y de los m&aacute;s mezquinos. De modo que la existencia supone en algunos casos la renuncia y en otros la valent&iacute;a necesaria para aceptar las consecuencias de nuestras decisiones. Dir&iacute;a que esa&nbsp; exigencia que se impone Camus, la necesidad de asumir las consecuencias de las propias decisiones, explica que sus actos fueran los que fueron y no otros.</p>
<p>En cualquier caso,&nbsp; la falta de esa exigencia explica que en ocasiones los hombres se comporten, en las palabras de Cormery &mdash;el alias de Lucien Camus, el padre del escritor al que nunca conoci&oacute;, en <em>El primer hombre</em>&mdash;, como &laquo;una raza inmunda&raquo;. &Eacute;ste es el veredicto de un hombre sencillo ante las atrocidades a las que asiste en Marruecos: &laquo;Sucedi&oacute; en 1905, en Marruecos. Su padre y Levesque combat&iacute;an en las filas del ej&eacute;rcito franc&eacute;s. Una noche, cuando el destacamento en el que estaban acampaba en la cima de una peque&ntilde;a colina [...] descubrieron&nbsp; al centinela al que se dispon&iacute;an a relevar con &ldquo;la cabeza ca&iacute;da hacia atr&aacute;s, ins&oacute;litamente girada hacia la luna&rdquo;. Al principio, no reconocieron aquel rostro, que presentaba una forma extra&ntilde;a: &ldquo;Pero era f&aacute;cil de explicar. Lo hab&iacute;an degollado y lo que ten&iacute;a en la boca, esa hinchaz&oacute;n l&iacute;vida, era su propio sexo entero&rdquo;&raquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%83%C2%8DCULO%20DE%20ELISENDA%20JULIBERT%20SOBRE%20CAMUS%20PARA%20TURIA%20N%C3%82%C2%BA%20107%20%20-%20VERSI%C3%83%E2%80%9CN%20DEFINITIVA.doc#_ftn11">[11]</a> Es Finkielkraut quien se&ntilde;ala que la sentencia de Cormery al descubrir esta atrocidad&nbsp; &mdash;&laquo;&iexcl;qu&eacute; raza inmunda!&raquo;&mdash;,&nbsp; lejos de ser un exabrupto, es la expresi&oacute;n de un pensamiento elaborado: &laquo;Lo que niega, sin disponer realmente de las palabras para decirlo, es que el principio de humanidad se pliegue al principio de raz&oacute;n suficiente&raquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%83%C2%8DCULO%20DE%20ELISENDA%20JULIBERT%20SOBRE%20CAMUS%20PARA%20TURIA%20N%C3%82%C2%BA%20107%20%20-%20VERSI%C3%83%E2%80%9CN%20DEFINITIVA.doc#_ftn12">[12]</a> Tal vez existan razones sociales, hist&oacute;ricas, culturales, para entender el odio que ha llevado a esos hombres a cometer semejante atrocidad, pero ninguna de ellas la justifica, porque para Cormery: &laquo;&ldquo;un hombre se contiene. Eso es un hombre, o si no...&rdquo;. El hombre [&hellip;] es el ser que se define no por lo que hace ―sus proyectos, sus productos, sus proezas, sus edificios, sus monumentos― sino por lo que el escr&uacute;pulo o la verg&uuml;enza le impiden hacer. El hombre que se rebela debe ser tambi&eacute;n un hombre que se contiene&raquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%83%C2%8DCULO%20DE%20ELISENDA%20JULIBERT%20SOBRE%20CAMUS%20PARA%20TURIA%20N%C3%82%C2%BA%20107%20%20-%20VERSI%C3%83%E2%80%9CN%20DEFINITIVA.doc#_ftn13">[13]</a> De modo que, como advierte Finkielkraut, en este pasaje de <em>El primer hombre</em> Camus ilustraba y reelaboraba por &uacute;ltima vez la posici&oacute;n que hab&iacute;a defendido en la disputa con Sartre unos a&ntilde;os antes, y que pod&iacute;a hallarse en muchos otros puntos de su obra.</p>
<p>Ya antes, por ejemplo, hab&iacute;a escrito: &laquo;En realidad, nadie puede morir en paz si no ha hecho todo lo posible para que los otros vivan&raquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%83%C2%8DCULO%20DE%20ELISENDA%20JULIBERT%20SOBRE%20CAMUS%20PARA%20TURIA%20N%C3%82%C2%BA%20107%20%20-%20VERSI%C3%83%E2%80%9CN%20DEFINITIVA.doc#_ftn14">[14]</a> De nuevo se trata de una f&oacute;rmula clara, directa, sencilla, cuyo car&aacute;cter complicado y exigente no se encuentra en la forma sino en el contenido: entre esos <em>otros</em> por cuya vida hay que hacer todo lo posible pueden (suelen, de hecho) encontrarse nuestros adversarios. De la fidelidad a este planteamiento no s&oacute;lo depende la convivencia con nuestros semejantes, con nuestros vecinos, nuestros colegas o nuestros parientes, sino tambi&eacute;n la pervivencia de cualquier democracia, que no es m&aacute;s que el espacio pol&iacute;tico en el que ninguna raz&oacute;n es suficiente para justificar la aniquilaci&oacute;n del adversario.</p>
<p>Naturalmente, a&uacute;n hoy habr&aacute; quien piense que esa fidelidad es impracticable <em>in extremis</em> y por lo tanto in&uacute;til apelar a ella, pues es s&oacute;lo una idea, hermosa pero insostenible en el mundo real donde las agresiones son tambi&eacute;n reales. Y ser&iacute;a absurdo negar que es dif&iacute;cil atenerse a ella, pero no m&aacute;s absurdo que negar que algunos hombres lo han hecho. Quiz&aacute;s Camus hubiera sido una de las raras personas capaces de entender&nbsp; el inquietante y atroz final de Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973. El escritor argelino hab&iacute;a exasperado en su &eacute;poca a la izquierda y a la derecha, y por razones parecidas a las que hicieron que, veinte a&ntilde;os m&aacute;s tarde, el presidente chileno exasperase tanto a los militares como a los sindicatos y a la izquierda de su pa&iacute;s. Al parecer, tambi&eacute;n Allende estaba convencido de que &nbsp;era preciso hacer todo lo posible para que los <em>otros</em> vivieran, incluidos quienes terminaron acos&aacute;ndolo en la Casa de la Moneda. Para muchos el final de Allende es precisamente la prueba de lo absurdo de esa posici&oacute;n &laquo;maximalista&raquo;, puesto que s&oacute;lo condujo al final de la democracia en Chile, y al suicidio de su presidente. Pero no hay duda de que cualquiera en su sano juicio preferir&iacute;a vivir en un mundo de &laquo;m&aacute;rtires&raquo; absurdos como Allende que en un mundo poblado por &laquo;realistas&raquo; como Pinochet, aunque s&oacute;lo sea por el hecho banal de que en el primero tenemos la certeza de que vivir&iacute;amos, mientras que en el segundo no. A este hecho parec&iacute;an deberse tambi&eacute;n las preferencias de Camus, que quiz&aacute;s Sartre jam&aacute;s comparti&oacute; porque nunca se plante&oacute; en serio la posibilidad de un mundo donde el simple hecho de discrepar con su colega argelino le costara la vida. O tal vez porque, como sospechaba Camus, tomar partido por la barbarie tiene la ventaja, al menos en teor&iacute;a, de congraciarnos con ella y por lo tanto evita que nos convirtamos en objeto de su crueldad: &laquo;Una ni&ntilde;a a punto de cumplir diez a&ntilde;os declara: &ldquo;Cuando sea mayor, me inscribir&eacute; en el partido m&aacute;s cruel&rdquo;. Al ser interrogada, se explica: &ldquo;Si mi partido est&aacute; en el poder, no tendr&eacute; nada que temer y si es el otro, sufrir&eacute; menos puesto que es el partido menos cruel el que me perseguir&aacute;&rdquo;. [...] conozco muy bien ese razonamiento. Es el razonamiento inconfesado pero eficaz de los intelectuales franceses de 1954&raquo;.<a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%83%C2%8DCULO%20DE%20ELISENDA%20JULIBERT%20SOBRE%20CAMUS%20PARA%20TURIA%20N%C3%82%C2%BA%20107%20%20-%20VERSI%C3%83%E2%80%9CN%20DEFINITIVA.doc#_ftn15">[15]</a> Ha pasado m&aacute;s de medio siglo desde que Camus anotara esta observaci&oacute;n, pero lo que describe no termin&oacute; cuando desaparecieron aquellos intelectuales franceses. Me pregunto a cu&aacute;ntos de los adultos que siguen razonando como esa astuta ni&ntilde;ita de diez a&ntilde;os podr&iacute;a servirles la lectura de Camus&hellip; al menos, para reconocerse.&nbsp; &nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Bibliograf&iacute;a</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Albert Camus, <em>Carnets</em>, 3 vols., Par&iacute;s, Gallimard, NRF, 1964. [Trad. cast.: <em>Carnets</em>, 3 vols., trads. Eduardo Paz y Mariano Lencera, Madrid, Alianza, 1985.]</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&mdash;&mdash;&mdash;, <em>El hombre rebelde</em>, trad. Josep Escu&eacute;, Madrid, Alianza, 2011.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&mdash;&mdash;&mdash;, <em>El mito de S&iacute;sifo</em>, trad. Esther Ben&iacute;tez, Madrid, Alianza, 2006.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&mdash;&mdash;&mdash;, <em>El primer hombre</em>, trad. Aurora Bern&aacute;rdez, Barcelona, Tusquets, 2011.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&mdash;&mdash;&mdash;, <em>Solitario y solidario</em>, trad. Elisenda Julibert, Barcelona, Plataforma, 2011.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Jean Daniel, <em>Camus. A contracorriente</em>, trad. Jos&eacute; Luis Gil Aristu, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2008.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alain Finkielkraut, <em>Un coraz&oacute;n inteligente</em>, trad. Elena M. Cano&nbsp; &Iacute;&ntilde;igo S&aacute;nchez-Pa&ntilde;os, Madrid, Alianza, 2010.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Michel Onfray, <em>L&rsquo;Ordre Libertaire: La vie philosophique d&rsquo;Albert Camus</em>, Par&iacute;s, Flammarion, 2012.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%83%C2%8DCULO%20DE%20ELISENDA%20JULIBERT%20SOBRE%20CAMUS%20PARA%20TURIA%20N%C3%82%C2%BA%20107%20%20-%20VERSI%C3%83%E2%80%9CN%20DEFINITIVA.doc#_ftnref1">[1]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las citas del intercambio entre Camus y Sartre en <em>Les temps modernes</em>, proceden de <em>La pol&eacute;mica Sartre-Camus</em>, Elaleph.com, 1999 [http://www.scribd.com/doc/9151374/Sartre-La-Pol&eacute;mica-SartreCamus]. Asimismo, una parte de esta pol&eacute;mica se reproduce en un interesante documental de Justin von Goethe sobre Camus titulado &laquo;Albert Camus, 1913-1960&raquo;, que puede encontrarse en Youtube.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%83%C2%8DCULO%20DE%20ELISENDA%20JULIBERT%20SOBRE%20CAMUS%20PARA%20TURIA%20N%C3%82%C2%BA%20107%20%20-%20VERSI%C3%83%E2%80%9CN%20DEFINITIVA.doc#_ftnref2">[2]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como se&ntilde;alaba Michel Onfray en el programa televisivo &laquo;La grande libraire&raquo; de France 5, donde comentaba su &uacute;ltimo libro, <em>L'ordre libertaire. La vie philosophique d'Albert Camus</em>, Sartre escribi&oacute; en la revista colaboracionista <em>Comoedia</em> en 1940, y sigui&oacute; haci&eacute;ndolo hasta 1944, unas semanas antes del desembarco de Normand&iacute;a. Asimismo, Simone de Beauvoir colaboraba por aquel entonces con radio Vichy. Puede verse la emisi&oacute;n del programa en: https://www.youtube.com/watch?v=3x53popolWQ.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%83%C2%8DCULO%20DE%20ELISENDA%20JULIBERT%20SOBRE%20CAMUS%20PARA%20TURIA%20N%C3%82%C2%BA%20107%20%20-%20VERSI%C3%83%E2%80%9CN%20DEFINITIVA.doc#_ftnref3">[3]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Alain Finkielkraut, <em>Un coraz&oacute;n inteligente</em>, trads. Elena M. Cano e &Iacute;&ntilde;igo S&aacute;nchez-Pa&ntilde;os, Madrid, Alianza, 2010, p&aacute;gs. 85-86.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%83%C2%8DCULO%20DE%20ELISENDA%20JULIBERT%20SOBRE%20CAMUS%20PARA%20TURIA%20N%C3%82%C2%BA%20107%20%20-%20VERSI%C3%83%E2%80%9CN%20DEFINITIVA.doc#_ftnref4">[4]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Alain Finkielkraut, <em>op. cit</em>, p&aacute;g. 91.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%83%C2%8DCULO%20DE%20ELISENDA%20JULIBERT%20SOBRE%20CAMUS%20PARA%20TURIA%20N%C3%82%C2%BA%20107%20%20-%20VERSI%C3%83%E2%80%9CN%20DEFINITIVA.doc#_ftnref5">[5]</a><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Carnets</em>, II, NRF, p. 172.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%83%C2%8DCULO%20DE%20ELISENDA%20JULIBERT%20SOBRE%20CAMUS%20PARA%20TURIA%20N%C3%82%C2%BA%20107%20%20-%20VERSI%C3%83%E2%80%9CN%20DEFINITIVA.doc#_ftnref6">[6]</a><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Carnets</em>, I, NRF, p. 50.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%83%C2%8DCULO%20DE%20ELISENDA%20JULIBERT%20SOBRE%20CAMUS%20PARA%20TURIA%20N%C3%82%C2%BA%20107%20%20-%20VERSI%C3%83%E2%80%9CN%20DEFINITIVA.doc#_ftnref7">[7]</a><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp; El mito de S&iacute;sifo</em>, trad. Esther Ben&iacute;tez, Madrid, Alianza, 2006, p. 13.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%83%C2%8DCULO%20DE%20ELISENDA%20JULIBERT%20SOBRE%20CAMUS%20PARA%20TURIA%20N%C3%82%C2%BA%20107%20%20-%20VERSI%C3%83%E2%80%9CN%20DEFINITIVA.doc#_ftnref8">[8]</a> <em>Carnets</em>, II, NRF, p. 284.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%83%C2%8DCULO%20DE%20ELISENDA%20JULIBERT%20SOBRE%20CAMUS%20PARA%20TURIA%20N%C3%82%C2%BA%20107%20%20-%20VERSI%C3%83%E2%80%9CN%20DEFINITIVA.doc#_ftnref9">[9]</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>Carnets</em>, II, NRF, p. 177-8.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%83%C2%8DCULO%20DE%20ELISENDA%20JULIBERT%20SOBRE%20CAMUS%20PARA%20TURIA%20N%C3%82%C2%BA%20107%20%20-%20VERSI%C3%83%E2%80%9CN%20DEFINITIVA.doc#_ftnref10">[10]</a><em>&nbsp; L'&Eacute;t&eacute;</em> en<em> Essais</em>, Pl&eacute;iade, Par&iacute;s, 1965, p. 875.</p>
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<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%83%C2%8DCULO%20DE%20ELISENDA%20JULIBERT%20SOBRE%20CAMUS%20PARA%20TURIA%20N%C3%82%C2%BA%20107%20%20-%20VERSI%C3%83%E2%80%9CN%20DEFINITIVA.doc#_ftnref11">[11]</a>&nbsp; Alain Finkielkraut, <em>op. cit</em>., p. 102.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%83%C2%8DCULO%20DE%20ELISENDA%20JULIBERT%20SOBRE%20CAMUS%20PARA%20TURIA%20N%C3%82%C2%BA%20107%20%20-%20VERSI%C3%83%E2%80%9CN%20DEFINITIVA.doc#_ftnref12">[12]</a>&nbsp; Alain Finkielkraut, <em>op. cit</em>., p. 103.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%83%C2%8DCULO%20DE%20ELISENDA%20JULIBERT%20SOBRE%20CAMUS%20PARA%20TURIA%20N%C3%82%C2%BA%20107%20%20-%20VERSI%C3%83%E2%80%9CN%20DEFINITIVA.doc#_ftnref13">[13]</a>&nbsp; Alain Finkielkraut, <em>op. cit</em>., p. 103.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%83%C2%8DCULO%20DE%20ELISENDA%20JULIBERT%20SOBRE%20CAMUS%20PARA%20TURIA%20N%C3%82%C2%BA%20107%20%20-%20VERSI%C3%83%E2%80%9CN%20DEFINITIVA.doc#_ftnref14">[14]</a>&nbsp; Albert Camus, <em>Solitario y solidario</em>, trad. Elisenda Julibert, Barcelona, Plataforma, 2011, p. 7.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="file:///C:/Users/S_CAST~1/AppData/Local/Temp/notes448CB4/ART%C3%83%C2%8DCULO%20DE%20ELISENDA%20JULIBERT%20SOBRE%20CAMUS%20PARA%20TURIA%20N%C3%82%C2%BA%20107%20%20-%20VERSI%C3%83%E2%80%9CN%20DEFINITIVA.doc#_ftnref15">[15]</a><em>&nbsp; Carnets</em>, III, trads. Eduardo Paz y Mariano Lencera, Madrid, Alianza, 1985, p. 280</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 24 Jun 2013 11:45:49 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El nuevo polifemo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-nuevo-polifemo/</link>
      <description><![CDATA[<div>
<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/JAVIER_TOMEO.jpg" alt="" /></p>
<p>Aquella noche yo estaba medio tumbado en el banco azul del Paseo Mar&iacute;timo, frente al mar, viendo pasar los barcos que entraban y sal&iacute;an del puerto.&nbsp; El hombrecito apareci&oacute; inesperadamente a mi derecha &ndash;posiblemente estaba escondido detr&aacute;s de un contenedor de basura, esperando su oportunidad-, y apenas me descubri&oacute; en el banco fue acerc&aacute;ndose pasito a pasito, sin apresurarse. Por un momento pens&eacute; que iba a pasar de largo, pero se detuvo,me dio las buenas noches y ni corto ni perezoso se sent&oacute; a mi lado. Levant&oacute; la mirada a las estrellas, se le escap&oacute; u suspir&oacute; y por fin se atrevi&oacute; a mirarme directamente a los ojos.</p>
<p>-Amigo m&iacute;o- me dijo, sin rodeos y sin preguntarme si quer&iacute;a escucharle- Aqu&iacute; donde me ve yo pude ser un famoso tenor. Hubo un tiempo en el que mi voz era prodigiosa y mi t&eacute;cnica alcanzaba una perfecci&oacute;n dif&iacute;cilmente superable. No, no voy a presentarme ahora, por el momento no pienso decirle cual es mi nombre. Lo &uacute;nico que puedo decirle es que estuve a punto de estrenar una &oacute;pera de la yo hubiese sido protagonista pero lo impidi&oacute; un pavoroso incendio que destroz&oacute; el teatro. Ya sabe usted lo que dice el refr&aacute;n, el hombre propone&nbsp; y Dios dispone. Aquella &oacute;pera hubiera debido llamarse <em>Las desventuras de Polifemo.</em> Se propusieron otros t&iacute;tulos, pero al final nos quedamos con ese, &iquest;Sabe usted quien fue Polifemo? &iquest;Si? Un c&iacute;clope, en efecto, fue un c&iacute;clope. Ten&iacute;a un s&oacute;lo ojo en medio de la frente y esa circunstancia le supuso bastantes problemas, pero en el libreto, del que soy autor, no comet&iacute; la horterada de compararle con el lucero de la ma&ntilde;ana, como han hecho otros poetas famosos. Tampoco dec&iacute;a que su vista era tan poderosa que desde la cima de una monta&ntilde;a siciliana pod&iacute;a distinguir los emblemas de los escudos de cuero que portaban los jinetes africanos.&nbsp; No, no nada de eso: las desventuras de aquel monstruo deb&iacute;an ser cantadas con un&nbsp; lenguaje moderno, adaptado a nuestro tiempo Al fin y al cabo, Polifemo fue un monstruo esc&eacute;ptico, que ni siquiera estaba seguro de ser hijo de Poseid&oacute;n, el dios de los mares. Tal vez, se dec&iacute;a algunas noches de plenilunio, mi madre Tootse, que era muy hermosa,&nbsp; me engendr&oacute; con cualquier otro fulano. Sentado a la puerta de su gruta Polifemo se dol&iacute;a de no poder creer en dioses y ninfas. Y se lamentaba, sobre todo, de tener un solo ojo porque, , seg&uacute;n demostraron muchos a&ntilde;os m&aacute;s tarde las leyes de la f&iacute;sica, con un solo ojo no pueden apreciarse correctamente el tama&ntilde;o de las cosas, ni la distancia que le separaba de ellas, ni siquiera la forma precisa de los objetos que ten&iacute;a a su alrededor. Todas esas amargas reflexiones hubiera debido de exponerlas en una brillante aria.</p>
<p>Si, ya s&eacute;, no es preciso que me lo diga, puedo adivinar lo que en esos momentos pasa por su cabeza : est&aacute; usted pensando que mi aspecto f&iacute;sico no es el m&aacute;s adecuado para representar a Polifemo que, al decir de los poetas, fue tan alto como una monta&ntilde;a. Como usted puede ver, no soy lo que se dice un hombre alto. S&iacute;, s&iacute;, no puedo ocultarlo, no soy lo que se dice un buen mozo, apenas lleg&oacute; al metro cincuenta, pero tenia previsto superar ese inconveniente&nbsp; con un buen par de zancos. &iquest;Sonr&iacute;e usted?&nbsp; &iexcl;Ah s&iacute;&iexcl; &iexcl;Ahora piensa en mi voz de tenor&iexcl;. &iquest;Le parece que el papel hubiera debido de ser representado por un bajo, o, por lo menos, por un bar&iacute;tono profundo? No es usted el &uacute;nico que p&igrave;ensa eso, pero creo que todos ustedes se equivocan. Los bajos, es cierto, suelen ser individuos de cuello ancho y largo, en el que las cuerdas vocales, como las cuerdas de un gran piano, ofrecen una considerable grosura y extensi&oacute;n, pero &iquest;est&aacute; usted convencido de que Polifemo tenia un cuello de esas caracter&iacute;sticas? No, no, ni usted ni nadie puede estar seguro de c&oacute;mo era el cuello de Polifemo, que se convirti&oacute; en polvo hace muchos a&ntilde;os y no dejo ning&uacute;n retrato suyo para la posteridad. Lo &uacute;nico que sabe que tenia un ojo en mitad de la frente y que era grande como una monta&ntilde;a. Sabe tambi&eacute;n que tanto &eacute;l como sus hermanos c&iacute;clopes era gente feroz, insolidaria y antrop&oacute;faga, que hab&iacute;an olvidado su antiguo oficio de herreros y se dedican exclusivamente al pastoreo.</p>
<p>&iquest;Vuelve usted a sonre&iacute;r, caballero? No me gusta esa sonrisita, &iquest;Piensa tal vez que los c&iacute;clopes no existieron jam&aacute;s? &iquest;Cree que fueron &uacute;nicamente creaciones de los poetas para consolar a los hombres y demostrarles que no son las peores criaturas de cuantas puso Dios en este mundo?</p>
<p>Algunos esc&eacute;pticos suponen, en efecto, que Polifemo y sus hermanos no existieron realmente. Dicen que no son posibles los seres con un solo ojo en mitad de la frente. Es cierto que se han encontrado enormes cr&aacute;neos con un agujero en la parte anterior que podr&iacute;a corresponder a la &oacute;rbita de un ojo, pero ese orificio corresponde en realidad al lugar donde se insertaba la trompa al cr&aacute;neo de un peque&ntilde;o elefante que desapareci&oacute; hace miles de a&ntilde;os. Para esos descre&iacute;dos, pues, los c&iacute;clopes fueron emblemas solares o el s&iacute;mbolo del gremio de los viejos herreros que en aquellos tiempos para protegerse de las chispas de la fragua, se tapaban uno de los ojos con&nbsp; un parche.</p>
<p>Muy bien, aceptemos que no existieron jam&aacute;s y que todo es producto de la ardiente fantas&iacute;a de los hombre. No importa. Los poetas de categor&iacute;a son capaces de dar vida a entes y situaciones que jam&aacute;s existieron en este mundo y puedo jurarle que no les falta materia. Mi &oacute;pera, por ejemplo, constaba de doce actos. &iquest;Que dice usted? &iquest;Qu&eacute; le parecen demasiados? No lo crea, no lo son, tenga en cuenta que una historia tan triste como la de Polifemo no puede tratarse a la ligera. Sus problemas, obviamente, fueron bastante m&aacute;s complejos que los de Madame Butterfly e incluso que los de Hamlet, que, al fin y al cabo, ten&iacute;an dos ojos como cualquier hijo de vecino. Los problemas de nuestro desventurado c&iacute;clope no pod&iacute;an agotarse en tres actos, como los de aquella menuda japonesita que tuvo el mal gusto de enamorarse de un gringo.</p>
<p>Otra vez se le escapa la sonrisita, sigue sin&nbsp;&nbsp; dar cr&eacute;dito a mis palabras. &iquest;Quiere pues que le especifique, uno por uno, el contenido de&nbsp; esos doce&nbsp; actos? &iquest;Si? &iquest;No le importar&iacute;a? Muy bien, ya ver&aacute; usted como cada uno de ellos tiene su intr&iacute;ngulis. Escuche:</p>
<p>Acto primero.-Polifemo, solitario, custodia su reba&ntilde;o.</p>
<p>Acto segundo.- Polifemo recostado al pie de una encina y esperando ver aparecer a Zeus entre las ramas.</p>
</div>
<p>Acto tercero.- Polifemo, sentado en un pe&ntilde;asco frente al mar, esperando que las olas arrojen a la playa alg&uacute;n na&uacute;frago.</p>
<p>Acto cuarto.- Polifemo acechando a las hijas de los hombres, que danzan alegremente a lo lejos.</p>
<p>Acto quinto.- Polifemo contempla con aire compungido su enorme pene.</p>
<p>Acto sexto.-Polifemo, en un aria desgarradora, se lamenta del tama&ntilde;o de sus genitales que le impiden yacer con la hijas nacidas de mujer.</p>
<p>Acto s&eacute;ptimo.-Polifemo, otra vez ante el mar, sue&ntilde;a con transformarse en aquella roca que resist&iacute;a imp&aacute;vida el empuje e viento y de las olas, pero que se estremec&iacute;a al contacto de una simple flor.</p>
<p>Acto octavo- Tilemo, el ciclope adivino, advierte a Polifemo que llegar&aacute; un dia en el que ser&aacute; cegado por Ulises.</p>
<p>Acto noveno-. D&uacute;o de Polifemo y Galatea, que por fin se han encontrado en lo m&aacute;s profundo del bosque. Pese a todo (misterios del amor), consiguen acoplarse, aunque sea con las naturales dificultades, entre los armoniosos trinos de los p&aacute;jaros cantores.</p>
<p>Acto d&eacute;cimo- Pese a todo, Polifemo no ha conseguido aplacar los ardores de la dulce Galatea y cinco d&iacute;as despu&eacute;s el propio Polifemo la sorprende en lo m&aacute;s profundo del bosque haciendo en amor con el pastor Apios, que es un hermoso mancebo de proporciones normales.</p>
<p>&iquest;Piensa todav&iacute;a que no hay materia&nbsp; suficiente para diez actos?. Pues mire, pens&eacute; incluso en&nbsp; a&ntilde;adir un acto m&aacute;s, el und&eacute;cimo: Polifemo aplastando con una roca descomunal al pastor&nbsp; y entreg&aacute;ndose luego a la polic&iacute;a, pero al final desist&iacute;, entre otras razones, porque me asusta&nbsp; el n&uacute;mero once y, sobre todo, porque no quise humillar a Polifemo con un severo interrogatorio polic&iacute;aco. No quise que esos polic&iacute;as le acusasen de homicidio en la persona de aquel est&uacute;pido pastor, cuyo &uacute;nica virtud fue la de tener un pene adecuado a los genitales de Galatea..</p>
<p>&iquest;Frunce usted ahora el entrecejo? &iquest;Piensa que no deber&iacute;a profanar el recuerdo de Galatea haciendo referencia a sus ardores sexuales y a su infidelidad con Apios?. De acuerdo, reconozco que ahora tiene usted&nbsp; raz&oacute;n, admito que soy un&nbsp; grosero que ha perdido el respeto por los viejos mitos. Pese a todo, le repito lo que le dije hace un momento: aqu&iacute; donde me ve, perdido en esta noche g&eacute;lida y sin estrellas, yo pude ser&nbsp; el mejor tenor del mundo porque mi voz fue prodigiosa y mi t&eacute;cnica alcanz&oacute; una perfecci&oacute;n insuperable. Me qued&eacute;, sin embargo, en el camino y ahora me considero un hombre frustrado. De todos modos, para consolarme,&nbsp; algunas veces me pregunto: &iquest;de qu&eacute; sirve tener una voz prodigiosa, si a nuestro alrededor todos se han vuelto sordos..?</p>
<p>Un vez que el hombrecito acab&oacute; de soltarme todo ese rollo me dio otra vez las buenas noches y regreso a su escondite en el contenedor, esperando que se le presentase una nueva oportunidad para contar su historia al pr&oacute;ximo solitario que se sentase en el banco.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 24 Jun 2013 07:03:15 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La revista "Turia" rinde homenaje al músico Antón García Abril]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-revista-turia-rinde-homenaje-al-musico-anton-garcia-abril/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/ANT_N_GARC_A_ABRIL_red.jpg" alt="" /></p>
<p>Bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;La melod&iacute;a de una vida. Ant&oacute;n Garc&iacute;a Abril, un m&uacute;sico universal turolense&rdquo;, Juan Villalba nos ofrece una oportuna aproximaci&oacute;n a su rica trayectoria. Un &uacute;til y completo relato biogr&aacute;fico que permite al lector conocer con detalle toda la g&eacute;nesis y la evoluci&oacute;n de su gigantesca y diversa obra como m&uacute;sico: desde sus inicios, en 1943</p>
<p>en la banda de m&uacute;sica de Teruel hasta el estreno de su &oacute;pera &ldquo;Divinas Palabras&rdquo; en 1997, que la cr&iacute;tica considera como un resumen de su trayectoria como compositor.</p>
<p>Tambi&eacute;n en esta nueva entrega,&nbsp; TURIA redescubre las claves que nos permiten entender mejor la personalidad y la obra de uno de los escritores aragoneses m&aacute;s marginales e interesantes del siglo XX: Jos&eacute; Ram&oacute;n Arana (1905-1973). En un eficaz trabajo de s&iacute;ntesis divulgativa, Javier Barreiro narra las peripecias de un autor menos conocido de lo que merecer&iacute;a su no muy extensa pero si estimable obra literaria.</p>
<p>Por &uacute;ltimo, TURIA se ocupa de recordarnos al gran artista Salvador Victoria cuando se cumple, este 2013, el d&eacute;cimo aniversario de la puesta en marcha de la espl&eacute;ndida Fundaci&oacute;n Museo Salvador Victoria de Rubielos de Mora. El retrato de este maestro de la abstracci&oacute;n pict&oacute;rica espa&ntilde;ola lo hace Concha Tejedor a trav&eacute;s de un sugerente y documentado art&iacute;culo que titula &ldquo;Salvador Victoria: la atracci&oacute;n del enigma&rdquo;. No en vano, el texto se inicia con una cita muy reveladora del propio pintor: &ldquo;Nunca fueron claros los l&iacute;mites en lo que est&aacute; hecho de vida y esa es la materia del arte&rdquo;.</p>
<p><strong>LA MELOD&Iacute;A DE UNA VIDA</strong></p>
<p>Ant&oacute;n Garc&iacute;a Abril, como bien subraya Juan Villalba en su art&iacute;culo, &ldquo;nos sigue sorprendiendo, no s&oacute;lo por su madurez y plenitud art&iacute;stica (en el a&ntilde;o 2006 le fue concedido el VII Premio Iberoamericano de la M&uacute;sica Tom&aacute;s Luis de Victoria, considerado el equivalente al Cervantes de la m&uacute;sica cl&aacute;sica, el mayor reconocimiento para autores vivos en el &aacute;mbito latinoamericano), sino por su enorme actividad compositiva y por su fidelidad a s&iacute; mismo, por su forma de entender el arte en libertad, como una forma de comunicaci&oacute;n, de obra en marcha, de continuo hacerse y conformarse como parte de un todo unitario, plena de humanidad y mezcla de ra&iacute;ces, tradici&oacute;n y vanguardia, sin exclusiones de ning&uacute;n tipo&rdquo;.</p>
<p>El mundo compositivo de Ant&oacute;n Garc&iacute;a Abril es inmenso, se extiende desde las bandas sonoras, pasando por la canci&oacute;n de concierto, el poema sinf&oacute;nico, las obras orquestales, para piano, guitarra, ballet, las de car&aacute;cter did&aacute;ctico y pedag&oacute;gico, hasta llegar a la &oacute;pera. Todo un universo creativo, tan cicl&oacute;peo como ecl&eacute;ctico y polim&oacute;rfico, pero al mismo tiempo unitario, de obra en marcha, en constante construcci&oacute;n, fruto de una vida consagrada por entero a la m&uacute;sica.</p>
<p>Ant&oacute;n Garc&iacute;a Abril es un m&uacute;sico universal turolense, un artista que no renuncia a sus ra&iacute;ces, al contrario, las posee en lo emotivo, en el fondo de su esp&iacute;ritu creador y las proyecta hacia el mundo convirti&eacute;ndolas en universales.</p>
<p>Seg&uacute;n Juan Villalba, &ldquo;quiz&aacute;&nbsp; quien&nbsp; mejor&nbsp; haya&nbsp; definido&nbsp; a&nbsp; Ant&oacute;n&nbsp; Garc&iacute;a&nbsp; Abril&nbsp; haya&nbsp; sido&nbsp; &Aacute;lvaro&nbsp; Zaldivar cuando, al definir el ser art&iacute;stico del m&uacute;sico turolense, argumenta: &ldquo;enraizado profundamente y por tanto abiertamente universal, turolense militante, aragon&eacute;s en ejercicio y espa&ntilde;ol orgulloso de serlo (&hellip;)&rdquo;. Ese, sin duda, es Ant&oacute;n Garc&iacute;a Abril: una melod&iacute;a viva, con notas de siempre, pero siempre nuevas; un m&uacute;sico universal turolense. Sea por muchos a&ntilde;os&rdquo;</p>
<p><strong>40 ANIVERSARIO DE JOS&Eacute; RAM&Oacute;N ARANA</strong></p>
<p>Con el objetivo de fomentar la lectura y el reconocimiento de la obra de Jos&eacute; Ram&oacute;n Arana (1905-1973), la revista TURIA publica un clarificador art&iacute;culo de Javier Barreiro, uno de sus m&aacute;s acreditados estudiosos. Barreiro traza un an&aacute;lisis panor&aacute;mico de quien tuvo una vida tumultuosa y, al cabo, marginal, como la de tantos contempor&aacute;neos que protagonizaron los dramas del siglo XX espa&ntilde;ol.</p>
<p>Al igual que Ram&oacute;n J. Sender, Arana es tambi&eacute;n un narrador aragon&eacute;s exiliado. Coincide tambi&eacute;n con &eacute;l en su compleja vida familiar, la pasi&oacute;n por Arag&oacute;n, el viaje a la URSS y la posterior fobia a los comunistas y tantas otras cosas. Entre ellas, Barreiro subraya que ambos &ldquo;son autores de dos de las mejores novelas breves de la segunda mitad del siglo XX, con eclesi&aacute;stico como protagonista: &ldquo;El cura de Almuniaced&rdquo; y &ldquo;Mos&eacute;n Mill&aacute;n&rdquo;, pronto retitulada &ldquo;R&eacute;quiem por un campesino espa&ntilde;ol&rdquo;.</p>
<p>En TURIA Barreiro nos relata c&oacute;mo, &ldquo;tras una vida llena de peripecias y pese a la intensa vocaci&oacute;n literaria que lo afect&oacute;, la obra creativa de Arana resulta llamativamente breve&rdquo;. As&iacute;, su obra la integrar&iacute;an: un muy breve libro viajero, &ldquo;Apuntes de un viaje a la URSS&rdquo;, que apenas circul&oacute;; una novela dialogada, &ldquo;Can Girona&rdquo;, m&aacute;s cercana a la autobiograf&iacute;a que a la narrativa estricta; dos novelas cortas: &ldquo;El cura de Almuniaced&rdquo; y &ldquo;&iexcl;Viva Cristo Ray!&rdquo;; diez cuentos; una obra de teatro, &ldquo;Veturi&aacute;n&rdquo; y varios libros de poemas de escasa extensi&oacute;n.</p>
<p>En todos esos t&iacute;tulos, y como escribe Javier Barreiro en TURIA, &ldquo;la memoria es la protagonista. Arana da poco p&aacute;bulo a la imaginaci&oacute;n y su obra es una v&aacute;lvula de escape de las urgencias, obsesiones y dificultades que lo atenazaron. Bien que en una prosa llena de fuerza y, a la vez, medida y meditada. Siempre lo pol&iacute;tico y lo social en el centro, habr&iacute;a que recurrir al socorrido sintagma de 'el problema de Espa&ntilde;a' para definir el n&uacute;cleo de las preocupaciones del escritor y Arag&oacute;n, como su escenario principal. En cualquier caso, la intensidad, el amor por la verdad y la justicia que transmite su obra invitar&iacute;an a propiciar alguna iniciativa editorial o institucional en aras a que fuese m&aacute;s y mejor conocida&rdquo;.&nbsp;</p>
<p><strong>SALVADOR VICTORIA, PINTURAS Y PALABRAS</strong></p>
<p>Cuando se cumplen diez a&ntilde;os de funcionamiento de la Fundaci&oacute;n Museo Salvador Victoria de Rubielos de Mora, TURIA evoca al pintor a trav&eacute;s un recorrido por sus propias opiniones en un documentado art&iacute;culo de Concha Tejedor.</p>
<p>El pintor Salvador Victoria (Rubielos de Mora, Teruel, 1928 - Madrid 1994) surge en la Espa&ntilde;a en blanco y negro de la postguerra como un renovador, que abrir&aacute; las fronteras de Espa&ntilde;a al &ldquo;arte otro&rdquo;, un arte vanguardista y revolucionario,&nbsp; en el que prima la expresi&oacute;n libre del sentimiento del artista y planta cara al anquilosado academicismo.</p>
<p>&nbsp;&iquest;Qu&eacute; le impulsa a dar este salto en el vac&iacute;o? Desde&nbsp; muy joven ha sentido la atracci&oacute;n del enigma,&nbsp; el ansia de infinitud del hombre y la necesidad de expresarlo por medio de la pintura con toda la fuerza&nbsp; de lo que lleva dentro.</p>
<p>As&iacute; lo puede atestiguar cualquier espectador que visite la espl&eacute;ndida colecci&oacute;n de la Fundaci&oacute;n Museo Salvador Victoria de Rubielos de Mora. Porque all&iacute; se nos ofrece un viaje por&nbsp; cuarenta a&ntilde;os de&nbsp; la obra del artista y la generaci&oacute;n de los cincuenta. Desde su inauguraci&oacute;n el 22 de mayo de 2003, las blancas paredes de este antiguo Hospital de peregrinos del siglo XVIII nos permiten conocer la obra del pintor y sus compa&ntilde;eros de generaci&oacute;n. Esta colecci&oacute;n se completa con la de Museo Provincial de Teruel y la del Instituto Valenciano de Arte Moderno, IVAM, todas donadas por su viuda, Marie Claire Decay.</p>
<p>Seg&uacute;n Concha Tejedor, &ldquo;Salvador Victoria encontr&oacute; en el c&iacute;rculo y la esfera del universo, s&iacute;mbolos de perfecci&oacute;n y totalidad, la imagen para indagar en el enigma del hombre y en las grandes preguntas sobre la vida. En las esferas luminosas suspendidas en el espacio&nbsp; de su etapa m&aacute;s metaf&iacute;sica, la de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, vemos un mundo de luz, color y energ&iacute;a,&nbsp; trascendente y sugerente, que nos interroga sobre el misterio del hombre y del mundo, sobre la verdad&rdquo;.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 19 Jun 2013 06:35:40 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Salgo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/salgo/</link>
      <description><![CDATA[<p>&nbsp;<img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/TOM_S_SEGOVIA.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sin titubeo me zambullo</p>
<p>En esta vigorosa luz desnuda</p>
<p>Que tan abiertamente me esperaba</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con qu&eacute; hambre sin sombra</p>
<p>Me voy a comer hoy todas mis horas</p>
<p>C&oacute;mo voy a avanzar</p>
<p>Despojado de odiosas precauciones</p>
<p>Y tropezando emocionado</p>
<p>Con todo lo que el d&iacute;a me depare</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Qu&eacute; enamorado voy a recorrer</p>
<p>Mis animosos territorios</p>
<p>Muriendo s&iacute; muriendo</p>
<p>De gratitud</p>
<p>Y abrumado abrumado s&iacute;</p>
<p>De libertad.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 17 Jun 2013 07:47:51 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¡GRACIAS POR VUESTRA COMPLICIDAD CON TURIA!]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/gracias-por-vuestra-complicidad-con-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/GENTE_LEYENDO_1.jpg" alt="" width="334" height="238" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hoy se cumple un mes de nuestra presencia en Facebook y del estreno de nuestra web.</p>
<p>Es un placer contar con lectores inteligentes como vosotros. Pero, para que esta aventura</p>
<p>cultural contin&uacute;e, necesitamos crecer en difusi&oacute;n tanto en formato papel como digital.</p>
<p>&iexcl;Ay&uacute;danos a conseguirlo! &iexcl;Juntos podemos! &iexcl;Invita a tus amigos a leer TURIA y a</p>
<p>hacer click en Me gusta!&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 14 Jun 2013 07:53:22 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La revista "Turia" presenta su monográfico sobre Albert Camus en la Feria del Libro de Madrid]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-revista-turia-presenta-su-monografico-sobre-albert-camus-en-la-feria-del-libro-de-madrid/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/Turia_17_red.jpg" alt="" /></p>
<p><strong>EL ACTO SE CELEBRAR&Aacute; EL PR&Oacute;XIMO DOMINGO 16 DE JUNIO</strong></p>
<p align="left"><strong>&nbsp;Jos&eacute; Mar&iacute;a Guelbenzu, Juana Salabert y Carlos Fortea hacen balance de los 57 a&ntilde;os de Camus en espa&ntilde;ol</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">El pr&oacute;ximo domingo d&iacute;a 16 de junio, un homenaje al escritor franc&eacute;s Albert Camus protagonizar&aacute; uno de los actos de la jornada de clausura de la Feria del Libro de Madrid, la m&aacute;s importante de cuantas se celebran en nuestro pa&iacute;s. El evento, que ha sido organizado por la secci&oacute;n aut&oacute;noma de traductores de la Asociaci&oacute;n Colegial de Escritores (ACETT), permitir&aacute; hacer balance de los 57 a&ntilde;os de Camus en espa&ntilde;ol y dar a conocer el nuevo n&uacute;mero que la revista cultural TURIA dedica al autor de <em>El extranjero</em> y Premio Nobel de Literatura.</p>
<p class="Textoindependiente21">La obra de Albert Camus, del que se conmemora este a&ntilde;o el centenario de su nacimiento, ser&aacute; objeto de an&aacute;lisis en una mesa redonda en la que intervendr&aacute;n el escritor y cr&iacute;tico literario Jos&eacute; Mar&iacute;a Guelbenzu, la novelista Juana Salabert y el director de la revista TURIA, Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas. Un conjunto de intervenciones moderadas por el traductor Carlos Fortea, vicepresidente de la ACETT.</p>
<p>En ese acto de recuerdo a Albert Camus, TURIA dar&aacute; a conocer las caracter&iacute;sticas del monogr&aacute;fico que dedica al c&eacute;lebre escritor. Un valioso repertorio de 12 art&iacute;culos y estudios in&eacute;ditos que invitan a redescubrir a un autor que nunca dej&oacute; indiferentes a sus lectores y que constituye todo un ejemplo de compromiso &eacute;tico y est&eacute;tico. Y es que, en Camus, encontraremos la admirable conjunci&oacute;n de un hombre, de una acci&oacute;n y de una obra. Integran ese plural y sugerente conjunto de aproximaciones a Camus que ofrece TURIA autores como Claudio Magris, Carme Riera, Valent&iacute; Puig, Jos&eacute; Luis Pardo, Jos&eacute; Mar&iacute;a Ridao o Elisenda Julibert, entre otros.</p>
<p class="Textoindependiente21">Como bien subraya Claudio Magris, en el art&iacute;culo que publica TURIA, vivimos tiempos en los que nos convendr&iacute;a seguir ese humanismo radical de Camus. Y todo ello porque &ldquo;la grandeza de Camus consiste en haber unido una inflexible &eacute;tica a una inagotable vocaci&oacute;n por la felicidad, por vivir a fondo la vida&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Adem&aacute;s, de acuerdo con la autorizada opini&oacute;n de Magris, Albert Camus siempre sinti&oacute; un sagrado respeto por la existencia que le llevar&iacute;a a batirse de forma inequ&iacute;voca contra la violencia y por la libertad: &ldquo;Ning&uacute;n fin justifica los medios delictivos que, todo lo contrario, pervierten los fines m&aacute;s nobles, como ocurre con las rebeliones siempre traicionadas por las revoluciones; ning&uacute;n amor por las v&iacute;ctimas &ndash;siempre defendidas por Camus en contra de sus verdugos- autoriza a estas - ni autoriza a sus defensores- a convertirse a su vez en verdugos&rdquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 14 Jun 2013 07:44:28 +0000</pubDate>
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      <title><![CDATA[Albert Camus protagoniza el nuevo número de la revista "Turia"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/albert-camus-protagoniza-el-nuevo-numero-de-la-revista-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/Turia_17_red.jpg" alt="" /></p>
<p>La revista cultural TURIA, que distribuir&aacute; este mes de junio su nuevo n&uacute;mero, rinde un atractivo y completo homenaje al escritor franc&eacute;s Albert Camus. Quien escribi&oacute; que &ldquo;la libertad no es nada m&aacute;s que una oportunidad para ser mejor&rdquo;, protagoniza en TURIA m&aacute;s de 100 p&aacute;ginas de interesantes art&iacute;culos y estudios originales sobre un autor inolvidable. Doce escritores analizan, a trav&eacute;s de textos in&eacute;ditos, al personaje y su obra: desde Claudio Magris a Carme Riera, y tambi&eacute;n se publican colaboraciones de Valent&iacute; Puig, Jos&eacute; Luis Pardo o Jos&eacute; Mar&iacute;a Ridao, entre otros.</p>
<p>Albert Camus es uno de los grandes nombres propios de la literatura universal de todos los tiempos. Ejemplo de escritor comprometido con su &eacute;poca, su humanismo radical constituye un referente inequ&iacute;voco y necesario en este convulso y desorientado siglo XXI. Ahora, con motivo de conmemorarse en 2013 el centenario de su nacimiento, TURIA invita a los lectores de hoy a redescubrirlo y a comprobar que sus libros siguen mereciendo la pena. Tanto sus obras ensay&iacute;sticas como creativas, sus obras de teatro, sus diarios o sus prosas period&iacute;sticas invitan a la complicidad. De ah&iacute; que, en el texto introductorio del monogr&aacute;fico, Elisenda Julibert subraye que en Camus se produce la admirable conjunci&oacute;n de un hombre, de una acci&oacute;n y de una obra.&nbsp; No en vano, para Camus, &ldquo;el gran problema de la vida consiste en saber c&oacute;mo pasar entre los hombres&rdquo;.</p>
<p><strong>CAMUS NO HA PERDIDO ACTUALIDAD</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">La escritora y acad&eacute;mica Carme Riera, en un muy recomendable art&iacute;culo, nos recuerda&nbsp; que &ldquo;Camus no ha perdido actualidad, precisamente porque nuestro di&aacute;logo con sus textos sigue siendo fruct&iacute;fero, o lo que es lo mismo, porque es un reflejo de nuestra sensibilidadmoderna&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Para Riera, &ldquo;en los textos de Camus se debaten los grandes temas que afectan a la condici&oacute;n humana, nuestro ser y existir, nuestra inmanencia y trascendencia, la relaci&oacute;n con los otros. Juzgar si la vida vale la pena ser vivida o no, es la principal pregunta de la filosof&iacute;a, escribir&aacute; en <em>El mito de S&iacute;sifo</em> y en <em>Cal&iacute;gula</em> nos recordar&aacute; que el hombre no es feliz y que todos, no s&oacute;lo el loco emperador romano, deseamos in&uacute;tilmente poseer la luna&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">En definitiva, nos gusta Camus porque de acuerdo con las palabras que Claudio Magris le dedica en TURIA, su grandeza &ldquo;consiste en haber unido una inflexible &eacute;tica a una inagotable vocaci&oacute;n por la felicidad, por vivir a fondo la vida&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>UN ESPECTACULAR CAT&Aacute;LOGO DE LECTURAS: BOLA&Ntilde;O, CARLOS FUENTES, RICHARD FORD, ANA BLANDIANA Y NICOLE BROSSARD</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">Adem&aacute;s &nbsp;del protagonismo esencial de Albert Camus, este sumario de TURIA brinda un</p>
<p class="Textoindependiente21">espectacular y nutrido cat&aacute;logo de lecturas. No en vano, adem&aacute;s de las colaboraciones de los autores ya citados, en las p&aacute;ginas de la revista se ofrecen narraciones in&eacute;ditas de Richard Ford, Flavia Company, Enrique Juncosa, Ernesto P&eacute;rez Z&uacute;&ntilde;iga e Irene Vallejo. O con poemas de la rumana Ana Blandiana, la canadiense Nicole Brossard, Chantal Maillard, Jos&eacute; Luis Rey, Juan Vicente Piqueras, Carlos Aganzo y Mart&iacute;n L&oacute;pez-Vega, entre otros.</p>
<p class="Textoindependiente21">No conviene olvidar tampoco que esta nueva entrega de TURIA contiene valiosos art&iacute;culos in&eacute;ditos sobre Roberto Bola&ntilde;o, Carlos Fuentes e Ignacio Agust&iacute;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Especialmente recomendables son las amplias entrevistas exclusivas que TURIA publica con dos grandes nombres propios de la cultura espa&ntilde;ola: el pintor Miquel Barcel&oacute; (&ldquo;Descubrir las pinturas primitivas fue una de mis grandes impresiones como artista&rdquo;) y con el escritor Andr&eacute;s Trapiello (&ldquo;La inmensa mayor&iacute;a de mis lectores pertenece a la Tercera Espa&ntilde;a&rdquo;).&nbsp; La entrevista a Barcelo, elaborada en un tono de sincera complicidad que el lector descubra cu&aacute;les son las influencias, las lecturas y los pintores de Barcel&oacute;. Mientras, la caudalosa conversaci&oacute;n con Trapiello est&aacute; salpimentada de afirmaciones como &ldquo;estoy de la guerra civil hasta el copete&rdquo; o &ldquo;hay que evitar las circunstancias que pueden llevarnos a todos a un callej&oacute;n sin salida&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA, que cumplir&aacute; en 2013 treinta a&ntilde;os de trayectoria,&nbsp; ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia. Cuenta con difusi&oacute;n nacional e internacional y por sus p&aacute;ginas han pasado m&aacute;s de mil autores de diversas procedencias est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas, lo que da idea de la riqueza y pluralidad de sus contenidos. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA es una publicaci&oacute;n cuatrimestral, editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel y cuenta con el patrocinio del Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n..</p>
<p>Doce escritores analizan, a trav&eacute;s de textos in&eacute;ditos, al personaje y su obra: desde Claudio Magris a Carme Riera, y tambi&eacute;n se publican colaboraciones de Valent&iacute; Puig, Jos&eacute; Luis Pardo, Jos&eacute; Mar&iacute;a Ridao,&nbsp; Elisenda Julibert, Manuel Arranz, Germ&aacute;n Cano, Manuel Neila, Juli&aacute;n Muela, Jos&eacute; Gim&eacute;nez Corbat&oacute;n y Juan Antonio Tello.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 11 Jun 2013 06:26:52 +0000</pubDate>
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    <item>
      <title><![CDATA[Autorretrato de un mito: la literatura autobiográfica de  Salvador Dalí]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/autorretrato-de-un-mito-la-literatura-autobiografica-de-salvador-dali/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/FOTO_6._DALI_CON_AVEDON_red.jpg" alt="" /></p>
<p>M&uacute;ltiple en su desaforo, surrealista en sus inicios, rebelde contra tantas causas, oportunista en la edad madura. El sue&ntilde;o ser&iacute;a poder reducir todo Dal&iacute; en un objeto, como alguien intent&oacute; concentrarlo en un rostro. Las dificultades ser&iacute;an muchas, la selecci&oacute;n casi imposible. De hecho podr&iacute;a reducirse toda su obra a un inmenso autorretrato, en el que de forma superficial, en ocasiones, y llegando a los recovecos m&aacute;s espeluznantes de su ego, en otras, describe los avatares de una personalidad tremendamente narcisista. Pero, por fortuna, los artistas son varios, pasan por fases diversas, evolucionan y al culminar su vida vuelven a unos, pocos, mitos y obsesiones de juventud, las que de verdad impulsaron un choque contra el mundo. Dal&iacute;, excelente escritor siempre, artista excepcional, aunque discutido a partir de 1940, nos ha dejado una larga serie de se&ntilde;uelos a lo largo de su trayectoria. Y manifest&oacute; por escrito en varias ocasiones su intimidad.</p>
<p>Dal&iacute; es una figura inc&oacute;moda. Genial, irreverente, insultante. Su obvia genialidad roza, por momentos la inocencia m&aacute;s absoluta y se le convierte en un engorro. Para s&iacute; mismo, para muchos de sus lectores, para los espectadores. Hay un tono de suficiencia y superioridad que preside buena parte de sus escritos: "Tengo la seguridad de que mis facultades de analista y de psic&oacute;logo son superiores a las de Marcel Proust. No s&oacute;lo porque, entre los m&uacute;ltiples m&eacute;todos que &eacute;l desconoc&iacute;a, yo me apoyo en el psicoan&aacute;lisis, sino, sobre todo, porque la estructura de mi esp&iacute;ritu es de un tipo eminentemente paranoico y, por tanto, el m&aacute;s indicado para esta clase de ejercicio, mientras que la estructura del suyo es la de un neur&oacute;tico deprimido, es decir la menos apta para sus investigaciones".<a title="" href="#_edn1">[1]</a></p>
<p>Hay una gran unanimidad de criterio en la valoraci&oacute;n positiva de la obra pict&oacute;rica de Dal&iacute; anterior a 1940. Las disensiones se abren despu&eacute;s de esas fecha. Pero es obvio que el mercado art&iacute;stico y el gran p&uacute;blico han continuado favoreciendo su obra a pesar de las opiniones divididas de gran parte de la cr&iacute;tica. Un lugar com&uacute;n en los estudios dalinianos dice que el artista efectu&oacute; un cambio radical en su trayectoria a partir de 1940. Y como tantos lugares comunes tiene un fondo de verdad. Despu&eacute;s de la residencia de m&aacute;s de 8 a&ntilde;os (de 1940 a 1947) en los EEUU, con motivo de la segunda guerra mundial y la ocupaci&oacute;n nazi de Francia, Dal&iacute; cambi&oacute; radicalmente. En los fundamentos de su arte, en su sistema de relaci&oacute;n con el mundo art&iacute;stico. Desaparecieron los marchantes y fueron sustituidos por Gala. Y se inici&oacute; un giro en su arte que puede ser le&iacute;do como relectura y parodia de su paso por el surrealismo. Como en otros artistas, se produce una relaci&oacute;n especular (parecida a la que se produce entre el Antiguo y el Nuevo Testamento) entre la primera parte de su vida, de formaci&oacute;n y triunfo, y una segunda de formalismo y decadencia.</p>
<p>Y en esa maniobra, de reinvenci&oacute;n y de reordenaci&oacute;n, juega un papel decisivo la literatura autobiogr&aacute;fica. Esta, a trav&eacute;s de sus diversos modos, nos permite la ilusi&oacute;n de un acceso privilegiado a su intimidad. Aunque, por su misma naturaleza, y por su conocimiento espaciado, no completamente controlado por Dal&iacute;, se ha convertido en un campo de minas. De sorpresas y contradicciones. De denuncias y confirmaciones.</p>
<p>Nativo del Ampurd&aacute;n, una comarca famosa por la gran cantidad de "esventats" tocados por la tramuntana, el fuerte viento del norte, que ha producido, Dal&iacute; ha conseguido integrar en su obra obsesiones y paisajes genuinamente ampurdaneses, de Figueras, Cadaqu&eacute;s y Port Lligat. Son paisajes -ahora ya engullidos por el torbellino del ladrillo-, que eran de una mineralidad intensa, de una belleza pura, de una dureza liminar. En un caso bien particular de lo que Hobswan calific&oacute; como "la invenci&oacute;n de la tradici&oacute;n", Dal&iacute; se cre&oacute; a s&iacute; mismo a partir de la apropiaci&oacute;n de la tradici&oacute;n. O de la invenci&oacute;n de una, a la medida de sus propios intereses y necesidades. La notable <em>Vida secreta</em> es un ejercicio de dimensiones colosales en una melagom&aacute;nica ceremonia de la confusi&oacute;n, en una maniobra de la perversi&oacute;n. Como afirm&oacute; Luis Romero: "Inquietante y parad&oacute;jico Dal&iacute;, derrochador de ingenio extrapict&oacute;rico, discutible, discutido, cat&aacute;rtico, racionalizador de lo irracional, suscitador de entusiasmos desbordados, catalizador de reacciones furibundas, subversivo, virulento, injusto con quien siguen distintas v&iacute;as".<a title="" href="#_edn2">[2]</a></p>
<p>He apuntado al principio que podr&iacute;a resumirse la totalidad de la obra de Dal&iacute;, literaria y pict&oacute;rica, a un inmenso autorretrato. Los bi&oacute;grafos y cr&iacute;ticos que aprovechan su voz, a trav&eacute;s de sus escritos literarios (prosas po&eacute;ticas, memorias, diarios y ensayos, entrevistas) deben hacerlo siempre <em>cum grano salis</em>, puesto, &iquest;hasta qu&eacute; punto es cre&iacute;ble su voz? Buena parte de la obra pict&oacute;rica de Dal&iacute; puede ser le&iacute;da como cap&iacute;tulos de una inmensa autobiograf&iacute;a. Dejo para ellos la labor ingente de analizarla desde esa perspectiva. Pero, desde la palabra, Dal&iacute; nos presenta una obra mucho m&aacute;s limitada. De hecho, me interesan tres aspectos de su obra: las memorias de 1942 (escritas a la edad de 37 a&ntilde;os), con las que organiza y justifica un abandono del surrealismo y el proceso de comercializaci&oacute;n que adopt&oacute;; los diarios escritos entre 1952 y 1964, que son, en apariencia, una clara maniobra de autopromoci&oacute;n, pero que, al mismo tiempo contienen reflexiones importantes sobre su estado en aquel momento; las cartas escritas a los amigos, recuperadas despu&eacute;s de su muerte, que no han podido ser manipuladas y son unas de las v&iacute;as de acceso m&aacute;s veraces a la intimidad del maestro ampurdan&eacute;s.</p>
<p>Como afirm&oacute; Gilbert Lascault, los textos literarios de Dal&iacute; despiertan dos tipos de respuesta: la sospecha y la agresividad; o los subordinan a una lectura los cuadros.<a title="" href="#_edn3">[3]</a> Por fortuna se adivina otra, m&aacute;s &uacute;til, centrada estrictamente en el valor literario de los mismos y, entonces, Dal&iacute; sobresale siempre como un autor original: una de las voces mayores del Surrealismo, en su etapa catalana y parisina. Y un autobi&oacute;grafo de gran calibre. A pesar de la cr&iacute;tica negativa de <em>La vida secreta</em> que escribiera Georges Orwell, en la que le criticaba el hecho de no cumplir con una condici&oacute;n de las grandes autobiograf&iacute;as: revelar alguna desgracia. Pero Dal&iacute; s&iacute; cumple con una condici&oacute;n general que impuso hace tiempo Paul Ricouer: "Existe entre la actividad de contar una historia y el car&aacute;cter temporal de la experiencia humana una correlaci&oacute;n que no es puramente accidental, sino que presenta una forma de necesidad transcultural. O dicho de otro modo: que el tiempo se hace tiempo humano en la medida en que es articulado en un modo narrativo, y que la narrativa alcanza su plena significaci&oacute;n cuando se hace condici&oacute;n de la existencia temporal".<a title="" href="#_edn4">[4]</a> Dal&iacute; se ocup&oacute; en tres frentes simult&aacute;neos de cumplir con esta articulaci&oacute;n del tiempo: a trav&eacute;s de una autobiograf&iacute;a, los diarios y las cartas.</p>
<p>Se puede relacionar su inter&eacute;s por la autobiograf&iacute;a con su obsesi&oacute;n por el retrato y el autorretrato, las cuales arrancan de antiguo. A grandes rasgos se pueden distinguir tres tipos distintos de autorretratos: de g&eacute;nero en su juventud; los surrealistas, en los que su faz se confunde con otros objetos en los cuadros anam&oacute;rficos; o los autorretratos dobles, de sus &uacute;ltimos a&ntilde;os, en los que aparece junto a Gala. Desde muy joven Dal&iacute; cultiv&oacute; el autorretrato como tema pict&oacute;rico. De la &eacute;poca de Madrid sobresalen "Autorretrato con &lsquo;L'Humanit&eacute;'" (1923), en el que su rostro aparece ya sin boca (como en "El gran masturbador") y "Autorretrato con &lsquo;La Publicitat'" (1925), en el que somete la figura a una din&aacute;mica de planos en aceleraci&oacute;n vertical, siguiendo el ejemplo del futurismo o el vibracionismo de Rafael Barradas. Con Garc&iacute;a Lorca comparti&oacute; esta afici&oacute;n, como comprobamos en "Retrato triple de Garc&iacute;a Lorca", Caf&eacute; Oriente, Madrid, 1924, o "Autorretrato dedicado a Lorca" (1926-27). En "Pez y ventana (Naturaleza muerta al claro de luna malva)" (1925) reconoci&oacute; que hab&iacute;a dibujado un retrato de Federico Garc&iacute;a Lorca, "pero la sombra del busto es la sombra que corresponde a mi propia sombra, o sea un poco la sombra de un autorretrato".<a title="" href="#_edn5">[5]</a> En 1926, ilustr&oacute; un texto de J.V. Foix, "Introducci&oacute;n a Salvador Dal&iacute;", en <em>L'Amic de les Arts</em>, que m&aacute;s tarde servir&iacute;a para presentar la primera exposici&oacute;n en la Galer&iacute;a Dalmau, con un dibujo de las cabezas unidas de Dal&iacute; y Lorca, para el que escogi&oacute; el t&iacute;tulo de "Autorretrato".</p>
<p>En la &eacute;poca surrealista desarroll&oacute; una versi&oacute;n de su rostro de perfil, con los ojos cerrados y sin boca, inspirado en una roca de la cala Cullar&oacute; del cabo de Creus. Esta versi&oacute;n se repite en gran n&uacute;mero de cuadros, la cual le sirve para ilustrar su condici&oacute;n de onanista. En las memorias lo explic&oacute; as&iacute;: "Representaba una gran cabeza, amarilla como la cera, muy encarnadas las mejillas, largas las pesta&ntilde;as, y con una nariz imponente apretada contra la tierra. Este rostro no ten&iacute;a boca, y en su lugar hab&iacute;a pegada, una enorme langosta. El vientre de la langosta se descompon&iacute;a y estaba lleno de hormigas. Varias de esas hormigas corr&iacute;an a trav&eacute;s del espacio que habr&iacute;a debido llenar la inexistente boca de la gran cara angustiada, cuya cabeza terminaba en arquitectura y ornamentaci&oacute;n estilo 1900".<a title="" href="#_edn6">[6]</a> &nbsp;En efecto, la base de la cabeza sugiere un pedestal de estilo modernista que se repite en diversas ocasiones. Es semejante al pedestal de la estatua dedicada a Frederic Soler, tambi&eacute;n conocido como Seraf&iacute; Pitarra (1838-1895), que se encuentra en la Rambla de Barcelona, cerca del Liceo.</p>
<p>M&aacute;s tarde explic&oacute; el cuadro as&iacute;: "El erotismo es una parte infinitesimal de nuestro mundo interior. Despu&eacute;s de Freud, es el mundo exterior, el de la f&iacute;sica, el que convendr&iacute;a erotizar y cuantificar. Todo el horror de este cuadro est&aacute; para m&iacute; en el hecho de que la cara no tiene boca. En su lugar, hay un terror&iacute;fico saltamontes".<a title="" href="#_edn7">[7]</a> &nbsp;El rostro de Dal&iacute; contrasta la dureza de las rocas en que se apoya, con la fragilidad de esta nariz apoyada en el suelo. Adem&aacute;s, hay una serie de s&iacute;mbolos f&aacute;licos: el lirio, la lengua del le&oacute;n. El autorretrato de "El gran masturbador" aparece en una versi&oacute;n en miniatura debajo de un busto de Guillermo Tell, en "La memoria de la mujer-ni&ntilde;a" (1931).</p>
<p>En "Profanaci&oacute;n de la hostia" (1929) repite cinco veces la misma cara de "El gran masturbador". De la cara situada en la parte superior del cuadro cae semen manchado de sangre encima de la hostia. El cuadro no debe leerse s&oacute;lo en clave antirreligiosa, sino como expresi&oacute;n del rechazo del deseo y con la teor&iacute;a del simulacro que hab&iacute;a teorizado en "El asno podrido". Para Dal&iacute; hay tres grandes "simulacros": la sangre, los excrementos y la putrefacci&oacute;n. Sangre y putrefacci&oacute;n aparecen en este cuadro. Rompe as&iacute; con grandes tab&uacute;s. Como ha indicado Lubar, Dal&iacute; llega a invertir el dogma cat&oacute;lico de la transubstanciaci&oacute;n de Cristo para atacar a los agentes de la represi&oacute;n. La idea de la transubstanciaci&oacute;n es una met&aacute;fora de la disoluci&oacute;n del yo, puesto que el deseo amoroso y el rechazo o la llamada de la muerte, son los dos grandes instintos que controlan los l&iacute;mites corporales y ps&iacute;quicos.<a title="" href="#_edn8">[8]</a> &nbsp;Santos Torroella ha indicado que el tema del semen y la hostia puede tener su origen en la novela de Ernesto Gim&eacute;nez Caballero, <em>Yo, inspector de alcantarillas</em> (1928), en la cual un viejo jesuita recuerda c&oacute;mo un compa&ntilde;ero suyo de colegio sol&iacute;a alardear de haber eyaculado encima de un c&aacute;liz, mientras exclamaba "me corro en Dios y en la Virgen, su madre, y en el cop&oacute;n bendito".<a title="" href="#_edn9">[9]</a> &nbsp;(<em>VD</em>).</p>
<p>Sin duda, su mejor autorretrato escrito es <em>The Secret Life of Salvador Dal&iacute;</em> (<em>La vida secreta de Salvador Dal&iacute;</em>), que public&oacute; en 1943. Es una autobiograf&iacute;a con la que Dal&iacute; justifica su cambio de rumbo a partir de las estancia en los EEUU. La dedicatoria reza: <em>"A Gala-Gradiva, celle qui avance"</em>. Dos ilustraciones en colores abr&iacute;an el volumen. Una era un montaje a partir del "Autorretrato blando" y la otra un retrato de Gala. Ambos estaban enmarcados por una orla que incluye objetos caracter&iacute;sticos del mundo daliniano anterior: muletas, hormigas, etc. El libro est&aacute; muy pensado desde una perspectiva estrictamente literaria: tiene una total simetr&iacute;a y la ordenaci&oacute;n de los cap&iacute;tulos dan la sensaci&oacute;n de una verdadera conclusi&oacute;n. En los extremos un "pr&oacute;logo" y un "ep&iacute;logo. Son comentarios que dan sentido al conjunto, en relaci&oacute;n con el presente de la escritura. Las dos partes de catorce cap&iacute;tulos cada una, concentran el paso de la adolescencia a la expulsi&oacute;n del n&uacute;cleo familiar.<a title="" href="#_edn10">[10]</a> Las p&aacute;ginas finales de <em>La vida secreta</em> confirman que el libro es una gran maniobra de justificaci&oacute;n de hechos recientes. Termina con la llegada a Norteam&eacute;rica, justo en el momento en que est&aacute; ultimando la redacci&oacute;n del libro. Despu&eacute;s del cap&iacute;tulo 13, en el que explica su repulsa hacia las ideolog&iacute;as comunista y nazi, escribe: "Pero ya la hiena de la opini&oacute;n p&uacute;blica escurr&iacute;ase en torno m&iacute;o, pidi&eacute;ndome con la babeante amenaza de sus expectantes comillos, que me decidiera por fin, que me hiciera stalinista o hitlerista. &iexcl;No, no, no, y mil veces no! Continuar&iacute;a siendo, como siempre y hasta la muerte, daliniano y &uacute;nicamente daliniano!"<a title="" href="#_edn11">[11]</a> La impresi&oacute;n del lector es la de una gran manipulaci&oacute;n, para explicar el nuevo rumbo que est&aacute; adoptando el arte daliniano. El mismo Dal&iacute; se vio obligado a justificar, al final del libro, que no es normal escribir las memorias antes de vivir. Porque la <em>Vida secreta</em> es una reinvenci&oacute;n, un gran proceso de manipulaci&oacute;n de la "verdad" autobiogr&aacute;fica: "Pero con mi vicio de hacerlo todo diferentemente de los dem&aacute;s, de hacer lo contrario de lo que los dem&aacute;s hacen, cre&iacute; que era m&aacute;s inteligente empezar escribiendo mis memorias y vivirla despu&eacute;s. &iexcl;Vivir! Liquidas media vida para vivir la otra media enriquecida por la experiencia, libre de las cadenas del pasado. Para esto era necesario que matara a mi pasado sin piedad ni escr&uacute;pulo, deb&iacute;a desembarazarme de mi propia piel, esa piel inicial de mi vida amorfa y revolucionaria del per&iacute;odo de posguerra".<a title="" href="#_edn12">[12]</a> De hecho, propone con esta imagen tan precisa, la de la serpiente, empezar una nueva vida: "&iexcl;Nueva piel, nueva tierra!". (422). La publicaci&oacute;n del libro tiene un efecto devastador en su amistad con Luis Bu&ntilde;uel. Le ha acusado de ser ateo y Bu&ntilde;uel pierde su empleo en el MOMA de Nueva York. En sus memorias, Bu&ntilde;uel escribi&oacute;: "a pesar de todos los recuerdos de nuestra juventud, a pesar de la admiraci&oacute;n que todav&iacute;a hoy me inspira parte de su obra, me es imposible perdonarle su exhibicionismo ferozmente egoc&eacute;ntrico, su c&iacute;nica adhesi&oacute;n al franquismo y, sobre todo, su odio declarado a la amistad."<a title="" href="#_edn13">[13]</a></p>
<p>Los diarios de Dal&iacute; publicados hasta el momento corresponden a dos momentos bien diferenciados. El primero, <em>Un diari: 1919-1920 Les meves impressions i records &iacute;ntims</em><a title="" href="#_edn14"><strong>[</strong></a><a title="" href="#_edn14"><strong>14]</strong></a> corresponde a dos a&ntilde;os cruciales en su formaci&oacute;n. EL segundo, <em>Diario de un genio</em> parece un inmenso ejercicio de autojustificaci&oacute;n, en un ajuste de cuentas pendientes, pero tambi&eacute;n una imprescindible confesi&oacute;n del artista. <em>Un diari: 1919-1920 Les meves impressions i records &iacute;ntims</em> es un diario de "impresiones" y "recuerdos" que nos ayudan a entender al artista adolescente, al comprobar que el escritor de invierno corresponde al pintor del verano. Dominan cinco ejes: el inter&eacute;s por el activismo pol&iacute;tico radical; el miedo a los profesores del instituto; las actividades de artista incipiente, conversaciones con amigos, lecturas (Baroja, Iglesias, Dar&iacute;o, X&egrave;nius, etc.); el ardor del adolescente t&iacute;mido y enamoradizo, dotado con una imaginaci&oacute;n desbordante; las notas sobre el paisaje mezcladas con apuntes atmosf&eacute;ricos. En 1919 sent&iacute;a todav&iacute;a una fascinaci&oacute;n por la revoluci&oacute;n bolchevique, lo cual que hjace escribir frases sorprendentes a favor del terrorismo y de la tiran&iacute;a, o sobre el ej&eacute;rcito espa&ntilde;ol como una "organitzaci&oacute; de criminals". Poco a poco, a medida que las notas se hacen m&aacute;s seguras y extensas, es mucho m&aacute;s certero. El arte -pintura, cine, teatro, literatura- se convierten en el gran tema. La muerte de un profesor, por ejemplo, le permite expresar el odio al esp&iacute;ritu conformista de la burgues&iacute;a: "gaudir de la vida que no &eacute;s altra cosa que esperit i poesia." Atisbamos ya al gran Dal&iacute; escritor, el que sabe componer una espl&eacute;ndida narraci&oacute;n de juna excursi&oacute;n a la ermita de Sant Pau con t&eacute;cnicas que anuncian sus mejores poemas en prosa. O que sabe establecer un contraste fulgurante entre lo m&aacute;s siniestro de la Barcelona industrial y el recuerdo de la naturaleza que ha podido observar durante el verano en Cadaqu&eacute;s. Aquello, en definitiva, que en su opini&oacute;n expresan sus cuadros: "aquests matins i aquelles tardes de lluminositat exquisida, i aquell sofrir, i aquell sensualisme del sofrir, i aquella noia d'aquells ulls que mirava cada vespre quan els grills cantavem."</p>
<p>La redacci&oacute;n de diarios puede relacionarse con una afirmaci&oacute;n del propio Dal&iacute; en el <em>Manifiesto m&iacute;stico</em>. El artista debe someter sus ensue&ntilde;os m&iacute;sticos a un proceso de riguroso examen diario, para fabricarse "un alma dermoesquel&eacute;tica". As&iacute; obtendr&aacute; un &eacute;xtasis m&iacute;stico, el cual es "superalegre, explosivo, desintegrado, supers&oacute;nico, ondulatorio y corpuscular y ultragelatinoso, pues es la erupci&oacute;n est&eacute;tica de la m&aacute;s alta felicidad paradisiaca que la humanidad puede alcanzar en la tierra."<a title="" href="#_edn15">[15]</a> As&iacute;, por ejemplo, en el cat&aacute;logo de la exposici&oacute;n en la Galer&iacute;a Goemans, Breton lo caracteriz&oacute; en t&eacute;rminos contradictorios: "Dal&iacute; est ici comme un homme qui h&eacute;siterait (et dont l&acute;avenir montrera qu&acute;il n&acute;h&eacute;sitait pas) entre le talent et le g&eacute;nie, on eut dit autrefois le vice et la vertu". Adapt&oacute; muchas ideas de Dal&iacute;. Su admiraci&oacute;n por &eacute;l le hizo proclamar que "durante tres o cuatro a&ntilde;os, Dal&iacute; encarn&oacute; el esp&iacute;ritu surrealista y lo hizo brillar con todo su esplendor". La relaci&oacute;n entre ambos se rompi&oacute; por las crecientes diferencias pol&iacute;ticas. La ruptura decisiva fue sellada por la referencia que Breton hizo en 1940: defini&oacute; a Dal&iacute; con un anagrama cr&iacute;tico, "Avida Dolars". En el <em>Diario de un genio</em>, Dal&iacute; escribi&oacute;: "Breton: &iexcl;tanta y tanta intransigencia por tan insignificante decadencia!"<a title="" href="#_edn16">[16]</a> El texto le sirve para justificar la situaci&oacute;n geogr&aacute;fica de la cala de Port Lligat y su propia originalidad: "Mientras desayuno, veo salir el sol y me doy cuenta de que, siendo Port Lligat, geogr&aacute;ficamente, el punto m&aacute;s oriental de Espa&ntilde;a, soy cada ma&ntilde;ana el primer espa&ntilde;ol en recibir la caricia del sol".<a title="" href="#_edn17">[17]</a> O bien, ampliar la reflexi&oacute;n sobre conceptos centrales de su mundo. Los excrementos, junto con la sodomizaci&oacute;n, ocupan un lugar singular en el imaginario sexual daliniano. En la &eacute;poca que viv&iacute;a en Madrid, en tiempo de los excesos con Lorca y Bu&ntilde;uel la deposici&oacute;n matutina "era una innombrable ignominia pestilente, discontinua, espasm&oacute;dica salpicante, convulsiva, infernal, ditir&aacute;mbica, existencialista, escocedora y sanguinolenta comparada con la de hoy".<a title="" href="#_edn18">[18]</a> Ampl&iacute;a, por otra parte, las razones de su reivindicaci&oacute;n de Francesc Pujols: "Como con tanto acierto ha dicho el fil&oacute;sofo catal&aacute;n Francesc Pujols: &lsquo;La mayor aspiraci&oacute;n del hombre, en el plano social, es la sagrada libertad de vivir sin tener necesidad de trabajar.' Dal&iacute; completa este aforismo a&ntilde;adiendo que esta libertad condiciona a su vez el hero&iacute;smo humano. Aurificarlo todo, he aqu&iacute; la &uacute;nica forma de espiritualizar la materia."<a title="" href="#_edn19">[19]</a></p>
<p>Uno de los rasgos f&iacute;sicos m&aacute;s universalmente conocidos de Dal&iacute; son sus bigotes. En el <em>Diario</em> se encarga de justificar su importancia:"Federico Garc&iacute;a Lorca, fascinado por los bigotes de Hitler, deber&iacute;a proclamar que &lsquo;los bigotes constituyen la constante tr&aacute;gica del rostro del hombre'. &iexcl;Hasta en los bigotes iba yo a superar a Nietzesche! Los m&iacute;os no ser&iacute;an deprimentes, catastr&oacute;ficos, colmados de m&uacute;sica wagneriana y de brumas. Ser&iacute;an afilados, imperialistas, ultrarracionalistas y apuntando hacia el cielo, como el misticismo vertical, como los sindicatos espa&ntilde;oles."<a title="" href="#_edn20">[20]</a> O explica el sentido de la estaci&oacute;n de Perpi&ntilde;&aacute;n como centro del universo. Cada a&ntilde;o, antes de partir para los EEUU, Gala exped&iacute;a los cuadros desde la estaci&oacute;n de Perpi&ntilde;&aacute;n. El edificio atrajo la atenci&oacute;n de Dal&iacute;. "Siempre es en la estaci&oacute;n de Perpi&ntilde;&aacute;n, en el momento en que Gala procede a facturar mis cuadros que nos siguen en tren, cuando me asaltan las ideas m&aacute;s geniales de mi vida. Ya unos kil&oacute;metros antes, en Le Boulou, mi cerebro empieza a ponerse en movimiento, pero la llegada a la estaci&oacute;n de Perpi&ntilde;&aacute;n da lugar a una aut&eacute;ntica eyaculaci&oacute;n mental que alcanza su m&aacute;xima y sublime cota especulativa."<a title="" href="#_edn21">[21]</a></p>
<p>Las cartas nos permiten un acceso directo al Dal&iacute; sin m&aacute;scaras. Hay un juego de cartas apasionante cruzado entre el padre, Salvador Dal&iacute; y Cus&iacute; y Federico Garc&iacute;a Lorca. En ellas explic&oacute; su reacci&oacute;n a la actitud de su hijo: "No s&eacute; si estar&aacute; enterado de que tuve que echar de mi casa a mi hijo. Ha sido muy doloroso para todos nosotros, pero por dignidad fue preciso tomar tan desesperada resoluci&oacute;n. (...) Es un desgraciado, un ignorante, y un pedante sin igual, adem&aacute;s de un perfecto sinverg&uuml;enza. Cree saberlo todo y ni siquiera sabe leer y escribir. En fin, usted le conoce mejor que yo." Su indignaci&oacute;n estaba muy relacionada con el concubinaje con Gala: "Su indignidad ha llegado al extremo de aceptar el dinero y la comida que le da una mujer casada, que con el consentimiento y benepl&aacute;cito del marido lo lleva bien cebado para wue en el momento oportuno pueda dar el mejor salto."<a title="" href="#_edn22">[22]</a> &nbsp;O bien, en carta a Garc&iacute;a Lorca, Dal&iacute; concret&oacute; su visi&oacute;n de la impasibilidad, serenidad e indiferencia hacia San Sebasti&aacute;n, como encarnaci&oacute;n de la objetividad: "Otra vez te hablar&eacute; de Santa Objetividad, que ahora se llama con el nombre de San Sebastian."Asimismo, expresaba una necesidad de autocontrol: "Cadaques es un &lsquo;hecho suficiente', superaci&oacute;n es ya exceso, un pecado benial; tambien la profundidad excesiva podria ser peor, podria ser estasis - A mi no me gusta que nada me guste extraordinariamente, huyo de las cosas que me podr&iacute;an extasiar, como de los autos, el &eacute;xtasis es un peligro para la inteligencia.&rdquo;<a title="" href="#_edn23">[23]</a></p>
<p>Algunas fueron cartas p&uacute;blicas y pudo controlar su efecto. En 1933, con motivo de una exposici&oacute;n en la Galer&iacute;a Pierre Colle escribi&oacute; una "Carta a Andr&eacute; Breton" en la que reivindicaba la figura del pintor franc&eacute;s de temas hist&oacute;ricos Ernest Meissonier (1815-1891): "Pero, mi querido Breton, sabe usted asimismo y tan bien como yo, que mi soledad se vuelve inmensa e incurable en el propio instante en que, llegando sediento voluptuosamente a la cava, pienso repentinamente, palpitante el coraz&oacute;n, en Napole&oacute;n a la cabeza de su ej&eacute;rcito, en la campa&ntilde;a de Rusia, en los caballos con todas las correas reglamentarias en mitad de esa nieve de peque&ntilde;a sed fina que cubre el paisaje &lsquo;tal'como lo pintara Meissonier en el conocid&iacute;simo e inmortal cuadro que con esa delicadeza de t&eacute;cnica acad&eacute;mica que le es propia y que en este momento me parece el medio m&aacute;s complicado, m&aacute;s inteligente y extrapict&oacute;rico que se pueda utilizar en los pr&oacute;ximos delirios de exactitud irracional, a los que el surrealismo me parece estar destinado, de inmediato."<a title="" href="#_edn24">[24]</a> Esta defensa de Meissonier no sent&oacute; muy bien a Breton. Pocos a&ntilde;os despu&eacute;s le critic&oacute; duramente su uso de una t&eacute;cnica "ultraretrograda" y el acercamiento a la pintura de Meissonier. En especial le criticaba su uso del academicismo, llamado por Dal&iacute; "clasicismo". ("Genesis and Perspective of Surrealism", <em>Art of this Century</em> (New York: Art of this Century Gallery, 1942, 13-27).</p>
<p>Otras cartas son de confesi&oacute;n. En una carta a Luis Bu&ntilde;uel, escrita a poco de acabada la guerra civil, traz&oacute; un interesante an&aacute;lisis de los hechos, que ilumina su posici&oacute;n posterior: &laquo;metieron a mi hermana en prisi&oacute;n en Barcelona los rojos 20 dias (!) i la martirizaron, se a buelto loca, esta en Cadaques, le tienen que dar la comida por la fuerza, i se caga en la cama, imaginate la tragedia de mi padre al que le an robado <em>todo</em>, tiene que vivir en una casa de hu&eacute;spedes en Figueres, naturalmente le mando dolares, se ha convertido en un fanatico adorador de Franco que considera un semi-dios, el glorioso caudillo como dice a cada linea de sus delirantes cartas (me an salvado todo lo de la casa de Cadaques) El ensayo revolucionario a sido tan desastroso que todo el mundo prefiere Franco. Recibo a este sugeto noticias colosales. Catlinistas de toda la vida, republicanos federales, anticlericales acerrimos, me escriven entusiastas por el nuevo regimen! al menos&raquo;.<a title="" href="#_edn25">[25]</a> Poco despu&eacute;s el propio Dal&iacute; hijo iba a seguir el camino de su padre en la conversi&oacute;n a un franquismo desaforado. En otra carta a Bu&ntilde;uel ampl&iacute;a los t&eacute;rminos de su conversi&oacute;n en curso: &laquo;Resumen - mi vida deve <em>orientarse hacia Espa&ntilde;a</em> i Familia. Destrucci&oacute;n sistematica del pasado <em>hinfantilista</em> y representado por los amigos de Madrid imagenes <em>sin consistencia real</em>. Gala, <em>hunica realidad</em>, ya incorporada a mi libido en sentido <em>constructivo</em>. No puedo hablarte mas <em>FRANCO</em> que me es posible. -&raquo; Y a&ntilde;ad&iacute;a: &laquo;Viva! el <em>individualismo</em> de los tiburones (marquis de Sade) que se coman a los debiles -NICTCHE- i el Ampurdan -realista, surrealista- Que mierda el marxismo, hultima supervivencia de la mierda cristiana - El Catolicismo lo respecto <em>mucho</em>&raquo;.<a title="" href="#_edn26">[26]</a> &nbsp;(26)</p>
<p>Tambi&eacute;n, el epistolario incluye episodios de la amistad. Federico Garc&iacute;a Lorca pidi&oacute; en carta a Dal&iacute;: "inscribe mi nombre en esta tela, para que mi nombre diga algo al mundo." (<em>Dal&iacute; residente</em>, 177-8). "La miel es m&aacute;s dulce que la sangre" alude a una frase de Lidia de Cadaqu&eacute;s, que significa que el amor es m&aacute;s importante que los lazos de familia.</p>
<p class="Sangra2detindependiente1">La literatura autobiogr&aacute;fica de Salvador Dal&iacute; debe leerse en paralelo a una obra pict&oacute;rica de car&aacute;cter particular, puesto que el autor se desnuda ante el espectador, incorpora objetos y obsesiones, se analiza en p&uacute;blico. Los textos son el negativo de un arte, y nos proporcionan claves decisivas para trazar el sentido de una obra marcada por una vida enmascarada.</p>
<p><strong>NOTAS</strong></p>
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<div><br clear="all" /><hr align="left" size="1" width="33%" />
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<p><a title="" href="#_ednref1">[1]</a> Salvador Dal&iacute;. <em>Journal d'un g&eacute;nie</em>. Paris: &Eacute;ditions de la Table Ronde, 1964. (trad. Tusquets, 1983), p. 75.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref2">[2]</a> Luis Romero, <em>Todo Dal&iacute; en un rostro</em>. Barcelona: Blume, 1975, p. 306.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref3">[3]</a> Gilbert Lascault, "Une Sch&eacute;h&eacute;razade du gluant. Autour des textes de Salvador Dal&iacute;". <em>Salvador Dal&iacute;. Retrospective: 1920-1980</em>. Paris: Mus&eacute;e National d'Art Moderne, Centre Georges Pompidou, 1979. pp. 235-243.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref4">[4]</a> Paul Ricoeur, <em>Tiempo y narraci&oacute;n I. Configuraci&oacute;n del tiempo hist&oacute;rico</em>. M&eacute;xico DF: Siglo Veintiuno Editores, 1985, p. 85.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref5">[5]</a> Ian Gibson, <em>La vida excesiva de Salvador Dal&iacute;</em>. Barcelona: Emp&uacute;ries, 1998, p. 680.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref6">[6]</a> <em>Vida secreta</em>,p. 266.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref7">[7]</a> Robert Descharnes, <em>Dal&iacute; de Gala.</em> Lausana: Edita, 1962, pp. 62-63.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref8">[8]</a> Robert Lubar, <em>The Salvador Dal&iacute; Museum Collection</em>. Boston: A Bullfinch Press Book, 2000, p. 58.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref9">[9]</a> I. Gibson, op. cit., p, 367.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref10">[10]</a> Alsina, Jean. "Salvador Dal&iacute; autobiographe dans <em>La vida secreta de Salvador Dal&iacute; por Salvador Dal&iacute;</em>." <em>&Eacute;criture sur soi en Espagne. Mod&egrave;les &amp; &Eacute;carts</em>. Ed. Guy Mercadier. Aix-en-Provence: Universit&eacute; de Provence, 1988. 257-271, p. 260.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref11">[11]</a> Salvador Dal&iacute;, <em>La vida secreta de Salvador Dal&iacute;</em>. Trad. Jos&eacute; Mart&iacute;nez. Figueres: DASA Edicions, 1981. p. 387.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref12">[12]</a> <em>Vida secreta</em>, op. cit. p. 422.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref13">[13]</a> Luis Bu&ntilde;uel, <em>Mi &uacute;ltimo suspiro</em>. Barcelona: Plaza &amp; Jan&eacute;s Editores, 1982, p. 218.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref14">[14]</a> Salvador Dal&iacute;, <em>Un diari: 1919-1920 Les meves impressions i records &iacute;ntims</em>, Edici&oacute;, introduci&oacute; i notes de F&egrave;lix Fan&eacute;s, Edicions 62, Barcelona 1994.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref15">[15]</a> Salvador Dal&iacute;<em>, Journal d'un g&eacute;nie</em>. Paris: &Eacute;ditions de la Table Ronde, 1964. (trad. Barcelona: Tusquets, 1983).</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref16">[16]</a> Ibidem, p. 94.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref17">[17]</a> Ibidem, p. 54.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref18">[18]</a> Ibidem, p. 42.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref19">[19]</a> Ibidem, p. 30.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref20">[20]</a> Ibidem, p. 16.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref21">[21]</a> Ibidem, p. 232.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref22">[22]</a>&nbsp; I. Gibson, op. cit., p. 317.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref23">[23]</a> Ibidem, p. 199.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref24">[24]</a> Salvador Dal&iacute;, <em>&iquest;Por qu&eacute; se ataca a la Gioconda?</em> Edici&oacute;n de Mar&iacute;a J. Vera,<em> </em>Madrid: Ediciones Siruela, 1994, p. 150.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref25">[25]</a> I. Gibson, op. cit. p. 501.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref26">[26]</a> Ibidem, p. 502.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fotograf&iacute;a: Enrique Meneses</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Mon, 10 Jun 2013 07:53:36 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La casa redonda]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-casa-redonda/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/LOUISE_ERDRICH.jpg" alt="" /></p>
<p align="center">Cap&iacute;tulo uno</p>
<p align="center"><em>1988</em></p>
<p>Unos peque&ntilde;os &aacute;rboles hab&iacute;an atacado los cimientos de la casa de mis padres. Tan solo eran unas pl&aacute;ntulas con un par de tiesas y vigorosas hojas. Aun as&iacute;, los tallos de los reto&ntilde;os hab&iacute;an conseguido deslizarse por las delgadas grietas de las tablillas decorativas y marrones, que cubr&iacute;an los bloques de cemento. Hab&iacute;an crecido dentro del muro invisible y no resultaba nada f&aacute;cil arrancarlos. Mi padre se limpi&oacute; la frente con la palma de la mano y maldijo su resistencia. Yo utilizaba una vieja y oxidada horquilla para dientes de le&oacute;n con el mango astillado; &eacute;l bland&iacute;a un largo y fino atizador de hierro para chimenea, que probablemente resultaba m&aacute;s perjudicial que beneficioso. A medida que mi padre taladraba la tierra a ciegas, all&iacute; donde intu&iacute;a que pod&iacute;an haber penetrado las ra&iacute;ces, seguramente realizaba en el mortero oportunos agujeros para los pimpollos del pr&oacute;ximo a&ntilde;o.</p>
<p>Cada vez que yo lograba desenterrar alg&uacute;n arbolillo a duras penas, lo colocaba a mi lado, como si fuera un trofeo, en la estrecha acera que rodeaba la casa. Hab&iacute;a brotes de fresnos, olmos, arces, arces americanos e incluso una catalpa de buen tama&ntilde;o, que mi padre guard&oacute; en un tarro de helado y reg&oacute;, pensando que podr&iacute;a encontrarle un sitio para replantarla. A m&iacute; me parec&iacute;a un milagro que esos min&uacute;sculos &aacute;rboles hubieran sobrevivido al invierno de Dakota del Norte. Hab&iacute;an recibido agua, desde luego, pero escasa luz y apenas unas migajas de tierra. Aun as&iacute;, cada semilla hab&iacute;a logrado enterrar y afianzar una ra&iacute;z en lo m&aacute;s hondo, as&iacute; como asomar fuera un zarcillo.</p>
<p>Mi padre se enderez&oacute; y estir&oacute; la espalda dolorida.</p>
<p>&mdash;Ya es suficiente &mdash;anunci&oacute;, aunque sol&iacute;a ser un perfeccionista.</p>
<p>Yo era reacio a parar, sin embargo, y despu&eacute;s de que entrara en casa para llamar por tel&eacute;fono a mi madre, que hab&iacute;a acudido a la oficina a buscar una carpeta, segu&iacute; &nbsp;escarbando las ocultas ra&iacute;ces. Mi padre no volvi&oacute; a salir y pens&eacute; que deb&iacute;a de haberse acostado para echarse una siesta, como ahora acostumbraba. Uno podr&iacute;a pensar que yo, un muchacho de trece a&ntilde;os con mejores cosas que hacer, dejar&iacute;a entonces de trabajar, pero &nbsp;fue &nbsp;al contrario. Conforme fue avanzando la tarde y la quietud y el silencio se fueron</p>
<p>apoderando de la reserva, me parec&iacute;a cada vez m&aacute;s importante exterminar a cada uno de estos invasores hasta el extremo de la ra&iacute;z, donde se concentraba todo el crecimiento vital. Y tambi&eacute;n me parec&iacute;a importante hacerlo con precisa meticulosidad, al contrario de tantas tareas que hab&iacute;a realizado de forma chapucera. Todav&iacute;a hoy me sorprende el esmero tan riguroso que mostr&eacute;. Hund&iacute;a la horquilla de hierro lo m&aacute;s cerca que pod&iacute;a a lo largo del brote con forma de ramilla. Cada diminuto &aacute;rbol requer&iacute;a su propia y particular estrategia. Resultaba casi imposible no seccionar la planta antes de extraerla intacta de su tenaz escondrijo.</p>
<p>Desist&iacute; al fin; estaba leyendo y tom&aacute;ndome un vaso de agua fresca en la cocina cuando mi padre se levant&oacute; de la siesta y apareci&oacute;, desorientado y bostezando. Yo hab&iacute;a entrado a hurtadillas en su despacho y hab&iacute;a cogido el libro de derecho que mi padre llamaba &laquo;La Biblia&raquo;. El <em>Manual de la Ley Federal India </em>de Felix S. Cohen. Mi padre lo hab&iacute;a heredado de su padre; la cubierta de color rojo &oacute;xido estaba ara&ntilde;ada y el largo lomo cuarteado, y en cada p&aacute;gina aparec&iacute;an anotaciones escritas a mano. Yo intentaba familiarizarme con la antigua lengua y las constantes notas a pie de p&aacute;gina. Mi padre, o mi abuelo, hab&iacute;a garabateado un signo de exclamaci&oacute;n en la p&aacute;gina 38, junto al caso escrito en cursiva, que naturalmente tambi&eacute;n hab&iacute;a despertado mi inter&eacute;s: <em>Estados Unidos contra ciento sesenta litros de whisky. </em>Supongo que uno de ellos debi&oacute; de pensar que ese t&iacute;tulo era rid&iacute;culo, al igual que yo. No obstante, estaba analizando la idea, puesta en evidencia en otros casos y reforzada en este, de que nuestros tratados con el Gobierno parec&iacute;an ser tratados firmados con naciones extranjeras. Que la <em>grandeur </em>y la fuerza de las que hablaba mi Mooshum no se hab&iacute;an perdido por completo, ya que permanec&iacute;an protegidas por la ley, al menos hasta cierto punto, que yo me propon&iacute;a conocer.</p>
<p>A pesar de su importancia, el manual de Cohen no era un libro pl&uacute;mbeo y, cuando mi padre apareci&oacute;, lo escond&iacute; r&aacute;pidamente en el regazo debajo de la mesa. Mi padre se lami&oacute; los labios resecos y se puso a dar vueltas en busca del olor a comida, tal vez, el ruido de cacharros, el tintineo de vasos o el sonido de unos pasos. Lo que me dijo me sorprendi&oacute;, aunque aparentemente sus palabras sonaron intrascendentes.</p>
<p>&mdash; &iquest;D&oacute;nde est&aacute; tu madre?</p>
<p>Su voz era ronca y &aacute;spera. Deslic&eacute; el libro en otra silla, me levant&eacute; y le di mi vaso de agua. Lo apur&oacute; de un trago. No repiti&oacute; esas palabras, pero ambos nos quedamos mir&aacute;ndonos fijamente de un modo que me pareci&oacute; adulto en cierta medida, como si &eacute;l supiera que con mi lectura yo me hab&iacute;a introducido en su mundo. Me sostuvo la mirada hasta que yo baj&eacute; los ojos. La verdad es que yo acababa de cumplir trece a&ntilde;os. Dos meses atr&aacute;s, ten&iacute;a doce.</p>
<p>&mdash; &iquest;Trabajando? &mdash;respond&iacute;, para romper su mirada.</p>
<p>Yo daba por sentado que &eacute;l sab&iacute;a d&oacute;nde estaba, que hab&iacute;a obtenido esa informaci&oacute;n con una llamada telef&oacute;nica. En realidad, yo sab&iacute;a que no estaba trabajando. Ella hab&iacute;a contestado a una llamada de tel&eacute;fono y despu&eacute;s me hab&iacute;a dicho que iba a la oficina a buscar un par de carpetas. Como especialista del registro tribal, seguramente estar&iacute;a d&aacute;ndole vueltas a alguna solicitud que hab&iacute;a recibido. Era domingo; de ah&iacute; tanto secretismo. El tiempo detenido del domingo por la tarde. Aunque hubiese acudido a la casa de su hermana Clemence para hacerle una visita despu&eacute;s, mam&aacute; deber&iacute;a de estar ya de vuelta para preparar la cena. Ambos lo sab&iacute;amos. Las mujeres no son conscientes del enorme valor que otorgan los hombres a la regularidad de sus h&aacute;bitos. Metabolizamos sus idas y venidas en nuestros cuerpos y sus ritmos en nuestros huesos. Nuestro pulso acompasa el suyo, y como siempre en las tardes del fin de semana, aguardamos a que mi madre nos marque inexorablemente el paso del tiempo hasta la noche.</p>
<p>Por lo que su ausencia detuvo el tiempo.</p>
<p>&mdash; &iquest;Qu&eacute; &nbsp;&nbsp;hacemos? &nbsp;&mdash;preguntamos &nbsp;&nbsp;al&nbsp; &nbsp;un&iacute;sono, &nbsp;&nbsp;algo &nbsp;&nbsp;que &nbsp;&nbsp;result&oacute; &nbsp;&nbsp;de &nbsp;&nbsp;&nbsp;nuevo desazonador.</p>
<p>Pero al verme nervioso, mi padre, al menos, tom&oacute; las riendas de la situaci&oacute;n.</p>
<p>&mdash; Vamos &nbsp;a &nbsp;por &nbsp;ella &mdash;dijo. &nbsp;E &nbsp;incluso &nbsp;en &nbsp;ese &nbsp;momento,&nbsp; &nbsp;mientras &nbsp;&nbsp;me&nbsp; pon&iacute;a&nbsp; &nbsp;la cazadora, me alegraba de que se mostrara tan decidido: &laquo;a por ella&raquo;, no solo buscarla, ni salir en su busca. Saldr&iacute;amos y la encontrar&iacute;amos.</p>
<p>&mdash; Habr&aacute; &nbsp;tenido &nbsp;un pinchazo &mdash;razon&oacute;&mdash;. Seguramente llev&oacute; a alguien a casa y tuvo un pinchazo. Estas malditas carreteras. Caminaremos hasta la casa de tu t&iacute;o para que nos deje el coche e iremos a por ella.</p>
<p>&laquo;A por ella&raquo; otra vez. Camin&eacute; a su lado. Andaba con paso ligero y todav&iacute;a vigoroso una vez que se pon&iacute;a en marcha.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Se hab&iacute;a hecho abogado y despu&eacute;s juez, y tambi&eacute;n se hab&iacute;a casado ya mayor. Tambi&eacute;n yo supuse una sorpresa para mi madre. Mi viejo Mooshum me llamaba &laquo;Ups&raquo;; era el apodo que me hab&iacute;a puesto, y por desgracia, a otros miembros de la familia les hizo gracia. Por ello, a veces me llaman Ups hasta el d&iacute;a de hoy. Bajamos la colina hasta la casa de mis t&iacute;os &mdash;una casa verde claro del Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano, protegida por unos chopos y cuyos aspecto y categor&iacute;a hab&iacute;an sido mejorados con tres peque&ntilde;os abetos azules. Mooshum tambi&eacute;n viv&iacute;a all&iacute;, en una eterna neblina. Todos nos sent&iacute;amos orgullosos de su extraordinaria longevidad. Era un anciano, pero todav&iacute;a cuidaba activamente del jard&iacute;n. Tras los esfuerzos realizados, se acostaba en un catre &mdash;un amasijo de palos&mdash; junto a la ventana para descansar, echaba unas cabezadas, a veces emitiendo unos roncos chisporroteos que seguramente eran risotadas.</p>
<p>Cuando mi padre explic&oacute; a Clemence y a Edward que mi madre hab&iacute;a sufrido un pinchazo y que necesit&aacute;bamos su coche, como si de verdad fuera sabedor del supuesto pinchazo, casi me ech&eacute; a re&iacute;r. Parec&iacute;a haberse convencido a s&iacute; mismo de la verdad de su conjetura.</p>
<p>Salimos del camino de acceso marcha atr&aacute;s en el Chevrolet de mi t&iacute;o y nos dirigimos a las oficinas tribales. Dimos una vuelta completa al aparcamiento. Vac&iacute;o. Las ventanas estaban a oscuras. Tras salir marcha atr&aacute;s de la entrada, giramos a la derecha.</p>
<p>&mdash; Seguro que ha ido a Hoopdance &mdash;dijo mi padre&mdash;. Necesitar&iacute;a algo para la cena. Tal vez quer&iacute;a darnos alguna sorpresa, Joe.</p>
<p>Soy el segundo Antone Bazil Coutts, pero me pelear&iacute;a con cualquiera que a&ntilde;adiera un n&uacute;mero a mi nombre. O me llamara Bazil. Decid&iacute; llamarme Joe al cumplir seis a&ntilde;os. A los ocho, me di cuenta de que hab&iacute;a elegido el nombre de Joseph, el padre de mi padre, el abuelo al que nunca conoc&iacute; salvo por las inscripciones en los libros de p&aacute;ginas amarillentas y de cubiertas de cuero cuarteadas. Dej&oacute; en herencia varias estanter&iacute;as repletas de estas antiguallas. Me molestaba no tener un nombre totalmente in&eacute;dito para distinguirme del tedioso linaje de los Coutts &mdash;hombres responsables y rectos, incluso improvisados y desenvueltos h&eacute;roes, que beb&iacute;an tranquilamente, fumaban alg&uacute;n que otro puro, conduc&iacute;an un coche razonable y solo mostraban su val&iacute;a al casarse con mujeres m&aacute;s inteligentes. Yo me ve&iacute;a diferente, aunque todav&iacute;a no sab&iacute;a en qu&eacute;. Incluso en ese momento, aplacando mi angustia mientras part&iacute;amos en busca de mi madre, que hab&iacute;a ido a la tienda de comestibles &mdash;nada m&aacute;s, seguramente nada m&aacute;s&mdash;, fui consciente de que lo que estaba sucediendo era algo fuera de lo normal. Una madre desaparecida. Algo que no</p>
<p>le ocurr&iacute;a al hijo de un juez, ni siquiera a uno que viviera en una reserva. De un modo impreciso, esperaba que <em>algo </em>ocurriera.</p>
<p>Yo era ese tipo de muchacho que se pasaba los domingos por la tarde arrancando de cuajo arbolitos de los cimientos de la casa de sus padres. Tendr&iacute;a que haberme rendido a la ineluctable evidencia de que ese ser&iacute;a el tipo de persona en que me convertir&iacute;a al final, pero no dejaba de luchar contra esa perspectiva. Sin embargo, cuando digo que deseaba que ocurriera <em>algo</em>, no me refiero a nada malo, sino tan solo a algo. Un acontecimiento excepcional. La observaci&oacute;n de algo singular. Ganar al bingo, aunque los domingos no eran d&iacute;as para jugar al bingo y habr&iacute;a sido totalmente an&oacute;malo para mi madre ir a jugar. Eso era lo que yo deseaba, no obstante: algo fuera de lo normal. Nada m&aacute;s.</p>
<p>A mitad de camino a Hoopdance, ca&iacute; en la cuenta de que la tienda de comestibles cerraba los domingos.</p>
<p>&mdash; &iexcl;Pero claro!</p>
<p>Mi padre estir&oacute; el ment&oacute;n y apret&oacute; el volante con las manos. Ten&iacute;a un perfil que parec&iacute;a indio en un cartel de cine y romano en una moneda. Hab&iacute;a cierto estoicismo cl&aacute;sico en su nariz aguile&ntilde;a y su mand&iacute;bula. Sigui&oacute; conduciendo, porque &mdash;sostuvo&mdash; quiz&aacute; a ella tambi&eacute;n se le hab&iacute;a olvidado que era domingo. Fue entonces cuando nos cruzamos con ella. &iexcl;All&iacute; mismo! Pas&oacute; zumbando por el carril contrario, absorta, superando el l&iacute;mite de velocidad, ansiosa por volver a casa con nosotros. &iexcl;Pero ah&iacute; est&aacute;bamos nosotros! Nos echamos a re&iacute;r ante su gesto tenso mientras d&aacute;bamos media vuelta en la carretera estatal y nos pusimos a seguirla, pis&aacute;ndole los talones.</p>
<p>&mdash;Est&aacute; loca &mdash;se ech&oacute; a re&iacute;r mi padre, aliviado&mdash;. Lo ves, ya te lo dije yo.</p>
<p>Se le olvid&oacute;. Se fue a la tienda y olvid&oacute; que estaba cerrada. Ahora estar&aacute; furiosa por haber malgastado gasolina. &iexcl;Ay, Geraldine!</p>
<p>Hab&iacute;a adoraci&oacute;n, asombro y un tono divertido en la voz de mi padre cuando pronunci&oacute; esas palabras. &laquo;&iexcl;Ay, Geraldine!&raquo; En tan solo esas dos palabras quedaba claro que amaba y siempre hab&iacute;a amado a mi madre. Nunca hab&iacute;a dejado de agradecer que ella se hubiera casado con &eacute;l y, adem&aacute;s, que en el mismo paquete, le hubiera dado un hijo cuando hab&iacute;a empezado a pensar que ser&iacute;a el &uacute;ltimo de su linaje.</p>
<p><em>Ay, Geraldine</em>.</p>
<p>Sacudi&oacute; la cabeza con una amplia sonrisa mientras conduc&iacute;a, y ya todo estaba bien, m&aacute;s que bien. Ahora pod&iacute;amos admitir que la inusual ausencia de mi madre nos hab&iacute;a preocupado. Pod&iacute;amos tomar una repentina y nueva conciencia de lo mucho que valor&aacute;bamos el car&aacute;cter sagrado de nuestra peque&ntilde;a rutina cotidiana. Por muy alocado que me viera a m&iacute; mismo reflejado en el espejo, en mi mente valoraba tales placeres corrientes.</p>
<p>As&iacute; que ahora nos tocaba a nosotros preocuparla a ella. Un poquito nada m&aacute;s, dijo mi padre, solo para que probara un poco de su propia medicina. Nos tomamos nuestro tiempo para llevar el coche de vuelta a casa de Clemence y subir la colina a pie, anticipando esta vez la indignada pregunta de mi madre: &laquo;&iquest;D&oacute;nde estabais?&raquo; Ya me la estaba imaginando con los pu&ntilde;os cerrados y los brazos en jarras. Su sonrisa a punto de asomar detr&aacute;s de su ce&ntilde;o fruncido. No tardar&iacute;a en re&iacute;r en cuanto oyera la historia.</p>
<p>Recorrimos el camino de tierra de la entrada, donde mi madre hab&iacute;a plantado los brotes de pensamientos que hab&iacute;a cultivado en cartones de leche, y que ahora lo bordeaban formando una estricta hilera. Los hab&iacute;a sacado pronto. La &uacute;nica flor capaz de soportar una helada. A medida que nos acerc&aacute;bamos por el camino, advertimos que permanec&iacute;a dentro del coche. Sentada en el asiento del conductor ante el panel blanco que conformaba la puerta del garaje. Mi padre ech&oacute; a correr. Yo tambi&eacute;n lo vi en la postura de su cuerpo: una contracci&oacute;n y una rigidez, algo que estaba mal. Cuando lleg&oacute; al coche, abri&oacute; la puerta del conductor. Mi madre ten&iacute;a las manos aferradas al volante y la mirada vac&iacute;a clavada en el horizonte, como la hab&iacute;amos visto cuando nos cruzamos con ella en direcci&oacute;n contraria, de camino a Hoopdance. Hab&iacute;amos advertido esa mirada fija y nos hab&iacute;a hecho gracia entonces. &laquo;&iexcl;Estar&aacute; furiosa por haber malgastado gasolina!&raquo;</p>
<p>Yo me hallaba justo detr&aacute;s de mi padre. Incluso en ese momento ten&iacute;a cuidado de no pisar las hojas festoneadas y los capullos de los pensamientos. Coloc&oacute; sus manos en las de ella y, con delicadeza, fue despegando sus dedos del volante. Sosteni&eacute;ndola por los codos, la levant&oacute; fuera del coche y la sujet&oacute; mientras ella se giraba hacia &eacute;l, todav&iacute;a encorvada con la forma del asiento del coche. Se desplom&oacute; sobre &eacute;l, con la mirada ausente, sin verme. Hab&iacute;a v&oacute;mito por toda la parte delantera de su vestido, y su falda y la lona gris del asiento del coche estaban empapados de su sangre oscura.</p>
<p>&mdash;Ve a casa de Clemence &mdash;dijo mi padre&mdash;. Ve y diles que me llevo a tu madre a urgencias a Hoopdance. Diles que vayan.</p>
<p>Con una mano, abri&oacute; la puerta del asiento trasero y, despu&eacute;s, como si se tratase de alg&uacute;n espantoso baile, condujo a mam&aacute; hasta la esquina del asiento y, muy despacio, la tendi&oacute; all&iacute;. La ayud&oacute; a ponerse de costado. Ella se manten&iacute;a callada, aunque se humedeci&oacute; los labios partidos y ensangrentados con la punta de la lengua. Vi c&oacute;mo parpade&oacute;, frunciendo el ce&ntilde;o. Su cara comenzaba a hincharse. Di la vuelta al coche y sub&iacute; a su lado. Le levant&eacute; la cabeza y deslic&eacute; una pierna debajo. Me sent&eacute; a su lado, sosteni&eacute;ndola por el hombro con el brazo. Tiritaba con un temblor continuo, como si hubiesen encendido un interruptor en su interior. Desprend&iacute;a un fuerte olor, a v&oacute;mito y a algo m&aacute;s, como gasolina o queroseno.</p>
<p>&mdash; Te dejar&eacute; all&iacute; arriba &mdash;dijo mi padre, mientras daba marcha atr&aacute;s y hac&iacute;a chirriar los neum&aacute;ticos.</p>
<p>&mdash; No, yo tambi&eacute;n voy. Tengo que sujetarla. Llamaremos desde el hospital.</p>
<p>Casi nunca hab&iacute;a desafiado a mi padre ni con palabras ni con hechos. Pero ni siquiera nos dimos cuenta de ello. Ya hab&iacute;amos intercambiado esa mirada, extra&ntilde;a, como entre dos hombres adultos, y yo no hab&iacute;a estado preparado. Pero aquello no importaba. Sujetaba ahora a mi madre firmemente en el asiento trasero del coche. Me hab&iacute;a manchado con su sangre. Extend&iacute; la mano en la luna trasera y extraje una vieja colcha de cuadros, que guard&aacute;bamos all&iacute;. Tiritaba de tal forma que tem&iacute; que fuera a romperse en mil</p>
<p>pedazos.</p>
<p>&mdash; R&aacute;pido, pap&aacute;.</p>
<p>&mdash; De acuerdo &mdash;respondi&oacute;.</p>
<p>Y salimos volando. Aceler&oacute; el coche hasta ponerlo a ciento cincuenta. Volamos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(La novela <em>La casa redonda</em>, de Louise Erdrich, que obtuvo en EE. UU. el National Book Award 2012 en la categor&iacute;a de ficci&oacute;n, ser&aacute; pr&oacute;ximamente publicada por la editorial Siruela)</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 10 Jun 2013 07:44:05 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Elías Querejeta: “Leí el guión de La caza y enseguida nos  pusimos a trabajar”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/elias-querejeta-lei-el-guion-de-la-caza-y-enseguida-nos-pusimos-a-trabajar/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/EL_AS_QUEREJETA.jpg" alt="" /></p>
<p>Trece pel&iacute;culas le produjo El&iacute;as Querejeta a Carlos Saura desde <em>La caza</em> hasta <em>Dulces horas</em>. All&aacute; por los primeros a&ntilde;os sesenta empezaban sus carreras y unieron su talento. Juntos hicieron el cine m&aacute;s personal que se haya producido en Espa&ntilde;a en aquellos a&ntilde;os dif&iacute;ciles. Tuvieron que construir su&nbsp; obra cinematogr&aacute;fica sorteando el acecho de la&nbsp; censura franquista. En 1963 el cineasta&nbsp; guipuzcoano hab&iacute;a creado su propia productora, El&iacute;as Querejeta PC. Produciendo las pel&iacute;culas de Saura, confirm&oacute; sus convicci&oacute;n de que lo suyo era el cine, superando los malos augurios de alg&uacute;n agorero que le recomend&oacute;&nbsp; que se dedicara a otro oficio. El&iacute;as ha sido productor de Saura y tambi&eacute;n, en alguna ocasi&oacute;n guionista, por ejemplo de <em>Elisa, vida m&iacute;a</em>. Cuando nos encontramos para hablar del director le pregunto por ese momento inicial, el&nbsp; que le llev&oacute; a producir su cine durante veinte a&ntilde;os.</p>
<p>&ldquo;Conoc&iacute; a Carlos Saura en 1961. Yo hab&iacute;a llegado a Madrid de San Sebasti&aacute;n el 10 de Octubre del 60. Un a&ntilde;o despu&eacute;s, o quiz&aacute;s algo m&aacute;s,&nbsp; Antonio Ecieza y yo hab&iacute;amos realizado un primer corto que se llamaba &ldquo;A trav&eacute;s de San Sebasti&aacute;n&rdquo;. En una Universidad, no recuerdo en cual, hicieron una especie de cineclub con <em>Los golfos</em>. Previamente a proyectarla&nbsp; pasaron nuestro corto. Lo proyectaron antes, pero a la hora de hacer&nbsp; el coloquio se habl&oacute; sobre todo de la pel&iacute;cula de Saura. Estaba tambi&eacute;n con nosotros Pedro <span style="text-decoration: underline;">Portabella.</span> Creo que hubo un momento en el que hasta protestamos porque no se hablaba de lo nuestro en el coloquio, s&oacute;lo de <em>Los golfos</em>. Yo me enfad&eacute; porque se hablaba muy poco de <em>A trav&eacute;s de San Sebasti&aacute;n</em>. Fue casi una broma. El caso es que en esa situaci&oacute;n conoc&iacute; a Carlos. A Pedro Portabella le conoc&iacute;a de antes, me lo hab&iacute;a presentado Eduardo Chillida en San Sebasti&aacute;n. Esa tarde simplemente nos vimos, hablamos algo y nada m&aacute;s. Fue una cosa cordial. Me tomaron el pelo y yo segu&iacute; con mi trabajo&rdquo;.</p>
<p>- &iquest;Pas&oacute; mucho tiempo desde ese encuentro hasta que se decidi&oacute; a producir <em>La caza</em>?.</p>
<p>&ldquo;Fue, como unos meses m&aacute;s tarde. En aquel momento la productora estaba en la calle Lista. Un d&iacute;a estaba yo trabajando y apareci&oacute; Carlos . Me dijeron que quer&iacute;a hablar conmigo. Me levanto, voy, nos saludamos y entonces Carlos me dice &ldquo;tengo un gui&oacute;n que me gustar&iacute;a que leyeras&rdquo;. Era un primer gui&oacute;n de &ldquo;La caza&rdquo;. Lo le&iacute; y al d&iacute;a siguiente llam&eacute; a Carlos y empezamos, a partir de eso, a discutir y a discutir. Ahora tambi&eacute;n, cuando nos vemos, seguimos discutiendo. O sea, que todo muy bien&rdquo;</p>
<p>Querejeta ha producido las mejores pel&iacute;culas de&nbsp; V&iacute;ctor Erice, Fernando Le&oacute;n de Aranoa, de Ant&oacute;n Eceiza y tambi&eacute;n de&nbsp; su hija Gracia, por citar s&oacute;lo algunos de los directores. Tiene pues mucha andadura para definir la manera de hacer cine de Carlos Saura. Algunos dicen que deja mucha libertad a sus colaboradores.</p>
<p>&ldquo;Si lo comparamos con otros directores hay que reconocer que cada uno tiene sus formas particulares de trabajar. Yo lo que acostumbro a hacer es discutir cada uno de los aspectos de la pel&iacute;cula. Eso es lo que he hecho en todas las que le he producido a Carlos. Unas discusiones yo creo que muy agradables, muy simp&aacute;ticas y nunca enfrentamiento. Sobre su manera de trabajar, yo no creo que existiera esa&nbsp; libertad, sino que era un control eficaz desde el punto de vista creativo , pero no que cada uno pudiera hacer lo que le diera la gana&rdquo;.</p>
<p>En alg&uacute;n momento algo ocurri&oacute; y decidieron separar sus carreras, despu&eacute;s de veinte a&ntilde;os de colaboraci&oacute;n. Su &uacute;ltima pel&iacute;cula juntos fue&nbsp; &ldquo;Dulces Horas&rdquo; que se estren&oacute; el mismo a&ntilde;o que &ldquo;Bodas de Sangre&rdquo; y tuvo muy poco &eacute;xito. A&nbsp; El&iacute;as Querejeta debi&oacute; parecerle que Saura hab&iacute;a tomado unos derroteros que ya no le interesaban.&nbsp;</p>
<p><em>&ldquo;Lo que pasa es que yo no estaba de acuerdo con hacer ese tipo de cine en ese momento y no me atra&iacute;a, no me conmov&iacute;a, no me apasionaba. L&oacute;gicamente Carlos hizo aquello que le parec&iacute;a conveniente y no hubo nada, ni ning&uacute;n enfrentamiento, ni ninguna pelea. Cada uno sigui&oacute; su camino&nbsp; y ya est&aacute;.&rdquo;</em></p>
<p>Sabemos por el propio Carlos Saura que varias veces le ha propuesto hacer otras pel&iacute;culas. Concretamente una adaptaci&oacute;n de una obra de Juan Benet. Quiz&aacute;&nbsp; recuerda alguna otra. &iquest;Por qu&eacute; no salieron adelante?&nbsp;</p>
<p><em>&ldquo;S&iacute;, lo de Juan Benet es cierto. No s&eacute; porqu&eacute; no llegamos a hacerlo. Luego hablamos de hacer una cosa m&aacute;s concreta sobre Robert Cappa del per&iacute;odo de la guerra civil del fot&oacute;grafo americano en Espa&ntilde;a. Carlos es un fot&oacute;grafo estupendo y estuvimos hablando. Pero en ese momento Carlos ten&iacute;a otros proyectos. No pudo ser entonces&nbsp; y no ha podido ser,&nbsp; hasta ahora&rdquo;. </em></p>
<p>Durante los a&ntilde;os en los que trabajaron juntos, la censura franquista debi&oacute; de ser uno de sus puntos de mayor complicidad. &iquest;Saura dejaba en sus manos la habilidad para esquivarla?&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Te voy a contar una an&eacute;cdota que sirve como ejemplo de nuestra relaci&oacute;n con la censura. Ocurri&oacute; una cosa muy graciosa con &ldquo;La caza&rdquo;. En aquel momento, todav&iacute;a no era m&aacute;s que un gui&oacute;n. Se llamaba &ldquo;La caza del conejo&rdquo;. Fue as&iacute; como se present&oacute; la pel&iacute;cula. Era censura de gui&oacute;n primero y luego de pel&iacute;cula terminada. Y presentamos un gui&oacute;n, como yo acostumbraba a hacer, parcheado para que pasara los filtros. Un d&iacute;a me llamaron para decirme que el gui&oacute;n s&iacute;, estaba aprobado, pero que me quer&iacute;a ver el secretario de la censura. Fui a la planta novena del antiguo Ministerio de Informaci&oacute;n y Turismo. No recuerdo c&oacute;mo se llamaba el personaje. S&eacute; que era un se&ntilde;or alto y nada m&aacute;s. Entr&eacute; en su despacho y me dijo, bueno el gui&oacute;n ha pasado la censura, pero el t&iacute;tulo no puede ser &eacute;ste. Tiene que ponerle &ldquo;La caza.&rdquo; Y yo dije: bueno. No entend&iacute;a porqu&eacute; ten&iacute;a que quitarse lo del conejo, pero me parec&iacute;a bien el nuevo t&iacute;tulo. Como yo hice un gesto de no comprender, el secretario de censura&nbsp; me preguntaba, &ldquo;lo del conejo &iquest;no entiende?&rdquo; y entonces se miraba&nbsp; hacia sus partes p&uacute;dicas&nbsp; y yo segu&iacute;a sin entender. Nada m&aacute;s salir, lo primero que hice fue buscar una cabina de tel&eacute;fono y llamar a Carlos. Se lo cont&eacute;. Le dije &ldquo;Carlos,&nbsp; la caza del conejo, no, La Caza&rdquo;. Y&nbsp; le pareci&oacute; muy bien. Le o&iacute;a re&iacute;r al otro lado del tel&eacute;fono&nbsp; y dijo &ldquo;mejor, mucho mejor&rdquo;. As&iacute; pues, sin quererlo, la censura ha aportado un t&iacute;tulo que a los dos nos pareci&oacute;&nbsp; que era mejor que el que ten&iacute;a al principio. Hay que reconocer que en este caso la censura acert&oacute;<em>.&rdquo;</em></p>
<p>Antes de despedirnos, le pregunto a El&iacute;as Querejeta si sigue teniendo relaci&oacute;n personal con Carlos Saura, aunque no trabajen juntos desde hace m&aacute;s de veinte a&ntilde;os. <em>&ldquo;</em>La relaci&oacute;n siempre ha sido excelente. Nos vemos poco, pero, cuando nos vemos,&nbsp; estamos muy a gusto y nos re&iacute;mos mucho&rdquo;<em>.</em></p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 10 Jun 2013 07:28:34 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Antonio Muñoz Molina: "Estamos viviendo momentos estimulantes y aterradores al mismo tiempo"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/antonio-munoz-molina-estamos-viviendo-momentos-estimulantes-y-aterradores-al-mismo-tiempo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/ANTONIO_MU_OZ_MOLINA._Elena_Blanco_red.jpg" alt="" /></p>
<p>De ni&ntilde;o, a Antonio Mu&ntilde;oz Molina, le gustaban mucho los tebeos, los libros, las pel&iacute;culas, los seriales de la radio y los programas de discos dedicados. Lo cuenta, en primera persona, en un texto biogr&aacute;fico, &ldquo;Autorretrato&rdquo;, esencial para acercarse a sus or&iacute;genes humildes, a las lecturas del artista adolescente, a las emociones, formaciones, intereses y afectos de quien con el tiempo se iba a convertir en uno de los escritores m&aacute;s s&oacute;lidos e interesantes de cuantos empezaron a emerger en la d&eacute;cada de los 80 bajo la refrescante etiqueta de &ldquo;nueva narrativa espa&ntilde;ola&rdquo;. En el Mu&ntilde;oz Molina de hoy, el que recibe en el silencio de su casa de Madrid un d&iacute;a lluvioso, se sigue reconociendo al ni&ntilde;o que fue, t&iacute;mido y despierto a la vez, atento a las palabras, a los ruidos que llegan de fuera, pero muy apegado a sus estancias interiores, a sus primeras querencias y convicciones.</p>
<p>Si algo transmite como persona es sencillez, una sencillez que parte de quien se siente orgulloso de su procedencia campesina, de quien no ha olvidado su germen pese a los &eacute;xitos y reconocimientos, pese al salto cosmopolita que le ha llevado a contemplar el mundo desde la perspectiva de otras voces y otros &aacute;mbitos, desde la atalaya de ciudades como Nueva York; all&iacute; llev&oacute; durante una temporada el tim&oacute;n de la sede del Instituto Cervantes y all&iacute; contin&uacute;a viviendo parte de su tiempo junto a su mujer, la tambi&eacute;n escritora Elvira Lindo. Si algo le define como creador es su car&aacute;cter de prestidigitador en el mejor sentido de la palabra, entendido &nbsp;&eacute;ste como una capacidad innata para convertir cada nuevo libro en una experiencia diferente, lejos de amarres a determinados temas u obsesiones, sin que ello suponga dejar de reconocer esas inevitables se&ntilde;as de identidad que dotan de coherencia cualquier obra destinada a permanecer en la memoria de los lectores.</p>
<p>Si en alg&uacute;n lugar tiene que empezar lo que pretende ser esta entrevista: el repaso a la trayectoria del autor de obras como <em>Beatus Ille</em> o <em>El jinete polaco</em> es en el principio, en la infancia. Ah&iacute; est&aacute; el ni&ntilde;o cuyo padre hubo de dejar la huerta para alistarse en el ej&eacute;rcito republicano. Ah&iacute; est&aacute; el ni&ntilde;o que recibi&oacute; en la escuela y en el instituto p&uacute;blicos la formaci&oacute;n intelectual que sus progenitores no pudieron darle y que, entre sus primeros h&eacute;roes, enumera a Julio Verne, Mark Twain, Stevenson o Dumas. Ah&iacute; es donde nace la arquitectura de un hombre que si algo mima como un tesoro es la mirada, seguro de que s&oacute;lo la observaci&oacute;n, la curiosidad por los peque&ntilde;os detalles, por las en apariencia m&iacute;nimas cosas que suceden alrededor de una vida, pueden llegar a fraguar los m&aacute;s grandes relatos, esos cuentos inesperados, deslumbrantes, tan fieramente humanos, que sigue buscando con af&aacute;n.</p>
<p>- &iquest;Cree que la infancia es un para&iacute;so perdido o considera m&aacute;s bien que ese es un mito que debe ser derribado?</p>
<p>- Creo que la infancia est&aacute; sobrevalorada por el psicoan&aacute;lisis y por todas esas corrientes. Hay cosas de mi vida infantil que, sin duda, son muy importantes; pero yo he crecido. Recuerdo que un psic&oacute;logo y amigo, al que he consultado algunas veces, me dec&iacute;a que yo no ten&iacute;a 10 a&ntilde;os sino 50 cuando le hablaba -intentando relacionarlo con mi presente- de una inseguridad que sent&iacute;a en el pasado, siempre que ten&iacute;a que ir a hacer la matr&iacute;cula a la escuela. No podemos negar que las impresiones, las im&aacute;genes de la infancia son muy poderosas, pero tampoco es para tanto.</p>
<p>- Sin embargo, he ah&iacute; el pozo del que bebe gran parte de la literatura.</p>
<p>- S&iacute;, por supuesto, gran parte de la literatura tiene que ver con ello, pero no siempre. Aqu&iacute;, de mi reflexi&oacute;n en torno a todo esto, surgi&oacute; precisamente &ldquo;Cosas de ni&ntilde;os&rdquo;, el cuento final, el &uacute;nico in&eacute;dito, de mi nuevo libro de relatos [<em>Nada del otro mundo</em>, Seix-Barral]. Es una historia en la he puesto mucho de m&iacute;, que cobr&oacute; una importancia emocional muy grande y que tiene que ver con el mito de la infancia porque es ese el mundo del que procede.</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo ve ahora al ni&ntilde;o que quer&iacute;a contar historias, que empezaba a vislumbrar que lo que de verdad deseaba era ser escritor?</p>
<p>- Bueno, tenemos que distinguir entre dos circunstancias diferentes. Por un lado est&aacute; el hecho de empezar a escribir literariamente y por el otro, la fantas&iacute;a de ser escritor, com&uacute;n a tanta gente. Hay fases en la vida en que uno tiene esas fantas&iacute;as, pero sucede que cuando se acaba haciendo realidad, cuando se acaba concretando en una biograf&iacute;a, parece que se ha cumplido una profec&iacute;a. Lo cierto es que esos sue&ntilde;os, esos anhelos pueden cumplirse o no, y ah&iacute; entran en juego muchos factores. Otro elemento a tener en cuenta es el momento, la &eacute;poca en la que uno realmente se sumerge y nota con fuerza la vocaci&oacute;n por contar historias. En ese relato in&eacute;dito se habla mucho de los cuentos que cuentan los ni&ntilde;os, del hecho de construir, de fantasear con las historias. Es en ese impulso tan elemental, tan primitivo, donde en el fondo est&aacute; el origen de que una persona luego quiera escribir. Y no hay que buscarlo s&oacute;lo en los escritores. Todo ni&ntilde;o, todo ser humano, necesita entender el mundo mediante historias.</p>
<p>- Pero, en su caso concreto, &iquest;d&oacute;nde nace el escritor, d&oacute;nde est&aacute;n esos primeros esbozos, manifestaciones?</p>
<p>- A m&iacute;, de verdad, la creencia de que pod&iacute;a ser escritor me lleg&oacute; muy tarde, cuando alguien empez&oacute; a hacerme caso. Es cierto que mientras estaba en el instituto y en la carrera, y despu&eacute;s, al empezar a trabajar, ya era consciente de cu&aacute;l era mi vocaci&oacute;n, pero no se produc&iacute;a ning&uacute;n resultado. Escrib&iacute;a obras de teatro que no se representaban, cuentos que no eran publicados ni premiados, ni siquiera mencionados. Ten&iacute;a una novela, s&iacute;, pero no ocurr&iacute;a nada. Realmente, mi despertar como escritor se produjo cuando ya llevaba alg&uacute;n tiempo escribiendo art&iacute;culos en un diario de Granada y algunas personas mostraron verdadero inter&eacute;s por lo que estaba haciendo. Quiz&aacute;s tenga que ver con mi car&aacute;cter autodidacta, con el hecho de que, excepto algunos buenos maestros en la escuela, en el instituto y en la universidad, casi siempre me he educado solo, a trav&eacute;s de las lecturas que iba descubriendo. Frente a otros aspectos de mi vida en los que he estado bastante bien acompa&ntilde;ado, en &eacute;se me sent&iacute; muy solo hasta una edad bastante avanzada, sin interlocutores que compartieran mis gustos, mis inquietudes literarias.</p>
<p>- Partiendo de su experiencia personal y enlazando con la reflexi&oacute;n sobre la necesidad de los ni&ntilde;os de fantasear, incluso de contar mentiras para adecuar el mundo a sus deseos, ya sea a trav&eacute;s de la escritura, de la expresi&oacute;n oral, de la pl&aacute;stica... Se puede llegar a la conclusi&oacute;n de que el papel de los terceros, que pueden mostrar indiferencia o no, hacia esas primeras inclinaciones, &nbsp;puede explicar que unos ni&ntilde;os lleguen a realizarse creativamente o no.</p>
<p>-Cierto, yo as&iacute; lo creo. Pero aqu&iacute; tambi&eacute;n entra en juego la casualidad. Hay dos factores, uno la constancia y otro la casualidad, que tienen mucho peso. La primera es la que hace que uno no se desaliente con las primeras indiferencias y contin&uacute;e leyendo con esa voluntad de aprender. Y aqu&iacute; es donde el azar tiene una &nbsp;importancia fundamental. Que alguien se fije en lo que est&aacute;s haciendo, como sucedi&oacute; en mi caso, te estimula poderosamente, te proporciona una gran fuerza interior. Hace poco escrib&iacute; un art&iacute;culo sobre eso. Generalmente la vida del escritor, del artista, se interpreta como el desarrollo aut&oacute;nomo de algo que siempre estuvo all&iacute; y yo no estoy seguro de que eso sea as&iacute;. No estoy seguro de que sin la peque&ntilde;a ayuda de unos cuantos amigos uno pueda llegar a algo. Creo que es una construcci&oacute;n mucho m&aacute;s colectiva de lo que habitualmente consideramos. Si yo miro honradamente a mi trayectoria no s&eacute; cu&aacute;nto tiempo m&aacute;s habr&iacute;a continuado escribiendo si no hubiera podido empezar a publicar art&iacute;culos, ni cu&aacute;nto tiempo m&aacute;s habr&iacute;a continuado elaborando novelas si no hubiera encontrado un editor y si las novelas no hubieran sido aceptadas por los lectores. Si uno no publica no puede aprender, sin dar a conocer lo que haces resulta muy complicado progresar como escritor.</p>
<p>- El papel del lector es tan activo, tan creativo como el del escritor, se desprende de sus palabras, del mismo modo que la compa&ntilde;&iacute;a de los lectores salva al autor de la enorme soledad que supone la creaci&oacute;n.</p>
<p>- Esa es una gran verdad. En mi caso, sin la resonancia del lector, probablemente hubiera continuado escribiendo cosas y disfrutando de leer, pero alimentando una enorme frustraci&oacute;n que me habr&iacute;a amargado bastante. De eso estoy seguro. Y repito: si uno no publica no puede crecer, soltar lastre. En el proceso hay un primer paso, una primera conquista, que es terminar, terminar aunque s&oacute;lo sea un cuento de dos p&aacute;ginas. Entre poner el punto final a una historia y no ponerlo hay un mundo y entre publicar y no hacerlo hay otro. Y yo, de verdad, he tenido la suerte de haber encontrado a unas cuantas personas que en cada momento han le&iacute;do lo que he hecho; que por una parte lo han acogido con una enorme generosidad, y por otra parte lo han criticado constructivamente, indic&aacute;ndome cosas que me han ido iluminando el camino.</p>
<p>- &iquest;Es Mu&ntilde;oz Molina de los que aceptan bien las cr&iacute;ticas?. A menudo los cr&iacute;ticos literarios se quejan de lo mal que reaccionan los escritores ante los comentarios negativos; de los muchos enemigos que tienen que estar dispuestos a aceptar.</p>
<p>- Yo creo que s&iacute;, que acepto bastante bien la cr&iacute;tica, siempre que no sea devastadora &nbsp;o mal&eacute;vola. En esos casos puede llegar a anularte, a sentarte como un tiro, sobre todo si se mete en terrenos personales, que nada tienen que ver con el discurrir de la propia obra. Eso es l&oacute;gico, le ocurre a todo el mundo. Pero la cr&iacute;tica constructiva, hay que aceptarla con humildad. F&iacute;jese, cuando yo hice mi primera novela, <em>Beatus Ille</em>, Pere Gimferrer, editor de Seix Barral, &nbsp;me aconsej&oacute; que aligerase ciertas partes, que hab&iacute;a cosas de las que se pod&iacute;a prescindir, unas 40 p&aacute;ginas que en su opini&oacute;n pod&iacute;an ser suprimidas. No me dijo cuales, pero yo volv&iacute; a la novela, fui consciente de lo que quer&iacute;a decir, lo vi y elimin&eacute; las 40 p&aacute;ginas. Si algo echo siempre de menos es el trabajo de un editor exigente. En EEUU a veces exageran, los del <em>New Yorker</em>, por ejemplo, llegan a ser mort&iacute;feros. Cuando he escrito alg&uacute;n art&iacute;culo para ellos ha sido una aut&eacute;ntica pesadilla. Te intentan variar el enfoque tantas veces que te ves tentado de decirles que hagan lo que quieran. Pero una persona que toma el libro, que sabe leer con cuidado, que te sugiere cosas, que te indica lo que podr&iacute;a mejorarse, lo que ser&iacute;a aconsejable que fuese eliminado, eso es fundamental. Cuando yo doy clases en la universidad de Nueva York me siento con los estudiantes, leo sus textos con un cuidado absoluto y les indico aquellos elementos que se les han podido colar en el relato y que son perfectamente prescindibles. Es una ayuda extraordinaria. Un libro siempre se mejora cuando es bien corregido y editado.</p>
<p>- Siempre, claro, que no se llegue al extremo de Raymond Carver y Gordon Lish, el editor de sus primeros y m&aacute;s populares cuentos [&ldquo;De qu&eacute; hablamos cuando hablamos de amor&rdquo;], quien lleg&oacute; a influir de una manera extrema en su estilo.</p>
<p>- Por supuesto, ese es un caso distinto, l&iacute;mite, que tiene que ver con la inseguridad en la que viv&iacute;a Raymond Carver en esos momentos. Para nada es lo com&uacute;n. Yo tengo en EEUU una magn&iacute;fica editora, que tambi&eacute;n es la de G&uuml;nter Grass y la de tantos otros autores internacionales. Su funci&oacute;n es la de cuidar el texto que se le entrega y, a trav&eacute;s de sus indicaciones, hacer ver lo que aparece velado para quien est&aacute; demasiado dentro del proceso de creaci&oacute;n. Nada m&aacute;s alejado de la figura del gestor, demasiado pendiente de los resultados econ&oacute;micos, de las ventas del producto. Esa es una historia diferente. Lo que necesitamos los autores es una mirada cordial y al mismo tiempo incorruptible. Lo mismo que a m&iacute; me ayuda esa se&ntilde;ora lo hacen unos cuantos amigos muy cercanos, en cuyo criterio conf&iacute;o, y, por supuesto, Elvira, mi mujer. Ella me ayuda a ver y yo hago lo mismo con sus libros.</p>
<p>- Lleg&oacute; a la literatura a trav&eacute;s del periodismo. Me imagino que ah&iacute; fue donde aprendi&oacute; a observar, a darse cuenta de que tras la apariencia hab&iacute;a que buscar la verdad, las distintas interpretaciones. Esa es una constante de sus art&iacute;culos, pero tambi&eacute;n de sus narraciones literarias.</p>
<p>- Pienso que se trata de observar m&aacute;s que de interpretar la realidad. Cada vez procuro fijarme m&aacute;s en las cosas, no apresurarme a hacer juicios y valoraciones, que es algo bastante espa&ntilde;ol. Me doy cuenta cuando recibo a amigos que van de visita a Nueva York y que, inmediatamente, desde el primer d&iacute;a, ya tienen una interpretaci&oacute;n tremenda, una teor&iacute;a, de lo que perciben. Vamos a ser cautelosos, vamos a fijarnos m&aacute;s y a ver qu&eacute; es lo que hay detr&aacute;s de las cosas antes de exponer qu&eacute; es lo que pensamos que est&aacute; sucediendo. Yo empec&eacute; escribiendo art&iacute;culos, s&iacute;, y en realidad he seguido siempre haciendo lo mismo, ir por la ciudad fij&aacute;ndome, prestando atenci&oacute;n. Orwell dec&iacute;a que ver lo que se tiene delante de los ojos requiere un trabajo enorme y eso es algo que todos los que nos dedicamos a estas cosas podr&iacute;amos tomar como un mandamiento. Porque uno no ve, la mitad de las veces est&aacute; distra&iacute;do. Y se trata de saber mirar, saber escuchar lo que se nos est&aacute; diciendo. Cu&aacute;ntas veces en una conversaci&oacute;n no prestamos atenci&oacute;n a lo que nos intentan comunicar los otros, deseando encontrar un hueco para introducir las ideas propias. Es maravilloso tener la capacidad de fijarse y yo creo que la mayor parte de lo que escribo procede de ah&iacute;.</p>
<p>- Y &iquest;cu&aacute;ndo se fija en algo c&oacute;mo sabe si el resultado va a ser un art&iacute;culo period&iacute;stico o va a derivar en una novela o en un cuento?</p>
<p>- Ah, eso no lo sabes en un principio, lo vas descubriendo. Por ejemplo, en mi &uacute;ltimo libro de relatos hay un cuento que se llama &ldquo;La colina de los sacrificios&rdquo;, que est&aacute; basado en una noticia que le&iacute; en el peri&oacute;dico <em>El ideal</em> hace much&iacute;simos a&ntilde;os y que trataba de una casa en la que se hab&iacute;an encontrado los huesos de una mujer con el cr&aacute;neo abierto por un hacha. Me qued&eacute; con la idea, con las sugerencias que me despertaban esas im&aacute;genes, y todo eso acab&oacute; fructificando en un relato de ficci&oacute;n.</p>
<p>- &iquest;Le preocupa la transformaci&oacute;n que est&aacute; experimentando el periodismo tradicional debido al auge de las nuevas tecnolog&iacute;as, c&oacute;mo ve qu&eacute; afecta eso al modo de relatar las noticias, de interpretarlas, de contar, de transmitir las historias?</p>
<p>- Yo tengo mis dudas respecto a que las cosas ahora sean radicalmente distintas a como fueron en otras &eacute;pocas. Hoy se dice que a la gente cada vez le interesa menos leer, que no es capaz de seguir informaciones largas y en profundidad, y eso lleva a contenidos m&aacute;s ligeros, m&aacute;s superficiales, pero si leemos testimonios de hace un siglo nos damos cuenta de que las quejas sobre el aturdimiento o la falta de atenci&oacute;n tambi&eacute;n exist&iacute;an, pero es que volvemos a lo mismo. Hay que fijarse mucho. Enterarse de algo, igual que aprender algo y hacer algo bien hecho, requiere mucho esfuerzo, ya sea tocar el viol&iacute;n, leer, escribir, o hacer una estupenda tortilla de patatas, cada cosa en la dimensi&oacute;n que le corresponde. Lo que hizo por ejemplo Wagner con la &oacute;pera es que reclam&oacute; la atenci&oacute;n permanente, seguida, del espectador. En la tradici&oacute;n del &ldquo;bel canto&rdquo; italiano la gente iba a la &oacute;pera, se pon&iacute;a a hablar &nbsp;de sus cosas, haci&eacute;ndose gestos de un palco a otro palco, y cuando llegaba el aria de la cantante se callaba, atend&iacute;a y aplaud&iacute;a, para luego seguir con sus cosas. Wagner hizo la m&uacute;sica de manera que era un flujo continuo y a ese flujo hab&iacute;a que prestar una constante atenci&oacute;n. Podemos entenderlo como una met&aacute;fora de lo que sucede.</p>
<p>- En la introducci&oacute;n de <em>Nada del otro mundo</em> se queja de que actualmente no hay cabida para los relatos literarios en los peri&oacute;dicos, de que cada vez se ofrece informaci&oacute;n m&aacute;s fragmentada. Sus directivos, seg&uacute;n dice, est&aacute;n haciendo peri&oacute;dicos para quienes no los leen, del mismo modo que si los vinateros elaboraran vinos para abstemios.</p>
<p>- S&iacute;, y es absurdo, porque ahora hay m&aacute;s lectores que nunca, m&aacute;s gente que sabe leer y escribir como nunca antes en la Historia. Vamos a dejarnos de fantas&iacute;as. No hubo un pasado en el cual la gente le&iacute;a mucho y un ahora en el que han dejado de hacerlo, y lo mismo sucede con la m&uacute;sica cl&aacute;sica y con las exposiciones. En la Espa&ntilde;a actual sucede algo que uno no se cansa de ver y de celebrar: hay m&aacute;s orquestas y m&aacute;s p&uacute;blico que nunca, y ahora es precisamente cuando se ha decidido que no hay que informar sobre los conciertos. &iquest;Cu&aacute;ndo ha habido m&aacute;s p&uacute;blico para el arte, para la m&uacute;sica, para la literatura?</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo se explica esta contradicci&oacute;n?</p>
<p>- Pues no s&eacute;, probablemente ser&aacute; que los directivos de los peri&oacute;dicos a los que me refiero viven al margen de la gente de la calle: no van a &nbsp;exposiciones, ni a conciertos, ni viajan en metro y ven a la gente leer. A m&iacute; me alegra much&iacute;simo comprobarlo y me fijo en los libros que se leen en los trayectos hacia el trabajo. Y hay buena literatura. Que no me digan que s&oacute;lo se lee a Ken Follet, cosa que a m&iacute; me parece muy bien, perfecta, porque forma parte del ecosistema de la literatura. Lo que pasa es que los lectores de esos libros ya no encuentran su afici&oacute;n reflejada en los peri&oacute;dicos. Eso es lo que de verdad est&aacute; pasando.</p>
<p>- &iquest;Sucede lo mismo en Estados Unidos?</p>
<p>- [Llegados a este punto, Antonio Mu&ntilde;oz Molina responde con un gesto. Se levanta y coge un ejemplar de la m&iacute;tica y eterna <em>New Yorker</em>. Repasa sus p&aacute;ginas, da cuenta de su espesor] &iquest;Sabe cu&aacute;ntos suscriptores tiene esta revista? Un mill&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; son pocos en un pa&iacute;s de trescientos millones? Vale. Pero es que yo no necesito vender un mill&oacute;n de libros. Deber&iacute;amos tener un sentido de las proporciones. Hay un p&uacute;blico que simplemente est&aacute; dejando de ver los peri&oacute;dicos porque no les dan lo que desean. Y no se trata de Internet, en Internet se pueden leer cosas muy serias. &iquest;Qu&eacute; est&aacute; ocurriendo? Pues que muchas veces la lectura reflexiva sobre literatura est&aacute; emigrando a &ldquo;blogs&rdquo; y otros medios alternativos. Y lo mismo pasa con otros &aacute;mbitos de la cultura. Lo bueno que tienen el peri&oacute;dico es que se trata del sitio donde est&aacute; todo junto y por eso es una instituci&oacute;n fundamental de la cultura democr&aacute;tica. Sin una prensa rigurosa y cultivada no hay cultura democr&aacute;tica, no la hay. Una costumbre que se ha impuesto en Espa&ntilde;a, ya como norma, es que llega el verano y parece que cambia el estado mental de las personas, a las que ya s&oacute;lo les interesan las an&eacute;cdotas fr&iacute;volas, las pildorillas informativas. &iquest;Por qu&eacute;, qui&eacute;n ha decidido eso? Eso no ocurre en otros pa&iacute;ses europeos ni en EEUU. Yo no veo que el <em>New York Times</em> se ponga en ba&ntilde;ador en verano. Yo creo que ese tipo de estrategias son una claudicaci&oacute;n. Que lejos de resolver los problemas lo que hacen es empeorarlos, porque est&aacute;n contribuyendo a que el p&uacute;blico natural, el p&uacute;blico lector, desista del peri&oacute;dico como un lugar en el que reconocerse. Hay mucha gente a la que le gusta leer, muchos j&oacute;venes. Yo estoy viendo ahora una generaci&oacute;n de lectores nueva, magn&iacute;fica, que lee los libros que yo escrib&iacute;a cuando ellos no hab&iacute;an nacido. Hablamos de una comunidad lectora, minoritaria, pero es que no necesitamos llegar a millones, a la inmensa mayor&iacute;a, con literatura de calidad. 50 o 60.000 lectores es una cifra estupenda. Ya es bastante.</p>
<p>- Pero da la impresi&oacute;n de que las cosas est&aacute;n sucediendo tan deprisa que no da tiempo a pararse, a reflexionar, a digerir el proceso de cambio que se est&aacute; produciendo en todos los &aacute;mbitos: en la sociedad, en la econom&iacute;a, en los modos de relacionarnos, de recibir la informaci&oacute;n, de acceder a la lectura...</p>
<p>- Pues tenemos que pararnos porque a menudo usamos la idea de que todo va tan deprisa para justificar nuestra propia prisa y nuestra propia falta de atenci&oacute;n. Y no es culpa de la tecnolog&iacute;a. Las nuevas herramientas a nuestro alcance pueden servir de muchas maneras, para mejorar la atenci&oacute;n y el conocimiento o para empeorarlo. En mi caso concreto, por ejemplo, he notado que ahora, cuando hago cr&oacute;nicas sobre libros, exposiciones u otros asuntos que reclaman mi inter&eacute;s, puedo documentarme mejor, tengo acceso a m&aacute;s informaci&oacute;n en mucho menos tiempo. Hace poco ten&iacute;a que dar un curso en Pamplona sobre im&aacute;genes y relatos, sobre c&oacute;mo se cuentan historias en im&aacute;genes y en palabras, y pude preparar con relativa facilidad una especie de itinerario &nbsp;a trav&eacute;s de obras de arte y de canciones, disponibles para m&iacute; en gran parte gracias a Google. El buscador me permiti&oacute; mostrar a la gente los cuadros que quer&iacute;a que vieran. Aqu&iacute; en Espa&ntilde;a muchas veces se interpreta que en la pr&aacute;ctica los cambios nos obligan a ser m&aacute;s livianos, m&aacute;s fr&iacute;volos o m&aacute;s superficiales, y no es necesariamente as&iacute;. Pueden tambi&eacute;n llevarnos a lo contrario, eso depende de lo que nosotros elijamos hacer.</p>
<p>-Ya son muchos los libros en el camino. Si por algo se caracteriza su trayectoria es por la variedad, la no repetici&oacute;n de temas ni de f&oacute;rmulas. Cada historia parece ser un reto. Cada novela es un mundo.</p>
<p>- Me gusta eso de que cada novela es un mundo y, s&iacute;, sucede en mi caso. Puede tener que ver con los intereses tan variados que tengo, con las cosas tan distintas que me gustan y, sobre todo, con mi intenso desasosiego por aprender, con mi inconformismo. No suelo complacerme mucho en lo que he hecho, de manera instintiva no necesito esforzarme para pensar que lo siguiente va a ser algo distinto, sencillamente se me ocurre, surge. Lo que me atrae inmediatamente al terminar un libro es encontrar algo diferente, explorar otra cosa. Me estimula no saber qu&eacute; puede venir a continuaci&oacute;n. Y, efectivamente, el que lee un libro m&iacute;o no puede deducir a partir de ah&iacute; lo que habr&aacute; de venir. Despu&eacute;s de <em>Beatus Ille</em> hice <em>El invierno en Lisboa</em>, que es completamente distinto. Y luego <em>El jinete polaco</em>, nada que ver, y a continuaci&oacute;n <em>El misterio de Madrid</em> y <em>Ardor guerrero</em>. He hecho lo que he podido, vigilando siempre, eso s&iacute;, la autocomplacencia.</p>
<p>- Incluso cuando trata un mismo tema, la Guerra Civil, punto de partida de <em>El jinete polaco</em> y de su &uacute;ltima novela hasta el momento, <em>La noche de los tiempos</em>, el tratamiento es totalmente diferente.</p>
<p>- Bueno, es que uno tambi&eacute;n va viviendo, creciendo, cambiando... Y eso no quiere decir que yo no tenga temas que se repiten. Pero me hace mucha ilusi&oacute;n la posibilidad de mejorar, de ir m&aacute;s all&aacute; cada vez. Luego, claro, hay que tener en cuenta que uno est&aacute; cautivo de s&iacute; mismo, pero me mueve ese sentimiento de envidia en el mejor sentido, envidia de muchos libros que me llevan a pensar, a decir: Yo quiero llegar a escribir algo as&iacute;.</p>
<p>- &iquest;Por ejemplo?</p>
<p>- Pues me dio mucha envidia <em>Al faro</em>, de Virginia Woolf cuando lo le&iacute;, me influy&oacute; mucho en la manera de escribir mi &uacute;ltima novela, del mismo modo que otra de sus obras, <em>La se&ntilde;ora Dalloway</em>. Me han fascinado otros muchos autores. Ah&iacute; est&aacute;n Faulkner, Onetti, Philip Roth, Grosmann, Sebald, Alice Munro... Hay tantos... Ahora estoy releyendo, despacio y con sumo cuidado, a Flaubert. <em>La educaci&oacute;n sentimental</em> la termin&eacute; hace poco y decid&iacute; volver a <em>Madame Bovary</em>, una novela que, igual que yo, todo el mundo cree que se ha le&iacute;do. Todos tenemos cosas que decir de ella, pero, &iquest;qui&eacute;n se acuerda de que est&aacute; contada en primera persona? Es una obra de un vanguardismo tremendo. Empieza no con Madame Bovary, sino en una escuela al que va de ni&ntilde;o el que despu&eacute;s ser&aacute; su marido. Y habla en primera persona el narrador. Yo de eso no me acordaba para nada y resulta fundamental. En otro cl&aacute;sico, <em>Fortunata y Jacinta</em> tambi&eacute;n habla en primera persona el narrador, un narrador muy raro... [se hace un silencio largo, son muy frecuentes a lo largo de la conversaci&oacute;n. Mu&ntilde;oz Molina baja la cabeza en un gesto reflexivo, antes de proseguir]... Ayer me fui a pasear al Bot&aacute;nico y me puse a leer. En un momento dado empec&eacute; a pensar sobre esto. Todos hablamos de o&iacute;do continuamente. Y suele pasar que las cosas, las lecturas, son mucho mejores de lo que recordamos. A m&iacute; me gusta mucho este tipo de deslumbramientos. Creo que hay tantas maravillas y que uno tiene que aprender tanto de todas ellas.</p>
<p>- Por lo que veo atraviesa una etapa de relecturas.</p>
<p>- Estoy en todo. Leo cosas nuevas y emprendo la aventura de releer obras maestras, s&iacute;. De pronto me he puesto a recuperar esos libros que suelen darse por supuestos. Este verano le toc&oacute; a otro, <em>La monta&ntilde;a m&aacute;gica</em>, que hac&iacute;a mucho tiempo que no visitaba. &iexcl;Madre m&iacute;a, qu&eacute; buen libro, qu&eacute; buenos libros hay!</p>
<p>- Volviendo a su obra, dec&iacute;a que su motivaci&oacute;n principal es mejorar. &iquest;Le da la impresi&oacute;n de que cada nuevo libro supera al anterior?</p>
<p>- Ya quisiera yo que eso fuese as&iacute; porque nos anima la idea del progreso, pero eso es algo que no puedo saber. Entre <em>Beatus Ille</em> y <em>La noche de los tiempos</em> han pasado muchas cosas, sobre todo ha pasado el aprendizaje inevitable de la vida. Hace alg&uacute;n tiempo, tres o cuatro a&ntilde;os, tuve que leer (no hab&iacute;a rele&iacute;do nada desde que correg&iacute; las pruebas en 1985) <em>Beatus Ille</em> en ingl&eacute;s para revisar la traducci&oacute;n y fue muy curioso. Me di cuenta de que era una novela muy juvenil y empec&eacute; a preguntarme de d&oacute;nde hab&iacute;a salido ese mundo que estaba en el libro, cuando mis experiencias vitales eran entonces tres o cuatro, cuando mi conocimiento de la vida era muy limitado. No quiero decir con esto que la historia me pareciera muy profunda ni nada de eso. Me refiero a la variedad de temas que se trataban. Con el tiempo espero haber aprendido a ser m&aacute;s preciso, menos literario.</p>
<p>- En su primera novela, igual que en la segunda, <em>El invierno en Lisboa</em>, su alimento eran las referencias librescas, de pel&iacute;culas. El lector percibe que en su obra posterior esas referencias se van convirtiendo en vida. Un proceso inevitable. &iquest;Hay momentos del camino en los que recuerde especialmente que se produjeron vueltas de tuerca en la manera de concebir la creaci&oacute;n literaria?</p>
<p>- Yo creo que ha habido varios. Hubo un momento que tiene que ver con lo que plantea en su pregunta, cuando descubr&iacute; que pod&iacute;a hacer literatura abiertamente con la vida que yo hab&iacute;a conocido hasta entonces. Eso dio lugar a una parte de <em>El jinete polaco</em>. Recuerdo que estaba haciendo una descripci&oacute;n para un art&iacute;culo sobre la aceituna que me hab&iacute;an pedido para una revista y empec&eacute; a hablar con naturalidad sobre la &eacute;poca de mi adolescencia, de una manera directa. Entonces me di cuenta de que pod&iacute;a hacer literatura con esos materiales biogr&aacute;ficos. Fue un momento importante para m&iacute;, del mismo modo que cuando me fui por primera vez una temporada a Estados Unidos y empec&eacute; a leer de verdad literatura de no ficci&oacute;n. Se pod&iacute;a hacer literatura sin inventar, qu&eacute; descubrimiento. O cuando, poco a poco, empec&eacute; a encontrar las cosas de las que escrib&iacute; en <em>Sefarad</em>, a partir de la idea de plasmar un mundo narrativo que fuera mucho m&aacute;s amplio que la experiencia espa&ntilde;ola. Fue ah&iacute; cuando intent&eacute; aprender a escribir sobre aspectos relacionados con el Gulag, con el Holocausto... S&iacute;, la verdad, es que ha habido varios puntos de inflexi&oacute;n muy decisivos.</p>
<p>- <em>Plenilunio</em>, tambi&eacute;n fue una novela muy impactante, en el sentido de que trataba un tema tan conflictivo y tan doloroso en la historia de Espa&ntilde;a como el del terrorismo y la violencia, un asunto al que se ha referido, muchas veces levantando la pol&eacute;mica, en sus art&iacute;culos de prensa.</p>
<p>- S&iacute;. <em>Plenilunio</em> fue una novela escrita en momentos dif&iacute;ciles para m&iacute;, por muchas razones. En cuanto a mis art&iacute;culos sobre el terrorismo lo que me ha preocupado siempre es la falta de empat&iacute;a. Yo recuerdo que en algunos peri&oacute;dicos del Pa&iacute;s Vasco cuando se public&oacute; <em>Sefarad</em> hubo algunas personas que dijeron echar en falta que yo no hablase de lo que pasaba all&iacute; cuando me estaba refiriendo a distintas persecuciones. En realidad s&iacute; lo estaba haciendo, estaba hablando de manera impl&iacute;cita del hecho terrible de se&ntilde;alar a otro, de decirle t&uacute; no eres como nosotros, t&uacute; no mereces vivir. Eso es algo tremendo y ha pasado, se ha llegado a aceptar en la sociedad vasca, en el mundo, en muchos momentos diferentes de la Historia. Cuando hablamos de esto, sin necesidad de establecer comparaciones, no se puede olvidar la Espa&ntilde;a de la &eacute;poca de la expulsi&oacute;n de los jud&iacute;os. Los jud&iacute;os eran una parte muy importante del tejido social y de un d&iacute;a para otro se convirtieron en extranjeros. Fue terrible.</p>
<p>- &iquest;Cree que en un presente tan carente de ideolog&iacute;as claras, de referencias, faltan intelectuales de peso?</p>
<p>- No, no nos fiemos de los intelectuales. La historia intelectual del siglo XX est&aacute; llena de disparates. Los &uacute;nicos de verdad l&uacute;cidos y racionales han sido muy pocos: Orwell, Albert Camus, m&aacute;s recientemente Claudio Magris... Lo que hace falta son ciudadanos que ejerzan su ciudadan&iacute;a escribiendo, cumpliendo con su trabajo. Una democracia lo que necesita son ciudadanos y si de algo peca nuestro pa&iacute;s es de un exceso de opinionismo. Eso s&iacute; que es una dolencia, algo tan local como el hecho de que la informaci&oacute;n consista en una medida tan grande en lo que dicen los pol&iacute;ticos. Eso tambi&eacute;n es &nbsp;una irregularidad espa&ntilde;ola. Aqu&iacute; vuelvo a lo mismo: Vamos a ver, a fijarnos, a enterarnos de lo que pasa, no de lo que dicen los pol&iacute;ticos que pasa.</p>
<p>- &iquest;Cu&aacute;l es el papel de la ficci&oacute;n en nuestros d&iacute;as, iluminar la realidad, convertirse en una v&iacute;a de escape, dar respuesta a las encrucijadas del presente?</p>
<p>- La ficci&oacute;n sirve para todo eso. Sirve como refugio y sirve para comprender la propia experiencia y para convertir en cercanas las experiencias de los otros. Hay ficciones que, adem&aacute;s de distraernos, nos ayudan a analizar lo real, a ser c&oacute;mplices de lo que les pasa a los dem&aacute;s, a percibir que no somos &uacute;nicos, que lo que estamos viviendo y sintiendo en cada momento ya ha sido vivido, sentido, por otros.</p>
<p>- Los libros que ha escrito sobre la reciente historia de Espa&ntilde;a, &iquest;le han ayudado a entenderla mejor o todav&iacute;a le gustar&iacute;a explorarla m&aacute;s?</p>
<p>- Hay un tipo de conocimiento que proporciona la ficci&oacute;n y que es un conocimiento emp&aacute;tico o emocional. Es decir, a trav&eacute;s de la ficci&oacute;n uno intenta ponerse en el lugar o en la piel de quienes han vivido otras experiencias. Esta percepci&oacute;n, en mi caso, la llev&eacute; al extremo en <em>La noche de los tiempos</em>, donde trat&eacute; hipot&eacute;ticamente de ponerme en el lugar de alguien parecido a m&iacute; que hubiera vivido en ese momento, en la etapa de la Guerra Civil, del exilio de tantos republicanos. Y debo decir que si algo me qued&oacute; de todo ello fueron unas ganas tremendas de descansar de todo ese mundo. Es muy curioso porque cuando se public&oacute; la novela mucha gente me escribi&oacute; y me sigue escribiendo proponi&eacute;ndome continuaciones. La historia termina de una manera abrupta y no han faltado lectores que me han indicado por d&oacute;nde podr&iacute;a seguir, pero sinceramente, pese a que como aficionado a la Historia, los vaivenes del siglo XX me siguen apasionando, considero que como novelista deber&iacute;a moverme hacia el porvenir, hacia m&aacute;s cerca del presente. Es una necesidad que percibo cada vez m&aacute;s intensamente.</p>
<p>- Toda la novela parece un intento de explicar una frase de Pedro Salinas, de cuya biograf&iacute;a, parte precisamente la novela: &ldquo;Tenemos la patria deshecha, la vida en suspenso, todo en el aire&rdquo;.</p>
<p>- Lo que me interes&oacute; con esa historia fue meterme en la piel de las personas, en lo que sintieron en esos momentos, m&aacute;s all&aacute; de las categor&iacute;as ideol&oacute;gicas que se impusieron a posteriori. Me interesaba contar la desaz&oacute;n, la sensaci&oacute;n de fracaso de una generaci&oacute;n que &nbsp;comparti&oacute; la posibilidad de que Espa&ntilde;a se convirtiera en un pa&iacute;s progresista, europeo. Una generaci&oacute;n que fue el eslab&oacute;n, la conexi&oacute;n emocional, el modelo est&eacute;tico y pol&iacute;tico al que nos asimos los que por fin pudimos vivir la llegada de la Democracia.</p>
<p>- Parte del inter&eacute;s de &ldquo;La noche de los tiempos&rdquo; radica en mostrar que en situaciones extremas hay muy pocas posturas intachables, que ning&uacute;n bando estuvo -pese a las diferencias evidentes- libre de pecados. Resulta llamativo que se siga hablando -que se siga percibiendo- la sombra de las dos Espa&ntilde;as tanto tiempo despu&eacute;s.</p>
<p>- Los dos bandos eran muy poco homog&eacute;neos. Ni todos los de izquierdas eran comunistas, ni todos los de derechas, fascistas. Basta leer las memorias de Juli&aacute;n Mar&iacute;as para que estos estereotipos salten por los aires. Mar&iacute;as era republicano de convicciones firmes, pero tambi&eacute;n escrupulosamente cat&oacute;lico. &Eacute;l cuenta que el 19 de julio, al ir a buscar a su novia para ir juntos a misa, ve los repartos de armas en la calle. La escena es muy significativa. Lo de las dos Espa&ntilde;as es una mentira, s&oacute;lo la irresponsabilidad pol&iacute;tica puede alimentar esa idea. Si algo aprend&iacute; al escribir esta novela es la gravedad de las palabras, el cuidado que hay que tener con lo que se dice.</p>
<p>- Otra idea que se perpet&uacute;a, que sigue escuch&aacute;ndose, es la de: &ldquo;Me duele Espa&ntilde;a&rdquo;. En su novela hay momentos en los que se bromea sobre ello.</p>
<p>- Eso es ret&oacute;rica. A m&iacute; los misticismos patri&oacute;ticos no me van. Todo nacionalismo es m&iacute;stico, pero el nacionalismo espa&ntilde;ol de la Generaci&oacute;n del 98 y todo eso, es pura metaf&iacute;sica, como lo de las dos Espa&ntilde;as. Yo veo las limitaciones y los defectos de este pa&iacute;s, evidentemente, y me gustar&iacute;a que ciertas cosas mejoraran, pero hay otras de las que estoy muy contento. Lamento carecer de sensibilidad suficiente como para que me duela Espa&ntilde;a o para que me duela Andaluc&iacute;a. Los del 98 estaban todos elucubrando sobre el alma de Espa&ntilde;a en los llanos de Castilla y lo que necesitaba Castilla no era que Unamuno se paseara por ella en estado m&iacute;stico, lo que necesitaba Castilla era una reforma agraria, regad&iacute;os y justicia social. Lo que hac&iacute;a falta, lo que sigue haciendo falta, son cosas concretas. Si de algo estoy harto es de vaguedades.</p>
<p>- En cuanto a la estructura de la novela opt&oacute; por jugar con los puntos de vista, demostrando tambi&eacute;n que muy pocas verdades se imponen. &iquest;Era su intenci&oacute;n o ese planteamiento se impuso durante el proceso de escritura?</p>
<p>- Al principio no era as&iacute; y por eso precisamente creci&oacute; la novela. Es muy distinto el modo en que uno se ve a c&oacute;mo lo ven los dem&aacute;s. Y para m&iacute; era muy importante mostrar eso, mostrar c&oacute;mo desde el punto de vista de dos enamorados el mundo responde a lo que ellos sienten, pero tambi&eacute;n como alrededor de esa percepci&oacute;n existen otras que pueden ser completamente opuestas. En la novela los personajes se env&iacute;an cartas y hay cartas de amor que al ser le&iacute;das por uno de los amantes le puede dar la vida, pero que si por equivocaci&oacute;n cae en manos de quien no debe leerla le puede dar la muerte. En mi caso, cuando de pronto descubr&iacute; el punto de vista del hijo o de la mujer del protagonista, que est&aacute; enamorado de otra, la novela experiment&oacute; un cambio radical. La esposa tambi&eacute;n tiene su propia historia, la de una mujer convencional frente a los amantes. Y esa historia tambi&eacute;n merece la pena ser contada. Cada historia son muchas historias. Y mi novela tiende a eso, a lo poli&eacute;drico.</p>
<p>- &iquest;Cuando trabaja en una novela llega a sentir que habita en un mundo paralelo?</p>
<p>- Cada novela es como un gusano de seda. A medida que trabajo en ella, poco a poco, seg&uacute;n va creciendo, siento que voy encerr&aacute;ndome cada vez m&aacute;s en su discurrir. Tiene algo de mundo paralelo, s&iacute;, pero nada que ver con un proceso psic&oacute;tico. Hay muchas cosas que sabes que van a ir a la novela, cosas normales que de pronto te encuentras y dices: &ldquo;esto para dentro&rdquo;. Me acuerdo que cuando estaba con la &uacute;ltima vi en un mercadillo de Nueva York una m&aacute;quina de escribir de los a&ntilde;os 30, y me dije: &ldquo;esta m&aacute;quina de escribir la quiero llevar all&iacute;&rdquo;.</p>
<p>- Nueva York es una ciudad clave en su trayectoria. &iquest;En qu&eacute; medida ha cambiado su percepci&oacute;n de las cosas?</p>
<p>- Bueno, sigo viviendo all&iacute; gran parte del a&ntilde;o. Y, s&iacute;, me ha hecho m&aacute;s pragm&aacute;tico. Creo que he aprendido a ser m&aacute;s tolerante, menos vehemente, a intentar buscar las salidas, las respuestas m&aacute;s racionales, menos dogm&aacute;ticas a las cosas, porque las soluciones a los problemas generalmente no son dr&aacute;sticas e inmediatas. De alg&uacute;n modo, me he echo m&aacute;s respetuoso en las diferencias.</p>
<p>- Vivi&oacute; de primera mano la ca&iacute;da de las Torres Gemelas. Entonces se dec&iacute;a que esa tragedia dar&iacute;a lugar al nacimiento de un tiempo nuevo, en el que la seguridad no era tal. &iquest;C&oacute;mo afrontar estas ideas con perspectiva?</p>
<p>- Si algo nos ha demostrado todo aquello es que los seres humanos somos fr&aacute;giles, pero tampoco tanto. Quiz&aacute;s una cosa que hemos aprendido es que se puede reaccionar. Cuando, ahora con distancia, vemos las cosas que entonces dec&iacute;an Bush, Aznar y Blair sobre el eje del mal, sobre las grandes amenazas del mundo, en realidad no hab&iacute;a tantas amenazas. Al terrorismo no se responde invadiendo pa&iacute;ses, se responde con polic&iacute;as, con espionaje, con jueces. Percibimos que &eacute;ramos fr&aacute;giles, pero tambi&eacute;n hemos aprendido que se puede responder de otras formas, que la invasi&oacute;n de Irak fue un disparate gigantesco que vino provocado por aquello y f&iacute;jese a lo que ha dado lugar. El otro d&iacute;a estaba leyendo un libro en el que se analizaba que a Bin Laden el atentado de las Torres Gemelas le cost&oacute; unos 500.000 d&oacute;lares; a EEUU todas las guerras en las que se ha metido a continuaci&oacute;n le han supuesto trillones de d&oacute;lares. Es como si Espa&ntilde;a hubiera respondido al terrorismo declarando el estado de excepci&oacute;n o militarizado el Pa&iacute;s Vasco. La principal lecci&oacute;n es que se necesita cabeza fr&iacute;a ante lo que se est&aacute; viviendo.</p>
<p>- &iquest;Una lecci&oacute;n que aprender de los tiempos de crisis -no s&oacute;lo econ&oacute;mica, sino de valores- que estamos atravesando?</p>
<p>- El problema fundamental es que nuestro modelo pol&iacute;tico y social est&aacute; en crisis, en peligro, y la culpa de ello no la tienen s&oacute;lo los mercados, la tenemos nosotros. Una lecci&oacute;n que tal vez podamos aprender de todo esto es el sentido de la responsabilidad. Vamos a hacernos responsables de aquello de lo que podamos hacernos responsables. &iquest;Podemos disfrutar de un bienestar sin contrapartida? &iquest;Podemos tener el derecho a la educaci&oacute;n y no cuidarlo? &iquest;Podemos tener el derecho a la sanidad y no cuidar la sanidad? Son cosas muy complicadas. Esto habr&iacute;a que plante&aacute;rselo a nivel global, europeo, y en Espa&ntilde;a concretamente tenemos un problema de productividad, no sabemos para qu&eacute; va a servir nuestra econom&iacute;a y no nos decidimos a modificar adecuadamente un sistema educativo que no funciona.</p>
<p>- Pese a todo, &iquest;cree que estamos viviendo momentos estimulantes?</p>
<p>- Estimulantes y aterradores al mismo tiempo. Vamos a olvidarnos del pasado. Vamos a ver qu&eacute; podemos hacer nosotros. Es muy dif&iacute;cil. Estrictamente hemos vivido muy por encima de nuestras posibilidades. Otra cosa es la necesidad de preservar la justicia social. Eso es distinto. Necesitamos preservar y salvar un cierto modelo social europeo, que es el mejor que se ha inventado nunca. Por una parte tiene las ventajas de la democracia liberal y por otra una solidaridad del sistema sanitario y educativo, algo de lo que no disfrutan los norteamericanos. &nbsp;EEUU tiene la ventaja de que el sistema de integraci&oacute;n de los emigrantes es m&aacute;s efectivo y m&aacute;s r&aacute;pido que el europeo, pero yo conozco muy bien el modelo americano y es preferible &eacute;ste, mucho m&aacute;s. Tenemos que ver qu&eacute; hacemos, c&oacute;mo lo defendemos, porque ahora mismo est&aacute; en peligro.</p>
<p>- &iquest;Es el siglo XXI el siglo de las prisas, de la velocidad?</p>
<p>- &iexcl;Qu&eacute; va! Esa es la misma percepci&oacute;n que ha tenido la gente siempre. El otro d&iacute;a me encontr&eacute; una carta de Flaubert en la que dec&iacute;a: &ldquo;todo el mundo se queja de que el presente va cada vez m&aacute;s r&aacute;pido. No es para tanto&rdquo;.</p>
<p>- &iquest;C&oacute;mo es el Mu&ntilde;oz Molina del siglo XXI, c&oacute;mo se enfrenta como escritor a sus desaf&iacute;os?</p>
<p>- Bueno, he escrito dos novelas sobre la actualidad, <em>El invierno en Lisboa</em> y <em>Plenilunio</em>. Y ahora quisiera saber escribir una novela estrictamente contempor&aacute;nea, como le dec&iacute;a antes, necesito hacerlo. Una novela que aprese lo que estamos viviendo, lo que estamos sintiendo ahora. Ya est&aacute; bien de darle vueltas al siglo XX [nuevo silencio, cabeza baja, manos juntas, momento de reflexi&oacute;n]. Cuando nos acercamos a grandes novelas como <em>La educaci&oacute;n sentimental</em>, comprobamos que est&aacute; hecha con cierta perspectiva, con 20 a&ntilde;os de distancia. La novela es un g&eacute;nero complicado porque requiere una cierta destilaci&oacute;n. Dif&iacute;cilmente es una respuesta inmediata a lo real, a la experiencia. Pero tambi&eacute;n es cierto que los americanos son mucho m&aacute;s r&aacute;pidos que nosotros. Ya hay excelentes novelas sobre la ca&iacute;da de las Torres Gemelas, sobre todo lo que est&aacute; sucediendo con la crisis. Y llegar a eso, comprobar si soy capaz de acercarme al hoy es, de alg&uacute;n modo, una preocupaci&oacute;n, m&aacute;s bien una zozobra que siento, siempre desde la consciencia de que al final uno escribe lo que puede. &iquest;De d&oacute;nde nace ese anhelo? Claramente de mi inquietud ante lo que vivo y tambi&eacute;n de una inquietud profesional. Un escritor deber&iacute;a medirse con su tiempo, deber&iacute;a saber hacerlo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Fotograf&iacute;a: Elena Blanco</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 06 Jun 2013 06:30:48 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Turia entrevista a fondo a Miquel Barceló y Andrés Trapiello]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-entrevista-a-fondo-a-miguel-barcelo-y-andres-trapiello/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/FOTO_MIQUEL_BARCEL_.jpg" alt="" /></p>
<p>Sus declaraciones constituyen todo un revelador autorretrato de dos nombres propios con s&oacute;lida trayectoria dentro de la cultura espa&ntilde;ola de nuestros d&iacute;as.</p>
<p>Pintor y escritor hablan con absoluta libertad, y lo hacen de forma relajada, amplia y sin cortapisas, enriqueciendo con sus criterios un amplio repertorio de temas: la ansiedad de las influencias, &nbsp;la delicadeza y perfecci&oacute;n de las pinturas primitivas, la idea de que un cuadro es siempre un c&uacute;mulo de accidentes o las afinidades con Picasso o Mir&oacute;. Conoceremos tambi&eacute;n qu&eacute; piensan sobre la guerra civil, los manique&iacute;smos ideol&oacute;gicos en la vida y en la literatura, el oficio de diarista, la necesidad de autocr&iacute;tica o la capacidad del novelista para contar las cosas que la historia no puede contar.</p>
<p>MIQUEL BARCEL&Oacute;: &ldquo;DESCUBRIR LAS PINTURAS PRIMITIVAS FUE UNA DE LAS GRANDES IMPRESIONES DE MI VIDA COMO ARTISTA&rdquo;</p>
<p>Miquel Barcel&oacute; conversa en TURIA con un interlocutor que lo conoce muy bien: Enrique Juncosa, cr&iacute;tico de arte y comisario de exposiciones. Ese tono de sincera complicidad entre ambos permite que el lector descubra cu&aacute;les son las influencias, las lecturas y los pintores de Barcel&oacute;. Artista prol&iacute;fico, y tal vez por ello desigual, tiene a su favor una proteica capacidad de reinvenci&oacute;n y la facultad de llegar al mismo tiempo a p&uacute;blicos muy amplios.</p>
<p>El creador mallorqu&iacute;n forma parte en la actualidad del reducido n&uacute;mero de artistas espa&ntilde;oles con indiscutible &eacute;xito y presencia internacional. Barcel&oacute; es, en Espa&ntilde;a, lo que los anglosajones llaman &ldquo;a celebrity&rdquo;, aunque tambi&eacute;n tenga, quiz&aacute;s por eso, no pocos detractores. En cualquier caso, Barcel&oacute; prosigue su carrera ajeno a estas cuestiones, sin darse ning&uacute;n descanso: Madrid, Par&iacute;s, Nueva York, Lisboa, Jap&oacute;n ser&aacute;n o han sido algunos de los lugares donde ha mostrado &uacute;ltimamente su trabajo.</p>
<p>Barcel&oacute; reconoce que una de las grandes impresiones de su vida como artista la obtuvo en su visita a la cueva de Chauvet: &ldquo;es la Capilla Sixtina de las pinturas primitivas. La delicadeza y perfecci&oacute;n de esas pinturas me causaron una enorme impresi&oacute;n&rdquo;.</p>
<p>Preguntado por Jackson Pollock, Barcel&oacute; lo considera como un emblema de la idea de pintor, la imagen del pintor sobre el cuadro. Adem&aacute;s, &ldquo;un cuadro es siempre un c&uacute;mulo de accidentes, incluyendo errores y decisiones autom&aacute;ticas&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;Hay pocos pintores contempor&aacute;neos que me gusten&rdquo;, dice Barcel&oacute;. Sobre Picasso, el momento que m&aacute;s le atrae es &ldquo;el primer cubismo, con los collages, con papel de peri&oacute;dico y con arena. Es un momento heroico y fant&aacute;stico, m&aacute;s radical y sobrio&rdquo;. Y Mir&oacute; siempre es una referencia: &ldquo;es un pintor completo, con obras prodigiosas&rdquo;.</p>
<p>Barcel&oacute; se declara un gran lector y de ah&iacute; que durante la conversaci&oacute;n hable de literatura: &ldquo;Baudelaire y Rimbaud han sido importantes para m&iacute;, aunque no sabr&iacute;a decir cu&aacute;l es la relaci&oacute;n directa entre la poes&iacute;a y mis cuadros&rdquo;. Lee tambi&eacute;n mucha novela y cita, entre sus &uacute;ltimas experiencias positivas, obras de Russell Banks, Erri de Luca o Ian McEwan. Sobre la literatura en castellano no alberga dudas: &ldquo;est&aacute; dominada por los latinoamericanos. Rulfo, Lezama y Borges son los tres grandes escritores&rdquo;.</p>
<p>Concluye la entrevista a Barcel&oacute; con un revelador autoan&aacute;lisis: &ldquo;siempre he pensado que mi obra era pendular. Llenar y vaciar. Pero no s&eacute; muy bien c&oacute;mo ocurre. Es la necesidad de las dos cosas, la necesidad de llenar y de vaciar. Mis cuadros vac&iacute;os lo est&aacute;n, en todo caso, porque he borrado lo que hab&iacute;a antes en ellos&rdquo;.</p>
<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/FOTO_ANDR_S_TRAPIELLO.jpg" alt="" /></p>
<p>ANDR&Eacute;S TRAPIELLO: &ldquo;LA INMENSA MAYOR&Iacute;A DE MIS LECTORES PERTENECE A LA TERCERA ESPA&Ntilde;A&rdquo;</p>
<p>Andr&eacute;s Trapiello se muestra, en esta caudalosa e impecable entrevista que ha realizado Emma Rodr&iacute;guez, locuaz e inteligente. La periodista lo describe como un hombre de letras que se mueve como pez en el agua en el juego dial&eacute;ctico. Alguien que se expresa como un torrente: un torrente de ideas, de circunloquios, de certezas e interrogantes que va manejando como un maestro de los malabares.</p>
<p>En la conversaci&oacute;n, que se inicia en torno a su &uacute;ltima novela &ldquo;Ayer no m&aacute;s&rdquo;, la guerra civil tiene mucho protagonismo. De una parte, porque Trapiello siempre quiso aprender a escribir para contar un conflicto que fue un hecho determinante en su familia. Ahora ha conseguido superar el reto de elaborar una novela no guerracivilista, una obra coral, que reflejase a todo el mundo.</p>
<p>Otro texto fundamental de Trapiello es &ldquo;Las armas y las letras&rdquo;, un libro mercenario que sin embargo ha permitido una reescritura m&aacute;s equilibrada de la historia de la literatura espa&ntilde;ola. Un ensayo exhaustivo de muchos escritores en que se aborda su relaci&oacute;n con la guerra civil desde la ecuanimidad. Y en el que se plantea la &ldquo;similitud de las ret&oacute;ricas y de la barbarie de los &nbsp;dos bandos, sobre todo en la retaguardia&rdquo;. En este asunto, como en tantos otros, Trapiello nos invita a ver &ldquo;que todo es m&aacute;s complejo, m&aacute;s dif&iacute;cil, de lo que nos han dicho, que no todo es un blanco o un negro absolutos&rdquo;. De ah&iacute; que considere que, ante la acogida a ese libro revelador, Trapiello considere que &ldquo;la mayor&iacute;a de mis lectores pertenecen a la tercera Espa&ntilde;a&rdquo;.</p>
<p>Cuestionado sobre la tesis del &ldquo;todos son iguales&rdquo; tanto sobre el pasado como sobre el presente, Andr&eacute;s Trapiello argumenta: &ldquo;no todos eran iguales en la guerra civil, ni much&iacute;simo menos, pero todos los asesinos y todos los totalitarios s&iacute; lo eran, y me da igual que sean de izquierdas o de derechas. Me da igual un nazi que un estalinista. Son asesinos, son gente que est&aacute; contra la libertad. (&hellip;) Pero en democracia caben las diferencias. El problema est&aacute; en el que no es dem&oacute;crata. Cuando la gente dice: todos son iguales, hay que responderles que, por fortuna, no es as&iacute;&rdquo;.</p>
<p>Sobre historia y literatura, Trapiello lo tiene claro: &ldquo;la novela es a veces la &uacute;nica capaz de contar las cosas que la historia no puede contar porque est&aacute; muy cerca de ella&rdquo;. Y &ldquo;el novelista puede resultar m&aacute;s veros&iacute;mil que la propia historia a trav&eacute;s de una ficci&oacute;n&rdquo;. Pese a ello, el inconveniente de los relatos sobre la guerra civil es que &ldquo;la voz del narrador, del protagonista, ti&ntilde;e excesivamente el discurso que viene a continuaci&oacute;n&rdquo;. En cualquier caso, y como dice el protagonista de su novela &ldquo;Ayer no m&aacute;s&rdquo;, Trapiello declara su hartazgo ya de escribir sobre el asunto: &ldquo;ambos estamos de la guerra civil hasta el copete&rdquo;.</p>
<p>A prop&oacute;sito de los hechos del presente, de lo que est&aacute; pasando, Trapiello asegura que &ldquo;hay que evitar que las circunstancias nos lleven a todos a un callej&oacute;n sin salida&rdquo;. Y es que, &ldquo;en el momento en el que la gente vea que no tiene para comer, en el momento que vea que tiene a toda la familia en el paro, inmediatamente todo eso se va a ir radicalizando, porque no puede ser que tengamos a los hijos en el paro mientras que los banqueros contin&uacute;an especulando y ganando no s&eacute; cu&aacute;nto dinero&hellip;&rdquo;. No obstante, reconoce que &ldquo;no s&eacute; lo que pasar&aacute; porque no soy adivino, pero yo no creo, a pesar de todo, que la democracia est&eacute; en peligro. Seg&uacute;n los indicios que veo a&uacute;n no hemos llegado a unos niveles de crispaci&oacute;n extremos&rdquo;.&nbsp;</p>
<p>TURIA es, con 30 a&ntilde;os de trayectoria y periodicidad cuatrimestral, una de las publicaciones culturales espa&ntilde;olas m&aacute;s veteranas y reconocidas, por cuya labor obtuvo el Premio Nacional&nbsp; al Fomento de la Lectura. &nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 05 Jun 2013 07:39:23 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cría cuervos]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/cria-cuervos/</link>
      <description><![CDATA[<p>&nbsp;<img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/paisajes.hacia_red.jpg" alt="" /></p>
<p>Yo recordaba con horror un bid&oacute;n en una acera de la avenida Ferdowsi, no lejos de la entrada de un hotel, lleno hasta formar un copete de patas de gallo y lo asoci&eacute; &ndash;durante el pase de <em>Cr&iacute;a cuervos</em>- a la voluntaria sumisi&oacute;n que escoge el espectador de cine cuando entra en la sala. Ning&uacute;n fen&oacute;meno de la vida cotidiana me restablece de tal manera la ilusi&oacute;n de ser due&ntilde;o de mis actos como la decisi&oacute;n de abandonar el cine cuando no se ha alcanzado todav&iacute;a la mitad de la proyecci&oacute;n. Suele ser un regreso al vac&iacute;o, acr&oacute;nico y algo estupefacto; no solamente la calle parece m&aacute;s desierta, los locales animados por un p&uacute;blico intemporal que se hubiera trasladado a otra ribera del tiempo sin obligaciones ni compromisos &ndash;como si tomaran caf&eacute; y charlaran por una inercia que durase siglos-, sino que no habiendo contado con esa hora que el plan hab&iacute;a previsto en una butaca de patio, se levanta &iacute;ntegra, ociosa y desocupada, como una gratuita ofrenda que el ubicuo y eviterno deber otorga est&eacute;rilmente al quejoso para demostrarle a la postre que tan s&oacute;lo sabe malgastarla y convertirla en polvo de tedio. La &uacute;ltima ocasi&oacute;n, ni siquiera hace un par de meses, me la brind&oacute; un insoportable film de incidentes familiares con el que Visconti vino a demostrar una vez m&aacute;s su reconocido talento para transformar en mal gusto la escasez de sus ideas.</p>
<p>No es f&aacute;cil levantarse de la butaca y abandonar la sala cuando apenas ha transcurrido un tercio de la pel&iacute;cula. A la subyugaci&oacute;n ejercida por la pantalla se suma la imantaci&oacute;n de la butaca, nada desde&ntilde;able; es preciso reconocer que &ndash;de entre las muestras que ofrecen nuestros cines comerciales- con harta frecuencia son las producciones nacionales las que con mayores garant&iacute;as pueden brindar al espectador tan inusitada e infrecuente oportunidad. &iexcl;Supremo don del cine espa&ntilde;ol que, adelant&aacute;ndose a los anticuados y corrompidos usos de otros pa&iacute;ses, ofrece al ciudadano la opci&oacute;n de ejercer su soberan&iacute;a, su libre albedr&iacute;o, su libertad de juicio y su independencia de conducta! &iexcl;Y tanto m&aacute;s encomiable el empe&ntilde;o cuanto que, desoyendo durante decenios voces apresuradas que le instan a cambiar de ropajes y actitudes, permanece fiel a su prop&oacute;sito &ndash;haciendo incluso sacrificio de las retribuciones que pod&iacute;a dispensarle la taquilla- para procurar al ciudadano un beneficio, m&aacute;s oculto pero m&aacute;s alto, que transformar&aacute; su afici&oacute;n al espect&aacute;culo en el libre ejercicio de sus valores espirituales! Y m&aacute;s a&uacute;n cuando se piensa que para llevar adelante ese designio tendr&aacute; que luchar con la incomprensi&oacute;n, a veces con el rid&iacute;culo y siempre, siempre, con la estrechez de medios econ&oacute;micos.</p>
<p>A duras penas pude durante un buen rato apartar la vista de aquel bid&oacute;n lleno hasta rebosar de patas de gallo. Era de noche y los cubos de basura amojonaban el borde de las aceras de Ferdowsi pero la luz de una farola ca&iacute;a de lleno sobre &eacute;l para acentuar &ndash;si cab&iacute;a- el m&oacute;rbido color hep&aacute;tico del mont&oacute;n, la granular epidermis de medio quintal de pesu&ntilde;os tan entreverados que resultaba imposible distinguir y destacar con la vista una sola pata entera. Tres veces segu&iacute; adelante y tres veces hube de volver, la &uacute;ltima sospechando si aquello se mover&iacute;a, por si a una hora dada instaban a rebullirse animados por los postreros tirones de mil haces de nervios desolados e impacientes, confrontados con su definitiva quietud.</p>
<p>Los que como yo van casi siempre al cine a instancia de hijos y amigos que consideran poco menos que una obligaci&oacute;n ver determinadas cintas, se pueden hacer cargo de lo dif&iacute;cil que resulta para el hombre remol&oacute;n y cargado de prejuicios asistir a un espect&aacute;culo que, con toda probabilidad, le tendr&aacute; fascinado durante dos horas. A poco que est&eacute; hecho con algo de talento resulta imposible &ndash;real, estad&iacute;stica y socialmente imposible- abandonar la sala. Incluso si cunde el aburrimiento es preferible aguardar al final &ndash;con la esperanza puesta en una escena que compense del esfuerzo del tedio o con la resoluci&oacute;n de extraer de &eacute;ste una diversi&oacute;n pervertida- a ganar la calle y volver a casa con la cinta entre las piernas. En el cine todo hay que sacarlo de la pantalla... o del sue&ntilde;o. Resulta imposible divagar y desconectarse de la proyecci&oacute;n a menos que alguien &ndash;hypnos o la pareja- le saque del encantamiento para sumirle en otro.</p>
<p>Cuantas m&aacute;s actitudes est&eacute;ticas y m&aacute;s atentos sentidos se ponen en acci&oacute;n, en la contemplaci&oacute;n o en la lectura de la obra menos espacio deja para una interpretaci&oacute;n propia de la misma, quedando relegada la divagaci&oacute;n a aquellos planos de la memoria o la sensibilidad que han quedado en libertad por la decisi&oacute;n aut&oacute;noma del artista o por la &iacute;ndole del producto que suministra. En efecto, una obra bien hecha &ndash;sea una narraci&oacute;n, una sonata, una fachada o un &oacute;leo- no permite que se ejerza la capacidad de recreaci&oacute;n por el plano en que discurre y nadie puede divagar ni a&ntilde;adir nada musical mientras escucha el piano ni concebir algo arquitect&oacute;nico, cuando contempla una fachada, fuera de lo expuesto por la propia piedra. Y as&iacute; la obra bien hecha en un plano de la sensibilidad se puede definir como aquella que cierra todo el campo de la fantas&iacute;a en dicho plano. En contraste, la divagaci&oacute;n puede discurrir transportada por el veh&iacute;culo de aquellos sentidos menos afectados por la experiencia est&eacute;tica y, sobre todo, por aquellas &ldquo;formas&rdquo; est&eacute;ticas adquiridas por la experiencia que no se hallan presentes ni interfieren apenas en el acto: la narraci&oacute;n con la melod&iacute;a, &eacute;sta con la estampa, la estampa con el recuerdo de aqu&eacute;lla; as&iacute; acuden los rumores de una leyenda pagana que parece esconderse tras las sombras de un jard&iacute;n umbro y la mirada del enigm&aacute;tico conspirador &ndash;casi oculto por los visillos- replicar&aacute; siempre a la curiosidad del inocente aficionado que contemple la fachada de Sansovino. Una frase del viol&iacute;n deja muy pocas dudas acerca del car&aacute;cter crom&aacute;tico de la melancol&iacute;a.</p>
<p>Y bien, el film no permite que el espectador se vaya por su lado. Sobre todo si se piensa que no tiene donde ir, a menos que gane la calle donde no es probable que le espere &ndash;en esa hora vac&iacute;a y gratuita- un bid&oacute;n repleto de patas de gallo. Dejando la guerra de lado y algunos actos de la carne imprescindibles para su equilibrio, tal vez sea el cine lo m&aacute;s absorbente que el hombre ha inventado. Tan absorbente que si est&aacute; bien hecho apenas puede reparar en los detalles... por falta de tiempo, no puede volver atr&aacute;s ni por lo general desviar su mirada del centro de la pantalla ni perder una frase ni recapacitar sobre el sentido de una escena que se le ha escapado si no quiere verse metido en una mayor confusi&oacute;n ; a lo m&aacute;s las dudas se despejar&aacute;n a la salida &ndash;como en los ex&aacute;menes- preguntando a quien tenga capacidad para responder. No digo que no haya lugar para la ambig&uuml;edad cinematogr&aacute;fica pero s&iacute; afirmo &ndash;sin ambages- que me &ldquo;es m&aacute;s dif&iacute;cil concebir una pel&iacute;cula dudosa que una estrella que baile&rdquo;. Por eso sin duda son los detalles tan importantes, porque el espectador no debe caer en ellos. Y si eso ocurre y no responden a lo que se esperaba de ellos... es mejor abandonar la sala y ganar la calle, pase lo que pase. &iexcl;Loor al cine espa&ntilde;ol que con riguroso y casi cient&iacute;fico esmero descuida de tal modo los detalles que permite al espectador ganar la calle sin la menor sensaci&oacute;n de haber sido defraudado en cuanto la protagonista, al llegar a casa, se deja caer en su lecho a sollozar y acude su madre a prestarle consuelo!.</p>
<p>La verdadera revoluci&oacute;n &ndash;la segunda y m&aacute;s decisiva-, seg&uacute;n he le&iacute;do en alguna revista especializada, la aport&oacute; el cine hablado. A partir de ese momento, todas las formas tradicionales de la experiencia est&eacute;tica se concentran en la narraci&oacute;n cinematogr&aacute;fica: la atenci&oacute;n dram&aacute;tica a una escena que es consecuencia de lo ya visto y antecedente de lo que vendr&aacute;, sin posible vuelta atr&aacute;s, sin la menor opci&oacute;n para la relectura; la audici&oacute;n musical de una frase que s&oacute;lo en la armon&iacute;a se enlaza con el resto pero que por s&iacute; misma requiere la presencia de todo el esp&iacute;ritu; la fijaci&oacute;n de <em>toda</em> la mirada por una imagen pict&oacute;rica fuera de la cual no hay m&aacute;s que sombras; la retentiva literaria de una narraci&oacute;n cuya memoria, por si fuera poco todo lo anterior, gravita durante toda la proyecci&oacute;n. Una experiencia tan extensa s&oacute;lo se soporta si es intensa y un fallo en cualquiera de las categor&iacute;as tradicionales de la experiencia est&eacute;tica &ndash;la dram&aacute;tica, la musical, la pl&aacute;stica y la literaria- supone por lo general el hundimiento de todas las dem&aacute;s. No hay doctrina del repoussoir que valga para el film; no hay posibilidad de abandonar el primer plano &ndash;si existe- para descansar la vista con la quietud del paisaje de fondo; no hay desplazamiento ni en el eje ni en la magnitud, como en el&nbsp; <em>San Jer&oacute;nimo</em> flamenco todo &eacute;l ocupado por la vista imaginaria del lago, los acantilados y los quim&eacute;ricos castillos, mientras el santo apenas se distingue en un rinc&oacute;n, arrodillado y casi oculto por un cedro; no hay digresi&oacute;n gratuita, como el relato inserto en la novela y apenas hay cambio de tono, de modo o de comp&aacute;s. En el film hasta la incoherencia debe ser coherente.</p>
<p>Numerosos amigos &ndash;todos ellos m&aacute;s j&oacute;venes que yo, que en buena medida han madurado en la cultura de la imagen y muy aficionados al cine aun cuando &ndash;observo- su entusiasmo va decayendo a medida que se alejan de los treinta a&ntilde;os- constantemente me reprochan mi incomprensi&oacute;n hacia el s&eacute;ptimo arte, mi incultura cinematogr&aacute;fica y mi apego a los prejuicios elaborados a lo largo de cuarenta a&ntilde;os de espaldas a la pantalla. Las acusaciones son exageradas y ni que decir tiene que, incapaz para discutirlas, no me siento nada conforme con ellas. He visto mucho cine &ndash;a lo largo de cuarenta a&ntilde;os- casi todo &eacute;l malo, que es lo m&aacute;s formativo; es decir el que, una vez asimilado, m&aacute;s ayuda a degustar el bueno. Creo que como cualquier individuo de mi edad y educaci&oacute;n, me ha sido dado ver mucho cine comercial y muy poco cine &ndash;recurriendo a una denominaci&oacute;n que no entiendo cabalmente- de autor; ha sido, en definitiva, una gran suerte para m&iacute; pues de haber frecuentado el cine de autor hoy ser&iacute;a &ndash;sospecho- un hombre profundamente amargado. Pero, por encima de todo, tengo la certidumbre (de la que ning&uacute;n amigo me puede apear) de que cuento exactamente con la cultura cinematogr&aacute;fica precisa para extraer de un film todo el beneficio que se puede sacar. Lo mismo me ocurre con el drama, con la novela y la pintura al &oacute;leo. No me ocurre lo mismo con la poes&iacute;a, la m&uacute;sica y la arquitectura, disciplinas cuyas manifestaciones me dejan siempre la insufrible sensaci&oacute;n de que me sobrepasan, que hay algo en ellas que siempre me perder&eacute; por ser incapaz de aprehender sus &uacute;ltimas consecuencias. (En cuanto a la danza cl&aacute;sica cuento con la convicci&oacute;n y la cultura necesarias para estar seguro de que cualquier manifestaci&oacute;n de esa mortificante actividad siempre me producir&aacute; horror). No tengo demasiado respeto por las experiencias est&eacute;ticas &ndash;cualitativamente diferentes- de los especialistas y no creo que el film &ndash;bueno o malo- sea otra cosa que un producto para profanos. Todo depende de la clase de profano que se sea y ning&uacute;n conocimiento t&eacute;cnico o profesional puede venir en ayuda del espectador si aquello que le muestran no le satisface en cuanto hombre com&uacute;n y medianamente culto. El manejo de la c&aacute;mara, el dominio de los actores, las delicadezas del montaje, el respeto al eje... son cosas que pueden ser de utilidad (cuando se toma asiento en la butaca) siempre que lo que a uno le muestren tenga el inter&eacute;s macrosc&oacute;pico de todo espect&aacute;culo, un producto organizado con vistas a cierto vulgo.</p>
<p>No creo que se pueda definir con una palabra ese nervio conductor y tenso que sin asomar jam&aacute;s a la pantalla, enhebrando todas las escenas, permite que toda la proyecci&oacute;n desde el principio hasta el fin tenga inter&eacute;s y tal vez un &uacute;nico inter&eacute;s. Supongo que no siempre ser&aacute; de la misma clase; ora la gracia, ora la compasi&oacute;n, ora la intriga... no lo s&eacute;, todo lo que se quiera, todo de lo que &ndash;con su conocido talento para el disimulo, la perversi&oacute;n, la vulgarizaci&oacute;n de lo exquisito- carecen un Visconti o un Rocha. Un sentimiento bien llevado basta no s&oacute;lo para llenar una hora y media sino para alcanzar el supremo espejismo de que esa hora y media no pueda ser otra ni puede cumplirse de otra manera. Por ejemplo, el aburrimiento de tres ni&ntilde;as hu&eacute;rfanas durante los &uacute;ltimos d&iacute;as de sus vacaciones de verano. Es la misma declaraci&oacute;n &ndash;desde la perspectiva de los seis, ocho o diez a&ntilde;os- de Nizan en el p&oacute;rtico de <em>Aden-Arabie</em>: &ldquo;Je ne laisserai personne dire que c&rsquo;est la plus bel &acirc;ge de la vie&rdquo;. Pero el aburrimiento es siempre una consecuencia, nunca lo originario ni lo primordial. Existe un <em>pathos</em> que crea el clima de aburrimiento que no se despejar&aacute; mientras aqu&eacute;l se inmovilice, de la misma manera que s&oacute;lo el viento levantar&aacute; la niebla.&nbsp; El <em>pathos</em> se halla por doquier: en las fotograf&iacute;as con que ya no se distrae la abuela paral&iacute;tica, como ya no se alimenta la persona desganada que picotea unas avellanas; en la soledad de una criada rezongona que muestra sus ubres como inm&oacute;viles testimonios de antiguas concusiones carnales; en el baile de tres ni&ntilde;as dos a dos que s&oacute;lo esperan gracias a &eacute;l transportarse m&aacute;s all&aacute; de esa abyecta edad que nada &ndash;sino peque&ntilde;os deberes y reprimendas- les puede ofrecer. Y m&aacute;s all&aacute; del horizonte de las ni&ntilde;as, la terrible sospecha de que &ndash;a la vista de lo que han vivido sus mayores- lo que les va a ofrecer el tiempo venidero es mucho peor. En el espejo cronol&oacute;gico por el que transcurre la pel&iacute;cula &ndash;dejando de lado ese abstracto futuro desde el que una de las supervivientes vuelve hacia atr&aacute;s su mirada- no ha lugar a esperar que mitigue el aburrimiento; tan s&oacute;lo del colegio con sus clases &ndash;por la ocupaci&oacute;n del propio tiempo desde fuera- puede llegar un alivio cierto.</p>
<p>Ciertamente la horrenda tragedia por la que han pasado las ni&ntilde;as &ndash;sobre todo la central y s&oacute;lo porque a causa de su insomnio ha sido testigo de las escenas m&aacute;s crueles, pues Saura con sumo tiento ha tenido buen cuidado de no manifestar en ella un rasgo de car&aacute;cter decididamente diferencial- pesa demasiado para que quepa esperar otra cosa; el abandono de la madre y una muerte presentada con sus rasgos m&aacute;s atroces; la sustituci&oacute;n de su ternura por la disciplina ancilar; la culpable frivolidad del padre; el implacable distanciamiento del mundo de los mayores (que se manifiesta en lo sucesivo en la forma de &oacute;rdenes, miedo, deseos de muerte, antipat&iacute;a, imposibilidad de llegar al coraz&oacute;n de nadie y menos de la peripuesta, acicalada, estupefacta y sonriente abuela de la que por sus escasos gestos cabe colegir que un d&iacute;a alberg&oacute; alguna ternura, no se sabe por qu&eacute; ni por qui&eacute;n) y esa cris&aacute;lida del vac&iacute;o que no ser&aacute; capaz de romper una canci&oacute;n, ni una mu&ntilde;eca, ni una pistola, ni una excursi&oacute;n al campo, ni la ch&aacute;chara agridulce de la dom&eacute;stica, pautado y acentuado por el paso frente a la puerta del dormitorio &ndash;casi siempre en la misma direcci&oacute;n- del fantasma querido de su madre.</p>
<p>Pero el clima del aburrimiento no se consigue as&iacute; como as&iacute;; no siendo sino una medida del tempo, un gesto o una expresi&oacute;n pueden bastar para consignarlo pero no para mantenerlo. Aquel detalle que con car&aacute;cter signal&eacute;ctico lo denuncia es preciso llevarlo hasta el final; el baile de las ni&ntilde;as se prolongar&aacute; &ndash;sin excesivo entusiasmo- hasta que concluya el disco; el juego del escondite hasta que nada se pueda obtener ya de &eacute;l; para las adivinanzas de la abuela es preciso repasar todo el retablo de fotograf&iacute;as; la canci&oacute;n es siempre la misma y siempre el mismo, el cuento infantil. La agon&iacute;a de la madre no puede reducirse a una crisis de dolor y todo el talento de la actriz tendr&aacute; que ponerse a prueba en la reincidencia, en la ca&iacute;da &ndash;m&aacute;s vertiginosa en cada imagen- en la nada del sufrimiento y de la muerte. Son los grandes momentos del film, cuando el espectador ha de retener el aliento porque ese tiempo vac&iacute;o, t&eacute;trico y sin sentido ha saltado de la pantalla para introducirse dentro de &eacute;l: la ni&ntilde;a insomne que aprieta los p&aacute;rpados para forzar la visi&oacute;n imaginaria que conjugar&aacute; al poderoso se&ntilde;or de las sombras y del tedio. El tema no puede ser m&aacute;s antiguo y m&aacute;s primario el sentimiento al que apela si la atenci&oacute;n se centra en las criaturas desvalidas; pero el acierto es desviar esa atenci&oacute;n &ndash;gracias a la dureza de las ni&ntilde;as y en particular de la protagonista, que nunca reclama ayuda y rara vez despierta la compasi&oacute;n- de las vertientes psicol&oacute;gicas del drama hacia las alturas de ese tiempo emp&iacute;reo que sustenta indiferente todos los acaecimientos. En la mejor muestra de su arte que nos ha ofrecido hasta la fecha, Saura ha dirigido su cincel &ndash;recre&aacute;ndose en la limitaci&oacute;n del escenario, en el enclaustramiento de la acci&oacute;n- para extraer del bloque marm&oacute;reo del tiempo la infantil efigie del aburrimiento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(Este texto constituye el pr&oacute;logo que Juan Benet realiz&oacute; para la publicaci&oacute;n del gui&oacute;n de la pel&iacute;cula de Carlos Saura, <em>Cr&iacute;a cuervos</em>. Agradecemos a su editor, El&iacute;as Querejeta, la autorizaci&oacute;n para reproducirlo)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 31 May 2013 06:49:44 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Navarra-104]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/navarra-104/</link>
      <description><![CDATA[<p>&nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/nihil.admirari_red.jpg" alt="" /><br />&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; ...y de nuestro amor primero</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp; y de su fe mal pagada</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp; y tambi&eacute;n del verdadero</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp; amante de nuestra amada</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp; Antonio Machado</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La noche en que muri&oacute; tu hermano ya no era noche. Bueno, no lo s&eacute;. Hab&iacute;a hilachas de amanecer entre las nubes y arriba, en el monte, se empezaban a distinguir las casitas que salpicaban el camino de los pinares. Pero eso lo observ&eacute; cuando me lanc&eacute; afuera, temblando, descalzo, al escuchar y comprender los gritos del cabo primero. Quiz&aacute; todav&iacute;a pesaban mucho las sombras all&aacute; en la garita y precisamente le dio el impulso definitivo esa insidiosa mancha de leche con que se anunciaba el alba sobre las tapias del otro lado del cuartel, yo mismo la percib&iacute; tantas veces. Siempre hemos hablado de la noche en que muri&oacute; tu hermano y s&oacute;lo hoy me doy cuenta de que la noche puede que estuviera terminando para todos menos para &eacute;l, que penetraba en otra. Recuerdo las voces que reclamaban al oficial de guardia y, cuando dej&eacute; la litera, al brigada V&eacute;lez con las canas revueltas, subi&eacute;ndose la bragueta y ajust&aacute;ndose el correaje. A m&iacute; me agarraron entre varios, no sab&iacute;a ad&oacute;nde iba, a ver a tu hermano, me imagino, para decirle lo que ya no podr&iacute;a o&iacute;r. Te lo he contado antes, lo he contado antes a tu familia, a los amigos de tu hermano y a los m&iacute;os. Esos detalles insignificantes, a los que uno les concede la importancia de un certificado de verdad, quedan impresos en la memoria &ndash;los olores que acompa&ntilde;aban la noticia de la muerte de tu hermano, por ejemplo, el olor a la chistorra de los bocadillos de la cena y el olor a calcetines sucios y el olor al sue&ntilde;o sudado del cuerpo de guardia--, o ser&aacute; que lo que se queda impreso es la historia que transmitimos de los acontecimientos, como si nuestro relato barriera todas las perspectivas diversas y las dem&aacute;s sensaciones que no estaban incluidas en &eacute;l. Te lo he contado antes, s&iacute;. Pero hoy escuchar&aacute;s una versi&oacute;n que nadie ha repetido.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A tu hermano lo reconoc&iacute; cuando apareci&oacute; por la puerta de la compa&ntilde;&iacute;a vestido de paisano con una trinca verde, creo, y un flequillo a lo <em>beatle </em>bajo el que se aflig&iacute;a una mirada de hu&eacute;rfano. Esa era la impresi&oacute;n inicial, la de orfandad, supongo que no muy distinta de la que ofrecimos los dem&aacute;s pero en el caso de &eacute;l con el agravante de que llegaba con dos semanas de retraso, sin el arropamiento de la masa. De un hombro le colgaba el petate. Miraba hacia los dos lados del barrac&oacute;n sin decidirse a entrar del todo. Yo dir&iacute;a que tiritaba, est&aacute;bamos en enero y hac&iacute;a en Vitoria un fr&iacute;o del carajo. Me han dicho que preguntara por el furriel, o algo as&iacute; dijo. Yo estaba junto a la m&aacute;quina de las pepsi-colas y lo reconoc&iacute;. &iquest;No hab&iacute;a estudiado cuarto y rev&aacute;lida en el Gaztambide?, pregunt&eacute;, &iquest;Barranco, Javier Barranco? Era un n&aacute;ufrago que avistara tierra a lo lejos. &iquest;Nos conocemos?, nos conoc&iacute;amos, asegur&eacute;, &iquest;no se acordaba del examen de matem&aacute;ticas con el Gal&aacute;n?, &eacute;l los problemas, yo la teor&iacute;a, era verdad, era verdad, y yo no hab&iacute;a cambiado tanto, s&oacute;lo que el pelo al cero despistaba, dijo, que no se preocupase, le dije, ma&ntilde;ana tambi&eacute;n &eacute;l se despedir&iacute;a de sus guedejas al viento, y le inst&eacute; a que pasara, hab&iacute;a tenido suerte porque yo era el ayudante del furriel, ventajas de saber escribir a m&aacute;quina, le asign&eacute; una litera y le di mantas y le suger&iacute; que se hiciera la cama antes de que los dem&aacute;s se percataran de la presencia de un novato y le montaran la petaca. Nos iluminaban aquellas bombillones t&eacute;tricos que emborronaban la realidad en vez de precisarla. Har&iacute;a media hora que hab&iacute;a terminado la instrucci&oacute;n y cada cual trataba de olvidar como pod&iacute;a que esa noche tampoco dormir&iacute;a en casa. Algunos volv&iacute;an ya del hogar del soldado con las barras de pan y el vino tinto. Muchos se hab&iacute;an tumbado en el catre para darle a la mano en un intento de superar el bromuro que, seg&uacute;n rumor, nos echaban en la comida. Yo no estaba en plan comprensivo, la verdad, eso de la solidaridad de los reclutas y el rollo de los grandes amigos de la mili es pura filfa, en ning&uacute;n sitio he percibido tantos ego&iacute;smos como bajo el techo de uralita del CIR de Araca. Y a Franco le quedaban cuatro a&ntilde;os para morirse, t&uacute; eres demasiado joven para hacerte una idea de la mierda aquella. Ahora bien, a tu hermano lo compadec&iacute;. Ten&iacute;a muy grato recuerdo de &eacute;l a los catorce a&ntilde;os, &eacute;ramos la generaci&oacute;n del Capit&aacute;n Trueno y nos sent&iacute;amos c&oacute;mplices frente a las man&iacute;as e insensateces de los profesores. Lo ech&eacute; en falta al llegar a quinto. Los dos hab&iacute;amos optado por letras puras y me hac&iacute;a ilusi&oacute;n saber que en tu hermano tendr&iacute;a un aliado contra el cura casposo que nos iba a dar lat&iacute;n, don C&aacute;stulo, pero aquel octubre del 61 &oacute; el 62 Javier Barranco no estaba en las listas. Fue cuando a vuestro padre lo trasladaron a Madrid y a esa edad no se mantienen las amistades, ni siquiera trat&eacute; de enterarme de por qu&eacute; Barranco ya no estudiaba en el Gaztambide. El caso es, esto me lo aclar&oacute; &eacute;l, que segu&iacute;a inscrito en la caja de reclutas de Navarra, creo que hab&iacute;a un motivo por el que vuestra familia no lo empadron&oacute; en Madrid y adem&aacute;s tu hermano estaba convencido de que un manotazo m&aacute;gico, un manotazo zen, entonces le&iacute;a rollos orientales, lo apartar&iacute;a del servicio militar, pobre ingenuo. Hasta el &uacute;ltimo momento aleg&oacute; enfermedades cong&eacute;nitas que se iba imaginando --coraz&oacute;n grande, entre otras&mdash;y que lo llevaron de observaci&oacute;n a un hospital militar, por eso lleg&oacute; tarde al campamento el cabr&oacute;n. Bueno, all&iacute; estaba, desvalido, con su t&iacute;tulo de filolog&iacute;a rom&aacute;nica todav&iacute;a tierno y seguramente arrepentido, y sin reconocerlo, de no haber hecho las milicias universitarias como sus compa&ntilde;eros de carrera que no ten&iacute;an, como ten&iacute;a yo, alg&uacute;n expediente policial que todos cre&iacute;an pol&iacute;tico pero que me abrieron por esc&aacute;ndalo p&uacute;blico cuando un polic&iacute;a me detuvo meti&eacute;ndole mano en la Taconera a una chica de hist&oacute;ricas, Olvido se llamaba, y me resist&iacute; a acompa&ntilde;ar al hijoputa a la comisar&iacute;a donde acab&eacute; con un par de magulladuras y un ojo revent&oacute;n, a la chica nunca me la foll&eacute;, por si te interesa, era dif&iacute;cil entonces. O sea que me dio pena tu hermano. Le ayud&eacute; a organizarse la taquilla y hacerse la cama. Le gui&eacute; virgiliano por un breve tour de los alrededores esenciales del infierno: el Hogar del soldado para alg&uacute;n alimento extra si le sobraba pasta, las letrinas, y qu&eacute; mueca de horror &ndash;la m&iacute;a hab&iacute;a sido igual pero me encantaba la superioridad que me proporcionaban las dos semanas de atroz experiencia--, por la noche meas y cagas a ciegas, le advert&iacute;, tienes que avisar de que est&aacute;s ah&iacute; no sea que otro se te orine encima, suele ocurrir, dije, y no quise a&ntilde;adir que ocurr&iacute;a adrede, un modo de descargar la mala leche acumulada, y luego le mostr&eacute; los l&iacute;mites de nuestro mundo, la explanada, que no se ve&iacute;a, donde desfilar&iacute;amos en el eterno ensayo del d&iacute;a de la jura, los bultos oscuros de las otras compa&ntilde;&iacute;as, no te mezcles, le previne, y enfrente, a lo lejos, las luces de Vitoria donde ahora la gente de derechas se cree libre y escucha las mentiras del telediario. Ma&ntilde;ana, le adelant&eacute;, te pelar&aacute;n, te dar&aacute;n el uniforme de faena, la gorra que te capar&aacute;n tus compa&ntilde;eros esa misma tarde, un librito que no buscan los bibli&oacute;filos (pero que hoy me gustar&iacute;a haber conservado), el <em>Manual del recluta</em>, delicioso catecismo del facha celt&iacute;bero, y te convertir&aacute;s, le dije, en un n&uacute;mero, tu matr&iacute;cula que la llaman, le dije, y &eacute;l me dijo eso ya me lo han comunicado, qui&eacute;n eres le pregunt&eacute;, soy el Navarra-104 dijo.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Qu&eacute; pinta tu hermano con la ropa de faena. No quedaban uniformes de su talla y no vayas a pensar que hab&iacute;a servicio de sastrer&iacute;a. Le estaba de dolor, su cuerpo, muy delgaducho, es cierto, flotaba dentro de una sahariana y unos pantalones como para un recluta que le doblara el peso. Algunos le pusieron un mote, pero eso fue m&aacute;s tarde, espera, le llamaban Fideo de Mileto, como a un personaje de <em>El Jabato</em>, un tebeo que le&iacute;amos los chavales de los sesenta, t&uacute; no lo puedes conocer. No, eso ocurri&oacute; ya en el cuartel, all&iacute; en el campamento tuvo que aguantar lo de fil&oacute;sofo por aquello de que ten&iacute;a el t&iacute;tulo de Filosof&iacute;a y Letras, algo que le debi&oacute; parecer muy gracioso al mariconazo del alferez Lobo que se divert&iacute;a humill&aacute;ndolo mientras hac&iacute;amos la instrucci&oacute;n. No te lo creer&aacute;s pero algunos de aquellos oficiales de complemento eran los peores, se cebaban en los reclutas, muy pocos, que hab&iacute;an terminado en la facultad y por los motivos que fueran se hab&iacute;an ahorrado la est&uacute;pida mitolog&iacute;a de quince bajo la lona con Carlos Larra&ntilde;aga y &Aacute;ngel Aranda, o sea las milicias universitarias, lo de la lona era una peli de nuestra infancia que t&uacute; felizmente ignoras. Fil&oacute;sofo marca el paso, fil&oacute;sofo ese CETME, fil&oacute;sofo m&aacute;s br&iacute;o que te cae una imaginaria, as&iacute; todo el tiempo como si tu hermano fuera el &uacute;nico conejo de la compa&ntilde;&iacute;a. A m&iacute; me respetaba un poco m&aacute;s porque me hab&iacute;a licenciado en derecho y al t&iacute;o, que era perito agr&iacute;cola, le deb&iacute;an parecer las leyes una cosa solvente en comparaci&oacute;n con la bagatela filos&oacute;fica, aparte de que yo ten&iacute;a todas las facilidades para escaquearme en la fuerrieler&iacute;a, que si teclear el parte, que si el capit&aacute;n me ped&iacute;a que le hiciera una carta para no s&eacute; qu&eacute; hostias del gobierno militar, que si la lista de arrestos, vaya, que me libraba del undosundosizquierdaderechaizquierda por lo menos tres d&iacute;as a la semana. El Navarra-104 lo pasaba de puta pena y eso que retomamos nuestras antiguas complicidades y cuando bajaban bandera nos dedic&aacute;bamos a charlar de las pasiones que compart&iacute;amos, los libros y las pel&iacute;culas, igual que de chicos hab&iacute;amos tenido en com&uacute;n los fervores salgarianos y la devoci&oacute;n por Flash Gordon y la rubia Sigrid, bueno, y los <em>westerns</em> de John Wayne que yo hab&iacute;a preferido olvidar, tu hermano no, porque atravesaba mi etapa gauchista y me avergonzaba conmoverme con <em>El hombre que mat&oacute; a Liberty Valance</em> como ahora me averg&uuml;enzo de haberme avergonzado entonces, cosas. Y eso que &eacute;ramos tan distintos. Yo le&iacute;a <em>Triunfo</em> y &eacute;l <em>Fotogramas</em>. Yo &oacute;pinaba que Hitchcock era un reaccionario y tu hermano lo adoraba. Yo me entusiasmaba con Antonioni y el Navarra-104 con John Ford. Yo le&iacute;a a Castilla del Pino y tu hermano a Allan Watts. En fin. No es que Javier fuera un carca pero pasaba de la pol&iacute;tica. Hablaba de poes&iacute;a, de tantrismo, uf, de las sonatas de Beethoven cuando yo y mis amigos escuch&aacute;bamos a Bob Dylan. Yo era m&aacute;s normalito, en realidad, respond&iacute;a a los clich&eacute;s del progre de la &eacute;poca.&nbsp; Envidiaba la cultura de tu hermano al tiempo que me irritaban sus gustos burgueses, as&iacute; los consideraba yo para estupor del Navarra-104 que se resist&iacute;a a aceptar esas categor&iacute;as. Pero hab&iacute;a un terreno en el que yo le daba cien mil vueltas. La experiencia del Navarra-104 con las t&iacute;as era m&iacute;nima o se reduc&iacute;a a unos pocos escarceos sin desenlace, y no es que me hiciera confidencias, todav&iacute;a no, pero yo deduc&iacute;a de su timidez y de su negativa a participar en las conversaciones sexuales, y el 90% de las conversaciones del campamento, f&iacute;jate, eran sexuales, salvo las que manten&iacute;amos tu hermano y yo sobre Lawrence Durrell y Joseph Losey, pero nosotros &eacute;ramos los raros, deduc&iacute;a yo, te digo, que en ese campo Javier se hab&iacute;a limitado a las angustias de un platonismo forzoso alimentado a base de miradas secretas y pajas vergonzantes, vamos, y no me equivocaba mucho, eso lo supe despu&eacute;s. Yo me hab&iacute;a espabilado en mis salidas veraniegas al extranjero de <em>coffee-boy</em> en Inglaterra, de recogefrutas en Francia. Porque ya te puedes imaginar lo que daba de s&iacute; Pamplona en esos a&ntilde;os. Y aun con todo comenzaban a destaparse las hijas de la clase media profesional y yo ten&iacute;a novia, s&oacute;lo que entonces no us&aacute;bamos esa palabra, y novia&nbsp; con la que follaba gracias a las virtudes del neogyn&oacute;n que nos suministraba una amiga farmac&eacute;utica y al Parnasillo y a las buhardillas que los amigos y yo mismo ven&iacute;amos alquilando por el casco viejo. Incluso a&ntilde;adir&iacute;a que la relaci&oacute;n con mi mueta andaba ya alica&iacute;da, tanto que el destierro en el CIR de Vitoria en cierto modo fue providencial para darnos aire, o d&aacute;rmelo a m&iacute;, al menos, que era el m&aacute;s asfixiado de los dos o, por qu&eacute; no confesarlo, el &uacute;nico asfixiado.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Yo tem&iacute;a que por culpa de mi m&iacute;nima ficha policial me destinaran, tras la jura de la bandera, a los abismos reaccionarios de Burgos pero hubo suerte &ndash;o no, la perspectiva de los muertos es distinta y ser&iacute;a canallesco hoy escoger otra&mdash;y a tu hermano y a m&iacute; nos enviaron con el petate a cuestas a las cumbres reaccionarias del cuartel de monta&ntilde;a de Andoa&iacute;n, a los pies del monte San Crist&oacute;bal, y con posibilidad de conseguir el ansiado pase pernocta que nos permitir&iacute;a vivir las tardes que no ten&iacute;amos servicio en Pamplona sin ir vestidos de caqui. El Navarra-104 fue a parar a la casa siniestra de una t&iacute;a viuda en una bocacalle del Paseo Valencia, yo regres&eacute; al bario San Juan, con mis padres. Le promet&iacute; a tu hermano una acogida m&aacute;s que amistosa en el Parnasillo, &ldquo;un refugio contra el mal aliento clerical&rdquo; seg&uacute;n rezaba la placa que hab&iacute;amos colocado en la puerta del bajo en la calle Dormitaler&iacute;a, un par de cuartos atiborrados de libros y discos (robados en su mayor&iacute;a) y unos catres sucios por el suelo, un refugio que pag&aacute;bamos entre unos cuantos, en fin, refugios hubo varios pero el de Dormitaler&iacute;a convocaba m&aacute;s presencias y me pareci&oacute; ideal para iniciar al Navarra-104 en su navarra nueva vida. C&oacute;mo era Pamplona, no te puedes hacer idea. Lo de la halitosis clerical se resigna a la prudencia de la metonimia, pero la realidad &ndash;aquella sociedad de meapilas casposos bajo boina requet&eacute;, esp&iacute;as aldragueros que denunciaban los modestos intentos ajenos de libertad, familias supernumerosas y supernumerarias de doncella con cofia,&nbsp; damas que compet&iacute;an a prosapia rancia en cada chocolate con picatostes de las tardes en el Iru&ntilde;a&mdash;aplastaba con una contundencia que ninguna figura ret&oacute;rica puede reproducir. Y eso que, ya te lo he anunciado, pertenec&iacute;a yo al reducido grupo clandestino que follaba sin pasar por el altar mayor de San Cerni ni temblar por los peligros del embarazo. Quedaba para los desesperados la opci&oacute;n canalla de las cuatro putas de la Chantrea, alguna m&aacute;s, vale, y alguna c&eacute;lebre entre los parroquianos, &iquest;nunca te he hablado de la puta del sif&oacute;n?, bueno, otro d&iacute;a te lo explico, lo &uacute;ltimo que se le habr&iacute;a ocurrido a tu hermano, por supuesto, &eacute;l que cre&iacute;a en el amor petrarquista y el rollo c&oacute;mo iba a ingresar en la secta sonrojante de los puta&ntilde;eros y a lo mejor de haberlo hecho se habr&iacute;a salvado, &iquest;no te parece?, no, no lo sabes, no se sabe, no se sabr&aacute; nunca, tienes raz&oacute;n. Yo me consideraba un privilegiado y sin embargo, qu&eacute; liviana es la juventud, en el primer permiso del CIR le hab&iacute;a echado el ojo a una estudiante de m&uacute;sica que sal&iacute;a de vinos con los parnasillos, Manolo Bear, Antonio, esa gente, el poeta Irigoyen, los de la radio, una t&iacute;a preciosa que apareci&oacute; justo cuando la relaci&oacute;n con mi novia me empezaba a producir disnea. Y la verdad es que mi chavala no ten&iacute;a precio que se dice y todav&iacute;a consegu&iacute;a conmoverme por su absurda capacidad de querer a un tipo como yo. Acababa de medio apalabrar un encuentro con la pianista para el siguiente fin de semana y me hab&iacute;a echado un polvo con mi chica pensando en la otra, para qu&eacute; mentirte, cuando ella me dijo una vez m&aacute;s que me quer&iacute;a tanto, haz lo que quieras conmigo, me dijo, y no supe qu&eacute; contestar, no exig&iacute;a respuesta, claro, pero pens&eacute; en mis planes musicales y se me saltaron las l&aacute;grimas. No por eso anul&eacute; la cita del s&aacute;bado pero me conmov&iacute; y mucho. Disculpa, me estoy apartando del Navarra-104.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Que tambi&eacute;n me conmov&iacute;a, aunque de otro modo. Actuaba tu hermano con una delicadeza ins&oacute;lita entre varones machotes. Recuerdo una tarde en la que yo estaba con el muermo subido y &eacute;l me lo not&oacute; por tel&eacute;fono, as&iacute; que apareci&oacute; de repente en la buhardilla de Cacharrer&iacute;a donde sol&iacute;a recluirme a rumiar mi frustraci&oacute;n de futuro condenado a opositar, tra&iacute;a una botella de vino, pan y medio queso roncal&eacute;s, y eso que manejaba poca pasta, las migajas que ganaba con clases particulares de lat&iacute;n y de griego, y comenz&oacute; a hilvanar historias hilarantes de sus ligues sin &eacute;xito en la facultad y de vuestra familia, tan fecunda en personajes estrafalarios, o a lo mejor se las inventaba para hacerme re&iacute;r, &iquest;ten&iacute;ais un t&iacute;o que se desayunaba su propia orina?, &iquest;s&iacute;? Era formidable citando escritores y frases de pelis, se sacaba de la memoria el gag oportuno de W. C. Fields o el verso de Auden, y reproduc&iacute;a supongo que con exactitud historietas de Pascual criado leal o de Carpanta que hab&iacute;amos le&iacute;do los dos de ni&ntilde;o, o de pronto me preguntaba si me acordaba de Chendalang y los cien mil o de Nicola Stradiato y los dos hac&iacute;amos alarde de la erudici&oacute;n imborrable de las lecturas de los diez a&ntilde;os, qu&eacute; bien que nos lo pas&aacute;bamos. Deb&iacute;amos llevar unos tres o cuatro meses en el cuartel de Andoa&iacute;n cuando la amistad adquiri&oacute; lo que parec&iacute;a una sedimentaci&oacute;n inquebrantable y el Navarra-104 atraves&oacute; las barreras del pudor y empez&oacute; a hacerme su confidente. S&iacute;, ser&iacute;a a finales de mayo de ese a&ntilde;o, ya hab&iacute;a conocido a Marta y se hab&iacute;a enamorado pero a&uacute;n no lo sab&iacute;a, las confidencias coincidieron con su encuentro en no s&eacute; qu&eacute; festival de m&uacute;sica folk en el Gayarre, luego se fueron de potes con el grupo pero ellos hablaron de esto y lo de m&aacute;s all&aacute;, en fin, que me pregunt&oacute; qu&eacute; sab&iacute;a de ella y se pregunt&oacute; en voz alta por qu&eacute; le parec&iacute;a tan misteriosa y yo le dije que no la conoc&iacute;a demasiado pero misteriosa, vaya, una burguesita de Carlos III, muy progre y tal pero pijita al fin y al cabo. Tu hermano encajaba y no encajaba con la cuadrilla, sabes, los domingos se le deb&iacute;an hacer m&aacute;s largos que una misa cantada y yo no siempre estaba disponible con lo que se acercaba a Dormitaler&iacute;a s&oacute;lo para cerciorarse de que compartir el hast&iacute;o con otros no resultaba gratificante, aparte de que era un tipo muy poco gregario y mis amigos, que lo apreciaban, lo eran en exceso, no buscaban el di&aacute;logo <em>vis &agrave; vis</em> que era el &uacute;nico que le satisfac&iacute;a al cientocuatro. Javier me hizo su confidente porque a m&iacute; tambi&eacute;n me gustaba sentarme con &eacute;l en los sof&aacute;s del fondo del Iru&ntilde;a y charlar sobre actualidades tan acuciantes como la evoluci&oacute;n estil&iacute;stica de la generaci&oacute;n perdida, y adem&aacute;s hab&iacute;amos encontrado una base s&oacute;lida de entendimiento en algunas pel&iacute;culas. Yo le espetaba &ldquo;anciano, no te conozco&rdquo; y &eacute;l en seguida la emprend&iacute;a con &ldquo;jes&uacute;s, jes&uacute;s, la de cosas que hemos visto&rdquo; y es que ambos hab&iacute;amos escuchado las campanadas a medianoche con id&eacute;ntico fervor. Y admir&aacute;bamos <em>Jules et Jim</em> con pasi&oacute;n insana, yo alegaba que por su ataque a la pareja burguesa y tu hermano por el romanticismo impl&iacute;cito en el amor a tres bandas. Nos gustaba saludarnos como los amigos de la pel&iacute;cula, <em>et les autres?</em>, y canturre&aacute;bamos a d&uacute;o desafinado <em>on s&rsquo;est connu, on s&rsquo;est reconnu, on s&rsquo;est perdu de vue, on s&rsquo;est reperdue de vue, on s&rsquo;est retrouv&eacute;, on s&rsquo;est rechauff&eacute;, puis on s&rsquo;est separ&eacute;</em>, Jeanne Moreau lo hac&iacute;a mucho mejor pero nosotros nos limit&aacute;bamos a envidiar aquellas vacaciones inventadas en las que dos hombres y una mujer se amaban sin tensiones. A ti todo esto te parecer&aacute; my adolescente, &iquest;no?, por no decir pedante o hasta &ntilde;o&ntilde;o, no s&eacute;, la poca inocencia que me quedaba se manifestaba sin rubores en aquellas conversaciones con tu hermano, por eso conservo un recuerdo tan fresco (y tan doloroso) de nuestros callejeos&nbsp; antes de que <em>le tourbillon de la vie</em>, como dice la canci&oacute;n, nos mandara a la puta mierda, bueno, a tu hermano m&aacute;s lejos, bastante m&aacute;s lejos.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo raro es que a tu hermano le sobreven&iacute;a la vena confidencial en el cuartel, no me preguntes por qu&eacute;, quiz&aacute;s all&iacute; no dispon&iacute;amos de mucho tiempo y eso, el no poder entregarse al lujo del an&aacute;lisis, favorec&iacute;a la confesi&oacute;n s&uacute;bita y breve. Una ma&ntilde;ana est&aacute;bamos reci&eacute;n desembarcados del autob&uacute;s tom&aacute;ndonos un caf&eacute; aguado en el comedor, y ojo, hab&iacute;amos hecho juntos el recorrido, desde la parada que estaba justamente por aqu&iacute; enfrente, a unos pocos minutos del hotel Tres Reyes que tan pomposamente nos protege del invierno esta tarde, hasta la misma puerta de la compa&ntilde;&iacute;a y no hab&iacute;amos hablado m&aacute;s que de Gary Cooper, de qu&eacute; cosas no se olvida uno,&nbsp; hab&iacute;a un ciclo de Gary Cooper en la tele y su presentador, un tal Cebollada, franquista y censor, a m&iacute; me atacaba las tripas y&nbsp; me predispon&iacute;a en contra del vaquero, pero para tu hermano contaba m&aacute;s el sudor contra reloj de <em>Solo ante el peligro</em> que el asqueroso catolicismo, y en eso no he cambiado, a&uacute;n lo juzgo asqueroso,&nbsp; de aquel cretino colaborador de MacCarthy, bueno, est&aacute;bamos sorbiendo el aguachirle y mordisqueando un canto de chusco cuando el Navarra-104 musit&oacute; que hab&iacute;a pasado la tarde del domingo con Marta y que pocas veces se hab&iacute;a sentido tan a gusto con una chica hasta que, antes de despedirse en los soportales de la Plaza del Castillo, ella le dijo&nbsp; a bote pronto quiero avisarte de que nunca me acostar&eacute; contigo. Y qui&eacute;n hab&iacute;a hablado de acostarse, se lamentaba Javier al que se le pod&iacute;a leer incluso en las ra&iacute;ces del pelo que se estaba muriendo por acostarse con Marta, aunque simplifico, ten&iacute;a raz&oacute;n tu hermano, no hab&iacute;a llegado hasta su reticente conciencia lo mucho que le apetec&iacute;a echarse un polvo con la muchacha, &eacute;l se hab&iacute;a enamorado y se hab&iacute;a enamorado en clave l&iacute;rica. De todos modos yo le advert&iacute; que no interpretara literalmente las palabras de Marta, si hubiera le&iacute;do m&aacute;s a Freud y menos a Garcilaso sabr&iacute;a que esas declaraciones se llaman denegaci&oacute;n y significan lo contrario de lo que explicitan, nunca me acostar&eacute; contigo significaba para empezar que ya se le hab&iacute;a pasado por la cabeza el hacerlo, &iquest;no?, pues a m&iacute; no, la verdad, me dijo el Navarra-104, &iquest;es que te molestar&iacute;a foll&aacute;rtela?, le pregunt&eacute; o algo parecido, no me lo planteo en esos t&eacute;rminos respondi&oacute; medio cabreado y sin embargo no lo juzgu&eacute; un jodido hip&oacute;crita, la respuesta me confirm&oacute; simplemente su lentitud para percatarse de los propios deseos, su torpeza virginal, sus inmensos prejuicios. Est&aacute;s en babia imb&eacute;cil, deb&iacute; pensar, pero no le dije nada, me produc&iacute;a una rabia absurda su jesuitismo al tiempo que me impresionaba la gravedad de sus sentimientos y tal vez deb&iacute; comenzar a preocuparme. Porque la relaci&oacute;n entre Marta y tu hermano continu&oacute;, se ve&iacute;an los domingos en que a &eacute;l no le tocaba guardia ni ret&eacute;n, y continuaron las confidencias furiosas, porque le violentaba el transmit&iacute;rmelas y no pod&iacute;a por menos de desahogarse o se habr&iacute;a vuelto loco. A veces se contentaba con describir la belleza de la chica como si yo no la hubiera visto nunca, y as&iacute; era en realidad si uno reflexiona, nunca la hab&iacute;a visto con la mirada absoluta y singularizadora del amor que era la mirada de tu hermano, quiz&aacute; yo no haya visto a nadie de esa manera y por eso mismo Javier me irritaba y, &iquest;te lo podr&aacute;s creer?, me daba envidia, a&uacute;n hoy me da envidia. Yo segu&iacute;a los estados de su fiebre como un m&eacute;dico observa el proceso de una enfermedad que no puede curar, ni siquiera aliviar. Supe de los primeros besos y de los desplantes intempestivos de Marta, escuch&eacute; las minucias insufribles del matiz rosa de los p&aacute;rpados de Marta cuando cerraba los ojos antes de acercar sus labios a los de Javier y vi a tu hermano torturarse por el malhumor sombr&iacute;o de la muchacha algunas noches en las que no permit&iacute;a que ni le rozara la mano. &iquest;Pero foll&aacute;is o no?, le insist&iacute;a yo mientras engras&aacute;bamos el fusil ametrallador, y no follaban, se le contra&iacute;an las facciones al 104 cuando yo empleaba ese tono, no follaban pero follaron, ojal&aacute; no lo hubieran hecho, perdona, por qu&eacute; digo esa tonter&iacute;a. No sabemos nada.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al parecer lograron quedarse solos en el cuchitril de Dormitaler&iacute;a un domingo a finales del verano. La cuadrilla se hab&iacute;a dispersado en agosto, muchos se iban de vacaciones con los padres, yo mismo de no ser por la mili. Ten&iacute;amos veinte, veintid&oacute;s a&ntilde;os, y nuestro af&aacute;n de independencia no era tan heroico que nos hubi&eacute;ramos independizado sin recursos. Yo me daba por satisfecho de poder ganar un dinerillo en el despacho de mi padre y poder pagar una parte de la buhardilla que compart&iacute;a con otros en mi situaci&oacute;n. Bien, el lunes estaba feliz tu hermano. Marta le hab&iacute;a pedido que la esperase en una de las alcobas y al cabo de unos minutos apareci&oacute; ella en pelotas. Follasteis por fin, le dije. Pues no. Marta no le dej&oacute; que se desnudase m&aacute;s que de cintura para arriba y, como Javier me ahorr&oacute; los detalles, sospecho que el magreo subsiguiente tuvo mucho para tu hermano, deslumbrado, de culto de latr&iacute;a al cuerpo de la chica, y para ella de complacencia narcisista. Calientapollas, murmur&eacute;, y fue la primera ocasi&oacute;n en que mostr&oacute; el Navarra-104 cierta agresividad peligrosa. Te prohibo ese lenguaje, me orden&oacute; muy serio. Luego se percat&oacute; de que sus historias provocaban reacciones como la m&iacute;a y sab&iacute;a, por ende, que no era capaz de dejar de cont&aacute;rmelas. La conducta de Marta lo perturbaba. Ella le hab&iacute;a confesado cosas que a nadie antes, cu&aacute;les, le pregunt&eacute; con mucha curiosidad, para enfrentarme al reproche mudo de Javier, y &eacute;l le hab&iacute;a entregado su intimidad m&aacute;s honda, no ten&iacute;a para ella m&aacute;s que un secreto, que le avergonzaba, y era justamente que hab&iacute;a una tercera persona, yo, que estaba al tanto de lo que ocurr&iacute;a entre los dos. Yo no soy nadie, le garantic&eacute;, soy el capit&aacute;n Nemo, Ulises en la cueva del c&iacute;clope, no, me interrumpi&oacute;, por favor, dijo, no estoy para bromas, aspiraba a la total transparencia con Marta y se culpabilizaba por ocultar mi existencia, vaya, no mi existencia, le hablaba de m&iacute;, de nuestra amistad anclada en la isla de Momprac&eacute;n y en el reino de Pal-Ul-Don, pero no la hab&iacute;a revelado, nunca lo har&iacute;a, que cada lunes me hac&iacute;a el receptor inc&oacute;modo de las cr&oacute;nicas de sus avances y retrocesos en la campa&ntilde;a amorosa para la que carec&iacute;a de la m&aacute;s elemental estrategia. A veces tengo la impresi&oacute;n de que me desprecia, me declar&oacute;, y otras que le soy imprescindible. La primera vez que follaron, all&aacute; por octubre, descubri&oacute; tu hermano que Marta le hab&iacute;a contado cosas de su vida que a nadie antes, se lo hab&iacute;a jurado, pero se callaba otros detalles de los que &eacute;l hubiera preferido tener noticia, por ejemplo, que &eacute;l pod&iacute;a eyacular en su vagina porque ella tomaba la <em>pilule</em> &ndash;todav&iacute;a la llam&aacute;bamos en franc&eacute;s, qu&eacute; catetos, ya te digo--, informaci&oacute;n que desconcert&oacute; al Navarra-104 hasta el punto de que no hab&iacute;a dejado de cavilar sobre la propia inexperiencia frente a un indudable <em>savoir faire</em> de la muchacha que &eacute;l relacionaba con el uso imprevisto de la pastilla. Yo le asegur&eacute; que mucho mejor as&iacute;, &iquest;o es que &eacute;l hab&iacute;a ideado un m&eacute;todo anticonceptivo menos arriesgado que la marcha atr&aacute;s?, pero tu hermano se hab&iacute;a enfangado ya no tanto en los celos retrospectivos &ndash;hab&iacute;a le&iacute;do a Proust, por supuesto&mdash;como en las dudas sobre su propia <em>performance</em> de novato frente a los t&iacute;os que &eacute;l imaginaba haciendo retorcerse de placer a Marta y eso era insoportable. Marta no ayudaba gran cosa, adopt&oacute; una de sus poses esquivas despu&eacute;s del primer polvo y a Javier se le le&iacute;a el sufrimiento en la frente, en las comisuras de los labios, en aquella manera suya como de encogerse dentro de s&iacute; mismo porque hasta la brisa nocturna pod&iacute;a abrirle heridas en la piel. A m&iacute; me apenaba verlo convertido en una llaga oscura que se curaba apenas la chica volv&iacute;a a aceptarlo de acuerdo a unos cambios de car&aacute;cter que al cientocuatro se le antojaban inexplicables,&nbsp; casi patol&oacute;gicos, y el caso es, me dec&iacute;a, que yo creo que ella sufre tambi&eacute;n y no consent&iacute;a &ndash;t&uacute; que sabr&aacute;s, si no la conoces, arg&uuml;&iacute;a--, no consent&iacute;a que yo quitara hierro al hipot&eacute;tico dolor de Marta tom&aacute;ndolo a la ligera, que no ser&aacute; para tanto, hombre, le dec&iacute;a pero &eacute;l me mandaba callar y la cara se le contra&iacute;a como si de verdad alguien le estrujara para aplastarlo. Yo le atribu&iacute; las chapuzas habituales en los primerizos, el gatillazo, las precocidades menos deseables en esas circunstancias, ahora que tal vez me equivoque y sus inseguridades no procedieran de &eacute;l mismo sino de la conducta de su pareja, en fin, tambi&eacute;n hab&iacute;a le&iacute;do, c&oacute;mo no, <em>Par&iacute;s era una fiesta</em> y no quer&iacute;a repetir conmigo las consultas er&oacute;ticas del pobre Francis al maligno Ernest, seg&uacute;n Ernest, o sea que vete t&uacute; a saber. Me desv&iacute;o, s&iacute;. Volvieron a follar, los padres de ella se fueron de viaje con la hermana peque&ntilde;a y Marta lo invit&oacute; a cenar un s&aacute;bado en su casa y a pasar la noche con ella en el piso de Carlos III, ya te he dicho que era una pija de Carlos III. De puntillas se mov&iacute;a tu hermano por el cuartel, tanto terror ten&iacute;a a que lo arrestasen; le acababa de tocar servicio de cocina y hab&iacute;a salido de guardia ese mi&eacute;rcoles o jueves de manera que s&oacute;lo un arresto pod&iacute;a impedirle al bueno de Fideo de Mileto &ndash;era la &eacute;poca en la que lo apodaban como al personaje del tebeo&mdash;acudir a la cita con su amada, y hab&iacute;a tantos peligros, no haber limpiado bien el fusil, un error en la instrucci&oacute;n, atraerse la mirada mal&eacute;vola del capit&aacute;n que nos defin&iacute;a como hostiables, es decir, los que merecen recibir hostias, y que odiaba a tu hermano porque s&oacute;lo con verlo caminar desde el cuarto de banderas se apreciaba que era m&aacute;s inteligente, m&aacute;s culto, m&aacute;s bondadoso, m&aacute;s est&uacute;pido que todos los dem&aacute;s hostiables de todos los cuarteles del puto ej&eacute;rcito. Yo no sab&iacute;a c&oacute;mo protegerlo y lo habr&iacute;a hecho a costa de mi propio arresto, me angustiaba tanto como a &eacute;l, de verdad, el que el fatum en forma de sargento gallego o capit&aacute;n valenciano le impidiera precipitarse a la fiesta que le hab&iacute;a preparado su amor. No sab&iacute;a c&oacute;mo protegerlo, dios m&iacute;o, y no lo proteg&iacute;: no lo arrestaron, acudi&oacute; a su cita.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Yo sal&iacute;a de guardia el lunes cuando lo vi con la cara desencajada en las escaleras de la compa&ntilde;&iacute;a. Me dijo que ten&iacute;amos que hablar y decidimos encontrarnos a la hora del bocadillo en la caseta donde los maestros ense&ntilde;aban las primeras letras a los analfabetos del remplazo, las academias como llamaba la jerarqu&iacute;a po&eacute;ticamente a aquellas aulas cutres. Acud&iacute; con cierta aprensi&oacute;n y sin apresurarme. Tu hermano estaba sentado en un pupitre y estrujaba la gorra entre las manos. Me pidi&oacute; que me sentara y me asegur&oacute; que no hab&iacute;a prisa, dirigir&iacute;a la instrucci&oacute;n el cabo primero Planas que estaba de acuerdo en pasar por alto nuestras ausencias a cambio de un par de paquetes de Camel y que no me preocupase por los educandos de artiller&iacute;a, estaban de maniobras, o sea que ten&iacute;amos tiempo para que me narrase y que yo por favor ninguna gracieta y es que &eacute;l no deber&iacute;a, no deber&iacute;a, pero si no me lo contaba le explotar&iacute;an las v&iacute;sceras, vomitar&iacute;as las tripas, no s&eacute; qu&eacute; disparates. Le rogu&eacute; que se tranquilizara. No estoy intranquilo, dijo, estoy deshecho. Todo hab&iacute;a ido muy bien al principio, la cena, el vino alegre, risas, los besos y la cama y desnudarse y acariciarse, hasta que ella se mont&oacute; encima y empezaron a follar. Y de pronto tu hermano observ&oacute; que a Marta se le descompon&iacute;a el rostro y no por el placer sin como cuando un pensamiento turbador se cruza por el coco y ya es imposible continuar con lo que se estaba haciendo aunque lo que estabas haciendo era follar con tu chico&nbsp; al borde del orgasmo. Afloj&oacute; el ritmo, se detuvo. Lo mir&oacute; &ndash;me mir&oacute;, me dijo&mdash;como a un desconocido, acerc&oacute; su cabeza a la de tu hermano, me cont&oacute; Javier, y le susurr&oacute; quiero que sepas, me dijo que le dijo, quiero que sepas que me acuesto con otros hombres. La declaraci&oacute;n me sorprendi&oacute;, me indign&oacute;, me doli&oacute;, y eso que yo no era quien la recib&iacute;a con los pechos de su emisora bailando frente a mis ojos y su co&ntilde;o humedeci&eacute;ndome la polla. Creo que la &uacute;nica respuesta a tan desabrida revelaci&oacute;n habr&iacute;a sido echarse a llorar y quiz&aacute;s es lo que hizo tu hermano, no estoy seguro, su relato se iba desarticulando conforme pretend&iacute;a darle un sentido a una materia narrativa que causaba un dolor tanto m&aacute;s agudo cuanto m&aacute;s trataba &eacute;l de&nbsp; racionalizar los motivos de la chica para provocarlo. A qu&eacute; ven&iacute;a eso le pregunt&oacute;, claro, y ella, desencajando sus cuerpos, se limit&oacute; a murmurar que le parec&iacute;a honrado aclararle ese punto. Estaban a oscuras, me dijo, pero intu&iacute;a esa mirada perdida que le hab&iacute;a sorprendido otras veces, se hab&iacute;a tumbado Marta y de pronto se levant&oacute;, rebusc&oacute; entre su ropa, sali&oacute; del dormitorio. Pasaron unos minutos eternos. Javier la llam&oacute;, luego sali&oacute; a buscarla. No conoc&iacute;a la casa y se tropez&oacute; con muebles, con una pared. En la sala penetraba la luz de las farolas de la avenida y recortaba entre las sombras la desnudez de la muchacha; Javier me describi&oacute; c&oacute;mo reposaba la nalga izquierda en la esquina de una mesa central y esa pierna quedaba colgando en el aire mientras la otra pisaba la alfombra, en la mano diestra sujetaba un cigarrillo que se llevaba a los labios con el gesto r&aacute;pido de quien tiene ganas de consumir el tabaco, &iquest;sus ojos le brillaban?, &eacute;l dir&iacute;a que s&iacute;, casi le dio miedo, tambi&eacute;n crey&oacute; distinguir la mancha negra del sexo, eso era imposible, le dije, o a lo mejor s&oacute;lo lo pens&eacute;, yo apenas hablaba. &iquest;Por qu&eacute;?, insisti&oacute; &eacute;l, expl&iacute;came, Marta hizo un movimiento de cabeza, como si despertase, ten&iacute;as que saberlo le dijo con voz de humo y de noche, pero por qu&eacute; todo, no lo entiendo, &iquest;t&uacute; lo entiendes?, me pregunt&oacute; tu hermano directamente, &iquest;lo entiendes, &iquest;la entiendes?, las ojeras rom&aacute;nticas se aven&iacute;an mal con la ropa de faena demasiado ancha, por un instante decid&iacute; que todo era rid&iacute;culo y que nadie con ese aspecto de fantoche ten&iacute;a derecho al dramatismo pero me iba ganando una angustia absurda, aquella historia nunca debi&oacute; desarrollarse as&iacute;, y rebuscaba entre mis experiencias una sensaci&oacute;n de amor tan intensa y tan desesperada cono la que transmit&iacute;a mi amigo, a sabiendas de que jam&aacute;s hab&iacute;a vivido una pasi&oacute;n como la suya, tal vez nunca, no tal vez, con absoluta certeza nunca hab&iacute;a vivido una pasi&oacute;n, todo en ese aspecto hab&iacute;a sido muy sencillo en mi vida, al menos todo lo sencillo que permit&iacute;a el gendarme de la esquina y la &ntilde;o&ntilde;ez generalizada de mis coet&aacute;neas. &iquest;La comprendes?, me volvi&oacute; a preguntar Fideo de Mileto, quer&iacute;a yo identificar aquel soldado enclenque con Fideo y no con mi camarada de la isla de las Tortugas de nuestra infancia para no dejarme arrastrar por su desdicha. Me sal&iacute; por la tangente, sin duda que exagera, no entendi&oacute; mi frase, que exagera en qu&eacute;, dijo, eso de que se acuesta con muchos hombres es una exageraci&oacute;n, seguro, aclar&eacute;, y tu hermano podr&iacute;a haberme estrangulado, blasfem&oacute;, recuerdo, y me sorprendi&oacute; porque era la mar de repulido con su lenguaje, se cag&oacute; en dios o en la hostia, nunca me hab&iacute;a parecido tan navarro como en ese momento, ni tan Fideo de Mileto, s&oacute;lo que en la frontera misma de las l&aacute;grimas y para d&oacute;nde mirar, qu&eacute; embarazoso, y entonces o&iacute;mos la corneta, el s&eacute;ptimo de caballer&iacute;a siempre al quite, nos llaman, le dije, vamos, no querr&aacute;s que nos arresten, y le cog&iacute; de la manga, ve t&uacute;, dijo, b&uacute;scate otra mueta, le recomend&eacute;, &eacute;l no pronunci&oacute; una palabra, no hac&iacute;a falta que me gritara gilipollas.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esa misma noche me llam&oacute; a casa, a casa de mis padres, en la buhardilla s&oacute;lo me quedaba a dormir los fines de semana y alg&uacute;n d&iacute;a laborable si hab&iacute;a plan, muy buen plan, porque la parada del autob&uacute;s al cuartel ca&iacute;a lejos, yo le irritaba a Javier, a menudo juzgaba mis comentarios despreciables, pero yo era la &uacute;nica persona que no s&oacute;lo estaba al tanto de los climas tormentosos de su relaci&oacute;n sino que captaba los paralelismos, alusiones y ejemplos que &eacute;l extra&iacute;a de los amores de Swann o de <em>La piel suave</em>, o pod&iacute;a ir incluso m&aacute;s lejos y evocar a don Emilio de Ventimiglia adentr&aacute;ndose en el mar Caribe con Honorata de Van Guld en sus brazos, y es que, pese a mi zafia interpretaci&oacute;n de sus angustias, nos segu&iacute;an uniendo los ex&aacute;menes de lat&iacute;n, las haza&ntilde;as del noble Winnetou. Esa misma noche me llam&oacute; como si yo no le hubiera recomendado unas horas antes, con la sensibilidad del esparto, que se buscara otra chica. El tel&eacute;fono colgaba de la pared del pasillo que un&iacute;a la sala, donde mis padres ve&iacute;an la tele, y los dormitorios. Su voz me pareci&oacute; una voz de pel&iacute;cula, yo estaba en pijama, de hecho hab&iacute;a apagado ya la lamparita de la mesilla cuando mi madre me dijo que era para m&iacute;, y resultaba tan incongruente escuchar al taciturno Navarra-104 a oscuras, imaginando aquella expresi&oacute;n tan reconcentrada y la ropa militar dos o tres tallas por encima de la suya, por supuesto no estaba en el cuartel, llevar&iacute;a una de sus camisas de cuadros o el niki verde de escorpi&oacute;n por el que le hab&iacute;a tomado el pelo la cuadrilla, de marca y en consecuencia burgu&eacute;s, y &eacute;l hab&iacute;a aguantado las sornas con su bonhom&iacute;a de reaccionario entre jacobinos, apenas consigo rememorarlo de civil, es un fantasma caqui con gorra de plato, el caso es que ni pidi&oacute; perd&oacute;n por telefonear tan tarde o tal vez se hab&iacute;a disculpado con mi madre, a m&iacute; me dijo sin pre&aacute;mbulos Marta me ha llamado y se hizo un silencio en el que yo escuchaba la voz de Jes&uacute;s &Aacute;lvarez leyendo las noticias de derechas del &uacute;ltimo telediario. Repiti&oacute; Marta me ha llamado y yo carraspe&eacute;, ah vaya, dije o cualquier insulsez f&aacute;tica para que no nos ganara la irrealidad del silencio trufado por las voces de la tele, Marta estaba muy mal, me ha preocupado, yo dir&iacute;a que hab&iacute;a pasado muchas horas&nbsp; llorando y ah&oacute;rrate cualquier sarcasmo, dijo de corrido, estuve por insinuar que a esas horas el registro sarc&aacute;stico estaba clausurado y en realidad, me di cuenta, un extra&ntilde;o miedo, o no tan extra&ntilde;o, me atenazaba all&iacute; plantado en medio de las cien mil soledades de la noche en&nbsp; una ciudad m&aacute;s hostil que todos los suboficiales chusqueros de la patria, eso sent&iacute;a, miedo, pero pregunt&eacute; bueno y qu&eacute; m&aacute;s te ha dicho y Marta se hab&iacute;a casi justificado para peor, le dijo a Javier que se acostaba con &eacute;l para agradecerle, que era su forma de devolverle la generosidad de su amor, pero el amor no se agradece le dijo tu hermano, o no de esa manera, a no ser que, y ella se ech&oacute; a llorar y no pudo seguir salvo para prometerle una larga conversaci&oacute;n el domingo como siempre, donde siempre si no te arrestan, y &eacute;l jur&oacute; no me arrestar&aacute;n, me dijo, y yo le dije no sigas, d&eacute;jala de una puta vez, no acudas el domingo, te est&aacute; machacando, y tu hermano al final accedi&oacute;, que yo ten&iacute;a raz&oacute;n dijo, se martirizaba prolongando una agon&iacute;a que ya no daba m&aacute;s de s&iacute;, y yo le tom&eacute; la palabra, quise creerle, como si no supiera que Javier habr&iacute;a ido a la pata coja hasta el fin de la tierra para ver tres minutos a Marta y dejarse arrancar las tripas si eran sus manos, las manos de ella, las que se las arrancaban. Le cre&iacute; <em>ma non troppo</em>, pas&eacute; el resto de la semana reforzando con la dial&eacute;ctica de la pesadez los argumentos irrebatibles contra esa cita que mi amigo juraba que no iba a producirse. Otras artima&ntilde;as intent&eacute;, sin &eacute;xito, ahora te las cuento. El domingo no vi a mi pianista, fui al cine con Manolo Bear y con Conget y regres&eacute; pronto a casa de mis padres por si llamaba tu hermano, tan desasosegado me sent&iacute;a. No llam&oacute;. Pens&eacute; que la sensatez hab&iacute;a triunfado. El lunes no coincidimos en la parada de la diligencia. Lleg&oacute; tarde a la compa&ntilde;&iacute;a. Yo estaba sentado en un taburete hojeando un periodicucho. Lo vi enmarcado en el umbral, me busc&oacute; con la mirada y se dirigi&oacute; hacia m&iacute; a paso ligero. Le sonre&iacute;. El primer pu&ntilde;etazo me derrib&oacute; entre las taquillas. Hab&iacute;a c&aacute;scaras de pipas por el suelo, mira, no he olvidado ese detalle. Hijodeputa, me insultaba tu hermano, grand&iacute;simo hijoputa. Yo deduje que despu&eacute;s de todo la cita hab&iacute;a tenido lugar y Marta se hab&iacute;a sincerado, qu&eacute; alivio para ella. Y hasta cierto punto qu&eacute; alivio sent&iacute;a yo entre las patadas y la sangre.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Luego reconstru&iacute; lo que hab&iacute;a ocurrido, no era muy dif&iacute;cil. Yo me hab&iacute;a visto el viernes con Marta por si el cientocuatro ced&iacute;a a sus requerimientos de una entrevista. Le hab&iacute;a suplicado a la chica que no le contara nada porque lo destrozar&iacute;a y destrozar&iacute;a nuestra amistad, la de Javier y m&iacute;a, que era lo &uacute;nico que le quedaba a tu hermano. Marta llor&oacute; mucho y llegu&eacute; a convencerme de que la hab&iacute;a convencido. Pero algo sab&iacute;a ella de mi <em>affair</em> musical y sus celos &ndash;o su desenga&ntilde;o conmigo o una turbia lealtad a la persona con la que m&aacute;s desleal hab&iacute;a sido&mdash;la impulsaron a mantener un encuentro al que la v&iacute;ctima no sabr&iacute;a negarse. Yo quise justificarme ante mi amigo porque de verdad, le razon&eacute;, que s&oacute;lo quise ayudarlo a superar una represi&oacute;n rid&iacute;cula a sus a&ntilde;os, pero qu&eacute; te has cre&iacute;do, me dec&iacute;a &eacute;l conforme me soltaba hostias como un poseso hasta que le interrumpi&oacute; el sargento Llanos con la ayuda de un par de soldados. Ha sido culpa m&iacute;a mi sargento, balbuce&eacute; entre escupitajos sanguinolentos y tratando de incorporarme. Pues no hay problema, me follo a los dos, dijo el sargento, vais a chuparos m&aacute;s guardias que el palo de la bandera. En otras circunstancias habr&iacute;a buscado la complicidad corsaria de tu hermano pero el Fideo jadeaba con los ojos bajos. Plane&eacute; acercarme a &eacute;l y pasarle un brazo por encima del hombro con una frase de <em>Jules et Jim</em> que s&oacute;lo &eacute;l entender&iacute;a, al mismo tiempo no pod&iacute;a por menos de reproducir in mente la voz de domingo de Marta mientras, con qu&eacute; rictus de boca entrecerrada, le confesaba que era mi chavala y que ella habr&iacute;a hecho por m&iacute; cualquier cosa, incluso irse a la cama con el mejor amigo de su novio que lo estaba pasando tan mal, el pobre,&nbsp; sin prever que le iba a coger cari&ntilde;o y no ser&iacute;a capaz de seguir minti&eacute;ndole, sin prever yo que Javier se iba a enamorar porque yo nunca me hab&iacute;a enamorado y en el fondo le ten&iacute;a envidia, sin sospechar ella, ahora Marta s&iacute;, que me generaba cierta fatiga una relaci&oacute;n en la que no cab&iacute;an m&aacute;s sorpresas y me hab&iacute;a venido bien un poco&nbsp; de aire libre para iniciar otra pel&iacute;cula con banda sonora de piano. Adem&aacute;s yo estaba en contra del concepto posesivo del amor burgu&eacute;s y por eso, en un acto de desprendimiento, hab&iacute;a cedido a mi chica para que mi amigo fuera perdiendo virginidades, ese era el argumento progre que no me atrev&iacute; &ndash;tampoco me dio ocasi&oacute;n&mdash;a exponerle a tu hermano, me lo habr&iacute;a restregado por la cara como el trapo sucio que en realidad era. De cualquier manera mis intenciones de maese Pedro hab&iacute;an sido inmejorables s&oacute;lo que se me hab&iacute;an enredado los hilos. Yo quer&iacute;a a Fideo, al Navarra-104, lo quer&iacute;a porque sab&iacute;a distinguir los Gomangani de los Tarmangani y porque se re&iacute;a a carcajadas de energ&uacute;meno recordando episodios de Guillermo Brown. Yo no pretend&iacute;a hacerle da&ntilde;o, al rev&eacute;s. Fui manipulador, lo acepto. Pero yo quer&iacute;a a tu hermano, &iquest;no me crees?, lo quer&iacute;a mucho.</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dos d&iacute;as despu&eacute;s nos cay&oacute; el primer castigo, una guardia que por turno no nos correspond&iacute;a. Yo no hab&iacute;a cesado de hacer intentos de aproximaci&oacute;n al cientocuatro pero &eacute;l rehu&iacute;a a todo el mundo. No fue por el Parnasillo ni paraba en la casa de su t&iacute;a. &iquest;Qu&eacute; hizo el lunes por la tarde, el martes, el mi&eacute;rcoles? No se podr&iacute;a medir su soledad. Qu&eacute; har&iacute;a esas tardes infinitas como rosarios de colegio sin ver a nadie, d&oacute;nde se escond&iacute;a, qu&eacute; pensamientos barajaba &ndash;esos s&iacute; los puedo imaginar. Las ma&ntilde;anas de cuartel se las arregl&oacute; para escaquearse en la enfermer&iacute;a o sabe dios, comprar&iacute;a ausencias al precio que se pod&iacute;a permitir quien no iba a necesitar nunca m&aacute;s el dinero. El jueves form&oacute; la guardia entrante frente al bar de oficiales y nosotros dos en ella. El toque de trompeta &ndash;traducido al lenguaje filantr&oacute;pico de los sorches como si-tienes-guardia-j&oacute;dete&mdash; nos hab&iacute;a convocado con la urgencia in&uacute;til de todas las obligaciones castrenses. Tu hermano no lleg&oacute; corriendo. El brigada V&eacute;lez lo insult&oacute; durante unos minutos, que te pesan los huevos chaval, m&aacute;s rasmia capullo. Formamos, yo a su lado, como de costumbre. Le murmur&eacute; te he estado llamando, d&oacute;nde te metes y &eacute;l ni me dirigi&oacute; la mirada. El Brigada nos puso firmes para endilgarnos la perorata que todos los que lo hab&iacute;amos padecido de oficial de guardia nos sab&iacute;amos de memoria, que hab&iacute;a que abrir bien los ojos y cerrar el del culo, que los enemigos de la patria, que la garita era algo muy serio, que el santo y se&ntilde;a, que si nos dorm&iacute;amos o nos distra&iacute;amos y cuando &eacute;l iba de patrulla por la noche no le d&aacute;bamos el qui&eacute;nvive nos descerrajar&iacute;a un tiro y ma&ntilde;ana el brigada V&eacute;lez recibir&iacute;a las felicitaciones de sus superiores, terminaba. Nunca dejaba de oler mal el cuarto de guardia sobre todo en las literas bajas donde parec&iacute;a condensarse el aroma axilar de los miles de j&oacute;venes espa&ntilde;oles cuya fatiga y amargura de arrestados converg&iacute;an nocturnamente en aquellos camastros infames. Me apresur&eacute; a ocupar uno de los apestosos para que Javier se acomodara en el de encima, no me lo agradeci&oacute;. Sobre la mesa hab&iacute;a una revista de Fuerza Nueva que habr&iacute;a dejado all&iacute; tras calentarse los cascos patri&oacute;ticos con ella el oficial de guardia del d&iacute;a anterior, en el titular de la portada se le&iacute;a &ldquo;Tres patas para un banco&rdquo; y la ilustraci&oacute;n mostraba, en efecto, una especie de banco raro de tres patas, cada una de ellas la caricatura grotesca, a manera de cari&aacute;tide, de Casals, Picasso y Neruda. Este &uacute;ltimo me record&oacute; que yo hab&iacute;a recortado de <em>Triunfo</em> su conferencia de aceptaci&oacute;n del Premio Nobel y se la ofrec&iacute; a tu hermano que se hab&iacute;a tumbado y contemplaba el techo. Te he tra&iacute;do esto por si no lo hab&iacute;as le&iacute;do, le dije y entonces &eacute;l me mir&oacute; por primera y &uacute;ltima vez aquel jueves y por &uacute;ltima vez en su vida y me pregunt&oacute; con cierta dulzura &iquest;es que no te cansas nunca?, y volvi&oacute; a mirar al techo y en realidad cerr&oacute; los ojos para que no le molestara m&aacute;s y yo le observ&eacute; un rato y pens&eacute; que hasta el cuello de la camisa le ven&iacute;a tan ancho que ni siquiera necesitaba afloj&aacute;rselo para descansar mejor. Del resto del d&iacute;a s&oacute;lo he conservado detalles &ndash;el segundo plato del rancho consist&iacute;a en un filete de h&iacute;gado o que los altavoces de la explanada a la tarde difundieron para nadie, para m&iacute;, yo s&iacute; escuchaba, una canci&oacute;n italiana que hab&iacute;a estado de moda hac&iacute;a un par de temporadas, <em>Fa freddo</em>&mdash;y la sensaci&oacute;n de morosidad que parec&iacute;a afectarle a Javier, instalado en su litera con los ojos cerrados y completamente inm&oacute;vil salvo el par de horas de centinela, &iquest;o eran cuatro seguidas?, ya ni me acuerdo. Sin embargo no puedo leer un verso de Neruda sin que regrese la &uacute;ltima guardia de tu hermano y la sombra r&aacute;pida del monte san Crist&oacute;bal cayendo sobre la tarde de invierno y sobre el banco, frente al Hogar, donde se sentaban los soldados del calabozo a los que se les dejaba fumar un cigarrillo al aire libre y comprarse una cerveza. S&eacute; que cumpl&iacute; mi turno de garita, la que vigilaba la entrada de veh&iacute;culos y que volvi&oacute; a corresponderme la misma a primera hora de la noche. A Javier le toc&oacute; la que estaba en la parte de atr&aacute;s, cerca de las cuadras. O&iacute; c&oacute;mo lo llamaban casi de madrugada y su respiraci&oacute;n cuando bajaba de la litera y su cuerpo debi&oacute; de rozar mi colch&oacute;n y c&oacute;mo se ajustaba el correaje, cog&iacute;a el CETME y sal&iacute;a con el suboficial y los otros centinelas, o&iacute; sus pasos sobre la gravilla alej&aacute;ndose camino de la garita, camino de la muerte. No te servir&aacute; de nada que repita las especulaciones que rumi&eacute; desde esa noche sobre los pensamientos de tu hermano a lo largo del d&iacute;a que pasamos juntos sin hablarnos. Marta y yo dedicamos horas, meses, de conversaci&oacute;n agotadora y humillante a deslindar culpas, responsabilidades, cinismos. No digas nada, asumo los cinismos s&oacute;lo para m&iacute;. Marta fue m&aacute;s marioneta que verdugo, es cierto, pero desempe&ntilde;&oacute; tambi&eacute;n su papel, atormentado, eso s&iacute;, de c&oacute;mplice. Quiz&aacute; sea el momento de confesar que Marta no se llama Marta: es mi mujer, ya la conoces. Por supuesto, dif&iacute;cil de explicar, supongo que, precisamente cuando estaba yo a punto de dejarla, nos uni&oacute; tu hermano, supongo que, perversamente, nos sigue uniendo pese a las infidelidades, reproches y harturas, es como si nos hubiera condenado a seguir juntos por no haber sido capaces de impedir su decisi&oacute;n. &iquest;M&aacute;s detalles? La familia no los quiso saber. &iquest;De verdad los deseas tras tantos a&ntilde;os? Tienes derecho, claro. Sin duda ese jueves hab&iacute;a superado ya la etapa de las dudas, debi&oacute; sopesarlo todo durante las tardes previas, lo digo porque actu&oacute; minutos despu&eacute;s de calcular que la patrulla de relevo estaba de vuelta en el puesto de guardia. Reconstruir sus movimientos es sencillo: el Navarra-104 quit&oacute; el seguro del fusil ametrallador que estaba cargado como exige el reglamento, coloc&oacute; el arma verticalmente con la culata en el suelo de madera de la garita y el ca&ntilde;&oacute;n apoyado contra el pecho, a la altura del coraz&oacute;n, y antes, se me olvidaba, movi&oacute; el dispositivo de disparo uno a uno a la modalidad de r&aacute;faga. Apret&oacute; el gatillo. El forense dijo que s&oacute;lo las primeras balas lo atravesaron, otras m&aacute;s fueron al aire, luego el CETME se encasquill&oacute;, les sol&iacute;a ocurrir. Estaba amaneciendo. S&iacute;, tienes raz&oacute;n, eso ya te lo hab&iacute;a contado.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 31 May 2013 06:41:25 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Amanece y callo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/amanece-y-callo/</link>
      <description><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/un_mal_d_a-red.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Amanece y</p>
<p>callo;</p>
<p>callo todo miedo y cualquier</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; presagio:</p>
<p>busco un alba virgen de m&iacute;,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; busco el nacer de la luz,</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;no su alumbrarme.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 31 May 2013 06:35:56 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Luis Mateo Díez, una semblanza literaria]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/luis-mateo-diez-una-semblanza-literaria/</link>
      <description><![CDATA[<p>&nbsp;<img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/LUIS_MATEO_D_EZ._Retrato_red.jpg" alt="" />La obra de Luis Mateo D&iacute;ez (Villablino, Le&oacute;n, 1942) constituye, desde hace a&ntilde;os, un conjunto narrativo denso, trabado y coherente, donde temas, personajes y situaciones gravitan alrededor de una idea del lenguaje literario que pretende superar al realismo cl&aacute;sico de formaci&oacute;n, los planteamientos descriptivos del cotidianismo y el simple reflejo de un entorno reconocible. Con esta lograda pretensi&oacute;n se han ido sucediendo novelas y cuentos bajo una clara trayectoria que va desde la escenificaci&oacute;n de la provincia m&aacute;gica al predominio del conflicto &eacute;tico, de la marcada ambientaci&oacute;n rural a espacios indeterminados, fluctuantes en la percepci&oacute;n cambiante de los propios personajes; y -continuando con los signos evolutivos- se deja atr&aacute;s una obsesiva configuraci&oacute;n minuciosa de los valores estil&iacute;sticos para cobrar protagonismo la fuerza de unos&nbsp; conflictos problem&aacute;ticos o secundarios, pero siempre interesantes en su intrigante planteamiento. Al margen de cualquier vanguardismo pretendidamente renovador, esta obra experimenta con su propia factura cl&aacute;sica inicial, avanzando hacia una moderna consideraci&oacute;n moral de las tramas narrativas, tomando a la vez la deriva de un lenguaje m&aacute;s abierto, realmente coloquial, s&oacute;lidamente dramatizado.</p>
<p>En la &oacute;rbita -que no exactamente &ldquo;generaci&oacute;n&rdquo;- de escritores como Jos&eacute; Mar&iacute;a Merino, Juan Pedro Aparicio o Julio Llamazares, la obra de Luis Mateo D&iacute;ez incide en la decisiva importancia del mito como referente social que explica patrones culturales y conductas colectivas. En <em>La fuente de la edad</em> (1986), por ejemplo, no asistimos solamente al mero peregrinar realista de unos devotos cofrades, con la fuente de la eterna juventud como pretexto, sino que en esta trama se cruzan elementos legendarios como la Culebra Gamona, que se amamanta taimadamente de los pechos de una mujer, y que act&uacute;a como referente de un hondo autorrenocimiento colectivo, en esa historia repetida de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n. La ambivalencia entre la vida y la muerte es otra caracter&iacute;stica de esta narrativa, en la que ciertos personajes y situaciones se diluyen en el magma de la desaparici&oacute;n o el olvido, adentr&aacute;ndose la ficci&oacute;n en la indeterminada bruma argumental del enga&ntilde;o de los sentidos. As&iacute;, el viajante Emilio Curto, de <em>Camino de perdici&oacute;n</em> (1995), desaparece dejando un tenue y sinuoso rastro; las pesquisas para encontrarlo encaran m&uacute;ltiples contradicciones y desencuentros en el proceso de la b&uacute;squeda: todo un hallazgo en la recreaci&oacute;n de una calculada confusi&oacute;n que no obvia inquietantes matices.&nbsp; Y es que estos espacios nebul&oacute;sicos abonan la dicotom&iacute;a sue&ntilde;o/vigilia, una atm&oacute;sfera de intencionado duermevela en la que los protagonistas se van orientando seg&uacute;n transcurre la acci&oacute;n. Esta participa, ya lo sabemos, de una arraigada condici&oacute;n m&iacute;tica, pero no por ello se ubica en un indeterminado limbo hist&oacute;rico. La temporalidad de estas historias se relaciona con la infancia y adolescencia del autor, por lo que la Espa&ntilde;a -la geograf&iacute;a castellano-leonesa con fugas hacia lo galaico- de los a&ntilde;os cuarenta y cincuenta se hace presente, enmarcando, en una curiosa simbiosis entre lo legendario y lo civil, la an&eacute;cdota concreta o el conflicto en cuesti&oacute;n.</p>
<p>Luis Mateo D&iacute;ez es un escritor aliterario, en el bien entendido de que su narrativa se alimenta de la observaci&oacute;n vital -que no exactamente &ldquo;real&rdquo;-, la agilidad dial&oacute;gica, la fuerza de un argumento -en ocaciones algo atrabiliario- de desarrollo ir&oacute;nico y hasta pintoresco, la pautada estructura temporal de la trama o ciertos desenlaces ocurrentemente inesperados, pero resulta raro encontrar en su escritura el ejercicio metaliterario, la digresi&oacute;n conceptual, la exhibici&oacute;n estil&iacute;stica o el reconocimiento de unos patrones magistrales. Qu&eacute; duda cabe, se ha se&ntilde;alado ya sobradamente, de&nbsp; que la sombra de Delibes, o de Cunqueiro, o de Valle-Incl&aacute;n es alargada y que su consideraci&oacute;n puede orientar sobre ambientes, formas estil&iacute;sticas y hasta posturas &eacute;ticas en la narrativa que nos ocupa, pero la s&oacute;lida originalidad de Luis Mateo D&iacute;ez radica en la configuraci&oacute;n de un universo literario, de una cosmogon&iacute;a de idiosincrasia propia: Celama o Babia, y a todos nos vienen a la mente los top&oacute;nimos de Macondo, Santa Mar&iacute;a, Comala, Yoknapatawpha o Regi&oacute;n. Ese universo en clave, con un c&oacute;digo propio, unas particularidades espec&iacute;ficas, remite a una edad m&iacute;tica, a un espacio inocente donde anida la amistad o el amor, aunque tambi&eacute;n la lucha por la vida y el inter&eacute;s depredador, donde empiezan a identificarse los procesos de reconocimiento del mundo. El recuerdo y la memoria juegan aqu&iacute; un papel esencial, porque el narrador trabaja con un pasado revisitado por la imaginaci&oacute;n y donde lo que pudo haber sido y no fue adquiere la textura de una realidad ficcionaria y mixtificante. Abunda en este cuerpo literario el caser&oacute;n familiar, con su recurrente desv&aacute;n, donde se hacinan los objetos de un tiempo ido, tambi&eacute;n el espejo como &uacute;til ornamento que fija para siempre la realidad que reflej&oacute; un d&iacute;a. Una dial&eacute;ctica esta, en suma, que tiene mucho de fantasmal rememoraci&oacute;n &iacute;ntima, pero tambi&eacute;n no poco de especial mirada sobre enigmas familiares y secretos del pasado. <em>El expediente del n&aacute;ufrago</em> (1992) es una novela que juega con la constante ambivalencia que se da entre el recuerdo y el olvido; nos muestra la historia de Alejandro Saelices, un oscuro poeta que, consciente del ignorado car&aacute;cter in&eacute;dito de su obra, pretendiendo preservarla del olvido, la dispersa entre los expedientes del archivo del que es responsable, condenando a la vez a sus versos al limbo seguro e inexpugnable de lo desconocido. Esta aparente paradoja adquiere su particular l&oacute;gica en la medida en que esos poemas han quedado fijados en una quim&eacute;rica realidad burocr&aacute;tica, &ldquo;olvidados&rdquo; en un fondo administrativo en el que siempre pueden ser recordados. Hace ya algunos a&ntilde;os Umberto Eco nos mostraba con <em>El nombre de la rosa</em> la mentalidad medieval de la biblioteca como ente -fortaleza- que proteg&iacute;a la cultura de la barbarie exterior; libros, documentos y manuscritos &ldquo;olvidados&rdquo; tambi&eacute;n para preservar su recuerdo. <em>La fuente de la edad</em>, por cierto, arranca con el hallazgo de unos olvidados papeles que documentan el nacimiento y la formaci&oacute;n de una ciudad.</p>
<p>Luis Mateo D&iacute;ez domina como pocos la funci&oacute;n narrativa del di&aacute;logo, la conversaci&oacute;n entre personajes que, en su literatura, va m&aacute;s all&aacute; del reflejo testimonial de un habla popular, para hacer en realidad avanzar estructuralmente la acci&oacute;n, crear esas caracter&iacute;sticas atm&oacute;sferas de sue&ntilde;o y misterio, construir las legendarias ficciones de ancestrales chascarrillos o marcar el car&aacute;cter de unos protagonistas con sus propias palabras, en lo que resulta ser el h&aacute;bil desarrollo de una t&eacute;cnica novel&iacute;stica s&oacute;lidamente anclada en el mejor realismo cl&aacute;sico. Una novela muy interesante en este sentido es <em>Las estaciones provinciales</em>, en la que el autor recrea una acci&oacute;n coral explicitada en el di&aacute;logo de los personajes, en una oralidad que agrupa historias, planta tramas y precipita desenlaces. Y es que resulta innegable que su obra toda mantiene unas constantes perfectamente identificables: relatos vinculados al camino, a la ruta -met&aacute;fora de la vida misma- que genera invenciones diversas a cargo de seres atrabiliarios o enajenados, la localizaci&oacute;n de conversaciones en hostales y tabernas o la aparici&oacute;n de un suceso m&iacute;tico que vertebra todo el desarrollo de la acci&oacute;n. Esta coherencia estil&iacute;stica y estructural da sentido a un realismo diferente, que no depende estrictamente de la realidad reflejada, cuanto de la recreaci&oacute;n de un universo de referentes propios, geograf&iacute;as particulares e idiosincrasisas codificadas. S&oacute;lo as&iacute; se entiende la validez de una prosa estetizada en funci&oacute;n de ese mundo de reflejos ir&oacute;nicos, cr&iacute;ticos y &eacute;ticos, tendente a la desmitificaci&oacute;n del tab&uacute; y el desprejuicio de las costumbres. En este realismo abierto, donde cabe la pura fabulaci&oacute;n y el tono calculadamente extravagante, tiene mucho que ver, ya es sabido, un hecho biogr&aacute;fico que nos sit&uacute;a al Luis Mateo D&iacute;ez de su infancia absorto ante los &ldquo;filandones&rdquo;, las reuniones vecinales en el medio rural leon&eacute;s, en las que, al invernal amor de la lumbre, se suced&iacute;an fascinantes relatos, cr&oacute;nica viva y oral de la narratividad colectiva, y tambi&eacute;n aprendizaje a&uacute;n inconsciente de la ancestral pr&aacute;ctica del contar una historia. <em>Fantasmas del invierno</em> (2004) es una novela ambientada en nuestra postguerra y formada por un entretejido de esas historias que cobran aqu&iacute; el car&aacute;cter de una cr&oacute;nica l&iacute;rica, donde el mism&iacute;simo diablo hace de las suyas y cuyo tono justifica la condici&oacute;n de &ldquo;realismo metaf&oacute;rico&rdquo; que el mismo novelista ha atribuido a su literatura.</p>
<p>Sorprende la capacidad que se da en esta escritura para aunar el pasado con un presente que encuentra, precisamente en la fabulaci&oacute;n del ayer, el sentido de una tradici&oacute;n epop&eacute;ica que ha perdurado siglos. En <em>La fuente de la edad</em> podemos leer a este respecto: &ldquo;Al paso paciente de las yeguas, cuyos ronzales sujetaban Aquilino y Jacinto, iban los cofrades por el camino que surcaba el valle, alzado a la vera del r&iacute;o como una arrugada cinta que refrescaba el roc&iacute;o ma&ntilde;anero, aquietando el polvo de su trazo milenario. Calzada romana para las huestes del Imperio, les hab&iacute;a informado el anfitri&oacute;n, y cordel de mestas para los reba&ntilde;os trashumantes. La ma&ntilde;ana se abr&iacute;a en las calinas, tersa y sonora, en su extendido campanilleo.&rdquo; Se trata de un clasicismo l&iacute;rico aplicado a la cotidiana realidad de personajes que conservan una imagen antiheroica, perdedores y derrotados de la historia con min&uacute;scula. Lo arcaico se funde en una estructura novel&iacute;stica de signo c&iacute;clico donde la f&aacute;bula y la realidad, el pasado y el presente se imbrican en una sucesi&oacute;n de interrelacionadas tramas. Una novela ejemplar en este sentido es <em>Las horas completas</em>; recordemos: unos can&oacute;nigos viajan en autom&oacute;vil a una cercana parroquia rural con fines exclusivamente gastron&oacute;micos; por el camino recogen a un extra&ntilde;o peregrino que provocar&aacute; numerosos contratiempos y alg&uacute;n que otro desastre. A partir de esta an&eacute;cdota se desarrolla una acci&oacute;n zigzagueante, donde los temas van y vienen sin excesiva cohesi&oacute;n, perdida ya la motivaci&oacute;n fundamental del relato. En el n&uacute;cleo central de la historia -los personajes han llegado ya a su suculento destino, moment&aacute;neamente libres de tan engorroso compa&ntilde;ero-, se sit&uacute;a lo mejor de la novela. Los cl&eacute;rigos son agasajados con una descomunal merienda por la madre de Merines, el p&aacute;rroco anfitri&oacute;n, apareciendo una caracter&iacute;stica &ldquo;literatura de sobremesa&rdquo;, en la que Mateo D&iacute;ez da lo mejor de su tradicional estilo, en la sucesi&oacute;n de cuentos de comadres al amor de la lumbre. En <em>Las estaciones provinciales</em> pod&iacute;a ya leerse: &ldquo;Las conversaciones fluctuaban entre apasionados comentarios a la generosa mesa, comparaciones con otras cenas y pron&oacute;sticos para las venideras, lleno el sal&oacute;n de una algarab&iacute;a progresivamente matizada por la jocosidad et&iacute;lica.&rdquo; En di&aacute;logos de tono arcaico, aunque de pretensiones ir&oacute;nicamente cultas, los personajes de <em>Las horas completas</em> van desgranando su popular filosof&iacute;a del narrar y del vivir, en lo que constituye un acertado ejercicio estil&iacute;stico, en una historia donde se resiente el planteamiento de las situaciones, la resoluci&oacute;n de las tramas y la efectividad quiz&aacute; de la expectativas inicialmente ofrecidas, pero donde se impone el tono cachazudo, el fluir lento de una conversaci&oacute;n plagada de ocurrentes an&eacute;cdotas y sucedidos.</p>
<p>En los &uacute;ltimos a&ntilde;os Luis Mateo D&iacute;ez ha frecuentado el microrrelato como forma sint&eacute;tica de una narratividad de lo el&iacute;ptico, donde la estructura ausente predomina sobre la acci&oacute;n expl&iacute;cita; un g&eacute;nero para el que se requiere la pericia de quien, como es el caso, conforma la globalidad de su obra novel&iacute;stica a partir de sucesos segmentados de una realidad m&aacute;s amplia. <em>Los males menores</em> (1993) es un libro emblem&aacute;tico en la consideraci&oacute;n de estos breves textos aut&oacute;nomos que, en su incisiva densidad, provocan, sorprenden, emocionan y conmueven. &ldquo;El abrigo&rdquo;, por ejemplo, es un modelo de concentrac&oacute;n narrativa, fiel a una circunstancia anecd&oacute;tica sin perder de vista la proyecci&oacute;n sentimental y rememorativa; leemos, en su integridad: &ldquo;El d&iacute;a que llegu&eacute; a la oficina, un martes de noviembre de mil novecientos cincuenta y seis y, al colgar el abrigo en el perchero, su cuello qued&oacute; desprendido del resto como si, al fin, la polilla hubiese facilitado su definitiva decapitaci&oacute;n, el dolor me hizo reconocer que las prendas familiares siempre mueren en el coraz&oacute;n de los humildes. // Tres generaciones yac&iacute;an suspendidas en el perchero asesino y el calor de las mismas se fue desvaneciendo en el pa&ntilde;o hasta enfriar mis manos y dejar en el tacto un maltrecho estertor de inviernos y orfandades.&rdquo; El pasado familiar, la atm&oacute;sfera de otra &eacute;poca, el tono eleg&iacute;aco, la solidaridad del recuerdo... En esta narrativa encontramos tambi&eacute;n importantes logros en cuanto a la caracterizaci&oacute;n de tipos y personajes que, desde el lugare&ntilde;o rural de la primera &eacute;poca al administrativo funcionarial y provinciano de despu&eacute;s, configuran una gama de siluetas de acertado e incisivo perfil psicol&oacute;gico o fison&oacute;mico. En el primer cuento de <em>Memorial de hierbas</em> (1973), &ldquo;El difunto Ezequiel Montes&rdquo;, hallamos esta descripci&oacute;n de quien da t&iacute;tulo al relato:&rdquo;El difunto se llamaba Ezequiel Montes. // Aqu&iacute; le recordamos por algunos detalles intrascendentes: el labio leporino, la gorra visera y un andar de cangrejo que insinuaba la dificultad de los pies planos. Ten&iacute;a trazas de cazador, aunque no lo era, barbas amaralladas y los ojos saltones y punzantes como las liebres. Era mediano de estatura, alto de cuello, atravesado de nariz, cargado de hombros y corto de brazos. Parec&iacute;a un roble viejo de los que se cuartean en la Dehesa de Pobladura.&rdquo; El consabido retrato f&iacute;sico del realismo cl&aacute;sico, perfilado aqu&iacute; con la sencillez adusta, cortante y pormenorizada de un estilo de formaci&oacute;n que ir&aacute; evolucionando hacia otras complicaciones psicol&oacute;gicas o sociales. Es el caso de la descripci&oacute;n comunitaria de la m&iacute;tica Celama, la Llanura, el Territorio; bajo la fuerza de lo depredador, de lo febrilmente disputado a vida o muerte, en medio de seculares sequ&iacute;as y presentidas desgracias colectivas, leemos: &ldquo;Los habitantes de Celama estaban hechos a la incuria de la sequedad, que era lo que los siglos legaban en la Llanura desolada. De esa incuria proven&iacute;a su pobreza y en el intento de paliarla hab&iacute;a, como siempre sucede, una lucha por la vida que animaba el esp&iacute;ritu con la fortaleza de su decisi&oacute;n, aunque el esp&iacute;ritu tampoco ten&iacute;a muy claramente definidos sus poderes, porque el esp&iacute;ritu se difumina cuando la voluntad no supera el riesgo de la desgracia y el trabajo.&rdquo; ( de <em>El esp&iacute;ritu del p&aacute;ramo</em>). Otro elemento fundamental en la composici&oacute;n de estas atm&oacute;sferas es el sue&ntilde;o, la condici&oacute;n on&iacute;rica del relato fabulado, que condiciona no poco la existencia de los personajes. Un cierto sentido fatalista de la predestinaci&oacute;n anida en el recuerdo de lo so&ntilde;ado, con tal intensidad que esa cr&oacute;nica imaginada de lo inveros&iacute;mil acaba adquiriendo la consistencia de lo probable o hasta de lo evidente, en un duermevela de imprevistas consecuencias. En esta misma novela anterior, se detalla con precisi&oacute;n el alcance de este recurso: &ldquo;Hubo algunos sue&ntilde;os parecidos, m&aacute;s que&nbsp; sue&ntilde;os pesadillas, pero como el sue&ntilde;o es la experiencia m&aacute;s solitaria y secreta de nuestra condici&oacute;n, a nadie se le ocurri&oacute; ir cont&aacute;ndolos por ah&iacute;, entre otras cosas porque la materia de los mismos era tan ingrata que a lo &uacute;nico que incitaba era a olvidarla. // Se supo de ellos porque, a la hora de explicar aquellos raros sucesos, cuando los mismos transcendieron y todos supieron de veras lo que hab&iacute;a sucedido, los dichosos sue&ntilde;os cobraron ese valor de secretos que propician lo que pasa, porque todos somos m&aacute;s fr&aacute;giles de lo que parecemos y estamos a merced de lo que quieran hacer con nosotros.&rdquo; Un nuevo asedio, en suma, a la ambivalencia de la realidad y el consabido enga&ntilde;o de los sentidos, a trav&eacute;s de esa equ&iacute;voca constancia de una dudosa enso&ntilde;aci&oacute;n.</p>
<p>La diversidad de recursos que emplea Luis Mateo D&iacute;ez en la configuraci&oacute;n de su clasicismo l&iacute;rico, de su realismo metaf&oacute;rico y abierto, es evidente. Su mantenida originalidad acaso radique en la constancia y coherencia de sus principios est&eacute;ticos, en la capacidad de evolucionar estil&iacute;sticamente sin salirse de los rasgos adustos de un imaginativo -en felices ocasiones extravagante y hasta atrabiliario- reflejo de la realidad. Sus mundos enso&ntilde;ados, anclados por otro lado a la imagen de un tiempo y un pa&iacute;s perfectamente reconocibles, se desenvuelven con la emotiva ternura, la extrema sencillez y la viva fantas&iacute;a de sus personajes y situaciones. Ello hace que, de alg&uacute;n raro modo, la lectura de sus novelas y cuentos nos conduzca a un territorio inocente, donde campan a sus anchas el respeto creativo a la lengua literaria, el orden de la estructura trabada y coherente, la gracia de una distante iron&iacute;a y una cierta filosof&iacute;a popular, basada en una est&eacute;tica de la experiencia, en una ciencia del vivir y en una fiesta de la escritura.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 31 May 2013 06:25:20 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El IET y Rolde coeditan el libro "Territorios abandonados. Paisajes y pueblos olvidados de Teruel"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-iet-y-rolde-coeditan-el-libro-territorios-abandonados-paisajes-y-pueblos-olvidados-de-teruel/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/Noticias/P1120249_red.jpg" alt="" /></p>
<p align="center"><strong>&nbsp;LA OBRA OFRECE UN INVENTARIO Y DIAGN&Oacute;STICO ACERCA DE LOS N&Uacute;CLEOS DE POBLACI&Oacute;N DESAPARECIDOS</strong></p>
<p>El Instituto de Estudios Turolenses y el Rolde de Estudios Aragoneses, han presentado hoy en Teruel una interesante publicaci&oacute;n coeditada conjuntamente: &ldquo;Territorios abandonados. Paisajes y pueblos olvidados de Teruel&rdquo;. El libro, del que son autores los ge&oacute;grafos Luis del Romero y Antonio Valera, ofrece un riguroso an&aacute;lisis de la despoblaci&oacute;n de la provincia de Teruel. Asimismo, la obra realiza una &uacute;til tarea de inventario y diagn&oacute;stico acerca de los n&uacute;cleos del medio rural desaparecidos durante las &uacute;ltimas d&eacute;cadas.</p>
<p>&ldquo;Territorios abandonados&rdquo; es un libro que a&uacute;na rigor cient&iacute;fico y un tratamiento divulgativo de la informaci&oacute;n. Adem&aacute;s cuenta con un cuidado dise&ntilde;o gr&aacute;fico muy visual, lo que permite que en sus 175 p&aacute;ginas ofrezcan al lector un total de 173 fotograf&iacute;as y numerosos gr&aacute;ficos y mapas. Todo un exhaustivo despliegue de datos e im&aacute;genes que documentan con detalle antiguos municipios, aldeas, barrios, masadas y caser&iacute;os turolenses hoy despoblados.</p>
<p>A mediados del siglo XIX hab&iacute;a 449 entidades de poblaci&oacute;n en la provincia de Teruel. Hoy en d&iacute;a apenas son 250, poco m&aacute;s de la mitad, las que recogen los censos como habitadas. El hecho de que muchos de ellos hayan sido agregados a otros ayuntamientos e incluso borrados de los mapas induce a los autores de la obra a concluir que, en buena medida, &ldquo;Teruel se ha descartografiado&rdquo;. Ante esa coyuntura, el volumen ahora editado surge como respuesta a una voluntad de evitar que aquellos lugares ahora vac&iacute;os desaparezcan definitivamente o se pierdan en el olvido.</p>
<p>Seg&uacute;n se indica en el texto introductorio del libro, este trabajo editorial es el resultado de varios a&ntilde;os dedicados a documentar e inventariar los pueblos abandonados y/o olvidados m&aacute;s importantes de la provincia de Teruel. En sus p&aacute;ginas se recogen informaciones sobre un total de 27 n&uacute;cleos de poblaci&oacute;n que fueron abandonados por diversas razones a lo largo del siglo XX y principios del s. XXI. Para los autores, &ldquo;se trata de un proceso inacabado. Seguramente en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os esta lista se ver&aacute; ampliada a no ser que muchas comarcas turolenses experimenten un cambio demogr&aacute;fico sustancial&rdquo;.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>UNA OBRA PARA LA REFLEXI&Oacute;N Y PARA LA ACCI&Oacute;N</strong></p>
<p>Para&nbsp; sus autores, el prop&oacute;sito de un libro como &ldquo;Territorios abandonados. Paisajes y pueblos olvidados de Teruel&rdquo; va m&aacute;s all&aacute; de &ldquo;un puro inventario de patrimonio y pueblos, ya que pretende ser una herramienta no solo para la reflexi&oacute;n sino tambi&eacute;n para la acci&oacute;n. Por este motivo se ha incorporado un cap&iacute;tulo con ideas y propuestas para intentar recuperar, por lo menos parcialmente, algunos de estos n&uacute;cleos y, por otra parte, se han elaborado una serie de rutas tem&aacute;ticas por toda la provincia para dar a conocer algunos de los rincones m&aacute;s bellas y rec&oacute;nditos de este territorio&rdquo;.</p>
<p>&ldquo;Territorios abandonados&rdquo;&nbsp; se estructura en cuatro cap&iacute;tulos y una secci&oacute;n aparte donde figuran mediante fichas todos los pueblos incluidos en la misma. El primer cap&iacute;tulo analiza la reciente evoluci&oacute;n demogr&aacute;fica de la provincia y evidencia los fen&oacute;menos de vaciado demogr&aacute;fico y polarizaci&oacute;n territorial que se han producido. En el segundo apartado del libro se presenta la selecci&oacute;n de n&uacute;cleos a estudiar y la metodolog&iacute;a de campo utilizada. El tercer cap&iacute;tulo aglutina los n&uacute;cleos seg&uacute;n las tres principales causas de abandono: la crisis del campo, la crisis de la miner&iacute;a y la industria y los abandonos forzosos. Por &uacute;ltimo, la secci&oacute;n final se divide en dos cap&iacute;tulos: una serie de propuestas de recuperaci&oacute;n para algunos n&uacute;cleos susceptibles de ser repoblados, y un conjunto de rutas tem&aacute;ticas por la provincia. El libro se cierra con el citado inventario de los 27 n&uacute;cleos y aldeas que hoy en d&iacute;a est&aacute;n abandonados en toda la provincia.</p>
<p><strong>&nbsp;</strong></p>
<p><strong>PERFIL BIOGR&Aacute;FICO DE LOS AUTORES</strong></p>
<p>&ldquo;Territorios abandonados. Paisajes y pueblos olvidados de Teruel&rdquo; es una obra elaborada por Luis del Romero y Antonio Valera. Ambos son ge&oacute;grafos y cuentan con la siguiente trayectoria profesional:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luis del Romero Renau (Valencia, 1980) es ge&oacute;grafo doctorado en la Universitat Aut&oacute;noma de Barcelona en 2008 con una tesis sobre nuevos instrumentos de planificaci&oacute;n territorial. Ha trabajado como investigador en las universidades de Laval y Qu&eacute;bec en Canad&aacute; y en la de Friburgo en Alemania. Actualmente ejerce como docente en el Departamento de Geograf&iacute;a de la Universitad de Valencia. Una de sus &aacute;reas preferentes de investigaci&oacute;n es la provincia de Teruel, donde ha realizado trabajos sobre las guerras carlistas, la guerra civil o los procesos de declive rural.</p>
<p>&nbsp;Antonio Valera Lozano (Valencia, 1979) es doctor en Geograf&iacute;a por la Universitat de Valencia en 2011. Durante cerca de una d&eacute;cada ha participado en diferentes proyectos de investigaci&oacute;n relacionados con los cambios de usos del suelo, cartograf&iacute;a ambiental y sostenibilidad en el Centro de Investigaciones sobre Desertificaci&oacute;n &ndash; CIDE. Actualmente desarrolla su actividad investigadora en el Instituto Interuniversitario de Desarrollo Local &ndash; IIDL.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 30 May 2013 12:09:33 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La revista Turia estrena una nueva web y presencia en Facebook]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-revista-turia-estrena-una-nueva-web-y-presencia-en-Facebook/</link>
      <description><![CDATA[<p><img title="Turia estrena web y p&aacute;gina en Facebook" src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/turia-nueva-web-facebook-int.jpg" alt="Turia estrena web y p&aacute;gina en Facebook" /></p>
<p align="center"><strong>LA EDICI&Oacute;N EN PAPEL TENDR&Aacute; TAMBI&Eacute;N UNA VERSI&Oacute;N DIGITAL </strong></p>
<p class="sin" align="center"><strong>TURIA SER&Aacute;, DESDE AHORA, M&Aacute;S ACCESIBLE Y M&Aacute;S LE&Iacute;DA</strong></p>
<p>La revista TURIA, que cumplir&aacute; 30 a&ntilde;os de trayectoria este 2013, se renueva y mejora su accesibilidad para conquistar nuevos lectores. Se trata as&iacute; de mirar al futuro y de seguir ofreciendo, a trav&eacute;s de un soporte digital, un amplio abanico de propuestas de lectura con la misma vocaci&oacute;n de calidad, inter&eacute;s, rigor y pluralidad que han convertido a TURIA en una de las revistas culturales de referencia en espa&ntilde;ol.</p>
<p>La nueva web de TURIA se ha dise&ntilde;ado para que revalorice y haga m&aacute;s accesible la edici&oacute;n en papel de la revista, que seguir&aacute; siendo la base fundamental de una publicaci&oacute;n por la que han pasado ya m&aacute;s de 1.000 autores de distintas procedencias. Todos ellos han elaborado un ampl&iacute;simo repertorio de textos in&eacute;ditos (relatos, poemas, art&iacute;culos, entrevistas, cr&iacute;ticas, etc.) que ocupan miles de p&aacute;ginas y que, a partir de ahora, tienen un nuevo soporte digital que brinda m&aacute;s visibilidad y posibilidades de difusi&oacute;n a TURIA.</p>
<p>La revista TURIA, que obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura, contar&aacute; tambi&eacute;n con presencia en Facebook. Se pretende as&iacute; ofrecer una nueva f&oacute;rmula de acceso a aquellos contenidos de mayor inter&eacute;s generados por la revista. Textos e im&aacute;genes en abierto podr&aacute;n ser comentados por los lectores, lo que permitir&aacute; un di&aacute;logo enriquecedor.</p>
<p>Tambi&eacute;n la web de TURIA funciona como tienda virtual, lo que facilita conocer y adquirir cualquiera de los n&uacute;meros publicados de la revista, as&iacute; como suscribirse on line. Se contribuye a resolver as&iacute; uno de los principales problemas que afrontan actualmente las revistas culturales en papel: su adecuada distribuci&oacute;n y venta.</p>
<p>La nueva web de TURIA cuenta un dise&ntilde;o sencillo y visualmente atractivo. Permite una navegaci&oacute;n f&aacute;cil y completa a trav&eacute;s de la informaci&oacute;n y los textos en abierto que genera la revista. Todo ello puede encontrarse en: <a href="http://www.ieturolenses.org/revista_turia/" target="_blank">http://www.ieturolenses.org/revista_turia/</a></p>
<p>Dadas las caracter&iacute;sticas y la difusi&oacute;n nacional e internacional de TURIA, la nueva web funciona como una plataforma digital para que cualquier lector interesado pueda conocer m&aacute;s y mejor la revista y disfrutar de los textos que publica. Desde ahora, cada n&uacute;mero de TURIA tendr&aacute; su versi&oacute;n en la web con acceso abierto y gratuito a los contenidos m&aacute;s destacados del sumario, que se seguir&aacute; ofreciendo en la edici&oacute;n en papel cada cuatro meses. As&iacute;, por ejemplo, la web ofrece ya la posibilidad de leer &iacute;ntegramente dos de los art&iacute;culos de su &uacute;ltimo n&uacute;mero dedicado a Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n y entrevistas a Santiago Auser&oacute;n y Lara Almarcegui.</p>
<p>En definitiva, TURIA ha dado un paso adelante para que, m&aacute;s all&aacute; de la actual crisis, su futuro como revista cultural de calidad pueda ser posible.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 20 May 2013 07:00:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La Obra literaria de Borges en el Cine]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/la-obra-literaria-de-borges-en-el-cine/</link>
      <description><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/desde-las-nubes_red.jpg" alt="" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Si la relaci&oacute;n directa de Borges con el cine mientras vivi&oacute; constituye un corpus cerrado, circunscrito a sus cr&iacute;ticas de films, aparecidas en su mayor parte en la revista <em>Sur</em> (aunque tambi&eacute;n en <em>La Naci&oacute;n</em>, <em>La Prensa </em>y <em>Urbe</em>), a alg&uacute;n que otro proyecto de &ldquo;escenario&rdquo; (junto a Bioy Casares) y a un pu&ntilde;ado de versiones/perversiones de obras suyas<sup>[1]</sup>, corpus cuya &uacute;ltima entrega ha sido la monograf&iacute;a que la revista <em>Rowohlt Literaturmagazin</em> le dedic&oacute; en 1999<sup>[2]</sup>, la relaci&oacute;n del mundo cinematogr&aacute;fico con su obra, por el contrario, ha registrado un continuo crescendo, culminado durante los a&ntilde;os noventa del pasado siglo; de manera simult&aacute;nea, siguiendo la estela de Resnais, Rivette, Godard o Roeg, una serie de cineastas tan variopintos como Peter Greenaway<sup>[3]</sup>, Robert Mettler<sup>[4]</sup> o el David Lynch de <em>Twin Peaks</em><sup>[5]</sup><em> </em>han reconocido (o se les ha detectado, como es el caso del &uacute;ltimo de los citados) una m&aacute;s que bien fundada y s&oacute;lida influencia del escritor argentino. Nosotros, en esta ocasi&oacute;n, nos limitaremos, adem&aacute;s de completar la filmograf&iacute;a realizada en su momento por Cozarinsky (que concluye en 1978), a apuntar sus recurrencias m&aacute;s significativas y a se&ntilde;alar las l&iacute;neas maestras en las que se concreta la visi&oacute;n cinematogr&aacute;fica del imaginario borgesiano.<sup>[6]</sup></p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;"><br /></span></strong></p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">El cuento y el cortometraje</span></strong></p>
<p>En efecto, seg&uacute;n se desprende de la filmograf&iacute;a que consignamos al final de este trabajo, el hecho m&aacute;s destacable de los &uacute;ltimos tiempos es la predilecci&oacute;n de los adaptadores por el cortometraje o, en su defecto, por el mediometraje para televisi&oacute;n. Ello puede deberse, sin duda, a la asimilaci&oacute;n inconsciente que suele realizarse entre ese tipo de metraje y el cuento, que es, como sabemos, el g&eacute;nero predilecto en el que se expresa Borges. Sin entrar en los detalles te&oacute;ricos de dicha asimilaci&oacute;n (hay autores que encuentran un mayor paralelismo del cuento con la fotograf&iacute;a)<sup>[7]</sup> puede decirse que ya en la mera elecci&oacute;n de la corta duraci&oacute;n temporal se encuentra impl&iacute;cito un reconocimiento a la actitud del escritor argentino respecto a la brevedad para &ldquo;contar&rdquo; una historia, lo que encaja a la perfecci&oacute;n con el esp&iacute;ritu ensay&iacute;stico y experimental del cortometraje (en el sentido de &ldquo;adquirir experiencia&rdquo; y de entrenamiento para empresas &ndash;el largometraje- se supone que m&aacute;s ambiciosas); en ese sentido, hay que resaltar que en su inmensa mayor&iacute;a se trata de<em> operas primas</em> de j&oacute;venes directores y en muchos casos ejercicios pr&aacute;cticos de escuela, lo que explicar&iacute;a la desigual calidad en las m&aacute;s recientes transposiciones de la escritura borgeana al cine. Sin embargo sucede al contrario en el caso de los largos y las series de TV, realizados todos ellos por directores consagrados (los espa&ntilde;oles Saura, Ch&aacute;varri y Vera o los extranjeros Cox, Olivera, Jacquot, Christensen o Kajdanovsky), si bien dicha apreciaci&oacute;n no implica que se garantice la calidad contrastada o el acierto auqnue en cualquier caso es una cuesti&oacute;n que conviene tener en cuenta a la hora del an&aacute;lisis.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">El atractivo borgesiano</span></strong></p>
<p>Por otra parte no puede olvidarse que Borges por generaci&oacute;n, como su cu&ntilde;ado Guillermo de Torre, Rafael Alberti y tantos otros poetas y escritores nacidos en torno a 1900<sup>[8]</sup>, naci&oacute; y creci&oacute; con el cine y que a trav&eacute;s de su actividad cr&iacute;tica, paralela a la creativa, llega a una concepci&oacute;n te&oacute;rica del mismo que mucho tiene que ver con su visi&oacute;n literaria y filos&oacute;fica del mundo, incluso no ser&iacute;a aventurado decir que su estilo y su forma de &ldquo;contar&rdquo; guardan una estrecha relaci&oacute;n con la t&eacute;cnica cinematogr&aacute;fica, como si se hubieran superpuesto los dos &oacute;rdenes imaginarios en el momento de la &ldquo;iluminaci&oacute;n&rdquo;. Esa ser&iacute;a una de las razones (ocultas, por supuesto) por las cuales las nuevas generaciones de cineastas pueden sentirse m&aacute;s atra&iacute;dos por su obra: el descreimiento en un mundo en el que las apariencias, las superficies y las sombras enga&ntilde;an y en el que el gradiente m&aacute;ximo de realidad suele lograrse con el m&aacute;ximo de artificio; l&iacute;nea divisoria que resulta dif&iacute;cil de precisar pero en la que Borges se encuentra c&oacute;modamente instalado con sus relatos, unos cr&iacute;pticos y otros luminosos, tan intensos en ocasiones que reclaman la oscuridad y propenden a la ceguera. Es por eso que en sus adaptaciones al cine no hay &ndash;no puede haber- traici&oacute;n por mucho que el adaptador se empe&ntilde;e, todo lo m&aacute;s distorsi&oacute;n, pues se corresponden con lo que en esencia es la po&eacute;tica del medio cinematogr&aacute;fico: abundancia de elipsis, traslaciones temporales, variaciones del punto de vista, narratividad enumerativa, a menudo combinados en el mismo relato, por lo que a veces resulta dif&iacute;cil su legibilidad y comprensi&oacute;n, sobre todo a quienes s&oacute;lo entienden el cine como narraci&oacute;n lineal, similar a la novela (digamos de pasada que quienes as&iacute; han procedido, respetando la literalidad del relato, han fracasado estrepitosamente). Por el contrario, la escritura borgesiana se presta como pocas, precisamente porque parece asimilar los logros po&eacute;ticos del lenguaje cinematogr&aacute;fico (en esto estar&iacute;a muy cercano a su coet&aacute;neo Bu&ntilde;uel), a la interpretaci&oacute;n y a la recreaci&oacute;n libre y abierta de la multitud de posibilidades que se entreveen en las alusiones, en los hiatos y en las paradojas, en ese personal e inteligente simbolismo que domina toda su prosa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">Los libros iluminadores</span></strong></p>
<p>Hay otro dato interesante para calibrar la filmograf&iacute;a en torno a Borges: la aparici&oacute;n y difusi&oacute;n de sus libros imponen una suerte de paralelo inter&eacute;s en el mundo cinematogr&aacute;fico por acercarse a los entresijos de su universo, indicio m&aacute;s que elocuente del nivel de evoluci&oacute;n de la recepci&oacute;n de su obra por las sucesivas generaciones de lectores. As&iacute;, en un primer momento &ndash;en vida del autor y tras las primeras traducciones de su obra al ingl&eacute;s y al franc&eacute;s- se impone la idea de llevar a la pantalla los argumentos esbozados con Bioy Casares (<em>Invasi&oacute;n</em>, <em>Los otros</em> y <em>Los orilleros</em>) en cuya labor adquieren especial protagonismo los directores argentinos Hugo Santiago<sup>[9]</sup> y Ricardo Luna<sup>[10]</sup>, en especial el primero, quien adem&aacute;s de <em>Invasi&oacute;n</em> y <em>Los otros</em> realiza dos cortos, <em>Los contrabandistas</em> y <em>Los taitas</em> (tambi&eacute;n conocido como <em>Los ca&iacute;dos</em>), basados en historias de Borges; por otra parte, esa etapa (la que abarcar&iacute;a los t&iacute;tulos que incluye Cozarinsky en su libro) est&aacute; dominada por la repercusi&oacute;n de las tres primeras obras de cuentos y relatos de Borges: <em>Historia universal de la infamia</em> (1935), <em>Artificios</em> (1944), inclu&iacute;da en <em>Ficciones </em>(tambi&eacute;n de 1944), y <em>El Aleph </em>(1949), en especial esta &uacute;ltima, uno de cuyos cuentos, <em>Emma Zunz</em><sup>[11]</sup>, registra ya cuatro versiones por una sola de <em>El muerto</em><sup>[12]</sup>; por su parte tambi&eacute;n obtienen su r&eacute;plica cinematogr&aacute;fica <em>Hombre de la esquina rosada</em>, del primero de los libros citados, realizada en 1962 por el tambi&eacute;n director argentino Ren&eacute; Mugica, premiada en el Festival de San Sebasti&aacute;n de ese a&ntilde;o, y <em>El tema del traidor y del h&eacute;roe</em>, perteneciente a <em>Artificios</em>, conocida mundialmente como <em>La estrategia de la ara&ntilde;a</em>, acaso la cinta m&aacute;s conocida entre las basadas en su obra, que dirigi&oacute; Bertolucci en&nbsp; 1970.</p>
<p>Mientras durante esa etapa el acercamiento cinematogr&aacute;fico a Borges es m&aacute;s cin&eacute;filo y por as&iacute; decirlo cultista, durante la segunda etapa (que podr&iacute;amos llamar post-Cozarinsky y que es la que trataremos con mayor atenci&oacute;n), al registrarse una mayor expansi&oacute;n de los libros de Borges por todo el mundo gracias a las ediciones de bolsillo y a las traducciones a diversos idiomas, es l&oacute;gico que no s&oacute;lo tengan lugar nuevas lecturas de sus libros anteriores (de <em>Ficciones</em> y <em>El Aleph</em> sobre todo) y se perciba el inter&eacute;s de autores de otras cinematograf&iacute;as, propiciadores de nuevas versiones (en especial, como ya hemos apuntado, en cortos y en series de TV), sino que los libros m&aacute;s recientes obtengan una repercusi&oacute;n mucho mayor; as&iacute; sucede, por ejemplo, con <em>El informe de Brodie</em>, publicado en 1970<sup>[13]</sup>, cuyo contenido, junto a <em>Artificios</em>, ha sido el m&aacute;s utilizado por el cine. Nos encontramos, pues, a partir de 1978, frente al predominio rotundamente argentino de la primera etapa en la interpretaci&oacute;n f&iacute;lmica de su obra (salvo alguna incursi&oacute;n francesa, espa&ntilde;ola e iran&iacute;<sup>[14]</sup>), en una fase expansiva y m&aacute;s abierta que se caracteriza por una mayor, y dominante, participaci&oacute;n espa&ntilde;ola (gracias a la serie <em>Cuentos de Borges</em> de TVE, Iberoamericana Films y la Sociedad Estatal del Quinto Centenario pero tambi&eacute;n a otras producciones independientes), el escaso protagonismo de la francesa y la emergencia de las producciones mexicanas que, junto a las argentinas, casi monopolizan el territorio del corto, consecuencia de la atracci&oacute;n escolar antes apuntada; pero tambi&eacute;n hay que destacar a la cinematograf&iacute;a rusa &ndash;por las dos pel&iacute;culas de Kajdanovsky-, a la italiana &ndash;por la serie de TV sobre Isidro Parodi- e incluso a la brit&aacute;nica, brasile&ntilde;a y norteamericana en virtud de las coproducciones de <em>La intrusa</em> (de Hugo Christensen) y <em>La muerte y la br&uacute;jula </em>(de Alex Cox) as&iacute; como de forma residual a la alemana &ndash;por una versi&oacute;n en corto de <em>La escritura del Dios</em>- y de nuevo a la iran&iacute; con otro corto de Saied Ebrahimifar<sup>[15]</sup>.</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;"><br /></span></strong></p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">Las obras recurrentes</span></strong></p>
<p>Una simple aproximaci&oacute;n estad&iacute;stica a las versiones cinematogr&aacute;ficas de las obras de Borges nos dar&iacute;a como resultado el siguiente cuadro:</p>
<div>
<p>VERSIONES&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; OBRA VERSIONADA&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; LIBRO</p>
</div>
<p>Con 6 &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Emma Zunz&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El Aleph&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>Con 4&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La muerte y la br&uacute;jula&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ficciones (Artificios)</p>
<p>Con 3&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La intrusa&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Informe de Brodie</p>
<p>Con 2&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El evangelio seg&uacute;n Marcos&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp; Informe de Brodie</p>
<p>Con 1&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hombre de la esquina rosada&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp; Historia Universal Infamia</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los taitas (Los ca&iacute;dos)</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los contrabandistas</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tema &nbsp; del traidor y del h&eacute;roe&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ficciones (Artificios)</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El muerto&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El Aleph</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Isidro Parodi (con Bioy)</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tac&oacute;n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El Tango. El otro, el mismo</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La rosa de Paracelso&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La memoria de Shakespeare</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Rosendo Ju&aacute;rez&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Informe de Brodie</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El sur&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ficciones (Artificios)</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las ruinas circulares&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ficciones (El jard&iacute;n&hellip;)</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La escritura del Dios&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El Aleph</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El disco&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El libro de arena</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El milagro secreto&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Ficciones (Artificios)</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El encuentro&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Informe de Brodie</p>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El Aleph&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El Aleph</p>
<div>
<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Le regret d&rsquo;Heraclite&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Poema. El hacedor&nbsp;</p>
<p>del que pueden desprenderse una serie de interesantes conclusiones que&nbsp; rese&ntilde;amos a continuaci&oacute;n.</p>
</div>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;"><br /></span></strong></p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">El <em>western</em> gauchesco</span></strong></p>
<p>De una parte es notorio -en contra de lo que pudiera parecer- que no han sido sus obras m&aacute;s fant&aacute;sticas o ficcionales las m&aacute;s socorridas (de las que s&oacute;lo encontramos <em>La rosa de Paracelso</em>, <em>La escritura del dios</em>, <em>Las ru&iacute;nas circulares </em>y <em>El disco</em>) sino aquellas que poseen parad&oacute;jicamente un substrato en apariencia m&aacute;s realista y veros&iacute;mil,&nbsp; y en las que el tema m&aacute;s socorrido es la muerte del protagonista, por regla general violenta a causa de un <em>fatum</em> implacable e inexplicable que lo lleva indefectiblemente por ese camino. Pero esa omnipresencia de la muerte<sup>[16]</sup> adquiere, ya sea por venganza (<em>Emma Zunz</em>, <em>La muerte y la br&uacute;jula</em> o <em>El fin del comienzo</em>), por antisemitismo (<em>El milagro secreto</em>), por ambici&oacute;n (<em>El disco</em> y <em>El muerto</em>), por honor (<em>El encuentro</em>), por predestinaci&oacute;n (<em>El sur</em>), por un malentendido (<em>El evangelio seg&uacute;n Marcos</em>), por fraternidad (<em>La intrusa</em>) o por pasi&oacute;n (<em>Hombre de la esquina rosada</em>); dec&iacute;amos que la omnipresencia de la muerte adquiere, sin embargo, dentro de su universalidad e intemporalidad unos tintes de particularidad e historicidad t&iacute;picamente argentinos, de tragedia aut&oacute;ctona, obediente Borges a ese proceso de invenci&oacute;n/creaci&oacute;n de un universo m&iacute;tico-legendario destinado a volver a fundar una patria, cimentada en el <em>criollismo</em>, en ese cruce de caminos de culturas, civilizaciones, lenguas y razas que tambi&eacute;n es caracter&iacute;stico de su universo personal.</p>
<p>Y no es casual que el cine se haya interesado por esa intersecci&oacute;n de los dos universos, el personal y el colectivo, porque en germen Borges, como ya insinuamos al principio a prop&oacute;sito de su escritura, est&aacute; respondiendo (&iquest;sin querer? &iquest;sin saberlo) a la mitolog&iacute;a del <em>western</em> en tanto que renovada formulaci&oacute;n de la ancestral tradici&oacute;n &eacute;pica perdida y que el cine en su opini&oacute;n rescata. Recordemos que&nbsp; en 1967 en una entrevista concedida a Ronald Christ y publicada en la revista <em>Paris Review</em> dice lo siguiente: &ldquo;En estos tiempos en que los literatos parecen haber descuidado sus deberes &eacute;picos, creo que lo &eacute;pico nos ha sido conservado, bastante curiosamente, por los <em>westerns</em>&rdquo; y en otro lugar de la misma entrevista apuntala: &ldquo;en este siglo&hellip; el mundo ha podido conservar la tradici&oacute;n &eacute;pica nada menos que gracias a Hollywood&rdquo;.<sup>[17]</sup> Ingrediente fundamental de esa refundada mitolog&iacute;a &ldquo;a la argentina&rdquo; es el <em>cuchillo</em> en vez del <em>rev&oacute;lver</em> y la <em>milonga</em> en vez de la canci&oacute;n <em>vaquera</em> pero al igual que en el modelo hollywoodiense se mantienen los dem&aacute;s elementos del g&eacute;nero: el duelo en el que se dirime la controversia o el honor herido, la inducci&oacute;n alcoh&oacute;lica, la inexistencia de la&nbsp; ley y de la autoridad, la consideraci&oacute;n &ldquo;cosal&rdquo; y &ldquo;causal&rdquo; de la mujer, la llegada del forastero que cambia el destino y sobre todo el paisaje, un paisaje que en este caso es <em>la pampa</em> y del que forma parte su h&eacute;roe, el <em>gaucho</em>, localizado en una parte de la br&uacute;jula &ndash; el Sur - al que los personajes de la ciudad se ven obligados o invitados a ir, como si se tratara de un acogedor lecho mortuorio, de la &uacute;ltima tierra que sus pies fatalmente pisar&aacute;n.</p>
<p>La puesta en escena cinematogr&aacute;fica de ese mundo obtiene una m&aacute;s que notable expresi&oacute;n en cuatro de los episodios de la serie de TV titulada <em>Cuentos de Borges</em>: se trata de <em>La intrusa</em> (1990) de Jaime Ch&aacute;varri, <em>La otra historia de Rosendo Ju&aacute;rez</em> (1990) de Gerardo Vera, <em>El Evangelio seg&uacute;n Marcos</em> (1991) de H&eacute;ctor Olivera y <em>El Sur</em> (1991) de Carlos Saura<sup>[18]</sup>, de los cuales s&oacute;lo dos (precisamente los dos &uacute;ltimos) responden con cierta fidelidad al esp&iacute;ritu y la intenci&oacute;n de Borges pues los dos primeros, en nuestra opini&oacute;n, al adaptar (nunca mejor dicho) la trama borgesiana a motivos, ambientaci&oacute;n y &eacute;poca espa&ntilde;olas (la de Ch&aacute;varri a la Andaluc&iacute;a de mediados del XIX y la de Vera a la &eacute;poca de la II Rep&uacute;blica) se alejan tanto de &eacute;l (aunque el guionista en ambos casos fuera Fernando Fern&aacute;n G&oacute;mez) que no merecen ser destacados en este trabajo salvo como claros ejemplos de &ldquo;adaptaci&oacute;n libre por conversi&oacute;n&rdquo; pues mantienen la idea principal del relato literario pero con a&ntilde;adidos que lo transforman en otro texto diferente<sup>[19]</sup>. Por el contrario, los episodios de Olivera y Saura son perfectas &ldquo;transposiciones&rdquo;<sup>[20] </sup>del original borgesiano pues al mismo tiempo que respetan su atm&oacute;sfera, argumento y simbolismo &uacute;ltimo resultan cre&iacute;bles cinematogr&aacute;ficamente hablando, tienen validez por s&iacute; mismas y lo que es m&aacute;s importante: encontramos a Borges en ellas. Tan dif&iacute;cil logro lo consiguen tanto Saura como Olivera siendo fieles, sobre todo, al propio medio expresivo huyendo de la literalidad y linealidad del relato en su sentido narrativo e intentando que la discursividad de las im&aacute;genes est&eacute;n de acuerdo con la forma&nbsp; de narrar y describir as&iacute; como con el punto de vista de su hacedor: conceptismo, alusividad, frasear corto y cortante, abundantes elipsis, ritmo (aparentemente) cansino, penumbra, soledad, permanente estado de vigilia y una acertada orientaci&oacute;n autobiogr&aacute;fica que, como veremos, forma parte del planteamiento m&aacute;s profundo del texto borgesiano: el desdoblamiento del personaje, del yo, como autor e int&eacute;rprete de la historia que se cuenta; ese es el mejor tributo que puede rend&iacute;rse a Borges si de veras se le admira.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
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<p><strong><span style="text-decoration: underline;">El gansterismo de su Buenos Aires querido</span></strong></p>
<p>Junto a esa po&eacute;tica de atracci&oacute;n fatalista por el ambiente gauchesco que acaba en muerte violenta tenemos en una imbricaci&oacute;n perfecta la po&eacute;tica del detritus urbano, de la marginalidad, de los &ldquo;fuera de la ley&rdquo;, que participa, c&oacute;mo no!, igualmente de la violencia y de la muerte, y que se concentra en los barrios bajos, arrabales y orillas de <em>su</em> Buenos Aires. Aqu&iacute; el modelo cinematogr&aacute;fico resulta del todo coherente con su propia biograf&iacute;a y con la fascinaci&oacute;n que ejercieron en su manera de ver y de sentir las &uacute;ltimas pel&iacute;culas mudas de Sternberg, un director al que, como es sabido, cita como influyente en su obra tanto en el pr&oacute;logo a <em>Historia universal de la infamia</em> como en <em>Discusi&oacute;n</em>, y del que menciona en sus cr&iacute;ticas de cine como singularmente emocionantes a <em>La ley del hampa</em> (1927), <em>La redada</em> (1928), <em>Los muelles de Nueva York</em> (1928) y <em>Marruecos</em> (1930)<sup>[21]</sup>,&nbsp; aunque despu&eacute;s tambi&eacute;n mencionar&aacute; <em>Capricho imperial</em> (1934), <em>Crimen y castigo</em> (1935) y <em>The Devil Is a Woman</em> (1935)<sup>[22]</sup>, todas ellas h&aacute;biles adaptaciones (la &uacute;ltima de John dos Passos) que no gozan de sus simpat&iacute;as por creerlas en exceso deudoras de Marlene Dietrich.</p>
<p>Los paralelismos entre su mundo y el del cineasta alem&aacute;n son evidentes: las bandas de contrabandistas, orilleros y arrabaleros son equivalentes a los &ldquo;gangs&rdquo; de Nueva York o a los &ldquo;hampones&rdquo; de Chicago; el taita (o &ldquo;guapo&rdquo;), el cuchillero y el <em>malevo</em> a los matones y guardaespaldas de los capos mafiosos; la prostituta a la cabaretera; el aguardiente de ca&ntilde;a al whisky y, finalmente, el <em>tango</em> al <em>swing</em> o a la canci&oacute;n <em>jazz&iacute;stica </em>en general.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
<p>La transposici&oacute;n al cine de ese modelo se encuentra reflejada con bastante decencia en la primera &eacute;poca filmogr&aacute;fica de Borges a trav&eacute;s de <em>Hombre de esquina rosada</em> (1961) de Ren&eacute; Mugica, una pel&iacute;cula que fue premiada en el Festival de San Sebasti&aacute;n de 1962, los cortos de Hugo Santiago, <em>Los contrabandistas</em> (1967) y <em>Los taitas</em> (1968) as&iacute; como en <em>Los orilleros</em> (1975) de Ricardo Luna y <em>Cacique Bandeira</em> (1975) de Hector Olivera, si bien estas cintas con unos resultados menos afortunados que los anteriores.&nbsp;</p>
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<p><strong><span style="text-decoration: underline;">La transgresi&oacute;n del polic&iacute;aco</span></strong></p>
<p>La tercera gran veta en la que se manifiesta el binomio violencia-muerte es en el cuento polic&iacute;aco, representado cinematogr&aacute;ficamente por <em>Los problemas de Isidro Parodi </em>(1978), serie de cinco episodios realizada para la RAI por Andrea Frezza con Fernando Rey como principal protagonista, y el magistral <em>La muerte y la br&uacute;jula</em>, que ha merecido hasta ahora cuatro versiones: dos realizadas por el director brit&aacute;nico Alex Cox (una en 1992 para la serie <em>Cuentos de Borges</em>&nbsp; de TVE y otra en 1996 en versi&oacute;n ampliada para largometraje), protagonizadas ambas por Peter Boyle con el t&iacute;tulo <em>The Death and the Compass</em>, y dos ejercicios de escuela: el mediometraje <em>Spiderweb</em> (2000) del tambi&eacute;n brit&aacute;nico Paul Miller y el corto del argentino Jorge Leandro Col&aacute;s con el t&iacute;tulo de la obra hom&oacute;nima en el mismo a&ntilde;o,<sup>[23]</sup> muy desiguales ambos.</p>
<p>En las dos obras originales, Borges utiliza las convenciones propias del g&eacute;nero para introducir transformaciones y distorsiones que le sirvan, como dice Cristina Parodi, para &ldquo;actualizar su proyecto de dar forma ficcional a indagaciones y dilemas de tipo filos&oacute;fico&rdquo;,<sup>[24]</sup> instaurando un tipo de literatura enigm&aacute;tica que desplaza el punto de vista habitual y considera al texto como un desaf&iacute;o intelectual para el lector hasta el punto de llegar, dentro de un particular desdoblamiento, a identificarse con el detective. As&iacute; el L&ouml;nnrot de <em>La muerte y la br&uacute;jula</em> a&uacute;n manteniendo muchas de las caracter&iacute;sticas del detective convencional, sin embargo se aleja del modelo en tanto que su indagaci&oacute;n es pasiva, no est&aacute; presidida por la acci&oacute;n o la aventura sino que tiene como fundamento la reflexi&oacute;n a partir de la lectura de textos escritos, lectura que le llevar&aacute; a la muerte, pues el asesino-escritor, que conoce esa actividad lectora, juega con &eacute;l llev&aacute;ndole hasta el lugar donde ejecutar&aacute; su acci&oacute;n. Hay, pues, una inversi&oacute;n del modelo habitual que convierte en parad&oacute;jicos y confusos todos los hechos al igual que sucede con el narrador, el asesino, el detective y el lector cuyas interrelaciones y niveles de identificaci&oacute;n resultan muy imaginativas, cuando no laber&iacute;nticas.&nbsp; En el caso de Parodi tambi&eacute;n se da una distorsi&oacute;n del punto de vista y del esquema habitual del g&eacute;nero puesto que el peluquero-detective se encuentra en la c&aacute;rcel acusado de asesinato y es all&iacute;, en ese encierro forzado, donde resuelve los enigmas y los misterios que le proponen los dem&aacute;s. Cierto que resulta muy dif&iacute;cil &ndash;por no decir imposible- transponer con un m&iacute;nimo de verosimilitud estas historias borgeanas que rompen con los esquemas tradicionales, sobre todo porque ya en el <em>a priori</em> cinematogr&aacute;fico se encuentra la principal limitaci&oacute;n, cual es que la c&aacute;mara ya est&aacute; predestinada a registrar algo que sucede dentro de su campo y que se supone manejada por un operador externo a la trama; es por esa limitaci&oacute;n, a no ser que se adopte inteligentemente en el gui&oacute;n la perspectiva que se entrevee en la narraci&oacute;n original, es decir que el autor se sienta identificado con el detective y que los juegos de conexiones entre s&iacute; y con el lector y el asesino tengan una coherencia similar a la buscada por su hacedor, por la que las relaciones literatura-cine se convierten en un imposible en casos como &eacute;ste salvo que lo que se intente sea, no transponer el cuento de Borges, sino inspirarse en &eacute;l para hacer otra cosa diferente. Eso es lo que sucede con las versiones de Cox, en especial la segunda, engordada hasta la saciedad con fantas&iacute;as absurdas para dar con el metraje y la duraci&oacute;n m&iacute;nimas, que al final se convierte en un mero alarde de su director y del resto de t&eacute;cnicos que no a&ntilde;ade nada ni al conocimiento del argumento original ni a la filmograf&iacute;a del adaptador. La clave en este caso reside en la dificultad de trasladar a im&aacute;genes comprensibles el intrincado sello cabal&iacute;stico que est&aacute; detr&aacute;s de la cadena de asesinatos planificada por Scharlach as&iacute; como el sentimiento &iacute;ntimo de L&ouml;nnrot aceptando la inevitabilidad de su muerte sabi&eacute;ndose no el cuarto asesinado sino el tercero<sup>[25]</sup>; ese tipo de sensaciones que pueden ser perfectamente imaginadas por el lector resultan&nbsp; casi imposibles en la pantalla si &ldquo;no se exteriorizan &ndash;como opina Victoria Ocampo- de modo r&aacute;pido&rdquo;,<sup>[26]</sup> lo que no sucede aqu&iacute;. Por el contrario en esta pel&iacute;cula, encuadrable dentro de lo fant&aacute;stico, se atiende primordialmente a las correspondencias visuales de las descripciones borgeanas de la ciudad imaginaria en que se desenvuelve la historia (puede ser al mismo tiempo Buenos Aires, Par&iacute;s, Londres, Barcelona, Roma, Berlin o Varsovia si nos atenemos a los nombres de los personajes, de las calles y plazas) y a representar la atm&oacute;sfera agobiante, lun&aacute;tica y de pesadilla que rodea a los personajes mediante audaces decorados expresionistas, que hubieran sido muy del gusto de Borges; pero dificultad a&ntilde;adida fue, en el decir de su director<sup>[27]</sup>, dar verosimilitud a la habitaci&oacute;n de los espejos en Triste-le-Roy por donde pasa L&ouml;nnrot sin tener en cuenta el homenaje que Borges le rinde en su texto a la famosa secuencia de Welles en <em>La dama de Shanghai</em>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p>
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<p><strong><span style="text-decoration: underline;">Coda final inconclusa o notas para una visi&oacute;n cinematogr&aacute;fica de la alteridad borgeana</span></strong></p>
<p>No quisiera terminar esta panor&aacute;mica general de puesta al d&iacute;a en la filmograf&iacute;a borgesiana sin anotar que como todo en &eacute;l siempre hay algo m&aacute;s que se esconde tras las apariencias y las superficies; y siendo como es el cine para Borges fundamentalmente eso a&uacute;n no ha podido, salvo las excepciones antes apuntadas (Saura y Olivera, a las que se podr&iacute;a a&ntilde;adir <em>La estrategia de la ara&ntilde;a</em> de Bertolucci), penetrar m&aacute;s all&aacute; de la epidermis y llegar al otro lado de la dualidad, a ese <em>otro</em> que se encuentra en el enfrentamiento, el duelo, el asesinato o en la muerte del <em>yo</em> protagonista, trasunto de su propia entidad como ser viviente y sujeto pensante,&nbsp; y que es uno de los fundamentos m&aacute;s importantes, si no el que m&aacute;s, de su po&eacute;tica filos&oacute;fico-literaria. Pero no se crea que la &uacute;nica explicaci&oacute;n posible sea ese s&iacute;ndrome de Jekyll-Hyde que le persigui&oacute; toda su vida, sino que hay que entender la acentuaci&oacute;n de ese dualismo -su pertinaz y repetida muerte en manos del otro- como el intento de superarlo por v&iacute;a del conocimiento cruel y realista del <em>yo</em>, a fin de abrir la personalidad y la mente humana, como un racimo, hacia otras dimensiones, en definitiva hacia otros duelos.&nbsp;</p>
<p>De otra parte, si es evidente que &eacute;l asimil&oacute; de su admirado Sternberg para su escritura la sucesi&oacute;n de &ldquo;momentos significativos&rdquo; propia del cine, no se entiende c&oacute;mo &eacute;ste no ha sido coherente con dicho principio y no ha hu&iacute;do de la estructura lineal y prolija a que son sometidos sus cuentos as&iacute; como de la inclusi&oacute;n de im&aacute;genes alusivas a iconos borgesianos (como el laberinto) que no encajan con el sentido de la obra, contaminaci&oacute;n de signo literario a trav&eacute;s de la que parad&oacute;jicamente el cine impide ofrecer una visi&oacute;n coherente de su universo imaginario. A&uacute;n as&iacute;, dentro del tono ilustrativo general (es decir, poner en im&aacute;genes lo imaginado-contado por Borges) que el cine ha sometido a su obra literaria, cabe apreciar en las &uacute;ltimas producciones una serie de s&iacute;ntomas que pueden ir dise&ntilde;ando con el tiempo lo que podr&iacute;amos&nbsp; llamar una est&eacute;tica cinematogr&aacute;fica espec&iacute;fica de la alteridad borgeana, cuya explicitaci&oacute;n dejaremos para otra ocasi&oacute;n.</p>
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<div><hr />
<p>[1] En el decir de Edgardo Cozarinsky, hasta la fecha el mejor &ndash;y casi &uacute;nico- estudioso de la relaci&oacute;n de Borges con el cine. V&eacute;ase su, <em>Borges en/y/sobre cine</em>. Madrid: Fundamentos, 1981.</p>
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<p>[2] <em>Borges im Kino</em>. Herausgegeben von Hanns Zischler. <em>Rowohlt. Literaturmagazin</em>, 43 (1999). El n&uacute;mero consta de una selecci&oacute;n de criticas de Borges, una antolog&iacute;a del cine argentino durante las d&eacute;cadas del 20 y del 30 a trav&eacute;s de anuncios e ilustraciones de revistas, ensayos de Pablo J. Brescia, Hans-J&uuml;rgen Schmitt y James Woodall sobre la relaci&oacute;n de Borges con Sternberg y otros aspectos de la concepci&oacute;n borgeana del cine, complet&aacute;ndose con dos entrevistas.</p>
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<div>
<p>[3] V&eacute;ase Mar&iacute;a Esther Maciel. &ldquo;Exercicios de fic&ccedil;&atilde;o: Peter Greenaway &agrave; luz de Jorge Luis Borges&rdquo;. En <em>Agulha</em>. Revista de Cultura, n&ordm; 23 (Sao Paulo, abril 2003). http://www.letras.ufmg.br/esthermaciel/ensaios.html.&nbsp; De la misma autora, &ldquo;Peter Greenaway, lector de Jorge Luis Borges&rdquo;.</p>
<p>En <a href="http://www.letras.ufmg.br/esthermaciel/pterbges.html">http://www.letras.ufmg.br/esthermaciel/pterbges.html</a></p>
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<p class="Ttulo12">[4] V&eacute;ase Tom McSorley, &ldquo;Paradox and wonder: the cinema of Peter Mettler&rdquo;. <em>Take-One</em>, n&ordm; 50<em> </em>(june-sept. 2005), pp.42-46. Publicado originalmente en el n&ordm; 7 (Winter 1995), pp.28-31.</p>
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<p>[5] Cfr. M.M. Carri&oacute;n, &ldquo;Twin Peaks and the circular ruins of fiction: figuring (out) the acts of reading&rdquo;. <em>Literature/Film Quaterly</em>, vol.XXI, n&ordm;4 (Oct. 1993), pp.240-247</p>
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<p>[6] Preferimos este adjetivo a &ldquo;borgiano&rdquo; y &ldquo;borgeano&rdquo; por parecernos m&aacute;s ajustado a la correcci&oacute;n gramatical. Por otra parte es el t&eacute;rmino m&aacute;s usado por el <em>Borges Center</em> de la Universidad de Iowa editora de la revista <em>Variaciones Borges</em>.</p>
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<p>[7] Concretamente Cort&aacute;zar en &ldquo;Sobre el cuento&rdquo; dice lo siguiente: &ldquo;En este sentido, la novela y el cuento se dejan comparar anal&oacute;gicamente con el cine y la fotograf&iacute;a, en la medida en que en una pel&iacute;cula es en principio un "orden abierto", novelesco, mientras que una fotograf&iacute;a lograda presupone una ce&ntilde;ida limitaci&oacute;n previa, impuesta en parte por el reducido campo que abarca la c&aacute;mara y por la forma en que el fot&oacute;grafo utiliza est&eacute;ticamente esa limitaci&oacute;n&hellip; Mientras en el cine, como en la novela, la captaci&oacute;n de esa realidad m&aacute;s amplia y multiforme se logra mediante el desarrollo de elementos parciales, acumulativos, que no excluyen, por supuesto, una s&iacute;ntesis que d&eacute; el "cl&iacute;max" de la obra, en una fotograf&iacute;a o un cuento de gran calidad se procede inversamente, es decir que el fot&oacute;grafo o el cuentista se ven precisados a escoger y limitar una imagen o un acaecimiento que sean significativos, que no solamente valgan por s&iacute; mismos sino que sean capaces de actuar en el espectador o en el lector como una especie de apertura, de fermento que proyecta la inteligencia y la sensibilidad hacia algo que va mucho m&aacute;s all&aacute; de la an&eacute;cdota visual o literaria contenidas en la foto o en el cuento&hellip; Me sorprender&iacute;a que encontraran elementos gratuitos, meramente decorativos. El cuentista sabe que no puede proceder acumulativamente, que no tiene por aliado al tiempo; su &uacute;nico recurso es trabajar en profundidad, verticalmente, sea hacia arriba o hacia abajo del espacio literario. Y esto, que as&iacute; expresado parece una met&aacute;fora, expresa sin embargo lo esencial del m&eacute;todo. El tiempo del cuento y el espacio del cuento tienen que estar como condensados, sometidos a una alta presi&oacute;n espiritual y formal para provocar esa "apertura" a que me refer&iacute;a antes.&rdquo;. V&eacute;ase al respecto Daniel Herrera Cepero, <em>Cuento versus novela</em> en <a href="http://www.ciudadseva.com/">http://www.ciudadseva.com/</a> textos/teoria/tecni/cue-nov.htm</p>
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<p>[8] Recu&eacute;rdese de Guillermo de Torre, &ldquo;Un arte que tiene nuestra edad&rdquo;. En Carlos y David P&eacute;rez Merinero, <em>En pos del cinema.</em> Barcelona: Anagrama, 1974, pp.123-134. De Rafael Alberti el verso &ldquo;Yo nac&iacute; -&iexcl;respetadme!- con el cine&rdquo; perteneciente al libro <em>Cal y canto </em>(1927). V&eacute;ase Javier Herrera (ed.), &ldquo;La poes&iacute;a del cine&rdquo;. <em>Litoral</em>, n&ordm; 235 (2004), p.212</p>
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<p>[9]Cineasta de culto, naci&oacute; en 1939 en Buenos Aires y reside en Francia desde 1959, donde fue ayudante de Bresson hasta 1966. Su obra constituye, seg&uacute;n la cr&iacute;tica argentina, &ldquo;la &uacute;nica incursi&oacute;n cabal y consecuente hecha por un argentino en el &aacute;mbito del cine fant&aacute;stico&rdquo; y es creador de lo que denomina &ldquo;objetos audiovisuales&rdquo;, producciones en las que se combinan el teatro, la m&uacute;sica contempor&aacute;nea, el ballet o la &oacute;pera, posibilitando una especie de cine experimental de audaces b&uacute;squedas formales. V&eacute;ase Eduardo A. Russo, &ldquo;Hugo Santiago&rdquo; en Clara Kriger y Alejandra Portela (comp.), <em>Cine Latinoamericano I. Diccionario de realizadores.</em> Buenos Aires: Ediciones del Jilguero, 1997, pp.135-136</p>
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<p>[10] Ricardo Luna (C&oacute;rdoba, Arg., 1926-M&eacute;xico D.F., 1977) fue ayudante y colaborador de Torre Nilsson en algunos guiones antes de realizar esta pel&iacute;cula, su &uacute;nico largometraje.</p>
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<p>[11] Es con mucho, como veremos, la obra m&aacute;s versionada de Borges. Se trata del largo <em>Dias de odio</em> (1954) de Torre Nillson, la primera pel&iacute;cula que se hizo basada en una obra suya; del corto <em>Cr&oacute;nica de Emma Zunz </em>(1966) del espa&ntilde;ol Rafael Mart&iacute;nez de Le&oacute;n; del mediometraje franc&eacute;s de Alain Magrou (1969) de t&iacute;tulo hom&oacute;nimo al del cuento y del corto <em>Splits </em>(1978) del artista estaodunidense Leandro Katz.</p>
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<p>[12] Conocida por <em>El cacique Bandeira </em>(1975), es una coproducci&oacute;n hispano-argentina dirigida por H&eacute;ctor Olivera y supervisada por el escritor Juan Carlos Onetti.</p>
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<p>[13] Esa utilizaci&oacute;n deriva del hecho de constituir &ldquo;una <em>summa</em> de obsesiones borgeanas&rdquo;. Sobre las coordenadas generales de este libro, v&eacute;ase Beatriz Sarlo. "Introducci&oacute;n a <em>El informe de Brodie</em>"&nbsp; <em>Borges Studies Online</em>. On line. J. L. Borges Center for Studies &amp; Documentation. Internet: 14/04/01 (<a href="http://www.uiowa.edu/borges/bsol/bsbrodie.shtml">http://www.uiowa.edu/borges/bsol/bsbrodie.shtml</a></p>
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<p>[14] Se trata del corto <em>Ghazal</em> (<em>Oda</em>, 1976) de Masud Kimial. V&eacute;ase sobre este realizador Alberto Elena, <em>El cine del tercer mundo. Diccionario de realizadores.</em> Madrid: Ediciones Turfan, 1993, p.246</p>
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<p>[15] V&eacute;ase sobre este realizador, Alberto Elena, <em>op.cit</em>., p.153.</p>
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<p>[16] &ldquo;Yo anhelaba que alguien matara, para poder contarlo despu&eacute;s y para recordarlo&rdquo; dice en primera persona quien cuenta la historia en <em>El encuentro</em>.</p>
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<p>[17] Citado por Cozarinsky, <em>op.cit</em>., p.15</p>
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<p>[18] Los otros dos son <em>La muerte y la br&uacute;jula</em> (1992) del brit&aacute;nico Alex Cox y <em>Emma Zunz</em> (1992) del franc&eacute;s Beno&icirc;t Jacquot.</p>
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<p>[19] V&eacute;ase al respecto &ldquo;Notas para una teor&iacute;a de la adaptaci&oacute;n&rdquo; en Agust&iacute;n Faro Forteza, Pel&iacute;culas de libros. Zaragoza: Prensas Universitarias, 2006, pp. 48-49</p>
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<p>[20] V&eacute;ase Sergio Wolf, <em>Cine/Literatura. Ritos de pasaje</em>. Buenos Aires-Barcelona-M&eacute;xico: Paid&oacute;s, 2001, p. 17</p>
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<p>[21] Las citas de estas tres pel&iacute;culas se encuentran en &ldquo;Films&rdquo; (1932). <em>Discusi&oacute;n</em>. Madrid: Alianza, 1986, pp.66-70. Aparecieron primeramente en <em>Sur</em>, n&ordm;3 (invierno 1931).</p>
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<p>[22] Las referencias a estas tres &uacute;ltimas salieron en &ldquo;Dos films&rdquo;. <em>Sur</em>, n&ordm;19 (abril 1936). Pueden verse en Cozarinsky, <em>op.cit</em>., pp.41-42</p>
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<p>[23] Sabemos que Victor Erice lleg&oacute; a escribir un gui&oacute;n de <em>La muerte y la br&uacute;jula</em>, que desgraciadamente no lleg&oacute; a realizar.</p>
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<p>[24] Cristina Parodi, &ldquo;Borges y la subversi&oacute;n del modelo policial&rdquo;. En <em>Borges Studies Online</em>. On line. J. L. Borges Center for Studies &amp; Documentation. (<a href="http://www.uiowa.edu/borges/bsol/pdf/xtpolicial.pdf">www.uiowa.edu/borges/bsol/pdf/xtpolicial.pdf</a>)</p>
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<p>[25] Miguel Correa Mujica, &ldquo;Aproximaci&oacute;n cr&iacute;tica a <em>La muerte y la br&uacute;jula </em>de Jorge Luis Borges&rdquo;. En <a href="http://hometown.aol.com/mcorrea46/BRUJULA5.htm">http://hometown.aol.com/mcorrea46/BRUJULA5.htm</a></p>
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<div>
<p>[26] Citado en &ldquo;M&aacute;s all&aacute; del dualismo: tratamiento del motivo del doble&rdquo; en Daniel Balderston, <em>El precursor velado: R.L. Stevenson en la obra de Borges.</em> En Borges Studies Online. J. L. Borges Center for Studies &amp; Documentation. (<a href="http://www.uiowa.edu/borges/bsol/db4.shtml">www.uiowa.edu/borges/bsol/db4.shtml</a>)</p>
</div>
<div>
<p>[27] Cfr. Alex Cox, &ldquo;The Death and the Compass&rdquo;. En http://www.alexcox.com/</p>
<p>* Dado que los t&eacute;rminos que se utilizan en el estudio de las relaciones entre cine y literatura son casi sin&oacute;nimos hemos adoptado el sentido m&aacute;s com&uacute;nmente aceptado en el lenguaje actual y corriente, tal y como figuran, por ejemplo, en el <em>Diccionario del Espa&ntilde;ol Actual</em> de Manuel Seco, Olimpia Andr&eacute;s y Gabino Ramos (Madrid: Aguilar, 1999). Para el debate y clarificaci&oacute;n/confusi&oacute;n terminol&oacute;gicas remito a algunas publicaciones recientes sobre el tema: <em>Adaptations: from text to screen, screen to text</em>, edited by Deborah Cartmell and Imelda Whelehan. New York : Routledge, 1999; Pere Gimferrer, <em>Cine y literatura</em>. Barcelona : Seix Barral, 1999; William K. Ferrell, <em>Literature and film as modern mythology.</em> Westport, Connecticut : Praeger, 2000; Antoine Jaime, &nbsp;<em>Literatura y cine en Espa&ntilde;a (1975-1995)</em>.&nbsp; Madrid : C&aacute;tedra, 2000; Sergio Wolf, <em>Cine/Literatura. Ritos de pasaje</em>. Buenos Aires-Barcelona-M&eacute;xico: Paid&oacute;s, 2001; Sally <a href="ab:@:?ACC=CAUT&amp;NAUT=17851&amp;SAUT=Faulkner,+Sally">Faulkner, </a><em>Literary adaptations in Spanish Cinema.</em> London : Tamesis, 2004; Pilar <a href="ab:@:?ACC=CAUT&amp;NAUT=7293&amp;SAUT=Pedraza,+Pilar">Pedraza, </a>&nbsp;<em>Espectra: descenso a las criptas de la literatura y el cine</em>. Madrid : Valdemar, 2004; Agust&iacute;n Faro Forteza, <em>Pel&iacute;culas de libros.</em> Zaragoza: Prensas Universitarias, 2006.</p>
</div>
</div>]]></description>
      <pubDate>Fri, 17 May 2013 08:53:12 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Muñequita]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/munequita/</link>
      <description><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p class="style42">&nbsp;<img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/momento-de-la-verdad_peq.jpg" alt="" /></p>
<p class="style42">Marielos se dej&oacute; tomar de la mano. Estaba perdida entre tanta gente y tantas vendedoras de atol y churros y mango verde con pepitoria y volutas de algod&oacute;n celeste y rosado que adornaban la Plaza Central del pueblo de Comalapa. Desde arriba un hombre alto le sonri&oacute; una sonrisa de oro, y la ni&ntilde;a, acaso cohibida, apret&oacute; a&uacute;n m&aacute;s esa mano grande que tambi&eacute;n le pareci&oacute; demasiado &aacute;spera, demasiado helada. Una metralleta se qued&oacute; retumbando en la noche.</p>
<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo te llam&aacute;s, chiquita? &mdash;susurr&oacute; el hombre.</p>
<p>Marielos guard&oacute; silencio.</p>
<p>&mdash;Apuesto que Cristina.</p>
<p>Marielos sacudi&oacute; la cabeza.</p>
<p>&mdash;Julieta.</p>
<p>Marielos continu&oacute; sacudiendo la cabeza.</p>
<p>&mdash;B&aacute;rbara, eso es, B&aacute;rbara.</p>
<p>A&uacute;n agarrados de la mano, atravesaron una turba negra de mariachis.</p>
<p>&mdash;Ven&iacute;, pues, B&aacute;rbara &mdash;y la ni&ntilde;a se dej&oacute; llevar hacia una venta de pa&ntilde;uelos de algod&oacute;n. El hombre cogi&oacute; de la mesa uno amarillo&mdash;. &Eacute;ste aqu&iacute; es tu mero color, B&aacute;rbara &mdash;le dijo, at&aacute;ndoselo suave alrededor del cuello.</p>
<p>Marielos, sonrojada, lo observ&oacute; pagar. Su madre ten&iacute;a una blusa del mismo amarillo. Pens&oacute; en dec&iacute;rselo al hombre.</p>
<p>&mdash;Necesit&aacute;s un gorro.</p>
<p>Caminaron de la mano entre la muchedumbre de la Plaza Central hasta encontrar una venta de sombreros y gorros. El hombre tomaba uno y se lo colocaba a la ni&ntilde;a sobre el cabello azabache y dec&iacute;a &laquo;muy grande&raquo; o &laquo;muy peque&ntilde;o&raquo;. Ella se dejaba.</p>
<p>&mdash;Perfecto &mdash;dijo &eacute;l.</p>
<p>A Marielos le hab&iacute;a gustado m&aacute;s uno azul perla.</p>
<p>&mdash;&iexcl;Joyas! &mdash;grit&oacute; el hombre, gui&aacute;ndola hacia una larga y atiborrada mesa. Le puso a la ni&ntilde;a un collar de abalorios blancos, luego pulseritas ba&ntilde;adas en plata, luego anillos de pl&aacute;stico rojo.</p>
<p>Ya caminando, Marielos observ&oacute; las dos manos agarradas: la suya le pareci&oacute; mucho m&aacute;s morena.</p>
<p>&mdash;A ver, quedate quieta.</p>
<p>El hombre, arrodillado ya frente a ella, le pint&oacute; los labios de carmes&iacute;, le pein&oacute; las pesta&ntilde;as de negro.</p>
<p>&mdash;Listo, B&aacute;rbara.</p>
<p>&mdash;Pero qu&eacute; buen papi el de la ni&ntilde;a &mdash;les sonri&oacute; la vendedora de tintes y maquillajes.</p>
<p>&mdash;&Eacute;sta es mi mu&ntilde;equita &mdash;dijo el hombre.</p>
<p>Y mientras caminaban de nuevo, Marielos sinti&oacute; que ahora la mano &aacute;spera y helada le apretaba la nuca y le sobaba los hombros y se le met&iacute;a poco a poco entre la blusa, aru&ntilde;&aacute;ndole la espalda, empuj&aacute;ndola cada vez m&aacute;s fuerte y cada vez m&aacute;s r&aacute;pido, hasta que salieron de la Plaza Central y luego salieron del pueblo y con demasiada prisa continuaron avanzando hacia la oscuridad del r&iacute;o.</p>
<p align="center">*</p>
<p>El doctor Navarro llevaba treinta y seis horas de turno. Sin dormir. Sin casi comer: media barra de chocolate, una bolsita de almendras tiesas. Cabece&oacute; un par de veces mientras cuidaba una picadura de alacr&aacute;n en el tobillo de un anciano. Se sirvi&oacute; m&aacute;s caf&eacute; y sali&oacute; del hospital &mdash;aunque esa palabra siempre le pareci&oacute; excesiva para describir la peque&ntilde;a y anticuada cl&iacute;nica donde trabajaba&mdash; a fumarse un cigarrillo en la soledad de la calle.</p>
<p>Afuera las cosas ten&iacute;an un barniz de luna llena. El pueblo de Comalapa ol&iacute;a a florifundia, a le&ntilde;a vieja, a cloacas estancadas, a esa dejadez que adquieren siempre los pueblos latinoamericanos. El doctor Navarro se recost&oacute; contra un muro, cerr&oacute; los ojos y se puso a fumar en silencio, un silencio que pronto lo sumergi&oacute; en un estado de letargo, y se adormeci&oacute;, y quiz&aacute;s hasta so&ntilde;&oacute; que estaba de vuelta en la capital, terminados ya sus seis meses de servicio social obligatorio, metido en su propia cama, a la par de su esposa calientita y desnuda.</p>
<p>Tard&oacute; en escuchar los gritos.</p>
<p>Unos campesinos ven&iacute;an directo hacia &eacute;l. Corriendo. Excitados. Uno de ellos cargaba algo sucio y endeble entre los brazos. El doctor Navarro pens&oacute; que era un animal, a lo mejor un perro o un venado atropellado, y maldijo la ignorancia de los campesinos. Lanz&oacute; su cigarrillo encendido hacia la noche.</p>
<p>&mdash;&iexcl;Tenga, doctor!</p>
<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; pas&oacute;! &mdash;recibi&eacute;ndole al campesino el bulto de harapos enlodados y cubiertos de sangre que tambi&eacute;n eran una ni&ntilde;a.</p>
<p>&mdash;Estaba tirada en el r&iacute;o &mdash;dijo con pena el campesino.</p>
<p>&mdash;Boca abajo entre el barro &mdash;agreg&oacute; otro.</p>
<p>&mdash;Ahogadita.</p>
<p>Todos entraron al hospital.</p>
<p>&mdash;&iexcl;Esperen aqu&iacute;! &mdash;les grit&oacute; el doctor Navarro, casi violento, como si ellos fuesen los culpables de que aquella criatura que llevaba ahora entre los brazos estuviese as&iacute; de mutilada.</p>
<p>La coloc&oacute; sobre una camilla. Entre el lodo y un collar de abalorios que a&uacute;n llevaba alrededor del cuello, logr&oacute; detectar un pulso muy d&eacute;bil. Dos enfermeras ya estaban dando vueltas alrededor de la ni&ntilde;a, limpi&aacute;ndola y revis&aacute;ndola y tratando de controlar la hemorragia: el epitelio vaginal estaba efascelado, la vagina estaba totalmente desgarrada.</p>
<p>M&aacute;s tarde, al salir del quir&oacute;fano, el doctor Navarro se enterar&iacute;a de que un hombre hab&iacute;a sido linchado por todos los campesinos del pueblo, quienes despu&eacute;s de rociarlo con gasolina, continuaron azot&aacute;ndolo con palos y garrotes mientras el hombre se revolcaba sobre la Plaza Central, y ard&iacute;a a&uacute;n vivo.</p>
<p align="center">*</p>
<p>Estaba amaneciendo. Zanates volaban negros por la ventana. Lejos, un perro ladr&oacute;.</p>
<p>El doctor Navarro llevaba alg&uacute;n tiempo parado en el umbral de la puerta de la habitaci&oacute;n, los brazos cruzados, observando a Marielos dormir. Pero se le ocurri&oacute; que ella en realidad no dorm&iacute;a, que una ni&ntilde;a as&iacute; ya jam&aacute;s volver&iacute;a a dormir, que jam&aacute;s volver&iacute;a a so&ntilde;ar, que le hab&iacute;an arrancado para siempre todos sus sue&ntilde;os.</p>
<p>&mdash;Buenos d&iacute;as.</p>
<p>&mdash;Alicia, buenos d&iacute;as &mdash;le respondi&oacute; a la enfermera que se hab&iacute;a quedado de pie a su lado, tambi&eacute;n observando a la ni&ntilde;a.</p>
<p>&mdash;Sufre &mdash;suspir&oacute; ella.</p>
<p>El doctor Navarro no dijo nada. Se acerc&oacute; a la cama. Levant&oacute; un p&aacute;rpado de la ni&ntilde;a, luego el otro. Le palp&oacute; la frente. Le tom&oacute; el pulso. Le midi&oacute; la presi&oacute;n arterial y la frecuencia cardiaca. Movimientos mec&aacute;nicos, pens&oacute; &eacute;l.</p>
<p>&mdash;&iquest;Cambiamos el tap&oacute;n de gasa, doctor?</p>
<p>Marielos murmur&oacute; algo incomprensible.</p>
<p>&mdash;&iquest;Doctor?</p>
<p>&Eacute;l se sent&oacute; en la orilla de la cama. Tom&oacute; la peque&ntilde;a mano de la ni&ntilde;a. A&uacute;n ten&iacute;a tierra negra bajo las u&ntilde;as.</p>
<p>&mdash;Me consigue una esponjita h&uacute;meda, Alicia, por favor.</p>
<p>Mientras &eacute;l le limpiaba los dedos, la ni&ntilde;a volvi&oacute; a murmurar algo.</p>
<p>&mdash;Cari&ntilde;o&hellip; &mdash;le susurr&oacute; el doctor Navarro.</p>
<p>Marielos sacudi&oacute; varias veces la cabeza.</p>
<p>&mdash;Se est&aacute; despertando &mdash;dijo la enfermera.</p>
<p>&mdash;Cari&ntilde;o&hellip;</p>
<p>Marielos abri&oacute; despacio los ojos, con alg&uacute;n esfuerzo, y se le qued&oacute; viendo al doctor Navarro, pero el doctor Navarro no pudo determinar si con curiosidad o con p&aacute;nico.</p>
<p>&mdash;Buenos d&iacute;as, Marielos &mdash;le dijo &eacute;l, exageradamente tierno como para calmarla&mdash;. Tus padres ya vienen en camino. Te encuentras en el hospital de Comalapa, cari&ntilde;o. Pero est&aacute;s bien &mdash;dijo, y de inmediato se odi&oacute; a s&iacute; mismo por haberlo dicho.</p>
<p>&mdash;Me duele &mdash;musit&oacute; la ni&ntilde;a entre jadeos.</p>
<p>&mdash;Alicia, aumente la dosis de Diclofenac, por favor.</p>
<p>&mdash;Enseguida, doctor &mdash;mientras con una toalla le limpiaba a la ni&ntilde;a el lodo seco que a&uacute;n ten&iacute;a entre las orejas.</p>
<p>&mdash;Me duele.</p>
<p>&mdash;Esta medicina te quitar&aacute; el dolor, cari&ntilde;o.</p>
<p>El doctor Navarro termin&oacute; de lavarle los dedos. Quiso ponerse de pie, pero la ni&ntilde;a, acaso sin darse cuenta, se hab&iacute;a aferrado a sus manos.</p>
<p>&mdash;Sabes, Marielitos &mdash;dijo la enfermera&mdash;, que nuestro doctor tambi&eacute;n es un mago.</p>
<p>La ni&ntilde;a volvi&oacute; la mirada hacia &eacute;l.</p>
<p>&mdash;Y con su magia, Marielitos, puede hacer que desaparezca tu dolor.</p>
<p>&mdash;As&iacute; es &mdash;dijo el doctor Navarro, liberando una mano y tirando polvos invisibles hacia arriba y sinti&eacute;ndose absurdo.</p>
<p>&mdash;Pero adem&aacute;s, Marielitos &mdash;susurr&oacute; la enfermera como si fuese un secreto entre ellas dos&mdash;, el doctor tambi&eacute;n puede hacer que se cumplan los deseos.</p>
<p>La ni&ntilde;a continu&oacute; observando al doctor Navarro. Una mirada indescifrable, pens&oacute; &eacute;l y luego pens&oacute;: una mirada ya para siempre indescifrable.</p>
<p>&mdash;T&uacute; p&iacute;dele, Marielitos.</p>
<p>El doctor Navarro le sonri&oacute; artificialmente a la ni&ntilde;a.</p>
<p>&mdash;P&iacute;dele un deseo y ver&aacute;s.</p>
<p>&mdash;En realidad, Marielos, yo soy un mago disfrazado de doctor.</p>
<p>&mdash;P&iacute;dele algo &mdash;dijo la enfermera mientras le pasaba la toalla mojada por las rodillas raspadas, por los pies sucios.</p>
<p>La ni&ntilde;a no dejaba de contemplar al doctor Navarro, quiz&aacute;s tratando de decidir si efectivamente era un mago, quiz&aacute;s intentando determinar si valdr&iacute;a la pena confiarlo, quiz&aacute;s comparando su sonrisa blanca con aquella sonrisa de oro, quiz&aacute;s buscando algo en el rostro de un hombre que ya s&oacute;lo ella sab&iacute;a buscar.</p>
<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; deseas, cari&ntilde;o?</p>
<p>Marielos abri&oacute; un poco la boquita, pero r&aacute;pido la cerr&oacute;.</p>
<p>&mdash;Anda, p&iacute;dele, Marielitos &mdash;dijo c&oacute;mplice la enfermera.</p>
<p>Fugazmente, el doctor Navarro se crey&oacute; el juego, y se crey&oacute; un mago, y pens&oacute; en usar esos polvos m&aacute;gicos para devolverle a la ni&ntilde;a todos sus sue&ntilde;os.</p>
<p>&mdash;Una mu&ntilde;equita &mdash;susurr&oacute; Marielos con miedo, y despu&eacute;s, bajando la mirada hasta perderla en alg&uacute;n punto invisible de s&iacute; misma, a&ntilde;adi&oacute;&mdash;: pero una mu&ntilde;equita limpia.</p>
<p>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 17 May 2013 08:44:04 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ryszard Kapuscinski, el último reportero]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/ryszard-kapuscinski-el-ultimo-reportero/</link>
      <description><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/_peq.jpg" alt="" /></p>
<p>&ldquo;Quien ha alcanzado la genuina libertad de esp&iacute;ritu&rdquo;, afirmaba Nietzsche, &ldquo;ha de sentirse como un viajero sin destino seguro&rdquo;. S&oacute;lo &eacute;l ser&aacute; capaz de mirar con ojos bien abiertos todo lo que pasa realmente en el mundo; por eso no deber&aacute; atar su coraz&oacute;n a nada en particular con demasiada fuerza: debe tener as&iacute; algo del vagabundo al que no le disgusta cambiar de paisaje y, en caso necesario, correr el riesgo de perder o arriesgar, si cabe, su identidad. De alg&uacute;n modo, ha sido la mirada indisciplinada y curiosa de este viajero la que mejor ha definido a nuestra contemporaneidad, privada ya de los Grandes Relatos y de las narrativas cl&aacute;sicas de la emancipaci&oacute;n. L&eacute;vi-Strauss, por ejemplo, lo sab&iacute;a muy bien, pero tambi&eacute;n Saint-Exup&eacute;ry, Joseph Conrad, Roland Barthes, Edward Said o Walter Benjamin: es preciso aplicar la mirada del viajero o del etn&oacute;logo a la confusa y poli&eacute;drica realidad de los hechos.</p>
<p>Tal vez por ello, como nos ha recordado una y otra vez Ryszard&nbsp;&mdash;&ldquo;Ricardo&rdquo; para sus amigos espa&ntilde;oles&mdash; Kapuscinski (Pinsk, actualmente Bielorrusia, 1932-Varsovia, 2007) en sus libros, cr&oacute;nicas y reportajes, s&oacute;lo aquel que en alguna medida se puede sentir n&oacute;mada y<em> </em>no se dirige a ning&uacute;n puerto &uacute;ltimo<em>,</em> esto es, quien yerra en esa &ldquo;finalidad sin fin&rdquo; tan caracter&iacute;stica del viaje, es capaz de mirar y detenerse de un modo distinto; de apreciar las cosas de una forma distinta y original. Kapuscinski, que reconoc&iacute;a carecer de una personalidad reflexiva, ha hablado hasta la saciedad de su adictiva necesidad de viajar para poder escribir. &ldquo;Mi vida &mdash;asegura&mdash; ha sido un cruzar constante de fronteras, tanto f&iacute;sicas como metaf&iacute;sicas. &Eacute;se es para m&iacute; el verdadero sentido de la vida&rdquo;.</p>
<p>Curiosamente, aunque hoy es considerado poco menos que un icono del coraje del periodismo valiente y honesto, del compromiso con los m&aacute;s desfavorecidos del Tercer Mundo, Kapuscinski ha demostrado tambi&eacute;n una voluntad inequ&iacute;voca de transgredir g&eacute;neros y romper moldes narrativos en busca de una voz experimental profundamente personal y, al mismo tiempo, sensible a las urgencias de lo real. Ya desde sus primeras obras el joven aprendiz de poeta trat&oacute; de superar la, para &eacute;l obsoleta, divisi&oacute;n tradicional entre el escritor y el reportero. Se ha destacado c&oacute;mo en los materiales aportados por su mirada impresionista se hace patente una curiosidad singular por hacer visible esos rostros habitualmente invisibles en las redes de informaci&oacute;n imperantes. El reportero, como una especie de &ldquo;cazador furtivo de otros campos&rdquo;, recomendaba, tiene que sacar las cosas de otras ramas, de la sociolog&iacute;a, la historia, la antropolog&iacute;a, ha de lograr que el lector sienta que el autor tiene una formaci&oacute;n profunda&rdquo;. &iquest;Algunos ejemplos que le sirvan de modelo? &ldquo;Habr&iacute;a que escribir &mdash;afirmaba en una entrevista&mdash; m&aacute;s libros del tipo de <em>Tristes Tropiques</em>, del antrop&oacute;logo L&eacute;vi-Strauss, o <em>Cool Memories</em>, de Baudrillard&rdquo;.</p>
<p>Con sus cr&oacute;nicas y viajes, el autor de <em>&Eacute;bano</em> ha conseguido, como muchos reconocen, elevar el periodismo al nivel de la obra de arte literaria. Figuras indiscutibles de la talla de Garc&iacute;a Marquez, John le Carr&eacute; o Paul Auster &mdash;&ldquo;No puedo pensar en otro escritor o novelista vivo, poeta o ensayista cuyo trabajo sea m&aacute;s importante que el de Kapuscinski&rdquo;&mdash; no han escatimado elogios a la hora de destacar el valor y originalidad de su trabajo. Un reconocimiento que se explica porque, a caballo entre la digresi&oacute;n filos&oacute;fica, el conocimiento hist&oacute;rico y el periodismo, &eacute;l supo explotar como nadie antes que &eacute;l todas las posibilidades literarias y documentales de la experiencia del viaje, por haber sabido encontrar una voz sincera en su fragilidad y ternura por los desechos y fragmentos.</p>
<p>Los libros de Kapuscinski son generosos por no escudarse en la erudici&oacute;n de lo ya sabido; tambi&eacute;n algo febriles y obsesivos en el uso de la digresi&oacute;n. &ldquo;Dentro de una gota, reflexiona el polaco, hay un universo entero. Lo particular nos dice m&aacute;s que lo general; nos resulta m&aacute;s asequible&rdquo;. No es raro que el lector de sus libros quede sorprendido por su extraordinaria capacidad para la descripci&oacute;n. Mientras se encontraba en &Aacute;frica, significativamente se identifica con el antrop&oacute;logo Levi Strauss. De modo parecido a c&oacute;mo en <em>Tristes tr&oacute;picos</em> el antrop&oacute;logo franc&eacute;s buscaba comprender la alteridad desconocida del hombre occidental, Kapuscinski desarrolla, a trav&eacute;s de una poderosa empat&iacute;a, una aproximaci&oacute;n a los extra&ntilde;os, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades o sus tragedias, ciertamente sorprendente. Lo llamativo de esta perspectiva radica en que es la suya la mirada propia de un exiliado voluntario, la de quien desde la distancia es capaz de advertir aquello que, en su ciega obviedad, pasa desapercibido por unos visitantes demasiado acostumbrados a un determinado lugar o a una cotidianidad regular. Y es que s&oacute;lo el buen extranjero es, a veces, capaz de cuestionar la capa de sentido com&uacute;n, lo &ldquo;normal&rdquo;, y as&iacute; percibirlo como algo extra&ntilde;o, como algo raro, inusual. &ldquo;Mi forma de escribir, confiesa Kapuscinski, es una combinaci&oacute;n de tres elementos. El primero es viajar: no viajar como un turista, sino explorar. El segundo es leer la literatura del lugar. El tercero es reflejar&rdquo;.</p>
<p class="spip">Como Elias Canetti, de quien es admirador fiel, el autor de <em>El Sha </em>parece definir su tarea de cronista en t&eacute;rminos significativamente respiratorios como una suerte de intoxicaci&oacute;n voluntaria en las situaciones atmosf&eacute;ricas de la &eacute;poca. Lo importante no tiene lugar s&oacute;lo en el interior de las personas, sino tambi&eacute;n &ldquo;entre&rdquo; los habit&aacute;culos respiratorios y sus habitantes.<strong> </strong>En su libro <em>&Eacute;bano</em>, por ejemplo, Kapuscinski escribe desde una capital de &Aacute;frica occidental en la que se est&aacute;n produciendo violentas revueltas y protestas. Lo llamativo de su relato es que, en lugar de centrarse, como har&iacute;a cualquier periodista convencional, en los escenarios callejeros de los disturbios, se detiene a describir su desvencijada habitaci&oacute;n en un hotel miserable de un barrio popular. Subrayando, sobre todo, el contexto, el tel&oacute;n de fondo &mdash;un abominable, pegajoso y h&uacute;medo calor reinante, que transforma cada gesto en insoportable esfuerzo&mdash;, el entom&oacute;logo logra situar espl&eacute;ndidamente al lector partiendo del an&aacute;lisis de esa atm&oacute;sfera asfixiante.</p>
<p>Todo ello contribuye a que las obras de Kapuscinski se caractericen por un singular estilo literario. &ldquo;Seiscientas u ochocientas palabras no eran suficientes para m&iacute; &mdash;confiesa&mdash;, para describir la ciudad asediada por combatientes hostiles, los rumores, la solidaridad de la gente, el color de las calles. No, no pod&iacute;a describir la riqueza del mundo que me rodeaba con el idioma period&iacute;stico, no cab&iacute;a en los cables de agencia. As&iacute; que, decid&iacute; que en lugar de irme a tomar whiskey con mis colegas al final del d&iacute;a en alg&uacute;n hotel, me quedaba en un rinc&oacute;n escribiendo, elaborando notas toda la noche. Trabajaba en dos cosas simult&aacute;neamente, en &aacute;mbitos separados. Pero en nuestra profesi&oacute;n, el &eacute;xito se basa en tener una doble vida, vivir en estado de esquizofrenia: ser un corresponsal de agencia &ndash;o un redactor- que cumple &oacute;rdenes, y guardar en alg&uacute;n peque&ntilde;o lugar del coraz&oacute;n, algo para s&iacute;, para la propia identidad, para las ambiciones personales&rdquo;.</p>
<p>Ahora bien, &iquest;por qu&eacute;, cabr&iacute;a preguntarse, Kapuscinski ha sido considerado pr&aacute;cticamente con unanimidad &nbsp;&ldquo;el mejor reportero del siglo&rdquo;? &iquest;Por qu&eacute; su obra nos aparece como un documento imprescindible, incluso mucho m&aacute;s veraz que el de otros para comprender la realidad del siglo veinte y sus hondas contradicciones? &iquest;Existe en la forma de Kapuscinski de acercarse a &ldquo;la verdad&rdquo; un modo privilegiado de conocimiento? Sabemos desde que Truman Capote escribiera su impresionante cr&oacute;nica de <em>A sangre fr&iacute;a</em> que la grandeza del reportaje period&iacute;stico tiene la virtud de reflejar los hechos con una inmediatez y brutalidad desconocida por otros medios. Asimismo, ya en el plano estrictamente filos&oacute;fico, d<em>esde que Marx llamara la atenci&oacute;n sobre la necesidad de &ldquo;mundanizar el pensamiento&rdquo;, contribuyendo con sus art&iacute;culos en la </em><em>Gaceta Renana</em><em>, o Foucault definiera la nueva filosof&iacute;a contempor&aacute;nea como un modo de realizar &ldquo;una ontolog&iacute;a de la actualidad&rdquo; &mdash;su pol&eacute;mica y muy criticada experiencia como reportero en Ir&aacute;n es muy significativa al respecto&mdash;, el periodismo ha asumido quiz&aacute; una mayor responsabilidad en el espacio social: tiene el deber de registrar la experiencia con un contenido de objetividad y de veracidad inigualables. </em>&nbsp;</p>
<p>A tenor de todo esto, n<em>o me parece exagerado afirmar que el periodismo de </em>Kapuscinski surge tambi&eacute;n como un modo &ldquo;mundanizado&rdquo; de hacer filosof&iacute;a, de reflexionar cr&iacute;ticamente al hilo de las realidades del momento.<em> Una situaci&oacute;n de la que </em>el reportero polaco era plenamente consciente: es preciso abandonar el narcisismo cultural, la jerga, los clich&eacute;s autocomplacientes en la actividad period&iacute;stica. Ahora bien, su labor va mucho m&aacute;s all&aacute;: su punto de partida es la cr&oacute;nica sociopol&iacute;tica inmediatamente doblada de reflexi&oacute;n cr&iacute;tica. Hoy, sin embargo, con la aparici&oacute;n de grandes grupos de informaci&oacute;n, corre el riesgo de quedar pervertida por el af&aacute;n sensacionalista y el culto banal al espect&aacute;culo.</p>
<p>&ldquo;En nuestro oficio &mdash;reflexionaba Kapuscinski&mdash; hay algunos elementos espec&iacute;ficos muy importantes. El primer elemento es una cierta disposici&oacute;n a aceptar el sacrificio de una parte de nosotros mismos. Es &eacute;sta una profesi&oacute;n muy exigente Todas lo son, pero la nuestra de manera particular. [...] &Eacute;ste es un trabajo que ocupa nuestra vida, no hay otro modo de ejercitarlo. O, al menos, de hacerlo de un modo perfecto. [...]&rdquo;. Por ello Kapuscinski insist&iacute;a mucho en la degradaci&oacute;n del trabajo period&iacute;stico en los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os. Si el periodista cl&aacute;sico era una persona gozaba en otros tiempos de un respeto, una figura admirada que jugaba un importante papel intelectual en el juego pol&iacute;tico de las sociedades, el periodista actual, sometido a las manipulaciones de los grupos de presi&oacute;n, no tiene ya como prioridad comunicar los aspectos m&aacute;s relevantes de la realidad, los verdaderamente importantes, sino narrar aquellos hechos que m&aacute;s venden.<em> &ldquo;Nuestra profesi&oacute;n &mdash;afirma</em>ba<em>&mdash; siempre se bas&oacute; en la b&uacute;squeda de la verdad. Muchas veces la informaci&oacute;n funcion&oacute; como un arma en la lucha pol&iacute;tica, por la influencia y por el poder. Pero hoy, tras el ingreso del gran capital a los medios masivos, ese valor fue remplazado por la b&uacute;squeda de lo interesante o lo que se puede vender. Por verdadera que sea una informaci&oacute;n, carecer&aacute; de valor si no est&aacute; en condiciones de interesar a un p&uacute;blico que, por otro lado, es crecientemente caprichoso [...] Hoy el soldado de nuestro oficio no investiga en busca de la verdad, sino con el fin de hallar acontecimientos sensacionales que puedan aparecer entre los t&iacute;tulos principales de su medio&rdquo;.</em></p>
<p><strong>Historia y periodismo</strong></p>
<p>Como es f&aacute;cil de deducir, la mirada del viajero contempor&aacute;neo no puede confiar ingenuamente en los Grandes Relatos hist&oacute;ricos. Kapuscinski, no en vano licenciado en historia, aplicaba a sus reportajes una rigurosa lente hist&oacute;rica no siempre advertida. En alg&uacute;n sentido, su trabajo es la prueba evidente de que el mundo no puede ser ya recreado como en las formas de antes, es decir, desde una perspectiva arm&oacute;nica. En un mundo que se acepta inevitablemente como desintegrado, el periodismo para &eacute;l s&oacute;lo tiene alg&uacute;n valor en mostrarlo en su fragmentaci&oacute;n, s&oacute;lo as&iacute; es posible ofrecer de &eacute;l alguna imagen veros&iacute;mil. Esta predilecci&oacute;n de Kapuscinski por la l&oacute;gica del fragmento brilla, por ejemplo, en <em>Lapidarium </em>(Anagrama), su obra m&aacute;s filos&oacute;fica &mdash;&ldquo;Mi sue&ntilde;o fue siempre ser fil&oacute;sofo&rdquo;, confes&oacute;&mdash;, donde se aprecia el influjo afor&iacute;stico y la intensidad de autores como Nietzsche o Cioran.&nbsp;</p>
<p>En ese sentido, no puede negarse que la experiencia del viaje tiene profundas conexiones con una perspectiva hist&oacute;rica diferente, esa &ldquo;intrahistoria&rdquo; de la que hablaba Unamuno. Esta mirada debe atender a &ldquo;todo aquello que ata&ntilde;e a los llamados agentes sociales, a actitudes, mentalidades y problemas cotidianos de las personas de a pie, que constituyen el noventa y nueve por ciento de cualquier sociedad&rdquo;.<em> </em><em>En </em>Kapuscinski no encontramos tanto la preocupaci&oacute;n por recomponer la trama de <em>una historia objetiva cuanto por desarrollar una historia pasada por la criba subjetiva de los otros. Es imposible, pues, y tampoco deseable eliminar ese factor de subjetividad que siempre esta ah&iacute; deformando la realidad. &ldquo;Nunca, afirma, estamos frente la historia real, sino siempre ante una contada, tal como alguien sostiene &mdash;y cree&mdash; que ha sido&rdquo;.</em><em> </em>Esta combinaci&oacute;n de la perspectiva totalizadora del historiador y la atenci&oacute;n al detalle min&uacute;sculo del reportero fue encarnada magistralmente en sus mejores obras como <em>&Eacute;bano </em>&mdash;un conjunto de reportajes sobre el continente africano&mdash;, <em>El Sha</em> &mdash;un an&aacute;lisis de la situaci&oacute;n iran&iacute; y de la figura de Mohamed Reza Pahlevi&mdash; o <em>El Imperio &mdash;</em>cr&oacute;nica del derrumbamiento de la URSS&mdash;, pero tambi&eacute;n en otras en absoluto menores como <em>La guerra del f&uacute;tbol, Un d&iacute;a m&aacute;s con vida, Los cinco sentidos del periodista o El mundo de hoy</em>.</p>
<p>En <em>Los c&iacute;nicos no sirven para este oficio </em>(Anagrama, 2002), un libro compuesto de entrevistas y conversaciones moderadas por Maria Nadotti y que contiene una sugerente discusi&oacute;n con el poeta y escritor John Berger, amigo suyo, Kapuscinsky asegura expl&iacute;citamente que &ldquo;[...] ser historiador es mi trabajo, y estudiar la historia en el momento mismo de su desarrollo, es lo que es el periodismo. Todo periodista es un historiador. Lo que &eacute;l hace es investigar, explorar, describir la historia en su desarrollo. Tener una sabidur&iacute;a y una intuici&oacute;n de historiador es una cualidad fundamental para todo periodista.[...] en el buen periodismo, adem&aacute;s de la descripci&oacute;n de un acontecimiento, ten&eacute;is tambi&eacute;n la explicaci&oacute;n de por qu&eacute; ha sucedido; en el mal periodismo, en cambio, encontramos s&oacute;lo la descripci&oacute;n, sin ninguna conexi&oacute;n o referencia al contexto hist&oacute;rico. Encontramos el relato del mero hecho, pero no conocemos ni las causas ni los precedentes. La historia responde simplemente a la pregunta: &iquest;por qu&eacute;?&rdquo;. No en vano, en <em>Viajes con Her&oacute;doto </em>(Anagrama), publicado en 2006, el autor polaco se identifica con un significativo <em>alter ego</em>:<em> </em>Her&oacute;doto, el primer historiador griego. &ldquo;El hombre contempor&aacute;neo no se preocupa de su memoria individual porque vive rodeado de memoria almacenada", escribe Kapuscinski. &ldquo;En el mundo de Her&oacute;doto, el individuo es pr&aacute;cticamente el &uacute;nico depositario de la memoria. De manera que para llegar a aquello que ha sido recordado hay que ir hacia &eacute;l; y si vive lejos de nuestra morada, tenemos que ir a buscarlo, emprender el viaje, y cuando ya lo encontremos, sentarnos junto a &eacute;l y escuchar lo que nos quiera decir. Escuchar, recordar y tal vez apuntar. As&iacute; es como, a partir de una situaci&oacute;n como &eacute;sta, nace el reportaje&rdquo;.</p>
<p>Evidentemente, Kapuscinsky hab&iacute;a so&ntilde;ado desde joven atravesar todas las fronteras existentes. Leyendo a Her&oacute;doto tambi&eacute;n dejar&aacute; de percibir &ldquo;la existencia de la barrera del tiempo&rdquo;. En este planteamiento el periodista no s&oacute;lo debe intentar ser testigo de todos los acontecimientos que se producen en el lugar de destino; debe saber asimismo lo que ha ocurrido all&iacute; antes y lo que puede suceder en el futuro. Huyendo del &ldquo;provincianismo espacial y temporal&rdquo;, considera necesario vencer adem&aacute;s otra limitaci&oacute;n. Como Chesterton, &eacute;l cre&iacute;a totalmente ilusoria la tendencia contempor&aacute;nea a creer que el mundo &ldquo;es propiedad exclusiva de los vivos, sin participaci&oacute;n alguna de los muertos&rdquo;.</p>
<p>El conocimiento hist&oacute;rico tampoco debe, en aras de una pretendida visi&oacute;n general, pasar por alto las motivaciones psicol&oacute;gicas particulares de los actores secundarios de la historia. Lejos de limitarse a exponer situaciones y realidades sociales, &eacute;l busca interpretar el origen de esas situaciones y realidades. Es aqu&iacute; donde la instalaci&oacute;n en la actualidad del periodista y el af&aacute;n por comprender del historiador se fusionan en un compromiso &eacute;tico. De ah&iacute; tambi&eacute;n su firme convicci&oacute;n de que &ldquo;[...] para tener derecho a explicar se tiene que tener un conocimiento directo, f&iacute;sico, emotivo, olfativo, sin filtros ni escudos protectores, sobre aquello de lo que se habla. [...] Es err&oacute;neo escribir sobre alguien con quien no se ha compartido al menos un poco de su vida&rdquo;.</p>
<p>Leyendo su obra no sorprende que Kapuscinsky declarara que<strong> &ldquo;</strong><strong>para ejercer el periodismo ante todo, hab&iacute;a que ser un buen hombre o una buena mujer, buenos seres humanos.</strong><strong> </strong>Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona se puede intentar comprender a los dem&aacute;s, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias. Y convertirse, inmediatamente, desde el primer momento, en parte de su destino. Es una cualidad que en psicolog&iacute;a se denomina &lsquo;empat&iacute;a&rsquo;. Mediante la empat&iacute;a, se puede comprender el car&aacute;cter propio del interlocutor y compartir de forma natural y sincera el destino y los problemas de los dem&aacute;s. En este sentido, el &uacute;nico modo correcto de hacer nuestro trabajo es desaparecer, olvidarnos de nuestra existencia. Existimos solamente como individuos que existen para los dem&aacute;s, que comparten con ellos sus problemas e intentan resolverlos, o al menos describirlos&rdquo;.</p>
<p><strong>Contra la &ldquo;desmesura&rdquo; del poder</strong></p>
<p>El escritor italiano Claudio Magris, otro admirador de su trabajo, ha destacado tambi&eacute;n en qu&eacute; medida Kapuscinski es un maestro en la descripci&oacute;n de la semiolog&iacute;a del poder, en el an&aacute;lisis de sus signos, ritos, distancias, protocolos y gestos. Habiendo arriesgado la vida tantas veces, es natural que la perspectiva de Kapuscinski no sea una perspectiva neutral, complaciente con el reconocimiento de una memoria siempre tramposa que no pocas veces es tambi&eacute;n c&oacute;mplice con los discursos legitimadores del poder. Seg&uacute;n cuenta en diferentes entrevistas, la experiencia genuinamente europea de vivir su infancia en medio de la violencia de la Segunda Guerra Mundial y la tragedia de la ocupaci&oacute;n nazi de Polonia, fueron hechos decisivos a la hora de forjar su temperamento ir&oacute;nico y su compromiso por rechazar toda forma de dogmatismo. No es extra&ntilde;o que, despu&eacute;s de trabajar como reportero durante m&aacute;s de treinta a&ntilde;os (desde 1964) al servicio de la agencia de prensa m&aacute;s importante de Polonia, la PAP, en la d&eacute;cada de los ochenta, asfixiado por la censura de su pa&iacute;s, empezara a trabajar para la prensa internacional, fundamentalmente para publicaciones tan prestigiosas como el <em>New York Times</em> o el <em>Frankfurter Allgemeine Zeitung</em>. Para entonces, nuestro Premio Pr&iacute;ncipe de Asturias del a&ntilde;o 2003 ya hab&iacute;a sido testigo privilegiado de un sorprendente n&uacute;mero de acontecimientos mundiales; cambios pol&iacute;ticos, golpes de Estado, revoluciones y guerras en pa&iacute;ses del tercer mundo. &ldquo;Lo m&iacute;o no es una vocaci&oacute;n, es una misi&oacute;n. No me habr&iacute;a sometido a esos peligros, si no sintiera que hay algo abrumadoramente importante &ndash;sobre la historia, sobre nosotros&ndash; que siento que me obliga a hacerlo. Eso es m&aacute;s que periodismo&rdquo;, declar&oacute; ya en 1987 a la revista inglesa de literatura <em>Granta</em>.</p>
<p>&ldquo;Es el a priori del dolor &mdash;el que a uno se le hagan tan dif&iacute;ciles las cosas m&aacute;s sencillas de la vida&mdash; lo que [...] abre cr&iacute;ticamente los ojos. [...] Son los heridos graves de la cultura los que con grandes esfuerzos encuentran algunos remedios curativos y hacen girar la rueda de la cr&iacute;tica&rdquo;. Estas palabras de Walter Benjam&iacute;n muy bien podr&iacute;an ser suscritas por Kapuscinski, alguien que experiment&oacute; en sus propias carnes la pobreza y que b&aacute;sicamente se form&oacute; de forma autodidacta. Como ya se ha comentado, su ni&ntilde;ez en la peque&ntilde;a localidad de Pinsk fue especialmente dura. Nada m&aacute;s iniciarse la Segunda Guerra Mundial, su familia tuvo que huir hacia el centro, a una aldea m&aacute;s pobre y analfabeta que su ciudad natal. Durante la guerra, los polacos dif&iacute;cilmente pod&iacute;an estudiar m&aacute;s de siete a&ntilde;os de educaci&oacute;n primaria. Su caso no fue distinto. Su formaci&oacute;n ten&iacute;a graves lagunas y, como reconoce, comenz&oacute; muy tarde a leer, a escribir y a estudiar.</p>
<p>En los relatos de Kapuscinski llama la atenci&oacute;n el contraste entre el hieratismo del poder desmesurado, momificado e inm&oacute;vil y la fluidez de la vida del pueblo llano. Si en una obra como <em>El Imperio</em>, &ldquo;Stalin &mdash;afirma Claudio Magris, termina por parecerse al negus Neghesti abisinio, sentado, circunspecto y desconfiado, en el trono, idolatrado y escrutado con temor cada vez que frunc&iacute;a las cejas, pero pasivamente ignorante de lo que realmente suced&iacute;a en torno a &eacute;l y en el pa&iacute;s&mdash;, en <em>&Eacute;bano </em>la vida africana se define justamente por una vitalidad desbordante. &Aacute;frica es un espacio donde los l&iacute;mites individualistas son sin&oacute;nimo de desgracia, un espacio que se articula en una tradici&oacute;n y estructura colectivista, &ldquo;pues s&oacute;lo dentro de un grupo bien avenido se pod&iacute;a hacer frente a unas adversidades de la naturaleza que no paraban de aumentar&rdquo;.</p>
<p>De alg&uacute;n modo, quien m&aacute;s insisti&oacute; en la necesidad de que el periodista dejase de blindarse tras el cinismo fue tambi&eacute;n a lo largo de su vida un gran esc&eacute;ptico apasionado. Kapuscinski no es ingenuo en sus planteamientos, y descubre desde muy temprano que los cambios profundos son muy dif&iacute;ciles de consolidar; que las transformaciones revolucionarias a veces terminan siendo peor o igual que las desgracias e injusticias que combaten. El bistur&iacute; con el que analiza la situaci&oacute;n africana en <em>&Eacute;bano</em>, para muchos su obra maestra, es un buen ejemplo al respecto. Muestra c&oacute;mo el &Aacute;frica de los se&ntilde;ores de la guerra y sus soberanos genera nuevas v&iacute;ctimas: las mujeres y los ni&ntilde;os. El continente embargado por la euforia a causa de su independencia no tarda mucho en sumirse en el desencanto ante el hecho de que las voraces elites de los estados independientes &ldquo;se dedicaban a llenarse los bolsillos lo m&aacute;s aprisa posible&rdquo;. Amargamente Kapuscinski revela un paisaje desolador: &ldquo;[...] La pobreza y la decepci&oacute;n de los de abajo, y la codicia y la voracidad de los de arriba crean un ambiente emponzo&ntilde;ado y minado que el ej&eacute;rcito olfatea; present&aacute;ndose como defensor de los humillados y ofendidos, abandona los cuarteles y alarga la mano para tomar el poder&rdquo;. Es m&aacute;s, en algunas reflexiones, Kapuscinski parece seguir la divisa lampedusiana de que &ldquo;todo ha de cambiar para que todo sigue igual&rdquo;. Los nuevos poderes sigue alimentando el miedo y la ignorancia, los intelectuales, nuevamente perseguidos, una nueva jerarqu&iacute;a totalitaria derroca a la precedente. Y la miseria sigue siendo la norma...<strong> </strong><strong></strong></p>
<p>En otra de sus obras maestras, <em>El sha o la desmesura del poder </em>(Anagrama), Kapuscinski muestra c&oacute;mo, despu&eacute;s de la euforia revolucionaria viene la resaca: &iquest;Qu&eacute; hacer una vez que los miembros de los comit&eacute;s revolucionarios, una vez tomado el poder, adoptan los mismos mecanismos autoritarios que hab&iacute;an combatido, &ldquo;de un modo mec&aacute;nico y subconsciente&rdquo;. Pese a todo ello, en Kapuscinski el realismo del esc&eacute;ptico nunca utiliza esta coartada para combatir las injusticias. Para &eacute;l, e<em>l verdadero periodismo es intencionalmente transformador de la realidad social e intenta provocar alg&uacute;n tipo de cambio. </em>No es raro que afirmara a menudo que el tema de su vida eran los pobres, un &ldquo;tercer mundo&rdquo; que en &eacute;l no alude tanto a un t&eacute;rmino geogr&aacute;fico o racial sino existencial. Cre&iacute;a que el silencio de los pobres obligaba moralmente a que el periodista hablara por ellos, y &eacute;l lo hizo continuamente<strong>. </strong>&Eacute;l fue uno de los periodistas que mejor reflej&oacute; en sus reportajes la vida de lo que Michel Foucault llamar&iacute;a &ldquo;hombres infames&rdquo;, esto es, esas existencias casi siempre borradas de las letras may&uacute;sculas de las narraciones hist&oacute;ricas. Su lente microhist&oacute;rica busca aferrarse casi desesperadamente al valor exacto de lo individual para desde all&iacute; desenmascarar con rabia o sarcasmo las vacuas ficciones ideol&oacute;gicas de la Gran Historia. En estos escenarios deshabitados por la historiograf&iacute;a de los grandes acontecimientos &eacute;l encuentra la atenci&oacute;n a las min&uacute;sculas que brinda el arte y la poes&iacute;a, una pasi&oacute;n que, como ya se ha insistido, cultiv&oacute; desde su juventud.</p>
<p>Significativamente, para Kapuscinski el concepto de compromiso no es tanto un concepto pol&iacute;tico que haga hincapi&eacute; en los deberes sociales del escritor, la obligaci&oacute;n moral de comprometerse con la sociedad en la que le ha tocado vivir, cuanto una concepci&oacute;n filos&oacute;fica extremadamente sensible a la importancia del lenguaje, de toda lengua viva. De ah&iacute; que no haya compromiso del escritor que no sea una apolog&iacute;a indirecta de la palabra. Para &eacute;l, y como sab&iacute;a Plat&oacute;n, el lenguaje no es inocente, sino un arma muy peligrosa. Lejos de representar la figura del intelectual &ldquo;prof&eacute;tico&rdquo;, alguien que hasta hace poco tomaba la palabra y se le reconoc&iacute;a el derecho a hablar como maestro de la verdad y la justicia como representante de lo universal, Kapuscinski trata siempre de hacer escuchar <em>la voz de</em><em> los otros</em>. En su prol&iacute;fica labor como cronista, no pocas veces late la rabia contenida de que no vivimos en el mejor de los mundos posibles. Tal vez por ello, fiel a s&iacute; mismo, en su visi&oacute;n cr&iacute;tica de las injusticias y males de nuestras sociedades, siempre supo conjugar el optimismo de la voluntad y el pesimismo de la inteligencia. El buen reportero debe ser un hombre de gran resistencia f&iacute;sica y ps&iacute;quica, resistente a la depresi&oacute;n.<strong></strong></p>
<p><strong>El desaf&iacute;o de la alteridad</strong></p>
<p>Habl&aacute;bamos al principio de la relaci&oacute;n de Kapuscinski con la experiencia formativa del viaje y la mirada etnol&oacute;gica. Se dice incluso que, en el momento de su muerte, preparaba un libro sobre el antrop&oacute;logo polaco Bronislaw Malinowski, quien negaba la existencia de culturas superiores e inferiores. No es un dato balad&iacute;. El reportero-etn&oacute;logo est&aacute; obligado metodol&oacute;gicamente a dejar de lado los prejuicios y explorar lo que no est&aacute; en la superficie a la hora de acercarse a las culturas y sociedades. Como Malinowski, Kapuscinski intuye que para entender al Otro hay que implicarse activamente en su universo emocional y antropol&oacute;gico.</p>
<p>Tampoco es ninguna casualidad que, en su discurso acad&eacute;mico<strong> </strong><strong>pronunciado en el acto de investidura como Doctor <em>Honoris Causa</em> en la Universitat Ramon Llull</strong><strong>,</strong> Kapuscinski elligiera el tema de &ldquo;El encuentro con el otro&rdquo;. Para &eacute;l, que gustaba ser definido como un &ldquo;traductor intercultural&rdquo;, el periodismo serv&iacute;a para comprender el aut&eacute;ntico desaf&iacute;o de nuestro tiempo: un encuentro con la alteridad en alg&uacute;n sentido in&eacute;dito en la historia. Sus libros de reportajes tienen como tel&oacute;n de fondo de hecho un momento hist&oacute;rico decisivo: en la segunda mitad del siglo XX dos tercios de la poblaci&oacute;n mundial se liberan del yugo colonial y se convierten en ciudadanos de Estados independientes, al menos desde el punto de vista formal. &ldquo;Poco a poco, esas personas empiezan a descubrir su propio pasado, sus mitos y leyendas, sus ra&iacute;ces y su identidad. Una vez descubierta y asumida esta &uacute;ltima, se sienten orgullosas de ella. Esos hombres y mujeres empiezan a sentirse ellos mismos, sus propios amos y due&ntilde;os de su destino, y les resulta odioso que se los trate como objetos, como extras, como v&iacute;ctimas pasivas de un antiguo dominio ajeno&rdquo;. Kapuscinski pone de manifiesto c&oacute;mo hoy nuestro planeta, habitado durante siglos por un pu&ntilde;ado de hombres libres e ingentes masas de hombres esclavizados, se va llenando de naciones y comunidades cuyo sentimiento de su propio valor e importancia no cesa de crecer, como tampoco cesa de aumentar su n&uacute;mero. Este proceso a menudo transcurre en medio de inmensas dificultades, de conflictos y tragedias que arrojan estremecedores saldos de v&iacute;ctimas.</p>
<p>En rigor, la obra period&iacute;stica y ensay&iacute;stica de Kapuscinski puede entenderse como una constante b&uacute;squeda del rostro del Otro concreto, no ese gen&eacute;rico abstracto, como un encuentro con esa alteridad cercana pero ignorada, cuyo desconocimiento corre el riesgo de cultivar el germen del odio y de la guerra. Merece la pena reflexionar sobre el hecho de que, despu&eacute;s de todo el revuelo cultural en torno al &ldquo;supuesto choque de civilizaciones&rdquo;, lo m&aacute;s dif&iacute;cil para cierta <em>intelligentsia</em> occidental sea simplemente estar la altura de la simple, aunque elocuente, desnudez de los datos emp&iacute;ricos. Para Kapuscinski si algo necesitamos en nuestra situaci&oacute;n no es aventar el fantasma de la amenaza del Otro con conceptos simplificadores, sino m&aacute;s bien limar &ldquo;el choque de ignorancias&rdquo;. &Eacute;l fue tambi&eacute;n un testigo privilegiado de una serie de transformaciones decisivas en la vida pol&iacute;tica y econ&oacute;mica del siglo veinte, una &eacute;poca, seg&uacute;n sus propias palabras, &ldquo;extremadamente fascinante&rdquo;. La disoluci&oacute;n del colonialismo y el triunfo de la globalizaci&oacute;n de la econom&iacute;a m&aacute;s all&aacute; del Estado-naci&oacute;n a su modo de ver han desembocado en una experiencia &uacute;nica: la creaci&oacute;n de un planeta independiente, algo que considera una caracter&iacute;stica positiva.</p>
<p>&nbsp;&ldquo;El gran descubrimiento del hombre &mdash;asegura Kapuscinski&mdash; no fue el de la rueda sino el del Otro, ese momento en el que cuando la primera tribu-familia de ciento cincuenta&nbsp; miembros que viv&iacute;a entre los dos r&iacute;os en Mesopotamia se top&oacute; con otra tribu-familia y ambos se dieron cuenta de que no estaban solos [...]. Ante este hallazgo, tres reacciones aparecen continuamente en la historia: ignorarlo, entablar contacto (comercio) o guerrear&rdquo;. Todos sus libros abogan por un pensamiento que sea capaz de pensar globalmente, &ldquo;que derive en un lento aprendizaje de la aceptaci&oacute;n de lo distinto a uno mismo, de la renuncia a un centro, a una representaci&oacute;n &uacute;nica. [...] Quiz&aacute; podr&iacute;amos darnos cuenta de que hay espacio para todos y que nadie tiene m&aacute;s derecho de ciudadan&iacute;a que los dem&aacute;s&rdquo;.</p>
<p>Si algo ha aprendido nuestra cultura contempor&aacute;nea, entre otras figuras con la de&nbsp; Kapuscinski, es que el viaje de la reflexi&oacute;n occidental no regresa ya al hogar de partida. Ya no podemos identificarnos con la vieja figura de Odiseo sino, acaso, con un jud&iacute;o errante que ha de reflexionar sobre el Otro. Y no s&oacute;lo porque hoy ning&uacute;n sujeto puede decir con toda certeza que se encuentra &ldquo;en casa&rdquo; o &ldquo;en s&iacute; mismo&rdquo;, sino tambi&eacute;n porque aquello que denomin&aacute;bamos &ldquo;lo Otro&rdquo; ha empezado a reclamar y a plantear la insurrecci&oacute;n de su mirada marginada. Un Otro que tambi&eacute;n nos observa desde categor&iacute;as bien distintas, aparentemente sin sentido, absurdas. El marco desde el que observaba el espectador cl&aacute;sico hab&iacute;a quedado desbordado, el mundo parece irremediablemente abierto a la incertidumbre. Y, como afirmaba Kapuscinski, &ldquo;[..] ca&iacute;das las grandes ideolog&iacute;as unificadoras y, a su manera, totalitarias, y en crisis todos los sistemas de valores y de referencia apropiados para aplicar universalmente, nos queda, en efecto, la diversidad, la convivencia de opuestos, la contig&uuml;idad de lo incompatible. [...] el concepto de totalidad existe en la teor&iacute;a, pero nunca en la vida&rdquo; ( <em>Los c&iacute;nicos no sirven para este oficio</em>).</p>
<p>Basta leer sus an&aacute;lisis sobre las nuevas condiciones de las actuales burocracias africanas o <em>El Imperio </em>y su conmovedora descripci&oacute;n de la eliminaci&oacute;n de los campesinos ucranianos en el marco de la llamada &ldquo;colectivizaci&oacute;n de la tierra&rdquo; para darse cuenta de c&oacute;mo otra de las preocupaciones fundamentales de este viajero pertinaz era el tema de la migraci&oacute;n y el desarraigo. Kapuscinski cree<strong> </strong>evidente que el aumento indiscriminado de datos, reclamos y mercanc&iacute;as es directamente proporcional al decrecimiento de nuestra experiencia del mundo. El planeta, en efecto, parece comprimirse, pero s&oacute;lo lo experimentamos &ldquo;de segunda mano&rdquo;, a trav&eacute;s de unos medios que convierten una noticia del rinc&oacute;n m&aacute;s alejado del planeta en algo simult&aacute;neo. Pero aqu&iacute; est&aacute; la paradoja: cuanto m&aacute;s intercomunicado est&aacute; el mundo, m&aacute;s opaca es la mirada al todo. Nuestro trabajo, nuestra salud, nuestro consumo no son sino el &uacute;ltimo eslab&oacute;n de una cadena causal que no dominamos.</p>
<p>De ah&iacute; tambi&eacute;n la profunda perplejidad del hombre globalizado: el antiguo mundo de la vida ya no es un espacio protegido sino m&aacute;s vulnerable. En el pasado, la excesiva proximidad a los proyectos hist&oacute;ricos particulares imped&iacute;a ver la Tierra como objeto de preocupaci&oacute;n global. La globalizaci&oacute;n era, de alg&uacute;n modo, algo que se realizaba a nuestras espaldas. Hoy, a diferencia de la ingenuidad de otras &eacute;pocas, a ra&iacute;z de las continuas amenazas terroristas, ecol&oacute;gicas, del incesante flujo econ&oacute;mico del capital o de noticias positivas como la cooperaci&oacute;n global o la universalizaci&oacute;n de la opini&oacute;n p&uacute;blica, no podemos permitirnos el lujo de ser provincianos. Cuando decimos "nosotros", estamos obligados a referirnos a la humanidad entera. Si no pensamos en la globalizaci&oacute;n, ella lo har&aacute; por nosotros:<strong> </strong>&ldquo;La globalizaci&oacute;n &mdash;sostiene<strong> </strong>Kapuscinski&mdash; es un fen&oacute;meno contradictorio de dos corrientes distintas. Es un r&iacute;o de integraci&oacute;n de toda la tecnolog&iacute;a, el mundo financiero, los medios de comunicaci&oacute;n, pero simult&aacute;neamente es otro r&iacute;o en direcci&oacute;n opuesta que lleva a la desintegraci&oacute;n, con conflictos &eacute;tnicos, con ambiciones regionales, con tendencias particulares, en una gran corriente que vive y se desarrolla en contra de la misma globalizaci&oacute;n&rdquo;.<strong> </strong></p>
<p>Tal vez lo dicho sirva para invitar a la lectura de los libros de Kapuscinski. Su atemperada agudeza y olfato para husmear all&iacute; donde no le llamaban, su falta de prejuicios te&oacute;ricos para mirar crudamente a la cara de su tiempo han hecho de &eacute;l un aut&eacute;ntico cl&aacute;sico. En un siglo desquiciado, exagerado, tendente a los &ldquo;extremos&rdquo;, en una &eacute;poca incendiaria, supo encarnar, para bien o para mal, cierta mesura, cierto sentido com&uacute;n no exento de filo cr&iacute;tico; fue, en cierto modo, un testigo fiel de un siglo, el veinte, especialmente turbulento. Lo dijo tambi&eacute;n el periodista Alfonso Armada en el diario <em>ABC</em> con ocasi&oacute;n de la bella necrol&oacute;gica que le dedic&oacute; tras su muerte: &ldquo;Kapuscinski ten&iacute;a lo que hay que tener para ser un extraordinario reportero: humildad para ponerse a la altura de los ojos de su interlocutor, soberano o enterrador; la exactitud de un entom&oacute;logo, un historiador o un astr&oacute;nomo [...]; curiosidad insaciable [...]; valor para ponerse a prueba jug&aacute;ndosela donde ya no queda nadie para contarlo, nadie con un altavoz donde propagar lo que se ha visto y no se pierda [...]; compasi&oacute;n hacia quienes no s&oacute;lo suelen sufrir la historia, y mucho menos para hacerla suya, para cambiar su destino; resistencia frente a las adversidades, los flacos presupuestos, la desidia o la pereza de los jefes alejados de los campos de batalla o de los campos de algod&oacute;n; perseverancia para comprobar hasta el &uacute;ltimo rasgu&ntilde;o; y el &uacute;ltimo dato, para que no quede el relato cojo, incompleto, falso por ese mal tan extendido que deduce que &lsquo;da lo mismo&rsquo;, cuando ah&iacute; reside el principio de nuestro deshonor, y estilo: el de su alma, la de un hombre cercano capaz de encender hogueras de palabras que calientan e iluminan m&aacute;s que el fuego&rdquo;.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 17 May 2013 08:30:41 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De Igual Color]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/de-igual-color/</link>
      <description><![CDATA[<p><img style="float: right;" title="Ana Mar&iacute;a Navales" src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/ana-maria-navales.jpg" alt="Ana Mar&iacute;a Navales" /></p>
<p>Abro los ojos a los colores,<br /> negro, rojo, amarillo, blanco...<br /> y todos tienen la misma luz.</p>
<p>A veces alguno muere<br /> frente a las tapias del miedo<br /> que levantaron seres sin rostro<br /> en distintos campos de batalla.</p>
<p>&iquest;Qui&eacute;n decret&oacute; que fuera<br /> el negro de luto, de ara&ntilde;ar<br /> en el coraz&oacute;n del dolor,<br /> que el blanco se hiciera gris<br /> cuando se envuelve de indiferencia<br /> o que el amarillo se hundiera<br /> en vastos arrozales encharcados?</p>
<p>Hay un ma&ntilde;ana de un solo color<br /> que muestran las manos abiertas<br /> al viento libre de las calles,<br /> donde los hijos de la pobreza<br /> y el desamparo se cobijan,<br /> frutos del &aacute;rbol del tiempo<br /> que esperan, entre el sol y la lluvia,<br /> a que crezca el d&iacute;a del amor<br /> y acabe con las trampas y espinas<br /> que sembraron en la selva<br /> algunos que a&uacute;n se llaman hombres.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 17 May 2013 08:29:10 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ignacio Martínez de Pisón]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/ignacio-martinez-de-pison/</link>
      <description><![CDATA[<p><span style="font-size: medium;"><strong>Cartapacio: Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n</strong></span></p>
<p><em>El mundo novel&iacute;stico de Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n.</em> Jos&eacute; Mar&iacute;a Pozuelo Yvancos</p>
<p><em>La geometr&iacute;a del desamparo en los cuentos de Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n.</em> Fernando Valls</p>
<p><em>Trascendencia de la familia en las novelas de Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n.</em> Ram&oacute;n Ac&iacute;n</p>
<p><em>Papel y celuloide: carreteras paralelas.</em> Pablo P&eacute;rez Rubio</p>
<p><em>Leyendo El d&iacute;a de ma&ntilde;ana.</em> Jos&eacute;-Carlos Mainer</p>
<p><em>Dientes de leche: la Guerra Civil espa&ntilde;ola y la imposible reconciliaci&oacute;n.</em> Jos&eacute; Belmonte Serrano y Marco Succio</p>
<p><em>La raz&oacute;n humilde.</em> Jordi Gracia</p>
<p><em>Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n o el relato de los secretos de la vida.</em> J. Ernesto Ayala-Dip</p>
<p><em>Aragon&eacute;s total</em>. Enrique Vila-Matas</p>
<p><em>Iznacio.</em> David Trueba</p>
<p><em>Las palabras justas.</em> Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget</p>
<p><em>Las otras escrituras de Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n.</em> Antonio P&eacute;rez Lasheras</p>
<p><em>La intimidad de la gente corriente.</em> Daniel Gasc&oacute;n</p>
<p><em>La Zaragoza de Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n.</em> Jos&eacute; Luis Melero</p>
<p><em>La noche que llegu&eacute; a El &Aacute;ngel Azul.</em> Luis Alegre</p>
<p><em>Emilio Mart&iacute;nez L&aacute;zaro: &laquo;La narrativa de Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n es muy f&aacute;cilmente adaptable al cine&raquo;.Eduardo Larrocha</em><br /><em>M&oacute;nica Mart&iacute;n: &laquo;Para Ignacio, escribir es su manera de estar en el mundo y tratar de entenderlo&raquo;. </em>Francisco Luis del Pino Olmedo</p>
<p><em>Mariposas en el est&oacute;mago.</em> Rodolfo Notivol</p>
<p><em>La buena reputaci&oacute;n.</em> Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n</p>
<p><em>Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n: &laquo;La realidad teje historias tan literarias que yo mismo tendr&iacute;a problemas para crearlas&raquo;.</em> Fernando del Val</p>
<p><em>Biocronolog&iacute;a de Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n.</em> Pedro Moreno P&eacute;rez</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 08 May 2013 08:30:23 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El mundo novelístico de Ignacio Martínez de Pisón]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/el-mundo-novelistico-de-ignacio-martinez-de-pison/</link>
      <description><![CDATA[<p><img style="float: right; margin-left: 15px;" title="Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n" src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/ignacio-martinez-pison-int.jpg" alt="Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n" /></p>
<p>El mundo novel&iacute;stico de Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n es dilatado, y se ha venido afianzando en una progresi&oacute;n creciente, desde 1983 hasta que, casi treinta a&ntilde;os despu&eacute;s de haber comenzado a publicar, ha conseguido con su novela <em>El d&iacute;a de la ma&ntilde;ana</em> (2011) el reconocimiento nacional del premio de la Cr&iacute;tica, que viene a hacer oficial lo que los lectores iban sabiendo: que se encontraban con uno de nuestros narradores m&aacute;s solventes, due&ntilde;o de una obra s&oacute;lida que b&aacute;sicamente ha servido para mantener una renovada apuesta por la conexi&oacute;n de la literatura con la realidad, en formas narrativas herederas del realismo, pero modificador de ellas por distintas maneras que me propongo analizar. Sus novelas trazan un dibujo en que casa muy bien lo interior y lo exterior, lo psicol&oacute;gico y lo social, la historia familiar y la cr&oacute;nica pol&iacute;tica, hasta logar un cuadro muy coherente de la vida sentimental y pol&iacute;tica de la Espa&ntilde;a de la segunda mitad del siglo XX.</p>
<p>Las dualidades a las que me he venido refiriendo, interior/exterior, sentimental/pol&iacute;tico, personal/social, tienen adem&aacute;s la particularidad de delimitar dos &aacute;mbitos de predominancia en el desarrollo de su propia obra novel&iacute;stica. Podr&iacute;a decirse que hay en ella dos etapas: la primera comprender&iacute;a el ciclo formado por cuatro <em>novelas familiares</em>, que comienza con la infancia de <em>La ternura del drag&oacute;n</em>, la adolescencia de <em>Carreteras secundarias</em>, ambas edades asimismo en tr&aacute;nsito en <em>Mar&iacute;a bonita</em>, y que culminan con el acceso a la juventud liberadora del nido de los padres por parte de tres hermanas de una familia burguesa de Zaragoza en <em>El tiempo de las mujeres</em> (2003), la novela m&aacute;s ambiciosa y lograda de esta primera etapa con la que Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n pone broche a su ciclo social-familiar.</p>
<p>El segundo ciclo comienza ya con la que pas&oacute; como novela juvenil, la titulada <em>Una guerra africana</em> (2000), ambientada en la guerra de Ifni, pero obtiene un reconocimiento masivo de p&uacute;blico y cr&iacute;tica con una cr&oacute;nica narrativa de hechos reales, titulada <em>Enterrar a los muertos</em> (2005), que persigue la verdadera historia no contada de Jos&eacute; Robles, asesinado por los comunistas junto a quienes luchaba en tanto miembro de las Brigadas Internacionales. Tanto la novela de ficci&oacute;n Una guerra africana como este libro de narrativa de no ficci&oacute;n marcar&aacute;n ya una direcci&oacute;n decisiva en su obra, puesto que Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n no abandonar&aacute; su inter&eacute;s por la vida pol&iacute;tica y la historia colectiva. Lo que ocurre es que sus dos&nbsp; novelas siguientes, tituladas <em>Dientes de leche</em> (2008) y <em>El d&iacute;a de ma&ntilde;ana</em> (2011), suponen el casamiento de las dos direcciones que he enunciado porque se sirve de unas historias familiares-personales recorridas en un fondo socio-pol&iacute;tico: en <em>Dientes de leche</em> por medio de la vida durante la transici&oacute;n de los descendientes de un fascista italiano que luch&oacute; en el frente del Ebro a favor de Franco; en <em>El d&iacute;a de ma&ntilde;ana</em> por la persecuci&oacute;n a trav&eacute;s de testimonios de quienes le conocieron de la historia de un chivato de la polic&iacute;a durante el franquismo en Barcelona. Estas dos novelas permiten a Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n unir de manera decisiva las dos facetas anteriores, en un vaiv&eacute;n muy bien orquestado entre lo personal y los contextos familiares y lo pol&iacute;tico social.</p>
<p><strong>El ciclo de novelas familiares</strong></p>
<p>Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n entra en la novela publicando en 1985 la novela corta <em>La ternura del drag&oacute;n</em>, fechada en Barcelona en 1983 y que hab&iacute;a conseguido el a&ntilde;o siguiente el Premio Casino de Mieres. Es una novela en la que asoman ya dos rasgos que estar&aacute;n presentes en la primera etapa de su narrativa: trata del mundo familiar a los ojos de un ni&ntilde;o enfermo, recluido en casa de sus abuelos, y tambi&eacute;n se plantea en ella un topos que ser&aacute; nuclear de toda su narrativa: la dial&eacute;ctica apariencia/realidad. Tras la cortina de un mundo feliz, se esconde otro mundo, lleno de secretos y violencias que turban el entorno del ni&ntilde;o. Comienza la novela en una casa feliz de burgues&iacute;a acomodada, pero vamos sabiendo conforme avanza sus infiernos inconfesados. Al final conocemos que el abuelo que al principio sosten&iacute;a la tolerancia y la amabilidad, y era c&oacute;mplice del ni&ntilde;o en favorecer su libertad, en realidad maltrataba a su&nbsp;mujer, se entend&iacute;a con la criada con la que huye y finalmente se llevaba todos los objetos valiosos de la casa. Cuando regresa al cabo de un tiempo est&aacute; hecho trizas, es un hombre destrozado.</p>
<p>De hecho lo m&aacute;s llamativo de esta novela es su progresi&oacute;n, la vida de los abuelos del ni&ntilde;o, que hab&iacute;a comenzado id&iacute;licamente reconstruida, se torna horrible hasta desencadenar en un desenlace atroz, casi se dir&iacute;a que cruel, descrita con tintes casi naturalistas. La enfermedad de la abuela la lleva a ser una autista, invalidada y a negarse a comer otra cosa que plantas, Miguel queda casi desasistido, porque su madre aparece cuando puede, pues su trabajo la lleva fuera, etc.</p>
<p>Para dar relieve a esta historia familiar del ni&ntilde;o Miguel, Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n se sirve de dos elementos estil&iacute;sticos sobresalientes: por un lado la importancia de la perspectiva y por otro la importancia de la literatura que el ni&ntilde;o ha le&iacute;do o est&aacute; leyendo. El mundo de las novelas finalmente le proporciona claves de huida, de salvaci&oacute;n y a veces de explicaci&oacute;n de cuanto ocurre. Pero no se entienda que perspectivismo y meta-literatura son compartimentos estancos. Al contrario, est&aacute;n entreverados: el ni&ntilde;o ve las cosas muchas veces desde los libros o desde los personajes u objetos de ellos. Tanto es as&iacute;, tan penetrado se muestra su mundo por la esfera de la imaginaci&oacute;n literaria que uno de los aciertos m&aacute;s&nbsp; sobresalientes de la novela es haber dejado muchas veces indefinidos los l&iacute;mites de lo que Miguel realmente vive y de lo que pertenece a una imaginaci&oacute;n irreal. Quiz&aacute; el caso m&aacute;s visible de esa indeterminaci&oacute;n pueda ser la presencia en el desv&aacute;n de un loro, al que hace llamar Capit&aacute;n Flint en homenaje a <em>La isla del tesoro</em> de Stevenson. Es un loro que le han regalado pero que su abuela hace encerrar en el desv&aacute;n, y finalmente se convierte en el &uacute;nico interlocutor que el ni&ntilde;o tiene. &iquest;La presencia de ese loro es real o imaginaria? El narrador no lo aclara del todo, y queda al albur del propio lector,&nbsp; sometido como est&aacute; a la perspectiva del ni&ntilde;o. Para que ocurra tal fen&oacute;meno de falta de concreci&oacute;n importa que aunque la novela est&eacute; narrada en tercera persona, todo lo que se cuenta es lo que el ni&ntilde;o ve, percibe, atisba, sospecha, conjetura o teme.</p>
<p>Es muy destacable la importancia del &iacute;ncipit de la novela. Desde sus primeras frases est&aacute; presente la imaginaci&oacute;n literaria como veh&iacute;culo metamorfoseador e idealizante: &laquo;Entrar en casa de sus abuelos fue para Miguel lo mismo que entrar en una novela, porque solo en una novela era imaginable entrar en aquel mundo magn&iacute;fico&raquo; (p. 5)<sup>1</sup> y un poco m&aacute;s delante de esa p&aacute;gina leemos: &laquo;era como si ante sus ojos alguien pasara con rapidez las p&aacute;ginas de un<br />libro m&aacute;gico&raquo;. Junto a la constante y expl&iacute;cita comunicaci&oacute;n metaliteraria en general, se concreta asimismo en toda la novela con la inserci&oacute;n de citas de personajes y obras que van constituyendo el mundo lector de Miguel, quien recluido por una enfermedad a los l&iacute;mites de su cama y poco despu&eacute;s a los de la habitaci&oacute;n y el sal&oacute;n, lee mucho: aparecen las aventuras de Tint&iacute;n, <em>La isla del tesoro</em>, novelas de Julio Verne (que su abuela y m&eacute;dico entienden perniciosas porque &laquo;vician su imaginaci&oacute;n&raquo;). Junto a lo le&iacute;do lo o&iacute;do al abuelo, donde entran mitos y h&eacute;roes cl&aacute;sicos (Orfeo, Narciso,&nbsp; Tiresias). Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n hace que la literatura impregne toda la novela, puesto que hay parodias de poetastros como el que escribe <em>El cen&aacute;culo del Tabern&aacute;culo</em>, o bien se alude a la amistad del abuelo con el poeta Federico,&nbsp; asesinado por unos se&ntilde;ores de pelo aplastado y autor de un poema por la muerte de un torero.</p>
<p>Como no pod&iacute;a ser de otra forma, trat&aacute;ndose de Mart&iacute;nez Pis&oacute;n, la historia real act&uacute;a como contexto aludido de pasada, puesto que son siempre cosas que el ni&ntilde;o puede o&iacute;r apenas porque se le ocultan y cuyo significado no comprende, pero vamos sabiendo que Miguel es hu&eacute;rfano de un padre muerto por haber ayudado a los pobres y desfavorecidos, y hab&iacute;a asistido a manifestaciones donde fue golpeado por las porras de la polic&iacute;a, que su abuelo era republicano y agn&oacute;stico o sostiene una tertulia donde conspiraban pol&iacute;ticamente. En cambio su abuela es cat&oacute;lica practicante y temerosa ante el poder. Hay por tanto alusiones constantes tanto a la guerra civil del 36 como a los contextos de la primera posguerra. Es pues la novela de un aprendizaje pero tambi&eacute;n de una ca&iacute;da desde la magia de la literatura y una realidad que termina siendo horrible.</p>
<p>Si <em>La ternura del drag&oacute;nten&iacute;a</em> como referente principal la entrada al mundo de los adultos de un ni&ntilde;o, Carreteras secundarias vuelve a insistir en las relaciones familiares, pero esta vez no se trata de una familia convencional, ni el espacio de la novela es una casa, una ciudad o un colegio, sino que Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n ha ideado una forma de homenaje al Quijote, expl&iacute;citamente citado tanto por ser el libro que el adolescente protagonista lee como por la siguiente reflexi&oacute;n que hacia la mitad de la novela incluye el narrador como clave de su lectura e interpretaci&oacute;n:</p>
<p style="padding-left: 30px;">&laquo;Me llev&eacute; el puzzle con las vistas de N&ocirc;tre Dame y me llev&eacute; algo que todav&iacute;a no he mencionado. Un <em>Quijote</em>, un ejemplar del Quijote que deb&iacute;a de haber pertenecido al jubilado de RENFE[ &hellip;] Y la verdad es que nuestra historia no era la de Patricia Hearst y sus simbi&oacute;ticos, no pod&iacute;a serlo, sino la de aquellos dos hombres que recorr&iacute;an Espa&ntilde;a en un burro y un caballo. Tambi&eacute;n nosotros recorr&iacute;amos Espa&ntilde;a, tambi&eacute;n mi padre cre&iacute;a ser lo que no era, tambi&eacute;n &eacute;l trataba de impresionar a una mujer&hellip; Nuestra historia era la de un largo error, una torpeza, una historia tan antigua como la de don<br />Quijote y Sancho. Y lo &uacute;nico que estaba claro era que est&aacute;bamos solos, como esos dos hombres. Que hab&iacute;amos&nbsp; empezado nuestro viaje solos y que probablemente as&iacute; lo terminar&iacute;amos&raquo; (pp. 166-167)<sup>2</sup>.</p>
<p>Esto dice el narrador, Felipe, un adolescente que la novela nos hab&iacute;a presentado en su comienzo acompa&ntilde;ando siempre a su padre, viajando de aqu&iacute; para all&aacute;, sin casa fija, aprovechando apartamentos de alquiler baratos en pueblos de la&nbsp; costa durante el invierno, y haciendo toda clase de peque&ntilde;as marruller&iacute;as para llevarse algo a la boca. La novela es pues la historia de una relaci&oacute;n padre e hijo, pero no es una relaci&oacute;n normal, porque todo su desarrollo est&aacute; prendido a esta singularidad errante de un padre viudo, sin oficio, que vive ciertas aventuras amorosas, pero sobre todo una continua&nbsp; huida de s&iacute; mismo. Esa situaci&oacute;n est&aacute; causada por un conflicto familiar y profesional que este padre, exm&eacute;dico forense de Vitoria e hijo de una millonaria, ha sufrido, pero de ese asunto nos enteraremos casi al final de la novela.</p>
<p>Entre tanto toda ella se desarrolla siguiendo la estructura del viaje por carreteras secundarias del t&iacute;tulo, una metonimia que informa tanto de la estructura epis&oacute;dica que ordena la sucesi&oacute;n de aventuras vividas por padre e hijo mientras se desplazan por caminos de Espa&ntilde;a, como por el adjetivo &laquo;secundarias&raquo; de que esos viajes son menudeos por caminos, dando lecci&oacute;n de la poca monta de las empresas emprendidas. Tanto la estructura epis&oacute;dica, como la naturaleza de una serie de oficios del padre, remiten a un modelo literario como el de la picaresca. El padre termina siendo como un p&iacute;caro, a diferencia de que vive idealizando los oficios varios a los que se entrega. Entre ellos el m&aacute;s importante en el contenido&nbsp; de la novela lo da ser representante de Estrella Pinseque, una artista cantante de &oacute;pera-zarzuela de la que es amante, y que lo abandona tras el fracaso de su promoci&oacute;n art&iacute;stica, pero cuyos vaivenes profesionales va persiguiendo, puesto que tiene mucho de Dulcinea, por lo de aldeana en borrico idealizada como artista por la necesidad que el padre tiene de salir de su mediocridad.</p>
<p>Fracasos constantes en la sucesi&oacute;n de oficios pero tambi&eacute;n un continuo trapicheo van dando forma a un concepto que la novela repite una y otra vez: la vida suya, la del padre y el hijo no tiene direcci&oacute;n o sentido al que ir, lo que importa es seguir, no queda otra cosa que andar, desplazarse, buscar. Lo admite as&iacute; el narrador:</p>
<p style="padding-left: 30px;">&laquo;En eso consist&iacute;a nuestra vida, en seguir. Seguir&iacute;amos y seguir&iacute;amos hacia delante, casi sin detenernos, y con nosotros<br />segu&iacute;a nuestro coche, y nuestro escaso equipaje. A m&iacute; a veces me daba la impresi&oacute;n de que no ten&iacute;amos pasado. O de que lo ten&iacute;amos pero no a nuestro lado, sino detr&aacute;s, siempre detr&aacute;s&raquo; (p. 163).</p>
<p>Junto a este vaiv&eacute;n ligado a los caminos y a los oficios (otro es el de actuar como locutorio de tel&eacute;fono clandestino, para inmigrantes de la fruta o de la colona americana de Zaragoza, hasta que por no pagar les corten la l&iacute;nea y ellos huyan), el otro elemento de la estructura es interior. A la forma de la picaresca, como hilo de episodios continuos, se superpone otra forma, la interior, que mide las relaciones de padre e hijo, vistas sobre todo desde la perspectiva de &eacute;ste, que es el narrador, y que protesta no tanto por la vida azacaneada que llevan, sino sobre todo por ver que su padre va disimulando y pretende enga&ntilde;arlo a &eacute;l (y sobre todo a s&iacute; mismo) sobre las v&iacute;as de salida de cada situaci&oacute;n, idealizando mucho las alternativas, como si se tratase de un <em>quijote</em> que simplemente no ve porque no quiere ver.</p>
<p>La novela, por tanto, se configura en su forma interna como una <em>bildungsromano</em> novela de aprendizaje que va transitando tambi&eacute;n desde las formas de desapego del hijo hacia su padre, hacia la complicidad cada vez mayor de ambos en resolver su propio destino, pero tambi&eacute;n en el giro que la novela da al final. Una vez se van cegando todas las v&iacute;a de salida del padre, y cuando &eacute;ste sabe que lo van a atrapar y meter en la c&aacute;rcel por los hurtos y trampas varios que ha<br />ido pertrechando, lleva a su hijo a Vitoria, donde est&aacute; su origen familiar y vive la abuela del cr&iacute;o, Mercedes, y su t&iacute;o, Jorge, acaudalados burgueses. El padre se deja atrapar all&iacute; y termina en la c&aacute;rcel, la familia recoge al cr&iacute;o, y entonces llegamos como lectores a resolver el enigma latente de la novela, de ese padre y de su fracaso: haber sido expulsado de la carrera por haberse apiadado de unas v&iacute;ctimas de una enfermedad y haber exagerado su informe para que recibieran pago mayor de un seguro, eso le llev&oacute; a una expulsi&oacute;n de la carrera pero tambi&eacute;n a una ruptura de su r&iacute;gida madre, y de su hermano, con quienes el padre de Felipe rompe y a los que no quiere recibir en prisi&oacute;n.</p>
<p>As&iacute; la novela va girando al final hacia una cuesti&oacute;n de hondo significado moral: la dignidad tozuda del padre como riqueza mayor que la de los bienes. El hijo narrador termina siendo consciente de c&oacute;mo es finalmente la dignidad de su orgulloso padre una v&iacute;a por la que optar, y comprende todo. La acci&oacute;n se precipita en el final y un suicidio frustrado del padre amenaza con una tragedia. Por fortuna acaba en comedia. Tras las lecciones recibidas padre e hijo van a la playa, como al principio de la novela, ahora ya con la vida resuelta por la herencia recibida del padre.</p>
<p>En <em>Carreteras secundarias</em> Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n no ejercita el cervantismo &uacute;nicamente en las expl&iacute;citas asociaciones de aventuras en el camino vividas por dos h&eacute;roes, esta vez padre e hijo, de su novela, sino que bebe el cervantismo en un ingrediente que va a ser determinante de la evoluci&oacute;n de su estilo literario: la piedad por los personajes. Hay en Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n una piedad de la mirada que alcanza al personaje en todos sus detalles. Entre ellos no es menor el de &eacute;poca. La novela transcurre en una &eacute;poca hist&oacute;rica bien precisa: la d&eacute;cada de los setenta, en meses previos a la muerte de<br />Franco. Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n tiene una enorme receptividad para los objetos de aquellos a&ntilde;os (el coche del padre es un Tibur&oacute;n de segunda mano algo venido a menos, famoso modelo de Citr&ocirc;en. Como Rocinante no llega a ser gran caballo, porque es coche venido a menos pero guarda una dignidad antigua. Tambi&eacute;n aparecen modelos de Seat, como el 1430 o el antiguo 1500, y canciones conocidas o programas de televisi&oacute;n de la &eacute;poca.</p>
<p>Los personajes de Pis&oacute;n viven sue&ntilde;os de idealizaci&oacute;n que remiten asimismo a &eacute;pocas doradas. Hay tres episodios que cobran mucho relieve de cara a la sem&aacute;ntica idealizadora. Los recortes de peri&oacute;dico que el ni&ntilde;o va coleccionando, primero del famoso Dr. Barnard, el de los trasplantes de coraz&oacute;n que fue muy valorado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os de la Espa&ntilde;a de Franco (y con los detalles de los nombres de los dos trasplantados, entre ellos el doctor Bleiberg y su suerte final). Episodios que sirven para construir con Barnard un modelo de h&eacute;roe moderno, entre gal&aacute;n de cine y cient&iacute;fico, y luego el otro modelo que lo sustituye, la historia curiosa de la vida de Patricia Hearts, la hija del famoso magnate de la cadena de peri&oacute;dicos que ciertamente se ali&oacute; con sus raptores y fund&oacute; un curioso ej&eacute;rcito simbi&oacute;tico de liberaci&oacute;n. Tambi&eacute;n las evasiones que supon&iacute;an y dieron &eacute;xito a la literatura m&iacute;stica de Lobsang Rampa, de la que es seguidora Paquita, la otra amante. Esta vez la <em>hippy</em> de quien se enamora el padre. Y, por &uacute;ltimo, la inserci&oacute;n del enamoramiento de Felipe por Miranda, una ni&ntilde;a americana de la colonia militar yanqui en Zaragoza con la vive un episodio de amor que quiebra precisamente la relaci&oacute;n sexual con la hermana. El amor debe ser eso, ideal sin concreci&oacute;n de cuerpo.</p>
<p>No es s&oacute;lo el sabor de &eacute;poca lo que estos episodios traen. Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n se sirve de esas analog&iacute;as para cifrar una dimensi&oacute;n rom&aacute;ntica-idealizadora de la vida posible, de la que ir&iacute;a a sacar a un adolescente de la mugrienta realidad de los caminos y pensiones. <em>Carreteras secundarias</em> conecta por tanto en lo m&aacute;s &iacute;ntimo o nuclear del cervantismo a trav&eacute;s de los dos modelos b&aacute;sicos que nutren la novela: el de la picaresca y la redenci&oacute;n por el ideal.</p>
<p>La novela <em>Mar&iacute;a bonita</em> viene a confirmar que quiz&aacute; sin propon&eacute;rselo, Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n ha realizado en sus tres primeras un verdadero ciclo de infancia-adolescencia, que cierra esta novela, protagonizada y narrada en primera persona por una ni&ntilde;a, Mar&iacute;a, en los a&ntilde;os de formaci&oacute;n y crisis. Hay dos tipos de crisis que esta novela representa: por un lado el&nbsp; enfrentamiento entre la idealizaci&oacute;n y la cruda realidad. Pero por otro, y de modo entreverado, se da una crisis entre el mundo rural y el urbano, deducido de la inmigraci&oacute;n. Mar&iacute;a es una ni&ntilde;a que vive un mundo de contrastes: es so&ntilde;adora y aspira a mucho, pero es ni&ntilde;a pobre hija de obreros. El acceso a otro mundo lo proporciona su t&iacute;a Amalia, hermanastra de<br />la madre, quien parece vivir una vida de lujo en el Madrid de la calle Princesa. La ocasi&oacute;n de un viaje en que Amalia la&nbsp; lleva a veranear a un hotel de Estoril le permite ver de pasada a don Juan de Borb&oacute;n, vivir una vida de cuento de hadas, de princesa. Luego vemos que la novela precipita la doble faz que todo tiene. Resulta que Amalia no es la millonaria que dice ser sino una estafadora que se sirve de la propia Mar&iacute;a como tapadera para perpetrar una estafa con obras de arte. Si Amalia conecta a Mar&iacute;a con el mundo de los ricos, Encarna, la madre de Mar&iacute;a, que es rega&ntilde;ona muy &aacute;spera, la conecta con la realidad gris y dura. A esta dualidad se suma la otra, la social, porque han de dejar el pueblo, venir a Madrid, donde su padre se hace sindicalista, y la novela se asoma al mundo de las luchas sindicales antifranquistas, con cura obrero, sindicatos clandestinos a los que se afilia el padre, quien es encarcelado y expulsado de la f&aacute;brica, cosa que oculta. Es la t&iacute;a Amalia otra vez quien viene a salvarlos pero de modo subrepticio y clandestino.</p>
<p>Quiz&aacute; la l&iacute;nea de fuerza de esta novela sea la de la importancia del secreto, es decir, el mundo de la apariencia que esconde siempre un lado oscuro no dicho. Mar&iacute;a vive un mundo lleno de secretos, el padre vive una vida pol&iacute;tica en secreto, Amalia guarda el secreto de su papel falso de rica, todo es distinto a como aparece. De tal manera que Mar&iacute;a no puede ser la Marisol de la pel&iacute;cula <em>Un rayo de luz</em>, intertexto f&iacute;lmico que la novela sit&uacute;a como ideal de la protagonista, pero tambi&eacute;n porque el cine o las canciones sostienen un primer plano, el de los sue&ntilde;os, que oculta o esconde detr&aacute;s una vida miserable y precaria.</p>
<p>La narradora llega a enunciar el significado de la novela cuando dice muy avanzada ya la trama:</p>
<p style="padding-left: 30px;">&laquo;Aquella ma&ntilde;ana descubr&iacute; que las cosas casi nunca son como aparentan. Que vemos s&oacute;lo una peque&ntilde;a parte y creemos que lo estamos viendo todo, cuando lo m&aacute;s importante permanece oculto, sumergido, como dicen que ocurre con los icebergs. Hab&iacute;a podido descubrirlo cuando lo de Estoril, pero entonces era demasiado peque&ntilde;a [&hellip;] Ahora comprend&iacute;a que eso era normal, que todos (mi padre, mi t&iacute;a, yo misma, ni&ntilde;a pobre por las ma&ntilde;anas, ni&ntilde;a rica por las tardes) ten&iacute;amos alg&uacute;n secreto que esconder, y que la vida era como uno de esos muebles que tiene un aspecto robusto y que por dentro est&aacute;n devorados por la termita...&raquo; (p. 106)<sup>3</sup>.</p>
<p>Como ocurre siempre en esta primera etapa de Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n lo social-pol&iacute;tico est&aacute; presente, en esta novela de manera m&aacute;s expl&iacute;cita que en las anteriores, pero como la perspectiva elegida es la de la narradora, lo real se ofrece tamizado por una mirada falta de datos, donde los planos de la realidad pol&iacute;tica de la dictadura est&aacute;n entrevistos, a trasluz.</p>
<p>Casi tres a&ntilde;os despu&eacute;s de haber publicado Mar&iacute;a bonita, aparece <em>El tiempo de las mujeres</em> (2003), &uacute;ltima entrega del ciclo familiar de Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n. Se nota una novela que por su desarrollo y resultados supone el salto de mayor ambici&oacute;n literaria hasta esa fecha. La novela es amplia en extensi&oacute;n (es la m&aacute;s larga hasta ahora de las suyas) y tiene un entramado complejo: nada menos que una novela de formaci&oacute;n femenina utilizando tres diferentes narradoras en primera persona. Que ese desaf&iacute;o lo aborde un escritor var&oacute;n da cuenta de la ambici&oacute;n con que la novela ha sido concebida. Y no cabe en ese territorio reproche alguno, porque el autor respeta y es cuidadoso con el &aacute;mbito de focalizaci&oacute;n de las sucesivas historias y por tanto con un punto de vista femenino; podr&iacute;a decirse que esa es quiz&aacute; su primera y m&aacute;s evidente cualidad.</p>
<p>La novela es narrada por tres hermanas, Mar&iacute;a, Carlota y Paloma, quienes ven suceder su narraci&oacute;n en los cap&iacute;tulos seg&uacute;n ese orden, invariable, tres m&aacute;s tres. A partir de la muerte del padre en un burdel, narra los a&ntilde;os inmediatamente posteriores de esas tres hijas y de su madre, ante el doble desaf&iacute;o de salir adelante por ellas mismas, dada la dejadez y postraci&oacute;n ingenua o doliente de la figura de la madre, y de crecer en los t&eacute;rminos psicol&oacute;gicos, pues esos a&ntilde;os coinciden en las tres hijas con el paso de la adolescencia a la juventud. Cada una de las tres narra la historia com&uacute;n de diferente modo y la suya particular a su manera, inaccesible finalmente a las otras, con lo que el tema del secreto se convierte en un <em>leitmotiv</em> poderoso.</p>
<p>La novela comienza con un doble registro ir&oacute;nico y distancia -do, con rasgos y escenas humor&iacute;sticas del mejor Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n, quien sabe contar con desparpajo y gracia. Posteriormente la trama se ahonda y camina hacia un&nbsp; desasosegante derrumbe de las ilusiones en cada una de las tres hermanas, porque esta novela es toda ella la historia de una desposesi&oacute;n, de una progresiva ruina. Junto con la casa Villa Casilda, que es el s&iacute;mbolo de una infancia feliz, y<br />con la muerte del padre finaliza no solamente esa infancia sino tambi&eacute;n la unidad de las tres hermanas en su desv&aacute;n-torre&oacute;n, hasta vivir cada una su destino futuro independientemente de las otras. Poblando su maduraci&oacute;n de secretos, Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n parece querer decir que la p&eacute;rdida de la infancia es la p&eacute;rdida de los secretos compartidos, y el inicio de un mundo de nuevos secretos que permanecen en el coraz&oacute;n de cada hermana, inasequibles para las otras. Al final, el verdadero tema de la novela es la coincidencia entre maduraci&oacute;n y soledad, y la trama va anudando un tono de melancol&iacute;a, que se torna en visible desencanto y cruel dramatismo.</p>
<p>Sin duda lo mejor del estilo es la capacidad de Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n para una prosa clara, fluyente, que lo confirma como excelente narrador, a pesar de prolijidades excesivas en algunas escenas. Ha respetado y hasta sale airoso del principal desaf&iacute;o de su novela: que la perspectivizaci&oacute;n femenina y la variaci&oacute;n de cada foco sea cre&iacute;ble; para ello se sirve del fen&oacute;meno de la m&uacute;ltiple perspectiva que ha aprendido sin duda en los cl&aacute;sicos de la literatura inglesa que son su modelo. Aunque se echa en falta que el personaje de Paloma carezca de una motivaci&oacute;n m&aacute;s s&oacute;lida que la meramente meta-literaria.</p>
<p><strong>El ciclo de novelas de fondo hist&oacute;rico-social</strong></p>
<p>Tiene mucho de azar o de necesidad el hecho de que varios de nuestros mejores novelistas de una misma generaci&oacute;n hayan mirado en obras nacidas a comienzos del siglo XXIcon nuevos ojos los episodios de la Guerra Civil espa&ntilde;ola. Hay azar en que la desgraciada suerte de Andreu Nin, l&iacute;der del POUM, haya sido convocada como ejemplo de mentiras de la historia, en <em>Tu rostro ma&ntilde;ana</em>, de Javier Mar&iacute;as, y en la parte final de <em>Enterrar a los muertos </em>de I. Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n.&nbsp; Tambi&eacute;n se deben al azar algunas de las semejanzas estructurales de esta narraci&oacute;n con <em>Soldados de Salamina </em>de Javier Cercas. O resulta azaroso que los dos &uacute;ltimos citados convoquen a Andr&eacute;s Trapiello como colaborador circunstancial de sus pesquisas y escritor asimismo de obra sobre aquellos hechos.</p>
<p>Pero el caso es que Cercas, Mar&iacute;as y Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n est&aacute;n en primera l&iacute;nea de seriedad y compromiso literario, y el caso es que ninguno de ellos escribe desde ning&uacute;n tipo de inter&eacute;s partidista, y la consecuencia es que todos ellos han practicado la higi&eacute;nica, creo que cat&aacute;rtica, funci&oacute;n de denunciar que los trapos sucios de la izquierda en la Guerra Civil tienen que ponerse a remojo, no para ser lavados, faltar&iacute;a m&aacute;s (eso es lo que hemos hecho hasta ahora) sino para lo contrario; para comprender y saber, por ejemplo, cu&aacute;ntas mentiras y cuantas traiciones se perge&ntilde;aron en esos a&ntilde;os aciagos, y c&oacute;mo en muchas de aquellas mentiras y aquellas traiciones en el seno de la izquierda se origin&oacute; el fin de laII Rep&uacute;blica. Y esa funci&oacute;n parece producto de la necesidad, ya no del azar. Los escritores que tienen ahora entre cincuenta y sesenta a&ntilde;os, tienen necesidad de verdad, y de poner su literatura al servicio de ella.</p>
<p>Hay diferencias notables entre ellos, de concepci&oacute;n, de tono, de &eacute;nfasis, lo que es una suerte. No practican estos escritores una f&oacute;rmula sino que indagan posibilidades dentro de sus horizontes &eacute;ticos y est&eacute;ticos. No es este el momento de valorar esas diferencias, sino de reconocer que la opci&oacute;n elegida por Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n en <em>Enterrar a los muertos </em>le ha proporcionado el que considero su mejor libro hasta <em>El d&iacute;a de ma&ntilde;ana</em>. Un libro excelente, bien construido, serio, honesto, y sobre todo dotado de una mirada profundamente humanizada, como la de aquel a quien es finalmente m&aacute;s importante conocer la verdad que hacer un buena obra narrativa. Su inter&eacute;s ha sido conocer, y su pesquisa dice verdad por sus cuatro costados. Pero tambi&eacute;n debe su fortuna a que la obra est&aacute; muy bien dicha y muy bien hecha. El caso es que el lector se siente atrapado por esta historia, y &eacute;se ha sido mi caso, la lee de un tir&oacute;n, sin poder dejarla. Debe mucho ese efecto de lectura apasionada al buen oficio de narrador que tiene demostrado Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n en sus<br />novelas, y que aplica aqu&iacute;.</p>
<p>Pero conviene no confundir: lo que aqu&iacute; se ofrece no es en modo alguno una novela, porque no es una obra de ficci&oacute;n, sino una narraci&oacute;n, construida reordenando materiales, muy bien pautada est&eacute;tica y narrativamente, pero sus materiales no son ficcionales, sino hist&oacute;ricos. Pero que se lea con la pasi&oacute;n de una novela se debe a que lo ocurrido en la Guerra Civil, con miles de personas que son solamente una nota a pie de p&aacute;gina en la Historia oficial, tiene dos de los ingredientes b&aacute;sicos del inter&eacute;s narrativo: la intriga (saber qu&eacute; ocurri&oacute; con muchos de ellos, asesinados, traicionados,<br />encarcelados sin que se sepa siempre por qu&eacute;) y el hero&iacute;smo (ciertamente cuesta trabajo encontrar en la ficci&oacute;n&nbsp; novelesca casos de un <em>pathos</em> tan fuerte, tan hiriente, como las historias de estos casi an&oacute;nimos h&eacute;roes de la causa republicana, cuya generosidad e idealismo estuvieron a prueba de toda evidencia, y caminaban en direcci&oacute;n contraria a las mafias del oficialismo estalinista que dominaron la situaci&oacute;n y el destino de los comunistas espa&ntilde;oles, que&nbsp; emplearon en la liquidaci&oacute;n de anarquistas y los miembros del POUM, toda su escondida artiller&iacute;a de asesinatos an&oacute;nimos e impunes. Intriga y pa -thosheroico proporcionan a esta historia verdadera que reconstruye el destino del profesor Jos&eacute; Robles (y en unos cap&iacute;tulos de continuaci&oacute;n tambi&eacute;n de su familia) un inter&eacute;s semejante al de las buenas novelas, con el a&ntilde;adido de que Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n no trabaja materiales inventados, sino reales, documentos y testimonios, algunos muy dif&iacute;ciles de encontrar en una laboriosa y muy honesta pesquisa por libros, entrevistas con testigos, fotograf&iacute;as, peri&oacute;dicos, memorias, epistolarios, de los que va dando cuenta en un ap&eacute;ndice y en el propio texto. El lector agradece especialmente tal honestidad por ser la memoria de personas reales materia tan delicada. Por eso una de las condiciones de esta narraci&oacute;n, que tiene su &uacute;nica libertad de juego en la organizaci&oacute;n eficaz de una trama narrativa, es distinguir siempre qu&eacute; es testimonio de otros, qu&eacute; evidencia y qu&eacute; hip&oacute;tesis veros&iacute;mil construida por el propio narrador, sobre cada uno de los hechos que intenta reconstruir.</p>
<p>Hay otro ingrediente de enorme inter&eacute;s, paralelo a la suerte de Jos&eacute; Robles: el de John Dos Passos como figura y la explicaci&oacute;n de su desenga&ntilde;o y confrontaci&oacute;n con Hemingway, nacida a prop&oacute;sito de los incidentes narrados en este libro. Que aparezca a su final George Orwell asimismo proporciona a este documento narrativo un muy notable asedio a los contextos de esos tres grandes novelistas en su relaci&oacute;n con Espa&ntilde;a, pero tambi&eacute;n a c&oacute;mo cada uno de ellos dirimi&oacute; en esta causa de la IIRep&uacute;blica espa&ntilde;ola buena parte de su destino posterior. Y hay otro inter&eacute;s sociol&oacute;gico: aquella atm&oacute;sfera de los implicados en las Brigadas Internacionales, toda la vida de los esp&iacute;as, las luchas y celos en el seno de la izquierda, etc. De esta forma, esta pesquisa de Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n acaba siendo, en la persecuci&oacute;n de una verdad sobre lo ocurrido a un hombre de aciaga suerte, un formidable testimonio de facciones, luchas intestinas, confrontaci&oacute;n entre POUMy PCE, espeluznante enumeraci&oacute;n de las checas, pero tambi&eacute;n de las c&aacute;rceles del primer franquismo. Hay&nbsp; im&aacute;genes que quedan en la retina: esa mujer, M&aacute;rgara F. Villegas de Robles, preguntando de aqu&iacute; para all&aacute;, sobre qu&eacute; ha<br />ocurrido con su marido, y haci&eacute;ndolo a quienes quiz&aacute; ya saben, pero callan, por miedo o por conveniencia para la causa, o porque en aquella guerra cada uno dio lo mejor y lo peor de s&iacute; mismo. Una profunda lecci&oacute;n hist&oacute;rica, en una narraci&oacute;n ejemplar, que si tiene tanta fortuna literaria es porque ha perseguido una &eacute;tica de la verdad. Eso tiene la buena literatura, un v&iacute;nculo &eacute;tico insoslayable, aqu&iacute; realzado.</p>
<p>En <em>Dientes de leche</em>(2008) Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n vuelve a la novela propiamente dicha, al mundo de ficci&oacute;n, y parece como si lo hiciera regresando a aquellas historias familiares de su anterior venero, pero <em>Enterrar a los muertos</em> no ha ocurrido en vano. En el fondo le ha hecho cambiar su modo de novelar, y quiz&aacute; la manera misma de concebir qu&eacute; es una historia familiar. Porque lo que en esta novela cuenta, con una sobrecogedora capacidad de meter al lector en ella, hasta no querer dejarla, es la vida de una familia, la de Raffaele Cameroni, su mujer Isabel, sus tres hijos, su nuera Elisa y su cu&ntilde;ada Milagros,&nbsp; como si fuese la historia de muchas familias espa&ntilde;olas desde la Guerra Civil hasta hoy. Pero lo hace porque le sirve para pasar por el espejo de la ficci&oacute;n episodios centrales de las evoluciones sociales contiguas a las familiares, de relaciones entre los j&oacute;venes, de la resistencia pol&iacute;tica, de sus h&aacute;bitos amatorios y tambi&eacute;n de conflictos con y de los padres entre s&iacute; durante la dictadura de Franco y hasta el fin de la transici&oacute;n. Podr&iacute;a decirse que Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n ha querido juntar, y lo ha logrado, las grandes palabras con que la novela se inicia, hero&iacute;smo, futuro, a las peque&ntilde;as palabras como pan, barro, sudor (p. 37) y luego piso, muebles, independencia, trabajo, etc.</p>
<p>Pero habr&iacute;a que advertir que la palabra no dicha aunque impl&iacute;cita a lo largo de toda la novela ser&iacute;a la de libertad, que fue durante tantas d&eacute;cadas en Espa&ntilde;a una peque&ntilde;a palabra proscrita, en las relaciones pol&iacute;ticas, pero tambi&eacute;n en las matrimoniales, y en las de los padres e hijos, enfrentados con&nbsp; motivo de ella. La vida interior de esta novela declina la palabra libertad por todos sus poros, porque en el fondo funciona como una gran sin&eacute;cdoque de una &eacute;poca, la que va desde el padre fascista y autoritario hasta la rebeli&oacute;n de la mujer y los hijos, sin que este cr&iacute;tico deba a&ntilde;adir nada sobre el desenlace.</p>
<p>Es memorable el pr&oacute;logo, que act&uacute;a como s&iacute;ntesis que contiene el significado de todo cuanto se va a contar, y que narra de una manera soberbia la visita de Raffaele, el viejo fascista italiano, que acude con su nieto Juan (a quien llama Giovanni) a los actos cada vez m&aacute;s rancios de homenaje a los italianos enviados por Mussolini que cayeron luchando junto a Franco, como lo es toda la primera parte en que se cuenta la historia interior de su lucha en el<br />frente de Arag&oacute;n y su encuentro con Isabel. Estas historias nos traen, como ocurr&iacute;a en <em>Enterrar a los muertos</em>, todo un mundo encerrado en apasionantes suertes encontradas, como la que va del fascista y su mentira, a la dignidad de Modesto As&iacute;n. Claro que la materia novelesca seleccionada da para mucho, pero lo que Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n ha demostrado es que sabe hacerlo igual cuando las historias son menores.</p>
<p>Sobre cualquier otro rasgo de su estilo destaca que sabe contar como pocos, tiene esa insustituible mirada del narrador nato, que amuebla muy bien los espacios, al seleccionar aquellos detalles en los que casi nadie se fijar&iacute;a, pero que &eacute;l mira con la delectaci&oacute;n de quien estuviera asomado al holl&iacute;n acumulado en una cocina o al estante de madera alabeada (ese hermoso adjetivo usa) y un poco podrida de un humilde piso. Configurar espacios, dise&ntilde;ar personajes (formidables algunos como Modesto, Milagros, Alberto&hellip;). Y Elisa cuando es esposa, mucho mejor que en la &uacute;nica secci&oacute;n del libro que he visto flaquear por su inveros&iacute;mil planteamiento, ocurre en los inicios de su relaci&oacute;n con Alberto. Quitando ese detalle que veo algo forzado (lo&nbsp; mismo que la petici&oacute;n de acompa&ntilde;arle al burdel) y lamentando que se le haya ido algo la mano por exceso melodram&aacute;tico al final en la escena de la&nbsp; comida navide&ntilde;a en el Gran Hotel, especialmente la reacci&oacute;n all&iacute; de Paquito, la novela sostiene, salvados esos peque&ntilde;os detalles, una considerable maestr&iacute;a en el dibujo de las situaciones, y ya digo que cumple con el designio de tener al lector tan metido en ella que no puede dejarla.</p>
<p>En la antol&oacute;gica primera parte resulta igualmente de primer nivel literario el viaje a Italia de Raffaele, que en pocas p&aacute;ginas sirve el motivo de la b&uacute;squeda del origen. Todo cuanto acontece en Italia, con la llegada a G&eacute;nova, la soledad florentina, luego vuelta a Lucca, con la tersa contenci&oacute;n en su encuentro con la <em>vedova</em>, contiene la capacidad evocadora de los buenos narradores, que son quienes alcanzan a dominar el arte de decir mucho en poco espacio. Hay un ingrediente no menor de la calidad de <em>Dientes de leche</em>, que es sin lugar a dudas su mejor novela y que va a situar a Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n en el nivel que merece desde hace tiempo. Me refiero a la forma como se ha ido casando en vasos comunicantes la historia familiar y la social. As&iacute; subtitul&oacute; Zola su famoso ciclo. Aqu&iacute; no hay aquel naturalismo, pero se cuentan al mismo tiempo peque&ntilde;as y grandes palabras, se va de las unas a las otras, y a su trav&eacute;s logra contar la historia de una generaci&oacute;n de espa&ntilde;oles que fue emergiendo, m&aacute;s all&aacute; del fascismo, m&aacute;s ac&aacute; del amor, como si Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n&nbsp; hubiera querido darnos otro ejemplo de la forma suya de contar historias que son grandes porque han sabido permanecer atentas a lo peque&ntilde;o. Cada novela de Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n, que es fiel a su estilo narrativo como pocos, introduce sin embargo algo distinto, de manera que su obra no parece detenerse, siempre lo ves buscando.&nbsp;</p>
<p>Tiene m&aacute;s m&eacute;rito este rasgo trat&aacute;ndose de un escritor consolidado. No se ha quedado nunca en la f&oacute;rmula de su &uacute;ltimo &eacute;xito. <em>En Dientes de leche</em> (2008) hab&iacute;a unido las dos vetas de su creaci&oacute;n anterior, la de las atm&oacute;sferas familiares de <em>El tiempo de las mujeres</em> y la de la cr&oacute;nica socio-pol&iacute;tica de <em>Enterrar a los muertos</em>.<em> En El d&iacute;a de ma&ntilde;ana</em> (2001), ganadora del Premio de la Cr&iacute;tica, tambi&eacute;n vincula ambas vetas, pero introduce una novedad discursiva que da mucho juego a la novela: la t&eacute;cnica perspectiv&iacute;stica. La novela narra la historia de Justo Gil, un confidente de la Brigada pol&iacute;tico-social, esto es, un chivato de la polic&iacute;a franquista. La trama recorre la historia de Justo desde que llega de inmigrante con su madre enferma a la Barcelona de los a&ntilde;os cincuenta hasta sus &uacute;ltimos episodios de lucha pol&iacute;tica contra la democracia reci&eacute;n instalada en 1978.</p>
<p>Este recorrido le permite un trazado bastante detallado del despertar de la resistencia pol&iacute;tica urbana contra el franquismo en Barcelona durante dos&nbsp; d&eacute;cadas. Pero no es un recorrido lineal narrado por una voz y desde una perspectiva &uacute;nica, sino que la historia es servida por doce narradores, que se ven introducidos con la atribuci&oacute;n discursiva &laquo;Dice Martin Tello, Dice Carme Rom&aacute;n, Dice Elvira Sol&eacute;, etc&raquo;. Cada uno de estos personajes cuenta en primera persona la relaci&oacute;n que tuvo con Justo Gil. Un ep&iacute;logo explica que se trata de declaraciones que cada personaje hace a Toni Coll, nieto de un&nbsp; senador socialista que se ha quedado intrigado por la vida de aquel chivato (que se intuye es hist&oacute;rico pero con nombre cambiado).</p>
<p>Uno de los aciertos de la novela es que estos distintos narradores no se limitan a serlo de la historia del protagonista sino que act&uacute;an tambi&eacute;n como personajes aportando cada uno su propia historia. De esa forma Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n ha compuesto un rico friso de la vida de aquellos a&ntilde;os, cuyo inter&eacute;s excede con mucho el de la historia particular del chivato de la polic&iacute;a, historia por otra parte muy buena, porque esa perspectiva de la transici&oacute;n vista desde el lado de la polic&iacute;a, como tambi&eacute;n al final de la novela la de grupos ultra fascistas, se hab&iacute;a narrado menos. Friso de vida he dicho, porque&nbsp; precisamente lo que m&aacute;s destaca de esta novela es eso, que la vida fluye en ella, a trav&eacute;s de esta excelente docena de personajes, que en conjunto dibujan estamentos sociales, trapicheos varios, situaciones amorosas y familiares, penurias, enga&ntilde;os, ilusiones, etc. No deja de haber referencias concretas al pub Boccaccio de Oriol Reg&aacute;s, con Jaime Gil, la fot&oacute;grafa Colita, E. Vila-Matas, como a fen&oacute;menos hist&oacute;ricos reales, as&iacute; el encierro en el&nbsp; monasterio de Monserrat en 1974, que le permite una s&aacute;tira del se&ntilde;orito metido a activista.</p>
<p>Me sirvo de la perspectiva anti-heroica adoptada ante este episodio para subrayar otro elemento que me parece decisivo en la fortuna literaria de esta novela: su apuesta por un punto de vista no convencional, no consabido, de forma que es la primera novela sobre la transici&oacute;n en la que no he visto la esperable pel&iacute;cula simple de buenos y malos, con papeles ya distribuidos. No se trata de posibilismo pol&iacute;tico, ni de equidistancias. No. Se trata de que priva la condici&oacute;n literaria radical de un autor interesado en que los personajes lo sean, que hablen y act&uacute;en como tales; son criaturas complejas,&nbsp; contradictorias, no del todo malos (ni siquiera el confidente lo es) ni del todo buenos. Precisamente la estructura perspectiv&iacute;stica adoptada hace de esta&nbsp; novela una fiesta de enfoques, donde sobresale ese dibujo y comprensi&oacute;n del autor hacia sus criaturas de ficci&oacute;n, en especial tres de ellos: Justo Gil, Carme Rom&aacute;n, y el polic&iacute;a Mateo Moreno, cuya compleja relaci&oacute;n con Justo Gil ha regalado uno de los puntos de vista m&aacute;s interesantes de la novela.&nbsp; Destaco otra propiedad que es marca ya de la t&eacute;cnica narrativa de Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n: no hay nada de ret&oacute;rica. Disc&iacute;pulo pues de Juan de Mairena. Considero esto importante trat&aacute;ndose del tema de la transici&oacute;n pol&iacute;tica espa&ntilde;ola. Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n hace que la vida fluya sin dogmas, que los personajes digan esa vida, y que el lector los siga a trav&eacute;s de un estilo tan bueno que parece haber desaparecido y que sit&uacute;an a su autor en la primera&nbsp; l&iacute;nea de la novela escrita en Espa&ntilde;a en los &uacute;ltimos veinticinco a&ntilde;os.</p>
<p>&nbsp;</p>
<hr />
<p>(1)&nbsp; Citar&eacute; en el texto la p&aacute;gina por la edici&oacute;n: La ternura del drag&oacute;n, Barcelona, Anagrama, 1985.</p>
<p>(2)&nbsp; Cito en el texto por la edici&oacute;n de Barcelona, Seix Barral, 2011.</p>
<p>(3)&nbsp; Cito por la primera edici&oacute;n de Barcelona, Anagrama, 2000.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 07 May 2013 16:14:03 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una polifonía de voces: la obra plural de Antonio Tabucchi]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/una-polifonia-de-voces-la-obra-plural-de-antonio-tabucchi/</link>
      <description><![CDATA[<p><img style="float: right; margin-left: 15px;" title="Antonio Tabucchi" src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/antonio-tabucchi-int.jpg" alt="Antonio Tabucchi" /></p>
<p>En el cap&iacute;tulo final de <em>R&eacute;quiem</em>, en la cena que re&uacute;ne al yo narrador con el gran poeta portugu&eacute;s al que ha perseguido en<br />sordina durante todo el libro, incluye Antonio Tabucchi (1943-2012) un di&aacute;logo en el que, a prop&oacute;sito de los platos de la<br />carta, se ironiza sobre c&oacute;mo la vida llega en ocasiones a imitar al arte, subvirtiendo el precepto cl&aacute;sico. Como si no quisiera contradecirlo, el destino quiso, con un tr&aacute;gico y apresurado bucle cuya iron&iacute;a no hubiera desde&ntilde;ado el propio escritor toscano, que su vida se apagara un domingo de marzo, hace ahora un a&ntilde;o, tal como la de uno de sus grandes personajes, el protagonista de <em>Tristano muere</em>.</p>
<p>Su desaparici&oacute;n pone un punto y aparte en la trayectoria de uno de los grandes escritores de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, probablemente el que mejor supo transmutar en obra literaria el extrav&iacute;o existencial del ser humano en este tr&aacute;nsito de milenios, explotando al m&aacute;ximo los instrumentos de la literatura posmoderna<sup>1</sup>. Y me permito decir que es un punto y aparte, por dos razones. En primer lugar, porque en los &uacute;ltimos a&ntilde;os hab&iacute;a emprendido Tabucchi una labor de revisi&oacute;n y recopilaci&oacute;n de su obra dispersa y arrinconada, que ya ha dado lugar a vol&uacute;menes como <em>Viajes y otros viajes</em> (2010), recopilaci&oacute;n de sus cr&oacute;nicas y textos de viajes, su &uacute;ltimo libro traducido al espa&ntilde;ol, o el sugestivo<em> Racconti con figure [Relatos con figuras]</em> (2011) que agrupa cuentos y textos escritos en di&aacute;logo con la pintura (otro de sus grandes <em>leitmotiv</em>), y nos deparar&aacute; otras obras in&eacute;ditas en los pr&oacute;ximos meses. En segundo lugar, y m&aacute;s importante, porque ante la muerte de cualquier escritor nos sirve de parcial consuelo el saber que nos queda su obra, que perdurar&aacute;, siempre viva, en los ojos de sus lectores, que son quienes lo completan, como el propio escritor toscano dec&iacute;a: &laquo;un libro es eso tambi&eacute;n, el deseo de complicidad, una petici&oacute;n de ayuda por parte de quien escribe: ayudadme a acabar, llenad los huecos, por favor, yo solo no soy capaz&raquo;<sup>2</sup>.</p>
<p>La primera y evidente conclusi&oacute;n que se impone al hacer balance de la trayectoria literaria de Antonio Tabucchi es que su inquietud como escritor parece inagotable. Ser&aacute; que quiso que a su visi&oacute;n polim&oacute;rfica y caleidosc&oacute;pica del mundo, a su infinita curiosidad por los infinitos pliegues de la existencia correspondiera una no menos variopinta plasmaci&oacute;n literaria, ser&aacute; cierta forma de recelo hacia la propensi&oacute;n de la escritura a embalsamar toda la varie dad y movilidad de la vida que siempre le caracteriz&oacute;, el caso es que el autor toscano acostumbr&oacute; a sus lectores a sorprenderse casi desde el principio con cada uno de sus sucesivos libros<sup>3</sup>.</p>
<p>Sus dos prime ras novelas, en efecto, <em>Piazza d&rsquo;Italia</em> (1975; 1993<sup>2</sup>) e <em>Il piccolo naviglio</em> (1978; 2011), si bien conten&iacute;an ya buena parte de sus temas predilectos, como la imposibilidad de conocer la verdad, los vericuetos del tiempo, la muerte y los fantasmas que nos obsesionan, el motivo del do ble, la indagaci&oacute;n en la memoria a la b&uacute;squeda de la identi dad, son sendas sagas familiares, que evidencian cierto influjo de la literatura sudamericana, a trav&eacute;s de cuyos protagonistas, re beldes marcados por atroces destinos, se revisaba la historia italiana del siglo XX (de ah&iacute; el t&iacute;tulo de la primera de ellas), con el tel&oacute;n de fondo de la met&aacute;fora del indi viduo como capit&aacute;n del &laquo;barquito chiquitito&raquo; que da t&iacute;tulo a la segunda y que<br />simboliza el destino individual en el infinito mar de la Historia. Con ellas se inauguraba una de las grandes vetas de la narrativa tabucchiana: la indagaci&oacute;n en las microhistorias, su atenci&oacute;n hacia los personajes marginales, como contraposici&oacute;n a la historia oficial.</p>
<p>Con sus obras de la d&eacute;cada de los ochenta del siglo pasado da una poderosa vuelta de tuerca el escritor a su estilo personal y perfila mejor su peculiar visi&oacute;n del mundo, decididamente orientado hacia par&aacute;metros posmodernos (autorreflexi&oacute;n, dominante ontol&oacute;gica, metanarratividad, subversi&oacute;n de las convenciones literarias). Primero fue <em>El juego del rev&eacute;s</em> (1981; 1988), que plantea el concepto, seminal en la po&eacute;tica del autor toscano y aprendido de su maestro Fernando Pessoa, del rev&eacute;s de las cosas, s&iacute;mbolo de nuestra incapacidad de conocer la realidad, convicci&oacute;n a la que se<br />contrapone, pese a todo, la necesidad de la indagaci&oacute;n del mundo, cifrada en el viaje como b&uacute;squeda, en <em>Dama de Porto Pim</em> (1983) y <em>Nocturno hind&uacute;</em> (1984). Se ahonda en estas reflexiones entre lo episte mol&oacute;gico y lo existencial en <em>Peque&ntilde;os equ&iacute;vocos sin importancia</em> (1985), una panor&aacute;mica de los efectos del azar y su incidencia en una res ponsabilidad personal que nunca queda desactivada pese al extrav&iacute;o vital. En esa misma l&iacute;nea se sit&uacute;a <em>La l&iacute;nea del horizonte</em><br />(1986), en la que una aparente trama policiaca deriva hacia una suerte de intoxicaci&oacute;n semi&oacute;tica del protagonista que subvierte posmodernamente las convenciones de la narrativa de g&eacute;nero. A continuaci&oacute;n lleg&oacute; un ajuste de cuentas personal con su propio mundo de es critor y una agudizaci&oacute;n del juego intertextual con <em>Los vol&aacute;tiles del Beato Ang&eacute;lico </em>(1987). Cierra esta d&eacute;cada otro libro de cuentos, <em>El &aacute;ngel negro</em> (1991), sombr&iacute;o y t&eacute;trico, en el que se indaga<br />en la inextricable li gaz&oacute;n entre maldad e infelicidad, ya presente en libros anteriores pero aqu&iacute; dominante. Con esta prol&iacute;fica serie de libros de cuentos y de breves novelitas de estructura epis&oacute;dica y decididamente poco cohesionada, se consagr&oacute; Antonio Tabucchi como autor de culto de &aacute;mbito europeo.</p>
<p>Parad&oacute;jicamente, Tabucchi, siempre rebelde a todo encasillamiento, literario o vital, caracterizar&aacute; su siguiente d&eacute;cada como escritor con el regreso a la novela de m&aacute;s amplio respiro. Una suerte de transici&oacute;n supone <em>R&eacute;quiem</em> (1991), de un lado novela fant&aacute;stica subvertida en clave posmoderna, de estructura a&uacute;n epis&oacute;dica pero ya m&aacute;s cohesionada en la polifon&iacute;a de voces que el narrador encuentra en un periplo lisboeta que mucho tiene de sue&ntilde;o o de alucinaci&oacute;n, como reza su subt&iacute;tulo, am&eacute;n de haber sido es crita en lengua portuguesa<sup>4</sup>. Despu&eacute;s del delicioso <em>Sue&ntilde;os de sue&ntilde;os</em> (1992), breves es&nbsp;tampas de sue&ntilde;os de artistas y escritores, fue <em>Sostiene Pereira</em> (1994) la obra que marc&oacute; un punto de inflexi&oacute;n en la trayectoria de Antonio Tabucchi. En primer lugar, porque si hasta entonces gozaba de una s&oacute;lida pero minoritaria reputaci&oacute;n europea, el enorme reconocimiento lector que obtuvo este <em>long-seller</em> en todo el mundo le catapult&oacute; a la fama. Literariamente, adem&aacute;s, se trata de una suerte de enlace con sus primeros libros y un retorno al inter&eacute;s del autor por el an&aacute;lisis de la historia del siglo XX a trav&eacute;s de una trama novelesca m&aacute;s lineal y cohesionada para ahondar en la dram&aacute;tica p&aacute;gina de la represi&oacute;n del fascismo. A continuaci&oacute;n vino <em>La cabeza perdida de Damasceno Monteiro</em> (1997), que profundiza en los rasgos del libro anterior: un relato de amplio respiro narrativo y ambientaci&oacute;n portuguesa con un tema com&uacute;n, el lado oscuro del Estado, si bien se sit&uacute;a en el presente al abordar el tema de la tortura en las democracias. En todo caso, ambas novelas son tambi&eacute;n historias de b&uacute;squeda y transformaci&oacute;n existencial y nuevas constataciones de la imposibilidad de hallar, aparte de la justicia, sentido a la vida.</p>
<p>En paralelo, Antonio Tabucchi acrecienta en esos a&ntilde;os una faceta que no hab&iacute;a dejado de cultivar, si bien m&aacute;s espor&aacute;dicamente: las intervenciones period&iacute;sticas p&uacute;blicas, producci&oacute;n que ser&aacute; recogida parcialmente en posteriores libros ensay&iacute;sticos, como <em>La gastritis de Plat&oacute;n</em> (1998), densa reflexi&oacute;n sobre el papel de los intelectuales en la sociedad contempor&aacute;nea; <em>Los gitanos y el Renacimiento</em> (1999), denuncia de la discriminaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n gitana en Florencia,<br />o, ya m&aacute;s adelante, <em>La oca al paso</em> (2006). Sus art&iacute;culos abordan distintos problemas de orden mundial y de la situaci&oacute;n pol&iacute;tica italiana, especialmente el caso Sofri, un complejo embrollo judicial herencia de los a&ntilde;os de plomo, y lo que se llamar&aacute; la anomal&iacute;a Berlusconi: Tabucchi, en efecto, se convertir&aacute; en el m&aacute;s feroz cr&iacute;tico del magnate metido a pol&iacute;tico, lo que ocasionar&aacute; al escritor duros ataques en los numerosos medios propiedad de este y hasta demandas judiciales.</p>
<p>Sea por el desgaste personal que le ocasion&oacute; este activismo intelectual, sea porque el lado oscuro de la existencia, siempre presente en su obra, se impone, sea porque el paso del tiempo apremia y la amenaza de la muerte se cierne, sus &uacute;ltimas obras, correspondientes a la primera d&eacute;cada del siglo presente, se caracterizan por un tono m&aacute;s sombr&iacute;o, feroz en ocasiones, y por una compleja construcci&oacute;n literaria radicalmente polif&oacute;nica, alejada de la mayor linealidad de las novelas de la d&eacute;cada anterior. Tal vez por esto, y se&ntilde;aladamente en nuestro pa&iacute;s (no as&iacute; en Francia, por ejemplo, ni desde luego en Italia), la acogida de sus lectores ha sido m&aacute;s tibia y lo que es m&aacute;s sorprendente, la recepci&oacute;n cr&iacute;tica no ha sabido dar debida cuenta de la altura alcanzada, por ejemplo, por <em>Tristano muere</em>, que no solo es una de las grandes obras de Tabucchi sino una de las cimas de la literatura de los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Pero vayamos por orden. <em>Se est&aacute; haciendo cada vez m&aacute;s tarde</em> (2001) que supone, una vez m&aacute;s, una revisitaci&oacute;n gen&eacute;rica, en este caso de la literatura epistolar,<br />es una gavilla de cartas inevitablemente sin respuesta, una canto eleg&iacute;aco al amor, una constataci&oacute;n del naufragio existencial que parece nuestra condena y, acaso, una met&aacute;fora de la escritura. Tras el par&eacute;ntesis de <em>Autobiograf&iacute;as ajenas</em> (2003), una muy literaturizada y original reflexi&oacute;n sobre algunos de sus libros, llega <em>Tristano muere</em> (2004), mon&oacute;logo y delirio de un anciano agonizante, que se esfuerza en vano por dotar de sentido a la memoria de su<br />vida, dict&aacute;ndosela a un escritor que le escucha en silencio, es una dolorosa celebraci&oacute;n del misterio de la muerte y del a&uacute;n m&aacute;s herm&eacute;tico de la vida, un claustrof&oacute;bico descenso a las tinieblas del coraz&oacute;n humano y una reflexi&oacute;n sobre los implacables meandros que en el siglo XX conducen del fascismo a esa otra forma de opresi&oacute;n totalitaria que es la alienaci&oacute;n televisiva. El volumen de cuentos <em>El tiempo envejece deprisa</em> (2009), centrado en uno de los temas cardinales del autor, inevitablemente entrelazado con la reflexi&oacute;n acerca de la Historia y la fragilidad de la existencia, cierra, en espera<br />de nuevos in&eacute;ditos, uno de los m&aacute;s apasionantes viajes que la literatura de nuestros d&iacute;as nos ha deparado.</p>
<p style="text-align: center;">*&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; *&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; *</p>
<p style="text-align: left;">Ya de la propia exposici&oacute;n de la trayectoria de Antonio Tabucchi se desprende que, bajo su obstinada inquietud, subyace en ella una coherente unidad, que permite que, pese a tan variadas propuestas y vaivenes literarios, su impronta sea inmediatamente reconocible. Y esa impronta no es m&aacute;s que su estilo, es decir, la peculiar manera con la que el escritor percibe y recorta la existencia para reconstru&iacute;rnosla despu&eacute;s a trav&eacute;s de la escritura. En los p&aacute;rrafos que siguen intentaremos trazar resumidamente los principales rasgos de esa propuesta tabucchiana de visi&oacute;n del mundo y su plasmaci&oacute;n literaria.</p>
<p style="text-align: left;">Hay que partir de la constataci&oacute;n de que la existen cia es un laberinto, o por usar un t&eacute;rmino m&aacute;s af&iacute;n a nuestro escritor, un acertijo, un enigma. Como el de su maestro Pes soa, su inter&eacute;s por la vida es el de un descifrador de charadas, y aunque la li teratura de nuestros d&iacute;as, a diferencia de la de anta&ntilde;o, no se encuentra en situaci&oacute;n de ofrecer respuestas, s&iacute; puede exigirse de ella el deber de plantear preguntas, de ser conciencia cr&iacute;tica, de funcionar como objeto de in quietud y reflexi&oacute;n. Desde tal intenci&oacute;n interrogativa, sus obras, m&aacute;s que refle jar la realidad, pretenden si acaso pluralizarla, desvelando la complejidad que oculta: el ser no puede quedar desligado de esa particular forma de existencia que es el <em>poder ser</em>, de modo que hay que indagar no solo en lo vivido o en lo visto, sino en la potencialidad de las vidas paralelas, de las ocasiones perdidas, del albur de la casualidad; en definitiva, en el rev&eacute;s. Como consecuencia, la vida no se nos aparece solo como un laberinto, sino tambi&eacute;n como un puzle, como un mosaico desordenado que hay que recomponer.<br />Solo que las posibilidades son infinitas y no existe una &uacute;nica soluci&oacute;n predeterminada, porque el mundo es&nbsp; intr&iacute;nsecamente ambiguo y plural, some tido al capricho del azar: la verdad, como la l&iacute;nea del horizonte, se aleja a medida que nos acercamos a ella.</p>
<p style="text-align: left;">De ah&iacute; tal vez la preferencia de Tabucchi por personajes que, pese a su aparente di versidad, tienen como rasgo en com&uacute;n el extrav&iacute;o existencial, el hallarse, lo sepan o no, inc&oacute;modos, marginados o descentrados de alguna forma respecto a la vida, sea por car&aacute;cter o trayectoria o bien por fatalidad o por voluntad propia. Esta perspectiva existencial perif&eacute;rica, junto a la inveterada costumbre del autor de espiar las cosas desde el otro lado, es lo que le consien te<br />abordar mejor uno de los principa les problemas que se plantea, el de la identidad, que tambi&eacute;n se revela ambigua, plu ral e inasible. El problema no ata&ntilde;e &uacute;nicamente a los dem&aacute;s (&iquest;cu&aacute;l era el verdadero rostro de Maria do Carmo en &laquo;El juego del rev&eacute;s&raquo;?; &iquest;cu&aacute;l de todas las identidades de Tristano es la aut&eacute;ntica?), es que tampoco sabemos a ciencia cierta qui&eacute;nes somos nosotros mismos, enredados en un pirandelliano juego de representaci&oacute;n, arrastrados a lo largo de la vida por una inextricable concatenaci&oacute;n de azares, equ&iacute;vocos y errores propios; ocultos tras nuestras m&aacute;scaras, que a veces nos esconden (&laquo;Peque &ntilde;os equ&iacute;vocos sin importancia&raquo;) pero que tambi&eacute;n nos sirven parad&oacute;jicamente para desvelarnos (&laquo;Carta desde Casablanca&raquo;).</p>
<p style="text-align: left;">La indagaci&oacute;n en el tiempo resulta en este sentido una de las &uacute;nicas v&iacute;as para comprender el presente, tanto en la clave colectiva de la historia, como en la individual de las vidas concretas. Como odisea del tiempo interior se ha definido su obra y, en efecto, el tiempo, ligado a los conceptos de a&ntilde;o ranza y memoria, es uno de los cimientos fundamentales de la po&eacute;tica de Antonio Tabucchi (del concepto de saudade nace, por ejemplo, la idea del rev&eacute;s) que se manifiesta narrativamente como una preocupaci&oacute;n casi general de sus personajes, aquejados, como Volturno en <em>Piazza d&rsquo;Italia</em>, del &laquo;mal del tiempo&raquo;, cuyos s&iacute;nto mas son la angustia de la inexorabilidad existencial y la obse si&oacute;n por el pasado. No&nbsp; resulta f&aacute;cil, sin embargo, separar la estrecha fusi&oacute;n que en la memoria de los hombres se produce entre pasado y presente: la memoria se confunde con la ima ginaci&oacute;n, resulta falsaria porque elimina lo desagradable o a veces los recuerdos nos parecen un sue&ntilde;o.</p>
<p style="text-align: left;">La mejor demostraci&oacute;n de este car&aacute;cter conflictivo del tiempo ligado a la memoria es la reiterada querencia de los personajes de Tabucchi por ha cer balance existencial, ofuscados por la insatisfacci&oacute;n con sus propias vidas o por el remordimiento. Motivo constante en su trayectoria, cobra acendrado protagonismo en sus &uacute;ltimos libros, al igual que ocurre con el tema de la muerte, estrechamente ligado al tiempo. El inter&eacute;s de Tabucchi por la muerte radica en su<br />relaci&oacute;n con la vida y nunca en sus posibles sentidos trascendentes. La muerte es la no presencia, la ausencia de una persona que exist&iacute;a. Contra la muerte, suprema forma de la inexorabilidad de la existencia, como contra su variante menor, la desaparici&oacute;n, se rebelan algunos personajes, afan&aacute;ndose en rescatar a alg&uacute;n semejante, o a s&iacute; mismos, de tales formas de olvido, emprendiendo b&uacute;squedas, indagaciones, indefectiblemente fracasadas, por otra parte, con el objetivo de encontrar o de co nocer a los dem&aacute;s, y se&ntilde;aladamente a un doble que les refleja: est&aacute;n buscando una clave para rescatarse en s&iacute; mismos.</p>
<p style="text-align: left;">Con todo, no olvidemos que nos hallamos en el &aacute;mbito de la literatura, que no deja de ser un instrumento de indagaci&oacute;n en la realidad (el &uacute;nico que consiente posiblemente el acceso a determinados recovecos del ser humano, por otro lado), de singular flexibilidad dado que como arte se define por su capacidad de m&iacute;mesis. De modo que cabe preguntarse c&oacute;mo ha de ser la obra literaria que refleja este universo ambiguo, plural, contradictorio e indescifrable que nos presenta Tabucchi. Obviamente, ha de resultar parejamente informe, pespunteada de huecos, de vac&iacute;os, de interrupciones e incongruencias, de dudas y de paradojas, que no proporciona certezas aunque s&iacute; una buena dosis de inquietud.</p>
<p style="text-align: left;">Para empezar, la obra adquiere respecto a su autor una in s&oacute;lita independencia, evidente desde un principio en cual quiera de las notas preliminares que suelen acompa&ntilde;ar a los libros. &Eacute;stas, en vez de cumplir su tradicional funci&oacute;n explica tiva, acaban por provocar la incertidumbre del lector, como si el autor, a la hora de expresarse sobre su obra acabada, se diera cuenta de que no sabe exactamente lo que significa, por lo que, si propone una explicaci&oacute;n, es para<br />contradecirla in mediatamente despu&eacute;s o para cubrirla en todo caso de dudas. A este hiato entre autor, lector y creaci&oacute;n contribuyen adem&aacute;s las muy frecuentes alusiones metaliterarias al proceso de escritura en las pro pias obras, poniendo posmodernamente en evidencia su condici&oacute;n artificial.</p>
<p style="text-align: left;">Por otro lado, en Tabucchi, el estilo propio, ya bastante inquieto de por s&iacute;, no supone la renuncia a los ajenos; al contrario,<br />puede llegar a alimentarse de ellos en una verdadera operaci&oacute;n de vampirismo estil&iacute;stico para hacerse plural. Abundan en sus relatos, en efecto, las referencias y citas intertextuales asimiladas e interiorizadas como alegor&iacute;a o espejo. Este trasvase no procede s&oacute;lo de la literatura, sino tambi&eacute;n de otras formas de creaci&oacute;n, especialmente de la pintura, pero tambi&eacute;n de la m&uacute;sica, culta o popular, y del cine.</p>
<p style="text-align: left;">Su escritura, en todo caso, a&uacute;na tales vericuetos tem&aacute;ticos y estil&iacute;sticos con un extremo rigor constructivo, de gran capacidad de concisi&oacute;n, en la que se combina la elusi&oacute;n de algunos elementos de la trama con la alusi&oacute;n ambigua a otros, y ambas con una para d&oacute;jica morosidad descriptiva concentrada en peque&ntilde;os deta lles secundarios de los ambientes en los que se desarrolla la acci&oacute;n. En buena parte de sus relatos y novelas, adem&aacute;s, los l&iacute;mites entre lo real y lo imaginario se desdibujan y se deja amplio espacio a lo on&iacute;rico e incluso al inconsciente, lo que contribuye a liberar el relato de la r&eacute;mora de la sucesi&oacute;n espacio-temporal. De ah&iacute;, quiz&aacute;, la frecuente ausencia de tramas definidas y, sobre todo, de finales convencionales: es el triunfo de la no-historia, inasible como lo es la verdad.</p>
<p style="text-align: left;">A compensar el v&eacute;rtigo ontol&oacute;gico que de la compleja visi&oacute;n del mundo de Antonio Tabucchi se desprende contribuye tanto el placer del relato que permea sus obras como un permanente registro l&uacute;dico, que seg&uacute;n Sergio Pitol &laquo;le impide cual quier desarreglo ret&oacute;rico, cualquier tentaci&oacute;n pomposa y lo alejan de todo <em>pathos</em> innecesario&raquo;<sup>5</sup>. Podr&iacute;a decirse, en realidad, que el conjunto de su obra constituye un ejemplo de la figura ret&oacute;rica de la iron&iacute;a, seg&uacute;n la cual se da a entender lo contrario de lo que se dice, pero la iron&iacute;a, al igual que el esp&iacute;ritu de broma es asimismo un rasgo de sus personajes, y abundan tambi&eacute;n en sus p&aacute;ginas la vena grotesca, la pincelada sat&iacute;rica y, se&ntilde;aladamente en sus &uacute;ltimos libros, aunque<br />no solo, el humor negro.</p>
<p style="text-align: left;">En conclusi&oacute;n, como dijo inmejorablemente Sergio Pitol: &laquo;Todo en Tabucchi parece configurar el ox&iacute;moron per fecto. Sus relatos est&aacute;n tejidos con elementos que, por lo gene ral, uno acostumbra a considerar como irreconciliables&raquo;<sup>6</sup>. Y quiz&aacute; sea esta la clave interpretativa que mejor cifre la compleja obra literaria del autor toscano, que, como explic&oacute; una vez, aprendi&oacute; de Pessoa que la heteronimia ten&iacute;a una vertiente novelesca, y la ha aplicado como la &uacute;nica soluci&oacute;n literaria ante un universo indescifrable. Si no podemos resolver el enigma de la vida por descarte, por reducci&oacute;n a una respuesta un&iacute;voca, intent&eacute;moslo por acumulaci&oacute;n, por pluralizaci&oacute;n de soluciones, por la introducci&oacute;n de respuestas paralelas.<br />De ah&iacute; que en su universo literario, tal como hemos apuntado, se multipliquen (y se compliquen) los temas, los g&eacute;neros, los estilos, los puntos de vista. Se ha dicho que los personajes de Tabucchi son, en realidad, voces, y, de hecho, la cuesti&oacute;n de la oralidad est&aacute; muy presente en todas su obras y a ella ha dedicado el autor toscano un hondo y conmovedor ensayo, &laquo;Un universo en una s&iacute;laba&raquo;, recogido en <em>Autobiograf&iacute;as ajenas</em>. En s&iacute;ntesis, y entre muchas otras cosas, viene a decir que la voz es de lo m&aacute;s personal que tenemos, en sentido f&oacute;nico y tambi&eacute;n en sentido figurado, pues no hay mejor met&aacute;fora de la personalidad; sin embargo, y parad&oacute;jicamente, es de lo primero que olvidamos de las personas cuando fallecen. Quiz&aacute; por ello acumule tantas voces en sus obras Tabucchi, como forma de rebeli&oacute;n contra esa inexorabilidad de nuestro destino, y como reflejo de la inagotable variedad del universo que nunca le dej&oacute; indiferente. Quiz&aacute; por eso tambi&eacute;n hayamos cifrado este sumario recorrido por su mundo literario bajo la expresi&oacute;n &laquo;polifon&iacute;a de voces&raquo;.</p>
<p style="text-align: left;">No podemos saber cu&aacute;nto tardar&aacute;n en olvidar su voz aquellos que le conocieron personalmente, pero nos queda la certeza de que esa otra forma de su voz que son sus obras est&aacute; destinada a conservarse largamente en la memoria de sus lectores.</p>
<p style="text-align: left;">&nbsp;</p>
<hr />
<p style="text-align: left;">(1) Estas p&aacute;ginas dialogan, en buena medida, con las de otro art&iacute;culo m&iacute;o publicado hace ya a&ntilde;os en esta misma revista (&laquo;Antonio Tabucchi, una escritura pos-moderna&raquo;, Turia, 37, 1996, pp. 143-165), donde se expon&iacute;a una interpretaci&oacute;n en<br />clave posmoderna de la obra del autor publicada hasta entonces. En lo que se me alcanza, ni la trayectoria posterior de Tabucchi ni su recepci&oacute;n cr&iacute;tica han desmentido las tesis que all&iacute; se planteaban, sino m&aacute;s bien lo contrario.</p>
<p style="text-align: left;">(2) El siglo XX: balance y perspectivas, Viceconsejer&iacute;a de cultura y deportes del Gobierno de Canarias, 1991, p. 24; sin indicaci&oacute;n de traductor.</p>
<p style="text-align: left;">(3) Las obras de Tabucchi se citan siempre por su t&iacute;tulo en castellano (excepto las que no han sido traducidas), si bien con el a&ntilde;o de su aparici&oacute;n original. En Espa&ntilde;a han sido publicadas en su mayor&iacute;a por la editorial Anagrama y en alg&uacute;n<br />caso por Huerga &amp; Fierro, traducidas por Carmen Artal, Joaqu&iacute;n Jord&aacute;, Pedro Luis Ladr&oacute;n de Guevara, Xavier Gonz&aacute;lez Rovira y Carlos Gumpert.</p>
<p style="text-align: left;">(4) Es bien sabido, pero recordemos que Antonio Tabucchi fue profesor universitario de portugu&eacute;s y un gran especialista en la obra de Fernando Pessoa, que estudi&oacute; y tradujo al italiano. Sus ensayos sobre el gran poeta portugu&eacute;s han sido<br />recogidos en Un ba&uacute;l lleno de gente (1990).</p>
<p style="text-align: left;">(5) Sergio Pitol, &laquo;Un pu&ntilde;ado de citas para llegar a Antonio Tabucchi&raquo;, El Pa&iacute;s, 28-VIII-88.</p>
<p style="text-align: left;">(6) Ib&iacute;dem.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 07 May 2013 15:42:23 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Santiago Auserón: “La cultura, sometida a las leyes del mercado, ha acabado siendo una caricatura”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/santiago-auseron-la-cultura-sometida-a-las-leyes-del-mercado-ha-acabado-siendo-una-caricatura/</link>
      <description><![CDATA[<p><img style="float: right; margin-left: 15px;" title="Santiago Auser&oacute;n" src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/santiago-auseron-int.jpg" alt="Santiago Auser&oacute;n" /></p>
<p>En lo que me concierne, no creo poder librarme de la necesidad de hacer canciones, tratando de vislumbrar a trav&eacute;s de ellas lo que todav&iacute;a no entiendo de la existencia y de la vida en com&uacute;n, que es pr&aacute;cticamente todo&raquo;. Lo confiesa Santiago Auser&oacute;n en su reci&eacute;n publicado ensayo <em>El ritmo perdido</em> (Pen&iacute;nsula), un libro en el que desarrolla todos sus descubrimientos sobre los or&iacute;genes africanos que atraviesan el coraz&oacute;n de la m&uacute;sica hispana, pero que tambi&eacute;n es una suerte de biograf&iacute;a con sabor a verdad a trav&eacute;s de las referencias sonoras de toda una vida. No pod&iacute;a ser de otro modo trat&aacute;ndose de un compositor, de un fabricante de canciones, de un mito en la trayectoria del pop de este pa&iacute;s a trav&eacute;s de formaciones como Radio Futura y Juan Perro. El ni&ntilde;o al que su abuela colaba en las &uacute;ltimas filas del Cine Dorado de Zaragoza, donde trabajaba, haci&eacute;ndole percibir &laquo;el sonido amplificado en la oscuridad&raquo;; el que aprend&iacute;a el repertorio de la zarzuela de manos de su madre, sigue manteniendo los ademanes del chaval curioso, atento a las voces y ruidos del barrio, pero tambi&eacute;n a los susurros surgidos del interior, esos que alientan la reflexi&oacute;n y el car&aacute;cter introspectivo. Esos dos territorios, el de afuera y el de adentro, definen a este hombre desdoblado en m&uacute;sico y fil&oacute;sofo, viajero y pensador, que bien puede disfrutar encima de un escenario como encerrado en casa leyendo a Plat&oacute;n o a&ntilde;adiendo palabras, contenidos, nuevas ideas a una tesis doctoral en la que lleva tiempo trabajando sin prisas aparentes. &laquo;El secreto de mi oscilaci&oacute;n entre la m&uacute;sica y los libros consiste en el gusto por el exceso, sin m&aacute;s, en la tentaci&oacute;n de rebasar los l&iacute;mites. Despu&eacute;s de los d&iacute;as de agitaci&oacute;n en carretera necesito estar a solas con los papeles, igual que necesito luego, seg&uacute;n avanza el ciclo lunar, salir a la calle y correr el riesgo de olvidar lo poco que llevo aprendido&raquo;, asegura en <em>El ritmo perdido,</em> donde no s&oacute;lo se retrata a s&iacute; mismo sino a toda una generaci&oacute;n que en la adolescencia empez&oacute; a vivir la m&uacute;sica &laquo;de forma intensa y colectiva&raquo;. A este encuentro, que tuvo lugar un d&iacute;a lluvioso en la cafeter&iacute;a de un c&eacute;ntrico hotel madrile&ntilde;o, Auser&oacute;n acude totalmente vestido de negro. De fondo suena m&uacute;sica de jazz y en el momento de la transcripci&oacute;n la inconfundible voz de Ella Fitzgerald no deja de escucharse, solapada bajo el tono contundente con el que el entrevistado responde, un tono que se eleva y se suaviza a r&aacute;fagas, al tiempo que se va trazando el retrato de un inconformista, un rebelde nato, un ser cr&iacute;tico, profundo y a la vez dispuesto a la jocosidad, siempre acostumbrado a cuestionarse el mundo, a hacerse preguntas en voz baja.</p>
<p>&mdash; <em>El ritmo perdido</em> es una especie de mapa de tu vida, magn&iacute;fico para guiar la corriente de esta conversaci&oacute;n. Hay dos partes bien diferenciadas: una primera de car&aacute;cter puramente biogr&aacute;fico, que sorprende por la sencillez y autenticidad a la hora de contar la propia vida, y una segunda, donde se concentra toda la investigaci&oacute;n sobre un tema, las huellas de la negritud, el mestizaje, que siempre te ha interesado.</p>
<p>&mdash; S&iacute;. Lo que he hecho es utilizar la autobiograf&iacute;a, partir de la experiencia personal para pasar a averiguar cosas que ni la musicolog&iacute;a ni la filolog&iacute;a espa&ntilde;ola hab&iacute;an acabado de aclarar, sobre todo en lo que respecta a las relaciones inter&eacute;tnicas en el terreno de la canci&oacute;n popular y en particular de los ritmos. Mi prop&oacute;sito es abrir un camino de estudios interdisciplinares que no suelen llevarse a cabo en Espa&ntilde;a y es evidente que detr&aacute;s de esta investigaci&oacute;n se encuentran las lecturas y escuchas de toda una vida, registros, experiencias y conocimientos que en este momento me he decidido a poner por escrito, a ordenar.</p>
<p>&mdash; &iquest;Por qu&eacute; precisamente ahora?</p>
<p>&mdash; Entre otras cosas porque estoy intentando acabar una tesis de filosof&iacute;a &ndash;yo sigo siendo estudiante de filosof&iacute;a&ndash; en la que llevo trabajando m&aacute;s de 20 a&ntilde;os. Una tesis sobre el papel del sonido en el pensamiento, tanto en el lenguaje como en relaci&oacute;n con los sonidos musicales. &iquest;Qu&eacute; sucede? Pues que el estudio se detiene de vez en cuando porque no s&eacute; c&oacute;mo avanzar o porque necesito leer m&aacute;s y no tengo tiempo para hacerlo. Es ah&iacute;, en ese contexto, en el que me han ido surgiendo interrogantes con respecto a mi propia cultura y a mi experiencia infantil y adolescente en relaci&oacute;n con la m&uacute;sica que vino de otro continente, a trav&eacute;s de otra lengua; en particular la m&uacute;sica de los negros americanos y sus derivas intercontinentales, las de los grupos blancos que la reprodujeron despu&eacute;s. Se trata de un estadio, de un momento muy determinado de la cultura de masas que tiene antecedentes y tambi&eacute;n consecuencias, algunas de las cuales estamos viviendo ahora. Todo esto se ha ido convirtiendo para m&iacute; en un tema cada vez m&aacute;s apasionante. Al escarbar un poco en la tradici&oacute;n l&iacute;rica espa&ntilde;ola, en lo que ten&iacute;amos antes de que vivi&eacute;ramos ese fen&oacute;meno de modernizaci&oacute;n de la escucha, me he dado cuenta de que en la Espa&ntilde;a del Siglo de Oro sucedieron cosas que guardan evidentes paralelismos con lo que ha pasado en la cultura de masas.</p>
<p><strong>&laquo;Yo viv&iacute; la infancia siendo ya viejo&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; El ensayo arranca en la infancia. &iquest;C&oacute;mo contemplas esa etapa de la vida, como un para&iacute;so perdido o como un per&iacute;odo mitificado?</p>
<p>&mdash; En mi caso, ni una cosa ni otra. Yo viv&iacute; la infancia siendo ya viejo (risas). Puede que fuese porque me educaron siendo el mayor en una familia numerosa, porque me prepararon para ser excesivamente consciente de las cosas desde muy pronto y as&iacute; poder intervenir un poco como mediador entre el mundo de los adultos y el mundo de la infancia. Lo m&iacute;o fue ser precoz en medio de una peque&ntilde;a tribu de ni&ntilde;os... No s&eacute;, pero lo cierto es que enseguida adopt&eacute; una actitud consciente y reflexiva, tal vez antes de tiempo. A partir de esa constataci&oacute;n, puedo decir que poco a poco asisto al desmoronamiento de mi consciencia y a lo mejor me voy transformando en un infante senil, d&iacute;a a d&iacute;a m&aacute;s caprichoso (carcajadas). En cierto modo intento compensar esa actitud de haber sido un ni&ntilde;o viejo, entre comillas, con una especie de prolongaci&oacute;n de la adolescencia y de la ni&ntilde;ez en la edad madura. Y lo que es evidente es que entonces yo ya ten&iacute;a inquietudes que sigo manteniendo. Hay un aspecto de la pesquisa en la vida, que corresponde a la actitud del ni&ntilde;o frente al mundo, que creo que de una manera u otra todos mantenemos y que es interesante hacer constar. Tenemos que ayudar al ni&ntilde;o que llevamos dentro, al igual que tenemos que asimilar que cargamos con un anciano.</p>
<p>&mdash; En la infancia que se dibuja en el libro da la sensaci&oacute;n de que se atrapan momentos de felicidad, momentos que han quedado detenidos en la memoria, en la retina, a la manera de instant&aacute;neas fotogr&aacute;ficas. &iquest;Instant&aacute;neas tal vez idealizadas con el paso del tiempo?</p>
<p>&mdash; Puede ser, pero yo creo que no se trata tanto de felicidad. Recuerdo fases de mi infancia emocionantes, de descubrimiento. Yo tuve una ni&ntilde;ez movida, por el oficio de mi padre, que era top&oacute;grafo, lo cual nos obligaba a desplazarnos mucho. As&iacute;, la primera etapa en Zaragoza, mi ciudad natal, donde &eacute;l trabajaba para los americanos de la base militar, fue una fuente muy f&eacute;rtil de informaci&oacute;n musical que luego pude contrastar en diversas regiones porque cada dos o tres a&ntilde;os cambi&aacute;bamos de domicilio. Y eso lo recuerdo con una mezcla de sensaciones, algunas de ellas emocionantes, de descubrimiento, y otras con un poco de tristeza porque supon&iacute;a dejar colegios a los que ya estaba acostumbrado, c&iacute;rculos de amigos... Siempre me resist&iacute;a a empezar de nuevo en otro sitio, pero luego era muy estimulante descubrir las posibilidades que se abr&iacute;an en una ciudad diferente, en un medio ajeno que te conduc&iacute;a a vencer las resistencias. Esa ha sido una experiencia a la que me he tenido que enfrentar muchas veces, que luego se ha convertido en un modo de vida y que me ha dotado de un car&aacute;cter n&oacute;mada que no creo que me vaya a abandonar nunca.</p>
<p>&mdash; Evidentemente vivencias as&iacute; permiten percibir desde muy pronto la mezcla de culturas, de paisajes, de caracteres, algo que marca a Santiago Auser&oacute;n en su trayectoria vital y creativa.</p>
<p>&mdash; Sin lugar a dudas. Todo eso ha inclinado mi sensibilidad a apreciar particularmente las zonas de contacto, fronterizas, y a disfrutar de las diferencias en lugar de sentirme amenazado por ellas. Yo creo que las diferencias no son lugares en los que se establece un abismo entre las cosas o entre las personas, sino que son los espacios donde se establecen los lazos imperceptibles. Esa es precisamente la zona que m&aacute;s me interesa. Y no me refiero a las diferencias aparentes que dan lugar a las oposiciones y a los grandes contrastes. Hablo de esas otras menores, tan dif&iacute;ciles de captar, donde tambi&eacute;n se establecen lazos sutil&iacute;simos. Es en el contacto donde se gestan las diferencias.</p>
<p>&mdash; La m&uacute;sica est&aacute; siempre presente en esas r&aacute;fagas de felicidad de las que habl&aacute;bamos: est&aacute; el cine, la m&uacute;sica que ya le comunica tantas cosas en la sala oscura; est&aacute; la escena de sus padres bailando; las zarzuelas que escuchaba toda la familia...</p>
<p>&mdash; Repito que no s&eacute; si la palabra perfecta para describir todo eso sea felicidad. No era una sensaci&oacute;n de plenitud con la que yo me regocijase, pero s&iacute; es cierto que todos mis sentidos estaban completamente despiertos, que percib&iacute;a una corriente de intensidad que me abr&iacute;a los o&iacute;dos y los ojos, todos los poros de la piel. Tal vez eran situaciones m&aacute;s de exaltaci&oacute;n visionaria que de serena alegr&iacute;a; situaciones de descubrimiento expectante: asistir a los sonidos que, por ejemplo, se produc&iacute;an en casa cuando yo era un ni&ntilde;o con los discos que tra&iacute;an los americanos, o ver en la oscuridad del cine esas primeras pel&iacute;culas, que no entend&iacute;a nada y a las que pod&iacute;a acceder porque mi abuela, que trabajaba en el cine Dorado, en Zaragoza, me colaba por la parte de atr&aacute;s, por donde entraban los acomodadores. Me ocultaba en un patio de plantas que hab&iacute;a en el local y despu&eacute;s me sentaba en la &uacute;ltima fila. Ah&iacute; estaba yo, con cuatro o cinco a&ntilde;os, viendo pel&iacute;culas para mayores. Y ah&iacute; estoy, en casa, escuchando las zarzuelas en la radio... Lo cierto es que la electricidad,<br />los medios electr&oacute;nicos, las im&aacute;genes, las palabras y los sonidos grabados, reproducidos, han forjado la formaci&oacute;n de mi sensibilidad, de mi conciencia.</p>
<p><strong>Zaragoza, ciudad de contrastes</strong></p>
<p>&mdash; Hay una geograf&iacute;a concreta donde empieza todo, la ciudad de Zaragoza. Recuerdas la luz excesiva y el tono alto con el que se expresan tus paisanos. &iquest;De qu&eacute; manera ha influido Zaragoza en tus inclinaciones, qu&eacute; te ha aportado?</p>
<p>&mdash; Esa luz est&aacute; ah&iacute;, me reencuentro con ella siempre que voy. Y tambi&eacute;n sigo percibiendo el tono alto, la voz fuerte, la frase jotera, poniendo pulm&oacute;n y diafragma en el decir. He vivido Zaragoza como un abrazo muy interesante entre tradiciones rurales, tradiciones que ven&iacute;an del campo, como si las trajera el r&iacute;o Ebro, y el cosmopolitismo de una ciudad despierta a las tendencias internacionales. Y, adem&aacute;s de eso, al mismo tiempo, hab&iacute;a una tercera ciudad, la ciudad institucional del franquismo, la de la Academia militar y la de la Bas&iacute;lica del Pilar. Pero es curioso que en torno a esas circunstancias de cierto peso, la vida urbana se las arreglaba para tejer un ambiente muy abierto, bien informado de lo que pasaba en el mundo; alimentado de las sustancias del campo: buenos alimentos, buenos vinos, buenos aperitivos, y a la vez con esa especie de franqueza r&uacute;stica combinada con cierto humor socarr&oacute;n, cierta inteligencia mundana. Todas esas&nbsp; caracter&iacute;sticas, esos dones, tal como yo los recib&iacute; de mis paisanos eran incluso m&aacute;s intensos que ese poder&iacute;o institucional del nacionalcatolicismo, que tambi&eacute;n experiment&eacute; en mi infancia de una manera muy potente. He vivido<br />parte de sus terrores y parte de sus exaltaciones y he hecho con todo ello lo mejor que he podido.</p>
<p>&mdash; &iquest;En la actualidad cu&aacute;l es tu contacto con esa ciudad de mezclas, de contrastes?</p>
<p>&mdash; Sin duda es una ciudad de contrastes, contrastes que tal vez favorezcan la constituci&oacute;n de una mente un tanto esquizoide (risas de nuevo). Sigue siendo una urbe muy culta, sigue habiendo tertulias, c&iacute;rculos literarios... Yo hoy no participo de esa vida, pero me alegra que sea as&iacute;. Me alegra que siga habiendo muy buenos poetas en Zaragoza, que siga habiendo una actividad literaria de nivel y que sea un lugar donde interesa la Historia, algo que a m&iacute; me parece<br />muy importante.</p>
<p>&mdash; La m&uacute;sica est&aacute; muy presente en el ambiente familiar, por decirlo de alg&uacute;n modo, fuiste un ni&ntilde;o programado para la m&uacute;sica, con un o&iacute;do muy desarrollado.</p>
<p>&mdash; S&iacute;. Mis padres se conocieron haciendo zarzuelas y mi madre nos pon&iacute;a a los cr&iacute;os a escucharlas por la radio en un repertorio que ella se sab&iacute;a de memoria, a la perfecci&oacute;n, en su totalidad. Lo hab&iacute;a hecho como aficionada y nos pon&iacute;a a aprendernos las distintas piezas, a practicar los papeles de gal&aacute;n o de c&oacute;mico, mientras que mi padre era un difusor activo de la m&uacute;sica y del baile. Admiraba a sus amigos, soldados americanos negros, que se mov&iacute;an de una manera que a &eacute;l le hac&iacute;a estallar en carcajadas, y trataba de reproducir sus gestos, lo cual le resultaba sencillo porque bailaba muy<br />bien, as&iacute; como su manera de cantar. Durante esa etapa pas&oacute; de top&oacute;grafo a ser algo as&iacute; como gerente &laquo;entertainment&raquo; del club de soldados de la Base Americana de Zaragoza. All&iacute; se ofreci&oacute; a algunos espa&ntilde;oles que quisieran aprender ingl&eacute;s la posibilidad de quedarse con puestos de trabajo bien retribuidos y mi padre aprovech&oacute; la oportunidad y se dedic&oacute; a dirigir el bingo, a contratar a las orquestas, a organizar las fiestas del club de soldados... Eso nos mantuvo en un ambiente muy musical. Los discos llegaban a casa porque conforme sal&iacute;an los soldados recib&iacute;an por avi&oacute;n las &uacute;ltimas novedades de Duke Ellington, Ella Fitzgerald, Nat King Cole, Louis Armstrong... Son los que recuerdo, aunque entonces yo no les prestaba demasiada atenci&oacute;n porque me interesaba m&aacute;s el rock and roll, que era lo que yo ve&iacute;a que tambi&eacute;n atra&iacute;a a los otros ni&ntilde;os de la calle. Los chavales atend&iacute;amos a esa m&uacute;sica m&aacute;s primitiva, m&aacute;s de baile, m&aacute;s sencilla, mientras en casa sonaba el buen jazz. Haberlo o&iacute;do desde ni&ntilde;o me ha servido luego, al poderlo recuperar ya consciente y de forma deliberada; al empezar a aprenderlo desde el oficio, cuando me dije: &laquo;bueno, no me voy a conformar con los cuatro acordes del rock. Yo soy rockero por naturaleza, pero ahora voy a averiguar c&oacute;mo est&aacute;n construidas esas maravillosas<br />canciones de Ellington o de Louis Armstrong.</p>
<p><strong>Canciones que son c&eacute;lulas de civilizaci&oacute;n</strong></p>
<p>&mdash; En este momento de la conversaci&oacute;n suena Ella Fitzgerald y Auser&oacute;n se detiene, aguza el o&iacute;do, se explica:</p>
<p>&mdash; Son canciones que son c&eacute;lulas de civilizaci&oacute;n, porque dentro de un formato minimalista encajan la sabidur&iacute;a sobre armon&iacute;a y las formas mel&oacute;dicas m&aacute;s refinadas, heredada de los cl&aacute;sicos de Europa que los negros han sabido, con esa virtud particular que tienen para el sonido, integrar en un formato popular. En los standards afroamericanos hay condensada una sabidur&iacute;a desmesurada, son c&eacute;lulas de civilizaci&oacute;n grandiosas, interraciales, porque hay elementos<br />blancos y negros en ellas. Esa conjunci&oacute;n de &Aacute;frica y Europa es un modo de conocimiento que se reproduce despu&eacute;s en<br />Brasil, en todo el universo de la samba y de la bossa nova. Son modos de encuentro entre lo negro y lo blanco, potenciados por el Nuevo Mundo, por Am&eacute;rica, y devueltos al resto del planeta a trav&eacute;s de los medios de difusi&oacute;n. Son fen&oacute;menos tremendamente complejos, hechos a los que tenemos que seguir atendiendo, que todav&iacute;a tienen muchas cosas que decir.</p>
<p>&mdash; Hemos rastreado muy claramente las influencias, las inclinaciones musicales en este repaso, pero, &iquest;d&oacute;nde, en qu&eacute; momento concreto, aparece la pasi&oacute;n por la filosof&iacute;a?</p>
<p>&mdash; Pues de una manera muy curiosa y anecd&oacute;tica, pero no exenta de sentido. Yo empec&eacute; a trabajar como delineante a los 15 a&ntilde;os porque ve&iacute;a las dificultades que atravesaba mi familia, una familia de siete hermanos, pero no dej&eacute; de estudiar. Entr&eacute; como aprendiz de delineante en la misma empresa en la que entonces trabajaba mi padre, y all&iacute; estuve durante 10 a&ntilde;os. En los ratos en los que hab&iacute;a poco trabajo tanto mi padre como el ingeniero jefe me animaban a estudiar. All&iacute; me le&iacute; por primera vez, en mi tablero de delineante, las obras completas de Garc&iacute;a Lorca y abr&iacute; el libro de filosof&iacute;a de sexto de bachillerato. Mi padre y sus compa&ntilde;eros quer&iacute;an que me convirtiese en ingeniero de caminos, pero a m&iacute; aquello me daba terror. Sab&iacute;a que aquel universo no era el m&iacute;o y, sin embargo, el libro de filosof&iacute;a me abr&iacute;a una ventana inusitada por la que entraba la libertad del pensamiento. Aquello era una nube distinta que me interesaba, que me permit&iacute;a ir por caminos<br />que no estaban condicionados. Me acuerdo de tratar de entender las teor&iacute;as sobre la materia y la forma en Arist&oacute;teles o la explicaci&oacute;n de Kant sobre el espacio y el tiempo como formas a priori de la sensibilidad, y, claro, ante tales enigmas convertirme en ingeniero de caminos no ten&iacute;a ninguna relevancia. Esas nuevas ideas se fueron convirtiendo para m&iacute; en algo palpitante, apasionante, que luego fue estimulado por algunas amistades que me empezaron a prestar libros ya un poco m&aacute;s comprometidos con la realidad cercana: la historia del movimiento obrero o la historia de la negritud, la poe -<br />s&iacute;a de los negros... La gente mayor que yo, en aquellos pueblos de Huelva donde viv&iacute;amos en aquellos &uacute;ltimos a&ntilde;os del franquismo, se pasaba informaci&oacute;n de una manera muy urgente y yo asist&iacute;a a esos intercambios con mucha curiosidad. Ah&iacute; el encuentro con la filosof&iacute;a en el libro de sexto de bachillerato se prolong&oacute; en la intriga de los j&oacute;venes que estaban inquietos en aquella etapa final de la dictadura. Fue todo eso lo que acab&oacute; forjando una vocaci&oacute;n por la filosof&iacute;a, por el pensamiento cr&iacute;tico.</p>
<p><strong>Madrid, m&uacute;sica y filosof&iacute;a</strong></p>
<p>&mdash; Madrid ya era un horizonte pr&oacute;ximo, &iquest;no?</p>
<p>&mdash; S&iacute;. En aquellos momentos el ir a Madrid se convirti&oacute; para m&iacute; en un objetivo. Y tuve la enorme suerte de que poco despu&eacute;s destinaron a mi padre a la capital. Estudi&eacute; filosof&iacute;a en la Complutense y m&aacute;s tarde, una vez acabada la carrera, pude irme a Par&iacute;s a conocer y escuchar de viva voz a los maestros que entonces me empezaban a interesar m&aacute;s. Permanec&iacute; all&iacute; un a&ntilde;o y comenc&eacute; mi tesis, que dej&eacute; interrumpida para entrar en el local de Radio Futura (risas). La filosof&iacute;a y el <em>rock and roll</em> alternaban de una manera un poco extra&ntilde;a, durante un periodo predominaba una y viceversa.</p>
<p>&mdash; Pero, &iquest;composici&oacute;n y filosof&iacute;a no son de alg&uacute;n modo disciplinas afines, ventanas a trav&eacute;s de las cuales contemplar el mundo y acceder al interior de uno mismo?</p>
<p>&mdash; Sin duda alguna. Son modos de conocimiento de la realidad que se establecen en diversas plataformas o grados, puertas o ventanas distintas que te proporcionan accesos pr&oacute;ximos, interrelacionados, y que mantienen sus diferencias para adentrarte en el mundo, en la realidad, para permitir que te muevas entre las formas y los seres que te salen al paso en la vida. Y al mismo tiempo, s&iacute;, la introspecci&oacute;n, que para m&iacute; es tan importante como la consideraci&oacute;n de la experiencia exterior. Yo no hago una diferencia tan notoria como hacen algunos pensadores que favorecen la experiencia objetiva frente a la introspecci&oacute;n o el subjetivismo. Creo que en el fondo se trata de lo mismo, dentro de un entorno m&aacute;s reducido o en espacios cada vez m&aacute;s amplios. Se trata de lo mismo, s&iacute;, en el sentido de que en todas partes hay diferencias que multiplican y hay que atender a esa multiplicidad de diferencias. Para m&iacute; es verdad que mi trabajo se ha transformado en una especie de taller triangular muy dif&iacute;cil de sostener entre la letra, la m&uacute;sica y la reflexi&oacute;n, composici&oacute;n, sonido musical, lenguaje... pero en el fondo son fen&oacute;menos que est&aacute;n muy ligados. Y la canci&oacute;n simboliza el encuentro de los tres porque es una uni&oacute;n de letra y m&uacute;sica y a la vez una c&eacute;lula cultural que lleva a la reflexi&oacute;n, que tiene una movilidad que incita al pensamiento.</p>
<p>&mdash; Incluso en tu faceta reflexiva la m&uacute;sica est&aacute; muy presente, digamos que el Auser&oacute;n fil&oacute;sofo bebe de sus experiencias sonoras. Has investigado a fondo sobre la funci&oacute;n musical de la m&eacute;trica en la poes&iacute;a tradicional castellana; siempre te ha interesado todo lo relacionado con el lenguaje...</p>
<p>&mdash; En efecto. El lenguaje antes que nada es sonido y aunque est&eacute; tan condicionado por el hecho del registro de la escritura, por su fijaci&oacute;n, la escritura sin el habla no es nada. Hace falta que el habla viva en relaci&oacute;n con la escritura para que &eacute;sta tenga poder. La escritura necesita ser reavivada por el sonido, por el habla, aunque sea un habla interiorizada, no dialogante, una experiencia interior, solitaria. Pero en realidad nos hablamos a nosotros mismos cuando leemos; m&aacute;s bien otro nos habla a nosotros mismos, un otro que en parte tambi&eacute;n somos nosotros. A m&iacute; siempre me ha interesado<br />mucho el fen&oacute;meno del lenguaje y cuando era estudiante esos temas realmente me fascinaban, pero en relaci&oacute;n con la ling&uuml;&iacute;stica estructural siempre he desconfiado de esa separaci&oacute;n tan dr&aacute;stica que quieren hacer entre lo que es pertinente y lo que no, por ejemplo la distinci&oacute;n entre los fonemas. El hecho f&oacute;nico es la materia bruta del lenguaje, pero en la lengua lo que interviene es la oposici&oacute;n significante entre los signos. Esto es esto y no lo otro, un solo fonema cambia el significado, el sentido, de una palabra, pero yo creo que adem&aacute;s de esa operaci&oacute;n l&oacute;gica el cerebro integra otras cosas, integra la materialidad de los significantes, por decirlo as&iacute;. Quiero decir que el lenguaje es un hecho que incluye tambi&eacute;n fen&oacute;menos sonoros y probablemente la m&uacute;sica. Las m&uacute;sicas m&aacute;s primitivas han influido a trav&eacute;s de la voz humana en la manera de configurar los signos ling&uuml;&iacute;sticos. Esta es una teor&iacute;a muy arriesgada pero que me atrevo a defender &uacute;ltimamente. Y, por otro lado, los sonidos musicales forman una trama muy misteriosa. Hay sonidos que por naturaleza nos suenan agradables y quienes estudian los fen&oacute;menos ac&uacute;sticos saben que, a partir de un sonido determinado, se producen ciertas frecuencias regulares con las que sucede justo lo contrario, que ya no resultan tan arm&oacute;nicas. &iquest;Hasta qu&eacute; punto interviene en todo esto el modo en el que el o&iacute;do humano percibe el choque, el roce, entre las cosas, que algunas veces es armonioso y otras no? En fin, son asuntos que me resultan muy enigm&aacute;ticos, muy intrigantes y muy dif&iacute;ciles de resolver de una manera simplista. Hay que mantener el o&iacute;do muy abierto y dedicar tiempo a seguir escuchando para ir accediendo al fondo. Ah&iacute;, la simple pr&aacute;ctica del verso escrito para ser cantado, o de la guitarrita o el instrumento que sea para acompa&ntilde;ar el canto, pone en juego misterios tan alucinantes que te incitan de forma irremediable a la reflexi&oacute;n.</p>
<p>&mdash; &iquest;Qu&eacute; frontera separa al compositor del poeta? Aunque hay muchas reticencias a considerar, por ejemplo, a Bob Dylan<br />como hombre de letras en el sentido m&aacute;s elevado, otros lo ven digno merecedor del Premio Nobel.</p>
<p>&mdash; Yo quiero ser prudente con ese tema. Para m&iacute; no es relevante que Dylan se acabe convirtiendo en Nobel. Pero s&iacute; lo fue el efecto Dylan, sobre todo en sus primeros discos, cuando realmente introdujo el lenguaje derivado del surrealismo y del simbolismo franc&eacute;s en la canci&oacute;n americana y, en consonancia con algunos otros poetas de su generaci&oacute;n y de la generaci&oacute;n inferior, electrific&oacute; esas inquietudes partiendo del folk como primer paso. Eso s&iacute; tiene resonancia; que le den la Legi&oacute;n de Honor, el Nobel o que lo reciba el Papa no es nada en comparaci&oacute;n...</p>
<p><strong>&laquo;Hay que aspirar a los goces y las visiones de lo que, en otras &eacute;pocas, s&oacute;lo disfrutaban las &eacute;lites&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; Pero, en cualquier caso, esa designaci&oacute;n s&iacute; puede considerarse un s&iacute;mbolo de la ruptura de las fronteras entre las dos formas de creaci&oacute;n.</p>
<p>&mdash; Ya, pero yo ya parto de eso, de que la cultura popular es tan interesante, puede o deber&iacute;a llegar a ser tan interesante como la cultura de &eacute;lite. En realidad lo que estamos haciendo gente como yo es tratar de robar a las &eacute;lites cl&aacute;sicas, a las vanguardias cl&aacute;sicas, salidas de las mejores familias, por decirlo as&iacute;, sus pertenencias y difundirlas entre los hijos del proletariado. Yo me siento un poco as&iacute;, me siento difusor, pero difusor sin degradar. No hay que difundir para vulgarizar, sino desde el pupitre de la clase obrera o desde el taller po&eacute;tico de la clase trabajadora, hay que aspirar a los goces y las visiones de lo que en otras &eacute;pocas s&oacute;lo disfrutaban las &eacute;lites. En cuanto a mi implicaci&oacute;n con la poes&iacute;a en particular, me gusta establecer algunas diferencias, porque es cierto que en el origen de nuestra civilizaci&oacute;n, en tiempos de la tradici&oacute;n oral, toda la poes&iacute;a era cantada, la l&iacute;rica, la &eacute;pica, incluso el drama. La m&uacute;sica era el veh&iacute;culo que ten&iacute;an entonces, el veh&iacute;culo nemot&eacute;cnico, expresivo; lo mismo que hoy es el disco duro. Era el soporte para que las palabras de la tribu perdurasen, fueran transmitidas, hacia todo el grupo y de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n. Pero a partir de la primera mitad del siglo XX entramos en una fase casi impuesta en la que la escritura individual y solitaria se independiz&oacute; ya del fen&oacute;meno sonoro, colectivo, comunitario, y ha ido corriendo hacia un destino bien distinto, un lenguaje liberado de la m&eacute;trica del verso, de las obligaciones de la rima y de las formas estructurales de la estrofa. La tarea de los poetas ha adquirido una especie de especificidad que se distancia de su origen compartido con la m&uacute;sica. Yo asisto a la aventura de los poetas con mucho inter&eacute;s, porque es otra aventura que s&oacute;lo ellos pueden llevar a cabo. Un poeta es alguien que dice cosas que es necesario decir de la &uacute;nica manera posible de decirlo o de averiguarlo. El poeta es alguien que acomete un trabajo solitario y no me parece bien confundir esa tarea a la ligera con la tarea del que hace canciones conect&aacute;ndose a un amplificador, a la red el&eacute;ctrica, vacilando con amigos y viajando con una furgoneta por los pueblos. No quiero decir que la tarea del cantor sea fr&iacute;vola, pero...</p>
<p><strong>&laquo;Estamos acerc&aacute;ndonos a un periodo de dificultades extremas para poder seguir haciendo canciones interesantes&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; Pero previamente, en el trabajo de composici&oacute;n, existe esa misma soledad, esa b&uacute;squeda de sentidos, de respuestas.</p>
<p>&mdash; S&iacute;, pero el compositor de canciones enseguida que puede se conecta, se enchufa, se vincula. Y la canci&oacute;n popular es acabada en colectivo, siempre. Mientras que el poema contempor&aacute;neo es producto de un ahondamiento en la soledad, la canci&oacute;n popular contempor&aacute;nea es el resultado de un intercambio el&eacute;ctrico de emociones. Esa especificidad hay que preservarla sin que eso pretenda establecer jerarqu&iacute;as culturales, porque la poes&iacute;a no s&oacute;lo est&aacute; en los versos, en el oficio de poeta. La poes&iacute;a como hecho de conocimiento del mundo, como emoci&oacute;n, no est&aacute; solo en los versos escritos. Todas<br />las artes aspiran a su modo a alcanzar un grado de creaci&oacute;n, en el sentido original de la palabra po&eacute;tica, un grado en el que asisten y contribuyen a la g&eacute;nesis de las cosas. En ese sentido yo reivindico que la canci&oacute;n popular contempor&aacute;nea tambi&eacute;n debe tener acceso a la po&eacute;tica, pero nunca confundi&eacute;ndola con la labor de sus art&iacute;fices. Hoy hay que proteger la tarea de los poetas, como hay que proteger tambi&eacute;n a la canci&oacute;n contempor&aacute;nea, porque hubo un tiempo en el que se sirvi&oacute; de todas las facilidades sociales y se vio protegida por la fortuna, pero ahora ya no estamos en esos tiempos, ahora estamos acerc&aacute;ndonos a un periodo de dificultades extremas para poder seguir haciendo canciones interesantes. En eso, s&iacute;, ya nos parecemos cada vez m&aacute;s a los poetas.</p>
<p><strong>La Transici&oacute;n y los 80, la vitalidad y el descaro</strong></p>
<p>&mdash; En contraste con esta &eacute;poca que vivimos est&aacute;n los 80. En perspectiva, a distancia, &iquest;c&oacute;mo valoras aquella etapa, qu&eacute; condiciones se dieron para que se produjera esa efervescencia, ese florecimiento del pop espa&ntilde;ol, esa especie de edad de oro, con tantos grupos haciendo cosas interesantes, de calidad, sin que eso estuviese re&ntilde;ido con la comercialidad?</p>
<p>&mdash; Lo m&aacute;s importante para m&iacute; es que se dio una coyuntura social, un estado de la atenci&oacute;n p&uacute;blica. Yo creo que toda la sociedad espa&ntilde;ola compart&iacute;a, desde los chiquillos a las abuelas, una capacidad para ver y escuchar cosas nuevas. Eso pas&oacute; durante unos a&ntilde;os y ese estado de receptividad de una sociedad, esa disponibilidad del imaginario colectivo para inventarse un poco el pa&iacute;s o lo que habr&iacute;a de venir, ese estado que fue la Transici&oacute;n, ten&iacute;a que ver con la necesidad de desligarse de los aspectos sombr&iacute;os de la dictadura y de abrirse a unos horizontes m&aacute;s luminosos, una motivaci&oacute;n<br />compartida con los c&iacute;rculos internacionales. La Transici&oacute;n, sobre todo para m&iacute;, fue ese estado de apertura de las conciencias y de la imaginaci&oacute;n de las personas, que se atrev&iacute;an a imaginar una parte de la vida que les tocaba vivir y que podr&iacute;a venir en el futuro. Eso fue para m&iacute; lo esencial de esa &eacute;poca y las manifestaciones art&iacute;sticas, en particular la m&uacute;sica, muchas de las canciones que se hicieron, respond&iacute;an a ese estado. Pero si ahora cogemos un programa de<br />televisi&oacute;n de entonces, hacemos un repaso del repertorio, de las personas que pulul&aacute;bamos por all&iacute;, y lo planteamos como una edad de oro de la canci&oacute;n espa&ntilde;ola no se sostiene, porque no ten&iacute;amos background, no ten&iacute;amos formaci&oacute;n, no ten&iacute;amos experiencia. Visto como una foto fija o como un audiovisual en el que se puedan ver las calidades, tampoco hab&iacute;a tantas calidades, lo que hab&iacute;a era un descaro bastante notorio. Lo que hab&iacute;a era vitalidad, deseo puesto en juego por primera vez, incluso sin informaci&oacute;n y sin tradici&oacute;n de cultura, porque nos hab&iacute;an mantenido en la incultura deliberada. Fuimos capaces de atrevernos y de cumplir el destino de Espa&ntilde;a reclamando nuestra parte de participaci&oacute;n, pero entonces hubi&eacute;ramos tenido que reclamar tambi&eacute;n la consolidaci&oacute;n de esas expectativas a lo largo del tiempo, haber sido capaces de durar, de hacer durar nuestro deseo de coraz&oacute;n, en lugar de morirnos de estrellato en la barra de los bares.</p>
<p>&mdash; Eso es un poco duro. &iquest;Realmente fue lo que pas&oacute;?</p>
<p>&mdash; Claro que pas&oacute;. Algunos murieron de estrellato en la barra de los bares y otros se aferraron a una forma de estrellato medi&aacute;tico est&eacute;ril. Y ah&iacute; muri&oacute; la movida, cuando podr&iacute;amos estar en una movida permanente, pero con aspiraciones art&iacute;sticas cada vez de m&aacute;s enjundia.</p>
<p>&mdash; &iquest;Radio Futura era una isla o hab&iacute;a afinidades profundas con otros grupos?</p>
<p>&mdash; Radio Futura era un poco como una isleta. No ten&iacute;amos familia. Mientras que otros grupos se mov&iacute;an como en clubs &ndash;unos se consideraban m&aacute;s afines a los mel&oacute;dicos que iban por la Escuela de Caminos; otros al gamberrismo de bareto; otros a los ni&ntilde;os bien que interpretaban una especie de esteticismo kitsch...&ndash; nosotros est&aacute;bamos fuera de todo esto. Proven&iacute;amos de la clase trabajadora y hab&iacute;amos tenido acceso a la universidad, nos mov&iacute;amos entre los barrios de la periferia y el centro de Madrid, &iacute;bamos, ven&iacute;amos y trat&aacute;bamos de viajar en busca de informaci&oacute;n de afuera. Quer&iacute;amos sonar como los grupos extranjeros, eso lo ten&iacute;amos claro. Ve&iacute;amos venir a los grupos al Rockola o a las fiestas de San<br />Isidro y, como ya ten&iacute;amos acceso al backstage, nos fij&aacute;bamos en c&oacute;mo trabajaban los t&eacute;cnicos; en c&oacute;mo se preparaban los m&uacute;sicos. Apreci&aacute;bamos la calidad de los equipos; percib&iacute;amos c&oacute;mo sonaban dentro del escenario y fuera; empez&aacute;bamos a tomar nota de un nivel de profesionalidad que respond&iacute;a a una tradici&oacute;n, a un circuito formado por d&eacute;cadas de experiencia.</p>
<p>&mdash; &iquest;Cu&aacute;les eran vuestras fuentes de inspiraci&oacute;n m&aacute;s directas?</p>
<p>&mdash; En el per&iacute;odo m&aacute;s unido del grupo &eacute;ramos un cuarteto que quer&iacute;a parecerse a los cuartetos internacionales que ten&iacute;an poder de sonido y que eran rebeldes en su actitud, buscadores y con la capacidad de construir sonido con muy pocos&nbsp; medios e incluso partiendo de conocimientos musicales muy limitados. Entonces nos dej&aacute;bamos guiar por la actitud y por la sonoridad de los Clash o de los Cure; de los Talking Heads o de los Ramones. Era un tipo de bandas a las que nos interesaba parecernos.</p>
<p><strong>&laquo;Atravesamos un erial cultural a todos los niveles&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; &iquest;C&oacute;mo se explica que hayamos pasado de esa efervescencia de los 80 a esta especie de erial musical, donde pr&aacute;cticamente no crece nada m&aacute;s all&aacute; de lo puramente comercial?</p>
<p>&mdash; As&iacute; es, simplemente es eso lo que pasa. Bueno, yo dir&iacute;a que estamos atravesando un erial cultural a todos los niveles. Toda la sociedad espa&ntilde;ola se ha visto inserta en el circuito econ&oacute;mico europeo, ha situado su prioridad en el esfuerzo por integrarse en la UE, y eso ha desencadenado un af&aacute;n especulador que empez&oacute; con la conversi&oacute;n de la peseta al euro. Ah&iacute; se empezaron a perder c&eacute;ntimos por todas partes. Y eso es un s&iacute;mbolo de lo que pas&oacute; luego en el sistema productivo. La cultura del pelotazo se transform&oacute; ya en norma y se pas&oacute; a estimular el gasto a base de cr&eacute;ditos y todo lo dem&aacute;s. Para equipararnos con Europa nos metimos en una econom&iacute;a endeudada y asumimos una manera de ser afanosa por la fortuna r&aacute;pida y f&aacute;cil. Y la cultura sometida a esas leyes de mercado ha acabado siendo una caricatura, ha acabado en un empobrecimiento muy peligroso. La cultura se ha sometido ya desde el principio de los 90 a las leyes de mercado, no s&oacute;lo la canci&oacute;n popular, sino todo, tambi&eacute;n el cine, la literatura... Atravesamos una etapa en la que el alud de informaci&oacute;n ni selecciona ni nos permite seleccionar la informaci&oacute;n. No hay criterio, se sigue el sendero de la rentabilidad inmediata. La masificaci&oacute;n de las noticias es el &uacute;nico criterio y somos v&iacute;ctimas de la inercia. As&iacute; es muy dif&iacute;cil hacer<br />perseverar las tendencias culturales a trav&eacute;s de los medios. El resultado es que estamos metidos en un callej&oacute;n sin salida; ahora ya no da m&aacute;s de s&iacute; todo esto. Ya no se pueden producir canciones m&aacute;s tontas y cuanto m&aacute;s tontas m&aacute;s venden. Ah&iacute; hay un contrasentido que seguramente se autorregular&aacute; en un tiempo.</p>
<p>&mdash; Detecto un cierto optimismo.</p>
<p>&mdash; No necesariamente, no en exceso. Tengo mis ataques de optimismo, pero practico un cierto pesimismo deliberado. Quiero verle las orejas al lobo todo el rato porque no deseo dejarme llevar por el entusiasmo l&iacute;rico de que acabaremos construyendo un ma&ntilde;ana mejor. No s&eacute; si llegaremos a construirlo. Todo indica que no, pero, sin embargo, me siento llamado a insistir en esa posibilidad.</p>
<p>&mdash; &iquest;No crees que estamos en un momento bisagra en el se acabar&aacute; produciendo una vuelta de tuerca que dar&aacute; lugar a un nuevo tipo de sociedad, pese a las resistencias, a los frenos del poder pol&iacute;tico y financiero, tan reacio a que ese&nbsp; cambio se produzca?</p>
<p>&mdash; Yo lo veo as&iacute;: despu&eacute;s de la fase a la que llamamos cultura de masas, desde que las clases trabajadoras han incidido en el mercado de la cultura, hace ya m&aacute;s de un siglo, y desde la difusi&oacute;n de la prensa escrita hasta nuestros d&iacute;as, se est&aacute; gestando un nuevo estado de conciencia. Y ahora es cuando deber&iacute;amos superarnos, ir m&aacute;s all&aacute; del concepto de&nbsp; sociedad del bienestar, una palabra, por otra parte, que a m&iacute; me confunde un poco porque me suena a sesteo,<br />a atontamiento y a facilidades del consumo que no despiertan el inter&eacute;s por lo que ha de venir. El acceso a un bienestar material m&iacute;nimo: a una vivienda digna; a una sanidad protectora, suficiente, sobre todo en los periodos de la vida en los que se requiere m&aacute;s, y a una educaci&oacute;n abierta que permita el desarrollo experimental, espiritual, sin estar condicionado por una ideolog&iacute;a que quiera capitalizar esa formaci&oacute;n, no deber&iacute;an ponerse en entredicho ni verse amenazados. Creo que en paralelo con este estado del bienestar un poco sospechoso deber&iacute;amos estar avanzando en la direcci&oacute;n de la<br />libertad espiritual y del conocimiento, por no idealizar demasiado.</p>
<p><strong>&laquo;Cada vez que escucho decir lo de la marca Espa&ntilde;a o marca Catalu&ntilde;a se me erizan los pelos&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; Pero est&aacute; sucediendo todo lo contrario, al menos en las capas m&aacute;s visibles de la sociedad, en la primera l&iacute;nea de combate, por decirlo de alg&uacute;n modo.</p>
<p>&mdash; Cierto. El periodo de la Transici&oacute;n en Espa&ntilde;a signific&oacute; una apertura en esa direcci&oacute;n de la que hablo en la que pudimos ser optimistas. Parec&iacute;a que ya hab&iacute;amos ganado un terreno que no se iba a perder y ahora lo estamos perdiendo muy r&aacute;pido, y no s&oacute;lo con este &uacute;ltimo Gobierno del PP, que lo est&aacute; llevando todo al extremo, sino desde antes, cuando tanto los socialistas como la derecha se han aplicado a hablar de nuestra sociedad como si fuera una marca comercial y a decidir que el deporte es casi la &uacute;nica manera de hacer funcionar esa marca. Ah&iacute; hay un reduccionismo, un<br />reduccionismo cultural y de estilo mercantil enormemente peligroso. Y lo peligros&iacute;simo ya es que sea compartido por las dos alternativas de gobierno. Yo cada vez que escucho decir lo de marca Espa&ntilde;a o marca Catalu&ntilde;a se me erizan los pelos. No deber&iacute;amos consentir que a nuestros pa&iacute;ses, que a nuestras culturas o a nuestra trama de pa&iacute;ses o de culturas, se les aplique ese calificativo utilitario. Deber&iacute;amos preservar nuestros dones y compartirlos con m&aacute;s soltura y con menos preocupaci&oacute;n identitaria.</p>
<p><strong>&laquo;Las preocupaciones identitarias me parecen una p&eacute;rdida de tiempo&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; Preocupaci&oacute;n identitaria. &iquest;Te parece un asunto prioritario ahora, ocupa un espacio entre tus reflexiones?</p>
<p>&mdash; A m&iacute; las preocupaciones identitarias me parecen una p&eacute;rdida de tiempo. Entiendo que una parte de la sociedad catalana, vasca o gallega, est&eacute; todav&iacute;a preocupada porque no se siente reconocida, por una serie de cuestiones pendientes a lo largo de la Historia. Reconozco ese hecho y creo que hay que atenderlo y en su momento tal vez haya que reclamar que a esas comunidades se les deje expresar libremente lo que quieren hacer. Pero, desde mi punto de vista, empe&ntilde;arse en la construcci&oacute;n de naciones a estas alturas ser&iacute;a una p&eacute;rdida de tiempo. Los pueblos de Espa&ntilde;a, algunos de ellos, son naciones hist&oacute;ricas y ling&uuml;&iacute;sticas sin que nadie tenga que calificarlo ni ratificarlo. Son hechos, pero tambi&eacute;n son hechos que participamos en una trama milenaria y que siendo as&iacute;, lo que tenemos que ver es qu&eacute; es lo que nos interesa compartir y qu&eacute; es lo que no. Yo prefiero verlo de este modo en lugar de darme de cabezazos contra temas <br />identitarios, sean espa&ntilde;olistas, catalanistas o vascos.</p>
<p>&mdash; &iquest;Defender&iacute;as una realidad federal?</p>
<p>&mdash; Es que tampoco creo que sea eso. Cualquier f&oacute;rmula ahora mismo para resolver estas cuestiones es reduccionista. Lo que hay que hacer es atender con mimo, con afecto, con amor, si se me permite decirlo, a todas esas realidades. Para m&iacute;, como espa&ntilde;ol, Catalu&ntilde;a y el Pa&iacute;s Vasco han sido los lugares donde mi esp&iacute;ritu se ha liberado en ocasiones. En Catalu&ntilde;a por su cosmopolitismo y por ser puerta a Europa o puerta al Mediterr&aacute;neo, y en el Pa&iacute;s Vasco por la nobleza de las sensaciones que se preservan en sus bosques o en sus playas y por el misterio, por el enigma casi de duende de su lengua, tan dif&iacute;cil para m&iacute; de conocer y de practicar, pero hacia la que me siento inclinado y que considero en parte como un bien propio. Para m&iacute; los lugares del Estado espa&ntilde;ol, las comunidades que quieren independizarse, han sido justamente partes de mi cultura que me han parecido siempre particularmente interesantes. A partir de ah&iacute;, la situaci&oacute;n actual me apena, me confunde un poco, pero s&eacute; que hay que asumirla y reconozco que tanto vascos como catalanes tienen cuestiones pendientes que no se han aclarado a&uacute;n. El estado de la homogeneidad impuesta, el imperio de una lengua sobre otra... No ha habido todav&iacute;a la inteligencia suficiente como para proponer un horizonte compartido, interesante, amado y deseado por unos y otros y a ese horizonte nos tenemos que elevar tarde o temprano, porque incluso aunque pas&aacute;ramos por situaciones de separaci&oacute;n, las relaciones de trama y de participaci&oacute;n conjunta a trav&eacute;s<br />de miles de a&ntilde;os de historia no van a desaparecer de un plumazo y las realidades que nos unen tampoco. De un modo u otro vamos a desembocar, bajo el nombre que le pongamos, en una situaci&oacute;n compleja y doble entre distinci&oacute;n y valoraci&oacute;n de las diferencias y reelaboraci&oacute;n de las formas de cooperaci&oacute;n. Eso son los hechos y hay que dejar que funcionen y que hablen de verdad. Fuera de ah&iacute;, para m&iacute;, y espero que no llame a esc&aacute;ndalo a nadie, las etiquetas, los&nbsp; s&iacute;mbolos, los colores e incluso las formas de estado o de administraci&oacute;n son asuntos secundarios. Lo importante son<br />los contenidos vitales que afectan a las personas, a las comunidades, y que se pueden hacer durar a lo largo del tiempo. Y ah&iacute;, en el contexto de los pueblos peninsulares, hay que reconocer que tanto la diferencia como la unidad son igual de sustanciosas.</p>
<p><strong>Regenerar la cultura espa&ntilde;ola</strong></p>
<p>&mdash; Vivimos en una realidad compleja, cargada de incertidumbres. Cada d&iacute;a nos levantamos con m&aacute;s datos sobre la crisis econ&oacute;mica, sobre la p&eacute;rdida de derechos, sobre el aumento de las desigualdades. Y luego est&aacute; el gran problema del calentamiento global que pone en riesgo el futuro del planeta...</p>
<p>&mdash; S&iacute;. Dejando de lado el hecho de que nos estamos preocupando de la crisis econ&oacute;mica mientras las empresas multinacionales est&aacute;n comprando las tierras de &Aacute;frica donde hay agua, la preocupaci&oacute;n diaria por la prima de riesgo y por el d&eacute;ficit, es un punto inducido y sostenido deliberadamente a trav&eacute;s de los telediarios. En este momento nos quieren mantener en un pu&ntilde;o para poder operar con nuestras energ&iacute;as, tanto f&iacute;sicas como mentales. As&iacute; de claro. Hay un retroceso en las libertades p&uacute;blicas y tambi&eacute;n una reactivaci&oacute;n del nacionalcatolicismo y aqu&iacute; hago un inciso: yo al&nbsp; sentimiento cat&oacute;lico espa&ntilde;ol, tan rico y tan antiguo, le puedo tener respeto y hasta cari&ntilde;o sin ser creyente, pero dentro de un ambiente de tolerancia y cooperaci&oacute;n, siempre que no sea una imposici&oacute;n y siempre que se estimule el di&aacute;logo entre creencias diferentes. En cuanto a lo social, concretamente con el gobierno actual, estamos llegando a un punto muy peligroso. La reforma laboral no va a resolver el paro, ni siquiera en el futuro, como nos est&aacute;n tratando de vender. El empleo que se pierde ahora, no se recupera, y lo que se va a recuperar es la posibilidad de contratos eventuales, siempre<br />amenazados por la voluntad e incluso el capricho del empresario. Miremos como est&aacute; Alemania en realidad; pese a la imagen que vende, el empleo precario es el &uacute;nico que hay para muchos j&oacute;venes, para un n&uacute;mero creciente de ellos. Ese es el horizonte en el que nos est&aacute;n situando en el terreno laboral, y ya en el de la cultura se nos dice que hay mucho gasto superfluo. Bueno, puede que lo haya, pero yo digo: no aprovechen ustedes para meter a la cultura en un pu&ntilde;o, en el cual con la excusa de que todos tenemos que aportar lo que est&aacute;n haciendo es estrangular la producci&oacute;n cultural que no dependa del control estatal. Y en educaci&oacute;n, lo mismo, y en sanidad, lo mismo. Si ahora se privatiza y se concentra el poder de decisi&oacute;n en todos esos terrenos, la pregunta que podemos lanzar, desde donde podamos lanzarla, es: oiga, y cuando los mismos poderes que nos han llevado a esto a trav&eacute;s de la burbuja inmobiliaria, de la sangr&iacute;a de dineros p&uacute;blicos que ha habido en todas las comunidades de Espa&ntilde;a, cuando eso est&eacute; actuando en la sanidad y en la escuela, &iquest;qu&eacute; nos garantiza que no ser&aacute; la misma merienda de negros, que no seremos objeto &ndash;nuestros cuerpos, nuestra salud, la educaci&oacute;n de nuestros hijos&ndash;, de la misma especulaci&oacute;n salvaje que nos ha llevado a esta crisis? &iquest;Qu&eacute; nos garantiza que no va a ir todo en esa direcci&oacute;n? Todo indica que la pol&iacute;tica actual conduce hacia ah&iacute;, hacia el favorecimiento de ciertas &eacute;lites y la exclusi&oacute;n de una gran mayor&iacute;a a los l&iacute;mites de la pobreza. Vale, y si llegamos ah&iacute;, desde los l&iacute;mites de la pobreza lo que tendremos que hacer es regenerar la cultura espa&ntilde;ola, espa&ntilde;ola o ib&eacute;rica, como la queramos llamar. Y tal vez tengamos que inventar empresas, puestos de trabajo, formas de instrucci&oacute;n p&uacute;blica, fuera del sistema, inventar un&nbsp; mercado incluso fuera del sistema. Es muy complejo, pero tenemos que ir pensando en ello, porque es probable que nos dejen atr&aacute;s.</p>
<p><strong>Otro mundo es posible</strong></p>
<p>&mdash; Bueno, volviendo al optimismo, tambi&eacute;n hay cosas positivas: la mayor transparencia, por ejemplo. Las mentiras, los juegos de intereses, de poder, cada vez salen m&aacute;s a la luz, est&aacute;n al alcance del conocimiento de los ciudadanos. Y ese fen&oacute;meno parece irreversible.</p>
<p>&mdash; En efecto. Es imposible parar una convocatoria por Internet. Lo estamos viendo. Yo creo que no hay que abandonar la movilizaci&oacute;n en la calle, que hay que llenar la ciudad de gente cabreada porque eso es una realidad que tiene que&nbsp; mostrarse, pero convertirlo en una rutina ineficiente nos quita armas. M&aacute;s bien hay que trabajar en los estados de&nbsp; conciencia, atender a las asociaciones ciudadanas que se est&aacute;n planteando cosas para realmente atreverse a imaginar un porvenir para nuestras comunidades, para las relaciones entre ellas, para los mercados. La gente que est&aacute; pensando<br />en volver a hacer el campo productivo, por ejemplo, lejos de la especulaci&oacute;n; la gente que est&aacute; creando sistemas de mercado, de producci&oacute;n y de intercambio respetuosos con el medio, bienes consumibles que no pasen por el mercado canalizado y condicionado por empresas que se dedican a degradar los productos para extraer m&aacute;s beneficio. Me refiero a eso. Es muy posible que tengamos que regenerar nuestras sociedades desde fuera del sistema y para ello lo que habr&iacute;a que hacer es aspirar a ese momento en el que a base de asociaciones ciudadanas podamos construir movimientos mayoritarios, movimientos que exijan una nueva ley electoral; que dise&ntilde;en una democracia de verdad; que pongan en pr&aacute;ctica la inteligencia en la relaci&oacute;n entre nuestros pueblos, en lugar de la obcecaci&oacute;n, de la agitaci&oacute;n de s&iacute;mbolos.</p>
<p>&mdash; El <em>ritmo perdido</em> est&aacute; lleno de referencias musicales, literarias, filos&oacute;ficas, &iquest;qu&eacute; es lo que ha pervivido con el paso del tiempo?</p>
<p>&mdash; Pues sigo manteniendo la lectura de Deleuze, de Foucault,&nbsp; de todos esos pensadores que en los a&ntilde;os 70 me abrieron las puertas de la historia de la filosof&iacute;a, los uso como gu&iacute;as para seguir explic&aacute;ndome a los fil&oacute;sofos cl&aacute;sicos. Contin&uacute;o profundizando en los griegos, llevo muy lentamente una lectura sistem&aacute;tica y cronol&oacute;gica de todo Plat&oacute;n, algo que me propuse hace a&ntilde;os. A&uacute;n voy por la mitad y probablemente necesitar&eacute; otros 20 a&ntilde;os para acabar (risas). Acudo a los presocr&aacute;ticos con cierta frecuencia y me obligo a leer a otros autores que me ha costado m&aacute;s terminar, pero puedo abrir un libro un a&ntilde;o y dejarlo as&iacute; hasta el siguiente, voy despacito, avanzando poco a poco. En m&uacute;sica, escucho mucho <em>rhythm and blues</em>, el estadio anterior al nacimiento del <em>rock and roll</em>, y siempre est&aacute;n ah&iacute; Duke Ellington, Armstrong, todos los grandes del jazz, a la vez que aumenta mi pasi&oacute;n por la m&uacute;sica cl&aacute;sica, a la que me voy acercando cada vez m&aacute;s, tratando de aprender en los terrenos en los que no he sido formado. Ah&iacute; funciono en plan autodidacta o con la ayuda de algunos amigos que voy encontrando.</p>
<p>&mdash; &iquest;C&oacute;mo enfocas actualmente el trayecto profesional, en qu&eacute; momento de la traves&iacute;a te encuentras?</p>
<p>&mdash; Entre el pen&uacute;ltimo disco de Juan Perro, <em>Cantares de vela</em>, de 2002 y el quinto, <em>R&iacute;o negro</em>, de 2011, pasaron nueve a&ntilde;os. Durante todo ese tiempo estuve haciendo otros proyectos, colaborando con un grupo de jazz; versionando con mi hermano temas de soul y de rock; trabajando en el taller de m&uacute;sica de Barcelona, con la <em>big band</em> de all&iacute;; haciendo una revisi&oacute;n de canciones de Juan Perro y Radio Futura. En fin, actividades un poco dispersas que fui combinando con la preparaci&oacute;n o la traducci&oacute;n de algunos libros. Fueron aventuras que me permitieron dejar a Juan Perro reflexionar para posteriormente expresar un poco mejor su sentido, su significaci&oacute;n. Y cuando vi que deb&iacute;a volver a poner en claro una manera de unir las tradiciones afroamericanas o afrolatinas con la tradici&oacute;n de la m&uacute;sica popular y la l&iacute;rica espa&ntilde;ola, volv&iacute; a planear un nuevo disco de Juan Perro que fue <em>R&iacute;o negro</em>. Ahora llevo ya un a&ntilde;o y medio sin grabar y la verdad es que no tengo ninguna prisa en acometer material nuevo. No lo har&eacute; hasta que me surja la necesidad. Mientras, estoy embarcado en dos proyectos que van en paralelo: un d&uacute;o ac&uacute;stico con el guitarrista Joan Vinyals que se llama Casa en el Aire, y en el cual antologamos a Juan Perro y empezamos a introducir nuevos temas para ir rod&aacute;ndolos, y, por otro lado, este &uacute;ltimo verano he formado una banda que se llama Juan Perro y la Zarabanda haciendo alusi&oacute;n a los bailes de negros del Siglo de Oro, poniendo sobre el tapete esas sonoridades afro&iacute;beras, afrohispanas de las que hablo en <em>El ritmo perdido</em>. Son dos desarrollos que est&aacute;n en curso. Pese a ser consciente de que actualmente la contrataci&oacute;n est&aacute; congelada, en pleno derrumbamiento, quiero mantener esas dos l&iacute;neas de actuaci&oacute;n para ir haciendo lo que vaya requiriendo el mercado sin ponerme nervioso, al tiempo que aprovecho los huecos de la crisis para acabar mi tesis de filosof&iacute;a.</p>
<p>&mdash; Hablas de proyectos de alg&uacute;n modo alternativos, que no est&aacute;n en primera l&iacute;nea. En aventuras as&iacute; est&aacute;n embarcados muchos m&uacute;sicos y creadores de talento en estos momentos y en este pa&iacute;s.</p>
<p>&mdash; En efecto. Son proyectos para ir navegando en medio del temporal. Es mi situaci&oacute;n y la de muchos otros. Y conf&iacute;o en que en un momento dado, todos esos trayectos que se est&aacute;n desarrollando fuera de los marcos convencionales, acaben confluyendo.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 07 May 2013 14:40:51 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lara Almarcegui: “El concepto de contraurbanismo me resulta muy atractivo”]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/lara-almarcegui-el-concepto-de-contraurbanismo-me-resulta-muy-atractivo/</link>
      <description><![CDATA[<p><img style="float: right; margin-left: 15px;" title="Lara Almarcegui" src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Conversaciones/lara-almarcegui-int.jpg" alt="Lara Almarcegui" /></p>
<p>SI algo ha caracterizado a Lara Almarcegui (Zaragoza, 1972), es el haber sido una persona muy discreta. No tanto una artista discreta, aunque su trabajo se suele desarrollar en entornos apartados y en silencio. Porque cuantificar los materiales con los que est&aacute; construida una ciudad como Sao Paulo o crear una gu&iacute;a con toda la vida que se desarrolla bajo el subsuelo de Madrid no son tareas que pasen especialmente desapercibidas. M&aacute;s bien, son actividades tit&aacute;nicas, en muchos casos llamadas al fracaso (como restaurar el Mercado de Gros en San Sebasti&aacute;n poco antes de ser demolido), o de gran envergadura. Hace unos meses, a finales de 2012, nuestra protagonista era seleccionada por el comisario Octavio Zaya para representar a Espa&ntilde;a en la Bienal de Venecia que tendr&aacute; lugar este a&ntilde;o, una de las citas art&iacute;sticas internacionales m&aacute;s antiguas y se&ntilde;aladas en el calendario. Interrogada ahora por el proyecto que prepara para el pabell&oacute;n, prefiere dar la callada por respuesta y derivar la conversaci&oacute;n por otros derroteros (&laquo;Es curioso que un formato tan arcaico como el suyo funcione&raquo;, apunta).</p>
<p>Ahora bien, si seguimos su trayectoria, que es lo que perseguimos con esta entrevista, podemos encontrar algunas pistas de lo que podr&iacute;a dar de s&iacute; esa intervenci&oacute;n en Venecia. Almarcegui trabaja siempre desde el espacio y para el espacio, sobre todo si estos entornos tienen una personalidad muy marcada, como el arcaico pabell&oacute;n espa&ntilde;ol en la Ciudad de los Canales. Pero, sobre todo, a nuestra artista le interesa &laquo;lo que sucede en la calle&raquo;, c&oacute;mo esta se construye, de forma dirigida o espont&aacute;nea, y por eso deposita su mirada en aquellos &aacute;mbitos que suelen pasar desapercibidos o a los que se considera un fracaso del avance del progreso: descampados, huertos, ruinas, edificios abandonados&hellip; En estos territorios se encontrar&aacute; c&oacute;moda una de las creadoras espa&ntilde;olas con mayor proyecci&oacute;n internacional en la actualidad, que nos ha ense&ntilde;ado a mirar la ciudad con otros ojos, sin despreciar, ni desperdiciar, absolutamente nada.</p>
<p><strong>&laquo;Es curioso que un formato tan arcaico como el de la Bienal de Venecia funcione&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; &iquest;Qu&eacute; opini&oacute;n tienes de una cita como Venecia, una bienal que a&uacute;n divide el arte en pabellones nacionales, pese a la globalizaci&oacute;n? De hecho, t&uacute; eres una artista que trabaja fundamentalmente en Holanda.</p>
<p>&mdash; Es curioso que un formato tan arcaico como el de la Bienal de Venecia funcione. La prueba es que cada vez hay m&aacute;s bienales e incluso pa&iacute;ses como Palestina o Kurdist&aacute;n que presentan pabellones nacionales a esta cita. As&iacute; que es obvio que aunque no queramos, el formato funciona. Por otra parte, para la Bienal de Taipei de 2010 particip&eacute; en un grupo de trabajo en el que algunos artistas propusimos el concepto de bienal que, en nuestra opini&oacute;n, reunir&iacute;a las condiciones de trabajo ideales. Los <em>curators</em> aceptaron llevar a cabo nuestra propuesta: una cita art&iacute;stica que, en lugar de &laquo;suceder&raquo; el d&iacute;a de la inauguraci&oacute;n, se har&iacute;a a lo largo de los dos a&ntilde;os siguientes, los proyectos se extender&iacute;an en el espacio y en el tiempo, mezcl&aacute;ndose con la realidad de la ciudad. Renunci&aacute;bamos al &laquo;glamour&raquo; o &laquo;mom&eacute;ntum&raquo; medi&aacute;tico de la inauguraci&oacute;n y, a cambio, nos involucr&aacute;bamos con Taipei y gan&aacute;bamos en realidad. Lo curioso y contradictorio es que no estoy segura de que este modelo est&eacute; funcionando tan bien como la Bienal de Taipei tradicional.</p>
<p>&mdash; &iquest;Qu&eacute; te llev&oacute; a ti a Holanda y por qu&eacute; sigues desarrollando tu labor art&iacute;stica all&iacute;?</p>
<p>&mdash; Llegu&eacute; a &Aacute;msterdam para estudiar en el posgrado de De Ateliers, una escuela muy peque&ntilde;a en la que adem&aacute;s de tener profesores que eran artistas de gran calidad me ofrec&iacute;an un buen espacio para trabajar, una beca y un apartamento para que durante dos a&ntilde;os mi &uacute;nica preocupaci&oacute;n fuera hacer mis proyectos de arte. Una oportunidad &uacute;nica. Cuando termin&eacute; Bellas Artes, era muy dif&iacute;cil empezar a trabajar de forma profesional. &Aacute;msterdam me ofreci&oacute; adem&aacute;s un buen contexto de trabajo, con muchos otros artistas cerca, algo que no ten&iacute;a en Espa&ntilde;a. R&oacute;tterdam me atrajo por su enorme puerto, por su industria, por ser una ciudad de arquitectura, con creadores muy buenos y espacios para vivir y trabajar<br />regalados. Por otra parte, Holanda es muy peque&ntilde;a, por lo que no trabajo solo ah&iacute;, sino en muchos otros pa&iacute;ses cercanos, a los que me desplazo casi cada semana.</p>
<p>&mdash; La Bienal a&uacute;n queda lejos. De hecho, antes de esa cita has vuelto a Espa&ntilde;a para exponer en el MUSAC. &iquest;Qu&eacute; has preparado para Le&oacute;n?</p>
<p>&mdash; En Le&oacute;n he trabajado en una gran instalaci&oacute;n sobre el espacio del museo y su construcci&oacute;n. Tambi&eacute;n hago un proyecto sobre un descampado a las afueras de la ciudad, un terreno maravilloso en la confluencia de los r&iacute;os donde se plane&oacute; construir un parque p&uacute;blico, parte de la zona verde de un barrio nuevo. Pero el proyecto no se realiz&oacute; y el terreno qued&oacute; salvaje, desarroll&aacute;ndose a su aire; mi propuesta es un recorrido por todo lo que le ha sucedido al terreno.</p>
<p>&mdash; No es este el primer museo en el que se presenta tu obra en nuestro pa&iacute;s. Recientemente te hemos visto en el CA2M (M&oacute;stoles) y en el CAAC (Sevilla). &iquest;C&oacute;mo se enfrenta a una exposici&oacute;n entre cuatro paredes una artista que trabaja fundamentalmente en el entorno urbano desde el entorno urbano?</p>
<p>&mdash; Lo primero que hago cuando me invitan a exponer en una ciudad es conseguir citas con urbanistas o arquitectos para que me cuenten qu&eacute; est&aacute; pasando all&iacute;: qu&eacute; se va a demoler, d&oacute;nde quieren construir, d&oacute;nde hay descampados y si estos est&aacute;n amenazados. Luego voy a visitar todos estos lugares y, a partir de esas visitas, voy pensando un proyecto. Tambi&eacute;n reviso el espacio expositivo por si fuera interesante para un proyecto sobre el mismo espacio construido. Factores como que la sala de exposiciones est&eacute; en una planta baja o que sea un gran espacio di&aacute;fano pueden determinar que haga un trabajo sobre su construcci&oacute;n o no, y que entonces complete la exposici&oacute;n con documentaci&oacute;n de otros trabajos. En Madrid siempre hab&iacute;a querido saber m&aacute;s sobre sus construcciones subterr&aacute;neas, as&iacute; que la propuesta de realizar un libro sobre el subsuelo de la ciudad resultaba una reacci&oacute;n necesaria a la carencia de publicaciones sobre este tema.</p>
<p><strong>&laquo;Me llaman la atenci&oacute;n los lugares sin dise&ntilde;ar, es decir, los descampados&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; Dices no estar interesada tanto en el paisaje como en los &laquo;espacios vac&iacute;os&raquo;. &iquest;A qu&eacute; responde este concepto?</p>
<p>&mdash; Intento evitar la palabra &laquo;paisaje&raquo;. Intento evitarla por lo que tiene de representaci&oacute;n de un espacio. A m&iacute; me interesan los lugares, los lugares con la m&iacute;nima mediaci&oacute;n posible. Y entre estos, sobre todo me llaman la atenci&oacute;n los lugares sin dise&ntilde;ar, es decir, los descampados. Por supuesto podr&iacute;as decirme que esto tambi&eacute;n es un paisaje.</p>
<p>&mdash; Apuntabas adem&aacute;s en una entrevista anterior que lo que persigues es m&aacute;s aprender de los lugares, que trasformarlos. &iquest;Qu&eacute; podemos aprender de estos espacios urbanos, en principio, disfuncionales?</p>
<p>&mdash; El discurso de los descampados, al contrario del del resto de espacios urbanos, no corresponde con una&nbsp; representaci&oacute;n determinada, por eso es un discurso libre: &laquo;corrupci&oacute;n&raquo;, &laquo;dejadez&raquo;, &laquo;entrop&iacute;a&raquo;, &laquo;conflictos inmobiliarios y sociales&raquo;, &laquo;fauna y vegetaci&oacute;n salvaje&raquo; forman parte de su vocabulario. Los descampados no son solo lo contrario de lo construido, no se presentan como su negativo, sino que adem&aacute;s de ofrecer una cr&iacute;tica a la ciudad que los alberga,<br />construyen otra realidad. A m&iacute; desde luego me interesan m&aacute;s que esa imagen que los pol&iacute;ticos me dan de lo urbano. Ejemplos de esas im&aacute;genes de ciudad ideales que combato ser&iacute;an la ciudad creativa, la ciudad parque tem&aacute;tico de s&iacute; misma, la ciudad de turismo&hellip;</p>
<p><strong>&laquo;Hay trabajos que no llevo nunca a la sala de exposiciones&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; Podemos entender que tu labor se desarrolla en dos momentos: el primero, resultado de la intervenci&oacute;n directa en el entorno y su an&aacute;lisis. El segundo, consecuencia de la documentaci&oacute;n gr&aacute;fica de dicha acci&oacute;n. Eso es casi actuar como un cient&iacute;fico o un analista. &iquest;D&oacute;nde tiene cabida el &laquo;elemento art&iacute;stico&raquo;?</p>
<p>&mdash; Para m&iacute; el proyecto de arte est&aacute; siempre en el lugar donde&nbsp; lo estoy realizando. Los proyectos los propongo para ese entorno determinado y, a menudo, ni siquiera s&eacute; si los expondr&eacute; luego en una sala. Hay trabajos que no llevo nunca a la sala de exposiciones y los produje porque ten&iacute;an sentido en el lugar. Si luego mantienen contenido, los llevo al museo. As&iacute;, hay proyectos como los que desarroll&eacute; en Gante o Benlloc este a&ntilde;o que a&uacute;n no s&eacute; si tendr&aacute;n cabida en un espacio art&iacute;stico.</p>
<p>&mdash; Los trabajos de campo pueden alargarse en el tiempo de manera considerable. &iquest;C&oacute;mo se pone el punto y final?</p>
<p>&mdash; Los tiempos de cada proyecto los pone el trabajo. Por ejemplo: a veces he de adaptarme a los tiempos de las empresas constructoras, que son las que deciden cu&aacute;ndo derriban un edificio, cu&aacute;ndo construyen sobre un solar. Yo, por mi parte, tender&iacute;a a continuar trabajando indefinidamente, pero suele haber un motivo para parar. Por suerte, los descampados protegidos durante a&ntilde;os o para siempre s&iacute; que quedan indefinidamente y tienen su propia evoluci&oacute;n independiente de m&iacute;.</p>
<p><strong>&laquo;Estamos entrando en un periodo donde las ciudades se configurar&aacute;n de otra forma&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; Para una artista que ha trabajado tanto con el &laquo;desarrollo&raquo; urban&iacute;stico, aunque sea a la contra, &iquest;qu&eacute; opini&oacute;n te merece el final de la burbuja inmobiliaria en Espa&ntilde;a?</p>
<p>&mdash; Estamos entrando en un periodo diferente, donde las ciudades se configurar&aacute;n de otra forma. Va a haber cambios, y los &uacute;tiles para interpretar la realidad que ten&iacute;amos se quedar&aacute;n obsoletos. Y cuando digo &laquo;&uacute;tiles&raquo;, me refiero desde un sistema de pensamiento te&oacute;rico a formas m&aacute;s propias de cuestionar e incluso contestar a la realidad que hemos desarrollado. Va a haber que replantearse muchos conceptos.</p>
<p>&mdash; Prestas atenci&oacute;n a elementos no idealizados de esos procesos urban&iacute;sticos. &iquest;Eso es hacer &laquo;urbanismo a la contra&raquo;, &laquo;contraurbanismo&raquo;?</p>
<p>&mdash; Pues no hab&iacute;a pensado en lo de &laquo;contraurbanismo&raquo;. Resulta un concepto muy atractivo. S&iacute; que de forma consciente y sistem&aacute;tica me he dedicado a desmontar construcciones y representaciones. Eso es similar a ir contra ellas.</p>
<p>&mdash; &iquest;Qu&eacute; aporta el formato gu&iacute;a que te es tan propio? Consideras que gu&iacute;a y archivo no son lo mismo. Que tu labor no es puramente documental.</p>
<p>&mdash; Las gu&iacute;as tienen la ventaja de que invitan al lector a ir al lugar que le propongo para que tenga su propia experiencia del<br />mismo. Si critico visiones controladas de la ciudad, es importante no hacer lo mismo, e intentar con mi trabajo que el&nbsp; p&uacute;blico pueda tener su propia visi&oacute;n. De ah&iacute; la importancia capital de que el p&uacute;blico vaya a los descampados. Siempre me han molestado las gu&iacute;as que hacen itinerarios como &laquo;camine a la derecha para llegar a A; luego siga recto y mire a B&raquo;&hellip; En mis gu&iacute;as nombro los lugares interesantes, pero es importante que el p&uacute;blico vaya a ellos cuando quiera y como quiera. La idea de los &laquo;puntos de mira&raquo; u &laquo;observatorios&raquo; siempre me ha provocado tambi&eacute;n resquemor porque se supone que son elementos para invitar a la contemplaci&oacute;n de un lugar. Yo no aguanto que me digan c&oacute;mo mirar y desde qu&eacute; punto de vista. Los observatorios me resultan demasiado imperativos. Tengo con ellos el mismo problema que con la arquitectura en general: dirigen demasiado mi mirada.</p>
<p>&mdash; Es obvio que el concepto de espacio es fundamental en tu trabajo. Manuel Segade, el comisario del exposici&oacute;n en el CA2M, sin embargo, hac&iacute;a hincapi&eacute; recientemente en el de tiempo y acu&ntilde;aba el t&eacute;rmino de trabajos &laquo;time-especific&raquo;. &iquest;En qu&eacute; sentido el tiempo juega un papel fundamental en tu labor?</p>
<p>&mdash; Los descampados siempre se est&aacute;n transformando, aunque d&eacute; la sensaci&oacute;n de que en ellos nunca pasa nada. Pero adem&aacute;s, busco en concreto trabajar con descampados que vayan a desaparecer en breve, amenazados por grandes eventos arquitect&oacute;nicos. Tambi&eacute;n hago proyectos en los que invito a recorrer un descampado semanas antes de que se construya sobre &eacute;l. O ver una excavaci&oacute;n el d&iacute;a antes de que retiren m&aacute;s tierra. Con acciones como estas acent&uacute;o el momento puntual justo antes de la desaparici&oacute;n de un lugar.</p>
<p>&mdash; &iquest;Prefieres hablar de &laquo;transitoriedad y car&aacute;cter ef&iacute;mero&raquo; o de &laquo;fracaso&raquo;? Me refiero a que muchos proyectos, como los que has comentado o el que te dio a conocer en el Mercado de San Sebasti&aacute;n, que luego fue demolido, se ponen en marcha a sabiendas de que desaparecer&aacute;n en poco tiempo.</p>
<p>&mdash; La restauraci&oacute;n del Mercado de Gros en Donosti, justo antes de su demolici&oacute;n, conllevaba la idea de fracaso, pues la demolici&oacute;n no se pod&iacute;a parar. Mi intervenci&oacute;n subrayaba la no funcionalidad de la acci&oacute;n. Pero, y por lo mismo a la vez, era una acci&oacute;n muy eficaz para hablar de la especulaci&oacute;n, del pasado y el futuro del barrio. Tambi&eacute;n era &uacute;til para posicionarme y establecer hasta qu&eacute; punto quer&iacute;a involucrarme con los lugares.</p>
<p><strong>&laquo;Imagino que la conciencia ecol&oacute;gica ser&aacute; mayor dentro de cincuenta a&ntilde;os&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; Algunos pueden considerar que tu trabajo est&aacute; emparentado con el land-art. &iquest;En qu&eacute; se aproxima a sus postulados y en qu&eacute; se separa totalmente de ellos?</p>
<p>&mdash; Hay una parte del land-art que me resulta un juego de poder, por la enorme escala, algo que no me interesa. Tambi&eacute;n me resulta a menudo muy formal. En mi trabajo a veces parto de una escala grande porque hablo de un edificio, y,&nbsp; entonces, he de utilizar la escala del edificio. Pero tampoco es que me enorgullezca de haber contratado cincuenta camiones enormes; m&aacute;s bien, me da algo de verg&uuml;enza. Imagino que la conciencia ecol&oacute;gica ser&aacute; mayor dentro de cincuenta a&ntilde;os. Por otra parte, mi trabajo parte de una reflexi&oacute;n urbana. Me identifico mucho m&aacute;s con Gordon Matta-Clark o el Robert Smithson de los <em>Monumentos de Passaic</em>, que es un texto, que con Walter de Maria o el Smithson de la <em>Spiral Jetty</em>.</p>
<p>&mdash; Si tuvi&eacute;ramos que hablar de verdaderas influencias o sensibilidades, &iquest;esos ser&iacute;an los nombres elegidos?</p>
<p>&mdash; Robert Smithson, en los textos de recorridos por ruinas, como <em>Passaic</em> u <em>Hotel Palenque</em>, ha sido una gran influencia para los proyectos de gu&iacute;as de descampados; los cortes de Matta-Clark, para mostrar los materiales de construcci&oacute;n. Pero, a veces, me han influido proyectos menores que alguien me cont&oacute; y ni siquiera vi. Por ejemplo, una vez me contaron que tras un peque&ntilde;&iacute;simo movimiento s&iacute;smico en Suiza, un artista se apropi&oacute; del terremoto. Me qued&eacute; alucinada: si uno se pod&iacute;a hacer con un terremoto, las posibilidades son inmensas. As&iacute; que no es raro que luego hiciera invitaciones a ver esas demoliciones. De otro artista aprend&iacute; que se puede pensar a lo grande, y si la escala es enorme, se puede conseguir patrocinadores y tener todo gratis, siempre que pidas a cada empresa su producto...</p>
<p>&mdash; Has explicado alguna vez que esos proyectos en los que reduces edificaciones y ciudades a sus materiales es una manera de evitar su idealizaci&oacute;n. Es justo lo contrario de lo que persigues cuando invitas a la gente a evocar el pasado o el futuro de un descampado. &iquest;Hay ah&iacute; una l&iacute;nea divisoria de intereses?</p>
<p>&mdash; Unos proyectos, los primeros, hablan de un edificio determinado, y otros, los segundos, se centran en la ciudad. Los&nbsp; proyectos de descampados son ambiciosos a nivel conceptual porque hablan de los cambios en toda la urbe. Ambas apuestas o l&iacute;neas de acci&oacute;n son trabajos y registros diferentes, que no me gusta comparar. Aunque no se me escapan las contradicciones, y a veces juego con ellas. Por ejemplo, en el MUSAC ahora realizo una instalaci&oacute;n muy bruta de materiales de construcci&oacute;n, casi demasiado espec&iacute;fica de tan evidente. Por eso necesito mostrar tambi&eacute;n un proyecto&nbsp; sobre un descampado, mucho m&aacute;s abierto en cuanto a discurso.</p>
<p>&mdash; Habl&aacute;bamos antes de los espacios del arte. Muchos de tus proyectos ser&iacute;an secretos si no se presentaran en museos o galer&iacute;as. &iquest;C&oacute;mo se &laquo;activa&raquo; el proyecto art&iacute;stico cuando se huye del objeto?</p>
<p>&mdash; Los proyectos en la ciudad tienen su propio p&uacute;blico, desde vecinos a gente que pasa por ah&iacute; sin darse cuenta. Que no me comunique con este p&uacute;blico no quiere decir que no sea v&aacute;lido. Alguna vez me he encontrado con recintos cerrados a donde el espectador de la calle no puede acceder. Situaci&oacute;n dura entonces: ni p&uacute;blico casual, ni p&uacute;blico de arte, como en un trabajo que llev&eacute; a cabo en unos terrenos propiedad de una f&aacute;brica de papel. Pero los trabajadores de la f&aacute;brica tambi&eacute;n son un buen p&uacute;blico. Me refiero a que no me preocupa tener pocos receptores si es necesario. Al principio, mis acciones eran secretas y aunque el p&uacute;blico me preguntara, no comunicaba que era una acci&oacute;n de arte lo que estaba<br />haciendo. A la pregunta de por qu&eacute; cavaba, respond&iacute;a que para saber qu&eacute; hab&iacute;a debajo, lo que no dejaba de ser cierto. Pero he cambiado este h&aacute;bito, que en su momento me parec&iacute;a que daba m&aacute;s realidad a la acci&oacute;n. Ahora me resulta demasiado injusto para el p&uacute;blico de la calle. Es injusto que en un cat&aacute;logo, sala de exposiciones o conferencia entre los entendidos y amigos, narre abiertamente que cav&eacute; porque era un proyecto de arte, y precisamente en la calle, donde el p&uacute;blico est&aacute; menos preparado, ande escondi&eacute;ndome. Ahora dir&iacute;a que abro un descampado porque es un terreno estupendo que merece la pena visitarse y porque lo que desarrollo all&iacute; es un proyecto de arte.</p>
<p><strong>&laquo;Me gusta mucho hablar de por qu&eacute; hago lo que hago&raquo;</strong></p>
<p>&mdash; En buena parte, el humor que mencionas, la contradicci&oacute;n y la paradoja, son buenos contrapuntos al trabajo anal&iacute;tico, exhaustivo, contemplativo, tambi&eacute;n en ocasiones f&iacute;sicamente duro, de muchos proyectos. &iquest;C&oacute;mo se conjuga lo uno con lo otro, lo que se puede controlar y lo que escapa al azar?</p>
<p>&mdash; Tener el sentido del humor de no tomarse completamente en serio a uno mismo me resulta imprescindible. Pero respondi&eacute;ndote a c&oacute;mo controlar las contradicciones, lo cierto es que no las controlo. Me gusta mucho hablar de por qu&eacute; hago lo que hago. Esta parte del proceso la tengo muy clara, porque es el motivo que me pone a trabajar cada d&iacute;a. Pero no tengo tan claro lo que sucede con mis proyectos una vez hechos: si la promesa que me hace el alcalde de Genk es cre&iacute;ble o no; si una casa en ruinas se va a caer, aunque intente informarme y rodearme de expertos&hellip; Y lo que a&uacute;n s&eacute;<br />menos es c&oacute;mo esa acci&oacute;n que he lanzado va a ser entendida por el p&uacute;blico, suponi&eacute;ndose que acabe bien.</p>
<p>&mdash; &iquest;C&oacute;mo entiendes el concepto de esfuerzo?</p>
<p>&mdash; Cuando empec&eacute; a trabajar, realizaba acciones en las que realizaba un gran esfuerzo f&iacute;sico: restaurar, cavar, mover&hellip; Estas respond&iacute;an a la necesidad de posicionarme, involucr&aacute;ndome al m&aacute;ximo con el lugar. Tambi&eacute;n respond&iacute;an a la pregunta de c&oacute;mo conocer bien un entorno. Eso ya lo hice mucho y ahora mismo ya no necesito demostrarme nada. Pero s&iacute; que me sigue interesando desplegar un gran esfuerzo para lleva a cabo algo aparentemente in&uacute;til. Es esa &laquo;no funcionalidad tan &uacute;til&raquo; de la que te hablaba: levanto un suelo para volverlo a poner y dejarlo todo igual. El motivo era solo saber qu&eacute; hay debajo. O paso meses haciendo un c&aacute;lculo complejo para dar unos n&uacute;meros del peso de la ciudad de Sao Paolo, que se podr&iacute;a creer que me he inventado, pues no hay forma de comprobarlos.</p>
<p>&mdash; &laquo;Necesito trabajar con lugares que admiro mucho&raquo;. &iquest;C&oacute;mo nace esa empat&iacute;a?</p>
<p>&mdash; Al igual que muchas personas de mi generaci&oacute;n, crec&iacute; a las afueras de una ciudad, donde hab&iacute;a descampados en los que jug&aacute;bamos y que luego se fueron edificando. En concreto, me vuelve a la cabeza una imagen en la que salt&aacute;bamos de un &aacute;rbol a un sof&aacute; mugriento. Ah&iacute; pod&iacute;as hacer lo que quisieras, porque el resto del d&iacute;a &ndash;y de los lugares&ndash; estaba perfectamente organizado, sin fisuras. Esa empat&iacute;a tom&oacute; forma sobre todo cuando viv&iacute; en &Aacute;msterdam, una ciudad organizad&iacute;sima, donde, aunque se permit&iacute;an actividades prohibidas en el resto del mundo, el espacio estaba&nbsp; exageradamente organizado hasta hacerse claustrof&oacute;bico. En &Aacute;msterdam empec&eacute; a ir mucho a los descampados, a leer sobre ellos y realizar proyectos.</p>
<p>&mdash; Cabe preguntarse si con tus an&aacute;lisis sobre el entorno urbano, tu mirada a esos espacios olvidados, no generas &laquo;anti-monumentos&raquo;.</p>
<p>&mdash; S&iacute;, en el sentido de Robert Smithson. Pero hay m&aacute;s: los descampados con los que trabajo son tan ricos en contenido, naturaleza y localizaci&oacute;n, historia y el plan de futuro que los amenaza, que configuran un lugar en s&iacute; mismos, no son solo el negativo de un monumento.</p>
<p>&mdash; El ser humano ha tendido a relacionarse con el territorio en t&eacute;rminos de sometimiento o explotaci&oacute;n, esto es, los lugares v&iacute;rgenes deb&iacute;an ser conquistados; los bald&iacute;os, sometidos a la regeneraci&oacute;n. &iquest;Demuestra tu trabajo que otra v&iacute;a es posible?</p>
<p>&mdash; Evito proponer modelos, pero s&iacute; que tienes raz&oacute;n en que busco trabajar una din&aacute;mica diferente a la l&oacute;gica de &laquo;problema-soluci&oacute;n&raquo;, la l&oacute;gica de &laquo;a solar vac&iacute;o-algo con lo que rellenarlo&raquo;, la de &laquo;no dise&ntilde;o-habr&aacute; que dise&ntilde;ar algo&raquo;.</p>
<p>&mdash; &iquest;Se puede decir que tu trabajo, de alguna forma, tiene contenido pol&iacute;tico?</p>
<p>&mdash; La defensa de los descampados ante la construcci&oacute;n urban&iacute;stica tiene su parte pol&iacute;tica, y a&uacute;n m&aacute;s si esos&nbsp; descampados est&aacute;n amenazados por proyectos tan medi&aacute;ticos como exposiciones universales o juegos ol&iacute;mpicos. Pero gran parte de los trabajos que van contra las im&aacute;genes dadas tienen su contenido pol&iacute;tico.</p>
<p>&mdash; &iquest;Se quedan proyectos en el tintero? &iquest;Qu&eacute; causas son las que impiden su realizaci&oacute;n?</p>
<p>&mdash; Hay proyectos que no consigo hacer porque hay que convencer al propietario de un descampado para que lo abra, para que retire la valla, o, lo m&aacute;s importante, para que lo proteja. Es habitual fracasar. Hay proyectos que solo he conseguido realizar tras fracasar much&iacute;simo. Ahora hay un trabajo que llevo dos a&ntilde;os intentando realizar y a&uacute;n no lo he conseguido. No basta con que le interese al curator que me invita. Como an&eacute;cdota, te contar&eacute; que estoy intentando sacar adelante un proyecto que he intentado realizar sin &eacute;xito en cinco ciudades diferentes. Sabemos bien que es dif&iacute;cil, pero hay que probar.</p>
<p>&mdash; Si echamos la vista atr&aacute;s, &iquest;qu&eacute; tres proyectos destacar&iacute;as de todos los realizados?</p>
<p>&mdash; Me gustan mucho las gu&iacute;as de descampados porque est&aacute;n desapareciendo y hay que documentarlos. Me gustan los proyectos de preservar descampados por lo mismo. Tambi&eacute;n los trabajos de escombros y materiales de construcci&oacute;n, que se han expuesto o se han presentado como listados, porque son una forma de desmontar un edificio y todo un pu&ntilde;etazo a la arquitectura, facilitando ver c&oacute;mo est&aacute; hecha. Pero tambi&eacute;n me interesan los proyectos de cavar o subterr&aacute;neos. Te he nombrado m&aacute;s de tres proyectos; m&aacute;s bien, tres temas: descampados, subterr&aacute;neos y escombros.</p>
<p>&mdash; &iquest;Por qu&eacute; crees que el arte es un proceso que no se acaba nunca? &iquest;Eso lo convierte en una forma de vida, en una actitud?</p>
<p>&mdash; Nunca he ido detr&aacute;s de la obra perfecta, y si alguna vez he visto una soluci&oacute;n que parec&iacute;a dar respuesta a todos los planteamientos, he desconfiado de ella. Al final los proyectos que me gustan m&aacute;s no son en absoluto redondos. Son proyectos y no son un objeto. Son como una parodia: no se trata de producir un objeto que juegue un papel estrat&eacute;gico en el arte y encaje bien en su universo. Los planteamientos son otros: c&oacute;mo preguntas acerca de la problem&aacute;tica de un lugar. Pero esa afirmaci&oacute;n que nombrabas es de cuando trabaj&eacute; en un proyecto en el que me convert&iacute;a en una hortelana. Los jardines no se acaban nunca: no se trata de tener el rosal perfecto; es como la autoconstrucci&oacute;n, una especie de&nbsp; patolog&iacute;a. Los autoconstructores no paran nunca de construir porqueno se trata de tener la caba&ntilde;a ideal.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 07 May 2013 13:00:38 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA analiza la obra de Mingote, un genio del siglo XX]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/turia-analiza-la-obra-de-mingote-un-genio-del-siglo-xx/</link>
      <description><![CDATA[<img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Noticias/antonio-mingote-2.jpg" alt="antonio mingote" />
<p align="center"><strong>TAMBI&Eacute;N REDESCUBRE AL BU&Ntilde;UEL M&Aacute;S FAMILIAR</strong></p>
<p align="center"><strong>INTERESANTE ART&Iacute;CULO SOBRE EL LIBRERO Y EDITOR OSCENSE GREGORIO PUEYO</strong></p>
<p>La revista cultural TURIA, que ser&aacute; presentada en el Teatro Principal de Zaragoza el pr&oacute;ximo d&iacute;a 20 de marzo, brinda a los lectores que se interesan por los asuntos o protagonistas aragoneses un amplio y atractivo repertorio de temas. En primer lugar, TURIA analiza a fondo la figura y la obra de Antonio Mingote (1919-2012) a trav&eacute;s de un imprescindible art&iacute;culo de Juan Villalba en el que se subraya su enorme y dilatada capacidad de trabajo. Sin duda, el latir de nuestra sociedad y la cr&oacute;nica de la evoluci&oacute;n de nuestra particular idiosincrasia encontraron en Mingote a uno de sus observadores e int&eacute;rpretes m&aacute;s inteligentes. Una genialidad creativa que siempre trascendi&oacute; m&aacute;s all&aacute; de su condici&oacute;n de humorista gr&aacute;fico de referencia para multitud de generaciones de espa&ntilde;oles.</p>
<p>Tambi&eacute;n en esta nueva entrega TURIA redescubre al Bu&ntilde;uel m&aacute;s familiar. As&iacute;, un reconocido experto en la obra del director de cine calandino como Javier Herrera describe con detalle los contenidos de los &uacute;nicos documentos f&iacute;lmicos que ilustran la vida &iacute;ntima de Bu&ntilde;uel durante los primeros a&ntilde;os de su exilio en los USA. Un material importante por su rareza y que actualmente se custodia, junto con el resto del legado, en la Filmoteca Espa&ntilde;ola. Su hallazgo, hace poco m&aacute;s de un a&ntilde;o, acentuar&iacute;a &ldquo;la imagen moderna y rompedora de Luis Bu&ntilde;uel en la misma medida que, al humanizarla a los ojos del gran p&uacute;blico y a difuminar su mito como cineasta vanguardista&rdquo;.</p>
<p>Por &uacute;ltimo, TURIA se ocupa de rememorar el papel que tuvo en la historia de la literatura espa&ntilde;ola el librero y editor oscense Gregorio Pueyo, de quien el pasado mes de febrero conmemoramos el centenario de su muerte. Su semblanza nos aporta dos datos de relevancia que no conviene olvidar: fue el editor de buena parte de la l&iacute;rica modernista y&nbsp; Valle-Incl&aacute;n se inspir&oacute; en &eacute;l para el personaje del viejo librero Zaratustra que aparece en su celeb&eacute;rrima obra <em>Luces de bohemia</em>.</p>
<p><strong>MINGOTE, RETRATO DE UN HUMORISTA Y MUCHO M&Aacute;S</strong></p>
<p>Este 2013 se cumple un a&ntilde;o de la muerte de Mingote y TURIA aprovecha este primer aniversario para brindar al lector un &uacute;til, did&aacute;ctico y recomendable art&iacute;culo divulgativo acerca de la trayectoria vital y profesional de este aragon&eacute;s nacido en Sitges y que vivi&oacute; durante su infancia y juventud en Calatayud, Daroca, Teruel y Zaragoza.</p>
<p>Mingote fue un t&iacute;mido y un modesto patol&oacute;gico que alcanzar&iacute;a, durante d&eacute;cadas, una enorme popularidad como humorista gr&aacute;fico. Hijo del m&uacute;sico y music&oacute;logo &Aacute;ngel Mingote, parec&iacute;a predestinado a la m&uacute;sica pero tambi&eacute;n le gustaba el teatro y dibujar. Esa &uacute;ltima afici&oacute;n hizo que, con 13 a&ntilde;os, remitiera un dibujo de Celia a la revista.</p>
<p>&ldquo;Blanco y Negro&rdquo; y se lo publicaran. Cuatro a&ntilde;os m&aacute;s tarde participar&iacute;a tambi&eacute;n en el concurso de portadas del diario &ldquo;ABC&rdquo;. Son los primeros pasos de una intensa biograf&iacute;a que aparece h&aacute;bilmente sintetizada en el art&iacute;culo de Juan Villalba.</p>
<p>M&aacute;s all&aacute; del certero perfil biogr&aacute;fico, lo m&aacute;s valioso del estudio que publica TURIA es que traza una aproximaci&oacute;n global y completa a las distintas facetas creativas de Mingote. Porque siempre fue mucho m&aacute;s que un notable humorista gr&aacute;fico. De ah&iacute; que, adem&aacute;s de su abundant&iacute;sima producci&oacute;n como dibujante, se nos hable con detalle de su tarea como escen&oacute;grafo y autor teatral, o sus trabajos en el cine y la televisi&oacute;n. Especial atenci&oacute;n se dedica al an&aacute;lisis de la faceta de Mingote como narrador, con t&iacute;tulos como &ldquo;Las palmeras de cart&oacute;n&rdquo; (1948), &ldquo;Ojos de esmeralda&rdquo; (1949), &ldquo;Los rev&oacute;lveres hablaban de sus cosas&rdquo; (1953), &ldquo;Adelita en su desv&aacute;n&rdquo; (1991), &ldquo;De muerte natural&rdquo; (1993) y &ldquo;El caer de la breva&rdquo; (2010).</p>
<p>Seg&uacute;n escribe Juan Villalba en su art&iacute;culo, &ldquo;Antonio Mingote cultiv&oacute;<strong> </strong>todas las facetas de la cultura y de la comunicaci&oacute;n. Fue un pensador, un fil&oacute;sofo, un humanista del humor del siglo XX y XXI, un verdadero genio volcado en su arte de forma permanente y total, cuya obra concentra a la vez reflexi&oacute;n y cr&iacute;tica -contra el t&oacute;pico, lo cursi, la dictadura, los nacionalismos desbocados, etc.-, pensamiento y cr&oacute;nica, cuadro de costumbres y humor; un humor inteligente, libre -opuesto a cualquier dogmatismo-, espont&aacute;neo, sin aspavientos, cervantino &ndash;fustigador a la par que compasivo, humanizado-, chapliniano &ndash;tierno y solidario con el humilde, con el hombre y su dignidad-, fresco, ingenuo, po&eacute;tico, absurdo &ndash;de Kafka a Ionesco, de Mihura a Jardiel- y surrealista &ndash;de Bu&ntilde;uel a Dal&iacute;, de los hermanos Marx a Tati-&ldquo;.</p>
<p><strong>LAS PEL&Iacute;CULAS FAMILIARES DE LUIS BU&Ntilde;UEL</strong></p>
<p>Bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;Un Bu&ntilde;uel in&eacute;dito y familiar&rdquo;, Javier Herrera publica en TURIA un pormenorizado art&iacute;culo sobre el hallazgo, en 2011, de un desconocido documento f&iacute;lmico que ilustraba la vida &iacute;ntima y familiar del c&eacute;lebre durante su exilio en los USA. El material es notable por su rareza pues, como se subraya en el estudio &ldquo;resulta muy dif&iacute;cil encontrar en cineastas de su generaci&oacute;n, habituados a separar muy claramente los &aacute;mbitos familiar y profesional (obsesivamente en Bu&ntilde;uel), <em>home movies </em>realizadas por ellos mismos en las que ambos terrenos pueden llegar a confundirse&rdquo;.</p>
<p>Seg&uacute;n Herrera, &ldquo;desde el punto de vista f&iacute;lmico hay que precisar que lo llegado hasta nosotros no se trata de una pel&iacute;cula propiamente dicha sino de un montaje en formato v&iacute;deo a partir de siete fragmentos dispersos que se corresponden a otros tantos momentos de la vida familiar de Luis Bu&ntilde;uel que discurren entre el nacimiento de su segundo hijo, Rafael, en julio de 1940 en Nueva York y el verano del a&ntilde;o siguiente, pero que no guardan entre s&iacute; una continuidad cronol&oacute;gica.</p>
<p>Tambi&eacute;n hay que hacer constar que no todas las partes est&aacute;n rodadas por Bu&ntilde;uel pues hay algunas tomas que, al aparecer su imagen, han debido ser grabadas por el matrimonio amigo que les acompa&ntilde;a en dos de los momentos: Juan Negr&iacute;n Jr., hijo del &uacute;ltimo presidente de la Rep&uacute;blica Espa&ntilde;ola, y su mujer, la actriz Rosita D&iacute;az Gimeno, los dos muy afincados y conocidos en los ambientes neoyorquinos, hecho que supone un valor documental a&ntilde;adido ya que son pocos los testimonios gr&aacute;ficos de esa &eacute;poca conservados tanto de Bu&ntilde;uel como del matrimonio Negr&iacute;n.</p>
<p>La c&aacute;mara seguramente ser&iacute;a una &ldquo;Cin&eacute; Kodak Eight&rdquo;, llamada popularmente &ldquo;doble 8&rdquo; por utilizar una pel&iacute;cula de 16mm. que despu&eacute;s de la impresi&oacute;n por las dos caras se cortaba por la mitad, una c&aacute;mara que era la m&aacute;s extendida en la &eacute;poca y que fue lanzada precisamente para hacer pel&iacute;culas familiares. Aunque no sabemos el paradero del negativo, lo m&aacute;s probable es que el telecinado se hiciera ya en M&eacute;xico DF a partir del negativo original y del copi&oacute;n. La duraci&oacute;n total es de 8 minutos y 3 segundos.</p>
<p>La &eacute;poca de realizaci&oacute;n coincide con la primera etapa de cierta normalidad y equilibrio en su vida desde que lleg&oacute; exiliado a los EE.UU. En efecto, tras una estancia nada afortunada en Hollywood como frustrado asesor hist&oacute;rico de films sobre la guerra civil espa&ntilde;ola, llega a Nueva York a primeros de noviembre de 1939 donde consigue, a trav&eacute;s de Iris Barry, directora del Film Archive del Museum of Modern Art &ndash;y de la espl&eacute;ndida tarjeta de visita que supone <em>Land without Bread&ndash;</em>, en la primavera de 1940, colaborar en el noticiario <em>The March of Time</em>, donde se ocupa de la versi&oacute;n espa&ntilde;ola del documental <em>The Vatican de Pius XII</em>. En esa &eacute;poca, en diversas cartas dirigidas a su amigo Ricardo Urgoiti, tambi&eacute;n exiliado en Buenos Aires, confiesa que el anterior Bu&ntilde;uel ha muerto y que ha&nbsp; cambiado hacia un &ldquo;sentido pr&aacute;ctico de la vida.. que conviene a cualquier casa productora&rdquo; (carta del 1 de abril de 1940). Se encuentra, pues, en una de las grandes encrucijadas de su vida pues, seg&uacute;n le escribe a Urgoiti, (carta del 19 de julio de 1940) estaba decidido a irse a Argentina con &eacute;l para resucitar Film&oacute;fono o bien aceptar un trabajo dentro de la divisi&oacute;n cinematogr&aacute;fica de la OIAA (Office of Inter-American Affairs) fundada por Nelson Rockefeller, opci&oacute;n que finalmente fue la elegida pues a partir de abril de 1941 le tenemos contratado por la Motion Picture Divisi&oacute;n, dirigida por John Hay Whitney. Ese es el contexto, felizmente exitoso, tras cuatro a&ntilde;os de penalidades sin cuento, en el que se produce la &ldquo;home movie&rdquo; y que pr&aacute;cticamente coincide con el primer a&ntilde;o de vida de Rafael, su segundo hijo&rdquo;.</p>
<p><strong>APROXIMACI&Oacute;N A GREGORIO PUEYO, CIEN A&Ntilde;OS DESPU&Eacute;S</strong></p>
<p>Miguel &Aacute;ngel Buil Pueyo, bisnieto de Gregorio Pueyo (Panticosa, Huesca, 1860 &ndash; Pozuelo de Alarc&oacute;n, Madrid, 1913), es el autor del texto que TURIA publica acerca de uno de los nombres propios del mundo librero y editorial madrile&ntilde;o durante finales de siglo XIX y comienzos del XX. Redescubrirlo en el a&ntilde;o del centenario de su muerte es una oportunidad necesaria para poner en valor la notable impronta que Pueyo obtuvo en la vida literaria de su &eacute;poca. Quien empezara su empresa como librero de lance terminar&iacute;a siendo el editor de referencia de los modernistas. Hasta el mism&iacute;simo Valle-Incl&aacute;n lo retratar&iacute;a en <em>Luces de Bohemia</em> como el librero Zaratustra.&nbsp;</p>
<p>Entre los libros de su cat&aacute;logo, compuesto por alrededor de 250 t&iacute;tulos, que leg&oacute; al mundo editorial espa&ntilde;ol no deben olvidarse: <em>La Corte de los poetas. Florilegio de rimas modernas </em>(1906), de Emilio Carrere, novedosa por ser la primera antolog&iacute;a de poes&iacute;a modernista; <em>Soledades. Galer&iacute;as. Otros poemas </em>(1907), de Antonio Machado; <em>Alma. Museo. Los cantares </em>(1907), de Manuel Machado, con ex-libris de Pueyo en la contracubierta, al igual que el anterior, ejecutado por el pintor cubista Juan Gris; varios t&iacute;tulos emblem&aacute;ticos de Mario Roso de Luna, Emiliano Ram&iacute;rez Angel (Premio Mariano de Cavia 1923), Francisco Villaespesa, Pedro de R&eacute;pide, Felipe Trigo, el ya mencionado Eduardo Barriobero, etc., etc., por no mencionar a los autores extranjeros a los que desde el escaparate de su librer&iacute;a intent&oacute; dar a conocer en aquella Espa&ntilde;a con tan altas tasas de analfabetismo.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 18 Mar 2013 08:30:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La revista “Turia” rendirá homenaje en Zaragoza a Ignacio Martínez de Pisón]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/La-revista-Turia-rendira-homenaje-en-Zaragoza-a-Ignacio-Martinez-de-Pison/</link>
      <description><![CDATA[<p class="Textoindependiente21">Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n ser&aacute; el gran protagonista de la nueva entrega de la revista cultural TURIA. Casi tres d&eacute;cadas despu&eacute;s de que comenzara a publicar, Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n se ha convertido en uno de los nombres propios indiscutibles en cualquier balance de la literatura espa&ntilde;ola de nuestra &eacute;poca. Es, adem&aacute;s, due&ntilde;o de una obra solvente que viene ofreciendo a los lectores una renovada y sugerente apuesta por la conexi&oacute;n de la literatura con la realidad. Sin duda, Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n ha conseguido que p&uacute;blico y cr&iacute;tica valoren su narrativa como una eficaz y coherente cr&oacute;nica de la vida sentimental y pol&iacute;tica espa&ntilde;ola.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA presentar&aacute; su n&uacute;mero sobre Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n en su ciudad, en Zaragoza,&nbsp; el pr&oacute;ximo d&iacute;a 20 de marzo. All&iacute;, en el Teatro Prinicipal y en un acto que contar&aacute; con la presencia del propio homenajeado, intervendr&aacute; como presentador Jordi Gracia, catedr&aacute;tico de Literatura Espa&ntilde;ola en la Universidad de Barcelona y reconocido experto en nuestra narrativa contempor&aacute;nea.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA ofrece un espectacular monogr&aacute;fico sobre Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n repleto de textos in&eacute;ditos. Un total de 20 autores se dan cita en un cuidado dossier de 175 p&aacute;ginas en el destacan, entre otros, art&iacute;culos de Jos&eacute; Mar&iacute;a Pozuelo Yvancos, Jos&eacute;-Carlos Mainer, Fernando Valls, Enrique Vila-Matas, David Trueba o Jos&eacute; Mar&iacute;a Conget.&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21">A ellos hay que sumar tambi&eacute;n las colaboraciones de cr&iacute;ticos como Ram&oacute;n Ac&iacute;n, J. Ernesto Ayala-Dip y Pablo P&eacute;rez Rubio, o del director de cine Emilio Mart&iacute;nez L&aacute;zaro. No faltan tampoco las aportaciones de buenos conocedores de la obra de Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n como Antonio P&eacute;rez Lasheras, Jos&eacute; Luis Melero, Luis Alegre, M&oacute;nica Mart&iacute;n, Daniel Gasc&oacute;n o Rodolfo Notivol.&nbsp; Sin duda, TURIA brinda a los lectores un atractivo repertorio de art&iacute;culos, textos de creaci&oacute;n y testimonios que permiten una completa aproximaci&oacute;n a uno de los escritores m&aacute;s valiosos e interesantes de la literatura espa&ntilde;ola actual. Un conjunto de materiales que se completa con un fragmento su novela in&eacute;dita &ldquo;La buena reputaci&oacute;n&rdquo; y con una entrevista a fondo y exclusiva en la que Pis&oacute;n nos dir&aacute;: &ldquo;la realidad teje historias tan literarias que yo mismo tendr&iacute;a problemas para crearlas&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">En opini&oacute;n de Pozuelo Yvancos, las novelas de Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n &ldquo;trazan un dibujo en que casa muy bien lo interior y lo exterior, lo psicol&oacute;gico y lo social, la historia familiar y la cr&oacute;nica pol&iacute;tica&rdquo;. Como se subraya en las p&aacute;ginas que TURIA le dedica al escritor aragon&eacute;s radicado en Barcelona, &ldquo;Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n hace que la vida fluya sin dogmas, que los personajes digan esa vida, y que el lector los siga a trav&eacute;s de un estilo tan bueno que parece haber desaparecido y que sit&uacute;an a su autor en la primera l&iacute;nea de la novela escrita en Espa&ntilde;a en los &uacute;ltimos veinticinco a&ntilde;os&rdquo;.</p>
<p class="Textoindependiente21">Enrique Vila-Matas, en un muy recomendable art&iacute;culo titulado &ldquo;Aragon&eacute;s total&rdquo;, nos recuerda&nbsp; que &ldquo;el pasado es la materia con la que trabaja el mejor Pis&oacute;n&rdquo;. Y tambi&eacute;n subraya que Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n es un narrador nato, testarudo, empecinado en mejorar sus hallazgos: &ldquo;cada libro de Pis&oacute;n produce el siguiente. Hay quienes imaginan que la vida est&aacute; hecha de vida y que los libros, por tanto, provienen tambi&eacute;n de la vida, pero no: provienen de otros libros; el que de alguna manera reflejen la realidad no es m&aacute;s que una coincidencia feliz&rdquo;.&nbsp;</p>
<p class="Textoindependiente21"><strong>UN SUGERENTE CAT&Aacute;LOGO DE LECTURAS</strong></p>
<p class="Textoindependiente21">Adem&aacute;s del protagonismo esencial de Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n, este sumario de TURIA brinda un&nbsp; variado e&nbsp; interesante&nbsp; cat&aacute;logo&nbsp; de&nbsp; lecturas.&nbsp;&nbsp; No&nbsp; en&nbsp; vano,&nbsp; adem&aacute;s&nbsp; de&nbsp; las colaboraciones&nbsp; de&nbsp; los&nbsp; autores&nbsp; ya&nbsp; citados,&nbsp; las p&aacute;ginas de la revista se enriquecen con narraciones in&eacute;ditas de Erri de Luca, Louise Erdrich, Juan Bolea, Manuel Vilas, Carlos Cast&aacute;n y Jos&eacute; Luis Rodr&iacute;guez Garc&iacute;a. O con&nbsp; poemas de Clara Jan&eacute;s, Jaime Siles, Olvido Garc&iacute;a Vald&eacute;s, Javier Lostal&eacute;, Juana Castro, Ben Clark, Andr&eacute;s Catal&aacute;n y Kepa Murua, entre otros.</p>
<p class="Textoindependiente21">No conviene olvidar tampoco que esta nueva entrega de TURIA contiene art&iacute;culos in&eacute;ditos sobre Antonio Tabucchi y Mauricio Wiesenthal.</p>
<p class="Textoindependiente21">Especialmente recomendables son dos amplias entrevistas exclusivas publica TURIA: con Santiago Auser&oacute;n, mito musical gracias a Radio Futura y Juan Perro y que acaba de publicar un ensayo bajo el t&iacute;tulo &ldquo;El ritmo perdido&rdquo; (&ldquo;La cultura, sometida a las leyes del mercado, ha acabado siendo una caricatura&rdquo;) y con la artista Lara Almarcegui, que representar&aacute; a Espa&ntilde;a en la gran cita internacional de la Bienal de Venecia (&ldquo;El concepto de 'contraurbanismo me resulta muy atractivo&rdquo;).</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA, que cumplir&aacute; este 2013 treinta a&ntilde;os de trayectoria,&nbsp; ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales de referencia. Cuenta con difusi&oacute;n nacional e internacional y por sus p&aacute;ginas han pasado m&aacute;s de mil autores de diversas procedencias est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas, lo que da idea de la riqueza y pluralidad de sus contenidos. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</p>
<p class="Textoindependiente21">TURIA es una publicaci&oacute;n cuatrimestral, editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero cuenta tambi&eacute;n con el patrocinio Aragonesa de Servicios P&uacute;blicos y del Ayuntamiento Zaragoza.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 11 Mar 2013 10:32:15 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Antonio Machado, un “clásico moderno” protagoniza ‘Turia’]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/antonio-machado-un-calsico-moderno-protagoniza-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p>Antonio Machado protagoniza el n&uacute;mero 104 de la revista cultural Turia y de la mano de un experto en su obra, Rafael Alarc&oacute;n Sierra, se present&oacute; ayer en el Museo Provincial de Teruel despu&eacute;s de hacerlo la pasada semana en Soria.</p>
<p>La revista, publicada con el apoyo del Instituto de Estudios Turolenses dependiente de la Diputaci&oacute;n de Teruel, es, en palabras del director del IET, Gaudioso S&aacute;nchez, con sus 104 n&uacute;meros un &ldquo;r&eacute;cord&rdquo;, fruto del &ldquo;tes&oacute;n&rdquo; de su director, Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas, como subray&oacute; S&aacute;nchez en la presentaci&oacute;n ante los medios de este n&uacute;mero.</p>
<p>Ma&iacute;cas por su parte destac&oacute; que la revista sale adelante gracias a la labor de sus colaboradores, unos autores de prestigio como muestra el dossier que en esta edici&oacute;n se ha incluido dedicado a Antonio Machado.</p>
<p>Este monogr&aacute;fico lo integran textos de un total de 19 autores, entre los que destacan nombres propios como los de Joan Manuel Serrat, Luis Garc&iacute;a Montero, Ian Gibson, James Whiston, Jes&uacute;s Rubio Jim&eacute;nez, &Aacute;ngel Guinda, Manuel Vilas, Antonio Rodr&iacute;guez Almod&oacute;var, Enrique Baltan&aacute;s, Gaetano Chiappini, Jos&eacute; Mar&iacute;a Mart&iacute;nez Laseca o Marcos Molinero.</p>
<p>Coordinado por el profesor de la Universidad de Ja&eacute;n, el aragon&eacute;s Rafael Alarc&oacute;n Sierra, el Cartapacio, como se denominan los monogr&aacute;ficos de Turia, ocupa unas 200 p&aacute;ginas de las cerca de 500 de este n&uacute;mero y en ellas se revisa la vida y obra de este &ldquo;cl&aacute;sico moderno&rdquo; como lo calific&oacute; Alarc&oacute;n que es &ldquo;nuestro contempor&aacute;neo&rdquo; porque &ldquo;las claves y los problemas que detecta en su &eacute;poca son actuales&rdquo;.</p>
<p>Machado est&aacute; &ldquo;vigente&rdquo; en la actualidad &ldquo;tanto desde el punto de vista &eacute;ticos como est&eacute;tico&rdquo;, resalt&oacute;.</p>
<p>El autor sevillano fue adem&aacute;s un &ldquo;enlace con el Modernismo&rdquo; porque trajo a Espa&ntilde;a la modernidad literaria con el simbolismo. &ldquo;Introdujo elementos irracionales&rdquo;, dijo Alarc&oacute;n entrando as&iacute; de lleno en el arte moderno.</p>
<p><strong>&lsquo;Campos de Castilla&rsquo;</strong></p>
<p>El homenaje que rinde la revista Turia a Antonio Machado coincide con el centenario de la publicaci&oacute;n de Campos de Castilla, una de las obras m&aacute;s representativas del autor, de la muerte de su esposa Leonor y de la llegada de Machado a Baeza, donde se ha celebrado un congreso internacional sobre su figura.</p>
<p>Para Rafael Alarc&oacute;n el dossier de Turia es &ldquo;uno de los homenajes m&aacute;s completos&rdquo;, que ofrece un &ldquo;panorama renovador&rdquo; con un &ldquo;af&aacute;n divulgador&rdquo; dirigido no solo a especialistas sino al p&uacute;blico en general.</p>
<p><strong>Modernismo</strong></p>
<p>La revista Turia, en su n&uacute;mero 104 hace un &ldquo;gui&ntilde;o al Modernismo&rdquo; con motivo del centenario de su implantaci&oacute;n en Teruel con la publicaci&oacute;n de un art&iacute;culo del arquitecto turolense Antonio P&eacute;rez.</p>
<p>Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas resalt&oacute; ayer que ya en el primer n&uacute;mero de la revista, hace cerca de 30 a&ntilde;os, Antonio P&eacute;rez public&oacute; un art&iacute;culo sobre este movimiento art&iacute;stico. &ldquo;Es una vuelta a los or&iacute;genes de la revista&rdquo;, subray&oacute; su director. De P&eacute;rez destac&oacute; su permanente preocupaci&oacute;n por el patrimonio art&iacute;stico de la ciudad.</p>
<p>Bajo el t&iacute;tulo de La ciudad de Teruel en la transici&oacute;n del siglo XIX al XX: el Modernismo se ofrece una aproximaci&oacute;n que, con motivo de cumplirse el centenario de algunos de los edificios m&aacute;s singulares de este movimiento en la ciudad de Teruel, permite conocer con detalle toda la g&eacute;nesis y la evoluci&oacute;n de la arquitectura modernista.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Leido en <a title="Lea la noticia en Diario de Teruel" href="http://www.diariodeteruel.es/cultura/28829--antonio-machado-un-clasico-moderno-protagoniza-turia.html" target="_blank">diariodeteruel.es</a></p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 28 Nov 2012 16:44:48 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[TURIA, un ejemplo de suma de esfuerzos.]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/antonio-machado-protagoniza-el-numero-104-de-la-revista-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p><span style="font-family: Arial;"><span style="font-family: Arial; font-size: small;">Antonio Machado, todo un cl&aacute;sico moderno de la literatura espa&ntilde;ola m&aacute;s universal, es el gran protagonista del nuevo n&uacute;mero de la revista cultural TURIA que se presenta hoy en el Museo de Teruel. La publicaci&oacute;n le rinde as&iacute; un atractivo homenaje al conmemorarse en 2012 el centenario de la edici&oacute;n de uno de sus libros m&aacute;s c&eacute;lebres, &ldquo;Campos de Castilla&rdquo;. TURIA propone un espectacular y amplio sumario repleto de textos in&eacute;ditos sobre un creador que conforma la columna vertebral de la poes&iacute;a moderna. Y es que Machado merece ser redescubierto por nuevos lectores y nuevos cr&iacute;ticos que le hagan justicia. La presentaci&oacute;n de este homenaje correr&aacute; a cargo de Rafael Alarc&oacute;n Sierra, coordinador del monogr&aacute;fico machadiano y reconocido experto en la obra de uno de los poetas espa&ntilde;oles m&aacute;s queridos y le&iacute;dos.</span></span></p>
<p><span style="font-family: Arial;"><span style="font-family: Arial; font-size: small;">En esta nueva entrega, TURIA analiza a fondo el modernismo turolense, sus caracter&iacute;sticas y su impronta arquitect&oacute;nica a trav&eacute;s de un imprescindible art&iacute;culo elaborado por su m&aacute;ximo estudioso, el arquitecto Antonio P&eacute;rez. Bajo el t&iacute;tulo de &ldquo;La ciudad de Teruel en la transici&oacute;n del siglo XIX al XX&rdquo;, se nos ofrece una oportuna aproximaci&oacute;n que, con motivo de cumplirse el centenario de algunos de los edificios m&aacute;s singulares de dicho movimiento en la ciudad de Teruel, permite conocer con detalle toda la g&eacute;nesis y la evoluci&oacute;n de la arquitectura modernista.</span></span></p>
<p><span style="font-family: Arial;"><span style="font-family: Arial; font-size: small;">El monogr&aacute;fico que TURIA dedica a Antonio Machado lo integran textos de un total de 19 autores, entre los que destacan nombres propios como los de Joan Manuel Serrat, Luis Garc&iacute;a Montero, Ian Gibson, James Whiston, Jes&uacute;s Rubio Jim&eacute;nez, &Aacute;ngel Guinda, Manuel Vilas, Antonio Rodr&iacute;guez Almod&oacute;var, Enrique Baltan&aacute;s, Gaetano Chiappini, Jos&eacute; Mar&iacute;a Mart&iacute;nez Laseca o Marcos Molinero se dan cita en un cuidado sumario. Sin duda, TURIA brinda a los lectores un atractivo repertorio de art&iacute;culos, textos de creaci&oacute;n y testimonios que permiten una nueva aproximaci&oacute;n a uno de los escritores m&aacute;s valiosos de la literatura universal.&nbsp;</span></span></p>
<p><span style="font-family: Arial;"><span style="font-family: Arial; font-size: small;">En opini&oacute;n de Rafael Alarc&oacute;n Sierra, coordinador del dossier de TURIA y autor de un imprescindible art&iacute;culo introductorio, Antonio Machado &ldquo;es, desde hace tiempo, un cl&aacute;sico moderno. Es un autor vivo, continuamente editado y le&iacute;do; un poeta querido y popular, incluso m&aacute;s all&aacute; de nuestras fronteras y de nuestra lengua, y cuya presencia llega, por ejemplo, a Raymond Carver. Su obra ha influido permanentemente en toda la poes&iacute;a del siglo XX, y cada d&eacute;cada ha buscado y encontrado un Machado diferente, pero siempre pr&oacute;ximo y cordial&rdquo;.</span></span></p>
<p><span style="font-family: Arial;"><span style="font-family: Arial; font-size: small;">Este monogr&aacute;fico Antonio Machado de TURIA nos muestra que &ldquo;su palabra sigue vigente, porque todav&iacute;a tiene mucho que decirnos. Y no solamente es ejemplar en su dimensi&oacute;n literaria y po&eacute;tica; tambi&eacute;n en su vertiente de cr&iacute;tica y dinamizaci&oacute;n c&iacute;vica, educativa, cultural, pol&iacute;tica, regeneradora y con la vista puesta en mejorar nuestra sociedad, que, hoy como ayer, tanta falta hace&rdquo;.</span></span></p>
<p><span style="font-family: Arial;"><span style="font-family: Arial; font-size: small;">Adem&aacute;s del protagonismo esencial de Antonio Machado, este sumario de TURIA de casi 500 p&aacute;ginas se abre con un interesante art&iacute;culo sobre Tom&aacute;s Segovia elaborado por Manuel Rico. Fallecido ahora hace un a&ntilde;o, Tom&aacute;s Segovia es descrito como un &ldquo;poeta n&oacute;mada&rdquo; pero imprescindible en cualquier balance de la poes&iacute;a contempor&aacute;nea en castellano. Tambi&eacute;n se publica una certera aproximaci&oacute;n a la figura y la obra del escritor y pol&iacute;tico Dionisio Ridruejo, de quien este 2012 se cumple el centenario de su nacimiento, a cargo de Jordi Amat.&nbsp;</span></span></p>
<p><span style="font-family: Arial;"><span style="font-family: Arial; font-size: small;">Junto a estos contenidos, TURIA brinda un completo y atractivo cat&aacute;logo de lecturas. No en vano, adem&aacute;s de las colaboraciones de los autores ya citados, las p&aacute;ginas de la revista se enriquecen con narraciones in&eacute;ditas de Soledad Pu&eacute;rtolas, Gonzalo Hidalgo Bayal, J.A. Gonz&aacute;lez S&aacute;inz, Avelino Hern&aacute;ndez y Oscar Sip&aacute;n. O con poemas de Julia Uceda, &Aacute;lvaro Garc&iacute;a, Enrique Andr&eacute;s Ruiz, Juan Cobos Wilkins, Francisco Ferrer Ler&iacute;n, Antonio Rivero Taravillo y Joaqu&iacute;n P&eacute;rez Azaustre, entre otros.&nbsp;</span></span></p>
<p><span style="font-family: Arial;"><span style="font-family: Arial; font-size: small;">Especialmente recomendables son las amplias entrevistas exclusivas que TURIA publica con el escritor Jos&eacute; Manuel Caballero Bonald (&ldquo;Intento explicarme mejor a m&iacute; mismo por medio de la poes&iacute;a&rdquo;) y con el editor Jacobo Siruela (&ldquo;Las tres v&iacute;as que orientan mi trabajo son vindicar la brevedad, recuperar la memoria, lo que hemos perdido, y tambi&eacute;n el gozo de la imaginaci&oacute;n&rdquo;).</span></span></p>
<p><span style="font-family: Arial;"><span style="font-family: Arial; font-size: small;">TURIA contiene tambi&eacute;n la secci&oacute;n habitual denominada &ldquo;La isla&rdquo;, con fragmentos del diario de Ra&uacute;l Carlos Ma&iacute;cas enriquecidos gr&aacute;ficamente por Isidro Ferrer. En cuanto a los temas aragoneses, sobresale la aproximaci&oacute;n rigurosa y divulgativa elaborada por Antonio P&eacute;rez S&aacute;nchez al modernismo arquitect&oacute;nico turolense, que cumple cien a&ntilde;os y que se recoge en el art&iacute;culo &ldquo;La ciudad de Teruel en la transici&oacute;n del siglo XIX al XX: el modernismo&rdquo;. Adem&aacute;s, el sumario alberga los trabajos: &ldquo;Julio Antonio G&oacute;mez in terra incognita&rdquo;, de Alfredo Salda&ntilde;a y &ldquo;Jer&oacute;nimo Soriano y Andr&eacute;s Mart&iacute;nez Vargas: dos pilares aragoneses de la pediatr&iacute;a espa&ntilde;ola&rdquo;, de Miguel Labay. Finalmente, una extensa secci&oacute;n de cr&iacute;tica de libros denominada &ldquo;La Torre de Babel&rdquo; se ocupa de la actualidad editorial y cierra este n&uacute;mero de la revista.</span></span></p>
<p><span style="font-family: Arial;"><span style="font-family: Arial; font-size: small;">Esta nueva entrega de TURIA est&aacute; ilustrada por Dis Berlin, uno de los artistas m&aacute;s singulares de la pintura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea.</span></span></p>
<p><span style="font-family: Arial;"><span style="font-family: Arial; font-size: small;">La revista cultural TURIA es una publicaci&oacute;n cuatrimestral, editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputaci&oacute;n de Teruel, el Ayuntamiento de Teruel y el Gobierno de Arag&oacute;n. Este n&uacute;mero cuenta tambi&eacute;n con el patrocinio de Aragonesa de Servicios P&uacute;blicos, la Caja de Ahorros de la Inmaculada, as&iacute; como del Ayuntamiento y la Diputaci&oacute;n Provincial de Soria.&nbsp;</span></span></p>
<p><span style="font-family: Arial;"><span style="font-family: Arial; font-size: small;">Fundada en 1983, TURIA ha conseguido convertirse en una de las revistas culturales en espa&ntilde;ol de m&aacute;s dilatada trayectoria. Cuenta con difusi&oacute;n nacional e internacional y por sus p&aacute;ginas han pasado m&aacute;s de mil autores de diversas procedencias est&eacute;ticas e ideol&oacute;gicas, lo que da idea de la riqueza y pluralidad de sus contenidos. En reconocimiento a su labor, la revista obtuvo el Premio Nacional al Fomento de la Lectura.</span></span></p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 27 Nov 2012 08:00:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Antonio Machado protagoniza la revista cultural "Turia"]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/antonio-machado-protagoniza-la-revista-cultural-turia/</link>
      <description><![CDATA[<p>Teruel.- Antonio Machado es el gran protagonista del nuevo n&uacute;mero de la revista cultural &ldquo;Turia&rdquo;, editada por la Diputaci&oacute;n Provincial de Teruel (DPT), y que se presenta este martes en Soria, en la sede del C&iacute;rculo Amistad Numancia. La publicaci&oacute;n le rinde as&iacute; un atractivo homenaje al conmemorarse en 2012 el centenario de la edici&oacute;n de uno de sus libros m&aacute;s c&eacute;lebres, &ldquo;Campos de Castilla&rdquo;. &ldquo;Turia&rdquo; propone un espectacular y amplio sumario repleto de textos in&eacute;ditos sobre un creador que conforma la columna vertebral de la poes&iacute;a moderna.</p>
<p>La presentaci&oacute;n del nuevo n&uacute;mero de &ldquo;Turia&rdquo; correr&aacute; a cargo de Rafael Alarc&oacute;n Sierra, coordinador del monogr&aacute;fico machadiano y reconocido experto en la obra de uno de los poetas espa&ntilde;oles m&aacute;s queridos y le&iacute;dos. Adem&aacute;s, la publicaci&oacute;n cuenta con la colaboraci&oacute;n de 19 escritores entre los que destacan nombres propios como los de Joan Manuel Serrat, Luis Garc&iacute;a Montero o Ian Gibson.</p>
<p>En opini&oacute;n de Rafael Alarc&oacute;n Sierra, coordinador del dossier de &ldquo;Turia&rdquo; y autor de un imprescindible art&iacute;culo introductorio, Antonio Machado &ldquo;es, desde hace tiempo, un cl&aacute;sico moderno. Es un autor vivo, continuamente editado y le&iacute;do; un poeta querido y popular, incluso m&aacute;s all&aacute; de nuestras fronteras y de nuestra lengua, y cuya presencia llega, por ejemplo, a Raymond Carver. Su obra ha influido permanentemente en toda la poes&iacute;a del siglo XX, y cada d&eacute;cada ha buscado y encontrado un Machado diferente, pero siempre pr&oacute;ximo y cordial&rdquo;.</p>
<p><strong>Otros contenidos</strong></p>
<p>Adem&aacute;s del protagonismo esencial de Antonio Machado, este sumario de &ldquo;Turia&rdquo; de casi 500 p&aacute;ginas se abre con un interesante art&iacute;culo sobre Tom&aacute;s Segovia elaborado por Manuel Rico. Fallecido ahora hace un a&ntilde;o, Tom&aacute;s Segovia es descrito como un &ldquo;poeta n&oacute;mada&rdquo; pero imprescindible en cualquier balance de la poes&iacute;a contempor&aacute;nea en castellano. Tambi&eacute;n se publica una certera aproximaci&oacute;n a la figura y la obra del escritor y pol&iacute;tico Dionisio Ridruejo, de quien este 2012 se cumple el centenario de su nacimiento, a cargo de Jordi Amat.</p>
<p>Junto a estos contenidos, &ldquo;Turia&rdquo; brinda un completo y atractivo cat&aacute;logo de lecturas. No en vano, adem&aacute;s de las colaboraciones de los autores ya citados, las p&aacute;ginas de la revista se enriquecen con narraciones in&eacute;ditas de Soledad Pu&eacute;rtolas, Gonzalo Hidalgo Bayal, J.A. Gonz&aacute;lez S&aacute;inz, Avelino Hern&aacute;ndez y Oscar Sip&aacute;n. O con poemas de Julia Uceda, &Aacute;lvaro Garc&iacute;a, Enrique Andr&eacute;s Ruiz, Juan Cobos Wilkins, Francisco Ferrer Ler&iacute;n, Antonio Rivero Taravillo y Joaqu&iacute;n P&eacute;rez Azaustre, entre otros.</p>
<p>Especialmente recomendables son las amplias entrevistas exclusivas que &ldquo;Turia&rdquo; publica con el escritor Jos&eacute; Manuel Caballero Bonald (&ldquo;Intento explicarme mejor a m&iacute; mismo por medio de la poes&iacute;a&rdquo;) y con el editor Jacobo Siruela (&ldquo;Las tres v&iacute;as que orientan mi trabajo son vindicar la brevedad, recuperar la memoria, lo que hemos perdido, y tambi&eacute;n el gozo de la imaginaci&oacute;n&rdquo;).</p>
<p>Esta nueva entrega de &ldquo;Turia&rdquo; est&aacute; ilustrada por Dis Berlin, uno de los artistas m&aacute;s singulares de la pintura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Le&iacute;do en <a title="Ver noticia en aragondigital.es" href="http://www.aragondigital.es/noticia.asp?notid=101443" target="_blank">aragondigital.es</a>&nbsp;</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 20 Nov 2012 16:38:54 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Antonio Machado, nuestro contemporáneo.]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/antonio-machado-nuestro-contemporaneo/</link>
      <description><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/articulos/ANTONIO_MACHADO.jpg" alt="" /></p>
<p>ANTONIO Machado es, desde hace tiempo, un cl&aacute;sico moderno.&nbsp;Es un autor vivo, continuamente editado y le&iacute;do; un&nbsp;poeta querido y popular, incluso m&aacute;s all&aacute; de nuestras fronteras&nbsp;y de nuestra lengua, y cuya presencia llega, por ejemplo, a&nbsp;Raymond Carver. Su obra ha influido permanentemente en toda la&nbsp;poes&iacute;a del siglo XX, y cada d&eacute;cada ha buscado y encontrado un Machado diferente, pero siempre pr&oacute;ximo y cordial: en los a&ntilde;os cuarenta,&nbsp;un Machado intimista y temporalista; en los cincuenta y sesenta,&nbsp;c&iacute;vico y social, pero tambi&eacute;n coloquial e ir&oacute;nico; a partir de&nbsp;los setenta, un Machado simbolista; en los a&ntilde;os ochenta, su obra&nbsp;sirve de punto de partida para una <em>nueva sentimentalidad</em>, encabezada&nbsp;por Luis Garc&iacute;a Montero, que se prolonga en las siguientes d&eacute;cadas.&nbsp;<em>El cielo</em> (2000), de Manuel Vilas, se abre con unos versos machadianos;</p>
<p>y su obra est&aacute; muy presente, verbigracia, en los &uacute;ltimos&nbsp;poemarios de Jon Juaristi y de Andr&eacute;s Trapiello (<em>Renta antigua y Segunda&nbsp;oscuridad</em>), aparecidos hace pocos meses, en este mismo&nbsp;2012. Siempre me ha gustado pensar que cada poeta que ha bebido&nbsp;de la generosa fuente machadiana se ha convertido en uno de sus&nbsp;ap&oacute;crifos del siglo XX, esos que Machado anunci&oacute; pero cuya obra&nbsp;finalmente no escribi&oacute;: porque la han escrito ellos, sus hijos. Pero&nbsp;Machado no solamente es un grand&iacute;simo poeta: tambi&eacute;n es un prosista&nbsp;excepcional con su <em>Juan de Mairena</em>.</p>
<p>Su palabra sigue vigente, porque todav&iacute;a tiene mucho que decirnos.&nbsp;Y no solamente es ejemplar en su dimensi&oacute;n literaria y po&eacute;tica; tambi&eacute;n en su vertiente de cr&iacute;tica y dinamizaci&oacute;n c&iacute;vica, educativa,&nbsp;cultural, pol&iacute;tica, regeneradora y con la vista puesta en&nbsp;mejorar nuestra sociedad, que, hoy como ayer, tanta falta hace. Y&nbsp;para completar esta faceta, hay que a&ntilde;adir su car&aacute;cter de s&iacute;mbolo&nbsp;de la Espa&ntilde;a republicana y democr&aacute;tica que no pudo ser. Su noble&nbsp;condici&oacute;n de santo laico de la modernizaci&oacute;n social: como lo llam&oacute;&nbsp;Jorge Guill&eacute;n, San Antonio de Collioure.</p>
<p>&Eacute;l y Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, ambos <em>andaluces universales</em>, ambos&nbsp;reivindicadores de B&eacute;cquer y de su lecci&oacute;n de poes&iacute;a intimista, que&nbsp;lleva a un simbolismo interior, conforman la columna vertebral, el&nbsp;tronco del &aacute;rbol de la poes&iacute;a moderna espa&ntilde;ola. Podemos dejar alguna&nbsp;v&eacute;rtebra para su hermano Manuel o para Unamuno; as&iacute; lo reconocieron&nbsp;Gerardo Diego y el grupo del &laquo;veintisiete&raquo; en su <em>Antolog&iacute;a&nbsp;po&eacute;tica</em> de 1932.</p>
<p>Machado parece un poeta sencillo pero es, en realidad, un poeta muy complejo. En este nuevo siglo necesita nuevos lectores (porque&nbsp;son los lectores los que hacen la poes&iacute;a, los que le dan un significado&nbsp;permanentemente renovado) y nuevos cr&iacute;ticos que le hagan&nbsp;justicia. Este cartapacio de la revista <em>Turia</em> que coordino quiere contribuir,&nbsp;modestamente, a ello, as&iacute; como este art&iacute;culo, que presenta&nbsp;un panorama necesariamente sint&eacute;tico. Como fil&oacute;logo, he tenido&nbsp;la suerte de estudiar tanto su prosa como su verso (y su teatro, escrito&nbsp;en colaboraci&oacute;n con su hermano Manuel) y de editar buena parte&nbsp;de sus manuscritos in&eacute;ditos (principalmente, los diez vol&uacute;menes de&nbsp;la colecci&oacute;n Unicaja) que, unidos a los &nbsp;materiales conservados en&nbsp;Burgos y a otros manuscritos que poseen sus herederos, han sacado&nbsp;a la luz numerosos papeles y cuadernos de trabajo (de los que ya se&nbsp;conoc&iacute;a el llamado <em>Los complementarios</em>) con los que podemos entender&nbsp;a fondo su <em>taller literario</em> y realizar una rigurosa edici&oacute;n cr&iacute;tica&nbsp;de toda su obra<sup>1</sup>. En la actualidad sigo trabajando con manuscritos&nbsp;desconocidos de su obra gracias a la generosidad de su familia. Y lo&nbsp;m&aacute;s inteligente que puedo decir es que Antonio Machado para m&iacute;&nbsp;sigue siendo, en gran medida, un misterio que nunca se acaba. Sigo&nbsp;aprendiendo de &eacute;l y sigo sin poder explicarme bien parte de su&nbsp;obra. Porque, afortunadamente, todo buen poeta siempre se escapa&nbsp;de las manos que intentan apresarlo y no permite su &laquo;normalizaci&oacute;n&raquo;; el intento bienintencionado de los especialistas de convertirlo&nbsp;en materia &laquo;po&eacute;ticamente correcta&raquo;, sin aristas ni <em>puntos ciegos</em>.</p>
<p>El objetivo de Antonio Machado no era peque&ntilde;o: conseguir una&nbsp;poes&iacute;a que caminara naturalmente entre lo intuitivo y lo racional; entre&nbsp;lo subjetivo y lo objetivo; entre lo individual y lo gen&eacute;rico; entre&nbsp;la esencialidad y la temporalidad. Una l&iacute;rica que superara tanto el vitalismo&nbsp;irracional (del siglo XIX, del simbolismo y de buena parte de&nbsp;las vanguardias) como el racionalismo desvitalizador (de la poes&iacute;a&nbsp;pura, por ejemplo). Porque, como &eacute;l mismo afirm&oacute; en &laquo;Reflexiones&nbsp;sobre la l&iacute;rica&raquo;, &laquo;no es la l&oacute;gica (la raz&oacute;n) lo que el poema canta, sino&nbsp;la vida (temporal), aunque no es la vida lo que da estructura al poema, sino la l&oacute;gica&raquo;. De ah&iacute; su b&uacute;squeda de una palabra esencial en&nbsp;el tiempo; una palabra fraternal y universal, porque la sed de todo creador (un absoluto inalcanzable), para Machado, solo se calma cuando&nbsp;descubre que es la misma sed que tienen todos los seres humanos. Y&nbsp;porque, adem&aacute;s, &laquo;el hombre crea en <em>lo otro</em> y en <em>el otro</em>, en la esencial<br />heterogeneidad del ser&raquo;, como escribe en el borrador de su discurso&nbsp;de ingreso en la RAE. En esta <em>cuadratura del c&iacute;rculo</em>, Machado se debati&oacute;,&nbsp;entre Unamuno y Ortega, en un continuo ir <em>de lo uno a lo otro</em>, y&nbsp;en diversas tentativas po&eacute;ticas que caminaban hacia un vitalismo fraternal&nbsp;y razonador, hacia una nueva sentimentalidad, a trav&eacute;s de diversas<br />formas po&eacute;ticas que nunca le satisfac&iacute;an plenamente: el poema&nbsp;aleg&oacute;rico-temporal, descriptivo-reflexivo, el romance narrativo, la&nbsp;mezcla de folklore y filosof&iacute;a, los ap&oacute;crifos, la m&aacute;quina de trovar&hellip;</p>
<p>Pero empecemos por el principio. Antonio Machado logra, en&nbsp;<em>Soledades</em> (1903) y <em>Soledades</em>, <em>Galer&iacute;as</em>. <em>Otros poemas</em> (1907), un ciclo&nbsp;de una intensidad y concentraci&oacute;n simbolista desconocido en la l&iacute;rica&nbsp;espa&ntilde;ola de su tiempo. Solo por eso ya merece un puesto de&nbsp;primera l&iacute;nea en la historia de la literatura<sup>2</sup>. A partir de la introducci&oacute;n del simbolismo, el escritor opera con elementos verbales&nbsp;de significado subjetivo e irracional y, por tanto, abierto, lo que conlleva&nbsp;un nuevo concepto, m&aacute;s exigente, intuitivo y emocional, de&nbsp;escritura y de lectura. Este cambio, que hunde sus ra&iacute;ces en el romanticismo&nbsp;&ndash;el cual tuvo un d&eacute;bil desarrollo en nuestro pa&iacute;s&ndash;, significa&nbsp;una aut&eacute;ntica revoluci&oacute;n en la l&iacute;rica espa&ntilde;ola que, de este&nbsp;modo, se incorpora plenamente a la modernidad<sup>3</sup>.</p>
<p>La poes&iacute;a de Machado est&aacute; vertebrada por una serie de procedimientos&nbsp;destinados a mostrar complejos estados de &aacute;nimo, vagos&nbsp;presagios, atm&oacute;sferas de misterio y enigm&aacute;ticas evocaciones,&nbsp;mediante el encadenamiento de distintos signos de sugesti&oacute;n emocional.&nbsp;La mayor&iacute;a de estos recursos proceden de la po&eacute;tica simbolista&nbsp;que Machado interioriza, y que integra en su propia tradici&oacute;n&nbsp;l&iacute;rica. Esta nueva &oacute;ptica simbolista, a trav&eacute;s del espiritualismo&nbsp;finisecular, es injertada en una l&iacute;nea precedente de poes&iacute;a intimista&nbsp;y sentimental, cuyos nombres mayores son B&eacute;cquer y Rosal&iacute;a de&nbsp;Castro, que a partir de este momento va a constituirse en corriente&nbsp;central de la poes&iacute;a espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea. Antonio Machado<br />(al igual que su hermano Manuel y que Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez)&nbsp;une la modernidad simbolista con la relectura que desde esta hace&nbsp;de la propia tradici&oacute;n l&iacute;rica, reinventando as&iacute; un canon nacional&nbsp;que va desde Berceo o Jorge Manrique, pasando por los m&iacute;sticos&nbsp;&ndash;San Juan de la Cruz y Santa Teresa&ndash;, hasta B&eacute;cquer y Rosal&iacute;a. Ser&iacute;a&nbsp;injusto olvidar el est&iacute;mulo que supone el modernismo hispanoamericano,&nbsp;encarnado principalmente en Rub&eacute;n Dar&iacute;o, que&nbsp;abre un camino, ofrece un modelo y muestra a los poetas espa&ntilde;oles&nbsp;que la renovaci&oacute;n l&iacute;rica es posible.&nbsp;</p>
<p>Para entender esta l&iacute;rica hay que referirse a un conglomerado&nbsp;de s&iacute;mbolos que vertebran la poes&iacute;a moderna desde el romanticismo&nbsp;alem&aacute;n al simbolismo y al modernismo m&aacute;s genuino. El poeta siente la escisi&oacute;n y el hast&iacute;o de su existencia, desterrada en el&nbsp;tiempo y el vac&iacute;o de la modernidad. Pero tambi&eacute;n la nostalgia de&nbsp;una unidad perdida: en la naturaleza y en el fondo de su ser vislumbra,&nbsp;en algunos momentos, los signos de un misterio trascendente.&nbsp;Mediante la concepci&oacute;n anal&oacute;gica del universo y la idea de&nbsp;la reminiscencia, siente que su vida m&aacute;s profunda se corresponde&nbsp;con la armon&iacute;a del mundo. De ah&iacute; el anhelo de abandonar su yo&nbsp;escindido, a trav&eacute;s de los estados de liberaci&oacute;n on&iacute;rica, donde el&nbsp;alma reencuentra la certeza de la unidad de s&iacute; mismo y del universo. Sus esfuerzos se dirigen a recuperar ese centro de su ser, esa&nbsp;trascendencia que es la verdad esencial de su yo y del mundo. La&nbsp;v&iacute;a para conseguirlo es la creaci&oacute;n l&iacute;rica: la poes&iacute;a es entendida no&nbsp;solo como creaci&oacute;n est&eacute;tica, sino como un camino de exploraci&oacute;n&nbsp;hacia lo absoluto. Ante la ausencia del otro real se construye la poes&iacute;a&nbsp;como un <em>otro simb&oacute;lico</em>, un simulacro del primero. Pero este prop&oacute;sito&nbsp;est&aacute; condenado al fracaso: al final del camino no se desvela&nbsp;el misterio de lo inefable, sino el silencio, el tiempo, la muerte y la&nbsp;nada. La b&uacute;squeda del significado oculto, trascendente, del yo y del&nbsp;mundo es un movimiento caracter&iacute;stico de todo el arte moderno,&nbsp;as&iacute; como la sospecha de que tanto el yo como el mundo son, en &uacute;ltima&nbsp;instancia, inaccesibles para el sujeto. El poeta se queda a solas&nbsp;con su verdadero destino temporal. La sinceridad vivencial de&nbsp;esta tensi&oacute;n y movimiento permanente entre el anhelo del todo y&nbsp;su imposibilidad es el motor dial&eacute;ctico de buena parte de la poes&iacute;a&nbsp;machadiana, y lo que hace de ella algo extraordinario. Son&nbsp;unas <em>Soledades</em> ambivalentes: por un lado, expresan su desorientaci&oacute;n,&nbsp;melancol&iacute;a y desamparo; por otro, son el &aacute;mbito de su recogimiento&nbsp;interior, de su exploraci&oacute;n vital de lo trascendente y de&nbsp;su creaci&oacute;n l&iacute;rica. Del di&aacute;logo entre ambos extremos surge el poema, que es camino de conocimiento y creaci&oacute;n.</p>
<p>Otro elemento novedoso en estos poemarios es su cuidada organizaci&oacute;n.&nbsp;Est&aacute; muy meditada la elecci&oacute;n de los poemas de apertura&nbsp;y cierre tanto de cada parte como del libro en su conjunto, y&nbsp;las resonancias, ecos y modulaciones que se establecen entre unas&nbsp;composiciones y otras. Esta concepci&oacute;n <em>org&aacute;nica</em> del libro, que&nbsp;conscientemente dispone de forma meticulosa sus textos para dosificar&nbsp;los efectos de su lectura, es algo que en la l&iacute;rica espa&ntilde;ola se&nbsp;inicia con el modernismo.</p>
<p>De esta po&eacute;tica machadiana hay que destacar, fundamentalmente,&nbsp;su brevedad, sobriedad y concentraci&oacute;n expresiva, a la vez&nbsp;que su contenci&oacute;n y condensaci&oacute;n emocional, ese peculiar tono de&nbsp;amortiguaci&oacute;n verbal, de confidencia y asombro intimista, que ya no&nbsp;le va a abandonar casi nunca. Es el triunfo de la interioridad subjetiva.&nbsp;El poema tiene un objetivo primordial: lograr una comunicaci&oacute;n&nbsp;emocional (esto es, no por medios racionales, sino irracionales) entre&nbsp;poeta y lector. No declarar directamente unos sentimientos &ndash;a&nbsp;menudo inefables&ndash;, sino lograr que el receptor del texto los sienta.&nbsp;El poema se reduce a lo esencial, se desprende en lo posible de lo&nbsp;narrativo, lo anecd&oacute;tico o circunstancial. Su logro es la dilataci&oacute;n&nbsp;y densidad del significado, la sutil elocuencia de lo impl&iacute;cito, de lo&nbsp;apenas sugerido, aludido o eludido. Es una &laquo;forma abierta&raquo; hacia&nbsp;el misterio hecha de intuiciones y vaguedades impresionistas, incluso&nbsp;m&eacute;tricamente. Las atm&oacute;sferas de expectaci&oacute;n y la <em>po&eacute;tica del&nbsp;silencio</em> que pone en pr&aacute;ctica resuenan, al final del poema, en la&nbsp;conciencia del lector. No obstante, los correlatos objetivos m&aacute;s importantes&nbsp;son los que funcionan como fen&oacute;menos irracionales de&nbsp;tipo simb&oacute;lico. Machado nunca emplea estas construcciones visionarias&nbsp;para ocultar lo real, sino para intentar nombrar o al menos&nbsp;cercar lo inefable. Este desdoblamiento simbolista en busca de&nbsp;<em>lo otro</em> (el centro de su ser y el ideal trascendente), a trav&eacute;s de un&nbsp;peregrinaje on&iacute;rico que muestra sus deseos y temores, su inseguridad&nbsp;y desorientaci&oacute;n vital, po&eacute;tica y espiritual, es uno de los grandes&nbsp;valores de la poes&iacute;a machadiana.</p>
<p>Entre los espacios simb&oacute;licos que emplea Machado como proyecciones de su estado de &aacute;nimo (<em>fanales</em> iluminados por la emoci&oacute;n&nbsp;de una intuici&oacute;n personal &uacute;nica, cuya temporalidad se detiene&nbsp;al quedar fijada en el espacio del poema) sobresalen las escenograf&iacute;as&nbsp;ambientales del parque o jard&iacute;n solitario, en la que no falta&nbsp;el misterio del agua de la fuente, que encierra el enigma del ideal,&nbsp;coincidente con la edad de oro de la infancia perdida y recordada&nbsp;(como apunta el excepcional &laquo;Los cantos de los ni&ntilde;os&raquo;, que une&nbsp;temporalidad y comunidad); de la <em>ciudad muerta</em>, ensimismada, silenciosa&nbsp;y solitaria; del crep&uacute;sculo de la tarde (y, en menor medida,&nbsp;el alba y la noche), casi siempre de primavera, <em>clara</em>, <em>triste</em>, <em>polvorienta&nbsp;</em>y <em>tranquila</em>, momento propicio a las revelaciones m&aacute;s hondas pero&nbsp;donde, en contraste, el poeta nunca logra <em>reverdecer</em> su vida, prevaleciendo&nbsp;la desolaci&oacute;n, la monoton&iacute;a y el hast&iacute;o; del camino, imagen&nbsp;aleg&oacute;rica de la <em>peregrinatio vitae</em> y del <em>homo viator</em> en clave simbolista;&nbsp;de los sue&ntilde;os y el recuerdo, intensa introspecci&oacute;n en los&nbsp;abismos del <em>reino interior</em> del poeta, donde tambi&eacute;n aparecen las galer&iacute;as&nbsp;del alma y de su infancia, el espejo y el cristal, fragmentaci&oacute;n&nbsp;del sujeto l&iacute;rico en sus m&uacute;ltiples visiones, <em>mise en ab&icirc;me</em> hecha de deseos&nbsp;y temores, ilusiones y decepciones, que nunca se concretan ni&nbsp;explican del todo. Otro desdoblamiento da lugar a esquivos personajes&nbsp;que aparecen en el poema, entonces ya no mero paisaje del&nbsp;alma, sino <em>paisaje con figuras</em>, como el mendigo o el fantasma en&nbsp;pena y, sobre todo, la fugaz visi&oacute;n femenina, anhelo y s&iacute;mbolo erotan&aacute;tico&nbsp;ambivalente.</p>
<p>La composici&oacute;n m&aacute;s enigm&aacute;tica y a la vez reveladora es la XXXVII,&nbsp;donde, en un di&aacute;logo visionario con la &laquo;noche amiga&raquo;, esta declara&nbsp;al sujeto l&iacute;rico que &laquo;nunca supe, amado, / si eras t&uacute; ese fantasma de&nbsp;tu sue&ntilde;o, / ni averig&uuml;&eacute; si era su voz la tuya, / o era la voz de un histri&oacute;n&nbsp;grotesco&raquo;, porque &laquo;en las hondas b&oacute;vedas del alma / no s&eacute; si&nbsp;el llanto es una voz o un eco&raquo;, para acabar reconociendo, en versos&nbsp;inolvidables: &laquo;te busqu&eacute; en tu sue&ntilde;o, / y all&iacute; te vi vagando en un borroso<br />/ laberinto de espejos&raquo;. El poema, a trav&eacute;s de la estructura dram&aacute;tica y del desdoblamiento del yo, que se desintegra, junto al espacio,&nbsp;el tiempo y el lenguaje, manifiesta que el alma es impenetrable,&nbsp;que es imposible todo conocimiento racional a trav&eacute;s del solipsismo&nbsp;intrasubjetivo de los sue&ntilde;os (el propio Machado era bien&nbsp;consciente de ello: &laquo;La belleza no est&aacute; en el misterio sino en el deseo&nbsp;de penetrarlo, pero este camino es muy peligroso y puede llevarnos&nbsp;a hacer un caos de nosotros mismos&raquo;4). Es una de las razones&nbsp;por las cuales Machado impugnar&aacute; la po&eacute;tica del simbolismo.</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; caracteriza esta poes&iacute;a machadiana? En primer lugar, la&nbsp;concentraci&oacute;n y sobriedad de su l&iacute;rica. En segundo lugar, la intensidad,&nbsp;condensaci&oacute;n y homogeneidad de sus recursos simb&oacute;licos. Su&nbsp;b&uacute;squeda de lo trascendente a trav&eacute;s de la inmersi&oacute;n en el mundo&nbsp;de los sue&ntilde;os y las galer&iacute;as del alma es de una rara intensidad. Machado&nbsp;no utiliza los s&iacute;mbolos para ocultar lo expresado, sino para tratar&nbsp;de nombrar lo inefable, ante lo que muestra su asombro. Esto,&nbsp;que es uno de los grandes valores de su poes&iacute;a, y que recupera en sus&nbsp;&uacute;ltimos poemas, hace que sus elementos simb&oacute;licos, aparentemente&nbsp;sencillos y claros, sean a veces muy complicados de interpretar. En&nbsp;tercer lugar, la obsesi&oacute;n recurrente por el pasado, el tiempo y la&nbsp;muerte. En cuarto lugar, la lucidez con que expone el fracaso de su&nbsp;b&uacute;squeda, que le llevar&aacute; a alejarse de su simbolismo inicial, y a cuestionarlo&nbsp;con una honestidad irreprochable. Todos estos aspectos, casi&nbsp;siempre presentes en su obra, podemos resumirlos en uno: la alta calidad&nbsp;emocional y est&eacute;tica que transmite su poes&iacute;a al lector.</p>
<p>En <em>Soledades</em>. <em>Galer&iacute;as</em>. <em>Otros poemas</em> (1907) desaparece la tercera&nbsp;parte de los poemas del libro anterior y se a&ntilde;ade el doble de composiciones&nbsp;nuevas. Estas aportaciones no solo enriquecen y culminan&nbsp;su introspecci&oacute;n simbolista (fundamentalmente en la secci&oacute;n&nbsp;&laquo;Galer&iacute;as&raquo;), sino que inician nuevas direcciones po&eacute;ticas (mediante&nbsp;procedimientos aleg&oacute;rico-temporales, descriptivo-reflexivos&nbsp;y folkl&oacute;rico-filos&oacute;ficos) que ser&aacute;n ampliadas posteriormente. Es&nbsp;decir, que <em>Soledades</em> se publica cuando el poemario no ha cerrado&nbsp;su ciclo simbolista, y <em>Soledades</em>. <em>Galer&iacute;as</em>. <em>Otros poemas</em> cuando este parece&nbsp;haber culminado y Machado est&aacute; ensayando y buscando nuevos&nbsp;caminos, en los que el contrapunto objetividad-subjetividad (o&nbsp;de una interioridad que trata de objetivarse a trav&eacute;s de su conciencia&nbsp;del mundo) se convierte en un movimiento b&aacute;sico.&nbsp;</p>
<p>De hecho, los a&ntilde;os siguientes son de crecimiento intelectual,&nbsp;profesional y sentimental, y Machado no vuelve a publicar un nuevo libro hasta <em>Campos de Castilla</em> (1912), fecha tambi&eacute;n de la muerte&nbsp;de su joven esposa Leonor y de su traslado de Soria a Baeza, de la&nbsp;que ahora conmemoramos su centenario. De modo similar a lo que&nbsp;sucedi&oacute; con <em>Soledades</em>, esta primera entrega de <em>Campos de Castilla</em> era&nbsp;un adelanto de un ciclo m&aacute;s amplio, como el poeta reconoci&oacute; en&nbsp;carta a Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez (&laquo;Es un intermedio. Mi libro vendr&aacute;&nbsp;m&aacute;s tarde. Empiezo a verlo hoy y lo escribir&eacute; en unos cuantos&nbsp;a&ntilde;os&raquo;), pero su desgracia familiar hizo que este prop&oacute;sito saltara&nbsp;por los aires. A partir de este momento, no puedo evitar ver toda&nbsp;la obra de Antonio Machado como un inmenso naufragio, entre cuyos&nbsp;restos aparecen pecios deslumbrantes.&nbsp;</p>
<p><em>Campos de Castilla</em> es un libro heterog&eacute;neo, formado por composiciones&nbsp;de muy distinto tipo; lo unifica un nuevo tipo de poema&nbsp;descriptivo y reflexivo, que parte de la intuici&oacute;n en su acercamiento&nbsp;a la realidad objetiva para pasar al sentimiento humano y a la meditaci&oacute;n&nbsp;existencial sobre el mismo. Lo abre su famoso &laquo;Retrato&raquo;, retractaci&oacute;n&nbsp;del modernismo <em>desde dentro</em> del mismo; siguen poemas descriptivos&nbsp;y reflexivos, a veces un tanto declamatorios, sobre las tierras&nbsp;castellanas y la Espa&ntilde;a rural (cuyo conocimiento por parte de Machado&nbsp;es b&aacute;sico para entender su trayectoria), con hitos como &laquo;A orillas&nbsp;del Duero&raquo; o &laquo;Campos de Soria&raquo;. &laquo;La tierra de Alvargon z&aacute;lez&raquo;,&nbsp;tentativa de un nuevo romancero, con el tema del cainismo nacional,&nbsp;que no prosperar&aacute;; los primeros &laquo;Proverbios y cantares&raquo;, que&nbsp;emplean formas populares y gn&oacute;micas para exponer cuestiones sociales,&nbsp;metapo&eacute;ticas, existenciales o metaf&iacute;sicas, y que en siguientes&nbsp;entregas afianza; las &laquo;Humoradas&raquo;, poemas en los que no falta su&nbsp;pensamiento ir&oacute;nico, y los &laquo;Elogios&raquo; a Unamuno y Juan Ram&oacute;n.</p>
<p>En estos poemas, la contemplaci&oacute;n del paisaje ya no es una&nbsp;mera proyecci&oacute;n de su estado de &aacute;nimo, ni hay una b&uacute;squeda solipsista&nbsp;de su verdad interior; al contrario, es una nueva toma de conciencia&nbsp;que tiene en cuenta los componentes hist&oacute;ricos y nacionales&nbsp;de la realidad observada. La verdad personal es inseparable de la&nbsp;verdad social y, de esta forma, el sentimiento individual tiene una ra&iacute;z&nbsp;&eacute;tica colectiva, un sentido cr&iacute;tico frente a su historia, su sociedad y<br />su tiempo. Hay un fuerte componente c&iacute;vico, moral y regeneracionista,&nbsp;pero su poes&iacute;a no se queda en eso, sino que, partiendo de su&nbsp;propio contexto e intimidad, se convierte en una reflexi&oacute;n integral&nbsp;sobre el alma del mundo, del hombre y de la poes&iacute;a. En 1914, su rese&ntilde;a&nbsp;de <em>Garba</em>, poemario de Jos&eacute; Moreno Villa, le sirve para exponer&nbsp;esta b&uacute;squeda est&eacute;tica: la imagen po&eacute;tica debe expresar sentimientos,&nbsp;no conceptos o ideas, como har&iacute;an el barroco y la poes&iacute;a pura.</p>
<p>Ortega y Gasset rese&ntilde;&oacute; elogiosamente el libro, que coincid&iacute;a&nbsp;en parte con sus propios proyectos de reformismo social, pol&iacute;tico&nbsp;y cultural (de hecho, Machado se adhiri&oacute; a su Liga de Educaci&oacute;n&nbsp;Pol&iacute;tica Espa&ntilde;ola), pero Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez, que no iba nunca&nbsp;a renunciar a sus presupuestos simbolistas, se empez&oacute; a distanciar&nbsp;de Machado en este momento. No obstante, con la supervisi&oacute;n del&nbsp;poeta de Moguer, en 1917 apareci&oacute; la primera edici&oacute;n de las <em>Poes&iacute;as&nbsp;completas</em> machadianas, publicada por la Residencia de Estudiantes.&nbsp;En esta recopilaci&oacute;n, <em>Campos de Castilla</em> es un libro notablemente&nbsp;ampliado y transformado, con nuevas l&iacute;neas formales y&nbsp;tem&aacute;ticas. Al tema del recuerdo de Soria y las tierras castellanas,&nbsp;ahora con m&aacute;s reflexi&oacute;n, se inicia el ciclo, amargo y meditativo, de&nbsp;la muerte de Leonor, donde, con una voz pura y estremecida, luchan&nbsp;el vac&iacute;o y la esperanza, tanto en una serie de poemas breves&nbsp;(&laquo;Se&ntilde;or, ya me arrancaste lo que yo m&aacute;s quer&iacute;a&raquo; y las composiciones&nbsp;siguientes) con otros de mayor desarrollo, que culminan en la&nbsp;emocionante y pudorosa ep&iacute;stola en clave &laquo;A Jos&eacute; Mar&iacute;a Palacio&raquo;.</p>
<p>Esta situaci&oacute;n de soledad y desarraigo se acrecienta con la sensaci&oacute;n&nbsp;de ser &laquo;extranjero en los campos de mi tierra&raquo; (CXXV), a la&nbsp;que ahora vuelve, viudo y derrotado. A su nueva vida en Baeza dedica&nbsp;diversas composiciones, entre las que destacan dos poemas extraordinarios:&nbsp;el soliloquio &laquo;Poema de un d&iacute;a (meditaciones rurales)&nbsp;&raquo; y &laquo;Llanto de las virtudes y coplas por la muerte de don Guido&raquo;,&nbsp;eco par&oacute;dico de su predilecto Jorge Manrique en una poes&iacute;a, en ambos casos, de gran modernidad ir&oacute;nica, coloquial y dial&oacute;gica (no&nbsp;muy lejana a la de su hermano Manuel en <em>El mal poema</em>), donde la<br />rutina de lo cotidiano y secular se acompa&ntilde;a de humor, melancol&iacute;a&nbsp;y una gran carga de cr&iacute;tica social, acentuada, en el segundo caso,&nbsp;por la caricatura del <em>se&ntilde;orito andaluz</em> (vida est&eacute;ril a la que acompa&ntilde;a&nbsp;la expuesta en &laquo;Del pasado ef&iacute;mero&raquo;, frente a las que se opone su&nbsp;visi&oacute;n del porvenir de Espa&ntilde;a en &laquo;El ma&ntilde;ana ef&iacute;mero&raquo;). Por su&nbsp;parte, la secci&oacute;n de &laquo;Proverbios y cantares&raquo; se ampl&iacute;a notablemente,&nbsp;con un mayor acierto est&eacute;tico en su mezcla de lo popular,<br />lo metapo&eacute;tico y lo filos&oacute;fico, conformando un pensamiento parad&oacute;jico&nbsp;t&iacute;picamente machadiano. Finalmente, la secci&oacute;n de &laquo;Elogios&raquo; tambi&eacute;n se incrementa; son poemas circunstanciales que&nbsp;conforman toda una galer&iacute;a de afinidades electivas: Giner de los&nbsp;R&iacute;os, Ortega, Xavier Valcarce, Juan Ram&oacute;n, Azor&iacute;n, Valle-Incl&aacute;n,&nbsp;Dar&iacute;o, Alonso Cort&eacute;s y Unamuno, con Berceo a la cabeza del canon&nbsp;(&laquo;Mis poetas&raquo;), y donde sobresale la pareja, patri&oacute;tica y regeneracionista,&nbsp;formada por &laquo;A una Espa&ntilde;a joven&raquo; y &laquo;Espa&ntilde;a en paz&raquo;, sobre&nbsp;el tel&oacute;n de fondo de la primera guerra mundial, ante la que&nbsp;firma varios manifiestos aliad&oacute;filos.&nbsp;</p>
<p>En Baeza, Machado acaba su licenciatura en Filosof&iacute;a y Letras&nbsp;y su doctorado en Filosof&iacute;a por la Universidad de Madrid. En noviembre de 1919 se traslada a Segovia, donde vive hasta 1932,&nbsp;cuando consigue finalmente ser destinado a un instituto de la capital.&nbsp;All&iacute; escribe su siguiente poemario, <em>Nuevas canciones</em> (1924, que&nbsp;ampl&iacute;a brevemente en la edici&oacute;n de sus <em>Poes&iacute;as completas</em> de 1928),&nbsp;un libro quiz&aacute; por descubrir, lleno de renuncia, melancol&iacute;a y soledad,&nbsp;y con bastante de diario po&eacute;tico sui g&eacute;neris. Es la &uacute;ltima entrega&nbsp;machadiana escrita completamente en verso, porque la prosa&nbsp;cada vez le va a ocupar m&aacute;s espacio en su labor creativa. Sobre sus&nbsp;prop&oacute;sitos, ya hab&iacute;a adelantado en una encuesta aparecida en el&nbsp;semanario <em>La Internacional</em> en 1920: &laquo;Yo, por ahora, no hago m&aacute;s&nbsp;que Folk-lore, <em>autofolklore</em> o <em>folklore</em> de m&iacute; mismo. Mi pr&oacute;ximo libro&nbsp;ser&aacute;, en gran parte, de coplas [&hellip;] donde se contiene cuanto hay&nbsp;de m&iacute; de com&uacute;n con el alma del que canta y piensa en el pueblo.&nbsp;As&iacute; creo yo continuar mi camino&raquo;. Y es cierto que en <em>Nuevas canciones&nbsp;</em>se desarrolla esta l&iacute;nea en buena parte de sus secciones:&nbsp;apuntes, canciones, proverbios y cantares, con un excepcional&nbsp;tono de sencillez neopopularista, en muchos casos para acoger su&nbsp;reflexi&oacute;n metapo&eacute;tica y est&eacute;tica, su meditaci&oacute;n moral, hist&oacute;rica y&nbsp;filos&oacute;fica, siempre a trav&eacute;s de un pensamiento parad&oacute;jico e ir&oacute;nico,&nbsp;que se <em>busca las cosquillas</em> a s&iacute; mismo en su batalla contra el solipsismo&nbsp;y su af&aacute;n de alcanzar la &laquo;otredad&raquo; del pr&oacute;jimo, y que enseguida&nbsp;va a traspasar a sus ap&oacute;crifos.</p>
<p>Pero en el poemario hay tambi&eacute;n otras novedades: el largo&nbsp;poema (no muy conseguido) que sirve de p&oacute;rtico, &laquo;Olivo del camino&nbsp;&raquo;, donde medita esperanzado y en soledad sobre el futuro de&nbsp;su vida y del mundo, a la vez que narra el mito de Dem&eacute;ter y Demof&oacute;n;&nbsp;las nuevas &laquo;Galer&iacute;as&raquo;, que anulan el tiempo en su conexi&oacute;n&nbsp;con el pasado y su misterio; la complejidad psicol&oacute;gica de sus originales&nbsp;sonetos, quiz&aacute; lo m&aacute;s sorprendente de todo el libro. &laquo;Glosando&nbsp;a Ronsard&raquo; introduce el tema <em>pre-Guiomar</em> del amor en la madurez&nbsp;con un elegante tono entre arcaico y par&oacute;dico, pr&oacute;ximo al&nbsp;de su hermano Manuel en <em>Ars moriendi</em> (1921); otros sonetos, visionarios&nbsp;y enigm&aacute;ticos (&laquo;Esto so&ntilde;&eacute;&raquo;, &laquo;El amor y la sierra&raquo;, &laquo;Los sue&ntilde;os&nbsp;dialogados&raquo;), mezclan oniroscopia, filosof&iacute;a, soledad y presentimiento&nbsp;de la muerte. Finalmente, los nuevos homenajes a&nbsp;escritores. En 1928 se a&ntilde;aden las &laquo;Viejas canciones&raquo; y alg&uacute;n nuevo&nbsp;soneto sobre el laberinto del recuerdo, algunos excepcionales y llenos&nbsp;de emoci&oacute;n contenida, como el confesional &laquo;&iquest;Empa&ntilde;&eacute; tu memoria?&nbsp;&iexcl;Cu&aacute;ntas veces!&raquo;, dirigido a Leonor, y el sobrio dedicado a&nbsp;la evocaci&oacute;n de su padre, muerto cuando Machado era adolescente,&nbsp;donde este y el poeta se miran a trav&eacute;s del tiempo.</p>
<p><em>Nuevas canciones</em>fue recibido con respeto pero tambi&eacute;n con desinter&eacute;s;&nbsp;la direcci&oacute;n machadiana resultaba extempor&aacute;nea para las&nbsp;corrientes centrales de la l&iacute;rica de su tiempo, y &eacute;l mismo era consciente de este anacronismo, as&iacute; como de lo parcial de sus aciertos.&nbsp;Todo ello le llev&oacute; seguramente a dedicarse m&aacute;s a la prosa. Los a&ntilde;os&nbsp;veinte y primeros treinta son tambi&eacute;n los de los estrenos teatrales&nbsp;de las obras escritas en colaboraci&oacute;n con su hermano Manuel (labor&nbsp;que inician en 1918), tras la buena acogida de sus adaptaciones&nbsp;previas del <em>Hernani</em> de Victor Hugo y de comedias cl&aacute;sicas de&nbsp;Tirso o Lope: <em>Desdichas de la fortuna o Julianillo Valc&aacute;rcel</em> (1926),&nbsp;<em>Juan de Ma&ntilde;ar</em>a (1927), <em>Las adelfas</em> (1928), <em>La Lola se va a los Puertos&nbsp;</em>(1929), <em>La prima Fernanda</em> (1931), <em>La duquesa de Benamej&iacute;</em> (1932)&nbsp;y <em>El hombre que muri&oacute; en la guerra</em> (que no subi&oacute; a escena hasta&nbsp;1941<sup>5</sup>); al margen quedaron algunos borradores de obras inacabadas.&nbsp;Dichos estrenos fueron acompa&ntilde;ados de &laquo;autocr&iacute;ticas&raquo; y de&nbsp;una inteligente reflexi&oacute;n sobre el g&eacute;nero dram&aacute;tico.</p>
<p>La escritura en prosa de Antonio Machado ya es mayoritaria&nbsp;en <em>De un cancionero ap&oacute;crifo</em>, el nuevo libro a&ntilde;adido a sus <em>Poes&iacute;as completas&nbsp;</em>en 1928. Como he expuesto en otro lugar, sus textos p&uacute;blicos&nbsp;son la punta del iceberg de una masa oculta formada por su escritura&nbsp;privada, a trav&eacute;s de la cual su autor madura sus ideas y su&nbsp;escritura, su pensamiento y su po&eacute;tica<sup>6</sup>. De esta escritura <em>oculta</em> provienen&nbsp;gran parte de sus textos p&uacute;blicos. Lo mejor de su prosa p&uacute;blica&nbsp;fue antes &iacute;ntima, como podemos comprobar en las apuntaciones&nbsp;de sus cuadernos de notas. En ellos se gesta la invenci&oacute;n de<br />los ap&oacute;crifos machadianos. A trav&eacute;s de dos fil&oacute;sofos peregrinos,&nbsp;Abel Mart&iacute;n y Juan de Mairena, Machado puede liberarse y a la vez&nbsp;dedicarse, con iron&iacute;a y distanciamiento, a exponer las paradojas de&nbsp;su asistem&aacute;tico pensamiento; y a trav&eacute;s de su cancionero ap&oacute;crifo,&nbsp;a crear poetas del siglo XIX y del siglo XX (estos, solo en proyecto) que&nbsp;escriban una obra hist&oacute;ricamente necesaria; entre ellos, un Antonio&nbsp;Machado decimon&oacute;nico y ap&oacute;crifo de s&iacute; mismo.&nbsp;</p>
<p>Dejando de lado ocasionales art&iacute;culos period&iacute;sticos, su prosa&nbsp;ensay&iacute;stica salta de su <em>taller</em> a la palestra p&uacute;blica, de forma brillante&nbsp;y extensa, en su largo ensayo &laquo;Reflexiones sobre la l&iacute;rica&raquo;, publicado&nbsp;en 1925 en <em>Revista de Occidente</em>, y donde Machado, al hilo del&nbsp;poemario <em>Canci&oacute;n</em>de Moreno Villa, vuelve a exponer su ideal po&eacute;tico: un equilibrio entre intuici&oacute;n subjetiva e inteligencia abstracta,&nbsp;abierto a la otredad y sin que predomine ninguna de las dos. Esta&nbsp;concepci&oacute;n se extender&aacute;, de un modo m&aacute;s extenso, en el borrador&nbsp;de su discurso de ingreso en la Real Academia Espa&ntilde;ola (tras ser&nbsp;elegido, sin solicitarlo, en 1927) que no llegar&aacute; a acabar ni, por&nbsp;tanto, a leer. El primer Abel Mart&iacute;n tambi&eacute;n aparece en <em>Revista de&nbsp;Occidente</em>, en 1926, bajo el t&iacute;tulo <em>De un cancionero ap&oacute;crifo</em>. De forma&nbsp;ir&oacute;nica, y no sin dificultades para el lector, Machado resume el pensamiento&nbsp;de su fil&oacute;sofo a trav&eacute;s de la glosa de sus poemas; la clave&nbsp;es la inasequible tensi&oacute;n er&oacute;tica hacia la otredad del ser, hacia el&nbsp;sentimiento del pr&oacute;jimo, aunque antes haya que pasar por el no ser&nbsp;(&laquo;Al gran Cero&raquo;). En 1928 se contin&uacute;a este <em>Cancionero ap&oacute;crifo</em> en las&nbsp;<em>Poes&iacute;as completas</em> con Juan de Mairena, disc&iacute;pulo del anterior y a trav&eacute;s&nbsp;del cual Machado desarrolla una peque&ntilde;a metaf&iacute;sica y cuestiones&nbsp;de arte po&eacute;tica, con su conocida paradoja sobre lo temporal y&nbsp;lo intemporal, lo individual y lo comunitario, lo subjetivo y lo objetivo:&nbsp;la poes&iacute;a congela en un instante una experiencia temporal&nbsp;individual a trav&eacute;s de un lenguaje que es universal, s&iacute;, pero que no&nbsp;por ello tiene que caer en la abstracci&oacute;n o el concepto, como sucedi&oacute;&nbsp;en el siglo XVII o en su propio tiempo. Todo ello se lleva a la&nbsp;pr&aacute;ctica con una nueva <em>vuelta de tuerca</em>, una paradoja llena de humor&nbsp;y de verdad: Mairena imagina un poeta, Jorge Meneses, que inventa&nbsp;un aparato, la m&aacute;quina de trovar, que garantiza la expresi&oacute;n&nbsp;de sentimientos colectivos, y con la cual elabora el primero sus <em>Coplas&nbsp;mec&aacute;nicas</em>. Un paso m&aacute;s es la invenci&oacute;n de sus &laquo;poetas futuros&raquo;,&nbsp;solo anunciados en <em>La Gaceta Literaria</em> (1928) y en su texto para la&nbsp;<em>Antolog&iacute;a</em> de Gerardo Diego (1931), los cuales, en oposici&oacute;n a la <em>joven&nbsp;literatura</em>, ser&iacute;an &laquo;cultivadores de una l&iacute;rica otra vez inmergida&nbsp;en <em>las mesmas vivas aguas de la vida</em>&raquo;, en frase de Teresa de Jes&uacute;s.&nbsp;</p>
<p>La extraordinaria fluidez dial&oacute;gica de la original prosa machadiana,&nbsp;clara, precisa, bienhumorada, ir&oacute;nica, esc&eacute;ptica y conversacional&nbsp;se ampl&iacute;a desde 1934 en entregas period&iacute;sticas, primero&nbsp;en el <em>Diario de Madrid</em> y luego en <em>El Sol</em>, recogidas en <em>Juan de Mairena</em>.&nbsp;<em>Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor ap&oacute;crifo</em> (1936), libro&nbsp;divertido, inteligente y excepcional, que est&aacute; a la altura de su&nbsp;mejor poes&iacute;a (y que en su forma resulta seguramente mucho m&aacute;s<br />moderna), que se prolong&oacute; en sus art&iacute;culos escritos en defensa de&nbsp;la Rep&uacute;blica durante la guerra civil.&nbsp;</p>
<p>La cuarta edici&oacute;n de sus <em>Poes&iacute;as completas</em> (1936) incorpora el&nbsp;ciclo de poemas dedicados a Guiomar, los escritos &laquo;a la manera de&nbsp;Abel Mart&iacute;n y Juan de Mairena&raquo; y el &uacute;ltimo cancionero de Abel Mart&iacute;n,&nbsp;uniendo as&iacute;, muy significativamente, amor y metaf&iacute;sica, irrealidad&nbsp;y vac&iacute;o, de forma bastante enigm&aacute;tica; un <em>amor cort&eacute;s</em>de senectud, entreso&ntilde;ado en las oscuras galer&iacute;as de la conciencia y el deseo,&nbsp;en buena medida tan ap&oacute;crifo y metaliterario como sus fil&oacute;sofos de&nbsp;cabecera y sus nihilistas reflexiones sobre el ser y la nada.</p>
<p>Su &uacute;ltimo libro es <em>La guerra</em> (1936-1937), con dibujos de Jos&eacute;&nbsp;Machado (1937), donde se recogen diversos art&iacute;culos y poemas, entre&nbsp;ellos su emocionante eleg&iacute;a &laquo;El crimen fue en Granada&raquo;, dedicado&nbsp;a Federico Garc&iacute;a Lorca, y la primicia de &laquo;Meditaci&oacute;n del&nbsp;d&iacute;a&raquo;. Buena parte de su poes&iacute;a de este tiempo aparece en el suplemento&nbsp;literario del <em>Servicio Espa&ntilde;ol de Informaci&oacute;n</em>, dirigido por Domenchina,&nbsp;y en la revista <em>Hora de Espa&ntilde;a</em>, como los cuatro sonetos&nbsp;&laquo;escritos una noche de bombardeo, en Rocafort&raquo; (donde sobresale&nbsp;el emocional &laquo;La muerte del ni&ntilde;o herido&raquo;) y los otros cuatro recogidos<br />con el t&iacute;tulo de &laquo;La guerra&raquo;. Conocida es la penosa <em>estaci&oacute;n&nbsp;de penitencia</em> que sufre, al final de la contienda civil, hasta su llegada&nbsp;y muerte en el pueblecito franc&eacute;s de Collioure, como un s&iacute;mbolo&nbsp;de la tragedia colectiva del pueblo espa&ntilde;ol al que nunca abandon&oacute;.&nbsp;All&iacute; est&aacute; enterrado el poeta que, con su modestia de siempre, supo&nbsp;estar <em>a la altura de las circunstancias</em>, y su tumba no ha dejado de ser,&nbsp;a lo largo de los a&ntilde;os, motivo de recuerdo y peregrinaci&oacute;n, al igual<br />que su obra, que hoy celebramos, no ha dejado nunca de ser le&iacute;da.&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<hr />
<p>(1) Vid. El fondo machadiano de Burgos. Los papeles de Antonio Machado, introducci&oacute;n&nbsp;y coordinaci&oacute;n de Alberto C. Ib&aacute;&ntilde;ez P&eacute;rez, Burgos, Instituci&oacute;n Fern&aacute;n Gonz&aacute;lez,&nbsp;Academia Burgense de Historia y Bellas Artes, 2004, II vols.; Rafael Alarc&oacute;n&nbsp;Sierra, Pablo del Barco y Antonio Rodr&iacute;guez Almod&oacute;var (eds.), Colecci&oacute;n Unicaja Manuscritos&nbsp;de los Hermanos Machado, M&aacute;laga, Fundaci&oacute;n Unicaja, 2005-2006, IX vols.,&nbsp;y R. Alarc&oacute;n Sierra, &laquo;Los manuscritos machadianos de Sevilla y Burgos (Historia, descripci&oacute;n,&nbsp;localizaci&oacute;n, an&aacute;lisis y transcripciones)&raquo;, Bolet&iacute;n de la Biblioteca de Men&eacute;ndez&nbsp;Pelayo, LXXXIV (2008), pp. 321-363, y su actualizaci&oacute;n en &laquo;Los manuscritos de los hermanos&nbsp;Machado&raquo;, en Jos&eacute; Luis Chicharro Chamorro (dir.), Antonio Machado y Baeza,&nbsp;1912-2012. Cien a&ntilde;os de un encuentro, Madrid, Sociedad Estatal de Acci&oacute;n Cultural&nbsp;/ Ayuntamiento de Baeza, 2012, pp. 121-153. Rosa Sanmart&iacute;n, por su parte, est&aacute; editando&nbsp;los manuscritos teatrales de los Machado en Alupa Editorial, donde pr&oacute;ximamente&nbsp;saldr&aacute; mi edici&oacute;n del ms. de El hombre que muri&oacute; en la guerra.&nbsp;</p>
<p>(2) Vid. R. Alarc&oacute;n Sierra, &laquo;&ldquo;A orillas del gran silencio&rdquo;: el ciclo simbolista de&nbsp;Antonio Machado (Soledades y Soledades. Galer&iacute;as. Otros poemas)&raquo;, en Antonio Jim&eacute;nez&nbsp;Mill&aacute;n (ed.), Antonio Machado. Laberinto de espejos, M&aacute;laga, Junta de Andaluc&iacute;a,&nbsp;Consejer&iacute;a de Cultura, Centro Andaluz de las Letras, 2009, pp. 241-263.&nbsp;</p>
<p>(3) He analizado lo que significa el simbolismo en la poes&iacute;a espa&ntilde;ola en R.&nbsp;Alarc&oacute;n Sierra, &laquo;Valores simbolistas en la literatura espa&ntilde;ola del primer tercio del&nbsp;siglo XX&raquo;, Anales de Literatura Espa&ntilde;ola, 15 (2002), pp. 71-93.</p>
<p>(4) A. Machado, carta a M. de Unamuno que este reproduce en &laquo;Almas de&nbsp;j&oacute;venes&raquo;, Nuestro Tiempo, 41 (mayo de 1904), pp. 252-262.</p>
<p>(5) Vid. R. Alarc&oacute;n Sierra, &laquo;El hombre que muri&oacute; en la guerra, El hombre que yo mat&eacute;&nbsp;de Rostand y Lubitsch y los intertextos de Manuel Machado&raquo;, Revista de Literatura,&nbsp;LXVIII, 136 (2006), pp. 569-593, y &laquo;El manuscrito machadiano de El hombre que muri&oacute;&nbsp;en la guerra&raquo;, Revista de Literatura [en prensa].&nbsp;</p>
<p>(6) Vid. R. Alarc&oacute;n Sierra, &laquo;Las prosas dispersas de Antonio Machado (1893-1936)&raquo;, en Antonio Machado, Prosas dispersas (1893-1936). Ed J. Dom&eacute;nech, Madrid,&nbsp;P&aacute;ginas de Espuma, 2001, pp. 15-97.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 05 Nov 2012 12:50:44 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Antonio Machado]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/antonio-machado/</link>
      <description><![CDATA[<p><strong><span style="font-size: medium;">Cartapacio: Antonio Machado</span></strong></p>
<p><em>Antonio Machado, nuestro contempor&aacute;neo</em>. Rafael Alarc&oacute;n Sierra</p>
<p><em>Antonio Machado y el exilio de la vida</em>. James Whiston</p>
<p><em>El &laquo;no-rostro&raquo; de Kant</em> <em>(y otras categor&iacute;as b&aacute;sicas en Antonio&nbsp;Machado)</em>. Juan Carlos Rodr&iacute;guez</p>
<p><em>Las lecciones de Antonio Machado</em>. Luis Garc&iacute;a Montero</p>
<p><em>Antonio Machado y el folklore</em>. Enrique Baltan&aacute;s</p>
<p><em>Soria y Antonio Machado. Dos contra-homenajes</em>. Jes&uacute;s Rubio&nbsp;Jim&eacute;nez</p>
<p><em>Im&aacute;genes de Antonio Machado (1908-1914)</em>. Francisco D&iacute;az&nbsp;de Castro</p>
<p><em>Ian Gibson: &laquo;El oficio se aprende, la escritura de Machado&nbsp;es un don&raquo;</em>. Fernando del Val</p>
<p><em>Joan Manuel Serrat: &laquo;Machado estar&aacute; siempre vigente porque retrata&nbsp;m&aacute;s all&aacute; del tiempo que le toc&oacute; vivir&raquo;</em>. Francisco Luis&nbsp;<br />del Pino Olmedo</p>
<p><em>El criticismo ir&oacute;nico en Campos de Castilla</em>. Almudena del&nbsp;Olmo Iturriarte</p>
<p><em>Recuerdo (y olvido) del presente en el poema CXVI de Antonio&nbsp;Machado</em>. Gaetano Chiappini</p>
<p><em>Aquel libro para la eternidad en torno a Soria</em>. Jos&eacute; Mar&iacute;a&nbsp;Mart&iacute;nez Laseca&nbsp;</p>
<p><em>1912-1913, una frontera en el pensamiento pol&iacute;tico y religioso&nbsp;de Antonio Machado</em>. Marcos Molinero</p>
<p><em>La temprana vinculaci&oacute;n de los Machado con el teatro: un ejemplo&nbsp;revelador</em>. D&aacute;maso Chicharro</p>
<p><em>All&iacute; el poeta so&ntilde;aba un nuevo florecer de Espa&ntilde;a. Algunas notas&nbsp;sobre el ayer y hoy de Antonio Machado en Baeza</em>. Antonio&nbsp;Chicharro</p>
<p><em>D&iacute;az-Caneja y Antonio Machado: el paisaje que la naturaleza decide</em>.&nbsp;Fernando del Val</p>
<p><em>Diez a&ntilde;os despu&eacute;s</em>. Antonio Rodr&iacute;guez Almod&oacute;var</p>
<p><em>Antonio Machado, poeta &uacute;til</em>. &Aacute;ngel Guinda</p>
<p><em>El regreso de Juan de Mairena</em>. Manuel Vilas</p>
<p><em>Biocronolog&iacute;a</em>. Enrique Baltan&aacute;s</p>]]></description>
      <pubDate>Sun, 04 Nov 2012 23:00:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tomás Segovia, el poeta nómada.]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/tomas-segovia-poeta-nomada/</link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://www.ieturolenses.org/media/wysiwyg/WebsiteTuria/Lecturas/Lecturas19/marzo/TOM_S_SEGOVIA_3.jpg" alt="" /></p>
<p>&laquo;PARA m&iacute;, la poes&iacute;a es un vaso comunicante con todo el resto de&nbsp;la vida, cualquier parte de &eacute;sta puede dar entrada al poema&raquo;, afirm&oacute; Tom&aacute;s Segovia en 2005, al poco de recibir el&nbsp;premio Juan Rulfo. Despu&eacute;s, a&ntilde;adi&oacute;: &laquo;yo no pertenezco ni a un pa&iacute;s&nbsp;ni a otro, ni a ning&uacute;n grupo, generaci&oacute;n, corriente literaria ni nada&nbsp;parecido. Nunca me he arraigado ni a un pa&iacute;s, ni a una &eacute;poca ni a&nbsp;un matrimonio&raquo;. En la primera declaraci&oacute;n, el poeta expresa una&nbsp;posici&oacute;n coincidente con los poetas espa&ntilde;oles de su generaci&oacute;n en&nbsp;la medida en que la experiencia vital es inseparable con su opci&oacute;n&nbsp;po&eacute;tica. En la segunda, sin embargo, se aleja de cualquier categorizaci&oacute;n&nbsp;generacional, est&eacute;tico-literaria o grupal, incluso renuncia&nbsp;a una identidad nacional, territorial.&nbsp;</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Segovia y la segunda generaci&oacute;n del exilio</strong></p>
<p>Tom&aacute;s Segovia, que comienza a ser considerado poeta de primer&nbsp;orden en la Espa&ntilde;a de los ochenta, cuando la m&iacute;tica colecci&oacute;n&nbsp;Ocnos, dirigida por Joaqu&iacute;n Marco y con un consejo editorial con&nbsp;nombres como Pere Gimferrer, Jaime Gil de Biedma, Jos&eacute; Agust&iacute;n&nbsp;Goytisolo y Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n, public&oacute; la espl&eacute;ndida antolog&iacute;a&nbsp;<em>Luz de aqu&iacute;</em><sup>1</sup>, ha tenido, a lo largo de su trayectoria, el h&aacute;ndicap&nbsp;de haber crecido y madurado po&eacute;ticamente en un contexto&nbsp;especialmente dif&iacute;cil para consolidarse en el universo literario espa&ntilde;ol: formar parte de la segunda generaci&oacute;n del exilio. Es decir,&nbsp;haber sido &laquo;ni&ntilde;o de la guerra&raquo; en un escenario alejado de las consecuencias&nbsp;inmediatas de la posguerra y haber vivido en la adolescencia&nbsp;y en la juventud, per&iacute;odos esenciales en la conformaci&oacute;n de&nbsp;una conciencia cultural, sometido a corrientes, gustos y tradiciones&nbsp;muy diferentes a las que se viv&iacute;an en la Espa&ntilde;a franquista. No podemos&nbsp;obviar que, nacido en 1927 (en Valencia), cuando se produce&nbsp;la rebeli&oacute;n militar que da lugar a la Guerra Civil tiene nueve&nbsp;a&ntilde;os y doce en el momento en que su familia inicia el exilio.</p>
<p>Carlos Piera, en el texto introductorio a la antolog&iacute;a <em>En los ojos&nbsp;</em><em>del d&iacute;a</em><sup>2</sup>, destaca como factor esencial para entender la obra de Tom&aacute;s&nbsp;Segovia la continuidad con el ambiente cultural de la Rep&uacute;blica&nbsp;que vivi&oacute; el colectivo de escritores trasterrados, especialmente los&nbsp;que se refugiaron en M&eacute;xico. Frente a la situaci&oacute;n que viv&iacute;an, hacia&nbsp;1950 (cuando comenz&oacute; a publicar Segovia), los j&oacute;venes poetas&nbsp;espa&ntilde;oles residentes en la pen&iacute;nsula, obligados a reconstruir la memoria&nbsp;po&eacute;tica destruida por la dictadura, &laquo;la situaci&oacute;n en el exilio&nbsp;mexicano es en cierto modo la contraria: la de una ciudad ideal&nbsp;donde la &uacute;nica prenda de ciudadan&iacute;a est&aacute; en el lenguaje recibido,&nbsp;que, lejos de distanciarse de su historia, intenta conservarla &iacute;ntegra&nbsp;en su interior, para sustentar precisamente una verdadera ciudad&raquo;.&nbsp;En esa continuidad hist&oacute;rica juega un papel crucial la Instituci&oacute;n Libre&nbsp;de Ense&ntilde;anza, cuyos criterios pedag&oacute;gicos siguen impregnando&nbsp;la vida cultural de los exiliados y, sobre todo, inspiran los programas&nbsp;educativos de los colegios a los que llevan a sus hijos (Tom&aacute;s Segovia&nbsp;era uno de ellos) quienes acabaron fijando residencia en M&eacute;xico.&nbsp;No olvidemos que editores, poetas, periodistas, profesores, fil&oacute;sofos&nbsp;que se hab&iacute;an formado en el esp&iacute;ritu institucionista y en el clima de&nbsp;libertad propiciado por la Rep&uacute;blica continuaron desarrollando sus&nbsp;actividades en el pa&iacute;s centroamericano, algo que en Espa&ntilde;a ni remotamente&nbsp;era imaginable, m&aacute;s bien todo lo contrario.</p>
<p>Es evidente que Tom&aacute;s Segovia, tal y como &eacute;l se &laquo;autosit&uacute;a&raquo; en&nbsp;las declaraciones que transcribimos al principio, no form&oacute; parte de&nbsp;ning&uacute;n grupo po&eacute;tico salvo que as&iacute; queramos definir al conjunto&nbsp;de poetas, con los que comparti&oacute; ambiente y formaci&oacute;n en sus a&ntilde;os&nbsp;de juventud, pertenecientes, cronol&oacute;gicamente, a lo que algunos&nbsp;especialistas han denominado &laquo;segunda generaci&oacute;n del exilio&raquo;. Sus&nbsp;coet&aacute;neos en M&eacute;xico, part&iacute;cipes de similares inquietudes e influencias<br />literarias que Segovia, fueron Enrique de Rivas, Manuel&nbsp;Dur&aacute;n, Nuria Par&eacute;s, Luis Rius, Jom&iacute; Garc&iacute;a Ascot o Federica Pat&aacute;n,&nbsp;todos nacidos, como casi todos los poetas de la Generaci&oacute;n del 50 en&nbsp;Espa&ntilde;a, entre 1925 y 1937. Es preciso resaltar que todos ellos construyeron&nbsp;una obra de gran altura, tanta probablemente como profundo&nbsp;es el desconocimiento del lector espa&ntilde;ol sobre ella y no estar&iacute;a&nbsp;de m&aacute;s plantearse la elaboraci&oacute;n de un estudio-antolog&iacute;a en el&nbsp;que se integraran, como dos caras ineludibles de la creaci&oacute;n po&eacute;tica&nbsp;en castellano entre 1950 y 1980, poetas espa&ntilde;oles de ambos lados del&nbsp;Atl&aacute;ntico, delimitando diferencias y similitudes e identidades<sup>3</sup>.</p>
<p>Segovia regres&oacute; a Espa&ntilde;a a principios de los a&ntilde;os ochenta y, a&nbsp;partir de 1985, altern&oacute; su residencia entre Madrid y el sur de Francia.&nbsp;Es decir, su condici&oacute;n de exiliado se mantuvo hasta bien avanzada&nbsp;la transici&oacute;n pol&iacute;tica. Aunque su reconocimiento cr&iacute;tico y acad&eacute;mico&nbsp;en el interior del pa&iacute;s ya ven&iacute;a de tiempo atr&aacute;s, ser&iacute;a la&nbsp;publicaci&oacute;n de la antolog&iacute;a <em>Luz de aqu&iacute;</em>, antes aludida, la que le conceder&iacute;a&nbsp;estatus de poeta del m&aacute;ximo nivel, lo que lo equiparar&iacute;a con&nbsp;los m&aacute;s valorados poetas del medio siglo. Despu&eacute;s, la mayor parte&nbsp;de su obra fue publicada en Espa&ntilde;a (la editorial valenciana Pre-Textos&nbsp;se convirti&oacute; en su &laquo;editorial de cabecera&raquo;) y los departamentos&nbsp;de literatura espa&ntilde;ola de las universidades lo convertir&iacute;an en un autor&nbsp;imprescindible de la poes&iacute;a contempor&aacute;nea en castellano.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>&iquest;El verso suelto de la Generaci&oacute;n del 50 del &laquo;interior&raquo;?</strong></p>
<p>Aunque su formaci&oacute;n en M&eacute;xico lo distanci&oacute; de la poes&iacute;a&nbsp;comprometida que se escribi&oacute; en Espa&ntilde;a en los a&ntilde;os cuarenta, incluso&nbsp;de la poes&iacute;a m&aacute;s politizada (Blas de Otero y Gabriel Celaya)&nbsp;puesto que su universo de influencias ven&iacute;a, junto a las largas sombras&nbsp;de Juan Ram&oacute;n Jim&eacute;nez y Antonio Machado y algunos poetas&nbsp;del 27 como Guill&eacute;n o Cernuda, de autores como Xavier Villaurrutia,&nbsp;Gilberto Owen y el grupo Contempor&aacute;neos, o de poetas tan&nbsp;singulares como Octavio Paz (con quien comparti&oacute; proyectos editoriales&nbsp;y publicaciones peri&oacute;dicas como <em>Revista Mexicana de Literatura&nbsp;</em><em>y Plural</em>) o el tambi&eacute;n exiliado Ram&oacute;n Gaya (con quien mantuvo una intensa empat&iacute;a psicol&oacute;gica y est&eacute;tica, visible incluso en&nbsp;el &uacute;ltimo libro que Segovia public&oacute; en vida, <em>Estuario</em>), no es menos&nbsp;cierto que es un poeta biol&oacute;gica y cronol&oacute;gicamente situado en la&nbsp;generaci&oacute;n del 50, es un ni&ntilde;o de la guerra crecido al otro lado del&nbsp;mar, en lo que se ha venido a denominar &laquo;la otra orilla del castellano&raquo;. Tampoco lo es que una vez que fija su residencia en Espa&ntilde;a&nbsp;es inexcusable insertarlo en el mapa de la poes&iacute;a contempor&aacute;nea&nbsp;que se escribe en un pa&iacute;s que ha dejado atr&aacute;s el franquismo.</p>
<p>Desde esa perspectiva, hay una doble coincidencia con los poetas&nbsp;de esa generaci&oacute;n: la primera, su concepci&oacute;n de la &iacute;ntima relaci&oacute;n&nbsp;existente entre poes&iacute;a y vida, entre la obra y la experiencia&nbsp;de lo real/cotidiano; la segunda, el peso de la subjetividad en todo&nbsp;poema (rompe con ello con la idea del poema como reflejo de aspiraciones&nbsp;colectivas, como proclama o factor de cambio social), incluso&nbsp;aunque &eacute;ste aborde asuntos relacionados con lo pol&iacute;tico.&nbsp;Eso nos lleva a considerarlo como la isla, o el verso suelto de esa&nbsp;promoci&oacute;n. Es, s&iacute;, un poeta de la experiencia aunque con dos condicionantes:&nbsp;de un lado, en su obra, &eacute;sta aparece filtrada por un empe&ntilde;o&nbsp;de indagaci&oacute;n verbal que no elude, en algunos momentos, la&nbsp;abstracci&oacute;n, la deriva metaf&iacute;sica o la b&uacute;squeda de la trascendencia&nbsp;del propio lenguaje como revelaci&oacute;n; de otro, que para &eacute;l la experiencia&nbsp;se extiende al territorio del sue&ntilde;o y a las pulsiones ocultas&nbsp;del ser humano. A este prop&oacute;sito, as&iacute; se expres&oacute; Segovia, antes&nbsp;de una lectura de poemas, en el Departamento de Literatura de&nbsp;una universidad norteamericana en los a&ntilde;os ochenta (nunca precis&oacute;&nbsp;en qu&eacute; universidad, aunque probablemente fuera en la de&nbsp;Princeton, donde fue profesor visitante): &laquo;Y esto es lo que hace que&nbsp;me incline por una poes&iacute;a que busca la aparici&oacute;n del sentido tanto&nbsp;en los mundos no ling&uuml;&iacute;sticos (por ejemplo en el mundo del amor,&nbsp;de las relaciones con la naturaleza, de los sentimientos o emociones&nbsp;espont&aacute;neos), expresables a trav&eacute;s de la significaci&oacute;n transparente&nbsp;&ndash;como el mundo, no expresable as&iacute;, de la sensualidad sonora&nbsp;de las palabras o de la delectaci&oacute;n intelectual de las formas ling&uuml;&iacute;sticas<br />&raquo;<sup>4</sup>. Desde esa perspectiva y con un mero af&aacute;n pedag&oacute;gico,&nbsp;la obra de Tom&aacute;s Segovia, vista a trav&eacute;s de la lente que nos ofrece&nbsp;la generaci&oacute;n a la que por edad pertenece, tendr&iacute;a algo de s&iacute;ntesis&nbsp;dial&eacute;ctica entre la pulsi&oacute;n metaf&iacute;sica y la devoci&oacute;n por el poder&nbsp;revelador de las palabras del &uacute;ltimo Valente o el lenguaje-otro de&nbsp;Claudio Rodr&iacute;guez y el realismo de lo cotidiano de &Aacute;ngel Gonz&aacute;lez, Jaime Gil de Biedma o Jos&eacute; Agust&iacute;n Goytisolo. Pero, m&aacute;s all&aacute;&nbsp;de todo ello, Segovia es la incrustaci&oacute;n del exilio en esa promoci&oacute;n.</p>
<p>En su obra son reconocibles, aunque de una manera muy sutil&nbsp;y con poderosos vasos comunicantes entre ellas, tres etapas: la&nbsp;que se extiende desde la publicaci&oacute;n de su primer poemario, <em>La luz&nbsp;provisional</em> (1950), hasta el inicio la d&eacute;cada de los 60 con la aparici&oacute;n&nbsp;de <em>El sol y su eco</em> (1960); la iniciada con el ambicioso libro <em>Anagn&oacute;risis&nbsp;</em>(1967) y que culmina con su &uacute;ltima obra publicada todav&iacute;a&nbsp;en el exilio, <em>Cuaderno del n&oacute;mada</em> (1978) y, por &uacute;ltimo, la representada&nbsp;en la poes&iacute;a escrita y publicada tras su traslado a Espa&ntilde;a,&nbsp;una obra de plena madurez en la que, a lo largo de veinte libros,&nbsp;desde <em>Partici&oacute;n</em> (1983) hasta el que obtuvo el Premio de la Cr&iacute;tica&nbsp;de 2011, <em>Estuario</em><sup>5</sup>, se muestra con una intensidad emocional creciente&nbsp;y un trasfondo existencial que acabar&aacute; siendo, en sus entregas&nbsp;&uacute;ltimas, un tamizado di&aacute;logo con la muerte.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Una obra transparente y compleja a la vez</strong></p>
<p>Aunque nunca es f&aacute;cil delimitar con precisi&oacute;n los vectores que&nbsp;estructuran una obra po&eacute;tica, s&iacute; se pueden advertir algunas de sus&nbsp;caracter&iacute;sticas, vinculadas a las preocupaciones de fondo que en&nbsp;ella se abordan. En el caso de Tom&aacute;s Segovia, &eacute;stas son, a mi juicio,&nbsp;las fundamentales:</p>
<p>En primer lugar, la <em>transparencia</em>. Aunque en la conferencia&nbsp;arriba mencionada, Segovia afirm&oacute; que &laquo;La poes&iacute;a (&hellip;) no aspira&nbsp;a una lengua transparente, sino que busca voluntariamente la opacidad&nbsp;de la lengua&raquo;, su poes&iacute;a es &laquo;legible&raquo;, remite a lugares casi&nbsp;siempre visibles, reconocibles para el lector, aunque no desde&ntilde;e&nbsp;abrir pasadizos a zonas oscuras, a veces inexplicables, de la conciencia.&nbsp;Por eso, su obra est&aacute; alejada de las vanguardias y reh&uacute;ye la&nbsp;poes&iacute;a cr&iacute;ptica, el irracionalismo. En ese aspecto, es un poeta m&aacute;s&nbsp;pr&oacute;ximo a las zonas m&aacute;s realistas de nuestros poetas del 27 (sobre<br />todo Cernuda, el Guill&eacute;n menos propenso a experimentar, Prados&nbsp;y Altolaguirre en cierta medida) y poco debe a la obra de grandes&nbsp;poetas latinoamericanos como Neruda, Huidobro o Vallejo. De alg&uacute;n&nbsp;modo, estamos ante un ox&iacute;moron: la b&uacute;squeda de la opacidad&nbsp;de la lengua tiene como resultado una poes&iacute;a en gran medida&nbsp;transparente. Carlos Piera as&iacute; lo expresa en su introducci&oacute;n a <em>En&nbsp;</em><em>los ojos del d&iacute;a</em>: &laquo;Tome el lector cualquier poema suyo: son claros, inteligentes&nbsp;y l&uacute;cidos, y un o&iacute;do educado percibe en ellos que el autor&nbsp;es maestro del oficio, porque lo ha tomado con toda la seriedad&nbsp;del que lo entiende como un oficio artesano&raquo;<sup>6</sup>.</p>
<p>De otro lado (lo ve&iacute;amos m&aacute;s arriba), es un poeta con una <em>preocupaci&oacute;n&nbsp;casi obsesiva por el poder revelador del lenguaje</em>. Para &eacute;l, el lenguaje&nbsp;es, en el poema, la fuente casi absoluta del sentido y, frente&nbsp;a concepciones cercanas a la poes&iacute;a instrumental, &eacute;l enarbola una&nbsp;poes&iacute;a del conocimiento (lo que le acerca a los poetas coet&aacute;neos&nbsp;&laquo;del interior&raquo;) en la que la comunicaci&oacute;n s&oacute;lo es tal en la medida&nbsp;en que transfiere al lector ingredientes de un conocimiento s&oacute;lo&nbsp;posible a trav&eacute;s del poema. Es obvio que advertimos ah&iacute; la sombra&nbsp;de Auden, o del Eliot al que Gil de Biedma tan bien leyera (y prologara&nbsp;para su edici&oacute;n en castellano) en <em>Funci&oacute;n de la poes&iacute;a y funci&oacute;n&nbsp;de la cr&iacute;tica</em>. A este respecto conviene se&ntilde;alar que su opci&oacute;n, en&nbsp;determinados momentos, por el libro-poema y por el poema largo,&nbsp;como en <em>Anagn&oacute;risis</em>, o en el magn&iacute;fico &laquo;El poeta en su cumplea&ntilde;os&nbsp;&raquo; (&laquo;No volver a nacer nunca m&aacute;s desde ahora / quiero saber&nbsp;qu&eacute; digo cuando me digo eso / no volver pero no quiero no volver&nbsp;a querer saber / quiero decir buscar qu&eacute; fue lo que busqu&eacute;&raquo;),&nbsp;del libro <em>Terceto</em> (1973), son muestras de una b&uacute;squeda permanente&nbsp;del conocimiento en las zonas menos visibles del idioma.&nbsp;Hay, tambi&eacute;n, en esa querencia por el poema largo, un parentesco&nbsp;evidente con algunos de los libros de Octavio Paz, con quien&nbsp;comparti&oacute;, adem&aacute;s de las referidas experiencias editoriales, no&nbsp;pocas conversaciones sobre poes&iacute;a.</p>
<p>Se trata, as&iacute; mismo, de una poes&iacute;a <em>reflexiva</em>, que bordea la preocupaci&oacute;n filos&oacute;fica. Meditar sobre el tiempo, sobre la vida, sobre la&nbsp;memoria, sobre los v&iacute;nculos entre la experiencia cotidiana y lo&nbsp;inefable que, potencialmente, se contiene en el lenguaje, son elementos&nbsp;que aportan una densidad sem&aacute;ntica a cada poema, a cada&nbsp;verso, que no siempre encontramos en la poes&iacute;a en castellano del&nbsp;siglo XX. Esa cualidad de poes&iacute;a reflexiva se deriva, en buena parte,&nbsp;de las dos caracter&iacute;sticas apuntadas con anterioridad: transparencia&nbsp;(en el sentido complejo en que la conceb&iacute;a Tom&aacute;s Segovia) y&nbsp;conocimiento.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>La memoria, el amor, la muerte</strong></p>
<p>De otro lado, en todos sus libros se advierte una constante: <em>la&nbsp;fusi&oacute;n memoria y tiempo</em> como motivos del poema. Es, inevitablemente,&nbsp;parte consustancial de su condici&oacute;n de exiliado. Integramos&nbsp;ambos conceptos porque Tom&aacute;s Segovia, al contrario que otros poetas&nbsp;del exilio, especialmente los de la generaci&oacute;n anterior (Juan Rejano,&nbsp;Le&oacute;n Felipe, Pedro Garfias, etc.) y los del 27, sobre todo Rafael&nbsp;Alberti, ejercitan la memoria proyectando el poema sobre&nbsp;lugares y escenarios reconocibles, que tienen nombre (de ciudad,&nbsp;de regi&oacute;n, incluso de calle) y recreando an&eacute;cdotas vividas en un<br />tiempo lejano. La Espa&ntilde;a evocada est&aacute; ah&iacute;. Sin embargo, en Tom&aacute;s&nbsp;Segovia la memoria se funde con el concepto tiempo y adquiere&nbsp;una dimensi&oacute;n m&aacute;s metaf&iacute;sica que realista. Es el poeta n&oacute;mada (incluso&nbsp;cuando ya ha fijado residencia entre Espa&ntilde;a y Francia), el poeta que se fue de la tierra de origen cuando era ni&ntilde;o sin haber racionalizado&nbsp;del todo las causas de su marcha, muy al contrario&nbsp;que sus mayores, protagonistas directos de la Guerra Civil. Ese nomadismo,&nbsp;esa cierta provisionalidad permanente, que se reflejar&aacute;&nbsp;en el conjunto de su obra, pero que tiene una concreci&oacute;n inquietante&nbsp;en su libro <em>Cuaderno del n&oacute;mada</em> (1978), le obliga a construir&nbsp;un mundo de referencias expatriado, a apelar al tiempo como dimensi&oacute;n&nbsp;donde habita la memoria. As&iacute; lo expresa en el poema&nbsp;&laquo;Aniversario&raquo;, de <em>Anagn&oacute;risis</em>:</p>
<p style="padding-left: 60px;">&laquo;se le ha helado la sangre en las venas al tiempo<br />marcho pisando en blando bagazo de las horas<br />el hoy no tiene juego el presente es de polvo<br />el pozo de mi historia est&aacute; cegado<br />mi vida ya no bebe de mi vida<br />no me da de mamar la memoria dormida<br />no hablamos ya el mismo lenguaje<br />un d&iacute;a no s&eacute; cu&aacute;ndo mud&oacute; de raza el tiempo<br />yo no me reconozco en todo aquello<br />o si regreso all&aacute; no s&eacute; quien vive ahora<br />la mitad de mi vida es terreno mostrenco<br />en el que sigue estando todo pero no hay nada&raquo;.</p>
<p>El amor no pod&iacute;a estar ausente en una obra que tantea en todos&nbsp;los &aacute;mbitos de la experiencia. Tom&aacute;s Segovia lo aborda no con&nbsp;una perspectiva marcada por el romanticismo y por el &laquo;amor ideal&raquo;&nbsp;sino con aquella que amalgama, fusiona la relaci&oacute;n sentimental con&nbsp;la amada con una alta densidad er&oacute;tica. As&iacute; ocurre en los sonetos&nbsp;votivos de <em>Figura y secuencias</em>(1979), una aut&eacute;ntica sucesi&oacute;n de las&nbsp;posibilidades de realizaci&oacute;n carnal: &laquo;Cuando yaces desnuda toda,&nbsp;cuando / te abres de piernas &aacute;vida y temblando / y hasta tu fondo&nbsp;frente a m&iacute; te hiendes, / un coraz&oacute;n puedes abrir, y si entro / con&nbsp;la lengua en la entra&ntilde;a que me tienes, / puedo besar tu coraz&oacute;n&nbsp;por dentro&raquo;. Es llamativa la presencia, en la poes&iacute;a amorosa de Segovia,&nbsp;de ecos de un libro-poema emblem&aacute;tico de Octavio Paz: <em>Piedra&nbsp;</em><em>de sol</em>. Hay versos incluso que, con un sentido similar y con palabras&nbsp;muy parecidas, muestran una curiosa identidad: si Paz afirma&nbsp;&laquo;Voy por tu cuerpo como por el mundo&raquo;, Segovia escribe: &laquo;Me&nbsp;pierdo por tu carne como por un sue&ntilde;o&raquo;. Es esta dimensi&oacute;n de su&nbsp;poes&iacute;a otra de las grandes diferencias con las po&eacute;ticas de sus compa&ntilde;eros&nbsp;de generaci&oacute;n en Espa&ntilde;a. Salvo casos puntuales (&laquo;Pand&eacute;mica&nbsp;y celeste&raquo;, de Gil de Biedma, algunos poemas de &Aacute;ngel&nbsp;Gonz&aacute;lez, Goytisolo o Caballero Bonald), el factor erotismo es&nbsp;poco frecuente en la poes&iacute;a espa&ntilde;ola del medio siglo. Aqu&iacute;, Segovia&nbsp;aporta la tradici&oacute;n mexicana y la realidad literaria del exilio,&nbsp;donde la censura y las limitaciones con que vivieron en la adolescencia&nbsp;y en la juventud los poetas &laquo;del interior&raquo; no tuvieron lugar.&nbsp;El erotismo en la poes&iacute;a amorosa de Segovia es desinhibido, valiente,&nbsp;sin subterfugios y con una densidad l&iacute;rica que lo acerca a&nbsp;una suerte de m&iacute;stica de la carnalidad.</p>
<p>Todo ello tiene como colof&oacute;n la presencia en toda su obra, pero sobre todo en la escrita a partir de su vuelta a Espa&ntilde;a, especialmente&nbsp;en la &uacute;ltima d&eacute;cada del siglo XX y en la primera d&eacute;cada del&nbsp;actual, de un trasfondo existencial que se refleja, ante todo, en sus&nbsp;referencias a la muerte. En los poemas de libros como <em>Lo inmortal&nbsp;</em>(1998), <em>Salir con vida</em> (2003), <em>Llegar</em> (2007), el antes mencionado <em>Estuario&nbsp;</em>(2011) o el editado p&oacute;stumamente, <em>Rastreos y otros poemas&nbsp;</em>(2012), se advierte la reflexi&oacute;n (o quiz&aacute; cabr&iacute;a hablar de meditaci&oacute;n)&nbsp;sobre la entrada en la edad de la conciencia del tiempo sobrante,&nbsp;en la etapa del recuento, de la recapitulaci&oacute;n sobre lo vivido&nbsp;y sobre lo que aguarda al final. En ellos, la vida, las distintas&nbsp;caras de lo cotidiano, la memoria (que incrementa su nivel de&nbsp;concreci&oacute;n) y la relaci&oacute;n del poeta con el entorno y con los otros&nbsp;cobran un protagonismo sutil, quintaesenciado, como si cada poema, m&aacute;s all&aacute; de la an&eacute;cdota que le dio origen, indagara en su rec&aacute;mara,&nbsp;en sus zonas m&aacute;s misteriosas.</p>
<p><strong><br /></strong></p>
<p><strong>Su obra no po&eacute;tica</strong></p>
<p>Las preocupaciones que recorren de principio a fin su poes&iacute;a&nbsp;nos muestran a un poeta interesado en no pocos aspectos de la creaci&oacute;n. Aspectos que van m&aacute;s all&aacute; del puro acto creador. Y de la propia&nbsp;poes&iacute;a. En ese &aacute;mbito, Tom&aacute;s Segovia ha tenido en la figura de&nbsp;Octavio Paz quiz&aacute; un modelo de poeta-intelectual no ajeno al devenir&nbsp;hist&oacute;rico y al propio acercamiento te&oacute;rico a la labor creadora.&nbsp;No en vano ha escrito algunos ensayos, entre ellos <em>Contracorrientes&nbsp;</em>(1973), el voluminoso <em>Po&eacute;tica y prof&eacute;tica</em> (1986), <em>Alegatorio</em> (1998) o&nbsp;<em>Recobrar el sentido</em> (2005), en los que su visi&oacute;n del mundo, de la poes&iacute;a&nbsp;y, en general, de la literatura, que aparece depurada en sus poemas&nbsp;se llena de argumentos y reflexiones vinculadas con la historia,&nbsp;con la experiencia biogr&aacute;fica y con un riqu&iacute;simo universo de&nbsp;lecturas. Una visi&oacute;n que tambi&eacute;n impregn&oacute; sus diarios reflejados&nbsp;en <em>El tiempo en los brazos: cuaderno de notas</em> (1950-1983), publicado en&nbsp;2009. Esa dedicaci&oacute;n poli&eacute;drica tiene algunos paralelismos entre&nbsp;los poetas del medio siglo &laquo;del interior&raquo;: Valente y Gil de Biedma<br />llevaron a cabo algunas de las m&aacute;s l&uacute;cidas reflexiones sobre poes&iacute;a&nbsp;que se han dado en la segunda mitad del siglo XX en Espa&ntilde;a. La&nbsp;b&uacute;squeda, en el ensayo, de algunas de las razones que alientan detr&aacute;s&nbsp;de la creaci&oacute;n po&eacute;tica est&aacute;n presentes en libros como el del primero,&nbsp;<em>Variaciones sobre el p&aacute;jaro en la red</em>, o del segundo, el volumen&nbsp;<em>El pie de la letra</em>. A todo ello cabe a&ntilde;adir su condici&oacute;n de narrador,&nbsp;con novelas como <em>Trizadero</em> (1974), <em>Personajes mirando una nube</em><br />(1981) y los relatos de <em>Otro invierno</em> (2001). En ese &aacute;mbito es dif&iacute;cil&nbsp;encontrar paralelismos entre sus coet&aacute;neos del medio siglo:&nbsp;acaso Caballero Bonald, autor de una s&oacute;lida obra narrativa, adem&aacute;s&nbsp;de su valiosa obra l&iacute;rica.&nbsp;</p>
<p>Su trayectoria po&eacute;tica no ha tenido en Espa&ntilde;a el reconocimiento&nbsp;oficial que merec&iacute;a (dada su peculiar personalidad, quiz&aacute;<br />fuera lo que menos le importaba). Aunque ha logrado superar el&nbsp;silencio y el desconocimiento por parte de los lectores a que ha sido&nbsp;sometida la segunda generaci&oacute;n del exilio, su obra no ha pasado&nbsp;la frontera de los m&aacute;s especializados y exigentes. Ha entrado en el&nbsp;&aacute;mbito acad&eacute;mico, ha sido bien recibida por la cr&iacute;tica, pero no ha&nbsp;sido reconocida con un premio nacional o con alguno de los galardones&nbsp;del m&aacute;ximo nivel que se conceden en Espa&ntilde;a, salvo el Internacional&nbsp;de Poes&iacute;a Federico Garc&iacute;a Lorca o el Premio de la Cr&iacute;tica&nbsp;por <em>Estuario</em>, que le lleg&oacute; muy tarde, a t&iacute;tulo p&oacute;stumo incluso.&nbsp;Sin embargo, su obra est&aacute;, sin lugar a dudas, a la altura de algunos&nbsp;de los m&aacute;s reconocidos poetas espa&ntilde;oles nacidos a partir de 1925.&nbsp;&iquest;Hasta qu&eacute; punto su procedencia del M&eacute;xico de la di&aacute;spora, a pesar&nbsp;de haber retornado hace casi treinta a&ntilde;os a Espa&ntilde;a, no ha condicionado&nbsp;esa actitud por parte de su pa&iacute;s de origen?</p>
<p>La mitolog&iacute;a creada en la conciencia colectiva respecto a la intelectualidad&nbsp;republicana y a sus poetas al final del franquismo y en&nbsp;los primeros a&ntilde;os de la transici&oacute;n se vincul&oacute;, ante todo y sobre todo, a los poetas que hab&iacute;an vivido, en la juventud y en la madurez,&nbsp;la Guerra Civil, algunos convertidos en aut&eacute;nticos h&eacute;roes/mitos en&nbsp;los primeros a&ntilde;os de la transici&oacute;n: Alberti, Juan Ram&oacute;n, Machado,&nbsp;Guill&eacute;n, Salinas, Cernuda... Sin embargo, quienes eran ni&ntilde;os cuando salieron de Espa&ntilde;a y tuvieron que crecer y madurar en un exilio&nbsp;que el propio aparato del R&eacute;gimen se ocup&oacute; de silenciar en el<br />interior del pa&iacute;s, no tuvieron la misma suerte. De ellos, por las razones&nbsp;que hemos esbozado, se &laquo;salv&oacute;&raquo; Tom&aacute;s Segovia. Pero s&oacute;lo&nbsp;parcialmente. Ah&iacute; est&aacute;, seguramente, una de las razones de fondo&nbsp;por las que poetas como Mu&ntilde;oz Rojas, Nicanor Parra, Blanca Varela,&nbsp;Jos&eacute; Emilio Pacheco o Cardenal, por ejemplo, cuenten con el&nbsp;Premio Reina Sof&iacute;a de Poes&iacute;a Iberoamericana y Tom&aacute;s Segovia,&nbsp;pese a contar con una obra s&oacute;lida y extensa, carezca de ese reconocimiento.&nbsp;Confiemos en que el valor literario de su m&aacute;s que notable&nbsp;legado y la huella de una trayectoria ejemplar contribuyan,<br />en el futuro, a levantar ese manto de silencio y a situar al poe ta en&nbsp;el lugar que merece en nuestra historia cultural y literaria.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<hr />
<p>(1) <em>Luz de aqu&iacute;</em>. Tom&aacute;s Segovia. Barcelona, Ocnos, 1982.</p>
<p>(2) <em>En los ojos del d&iacute;a</em>. Tom&aacute;s Segovia. Introducci&oacute;n de Carlos Piera. Selecci&oacute;n&nbsp;de Aurelio Major. Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2003.</p>
<p>(3) En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas se han publicado en Espa&ntilde;a dos antolog&iacute;as sobre&nbsp;esa generaci&oacute;n trasterrada: <em>&Uacute;ltima voz del exilio (El grupo po&eacute;tico hipano-mexicano). Antolog&iacute;a</em>.&nbsp;Susana Rivera. Madrid, Hiperion, 1990, y, con prefacio de Francisco Giner&nbsp;de los R&iacute;os, la revista <em>Pe&ntilde;alabra. Pliegos de poes&iacute;a</em> incluy&oacute; una carpeta con el t&iacute;tulo&nbsp;&laquo;Segunda generaci&oacute;n de poetas espa&ntilde;oles del exilio mexicano&raquo;, en sus n&uacute;meros&nbsp;35-36, de 1980.</p>
<p>(4) <em>En los ojos del d&iacute;a</em>. Tom&aacute;s Segovia. Ap&eacute;ndice. &laquo;Para empezar por el principio&raquo;, p. 317, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2003.</p>
<p>(5) Es preciso a&ntilde;adir a <em>Estuario</em> el libro p&oacute;stumo, publicado en 2012, <em>Rastreos&nbsp;y otros poemas</em>. Valencia, Pre-Textos, 2012.</p>
<p>(6) <em>Op. cit</em>. Carlos Piera, p. 7.</p>]]></description>
      <pubDate>Sun, 04 Nov 2012 23:00:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jorge Amado]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/monografico-jorge-amado/</link>
      <description><![CDATA[<p><em><br /></em><strong>Cartapacio: Jorge Amado.</strong></p>
<p><em>La juventud inagotable de Jorge Amado</em>.&nbsp;Antonio Maura.</p>
<p><em>La dimensi&oacute;n de la &eacute;tica intercultural en la obra de Jorge Amado</em>.&nbsp;Rita Godet.</p>
<p><em>Jorge Amado: Una lectura de las lecturas</em>.&nbsp;Ana Maria Machado.</p>
<p><em>El &Aacute;frica de Jorge Amado</em>.&nbsp;Alberto da Costa e Silva.</p>
<p><em>Otras acuarelas de Brasil</em>.&nbsp;Eduardo de Assis Duarte.</p>
<p><em>Las artes pl&aacute;sticas en tiempos de Jorge Amado</em>.&nbsp;Juan Manuel Bonet.</p>
<p><em>La vida y la vida de Jorge Amado</em>.&nbsp;Eduardo Portella.</p>
<p><em>Im&aacute;genes de Salvador en la po&eacute;tica de Jorge Amado</em>.&nbsp;Myriam Fraga.</p>
<p><em>Memoria de mi compadre</em>.&nbsp;Jo&acirc;o Ubaldo Ribeiro.</p>
<p><em>Con Jorge Amado y Zelia Gattai</em>.&nbsp;C&eacute;sar Antonio Molina.</p>
<p><em>La sonrisa y la cachaza: en torno a Quincas Berrido de Agua, marquista de la muerte</em>.&nbsp;Jo&acirc;o Almino.</p>
<p><em>Bah&iacute;a, Bah&iacute;a</em>.&nbsp;Basilio Losada.</p>
<p><em>Amado Jorge</em>.&nbsp;Ant&ocirc;nio Torres.</p>
<p><em>Publicando un int&eacute;rprete: Jorge Amado y su representaci&oacute;n de Brasil</em>.&nbsp;Lilia Schwarcz.</p>
<p><em>De c&oacute;mo el mulato Porci&uacute;ncula se liber&oacute; de su difunto</em>.&nbsp;Jorge Amado.</p>
<p><em>Jorge Amado: "El p&uacute;blico es quien tiene un compromiso conmigo, y no yo con &eacute;l"</em>.&nbsp;Clarice Lispector.</p>
<p><em>Jorge Amado</em>.&nbsp;Giovanni Ricciardi.</p>]]></description>
      <pubDate>Sat, 11 Feb 2012 07:00:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Gerardo Diego]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/monografico-gerado-diego/</link>
      <description><![CDATA[<p><strong>Cartapacio: Gerardo Diego.</strong></p>
<p><em>La poes&iacute;a absoluta de Gerardo Diego</em>.&nbsp;Jaime Siles.</p>
<p><em>La militancia po&eacute;tica de Gerardo Diego en la posguerra</em>.&nbsp;Jos&eacute; Luis Bernal.</p>
<p><em>Gerardo Diego, ant&oacute;logo. Poes&iacute;a po&eacute;tica y poes&iacute;a literaria</em>.&nbsp;Jos&eacute; Teruel.</p>
<p><em>Gerardo Diego y su ciudad: una relaci&oacute;n conflictiva</em>.&nbsp;Julio Neira.</p>
<p><em>Poes&iacute;a e historia: Gerardo Diego y la tradici&oacute;n a&uacute;rea</em>. Francisco Javier D&iacute;ez de Revenga.</p>
<p><em>La relaci&oacute;n Gerardo Diego-Vicente Huidobro</em>.&nbsp;Gabriele Morelli.</p>
<p><em>Gerardo Diego y el Nuevo Mundo: lo que nos cuenta su biblioteca</em>.&nbsp;Juan Manuel Bonet.</p>
<p><em>Gerardo en el cinemat&oacute;grafo</em>.&nbsp;Antonio Gallego.</p>
<p><em>Esbozo de semblanza</em>.&nbsp;Elena Diego.</p>
<p><em>Gerardo Diego y Jos&eacute; Hierro, bodega-reportaje m&aacute;s azotea-alucinaci&oacute;n</em>.&nbsp;Juan Antonio Gonz&aacute;lez Fuentes.</p>
<p><em>Basilio Fern&aacute;ndez y Gerardo Diego</em>.&nbsp;Eduardo Moga.</p>
<p><em>Amistades de Gerardo Diego</em>.&nbsp;Juan Manuel D&iacute;az de Guere&ntilde;u.</p>
<p><em>Gerardo Diego: Canon y revistas po&eacute;ticas</em>.&nbsp;Manuel Ramos Ortega.&nbsp;</p>
<p><em>&lsquo;Un plato de ondas': la Biograf&iacute;a incompleta de Gerardo Diego</em>.&nbsp;Candelas Gala.</p>
<p><em>Gerardo Diego, articulista y guionista radiof&oacute;nico</em>.&nbsp;Javier Lostal&eacute;.</p>
<p><em>Tres poemas. Gerardo Diego</em>.&nbsp;Elena Diego.</p>]]></description>
      <pubDate>Fri, 10 Feb 2012 07:00:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Soledad Puértolas]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/monografico-soledad-puertolas/</link>
      <description><![CDATA[<p><strong>Cartapacio: Soledad Pu&eacute;rtolas.</strong></p>
<p><em>Soledad Pu&eacute;rtolas: autobiograf&iacute;a y ficci&oacute;n</em>.&nbsp;Christine Di Benedetto.</p>
<p><em>La b&uacute;squeda de la solidaridad en las novelas de Soledad Pu&eacute;rtolas</em>.&nbsp;Marguerite Dinonno Intermann.</p>
<p><em>Vida y literatura en el ensayo de Soledad Pu&eacute;rtolas</em>.&nbsp;Juana V&aacute;zquez.</p>
<p><em>La po&eacute;tica del otro en los cuentos de Soledad Pu&eacute;rtolas</em>.&nbsp;Francisca Gonz&aacute;lez Arias.</p>
<p><em>Bienvenida a la casa de las palabras</em>.&nbsp;Jos&eacute; Mar&iacute;a Merino.</p>
<p><em>Personajes secundarios</em>.&nbsp;Luis Mateo D&iacute;ez.</p>
<p><em>Jorge Herralde: &laquo;me gusta la dif&iacute;cil naturalidad de Soledad Pu&eacute;rtolas&raquo;</em>.&nbsp;Francisco Luis del Pino Olmedo.</p>
<p><em>Soledad Pu&eacute;rtolas y el cuento (siglo XXI)</em>.&nbsp;Jos&eacute; Mar&iacute;a Pozuelo Yvancos.</p>
<p><em>La trama y la vida en La se&ntilde;ora Berg</em>.&nbsp;J. Ernesto Ayala Dip.</p>
<p><em>Una creadora de personajes</em>.&nbsp;Inmaculada de la Fuente.</p>
<p><em>Vidas en penumbra y en fuga</em>.&nbsp;Ant&oacute;n Castro.</p>
<p><em>La mujer y el fracaso en El bandido doblemente armado</em>.&nbsp;Ram&oacute;n Ac&iacute;n.</p>
<p><em>Tras la belleza</em>.&nbsp;Ismael Grasa.</p>
<p><em>El bandido doblemente armado</em>.&nbsp;Diego Pita Pu&eacute;rtolas.</p>
<p><em>Polvo que flota en el aire</em>.&nbsp;Jos&eacute; Luis Gracia Mosteo.</p>
<p><em>Soledad Pu&eacute;rtolas: la vida sobre el papel</em>.&nbsp;Fernando del Val.</p>]]></description>
      <pubDate>Thu, 09 Feb 2012 07:00:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mario Vargas Llosa]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/monografico-mario-vargas-llosa/</link>
      <description><![CDATA[<p><strong>Cartapacio: Mario Vargas Llosa.</strong></p>
<p><em>El &uacute;ltimo &laquo;boomcano&raquo;</em>. Discurso de D. Fernando Iwasaki en el Centenario de Mario Vargas Llosa (1936-2036).</p>
<p><em>Breve discurso sobre la cultura</em>. Mario Vargas Llosa.</p>
<p><em>&laquo;Convertir en posible lo imposible&raquo;: Mario Vargas Llosa y las verdades contradictorias</em>.&nbsp;Francisca Noguerol.</p>
<p><em>Los nuevos caminos del pasado: Vargas Llosa y la narrativa hispanoamericana de entresiglos</em>.&nbsp;Eduardo Becerra.</p>
<p><em>Las pasiones literarias de Mario Vargas Llosa: del homo legens al cr&iacute;tico rutilante</em>.&nbsp;Jos&eacute; Manuel Camacho Delgado.</p>
<p><em>La po&eacute;tica del escribidor</em>.&nbsp;Mat&iacute;as Barchino.</p>
<p><em>Vargas Llosa y la novela: algunas enmiendas a la totalidad</em>.&nbsp;Daniel Mesa Gancedo.</p>
<p><em>Cuando despert&oacute;, el unicornio todav&iacute;a estaba all&iacute;. El sue&ntilde;o en la narrativa de Mario Vargas Llosa</em>.&nbsp;Ana Gallego Cui&ntilde;as.</p>
<p><em>Gente del oficio: Flaubert, Vargas Llosa, Camacho y Varguitas</em>.&nbsp;Peter Elmore.</p>
<p><em>Mario Vargas Llosa y la Comedia humana de Balzac</em>.&nbsp;Efra&iacute;n Kristal.</p>
<p><em>Vargas Llosa: un cr&iacute;tico del nacionalismo en la era de la globalizaci&oacute;n</em>.&nbsp;Gustavo Guerrero.</p>
<p><em>La Lima que viene y va: &uacute;ltimas obras teatrales de Mario Vargas Llosa</em>.&nbsp;Elena Guichot.</p>
<p><em>&laquo;Es natural que muchos escritores nos sintamos humillados por Vargas Llosa&raquo;</em>.&nbsp;Javier Cercas.</p>
<p><em>Ni con Dios ni con el Diablo</em>.&nbsp;Carlos Cort&eacute;s.</p>
<p><em>Lecter</em>.&nbsp;Rodrigo Fres&aacute;n.</p>
<p><em>La ciudad y los huachos</em>.&nbsp;Alberto Fuguet.</p>
<p><em>El amor de un becerro</em>.&nbsp;Eduardo Halfon.</p>
<p><em>El otro Vargas Llosa</em>.&nbsp;Juan Carlos M&eacute;ndez Gu&eacute;dez.</p>
<p><em>Despu&eacute;s de Vargas Llosa</em>.&nbsp;Edmundo Paz Sold&aacute;n.</p>
<p><em>Los muchos de Vargas Llosa</em>.&nbsp;Mayra Santos-Febres.</p>
<p><em>La ventana de Mario Vargas Llosa</em>.&nbsp;Iv&aacute;n Thays.</p>
<p><em>Noche en blanco. Carta a Fernando Iwasaki sobre Mario Vargas Llosa</em>.&nbsp;Leonardo Valencia.</p>
<p><em>El asunto Vargas Llosa</em>.&nbsp;Juan Gabriel V&aacute;squez.</p>]]></description>
      <pubDate>Wed, 08 Feb 2012 07:00:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ramón Gaya]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/monografico-ramon-gaya/</link>
      <description><![CDATA[<p><strong>Cartapacio: Ram&oacute;n Gaya.</strong></p>
<p><em>Introducci&oacute;n a Ram&oacute;n Gaya, ante el tejemaneje espa&ntilde;ol</em>.&nbsp;Enrique Andr&eacute;s Ruiz.</p>
<p><em>M&iacute;nimo diccionario Ram&oacute;n Gaya</em>. Juan Manuel Bonet.</p>
<p><em>Gaya o la intimidad</em>.&nbsp;Jos&eacute; Luis Pardo.</p>
<p><em>Vel&aacute;zquez, raz&oacute;n y cifra de la pintura de Ram&oacute;n Gaya</em>.&nbsp;Javier Bar&oacute;n.</p>
<p><em>Una visita a media tarde</em>.&nbsp;Valent&iacute; Puig.</p>
<p><em>Lo que Gaya sab&iacute;a</em>.&nbsp;Julia Escobar.</p>
<p><em>Ram&oacute;n Gaya y las ciudades</em>.&nbsp;Jos&eacute; Mu&ntilde;oz Millanes.</p>
<p><em>Gaya, ensayista (tras una relectura de Vel&aacute;zquez, p&aacute;jaro solitario)</em>.&nbsp;Eloy S&aacute;nchez Rosillo.</p>
<p><em>En torno a los homenajes de Ram&oacute;n Gaya</em>. Nigel Dennis.</p>
<p><em>Testimonios: Manuel Borr&aacute;s, Francisco Brines, Aquilino Duque, Enrique Garc&iacute;a-M&aacute;iquez, Pedro Garc&iacute;a Montalvo, Elvira Gonz&aacute;lez, Luis Marsans, Juan Pedro Qui&ntilde;onero, Tom&aacute;s Segovia, Chus Tudelilla, Isabel Verdejo, Manuel Vilas.</em></p>
<p><em>Ram&oacute;n Gaya: "Super&eacute; el cubismo con Rembrandt y la Victoria de Samotracia"</em>. Felicidad Blanc.</p>
<p><em>Dos cartas a Tom&aacute;s Segovia</em>.&nbsp;Ram&oacute;n Gaya.</p>]]></description>
      <pubDate>Tue, 07 Feb 2012 07:00:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Luis Mateo Díez]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/monografico-luis-mateo-diez/</link>
      <description><![CDATA[<p><strong>Cartapacio: Luis Mateo D&iacute;ez.</strong></p>
<p><em>Luis Mateo D&iacute;ez o el arte de la fabulaci&oacute;n</em>.&nbsp;Asunci&oacute;n Castro.</p>
<p><em>Luis Mateo D&iacute;ez: el ciclo de Celama</em>.&nbsp;Jos&eacute; Mar&iacute;a Pozuelo Yvancos.</p>
<p><em>El h&eacute;roe extraviado (aproximaci&oacute;n a "F&aacute;bulas del sentimiento")</em>.&nbsp;Santos Sanz Villanueva.</p>
<p><em>La narrativa breve de Luis Mateo D&iacute;ez</em>.&nbsp;Fernando Valls.</p>
<p><em>Las estructuras m&iacute;ticolegendarias de Luis Mateo D&iacute;ez en La fuente de la edad</em>.&nbsp;Santos Alonso.</p>
<p><em>Claraboya y el aprendizaje de la radicalidad</em>.&nbsp;Agust&iacute;n Delgado.</p>
<p><em>Luis Mateo D&iacute;ez: un escritor en el tiempo</em>.&nbsp;Domingo-Luis Hern&aacute;ndez.</p>
<p><em>Testimonios: Ram&oacute;n Ac&iacute;n, Irene Andres-Su&aacute;rez, Juan Pedro Aparicio, Maria Vittoria Calvi, Ernesto Escapa, Alfonso Garc&iacute;a, Luis Landero, Manuel Longares, Jes&uacute;s Marchamalo, Jos&eacute; Mar&iacute;a Merino, Luis Moreno Caballud, Marta Patak, Soledad Pu&eacute;rtolas, Chema Sarmiento, Fernando Urdiales.</em></p>
<p><em>Luis Mateo D&iacute;ez: "Se escribe por destino, por una necesidad sustentada en lo precario"</em>.&nbsp;Fernando del Val.</p>
<p><em>Vidas de insecto</em>.&nbsp;Luis Mateo D&iacute;ez.</p>]]></description>
      <pubDate>Mon, 06 Feb 2012 07:00:00 +0000</pubDate>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ángel Crespo]]></title>
      <link>http://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/monografico-angel-crespo/</link>
      <description><![CDATA[<p><strong>Cartapacio: <span>&Aacute;ngel Crespo</span>.</strong></p>
<p><em>&Aacute;ngel Crespo y la salvaci&oacute;n por la palabra po&eacute;tica</em>.&nbsp;Pilar G&oacute;mez Bedate.</p>
<p><em>La poes&iacute;a de &Aacute;ngel Crespo: hacia la unidad, por el s&iacute;mbolo</em>.&nbsp;Jordi Ardanuy.</p>
<p><em>Presencia de la poes&iacute;a de Angel Crespo en antolog&iacute;as po&eacute;ticas (1954-2009)</em>.&nbsp;Jos&eacute; Francisco Ruiz Casanova.</p>
<p><em><em>&Aacute;ngel&nbsp;</em>Crespo, ensayista</em>.&nbsp;Jos&eacute; Luis G&oacute;mez Tor&eacute;.</p>
<p><em>&Aacute;ngel Crespo, el orgullo del traductor</em>.&nbsp;Jordi Doce.</p>
<p><em>(Ideas para un) pr&oacute;logo (urgente)</em>.&nbsp;Chus Tudelilla.</p>
<p><em><em>&Aacute;ngel&nbsp;</em>Crespo en aforismos</em>.&nbsp;Manuel Neila.</p>
<p><em>Los afanes y los d&iacute;as. Los diarios del poeta</em>.&nbsp;Ignacio Garc&iacute;a Crespo.</p>
<p><em>&Aacute;ngel Crespo y la m&uacute;sica</em>.&nbsp;Sira Hern&aacute;ndez.</p>
<p><em>El Calaceite de &Aacute;ngel Crespo</em>.&nbsp;Fernando Valls.</p>
<p><em>Testimonios.&nbsp;Enrique Badosa, Jos&eacute; Mar&iacute;a Balcells, Jos&eacute; Manuel Caballero Bonald, Juan Jos&eacute; Flores, Antonio Gamoneda, Jos&eacute; &Aacute;ngel Garc&iacute;a, Pere Gimferrer, &Aacute;ngel Guinda, C&eacute;sar Antonio Molina, Francisco Nieva, Amador Palacios, Fanny Rubio.</em></p>]]></description>
      <pubDate>Sun, 05 Feb 2012 07:00:00 +0000</pubDate>
    </item>
  </channel>
</rss>
